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EL MUNDO.

120

OCTUBRE,

1895.

Páginas extraordinarias.

DOMINGO 20 DE OCTUBRE DE 1895.

Tomo II.-Número 15

@:oronación de la ~ir~en de @;uadalupe.

Propecto

ae remate ael

~alaaquino

ae Gtgea? Pina.

{En vez de los remates:se pusienn l~s 1•sta.t11as de arcángeles que publicamos.)

•

~ac}iaaa a'e la (!olegia!a.
(Estado actual.)

5,s!a!uas ao arcángolos quo aaornan o! 1,aJaaquinc.

•

�20

EL MUNDO.

122

Páginas í!Herarias.
Hornbre feliz.
.

compañero An.tonio, erasindudaelmás in-

teligente y el más pobre de una de las c1 ases
de tercer año en la Escuela preparatoria, ha-

•

ce mucho tiempo.
·
Habla llegado de la capital de su Estado natal con
chaquetilla y pantalones de pana color de zorra; tos'cos zapatos bayos, y un sombrero de los que se ha
perdido el molde y que les llamaban de panza de

burro.

,

20

Aquel estudiante se fué civilizando en todo, en el
vestir1 en el hablar, en sus maneras 1 en sus costumbres, pero hay que confesarlo: el progreso no mató su
fe primitiva, y el dia en que concluyó los cinco años
preparatorios me dijo:
-Ya voy á pasar á la Escuela de Medicina y ya le
llevé a la Virgen, á su Santuario del Tepeyac, una
coronita dP: plata. ¡Ah! Si pudiera hacerla de oro con
brillantes el dia que llegue á médico!
Corrieron los años; colgué los hábitos 1 buscando
otra senda más corta para ganar algo prácticoi Y
cuando ya era yo un gacetillero de periódico diario,
recibí la visita de mi amigo:
-Vengo á verte, me dijo, para que anuucies que
me he recibido de Médico; mi pobre madre se pondrá
muy contenta si ve mi nombre en letras de molde. Te
traigo un ejemplar de mi tesis; guárdalo como recuerdo de nuesto antiguo cariño.
- Y tu medalla.aquella? le pregunté con curiosidad
-:\Ji.rala; aqui la traigo, se la voy á devolver á mi
madrecita envuelta en mi titulo de Médico y Cirujano
de la facultad de Méxi~o. ¡Ah I si yo pudiera le daria
á. esta Virgen una gran ·corona de oro y brillantes.
Ya le mandé hacer una chiquita para dejársela entre
los muchos milagros que tiene en su Santuario.
Se fue Antonio, á quien le puse un páuafo encomiástico y candente de cariño y no Volví á. verlo en
muchos años, aunque sabia que era uno de los médicc,s de mayor clientela en la .capital de su Estado.
Hace muy pocos dias, el 10 del actual Octubre, iba
yo distraído por la calle, cuando oi que me gritaba
por mi nombre una voz conocida.
Volví los ojos y me encontré en la acera de enfrente á un caballero, elegante, de bigote cano, llevando
del brazo á una viejecita y custodiando con ella á
una señora con tres chiquillos.
-Antonio ¿eres tU.?
-Yo soy, hermano mio.
-Que fortuna la de verte por aquí.
-Ya lo creo; estamos muy lejos el uno del otro:
dos dias y una noche de ferrocarril; te presento á mi
madre, mírala, todavía está fuerte; te presento á mi
señora y á mis hijos.
Después de los salndos y los cumplidos de orde·
nanza, Antonio agregó:
-Enséñale, madrecita, lo que traes como mejor
joya.
-La medallita que hizo médico á mi hijo, señor,
dijo la anciana1 y me ha traído para que demos las
gracias á nuestra Santísima madre de Guadalupe el
día de su coronación.
-FigU.rate, agregó Toño, que voy á ver ponerle la
corona de oro y brillantes que yo soñé en darle el
dia de mi recepción.
-Pobre Toño, tl! eres el mismo, le dije abrazándolo y mirándolo con envidia, tan feliz con su madre, y
con sus hijos.
Cuando se retiró me quedé mirándolo y diciendo
en mi int&amp;ior:
-Sin duda que éste es el mejor y más simpático de
los peregrinos.
Una fe asi, es envidiable cuando en el enfermo corazón apenas entra un rayo de esperanza.
JUAN DE DIOS PEZA.

Era vivo como un ratón y se le parecía á eseroedor
en los ojitos negros y brillantes y hasta en la particularidad de tener dos dientes que le sobresalían asomándose sobre el labio superior.
Cuand9 entró al dormitorio la primera noche, sin
imaginarse como éramos los que alli viviamos, se desnudó con recato, se arrodilló sobre el lecho y se santiguó con la unción propia de una beata octogenaria.
Esto provocó una carcajada ruidosa y el chango, el
chacuis y el coy~te lo aplaudieron cuando terminó el
rezo 1 causándole un rubor y una turbación indescriptibles.
El pobre Antonio se acostó, escou'lió la cabeza entre las sábanas y antes de diez minutos recibió luna
tunda espantosa, aquella q:1e se llamaba capote porque la daban los colegiales con las capas, los plaids
y los cobertores, hasta dejar aturdida á la victima.
Recibió sin chistar una palabra todos los golpes
hasta que alguien gritó: vamos a arrancÍl.rle el rosario.
- No hay necesidad-dijo-yo se 10s daré, pero no
me maten.
-'-Puesto que se dá, déjenlo y que lo entregue.
Se sentó el pobrecito en la cama, se sacó del cuello
un rosario de cuentas guindas, le arrancó una medalla que escondió en la mano y entregó lo demás al
primero que halló más cerea.
-No, no 1 gritaron muchos, que entregue lo que ha
escondido.
-Que lo entre.gue.
Y capotazo por aquí, capotazo por allá., yolvieron á
postrarlo á golpes sobre el lecho.
El soportó boca abajo .aquella nueva tunda y por fin
se irguió hecho un energúmeno y dijo:
-Vengo de muy lejos, de más de trescientas leguas
de distancia. y esta medalla con la Virgen de Guadalupe me la dió mi madre para que en su nombre me
cuidara en la ausencia; si ustedes tienen madre y la
quieren y la extrañan 1 déjenme esto pensando en
ella .. . .
L&lt;,s estudiantes se miraron unos á otros y el chan·
go dijo: que la guarde y el rosario también; son prendas sagradas; pero que no vuelva. á rezar en voz alta.
Aprobada aquella moción, como diria un parlamentario, Antonio se quedó quieto como cadáver y á la
mañana siguiente bajó muy curtido entre todos á to
mar el desayuno .
Le tocó sentarse junto á mi que he sido desde niño
muy amigo de los infortunados. Hablamos de los suce.sos de la noche anterior y acabó diciéndome:
-Figúrate, soy hijo único; perdí á mi padre, porque lo fusilaron por causr~s políticas; mi madre es
muy piadosa y sólo porque el Gobierno del Estado me
dió una beca para. venir á México ii hacer mi carrera
consintió en mi separación; pero ella me clió esta medalla y me dijo: gul'trdala, hijo mio, rézale, confié.- en
ella y tra~mela cu!-ndo ya seas médico .
-¿Hasta entonces? le pregunté interesado.
-Claro! Un \'laje á mi tierra cuesta muchisimo di·
nere y yo no puedo ir ni mi madre podrá venir antes.
Y esta mecht.lla-agregó enseñándomela-ungida con
los besos de mi madre y mojada con sus litgrimas, me
la querían arrebatar; primero les hubiera dejado la
vida.
Fuimos desde ese dia muy buenos amigos y yo le
llamaba To1lo &lt;'on una confianza fraternal. ¡Pobrcci·
to! Cada año al llegar los exámenes vehiba desde el
me:; de Julio y nunca empezaba sus estudios sin rezarle algo á su medallita pensando en su ausente é
idolatrada madre.·
Todos llegamos á respetarle su culto de tal manera
que si al llegar al salón donde velábamos, veíamos á
Toño cabizbajo y mudo, suprimíamos las palabras
duras y guardábamos silencio hasta que él levantaba
la cabeza como diciendo: he concluido.

12 de Octubre.

~ Amadre, la Sra. F. acongojada, poseída de intenSrita. Carmen está muy enferma Y su pobre

f~'fF- sa pena, no acierta sino á llorar y rezar.
Junto al lecho, Félix 1 arrodillado, besa las manecitas lívidas de su novia, y ésta le sonríe con inefable
ternura.
Agitábanse en aquella estancia tres profundos dolores
y manifestábanse los tres de manera distinta: en la anciana con su amargo lamento; en la enferma con su rostro
que expresaba la más triste reeignn.ción; en el hombre con
señales de la más violenta i.ra. Solamente se escuchan los
sollozos de una; la fatigosa respiración de la otra; el crujido de los dient-es del tercero: tei:-rible concierto de protestas contra la Naturaleza implacable que arrebataba ii
una inocente criatura del seno de su familia; del lado de
up. hombre que la adoraba; de la felicidad que apenas había logrado entrever; de la vida que apenas había vislumbrado.
-¡Dios mfo! ¿para qué me la diste, si has de quitármela, cuando-más la quiero? decía la madre.

1895.

ELJ\fUNDO.

123

1895.

-Maldita suerte la mía, que me arrebata á mi esposa
al pie del altar1 exclamaba el prometido.
.
-No se aflijan ustedes, balbuceó Carmen con voz débil.
Verán cómo ya mafia.na estoy mejor. Le he ófrecido á la.
Virgen ir á pie hasta su santuario y llevarle una corona
de :flores todos los días 1 durante un mes. Nuestra Sant-a
Reina, no despreciará mi pobre ofren_da, aunque ahora
van á imponerle corona de oro. La primera que le lleve
será de azahares, como la que habían comprado para
mí.. .. ..¿Teparece bien, Félix? ...... Y si muero ...... tú cumplirás mi promesa; ¿verdad, mamacita? ..... . Un acceso
de tos la interrumpi6.
Pocos instantes después, s6lo se escuchaban en la alcoba los sollozos de la sefiora y del joven: el estertor gutural1 ronco, lenlio unas veces, precipitado otras 1de la niña
que agonizaba.
Al rayar el alba, entre el humo de los cohetes y los cánticos alegres de las campanas, despr,:mdfase de la tierra
para ir al cielo, una almita inmaculada que iba cantando
salmos de gloria, mientras en la tierra entonaban la antífona del dolor una viejecita de cabellos blancos y un
adolescente, que se quedaban aquélla sin la hija de sus
entrañas y éste sin la primera y única. mujer amada en
su vida.

í!as aes coronas.

~

ÜCTUBRE,

ÜCTUBRE,

•
*.
Proeedi6se á vestir el cuerpo

de Carmen con el traje
magnífico de albo raso que debfa haber llevado ante el ara.
Ya estaba en el féretro el cadáver, rodeado de flores
blancas, y unicamente quedaba descubierta la cabecita
rubia. ~ntre las revueltas ropas diseminadas sobre los
muebles de la sala1 surgía gruesa corona de azahares. Al
verla Félix, la tomó con febril anhelo é iba á colocarla
en las sienes de la muerta, cuando se interpuso la señora.
y arrancándosela con movimiento nervioso, exclamó:
-Tengo que llevar esa corona á la Virgen de Guadalupe¡ la ofreci6 Carmen y he de cumplir su promesa en este
momento.
-8eñora: advertii que hoy se celebra allí la fiesta y
que no podréis entrar.
La colocaré al pie de la reja1 ó esperaré una hora 6 cien
hasta que pueda llegar al pie del altar.
Ni observaciones ni ruegos lograron disuadir de su propósito á la afligida madre: vestida de luto riguroso, emprendió á pie la marcha hasta la basílica. Mirándola atrav~r la calzada, sola 'y llorosa, los transeuntes la tomaban por devota peregrina.
Al llegar al templo, su aspecto severo v triste conmovi6 á los guardianes de las puertas; se Íe dejó libre el
paso y suplicando ó forcejeando consiguió encontrarse al
fin en el punto que deseaba.

•••

En aquel instante efectuábase la coronaci6n: los arzobispos trémulos sobre el tablado, acababan de suspender
la corona imperial de la Virgen; la multitud frenética 1
aplaudfa con estrépito y prorrumpía en aclamaciones y
gritos de alborozo; trepidaba el suelo y se estremecían
los muros y las bóvedas como impotentes para contener
e~ entusiasmo delirante de las masas; brotaba de las pupilas llanto de placer y los pechos se ensanchaban de
gozo; todos elevaban á. la Reina· de los Cielos un himno
de alabanza y de gracias, sin palabras, pero ferviente y
sincero.

•
••

Junto á. la escalinata del presbiterio, entre las más
distinguidas familias, se encontraba Ir.. señora F. cuyo
vestido y cuyo tápalo, sencilios y de un negro opaco, hacían contraste con los trajes de raso brillante, sembrado de azabaches y con las ricas mantillas que lucían
las damas que la rodeaban.
En el momento en que resonaban los aplausos y loe
vivas; en que repicaban con estruendo las campanas y
atronaban el espacio los cohetes, se escuch6 un alarido
l~ubre, un sollozo hondo y prolongado. Como doblegada
baJ~ la pesadumbre enorme de su d ..:sgracia, inclinóse la.
anciana enlutada hasta tocar el m,trmol frío de la escalinata con sus cabellos blancos y depositó allí la corona de
azahares, sobre cuyas flores de cera, brillaban como dia.manties, cristalinas lágrimas que, en medio de tanto re~ocijo, eran la expresi6n de un gran desconsuelo, de una
mmensa y cruel angustia.
Juuo PouLAT.

RE S PUESTA.
La inspiración 1 :i mi ver,
no se puede definir
que el que la llega á sentir
no la !lega á. comprender.
Es lo ignoto; más si hacer
cabe una definición,
para mí es la inspiración
un foco de luz divina
que el pensamiento ilumina
y que llena el corazón.
J OSE BAUIALOBRE.

r

Surata, ciudad de la India, había un café. Los
extranjeros y los desocupados, se reunían en él
para charlar.
'
Un te61ogo persa llegó cierto día á la ciudad.
Era un hombre que había consumido su vida estudiando
la esencia de la divinidad, y había escrito dos volúmenes
sobre esto.
Reflexion6 largo tiempo, y escribió tanto acerca de este
objeto1 que concluyó por perder la cabeza y la creencia
en Dios.
El rey de Persia ordenó que fuera expulsado de su
reino.
Discurriendo sobre la causa primera, el infortunado teólogo se persuadi6 de que la raz6n 1mperior que domina el
mundo había concluido por desaparecer. Poseía un esclavo negro, que le seguía á todas partes. Cuando entraba
en el calé, el negro se quedaba en la puerta, tomando el
sol y defendiéndose de las moscas.
El teólogo que reposaba allí, cerca, arreilanado en un
sofá, tornando una taza de opio, le decía al esclavo:
-Oye tú, ignorante; dime tu opinión ........ ¿Existe un
Dios 6 no?
-No hay para qué decir que existe.
Y el esclavo le mostraba un fetiche de madera que llevaba en el pecho.
-Este, decfa, me proteje desde mi nacimiento. Está
hecho del tronco del mismo arbol sagrado al que rinde el
mnndo los honores divinos en mi país.
Los que escuchaban en el café tales discursos, quedaron
asomb:Sdos. Tan extraordinaria encontraban la pregunta
del maestro1 como la contest.aci6n del esclavo.
Un bramín le dijo á este último:
-¡Eres un loco, desdichado! ¿Crees tú que Dios puede
,estar en el pecho de un hombre? No hay más Dios que
Brama, que ea más grande que todo el universo, puesto
que lo ha creado. Brama es el Dios único, aquel á quien
se han erigido templos en las riberas del Ganges; aquel á
,quien sirven los únicos sacerdotes, los bramines.
Un judío Je interrumpi6 así:
-El templo del verdadero Dios no está en la India.
Dios no proteje 'la causa de los bramines; porque el Dios
verdadero es el de Isaac y el de Jacob. El Eterno no protege más que al pueblo de Israel. El no ama á otro pueblo
más que ese.
Y diciendo así, el judío Jloraba. Quiso continuar su
-0.iscureo; pero un italiano le interrumpió bru.ecamente:
-Decís cosae contrarias á la verdad. Dios no puede
.amar á un pueblo más que á. otro. Si concedemos que
amó al pueblo de Israel, hoy no le ama. Dios no favore-ce especialmente á. ningún pueblo; pero convoca 11 todos
aquellos que quieren ser salvados por la Iglesia cat6lica
romana, fuera de la cual no hay salvación posible..... .
Un pastor protestante respondi6 al católico:
-¿Cómo pretendéis que la salvaci6n está en el catoli-cismo? ¿No sabeis que, según el Evangelio, sólo aquellos
que han servido á Cristo conforme á su ley alcanzarán la
.:Salvaci6n?
Un turco, empleado en la aduana de Surata, escuchaba,
fumando gravemente en su pipa, estas palabras.
Por fin dijo:
Vano es que proclaméis la pretendida verdad de la Igle11ia cristiana. Si alguna religión verdadera existe1 es la
mahometana. Podéis observar que este culto de la verdad
, ,se ha extendido por Europa y .Asia. Confesad que Dios
ha rechazado á los judíos. y buena prueba de ello son las
humillaciones de este pueblo. Confesad que la salvación
·eterna se halla en nueetra religión, y sólo sereis salvados
los que crean en Mahoma, único profeta de Dios .. ... ... , y
~ t.!e estos, s6lo los de Ornar; pero no los de Alí, que per'tenecen á los infieles.
El te6logo persa, que era de la secta de .A.H, quiso ha•
blar; pero le interrumpió un tremendo baruUo que se arm6 en el café. Todos los extranjeros de diferentes religiones comenzaron á discutir.
Entre ellos los había de la Abiilinia, de las Indias, secta~
rios de Soroastro y descendientes de Ismael ........ .
Las disputas versaban sobre la idea de Dios y el culto.
Todos eran creyentes, pero todos andaban en desacuerdo.
S6lo un:chino, discípulo de Confucio, permaneci6 tranquilo en un rincón del café. Bebía té y escuchaba1 pero no
discutía.
El turco, vohiéndose bácia él, le dijo:
-.Ap6yame mi amigo ..... . Guardas silencio, y algo pod ías decir en favor de mi tP.sis. Yo sé que hoy en China
tenéis diversas religiones, y que preferís la nuestra á las
otras. .Ap6yame, y recouoce que Mahoma es el único profeta ..... .. ..
- Sí, sí1 dijeron todos los concurrentes.-Dínos lo que
piensas.
El chino, discípulo de Confucio1 cerró los ojos, reflexion6 un instante y, colocando las manos sobre el pecho,
dijo en voz baja:

-Me parece1 seüores1 que el amor propio de los hombres es el mayor obstáculo para la .reconciliación de los
c~eyentes:···:···· ·· Si queréis oírme, os lo e~-plicaré ccn el
eJemplo s1gmente: He dejado mi país para venir á Surata,
en un navío que ha dado la vuelta al mundo. En el camino, hicimos escala en la costa oriental de la isla de·sumatra. Al mediodía descendimos á tierra, y nos cobijamos á
la sombra de las palmeras 1cerca de un caserío. Entre nosotros había gente de di versos países....... Se nos aproximó un ciego que había perdido la vista á fuerza de mirar
el.sol, porque quiso averiguar lo que era. el astro del día
Y estudiarlo, hasta el punto que pretentendió apoderarse
de un haz de rayos y encerrarlos en una botella. Tanto
estudió el sol, que al fin se rnlvi6 ciego, sin aprender una
pa!abra ... ..... El nos dijo: La luz del sol no ea ningún líqmdo, pues si lo fuera, pudiéramos meterla en un vaso.
La luz tampoco es fuego, porque si lo fuera1 se apagaría. •
e1: el agua ...... Tampoco es un alma, pues la luz es visible¡
m es un cuerpo, porque no podemos cogerla con la mano.
Y una vez que 1n. luz solar ni es líquido1 ni es fuego, ni
alma1 Ja luz no es nada. .......
·
Estas fueron sus conclusiones. Ei:;tudiando el s01 1perdió
la razóni y desde el momento en que se quedó ciego, negó la existencia del astro.
El esclavo que Je acompañaba le hizo sentar al lado de
l~s palmeras. Después cogió un coco1 con el cual hizo una
lmtema y la encendi6 ........ .
El ciego dijo suspirando ít su esclavo:
-¿Xo tengo yo razón al decir que el sol no existe? ¿Qué
es el sol?
-Nada sé-dijo el esclavo-ni me importa el saberlo.
Solo sé una cosa; que he construido una linterna que me
presta servicios ........ .
Y después, el esclavo, mostrando su linterna, dijo:
-¡Hé aquí un sol!
Un cojo, que presenciaba la escena, comenzó á reirse.
-Evidentemente, tú eres _ciego de nacimiento-dijo.Yo te diré lo que es el rnl: es una bola de fuego, que sale
todas las mafianas por el mar y se oculta en las montafias
de nustra isla ...... Todos lo vemos1 y si tú no fueras ciego
le verfa1;1 también.
Un pescador que se hallaba. cerca, habló así:
-Eso no es verdad. El sol n9 se oculta detrás de las
montañas, sino en la mar.
Tomó entonces la palabra un judío:
-1\Ie asombra que un hombre instruido pueda decir
semejantes tonterías..... . ¿Es posible que el sol sea unabola de fuego que se esconde en el mar? ¿Cómo se explica entonces que no se apague en el agua? El l?Ol no es fuego: es la divininad.
El propietario de un navío egipcio, dij.o:
-No; el sol no es una divinidad que se pasea en las
Indias; lo sé, porque he viajado mucho ...... El sol ilumina todos los pafses, y no solamente la Indi~ y el Japón.
El sol nace lejos, muy lejos, detrás de las islas de Inglaterra.. .. .. Lo sé, porque he viajado mucho desde niño ..... .
En ningún país se conoce la mareha del sol como en Inglaterra. Sabemos que no se levanta ni se acuesta en ninguna parte, aunque alumbra todos los días á la tierra.
Y el inglés tomó su bast6n, hizo un círculo en la arena, y trató de demostrar que el sol anda alrededor de la
tierra; hasta que, embrollándose en sus explicaciones1 se
dirigi6 al piloto de su navío1 diciendo:
-He aquí uno que lo sabe y que puede instruirnos .
El piloto1 que era un hombre prudente, escuchaba en
silencio estas conversaciones; pero al fin habló así:
-Os engañáis; estáis en un error. El sol no da' vueltas
alrededor de la tierra. Es todo lo contrario ...... La tierra
gira alrededor del sol ...... El sol no alumbra sólo á una
montaña, á una isla1 á un mar, sino á otros planetas.
-.Así-concluyó el chino-los errores de loe hombres1
sus disputas, proceden del amor propio. La humanidad
se ocupa de Dios lo mismo que del sol. Cada cual quiere
tener un Dios para sí1 6 por la menos para su país.
Todas las iglesias humanas han sido creadas después
de la Iglesia divina. En todos los templos existen capillas, altares, inscripciones, libros; pero ¿cuál de ellos posee una capilla tan grande como el Océano1y una bóveda
como el firmamento? ¿Qué inscripciones consagra.das al
Eterno pueden compararse á. los beneficios hechos por
Dios á la humanidad? ¿Dónde está el 3.ltar que pueda
compararse con el coraz6n de un hombre?
Cuanto más se eleve el b0mbre para comprender á
Dios1 mejor lo conocerá, y conociéndole mejor1 más se
aproximará á El, y más tratará de imitarle en su bondad
y en su misericordia hacia los hombres.
Por esto no debemos despreciar á aquellos que ven un
solo rayo del sol, ni tampoco á los que á fuerza de luz se
han quedado ciegos.
Esto dijo el chino, djscípulo de Confucio, y todos los
que se hallaban en el café guardaron silencio y cesaron
de discutir sobre cuál de las religiones era la mejor.
LEON TOLSTOI.

•

RECUERDOS.
Fué tan horrible el desengafio impío
Que tengo el corazón despedazado;
Pero con tanta gracia fuí burlado
Que de mi propia candidez me río.
Con la extraña inquietud que me devora
No sé qué hacer en mi delirio ciego1
Si morir de una risa abrumadora1
O deshacerme en higrimas de fuego!

•

***horas de amargura,
Recuerda que en tlls
Cuando yo supe que llorabas tanto,
A costa de una inmensa desventura
Compré el derecho de enjugar tu llanto.
Cuando ufana tu dicha sonreía
No te pedí ni bienestar ni calma:
Jamás el esplendor de su alegría
Ilumin6 las sombras de mi alma.
Yo nunca basta tu luz subí á buscarte;
lVIas cuando ú mi t.iniebla tú bajaQas,
Siempre encontraste un corazón amigo,
.Al que en premio de amarte sólo dabas
El dulce gozo de sufrir contigo.
La vieja catedral c~b;e la nieve1
Cual inmenso sudario,
Y, empero, allá en el fondo del santuario,
La fervientie oraci6n tiende su vuelo
Y las olas de rrifstica harmonía
Se remontan al cielo.
4"sí mi corazón entristecido
Ahora cubre el hielo de tu olvido;
Pero en su fondo, como en otros días,
Resuenan celestiales harmonfas
Y es un himno de amor cada latido.

•

,/*

En esas horas de éxtasis incierto
En que oye el alma santas harmonías,
Yo no sé si dormido ó despierto,
Te vuelvo á ,•er como en aquellos días.
Si en sueflos solamente·
Le puedo ver en mi amoroso empeño,
-Venga la muerte con su eterno sueño
Para poder mirarte eternamente!

*

•

* yo un poco
No lo quiero negar,* soñé
Del genio con la palma;
Y en mis momentos de entusiasmo loco,
'Tuve alas en el alma.
De mi vida, el amor hizo un gran sueño;
'Torrentes de pasión lancé anhelante¡
Luego un sér ideal forjé en mi empefío,
Y yo no sé qué mundo deslumbrante .... ... . .
. ... ... .. Hoy todo ha concluido 1
•Cuan~o Dios, que al que llora recompensa,
.Se apiade, al fin, de lo que yo he sufrido,
En E!ilencio me iré como he venido;
Quiero en la sombra entrar¡ ¡tengo una inmell!&amp;
Necesidad de olvido!
ANTONIO ZARJ.GOZA.

EL ENTIERRO.
Suena la melancólica campana
y la tarde se aleja lentamente
bajo la luz crepuscular, murientie,
,que pinta los paisajes de oro y grana.
Por la calle pacífica, cercana,
llega lívida caja entre la gente.
1El pobre!-dicen todos.-Tristemente
,sigue el cortejo entre la paz aldeana ... .. .
Se vá la luz. Alla en el camposanto,
detrás del melancólico paseo,
Ja tarde tiene misterioso encanto... .. .
Y al apagarse el triste campaneo,
loe desgraciados que sufrimos tanto
Jsentimos de morir suave deseo!.. ... .
R. SÁNCHEZ D!EZ.

CO NFITE OR.
-Me acuso de adorarla, sefior cura,
pero con tal pasión, de tal manera
que me absorbe su amor el alma entera
y es á un tiempo ;placer y desventura.
Ora tengo mi dicha por segura1
ora llego á. dudar de que me quiera,
y la esfinge ~naz me desespera
y más la qmero cuanto más me apura.
Loco tras mi ilusión, desorientado,
la es;puela de mi afán llevo conmigo..... .
¡No rmponga penitencia á un d~ciado
ni acreciente mi culpa lo que digo~
que si este amor terrible es un J?0caao1
en el mismo pec~o está el castigo!
SINE':110 DELGADO.

�20 ÜCTUBRE, 1895.

EL :\IU::'\DO.

124

20

ÜCTUBRE,

18!J5.

EL MUNDO.

125

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\la (!olegiata el aíc:t
\la "(:Hila ae Guaaalupe el 12 ae Octubre.
l. 5n ol Pocilo.•2.Gcdaonfo on la via. •io, Glmorzanao,•4, 5n la Nampa.
(Dibujo de D. Leandro Izaguirre.)

•

!. !la Procosión.•2, 5n la roja.•io, Dopar!amon!o

ae la (!oronación.
ao señoras ais!inguiaas.•4, Por fin, aaenfro.

(Dibujo de D. Leandro Iznguirre.)

�20

EL MUNDO.

126

ÜCTUBRE,

1895.
20

OCTUBRE,

1895.

@:oronación de la 1ir~en de @uadalupe.
Se puede asegurar que en el. trnnsCUl'SO de·-las .Ultimas de.ca.da~,
ca entera, como las fiestas que acaban de efectuarsei Ytlas;cuales

f

!EL BANQUETE EN LA COLEGIATA.

CALLE DEL MIRADOR y

AlJTÓGRAFO DE S. S. LEÓN XlII.

COLEGIO DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN, DE J.ACONA, FUNDADO Y SOSTE.~IDO POR EL P. D . .ANTONIO PLANCARTE
Y LABASTIDA.

•

127

nos ~inuto~ antt:sde que se aplacara aquella tempestad de entusiasmoy regocijo. Restableci?o el s1lenc10, t?do~ los ~el~s c~yeron de rodillas, rezando la siguiente oración que
p_rev1amente les babia sido distr1bmda en grandes cantidades v que próximamente será
sm duda, tan popular.en toda la Nación como el Padre Nuest~0 lo es en todo el Universo,
P1~?s no habrá peregrn~o que nü la llev~ á su tierra y á su hogar. Dice así:
'
R S!lve, Aug1!st~, Rema de los A~exicanos! !l\fadre Santisima de Guadalupe! ¡Salve!
ude_ºa por tu. Nac10n, p~ra consegmr, lo que tu, l\ladre nuestra., creas más conveniente
pe ir, Y be.nd1ce á tus h1,10s que clesde este suelo te saludan. ¡ Sah·e!!! 11
En s_egmda se cantó el Te Deum y á las 12 del día que terminó esta ceremonia retiráronse ~ la sa~~istf&lt;_L 13: ~a.vor parte ele los prelados.
,
Enton~es d10 prmmp1? la segunda misa pontifical, en qu'e ofició el Illmo. Dr.José l\L Peralta, Obispo de Panama.

no ha habido acto 6 ceremonia de tanta resonancia en la Rtpubllhan merecido perfectamente_ el titulo de 11:fiestas reales» que se les ha
aplicado
.
Las calles, desde la Plaza de Armas hasta Pera.lvlllo, Y 1~ cal~ada que conduce desde el extremo Norte de esta.ciudad al lnstónco
Santuario, presentaban desde eldia ll _un_aspecto verdaderarnent~
regocijador: ostentaban la mayor P?-rt~ de l~s cas~s, bl~ncas fcorti~
nas 1 cruzadas por ban~las;azules ~,tr~colo1es i-;emb1adas d~ flo_
res· en los balcones veiause adt&gt;mas faroles de papel Y de cnstal,
bai;deras, macetas, guirnaldas y fe~tones: de. musgo y flores; los
más su11tuosos' palacios'. de la Capital, estaban adornados á tod_o cos•
to con rasos blondas flores finas, y sobre todo,rnuchas luces: lamparas mecher'os ele' ·g~s 6 focos eléctricos; así es que la_s calles ofre·
cia:1 un golpe c1e vista comparable solamente_al queyemos .el 15 y
16 de Septiembre.
.
. . _
No arna necia aún, cuando comenzaron los cohetes.á 1lumma1.,..el es:
pacio, las campanas á repicar, y los vagones que iban á la"\ illa, a
heuchirse de gente .
.
.
Nuuca habíamos visto 1ma romeria en que remara. tanta ammación v tanto orden y en la '-lue tomaran parte toda.s ]as clases del~
soc:ieClacl. En'.Jos tranvía~ caminaban la clase media y los P~~·egr1·
nos; por la vÚt pública caminaban~ caballo, en coc~e ele s1ti~'. en
carrttas y á pie 1 numerosos grupos. de la clase pob1~1 Y, en cai:1u~ies con cocheros de librea la mayor parte de las pnnc1pales familia; las más acomodadas l;s que apenas se dignan irá la ópera
und ó dos veces en la te~1porada. Acerca '.de la aristocracia, debe·
mos hacer notar la circunstancia de que todas 1.as damas . llevaban
trajts negros lujosisimos, con la hispana mantllla prendida en 1la
cabeza: esta prenda realzaba de uLa roaneTa: notable lP- belleza de
sns rostros y les dnLa un aire .extraño por 'l? _inus~tado; pero encantadoi·. Los caballeros iban ...-estidos de frack o levita; pero todos
de negro también.
·

ELM:UNDO.

5 DE

MAYO.-E~TRADA Á LA ,ILL.i (AOIUAL) .

La Villa estaba en plena verbena: á. un lado del
jardin encontrábanse algunas barracas seniejantes
a las que se levantan frente á la Diputación en esta
capital, con motivo de las
grandes fiestas y desde allí
hasta la cumbre de los cerros, hormigueaba la muchedumbre queseaglomeraba, sobre todo, frente á
las puertas de la Colegiata, forcejeando por entrar ,
ápesar de que el templo estaba casi lleno.
&gt;
La policiatu vo buen traba.jo para impedir que la
turba se precipitara como
alud, pero afortunadamen te el orden no se interrumpió, ni hubo riñas ni accidentes, ni gritos, ni sombrerazos como sucede en
ocasiones parecidas.
Desde las siete delama:ñana, la iglesia esta ba
completamente llena y desde esa hora solamente se permitió
la entrada á alO'unas familias distinguidas, á los sacerdotes Y
á las personas de cierta representación. Hubo, sin embargo,
multitud de señoras y caballeros vestidos correctamente de
negro, que no lo graron ser admitidos, pues á las ocho de la
mañana, yano babia u_n lugar vacio. En cuanto á la clase pobre
y á los indígenas, tuvieron que zontentarse con pasear por la
Villa y los cerros durante la manana 1 pues fueron rechazados.
Asi es que el gentío hacinado en el interior, parecía un mar
de blondas y telas negras, entre las cuales bril~aban como
azabaches muchos ojos negros, y como clavos de cielo, muchos
ojos azules.
Estaba la basílica dividida en cuatro secciones: una junto
al altar, para obispos y familias prominentes; otras dos á lo_s
ladós una para damas y para caballeros la otra, con la condi;
eión de ir de traje negro y mantilla las primeras y de frac o
levita los segundos; el res~o del templo, una tercera parte
aproxima.da mente se d~stino á las pers~nas ~-e~lar°:1-ente vestidas. Allá, en un rincon, estaban de pie v_emtiocho mdigenas
de Cuaut.itlán que ostentaban sobre el pecho como escapularios una Virgen de Guadalupe impresa sobre papel rosa: eran
los únicos representantes de su raza.
. .
En el coro se encontraban el General Rmcon Gallardo Y algunos otros personajes. En las plataformas laterales d~l ~ltar
que conducen á las capillas se instalaron algunos periodistas
y varios sacerdotes
Abajo del presbiterio 1junto ii la. escaliueta llamaba la atención el grupo de prelados cuyas mitras, ca~as y bác.ulo~ de
oro y piedras preciosas ofrecían vistoso conJunto. Arriba Junto al níveo altar de mármol de Carrara se hallaban de un
lado un grupo de obispos, casi todos extranjeros, y delº?°º
Monseñor Alarcón bajo un rlosel de seda blanca con franJaS
doradas. Llevaba el Arzobispo una preciosa capa magna en
cuya espalda estaba pintada á la aguada. una bonita imagen
ele la Virgen de Guadalupe y en sus ornamentos la Gr~i:
Cruz negra. Conforme al ceremonial, Su Ilustrísima cambio
capas pluviales y solideo ó mitra varias veces.
He aqui el ceremonial que se observó:
.
La corona fué llevada a l altar sobre andas revestidas de
terciopelo, por damas distinguidas, que según se dice, pagaron por obtener tal distinción.
·

CUPUL.A DE LA BASÍLICA. DE NUESTRA SES-ORA DE GUAD .ALUPE DECORADA POR EL
sru::oR PINA y SGS DISCÍPULOS.
'

• · J? espués de rezar 13; •Nona, el llm?. Sr. Arzobispo de ~léxico Don
Prospero )fa~ia Alarcon! sentado baJo el_ dosel, recibió en presencia
de los Arzobispos ,Y Obispos, ta.nto 1;11ex1canos como extranjeros, de
manos d~l Abad Mitrado de la Colegiata, Ilmo. Sr. Antonio Plancarte
y L ab.astida que fué el enc~rgado de las obras de reparación de la
Colegiata .Y de todo lo relativo á la Coronación, la Corona de oro que
debía ser unp~esta á la Sagrada lmágen. Levantóse con este motivo
una acta leg.alizada por los Sres. Notarios Manuel .llomerrubio y p 0 •
zo y Juan Villela.
El I~mo. Arz?~iSpo a su vez e~tregó la joya al Ilustre Cabildo de la
Co,legiata, recibiendo antes el Juramento de que siempre la retendnan y conservarían sobre la augusta cabeza de la Yil·O'en
de Gua0
dalupe.
~ n seguida leyóse el instru1!1ento público_ qne se hizo ~l efecto,
asi como e.l _Breve de S. S. Leo_:1- XIII autorrnando la ceremonia de
la C?r~nacion. Después Monsenor Alarcóu bendijo solemnemente la
alh~Jª 1ncensándol~ tres veces y en seguida organizóse solemne procesion para conducir la corona tras la cual iban el Jimo. Sr. Arzobispo de México, sus asistentes .Y demás acompañamientos.
El espectáculo q:u,e _en aquellos momentos se presenció fué verdaderamente soberbio: imagínense los que no lo havan vísto 1 una larga
fila de 37 obispos revestidos cou sus mantos ele t61a de oro sembrada
de pedreria y llevando en la mano sus báculos de metal amarillo ven
la cabeza riquísimas mitras de brocado en que brillaban enor"mes
diamantes é innumerables rubíes, zafiros, esmeraldas 1 etc. Iban adelante los acólitos con sus hábitos escarlatas¡ á los lado s caminaban los
~amiliares, sacerdotes y seminaristas con sus níveas sobrepellices
o sus negras capas, Y- atrás marchaba numeroso cortejo de clérigos
Parecía cosa de teatro ó ilusión fantástica y cuando á la vuelta lle:
gando la comitiva al altar, cayeron sobre las coronas y las vestid~ras
de los prelados, los rayos de sol que penetraban por ias altas ventanas de la basilica, destellaron las piedras preciosas en xeflejos irisados
y cambiantes multicolores.
. Si el fausto ~esplega~o en est~ oc3:sión, aunque soberbio, no .era
digno de laR~madelCielo, hub1erasm duclasatisfecho á cualquier
monarca de la tierra: cuéntase que la consagración de l\Iaximiliano no
fui\ ni mucho menos tan suntuosa.
Du_rante l_a p_rocesión entonó el Arzobispo de México el himno iOh,
Glo:iosa Virginum! y al volver al presbiterio, rezó la siguiente plegaria:
1.¡ Oh Dios! que te dignaste elegir para habitar elclaustro virginal
de la Bienaventurada Maria siempre Virgen, te rogamos que nos concedas que amparados con su deffmsa asistamos con júbilo á su coronación. Que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu
Santo, Dios por todos los -siglos de los siglos. Amen.,
Terminada la anterior oración fué colocada la corona sobre un cojín de terciopelo rojo recamado de oro y se procedió á promu!O"ar la.
indulgencia; luego, Monseñor AJarcón, asistido por canóniO'os ~antó
la misa pontifical y fue señalado el momento de la comuuiÓn don es
truendoso repique.
Llegó por fin la hora de. colocar la corona; operación peliO'rosa
hasta cierto punto por tener que subir para ello, los Señores Arzobispos Alarcón y Arciga á una tabla angosta instalada en medio del
altar á una altura de tres ó cuatro varas.
Cuando, asiéndose de los salientes del altar y sostenidos por sus familiares, aparecieron sobre la plataforma los Illmos. Prelados el
público, palpitante de emoción y presa de intimo sobresalto per~aneció inmóvil, anhelante, angustiado, mirando con terror l~s esfuerzos qu e hacian aquellos dos ancianos temblorosos para levantar la
corona y colgarla de la varilla de oro incrustada en el mármol blanco
del altar, arriba de la imagen.
P or fin quedó suspendida la corona, y resonó entonces en la basílica fo rmidable estruendo: todos los concurrentes se pusieron de pie
Yaplaudieron con frenesí, con locura; salió del coro una voz que gritó: , ¡ Viva la Virgen 1 ¡Viva la Reina de los mexicanos!, y seis mil pe- '
chos lanzaron igual exclamación; retumbaron nuevamente unánimes
palmadas y se sucedieron los vivas y los hurras; hasta los mismos
Obispos aplaudieron. Afuera ensordecían los repiques de las campanas, los estallidos de_ los cohetes_:y: ,las acla~aciones del pueblo. Al
descender los Arzob1spos se repitw la ovac10n: transcurrieron alcruc

El Arzobispo de México, el Padre Plancarte y el V. Cabildo de la Colegiata1 ofrecieron
en uno ~e los salones anexos á esta, un banquete á los prelados extranjeros que habían
concurrido ft las fiestas de la Coronación .
. además_ de los Jllmos. )Iitrados, anfitriones é invitados, asistiPron á este festejo c 11 linano, l_os senores ~~uardo Veh~zquez,Prefecto deGuadalupeHidalgo, Líe.Francisco Osorno,
Presidente M~1mc1pal de la mudad y los notarios Alfredo Volante y Domingo Barrios Gó·
mez, que habian levantado el acta de la Coronación.
~
P~onunciáronse en aquella reunión, interesantes brindis. El Obispo Silva dijo el brindis
oficial.
Monseñor Gillow, Arzo~ispo de An~equera1 pronunció en inglés y tradujo luego alcastellano) una corta 3:_locuc10n en que ]uzo presentes á los prelados extranjeros los votos
que p~r su prospendad hacia el clero mexicano y el gusto con que habían sid~ recibidos.
~l diputad?. Velázquez se presentó á la hora del café, acompañado del Lic. Osorno y
bnnclando, dIJo, entre otras cosas, lo siguiente:
({No ~ay para ql~é negar-dijo-;-q~~ el acontecimiento r eligioso que hoy vienen a celebrar
á los p1e.s de la V~rgen de e~te h1stonco pu~blo, tant?~ pr~l~dos e~tranjer os S nacionales,
es de los de .más 1rnportanc1a en el mov1miemto catolico m1ciado ultima mente por el episcopado mexicano.
«Esteac~ntecimientoma~ifiestahasta dónde han podido llegar los avances del clero; pero es también una prueba ll'refraga~le, evidentísima, de que las leyes que gobiernan este
país, son b~stante efi~a.ces para serv1r de amparo á todos los cultos, á todas las creencias
á todos los ideales rebg10sos.
'
Habló lueg~ el Padre Plaacarte, quie_n pr?puso to~ar una copa de champagne á Ja fsah!~ del Gene1al Díaz,. á cuya espos~ tributo los elogios que por su piedad merece y enVlO en nombro del episcopado mexicano sentido pésame por la muerte de su honorable
padre.
El ~.bispo de Cnba lució profundo espíritu filosófico y vastos conocimientos en su peroracrnn.
Monse~~r.9orri~an, de Nueva York, refirió que su primera misa la había cantado en
~orna é m1c10 la idea de declarar á Nuestra Señora de Guadalupe Patrona de las Américas.
Terminó esta serie de brindis, Monseño~ Alarcón, expresando sus votos por la. felicidad
de todos los presentes.
·

INTERIOR DE LA IGLESIA DE CAPUCHINAS, DONDE ESTUVO LA IMAGEN-DELA SANTÍSIMA-vmGEN
MIE'.'.'TRAS SE EJECUTARON LAS ULTWAS OBRAS DE RE:::."'TAURACIÓ~ DE LA COLEGIATA.

•

�128

20

EL l\:IUNDO.

OCTUBRE,

1895.

•

@;oronación de la ~ir~en de @uadalupe.
1/
/

~-·

$n el momento

Páginas extraordinarias.

•
•-·· ·..

.

.

..

ae la

(!oronaci6n.

(Dibujo de D. Lcnndro lzaguirre. Profesor premiado de la Academia de Bellas Art.es.)

,..

DOMINGO 27 DE OCTUBRE DE 1895.

.

Gen~ral llnanuel Gonzalez (!osío, OOinislro

ae Gobernad6n.

(Vease el artículo correepondientc en la púgina O.)

Tomo IL-Ní,mero 16

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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