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                  <text>3 NoVIEM:BRE, 1895.

EL MUNDO.

144

PRENSA MEXICANA

l
I'

'J:'

Jll

N'um..

TEROElR.ll RPOOJJi.

DO
Págónas extraordinarias.

DOMINGO 10 DE NOVIEMBRE DE 1805.

~o es l/iva ....

cu
lIBRE

RO COJIBA'l'E
Y OTRA
CTORIA.

LEA USTED
número de. mañana.
(Zuai!ro del l!ic.'. l!uis ¡'l)Jonrov.•• l"remiai!o en la (lcai!emia ae t;lellas (lrtes iie ¡'l)lé¡dco.

•
(FQt. proporcionada por el Sr. Ing. Fernando Ferrari Pérez. )
I'

f

-

Tomo IL-Número 18.

�·'·
I
,r~

Páginas enerarias.
UNA MEXICANA EN PARIS.

L oscur~er de unn. tarde de Mayo, volvía yo con

~

un amigo, sentados en el imperial de un omní•
·
bus1 del cementerio del Pt:re-La~haise al cen,.
tro de París.
Comenzaban á encenderse las linternas que decoraban
las calles del barrio, y !:!O recuerdo si al salir de la Villette, mi amigo, contemplando una calleja en cuyas pu~rtas vendían algo de comer, me dijo con entusiasmo:

-)lirr, cómo s~ parece aquella calle 1t las de ~an Juan
de México.
Et amor á la patria obliga en tierra extraña á encon-

•

10 NOVIEMBRE, 18\Xi.

EL MUNDO.

146

trar eu todo alguna semejanza con algo de la ciudad en
que se ha nacido, y acaso yo peqné imagin:indome algu•
nn vez que la rue Royal le daba cierto aire ,t la calle de
P lateros y que los árboles de los Campos Elíseos se parecían á los de la Alameda.
En efecto-le respondí-algo hay de aquellas calles en
que se venden muchos antojo&lt;:? ,testas horas.
El cochero del ómnibus ,·old6 la cara hac ia nosot:-os;
una cara en que descollaba redonda y tosca la nariz enrojecida por el ajenjo; nos miró con fijez:1. y agregó brusca·
mente:
-Esa calle se parece mús ,i la del Hospital Real, donde est,i la imprenta del Siglo XIX.
Mi amigo y yo nos cambiamos una mirada de alegría,
como diciéndonos: este conoce nuestra tierra.
Le interrogamos, y nos cont-6 que había estado en l\Ié·
xicoen tiempo de la invasión francesa; que perteneció al
cuerpo de Cazadores de Vincennes; que cumplió sus años
de servicio; que le gustaron mucho nuestras costumbres;
que había sanado de una antigua dispepsia con el uso de!
pulque, y terminó diciéndonos:
-Yo me traje de vuestra tierra dos cosas muy buenas
que todavía vi,·en conmigo: una mujer y un loro verde
dec.'tbeza amarilla.
-Ah! estú. usted casado con mexicana?
-Sí señores; con una india de cerca de Cuautitlán, que
ya se vtilte 11. la francesa, que tiene tres niños rubios que
so'n mi encanto y que me obligan ,í. pasarme las horas sobre este pescante para mantenerlos. Si ustedes no se desdeñaran en visitar algún día á la pobre mexicana, mujer
de un cochero, su cas:1 está en tal parte, y la honrarían y
alegrarían c.on su visita.
-Gracias! anuúnciele usted que iremos á verla mafia.na.
Y cumplimos nuestra palabra al pie de la letra. Mi
amigo y yo subimos muchas escaleras, y en un sexto piso encontramos á liad.ame Berny, antes Camila Linas,
oriunda del Estado de México v madre de tres chiquillos
rollizos y mofletudos.
Con qué sat!sfacción tan grande nos recibió en su pe•
queña y limpia vivienda.
Me acuerdo de ella como si la estuviera mirando.
Cabellos y ojos muy negros; la tez trigueña; boca que
deslumbraba por lo blanco y oarejo de la dentadura; manos y pies diminutos, vestida con un traje de obrera parisiense; hablando bien el francés y mal el espaf'íol, porque usaba todos los modismos y todos los disparates del
pueblo bajo, que á nosotros nos sonaban allí como un
himno nacional, y queríamos aplaud.írselos.
Nos enseñó al loro que había ido á Europa en el hombro del antiguo cazador de Vincennes: nos mostró entre
los útiles de su batería. de eocina, un metate, un molcajete,
un comal y un tejolote.
Nos hizo comer tamales que había preparado desde la
víspera, y nos patentizó la fusión franco-mexicana, cuando uno de sus chicuelos le grito: mamá: venez-icí¡ y ella
le respondió con la mayor naturalidad del mando:
-Espérame tantito.
Cómo le brillaban de alegría los ojos, al recordar sus
magueyes, sus tlacbiqueros, la cocina de humo, el árbol
de capulínque da sombra al corral de su casa nativa, y
cómo expresó en su semblante el dolor más intenso y la
tristeza más profunda, cuando mi amigo le preguntó:
-Camila, tiene usted ganas de volverá. México ....... ..?
-Sí, respondió suspirando; pero eso no será nunca.
Mis hijos son de aquí, y aquí nos mo!'irtmos todos.
-8e acuerda usted mucho -:!e nuestra tierra?
-Mucho, mucho. Mis hijitos saben querer á México.
Ahora verán ustedes. Pierre ...... Pierre. Ven acá pronto.
Se presentó un chiquitín como de nueve ailos, enguJlendo un gran trozo de pan con mantequilla.
-Dí :i los se.flores á quién le rezas de: noche para que
te baga bueno. ·
·
-A la Virgen de Guadalupe.
-Bueno, ¿y cómo se llaman esas rueditns blancas que
hago en el metate?
-Tortillas.
-¿Y qué te doy de desayunar cuanrlt) te portas bien?

-.A.tole de leche.
-¿Ven ustedes c6m1J conoce mucho de allú.?
Nosotros teníamos las lágrimas en los ojos, y cuando
nos despedimos, mi am1go1 inspirado por una idea 1 le dijo a! chico:
-Te voy ú hacer un regalo que va á. encantar tí. tu ma·
má; toma.........
.
Y sacó de la bolsa una cajita de música. No hizo el
chico mús que darle dos vueltas al pequeño manubrio, y
Camilase püSO :t llorar tílngrima viva, y nosotros lo.mismo al contemplarla.
Y habfa razón; era. una cajita que mi amigo-mandó ha·
cer en Ginebra y que no tenía mií.s qne una pieza: el him•
no nacional mexicano.
Al salir de la casa C1.1.miln. nos vió con gratitud y con
dolor, pues le parecía qnecon nosotros se iba pa1·a siem•
pre la personificación y la voz ele una patria ñ la que no
vokerfa. nunca.
JUA)l' u&amp; D10s PEzA.

UNA P~~SION.
NDO Yital-no_ltenía otro no~1bre-hubo
bandonado el molino del padre Garaud, don,
e estaba emplerrdo desde hacía tantos afios en
~
calidad de pequeño criado al principio, después de mozo
molinero, ganó maquinalmente el camino real, indeciso
respecto de lo que debía hacer en adelante.
Estaba profundamente triste, porque :t medida que caminaba, venía\e-{~ la memoria su vida, desde el dfa en
que pudo tener conciencia de los acontecimientos que
formaban la trama.
Sin paclre ni madre conocidos, había sido recogido por
la Aeistencia pública. A la edad de doce años1 laadminis~
tración le colocó en casa de Garaud, propietario y moli·
nero.
Había aecido, se había con vertido en un muchacho
fuerte y en la actualidad contaba Yeinte años. Durante
largo tiempo vivió feliz, partiendo s.us horas de trabajo
entre la granja. y el molino; después, un día, dó entrar en
la existencia de su patrón, á una Joven y su corazón quedó inquieto para siempreja.mús.
Era una locµra contra la cual, sinceramente, enérgicamente había luchado. En ,,ano se dijo que el padre Garaud, siendo su benefactor, tenía derecho ú todos sus res•
petos;.que, aun cuando á los sesenta años se habíá.casado
con una joven, había sabido hacerse amar demasiado pa•
ra protegerla contra los sentimientos de infidelidad; que,
por último, a.quella situación no podía llevar sino :t la
confueión.
El amor1 dice un proYerbio bíblico, es más fuerte que
la muerte: solicitados por él su alma, sus eentidos, su jU•
ventud, había acabado por sucumbir y se había precipi:.
tado en una desventura irreparable.
Ah! qué noche de desencanto sucedió al día de esperanza radioea que para el transcurriera! Volvía !Os ojos á su
alma y repasaba las circunstancias de su caída. Los acon•
tecimientos fortuitos, contienen ú veces irresistibles ten•
taciones.
Cuando, ayer, el padre Garaud que emprendía un viaje
de muchos días, abrazaba á su mujer y estrechaba lamano de su dependiente,· nada le autorizaba para concebir
temores. No era aquella la primera vez que se ausentaba
y á su regreso de cada _uno de sus viajes, había encontrado siempre que el orden reinaba en sn molino. ¿Qué qui•
meras hubiera podido forjarse? Entre un muchacho leal
y una mujer fiel, el mal no hubiera encontrado campo para deslizarse. Ert1. ésta una opinión muy razonable que el
pasado justificaba. Vital no podia querer traicionarle: tenía miedo á todas las infamias y hasta entonces se había
contentado con amaren silencio. Aquel día, sin embargo,
en la soledad de su corazón, una voz se hacia oír insidiosa: ii¿Y qué su turpo de ser amado no llegará jamás?n
Amado, no lo había sido en el cm:so de su existencia
precaria: no conoció jamás, como los otros niños, el encanto del beso maternal; fuéaba:q.donado á. la orilla de un
campo como un paquete estorboso. ¿Por qué? ..... . Día
radiante! La joven iba y venía en el patio de la granja,
ocupada en sus quehaceres: su juventud feliz, sin inquietudes, casi sin deseos, prestaba algo como una aureola á
su frente. Era más rubia, más luminosa que una aurora.
Su voz cantaba, a:un en sus palabras. Si llamaba ú. sus gaM
llinas, surgía en su rededor un rumor de alas 1 un impulso
de ascensos.
El la contemplaba desde lo alto de la ventana del molino donde vigilaba la molienda: Sf.lilaba en amarla y ser
amado castamente; soñaba en confiarle su sueno y aquel
día era el destinado para tal confidencia.

•
••

El y ella acababan de comer. El sol se había puesto:
unos instantes de crepú!culo aún y la noche sería éom•
pleta.
Como la atmósfera· estaba fresca después de un día ca-

10
luroso la seflora de Garaud se había sentaao en un banco depÍedra fijado ú. la puerta de entrada1y reflexionaba un
poco ansiosa.
Pensaba:
-Vital parecía preocupado esta tarde. ¿Qué le int¡ uietaba?
Y su pensamiento indeciso flotaba entre mil hipótesis,
que asediaban confusamente su espíritu. Era incapaz de
precisar nada. Como si su marido estuviese presente había conversado acerca de los negocios, del molino, de la
granja: l'eníale sin embargo un presentimiento: por el alma del muchacho molinero, pasaba ;tlgo obscuro, que se
le escapaba, pero que no dejaba de inquietarla.
.
Entre tanto, Vital, habiendo concluido su trabaJ01 volvía del molino y se adelantaba hacia el banco que servía
de asiento ú. la señora Garaud.
La noche era completa; e! cielo estaba constelado, pero
la luz difosa que descendía, npenas permitía entrever la
silueta de las cosas ..... .
Tu,·o ella de pronto la. idea de mcter:::e ú. su habitación.
Sin embargo, como aquella aprensión que advirtió en sí
misma tlo tenia explicación, le parec~ó pueril Y permaneció en su sitio. Por otra parte, Vital estaba. cerca de ella
y había. tolllado ú su vez asiento en el banco, como solfa
hacerlo dee.puésde s11 trabajo, porque el molinero lo consideraba como miembro de la familia.
¿Por qué había ella. de espantarse'.'
Tratando de sobreponerse á su angmtia, escuchaba al
joven que le hablaba en \"OZ b.1ja. Lo que le decín nada tenía poi· cierto de criminal.
Record,lbalc un pasado bien hermoso: el día en que
ella entró :i la. granja, después de su bocln; el recuerdo se
remontaba ya :l muchos años. jO:,mo fné [estejada por
todos! Yita1 tuvo la idea de leYankt.r, en honor suyo, un
arco de triunfo hecho de foll:ije y regó flores en el camino que ella. debía recorrer.
Conmo, ida por tanta solicitud, en un arranque de
emoción sincera, presentó sus mejillas al muchacho molinero para que las besase. Aquello estaba ya rnny lejos,
sin duda el rt'cuerdo por tanto era delicioso. Pero por qué
Vital lo evocaba. aqnelhi noche?
Conversando, se había aproximado él á ella, y su pálabra tR.m biaba mús y m:.ís en sus lábios.
Sí, ella le había dado espontanea.mente un.beso: el primero1 el último. Hablaba con cierta exaltación y la señora de Garaud comprendió que la prolongación de un
tal t,¿te ,l t2te encer raba un peligro; quiso levantarse para
sustraerse á él, pero de pronto dos brazos la encadenaron
y un beso sofocó en su boca el grito que iba á estallar.
Aquello había sido rápido como un rehímpago. Con un
gesto Yiole.nto, rechazó ella al joven, se irguió roja de
vergüenza y de cólera, y con una voz en que vibraba la
indignación, exclamó:
-¡Partid! ¡No quiero veros más; os arrojo!
1

,i.*,;,.

Inmóvil y como inconsciente, habíala él dejado entrar
en sus habitacionee, sin hacer tentati ,a alguna para retenerla. ¡Cómo le enloquecía la idea de haber roto así su
ventura! Porque, en suma, él era. foliz, si nó por ser ama•
do, cuando menos por poder amar, por poder permanecer donde ella estaba, mezclar su propia vida á una parte
de la de ella. Ay! todo había acabado.
En tanto que la señora de Garaud, encerrada ;i doble
vuelta de llave en su pieza, velaba por temor de ser sorprendida por Vital, él también velaba, t_orturado por el
dolor y las penalidades. Aquella noche habfa pasado, semejante á una noche de muerte.
Las horas lentas caían una á. una sobre su corazón y so•
naban el toque de agonía de su amor perdido. Al.día siguiente, desde el alba, había recogido sus vestidos y su
ropa blanca, leve paquete que cargó sobre sus espaldas, y
para siempre habfa dejado el molino del padre Gara.ud.

•
••

Triste vida la suya! Caminaba evocando el paeado y
sufría. Pen~aba: 1dré lejos, tan lejos, que perderé su recuerdo!n Cuando hubo recorrido algunos kilómetros, le
pareció que est.aba fatiga.do y que sus piernas rehusaban
sostenerlo. Apoyóse en el flanco de una escarpa y reflexio-nó. Reflexionó que no ver jamás ú la señora de Garaud era
algo superior á sus fuerzas; que su corazón, ú. pesar de
todo, estaba encadenado á aquel molino y á aquella granja y que era imposible romper el lazo sin morir.
A alguna distancia del sitio en que se encontraba, o.fase un tic tac de molino. Conocía al propietario y enbia
que podía presentarse con seguridad de ser acogido. Más
de una vez, el molinero, el señor Gaucher, ¿no había ensayado conquistárselo para su servicio? Se levantó y se
dirigió allá.
1
Auguró bien: el seflor Gaucher, inmediatamente lo to•
mó á su servicio. Esta solución le saUs:fizo,
Una distancia de &lt;loe leguas, poco más ó menos, sepa~
raba los dos molinos¡ un salto apenas para unas piernwi
de veinte afíos.
Durante toda la semana, rumió en su espíritu el pro-yecto de volver á ver ,t la señora de Garaud, de vol ver

..

NOVIEMBRE,

18l/5.

\·er desde lejos, sin hablarle1 oculto en un bosquecillo
que confinaba con el jardín de la Granja.
N~da ei_-a más fácil. Desde el domi11go puso su proyecto
en t'JCCUCIÓn.
AqueJJo fué verdaderamente dulce, dulce como un bMsnmo que hubiera empapado su alma dolorida.
Oculto entre las :iltas yerbas, acechaba, con ef corazón
y los ojos despiertos1 estremeciéndose al menor ruido
al1.ándose sobrt:l los puflos para ver, cuando le parecí~
oír pasos. Un~ ~ez ó dos, en el curso de aquella siesta,
l:1 liabfa apercibido así y todo su ser habfa que:-ido volar
hacia ella.
Ah! cómo hubiera querido gritar:
«Miradme1 estoy aquí, yo qne os amo y que sufro por

EL MUNDO.

147

Es verdad que no reinan siempre la primavera y el estío
que hay días sombríos y noches glaciales en otoffo: pero
¡bah! ¿que importan estas pcmtlidades á. los que aman?
Además, nunca falta un rincón, un escondrijo cualquiera donde refugiarse.
Un dfa que vagaban por las cercanías del castillo derrui•
JO cJ_ mundo sabf: que un tesoro se hallabn esdo donde se encontraba la misterio!'a sala, el cielo ae íué
condHlo en aquella sala, la única que aún conencapotando y estalló de pronto la tormenta.
servabn. sus muros en pié y cuyo techo no se
Los true:-ios y relámpagos sncedíanse sin interrupción
había derrumbado todada entre las ruinas del antia-no
Y una. lluvia torrencial comenzó ú. caer sobre la tierra.
castillo; un tesoro inestimable de perlas y pedrería ;ue
Los dos jóvenes trataron de refugiarse entre laei ruinas
debía encontrarse debajo de algunas de las Josas del suecuando distinguieron allí al lado di: ellos una larga abe/
loó quizá. detrás de alguna columna.
El afortunado que lo poseyese no solamente sería. más tura donde podían guarecerse y penetraron en la sala de
\'OS.ll
la sombra eterna.
ri.co
que todos los reyes y emperadores, sino que también
. ¡Ay! sólo sus miradas podían hartarse de aquella exquiDesde luego quedaron sorprendidos do la obscuridad
s1t.a y sobrJ.da r.ípida visión, de la cual se llevab:1 la ima- disfrutaría de todas l:ls alegri-as y glorias de la tierra por- que reinaba en torno suyo porque ellos solos desconocían
que
cada.
una
de
aquellas
perlna
y
piedras
preciosas
eran
gen parn nutrir su alma durante los largos días sigui~.
la existencia deJ tesoro oculto en aquellas tinieblas.
tes... ....
- ott·os tantos talismanes de un poder irresistible.
No tenían miedo porque se encontraban jnntos, cogiD~ ~sta sue:~ vivió muchas semanas. Cada domingo
Con estü!J antecedentes, comprenderás que no faltarían
s? ?mgía al s1t10 de costumbre, donde esperaba Ja apa- · personas siempre dispuestas á apoderarse de semejante dos de la mano. Sentáronse sobre las baldosas muy juntos el uno del otro y cstrecháronse amorosamente.
n c1ón de aqnella que era su alegría. Si esto no constituía tesoro.
-Yo te amo! contestó él, y raro fenómeno: Apenas
el paraíso soñado, si era cuando menos una porcioncita
Los ha.bitantes de la aldea inmediata así como los de
de él: la habfa visto, había respirado el mismo aire que los pueblos circunvecinos tenían abandonados todos sus pronunciadas estas palabras y cual si se tratase de una
ella y se volvía contento á su molino
asuntos y negocios pensando en su constante pesadilla: la. ~Yoc~ci6n mágica. la sala misteriosa se vió de repente
Un día en que acechaba, oy6 dos v~ces que venían ha• de hacerse dueilos del tesoro.
1lummada de una grande claridad.
cia él: la voz de la seiiora de Garaud y la de su marido.
II1
De todas. las comarca.e de la tierra acudían unos á pié,
Bien p ronto vió ú. ambos marchando, uno al lado del otros en luJosas carrozas, pobres y ricos, nobles y plebeA
sus
gritos
de
extrafl.eza,
acudieron los hombres y
otro, por el bordo del río. Llevaba él una red á la espal- yos¡ pero todos guiados por la ambición de encontrar tan
mujeres que siempre vigilaban las ruinas en esperanza
da y respondía á su mujer que le manifestaba sus temo• incomparable hallazgo.
res:
de que cualquiera casualidad viniera á hacerlos dueños
Sin embargo, ninguno de ellos conseguía vencer en su del tesoro.
- Estit tranquila, uno ó dos golpes de red bastarán paempresa. Acaso la sala poseedora del tesoro hallá.base
~ p roporcionarnos fa fritura con que quiero obsequiarte,
Se comprende cual sería el tumulto que se produjese
res~uardada por puerta tan pesadn. y maciza que era imcuando toda aqm•lla multitud vió en un hueco de la musm contar con que puede dejarse coger una hermosa pie- posible forzarla 6 echarla abajó? ........ .
za, lo cual no nos disgustnrfa .i,or cierto, verdad?
ralla brillar los montones de piedras preciosas.
Nada de eso. No existía puerta alguna; la entrada era
-Sin duda, replicaba. ella, mas piensa que el molino
Con los ojos extraviados y trémulos los brazos, todo el
amplía como un ves~íbulo de palacio. ¿Quizá veíanse allí
está andando.
mundo se arrojó en busca de una parte de aquel valioso
tarascas
y
dragonea
vomitando
fuego
como
nos
pintan
las
- Bah! la lancha está s61iclamente amarrada.
'tesoro que había de hacerlos ricos y felices.
El padre Garaud no dijo más: Con piés ágiles no obs- leyendas? Tampoco.
Sólo loe dos j6Yenes que al murmurar las palabras Yo
Lo que impedía acercarse al tesoro era que la sala en
tante su edad, saltó á una embarcación atada á un árbol
te amo, habían dispersado las invencibles tinieblas, pertoda
su
extensión
se
hallaba
llena
de
una
obscuridad
tan
de la ribera; después, una vez verificada !a solidez del
manecían indiferentes sin pedir parte en el tesoro, poinudo d~ la amarra, con un impulso, ganó la medianía de negra y espesa qne era imposible distinguir en ella.
que ellos contaban con otro mús dulce y más fefíz pa~
La
comprensión
hum~na
no
basta
para
darse
una
idea
la corriente.
ra ellos:
El primer golpe de red había sido fructuoso. La red ex- de la sombra que reinaba allí. Las más compactas tinieEl amor que albergaban sus tiernos corazones.
blas
comparadas
con
ellas
hubieran
parecido
transparen•
tendida, había capturado entre sus finas mayas un buen
lote de pecesillos. Acaso bastaban para la fritura; pero el cias de la aurora.. Los rayos del sol al dar en la entrada
CATULO MENDES.
de la sala, eran rechazadoll como si se tratase de una
padr;e Garaud no se contentó con eso.
. H izo una nueva ~ntativa: esta vez el golpe fué desgra• puerta de diamante negro, impalpable1 iHvisible.
Algunos que se habían atrevido á. penetrará tientas en
ciado¡ la lancha osc1l6; en la sncudida, la clavija d~ ma•
CAPR ICHO.
dera que retenía la amarra, se rompió, y la embarcación, aquellas tinieblas, refnían que á los pocos pasos habían
creído tener sobre sus pupilas una masa semeja.u te á pez ó
arrastrada por la vio lencia de la corriente, se desvió.
Flotan, como barquillas, en el aire
En vano el molinero gritó á su mujer que le arrojase la betún que les imposibilitaba ~vru:1zar. Otros uo habían
zumbadores insectos,
cue.rda; desfallecida. de espanto, torcía ella· con desespe- vuelto ti salir, muertos sin duda antes de conseguir voldeslumbrados borrachos por las luces
ración las manos y permanecía en el ribazo, incapaz de verá encontrar la entrada.
que de la virgen sombra resurgieron.
Innecesario es decir que se hnbfa tratado por todos los
obrar.
La romántica alondra,
De pronto, Vital surgi{&gt; 1Í. sn lado, Vital, cuyos ojos inun· medios imaginables de hacer desaparecer esas tinieblae,
dejando el surco por la reja abierto,
dados de una alegria cruel, parecían decirle: '' El destino es petó todo había siclo en vano. Antorchas embreadas lámdice, mientras que sube por la escala
mio. ¿Por qué pedir un socorro imposible? Es ya tarde. paras preparadas al efecto1 troncos resinas.os iodo se
que termina en el cielo,
extingufa
á
la
entrada
de
la
sala.
'
Ved, la corriente parece redoblar su viole11cia. Unos1nicon tonos de las églogas antiguas,
Se había tratado también de arrojar bombas y cartu•
nutos más, unos _segundo::i, y el obstáculo que nos sepkra,
un dhUogo tierno,
habrá .deEaparemdo; hombre y embarcaciún serán u)oli- chas explosivos. Unas y otras e1;tallaban con estruendo
que
aprendió
pudorosa, una manana,
pero sin dar una sola ráfaga de luz.
.
'
dos baJo la rueda del molino."
de Julieta y Romeo .. , ...
Ella gritó:
Los emperadores y príncipes ú.,,idos de poseer lai, riEl ruiseñor se asoma á los nogales
- ¡Salvadle!
quezas y talimanes sepultados en la aombra1 habían dide la alberca del huerto
El volvió á otra parte la cabeza.
cho
á
los
l'.!ábics:
((Una
parte
del
tesoro
será
vuestra,
s
i- E lla replicó:
y preludia en la lira de los campos
conseguís llevar la luz.n Hiciéronse mil combinaciones
-¡Lo qmero!
un poema sinfónico, soberbio,
químicas, pero todas con el mismo resultado ante aqeeY cbmprendiendo el sacrificio que exigía añadió:
donde hay rencores de Marsillas1 tristes
- Os amaré.
'
lla invencible oscuridad.
por sus cariflos muertos.
¡Amado, él seria amado! ¿Había oído bien? ¡Oh subliII
La paloma á su macho
me locura! ¡Oh arrobamiento divino! Sería amado.
espera,
para darlt! mijo y besos,
En aquel tiempo existía una pnreja de pobres mendiSe apoderó de la amarra, saltó al río. En unas cuantas
en las sombras que tiran al arroyo
brazadas llegó ú la lancha y alargó la cuerda al padre Ga- gos: ella de quince años y él de dieciséis, que iban por los
unos álamos secos .... . .
raud¡ pero ú. causa del movimiento quu este último hizo caminos medios desnudos implorando la caridad cuando
Se
impacienta
febri1 1 y con suspiros
para asirla., In embarcación se desvió1 y Vital, impulsado algún transeunte paeabo, y recügiendo las mil florecillas
que le hinchan el pecho
del
campo
cuando
se
veían
solos.
por ella hacia la medianía del agua, intentó en vano coger
repit~ en el idioma de los árabes
Si hubiesei1 preguntado ú. las golondrinas que habit.ande nuevo la borda. A i;u vez era llevado por la corriente.
un trozo romanceeco.
el
reborde
de
los
teja.dos,
dónde
se
encontraba
la
casa
de
De pié, en su embarca:ión, el padre Garaud, sin poder
Y
la
tórtola, viuda, solitaria
socorrerlo, presenciaba la lucha que su antiguo dependien- los jóvenes n1gabnndos 1 no os lo hubieran podido decir
como monja en el templo,
seguramente,
puesto
que
jamús
les
habían
visto
entrar
te sostenía con la muerte. El le miraba, evidentemente
en el tri:,te retiro de laa breí'ia.s
perdido, sin remedio, girar sobre sí mismo, desaparecer ni salir bajo techado.
enloquece de miedo1
Carecían de hogar y de familia; pero en cambio las go•
e~1 los remolinos, volver á. 1:\ superficie; pero siempre,
reza.ndo
siempre de los tiempos bíblicos
londrinas recordaban cuantas veces por la mañana, en la
siempre, corno una aspiración inrencible, el molino Jo
los jcremiacos trenos .........
·
siesta
y
al
caer
de
la
tarde,
les
habían
rozado
con
sus
alas
atraía á su abismo.
ANTONIO F. DE l\.foLINA DONOSO.
La Sra. de Garaud, srguía también con la mirada el h&lt;r en la pradera á orillas del arroyo ó al pie de la \·erdeante
rrible drama. Una angustia de :1g11nía opdmíale el pecho. espesura de los bosqneFt.
Los dos vagabundos se regocijaban de serlo; jamás haEra por ella JlOI° quie11 aquel hombre iba á morir· ella era
•
bían conocido otra vida, y su placer mayor era rngar enquien lo IHatnba!
'
En pleno idilio:
De pronto, 1a. joren lanzó un grito terrible; el cuerpo tre las soledades floridas del bosqlle.
-Pero, ¿qué has hecho, Juan mío para que yo te quieToda su preocllpnción conshstía en encontrar un trozo ra tanto?
acababa U.e pasar bajo hi ruega del molino.
Así pereció Yital, y su muerte hizo lo que su ternura de pan en cualquier altlea, el cual iban á comerse juntos
-Pues hija .. ... -. la m:1r de deudas.
no había podido hacer. Fué como un rocío fecundo que allá lejoe del camino, mordiendo los dos el mismo boca•
•••
se.extendió en el corazón de la Sra. Garaud: el amorger- do ¡y sabe tan bien una comida cuando tiene de postre
Gedeon elogia la voz de un tenor de opereta y dice:
mi~ó Y~e engrandeció hasta la desesperación, y abrió una un beso!
....:Después de la de Tamngno no he oido voz como la
Cuanto ú. un techo que les cobijase para dormir, escasa de ese hombre.
herida mcl1rablc por la que el alma de aquella mujer se
-Y tú viste fi Ta.magno?
derramó gota á gota; herida que, m{lS tarde, debía mat.ar- era también su inquietud-¿Qué palucio, qué morada por
la también.
espléndida que sea, puede compararse con un cielo de
-Sí, en la Concordia.
follaje tachonado de estrellas brillando como otros tantos
En. MARTÍN VmEAU.
-¡Cómo en la Concordia!
(A. Nervo, tradujo.)
clavos de oro?
-Sí, una noche le oí pedii- un lielado.

f

•

••

•

�148

EL MUNDO.

10 N oVIE1dJIRE, 1895.

10

NOVIEMBRE,

1895.

EL l\HJNDO.

149

3,

,,

)(~ .·,

•

,. ~,l'

11,

,~,¿¡~·-•;_;
' «·t..

Grusta, cuaaro ae &lt;ronraao Kiesel.
(Grabado en los talleres de El, Jfunao.)

1· Srita, Dolores Cárdenas.-2. Srita, :Francisca G11Uérrez, dl{Cbihuahua, Fot . B Vclarde " Srita R r • ,
.
•
.--.,.
· e ug10 .u!nrt!n Pérez ae· ~ J
5. Srita. AmadafCasti.ll::_ deYéxico.--6. 8rita. Maria TereEa Porrilio. ;:. /~~

~1~:;,~~:t

Manuel J. Oro~.-l. Srita.~E•a Vargas, do Mé%1oo,

�10 Novn:M1JRE, 18\Jó.

Páginas literarias.

EL BUENLADRON.
Traducido párn "El irund.o."

MEFISTOFELES.
Es un diab lo gentil; no causa miedo;
Conoce el corazón de las mujeres,
Y el oro corruptor y lo!:! placeres
Maneja con el chisme y el enredo.
Por la huma1rn virtud no expone un bledo;

Tiene, en cada cuestión, dos pareceres,
Y son ante su lógica los seres
Del vicio imagen, del honor remedo.
Es un Don Junn escéptico y galante;

Dan relieve á su exótica figura
Rasgos de espadachín y de estudiante;
El sofisma encubierto es su armadura:
Mefisto es la mentira deslumbrante,
La mala fo, la paradoja obscura.
LEO POLDO DíAz.

A

Gráfira.

Redondas perlas que ciñen
tu hermoso y cándido cuello
diamantes ·que nos deslumbran
más que tus ojos serenos;
encajes, plumas y flores
que coronan tu cabello,
lazo que estrecha tu talle1
ropas que velan tu cuerpo.
guante de tu blanca mano,
chapín de tu pie ligero
limpia y venturosa holanda
que oculta besa tu seno;
ambiente que te circunda,
luz que te baña, silencio
que en torno tuyo difunden
la admiración y el afecto;
leve fragancia de_lirios
con que embalsamas el viento,
música de tus palabras
con que enamoras los ecos,
miradas con que fulminas
los corazones de acero,
y mentirosa sonrisa
conque me auguras el cielo:
todo parece que guarda,
allá en su escondido centro,
una promesa, un conjuro,
un espíritu, un misterio.
Se diria que tu alma
tiende invisible su vuelo
y penetra y vivifica
los materiales objetos;
mas tu alma huyó sin duda
de tu desolado pecho,
porque de allí la poesía
y los amores huyeron.
JUAN VALERA.

Las dos loterías.
Un rey con ci~n millones de vasallos
sintiéndose morir,
realizó la experiencia ruás extraña
que de reyes y césares yo ví.
-Antes de un mes, decía en un decreto,
bajaré al panteón,
y pues muero sin hijos, que la suerte
por azar n;i.e designe el sucesor.
El monarca pensó: La. noche antes
ninguno dormirá,
en la vaga esperanza todos ellos
de ceñir á la sién corona real.
Pero el rey se engañó, siendo él el solo
que no pudo dormi.~,
.
pues cada cual se d1Jo:-¡S1endo tantos,
es imposible qae me toque á. mí!
Dió luego otro decreto en que ofrecía.
decapitar cruel
.
á aquel á quien la suerte des1gna1:3
de entre todos sus súbditos también.
Ent6nces sí acertó; la noche antes
del sorteo fatal,
en vigilia angustiosa, ni uno solo
dejó de discurrir:-¿.Me tocará?
y es que el hombre, whiendo que los maks
son ciertos, y el biin no;
.
al anuncio de un biffl se enco;e de homlrros

y de un ma/1 se le encoje el coraz6n.
ENmQUE SEGOVIA ROCABERTI

I

TUVOSE el hombre frente á la puerta cerrada;
miró hacia todos lados, en medio de la noche: la
alle estaba en aquel momento desiert~; sona~on
1aa once. No tenía otra cosa qué hacer,
b • smo estirar
d
el cordón para que aquella puerta se. a riese, merce
al resorte; después, rápidamente se encaramaría al tercer
1·so forzaría la puerta &lt;le la derecha, cogería papeles,
Pvalores,
,
sortijas y saldría tranq m·1 ame~ te • , .
Aquello era sencillo, un golpe demasiado f~cil para u,n
· · · te Sí· pero el caso es que tenía nuedo. Sena
~ -eso de andar
,
.
estúpido
con rncilaciones á la 110ra precisa,
cuando había tenido días enteros para preparar el negocio y para reflexionar bien.
Abandonó la puerta, que tocaba con man? temb.l~ro1;a,
Y anduvo algunos pasos con traspiés de ebrio, repitiendo

Pª~J!~

es sencillo, eso es muy sencillo; las ~entes de la
casa volverán del teatro á media noche, de nrnguna manera antes; los otros habitantes están acostado.a, la por~~ra duerme ...... ~ Se puede entrar ahí, con la misum fac1hdad que á un molino.
.
Volvió á. encontrarse frente á la p.uerta: Sus die,ntee
castañeteaban. Si segufa vacilando, iba, sm duda, a hacerse notar. Justamente, allá léjos, alguien venía por la
acera opuesta.
El reloj cercano sonó: las once y cuarto!
-Vamos, pues, perezoso!. ..... Su mano tiró del cord~n,
oyó el repique de la campanilla; pero la pnerta no se ab~ó.
¿Era esta una advertencia de la suerte? 110 quería dec1:,
ac.aso: uvete, puedes hacerlo aún, 110 cometas eee cn-

m~h

EL MUNDO.

10 NovrnMlJRE, 18\J5.

EL MUNDO.

150

d

,

-Vamos ya,-dijo de nuevo-basta de tar anzas.
Tiró otra vez, con fuerza, del cord~n.
Su corazón, sus sienes, latían horriblemente. ~ puerta se abrió. Eutró: el pasillo estaba obscuro. Sm cerrar
completamente la puerta, imitó el rui~o de ésta sobre el
batiente. La vieja portera podfa dormitar, y era necesa•
rio engaílarla con ruidos, á los cuales, s_u oído estaba acostumbrado· no omitiendo, sobre todo, el nombre, com.o lo
hacían los' que llegaban tarde. Dijo un nombre elegido,
al acaso· nada se movió.
Anda~do sobre la punta de los piés, subió has~ el tercer piso · oíanse bien sus pasos; pero esto, era meJor; asf,
nada te~ía que temer. Todos dormían. en aq~ella 0!'8ª,
con el estómago lleno, en recámar:l.S bien calientes, rodeados de bienestar. Era justo que él. fuese ú ~om~r una
parte de aquella dicha, él, el obrero sm tra~Jo, sm ho•
gar, sin pan; tomaría esa parte por la astucia, como el
zorro; la tomaría, en caso ofrecido por la fuerza. Y sus
dedos se crisparon sobre el supuesto poseedor; le rompería la cabeza como se rompe una cáscara de huevo.
«Escuchó ~l silencio.11 Su :fiebre le hacía oír ruido de
pasos cercanos. Como obrero hábil que, era, fo:z? la puerta, que se abrió sin cantar. Nada cayo. ~ v1v1~nda estaba á sus órdenes: aquí el comedor, ah1 la. cocmai sacó
de su bolea una linterna. Pero, Dios mío, qué fac1l era

rot~:~6·á·~~ narices un suave perfume. Entró ú la recámara y vió el armario de cristales. Un golpe de _mano
bastó; abrióse el armario brindándole sus tesoros: di~ero,
alhajas. Cogió un puñado de piezas de oro, otro ~unado
de alhajas. ¿Eso era todo? Había que b~scar los b1~letes,
los billetes azules, verdes y rojos; los billetes que Jamás
había acariciado. Buscó, rozando géneros de ~eda que
suspiraban confrufr-us perfumados. No había billetes.
Pero ......... ¿escuchó un rumor? Sí1 un rumor, leve, un
eoplo ...... ¡Dios santo! lo descubrirían? .
Levantó la linterna, recorrió la estancia, esperó presto
á golpear, á herir.
Un soplo, aún, á su lado. Da un paso, con la caut.e!a
del jaguar que acecha á su víctima, y ve .......... u.n i_imo
caído de la cuna1 como un pájaro, caído del mdo. Tt~ne
frío, no grita; pero gruesas lágrimas ruedan de sus OJOS,
-Ah, pobre angelito! exclama el b?_:n ladrón, Y dejando en el suelo sus útiles, toma al nmo .en sus brazos,
lo acomoda en la baja camita, lo arropa bien Y se queda
mirándolo.
·
Algo extrafio se remueve en su alma. Acuérdase de su
madre.
.
·La pobre vieja! Si ella lo viese así, convertido en la1
•
•
drón, ;.Í punto acaso de trocarse en asesmo .. : ... ¡que verguenza! Representósela su imaginac16n, moviendo la ca:
beza, y murmurando: ues imposible. que yo .haya dado t~
luz un ma.lvado.n Si ahora estaba s111 trabaJo ......... pueE
lo hallaría más tarde. Un obrero hábil como él, no permanecería mucho tiempo en la miseria ......
Oh! cuántas veces le dijo la anciana: u¿No es verdad,
hijo mío, que serás siempre un hombre honrado?
Ay! aquell.i voz reeonaba en su rededor: clara, llena de
ternuras.

Sacudió la cabeza, enjugó con la diestra su frente sudo
rosa y, rápidamente, vació sus bolsillos.
Sus dedos, crispados, febriles, colocaron aquel oro y
aquellas alhajas sobre la cuna del pequefiuelo. Su conciencia. aligerada, respiró.
.
.
Pero había que salir pronto, un mmuto más sm em~argo, un minuto más para deja: á la ma?re de aquel mño
un voto sentimental. Arranco una hoJa de su mamótreto y escribió:
nSeñ.ora:
No falta nada. Enseñad--le á quereros mucho.u
Después de haber depositado el papel sob~e el p~ho
del nifio dormido, salió, á laa calles heladas, sm abrigo Y
con hambre; pero con la frente levantada, sonando en
trabajo futuro.
M.B.

Qfl

tramontar ~e la luna.
(De Leopardl.)

Cual en tranquil.A noche solitaria,
por entre campos y arroyuelos, donde
cefirillo aletea
y mil visajes ríen
.
de formas engañosas, peregrinas,
que entre sombras lejana.&lt;¡, ~ la idea
fingen ramos v techos y colmas;
del puro cielo en las regiones vanas,
detrás del Alpe altivo ó del Tirreno
hacia el profundo seno
baja la luna y palidece el mundo;
caen las sombras y alta
oscuridad el valle y monte envuelve;
reina la noche umbría1
y cantando con triste melodía,
saluda en su camino el carretero,
la esca.Pa luz del rayo postrimero,
que ha poco le era guía;
tal por fin desparece, y tal cayendo
la edad mortal en su ruina, deja
la juventud. Huyendo
van laa som brae y engafios
fugaces del placer; y en nuevos años
mueren las esperanzas
en que se apoya la mortal natura.
Ab~ndonada, obscura
queda la vida. La mirada en ella,
busca indeciso viajador en vano
de aquel camino que afanoso huella,
marca 6 noticia¡ y halla qrie en el mundo
él tan sólo parece un hecho arcano,
un misterio profundo.
Harto alegre y dichooa
nuestra mísera suerte,
si el venturoso e::1tado
de la risueña juventud:querida,
do se alcanza en tributo
uno entre mil amargos, dulce fruto,
dud;r pudiese el tiempo de la vida.
Ley blanda y bendecida,
la que á todo animal sentencia á muerte,
si en mitad del camino
su implacable dl!stino
no le asaltase máe terrible y fuerte.
De eterna concepción no i u digna hechura,
cautivo en tantos males,
hallan los inmortales
la arrugada vejez donde se advierte
vivo el deseo y In potencia fría,
secas las fuentes del amor, las ansias
mayores cada día,
y negada por siempre al bien la vía.
Voz, colinas, riberas,
perdiao el esplendor que al Occidente
enargeutaba de la noche el velo.
huérfana..... largo espacio
no quedaréis¡ que t!ll breYe :t la otra parte
ya miraréis a; cielo
emblanquecer ante la luz del alba:
y atrás siguiendo el sol con rayo ardiente,
plácido fulgurando
sobre mares y montes,
inundara los vastos horizontes.
Mas la vid:i. mortal, cuando su frente
dobla la juventud, nose colora
de otras luces jam,ls ni de otra aurora.
Enlútase hasta el fin; y allá en el limbo,
de otra edad mús obscura
van los dioses á abrir la sepultura..
E. Rrrboó.

151

&lt;Tarea misferiosa.

Hasta parece que este crimen final es su principal ocu.A.DELANTE.
pación, porque muchas veces, cuando cae la victima, se
oye á. alguno que grita:
No es mi poeta el de meloso canto
-¡Eso no es así!
Que recorta la estrofa pulcra y fina,
Y en efecto, parece que todos están conformes en que
Sino el coloso que infundiendo ei:;panto..
doce. Es la hora en que el sol de invierno,
no ha matado bien 6 en que el muerto no lo ha hecho á
~n raro, se digna mostrar un poco su radiante
Se alza henchido de fósforo y fibrina!
conciencia. Y entonces puede Yerse al asesino cómo se
~ f~z .. Es la hora del día en que mejor se siente encarniza nuevamente sobre su víctima, la que vuelrn á
Mi poeta es el del alma vigorosa,
f~vivir.
tomar nuevai:s fuerzas para retorcerse mejor entre sus suQue como el hierro p·r ofundiza el rastro,
A esta hora se despiertan los ricos y voluptuosos, se es- frimientos. Entonces todos se ponen contentos.
Y que en vez del perfume de la rosa
tiran en su perfumado lecho y piden un ligero desayuno.
¿Quiénes son, pues, estos monstruos'? ¿Qué abominable
Guarda en sus versos el calor del astro ....
A esta hora, los burgueses, los comerciantes, los em- sacrificio acaban de consumar en est,e subterráneo?
pleados, ponen tregua á sus pesadas tareas y descansan
Mi poeta e,i;: el rudo combatiente
¡ Ah! terrible cosa debe ser el fanatismo, para haber pocon los codos sobre la mesa ante los humeantes platos y dido turbar hasta tal punto los cerebros &lt;le estos infortt1que destroza las alas del vestiglo,
vasos llenos.
Poeta con un sol bajo la frente, ·
nados! ...... ¡Para haber borrado en ellos todo sentimienA esta hora los obreros, sentados también ante las tos- to humano!. .....
Poeta-humanidad, poeta-sig·lo! l
cas mesas de los bodegones y tabernas, hacen los hoPorque ellos no tienen ningún interés en el crimen que
Y no es el canto de lloroso acento
nores á una caliente sopa y á un frugal cocido.
cometen. ·No es para rohar ni para vengarse. Es por puEl canto que me eleva y me ll.rre1Jata 1
Es el medio día. Es la hora de comer, mirando al son- ra devoción ú su dios, es por virtud por lo que llegan á
Sino el canto ciclópeo y opulento
riente sol de invierno. Es la hora del reposo y la alegría. cometer estas escenas dignas de fakires insensatos.
con empuje y hervor ele catarata!.
Ni siquiera tienen aspecto de ser malas gentes, cuando
¿Quiénes son, pues, los desgraciados, los parias para
En este siglo de gigantes luces
quienes, por el contrario, esta hora es el tiérmino del re- se les considera fuera del momento_en que el furor del éxDemás está el señor de horca y cuchillo:
poso y del comienzo del trabajo? ¿A dónde van tan febri- tasis los desfigura. Lejos de ello, parecen más bien dulces y hasta cariñosos.
les? ¿A qué misteriosa tarea?
Hoy los guerreros no se ponen cruces,
Las mujeres son amables y hasta complacientes, y apeHoy los bardos no corren al castillo 1
Hélos ahí, deslizándose rápidamente á lo Jargo de los
muros, con sus descoloridos rostros -Y sus ojos medio ce- nas ha.y una cuyos ojos no reflejen la lláma del amor.
El uso medioeval no se desprecia,
Los hombres son alegres compafieros, bromistas y de
rrados, como si temiesen á la luz. Van de prisa. Se cono- cidores.
Pero dándole impulso giganteo,
ce que andan retrasados. Algunos corren.
¡ Hoy en cada taller hay una iglesia
Sin duda deben ser una especie de sacerdotes en cuyos
. Allí, en aquella negra é imponente morada, se abre aíe!tados rostros no puede leerse la hipocresía.
Y en cada exposición hay un torneo! l.
una puerta semejante á una madriguera de conejos. Allí
¡En sus afeitados rostros!.. ..... Ya lo habeis ndivinado,
Hoy la doctrina bíblica se mue.ve
van entrando uno á uno los desgraciados. Entran con pa- ¿verdad?
Con
un impulso que jamas se ha visto;
so seguro, como acostumbrados á andar en la obscuridad,
Pues bueno, sí: esas gentes que se encierran misterioY asi son el Riglo diez y nueve,
y asífdebe ser, porque entran en un local más obscuro que samente :l la hora en que las demás van 1i tomar el aire;
boca de lobo.
La ciudad un calvado1 el pueblo un Cristo I l . . ..
esas gentes qne pasan la tarde en las tí nieblas, entre meSiguen Jargos y tortuosos corredores, suben·y bajan es- cheros de gas, gritando, riendo, llorando, insultándose,
Hoy con sus armaduras de guerrero,
caleras húmedas de paredes viscosas. Caminan por un destrozándosej esas gentes que por la noche, paradescanSerena ante Paria que al taller corre,
subterráneo.
Con sus tres cuerpos de inflexible acero,
sar1 empezar1fo á gritar, á, reír, ií. llorar, á insultarse á
¿Es una cueva, una caverna 6 un templo de trogloditas destrozarse de nuevo, y esta vez en pl~na luz, bajo una
Tres veces colo::ial se alza la torre!! ....
el sitio en que se encuentzan? ¿Quién lo sabe? Una enor- luz que ciega y ahoga: esas gentes que llevan esa vida de
Y el trovador que apenas se leva.tite
me bóveda deja en toda su obscuridad aquella sala in- presidiarios, esas gentes son los- pobrns de quienes se
Quiera buscar atrás cautos soberbios,
mensa, desierta, silenciosa, polvorienta, que hace pensar dice:
Ha de volver el rostro hacia adelante,
en una cripta perdida en las catacumbas.
~¡Oh, los cómicos! Llevan una \'ida ........ .
Por ley mortal y por tensión de nervios l ! ... .
Allf llegan todos, siempre furtivos y cada vez más páApen:is se levantan, almuerzan de pie, corren á ensayar
lidos bajo la débil claridad de algunas lámparas que ilu- de doce y media ú.cinco, comen de pié, trabajan de ocho
Y el vate debe en sus canciones fieras
minan ·siniestramente aquel sitio de desolación.
á. doce de la noche, comen un bocado, Ee acuestan con la
Encerrar ya sin ver tiempos remotos,
¿Por qu6 vienen aquí? Adiviuadlo si podéis. Pero al fiebre de una batalla cuotidiana, se despiertan para haEstrépito de mares, luz de hogueras,
verlos, al oírlos, parece sencillamente que se trata de cer el mismo trn.bajo durante el día y correr al teatro de
Choque de astros y hervor de terremotos!!. ...
una reuni6n de locos y locas en pleno acceso de demen- prfaa, á toda prisa.
-¡Vamos, sefiores: :í escena!
cia.
J08E 8. ÜUOCANO.
Pobres gentes ......... ¡yo las adoro!
Van y vienen á. grandes pasos, gritan, lloran; después
J1ux RH..:IIEPIN.
estallan repentinamente en carcajadas, lqego se amenazan, se perdonan. Y siempre, siempre termina esto con
Cuando un verdadero genio aparece sobre la. tierra,
algún erímen. ¡Una pobre mujer asesinada, un miserable
puede conocérsele·en una señal sola:
Los
agiotistas
son
como
las
mujeres
alegres:
muchos
que se mata á pufialadas!
Todos los necios se ligan contra él.
los desprecian, pero los buscan.
SwnrT.

~

~

•*•

•••

CANTA RES.
En el fondo del pecho
tengo yo escrito
todo favor que me hac s
grande ó chiquito.
Mas los enojos
no te los tomo en cuenta,
luz de mis ojo~.

Tu amor hace conmigo
Lo que la yedra,
que al olmo á. que se enrosca
pronto desmedra;
cortarla quiero,
mas si la yedra mato
también yo muero.
No seas en el mundo
cual mariposa
que e!!coge de las flores
la más hermosa;
copia ií. In. abeja,
que de flor sin perfume
pronto se aleja.
Tu corazón, hermosa,
es de diamante,
nnda. en él hace mella,
siempre brillante,
y su contacto
los dem,ís corazones
raya en e~ acto.
Con una miradita
que tú me echaste,

amor brotó en mi pecho
firme y durable;
¡ay, quién dijera
que tan poca s~milla
tal froto diera!
MELCHOK HE

tal es sin muchos a.mbajee
el lorito de Loreto.

PALAU.

EL LOR ITO DE LORETO.
No se case usted lector.
Lector no se cru:;e usted
¡Un tiro ...... el canal.. .... no sé
cualquiera cosa es mejor!
Todas se vuelven el diablo,
todas dan el ei-tallido,
cuando se les ha leído
la epístola de San Pablo.
Pero el mayor de los males
que á usted puede snceder,
es que salga su mujer
afecta á los animales.
Y no son palabrns \'anas,
no sefior, no tiene ig·ual.
¿Figúrese usied rival
de cualquier perro de la.nas?

Esto á mí me tiene frito,
me humilla, me descuartiza
¡li~i huma.nielad rfraliza!
¡Ay! lector ;con un loritol
Un lorito muy discreto
que á mí me llena de ultrajes,

Ella en todo lo prefiere,
no hay quien su pasión le quite
y ,í. mí u1e deja que grite,
que rabie y me desespere.

Periquito, la muy boba
dice al loro por apodo,
yo soy .Pedro y de ese modo
hasta mi nombre me roba.
He perdido el apetito,
el sueño ...... la fe ...... ¡la mar!
¡Ah lector! Me Ya ú. matar
LoreV) con su lorito.
Sin cuidar &lt;le su decoro
Loreto ¡la esposa mía!
se pasa completo el día
frente ú. la jaula del loro.
Almuerza primero él.. ....
cuando cómo, esta en la mesa
¡Ay señores! ¡Ya rne pesa
hacer tan triste papel!
Casi Lorcto ha creído,
en su afición sin igual,
que yo soy el animal
y el animal su marido.
Y como es f.ícil creer
que yo le aumento el catálogo¡
siempre así comienzil. el diálogo
entre el loro y mi mujer.

-Periquito: mi tesoro ... ...
¡Esto delante de mí!
¿respondan uetedes sí
no es él, el nmo y yo el loro?
-Ven aquí ...... Te he de besar
porque en ello dichas hallo ... .. .
Y e1:1talla un beso y yo estallo
sin poderlo remediar.

Y me quedo sin comer
y rabio y me voy de allí
y sin cuidarse de mí
con él queda mi mujer.
Son mi martirio completo,
son mi castigo infinito,
Loreto con su lorito
y lorito &lt;le Loreto.
Soy un ente, un infeliz
con ese rival tirano
que lo tengo, como un grano
encima de la nariz.

Y si no mato al rival
cou &lt;.-'l que 1mefio y deliro
me voy :.t pegar un tiro
ó me :1;rrojo en el canal.
Ustedes quo Yen wis males
antes deben perecer
que casarse ron mujer
afecta á los animales.
Mé.xico, Kov. Ue 1895.

EDUARDO NoRnxu.

�EL MUNDO.

152

10 NOVIEMBRE, 1895.

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P6girw.s e:i.:trarrrdinarias.

DOMINGO 17 DE NOVIElllBRE DE 1895.

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S:os primeros pasos.

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CARTO~ DE

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n.

JOSE: JAR.\, PRE11IADO EX L,\ ACJ.l&gt;.IDfiA DE BEL!;.\,'•) ARTES DE 1rkx1co.

.,.

( Fot. proporciouada por el Sr, Ing. Fernando Ferrari Pérez.)

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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