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                  <text>LA CAJ.ADE AHORROS.

e NECEDADES A GRANEL

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pueden purificar, y_ la sangre constan- a
,_ temente crece en impureza. La mas V
insignificante gota. de sangre del
:w. cuerpo pasa por los rifiones, los tejcdo~•J res
del sistema, cada tres minutos A
noche y dia mientras la vida dura.
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las Píldoras del Dr. Ayer, _para pode_r
iomar una pequefia dosis, á los primeros l'lintonrns ele indigestión, Y
evitar :isi un sinnúmero de enfermedades.
Preparadas por el Dr, J. C. Ayer Y Ca.,
Lowell, 1\fass,, E, U. A,

PRIMER PREMIO EN LAS

E11Josic\ones Uni,ersa\es de Baroelona rChicagq

MEXICO, DOMINGO 18 DE OCTUBRE DE 1896.

La corbeta "Zaragoza" en el Japón.

-

El ahorro es la fortuna del pobre
Y la salvaguardia del rico.

Jaqueca yDesarreglos del Estómago,

TOMOII

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Presidente: Serapión Fernández,
Gerente: Dionisio Montes de Oca.

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sangre ¿ Que es lo que
purifica la sangre?

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del Dr.

e

,_ pone los riiíones en perfoota salud, y 9
la naturaleza hace lo demas.
La. pesadez del abatimiento, los a
,_ ataques biliosos. jaquecas, intra.nqul- W
lidad nerviosa, perdida de apetito, todo
•~• ello causado -por envenenamiento de a
,•.,. la. sangre, dooapareccrú. cuando los ,.-,
riüones llenen sus funciones con pro-

~-

.... piedad.
a
,•- No hay duda alguna acerca de esto. v
Miles .!e personas lo han testiflcttdo,

"' La teoria es evidente. la cura e$ natu- a
ral y la salud es . asegurada. :como 9
natural consecuenc1a.
Convencedse por sí mismo por medio
•~• de una prueva personal.
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••EL MUNDO"
Y DE OTRA.s PUBLICACIONES

EN ACAPULCO.

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•

Ataque simulado
en la bahía de Yokohama.--Cañones de babor y estribor en el momen to deI d'1sp1ro.
.

•

NUMBR016

�18 OCTUBRE, 1896.

EL MUNDO.

238
~~EL MUNDO."
8.IDCA.NARIO ILUSTRADO•

TeJéfo110434,-CaJlede Tibnrtio núm. 20.-Apartado87 b.
MRXIOO.

Toda la corresponden&lt;:ta, debe dirlg!r8e
al Gerente de este perl6dlco.

La euscrición á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mee,
y se cobra por trimestres adelant1&gt;dos.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ;cación,
Todo pago delieser precisamente adelantado.
BBGI.STRADO COMO ABTICULO DE SEGUNDA CLASE.

«Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Cana·
dá The Spanish American Newspaper Gompany, 136 Liberty St. New York, E. U.»

,r.ogrtfüJ .en las i~ta.5 tt~ministrtttiutts.
Una de las caW!ae que más poderosamente han influido
en el desarrollo de los elementos vitales de la Re-pública,
radica ea el progreso operado en el conoci1Diento y apli·
cación de la ciencia administrativa. En otros tiempos, el
gobierno participaba de los vulgares errorPe sostenidos
por una buena parte de la opinión, y eus procedimientos
ee adaptaban á las ideas dominantes en el medioambien·
te. De ahí surgió una multitud de medidas y disposiciones que aparecen en las páginas de nuestra hisc,oria como una serie de vergüenzas nacionales.
¿A qué se debe si no á este fenómeno, la implantación
del sistema prohibicioni8ta, el establecimiento del banco
de avf.o y todos los demás yerros económicos, hechos sancionados y aplaudidos por la mayoría de la nación? Para
romper con el!te pasado, ha sido indispensable un grado
de cultura superior al del crituio general; se ha necesitado, a ocasiones, pasar por encima de este criterio, contrariarlo y reprimirlo, para que no sirviera de obstáculo
á la obra de la consolidación del país.
En la actualidad, á cada crisis que ee produce en nuestro organismo, aparece un saJ,vador de la República con su
proyecto debajo dt-1 brazo, y lo recomienda al gobierno
como único camino de salvación. Si á dar cuenta fuéramos de los proyectos qne se hau exhibido en público con
motivo de la depreciación éle la plata, piedra de toque de
todos nuestros debates, llenaríamos un grueso volumen
y algunos para hacer su crítica.
Afortunadamente la administración no se ha preocupado por este enorme fárrago de disparates que se la ha
mvitado á poner en Qbra, y su superior criterio se ha manifestado en momentos en que todn el mundo parecfa haber perdido la cabeza. Su resistencia es una prueba patente de avance en las ideas.
Y la labor ha sido ruda: una enorme oleada de prejuicios, apoyacilos en el sentimentalismo, en el delirio de
grandezas, en los apasionamientos de la más desenfrenada patriotería, amenazaba ahogar con su~ terribles embatee aún á los espíritus más ilustrados, aun á loa más
firmes cerebro@. Gobernar ha sido para la actual admi·
nieiración resistir: elevar una barrera que interceptara el
paso á esta corriente que antaño arrastraba con su empuje al poder público, obligándolo á someterse á todas
las .torpezas, á todos los desaciertos que han informado
la conciencia popular.
Cada viejo ensayo que se ha intentado por parte del
poder público rara dejat· eatisfecuas las aspiraciones populareP, ha tra1do con1!igo una larga serie de desdichas
nacionales; cuando el enor se deslizaba en el programa
de un ~finistro de Hacienda y pasaba á la categoría de
!ey, ee ~raducía. en un loco despilfarro para hacer surgir
mdustr1as exóticas, para dallar al consumidor cerrando
las P.uertas_ á !a producción extranjera, para intentar un
c~ito art16c1al tratado de crear ágolpes de impuestos....
eimestra comitiva que desfiló por los anales de nuestra
hacienda pública.
Y esta atingencia administrativa es tanto más digna de
atención, cuanto que nos encontramos frente á un desbordamiento de desaciertes emanados de los gobiernos
en los países más civilizados.
.Al rf'.correr la informació~ que revistas y periódicos
ext~nJ~ros ¡:oue á nuestra vista, n.o puede reprimirse un
movimiento de asombro: el sociahsmo de Estado frente
al de las masas, el si&amp;tema protector más exagerado al
lado del comnnismo, loco y disolvente: tal es el programa !Llioptado por las claees superi_ores y trasmitido á los
gobiernos por la fuerza de la presión social.
El progreso en las ideaa administrativas nos ha salvado de caer en los mayores peligros, y de precipitarnos
tal vez en el abismo del des?_&gt;restigio, de la miseria y de
la bancarrota.

QH mil itttrisma !it u-a.
Recientes estadísticas lanzadas á la publicidad han hecho saber el actual efectivo de la fuerza armada de la Rep~bl~ca. A~ciende el total de hombres que forman el
e¡érc1to activo del país, á unos veinte mil en números redondos, y esta cifra·demuestra la exage;ación en que incurren algunos col~gas al aseverar que nos encontramos
en pleno periodo militar.
Si se compara esta cifra de 20 000 hombres con los
~.000, que hace algunos años constituían el ejército Nac1on~l,_ se convendrá en que el viejo mi,itarlsmo se aleja
prec1p1tadamente de nuestra &amp;tructura '30Cial.
Para una población de doce millones de habitantes repartida en una extensión de dos millones de kilómetros
cua~rados, un ejército de 20,000 hombrea no ee puede traducir en un ~leme11to mil_itar ~a-tante vigoroso sobre un
pueblo de origen revolucionario. La proporción resulta

de 0.16 por ciento sobre la poblaeión total, lo que dista
mucho de ofrecer los lineamientos Je un grupo humano
organiz,.do militarmente. El ejército francés ea de 500.000
hombres, y. la proporción de 1.38 por ciento. Es decir,
que mientras que en México hay un soldado por todo
grupo de 600 almas, en Francia hay une por se~nta.
Se nos pondrá como ejemplo los Estados Unidos; pero
en la República del Norte cada ciudadano reprebenta una
unidad cooperati va en la tarea general de garantías socia•
les. En México, la función del ejército ha de ser necesariamente más enérgica y complexa que en la vecina república.
La cuantiosa reducción hecha al ejército, es un síntoma
saludable para nuestro norvenir económico, que ha menester de todas las fuerzas de la nación para operar de
acuerdo en el desarrollo de la riqueza pública. En la Secretaría de Guerra se encuentran vinculados grandes problemas p.&gt;lfticos, sociales y económicos, y la importancia
que este departamento ha tenido en la historia del país
está concretada en la famosa frase de aquel hacendista de
Santa-Ana; «Busco dinero para que mi compañero (el Ministro de la Guerra) lo tire!»
Las circunstanci 1s han variado considerablemente, y ii
la gestión financiera que acusa un excedente eu caja de
seis millones de pesos, responde la decadencia del militarismo con una reducción de 20,000 hombres sobre su
efectivo en no muy lejanos tiempos.

jjjombres µad~Cll!i ¡á btftttberst!
Acaba de producirse un hecho que prueba la necesidad
que tienen de armarse las personas pacíficas de la buena
ciudad de México, si han de transitar por la vía pública.
U11 asalto en unade lasprincipalescallt-e de la población y
á plena luz eléctrica, indica que todo transeunte se en·
cuentra á merced del primer .malhechor osado que sé le
atraviese en su camino.
El reglamento sobre portación de armas no ofrece grandes garantfae, puesto que como sucede generalmente con
disposi.:ione11 anál0gas, el interesado en no observar la
ley es el que se apresura á burlarla. Las personas de carácter trn-nquilo, que no ven la necesidad social de equiparse en la capital de la República como si fuesen á recorrer el interior del A~rica, se atienen al reglamento y
como él signifi~a molestias y pérdida de tiempo, se pasan
sin la pistola.
Sin embargo, escenas callejeras que á cada vuelta de
esquina sorprendemos, demuestran que todavía es conveniente la portación de armas, si no se quiere que los
hombres honrados estén á merced de los criminales. Esto es triste, pero es una verdad y las verdades no están
obligadas á ser alegres.
Es&amp;a necesidad de ir armado es aún más inminente
cuando se trata de acompañar á una sefiora. Así se explica que la primera precaución de todo buen marido que
desea paseará su eeposa, es ponerse un revólver en el
bolsillo. Y de este modo, armado de revólver y de resolución, ya puede salir á la calle un honrado padre de familia.
Ya que nuestro estado social se encuentra tan cerca de
las tribus bárbaras, no hay otra solución sino que los
hombres pacíficos se decidan á perder su dulce carácter
para defender su ~reciosa tranquilidad.

,olítica Qienerttl.
RESUllEN.-Otra vez el viaje del (;zar.-Su paseo triunfal
por la1 capitales europea~.-su inmt&gt;diato resultado.Siempre odios y rivahdades.-Sau Petersburgo por encima de todos.
Ya cruzó por la asombrada Europa el Czar omnipotente; fué levantado sobre el pavés de la admiración en las
capitales, y sahumado con el perfume de la lisonja en los
palacios.
i:,&lt;&gt;s -pueblos se prosternaron á su pa30 y los soberanos
se mchnaron respetuosos á besar la mano consagrada del
autócrata.
Todos veían que llevaba en loo;: opulentog pliegues de
su 0:1anto_ imp~rial, auras de paz y rayos de venganza, y
nadie qmso m remotamente despertar la cólera de su
olímpica grandeza.
Las catedrales Jo recibieron bajo palio como al ungido
del Señor; los ejércitos lo saludaron con la voz atrc,nadora de los cafiones ·y las notas bélicas de sus bandas y fanfarres como al jefe soberano de innúmeras hues~· los
municipios le levantaron arcos triunfales á la entrada de
sus ..bnrgos, como al representante augusto de pueblos y
nac10nes; y los habitantes de las aldtas, villas y ciudades
que hall~ba en su camino, salían á aclamarlo henchidos
de entusiasmo rayano en casi ciega idolatría, como al
monarca más poderoso que sustenta la tierra y que calienta el sol.

*
.
.
**
E n Vtena,
e1 anciano
Emperador,
que ostenta éobre su
cabeza con más 01 gullo la diadema de sus canas veneradas por 1ms amantt:s pueblos que la corona de hierro de
San Es~evan, corteja con paternal cariño al soberano
moscov1~a, comparte con él la sal y el pan de las edades patriarcales, y no pretende lucir las pompas fastuosas
de su material poder.
E~ l.as manifest~ciones austro-húngaras hay franca
cord1ahdad 1 rora avi.a entre las ceremonias cortesanas no
vana ostel!tación ante los I,&gt;Oderosos de la tierra.
'
En Berhn, á la voz del impetuoso joven que lleva sobre sus hombros la inmensa responsabilidad de la unidad
germánica, se puede ob~ervar el contraste que forman
las palabras pacíficas, las frases de miel del Hohenzollern,
con la pompa desplegada por la fuerza militar en las
llanuras de Sifegia.
1:[asta parece que hay cierto dejo de humillación en la
actitud devota q•1e toma el monarca germánico ante el
César de San Petersbuego; pero esta impresión se desvanece al recordar el carácter fogoso y avasallador de Guillermo II, que brill:i ~n toda su _magnífica impetuosidad,
cuando se le ve dmg11· las lllau1o bra:i en los campos de

18

de Breslau, tratando de deslumbrar á su col~ augusto
con la severa actitud de su lujoso y bien disciplinado
ejército, muestra nomás de los potentes recursos militares de la secular .Alemania, siempre dispuesta á embrazar
la adarga, á ceñir el reluciente casco y á empufiar la •
deroea lanza contra los enemigos de rn indestructiri'e
unidad.
En Copenbague, la visita del Czar no tiene significación polltica ninguna, ni hace fruncir el entrecejo á Jos
diplomáticos europeos que pretenden encontrar una amenaza en la mirada indiferente de cada soberano, ó creen
vislumbrar un anuncio de paz en la sonrisa cortés que
cruzó fugaz por sus augustos labios.
Dinaruarca, que en un tiempo pesó en las decicionee de los Estados septentrionales, y dejó oír la voz desus consejos en sus revueltos gabinetes. es ahora sólo abrigo de una dinastía patriarcal, donde el anciano rey Cristián goza dulcemente de la tranquilidad de sus cansados
años.
La presencia de Nic~lás lI_ en el palacio real de los daneses, fué la de un h1¡0 car1fioso que va á recibir en su
corazón la ternura sin recelos de s ...s amantes padree
En la alta Escocia donde reside la soberana del &amp;inoUnido y Emperatriz de.las Indias, fué de muy distinta significacióu la visita de los Emperadores Rusos.
~n el castillo de ~almoral los esp~raba con los refinam1e~~os de la co;te mglesa Y., la cordial acogida de la real
fam1ha, la sagacidad y astucia de Lord Salisbury aprovechando la bella oportunidad que se le pl'f'sentab~ para
tratar de las añejus odios y viejas rivalidades qu~ por
tanto t\e1:11po ban dividido á l!JB dos impei:ios que aspiran
al domm10 absoluto, en los dilatados terntorios del Asia
legendaria.
La muerte inesperada del príncipe de Lobanoff Rostows- '
ky, enemigo tradicional del nombre inglés y de su preponderancia colonial, dió á esta entrevista mayor interés
dejando al joven Czar en poder de la experimentada di:
plomacia de los estadistas británicos.
Por fin, lleg6 el Autócrata de todas las Rusias á las hos•
pitalarias playas de la República Francesa.
Sin lns pompas y fastuosidades de las cortes europeas
ein las etiquetas á que se sujetan voluntariamente loa 80:
beranos de la tierra, el gobierno y el pueblo de la tercera.
república se han excedido en sus protestas de adheeión
á su poderoso aliado, y han manifestado que apesar de
sus leyes y sus hábitos democráticos, que h,m debido adqu!rir en veinticinco años de ejercicio republicano, no
de¡an todavía de prosternarse ante lo que brilla y resplandece, y si no toleran en su constitución el título de rey ó
emperador, palpita en su conciencia el recuerdo de sus
pasadas grandezas monárq11icas, y se estremecen mal des11
grado con la gloria del Rey-Sol y con la leyenda áel caudillo de Ajaccio.

.

Nuestra próxima novela:
Desde el próximo número de nuestro semanario empezaremos á publicar una primorosa novela de Jorge Ohnet, el célebre autor
del Maestro de Forjas, cuyas producciones
son tan buscadas en México.
Lleva por título Las Batallas de la vida.
-La Inútil Riqueza, y une á. su interés palpitante la magia de un estilo verdaderamente cautivador.
Irá ilustrada con bonitos grabados.
Creemos que nuestros lectores ratificarán
con su aprobación la elección que hemos hecho.

Otro pago de $1,000.00, de "La Mutua"'
ENMEXtC&lt;&gt;.

Tenancingo, Octubre 5 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de 11LaMútua» en la República Mexicana.-México.
Muy señor mío:
Hoy me ha sido pagada por el Sr. Miguel Izquierdo
banquero .de "~ª .Mutua» en esta población, en prtsenci~
del Notano Publico Sr. Carlos G. Durán la cantidad de
$1,000.00 [un mil pesos plata mexicana); por cuya snm~
estuvo asegurada la señ.ora mi madre Modesta Nava.
Sírvase Ud. aceptar mi gratitud por la eficacia con que
ordenó se procediera al pago del mencionado importe
evitándome toda mole~tia.
'
De Ud. :.fmo y f , S.-Y1cum;: I'í z.

1896,

23S

EL MUNDO.

China, empero, se adurmió en medio de los tiempog
con su eueñ.o hierático Para librarse de todo comercio
con los bá1 baros, tendió su inmenea muralla· para esquivar todo comercio con los civilizados, cerró 'sus puertos.
Fué en vano q_ue Europa le pregnntara los secretos de
aqu_ella vieja civilización estancada que tenía tantas ma•
rav1llas; fué en vaoo que los hombres blancos le tendié- BE!n su.~a.no ......... deseando que participase en la comumón etv1hzadora de los pueblos.
El Mundo amarillo continuó siendo un mundo oculto,
un mundo invisible, viviendo para la tierra madre y para las teogonías extrañas.
El Japon, en cambio, se abrió á la vida del pr:&gt;greso,
como una gran cfisantema al sol. A sus puertos entraron
las extranjeras naves y él las construyó mejores; surcó
sus call!pos la locomotora y el la utilizó; comprendiendo
el formidable pode? de los ejercitos nuevos, llamó al seno
de los suyos que aun conservaban las tradiciones del daiD?io belicoso, oficiales europeos que les enseñasen la tact1ca. 9reo una armada, y luego, formidable ya merced
al maridaje de la civilización antigua con la nueva, despertó de su sueño al gran coloso su companero y lo sacul
dió bruscamente con el febril sacudimiento de una guerra
fatal.
EL "ZARAGOZA." EN EL JAPON.
La l~ción para China fué tremenda y la aprovechará
necesariamente en el porvenir.
Un hermoso viaje por el país de las crisantemas.
El Japon, triunfador entre tanto, se expande maravilloso 1:11ostrando á los ojos asombrados de los viajeros, la
. El «Zara_gozan ha sido el hermoso judío errante de la Ma- más pm~resca y heterogénea muestra de antigüedad y de
!ma. mexicana. En su_ sangre de brea parece llevar ese modernismo.
El Fushiyama que yergue su testa perpetuamente
rn~trnto de errar de éhma en clima, de que habla Díaz
Muón. Ha smcado su leve quilla el tumultuoso Atlánti- Uanca en medio de un cielo primaveral contempla
co reposándose ma~ea!llente en las risueñas bahías espa- mas allá del simétrico campo de arroz, la loc~motora neilolas, francesas é 1t~h_anas; ha errado por las inmensas gra que horada los montes, y no léjos de ella el djin '( tia~uas del P¡¡.cffico, v1s1tando ese gran litoral que se ex- rador de carros)que arrastra su minúsculo coche á través
tiende desde las heladas aguas del mar de Behring hasta de la llanura; cerca del dios terrible y macabro, de oios
!as tórridas playas de la Tierra:del Fmgo; y hoy surca ma- de llamas, la estatua europea muestra sus desnude~es
Jestu?ªº l~s pérfidos mares del Japón, ha contemplado castas y no muy apartada del templo antiguo, prodigio
l~e meves rnmaculad~R del Fushiyama, y se ha estreme- de laca y oro, yérguese el edificio americano hecho de
ladrillo, al cual llega vomitando vapor negruzco la lococido al contac~o del tifón poderoso y formidable.
motora)
O~ seguro mngur,a playa. entTevista así al chnor del
Extrafio país de los contrastes á cuyas playas lleTÓ la
l'OI ignívomo como t, a_s el v~drio opaco de la neblina, ha•
b~á. despert~do en las JU vemles fantasías de nuestros sim- corbeta Zaragoza un eco de nueetra civilización amerip_at1cos marrn~P la sensación exótica, la sensación miste- cana!
riosa que las ribera~ de ese imperio extraño producen An
***
loe temperamentos rngenuos y amantes de lo maravilloso.
. Los numerosos grabados que publicamos como ilustra¡El Jap6n! Qué poeta, qué artista, qué joven en fin no ción de estas notas, eetán precedidos de dos principales
ha sonado en ese inmenso reino donde el loto'abre bÍan- tomados de la Corbeta y que representan un ataque en
damen~ su nectario azul, donde el bambú esbelto se plena mar. El primer Teniente don Francisco Ochoa es
columpia ~l beso de una aurea tibia, donde la crisante- el que dirige la carga de los dos cañones, que se pueden
ll_la heráldica se expande pomposa, mostrando su impe- ver perfectamente en la fotografía, con todos sus detalles.
rial cabellera de oro y la garza real abre .eua alas níveas Ambas foto¡?rafías fueron tomadas por el Comandante de
sobre Ja tersa superficie de las lacas!
la Corbeta. Sr. Ortíz Monasterio. El ataque fué simulado

***

Dos cosas han resultado de la gira de los Czares, á través
de loe capitales de Europa, que á nadie extrañarán: La.
sumisión respetuosa con que las potencias contemplan todas al soberano moscovita, en quien miran al árbitro de
sus deetinoe, en el período actual· de sus luchas ocultas
y manifiestas rivalidades, y el odio tradicional que aparta y aleja á Francia y .Alemania.
En vano han pretendido encubrirlo bajo las fórmulas de
la etiqueta cortesana. Las maniobras de Breslau se contestan con la gran parada en los Campos de Chalons. A
los agasajos de Berlín responden con energia las ruidosas y nunca vistas manifestaciones de Paría.
¿Con qué objeto? Francia para publicar á son de trompetas la firmeza de una alianza en que apoya las aspiraciones. de su revancha; Alemania para concitarse un apoyo
de mcalculable precio para rechazar extrafias ambiciones
que rompan su unidad.
Lo demás que hayan tratado los políticos, aun queda
cnbierto por el Eigilo de los manejos diplomáticos. Ya lo
sabremos.
X.X.X.
14 de Octubre de 1896.

ÜCTUBRE,

Núm. 10.-Damas japonesas paseando en Yiuiriquiclía
{carruajes pequeños) tirado11 por djins [corredores}.
Nos prometemos dar á nnestros lectores una página
más relativa al Japón y á China, pues es fácil que se nos
envíen algunas fotografías tomadas d~ los pnertos á que
toque el «Zaragoza," al cual podremos seguir deestasuerte en su hermosa peregrinaci.&gt;n por los grandes imperios
desconocidos.
ROBERTO PERALTA.

EL ARTE DE I~GERTAR.

He aqut una de las operaciones más importantes de arboricultura y al propio tiempo las más agradable, la más
entrttenida y en la que mayores satisfacciones experimenta todo aquel que se dedique al cuidado y cultivo de
los árboles. Por medio del inge1 to se propagan las lime·
nas especies y variedades de frutos que no pueden trans•
mitirst de modo alguno por la siembras, ee acelera de
algunos años la fructificación r se mejora la calidad de
otros mucho~, cnyos árboles había necesidad de arrancar
y destinar al fuego. Por ello llamamos muy en particular
la atención de los aficionados sobre esta operación. Un
árbol de mala calidad, viejo y mal conformado, ocupa el
mismo e@pacio de tierra que uno bueno, y por tavto,
aconsejamos al propietario que posea semejante árbolee,·
que no vacile en sacrificarlos y reemplazarlos con ot-ros
que reunan buenas condiciones, y cuyos ingertos procedan de especies y variedades escogidas ; delicadas. .No
hay duda que estos árboles, ya formados, puedén ingertarse y modificar de este modo sus malas cualidades, pero
para esto habría necesidad de desmocharlos, y colocar el
mgerto en las cruces ó en las nuevas ramas que broten, y
aunque testo adelantará la fructificación, ofrece no obstante algunos inconvenientes de que hablaremos lueg.., y
por Jo cual, salvo algunos y determinados casos, conven·
drá, como hemos dicho, su reemplazo. Para que el lnger·
to s~a -seguro y duradero, es indispensable que entre ambos individuos haya cierta analogía ó afinidad, sin lo cual
dificilmente ee consigue el buen éxito de la operación.
Debemos, en primer Jugar, atender á la analogía de familia, que es cuando, tanto el patrón como el ingt1to·
pertenecen á variedades de uua misma especie, como por
ejemplo, el de manzano sobre manzano, peral sobre peral;
á las especies de un mimo género como el de peral sobre
membrillo, y finalmente ambos individuos cuando son de
género diferente, como sucede en el ingerto de círculo so-•
bre almendro.
Siempre que atendamos esta analogía de familia, podemos tener la completa seguridad de que prenderán los
ing_ertoe, sobrd todo si pam poner estos eecogemos en la
almáciga patrones proctdentes de la misma especie obte-

•

2

3

4

¡Quién no ha s~ñado en esas mujeres peqneflas amar:6.ladas con el _matiz de los marfiles viejos de ojo~ del almendra, sonr1e~tes, de bocas ~in~sculas rojas, de cabellera. negra y brillante, de mov1m1entos gráciles de gata
vestidas ya con la muceta hierática ornada de blasonee'
ya con 1~ le e túnica de seda, crujiente......
'
Mara_v1lloso pa~s en que la primavera se aduerme en·
tre. lo~ Juncos olv1dánd0Ee de que le toca ceder su puesto
8 \ mviernol Felices marinos los que han recreado sus
h¡os en tu co_ntemplación; ellos volverán á los amantes
m~x1canos, con el ánfora de los recuero.os bene . de 1m~enes y la volcarán, al casto amparo del
car1fio, en el }'lllCÓn más risueño de la casa, en tanto que
la mad_re anc1an~ y las hermanas cautivadas escuchan la
narración sugestiva y misteriosa!

en Yokohama, donde se encontraba á últimas fechas el
buque-escuela, que en muchos días no pudo continuar su
march~ debido á los fnriosos tifones que en los mares de
la China y del Japón se desatan muy frecuentemente
aplazándola para mediados de este mes en que los tempo'rales son más benignos.
Para mayor segnridad en la navegación, el Sr. Ortíz
Monarterio soHcitó del Gobierno y le fué concedido, poner al buqne dos quillas de balance, operación que se lle•
vará á cabo en los Arsenales de Yocoska ó Nagasaki, y
merced á la cual nuestra Corbeta quedará en maaníficas
0
condiciones para resistir el temporal.
El resto de los graba'1.os que publicamos, forma una colección completa de tipos y paisajes japoneses con la cual
juzgamos hacer un valiosísimo regalo á los enamorados
de ese lejano país que ha inspirado á tantos poetas.
He aquí la explicación por orden progresivo de esas
hermosas fotografías, que además del mérito de su naturalidad, tienen el de ser del todo recientes, pues futron
enviadas á fines de Septiembre último:
Núm. 1-Sarasawa at Nara.-Una quinta de los alrre·
dedores.
Núm. 2.-Vendedor de frutas y legumbre!!.
Núm. 3.-Grupo de jóvenes japone~as en uno de sus
bailes favoritos.
Nú.m. 4.-J6venes japonesas fabricando sombrillas,
abamcoe, etc.
Núm. 5.-Junco japones (barca pequeña ), en uno de
los lagos cercanos al Fuehiyama {hermosa montaña del
Japón).
Núm. 6.-Vista general de Yokohama, con la rada á
lo léjos.
. N~m. 7.-Dama japonesa limpiando las plantas de s11
¡ardrn.
Núm. 8.-Una artista del país de las Crisantemas.
Núm. 9.-Mujeres en la actitud de la p legaria.

nidos. de semilla, á la cual @e da el nombre de ingerto sob!e pié franco. ~n segundo lugar debemos atender también á la !lnalogía que ha de existir entre la savia del ingerto Y l!L del patrón, pues si son de diferentes natura,ezas,
por e¡emplo, más ó meuos fluida en uno que otro, en vano
se ~speraráque prendaaqoel. La época del movimiento dé
~av1a ee otra de las cosas á que debe atenderse pues si el
mgerto lo verifica ~nticipadamente al patrón,'no encc,ntrando en éste med10s de recuperar la sustancia que pin.
de en el d~sar!ollo de :iu~ yemas, morirá extenuado; por
el contrario! e1 el mov1m1en_to de la s'.'v.ia del patrón precede al del rngerto, no pudiendo rec1b1r estos los jugos
de aquel, se producen extravas~ciones y derrames en el
punto de umón de ambos, ocas10nando la muerte del ingerto y aún la del patrón. Esto suele suceder muchas ve-

y

:es

***

El Japón .Y la 9hina son dos colosos que cuentan su
edad por m1lenar1os.
Cuando en los fértiles campos de la Europa el lacus•
tre (hombre de los lagos) soñaba en su acuáti¿a cabafia
~¡° pim~s pescas, contemplando las azules ondas, cuan? drmda levantaba SUB h1mnos á su divinidad apenas
vis umb~da, en el fon~o de sus sagrados bosques, al pie
fe !as enemas centenarias; cuando los obeliscos rudimenarios era!! la sola arquitectura que se erguía en los camdbér;imos del _viejo continente y la gruta artificial het 1'b e gigantes la¡as el eolo reducto protector contra las
/ Ud nómadas. que detestaban la prfetina vida social•
sl:n ese.cont,rnente que hoy_ llamamos «viejo," dormí~
c presentir _la_s futuras maravillas de sus ciudades gótias, Y el vert1gmoso movimiento de sus ciudades moder~!!t:b1Japón Y la China, inmensamente civilizados, lede
Y~ templos de laca ó porcelana, «con pesadillas
da or?,» or¡aban armaduras para sus guerreros tejían se·
di~~~~as para sus castellanru¡, y creaban una fil~sofía pro." . Y planteaban los grandes fundamentos de sus
c1euc1ae.

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5

�J8 ÜCTUBR.E, 1896,

EL l\roNDO.

240

·-

•

6

ces cuando los ingertos ee traen de fuera y proceden de
árboles criados en puntos cuya temperatura difiere de la
de aquel en qne se halla la almáciga. La mayor ó menor
consistencia de, las maderas puede ser igualmente motivo
de que los ingertos no prendan, pues una madera espon•
josa y blanda no puede fOl"mar r.unca buena unión con
otra de fibra dura y compacta. Finalmente, debe procurarse tambi6n el no ingertar de ningun modo árbol de mucho cuerpo en otro de menw tamafto, pues la savia, acu·
mulándoRe en e~te punto, forma un grueso reborde que
afea mucho el árbol y concluye ca,;i siempre por hacerle
perecer en muy corto tiempo.

}{ipnolismo (I asero.
Nada; para curar ciert.as enfermedades no hay procedimiento mejor que el hipnotiemo. Sugestiona usted al
paciente, y al rato, tan bueno y sano como ei en su vida
hubiera padecido achaque alguno.
·
Qué agradabl.i procedimiento Se dnerme un poco y al
despertar, el tu,uor que le inflamaua medio testuz, no
existe, ni padece uno los retortijones vigentes después
de cada al11nento.
El hipnotismo cura con una facilidad aso:-:&gt;brosa. Sólo
exige un poquitfn de fe; lo dea:iás viene por sus pasos
contados.
Yo que no creo ni en la eficacia de los· planes del Sr.
Terrazas, rt1ltirad08 cmttrn {I ?I e11 Bit ¡,rupio cmnpo, creo en
el hi¡:motismo sobre todas las medicinas. ~!e gusta, sí
sef\or, me gusta, porque el sistema divierte al a,idilorio y
sana completamente. Por mí, el primer hipnotizador ya
tendríasu e~tatua_ respectiva ~n el PaReo de la Reforma.
Pero no me agrada el hipnotismo cuando se in,niscuye
en la vida rrivada de las familias. Atenta contra los se•
cretos encerrados en las tiernas almas de las dol!Ct-cllas 6
profana el sagrado de las conciencias re9petables.
Porque, eso sí, con el hipnotismo no hay eeguridid
posible: Ya ninguna joven puede amar en silencio, ni
existe hombre público que no esté condenado 6 revelar
loe secretos de sus planes al pr imer doctor que se Je ponga delante y le haga cuatro morisquetas.
Se p lanta u no enfrente del Sr. Cahuantzi, Gobernador
de Tlaxcala, y con el debido respeto, como quien le da
rociaditae en el rostro, lo adormece.
-Di~a usted, C. Gobernador, ¿porqué lloró usted en
preaene1a de la tumba del Sr. Obispo \'argas?
-Yo soy así, muy eensible. No puedo ver una desgra·
cia, sin que las tenazas del dolor ya estén mordiendo mis
entrafias.
-¿Persi@te usted en la idea.de que hizo bien en dar el
pésame al prelado de Querétaro?
-¡No he de persistir! Y pieneo en que anduve corto,
pues debí de enviárselo no sólo en nombre del Estado,
que regem,o, sino en el de toda la República que me pertenece en calidad de ciudadano.
-Pronuncie usted un discurso.
El Sr. Cahuantzi se desata en frasea más ó menos elegantes, alabando las excelencias del pulque como vino
regenerador, tónico y digestivo.
El Sr. Terrazas ya referido, aunque lo desee, no podrá
permanecer más callado que un sepulcro. Con pasarle
tres veces consecutivas la mano ante las narices y darle
dos 6 tre..q capirotazos, ¡á roncar ee ha dicho!
EntonceP descubrid su pecho delante de la gente 7 veremos por qué, anos ha, no le simpatizan loa arzobispos

de México, cuál es su programa revolucionario para de·
rrocar todos los órdenes constituidos, qué piensa de los
versos que escribió en su infancia, y qué opinión se ha
formado del gobierno de Zúftiga y Miranda.
En el hogar doméstico, el hipnotismo produce estrag01'. Quien más, quien menos, se considera poseedor de
facultades s¡¡gesti\'as y las ensaya en los miembros de su
familia.
-Yen acá, Honorata. Siéntate, te voy á magnetizar.
-Pero, Rudecindo, siuo tengo ganas ........ .
-Mujer, haz lo que te mando.
La infeliz consorte se entrega en brazos de la descon·
fianza y se permanece sentada dos ó tres horas en una si·
!la baja, mientras su esposo le da cachetadas cariñosas y
le tira de las orejas con amabilidad. A fin la pobrecita
se duerme de cansancio.
-¡Gracias á Dios! exclama regocijado Rudecindo. Aho·
raes la mía.
-Contesta, Horonata. ¿Crees firmemente en la infalibilidad de la manteca norte-americana?
Un ronquido profundo responde á la pregunta.
-Dice que sí.
Para continuar en sus experimentos, el cónyuge su·
pé.rstite, coge una palangana y aproximándola á la dur•
miente, Je ordena:
-Afirma que esta palangana es una chambra.
No suena el ronquido.
-\'amos mujer. Dí lo que te mando.
Ni una sena.
-¡Caramba! No estoy jugando. Obedece, en nombre
de la ciencia.
• Nada. Entonces el marido ultrajado coge y leaio~a á
su esposa con el borde de la palangana. La otra despierta, manando sangre de la sien, ae convence de que ha sido
ofendida gravemente, prorrumpe en quejas c:nmovedo:-as.
Para las jóvenes consagradas al amor platónico, en sus
diversas manifestaciones, el hipnotismo encierra los tes·
timonios irrecusables de que han inspirado paúones vehementes en los corazones virginales.
-Celedonita, concédeme un favor.
-¿Cuál, Canseco?
-üeja•que yo te hipnotice.
-¡No en mis días'
-Luego no me amas.
-Muchísimo; pero no confío en esa asignatura de tu
sabP.r humano.

8

- Descuida. Ayer hipnoticé á la criada de un vecino
y =a estuve interrogando minuciosamente acerca dei amor
que me profesas.
- ¿Y qué te rrespondió?
-Que no me idolatras debidamente. Eso es lo que yo
quiero comprobar, con mis propios experimentos.
-Canseco, yo dudo de que me vuelvas al WlO y ejer·
cicio de mis facultades.
-¡Te Jo juro!
A. la brevedad posible, la nií'la cierra los ojos y el novio principia el cuestionario:
-Celedonita ¿me amas?
-Como una oárbara.
• - ¿)le amarás siempre?
-Hasta después de rni fallecimiento.
-¿Nunca has amado á nadie?
-A tí sólo.
-¿Qué feliz soy! dice muy gozoso el joven.
-Regálame, pasado maf\ana, con ese ricito que te queda inmediatamente detrás de la oreja izquierda.
La niña abre los ojos:
-Basta, Cans&amp;eo. Ya te dije todo lo que deseabas saber. Toma el rizo.
Y la nifla casi se dejó calva de la derecha, y el joven se
da vor satil!fecho, con aquellas pruebas irrebatibles.
S1 yo tuviera cualidades para ejercer el hipnotismo
¿qué pien~an ustedes que· averiguaría? Sencillamente:
-¿He de asistir, alguna vez, á la repret1entación de Los

1 ~ ÜCTlIBRE, 1896.

- .-----·

•

EL MUNOO.

Lra '.'e!ada en honor del ~r. lsic. ~- ~anuel Romero Rubio.

o
LOS ANI.MAL ES
QUE

xo DEBE~ SER DESTRt:rnos.

El Sdenti.fa' A meric1 zn publica en su último número, un
apunte muy curioso acerca de los animales que el hombre
debe respetar. Hay, ciertamente, necesidad de insistir
mucho en la \'ulgarización de estas importantes ad versen
cías, porque el gusto bárbaro de perseguirá los animalee
útiles, está muy lejos de ser raro. La mayoría de las vecee
gustan los campesinós de combatir pájarosó insectos que
son auxiliares eficaces de lo que ee pudiera llamar lapo•
licfa agrícola, ósea el arte de combatirá 1-&gt;S enemigoe .lel
hombre, y de muchos de los productos más preciadoe de
la tierra.
¿Por qué-pregunta el Sdmtijk Amerie&lt;m-matar Ju
arañas que destruyen los moscas que nos importunan?
¿Por qué aplaetar con el pie e,e bonito grillo ó cárabo
dorado que en nuestros jardines hace la guerra á las orugas y á las babosas que se come?
¿Por qué matará la culebra sin ponzolla que vive de
topos y de ratones?
¿Acaso ha mordido jamás á penaona alguna?
¿Por qué déstruir al cognito inofonsivo, cuyo alimenM&gt;
predilecto es la oruga, á la que no podemos tocar sin in•
convenientes?
¿Por qué atacar á la alondra, enemiga de las cucarachu
y de las avispas?
¿Por qué hacer, sin discernimiento de los casos en que
convienti, una guerra incesante á los gorriones, que e6lo
se comen algunos granos, á falta de insectos, y que ex•
terminan á los insectos perjudiciales á las aemil;as?
¿Por qué gabtar nuestra pólvora contra los tordos, que
pasan su vida comiendo larvas y hasta espulgando ,
nuestro ganado en las praderas?
¿Por oué eee odio contra el eapo, enemigo acérrimo de
las babosas, caracolea y hormigas?
.
¿Por qué matar al murciélago que hace á las maripoea1
nocturnas y á los escnr¡i.b11jos la misma guerr¡¡ que lae go•
londrmas á loe moscardones?
¿Por qué perseguir á la musaraña, modelo feísimo, pero modelo al cabo, de animal útil, puesto q ue t iene una
maestría incomparable para la destrucción de las lom•
brices?
¿Por qué decir que la lechuza se come á los poyos¡ p&amp;•
lomas, puesto que nada de eso es verdad? ¿Por qu ciea•
trairla cuando hace el trabajo de seis ú ocho gatoe, comiéndose al afio más de seis mil ratones?
¿Por qué empeñarse en considerará la tie~ra como~blada por enemigos del hombre y de sus obras, cuando
los auxiliares gratuitos y más diligentes se eucuen\ran en
mayoría?
Sirvan, pues, las preguntas anteriores como de recorda·
torio para la prudencia valgar, que, aunque no ignoran'8
de esos principios, suele olvidarlos con la mayor faci·
lidad.
.
Y tanta más razón hay para insisdr en proctamarloe,
cuanto que en nada se oponen esas i nstruccionea &amp;'fasme•
didas de aseo que en toda caSil. habitable deben por necesidad t1~r adoptadas, puesto qne nadie á de entender
que á causa de ser útiles las araftas debemos coneen\inn
propag9:ción en los sitios que más deben_r~epla~decer por
su hmp1eza. En esto, como en todo, !as 1mcíat1vaa deben
eer discretas, oportunas y tan moderadas como es india·
pensable para que, en nombre de la utilidad agrícola, por
eje1nplo, no deeaparezcan los límites de la comodidad casera.

dious del Olimpo?

Si me contestan afirmativamente, cojo y me Mpnotizo
para toda la vida.

P. EscALA?\"TE PAL:IIA.

El arte es convención, particularmente la pintura.
SAI~"TE Bi;:i:;v:s:.

.

El matrimonio es como la vida: no pued~ dar más de
lo que contiene.

i

¡Tantos nii'ios bonitos y tan pocos jóvenes hermo9os!
¡Tantas flure::1 y tan pocos frutos!.
M.\t&gt;. DE G1a.u:mr.

..
[10

ASPECTO DEL TEATRO DURANTE LA CERE!IONIA.
[Dibujo dcJ. 11. Vlllaaana.]

241

�EL MUNDO.

242

Las matanzas en Constantinopla.
Fresca aún la sangre de las víctimas que en horribles
hecatombes ha derramado la barbarie turca; palpitantes
todavía los miembros destrozados de loe infelices armenios que han perecido al filo de la espada musulmana, lo
mismo en las ciudades principales del Asia Menor, que
en las calles y plazas de la imperial Bizancio; cuando la
Europa cristiana y todo el mundo civilizado apenas sa•
lían de su asombro, al ver que no había una mano bastante poderosa para sofocar tantos desmanes, ni concierto
debido entre las potencias para poner un dique á ese torrente devastador de atrocidades: la tarea infame comienza de nuevo; el kurdo agita su yatagán de muerte;
el mueeín desde lo alto de la mezquita llama á los ere·
yentes y convoca á los impíos para que sacien su sed de
lobos carniceros en la indefensa grey cristiana; el genízaro aznza á las turbas desenfrenadas para que satisfagan
sus odios trad.cionales en los míseros armenios, cuyo
único delito es adorar á ot10 Dios en sus altares y tener otra creencia en sus corazones; se oye la trompeta fa.
tídica que congrega á los desalmados; vientos de matanza
y de desolación soplan con tremendo empuje; el ángel
exterminador fulmina su flamígera espada ...... y por encima de este cuadro dantesco de horror y de apocalíptico
estremecimiento, el Sultán de los Creyentes, la Sombra
de Dios sobre la tierra, el pérfido y cruel Abdul-Hamid,
sonríe con satánica sonrisa, se huelga con infernal satisfacción, viendo que oadie se atreve á encadenar sus furias, y se regocija al saher que los Estados cristianos,
apartados por secretos odios y manifiestas rivalidades, no
pueden comprometerse mutuamente para hacer cesar
eB/lB escenas de exterminio.

*

* * de Constantinopla y al esEl asalto al Banco Otomano
tablecimiento del «Crédit Lyonnais,» que hoy todos consideran como una infame maquinación del mismo Sultán,
para justificar de algún modo en su obscura conciencia el
horror de sus siniestros designios, fué la señal lanzada
para emprender las nuevas persecuciones, para ensangrentar las calles y estremecer al mundo, con el espectáculo siempre antiguo y Eiempre nuevo de la barbarie
musulmana.
Ante la señal de la matanza, nada han respetado esos
tigres feroces, esas hienas cuyos instintos se despiertan
al olor nauseabundo de la sangre.
El anciano vacilante que débil y escasa resistencia podría ofrecerá los sicarios de la tiranía; la inerme mujer
que eólo llegaría á oponer su corazón sensible á los golpee
de los verd11gos; el niño inocente que en vano daría al
aire los lastimeros lamentos de s::i pecho...... todos han
caído, todos han sido segados por la misma implacable
cuchilla que cercenaba las cabezas del fuerte joven y del
robusto mancebo, que luchaban desesperadoe, no tanto
por obtener la libertad política que ambicionan, y la lib'!rlad de conciencia que de derecho les corre~ponde, y
la libertad individual que por ley de la naturaleza deben
disfrutar, sino para salvar á sus hijos, á sus padres, á sus
esposas, de caer en poder de aquellos abortos del averno,
que en figura humana cumplían los mandatos diabólicos
de su señor, deshonrando, no á Europa, no al mundo civilizado, al universo entero.

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18 Ocrus&amp;~, t ',) !.

Dar á nuestros lectores
idea gráfica de esas escenas
crueles y rnlvajes, que nnPs•
tro corazón rJJ¡,1 gna, poseído
de santa indignación; ofre•
cer la represe11tacióu co11 el
lápiz,deesos espectáculoe qui!
apenas comprendemos nosotros los que tuvimos la dicha
de nacer bajo el hermo~o
cielo de la librP tierra americana, es el c,bjeto que nos
proponemos, al pnblicar t-11
este número de 11uest10 Femanario y en pn-forente lugar, tres grabados que se refieren á las matanzas de Com;tantinopla, y á los cruentos
horrores con que ha eetremecido al mundo la barbarie
de un monarca, indiguo de
ocupar un trono europeo, y
la culpable complacencia de
los Estados crístianosqne no
acuden presnrosos á borrar
de una vez del mapaeea mancha de baldón que enluta su
decantada cultura.
Un grabado representa una
de las más eangrientas ebcenas en uno de los cuartele!!
de la ciudad del Bósforo;
otro es como una nota altgrn
en medio de tanto exteru1inio y desolación; dibuja un
grupo de abnfgados miern• bros de Ja «Cruz Roja,» qut&gt; a
rieego de encender ·más la
sei de aquellos chacales, conducen en fúnebre cortt'jo á
las víctimas de los aseEi uos,
para darles cristiana sepultura; y el último, por fin, se
refiere á una débil resistencia ofrecida por unos cuantos soldados qutl aun no olvidan los fueros de la hmnanidad, para oponerse al desembarco de una partida de kurdos que trataban de emprender su inicua tarea en población cercana á Constanti·
nopJa.

18 ÜCTUilRE, 1896,

243

EL MU.N"DO.

~iaje de J\Jicolás 11 á través de las cortes europeas.

*w*

Cuando llegue el esperado
acuerdo de las potenciaP y
.
el Emperador de Rusia, que
Entrevista del Czar y la Reina Victoria.
es en la actualidad árbitro supremo de los dPstinoR de
Zarpado antes de !ns dil!z de la mañana del 22 de SepEuropa, se decida á sofocar tanta infamill nos habremos tiembre último el yacht impnial ruso Stm,dart, llegaron
libertado de la pesadumbre a'Jrurnadora del Sultán y su ií Leith á bnena hora S11s J\'foj,·etadeP, procedentl's decaduco imperio.
X. X. X.
Copenhagne. Pocos mom,mtos antes, el Príncipe de Gales
acompafiado d.-1 Duque dP Counnught, Lord Rosebery y
el Embajador ru~o, se embarcaron en el Tantall6n Cattle
Et viaje del Czar Nicolás
para irá eni,ontrar á los h11tlspedes de la Reina. Despor la8
pués los czares p::;saro11 al T«ntal/6n, que los condujo á
cortes europeas.
Conforme á nuestro pro- la bahía d.- Lt-ith, de donde partieron al castillo de Valmo-•
pósito, continuamos dando ral. La entrPvista del Czar y la R~ína Pn esta espléndida
cuenta á nuestros lectoroe, residencia, fué cererr:oniosa y rodPada de esa sencilla
de esa pomposa peregrina- pompa que está más en la:, actitttdes y elegancia ingénición del autócrata ruso á tra- tas, que en la opulencia de los adornos.
vés de las grandes naciones
del viejo co11tinente. No le
seguireruos tan de cerca co#'
~
mo nuestro compañero El
.'!fundo diario, que publica al
día los cablf'gramae Je su
servicio especial, porque á
nosotros nos toca ilustrar los
'
sucesos; m,\s tampoco le seguiremos tan de lejos que
nuestras notas resulten inoportunas.
Hoy nos competP hablar
de la entrevi~ta dt:I Emperador con la Reina Yictoria; y
en uno de umstros próximos
números daremnR c11Pnta de
su triunfal llfgada á París.
Con todas hts ceremonias
de Ja adusta Ptiqut&gt;ta inglesa, fueron rncibidos en EijCO·
cia, en el castillo de Valmoral, por la Reina VictoJÍa, el
Emperador v la Emperatriz
de Rusia. AÍrn cuando eu visita á la ilustre sobnana de
la Gran :Bretaña y de las Indias podía considtrarse como privada y pPr ende con
el carácter de u na entrevista
familiar más bien que una
visita oficial, la coincidencia
de ella CC'n uno de :os momentos más críticos de lapo- Luls Pérez Figueroa. Manuel Gonzalez. Porfl rio Diaz. Feli:x. Dlaz.
lítica europea. la ansiedaa
mal disimuladll con que loa
El aniv,.r~ario ,1.- huy.- Los héro~s d11 La Carbonera.
ministros ingleses ~ratan de
sorprender en la faz del joHor hace treir ta nñofl quP los soldados de la patria
ven autócrata sus intentos acaudillado~ µnr ti Genl'nil l)iaz, se cubrieron tle gloria
acerca de loa numerosos pro- Pn La c~_rbonera. Con este motivo y á título de curioeiblemas que preocupan al Vie- da~ publicamos un grupo q11e representa al General Disr.
jo Continente, y por último
y a trefl de suP compsñ1&gt;ro~ en la heroica acción towaclo
la importancia trascendenta: de n 11a fotografía de la ép,,ca.
'
!!sima que se ha dado al viaQué inmens9 intnvalo de entonces á hoy, colmado to•
je del Czar, rod~(i el sueeso do por la gloria del qne hace trei'lta aüos empuiiaba Ja
de un inte1és ca~i internacio- espada e_n defensa de h patria y hoy ru;a la nave del es,
Caatlllo de Balmorar. -Eacocla.
nal.
tado hacia una prosperidld defininitiva!

t

'f

----

$1 &lt;rzar, la &lt;lzarina t' su hija, la gran auquesa Olga.
De

la

última

fotografía

tomada

en San

[Grabado en los talleres de «EL MUNDO.]

Petersburgo.

�ELMUNDO.

244

18

OCTUBRE,

1896.
18

O CTUBRE,

1896.

EL MUNDO.

245

LA CRISIS EN TURQUfA

•

LA CRISl.S EN TURQUIA..-La

Sociedad turca de la Cruz Roja, retirando loa caJáverea deapuCs de la matanza.

•
Fuad Paaha repeliendo 1,1na banda de kur. que Intenta desembarcar en Kad l -.Kiol, frente il Constantinopla .

'

.
roatanzas en el arrio

ae

uass1·n l'.:\as,.a---"
I\.
1~
'l
-.:..onstantinopla.
,

�246

]8

EL MUNDO.

ÜCTUBRE.

18~6.

18 ÜCT1IBRE, 1896.

EL MUNDO.

247

EL NUMERO 6.

~~~PAGINA CURIOSA,P~~
~

►

o

~

La toilette de los 11erros.
El peno ese «candidato á la humanidad,» ee, según un
vie·o cliché. 1-l mf&gt;jcr amigo del bo~bre; y algo más_: el
anlmal predilfcto de J~s damas_ que tienen pa_ra él cm~ados y salamerfas ~aei mconceb1blf&gt;B. Los prec!orns penos
de nuestras elfgantee, son vn9aderos señoritos y se les
ve gobernar encantadoras mu¡eres q~e frecuentemente
paFan entre las que las rodean por eer mgobernables. h
Tener un perro cuando se pertenece á _eeo que se a
convenido en llamar el mundo. no es suficiente; se !Ieee·
sita tener un perro elegante. .Así, P?es, como sus hndas
amas, los ,,perros del gran mundo,'. t1enPn sus costurei:as,
rns eastrPs, sus peluqueros, que s1 no hacen una rápida
fortuna como los pe.uqueros célebres_de las damaH, no por
eso dejan de vivfr con ciertas comod19~des.
En tales y cuales bafioe, en la e11tac10n caluros~, es fre·
cuPnte ver á un criado bañando un p~rro, más sm duda,
se trata de un animal de la clase media, d!' un perro bu~ués. los perros elegantes, los peuos ar1st6c!3-tas, reciten en eu caea al peluquero que fB un persona¡e perfecta•
mente indiepensaple.
Peluquero para los!perros.

Alguien eoJ11eirá al leer este título, y ein e?Jbargo, esta profesión no data de ayer y hay en París c~erto núm~ro que tienen nna clientela numerosa y escogida. El a!I·
mero que ac]optó el título fué á Francu1, hacf unos 1ei1
años, lle,•ado de España por _la marquesa de Belbeuf que
era apasionada por loe falder1llos.
.
.
De todos los perros este ea en efecto el me¡or cliente
ara el peluquero. Para que un perro de esta raza esté
~ifmpre elegante, se necesita arreglarlo cuando menos,
dos veces al mes.
.
? Pu
La Princesa Mirza tiene el pelo JJgeramente largo . es
pronto, que se haga venir á su peluq_uero.. El artista,
Riempre correcto, llega con su necessa~re, ba¡o el brazo,
sobre una meea extiende una ~ran servilleta bl~nca, ofrece un trocito de azúcar á la princesa 'J muy delicadamente la coloca sobre le mesa. Sol? med1~~te la dulzura y l~e
golosinas llega á obtener una mmob1hdad. completa am
que haya' necesidad de atar las pata11 á la chente. La operación comienza. Con unas tije'.as muy finas, el peluquero afeita el hocico al ras, no de¡ando más que un grueso
bigote después las patae.
.
Difí~il es rapar las patas! porque no debe quedar nm·
gún pelo entre los dedos. Al llegará la altura de la corva
el artista deja una especie de brazalete que redondea y
peina, de manera habil hasta darle el aspecto y la suavidad de la seda.
d
l)espués con un eequilador muy fino, talla los pelos e
las piernae' los muslos y los flancos hasta unos 3 centímetros de la ~ola y deja eepaciadas por tres centímetr?s una
6 dos coetillas, según el gusto de la 5efi?r3;. Los nfloDE;S
y ei'vientre eon esquilados haeta el na?u1;nento de la pn•
mera costilla; lo alto del cuerpo_se de¡a mtacto:_algunos
golpes de tijera aquí y ahí para 1gua)ar los pelo~, un golpe de peine y he ahí á la Princesa Mirza con toilette á lo
«semi leon.nl
'b'
fr' '6
En seguida una zambuHida en agua t1 1!1, una ~cc1 n
con el perfume preferido ~el am:i, y el artista termma sn
misión. Un luis es el precio mímmo de esta pequefia ope•
ración, el ayudante del peluquero ee contenta con cien
sueldos.
· d d d
·¡
Puede deci•ee que baY. ta1;tas vane a ee 4: eeqm eo
como variedades de perros; em embargo, hay cierto.a «to·
cadoen catalogados y conocidos ya y á EEtos nos referimos.

~

•

de ser rapado el perro hasta la pl'imera costilla, se rapa
basta las espaldas.
El tocado á. la moda en la actualidad, el que máe en
boga se halla, es el e-squiléo á la inglesa que dt-ja zonas d11
pelo alternadas en los flancos. ll'. cua~ da á los faldero~ el
aspecto más extraño qll:e pueda 1mag1n~rse. E~tal! faJaa,
á. fuerza de peine y cepillo suave, adqmeren as1m1smo el
aspecto de la sedq,
En el eFquiléo almendrado se reempl_azan estas bandas
por bellotas redondas de pelo que se de¡an sJbre cada anca. En estío, dnrante los fuertes calores, se adopta genl'ralmente el esqtiiléo simple que un especialista ha denominado baño de mar y que consiste en rapar completamente
a; perro, no dejándole más que el bigote y los pufios.
El tocado á la zuavo, es original, pero más b;en con&amp;tituye un esquiléo de invierno: en lugar de pnfios y de
bandas de pelo, va un p~ntalón d_e pelos exactamente
igualados á tijera fina y pemados cutdadosamente; la parte media del cuerpo completamente rapada, los pelos de
la frente y cejas afeitados y únicamente libr~ ':l bigotP, lo
cual da al falderillo todo el aspecto de un v1e¡o veterano
de Airica......
En todos estos diferentes tocados no es preciso omitir
la borla de la cola, que se deja más ó menos larga y más
6 menos aguzada, según el «usto del ama.
Una especie de falderillo muy buscado por l?s amaiew·~
es el falderillo encordado ( así se llama al faldenllo real.)
Sus cadenetas de pelos son naturales y á pesar de los
fierros los peluqueros no han logrado cordezai· el pelo de
un falderillo ordinario. Naturalmente la to1lette del f~lderillo real, exija más cuidados y. no se pu~de proporc10narle otro esquiléo que el de medio león, am fa¡aa en los
costados. La cola se deja intacta 6 poco menos.

***

Así como un perro de mundo tiene su peluquer'?, tien,e
tambien su sastre y en París un perro se cone1dera1u.
"absolutamente deshonrado" si vistiera en otra parte que
en casa de L-;double Le, sastre esplendido y genial que
ha in ventado los más vistosas modelos.
Una de sus especialidades es e: sobr~todo para los perros, porque los perros usan sobretodo apenas ll~gan los
primeros fríos. Este sobretodo compónese de una especie de manta en forma de concha, que se detiene con bandas que pasan bajo el vientre y cubre, salvo las patas y la
cabeza todo el cuerpo del falderillo.
La forma nat~ualmente cambia, pero uno es el tipo do-minante.
·
¡
Ese sobretodo lleva su cuello más 6 menos coqueto, a
cual suele acompañar un sobre cuello bordado 6 una capota pequefiísima, que cae graciosamente sobre el pecho.
Acaso alguien se imaginará al leer esto que el.sobretodo va á raiz, mas á ese ignorante habría que dec1r!e: en
que país vive usted? Un per~o de muudo, un perro habituado á frecuentar los ealones, no lleva jamás el sobre-todo á raíz. Seda una incorrección im perdon~ble. Como
individuo que se respeta, usa ropa bla~ca á. ciertas horas
del día hecha del mejor lino.
Por 1~ demás esta ropa redúcese gene_ral_mente á una camisa que deja libre al perro sus movimientos y que va
atada en el cuello con un coqueto lazo de ~eda.
Hasta aquí hemo3 hablado de las principale~ pre~das
de toilette, de las mas dignas de to.tr?arse. en cons 1derac1~&gt;D ;e
pero no hemos mencionado una rnfin1dad de peq~enos
adornos que obedecen á. la fantasía de una ama cap!1c~osa. Nos referimos áloe mofios más ~ menos ~ultiphcados, á los collares de infinidad de estilo~, tan r!cos á veces que brilla_ en ellos el oro y aun tal o cual piedra mas
Tocado «lEÓni,-Difiere del precedente en que en lugar 6 menos preciosa.
Esto, según decimos, no
tiene más norma _que el ca•
pricho de una duefia enamorada de EU falderillo.
Ya se vi', pues, que loe se•
ñores canea cuando son gua•
pos no pueden quejarse de la.
vida, lo cual prueba y sea
esta la moraleja, que hoy porhoy un faldero es más ,,persona» que un hombre honrado cuando este no tiene tlinero.

cho valían sin duda. Su corazón y su conciencia de nifia
se rebelarori contra aquella brutal agresión, y echó á C0·
rrer bacía su casa, gritando:
Saliendo de la ciudad por la puerta del Sur se entraba
-¡Que me roba el Ganchnsn, que me roba.! .
en una carretera festoneada de álao_ios negros y de miseUn garrotazo que recibió en la cabeza cortó bien pron•
rables casucae. Esta carretera termmaba en una indica- to RUS gritos y su carrPTa.
ción de plaza, en la cual tenfan principio varios caminos;
Poco de.spués, el tío Bruno salía del cementerio con el
el ·de la derecha conducía á un cementerio. Desde muy carro vacío, '()araba en "'l ca•O\ y encontraba hP.~ida ~ Bll
lejos se vefa una blanca y larga tapia y sobre ella caían niña y fnriosa á su mujer. "La cobarrlrlna se hab1a deJado
al~unos sauces Y detrás se alzaban algunos cipreses.
robar. ¡Si no morfa del golpe, vamos, era cosa de ma·
Las casncas de la carretera eran, eR su mayoría, dep6· tarla!»
·
sitos de trapo. cebaderos de cerdos, merenderos v taber·
Pero la nifia volvió en Aí; el tío Brnno bañó la herida
nas. En u!1!' de ellas-en una de las más miserables-vi- con agua v vinagrl': el golne hab(a sido d11 resbalón; no
vía la fam1ha del tío Bruno, es decir éste su mujer y su era mortal; Fin embargo, la nifla R" quejaba mneho.
hija, nifla de seis 6 Biete años.
'
'
Aquella tarrle, la l'piilemia SP hO\bfa rPcrudPcidn: el tío
El tío Bruno había tenido todas las ocupaciones y ofi- Bruno no poilía iletenerse; dl'jó á Pingajo•illa, ilespués
cios que pued~ t~ner un hombrP de roncha fuerza y de de darla muchnR bPqos y Pncare;O\r lo qn&lt;&gt; d11bfa hacerse
e~caso entend1m1ento. Había sido mozo d11 cuerda, alba• con ella. v volvió á la ciu'1ad n&lt;&gt;ra r&lt;&gt;co!!;er má.q cadáverl'e.
fil!, pocero, ayudante de hort,elano, arriero, mayoral,
El tío Brunn entró l'n la ciudad: ,t la puerta let&gt;•nPraba
matutero, empedrador, y se había g-anado la vida siem· un alguacil con una liQta; en aqn&lt;&gt;lla misma calli, llenó su
pre con buen de~eo y_con incesante fatiga.
carro; se d&lt;&gt;tenía en l'\q 0t111rt,aq /le Jaq cMa'I y otro bom•
Era brusco y st!enposo. _muy al contrario de su mujer, bre le ayudaba J cargar; cargaban como quien carga ma•
que hablaba y _gntaba y dtsputaba siempre.
!etas.
En la actualidad tenía 1111 ofir.io Ainif&gt;Stro: era conduc•
F.l alguacil le dió nna not.a pa-ra .,¡ cnn11erj11 del Cl'men·
tor de un carro fúnebre. No del carro de una funeraria
terio · en &lt;&gt;lla con,.taba el núml'ro d&lt;&gt; cailáverPs one lleva1
sino_de un carro de traer y llevar tierra. que servía. re - ba el 'tío Bruno. La mortrmdad era inmenqa.: babfa carros
vest1do de a!gunae t_ablas pintadas. para llfivar cadáveres grandes y carros pl'queñoR: como An aqnel barrio la genal cem4:nteno. La ciudad estaba infestada del c61Pra y te era m11 v miserable, le habían i!P.qti nailn los carrns peolos entierros se hacían al por mayor, algunas veces de dfa reR. F,I del tío Brnno era peqneñn v tirailo nor un mal
y otras de noche.
•
jacucho. Care:6 s11iR cailáver""· AlgtlTl')S de i,llo• estaban
He~os dicho qu" la mujer del tío Bruno no era como compll'tamP.nte deRnndno. Tl)dnq rígii{nq v azule".
éste: Cierto. El tío Bruno PTa 1111 homhre rudo y brutal
Se dirigió al llementerin. lleva11i!n d&lt;&gt; la mano I" llaba•
en sus maneras; pero en el fon,fo tf'nfa buen corazón: su llerfa; de cuan/lo en cnanilo vol vía lo• nio~ hacia l'I carro,
mujer era mala; mal11 di' remate, y tan cruel como son los dentro del cnal loq mnertno R" l'ntrer.hncaba11 violenta·
pobres cuando son cru¡,Jes.
rnPnte, á canAa de los mnchoq bachP-• il.111 caminn.
Esto se conocía Fólo con pasar delante d&lt;&gt; AU casuca
La noche caía, y Robre el cielo cenicil'ntn "ª ilibnjaban
hacia el anochecer, hora l'n qn11 &lt;&gt;ntraba la l1ija del ma- loR !llamos comn ·fig11ra• nl'graR-v C'lmn nPe:raA fignras
trimonio, deRpu~s de b~~r v&gt;1g11~0 por la carr&lt;&gt;tera y por t.,unbién. más á lo lejns, los sauces y los cipreces que velas callee de la c111dad p1d1eodo limosna. Jam.ts Rf! satis• laban Pl t-t11rno rl'po!lo.
facfa la madre con la Pnma rPcogida por Pingajosilla, que · PaRÓ por rn casa y pa•ó por el vent.Mrilln. l\f&lt;i.!I Rigni6
así la llamaba todo el munilo; v como no estuviese allí el sal11dando nno y otro Ritin con mnv i!if&lt;&gt;r&lt;&gt;nte mirada.
padre, no concluía RU l'l'primenda sin pegarla.
El cemAntf'rio estaha abiflrt.n-hacía días r¡n&lt;&gt; nn sA C"Esto pasaba, ya lo di~o. cuando no l'st,aba allí el tfo rraha.-Entr6 cnn el r.arrn: il&lt;!Rtmci6 P-1 caballejo; ilejó
Bruno, el cual, fin cil'rta ocasilín. habiendo visto que la subir las varaq volcaniln así á los muertos y alargó el pa·
n:iadr_e mordí~ á. su bija P~ nr carrillo, porque se venia pel á nno de lo~ !!apnltnrero,::.
sm nmgnna hmosna, la d16 tal pufil'tazn. qne la mujer
- i Aq11( no hav más que cinco, y la nota dice seis! ¿Qué
rodó hasta un rincón de la cocina v quedó allí atontada has hPcho dAl otro?
entre _Paja seca, carbón. sartenes. cazuelas y pncheros.
-¡Seis había, en efecto!-dijo el tío Bruno con cierta
Fatigado el hombrl' de snq recios trabajos de todo el sorprPRa.
día, y á veces de toda la nocbl', cuanao entraba l'n su caRa
-¿E:n qné venfas pP.nFanilo? VamnR, el 1u1dai,er ¡,Rt,arfa
encontraba el consuelo y el rl'pnso en poner á Ping-ajoRi- vivo quizás y se ha m,irchadn sin pl'dirte lic&lt;&gt;nci11. Nn eFI
lla sobre sus rodillas, sentántlnla Pn ellas y así, sin de- el primt-ro. O se te habrá caído en la carretera. Eso otras
cir una sola palabra, nasábaPP las horaR u'iuf'rtaR con los vecp~ RllCPill'.
ojos fijoA en los ojos de la 1,iña, dándola nalmaditas l'n
-Es pni,ible-dijo el tío 'Brnnn con indiferenr.ia.- Voy
los carrillos v atusando RUS rnbioR y crespos cabellos. No ahora mlRmo á recngprll', Pno dam&lt;&gt; nna de la~ lintnnaP.
la dPcía nada, porque el nobr&lt;&gt; hombre nn encontraba
Y con la lintl'rna Pn la mann v dehmtA del carro. ya
expreRionee; pt&lt;ro la niña le miraba también emb11beci- vacín. volvió á salir d&lt;&gt;l cem11nterin. F,n el camino de la
da,. v IP correspnndfa con bPsoe, comprendiendo, sin ne- plazoleta al ceml'nt,PTio no Ancontr6 nada. jf'n la plazol11ceRidad de palabras, sus hermOPos PentimientoA.
ta tampoco!. .... . El carro iba solo; el caballejo conocía
La verdad""· apart&lt;&gt; de l'Rte sincero y profundo cariño
bil'n !'1 ~mino.
que Pingajoeilla era el sostR.n d11 la casa; que rPCogfa e~
El t,fo Brnnn caminaba en ziir-z,i~ alargando la linterel camino _ven la ciudad, sin alejarse roncho de la puer• na. En la ob cnridad y temor de la noche semejaba un
ta, más dmero que ganaba Brnno......No era extraño.
fant~ma siniestro.
Aunque ennegre~ida pnr el sol. Pncia y dePcalza, era en·
Annqne no l'ra muy tarde, la Pnledad l'rail&lt;&gt;alta noche.
cantadora; sus o¡os azules doR r.i11los. y sn vo1. tan pene- Dirías" qne tni!o ¡,J mundo estababa encerrado en su&amp; ho·
trante y tan dnlce. v la moinlO\ba con tan hio6crita angarl'R l'SpPrimdn la mnPrte.
gnRtia, qu¡¡ traqpasaba los Cl)ra:r,onl'A. Cnandn había reco·
Pa,::ó pnr frente del vPntorrillo: Rigni6. y i!I' pronto l'X•
gido una pesl'ta f'n cuartos. volvía cnrriPndo á casa, por clam6:-¡V11moR, va narPció 1'1 nmPrto! Pno ¿c6mo ha
temor á qne la r )baran: lnl'go Palía otra vP:r,,
roilado hAFta aquí? Algnno lo ha hf'chn-roélar á,.i&gt;tP- lado.
Y un día, en efecto, ln11 t••mnrl'fl de Pll madre se cumY m11qninalm11nte !ll'l'TCÓ la línt.PrnO\ á la cara d&lt;&gt;l mnPrplieron: la robaron el dinero qne Jll'vaba-Estf' es e! día to...... El tfo Bruno di6 un
at,rás con asombro, casi
en que da principio nuestra relación, originada en este con tPrror.
hf'cho.
u¡El Ganchosr,!-!'xcla~lí.-;.Qm~ l'R l'Rtn?
Pingajosilla volvfa por la carrf'tl'ra; serían llls cuatro
Pl'ro como era homhre de mnrhn cnrazón. SP Rohr&lt;&gt;pude la tarde. En todo lo largo del camino no se distinguía so bien pronto· acercó otra vez la lintl'rn!l, tor6 al Ganu~a sola persona. La tristeza que reinaba en la cindad choao con la m'ano l'TI P-1 cnrazón. Jp f'xaminó el rni&gt;tro. y
remaba f'n las afnl'ra1&gt;. Parecía que en tierra aire y cielo dijo al fln:-Sí, es el Ganchoso; ¡pero no está muerto, sibahía soledad y silencio de mnerte.
'
no borracho!
Unicamente á In ll'jos. jnnto ,t la plazoleta, se vefa
«Borracho perdido- añadió-como él suele ponerse;
marchar nn carro hacia ¡,J cem¡,nt.erio· carro que á Pin- tien&lt;&gt; para cuatro 6 cinco horaR.
gajoRilla le parl'ció 11ra el que conilucía' i::u padrl'. Plnga«1BorrRchol ¡Borr&gt;1cho con el ilinel'O robailo á mi niña!
josilla se estremeció, porqne aunq1rn todos los dfas vf'ía A mi pobrl' nifia. ¡Malva/lo, ladrón. aPeeinc,!
esas remesas de muertoR, la inspiraban eRpanto....... ToY levantó el puño en la obscuridad, como si fuese á
das las noche11 Pe acnPtaba con Rn madrl' dl'Pde qnf! había abnfetParlo.
cólera. por miedo á los mueJ'tos ......... Le inspiraban ésPero no lo hizo· echó á corrl'r hacia !'U caea. dl'jando
tos miis terror.
el carro l'n el ca~inn. v volvió á poco acnmp:iñadv de
AFí es qne al VPT alzarse ilel fondo de una zanja un una somhra, one hablaba v accionaba de1&gt;ordenadamente,
hombr&lt;&gt; alto y comulento y llamarla por su nombre, se sin qn&lt;&gt; l'l t(o Bruno la respondiera. Era su mujer.
qaEjdó fría y P11tática.
-¡Vamni,, cógele d11 las piernaR... así, y ahora, arriba!
-Pin~aiosilla-exclam6 I') hombrl'. quitándMe su gn•
El Ganchoeo fué colocado en el carro.
rra dp piel y nresent.ándosela á la nifia-echa aqní el dinero qn~ llevas. vnélv~te pnr donrle vil'nFs y cuidadito
-~¡· j¡¡¿·=s~-~~·¡¡~gó -~-i' ~-~~;;~~~i~: ~;t~b~~ -~~
con dPcJrPn t,11 capa qne m&lt;&gt; has d2doPI dinero que traía~, la hoya los cinco cadáverl's que an_tea había traído.
¿oye11? ¡C'uidadito!- Y al c'lerir est,o avanzó hacia ella mi-¡ Aqní está el ,,eisl-dijo al entrar.
rándola de un modo que la pobre niña se quedó sin
Uno de los sepultureros hizo ademán de levantarse del
eane:rP.
•
eueln.
. Ping9josilla abri6 la mano en que traía un pedaz.:, de
-~o te incomodes!- exclam6 el tío Bruno.-Acercaré
henzo rnn los cuartos y éstos cayeron y 11onaron en la fl r....rro. v 1&lt;&gt; charé vo mismo en la hoya.
go!ra. Ya l'n el camino y 11ola. Pn tniloR lo!'! sitin11 tenía
Y el tíñ Bruno !'8tuvo tan amahle aqu&lt;&gt;lla noche con
ID1l'ilo de aqnp] hombre: "Ta &lt;&gt;1 Ganchoso. que vivía de su los sPpultnrl'rQs, que él mismo ecb6 la cal, cegó la fosa,
mala condnct.a: corazón di' fina. qnl' Póln Pe conmovía y apisonó la tierra.
ante una cona de vino. Aquel dfa no había bebido todaF.&amp;lUIANFLOR.
vía v nPcP..itaba bPbeT.
El Gancho110 PI' gnard6 los cuartnp y echó hacia la plazoll'ta, para entrar Pn un ventorrillo ....... ..
Pf'ro tnvo qne volv¡,rse 11n momf'ntn.
Cuento extravagante.
Pingajosilla, al verl11 marchar, habfa Palido de su terror......... Había considPTado lo que ·cababa de hacer;
EL GENI O Y EL l!EPÓRTER.
-ya era muy tardl': no podrfa recogl'r bastante dinero· la
El teatro represeni.a una habitación de un manicomio.
imagen di' Fu mache se alzaba l'xtendil'ndo hacia ella ~us
Entra el repórter y el ge nio se levanta.
llfias de buitre. Bil'n sabía Pingajosilla lo que va'fan
El rep6rter.-¿Ee usted el genio que se ha vuelto loco?
aquellas monedas. Pneeto que su padre trabajaba todo el
El genio.-Sin duda alguna. yo ~oy.
.
día por juntar otras igualPP; pnestnque su madre solo se
R -Mi director mt- l'nvfa á pedir su colaboración.
an~acaba con g-randl' cant.ic'lad de t-llaR: pnl'sto qne en su
0:-Llegáis tarde. Hace tres meses que no escribo nna
chiscón so_Jo de ellas se hablaba de día y de noche, mulínea.

R.-¿Por qué?
G.-Porque murió mi amada y enterré con ella las letras de su nombre.
R.-¿Las letras de su nowbre?
G.-¡De su nombre adorable, de su nombre adorad,:,, y
en tanto que no resuciten, no podré canta_r en poe11_1:1~ imperecederos como floree eternas, las glonas de m1 siempre amada!
, . . .
R -Pero ~ois un gran artista y podr1aui, 1m1ta11do á.
los poetas de Alejandría, escribir sin em11lenr algunas letras del alfabeto!
G -¡'N'o puedo!
R ·-¿ B:l nombre de vuestra amada tenía muchas ]Pt,ras?
G.-8e llamaba A, B, C, D, E, F. G, H, I, J, L, ~f, ~.
O, P, R, 8, T, U, V y Z.
.
, .
R. -Siendo así, concibo que no hagáis un poema e p1co,
¡ni un pensamiento!
G.-A.ntes de morir mi amada, compuse nlgu_nas ePcenas donde se viv11 la vida misma en toda la ie1l1dad de la
Naturaleza. Las publicaría si me pagaran bien.
R.-¡Tres francos la línea!
(}.-No.

R.-¡Cinco, diez, ciento, mil!
G.-N'o. Quisiera que me pagasen en una sola vez.
R. -¿Cincuenta mil francos?
G.-No.
R.-¡Un millón!
G.-SL
R.-Vamos, sed razonable.
G.-Pno no eu oro ni en billetes. Lo deseo en flores.
R.-;.Eh ......?
•
.
G.-Bastará. que me deis tantas como letras tH ne el
nombrn de mi amada.
.
R.-Tod¡1, la primavera y todo el verano tendréis vu~stra habitación llena.
G.-Con veinte flores tengo bastantee. Para la A deseo .........
R. (escribiendo).- ¿Para la A';
G.-Una anémona.
R.-¿Para la B?
G.-Una begonia.
R.-¿Para la C?
.
G.-Una camelia. Para la D, una daha; para la E, un
espriego; para la F, un favonio; para T~ ?'• un geráneo;
para la H, una hortens_ia_; para la L un ma; para 1~ .J. un
jazmín; para la L, un lmo; para la M,. una margarita;
ra la N, un narciso; para O, una opalma; para la_ P, una
pasionaria; para la R, una rosa; para la S, una s1e1!1p1·eviva; para la T: un_ tulipán; para la V, una verómca, y
para la Z, una ztmerma.
R.-Aunque hay algunas exóticas, _las tendréis todas.
G.-¡ Ab ! ¡qué alegría! Van á. resucitar ~n coloree y en
perfumes todas las letras del adorable y adorado notn bre,
y podré cantarlas en poemas imperecederos como fl&lt;_ires
inmortales! Prometedme pagar mañana y lleváos CC'.'.rr1eudo el manuscrito. Corriendo, porque...... se aproxima la
hora en qne tengo la costum~re de co11;1E;rme la nariz y
las orejas de las personas que vienen á VIBltarme!
ÜATULO MENDllZ.

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~'"""'"º =&gt;

GUEUlIBRO

Y FRAILEPase6 por doq&gt;dera su airon de plu //la,
., u.s meznada$ br'iosa.s y s11s penrlone~,
f¡ sediento de tierra,i, á cien naciones
sometió al msallaje que la., abrunv1.
Después, atormentado por el rettm.a,
más que por las piadosas meditaciones,
confinó sus gúerreras inclinaci.ones
en l,a celda de un cl,au.~tro lleno de bruma.
Y ahí, comiendo el blanco pan euco.r!stico,
vegeta, consumido de tedio niÍ3tico
y sueña del combate con el estrago;
y á la voz r¡ue le manda llorar su hie1·ro,
responde con taimado: DESPERTA FERRO!
y en 1•ez de .Jt.~1u·ri.s/fJ .meiia en Santiago. ......
AMADO N.&amp;RVO.

�EL MUNDO.

18 ÜGTUBRE, 1896.

~=-= = - = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = ~

F,T,

249

~ffTNDO.

Hoy Luciano de Hem es teniente, no tiene más que su
sueldo para vivir, pero lo pasa muy bien, siendo un oficial muy ordenado v no cogiendo nunca una carta. y
aun parece que ha encontrado medio de hacer economías,
porque el otro día en Argel, uno de sus camaradas, que
le seguía á ~lgunos pasos de distancia en una calle de
Kasba le vió dar limosna á una niña Pspaiiola, donuida
en un~ huerta, y comt-tió la ir.diECrtción de mirar lo que
Luciano habla dado á la pobrecita.
El curioso quedó muy 80rpreudido de la generosidad
del teniente.
Luciano había puesto un Luí,; de oro en la mano de la
niña. .

EL LUIS DE ORO.
Cuando Luciano de Hem vió su último billete de 100
francos arraMtrado por la raqueta del banquero, Y se le
vantó de la lllesa de la ruleta donde acababa .de perder
los últimod n,~tos de su pequeño .caud~l, reu1;11~0s por él
para· esta suprellla batalla, experimentó un vert1go Y ere•
yó que se iba á caer.
.
Con la cabeza aturdida y las piernas débiles, f.ué á
echarse sobre el largo banco de cu.ero que ~o~eaba la mesa de juego. D,1raute algunos mmutos miro vagamente
el garito clandestino donde había. malgastado los hermosoa años de su juventud, reconoció las cabezas descompuestas de los jugadores, alumbradas apena.e por las tres
grandes lámpara,; escuchó el ligero !rotam1eato. del .oro
1:,obre el tapete, pensó que estaba arr~mado, pe!dido Y recordó que tenia en su casa, en un caJón de la comoda, las
pistolas de ordenanza qlle su p~dre el general Hem, en•
tonces simple capitán, había 1:1s~do en el ata(lue de Zaatcha; después, reudidu por la tat1ga, se durmió en un profundo sueño.
.
.
Despertó con la boca past,osa; con?c1ó por. una mirada
que lanzó al reloj, que _hab1~ dor°:11do media. hora ªJ;)e·
nas, y sintió una nece~1dad 1:..:.penosa de resp1rar el aire
de la noche. Las aguja~ marcaban en la esfera las doce
menos cuarto. Al le,·aHtarse desperezándose_, Luc1:lno re•
cordó que era víspera de Reyes, y por un_¡uego lr?lllCO
de la memoria, se ,·ol vió á ver de repente mño, poniendo
i;us botines i.n el balcón antes de a~ost~rse.
.
En ese momento el vie¡o Dronsk1, mirón de gar.ito, el
polaco chibíco, se acercó con su gabán raído á Luciano .Y
refunfuñó algunas palabras mientras se atusaba la suCia
barbilla grii:;.
-Prestadme una pieza de cinco francos. Hace dos
días que no me muevo del círculo, y hac~ dos d.ías que
no ha salido el 11diecisiete» ......... Burlaos s1 quere1s, pero
yo me dejaría cortar una mano si al sonar las doce en
punto 110 1;aliera ese núm~ro.
Luciano Hem sto encogió de hombros; J.ª no tenía en
su bolsillo ni aún con qué comprar ese 1111pue5to que
los frecuentadores dél ga1ito llamaban 11los cien sow1 del
polaco.» Pasó á la antecámara, se puso su i:;on!brero y su
•t:obretodo y bajó por la escalera con la agilidad de las
personas que tienen fiebre.
En las cuatro horas que Luciano había estado encerrado en el garito, la nieve había caído abundantemente, y
la calle, una calle del centro de París, derua,1.1do estri.cha y coa altas casas, i.btaba completame11:te blanca.. En
el cielo tranquilo, de un aiul ob~curo, brillaban pálidamente algunas estrellas. . .
.
.
El jugador arruinado tmtó baJo s~ abrigo y s~ puso en
marcna, rodando i:;iempre su espintu pensannento~ de
deei.speración, y pe-saudo más que n.unca en la ca¡a de
las pistolas que le esperaban en d ca¡ón de su cómoda;
pero después de haber andado algunos pasos, se detuvo
bruf!camente ante un espectáculo.
Sobre un banco de pitd1 a, colocado según la costum ~re
antigua cerca de la ¡.,uerta mo11 u mental de un palac1~.
una niña de seis ó siete años, mal cubierta con 1;n vest1·
dito nuevo, en hara;os, i.staba i:;entada en la meve.. Se
había dormido allí, a pesar del frío cruel, en una .actitud
dolorosa de fatiga y postración; y su pobre cabecita y su
liada espalda estaban como .incrustadas en el ál.gul~ del
muro y reposaban sobre la piedra helada. Uno de loa zue·
cos con que estaba calzada se había caído de su pie, que
colgaba.
l:'or un movimiento maquinal, Luciano de H~m llevó
la mano al bolsiilo, pero recordó. que hacía ~n mstante
había encontrado una pieza de vemte 801'8 olvidada y que
no había podido dar la pr~pina al o:ioz~ d~l círcul~. Mo·
vido no obstante, por un impulso mstmt1vo de piedad,
se ,iproximó á la nifia, é iba quizá á llevarle en brazos y
darle asilo por la noche, cuando en el zueco caído en la
nieve vió una cosa brillante.
oe inclinó. Era una moneda de oro.
Una persona caritativa, una mujer sin duda, había pa•
sado por allí había visto en esta víspera de Reyes el zueco delante d~ la niña dormida, y recordando la conmo•
vedora é infantil tradición, había puesto allí, con ma;110
discreta, una magnífica limosna, para que la peque~1ta
abandonada creyera en los regalos hechos por sus maJestades Gaspar, .M:elcbor y Baltasar, de paso para Belem, y
conservara, en medio de su desgracia, alguna esperanza
en la Providencia.
¡Un luis! Representaba vatios días de reposo y de riqueza para la mendigo, y Luciano estabaá puntoded~spertarla para decirla eso, cuando oyó cerca de su oreJa, co•
mo en una alucinación, una voz, la voz del polaco, que le
decía con su acento insinuante:
«Hace dos días que no sale el diecisiete ......» Me dejaría
cortar una mano, si al sonar las doce ,no saliese ese número.»
Entonces aquel joven de veintitrés años. que descendía de una raza de gentes honradas, 9-ue llevaba un sobe~bio nombre y que nnnca había faltauo á su ~onor, conci•
bió un pensamiento espantoso. Con una muada se aseguró de que estaba completamente:solo en la calle des~ubierta v doblando la rodilla, adelantando con precaución
en maño' tembl0rosa, robó el luis de oro del Z';leco caído!
Después, corriendo con todas sus fuerzas, ".olv1ó á la casa
de juego subió la escalera á zancadas, abr16 de un golpe
la puert~ acolchada de la sala maldita, y entr~ en et mo•
mento precioso en que el pén~ulo daba el primer golpe
de las doce; puso la moneda de oro sobre el tapete verde
y gritó:
-¡En pleno al diecisiete!
El •diecisieten ganó.
Volviendo la mano, Luciano puso los 36 Luises sobre
el rojo.
El rojo ganó.
.
. , .
Dejó los 72 luises en el mismo color. El roJo sahó otra

18 OCTUBRE, 1896.

FiuNCISCO COPEE.

...

TOQUE.
Oh niña que despiertas á la vida!
Oh nrgencita blanca ·
Cuya pupila búl.Jleda parece
Una gota azulada ..... .
Oh lirio Jlorec1eute cuyo aroma
Como un perfume dtl los cielos pasa
Y que el candor angelical del niño
Como bruma de luz llevas en t11 alma;
Tu que aun eabes los cantos vibradores
Que te enseiió la infancia
Y aun conmovida esperas en la alcoba
La caricia impalpable de las lrndas;
Tu que llegas al mundo y eres buena,
· Ou \-irgencit.a blanca,
Deja flotar mit1 sueiios en la dulce
Diafanidad azul de tu alborada!
EsTEBAN FLORES.

SEÑO RITA CELINA ALEXAN DRE,

• ' t:uo de las m:1, guapa.i; ...,eiloritas qu&lt;: a.--i~tieron ll la Jamni('a _verifica,la en Popntlu con motivo de 1u lnauguradún del Tivoll del
Castillo ve,tidu &lt;le Loeu.ra].

tón de oro y de billetes: se puso á cubrir la carpeta fre•
néticamente. La docena, la columna, el nú~er~, acertaba
en todas las cornbinaciones. Ef&gt;\ un acontecumento mnusitado, sobrenatural.
.
Diríase que la bolita de marfil, saltando en las casillas
de la ruleta, estaba magnetizada, faecinada por la voluntad de aquel jugador y la obedecf.,. Este había recobrado
en una docena de golpes, los billetes de mil fr:ln~o~, sus
últimos recursos, perdidos aquella ao~b~ al pnn?1p10 de
la jugada. Apuntando ahora dos ó tre1sc1en~os l~1see á la
vez, y favorecido por aquella racha fantástica, iba á cobrar pronto. y quizá con exceso, su fortuna derrocada:
iba á reponer su caudal.
.
.
En su impaciencia por jugar no se babia qmtado el
abrigo, ya había llenado todos los bolsillos de grandes
fajos de billetes de Banco y de paquetes de monedas. de
oro, no sabiendo después donde guardar las ganancias,
descosía los del chaleco y del pantalón y los rellenaba de
papel, incluso 'la petaca, el paí'iuelo, el sombrero, todo lo
que podía servirle de recipiente.
.
Y seguía jugando y seguía ganando, como UJ?- furioso,
como un hombre ebrio; arrojaba puñados de lmses sobre
la mesa, al azar, con un gesto de seguridad ¡ desdén, y
con el mismo levantaba sumas enormes del tapete,
Solamente sentía como una brasa en el corazón; pensaba en la pequeña mendiga dormida ~n la nieve, en la
nii'la que él había robado.
-¿Estará todavía en el mismo sitio? ¡Si, debe estar!
Dentro de un rato......si, cuando suene la una......¡lo juro!. ........saldré de aquí, iré á buscarla........ .la cojeré en
mis brazos dormida, la acostaré en mi cama y la adoptaré, la ed~caré, la ameré como ~i fuese hija mía y no la
abandonaré nunca, nunca!
Pero el pendulo dió la una, y el cuarto y la media y
los tres cuartoe ......... y Luciano permanecía sentado todavía á la mesa infernal.
Al fin, un minuto antes de las dos, el banquero se paró bruscamente y dijo en voz alta:
-La banca ha saltado, señores ¡No va más por hoyl
De un salto se puso Luciano de pie, rechazando bruscamente á loa jugadores que lo felicitaban, rodeándolo
con envidiosa admiración. Partió vivamente, bajó la escalera, y corrió hasta el banco de piedra.
. .
.
De lejos, á la luz que proyectaba un farol, dishugu1ó
á la joven.
-¡Que dicha! la encuentro todavía.
Se acercó y le cogió la mano.
-La tiene helada, ¡Pobre criatura!
Tomóla en brazos y la lel'antó para llevarsela. La cabeza de la nifi.a se inclinó hacia atras, sin que se despertara.
-¡Como se duerme en esta edadl-murmuró.
La apretó contra su seno para calentarla, y presa de
una vaga inquietud quiso, á fin de sacarla de ese suefi.o
pesado, besarla, como en otro tiempo á su hermanita.
Pero entonces advirtió coa terror que los párpados de
la nifia estaban entreabiertos y dejaban ver, á medias,
las pupilas vidriosas, apagadas, inmóviles. Luciano, herido su cerebro por una sospecha terrible, puso su boca
pegada á la boca de la pequef\uela...... no respiraba.
.M:ientrae, con el luis de oro robado á la mendiga, Luciano ganaba una fortuna ea el juego, la niña abandonaca había muerto, ¡había muerto de frío!
Ahogado por la angustia más horrible, Luciano quiso
gritar, y en el esfuerzo que hizo se despertó de su pesadilla 11obre la banqueta del círculo, donde se había dormido poco antes de la media noche, y doode el mozo del
garito, yéndose el último á las cinco, lo había dejado
tranquilo por compasión al arruinado.
Una aurora brumosa de Diciembre hacía palidecer los
vidrios de las ventanas. Luciano salió, empeñó su reloj,
tomó un baño, se desayuné y fué á la oficina de reclutay z.
Hizo la misma Jugaoa úvs , • :. - t:-"q veces. siempre miento á firmar un compromiso voluntario en el primer
'·.:...'c::tc de cazadores de A.frica.
&lt;ion la misma suerte: Tenía ahora delanw, suyo, un mon•
.-:
0

~Ít\~
Hoja 11álida.
El bardo al escribir moja la pluma
En la pálida luz de las estrellas
·
Y por eso sus cantos no son tristes,
Ni tienen la negrura de las quejas.
Yo, que tengo en mi cielo eólo nubes,
Mojo mi pluma entre las sombras negras;
Por eso entre mis notas hay nvstálgias
De almas que ee marchitan por enfermas.
Así. ..... cuando contemples esta hoja,
Que escribí con la tinta de mis penas,
Tal vez aparecer miren tns ojoe
Del alm~ que te adora las tristezas.
Por eso no Ja mires mucho tiempo
Ni te acuerdes de mí cuando la leas..... .
Yo no quiero que sufra amada mía,
Tu noble corazón en primavera.
L..u1PS.

f
ULTIMO DESEO.
Cuando la sombra de la mner~ empañe
El sol de vida que mi pecho enciende,
Quiero que mi alma al ascender se bañe
En el perfume que tu sér desprendd.

*

* * que inunda
Quiero morir con el amor
l.&lt;.adiante y puro, en su explosión de hechizoe,
Y hundir la frente en mi embriaguez profunda
En la onda espesa de tus negros rizos.
*

**
Quiero morir en los ardientes
lazos
De la pasión que en nuestro sér estalla,
Y redimido ascenderé ea tus brazos
A la región en donde todo calla.
*.*

Sentir la gloria que tu sér inflama
Y en las cadenas de tu amor opreso
Quemar mis labios en la ardiente llama
Donde arde el polen que fecunda al beso.

*** que
Quiero morir con la pasión

abruma
Que incendia y vibra, y aunque deje un rastro,
Tenga la vida del girón de bruma,
Que se evapora al resplandor del Astro.

***

Así quiero morir; y en el instante
En que mi espíritu á lo ideal se encumbre,
Serás en mi alma vibración que cante,
Flor que embalsame y arrebol que alumbre.

*

Y cuando el golpe del **
dolor, rendida
Te baga caer sobre wi cuerpo inerte,
Quel el beso cante su explosión de vida,
Y el llanto gima su oración de muerte.
Bmnro FENTANBS.

Mientras de unirme á tí se acerca el día,

tn amor recuerdo y tu virtud imito,

tu virtud que era inmensa, madre mía,
y tu amor maternal que era infinito.
La que ama un ideal, y sube.... y sube....•
suele morir ahorcada de una nube.
CAMPOAMOR,

LA NOTA DE LA MODA-TRAJES DE ESPEOTAOULQ.

La nota de la moda.
Este año no cederá en ele:gancia á los precedentes. El
arte en la Toilette, hace graadíBimos progr&lt;esos, aun cuando parece en cada estación,
-que ya no puede ir más alla.
La fantasía de los modistos y modistas se ejerce espe-eialmente en las toilettJ! de teatro y de calle; siendo como
son las primeras de gran oportunidad, ya que en el otoño
empiezan á abrirse todos los
salones de espectáculos, los
modelos menudean, habiéndoleeá cual máB hermosos.
De losque gozan de más boga, retiramos tres, muy ele.gantes, paraofrecerlos:í nuestras lectoras, en unión de un
modelo de traje de calle, de
exquisita confección.
En general, la tendencia
de la moda en est.:. estación,
está comprendida en las notas siguientes:
Loe sombreros que prome•
ten multiplicarse durante to·
do el invierno, son de fieltro
yte rciopelo negro ó marrón,
de casquetes elevados, ornados de cintas de muaré y de
hermosas plumas amazonas,
fijadas mediante adornos de
acero que varían hasta el infinito y muy artísticos. En
cuanto á la forma adoptada, según lo que preveen loe
ESTUDIANTINA "AURORA"
grandf-e confeccionadores de
Roberto G6mez Adolfo :iieva.. José Agunyo. Leopoldo :N'ien.
París, prevalecerá la amazona modernizada.
Nandolina ! &lt;&gt;.
Mandolina~;,.
Jfandnlina 1"'.
I&gt;irrrtora.
JCando'i,,a 1 &lt;:.
GuUarra.
Los peinados históricos, siJulia Fuentes. Juana Camargo. Magdalena. León, Maria Agu&amp;yo. Esther Moreno. .A.ngela. León,
guen gozando de favor, tales
como los peinados Directorio y loa que se adaptan á los
En ese período: de su desarrollo, necesitan más hisombreros mosqueteros Luis XIV.
giene que corsé ó aparatos. .
En cuanto á las telas, pueden hacerse pronósticos muy
A.gua fría, gimnástica, esgrima en el campo, juego de
segu~os. Se llevará mucho muaré y mucho terciopelo. La brazos ...... en suma, actividad: tal es el mejor medicafabricación de telas clásicas, tales como el paño, se per• mento. Con esto y uua buena nutrición, la cual no eigni•
fecciona de día en día; los pafi.os extra-satinados, de tan fica un exceso de viandas ni de fierro, ni de drogas, sino
bern:~oso asprnto por su simplicidad, atraerán siempre la una alimenta~ión abundante, se obtienen espléndidos reelección de las elegantes serias.
sultados.
A.liadiríamos, que debe procurárseles una vida tan aleEL MEJOR REMEDIO.
gre cuanto sea posible. La risa es sana, sobre todo para
la juven~ud.....• y muchas plantas delicadas se marchiLas jóvenes tienden frecuentemente á perder su esbeltan porque les falta uu rayo de sol.
tez cuando crecen, pero á menos de que se produzca una
-desviación aosoluta de la columna vertebral no por esto
Loe padree de familia que frecuentemente leen en el
se vuelven jorobadas.
porvenir muchos cuidados para sus hijos, deberían pro•

curar, de todas veras, hacer•
les agradable la adolescencia;
para esto bastaría procurar á
las jóvenes, sobre todo, ejer·
cicio en :pleno aire. No so~
ni los bailes, ni los teatros,
los que conviene elegir para
ellas como distracción, sino
mas bien el úmni8, la natación, los largos paseos con camaradas, léjos, muy lejos,
entre los árboles y á través
de los campos donde sea permitido cantar, saltar, y hacer locuras..... .

-~

,:

Estudiantina "Aurora."

.., ~·t .--

; Darnos una fotografa de es•
ta simpática estudiantina que
fué muy aplaudida la noche
del 22 del pasado en el Teatro del Conservatorio Nacio•
nal de Música, en la velada
músico-literaria que organizaron los alumnos de la Escuela Nacional de Comercio
y Administración.
-

...I O I -

COLDCREAM.
Se hace con ½onza de cera
blanca puesta en una vasija pequefla con dos onzas de
aceite de almendras; una vez
bien fundida la cera se leaiia •
de dos onzas de .;gua de rosa. Esta adición ha de ha•
cerse muy despacio y agitando bien la mezcla con un
tenedor para que se incorporen perfectamente las tres
substancias. El cold cream
Guilamt.
Guilarrti. 7;:,
se hace también con 10 dracMaria Fuentes. Luisa. camargo,
mas de eepermaceti, 10 de
cera blanca, 8 onzas de manteca purificada, 15 granos de
subcarbonato de potasa, 4 onzas de agua de rosa, 2on.zas
de alcohol y 10 gotas de extracto de rosa. . Otra preparación muy usada es: aceite de almendras, 2 onzas, espermaceti, I onza, cera blanca, ½onza. Se pone el todo en
una vasija tapada, se mete ésta en un puchero de agua
hirviendo y una vez obtenida la fusión se añade á la mezcla un poco de agua de rosa y se bate hasta que se enfr(e.
PASTA. PARA EL CUTIS.
Las claras de 4 huevos hervidas en agua de rosa, ½onza
de aceite de almendras dulces; se mezcla todo hasta que
se reduce á una pasta espesa.

�18

EL MUNDO.

250
CUENTO~ DE ANFITEATRO.
¡PODRE JUAN?

J.
Caía el sol en un horizonte inflamado; sobre la superficie irisada del cielo estaban prenJ.idas algunas nubes desflecadas que, maculando con sus contorno~ irregulares, el
tapiz rojo sangre del firmamento, seme¡aban enormes
manchas de tinta en un lienzo encarnado. Atardecía len•
tamente.
Los dos estudiantes salieron del anfiteatro con los sombreros arrojados bácia atrás, restreg.i.ndose las maaos hú ·
medas· cerraron la puerta de hierro y se deslizaron silencio;amente hacia la calle; marchaban á paso lento Y
absorvían con fruición aquel aire luminoso de la tarde.
El trabajo había 3ido fatigosamente duro y para aprovechar las postreras horas de aquel día de Agosto, descendían pausadamente hacia la parte populosa de la
ciudad.
El pensamiento de ambos revoloteaba ~omo un pájaro
maravillado en redor de la eterna obcecación de los esp( ·
1·itus creventes: el amor. La misma mujer vestida con las
galas brflladoras del deseo, aparecía deshojando corolas
en los cráneos de los dos, henchidos de anatomías y mor·
bosidades. Tomados del brazo y con las pupilas inconscientes sobre la lejanía incendiada, bajaron algunas
calles y de pronto. deteniéndose Tmo de ellos:
-Oye. Juan-dijo-¿te gusta mi Lupe?
Juan dilató los ojos asombrado. Aquella pregunta lo 1:a
bía sorprendido precisamente en los momentos en que sm
darse cuenta de ello, acariciaba con caricias imaginarias,
el rostro pálido y de misteriosa simpatía de aquella.mu·
jer evocada por el compañero; creyó haberse descub~erto
impensadamente y se apresuró á contestar, con cierta
violencia sospechosa:
-¿Que si me gusta?......Pues, ...... no es fea ...... sí, algo
me ae;rada.
-Pues, siendo así, óyeme.
Y lo arrastró á través de la horrorosa multitud que se
atropellaba en las avenidas.
La noche avanzaba rápidamente por el cielo, y encendía en él estrellas que se antojaban cirios ardiendo sobre
un túmulo. La tarde daba sus último~ aletazos en la lejanía incendiada.

II.
Juan, que se figuraba sorpr1&gt;ndiclo en sus íntimas cavilaciones, se temió una conflagración u.e celos rabio3os en
el almaenamoradade~n compañero. y pú-os., á hilvanar
con &amp;rabajo un razonamiento qne oponer victoriosamen•
te á los seguros reproche~ df'l celoso; así es q11e su asombro no tuvo fronteras cuando, SPntados ya en una ban•
ca herrumbrosa de 1111 paseo público, el adorador de
Lupe se produjo en estos inesperadoq término-:
-Juan, debo ser franco para contigo; Lupe me intere•
salo mismo que esto-y arrojó ,1na cáscara con el bastón
-Lupe es para mí una positiva carga; ¡si tn supieras las
horas de admirable fastidio qne paeo junto de ella?
¡,Qué ea buena?...... no lo niego; pero la verdad es que
la virtud y la bondad no constituyen por sí solas una
mujer á mi gusto ...... no me explico aún que extraños la•
zos me unen con ella; yo jamás lar be amado, y en este
sentido ella me corresponde con usura, creo basta me
odia un poco y, sin embargo, permanecemos uno frente
á otro siempre hastiados de representar una farsa que á
los dos nos repugna igualmente.
Mira, Juan, ella ha nacido para amar estrellas y no
hombres, aprecia en más las insípidas caricias de los
ojos á lo melodrama que los opíparos contactos de los labios que se besan; vo nací destinado á vi v1r de vida y
no de ideales sosos ¿comprendes mi desaliento al encontrat'me en pre8encia de esa mujercfoa, adorable sin este
defecto, que llama céfiro al aire.y astro 111 sol?......Tú .... .
ere11 algo soñador...... y ......1,qmeres que te presente con
ella?

Juan adivinó; aquel compañero de instintos bestiales
buscando una mujer-carne habí!!. tropezado con una mujer-espíritu. Lo compadeció interiormente.
-Sí, decía el otro, como logres hacerte amar de Lupe,
habrás ganado tres almas para la felicidad ....... tú y ella
nacidos para volar, buscarán la dicha y la encontrarán
en el arrobamiento de una mútua contemplación...... yo
la encontraré más fácilmente en la libre expansión de mis
deseos...... sacudiré mis alas tanto tiempo recogidas por
un respeto á la sociedad que estoy por calificar de estú •
pido...... ¿quieres?
Juan, ofuscado por la idea turbadora de llegará besar
el oro rico de los cabello!! de aquella mujer, conside1ada
hasta entonces como un imposible, no encontró nada extraña !a proposiciqn y fué presentado á Lupe, todo emo•
cionado y tembloroso.

III.
iY cuán cierto es que el destino tiene singulares abe•
rracioneel ¡Cuántas veces un espíritu superior nacido pa•
ra el bien y creado entre fulguraciones de la verdadera
luz, viene á caer palpitante en el cáos afrentoso de una
vulgar:dad plebeya! Y eJ1 valde clama en su agonía, sus
voces son demasiado pequeñas para llenar un abismo, y
es un inmenso abismo la indiferencia humana; la brutal
obcecación de los hombres de ahora, lo mismo atropella
la paz de un eepulcro para aprovechar un palmo de te·
rreno, que la paz de una conciencia para ensangrentar un
tálamo! Pero, afortunadamente-seguía diciendo Juan
que monologaba así días después de la presentación á
Lupe-afortunadamente habemos todavía algunos adoradora:: del ideal supremo y yo he tenido la dicba de lle·
gar á tiempo ¿Qué hubiera sido de Lupe en poder de ese
bárbaro?-ese bárbaro era el compañero.-¡ Pobrecilla, hu•
biera tenido que arrastrará través de una vida puramen·
te me.terial su espíritu lleno de bz y de misterio! ¡Pobrecilla¡
Juan hacía psicologías peligrosas para su propia tran·
quilidad; veíi, encuadrada en sus fulguraciones de ere•

ÜCTUBRE,

189e.

pt'esiones, había caído en un estado de estupor cercano.
al idiotismo; quería saber la realidad de su infortunio
convencerse de que la verdad aquella no era bija de un~
fiebre malsana y se detenía temblMoso de terror ante el
espectáculo de su desgracia. ¿Con que era verdad? ¿Aqne•
lla mujer tantas veces besada en el vértigo de la pasión
aquella mujer que juraba de tan inocente manera ser 8 u'•
ya ó de nadie no era sino una de tantas virginidades
atropelladas por el deseo? ¡Ella haber sido de otro!
Y se paseaba á lo largo del anfiteatro sintiendo que los
cráneos encerrado3 en los escaparates de cristal reían
con sorna.
-"¡Tonto!-d~cían-deberías haberlo comprendido; ...
pero la pasión extendió la mano ante tus ojos. Nosotros
que te vimos encabezando tus nerviosas cartitas con u~
"Virgencita mía" nacido entre flores allá en las nieblas
de tu conciencia, te lo dijimos alguna vez; pero no oías... "
~I se paseaba tacitu~no: su razón dee~llecia arrojada
as1 tan de golpe al abismo de una realidad sangrienta·
los gemidos raspaban su laringe y un.i lágrima, la últim~
tal vez que debía llorar, se detuvo temblando en sus pes•
tañas. El calvario fué largo, largufaimo. Su espíritu lo
ascendía con la Cruz de la angustia á. cuestas. Se VfÍa cerca de Lupe, temeroso de mancharla, tímido con la timi•
dez de quien toca un delicado c1 istal, cerca de aquella
cabecita rubia, ne aquellos ojos azules que besaba con besos rápidos y medrosos, de aquella boca que sabía decir
"te amo" de una manera: tan arrulladora ........ .
Se volvió rápidamente, creyendo escuchar una risilla
que brotaba en la sombra, y sólo vió la mancha blanquecina y esfumada de un cadáver, tendido impasiblemente
bajo la sábana.
¡Pobre Juan! Como si hubiera ascendido titubeando su
razon desde las negras profundidades de ,ma sima, vió
por fin una luz falvadora; cerca del cadaver había queda•
do un frasco lleno de un líquido cristalino; Juan lo arre·
y
bató.c(:m un verdadero zarpazo de bestia salvaje y pudo
perc1b1r, al destaparlo, el penetrante olor del ámdo fénico·
Pero el vértigo Piempre es peligroso para el espíritu
humano; es imposible traspasar los límites asignados á despues bebió, bebió mucho, con ansia, con fruición, á
las vehemencias de la pasión, sin sentir inmediatamente boca llena.
la nausea del mareo ......... Jnan se mareaba.
.··ii~· ¡¡·~;~¡;;~:. ~·~~· ~~.p~i~~ 'a:~·~;i~i~i~~; ¡~~· ~;~·~;~
Su desbordamiento de cariño no había tenido límites,
reían desaforadamente ........ .
él no comprendia e! amor más que así, tempestuoso,
ANTENOR LESCANO.
abrumador, infiniramente grande para poder ser infinitamente agradable y completamente puro para no dejar de
ser coro pletamente bueno. En ella había encontrado un
LOS TRES CAJONES.
e~píritu nebuloso, lleno de brumas de tédio y de arranques
Con ademán resnelto-como una persona que no campasionales, un espíritu al arbitrio de una neurosis y se
biará jamá~ de voluntad-la condesa Magdalena designó
adhirió á él con desesperada adhesión.
i Pobre Juan! Nutría con su sangre una serpiente que el mueble japonés, de tres cajones, en el que la luz de las
lámparas hacía temblar la laca rosa y oro, y dijo gravepronto le mordería PI corazón. ¿Acaso no es Pi amor immente:
petuoso el engendrlidor de ~os celos Rin alivio?
-Abrid uno de eaos tres cajones y guardaos bien de ele·······································
·········································
Cierta noche que Juan desfallecí&lt;1 de placer envuelto gir, Valentín, porque en cada uno de ellos he colocado
en los efluvios intensamente enervadores de los ojos de una re~puesta á 1~ preg.uPta que no cesaia de dirigirme
hace seis meses. S1 ponéis la mano sobre la contestación
su amada, mientras sus amarillent,aq manoq adelg!lzadas
se hundían en el oro rico de los cabellos de ella, pasó por más dulce-sobre la que dice: ¡Sí!-será necesario que yo
consienta en desposarme con vos; pero cuidad de no en•
la acera el antiguo amador de Lupe.
contrar una mala respuesta ...... no volveríais más.
-Buenas noches,-dijo-Adios, hermano.
-¡Ah!-dijo-llevo una probabilidad contra dos. ¿Por
Jnan se recogió rapidamente sobre sí en la actitud hos•
ca de una fiera que se defiiende; el hermano pronunciado qué os ha venido tan cruel pensamiento?
-¡Vamos!-contestó-yo tendría el consuelo, si debo
por el otro le sonó á insulto sangriento y, con entonación
complaceros, de poder acusar al acaso de mi falta ..... .
de bronca ira, dijo:
Entre los tres cajones vaciló largo tiempo; su mano,
-¡ Lupe! ¿porqué te saluda? ¿acaso te ama todavía?
-N'o, jamás me ha querido-exclamó ésta-y sns ojos trémula, iba del uno al otro, no osando tirar de las asas
azules se obscurecieron por el -paso de una ráfaga de tris- doradas. Sentía que su corazón se estrechaba ante el mieteza, sus manecitas delicadamente pequeñas se crisparon do de una mala elección! Al fin decidió cerrar los ojos y
bruscamente en las de Juan y su adorable cabeza rnbia contar con la divina misericordia de lás providencias..... .
¡Oh go7,o, oh infinita delicia! la respuesta-una hoja de
se inclinó lánguidamente.
¡Todo lo comprendió el pobre Juan! La luz se hizo en papel rosa-contenía la adorable palabra: ¡Sí!
su espíritud y vió; el desengaño fué doloroso, cruel in*** eatisfecho: después de loa
Vaientín no estaba del todo
menso y sin esperanza ...... Sintió correr laRangre embrabecida por su rostro, golpeando en sus arterias; un torbe• é~tasis, le vino yo no sé qué tristeza en la frente y en los
llino de celos envolvió su razon, la hizo confusa y entre OJOS.
-¡C6mo!--exclamó ella asombrada-¿qué te hace falta.
aquellas brumas sólo radiaba, nítida y desgarradora la
verdad cruelmente sabida. ¡ Lupe amaba á otro! ¡ Y ese y de qué teqnejas, querido ingrato?
-Tengo una pena- repuso Valentínl
otro era un recuerdo ya, no podía ~er desgarrado con las
-¡Tan cerca de míl cuál es?
manos rabiosas! ¡No; aquel rival súbitamente aparecido,
03 he debido al acaso y no á mí mismo.
era intocable y tal vez nunca dejaría de imperar en el co ·
Y continuó pensativo; pero ella, entonces, estallando
razón de Lupe!
en sonoras risas le gritó:
El estudiante, abrumado por los celos retrospectivos,
-¡Bestia!. ........ si era la misma respuesta laque hPbía.
huyó á la carrera tropezandc con las puertas que le impe·
c.Jlocado en los tres cajones!
dían el tránsito.
CATULO MENDEZ.
VI
Se detuvo en la puerta del anfiteatro. ¿Cómo llegó?
No hubiera podido decirlo. El compañero se disponía
AL CAER LA TARDE.
á salir.
Empotrado en un ángulo está el nido
Juan se adelantó; la duda le hacía sangre enel corazón.
De una viajara golondrina parda,
-Oye- dijo entrando-quiero preguntarte una wsa..... .
El borizonte inmenso y encendido
Se detuvo asustado. Flaqueó 1,u e,pír:tu como _i fuera
Por un sol como globo suspendido
á traspasar Jo~ umbrales del infierno.
Que su descenso venical retarda.
-¿Qué?-interrogó el otro.
Es la hora tan triste!. ..... Cada in6tante
Juan no bailaba palal:¡ras qt•e no le quemaran los 1·bios...
Se impregna de un fervor lúgubre y mustio,
-Decía yo...... que...... quiero saber si ella...... ya saEnmudecen los labios de! amante
bes quién ...... fué contigo ........ .
Y vaga la mirada penetrante
Una ruidosa carcajada sacudió el pecho del interrogado
Y en negras dudas mi cerebro angustio.
y se extendió resonando bajo la bóveda.
-Tú-dijo Juan casi entre un gemido-tú ¿serías..... su
El alma tiembla; el porvenir sombrío
amante?
Esconde los misterios de mi vida,
-¡Vaya, vaya! Sino hubiera yo tenido grandes móvi·
Temo encontrar tu corazón vacio
les que me impulsaran á hacerlo, ¡amás hubiera aceptado
Y agonizante abandonado y frío
gustoso el papel de aiorador engañado; si acaso te aconMi recuerdo, tal vez!. ..... todo se olvida!
sejé, en un momento de peligro que me arrebataras una
El nido entonces hallaráse yerto;
mujer, que yo te cedía de buena voluntad, fue por salLa erraui;e golondrina aventurera
varme ......... .
Que cruza por el árido desierto
¡Ella hubiera sido mía y tú comprenderás mi situación!
Ha de volver y te dirá que un muerto
Las últiwas palabras las dijo ya en el jardín. El eco
En el sepulcro á descansar te espera.
de ellas modificado por el tornavoz cJe la bóveda, cayo co·
Y ese sol como globo suspendido
roo una pesada maldJción sobre la cabeza de Juan.
Cayendo lentamente al horizonte,
Disipará la sombra de tu olvido
Entonces quedó solo. Sobre su pobre cráneo que esta·
Con la luz del crepúsculo encendido
liaba sentía flotar algo que forzosamente era horrible. No
En el purpúreo valladar del monte.
atreviéndose á investigar la naturaleza de sus ideas, te·
miendo encontrarse más infortunado si analizaba sus imMANUEL 0.BTIGOZA~

púsculc, á aquella mujercita de ~abello~ col.or de ambar
y ojos hondamente azules; la veia, entristecida, espe,ando siempre la llegada de un ensueño q11e alguna vez, sentado en el romo borde de s11 camita de virgen. le había
dicho «Espérame....... » Siempre misteriosa....... ¡A1_uella
mujer tenia, para Juan, la irresistible atracción de lo desconocido!
IV.
El sol como mi índice glorioso, fué marcando en el cielo las h~ras del año. Completamente absorvido por el recuerdo de Lupe, que era ya t_en.az é imprescin~i.ble, el es·
tudiante se dedicó á un trabaJo mtelPctual deb1htador por
lo excesivo; así creyó alPjaree de ella y tuvo mied~ de ha•
liarse entonces demasiado solo; en estas alternativas, se
hundió lentamente en una vaga melancÓlía sin nombre
y, al parecer, sin objeto.
.
Poco á poco se asimiló las claridaJes del espíntu de Lu·
pe y. al encerrarlas en el sn vo, notó con sor~esa que él
también estaba sacnrli&lt;lo por inquietudes seme¡antes á las
que suponía en ella; poco ,t p0co fué acentuándose aque•
Jla atracción extraña y cierto día. sin darse de ello cuenta Juan al tornar para de~pedirRe nna delicada manecita
d~ Lupe: tuvo una irnoulsión violenta que le golpeó el interior ,lel pecho, sintió un empnj'&lt; indomable que le movía la lengna y hal:.ló...... Pu palabraeraun hi_rviented~s·
bordamiento; ella le escuchnba con una beatifica sonrisa
de candor, recostada en las mejillas ruborosas.
Desde aquel dia, Juan amó con impetuóso amor. á aq.ue•
lla mujer atrayente por sus brumas. por. su.s m1ster10s,
acariciadora hasta el exceso en los sacudumentos de la
neurosi~, ......... la amó como se ama al peligro; con un
tanto de eabroso miedo.
Aquel cariño, como el primero de Ju"n, no era nada
prudente, era una vorágine ...... un vértigo ..... .

¡;~i~·

'1,\S•
~'(f A.
,,,,_é &lt;\-o,,,µJ.A

5&amp;S&amp;S&amp;Si5IYSMi

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$10,000~
N verificará en el Pabellón Morisco
, las tres de la tarde, el Jueves
'

12 de Noviembre 1896.
bajo el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada
uno, divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $28,000.
-~-

PREMIOS:
1 Premio de.••• $ 10,000...• $ 10,000
1

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2
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2 Aproximaciones de á $ J 00;
una anterior y otra posterior al
nllmero premiado con los ......
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2 Aproximaciones de ll $50; una
anterior y otra posterior al nú•
mero premiado con los
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2,000

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100

8415 Premios que hacen un total de $ t 7. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$60,000
se verificará en el Pabellón l,foriaoo,
A las U a.m., el Jueves

22 de Octubre de 1896
baJo el plan siguiente:
ID,000 BILLETES.

FONDO: $ 320,080.

PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4.00.-Medlos: $ 2.00.
Cuartoa: $ 1.00. - Décimos: 40 centa.
Vl¡iéslmos: 20 cent11.
•

PREMIOS:

t Premio mayor de......•••• t
1 Premio prlnclpal de ••.•.. .,
1 Premio prlnclpal de .••.•. .,
6 Premios de $ 1 ,000 ..•..• ,.
t O Premios de ., 500 ...... ,.
26 Premios de ., 200 ...... .,
t 00 Premios de .,
100 •••••• .,
260 Premios de,.
40 •••••. .,
460 Premios de,.
20 .•••.• .,
1 00 Premios de 8 60, aproximaciones
al premio de 8 60,000.••••••••••• ,
1 00 Premios de 8 40, aproximaciones
al premio de 820,000. •..... - ... s
1 00 Premios de 8 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000. ••••••••••• t
7lillil Terminales de$ 20. que se determinarán por las dos llltimas ci•
fras del billete que obten¡a el
_premio mayor de 860,000 ..... •f
799 Terminales de$ 20, que se determinarán por las dos últimas ci·
fras del billete que obtengJl el
premio principal det20,00ó..••t

60,000
20,000
1 o,000
5,000
5,000
5,000
t 0,000
t 0,400
lil,200

6.000
4.000

2.000
115.980
115.lilSO

2.761 l'rtmlo1 q111 WID u 'l'ot&amp;ldt.. $ 178.560
&amp;.r-Todos los sorteos estlln bajo la vigilancia
y"1Irccci6n personales del Sr. D. Apolinar Castillo,
lnTterventor del Gobierno. y de un empleado de la
esorerla General de la Nación.

Oficinas:
•

r

San Francisco ndm. ~.
U. BASSETTI, Gerente.

Expuesto por las señoritas HuNSINGER HERMANAS. l'!- CALLE DE SAN
FRANCISCO NUMRRO 14, ha tenido grandísima aceptación.
Nos felicitamos de haber sido de los primeros en aplaudir esta
creación exquisita ~e una elegancia rara y de un gusto perfecto.
Después de esta graciosa aparición, no habríarazón para que las
señoritaa Hunsinger Hermanasse admirasen de nuestrodeseo, muy
natural, de ver salir pronto de sus hábiles manos una nuevaobra
maestra.

4

~\,)~~
-

LAIT ANTÉPHi!LIQVE -

LECHE ANTEFÉL
ura 6 mezclada con agua, disi
AS, LENTEJAS, TEZ ASOLE
ABPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES

�Las PfLO ORAS del Dr. AVER
Han sido objeto de los más Altos Honores en las -principales Exposiciones
Internacionales inclusas las de Barcelona y Ch1ca~o, dos de las más
recientes. El abono dispensado por. a,quellas autoridades con carácter
oficial á la excelencia v virtudes met11cmales de las Pildoras del Dr. Ayer,
confirma el -juicio que h an merecido del público en general durante más de
una generación, de que estas Pildoras son las meJores del mundo.

Son

Son

Puramente

Azucara· das.

afecta seriament e los órganos digestivos y asimilativos, in~luso. _los
Riñones, y en est e estado n o pueden extraer de la sang re el ácido un~o,
el cual, al ser introducido en el sistema, causa Reumatismo y Neuralgia..

DESARRECLOS

BILIOSOS.

Entre los síntomas indicadores de Bilio~idad l1ay la Nausea, Mai:eos,
Dolor de Cabeza, F laqueza de Fuerzas, Fiebre, Yista Turbi_a , Aman)lez
de la Piel, Dolores en el Cost ado Espal~a y :q:ombi:os, Alient o . Fétido,
Lengua Saburrosa, Irregulari~a~ en ias fun cione~ mtf'.stmales, V ómitos, etc.
Cuando ocurre el E streñ1m10nto el Tubo Digestivo se af ecta y solJreviene I ndigestión 6

Ellfermos del Estómago
Es conveniente convencerse de
gue el DIGESTIVO MOJARRIETA es
lo único positivo, Jo único que cura
radicalmente las enfermedades del
Apara.to Digestivo, y exigir graba-do sobre ca.da Oblea, el nombre DIGESTIVO MOJARRIETA.
Dispepsia, Gas tralgía y Enteritis crónicas

TOMOII

M.EXIOO, DOMINGO 25 DE OCTUBRE DE 1896.

con sus sintomas: Agrios después de las comidas ó Acidos del estóma,go, Sed excesiva, Hinchazón ó Peso en
el Vientre por poco que se coma, Digestiones lentas
ó incompletas que producen Repugnancia, Mareos,
Dolores de Vientre, Vómitos biliosos y Diarreas crónicas.
Son enfermedades que según ensefí.an millares de
personas bien conocidas y respetables, á quienesi se viú
sufrir durante muchos años y además reconocen eminencias médicas de varias naciones, sólo se curan completa y radicalmente con el

•

NUMSROl"T

•

Digestivo Mojarrieta.
En todas las Drouuer-ías de Jléxico.

DISPEPSIA.
La Mala B oca, D olores Gástricos, Dolor de_ Cabeza, !'-cid~z del
Estómago, Agrura, Nerviosidad y Depre~ión de Ammo son ey1dencia~ ~e
Dispepsia, enfermedad que t anta congoJa causa. Se hallara u1_1 Alivio
Seguro para las irregularidades del est ómago y demás dolencias consiguientes en las

Píldoras del Dr. Ayer.

~¿Está ud. anémico ó debilitado?~

TOME VD. EL VINO DE BAGNOLS

E stimulan el est ómago descargan los intestinos, comunican salud
vigorosa al higa.do entorpecido y á los riñones, • y con sus propiedades
tónicas y laxantes fort ifican y purifican todo el sist ema.

SAN JUAN.

Preparada por el Dr. J. C. Ayer y Ca., Lowell, Mase., E . U. A.

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ningun peligro para el cutis. 50 Años de Extto,ymillare~ de·testimoniosgarantiian la eftcada
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El Digestivo Andrew cura radicalmente la dispepsia, enteritis crónica, acidez del estómago, abultamiento con poco comer, flatulencia, repugnancia á los alimentos, diarreas, gastralgias, ictericia, vómitos en las embarazadas, dolores de vientre, digestiones lentas, penosas é incompletas que producen dolores de cabeza y que
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padecimiento, y aunque no haya cedido á otro tratamiento, e\ éxito es tan seguro, que no tenemos inconveniente en Garantizar el especifico, pues ha. sido analizado Y
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esta capital y de los Estados. Desconfiese de las imitaciones y falsificaciones.

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Este periódico está impreso con las tintas fina8
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PUESTO DE SODAS, servído por las señoras de Escand6n Beatriz Redo de Zald º
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1var, e ter, y las señoritaa
Leonor Mier y Beatriz de la Vega.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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