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                  <text>19 N OVIEMBRE, 1896.

284

LA NOTA DE LA MODA.
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TOMOII

MEXICO, DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE DE 1896,

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&amp;I amor es más fuerte que la muerte .

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1

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'T'raje ae calle para principio ae int1ierno.
En el panteón.-Recuerdo del dia

2

de Noviembre, roR

ALCALDE.

•
NUMEROJ9

�\

EL MUNDO.

286
'-'-EL MUNDO."
SEMANARIO ILUSTRADO.

'Teléfono 4.M.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MXXICO.

Toda la correspondencla, debe dirigirse
al Gerente de est.e periódico.

La Bl1Bcrici6n á EL lllUN 00 vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelanti.dos.

N{lmeroe sueltos, 60 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ;cación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.

Y si, pues, éste es el verdadero criterio con que debe
ser medida la revolución de Tuxtepec, y ésta la verdadera medida de los hombres que la acaudillaron, no cabe
que hayamos injuriado á nadie al referirnos á sucesos
qne en modo alguno se encuent1an relacionados con per~onas y hechos consignados en la historh1 de estos últimos vPinte años. Pero la historia de México no comienza
en 1876, y derecho del eecritor PI! estudiarla en sus varios periodos, sin prPjuicios ni ofuscaciones, tal como se
presenta al Pxamen de un criterio sereno y reposado, diciendo de E&gt;lla toda la verdad que de sn estudio se desprE&gt;nda. Y apoyados en este dPrecho hemos ernrito las
palabras que se nos ctln~nra11. Juzguen nuestros lectores
si hemos tenido ó no ra.-.ón.

BBGIBTRADO OOMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

•Agentes exclusivos· para los Estados Unidos y Canadá The Spanish American Newspaper Oompany, 136 Liberty St. New York, E. U.»

&lt;!U nueuo :pre.si~ente ;i(.meticnno tJ los interese!í
UIHiC01105.

8 NoVIEMBRE, 1898.

1Ias Qt:u11rttlaJ1J,.

l9olítictt ~rneral.

287

EL MUNDO.

pena ó de faltará la verdad, ó de secundar las miras y hacerse en cierto modo cómplice de Bismarck; no puede satisfacer los resentimiPntos austriacos, porque para es~
también necesitaría· descender de su alto p1o1esto y tocar·
las miserias que se le atribuyen, fundándose en ee-as revelaciones. De :!onde resulta una situación difícil y comprometida, orillada á complicaciones en lo porvenir.

***

¡Cuán cierto es, que muy raras veces se conservan á una
avanzada edad el juicio claro y las concepciones brillantes que pudieron ser patrimonio de juventud airosa y pujante y gloriosa virilidad! Cuán cierto es también que la
pasión y la ira pueden caber en pechos celestiales, y que
aun las almas más bien templadas y los tspíritns más serenos pueden sufrir á las veces obnubilaciones lastimosas
y lamentables eclipses, cuando el prejnic10 y el rencor y
la tristeza del ajeno bien los cubren con sus sombras!
No ha mucho el Grand Old Man, el célebr e l,beral inglés
Mr. Gladstone, aconsejaba á la Gran Bretaña interviniera de modo violento en la crisis armenia, y procurara por·
medio de la fuerza hacer cesar laa atrocidades turcas que al
mundo cristiano escandalizan, aunque encendiera la guerra europea, y la gran conflagración univt'rsal alumbrara
con sus fatídicos resplandores el triun[o de esos arranques dP. lirismo apasionado.
Ahora es la gran personalida:i germánica, el Canciller·
del Rey Conquistador, el que por rencillas trasnochadas y
añejos odiod, descubre secretos que debieran qnedar
ocultos.
Por supuesto, que los arranques de los ilustres ancianos no tendrán notable t, ascendencia. Inglaterra no llegará al último extremo qne la aconsejab:. Gladstone, yAlemania procurará. estrechar sus vínculos con Austria,.
y aproximaree en lo posible á la omnipotente Rusia, re·
mediando en lo posible la mala impresión que produjeran las declaraciones de Bismarck.

El candidato republicano Me Kinley 11.caba de trino·
far en las elecciones americanas. Conocido es del público de nuestro semanario ei programa que sirve de b.ise á la política, que sPrviráde línea de conducta al nuevo
Prt&gt;sidente de la República del Norte.
El triunfo del campeon proteccioni~ta en nada perjudica á los intereses de Mexico, relacionados con la gestión económica de la administración americana. Corno
Se ha pretendido que al referirnos en estas columnas se recordará, Me Kinley es un decidido paladín del taá los «tenebrosos cuartelazo.~ que manchan la historia patria» l6n oro, y esto que, ,í primera vista, parecería perjudicar
-palabras que a..¡_uí quedan escritas y que estamos · dis- á una de las industrias más importantes de nuestro paí.e,
puestos á defender con entera convicción-bemos lanzado no puede causarnos más daños que beneficios ·nos hubieuna injuria al actual ejército, lastimando al propio tiempo se traído la exaltación de Bryan, partidario de la plata.
la reputación de los jefes que acaudillaron la revolución
En el fstado en q11e se encuentra la crisis del metal
de Tuxtepec y de la que emana el presente estado de blanco, ninguna medida artificial podría resolver este
cosas.
problema. LaR fuertes compras realizadas por el Tesoro
Hemos hablado de cuartelazos-pronunciamientos en- Americano, hace años, no sólo no c:)lltribuyeron á recabezados por militares al mando de fuerzas confiadas habilitar el valor de la plata, sino que no fneron obstá* **
por los gobiernos contra los que se produce el movimien- culo á su lenta y prolongada depreciación. Todos los esy tornadizos los diputados franceses, á raíz
to;-y hemos hablado de historia patria, y antes de fijar fuerzo de Bryan por devolver su primitivo precio á este delIaquietos
esplendente triunfo que acaba de obtener el gobierla diferencia enorme que existe entre una revolución co- interesante producto se hubie~en estrellado contra lo no que
preside Mr. Mé lline, con la presencia del Czar en
mo la de Tuxtepec y un cuartelazo, exhibiremos algunos irremediable.
Paría, y la ratificación ante el m"nndo entero de la aliande estos actos, abundantes en el arsenal de nuestra joven
Por otra parte, en las condiciones en que se halla nues- za franco-rusa, ya andan busc!indo la manera de crearle
nacionalidad.
tro comercio exterior, una alza de la plata uo con vendría dificultades, procuran:lo derribar al gabinete que apena&amp;
LéaAe bíen lo que es un cuartelazo:
tanto á nuestros intereses como el beneficio obtenido en
En 1845, á raíz de haber declarado Texas su anexión el pago en oro de las demás mercancías de exportación. tiene seis meses de existencia.
Rencillas ínLimas, pequeñecei tle salón, desaires den l territorio americano, el Gobierno de la nación confía
Y de eeta prima seguirán disfrutando los productores, es- etiqueta,
son los medios que quieren poner en juego; renal general Paredes un fuerte ejército para combatirá los pecie de est-ímulo concedido al trabajo nacion:ll.
insignificantes, pasio11c1 lla➔ cuasi familiares son la
rebeldes; e! Gen~ral Paredes sitúa sus fuerzas convenienNo hay que olvidar que la política de l\fo Kin\Py con- cores
t,emente, invita á otros jefes á su empresa y se pronuncia tribuyó á la inmigración de fnertes capitales Americanos levadura que fermenta ahora ¡,ara provocar una crisis.
Después de las nimias exig~nciaa de lo que se llama
contra el Gobierno t-n la hacienda de la Pila, no lejos de incorporados á industrias, que, como la de fundiciones
Ran Luis Potosi, golpe de mano que lo lleva á la Presi- de metales, han abierto nuevas fuentes de riqueza y pro• «protocolo» en la corte republicana del Elíseo, á que tu-vieron que sujetarse los emp.,radorns r11tios, muchos fun-dencia dP la República.
porcionado labor á numerosos brazo~.
cionarios grand.,s y pequefios, y eutre.e.llo3 uu. buen núEn 1847, en plena guerra con los Estados Unidos, el
i,a victoria del campeón republic11.no debP. por lo tan&lt;teneral Pefla y Barragán, se pronuncia en la Capital, al to, ser considerada como muy favorablti á México y dig- mero de diputados provincianos, ~e h,111 creído lastima·
dos porque no se les invitó debidament,e y no tomaron la.
frente de las fuerzas que el Gobierno ha puesto bajo sus na de todo nuestro beneplácito.
parte que soñaban en todas las cer~1wouias fastuosas de•
órdenes; el cuartelazo no triunfa, pero por espacio de un
la recepciór,. M,·.chos se figuraban en unión de sus burmes, dice un historiador, las calles de México fueron teaguesas familias, codearse y tratar en cnmperhana saiuifa•
tro de toda clase de horrores.
con á los augustos soberanos del gran imperio; y ni versePero la simiente de cuartelazos estalla y fructifica tan
chasqueados en sus modestas aspiraciont'S, se vuelven
pronto como triunfa .,¡ plan de Ayutla; y Don l¡tnacontra el Gobierno que tiene la culpa de todo y procuran,.
cio Vallejo y el capit,an Servín ..n Morelia y Don JnFé
María García, cornan1hnte rnilitar de Oaxaca, y Don Vi- RESmIEN.- Bismarek en evidencia.- Pretendien1lo he- nuevamente ilusos, provocar su caída pvr caneas' tan pe·
Ct\nte Salcedo Pn San .Tnan de Uln 1, inauguran una serir á un miuiKtro, ataca al im¡111rio.- l)ecadeucias de la regrinas.
rie de pronunciamieuto~ que llenau de sombras todo es·
e1lad.- Cl'isis Rin ru6n en el Gobierno francé,i.- La
Vanas esperanzas: su intento primero ha fraca~ado, y
t&gt;lecci6n de Me Kinl11y y la prensa extranjera.-La plata· el voto de censura que se pidió á I!\ Cámara por fúti leste periodo.
He aquí, tomados al azar, PjemploP pabit,antes de los
forma de St. LouiK y la fotura pulitica americana.-Los motivos fué rechazado ya pc,r inru~nsa mayoría.
tenebrosos cuartelazos que 111.11nclum la, histo1·i11! ¿Es posible
No son las conspiraciones de ese género las que pueden
partido~ y 1011 gobiernot1.
11ncontrar Pn ellos n n termino de semi,janza con la revomedrar en los tiempos que alcanza1Uos. Hasta entre loe•
lución de Tuxtepec?
No ha terminad,) todavía, ni es fácil que termine tan fosfóricos franceses, de carácter arrebatado é impulsivo,
La revolución de Tux:tepec no fué no c1.v1rtelazo ni los pronto, la exaltación provocada en la prensa europea por se necesita algo más sólido para tlerribar un ministerio.
hombree que intE&gt;rvi11ieron en ella se aprov~charon de las declaraciones que acaba de hacer un periédico alerlementos algunos Pncomendados á su vigilancia y que mán, órgano caractnizado del príncipe de Bismarck.
***
t,orcieran de su fin; Tuxtepec ha sido ya bastante bien
Los comicios electorales, reunidos el día 3 del actual en
Acababa de pasar la grande y aparatosa recepción del
Pxplicado al público para que nuevamente tratemos de Czar en París; aun resonaban en el aire, con poquísima toda la extensión de la Confederación americana, votaron•
,lar á conocer su expresión y alcance; aquel movimien- gracia para los oídos germánicos, los ecos y el estruendo en su gran mayoría por el candidato republicano, y cont,o, apoyado en nec~sidades que la República 1,ugnaba de las lujosas fiestas, cuando el desairado Canciller de cedieron la investidura de Presidente de la gran Repúpor satisfacer, inspirailo en un amplio programa de pro- Hierro, que á pesar de su grandeza histórica y casi legen- blica al célebre proteccionista de Ohio, William Me·
greso, penetró rápidamente en el país; traía una gran daria, eiente la nostalgia del poder, para herir á los fran- Kinley.
nromesa &lt;I_Ue ha cumplido: la de desarrollar todas las ceses que se enorgullecen y con razón de su alianza con
Si la elección del candidato re publica no es motivo defuerzas activas de la nación, y un&lt;&gt;, noble esperanza rea- el moscovita, para mostrar ante la Europa la refinada as· regocijo
para México, porque favorece sus intereses merlizada: precisamente la de '.lxtinguir todos esos cuartela- tucia de en diplomacia y la pujanza de su gestión internay financieros la continuación del talón or.&gt; en zos que antafio se producían en 1a historia patria. Tux- cio_nal, ~ para marcar á sus sucesores con el estigma de cantiles
los
Estados
Unidos, no sucede lo ..uismo en Jos países .
t,epec fué una revolución naciol'al y cnalquiera que hu- la ineptitud, descubre ante los asombrados gabinetes la europeos, que
recelan y con razón del exajerado protecbiese sido la bandera que enarbolara habría triunfado.
existencia de antiguo tratado que ligaba Rusia y Alema- cionismo que tendrá que desarro1lar el nuevo presidente,
i De tal modo había peuetr.1do en la conciencia popular!
nia. á hurtadillas de las potencias mismas que componían si llega á dar cumplimiento al programa aprobado en la.
la Triple Alianza, y ha durado de 1884 á 1890.
Convención Nacional Republicana que lanzó su candida***
. Ni ~ua obligaciones de C~nciller que le imponían silen- tura y fué aceptado por él al admitirla.
Y si del movimiento revolucion11.rio, pasamos á los homc10,
m
sus
deberes
de
servidor
del
Imperio
que
le
impeBuen testimonio daµ de estos temores los comentabres que en él intervinieron, podemos apreciar todavía
mejor la enorme diferencia que existe entre los viejos dían revelar secretos de Estado, que pudo poseer durante rios que han acompañado á las noticias de la elección.
el
ejercicio
de
sus
funciones,
ni
las
c,msideraciones
del
Organos de la prensa inglesa y alemana, representantts,
pronunciamientos y el acontecimiento político realizado
hace veinte años. Citemos, tat'lbién al azar, algunos patriotismo, nada pudo detenerlo: y con tal de echar en de los pueblos que serían los más perjudicados en casocara á la República Francesa la circunstancia de haberse de restablecerse corregida y aumentada la famosa tarifa
hecho~:
EL MoNDO diario acab1 de recordar qu" en 1867, el ge- ligado con quienes eran ayer aliados de su mortal ene- que lleva el nombre del nuevamente electo, no ocultan
migo, y de hacer patentes las torpezas de Von Caprivi, sus prevenciones ni hacen misterio de sus recelos.
neral Díaz, al frente de un ejército de 60,000 hombres y
Si se huelgan los más del buen sentido-del pueblo ame-~on un préstamo de 500,000 pesos que voluntariamente que no supo conservar la entente ruso-germana que labofacilitó el ~omercio.. hizo entrega no sólo del ejército y el riosamente había establecido su antecesor. nada le im- ricano, manifestado al rechazar á Bryan, que lo habría
adelanto amo también del excedente de la suma mencio- portan las suspicacias que despierta en Austria quA se \la- llevado á muy graves conflictos, y habr1a podido com·
~a á 1:nga~&lt;&gt;, ni los rencores qne recrudece en Francia, prometer seriamente el crédito y el buen nombre de la.
nada y que estab\ .. n sn pnder. l\Incho antes de 1876
el que es ahora Presidente &lt;le la República no había que'. Ill el aislamiento á que expone á A.lemania, que puede ver nación, no pueden menos de lamentnr que el triunfo del
rido aceptar ni el sueldo de general que se le ofrecía no pnr estas imprudenci&amp;s rota la Triple Alia_nza, sin poder talón oro, vaya probablemente aco:::ipa!íado del protec·
ya como militar en cuartel, sino por sub Eervicios ante· l0grar en recompensa restablecer la antt"'Uª harmonía cionismo prometido.
riores prestados á la patria. Por lo demás la revolución entre los dos grandes imperios del norte d; Europa.
Hay otros puntos en el programa republicano á que de. Con razón Guillermo II, en su primer impulso y en su
de I uxtepec fué la que buscó al general Diaz, no fué éste
corresponcler el gobierno que se inau&lt;mrará
en Was·
0
ciego arreb~to, pens6 hasta perseguir ante los tribunales be
quien provocó la revolución.
hing,on en Marzo de 1897, y son los qne ee refieren á la ·
El General Donato Guerra, cuyo recuerdo ha sido jus· al quP. res111tara resp~nsable de las declaraciones graves política internacional de los Estados Unidos. Segú:1 lo•
taD1ente hnnrado en t&gt;stas columnas, antes de alistar- dPI Hamburr,er Nachrichten; con razón la prensa oficial y acordado en la Convención de St. Louis, es voluntad del
se en las filas revolucionarias, hizo entrega de la divi- oficiosa de A.lemania se ha desatado en ataques contra el partido repub icauo manifestar de modo activo, y ei es•
sión que mandab!i y del dinero que poseía, acto muy sig• in~is~re_to C~nci ller, _la francesa ha rechazado con energía preciso _con ostentaciones de fuerza, sus simpatías po~ la
nificativo te\ cumplimiento de su deber como soldado la,rns1d1osa 1mputaci6n del periódico alemán, y la austro- revolución cubana y su interés por los infelices armen103,
hnngara se atreve~ tachar de ilesleales los proced1mien· cruelmente sacrificados por los bárbaros musulmanee.
pundonoroso y digno.
Otros hecho!! de esta naturaleza podríamo3 mencionar, to~ germanos que ahora se &lt;lescutren.
Pero como nosotros cr!lemos que una cosa es el progra·
Y es de tal naturaleza el a~nnto que en v!\nn se le busy acaso ellos figuren en la historia de esta revolnción,
ma de ,un p:irtirlo y otra el de un gobierno constitui~o,
narrada fü,1 mE&gt;nte pol" algunos de los redactores del MuN- ca º':1ª solución ~ecorosa. El Gobierno de B&lt;:!rl(n ,,,, pnP- nJ Stlra Uc1l que l\fo Kinley dé vuelo á sus preferencias-de m afirmar abiertamente, ni desmentir la noticia, so
DO testigos pn::senciales de aquellos acontecimientos.

\tolas tbitorialt,.

8 N OVIF.JfBRE, 1896.

El Sr. Pr"-&gt;ideutt, de la ltepllblica descubriendo la está.&amp;ua del Sr. Géuéral Pu.cuccJ.
protfoccionistas, ni á las exijencias del panido que Jo
ele~ó al poder. Prudentemente y con serena calma, estudiar¡!, los graves_ asuntos de ~atado, y no se ha de guiar
por las pre?cupac!ont-~ y fanatismos de sus partidarios.
No es lo mismo ?1Ecut11· en. el club, que peear la gravedad &lt;l;e los nE&gt;goc10s con la 10mensa respoll!!abilidad que
adquiere el dt'positario del poder, ante el pueblo que Jo
nombró y ante la crítica que o estudia.
X. X. X:.
5 de Noviero bre de 1896.

Es&amp;A&amp;ua del

Sr. General Pacheco, inaugurada en el Panteón de Dolores el 4 del actual.

tarios tan encomiá~ticos y qué llanto tan doloroso el de
la selecta concur~Pncia cuando Don Juan fallecía en Jos
brazos de la subnna del cural
-¡Qué ~is~l Jiciones las de esta nilla ·para el trato! ex•
clamaba e. p111tor en el colmo del entusiasmo.
Don Juan salía con un sombrero cubierto de flo rAs
vestid~ de zamarra y pantalón con botas de un vaquer¿
d_e hacienda comarcana, y en vez de espada, machetón al
c1_nto. Por eso en el cuarto acto, Tenorio daba un soberbio trancazo al Comendador y de un machetazo en la espalda mataba á Don Luis Mejía.
Pero lo que encantaba á los asistentes era la escena en
que Don Juan, arrodillado uelante de la señorita Ulloa
"Don
la reque):&gt;raba á todo su sabor y talante. El maestro muy
Para sacar algunas p1esuntas ánimas del Purgatorio, se conm?VIdo,. entr~ manaza en el pecho y manaza 'sobre
repiuen~a en todos ka !,eatros de esta noble ciudad de un~ silla ba¡a, gr1taba, como si estuviera regañando á Jos
los palacws, ,.1Urante siete días, por la tarde y por la chicos:
"¿No es verdad, arcángel de amor
noche, el drama_ religioso-fantástico de Zorrilla, titulado
Qllt' en esta apartada orla
'
Don Juan Tenorw. N_o sé cu,,,ntos días de indulgencia gam~s pura la luna brla
y se resoira más mejor?"
naremos por haber 01do con calma el drama anual' ad
U8~m cocherorum punti; pero yo creo que cuando nos re-Pero, hombre-le preguntaban-¿por qué dices armitan á purgar nut'stros pPcados. no mucho tiempo ;en- cángel y no 6,ngel, eomo está en la comedia?
drán qut: decir nueetros deudos aquello de
- : Parecen tontos! P0roue arcán.gel es máe que ángel y
yo ere? qun el autor se e4uivocó.
'
"Que Dios las ..aque de penas
0 ciert,o es que esa noche los niflos soñaban con reY las lleve á. descansar."
Despenados quedaremos á la segunda audición y des- suc1_tados y las muchachas cobraban ánimo para sufrir
~as iras de ~us padres, en.arad del amor qne profesaban
pués de una obra así, ¡cualquiera descansa!
'
Por supne8toque no dt"bía hablar mal del Tenirio. El .. 1os señor1tos dE&gt; 111 localidad.
El drama religioso-fantástico de Zorrilla este año
fall"!oso D~n Juan me ha hecho recordar mis felices años
de mfa':1c1a, cuando el maestro de escuela de mi pueblo ~e.llevó otr~ vez á la galería construida en ia ca~a mu~
se consideraba con derecho de pegarme cuatro coscorro- m~1pal de m1 pueblo, en donde me daban sitio previos
nes por_ cada !ección no aprendida ó el Juez de paz pre- seis centavos, valor de la entrada, y varios empellones de
~ndía 1mtrmrme proceso porque me apoderaba de las !os mayas qu~ se reían á mandíbula batiente en los pas-.¡es más patét1coo de la representación
ciruelas del cercado ajPno.
Sí, señor; en mi pueblo se representaba el Tenorio con ElEn el Teatro-Circo, volví á ver al ~aestro de escuela
actor que servía de D. Juan, declamaba:
·
~das las reglas dt&gt;I arte. Dos me8es antes del .? de Noviembre, ya 1 andaban d en movimiento la sobrina '"'
-"-1
sefio
esta aura que vaga llena·
r cura, a esposa e1 pintor, el Juez de Paz 2'?, el
delos sencillos olores '
maestro de _escuela y otros vecinos más ó ménos honrade las (•ampe&amp;lnas· flores
dos y Jabonosos.
q_ue brot:&amp; la orilla amena.
Los 9ancos de la escuela se disponían en forma de taA cada mom~nto me figuraba que el buen sefior bajablado, ¡u~tá~dolos herméticamente; tres sábanas figura- · • ría detl edscenano para darme algunos coscorrones •El
ba? \o mismo la casa de Don Juan á orillas del Guadal- mae~ !º . e escuela_ en pleno D. Ju,,n Tenorio! Los· ~ieJmv1.t, que.el panteón; y la vela de sebo que alumbraba ~O!I visa¡es, _los miamos manazas las mismas b b88
a ventana del cuarto de Dofia Ana de Pantoja ejercía pienso que s1 le preguntan:
'
ar
Y
gespués de luna ~ne.quebraba sus vacilantes ray~s en los
--;-¿Por qué dice usted los sencillos olores de las c
ust&lt;?s de tres chicos convenientemente enjalbegados y
pesrnas?
arode pie sobr~ otros tantos cajones de petróleo.
Responde:
A la sobrma del cura, una señorita picada de viruelas
-· Vaya una prE&gt;gunta! Porque las campesina8
á8
aunque contemporánea de la expedición de Barradas le que las flores .. Yo creo que el autor se equivocó sonm
confiaban el cometido de Dofi.a I11é.1; Don. Juan lo hací~ el
. Para que mis r!!cuerdos no quedaran truncos· en la úlmaestro, y el Comendador el Juez de Paz 2'?
t..ma representación del D. Juan en Arbeu F' •
1 h'
La~ ~eñoritas mejor trajeadas del pueblo, el Presidente
zo de Dúña Inés IY cómo se pare~ía á la sobri~f~8:i&amp;ñ~Mun1c1pal )'. hasta la autoridad eclesiástica asistían á la Cur11. ! Víensu semblante hasta los agujerosd l
• 1 r
repreEentac1ón. i Qué aplausoe tan sonoros, qué comenePIERROT.
as virue as.

Juan Tenorio."

M.A.1-TJFESTACION EN HOl'iOR

DEL SEÑOR GENERAL FA.CHECO.

~l dfa 4 Jel mes en curso, por la mañana, numerosos
am1g?B ~el finado General de Di visión Don Ca1 los Pache·
ca, drr1g1éronse en trenes especiales al P,mteóu de Dolores, cou .,¡ objeto de visitar la tumba del patriota situada en la Rotond:' de :os Hombres Ilnstres.
'
Colocóse. prevtamente frent-e al monumento que am ara los. restos del expresado general, una tienda adornf:ia
con banderas ~e los colores naciouales, en la cual se le·
vautaba la tnbuna, y bajo de ella se instalaron los visitantes, entre los cnales se encontraban los Sres. Gabriel
Mance~a, i.dol~o Díaz Rngama, Andrés Basurto, Sierra
Horca~1tas? Luis G. Rubín, Dr. Peñafiel, Corollel Carl!e
~uagha. Lic. Eduardo Zár~te, Redo, Martínez de Castro
/,v1to J uárez, Ores. Alta mira no y Secundino Sosa .Pedr¿
e a 1le, Montes de Oca y numerosos empleados'
PSocopde~pués de llegados los manifestantes se p;esent6
e l r. residente de la República.
l
credmonia se. inició con una marcha ejecu~..da po~ .ª!1 a e Ingemeros, y concluida, el Sr. General Oíaz
1
1
~ ~ tióse ª\ ponumento y descubrió la estátua en bronce
~
ener~ acheco, obra del 8r. Alciati. Después subió~ la ~nbuna el Sr. Eduardo Zárate, pronunciando un
~omto d iscurso _en elogio del finado. Rabiaron después los
re~. t&gt;. 8 ~undmo Sosa y D. Luis MéndE&gt;z, cuya pieza oratona pud~eron ver nuestros lectore~ en EL MONDO diario
Y e1:1 aegmda el Sr. Gen~ral Dfaz y lvs manifestantes de:
Pº¡8~taron coronas al ~1e d~l monumento, terminande
:s ~ espontánea y cariñosa ceremonia, digna de aquel
quien ee consagró y que era un hombre de talento y de
coraz6n.

tª

Otro pago de $3,000.00, de "La Mutua"
EN GUA DA.LA.JARA..

Guadalajara, Octubre 20 de 1896
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de «La ·Mt
tuan de Nueva York en México.
Muy señor nuestro:
Hoy hemos recibido por conducto del Banco de Lo
dres YdMéxico y ante el nntario Sr. D. Arcadio t adilla
t~ma, e $3.000,00 (t~es mil pesos fuertes) valor de Ja pófi a ;uf. 661,409 ba¡o la cual estuvo asegurado nuestra
na o ermano el ~r. Cura Don Guadalupe lbarra.
tu~he 1~ presente s1rva para hacer pública nuestra gratitad
hsted q 111e. t~n bondadosamente nos ha facili•
o
o asta rec1b1r la suma antes dicha sin hab
e!ogado gasto alguno ni haber demorado el pag~ qne co~!
!~~rrt.re lo acostumbra eea digna compañía, hl ~ido vio-

¡~

~°Jª

De n~ted afmas. attas. y S. S.-SoL'!O ll&gt; lilAR1u.-R.s FUG10 lllARRA.

�8 NovmMBRE, 1896.

288

EL MUNDO.

8

NOVIEMBRE.

1396.

Gngusfia qumana.

•

¡

f

' ...

Sobre la cúspide de la abrupta roca lad manos ee alzan
y los brazos se retuercen con movimientos de desesperación inñnita; por la eterna escala del dolor humano as•ciende el clamoreo de las víctimas, sube la oración vagoro~a de los que su[ren, marchan en vuelo rápido las an •
.gustiadas estrofas de los heridos en mita€!. del pecho, de
los que agonizan en pleno himno triunfal que canta la
imp.. recedera harmonía de la vida en los espacios.
Allá van, allá van esas almas peregrinas en pos del
ideal perseguido, jamás alcanzado. . ¿Qué locura pavorosa,
,qué suplicante angustia conmueve á esas conciencias ensombrecidas por la duda y despedazadas por el pánico?
Es nna humanidad que siente miedo, nna raza de estremecidos por la desconfianza, un montón de carne humana, palpitante é inquieta, la que se agolpa en la escarpada
cima reclamando su girón de esperanza, su fragmento de
fe en este triste crepúsculo de los espíritus.
El hombre horrorizado del
espectáculo de la lucha, ahíto
de HU fe.itín de sangre, ante,el
-cuadro de desolación que á su
vista se desarrolla, convierte al
cielo eu mirada y pugna por
raEgar el impenetrable velo que
le oculta el eterno misterio;
;golpea la losa de lo desconocí·
do, y frente á la impasible naturaleza se debate en trágica
-convulsión, presa de impotencia
ineana. ¿Qué hay detrás de ese
macizo muro en el que se estrellan las plegarias más uncioeas y
las más atroces blasfemias? Y la
Tabia de romper este secreto y
devürarlo, inflama todas las almas y la queJa convertida en
-doloroso esl-'a@mo, brota de las
entraftas de la especie humana
y se evapora en oler,.das tumultuosas, en rojas llamaradas de
una enorme pira en cuyo fuego
.arde sin consumirse la esperanza.
Y la lucha prosigue. Ca1a Lo:nbrs que triunfa de la vida es
un homicida; cada existencia
,que persiste se forma de la su·
ma de existencias sacrificadas,
-cada combatiente que permane-ce en pie, se sostiene sobre un
tropel de cadáveres. Y los cuerpos se estrechan, y las manos
·se asen, y las miradas se incen·
diaa y el que cae perece y sólo
.se conserva alzad:&gt; el que derri·
ba á los que le rodean. Vivir es
matar, porque matar es defenderse!
Pero ¡ay! que cuando la noche hace caer su neblina obs•cura sobre el campo de batalla,
los combatienles se agrupan al
.aliento de una sola idea, al só·
plo helado de una misma angus·
tia y sobre la abrupta roca tien-den sus brazos suplicantes y agi•tan sus manos trémulas hacia la
prometida tierra cuyos vagos limeamientos no alcnnzan á ver en
•el sereno lago -azul de los cielos.

EL MUNDO.
altar mayor dos cirios por todo alumbrado; no acer~ábamos á di8tinguir las bóvedas, tan dens11 era la obscuridad.
Las pisada~ enérgica!! de los filósofos antigu,:,s resonando
acompasadamente, despertaban todos los ecos dormidos
en las telarafias de los ángulos y en las concavidades de
las bóvedas.
Terminado el desfile y restablecida la quietud, iba á
comenzar el rosario, cuando en medio del silencio eHtalló
una voz metálica, poderosa como campana de rebato, vibrante como clarín de guerra, y se lanzó al espacio, á las
bóvedas, al altar, este grito tremendo y sacrílego: «¡Muera
el Papal» Volvimos la cara, y en medio de la multitud
arrodillada y humillada, vimos de pie, erguida, triunfante, una silueta enorme, cabeza de coloso, espaldas de cícl~pe, ojos de arcángel: ¡Justo Sierra!
Aquel grito nos heló de espanto ¡ erizó de horror nuestros cabellos. Cubierto de sudor frío, mudo de estupor,
trémulo de espanto, contemplaba yo á aquel hombre extraordinario que en su impotencia de adol~scente lanzaba
un reto sacrílego á la autoridad, á la religión, á la fe, á

289
y Riva Palacio, el cual hacía una caricatura sangrienta
lle! Imperio.
Asistieron Maximiliano y Carlota, los altos dignatarios
ce! Imptlrio, las viejas damas de honor, los chambelanes
y la mejor sociedad de ~éxico. En ~edio de la fiesta r
fuera del programa, un ¡oven, Justo Sierra, escaló la tri·
buna y con eu voi sin par, su articulación sonorli é irreprochable, lleno de vida, de juventud, de valor y de entusiasmo comenzó:
Perdonad.me si audaz á este recinto
Do acabais de escuchar voces sonoras,
Vengo, osado, las cuerdas ineonoras
Del laúd á pulsar. Cedí á mi anhelo,
Quise un himno de gloria dedicaros,
l'edí un destello al luminoso cielo;
Bajó la inspiración: vengo á cantaros.
¡Y qué canto! Un himno á la libertad y á la patria, una
protesta contra la usurpación y la tiranía, la epopeya de
nuestro martirio y de nuestras glorias, las e&gt;stentaciones
de nueetras aspiraciones y de
nuestras esperanzas! Justo descolgó de las ramas del saúz la
lira babilónica y la hizo vibrar
de 11atriotismo y de entusiasmo.
·Hizo brotar de nuestros ojos
lágrimas y surgir en nuestros
corazones esperanzas; nos ven•gó de la opresión y nos templó
¡iara la lucha y hay quien atir·ma haber visto brotar de los
ojos incoloros del archiduque y
· rodar por el campo de trigo de
1-u barba de oro, una lágrima
·de rábia 6 de remordimiento.
Desde aquel dfa Justo se reveló t11I como es y tal como estaba llamado á ser: patriota y
liberal, artista y obrero, aposto!
y político y con su intuición de
poeta nos hizo ver clal'O el porvenir:
Sól,, e: tral&gt;ajo y la virtud unidos
Pudran llamar la bendición del cielo,

_

l\L

_,.........

FLORES,

i!os hábitos ae economía.

Frecuentemente oímos exclamar: «¡Nadie quiere ayudarnos!» Es un grito falto de ánimo y de esperanza. A veces ea
un grito de repugnante bajeza,
&lt;f"Specialmente cuando parte de
aquellos que con un poco de abnegación, de sobriedad y de
. ahorro, podrían fácilmente ayudarse á sí mismos.
Muchas personas no han a. prendido toda..,.fa que la victud,
. el saber, la libertad y la prosperidad tienen que nacer de ellas
. mismos. La legislación puede
hacer muy pooo en suiavor: no
puede hacerlos sobrios, inteligentes y exactos. Las principakB miserias de la mayor parte
de los hombres, tienen origen en
cansas ajenas á las actas del
Parlamento.
El pródigo se ríe de la legislación. El ébrio la desafía, y se
--•1110t11••··arroga el derecho de prescindir
de la previsión y de la abnega·COllO CONOCI A JUSTO SIERRA.
ción de sí mismo, echando sobre otros lo vituperable de su
Los Padres Jesuitas acababan
final vileza.
de hacerse cargo de la dirección
Los oradores populacheros,
-del colegio de Sau Ildefonso. La
que reunen «los millones» en
bohemia desarrapada, turbutorno suyo, están muy distanted
lenta é indisciplmada que cons·
del blanco, cuando, en vez de
titufa su población escolar, hatratar de arrastrará la multitud
bía sentido de una manera brusdo oyentes hacia los hábitos de
-ea é inesperada sobre su cuello
frugalidad, templanza y cultura
la mano de hierro de la genpropia, los incitan diciendo:
darmería de sotana á cuya vigi«¡Nadie quiere ayudarnos!»
lancia y solicitud se había conANGUSTIA HUMANA.-Cuadro de Rochegrosse.-(De celebridad europea).
Este grito enferma el al•fiado el gobierno del establecima. Pone de manifiesto una ·
m~ento. No bien llegados, los Jesuitas nos pasaron por todo cuanto conocía de sagrado y de respetahle; de cuyos
•caJas como á los soldados, nos clasificaron como á ejem· labios en vez de la oración brotaba la blasfemia, y cuyos gran igno~ancia de los primeros elementos del bienestar
piares de museo Y nos enjaularon como á fieras. Confi- ojos, lejos de bajarse humillados y contritos, se alzaban personal. La ayuda está en los hombres mismos. Han
nados en nuestros dormitorios, como presidiarios en sus al cielo preftados de ira y de odio. Han pasado treinta nacido para educarse y ayudarse á sí mismos. Deben ha,galeras, no nos atrevíamos á jugar ni á hablar. Un silen- años y aun lo miro e n rnerlib de la capilla, fu lminando cer salir de ahí su propia salvación. Los hombres más
:iio de muerte reinaba en los inmensos patios y en 108 sus rayos como Júpiter. Aqnella noche me in8pir6 horror pobres lo han hecho; ¿por l{Ué no lo han de hacer todos?
interminables corredores; tristes lamparillas de aceite y miedo. casi odio. ¡Quién había de decirme que aquel El espíritu valeroso y que ,,,ira hacia arriba vence
dentro de grandes faroles de vidrio alnwbraban apenas ángel extermibador no era, como no lo ha sido siempre, siempre.
Se ha hecho muy crecido el número de operarios bien
los ángulos, dejando en la ob~curidad las vastas y escue- sino el mejor. el más virtuoso, el más estimado de los
'tas arquerías, bajo las cuales paseaba una que otra sotana hombres! ¡Cómo sospechar en aquel jacobino impío y pagados en este país, que podrían ahorrar y economizar
negra como plumaje de cuervo y brillaban pares de ojos blasfemo al poeta inspirado, al apóstol ferviente, al paci- fácilmente para el adelanto de su bienestar mo!'al, de su
respetabilidad é indepen~ncia, y de su posición en la
-co,no de lechuza.
ficador de almas, que ha vivido derrochando genio y sociedad como hombres y ciudadanos.
Teníamos miedo y frío, yo, sobre todo, para quien sembrando el bien, y que morirá amado y bendecido de
"los tiempos pr69peros" gastan sus ganancias de
-aquella era la primera noche de internado, de soledad en todos! ¡Cómo suponer que aquel volcán en erupción, en nnEn
modo atolondrado, y cuando llegan los tiempos admedio de la multitud, de alejamiento de la familia. Sen- vez de desparramar la desolación y la ruina, había de ve,sos,
en la miseria. No se usa del dinero,
tía u~ nudo en_ la garganta, oprimido el pecho, húmedos ser foco de luz para los espíritus y faro para las concien- si no quesesesumergen
abu~a; y cuando las personas que ganan salalos OJ?s y hubiera de buena gana sollozado y gritado. cias, y cómo admitir que aquel obrero de destrucción rios, df&gt;bieran
contra la ancianidad, 6 para las
.Era p1adoeo y, creyendo encontrar en Ja oración lenitivo había de levantar tantos y tan grandiosos monumentos á necesidades deproveer
una familia que crece, están en muchos
á mi congoja, me puse á rezar. De pronto el taftido lento su propia gloria y á la gloria nacional!
ca@os alimentando á la locura, la disipación, y el vicio.
';f ac?mpastldo de una campana nos llamó á Rosario. Un
~sta revelación la tuve poco después. Era una fiesta No se diga que esta es una pintura exagerada. Basta diJesuita nos formó de doij en dos y nos hizo desfilar por escolar;
fes~ejábamos el santo del director .Artigas y nos rijir la vieta por cualquier vecindad, y ver cuánto se gas-orden de tallas, de menor á mayor, rumbo á la capilla. mo•trábamos
espléndidos. Un salóG profusamente ilnmiy cuán poco se ahorra; qué proporción tau grande de
Loe alumnos más grandes, loe fil6sojos antiguos, como se nado y ricamente decorado; discurso oficial por no re- ta
lo '!anado va á pasar á las tabernas. y cuán poco á los
les llamaba, rebeldes á la disciplina, cerraban la marcha cnerrlo quién; múeica y un sainete de circunstancia~,
-en pelotón desordenado. Entramos á la capilla: sobre el «El Sorteo," escrito con una verba endiablada por Mftteos bancos de ahorro .6 en beneficio de la sociedad!
S.\lILES.

&amp;n busca ae amo y señor.

�290

ULTIMO ECO DEL VIAJE DEL CZAR.
Hemos s~uido paso á paso al empt&gt;rador Nicolás desde su advenimiento al trono hasta la últi111a etapa dt1 su
viaje triunfal por Europa. Hoy que ha n grPeado ya á su
opulenll\ corte del Neva, es tiempo de dejar!,,, que otros
asuntos'nomenos importantes reclaman nuestra atención.
Dam¿s pues la nota po2trera relativa á los jovenes soberanos publicando un hermoso grupo, 1.hl todo reciente qne r~presenta ála Czarina, al pnsidente de la Repúblicr/. Franc€sa y al Czar, y á título de cunOEidad las líneas
q~e van áleerse á cerca de la bermosa emperatriz, tomadas , e un importante periódico europeo. Queda con
esto tnminada nuestra misión informativa.
La Emperat~iz Alejandra Feodorowna-dice ~nrique
Conti que ha sido por muchos años maestro de hteratu·
ra francem de la Czarina-ese ídolo viviente que el pueblo ruso venera prostern'.1-do, es la ~njer más een_cill: del
mundo tímida hasta lo mverosímll y tan sensible que
á la m~nor i!Jlpresióu eus ojos se llenan de lágrimas.

EL MUNDO.
inglés. Su madre era ya muy ingle8a á pesar de estar casada con un Príncipe altiwá.n y llevó á la corte sus hábitos yº"ª gn~tot!¡ 1.-jos de asimiJa,ae las costumbres de su
n1wva paHia, impuso en ella las Huya~.
Tomaba ciempre té, y á menudo en casa de algún compatriota, lo que e-candalizaba á los nobles alemane~. La
gran Duquesa anglomanizó la Corte y metamorfoseó pocu á poco á. Darwstadt en colonia inglesa.
La pérdida de esta princesa fué irreparable para s~
hijas¡ sin embargo, la educación de las princesas continuó inspirada en idénticos principios, pues el Gran Duque y sus bijas, por un piadoso escrúpulo, no quisieron
cambiar t1n nada el programa que había trazado la Gran
Duquesa Alicia.
A partir de esta época, la Reina Victoria se convirtió en
la consejera de a·us nietas, que todos los años acudían á
visitarla al Castillo de Balmoral. A la Czarina y sus her·
manas les encantaban esos viajes á. Escocia, donde ha·
cían infinidad de excursiones á la montaña.
Una de sus diversiones favoritas consistía en los bailes

8

NOVIEMBRE,

1896.

8 N OVIEMRRE, 1896.

CONOCIMIENTOS UTILES.
C11nservación de las maderas en las minas é
incombustibilidad.
Míster Henry Aitkens practica un procedimiento aplicable á toda clase de maderas con tal que estén descortezadas, secas y curadas bajo techado.
Las maderas en estas condiciones se sumergen en un,
baño de agua hirviendo, 6 cuando menos muy caliente..
que contenga sal común y cloruro de magnesio en proporción de siete de sal por uno de cloruro, bajo cuya acción se tiene de uno á dos días, según sus grueFos.
La instalación es sencilla: consiste en una caldera rectang,1lar de palastro de doce milímetros de grueso porseis metros de largo, unos veinte de ancho y noventa.
centímetros de altura montada en un hogar con conductos laterales de humos que terminan en una chimenea.
Se emplea el carbón más inferior y un solo jornalero.
Cuando se extrae la madera del bafio, está reblandecida y no puede maree desdeluego; pero almacenada de punta, ee seca y recobra la fuerza en
pocos días. En las minas de carbón de Nidrie, la duración de
'.as maderas era de diez meseil
por término medio y el dato que
hay hasta ahora es que las piezas preparadas por , ste procedimiento y colocadas en 1893 en
los sitios en que las comunes se
tenían que renovar con más fre·
cucncia, se conservan tao free·
cae como el día en que se colo·
caron.

El antiguo preceptor de la
Emperatriz se muestra en. usiasta por la belleza física de su
augusta diEcípula, y da á conocer fragmPntos de al¡nrnas cartas de la Reina Victoria, la Soberana de Inglaterra, en que
celebra con poéticas frases las
gracias de FU adorada nieta.
Después habla Mr. Conti de
la madre de la EmpHatriz, de
quien dice que era una mujer
superior que á la cultura y á la
grandeza de ideas reunía hermosaR cualidades de corazón.
-.:•-;¡i,¡¡¡I[ --•1111,0hu••Dió ejemplo de las mas grandes
L
.. virtudes y fné nna madre modeLa fabricación dPl azúcar
lo, llena de ternura y educadode remolacha.
ra admirable. Sfl ingPniaba en
preservar á sus hijos del contaConócese el azúcar desde los.
gio de los d~fectc,s de la nobleza
tiempos máH ,emotn~; por lo
alemana, del orgnllo de las premenos e I azúcar de Cll tia. Cuanrrog11tivas, del desdén por los
to al de remolacha fué en 174i
bumildeR, de loA prejuicios de
cuando nn qnímico alemán llacasta y del espfritu estrecho de
mado Nargraff publicó una melos príncipes germánicos. La
moria en la que detallaba las
gran Duquesa de Hesse se roinvestigaciooeA por él hechas,
deaba continuamente de persode las que dedujo la presencia
nas de mérito, sin cuidarse nundel azúcar en la remolacha; este
ca de sus riquezas ni de sus títrabajo fué presentado por su
tulos.
antor á la Academia de CienSu pa~ión por sus hijos, rescias de Berlín. DescubrimiPnto
plandece en las cartas que diritan importante, tardó runcho
gía á la Reina Victoria, lo mis•
tiempo en adquirir notoreidad.
roo que en el cuidado q•rn se
por las dificultades que Nargrllff
tomaba por su educación moral
encontró para llevar á la ¡;rgctiy eu instrucción.
ca lo que en teoría e~taba ya por
Escogía con gran cuidado proél resuelto, fundándose loa que
fesores é institutrices, á quienes
se oponían á que Fe sacara parrecomendaba coro batir la sequetido del descnbrimiento en que
dad del corazón, y no hablar
el jugo de la caña había de ser
nunca de prerrogativas ni de
( y es en realidad) mucho más
grandezas, inculcando á EUS dispu~o que el de la remolacha,
dpnlos el sentimiento del deNargraff había luchado, pero
ber.
la muerte no le permitió termiQuería que sus hijas fuesPn
nar su obra¡ ein embargo, sn diseducadas como todo el mundo,
cípulo Carlos Achard tuvo el hopara que habiendo nacido prinnor de continuar lo p0r el maes•
cesas, mereciesen la dicha de
tro empezado y llevó á la prácsu nacimiento por sus cualidatica la extracción del azúcar dti
des y virtudes.
remolacha.
En estos hermosos principios
Achard estudió especialrnen•
fueron educadas la Uzarina. y
te la remolacha desde el punto
sus hermanas. Y esta sencillez
de vista de sn utilidad para la
llevaba aparejada la disciplina y
fabricación de azúcar, y en 1796la severidad. El programa de la
estableció una fábrica para eneducación y de los estudios, deeayar lo qut1 podía producirse,
terminado hasta en sus más inpublicand•&gt; por la misma épo~ignificantes pormenores por la
ca una obra titulada "La fabriGran Duquesa Alicia, era muy
cación eúropPa de azúcar de reriguroso. Helo aquí:
molacha." Como consecuencia
...as princesas se levantaban
de los trabajos por Achard rea,í las siete, hora ,m que se desalizados, eetabléciéronse varias•
yunaban. Hasta la comida dPI
fábricas en diferentes países,
medio día, Ralvo una hora de
especialmente en Alemania, en
paReo á pie ó á caballo, se entreRusia, en Francia y en Bélgica._
gaban á sus lecciones y eEtuLAS ELECCIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS.
Los programa realizados por los
dios, que comprendían la enseWILLIAM l\lc KINLEY.-Presldent.e elect.o.-(Véase nuestra Polltíca General).
eminentes químicos Nargraff y
ñanza elemental, lenguas vi va!',
Achard,
no fueron del agrado de•
música, dibujo, pintura, baile,
los ingleses, qne por aquel entonces ejercían el monopolio
costura, y e lgunas nociones de cocina.
del comercio de azúcares &lt;ie caña. Comenzó entonces la luDespués do, la comida, un paseo en coche ó alguna excha entre la cafia y la remolacha, y ei Alemania fué cuna
cursión, volviendo á Palacio para tomar el té. Después
de la industria azucarera que toma por base el Pegundo
otra vez al trabajo. Una vez por semana se les daba
de dichos productos, Francia debe ser considerada como
asueto.
·
la salvadora de esa misma industria.
Las diversiones sedentarias eran deECartadas del proEn 1811 ordenó el emperador Napoleón, el bloqueo
grama¡ nada de muñecas, sino juguetes científicoE¡ fonócontinental, en virtud del que quedaban cerradas á los·
grafos, teléfonos, fotografía, linternas mágicas y diversiones higiénicas, sports, equitación, canotage, patines, casi campestres, á los que se invitaba á los que vivían azúcares de cafia las fronteras de los países productores
por los alrededores. A la animación de estas tiestaa coo- de remolachas, disponiendo al mismo tiempo qne fueran
bicicleta, etc., etc.
La Czarina es una exc, lente amazona y una intrépida tiibuía la presencia de los hijos del príncipe de Gales, destinadas para el nuevo cultivo 72,000 hectáreas de te•
rreno, distribuyéndose un millón de fri.ncos para estíprimos de las princesas de Hesee.
ciclista.
mulo de los ·cultivadores. Tal régimen prohibitivo, noMr. Conti termina su artículo diciendo:
En cuanto á dinero para el bolsillo, la que es hoy Emduró, sin embargo, mucho tiempo: tuvo su término al
«~ comprenderá ahora por qué la Emperatriz ha queperatriz de Rusia, 1ecibía por semana 12 centavos hasta
rido descansar en Balmoral más tiempo que en ninguna ocurrir la caída del emperador en 1815. Pero ya entonces
la edad de ocho años; 25 centavos hasta loe doce años y
otra parte; la residencia de su augusta abuela le recorda- la nueva industria Podía volar con ala&amp; propias, gracias
50 centavos hasta los diez y seis años.
á los progresos realizados en la fabricación y á los inceA esta edad la Princesa dejó de ser una niña para con- ba los días deliciosos de su adolescencia.
Sin duda, la Emperatriz de Rusia iría á ver el cuarto eames trabajos de algunos hombres de talento.
vertirse en una señorita; dejó su traje corto y ocupaba
Hoy la industria azucarera se diferencía de las demáeya un sitio en la mesa, en loe banquetes solemnes. Ya de soltera que ocupaba con una de sus herma.nas .....
Por todas partes hallaría gratos recuerdos y dulces industrias agrfcolas por su exportación y por el bienesno tenía que acostarse á hora fija ni se veía privada de
asistir á las fiestas de la corte. Pero no por eso se inte- emociones. Por lo mismo ha reservado la Czarina á. tar que proporciona á los que á ella se dedican. A más de
Darmstadt para su última vfaita. Allí deslizó su existP.n· tener ocupados á muchos hombres de ciencia, químicos
rrumpbron los estudios.
Tal fué la educaicón de la Czarina; puede agregarse que cia de niña y de jov.n soltera, y esta última etapa será la y nPgociantes, facilita el pan cotidiano á infinidad de
ubreros agrícolas que, sin ella, "\"eríanse inevitablemente
el medio donde se ofrmó fué un medio verdaderamente mejor, el verdadero oasis de su excursión por Europa.»

•

.
I

r

,

precisados á luchar contra el
hambre en todo tiempo, pero
muy especialmente en el invierno, la más rigurosa estación del
afin.
El cultivo de la remolacha de
azúcar constituve en la actualidad una de las· mejores industrias, pues mientras los linos,
lúpulos y otros textiles sufren
enormes fluctuaciones en sus
precios, no sucede lo mismo con
la remolacha. 1mporta, pues,
no eólo desarrollar este cultivo
en lo posible, si que también
aplicar todos los esfuerzos que
pueden allP~ar~e á la obtención
de un rend1m1ento de dinero
bastante ele.vado. Para llegar á
la consecución de este propósito, hácese necesario eegnir las
reglas de cultivo reconocidas
hoy como indispensables para
obtener á la ve¡; cantidad y cali~
dad del fruto que ha de producir
el az1ícar. Demuestra la expe·
riencia que la calidad de la remolacha ee obtiene sobre todo
por la simiente; como factores
complementarios que obran so·
bre la calidad de la cosecha, de·
ben mPocionaree el modo de
cnltivnrla y las condicionPs clim.?to'óg cae qu.. hayan influido
dnrante el período de vegetación y en el momento de la co·
secha. La cantidad por hectárea
depende. ante todo, del cultivo
que se haya hecho, de la fertili·
dad del suelo, de la naturaleza
del terreno y de las variaciones
atmosféricas que pueden produ cirse 1esde el momento de la
plantación hasta el del arranque. El cultivador debe necesariamente sembrar granos de
gran riqueza, bailándose confirrr.ada Psta nece•idad por la ex·
periencia; porque sembrar !(ranos estériles, sea de lo que fueren, es convertir t1n yermos los
terrenos más productivos.

EL MUNDO.

29t

hoy ó de mañana. Adhemar dice qne la tierra pt!rderá Sil
equilibrio por el pt-so siempre
creciente de los hielos del polo Norte y ha calculando ~1 t.iemmpo que ee neceRitnní. Tenemos '\un para 6.300 años. Sakountala dice que el peso de los
irnbéches es el que hará zozobrar á la tierra. Esto no es exacto porque hace mucho tiempo que hubiera zozobrado.
El Nuevo testamento parecía
anunciar el termino para el año
mil. La exper.iencia ha demostrado que la interpretación era
falsa.
Las gentes de entonces no tuvieron la dulcP. filosofia de los
florentinos de Boccacio, los de
la peste de 1345, que se reunieron para ocupar sus últimas horas amPnazadas por la plaga, en
contar las alegres historias del
Decameron con las cuales se divertía la Fiammeta.
Las descripciones auténticas
&lt;le! año mil son para hacer temblar á. cualquiera. Sería admirable que el teatro no se hubiese
inepirado en ellas; pero el asunto no ha sido feliz y ha proporcionado poco exito á eus dramaturgos, Nada menos que una
opera cómica se ha representado,
basadada en el asunto. Se llama
El Clíio mil; tiene tetra de Melesville y Pablo Foucher y música de Grisar. Fué eetrenada el
23 de Junio de 1837. Los coros
cantaban:
Perdón. perdón. perdón,
Dadno,; la absolución.
Hay aM nn monjP que organiza un falso fin del 11111ntlo y que
hace sonar la trompPta del juicio
final por los ballesteros de vigilancia, para forzar al sefior de
Tancarvilla á concHler franquicias· al pueblo y 1•1 pueblo se
encanta de que haya llegado el
fin del r'!undo: _
-•1110t111•-Porqnl' el fin del mundo
Curación de los sabañones.
lis la libertad!
Consideramos oportuna la
He aquí lo que ae llama totranscripción de la. siguiente
mar las cosas bajo su mejor asreceta para la curación de los
pecto.
sabafiones, molestia muy común
Al fin dfl la pieza, como la
en la estación del afio en que
gente cae en la cuenta de que
nos hallamos:
el mundo no acaba, el actor
BálSll.mo ~at.elll...... 15 grs,
Unguent.o cmno........ 4 ,.
anuncia una fecha ulterior uque
Bálsamo del Pen\....... 10 gota
debe siempre ser, dice el libreEstas subetancias se mezclan
to, el día siguiente al en que se
bien hasta obtener un ungüento
represente la piezm, Hay en essuave y consistente, que se exta ingenio fácil.
tiende sobre un pedazo de tela
A fines del siglo pasado, huLAS. ELECCIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS.
de algodón, hilo ó lana, y se
bp tambien un gran fin de
William
J,
Bryan.-Candidal;o
de
los
demócratas,
derrotado.(Véa.se
nuestra
Polltíca
General).
aplica sobre la parte ulcerada,
rnundo h nnnciado á todo bompor mañana y noche.
bo para t1l año de 1800, el
cual dió lugar á una zarzuela. El fin d,l mundo ó el Cometa, por siete autores, que escogieron este número simUN ASUNTO IMPORTANTE
bólico en memoria de los siete brazos del candelero sagrado. Esta pieza fné representacta en 1796 en Parfs. Está llena de bromas fáciles y de alusiones· es nna revista
EL FIN DEL !lUNDO.
nna especie de examen de conciencia co~ música ante ~l
fracaso final y una exhortación á la esperanza. El éxito
Que este planeta ha de acabar de alguna manera ó cuan.
fué muy g~ande: !1aliía en la obra i ngenio_y sal.
do menos que Ia humanidad á quien se Je dió por morada
Todas las religiones anuncian el cataclismo final y no
Ca&lt;la qmen recibía en alfilerazo y tieoftroy el crítico
ha de tener fin, no es cosa de discutirse. Con tal que no
se comprometen mucho con eso por que la ciencia y la del Diario de los debates no se libró del suyo; tenía su
nos toque á nosotr~s _el cataclismo sino á los que vengan
razón t~mbien admiten la certidumbre de esta terrible cláueula en el testamento del protagonista:
después, todos adm1t1mos el fatal é ineludible resultado
conclusión. Desde el Evangelb y la ,_pocalipsis basta
Pero queda en pie una cuestión: ¿Cuándo ha dt: acaba;
Para terminar la lista,
lod Veda~, todo el rnu~do está de acuerdo. Nuestro gloeste mundo?
dejo un moli110 de viento
b/) es mortal y como dice el alcalde de cierta zarzuela
á un famoso periodista.
«ya se ~ará. la t1·istti exptirieucia»
'
que como.él va con el vient.o.
El mismo Sr. Flammarión tiene cuidado de tranquilizar nuestras _alarmas: La desaparición de la tierra según
él, está prevista y no tendrá imponancia alguna. Nuest~o planeta no es contemplado más que por un pfqueñísuno nú1;0ero de estrellas y si dejase de estar en su sitio
apenas s1 el mundo estelar lo notaría.
'
. El universo continuaría brillan~o y moviéndose y la
tierra_ perecería como una pobre diablesa obscura, sin tener 01 un p_erro de pobre que la acompañara en su entierro. Esto d1c_ho co~ perdón de nuestro amor propio.
Tales cons1derac1ones nos traen á la memoria los hermosos versos de !a Leyenda de los siglos y otros que lleva~ por título El Cometa y otros aún que se intitulan el
Aburmo. Al hombre que se enorgullece latiera le dice:
Tu no eres mas que mi gusano.
A _la tierra que se ~lorifica, Saturno le habla con desP!ec10; ~ Saturno altivo, el Sol lo insulta¡ al Sol, Syrio Je
Según las predicciones de algunos videntes debía ser
dice: Oigo hablará un átomo. Franqueamos con el po~ta
el ,2 ~e Octubre último. Sin embargo, el c~pitolio de
toda la escala de las sublimidades, eclipsando la una á la
Was~ungton, la torre Eiffel y San Pedro de Roma eetá.n
. Ln ~oción de nuestra nada y de nuestro fin tan fácil ha
en_ pie; así, pues, nos~ sabe á quién creer: El Angel Ga- otra.. Aldebarán ante arturo, el Zodiaco despnés del Septentr1?n; las Ne~ulo3as interpelando á la Vfa Lactea: d1vert1do á los zarzueleros, así como ha inspirado á ¡08
briel, que fué el que dictó la profecia arriba indicada en
i~ quién hablas tu, pues, copo lejano que pasa•! y Dios ha- poet~e, desde Voltaire basta Musset, desde la Esperanza
Parfs, nos ~a engañado, y Teresita U rrea no dice nad~ 80•
bre el particular.
ciendo callar todo ese murmullo del poi vo celeste' ex- en Dws hasta el Desastre de Lisboa, en que el poeta se moclama:
'
fa de los hombres, uesos pensadores impotentes que su·
Consolémonos, sfa, embargo, con Is- idea- de qne-no so-fren razonando acerca de su sufrimiento:
moa nosotros sol~s los engañados por estas profecías.
¡Me bastar-1,a 3oplar, para hundir todo en las sombras!
Atomos at.ormentados
En todos los tiempos, los habitantes de la tierra han
Esto es hermoso como l_a página de los dos infinitos de
en este montón de cieno,
estado preocupados por daber cómo y cuándo acabará el
á quienes la muerte traga
Pase~)
Y tales especulalac1ones en el espacio nos dan la
g!obo Y las fechas indicadas son tan numerosas q!le ha
y la suerte abofetea."
medida
exacta
de
la
nada
que
nosotros
somos!
sido poco prudente darles fe.
Mas el fin del mundo no es, á lo que parece, cosa de
No fueron tan hermosos como éstos los acentos que el

�8

EL MUNDO.

NOVIEMBRE,

1896.

8 N ,OVIEMRRE, ] 89A.

EL MUNDO.

293

--\!PRESENTACIONES.~

-

SEN ORA

JULIA

D.

Al verla, se P.iensa co,n B •c9-~er: poesía eres tú! Si en sus versos no la hubiera
su her mosuídra criolla ser~a_la d1vrna estrofa de ese canto que á través de los siglo~
1os o os con su mus1ca que e~ un e
rega
· 1o ó un sublime
·
I o d e1 cte
de laanaturaleza.
'
co perd.d
acento
J
ULIA
nombre
único
nació en Yucatá
B.
con q~lE: se conoce á la inspirada autora de ÜONFIDENCU·¡
n. 1en se ad1vma en el fuego qµe irradian sus ojos negros En
1
as reverbera el quemante sol de la costa: sus ojos arden como la ro]~ lJa.
en el ce'ribr~sé ifuu~t;ae!i8c~~~~in~ereno y qu.e fustiga. la sangre con sus rayos, flamea

i

ULT1MO ECO DEL VIAJE DEL CZAR.
N.CuLASII.

M. FELIX FAURE.

·LA CZA.RINA.

(De fot,ogralia hecha en Parls.)

:do del mundo anunciado para el l~ de Octubr~ último,

inspiró á los poetas.
Limitóse todo á algunos dibujos groteecoa, y algunos
versos malos en los cuales Dios Padre canta con música
de una zarzuela:
Reyes y pueblos mercenarios,
desde el Oriente hasta el Poniente,
temblad, oh Justos y pen•ersos,
porque ml trueno formidable
os va ll &lt;lestruir en un momento
desde Montmartro; al Indostán.

Pero bajo de esta forma grosera, la preocupación ea la
misma: la c&lt;Jrtidumbre que tenemos de que acabaremos
pobres y obscuros, entre las constelaciones que continuaran arrojando sus dardoe de oro, indiferentes é ignorantes de nosotros, en medio de la insensible impasibilidad de las cosas. ¿Cuándo se realizará esto? La próxima
fecha anunciada es el jueves 11 de Abril de 1901: pero á
lo que parece, todo quedará como ahora. Por lo demás,
loa que vean ese cataclismo asistirán á un hermoso espectáculo que lea costará caro porque lo pagarán con la
vida. Ninguno querría ePr eterno, ninguno querría renacer, y sin embargo, nadie se preocupa por asistir á la
muerte de la Tierra, y hasta el último instante los hombres dirán y desearán: «Después de nosotros, el fin del
mundo!11

La Enterrada viva.
Los bañistas entraban en el comedor del hotel y se sentaban en sna respectivos sitios.
Loa criados comenzaron á servir muy despacio, á fin
de~ar tiempo á los rezagados, mientras los ya presentes
miraban con interés hacia la puerta siempre que se
abría, movidos por el deseo de contemplar nuevas caras.
Aquella tarde, como todas, esperábamos la llegada de
nuevos huéspedes.
Sólo se presentaron e.os; pero muy extrafios. Un hombre y una mujer: padre é hija.
Dea1e luego me hicieron el efecto de dos personajes
de Edgardo Poe, víctimas de la fatalidad.
El hombre era alto y delgado, tenía la cabeza cana,
demasiado cana para su fisonomía, y su continente ei:a
en extrem!:l grave y reposado.
~ joven tendría á Jo sumo veintir.uatro ai'íolj y era de
baja estatura, muy delgada también : eumaménte hermosa.
Sin duda era ella la que ib.1 á tomar las aguas.
Sentáronee delante de mí, al otro lado de 13 mesa y noté que el padre tenía un movimiento nervioso muy singular.
Siempre qne deseaba coger un objeto cualquiera, su
mano describía una Pspecie de zig zag antes de apoderarse de lo que buscaba.
Noté también que la joven conservaba puesto, para comer, el guante de h mano izquierda.
Cuando nos levantamos de la mesa, me fuí á dar un
paseo por el parque del establecimiento termal.
Hacía mucho calor aquella tarde y busqué un sitio
fresco desde donde. pudiesp, oír sin molestia la música del
Casino, que comenzaba á ejecutar una pieza de ópera.

De pronto noté que venían hacia mí el padre y la hija.
Los saludé, y el l,ombre, deteniéndose de repente, me
preguntó:
-¿Podría usted indicarnos un paheo corto y agradable, perdonándome mi indiscreción?
Acto continuo, les ofrecí acompañarles á un hermoso
valle de las inmediaciones, y desde luego aceptaron mi
propuesta.
Y, naturalmente hablamos de la virtud de las aguas.
-Mi hija- decía el padre- tiene una enfermedad
muy rara. Padece accidentes nerviosos incomprensibles,
y tan pronto se la cree atacada de una enfermedad del
corazón, como de una enfermedad del hígado ó de la médnla. Hoy se atribuye su dolencia al estómago, que es la
gran caldera y el gran regulador del cuerpo.
Esta·ea la causa d&lt;i qtte hayamos venido á este establecimiento.
En seguida recordé las violentas contracciones de en
mano, y le pregunté:
-¿No podría achacarse á la herencia el mal de esa nifia? ¿No padece usted tambien de los nervios?
- ¿Quién, yo? No, señor. Mis nervios están siempre
sosegados,
D,spuée de un instante de silencio, repuso:
-¡ A.y, ya cé! Usted alude al espasmo de mi mano si0 mpre que trato de apoderarme de un objeto. Eso procede
de una emoción terrible que tuve tiempo atrás. Figúrese usted que esa criatura ha sido enterrada vi val
Lancé un grito de sorpresa, y el padre p1osigió en estos términos.
-La aventura es muy sencilla. Jul'eta padecía de ataques al corazón y creíamos que tenía los días contados.
Un día la llevaron á casa, fría, inanimada, muerta. Había perdido el conocimiento en el jardín, y el médico,
llamado á toda prisa, certificó la defunción.
Velé junto á ella un día y dos noches y yo mismo la
amortajé, acompañándola luego hasta el cementerio, don•
de fué sepultada e11 nuestro panteón de familia.
Advierto á usted que tuve el caoricho de que la enterraran con sus alhajas, sus brazaletes, sus collares, sus
sortijas, con todo cuanto yo le había regalado, y con su
primer traje de baile.
Ya puede usted figurarse cuál sería el estado de mi espí-ritu cundo regresé á mi casa. No tenía más que á ella.
pues mi mujer había muerto hacía años. Entré medio loco á mi aposento, sólo, extenuado por el dolor y caí en
una butaca, sin fuerzas para hacer el menor movimiento.
Próspero, mi antiguo ayuda de cámara, que me había
ayudado á vestir á Julieta para su último sueño, e ntró
pausadamente y me dijo:
~¿Desea usted tomar algo, señor?
-No.
- Pues hace usted mal en dejarse abatir de eie modo.
¿Quine usted que le acueste?
-No, déjame en paz.
Y el criado se retiró inmediatamente.
¿Cuántas horas transcurrieron? Lo ignoro. Pero, ¡qué
noche t n horrible la mfa! Hacia frío y ee había apagado
la htmbre de la chimenPa.
·
Y yo estaba allá. sin dormir, sin acostarme, anonadado, con los ojos abiertos y el alma llena de desesperacion.
De pronto sonó con gran estrepito la campana del vestíbulo y mi butaca cru¡ió bajo mi cuerpo. Encendí una

vela, miré el reloj y ví que eran las dos de la madrugada.
¿Quiéu poáíf.l ser á aquella hora?
Volvió á sonar la campana y sospeché que loa criados
no ª"' atrevían á levantarse. Estuve á puoto de preguntar: «¿Quién es?, pero me avergoncé de semejante acto de
debilidad, bajé la escalt,ra y corrí los cerrojus. Confieso
que en aquel mstante tuve miedo. Abrí bruscamente la
vuerta y divisé en la obscuridad una forma bknca, algo
asi coruo un fantasma.
Llel\o de angustia retrocedí, balbuceando:
-¿Quién ......... quién ,s? ........ .
Uua voz contestó.
-Soy yo, pan re mío.
Era mi. hija.
Creí que me había vuelto loco, y ante aqel espectro
que entraba, retrocedí, haciendo i.:on la mano, para ale·
jarlo, ese gesto que usted ha notado en mí hace poco y
que jamás me ha abandonado desde entonces.
--No tengas miedo, papá-decía la aparición-no estoy
muerta. Han queri'1o robarme las sortijas y me han cor•
tado un dedo; pero la circulación de la sapgre me ha de•
vuelto á la vida.
Y noté, en efecto, que estaba cubierta de eangre.
Caí de rodillas sollozando y sin saber que II.H:l pasaba.
Cuando recobré mi serenidad, hice subirá Julieta á
mi cuarto y la senté en mi butaca. Después llaméáPrós•
pero para que encendiera la chimenea, preparase una be·
bida y corriese en busca de socorro.
Entró el criado, vió á mi hija, abrió la bnca en un espasmo de espanto y de terror, y. como herido por el ra·
yo, cayó muerto en el pavimento.
Prófpero fué quien abrió el panteón, mutiló á mi hija
y luego la abandonó en su sepultura. Ya ve usted, caba·
llero, cuán deEgraciados somos 1
Había cerrado · la noche y sentía una especie de te•
rror misterioso al verme entre aquellos seres extrafios.
No sabiendo que decir murmuré:
-¡Qué drama tan horrible!
¿No les parece á ustedes que debemos retirarnos?
El padre y la hija aprobaron mi proposición, y nos di
rigimos apresuradamente al hotel.
Guv DE M,uPASSANT.

El be,;,o enjaulado.

El joven estaba enamorado de la joven y aufría mucho
con motivo de ese amor. No era q11e ella le amase menos,
sino que sus parientes no querían consentir en 6U matri·
mt-nio. Una ocasión qne él la acechaba-era un poco an•
tes de la aurora, cuando el alba vacila al nacer-la vió,
blanca y rubia, en la ventana: miraba el cido pálido de
la mañana y él la veía pálida también; ella, encantada de
esa claridad nueva y creyendo que nadie la observaba,
envió con sus dedos rosados un beso al día. naciente, al
propio tiempo que se despt&gt;rtaba un pajarillo y lanzaba
un·grito, como si este soniao ligero hubiera sido el eco
de aquel b, so tonante. El enamorado vió el beso, oyó el
grit,o rítmico y modulado, siguió al avechucho á través
dll las urnas del bosque y Jo llevó consigo á su cae 1. Abo•
ra, es muy feliz, porque de la mañ~na á la nochti. á to';laa
horas y siempre, oye cantar en su Jaula el beso de la bien
amada.
C.,TULO Mi:NDEZ.

FEBLES

( de Yúcatán ) .

~~

r

~~~~~

::~~P

J¾~~roÚ- J ~

tan ]us versb~ nace.n de sus ojos; su poesia fulgura en su ,,.irada · l ·s luces &lt;iUe brofond; isos ª ismps rnson~a_ble!!, encienden en la altura que impa~ible contempla el
no cifr=~d:, :stros que titilan !°:ego con lumbre consoladora, para el espíritu hnma' L .
. 1 ~romesa de una vida que es paz y de una paz que "'S virtud regocijada
le
~mspiracwn ¿qué es sino l~ mirada reveladora del alma? La estrofa triste s~
iTa!nd sT9-~e en el papel, en los OJOS del poeta; cantan primero el himno é pico las puficia coen {: eo que las trompas de !os soldados libres de Grecia; el arrullo de amor acade las noche:uaazvuÍe~rnura de los o¡os, antes que con la trova dulcísima, perturbadora

µ&amp;;; . d d . ~ !n~a4 /7'1,:,/

°~ ª1
¡81.f

cant~º6
fi al sentir las ardientes miradas de la poetisa yucateca se recuerdan sus
vida
eer sus ca.ntos se i:-ecue~dan sus ojos. Estrofas y miradas vi ven una sola
1
\pa P an en un mismo latido tienen una alma· la inspiración
rd
mad~t: as, como 1.as palm~ras que baten sus ab~nicos de eame;alda, á los perfulor ó cant!~~n d:u~~ ~1rÉi marrnos, se levantan sua estrofas, en las que solloza un do·
0
dolor amargo como la ond~ que muP.re de cansanc10, lánguidamente. en
playa de~conocida cuando gime entre la; cuerdas cte uaa lira, ea un suefio, r el suefio, blanco y
pasa¡ero como la espuma
en que se envuelve la onda lánguida, moribunda,
es un ctolor.
Por eso, el dolor y el
suefio deben ser cantados
por almas tiernas y me·
lancólicas como la maga
de los ojos negros..... .
Cerca de mí, ha pasado
muchas veces. Al escu·
char el rumor de sus pasos, he vuelto el rostro
para contemplar su hermosura.
Ahora que tengo en mis
manos, lejos de mi tierra
querida, sus versos he
vuelto á extasiarme ~n la
admiración de sn belleza.
Se yerguen ante mí las
palmera~ de la costa, aspi.
ro con delicia, anchamente, las bri~as marinas y el
sol idel trópico precipita
en mí;la sangre, del cora•
zón al cerebro.
_Yeo á Julia, y al verla,
pienso con Bt&gt;cquer, nna
vez más: poes!a ere.s tú!

P.

EscALANTE PALMA.

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�8

EL MUNDO.

294

A ••••••

C .ANCION.

Diles tú que conoces mi hisroria,
Que no me aborrezcan,
Que no me maldigan ..... .
De aquel draJLa sangriento y terrible
No he sido el verdugo;
¡He sido la víctima!
Si perdidas están para eiempre
Mis cortas venturas,
Mis páUdaa-dichas;
Si no hav pena que iguale á mi pena,
· Si llevo en el alma
Mortales heridas;
Si mis venas exangües no prestan
Vigor á mi ~u~rpo,
.A.liento á mi vida, •
Si me rindo al dolor, y el cansancio
Sin fuerzas dejóme,
Dobló mis rodillas;
¡.A.y! ¿Por qué con crneldi~d tan constante,
Cobarde y traidora
Me hiere la inquina......t
Si abatida aoblego la frente,
¿Por qué me coronan
De agudas espinas......?
Tú que alzando los velos de mi alma
Has visto su eterna,
Mortal agonía;
'Iú que has visto mi entralía más noble
Hincharse á 1os golpes
De suerte enemiga;
Tú que has visto posarse en mis ojoe
'
De un suelío apacible
La suave caricia,
Y cantando muy bajo y bebiendo
Mis lágrimas tristes,
Quedarme dormida;
Diles tú que conoces mi alma,
¡Que yo les perdono
Mi pena homicida!
Que después de dormirme bebiendo
Las gotas ardientes,
Las lágrimas mías,
Me despierto á la luz de la aurora
Y al cielo se eleva
Mi triste pupila,
Y con ella ferviente plegaria
P&lt;&gt;r t&lt;&gt;dos pidiendo
La paz y ia dicha!

Alma blanca más blanca que el lirio,
Frente blanca,'más blanca que el cirio
Que ilumina el altar del Selíor,
Ya serás por la aurora encendida,
Y a serás sonrosada y herida
Por el rayo de luz de; amor.
Labios llenos de sangre divina,
Labios donde la risa argentina
Junta el albo marfil al clavel,
Y a vereis como un beso os provoca
Cuando Cipres envíe á esa boca
Las abejas sedientas de miel.
Manos blancas como hostias benditas
Que sabéis deshojar margaritas
Junto al fresco rosal del pensil,
Y a diréis la canción del amado
Cuando hiráis el sonoro teclado
Del triunfal clavicordio de Abril.
Ojos bellos de ojeras cercados,
Ya veréis los palacios dorados
De una vaga, ideal Stambul.
Cuando lleven las hadas á. Oriente
.A. la bella del bosque durmiente
En el carro del príncipe Azul.
Blanca flor! de tu cáliz risueño
La libélula errante del sueño
Ya alzó el vuelo veloz; blanca flor!
Primavera sn palio levanta
Y hay un coro de alondras que canta
La canción matinal del amor.
RuBEN DAR10.

JULIA.

VESPERAL.
***

En el ocaso la luz moría
Bordando el cielo de áureos celajes
En donde el iris resplandecía;

. •**
.
Y suspendidos
de los rama¡es,
Los leves hilos de las aralias,

De luz creyéranse finos encajes.
*
* *sonantes calías,
Entre las verdes
Cantaba el viento versos de oro
Balanceando las espadalías!.. ....

*

* *en ráudo coro,
Las golondrinas
Juntas buscaban sus blandos nidos
Dando á los aires cantar sonoro;
*

* * de luz hench.d
Y en los espacios
i os,
Fingían haces de ardientes rosas
Los arreboles estremecidos!. .....
*

* * las mariposa&amp;
.
En 10\:o enjambre
Vivas maralías de sol formaban;
Y eran fugaces piedras preciosas
*
* . b.
Que del zafíreo* zemt
a¡ab an,
En las doradas nieblas ardían,
Y entre las sombras aleteaban!. ....... .

····:····················;····························
** resplandecían
En tanto...... vivos
De los celajes los mil colores, .
Y las montañas la frente hund1an
En un diluvio de resplandores!. .....
RAF~EL MARTINBZ RUBIO.

AUNA RUBIAEn el album de llna mexicana.

Perdona hermosa, pero tengo antojos
De saber si es el sol el que ha fundido
Tu melena triunfal de oro encendido,
Que á. una aurora de Mayo diera enoj~e.
Dime ¿en qué sangre de claveles ro¡oa
El botó~ de tus labios se ha teñido?
¿En qué rayo de luna se han dormido
Las húmedas turquesas de tus ojos?
¿Qué divino cincel ha modelado
El mármol ideal de tu escultura?
Tu pasas, y el deseo enamorado
Se pierde en tu eucarística blancura:
.A.lma que aun al amor no ha despertado,
Maravilloso lirio de hermosura!
VICEJ.~TE ACOSTA..

DIARIO.
Enero 6.-Cada día se robustece má.s y má11 mi convicción: soy el tipo perfecto de un bu~n simple, soí'.íador del
género wertheriano y por ~nacron!smo, romántic~¡ acaso
el último mite de la especie que vive en el mundillo.
Deléitome en locos entusiasmos con libros de heroinas
tísicas y enamorados decadentes, y, para que nada falte
á mi depravación moral, tengo la monomanía de garrapatear versos de esos que, como dice Gautier, hacemos
todoa á la edad en que se estila el juicio corto y los cabellos largos.
Frecuentemente padezco exaltaciones sensuales por
mujeres muerlas en la más remota antigüedad ó concebidas sólo en las imaginaciones de los noveleros.
En la historia de mis impresiones (una funamb1:1Iesca
odisea) han escrito poemas sensacionales la Evangohna de
Longfellow Phriné, Lady Macbeth, Santa Teresa, y tantantas y ta¿tas que como ala&amp;:is vi;1iones de l~zdesfilaron
tenues é invioladas sobre el Tiberiades de mi cráneo para deslumbrarme después con sus fulgenciaa.
Hasta hoy, nin~una dama de las que yo puedo ser no•
vio ó marido· ó amante, ha logrado poseer el secreto de
causar perturbaciones en mi ser.
.
.
He querido aostractamente: á ésta, porque im.agmé
que sus brazos eran los perdidos de la Venus .mutilad~;
á esa, porque las implacables alburas de su piel me hicieron pensar en Ariadna abandonada; á la otra, porque
sus bucles á. la prer~faelista tenían el b:illante negror de
sedelía madeja fabricada por gusanos ¡aponeses, y á las
demás, por sus pupilas de Medusa ó sus rizos de oro pá•
!ido· por rubias porque aureolaban el óvalo seráfico del
rost~o con la m~lena fosfórica de Eapírita.
La mujer ha sido para , , ,í la hembra, y, nunca, nu_n~a,
he llegado á saborear loe deleites de ese amor paradis1a·
co que anida en la cabalía y el alcázar..
. .
Mis ilusiones, florecen solo en las meves de la md1fe-

NOVIEMBRE,

1896.

rencia, viven efímeras y enfermizas el ~reve tiempo que
he podido creerlas imposibles, para morir después al más
debil soplo del hastío.
Sieu,pre he perseguido á la ~spera~za, por que es la
eterna fugitiva, y con frecuencia, escribe en los e:orazones páginas candentes...... , que puede borar una impre·
sión tri vial.
.
.A.mo las rosas con pétalos de terciopelo,. cuand? tiemblan en sus endebles tallos espinosos, las odio en mi mano
porque hacen brotar sangre y se marchitan.
Creo que ser devoto de una bella á la distancia en que
el lente analítico hace inapreciables. ~o~ detalles, es s~~·
tir al amor en su más refinado esqmsit1smo; me horr1pi·
Jan 103 desencantos, prefiero ~ uar á. una fa.Isa bell~za
desde lejos, á saber que las grac13;s de su son~iea las h1z~
una postiza dentadura, que el brillo de los o¡os lo poeti•
zaron unos pincelazos de kohol y el tono sonrosado deia
macerada ¡;;iel es un emplastamiento de coloretes y_polvo
de arroz......
Y
.Marzo 6.-Algunos días el vacío ~e mi alm~ si_n afee·
ciones determinadas, me causa vértigos: veo~• Nuwaua
muy cerca, encrespándose en la noche caótica d~nde,
nawta de lo incognoscible, se aventura más y más mi fan•
tasía......
·¡
.
Siento debilidades propias de la ed.ad sem , mis ca~nes
al tornarse débiles y ex:ang1:1es adqmeren una ~rnanlle~
ictérica que me da apariencias de cadaver, entnstece mi
juventud como alondra en la époc3; inverniz3;, Y, cua!1do
la diatesia llega á l~s recrudescencui:s del penodo álgido,
.caigo inerme y prisionero en las gnsaceas telaralías del
fastidio ..... .
Abril 2.-Quiero acercarme á un fantasi:na indolente y
luminoso que he columbrado entre las opiaceas vaguedades de mis paraísos artificiales.
Es una figura inmaterial q~esigl!-e mis pasos, habla de
amor á. mis oídos y hace huir á mi angel bueno con sus.
gloriosas impudibundeces ..... .
Abril 20.-¡Confusión demonia~al
.
Dijérase que en el bullente microscomo de mi craneo
prodúcese la sangre inflamada de un incendio.
¡Oigo ruido de alas!
.
Estoy seguro que mariposea y v~ela en el. espacio. u.n
suspiro del extramundo ó algún flmdo psíquico propicio
á mis neurosis.
Será porque leo á Hegel y á Swedenbe,g.
Acaso...... Acaso ..... .
.Mayo S.-Pacem summa tenent...... !. ..... !. ..... !
.Mayo 20.-He visto en el escaparate de no sé qué foto•
grafía la imagen de una mujer.
¡Qué pureza de líneas en su perfil!
Debe haberse retratado á. propósito de algún baile. de
fantasía porque viste un caprichoso traje de campeuna;.
falda co~ta enselíando el nacimiento de una pierna delgada, que, según la expresión de Duma~, promete D!)berlo en adelante; hay romancesca nostalgia en sus pupilas, el talle es delicadamente fino, su seno se eleva ~on
la suavidad necesaria para perfilar una curva clásica,
sonríe como deben hacerlo las musas á los inspirados y
en su cuello admirablementii modelado se enroscan varias sartas de cuentas: serán perlas.
Junio s.-¡No hay remedio! .
.
.
Estoy profundamente impresionado de la mc6gmta.
Cada vez que paso por el establecimiento, deténgomeante el cristal y la observo escrupulosamente, ~escubriendo siempre algún encanto nuevo que contribuya
poderosamente á harmoniz.ar ~u.a pedecciont:s.
Mi afecto está lleno de v1rgimdades.
Tengo rubores de colegiala á quien sorprende la pu~rtad y tiemblo como un chiquillo cu~ndo alguna at.revida
idea me acomete en mis contemplaciones á su efigie.
Concurro á los paseos, á los hipodromos, ~¡ teatro, y
entre las mujeres que según Alfonso Karr, mientras más
desnudas mejor vestidas van, no he podido encontr..r
alguna que ee le parezca.
.
Lo infructuoso de mis peEqnisas aumenta peligrosa
mente mi neuropatia, y aunque me siento gravemente
enfermo, no me decido á obedecer el tratamiento d.e un
físico, porque estoy seguro de que hablará. de un n11~ro-.
bio infinitamente pequefio á quien es forzoso extermrnar
arrojandole una batería de píldoras y rectomas de f~r~acio; ademas, mi mal no es de los que cura la_ medicrna,
nace en lo profundo, ha echado muy hondas r:11ces; .a~r~ncarlo es darme la muerte...... y ......... yo quiero vivir.
Ju~io SO- ¡La he visto!
¡Milagrosa epifanía!
.
Es muy rubia; sus 011dulantes cabellos caen en E:spiralee.
doradas sobre los hombros, nimbando su faz asma .c?n
un halo fosforescente y ambarino; es sn frente de nov1c1a,
blanca con la palidez enferma de los lirios que~e mueren
sobre el marmol de las tumbas, digna de guardar como.
arca santa los más grandiosos pensamientos; tiene su carne suave y tierna, transparencias denivosa, es el cuerpo .
esbelto y fragil, las manos pequelíitas cual modelo de e~cultura, son nobilísimas y crueles, como las dE: esas re1;nas que firmaban c~n niveas plnl!'.1ªª• sentencias sanguinarias· más que mu¡er se me antoJa una alma, porque no.
hay e~ sus formas nada que hiera los seutidos ...... i Está.
espiritualizada!
Es rica, pregónanlo á. gritos, lod diamantes de sus sortijas las finísimas blondas y sedas de sus ropas, ... ••·•· •
el fa~sto regio de sus trenes!. ....... .
Agosto 4.-¿Habeis visto á la diva en moda, hollar
sonriente con sus leves pies la alfombra de flores que
arrojan electrizados sus fanáticos?. .....
.
¿Habeisla visto en el escenario ( ese altar dC1nde o_fic1a
su coquetería) tomar el más valioso ~ouquet y. hundir la
roxelana naricita en las corolas, olvidando, rngr_ata,. el
ramillete que en su tímida fragancia lleva la adm1rac1ón
dt&gt; algún sufriente anóni~o, el mM .desdeñado porque es
el mas sincero? ......Así m1 amor es ignorado de l_a que Jo.
inspiró; tiene pudibundeces de vio.Jeta, estremecimientos.de sensitiva miedo á las desfloraciones...... •••
Quiero qu'e pase triur.fante á mi lado sin sospech.ar que •
entre la turba que cuchichea está nn corazón palpitando.
furiosamente por ella ........ .

8

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

Agosto 20.-¡Quisiera saber su nombre! que una sola de
las palabras dulces que prodiga á los que por ella no han
pad&lt;icido, sea para mi solo, que me mire con sus pupilas
de diamante negro!. ....... .
Septiembre 8.-.A.yer entré á la iglesia: no soy creyente
pero venero á los diose€: me gusoan lo!! templos con su
obscuridad contemplativa, sus santas afligidas y sus cirios
crepitantes; las naves sombrosas albergan legiones de
almas con tocas de monja y cruces de abadesas, sus inscripciones latinas, son cristianas teog.rnfas, conjuran leyendas azules sepultadas entre el polvo canoso de los
siglos muertos, el confesionario habla de luchas interi0res, y terrores, y perdones, y conciencias purificadas con
la santa bendición ........ .
Mf amigo el capellán que es un viejecito escualido de
faz hierática, una especie de Vo!taire con sotana, hacía
los preparativos de uua boda que por voto religioso iba
á celebrarse sin boato.
Esperé la ceremonia.
Me siento feliz, cuando Mimi Pinsón está de bodas;
me encantan las novias púdicas con sus velos de crespón, que enclavijan las manos enguantadas, temerosas
y alegres, pensando en los deliquios nupciales que se
acercan.

·········································
·······································
Llegaron los esposos.
t

No distingo el rostro de la prometida, veo sólo una
mancha vaporosa y blanca entre el mar de cabezas ne•
gras que se ajitan .
t,ubo á un banco.
Está radiante de alegrfa¡.A.ngelica criatura!
¡Me vé y se burla!. .. ... ¡Dios mío!. ..... ¡Es ella!
Gimieron mis nervios como las cuerdas de vieja lira
entre ulías de una fiera, y después, no sentí nada...... nada! ...... absolutamente nada.
C1ll.o B. CEBALLos·

J,
1

¡Creedme! Yo soy muy nervioso, espantosamente nervioso, siempre i:) he sido. Mas ¿por qué os empelíáis en
que estoy loco? La enfermedad ha dado mayor importancia á mis sentidos: no los ha destruido m embotado.
Entre todos se distingue, sin ero bargo, el oído, como superior en fineza; yo he oído todas las cosas del cielo y de
la tierra y no pocas del infierno. ¿Cómo, pues, he do estar loco? ¡Atención! Y contemplad con cuanta calma y
cordura puedo contaros mi historia.
No es posible explicar cómo :ne pasó por primera vez;
pero ya que me pasó, no cesó de perseguirme noche y
día. yerd.aderamente no había en ella objeto ni pasión
de mi parte.
Yo quería al pobre viejo: él no me había hecho mal
ninguno: jamás me había insultado; yo no codiciaba su
oro ...... ¡Ah! ¡sí, esto es! uno de sue ojos parecía de buitre; era un ojo azul, apagado y coa un'l catarata. Cada
vez que aquel ojo se fijaba en mí, la sangres~ me helaba;
a~í fué que lentamente y por grados se me puso matar
aqu~l viejo para de este modo librarme de aquel ojo para siempre.
He aquí, pues, la dificultad. Me creeis loco; pues bien,
los locos no saben de nada; ¡pero si me hubierai~ visto!
¡si hubierais visto con qué sagacidad me condujal ¡Con
q~é precaución, con qué previsión y disimule, acometí
mi emprern! Nunca estuve tan amable coa el viejo como
durante la semana que precedió al asesinato. Y cada no•
che, hacia la media, descorría el prest11lo de su puerta y
abría, ¡ob tan suavemente! Y cuando había entreabierto
l? suficiente para. que cupiese i:ni cabeza, introducía una
hnterna sOl'da, bien cerrada, sm dejar que asomase un
rayo de luz; después metía la cabeza; ¡cómo os hubieras
reído de ver cuán distraídamente metía la cabeza! Movíala lentame11te, para no turbar el sueflo del viejo.
Una hora empleaba. cuando menos, en introducir la
cabeza por la Abertura, hasta ver al viejo acostado en su
cama. ¿Un h co habría sido por ventma tan prudente?
Y cuando habla metido toda la cabeza abria la linterna
con precaución, ¡oh, con qué precaución porque rechina•
~a el l!'uzn~ I Abría no má:l lo preciso para que un rayo
imperceptible de luz cayese sobre los ojos del buitre. Re•
petí la operación durante siete interminables noches á
media .noche exactamente; pero como siempre encontrase el OJo ce.r~ado,. no pude 1eali~ar m.i propósito porque
no era el vieJo m1 eterna pesadilla, srno su maldito &lt;'jo.
Cada malíana apenas amanecía, entraba yo resueltamenie á ~u cuarto y le hablaba con desparpajo, llamándole
cordialmente por su nombre, é informándome de cómo
había pasado la noche. Muy listo debía ser el viejo para
sospechar que cada noche, á media noche, le espiaba dura,,te su sueño.
La octava noche redoblé las precauciones para abrir la
puerta. El horario de un reloj se mueve con más VP.locidad que en aquel momento se movía mi mano. Hasta
~uella noche no había yo meditado todo el alcance de
m1s facultades y de mi sagacidad. Apenas podía conte•
ner la sensación qae :ne causaba el triunfo. ¿Pensar que
yo estaba allí, abriendo poco á poco la puerta y que él
no eolí3;ba siquiera ni mis intentos?
'
d Esta idea me arrancó una ligera sonrisa, que él oyó sin
.uda, porque se revolvió súbitamente en la cama como
s1 d~spe.rtate. Creeréis quiza que me retiré, pues no. La
habitación esta~a. tan negra como la pez, según que eran
~e espesas las tmieblas, porque las ventanas estaban cuiadosamente cerradas por miedo á los ladrones. Así
pues, en la inteligencia de que él no podía ver la abertu:
ra de la puerta, continué abriéndola más y más.
Ya había metido la cabeza y principiaba á. abrir la lin:rna, cuando.~i puliar resbaló sobre el hierro de hoja
e lata, y el v1e¡o se rncorporó en la cama gritando:
-¿Quién ar.da ahí?
Quedéme absolutamente inmovil y sin decir una pala-

bra. Durante una hora entera no moví ni un músculo, y
en todo ese tiempo no oí que se volviera á acostar.
Permanecía incorporado y alerta, lo mismo que yo había hecho noches enteras escuchando las arañas en la
pared.
Mas, he aquí que oí un debil gemido y conocí que era
producido por un terror mortal; no era un gemido de do•
lor ó de disgusto, ¡oh, no! era el ruido sordo de una alma
sobrecogida de espanto. Yo conocía bien este ruido: bastantes noches, á media noche en punto, mientras el mundo entero dormía, se había ernapado de mi propio seno,
aumentando con su terrible eco los terrores que me asaltaban. Digo pues, que, que conocía bien aquel ruido. Yo
sabía lo que el viejo estaba pasando y tenía piedad de él,
aunque mi corazón estaba alegre.
Sabía que estala despierto desde que, al oír el primer
ruido, se había aumentado por momentos; había querido
convencerse de que su terror no tenía causa, pero no habfa podido. Habíase dicho á. sí mismo: ¡esto no es más
que el viento que suena en la chimenea, ó un ratón que
corre por el entarimado! Sí, había querido recobrar el
valor con semejantes hipótesis; pero en vano, en vano,
porque la muerte que se acercaba había pasado por delante de é l, envolviendo con su sombra negra á su víctima. La influencia de aquella sombra fúnebre era la que
le hacía adivinar, aunque nada había vieto ni oído, la
presencia de mi cabeza en su hsbitación.
Desp11és de esperar largo tiempo, y con gran paciencia,
sin oír que volviera á acostarse, me resolví á. entreabrir
un poco la linterna, pero tan poco, tan poco que no po•
día eer menos. Abríla, pues, ¡tan suavemente! que fuera
imposible imaginarlo, hasta que al fin un rayo de luz,
pálido como un hilo de arafia penetró por la abertura y
fué á. dar en el ojo del buitre.
Estaba abierto. abierto del todo, y yo apenas le miré,
me encendí en cólera. Le ví clara y distintamente, entero, de un azul empañado y cubierto de un tela horrible,
que me heló habta la médula de los huesos; pP.ro no pude ver ni la cara ni el cuerpo del viejo, porque be había
dirigido el rayo como por instinto, precisamente al sitio
maldito.
.A.hora bien, ¿no os dije que lo que tomáis por locura
no es má.s que un refinamiento de los sentidos? Pues bien,
he aquí que oí un ruido sor:!o, apagado y frecuente, semejante al que haría un reloj envuelto en algodén, y lo
reconocí perfectamente; era el latido del corazón del viejo. Con él creció mi furor, como el coraje del soldado se
exaspera con el redoble del tambor.
Con tu veme, sin embargo, y permanecí inmovil y respirando apenas. Emplee mi esfuerzo en sostener fija la
linterna y el rayo de luz en derechura del ojo. Al mismo
tiempo el latir infernal del corazón era cada vez más
fuerte y más precipitado, y sobre todo más alto. El terror
del viejo debía ser extremo. Estos latidos, dije yo entre
mí, sou cada minuto más fuertes. ¿Me comprendéis bien?
Yo os he dicho qus soy nervioso: por lo tanto aquel ruido tan extrañ'l, en medio de la noche y del medroso sileucio que reinaba en aquella vieja casa, me causaba un
terror irresistible. .A.un pude, sin emba1go, contenerme
durante a lgunos minutos, pero los latidos iban biendo
aun más fuertes. Yo creí que el corazón iba á. reventar·
y he aquí que una nueva angustia se apoderó de mí;
aquel ruido podía ser oído por algún vecino. La hora del
vit-jo habla sonado. Dí un alarid,&gt;, abrí brnecamente la
linterna y me precipité en la habitación. El viejo no dió
un grito, ni ur. solo grito. En un momento le arrojé sobre el entarimado y cargué sobre él con todo el peso
aplastador de la cama. :Entonces sonreí de satisfacción
a i ver tan adelantada mi obra. Durante algunos minutos
latió todavía el corazón con un sonido ahogado, P"ro es.
t;, ya no me atormentó como antes, porque el ruido no
podía ser e~cuchado á través del muro. Al fin, el ruido
cesó; el viejo había ya muerto. Levanté la cama y ei.aminé el cuerpo: estaba rígido é inerte. Púsele la mano
sobre el corazón y la mant11V10 así durante algunos minutos: ninguna pulsación; estaba rígido é inerte. El ojo no
podía atormentarme más.
Si peraistís en crerme loco, vuestra creencia se desva.
necerá cuando os diga los ingeniosos medio~ que emplee
para ocultar el cadáver. La noche avanzaba: yo trabajaba velozmente, pero en silencio. Primeramente le corté la cabeza, desoués los brazos y por último las piernas.
Luego arranqué tres tablas del entarimado, y coloqué debajo aquellos restos, vol viendo á. colocarlas tan habil y
discretamente, que ningún ojo humano-¡niaun el suyo)
-hubiera podido descubrir a lgún indicio sospechoso. No
habla nada que dudar; ni un rastro de sangre; yo había
tenido gran precaución y había puesto una cubeta para
que recibiera toda la sangre. ¡Ah! ¡ah!
Cuando hube concluido estos trabajos, eran las cuatro·
pero estaba tan obsl uro como á. media noche. Daba el re~
loj la hora, cuando llamaron á. la puerta de la calle. Ba·
jé á abrir con el corazón sereno, porque ¿qué tenía yo que
temer? Entraron tres hombres que se me dieron á conocer como agentes de policía. Un vecino había oido un
grito durante la noche, y sospechando alguna desgracia,
había dado aviso á. la oficina de policía, en viEta de lo
cual habían sido enviados aquellos selíores para recono•
cer e! sitio de donde había salido el grito.
Yo me sonreí; porque ¿qué tenía que temer? Saludé á
los agentes y les dije que el grito lo había dado yo en sueños. El viejo, añadí, está de viaje.
Llevé á m\s visitadores por toda la casa y les invité á
que registrafen bien. Por último, los conduje á su habitación, y les enseflé sus tesoros en perfecto orden y seguridad.

En el entusiasmo de mi confianza, llevé sillas á la habitación y supliqué á los agentes quedeecansaran, mien•
tras que yo con la. loca audacia de un completo triunfo
coloqué mi silla sobre el sitio mismo en que estaba escon:
dido el cuerpo de la víctima.
Los agentes estaban satisfechos: mi tranquilidad había
disipado toda sospecha. Yo me enconfraba perfectamen•
te sereno. Sentáronse, pues, y hablaron familiarmente,
alternando yo con igual familiaridad. Pero al cabo deun

295
corto rato conocí que me ponía yo pálido y principié á
desear que se fueran. Sentía mal mi cabeza y me parecía
que me zumbaban los oídos, pero los agentes permanecieron eentados y hablando. El zumbido principió á ser
más precipitado, poco despué~ más perceptible y claro
aún; yo animé entonces la conversaeión y hablé cuanto
pude para desembarazarme de aquella sensación tan tenaz; mas el ruido continuó hasta ser tan claro y determinado que conocí que no estaba en mis oidos.
Sin duda debí pon~rme entonces muy pálido; pero seguí hablando con más rapidez y alzando la voz. El ruido
seguía, sin embargo, en aumento, ¿qué podía yo hacer?
Era un ruido surdo, apagado, frecuente, semejante al que
harfii un reloj envuelto en algodón..... . Yo respiraba trabajosamente¡ loh agentes no oían nada todavía. Aceleré
aú.n más la conversación y hablé con mayor vehemencia;
pero el ruido crecfa sin cesar. Levantéme y disputé sobre
futilezas en alta voz y con una gesticulación violenta: pero el ruido crecfa, crecía cada vez más. ¿Por qué no r¡uerían ir$e? Y o medí el entarimado á ~randes y ruidosos
pasos, como exasperado por las observaciones que los
agentes me hacían; pero el ruido crecía, crecía por gra•
dos. ¡Oh Dios! ¿Qué podía yo hacer? Hablé, pateé v juré, arrastré mi silla y la hice resonar sobre el entarimado; pero el ruido lo dominaba todo y creía indefinid~ mente. Más fuerte, más fuerte ! Siempre má.s fuerte! Y los
hombres continuaban hablando, bromeando y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡ Dios Todopoderosnl no!
no! ellos oían! ¡Sabían, se burlaban de mi espanto! yo lo
creí entonc~s y todavía lo creo. Cualquier cosa hubiera
sido má.s tolerable que eet I burla. Yo no podía soportar
por más tiempo aquellas hipócritas sonrisas: y entretanto
el ruido ¿lo oís? escuchad, más alto? siempre más alto.
Siempre má.8 alto!
·
-¡Miserables! griné. No disimuléis más tiempo! ¡Yo
lo confieso! ¡Arrancar! esa" tablas! ¡Ahí está! ¡Ahí está!
ese es el latido de su horrible corazón!
EDGARDO

P oE.

PARA TI, PRINCESA.
La luz que riela por tus ojos garzos
Y besa tus pupila~, quita de ellas
Esos fulgores que en el cielo elilparsos
Cintilan por la noche: las estrellas.
Los ecos de tu voz el viento ajusta
Con suprema codicia, por ser tuyos,
Y hace con ellos en la sombra augusta
Temas para sus lánguidos murmullos.
Para vestirse el horizonte, arranca
La palidez nivosa de tu frente
Cuando brilla temblando la luz blanca
Que precede á la aurora en el oriente.
Las transparentes tardes del Otoño
Piden la limpidez de tu mirada
Y, si te mira, hierve en el retoño
La savia turbulenta, alborozada.
Cuando quiere reir la primavera
Estudia los arpegios de tu risa; '
¡Oh, si tú no existieras, no existiera
El rumor sugestivo de la brisa!
Y esa trémula brisa que ha besado
La púrpura soberbia de tu boca
Arrebata tu aliento delicado '
Para aromar los lirios, si los toca.
Y los tén.ies acordes de tu frase
Que flotan desmayados y dispersos,
Los ata mi recuerdo y los rehace
Para formar el ritmo de mis versos ..... .
Es por eso que llena de temores
Te vá á buscar mi inspiración escasa,
Cuando tu imagen, derramando flores
Por mi memoria ensombrecida pasa; '
Es por eso que vuelan mis cantares
En redor de tu rubia cabecita
Y mis sueños erigen los altares
Que t,u deidad egregia necesita ........ .
ANTENOR LESCANO.

A ABIGAIL.
Quieres oír una canción sentida ....... . .
¿No ves que oír pesares entristece?
Yo soy la pasionaria de la vida,
Que ignorada florece.
Soy el nómada gaucho de la pampa,
Soy el obscuro remador del polo,
Soy el felláh que en el desierto acampa
Errante, siempre solo.
Sentí todo el placer, y estoy hastiado;
Sentí todo el dolor, y estoy vencid,1.
Del cielo del amor precipitado
Soy el ángel caíJo!
¿Quieres saber por qué mis males crece11?
Has como han hecho los que en mi alma anidan
Que si hoy saben mis penas, se entristtcen .... .. '
Y mafi.ana me olvidan!
RuBÉN M.

CAMP◊s.

�8

EL MUNDO.

296

NOVIEMBRE,

1896.

8

NOVIEMBRE,

1896,

ELMUNOO.

DAMAS DISTINGUIDAS DE LA REPUBLICA.

$rHa. &lt;roncepción . Gtsunso1o.

Con notables disposiciones artísticas en canto y plano.
(DE cmHUAHUA.)

SEMBLANZA-

Cuando caigan las hojas.

Vara mística.

(STECCHETTI.)

El mar azota con blanca Pspuma
LaR pardas rocas del litoral;
El horizonte vasto, se e1,fuma
Con los cendales de espesa bruma
Y el trueno canta la tempestau
Raudo destello que en lu1. aniega,
El rayo agrieta la inmensidad ......
¡La barca es ave que lucha y brPga
Porque zozobra, porque no llega
Donde su nido colgado está!
¡Ay la viajera! Ave perdida
Que al blando nido no ha de tornar!
Resto sin forma, cuerpo sin vida,
La ola·crespa y enfurecida
Sobre la playa la arrojará!

*

* cruento
De los pesares el*goipe
Al alma hiére sin descansar,
Y es fiel imágen el pensamiento
De la negrura del firmamento
Cuando de,carga la tempestad.
Lívidas:flamas que en luz aniegan,
Las esperanzas son al pasar.
Las ilusiones, aves que bregan
Y que zozobran porque no llegan
A donde el nido colgado está)
¡Av la viajna que se derrumba,
Débil, canzada para luchar)
¡Ay la que al rudo golpe sucumba!
En el olvido tendrá su tumba
Que amarga ola le cavará!
E. M.i.QUEO CASTELLANOS.

~cuque!.

Cuando caigan las bojas y tú vayas
Al c ..menterio en busca de mi cruz,
La encontrarás en un rincón b,,milde,
Entre azucenas y argemonia azul.
Prende en tu rubia cabellera de oro
Esas benditas flores de mi amor,
Que en el gra•o silencio de la noche,
Para tí brotarán del corazón.
Esas fl ,res serán aquellos cantos
Que me inspiraste en ilusión feliz ......
Palabras de pa•ión que no te dije,
Pem1amientos de amor qu3 no escribí!
JUAN B. HíJAR y HAltO.

CAMAFEO-

Un florón \&gt;alpitante de pálidas rimas
Que prendido á tu busto de virgen de Faroe,
Deje en la urna de tu alma caricias secretas
Y apacibles albores de ensuefios muy vagos.
Un florón de dolientes estrofas que vibren
Al color de tu bl.anca fpidermis de ral!lo,
Esplendiendo en la curva triunfal de tu seno
Como copo &lt;le nieve en jarrón de alabastro.
Un florón donde tiendan su alita de seda
Los besos que punzan tus labios temblando,
Como dulces abejae que rozan inquietas
El capullo sanguíneo que fingen tus labios.

Artístico cincel grabó en la piedra
El simbólico, extraf\o camafeo:
Los amores de Eurídice y Orfeo
En gruta azul oculta por la hiedra.

Y mis rimas abriendo su pálido broche
En el amplio cojín de tu seno rosado,
Brillarán á la luz de tus místicos ojos
Y al fulgor de tus suefios radiosos y castos.

Un sátiro procaz, que no se arredra,
Mírales con tantálico deeeo,
Y murmuran las playas del Egeo
Los sonoros exámetros de Fedra.

BKIIITO FENTANES.

Entre celajes de oro muere el día;
Entonando canciones voluputosas
Una ninfa desnu1a se perdía

Renovando mis tiernas emociones,
me han probado tus quince primaveras,
que son nuestras postrera.e ilusiones
iguales en frescura á las primeras.

En un bosque de mirtos y de rosas;
Y Diana, por los cármenes venía
Disparando sus flechas luminosas.
LEOPOLDO

Para tí ¡oh mi blanca, mi tímida virgen!
De místicos ojos y seno de mor mol,
Voy ha hacer un florÓil de mis versos
Con alburas de lirios y esencias de nardos.

DfAz.

CAMPOAHOR.

[Grabado en los talleres~de

"EL MUNDO ")

297

�8

EL MUNDO.

NOVIEMRRF,

l8~P.

8

I

1

LA

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 3.-\~;anse nueEtros números desde el 2ó de Octubre de 1896.

-Sí, prosiguió la sefiora Mossler; mi deseo sería adoptarte por hijo. Lo serías entonces pero te ll~ciarías Mo@e• ·
ler...... Serías, por ese hecho, sumamente rico, porqne te
convertirías en mi legítimo heredero, y aun en el caso de
que me enfadase conti~o, no podría privarte más que de
la mitad de mi herencia......
-Pero ¿de qué me hablas? dijo el conde de CoutraP;
son esas las razones que creee mejores para decidirme?
¿Tan mal me _conoces? &lt;:Jomprendo y aprecio en lo que
valen l.:is car1fiosos motivos que te guían, pero ¿no en·
cuentrae que darme á escoger entre _mi adh~eión al ~ombre de mi padre y el cuidado material de m1 porvemr, es
un poco duro, un poco seco? No estaba preparad? para
tal cosa y realmente me encuentro turbado. Hay, s1 o em ·
bargo en las nieblas de mi espíritu una necesidad que ee
defin~ desde Juego; la de continuar llevando et nombre
que he recibido al nacer.
La sefiora Moaeler enrojeció y eue ojos briilaron. Yoº
l~1_1titud y como queriendo hacerse comprender bun,
fil~:
h
.
-Entonces nada de adopción ...... Nada de erenc1a
asegurada...... Una situación indecisa y precaria. ¿Esto
es lo que tú quieres?
-No creo que hayas pensado aconsejarme otra resolución dijo el joven sin Hamárlá madre esta vez, como tenía por costumbre. Bien sabea hasta qué punto enc~entro honroso y dignamente llevado tu nombre, pero s1 yo
abandonlll!e PI mfo en este mornent.o. me parecería que
renegaba de él por dinero y eeto me repugna.

Pareció qui'! la prueba á que sometía al joven agradaba
á la Señora Mosaler, porque la prolongó algo más de lo
que convenía.
.
.
-Sabea que no tienes nada. Tu padre murió temendo
deudas.
-Sé también que el Señ&lt;&gt;r Moasler las pagó y no lo olvidaré en mi vida.
-Es decir que prefieres llamarte el conde C~ef de Contras y ser pobre á llamarte Moealer y ser el h1¡0 de la fa.
wilia más rica de París......
V.1lentín sonrió y dijo con dulzura:
-Sí, madre mía, si esto no te ofende.
..
La reina del oro se puso aún más grave y d1io:
.
-No me ofendes, antes me complace tu resolución,
porque prueba que mereces el carifio que te he dedicado
y que eres un buen mucbaebo. No oe podría haber prop•ieato Jo que tú acabas de rehusai: ~an cahalleresca~ente á muchos descendientes de fam1haa ducalP@; hubiera
sido difícil escoger entre tantos herederos. Tu conduc~a
no es, pues, la de un espíritu vulgar y ~o has de sufrir
por ella daflo alguno. Lo que uo. me de¡as h!1cer por medio de una adopción, se conseguirá por merl10 de un tes•
tamento. No llevarás mi nombre pero me heredará!! de
todos modos. . ' .
..
• á
Valentín no se defendió tontamente y di¡o con simp •
tica alegría:
-No pnedo impedirte que me colmes de bondl&gt;.des.
De tal modo has tomado esa costumbre desde que estoy
á tu lado, que eso sería nn cambio demasiado brusco. En

cuanto á mí, nunca te podré querer más dE: lo que liequiero sin que en ello teng&lt;J. parte alguna tu r1q~e~a.
Esta' conversación ejerció una influencia decisiva eDt
el porvenir del conde Chef de Coutras y andando el
tiempo, en los malos días, el recu..rdo de su ?ab!\llerescodesintnés sirvió para compensar en el eepíritu de la Señor ~ossler el efecto de las más desastrosas locuras de·
Valentín.
Nada hubo, por otra parte, de artificioso en la res~lución del joven conde. Su negativa se fundó en motivo,
de orgullo que le hacían tener por inadmisible llevar _el
nombre de un aventurero, por rico que este fuera. Sm
despreciará ,a Señora Moesler, hubiera ~ncont.rado muy
desagradable ber su hijo. Aceptaba sus hberahdades como una especie de impuesto establecido sobre su ternu•
ra, pero d~ esto ~ lla~arae Valentín Moesle:-, ha•ía una
inmensa d1atanc1a. Sm sospechar hasta qué p~nto era
hábil conduciéndose con aquel altanero desprec10, obró
impulsado al propio tiempo por su instinto y por su■
preocu p 1ciones.
.
Si hubiera seguido al lado de la Señora Mosaler hubie•
ra acaeo vivido razonablemente como hasta entonces,
pues hasta que fué mayor de edad no cometió ningun_a
extravagancia; pero llegó el momento de hacer el servicio militar y, entregado á sí.mismo en 9'.4~el nuevo ~edio cedió á loa malos conse¡os del fastid10 y del ocioi
.A.d~más, tuvo á eu disposició_n ~emasiado din~ro, c=
cual corrompió todo el regimiento y ~evo_lv1ó to
guarnición. Cuando Valentín tuvo que 1r á mcorporarae

r.

NOVIEMBRE,

1896.

al 30? de cazadores, en Nantes, el Sefior Eliphas dió algunos prudentes consejos á la Sefiora Moasler.
-No dé usted al conde de Coutras más dinero que el
que es conveniente tener en la condición en que va á encontrarse. No pierda usted de vista que va á ser simple
1oldado en un regimiento cuyos oficiales no deben ser,
no son seguramente, muy ricos. Si gasta demasiado, in.omodará á sus jefes; los castigos lloverán sobre él; no le
nrá usted nunca y será objeto de explotación para los
~argentoa, que se convertirán en ~rvidores suyos. Si vi,
Tiéramoe bajo el antiguo régimen, compraría usted el
mando de un regimiento á ese bravo mozo y todo iría á
pedir de boca. El se divertiría en la corte mientras su teniente coronel mandaba las maniobras y el poder del di•
nero se ma11Hestaría en t do su· esplendor. Pero ya no
anceden así las cosa11. Disfrutamos unas leyes democráticas que obligan á todos los franceses á coger el chopo
durante tres ai'ios, ya sean millonarios ó hijos de príncipes, ó proletarios sin un céntimo. Ee el absurdo más
grande que jamás ha consegrado una constitución, pero
la ley es así y nada podemos hacer para cambiarla. Trate usted, pues, de que el joven Valentín sufra uanquila
y sencillamente esta prueba. Cuando vuelva á la vida ci-,,n, le mimará usted cuanto quiera.
La Señora Moaeler convino en esto, pero hizó después
lo que le pareció bien y el joven conde fué el soldado
más ricJ de su reemplazo. Contra todas las previsiones
pesimistas de Eliphas, este exceso de dinero no produjo
al principio funestos resultados para Vaientín, que tuvo
el tacto de no herir las susceptibilidades de sus jefes. Alquiló una buena habitación en la ciudad y tuvo en ella
criados, cabllaos y hasta, con mucha frecuencia, una linda actriz de los Bufos, Laure1,cia .Berthier; pero se condujo con bastante discreción para que fuese posible cerrar
los ojos ante aquellas irregularidades. Obtuvo permisos
siempre que los quiso, gracias al coronel, que había sido
amigo de su padre, y se excusó de hacer ciertos servicios,
gracias á los cabos y sargentos á quienes encantó con sus
obsequios. Pero se fastidiaba soberanamente y, para distraeree, jugó. Se organizaron peligrosas partidas entre
soldados pertenecientes á familias ricas, y todos lo-a momentos del día y de la noche libres de servicio loe pasaban en casa de Valentín gozando de un lujo 1efinado. Se
perdieron sumas importantes, y para evitar recriminaciones de los padres y ~ravea apuros económicos, el conde de Contras prestó dmero á loa maltratados por la •3Uerte é hizo así más facil la disiJ?ación á sus compafíeroe.
Para él no parE&gt;cía que las pérdidas y ganancias tuvieran
importancia alguna. Estaba siempre sonriente, alegre,
animado, y era querido por todos como lo son infaliblemente todos los seres dichosos que aceptan la vida sin
cuidados y afrontan todas las dificultades con la eegu, idad
de que han de resolverse por sí mismas. Se le juzgaba
bueno y,-sin embargo, en cierta ocasión ctió pruebas de
una·insensibilirlad que impresionó penosamente á todos
loe que le rodeaban.
Un cabo de su compaflfa, llamado ~lanpain, estaba en
-Yísperas de dejar el regimiento y proyectaba volver á su
pueblo para casarse con una muchacha á quien amaba.
Contaba neciamente sus proyectos y Valentín se reía de
la sencillez de ambiciones de aquel buen muchacho. Algo uas veces se complacía en hacerle preguntas y en turbarlP con sus reflexiones.
-Blanpain, cuando vuelva usted á su pueblo, ¿qué va
v.sted á hacer?
-Substituiré á mi padre, que ea carpintero.
-¿Y se casará usted?
-¡Oh! sí; no pienso más que en eso...... Hace seis años
que lucho para conseguirlo ...... He~obrado mi premio de
reenganche y este dinero, que ea sagrado, me servirá para poner casa.
Una idea feroz germinó en el cerebro del conde de Con·
iras; la de ganará aquel pobre diablo su pequeño peculio,
ian trabajosamente adquirido y tan cuidadosamente conservado. El mismo día se llevó á eu casa á Blanpain y
después de haberle hecho beber, le acercó á la mesa de
baccarat, en la que sus compafíeros jugaban ya con ardor,
y le dijo:
-Amigo, aquí tiene usted estos sefl.ores; hay entre ellos
algunos que han venido con mil francos y se irán sin un
céntimo. Con un poco de fortuna, todo lo que tienen pasará en un instante de sus bolsillos á loa de uno más dichoso. He aquí una bonita ocasión para decuplicar el
premio del enganche...... Si llegase usted á su país con
una fuerte suma, las cosas irían mejor que si vuelve para ser carpintero. Sería usted un \iombre independiente
y su futura estaría en sus glorias.
-Sí, usted acaba de decirlo; muchos se irán con la
bolsa vacía...... No quisiera yo ser uno de ellos. Tengo
muy poco dinero, pero me basta y no quiero ~rrieegarle...... Por otra parte, no he jugado nunca......
-Es verdad, Blanpain; usted es un muchacho arreglado...... ¡ Loe que nunca han tocado una carta ganan siempre la primera vez .......
Loe pérfidos consejos de Valentín, en complicidad con
el orgullo que turba siempre el fondo de todo corazón
humano, hicieron que al cabo de una hora el muchacho,
aclimatado en aquel medio y excitado por el vino de
Oporto, se dejase arrastrar y arriesgase diez francas que
traía consigo. Por eu desdicha, ganó. Envalentonado,
jugó la ganancia, y al cabo de cinco horas de febriles
emociones, tenía delante de él diez y siete mil francos
ganados á todos los abonados del baccara. Valentín reía
como un loco y preguntaba á Blanpain qué iba á hacer
con aquel •dineral. Este, muy grave después deun acceso
de extraordinaria exaltación, no respondió y se propuso
-Yolver al cuartel.
a consecuencia de esta aventura, Blanpain, cuyo carácter era ordinariamente dulce y tranquilo, se mostró
inquieto y-violento,- como ei aquel dinero mal ganado le
hubiese hecho cambiar bruscamente. Volvió tres días
después á casa del conde de Contras y por ·la tarde empezó por ganar veinte mil francos. Expresó entonces
ideas insensatas qne divirtieron grandemente á todos los
hijos de familia allí reunidos. Poseedor de cuarenta mil

EL MUNDO.
francos, habló de compar una propiedad en su país y de
cultivar las viñas y dedicarse á la cría caballar. No habló más de su prometida, como si la considerase ya un
partido poco ventajoso para él. Vo!vió al cuartel á comer,
obsequió á sus compañeros en la cantina y les dejó asombrados con eue discursos extravagantes, dichos con un
tono de suficiencia que contrastaba con su habitua l modestia. Después de comer volvió á casa del conde de Contras, donde se mostró lastimosamente familiar, no viendo ya diforencia entre él r aquellos jóvf:lnes á quienes no
estaba acostumbrado á mirar como sus iguales.
Valentín, á quien esa metamórfosi~ divertía extraordinariamente, invitó á Blanpain á tutearse y le dijo que le
presentaría en París á la mejor sociedad. Le pintó todos
los placeres que podría proporcionarse por su dinero y le
sirvió ponche con una liberalidad que acabó de poner al
desgraciado fuera de sí. Pensando que no era todavía
bastante rico para figurar como él se proponía, volvió a¡
juego á fin de ai'ladir á eu ganancia, según dijo con confianza estúpida, una veintena de miles de francos. .A. las
once había perdido todo li, ganado y debía, bajo su palabra, el dinero del premio de n,enganche. Vuelto en sí,
anonadado, espantado por la pérdida, Blanpain se levantó, con los ojos saltones, y se puso á !,orar,apoyado en la
chimenea, mientras Valentín, que se proponía regalar a!
cabo el dinero que éste le debía, le asestaba frast-s irónicas.
-Blanpain, amigo mío, ha querido usted ir demasiado
lejos y se ha roto las narices en el camino. Ya no se trata de comprar viñas ni de criar potros, ni si'-luiera de es•
tablecer una carpintería después de haberee casado con
su prometida. Será preciso que pasen aún algunos años
para tener otro premio de reenganche....... Y mientras, la
señorita Clara, ó Manuela, ó Luisa...... ¿Cómo se llama
su novia de usted, Blanpain?
-María, gimió el cabo, á quien daba vueltas la cabeza.
¡Oh! ¡Miserable de mí!.. .... No me queda más que atra•
vesarme con el sable...... .
-No aquí, Blanpain ...... Eso no se hace sobre las alfombras ...... ¡Vea usted, esto es lo que tiene querer ir
demasiado de prisa!. ... Antes de comer era usted rico....
.A.hora está usted pelado..... .A'.si es la vida...... Eai;os aeiiores han vuelto á pescar sn dinero; yo soy el único que
no he recobrado el mío ...
-Usted lo tendrá mañana por la mañana, señor conde...... Me lo guarda el Ci.pitán cajero.
Valentín cogió al cabo por la barbilla y dijo mirándole
á los ojas:
-Guárdate tu dinero, simplón; yo no lo quiero.
-Es de usted, eontestó el cabo con dolorosa obstinación.
-No es mío, puesto que te lo doy, telo regalo, ¿me comprendes?
-Sí, 11ero eso-no-quitirqrre -10- haya perdido, y con él
todo lo qne había ganado.
-¡Ah! Eso es verdad ...... Señores, está chispo como
un trompeta, este Blanpain...... Anda á acostarte, amigo,
y no te calientes la cabeza; no tienes tu ganancia, pero
tampoco t-i enes deudas.
Blanpain se marchó pesadamente y no entró aquella
noche al cuartel. Po:· la mañana se encontró su cadáver
detenido en un pilar del puente de Mantea. Avergonzado
de sí mismo y lleno de desesperación por aquel hermoeo
suefio tan rápidamente desvanecido, no quiso yivir más
y se arrojó al río. Aquella broma, cuyo desenlace fué tan
trágico, puso fin á las partidas diadas de los compafieros
de Valentín. El coronel, informado de todos loa detalles
exactos de aquel triste asunto, adoptó medidas severas
respecto de sus soldados, y el tiempo que el conde de
Contras tuvo que pasar todavía en el servicio, se deslizó
penosamente. Por fin, vió con placer la hora de volverá
casa de la señora Moasler-, y tomó de nuevo posesión d_e
París.
Tenía veinticuatro años, un hermoso nombre, una fi.
gura de príncipe y una buena cara, con lo cual queda dicho que dió prontamente el tono y fué uno de los cu_atro
ó cinco jóvenes que guían á la sociedad parisiense
con su nulidad frívola v ruidosa. Fué recibido en el Jockey y en el círculo cte ia rue Royale; fué asiduo del polo
y del tiro de ~ichón, como todo gerú!,eman que ee estima,
y hasta contribuyó á fundar el Velo-drag, círculo muy
selecto. en el que los ciclistas, machos y hembras, del
gran mundo, ee fusionaron en un galante y reiinado ejercicio de pedalea. Olvidó completamente el regimiento y
á Blanpain, pues la ligereza de su carácter no le permitia
pensar mucho en lo mismo, y la reflexión era para él casi un sufrimiento.
La retirada vida de la señora Moaaler le permitió una
gran libertad. Desde la muerte de su marido, la reina
del oro no había abierto sus salones ni frecuentado la sociedad. Pasaba, todo lo más, tres ó cuatro veladas en la
Opera durante la temporada y eso cuando sus íntimos le
echaban en cara, para perauadirla, el no conocer las novedades. Permanecía muy activa de espíritu, pero algo
perezosa de cuerpo, y se ocupaba con grande asiduidad
de sus obras de beneficencia. Levantada á las ocho de la
mañana, despachaba eu correspondencia, en la que ocupaba dos secretarios, y cuando llegaba el sefior Eliphas,
encontraba el terreno libre de todas las bagatelas que no
merecían ocupar su atención.
Con frecuencia Federico Clement acompafíaba á su padre. Esto sucedía siempre que la casa Pilet y Berger, que
el jovén dirigía, tenía que dar á la aefíora Moasler datos
rentísticos de importancia, pues la gerencia de una fortuna inmensa como la suya, exigía una vigilancia y unos
cuidados incesantes.
Valentín no iba jámáe á verá su madre adoptiva á la
hora de los negocios, se reservaba para el almuerzo y la
comida, durante los cuales la divertía con el relato de lo
que había visto y oído la noche anterior. Entonces mandaba en jefe; nadie hubiera podido contrarrestar su influencia y no dejaba nunca de obtener cuanto deseaba.
Sin dificultad ninguna, la sefiora Mossler había abierto
un créwto al conde de Contrae, y éste enviaba á buscar
dinero, cuando lo necesitaba, á la casa Pilet y Berger ó al

299
Banco. No tiraba el dinero y su fausto· estaba regl ' J
tado con mucho orden. El hijo de aquel disipador, parecía por entonces que había de ser muy arreglado, y
mientras no tuvo vicios muy acentuados, su presupuesto
no ofrecía nada alarmante.
Gastaba cuatrocientos ó quinientos mil francos al afio.
Pero, ¿hubiera podido ser otra cosa? La misma señora
Mosaler hubiera deseado más economía? Hay en determinadas situaciones ciertos gastos que no se pueden evitar sin daño del mismo que los economiza. La lllanera
de dar ó de comprar de un conde de Coutras, ad,Qptado
por una sefíora Mossler, no podía ser la del hijo de un
notario ó de un agente de cambio, aun millonario~. Valentín no fué pródigo. Aunque el dinero no le costaba
nada, no lo disipaba. Mientras que no tuvo más causas
de prodigalidad que sus relaciones con Andrea de ·, aillebourg, eu cuadra de carreras y su y acht, · se contuvo dentro de unos límites muy prudentes.
~
Ecnpezó á enloquecerse cuando entabló amistades con
la señora Bourdón. Era la tal esposa de un corredor de
Bolsa. Señorita de la clase rnedia, educada en un convento del modo más modesto, se había casado con un
empleado de un agente ~e cambio, y aqudla rubita con
cara de virgen, que era en el fondo el mismo diablo, á
los diez meses de matrimonio se hizo amiga de Labuesiere, el jefe de su marido. En dos años dejó al agente
de cambio sin que Boordón sospechase Jo más mínimo
y sin que la frente pura ni los ojos de madona de aq11ella buena señora pareciesen obscurecidos por la sombra
de un p ensamiento deshonesto.
A consecuencia del despojo de Labuasiere, que había
interesado á BourJón en sus negocios y le había hecho
ganar mucho dinero, la joven tuvo hotel, coche y trescientos mil francos de alhajas, encerrados en un cofrecillo. Procuró siempre no hacer ruido; su lujo no otraía
las miradas; sus adornos eran siempre de un gusto exquiaíto. E l marido estaba siempre á su lado, atento y
obsequioso. Aquella señora no llamaba la atención más
que por su belleza, que era, en verdad, adorable. Pequefia, pero tan bien formada que parecía alta, atraía la1
miradas con su cutis de nívea blancura, sus ojos de un
azul de zafiro y sus cabellos rubios natura !mente ondulados que formaban en torno de su frente diliciosa corona. Nunca uoca semejante se abrió para ensefíar dientes
tan tentadores. El viejo Bernheimer decía: «Viendo esos
dientes, siente uno ganas de que le muerdan. ,, Ello era
que, cuando sonreía y mostraba aquellas perlae, entre
las cuales aparecía, digna joy a de tal estuche, una lengüecilla de color de rosa, los hombrea se volvían locos.
Como por juego, había hecho gastar á sus amantes sumas inmensas, cuando Valentin de Coutraa la encontró
en una garden-party en casa de la condesa Nuño. Un poco cansado de pasearse ante la colección de Selim y de
consentir que le enseñasen bibelot8 de doscientos mil francos, de una falta de autenticidad escandalosa, bajó al jardín, y en la escalera monumental qu1 en la casa de riquísimo portugués hace competencia á la de la Opera. se
encontró frente á frente con la sefiora Bourdón. Valentm la conocía, CO.LJO todo París, pero nunca había haolade con ella. La joven subía hablando con la marquesa de
Plessy, su amiga íntima, porque, fenómeno int-xplkable aquella mujer, notoriamente infiel á su marido, era
r~cibida en todas partes y recibía, á su vez, la mejor eoCiedad. Va,lentín se apartó sonriendo-¿cómo no sonreír
á un~ mujer tan lin~la?- :&gt;; ella !e miró con sorpresa, com~ s1 nunca le hub1es!l visto, aunque sabía muy bien
quien era. Interrumpió la frase, pareció presa de una
emoción que no podfa;dominar y permaneció inmóvil un
segundo, durante el cual cambió con Valentín una m ·rada que, días después, hizo decir á:la.marquesa de P les~y
hablando de la aventura. «Si no estoy yo allí, cro:o qu~
se saltan al cuello en el acto.»
Ambos se indemnizaron, la semana siguiente, y la señora Bourdón, que había sido t!1n ador~da, amó por priUiera vez. Aquello fué una pasión rabiosa que cambió
de tal modo las costumbres correctae y bien ordenadas
de la hermosa mujer, que el marido se quedó desorientado. No almorzaba ya con él, volvía á casa cuan&lt;lo la
comida estaba ya servida y se mostraba rendida de fa1iga, los párpados lánguidos de placer y loa labios distendidos que casi no podían hablar. Puso en la puerta á
Saint-Guilhin, bajo pretexto de qne la aburría. lo que
no tenía nada de nuevo, porque nunca Saint-Guilhin había hecho ot~a cosa con ninguna mujer, fuera la que fuera.
En vano ariesgó Bourdón algunas indicaciones lamentando sobre to~o el destierro de Saint-Guihin d;I que se
había hec_h&lt;&gt;, ~migo á fuerza de jugar con él al besigue.
Todo fué mutli. Las buenas tradiciones de visitas á señoras respetables, de las tres á las cinco de la tarde en casas de la buena sociedad, de apariciones en palcos bien
afamados de la Opera, todo quedó trastornado. Ahora todo era expediciones á los teatrillos y cenas nocturnas de
las que entran en las costwn bree de la gente de club y de
las mujerzuelas de conducta más que dudosa cos~s que
horrorizaban á _Bou_rdón, hoi:nbre de formae 'y re!lpetuoso con las apariencias, cuya 1mpoi tancia á los ojoe de Ja
galería le era conocida. En todas partea á donde iban
aparecía el conde de Coutras, que se arrellanaba en los
palcos, tomaba el mejor sitio en las cenas y hablaba apenas al marido, le mi, aba por encima del hom uro y Je trataba realment:e sin consideración alguna, como á una
persona á qmen ~e paga. ¡Qué. cambio para Bourdón,
después de los amistosos abseqmos de Labus~iere de la
amistad _famili1;-r ~e Descharmais y de la delicada' política de Samt-Guilhm ¡Con razón le era antipático aquel
muchacho, que había caído como una bomba en medio
de una posición adquirida á fuerza de tacto de paciencia y de arte ~e ,-ivir y que se instalaba, ven~eJor, como
6P paÍS--~nqumack&gt;.
( Continuará.).

�8 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.
'

·----·--·•
--- ____
.,..

----~-·=-~~-=

-

.----__.,

CULIACAN (SINALOA )-Calle de Rosales y Teatro "Apolo." -F{tbrica de Hilados " El Coloso."

LAS INUNDACIONES EN SINALO.\.

organizar divertimientos que solazando á nuest ra socie•
dad pudiente, le hicieran más fácil el cumpiimie nto de
la obra carit&gt;1ti va. R esultado de sus loables esfuerzos y
resultado brillaJte fué la Jamaica en Minería que con~regó con extraordinariaR y palpables ventajas para el
fin intentado, al todo México dispuesto siempre á acudir
adonde la caridad lo llama por las frescas y sonrosadas
b ocas de las hermosaa. Nuestro alto clero no
p11rmaneció tampoco indiferente ante las
ciesvalidas víctimas de Sinaloa y al mismo
tiempo que los Gobernadores de los Es~adoe
fit'cundaban y apoyab an la iniciativa del
Centro. trabajando por arbitrarse fondoe
qne ya han empezado á remitir, el Sr. Ar·
zobidpO de México excitaba á me párrocos
á que trabajasen en el wismo ~entido y abría
una suscricióu que promete abundosos frutos.
La pren~a, desdP un principio intentó mover la generosidad innata•de los mexicanos
y cabe á los diarios que se editan en esta
ca.ea haber iniciado ese intento. General y
unán\me ha sido pues el esfuerzo de la caridad, pudiendo decirse que no ha habido grupo social que haya negado una cooperación
eficaz á la magnánima obra de nu~etros filántropos.
Ya se ve por tanto que cuando menos la
lamentable desgracia que abruma á los sinaloenses~ ha dado lugar á un hecho consolador pues que acrisola una vez. más los buenos
sentimientos de nuestros compatriotas.
EL MuNno, empero, tiene una tarea mil.a
qne IJenar, la de su información ilustrad11
del suceso. Esta la inició con algo que 11. él
corresponde: la descripción con abundanci"
de grabados de la Kermesse de Minería y la
prosigue ahora publicando alg1rnas fotogra•
fías de la capital del Estado teatro de loe
La ~uerra de castas en Yucatán.
desmanes del ciclón, puesta de actualidad
.t;L GENERALATO. (Véase el articulo r e lati vo.)
Gene ral Aniceto Dzul.
General Rom!ln Pee.
General José Maria Cauich. merced á una catástrofe tan lamentable.
- ..,..t0t,,,_
Dd primero y del sexto se ignoran los nombres.

dado un sublime pretexto á la caridad para que emprenda su santa peregrinación á través de los hogares de lo~
ricos en d emanda de auxilios para los pobres y ponga en
acción sus múltiples medios de conmover y triunfar.
A penas se supo en esta capital la dolorosa noticia, el
Sr. General Eecobedo, el Sr. Redo y numerosos caballeros de n.u llstra aristocracia, empezaron á arbitrar recur

Algnnas fotografías.
No ha mucho tiempo que publicábamns t'n EL MuNno
algunos grab:idos relativos al cicló n de San Luis. y en las
n,,tas que los acompañaban hacíamos ver cor1 vi vos colo.res la magnitud del deeastre, las pérdidas que
oca~ionara y el aspecto de los edificios destruidos, lamentando de veras tan tremendo
percance. 1Cuán lejos estábamos entonces de
pensar que muy en breve un fenómeno de
semt'jante naturaleza causaría en una importante y fructífora región de nueetro país, desas tres no menos grandes ni menos lamentables que aquellos, y sí más irreparables, J a
qutl no podemos comparar nuestros elementos de riqueza y actividad con los americano, .
.En Eitados Unidos una catástrofe como la
de 8an Luis, bien pnco significa, atendidos
el colosal ~spíritu de empresa, loe elementos
de prosperidad creados, la densidad de la población y otros factores no menos valiosos
que constitnyen la hegemonía de la gran República; en México, el alcance de una catástrofe semejante, significa mucho, ya que
empezamos apenas á sentar las bases de
nuestra prosperidad y riqueza.
Describir las !aetimosas escenas que originó la catástrofe, eerfa tarea inútil y tediosa.
La prensa diaria dió oportunamente noticia
detv.llada de ellas y no sería sugestivo ni
ameno reproducirla: un puerto arrasado; poblaciones destruidas, familias enteras en la
desnudez y la indigencia, buEcando por donde quiera un arrimo protector; víctimas numerosas sepultadas bajo loe eecombros, ahogadas en las salobres aguas del mar invasor
ó en las turbias del candaloso río salido de
madre!...... lo suficiente en fin, para lasti- General N. Ayala.
mar los corazones m..jor armados y los espíritus más serenos.
Empero no hay desgracia por grande que sea, que no sos para las víctimas. El Gobierno por su parte dispuso
muestre entre enR múltiples fases tristes, alguna conso · una regular remisión de fondos, y las más distinguidas
ladora, y la que aflige á nuestros hermanos de Sinaloaha damas de nuestra sociedad trabajaron sin descanso en

/

7

CULIA.CAN (SINA.LO.A .)-&lt;:alle del Co:nerclo.-Calle de Rosales.

Un artesano de pie, es más alto que un cortesano de rodillas.
FRANKLIN.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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