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                  <text>LA ZARZAPARRILLA
DRm AYER
--DEL--

t,

Purifica la Sangre.
"-•"Toda sangre pura es garantia de salud, fuerza y felicidad. La sangre
mala engendra escrófula, chancros, granos, ronchas, floroncos, carbunclos,
úlceras, tumores y otras afecciones peligrosas y molestas. No importa
cuán impura esté la sangre, la Zarzaparrilla del Dr. Ayer la limpia, vitaliza
y enriquece.
Por ccpacio ele medio siglo la superioridad de la Zarzaparrilla del Dr.
Ayer como tónico y depurativo de la sangre, ha sido reconocida en todo
el mundo. Xingún otro remedio está compuesto de ingredientes tan
costosos y con tanto cnidmlo escogidos. :Kingún otro remedio es tan
eficaz para producir un cambio rápido y permanente en la sangre, expeler
los gérmenes de la enfermedad y decaimiento y comunicar

~
.b • «b&lt;1~«lir,,

&lt;@L

e.-

◄b JABON HAM(~~~~!~:if~~~~~o~~s~ DR, ROSA. ~
EL FAMOSO REMEDIO Y PURIFICADOR

•

TOMOil

Jl:L QUB CURA LAS

ERUPCIONES, LLAGAS, ECZEMA, y

bel
&lt;~

•-

• •

MEXICO, DOMINGO 22DE NOVIEMBRE DE 1896.

las Afecciones del Cútis,

que adcmaa de sus efectoa purü!cantes remedia é impide el
Reu matlsmo y la Gota.
t:r'Vénse que eo cada paqoete está impreso Dn RosA Co,n,• NY,
Montclaír, N. J .,'E. o. de A., ein cuyo reqw.sitodeja de ser Jejítimo.

i!as Gfieslas presiaenciales en Puebla.

+b
Doctor francés, . especialista
para la cura ci6n de las enfermedades de la cintura. ;

VXD.A. "Y EN"ElFl.G-1:.A.
y de ningún otro remedio se registran tantas curaciones notables.

BANOS DE LAS DIOSAS,
·~
CABELLOS,,DE LAS NINFAS,
~
CUTIS DE CLEOPATRA,

La
Zarzaparrilla del Dr..Ayer es el depurativo de la sangre más popular y
más abonado &lt;le cuantos existen. De que posee virtudes curativas,
renovadoras y reconstituyentes de que carecen las preparaciones análogas, •
es un heclio admitido desde hace mucho tiempo por los Farmacéuticos a: o
y Médicos principales. Como fortalecedor de las fuerzas vitales y especifico para toda clase de enfermedades de la sangre, la Zarzaparrilla dei
Dr. Ayer no tiene igual. Cura las enfermedades con la remoción de la
causa que las engendra, aviva el apetito, destruye aquella tan conocida
Sensación de Fatiga, pone fuertes á los débiles y vigoriza con sus efectos
sanativos los nervios, tejidos y fibras del cuerpo. Como ha curado á otros
le curará á usted. Téngase la seguridad de que se toma

Premiado con medalla de honor
POR EL GOBIERNO FRANOES&lt;Zallejon ael $spíritu $anfo numero i.
Extracl'ióu garantizada de la Solitaria.
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l!}stP periódico está impreso con las tintas fina
de la Casa LORILLEUX y COMP.

París.-U nicos Age_ntes en la Republica:-

La Zarzaparrilla del Dr. Ayer

LEWIS y BLOCK, MÉXICO.

LA UNICA ZARZAPARRILLA

ED.PINAUD

Qae obtuvo los más altos premios en las grandes exposiciones del mundo.
Prepara.da por el Dr. J. O. Ayer y Ca., Lowell, l'4ass., E. U. A.

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radicalmente las enfermedades del
Apa,rato Digestivo, y exigir grabado sobre cada Oblea, el nomtire DIGESTIVO MOJARRIETA.
Dispepsia, Gastralgia y Enteritis crónica~
con sus síntumas: Agrios después de las comidas ó Acidos del estóma.go, Sed excesiva, Hinchazón ó Peso en
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personas bien conocidas y respetables, á quienes se viú
sufrir durante muchos afws y además reconocen eminencias médicas de varias naciones, sólo se curan completa y radicalmente con el

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W.

)iartínez, Gobernador del Estado.

•

NUMBRO 21

�EL MUNDO.

318

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.

1

NOVIEMBRE,

1896.

NOVIEMBRE,

1896.

.EL MUNDO.

319

literario. Fundó el Medical
LIBROS RECIBIDOS
Times, siendo su editor ne
1870 á 1871. Fué méil ico Di ALllANAQUE DE BOORET PARA 1897.
rector de la Exposición C.-11tenaria de 1873, y por este
Raoul MillP, el activo é inteligente jefe de !a casa de
y otros servicios recibió del
Rey de Suecia ·1a condecora- Buuret en México, nos ha remitido su 'lf! Almanaque pa•
ción de Comendador de la ra d afio de 1897. Constituye éste el más amplio y comOrden de San Olaf. Fué un pleto di ectorio que puede desPal'fe. Bonita forirn,, tipogran factor en la fundaci ón grafía limpia, hermosas acuarelas de lzaguirre, Historia
del Museo y Escuela Indus- ilustrada de los principales edificios, el MinistPrioactual,
trial de Artes de Pensilvania. Santoral por orden alfabético .v una reminiscencia nacioEs PrFsidente de la bibliote- nal para cada día del afio. Esto y otras Dinchas cosas
ca pública de Filadelfia, del que sería largo mencionar, hacen del Almanaque Bouret
Instituto Wister, del Museo un libro indispensable en todos los escritorios y en todos
d~ la Universidad y de los los hogaree.
El precio de cada Almanaque es el ínfimo de 50 cen·
Museos de Filadelfia, que for •
man una gran serie de co- ta vos.
lecciones arregladas sobre
harmoniosas v científicas bases. Consiguió el estableciA nuestros lectores.
miento de los bailes anuales
Nos prometemos ofrecerles ·en breve un
de caridad en Filadelfia, que
han realizado tantos bienes bonito obsequio: piezas apropiadas á las trapara las instituciones meridicionales :fiestos de navidad y con arreglo
torias.
Es miembro del Cologio de las copla-J y música populares.
de Médicos, de la Sociedad
Americana de Filosofía y de
Dist.ancias á que pueden oír~e las campanas.
otras ronchas sociedadl:s cien
Sucedió una vez á bordo de un buque, á 100 millas intíficas. Fué Presidente de la glesas de la costa del Brasil (unas 33 leguas espáfíolas),
Sociedad de Médicos Ameri- que en cierto sitio de la cubierta se oía con toda claridad
canos en 1881, y de la Sociede campanas.
'
dad de Climatología Ameri- sonido
Algunos meses después hubo ocasion de averiguar que
cana en 1886. Fué Preeiden- en San Salvador, de Brasil, se había tocado, en el día
te del p1·imer Congreso Médi- anolado, campanas por haberse celebrado una solemco Pan-Americano que se ne fiesta. El sonido, favorecido por un viento suave, hareunió en Washington en .... bía caminado mas de 93 leguas sobre el agua tranquila del
1893. En 1881 recibió el gra- mar, y precisamente un'l de las velas del barco formaba
do de Doctor en levPs de la una concavidad que reunía en un punto dado todos los
Universidad de Laffayette y rayos ú ondas de sonido que hasta allí llegaban muy dien 1888 de la de Princeton. fusos, pero que en el toco que producía se podían oír con
La obra literaria más impor- toda claridad.
tanto del Doctor Pepper ha
sido la edición del sistema
de medicina de autores ameOtro pago de $5,000., de "La Mutua"
erica ..10s, PD la que trabajó
EN P .A.CHUC.A..
de 1885 á 1886. Esta obra tuvo un buen éxito inmediato
Pacimca, Noviembre 11 de 1896.
_ y está _rElconociga_ como la
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de nLa Mumejor autoridad americana tua. »-México.-Muy seíior mío:
en asuntos médicos. Fué sePor conducto de los Sres. Pérez Duarte y C~, y ante el
guida por una obra de texto
Sr. Notario Público D. Austreberto T. Andrade, hoy me
de la práctica de la medicina,
ha sido entregada la suma de $5,000,00 (Cinco mil pt:•
según los maestros america- sos), valor de la póliza núm 765.222, bajo la cual estuvo
nos, que también ed,tó el asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
Doctor Pepper, contribuyen- Mejía.
Do_y á usted las debidas gracias por la eficacia con que
do grandemente á la obra
con sus trabajos. Ha publica- ha sido atendido .,ate pago, autorizándolo para. publido, en unión del Dr. Don carlo. -Sn atta. S. S. -Sofía Meita.

(

***
No se pretenda amenguar el mérito de esta acción juzgándola á la luz de los severos principios económicos; no
BBGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.
se quiera analizarla en el origen de sus causas impulsi·
11.W
.
vas, tratando de desvirtuar su prístina grandeza, El pue•Agt1ntes exclusivos para loa Estados Unidos y Cana•
blo no razona ni discute cuando se han excitado sus sendá Th.i Bpaniah .American Newspaper Company, 136 Liimientos: hiere ó sal va, abite ó transfiiura, se exalta al
'
bPrty St. New York, E. U.»
heroísmo ó se hundt1 en la miseria, según es la mano que
lo guía ó el aliento que lo inspira.
Podrá ser que el sacrificio enorme qne todas las clases
sociales de la nación esl!&gt;afiola ee han impuesto, extrayendo de la riqueza privada la respetable suma de quinientos millones de pesetas, tenga después contrarios re•
sultados en la riqueza nacional; sucederá que, ad como la.
extraordinaria contribución de sangre debilita al país y
Durante la última semana ha funcionado e l Congres&lt;&gt;
menoscaba sus fu1,uras energías, el empréstito cuantioso
Médico Pan-Americano, severa corporación que eligió hi
cubierto en el interior, y destinado á gastarse no en emciudad de México para celebrar en ella su segunda asampresas productoras sino en ese tonel sin fondo que sellablea. La Capital se ha visto, pues, frecuentada por un
ma la guerra de Cuba, disminuirá notableme¡:¡te la fuernúcleo de personas distinguidas y la prensa y las agrupaza vital del país y provocará en Jo porvenir crieis intencionPR particulares, al par que la Administración pública
sas; pero no hay que hablar de esos temores lejanos al
y el Municipio, se han esforzado en hacer los honores á
que está pose(:!o de entusiasmo, no debe esperarse el ratan honorables huéspedes.
zonamiento sere!lo y frio del que es presa de un arrebato
¿Qué beneficios obtiene la República de esta visita? Desde pasión. y pasión noble y sublime como es el amor sa·
de luego sefialaremos los que resultan del contacto ent1e
gr.arlo de la patria.
nuestros hombres de ciencia nacionales y los quede! exQuédese para los espíritus hoscos y sombríos que en
tranjero han acudido á integrar el Congreso.-..1!:n el terretodo quieren hallar el lado obscuro de las cosas, investigar
no es peculati vo sucede como en el terreno de la I IT'uggle f or
lije: las ideas más aptas son las que triunfan, cuando son 2" CONGRESO MEDICO PAN-AMERICANO.-Cará.tula del programa general. la sombra que pueda proyectar en el porvenir de Espafia
la extracción de esta riqueza que representa más de la.
.iometidas á la discusión y la competencia. Son estas
f\Pambleas como las piedras de toque con las que se descu- era.ta frente á la opinión pública republicana en palpitante mitad del presupuf.llto·ordinario de la nación; nosotrobre la buena ó la mala ley de las opiniones; el crisol t111 y bullicioso combate. Pero como no pueden existir dos en esta vez s.Slo tenemos admiración, y admiración solem
donde se depuran todas las aleaciones, el compendio en opiniones opne•tas, sin que una de ellas I esulte verdade- ne, mezclada de respetuoso sentimiento, ante el patriotisel que se condenenn todot, los esfuerzos particulareP, para ra y la otra equivocada, de este hecho debemos despren- mo de un gran puf blo.
Ojalá y el inmenso sacrificio, encauzado debidamenteformar un cuerpo de doctrina, una generalización amplia der que lo que interesa es conocer la opinión verdadera
y no la opinión pública.
por los directores del país, pueda procurar días máe sey provecboEa.
El público ea suscept.ble de engal'iarse, su corriente renos y horas de tranquilidad á quién tiene ahora tanto&amp;
Pocas oportunidades se ofrecen á nuestros hombres de
estudio para cambiar observaciones y trasmitir experien- desviarse de lo que es recto y sano, su criterio ser influen- ~ o s de angustia y tantas causas de zoz0bra.
cias. -Salvo dos ó tres grupos literarios, en los que menu- ciado por prejuicios de todo orden. Y en este caso; el-tra***
dean las lecturas de poemas, y alguna que otra sociedad lí- bajo de los grupos superiores de la sociedi.d eetriba Pn
Cuando vemos esa tenacidad y persistencia con que li
rica en donde los miembros golpean frenéticamente el transformar esta opinión de cantidad en opinion de cali· la continua circulan especies alarmantes, pronosticando
dad,
por
la
prensa,
por
el
libro,
por
la
tribuna,
por
la
pbno, no podemos presentar centros de deliberación copara día no muy lejano una guerra entre la monarquía.
ensel'ianza, en una palabra.
mo los muchos que en otras partes del mundo contribuDe igual modo que la labor de los que persieten en la e!!pafiola y la república norte-americana, y que al misyen al progreso de la ciencia.
mo tiempo las noticias de fuente oficial no cesan de dar
El aiflamiento es una manifestación del caráter mexi- vida consiste 1:n ajustarse al medio modificándolo, asimis- seguridades
consoladoras de perfecta inteligencia y francano· de individuo á individuo media un abismo que no mo, el esfuerzo de los que han menester de la opinión ca cordialidad entre los gobiernos de las dos naciones
hay ~iencia 9.ue llene. Dos mexicanos pueden conservar pública como condición de vida, debe basarse en la in- amigas, es natural que nos preguntemos qué da ocasión
durante media hora buenas relaciones; tres, ya es más di - terpretación de ella, mejorándola y encauzándola.
t1olaroente así podr&gt;L obtenerse una opinión pública á esas especies, que tienden á sembrar la desconfianza y
fícil; cuatro, se desgarran concienzudamente. El lazo de
el temor por todas partee.
una idea común más elevada-un arte, •ma serie de co· provechosa para los altos fines de la civ;lizaci6n.
El único pret.exto que se da á esos rumores alarmante&amp;
nocimientos, un programa, un fin determinado-no ata
es la guerra de Cub:i y acaso el cambio en el personal adá nuestras dispersas unidades, que se sustraen á todo
ministrativo que en breve se verificará en los Estados U niprincipio de labor solidaria.
12;1 Sefe be la Uación tJ las reuµciones en los dos,
como resultado de las recientes pasadas elecciones,
El Congreso Médico Pan-Americano ha prestado el po(Estnllo .s.
y que dicen, ha de ocasionar necesariamente un cambio
sitivo servicio, no ya de que distinguidas personalidades
en la política que hasta hoy ha seguido esta nación en
mexicanas se hayan acercado á c~ras extranjeras, sino
relaciones con Espai\a.
que también hayan encontrado oportunidad de estable•
Para un observador sagaz, no puede pasar inadvertida sus¿Pei,o
de dónde T)arten esos rumores? quién atiza ese
cer entre sí una comunicación directa.
la intervención que, en las di versas excursiones del Pre- fuego que puede iñceudiar los corazones, y abrasar á los
Otro beneficio ha prestado el Congreso, y éste m~s ge- sidente de la República á los Estados, han tomado clapuehlos en espantoi¡a conflagración?......
neral y espacioso: el de poder exhibir una muestra de ses ae la sociedad totalmente agenas al mundo oficial y
De seguro que no proceden de centros que simpatizan
distinción hacia nuestro país, bastante desconocido en el por lo tanto sueiraídas á toda inflnencia política.
con la causa de Espail.a, por más que cualquiera pueda.
exterior, y que estas reuniones dan ocasión de estudiar.
Ya no se trata de funcionarios públicos ni del ~rupo ver que la zozobra é inquietud que el temor de un con•
He aquí, en breves líneas, condensado el criterio con burocrático local, sino de rPpresentantes de la iniciativa
que debe ser juzgado el Congreso que durante la última privada, en las varias manifestaciones que el capital y el flicto extranjero procuran, han sido causas impulsivas
en la suscripción del empréstito nacional; pues los hosemana ha funcionado t'n la Capital de la República.
trabajo determinan en una.colectividad. Ant.e este hecho rrores de una guerra civil no habrían sido bastantes á.
innegable, repetiremos lo ~ue con motivo análogo hemos con,-encer de la necesidad del inmenso sacrificio que toya expreeado en estas págl1,lae: en los momentos actua- do el pueblo ha consumado, sinó se .tuviera á la vista la.
les, existe un perfecto acuerdo entre los que hemos lla- horrible perspectiva de una guerra internacional.
f n oµinió1t µítbfüa tJ la opiuión uullnllru.
mado elementoB activos del país y el programa desarrollaTampoco pueden nacer esas alarmas exclusivamente
Se ha discutido en estos últimos días acerca del la opi- do por el Jefe de la Nacióu.
del campo cubano, porque si le eran favorables al sem•
Este
movimiento
preouraor
de
una
futura
oríentación
nión pública y de los elementos que entran á determinar
brar la inquietud en las filas enemigas, igual efecto deeste fenómeno social.- La opinión pública es una fuer- política surgida á la creación de Intereses, no debP, como bían tener en el país americano que más ostensiblemente•
arriba
decimos,
pasar
inadvertido
por
cuanto
representa
za, utilizable ó perjudicial, según los caracteres del memanifiesta su simpatía por la causa cubana, y esa inquiedio ambiente en que se desarrolla, según las fuentes de fuPrzas nuevae bien informadas y dirigidas.
tud pndiera llegar al extremo deenagenarle la buena dis-La
obra
del
General
Diaz,
aitamente
benéfica
á
la
acinformación que la producen, porque así como «el valor
posición de sus amigos.
de un Estado no es otra cosa más que el valor de los in• ci6n provechosa de estas fuerzas, se midA por estas manifestaciones
que
se
traducen
por
la
coperac1ón
act'ntuada
***
dividuos que Jo componen,»de igual modo la opiniónpúSucede qufl los apreftos bélicos de Eepafia coincide!'-,
blicu se forma del conjunto de las opiniones privadas ize- de grnpos independientes y eticaceP, en el gran decarrollo
dd
bienestar
y
el
engrandecimiento
nacionalt,s.
con
la
actividad
desplegada
en los centros navales y mi-neradas por el interés, ilustración, nivel moral, etc, etc
litares de los Estados Unidos, y la gran mayoría uel puedominantes en los diversos grupos sociales.
blo americano, que hizo adoptar en las grandes convenEn los pueblos en que los varios factores que informan
ciones de Saint Louis y de Cbicago cláusulas expresivas
las conciencias se pierden en el vacío, la opinión pública
de adhesión y simpatía hacia los iDBurrectos de Cuba,
no aparece, ó si aparece, es en forma nociva y caóLica.
encuentra motivo de regocijo en todo ese aparato bélico•
Es un hecho innegable que tratándose de cuestiones
de política ó que con esta ciencia tengan íntimo enlace, á RF.SUm:.N.-EI empréstito nacional y el plltriotismo eRpa- que despliega la administración, atribuyéndolo á un camñul.-lnaJ?;otable virili1lad del pn•blo.- Lu~ rumores dt'I bio de política internacional en la cuestión antillana, que
cualquiera le es permitido expresar su opinión, ein preconflicto hispanu-auu.,rieano.-S11 eansa.-Su iocunMi~- había de herir la susceptibilidad del patriotismo _espaparación anterior ni preliminares estudios. Al referirñol. De ahí creemo~, más que de otra parte, que vienen
se un auditorio á un problema de álgebra, fisiología-, hil&lt;tencia.-Cuofianza en lo porvenir.
las noticias que contim:amente nos comunica la prensa..
toria ó astronomía, losque ignoran los principios rudimenCuando no cesan de circular rumores alarmante~ anun- diaria; de ahí también proceden, á no dudar, esas I!rotarios de estas ciencias se encuentran dispeneadoa de
emitir un juicio sie-c: pre erróneo. En política ya es dis- ciando la posib1iidad de un rompimiento entre E~paña testaa de cordialidad que sin cesar se cambian los gobiertinto: el primer recién venido puede hacer uso de lapa- y los Estados Unidos; cnar,do el Gobierno que presidii el nos para contrarrestar el mal efecto que pudiéran causar
labra y censurar ó aplaudir los actos más &lt;:OmP.licados _t:lr. Qápovas se siente obliga.rl.o á .acudirá un emprésLito en el ánimo exaltado de loa pueblos, sieº1pre dispues~os
que se ofrecen á la investi~a!!i6n del espíritu lmmíiño.- -- nacional, no habiendo podido realizal' el empréstito ex- á oír las sugestiones de la pasión más que los conseJOB
En virtud de este principio generalmente admitido, se tranjero con la prontitud que requieren las circunstan- del sereno razonamiento.
Y no baya temores de que esa guerra estalle. Aun hay
da patente de opinión pública á todo concepto bueno ó cias, y cuando se palpa la urgente necesidad de hacer un
malo, falso 6 verdadero, exacto ó erróneo, que emane de esfuerzo supremo para aplastar de una vez la insurrección bastante buen sentido en ambos gobiernos para º&lt;? decualquier clase BC'cial, más ó menos numerosa, pero siem- cubana en la canipaña de invierno: ¡qué hermoso es el jarse arrastrar en el espantoso c1mflicto. Ni el Gabinete
pre aispuesta á extremar su criterio. -ruede suceder que espe_~(culo qµe pre§enta el puebl9_es_pafiol l!C!Jdiendoso· conservador ni otro alguno en Esp.,fia son capaces de enen una sociedad, ya en período de progreso económico é lícito al llamamiento de su gobierno y derramando en las volver deliberadamente al país en una guerra desaítrosa,
intelectual. E&gt;i.istan tantas opiniones públicas cuantos in- arcas del Real Tesoro, en inmE-nsa explosión de no des- cuyas_ coDBecuencias nadie puede preveer. Defenderán
tereses se bailen representados; así hemos visto en lse mentido patriotismo, los ricos sus millones, los pobres su basta el último extremo los sagrados de':'ecbos de la narecieates elecciones americanas la opinión pública dtmó- óbolo, y todos el auxilio solicitado! ¡Qué enérgica virili- ción, pero estamos seguros que· sólo acudirán al recurso-

Todo pago debe ser prt&gt;cisamente adelantado.

22

dad se necesita para llevar á cabo ese sacrificio, que es como el remate de los innumerables realizados antes, para.
mantener incólume la integridad del territorio y enhiesta y orgullosa la bandera de '1a Patria, tantas veces acariciada por auras de gloria, santificada por sangre de
mártires y engrandecida por hazanas de héroes!
¡Qué grande se presenta á nuestros ojos ese pueblo que
no oye wás que la voz de la patria angustiada, y se levanta en un sólo y ne&gt;ble movimiento, presto á ofrecer sus
ahorros, como antes ha ofrecido su sangre, como antes
ha derrochado su vida, en bien de la madre común de lose
espafioled!

"EL MUNDO."

Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este per!ódlC&lt;'.

22

~ Jn. · nDS ·J
@8
~ Ruic0

11ittJta, tbittJrilllts.

QH Qfongrrso ~ltbirn l,1t1n-1lmtrtcauo.

EL 2'! CONGRESO MEDICO PA}í-AMERICANO.-LA RECKPCION EN EL PALACIO 1IUN1CIPAL.
Adorno dirigido por el Sr. Don Ignacio Bejai;ano.
(Defot.ogroJías hecha$ e 11 nue,;tr08 talleres.)
l. Entrad&amp; al Comedor.-2'! Lá gruta en que~ formó el comerlor.-3? El comedor visto de frente.-4? Lado
derecho áel IIllSmo.-5? Cascada en la gruta.
0

de las ar!Ilae Y al incostrastable patrioti¡,mo del pueblo
q!le gobiernan, cuando hayan agotado todos los medios decorosamente pacíficos y compatibles con el buen
nombre Y el prestigie, nacional.
·
_No s~rá Mr. 01eveland, en las postrimerías de ~u admimstrac1ón, ~¡ que provoq!le el conflicto; y M.c Kinley ten•
&lt;i_rá b~en cuida~o de no maugurar su periodo presiden•01al, smo con vientos de paz y corrientes de calma que
le permitan desarrollar un programa republicano, eminentemente conservador en los momentos actuales.
19 de Novi_embre de 1896.

X. X. X.

El Señor Doctor Guillermo Pepper.

~olítirn &lt;!&amp;rncral.

~ublicamos. su retrato co_m? un homenaje al sabio á
.q!11en cupo la n?nra de presidir el primer Congreso Médico Pan- Amer1c1mo.
El Doctor Peppe:r nac!ó en Filadelfia el 21 de Agosto
de 1843 Y á la e!1ad ~e diez y nueve afios recibió el primer
grado en la umvers1dad de Pensilvania c,bteniendo su
tít~lo de médico en 1864. Fué IPctor de 'anatomía atológ1ca en la Universidad, de 1868 á 1870, de clínica J:édica de 1870 á 1876 y profesor de esta última materia de
~ á-13&amp;7,-éf)Ooa--en que-fué-nombmdo-profesord"e medicma teó:ica y práctica, llenando la vacante del Doctor
~fredo St11le. En 1881 fué elegido Rector de la UniverB\dad que _avanzó notable y rápidamente bajo su direc·
.ción, sufriendo muchas y notables reformas que ser!~ lar¡:to enume~ar y ea premio de las cuales, la Junta
1r~ct~va reEolv1ó le'l'.antarle un~ estatua de bronce en
a b1bhoteca de la Umversidad, siendo subscrito su costo
por sus colegas _universitarios. Además de sus deberes
como rector y sm abandonar la práctica de su profesión
el Doctor Pepper ha continuado regular 11ente su trabaj¿

p

Juan F.Melgs, repetidas ediciones de t 11 obra sobre en.
fermedades de los niños. Entre sus colaboraciones en los
periódicos 6 en los trabajos
de las sociedades, se encuent:a: t&lt;Del trépano y las afecc10nes cerebrales,»18il. «Tratamien o local de las cavernas pulmonares,» 1874. t&lt;lrritación catarral, 1881 «Relación de los manantiales minerales de América,» 1881 .
«Epilepfia,,, 1883. «Tisis en
Pt'nsilvania » 1886.
Tal es el distinguido profesor q~e habiendo presidido
el primer Congreso Médico
Pan Americano celebrado en
Estados Unidos, integró e l
egundo efectuad o en México, d?nde ha sido objeto de •
las simpatías y aprecio de
que por s11s méritos es merecedor.

-···~·"·""·Desde hace seis mil años
así como cae del cielo un~
cierta cantidad de lluvia cada afio, cae del corazón del
hombre cierta cantidad de
lágrimas.
Lacordaire.
DOCTOR

GUILLERMO

PEPPER.'

�EL MUNDO.

320

22

NOVIEMBRE,

1896.

NOVIEMBRE

221896.

F.L MUNDO.

.Esc'.l.do del palco de la Pre ..tde:n.cJa.

\.,

......~

J...

1

UNA ENCANTAIJuRA FIESTA

EN

CHAPULTEF~C

No podrán quejarse de fijo los distinguidos miembros
del Congreso Médico Pan-Americano de la hosi,1~alidad
de nuestro país.
México quiso hacerse merecedor de la honra que se le
dispensaba eligiendo su metrópoli para que en ella se reuniese la importante asamblea y prodigo á sus visitantes
las muestras más expontaneas y sinceras de consideración y aprecio. Puede afirmarse que no hubo corporación importante que no estuviese representada en los festejos de que fueron objeto los congresistas, y las brillantes
y solemnes sesiones del congreso, la recepción en casa
de la Señora Lynch de Camacbo y la fiesta de la Municipalidad no se olvidarán facilmente. Dignas fueron de los
donantes y de los obsequiados. Hubo empero en el cul\•
dro harmónico de lo!! f.istejos, uno que sobrepujó á los
otros en elegancia, en dietinción Y en amenidad, como
place á todos reconocerlo y aunque á él nos referimos en
la crónica completa del segundo Congreso Médico, lo hicimós levemente y atendiendo aólo· á la integridad de

estrellas de flores frescas que se reían por todos sus péta~
loa del invierno y salpicó la arboleda umbrá,ica de farolillos multicolores que luego de anochecido parecían luciérnaga~ presas en ias redes de la sombra.
Desde la entrada el edi6cio mostraba una fisonomía de
fiesta y de animación no acostumbrada. El patio de honor iba. llenándose de carruajes que á medida qne llegaban íbanse colocando ordenadamente en filas por algunos
gendarmes á las órdenes de tres jefes.
El Sr. Presidente y Carmelita recibieron á los congresistas en el Salón Blanco, situado en la parte baja del castillo
y notable por la opulencia de sus tapicerías y decorado.
Vestía Carmelita rico traje negro, que aún lleva luto por
un muerto querido, y mostraba en sus labios esa dulce y
bondadosa sonrisa con que hace a\'in más cautivadora la
magestuosa y atractiva expresión de su rostro. Rodea•
ban á la alta dama su bija política la Srita Luz Díaz, su
hermana la Srita Sofía Rom0 ro Rubio, su prima la Srita
Adela Fernández y las Sritas Dolores y Elena Liceaga,
todas tan airosas y elegantes como aparecen siempre en
nuestras grandes reuniones.
Terminada la presentación los congresistas formaron
grupos y esparciéronee por el palacio dirijiéndose muchos
á las galerías de la planta alta desde donde la vista se recrea y espacfa ante las maravillas del inmenso valle Y
de la enorme ciudad que se reclina sobre sus siempre
verdes praderas.
En el jardín, en uno de los ángulos, la magnífica orquesta de los Vega, desataba sus notas cadenciosas Y en
la Plaza de Armas del castillo alternaba con ella la excelente banda del Estado Mayor. Largo espacio de tiempo permanecieron los congresistas contemplando el admirable panorama del Valle, que semienvuelto en e,
albornoz d-e brumas blancas de una tarde de otofio, dejaba verá trechos la munificencia de su verde 6 el gen•
ti! agrupamiento de sus poblados, que no es para despreciarse por el que no conoce nuestra metrópoli, tan singular perspectiva; y á las cinco de la tar~e sirvióse á los
invitados un opíparo buffet. La mesa se dispuso en h am·
plia galería que ve al oriente del jardín y desde ella seguían disfrutando los ojos del encantador pais:&gt;je. Servían
con amabilidad exquisita á las damas invitadas, los Sres
Feroá.ndez y Gal van, ayudantes del Sr. Presidente.
El aspecto que ofrecía el gran grupo de comensalesera verdaderamente agradable, distinguiéndose por sus
brillantes uniformes los Médicos del Ejército y de la A:rnuestra crónica, p•nponiéndonos consagra1 ,e un sitio es- mada de la Unión Americana.
pecial y más a..uplia resefia después, prop6bito q ne cumCerca de las seis cuando las primeras sombras de la
plimos en estas líneas.
nvche caían densamente sobre el valle, principiaron á
Nuestros lectores habrán comprendido ya que se trata despedirse los congresistas retirándose encantados en_la
de la brillante recepción :&gt;frecida el jueves por el Sr. Pre- reunión Fué está el verdadero 1;l&lt;,u d'or de los feste¡os
sidente de 1~ República y su digna esposa á los congre- efectuados en la semana en honor de nuestros iiustr:3dos
sistas en el Palacio de Chapultepec.
visitantes, y no podía ser de otra manez:a.. P~overbial e_s
En las primeras horas de la tarde, los congresistas en ya en México la hermosa trinidad de• distmc1ón, amabidiez y seis carros especial111 de los ferrucarriles del Dis- lidad y discreción que hacen de Carmelita, aparte del
trito, dirigiéronee al Castillo. hallando las numerosas egregio puesto social que ocupa, la primera da~a de_la
damas que los acompafiaban; elegantes carruajes puestos República y sabido que en todo aquello en qn~ mterv1eá su disposición para que no se fatigasen al ascender la ne pone el sello inconfundible de su elegancia Y savoirrampa que conduce al pintoresco edificio.
faire.
El Castillo de Chapultpec, erguido y majestuoso 1Í pesar
Nuestros lectores hallarán como marco de estas líneas
del peso de toda la gloria de sus leyendas seculares, como su retrato v algunas perspectivas del Castillo. Ahora, solas mujeres hermosas poco necesita para engalanarse. Todo lo J nos resta felicitar al primer Magistrado y á su esposa,
le está bien porque tiene la beldad Bin par de su colina, por haber coronado de tan brillante manera las fiestas _á
la robustez ubérrima y galana verdura de sus ahuehue- que dió Jugar el segundo Congreso Médico Pdn-amer 1•
tes, donde el heno-«las canas de los árboles»-enreda su·
cano.
cabellera gris, y la opulencia de sus mansiones pomposas
y severas, Empero en esta vez el arti~cio unioae á la naturaleza y prendió aquí y ahí festones, medias lunas Y

321

El ta alón, durnnte eldisou.rso del S. Lioeaga.

Vestibul&lt;, &lt;iel Teatro .

Aspecto del Teatro Nacional du.rante. la sesión inaugural el hínes último.
Tomado del natural por, Carloa Alcalde,

Un.trofeo.

�2J NOVIEMBRE, 1896.

F,L l\fUNDO.

322

--

22

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

3Z3

.

.
,~_,,,.

•

.....:.

~'

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA.-PASEO DEHIDALGO.-EsTATUA DEL GENERAL ZARAGOZA.

L'"s fiestas presidenciales tn Pnebla.
Ayer dieron principio en la Ciudad ~e P11ebl.a las fies·
tas presidenciales, con toda l.a Rolemn_1da~ debida.
Como prólogo de nuestra 111formac1ón 1lustr11da, y en
nuestro afan, de ser oportunos damos á !1ut&gt;stros 11-ctores
cuatro fotografías que repreeentan, la pnmna, al Sr. G0 •
bernador del Estado General ~lucio P. Mar, fo¡,z, la ~ y 3~
los monumentos que van á inauguraree y la cuarta al au ·
tor de lae eetátuas.
A reserva de dar de esae füietae amplia y fiel rE;Sefla en
nuestro próximo número, limitámonos á cone1gnar el
programa conforme al cual se efectuarán:
Día 21 en la mañana. ,Y ~jo la pre~idencia del Señor
G-.neral Don Porfirio D1az, 10augurac1ón de la estatua de
D~n Nicolás Bravo y el H~picio. Por la ta~da l!' colonia
española dara una fiesta en el Frontón ccBet1-Ja1,» por la
noche es el Banquete Oficial en e.1 ealón del. Gimnasio del
colegio del Estado. Antes de la 10augu!ac1ón d~ la estatua colocará el Sefl.or Presidente la -primera piedra del
monume¡¡t:() que el &amp;-tado eri:?e á la Independencill.
Día 22, en la maflana, inauguraci?f! de la estatua de
Don Ignacio Zaragoza en el P9:seo V!eJo, e~cuela ( La.fragua) normal de profesores y g1mnas10.
Día 23 en la mañana, fiesta en el Velódromo y colo•
cación d~ la primera piedra del monnmen.t~ qne la Colonia franceea levanta en el P;:.nteón l\fumc10al del Agua
Azul, para depositar los re_stos de los fr.rnce~eP y mex,1ranoe que murieron en esta cmda~. dura me la wterveuc1ó11.
Todas las agrupaciones, y soe1Pd8;dt-P, laP col~n111e fra11cesa, espafiola y dl:'u1&gt;ís, Pe han nrud~ al Gob1~rno para
celebrar dignawente la llt&gt;gau.a del Prnner ~Iagu,trado d.,
la Nación.

Durante las noches de los días 21, 22 y 23. tant.o P 1
Parque C,n,tral, como toda la ciudad, scerán ilumina1.oe á.
giur,w.
.
E ➔ iududable q11e las fiestas angelopohtanas resultarán
dignas del fiu á que se las destina.

El Cóngreso Médico Pan--.Americano.
En nuestro uumero anterior anunciamos la llegada de
la wayor parte de los médicos que han_ integrado la. im·
portante asamblea reunida en esta capi.al en loe prime·
ros dias de la última semana.
El lunt-s en la mañana llegó el resto de loe congresistas,
desceudiendo en la 1!:,tacióu de Buenavista:
El andén de la estación estaba adornado con festonee,
farolillos venecianos y grupos de banderas de diversas
llaciooalidadeF.
Un simpático grupo de seflorae ')' sefioritas ~peraba
la llegada del tren parl' hacer cariliosa recepción á las
damas americanas que deblan llt-gar.
.
La Comisión la componían las Sras. de L1ceaga Y.de Or·
vañauos, y Srital'. Sara Reyes, De.lores y Elena L1céaga,
y l\1arla Carmen é Isabel Orvafianoe.
La Comisión de ~1édicos para recibirá sus col_eg8:@, la
formabau los doctores Tobías Núñez, Peredo, HmoJosa,
Villagrán, Cícero, Narro, Grande Ampudia, Soriano y
otros.
El tren que conducía á los COD[resist~s llegó á \ae ~ Y
mi1111toe, siendo ealudado por la Banc.a de Artille~1a,
que ~jecutó la obertura América, en la que están reCQplla•
dos los wáe bonitos air&lt;!s norteamericanos.
AL descender del tren las sefl.oras nort.lamericanas fue-

ron obsequiadas con primorosos ramilletes de flor0s ·querecibieron con m1,cho gueto.
Dtsde 111 hora dti 11.-gada del tre~ basta las ocho y cuar•
to fut-ron couducidos los Cougres1stas á sus respectivos
alojamientos.
En la noche del sábado, las familillS de loe congre9istas
fueron ob!lt'qUiadae con una rennión fa_miliar en ia EscuP·_
la de Medicina. Se reunieron 300 médicos y entre ellos 7
doctoras, 1:ntre las cuales dtscolh1baJa Seflora Culberson.
Los mienbros del Comité Di1ectivo Sefl.ores Doctores
Carmona, LicE:aga y Laviijt8;, asis_ti~ron á la fietita;_el pri•
mero pronunció una alocución d1c1endo que el ob¡eto de ·
la reunión había sido poner en contacto á los profesores
de la EFcuela y á los médicos mexicanos en general, con
loe médicos extranjer'ls q11e nos habían htcho la honra.
de asistir al Congreso. Drjo que este Congreso tenía un
carácter muy especial, porque así co~o _par!l los Interna•
cionales celebradc,s en Europa las mv1tac11,nes ha_hían
partido de corporaciones cieni.íficas tanto para el pnmer·
Congreso Pan-A me!ic~no~elebrado en Was~ington, como
para el actual, !ae mv1tac1ones ~8:bían part1do;de los Gobiernos reepect1 vos; concluyó d1c1endo que deeéaba .á los•
Doctores extranjeros, lee fuera grata en perl:Ilan1-nc1a en
México, y al Congreso, cuyos fines son emrnentemente
filantrópicos, éxito completo.
Después de esta aloe;1ción los congrPsistas pasaron á.la
D.rección de la escuela, donde el bujfd se hallaba die-·
pu~to.
.
.
El lunes en la mañana se repartió á los congres1etas Pl
programa de la" ~eeionee elegantemente impreso y del
cual damos un faCbímil.
En la nocl,e en el Teatro Nacional, adornado con sumt&gt;•
goato, se efectuó la sesión inaugural del Congreso, qu.:

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA.-PASEO DE BRAVO.-EsTATIJA DEL GE.~ERAL NICOLAS bRAVO.

-por primera vez se reunió en Washington, bajo la presidencia del Dortor Pepper, el afio de 1893.
En el vestíbulo del teatro se colocaron guías y coronas
formadas con ojas de laurel y encina.
En el centro del patio se colocó una pirámide truncada que sirvió de pedestal á un busto de Cuauhtémoc.
Una gran corona de laurel cubría el frente d.il pedt-s•
tal. que estaba rodeado de un zócalo cubierto con plant1_1s.
El ence&gt;rnisado, la arquerí1_1 y los ángulos d_el patio,
tambi~n se adornaron con b,oJas de laurel y enema.
Estaba todo el edificio profusamente iluminado.
Penetrando al salón el Teatro ofrecía un aspecto deslumbrador.
Los antepeJhos de las plateas y las columnas de éstas,
e9taban tapizados con flores exquisitas; los de los pale;os
primeros se cubrieron con banderas de todas las nac10nes, y en el palco segundo del centro, dentro de un gran
círculo cubierto con focos d~ luz incandescente de los
colores nacionalas, se colocó una g~an copa de l:!ipócrateiJ;'TmbTema de fa Meaícfüa. ~.También !09 antepechoA de los palcos Fegundos estaban
cubiertos con \;&gt;1mderae de todas las naciones.
En ,el foro 'el aecorado figuraba un bonito salón. A uno
y otro e:x.tremo del foro se pusieron como adorno. monumentos antiguos, y en el fondo un gran calendar:o azte-

ca, á cuyo frente estaban la mesa y los asientos presidenciales.
A ias 8 y 20 minutos, la banda del 16~ Batallón, que dió
la guardia de honor, anunció la llegada del General Díaz,
quien @('! presentó acompañ.ado de los ministros de Relaciones, Justicia, Comunicaciones, Guerra y Fomento, y
de los SreP. doctores Carmona, Lavista, Licéaga, Noriega y BuFtillos.
El Sedor PreFidente-que llevaba la banda tricolor cru•
zada sobre el pecho-ocupó el p~sto de honor, teniendo
á su derecha al Secretario de Justicia é instrucción pú·
blica.
.Al terminar el Himno Nacional con que fué saludado
el General Díaz, este primer magistrado dirigió una corta pero entoeiasta alocución á los Congresistas, dándoles
la bienvenida y deseándoles el mejor éxito en sus trebajos.
La sillería colocada á derecha é izquierda del foro, fué
ocupada por Jos dele_glldo1t._ o.ficil\les y de corporaciones
científicas.
En el patio se hallaban lo, congresistas y sus familias,
y en loe palcos las familias de nuestra sociedad elegante.
Una vez concluida la hermosa obertura "Pique Dame"
!'jecutada por la orquesta del Conservatorio, el Sr. Dr.
D. Eduardo Liceaga, Secntario General del Congreso,

oc':P? la tribuna hacienda un justo efogio del Sr. Doctor
W1ll1am Peper, al cual le cupo la honra de iniciar estos fructíferos congresos.
El orador dió las gracias al Sr. General Díaz, á los Minietros de Estado, al Cómite Internacional que reside en
loe Estados Unidos, al .Ayuntamiento de México á las
corporaciones científicas y á todas las personas q~e han
contribuido con sus tr~bajos 9:1 mPjor éxito del_ Cong:eso
y concluyó dando la bien vemda á los cong,es1stas siendo muy aplaudido. Trae este discurso, ejecutó la o~queeta el Himno Nacional, que fué cantado por alumnas y
alumnos d~l conservatorio y escuchado de pie por la
concurrencia.
Ocupé luego la tribuna el Sr. Or. Carmona y Valle
Presidente del Congreso, el cual habló con abundanci~
de datos de _I~ enseñanza de la Medicina en México y
concluyó d1c1endo que deseaba á log congresistas una
agradable permanencia en México y que esperaba que
e!1 la_próx11~a r¡,unión del Congreso se enriquecería la
c1enc1a médica y aumentaría la t:levada reputación de la
facultad en América, siendo así mismo muy aplaudido.
La música ejecutó después un delicado interínezzo á
continuación, del cual el Sr. Lic. Don José María Gam- ·
boa, leyó una hermosa pieza o~a~ria.
.
Al d1Scurso del Sr. Gamboae1gu1ó el elegante trozo sin-

�~ 2 X CVIBMBRE,

ELMUNW.

324

fueron obsequiados ¡,or el Ayuntamiento los estimables
congresistas.
f
·ó
El Palacio eufrio una encantora tran!'. ormac1 n.
En el veetfbulo de entrada á laR oficmas del Ayunta•
miento 88 formó una serre con hermosas planta~. La es•
calera que da acceeo á aquellas se adornó con banderas,
la~C:Sr. Pepperfué interrumpido con frecuencia por los en trofeos. en la parte superio:· Los p~bellon_ee perte·
ecían á las diversas Repúblicas amencan,as. Estadde
ap~a~º~r~lrfr~~\is~: General Dfaz declaró en nombre
Unidos Veuezuela, Colombia, Ecuador, E'eru; las :8,ep •
del Gobierno, que _quedaba abierto el segundo Congreso blicasCentroamericanas, Uruguay, paraguay, Brasil, et:c·
Médico Pan•Amencano.
.
d 1
El salón de pasos perdidos, contiguo á )a sala de Cab1_l·
El Sr Presidente se retiró á las 10 y 45 mrnutos e .ª
doe quedó elegantemente decorado. El piso lo cubrf ro)
·entre
los
11ausos
de
la
numerosa
concurrencia
be
noc '
.
N .
1
tapJz· )as paredes desaparecían trae una decoración od
y los acordes del 1mno a~10na ·
QP. b~en gusto. La formaban grandes estrellas de gar e* * bailarán ~u estros lectores, nia• en el centro dP dos medias lunas de rosa y table:dª
El grabado que en este pliego
de diversas flores. Formaba plajond al salón un tupi o
les dará idea más completa de esta ~nmPra etapa de la
distinguida asamblea que hemos deecnto. Pasemos ahora follaje.
La Sala de Cabildo no fué adornada con flores para no
á la segunda. *
*
El . martes *efectuose
en 1
Cámara de Diputados, bajo la
Presidencia del Sr. Ministro
Baranda, la eeeión intermedia·
ria del segundo 9&lt;&gt;ng~es?· .
L11 reunión d1ó prmc1p10 á
las ocho y ruin~tos de la no·
che, sit:n&lt;1oel pnmeroen abor·
dar la tribuna el Sr. Dr. Juan
Santos Ferná.ndez, delegado
de la Habana, Cnba, para leer
un estudio importante sobre
la fiebre amarilla.
El Sr. Dr. E. S. Luchape·
lle, de Montreal, Canadá, pronunció un discurso en francés
sobre el mismo asunto, y otro
tanto hizo el Sr, Dr. Wáltter
y W yman, cimjanog_eneral del
Hospital de la Marina de los
Estados U nidos. ;
Muy importantes son l~s tres
trabajos á que nos referimos,
pues en ellos analiza la terri·
ble enfermedad que diezma la
población de nuestras costas,
y que tanto esfue_rzo se ha hecl:io para combatir.
El Sr. D. Rafael Lavista fué
el último que habló disertando con acierto que mereció nu•
tridos aplauso3, sobre la patogenia de la• enfermedades.
LaSecretaríadió lectura á un
pliego en el cual se citaba á
los congrusistaspara una Jun•
ta que nabfa de verificarse en
el Hotel Sanz, -..: la sesión terminó cerca de las once de la
noche.

fónico «Clair de Lunen de Pimentel, y d~s{&gt;ués avanzó
al frente del foro el distinguido Dr. W1~ham i:epper,
uien fué acompaoado 'por los Sre11. Lav1sta, L1céaga,
la11tto y Sierra Méndez expresándose en hermosas pa•

6 1

•

ª

1896.

salpicaban los muros y tre~ g~andPB focos de arco, presentaba hermor.í~i11,u a.¡.,ectn. En el ángulo de la gruta se
despeñaba una ca•caua q ,e al caer formaba un remanso
que corría a1 pie de la gruta.
Esta, como deciruos, servía á. en vez de veAtfbulo á otra
guía destinada para el s!llón dd úuffet. En ésta ~l efecto
era auu más sorpr.,udente. FJrlllaudo una eei?ec1e de pasillo en los cuatro costados de la gruta, se veian estalagmit~ y estalactitas d~ albos tono~. En el fo~do Y entre
los grupos de estalagmitas aparecia )tn gran lienzo en el
que se veía el Ixtac1huatl con la mu;er blanca alu11:1brada.
con focos incandeecentes de color 11zul tenue que simulaban un maravilloso efecto de luna.
La fiesta comenzó á. las ocho y media de la noche y J?O··
co despué, de llegada la concurrencia que fué tan. d~tmguida como numerosa, prendiéronse los f_uegos art1ficrnlee
preparados en obsequio de los congresistW! en la Plaza
de la Constitución.
Terminados loe fuegos, la
banda de caballería que dirige el Sefior Payéu, ~úsose á
t'jecutar hermosas piezas y
cuando la animación era mayor, empezó el bai\e al cual
l!iguió una espléndida cena.
Durante esta el Señor Presideme del Ayuntamiento Don
St:bastián Camacho habló á los
congresistas con discretas palabras QUt: fueron acogidas con
urnchos aplausos. Nuestros
lectures hallarán en otro lugar
varias fotografías relativas á.
esta hermosa fiesta.

El jueves loe congresistas
dett:rminaron el lugar donde
~e verificaría el próximo congreso: en Caracas, capital de la
ltepública de Venezuela en
1899· y en la tarde fueron recibido~ en Chapultepec por el Sr.
Presidente de la Rtipública y su
digna esposa. Los congresistas
se dirigieron á Chapultepec en
vagont:s especiales, poniéndot!e ademiis carruajes á disposición de las Señoras para que
pudieran llegar hasta las puer•
tas del castillo. Este estaba
preciosamente adornado con
guirnaldas, medias !un.a~ y estrellas de flores exqme1tas y
banderas de todo el Oontinen•
te. Había además, así en las
goteras como entre los árboles del bosque, infinidad de farolillos venecianos que ya encendidos daban al pintoresco
lugar un aspecto feerico. En la
esplanada del castillo tocaba
*
* * no ignoran
.
la música:del Estado Mayor y
Nuestros lectores
en el jardín la orquesta de loe
que una comisión distinguida
estuvo encargada de íestejar
Vt'ga.
·
·dos m
· v1·tan t es
Los d.1st1ngui
á las estimables esposas de los
recibieron
con
exquisita
amacongresistas. Aceptó el carg?
bilidad y cortesía á los congrede Presidenta de o&gt;,ata comisistas y á sus familias en el
sión la Sra. ~ Elisa i..ynch de
opulento salón del primer piso.
Camacho, y entre las fiestas
En el jardín se.había di@puEB•
preparadas dispuso una en su
to un espléndido buffet en el
magnífica casa de San Feraancual fueron los invitados dedo la cual se efectuó en la nobidamente atendidos.
cb~ del mismo dia indicado.
Hicieron con Carmelita loe
Uno de nuestros cronistas di·
bonore11 de la casa las Señorice refiriéndose á esta fiesta:
tas Luz Diaz, Sofía Romero
La hermosa casa del señor
Rubio, Adelita Fernández y
Presidente del Ayuntamient?
Eiena y Dolores Liceaga.
fué decorada con gusto exqm·
Entre los delegados extransito, apareciendo por tudas
jeros llamaron la atención por
partes en jarrones de porcesus brillantes uniformes, los
lana y' cristal, preciosas flores
cirujanos del ejército y de la
que embalsamaban suavemen·
armada de loe Estados Unite el ambiente y cuyos pétalos
dos. La encantadora fiesta que
de raso brillaban á. la luz de
de fijo no se olvidará en mulos focos incandescentes.
cho tiempo, terminó á la caída
Las fa1nilias de los delega·
de la tarde.
dos extranjeros y muchas da•
Por último, la noche del juemas de nuestra sociedad ele•
ves se clausuró solemnemente
gante se reunieron en las re·
el segundo Congreso Médico
gias salas, siendo objeto de las
con una sesión eu la Cámar&amp;
más exquisitas atenciones por
parte de la seflora de Camacho.
LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA.-SR. JESUS F. ÜONTRERAS, autor de las estátuas de Bravo y Zaragoza.
de D!putado~. habiendo pronunciando dtecureoe los docA la una de la maílana rei·
naba la mayor animación.
Don Eduardo LicellgR, Don Porfirio Parra, Don
cubrir su elegmtfsim&lt;&gt; decC!rado. En cambio estaba ilu- tores
Gregorio Mendizabal, y el profesor Don Francisco Bus***
No menos solemne que la
sesión inaugural, fué la del minada á giorno con luces rncandescentes en gran profu·
t illos.viernes tuvo verificativo una excurei'6n á Ias.ºbras
miércoles último ó mejor dicho, la serie de sesiones efec- sión.
.
Fue dt'corado igualmente e' ealón de la Secretaría del delElDesngüe
y ayer los congresistas visitaron las pirámituadas ese día.
.,
Ayuntamiento,
que
hace
pendnnt
con
el
de_
entrada
á.
la
A las dos p. m., el Seflor Don Leopoldo B.ltr~ d1~ una
de~ dP San Juan Teotihuacan.
. .
conferencia sobre Antropología en la Escuela Nacional Sala de Cabildos. La dQeorac16n era s~meJante á '!1 .dPI
El .3fündo celebra de todas veras los buenos auep1cioe
de Minería. Habló sobre la simetría del esq~eleto Y crá- primero. El resto de los salones dd E'&gt;1l11cio l\1~1mc1pal hajo los cuales se afectuó el segnndo Congreso Médico
neo indios deecubiertob por él. Habló también del peso no tenía ningún adorno, pero estaban expléndidamenPan•Americano; anhela que sea íecundo en. resultados Y
del cerebro indio y de su calidad, comparado con el eu- te iluminado•.
En cuanto al adorno d e la planta baja, deja!Ilos la pala- 1:nvfa á los distinguidos profesores (!Ue lo .mtegraron su
ropeo. Presentó asímiemo un ídolo que tiene marcadas
saludo más afectuoeo y sus pliicemes más ernceros.
las huellas de la viruela, lo que prueba que esta enfor- bra á uno de nuestro;, compañeros de redacc16 n. .
A la entrada riel pasillo que conduce á las oficrnas del
medad apareció en México actea de la llegada de. l&lt;&gt;s esd .. l Distrito dice y dando "cceso al salón del
pañoles, y tocó. finah:1;1ente, algunos ot!ºª puntos 1mpor• Gnbierno
Los duelos mas tristes no son los que se llevan en el
bu.ffet (el patio donde ee efectúan la&lt;1el,.ccione!l) el_conotantee, siendo al termmar muy aplaudido. .
. .
sombrero.
A las 4 y minutos de la tarde los cong~es1stas _sc-. dtn· cido pintor escenógrafo D. Jesus Herrera y GutJérrez
G. 1'lau.bert.
gieron á la Penitenciaría en carro~ espec1ales, as1st1e_ndo improvisó una hE'rmo•a gruta.
Siguiendo las sinuosidades de las peíla11, fueron colotambién alguna~ sefioras y se-f\Ql'1tae. Muy complacidos
Cada día morimos; el último es el fin de la muerte.
quedaron los visitantes del ebberbio edificio y regresaron cadc1s multitud de fucos incandescentes que producían el
.
de su visita cerca de la~ seis de la tarde. P,¡r la noche, en mejor efecto.
Marimt Ducamp.
La
gruta
eFtaba
colore~da
_c,.,n
d1v~rsos
tonos
muy
te:
el palacio del Ayuntamien~, tuvo i,e_rificati ,·o una de la~
reuniones más hermosas ern duda d e ~ Y cun J.a.q-o.e nues que alumbrados por mil focos rncandescmtee que

22

NOVIEMBRE,

¡SOCORRO!

325

EL MUNDO

1896.

DA.MAS DISTINGUIDAS DE LA. REPUBLICA..

(Traducción para EL MU1"'1)().)

Unos gritos espant.osos surgieron
iel otro lado del río.
Una sefl.ora gruesa con una bata
~olor malva y un quitasol blanco
se agitaba desesperadamente en la
orilla, chillando con todas sus
fuerzas:
-¡Se ahoga! ¡Socorro! ¡Se ahoga!
A esta hora, el barco destinado
.al lavadero se encontraba vacío y
las personas que ocupan las casas
de los alrededores almorzaban pa-0fficamente. A lo largo de las construcciones se abrieron los balcones
y en ellos aparecieron algunos ros:
tros azorados. Un obrero, seguido
de su mujer, acudió al ribazo, en
tanto que el jardinero de los Noury,
-saltando á. un bote, trataba de distinguir alg::, formándose con las
manos una pantalla sobre los ojos.
La eeñora del quitasol, se desesperaba gritando.
-¡Hocorro! ¡Se ahoga! Se ahoga!
-1 Válgame Dios! contestaba el
ja1 dinero, sin moverse del bote, demonches!
Y, repentinamente, púsose encaramado, comenzó á agitarse, os~ ilando sobre el agua, devorado
por una curiosidad anhelante, retenido por un horrible miedo de
abogarse al prestar su auxilio.
El obrero á dos pasos de allí, se•
.~uía las peripecias del drama, prorrumpiendo, con voz sofocada:
-¡Veo la cabeza! ¡tiene cabellos
negrosl ¡Sostente! 1Valor! JÁ.h, qué
de~gracial
Y sin preatar oídos á su mujer
que seafianzabaá.él, se quitó la bluPa y el chaleco, repitiendo cual si
fuese un eco del jardinero:
-iVálgameDios! ¡Vá.lgameDios!
Los gritos de la mujer del otro
lado dd río, se convertían ea desgarradoree; eran ahullidos prolon,gados de angustia, sin palabras,
modulaciones estridentes que cau•
!"aban daño en medio de un paisaje
íre$CO v verde.
Los Ñoury, una familia muy esti!Jlada en el país, se l,abían levantad'&gt; de la mesa, loe pequeftos con
sus baberos atados al cuello y loe
grandes alentando al jardinero:
-1Vamos, Eugenio, vamos!
El obrero batía saltado yaal bote, y con la espalda desnuda, apre•
tándose la hebilla de sus pantalones, repetía burlonamente:
-¡Vamos, Eugenio, vamos!
La mujer del obrero se lamentaba:
-¡No lo dejen ustedes! ¡Sucede
tan pronto una defgracia! ¿Quién
•es el que está allá.? ¿Conoce alguien
(2
á esasefiora?
El Sr. Noury, padre, se había lan.:zado dentro del bote, lo había desamarrado y remaba vigorosamente
hacia la dama, quie!l con los brazos, levantadoe ronca ya á fuerza de gritar, se entregaba á una pantomima
trágica. De pie, tn la proa, el obrero se mantenía pronto
á sumergirse; en su brazo desnudo, aparecía tatuada una
flecha azul; recogido sobre sí mismo, como arqu&lt;!lldo, con
su barba rapacla, sus ojos obscuros y su nariz de perro de
de caza, ofrecía un aspecto de animal inteligente, en
-acecho.
-1Firme! gritó el Sr. Noury, ya vamos!
-1Qué deAgracial elijo el jardinero; la cabeza ha desaparecido. ¡Allíl lllá.s á la izquierda! ¡en donde hierve el
agua!
-¡Plum!
Un ruido sordo y un sac•dimiento de agua; el obrero,
'ncapaz de eepPrar, acababa de sumergirse. Un grito des.garrador partió de la ribera que acababan de dejar; la
mujer del obrero se lamentaba con ademanes doloridos y
·chillidos espantosos:
-¡Juan 1¡ vuel vel ¡vuelve!
Pero Juan nadaba con firmeza, escupiendo el agua; parecía foeteneree con dificultad;_ et- hundía y volvía á la
superficie.
-Hay yerbas, exclamó con voz enfocada.
Di6 unas bracer.aas, murmuró: ¡Válgame Dios! y deeapareció.
-¡ El gancho! ¡El gancho! gritó el Sr. Noury.
Y muy pálido bajo sus cabellos grises, se puso blanco
como eu camisa, al ver con ojos azorados á su jardinero
que sondeaba el agua con el gancho.
La eeflora del quitasol ya no gritarn.. Inmóvil, herida
de estupor, miraba el horrible remolino en donde acababa de desaparecer el obrero. La mujer de éste, en medio
de un grupo compacto, seguía gritando desesperadamentP.:
-¡Juan! ¡vuelve! ¡vuelve!
¡Qué lúgubre se oía este llamamiento dirigido á un ser
-que¡a no volvería! Porque el obrero no parecía, no volvió aparecer!
En vano, Eugenio y el Seflor Noury sondearon el agua

Ell nido abandonado.

Acabo d4'l leer «otro i1ilio trágicon que, tomado de los cuentos de
eu vida, publicó Lui¡¡ G. Urbina en
el M UNDO ilustrado. Es la historia
triste de dos palomas enamoradas,
vfotimas de un emplt'ado irascible..
¿(¿ué palomas no son enamoradas
y que empleado deja de ser irescible? Sin embargo, á cosas tan co•
munes, dá Urbioa agradable novedad, lo cual prueba que entre loe
oficinistas los hay de talento y con
la exoeriencia de unos tortolitos
para hablar de idilios columbinos.
Y o no soy más que un ranchero
- harto lo conocerán los lectores
de estas líneas; pero como presencié cierto episodio en q t•e los persona¡es fueron también un palomo y
una paloma, no puedo resistir al
deseo de narrarlo; ysi Luis Urbina
compara sus pichones á Romeo y
,Julieta, no seré yo menos, ei bien
mi galan tenía algc de Otelo ........ .
p~ro no anticipewos los suceso.:.
¿Para qué ref.irir las ternezas con
~ue mis dos protagonistas se hadan la rueda? Los arrulios enamorados; los besos silenciosos, pero
dulces, aquella ala arrastrándose en
el suelo como si convidase al deleite, las plu o1itas del cuello espon•
jándose á impulsos de la voluptuosidad......'i'
Llegó la época de la pue8ta, como
decimos aquí en el rancho: era de
ver el alboroto con que los dos esposos formaban el nido. ¡Quién
llevaba ramitas secas, pero flexibles, quién recogía de aquí y de allá
filamentos de seda para hacer más
mullido el lecb.1I De cuando en
cuando interrumpfim el trabajo para besare!', ó clavaban los piquitos
en el suelo con toda monería, de•
jando escapar del pecho confidencias de vanidosa esperanza.
Por fin comenzó la incubacion.
La paloma exhalaba ese calor misterioso que fecunda la cría.
El palomo no cabía en sí de gusto; iba y venía, llevando el alimento á su compañera. Pasadas algunas horas, no ee que arrullo del macho indicaba á la hembra que era
ya tiempo de que echara á volar
"
para que descansase de su fatiga.
Ent6nces él la sustituía en el nido
y era de ver su torpeza en acomodar
las alas para cubrir los buevecitos.
Así se alternaban los amr,tes,
cumpliendo el eterno destino de la
reproducción.
Pasaban felices los días.
Una vez, ella regresó muy tarde.
El palomo la esperaba impaciente,
comprendiendo que el calor materno hacía falta á la futura cría. La
paloma exbal6 sus disculpas tradu·
cidas en dulces arrullos, y )a paz
DE HERMOSILLO. SONORA.
se restableció en el hogar.
Al día siguiente volvió la bla..,ca
[Foto¡rafia de Berna l.]
paloma á. emprender su vuelo muy
en el lugar en donde se había sumerjido; E'n vano descen- de mañana, sin escuchar las voces de su esposo que trie tedieron la corriente registrando el río. Uiiiéndoseles otras mente arru!lata como si dijera:
barcas, siguieron buscando; e11 una de el1as la mujer del
«¿Y ya te vas? ¡No es aún de día!»
La paloma no podía ya escucharlo, tan rápido era el
obrero se retorcía las manos sollozando.
-¡Bien se lo había dicho! Pero no ha querido eecu- vuelo con que trasponía el monte cercano.
charme ¡Dios mío! No es posible que se haya ahogado.
Y esta vez también regresó muy tarde-ya el sol bahía
El Señor Noury desalenta'.lo, remó entonces hacia la desaparecido, hundiéndose en los celajes del poniente,
seflora gorda del quitasol, a:empre estupefacta, petrifica- y -exhaló sus disculpas traducidas en dulces arrullos.
da en la orilla. Nadie la conocía, no era de la comarca.
El palomo se levantó, hizo la rueda al nido y á su turCuando estuvo al alcance ne la voz, el Señor Noury, no arrullaba; pero en aquel arrullo había algo de extraquiténdose el sombrero. con aire compungido la dijo:
ño, era como una risa sarcástica. En seguida emprendió
-¡Qué espantosa desgracia! ¡Dos víctiwas en un ins- el vuelo y desapareció trae el 'lercano monte.
tante! ¡Y ese infeliz padrn de familia que se ha sacrifica•
do por salvará la persona!. .....
Y pasaron los días: la paloma permanecía Holitaria, sin
Cortado por el silencio estúpido de la sefiora, pre• atreverse á dej,u el nido, temerosa de que se extinguiese
gunt6:
el calor.
-¿Era alguien de su familia, señora? ¿Acaso su mari•
Por fin. urgida por el hambre y acaso impulsada por
do, su hfjo?
lo~ celos, abrió las alas, hendió el aire y desapareció tras
La señora callaba. El Señor Noury continuó, casi sin del cercano mont ) ,
tener conciencia de sus palabras:
El nido, ya solo, se enfrió poco á poco. Los polluelos
-)Un excelente obrero! De seguro acababa de almor- murieron sin haber nacido.
7.ar y uoa congestión cerebral..... ¡Quizá la mis .... a desgracia ocurrió á su ...... á ese...... al pariente de usted!
Jamás vulvf á. ver en el alero de mi casa la pareja de
La señora respondió:
palomas que se hacían la rueda, que se arrullaban ena-No era pariente mío. ¡Era mi perro!
moradas y que se daban besos silenciosos, pero d•1lces.
Y se alejó rápidamente uo sin oir á la mujer dd obreHabían pasado p!\l'a siempre loe días de felicidad ..... .
ro que aullaba:
X ......
-¡Su perro! ¡Su perro!
En tanto que un murmullo de defaprobación eubfa de
las barcas, deplorandc, la muerte del hombre y maldiciendo al animal ahogado.
No vitupero t.P-nto la p~i6n de los que desean dominar
El Sel'ior Noury exclamó desolado:
siempre, como h, bajeza de los que siempre están dispues•
-¡Si lo hubiéramos sabido!
toe á obedecerá. todo.
TucfDIDES.
p A UL MARGUERITI B.

~ rifa. &amp;loisa (! ouret.

La obediencia í. la autoridad de un jefe absoluto asimila al hombre áloe brutos.
TONTLOTE.

•

�22 Novm11rnRE, 1896.

EL MUNDO.

326

C!aricias lejanas.
_•.... ¡Oh, ef, mi buena amiga, las he eentido! Es~e saIoncito grfs, veteado ~e oro, con. sus muebles ca_pric~o808 y frániJes; lae mariposas vívidas de loe abanicos Japoneses "abiertos sobre la obscura tapicería; la soledad ~
de• rincón que acabamos de dejar y desde donde eonrf~ la inmaculada dentadura del piano, la luz de ceniza
que empapa la vidriera del balcón, la melopea elegiaca
de Ja lluvia, y tu cara fresca de ojos glaucos-ondas dP.l
Adriático-inocentemente curiosos, me llevan 11. la confidencia, me seducen para la plática t(,le á IÍ'te, mi buena,
mi eh·gante a , iga. .Acerca tu rojo taburete-escabel de
paje rubio-junto á mi pesado sitial, y oye las respue~tas que dan mis memorias á tus imprudentes quince
afios.

SOLEDAD.
.t:staba Antonio próximo á cumplir treinta afios, y aun
no había sentido lo que se llama ~n amor. _Y4;1rdad que
desde mozo había sido enamoradizo y mn¡er1ego; pero
entre todos loe recuerdos, que á menudo asaltaban .su memoria df' castos amoríos y groseras aventuras, nmg:uno
le hacía experimentar ese sentimie~t?, mezcla d~ dicha
y p~na, con que ee recuerda la fehc1dad para siempre
perdida; sentimiento análogo ~l que conmueve el. corazón
del expatriado que de im~rov1eo s~rp~endP en tierra ex•
trafta una costumbre, un tipo, un pa1ea¡e que le r~cuerdan
la suya. El veía surgir en su mente tales memoriae C&lt;?mo,
á la yuel~ de 110 viaje, se ven las fo~ra~(ae de loe &lt;1:1veraoe lugarea á donde solo ee va por cur10s1da~ ó capr1c!J~·
La adolescente candorosa y enamorada; la ¡~ven dec1d1da y firme· la voluble coqueta solo con él eum1ea y amante1 y la cáfila de hembras del montón que únicamente
Je e1rvieron para saciar sus más torpes apetitos, nada ha•
blan dicho en aqnel entoncea á su corazón, y ~ada le decfan ahora. Había h.ln hacia unae, por un capricho extrano impoeible de defioir ni rle explicar, hacia aquellas
po; impulsos del amor propio herido, del or.gullo humilla•
do hacia lae otras por entrPtener sus contmuoe vagares.
Mlii ninguna le había llenado el corazón ni fijado Ia voluntad, que eeitu(an sueltos y libree, sin e~~bilidad ni
reposo, como el agua qne cor1 e nor una pendiente. Y á 1.a
@azón comenzaba á echar de menos t-1 calor ~e un sentimiento que fuera alegría de su cor~zón, móvil de rns acciones objeto de su vida. No le había adorado Ltastll entonces' porque se lo habían im¡wdido amores y fiesta•.
Mae cuando todo ello comenzó á faltarle, ó mejor dicho,
á no dar satisfacción á eu espíritu, le 881!-stó la eeqned.ad
inverniza de su alma, y le ator.mentó la idea de que D10e
Je hubiese negado para eu caet1go, como á Satán, la fibra
del amor.
.
Pero nunca ee le encalabrinaron tales 1deae como aqmlla tard~.-A.ún no entraba la primavera; pero Jop árbolea engafiadoe por unos cuantos días de sol esplendoroso
v de aire seco y caliente, hablan con!enzad.o á .florécer.
Bien iban á pagar los deaJichados su 1mpac1&lt;mc1a; pues
d~de la maflana dP aquel día soplaba n.n cortante remueg,1, que había acabado por traer~e co1~e1go eepesae y parclas nieblas que ya entenebrecían el cielo, encapuchaban
1L cima de los montes y comenzllban ai arrlll!trarse por las
J,.janfas del valle. Antonio seguía el eiuuoao sendt:!ro que
circunvalaba una loma, semejando la huellade1!ºª mo~dadura en la corteza de un fruto, y veía á sus p1é~.el dilatado bosque de frutales, salpicado dto _floree ro¡1zas y
blancae que se destacaban en el fondo 10coloro dt1 las
ramas, :iemejante al de la bruma que ee tendía eob~eellas.
AL parque el agobio moral que le CBW!'l~an sus tnste~ae,
eentía deslavados sus miembros y oprimido y angustioso
tll pecho: achaques nerviosos con que siempre le atormentaban loe dlae nublados y tris~s.
Andando. andando, ee distraía con lo que al paso encontraba. Ya era una lavandera, que ~n. el lío de ropa
en la cabeza, bajaba despacito la eecurnd1z~ vereda; y~
un hortelano que cavaba en las eras mmedia~ae; ya u11
zopilote tranquilamente acurrucado en la cima de uu
nogal; ya la hoja seca, aún pendit:!nte del arbol, que l;'ZOtaba la rama al moverse, h~iendo un golpeteo eeme¡aute al que hace el pájaro carvmtero al horadar los tronco@.
De pronto abocó á 11:na calleja, e~pinada y angosta,
que wuw l&amp; parLiculandad, por eu tn8'eza, de aumentarle las suyas, ó matar 8ll8 alegríaa cuando, acaso, acertaba
á pasearlas por aquellos contornos. Formaban los de la
calleja, á un lado, setos de espinoso jun~o, á tuvé3 de
coyo enmarañado ramaje se veían terrenos JDcultos y fruiales encorvados y ramosos; al otro un muro de adobe,
bajo y derrumbado, por cuyo cat)allete asomaban sus ra1Da3 cubiertas de muérdago, m:inzanos y durazneros. A

la mitad de este muro hab!a una J?uerta ruinoea. Las telarafias qne cubrían de arriba aba¡o )os huecos formados
entre las jambas y la madera, prendidas en una y otras,
demostraban que nunca se abría. El suelo d~ la calle estaba cubierto de verdinegros matorros que iban anmentando en profusión y tamal'lo conforme estaban más cerca del seto y el muro. Mucho tiempo hacía que él paseaba
aquella calle de punLa ,¡ cabo, y nunca se habl~ cruzado
con alma viviente. ni escuchado voz ó ladrido en las
huertas vecmae. ¿Ocurriría por allí alguno de esos horrPndos crímenes que tanto impresionan al pueblo y que
dejan como un sello de soledad y tristeza en los lugares
donde se verifican?
.
Aeí pPnsaba, acelerando el and&lt;\r para eahr de las que
le rodeaban y que tanto acrecían laaque llevaba en el al•
ma. IJP pronto apareció a11tesu vist~. saliendo de una de
las umbrosas veredas que á la ca1le¡a confluían, una pareja de recién casados á quien él conocía aunque no trataba. Caminaban despacio. Ella se ap?yaba con abando•
no y confian:i:a en el brazo de su mando, y los do3 COf!·
versaban viva y animadamente. No se revelaba en la m1 ·
rada, en los ~estos, en la actitud de la. joven eea locu.ra
de amor, ardiente y estruendosa, que mvade á lae mu¡eres apasionadas cuando se encuent~an á B?lae con el h_ombre á quien aman, y cuya anormal 10tens1dl;ld presag!a la
l&gt;OCB duración del sentimiento que la motiva. A. pnmera vista ee echaba de ver en ella el cariflo profundo, pero tranquilo y discreto, nacido para durar CCtanto la Vida
durase. El tenía la actitud confiada y eren.a de los que
no sienten las dudas horribles, las vagas tr1stez8:9 y ex•
trañas nostalgias que abruman á otrae almae, ó tienen la
f1,rtaleza suficiente para d11.rlae de mano y conformarse
con lo que la mísera rea!irlad lee ofrece para saciar sus
anhelos.- En ambos vió Antonio la felicidad que él en
vano buscaba. No había que darle vueltas: aquellad dos
almae eran completamente dichosa~. ¡Qué razón tenla
él para asegurarlo? Ñinguna; ni él m1sm? ac~r.taba it ea•
ber porqué lo creía;.era.al modo de una mtu1c1ón que le
daba tan clara conc1enc1a de lo que afirmaba, que no hubiese vacilado en jurar.o.
.
. .
y esa felicidad le hac!a dallo, no por rnin .eent1m1en;o
ele envidia, sino porque la miraba antes~ o¡os y se cre1ll
impotente para alcanzarla. El, en raeum1das cuentas, no
sentía otro afecto que el entlafiable que consagraba 11. las
cosas de su terrollo, al culll le amarraba. con fuertes cadenas Y la naturaleza no comprendía DI por ende pagaba el ~mor que en el fondo de su corazón él la tenía:
l 1alagábale '1oe sentidos con sus colores, c_on sus perfumee,
con euA murmurios; pero ¿n~ hacía lo mismo!!ºº el hortelano que dormía la embr1aguE&gt;z de la manguana ó del
pulque tendido á Ira sombra del nugar, con la cabeza
apoyada en un acirate y la cara cubierta de moscas? El
deseaba algo más del alma, algo más suyo, para él solo
c•Pado y por él solo sentido.
· En estas y en lae otras había llegado á la c11mbre de la
colina que sobresale, monda y escu, ta. d~I. bo~que que la
circuye. Las alturae y lae grandes plaf!1c1es e1em ¡,re le
producían u.na sensación de anon~dam1e11t.o, de rnleda~
y de angustia; mae nunca fué tau 111ten~a como aquella
tarde.
• bl
fl
Parecíale tener metida la cabeza en 1as me as que otaban en el cielo, y qut1 la que cubría las mont11i\a➔ y_ue
formaban el contoroo del v.alle, y comenza~ á agarraree
á los árboles del lejanv lím1te del bosqu.e, iba ltmt~men·
te 88trechandn su enorme circunferencia para cc,¡erle á
él en el centro y llevarle en volandas á Di&lt;&gt;l! sabía qu~ regiones solitarias y lóbrE&gt;gas. D~ pronto aaal~l!l el 101edo
á un ataque cerebral, á un vértigo que le h1c1era rodar
r la pendiente abajo, y apretáudoae la cabeza con am ·
manos para retener algo qn.e quería e~capársele, te~bloroso de piernae y falto de aliento, ech·&gt;. á andar hacia
el caserío que te extendía 11. sus plantas. hn ese m?me&amp;to daban el toctue de oraci6n, solemne y .wda~cóhco,. Y
eu lento campaneo, amortiguad_&lt;&gt; por la d1stanc1a, llego á
sus oídoe, avivando en eu espíritu, por.ºº ~é qué extrafla asociación de ideae, la dolorosa conciencra de la soledad y tristeza de su vida.

ha3

1896.

Jost GARCÍA RoDRÍGURZ.
( Mexicano. )

Fué una viejecita blauca, una viejecita de nieve, encorvada y temblona, de esas que en loe cmmtos del divi•
no Perrault regalan á Cenicienta su chapín de cristal, y
ofrecen un talismán al Príncipe enamorado para que. de
rodi!lae ante el lecho de púrpura, pueda despertará la
Hermosa Durmiente. FiglÍrate que al entrar en el templo, junto á la tallada cancela, á la hora de la primera
misa, me la encontré con su rosario de cuentas colgado
del vestido de pliegues rectos, y su mantón negro, triangularmente erguido sobre la cabeza, como la capucha de
un hábito. Era una mafiana fría color de azucena. Entré con unción, y levanté la pesada cortina verdP, cuan•
do en el mismo instante en que me herían loe reflejos de
los cirios que desde larga distancia picab.:.n la sombra,
sentí la primera caricia, dada en la mejilla por una mano de seda oliente á incienso. Jamás en mi niñez solitaria y hurafia, en mis ocho años de candidez meditativa,
se había posado aeí una mano con tan blanda finura sobre mi rostro. No recordaba haber sido arrullado en
Ja cuna por la canción maternal, ni haber sentido el alPteo de loe ósculos entre loe labios que entreabrió el primer suspiro del sueño. Conservo esta impresión como
una reliquia. Está guardada en la sacristía de la pequefia iglesia, de la iglesia que levanté á la castidad de mis
días blancos, para que alguna vez entren á rezar mis recuerdos y tengan donde esconderse mis maldades. No eé
con precisión cuánto duró aquella caricia, ni lo que me
dijo la anci:lna-algo muy suave y muy alado que se evaporó como una nube;-lo que sí sé, ea que apareció en la
s&lt;&gt;ledad de mi espíritu un-,mgel hecho de ráfagas azule11,
y que,. cuand&lt;? evoco mie memoria~ infanti.les, miro á la
viejecita de meve, encorvada y temblona, ¡unto á la cancela tallada, á la hora de la primera misa ........ .
y al venir el primer encanto, el brote juvenil, saltó P~
caliente surtidor del deseo en la fresca fuente de la vida y sonó el primer beso.
El primer beso lo sentí bajo el pa,io de una arboleda,
mientras el sol caía, como escudo sangri~nto sobre lostrigales luminosos del Poniente.
Una muchacha trémnla decla que me amaba acercando á mi semblante e•1 boca hlÍmeda con jugo de franbnnea. 'IrM un juramento, con los ojos cerrados, ébria con
la rniel voluptuosa que vertían sus sue11os de virgen, me
besó rápidamente.- Experimenté la calentura del rubor q11e subió en llamas haeta eue mejillas de duraznos
en Owflo.
¡ Pero porqué te cuento eso mi bnena amiga!
¿ 'orqué .hacer desfilar ante tus ojos ~lauco~, inocentemente curiosos, la procesióu de las caricias judaicae: loe
abrazos del amigo ingrato, los juramentos de las muj ...
res infieles, la batalla de besos de la orgía, las noches de
plata en que se desfloran las bocas y se desatan los eneuefios? La vida, la desengallada vida que rechaza con
hasdo, ilusiones frágiles y sonrisas faleae, la amarga senda de la vi~a, siempre.J!anchada de oro, aqní y allá, por
got.as - e miel seca, guarda muchos recm?rdoe de placeres ...... Ahondando, la memori.i se encuentran bajo l11
tierra negra de los olvidos, pedazos de caricias, tiesto~
rotos :tondt: florecieron loe. besos. lae rosas blancas, 1111!
camellas IoJae, las margaritas lechosas que deshojamos
sobre los labios de las amantes fugitivae.
¡Oh! sí mi buena a ni~; las he sentido; pero todas ellae
8 e bao quedado en el pórtico: no hay 11ir guna inmaculada· 110n pecadoras que han amado mucho, y que espera11,
ai~ridas d~ frío, junto 11. .las columnas churriguerescas, á
que las de¡en penetrar m1e días castos, en la pequel'la iglesia do!'lde gua~do, como una reliquia, la caridad de la
vil'jec1ta de 01eve que pasó ya la tallada caucela y va á
oír la primera misa ...... La eequila llama alegremente y
Ja maflana ea.tá color de.azucena.
y ahora m.1 .buena amiga, cese 1.aconfidencia: A.leja de
mi peel\do s1t1al tu escabel de pa¡e: te has quedado triste ...... y cua~do se está triste, mirando, como noeotro~,
la Juz de ceniza que empapa la vidrieu del balcón, y
oyendo la f~nebre melopea de la lluvia, ea bueno pensar
en algo inviolado y blancq, como aquella vii-jtcita de nieve, oliente á incienso ........ .
Noviembre de 1896.

22 NoVIfilrnRE, 1896.

Rubén Dario.

no en flor, luminosa como un alba, gentil como la princesa de un cuento azul.

CUENTOS EN PROSA

Cuando Berta. ya alto
divino co~hi:ro, subió á loe
salones por las gradas del ¡ardín, que .1m1taban e_emaraf
dina, todos, la mamá, la prima, los criados, pus1ero.n a
boca en forma de O. Venía ella saltando como un pá¡aro,
con el rostro lleno de púrpura, el seno hermoso y he~cbido1 recibiendo las caricias de una crencha castafia, libre y al deegaire, loe brazos deenu.d_oe hasta e) codo, medio mostrando la malla de sus casi 1mpercept1o)ee venae
azules, los labios ent1-eabiertoe por una eonnsa, como
para emitir una canción.
TodoR exclamaron:-A.leluyal ¡Gloria! ¡Hoeana al !ey
de loe Eeculapios. ¡Fama e~rna áloe gl6b!1los de íc1do
arsenioso y á las duchas trmnfales!. Y mientras Berta
corrió á eu retrete á vestir sus más neos brocados, ae en·
viaron pr1ieentes al vi€'jc de las antiparras de aro~ de ca,
rey, de lne guantee negros, de la calva-1lustre y del cruzado levitón. Y aho,a, oid oh vosotras. madres de las IJ?U·
chachas anémicas como hay algo mejor qne el anémco
y el fierro, para eéo de encender la púrpura de las lindas
mejillas virginales. Y sabreie como no, no fueron los glóbulos; no, no fueron lae duchas; no, no f9e el .farmacéutico, quien devolvió salud y vida á Bdrta, la mfia de loe
ojos color de aceituna, alegre y fresca como una rama de
durazno en flor, luminosa como un alba, gentil como la
princesa de un cuento azul.
·

El País del Sol.
.A vosotras, madree de Isa muchachas anérticas, va esta historia, la historia- de Berta, la niña de loe ojos color
de aceituna, fresca como una rama de durazno en flor,
luminosa como u.na alba, gentil como la princesa de un
cuento azul.
Ya veréis, sanas y respetables selloras, que hay algo
mejor que,.¡ arsénico v el hierro, para encender la púr•
pura de las lindas me.jillae virginales; y, c;¡ue es preciso
abrir la puerta de su ¡aula á vuestras avec1tae encantadores sobre todo, cuando es el tiempo de la primavera y hay
ardor en lae venas y en las savias, y mil átomos de sol
,abejean en los jard1nee, como un enjambre de oro sobre
las rosae abiertas.

***

Cumplidos sus qnince afios, Berta empezó á entristecer en tanto que sus ojos llameantes se rodeaban de ojeras' melancólicas.-Berta, te he comprado dos mui'lecas...
-No lae quiero, mamá ...... -He hecbo traer los Noct,urnoe......-Me duelen los dedos, mamá...... -Entoncee..... .
-Estoy triste, mamll....... -Pues que se llame al Doctor.
Y llegaron las antiparras de aros de c.arey, loe guantes
negros :a calva ilustre y el cruzado levitón.
Ello 'era natural. El desarrollo, la edad...... síntomas
claros, falta de apetito. algo como una opr!leión en el _Pecho, tristeza, punzadas á veces e!'I las sienes, palpitación ...... Ya sabéis; dad á vuestra mña globulos y duchae.
El natamiento!.. ....
Y empezó á curar su melancolía, con glóbulos y duchas, Berta, Ja nifla de los ojos color de aceituna, que
llegó á estar fresca como una !ama de dur~zno en flor,
luminosa como una alba, gentil como la prmcesa de un
cuento azul.

***

A pesar de todo, lae ojeras persistieron, la tristeza continuó,¡
v Berta, pálida como un precioso marfil, llegó
un día lae puertas de la muerte. Todos lloraban por
ella en el palacio, y la sana y sentimental mamtl hubo de
penaar en las palmae blancae del ataúd de lae dnncellae.
Hasta que una mafl.ana la 111.nguida anémica, b,ijó al jar•
dín, sola, y siempre con su vaga atonía melancólica, á la
hora en que el alba ríe. Suspirando erraba sin rumbo,
aquí, allá; y lae flores eataban tristes de verla. Se apoyó
en el zócalo de un fauno soberbio y bizarro, cincelado
por Plaza, que húmedos de rocío sus cabellos de marmol,
ba11abll en luz eu toreo espléndido y desnudo.
Vió un lirio que erguía al azul la pureza de su caliz
blanco, y estiró la mano para cogerlo. No bien había....
Sf, un cuento de hadas, seflorae míae, pero que ya veréis
Eus aplicaciones en una querida realidad,-no bien había
tocado el caliz de la flor, cuando de él surgió de súbito
una hada, en un carro áureo y diminuto, veatida de t&gt;iloe
brillantísimos é impalpables, con eu aderezo dti rocío, su
diadema de perlas y eu varita de plata.
¿Creeis que Berta se amedrentó? Nada de eso. Batió
palmae, alegre, se rear.imó como por encanto, y dijv al
hada:-¿Tú eres la que me qniere tanto en suellos?-Sube-reepondíó el hada. Y como si Berta se hubiese em•
pequefie~ido; de tal modo cupo en la concha del carro de
oro, que hubiera estado holgada sobre el ala corva de un
cisne á flor de agua. Y lae floree, el fauno or~ulloeo, la
luz d 11 día, vieron como en el carro del hada Iba por el
viento, p!ácida y sonriente al sol, Ber'8, la nilla de loa
ojos color de aceituna, fresca como úna rama de duraz-

•

El hada la volvió al jardín del palacio, al jardín donde
cortaba floree envueltas en una oleada de petfumee, que
subía místicamente, á las ramas trémulas, para flotar como el alma errante de los cálices muertos.
.Así fué Berta á vestir eue más ricos brocadOl!, para honra de los glób ..ilos y duchas triullfale1-, llevando roeae en
lae faldas y en las mejillas. *
1Madree de las muchach:s !némicas! os felicito por la
victoria de loe arseniacos é hipofoefitoe del sellor Doctor.
Pero en verdad os digo, ea preciso, en provecho. de lae
lin&amp;:s mejil las virginales, abrir la puerta de su J!'-ula á.
vuestras avecitae tmcantadora~, sobre todo, en el Mempo
de la primavera, cuando hay i.rdor en las yena.s y en las
savias, y mil átomos de sol abejean en los Ja!dmee como
un enjambre de oro sobre las rosas entreabiertas. Para
vuestra&amp; cloróticas, el sol en los cuerpos y en .las almas.
Sí, al palacio del sol, de donde ~uel ven las miias como
Berta, la de los ojos color de aceituna, fresca como un.a
rama de durazno en flor, luminosa como un alba, gentil
como la princesa de un cuento azul.

***

A.sí que Berta se vió en el carro del hada, le preguntó.
-¿Y á dónde m'3 llevae?-Al palacio del sol. Y. desde
luego sintió la niña que su~ lll8D03 se tornab~n ardientes,
y que eu corazoncito le saltaba como henchido de sangre
1mpetuosa.-Oye-siguió la hada-yo soy la buena hada
ae loe sueños de las niñae adole..Q()entee; yo soy la que curo á las cloróticas con sólo llevarlas en mi carro de oro al
palacio del sol, adonde vae tú. Mira, chiquita, cuida de
uo beber tanto el nectar de la danza, y de no desvanecerte en las primeras rápidas alegrías. Ya llegaremo_s,
pronto volverás 11. tu morada. Un minuto ton el palacio
del sol, deja en los cuerpos y en las almas, aiios de fuego
nifta mía.
En verdad estaban en un lindo palacio encantado,
donde parecí~ sentirse el sol en el ambiente. 1Oh, qué
luzl ¡qué incendiosl-Sintió Berta que se Je llenaban loe
pulmones de aire, de campo y de mar, y lae venas de fuego, sintió en el c;,rebro eeparcimieutoe de armonía, y co·
moque el alma se ensanchaba, y como que se ponía ~ás
elástica y tersa su delicada carne de mujer. Luego v1ó,
vió suenos reales, 7 oyó, oyó músicas embriagantes. En
vastas galerías deslumbradoras, llenas de claridad y de
aromae, de sederías y de arom!\8, vió un torbellino de pa·
rejas, arrebatadas por las ondae invisibles y dominantes
de un wals. Vió que otra e tantas anémicas como ella, llegaban p·álidas y entristecidae, r.espiraban. aquel aire, y
luego se arrojaban en brazos de Jóvenes vigorosos y esbeltos; cuyos bozos de oro y finos cabellos brilla.bao á la
luz, y danzaban, danzaban con ellos, en una ardiente es•
trechez, oyendo requiebros misteriosos,. que ~bao al alma,
reapirando de tanto en tanto como háhtod impregnados
de vainilla, de haba de Tonka, de violeta, de canefa, hasta que con fiebre, jadeantes, rendidas, como palomas fatigadas de un largo vuelo; caían sobre cojines de seda, loe
aenos palpitantes, las gargantas sonrosadas, y así eofiando, soi'lando en cosas embriagadorae........ -¡Y ella t~mbiénl cayó al remolino, al maeletrón atrayente, y bailó,
giró, pasó, entre los espasmo!' de un placer agitado; y recordaba entonces que no debía embriagarse tanto con el
vino de la danza, aunque no cesaba de mirar al hermoso
compal'lero, con sus grandes ojos de mirada primaveral.
Y él la arraetra por las vastas galerías, cil'lendo su talle y
hablándola al oído, en la lengua amorosa y rítmica de

***

Le pusíeron la cándida veste
De blondas y raso
Que como última ofrenda amorosa
Le hicieron mis manos.
El sutfl, abundante cabello,
Sedoso y dorado
Y su frente tan bella y tan fiera
De flores ornaron;
Mae sus ojos divinos y dulces
No quiso cerrarlos,
Que á través de la muerte, con ellos
Me estaba llamando!
Ya por fin, vacilante me acerco,
Me acerco á su lado,
Casi tocan su canQida veste
Mis trémulas manos;
Voy á ungir con mis besos amantes
Su pelo dorado
Porque cierre sus ojos divinos
Tan dulces y lánguidos,
Que tal vez mi niflito muy triste
Se quede pensando:
cc¡Cuánto tarda mi madre querida:!
¡Si me habrá olvidado!•
Mérida Noviembre de 1896.
JULÍA.
Aunque te admiro ianto,
perdona, Clara Lengo,
si temiendo afligirte, no te canto,
porque, á la edad que tengo,
Lo que empieza en canción, acaba en llanto.

*

Se que al morir, **
para alcanzar la gloria
limpió su corazón de tu memoria.

*

**
Alegría y tristeza
suelen ser un error de perspectiva,
sobre todo al juntarse en la cabeza
con loe suenos de abajo loe de arriba.
CA.IIPOAHOR.

La actualidad, la atracción del momento, ese frenesí
¡qua ha poseído á París durante el paso del Soberano de
todas las Rusiae, ha cambiado todB!t las imaginaciones y
operado u.na cuasi revoluciól! en lae coeaH de la Moda. La
más pequella insignificancia, el trapo más minúecwo,
máe gracioso y más coqueto que nunca, revela ahora su
sello elavo, lleno de originalidad. El cuadro desgraciadamente muy restringido reservado á lae Mvdas en nuestro
periódico, no nos permite citar aquí loe nombres terminados en ccof» ú uow" de que están erizadae lae innovacio
nea; esta descripción por lo demás no haría aventajar en
nada á nueetrae jóvenes lectoraia, que sin duda preferirán
dejar en todo á las Sl'ita~. llunsinger Hoaa., J! calle de la
ludependeneia 4., el cuidado de darles la explicación y di'3atisfacerlae con su talento y el gusto excepcional queponen en todo lo que hacen.

Andante.

Dolce.

Furiooo.

ifi~

,r

G. M. de Valtuur.

La vida humana se acaba C!lando se logra probarle al
hombre que todo ea vanidad.

~0'-h-A

Ernesto Rtnan.
El recuerdo de loe muertos ea la presencia en la au-Ha~.

Adagio.

~
i
~s ~~f X
,..r

1m ½

El hombre: un efímero que suefia en la eterniaad.

Lacordaire.

e(*

loe vocablo@ apetecibles, de las frasee irisadas y olorosas,
de loe períodos cristalinos y orientales.
Y entonces ella sintió que ~u cnerpo '!( su alma se llenaban deeol, de efluvios poderosos y ae vida. No, no espe•
reis máe!

EN LA O PERA.-MUS1CA CELESTIAL.

Lu.s O. URSINA.

8encia.

327

EL MUNDO.

,.r :,....,,..
,..r-

~ '
Allegrett,o.

~

Pla-no.

Plu mosso.
~

�22 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

328

22

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

329
Polk:á de 51a,lón, por A.. C.

~risa Ofoñal.

Entonces tuvo un ferrocarril muy grande, con carros
muy largos, servido por neg.ras, y como no se olvidaba

Historia para cuando no se llega
aun á los tres años.

PIANO.
Y ailá abajo, el padre y !a madre lloraban sin consuelo ..... .

J

Han de sabu uEtedes que había una vez un niño que
era muy lad1ón.

de su familia, pues á pesar c1e todo era buen hijo, mand6
una caja repleta de lindos corsés de eeda á su madre y
á eus hermana3, para todos !03 días de su vida.

~
~

- - ...____....__
--,.____----=-==::-.
..../,
~

_,,,, -----

__,,-

--

~ . . /....... _,./'-..

_~n1íl___·
---- -----. ----- " .
~

'

Entonces llegó encima del mar, y de pronto cayó al
agua.

......_...

De modo que fué recibido con los brazos abiertos por
su familia cuando volvió á México en un vapor, porque
tampoco había olvidado á su padre, pues le llevaba un
lindo cocodrilo...... empajado.

,

/íb¡.t

' El cual, un dfa vió á un viejo que tenía un hermosísimo paraguas que había pertenecido al Emperador Maxi
miliano,

~

Felizmente no era bestia, y en lugar de ahogarse votvió
al revés su paraguas y tuvo nn barco que ni mandado
hacer.

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;.....,,-

. Inmediatamente se fué al puente donde el viejo se moría de pena y le pidi6 perdón, devolviéndole su paraguas.
Y cuando el viejo murió, le hizo un entierro magnífico.
Y en tanto que el viejo miraoa pasar el agua, el pícaro
m11chachito le cogió su paraguas.

Pero sentía hambre; no habla comido nada, porque las
nubes no son huevos reales. Entonces se quitó una de las
cintas de sus zapatos y con un alfiler hizo un anzuelo y
cogió muchos pececillos muy sabrosos.
Y despuée se hizo magistrado para castigar á todos loa
ladrones.

Pero...... sopla un fuerte viento que se lleva al paraguas y con él al muchachito.

&lt;iroquis rooaQrnos.
A LOS BOHEMIOS

-

Y un día se encontró con una gran ballena, la cual le
dió)a idea de hacerse fabricante de corsés.

No nos llama el recuerdo, sombra leve
Del crepúsculo extinto del pasado,
Muerto que dueru1e ahora sepultado
En un lecho más frío que la nitive.
No amamos el presente, fulgor breve
Que no logra el espí1 itu nublado
Baftar, ni deshacer e1 congelado
Raudal de llanto que en el alma llueve.

Y éeie se vuelve más pequefto que un mosco.

Vamos al pon·enir...... las brumas hienda
El sol mustio 6 ardiente del, mañana,
Y plantemos, hermanos, 1:uestra. tienda
De lo futuro en la exteneión lejana;
Junto al lago que, azul, su ,,leaje extienda
O ante el abismo negro dd Nirvana.
FRANCISCO l\[. DE ÜLAGUIBEL.

Noviembre de 1896.

Entonces todas las gentes decían: ¿Quién es ese muchachito que vuela con un paraguas, tan alto, tan:alto?

Y como jUBtamante llegaba á Estados Unidos, vendió
muchos y ee hizo muy rico.

Ya no leo ni escribo máe. historia
que ver á mi nifiez con mi memoria.
CAID'OAMOII.

ESCRITA PARA LAS LECTORAS DE "EL MUNDO."

�22 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

830

LA.

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
N ú.mero ó.-Véanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.

" - No ee debe ir al matrimonio tristemente, dijo la se•
ñora Mossler; más vale, entonces, permanecer soltero.
Pero tú serás feliz si ere&amp; juicioso. Ahí tienes á Federico Clement..... .
-¡Oh! replicó con viveza Valentín; ¡que no me hubieras ofrecido casarme con su mujer! ..... .
- Eso es verdaderamente un poco fuerte para mí, dijo
la mujer de Federico, y me escapo para no oír más.
-Trate usted de quedarse viuda, y todo se arreglará.
Yo esperaré ..... .
- ¡ Está loco! dija Celina á la seílora Mossler. Y ee
alejó.
Seis semanas depuée el conde de Coutrae se casaba con
la señorita de Pierremont sin que esto paredera coRtarle
gran trabajo. Su prometida, con eu firtne razón y su sólida inteligencia ee había impuesto á él rapidamente y
Valentín no hubiera jurado que no estaba enamorado de
ella cuando salieron de Saim-Philippe•du-Raule. El viaje
que hicieron á España duró tres semanas durante las
cuales Valentín se aburrió soberanamente. Tal tenía su
ánimo, que los esplendores de Sevilla, de Córdoba y de
Madrid le dejaron muy frío y trajo de su viaje la impresión de que el pueblo eepal'iol era triste, sucio, comía
muy mal y poseía los ferrocarriles más incómodos y más
lentos de Europa. No habló de las mujeres, aunque, en
verdad, había mirado á alguna más que á la condesa dd
otro lado de los Pirineoe, pero tuvo el buen gusto de no
dar su opinión.
Vuelto á París dió un suspiro de eatisfacción, se imtaló en su hotel de la avenida de Friedland y pareció
completamente dichoso. No puso más los pies en el club,
olvido el 1,accara y estableció en su caea una sala de esgrima tan bella y tan cómoda, que llegó á recibir en ella
todas las mañanas, de diez á doce, lo más escogido de

loe tiradores parisienses• Su muj~r ie hizo la ~oncurrencia con su salón, en el que reumó, en poco tiempo, un
drculo artístico y elegante depurado eecrupulosamente y
en el cual era muy envidiable penetrar. Pero loa i:oncurrentes habituales manifestaron redondamente la mten•
ción de permanecer ellos solos y la condesa, á. la que no
gustaba sino la intimidad, se prestó á. su c&lt;1pncho. Muy
pronto no se llamó á su salón más que con el nombre de
«la Capilla Friedland».
El gran sacerdote era Vignot, el ilustre compositor,
que se había constituido en adorador constante de la
seílora de Coutras. Dauziat, el novelista, decía allí misa,
que ayudaba. con asiduidad el genial pintor Ferraud.
Alrededor de estos tres hombres se fueron agrupando
poco á poco otros artistRB, y hasta el célebre actor Baradan no se des".lefió de exhibir allí su gloria, lo que hizo
gritará algunas malas lenguas, que hubieran dado un ojo
de su mejor amiga por ser admitidos en el santuario. Pero ninguno de lo'.! interesados prestó atención á. esas
protestas, y lae personas que tenían ent!ada ~n la casa
siguieron frecuentándola con marcada sat1sfacc1ón..
El mismo Valentin tomó parte en aq11ellas reuniones.
No quería roncho á los literatos y odiaba á los músicos,
pero soportaba bastante bien á. los J!intores. Estuvo
amabilfsimo con todo el mundo y pareció que daba grande importancia á. la:1 comidas artísticas de los sábados.
Es verdad que Enriqueta supo, con muy buen tacto, no
intentar una reproducción de la Abbaye•aux-#oia. No se
dió airee de musa impiradora y no pretendió más que
ser obsequiosa con el talentc&gt;. Recibió con graciosa sen•
cillez y dejó descanear á los artistas para complacer más
á los amigos. Jamás pareció exhibirlos ni ofrecerlos á la
curiosidad social.
En su salón hacia cada cual lo que quería, y mientras

Vignot, que era un maravilloso narrador, contaba eue impresiones de seminario en Roma, pues había pensado·
ser sacerdote antes de componer sus melodías, tan apa•
eionadas; Ferraud dibujaba en el rincón de una mesa y·
Dauziat escribía versos con lapiz. Aquella era una eepe··
cíe de Decamerón, donde cada cual se ocupaba en el pl~cer de todos, pero á condición de esta.r en confianza. .81,
por casualidad, algún extraílo se deshzaba en la reunión
para visitar á. la dut-fla de la casa, todas las buenas \-O•
luntades quedaban en el instante paralizadas y la iner•
cía sucedía al moviento.
Esto se supo prontamente y sólo penetraron ya los íni•
ciados. Los que se quedaban en la puerta ee vengaron
propalando sobre las tendencias estéticas de la c-&gt;~d~a
maldades inofensivas. Pero al cabo de un afio, nadie hacía la menor observación y no se hablaba del cenáculo
de la condesa de Contras más que para lamentar el no
ser admitido en él. Federico Clement y su mujer fu~rou
de los escogidos. El anciano Vignot entabló una «corrien•
te de alma» con la encantadora Celina y aprovechó e.eta
circunstancia para mostra todas sus eeducciones mus1~les. Pasó de Mozart á Wagner, desflorando sus pr?p1as
partiduras y mezclando sus exquisitas interpretaciones
con chispeantes conferencias en las cuales elevaba á. su
auditorio á las más altas cimas del arte. Nadie ha hablado
con tanta fecundidad y riqueza del sublime Don Juan.
Ferraud mismo. que no se avergonzaba de calificar esa
obra maestra de música de clavicordio. se quedaba estu•
pefacto ante aquellas disertaciones. Y cuando el gran
músico, agitando su blanca barba y los ojos llenos de
inspiración, explicaba la significación sim~ólica de l,os
diversos personajes, que forman, con sus diversos do.?·
res, toda 1a escala de la pasión humana, Dauziat detema
sus ensueíloe y concebía dudas sobre la novedad de las-

NOVIEMBRE,

22 1896.

teorías de Wagner. Valentín, por su parte, encontraba
al viejo compositor insoportable. Le trataba comunmen•
te de farsante y se atraía violentos regaños de su mujer
y de Celina. Pero él respondía riendo:
-Ustedes comprenderán, acaso, lo que dice lo que
toca y lo que canta; yo, ni pizca. Creo que hay 'que haber empezado mny pequeño, para que el espíritu se preste
.á esa gimnasia. Ustedes pretenden que las melodías y las
einfonías tíenen un sentido; yo creo que no sou más que
un ruido vano. Lo que salva á. los múslcos es que hay
muy poca gente que comprenda la lengua que habfan, y
t-sos pocos están de acuerdo con ell~ son sus cómplices
para afirmar que eso significa algo. .1!.I día en oue tod~
t&gt;I mundo comprenda la lengua musical, adios·los músicoe. Se sabrá. entonces que ensartan notas unas con
otras y que no les resulta más que una gran incoherencia. Siendo muchacho, me llevó mi madre algunas veces al Conservatorio y, para distraer el fastidio leía en
,;I programa las explicaciones que los compositores dan
á su música. ¡Santo Dios! aquello resultaba todavía más
incomprensible después de ser exrylicado.
-Si, continuó alegremente Celiña; el joven poeta, 1les•
pYés de una escena de celos, vuelve á su casa y se duerme. Suefia que está condenado á. muerte, que le llevan
al cadalso, que le ajecutan y oye su marcha fúnebre .....•
Pues bien, querido conde, eso es un bosquejo que vale
tanto como otro cualquiera..... .
-Bueno, pues oigan ustedes lo que á. mí me dice la
música si ~o tengo la precaución de leer el ar¡:umento.
Un buen cmdadano, después de haber comido bien en el
restaurant, vuelve á. su casa un poco chispo. Enciende
con la bujía las cortinas de la cama y grita¡ fuego! Llegan
los bomberos. Las bombas de vapor dejan oír sus horribles trompetas y suena el Pomatén. Aeeguro á. ustedes
que la música resulta tan tien con este tema como con
el o.tro. ¿Q1;1ieren un tercero? Un rey negro, mientras sus
muJeres ba1l n-la zarabanda......
• - -¡Oh! por Dios, Valentín; va usted á hacerse odioso...
-Me callo. He querido solamente probar que yo también tengo una opinión.
-En realidad, dijo Celina, se le puede á usted perdonar que piense mal, con tal de que piense algo propio.
¡Hay tantos aficionados que manifiestan su entusiasmo
con tanto más calor, cuanto menos comprenden lo que
dicen que admiran! Prefiero un i¡1;norante sincero á. un
fanático de encargo...... Pero Vignot es un hombre de
genio.
-¡Bueno! Pues no hay más que hablar.
~ientras las escaramuzas de Celina y Valentín tuvieron por campo de batalla la música, la joven se entregó
á ellas con toda la franqueza de su n ,turaleza y no sin•
tió la más ligera inquietud. Había en el tono y en las maneras del conde de Contras una familiaridad que excluía
toda idea de j!.'alanterfa. La mayor parte de estas justas
se verificaban delante de Enriqueta. Todo ocurría del
modo más cordial del mundo y, por otra parte, Valentín
era muy atento con su mujer, tenía para ella mil miramientos. y nada hubiera podido hacer pensar que no la
amase tiernamente.
. Durante cerca de dos afioe, la situación siguió sin cambio al~uno notable. Los condes de Contras vivieron co•
mo todas las personas de su clase, algo más inteligen~
temente, acaso, por loe gustos de Enriqueta, y con un
poco más de fausto, á causa de la generosidad de la seflora Mossler. Pero los mismos marcos encuadraban loe miamos lienzos. Delauville, durante le. semana escogida, con
el yacht aparejado para hacer excursiones por el mar; el
castillo de Sauvigny en la época de la caza, y París en la
"atación invernal, interrumpida por un pequeño viaje á.
Cannes, siempre con el. frica en el puerto, á las órdenes
&lt;le BU vropietario.
Ennqueta parecía satisfecha de su suerte y Valentín
estaba alegre y aonrienta, pero aquella felicidad no era
sólida ni segura. No existía entre el marido y la mujer
un vínculo de afecto, ni una conformidad de guetos, ni
un motivo de intereses que les adhirieran indisolublemente. Ella tenía una inteligencia demasiado clara para hacerse ilusiones durante mucho tiempo sobre el valor moral
de su marido, y él era demasiado ligero de cabeza para
apreciar la noble gravedad de su compal'iera. Se amaron
porque eran jóvenes y bellos y se agradaban; pero aquella ternura no pudo exceder en el hombre de la duración
de un capricho ni sobrevivir, en la mujer, á la primera
deetlusió_n. Un hijo hubiera modificado profundamente
la e1tuac1ón; pero Valentín engafi6 á. su mujer demasiado
pronto y ésta se convenció de ello con demasiada evidencia, y, como era orgullosa, dejó á. su marido una libertad
de la que él no tardó en abusar.
Una noche en que Celina asiEtía con su marido á la repreeentación de una obra nueva en el Vaudevüle, hacia
el final del segundo acto vió entrar al conde de Contras
•!n nn palco de proscenio ocupado por una hermosa muJer mor~na que había llamado desde el primer momento
la atención de la nuera de Elipbas. La joven del palco
ee vol".ió distraídamente, como quien no tiene grandes
-cumplimientos que hacer á. un amigo íntimo; ofreció la
mano al recién llegado y volvió á. fijarse en la escena.
Valentín se sentó y se puso á. recorrer la sala con los gemelos. Cuando vió á loe señores Clem&amp;nt bajó vivament~ su catalejo y se trasladó al fondo del palco. Celina sint!Ó que la sangre subía á. su cara y fué agitada por uoa
s1':1gular impaciencia. Sin esperar el final del acto, se in.clmó hacia au maride- y le dijo:
- ¿Has visto al conde?
-Perfectamente.
-¿Quién es esa mujer con quien está?
-La Seflorita Adriana Cora\l, del Teatro de Variedades.
-¿Una actriz?
-A ratos perdidos......
Celina miró á. su marido con asombro.
-¿Cómo es que estás tan bien informado?
-Hija mía, se puede vivir en los negocios y conocer
un poco París. .A.un no siendo un hombre dedicado á. los
placeres, se sabe, sin embargo, lo que pasa en el mundo.
Por otra par~, basta pasearse por las calles para tener

ELMUNDO.
noticias de la Seflorita Corail. Se la ve en loe escaparates de los fotógrafos, de piés, en busto, sentada, acostada,
vestida, desnuda; en todas las actitudes de su vida ha•
bitual.
-¿Y el conde se presenta en público con esa mujer?
-Así parece.
Celina perm&gt;1neció un momento callada, cogió sus ge•
melos y examinó con atención á la grave Adriana. Des•
pués dijo:
-Es excesivamente hermosa.
-Eso no t:B una razón.
-Pero, entonces, ¿es su amada?
-Eso se dice y él lo confirma con sus actos.
-¡Pobre Enriqueta!
-¡Bah! Con la Seil.orita Corail ó con otra, eso tenía que
suceder.
-¿Por qué?
-Porque no se retiene indefinidamente á. un hombre
como el tal Valentín por el encanto de la belleza, el prestigio de la inteligencia ó la nobleza de los eentimientos.
Su capricho necesita el condimento de lo imprevisto, la
sal de la vulgaridad y la pimienta del vicio. Con 1:u mu•
jer el conde de Coutras está. obligado á cierto decoro; tiene que contenerse, que vigilarse. Con la Corail se encuentra á sus anchas y puede desenfrenarse en la orgía
canallesca y estúpida. Los hombres son sucios, hija mía;
esa -es la cuestión.
-Pero tú, Federico, dijo la joven, tú no eres así.
-No se sabe, querida; todo depende de la ocasión.
;-iCl?mo! Múnstruo; ¿serías capaz de semejantes abo•
m1nac1onee?
-No digo que lo sería, pero no afirmo que no, lo que
es muy diferente...... Querida Celina, no se está seguro
de que un hombre no hará tonterías más que cuando está muerto.
-¡Oh! Si das en citarme á. Schopenhauer..... .
-No sé si eso es suyo, pero pudiera serlo.
Algunos días después de es~o. á eso de las tres, pasaba
Cel!na por la av,mida Friedland y entró en casa de su
amiga, á. la que encontró en su saloncillo, con las persianas cerradas y en una eemiobscuridad. La condesa se levantó al ver tmtrar á su amiga y arrojó vivamente el pa•
ílu~lo á un veladorcito que estaba al alcance de su mano.
Cehna creyó ver que aquel movimiento tenía por objeto
01:ult!'r una fotografía y una ca,ta, pero la condesa no le
d1ó tiempo de hacer observaciones y yendo hacia ella
dijo con voz alterada:
'
-¿Qué dichosa cas_ualidad trae á usted por aquí?
-He pregunt.ado s1 estaba usted en casa, me hari dicho
que sí y he subido. ¿Va usted á salir? La llevaré en mi ·
coche..... .
-No; estoy un poco delicada. Me quedo en casa.
'-Pues es verdad; tiene usted la cara alterada...... ¿Le
suc~de á. usted algo de particular?
-No; se J., aseguro,
- Y al decir esto, do@ lágrimas se deslizaron por las
mejillas de Enriqueta.
¡Oh! Vamos á. ver, dijo Celina a.fectuosamente; ¿trata
usted de engafiarme? ¿No me considera su amiga ó no la
inspiro contianza? Hace usted mal en ocultarse de mí.
La allÍva muje.r agitó su rubia cabeza con impaciencia.
-Soy una necia por no haber sabido dominarme mejor. Mis penas son tan personales que no debo cansar
con ellas á nadie. Con!!eso, sí, que son un poco inesperadas y que el golpe q,ie he recibido ha sido muy cruel...
-P.:ro ¿de qué se trata?
Enriqueta fué al veladorcito, cogió la fotografía y la
carta que estaban envueltas en el pañuelo y dijo entregándoselas á Celina:
'
-Tome usted, amiga mía; mire y lea.
Al primer golpe de vista Celina reconoció el retrato de
la Corail. Est~ba vestida con una !arga túnica griega muy
escotada y abierta desde la cad~ra. lo que ?ermitfa admirar un pecho cuyo atrevido relieve estaba centuado por
la harmoniosa actitud de los brazos levantados hasta la
nuca, Y. una. pierna d~ forma exquisita y terminada por
u.n bomto pie. Deba30 se leía: «1driana Corail, de Variedades, en el papel de Hebe.&gt;1
Las dos jóvenes se miraron un instante en silencio
Después Enriqueta sonrió con amargura y dijo:
·
. -;Lea usted ahora. No han querido que me hiciera
11us10nes.
La carta ~ra el anónimo corriente, cobarde y estúpido,
que Jenunc1aba á la condesa las relaciones de su marido
con la enca~t!'dora cóm.ica; baja acción de alguna com•
pal'iera env1d1oea del lu¡o que ella sofiaba sin poderlo lograr; venganz~, acaso, de la desesperación de algún
amante platómco puesto en la calle por .io molestar al
ge1:1eroso Valentí~; veneno en todo caso, que no había
de¡ado de producir sus efectos.
. -Pero, amiga mía, ¿está. usted segura de que esta carta
mnoble no es un tejido de mentiras?
-No; esta carta concuerda con todas mis observaciones y confirma todas mis sospechas. Hace algún tiempo
sus 1;11a~eras y su actitud han cambiado. 'Ienía yo el present1m1ento de que se había interpuesto entre los dos
algo de que no me daba cuenta. Un instinto infalible me
lo ~abía revel~d_o todo antes de esta denuncia y podría
d~ir con 1•rec1s1ón el momento en que empezó mi desdicha. A -pesar ,d~ su deferencia, dP su amabilidad, que
eran las mismas, \alentín me pareció transformado. No
era ya el ho~bre atent? ! afPctuoeo de siempre, sino un
extraño político y eerv1crnl. Ese cambio medió frío en
el corazón desde el primer momento, pero no me daba
cuenta de lo que sucedía. Ahora lo comprendo.
. -¿Y qué va usted á. hacer? ¿A pedirle una satisfacción?
-Nunca, al menos por mi iniciativa. Hay palabras
que me harían enrojecer pronunciándolas delante de él y
que me daría horror oír. No tengo carácter para lamen•
tarme y me daría vergüenza dejarme arrebtitl\r por la cólera. Preñero callarme y aparentar que no sé nada. Acaso de este modo pondré á. salvo mi dignidad y esto es
algo.
-¿Y la eefiora Mossler?
-De ella, eapecialmente, quiero ocultarme: resultaría

331
más afectada que yo misma y es una perfecta mujer, á la
que yo quiero con todo mi corazón. Ha deseado mi dicha; si no ha podido lograrla, no es culpa suya.
-¿Puedo hacer algo en favor de usted?
-Nada más q.ue guardarme el secreto.
Celina &lt;'umphó su palabra y no habló de este asunto ni
á su marido. Pero no se creyó obligada á. la misma direc•
ción respecto de Valentín. Un sábado en que éste pare•
cía soportar con más impaciencia que de costumbre una
larga d;sertación de Baradá.n sobre los deberes del actor
respPcto del público y respecto de sí mismo, Celina se
sentó al !ad'&gt; del conde y le dijo, asestándole sus ojos es·
piritualea:
-¡.No se divierte usted, eh?
-No, francamente. Este buen Baradánque es el hom·
bre más bri liante que conozco cuando interpreta las ideas
de los demás, es el más pesado del mundo cuando expre·
ea las suyas. Es preciso dejar al actor en la escena y no
traerle al salón.
-Si se tratara de una actriz, seria usted más indulgente...... .
-A fe mía, creo que no.
-¡ Vamos! Si viera usted entrar de pronto una actriz
bonita, por ejemplo, la Corail. .....
- Valentín, se volvió y dijo, examinando á la joven:
-¿Y por qué la Corail?
-Porque esa es, me parece, la que usted prefiere.
-¿Y que es lo que hace á. usted creer eso?
La asiduidad de usted con ella.
.'
El conde replicó secamen~e.
-Yo no soy asidito con esa mujer.
-Ent:mces ella lo es con usted.
-No la conozco.
Se miraron un instante sin hablar. Después Calina di•
jo en tono acusador.
-¡Está bonito mentir de ese modo! Le he visto á us•
ted la otra noche, en el Vaudeville, en el proscenio de esa
señora. Si quiere usted que nose le vea, escóndase mejor.
Valent(n se quedó algunos instantes pensativo y dijo
inclinándose Lacia Celina:
Puesto que conoce á la soi'íorita Adriana, ¿ha observa•
do usted cómo se le parece?
La sangre subió á la cara de Celina, que se levantó y
replicó en tono burlón:
-Amigo mfo, no es usted intE.ligente en eso. Yo soy
mucho mejor que ella.
-Es verdad, dijo tranquilamente Coutras; pero á. falta
de original, es algo poseer una buena copia ..... .
La joven no respondió; giró sobre sus talones y se alejó.
Aquella noche el cenáculo se había reunido para una
sesión extraordinaria, pues estaba anunciado un aliciente
que había hecho exactos á. todos los amigos de la seflora
de Coutrae. Un nuevo contertulio debía ~er presentado
que merecía el interés que de antemano se manifestaba
por él. Era el célebre explorador del Bornou, el coronel
Redel, ya ilustre por sus servicios en el Tonkin y en el
Dahomey. En todas partee donde se abría un campo de
batalla, había aparecido Gustavo Redel, Nombrado jefe
de batallóu á los treinta y cuatro años por su heroica de·
fensa de Nam-Bhyn, recibió el grado de Teniente Coronel en el país de Behanzin. Su infatigable ardor guerra•
ro no se acomodaba á. la vida de guarnición y partió des•
tacado al Bornou, donde, después de luchas encarnizadas
con los negros lanzados contra él por las intrigas ingle•
ar.e, dió la vuelta al lago Tehad, exploró el Boghirmi y
trajo documentos de inestimable valor.
Era un hombre de treinta y nueve afios, de mediana
e~tatura! moreno, de aspecto frío pero cara animada por
030s ardientes y profundos, en los que se adivinaba una
alma de héroe. Le presentaba la señora Mossler. Redel
era hijo de la compañera de la infancia de aquella sefiora, emigrada como ella cu~ndo la anexión de la Alsacia, y á la que por mucho tiempo había perdido de vista
El azar de las especulaciones en el Transvaal las habí~
puesto de nuevo en relación y la sefiora Mossler había tenido ocasión de pre~tar algunos servicios á su antigua amiga. La sefiora Redel, muy enferma, vivía de sus rentas
en Ver~~illes, en un antiguo hotel, y hacía economíaspa•
ra BU hlJO.
En el momento en que se presentó en el salón, fué evidente que todos los honores de la velada serían para el
coronel, y 9..ue las estrdlas ordinarias de la señora de
Coutras palidecerían momentáneamente ante aquel astro. La e~beza mar1:ial de Redel curtida por el viento
de los desiertos, su bigote, de un negro azabache, cortando su cara con raego alta~ero, y sus miradas especial•
ment~. llenas de tranquila energía, le conquistaron Ja
atenc1~n. La sefiora Mossler le presentó con la sencillez
qu~ txigía su valía, y el coronel estuvo afable ain afectación y habló á. cada ~no de los artistas presentes como
hombre que eabe apreciar su mérito. Como dijo Baradán
«no tuvo, absolutamente, el aspecto de un recién llegad~
de las montafias de la luna. n La única persona por Ja
cual man.ifést6 f!ialdad, fué el duefio de la casa. ¿Fué circunspección deliberada ó iuvoluntaria timidez? Lo cierto
es que no supo hacer más que inclinarse ante el conde y
murmui:ar algunas vagas palabras. Valentín, oor su part~, t~n hgero, ~an fácil para expresarse con amabilidades
em 1mportanc1a. por su misma vanidad, permaneció
acC!mpaeado y tieso • nfrente del coronel. Baradán, á
qmen Redel.ac:1baba de J?,ace.r loe más vehementes y sinceros cumphm1entos, se mchnó hacia Ferraud y murmuró:
'
-Este no «encaja,. con el «patrón.11
-~o, conteetó el pintor. El uno tiene demasiada superficie y el otro demasiada profundidad. No pueden
concordarse...... Pero, mire usted qué buena cabeza de
soldado.... :. Haré su retrato si 11uiere.
- De uniforme, con todas sus condecoraciones
-¡Oh! )Q!1é i~ea de fin. de acto! No, amigo ~fo: sin
galones m cmta¡os; en traJ~ de explorador~ con m casco
de-corcho........ La tez curtida como un antiguo cuero de
Córdoba d~baJo del casco blanco; ¿bonito contraste, eh?
-Un éxtto seguro! ¡Como el del año en que me retrató
usted de Ruy Bias!
( Continuará) .

�EL MUNDO.

EL MUNDO.

Champagne Codornin.
MONOGRAFIA.
(Concluye.;

Es muy higiénico y los médicos españolee, los franceses, y principalmen~e}los
ingleses, lo recomiendan
ciertas
fiebres, para los estómagos delicados, ¡,ara cortar los vómirns, etc., etc., Y para
uso de personas enclenques; hemos visto en CASA Cooo&amp;Nm unas botellitas de
un cuarto de botella, á fin de que se pueda destapar una en cada comida para una
persona sola.
EH el charnpagne, si el vino es fino de
origen, puro y cmdadoeamente tratado,
estimulante, higiénico y agrnda?l_e; descentraliza la v;da y por la volat1hdad de
su ácido carbónico, la reparte por todo el
cnerpo, la piel se vuelve más sensible, la
imaginación más entusiasta, el corazón

Pª:ª

EMBALAJE Y EXPE
DICl0:S.

OPEBACION DEL
' 'REMCAGE. ' '

1'igura 1.

LA MODA.

•

En la antigüedad el oficio de augur era cieriamente más fácil que en nuestros días. Procuraba menos decepciones atendido á que podía
~jercerse en términos nebulosos, lo cuai vermitia arreglarse facilmente y ne perder la confianza de los adeptos. Actualmente, ¡ay! se exige
de loe revisteros de modas, la claridad y aun la
infalibilidad, lo cual constituye un peligro permanente.
Creíamos de buena fe que habíamos rompido
·por completo con la manga en forma de globo y suponíamos que su existencia, apenas empezada, habría concluido ya. Vanas presunciones: la mavga de globo sigue
imperando. Cierto es, digámoslo desde Juego, que esas
mangas no pertenecen á loa cuerpos 6 corpifios, sino que
están reservadas á ciertos abrigos de grandes dimensio •
nea ( figura l.) E~tos abrigos, creados en vista de los días
.fríos y delas salidas de noche, llevan doble forro, con herOPERACION DEL "DEGORGE"

CtDEGORGE''
ENLA
CUEVA ÜODORN[U.

ELECTRIZACI0N
ENLA
CVEVAlI0NSERRAT,

CoUTlil 'fEBTICAL.

más ardiente, la lengua más loc~az, la
mirada más viva, el rostro más ammado,
el carácter más alegre y bullicioso; ~arece re¡uvenecernos como e l sol de pnma•
vera.
Terminemos estas lfneaq con las pala•
bras de D. Eduardo Abela e n La Ilustra
ci6n Española y Americana de 15 de Octubre de 1894:
«La dama española, dueña siempre de
nuestros destinos, reina y sen.ora de la
voluntad de los españoles en tod as épocas será la que decida e l pleito intentado
por' el vino eepumosc- de_ España. Esta
preferencia puede conducir has~a llegar
á la obra beneficiosa de generalizar_ esta
clase de vino, de snave paladar y hgero
picor, estimulante é nigie:iiico, que por la
acción de su ácido carbónico favorece notablemente la digestión; evitando el uso,
tan generalizado en Madrid, de 1~ aguas
gaseosas, no siempre puras, no sie mpre
limpias y generalmente caras.
Es una obra benéfica q ue debe confla•
damente ponerse en esas m_a~os bl~ncaa
y aristocraticae que con deh c1asos tienen
la espumosa copa del vino champagne,
sin hacer cuenta de que el de igual c_laae,
elaborado en Espafla, puede ser me¡or Y
más barato· sin considerar el que, dác d o' al de nuestra tierra,
·
le preferencia
P~eden
fomentar intereses propios Y legítimos,
haciéndo al parla obra caritativa de generalizar el vino espumoso barato, con gran
utilidad de la higiene para todas nueatraa
clases sociales.
y desde e l momento que la señora 6!'"
pañola sepa que su sencilla preferencia
constituye una obra de esta clase, ¿cóm~
ha de dudar en conseguir un triunf~ m ?
en la historia preclara de sus c~nqu"!: ..
Las obras de caridad y del bien pu .
·
· d 0 su inmarces1 co siempre han mgpira
ble patriotismo.»
,
DR. CASBHRO BRUGUES.
Director del Laboratorio Qui•
mico del Instituto Agrlcola. C&amp;·
tal&amp;.u de San Isidm.

~Á\~

-r-

~;-;~~- - - -.:- :-&gt;

. ....
-

..

---

.~

~-

~

~~ -~

~

( F'igura S).
Ee posible remediar este inconveniente emplt&gt;ando el poi vo de talco.
Uua vez que los guantes están secos, se les da
de nuevo su forma y se frotan-para pulirlos así
t&gt;n cierto modo-con un trozo de lana b:anca,
bien suavizada y cargada de talco en polvo. Se
IPs sacude y se limpian de nuevo para que caiga
t&gt;l polvo q11e se hubiere adherido.

'

'.,

it;_f'

1

- ......,.,_

Fi_gura fJ
5 )

La boga de los cuellos ha disminuido un

La actualidad, la atracción del momento, ese
frenf'sí qua ha poseído á París durante el \laso
del Soberano de todas las Rusias, ha cambiado
toda~ las imaginaciones y operado una cuasi revoluciól! en las cosal! de la Moda. La más peque-

poco.
En los trajes de recepción (figura 4) siguen
privando los colores claroe, con la agri.dabe innovación de los amplios escotes de los cual!'R
parten dos ondas de tul siguiendo la curva del
seno y prendidas á la izouierda del corpiño por
un rosetón de muy buen gusto.
Los cuellos muy cortos, estilo estrella, continúan preponderando debido á su gran sello de elegancia. No
se podría selialarlos empero como
susceptibles de desafiar los rigores
del frío, pero son tan lindos que se
siente el valor de afrontar cou ellos
ia temperatura.
Como epílogo de estas breves notas, nos permitimos señalar á nuestros lecteres el figurín uúmero 3 para traje de nifio; es tan sencillo como
elegante y propio para la estación.
--•111101111,-.-

RECETAS PRACTICAS.
LAVADO DE LOS GUANTES DE PJEL

..

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~- .... ,¿-

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i

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•

..
(

Córtese en fracciones delgadas 100
gramos dejabón blanco, despuésmuélase en un mortero con cuarentagra•
,-,.
moe de agua llovediza, 20 gramos de
agua de Javel y 8 gramos de amoniaco. (alcali volatil ).
Para emplearlo se pone una pequefla cantfdad en un trozo de franela y se procede como con la leche y
el jabón.
Con una pequefla esponja penetrada de agua pura, se lavan las partes
que se ha:i limpiado con la mezcla y
luego se dejan secar•
Sea cual fuere el método empleado para lavar los guantes de piel glaceada, está comprobado, cuando !a opera-ción se tnmina, que si las manchas no existen ya el glaceado se ha disminuido, cuando no desapareció por completo.

'( K.,,.

.- ~~~tf~- - : --~._
,_._., .

:. ;:_•,;;:~'"!!'~;;;-:::;-:m

( Ff.gura 5. )

ña insignificancia, el trapo más minúsculo, más
gracioso y más coqueto que nunca, revela ahora su sello slavo, lleno de originalidad. El cuadro desgraciadamente muy restringido reservado á las M0das en nuestro periódico, no nos permite citar aquí los nombres terminados en «of»
ú «ow» de que están erizadas
las innovaciones; esta des•
cripción por lo demás no haría aventajaren nada ánuestrasjóveues lectoras, que sin
duda preferirán dejar en todo á las Sl'itas. Hnnsinger

Bnas., l~ calle de laJndepen•

(Figura 4,)

dencia 4., el cuidado de darles la explicación y de satisfacerlas con su talento y el
gusto excepcional que ponen
en todo lo que hacen.

mosa gola ó cuello Médicis, y naturalmente la manga
-debe serdeuna gran amplitud para que al mismo tiempo que protege no maltrate los adornos del corpiño.
Entre las diversas formas de pardessus que nos trae
~ste invierno, la forma de visita parece llamada á un
.gran éxito. C',omo lineas generales, esre modelo ( figu ·
ra 6) se compone de una especie d&lt;.! capa ó pelerina con
mangas ó sin ellas, de terciopelo con grandes bordados y gola ó cuello Médicis. Fácil es darse cuenta de
q_ue ese modelo es á la vez caliente, confortable y gra•
cioso. Se le ve reproducido de maneras muy variadas,
sea en pafios de sastre, sea en géneros de fantasía ó
en terciopelo bordado, según hemos dicho.
La reducción de las mangas ha permitido que se
pongan en vigor de nuevo los vestidos ajustados, y por
lo mismo muy abrigadores, privando con ellos las cha-quetillas bolero y los Jacquets ajustados (figuras 2 y

Los que hemos amado y á
quienes hemos perdido, no
están ya donde estaban, pero están siempre donde estamos.
A lex Dumas.
La vida es una prisión y
una liberación la muerte,
mas en esto, los prisioneros
no temen nada tanto como
la libertad.
( Ff.gura 6. )

G. Jf. Valtour,

�EL CUARTETú SALOMA.

--DEL--

lágrimas, y se derrama al fin,
por todos los instrumentos
del cuarteto, vertiendo el
llanto á raudales. El genio
de Beethoven no guarda consideraciones con el público;
le aplasta, le hace sobreco•
gerse de espanto, le arroja al
rostro en armónicos tonen·
tes todas las amarguras de su
corazón, y al fin, movido á
compaeión, vierte en el alma,
como bálsamo celeste, las
inefables notas del Presto, en
que el grande entre los grandes, tornando sus angustias
en olfmpica serenidad, parece soreirnos en el fondo de
abismos insondablee, con la
inmortal sondea de los dioses.
La música de Beetboven
parece descender de las alturas. en copiosa Jluvia de invisibles llamas que enciende
los corazones. Gime la alada melodía en las primas de
los violines, hace temblar
las cuerdas del alto, y basta
el ventrudo violoncello se
extremece, cual si agitara
sus entrañas de madera, una
• fiebre de amor.
Se abandona la Sala de
conciertos de la calle de Zu leta abrigando la convicción
profunda de que, gracias á
loseefuerzos combiuados de
los Sres. Wagner y Levien y
de una media do!:ena de músicos prendados de rn arte, se
ha logrado hacer viable en
esta capital un espectáculo
rebelde, basta ahora, á todo
trabajo de aclimatación.
FEI.IX GAVITO.

DR. AYER

Existe en la calle de Zuleta un aaloncito blanco, consagrado á los manea de la
música; arca salvadora del
Arte, que sobrenada en esta
terrible inundación de zarzuela por tandas y de ÓPE'Ja
italiana "á bon marché."
Amplia y cómoda eEcalera
da acceso á una minúscula
antesala destinada IÍ. los que
gustamos de encender un cigarro, entre dos n1'meros del
programa, y donde los rezagados pu~d1m escuchar las
clásicas melodías, sin interrumpir con el rumor de sus
pasos, el recogimiento que
reina en la sala dP conciertos. E~ esta de reducidas dimem•io"es, coquetona y sonriente, con sus bhmcas pare•
des coronadas por un friso,
en el qne alegres parvadas
de moflet.udos amordllos,
color de rosa, se persiguen
entre guirnaldas de flores y
atributos musicales. Asientos elegantes y cómodos ocupan gran parte del salón, en
cuyo fondo se eleva un estrado; sirviendo de «locos
operandi11 al hoy ya célebre
,,Cuarteto Saloma,» que en
una de estas últimas noches
ejecutaba su concierto inaugural de la temporada.
La audición comenzó con
uncuartetodeSchubert, obra
póstuma del malogrado compo~itor.
. Un alegro delicioso, desbordante de temas melódiFRANCISCO VELAZQUEZ.
IGNACIO DEL ANGEL.
LUib G. SALOMA.
cos. con los cuales un com•
Al\"TON10 SALOMA.
positor menos pródigo de su
.
talento hubiera escrito toda uua sinfonía; un andante destamente en el Salón de Conciertos por un órgano exincomparable, en que el músico alemán, excediéndose á presivo), la cuerda y el piano.
México, N:.iviembre de 1806.
Hemos tenido ocasión de admir,u en la Srita. Kither
eí propio, alcanza las mismas alturas que los más gran•
Rosales
todas
las
cualidades
de
una
pianista
de
buena
ce·
Como
nota complementaria de estas, daremos algu nos
des maestros; un scberzo retozón, de gran frescura melódatos acerca do los jóvenes que integran el aplaudido
dica, pero inferior, tal vez, á los otros números del cuar• pa; sin vacilar la proclamamos una de las ,,ejores debuteto. y, pQr t'tltimo un "presto" mágico, en el que el tantes que han desfilado por el salón de Wagner y Le·
cuarteto.
Luis G, Saloma comenzó á estudiar en Puebla, cuando
canto modula constantemente, J?Or manera rápida é im- vien y aún subiríamos el diapa3ón de las alab.1nzas al
compararla
con
sus
p
redecesoras,
si
no
huyéramos,
por
su maestro el Sr. Juan Anzures en 1882. Después pasó al
prevista, á través de toda la serie de las tonalidades maConservatorio siendo eu maestro el Sr. José Rivas, obtu·
yore~, produciendo en la imaginación, el mismo efecto sistema, de las comparaciones, odiosas siempre, y á. la
vo dos diplomaa de socio honorario, de miembro de la
qué producen en los ojos, bombas de fuego que estalla- par de odiosas i mpolíticas, tratándc.se del sexo bailo.
Esto no obsta para que reconozc1mo1 en la Srita. R?sa ·
orquesta de dicho estableci miento y primer p remio. Tosen en lluvia de oro fundido, rompiendo con sus trillan•
les u na vigorosa pulsación, gran seguridad de mano al
ca violín 1? Anduvo con lazarzuelacomenzando por vio·
tes resplandores la nocturna obscuridad.
lín 2? hastr llegar á D irector.
Inútil sería extendernos tln elogios de los ejecutantes. herir el teclado y unaescuelacorrectlsi.ma. Creemos adi•
El «Cuarteto Saloma,, alcanza ya una envidiable reputa· vinar en la elegante pianista esa amplitud de estilo, pro Antonio Saloma es discípulo del seflor su hermano¡ ha·
pia
para
la
expresión
de
la~
grandes
frases
cantabiles.
ción, justamente adquirida, en verdad.
ce 10 meses comenzó á estudiar viola.
Para
juzgarla
á
ciencia
cierta,
en
esta
última
cualida&lt;i,
Si admirables son estos por el lujo de perfección con
Ignacio del Angel. Comenzó á estudiar v iolín bajo la
que hacen resaltar los menores detalles, lo son mas, al habría que oirla interpretar la música de algún otru comdirección de su padre el Sr. Silverio del Angel, después
positor;
la
de
Chopín,
por
ejemplo.
Purque
en
cnanto
á
cabo, por la unidad de su estilo, por aquel su afan cona•
con Don Pablo Sánchez (año de 18S5.) Actual mente estante de ligar el fragmento musical, la frase aislada, con la del original y fantástico S1int-S.1ens de ese diabu!u.s
tudia bajo la dirección del Sr. P~dro J. Manzano Profesor
in
musica,
como
le
llama
Cilmilo
B.11laigue,
pintoresca,
el conjunto de la obra.
de Música de Cámara en el Conservatorio.
'
fina
y
nerviosa,
es
música
que
no
canta.
Poseen, sobre todo, tres capitales c1.1alidades de instru·
Francisco Velázquez. Estudió bajo la dirección de su
Le
sesión
terminó
con
el
r¡u.atou.r
op.
74
de
Beethoven,
mentistas: la sobriedad, la precisión y el brío.
padre el Profesor Cosme V Alázquez ( Oaxaca.) Por afic ión
Pero debemos dirigir nuestros sinceros elogios á. una el famoso «cuarteto de las arpas.u
se dedicó á tocar el violoncello. El Sr. Profesor Rafael
No
me
atrevv
á
analizar
esta
colosal
composición,
que
simpátlca pianista, que hizo ·su «debutn la misma noche,
Galindo tomó decidido empello en él y lo ha hecho uno
abruma
y
anonada,
,
que
debiera
oirae
prosternado
de
con un concierto para piano y orquesta de Saint-Sacos.
de sus mejores discípulos. El Seilor Velázquez como con•
hinojos,
como
so
oiría
la
palabra
de
un
Dios.
El
ánimo
pieza de corto original. un tanto macabra, q ue nos recuer·
trabajista, según opinión de algunos maestros, es de pri•
da la famosa Danza de la Muerte del propio sinfonista, y desfallece al escuchar los desgarradores acentos de aque•
mera fuerza, siendo bastante apreciado por el Profesor
lla
alma
heroica,
atribulada
por
el
d.olor;
la
melodía
que
en la que, más que ta inspiración, se admira la maestría
Gino Golisciani.
en
la
introducción
alcanza
la
expreüón
trágica,
se
entercon que se fnnden en una sola, sonoridades tan d isímbolas como son los cobres, las maderas ( representadas mo- nece en el .A.1agio, parece humedecerse con un rocío de

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~rzap:nlla del Dr. Ayer es el depurativo de la sangre más popt¡lar y·
m s a nado de cuantos existen. De que posee virtudes curativas,
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Y :Médicos prmc1pales. Como fortalecedor de las fuerzas vitales y especi~co
toda. clas~ de enfermedades de la sangre: la Zarzaparrilla del
r. yer no tiene igual. C_ura las enfermedades con la remoción de la
~ausa ~ue las engendra., a.v,va el apetito, destruve aquella tan conocida
ens~ci6n de Fat ~ga, P?!1ª fuertes á los débiles ); vigoriza con sus efectos
: anativos los nerv10s, teJ1dos y fibras del cuerpo. Como ha curado á otros
e c urará á usted. Téngase la seguridad de que se toma

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o único positivo, lo único que curtJ
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Aparato Digestivo, y exigir grabado sobre cada. Oblea,, el nomtire DIGESTIVO BOJ ARRIETA.
Dispepsia, Gastralgía y Enteritis crónica~

di
a.i Sin¡tmas: Agrios después de las comidas 6 Aciel v· e es mago, Sed excesiva, Hinchazón 6 Peso en

inientre taspor poco que se coma, Digestiones lentas
6 comp1e
que ~roducen Repugnanci M
~lores de Vientre, Vómitos biliosos y D~eas~~

meas.

Son e~ermedad~ que según enseífan millares d~
pef~&gt;nas bien conocidas y respetables, á quienes se viú
BU ~
dur~~te muchos a1ios y además reconocen emine1¡~1as made!1iclM de varias naciones, sólo se cura n cmriple""' Y r ica ment,e con el

Digestivo Mojarrieta.

VOCALES

Lni6 Terrazas (mexicano.)
Marcos Russeck (polaco.)
Juan Brithingau (americano.)
Ketelseu y Deguetau (alemanes.),
Federico Terrazas (mexicano. ) .

EL FAMOSO REMEDIO y PIIRIFIOAUON

- ; aiil!'íi'ERUPCIONES, LLAGAS, ECZEMA, )

V:a::&gt;.A. -y EN"ER.G-XA.

Presidente, Juan Terrazas (mexicano.)
Tesorero, Enrique C. Cree) (mexican o.}
Gerente, Felipe Suberbie (francés.)

Socros PRINCIPALES.

b

Toda. sangre pura es garantía de salud, fuerza y felicidad La san e
mala engendra escrófula, chancros, granos, ronchas floroncos· ca;buncl';:
úlcer~s, tumores y otras afecciones peligrosas y ~olestas 'N O im r! ·
cuán ~mpura esté la sangre, la Zarzaparrilla del Dr. Ayer la Úmpia vi~iza
y ennquece.
·'
A Por ecp~cio_ ele medio si~lo la superioridad ele la Zarzaparrilla del Dr.
{er co:o 6?.ico ,Y depurativo de la sangre, ha sido reconocida en t-O&lt;lo
e fun º· :Nmgun otro_ remedio está compuesto de ingredientes tan
cos osos Y con t~nto cmdacl_o escogidos. Ningún otro remedio es tan
;:sc~~r~::i;r~~ul~re~I~ camd~ldO rádpido. y ?ermanente en_ la sangre, expeler
rme a y eca1miento y comumcar

DE AomNIS'IRAcr6x:

r.obernador Miguel .A.humada (mexicano.)
F~derico Sisniega ( espafiol.)
Jofé l\1~ Sánchez (mexicano.)
Cdestino Gras (francés.)
Luis Lacoutur (francés.)

◄b J!BOH H°!~~~~:!~~L~~~~v~~~ DR. ROSA.

"-•"-

es de 100 t&lt;melada., diarias producidas por dos máquinas Lindee.
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Coll"sEJo

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En la progresista y comercial ciudad
de Chihuahua, acaba de terminarse la
construcción de una nueva fábrica, que á
iniciativa de varios capitalistas mexicanos y extranjeros, se proyectó en Diciembre de 1895. E l Presidente de la Compafifa salió luego á visitar y estudiar los
principales centros y fábricas productoras de cerveza en loe Estados Unidos.
Mandando levantar el plano adecuado á
la maquinaria comprada y á las necesidades todas para la instalación más moderna de una cervecería modelo, á un ingeniero especialista en esa clase de indos ·
trias. En Marzo del presente aiío comenzó
la compai'iía la construcción de su edificio.
:Esta fué llevada á cabo por el ingeniPro
francés E. Esperón y hoy colocan la maquioaria con el objeto de comenzará trabajar el 1? de Enero próximo.
La fábrica está situada en la avenida
Colón, muy cerca de la Estación del Central. Ocupa una extensión de i5 por 45
metros: tiene tres pisos, tres elevadores de
vapor para au mejor y rápido servicio. Su
producción anual será de 75,000 barriles
de á 120 litros. Su fuerza motriz es de 260
caballos de. vapor producidos por tres
motores Corliss. La fabricación del hielo

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pli~;a mayores informes dirigirse á los Ores~ Gu~llermo
Parra, teléfono 443, apartado 682 ( calle de Leon nnm. 9)¡
y Dr. Adrián de Garay, teléfono 13-1-1, apartado 778 (1.
Pila Seca núm. 8.) El D_r. Parr~ e~ Director de \a Com•
pañía de asist,mcia Médica y C1ru3ano &lt;iel Ho~p,ita) Juá•
rez. El Dr. Garay e~ p rofe~or _de Anatomía q011urg1ca en
la Escuela de Medicma y c1ru¡ano del Hospital Juárez y
del Asilo Español.

SE ERIGE EL GRAN JURADO.
EL J lrEZ DE DISTRITO DE QUERÉTARO.

- -D E

El Jueves en la mañana según habíamos anunciado, se
erigió In Cámara de Diputado3 en Gran Jurado, para cono•
cer del proceso instruido por la 2-~ Comisión del mismo,
con motivo de la acusación que varios periodistas de esta
capital formularon en contra del Coronel D. Próspero Ca•
huantzi, Gobernador ·de Tlaxcala, por infracciones, según ellos, á las Leyes de Reforma.
Bajo la Presidencia del Sr. Lic. D. Justino Fernández,
dió principio la sesión á las nueve y media de la mañana
con la lectura de las constancias procesales, que son en
resumen las siguientes:

L A --

Biñificiócia":

MOTIVO DE LA ACUSACIÓN.

•.• ~.Pú~~~I

Como primera const.ancia, obra una carta del Obispo
Camacho dirigida al Tiemp(} en la que hace una resella de
los funerales del Obispo Vargas en Tlaxcala y adjunta
copia de la alocución pronunciada por el Sr. Cahuantzi en
la que éste por sí y por el pueblo da el péEame más een·
t ido al Sr. Camacho por la pérdida tan irreparable sufrida por el clero co.i la muerte
del Obispo de Puebla.

OIUDA.D Dl!I MÉXIOO.
kSbNYSN

Bl prózimo aorteo, con premio
m &amp;yor de

COltPARECJ!N'CIA DE LOS ACUSADORES.

$10,OOO ~
DE D I CI E MB R E

D E

1 8 96•

DECLARACIONES DE PERIODISTAS.

hajo el pl&amp;n siguiente:

El Director dol .1Ionitor Republicano dijo
que el párrafo á ese respecto publicado, lo
había tomado de otros per iódicos, fundán•
dose en esto para la excitativa que hizo al
Gobierno acerca de las infracciones denun•
ciadas.
E, Secretario de redacción de Gil Blas,
D. Francisco Osácar, manifestó Que las no·
ticiae allí publicadas, provenían de una
correspondencia recibida de Tlaxcala.
E l representante de La Voz de JféJ·ico,
D. Trinidad Sánchez Santos, expuso que
las noticias en cuestión las tomó de ml
Bla.~.
D. Victoriano .Agüeros p reeentó la carta
suscrita por el Sr. Cama.cho.
El Sr. Lic. D. Rafael Reyes Spíndola de•
claró que las noticias publicadas en El Jfun·
do y Et lmpaicial, provenían de t elegramas
y corre:ipondencias enviadas por el corres·
ponsal de Tlaxcala.
En su declaración el Sr. Bulnes, dice que
confiesa que se equivocó al asentar en un
artículo pul:&gt;licado en El Jlundo que una
infracción á las Leyes de Reforma ·era la
perpetrada por el Gobernador de Tlaxcala,
pues que en verdad era n tres:
Haber auforizado que sepu ltara n un cadáver en un templo; haber acompafiado al
Obispo Camacho, yendo á su derecha, á
una ceremonia en toda for ma, y h aber pro nunciado u na alocución á n ombre del pue•
blo de Tlaxcala, por ,la muerte del Obispo
Vargas.

14,000 Billetes á $ 2.00 cada
lUlo, divididos en vigésimo■
d6 á 10 centav;os..

Fondo: $ 28,000.

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i

. -- ~ PRE lllOS:
1 P r emio de.... $ t 0,000. · · · • 10,000
1
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600 .... ,.
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100. . .. ,.
60. ... ..
40......
20... . ..
10. •• .••
2 Apr oximaciones d.e t S 1 oo¡
una anterior y otra. posterior a.
admero prenuado con 101 ••••• •
t 10.000 •. , ••••••••.. ••••••••
2 Apr oximacione1 de l. $50¡ una
anterior y otra posterior al nd•
mero p r emiado con l01
1.000••••••••• ••••••••••••••

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. . . . Premio■

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..

11.acen u n total de

EDUARDOGÓ:IIKZ IlARO.

Este ee el nombre del joven estudiante de Puebla q11P,
,emitió noticiSll telegráficas y correspondencias para El
I mparcial, único periódico que ha comprobado haber rt1•
cibido datoR directos referentes al entierro del cada ver
del señor Obispo Vargas; fué llamado á declarar ante el

Llamados por la 2~ Sección del Gran Jurado los acusadores para ratificar su acusa·
cióo, algunos de ellos para robustecer ésta,
presentaron recol!tes de periódicos donde
se daba cuenta de la ceremonia fúnebre, de
la inhumación del cadáver del Sr. Vargas
y de la alocucfón mencionada.

- Teri1lcar'- en el Pabellón Morlaco,
&amp; lu tr• de la tarde, el JuevN
!;a

Este funcionario devolvió diligenciado el exhorto que
se le remitió y en el cual consta que el señor Obispo ()a.
macho declaró que no hubo ningún acto religioso del
culto externo, y que el pliego que mandó publicar y le
entregó el Sr. Cahuantzi, no lo llizo con carácter oficial.
En cumplimiento de otro exhorto librado al Juez de
Distrito de Tlaxcala declararon Ag11stío García, Capi ·
tán .A.lvarez, Sargento Ocádiz, gendarme Carpintero y
otros vPcioos citados por los acusadores Cabrera y
Roumagnac. Estos y otros testigos niPgan los hechos
imputados al Sr. Cahuaotzi.

200
200
500
1 ,000
2,000

2,000

200

100
----

a 1 7.700

111 prózimo sorteo, con premio
mayor de

$ G0,000
.. Terifl0&amp;r'- en el Pabellón llorlaoe.
A lu 11 &amp; . m., el Juevea

,.,n

DECLARACIÓN DEL AClºSADO.

No niega haber asistido á los fun erales
del Obispo Vargas, peroafirmaque lo hizo
como particular y no como funcion ario pú ·
blico, que la in hu mación del cadáver se
hizo en una capilla, dependencia del ce•
menterio de Ocl'tlán, y no en n ingún tem •
plo donde se pract ica cu lto, que no pro•
nunció alocución algun a. pues lo que h izc,
fué entregarle un papel al Obispo Camacho,
en el que le daba el pésame por la muerte
del Obispo Vargas, papel timbrad o con su
sello particular.

26 de Noviembre de 1896.
MJo •1 pl&amp;n eiQ'Uiente:
H,111 IILLETES.

FONDO: S 320,011,

J PRECIO DE LOS BILLETES,

Entero•: • 4.00.-Med los: S 2 .00.
Ouartoa: 8 1.0 0 . - Déc imos: 40 oenta.
Vt&amp;'••l moa: 2 0 centa.

PRERI08:

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l

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H

1

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remlo mayor de....... . .. 1
rem lo pri nci pal de ••.• •. ,.
ramio princi p al de . . ....,.
reml os de S l ,000 ..•• •• ,.
r e m lo• d e ., 5 0 0 .... .. ,.
r emlos de ., 200 . ••• •• ,.
r emlos de .. 1 00 ... .....
remlos de .,
40 . . .... .,
P r emios de .,
~o . • , • •• .,
Premios de 8 60, a.pro:nma e1onu
al premio de 8 60,000. ...... ••••••
Premios de 8 40 aproxlmacione■
&amp;l. premio de 8 2),000. ..... ... •·••
Premio, de t 20, aproximaci onu
al premio de 8 10.000. ........ . . . 1
Terminales de 8 20. que s_e dete~m lnar:ln por la.a dos dlumas CI·
tras del billete que obtena-a el
_premio mayor de 860,000 .. . . •• t
Terminales de 8 20, que s.e deter•
minaran por la.s dos ,Humas ct•
fr.a■ del billete que obtena-a el
premio principal de t 20,000. ••• t

o
O

l 00

100
T 99
T.9

eo,ooo

1 5.980
1 5.980

•

r

San Francisco n'O.m. ~
U. BASSETTI, Qerente.

Con posterioridad los acusadores presentaron una cir•
cular de un Presidente Municipal de Tla:xcala, en la que
á nombre del Gobernador, se ordenaba la concurrencia
de los habitautes al entierro del Obispo Vargas.
.A petición de los miemos acusadores, fueron examinados varios testigos que declararon haber estado izado el
pabellón á media asta el día del entierro del Obispo Var•
gas y haber salido con traje talar y su cortejo correspon•
diente el Cura de Ocotlán.

Juez de Distrito del Estado de Puebla en cumplimiento
del exhorto que por conducto de la Secretaría de Justicia
libró la~ Sección del Gran Jur~do.
Trat.ibase de aclarar las contrauiccioneP que rePultaron
entre sus uoticias y la dt&gt;claración rendida por el Gobn•
nador Cahuantzi, y del ca1eo supletorio qne ee pl'acticó,
resultó que el Sr. Gómex Haro ratificó sns noticias di•
ciendo que él fue testigo presencial de los hechos que re•
firió.
El Sr. Cahuantzi se sostuvo en su dicho.

DILIGENCHS DS LA DEFENSA.

EL LIC. F. O' REILLY.

NUEYAS PRUEBAS.

45.000

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...-Todos loe sorteos est,in bajo !a. v1¡¡-1la.n ~ia
r. cllrección personales del Sr. D. Apolinar Ca.sttlll&amp;o,
ínterventor del Gobierno. y de un emplea do de
Tuorerla Gener&amp;I. de la Nación.

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CORONEL PRÓSPERO CAB UANTZI,

20,oog
10,00
5,000
6,000
6,000
1 0,000
10,408
G,20

4.000
OOO
2•

'

•

Se refieren á las declaraciones de varios vecinos pro.
minente:1 del Estado y de empleados federales, en que
niegan que se hayan cometido por el Gobernador tales
infrnccioues á las Leyes de Reforma.
El .Administrador de Rentas manifestó que tenía cono•
cimiento de alguna de esas infracciones por las multas
que iogresaron á las cajas del Erario.
Et Presidente Municipal que envió la circulará nom·
bre del Gobernador, de que arriba hab lamoe, en un ca•
reo que tuvo con Cabuantzi, convino con éfte en que lo
había mandado sin su autorización.

Solicitó se practicara una vista de ojos al Camarín del
Santuario de Ocotlán; pero la Sección, fuodllndofe en la
ley, determinó que no era procedente la diligencia por
extemporánea.
EL DICTAUEN.

La Comisión, en resúmen, dice, que no queda en pie
contra el Sr. t.:ahuantzi, más que las aseveraciones del
Sr. Góme~ Haro, que en telegrama dirigió al Imparcial,
porque ninguno de los otros periódicos tuvo datos di•

J u r a d o-~~

rectos; pero que estas aseveraciones están destruidas por
las declaracioues rendidas á este respecto.
El dictámen termina con eeta única proposición:
"El Gobernador del Estado de Tlaxcala, Coronel Prós•
pero Cahuantzi, no es responsable del delito de infrac•
ción á las Leyes de Reforma de que fné acusado."
A la una y media se suspendió la audiencia, para con:•
tinuarla á las tres y media.

Audiencia de la tarde.
Acusación.

Al comenzar la audiencia de la tarde, el SPñor O'Reilly,
representante de los periodistas acusadores, hizo uso de
la palabra, que le fué concedida por el Presidente del
Gran Jurado y de la Cámara, Lic. Don Juetino Fer•
nández.
Su discurso abundó er. figuras galanas, en frases enér•
gica.,, impregnadas en parte de los ardores de la ju ven•
tud, en parte de las nociones que comuni•
can las lecturas de las historias y leyendas
d.i esa generosa Francia que ha derramado á torrentes su sangre por ideales, que
talentos positivos hao llamado sueños ......
y que la experiencia de esa misma nación
y de las que giran en su misma órbita intelectual, va lentamente confirmando que en
realidad lo son.
Un discurso compuesto del panegírico
de las leyes de Reforma, de la heroica 111•
-cha de nuestros pad,·es, (y el Señor O'Reilly,
muy joven comunicaba cierta ternura á esta frase), compuesto de imploraciones á
los hombres actuales para que las cum•
plan, ae elocuentes exhortos á los jóvenes
pár.\ que contiotíeo en su cumplimiento;
es evidente que debía. obtener y obtuvo
caluroso&amp; aplausos de las galerías.
Aquel fué el discurso popular dicho ante
una Cámara, en la que si hay mucho eleme:..to joven, es indudable que prepondera el de los hombrea cansddos por las luchas
de las ideas y de las pasiones, y entre los
cuales se sobrepone la razón serena, iofor•
mada en un vasto deseo de justicia y tal
vt&gt;z de piedad.
El joven abogado eacó todo el par tido
que era posible sacar de las 12omplicadas
constancias del proceoo; el priocipal apoyo
de eus argumentos consistió en la alocuci6n
del I eñor Cahuantzi que públicó el Señor
Obispo de Querétaro eu las columnas de Et
Tiempo, en cuanto á uno d" los principales
capítulos de acusación, esto es, en cuanto
á que el Gobernador de Tlaxcala había
asumido la representacién del puebk que
gobierna, con su carácter oficial, en un
acto de condolencia por la muerte de un
Prí ncipe de la Iglesia, ante la cual, como
particular, pudo revelar los sentimientos
que sinceramente tuviera; pero corno go•
bernant, siempre debió considerar c,)mo
un hecho perfectamente indiferente, da•
das nuestras instituciones en general y
las leyes de Reforma eepecialmeute.
Consideró sofística la distinción estable•
cida por la Comisión Especial del Gran Ju.
rado en su dictamen, entre lo que debía con•
siderarse como templo destinado al cul•
to público, y el lugar en que se habla se•
pnltado el cadaver dél Señor Obispo Yar•
gas, p11es era incuestionable que allí, en e 1
mismo lugar, cuando menos nna vfz al
año, se practican actos del culto católico
con la debida autorización de la autoridad
civil.
En cuanto á la participación del St&gt;ñor
Cahuantú en un acto del culto externo, y
eu consentimiento para qu1:1 el mismo se
levase á efecto, en opinión del orador, no
puede caber duda puesto que así lo revela
la 7Jrensa , lo confirman las declaraciones
dt&gt;I acusado, que no niega tu concul'rencia
á la g,·an procesión formada por sociedades
religio~as y ci dl1-s con sus estandartes, que acompafiaron
por numPr,istts calles de la ciudad de Tlaxcala, ti carro
fúnebre del Prt-lado.
La prensa también reveló que el pabellón naci nal se
hab:a izad•&gt; á media basta en los edificios públicos, que
Pe había formado una valla militar por donde p'\saba la
comitiva fúnebre, y estos hechos constituían ( tras tantas
violaciones sí las leyes dt! Reforma, puesto que son indicio claro de la participación del Estado, del Gobernador
qne es su representaute, en una ceremonia que, según
las mismas leyee, debía ser absolutamente extraña al
Gobernador de un pueblo.
Def"enfii&lt;n.

Habla el Señor Lic. Ind11lecio Sánchez Gavito, defen•
sor del Gobernador de Tlaxcala.
Su diFcurso es eminentemente jurídico, y en él agotó el
asunto; fué mny extenso.
Su exol'dic- fué recibido con visibles muestras de des•
aprobación, pues tal vez, pretendiendo hacer un argu•
mento poleroso, aceptó que el Señor Cahuantzi había
concurrido á ios fuoerales del ObiPpo con su carácter
oficial, pero que no por eso había violado las leyes de Re·
forma,

�29 N OVIEM::SRE, 1896.

EL MUNDO.
de ser de su correspondencia particular, y de. un. modo
enteramente privado; por lo tanto, esto no s1gmfica la
violación de ley alguna.
Deficiente es también la pTueba en lo que se refiere á
la declaración del Sr. Bulne.~. pues la apoya en conceptos
de dos personas cuyos nombres no cita, se reduce, por
otra parte, á asegurar que Pl Gobernador de Tlaxcala violó con sus actos, de un modo segu1·0, las Leyes de Reforma pero sin expreear concretamente cuáles eran eeos
hedhos, ni cuáles las lPyes violadaP.
En resumen, el Sr. Sánchez Gavito mostró con clari~
dad en su extenso discurso, lo deficiente de las pruebas
rendida~, respecto de todos y cada uno de los puntos de
acusación y sus incidentes.

TOMOil

MEXICO, DOMINGO 29 DE NOVIEMBRE DE 1896.

•

NOMBRO 22

Réplica.

El Sr. O' Reilly ¡,ide de nuevo la palabra, y dice que no
sabe cómo el seflor Defensor trata de presentar al ecusado como un perfecto liberal, cuand.1 es público y notorio que uno de sus hijos, en las fiestas religiosas toc11ba el
violln; pero que tal &lt;'Osa no le extrallaba cuardo el defensor era espafiol, tlaxcalteca el Sr. Cahuantzi, y si los conquistadores se habían servido de ellos para vencer al imperio azteca, hoy se continuaba la obra de los siglos, pa·
gando con la defensa una obra de gratitud, que, por otra
parte, también se encaminaba á destruir de nuevo el imperio azteca, qne tenía por·sólida ba~e las Leyes dA Reforma q·1e en Tlaxcala habían sirio violadas. Que él no
concebía á un católico liberal, pues nn gobernantP que
protestaba guardar y hacer g,1ardar las Leyes de Rdorma, era contradictorio con el católico cuya rdigión le or·
dena violarlas constantemente.
En esta parte de su diPcurso el joven orador arrancó
nutridos ap Iausos á las galerías.
El resto de la peroración, fué una amplificación de los
argumentos ya expuestos para comprobar que las viola
ciones habían existido.
SALYADOR DoNDE.- Miembro de la Comisión del Gran Jurado.

Un gran orador.

Lrc. ALBERTO I:'ALACIO -)fiembro de la Comislóu del Gran Jurado.

Una protesta formidable resonó en los escallos de los
Diputados y t'n las galerfas.
El Sr. Sánchez Gavito:
"Voy á cambiar el orden de mi argumentación, puesto que no es del agrado de la Asamblea 1. que iba á exponer."
.
. .
.
.
Siguió haciendo un análisis mmuc1oso de la prueba pre·
senLadR por los acusadores, toda ella basada en Jos partes
tele-'ráficos recibidos por El Imparcial. putstoque El Monito; tomó sus verehnes dt:1 otros periódicos, según dt-cla·
ración de su Director, idéntica á las del Gil Blu.~, Voz de
Mé.rico, El Tiempo y algún otro, así es que descifrando
todo lo que la prema había dicho, Fólo se encontraba en
ella ver~10nes, más ó menos disfrazadas, de lo que babia
publicado Et Jrnpar.:Jial.
En cuanto al sefior Director de este periódico, manifestó que lo publicado era debido á la pluma de s,1 corresponsal en Tlaxcala, quien Pxaminado por exhorto,
di¡o que sólo Je constaba que había izada nna bandera en
el Curato y en cuanto á la valla militar, había visto formados d~ntro del templo, por donde pa1:ó el cortejo fúnebre, á unos veinte hombres del Ejército.
Este testimonio, el de la prensa, al que tanto valor se
le ha querido dar, resulta ~bsolutamente b~ladí, puesto
que es singular, se reduce al del Imparcial, cuyo corres·
ponsal fué vago en sus escritos, y eri lo qne tienen de
fundamental están desvirtuados por las declaraciones to·
matas á otros funcionarios públicos, jef1,s del Ejército,
de los rurales, etc.
El otro argumento de la acusación ha consistido en el
examen de Jo que se ha llamado alocución del Sr. Ca·
huantzi suponiendo que la había pronunciado al cerrar•
se la tu'mba del Obispo; pero tal suposición ha resulta.d o
ein fundamento, puesto que se demostró que la alocución
le había sido entregada al Obispo de Querétaro, en lacaea del Gobernador, escrita en un pliego que lleva el sello

Pide la palabra el Sr. Lic. D. Luis Ménd~z, q~e también es defensor del acusado. Un profundo s1lenc10 se es·
tablece.
El gran exordio de sn ciscurso es éste: su presE:ncia en
la tribuna· todos E,n t-f,cto. respetan su anc1an1dad, ..u
rectitud n¿toria. y la vasta ilustración de que el juric.on •
sulto ha dado brillantes pruebas durante su noble vida.
Sns palabras son sencillas, pero tienen el don dP incrustarse poderosamente en el corazón y en la inteligencia.
El público estaba muy mal prevenido contra los defensores de la causa Cahuantzi, y sin embargo no hay ni
un seseo por el Sr. Méndez, y sí puede arrancar frecut&gt;n·
tPs aplauPo~, ya cnando hace elocueme .Pª~•gí,ico dP las
L&lt;&gt;yt&gt;s de RPforma, ya cuando rechaza 10d1g11ado la fal&amp;a
de rPspeto á la tumba, á la muerte qne todos los pneblos
bárbaro~ y civilizados, han honra~o, yac.uandocomprne·
baque puede serse liberal, y al ..1swo tiempo eac~rdote
cat.ólico ........ .
El Sr. Méndez levantaba en alas. de nobles idPas el
pensamiento de todos y con soplo bienhechor apagaba.
las paPioneR ........ .
«El hijo del Sr. Cahuantzi tocará el violfn e!l laz ~estas
rPligioeas, pero no será raro que e~ apr.-ciable ¡~ven
O'Reilly baile en los bautismos, Y baile en los velonos.n
«El Sr. Sánchez fiavito, español, vendrá á pa.~arle una
deuda de gratitud al tlaxcalteca; pero aver~uéocese el
Sr. O'Reilly, sí, avergüencese, puesto que él tiene la cara
blanca ........ .
Tales fueron sus últimas palabras.

snstPntaba el ataúd de sándalo, qne gnardaba las cenizas
del Obispo de Pnebla, de ese ilustre varón á quien yo he
levantado en alAA de mi bnmilde palabra. en esta tribuna,
ele PFe hombre que en el Apocalipsis de las creencias. Pe•
ñaló el azul dPl cielo como la patria de l0s corazones ein
ventnra y de las almas deFheredadas. Si levantó los ojos
á h1R im~genes no fué para valnar AU pedrería; sino para
pt-dir misericordia á la angustia humana.

·················································································
'Hace algnnos día, escribí un artículo en El Jmpa1·cir1 l
pobre la captura de unaR monjas en la hacienda de San
Borjll. y la prensa libe al y miR amigo~ creyeron que había dt&gt;foccionado en el campo de mis ideas ...... yo contesto deRde este lngar Fagrado para mí, que si mis escritos pudinan engendrar tales reproches, pert&gt;zcan antt&gt;.s
qne pierda yo, esa in veFtidura qne mis humildes ideas me
han dado en el senti:nieuto público.
Yo no de~enderé nunca el conventículo. Respeto y amo
la purPza de la mujer, y su abstención voluntaria ........ .
La mujer es una grandeza; virgen, es el cielo expléndido, el relicario de nuesfras espe1·anz0&amp;, de nuestras ilu•
Piones; esposa embellece el hogar, y es el vaQo donde de·
positamos el secrl'tO de nuestras adversidades; madre to ·
ca el cielo con la frente; porque el hombre, nacido de mujer, ta poblado de maravillas PI Universo y llevado el
dogma de la libert,ad al corazón de los oprimidos y á los
ob~curoe senos de la conciencia humana.»
A~í, y aun mejor es todo lo demás.
La votac1.ón.

La Co:rn.l@ión.

El Sr. Esteva defiende el dictámen de la Comisión. Su
diFcureo fué metódico, ordenado, rpflt•jó con clarida~ la
elevada actitud que como jueces dt&gt;breron tener sns miembros, aquilatando las pruebas, antes de r~sol verse á fijar
una conclusión condenatoria 6 absolutona.
Manif,-,st6 su profundo amor á las instituciones, y examinó con un crite1io jurídico p!"ofundo, y vasta erudi·
ción las constancias del proceso y los Alemf nto~ de prueba.
Hizo notar qne tanto él como los demás m1embr?s de
la comisión, habían penetrado toda la t.rascendencia del
proceso que ee iniciaba, y que sn res&lt;_&gt;lución. por tanto,
babf.. sidc bija del estudio máR dt&gt;temdo y del mót1 grande deseo de acierto que necesariament,e debía inforrnarRP. en la imparcialidad y en un poderoso sentimiento de
justicia.
La fraee del Señ.or Esteva fué muy correcta.

DPF-pués de loe trámites reglarnen_r,arios, se votó E:n. lo
particular la proposición absolutona de la 1~ Com1s1ón
del Gran Jurado.
Siendo afirmativa la resolución por una mayoría de 153
votos contra 12.

Habla el Sr. Matcos.

J
L lC'. AD.ALBERTO F-&lt;óTE\. A,- ~ embro de la comisión del Gran Jurado. •

El M1mdo diario publicó el discurso íntegro de este notable orador.
¿Qué sostuvo? El abs11rdo de la verdad jnrídica ........ .
¿Cómo? Admirablemente, pro tuci1,ndo exploijiones de
risas, de aplausos, de entusiastas bravos y haPta lágri:nas, po1que hubo bellos ojos de cubanas en los que brillaron como diamanteP montados en azabache ........ .
Queríamos dP-jar al ,lfundo diario todo el tesoro de esas
frases, pero no podemos prescindir de la tentación de
fnriqnecernos con unas pócas:
«Vt-intitrés ai'ios hace qne la Lf&gt;gielatura de Tlaxcala
me invistió con la alta honra de la ciudadanía del Estado. Este suceeo fortalece la acción de mis dtberee, y al
venir á esta tribnna á dt-fonder los fupros de la Constituctón y la Reforma, vindico al pueblo tlaxcalteca que
tantos 8acrificios ha hecho y tanta eangre ha derramado
bn las luchas por la li.bPrtad y á quien la clerecía hace
aparecer en estos momentos como la ciumta de una camá ndula en la sarta de perlas de la Unión Mexicana, y
á propósito de este jurado, como una ~urba de armenios
cr;stianos bajo el yatagan de la barbarie musulmana.
Para juzgarle es necesario apartar la vista de ese grupo,
que como alazán domado, se unció al carro fúnebre que

L1c.:ADOLFO FEXOCHIO.- Presid&lt;:nte de la Comisl(,n del Gran J ura )o.

General -C:,ic:enle Ni,:,a Palacio.
MINISTRO DE MEXICO EN ESPA:5"°A,

t No-v1.e:rn.bre

22 de 1 896,- (De íotogra.fia de los Sres. Torres H erman os.)

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Brisa otoñal</name>
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