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20

EL l\:IUNDO.

OCTUBRE,

1895.

•

@;oronación de la ~ir~en de @uadalupe.
1/
/

~-·

$n el momento

Páginas extraordinarias.

•
•-·· ·..

.

.

..

ae la

(!oronaci6n.

(Dibujo de D. Lcnndro lzaguirre. Profesor premiado de la Academia de Bellas Art.es.)

,..

DOMINGO 27 DE OCTUBRE DE 1895.

.

Gen~ral llnanuel Gonzalez (!osío, OOinislro

ae Gobernad6n.

(Vease el artículo correepondientc en la púgina O.)

Tomo IL-Ní,mero 16

�27

EL MUNDO.

130

Páginas i!Herarias.
UNA LECOION DE FISIOLOGIA
Profesor.-Vamos á ver, niña, la lección que ho&amp;i n;:
roca versa sobre el corazón del hombre, ¿la ha estu a o

usted?

.

Discípula.-Sí, seiior; y bien.
,
.
Prof -Entonces, ¿podr:t usted contestnrmc ~ las. ~~e
guntns. que voy 1í. hacerle sobre su natnraleza, d1spos1c1 n
ta.maño objeto y funciont:s; no es verdad.7
Disc .:_Sí señor; á. todo eso puedo contestar á ~~ted. r
Prof:-venmos; pero tenga mucho c~üdad?, mno, po.
que el n..,;unto es muy Uelicado y es fácil cqmvocarse.
Dise.-Demasiado.
ón?
Pro! -Bien comencemos. ¿Qué es el coraz .
í
·
'
Disc.-Un
órgano
....... que t oca muy bonitas !antas as.
Prof.-¿CmH es su forma.?
¡.
Di.se.-Aproximadamente la de un cono ...... por eso p
ca tanto.
P 0 ¡ _ y ¿dónde está colocado?
r ·
.
1
Disc.-En
la mitad
del peel,o ...... Paraquenosematrate en sus movimientos.
Prof -¿Exactamente en la mitad?
.
.
Disc:-Exactamentenó¡ un poco hacia 1~ izquierda, pero;~:.~;:n:l;- ¿en qué circunstancias se encuentra co-

Disc -Negra· merced á las glóbulos negros que contiene lla~ados t:aición, deslealtadi celos, penas, desenga' etc.,-etc.
nos,
J?
Prof.-¿No tiene también sangre azu •
.
Dic.-No debe tenerla, porque si bien ea cierto que el
azul significa. celos, tam?ién significa nobleza, y el corazón es plebeyo y republicano.
,
Prof.___:¿Tiend cavidades el corazón?_
Disc.-Sí, se.fiar ......... como quecas1 est:i hueco.
Prof.-¿Cuúntas son?
Disc.-Cuatro.
Prof.-¿Qué objeto tienen?
Disc.-Pues ... ... el culto ,t Ct1pido.
Prof.-Explíque~e usted.
Disc.-Me explicaré. Cada envidad representa una capilla con su altar correspondiente; en cada ~1~0- de los
cuatro ee puede y ee suele decir misai sin perJmc10 de decirla también en los Otros trcfl.
h
Las misas mayores so dicen en los altares que ay en
las cavidades superiores. Es de observar que en el corazón no existe el altar del perdón.
.,
Prof.-¿Sabe usted si el corazón so contrae y _se ?ilata?
Disc.-Sí, Beñor; se contrae con el frío de la md1ferencia para cerrar la entrada, y se dilata con el calor del e~~
tusiasmo y las ilusiones. También se dilata...... .. en deci·
d~:¿f,-¿Estas contracciones y dilataciones son alternativas y rápidas?
d
Disc.-lndudablemente que sí: alternativas ... .. . cuan -o
duda 6 por gusto de variar, y rápidas p~ra aco.bar pron~.
Prof.-Según eso, el corazón está siempre en movimiento, ¿no es a.s.í?
,
Disc.-Así es, en efecto ...... porque el corazun no pue·
de estar jamás en repo:io.
Prof.-¿Tiene ruidos en su interior?
,
Disc.-Ya lo creo: el de las tempestades, que u. veces le
agitan. Además, el cor.1zú:n es bullicioso de su.~o. . .
Prof.-:Muy bien, niña, se sabe usted Ja lecc1on divma•
mente.
. d
, ¡ d
Disc.-Como que la he estudia o muy a on o.
,
Prof.-Bueno¡ pues para terminar, sírvase conte~tar a
esta pregunta: ¿Por qué al responder á. alguna &lt;le mis :interiores ha dicho usted: el coraz6n del hombre y no el de lri

locado en el pecho'!
·
dice
Disc -En vuelto en el pericardio, 6 como qmen
'
rodeado de cardos punzadores, para que no se acerquen
á. él demasiado.
Prof.-¿Cuál es su t..'\maflo?
Dics.-EI de un pufio, para poderlo llevar fácilmente
en la mano.
ó
Prof.-Diga usted algo mls sobre el coraz ~e la circuDisc.-El corazón del hombre es el agente
oda lo
1ación, por eso circula ttlnto Y da tantas vueltas y t
revuelvo.
.
d
P Of -¿Sabe usted si es un sistema?
ffr · -No señor no lo es; so¡amen te es parte. e uno,
.
mujerf
del ~~~tema' vascuial', Y adem~, contiene varios s1steDisc.-Porque la mujer no tiene corazón.
por er,o es tan sistemático á veces.
r?
Prof.-¿EaM usted segura de ello?
.
m;···¡-..:_¿Dice usted que es parte del sis~_mn vascula .
Disc.-Sl señor ....... porque mí libro no dice nada
o~ºc· -Sí señor- y lo es ... ... ·como que tiene bá:3cmla con ti.el coráz6n de la mujer; sólo dice del hombn:,
," IS •
' Prof.-Eso es porque se refiere á. la especie humana,
iaque pesa'los aíe~tos·, sólo que .no sabe
. ? peear bien.
p f -Y ·qué encierra en su rnter10r. .
.
que la. constituyen el hombre y la mujer.
~o · Fq"b•-•
D1sc.u ........ . .que estira y afloja en nsta de las Cll'·
Disc -Pues en ese caso, todo lo dicho con respecto al
constancias.
corazó~ del hombre, es en todo y por todo aplicable al
1:of.-YV ¿qué má~ los que da de beber al sedientó¡ de la mujer.
DJBC - asas......
, • d.
Prof,-Muy bien dicho, nifio, .discurre usted con mucumpliendo así con una de las obras de m1sericor m.
cho diecernimiento.
Prof.-¿Nadn más?
"d d e 11
Di.ec.-Favor de usted ...... Y ahora ya puedo contestar
Disc -También tiene válvulas....... de s~ur1 a qu
ampliamente
6, la única preguota que dejé á medio conveces ~o funcioqan 6 funcionan fuera de ticmpv.
testar.
of - Tienen algún nombre esas válvulas? .
Prof.-Pues hágalo usted.
p~ .
señor; hay unas que se llamal). senulu~mres.
Di,c. -El corazón está colocado en medio del pecho; peD1sc. e1 coraz
'
ón del hombre es algunas veces se1mlunáporqne
ro
adelantado hacia la izquierda, para tenerlo más cerca
ti.ca y lunático las más.
. ?
del hombre que galantemente nos cede E'U derecha cuanPr,of.-¿Es el corazón un órgano sene1bl~.
Di..,~.-Sí, señor¡ y mucij.o; pero ta m b ién es insensi· do nos acompaña. De este mC&gt;q.o le incitamos á que se
~podere-de él sin sufrir la humillación de ofrecérselo. .
d pende de la temperatura.
ble¡-e;o
usted antes que el corazón es el agente de
Prof.-Pero también el del hombre se adelant.'\ ha.cm
p~ .-l .'ólnº d; la sangre' en este sentido ¿qué papel re- Ja izquierda.
ta cuca ac1
Disc.-Ciertamente; pero él sabe que nosot~ no nos
presenta?
.
·
¡ te
Disc.-El de una. bomba asp1rante-unpe en .
atrevemos á apoder.\,rnos del suyo, aunque rabiemos por
hacerlo, y además, él siempre está dispuesto á. en~regárProf -Por qué?
b"
t
·
• ...... u."" mucho·
noslo. y esto, (¡ne en nosotros sería una hum1IJ,ac1ón, es
Disc.-Porque
aspira
•
' ó 1en porque a rae
d ués impele y aun viceversa.
en ellos una vanagloria.
.
.
lo que¡ e~~ qué má~ puede usted co¡npararlo?
Prof.-Bien, muy bien 1 perfectamente bien, mña. F.&amp;Pro .-¿Co nun
n filtro ...... de recuerdos Y esperanzas.
toy orgulloso de que sea u.sted mj. ciiscfpulo, y le prome~
Disc·
.
Prof.-Bien 1111·i\o.. dígame usted ahora, ¿por d6nde lle- to que obtendrá el primer premio y mi!nción honorífica
en su examen de fisiología comparada.. ..... . con el amor.
¡ angre al corazón?
gaDi.se.
ª • - p or Ias venas .... ·· que son las que á menudo le
.
RAMÓN GARCÍA G.ARCÍA.
México, 1895.
hacen estar de vena.
p f -¿Cuántos sistemas de venas hay?
.
':"' .- Dos.. Sl,perficiale.s y profundas
....... que
respect1D1sc
•
·
du
vameni.ecorresponden á. las impresiones pasaJeras y
EN EL SUEÑO

.J;í

i..

rabpleaf.
ro.-¿Qué nombre tienen las vena.e profundas?
Disc. -Satélites.
¿y sabe. usted si hay muchos?
Diec.-Sí, sefior¡ demasiados; el eorazóro tiene muc~1os
88
~!~1...:._M.uy bien. ¿Y la sangre que llega al corazón por
1 ve~as ¿por dónde sale de él?
asDisc.-Por las :i.rteri~······· porque el corazón tarde ó
temprano sale con arterias.
Prof -¿De qué color es la sa.ng_re?
.
. ·-La ue llega por el lado iiquierdoesT?Ja ... ;.; de.
. DlSC.
q lación de las ihmiones
que abriga ó a las
bido
á. la acumu
,
blicanas que arrastra.
1.d
;:,~;. la que llega por el lado derecho, ¿de qué oo·
lor es?

U11TAC10~ 1&gt;.E &lt;EGRl SOMNIA&gt; Utl DALAltT.

Por bosques tapizados de verdura
caminamos los tres: ellas delante:
una de gloria y de placer radiante,
pletórica de amor y de ternura;
otra llena de ftínebre amargura,
la palidez del nardo en el semblante,
el dolor en el alma fulgurante,
el des,aire en la blanca vestidura.
¿Qmén sois? pregunto con afiin vehemente.
-La dulce ninfa de sin par belleza
soy-dice-la E1:1peranza refulgente.InclinaR.do su pálida cabeza,
la otra responde trabajosamente
con apagada voz: Soy la tristeza.
P.EURO .UAURANT~S.

ÜCXUBRE,

1895.

E.L RITMO.

27

•

ÜCTUBRE,

1895.

A Erígone.

l.

Cuando mueras, tal nz sobre tu fosa
La humana caridad pondrá una cruz,
Que, al declinar la tarde misteriosa,
Besarú el sol ton moribunda luz.

Todo es ritmo en la vida: los que dicen
que moribunda est{1. la poesía,
y al vate menosprecian, que, cantando
al son acompasado de la lira,
huye las lobregueces de la tier_m
y en regiones incógnitas se abisma
para. beber en &lt;'l azul del cielo
llamaradas de luz Y de harmonía,
no tienen coraz{m, ó si le tie~en
con silencioso ritmo no palpitn,.
ni la sangre cir~ula en sns ar~rrns .
(si sangre tienen) con cadeneta rítmica.
F.aos son los extin.tos paro el arte, .
porque es señal de ausenci~ de _la vida
la cesación del Titmo, que sm ritmo
ni late el corazón nl se respira.

Nunca con siemprevivas ni con flores
La cruz de tu sepulcro adornarán;
Los que hoy buscan tus lúbricos amores
Sin dolerse de tí te oh•idarán.
Tu fosa cubrirá yerba marchita,

NO causarás á nadie co~pasión;
Maldita vives, n1orirás maldita
Sin merecer de na.die una oración.
La que deja á s..:.s hijos y los llena
De infamia con su obsceno proceder,

II.

Esa no es una madre, es una hiena
Inmunda en e_l dolor y en el placer.

Eres de los sociales ngregndos
1oh ritmo! Ja mayor de las delicias,
así en la edad &lt;le Moleschot.t i?1:i3era,
como allá. entre las razas pr1m1tivas.
Del Rojo mar en las salobres .ºn~as
sepultada quE'dó la hueste eg1pern.,
en medio del fragor del ronco trueno,
Y,
•·· h'rnc han ,
-allende
el mar que las tormen=
te oigo ritmo vibrar: es que la bella
hermana de .Aarón, la profetisa,
ai' son de 811 pandero baih.. r hace
mujere.q mil radiando de alegrfa (*_)
Gallardo trovador en la F,dad M~dia
dulce canción modula, Y en la oJ1va
ele castillo feudal su faz nsoma
dama tan orgullosa como lin~a.
Préndase del mancebo, que sm nombre,
arrogante presen~a por divisa
la magia de sus trovas amorosas,
el ritmo de su cántign sentida.
.
Hoy en la edad donde borrarse qmere
sentimiento, ideal y poesía,
surge nuevo cantor, q~e. con la musa
del análish\ musa positiva,
pero siempre la musa, es em~leso,
y desazón también, y pesadilla,
de la escuela fatal que niega el alm.n
el pensamiento busca en las celdillas.
~Celdilla es el amor? ¿Celdilla el art&lt;l?
¿Es materia no más 1a poesía?
·Loor n.,es al que en cantos inmortales
1
'F
'
sangre
y nervios
exalta y d"1~n1"fi~a;
sangre y nervios que van al mfi~1to
buscando ansiosos perdurable. vi~~;
sangre y nervios que, en alas mv1s1~les,
co;n Dios, el Gran Espíritu, harmomzan!

Mas ya no busques en tu orgullo, nécia,
La sociedad que ayer te respetó
Ella te ve, te Yurla y te desprecia
Compadece á tus hijos, ti tí nó.
Sal á la faz del mundo á que te admire;
Bel1a te juzga~, y risueña estás,
¡Qué corazón habrá que no suspire
Al ver cuan llena de vc-11tura vas!
¡El hombre al contemplarte absorto queda!
¡Qué Jujo!·¡qué arrogancia! ¡qué desden!
¡Qué bien llevas la clámide de seda!
¡Las llagas tras la seda no se ven!
Hoy el rumor de la brillante orquesta
AL chocar de los vasos en la orgía

Te obligará el cansancio de la fifista
A coníundir la noche con el día.
Eternos juzgarás- esos instantes
Y en sociedad de imptídicns mujeres
Como arenas el mar, tendrás amantes
Como rayos el sol, tendrás placeres.
¿Pero y mañana ...... ? acuérdate ...... mañana
Encontrarás por solo porrenir,
Del lóbregu hospital la triste sala
Y en la sala un rincón para morir.

III.

Puebla, 1895.

m¿~ii::J:t~°i~:~w:~rJm~J~~l~!~~ti .~enot en su obra-

Una historia

r

Tendrás los ojos en el muro fijos
Y allí verás de pronto aparecer,
Las sombras de tu padre y de tus hijos
Los mismos ¡ay! á que infamaste ayer.
¿Qué te dirán? ¿qué frase tenebros?
Te irán en esas horas á decir?
&lt;&lt;Hija vil, madre infame, torpe esposa
Venimos tu memoria á maldecir.11
Y llevarás tus manos sobre el pecho
Y aterrada los ojos cerrarás
Y convulsa, llorando sobre el Jecho
Maldita por tus hijos morirás.
Irá. despues la caridad cristiana
Tu cadaYer helado á recoger
Y la q ne fué sefiora y cortesana
En la, foea común se irá á perder.
Una cruz te pondrán sobre esa fosa
Que ni~guno con flores ornará,
Solo al morir la tarde silenciosa
Con su postrera luz la alumbrará.
Hoy nada te conmueve ni te at.erra;
Flores hallas no más bajo tus pies;
Goza~ y eres feliz sobre la tierra
Ya vnemos después ...... después ...... después ..... .

F.
Montevideo. (Uruguay.)

LoPEZ Y ÜASTA~EDA.

_La dieta de los alimentos nos da la salud del cuerpo; la
de los hombres1 ( esto es, el prudente apartamiento
ellos), la tranquilidad del alma .

dietada

BERNARDJNO DE SAINT PIERRE.

ae 9uego.

l.

BLÁBASE de un fullero que había sido expuleado de un Círculo de París, y cada cual conttlba una historia. Unicarnente nuestro amigo el
capitán J ...... no decía nada.
-Yvos,.¿nada teneis que conta11-Ie pregunté,-¿No
pagaréis ,,uestro escote?
-Si os empefiais ..... .
-Ya lo creo.
-E~tá blen; pero os advierto que mi historia no separece 1í las vuestras y que mi héroe es muy interesante.
-Tanto mejor.
El capitán encendió un cigarrillo y se puso en pie, apoyado contra la chimenea.
Formamos círculo y nos acercamos .l él para oírle mejor,
con esa avidez algo endosa de los hombres que, d~pnés
de todo, no son sino ninos grandes.

II.
Sigue en medio de torpes cortesanas
De festi.n en festin, ¿qué importa ya?
Cubre de lodo las honradas canas
Del padre anciano que muriendo está.

Todo es ritmo en la vida: ved la barca,
del lago azul en la extensión tranquila,
cómo al rítmico impulso de los remos
oon avance pausado se desliza.
y canta el pescador, y cuando canta,
su tierna barcarola no aprendida
es cascada de notas y de ritmos
que el alma inundan de inefable dicha.
Sobre la espalda de acerado mo~struo
que vuela y ruge, que serpea y silba,
azotndos los l'OStros por el viento,
sus domadores sin cesar trajinan.
El ritmo les sostiene: sin h marcha
uniforme del t.fen, ¡oh suerte mísera!
com~ en QrutQ corcel que c01·re y corr~,
émulos de Mazeppa, cederían
al infüÍjo del ,·értigo, rodando
al negro fondo de espantable sima.
y el maT, el mar. con su rumor etermo,
con su ir y venir de olas, en continua
periódica labor, es otra nota
del gran coro de rftmfca harmonía
que, desde el astro hasta la lrn1_nilde planta,
en la existencia universal palpita.
IV.
¡Oh rit,no! eres el ord~n, y e~ el orden
el bienestar, h\ gloria, todo e~tr1ba:
halla en él unida.del pensamiento,
Verdad la ciencia, in~piración la.lira.
ANURÉlS ORTEGA.

ELNUNDO.

131
soldado; pero, en fin, me parecía extrafi.o que eljóven no
hubiese buscado un modo indirecto de manifestarme su
gratitud.
Una noche, cuando me disponía á salir de casa para
hacer unas visitas, mi asistente me elijo que una se.flora
esperaba en la ,sala.
Era una mujer de cuarenta y cinco aliosi de semblante
dulce y alti \'O á Jn Yez y de mirada leal.
- Yo soy la señora de Mertenz-me dijo-mi hijo me
lo ha contado todo y ve11go á daros las gracia¡;, por habernos conservado intacto el honor de nuestro nombre.
-Señora ......
-Mi hijo estaba locamente cnamorndo de una mujer
que continuamente le pedfa dinero. Se ha arruinado por
ella ...... Ha jugado1 bn perdido ...... ¡Ya sabéis lo demás!
Yo estaba verdaderamente conmovido porque el dolor
de aquella noble mujer me había emocionado.
La infeliz estaba de pie delante do mí, con sus negrOB
ojos abrillantados por las híg1:imus.
-Una locura. de la juventud,-murmuré.-Yo veré á
vuestro hijo ...... Je refíiré ..... .
La madre movió gravemente la cabeza.
-No Je veréis, capitán. Ha sentado plaza y ha entrado
en la infantería de Marina. Yono he venidoá veros hasta que mi hijo ha estado ausente.

lince de esto seis años-dijo el capitán. Estaba yo
de guarnición en l\I. .. ... un aburrido pueblecillo de un departamento insignificante. ¡Ni una distracción! Una
III.
vez terminado mi trabajo diario, no sabía que hacer, y
Habíamos escuchado al capitán J ...... sin interrumpirle.
poco .í poco adquirí la costumbre de pasar la velada en
el Círculo de la Unión, el único que había en el pueblo Cuando dejó de hablar, hubo un breve silencio.
-¿Y el desenlace1 capitán? Qué ha sido de Mr. Mery que se llamaba asf, sin duda porque sus socios estaban tenz?
siempre disputando. En general, se jugaba. poco, excepto
-Ha muerto, señores. Hace algunos afias recibí una
en las tres grandes ferias del año, cada una de las cuales carta de Kelung; una carta escrita en un papel ya amaduraba tres días.
rillento y que contenía estas líneas.
Una tarde de otofio, hacia el principio de una de aque"Est-0y gravemente herido. El almirante .Courbet ha
llas ferias, Uegué al Círculo bastante temprano. Había
venido
it traerme la cruz ...... Pero voy á morir ...... Os enallí mncha gente que yo no conocía; ricos labradores que
visitaban muy raramente lil. población, 6 hidalguillos del vío mi pobre recompensa para que brille en el pecho de
mi salvador.
país, que apenas si abandonaban sus casas solariegas.
He aquí por-qué, sei'íores, en vez de colocar en mi uni-Buena partida hay hoy-me dijo un asiduo concuforme la condecoración que me ha dado la cancillería de la
rrente.-F..sto va á ser curioso.
l\fe volvf hacia la mesa de juego, y tuve que retener un Legión de Honor, llevo la cruz del sargento de infantería
de marina Mertenz, que después de haberse condenado
gesto de sorpresa.
colllo
un ladrón, ha muerto en Kelung como un héroe.
El banqul:!ro era un jóven de \'eintidos á veintitres
.",.LBERTODELl'l'r.
afi.os, ,t quien yo conocía de vista.
1\Ie interesaba aquel sujeto, :1. quien su padre, muerto
valientemente en :Magenta, había dejado una fortuna esARRIGO BOITO.
casa y un nombre respetado.
Rara vez iba al Círculo, y nunca jugaba. Así, pués,
Un rasgo ~u genio.
me sorprendió muchO' verlo tener la banca y poseedor de
·\. el 3 de Diciembre de 186...... ¡ por todas laa
una importante suma, porque los biJ/etes y los luises se
amontonaban ante él.
alles de J\Iilán se notabau infinidad de carteloes anunciando el estreno del famoso Lohengrin
-¿Cuanto admite la banca?-preguntó uno.
·
de \Vagner¡ todo el público esperaba ansioso ]a
-¡Oh!-exclamó riendo un arrendatario. -Mr. de
hora de saborear la música de la ópera sublime del genio
Mertenz está de vena y puede admitir todo lo que se alemán.
juegue.
El día estaba triste1 opaco; densas nubes cubrían tocla
El jóven estaba muy pálido, y se notaba en su mirada la ciudad 1 como presagiando algo1 como dando uvfao de
algo de extravío.
un inesperado acontecimiento.
-Banca abierta-balbuceó.
In menea muchedumbre ocupaba de continuo el veetíbulo del teatro de la Scala, ansiosa de no quédaree sin los
Aquello fué como una evocaci6n á la mala suerte.
correspondientes billeOOs para la tan anunciada función.
Diez \'eces seguidas perdió el desgraciado Mertenz.
¿Quién conocía en Milán aquella creación sajona?
En un cuarto de hora había saltado la banca.
Ninguno.
Otro jugador ocupó su puesto, y continuó la partida
Todos preguntaban á todos, y s6lo se leían las crónicas
tan animada, tan apasionada, que yo mismo llegué á. em- alemanas, en Jas que se ensalzaba el mérito; se alababa
la música y se hacfa alto encomio del verso de aquella
briagarme y me puse á jugar como todo el mundo.
ópera famosa.
No había sitio donde sen·tarse en torno de la mesa, y
Llegó la noche; el teatro de la Scala estaba ,de bote en
permanecí en pie, teniendo en la mano mi sombrero, en bote.
Todos con la mirada fija en el palco escénico.
donde nerviosamente iba echando mis ganancias que auLa obra dió principio y ...... pasó el primer acto entre
mentaban de minuto en minuto.
el
silencio. y la frialdad de los espectadores. Comenzó el
La partida estaba más empeñada que nunca, cuando segundo,
y sólo de un palco se oía un le•..-e rumor, que
una voz me gritó:
trataba de acallar la multitud espectadora.
-¡Que os roban capitán!
Al terminar, una de gritos de desaprobación, gritos
Hice un brusco movimiento é instintivamente cogí una burlescos, se dejaronoírdetodala platea; peróenmedio de
barullo, sobresalió un aplauso frenético, un w'.va,
mano, la mano de Mr. '1\Iertenz, que oprimía ya un aquel
pero un aplauso y un viva que brotan del co1U.Zón de un
billete de mil francos que acababa de quitarme.
artista.
,
El semblante del desgraciado t::staba lívido.
Pasó el tercer acto, r ..:cibido con la misma frialdad;
Cambié con él una mirada, una sola, y ví removerse mas1 al terminar1 en \'ez de una ovación, se escuchó una
algo en sus ojos, agrandados en aquel momento por el ternble rechifla, toda una silba, una baraunda de gritos
y ...... otra vez, fuerte, frenética, YOI vió á sobresalir denespanto.
tro del inmenso pllblico la misma voz, exclamando: ¡Vi-1\-lr. de Mertenz está. en su drrecho-dije con mucha va! ¡Loor á IS'agner! ¡vi,•a Lohengrin!
tranquilidad-y me sorprende que alguien se baya atre•
Toda la platea dirigió su vista hacia el lugar de donde
vida á lanzar semejante acusación contra un hombre co- salía ,,quella voz, y contempló á un espectador entusiasmado, que poseído de un entusiasmo colérico, aplaudía
mo él. Estamos asociados para jugar y ha tomado el con
frenesí.
·
dinero que necesitaba. Esto es todo.
Toda Ja concurr~ncin. le miró con desprecio1 y todos ú
Las explicaciones fueron breves. El sujeto que me una voz le dijeron á gritos: ¡Cállate! ignorante! loco! qué
dió el a vi@o había ido por primera vez al Círculo y no co- sabes tll.!. .....
nocía á l\Ir. de Mertenz; los jugadores que est.aban de
Aquel espectador:, levant,í.ndose de su asiento, llenQ de
pie hallábanse apretados los unos contra loa otros. El ira, con la mirada despidiendo rayos, contestó:
-¡Aplaudid! No conocéis todavía el mérito de lo que
recién venido lmbfa visto deslizarze una mano en mi acabáis
de silbar!
sombrero, y creyendo que me robaban habí~ gritado.
Llamadme loco; pero al que hoy silbáis, más tarde le
El buen hombre &lt;lió ·wm- satisfacción á Mr. de· Mertenz,
levantaréis estátuas.
á quien todo el mundo rodeaba, lamentando el desagraEste atrevido espectador, que dominó aquel público
con su palabra ardiente; este llevaba un nombre todavfa
dable incidente ocurrido por la torpeza del forastero.
Después prosiguió el juego, y l\!r. de l\fortenz salió de desconocido, Arrigo Boüo, el que cuatro afias después es~
cribía su Mefist6Jeles¡ la célebre y nunca bien ponderada
la habitación .
ópera que tanta gloria le ha conquistado, y por la que h.'\
Pasaron tres días sin que tuviese yo noticia del j6ven. recibido de Alemania (siendo italiano) el galardón más
Era natural que no tuviera grandes deseos qe verme. Al glorioso, que no tiene, ni ha tenido hasta hoy ningún
salvarle, babia salvado el honor póstumo de un valiente compositor del mundo.

•

�27 OCTUBRE, 1895.

EL:MUNDO.

132

27

ÜCTUBRE,

1895.

El, .MtJND6.

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133

�27

EL MUNDO.

134

Páginas í!Heraria~.
Despues bl' la boba.
A el lienzo lo que~dice un:\ preciosidad, Una
obra de gusto exquisito y una maravilla de traba
o mecánico.

De finísima holanda, mostraba en su embozo
tales bordados y tales encajes, que aquello parecía obra
de hada,s más que de femeninas manos, por diminutas,
suaves y de afilados dedos que fueran . Era un derroche
de calados, sobrepuestos, cordoncillos y qué se yo cuantas cosas más, formando hermosa guirnalda, en la cual
estaban mezcladas las flores que encantan los jardines,
con los dibujos de caprichosas vueltas; las bojas de infinitas plantas, con las grecas de todos los estilos. ·
El conjunto de todo esto, aquella guirnalda maravillosa servía de nimbo al enlace de dos letras correspondiente; á la inicial de dos noe1bres, que otro enlace, el que se
verifica al pie de los altares, iba á unir por todo el tiempo
que dura nuestra mísera existencia. La cosa podía no ser
de moda¡ pero la idea, y en aquella tela, me pareció sublime. Yeamos el enlace.
Componían éste, como he dicho, dos letras; es decir,
una sola repetida; la erre: Ro,c;a y Ricardo. ¿Quiénes eran?
Rosa era huérfana de madre. Alta, rubia, delicada, de
cutis suave y transparente, era la genuina encarnación
de la flor cuyo nombre llevaba, y reina de las flores por
excelencia.
Ricardo era el polo opuesto de Rosa. De tez morena y
ojos vivos,.alegre y decidor, parecía tener por los dos lados lo que á ella. le faltaba: salud, energía y fortaleza.
Cómo se conocieron, no importa. Se amaron, y esto es
lo esencial, con toda la diversidad de sus caracteres, siendo lo natural y verosímil, por lo mismo que no pueda ex•
plicarse.
Y vamos al asunto.

•••

Encargó Rosa su equipo de novia en una de las mejores
y más lujosas tiendas de la corte. La confección no parecía ofrecer dificultades; pero el bordado, y sobre todo
el de la sábana dEÍ boda, era otra cosa.
Había que buscar, elegir, consultar dibujos, un traba•
jo, en fin tan colosal, conio el de un monumento antiguo.
Rosa. se decidió á hacer el dibujo ella misma y llevarlo
en persona á la bqrdadora, para explicarle los detalles de
su-filfícil concepción.
Vivía la que le fué recomendada, llamada Rosario, en
una pohre bohardilla, donde si los muebles eran escasos,
la limpieza era extremada.
La inquilina no estaba. Una cuna, con sus cortinas
blancas como la nieve, que ocupaba un ángulo del cuarto
fué lo primero que llamó la atención de Rosa, y á ella se
dirigió, descubriendo un precioso niño de pocos meses.
Llegó al :fin la bordadora, y Rosa le explicó el trabajo
que deseaba hiciese. Al marcharse le preguntó si aquel
niño era suyo, y m.1.s hubiera preguntado en su afición
por aquellos, si no hubiese notado el embarazo y confu·
si6n con que la pobre mujer contestó á su pregunta, afirmativamente, y añadiendo con aire triste que· su padre
no existía.
March6se Rosa con ánimo entristecido,_ y no perdonó
ocasión de volver, ya con pretexto de modificar el dibu•
jo, ya con otro cualquiera, llevando siempre dulces y re•
galos para el nifio, y hermosas y consoladoras palabras
para la madre.

***

La boda se verificó, y sólo diré que fué como cualquie•
m de las de mayor boato.
Lo!r novios, una \rez terminada la ceremonia, rompiendo con la moda y la tradición, se dirigieron á. BU precioso
cuartito, lujosamente amueblado, en vez de tomar et fe.
rrocarril, para hacer á desconocidos lugares testigos de
su dicha.
Bue.no sería aislarse por algún tiempo del resto del mundo, pero ellos creyeron mejor j:&gt;oder siempre recordar
después en el lugar de ~u vida corriente, los dulces pri•
meros día.a del himeneo, las fugaces horas de dicha, que
el dios amor marca, teniendo por batuta su flecha de
oro ..... .

***

A la tarde siguie°:te del fausto día, Ricardo tuvo que
salir para un asunt;o urgente, según dijo¡ y Rosa quedóse
sola por primera vez, después de la más tierna despedida
que puede imaginarse.
Por instinto, 6 para mejor consolarse de la ausencia,
encaminóse Rosa al despacho de su marido, en el cual
aún no había entrado. Sentósetriste·en uno de los silla•
nes; pero pronto sus ojos comenzaron ú recorrer la habi•
tación, que la curiosidad en la mujer es capaz de dar al
traste con todo lo que coge por delante. Después de recorrer varios lugares, vieron sus ojos sobre la mesa de
despacho una carta abierta, y al parecer olvidada, puesto

que junto á ella estaba la petaca de plata, su último regalo de solter.t, y que su marido no dejaba de usb.r. Levantóse, cogió la carta con cierto temor supersticioso, y
leyó lo siguiente:
. _ .
Ricardo~ He visto en un trozo de·periódicoant1guo que
te ibas á casar y no quiero decirte lo que he sentido, porque quizá ya no te lo merezcas. Ve,n á d~irme si es verdadera la noticia; y si aún es tiempo, piensa en la desgracia que caerá sobre esta pobre mujer, cuya falta es
quererte demasiado, 'Y sobre nuestro hijo, mi falta ma~
yor, que no tiene la culpa de haber nacido.
No puedo seguir escribiendo, porque el llanto me ahoga y las lágrimas borran las palabras. Te pido por Dios
que no dejes de venir, sea lo que fuere 1 aunque nunca. podrá olvidarte tu

~
f

ÜCTUBRE,

1895.

EL MAQUINISTA.

I, amigo mío, me dijo el viejo mov!endo la cabeza he sido maquinista durante vemte anos.
Estábamos en la estación de Ancenis, y era
una de esas tardes interminables de Julio. Había perdido
el tren y no sabía como matar el tiempo (porque el expreso no pasaba hasta las cinco), cuando ví cerca de la.
lampístería un sujeto, bien conservado aun á pesar de
sus cabellos grises, fumando su pipa silenciosamente. Me
senté á su lado sobl'e unos equipajes que le servían de
Rosario.
banco, y desde la.s primeras palabras me interesó su con~
P. D.-Precisamente he estado bordando durante estos versación.
días en que no te he visto, una sábana de boda c..m nues•
Era de poca estatura, grueso, encogido Q.e hombros, los
tras iniciales, capricho de la novia, ó la tuya y la de otra ojos cansados y como azotados de mirar perpétuamente
mujer, que si fuera la que tan buena ha sido para mí y al aire entre la bruma y el humo, tosto.do por la canícu~
nuestro hijo, quizá te perdonara menos que la enga· . la y seña.lado por los latigazos del invierno. Sus manos,
q ue col0craban de sus brazos, deformes y nudosas, seme•
fiaras.u
La fecha era del día anterior.
jantes á. enormes herramientas, parecían herizada.s de
*
huesos ...... Pasaba de los sesenta años y se llamaba Es•
* fué á los pocos instantes, t-eban Arrás. Ahora vivía en Ancenis de sus rentas, con
Cuando volvió Ricar:do *que
encontró á Rosa pálida, h~ada y con un ternblo: nervio- una hija que había hecho muy buen matrimonio.
so que nada bueno presagiaba, dada su enfermiza cons•
-En veinte afias de maquinista, le dije, han debido
titución. Inmediatamente fné llamado su padre, que se ocurrirle muchas aventuras ...... ruucbos accidentes .... ¿La
instaló á la cabecera del lecho de su hija, mientms · Ri- carrera fue larga, eh? Si usted quisiera recordaT, •·· ..
cardo, loco de dolor y remordimiento, recorría la casa de•
El viejo se quitó su sombrero de paja, hundió los demente, figurándose la causa de su dee:gracia Y sin atrever• doá en sus cabellos tan profundamente, que su mano des.
se á hablar.
.
apareció por completo, y durante algunos segundos se
Yr1rias veces entr6 en el enarto de su esposa con larn• rascó la cabeza con ]as uñas como si quisiera arrancar
tención de arrojarse de rodillas junto al lecho, Y allí con• por la fuerza recuerdos lejanos: después cubriéndose, co•
ta.rle todo y pedirle perdón 1 puesto que i\ ella solamente menz6 con aire de resignación:
quería, y lo demáa había sido nn desvarío, Y otras tan•
-Ya que usted lo desea voy á. contarle una ventura.
tas quedó detenido, por la resignaOO sonrisa con que ella.
Es algo que 110 me gusta contará uadie en el .inundo,
saludaba su entrada. La pobre niña, que veía tronchada
p
.
porque
es muy tri~te, como va usted á ver. ero es 1gu~ 1
de un golpe la flor de sns_ ilusiones Y de su cariño1 que 1a lo prometido es deuda. :E;n primer lugar, ¿sabe usted si•
falta de una madre y una sensibilidad extremad¡i habían
condensado en el fondo de su hermoso corazón, sabía mo- quiera 10 que es una locomotora?
Esta maldita vestia. de hierro, gorda, ventruda, eririr con la. heroica sonrisa de los mártires en los labios,
zada.,
que avanza haciendo temblar el suelo,. parecida ,\
más~aras clel dolor y los suírimiento:1 físicos y mora1es.
.
.
*
un elefante, espanta á muchas gentes {c prunera v1st..1..
Pasó una semana.
**
Sin embargo, no es mala, y se dt:ja cond1,1cir con el dedo
-La sellara pregunta por usted-dijo la sirviente des• meñique, como una señorita al baile. Hay exepciones,
de Ja puerta del despacho de Ricardo, en donde éste se sin duda, como en.tre las mujeres, y si en su 1~ayo;r parte
retorcía las manos, llorando de dolor, bajo la iillpresión son amables y cariñosas, se encuentran también algunas
del pronóstico del doctor, que acababa de marc?arse.
indignas.........
,
Ricardo siguió á. la doncella después de enJugarse los
A pesa,r de todo, en nuestro juicio, buena ó mala, se
ojos, y entró en la habitación de su esposa1 en donde no ama á la m,iquina, como ama su barco el marÜ=!·º·
había rnidie.
Nos ligaron ,1 ella como iÍ. un hijo, y cuando se la ,·e
ATrodillóse más bien que sentóse }unto á la cabecera demasiado fatigadu 1 cuando \'iene In. decadencia y hay
del Jecho v sin atreverse á hablar casi, escuchó l~s si- que sUEtituirla, que avandonarla ¡créalo usted! parece que
guientes ;n"labras:
se nos rompe el corazón ... La nueva es más coqueta, llena
-Oye, Ricardo; no: más cerca, para que sólo tú pm•• de buena. voluntad, trata de hacerse querer pero no es la
das oirme. Mira, nadie sabe nada, y te pido que ttl. tam~ • misma; !la vieja compañera!Tiene que pasar tiempo para
poco lo descubras. Ahort1. bien; si el deseo de una mori• que intimemos. Es el comienzo de unos amores ..... .
bunda, porque sé que·voy á. morir, es sagrado, creo qne
En Ja época de mi historia dirigía yo una máquina catú harás lo que voy á decirte. Si lloras, no me podrás oir. prichosa: un poco joven, pero á laque hacía maniobrar
Escucha: quisiera que Cuando yo me haya muerto, que con facilidad. Mi línea era la de Orleans desde hace diez
no ha de t3rdar, Y esperando un par de meses á lo más, años, y prestaba el servicio de noche desde París á Nan•
te casará.a con la pobre Rosario, Y así vuestro hijo .... ·· No, tes: la friolera de cuatrocientos wíntisiete kilómetros ....
no por Dios, no digas no ...... ¡Es tan buena, m,\s que yo, Mi fogonero era un mozo rubio y fornido, recio para el
y tan deegraciada!. ..... ¿Ve rd ad que 10 harás? Mira; vi- trabajo, casado con una muchacha bonita 1 lavandera de
viréis en esta misma casa ó en otra,
. . como. quieras, con Beroy de la que estaba muy enamorado y muy ce 1oso.
los mismos muebles.····· pero quisiera pedute un favor.
Se le ~podaba Zanahoria por el color de sus cabellos.
Oye: todo?erá para ella; pero:·•··· la sábana.·:··· es~ no,·.·· ··
Una noche, tí. fines de Noviembre, el frío comenzó :.í.
Quisiera que .. _. .... me envolvieras en ella; y así, s1 es cier- ,,,. s'oplar con durc&gt;za, sentimos la cam ngrietada á. pesar de
to que el sentmnento no muere, poder. recordar aquella
ta
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1a man y 1a u an a.
·ñ
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d I Lo ha á
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noc h e d e cari o .. .... i icar. 0 · ¿
r s, ~o es cier · · ·····
El viento nos azotaba cruelmente el rostro, zumbaba
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¡·0uánto, cuánto te he querido y ...... te quiero ...... á. pesar
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.
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en nuestros 01 os como rumor eI mar en re 1as rocas, y
deES~sl f~~:oi: sº~s·~iiimaa palabrae.
hablábamos lo menos posible, porque llO babfa medio de
oirse. Las casas, los árboles desa.parecfan de nuestro la.·
***
Sobre la mesa de despacho, y allí en donde estuvo la do, ba~rido todo bruscamente ...... Era un vértigo.
Con tanta rapidéz vohí.bamos sobre los rails que no se
carta denunciadora, había otra cerrada y con el sobre di•
rígido á. Rosa. Cogióla Ricardo, y conocieudo con estu• sentía avanzar. Por instantes tan sólo una tropidación
más acelerada nos hacía vacilar iuertemente; era una
pefacci6n la letra, la abrió, leyendo lo siguiente:
11Sei)orita:
sacudida de la locomotora que se hundía en su feroz ca•
Puesto que tan buena ha sido para mí, no dudo en par• rrera á. través del campo, máH negro que boca de fobo.
ticiparle que el pobre hijo de mi alma ha muerto, y yo
Acab1bamos de dejar {L Tours y nos aproximábamos :l
part,0 para otro país, en donde, según dicen, una bor• Savonnieres, cuando el fogonero dijo de prnnto: u¡Oye!
dadora puede vivir mejor con su trabajo.
¿sabes que tenemos que hablar tú y yo?u Le miré sor•
11Por esta razón me alejo de mi país, y por otras causas prendido ......... Sus ojos brillaban en la obscuridad con
que no puedo ni debo decir, y ojalá no sepa usted nunca.
fulgores amarillentos. Al pronto no comprendí.
Usted será feliz, porque se lo merece, y yo parto llevan-¿Pero, qué te pasa, Zanahoria!
do en mi corazón recuerdo eterno de sus bondadee.
-Se había plantado cerca de mí, hablándome alto, ca•
uSu humilde servidora,
ra
á cara ...... A tí te gusta Juana, mi muier!
Rosario.
Ya he dicho que el mozo era celoso, basta la imbecili·
ul? de Octubre.))
Ricardo leyó esta carta, y estrujándola entre suB con":' dad. Rompí en una carcajada.
-¡Yo! ¿Pero te estás burlando? Y le confesé la verdad:
vulsos dedos, fué lleno de dolor y de abatimiento á caer
encontraba
muy guapa ,í su mujer, pero en mi vida se
de rodillas junto á. la cama imperial que sostenía la dorada caja, y en la cual aquella cabecita de angel parecía me había ocurrido decirle una sola palabm.
-No me burlo-repuso él animándose-hace mucho
sonreir entre la nívea espuma de los encajes de la sábana
tiempo que acecL.aba la ocasión para. decírtelo frente á
de boda.
R. A:r.VAREZ MASÓ.
frente. Aborrezco á los amigos falsos.

27

ÜCTUBRE,

1895.

EL1fUNDO.

Va~os, eres un pobre de espíritu! no sabes lo que dices. Atiende á la caldera1 será. mejor.-Y le volví la espalda, cuando recibí ur1: golpe en la nuca, que me asestó
por de~rás. Dí un gran salto, se apoderó de mí la cóle~
ra......'iba :i hacer una atrocidad, pero conseguí dominarme, porque mi oficio requiere sangre fría.
-Oye, Zanahoria, lo que te digo:
Por fortuna tuya, estamos en marcho.. No te acuerdes
más _de esto, porque á fe de Arrás, te aplasto la cara y te
arroJo íl. la ,•fa ..... .
No había acabado, cuando se arrojó sobre mí aullando
entre el ruido ensordecedor del tren.
'
-jYo sí que te voy á romper el cráneo, traidor!-Y oo•
menzó la lucha.
.
La máq nin a segu fa su carrera, habiendo alcanzado y
aun_ traspasado Ja velocidad normal; el fuego ardía con
rabia .. En un fu~gor siniestro apareció una eetaci6n y desa.
parectó ...... Otra.vez nos hundimos en las tinieblas.
Me ~nía cogido por el cuerpo, y trataba de echar la
zancadilla para derribarme y arrojarme al campo. Yo me
había agarrado con una mano á. la barra de apoyo, y con
la otra trataba de desprenderme de él sin hacerle daño.
Mientras forcejeaba, le gritaba todavía:
·
-¡Suelta, estás loco, sueltn.!
El ni siquiera parecía oirme, encarni:dndose cada vez
más, atacado de no .sé qué arrebato al cerebro y presa de
un trasporte de rabia que duplicaba aua fuerzas, echando
espuma por la boca como una bestia ..... .
Hacía dos minutos que intentaba arrastrarme al rincón
de los instrumentos, sin duda para apoderane de alguno
Y hacer de él un arma. Yo me &lt;lefendía como podía., y en
la estrecha plataforma se mezclaban nuestros estertores
nuestros gemidos sofocados, abrazándonos en la calde~
á ~a ondulaci?n, resbalando nuestros zapatos sobre el
aceite. Me sentia desfallecer, porque él era más joven y
más. ~obu~to que?'~· De pronto un resplnndor rojo brilló
á m11zqmercla, visión brusca, terrible, que me dejó he•
lado hasta fa médula de los hueso51 ...... ¡El disco!
¿Comprende usted, caballero? ¡El disco que me mandaba parar! ...... La vía no estaba libre, y él me tenía ahogado en sus brazos de hierro, sin que me permitiera mover•
me! Su aliento ardiente me quemaba la cara.
En un segundo me representó el tren precipitándoBe y
Y_ saltando sob:e otro tren, los viajeros despedazados, mu•
t1lados.. Sus miembros arrojados i\ derecha é izquierda
de los T1eles, los wngones hechos astillas, la máquina. vol•
cada ...... y yo tambien destrozada la cabeza. ¡Nunca¡ An•
te todo la salvación coman. Entonces me erguí, é incli•
nándome en seguida, hundí mi cabeza en su vientre con
empuje poderoso; y arranqué sus dedos que estaban cJa.
vados en mi carne. Luego, haciendo el último esfuerzo
lo arrojé al vacío en la negrura espesa. Ni siquiera le ví
caer.
En el mismo instante me lancé sobre el regulador, ce•
rrándolo. A los pocos segundos pude apretar los frenos
y detener bruscamente los coches, que chocaron unos con
otros. Ya era hora. A diez metros de la máquina un tren
ómnibus que había descarrilado dos horas antes, obstruía
el camino. ¡Dios mío! Hace quince años que fué ...... Cuan•
do pienso en ello, todavía se inunda mi cuerpo de sudor.
Yo Je pregunté:
-¿Y el otro?
-¡Zanahoria! Hizo un gesto desesperado. ¡Qué desgracia! El pobre hombre estropeado, rota la columna.
vertiebral! Me procesaron con aquel motivo, pero me ab•
eolvieron. Esto no impide, sin embargo, que yo haya matado á un hombre ...... Y mire usted, ya siento haber des·
enterrado esta historia ta-n triste..... . ¡Lo pasado, pasado
está!
Pero, aquí estú. el tren que usted eepera ..... . ¡Buenas
tardee!

SUSPIROS Y LAGRIMAS.
1cLos suspiros son aire v van a~ aire,
Lns lágrimas son agua y ·van ni mar&gt;i
¡Cómo ha mentido Bécquer al decirlo!
Cómo miente. ¿Verdad?
Cuando se encuentra lejos la que se ama
Como de mí lo está,
El alma se resuelve en mil suspiros,
No cesa de llorar;
Pero aquellos suspiros no son aire,
Ni con el aire van¡
Son fragmentos del alma que se alejan
Hacia donde ella esti't.
Las lág'rimas que vierto no son agua,
Ni corren hacia el mar;
Es la sangre que mana. de una. herida
Que abierta siempre está.;
Porque los n~ros ojos que la abrieron
No la qmeren cerrar..... .
¡Y decir que son aire los suspiros
Y el llanto agua no másl
¡Cómo ha mentido Bécquer al decirlo!
Oómo miente. ¿Verdad?

RICARDO DoMlNGUEZ.

$a,,ntificar las fiestas.
NES, 9 de Mayo de 1802, tornó D. Cándido po-

es1ón de su curato en $anta Cruz de Lugarejo
OC!lpándose inmed,iatamente en arregl~rse 1~
casa con los pobres y viejos muebles que trajo en
°:na carreta del pueblecillo donde vivi6 ha$ta e•ntonces,
siendo consuelo de necesitndos y ejemplo de virtudes.
Durante más de cuarenta y ocho horas nadie se dió cuen•
ta de que Jllí había cura nuevo.
Algunos días después, las pocas personas qne le vieron
y hablaron esparcieron la voz de que parecía buena per~
sana. Y no se equivocaban los que tan presto formaron
de él juicio favorable, porque D. Cándido era un bendito.
Por su estatura, rostro y porte traía ,¡ la memoria el re-t:r:ato que hizo Cervantes de su hidalgo iñmortal. También D. Cándido frisaba en los cincuenta mios y era de

comple:t:i6n recia 1 seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador, y ei no amigo de la caza, como D. Quijote, in•

cansable en el ejeTcicio de buscar tristezas para aliviarlas.
Sus condiciones morales todas buenas: la. piedad sincecera, el trato afable, el lenguaje humilde, la caridad mo•
dest.1,, Y en todo tan compasivo y tolerante, que, con ser
grande el respeto que imponía, aún era mayor Ja cariñosa
confianza que inspiraba. Su llustración no debía de ser ex•
traordinaria, En un cofrecillo muy chico cabían los libros
que poseía, siendo el de más resentida encuadernación
por el continuo uso y el de bojas más manoseadae los
Santos Evangelios. Ni los Padres de la Iglesia ni los 'más
e~celsos místicos le eatisfacfan tanto romo aquellos sen•
cillas versículo~ que ofrecen, ú quien sabe leerlos, mundos &lt;le pensamientos encerrados en frases sobrias.
Todo.::1 los días, en seguida de comer, D. Cándido, apo•
yado en el alféizar de lu ventana de su cuarto releía y
meditaba un par de capítulos de San Marcos ó' San )-fa.
~o. ~uego dejaba el libro, y tomando el sol y fumando
c1garr1llos pasnb,1. el rato entretenido en observar cómo
t~nbajan unos cuantos picapedreros que, en un solar contiguo y vallado, tenían est.'lblecido al aire libre su taller.
Habíase derrumbado meses atrás un arco de la mejor
capilla de lu. iglesia; cierta sefiora piadosa legó fondos pa•
ra reconstruirlo, un arquitecto de la ciudad cercana iba
de cu~n~o en cuando ti in~peccionar la obra, y en aquel
espnc10 mmediato á las habitaciones de D. Cándido es•
taba~, resaltando por su blancura sobre la verde y felpa•
da h.1e~ba, los bloques de caliza. que poco á poco iban
conv1rt1éndose en claYes, dovelas, salmeres y trozos de
archivolta.
Allí, desde In ma11arm hasta la tarde,, exceptuada una
hora nl medio dín, se escuchaba continuamente el ruido
múltiple y monóliono formado por los mazos v las martillinas al chocar con las piezas de cantería: ei sol Jo ilu.JDinaba. todo, lanzando ª?á. y a lht las sombras rectangulares é mtensas de los trngl::tdos de estera bajo que se
resg~ardabnn .los peones, y ú ratos de entro aquel rudo
c?ncterto que forman el hierro hiriendo, la piedra partiéndose y el eco resonando, se alzaba el canto bravío y
triste de una copla medio ahogada por el zumbido del
trabajo como un suspiro entre las penas de la vida.
Durante los cuatro últimos días de la primera semana.
que pasó D. Cándido en Santa Cruz de Lugarejo no dejó
de asomarse para contemplar á los canteros, y si alguien
le observase de cerca ac~o, por la. emoción reflejada en
su rostro, pudiera sospecha1· que nquella tarea dura y
penoe11. despertaba en el alma del cura una emoción dulce y compasiva.
El domingo, primero que allí pasaba el sacerdote sa·
lió muy temprano de casa, dijo miim, dió un paseo J¡rgo
comió más tarde que de costumbre1 y poco antes de con~
cluir, cuando al levantar el mantel le trajo el ama los fós•
foros y el bote de picadura comenzó á resonar al princi•
pio aislado y débil, luego nutrido y fuerte 1 el ruido que
producían los canteros picando y labrando piedra en el
solar vecino.
(i¡Haeta en domingo!1i-murmuró triste y sorprendido
D. Cándido: y asomándose ú la ventana gritó al trabajador más próximo:
- j Eh! 1Buen amigo! Diga ueted al maestro, capataz ó
lo que sea, que baga el favor de subir aquí un instante.
Momentos d('spués estaba el maestro cantero en el comedor del cura. Obsequióle liste con queso nuevo y vino
afiejo, dióle un pitillo del grosor de un dedo y en seguida violentándose, forzando su propio naturnl 1 le reprendió con In poca y tímida. aspereza compatible con su bondad, diciéndole:
-¡Qué falta de religión ...... y qué vergüenza! ¡Trabajar
en domingo!
El obrero, difgustado por la reprimenda, pero cohibido por el agasajo, repuso humildemente:
-¿Y qué le vamos i\ hacer, sefior cnra?~ Trabajamos
cobrando al entregar las piezas terminadas1 ganando tiempo...... el jornal es corto, el pan caro ...... y cuando menos
se piensa, nace un chico. Aquel grandullón rubio-ana.

135
d.ió ace.rcándose á la. ventana y extendiendo la manotiene cmco¡ el de al lado tres; el cojo de enfrente mantiene á sus .padres ...... y así todos! Créame, usted, sefior cu•
ra, en tripa vacía y hogar sin lumbre no hay :fiestas de
guardar.
Quedóse dudoso Don Cándido, y haciendo al fin un es•
fuerzo por aparecer enojado, contestó:
-A pesar de eso. ¡En domingo no se trabaja! ¿Y cu.in•
tos sois?
-Doce.
,
-¿Cuanto gana cada uno? En junto: ¿cuánto importan
los jornales de hoy?
El c.antero s~c6 la cuenta con los dedos, y repuso:
-Ciento qumce reales.
Don Cándido se dirigió ú su alcoba; abrió un vargueüo,
sacó de un cajón un bolsillo de seda verde con anillas de
acero, tomó de su contenido aquella suma, y se la entregó al maestro con estas palabras:
-Toma: que rece cada un Padre Nue$lro, y marchá.os
á descansar. ¡No profanéis el día del Seflor.
A los cinco minutos el taller estaba desierto.

··············· ····························· .. ···············~···········"······

Al domingo siguiente, cuando Don C.tndido subió á des•
ayunarse, l~ego de decir misa, oyó asombrado el rumor
que al tra~aJar producían los picapedreros, y frunciendo
el entrece10, murmuró:-u¿Hoy también?u
La escena que siguió fué igual á la ocurrida ocho días
antes. Llamó al maestro, le reprendió más duramente,
fué á la alcoba, y dió el dinero para que el taller se des.
pejara. Los trabajadores se marcharon alegres, algunos á.
sus casas, los más á la taberna; el bolsillo verde quedó
va.cío, Y el cura asoTnado á. la ventana, pasó un roto con•
templando aqnellas piedras, que según las miraba debían
de tener para él oculto y misterioso encanto.
Durante la semana siguiente, el trabajo cundió tanto
q.ue casi quedó limpio el solar. El nuevo arco de la lgle81a estaba á punto de terminarse.
Sin embargo, el tercer domingo aún comenzó más tem•
prano el golpeteo seco y metálico de la herramienta. sobre la piedra¡ pero el ruído era mucho más débil: sin du•
da.trabajaba pocagentc.
Corrió Don Cándido:.\ la ventana y vió que sólo había
un hombre ocupado en labrar y a.finar una pieza en for~a de dovela, con tanta prisa y tal afán, que ni tomaba
mstante de reposo ni levantaba siquiera la cabeza.
Entónces bajó y acercándose al obrero Je preguntó de
mal modo:
-¿Has quedado tú para simiente de judíos? ¿far qué
trabajas?
-8eñor-respondió ~l cantero,-ayer quedó concluido
todo: mañana lunes, de madrugada, se hace ia entrega:
sólo falta esta dovela por culpa mía, porque...... he estado
entre semana dos días enfermo. Y hoy tengo que acabar•
la, an~~ de la puesta.del sol:··· ··Pªra cobrar, porque ayer
no qulSleron pagar~e ...... m me pagan hasta que acabe.
-:-Dicho lo cual, baJó la cabeza, inclinó el cuerpo y sigui6
picando.
-¿Y si no concluyes hoy?
-El trastorno es lo menos: Jo malo es que no cobro, y
en casa hace falta.
Quedóse D. Cándido pensativo. Las cuentas que echó
y los cálculos que hizo sólo él podría decirlos: debió de
recordar que el bo~sillo Yerde estaba vacío; acaso se dijo
que la verdadera hmosna .es la que no con dinero sino
con el propio esfnerzose hace ..... Tal vez vinieron á s~ pen.
aamiento memorias á él sólo reservadas .. .... Ello fué que
mirando compasivamente al cantero le dijo en voz baja,
como confiándole un secreto:
-Mi padre y mis hermanos fueron canteros ...... Cuando chico, yo también aprendí el oficio. ¡Yo te ayudaré!
Y recogiéndose las mangas cogió un puntero, empufi.6.
un mazo y empezó á picar la piedra.
J.A.,,;lNTO ÜCTAVIO PICON.

G{a usum sc}iolarum.
RÉcIPE: Quince pétalos de flor¡
estambres y pistilos, á. placer;
cinco dracmas de hechhms de mujer
y dos de incienso de exquisito olor.
De cáscaras de pomas el sabor·
gnomos, nAyades, algo del no se;;
cuatro cunTtos de suave rosicler·
de éter y brisas cuanto más mej~r;
Afi.ade trea tomines del decir ·
de cualquier sabihondo sin'gular,
cuarenta interjecciones y un za6r.
Y de ag_ua quantu.m sufficit: ¡la mar!
Ponte á mezclar,. cocer y desleir,
y canta una oración de Castelar.

Da.

FRANCISOO DE ÚSUNÁ.

�186

EL MUNDO.

27 ÜCTtraRE, 1895.

PRENSA MEX-1CANA:
DOMINGO a DE NOVIEMBRE DE 1895.

·21&gt;o,o

IL-'--IMIMto 11

•

(!oslumbres ael a1a ae muertos.-roé1dco.
( Dibujo de D. Leaudro Izaguine.)

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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