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                  <text>Banco Internacional é Hipotecario de México.
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El Banco facilitará toda. clase de Informes escritos, relativos á. las diversas operac ones e su ms
,
Aquien lo solicite en sus otlcmas.

TOMOII

M .EXICO, DOMINGO .L9 DE JULIO DE 1896.

Cajero,

Presidente,

JoAQUI N DE TRUEBA.

J osÉ DE TERESA y MIRANDA.

18 DE JULIO DE 1896.
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L

BEN ITO JUAREZ.

NUMER03

�19 Juuo, 1896.

EL MUNDO.

34

,l. una
BEIU.NARJO ILUSTRADO,
DLivoNo

434. -2~ de las Damas núm. 4,-APARTADO 87 B.
MEXICO,

Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este periódico.

La euecrición á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres. adelantndos.
Números sueltos, 50 centavos.
A.vi.sos: á razón de $30 plana por cada publ•cac:ón.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

•AgentPs exclusivos para los Estados Unidos y Cana-

dá. The Spanis American Newspaper Company, 136 Li~
berty St. New York, E. U.»

'

-.ota, é!Ebitorhtlt,.
18 bt JJttlfo.
Cada año el pneblo mexicano, inspirado en santos y
legítimos eentimientos, va ante la tumba del gran patricio de Guelatao á ofrecer en míetica oblación las flor!)!!
de su gratitud y el homenaje de su admiración al plebeyo sublim.i, que como en fantástico espPjismo crece y se
agiganta á medida que el tiempo nos aleja de él y· 110s lo
muestra en su prfFtina grandeza.
Al acercarnos nosotros á depositar nuestra ofrenda snbre el marmol que guarda sus despojos venerados, no llegamos con la devoción acendrada, 1ayana en ciego fanatismo, del correligionario y el amigo que participaron de
la cruenta lucha y ee culmeron con el polvo de aqnellos
combatPs de titanes en épocas pasadas; no nos aguijonea
tampoco la emulación de otros días que en franca y
abierta competencia pudo separará los que rodearon al
repútlico; ni mucho menos, venimos con el amargo dejo
de la derrota, que aun llevan en su corazón los vencidos
en Calpulálpam y los desengañados en el Cerro de las
Campanas.
Nacidos ayer, cuando el fragor de la batalla había paeado y no había en el viento cánticos de guerra, ni se
percibía ya el olor picante de la pólvora, llegados, cuando sólo se oía, allá á Jo lejos, los últimos estruendos de
deshechas tempestadeR, y en las almas germinaba la concordiit en lugar de las fermentaciones de odio y arrebatos de rencQr, nuestro espíritu está más sereno, y por
ende, capaz de juzgar la altura gigantesca del heroe, la
soberana grandeza del caudillo, la inmaculadá figura de
gobernante.
Y mientras más nos detenemos á contemplarla, nos
convencemos más de su perdurable significación en nuestra historia política.
·
Juárez terminó la obra que le correspondía en el desenvolvimiento de la República, y puede d~ecansar satisfecho en su tálamo de flores que la admiración riega y la
gratitud con;;agra. Nosotros, si queremos hacernos diguos de su grandeza, tratemos de continuar la tarea, perfeccionando la obra del Reformador y adaptándola á las
nuevas faaei1 de nuestra natural evoluci:'ón.

bama.

No son gotas de rocío las que hoy ~alpic9:n las florl:s
frescas: son lágrimas.-Allá, en el vieJo cast1I lo que mira al cielo1 arriba de las eneltas cabelleras de los ahuehuetes la fiesta uo abre sus notlU' :uatizada0 , no inunda
el sol tan alegremente como én otros días la tibia mañann: es que háy un ·1ugar vacío en la serena morad!1, una
rruma de duelo en la alma clara. Quien tanto bien ha
derramado, parecía estar escudada C?Ontra el mal. Los
desheredados de la vida, los que la piedad de los buenos
ha redimido del 'sufrimiento, como que formaran con sus
espíritus una barrera infranqueable P?r donde n&lt;? pe1!etrase el dolor humano.--Y de improviso, en el silencio,
la hada negra penetra en el palacio de la had~ l)lanca y
la hiere traidoramente.-.Por es9 jloy .no eal'?1can got,as
de rocío las flores frescas: son lágrimas; por eso nuestra
félicitación, tardía y pobre, no Jlpga al viejo castill9 que
mira al cielo en mE'dio de la fiesta que abre al ePpac10 sns
n0tas matizada~. Hay bruma de duelo en la serena morada, hay menos flechazos de lnz en los rayo~ con que el
eol iounda la tibia mañana. NuE'stro homena¡e á la espoea
del señor Presidente de la República, va circuido de una
orla negra. ¡Qt1e la noble señora acepte nuedtro reepetut&gt;so ealudo!

remos que pesa más si el oro ó la plata, aunque sea en la.
proporción de uno á diez y Peis. .
.
.
Entre tanto, ¡qué admirable _s1tuac1ón la de México,
que contempla con interés crec1ehte el fin de esa lu_cha.
gigantesca! Quien quiera que triunfe saldrá favc,rec1~0.
Ba sabido colocarse en una base tan firme, y tan sabiamente adaptada á sus legítimos y genuinos intereses, que
á todo evento en la marcha mercantil y financiera en
cualesquier circunstancias de la ge~tión monPtari:' en la
Unión Americana, nada padece m la hará desviarse de
su rumbo definido

,o(tti,a genrral.
RESIJllEN.-El programa de los demó('ratas en la C, nvención de Chicago.--Atentado contra el Preijidt"ntede Francia

Como io habiamo3 anunciado, la ola creciente y gigantesca de los partidarios de la plata barrió con poderoso
empuje fa Convención nacional democrática de Chicago.
A vuelta. de varias declaraciones de canícter eminentemente político que forman y han formado el credo del
partido démóc1ata, y qt~e se refieren á llls libertades c&lt;;mstitucionales del penearu1E&gt;nto, de la prenFa y de la conciencia· tras de ciertas manifestaciones encaminadas á reforzar1l,1, soberanía de los Estados contra las excesivas tendencias de la centralización de todo poder; sobre algunos
punt,c,s prácticos dirigidos á efE'cto de desterrar los empleos vitalicios en la administración pública, el progra•
ma aprobado en la Convención y que forma por decirlo aef
el patrón á que habrán de sujetarse los tlegidos dE'I pueblo, según el criterio de la mayoría de los congrPgados en
Chicago, se distingue principalmente por su plan financiero y por el modo cerno resuelve la cuestión monetaria
en la vecina· república.
Restablecimiento de la plata como monecla legal, libre
acuñación del metal blanco, :í igual del oro, en la proporción de uno á diez y seis; restablecimiento en nomtre de
la ley del poder adquisitivo del metal ahora depreciado,
pudienao tener circulación forzosa en su valor representativo en las deudas públicas y privadas: son las bases
de las soluciones en la cuestión monetaria.
Prohibición al gobierno de emitir bonos con intere@rs
en tiempo de -paz, y condenación de arreglos con sindicatos financieros que supeditan después al poder público
y lo esclavizan y ponen á merced de los agiotistas y lo
obligan á sE'guir la política de un monometalismo forzado: son los puntos salientes en el plan financiero.
Rebaja de tarifas hasta reducirlas á lo neceeario, á las
necesidades publicas, y prohibición de todo impuesto que
no sea reclamado con urgencia por la misma necesidad:
tal es el eje de su política administrativa.
Una declaración cuasi platónica de simpatía por los rebeldes cubanos, una abierta oposición á la intervención
Se acaban de verificar las elecciones generales en toda del gobierno federal en los asunto9 interiores de los Esla República, con la ausencia de ese púeblo ideal, intelitados, y á una eE'gunda reelección de Mr. Clev.eland y de
gente y virtuoso, con que sueñan los románticos de la cualesquiera de sus sucesores: completan lo más impormás pnra Democracia.-¡Coincidencia extraña y prove- tante de la plataforma democrática.
chosa! Al mismo tiempo, los grupos populares de lagran
Halagando de ese modo los intereses de los Estados de
nación del Norte se aprestan á la lucha, convirtiend() el Occidente y del Sur; concentrando en su redeior los dis•
paUadíum de la cosa pública en un mercado al aire libre persas elementos del Centro y del Nordeste que no puen el que el tripotage, el tráfico ruidoso de los votos, el dieron afiliarse bajo las banderas de Mc• .Kinley; unienlicor, los dollars, los golpes y los discur!!os corren como do y apretando bajo el credo democrático las fuerzas más
un licor embriagante. ¿En dónde está esa conciencia co- poderosas del llamado Partido del Pueblo, no es raro VE'r
lectiva, limpia y serena, osada y luminosa, materia pri- que hoy se alcen orgullosos los demócratas y se pavoma de ese supremo hecho que se llama la soberanía po- neen confiados en los comicios de Noviembre que le&amp; da1
pular?
ntn el dt-finitivo triunfo.
En los comicios luchan las ambiciones, combaten las
¿Y á dónde van esos partidos? á dónde arrastran á Pse
concupiscencias, se agitan las avaricias...... los aJb"s sen- put-blo viril y vigoroso eso~ directoreP de la política, puntimientos, las levantadas aspiraciones, los nobles desE'os zados, aguijoneados y feb1iles por la sagrada hambl'e del
sollados por alg1rnos publicistas, ciegos voluntarios que oro, que dijo el poPta'i'
no quieren observar lo que pasa Pn torno snyo, todo ese
Allá, donde se alzan loA campamentos republicanos, la
programa de virtudes y heroismos en acción, permanece prtipoqdera11cia del capital extranjti)ro, 1:\ inmensa pesasin reallzar!!e.
.
dumbre de los tenedores de bonos del Estado, rabiosos
Pero si ese pueblo ideal, esa gran masa anónima no ha por mantener el talón NO, y ebrios ya al soñar en un protomado parte en las elecciones; ai esas escenas y ¡sos eA- teccionismo '.lesmedido; acá, del lado de los demócratas,
cándalos, esas prevaricaciones y esos tumultos con que la influencia no corta ni mezquina de los mineros de Cose da á co~ocer la voluntad nacional en otros países, no lorado y de Nevada, la no escasa ni ruín ni avarienta mase uan registrado en la semana que acaba de tranecnrrir
no de los cultivadores de la tierra pn las fértiles vegas
los elementos vigorosr,s, los activos, los que en todo tiem~ del !llisisipí yen las vastas llanuras df&gt; California y Aripo han iniciado el progreso y de los que han surgido to- zona, peusai,do ya en la evolución forzada del metal
das nuestras libertades p1íblicas, sí han prestado su apo- blanco y en Pl libre cambio qne favon,ciendo sus indusyo firme y sólido á la candidatura triunfante.
trie que necesitan de materias primae, facilitan la. expor1Jn publicista ha demostrado que en México, como en tación de sns productos. De aqnel lado, oro y gnPrra de
todo país del planeta, todo gobierno que lesiona intere- tarifas; de este plata, hasta hacer reventar las arcas de
ses, cae invariablemente, y que cada acto popular ba si- todas las tesorerías, y un gobierno con rib!'tes de libredo un acto liquidatario de un insostenible estado econó- cambista, pero ·c on tendencias marcadas al individualismico. El acuerdo entre los grandes intereses generales y
mo de los Estados, y por ende resbalando en una penla política de una administración, pePa más en la suerte &lt;1iE'nte socialista.
de un país que los votos arrancados á C')pas de wiske11 y
La Fuerte está echada: Frente al fnerte Me. Kinley campu!lados de monedas por un leade:r orador del partido peón de las tarifas altas, y ya célebre por su famosa ley,
proteccionista amE'ricano, que subordinará á sus apetitos e~tá William Jennins Bryan, atleta de la palabra, vellcela prosperidad de su patria.
dor en el ougilato del pensamiento, coronado en Chicago
:Mientras esa soberanía popular no se encuentre fun- con los laureles del trilmfo, gracias á su álerza incompadada en criterio más sano y en sentimientos más altos
rable en el bo.~ de la retórica. -Que decidan los vot.anteii
será preciso aceptar esa forma de tulPla 1•oltmtmia, qne E'~ Pn la~ nrnas electnralt&gt;s del pr6icimo NoviembrP. RsM. ,í,
la qne ha dotado á la uación de prosperidad y bienestar.
remate la dir.;ccióu de la gran República del Xorte. Ye-

1ras tlr.c.cionts.

*

La celebración del 14 de juiio en la capit,al de la Rerública Francesa con ese lujo de entnFiaemo y derroche
de patriotismo c~n que cada a_ño se ~eJ.,bra pn_r, los hijos
de Thiers y de Sadi Carnot, d1~ mot•)".º y oca0 1on á ~na
nueYa manifestación de neurosis pohtica, de P11agenac1ón
mental sncialista contra la casi anguFta pel'l'o11a del Presidente Faure. Un loco un desequilibrado, nn soñador
en ideales imposibles, 'un ll11mado En~Pnio Fra~cisco,
hizo fuego con mano aleve cont,ra_P! pruner \'lng!stradode la República, cuando éste se dmgfa en &lt;'arrua¡e descubierto á presenciar la revista milit-ar en los campos de
Long-Champs.
Afortunadamente el Pr!'sidente salió ileso, y el desgraciado accidente sólo sirvi~ para que la m\1ltitud, _frenética y delirante, prorrumpie:a en E'PtrUPJJd~sa mamfestación gritanJo vivas á Francia, á la Repnbhca Y á Mr.
Faure' v para que los jefes de las nacionee amigas, y aun
de las'iío amigas, hicieran presPntes á la nación sus congratulaciones por el pasado incijente.
.
.
¡Qué obFcuros génesis tendran eeas mamfeetac1ones
morbosas de extravíos mental~s! A qué podrán ob_edecer PFas manías de grandeza, qne bnscnn la celebndad
en el crfmen .ruidoso y resouante! ¡Quién eabel pero no
PB ni pnede ser engendro mnamente polítir.o, PI crfmen
de Pse géuero, que arma la diestra ~e los Oaserio Santo,
y arroja bombas mortífens ,í los pies _de los potentad~s
de la tierra. Raro y espantoso especunen de pato logia.
social.

X.X.X.

16 de Jnlio de 1896.

Nuestros Grabados.

"EXPEOTATIVA" ......
Composición y Dibujo de M artlnez Carrión.

La pompa de jabón! he ahí un hermos() eimbolismo.
Un grupo de chicuelos, en el dibujo Je MartínPz Carrión,
aguarda, con esa ansiedad curiorn de los niño~, qne surja
del tubo que uno de ellos mantiene aplicado á su boca,
la deslumbrante esfera irisada que henderá los aires, vestida de todos los colores y estallar&lt;t pnr fin, Pin dejar
huella de su paso. Como ese grupo de niños, laj11ventud,
qué digo! la humanidad entera, mantiénPse Pn éxtasis
ante esa otra pompa de jabón que Pe llama iln~ión, que
surge también vestida de íris, qne hiende también, como
globo de cristal el espacio, }'. que se disn, 1ve en el éter
sin dejar hnella. Después viene otra y otra nHÍs tarde,
hasta que surge la última. .A ésta mirámoPla temblando:
va con ella nuestro postrer esfuerzo, con PI la va nuestra.
postrer esperanza...... Se desvanecer~ tambié1,? ~í, el g lobo de luz se balancea un momento, a1rnso, y In, go se deshace. Trás él, suele irse el último aliento del hon1bre.

BUENA MANO.
Composición y Dibujo de L~andro Izaguirre.

Es indndnble que las peluquerías conPtitnyén, á pesar
de la habilidad de los «artistas,»-como pomposamente
se llaman entre sí nuestros peluqueros-un purgatorio
para las mejillas delicadas: el ca116nquesalta, el poro ir ritado que suda sangre, el cauterio del alcohol, son los di•
versos potros de tormento de ese purgatorio.
Pero en todos los tormentos hay grados y quien deseehacerse acreedor á un lugar distinguido en PI martirologio, que vaya á una peluquería de fegundo ordPn, y verá
rFproducirse en su persona, la actitud y el gPPto de la.
figura principal del dibujo de Izagnirre; jnzgamos qne ni
Diocleciano pudo inventar un tormento stini .. jante al quecauEa una navaja dura, como dice la jerga del oficio.
Qnien, ante un instrumento de martirio semPjante,
permanezca impasible, merece que lo canonicl.'n,

"CINERARIA."
POR D. ANTONIO Ct;Y.ÁS,

Nos permitimos llamar la atención de nuPRfros lectores sobre la página musical que con el tftnlo de estas lineas publicamos en la 4~ página Je E1. !\luNno, página
cuyo autor es el profesor Sr. D. A,,tonio Cuyás, completamente inédita y compuesta exprof~so para la fecha que·
se conmemora.

Nuestro folletín.
Recordamoc: á nuestros lectores qce no,
obstante el pliego excedente de
FLOR DE NIZ.A.
que acompañamos á cada número de "EL.
l\1 UNDO," seguiremos repartiendo mensual-mente las ciento veintiocho páginas.
del fullet:n acostumbrado.

19 JULIO, 1896.

35

EL ~fUNDO.

NUESTRO CONCURSO DE ZARZUELAS.
Aun cuando, según dijimos, tenemos yaen nuestro poder la~ partituras de la zarzuela Sobre el Océano hemos
creído oportuno reservarlas hasta que se les una'n las de
la zar~uela Por ttn(t Deu~a, co_n el fin de enviar unas y
o_tr~s Juntas al Jurado D1ctail!mador, lo cual nos permitJra hacer saber á todos los mteresados cuáles son las
partituras premiadas.
PrPvia esta indicación, no extrañarán los autores de
la múoica de Sobre el O·énno que se retarde por breves
días la noticia del resultado final del concurso.

ESPECTACULO~A~nradill'!s se han de wr hoy los que se dedican en
1\Iéxico á la rngrata_ tarea de escribir crónicas y rPSPña'i
teatral~s. El material no es abundante ni mucho mcnoF.
El hor1z_on~e est.l lleno do pro1nt&gt;sas: :\Iaggi qne vol verá
acaso, S1em que nos traerá en el invierno un buen cnadro de ópera; pero el porvenir no da asnnto para crónicas y los acontecimientos teatrales del presente como el
romano brillan por Pll ausencia.
'
Las tandas,. los d~amas terroríficos del teatro Hidalgo
y la zarzuela mfantil del Arbeu, t·oila tout!
De vez en cuando, recibimos con placer el anuncio de
una audición de música de cámara ea el elegaute salón
de los Si:es. Wagner y Levi~n, que es hoy por hoy el único refugio del a~te_ en México, más salvo esas excepcionales veladas, v1y1 nos.en plena vulgaridad artística.
La Compañía mfant1l del Arbeu agrada al público· la
pequeña troupe se porta bien, hace lo que puede más ~ee
e~pectáculo que á duras penas podría calificarse'de artíshco por más que sea agradable, no basta. N"ecesitamos
buena música y buen drnma ...... aunque sea para hacer
quebrará quienes nos los proporcionen!

***

~ á propósito de Música de Cámara, el miércoles se
venficó el octavo c_oncierto de la serie que se está dando
en el !'lmacén musical de los Sres Wagner y Levien, ya
menc1o_nado. En él tomaron parte el distingnido pianista me~cano, D. Carlos Meneses, los Sres. Saloma, primer violín; y del An~el, segundo violín; R. Galindo Y. F.
Velázquez, vi?loncehstas, y N. Palomo y J. Carrillo,
maestros de viola; _formando el conjunto un magnífica
orquesta. La señorita Amparo Pardo, dPbittó en el mencionado ~oncierto. Es discípula aventajada del Sr. }fenet!es, y orJUnda de Veracruz.

PERSONAL.
El Sr. Abad Plancarte, restablecido ya de eus males
p_arti6 en compañía de Don Pedro Escnd"lro, para la Ha~
c1enda de este señor, donde permanecerá varias semanas.
El Illmo. Sr. Amézquita, Obiepo de Tabasco, ha sido
nombrado Teólogo consultor del Arzobi&amp;pado Qe México
en el próximo concilio provincial mexicano.
'
~e encuentra en esta ca pita! el Illmo Sr. Arzobispo de
M1choacán, Dr. lJ. José Ignacio Arciga
Está alojado en la casa de D. Tir!!o Sanz, en San Cosme.

COCHE EN QC:E JUARBZ HlZO SU PEREGRINACIÓN Á PASO DEL NORTE, EXISTEl&lt;TE EN EL MUSEO NACIONAL,

Ha quedado definitivamente eetat&gt;lecida en el Arsenal
de Veracru7, situado en la fortaleza de Ulúa la escuela
para maquinistas navales, bajo la dirección del Coronel
D. Flaviano Paliza.

Los cantineros de la capital, con motivo del cambio
rentístico, pusiéronse de acuerdo para aumentar á quince centavos el valor de las copas.

El día~ del corriente se dió principio en Tampico á la
construcción del muelle, clavándose la primera estaca.
Dirige los trabajos el Ingeniero A. A. Robinson.

FranciEco Mallen, Cónsul de México en el Paso Texas
llegó á esta capital y tuvo una entrevista con E'i seño~
Presidente de la República, la cual versó acerca de ,a
presa internacional construida entre el Paso Texas y Paso
del Norte.

La ~iedad de_ Ingen_ieros y Arquitectos celebró el
lunes ultimo el amversario de su fundación.
En la ciudad de Córdoba, Yeracruz, se ha formado una
compañía con el objeto de introducir el agua potable.
Han quedado concluidas las restauraciones de ornato
que hace como un mes se comenzaron en el Palacio Nacional, ~n !a escalera que está á la entrada principal del
gran edificio.
En la actualidad se están haciendo reetauraciones de
or~ato, en los corredores de la planta baja de dicho Palacio.

NOTAS DE LA SEMANA

~gún recie_ntes datos, ya á formarse una congregación
d_e 1~p_ortanc1a en_ el antiguo rancho del Huachicil, Jurisdicción de la Villa de A.rteaga, Coahuila.
Esta comarca posee muy b11euos terrenos para el criadero y la agricul~ura, circunstancias muy faTorables para
que progrese rápidamente la nueva congrE&gt;gacion.

B_n uno d~ _los baluartes del Palacio Nacional, dos ingemei:os_ m1htares van á construir una torrecilla estilo
rE:nac1m1ento! en la cual se colocará la campana de la
Libertad, recientemente traída de Dolores Hidalgo.

El Sr. Lic. D. Matfas Romero partió para el Istmo de
Tehuantepec, á visitar sns plantaciones de café.
~ acompañan el Sr. Ministro de Guatemala y el Sr.
M1mstro del Salvador.

Sigue efectuándose, minuciosamente, la entrega á la
n_ueva compañía _de Ferrocarriles dPl Distrito, del matenal rodante de dichos Ferrocarriles.

. Murió en Veracruz el apreciable jurisconsulto D. Francisco (_,onzález Llorca, á la temprana edad de 30" añoc.
Reciban sus allegados nuestro péEi:.me.

La comisión del comercio de Veracrm;, que vino 1íltima~ente á. esta ca~ital con el fin de hablar con el señor
Presidente de. las d1ficultad_es que han su_rgido en aquel
pnert-9, á ca~a d!&gt;I nu_evo sistema rentístico, conferencih
con dicho pruner Mag1str:vlo, retirándose complaci&lt;la, en
espera del pronto arreglo del asunto que originó su viaje.

Co_nócense ya las li~ta~ complet~s tie los Diputados que
fungirán durante el biemo que se rnaugnra. La candidatura del Sr. Gral. Díaz para ocupar la primera m11 istra9 tetura en el pr?~imo cu!ltrienio cunstitucional, segun
legramas _rec1b1dos, triunfó en toda la extensión del país.
Los co!eg1os el~c_torales de _la capital, para felicitarlo por
este tnunfo, h1c1éronle obJeto de una manifestación en
Chapult~pec, en la cual lllevó la palabra el Sr. Do~dé,
respondiendo, conmovido, el Sr. Gral. Dfaz.

En la hacienda del Hoyo, inmt&gt;diata :t esta capital se
declaró e! lunes un in?endio que hizo muchos destro~os.
Las pérdidas son considerables.
El Ayuntamiento ha rescindido el contrato celebrado
con los Sres. Chon~_al y compañía para el abastecimiento
de agua de esta capital.
He aquí l~ lista de las personas qne el martf's fueron
~lectrs. Magistrados de. la Suprema Corte de Justicia d
la ~ación:
e
5? _Propietario.-Lic. P11denciano DorantPP.
Pnmer supernumerario.- Lic. Manuel García Mén.dE'z.
2'.'-Sr. Julio Zárate.
3?-Lic. Andrés Horcasit.'ls.
4?-Lic.-Eduardo Novoa.
Los colegios electorales ee vieron poco concurridos.
llfodificado y adi~ionado, es ya lfy en Michoacán el
contrato que el Gobierno de aquella Entidad federativa
celebró con P! Sr. Lni,i Si liceo, para la c.,Jouización de
terreno~ particulares para la compra-venta, adjudicación
Y colom~a.c1!'m de los que pertenezcan al Gobierno y á
los mumc1pios.
El miércoles últi_m_o se efectuó en la ColPgiata de Guadalupe la fiesta religiosa de la Diócesis de Querétaro ante numerosos romeros.
'

Continúan practicándose diligencias importantes en el
asunto Pouc~l-Enrfquez. Este último no se ha presentado á la autoridad, y se cree que se halla fuera de la capita). ½ muerte de RupP,rto Ortíz ha añadido nuevas comp_hcac1ones al asunto. Poucel sigue mejorando de sus hendas.
Miguel_ Fernando ~ca~a, convicto de ei&lt;tafa y que se había refng1ado en Paria, fué extraído de Pq uella capital y
se ha reanudado el proceso que se le seguía.
Con motivo de la inauguración de nna eFcnela en el
p_ue?lo de Ticu~an_, dist~ito de ~uadal, pe Hidalgo, se
s1rv1ó el m~rtes ultimo, d1a de la maugnración, un banquete en dicho pueblo, al cual concurrieron más de 60
per_sona~, encontrándose entre el lao lo~ Sres. Dr. Luis E.
Ru1z, D1re~t?r de Instrucción pública y D. Eduardo Yelázquee;, Y1s1tador de prefecturas.
Ha salido de esta capital el l'éi'ior Con•nl GPneral de
los Est:;1dos Uoidos en México, GenPral Cr1ttende11 rumbo s¡J l'.orte, acompañado de su familia.
'
Terminato!l en San Juan del Rio las fiestas que anualm~nte se verifican y que esta vez estuvieron muy concurri~as, agra~ndo so?re tod() la expnsición de productos
agnco1as, mrneros é mdustriales del Distrito.

El miércoles en la mañana fué aprE&gt;hendido en su casa
habitación de esta capital el Sr. Chas L. Me. Carth y, por
el jefe de la po_licía resE:r~ada Sr. Oc~mpo. Dícese que este arresto se hizo á pet1c1ón del Gobierno de los EEtados
Unidos que acusa á Me. Carthy de haber malversado fondos fec.erales i,n Nueva York.
El Sr. Ministro de Gobernación se ocupa actualmente
en estudiar, artículo por artfcul0, el nuevo proyecto de
reglamento de pulquerías presentado por el Sr. Visitador
de Prefecturas D. Eduardo Velázquez y tan luego como
haya sido aprobada se pondrá en vigor.
Dícese que la Enpre~ión de la E'ección &lt;'e Correos en e
M~fl;isterio de Comunicacfones está resuelta, y que la comisión de_ r~forma~ al Código. estudia la manera de arregla~ definitivamente la sección del ramo y otros puntos
de mterés.
El jefe de esa s~ción D. José Jacinto Jiménez, ocupaní.
otro puesto con iguales emolumento~. Los demás empleados que no cesan se repartirán en las otras secciones.
Sa acaba de publicar un cuadro dA la criminalidad en
México que compr~nde de 1885 á 1895, y en el que leemos
que durante ese ~iempo se. aprehendió á 341,421 hombres Y 107,202 mu¡eres; la cifra de cad,íveres asciende ,í,
3,170, de los cuales fueron 186 de suicidas.
Según el cuadro, ha habido 1,117 abusos de confianza
estafa y f!3ude; 62 incendios; 1,483 homicidios; 106 en~
v_enenam1~!1tos; 433 adulte_rios; 13,438 robos; 95,876 les~o~es y rm_~s; 281,002 ebrios escandalosos; 133 infanticidios y 1,3Jo estupros y raptos.
El jue_ves,. el Sr. Pr~sidente de la República conc13dió
u_na aud1~nc1a á los miembros de la excu1 ~ión norteamericana H1ll, compuesta de personas prominentes de Texas.

Otro pago de $1,250 de "La Mutua."
Toluca, Jnlio 7 de 1896
Sr. Don Carlos Sommer, Director general de «La Úutua.»
l\Iéxico.
Muy señor mío:
Ag_radeci~~ á la_etic_acia de vd. para el p::go de la Póli~a 11umer? 092,8-11 ~a¡o .!ª cua_t, en e~a estuvo asegurado
a favor mrn y de mis h1¡os m1 fiuado esporn el Sr Dou
C11le~o_Yfio Vieyra ( Q. E. l'. D. )
·
D1r1Jo á vd. la ptedente manifestando para conocimien~ de todos los que la presente vieren, que hoy ante el
~r. D. Juan N. l:(omero, Notario Público, he r~cibido d.-1
l:&gt;~. Dar10 Valdés, B~n~?ero dE: esa ycmpañía, t:n eFla
Cmdad la suma de ($1,l!a0.80 mil dosc1eutu~ ciueuruta ¡, 0 .

so~, ochenta reutavos.

Siendo por importe del Seguro................ 1,000 oo
Y P?r la devolución de premios que vagú
m1 finado esposo ................................ .
2,'50 80
.

$

1200 80

, _Qnedo 1g11almente agra&lt;lecifa al Sr. D. Euuardv Caeso
, 1llalvaz:o Agente especial de d:cha Co11,pañfa por su
cooperación para llevar á cabo el levantamiento de pruebas de muerte y _pago del Seguro.
De vd. afectísimo v S. S.-Por la señora mi madre y
her.nanos, V1c ~XTE , ·rEYnA.

�19

EL MUNDO.

36

JULIO,

1896.

]9

JULIO,

1896.

EL MUNDO.
37
-===========e=============== = == = ========~-·Inauguración de un monumento á
Guillermo l.

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Largo sostenuto

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MASCARILLA DEL LIC. D. BE:',lTO JCAREZ, EXISTEXTE EN EL MF14EO XAClO~AL.

í}louimienfo tlcttorai cu los CC:.stabo.s Uoibo.s.
Publicamos hoy los retratos de los principales competidores en la compaña electoral del campo democrático:
el de Mr. William Jennins Bryan y el de Mr. Richard P.
Bland.
· La Convención naciónal democrática de los Estados
Unidos, reunida en Chicago la semana pasada, ofrecfa nada menos que dieciséis aspirantes á la candidatura de la
presidencia.
Yiejos encanecidos en las luchas políticas; serndos senadores, machuchos hombres públicos, dignos de haber
ocupado gobiernos de importantes Estados, hábiles financieros, partidarios del metal blanco, y hastá prófugos
del partido republicano,. se presentaban ante el imponente meeting de los demócratas, con la esperanza de ser designados para la candidatura del 1dto puesto por los de-

fensores de la libre acuñación de la plata, pero nadie tenía las probabilidades que l\Ir. Bland.
1
í entre todos ellos un joven fogoso y atrevido, un simple ex-diputado y senador en agraz, dos veces derrotado
por los republicanos, fué el elegido. William Jennine
Bryan, hoy elevado sobre el pavés, supo dominar al auditorio por elocuente discurso, en defensa de la plataforma ó programa democrático, y aunCJ,ue ocupaba el
cuarto ó quinto lugar en el primer escrutmio, al tercero,
la ola del entusiasmo subía y subía: avasalladora y al
quinto, era aclamado por unanimidad, aun por los mismos que hacía un momento se le c,ponfan y habían sido
subyugados por aquella elocuencia un tanto socialista de
última hora.
Los adictos á Mr. Bland, el que obtuvo más sufragios
en los primeros esctutinios, tuvieron que amainar velas,
y hoy son los más celosos defensores del elegido por la
Convención.

El dia 18 de Junio último, efectnose en Alema11ia la
inauguración de un monumento elevado á la memona de
Guillermo I,
Loa gastos de este monumento eleváronse á la suma de
más de un millón de marcos y fueron cubiertos por las
su~criciones de las asociaciones de antiguos militares. J&lt;'ué
erigido en la cima del KiffhUJuser, montaña poetizada
por la leye?.da de Federico Barb!lrroja.
El emperador asístió á la ceremoni.. con los representantes soberanos de todos 111s Estados alemanes, entre
los &lt;males se hallaba el rey de Wurtenberg y los grandes
duques de Saxe-\\'eimar y de Baden.
Diez y seis mil asociaciones de antiguos militares, estaban represe1,tadas.
·
El emperador llegó al medio día de la fecha indicada,
al monumento, y fué act.gido con entusiasmo por la multitud y por los antiguos militares que formaban valla.
Dirigiose con los otros soberanos á. la plataforma del
pórtico.
·
Ahí el general Spit1:, presidente del comité del monumento, le dió las gracias por haber asistido á la ceremonia, y le testificó la fidelidad de log antiguos soldados.
El profesor \Vestphal, capitán de la réserva, pronunció en seguida el discurso de inaugul'ación.
Discurso del rmpnarlor Onillermo IL
' El emperador Guillermo II, respondió en los siguientes términos:
·
11Experimento una alegre emoción al encontrarme en
medio de vosotros, con los augustos soberanos confederados, para inaugurar el monumento que centenares de millares de antiguos soldados de todas l~s partes de Alemania, han consagrado, merced á una cooperación unánime, á la memoria de m i augnsto abuelo, Su Majestad
el emperador y rey Guillermo I, sobre esta montal1a rodeada de recuerdo'! del tiempo pasado.
La~inauguración de este monumento, es el digno epílogo de la@ fiestas conmemorativas de las victorias de la
gran guerra.
Yo doy las gracias á todos aquellos que han imaginado, favorecido 6 realizado esta obra incomparable, y en
primer li1gar al serenísimo soberano que ee dignó colo•
carla bajo su protección esoecial. Yo sé que el recuerdo
del gran emperador es guardado religiosamente hasta el
último suspiro por aquellos á quienes les fué dado eeguir
sus esti.ndartes victoriosos y exponer con él su vida por
!a unidad de nuestra cara patria.
Et monumento aquí erigido es un símbolo imperecedero de ese sentimiento, pero le está asignado aún un
papel uiás elevado y más noble: él deberá. ser para l:lS
generaciones futuras una exhortación á permanecer uni·
das y á. ser fieles y devotas del soberano y del país; á es•
t.ar firmemente unidas á aquel que ha hecho la grandeza
de la patria, á poner el honor de Alemania por encima
de todas las liga~ de la tierra.
Si el espíritu que ha creado este monumento permanece vivaz t n el pueblo alemán, gracias á la bendición

$1 {l!}ot,imiento $le.dor al en los Sstaaos Uniaos.

\

1/.

?/

....

'

\\·TJ.1.TA)[ ,TE'S~l~R BRYAN.

Rl:::IlA !l.D P. B LAND,

Candldau, del partido demcc,1Uico á la pr&lt;~idencia •l~ los Estado~ [ n idos.

Competido r de Brya n en la can1}'8Í\e. clectoral r'e'. fmnpo c"emocrí.tico.

�19

EL MUNDO.

JULIO,

1896.

11

APLICACION INDUSTRIAL DE LOS RAYOS X.

del Todo Poderoso qne yo imploro, la patria afrontará,
con una cot1fianza inquebrantable, todas las tempestades
que el porvenir pueda reservarle y la vista del monumento elevado hoy como un símbolo, producirá los efectos
esperado~ por los fundadores de la obra. .
Con una verdader a satisfacción he recibido el nuevo
juramento de fidelid1\d de mis antiguos soldad?9. ~o sé
que su divisa: Con Dios por el empetado,· y eJ, 1mpmo no
es una palabra vac!a ~e sentid?·
. .
.
I'ueda este sentmuento amruar siempre á la.a asociacionee de antiguos militare11 y ·perpetnar;:e hasta el !ná~
apar-tado porvenir, propagándose po~ tocia la nación.
Pueda el pueblo alemán no C\lrecer ¡~má11 de h~m~res
que igualen por sn fidelidad. su espíntu ~e s~cnfic10 Y
sn patriotismo, á los que han servido ba¡o las órde~es
del gran emperador, y á los cuales de tal suerre l~a sido
dado contribuirá la realización de la obra de sn vida: el
restablecimiento del imperio alemán. Dios lo quiera!»

Fuera da loa experimentos de laboratorio, las nuevas
propiedades de las radiaciones de los tubos de Crookes
tan m~ist~lmente reveladas .P?r el profesor Rontgen,
no hab1an sido hasta ahora ut1hzadas más que para inwstigaciones de osteo!ogfa ó para indicaciones quirúr·
gicas en extremo interesantes. Ahora se ha propuesto la
:1plicaci?n de los rayos Rontgen para comprobar la ho11!og;eue1dad de las planchas 1nehílicas y para el reconoc1m1ento de la naturaleza de los objetos, opacos para los
rayos X, encerrados en una caja sellada.
Sabido es también que esos rayos permiten distinguir
con la mayor facilidad los diamantes ialsos de ios verdaderos, que reeu:tan tranMparentes éstos y opacos aquellos.
Un periódico técnico londinense, la Electrical Re1•1iev.·,
proponE: que se utilicen los rayos X para examinar las
111atalac1ones interiores de las canalizaciones eiéctricas.
Sin abrir las moldura.q y sin quitar las partes aisladoras
de los h1los, los rayos X permitirán apreciar el grueso de
los hil.os,. las ju;ituras. y sus imperfocciones·: se podrá saher as1m1smo s1 los hilos están ó no soldados, s1 las Ugaduras están ó no enrolladas regularmente, etc.
Ya se comprenderá que esta aplicación no tendría nada de práctica si hubiera qne tomar cada vez una sombra
1·adiográfica por medie de una placa sensible; por esto lo
11!ejor es utiliz~r las propiedades fluorescentes del platinocianuro de bario: este cuerpo, finamenw pnlveriz ido en
un m,&gt;rtero de ágata, se pone en suspensión en un mucílago ó en colodión normal y se extie11de en gruesa capa
• obre un cartón bristol bastante espeso. E1 papel asf pre·
Jlarado se hace fluorescente y bajo ,a influencia de los ra~·os X dá imágenes instantáneas muy clarmi de los obj~tós
interpuestos entre él y la ampolla: ésta debe ser cubierta
con un palio ó un papel negro y el cartón debe colocarse
de manera que la cara no cubierta de platino·cianuro mire á la ampolla. El observador se coloca al ovo lado del
bristol como si quisiera ver la ampolla al través del cartón. La limpieza de la imágen así obtenida, depende del
estado del tubo de Crookes y d~ la distancia del cartón á
la ampolla. La fluorescencia desaparece con la excitación
Je! tubo, y el cartón fluorescente sirve indefinidamente
para los experimentos qutt, presentados de esta suerte
son más econ·ómicos, sorprendentes, rápidos y variados:
q·:e con el procedimiento de las placas sensibles, útil solamente cuando se trata de conservar las imágenes obtenidas.
·
Si hemos de dar crédito á un telegrama dirigido hace
poco desde Nueva York por Edisson á lord Kelvin de Glas
cow, el tungstato éle cal cristalizado produce efectos fluore~~enteH mucho más intensos que el platino-cianuro de
bano.-M.

***

Ofrecemos á nuestr&lt;'s lectores nna fotograff:i del monumento y la legendaria montaña en que está colocado.
EL NAID'RAGIO

DEL "ORUMMON D-CASTLE. t&gt;

•

De cuando en cuando como para demostrarnos· que el
mar ese giua11te eterna~ente indomable, no duerme, llega á nosot~os, estremeciéndonos, la noticia del extrago
causado por sus iras. No hace dos afias aun, EL MuND0 daba á sus lectores 1~ noticia detallada del horroroso
naufragi.:, del (;olima, hermoso vapor de la Compañía
«La Mala,n del Pacífico, ocurrido en nuestras aguas occidentales. Hoy deberemos eslabonar á aqueUa hi~toria
lamentable, una historia más: la del naufragio del Drumimmd-Castle, magnífico vapor mercante de una Compañía inglesa.
Y no será, nó, la última catástrofe: el mar, el rebelde
perpetuo, no descansa.
Los raros v1aJeros que en la primavera no temen tomar el vapor postal del Conquet, que se dirige á las islas sorpréndense mucho del gran número de vapores de
qu~ á toda hora del dia y de la noche está poblado el
horizonte.
Todos lo3 buques que entran á la Mancha, van en efecto á buscar en esa roca, centinela avanzada del antiguo
continente, un punto de tregua, indispeusable, que les
permita reconocer su situación y proseguir con fijeza su
destino.
De ahí 35e vagar constante de humos ligeros, de estrellas rojas ó verdes, que apenas entrevistas parecen huir
como espantadas y desaparecer en la bruma ...... Oh! la
bruma...... ella es, más que la tempestad, la enemiga de
los navegantes en esos parajes. Solapada y silenciosa, corre, se extiende, se espeea al rededor del buque momentos antes seguro de su ruta. En vano mugen las sirenas!
en vano los faros eléctricos proyectan sus fulgores deslumbrantes. Ni el sonido ni la luz pueden.atravesar aquella cortina de sombra. Ya nadie canta á bordo la vuelta
á la patria. Los más enérgicos se sienten ahogados por
tnortal angustia ante el peligro, tanto más inquietante,
cuanto que ninguna lucha es posible. El Fromveur está
muy cerca, el From1,eur, ese estrecho ó canal que se extiende entre la isla y la costa, erizado de rocas agudas y
cortantes, invisibles, á flor de agua, donde espantosascorrientee levantan aun cuando el mar esté tranquilo, olas
gigantescas.
El buque des\'iado poco á poco de su ruta, que ya no
puede rectificar, es arrastrado, y súbitamente se produce
el choque fatal, el espantoso desgarramiento del casco
ventrudo, el deslizamiento rápido ó lento, pero siempre
segnro por el agua negra q11e sofoca los gritos de la desesperación con la vida. Y cuando la bruma se remonta á
las nubes, el Fromveur aparece impasible...... Unicamente, nllá en el fóndo, las vergas del buqne desaparecido,
han all.adido nueva&lt;ocrnces al cementerio en q ue yacen
tantos restos acumulados desde hace siglos!

YIAJE!AL ,POLO NORTE E~ GLOBO.

•

.

t

1

L'l alegría del regreso.-El camino

cu la muerte.

l\foy pronto, dentro da unas cuantas horas, iba á dis•
tingui r~e la costa inglesa. La espectación 'hacía que permaneciesen snbre el p11ente numerosos pasajeros y para
hacer agra.dables las últimas hora.'! de travesía, ~e habia
organi1..ado en lunch y un baile, aun cuando el calor era sofocante.
·

EL «DRUMMOND-CASTLEn EN LOS MOMENTOS DEL NAUFRAGIO.

MONUMENTO 11:RIGIDO) GUILLERMO l. EN KIFFH&lt;EUSBR.

El «D,•u,rirn?nd-C&lt;ntle.»:La tripulaci6njffos pasajero$.
El martes 16 de Junio, á e~o de las once y media de la
nache, el vapor Dru,nmond Ca.stle, de laCompafiía•Correo
de Londres, 3cababa &lt;le reconocer los fuegos Ouess'\nl.
Ese gran atea1ner de 30&gt; pies de largo 7. de 3,663 toneladas, dejó á Capetown el 28 de Mayo ultimo, en camino
para Londres, con escalas en Delagoa, Nata.!, East--London, Port Elisabethy Las Palmas. Llevabacienhombres
de tripulación, y tenía por oficiales: á Pearce, capitán·
Brown y Wayman, primeros oficiales; Hisck@, oficml se:
gundo, Ellis, oficial terceró, el doctor Tallen, médico· Elbro, contramaestre; Eyre, primer mecánico; Holmes' segundo mecánico; Beattle, tercer mecánico; Mac Alpine
c•tart,n mecánico y Palmar, quinto mecánico.
'
El Drummon.d-Castle llevaba además como doscientos
pasaj~ros, colonos y plant:.dores de té. Entre ellos se encontrnban algnnos soldados ó secuaces de Jameson ·re·
cienternente implicados en los acontecimientos del A.frica del Sur, condenados y agraciados por el presidente
Krngl'r.
La 111ayor parte de los colonos llevab:in á sus famfüas·
la'I mnjere@ y los nil'ios eran numerosos á bordo, y n~
damos la lista de los ¡,asajeros por ser fastidiosa para
nueetros lectores que los desconocen.

39

EL 1'iUNDO.

19.Juuo, 1896.

Caía una lluvia fina, pero muy nutrida, q~e obsourecía
un poco los fuegos de la costa, haciendo necesaria. una
extrema prud:mcia. Está comprobado que la velocidad
del steamer era, sin embargo entonces, de 15 á 16 nudos,
lo que en circunstPncias semejantes parece excesivo y
· hasta temerario. ¿Cómo aconteció que el capitán del
Drumnwnd- Gastle se hubiese a. venturado por el Fromveur
en lugar de pasar ,l lo largo de OueEsant, como la pru•
dencia y el camino que debía seguir lo exig,an?
He aquí lo qne ning.ún marinero pudo explicarse ,por·
que los fuegoM del Creac'h y del Stijf SP. habían percibido
sin duda alguna apeear de la lluvia y si t:se movimiento
erróneo se había ya cometido era facil rectificarlo. Se ha
hecho una suposición acaso ligera. Se ha dicho que el regreso á la patria fué demasiado festejado ..... .
La verdari, no se conocerá jamás.
.
Los sobrevivientes de la catástrofe, quedaron demasiado trastornadas.por el terrible drama al cual asistieron,
para que hayan conservado una noción exacta de los hechos, y hay en sus relatos contradicciones que no permiten admitir la versión de unos mejor que la de otros.
De cual ¡uier modo que sea la culpa, si la hay, fué pa•
gada muy caro ..... .. ,.
Sobre las roc(l8 verdes. El naufragio.
A las doce menoq cinco minutos de la noche, en el momento en que eu el puente el regocijo llegaba al colmo,
una conmoción violenta acompafiada. de un ruido aterrorizador, derribó á marinos y pasajeros, en medio defardos trastornados y de l&amp; arboladura que se hundía.
El Dru.mino11d-Castle a&lt;'1tb1tba de arrojarse sobre las rocas verde3, [en breton Koc' h-Jfrlen] el!!ollos peligrosos

que se encuentran entre las islas de OueSljant y de Mele!ie
y cuyos )?icos se descubren apenas cuando la m 3rea baJa.
Inmediatamente el buque comenzó á agujerearse en la
popa; pero el capitán Pearce, creyendo qt:.e podría contar
con los tabiques aatancados de que el b uque estaba provisto, mandó aue se diera contra máquina para salir á flote. Desde lo alto del puente gritó á la. tripulación que
permaneciese en su puesto y á los pasajeros q ue condervasen ~ sangre fria.
Intentase botar á las lanchas ¡;,ero no se pudo lograr.
Entonces, ante la muerte inminente, el desorden fué
completo. Los ~asajeros enloquecidos se llamaba!l,. se
buscaban con gritos de tenor. Las madres se precipita·
ban en los camarotes para morir cuando menos. cou sus
hijos que apaciblemente dormían.
•
Bruscanient-e el steamer cayó comoun·plomo á una.profnndidad de cincuenta metros y los sobrevivientes mterrogados algunas horas después de su desembarque,. hablaban del horror que sucedió á los desgarradores gritos,
del silencio mortal que cayó sobre las olas que se cerraban sobre su presa, eu tanto que la corriente lo! a rrastraba á ellos mismos con los restos á los cuales se afian•
zaban desesperadamente.
Los sobrevivientes. Siete horas sobre una ta·,za.

Los habitantes de las islas, los guarda-far06, los vigías
semaf.óricos, no tuvieron conocimiento alguno del nau•
fragio que se efectuaba á algunos cables de la costa.
Hasta el dia siguiente á las siete de la mafiana, los pes·
cadores de Meléne que iban á ver sus redes, encontraron
arrastrados á lo largo á los dos marineros James Wood Y

William Godbolt que hab1an logrado mantenerse sobre
un fragmento de escotiUa á pesar de los calambres que los
paralizaban.
Eu tanto que los marinos de la Coro1ta de Maria salvava~ á los náufragos despojándose de sus vestido8 para cubrirlos, otros pescadores percibían :i un pasajero Charlie .M:ackar, al cual un aparato de •.mlvamento at~do sobre las arca.a, sostenía completamente desvanecido soore
~¡ abismo. A fuerza de cuidados ee le reanimó.

Las corrientes los arrastraron entonces ya á lo largo
donde vagaron algunas semanas, ya á 1~ pl~as de 1~
costa Noroeste de Finietere. Los remolcadoréé, los torpederos y numerosas barcas exploran los eecollos y cada día se hacen nuevos descubrimientos. Pero r:iuchos
?uerpos permanecerán en el abismo y no reaparecerán
Jamás.
Ea tierra bendita.

Los cadáveres recogidos.

Para aquellos que han reaparecido, las poblaciones de
las islas han tenido la más grande piedad.
Los muertos, envueltos en gruesas lonl,lll, por falta de
ata0:aes, son velados al fulg'?r de humildes cirios, por los
habitantes de Ouessant, dolidos ante el dulce y pensativo rostro de las viudas futuras.
Loa campos.de margaritas salvijjes, de perfume amargo de crisantemas, que alegran aquí y aUá; las rocas
desoladas, han proporcionado blancas coronas á los pequefiuelos babys, -á las jóvenes mÜ!ses, cuyos despojos ha
devuelto PI .Fromveur.
Los enterradores y los cargadores son pescadores ro.dos, que en las tempel!tades disputan al mar su presa, y
cuya tumba, maflana acaso, lamerán las olas.
A.1te toda la parroqnia reunida, en la pequel'ia iglesia
sacudida por los vientos furiosos, el venerable cura de
Ouessant, bendijo antes de darles su último adiós, á esos
pobres náufragos de otro culto. herlI!anoe de dolor á
quienes tantas familias desesperada.a lloran, allá, lejos,
del otro lado de la Mancha.
.

La flotilla de los ~scadores de las islas bien pronto
reunida ~da, no deüia encontrar más que c'adáveres. Ent re los primeros que fueron &lt;iescubiertoe se encontra!Ja
M Téllez, 2'? oficial, cuyo corazón latía a~n débilmente
pero que no pudo. ser vuelto á la vida; -después un niñ~
.a.e un afi_o; una ni.lia de tre&amp; afios, cuyo padre; propietario de mmas de diamante en el Cabo, fué reconocido más
tarde; una hermosa joven, Miss. Freda .Mgee cuya opulenta cabellera rubia flotaba sobre las olas ~orno la de
-Ofelia......... D.ispués muchos desconocidos.
Casi todos estus desgraciados habi9.n tenido tiempo de
rod~r á. S? cintura el a¡:-ar:1to de salvamento que p nen
á d1spos1c1ón de cada pasaJero las compafiias de n.avega-ción. Pero tal aparato, del cual esperaban la salud no
hizo sino prolongar su agonía, porque los golpes de ~ar
pasando sobre ellos, los habían asfixiado. Algunos W:
nían el rostro y las manes r.scoriados, sin duda por el
-choque contra las rocas, á las cuales habían intentado
~n \'ano encaramarse.
C.1dá'\leres más numerosos fneron encontrados durante
:algunos diai!, cr1a:1Llu l,1 ut&gt;.compo,ició11 cvmenzú su obra.

":::c)J_.~

En E'i ~alón de sesiones de la Sociedad de Geoloafa y
Geografía de Estockolmo, se ha celebrado últiman~ente
una reunión en favor de la expedición polar en globo
proyectada por M. Andrée. En ella ha dado éste cuent~
de lo adelanr.ados que lleva sus preparativos de viaje.
Por lo qu,. respecta al globo, están ya terminados los trl's
pi!!OS del cobertizo en que se le debe conservar hasta la
partida, y en brevé. lo estará el generador de gas hidrógeno. El vaporcito la Virgen, se halla · terminado en el
dock de Gothemburgo: este pequeño barco es de palastro, puedP. llevar tres personas y 600 kilógramos de pro- ·
visiones y se dobl_!\, de suert~ que se le puede izar á las
redes del &lt;;írculo &lt;1el globo. Se ha constru(do una cocina
en la cnal se puede calentar los víveres á diez metros d~
distancia del suelo de la barquilla. La expedición saldrá
de Gothemburgo el 7 de Junio y llegará á Spitzberg el 17
ó 18. Per~ á partir de este momento, ~I. Andrée no puede pre_decir lo que sucederá: no sabe s1 podrá continuar
su via¡e en globo ó tendrá que hacerlo en barco ó trineo.
Los instrumentos científicos que llevará la expedición
soo: tres sextantes, un horizonte artificial de mercurio
dos crQnómetros, dos crono3copios, cartas m31?nética;
aproximativas de la región inexplorada, una brújula especial, un psicrómetro, un actinómetro de Arago, nueve
brújulas, un anemómetro, tres anteojos, dos aparatos fotográficos, un E&lt;lectrómetro, un aparato para recoger bacterias y otro para analizar el agua.
SEB.VIClO AEREO DE CORREOS.

Se acaban de unir la isla de la Magd1lena y el puerto
de Cagliari, es decir, las extremidadeP Norte y Sur de
Cerdeña, con la costa de Italia, por medio de un servicio
de correos...... de palomas mensajPras. La distancia entre Roma y la Magdalena es de 270 kilómetros, que los
pichones recorren en un espacio de 4 horas 50 minutos.
La velocidad media, es, pues, de 45 kilómetros por hora.

El salario de los marinos que descubrieron la Amérit',a.
. Un economis~a ha llegado á descJ?brir las hojas de re¡nst~o de la flotilla de Colón. Las cifras que se ·desprenden.de estos documentos son verdaderamente curiosas
Los marineros, según su clase, ganaban de dQs á tres pe:
sos, por mes, más la alimentación; los capitanes de las
carabelas 16 pesos mensuales y los alimentos. Cristóbal
Colón, con el grado de almirante, tenía un sueldo anual
de 320 pesos.
No ea muy caro, si se tiene en cuenta el descabrimiento de .Améri_ca. Verda_d es que hay que tener en cuenta
t~rub1én el valor del d1oero en el siglo XV en co:nparac1ón con el actual.

�19 J ULlt &gt;, 1~00.

EL MUN,DO.

40

~1~9~J:,,;;UL~I~O~,~18~9~6·~=============~E~L~MU~;,:,N,;,;;;D~O~.~===============

EL 14· DE JULIO ::)E 1896.

LAS SOLTERONAS.
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&amp;l (rasino ~rancés en la noclte ael 1~ ae ,Sulio ae 18')~.
[Tomado del natural por Leandro Izaguirre,]

EL 14 DE JULIO.
EN EL CIRCULO FRANCES.
T'rovervial es ya el espiritual buen humor de los nobles
hijos de la gloriosa Francia y nadie extrañará por lo mis•
moque la celebración del 14 de Julio en esta capital haya.estado por demás animada y encantadora. Ahí donde
hay un grupo de franceees, ahí está la Francia y los que
forman la prósp&lt; ra. colonia de esta capital, nnidos íntimamente como están, no podían meno3 c' e dará su gran
fiesta el brillo que me!'ecía.

Todos los establecimientos franceses, que son muchos,
y algunos mexicanos, engalanáronse vistosamente el mar•
tes último, sobresaliendo por su adorno «El Palacio de
Hierro,» «El Puerto de-Veracmz,» «Las Novedades,» «El
Gran Orientaln y la «Ciudad de Londres.»
La Kermesse efectuada en el Tívoli del Elíseo estuvo
animadísima. La entrada del Tívoli estaba adorn,lda con
mucbo gusto llovía conffelli de todas partes y la concurrencia era muy nuineroea. Nuestros lectores conocieron
á su dtibido tiempo el programa. Baste añadir que se amplió con lucimiento en todas sus partee.

El baile efectuadÓ en la noche en el Casíno Francés
[del exterior del cual damos un grabado] fué el brillante
remate de los regocijos del día.
La alegria sentó sus reales en los hermosos salon€B pa·
rano abandonarlos sino con las últimas ;,ombrae de la
noche. Inicio~e la fiesta con los viriles y conmovedores
acordes de la :'.\Iareelleea y prosiguió encantadora hasta el

fi.n.

4L_

Ntwstro~ pl;ícerr es r. l 1 laborins, 1olonia F1 ancesa, por
el b.ien éxito tle su l atriótica celebración.

..

O.NOCI, hace muchos años, tree solterooM, á qnienes se llam:iba en su pueb)o
las señoritas Griftóo. Parecían, aun cuando hubiese entre ellas nna diferencia
notable de edad, haber hecho el mismo día, en tiempos m11y lejJnos, una silenciosa entrada en la vida. Parecía asimismo-de tal sueree estaban emparedadas en sus costumbres y de tal suerte er.111 ne~esaria'! cada una á Jas otra;¡ dos-que
deberían morir el mismo día y á la mism~ h'&gt;ra, después de haber, como de costumbre puesto en orden su casa, limpiado sus muebles y cepillado su ropa.
'Yo recuerdo que me quisieron. L'.ls m'&gt;lesté muy frec.ientem~nte, cuando entraba
á sn casa, haciendo cabriolas como un gato que m~rodéa, por la ven~ana d~ la planta
baja. Y me agrada recordar, sobre todo, con cierta pena mezclada aun de piedad y de
bur a afectuosa, que era la señorita Nina la más desgraciada de las tres hermana~: persona nerviosa y tímida, humilde y meticu.osa basta el exces_o, á la cuál me compla~~a
en atormentar. B.1stábame deslizarme detrás de ella de puntillas, lo cual se me fac1htaba porque era distraída y un poco sorda, y después, bruscamente, en voz alta, llamarla p¿r su nombre. Yolvíase hacia mí lanzando un grito, levantando los brazos con un
sobresalto de h'lrror, que daba á su semblante lll ex:presión más per&lt;'gri~a, hacié11d_ome reír. Ptiro la señorita Nina no sabía enfadarae. No hay manera dti pmtar su resignada mansedumbre, cuando menéaba la cabeza dulcemente, y decía: «Kstos muchachos!.. .... » sin sonreírse como yo lo hago á la sombra de ese recuerdo. Entonces, la
señorita Luisa, la más vieja, me amenazaba, pero sin convicción, con la1 tenazasó con
el atizador. L1 señorita Clara, la menor, ensayaba una reprimenda severa. Yo peclfa
hipócritamente un perdón siempre acordado. Se hacía la paz y me sei:itaba cerc!l de_
ellas en un taburete, frente al fuego. Una de ellas refería entonces, haciendo al m1s~o
tiempo ovillos. candorosas historias que m~ encantabln, porque tenían las buenas viejas una a1ma ingenua é. infantil, que las ªl?rox:imaba á los nift~s,
Yivfan de su traba¡o, bordando y haciendo punto de media todo el d1a, y de 1;rna
renta miserable que les arrojaba coJ soberbia un hermano qu~ tenían, el cual era neo.
Trozo de pan necesario y duramente adquirido con humillaci"ne~, periódicas como
los trismestres de su pensión. En la intimidad, cuando estaban solas, y á puerta cerrada, las tres hermanas osaban confiarse ~u pensalniento. Acusaban á su he~ml!'no de
orgullo; decían que ellas no pedían más qu.i amarlo, pero qu~ eso era muy d1f!c1I; que
él jamás había sido bueno con ellas, como ellas lo habrían !l!do para con él s1 D10s le
hnbiese dejado póbre y á ellas las lrnbiese hecho ricas, pero que Dios h:1-bía hecho que
los cuatro naciesen de la misma madre.-Ante los extrafios, al contrano, hablaban de
aquel glorioso hermano con respetuosa altivez..
.
.
.
Et iba á verlas cuatro veces por año y se rngemaban para tratarle bien. Presidía
en sn mesa, se dejaba ser,ir coi:no un nabab, examinaba todo y todo lo.censurab:i-: la
c,11nida, que había costado muy cara, la ropa, que ya encontraba demasiado humilde,
ya demasiado rfoa. Después, ya al partir, magestuoso, apaciguado, un poco_ menos ce•
ñudo, dignábase humanizarse y decirles algunas palabras amables, al subir~ su Jan·
dau, pesado, tirado por dos caballos bien nutridos que conducía ¡¡n cochero hmchado
dt- toda la grandeza de su amo. Y las tres herwanas, desde el umbr~l de su pu~rta
mirapan, con un eu~piro de envidia sin hiel el tren que deEcendía, ale¡ándose rápidamente por el camino.
Su vida era humilde y retirada. Oían todas las mañanas su misa, cocinaban ellas
mismas y pai-a comer como para don.uir encerrábanse con dos vueltas de llave. En la
sala enladrillada donde se instalaban dura11te \argae hqras, para trabaj.ar, miraban de:
trás de las corti1Ías á los campesinos qne iban al pueblo, los coches y los caballos: ~i
al"una comadre pMaba, atraíanla hábilmente para interrogarla sin demostrar cunos1d;~d, con finezas de diplomático, porque gustaban de saber noticias. Y las reciblan de
tolas pe,rtes sin tener intimidad~s con. nadie, discreción bien conocida q~e les valía
confidencias con las cuales se sentía halagada su vnnidad. St1 catacteríst1ca era una
timidez temerosa y una prudencia proverbial. En un tiempo les .aconteció mezcla~e
neciamente en los chismes del pueblo. Pero su hermano, advertido de ello, le~ d1¡0
. redondamente que á la primera reincidencia les quitaría sin J.&gt;iedad la mesada, misera•
ble hilillo de agua en que bebían la gota necesaria para su existencia. Y la lección ha·
bía sido tan dura, que con gran terror cosieron sus labios y cerraron sus puertas para
todo el resto de sus días.
Clara era el espíritu fuerte, la ama indiscutible de la casa. Ella era quien reglamentaba las compras, escribía las cuatro ó cinco cartas que se escribían cada ali~ y
pr.-sidía en los raros debates de familia. Nina aprobaba·, convenía en todo. Lmsa
aconsejaba. Esta era flaca, rugosa y, vagamente, su faz, bajo sus cabellos grises recordaba la de un viejo barbndo.
Nioa tenía. gruesas y burdas facciones, una cara parecida al mascarón de una
fuente.
Jamás he sabido si esas pobres mujeres pensaban en algo cuando trabajaban, ni ~i
alguna de ellas podía tener en propiedad una idea que no fuese de las otras dos. Su vida era como un humilde péndulo de tres cuadrantes, cuyas agujas marcaban la misma hora y giraban en un círculo igual sin detenerse ni
apresurarse bajo su delgado
vidrio. Oomo su casa, su c~
rt&gt;bro estaba amueblado, mutati.~ ,nmandis,_..de-·muebles
vitijos y -mézquinos, pero
apropiados á sus destinos y
apreciados por sn Targo uso.
Los pensamientosfiltrábanse
gota á gota y cuando yo las
oía hablar entre sí en tanto
que movían la aguja, parecfame ver caer de sus palabras una nube de cenizas
grises cuya monotonía adormecía.
Ahora bien, aun cuando
pareciese tan vieja como sus
dos hermanas, la señorita
Clara había sido joven, en
un tiempo-iy milagro!-había amado, esperado y sufrido.
En tiempos lejanos había pasado por G ...... un receptor de contribuciones. No
dejó recuerdos muy precisos en el Pspíritu de aquellos que le conocieron. Llamábase
José Boro y no permaneció mucho tiempo en el pueblo.
B&lt;?ro no era ni grande, ni pequeño, ni he1·moso, ni feo ni natla. Su faz, su talla y
S!} actitud, parecían pertenecerá todo el mundo. En lo moral, lo mismo que en lo físico, no tenía fisonomía alguna especial, cualidad ó defecto, Yicio ó manía en él á la
cu1l pudiera basarse un inicio. una ant-ipatía ó una amistad. Era nn hombre.de temperamento tranquilo, de un apacible buen humor, de una int,..Ji¡?.,ncia orcii naria ni
franco por completo, ni por completo reePr\'lldo, dti una honradt&gt;?. de b·m·..go. Seguía
tranquilamente su carrera, ni mejor ni máA m I que muchos otros y marchaba con un
paso no menoq tranquilo á lo largo del camino de. la vida.
Boro.conoció á la señorita Clara. ParPc..-qne no era fea entonces. T,rnía veinticinco
años, cierta frescura, y una apetitosa robustez.

¿Cómo ese ~uncionariocumpl ido,
cu y as opinio 1es
eran razona oles,
los juicios siempre
medidos, la c,n·
ducta de una prudente cordura, cometió la inconcebible locura de enamorarse de una
muchacha sin dote?
Nada hay que responderá ésto sino que lo inverosímil puede llPgar.. En el pueblo y en tres leguas á la redonda Ilo_había en aquel momento otra señ~l'"!ta. _casadera.
Boro tikn pobre como ella y no temendo más que su empleo para v1v1r, _se encontrab~ fastidiado de vivir solo, y de comer solo. Por estas .ra~ones qms.o tomar
mujer pues era un severo moralista, al cual una salu~able t1m1dez 11abía preservado de las pasiones. Pidió la mano de Clara, que se la d1ó de todo corazón, y tan sorprendida cuanto conmovida, t~n asustada cuanto embelesada, la pol;&gt;re muchacha se
derritió en lágrimas y le amo bien pronto con toda su alma.

***
Cuando yo era niño, y mi tía Emilia en las tardes estivales se paseaba en nuestro
jardín yo le preguntaba algnnas veces:
-Dime pronto, tía E111ilia, que pájaro es el que canta.tan bien, allá lejos, del otro
lado del vivero, sobre el rosal, cerca del muro?
.
Ella escuchaba, movía la cabeza y me re~pondía sonriendo: .
.
-Debe ser el ruiseñor, porque ya _en el tiempo en que yo era ¡nyen hacía su mdo
ahí todos los años. ~:eta noche, si el tiempo. está bueno, canta1,l b~¡o nuestros balcones. Pero tu, tú no lo oyes todavía porque duermes y yo, yo no lo oigo ya porque eoy
vieja.
.
.
? Q p1"é n
Dónde está el hombre dónde la h1imilde C!'latura
que no h a o ído a 1 ruuiefior
dé nosotros pnede volv;rse hacia su j11ventud sin eucontrnr una dti eeas horas en que
todas nuestros pensamientos cantab~n como pájaros en~motados, en que ap~nas tocaban la tierra,&gt;' en que nuestro espír.1tu se halla~a embriagado; en que hab1a al re~edor de nosót'ros como un perfu-me ligero de oxiacanto extendido sobre nuestra ex_1stencia? Que beJl11 es nuestra vida mtilancólica bajo esas fala~es fi.,res de Mayo! . Oh ¡oven esperanza, hada preQtigiosa! La dicha-, el amor, !a.gloria, t?do parece fácil, _todo
· es séguro. 1,os n1ás hérmosos auefio~ ,de las m_usit~. d1VI?as, se 1lumma·n, ~n r~d1osos
espejismos. Nobles rostros nos.sonnen! ~ rntehgenc1a más obtusa se 1lumma, se
· abre temblorosa y el corazón brmca, henchido de ternura, ante todas las .alegrías de
la vida.
·
y esto es lo más luminoso de la dicha. Y el q11e ha encontradonna de e~as horas,
· puéde moril', porque ya ha vivido.'-Glara amaba y eotaba· loca. En~el;humilde Jardín
de.su víña el rniseñor había•ido á posarse, y desde la mañana hasta la t11rde, la pobre
muchacba'lo escuchaba perdida de amor. Ya no vivía más que para ofrb, y c:ontaba
Jaa botas {&gt;0r sull cantos. Clara se abandonaba sin reserva á esta dicha sin medida, que
se iba para no volver.
.
..
: Nina tenía más de treinta años, y Luisa cerca de cuarenta, cuando se dec1d1ó el. matrimonio. Muchos años hacía que vivían ~olas en aquella casa: su heredad y su umver. so y eran para cada una las otras dos, toda la familia.
·
' Como su padre había muerto y su hermano estaba lejos, la señori.ta Luisa se había
enc_ontrado á l&lt;'i!! veinte años con que debía ser la madre am_orosa y tierna de RUS dos
· huérfanas. No se sabía á cual de las trPs amaba con más profunda dilección. Si había
alguna que fuese má~ mimada, era preci~:imente Clara, edu?ada por sns dos hermanas
mayores. Sin embargo, ahora.no se regoc1¡ab!ln éstas de la d1c?a d!l su ber':llana menor.
Se necesitaría el arte sutil de Lamb, su ironía y su estud10 m1croscóp1co de los reflejos movimientos del alma, para enconLrar y tocar con ~I dedo el punt? jusi.o en que
el egoísmo comienza y el puro aft,Cto acaba. Habían ~nido ellas en su a1slam1ento ene
~ horas de ensnefto taciturno.
Había momentos de fast1d10 en que huían. la una de la
otra porque les venían p!;!nsamientoa de esos que se guardan en lo más profundo de sí
mísmo como en urna querida y melancólica. El porvenir estaba cerrado para ellas, así
·como el pasado estaba vacío. Sin embargo ~u corazón se arrullaba algu!las veces con ensueflos tlmidos, se llenaba de vagas languideces, se abandonaba á tristes ternuras, y
una imposible esperanza ~travesaba sus almas candorosas.

***
Cuando Boro después de la entrevista decisiva hubo salido de la casita, Clara fue•
se á la vent~na q~e daba á la calle y apartó las cortinas á fin de seguirle largo tiempo
con la mirada. Aturdida por la dicha se preguntaba si aquello era posible y si en realidad se trataba de ella.
El había l1egado como pretendiente y se había despedido como novio formal. Ella
oía su voz como en un suefto, seguíalo admirando como si estuviese ahí, y aun cuando
osó apenas mirarle, sn rostro y su coJttinente grave, su enternecimiento, loa menores
detalles de el traje que llevaba en aquella solemne ocasión, quedaron fijos en su memo•
ria dPslumbrada.
Había recibido de él un beso, el beso de los desposorios, el primero...... Cuando se
encontró de nuevo con sus hermanas, radiosa y con los ojos llenos de lágrimas, saltó
al cuello de Luisa que ·se dej6 abrazar friamente.
Admiraéla entonces, volviose hacia Nina, pero Nina ·habj'a desaparecido. Ilabfa
huido al jardín, refugio acostumbrado de sns penas y lloraba calientes lágrimas, haciendo para descargo de su conciencia, votos doloridos aunque sinceros por la dicha de
la hermana infiel.
Celosa&amp;!, ..... Se habrian a~ijido si se les hubiese revelado que en efecto un celo in.consciente se agitaba en sus pobres corazones. Dd una manera obscura se hacían jus.ticia y enc,optrabaa natural en el fondo, 1ue Boro, cuando iba á verlas no tuviese atenciones delicadas, palabras y ojos tiernos sino para la hermana menor. Eso era natural
pero cruel: Porque nos sentimos lastima•los con la dicha de los otros cuando 11osot1os
no somos dichosos; y ellas decíause para sí qne ño tendrían fortuna semejante y que-

�42

EL MUNDO.

19 JULIO, HS~6.

-Y cuando la he dicho que examine, que reflexione bien, que e11pere ¡me ha respondido de un modo!. ....... .
-Nada se le puede.~ecir.. ¡Le salta á una á la cara como un gallol
-1Clara! ¡Clara I d1Jo L1;11sa con amargura, deseo que no tengas nada que sufrir.
Así es como pagan á una, Nma!. .. ... ¡Elevarla como lo hemos hecho, sacrificarse por
una ingrata! ¡Ya se da importancia de sefioral
-No, dijo Nina enojada, todavía no es seño~.

***
.Ni.na no creía expresarse tan bien! Una tarde de Mayo, Boro estaba sentado con su
novia ¡unt.o á la ven~ana que daba á la. calle. Hablaban del porvenir, arreglaban con
el p1:m~am1ento su vida y por Ja centésima vez Boro exponía lo que era y lo que valía,
es decir, su fortuna y sus esperanzas. Hablaba de sus buenos billetes y de su segu,opr9~reso, de algunas ec~nomías qu~ ba~ía hecho y de un tío viejo, rico y solterón á
qmen acabab'\ de anunciar su matr1momo. Este tío de seguro les haría un buen regalo de bodas y dejaría algo al morir.
. En aqu~llos .momen~os se presentó el car~ro. Vió á Boro y le tendió un cartapaC!O con la d1recc.1ón es~r1ta en letra desconocida. Boro rompió el sobre con n€gligeucia, pero de súbito se mmutó y Clara lo contempló con tierna inquietud. El rostro del
l~ctor se había p:.est? descolorido .por una fuerte .emoción, las ventanas de su nariz se
dilataban y ell: sus OJOS opacos brillaba una clandad desconocida. El papel temblaba
en su mano cnspada.
-¿Qué es? ¿qué sucede? ¿alguna des~racia? preguntó ella.
. -No, no, no! gritó él con fE:rocidad mconscie!lte· ¡Un vaso de agua, por amor de
Dios! ¡Me ahogo! ¡Una desgracia!.. .... Al contrario...... El!.. .... él ha muerto!
-¿Quién, seíior?
'
-M.i tío, y creo...... sí, se dice que tal vez lo herede.
¿De veras? replicó Clara. ¡Pobre seflor! Se acordó de usted, antes de morir. Voy
á ~e?:ar mucho por el descanso de su alma. Pero...... ¿le ha dejado á usted algo?
-Tod~, !l'ruñó Boro, y desapareció como un loco, dejando su sombrero.
La no~1cm se confirmó. ~oro herP;daba.. El tío, ya encerrado en el ataud, debidamen.te rociado de agua bend!ta, cambiaba sus vastos dominios, los trigos, las viñas, el
cast1!lo sec?la1:, los. bosq~es 1¡i-ualmente se.cull;'res, que pocas horas antes poseía, por la
prop1ed'.1d md1_scut1ble é mahenable de seis pies cuadrados de tierra negra, rodeada de
1JDa -verJa de lrierro. E~ sus· sueiios-más fantásticos Boro, el sobrino querido, á quien
se esperaba para el entierro, nunca había aguardado semejante suerte. Esa fortuna tan
grande, venía á caerle en la cabeza de una manera tan ruda é imprevista que pocofaltó para aturdirlo.
·
El tío,. á quien.ºº habia v.isto veinte veces en su vida, solitario misántropo á quien
creía.~amaco, ego1sta de qmen no había recibido nada más qne buenos consejos y
l:&gt;end1c1ones gan~osas, aquel ~ombre.venerado babia elegido á Boro como único heredero, de prefenc1a á otros vem~ par.1entes que. lo habían cuidado con importuna ternura_. El b~en tío era hombre rngemoso. Hab1a sospechado que las atenciones de sus
sobrmos ol! !1 un poco á sepulturero.
La noticia estalló c9mo una ~omba. Desde la maflana la sabían dos ó tres personas; en la tarde no ~abia en la ciudad muchacho de escuela que no supiese que el se•
flor receptor ~r~ millonario. Los perros callejeros debían al encontrarse repetir fil
asunto en. su 1di?!Dª• de ~a~ manera habí~ rodado en las conversaciones de sus dueflos.
Las _seflor1tas G1;mon rec1b1eron más de cmcuenta visitas¡ todas abrazaban á Clara con
efusiones de an;Hstad que ella tuvo el buen tino de no creer sinceras.
.
. i:S:38ta sus hermanas eran de verse! Clara se hacía gran seflora y comenzaban á.
hsonJearla. Cu~ndo se encontraron solas, Luisa dijo á Nina:
-Es una dicha para. nosotras, y como es muy grande para ella, me regocijo de todo corazón. Pe!o ¿has 01do cómo habla? No son aires de seflora. Va tomando el aspecto de una prmcesa.

Clara era muy feliz.-Y en tanto que esta se e~capaba á PU cuarto, loca de alegría, li·
gera como una alondra, Lnirn puso en silencio la mesa. Nina entró de nuevo. Tenia los
ojos enrojecidos, lo que la ponía más fea aún. Al encontrarse sus miradas, ambas se
comprendieron y se abrazaron en silencio.
Cuando su primer alPgria se calmó un poco, Clara advirtió que estaba sola para saborearla. Al principio se afligió, después se indignó é hizo ver su indignación á sus
hermanas. Entonces la desconfianza reinó en la casa; con su acomraflamiento de secretos que se cuchichea entre aliadas, con las palabras de doble sentido y las reflexiones agri-dulces.
·
·
11.-- ~
Ya La Rochefoucauld ha tratado de investigar si es por ellas ó por nosotros mismos, por lo que amamos á nuestras gentes más all~gadas. No hay más que un padre,
no hay, sobre todo mas que una madre y rar.os amantes acaso, que vayan más allá de
las mezquind~des de la vida1 llevados _po~ alguna abnegación heroica y que sean capaces
de hacer sonriendo el sangriento sacrificio de su corazón.-Ellas lo halirian becho si hubiese sido pr~iso_. -Y: aún_parecíaies por momentos que consumaban, sin decir una palabra, ese sac~1fic10 Jlueono, pero resentían una a1,¡arga _pena que se reflejaba sobré su
rostr~. Clar:a iba á abandon3:rlas. Y qué sería de ellas srn aquella ingrata necesaria á
P11 ex1stenc1a? Cómo normahzar de nuevo sus hábitos trr.stornados por su abandóno?
Y como vivir en aquella casa que sin ella se convertiría en un desierto?
La amistad de las dos abandonadas se volvió inmediatamente más estrecha. Ocupábanse ellas de los quehaceres domésticos y se bacian, en voz baja interminables confidenci~. -Y Clara, herida por aqnel!a exclusión, afectaba tomar su partido con una Ji.
ge.reza md1ferente que á sn vez las hería en lo mas vivo.
Boro iba á verla todos los dias; sentábase en la salita donde babia corrido la vida
de las tres hermanas, y hablaban con un tono apacible. Boro carecía de elocuencia:
par!!- élla era ?na alma humilde y dulce, de inteligencia mediana y de estrecha imaginsción. ¡No importa! No hay dos ma.neras de amar.
--:-Perman~ían solo~, con las p_uertas abiertas. Ella oía Ji.abiar á su novio y le respondia con tímidas sonrisas, ruborizándose hasta los cabellos cuando Luisa ó Nina entrahau para salir inmediatamente y vigilar con disimulo, porque la seflorita Luisa se
había metido en la.cabeza la idea de que había que vigilará a&lt;1uellos enamorados que
su deber de madre era no perderlos nunca de vista.
'
Un día dijo á Nina:
-He 9-quí á nuestra hermQ.na que se casa. Vale tanto como decir que se caso, pues
to que nos abandon.irá dentro de un mes.
-Yo no lo ~ubiera creído de ella! respondió Nina ingenuamente.
-~ué necesidad tenía de casar~e? Nosotras la queremos tanto, vi vimos aquí tan
tranquilas!.. ....... Y luego convino en ell0, si11 reflexionar cinco minutos, sin consultarnos á nosotras, sus hermanas mayores ......... en fin!
Nina era un eco fiel. Repitió, pues, como sú hermana:
-En fin!
·
-Nos. vamos á qaed_ar, .pue~,. solas! se dijeron con las lágrimas en los ojos.-Y bien,
¡que sea dichosa! Oye, s1gmó Lmsa abrazando á Ja otra; prométeme que no harás nunca lo que ella! promé•eme que no te casarás!
Niua lo prometió llorando, podía ciertamente prometerlo, y continuaron queján•
dose.
- Bu Boro! á ver, con la mano en el corazón, ¿cómo ln encuentras tú, Nina?
-Yo ......... qué sé, parece ser hombre muy cumplido.
-Y? nada tengo que decir contra él, añ~ió. Luisa co~ to_no dead4:;ñoso. Co_nvengo
!'n qt~e tiene buenas maneras. Pero las apar1enc1as nada significaµ, m1 pobre Nma.' Lo
rnter10r ee lo que hay que conocer, ¿y lo conocemos nosotras acaso? Es una feliz con no
casarsl'. Hay tantos matrimonios oue dan miedo. En otros tiempos yo nada diría.
Eran todos pru&lt;lentl&gt;", más discretos! pero el mum}o ha cambiado mucho. Esos seil.oritos dP. hoy todoP son falsos.
-Todos son falsos, repiiió el eco.

***
Entre .tanto, Boro no ~s~ribía. C_lara no había recibido sino pocas palabras eriz~das de cifras en que anuncmba o~c1alwente la gloriosa hexencia. Ya hacia qui11ctt
dms que esperaba una carta más tierna y más larga, una verdadera carta de novi&lt;&gt;
ausente. Soñaba en ~I~ desde la maflana hasta la noche, y aunque tuviese poca fan·
tasía se recreaba ant1c1padamente en las frases enamoradas de EU prometido. Dict11 b:~ •
hast~ las frases_ más pequeil.as de la carta esperada y se ruborizaba de sus propios ¡wnsam1entos: .Pe.o la carta no llega~a. Dura1:1te a.lgunos dias la esperó con pacienc·ia;
&lt;lespues vm1erone~ aso~br?, la tnsteza, la mqu1etud, los mil tormentos de la espna.
Clara ~e puso nerviosa é 1rntable. 1:!na noche a.l lev3:ntarse de la mesa, Luirn la dijo:
-¡Pobre h~rmaaa .mía! Ya lo t1eneR demasrndo rico...... para tf.
Y esta lección la h1~0 estremecer. Tuvo entonces un acceso de desaliento tal, que
creyó que lo babia perdido todo. 'Deseaba acabar, caer enferma morir! El era tan rico y ella tan pobre)
'
¡Qué muchacha tan humilde! t~n indigna de él! ¡ni siquiera bonita! ¿Dónde estará
la compañe~a df: este ~ombre supenor? Porque la característica del amor verdadnP,
es la adoración 1dol~tnca. Medía estremeci~a la altura que . los separaba y se aturdía
reco1:cta1:1do la embriaguez que le había ocasionado la herencia. ¡Ay Dios! ¿Por qué n&lt;&gt;
segma siendo pobre? Y luego se reprochaba suspirando este pensamiento Egoísta._ l;'c&gt;nsa~ en su alma grande, en su noble co~azón, en la inaudita generosidad que había.
temdo al amarla, se acusaba de calnmnmrlo por sus temores y se indignaba por su.¼
sobresaltos.
Por fin, le escribió Clara.
Su carta, poco hábil, era casi
el~nente a.e ternura y de inqmetud. Diez largos días tardó la respuepta, durante los
cuales la infeliz se sentía morir.. ~lara no tenía fuerza para 1rr1tarse, y en su desolaci~n silencioea, no comía, dorm1_a poco, y comenzaba á langmdecer. Las quimeras más
~ombrí~s de la angustia, lo
1ruprev1sto, la enfermedad, la -=!11uert~. todo lo po&lt;1ib1e y lo
.
imposible, mal combatidos por esperanzas breves chocaban en su imaginición en fer•
ma como lú.gubres pesadillas.
. Por enc1~a de todo esto se sentía roida por aquella reflexión de su hermana imP0s1ble de sahr de .su cerebro: que se habia vuelto demasiado rico p·ara casara~ con
e a, )'. por el fantasma de un abandono ridículo y desesperante. Le parecía que la luz
si/ 1e¡a~a l~nt-amente de ella y que dia á día, hora por hora, Fe sentía hundida en un,
a ismo e 1.mplacable soledad.. Por último un día, que, ·cansada de sufrir, se eentíá
tra1.mla, á fuerza de laxitud y de abandono, en una tarde dé estío cuyo esplenl oh~en 10nal se cubría P.ara ~lla, para ella sola, de-pálida languidez, un aldabonazo
izo es~remecer: apareció Nma y la entregó en silenció una carta que Clara tomó
0
~
un ~1to de loca alegría y luego de terror. ¡Era de él! Clara rompió el sobre y dese as rnmeras palabras se transformó en una estatua. Boro la escribía ex.ponía en
Sºca1 meas, llenas de noble tristeza, que se veía obligado á recobrar su 'biberta&lt;l que
evo vía á Clara la suya y hacia Vl?f~s P?r su di(:ba. Alegaba la iormal y últim~ sagrada v_olun~ad de su tío. No ternuno; d16 un gnto desgarrador, giró sobre sí misma
Y rodó 1nammada por el pavimento.
*
~ntre tanto, el Sr. Boro entraba en pis:sión de su papel de castellano. :&amp;&lt;-corría
~s t1er1as, ordenaba cortes de madera, oía las noticias de los gnardas y se aprovechaa de. 1~ buenas bodegas del difunto. Quizás pensaba en la abandonada, con vagos remord1m1entos. A las veces creía ver sus ojos llenos de lágrimas, fijE&gt;s en él ~on tula ter-

:fál!
ª

1

19 JULIO, HS~6.

nura que lo avergonzába, y su p~nsamiento se apartaba á realidades más agradables.
Otras creía de buena fe, aparte de toda fatuidad, que Clara se consolaría pronto.
Hay traiciones difíciles de denunciar de vi va voz, asesinatos imposibles de cometer cuando la víctima está aún palpitante, que por el correo no significan nada. Boro
pertenecía á esa raza de hombres, muy sensibles al mal que reciben, que se persuaden
con toda ingenuidad de que la 1..iayor parte de los peESres de los otros son exagerados
ó quiméricos, indignos de las gentes razonables é imposibles de tomarse en serio.
Al grito que la desgraciada dió, acudieron sus dos hermanas, la encontraron desvanecida, rígida y fría como una muerta. No queriendo dar á los vecinos el espectáculo de aquella desesperación, la tomaron, una por los hombros y otra por las piernas, y
la llevaron, cc,mo pudieron, al cuarto de Nina, situado en el piso ba¡o.
Después de haber tratado en vano de reanimarla y de haberla llamado entre sollozos con las palabras más tiernas, Nina salió apresurada y regres6 á poco con t&gt;l médico,
que movió la cabeza con ademán indeciso. Cu~ndo Clara volvió en sí, tenía la cabeza
aruiente, brillaban SUB ojos con un brillo febril y comenzó á delirar. Entonces Nina y
Luisa la cuidaron con admirable solicitud. Una madre no se siente más inquieta, no se
inclina con mayor ternura ni con más pacientf&gt;s cuidados como los de aquellas pobr.es
criaturas á la cabecera de sn hermana moribunda. Porque su enfermedad era de mnerte. Después de accesos de furioso delirio, cayó en un sueño pesado, del que sólo salia
por momentos para abrir los ojos azorarlos. Cuando la enferma se despertab-\ así, siempre veia á su alrededor dos caras feas, bañadas de lágrimas, flacas y consumidas por .a
fatiga, porque allí eetaban eiempre sus hermanas, relevándose para velarla. Al verlas,
se babia dicho que eran dos sombras que el terror, la piedad y la angustia animaban
todavía,
Un dia se despertó completamente. ¿Dónde estaba y qué la sucedía? ¿Por qué Nina
y Luisa lloraban al verla, con las ll.)anos juntas, como si acabase de salir por favor divino de un peligro desconocido? No lo sabía, no podia comprenderlo. Se aentia débil,
tan débil, que le parecia qne la vida se le escapaba; pero en esta laxitud, Clara seutia
un bienestar extrallo, y aquel pensamiento no la asustaba. Cerró los párpados, hizo un
('@fuerzo para recordar, y al volver el recuerdo no la llevó otra vez al dólor. ~o sufría
ni de cuerpo ni de alma; pero experimentaba una especie de aniquilamiento resignado
con dejos de dulzura. Cuando volvió á abrir los ojos, vió distintamente á sus dos tieles
compafleras que la sonreían á traYés de sus lágrimas, y ella también tuvo mm pálida
sonrisa. A poro les pudo tender los brazos, en donde las reunió sollozan ces ttn el mismo abrazo.silencioso. Después se durmió de nuevo, teniendo entre PUS n,anoe la de su
hermana la mayor. Entonces Nina, con precauciones ir.finitas, salió de puntillas, y

COBARDIA.

~t
~Jl

43

EL MUNDO.

dos hombres abandonaron la pieza. Et médico, alegre en manera alguna
impr.esion~do de los sufrimientos de otro-tantos veía ar{ diario y desde hat- cía tanto tiempo, que ya no se apiadaba de las miserias bumanas;-Jorge, en-... corvado y con la frente llena de sombra.
Y~ en el descanso de !a eEcalera, crexendo que ella no podía oírle, el joven hizo la
angust10Ea pregunta:
- Y bien, doctor?
- Y bien, amigo mío.. .... ya nada queda que hacer.
-.Tamás voh·erá á andar?
-.TamáP, ni á moverse tampoco.
. -Oh! !)ios 111ío. ba.l.buceó él desesperado, esto es imposible...... Usted, de quien se
nt.an c 11rac10nes marav11loeas, nada puede? ..... .
-No, nada.
-Oh, Dios mfo, repitió .
. , El doctor hizo un gesto dudoso, que podía traducirse comQ muestra de conmiserac1on, y con su f,::rnqueza rnda de sabio, di~paró !'l tíltimo golpe:
-Todavfas1 se mantuviese aeí! Pero la ¡,arálisis sube, ya lo s11be usted. Llegará á
la lengua, después al cerebro, y de la compaflera de su existecia no quedará nada· Matt,ria qne vive, he ahí todo.
'
·
.~or¡z_e se pasó la mano por la frente, como para arroj&lt;lf de suespí,;tn la abominable
precl1cc1,m. En cnanto al doctor, en tanto que consultaba su reloj aqadió:
- No es la vida muy alegre que digamos; hay que tener valor'. ..... Conque, buenas
noches!
Y bajó rápidamente la escalera.
Por un inst'.1nte, .J?rge, q_'l~Ó tan tur~ado, que no oeaba volverá la pieza, temiendo que eu emoción h1c1ese ad1vmar á Mat1lde el irrevocable diagnóstico. Después decidié,,dofe, abrió la puerta.
'
Sentada en pesada actitud sobre su silla, con aquella carne de nervios muertos cor~nada por una cabeza ~uy pálida que llarecía haber rocogid~ t&lt;;&gt;da la vida del ~rga:m;mo, dando á cada pliegue, á cada relieve del rostro un moV1m1ento una fisonomía
la p,Lralftica le esperaba.
'
'
No le prE'guntó nada. Unicamente le miró con fijeza con sus ojos enormes, agrandados bajo la impresión deI dolor.
Entonce11, sintiendo él que no iba á poder, si ella le interrogaba, disimularle la ver-

Luisa, sin retirar su mano, se sentó en el sillón, donde bacía,doltmeses que velaba día
y~

•

Cuando Clara se levantó por la primera vez y pudo, en bra os de sus amigas, bajó
la escalera, vacilando sobre sus piernas, y se encontró sentada en la mesa en que había
caído desmayada. Parecíala que en dos meses había vivido más de veinte aiiod, que sus
esponsales, la traición y el desengaño que estuvieron á punto de costarle la vida, eran
acontecimientos que habían ocurrido bacía mucho tiempo, casi hundidos en el olvido.
Parecíale que su jnventud había muerto, que había sido sepultada. Pidió un espejo y se miró con sorpresa, pero sin pena, encontrándose vieja. Estaba delgada, los cabellos le caían sobre la frente marcada de precoces arrugas. ¡Solterona! Esta palabra
se alzó repentinamente sobre su cabeza como una sentencia del destino, y experimentó
el deseo de envejecer más todavía, de convertirae bruscamente en 11na anciana, en virtud de una mágica metamórfosis, una octogenaria adormecida en pequeños, pero plácidos pensamientos.
Fué á sentarse junto al fuego sostenida por Luisa y Nina. Llovía. . Era un domingo
de otoño, la hora d.a las vísperas, la iglesia de la ciudad llamaba á los fieles con su campana de timbre poderoso, cuyas solemnes vibraciones se prolongaban. en el espacio,
de~de lo alto de la torre. Su espíritu se elevó allá, muy alto; oró y se sinUó regenerado.
La tarde se desvanecía y la calle estaba triste y silenciosa. Como la luz de la habitación,
como la juventud de su cuerpo, el dolor se retiraba de su alma, no dejando en ella sino
un tranquilo adormPcimiento. Sus esperanzas por siempre muertas y sus dblorosos recuerdos, se cubrían lentamente de cenizas. Y sn monótona vida se hizo semejartte á la
pieza de paredes desnudas, con ladrillos fríos y ventanas entrecerradai¡, en la que yo
jugué cerca de treint-a años más tarde.
Luego, las trt-s no tuvieron sino una sola voluntad y una alma 1ínica. Vivieron una
existencia siempre semejAnte, siempre resignada, sin placeres, pero también sin grandes tristezas. La Providencia soberana que equilibra los bienes y los mal e~, dispensa á
los mísnos destinos sus recogimieotoa.tranqnilos. Y además, ¿al que tiene ojos, qué
importan la pequéñez y la humildad de la vida7 En cualquier alma la vi.la lo tiene
todo, con su atractivo profundo y solemne, con las invisibles flores de ternura y adhe.
sión que forman la dignidad y la hermosúra. Las tres se amaron hasta el último mo
mento, y la muerte fué para ellas clemente: no se se extinguieron. al mismo tiempo·
pero se sigttieron tan de cerca, que el viaje de la primera pareció preparar los otros dos·'
CARLOS

DE

BoP.oEu.

dad, y q ne en Iugar de reconfortarla con la esperanza, presa de la pena, lloraría con
ella¡ Eeparando la cortina de la vidriera, pegó su frente al vidrio húmedo, viendo obstinadamente las lozas del patio, viejas lozas abolladas completamente, entre las cuales
crecía una hierba mal sana, que ante la amenazante lluvia, parecía ensanGharse.
-Jorge!
Al oír su voz, sobrnsaltóse lleno de miedo. Hundido en su pena, había acabad)
por olvidará la víctima bien amada.
-Querida mía?
-Jorge, repitió élla con voz grave.-¿Qoé dijo el médico?
Jorge balbuceó:
-El médico, el médico, pues...... nada ...... que con cuidado, tus fuerzas ..... .
-Estás mintiendo!
·
-No...... no...... ¿por qué?
-Apruximóse á ella, tomóle las manos, y hablándole muy cerca del rostro, le dijo:
-No hay que asustarse...... ya sabea ........ .
-Es inútil, le interrumpió ella. ·Todo lo he oído: jamás, jamás curaré, y llegará un
día en que mi lengua......
·
No pud;) continuar. Inclinó la cabeza y se puso á llorar silenciosamente. AquPllo
había acabado. No sanaría. Hasta entonces había e~perado, persuadiéndose de que la
parálisis qne una mañana, súbitamente la había herido, cedería ante la ciencia, qi¡e tornaría la vida á ens miembros y que resurgiría la antigua existencia, aquella existencia
de diez a1ios en 1ue habían vivido el uno al lado del otro, sin abandonarse, por decirlo
así, jamás; corriendo. siempre del brazo, como niflos alegres, por la ciudad en el invier•
no y por el campo en el verano. Ya aquello había concluido, irrevocablemente.
En el paroxim-0 de su dolor, en medio de sollozos, exclamó:
-Ob! Dios mío, quién hubiera creído que nuestra hiAtoria acabaría así!
-Querida mía; te ruPgo que no tedesconeueles, le dijo él suplicante. El médico se
engalla; sanará!: porque lo queremos, y la voluntad de dos seres, dtbe dominará la na
turaleza.
Con nn ei;fllerzo que le crispó la faz-tan coni;iderable era-intentó la enferma llevarse las manos á las mejillas, que le qnemabau las lágrimas. Pero ante la imposibililidad dP levantar los brazos más arriba del cuello, desalentada de ante mano, so'lozó:
-No, no, ya lo ves; esto ha concluido Lfmpiame la cara!
El, tomó su pañuelo, y suavemente limpió aquellos ojos adorados, en los cuáles se
había mirado tantas veces. Después, lleno de bondad, inclinando el cuerpo, enlazó con
sus brazos aquella J?Obre cabeza desolada, arrullándola con palabras tiernas, sui;urradas
dulcemente, acariciadoras.
-No te dePconsueles1 le deéfa; yo te quiero y te querré siempre. ¿Te acuerdas..... ?
Te lo he jurado, te lo he Jurado!.. ....
E inclinándose más, le cerró los ojos humedl'cidos eón un beso.
-Ah I snapiró ella¡ si la muerte pudiese sorprendernos así! ..... .
-La muerte! dijo él extremeciéndóse; ¿luego deseas morir?
-Sí; querría que juntos, de un mismo go!pe, nos hiriera la muerte.
-¿.Por qué?
-Yo ya no 8-0y más que un cerebro. Pronto, no seré más que carne que vive. li:ntonces, fatalmentt&gt;, ya no me querr.is; en tllnto que en :a otra vida, podríamos proseguir nuestros eueños de teruura.... Te acuerdas q,1e me prometiste amarme siempre? Yo
me acuerdo qne juraste no sobrevivirme. Si yo muriese, mantendrías tu promesa?
El la mi•·ó un poco asustado, i nconseíentemente rebelado ante la idea de que pudiese interrumpirse el curso de su existencia. Pno, en una visión rápida, se dió cuenta de
que muerta ella, se quedaría la casa vac;ía, helada, y respondié, convencido:
-Si; si tú murieras me mataría.
-Gracias, gracirs.
Y en un trasporte de fe juntáronee sus·manos, y eus ojos, sus ojos agrandados por
el dolor. eleváron~e al cielo, en tanto que sns labios murmuraban una plegaria:
-Sef'lor, Seflor, ten piedad de mi amorosa pena, y haz que el mismo viento de
muerte nos dt&gt;rribe á los dos.
Pero la ventana se Pntreabrió; un soplo perfumado de florescencias primaverales
!~11 llevó, traídos sin duda del balcón vecino, risas de gentes felices que cambiaban besos
tiernos.
8e miraron llenos de desei,peración, avivada su pena por la alpgrfa de otros. Ellos
también babíao sido felicl's; ellos también habían cambiado caricias locas. Poro esofné
en otro tiempo. Ahora ~1 cuerpo flojo de Matilde, mostr:ibaae horribie en su inmovilidad, quitándoles toda idea de. alegría. Entonces vínoles la idea, muy precisa, de que
con 9-quella esperanza de curac16n, huída, aquella esperanza que les permitía creer en
el porvenir, la vida iba á ser espantos'.l para ellos.
De nuevo, Mat1lde se echó á llorar. Fatalment-e, aun cuando él la rodease de solicitudes que jamás parecían fatigarle, estando el sacrificio continuo por encima de las
fuerzas l,umanas, acabaría Jorge por cansarse de ser enfermero y la abandonaría.
En el mundo encontraría mujeres jó,·enes que le sonriesen y le agradasen• las amaría y olvidaría, quizás no á la amiga de otro tiempo que había ocupado un Íugar tan
ímportante en eu vida, pero sí á la enferma que, clavada en un sillón, era ya sólo una
cabeza sobre un cuerpo muerto. Y esta idea era tan dolorosa para su corazón de amante que latía vibrante y celoso, que casi gritó:
-)lorir! matarnos los dos!

�] 9 JULIO, 18~6.

EL MUNDO.

44

-Qué dice~?
-Si fué~emos los enamorados de otro tiempo, los dos nos ,mataríamos.
El hizo un gesto de repnlsión.
-Matarnos!
-La vida en adelante no será para nosotros más que, sufrimiento; esta es la última alegría que nos queda. Oh! Jorge, Jorge, si tu quisieras, nos iríamos para siem•
pre ahora que tenemos aún el recuerdo de las dichas muertas. No esperemos la hora de los disgustos y de los desfallecimientos ......... Oh! Jorge, Jorge, si tu quisieras ........ .
Decía ésto con una exaltación tan convincente que él, á pesar de su miedo, SP.
preguntó si tendría razón. Algunas veces sentía, aunque su delicadeza y su hoRradez se rebelasen, aproxímarse las cobardías, los deseos de irse, de huir de aquel cuadro melancólico y ~ria de hospital, de aquella atmósfera penosa de dolor perpeLuo, y
encontrando sus o¡os un alegre rayo de Elbl, que llegaba después de la lluvia y hermoseaba el patio, vínole la idea de que debía sentirse uno bien allá afuera, con el rostro
acariciado por el aire suave, y se preguntó si un dia su horror á la enferma, su necesidad de libertad no le dominarían de una manera tan imperiosa que le hiciesen abandonar á la desgraciada en su horrible inmovilidad, para correr con otras por las ca·
!les animadas ó por el campo florido! Oh! eso sería malo, cobarde, indigno de el.. ....
Pero no teniendo la conviccióp de que no sucedería .y oyendo á Matilde repetir: «Ah!
Jorge, Jorge, si tu quisieras morir, sería esta nuestra postrer alegría!» él murmuró
muy bajo, como temiendo oírlo él mismo:
·
-Sí qui&amp;o.
La faz de la enferma púsose radiante, y Je pareció que por su cuerpo inerte corría
un extremeciroiento bienhechor. Esa era la victoria última y suprema de su amor. Casi cadaver triunfaba aún! Y para no dejará Jorge tiempo de reflexionar, ordenó:
-Ahí, en el cajón, está la caja de pistolas ........ .

MORIBUND.A.
Yo tengo una celda ruinosa y callada,
Tan n..gra y tau honda, que allí solo existe
Mi alma, la páliJa enferma enlutada .
Que busca la sombra porque ama lo triste.
Allí, los dolores, cual tristes hambrientos,
J!;ucienden sus torvas pupilas huraí'ías,
D~jando tan sólo despo¡os sangrientos
D&lt;J seres amados y cosas extrañas.
Y mi alma, la buena, la blanca enfermita
Levanta sus tristes miradas inciertas,
Sintiend., la honda nostalgia infinita
Del sutlño que duermen las vírgenes muertas.

..

•,,.

El obedeció, sin excitación, pero de prisa, como con rnied•1 á aqnP-lla vida anormal, teniendo la convicción de que sólo ese acto detin'ltivo ltl illlpt-diría cometer la fa.
tal cobardía.
Ya con las armas, dijo valerosamente la enferma:
-Mát:&gt;-me, después te matas tú.
.
Espantóse él anre eEta idea. No debía pedirle eso; disparar sobre ella ...... jamás. Mejor renunciaba.
-Entonces juntos, quieres?
-Sí
Y decidido, queriendo acabar cuanto antes con aquellos preparativos que amenguaban la intensidad del acto que querían realizar, pu8o una de las armas en la mano de
su esposa, con el cañón vuelto hacia su pecho, y retrocedió dos pasos, febrilmente, preguntando:
-Estás lista?
Después, sin esperar respuesta, ansioso por terminar, disparó. Cayó como una
masa, con la sien derecha destrozada, á los pies de la para! ítica, salpicándola de sangre. Ella, con el brazo levantado, lista para disparar, permaneció atontada ante el acto realizado.
Desde la silla donde descansaba su carne de nervios muertos, mirab!l al de~graciado debatirse girnit&gt;ndo, en los horrores de ia agonía, sin que sus ojos pudiesen dt-jar de
ver el espantoso espectáculo que seguían con doloroso encarnizamiento.
Cuando ~l suicida dejó de moverse, ella, que le había impulsarlo al cumplim iento
de aquel acto supremo, sintió que toda su carne se rebelaba Snfrir como él, extrernecerse como él en espasmos dolorosos......... no, no! eso era horrible!
Y_ olvidando su vida mísera de para1ítica, su cuerpo inerte, la lengua y el cerebro,
que bien pronto se atrofiarían; abriendo los dedos, dejó caer la pistola.
DANIEL Rico.

.Los sueños febriles, las hondas miserias
Y elabora, con ellos los gritos
Que, á veces, revientan
Como un largo clamor, cuando el viento
Huyendo atontado se arrastra ó se estrella,
Y por eso mi espíritu hastiado
Se anima y despierta
Al sentir que las sombras invaden
En ronda gigante mis negras ideas,
El conoce el lenguaje sombrío
Que dicen las nieblas,
El comprende la voz de las sombras
Y sabe loa gritos que flotan en ellas;
El recibe los ásperos besos,
Las rudas ternezas

De esos seres deformes que cruzan
Las sombras nocturnas de tropae inmensas.
¡Pobres seres! Engendros malsanos
De muchas demencias,
Concepciones absurdas que viven
Una vida fictiqia, parcial, incompleta ..... .
Ya es de nochj!; ya puedo reírme
Con risa siniestra,
Y esperar que las sombras invadan
En ronda gigante mis locas ideas.
ANT.11:NOR LESCANO.

Julio de 1896.

Pero hay una reina de rara belleza
Que cuida de mi a lma la senda sombría;.
Y quedo le dice: yo soy la tristeza
Y tú eres la amada, ia enferma, hija mía,
Yo soy la enlutada, la musa doliente
Q11e sueña en lejanas comarcas brumosas,
La pálida virgen que enreda á su frente
Guirnaldas marchitas dtl anémicas rosas.
L'\ eterna implacable se acerca á quitarte
Dll tod:i.s tus penas el trágicQ peso ....... .:.
La noche desciende...... ya puedes llevarte
La fü¡r enfermiza de mi último beso.
BENITO FE!i.TANFS.

Cosamaloapan, Julio de 1896.

LA SAN DCNGA.
Cuando en la calma de la noche quieta
Triste y doliente la Sandunga gims,
D n sus pi ro en mi pPcho se reprime
Y siento de llorar ansia secreta.
¡Cómo en notas sentidas interpreta
Esta angustia infinita que me oprime:
E l que escribió esa música sublime
Fué un gran compositor y un gran poeta!
Cuando se llegue el suspirado día
En que con dedo compasirn y yerto,
Cierre por fin mis ojos la agonía;
La Sandunga.toe.id: si no despierto
Al qut.&gt;joso rumor de esa armonía,
Dejad1ue descansai· que estaré muerto! ......
RODULFQ F!GU.&amp;ROA.

Julio de 1896.

ASONANCIAS.
Ya es de noche: ya van por el cielo
Lhirosas y trémulas,
Como uu coro de vírgenes blancas
Q11e llora la muerte del sol, las estrellas;
Y a es de noche: las vírgenes duermen
Los sueños despiertan,
'
Y en sus castos oídos dtlBtilan
Rumores de beso::1 y ardientes demencias·
Ya el amante se fué; sus palabras,
'
Tan sólo, se quedan
E·,g•rndrando tenaces visiones
Que oesan. con besos que manchan y queman;
Lus mendigos, cansados, se arrojan
En su honda miseria
Y se agitan sintiendo en el alma
El rudo ch 1squido de inútil blasfemia,
Mientras van vacilando en la sombra
Y en ella tropiezan
Al impulso potente del vértigo
Que deja ell sus sienes la pálida anemia.

io·h·:. "i.~. ;;~~¡~~ ·¿~. ~;; ·~·~;;~·. ~oo~i~· .................
Las vocf"s dispersas,
Los suspiros ardientes que pasan
Quemando á su paso las bocas abiertas
Los aullirloq del viento, qu"' ha visto '
Angmtias inmensas
Y la voz de las sombras que envuelven

A. PO CAL IPT.I:CA.
Y juró por El que vive en los
siglos de los siglos, que el tiem·
po no ser~ más........ .

. ..... Y ví las sombras de los que fueron
En sus Fepulcros, y así clamaron:
'
uAy de loR vientres que concibieron!
.A y de. los senos que amamantaron!»
uLa noche asperja los cielos de oro,
Mas cada estrella del negro manto,
Es una gota de nuestro lloro........ .
¿Verdad que hay muchas? Lloramod tanto!"
«Ay de loa seres que se quisieron
Y en mala hora nos~ngendraron!
Ay de /o.~ vientres que concibieron 1
Ay de los senos que mrurmantaron!»

*

Huí angustiado, lleno de horrores·
Pero la turba conmigo huía
'
Y con sollozos desgarradores
Su ritornello feroz seguía:
"AY de los seres que se quisieron
Y eu mala horn nos engendraron!
A 11 de los 1'ientres que concibieron!
Ay de los senos que amamantaron!»

*

... Y he aquí los astros,-chispas de fraguas
Del viejo Cosmos-que descendían,
Y al apagarse sobre las agua~,
En hiel y absintio las convertían.
Y á loa fantasmas su voz unieron
Los Siete truenos, extremecieron
El infinito y así clamaron:
«¡ Ay de los vientres que coneibiRron!
~.11 de lo.~ senos que amamanta.ron!»
Julio de 1896.
Al!ADO NERVO.

19 JULIO, 1896.

45

EL MUNDO.

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�1n .TULio, 1896.

EL MUNDO.

46

19 Juuo, 189fi.

EL MrTNOO.

Tomado de "El r1dversal" de la c iudad de ~ éxico.

47

&lt;raza ingeniosa.

Purúúmn del Rincón,
Marzo 20 de 1896.
1'm: SYDXEY Ross Co.,
New York.
Muy Señores mios:
Con gusto les suminl!tro á. Vdes.
dos casos que se han curado con sud
Pildoras de Vida del Dr. Rose.
La Seño1·a. Maria Rodriguez de 52
años de edad y de un temperame.'lto
l ,ilioso, padecia un dolor hepático q uo
la ponia de muerte y habiendo ya.
agotado toda la ciencia médica me
resolví á. recetarle las Píldoras dt 1
Dr. Rcss con lo que ha sido curadu.
enteramente y el dolor que ya hacia
mRs de 10 afies padecía.
La Señorita Francisca Hernández
·vino á verme para recetarla pues
. -.
...
sufria una gast:!'itis intestínal acompañade. de neuralgia aguda. Recono- · ·
cida por mi, no solo encontré estas
enferinedades, sino tambien un deo
arreglo en el hígado y le hice tcmar===cc=========-=======--"--==~===~=========-=======;,,:...'===='=============~===a===-'==========="
4 pildoras diaria con las que á la
CRE~IA ROSADA
fecha esta buena y sana por lo quo
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DOCTOR FRANGESDe V des, Afmo y S.S.
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DR. JUAN B. ZAMARRONL
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la otra lQs de la blusa; ésta va ajustada á la cintura por
un gran lazo de raso.
El figurín n? 3 t-s un elegante traje de calle. La falda
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fondo de satín, un coselete bordado con orla de tul.
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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