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                  <text>8

D1c11:.,11:1:1:,

1~:J.j,

Páginas extraordinariu8.

DOMIJ\GO 15 DE DICIE:\IBRE DE 1895.

~os cautivos

ae !@abilonia.

CUAUltO Ul!': JO.\Qt.;ÍX RAMlREZ,

(Fotografía proporcio11ada por el Ingeniero Fernando Ferrari Perez.)

~elleza inglesa, cu.a,dr~ por
(Grabado en los talleres de El Jlundo.)

N. ~lina.

Tomo IJ.-Nú:mero 29.

�EL MUNDO.

18tl

Literarias.
No,.,~las Gfan{ásticas.
J'.... A

~IISA DE REQU:LEM.
Lo!&lt; mucrt(l~, lOli pobre,; muertOII,
!&lt;ufren grande,; clolore;,.

Díjose entonct-s que otros fieles habían tenido sin duda
el mismo pensamiento que él y que iba 1í encontrar.~e con
una reunión num1::rosa. Tal idea le reanimó y e~calú con
cauteloso pa:.:o el promontorio sobre el cual e.,.t:l edificada la iglesia de Qneye. Al llegar !Í la cima, viú bajo el
pórtico un \'Íl•jo '.-'acerdote de di~pl'r:.:;\ c:1.bellera qut: lleYaba un cirio encendido en la mano y qne le dijo con voz

profunda:
-Dios !-{·a loa&lt;lo; mucho tiempo h,í. que te eRperaba para que me ayuda.s;e:-1 la mi@:.\ ...... Higueme porque eR preciso que termine l!ntes dél alba.
De:.:puéR, empujando la puertn, atraveRÓ J:1 iglesia para
ir á la sacrifó:tfo tt vestinie loi;i ornamentos sacerdotales.
Al encontrarst- Hólo con el padre en una nrwe que había creído ll~na ele fiele:-, Cathalan, que maquinalmente se había arrodillado en la última grada del altar, ~e
rec-ogió inkntando comprender lo que pa!'=aba, pero no
tu tiem pn.
El oficiante le hizo, :'i. propúsito de h\ miim que iba á
decir, din:r:-as recomendaciones C'ntre otra.i:i, ttn:l. que le
turbú:
-Pien!'=u, le dijo, que de esto depende el rC'po!'&gt;0 de una
alma que debe serte cara ..... .
y COlllellZÓ la misa.

15 DICIEMllRE, Hs\Jf&gt;.

•

claridad errante que se fijó como una especie de aureola
sobre su frente, en el momento que con voz llenll. de la.
alegría del triunfo, prol)uncia.ba la fórmula del verdón
supremo: Cum Sane/is tuis iu at'ter,non, quia ¡¡i11r. f.'.
Cuando talei;: palabras vibraron eemejantes tí un onku•
lo venido de los confines de la eternidad, Pecho Catha.lan comprendió que el eacri6cio de expiación al cual de
una manera obecura se mezclara, había concluido en
aquellos moment&lt;IB.
El alma en pena, había acabado de expiar; había sido
libertada, reconquistada por las dos ltígrimas que brillaron un momento en los pálidos párpa.dof-1 del tSaccrdote.
Aquellas lágrima!'&gt; fueron el rt•f'cate del oh-ido, de la.
negligencia y los ojos que lmbfan llorado quedaban para
lo de adelant.e abiertos a In l•terna luz.

~o puedo IC'N jam:í:- ('se ver:-o &lt;le Baudelaire, Ain penear en una hi~toria qul' me refería mi abuela para probarme, decía ella, que dt-lwmos &lt;lmante nu&lt;'etra ,·ida cmnplir
exactfi.,inmmC'ntt• mu::-tr.u; obligacionc~, so pena de arras*"*
Acabada la misa., Pedro Cathalan salió de la iglesia y
trar con no?ntrn~, ha ... ta más allá ele la tumba, crueles
se detu,•o, muy pensativo, bajo el pórtico. La luz débil
cuida.do!i y largo:- !-11frimientos..
,·o
del alba., parpadeaba en el fondo de un cíelo pe:-ado, húLa escena pa,ió en una comarca agreste y patriarcal, en
la extensa y crt•tosa lnt':-,;eta 1¡ue domina al :\"ort.e el l!ano
medo, cargado de brunuIB.
Apenas podía.n distingui~e Ia.s primera!li tumbru; del
de Albi. La familia dt• mi abueln po:-;eia ahí y la hacia
cementerio. Ke hubiera. dicho que el sol vacilaba en suvaler de~de hací:t !-igln!&lt;, la ht1rediul dt&gt; los I!&lt;sarcli,, cuyn
vieja ca~m. ~nb!li:--te aún. Con!ltruida ca~i en la cima de
ceder á. aquella noche de hígrimas, de tri~tczas y de duelo.
De pronto, abrióse la puerta y el celebrante, despojado
una protuberancia, del terreno, desde donde la Yista ¡.,e
extendía por el valle del 1\irn, tiene, como todas las ande sus ,·estiduras sacerdotalc5.&gt;, reapa.rl'Ció .
*
-Te doy las gracias, dijo; debido á tí he podido decir
tigua!ól habitacione:a: rnrale8 dt&gt;l p:iíl'I, una galería de pilaAl mismo tiempo que procuraba. responder de la mejor
res sobre la fachada principal. Al rededor de las colum- manera pm-ible, Pedro Cathalan no podía menos que re- una misa para la cual, de¡;dc hace largos aíl.os, e:,,::peraba.
nas y á lo largo de h\ rampa, o::edei"enrrollaba, prendiendo flexionar y preguntarse especialmente por qué y para un ayudante. A tu piedad para con los muertos, debo
festone~, una parra que vendimiaban de generación en quién se decía aquella mi?a.
mi libertad ...... Tu t.ío rngad por tí en el ciclo ...... .
Por lo pronto, el celebrante no le traín ningnn recuer· Adiós!. .....
generación las gnllimt~, las palomas y los gorriones t::IHLmoradns de In rn.pifia ..\.. df'recha é izquierda, el palomar do; lo \'efa ::-in duda por primera ,,ez y además mny mal,
Y ein ~perar mtis, el viejo padre Ee alejó, con velocide t-echo :,gudo, coronado por nna vidriero verde, los po· :í la vaga luz de dm; cirios que ardían ~obre el ah.ar. Enl dad vivísima y los cabe\log a.\ viento.
zos cuyo brocal í:'i't.Í t•nsombrt'cido por una enorme hi- nn hombre alto, pálido, de cabellos blancos que flotaban
Pero después de haber an\.nzado 001110 ,·cinte pasos po~
gutcra y. :dredl!dor dt• loda la C:\Hl, alguno:- olmo!ól viejos,
sobre su-i esp~\dfüli y recitaba tus oraciones con ,·oz pro- el cement.erio, se detu,·o y desapareció de golpe, como s1
en cnya:-1 r,\nH\~ se enro!lab,rn ro!"ak•!i !"iln•!'=tres, mara•
funda, que retemblaba de una manera extraiía en la na- la tierra se hubiese entreabierto bajo sus pie!&gt;.
nas de laurel, c:-plil'J.!:º y romero.
ve ob:-cnra y deE=ierta.
Cuando se repuso de su emoción y de su as:ombro! Pe·
En aqu1•1\o,; p:uak..i creció &lt;lnrante Riglof-1 una raza de
So era, t•staba :-=eguro, uno de esos sacerdotes de:la co· dro Cathalan, recorrió e:l cementerio en todo:-i !-enudoo,
robm-to~ creyl•Utl'í" y de trab:1j::ulor&lt;'~ infatig~1ble~. Todos marca, que con peligro de sus ,·idas venían de ,·ez en no encontrando traza algunti de tierra íreecamente remotos Cathnl:m-tal era ,att nombre de familia-fueron sa• cnando di~frazados ti. consolar ú un moribundo ú :í. ben·
cerdote"! ú lal&gt;r,ldo1l'~. Xt'ct·:-~\ri.1 (•~ &lt;lecir quC' la idea decir la unión de dos corl\zoncs ju,·eniles. Teniendo en vida.
Todas las tmnl~as abandonada!', soca,·adas, ePlaban Ji.
religio!la luR t·nvolvfa por todas parte!", eRtando mezclada cuenta todas las consideracione!-! posibles, aquel hombre
gadas entre 8Í por ruda línea de er-caramujos y recubier~
cstrechamentt• con todo~ :-11..: acto~, con todos lo!- nconte
le era completameete de!-conociclo, r f'-in embargo, le ha- tas de espesas maraílas de ajenjo salvaje, sfmbolo de
cimientos de su \'ida i:encilla y frugal. DeRde los campos bía hablado en t(•rminos casi fa.miliares; l1Te esperaba,)i
la amargura, de la muerte mi~ma, a11wrii mltle. ~ero~~
que sembra.b:rn, di!-ting,1fan, a\11 lejo:-i, en el llano, la. forhabía dicho, y de!'lpués: .. pien.:aque m en e:-to el reposo el sitio en que el pa&lt;lre Cilthalan había de!-aparcc1do, v10
midable f'-ilucta de hi tatedral de A.lbi 1 que hablaba á. su de un alma que clebe serte querida,))
una florecit,1 agreste qu{•, en 111edic&gt; de aquella fría aualma por mini:-iterio &lt;lel sonido de HUI;\ campanas y de las
¿Quién era pues In pobre alma que aun no había pagarora, ncabab:i de abrir su c:íliz; la cort6 y b gu:HllÓ piareYerber,lciont·~ mi:..it~rio:-a~ &lt;le f'.US ,·idriera!". Le\'ai1tnban do su deuda? ..... .
Fuera de su tío el cura, cuyo ahijado era¡ pero del cual dosament.e entre dos p:ígina~ ele Fil libro &lt;le mh•a. Des·
la cabeza y sP dl'tenfan al i;:nbu del r-mco abierto para
pués temiendo que el dfa ll' :;orprencliera, ,·olviú t'i. t~m~r
respirar"? Instintirnmenle 8Ll mirada iba como a\'e viaje- no coni:cn•aba recuerdo alguno, Pedro Cathalan había.
el camino de los J..,:ard::•=i repasando t•n su mente los rnc1asistido
tí
todos
lo¡:
!-Uyos
en
sus
po:..itreros
momentos
y
ra á po!óiat'l:!e ~obre la alta torrt- d~ ~;rnta Ct•cilia, ó bien,
más cerca aún, ~obn• la iglei.ia de Queye, cuya:-; ruinas le había conmovido la tranquilidad y serenidad de su dentes de aquella noch~ para ~il'mpre inolvidable.
Al llegar, hall6 t'i. su mnjC'r en pil•, apoyrula en un pilar
ee levantaban s1Jbre t•I montículo opnP~to tl la ht•redad de muerte. ~u abuelo, su abuela, su pad~·e, su madre, hade la galería, inmóvil, como perJi&lt;la en t'I en~ueJio, con
bíanse
extinguido
dulcement.e,
casi
con
la
sonrisa
en
los
los Is.s.ird!-l.
labios, bendiciendo 6. eus hijos y diíndoles citas para los ojos fijos en el sol que !-e levant:tba allá .'i lo lejos, en
Tal igle:,ia, muy antigua, como lo indico. ian e.itilo roun rinconcito del cielo en d fondo &lt;le un pabellón de numano, debe !"11 nombre,¡ la tradiciún (confirmada por re- el cielo.
l
'na
de
~us
hermanas,
f:!egada
por
h\
Parca
en
plena
ju•
bes grises y roi-adas.
cientes de~cuhrimientos hi:..:túrico~,) según la cual, el ·
ventud, habi:\ muerto en olor de santidad, difundiendo
-Mira-le dijo ella, y con la mano le indicó un p:ijaro
campo rn medio del que se ele,·,\, em. en la época. galoen RU redPdor celeste aroma hasta la hora del entierro.
de grandes alas blanc.,s que rnlab..l hacia l'I sol.
romana •.in cementerio, un c,tmpo de repo~o, q11il'.'I q11eye.
Antes dt&gt; la Revoluciún, no sl'rda m:ís qne para las mi- TodoR habfan muerto como predestinado!-, con f~ ab:-oluY a.iíadió:
-Lo vf levantar~e de encima &lt;le la igle~ia de Queye y,
sas fúnebre~, &lt;ll' difunto:-1 ú de aniversario. ne C'sto Re co• ta en Dios y en la Yida fnLnra; habfanse dormido blanda·
mente, murmurando el Símbolo de loo:: ap6~toles con un después de haber girado l:'n l'I ain• 1 ilirigin:e al l...evant.-0.
legid. el estauo de abandono en que se hallaba en pleno
icEs un p,íjaro extraño, cual yo no había vif-lt.O otro jaTerror, en el momento en que r:e rl'aliznba el misterioso refkjo de inmortalidad en la frente.
De esas almas tan tranquilas ante la muerte, ¿cu,H era más; se diría algunas v~es que tiene alas de fuego; no
drama qne va 1i let.•r~l•.
pues la. que se hallaba en pena?
cesa de subir; un poco más y se confundir,í con el SOl,i ..... .
••
Instintivall1ente Pddro Cathalan volvió Yarias veces la
Desde aquel dfa la velada de Todos ~antos tuvo en el
En la nochl' del 1'.' al :! de ~oviembre de 1ifl3, entre
la fiesta de Todos ~,rnt.o!ó! y la de Jo3 )foert.os, Pedro Ca- cabeza en todas direcciones, como para buscar con la mi- caserío de los illards, un car,icter particular de gravedad
rada á. aquel por quien el eacrificio Re ofrecía. Pero la na- y misticismo. Antes de la oración de la noche, que reuthalan, el jefe de la familia de los l!':-t~rd?, seguía el cami•
ve permenecía sóla, cuendo menos en apariencia, porque nía á amos y criadofl, el abuelo contaba la historia de la.
no que conduce ii h igll'..:i,i d~ Queye. La cli:;tancia no
la puerta crujía sobre rns gosnes como f:li diese paso :\ una misa de Rer¡11inn de Queye y cómo l:'I alma del pobre paes grande, un kilúrnetm apena!;, pero el ¡.;uelo remojado
por las lltn-ia~ de otoiio, se había puest.o rt&gt;:-5b1loso y es- multitud, y el viento que penetraba por todas parU'~ traía dre, libertada al fin, habhi volado al Paraíso, bajo la forquejas, gemidoK que parecían salir de pechoP humanoe.
ma de un gran p:.íjnro de nlns blancas que fué á confunpesas niebla.'\ levant.iíkm~t&gt; dd arroyo que corre en el
)luchas veces, en tanto que seguía arrodillado cerca del
fondo del Yalle.
padre, había experimenlado verdadoros extremccimien- dirse con el Kol!
Jn10 Ro1.1 •. \~0.
Había. adem.is otroil ob.:,it:toulos que retardaban la marcha del excde:ite c,1mpe,,;ino. Halhib:tse profundamente tos al senti~e rozado sna,·emente como por id ala de un
( 7'rcu111ridr1 ¡xua «El Jf10Hfo•1 pnr ,t. Sfrru. )
contri~tado, no solamente por el recuerdo de aquellos t1. sér invisible, inmaterial.
E,·identemente, el sacerdote y él no estaban eolo!:-. No
quiene~ había perdido, sinotambien porh\consideración
de lo que en l:.t actualiJad p:l'\11ba, por la per::ecnción des· era aquella la fiesta de los muertos, 61 según la hermosa
expresión meridional, no era. aquella. la jitilll&lt;I de la11 alencaden'.lda contra la religión y las gentes honradas.
Soueto.
mtt/ll .Así, puel'l, it pesar de las apariencias, aquel!:\ 11a\'e
¿No se veía l'I obli~a.do, ú. causa de las de¡.;gracias de aque•
vacía
y
desierta
e:-taba
l
lC'na
de
millare~
de
ef&gt;píritus.
Ta-.
llos tiempos :i ir :--olo y en medio de la noche :í. pe&lt;lir alhí
Duerme en calma. Los sucilos son los mago!',
lejos por los pobn!s n~ucrtos, cuando en otrns épocas la dos los que, desde los tiempos más lejanos dormf:in en el
Que tranRforman la tt!Cl•na de la \'ida
parroquia entl.:'ra !;&lt;' dirigia. procesionalmente ú la igle8ia cementerio de Queye, en el campo de reposo, todoo
estaban ahí, aligerados de sus cuerpos y cubiertos de
Doloroi:a y cruel, en la flori&lt;l~\
y de ahí al CC'ment.erio, cantando himnos de e":&lt;piación y
Dulce edad Je cariños y de halago!'&gt;.
de esperanza? Qut'• viento de locura y de crimen habfa inmortalidad. Y acaso en tal hora, era él, Ped10 (.'athaDuerme en calma. Ul' Otelo los estragos
soplado eobn! la tierra, coní"triiién&lt;lole :'i. (,1 ,¡ ocultarse lan, el solo ,·i,·icnte en la iglesia, porque el padre mis·
mo, se moda con la ligereza y fluidez de un ser que no
No tema!-!. La csperan1.a que l•~ tu tgida,
para cumplir un deh?r !&lt;emej,1.nte'?
Como Venus, ya surge embellecida
Espemb:1 ,¡ lo meno.-! cumplirlo ~in peligro y volverá es de la tierra. En el Ofortorio, durante el lamtorio
de las m,mos, cuando eRtaban cara ,'i. cara él y el celebran•
De las níveas L'Spumas &lt;le los lago!-1.
los Is~ards antes &lt;lel alb:1.
te,
intent.6
sorprender
la
expresión
de
sus
ojos
hundidos
A Lohcngrin el cisne ;o conduce ........ .
1\-ias al franquear .. 1 puent.ecillo tendido sobre el arro·
El sahar:i tu honor y tu derecho;
yo, le pareció que alH arriba, las ,·ent.anns de la iglesia bajo los arcos de las cejas, pero en tal momento, una rá.En tanto, deja que Cupido cruce
estaban iluminadas y que oí:1 voce~ que cantaban los sal- fnga de viento sacudió las vidrieras del santuario Í! hizo
Con sus dardos las carnes de tu pecho,
vacilar la llama de los cirios.
mos penitenciales. In!&lt;tintiva.mente retrocedió algunos
En cambio, ad,·irt.ió perfectamente la ineh\ble emoción
Y esconde tu semblante que ¡;ie&lt;luct~,
pasos lllas ad d~I arroyo; las ventanas dejaron de brillar
del
\'iejo padre en el momento de la comunión y las dos
Tras las •!ancas cortinas de tu lecho.
y las voces s~ extinguieron. P~ro habiendo atravesado
QGIRISO ÜROÁZde nue,·o el arroyo, r..:aparecieron las clnrilades y reco• gruesas l.1grimas que rodaron de sns ojos al cáliz que con
mano temblorosa llevaba á sus labio!:!. Yi6, as! mismo, la
menzaron los cántico:;.

Drc1L\IBRE,

1895.

CANCIONES DE ESPAÑA
Para el álbum de autógrafos de mi distinguido amigo el scOor
FRANCISCO DI! LA BARRA.

Existe ea el salón de porcelana
Del Palacio Real, una Diana
Labra&lt;lti en alabastro. Es blanca y bella
La divina dencella.
Decora el borde fino de una mesa.
Al mirarla, he pensado
En la dulce princesa
Que allí la jC1ven frente ha reclinado,
Y en los gallardos pajes
Imberbes endimiones
Que llevaban antnfio {'n los ~alones
Las largas colas de los r(&gt;gios trajes.
RcnEs: D.\RÍO.
)ladrid, So,·iembre de ISO:?.

SU RETRATO.
¡He dsto su retrato! Eso me basta
para saber que sn mirada ca~ta
se refugiaba, al eRpinu el día,
y que sus labios hingnidos y bellos
estaban siempre tristl•~, porque en ellos
de otra existencia la no4algia habfa.

••

•

15

'

Aquella frente suya ele madona,
hecha parn cefiir una corona,
me produjo no @é qué desconsuelo,
y su imogen miré llena de encantos,
como miran loe niños .í los santos
ó se contempla por la tarde el cielo.
El mirar su retrato d:\ tristeza;
sin saber que ella ha muerto, se le rer.a;
y ¡ay! al saber de~pu(&gt;s que ya no existe,
quéda~e el corazon mu:-tio y sombrío,
pareci&lt;'ndose al marmol en lo frío,
y el otoñal crepúsculo en lo triste.
B liYRNE.

Un

santo.

\'i\·c bajo el f'-arnl &lt;le! !ranci!ó=cano,
En la lúbrega Ct'lcht de un convento,

Doncle tiene por único contento,
La dulce paz del comzón cristiano.
Entre las ondas del cabello cano
Que sombrean 1:1u r~tro macilento,
Brillar se vé RU puro pensamiento
Como un astro entrn nubes de verano.
.Frente al di:-co de fúlgida custodia.,
C:'i.ntico celestial su voz Ei•lmodia
O, como exangüe monje de Rivera,
Que siempre ,í. la tortura está propicio
Ciñéndm~e á las canll's el cilicio,
'
)!edita ante sagrada calavera.
J Ul,IÁ.N DEL CASAL.

LAGRIMASEl mar brillaba COJt h\ luz extrai\a
Que da el ocaso ,'i. la!ó= dormidas olas;
Los doi. 1 del pescador en la cabaíla,
Silenciosos est,íbamos y á solas.
Remontábase lenta. nube or;cura;
Tendía la gadotn el blanco vuelo¡
Y una lágrima hermosa, fr~sca y pura,
Bañó tus ojos y nubló tu cielo.
Miré, ansio8o, rodar por la mejilla
Y caer en tu mano aquella perla,
Y doblé, conmovido, la rodilla
Y con ardiente labio fu( á beberla.
Desde entonct&gt;s la frente doblo triste,
Late mi pobre corazón sin calma ..... .
Mira 1 desventurada, lo que hiciste,
¡Tu llanto em·enenóme cuerpo y alma!
E.s-mquE HEINE.

EL MUNDO.
Quizá dentro de poco, amada mfa,
Al ir alguna ,·ez al cementerio,
Ya encontrarás allí la humilde tumba.
en donde &lt;luerma yo mi l'ilt.imo sueno.
Y si piensas al ver en lo!-t gusanos
Yomces que andar.in sobre mi cuerpo,
No te entristezcas ni suspires: pien!:!a
Que descan8ando estoy del mundo al menos.
Que si en la tumba !:!e lo comen á. uno,
Aquí lo mismo, y con mayor empeño,
Sólo que aquí nos despedazan vivos
Y allí siquiera nos de\'oran muertos.
ADOLFO LEÓN Gó:w:z.

EL MUNDO.

187

=

El parricida @upo do:ninar::e, supo olvidar todo lo extraño del acontecimiento que presenciaba, subyugado imp.eriosa~uente por el iu~tinto de conserrnción, por el ansia de librarse de las garras de la ju:-ticia.
Yolvi6 ti meter el cnda,·er en el baúl, ,•oh·ió :t la estaTA es la historia que me contaron en el pueblo,
ción y se pu~o de nue,·o en viaje.
&gt;orboca del albéitar:
¿A dúnde iba? Lejo:;, muy lejos, ,¡ tierms extranjeras,
«Yivía en la ca~a un matrimonio bi.!n aveni·
1t
buscar
un rincón inc6gnito y una poúble sepultura.
nido, con un hijo que les debió de dar Dios en descargo
Yiajó mientras tuyo dinero. Ya exhau~to de r1.&gt;cursos,
de los pecados que pudieli\ cometer toda la familia. Creeligió cuidadosamente un lugar, y tornó á la tarea: hizo
ció el muchacho, le envinron 1t un colegio de la. capital
otra fosa, que rl!cibiú b::.-nigna el cuerpo de la mJ.rtil': pu•
de la provincia, esperando que le de1:-asnaran; pero no
so sobre la tierra una piedra enorme, y se alejú con zozohubo medio, porque la crituura em bestia de por sí, muy
bra volviéndo~e y mir,indob n•petida."1 veCi.'~. ¡Oh, dicha!
aferrada á RUS ideas y con pretensiones de saber todas las
~o se movía nada. E-.i¡1erú. Xada. Pudo marcharse 81\·
cosas y algunas máe: 88 llenó la cabeza de malos pen~ati:-fecho.
mientos ajenos, baraj1tndolos con los propios; leyó mu. Después de caminar una legu'.l, eintió alguna inquietud
chos libros que se le atragantaron, sin poder digerirlos, y
toda\'Ía: quiso cercior.\r:-:e, qui-io voh-er. Yoh·iú; mirúdescuando rnldó á la caRa paterna sólo fué para martirizar de lejos; todo permanl•cía tranquilo. Llegú hasta la. tumá sus padres.
ba: nada. Xada. Y de repenh•, con h\ ,·elucidad &lt;le un
Decía el muy burro:-«¡Yo soy un ente euperior! ¡Yo soplo, saltó el cad,iver f'.obrt' la tierm. Y estaba inmóvil,
uconozco la filosofía de Fulano y de 1\lengano! ¡Yo sé por
rígido, como quedó al recibir ld golpe mortal.
uquf! se me1.cla.n lo::; 1homos y por qué se Yerifican las evoEntonces comenzú para el parricida una peregrinación
iiluciones de la naturalez1. ! ¡Yo neceeiitoperíeccionar mis
asombro~a. Carga.do Cc)n el b.i·-"il quf' contenía el cuerpo
nestudios en una e:..icuela Rociaiit,,ta del extranjero! ¡Dad- de su madre, anduvo, andn,·o sin c,~'.-lar, legm\ tras legua,
1•me vuestros ahorros! ¡:--acrificao51 por mi porvenir!11
día tras dfa, nne\"O judío errant·J abrnmad•&gt; por el más
Y ta?:?.to elijo, que los pobres padres se sacrificaron por
atroz de los crímenes. Rindiéml,,se :í \.\ fatiga y a.l hamél, qued,1ndose ú la cuarta. pregunta. Se fué á París el
bre, se detenía de cuanJo en cuando ,'i. pt!tlir Jimo:!na¡ y
condenado, y su filosofía quedó reJ.ucida á gaRtarse el
se la daban, y comía, y continuaba sn camino. Cien vedinero, :í. pedir m,is y mús, y siempre más, sin sacian1e
ces intentó sepultar el cuerpo, y otra:i tant:\~ rechazó el
nunca.
cuerpo b i;epultura. H·\i;ta que un:\ ,·ez, de:,,iesperado,
Tanto pidió que los que le habían dado el sér vendieabandonó d cad:í.ver 1:-obrc l:i tierra y huyó precipitada•
ron casi todas sus bienes, contrajeron deudas, y de ,·ermente, huyó sin \·olYer l-'i ro:-trn, jumndo no retroceder.
güenza de no poderlas pagar, se murió el padre.
Cumplió su palabra: no retroceJió l'I infame. Aco~ado
Cuando io supo el hijo, exclamó filos6ficamente:por lr. necesidad, tornó á pedir limmma, y los que se la
11¡Bah ! Se habrá muerto de otra cosa: de vergüenza no se
daban le decían algo qne él no podía entender, porque no
muere nadie.u
En seguida pensó:-Yo tengo que heredar algo. Y se entendía los idiomas ex,ranjero~. .\.ndurn, andu,·o, dirigil'ndose, impnlf.iado por irref-liRtible fuerza;al lugar donpu~o en c,1.mino para reooger la herencia.
de cometió el n-iesinato, com&lt;&gt; hacen tod():,¡ los a:..:e:-,;inos
Cuando b madrt&gt;, !-Ollo1.ando, le dijo qne no habfa naque yo no temen ser de:-cubiertn~.
da que heredar, prorrumpió furioso el mur bruto:
Habían pasado muchos año:,,::; de sl•guro nadie le co..,o·
-¡Impo~ible! ¡En e:-ta c.1.:a había diae,:o!
-Todo se hn gastado l'll tu educación-repuso la rna- cería en ~11 patria; todos los contempor.lneo~ debían haber muerto de vejez.
d re.
f-;eguía pidiendo limos11&lt;1. y seguían dicil'n&lt;lolc palabras
-¿Y la caM?
-E?:tá hipoU:&gt;Cad,t en mucho mtis de su rnlor
que no entendía. Hasta que y..\ cerca de su hogar, una
-;)lentira!
·
mujc1· le habló en cn~tellano ...... y ¡ojalá no la hubiera
-¡Hijo mio, rn lo que dices!
entendido!
-¡)Ientira! ¡Yenga el dinero, ó juro que ...... !
Corrió, corrió, &lt;·ncamin:'indo!-e fatalmente ,'i. su pueblo,
Y levantó la mano.
y
llegó .í. él, y penelró de noche en ¡;,u ca!-a, que t:~taba
La sorpresa, el t-error, Ju angustia 1 cammron un efecto
terrible en la pobre y deevalida anciana. Miró á su hijo abierta, abandonada, tranquila, lo mismo que la hubo
con singular espanto; cayú al r-melo, dctima de un acci- dejado al emprender su largu \'iaje.
¿Qué hnbía ocurrido? ()uanclo loi, acn~edore~ trataron
dente, y al caer, se rompió h\ cabeza contra las baldosas.
de atlju&lt;licar h\ cas,l al mejor postor, o~·eron !-U!lpiro~ mis.-\.~f murió aquello. infeliz. Cmuvio el hijo la \'iÓ bien
teriosos que brotaban de las baldosas, y todo el pueblo
muerta, bien inmóvil, bien frfa ...... sintió de golpe toda
se asustó 1 y de-de entonces quedó la ca:-a inhabitada.
la enormidad de su delito; cayó redondo como si Je huEl criminal, ignorando esto y sin dnr::¡e cuenta de lo
bieran dado un martillazo en los sesos.
que habría podido ocurrir, creyó ha~r encontrado un
Pero no murió, por su de:::,·entura. Recobró el sentido
refugio, y i-e Lranquilizó repentinamente. Durmió en
y al contemplnr al cad:lver de su madre le eobrecogió un
calma, quizá. por la wz primera dura.nte muchos aiíos, y
miedo horroroso; miedo por lo que había hecho; miedo
al amanecer se determinó :i ¡.;aJir ,'i. la calle. ¡Xunca lo
todavía mayor, aunque parezca increfble, por tener que
hubiera hecho!
habérselas con la justicia de los hombres.
Todos los vecino~ del pueblo emn nue,•os para él: casi
Y tuvo una idea diabólica:
todos habfan nacido durante su ausencia. Pero mujeres,
-Para que no me persigan, se dijo, fingiré que voy á
hombres, así los ancianos como lo~ jóYenes y los niílos,
viajar con mi madre; sacaré su cuerpo en un cofre y lo
se apartaban al verle, y decfan lo que le había dicho
enterraré muy leja:.: de nauí.
aquella mujer, lo que le habían dicho tantas Yt'Cl'ft ea
Lo hizo como lo pensó. Antes de amanecer huyó de la idiomas extranjeros: icJ.;;.1" e.~ d (Jllf 111,,t,', á x11 uuulrl' !I ,w
casa, lle\'ando á cuestas el banl que contenía el cuerpo
ptmil' enlrrratla.11
de la víctima, y dejú escritas en un papel estas pala.broa:
Muchos le daban limosna, diciéndole con indiferencia:
uPara que nuestros acreedores no tengan que molestar-Para que la entierres.
se poniéndonos en el arroyo, dejamos la ea.ea sin despeYng6 el miserable por el pueblo, como alma condena•
dirnos de ninguno.n
da, y no teniendo ya fuerzas para resistir ni jut::\to castiLlegó lila estación del ferrocarril, entregó su carga cogo ni resolución para aumentar su Cl'imen quitándoHe la
mo equipaje, y ,t medida que el tren se alejaba del pue•
vida, crey6 aliviar sus pena:- recorriendo U.e nuevo el
blo, respiraba el asesino con más tranquilidad.
mundo, y se puso en camino.
-Ya una legua, do!=I, cuatro, quince ...... Ya estoy fuera
Y le persiguió el anatema por todas partes. ¡Ay! ¡Ya
de la provincia ...... Ya entro en otra donde no me conoeate11día las palabras de todos, aunque le hablaran en los
ce nadie ...... Ya podré enterrarla sin temor y vivir seidioma:s mltS extraílos!
guro.
y andando, andan&lt;lo sin cesar, llegó al sitio donde ha-Así pensaba el mom;truo, ca.si libre de remordimienbía dejado el cad:i\'er de su a1adre. Estaba allí todavía,
tos.
inmó\'il, rfgido, incorrupto, como quedó al recibir el golEscogió un lugar ~olitario, cerca de unn. estación poco
pe morrnl.
frecuentada, en la cual se apeó con su equipaje.
~ntonces tuvo el criminal una inspiración: echó sobre
Diciendo que iba 1'i. dirigirse á. una aldea. próxima, lle· su:- hombros el cadáver y anduro, anduvo de:-andando el
gó, amparado por la noche, al sitio escogido: abrió an• ca ino, recibiendo limosnas que ya le daban l:!in zaherircha. fosa con sus mano¡.;, sepultó concienzudamente elca• 1e1111hasta que llegó lÍ su tierra, al campo~anto de su 1meda ver, echando tierrn, mucha tierra; y encima de la tie•
blo, y junto al caJ.:l\·er de su padre dió al de su llladre
rra, piedras; y encima de las piedras, arbustos, formancristiana
sepultura.
do una tumba tan disimulada que sólo Dios, que lo ve
Cuando vió que no se movía nada, que el cuerpo per•
todo, habría conseguido descubrirla.
manecía taanquilo l1ora~ tras horas, rompió á llorar amarTerminó su obra en hora y media, y satisfecho, al alegamente y cayó de hinojos diciendo:
jarse volvió los ojos para cout.emplarla, ya que un claro
-¡Perdón, madre mía!
rayo de luna le ofrecía tao grato espectáculo. Mas ¡oh in•
El imbécil no lo había dicho jamás.
concebible sorpresa! ¡Oh maravilla! ¡Oh profundo esEntonces Dios se apiadó de su alma Y le hizo morir so•
panto!. ..... El cad1her estaba sobre la tierra, inmóvil, rí•
bre la tumba de sU:i padres.))
gido, como quedó al recibir el golpe mortal. Surgía de b.
ALFO.SSO LUNOS.
iumba, negándose á permanecer en ella.

LA CASA DE LOS SUSPIROS.

�15

DICIEMBRE,

1895.

15

DICIEMBRE,

18\/5.

ELl\IUNDO.

9Ja,naJ promtnenteJ

d~
,_;:-'

;,,'.

11ueJt,ro paLJ.

'

....

Srila. Dolor•s Guoaoa

Srila . Nofugio [b}arlin Sáncqoz

DE LEOX.

DE LEOX,

(Fotngrafía de l\Ianuel J. Orozco.)

(Fotografía de José L. Ortfz.)

$1 libro abierto, cuaaro ae Gllberl rooore.
{Grabado en los talleres de El Mundo.)

$rila. $lisa (Zaslanoao
DE SAN LUIS POTOSI,

(Fotografía de Emilio G. Lobato.)

$rila. '0ic!orla '!'apia
DE

nl'HAN"Gf1.

(Fotogrn.fín J. E. Bnrney.}

�190

EL -'lUNDO.

lsiterarias.

r

El enferrno.
T A aventura m=rió en ISSZ.
Acaba de instalarme en el J'incún lle un wagón
acío y había cerrado la puertecilla1 cuando vold&amp; &lt;Í. abrir~e bruscamente, y oí unn \'OZ que de-

.
cía:
-Cuidado, eciinr, f'Stamos jnstamenteen un cruzamiento de líneas y el estribo es rnny alto.
Otra voz respondió:
-:Xo t&lt;.'mflS, [,nrem:o, me he c0gido de las manija!'!.
De:,put's apareció una. cabeza cubiert'.l de un sombrero
redondo, y dos manos aganándose 1í. las cinLas de cuero y
de paño, pendientes :i los lados de la portezuela, sus}X'ndieron lenta111ente un cuerpo, cuyo!'! pies hicieron en
el estribo el ruido &lt;le un bastón quegolpeaha en el suelo.
Cuando t&gt;l hombre hizo entrar el dor~o en el departamento, \'Í aparecer en el paño flojo del pantal(m el ex•
tremo ele mm pierna de • madera barnizada de negro, ú la
cm1.l otro mazo sígui6 bien pronto.
Apareció un:1 cabeza detrAs del viajero y preguntó:
-¿8:-t,í, n!"ted bien st-fior?
-Si, mi querido.
-Entonces aquí tiene usted sus paquetes y sus muletas.
Y un criado que tenia el aspecto de soldado viejo, su·
bió ,í, ~u ver. llevando en los brazos un conjunto de cosas
envueltas en papeles negros y amal'illos, atados cuidado•
eament-e, y las colocó una tras otra en la red, encima de
la cabeza de su amo. Después dijo:
-Hé aquí, sefior, esto es todo. Hay cinco. Los dul•
ce~, la muñeca, el tambor, el fusil y el pastel de hígado.
-E1-t:l bien, mi querido.
-Buen viaje, r-eñor.
-Gracia~, Lorenzo; que estés bién.
El criado salió cerrando tras sí la puerta, y yo miré á.
,t mi ,·ecino.
Tendrfa treinta y cinco anos, aunque sus cabellos e&amp;ta•
ban casi blancos: estaba condecorado; con grandes biga•
tes, gordo, con esa obesidad potente de un hombre ac•
tirn y fuerte á quien una enfermedad obliga á, la inmovi•
liclad.
Se enjugú la frente, suspiró y mirándome cara ú cara:
-¿El humo molesta á usted, sefior?
-.Xo, sefior.
Esa mirada, esa voz, esa fisonomía, yo la conocía. Pe•
ro ¿cuando y dónde? Verdaderamente yo le había visto,
le había habiado, le había estrechado la mano. Esto ha•
cía mucho tiempo, muchísimo, y todo eso se había per•
dido en esa bruma, en que el espíritu parece buscarátien•
tas los recuerdos, y los persigue como fantasmas que hu•
yen, sin poderlos coger.
El también me miraba de hito en hito, con la te1mci·
dad y la fijeza del hombre que se acuerda un poco, pero
no bien.
Nuestros ojos, molestos de ese contacto obstinado de
las miradas, rnlviéronse á otra parte; después, á los po-cos segundos, atraídos de nuevo por la Yoluntad obscura
y tenaz &lt;le la memoria que trabaja, se encontraron de
nuevo y le dije:
-Por Dios, señor, en lugar de estar mirándonos furtivamente durante una hora ¿no sería mejor buscar jun·
tos donde nos hemos conocido?
El vecino respondió con llgl'ado:
-Tiene usted mucha razón, señor.
Díle mi nombre.
-lfe llamo Henry Bonclair, Magistrado.
Dudó algunos momentos; después con esa vaguedad de
los ojos y de la voz que acompaña á esas tensiones del
espíritu:
-Ah, perfectamente, lo he visto á usted en casa de
Piucel 1 hace mucho tiempo, á.ntes de la guerra, hace do·
ce afios de est-0.
-Sí señor ......... Ah, ah, ¿usted es el lugar.teniente RevaliCre?
-Si.. .... l&lt;'uí el Capitán Revali~re hasta el día en que
perdí los pies ...... ambos á. la vez al pasar una bala.
Y nos miramos de nuevo, aunque ya nos conocíamos.
Me acordaba perfectamente haber visto ,t este joven
buen mozo, elegante, dirigendo los cotillones con una li•
gereza .ígil y graciosa y á quien llamaban creo 1,La trom•
ha.u Pero tras esta imagen, perfectamente dibujada, flo•
taba algo indeciso, una historia que ya había sabido y
olvidado, una de esas historias á las cuales presta uno
atención benévola y corta y que no dejan en el espíritu
sino una huella casi imperceptible.
Allí había amor. Yolvía á hallar la sensación particu•
lar de él en el fondo de mi memoria, pero nada más, sensación comparable ai la que produce en la nariz d~l perro la huella de Ja ea?.a en la tierra. Popo á poco, sin embargo, las sombras fueron desapareciendo y la figura de

una joven surgió ante mía ojos. Después su nombre bri•
116 en mi memoria como un petardo que estalla: la seno.
rita de Mandat. )le acordé entouces de todo. Era en efec•
to una historia de amor hasta común, si se quiere. Se
amnban cuando los conocí y se hablaba de su próximo
matrimo11io. Pnrecfa que ellos estaban muy enamorados
y muy felices. Lernnté los ojos ti. la red donde todos los
paquetes, traídos por el criado de mi vecino, Re sacudían
con el movimiento del tren y me parecía oír la voz del
sir\'iente como si acabara de hablar.
Habfa dicho;
-Ahi ei:t:í, ~enor, es&lt;&gt; es todo. Hay cinco: los confites,
la mufteca1 el tambor, el fusil y el pastel de hfgndo.
Entonces en 1111 segundo se compuso y se desarrolló de
mi cabeza un poema. Se parecía ú. todos los que había leí•
do en que, ya el hombreó ya la mujer, se casan con su
prometido ó prometida después de Ja catústrofe corporal
6 financiera. Este Oficial, mutilado durante la guera, ha•
bía vuelto il hallar despnés de la campaiia la joven que
se le babía promet.ido, y cumpl ienclo su juramento 1 se ha~
bfa casado con el.
l\Ie parecía esto bello, pero sencillo, como halla uno
sencillos todos los desenlaces y todas las abnegaciones de
los libros y del teatro. Parece siempre, cuando uno lee 6
escucha esos ejemplos de magnanimidad, que uno r,:e sa•
criticaría en igual caso con un placer lleno de entusiasmo
y con un ahínco magnífico. Pero se pone uno de muy mal
humor al día siguiente, cuando 1111 amigo pobre se acer·
ca á pedirle prestado at~lln dinero.
Después, otra suposic16u menos poética y más n·alista
substituyó á la primera.. Quid se habrían casado antes
de la guerra, antes del espantoso accidente de aquella ba·
la que le cortó las piernas, y ella, desolada y resignada,
había debido recibir, cuidar, consolar, sostener,¡ ese ma.
rido que había partido fuerte y hermoso y había vuelto
con los pies destrozados, despojo repugnante entregado 1l
kl inmovilidad, á las cóleras impotentes, la obesidad fatal.
¿Era feliz 6 desgraciado? Sentí un deseo débil al prin•
cipio, desl,iués fgrande, ILwgo irresistible, de conocer su
historia, de saber á lo menos los puntos principales de
ella, que me permitiesen adivinar lo que no pudiera 6 no
quisiera contarme.
Le hablaba pemando en eso, habíamos cambiado al•
gunas frases banales, y yo con los ojos fijos en la red.1
pensaba: tiene pues, tres hijos: los dulces son para su es·
posa, la mulleca para la niña, el tambor y el fusil para
los niños y el pastel parJ él.
De pronto le pregunté:
-¿Es usted padre, seflor?
Respondió:
-No, sefior.
Me sentí confuso como si hubiese cometido una im•
prudencia y repliqué:
-Pido á usted perdón; lo había pensado al oír á su
criado hablar de jllguetes. Oye uno sin escuchar y saca
conclusiones á pesar suyo.
Sonrió y murmuró:
-No, ni aún me he casado; me quedé en los prelimi•
Qares.
Hice como que me acordaba en ese instante:
-Ah ......... es cierto, usted estaba comprometido cuan•
do lo conocí, comprometido con la seño1·ita de Mandat,
según creo.
-Sí sefior, su memoria es excelente.
Tuve una audacia exceüva y agregué:
-Sí, creo acordarme tambien de haber oído decir que
la señorita de Mandat se había casado con el señor ...... señor ........ .
Pronunció tranquilamente éste nombre:
-El señor de Fleurel.
-Sí, exactamente. Sí.. .... me acuerdo aún á propósito
de esto haber oído hablar de la herida de usted.
Lo miré de hito en hito y él se sonrojó.
Su cara llena, abotagada, que la afluencia constante de
la sangre teñía de color de púrpura, se tiñó aun más.
Respondió con vivacidad, con el ardor de un hombre
que ve la causa perdida en su espíritu y en su corazón,
pero que quiere ganarla ante la opinión.
-Han hecho mal 1 señor, en pronunciar junto con el
mío el nombre del señor de Fleurel. Cuando volví de la
guerra sin mis pies, ¡ay! yo no habría aceptado de nin•
guna manera, ni por ningún motivo que ella hubiese si•
do mi esposa. ¿Era eso posible? Cuando una se casa, se•
fiar, no es para dar ejemplo de generosidad: es para vivir
todos los dias, todas las horas 1 todos los minutos, todos
los segundos al lado de un hombre; y si ese hombre es
deforme como yo, ella se condena casá.ndose con él, á un
martirio que durará hasta la muerte. ¡Oh! yo comprendo
yo admiro todos los sacrificios, todas las abnegaciones,
cuando tienen un límite; pero no admito que una mujer
renuncie á toda una Tida que espera sea de felicidad, á
todos los goces, ú. todos los en suenos, únicamente por exal
tar la admiración de la gente. Cuando oigo en el piso de
mi cuarto el ruido de mis pies de madera y de mis mule·
tas, con ese ruido que produzco á cada paso, tengo tal des·

15 Dwrm,mRE, 18U5.
esperaci6n, que me pro\·oca edrangular á mi c1 iado.
¿Cree usted que deba acepllll' u11ode una mujer qtu'J tolere Jo que uno no sufre de sí mismo? ...... Y además, ¿se
imagina usted que sean muy bonitas mis piernas de ma·
dera?
¡Se calló! ¿Qué decirle? Hallé que tenía razón. ¿Podía
yo censurar, de:;preciar, siquiera pensar mnl de esa mujer? No. ¡Sin embargo! El desenlace, conforme á la re•
gla, ti la verdad, á lo real no satisfocfo mi deseo poético.
Esos muñones heroicos pfülfa.n un hermoso sacrificio1 y
yo experimentaba '&gt;':IH\ decepción.
Le pregunté inmediatamentt&gt;:
-¿La senara de Fleurel tien~ hijo~?
-Sí, una nifia y dos niño~. Es para ellos para quienes
llevo esos jugueties. Su espo5o y ella han sido muy bue·
nos para conmigo.
El tren subió la pendienLe tle Saint (~ermnin.
Pasó los túneles, llegó á la estación y se detuvo.
Iba :l ofrecer el brazo para ayudar en la bajada al ofi.
cial mutilado, cuando por h portezuela abierta dos ma•
nos se dirigieron hacia él.
-¡Buenos días, mi querido Re\·aliére!
-¡Ah, buenos dias, Flelll'el!
Detrás del hombr~ la mujer sonrefa, radiante, todavía
jo,·en, enviándole un Raludo con sus &lt;ledos cubiertos por
los guantes. A su lado una niñí\ s:iltaba de gozo y dos ni•
iios mimban con ávido1! ojos el tambor y el fusil quepa•
eaban de la red del rngún á las manos de su padre.
Cuando el enfermo estuYo sobre el muelle, todos los ni•
ñas lo abrazaron. Después ~e pusieron en marcha, y la
niña, por amistad, tenía en su pequeña mano el atrave•
safio barnizado, de una de las muletas, como habría podido tener caminando ,¡ su l.1do 1 el índice de la mano de
su grande amigo.

"é\'IIRTJ:--IO.
Yo ¡.:oy el que espenibas ...... vén! Gallarda
Surge con blanca túnica cubierta;
.Adormido tu espíritu me aguarda
Y yo digo :i. tu espíritu uDespierta!,,
.Acércate! Dios quiso que te quiera
Porque no te comprenden los pequeflos;
Yengo :í ocupar el trono que me espera
En el m:ígico alcázar de tus suefios!
A.mame! Soy aquel que tú mirabas
En las noches serenas del Estío,
Cuando tu vista liinguida fijabas
Trémula de pasión en el vacío.
Yotambien te soñé cual me soñaste;
Con el buril sublime de la idea
Tus formas delineaba, y tú brotaste
Como surge del rn1írmol Galatea.
Así ...... morena ...... así, negro el cabello
Descendiendo en sedosas espirale!:!,
Con ese cast-0 y torneado cuello,
Con tu~ trémulos labios de corales.
Te había sonado así: nerviosa y alta,
Diú.fauo el cutis sonrosado apenas,
Con yo no sé qué luz que hierbe y salta,
En las azulee curvas de tus venas.
Negros tus ojos que el amor agita,
Con algo de Julieta enamorada,
Y más negros aún cuando palpita
Desdémona celosa en tu mirada.
Yo te amo! Vén conmigo] Para amarte,
Toda mi alma de poeta guardo,
Porque siento en mi espíritu al mirarte
La frenética fiebre de .\.belardo.
Vén! Vénl que nuestras almas abrazadas
Dejen la tierra do lloré proscrito,
Y crucen, por un Yértigo llevadas,
Cual Paolo y Francesca. el infinito.
Xadie puede decirte lo que ahora
Quedo, convulso de pasión, te digo;
Tu naciste con alma soi\adora
Y no puedes vivir sino conmigo.
Yén! tu mejilla como flor temprana
Al soplo del rubor se colorea,
Porque tienes el alma de Susana
En plástica forma de Fl'iuea.
Yo te daré cuanto tu amor soñaba;
Todo conmigo realizarlo puedes;
Te haré beber el néctar que escanciaba
En la olímpica fiesta Ganimedcs
Quiero estrechar tus manos palpitante,
Y para darte al porvenir te llamo,
Que si me falta voz para ser Dante
Tú eres m:is gra'nde que Beatriz, y te amo!
MA:SUELGUTIEHREZ NÁJERA.

..

15 DICIEMBUE, J8!J5.
EL J\1 U.NDO.
= = = ~ = = = = = = == == = = = =

$1 espejo

I

ae WatSU)?ama.

C II O tiempo há, vi vian dos jóvenes esposos
n un lugar mny apartado y rústico.
enían una hija y ambos la amaban de todo co•
rJ.r.ón. No diró los nombres de marido y mujer, que ya
cayeron en olvido, pero diré que el sitio donde vh•ían, se
llamaba u)fatsuyama,u en la Pro,·incia de Echigo.
Hubo de acontecer cu.tndo la niña em aún muy pequeñita, que el padre se vió obligado tl ir ,i la ciudad capital
del imperio. Como era. tan lejofl', la madre ni la niña podían acompañarlo y él ~e filé solo, despidi('ndosede ellas,
y prometiendo traerles ,¡ la niclta muy lindos regalos.
La. madre no había ido nunca más albt de la cercana al•
dea y así no podía deshechar cierto temor al considerar
que su marido emprendía tan largo viaje; pero A-1 mismo
tiempo sentía orgullo!-a satil-'fo.cción ele que fuese él por
todos aqnellos cont-0rno~, el primer hombre qua iba ,t la
rica Clutlad, donde et re y y los magnates habitaban, y
donde había q_'ue ver tantos primores y mar:willne.
En fin, cuando supo la mujer que \'OIYfa su marido,
Yistió 1í la nifia de gala, lo mejor que pudo, y ella se vis•
tió un precioso traje azu I que sabía.que :t él le gustaba en
extremo.
No atino á encan•cer el contento de esta buent1 mujer
cuando vió al marido volver ;í, cai,:a sano y salvo. L1.chi•
quitina daba palmadas y sonreía con deleite al ver los
juguetes que su padre lo trajo. Y él no se hartaba de contar las cosas extraordinarias que habfa visto durante la
peregrinación y en la capital misma.
A tí, dijo á su mujer, te he traido un objeto de extraño
mérito; se llama espejo. )Iírale, y dime qué \'es dentro.
Le dióentonces una cajita chata, de madera blanca,
donde, cuando la abrió ella, ('ncontrü un disco de metal.
Por un lado era blanco como plata mate con adorno:1 de
realalce de p:ljaros y flores, y por el otro, brillante y pu·
!ido como cristal. Allí miró la jo,·en esposa con placer y
asombro, porque desde la profundidad vió que la miraba
con lábios entreabiertos y ojos animados, un rostro que
alegre sonreía.
-¿Qué ves? preguntó el marido encantado del pasmo
de ella y muy ufano de mostrar que había aprendido al·
go dL1rante su ausencia.
-Veo una linda moza que me mira y me mue,·e los
labios como :::i habla&lt;:e, y que lleYa ¡caso extrafio! un ves•
tido azul, exactnmentecomo el mío.
-Tonta, es tu propia ..:ara la que yes, le replicó el ma•
rielo, muy satisfecho de snbf:r algo que !:lU mujer no sabía. E!-e redondel de metal , se llama e!-pejo. En la ciu•
dad cada persona tiene nno, por 1nc1s que nosotros aquí
en el campo no los hayamos visto hasta hoy.
Encantada la mujer con el presente, pa&lt;:ó algunos dias
minínuose casi á cada momento, porque, como ya dije,
era la vez primera que había Yi,._to nn espejo, y, por con•
siguiente, la imagen de su linda cai11.
Considerú, con todo 1 que tan prodigiosa alhaja tenfa
sobrado precio para us;irla de diario, y la guardó en su
cajita y la ocultó con cuidado e·1tre sus más estimables
tesoros.
Pasaron afias, y marido y mujer ,·ivían aún muy dichosos. El hechi7.o de su vida, era la niíla, que iba ere•
ciendo y era el vivo retrato de i::u madre y tan carifioaa y
buena, que todas la amaban.
Pensando la madre en su propia pasajera rnnida.d al
verse tan bonita, conservó recedido el espejo, recelando
que su uso pudiera engreír á la niña. Como no habló
nunca del espejo, el padre lo oh·idó del todo. De esta
suerte se crió la muchacha tan eencilla y candorosa como
había 1&lt;ido su madre, ignorando· su propia hermosura y
que l.~ retlejaba el espejo.
Pero llegó un clia en que sobrevino trem&lt;:ndo infortu•
nio para esta familia hasta entonces tan dichosa. La ex•
celente y amorosa madre cayó enferma, y aunque la hija
la cuidó con tierno afecto y solicito des,·elo, se íué eru•
peornnclocada vez más hasta que no qued6 esperanza, si•
no la muerte.
Cuando conoció ella que pronto debía de abandonar ,l
su marido y :í. su hija, se puso muy tristf', afligiéndose
por los que dejaba en la tierra y sobre todo por ln nifia.
L3 llamó, pues, y la dijo.
-Qut'rida hija mía, ,va ves que estoy muy enferma y
pronto voy :i morir y :i. dejaroi; ::olas t't tí y á tu padre.
Cuando yo deFmparezca, prométeme que te mirar.is en el
espejo todos los dias al despertar y al acost:i.rte. En él me
verÍte y conocenIB que &lt;!t!toy siempre velando por tí.
Dichas e!'-tas palabras le mostró el i::itio donde se ha·
liaba ocL1lto el espejo. La nil1a prometió con lágrimas lo
que su madre pedía y ésta, lr:mquila y resignada, espiró
ápoco.
En adelante la valiente y virtuosa niña no olvidó el
precepto materno y cada mañana y cada tarde tomaba el
esptijo del lugar donde estaba oculto y miraba en él por
largo rato é intensamente. Allh·efa la cara de su perdida

madre1 brillante y r-onriente. Xo estaba p,ílida y enferma
como en sus últimos días, sino hermmm y joven. A ella
confiaba de noche sus úisgustos y penas del día; y en ella
al despertar, buscaba aliento y cariño para cumplir con
sus deberes.
De esta manera vivió la nifia, como vigilada por suma•
dre, procurando complacerla en tocio como cuando vivía
y cuidando eiempre de no hacer cosa alguna que pudiera
afligirla 6 enojarla. Su m1.ls puro contento era mirar en el
espejo y poder decir: ¡¡madre hoy he sido como ttl quie•
res que yo sea!!
Advirtió el padre nl cabo que la niña se mirnba sin fal•
ta en el espejo cada mafiana y cada noche y parecía que
c01n-ersaba con H Entonces le preguntó la causa de tan
extraña co11ducta.
La nifia contestó:
-Padre, yo miro todos los días en el espejo para \'er á
mi querida. madre y hablar con ella.
Le refirió adem,í.s el deseo de su madre moribunda y
que ella nunca había dejado de cumplirle.
Enternecido por tanto senciller. y tan tierna y amorosa
obediencia, virti6 ltigri nrns de piedad y de afecto. Y
nunca tu\'O corazón para ·descubrir :i su hija qne la imagen que veía en el espejo era el trasunto de su propia dulce figura, qne el poderoso y blanco lazo denmor filial ha•
cía cada vez más semejante :í la de su difunta madre.
JCAX VALER,\.

JORGE ISAAOS.
FRAG)rn\'TO!:i nm, j/lDll . 10 l'ÓliTDfO, 11
"Ln patria de ln nrn-ia e&gt;s;tá de ílestn."

¿C6mo puede estar muerto el que da Yida;
El que agitando el alma entum~cida
Nos fuerza ,í, ver, amar, gozar 1 gemir;
s~1 f:angre inyecta en nuestra vieja herida
Y hace hasta nuestros mnertos revivir?
¡ Llorar la vida! ¿Es ésta vil redoma?
¡,El vaso es néctar? ¿el bagazo es poma?
¿Incienso el humo ó refulgencia el gas?
¡Oh! nó. La lur., el gllsto, el ca.&lt;:to aroma,
Allí est.á. todo. Es nada, lo demár-.
Devorad, oh gusano!!, carne y hueso!
¡CmU gozan\, ya emancipado el preso,
Si á ver alcanza el sórdido tropel!
Poi vo de todos y de nadie es rJuJ,
Sólo su canto, sólo su alma, CR N.
Cual se reparte al viento, gota á gota,
La catarata, y entre palmas flota
Sobre el abismo que ii\•ido la ,·e,
Así el poeta en cada compatriota
De su ancha pal rin de entm:.iasmo y fe.
¡Oh comunión maravillosa, inmensa,
Un alma. que por mil contempla y piensa!
Y corazones mil que amnn en dos!
lié allí al poeta, al que en su ser condensa
La humanidad, re,·erberando :i Dios.
Como Jesús en la sublime Cena,
Ya el vate, él mismo, en alma f':e nos clió
Con el pan de sn amor y de su pena..
.Al reunimos 1 sn espíritu nos llena,
Y entre nosotros, hasta el fin, quedó.
RAF.\EI, POllBO.

l.::¡,E.

A MARIA.
·•Los suspiros son aire y ,·anal nire.''

Triste es saber que es humo la ventura,
Kada el amor, la dicha pasajera,
El llanto que consuela la amargura
Agua que al mar dirige su carrera.
El suspiro fugaz, perdid-i nota,
La frase de cariño, una mentira
Que si hoy ardiente de los labios brota
Luego en la nieve de la ausencia espira.
¡Y todo aeí! el corar.6n que siente,
Que sufre y ama, que de sneños vive,
Ni "11 suspiroP: el alma manda ausente,
Ki en ellos parte de otro amor recibe.
Oh Becquer! no esparsas la. tristura
Que rebosando el corazón destila,
Deja que el alma sueñe en la ventura
De una existencia celestial, tranquila.
Y que siga la fé, la hada divina
Derramando su luz consoladora,
Mientras In alondra ell el ramaje trina
Y estalla el verso al despertar la aurora.
Do~ATO MÁIQUEZ.

l!Jl
El Espejo.
¡Cristal que, libre del destino adverso,
Tiernas sonrisas arrancarle puedes
A la verdad que en caprichosas redes
Aprisiona la paz del universo!
Y aun logras m,ls; que á veces cual un verso
De infinita pasión y altas mercedes,
Del paraíso escrito en las paredes,
\'na hígrima empaña el vidrio terso ......
::\fas diml': tú que sin ninguna traba.
Cuenta!- en su aposento los antojos
Y la ,·es ante tí, como tu esclaya,
;,Oe la p,ti:iión los \'fvidos sonrojos
Xo hai;; !-entido jn1n,ls cuanr'o en tf clara
Los hirientes punales de 1ms ojos'?
E~Brqn; lV. FEn~,1.~m:r..

La lavandera.
T RE los pensionistas do una casa U.e lnh&gt;~pc·
des vivía uua lava,ndera, mujer de treinta afios,
ubia, tranquila, ele porte decente y de ro~t ro en•
formizo.
\'ivfa allí de!-de hacía algunos anos, y nadie tenía nada
que echarle en cara; pero en los últimos t,iernpos se
había desarrollado gran inquina contra ella, porqnt' con
su tos pertinaz impedía dormir 1í los huéspedes.
La que sobre todo se distinguía en improperios ront1·,i
111 lavandera, em una ,·ieja octogenaria, nariz aguilt•fia y
ufi:1s puntiaguda~, viuda, según decía, de un militar,
muerto en la guerra turco-rusa.
-Es imposible dormir con eso perro que gnule todas
la!&lt; noches-decfa la vitda,
La enferma callaba; debía algunos me8es de pupilaje;
se sentía culpable, y procuraLa hacerse olvidar.
Pero le era imposible ponerse al corriente con la patro·
nu; sus fuerzas disminuían de día en día, y no permitían
un trabnjo regular.
Durante la ültima semana no había podido ir :ti l:w:ldero; perrn:1.necía constantemente en su cua1to po!&lt;tracla.
por la tos 1 que molestaba :l todo el 1mmdo, y especial•
mente :i la deja grufiona.
Por último, la patrona rehusaba darla mas tiempo; h
debía ya fl'esenta J:opeks, y no tenía esperanzas de cu•
brnrlos.
.-\clemús, todos los huéi,:pedes no cesaban de quejar::;c de
la tos de la Jayandera.
Cuando la patrona hubo dado ,í, su deudora ordt'n U.e
dcsalojai·, puesto que no pagaba lo que debía, el jübilod1'
la vieja no tuvo límites.
La pobre mujer ee marchó, pero \'oh-ió al cabo lle una
hora, y la patrona no tu\'O valor para expuh,arla. &lt;le
nuevo.
-D\Jncle irJ?-dl•cía ella.
Dos dhw tn111:-cnrriet'On t;in que se la molesrn:-e en lo
más mínimu.
Pero al tercer tlí:1, un amig,l íntimo de la patrona, un
hombre que entendía de reglamentos y procetlimicntu:-:,
fue en bu,:ca de un procurador, el hombre de leyes ,:e pre·
sentó en la casa Rijanol, l'!-petó un corto discurso,¡ pro•
pós~to :t ln!:i ciréun~tancias y puso de patitas en la calle ;t
1:1 lavandera.
Era en Febrero: el sol asomaba su luz vergonzosa por
entre las nubes, en tanto que las calles estaban cubiertas
de nieve; las casa8 y fa.rolas a.parecían con franjas Je pla•
ta y el hielo de h\t, fuente~ formaba caramelos de colores
al ;·ecibir los tímidos rayot- del s0I.
Los tri,wos ele alquiler cleslizllbanse sobre la nieve cndurecichl, l:1nzando quejidos al chocar contra la¡: piedra~.
La larnndent subi:, la pendiente, pasandopordonúetccnb:111 los rayo::s e.le! pobre sol de invierno, hasta q ne lle·
gó ,í la igl&lt;::!-ia; allí ~e senti', en lo!:! pórticos del templo,
sif'mpre dd ht&lt;lo &lt;lcl sol.
Cmrndo 0ste ciupczú ,i declinar, ocultándose &lt;letds de
las c~a..;, y la lielatla recobró con brío sn imperio, cnv0l•
viendo ,í. la. 11oche con ''!.nanto de nieve, la la,·andeni :--c
sintió enferma ...... tu,•o frío ...... se lernnth ...... ¿Donde
ir'? ...... ¡,D\Jnde'?....... ..
A l:t única cas\ que ell,t conocía, 1\ la. qne le habí,t abrigado tanto tiempo; y recobrando el :ínimo, se :umi:tr:1
hasta sn antiguo cldmicilio.
Allí fü,gú cansad,1, c:isi moribunda.
,.\\ Ü' ¡¡ fr,mqncar la puen:.1, Btl pie vaciló y cay,), exh:1·
landa un clebil gemido.
Gn hombre pat-ll ...... ltwgo otro.
-Es una muje1· borracha-penflaron sin duda.
ü n tercero tropcr.ó co11 el cuerpo de la lavandera, y! l:lmó á un l' lllpleado de los que amontonaban la. nie,·e.
-Tenéb mm borracha casi al lado y no la habcis visto.
¿AgunrclCtis acaso (L que me rompa la nuca?
El empleado ~e acercó, inclin6se para reconoce1· ('I
cuerpo dc la lavandera, sacó un pai\uelo y enjngt) s :1
frente.
La lavandera eet:\l,a muerta.
Li:p~

TOLSTOI.

�1!!2

EL MUNDO.

Creo sincemmenteque fué una pesadilla y no ap11rici611 de . espírit~s maléYolos; pero aún abruman mis oídos
aquel los gritos est,riden_tefi: parecíaqu_e
degollaban :í. la vez millares de gallinas
Ello es qne en el tran!:curso de mi
vida no he visto tantas viejas como
anoche vi reunidas, chillando ú un
tiempo y haciendo rui_do con trébedes
y latufl, con c•tzos, aceit~ras y peroles.
E!'ltaban apedreandQ mis balcones con
dentaduras postizas, y al asomar en
dlofl oí que rne vitoreaban y \"i que
arrojaban al aire sus pelucas y
agitaban sus escobas. Allí creí
ver en cnclillas
las momias dl•I
JJacftico; me pareció que los cementerios h abían expuleado
de sus nichos todas las suegras
qne estaban en·
terradas, y m e
sorprendi 6, a 1
ver su aspecto
imponente, e 6mo la ciencia de
la guerra no ha
utilizado la suegra para arma
de combate. Yi
legiones de Yiejas, tripudas
mrns, acartona•
das otras, y marchitas, secaE y
fibrosas a q n e llas, y nlgumrs Con papadas lacias y
colgantes; caras apop.Jéticns 6 acuchilladas por las arrugas, brazos de~carnados, cuellos clfl cigüeña, ojos llorosos, dedos retorcidos como garras, mucha carne amarilla y muchas greñas
flotando por el aire.
-;,Qué me quereis, Yisionee? exclamé lleno de espanto. ¿Estais en pecado
mortal y pedís misas?
Una rechifla estrepito~n intf&gt;rrumpi6 mis palabras; casi toda.s silbaban
con sus canuteros y palillos de hacer
medhi.
_-No he c1uerido ofenderos, sino limpiar vuestras culpas con el cepillo de
las Animas, abuelas Yenerables.
-El estruendo no me dejó acabar: la palabra abuela había indignado á las amotinadas.
-Jóvenes de ultratumba, exclamé con voz melosa. Graciosas siempre viva!!I, ¿qué
deseáis?
-¡JuEticia! ¡jueticia! repitieron.
-Bien está: voy á avisar al juez de guardia.
-¡No! ¡no!
-Que hable una sola.
-¡Yo! ¡yo! ¡yooo...... l
Era imposible entenderse.
-Que hable la más anciana.
Todas enmudecieron de repente.
-Que hable Dona Mónica, que fué visita de Godoy ......... dijo una de las más al•
borotadoras.
-Tú estuviste en Trafalgar .... ..... Eras mruicarón de proa, replicó Doña Mónica.
-¡Silencio! le grité · ¿Está entre VOE!otras la que hechizó á Carlos II?
Casi todae se miraban unae á otras con recelo; por fin dijo una paleta á. su lado:
-Carlos Segundo era de mi pueblo.
Hubo un clamoreo y una tempestad de rius al oír aquella revelaci6n.
-Sí, sefioras, repetía Ja vieja con terquedad; Carl08 Segundo y García.

-¡Ca!Jen todas! Busquen una que sea mudas
y diga por sellas lo que quieren.
Había cojas, tuertas, jorobadas, patizambas
y tullidas; p~ro no se encontró una vieja muda,
-Queremos derechos, dijo un vozarrón que
J)arecfa de hombre y ·dominaba toda clase de
ruidos.
Era una matrona bigotuda y formidable, y
negra como una sotana.
-¿Qué derechos?
-Los derechos ...... de la edad.
-¡Eso! ¡Eso es! repetían todas aplaudiendo.
-¡Silencio! Y sepamos en sustancia lo que
&lt;kseáis.
-La sociedad nos arrincona como á gente
inútil: éramos, cuando jóvenes, halagadas y
queridas; ahora, nuestros antiguos amantes tienen el valor de requebrar á nuestras nietas,
mientras el hombre anciano hace un papel majestuoso y venerable presidiendo las Sociedades
y Academias, nosotras estarnos en ridículo, y se
Ílama chochez ,i nuestra experiencia, y cuentos
de vieja. á, nuestros consejos. En amor, sólo
servimos de coco 6 de pantalla ...... y los hom•
bres de nuestra edad vi\-en persiguiendo chiquillas hasta la puerta del cementerio.
Sólo se nos deja el oficio de grufiir. hacer crochet ó ~tizar la~ chim~neas, Y querernos mandar, hacer co11quistas 1 tener aduladores é mfluencm con .1~ual derecho
que los viejoi,. ¿Por qué han de ser ellos reliquia y nosot~os desperdicio? ¿Por qué
han de ser respetables sus calvas y risibles nuestros aiiad1doe? ¿Es que el .hombre
se hace generoso con los años como el vino bueno, y nosotras nos convertimos en
vinagre? Estamo hartas de vivir arrinconadas como las arafias¡ tenemos callo en
las rodillas de rezar; nos dejan abandonadas á los recuerdos y al flato, Y protestamos y nos rebelamos con todas nuestras uñas y pulmones.
-¡Bra\roJ· 1bravo! ·repitieron palmoteando y chillando en falsete aquell~s fu~ias;
y cada cual decía á su vez, h::iciendo chasquear sus hue:sos y saltando de satisfacción:

PágirlflA 11xrr11,,,·di1&amp;aria.8.

DO~,IL\GO 2~ DE DICIEMBRE DE 189.:i.

0

-Callen los hombres y el motín
( estalle.
-Y Yayan las labores á la calle.
-Echemos las arrngas en el cesto.
-Y pidamos después el presupues( to.
-¡Ay del mundo si cae en nuestras
(garras!
-Yenga vino1 muchachos, y guita-

( rra.s.
-¡Señoras! exclam~. Lo que pedís es tan difícil como si yo os pidiera que alcanzáseis la }una con
las manos.
-¡la alcanzaremos, la alcanzaremos! dijeron con imponente vocerío; y todas las viejas á la vez,
cabalgabando en sus escobas, se elevaron con una especie de aleteo, ganando los tejados y aventándose el
rO!tro con los vuelos de sus faldas.
Yo vi primero una furioi&gt;a carrera
de viejas con las medias caídas que
convertían el firmamento en una
pista; después todas Jas viejas de
Madrid formando nn nubarrón en
el espacio, del ct1al caían eobre
tieua cuentas de rosario, ojos ma
sostenidos en las órbitas, chinelasy zancajos.
Para aquella visión dijo sin duda el gran poeta Zorrilla:

La luna huyó al mirarla&amp; ... .. .
Pero la alcanzaron por los cuernos, y vi en el horizonte una terrible cometa hecho
con el disco de Ja luna y una legión de viejas mnntuda!!I en escobas, que formaban un
rabo diabólico é inmenso. Mientras duró el fenómt'no celeste, hubo tranquilidad en
las casas y los yernoa descansaron .
José Fx«NÁNDEZ BREMÓN,

- ,,.,,,,,,,.
~

l.~. ·:.~

..,_':'•

/ - . .)#:'!"'

Pelanao la pat,a.
( Dibujo de J. Martinez Carrión.)

Tomo Il.-Nú'Ynl!ro 24,.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 23, Diciembre 15</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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