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                  <text>29 N OVIEM::SRE, 1896.

EL MUNDO.
de ser de su correspondencia particular, y de. un. modo
enteramente privado; por lo tanto, esto no s1gmfica la
violación de ley alguna.
Deficiente es también la pTueba en lo que se refiere á
la declaración del Sr. Bulne.~. pues la apoya en conceptos
de dos personas cuyos nombres no cita, se reduce, por
otra parte, á asegurar que Pl Gobernador de Tlaxcala violó con sus actos, de un modo segu1·0, las Leyes de Reforma pero sin expreear concretamente cuáles eran eeos
hedhos, ni cuáles las lPyes violadaP.
En resumen, el Sr. Sánchez Gavito mostró con clari~
dad en su extenso discurso, lo deficiente de las pruebas
rendida~, respecto de todos y cada uno de los puntos de
acusación y sus incidentes.

TOMOil

MEXICO, DOMINGO 29 DE NOVIEMBRE DE 1896.

•

NOMBRO 22

Réplica.

El Sr. O' Reilly ¡,ide de nuevo la palabra, y dice que no
sabe cómo el seflor Defensor trata de presentar al ecusado como un perfecto liberal, cuand.1 es público y notorio que uno de sus hijos, en las fiestas religiosas toc11ba el
violln; pero que tal &lt;'Osa no le extrallaba cuardo el defensor era espafiol, tlaxcalteca el Sr. Cahuantzi, y si los conquistadores se habían servido de ellos para vencer al imperio azteca, hoy se continuaba la obra de los siglos, pa·
gando con la defensa una obra de gratitud, que, por otra
parte, también se encaminaba á destruir de nuevo el imperio azteca, qne tenía por·sólida ba~e las Leyes dA Reforma q·1e en Tlaxcala habían sirio violadas. Que él no
concebía á un católico liberal, pues nn gobernantP que
protestaba guardar y hacer g,1ardar las Leyes de Rdorma, era contradictorio con el católico cuya rdigión le or·
dena violarlas constantemente.
En esta parte de su diPcurso el joven orador arrancó
nutridos ap Iausos á las galerías.
El resto de la peroración, fué una amplificación de los
argumentos ya expuestos para comprobar que las viola
ciones habían existido.
SALYADOR DoNDE.- Miembro de la Comisión del Gran Jurado.

Un gran orador.

Lrc. ALBERTO I:'ALACIO -)fiembro de la Comislóu del Gran Jurado.

Una protesta formidable resonó en los escallos de los
Diputados y t'n las galerfas.
El Sr. Sánchez Gavito:
"Voy á cambiar el orden de mi argumentación, puesto que no es del agrado de la Asamblea 1. que iba á exponer."
.
. .
.
.
Siguió haciendo un análisis mmuc1oso de la prueba pre·
senLadR por los acusadores, toda ella basada en Jos partes
tele-'ráficos recibidos por El Imparcial. putstoque El Monito; tomó sus verehnes dt:1 otros periódicos, según dt-cla·
ración de su Director, idéntica á las del Gil Blu.~, Voz de
Mé.rico, El Tiempo y algún otro, así es que descifrando
todo lo que la prema había dicho, Fólo se encontraba en
ella ver~10nes, más ó menos disfrazadas, de lo que babia
publicado Et Jrnpar.:Jial.
En cuanto al sefior Director de este periódico, manifestó que lo publicado era debido á la pluma de s,1 corresponsal en Tlaxcala, quien Pxaminado por exhorto,
di¡o que sólo Je constaba que había izada nna bandera en
el Curato y en cuanto á la valla militar, había visto formados d~ntro del templo, por donde pa1:ó el cortejo fúnebre, á unos veinte hombres del Ejército.
Este testimonio, el de la prensa, al que tanto valor se
le ha querido dar, resulta ~bsolutamente b~ladí, puesto
que es singular, se reduce al del Imparcial, cuyo corres·
ponsal fué vago en sus escritos, y eri lo qne tienen de
fundamental están desvirtuados por las declaraciones to·
matas á otros funcionarios públicos, jef1,s del Ejército,
de los rurales, etc.
El otro argumento de la acusación ha consistido en el
examen de Jo que se ha llamado alocución del Sr. Ca·
huantzi suponiendo que la había pronunciado al cerrar•
se la tu'mba del Obispo; pero tal suposición ha resulta.d o
ein fundamento, puesto que se demostró que la alocución
le había sido entregada al Obispo de Querétaro, en lacaea del Gobernador, escrita en un pliego que lleva el sello

Pide la palabra el Sr. Lic. D. Luis Ménd~z, q~e también es defensor del acusado. Un profundo s1lenc10 se es·
tablece.
El gran exordio de sn ciscurso es éste: su presE:ncia en
la tribuna· todos E,n t-f,cto. respetan su anc1an1dad, ..u
rectitud n¿toria. y la vasta ilustración de que el juric.on •
sulto ha dado brillantes pruebas durante su noble vida.
Sns palabras son sencillas, pero tienen el don dP incrustarse poderosamente en el corazón y en la inteligencia.
El público estaba muy mal prevenido contra los defensores de la causa Cahuantzi, y sin embargo no hay ni
un seseo por el Sr. Méndez, y sí puede arrancar frecut&gt;n·
tPs aplauPo~, ya cnando hace elocueme .Pª~•gí,ico dP las
L&lt;&gt;yt&gt;s de RPforma, ya cuando rechaza 10d1g11ado la fal&amp;a
de rPspeto á la tumba, á la muerte qne todos los pneblos
bárbaro~ y civilizados, han honra~o, yac.uandocomprne·
baque puede serse liberal, y al ..1swo tiempo eac~rdote
cat.ólico ........ .
El Sr. Méndez levantaba en alas. de nobles idPas el
pensamiento de todos y con soplo bienhechor apagaba.
las paPioneR ........ .
«El hijo del Sr. Cahuantzi tocará el violfn e!l laz ~estas
rPligioeas, pero no será raro que e~ apr.-ciable ¡~ven
O'Reilly baile en los bautismos, Y baile en los velonos.n
«El Sr. Sánchez fiavito, español, vendrá á pa.~arle una
deuda de gratitud al tlaxcalteca; pero aver~uéocese el
Sr. O'Reilly, sí, avergüencese, puesto que él tiene la cara
blanca ........ .
Tales fueron sus últimas palabras.

snstPntaba el ataúd de sándalo, qne gnardaba las cenizas
del Obispo de Pnebla, de ese ilustre varón á quien yo he
levantado en alAA de mi bnmilde palabra. en esta tribuna,
ele PFe hombre que en el Apocalipsis de las creencias. Pe•
ñaló el azul dPl cielo como la patria de l0s corazones ein
ventnra y de las almas deFheredadas. Si levantó los ojos
á h1R im~genes no fué para valnar AU pedrería; sino para
pt-dir misericordia á la angustia humana.

·················································································
'Hace algnnos día, escribí un artículo en El Jmpa1·cir1 l
pobre la captura de unaR monjas en la hacienda de San
Borjll. y la prensa libe al y miR amigo~ creyeron que había dt&gt;foccionado en el campo de mis ideas ...... yo contesto deRde este lngar Fagrado para mí, que si mis escritos pudinan engendrar tales reproches, pert&gt;zcan antt&gt;.s
qne pierda yo, esa in veFtidura qne mis humildes ideas me
han dado en el senti:nieuto público.
Yo no de~enderé nunca el conventículo. Respeto y amo
la purPza de la mujer, y su abstención voluntaria ........ .
La mujer es una grandeza; virgen, es el cielo expléndido, el relicario de nuesfras espe1·anz0&amp;, de nuestras ilu•
Piones; esposa embellece el hogar, y es el vaQo donde de·
positamos el secrl'tO de nuestras adversidades; madre to ·
ca el cielo con la frente; porque el hombre, nacido de mujer, ta poblado de maravillas PI Universo y llevado el
dogma de la libert,ad al corazón de los oprimidos y á los
ob~curoe senos de la conciencia humana.»
A~í, y aun mejor es todo lo demás.
La votac1.ón.

La Co:rn.l@ión.

El Sr. Esteva defiende el dictámen de la Comisión. Su
diFcureo fué metódico, ordenado, rpflt•jó con clarida~ la
elevada actitud que como jueces dt&gt;breron tener sns miembros, aquilatando las pruebas, antes de r~sol verse á fijar
una conclusión condenatoria 6 absolutona.
Manif,-,st6 su profundo amor á las instituciones, y examinó con un crite1io jurídico p!"ofundo, y vasta erudi·
ción las constancias del proceso y los Alemf nto~ de prueba.
Hizo notar qne tanto él como los demás m1embr?s de
la comisión, habían penetrado toda la t.rascendencia del
proceso que ee iniciaba, y que sn res&lt;_&gt;lución. por tanto,
babf.. sidc bija del estudio máR dt&gt;temdo y del mót1 grande deseo de acierto que necesariament,e debía inforrnarRP. en la imparcialidad y en un poderoso sentimiento de
justicia.
La fraee del Señ.or Esteva fué muy correcta.

DPF-pués de loe trámites reglarnen_r,arios, se votó E:n. lo
particular la proposición absolutona de la 1~ Com1s1ón
del Gran Jurado.
Siendo afirmativa la resolución por una mayoría de 153
votos contra 12.

Habla el Sr. Matcos.

J
L lC'. AD.ALBERTO F-&lt;óTE\. A,- ~ embro de la comisión del Gran Jurado. •

El M1mdo diario publicó el discurso íntegro de este notable orador.
¿Qué sostuvo? El abs11rdo de la verdad jnrídica ........ .
¿Cómo? Admirablemente, pro tuci1,ndo exploijiones de
risas, de aplausos, de entusiastas bravos y haPta lágri:nas, po1que hubo bellos ojos de cubanas en los que brillaron como diamanteP montados en azabache ........ .
Queríamos dP-jar al ,lfundo diario todo el tesoro de esas
frases, pero no podemos prescindir de la tentación de
fnriqnecernos con unas pócas:
«Vt-intitrés ai'ios hace qne la Lf&gt;gielatura de Tlaxcala
me invistió con la alta honra de la ciudadanía del Estado. Este suceeo fortalece la acción de mis dtberee, y al
venir á esta tribnna á dt-fonder los fupros de la Constituctón y la Reforma, vindico al pueblo tlaxcalteca que
tantos 8acrificios ha hecho y tanta eangre ha derramado
bn las luchas por la li.bPrtad y á quien la clerecía hace
aparecer en estos momentos como la ciumta de una camá ndula en la sarta de perlas de la Unión Mexicana, y
á propósito de este jurado, como una ~urba de armenios
cr;stianos bajo el yatagan de la barbarie musulmana.
Para juzgarle es necesario apartar la vista de ese grupo,
que como alazán domado, se unció al carro fúnebre que

L1c.:ADOLFO FEXOCHIO.- Presid&lt;:nte de la Comisl(,n del Gran J ura )o.

General -C:,ic:enle Ni,:,a Palacio.
MINISTRO DE MEXICO EN ESPA:5"°A,

t No-v1.e:rn.bre

22 de 1 896,- (De íotogra.fia de los Sres. Torres H erman os.)

�EL MUNDO.

334
1.1.EL MUNDO."
SJDUNA.BJO ILU8TRADO.

Teléfoao 434.-Callede Tibu.rtio núm. 20.-Apartado87 b.
JBX.100.
Toda la correspondencia, debe dirlgine
al Gerente de este periódico.

La enscrici6o. á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mee,
1 ae cobra por trimestres adelanti.dos.
Ndmeroe eueltoe óO centavos.
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COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

BBGll!TRADO

-A.gen~ exclusivos para los Eetadoe Unidoe y Cana•
dá The Spanish American Newspaper Company, 136 Libeny 8'. New York, E. U.»

tiotas ti)itorialts.
¡Es ya por fin un hecho el triste acontecimiento anticipado por la prensa mPxicanal El General D. Vicente
Riva Palacio, Ministro de la República en Espafla, acaba
de fallecer en Madrid, víctiwa de una dolorosa enferme·
dad cuyo génesis y terminación eran ya conocidoe: la no·
ticia, inmediatamente trasmitida, ha causado profunda
sensación.
¿Qué había sido para la Patria esta existencia que aca•
ba de extinguirst? Fué una vida cuyas primeras energías
se gastaron en aquella noble y generosa aventura
emprendida por loe que nos precedieron en la lucha de
la política, en_pro de la libert:ld, la tierra prometida de
aquellos eepíriius batalladores; fué una fuerz.i multifor·
me, proteica, ductil y maleable, l)Ueeta al servicio de una
gran idea; un gladiador apercibido al combate de cada
hora, de cada momento, con la espada, con el puflal, ,
al_filerazos y á mandobles; á plena luz del día y en la tiniebla de la emboEcada. Todas las actividades y todas las
direcciones de la inteligencia ee concentraban en esta
pereonalidad. ilustre. ¡Todas las rebeldías y todos los tu•
multos se agitaban en el fondo de esta conciencia!
No ee cierto que nosotros los que comenzamos á aprovechamos de la obra que nos legara la vieja guardia hagamos
caer ª&lt;?~re eeas memorias el peso de nuestro de'edén. So·
mos b1Joe del pasado y á él le debemos las condiciones
dentro de l~s _1;uales se opera. la actual evolución política.
A tilos se dmJe nuestra gratitud y hacia elloR busca cau·
ce n!leetra admiraci~~: sa~m&lt;?B lo que por la República
reahzaron con prod1g10sa v1tahdad en medio de hoscas
tempesta~es que amenazaban desplomarlos. ¿Cómo tratar
de destruir el baeamento que sostiene al edificio?
Y entre aquellos hombree, con alas de aguila y corazones de león, la figura de Riva Palacio ocupa un prim~r
pueem,:-raza de rebeldes que engendrara un Altamirano
y un Nigromante. De aquellas filas surgió este hombre
que eabía encerrar una epopeya en un epigrama y hacer
d~l zumbido de una avispa el ronco eco de un caílonazo.
Rió hondamente ante las vetustas fórmulas de una política estrecha, y tanto y tan bien rió que á la festiva música de sus carcajadas reepondi6 el ;umor de un pueblo.
Y así en aquel movimiento nacional lo que otros alcanzaron entre las descargas de la fusilería él lo logró en
medio d~ loe irónicos centelléoe _de la pl~ma.
l"ero mnguna lucha más palpitante ninguna que caracteres .más dolorosos revistiera que'aquella en la que
fué preciso romper loe l~z~s que le ataban á su primer
hogar: desgarrar la trad1c1ón, desoír el consejo desbarat~r aquel cerco de carifloa, q~e le estrechaban para acudir en defensa de la Repubhca, de la enemi~a de loe suyos, de e~ d~aposada ideal por quien aceptó valerosamente el aacrific10.
¿Cómo no sentirnos lleno~ de ~dmiración y _de respeto
por esta fig!lra en la que se identifican las aspiraciones y
las tendencias de una época á la que debe la nación todo
lo que es y lo.que vale? ¿Cómo ~ar al olvido y desdeñar
una pereonahdad de tanto relieve en la historia de la
Libertad nacional?
La muerte de Riva Palacio es un intenso dolor para
loe que s~bemos honrar á la Patria en aue más vigorosas
encarnaciones.

2Climentadón tJ 2Cgrirultnra.
La importació1;1, li~re ~e derechos, de maíz americano,
ha salvado á varios ~ietritoe del país~ los peligros del
hambre; en la actualidad se tiene noticias de excelentes
c~has levautada9 en varias zonas de la República,particularmente en el Estado de Jalisco -habiéndonos
por lo ta~to, salvado de la crísis agrícola 'que amenazaba
una pers1et:ente sequía, en los comienzos de la estación
de las Jiu v1as.
Es~a situación ~s demasiado grave para no procurar re·
med1arla, pues ~!entras nuestra agricultura se halle expuesta á esta peligrosa alea, todos los cálculos encaminados á rel!olver problemas económicos nacionales se en
c~entran á merced de ~n~olpe de ~iento que despeja el
cielo de ~ubes. Para ehmmar este unplacable fatalismo
q_ue ee cierne sob_re la l~h&lt;?r.de los campos, será necesario pasar del cultivo pnm1t1vo, que empleamos, a1 cient!jico. EsP d_fa se aho!rará~ muchas fuerzas mal utilizadas
en un t~aba¡o raqufttco y em compensación para la riqueza ptíbhca.
La prod!lcción de loe principales frutos agrícolas, en
todo el pais, los a110s de cosechas normales, es como sigue:

Cebada................... 2.095,660 hectólit,oe.
Maíz ....................... 46.458,810
,,
Frijol...................... :.!. 734,517
Trigo...................... 4.026,92.&gt;
,,
Estos rendimientos son verdaderamente mezquinos, y
representan-ahora que se ha puesto al debate el asunto
de la alimentación nacional-una suma insuficiente para
cubrir la primera de las necesidades individuales: la de
subsistencia en virtud de la reparación de fuerzas· perdidas mediante una nutrición completa.-Lae cantidades
que acabamos de dar, no bastan, en efecto, para atender
á la indeclinable ley de la vida, puesto que de las revela·
doras estadísticas resulta que corresponden por afio y por
habitante las siguientes porciones:
:Maíz ........................................ 348 kilos.
Trigo............................. ........... 32 ,,
Frijcl ....................................... 17 ,,
De donde se deduce-eecribía no hace mychos años un
publicista-que Eólo come pan !a sexta parte delos habitantes de 1a R epública, y que la alimentación diaria media por habitante es de dos libras tres onzas, de la que
hay que rebajar la conPumida por los animales.-Esta
alimentación es por su cantidad y calidad perfectamente
inútil para sostener á una raza fuerte y vigorosa.
En diversos tonos ee ha pedido, en estos últimos tiempos, prott-cción para la agricultura nacionsl, cuando en
realidad los más dignos de ser protegidos son los que la
agricultura pone á ración de hambre. La escaeez no sólo
se experimenta en arios de malas cosechas, sino en todos
los años, y nuestro problema agrícola es un problema fiscal mantenido por una cuota que la admi nietración acude
sabiamente á eliminar cuando las necesidades ptíblicas
lo reclaman.
Esto demuestra que no ee puede proteger á un grupo
social sin perjudicar a otro.-Afortunadawente, la evolución económica del país permitirá algún día poner la
mano-ein grandes t,astornos-en ese último baluarte de
viejos errores pasados que se llama el Arancel de Aduanas y que paulatinamente se ha idt' tocando en el sentido
de la libertad comercial.

29 NOVIEMBRE, 1896.
seguridad á eu imperio? ¿No será vana ilusión que, cons•
neflido por la necesidad, obligado por la fuerza ó aconsejado por el cálculo, ee resuelve el Califa de los Creyentes á cumplir las promesas juradas tantas veces como
con tanta astucia y perfidia quebrantadas?......
Así lo ha anunciado el Mnistro de negocios extranjeros de la República Francesa, ante la Cámara de DiputadO!!. Su declaración ha sido oída con regocijo de propios y extrafloe, y la oposición misma que buscaba un
capítulo de acusación en la débil política desplegada contra la Sublime Puerta por el gabinete que preside Mr.
Méline, ha tenido que declararse esta vez derrotada ante
las terminantes afirmaciones del hábil ministro.
El gobierno francés está, pues, de plácemes por la brillante posición que la alianza con Rusia ha venido á darle en sus relaciones internacionales. Cierto que Aun no
ha podido ser bastante explícito para aununciar ante el
mundo los térrninoe del tratado, pero ee ha declarado y
con ra ón por medio de sus órganos caracterizados en
el i,arlamento, que son prendas seguras de la armonía.
que existe con ::lan Peteraburgo, las palabras del Czar en
l'aríe y sus t!xpresionee en Chalóns.
Y ya se ve todo lo que eso significa cuando á la mágica palabra del embajador francés, la cuestión de Oriente,
tan ocasionada á serias complicaciones y á posibles espantosas catástrofes, se resuelve en pacífica forma y hace sonreír á los hombres de buena voluntad, que ansían
la concordia de las naciones.
Ya s~ ve con qué orgullo se anuncia que Francia está.
dispuesta á soste11er loe discutidos derechos que tiene sobre Egipto, á pesar de las resistencias británicas, ¡x,rque
cuenta ya con el apoyo de eu poderosa aliada la Rusia.
Que eca por la sola influencia de la República ó por
virmd de sus alianzas, ello es que todo anuncia que ya
no oiremos hablar por algún tiempo detlas crueldades de
los kurdos y de las atrocidades de los turco@. pues por·
esta vez, d~bemos creer que loe perseguidos cristianos
armenios han obtenido las garantías que con tanta razón
am b,c1onaban.
Y a era tiempo de que cesaran, estos edcándaloe y de
que el caduco imperio o\omano d~ara de de~honrar la.
civilización europea.

2~ 5

OVIEMBRE,

1896.

olvidar~m lt&gt;e agravios, las tiranía~ y las perfidias que la
de~rmmaron; y al pueblo que atribulado y úprimido su
po romper_las cade11as que !e aherrojaban y la esclavitucl
qu': lo euvllecía, _se da el d1csado de verdugo, erigiendo
en mocentes vícumae, á sus antiguos é inmolados opresor..s.
E&gt;1 cierto qne innumerables crueldades é infinitos crí·
mene~ ruancharon los gloriosos ideales revolucionario~.
Es innegable que las doctrmas humanitarias fueron
holladas por sansculoUe y dee~am_isa~os, pero es ilu•orio
pre-tender que al vaciar eus m~t1tnc1ones una eocitdad
arrollada por un impulEO irre~ietible, en nuevos y apnee'.
tos mo!.des, no se ro~p~ el crisol q~e forjó su primitiva
forma, que ha env"J•c1do conteméndola· ee necPeari..
rec?nocer que cuando el Poder irr811poneable desconoce
Y mega el derecho amparado por la fuerza, la misma fuer•
za. P?r I:1 Ier natural de la reciprocidad y de lse grande~
re1v)nd1cacionee, ha d~ aniquilarlo al fin con su soberanía 1ncontraetablt'; y ee injusto, al evocar el recuerdo d,.
a~s treme!ldos estragos, de eus terribles infamias y sus
villanas vilezas no tr'!er, tambi~n, á la memoria, que esos
hombrPe feroces, ébrios y fanáticos que los cometieron
que _aquellos enfermos-según Taine-eran los mismo~
á qU1E'ues «el fi~co e~traía basta la sangre,, como ha dicho
el. Duque de Sarnt Simón; que eran los que hHbían recibido todos los daños, todas las humillacionee, y todas
las ofensas; que el buen re:¡¡ cuya cabeza cafa en el ca'1al
so, b~bía llamado contra la nación á sus máq impla,·abl,"
enemigos, y que aquella nobleza elt-ganlR. di~tingnidfl v
refinada cuyoP aristocráticos ene! los co, taba la nueva má
quina d~ l,[r. Gillotin, albergaba en Fus 1wchos mncha más
perversión moral que las ma~as frPné&amp;icaR que apostrofa.
ban sus cadáveres...... y á los que habíau de~poseido é in•
sultndo......
La revolución faé el sangriento epílng() prepar11do por
loe monarcas: sólo que como las ola•, al romper el dique
que oponía valladar á su curso iuundan y destrnyew aeí
la ola de laf! pasionFB humanas, al llt-gar el momenkl de
las represalias, pasó los límites de la ju11ticia, satidacien•
do loe rencores ......

*

RESUMEN.-El cesarismo ~ermánico y las prerrogativas
de los mititares.-.Alemania siemprti armada.-Francia y
la cuestión de 0riente.-Preponderancia de Rusia á travé11
de la política francua.-Xicaragua y la República Mayor
dt' Centro América.-Se despeja una incógnita.
Entre las formas que ha tomado el sentimiento público en Alemania para protestar contra la pesadumbre del
cesarismo que abruma; entre las manifestaciones que ha
encontrado para sacudir esa losa del ejército innúmero
que pesa sobre las clases productoras de la sociedad, ee•
tá la discusión que ha provocado en el parlamento contra loe privih-gios de loe militares.
No ha mucho uu oficial del ejército alemán, de esos
que ostentan '!l uniforme como salv,,-eonducto de sus
iniquidades, dió muerte en un café á un infeliz obrero
que había tocado inadvertidament.: las inmaculadas in·
signiae del militar, que s0 dió por oft!niido. El casti~o
dtl culpable no fué ni con mucho proporcional al delito,
y la gente pacífica que á cada paso Btl ve expuesta á las
agresiones poco razonadas y bruscas de los que llevan al
cinto una espada para defender la patria y su~ ins~ituciones, han levantado la voz en la prensa y provocado agrias
diecueiones en el parlamento.
No será el Em.-.erador Guillermo, quien tiene puesto en
amor y eu carifio en su brillante ejércit,, el que cercene
ni una parte de los privilegios con que él y sus predecesores ban distinguido á la clase militar. Dtisde que las
hazanas germánicas sucesivas prepara•on y llevaron á
feliz término la unidad del Imperio; desde que las armas
prusianas se engrandecieron con los despojos de Dinamarca vencida y con la h~emonía alemana que arrebitaronáAustria humillada, y constituyeron tra11 lucha tremenda la nación moderna, fuerte y podero~a, todas han
eido ostentaciones de fuerza y de poder, que ee refl~jan
basta en los actos ruás comunes de la vida social.
~i la sociedad ge-wánica no tuviera el vigor y la ener•
gíade las razas nuevas, ei no deeplPgara en su desarrollo
y evolución natural esa virilidad fecunda que carocteriza
á los organismos modernos, y no la viéram&lt;H distinguirse con 1:mvidiable dietinción en toda~ las eef,ffas á que se
aplica la humana actividad en la obra de la civilización
y del progreso, diríamos que el militarismo co..uo úl·
cera ruín corroía lentamente los miembros del gigante,
y amagaba con amenazas de muerte al coksal Imperio.
Pero no, la Germanía con la adarga embrazada y la lan•
za en la cuja, vela celosa por su sPguridad, y ei no la es
permitido dejar las armas, es porque en lo interior la
acecha el socialismo que nmieg~ de las legendari&amp;R glorias imperiales, y ruge amPnazante contr11, la monarqufa;
y en lo exterior, espían el momento oportuno para ano·
nadarla, razas y pueblos, gentes y naciones, que recelan
de su soberbia gran.deza.
No coaeeguirán nada, pues, los que pretenden menoscabar las prerrogativas del soldado en favor de las clases
civiles. Guillermo II no cejará ante esas pretensiones,
porque no puede retroceder. La acción es 1.ncampamen·
to, y gracias que al redoblar de los atambores y al agudo
toque de los clarines, va encaminándose segura hacia en
indisputable progreso.

***

,. ¿Se1á verdad que lucen ya auroras sonrosadas y días
risuefloe para los infelices cristianos, por tanto tiempo
víctimaa inmoladas á la barbarie musulmana? ¿Será cierto que el Suhán Abdul- Hamid ha consentido por fin en
hacer cesar las escenas de sangre que hicin,m extreme•
cer de horror al mundo civifüado, y que st: uecide á im•
plantar las reformas que dén libertad á sus eubditos y

En vano nos debatíamos t:ecando racional explicación
á la existencia de la República Mayor de Centro América; en vano procurábamos definir satisfactoriamente sus
tendencias y sus aspiraciones.
Habíamos visto tres nacionae inquietas y turbulentas
ligarse en una especie de confederación, ostensiblemente para dar estabilidad y poder á sus exhaustas energías;
pero no las concedíamos vitalidad suficienw, creyendo
que se basaba su alianza en platónicos sueflos y poéticas
concepciones de ~onfraternidad internacional.
Habíamos visto á Nicaragua, Honduras y Salvador,
campo fecundo donde han germinado todos los ddectoe
de nuestra raza y todos los elementos morbosos de n uestro carácter, unirse en aparitincia para desarrollar sus
fuerzas activas y sanas y aplicarlas al progreso común;
pero juzgábamos esa unión vanal, dada la inestabilidad
enfermiza que a4.ueja á los gobiernos de loe pueblos congregados.
Púr fin tabemoe á que atenernos, pues comienzan á
descnbrirse las secretas miras y las ocultas tendencias de
esa República Mayor. Libre Nicaragua de la insurrección
que amenazó la existencia de eu gobierno actual en los
primeros meses del presente afio; sofocada por el General Zelaya la conspiración que en los pasados díae¡uso
en peligro eu azarosa vida; y decidido á perdonar sus
enemigos desarmados por medio de general anmietía,
avisan por telégrafo que acaba de mandar un env'.ado es·
pecial que lo represente en la Dieta Internacional que re•
eide en la ciudad del Salvador. No va en verdad con objeto de afirmar la alianza y consolidar la unión, sino buscando el apoyo de los aliados á fin de poder rescatar por
medio de la violencia un territorio que ocupara CostaRica en l~jana y remota época.
¡Qué tal la unión y fraternidad centro-americanas! Y a
era tiempo que salieran á luz y no estuvieran cubiertas
con mentidos oropeles. ¡Ya convenía que se ostentaran
al mundo en toda su desnudez y no abrigadas con púr •
puras falsas y lujoso ropaje de relumbrón. Bueno es co•
nocer á donde van los fundadores de la República !Ia·
yor de Centro América.
X.X.X.
25 de Noviembre de 1896.

Notas Teatrales.
María Tubau.-Thermidor.-.La. Ope:ra.-Roura.
María Tubau ha abandonado la capital de México.
Tras una temporada fecunda en éxitos artleticoe y pródiga en desastres pecuniarios, ha marchado la elegante
actriz hispana á Guadalajara.
Prou· Frou, una de las joyas más preciadas del moder•
no repertorio francéa, ha sido la obra elegida para hacer
eu presentación al público jalisciense. Gilberta, su pro·
tagonista, es uno de lo ➔ tipos escénicos más diffcilee y ee•
pin:&gt;sos que crear y sostener pueden el talento de un actor y los conocimientos de un artista. La joven alegre,
coqueta, aturdida en los primeros actos, es la mujer amante en el tercero, la esposa adúltera en el e u arto y en el
último la arrepentida pecadora que llora sus pasadas cul•
pae, sus errores y sus extriwíos, y muere al fin, dichosa
y eonriente, entre los brazos del marido ultrajado, de la
ofendida hermana y el agraviado padre, que la perdonan
sus afrentas ...... y después de extrecbar al bijo,~abandonado, que apenas si reconoce en ella á la autorade su
existencia........ .

*

* * de la humanidad, la epoComo todas lae grandes obras
peya redentora que derrocó á la caduca monarqufa fran•
cesa, ha tenido injusto3 y apasionados detractores. Se-

EL MUNDO.

LAS FIESTAS DE PUEBLA.
D:rl-lCUR!!-iOS del sei'l.or Prei.idente de la.

Ro:,públlca.

En el Casino Español.
Seflor Ministro: Señores:
Doy muchas gracias á la simpática celonia eepaflola
de PuPbla, por la eltgancia, buen gusto y buena \'Olunt11d que para obsequiarme ateeoró e11 este tepléndido banqi1ete; y al Duque de A,coe, RU digno y muy disti1 guido
Representante é i11térp1 .. te de eu11 g1::11nosos y el1::v• dos
sentimientos, por las ddicadas frast-R en que, para honrarme, ha vertido toda la berwvolt,ncia con que sus compatriotas cautivan rui gratitud.
Las manifostaciones d., e~tt" género y de esta procedencia de que he sido objeto pn otros .Est11doe; el carácter de
los eepaf'loles naturalmt&gt;nte um1~to~o y franco. y su asimila~ilidad con nuPFtrae cl11~es Pocialt-s reFpt-ctivae, nos
autorizan á pt-nsar qne la C'olonill t'Spafiola no tiene de
f'Xtra11jera i,n México mas qnt&gt; el regi~tro; y ni podf11 ser
de otro modo, tratáudoRe ct .. hombrt'B que VÍ\t'n jumos
en complicado engranllje d .. fa11tilia, que hablan una misma lengua, qut&gt; tit&gt;1,e11 111,as rui~mas costumbreR, 1:na
misma ~argre, y en gPnPral, unas nii~mas cre.. nciae; y
así se explic:1 qne en un tiempo tan corto relativamf'ntt&gt;,
hallan desapart cido entre nosotros laR huellas enconoFas
de una :!eefl~trosa guerra de once ar'\os, como fué la dos
vecPs huoicHgnerra de Inde'&gt;en&lt;lencia; y que ahora, tanto los PFpaño1..s como loe mexicano~, Pxaminando esa
guerra, coa mirada ret rospPcti va y á sangre fría, la consideremos como neceearia rt'alización de lae leyes inelu-

LEGACION UE MEJUCO EN :UA01u o.-El

General Rlv&amp; Palacio en Jl-'!l:l.

FJLO~OFL\. POLITICA.
. Para C?nfagraree á la política se necesita tener sed de
mmortahdad ií lo menos de la que pueden dar loe bombreP. ~u c,11111~cuencia? convjenl? v_ivir y obrar siempre
como s1 Pe d.-b1e11e morir al d1a e1gu1ente;según la manera de ~aer sobre La escena, la historia establece su juicio.
El!a turne en menor aprecio loe servicios hechos en el
pr1wer acto que las faltas cometidas en el último.

•**
Una paeión política sincera es lo que hay de más respetable. en el mund&lt;?. No ee mide por loe honores que se
ha podido recoger smo por la cifra de los eacr1ficios que
se han hecho.
BI amor de un hombre ~e Est,ad&lt;:&gt; por la causa que defiende se reconoce, en la vida publica, en los mismos sig·
110~ _q_ue el amor del p~dre ~ del e11poso en la vida de la
familia. El que ama bien tiene en poco sus sufrimientospersonalee, con tal que estén al amparo de ellos todos los
que le son caros.

***

~~ que afirman que las casas de gobierno son sitios de

delicias, ~terran doblemente, primero porque afirman
una vosa 10exacta! después porque aumentan la multitud de los pretendientes al poder. Si se supiere como es
la v.-rd~d. q111: hay p~os 1mios donde se experimentan
más fat!ga~ é 1_nfortu,mos que en el palacio del Estado, 88
verfa d1~mm_uir el numero &lt;;le los ambiciosos que ee disputan el gob,.-rno y solo aep1rarían á mandar lod que sienten en e~, alu,a la fuerza para hacer muchos eacriücios
por el b1~n del paíe.

LEGACIÓN DE

MEXICO EN MADRlD.- C'asa del General Riva Palnr io
en 1893.

Es lo que Julio Simón ha expresado de es,a manera
adwirable: «En la revolución hay dos revolucioms· la
de la justicia y la de la venganza....... ,,
'
The:rmidor, el drama de Sardou ea, en mi opinión un
ataque inmerecido á esa obra titinica.
'
En cuanto á la forma, el interés dramático de todas sus
escenas, es una gallarda muestra del talento, la habilidad
y maestría del más fecundo-y acaso el más preclaro-de
loe autores franceses contemporaneos.
Su argumento es un interesante episodio de la vida dP
Laboussiere, el simpático comediante tan enaltecido por
Lienart como discutido, y aun negado por la crítica seria
é imparcial.
El autor ee propone elevarlo, y lo consigue, deetacando
duunte todo el drama, su figura noble y generosa sobre
aquella tnrba de foragidos, abyectos y despreciables.
La Opt-ra ha tentado sus reales en los teatros mexicanos.
En el Ñacional y en Orrin ee rinde fervoroso culto al
arte lírico, se tributa constante homenaje á Verdi y Dú•
niz7,eti, á Gnunod y Mascagni.
Ronrn, t-1 joven tenor dramático que en el Nacional ac·
túa, ~" el cantante favorim del público y predilecto de la
crómca.

Otro pagode $5,000., de "La Mutua"
EN P .A.C HUC.A..

Pacimca, Noviembre 11 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de «La Mutua.»-l\1éxico - Muy eeflor mío:
Por conducto de los Sres. Pérez Duarte y ~ . y ~ante el
Sr. Notario Público D. .A.ustreberto T. Andrade, ho7. me
ha sido entregada la suma de S 5.000,00 (Cinco mil pesos), valor de la póliza núm 765 222, bajo la cual estuvo
asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
Mejía.
Doy á usted las debidas gracias por la eficacia con que
ha sido atendido .;ste pago, autorizándolo para publicarlo.-Sn atta. s.:s.-Soj"ia Mei!a.

LEGACIÓN DE M EXICO EN

MAOR:o.- Despacho del General Rini
Palac io.

dibl,.e que rigen á la naturaleza. En efecto, la evoluci.',n
social en que fueron actores nuestros padrPs y tt-atro
nuestro país, ee desarrolló de una manna titn 11Rtnnd
El amor de la patria es la***
primera virtud de los hom· como lo es que sembrando dinamita se co~echen f'X:
bree de ~s~ado. Todos lo invocan y es cierto, á pesar de plosiones, porquP es muy natural que la gpnerosa y valos ruald1c1entes, que todos están profundamente pene- liente P!'ngre eepañola, y la no menos genno~a y no metrad~s ~e ~l. _La ~esgraciaes que frecuentemente se ha- nos valiente sangre azteca, al cruzar sus!'nrrit&gt;n,Pe en loe
ce dificil d1et10guir entre todos los si,rviciós que pueden c~razonee criolloe, estallaran en ~quella d'gna alti v1 z qne
bacersl? á su partido y loe sacrificios que deben hacerse á hizo á nuestros padres ver como macE1ptable la condición
la patria.
de colonos en que vivía!!. Peros! bien es cierto que disputnron á la madre patria el mahenable derecho de Pjerc~r en propia gobernación, también ee qnP nunca le retiraron, no sólo el respeto, pero ni el cariño qne ee debe
á nna buena madre, puesto que en eu ¡,rimi'r conato de
indPpendencia, le pedían un vástago d« la familia á la
sazón reinante en Eepafla, para ceflir la corona de MéxiC?; Y tambi~n ee cierto que siempre han acogido e!l esta
tierra de Hidalgo á todos loe españolee qne fraternizando con ellos han querido traer el contin~••nf P de eu inteJigen~ia y su trsbaj&lt;! para ayudar á hacerla fructuósa y
que siempre ~plaud1eron y celebraron como pr.-,pias todas sus v1ctor1as y lamentaron sus deegrncÍII@, v lo que
ea más y vale rr.áe qne una ordinaria boepitalidad lrs
han conceptnado dignos de sus hijos, para formar 'con
ellos honradas y mny amables familiaP.
Ahora bien; si toda nuestra evolución ee efPctn nece·
sario de leyes natural~s, ~s también mny natnral que al
llega_r á _nuestro ~onocim1ento esos poderOEo!! imp•tlPOs
de vitalidad nac10nal y elev~do civismo que en e@tos mo~entoe presentan á la madre -patria ante el mundo civilizado, patriota basta el sacrificio como Guzm11n PI Bueno y ~omo el no menos bueno Nicolás Bravo. generosa
y d~smteresada como lea bel la Católica y abnegada y
va!iente como PI Conde de Reusen los Caetill ..jns y Zaragoza en Puebla, exclamamos poseídos de noble orgullo:
¡esos son los nuestros!; ¡he ah( nuestra raza!
Sefiores, yo propongo á ustedes que brindemos por la
prosperidad personal y política de SS. MM. la RPyna Regente y e_l Rey D. Alfonso XIII y porque todos los espa•
flolee r~sidentee e.i:i México, sigan teniendo si&lt;•mpre para
la patria d.e sus b1¡os, tanta consideración y simpatía como ~ratitud. mneciJa _estimación y respeto tenPmns los
mexicanos por la patria de e!loe, ilustre progenitora de
la nuestra.
LEGACIÓN DE

Mu:1co EN )LU&gt;R_ID.-Bibliotcca. d el Gen
lacio en 1893.

e

ra}

Ri . p .

'a a

En el Panteón Francéa.

Señor Ministro:
Os agradezco muy sinceramente y agradezco tu Socie-

�EL MUNl)&lt;).

:-{36

29 N CVIEMBRE, 1896.

29

NOVIEMBRE,

1896.

337

EL MUNDO.

~as fiestas Presiaenciales en Puebla.
&gt; •

,

LAS FIESTAS PRESJDENCIALF.S EN PUEBLA.-Grupo tomado para EL MUNDO por el Sr. L. liecerril, en casa del Sr. Gobernador del Estado.

dad de Beneficencia FrancePa, 8uiza v B11lga, que contarais conmigo para esta simpática ceremonia,
en que á manera de piadosa re:onciliación de ultratumba preparáis descanso común de eterna paz
á loa bravos veteranos que cumpliendo honradamt&gt;nte con los deberes de su honrosa y noble institución, y siguiendo á sus banderas respectivas como buenos soldados, alcanzaron aquí muerte gloriosa
y el rE&gt;speto nniverrnl.
Vuestra filantrópica Sociedad tendrá seguramente la cooperación de todas las autoridades de esta
República que, como las de Puebia, responderán siempre á sentimientos tan nobles y generosos como
los qne inspiraron, promovieron y pre~iden este solemne acto de vuestro elevado é ilustrado civiemo.
Ojalá que el sagrado monumento cuyo cimiento venimos. á fijar, fuera considerado por las generaciones futur~P. no e61n como merPcida ofrenda de gratitud á los hombres de fuerte volnntad, que ll
mediados del aigl &gt;que fina eesacrificaron aquí al deber, sino también como símbolo de protE&gt;sta que 1011
hombreede la g~neración presente, hiciéramos sobre sus tumba!:', de no volverá cruzar nuestras armas.

\_

,.

LAS

FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA,-Gan1tula del Menú del banquet.e ofrecido
al President.e, por la ciudad de Puebla.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PuEBLA,(-Caratula del ~enú del banquete ofrecido al Presidente por ,la :
Coloni:l. Española.

Ll.egada del tren presidenciál á
HERMOSO ESPECTACULO.

. No ha mucho tiempo, y esto ya !o hemos dicho, el Presidente de la República veíase obligado á permanecer en
la capital, ni más ni menos que el reo político de cierta
categoría á quien se da la ciudacl por cárcel, so pena de
hallará su regreso, en vez de un pueblo entusiasta que
aclama á su jefe, un caudillo ambicioso dueño de las
chusmas y resuelto á hacer variar el curao de los acontecimientos. La tranquilidad del país era -intermitente y
no menos por ende los benéficos alcances del derecho de
gentes. De seguro los más optimistas no auguraban el im ·
perio de una tranquilidad verdadera para breve plazo y
habrían negado hasta la sola probabilidad de un estado
de cosas talcnal lodisf:utamosenlaactualidad. Hoy empero de tal suerte está arraigada en los ánimos la noción clarísima de que hay que conservar la paz á todo costo; aeha
normalizado en modo tal la vida del país encauzada ampliamente en la vía de un adelanto seguro / firme, que
las generacionee presentes gustamos qm1 se noa relate
la época de las revueltas, como si se tratase de una vieja
historia romRntica, cuyos contornoa y proporciones es·
fuma el pasado. El viejo iele de.la República, ajustándose el primero á 1a evolución -por él iniciada, olvida el estruendo de las antiguas bregas, ante el espectáculo nuevo
y cautivador de !" pro&amp;peridad nacional, cuyo incipiente
latido se escucha donde quiera, y con la glo1ia de sus canas asiste al pomposo despertar de un pueblo joven, lle·
n9 de latentes virilidades; ansioso de medir por sí mismo
el alcance de su obra, recorre la inmensa extensión de la
República, siempre para autorizar con su presencia, una
manifestación nueva de adelanto, y en tanto que be pueb_los que recorre lo agasajan y aclaman, souríe tranquilo
sm que la sombra del más mínimo temor embargue sn

l.a estaclón.-(Tomado del natural por nuestro dibujante).

ánimo. La capital le aguarda serena y une sus votos de como se arroja un traje usado y se muestran animadas
en pleno período de prosperidad, hormigueantea de mufelicitación á los votos del país entero.
chedumbre. ostentando sus grandes empresas comercia¡Oh! sí, estamos ya muy lejos de los azares de la reles. Tal Puebla y tal Guadal ajara que muy en breve recivuelta, cuyo relato caus'\ en los espíritus de las nuevas
birá también al Primer Magistrado de la nación.
generacioneE, la impresión de una vieja historia romántica!
Placentero debe ser para este el brillante testimonio
' *
que esas ciudadeb encierran; ellas le .demuestran con la
**
Las fiestas de Puebla han constituido una manifeRta- incontrovertible lógica de loe hechos que su obra ha sido
magna y feliz, difundiendo por donde quiera bienes sía
ción, una prueba má~ de lo que venimos afirmando. Tod?s los Estados aD9ían, si vale decirlo, para la consagra- · cuento, y acreciendo aun más s•.1 estímulo, dan vigor
nuevo á esa energía siempre en vela, á esa energía que
ción de su progreso, la presencia de! que lo inició y lo ha
robustecido, y la ciudad angelopoli:ana, con razones aun · jamás flaquea en el camino que se ha trazado.
más valederas que sus demás hermanas de la nación, de***
Holg.1ría describir aqu( las fiestas angelopolitauae.
bía l;'nhelarla. Ella vió brillar en todo su esplend,or la
Nue~tra tarea no es de información inmediata y además
glona del soldado de la Intervención y de la Reforma;
ya EL MuNoo diario y EL I.tPARCCAL llenaron sus colum•
sus muros veteranos aún conservan huellas del dos de
nas con oportunas y detalladas crónicas: U na ciudad T1er •
Abril. Justo es que ya reconquistada la paz definitiva,
viese también al héroe de ella discurrir por sus hermo- mosa, con fifünomía de fiesta; una multitud entusiasta de
sas avenidas, no ya en son de guerra, á banderas desple- todas las órbitas sociales, testimoniando de una manera
gadas y tambor bati~nte, sino como repres~ntante de estrepitoea,Ia popularidad del General Díaz con sus aclamaciones y vítores jubilosos; iluminaciones féericae que
una nación próspera, que pasa revista á las magnas obras
con vi~rten á. la linJ.a capital poblana en una ascua de oro;
de una paz por él asegu-rada.
Y qué mejor testimonio del alcance de su obra reinauguración de monument'os hermosos y de mE&gt;joras
dentora que el del admirable cambio que registra el
materiales de importancia; manifastaciones de eimpatía
hacia el Jefe de la Nación, provenientes aun de la➔ daGeneral Díaz en las ciudades que viaita. Pocas de la República pueden serle desconocidas; en los tiempos azamas más distinguidas que arojan flores á su paso, de las
rosos de la brega el distinguido jefe, en el activo servido
cuales él en un movimiento de oportuna galantería reco·
je algunas para prenderlas en el ojal de su levita; banque,
de su causa, peregrinó por todo el pa(;¡, que sacudido pOt"
continuada crisis,noh11labaesas treguas en que las naciotes op(paros, ofrecido~. no ya solo por el Gobernador del
Estado y por la Sociedad poblana, sino por las colonias
nes respiran y crean. Mas. cuántas innovaciones halla el
Presidente! Donde él dejó campo3 malditos de simiente
extranjeras que palpan como nosotros los inmensos reperezosa h r,y encuentra ubérrimos sembrados llenos de
sultados de nuestra paz fructífera; frases de afecto y de
aliento...... las múltiples formas, en fin, de un cariño unipromesas y de frutos. Son ciudades modernas las que
visita, que han arrojado airosaJ su aspecto de vetu9tez
versal. Todo esto lo saben nuestros lectores tanto como

�ELMUNDO.

LAS FIESTAS PRESIDE'.\UALES EX l'L'EBLA.-Arco del .\rnntamiento, con esta inscripción: "El Ayuutamlento de Puebla. al heroe
de la. Paz.-1896."

nosotros y no aventajaríamos por ende nada reproduciendo un relato perfectamente conocido. Sí haremos notar,
porque de notarse es, que los fostejos de que nuestro Presidente ha sido objeto en Puebla, no responden al impulso oficioso de tal 6 cual grupo, de tal 6 cual gremio;
no son el resultado de la voluntad oficial, sino que tienen
el caracter de la popularidad más franca que pueda verse.
Con unanimidad notable, la sociedad entera de Puebla, festejó al jefa de la Nación, representada por todas
sus clases y aun por la i,,men~a mayoría de individuos
de que estas estáu formadas. Fué un movimiento general desimpatfa el que dió á las fiestas su mayor atracti vo:
esa fisonomía especial qne no hubieran podido darles to·
das las gestiones oficiales, porque su ronstitutivo úni•
es la espontaneidad.
Muy pronto luchará con rl recuerdo de estas fiestas el
de las que se preparan en Guada)aj~ra y que con eH_as
competirán en brillo. En tanto llegan y lea consagramos
su especial resella, vaya con estas líneas nuestra felicitación más sincera para el Seilor Gobernador de Puebla
y para la so&lt;liedad angelopolitana por el brillo de los festejos presidenciales.
,

Adán no pretendía formar oraciones, y menos pronunciar discursos. Si gustaba de que Eva se le acercase, ex~endía el brazo en dirección de aquella, y abierta lamano la 11gitaba dos 6 tres veces hacia sí, del mismo modo
q11e ahora se uRa para llamará alguno; si quería que la
mujer se retirase, resbalaba con fuerza la yema de su
pulgar sobre la del dedo que se llama de corazón, y pro-

29

NOVIEMBRE,

&lt;luciendo ese ruido con que se acompallan muchos bailes cuando no se tienen castañuelas, Pila perfectamente
lo entendía; si por alguna cosa se enfadaba con su mujer (necesidad en el matrimonio que no pudo faltar en
el primero), con enarbolar el brazo y apretar el pui'ío,
expresaba muy bien s11s intenciones; y por medios análogos pedía de comer, daba las bnena~ noches cuando se
iba á dormir y los buenos d1as al despertar, y no le faltaba signo para ninguna necesidad de su vida. Pero
Eva no se encontraba á gueto: sentíase parlachina antes
de poder serlo, como dPspnés se sintió pecadora antes de
que existiese e_I pecado; quería conocer los nombres de
todas las cosas, le importasen ó no, cantar en las fiesta&amp;
y escandalizar en las riñas, y á falta de dicciones ensordecía al pobre Adán coa gritos y con palmoteos.
Pensaba ella que sin PI uso de la palabra no significaban el hombre y la mujer co•a mayor que los 1111imales
inferiores, toda vez que éstoe se compr..nden de la misma manera que aquelios por P.ntouces lo hacían, y en sus
mímicas oracionPs rogaba á Dios que le otorgase el ha•
bla para utilizarla en HU obsequio, pnesto que en alabanzas euyas la había de emplf'ar; 1-xponfa como abono de
su rlesPo lo monótono de una vida en que se bacía todo
callandito, y afirmaba que, de prolongaree aqnella mudez, quedaría ijin cumplimirnto la soberana Voluntad
que basta entonces la libertara de la :~ue1te, y no habría más remt!úio que morir, porquti la mujer ó !Jabla 6
revienta.
No atendía Dios aquellas súplicas (El sabría por qué)
y Eva :rn,neutab&lt;\ sus solicitudes; pero como Re pasaban
los dfas sin rernltado para sus ruego~. probó, ein otro
concurso qne el ·de su voluntad, poner nombre á todas las
cosa~, con~truir verbos, expresar adj ~tivos y coorcünar ideas con el único medio dP que d1R1&gt;onía, que era el
Pigno, y á costa dP. traba;o trocóse en telégrafo ll" sefíalee, con tan ext,raño movimiento y tan sin tregua, que
Adán ee mareaba con aquellos discursos, sin comeguir,
no ya imitarlos, sino que entenderlos tampoco.
Viendo, pues, el Señor que el hombre P;nloquecía con
las diabluras de la mujer, porque se paeaba las horas recordando signoR y procurando hacerlos, y embrollándose con la complicación de aquella jerig,mza, y que Eva
contin11abi1 en su propósito de no callar así la ahorcasen,
determinó qne sin tales trabajos se entendieran, y otor•
góles por misericordia un lenguajo sonoro, armónico y
comple~. en el que se decían las cosas como Dios manda, y al pan se le llamaba pan y al vino, vino.
Pero no cayeron por eeto en desuso los escasos signos
con que primero se entendió la pareja, ni los infinitos ya
inventados por la mnjer, aunque con la palabra eran in•
útiles; antt-s Eva Pe obstinó en que habían de unirse á
los vocablos, sin duda para hablar por partida doble; y
a pePar de que Adán, inspirado por Dios, trató de persuadirla, no hnbo manera de que ella obedeciese: tan
orgulloea eetaba con su invento.
Conviniéronee, puee, en que á cada voz, ó por lo menos á carla idea, acompallase un gesto ó maniobra que,
Pegún Eva, Pxcusarfa palabras y facilitaría P.l buen sentido. Así fué, con efecto: la acción correspondiente á cada
frase, no sólo completó el sip:nificado, sino que aumentó
su valor y produjo gran claridad y mayor interés en las
con,ersaciones.
Esto duró muy poco: no más tiempo que PI qna tardaron en pecar: porque apenas comieron del frondoso
manzano y se les cerró el Paraíso. casi se les cerró también el entendimiento, en el que ya penetró muy e,casa
la luz de la razón. Y a~í como el divino man jar no trocó
á J11das en el mismo Jesús, sino que le inclinó más al
pecado por hallarse ya en él, así loa dones celestiales se

. Hablar por hablar.
Eva, la buena amiga de aquella condenada serpiente,
disfrutaba de los mismos dones celestiales que su marido. En la costilla falsa de que ella se formó ( porque nadie duda de que debió ser f · Isa la·costilla) entrP.meti6 la '
Divinidad todas sus dádivas, y la mujer tuvo bermoeu·
ra, habilidad y discreción, de igual modo que el bom·
bre. Una de las más útiles mercedes del Bacedor para
sus hijos en la ~ierra fué la facultad de entenderse, ni,
por medio de la gramátic~ como ahora se usa, ni tampoco con 110 número más ó men{)S grande de dicciones; la
manera con que explicaban sus deseos Eva y Adán fué
mucho más sencilla: algunas seilas, vario~ gestos, diversas actitudes y ciertos gritos; con esto les bastaba para ·
las neceFidades de su vida, muy sencilla también.
Este lenguaje primero que Dios les dió, en el que la lengua no intervenía para nada. se conserva aún entre nosotros como donativo esp{)ntá.neo de los cielos, y todo
hombre 10 sabe sin necesidad de maestro que lo ensefíe,
ni de libros en que se aprenda, ni de diccionario ( digámoslo asf) que lo signifique. Es forma de expresión que
nace al par de la criatura, porque con ella y para ella fué
formada, no ee olvidará nunca, y auxilia poderosamente
y constiiuye á veces el vocablo lo mismo aquí que en
China, mientras la eabiduría loca anda en busca de un
idioma universal cuando sin buscarle le tiene.

1896.

•

LAS FIESTAS PRESIDE~CIALES EX PUEBLA.-.1.dorno de la fuente de Sa!I"Ftancisco.

29

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN P UEBLA.-Adorno en una calle de la ~iudad.

-confundieron en el alma del pecador por no estar desde
tntonces preparada del toJ.o á recibirlos.
. Ya no se aplica,on loH 81gnos de ~va en perfecta re!ac1ón co~ lo_ que la palabra decía, sino que las más &lt;le las
Yeces s1gu1ticaban lo contrario, y un «Dios te guarde,"
ac,ompatia~o de mal gtsto, sonó peor aún que si se dijera:
«li:I demomo te lleve.11
l&gt;ejó, pues, de_sig1,i6.~arse con la voz lo que con ella se
decía,_y no se ~•Jo ya srno lo contra.río de 10 que se pensaba; mterpretose el valor de las frases tomó un mil!IDO
vocabl_o _diferentes sentidoe; y el recelo' de los oyentes y
la mahcia de los 01 adores dieron a l traste con la claridad
_y la pureza del leuguaje divino.
Por eso hoy sólo nos sirven fas palabras para que no
nos entendamos.
LUIS CALVO REV[LLA.

339
ro, y qnP Pn nuestro país está verificándoae ,.hora, al pa•
recn, co11 éxito inmejorable.
Lo qne produjo la impresión de extrañP1.a á que antes
mP. he referido, es la segunda parte del parrafo la cuaH gn nda parte. contenía lo siguiente:
'
«l'.ira la función inaugural prepara una reprise de La
Damn de la8 Camelias con una novedad intur..eante. Todo~ los artistas vestirán con arreglo á la mor!/\ de 1846.•
Y ¿á eso llaman ustedes novedad interesante? Y la ilustré Sarab, artista de ciarísimo entendimiento, ¿concede
importancia á esa niilerfa?
Porque, no lo duden ustedes, eso de que los artietas se
vistan ( como, en efecto, ee han vestido) á la moda de
1846 es una verdadera puerilidad: un alarde afectado y
como afectado ridiculo, de respeto al pormenor á la ~11.
nucia, á lo insignificante.
'
¿Qué bellezas añadirá á la obra de Dumas, hijo obra
que se sostiene hace medio siglo en todos los esce~arios
del mundo, la circunstancia de que loa actores !u.can
frac azul con botón dorado, y las actrices cubran su cabeza con la capota de toldo de tartana?
Esos lujos de exactitud, siempre y por necesidad in•
completos, pueden servir en algunos casos para ocultar
defectos de la obra literaria 6 deficiencias de artistas me•
diocree. Ni la obra de Alejandro Dumas, ni el deeempe~o de ~arab, necesitan seguramente eeos incentivos ant1artíst1cos para lograr favor del público. Quédese ese
afan de deslumbrar al espectador con vistosas decoraciones y c~m in~umentar\a extravagante para obras de eecasa cons1stenc1a, y escr1t-as acaso con el solo propósito de
qu~ ln_zcan sns dotes escenógrafos hábiles, y sus piernas
ba1 lar1 nas hnmosas.
La Dama de las Oameliat, drama pasional, es por eso
mi~mo dtl todos los tiempos y de todos l{)s paílíeS y tant? impresiona exhibido á la moda de 1845, como c'aracter1za&lt;io á la usanza del siglo XVII.
. Cuando el insigne y entusiaPta actor Emilio 1\far10, P~!le en esce~a El Caft y El Si de lasnifla8, El Viejo
y la 1, iña, comedias en que Moratín retrató admirablemente usos y costumbres, preucupaciones y vicios de @u
época. procede con gran acierto y suma cordura haciendo qui: los actort&gt;s vistan los trajes de la época retratada.
J~s sametes del ce)ebérrimo D. .Hamón de la Cruz, y caPI todas las comedias de B~etón, son asimismo cuadros
rle época determinada, en los cuales la circunet,ancia del
tiempo entra por mucho, por casi todo, en la composición.
A. SÁNCllEZ P.l!:REZ.

PUERILIDADES.
He leido en muchos periódicos la agradable la noticia
·dt- que Sarah Bernbardt, la eminente trágica francesa, se
i,_ropone _estrenar muy pronto la aplaudida obra del insigne D. José Echegaray, titulada Mariana.
Lo Cf:lebro por Sara BernharJ.t, q11e seguramente estará admn:able en ese drama: lo celebro por Echegaray
-cuyos trmnfos en el extranjero son triunfos de España'·
Y 10 celebro por 1~ literatura eepaflola, que acrecentará
de ese modo, g~c1~ ~I ~lento i1;1discutible del insigne
dramaturgo, su Junsd1cc16n y su mfluencia.
Pero los diari?s en que leí, hace Ja algunos días, con
.gran conte_ntamient,o mío, esa 11oticia, d.,cían alg&lt;&gt; más
qu~ nada tiene que ver con el drama espafíol y que pro •
a u¡o en mi ánimo impresión de extraf!eza.
. V~ase un párrafo de la noticia que publicaban los per16d1cos á los cuales alt•do.
«S~rab Bernbardt se ocupa actualmente en organizar la
pr6x1m~ ~emporada del teatro de la Reuaieeance, que ha
·de ser dmgldo por ella.11
Nunc~ me ha parecido bien que un actor tenga á su
cargo, sunultáneamente, el desemp.:ño de los papeles que
le corresponden en las obras dramá~icas y la dirección
del teatro en que esas obras hayan de rcpresentar,e. y
cuando el actor no es actor, sino actriz, la cosa me parece
peor todavía.
. Tengo el profundo convencimiento de que las atribuc10nes del c~mico y l~s del director Jel tl'atro son. rle todo en todo, mcompat1~les eu u_na pereonalidad misma.
á Y hallo más determrnada eea rncllmpatibilidad cuando
esas !'los personalidades se une una tercera: la del emP:esano......... Entonces, ent_onces, _cu~ndo empresario y
duecto~ y ~ctor se unen ¡11món casi siempre funes-ta! en
un solo md1 v1duo, es cnaudo pueden decir los amantes de 1
teatro: Nulla es redemptio.
;E11t1éndase que hablo en general y que esta reg'a, lo
mismo que todas, tiene excepcione~.
;Esto no obstante,_ com~ jamás me ha pasado por las
mieutt-wa pr~tensi-On r1dlcula de que estas opiniones
mfas, q11e considero razonables, prevalPciesen sobre las
.~enera1,nente admitidas, me explico y comprendo que
:-ia~b ~~rnb~dt sea. á un tiP-mp? mismo empresaria, y
~m~ra cómica, y duectora (6 directriz) del teatro de la
\ na1s~anre, y e61o me permito, en eon de tímida proes1ta, e11cogPrme de hombros y Jiecir para mi sayo· ¡así
sadrát-llo!
·
b ~ extraiieza! sin em:i&gt;argo, no. reconocía por causa nn
· ec o que he visto realizado vanas veces en el extranje-

LAS FIESTAS P.RESlDE:-iCIALES EN PUEBLl.-Arco levanta1o en la calle.de Zlrago2a.

�'

•
340

29 N OVIEMRRE, 1896.

· EL MUNDO.

29

NOVIEMBRE,

EL 1ffiNDO. •

1896.

1

[as fiesk15 presiaenciales en Fuebla.

El Consul alemán, Sr. Doremberg, entrega al Sr. Presidente una corona de 1aurel ofrecida por las Colonias.
alemana y suiza.

'Q'"onsue1afe . . . . no llores!
cuadro de Retttg Cleslus.

:Hl

�29

29 NOVIEMBRE, 1896.
EL MUNDO
~34~~~==========--=:A:::=~====·================~

t
HISTORIA DE UN PICAFLOR
cuento Invernal.

-¡Ah! sí, mi amable sei\~rita. Tal como usted lo oye,
tms de un jarrón de Pauloma y 11. Peo de ponerse el aol,
parlaban como ninos vivarachos, no se da?an pu&lt;1to d.e
reposo yendo y viniendo de un álamo vecino a. una ht•
guera deshojada y escueta, que esti!. más alta de donde
uett&gt;d ve aquel rosalito, un poco más allá.
¿Qné, quiere usted saber la manera, el có~o y el .por
qué entendemos esas cosas los poetas? ...... Facil cuestión.
Ya. lo sabri!. u~ted después que la refiera eso que le ha
infundido ligeras dudas, y que pasó.tal corno lo cu~oto,
una cosa muy sencilla: la confidencia de un ave baJo el
cielo llZUI.
.
.
Hacía frío. La cordillera estaba. de novia, con su m•
menea corona blanca y su velo de hruma; soplaba un
airecito que calaba. basta los huesos; en·las calles.se oían
ruidos de caballos piafando, de coc~es_, de pitos, de
rapaces pr~goneros que . vendían per1ód1cos, .de tran•
seuntes, ruido de gran ciudad, y pasaban. haciendo re•
sonar los adoquines y las aceras los traba¡adores de ~os•
cos zapatos, que venían del taller: los caballer1tos
enfundad;is en lwengos «paletots• y las damas en!ueltas
en sus abrigos, en sus m!lntos, con las manos metidas en
hirsutos cilíndros de pieles para calentarse. Porque ha•
cía frío, mi amable sell.orita.
.
Pues vamos, á que yo estaba donde usted ~e ha rech•
nado, en este mismo jardín, cerca ~e ese sil.tiro de. mar•
mol cuyos pies hendidos están cubiertos por las ho¡as d'3
la madreselva. Veía caer los chorros brillantes del sur•
tidor sobre la gran taza, y el cielo que se arrebolaba por
la parte de occidente.
De pronto empezaron ellos á garlar. Y lo hacían de lo
lindo como que no sabían que yo les comprendía su gar•
loteo: Ambos eran tornasolados; pequeñitos onix. Die•
ron vuelta por el ¡ardín chillando, Cl!-5\ imperceptiblemente, y Juego en sendas ramas prmc1p1aron su conver•
eación.
-¿Sabes que no me gusta, le dijo el uno al otro, tu
modo de proceder? No es poco el haberte sorpre_ndido
eata mañana cortejando á la hermosa duella del Jardín
vecino, á rieego de romperte el pico y quebrarte la c~be·
za coatra los vidrios de su ventana. ¡Oh! ¿haLráse visto
mayor incauto? Como sigas dejando las flores por las
mujeres te pasará lo mismo que á «Plumas de Oro,• un
primo ~ío más gallardo que tú, de ojos azules; tenía el
traje de tornasol amarillo, que cuando el sol lt arrebola•
ba le hacía parecer ll&amp;ma con ala.
-¿Y qué pasó á tu primo? repuso el otro un tanto
amostazado.
-Escucha, siguió el consejero, tomando un aire más
grave y ladeando la cabecita. Escucha y ecba en tu ~aco.
Era "Plumas de Oro" remozo, moníeimo. 1Qué mono era!
¡ Y au historia!
En esas bellas ciudades llamadas jardines, no había
otro más preferido por las flores. En días de primavera,
cuando las rosas lucían sus mejoree galas ¡con cuánto pla·
cer no recibían en sus pétafos, rojos como una boca free•
ca, el pico de'. pajarillo juguetón y bullicioso! Las "no
me olvides" ee asomaban por las verdes ventanas de sus
palacios de follage y le tiraban á escondidas besos perfu•
mados con la punta de sus estambres; los claveles se es•
treme¿ían si una ala del galán al paso les movía con su
roce· y las violetas, las violetas pudorosas, apartaban un
tani:i su -velo de hojas y eneefl.aban el lindo rostro al mi·
mado picaflorqne volaba rápido, luciendo eu fraquecito de

-Entre las estrellas y las mujeres son éstas las más tep 1u mas pálidas, cortadas por las
tijeras de la naturaleza: Pinaud rribles rivales. ¡ A.quéllas están tan lejos!. .....
-1.hora bien, wi amable sefl.orita, si quiere usted saber
de loe elegantes del boeque,
"Plumas de Oro" era un gran el cómo y el porqné soy sabedor de len.guas d~ p~jaros y
picaronazo......... Vaya ei sabía de flores, míreme usted, que ya se lo dnán mis o¡oe.
cosae.
RuBÉK DARÍO.
Bajo las enramadas, en las
noches de luna cuentan auras
UNA VENGANZA
maliciosas que ellas mismas llevaron en sus giros, quejas, t~La viuda de Pablo Saverini vivía sola con su hijo Annues y apacibles aromas, sub1•
tonio, en una casa pobre, situada sobre los baluartes de
tos y vigorosos aleteos.
Bonifacio.
A ver, ¿quién dice que ·'PluLa ciudad, suspendida sobre el mar, al pie de la monmas de Orll" no era un tunante? tarla, contempla por el estrecho, erizado de escollos, la
Ay! cuánto lo amaban las flores.
costa mas baja de Cerdell.a.
Pues ya verás tú, imprudenEl viento azota constantemente el mar y la pelada coste, lo que le sucedió, que es 1~ t-a, apenas ve&amp;tida de yerba, engolfándose en el estrecho,
que te puede suceder como s1• cuyos bordes aeola sin cesar.
gaA en tus malas inclinacione~.
Los penachos de espuma, adheridos á los 1,egn1zcos piDigo que una mafl.ana de pn- cos de las innumtlrables rocas qull rompen por doquiera
mavera "Plumas de Oro" esta• las olas, ofrecen el aepecto de girones de lienzos que floba tomando el sol. En aquella ti,n y palpitan en la superficie del agua.
eazón bajó al jardín una de esas
~a viuda Saverini vivía con su hijo Antonio y su perra
mujeres que parecen flores Y Capitana, hermoso animal de pelo largo y recio, de gran
que por eso nos encantan. Te- resistencia y acostumbrado á la custodia del ganado.
nía ojns azules como "campi!.•
1,na tarde, á consecuencia de una disputa, Antonio f:anulas " frente como azucena, verini fué muerto traidoramente de nn navajazo por Kilabio~ como copihues, cabellos colás Ravolati, el cual aquella misma noche ganó la isla
como las espigas y en conclu• de Cerdell.a.
sión, ¿paraquédec!r más? "Plu•
Cuando la madre recibió el cadáver de su hijo. que vamaA de Oro" perdió el seso. .
rios vecinos le llevaron, no lloró pero permaneció inmó¡Qué contfouo revolar; qué ir vil á su lado, contemplándole durante largo tiempo.
y venir de un lado á otr~ para
Ex:tendiendo después su arrugada mano sobre el cad,iser visto por la dama r•1b1al
ver, le prometió la i:endetla.
Ah "Plumas de Oro," nosa•
No quiso que nadie la acompañara y se encerró con la
bes !~que estás haciendo ...
perra en la cámara mortuoria.
Desde aquel día las flores se
La anciana derramó entonces abundantes lágrimas, y
quejaron de olvido, algunas se
y dirigiéndose luego al cadaver, exclamó:
marchitaron augustiadae, J no
-Duerme tranquilo, hijo mío, que tu madre te vengasentían placer en que otros de rá. ¡Ya sabes que cumplo siempre mis juramentos!
nuestros compafl.eros lleg11:ran
Antonio Saverini fué enterrado al día siguientt&gt;, y á loa
á beFarle las corolas, y m1en• pocos días nadie se volvió á acordar de él en Bonifacio.
tras tanto el rédomado pícaro
**
toca quetoca las rejas de la ca•
Antonio no había dejado*ni
hermanos, ni primos, ni
ea en que vivía la hermosnra,
hombre alguno que quisiera consagrarse á la vendetta. Sóno se acordaba de los jardines lo su madre pensaba en ella.
ni de la~ olorosas enamora.das......
.
Del otro lado del estrecho veía desde por la maliana
·No es cii:lrto que era un su¡eto azá; perdedizo? Ganas basta la noche un punto blanco en la costa. Era Longote~ía de llegarme á las rejas .por donde él vagaba Y de•
sardo, donde se refugian los bandidos coraos perseguido:!
cirle á pico lleno: caballero pnmo, e3 usted un trapalón,
de cerca y dona.e vivía Nicolás Ravolati.
¿Estamos?
La pobre viuda, al verse sola, enferma y próxima á la
Llegó un día fatal. Ello h'.1.bía de suceder. Yo lo ví con
muerte. no sabía qué hacer para realizar su venganza.
mis propios ojos. MientraJ «P.lumas de 9ro11 revo\aba, la Pero había hecho un juramento ante el cadáver de su hiventana se abrió y apareció riendo la pven rubia. En
jo y no tenía más remedio que cumplirlo.
una de su3 manos blancas como jazmine3, con las palmas
Una tarde, al oir ladrará Capitana, tuvo la madre una
rosadas, en la siniestra, tenía una copa de miel, ¿y en la
idea salvaje y feroz, que maduró durante toda la noche.
otra? A.y, en la otra no tenía nada: «Plumas de Oro11 voló
Al despuntar el alba, se dirigió al patio de su casa y
y aleteando ee puso á chupar la miel en aquel.la C?Pª, co•
ató á la perra con una cadena.
roo lo hacía en los lirios re~ien abierto3. M:1 pnm.o, no
Capitana est,nvo ladrando todo al día y toda la noche,
tornes tiso. r¡ue esta~ b~bien~o tu muerte ...... Y chilla Y signientes, privada de alimento.
chilla y «P1umas de Oro" siempre en la copa.
A la otra mañana llevóle la viuda un lebrillo de agua y
D., ;epente la rubia apri-!ionó al de3{raciado consuma• nada más.
no derecha .....• Entonce~ él chillab\ mis que yo. ~ero
A las veinticuatro horas tenía la perra el pelo erizado
ya era tarde ...... ¡ A.h! "Plumas de Oro» ¿n&lt;;&gt; ~e lo dec1.a?
y tiraba furiosamente de su cadena.
L'.I. ventana se volvió á cerrar, y yo, afl.1g1do,.suphqué
Entonces la Saverini fué en bueca de una buena canti-.
para ver por los vidrios qué era de mi pobre primo. En•
dad de paja, cogió un traje de su marido, que todavía
tonces escuché que......• ¡ D:os de las avt&gt;.sl Entonces es•
guardaba y construyó un maniquí que colocó cerca de Cacuché que la dama decla á otra co!llo ella.:
pitana.
-Mira, mira, le atrapé; ¡qué hndo disecado para el
La cabeza del mui\eco estaba representada por un lío
sombraro .....•
de ropa.
La vi..ja fué á comprar un pedazo de longaniza, y al
vol ver á su casa empezó á azar la á la parrilla, jnnto al sitio donde estaba la perra, que rabiaba desesperadamente,
azuzada más y mi!s por el hambre.
Después, la Saverini rodeó con la longaniza el cuello
del maniquí, y dió suelta á ('api!ana.
De un salto formidable, el anunal asaltó la garganta
del muf'leco y se putlo á destrozarla en busca del codiciado alimento.
La anciana, que contemplaba gozosa aquel especMr ulo, repitió varias veces el experimento con idénticos resu ltados.
El ejercicio duró más de un mes, hasta que la Saverini
logró al fin que la perra, sin estar previamente atada ni
tener hambre, se lanzara á una señal suya sobre el ~uil.eco.
Cuando todo estuvo 11. punto, la anciana se fué 11. confesar; luego se disfrazó de vieio, se dirigió á la playa y
contrató con un pescador sardo el paso del estrecho.
Acompall.ába!a su perra, y llevaba en un eaco una longaniza, que excitaba el apetito del animal, que no había
probado ni agua durante dos días.
Al llegar 11. Longosardo, la Saverini entró en una panadería y preguntó por Nicolás Ravolati, el cual había emprendido de nuevo su antiguo oficio de panadero.
El asesino trabajaba en el fondo de su tienda.
La anciana abrio la puerta y exclamó:
¡Horror!...... Comprendí la espantosa realid!'d ...... Vo-¡Eh,
Nicolás!
lé á reforírselo á las rosas, y entonces, las eepmosas ven·
Ea1e se volvió, y entonces la Saverini, soltando la pegativae, exclamaron como mecidas por el viento:
rra y seflalando á Ravolati, dijo:
-¡Bravo, que lo coja por bribón!
-¡Anda! ¡A.oda!.. ....
Días después, la tirana que asesin6 al infeliz, se pasea•
El animal saltó sobre su víctima, y se agarró al cuello
ba á nuestra vista por los jardines, llevaudo en el som•
del panadero.
.
,
.
brero el cadáver frío de «Plumas de Oro.• Ya lo creo, co•
El iofoHz extendió los brazos, lanzo un gnto y cay6
moque estibamos en moda, ¡cómo que estamos toda•
en tierra, no sin defenderse con extrema tenacidad.
vía!.. ....
Capitana le hizo trizas el pescuezo, y á loe pocos moVamos, ¿has escuchado tú, imprudente, la hi~toria de
mentos Nicolás exnalaba el último suspiro.
mi cuitado primo? Pues no eches en saco roto mis ad ver·
Dos vecinos, sentados á la puerta de sus casas, re.cortencias..... .
daron haber visto salir de la panadería á un anciano
¡Oh! ¡qué triste es la historia de «Picaflor!•
acompai'lado de un perro negro, al que iba dando de coY luego, mi amable sellorita, se fueron volando aquemer durante el cammo.
llos dos pica-flores del álamo á Is. hiBuera, de la higera al
La Saverini regresó á toda prisa á su domicilio, y dnrrosal, y del rosal al espacio.
Y oí que decían las flores en TOZ quedh, tan queda que mió admirablemtonte aquella noche.
Gov DE IlfA.UPr.AsA:-T.
yo solo la oí en aq11el:os imtantea:

NOVIEMBRE,

1896.

LA DUDA.

•

¡Qué cosa tan absurda me parecía el matrimonio!
La palabreja, si se quiere, es rudi1, pero así la aceptaba
entonces mi inteligencia en completo acuerdo con el cora•
zón: tenía veinte afios y en el romance de mis emociones
juveniles no recordaba la alegre all.oranza de un amorío,
desconocía las delicias y penas del noviazgo, y no guar•
daba en estrecha cajita de sándalo, un dimmuto bagsjede
-cartas, ni desconocidos ramillettls de flores difun~as, ni
medallitas de plata con inscripción al reverso y jeroglífl•
-cos de cándido simbolismo en el anverso, ni un ricito
a.ado á listón azul, destefl.ido, y oliente á Ixora, ni un
guante ( vestimenta de mano prócer), ni nu pafiuelo de
blondas ( leyenda de lágrimas ), ni un retrato con dedica•
toria, ni un anillo, ni una reliquia, ni un amuleto, nada.
Nin~uno de esos objetos que en su simplicidad evocan
paseos campestres en tardes de cielo claro, citas misterio•
-sas en cálidas noches primaverales ó dulces querellas de
enamorados, ninguna de esas remembranzas de alegrías
muertas que al viejo roban una lagrima, al joven un es•
tremecimiento y al escéptico una sonrisa, había ilumi•
nado con sus lontananzas de amor mi solitario cuarto de
-soltero.
Era algo romántico.
Lo somos todos en ese períe,do de la existencia en que
la vida es una aurora y la realidad una noche; además,
¿quién no siente extrafios anhelos cu.mdo aun no ha es•
trechado entre sus brazos un gentil y airoso talle de mu•
jer?...... ¿Quién no euefia si no ha bebido la miel de la
dicha en labios iremulantes ó desordenado con mano
avara la guedeja de oro, que, cauda de luz, chorreaba so•
bre el flanco nutrido y blondo de una harmosa?
Creía en el amor, en el mito universal, sin creer en el
-casamiento tal vez porque lefa mucho A Lord Byron y
me acordaba siempre de aqu1lla su expresión ea queafir.
maba que el matrimonio procede del amor como el vina•
gre del vino..... .
Engendré en la fantasía una mujer sin semejante en la
,tierra y nuevo Jason en busca del Toison de Oro, corrí
en la de mi amada del misterio, creyendo encontrarla en•
tre esa muchedumbre de beldades que hormiguea siem•
pre junto al que po~ee buenas tierras de pan llevar y mejores ganas de verlas engullidas á grandes bocados por
.bocas chiquitas.
Viajé.
Ví muchas bellas y 11. los piés de todas me rendí ena•
-m orado.
En mi atolondramiento, semejante á un vértigo, con•
jugué el verbo amar en todos sus tiempos, números y
personas.
Mi corazón, sin purificarse, se transformó al crisol de
.todas las metamórfosis amatorias.
Amé y odié, padecí y fuí feliz, dudé y creí, fuí cobar•
de y temerario, tirano y pordiosero: en mis voltej,.os de
't!altimbanco caí muchas veces con la cabeza hundida en
-el cieno y los piés insultando á los inmPnsos cielos; -:&gt;tras,
-de rodillas pidiendo á loa dioses misericordia, ó á las cor•
-tesanas una migaja de sus viles deleites para saciar por
un momento esa hambre de algo indefinible que m,:1 de•
-voraba.
¡Yo soñaba mucho!
Como el idiota de Ibsen extendía mis flacas manos á
un cielo trivial, y al columbrar el amarillo fulgor del sol
-enfermo, clamaba con voz de niño antojadizo:
-¡:\-!adre!.. .... el sol!.. .... el sol!. .....
No sabía que el que quiera remontarse al astro con
las alas endebles de !caro, debe ineludiblemente eetre•
liarse en la caída.
Compré una finca rural.
Al principio viví como Manfredo, en una torre som•
bría, testigo de mis dudas y diabólicas desesperaciones;
-después. me atrajo la naturaleza y pt&gt;neé en el Junfrau
escalando las reverberantes nieves de los volcanes, esos
monjes blancos que agujere,m las brunas nublazones con
el pico de sus capu~hae; entré á ~as cavernas, pas~aba.ba•
jo las arcadas crfpt1cas que fabrican las aguas cr1staltza.
das, y también me lancé á errar por los bosques, como
410 Hamlet, triste, á la hora en qne el Poi se di!!u lve en
los piélagos de hn y la casta noche enreda sus negros ca•
~ellos en las ramas de los árboles.
Cerca de mi retiro había uu pintoresco chalet, y de él
-era la hada, Genoveva; Genoveva es mi esposa; la quise,
..¿por qué? Lo ignoro aún; estaba sólo, mi cerebro era
algo igual á un nido de murciélagos, los pen~amientos
.que en él bullían eran tor vos como cuervos, elevábanee
-en macabro vuelo hacia un cielo estremecido por el eclip•
ee, sentía frío en el corazón, el ecepticismo me aniquila•
ba y en mi soledad de Prometeo comido por los buitree,
la sonrisa cándida de aquella criatura fue beso de sol,
iulgor auroral, perfume, eeperenza, amor!
La novela de mis locuras acabó en el principio de las
-de los demás, la adoré con todo el ímpetu de mi tempenmento impresionable y tres meses después de conol ~r•
J.., le ofrecí ante el ara del altar, mi nombre, mi fortuea
_y mi corazón.
Al afio de nuestra unión, como prueba de amarme mu•
--cl:.o dióme un niño sonrosado y rubio, cual riente ma•
flan'a de Abril. ¡Si viérais qué bebé tan pillo y tan bar•
hiánl ..... .
Desde entonces, soy feliz, asombrosamente, tanto, quA
..á veces me inquieta la felicidad.
Se me dirá que es extrafl.o que un marido ame á en mu·
jer á los dos afl.os del día de bodas, como quien dice en el
menguante de lo que llaman luna de miel. Ciertamente,
pero como ninguna regla es absoluta, creo contarme entre
las excepciones, ¿por qué no?........ ( se p asea tarareando).
J Qué recue!dos conjura en mi memoria esta musiq uilla!. ..
Un drama, el drama donjuanesco de aquel tiempo, cuan·
do era seductor y ca1avereabaen todas partes; mi ro~mo·
.-ia reconstruye por arte mági~o el arrur....bado kale1dos•
-copio, y veo mujeres, mujeres, ¡ muchas mujareel (re·
..flexionando). El tiempo, eso que. desmenuza e1;1 st&gt;gundos
fa waot:cilla i1lnMM&amp;~le d~-ffl&lt;•J, :es ~1m1.--ierr1blo:, y lat.l!-1

EL MUNDO

343

evolución ...... ¿por qué el dfaque va á llegar será siempre cia la arenilla que de11equilibra el fiel C,..e la balanza, la
go:a de ª"'u" que hace reoosar el recipiente, las a las cárun sarcasmo do:,l que ee fue?..... .
Surge el sol dEll!pués de la sombra, quita al planeta la denas dtlr9lámpago que azot!'ron el espacio a l desgarrar
túnica bordada de estrellas con que la noche lo enca~uzó la nube tempest1103a, conclusión: el derecb.o de lo peqaepara ,•estirle con la suya de ópalo y de grana, muerti ex• f'l.o qua p .&gt;r la ley ev...lutiva del movimiento se une a Jo
pléndido y majestu~o, y nace siempre altigre y bello co· grande y Jo transforma; total: nada!
¿ E'or qué apenarrnti?
.
.
.
mo un ensuefl.o ó una ilu~ión; pero los d(as muertos, e~os
¿Qué tl.i la criatura ante el mfiiuto? .....• Una birbaJa.
que se llevan una página blanca de la v.1da, ó la rúbrica
solemne de un juratnento, ó la sensac1ó~ de un placer de ll"Ua pira el bramante mu.....• !,Pvrque. bay ab.&gt;rreinocente de aquellos que no pagaron débito al ~eci1do, c ioo~nt.&gt;.i en mi pecho dejarJ. 111 LLerra d.i g 1r.4r sobre B11
no resucita!!, naufragan en las ondas eté_reas, call~das, ej.i"/.. ...• ¡ l\fl cólerill la cólera inügnificllnie da:. m.&gt;rl.ll,
del espacio infinito y misterioso! (Con. ansiedad) . ¡81 ?~· ¿~erJ. CA¡Jat de p3rt urbu la p.u ~oldmne. de 103 01e1(?3L..•
diera contenerse la fuga dei tiempo, esa carrera vtirt1g1• ::,i no pjdilmos nad.i e n los d;ist1nos un1 veraale3, s1 sólo
nosi. dtil principio al lin de la vida á la m.ierte!.. ........• somos humildes fantoches que mueve el ac,130.á ~u anto¡ Bah!......... ¡Ineensato ~fán! ( Revol~iend.o unas car~). jo ...... ¿E'.ira qué h1cer melodram&lt;1?.. ...• ¡ E.i nd1cul~t.. ••
¡\..Juatro canas! Famoso corrtio, en me¡ ,r t1e1Dpo, abnr1a• L.i aoej1 y la uorliliga, esas menuuas ol&gt;r&lt;1ras, ¿lldp1ra11
1as c,m ansiedad, c on emoción, poq_ud polnan traerme por venmra á el1fü:ar una B.ibel?...... ¡ N"u l. ..••• ¡ ld:3 la
la ci~a misteriosa de una linda enam&lt;Jrada, !03 reprochea Jey!. ....• La co ncha debe pe6 arde á la r.&gt;ca; e l ala, e1uen•
de otra ol vidada ingratamente!......... ¡ Pero ahora!. .......• der3e aoanico d e plumas, y volar...... ! ¡volar.....•. (cim
f1npet~) ¡ Pero si la razón es impotente! ¡Siempre estad11.¡Qué va á ser!. ...... .• Vé amos las firmas ( r omp&lt;los. sobres) .
¡ lirfgido Canseco 1......... ¡el fastidio31,1 arr,mdatano! ....... . d1 clilv.ida com.&gt; un venablo ell: mi corazón!:····· .l~ué
tué de m i a ltruismo?...... ¿Soy ta1 vez un teórico ncticu¡ A.ridtides B.~rruguete!. .... J el ab:,g..di llo picapleitos!. ... .
¡[nc,msable moscó n!. .......• H e aquí una carta.que no mil Io·?....... ¡Provlema, problema! ( abriendo u na ventana)
parece m uy pro3aica ( tomá,ndol"' por una esquw.a), b u el.e ¡ Q i é tardti tan btilla, tan rubia, tan tibia, ¡adorables crepusculos de otoño! D,jéra3e que las nub~ son los res~ de
á violetas, las letras son muy pequeña~ p&lt;H&lt;!Cen h o~mL·
gas cou dolor de riñones (observJ,ldola), f..,rnun la d1rec• una so berbia He~a~omplios que se derrumb1 en los aires,
ción cinco palabras y ca&lt;la uno tiene dos fa_ltas di-, orto· tis majestuoiameme gr.inde ase .s-&gt;.l qud ~e apaga folgerue
grafía; no hay duda, esta carta es de una mu¡er, y de una y espténdiuo ewbot !ladose en ttmebla impenetrable, _pa,1.0u¡er bonita; véamos la firmi qu.e es, s.ig ~ramdnte, un ra preparar e n una.l borils negras 111 epifanía de 1~ luz,
garabatito muy m o no (abre lu cubierta) . ¡lhll'l! n o está ¡Ob! para comprnnder nuestra 1mpotenc1a y mezqumdad
oasta rtimontar el pen~am1anto á .los ~110~03 que CO·
tirmadal.. ....... ¡ Una incógnita!. ........ Lé imos ........• léa:
mos ......... ( L ee) . ¡No; uo tis posi b1ti, nunca lo creree, mt mienzan á brillar trasponer con la rmagrnac1ón aquella
mujer. Uenoveva eno-añ1mne ¡ veuderma! ¡ tra1c10nar- fr11uj1 carm (uea que ciña las crastas de Jo3 monte,i con
me!.. ....... ¡Con l\fauri~io!. ...... '.. : .\ii mejor am igo!. ......•• di1uema dd rubfod..... .
¡CoutraJte midterioso!
.
.
Grosera 1Djuria de a lgún imbá.:il que á costa m1a quier&lt;!
Aquí ravol vié udose como un. ID:ano¡o de reptiles. las
divertirse. ¡M:e averi;-üenza que haya ~a~1do en m1 cere•
bro, aunque sea por un instante, tan s101astra y h&lt;;&gt; rren· pasione3 más b1jas, los ab.&gt;rrec1m1entos má~ tlaugul.Illr
da idea. ¡No puede ser! ¡no! ¡no! ¡no será!. ........ ¡impo- nos, las env1diai m.is arter"8, y, allí, en el tirm.11!1-eu.so
!lzul, impasible, sin manchas, con toda la tranqu1hdad
sible!
del costno3 la talma, imperturbable, abrumadora, eter¡Sospecha insensata!
na...... ! et~rna en las eternidades .....• !
¿Qué interés podrían tener en atormentarme?
¿Será mdntira?
¿i::lerá cierto?
¡Horrible incertidum]:&gt;re!
¿Mentira?
. .
.
¡Oh! ¡ma!Jíto! ...... 1Maldito el que calumnia...... !
¡Terribles conjeturas!......... ¡Cav1lac1onea de un ciego
en una noche!......... ¡(Jada palabra dé este papel es una
Cmo B. CEBALLoe.
gota de veneno que inyecta mi co~azón. y lo empo.zo.
Noviembre de 1896.
!la......... ( pausa ). Analicemos la s1tuac1ón, tran9ml~•
mente en perfecta calma· arranquemos de la conc1enc1a
contu;bada el manto del ~en tauro Neso, las pasiones son
más perju ciosas que la hidra de Ler_n~: e!iminémo.sl.as,
Aceptado que soy villanamente tra1c1~nado; adm1t1do
también que es mi viejo compinche el dtrecto responsa•
EN UN ALBUM
b1e de esa felonía......... ¿Estoy dE:sho~rado porque la
preocupación social. es decir, la címca h1p:&gt;cr~sía dé una
Cuentan que el fatigado caminante
n:iulti~ud coaligada, marca mi frente con demgrante es·
detiene su camello jacteante
t1gma? ........ .
al divisar en lontananza un huerto;
En qué precepto moral se sustenta esa peregrina ley
y i,t,u~audo en la sombra hospitalaria
quti acnHa al esposo del crimen perpe~rado por su co .....padeva á su profeta una plegaria
fl.era?. ..... ¿No como el romano estoico puedo pregonar
en medio del silencio del desierto.
también:
Martius me ha escupido?
Tu libro es un oásis, Y mis versos,
¿Ahora bien· los llamados culpables lo son realmente?
peregrinos dispersos
Afirmarlo d~ hecho es negar los derechos de lll psico·
que al acep.ar tu generoso abrigo
logia; la carne tiene fueros gene~iacos, til tempe~ament?
recogtsráu el aire que respi~as, .
es déspota; manda y la disyunt1 va es cru,:11: tnunfar u
cantarán el aft:cto que me msp1ras,
obedecerlo.
y cua.udo mueras, worirán contigo!
Vencen los héroes, sucumben los hombres: es lo hu·
ANDRÍ!S A. MATA.
mano.
Cada individuo posee un crite.rio y un instinto Bl!-YOS,
y, esas dos fuerzaa, las pr'mord1ales en el. ser, a! VIDCU·
larse en marital connubio le hace u concebir un~ idea BID·
BALADA D.EL AUU.
guiar y propia de la estimación, resultando de ahí que
tan honrado puedti ser un presidiario como el juez que lo
Cuando llora y se queja el arpa eólica,
mandó á galeras.
Contrista el corazón y lo desgarra;
Además resucitar á Otello en nue.stro tiempo es anaMas no vibra jamás tan me1ancólica
crónico, ¿por qué no decir!(??...... ¡~idículo!....... ~Vale
Como vibra en tus mano&amp; la guitarra,
acaso el podrido embeleso aoc1al la vida de un seme¡ante
aunque él sea el más odioso delos vivie,tes?...... ¡Ah!. .... .
Cuando hieres las cuerdas, se incorporan
¡Maloch existe aún!
Y aleteando las notas se levantan ..... .
A 1:sa voz que vibra en mi interi?r, s~ opone E:I grito
¿Q.ié oi.,,n.,t1? ¿un i,edar?...... pur et10 iloran,
pasional, siento fer01entarse y hervir odt(?B fo_r1I1:1dab les
¿&lt;.¿uién lo iuei,1ra? ¿d amor?... por eso caman.
en el pecho y el deseo de venganza enturbia m1 vista con
Yo te envidio ese dón; es dón del cielo
los pliegues de su inmeusa bander~ n~gra.
.
Que t.e hace traducir en melodía
Me embarga la volupt•1osidad cnm1nosa del mato1de,
'l'us tristezas, si tu alma está de duelo,
ese placer turbio y punzante de los puñales que solo se
Y si gozas también rns alt-grías.
aacia en la sa~gre, ante el cuerpo yacente y frtinte á loe
t,,rrores del rtiwordimiento!
Tu música me encumbra haeh el ensuellol
Y we han llecllo llorar tus notas de oro,
1Venganza!......
.
.
Diríase que en la bóveda so1i•.ar1a de m1 cráneo treme
.A. mí, que hace ya tiempo que no suell.o,
y clamorea una campana que repica 11. muerto.
.
.J.. mí, que hace ya tiewpo que no llorol
¿Debo tener la conviccion de que ella es una m1seraALllKRTO JIKÉNIIZ.
blo:,?
Tixtla, Noviembre de 1896.
¿Creerla inocente?
¿Este papel puede en sana lógica arraigarme el convencimiento ue su falacia?
¡No!...... ¡No!... ... ¡No!. .... .
INQUIETUD.
¿En~nces por qué estas gotas de fuego en mis mejillas?
¿el bronco bramido de mi pecho? ¿1a agitació n que se
¡Cre.1r ó no creer! ¡Fuera la ciuda
apodera de mi ser? ¿la tensión de mis ~ervi."e? ¿la fiebre
Que todas nuestras dichas envenena
q11e caldea mi cabeza? ¿el temblor de mis miembros?..... .
Y á su yugo implacable nos condena
¡Oh! ella me engaña, ¡me engafl.at. ..... ¡Infame!, ...... (&amp;
Mil:lntras crüel al corazón se anuda!
oye un canto de m ujer ) .....• ¡Aduerme a\ niño!. ..... ( br~a
Más vale siempre una conciencia muda
transici611) ........ ¡ Voy á verla, á arro~1llarme á sus pies,
Y al sentimiento religioso agena,
á pedirle perdón por haberme ~trev1do á dndar .de su
O la creyente que en su fe serena
amor ...... ( llega á la puerta y retroced e) ...._. ... ¡No, s1 fue:ie
J)el aguijó n de la impiedad se escuda.
verdad adornaría mi vergütinza con el ridículo, entraría
¡Qué dulce debe ser dejar sin duelo
á prodigarle caricias cuanrlo tal vez ese, el otro, m i ami.Aqueste mundo del dolor morada,
go, se esconde en algtí n mueble; entrando, debilitaría mis
Con la promesa mietica del Cie10,
certidumbres y aseguraría su descaro; no lo haré, si el
hombre cae que sea como los gladiadores....... ¿No es un
O rendir ein temores la jornada,
lncbador?....... (con melancolía ). Ayer estabil a legre, era
Sintiendo solo el infinito anhelo
venturoso, ahora soy dePgraciado, pues bien., esa meta•
De volver al reposo de la Nada!
rnó rfosis que tan sensiblemente pertur~a un organismo
i ,¡;ni fba que Ia ve Ieta q u.. JWU:CBt.a á .m1Blli'.r.te .u.o b.u.eo
1un b ,, ee ha aesvi 1co !Cin1qu ier c of a ! el aire qne arreNrn-ie rubre d, 1896.

y:

�EL MUNDO.

344

29 NOVIEMBRE, 1896.
29

MI SUICIDIO.
-Muerta ella; tendida sin movimiento en el horrible
M,aÚd de barnizada caoba que aún me parecía ver en sus
doradas molduras de antipático bri.llo, ¿qué me restaba
ya en d monde,? En ella u~nfa rui luz, mi ngocijo,, ll!i
íllll!ión, mi delicia toda ......... y desaparecer as1, de suh1•,
to arrebatada en la flor de 811 juventud y de su seductora
.belleza, t'ra tanJo como _dt-cirrne ?~n w~lodiorn v?z, la
voz mógica la -,,oz que vibra en m1 rntenor produciendo
acorde11 dh:ino~: "Pue!l·me ama8, sfgueme."
.
.
¡Seguirla! Sí; na la única rePoluc1ón digna de nu canfio, á la altura de m1 dolor, y que remedu~ría la ete~na
u-isteza á que me co~denaba !ª adorada cnatura: huir á
otras regiones. Seguirla, reunirme con ella, svrprenderl_a
en la otra orilla dd río fúnebre ......... y estrecharl~.d:ehnnte, i-xclarnando: "Aquí estoy: ¿Creías que v1v1ría
sin tí? ~lira corno he ea bido buRcarte y encontrarte y evitar qne
de hov más nos separe poder al·
guno."
Determinado ya á rt&gt;alizar mi ·
propósito, quise llevarlo á cabo
en aquel mismo aposento don·
de ee deslizaran inseneiblemen•
te tantas horas de yentnra, medidas por ,il suave ritmo de nueRtros corazones........ Al entrar,
olvidé la dt-8gnicia. y parec;óme que ella, viva y sonriente?
acudla como otras veces á m1
encuentro, le 'lantando la cortina paia verme más ·pronto, y
dejando irradiar en eus pu_1?ilas
la bien venid~. y en sus meJtllas
el arrebol de la felicidad.-Allí
estaba el amplio eofá donde nos
eentábamo~, tan juntos como Fi
fuese estrechísimo; ali! la chimenea hacia cuya llama tendía
l&lt;&gt;s piece~itos cucoR; y ·ri la cu~l
yo envidioso, losdisputabaabng~~dolos c0n mie manos, donde
cabían holgadamente; allí la butaca dond., seaislabai:n los cor·
tos imrnutes de enfado pueri_l
quedupliraban el pnciode laB
reco11c11iaciones; alH lll.-gorgonade iri~ado vidrio de Salv1ati, con
la'! últimas floret&gt;, ya H'_cas .Y.Páiidae, que PII mano d1Pp~1~1er~
a1t!sticamente para ft:stt-;¡ar llll
-nresencia ..... .
• Y allí, por último. como maravillosa resurecc1ón oel pasado,
inmortalizando su ador11ble forma, ella, ella mi8ma ... es decir,
su retrato, su gran retrato de
cuerpo entero, obra maest-ra del
célebre artista, que la rl;'prese:itaba sentada, vistiéndose uno de
mis trajes prderido~, la Pencilla
y candida bahi de blanca seda
que la envolvía en una nnbe de
eepuma. Y era rn actitud fami•
liar, y eran sus ojos ve.rdes y Ju~
minosos, que me fascrnaban, y
era su boca entreabierta, come&gt;
para exclamar, entre halago y
repren~ión, _el "¡q_ué ~arde _v_1enes!" de la 1mpac1enc1a carmosa· y eran sus brazos redondos,
qu'.e se ceflían á mi cuello como
la ola al tronco del náufrago. y
era en suma, el fidelísimo trasun'to de las lineas y coloree, al
través de los cuales me había
cautivado un alma; figura encantadora que significaba para
mí lo mejor de la existencia.....
Ali(, ante todo cuanto me hablaba de e•Ja y me recordaba
nuestra unión; a!H, al pie del '}Ue
rido retrato, arrodillándome en
el sofá debía vo apretar el gatillo de Ía ruagnítica pistola inglesa de dos cañones-que llevaba
en' su seno el remedio de todos
los males y el pasaje para arribar al puerto donde ella me
aguardaba.-As~ n~ se ~orrarfa
su imagen de mis OJOS m un segundo: los cerraría mirándola,
y vol vería á al,rirlos viéndola, ya no en efigie, eino en espíritu.........
La tarde caía; y como deseaba contempl~r á mi eabor
el retrato al apoyar en mi sién el cañón de la pistola, encendí la lámpara y todas las bujías de los candelabros.
Uno de tres brazos había sobre el •ecret,r de palo de roea
con incrustaciont&gt;s, y al acercar al pábilo el fósforo, se
me ocurrió que allí dentro eetarfan mis cartas, mi retrato los recuerdos de nuestri,. dilatada é íntima historia.
U~ vivaz deseo de releer aquellas páginas, me impulsó á
abrir¡sin dilación el mueble. Es de advertir que yo no po~ía cartas de ella, las que recibía, devolvfalas una vez
leídas, por precaución, por respeto, por caballerosidad.
Pensé que acaeo ella no había tenido valor par:, destruirlas, y que de los cajoncitos del secreter volvería yo áoir
alzarse su voz insinuante y dorada, repitiendo las dulces
frasee que no habían tenido tiempo de grabal'Pe Pn mi
rnemoTia. No vacilé-¿vacilar el que va. á mol'ir?-en
descenejarcon violencia el primoroso mueblecillo. Saltó
en astillas la cubierta.'Y metí la mano febrilmente en los
cajon.:itos, reYolviéudolos ansioso.

Sólo en uno había cartas ....... Los demás los llt&gt;naban
cuentas, joyas, dijecillos, abanicos y pañuelos pe1 fumados.
-El paquete, envnelto en un tro1:o de rica. seda brochada, lo tomé muy despaoió, fo pdlpé como se palpa la cabeza del eér querido antes de dtlpositar en ella un be110,
y acercándome á la !nz me dispuse á leer. Era letra de
ella: eran sus queridas cartas. Y mi espíritu agradecía á
la muerta el dtllicado re.fioautiento de haberlas g"Uardado
allí, co1,10 testimonio de su pasión, como codicilo en que
me legaba su ternura.
Deea\é, desdoblé. emI)f'cé la lectut'll ...... Al pronto creí
recordar las cantantes frases, las apasionadas protestas y
hasta las alu. iones á dt&gt;talles íntimos, de etos que solo pueden conocer dos per.onas en el mund,,. Sto embargo, á la segunda carilla, _u!1 i..&lt;;iefir~ible malestar, un
terror vago, crnzaron por m1 1mag1 nae1ón, come c1 uza la

NOVIEMBRE,

1896.

345

EL MUNDO.

ventura...... señalaban tan exactamente como la 1::rújula
eeñala el polo, 1~ direeción verdadera del corazón que ., o
juzgara orientado haéia--el mío! ¡Mas dolor, más infamiat
De los terribles párrafos, de las páginas surcadas de ren·•
gloncitos de una letra que yo ~ubi~ra reconocido entre
todas las del mundo, saqué en hmp10 que tal i·ez...... ... al
mismo tiempo ...... ó muy poco antes ...... y una voz irónica
gritaba al oido. "iAhora sí.. ..... ¡Ahora sí que debes suicidarte, desdichadolu
Lágrimas de rabia escaldaron mis pu;:&gt;illll'; me coloqué,
según había reeuelto frente al retrato; empufié la pistola, alcé el c11flón ....... y apuntando fríamente, sin prisa,
sin que me temblase el pulso...... con los dos tiros........ .
reventé los dos verdes y lumínicos ojos que me faeciuaban.
EMILIA p ARDO B ,ZAN,

DA.MAS DISTLNGUIDA.S.

El Gorilla.
El Gorilla es el mayor de los
monos ant1opóides. Como estos
artículos no se escriben para
los versados en los conocimien•
tos y términos científicos, rf'•
cordamo11 la definición diciendoqne autropóide quiere decir, á.
i11tit11ción del howbre. Este antropói,le es indígena dela región
~c11atorial del Africa occidental.
Fué t-1 doctor americano Mr. T.
S. Savage, quien por primera
vPz llamó la atención del mundo cit&gt;ntffico sobre este animal,
de~crfbiéndolo el afio de 1847
en Bo ton .Jáurnal of .Yatural
Jlislory. Su ost!'ología la describió el l'rvfosor Jdfries Wyman.
Al principio ee le incluyó en
el mismo genero de chimpanzé,
mono maa inteligente; pero más
tarde, en 1852 y 18~3 se le asignó su gé1,ero propio, habiéndolo hecho el natnralibta francés
1\1. Gt&gt;offroi St. Hil:dre. El Profesor Owen lo denominó T. Savegei, dejando lo en el ~énero chim•
panzé. Du Cbaillu fué &lt;.JI primer
blanco qne mató un gorilla con
sus propias manos. .Al volver ,i
los Estados U nidos en Agosto de
1859. de la región circunvecina
del Río Ga1Joon trajo unos cuan·
tos especimens ó muestras completas del macho ó de la hembra, pellejos y esqueletos en per•
fecto estado de preservación,
que se hallan casi todos en las
colecciones di, Lóndres. El cránP.o del macho el más largo y
más ancho, pero menos pesado
que el dehombre, y la capacidad de la cavidad que contiene
su cerebro es menos de la mi·
tad de la que corresponde á la
C9.vidad de las más inferiores
razas humanae.
El gonlla adulto tiene 5 pies
y 6 pulgadas de alto, su altura
natural, aunque d, @pués d.e
muerto es mayor. Algunos miden de 7 á 9 pies desde el extremo las manos extendida!!.
Du Chailnll tenía un espécimel
que tenía 8 pies, 11 pulgadas en
i-se sentid.&gt;. Su progresión fa.
varita ea en cuatro patas; pero
lleva siempre erguida la cabe•
za y mira siempre hacia adelante. A causa de Ja mayor longitud de eus brazos se inclina
ménoe que el chimpanzé. Los
gorillas se presentan generalmente en grupos de 5, cuatro
hembras y un macho; sin embargo, á los machos viejos se
Jea encuentra á menudo solos.
Aunque viven en la misma vecindad del chimpanzé, no se
t-ratan. Su fuerza es enorme, no
DE ouAYMAs, soNoRA.
sólo en las quijadas, que pueden
aph1star un cañón de escopeta,
[De fotografla de Berna l.)
ainó en las manos y los piéa que
bala por el aire antes de herir. RecLacé la idea, la mal- á la vez en los camino~ emplean para atacar defendije pero volvió, volvió ...... volvióapoyadaen los párra· der~e. Con suma felicidad quiebran los árboles de tres á
fos de la carilla tercera, donde ya hormigueaban raEgos cuatro pulgadas de diámetro. No pasa de ser cuento la
y pormenores imposibles de referirá ~i per~ona y á la idea dP. que llevan un palo en que apoyarse.
historia de mi amor ...... .A. la cuarta carilla, m sombra de
Se diferencian del chimpanzé en que no se lea puede d~·
duda pudo quedarml::: la carta se había eecrito á otro, y rnesticar, pues este, á lo ménos en su juventud, aprecia.
recordaba otro días, otras horas, otros sucesos para mí el buen trato que se le d:¡. Tampoco constr:uyen_, COIJ!O
dt'~conocidos..... .
el chimpanzé, techo en qde cubrirse; y en mtehge!1c1a
Repasé el resto del paquete: recorrí las cartas una por ~on muy inferiores. Es cuento también lo que se ha dicho
una que todavía la esperanza terca me convidaba á asir- de venir á los poblados para llevarrn las negras:
me de un clavo ardienuo; quizá las demlis cartas eran las
Generalmente es mudo. Al atacará su enemigo da un
mías, y sólo aquella se había deslizado en el grupo como grito terrible, que ee oye á gran distancia. A ~os nPgros
aislado momento de una historia vieja y relegada al ol- del interior les gusta mucho la carne del gonlla Y del
vido. Pero al examinar los papelee, al descifrar, frotán- chimpanzé.
dome los ojos, un párrafo aquí y otro acuyá, hube de con•
vencerme: ningun!'- d~ las epíetolas que contenía ~I .Pa·
quete había sido dirigida á mí.. ...... Las que yo rec1b1era
1\firé...... pero no he·vistoen parte alguna
y restituyera con religiosidad, probablemente se encontrl\ban incorporadas á la ceniz de la chimenea; y las que
ir del brazo la dicha y la fortuna.
como nn astro ella hab(a conservado siempre en el ocnl(;AMPOAVOR.
to rincón del secreter, en el aposento testigo de nuetrae

$rifa. Zaltarina ~berri

•

LA

l.NUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 6.-Yéanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.

Redel, sentad&lt;&gt; cerca de la condesa, estaba hablando
de su última expedición, pero esta asunto no duró mu-cho tiemv.o, pues por medio de una transición muy hábil cambió pronto de conversación y abandonó aquella
en la cual la señora de Mossler había querido hacerle
brillar. Habló de música con Vignot y emitió con gran
,Sencille¡¡ ideas que encantaron al viejo artista. De un
salto y sin que nadie se lo pidiera, Vignot se apoderó
del piano y se puso á interpretar á Beethoven como él
sabía sentir al gran maestro. Después la conversación se
reanudó, entrecortada por piezas musicales á modo de
comentarios, y el recién llegado se encom.ró colocado,
con toda naturalidad, entre los .fieles de la condesa de
-OOutras, como si les hubiera pertenecido desde la fundación del cenáculo. Se manifestó buen músico y, con un
papel puesto sobre las cuerdas del piano, para amorti•
,guar su vibración, tocó algunos aires africanos de chocante originalidad y en los que parecía que una tropa de
.guerreros, armados de flechas y con sus carcaxea de cuero, danzaban cadenciosamente, para distraer al jefe, entre las palmeras enrojecidas por el sol poniente y sobre
la hierba de los krals.
Redel volvió asiduamente á casa de la condesa. Aquel
-salvaje, que huía del mundo y que no hablaba, al principio, más que de su fastidio de estar en París y de su
deseo de volverse á marchar, se mostró en los salones de
la condesa y aceptó en el ministerio de la Guerra un cargo que debía retenerle en París dos afios por lo menos.
Dió como pretexto que su madre, vieja y enferma, quería tenerle á su lado y dijo que tiempo tendría pa~a recorrer los desiertos cuando se quedase solo en el mundo. Se le escuchó, sin deacutir sus razones, y cada cual
~reyó lo que quiso. Los que siempre pretenden estar bien
mformados supusieron que el ministro quería tener á
Redel en el Estado mayor general, porque veía en él uno
-de los grandes jefes futuros del ejército. Los que pare-

cen no saber nuuca nada se dijeron entre ellos qut&gt; el coronel estaba enamorado apasionadamente de la condesa
de Coutras y que no podía soportar la idea de separarse
de ella.
Enriqueta siguió viviendo con su hermosa serenidad
intelectual, disimuland~ sus penas, si las tenía, poniendo ~uena cara~ sus amigos, amable é indulgente con su
mando Y pareciendo haber restaurado en esta sociedad
moderna, tan agitada y tan febril la ¡ntigua y deliciosa
quietud epicúrea.
'
El conde Valentín volvió á las locuras de su vida de
soltero con t.anto mayor empuje cuanto tnás tiempo se
había abstenido de ellas y más economías de buen juicio había realizado.
.A.caso un incidente que había disipado todo duda entre Celina y él, contribuyó á aquella vuelta á la mala vida. La g~~.rra que se hacían Celin'\ y Valentín con bastant~ fut1,1da!3, para que la joven tuviera el derecho de
contm~ar!a srn comprometerse á sus propios ojos, tomó
en los :0It1mos ~eses un caracter sordamente ofensivo
que hizo reflexiona·á la mujer de Federico. Va no se
creía segura en cuanto á Coutras. El camarada que, buen
muchacho, bromeaba con ella se había convertido en
un pretendi~nte atrevido de p~labras y que sólo esperaba un_a ocasión para pasar á vías de hecho.
Ce_hna comprendió claramente la modificación de intenc.1onea de Valentín y aunque podía acusarse de hab~r Jugado co!1 el fuego uo poco máj tiempo del que hub1e~a conv~mdo, se replegó prudentemente y ya no
arriesgó naaa. Se acabaron las antiguas conversaciones
esc!lramu~as co~teses á propósito de todo. Puso al cond~
á c1e~ta d1stal!c1a, y desde el día en que tuvo la impertinencia de decirla que era amante de la Corail porque se
parecía á ella, no le habló más que delante de todo el
mundo y en alta.voz. Dudó hasta si debería romper toda clase de relaciones con él; pero esto hubiera exigido

explicaciones á su marido, á su suegro y á la sefiora Mosler, y causa~ una nueva pena á la condesa, es decir, escándalo, odios y acaso venganzas por un miserable conc~pto que ~o podía tener consecuencia alguna. Retrocedió, pues, Juzgándolo prudente, pero estuvo tan fría con
Valentfn, que Enriqueta lo notó y preguntó á su amiga.
-No es nada, respondió Celina, El conde me ha contrl;-riado, le he puesto mala cara y él está enfadado conmigo. Ya se le pasará.
Y se le pasó, en efecto. El enfado del conde no duró
muc.hotiemp?. Lejos de eso, Valentín redobló las demostraciones amistosas respecto de la joven. .A.fectó hacerla
confidencias qu~ ella no solicitaba, pero que la divertían
aunque estaba s1~':11Pre á la defensiva y temiendo un~
vuelta á las ho~t1hdades. Jamás le permitía instalarse á
SI?- lado y sus. conversaciones se verificabrn siempre de
pie. Hab(a, sm embargo. un asunto que interesab i mucho á Cel10a y rP.specto del cual, si se hubiera atrevido
hubiera ha~ta estimulado al conde. Una noche, en qu~
el coronel Redel estaba en el salón, muy ocupado en hab.lar con la condesa, Valentín se aproximó á Celina con
ª!re de enfado, y se despidió de ella. La mujer de Federico pareció asombrada.
-¡Cómo! ¿se va usted de su casa teniendo gente en
ella?
-¿Cree usted que habrá quien observe que no estoy?
-La condesa, al menos, lo notará.
-¿Cree usted? Sus ojos están muy bien ocupados en
otra parte.
-¿Qué significan esas palabras?
-Pues nada que no pueda ver usted misma
Y con la mirada sefialó á en mujer y al coro'nel.
---;-iOh! Merecería usted que eso fuera cierto exclamó
Celma.
'
-Muchas gracias.

�EL MUNDO.

29 NOVIEMBRE, 1896.

29 N OVI.ElIBRE, 1896.

El tren de casa, en otro tiempo sencillo y poco en ar-Ha hecho usted todo Jo necesM"io para ello........ Pe- do se firmó la paz en Burdeos era subteniente y el único monía con la magnificencia de aquellos lugares, se conque había quedado vivo d~ todos los oficiales de su comro tiene usted una mnjn demasiado honrada.
pafHa. Su conducta, en todos )03 hechos de armas en que virtió en brillante y bullicioso. Las cuadras se poblaron
-Las mujeres empi ..zan todas por ser honradas.
de caballos, con su correspondiente tropa de mozos y co •
-Excepto las que usted trata, que son bribonas de na- tomó parte, !e valió tantas honrosas menciones, qu" la cheros, y los lacayos del conde de Contras fueron á asomcomisión de revisión de graclos tuvo que respetar la chacimiento.
brar con AU cinismo á los ..:ándidos servidores de la seño-¿Lo dice usted por aquella pobre Adriana Corail? rretera de aquel oficial de diez y siete años.
Desde entonces no hubo compo de batalla en el qne él ra Mossler. Un jefe de cocina se instaló con sus cuatro
Pues está usted E&gt;D un error; ya me importa poco.
i:to estuviera. Hizo todas las campañas y su raro valorre- pinches en las cocinas que sirvieron antaño para regalar
-¿La ha d1&gt;jado usted?
.
al señor de Choise11l cuando iba á visitará la favorita.
-El día siguiente de haberme usted indicado que m1 sult6 acompañado de altas facultades tlcticas. Siendo je· Todas las mañanas iba á París un [urgón con dos caballos
fe de Estado llayor del bizarro Negrier, en el Tonkin,
capricho por ell.i. le di~gustaba.
para buscar las provisiones necesarias á la alimentación
-¡Oh! Usted está loco. ¿Qué me importa á mí que ee salvó al ejército en Lang-Son cuando q11edó fuera de com- de los hué3pedes de la señora .Mossler, y ya es algo aliarregle con eea muchacha ó con otra de ,;u especie? Lo bate el general. V1rnlto á Francia, pidió servir en Argelia mentar un ejército de glotones con los manjares más suque me desagradó fué la inpertinencia de usted y eso es y, cansado allí de la inacción, se apresuró á aceptar una culentos. Satisfecha por tener á su alrededor aquellos
lo que medeaagrada de nuevo. En verdaJ, eu criado debe misión en el cent10 del A.frica. En el tiempo en que se alegres huéspedes, la señora Mossler puso la casa á la disdesarrol!a la presente narración, vi vía en París y aquel
estar mejor 1&gt;ducado que usted.
posición de Valentín. Pero se reservó, sin embargo, al-¡Adiób! Ya está usted otra vez atropellándome...... hombre apasionado del uniforme, con el que se le veía gunas invitaciones y de este modo Redel, á -pesar de la
No tengo suerte con usted. Cualquier cosa que diga ó const.1ntemente, vestía de paisano y hasta no desdeliaba hostilidad del dueño de la casa, pudo instalarse en la
la elegancia. Una mirada de mujer bastó para realizar
que haga, me juzga mal.
Chapelle-Sauvigny. La mujer de Federico era también
-Por que no c1ice usted ni hace más q11e inconve- aquella metamórfosis y para limar las garras del león. de las invitadas por la señora Mosler. Su marido iba á
Iba todos los sábados á l&amp;s reuniones del cenáculo, tomaniencias.
ba parte en las convenaciones estéticas, dibujaba en el París todas las mañana'! á traba.jar en sus negocios y re•
-Buenas noches, señora.
álbum vistas del lago Tchad y escuchaba con recogimien- gresaba. por la noche. Ferraud estaba haciendo el retrato
-¿A.donde va usted?
de la señora Mosler y Vignot componiendo, entre las coto las eonforencias &lt;le Baradán.
-Al círculo. Ese trovador del desierto me fastidia.
Pero encontraba compensaciones en las visitas de la lumnas del templete, á la orilla del lago, la música de su
-Va nsted á ponerse en ridículo. Quédese.
.arde á la Señora Coutras. Allí no veía al marido, «á ese oratorio la Resurecci6n. En cuanto á Valentín, se iba á
-¿Rerá usted buena conmigo?
odioso veleta,, con quien estaba unida la enca'(ltatlora mu- París todos lod día3, en el mail ó en el faitón, después de
-¿Qué es lo que entiende usted por 1&gt;so?
almorzar, y no siempre volvía á comer. A.eso de las seis,
-¡Oh! Poca cosa; darme el derecho de abrirla mi jer que tanta autoridad .había tomado sobre su pensa- el mayordomo sabía por teléfono si el dueño de la casa
miento. Se encontraba á veces solo con ella; podía gozar
corazón.
vol vería ó uó, y cualquiera de las do~ cosas que sucedieee
-Váyase usted al círculo y abra allí eu corazón almo• con cierto exclusiviemo del espectáculo de su gracia y de las horas se deslizaban pacíficas y dichosas.
su
belleza,
y
esto
era
cuanto
él
deseaba.
En
aquel
espírizo de la sala de juego.
tu léal y tierno no había jamás surgido 11na esperanza
Si hubiera sido posible penetrar hasta el fondo de IM
-Me voy.
.
.
Diferentes veces volvió Valentín á hablar con Celma torpe. No pensaba que Enriqneta púdiera pertenecerle couciencias. se hubiera acaso observado que Enriqueta
sobre el asunto, muy nuevo, de la irritación que experi · ni hrcía nada por agrada ria. Se contentaba con admirar- est&gt;lb.i. má,i tranquila cuando su marido no había vuelto
mentaba por la asiduidad de Redel cerca de la condesa y la, compadecerla y adorarla. No admitía que aquella cria- y que los hnéspedes miraban la ausencia del conde con
de la acentuada simpatía qutl ésta expresaba al corone(. tura perfecta pudiese caer y no hubiera querido que de- sonriente filosofía, lo que probaba cuán poco había Jojase de ser honrada ni ann con él mismo. $u propia dicha gr.i.do c.i.ptarae su'! simpatías. Algunas veces, sin embarCelina, un p:&gt;co impacient~, le dijo:
-Deje usted eso ya. Es usted ridículo con sus preven- hubiera sido una defección y el encanto de ser amado na g", permanecía dos ó tres días sin moverse de la Shape·
lle y, pa.ra didtraerae. organizaba expediciones á las qne
ciones. Enriqueta y el corond son dos espíritus puros. hubiera compensado la desilusión de haber podido serlo.
Enterado por sus amigos de la existencia deplorable convidabl á los propietarios de los alrededores. Y entonNo se ocupe usted más de ello~.
que arrastraba el condd, lti despreciaba profundamente ce&amp; empezaba i :as carreras furiosas por las calles del bos•
-Entonces distráigame usted.
y maldecía al destino que, cieio, h1b[I\ unido á semejan- qne, las reg.i.tas en el lago, las comedias imp1'1Jvisadasque
-No sabría.
t.? hombre una mujer como aquel ta. G'lardaba rencor al nunca llegaban á representarse porque el anfitrión se vol -Yo la enseñaré.
Celina le dejó, enfadada, una vez más y no le habló en Señor Eliphas y á la Señora .Mossler, á quienes acusaba vió antes á P.i.rís y suspendía los e~tudios ó daba contra·
ocho días La semana siguiente, l&lt;'ederico Clement y su d-, egoístas por haber ~acrificado á Eoriqueta al deseo de orden en toio3 los proyectos según que tenía el humor
mujer, fueron invitados al palco de la señora Mossler en corregirá Valentín. La mujer de FtiJ.erico le era profun- alegre ó triste, L:&gt;'I días que se quedaba en el campo, se
la Opera, donde se daba la primera r~presentació':1 d_e damente simpática y había hecho una íntiml amistad encerraba durante una hora eón la eefiora Mossler, y la.
Lohengrin. El banquero, que tenía una importante hqu1 · con su marido, pero jamás con uno ni con otro hablab.1 excelente mtijer salía de e3ta conferencia con lM facciodación que terminar, pidió á su padre, que había comi- de la condesa. Su discreción era tan completa que hubie- nes alteradas y pt\ida, como si acabara de sufrir una.
do en en casa, que acompañase á Celina, y prometió ir á ra muerto en el suplicio sin decir un palabr.i. que pudie- prueba. terrible. Eliphas no abría la boca en todo el día
y lanzab.i. miradas indignadas al conde, el cual no pensabuecarJa•á las once. El señor Eliphas, que no estaba ves- ra comprometerá la que adoraba.
Su c•llt,o, por otra parte. era tan resp~tuoso, que la Se- ba más qne en div.irtirse y no tardaba en echará corrertido para ir á la Opera, subió hasta el primer piso con su
nuera, preguntó á la acomodadora si la señora Mossler ñ.ora Mossler no le había notad•&gt; y ninguno de los miem• hacia á París.
H-1cia fin de septiembre. después de uno de esos conestaba allí y asegurado de que PI conde y la condesa de bros del cenáculo había entrado en 1nalicia. Cre(an naContras ocupaban el '(laico, con Vignot, hizo abrir la puer- tural que se amase á la condesa; todos ellos la amaban, ciliábulos entre laseñ'lra Mossler y Valentía del que am.:
desde Vignot con su barba blanc&lt;1 y sus ojos de éxtasis, bos interlocutores salieron, contra su costumbre, la m"\ta, se despidió de la joven y se marchó.
Valentín se levantó para ir á ayudar á Celina á qui- hasta F.irraud, atildado y moderno en su eleg,rnte correc- dre grave y firme y el hijo abatido y alterado, el conde,.
tarse el abrigo en el antepalco vasto y oscuro. En el pal- ción. Fné precisa la intuición perversa de Valentín par.i. presa de una especie de reacción nerviosa y como que•
co la condesa y Vignot hablaban, la orquesta, en su pues- descubrir la pasión en la asiduidad del coronel y algo riendo atur.lirse. mandó preparar caballos para después
to, no esperaba más que la señal de comenzar. El públi· también la iwtintiva antipatfa de aquel inútil desocupa- de almorzar y dispuso una expedición en grupo á visido hacia •m hombre desocupado y productivo. Sin ha- tar los Camanduleases de Saint-Frond, curiosa ruina del
co estaba recogido y atento.
blarse sino lo menos posible; 11buenas tardes,1, «buenas siglo XU. situada entre Senart y Brie-Comte-Rober. fa,.
-Así se hace, venir t!!mprano, dijo Valentíu.
noches», se habían conocido y si. odiaban mutuamente. señora Mossler no quiso ir y Elihpas, que -parecía todo
-La representación vale la pena, respondió Celina, y
Hasta la aparición de Redel, Valentín tuvo por su mu- regocijado, pretextó que su correspondencia le retenía
al mismo tiempo dejó deslharee su abrigo y descubrió
sus finos hombros, más blancos.que.nunca pot el contras· jer muchos miramientos. La engañ!\ba pero era en · en la biblioteca. E11.riqueta pidió una carretela para ella
te que ofrecían con un cuerpo de terciopelo negro. Se pu· cantador con ella; compensación tralicional que reci- y para Vignot; y Redel, Ferraud, Dauziat y la mujer de
so frente al espejo y con la punta de los dedos enderezó ben las mujeres de los maridos infieles. Pero, bruscamen- Fciderico montaron á caballo con el conde.
una pluma de su tocado. Ya se volvía, cuando vió, re- te, cambió de modo de ser. Como si hiciera responsable
Calina tenía blnita figura como amazona y lo sabía.
flejada en el espejo, la cara ardiente del conde que se in- á Enriqueta de los sentimientos que inspiraba al hombre Ferraud era un jinete [!1Bdiano, pero apasionado, y Reclinaba hacia ella. La joven permaneció inmóvil, estu- execrado, la englobó en su odio á R~del. E➔te cambio del aprovechaba la ocasLón de hacer un poco de ejercicio
pefacta, y en el mismo momento sintió que en su espalda, coincidió justamente con el recrudecimiento de sus ten- violento y Re proponía seguir al coche de la sel'iora de
debajo de la nuca, se posaban los labios de Valentín con t9.tivas respecto de Calina y el capricho que le impulsa• Contras. Valentíu podía, pues, fácilmente, si quería, en•
una sedosa caricia de su.bigote. Sin proferir ni un grito, ba hacia ésta acentuaba más y m·is la frialdad que mani.- contrarse á solas con la mujer de Federico, pero no pa8118 dientes se apretaron, cogió el abanico de encima de
festaba con su mujer. En el alejamiento de la vida de recía &lt;luida.rae de tal cosa. Emprendia al trote el camino
Ja consola y con ademán furioso quiso pegar con él al au- París la intensidad de esos stlntimientos era apenas per- del bosque, á la cabeza de la cabalgata, detrás del coc he
daz en la cara, pero el conde paró el golpe y el abanico ceptible aun para los mismos interesados.. Se veían una de su mujer. Embebido en su~ p3nsamientos v muy lú •
ee partió con ruido seco. La oeñora de Coutras y Vignot hora de vez en cuando y er los salones, terreno neutral, gubre, acortó poco á poco la marcha. y se quedó detrás.
volvieron la cabeza, á tiempo que la joven entraba ya con en el que los amigos hacían el efecto de un almoadillado, sus compañeros no quisieron, por poHtica, que -perecieque impedía los rozamientos directo3. Pero, tras de la se que le abandonaban y pusieron sus caballos al paso, á
los dos pedazos de su abanico en la mano.
-¿Qué le sucede á usted, amiga mía? preguntó la con- primavera llegó el verano. La Sel'iora Mossler se marcho excepción de Redel y Ferraud que marchaban -por los laá su posesión de la Cha¡:;elle-S.mvigny, cerca del bo~que dod del camino á las portezuelas del coche. Da11ziat hadesa un poco inquieta.
-El torpe de su marido de usted acaba de poner el pie de Senart, á ori,la del Sena, y próxima la temporada de blab1 con Celina, lo que oc11paba bastante á la joven pala caza, invitó á todos los amigos de Valent(n y de Eori• ra no inquietaras por la visible turbación de Valentín.
sobre mi abanico.
-Usted me permitirá, dijo Valentín con aplomo, en- queta. Allí, puestos los unos en presencia de los otros,
Al llegar al molino de Argentray, el coche tuvo q ue
viarla otro mañ.ana, para reparar mi torpe.a.
su hostilidad debía tomar un peligroso deqarrollo.
atravesar un arroyo. El agua. apenM cubría loR cascos de
El Castillo de la Chapell~Sauv1gny, edific.i.do por la los caballos y el paso se verificó con comodidad, pero es-No; no quiero nada de usted.
-Entonces, dijo la condesa, acepte este mío. Y ofreció seftora de P.:&gt;mpadour, es u::i.a de las m.í.s lujosa3 m Jradas tando ya. O.i.uziat casi al otro lado, el caballo de Calina
á la mujer de Federico un magnífico abanico Luis XV, &lt;ie los alrededores de París. R'ldeado de un puque que se resistió á entrar en la cerriente é hizo retroceder á la
pintado por Boucher y cuyo mérito artístico era ines- forma el centro de nna propiedad de tre5 mil h~táre.i.s,
joven. \Talent(n, que la segufa, gritó á sus compafl.eros:
se eleva en medio de suntuosos jardined, verdes y floritimable.
-Seguid; no hay '()ar.i qué exponerse á un baño de
-Guárdelo usted, amiga mía; muchas gracias, dijo la dos, rodeado de terrap1enes con artísticas escalinatas. Sus pies por este estúpido cabal 10. A doscientos pasós de
joven con alguna aspereza; reparat así las tonterías del tres alas de edificio afectan la form'l. de una herradura y
aquí hay un puentecillo. Nos reuniremos con ustedes en
conde sería incitarle á cometer otras nuevas.
ei,tán oruadas de cornisas coronadas de b1laustres y de
A.rgentray dentro de cinco minutos.
La señ.ora de Contras miró á su amiga, movió roelanfrontones de piedra tallada.
Y remontando la corriente, condujo á Celina á un ¡mencólicamente la cabeza y dijo, repentinamente entristecida:
Por bajo de la esplanada priacip \1 h!l.y un lag'l que co- tecillo rústiro que atravesaba el arroyo, á cuya orilla
-Celina, no debe usted quererme mal por las culpas munica con el Sena y qL1e está alimentado por ma.nantia· unos bueyes rumiaban pesadamente. echados sobre 111
del conde.
verde hierba. Durante este trayecto Valent(n no dirigió•
les. Uuas blancas barquillas permitenaborda.r á una isla
La mujer de Federico sonrió, aunque sus ojos estaban en cuyo centro un templete de columnas sirve de punto
ni una palabra á su C()mpañera y su frente preocupada
llenos de lágrimas, y cogiendo la mano que la condesa le de vista, rodeado de un marco de follaje, y algunod cis· y cargada de nubes indicó que continuaba su fastidio.
ofrecía, contestó:
Celina le seguía, inqL1ieta por aquel mal humor y sintiennes nadan majestuosamente por aquel espejo encantado,
-Tiene usted razón, miqueridaEnriqueta: deme usted en el que se l't!fl.ejan las altas copas de loa árbJlea aecu- do á pesar suyo una profunda lástima hacia aquel hom•
el abanico.
bra que, teniendo cuanto hace falta par.i. ser feliz, pare•
lares.
Aérea, profunda, misteriosa, la orquesta preludiaba ricía complacerse en auyentar la dicha.
La
señora
Mossler
era
muy
aficionada
á
aquella
gran
cas armonías. Las dos mujeres se callaron con recogiTenía grandes moti vos de rencor hacia él, pero casi no
casa
rodeada
del
silencio
de
vastos
terrenoi
p:ic0
frecuen
•
miento; Valentín, detrás de ellas, se recostó en el respaltados. Tan cerca de París que se podía ir en coc!\:i, se 03- se atrevía á coufesar,;¡e q11e no los recordaba, hasta tal
do del sillón y se dispuso á dormir.
punto aquel hombre ejercía sobre ella un flncanto no
taba ali(, como en el fondo de la provincia más lejana.
Hasta qne se casó su hijo adoptivo, la reina del oro pasa- sospechado. Llegaron á A.rgentray sin que Valentfn paIV
reciera advflrtir q1.1e Calina ib1 detrás de él; no había en
Hasta el día en que se le apareció la Señ.ora de Coutras. ba solamente algunas semanas en aque'1a sJledai que
en aquel momento galantería ni casi educación. Alel coronel Redel había vivido solamente para su carrera, ae¡radaba á la naturaleza grave Ele su espíritu, y recib(a él
Era soldado por tcimperamento y no pensaba más que en atlí á Eliphas y á uno ó dos amigos de Valentía á quie- canzaron el coche v el conde permaneció otra vez aparrodlr en su caben los mis sombríos peo·
el ejército ni comprendía safüfacción superior á la de nes éste convidaba en la t~mponda de caza. Con la jo· tado y dejando
Cu.,nd &gt; tle;pron c3rCl d3 S.1,int-Froo1 el c \·
. m"\ndar sus tropas frente al enemigo. Alistado como vo- ven condesa y su corte la animación sucedió prontamen- samientos.
lun.tario á los diez y seis años, hizo toda la campaña en te á la melancolía. Aquellas vastas habitaciones se pobla- lor era tan fuerte, en aquel día del fin de RepUembre, qu3
Vignot pidió hac~ alt.i bljo fil emp.J.rrado de una pJH·
el ejército del Loira y ganó los primeros galones en la ron, las faldas claras animaron el ver.i~ dd lo¡ b Hques,
da para babar y de,ca!B'-lr. L, c;¡niesa hizo sacu na,
b1taila de C0ulmierd. En la retirada de Vendome obtuvo antes desiertos, y la risa de la juventnd, hizo concurren- c~to de provisie1e3 que ib1 fln laza;pd31CJ~h3; y mierr•
la medalla militar; en el Mans el grado de oficial, y cuan- cia al canto de los pájaros.

•

•

tras la moza de la posada ponía las botellas á refrescar
en un culJ? de agl?-a de pozo, ~o el mundo se aplicó al
al!l1uerzo 1°:1prov1sado. _Ya comidos y bebidos y cuando
V1gnot se disponía, el cigarro en la boca á disertar sobre estética musical, comparando las d~griidacioneo de
color de las nubes con los semitonos y cuartos de tono
dijo Ferraud:
'
-Pero ¿y los Camandulenses? ¿No vamos ya á visitarlos? Me habian ustedes prometido una mara villa romana
y me eneelian unas botellas vacía.e..... .
. -:-¿Tiene usted. empalio en (~?. preguntó Valentín, fas·
11d1a&lt;1;0 por l~s discursos del vieJo compositor.
-S1, por cierto.
-¿Y usted, Dauziat?
-Yo también.
-Entónces acompaño á uetedea, dijo Celina. La condesa se q_uedar.i con estos señores que no parecen dispc.estos a moverse ..... .
-¡Oh! no, excl.1mó Vignot. Esto!! momentos están llenos de bemoles; permanezcamos en éxtasis.
Los intré~idos montaron de nueyo y seguidos por no
la~ayo destmado á guar~ar los caballos, se dirigieron,
gmados por el conde, hacia una colina, cubierta de árbolee y en cuya cima estaban las ruinas. Llegaron en un
cuarto de hora y subieron valientemente un abrupto sendero que les condujo á _una puerta maciza que daba acceso al claustro. Los .pilares tall~do• en que se dibujaban
todavía cabezas de diosas, atestiguaban el origen romano del templo. El cristianismo. allí como en otros lu"'ar~s sagradoe,. se había sobrepuesto, al paganismo. '.fos
dioses del Olimpo habían sido expulsados por el Salvador 9-el mundo y los restos de los altares pagan'ls habían
servido para sustentar el tabernáculo.
Los jinetes echaron pie á tierra. Ferraud se sentó en
un c~apitel cubi~rto de muego y se dispuso á dibujar.
Dauz1at pronunció algunas palabras de entusiasmo literario. Valentín y Ce ina quedaron absortos ante.la vista maravillosa que ofrecía el país. La sombra del bosque
~e Sen~rt ondulaba hasta el horizonte limitado por cohnas violáceas. El Sena, bordeado de pueblecillos sembrados en laa anchas llanuras, brillaba como una cinta
de plata. Del camino próximíl subían á través del aire
tranquilo el chirrido de las ruedas de invisibles carretas
y los penetrant~s cascabeles de los caballos. Era aquella
una soledad amma.da, encantadora y muy melancólica.
.A.l cabo de un 1:..stante de soñadora contemplación
Valentín se separó y se puso á pasear por la colina, gol:
peán~ose las botas con el látigo y sin prestar la menor
atención á su compaliera. Después se sentó sobre el césped Y estab~ allí hacia algunos minutos con la cabeza ba•
Ja y las facc10nes contraídas, cuandc, Celina se acercó á
él. Entbnc~s levantó los ojos con expresión de tristeza.
-¿Qué tiene usted? preguntó la joven; desde que le
conozco, esta es la primera vez que la veo tan aburrido
Valentín respondió, no con su ton.) zumbón acostum'.
brado_. ijino muy dulcemente:
-SL; tengo hoy una buena dosis de fastidio.
-¿Negocios con la señora Moseler?
-Y muy serios.
-¿No hace lo que usted quiere?
-No por completo.
-¿Cuestión de dinero·!
- Cuestión de dinero.
-Ella es muy generosa, sin embargo.
-Pero la predisponen contra mí.
-¿Quién?
-$u suegro de usted.
Hub&lt;;&gt; un silencio. Era visible que Valentín tenía en
los labios un río de improperios contra Eliphas y que le
contenía p~r respeto á Celina. .t&lt;:sta se lo agraJeció.
-¿Qué diablos ha hecho usted para que no le basten
loe recursos de que disponEe?
-¡Qué sé yo! Atrocidades; sartas de burradas. Soy
el animal más estúpido de ambos mundos cuando me
pongo á serlo. Y hace ya dos meses que se me va la cabeza.
-El darse usted cue:r.ta de ello es prueba de que se
vuelve más juicioso.
Valentín respondió rudamente:
-No lo crea u&amp;ted; no estoy absolut-amente nada dispuesto á enmendarme.
-¿Quiere usted, entóncee, a:flijir á todos los suyos?
-¿Qué les importa? Nadie me ama.
-¿~etá usted seguro de haber procurado que le amen?
-Bien sabe usted que eso no sir ve de nada. ¿Ha visto
usted alguna v~z que se quiera. á las personas por sus virtudes? A los v1rtu.:.sos se les rnsulta y se les desprecia.
En est~ mu_ndo vale más ser tigre que cordero; por lo menos se 10sp1ra temor.
-Triste privilegio el de bacer sufrir. ¿De modo que es
usted malo? Yo le juzgabi ligero, pero bueno.
_-¿Q~é sé yo lo que soy? Si bubiera sido pobre, si hubiera sido educado con dureza, como hubiera debido serlo d~spués de la mu~rte de mi padre, ee probable que me
hubiera ~ec~o un Joven honrado. Hubiera permanecido en .el e¡érc1to y hecho allí mi carrera, pues no temo
el peligro, no soy mas negado '!ue otro cualquiera y tengo un honroso nombre. Hubiera vivido para ascender·
fiara ganar cruces y estrellas, hubiera sido dichoso. E~
~gar de esto, he sido mimado como un príneipe en med10 de un lujo sin ejem p!o y no teniendo más qu~ concebir un deseo para que fuese realizado. He perdido muy
pron~o la satisfacción de desear antes de obtener, de soñar sm estar seguro de la realización de mi sueño. Me
be eetragado y las satisfacciones en que se funda la dicha del comúi:i de los m0rt:1les, no tienen ya atractivo
P.ara mí. El dmE.ro ha perdido todo su valor; he tenido
siempre la costumbre de arrojarlo á manos llenas. Cuando no tenía más, lo pedía y el manantial era inagotable.
¿~~é es lo que no se puede obtener, en el siglo en 9-ue
v1~mos, ofrecienJ~ sn precio? Todo se vende y es imv.os1.ble, cuando se tiene mucho dmero, conservar ni una
1lus1ón sobre n~da . .A.sí se llega al desprecio de los demás Y de sí mismo, al haftío de todo, al escepticismo
más completo ......

347

EL MUNDO

Yalentín miró á Celina y dijo:
-No.
La joven le siguió como una sonámbula. Dauziat bajó
el primero por la insegura es?alerill~, y mientras. Ce·
lina tanteaba con la punta del pie las pLedrascarcom1das
sintió que Valentín, con diestra mano, quitaba los fragmentos de musgo adheridos al paño de su ~sida; ligero
contacto que la hizo estremecerse; precaución tierna que
la apretó el corazón. ¿De modo que, en adelante, por un
instante de debilidad-porque había abusado de ella, la
había violentado; ella no había consentido.-aquel hombre tendría el derecho de ocuparse de el.la, de tocarla, de
darse aires de duefio? Eso no podía ser; no quería que
fnera. Y á ese pensamiento su cerebro se sentía poseido
de tal furor, que se sentía capaz de un estallido, de un in·
sulto público, de una violencia irrepanble.
Celina iba detrás de Dauziat dando vueltas en su cabeza á estos proyectos locos. Sin embargo, en el fondo de
su alma se h'lcía oir una voz que decía: Bien sabes que lo
que ha sucedido era inevitable. Te amaba, te perseguía
hacía mucho tiempo y tú no lo esquivabas sino lo estrictau,ente necesario para ponerte á salvo deun peligro inmediato y no para cortar de raíz toda tentativa. H~s jugado con el fuego, has sido coqueta y tas caido en el lazo.
Si agana acusación tienes que hacer, es á tí misma. Los
hom breP, bien lo sabes, no tienen ningún escrúpulo y no
se dejan guiar más que por su placer. No podías esperar
ninguna generosidad. ¿De qué te quejas?» Pero á pesar
de estas duras advertencias, Celina continuaba lamentan·
do-¡oh! en carne sometida, eu pudo1 hollado, su orgullo
v Jncido.
Preciso le fué desarrugar la frente é imponer un aspecto sonriente á su cara. L'egaban al eitio en que esperaban
los caballos custodiados por un lacayo. Calina se vió precisada á empapar su pañuelo en el arroyo y lavar ella
misma la herida qua había causado, y ante las miradas
de D.i.uziat, tuvo que di~imular su vergüenza, tragarse su
rabia y afectar dulzura é interés curando á Valentín,
cuando hubiera que1 ido asesinarle y huir en seguida.
-¡Bah! eso no es más que un coscorrón sin gravedad;
no morirá usted de esta, dijo el literato riendo. ·
Montaron á caballo y se volvieron á Argentray, donde
la señora de Contras y sus compañeros charlaban pacíficamente, bajo el emparrado, esperando los excursionistas. Acogieron con tranquilaconmisceración el relato del
conde, cuyo accidente explicado por él mismo perdía todo interés, y como tenían que hacer una larga caminata
para volver á la Chapelle-Sauvigny, emprendieron la
marcha. Por la noche Federico dijo que su mujer tenía
una gran jaqueca y se quedaba en su habitación.
-Eso es lo que tiene correr ácaballotodo el día con un
sol terrible, murmuró el Sr. ~liphas.
La culpa es mía, dijo la condesa. La propuse volver en
el coche con nosotros, y cuando no quiso debí obligarla.
-Puede ser que la señora Clement se alterase demasiado al ver caer al conde, en las ruinas, y levantarse con
la cara ensangrentada, dijo Dauziat.
-¡Ah! ¿mi nuera ha ido á loR Camandulenses?
-Yo también, y Ferraud. Yo soy quien encontró al
Sefior Coutras medio muerto v á la Señora de Clement
casi desmayada.
•
Eliphas lanzó una ojeada á Valentín, que permaneció
impasiole, y repentinamente taciturno, no tomó ya parte en la conversación que Redel sostuvo casi solo. La Señora Mossler había hablado de la guerra y de las empresas de su marido cuando era agente de Gambetta, y el
coronel había descrito el aspecto de aquellos ejércitos de
provincia, hambrientos. tiritando Je frío, á veinte ~,a.
dos bijo cero, con sus delgadas esclavinas de paño, mientra~ que los prusianos, vestidos Cílmo boyardos y hartos
de comer, •e calentaban en el incendio de las aldeas.
Después se habló de la retirada de Vendome con sus comb¡ites de la retaguardia, del cuerpo de ejército del almirante Jaureguiberry, y del viejo marino, trotando en un
caballejo entre sus líneas de tiradores, que se retiraban
dt30:
-Vamos, déjeme usted marcharme. Sea ust.idjuicioso. tranqnilos, intrépido~, imponentes con su incansable
Valentín se había puesto 1,my pálido v sus ojos brilla- firmeza. Federico Clemant preguntó, con aire de desconbfn, La joven ~rató de evadirse por de lante de él; pero fianza, si el país estaba mejor preparado en la actualidad
'\ alentín la cogió y la levantó en sus bnzos. Celina arro- y si la resistencia sería posible, y el coronel dijo, animánjó un grito que él ahogó con loe labios. Sintió á la joven dose:
-Sí. ciertamente; estamos en condiciones de defendergemir y revolverse en desesperada lucha cuando una ancha tal&gt;la ?abierta de líquenes ygr:imíne~ quemadas por nos. Todo dependera de los primeros encuentros. Si teel s?l, ~nt1gua mesa caída en el poi vo, les hizo tropezar- nemos ventajas al principio, estaremos antes en el Rhin
Celrna mtentó todavía desprenderse luchar pedir soco· que los alemanes en Nancy. Si somos vencidos al emperro, pero bajo aquel cielo abrasad~r. en 1~ soledad de zar ...... ¡Ohl entonces la lucha se1á sin cuartel. El alma
aquel lugar pacffic&lt;?, cerca de aq'.1el hermoso joven del francesa está mejor templada que el alma alemana y soque tanto había huido, una especie de locura se apoderó portará bier un gran peso de desastres. Lo ha probado
cte ella y con una embriaguez que indicaba tanto amor en 1871 . Jamás los alemanes hubieran tenido en la derrota la abnegación de semejante esfuerzo. La guerra fo.
como odio, se abandonó.
Cuando ae atrevio á a):&gt;rir_los ojos y se encontró en los tura será de tal modo espantosa, tan mortífera tan abundante_ en ruinas de tüdas clasto~, que no creo q~e nuestros
brazos de Valentín, se 1rgu1ó presa de un terror indeci1
ble. Los dientes apretadm no le permitieron decir una enemigos a soporten mucho tiempo. Y será preciso hacerlo
así.
Será
una guerra de duración, en la que se supalabra, pero una expresión de desesperación se pintó en
su semblante. De pronto se impulsó hacia el vacío hacia cederán los reveses y las victorias. Ahora bien, á los gela muerte, pero Valentía la contuvo y la estrechó con nera les alemanes les costó gran trabajo en 1871 llevar al
fuerza. Ent.?nces, desespera~a. \mpotente, no pudiendo combate unas tropas victoriosas; preguntadles lo quepomatar~e, quiso -~atará su tiránico cómplice y co.,.iendo drían esperar de sus soldados vel'.lcidas ......
-Sí, dijo Federico; el corazón no faltará, eso es sabiuna piedra le hirió con toda su fuerza en la cara. La sando. Pero ¿y el estómago? ¿Se comerá? ¿La intendencia
gre brotó. Valentín no había hecho ni un movimiento y
esperaba el segundo golpe. Pero aquel esfuerzo habfa cumpl;rá su deber que es alimentará las tropas y no haagotado la energ~a ~e Celi_na, que vaciló y apoyada en la cerlas ayunar?
-¡Bah! dijo Redel con de,cuido; los soldados franceses
pared, permaneció mmóvtl, estupefacta por en falta sin
com1;&gt;render lo_que había h~cho hiriendo á. Valentín' que se han batido siempre con el vitontre vacío. En Malplala mu-!'ba sonriendo y se en}ugaba la Hangre de la herida. quet se les acababa de repartir el pan en el momento de
trabarse la acción, y le tiraron para correr más aprisa al
Un rmdo de pasos en las rumas les volvió á la realidad
Era Dauziat que llegaba por el otro extremo de la roton: fuego ...... Esto no quita qne yo encuentre indispensable
da, con mil precauciones porque á cada momento roda· llegado el caso, fusilar al frente de las tropas uno ó do~
de esos señores, para dar exactitud á los demás.
ban 1~~ piedras bajo sus pies.
-¡Ah! Esas cosas no se hacen nunca......
-¡Dios mío! exclamó aproximándase· tiene usted la
-Napoleón no vacilaba en hacerlas y así estaba tan
frente llena de sangre, q,1erido conde.
'
-He caido al subir esa escalera, dijo Valentín. La ee- bien servido.
fiora Clement me ha creído muerto y oor poco se desma-Segurame_nte hay en alguna parte un hombre capaz
ya. He tonido miedo por ella más que· por mí
de hacer el mismo papel, pero faltan las circunstancias
-Bajemos, a~ajo encontrará usted agua f;esca. Poro en las cuales pudiera r~velarse. Para tal planta hace faldebe usted sufrir mucho ......
ta un terreno preparado. Nunca la democracia suspicaz

-Usted no puede, sin embargo, dejar de conocer que
la señora Mossler ba querido hacerle dichoso.
Yalentín prorrumpió en una carcajada nerviosa.
-Ha querido, sobre todo, hacérselo á sí misma...... Lo
que necesitaba era un heredero...... A.segurar b. suerte
de sus millones antes de todo ........ .
-¡Bah! Se los ha dado á us,ed.... ..
-¡Yo no se los pedía! Me ha dado guEtos absuruos,
necesidades imperiosas...... y ahora me niega el poder
satisfacerlas..... .
Celina movió la cabeza sonriendo.
-Vea usted el motivo de ese descontento; le han acortado los víveres por primera vez ...... ¿Qué ha hecho usted para merecer esa penitencia?
-Me acusan de que vivo mal, de que me aparto de mi
mujer...... Como si pudiera hacer otra cosa cuando es ella
la que se separa de mí...... Porque mi mujer no me ama.
No soy de lo:1 que pueden agradarla; hay que tener para
eso un gran talento ó un alma profunda y no es ese mi
género. ¿Sabe usted lo 41ue va á suceder si me dejan colrado enfrente de mis acreedore&amp; y sin poder pagarlos?
Pues venderé mis caballos de carreras y con ese dinero
me marcharé en mi yacht á dar la vuelta al munio y
dejaré plantados á mi mujer, á la señora Mossler, al tipo de Eliphas y :i todo el:;¡énerohumano ...... ¿Quiere usted venir conmigo?
-¡Está usted loco!
-Creo que sí. Pero no e3 culpa mía; he naéido razonable.
-Vuelva ueted á serlo.
-Es muy tarde.
-Con un poco de buena volu11tad ......
-Sería el único que la tuviera.
S11c fisonomía había cambi~do y ya no parecía desanimado y triste, sin•&gt; exhaltado y violento.
-¡Nadie se ocup,1 seriamente de mí! Creen habérmelo
dado todo dándome la riqueza; y la riqueza no es nada;
me doy cuenta de ello y la odio. Hay momentos en que
querría agotar todos esos millonee...... pero es imposible;
volverían á. venir otros tantos de allá. E,o es como un estanque que se le !tena en cuanto se le vacía; no puede usted imaginar ese río éle oro...... Y por algunas miserables
deudas tantas historias .... Eliphas tiene la culpa ...... Me
odia.
Se levantó.
-Venga usted, andemos un poco, ¿quiere usted? Visita·
remos las ruinas que no hemos hecho más que atrave·
sar...... ¿Dónde están Fclrraud y D.i.uziat?
Los llamaron y, de lejos, Ferraud con estó qne estaba
dibujando y que Dauziat le había dejado hacía un instan•
te. Valentín y Celina entraron en el claustro situado sobre el lugar qne antes había ocupado la capilla. Una escalHilla de et:.calonee desconchados daba vueltas 4 un torreón y conilucía á las celdas. Subieron y se encontraron
á ochocientos metros de altura en una pequel'ia rotonda
que daba al dormitario, aun bien conservado, con sus pi·
lares macizos que ya no soportaban la bóveda demolida.
-A.caso no es prudente permanecer aquí, dijo Celina.
-¿Por qué? contestó Valent,ín riendo.
-Puede desprenderse alguna piedra de las paredes.
-La misma piedr.i. las sostienE&gt;. Vea usted cómo sabían los frailes escoger sus moradas. ¿Puede verse sitio
más encantador? El río á sus pies para la pesca; el bosque á su alcanc,il para la caza, y en t"&lt;io alrededor pueblecillos que les pagaban tributo...... ¡Y qué calma! ¡Qué paz!
¡Aquí se vivía! ¿No es verdad?
·
-Renunciando á los bien.es del muudo....... dijo l!l joven sílnriendo.
-Yo renunciaría á todo meno3 á la mujer que amo.
-¡Oh! Cuandíl se tienen tantas, no se tiene ninguna.
-Bien sabe asted qué, en ese caso, no tengo ,uás que
una.
Se aproximó á ella y, al lado de la ventana en ruina,s,
19:.estrechó contra su pecho. Colina quiso rechazarle y

0

�EL MUNDO.
29 NOVIEMBRE, 1896.
348
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y celosa que ahora es dueña del poder, sufrirá que un ge• para acercarse á ella, mas la joven hizo frascasar todos principios en la vida y no tomaba en serio las exageraneral ee ponga en evidencia. Todavía está espantada con sus esfuerzos con un ardor que indicaba cuánto deseaba ciones del moderno escepticismo.
Boulanger. Sería precisa, pues, una guerra para que sur- evitar una entrevista con ¿1, Pero Valentín tenia sobre
Eliphas pensaba como ella y si hubiera sido puesto en
giera un hombre providencial que, en la locura de la ella la superioridad de la audacia y por un movimiento el caso de resolver en asunto tan serio com:&gt; aquel que
victoria producida en el país entero, ee apoderase de la· imprevisto logró bloquearla en un rincón del salón, 6ntre preocupaba á la t eñora Mossler hubiera mostrado igual
dirección de loe negocios. Y aún no es seguro que loe re- dos plantas, que lea ocultaban y una mesa llena de álbu- confianza. Pero su amiga estaba lejos de querer consalpresentantes del pueblo no intentasen derribarle ó supri- mes que impedía llegar hasta ellos. La tuvo allí prisione- tarle semejantes dudas. La hostilidad, ya grande, de su
mirle. Hay todllvfa eetis de las que mataron á Hoche...
ra, pero absolutamente duef!a de sí misma, como lo indi- ministro de la Caridad contra Yalentín, hubiera aumen-Hoche fué, en todo caso, envenenado por loe van- caban la arroganci de su actitud y la palidez nerviosa de tado hasta el punto de hacer imposible toda amistad con
deanos...... •
su semblante. Valentín no perdió el tiempo en preambu- ella. ¿Y qué hubiera sido de la Sef!ora Mossler sin Eli· -También ee h:,. dicho quP fué por Bonaparte.
los y abordando desde Juego la cuestión capital:
phas? Si aquel hombre de negocios admirable dejaba de
La conversación se de3carriló completamente y ee per-Celina, dijo á media voz y como si hablase de cosas prestarle su concurso, ¿cómo iba ella á salir i.delante con
dió en anécdotas poco auténticas. Al levantarse de la indiferentes, ¿por qué ha estado usted cuatro días lejos la administración de sus fundaciones? Diez secretarios,
mesa, Yalentín sintió un verdadero alivio instalándose de mí?
que la embrollarían sus asuntos y la robarían, no podrían
en la sala de fumar, donde pudo recostarse en una butaElla le miró de alto abajo con aire altanero y dijo:
substituir al benévolo distribuidor de sus beneficios.
ca y cerrar los ojos pensando en eu aventura. Su decep-¿Tengo que dará usted cuenta de !o que hago? He
Para cortar J.&gt;Or Jo sano cualquiera intrigacomenzada6
ción hBbfa sido grande al saber que no vería á Celina aquí una pretensión nneva é inesperada.
cualquier capricho nasiente, resolvió llamará Valentín é
aquella misma noche. Estaba ilusionado por la idea de
-Si usted no hubiese huído de mí, no tendría que interrogarle con i,eriedad. Sabía de antemano que le cosencontrarla en el salón, de sentarse á su lado y mirarla, prguntarla. La actitud de usted para conmigo me da el taría caro ser obedecida, pero no importaba esto con tal
respirarla y expresarla, envueltas en palabras ineignifi- derecho de hablarla así.
de obtener el resultado que se proponía. El dinero no era
cantf&gt;s, mil ternezas que ella sola comprendería. La au•
-Ni usted tiene ningún derecho ni yo he huído. La para ella más que un medio de asegurar su autoridad ó su
sencia de la joven le producía una turbación indecible; actitud que tengo es la que conviene.
rnsuficiencia, y ese medio había sido hasta entonces incomo una sensación de vacío; como si ae encontrase sien-¿Quiere usted, pue,;i, tratarme como enemigo?
falible con Valentín. Tranquilizada por esta conclttsi6n
do un extraño entre sus convidados; y sentía una desa-Sí, si trata usted de algún modo de limitar mi li- de sus meditaciones, se levantó, se despidió de sus hués·
nimación profunda, presintiendo que aquel propósito de bertad.
pedes, acostambrados á verla retirarse temprano, y al reevitarle era la primera manifestación de una resiatencia
-Usted, sin embargo, no podrá hacer que lo ocurrido cibir las buenas noches de Valentín, dijo:
que no podía vencer.
no sea un hecho.
-Si tienes intención de ir mañar.a á París, entra á verTodos sus amores, hasta entonces, habían sido fáciles.
-Está. usted en un error; lo haré.
me antes de marcharte; tengo necesidad de hablar contigo.
Tan sólo había conocido Señoras Bourdón que no se deComo hacía cuatro días qu';l la señora Mosaler estaba
A esta declaración tan rotunda y que tomaba más fuerfendían más que para capitular en mejores condiciones. za todavía dicha muy bajo y en tono joval, Valetín se es- eeria con su hijo adoptivo á causa de la terrible liquidaLas repulsas le dejaban asombrado, y acaso no había de- tremeció de cólera y replicó con los dientes apretados:
ción que había pedido y á la cual ella, por primera vez,
11eado tanto á Celina sino porque ésta le tenía á cierta
-¡Cuidado! Usted es mia y nada podrá. hacer que no se había negado, Valentín entrevió en aquella conversadistancia, Pero fuerte ya, después de haberla poseído, la lo !ea. Antes, destruiré todo cuanto nos rodea.
ción su vuelta al favor maternal; y pronto á aprovechar
deseaba con un ardor singular que nunca había sentido
Celina se levantó como impulsada por una fuerza in- las circunstancias, contestó muy amablemente.
y sólo pensaba en el momento de volverla á. ver, de ha- vencible, y dijo, mirándole con sonrisa intrépida:
-Pero, querida mamá, no quiero por nada del mundo
blarla, de hacerla conocer sus deseos y sus esperanzas.
molestarte temprano. Esperaré tus órdenes.
-Ya puede usted empezar.
La VE-lada fué corta. Todos los habitantes de la ca~a esLa sefiora Moesler le miró con complacencia, dulcifiY pasando impasible por delante de él, fue á sentarse
taban cansados por la expedición del día. Valentín se al lado de Señora Mossler. Valentín oyó este fragmento cada en un instante por su amabilidad, y movienao la
retiró pretextando sus contusiones y se encerró en su de diálogo entre las dos mujeres:
cabeza, como incrédula ante aquellas manifestaciones zacuarto.
lameras, dijo:
-¿Qué decía á usted ese loco?
A la mañana siguiente bajó á. eso de las diez y tuvo la
-Bueno; está convenido. Te haré buscaren cuanto es•
-Tonterías, respondió Ceima.
coutmriedad de saber que Calina se había marchado á
té dispuesta. Que duermas bien y trates de trBerme ma-De manera que ha salido usted derrotada ......
París con su m'lrido. Decididamente huía de él y esto le
-No, á. fe mía. No le temo ya. Solamente me cansa un ñana resolucioose juiciosas.
causaba un profundo descontento. Aquel nifio mimado poco.
Tomó el brazo de Eliphas y salió del salón.
•
á quien todo había sonreído, se irritó ante e pudor de
La rabia que se apoderó de Valentín al oír aquella braV
una mujer y no lo comprendió. Necesitaba la satisfac- vata
filé tan violenta, que se levantó para ir hacia Celición de su capricho, en seguida y sin restricciones. No na, pronto
La
habitación
que
ocupaba
la señora Moasler era la de
á cogerla en sus brazoe sin pensar en lo que la Pompadonr; ei estrado &lt;!e balaustres
le cabía e11 la cabeza que una mujer á quien había poseí- debía suceder.
dorados deetinaDió
cuatro
pasos
en
el
aal6n,
como
delido, pensase en resistírsele en adelante, y en la agitación rante y con la cara tan alterada que vi6 los ojos de la jo- do al lecho de la favorita había sido suprimido en tiemde espíritu en que las veleidades de Celina le ponían, ven agrandarse de eRpanto y temblar sus labios. El he- po del senador conde de Berland, bajo el primer imperio.
poco le faltaba para acusarla. de necia. Se prometió tedecoración, debida al pincel de Lancret, era la misma
de que tenía miedo y no le despreciaba tanto como La
ner con ella una explicación de las más terminantes, cho
y consistía en exquisitas pinturas de asuntos p!lijtorilea,
quería
decir,
calmó
repentinamente
la
exasperación
de
aquella misma noche.
Valentín, que pensó: «Ha querido afectar audacia, pero que han sido despu~s reproducidos en ttapices por loe
Pero no tuvo esta satisfacción. La mujer de Federico no está tan segura de sí misma que no pueda llegar un Gobelinoa. Sobre !a chimenea había un reloj y dos jarropermaneció en París con su marido, al que retenía en la momento en que la tenga á mi discreción. ¿Para qué, nes de mármol esculpidos por Caffieri y con guarniciones
de bronce. El mobiliario, compuesto de un ancho silJ6n,
caphal un importante negocio, y tardó cuatro días en pues, perderlo todo en un momento?» Se puso risuei'!.o y
volverá la Chapelle-Sauvigny. Ninguno de los huéspe- en I:igar de lanzarse sobre Celina en actitud violenta, co- dos cómodas de palo de violeta, una mesa de madera ta•
des pudo observar el furor que embargó á Valentín mien- mo su movimiento amenazador podía hacer temer, se liada y dorada y unao cuantas butacas y sillas de tapice•
ría, había sido comprado por la sefiora Mossler en la altras esperó á la joven. Mostró un semblante alegre y al apoxim6 con un aplomo perfecto y dijo:
moneda Bertin y pagado á peso de oro. El piso estaba
oír que la Sef!ora Mossler se extrafiaba de que permane-No se sabe, en realidad, cómo complacerá usted. Es- cubierto con uoa alfombra de la Savonnerie y las venta•
ciese tanto tiempo sin ir á. dar una vuelta por París, contestó con agradable sonrisa que la calma de los campos tá uno serio y se queja usted de que se la aburre. Está nas adornadas con cortinas de color de amaranto de un
tono delicioso.
.
le sentaba á las mil maravillas y que no comprendía có- uno alegre y protesta porque se abusa de su indulgencia.
Me parece que lo mejor sería, para agradarle, no volverA. eso de las diez, la señora Mossler, sentada en el bue•
mo no había goz.1do más de ella hasta entonces.
co de una ventana, estaba mirando á 1011 trabajadores que,
Por fin tuvo la satisfacción de ver que entraba en el se á ocupar más de su persona.
La joven levantó hacia él una mirada suplicante, como embarcados en dos lanchas y bajo las órdenes de un guarpatio del castillo el coche que había ido á buscar á los
diciéndole: sea usted generoso y, en efecto, no se ocupe da, hacían en el estanque una gran saca de peces y lle•
sef!ores de Clement y que bajaba de él, esbelta y ligera
naban con ellos grandes redes. Ferraud y Dauziai, á peaquella á quien esperaba hacía tanto tiempo. La observó' más de mí. Pero Valentín continuó:
-Pero entonces, ¿qué se pensaría de mí? Que era un sar del rocío de la mañana, presenciaban la operación
sin que ella lo notase, desde una ventana de la sala d~
fumar, y vió que no estaba nada cambia:la, que parecía grufi6n, un ser sin galantería. Es, pues, preciso resignar- desde la orilla y gesticulaban gritando á loe pescadores
muy tranquila y que vigilaba con entera calma la l-pera- se á sufrir sus sofiones y portarse como uno cree que d~ confusos consejoe. Bajo el cielo luminoso bordado de li•
ci6n de bajar del coche sus efectos. No quiso, por el be hacerlo, sin tener en cuenta sus caprichos. Así, acaso geras nubes y en aquel marco de veraor ya pálido, el
cuadro resultaba tan animado y pintoresco, que la seño•
pronto, presentarse delante de ella, pensó que su prisa se llegue á desarmar á usted.
Celina volvió á tomar sn aire de provocación:
ra Moasler le hubiera contemplaoo largo rato si la puerta
J&gt;Odría ser mal interpretada y se prometió verla en la ve-Eso
ne
es
probable.
de su cuarto no la hubiera distraído, al abrirse, de aquella
lada. Pero e l tiempo pasó lentamente sin tener en cuen-¡Babi
dijo
él
ligeramente;
yo
corro
el
alour.
¿Qué
divertida ocupación. Valentín entró sonriente.
ta la impaciencia de Valentín, y éste, que llegaba siempre el último al salón, fué aquella noche el primero y puede_sucederme peor que ser tratado como lo soy por
-Estabas mirando los pescadores, madre mía, dijo. Ea
usted.
di6 conversación á su madre, lo que la colmó de gozo,
verdaderamente extraordinaria la cantidad de peeca que
La
Sefiora
Mossler
los
escuchaba
con
asombro:
Lepahay en tus estanques. Han sacado en una hora más de
puee no estaba acostumbrada á semejantes favores.
A.l fin, á las siete se presenté Celina. Fué á besar á la recía descubrir un sentido profundo en aquellas palabras veinte redes repletas, y eso ~ue tiran loe peces J?equefi.oa.••
ligeras.
Los
examinó
con
aienci6n
y
los
vi6
poseídos
de
Sefiora Mossler, dió un ªfretón de manos á la condesa y,
V as á tener comida de vigiha para enviar el viernes á todos tus asilos.
al pasar por delante de \ alentfn, Je tendió la mano que una emoción que su diálogo no explicaba. Las frases
cambiadas
delante
de
ella,
¿tenían,
pues,
undoble
sentiél no sintió estremecerse en la suya. Estaba tan á sus
-He mandado hacer esa destrucción, porque, verdaanchas como si nada hubiese ocurrido. Miró con sus her- do? ¿Celina y Valentín estaban en seria hoaiilidad? ¿Y deros caimanes, los peces grandes han devorado loe bo·
por
qué?
El
carácter
y
las
costumbres
de
su
hijo
adoptimosos ojos á Valentín y éste no vió en ellos ni el más lenitos patos de Barbería que tú ma regalaste y que tanto
ve reflejo de cólera. Lo había ofviñado todo completa y vo ofrecían demasiadas explicaciones y eran éstas bas- me gustaba ver nadar ba¡o mi ventana.
tante
graves
para
que
la
sefi.ora
Mossler,
una
vez
despierprofundamente. El joven sintió nn acceso de furor.
-Yo te traeré otros. Uno de mis amigos, Saini-Gir6n,
«¿Creerá, pensó, que va á escaparse? ¿Imagina que tiene ta su desr.onfianza se contentase con las mzones que le tiene una especie verdaderamente rara. Pi:recen pintad01,
habían
dado
los
dos
antagonistas:
se
propuso,
pues,
obque habérselas con un idiota y que me voy á. dejar aturtan variados y tan vi vos son sus colores.
dir por sus malicias? Va á ver que á mí no se me paga servarles. Tenía un afecto sedo por Celina, y además la
La sefi.ora Moss!er, con el revés de su lánguida mano,
joven
estaba
bajo
sn
techo
y
la
Señora
Mossler
no
podía
con esa moneda; yo la volveré á llevar al punto en que
di6 un golpecito en ta mejilla á su hijo adoptivo, y exa•
admitir
que
un
huésped
no
estuviese
material
y
moralquedó nuestro asunto y no tardaré.11 Después pensó que
minando la seflal roja que tenía en la frente, dijo:
acaso aquel diaimulo no era más que táctica con el obje- mente seguro en aquella casa.
-Has podido desfigurarte al caer y eso hubiera sido
to de despistar acerca de sus sentimientos á las personas
Buscó á Federico Clement y le vi6 en una mesa de fatal, porque ¿que te hubiera quedado si perdías tu belleque loe rodeaban, y que, una vez sola con él, cambiaría whist con su padre y con Ferraud. Asoció en su pensa- za física?
de actitud.
miento aquel ~rave joven, de calvicie precoz, ojos fríos y
Valentín se echó á reir.
Se calmó y aplazó sus resoluciones, limitándose á obs- casi feo, si la mteligencia no hubiera suplido la ingrati- -Siempre me hubiera quedado tu carilio, supongo. Tú,
servará Celina que jamás había estado más bella ni más tud de su cara, y aquella fina, graciosa y seductora Celi- tan buena para loa desgraciados, no ibas á abandonarme
seductora. Una especie de lánguida dulzura parecía im- na. ¿Qué lazo podía unir aquellos dos seres que no supie- porque fuera desagradable á la vista.
plorar en ella indulgencia. Parecía decir: «¿Quién será ra roll)per ~l amor? ¿Estaba hecha para F~erico, siempre
-Yo no pero ¿y las otras mujeres?......
bastante duro, bastante brutal, para atormentará un ser
~upado, s1empr~ en busca de un negocioi aquella pari-Con O-l ocuparme más de ellas, estaría despachado.
como yo, débil y dulce? ¿Quién tendrá ese valor? decid: siense creada umcamente ¡,ara el placer y a alegría?
La sei'!.ora Moaaler examinó á Valentín y, en un tono.
me, vosotros, los que me estáis mirando. Y usted misPor una evolución de su espíritu, la Sefi.ora Mossler que no era el de la broma, contestó:
mo, Vale~tín, ¿cómo pu~e pensarlo?11 Detuvo por dos pene? en Enriquet_a y Valentín.. ¿No exis_tía entre ellos
-Pues bien; debes empezar inmediatamente.
veces la mirada en él y el ¡oven creyó leer en ella súpli- la misma deeeme¡anza? La mu¡er reflexiva, apasinada
El conde trató de escaparse con un chiste.
cas apremiantes. Se puso entonces frío y suspicaz y vol- por el arte, curiosa de sensaciones intelectuales, ¿no era
-¿Así, sin prevenirlas, sin preparación? ¡Las desgravió á todas sus desconfianzas. Pensó que Celina estaba el polo opuesto de aquel marido ligero, entregado á las ciadas! ¡Tú las quieres mal!
representando una comedia para moverle á piedad· no impresiones materiales, gran aficionado á los ejercicios
Al contrario; las quiero bien, 6, mejor dicho, quiero
compre_ndi6 las ai¡gus~i~ que la agitaban y no pensó' en violentos y á los placeres físicos? ¿Había existid'&gt; en . bien á una de ellaa.
el apasionado agradec1m1ento que era capaz de dedicarle aquellos dos matrimonios una equivocación deplorable?
Valentín cambió de actitud presintiendo un rudo aeal·
si se prestaba noblemente á aquel olvido de su falta que ¿Esas dos parejas, tan mal acopladas, prometían para el to. Se sentó al lado de la eeilora Mossler y dijo:
ella dC!'eaba imponerle. Ni por un momento hizo :a causa porvenir tem~estades y ~aufragi_os? _La Seiiora Mossler
-Madre mía no te comprendo. ¿:\le hablabas en serio?
de la joven contra sí mismo ni pensó más que en abusar no permaneció mucho tiempo mqu1.eta. Su conciencia Yo creí que bromeabas.
de la situación en que se encontraba.
-No; no bromeo. Te hablo seriament.e.
proporcionaba á ~u espíritu argumentos morales q11e la
Después de comer, maniobró hábil y pacientemente · tranquilizaban. Reconocía la influencia de los buenos
(Continuará.}

TOMOII

MEXICO, DOMINGO e DE DICIEMBRE DE 1896.

•

NUMBRO 23

•

lEL PRESIDENTE DE LA. REPU.BLICA. :haolendo laprote@tadcle . a
.
[DIBCJO DEJ. ,:\!. VILLA.SA~A],
~ ntc el Congreso, la inaílu.nn del l!del ooi.•íonte.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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