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                  <text>EL MUNDO.
29 NOVIEMBRE, 1896.
348
===========================================================·~
y celosa que ahora es dueña del poder, sufrirá que un ge• para acercarse á ella, mas la joven hizo frascasar todos principios en la vida y no tomaba en serio las exageraneral ee ponga en evidencia. Todavía está espantada con sus esfuerzos con un ardor que indicaba cuánto deseaba ciones del moderno escepticismo.
Boulanger. Sería precisa, pues, una guerra para que sur- evitar una entrevista con ¿1, Pero Valentín tenia sobre
Eliphas pensaba como ella y si hubiera sido puesto en
giera un hombre providencial que, en la locura de la ella la superioridad de la audacia y por un movimiento el caso de resolver en asunto tan serio com:&gt; aquel que
victoria producida en el país entero, ee apoderase de la· imprevisto logró bloquearla en un rincón del salón, 6ntre preocupaba á la t eñora Mossler hubiera mostrado igual
dirección de loe negocios. Y aún no es seguro que loe re- dos plantas, que lea ocultaban y una mesa llena de álbu- confianza. Pero su amiga estaba lejos de querer consalpresentantes del pueblo no intentasen derribarle ó supri- mes que impedía llegar hasta ellos. La tuvo allí prisione- tarle semejantes dudas. La hostilidad, ya grande, de su
mirle. Hay todllvfa eetis de las que mataron á Hoche...
ra, pero absolutamente duef!a de sí misma, como lo indi- ministro de la Caridad contra Yalentín, hubiera aumen-Hoche fué, en todo caso, envenenado por loe van- caban la arroganci de su actitud y la palidez nerviosa de tado hasta el punto de hacer imposible toda amistad con
deanos...... •
su semblante. Valentín no perdió el tiempo en preambu- ella. ¿Y qué hubiera sido de la Sef!ora Mossler sin Eli· -También ee h:,. dicho quP fué por Bonaparte.
los y abordando desde Juego la cuestión capital:
phas? Si aquel hombre de negocios admirable dejaba de
La conversación se de3carriló completamente y ee per-Celina, dijo á media voz y como si hablase de cosas prestarle su concurso, ¿cómo iba ella á salir i.delante con
dió en anécdotas poco auténticas. Al levantarse de la indiferentes, ¿por qué ha estado usted cuatro días lejos la administración de sus fundaciones? Diez secretarios,
mesa, Yalentín sintió un verdadero alivio instalándose de mí?
que la embrollarían sus asuntos y la robarían, no podrían
en la sala de fumar, donde pudo recostarse en una butaElla le miró de alto abajo con aire altanero y dijo:
substituir al benévolo distribuidor de sus beneficios.
ca y cerrar los ojos pensando en eu aventura. Su decep-¿Tengo que dará usted cuenta de !o que hago? He
Para cortar J.&gt;Or Jo sano cualquiera intrigacomenzada6
ción hBbfa sido grande al saber que no vería á Celina aquí una pretensión nneva é inesperada.
cualquier capricho nasiente, resolvió llamará Valentín é
aquella misma noche. Estaba ilusionado por la idea de
-Si usted no hubiese huído de mí, no tendría que interrogarle con i,eriedad. Sabía de antemano que le cosencontrarla en el salón, de sentarse á su lado y mirarla, prguntarla. La actitud de usted para conmigo me da el taría caro ser obedecida, pero no importaba esto con tal
respirarla y expresarla, envueltas en palabras ineignifi- derecho de hablarla así.
de obtener el resultado que se proponía. El dinero no era
cantf&gt;s, mil ternezas que ella sola comprendería. La au•
-Ni usted tiene ningún derecho ni yo he huído. La para ella más que un medio de asegurar su autoridad ó su
sencia de la joven le producía una turbación indecible; actitud que tengo es la que conviene.
rnsuficiencia, y ese medio había sido hasta entonces incomo una sensación de vacío; como si ae encontrase sien-¿Quiere usted, pue,;i, tratarme como enemigo?
falible con Valentín. Tranquilizada por esta conclttsi6n
do un extraño entre sus convidados; y sentía una desa-Sí, si trata usted de algún modo de limitar mi li- de sus meditaciones, se levantó, se despidió de sus hués·
nimación profunda, presintiendo que aquel propósito de bertad.
pedes, acostambrados á verla retirarse temprano, y al reevitarle era la primera manifestación de una resiatencia
-Usted, sin embargo, no podrá hacer que lo ocurrido cibir las buenas noches de Valentín, dijo:
que no podía vencer.
no sea un hecho.
-Si tienes intención de ir mañar.a á París, entra á verTodos sus amores, hasta entonces, habían sido fáciles.
-Está. usted en un error; lo haré.
me antes de marcharte; tengo necesidad de hablar contigo.
Tan sólo había conocido Señoras Bourdón que no se deComo hacía cuatro días qu';l la señora Mosaler estaba
A esta declaración tan rotunda y que tomaba más fuerfendían más que para capitular en mejores condiciones. za todavía dicha muy bajo y en tono joval, Valetín se es- eeria con su hijo adoptivo á causa de la terrible liquidaLas repulsas le dejaban asombrado, y acaso no había de- tremeció de cólera y replicó con los dientes apretados:
ción que había pedido y á la cual ella, por primera vez,
11eado tanto á Celina sino porque ésta le tenía á cierta
-¡Cuidado! Usted es mia y nada podrá. hacer que no se había negado, Valentín entrevió en aquella conversadistancia, Pero fuerte ya, después de haberla poseído, la lo !ea. Antes, destruiré todo cuanto nos rodea.
ción su vuelta al favor maternal; y pronto á aprovechar
deseaba con un ardor singular que nunca había sentido
Celina se levantó como impulsada por una fuerza in- las circunstancias, contestó muy amablemente.
y sólo pensaba en el momento de volverla á. ver, de ha- vencible, y dijo, mirándole con sonrisa intrépida:
-Pero, querida mamá, no quiero por nada del mundo
blarla, de hacerla conocer sus deseos y sus esperanzas.
molestarte temprano. Esperaré tus órdenes.
-Ya puede usted empezar.
La VE-lada fué corta. Todos los habitantes de la ca~a esLa sefiora Moesler le miró con complacencia, dulcifiY pasando impasible por delante de él, fue á sentarse
taban cansados por la expedición del día. Valentín se al lado de Señora Mossler. Valentín oyó este fragmento cada en un instante por su amabilidad, y movienao la
retiró pretextando sus contusiones y se encerró en su de diálogo entre las dos mujeres:
cabeza, como incrédula ante aquellas manifestaciones zacuarto.
lameras, dijo:
-¿Qué decía á usted ese loco?
A la mañana siguiente bajó á. eso de las diez y tuvo la
-Bueno; está convenido. Te haré buscaren cuanto es•
-Tonterías, respondió Ceima.
coutmriedad de saber que Calina se había marchado á
té dispuesta. Que duermas bien y trates de trBerme ma-De manera que ha salido usted derrotada ......
París con su m'lrido. Decididamente huía de él y esto le
-No, á. fe mía. No le temo ya. Solamente me cansa un ñana resolucioose juiciosas.
causaba un profundo descontento. Aquel nifio mimado poco.
Tomó el brazo de Eliphas y salió del salón.
•
á quien todo había sonreído, se irritó ante e pudor de
La rabia que se apoderó de Valentín al oír aquella braV
una mujer y no lo comprendió. Necesitaba la satisfac- vata
filé tan violenta, que se levantó para ir hacia Celición de su capricho, en seguida y sin restricciones. No na, pronto
La
habitación
que
ocupaba
la señora Moasler era la de
á cogerla en sus brazoe sin pensar en lo que la Pompadonr; ei estrado &lt;!e balaustres
le cabía e11 la cabeza que una mujer á quien había poseí- debía suceder.
dorados deetinaDió
cuatro
pasos
en
el
aal6n,
como
delido, pensase en resistírsele en adelante, y en la agitación rante y con la cara tan alterada que vi6 los ojos de la jo- do al lecho de la favorita había sido suprimido en tiemde espíritu en que las veleidades de Celina le ponían, ven agrandarse de eRpanto y temblar sus labios. El he- po del senador conde de Berland, bajo el primer imperio.
poco le faltaba para acusarla. de necia. Se prometió tedecoración, debida al pincel de Lancret, era la misma
de que tenía miedo y no le despreciaba tanto como La
ner con ella una explicación de las más terminantes, cho
y consistía en exquisitas pinturas de asuntos p!lijtorilea,
quería
decir,
calmó
repentinamente
la
exasperación
de
aquella misma noche.
Valentín, que pensó: «Ha querido afectar audacia, pero que han sido despu~s reproducidos en ttapices por loe
Pero no tuvo esta satisfacción. La mujer de Federico no está tan segura de sí misma que no pueda llegar un Gobelinoa. Sobre !a chimenea había un reloj y dos jarropermaneció en París con su marido, al que retenía en la momento en que la tenga á mi discreción. ¿Para qué, nes de mármol esculpidos por Caffieri y con guarniciones
de bronce. El mobiliario, compuesto de un ancho silJ6n,
caphal un importante negocio, y tardó cuatro días en pues, perderlo todo en un momento?» Se puso risuei'!.o y
volverá la Chapelle-Sauvigny. Ninguno de los huéspe- en I:igar de lanzarse sobre Celina en actitud violenta, co- dos cómodas de palo de violeta, una mesa de madera ta•
des pudo observar el furor que embargó á Valentín mien- mo su movimiento amenazador podía hacer temer, se liada y dorada y unao cuantas butacas y sillas de tapice•
ría, había sido comprado por la sefiora Mossler en la altras esperó á la joven. Mostró un semblante alegre y al apoxim6 con un aplomo perfecto y dijo:
moneda Bertin y pagado á peso de oro. El piso estaba
oír que la Sef!ora Mossler se extrafiaba de que permane-No se sabe, en realidad, cómo complacerá usted. Es- cubierto con uoa alfombra de la Savonnerie y las venta•
ciese tanto tiempo sin ir á. dar una vuelta por París, contestó con agradable sonrisa que la calma de los campos tá uno serio y se queja usted de que se la aburre. Está nas adornadas con cortinas de color de amaranto de un
tono delicioso.
.
le sentaba á las mil maravillas y que no comprendía có- uno alegre y protesta porque se abusa de su indulgencia.
Me parece que lo mejor sería, para agradarle, no volverA. eso de las diez, la señora Mossler, sentada en el bue•
mo no había goz.1do más de ella hasta entonces.
co de una ventana, estaba mirando á 1011 trabajadores que,
Por fin tuvo la satisfacción de ver que entraba en el se á ocupar más de su persona.
La joven levantó hacia él una mirada suplicante, como embarcados en dos lanchas y bajo las órdenes de un guarpatio del castillo el coche que había ido á buscar á los
diciéndole: sea usted generoso y, en efecto, no se ocupe da, hacían en el estanque una gran saca de peces y lle•
sef!ores de Clement y que bajaba de él, esbelta y ligera
naban con ellos grandes redes. Ferraud y Dauziai, á peaquella á quien esperaba hacía tanto tiempo. La observó' más de mí. Pero Valentín continuó:
-Pero entonces, ¿qué se pensaría de mí? Que era un sar del rocío de la mañana, presenciaban la operación
sin que ella lo notase, desde una ventana de la sala d~
fumar, y vió que no estaba nada cambia:la, que parecía grufi6n, un ser sin galantería. Es, pues, preciso resignar- desde la orilla y gesticulaban gritando á loe pescadores
muy tranquila y que vigilaba con entera calma la l-pera- se á sufrir sus sofiones y portarse como uno cree que d~ confusos consejoe. Bajo el cielo luminoso bordado de li•
ci6n de bajar del coche sus efectos. No quiso, por el be hacerlo, sin tener en cuenta sus caprichos. Así, acaso geras nubes y en aquel marco de veraor ya pálido, el
cuadro resultaba tan animado y pintoresco, que la seño•
pronto, presentarse delante de ella, pensó que su prisa se llegue á desarmar á usted.
Celina volvió á tomar sn aire de provocación:
ra Moasler le hubiera contemplaoo largo rato si la puerta
J&gt;Odría ser mal interpretada y se prometió verla en la ve-Eso
ne
es
probable.
de su cuarto no la hubiera distraído, al abrirse, de aquella
lada. Pero e l tiempo pasó lentamente sin tener en cuen-¡Babi
dijo
él
ligeramente;
yo
corro
el
alour.
¿Qué
divertida ocupación. Valentín entró sonriente.
ta la impaciencia de Valentín, y éste, que llegaba siempre el último al salón, fué aquella noche el primero y puede_sucederme peor que ser tratado como lo soy por
-Estabas mirando los pescadores, madre mía, dijo. Ea
usted.
di6 conversación á su madre, lo que la colmó de gozo,
verdaderamente extraordinaria la cantidad de peeca que
La
Sefiora
Mossler
los
escuchaba
con
asombro:
Lepahay en tus estanques. Han sacado en una hora más de
puee no estaba acostumbrada á semejantes favores.
A.l fin, á las siete se presenté Celina. Fué á besar á la recía descubrir un sentido profundo en aquellas palabras veinte redes repletas, y eso ~ue tiran loe peces J?equefi.oa.••
ligeras.
Los
examinó
con
aienci6n
y
los
vi6
poseídos
de
Sefiora Mossler, dió un ªfretón de manos á la condesa y,
V as á tener comida de vigiha para enviar el viernes á todos tus asilos.
al pasar por delante de \ alentfn, Je tendió la mano que una emoción que su diálogo no explicaba. Las frases
cambiadas
delante
de
ella,
¿tenían,
pues,
undoble
sentiél no sintió estremecerse en la suya. Estaba tan á sus
-He mandado hacer esa destrucción, porque, verdaanchas como si nada hubiese ocurrido. Miró con sus her- do? ¿Celina y Valentín estaban en seria hoaiilidad? ¿Y deros caimanes, los peces grandes han devorado loe bo·
por
qué?
El
carácter
y
las
costumbres
de
su
hijo
adoptimosos ojos á Valentín y éste no vió en ellos ni el más lenitos patos de Barbería que tú ma regalaste y que tanto
ve reflejo de cólera. Lo había ofviñado todo completa y vo ofrecían demasiadas explicaciones y eran éstas bas- me gustaba ver nadar ba¡o mi ventana.
tante
graves
para
que
la
sefi.ora
Mossler,
una
vez
despierprofundamente. El joven sintió nn acceso de furor.
-Yo te traeré otros. Uno de mis amigos, Saini-Gir6n,
«¿Creerá, pensó, que va á escaparse? ¿Imagina que tiene ta su desr.onfianza se contentase con las mzones que le tiene una especie verdaderamente rara. Pi:recen pintad01,
habían
dado
los
dos
antagonistas:
se
propuso,
pues,
obque habérselas con un idiota y que me voy á. dejar aturtan variados y tan vi vos son sus colores.
dir por sus malicias? Va á ver que á mí no se me paga servarles. Tenía un afecto sedo por Celina, y además la
La sefi.ora Moss!er, con el revés de su lánguida mano,
joven
estaba
bajo
sn
techo
y
la
Señora
Mossler
no
podía
con esa moneda; yo la volveré á llevar al punto en que
di6 un golpecito en ta mejilla á su hijo adoptivo, y exa•
admitir
que
un
huésped
no
estuviese
material
y
moralquedó nuestro asunto y no tardaré.11 Después pensó que
minando la seflal roja que tenía en la frente, dijo:
acaso aquel diaimulo no era más que táctica con el obje- mente seguro en aquella casa.
-Has podido desfigurarte al caer y eso hubiera sido
to de despistar acerca de sus sentimientos á las personas
Buscó á Federico Clement y le vi6 en una mesa de fatal, porque ¿que te hubiera quedado si perdías tu belleque loe rodeaban, y que, una vez sola con él, cambiaría whist con su padre y con Ferraud. Asoció en su pensa- za física?
de actitud.
miento aquel ~rave joven, de calvicie precoz, ojos fríos y
Valentín se echó á reir.
Se calmó y aplazó sus resoluciones, limitándose á obs- casi feo, si la mteligencia no hubiera suplido la ingrati- -Siempre me hubiera quedado tu carilio, supongo. Tú,
servará Celina que jamás había estado más bella ni más tud de su cara, y aquella fina, graciosa y seductora Celi- tan buena para loa desgraciados, no ibas á abandonarme
seductora. Una especie de lánguida dulzura parecía im- na. ¿Qué lazo podía unir aquellos dos seres que no supie- porque fuera desagradable á la vista.
plorar en ella indulgencia. Parecía decir: «¿Quién será ra roll)per ~l amor? ¿Estaba hecha para F~erico, siempre
-Yo no pero ¿y las otras mujeres?......
bastante duro, bastante brutal, para atormentará un ser
~upado, s1empr~ en busca de un negocioi aquella pari-Con O-l ocuparme más de ellas, estaría despachado.
como yo, débil y dulce? ¿Quién tendrá ese valor? decid: siense creada umcamente ¡,ara el placer y a alegría?
La sei'!.ora Moaaler examinó á Valentín y, en un tono.
me, vosotros, los que me estáis mirando. Y usted misPor una evolución de su espíritu, la Sefi.ora Mossler que no era el de la broma, contestó:
mo, Vale~tín, ¿cómo pu~e pensarlo?11 Detuvo por dos pene? en Enriquet_a y Valentín.. ¿No exis_tía entre ellos
-Pues bien; debes empezar inmediatamente.
veces la mirada en él y el ¡oven creyó leer en ella súpli- la misma deeeme¡anza? La mu¡er reflexiva, apasinada
El conde trató de escaparse con un chiste.
cas apremiantes. Se puso entonces frío y suspicaz y vol- por el arte, curiosa de sensaciones intelectuales, ¿no era
-¿Así, sin prevenirlas, sin preparación? ¡Las desgravió á todas sus desconfianzas. Pensó que Celina estaba el polo opuesto de aquel marido ligero, entregado á las ciadas! ¡Tú las quieres mal!
representando una comedia para moverle á piedad· no impresiones materiales, gran aficionado á los ejercicios
Al contrario; las quiero bien, 6, mejor dicho, quiero
compre_ndi6 las ai¡gus~i~ que la agitaban y no pensó' en violentos y á los placeres físicos? ¿Había existid'&gt; en . bien á una de ellaa.
el apasionado agradec1m1ento que era capaz de dedicarle aquellos dos matrimonios una equivocación deplorable?
Valentín cambió de actitud presintiendo un rudo aeal·
si se prestaba noblemente á aquel olvido de su falta que ¿Esas dos parejas, tan mal acopladas, prometían para el to. Se sentó al lado de la eeilora Mossler y dijo:
ella dC!'eaba imponerle. Ni por un momento hizo :a causa porvenir tem~estades y ~aufragi_os? _La Seiiora Mossler
-Madre mía no te comprendo. ¿:\le hablabas en serio?
de la joven contra sí mismo ni pensó más que en abusar no permaneció mucho tiempo mqu1.eta. Su conciencia Yo creí que bromeabas.
de la situación en que se encontraba.
-No; no bromeo. Te hablo seriament.e.
proporcionaba á ~u espíritu argumentos morales q11e la
Después de comer, maniobró hábil y pacientemente · tranquilizaban. Reconocía la influencia de los buenos
(Continuará.}

TOMOII

MEXICO, DOMINGO e DE DICIEMBRE DE 1896.

•

NUMBRO 23

•

lEL PRESIDENTE DE LA. REPU.BLICA. :haolendo laprote@tadcle . a
.
[DIBCJO DEJ. ,:\!. VILLA.SA~A],
~ ntc el Congreso, la inaílu.nn del l!del ooi.•íonte.

�EL MUNDO.

350
''EL MUNDO.''
BBMANARIO ILUSTRADO,

Teléfono 434.-Calle de Tibnreio núm. 20.-Apartado 87 b.
Hi:uoo.
Toda la correspondencia, debe d1rlglnie
al Gerente de este periódico.

La enecrición á EL MIDWO vale $1.25 centavos al mee,
y ee cobra por trimestres adelanti.dos.

Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ;cación,
Todo pago debeserprecisamente adelantado.
OOM0 ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

BBGISTRADO

di[entes exclusivos para los Estados Unidos y Cana·

dá Tiie Spanish American Newspaper Company, 136 Liberty ~ - New York, E. U.n

ilota, tbitartalt,.
&lt;fl .quinto ¡¡erioilo µre.sillendal llel &lt;15eneral Día1.
El día l? quedó inaugurado el nuevo periodo administrativo que debe terminar el 30 de Noviembre de 1900,
alto acontecimiento político que no ha pasado en silencio para los interesados en el porvenir de la República.
El General Diaz, después de 16 años de gobierno, comienza su nullva etapa con un espíritu joven y una
sólida energía, firme la cabeza y sereno el ánimo, para
proseguir y dar desarrollo al programa de evolución por
que ha encauzado al país, en medio de serios obstáculos
que se han arrojado á su paso.
El Presidente de la República, caudillo de una revolución triunfante, se encontró al inaugurar su política
con un grupo nacional influenciadc- por una retórica
aparatosa y repleta de ostentación, de la que se había
hecho un cuerpo de doctrina, inflexible como una varilla de acero. Estos rígido•, adormecidos en ene ideales,
autosugestionados por una suerte de misticismo dogmático, pugnaban con toda fórmula que der.ibara s.ue viejos
:ídolos vacilantes, Romper con aquellos procedimientos,
dar un adios postrero á aquelloa métodos-de loe que habían salido, justo ts decirlo, !os primeros alientos de Ji.
bertad-:parecía á estas conciencias algo así como una
profanación, un acto de iebeldía á las formas de Gobierno adaptadas á un pueblo redimido por el esfuerzo y el
carácter de un puiiado de ciudadanos ilustres.
Todavía hace nn cuarto de siglo un liberal estaba obligado á reconocer y aceptar errores que la fuerza de loe
hechos y los golpes sucesivos de la prensa se han encargado de desvanecer. El jacobinismo ha ido cediendo poco á poco su puesto á un soplo vivo de libertad, v á me•
dida que la.~ frases sonoras perdían su encantó se ha
oreado para la nación un sistema de gobierno que, ema·
nando de la verdad, se basa en la interpretación positiva
de nuestro estado social.
Los primitivos auxiliares del General Dfaz quedaron
sorprendidos al ver surgir de entre los épicos cantos de
las tradicionales epopeyas públicas, una fuerza desconocida, apoyada, no en grandilocuencias poéticas, no en
eofistiqueos jurídicos, no en la emoción, no en la inteligencia, eino en las necesidades de una sociedad, á la que
se habían servido los manjares de loe dioses, pero que
jamás había obtenido el alimento de loa hombrea. La
trasformación conmovió hondamente á los caducos po·
liticastros acostumbrados á cegar al público, desde la
tribuna y desde la prensa, con el po1villo de oro de su relampagueante oratoria. Todavía, cuando se arroja á la
crítica popular el balance de nuestro progreso, alguno
de estos espíritus raquíticos, momias acurrucadas en un
sarcófago, escribe en la primera página de un diario:
¡Pero el General Díaz se ha perpetuado en el poder!
Ahí está toda la razón de este criterio político que se
atrevería á renegar de la civilización porque dura mu.cho, que daría con gusto cuatro lustros de paz por el placer de conser rnr sus mitos, que no vacilaría en renegar
de la prosperidad nacional á trueque de seguiT entonando sus himnos sagrados! ¡La Democracia quiere la renovación de los poderes públicos! Y frente á este principio
inalterable, toda la obra del progreso se viene abajo!
Per,o _hay algo más só~ido que Jae declamaciones, algcmás ut1l que el dogmatismo, algo más sano que loe clarinazos jacobinos, 1' este algo es la obligación, patriótica y
de civilización, de ªl&gt;ºYªr un poder público en et que se
compenetran y palpitan todas las necesidades de la República en el actual momento histórico.

¡.$á1ueu.se la.s colonias aunque ¡1ere1can
los httere.se.s!
La~ nacione~ que han buscado en una política de expansión colomal, un apoyo al desenvolvimiento de la
r!queza pública-régimen que sólo ha servido para debihta~ á estos pue)&gt;lo~.~o~ienzan á preguntarse si ya no
es tiempo de exammar friamente el resultado del lujo
de poseer ~uera del natural territorio de la patria grandes extensiones de tierras que no están unidas por intei:es~ ni s~ntimi~ntoe á la metrópoli.-No es Espafia la
un~c~ nación l~s1C&gt;_nada por la política colonial, que ha
exigido el sacrificio de numerosas fuerz,¡s activas s11stra~dat! de la vida nacional; no es el tesoro español el
único que se des'angra ¡,or retener estos lejanos girones
de patria, constantemente dispuestos á crearse una
existencia propia; Francia también ha comenzado á
sentir que el fardo de las colonias es un enorme -peso
ª?n para sus poderoe!\s energías de pueblo rico y floreciente.

6

6

DICIEMBRE, 1896.

En estos momentos, la prGnsa' francesa discute ramo trastable, y nada son ante ella ni las astncias de la diplo
por ramo, el próximo presupuesto de la triunfante Re- macia, ni las nebulosidades de la política. ~e deseaba.
pública Europea, y al llegar al de las colonias, confiesa en Italia que cesaran loa estériles sacrificios hechos pa~
con honrada franqueza que el lujo de la colonización conservar una posesión que sólo costaba dinero y aanl?.'8"
cuesta demasiado caro al contribuyente.- ¿Cuál es, en y lágrimas y vidas, y la paz se ha ajnatado con Menehk,
efecto, la cantidad asignada en el presupuesto para cu• y la Erythrea, que era una colonia mil1t,ar en las apartadas
brir las negaciones coloniales? La cifra es respetable: tierras africanas, se convertirá en colonia civil, 6 se entngará á la insaciable rapacidad británica.
176.300,000 francos, suma en enorme desproporción con
los siete millones á que ascienden los ingresos vertidos
Ya se habla de venta á ***
Inglaterra; un periódico depor las colonias en las rentas públicas.-Hé aquí los efec •
tos alcanzados por esa política artificial y pomp'lsa que Londres ha sido el prim •ro en lanzar la especie, y no es
ha sustituido en los modernos tiempos al batallador es- difícil que trae los cruentos sacrificios que ha costado al
píritu de conquista que ha deegastado la fortaleza de las reino de Humberto su primera a ventura colonial, después
de las sumas invertidas para fundar inmensos cementeviejas sociedades.
.
Ya se explica por qné en España hacomenz'i!.do á reac- rios en las cercat;1ías de Asaowa. y de dejar los insepultos
cionar la opinión en el sentido de vigorizar las vitalida- huesos de los soldados de Baratieri blanqnear bajo un sol
des interiores, por medio de una liga contra la emigración, de fuego en las abrasadas soledades del desierto, se enpor más que ésta dependa en buena parte, sino en RU to- tregue á la Gran Bretaña lo q ne queda de la poca afortu •
talidad, de ineludibles leyes económicas. Ya hay motivo nada posesión.
Nada extraño sería unresultadoRemejante. Ya las despara dar la razón á los Estados Unidos rechazando la
anexión de las ialaH Sandwich, puesto que el protectorado dichas italianas en los campos da Abisinia dieron pretexamericano se traduciría, al final de cuentas, por un au- to á loa ingleses para emprender la expedición al Nilo Sumento en el presupuesto tederal destinado á ejercer una perior, que ha tenido por remate,la caotura de Dongola. Se
acción positiva en el nuevo territorio incorporado.-Pe- habló de ayudará Italia t-n s•1s conflicto~, se pronuncióro contra la invulnerable expresión de los hechos, el por lo bajo la palabra de di~culpa, y para no despertar
criterio popular se obstina en retener las colonias, y has• las suspicacias siempre ausctipti bleq de la.~ potencias euta se han convertido en un asunto de patriotismo las die· ropeas, se habló de escarmientos al fiero Menelik.
Vanas fórmulas, increíbles explicaciones qne apenas
cusiones á que pueden dar origen el reiterado y persia·
tente sacrificio de las naciones enclavadas en la política sirvieron para ocultar el gran proyecto de apoderarse de
colonial. El principio famoso: ¡sálvense los principios, todo el Soudán, prólogo no más da la colosal empresa briaunque perezcan las instituciones! se ha convertido hoy tánica de adueli.!rse del Contineuta NPgro, extendiendoen otro, tan rectilíneo é inflexible como el primero: ¡sál- su esfera de acción desde el Cairo h11,ta el Cabo de las
Tormentas, desde Sierra Leona á las costas de Zanzíbar.
vense las colonias, aunque perezcan loa intereses!
Allá van loa britanos, des¡iertando todas las envidias,
Los ejemplos expuestos puéden ser aprovechadoP por
lo~ publicistas defensores de la desastrosa solución Cuba· y envueltos en su «brillante aislamiento,» pero .firmes y
Jfexicana, que se ha presentado como única para lesionar seguros en la realización de sus aepiracionea.
Si Francia, apoyada en su temida aliada la potente·
á cubanos, espafloles y mexicanos.-Decididamente no
tiene cuenta á pueblo alguno el régimen de expansión Rusia, no se opone á esa marcha iuvasora, y exige comoexterior á costa del empobrecimiento y la anemia de las lo ha ofrecido la evacuación i11mediata del Egipto; si
Alemania, por el natural recelo que ha de despertar esa.
vitalidades interiores.
absorción indefinida, que pone en peligro sus extensas
posesiones africanas; si las potencias todas del continente europeo no detienen en su vue10 á la Inglaterra: ésta.
¡¡etta lle muerte 1J el .sistema µenitendario.
que ya tiene con el Soudán superior la clave de todo el
valle del Nilo, y con sus colonias del litoral y del centro•
Las legislaturas de varios Estados de la Federación se
han dirigido á la Cámara de Diputados, secundando la de Africa, base potente para toda~ sus operaciones, acainiciativa de la de Nuevo León, pidiendo que se reforme bará por sofocar todos los intereses que no sean los auyoeel texto constitucional en el sentido de establecer la pe· propioa, y pOI' ahogar en inmenso y apretado anillo á todos loa qne no obedezcan las tendtincias de la primera.
na de muerte.
No es la primera vez que nos ompamos en este asunto, potencia colonizadora del mundo.
manüestándonos partidarios de esta reforma, aun á ries***
go de lastimar sentimientos, demasiado generalizados,
Por eso vemos con profunda extrai'ieza y hondamPnte·
que rechazan esta pena como anti-humanitaria. Nunca,
es verdad, debe ser causa de regocijo la aplicación de un maravillado~ la nol.icia que da una agencia cablegráfica.
sistema penal, pero el verdadero concepto de los princi- de México, anunciando la posibilidad de una «Umón de·
pios humanitarios tienen su fuente de información en la Pazn entre Inglaterra, Rusia, Fraul'ia y Alemania.
Si no existieran las hondas rivalidades que divid&lt;&gt;n á...
sociedad y no en el individuo.
Según e~te criterio toda unidad que cause datio á los las naciones de la Triple y de la Duple Alianza; si no fuederechos del grupo, es un elemento nocivo y necesario es ran visibles á la consideración de tuuos, los odios tradiacudir á la defensa colectiva, operando una suerte de se- cionales de raza, los rencores fun&lt;l.amentales de organización, los palpitantes clamores d.i venganza reconcenlección artificial.
Pero claro está que la pena de muerte no podría ser trada que apartan á los pueblos que han poeti1.ado el•
adaptable á todos los criminales, y en tal virtud no ve- Rhin con sus leyendas; di no fuera tlé todos conocida la
mos la inconsecuencia que señala un colega, entre el ré- envidia que corroe á las dos poteui:iaa que se disputan\¿,
gimen penitenciario y la aplicación de tal pena. Esto supremacía política sobre los imperios asi~ticos, y se desafían en las tinieblas para obt,ener el i11flujo decisivo
equivaldría á caer de un error en otro.
El régimen penitenciario presta indudablemente gran- sobre los pueblos petrificados del remoto Oriente: bastades servicios á la criminología, y no hay que rechazarlo ría pensar sólo en las dificultad1-s que de un momento á,.
en absoluto. Claro ea que existen delincuentes á quienes otro pueden surgir entre los dueños reconocidos del Conno aprovechará la penitenciaría, en el sentido de la re- tinente africano, para negar enttramente la realización
ese sueño de unión que juzgarn&lt;.,B impnqible.
generación; pero el principio de la regeaeración no sirve deUna
alianza tal que asociara en comuuitfad de i nterede norma en la penalidad moderna. Lo que ésta busca
á la Gran Bretatia que extiende loi, cien brazos de
ea la eliminación absoluta ó relativa del reo, en grado á ses,
Bryareo, á donde quiera que hay un pal,no de terreno,
la cantidad del mal causado.
Por lo demás, l'etablecido el trabajo obligatorio en las baldío; á Rusia que la o¡,one barrera infranqueable en
prisiones, el régimen penitenciario no ofrecerá la des- Persia y en Afganistán corno en China y en Corea; á
ventaja de-que la sociedad trabaje para sostener al delin- Francia que no renuncia loa derechos que cree poseer sobre la tierra de loa Faraones, lo mismo por cuenta de
cuente, puesto que éste cubrirá sus gastos.
La pena de muerte no se opone, pues, al sistema peni • Napule6n que al filo de su ellpada alzó su tienda triunfatenciario, y la contradicción que se ha creído encontrar dora á la sombra de las Pirámides sagradas, que por cuenta de Leasepa, que al golpe de su azadón rompió el dique·
entre uno y otro principio, e~ perfectamente infundada.
que separaba dos mares, y abrió al mnndo el c11mino sofiado á loa países del oro y del marfi 1, y le mostró la.
anhelada ruta á las playas legendarias de 01ir y de
Golconda; y á la adusta Germanía que iría á auxiliará
su enemiga jurada en sus pretensioned de grandeza: una
RESUMES.-La paz ,ntre el rey Hnmberto y l'l negns 3fil- alianza semejante no puede ser tomada á lu serio, porque·
11elik.- La opmión pública triunfante.-Aband11nn de carece de todo fundamento positivo.
Roconciliar las potencias que por cinco lustros han ¡,a·ErythrPa.-S1empre Jnglaterra.-Uoa alianza imposiblt'.
-Enemigos irreconciliables.-Pronnnciamiento en Orn- tado frente á frente, y darlas por lazo de unión á Inglaterra que nunca se compromete, porque tiene bastantegnay.-ErroreM de raza.
habilidad para esquivar todas las responsab1lidadt&gt;e, y
A vuelta de las agitaciones violentas y de los sacudial poderoso imperio moscovita, que hien clara ha manimientos patrióticos que produjera en el parla:n&lt;&gt;nto y en festado su adhesión á la República Francesa, es pretenel pueblo italiano la catástrofe del general Baratieri, der una utopía hermosa pero rayaua del absurdo.
destrozado y roto por las huestes de Menelik en los cam
Si llegara á realizarse ¡qué alivie para los p11ebloe eu·
pos de .Abisinia, la nación ha recobrado su buen sentido ropeosl con qué satisfacción re~piraríau ya libres de la
en el asunto y la tranquili iad serena de su juicio, acep- abrumadora pesadumbre de la paz armada! con qué fruitando lo que en un principio se creía mortificanté para ción verían dedicadas á más ealudable objeto las podeel honor nacional y degradante al brillo de las armas de rosas energías que se consumen en loa innúrner&lt;.,e ejárci•
Italia.
toa y las formidables marina1,1! Significaría la paz univnEl pueblo que clamaba estrepitosamente en Roma y 11al eoiiada por los filántropo•. predicada por los moralisen Florencia, en Nápoles y en Milán, contra un gobier• tas y enseiiada por los filósofos, pero ante la cual se ha.
no que agotaba las fuerzas vivas del país por llevará ca- opuesto la triste realida&lt;I. de las coaai,, la tremenda, la.
bo de~astrosa empresa, tratando de sostener por la vio- implacable strugle for life de los hombres y de los puelencia la inutilidad de la colonia de Erythrea, y el parli.- blos.
mento que derribó con soberbio empuje, ent,re el encono
Hablar de unión y de paz cnando Alemania, temible
y la indignación general, al gabinete de Crispí, á pesar por sus ejércitos, se apresta á acrecentar su marina, impo·
de sus glorias tradicionales y su popular prestigio, rego· tente
ahora para la agresión, y cuando la Gran Bretaña,
cíjanse ahora de ver terminada una guerra por medio de temida por su marina poderosa, se prepara á aumentar
honroso tratado, celebrado por quien, al ascender al po- su ejército, incapaz para la reai11tencia; hablar de paz yder, no quiso asentar en su programa esa fórmula de paz
de concordia, es perderse en las nebulo~idades azules del
que palpitaba en los clamores de la multitud.
en~ueño.
,.
Es que, cuando la opinión pública toma consistencia y
se apoya en las legítimas aspiraciones del país, nada la
**
Otra vez la inquieta sangre lalina, que b ulle en nuea-r, siste: tarde ó temprano se impone con fuerza incon-

DICTEMRRE,

351

EL MUNDO.

1896.

cina, no ein haber deeempefiado antes
-tras venas con el ardor imprescindible
con lustre la cátedra de matemátic:ia en
di' la rdza, 1 a provocado el motín y prol¡,. Univoraidad. hasta que non, brado
d ucido la asonada que constelan con luapartador general de met&amp;les en la Caea
ces fatídicas los anales de los pueblos his •
de Moneda, logró conquistar cierta posi pano-americanos.
.
ción modesta, que lo sacó de una 1ex i~tenHoy que la República Argentina y la
cia llena de escaseces y de pereecnciones;
de Chile aparecen decididas á zanjar por
cargo que desempefió más de onct- uiio~,
medios pacíficos las dificultades que las
y con honradez inmaculada, «pm s hahan dividido por cuestión dé fronteras
biendo manejado tan grande cauJal. div Brasil entra en período de reposo,
ce el P. Alzate, ni en su vida, ui dl'R•
Venezuela mira concluido de honroso
pués se ha verificado reclamo que pe, judi modo su conflicto con Inglaterra, y las
ca:&gt;re á su conducta.»
demáa naciones del Sur de América ofreEl Dr. Bartolache murió en México el
cen un cuadro de placentera calma, po9 de Junio de 1790, y Beristáin, dHpués
co en consonancia con su turbulencia
de elogiar su constancia en el estudio df:
inagotable, se deja escuchar el olvidado
la física, de la medicina, de la qu fn,ica,
grito del pronunciamiento en el opulende la botánica, de la aetronomía, dice
to Uruguay.
«que como el Angel de la Piscina," rPmoEl pretexto, la disculpa del revoluciovió en México las aguas de las ci,•11cias
nario poco importan; la promesa de la re-·
para su mayor prospe,.idad y e@plt 11dor.
volución nada significa: es una a;mple
Bartolache fué también en México t-1 inmanifestación de loa defectos orgánicos
troductor del uso del fierro en la tera I éude nuestros pueblos y nada más. Hasta
tica, y al efecto vendían unab pattillas,
pasaríamos en sileucio esta explosión de
preparadas por él.
odios, achaque vulgar de loa pueblos neo •
Bien quisiera llamar siquiera la :itenlatinos. si en esta ocasión no se la hubieción acerca de sus obras; pero es pn ciso
ra visto acompaiiada de escenas de salhablar con preferencia d~ su periúdico,
vajismo, que parecían olvidadRP.
objeto principal de las líneas que ncriAun tienen mucho que trabajar esos
pueblos, si no entran de lleno en el ejer•PLAcA DE ORO GRABADA.-0bsequlo de 1a Colonia española al Seihr Pre,ide11te de la R?p1bll:!a. (v.!a,e; el.:_lar- bo.
Lo comenzó á publicar en la fecha que
cicio de una política positiva; todavía
ticulo relativo.) .
puede leerse en el facsímil, con ti título
verán sus campos talados y sus ciudades
a.e MERCURIO VoLAN'rE. El numero 2 se publicó el m,éralumbradas con los resplandores del incendio, Pi ·no Re
colea 28 de Octubre de 1772; y continnó semanaria mendeciden á cel'l'Rr los oídos á las canciones halagadoras de
te hasta el miércoles 10 de Febrero del aiguieLte aiio de
las Cirsea jacobinas, que les prometen cielos ideales y pa--La honra de haber fundado el periodismo científico en
raísos imaginarios, y loe apartan de las ret&gt;lidades de la México, y tal vei en la América, le cabe al ilustre Padre 1773, en que murió el periódico «de la enfermedad oraitierra donde qm1dan muchos ignorantes que enseñar, Don José Antonio Alza.te, cuyo nombre vive y vivirá naria,» como dijo García Icazbalceta; «la falta de smcri tores.»
mu~hoa m1serablea que socorrer, vicios que corregir y eternameme en nuestra historia.
paa10nea que dominar. Déjense de utopías imposibles
La colección del MERCURIO VOLANTE consta de 16 núme·
Fué él quien estableció el «Diario Littrario,» publicay suefioa nebulosos, y fijénse más bien en las condicio- ción que alcanzó cortísima existencia, pues sólo duró de
roe que forman un volúmen de 128 páginas en 4? comúu
n011 orgánicas de loa ciudadanos.
Marzo á Mayo de 1768: Sin desmayar. empero, continuó y es hoy rarísima. Cada número del MERcuo10 conRtaba
Ea en vano aspirar á la libertad que prometen los de- publicando de Noviembre de 1772 á Enero de 1773, los de 8 páginas, valfa medio real, se imprimía por D. Felipe
magogos, cuando no se ha vencido previamente á sus eter- «Asuntos varios sobre ciencias y artes;11 en seguida las de Zúñiga y Ontiveros, y se expendía frente al portal de
nas enemigas: la ignorancia y la miseria.
«Observaciones sobre la física, historia natural y artes Mercaderes.
útiles.11 y en fin el digno remate de estos cimientos cienEl Mercurio del Dr. Bartolche, se ocupó de varios as.un·
X.X.X.
tíficos, su «Gaceta de Literatura,» que se dió á la estam- tos físicos; pero particularmente de la medicina. Fué,
3 de Diciembre de 1896.
pa dPsde el 15 de Enero de 1788 hasta el 22 de Octubre pues, el primer periódico consagrado á esta ciencia en
de 1795.
México, y en él encontrará quien lo registre, curiosos esLa fama del Padre Alzate traspasó las limitadas fron- tudios acerca de Lo que se debe pensar de la Medicina, vaUna placa de oro.
teras de la Patria, surcó los mares, y corporaciones sabias rios artículos no menos importantes sobre el u.so y abuso
de Europa le contaron -entre sus miembros. Biógrafos del pulq:ue para curar las enfermedades, fnera de otros acer ·
Ofrec~mos á nuestros lectores un grabado que repre•enta diligentes han narrado detalladamente su vida; su retra- ca de higiene y anatomía, y en todos ellos resaltan idt&gt;as
una taneta de ~ro grabada, obeeqmo de la Colonia Espa- to se ha reproducido en diversas obras, y su memoria progresistas que colocan mny alta la just'l reputación
iiola al ~r. P~e•1dente de la Repú~lica, fAlicitifodolo por permanece indeleble en una sociedad que lleva con or- que mereció el Dr. Bartolache á. sus contemporáneos ilustrados. ·
su contmuac1ón al frente de la primera MagiRt,ratura de gullo su preclaro nombre.
la República durante el cuatrienio de 1896 á 1900.
Pero pocos se han ocuEntre los regalos que el Sr. General Díaz ha recibido y
pado en hacer resaltar los
los que se le entrPgarán en breve, ea éste uno de loa m~s altísimos méritos de un
hermosos y significat ivos.
contemporaneo y amigo
del Padre Alzate, á quien
éste tlogió como se mPrecía, llamándole «insigne
literato,n en una época en
CU RIOSIDADES .
que la adulación aun no
había corrompido y abn·
UN RASGO AD M IRABLE.
aado de los epiw.toij. El
augeto á que alud" fué el
C~ando los -prusianos, en la ~uerra de 1870. sitiaron á
die ti nguido guanaj uatt&gt;n•
la cmda&lt;l de Paría, Von Moltke resolvió el formi.dable Fe, Dr. Don José Ignacio
bombardeo, contra el cual 11n vano reclamaron smte Bis- Ba,tolach11, autor del pri mRrck el patriotismo y la diplomacia de Julio Fabre.
mer periódico dedicado
. En esa época, sometido á la suerte de los parisienses, en México á la medicina.
&amp;RE VARIOS 'ASUN'l'
vivía 11ncerrado en loa muros de la capital del mundo
y del cual reproduce hoy
Al célebre compositor francés Ambrosio Thomas, glori~ EL MuNoo, en facsímil.,,
¡t I MEDJC
-0el arte muRical. El autor de Mignon poseía en los aire· la portada del primer nú· dedorea de París un dl!licioao chalet, y estaba convencido wtro.
.
~OI~ BAitTot.:Aatt, 'D(&gt;{ior
de q~e el cafi~n prusiano ó la saña de loa enemigos de su
'# ld4 Rt4J ~11t'fltriulad ~
Bartolache nació en la
patria, destruiría aquel albergue de su genio, donde tan- ciudad
de Guanajnaro, l'l
tas veces le había visitado la inspiración, para que lega·
30 de Marzo de 1739, y
PAPEL ~ERIÓ
ra á la humanidad las admirables composiciones que in- fué
hijo de padrl'a po·
mortalizan su nombre.
brea,
que
como
única
hePasados el dnelo y la humillación de la &lt;&gt;ntrada de los
morll Id, aÍas peáilH!s t 1i1-gomqu_e
le legaron un taalell!anes á la antigna Lutecia, Ambrosio Thumaa ea en· rencia
lento
clarísimo
y
un
amor
S-omniferam sm»pfme m,zn11, tegiNJe1N{ut
~ami1;1ó á las cercanfaH de laciudad, paravercouel dolor
hacia el estudel bien perdido las ruinas de en querida quinta, y cuál constante
Hae_c 11bi1,Jis os11il atriá /(Yl}e nhllfS oh arte
dio.
..
no sería su estupefacción, al conternplat· que el chala es·
Protegido por nno de
t
taha allf, respetarlo, como propiedad inviolable.
Temei:oso. vacilante, IIPgó á las puertas y las abrió, sus paisanos vino á MéxiT • Cllll'lOfp
, r 1l•
•
convi:-ncJdo de que el estrago hal:Jría consumido lo que en co y estudió en el Colegie&gt;
el edificio se contenía. Nuevo motivo de extraodinaria &lt;le San Ildefonso, filosoSlf
.
~
~
,
1
cana
de-·
sus
alas
eorpi:e~a: todo se encontraba en · t&gt;l mismo sitio y en las fía; deRpuéP, teolngía, en
E1 ple i i ~ ~ tt W)C~a.
"'
condiciones Po que Thomas lo dejara. Sólo que en una PI SPmi1111rio rridentino,
l cmpuftaod• 'lit vara eacaacadora,
de lai, mesas halló una tarjeta que decía: El oficial ale- donde obtnvo una tieca
de ~racia por haber arr&amp;
Dec:iendé ttll 11b momCMO hasta la tierra
mán N., Bobrino de Beethoven.
··
'·
i Maia.
Aciuel militar, que llevaba la sangre de una eminencia glado la Biblioteca, y se
~ua1cal, había protegido. por amor á la memoria de su recibió de Doctor en Met10, _la casa de Ambrosio Thomas. Beethoven, ya fn 1a dicina en la Real y Pontum t&gt;a, hacía respttar las propiedades de su compaiiero tificia Universidad. Facil
ha sido á mi pluma enuen arte y gloria.
,
merar sus estudios; pero
Rasgo admirable el del oficial prusiano.
él, ¡cuántos trabajos tn.
UESTP.A AÍ.ér.ica Sctentdonal, csra ~r:in par
vo para l1evarlos á buen
,
/ del mundo,~ co~iable p6C sus ri'lut2aF; ~¡ no loba
El "g:oiemo es sin duda uno de los primeros factores término! ¡cuántas dispn. sido igúl141enre ptr t, 6om:eocia de las ltuas, esto es,
de la vida humana. Sin embargo, el altruismo juega un t~a con los ergotistas y
papel más importante de Jo que se cree, en la conducta peripatéticos de aquelia
de los elltudios l caeocw,,_iltilet,. cuhivadas por s~Uabide los negocios ptíblicos. El hombre está obligado á ab- época! ¡cuánt1s persecutaotcs
, .~ porque no ~
dos siglos i atiedio.
nega~e para sentirse realmente feliz, para estar bien con ciones rastreras y en vialJNl'li.0$ prop:$(1$
llelC.:U ~ S .
vencido de que existe y de que no pasará sobre esta tie- dias innobles, puestas en
juego para contener el di~
rra como una criatura inútil.
que impetuoso de sus
ideas avanzadas!
Se ~amparan las -flores á las ~ujeres: hay error en esBregando con !anáticos
to. Siempre existirá entre ellas esta diferenca; que las y empíricos colegas, con·
sagróse á eJ· ercer la medi- EL PRlll.EB PEII.IÓDICO DE MEDICINA PUBLICADO EN MEXICO.-El original t1ene UDa extensión de 19 por 14
ti.ores son bellas y no lo saben.
· ____, ~ . ·--'centimetros. (Véase el articulo relativo.)

y

Los primeros periódicos-científicos de México.

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~olítica Qitntral.

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EL MUNDO.

85:l

EL T RA BAJO
¿DEBERA O NO CONSIDERARSE COMO
CASTIGO?
El trabajo, se dice, es un castigo
para la humanidad~ pero desempefiando gran papel en los actos de ella,
vamo~ á ver á la !uz de la razón y
exaru.inándola económicamente, sitiene fundamento la aserción.
Empezaremos por definir: trabajo
es la acción del eepíritu sobre sí mismo y sobre la mat,eria.
Hay en el hombre un principio activo que se deearrolla espontáneamente, innato en el organismo y qµe nos
impele á ejercitar nuestras facultades.
Es tan poderoso, que jamás podríamos
sustraernos á él, porque claramente
se comprende que de él depende nuestra conservación.
Siente nuestra alma una sensación
de gozo indefinido cuando ha dado
cumplimiento á las aepirPciones de
esta actividad que los hombres todos
consideran como un deber; y cuando
guiada por el Ji bre criterio y la inteligencia se efectúa, nos proporciona
una suma de bienestar tal, que se
eclipsan nuestros males y necesidades
y que nosotros aprove~amos con
fruición. El trabajo, se dice, es un castigo: la humanidad equivocada le considera como un deber, siendo la socied'ad tan exigente que desprecia y arroja de su seno á quienes no le rinden
pleito homenaje: empero los deberes
nunca pueden s~r castigos. El trabajo
es un castigo; sin embargo, nos pro•
porciona tranquilidad de conciencia,
SE~ORITA EsPERANZA URBINA. (De Campeche).
goce del espíritu y vehemente deseo
de ejercitarle siempre, conetituyendo
en nosotros, después de su triunfo sobre la ignorancia,
Hoy la posteridad coloca loe mismos lauros sobre las
una segunda naturaleza; pero las penas ro son tan prove•
frentes peneador,1s del P. D. Joeé Antonio Alzate y d:el
chosas que deseemos se perpetúen, ni son tan llevaderas
Dr. D. José Ignacio Bartalache, fundadores del penod1s·
las creamos necesarias.
mo científico en México, en tiempos luctuosos para ellos, que
El trabajo, por último, no puede ni podrá ser nunca
porque lucharon no solo con, la falta de element&lt;:&gt;s mate• castigo, porque está desprovisto de todos y cada uno de
rial~s, sino con lo~que es má~, _con las preocu pac1ones se- loe elementos que constituyen aquél; porque ha pesado
·cul,ues de la época en que v1v1eron. ,
sobre toda la humanidad y en el tra~curso del tiempo y
Luis GoNZÁLXZ OBREGÓN.
sin interrupción: porque no nos causa ningún mal ni
ayuda á efectuar ninguna ~xpiación, P?rque ley como
Diciembre ae 1896.
es, interviene tan directamente en la vida del hombre,
como el aire en la vidr de los animales, como la atracción
en la vida de los astMs; porque lo ejecutó Dios, porque
Notas Teatrales.
vino al mundo cuando el primer rayo de luz se dilató en
la nada. Si lo contrario aseguramod, vendríamos á apoZARZUELA. -- OPERA. -- FREGOLI.
yar un estupendo error históríco, combatido con ventaja
El delicioso idilio de Camprodón y Arrieta,-la popu• por una consecuencia lógica, cayendo ~n u.na disyunt!va
lar .3farina--ha ofrecido ocasión propicia á un nuevo ar- ridícula, dados loe adelantos de la ciencia y la noción
tista mexicano para dar á conocer ante numeroso públi- cuasi religiosa que tenemos d~ nuestro origen.
Y abordando nuevamente la cuestión primitiva preco sus valiosas facultades líricas.
Ísmael Magafia, ta~ es el nombre d~l ca~tante á quien guntamos á los que opinan que el trabajo es un mal ó
nos referimos, es un Joven tenor á qmen e. porvemr re- un caetígo, qué bien ó qué recompensa dió el Creador á
la humanidad sobre la tierra: preJ?untámvs es también
serva merecidos lauros.
Hoy es una risuefia esperanza; mañana será una her- si su conciencia lee acusa de un crimtn tal que merezca
vivan eternal!lente bajo la coyunda; y si siendo Dios
mosa realidad.
Jorge, el amante capitán que busca en los ojos y brazos compasivo, bondadoso y bueno, no es más lógico creer
de Marina faro y puerto en las tempestades de su cora- que como salvación, como un remedio, haya dado á los
zón, fué cantado de hermosa manera P?r E!l debutante, la hombres el trabajo para librarles de las necesidades que
son sus verdaderos males.
noche del miércoles en la escena del Principal.
El público azás galante, acogió cortesmente su la~r
artística alentándole con benévolos aplausos; hasta d1s1parle el temor excesivo de que se hallaba poseído..... .

***

La ópera mexicana que se había trasladad~ á la ciu•
dad augelopolitana, ha tornado á nuestra ~ap1tal.
.
arbeu es templo donde desde el pasad,) Jueves Be rmde fervoroso homenaje á Verdi, Mascagni, León Cavallo y Donnizzeti.
.
.
Una nueva artista, la Srita. Elena Marín, ha podido
admirar esta semana el público mexicano.

***

Acaso á la hora en que estas líneas sean leidas, habrá
ya hecho Frégo~i ~u esperado debut. . . .
.
Anticipar opmiones ó aventurar Ju1cioa, es siempre
prematuro y nunca justificado.
Aguardemos, pues, á que su apar!ción sobre el proscenio del Principal, rectifique ó ratifique la halagajlora
reputación de que viene precedido.
Suprimamos la pena de muerte-bien está-pero que
loe sefiores asesinos comiencen.
ALFONSO K.um.

l 896.

~ DICIEMBRE,

EL MUNDO

1896.

Otro pagode $5,000., de "La Mutua"
EN P.A.CHUCA..

Pacuuca, Noviembre 11 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de «La Mutua.»-México. .,..-Muy señor mío:
Por conducto de los Sres. Pérez Duarte y C\ y. ante el
Sr. Notario Público D. .Austreberto T. Am.lrae1"', hoy me
ha sido entregada la suma de $ 5,000,00 ( Uinco mil pe•
sos) valor de la póliza núm 765,222, bajo la cual estuvo
asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
MeJ1a.
!Joy á úeted las debidas gracias por la eficacia con que
ha sido atendido t:ste pago, autorizándolo para ,puolicarlo.-S11 atta. s..s.-Sofi.a Meiía..
GRUPO DEL SE~OR PRF.SIDENT&amp; Y SU COlliT!VA EN LOS l!OJ!ENT03 D&amp; VEIUFICAR3E EL SDfOL.lCR~.

UNA RECETA IMPERIAL
Paseábase una vez de incognito, por calles retiradas
de la ciudad de Viena el Ewpt,rador de Austna, Jirauc1eco José acompañado de un ayudante, cuando tuco.utró
una niila que 10 detuvo, diciéndole que su madre tlStaba
enferma sm auxilio alguno, y su padre en el hospual.
Uonm~vido el Emperador, uijo á la criatura que él era
médico, y pidiéndole las señas de la casa de la enferma,
i;e dirigió allí desoyendo el parecer del ayudante, que te•
mía alguna criminal emboscada c&lt;?ntra la vida dtl 80~r:.1no. La casa era una triste mansión del dolor y la mi~eria. Yacía en un lecho que inspiraba lástima y horror
la pobre ;,nferma. Al examinarla Francisco José, comprtlndió que su enfermedad no era otra?ºªª que hambre,
ese temible flagelo que hace tantas víctimas en la,; gran•
des ciudadae. Tomando un papel, dijo que iba á tscr1b1r
la receta con que se curaría 1a enfenua, y escribió uua
orden para que su t~sorero_particular emrega.ra una su:
ma equivalente á mil dosci"'ntoe francos, la cual i~a a
conht1tuir verdadera riqueza para aquellos deevahdoe,
que jamás habían soñado con poseerla. Entregó el Emperador la orden, encargando que fueran con 1~ receta á
alguna farmacia y dejó unas monedas para satisfacer las
necesidades inmediatas, retirándose después aquel mé·
dico imprnvisado.
Al día siguiente, habiendo salido del hospital ~l. esposo y padre de aquellas infelices, se enteró de la visita uel
suput!titO médico y fué á que le despacharan la receta.
El farmacéutico, al leerla, experimentó extrañeza y pre•
gumó quién les había dado ese papel. Enterado por
1a respuesta, mandó que le fuera señalad~ la tesor erla
p&amp;rticular del Emperador, y á la presentac1óu de la rece•
ta, fué entregada la medicina, consistente en_monedas
de oro, muy contantes y sonantes, cuya _posts1ón ~oro•
bró al infeliz desheredado, que veía lummoso y brilla nte el porvenir de su familia.
Médico famoso, que así curaba de
raíz el mal de .sus enfermos, F rancisco José de Austria, en aquel a rrabal
de Viena, donde firmaba 1a reden~ión
de una familia, era más grande que
en el trono de su palacio, brillando
con el poder de Jefe de un gran I mperio y de miembro de la T riple
Alianza.

El simulacro en Chapingo.

'

EL P UENrE FLOfANTE.-VISTA. T OlUO.l EN LOS .YO&gt;IENTOS DH VISITAR LAS OBRA.S &amp;L S&amp;SO!t
P RF.SIDENTE.

A la hora del Champagne, el attfitrión ofreció, cariño•
ea y respetuosamente, el banquete al Sr. General Díaz,
haciendo recuerdo, como hijo del Colegio Militar, . del
simpático plantel que tan decididamente ha protegido.
BI señor Presidente contestó el brindis con estas lacóaicas palabras: Brindo porque los alumnos del Colegio Militar sean para la Nación lo que la Nación ha sido para
ellos.

L1 prema'diaria informó con precisión del resultado
que tuvo el sim11u\cro v~rifi~ado en tArrenos de la Hacienda de Ch11pingo el 26 del pa9ado Noviembre, por los
alumnos del C.&gt;legio Militar n combinación con Artillería. Zapadores y el 2° Regimiento.
El señor Presidente d ➔ la República. en compañía del
lleñor General B ,rrioz.ibal, con su~ Eitados Mayores respectivos, estuvieron en el campo de maniobras. Pasaron
revi;ta á las tr.&gt;pas, visitaron la fortifi~ación sobre la que
El soldado español en Cuba.
debía simularae el ataque.
.
Los alumnos qne curaaron artillería hicieron Pjercicio
La campaña de Cuba llega á un periodo decisivo en
de tiro al ~!aneo á distancia de 1,000, 2,000 y 3,000 me- que van á ponerse á prueba todas las abnegaciones y totros, con piez3s de batalla y montaña, sistema Bange v das las virilidades. Terminada la tregua forzo$a á que se
·una pieu de mont,aña Mondrag6n, con la que hizo una
vió constreñida la mayor parte de 10s ejércitos ibéricos,
puntuía el señor Pre~idente.
la campaña de invierno se inicia vigorosa. '\Veyler se ha
Examinó el señor Presidente con toda detención loe puesto al frente de sus tropas; háblase de batallas campaaparaLos telefónicos de campaña, y en seguida el pue11te les y el público, las naciones americanas, aguardan anflotante, del que damos un fotograbado.
siosas el deBenlace de la tremenda brega, Hasta hoy, el
J&lt;;n la tienda de campaña del Cuartel General, se sir- · más seguro procedimiento babia sido para el beligerante
vió un lunch al señor General Díaz y demás personas cubano, la guerra en detal, que con tanto éxito ~e ha heque lo acompañaban, y en seguida se colocaron en un cho en nuestro continente y en España misma, y para
punto elevado, al centro del campo de operaciones, des- la cual está tan admirablemente organizado el soldado
de donde se dominaba perfectamente todo él. Damos un hispa!1o-americano. La perpetua sorpresa, el continuado
fotograbado de ese grupo.
catnbio de campamento, la utilización habil del terreno
El simulacro se verificó según lo prevenido en la or- conocido, el desconcierto de la sorpresa, la alianza con el
den del día, y los movimientos de la tropa, con especia• clima mortífero: he i--quí los grandes elementos de éxito.
lidad las compañías de alumnos, fueron hechos con preEn vano el enemigo poderoso destaca fuérzas, forja
cisión y regularidad.
planes y hace alardes de valor. Tras la derrota en vano
Terminado el simulacro, el señor PrAsidente hizo en- buscará despojos y priaioneros: el rival ha desaparecido,
trega del nuevo estandarte al 2° Regimiento y en segui- se ha evaporado como un fantasma, para aparecer de nued~ toda la comitiva acompaM al señor Presidente á Cha• vo más lejos; envuelto en la sombra que ilumina ainies·
pmgo, en cuya finca de cam~o. soberbiamente montada, tramente la llamarada del fusil. Si ha triunfado, sabrá
o~reció el Sr. T,miente Coronel D. Manuel González, pro- aprovecharse .le su victoria y luego vol verá á. perderse en
pietario de ella, un espléndido banquete. Tomaron asien- la sombra. La muerte llega para el soldado desconocedor
to e,n la mesa el Sr. G"'neral Díaz en el lugar de honor, á del terreno, con todo lo imprevisto de la acechanza, con
su frente el Sr. General Berriozabal, y en los asientos tadas las traiciones dd la noche, y la aliada poderosa del
restantes, loe Sres. Teniente Coronel Manuel González y
beligerante, la peste con su tremendo séquito de dolenFer!1ando González, MaJ or Francisco Díaz Rivero, In- cias, consuma la temida labor.
.gemeros Daniel Garza y González Gavito, Capitán BelTiempo:era deque el soldado español, inermeante:lodestrán, TenipntPs del Estado Mayor del señor Presidente, con~ci_do, buspase la lucha franca y· abierta donde la suDel Río, l\Ionwsi nos y Santa Cruz, y Sres. Vu lfrano Váz~er10r1d~d de .I~ disciplina y el exceso numérico cons,qmz, Jefe Político de Texcoco, y Gabriel Villanueva, tituyen mcond1c1onalee ventajas. Para obtenerla ha he.nuestro enviado especial.
cho el supremo esfuerzo, yendo á buscar al solrlado
0

cubano en sus propias madrigm,rae. Mas el esfuerzo hasta hoy ha sido inutil; el beligerante está bien defendido·
hay gargantas inextricables, hay inextricables bosque~
que lo amparan, y hay sobre todo una hábil movilización
que impide toda acción decisiva. Weyler empero no desmaya, lucha y el conflicto no ofrece un resultado defini•
tivo.
Entre tanto seguirán las acciones parciales y nuestro
grabl)do representa una de ellas, en que loe soldados espafioles, en lo más apretado de la refriega han formado
el cuadro, el invencible r.uadro, gran palabra de la táctica moderna: poderosa muralla de pechos y aceros donde
se estrellan todos los impulsos ..... .
Agi:ardemos á que. el porvenir dé su fallo, en la gran
cue~t1ón que se ventila en los ubérrimos campos de la
,_nt1lla.
Es lo único que podemos hacer.

Dos pigmeos.

El hombre de Estado tiene necesidad de dar su confianza á un pequeflo
número de amigos seguros y devotos.
Su vida sería demasiado dura en medio de las tristes máquinaciones de la
política si no sintiese alrededor de sí
algunos corazones fieles. Cuando ha
dado su confianza, no debe retirar!ª
ligeramente. Debe decirse que lladie
en este mundo es perfecto, que por escapar á loe defectos demasiado con~cidos de un amante, se arriesg&amp; á su~ir
los vicios más graves de un extrano.
Salvo el casó de traición comprobada,
es preciso tratar de marchar hasta el
fin de la carrera si abandonar las manos que ee estrechó al principio Y cuyo estrechamiento pareció leal. :El es•
fuerzo mismo que se hace para soportar los errores y las manías que tod~
hombre arrastra consigo, no ~e per~ido· da la costumbre de no irntaree ID
útilmente de las contrariedad.-s que
se encuentran en la vida pública. E l
que quiere obtener demaPi~do d_e loe
hombret- y de las cosn,, se fo• ¡a U!1
ideal que le difgusta d., ,as más eóh·
das realidades.
EUGENIO PrERRI.
S E.&lt;:ORITA A 'CR ELIA B ORQUEZ

353

Es un error creer esa fatal doctrina: no puede ser cas
tigo el aliento del progreso repr_e sentado por esa sobera
na fuerza:
«Que horada las montañas
Y arranca á sus entrailas
Piedras preciosas y metal luciente;
Que en m10l trasforma las pintadas cañas
Y el seco arrollo en bullidor torrente;
Que aprisiona las ondas
Von dobles muros en los anchos puertos,
Y cubre los desiertos
De blancos lirios y de espigas blondas.
Que apaga el rayo del Oliwpo adusto,
Que domina los viPntos y los_ mare~
Y á quien el hombre agradecido y Justo
Alea obeliscos y consagra altares.,,
JERÓNIMO J. RKYNA.

***triunfos escénicos continúa,
En el Nacional la serie de
sin interrupción ni tropiezo alguno.
.
La Africana esa dificilísima creación del gemo de Meyerbeer, ha p~oporcionado á la trouppe un brillantísimo
éxito.
Roura y Rovira- Vasco de Gama y Nelusco-han demostrado cumplidamente, ser al par que cantantes d~
gran valía, actores muy J?-Otables. La romanzaohpara.di80 del primero y la canción de La tempesta por el segundo han sido d~s páginas de gloria en los anales de su carr~ra artística.
Chole Goyzueta es a~reedora á menc.io.n especial. Nuestra simpática compatr10ta rayó á enndlab!e altura ~n la
-protagonista de la obra. Los aplausos, ruidosos y smceros, que con entusiasmo unánime le prodigara e! numeroso auditorio, lo~ recogen e~tas líneas pa~a reiterarlos
como modesta ofrenda á la taunfadora actnz.

DICIEMBRE,

. Exl;1íbense.actualmente en B~r!fn dos ejemplares cunosfeimoe, dignos del país de Lthput. Son dos pigmeos
de 70 centímetros de longitud el uno y de 65 el otro mujer "j hombre re1,pectiv11:mente y de raza de color'. La
mu¡er aparenta unos trernta añ.os, y veinte el hombre.
El grabado que damos los representa al lado de una botella de champagne ......... que no es mucho menor que
ellos!
Para comprobar la pu,reza del azu:t'.re.

d e Hermosillo (Sonora.)
SoLD.u&gt;OS ESP..!SOLE:S FORJIIA:!iDO EL CGADRO.

Se. toman 100 gramos de azufre, y colocado en una cazuehta de porcelana se pone al fuego, y como unicamente se quema el azufre, quedan sin consumirse lP.e· impurezas; se pesa luego ese re~iduo, y se sabe por eB'O el tanto
por ciento de adulteración que lleva.
·
Como á algunos nQ lt:s será fácil pesar 100 gramos por
no te~er esto~ pesos, pueden hacerlo con 100 perdigones
del mismo numero y les dará el mismo resultado Con
esta sencilla operación pueden saber los coeecher~ si lo
que se les vende es azufre puro ó con mezcla.
Deb~ empero, advertirsé, que el azufre tal como se emplea para el azufrado de las vifias contiene si-empre una
P;quefia can~idad de impurezas que _son parte de la gan•
g_ de este mmer~l, y s_e puede apreciar.por persona inteligente cuando dichas impurezae son debidas á la mi~ma
n.aturaleza del azufre ó cuando constituyen una falsifica?ión de loe vendedores. El conocimiento exacto de las
!mpurezas del azufre es lo que debe fijar en una compra
Importante el precio de dicho mineral.

�6 DICIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

854

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PlllNCIPE DE NA.POLF.8,

DOS 1UTRIMONIOS REALE~
EL HEREDERO DE LA CORONA DE ITALrA Y LA PRlNCHSA HELENA DE MONTENEGRO.-EL DUQUE DB ÜRLEANS Y LA
ARCHIDUQUJl:SA MARÍA DOBOTEA.

A lo que parece, la Reina Margarita de Saboya, que no

obstante sus cuarenta y tantos otofioe es aún hermosa y
gallarda, no dejaba de sentir inquietudes del todo maternales en v1Bta de la extrafia conducta de su hijo el
Príncipe de Napolea y heredero de la corona, que no daba trazas, como vulgarmente se dice, de enamorarse de
doncella alguna de lae nacidas en paflales re~ios.
. En vano su !"ugueta madre le propuso vanos partidos
dignos de aspirar á su mano, ya por eu hermosura incuestionable, ya por eue prendas morales. El Príncipe
no ee decidía y á loe apremios de la Reina contestaba
con un: «Ya veremos» problemático, 9,ue nada bueno prometía para la sucesión de la real familia.
Empero el Príncipe no dejaba el asunto para el otro
jueves, por más que las apariencias indicasen lo contrario. Profesando la hermosa y sana idea de que ea una
necedad grande que una testa coronada ee case con una
Razón de Estado, cuando hasta el obrero máe humilde
ee permite el lujo de matrimoniarse por amor, aguardaba
que el rapaz ceguezuelo
le vulnerase el corazón,
y esto no se hizo eepe•
rar. Elena, la hija del
Príncipe de Montenegro, que estuvo hace alglin tiempo en Roma
con motivo de unas
fiestas, era la llamada
á doblegar aquella vo•
!untad. Verla el Príncipe y prendarse de ella
fué todo uno, y cuando, no mucho tiempo
después, la Reina Margarita repetía á su hijo
por vigésima vez las
consabidas palabras, este pudo darle una reeeorona obsequiada por las damas rea- pu~ta más categórica.
llsta.s de Franela á Ja Duquesa
Nomtentaron Humberde 0rleans.
to y Sil augusta esposa
torcer la voluntad del Príncipe. Muy al contrario, regocijáronee con él, que aunque no se trataba de una princesa
cuya in.fluencia pesase en loe destinos europeos, era la
mujer que había acertado á mover el corazón del heredero y esto ya significa mucho, si no para la hegemonía de
nn país, sí para la felicidad de un soberano; así 1&gt;uee el
rey dió parte oficial del matrimonio¡ regocijáronee hondamente los montenegrinos por la honra que lee c•1po en
suerte y previos los requiaik&gt;a del caso, los novios acaban de nniree en la iglesia de Santa María de loe Angeles
en Roma, con asistencia del Re¡ y la Reina y muchos
alto!! dignatarios.

.
***que la bella montenegrina
Cae1. en Ios IWemos
dfae en
unía su suerte al heredero de la corona de Italia, el jef11
de la casa de Orleau.s, el duque Felipe uníase para siempre á la Archiduquesa Mi\ría Dorotea, sobrina de Fran-

cisco José, en una de las más
opulentas residencias de Austria y con asistencia del Rey,
de la Reina de Portugal y de
otros altísimos personajes.
Aquí tumbién, á lo que parece, el amor unió las voluntades. Ea María Dorotea princesa de altas prendas y de no escasa instrucción, de serena y
simpática hermosura y había
desdeflado muchos grandes
partidob, porque no lograban
interesar su corazón. Más que
ellos pudo el duque de Orleans, miembro c:&gt;mo se sabe
de una gran familia, de exte1 ioi agradable, hombre cultíeimo y que sabe el secreto del
sprüfrancés.
La boda como ea de imaginarse tuvo una esplendidez
inenarrable. en la capilla de
Hofburg. y la encantadora
novia fué obsequiada con magníficos presentes. Cuéntanae
entre estos una riquísima corona, ofrenda de las damas
realistas de Francia y un gran
aderezo ofrecido por el duque
de Aumale, de loe cuales damos grabados á nuestros lectores.
Se recordará que EL MUNDO
publicó no ha mucho los retratos de los novios con motivo de sus esponsales y por
lo mismo nos abstenemos de
repetir lo@.
Son estas de que hemos ha•
blado, las bodas más ruidosas
habidas últimame11te en Europa.
-·••tOPt•--·

Bien veo que el hombre perfecciona todo al rededor de sí;
mas no veo que se perfeccione
él úiÍBmO.
Alfo71J3o Karr.

Parecido de familia.
Hace observar Southey, en una carta dirigida á Sir
Brydges, que la edad acentúa el pare~ido d~ la familia,
de tal modo, que hermanos que en la mfancia eran muy
desemejantes, y que lo fueron aun en mucha parte de eu
juventud, se parecían extraor.dinariamente en edad. madura. El mismo observador dice que tenía en su misma
cafa un ejemplo de parecido muy notable con su padre,
mientras que afios atrás no ee le parecía ni aun remotamente.

MUERTA.VIVIENTE.
LA D O RMIDA DE THENELLES •.

Desde la Bella del Bosque durmiente no se había oído
hablar de un caso tan extraño como el de Margarita
Boyen val. A consecuencia de una crisis nerviosa que la
hizo caer sobre el suelo de la casita donde vivía con su
madre, la pobrecilla se durmió inmediatamente que fué
puesta en su lecho y no ha vuelto á despertar.
Han transcurrido desde entonces trece
afi.os cinco meses, y tal es el letargo de la
dormida, que se supone que pasará así toda e11 existencia ein haber recobrado jamás el conocimiento. Un curiosísimo artículo del periodista francés Chincholle,
que apareció estos últimos días en el Jil.
garo de Paría, nos refiere eu visita á Thenellee, pequefia población situada á cinco
ó seis lejtuae de San Quintín en plena Picardía. He aquí este artículo:
Origny-Sainte-Benoitte-Novbre.
Vengo, en fin, de ver á la célebre dormida, la que loe franco-picardee llaman la
marmota porque desde hace trece afios no
se ha logrado despertarla.
La he contemplado largo)iempo: fuí autorizado para examinarla como un médico
habría podido hacerlo.
Ahora bien, ei e1, mi larga vida de pe•
riodieta he sido testigo de muchas cosas,
jamás hubiera esperado asistir á espectáculo semejante y no me repongo aún del
sentimiento extralio, indefinible, profundamente rdligioso que hace experimentar
ese misterio que turba á loe máa sabios.
Pero comencemos por referir las cosas
como han pllllBdo.
El 29 de Mayo de 1883, vivia en Thenelles, pequefi.a población situada á cinco ó
seis leguas de San Quintín, una joven, en•
toncee de diez y nueve alioe de edad, Margarita Boyenval, que, costurera de oficio,
ocupaba con su madre una casita de techo
de paja.
La nifi.a entonces era, según me dicen
los que la han conocido, muy linda, muy
buena moza, alegre y bulliciosa, aunque la
maledicencia la acusaba de haber puesto
fin ilf•galmente á una historia de amor que
amenazaba tener coneecueuciae.

De pronto, un día, tomando el aire cerca de su puerta,
ve á unos gendarmes que parecen dirigirse á su merada.
Cree que la ca.lumnia ha dado sus fruto!!, y que van 'aprehenderla. Lanza un grito y cae presa de una oríeie
nerviosa.
Lo!! gendarmoll! pasan ...... no tenían orden alguna á . ·
eeie respecto. Póne.ie á la joven en su cama; ee duerme,
y desde ese día, aniver,ario de ,u nacimiento, es decir, desde hace trece afi.os cinco meses, no ba despertado.
Se ha hecho todo, loe más grandes médicos han ensayaao loposil&gt;le y lo imposible; loe magne,izadoree mis-moa han recurrido á loe medios más extraotdiaarioe......
La joven se ha convertido en mujl!r, durmiendo.
Para verla, se necesita ir por a linea del Norte á San
Quintín; ahí subir al tren de Guisa y detenerse en Origny-Sainte-Benoitte, de donde Ee put&gt;de ganar á pie Thenellee, un lindo pueblecillo que dl!eciende de un lado, á .
dos kilómetros de la vía férrt-a.
Ese pequef!o rincón de la Picardía ea verdaderamente
adorable, sobre todo en esta época del afio. Entre la bruma que sube del Oi11e se destacan los árboles de esencias.
variadas, de tonos multicolores.
Se cree atravesar un pais11je de Car! Rosa. La ruta única es muy frecuentada.
-Qué hay nn mercado importante por aquí? preguntoá las mujeres que llevan su et-eta bajo del brazo.
-Oh, no. Llevamos de comerá nuestros homb,.ee que-trabajan en la fábrica.
Hay, en efecto, en los alrededores numerosas fábricas.
de azúcar.
Y todas las mujeres á quienes interrogo -ine dicen:
- Va usted á ver á Margarita, de seguro?
Hago que me conduzcan á la casa de la marmota.
Entre dos ventanas estrechas hay una puerta sobre la.
que se abre la única ventana de un tapanco, encima del
cual se yergue el techo de paja.
Detrás de loe vidrios hay cortinas muy blancas, sostenidas por cintas d.i color y cayendo dobre vasos flori~L

t

Mi guía abre una puerta. Siempre desconfiado y temiendo algún chasco, entro rápidamente, atravieso con
precipitación la primera pieza alumbrada por dos ventanas y llego á otra cámara que tiene cuatro metros deprofundidad. Ahí me detengo entre dos lechos, el uno
colocado á mi derecha en ( l sentido de su longitud y el
oko á mi izquierda perpendicularmente.
Sobre el lecho de la derecha está extendida una mujer·
que, por su sólc, aspecto, responde coa demasiada elocuencia á las dudas que habían hecho nacer en mí.
Me inclino con el respeto que debe tenerse ante la.
muerte.
Con la cabeza apoyada en la almohada y loe brazos.
ocultos bajo las sábanas, Margarita Boyenval, muy pá·
lida y con las mejillas hundidas, tiene más bien el aspecto de una muerta que de una dormida.
La boca y loe ojos están cerradoa. Si se le abren é3tos-se ve que están muy hundidos y sólo se perciben dos
globos muy blancos. Las pupilas se han remontado bajolas arcadas eubciliares.
De pie, cerca del lecho, está el contraste indispensable
á todas las cosas: la vida exuberante, que sintetiza la.
Sra. Boyenval madre, una matrona de abultado seno,
menos abultado empero que AU vientre enorme.
Se explica viéndola cómo en otro tiempo Margarit&amp;
era demasiado fuerte. La madre y la hija se parecen.
La una y la otra tienen, al rededor de las mismas faccio•
nea, loe miemos cabellos de un castado vanl!ciano. Perola eeflora Boyenval evoca esas alegres comadree que·
Roybet ha puesto en algunos de sus cuadros, y Ma~rita, bajo su pequefio gorro blauco, con la expreet6n
extática que Ary Scheffer ha puesto á Santa Mónica, tiene el tranquilo y piadoso aepecto de una religiosa. Contemplándola largamente, murmuro:

'r 6 DICIEM13RE, 1896.
355
ELMUNDO.
. . - ----=-============================~===============================-==========-Ea hermosa ......
-Sin embargo, ha envejecido desde que duerme.
-¿Y aemejanteauefio vi·
no de un golpe?
-Ai principio solía tener algunos eobr1-ealtos durante los cuales yo creía
que iba á de~pertaree, pe•
ro el sueno la domaba al
cabo de ciaco ó seis minutos y ahí la tiene usted.
-Usted la nutre á lo que
se dice deslizando una cuchara entre los dientes?
En otro tiempo así lo
hacía, pero desde hace
ocho afios la nutro con lavativas, cuatro veces al día,
á las mismas hora¿. Sin
embargo puede decirse que
ella se ha nutrido de sí mis·
ma. Mire usted.
Y la Seliora Boyen val levantó las ropas. La camisa
dej,.ba adivinar un esqueleto. El vientre estaba hundido, las caderas salientes
como dos puflos.
Los brazos estaban alargados sobre el cuerpo.
Así nna de ene manos.
-¡Oh, qué caliente eetá!
-Sf, yo m ntengo su calor con l11drillos calientes.
Los dedos están roídos y
descarnadoe.
La madre le toma brus•
camente un brazo y lo le·
vanta. El brazo guarda la
posición y la actitud de
amenazar. Lo cubre con las
ropas y sobre eee brazo
que ha permanecido en el
aire aquellas forman una
promiuer cia.
El lecho y las ropas son
de una limpieza extrema.
Se ve que la &amp;-flora Boyen•
val aguarda siempre visitas.
Ea que los más grandes
médicos han · enido aquí y
han traido dE&gt;s¡;;ués á otros.
-Charcot ha venido cuatro veces: la primera, completamente solo y lae otras
con acompaftantes, ¡Ha he·
cho experiencias!. ........ ..
Crouardel tarr bién. Y des•
puée Berillon. Y más tarde gentes de tan lejos que
nadie conocía su idioma.
Yo únicamente esquivo á
loe magnetizadoree ...... Es·
LA
toe bacen demasiado..... .
Por lo demás, el médico de Origny, el doctor Charrier,
viene todos los días. Oh qué quiere usted. Ahora ya na•
da queda que hacer. yo ya no tengo esperanza ......
-¿Quién sabe? Yo he conocido li alguien que permaneció-solo medio día es cierto-en eP\e estado. Le que·
maban los pi•is y no ee movfa. Después, de pronto, se
despertó y refirió que había oido torio lo qne ee había dicho alrededor de él.. .... Acaso su hija de usted nos oye..
Los médicos creen en efecto que durante los primeros
meses pudo oir, pero ahora dicen que los órg11nos -,e,án
ddmaeia9-o débiles......
-Acaso mi amigo gritará esta noche: ¡mamá!

Aderezo obsequiado por

PRJ:SCESA HELE:SA DE :\1 OlITE:SEGRO.

el

duque de Aumnle
0rleans.

A ln

Duquesa de

-Ah, Dios dt'I cido, yo huiría!
Al principio t-1 pecho se levantal,a aún. Ahora la rt&gt;s·
piración no dt-ja mae que una ligera bruma en .,¡ espejo.
Sill embargo, las funci ,nea se cumplen lógicamente. Me
daría vergfü·nza, al recuerdo de la estática figura d.,_ entrar en detall~e demasiado técnicos. Me contentaré con
decir que ese sut-ño á cansa de eu duración es el caso de
catalepsia mas éxtraiio que la medicina hava vieto.
Y en tanto que la madre me babia, veo iiiempre á esa
pobre dormida, preguntándome si no euefia ......

grandes puntales de pino previamente impregnados de
parafina.
Terminada la semideetrucción de los cimientos, el empresario del derribo, eefior Smith, hizo prender fuego
á los soetenes de madern, que ardieron rápidamente,
gracias á la parafina, despidiendo nubes de hu:no negro,
yá loa diez minutos la chimenea emptzó por inclinarse
y terminó por venirbe abajo casi su misma base, como
si se hundit:ra en el suelo ó se plt&gt;gase S&lt;ibre sí misma
á modo de tubos de anteojo, cubriendo sus escombros una
superficie muy rldncida.
Por atrevido que parezca el procedimienot, su resultado lo recomienda, si ~e practica babilmente, para evitar la proyección de esco.. oros á gran distancia y para
simplificar y activar las operaciones semejantes.

La PrincPs... de lhimay y Caraman.
Un telegrama iecibido de París nos hizo saber que la
Princesa de Chimay y Caraman, esposa del Príncipe de
Cbimay, de Bélgica, se había huido con un múeico hún·
garo que acostumbraba tocar en _loe cafés cantantes de
París.
El Príncipe José ba enublado inmediatamente el juicio de divorcio en los tribunal.is de .Bruselas. La Priuceea antes de casarse era sencillamente la sefiorita Clara
Ward, de Detroit, Michigán, Estados Unidos, y se unió
en matrimonio con el Príncipe José en París, en el año
de 1890.
La Princesa al huir con ti ::riúsico abandonó ásu espo·
so y á ene dos niños.
Clara Ward, siendo todavía una niña de escuela, hizo,
en compafiía de la autora de sus día~, uu viaje á Niza.
Allí la conoció el Príncipe, ee enamoró di! ella y el casa·
mien:o se arregló en un abrir y cerrar de ojos.
La ceremonia de la boda fué un gran acontecimiento,
asistió toda la nobleza de París y d1ó la bendición á los
novios el Nuncio Monsefior Ratelli.
El Príncipe de Chimay desciencle de famiiia nobilísi·
ma, y entre sus antecesores ee cuenta á una mujer que se
hizo célebre bajo los nombres tle Mme. Thens.i de Cabarrus, Mme. de Fontenay, Mnw. de Fontenay, Mme.
Tallien, condesa de Caraman y Princee.a de Chiway. Fué
amiga de Mme. Recamier, de Hoche, de Napoleón, y
por su gra11 filantropía se ganó el justo título de «Notre
Dame de Bon Secoure.»
El padre del Príncipe de Chimay fué Ministro de Relaciones Exterioras en Bruselas, y el Príncipd pertenece
á la LE&gt;gación de .Bélgica en París.
♦

............ -

Se llama edad de oro á la época en que el oro era desconocido.
Hay dos cosas que las mujeres no perdonan: los negocios y el euefi.o.
No se viaja por viajar, sino por haber viajado.
¿La di&lt;'ha? Es esa casa con techo de paja cubierto de
musgo y de iris en flor. Es necesario ptrmanectr frente
á ella; si entráis, ya no veis.
PRJNCJ!SA DE CBU(.AY Y CARJ.JUN.

En la amistad todo es común ...... para uno.

Después, al recuerdo de la Bella del bosque durmiente,
me poPgo á pensar que bastaría acaso para que esa otra
bella Fe de@pertaPe que un nuevo príncipe encantador viniese á darle el beso que liberta.
CARLOS CHI~C'HOLLE.

Los poetas nacen en provincia y mueren en París.
El amor nace de nada y ee muere de todo.
El número de escritores es ya innumerable y va é irá
siempre creciendo, porque es el sólo oficio, con el arte de
gobernar, que se atreve uno á ejercer sm haberlo apren·
dido.

&lt;inriosa demolición de una
Chimenea.
En Mancheeter funcionó
basta hace cuatro años u na
fábrica do papel, que fué
i,bandonada despues, y
que so trató de derribar
con los ménos gaste•&amp; po·
siblee. Se comenzó el derribo por la chimenea de
la fábrica con la circunstancia de no emplear andamiaje alguno; y es de
advertir que esta chimenea, de forma de pirámide octagonal, medfa la reepetabte altura de 80 metros, un diámetro de an•
cho y ee calcul11ba su peso
total en 4,000 tonelad'le.
Toda esta mole había de
ser demolida de una vez
y de modo que no apla11tnee loe edificios de las po·
pulosae callee inmediatas
á la fábrica par la parte
Norte, es decir, que había
que dirigir el dt-rrnmba·
miento hácia el único espacio libre de construccio·
nea que se extiende al Sur.
Para conseguir este preciso
resultado se comenzó por
deshacer los cimientos de
la base de la chimenea co•
rraipondiente al lado hácia donde habfa de dirigirse la caída, sosteniendo la
construcción por medio de

lt:U.ERTA·VlVIE:&lt;TE.-LA DORltlDA DE TllENELLE8.

�356

A DICIEMBRE, 1896·

EL MUNDO.

6

DICIEMBRE,

1896.

El cocido de albañil.

Faare nuesfrc que esf~s

en los_cfo les ....

357

EL MUNDO.

-Mi sef!or. que ea el
amo de este palacio, me
manda rogar á ustedes
La casualidad hizo que el prócer se aeomara á la ven- · 1
que tl'ngan la bondad de
tana de su cuarto tocador en el momento en que aquel
suspender un momento
albafiil de la caea en construcción de enfrente se ampasu comida y subirse con
raba á la sombra del palacio para comer. El marqués
todos sus trebejos á alrepantigado en una na·cedora y fumándose un veguero,
morzar con él.
recién salt.ado de la cawa, bostezando á cada insLante,
El albañil y eu esposa
leía con aire aburrido los periódicos de la maiiana y lod
se quedaron atónitos y
diarioM franceEes de la víspera, cuando le llamó la a,en•
tan'a turdidos, que no acerción cualquier ruido de la calle; abrió Ja vidriera y vió
taron ni á responder. Toentonces al jornalero con eu traje blanco y su cara de
do podían esperarlo, in ·
clown embadurnada de yeso, eeutado en la acera y recluso que los echasen de
cc,stado en el muro, mientras la c,)Deorte ext.endía sobre
allí, menos semejante inla losa una vasta servilleta y colocaba encima del .man•
vitación. ¡C6mo! ¡Un títelillo UtJa honda fuente de losa ordinaria, r ibeteada de
tulo, un poderoso, des·
azul, una libreta, dos cucharas de palo y dos vasitos pa·
cendiendo hasta eu mieera el medio cuartilltjo de vino.
1 ia y elevándolos! ¿No so•
ñaban? ¡Sí, soñar! El mayordomo no había aguardado eu asentimiento, y
ya entraba en el portalón
con la fuente del cocido
y ia libreta, mientras otrG
criado, cargaba con el resto del ajuar. Siguióles entonces el matrimonio, sin
atreverse á pisar fuerte
por las magníficas eecaleras de marmol, guiado por
el mayordomo; atr&amp;vesó
varios rnlone~. en que re·
Faltaba muy singular la
figura blanca del obrero
refü•jada en las grandes
lunas, v al cabo se detuvieron 'en 11n amplio co·
mPdor con friso de roble,
sillas de cuero y aparadores cargados de plata antigua. En la rica eetan·
te1 ía ee deacu b~ía una mesa cubiert-a de rico mantel, con un centro abarrotado de flores y tres cubiertos.
El prócer sonriente y
enajenado, les aguardaba
de pie junto á un sillón
de loe preparados para
sentarse á la mesa, y al
verles exclamó:
- Perdonen ustedes el
·
asalto; pero he olido sus
U na curiosidad invencible le ató al prócer á la ventana. garbanzos desde la ventana; yo tengo perdido el estóma·
Requirió, pues, Le Fígaro para fingir que leía y no coar- go, sin apetencia alguna, y depl'Onto, sintiendo ganas de
tar á los comensales con eu atención, y apoyándose en comer unas cuantas cucharadas de su cocido, me be dicho;
el alféizar, les clavó el rabillo del ojo, dispuesto á no ¡puede que estas buenas gentes no se op~ng~n. Ellos.me
perder detalle. Desde luego, aquel amor y compañía del · harán partícipe de eu puchero, y yo les mv1taré á m1 al- ,
jornalero y su costilla, aquella complacencia que se les muerzo. Por eeo·me be tomado la libertad de interrum·
advertía en el rostro por hallarse juntos, le trajo á la pirles.
·
·
mente al ma'rqués la remembranza de su hogar suntuoLa alba1'íila fué la primera que se repuso, y con la noso, pero frfo y desie.rto. Su espoFa y· su hija mayor esta- bleza de corazón peculiar de la artesana madrilefia, reban ya hacía un mes en su villa de Biarritz, donde se reu• plicó.
nía toda la famil ia pasado el verano; su hija menor, la
-¿Y por qué nos hemos de oponer, SPfiorito? ¡Esto es
viuda que vivíá con ellos, hallábase instalada también practicar una obra de caridad y los pobres también las
con sus dos chicos en un hotel de las Arenas, su hijo hacemos cuando podemos!
único, viajaba desde principios de estío detrás de Gue-¡Pues á la mesa ahora mismo!
nita. sin perder ni una corrida del diestro, y él, aguar•
Loe pobres artesanos habían creído que sólo se tratadando á que hubiera cuarto en Sobrón, permanecía solo ba de que aquel señor que decía que no le pedía nada el
en Madrid, entregado á mayordomos y ayudas de cáma· estómago, "e comiera sus ga1 banzos. Pero sentarse á alra y refugiado en el Casino, donde paraba más que en su morzar con él!. ..... Reeistiéronse cuanto les fué posible,
cal!a, huyendo instintivamente de su soledad. Acordóse pero no hubo más remedio que ceder y colocarse ante el
el opulento del almuerzo que le esperaba, sin conversa- pi.a to destinado á cada cual, en tanto que el prócer se
ción, si.n risas, con el periódico apoyado en las copas, sin sonreía viendo eu aturdimiento y eu vergüenza.
otro halago que los lametones de Li1í, la perrilla ratone¡Vaya un hambre que se le había despertado de pronra favorecida de las niñas, que ya se consideraba como to! Sirvióse un plato de garbanzea enorme, pudiendo
de la familia, y por remate, sin apetencia, y se Je escapó afirwarse que se engulló él solo e l cocido, y á 3us huésun suspiro.
pedes hfzoles comer ave, pavo, salmón, una infinidad de
La albail.ila había llenado mientras la fuente de roda- manjarPs desconocidos para ellos :: todo por su alto prejas de pan y volcado luego en el cuenco el amarillo y cio, de los que no habrían soiiado CO'.! catar en su vida.
humeante caldo de un pucherete que sacó de una cesta Algunos les resultaron á sus paladares ineducados en la
y que empapó las rodajas en el acto, empezando todas á cocina escogida, poco agradables. El prócer harto de .,efiflotar, cuidando la mujer de refrenar la tapadera de la namientos, no los probó y engullóse 11n cambio el pepino
vasija, empujada por los garbanzos, de los que alguno crudo de postre de los artesanos. olvidando ante tales exmás atrevido escapó, á pesar de la vigilancia, precipi- celencias culinarias que no volverían á caer en suerte.
tándose en la escudilla.
En E:l almuerzo menudearon las risas, tímidas en el
El incitante perfume del caldado pan subió hasta las matrimonio y fuertes e"\ el anfitrión, con regular asomnarices del prócer y produjo en todo su ser como un ex• bro de los criados, no acostumbrados en su amo átales
tremecimiento delicioso. ¡Qué bien olía! Su estomago, jolgorios; de remate obligó al pobre albafiil á aceptar
averiado por los amargos medicina)eij y por las mostazas cinco duros por vía de indemnización que el infeliz reciincitantes, desabrido é inerte, combatido por la eterna bió con los ojos nublados por las lágrimas y aquella tardispepsia, y no ya inutil para la digestión, sino falto de de los socios del Casino encontraron á su habitualmente
gana, pareció resucitar, y el prócer, que basta odiaba ya hipocondriaco y triste compañero, regocijado y alegre,
al alimento, experimentó un deseo invencible de tomar- bajo los rosados auspicios-lo declaró él mismo- de una
se tres ó cuatro cucharadas de aquella a1omática !!opa. fácil digestión.
Pero, ¿cómo realizar!o? ¿Iba él, un título de Castilla, coY sin embargo, ni el faisán ni el rosbiff tenían mayor
nocido de todo el mundo, á bajarse á la calle·y á se'n tar- virtud que los garbanzos, sino eiue con aquel humilde cose á comer mano á mano con los artesanos, exponiéndose cido de albañil había subido al solitario comedor del arisá que alguien le viera y le cal_ificara de loco? Sólo el es- tócrata una ráfaga de mútua felícidad.-Sencillamente.
pectáculo de un caballero, trascendiendo á la legua á
ALFONSO PÉREZ NIEVA.
aristócratá, trágelándose un cocido en amigable armonía
con un obrero y apoyado en un muro, era bastante para
llamar la atención de los transeuntes. ¿Qué hacer?
Algún dfa, á peear de tus encantos,
El matrimonio habíase engullido mientras la Popa, y
te matará otro á tí cual tú me matas,
después de remojadas las fauces con un trago, libre ya la
que en materia de ingratos y de ingratas,
boca del J&gt;Uchero, precipitábanse en la fuente loe garbanvenimos á salir tantas á tantos.
zos, empujados por dos trocitos de carne y tocino. ¡Pulla
anda, que el cocido no olía peorl ¡Nada! ¡Que se lo iban
El amor es un himno permanente
á comer! El marqués entonces se apartó con un movique, después que enmudece el que lo canta,
miento brusco de la ventana y se entró en su cuarto. A
otra
nueva garganta
poco el albail.il y su mujer veían acercáreelea un mayorlo vuelve 1lTepetir eternamente.
domo de frac, corbata blanca y g r ~ t t u , que encarándose con ellos les deo~:
Ü.AMPOAMOR.

J

LA ULTIMA PALABRA.
No te nieg0 mi amor...... Siempre lloroso
A tus piés me arrojé tendiendo el ala,
¡Sugeto el rudo puiio del coloso
Por la mano suavísima de Onfala!
He apurado el amor basta las heces;·
Que sólo amor tu corazón destila..... .
¡Ante le clava de Hércules á veces
Valen más las tijeras de Dalilal
Lo que brilla y es. sol, como el sol muere;
Brilló mi amor un día y se hizo nada ......
Vencedor ó vencido ¡Dros LO QUIJIBE!
Repetía y repito en mi cruzada.
Como la rosa de Malherbe, un día
Ha vivido el ,.mor de mis amores.
¡Para amor, juventud ó lozanía,
Lo mismo son las a lmas que las floresl
Una ruina eres hoy de mi pasado:
Que el cristal por más terso al fin se quiebra .....•
Flores me diste. sf: ¡pero ha silbado
Debajo de esas flores la culebra!
Tú soñando tus sueiios de grandeza,
Me apartastes á un lado torpe y vana:
Hoy yergues con orgullo la cabE:za
Y con dolor la inclinarás mañana ..... .
Quisiera ser mny grande solamente
Para poder, con infernal ventura,
Preguntarte ei un lauro de mi frente
No vale mucho más que tu hermosura ..... .
Yo tP emplazn, mujer! Desconfiar debes
Del brusco cambio de la suerte impía:
¡ Yo beberé en la copa en que tú bebes,
O tú habrás de beber quizá en la mía..... .
Y hemos de compartir el mismo espacio,
Por esa ley de variación eterna,
Acaso en los sálones de un palacii;&gt;
O acaso en el rincón de una taberna!
Pero vano es que tu pasión me llame:
Ya de mis ojos se rompió la venda..... .
¡No sólo busco un corazón que me ame,
También busco un cerebro que me entienda!
JosÉ S. CrrocANO.

CROQUfS MODERNOS
EROTICA
No castas hermosuras ni rostros de .princesa
Ni ojos en donde brille la luz de la ilusión:
Satánicas beldades, perfiles de faunesa'
Y trágicas pupilas .d e angel en rebelión.
No bocas ideales de t.onrosada fresa
En donde tiemble el ósculo gentil de la pasión:
Boca seneu.al y lúbrica que muerde cuando besa
Con labios encendidos,-flores de,tentación.-:Amorea ardorosos, vibrantes y soberbios
Que hagan alzar el canto sonoro de los nervios,
-Hechos de fibra y fósforo, de médula y de luzy sea nuestra musa como un sucubo pálido

Que ahogue nuestrae vidas en un abrazo cálido
Mientras sucumbe el Suefio clavado en una cruz.

. . F . .M:.

DE OÚOUÍBEL.

Diciembre de 1896.

El Ferrocarril.
Lanzó á los vientos su pendón ae ·fuego,
rasgó, los aires su silbido agudo,
., • ·
su aliento de humo ea eJ· fecundo riego
que aniega.el seno del desierto mudo.
¡Miradlo! va tragando las distancias;
Parece apenas que la tierra toca;
y devorado por febriles ansias,
nubes vomita por su ardiente boca!
¡Miradlo! es el guerrero del presente,·.
el genio armado de la nueva idea;
La luz del porvenir brilla en. su frente,
y sú penacho de vapor ondea.
¡Miradlo! es el centauro det progreso,
es el audaz conquistador ¡:noderno,
está de sangre su pendón· ileso;
au gloria brilla con túlgor eterno;
La barbarie ee esconde- amedrentada
al divisar BU enseña orilladpra, .
corno las sombras de la noche helad\\,
. al centellear un rayo de la auroral
Los tiempos del futuro qui! dormitan
del desierto e'n'las' vírgenes entrañas,
á su acento despiertan y palpitán,
.cua} plllpi.ta el vóJcán en las montañas!
Es del progreso la primera aurora,
que irradia en esta íieira-bendeciaa,
en esta·t ierra eiempz:e vimcedora, .
' en esta t ierra hidrópica de v1da!
Es el acento de la audhcia humana,
que crece, se duplica, se agiganta;
que pone de la vida en la mafiana,
la!f alas del relámpago á su planta!
ÜLEG~RIO

Y.

J:
')

!'

• ••

A~DRADE..

• J

�EL MUNDO.

358
LA LIMOSNA,

6

DICIEMBRE,

18~ 6.

apasionada había ocasionado probablemente ia catástrofe que t~nto me afligía.
.
.
-Eres un bribónl-exclamé funoso.-No te quiero
¡vete!
.
b
.
Le prohibí la entrada en m1 deapac o para siempre, Y
sin rec: rdar que yo mismo había sido otro Pablo, de~la•
ré que los niiios eran inaguantables, torpes y el caet1go
de las familias.
.
Nos sentamos á 1a mesa. Como hacía _falta u_n castigo
ejemplar decidí que Pablo se acostase mmed1atamente
después de comer.
. ..
El nifío, muy digno, no lloró DI d1¡0 una sola palabra.
La comida fué trisLe, pues generalmente Pablo la alegra·
bacon su graci,,sa charla, y aquella v~z se vengó con su
silenci&lt;', resultando nosotros más ~.aat1gad?B que él.
Al llegar á los postr¿s, Pablo di¡o l.ieró1camente á su
madre:-Mamá, bájame.
No tengo hambre; quiero dormir.
.
La madre Jo bajó de la mesa y lo puso en mis brazos.
Yo lo oprimí contra mi pecho, un p~o turbado Y rete•
niéndome para no perdonar demasiado pronto. Después Alicia ee lo llevó á acostar.
N¿ tuve valor para acabar la comida si? él y me fuí al
salón. Allí, en medio del humo de un cigarro, me puse
á pensar en los nii'ioa.
.
No los ca-stigaremos á veces con dema~1~da crn~ldad?
No tienen la edad de razón, y ya los quisiéramos impecables, más sensatos que nosotros mismos. ¡Ah! es que
nosotros somos tan cuerdos?
Esta reflexión me trajo á la memoria ?na pregunta que
un día me dirigió mi bijo:-«Dime, ¿quién es el que nñ.e
á los pa¡;¡ás?«
• h.. ·
Tenía mucha pena por haber dejado á m1 1¡0 sm sus
postres así es que en cuanto mi mujer se puso á bordar
abando'né el s~lón muy subrepticiamente, atrí sin ruido
el armario del comedor y cogí un gran cucurucho de confituras que oculté como pu~e bajo la bata.
Cuando llegué á la alcob1~a de Pa~lo, .ví con desespe·.
ración que ya estaba dormido. Me mchné para beijarlo
dulcemente y ¡cosa extraflal sus mejillas se pegaban á.
TR ANQUILIDAD DE LOS P ADRES,
mis labios.
¡Como que las tenía embadatnfldas de dulce!
• Por la noche, cuando vuelvo de la oficina, Pablo con?•
La madre había tenido la misma idea que yo.
ce inmediatamente mis paeos en la antecámara, Y sm
darme tiempo á que deje el sombrero. y el bastón, se me
¡Oh' ¡las mujeres!.. .... ***
sube por las piernas y secu~lga de. mis hombros, lanzanA ~edia noche, Pablo tnvo una pesadilla, y sentándo·
do alegres gritos que anuncian m1 llegada:-«Aquí está se en la cama nos llamó co? voz aho~ada. Nos l~vantamos precipitadamente cornendo hacia él; nos muó c~n
papá l. .... . Buenos días, papá.11
.
.
E~ un diablillo de cinco aiios, dehcado, y tan travieso, 1:. voz extraviaJa y después, echándose del lado, se ~olv1ó
á dormir. Per&lt;' basta el amanecer su suefio fu~ ag1t~~o.
que trae 1a casa continoamente revuelta.
-Eso es efecto de la emoción de ayer, me d1¡0 Ahc1a.
La habitación no basta para conten~r ~l desorden .de
sus juguetea. Por nn lado yace un pohch1_nela, bocarr1ba
Por la maftana se despertó más pronto que de coatu!Dy sonriendo aún, á pesar de la ancha herida que le abre bre, triste y pálido; su cabeza ardía, su pulso latía vioel craneo· por otro lado se ve un montón de wagonee lentamente,
.
destrozados, como si hubier an chocado dos tr~nes; .más
Muy inquieto mandé llamar el médico.
allá un bo, rego de tres patas que despunta la h ierba imaEste, después de examinarlo, recetó, y apnrado por
nuestras preguntas; acabó ~o~ contestar que n o podía de·
ginaria del euelo. .. .. .
.
Desde la mitad de la escalera le oigo ya restalla~ su cir nada hasta la segunda visita.
látigo sobre el cabo de cartón, bombardear al ene~1go,
-Si11. embargo-añ.adió-espero qu~ n~ será ':ºªª de
conducir Bl asalto á sus solda~oa de plomo,. ~ gntar: cuidado. Trataa de que se levante y s1 veis que ¡nega Y
u¡Victoria!11 Y este alegre estrépito me tranqmhza Y me vuelve á eetar alt&gt;gre y turbulento, como de costumbre,
no me llameis, porque será seflal de que ea~á curado. Un
divierte mientras subo.
Pero cuando las travesuras de Pablo han t!aspasa~o niñ.o que salta y jueg"- está. bueno.
En cuanto se marchó el doctor me de11pedí de Pablociertos límites; cuando su conducta ha merecido _alg11;n
reproche, el mismo peso que tiene sobre eu .conc1enc1a que me parecíl!- muy. abati~o, y recom.endando á la ma,
modera sus ímpetus: en vez de sa.ltar á m1 cuello se dre que me avisara rnmed1atamente s1 ocurría algo graacerca á mí con timidez, con inq111etud, Y se conten- ve me marché lleno de ansiedad.
Siempre me acordaré de aquel día. Me fué imposible
ta con presentarme su frente para que la bese..
Entonces adopto yo un tono severo para pedirle cuen- trabajar r.i un miouto, y cada vez qne el portero me
ta de sus hechos; lo llamo useiiorito Pablo,~ le hablo de anunciaba á alguien, figursbame que me b~sc1.ban á ~anusted y salpicando mi reprimenda de ternbles frasPB, le sa del niño dándome el corazón una ternble sacudida.
A cuanta~ personas entrahan en mi oficina para habla~
prodigo que de no ser bueno, nunca llegará á ser un hom·
de asuntos de la administración, les aaba parte de m1
bre.
.
1
·
b
·
·
El me escucha inmóvil, confuso y con os o¡os a¡o~, Y pena, les rPferfa la aventura del jarrón, mi cólera, el. ca~á veces apenado profundamente su pobre coranzouc1to, tigo demasiado severo, sin duda, la entereza del cb1qu~tín...... Me trataba de estúpido, me acusaba de haber Bl•
amarga's lágrimas inundan 11us pupilas.
Entonces hacemos las paces, porque en aquel momen- ao un Nerón y de tener la culpa de su enfermedad.
to psicológico, estoy más a~urado que él y falta muy poco para que sea yo el que pida perdón.

En aquelloe tiempos, era Nicolás Nerli uno de lo~ más
afamados banqueros de la noble ciudad de Florenc1a.
Trabajaba sin descanso desde la mafiana hasta la no•
-che y prestaba dinero al Emperador y al. Papa, con la
particularidad de que no se lo pre!'taba al diablo, porqu.e
temía siempre hacer malos negocios con el rey de las ti-,
nieblas.
bí
d ·
fücolás Nerli era audaz y desconfiado y ~a ~ a om·
rido no pocas riquezas á costa d~ no pocos rnfehces, por
-cuyo motivo vivía en un palacio en el .que la luz que
Dios creó penetraba tan aó'.o por estrechí!'1mas ventanas.
Ya se sabe que la morada de algunos ricos debe de ser
-como una ciudadela y que los poseedores de fortunas
mal adquiridas están en el caso de defende~ por la fuer·
za lo que b.1n logrado acumular por la aPtuc1a.
.
Sio embargo, Nicolás Nerli hacía gala de su r!queza
por medio de fundaciones piadosas di, verdadera importancia.
.
f·
Había erigido á extramuros un hospital, cayo nao,~-culpido y pintado, representaba las más honrosas acciones de su vida.
.
Además en muestra de gratitud por el dinero que había dado para la terminación de Santa María la Nueva,
1iu retrato figuraba en el coro de la iglesia.
Era aquel hombre uno de los prif!leT?S ciudadan?B. de
la República, y en nada ~abía d1swrnm~o en la opm1ón
de los magistrados la est1ma que á su.a o¡oa se había con&lt;J.Ui,tado por medio de sus gra1;1des nquezas.
Al r~gresar un díaá su palacio más tarde que de costumbre, vióse rodeado ¡,,&lt;&gt;r un numeroso grupo de pobres
medio desnudos que le tendían la mano.
.
Nicolás Nerli procufó alejarlos, apelando á ciertas palabras duras; peré 1~ mendigos, acosa~o~ por el ham·
bre Je estrecharon en un círculo y le p1d1eron pan con
vo-l doliente y llorosa.
.
El banquero ee bajaba ya para coger_unas cuantas p1e·
-draa, cuando vió venir á uno de sus ~nados, que llevaba
en la cabeza una cesta de panes destmados á los dependientes de su casa.
Llamó al criado y repart,ió los panes entre los ~obree.
Después entró en su p¡ilacio, se acostó y se durmió pro·
fundamente.
En su aueñ.o creyó que era y!ctima. de u~ ata9-ue apo·
p lético, y vió junto al lecho á San Miguel, 1lumrnado por
una claridad que de en cuerpo ea!fa.
El arcárgel, con sus balanzas en la mano, cargaba loa
platillos.
Al reconocer Nicolás Nerll en el lado que más pesaba
las innumerables joyas que le hablan sido entregadas en
prenda y el dinero reunido, g~acias al fraud~ y á la ~aura comprendió que iba á morir y que San Miguel le a¡ustaba'las cuentas en aquel momento. .
.
Atento y receloso, exclamó al ~n Nicolás Ne.rh:
-Señor, si colocais en un platillo todas mis ~anan·
-ciaa hacedme la merced de colocar en el otro mis bue·
nas 'obras. No os olvidéis, sobre todo, de la cúpn\a de
Sarita María. la Nueva, ni del hospital que taot,o dinero
me costó.
-No temas que sea. injusto, Nicolás,-conteató el ar·
cángel.-Todo lo tendré presente.
.
Y con sus gloriosas manos colocó en el_Plat11lo deec~rgado la cúpula de Santa Marta y ~l hoep1ta.l con bU fnso
esculpido y pintado. Pero el p lat1\lo n? ba¡aba.
El banquero estaba sumamente mqu1eto.
-Señ.or San Miguel-repuso-buscad algo más ~oda·
vía. No habéis puesto en el platillo ni la pila bautismal
de San Juan ni el púlpito de San Andrés, donde está rep1-esentado al natural el bautismo de Jesucristo. Es esta
una obra que me costó un dineral.
El arcángel colocó el púlpito y la pila encima del hos·
pital en el platillo, que permanecía sin bajar.
La frente de Nicolás Nerli estaba inundada de un sudor frío.
.
-Señ.or arcángel-pce~untó el banquero-¿eata1s segu ·
ro de que vuestras balanzll!' son de buena lf:ly? .
San Miguel le contestó riendo que eran mmeJorablee.
-¡Cómo!-suspiró Nicolás, lívido deterror-¿no pesan
más mis bnenas acciones?
-Ya lo ves-dijo el arcángel-basta ahora, el peso de
tus iniquidades supera al de tus buenas c,bras.
-Según eso-exclamó el florentino-iré en derechura
al infierno.
-No te alarmes todavía, Nicolás-repuso el pesador
celeste-aún no hemos concluido.
Y el bienaventurado San Miguel cogió los panes que
el banquero había dado el día anterior á los po~res. ~e
puso en el pl.ltillo de las buenas obras, que ):iaJó al mstante, mientras el otro subía, y los dos plat1llos quedaron en el fiel de la balanza.
El banquero no daba crédito á Jo que sus ojos veían,
y entonces el glorioso arc~n~el Je ~ijo:
.
.
-Ya lo ves Nicolás; no suves m para el c13lo m para
~I infierno. Vuelve á Florencia, multiplica en la ciudad
la limosna de tus panes de anoche, por tu propia mano,
ein que nadie te vea, y lograrás salvarte.
La misericordia de Dios es infinita y ea capaz basta
de salvará un rico.
Nicolás Nerli se despertó de pronto. Resolvió seguir
~l consejo del arcángel y aumentar su caridad, para en·
trar en el reirro de los cielos.
Durante loe tres años que pasó en la tierra, después de
eu primera muerte, fué piadoso con loe deegraciados y
gran amigo de hacer limosnas.
AN'ATOUO FtuliCE.

•**

Pero la anterior semana el aunto fué mucho más grave. El «señorito Pablo11 ee reconocía .tan culpable! que
ni aun vino á mi encnentro, permaneciendo en un ~m.cón
del comedor, vergonzos.o y temblando como un cnmmal
que aguarda eu sentencia.
.,
-Espero, dijo mi mujer duramente, que por esta vez
lo corregiráe.
.Alicia se ernpeiia en que yo tengo la culpa de que Pa·
blo desobedezca, de que Pablo bea travieso, de que Pablo
lo rompa todo.
-¿Qué sucede? pregunté.
.
.
-Mira exclamó ella abriendo la puerta de m1 gabmete;-mi~. Miré y ví en efecto que. á la izquierda de la
chimenea había un vacío. De dos ¡arrones Japoneses que
adornaban la cornisa, faltaba uno.
-¿Y el otro?
-Roto en mil pedazos.
Aquello me ex~speró. Yo am~ba aquellos vasos como
un niñ.o ama un ¡uguete !argo tiempo deseado. Durante
un mes, habían despertado mi codicia desde el .fl~capa•
rate de un anticuario, y al fin 10s habf_a adqu1~1do, á
fuerza de economizar para reunir el subido prec10 que
por ellos pedían.
En sus paredes gioete fantástico, con el manto flotante y el eable en aito, perseguía desatinadamente á .otro
más peqneñ.o. Yo había inventado una fábula, matizándola cada vez más.
Mi hijo me esc11cbaba sentado en mis rodillas, y su
imaginación seguía sobre el ~acharro en los azulados hoLa belleza como los peces no se conserva bien sino en rizontes de aquellos fantásticos paíees, aquel desenfre·
nado galope á través de los bosques, de los ríos y de l!IB
el hielo.
·
montaftas.
.
Julio Lemaitre.
Algunas vt&gt;cea le había !'orprendid.J !1e P.1e sobre una
silla hablando en voz ba¡a al héroe v1ctonoso, tal vez
La esperanza y: el recuerdo tienen el mismo prisma: impiorando perdón para el fngitivo. y Fi.n duda, a9uel
día, un movimiento bru•co, una atención demasmdo
el alPjamiento.

Negros presentimientos me invadían . . V~í!" á Pablo
enfermo, con una pneumonía, ó una menrng1t1s, ¡qué se
yo! Sofiaba, aoiiaba en las largas noches, pasadas á. su lado en las lágrimas que corren silenciosas cerca de la cabe~era; y oía. á través del .11~ido de la. cucbarit~, removiendo la repugnante med1cma, los tristes gemidos del
pequeñ.ueio... .. .
*
** más y salí de 1a ofi.cIDa
No tuve paciencia para esperar
antes de la hora.
Al pasar por delante del bazar en donde me det~ngo
para comprar juguetes á Pablo, me cargué los bolsillos
de bibelota, y volví á correr como un loco.
En el portal de mi casa tropecé sin excusarme, con
gentes que subían; subí los Pecalonea de cuatro en cn~tro· llegué !Ulte mi puerta. Jadeante, eudoroao y allí, sm
val~r para seguir adelante, me puse á escucha~.
Escuchaba si oia á Pablo ju~, charlar, d~blear en
fin ...... Pero no, nada, un eilen010 completo remaba en
mi ca~a; nn Pilencio que me heló la sangre en las venas.
Abrí y l!Pgó mi mnj 0 r.

'6

DICIEMBRE,

369

EL MUNDO.

18~6.

-Y bienl... ...¿y el nifio?...... Mal, verdad?
Alicia me miro con aire extrafio, que no comprendí
..entonces, y después me dijo:
-Ha roto el otro jarrón!
-¿Dónde está.? ¿Dónde e,.tá?
Lo encontré en el salón, escondido detrás de una butaca lo cogí en mis brazos, lo besé con frenesí, y á través de mis lágrimas que ya no podía retener, le grité en
la misma cara.
-¿Has roto el segundo jarrón, querido mío?
-¿Has roto el segun~o vaso, ang&lt;!\ mío? .
Toma, mon[n, toma ¡uguetes, registra mis bolsilloe;
mira, para tí ¡todo esto para tí!
..
Y como mi mujer me miraba estupefacta, yo le d1¡e
aliviado de mi pena, feliz, completamente feliz:
-Acabaré por creer que la tranquilidad de lo~ padres,
.cousi11~e en tener niños que alboroten mucho, que rom_pan todo cuanto encuentren á. mano.
ENRIQUE MALIN.

cual atribuye madama de Hall un valor extraordinario.
Se trata de una garra J.e león, mo:itada en oro.
«Madame d,i Hall ha ofrecido tres mil francos de recompensa .í la peraona que le presente dich &gt;.objeto.•
-Cuidado J nlián-le dijo ·entonces un amigo que acnbaba de e11tr~r-hi lle1pd" el °:1'&gt;:nento de t~.g~atJia.
-Graci~-dijo de R~, armJando el per1?d1.co como
saliendo Je·•m eMueñ" y enjuJ,ind"se las lagrimas qoe
brotaban de sus ojos.

LA GARRA DEL LEON
El teniente de navío, Julián de Rez, había regre..,ado
,de Cochinchina en mal estado de salud, y cuan&lt;10 despuéa de tres meses de sufrimientos al lalo de. su madr.e
y de su hermana, entró en la convalescencia, experimentaba todavía escalosíríos ala•rmantes.
..
-Vaya usted á pasar el invierno á Pau-le d1¡0 el médico.
d. J d
Y por eso Julián de Rez contemplaba á me 1:l os e
Noviembre, desde su ventana del botel, el sublime pa.norama de los Pirineos.

***

Cierto día en que iba Julián de paseo, quedó sorp~endido al verá Oiga Barbarina entrar en el hotel Gazz1,n,
donde vivía en compañ[a de su wadre.
.
Eran las cinco de la tarde y regresaba de nna partida
de caza en compañ[a de algunos de sus adoradores.
Oiga tomó una taza de té en el veetibulo, saludó á sus
acompañantes y entró en sus habitaciones, azotando su
falda con eu látigo.
Tres d.ías después, Julián de Rez, que no ba~[a cesado
&lt;le decir á BUB conocidos: «¿Quién es esa mu¡er? Estoy
loco por ella, la adoro, etc.," era presentado á tas señoras
,de 8.irbarina y formaba parte del pelotón de amantes de
la hermosa ruea.
Julián de Rez empezó á amar apasion~dam_ente á Oiga,
y el mismo d[a en que f~é present!"do ~l temeote di, navío d1jole Oiga encendumdo un c1garnllo:
....'..¡ Ah! ¿E~ usted ese que está tan enamorado dti mí?
Ds,11pues le estrechó la mano como uu hombre. . .
O gil se burlaba cruelmente .de sus adoradores, s1 bien
dbtinguía únicamente al mar1~0. el cnal,.!"rrastrado por
la violenta pasión que le dommabl, 1~ d1¡0 en el saló :
-Mi licencia de con valescienti, termma dentro de ocho
,días; saldré mañana de Pan para irá pasar uuos días al
lado de mi madre, y embarcarme después en Brest.
-Adiós, pues, y buen viaje-contesto Olga.-Pero voy
.á pedirle á. usted un favor. Dtseo que me regale usted
-esa ~arra de león, montada en oro, que lleva usted como
.dije en la cadena, y que conservaré como recuerdo de
nuestra amistad.
.
Julián se quitó el dije y lo puso~~ manos de la ¡~ven,
~ue lut'go cogió entre las suyas, d1c1éndole con agitado
ac,mtu:
-La amo á usted Oiga; ¿quiere usted ser mi esposa?
O ga retiró sus manos, guardó la garra del leon y se puB" á mirar cara á cara á J ulián.
• -No-le contestó-no . ..... Y sin embargo, es ugted el
primero que me ama y me lo dice de bueua fa; pero por
-eso mismo rechazo la oferta.
-¡Oiga!-exclamó Julián con voz suplicante.
-U1game ustel-repuso ella interru,upiéndole con un
.ad máu-y sepa de una vez la causa de mi ut'gativa. No
me considero digna de usted, ni puedo per·en•!CLr á. una
damilia de la que sólo pueden formar _parte pórsonas bon•
,radas. Si usttd pi&lt;li.;se roi mano á. nu madre, se la nega,ría, porque no es usted un potentado
.
Mi madre ha resuelto casarme con un t.ombre mmen.aamente rico, y en caso contrario...... No dirá usted q.ue
.no tengo experiencia tratándose, COJD? yo, de una mña
,de diez y nueve años. El caso es hornble, pero exacto,
Ya sabe usted ahora porque pasamos el invierno último
-en Niza y el verano en Baden, y porque estamos ahora
-en Pan. Ya sabe usted por qué viajamos como bultos por
Europa, por qué no dormimos más que en h•_)teles y por
,qué comemos siempre en mesa redonda. M1 madre ha
sido casi princesa real y está empe~ada en que s.ea yo ar-chiduquesa a toda costa. Me avergmmz" d" decirlo y de·
-seo que no proteste usted; pero no es posib)e que presente ust.ed á su madre como esposa á una muJer qne, como
yo, lleva t.anto fuego ~n el corazón. Ademá11, yo no le at00
á usted m amo á uad1;,....... El ;.mor es una de las cosas
que me han sido prohibidas. Adiós, Julián, váyase usted sin volverme á decir una palabra. Me dt&gt;ja usted su
ga1r-.1 dfl león, qu me recordará al hombre con quien he
procedido como mujer honrada. No me vuelva usted á
-ver y abandouémonos para siempre ...... ¡Adiós!

*

**
Tres años dtspués, el transporte
de vapor El Cocodrilo,
¡&gt;rucedente del Stinegal, aoah.1ba de hacer escala f'D Ca·
narias para tomar el cJTreo y prosPguía su camino f'n
medio de una noche tempestuosa, cuando el contramaea·
,t,re entró en la cámara de los oficialt'S y dejó sobre la
mesa un paquete de periódicos.
Julián de Rez abrió uno de ellos, procedente de Paría,
y al cabo de pocos instantes leyó las siguientes líneas:
«-,e baila entre nosotros S. l\:I. el rey de Suabia. q11e
viaja de in.!ógnito con el nombre de conde de Au8burgo.
«Al llegar á la estación ocnrrió un incidente de~agra-0.able. La baronfsa de Hall, que acompal'iada de su ma•
-dre la condesa Barbarina, había hf'cho el daje con Su
.Majestad, perdió l l l l &amp; ~ de-eacaao va~ pero -á la

•

Li CARTA.

Cuando Agustín tiraba d~ la campanil!a, la .puerta .de
la caga de buédptides ee abnó, y una muJer!-J•J\'c:~, linda, pobrísimimente vestida de negro,-t1ahó cornendo;
i., atro¡,elló C&lt;illl; se l,rnz6 por los tramos altos de la escalera y desapareció en un mo~ento.
· agustín ije quedó sot'prend1do.
-¡ E:1 Dolorc:sl-se dijo.
F1t.1.NCISOO CoPPÉ■.
Ptlro en aquel instante apareció en la puerta otra mu•
je r, de bastante edad, obesa, colorada, cuyo rost~o se dt:B·
tacaba entre un pañuelo rle cuadros nt&gt;grns y ro¡os...... y
INTERIOR.
viendo á Agustín, exclamó:
.
-¡ Deténgala usted D A\;ustín! ¡Corra usted que se qme•
Como era el instante, dígalo la musa
re t1r.u desde la azotea!
A&lt;,ostín subió á brincos,
Que las rosas trae, que las penas lleva:
-iJesú:1!-ex:clamó la patron11-si no es por este coraLa tri ,teza pasa, ve lada y confusa
zón mío tan leal, ¡c,,taplum! te mata.
La alegría, rosas y azahares nieva.
Ea aquel momento aparecieron en lo alto Ag11stf_n y
Era en nn am:ible nido de soltero,
D olortis, apoyándose ésta en el brazo .dti aquel y cu':?néuDa risas y versos, de placer sonoro,
dose el rostro con el pañuelo, como s1 lad1tir.1 verguenza
Era un inspirado cada caballero,
de vol ver con vida á la casa de huéspedes.
De sueüos azules y vino de oro.
-Pasen ustedes, pa1;eo ustedes que ya ar~eglaré las
cuentas á esta aeñori,,a. Vayr, vaya, qnerer de¡arnos así,
Un rubio decía frases sentenciosa~
sin consideración de ningú11 géuer ), como s1 nad11 nos
Negando y amando las rou~as eternas:
debiera...... N" lo digo por los ocho duros......
Uu bruno dt!cía versos como rosas,
-¡S,i quiere usted C.illar, Doiia Ui1i.1ca! exclamó AgusDd sonante! rimas y palabra~ tiernas.
tín!
l d ..
Los tapices rojos, de doradas listas,
-No lo decía por eso, repito, pero aul!lque o_ 1¡era....
Cubría11 panoplias de pinturas y arma~,
Y cogie!ido dti una man? á la ¡oyen !ti cuuduJo a la eaQud bablab.111 de bella, pasadas conqmstas,
la · la hizo eeutar en el sofa y añadió:
Amantes coloquios y dulces alarmas.
'-¡Así, bija mía, así, llore usted fuerte; desahóguese
usted que eso es bJeno y consuela, Y. todati las h1e1ee de
El verso de fuego de D' Annunzio era
ese corazón se le saldrá11 cou las lágrimas!.. ...... 1Picaros
C,,mo un s6n div1uo que en las saturnales
h ombres malditos sean, que d ..jan á las mujere:1 en lil deGuiara manchadas pieles de pantera,
sesperación ... y sin un cuarto! 1:'&lt;lrnqué esesto,qué es e1 A fi ~dtas soberbias y amores triunfales.
to? ¡D. AgusLío, se me figura que la da un patútügl Lo d1·
E lb.in con manchada~ pieles de pantera
cho. ¡ se ha dt-smayado!
.
.
En efecto Dolores, después de un crís1s nerviosa, ha·
Con tirsos de flores y copas pa~anas,
b[a doblado' la cabeza, reclinándola, sin movimiento, eo·
Las almas de aquellos jóvenes q1ie viera
V tinas en su templo con p1lma:1 hermanas.
bre d resp"ldo del sofá. .
.
Doña C1riaca no nectls1tó pe.l1r socorro porque e3taba
Venus, la celeste reina que adivina
ya r Jdeada de gente. H ,,bia ~ntratlo pri~ero un cur:3,
En las almas, vivas alegrías francas
después un practicante di, .med1cma, tra:1 de éste una vieY que lea confía, por gracia divina
ja, en s~guitla un solteró.n, empltiado eu Lo~tidas, y por
St.1s ab3jas de oro, sus p.1lomas blaucas.
última un jo'7en depend1ei:ite de la !,t1.neraru.i. .
-¡Qué traigan agua y v1oagre-d1¡0 el pract1cante,Y aquellos amantes de la eterna Dila,
¡No debe ser esta mña buenacristiaua! murmuró el cura.
A la dulce música dti la regia rima,
¡ Un. cadaver menos!:-adv1rt1ó el de las poLDpa,s fúne.bres;
Oy,m la palabra de la vast.a I lea .
y ·et solterón no d1J nada ...... p~ro ~e act!rco, llevo eus
Pc&gt;r el compañero que rec1La y mima.
manos al pech,&gt; de la joven, y tanteando eobre el cierre
Y sobre sus frenles q11e acaricia el lauro,
d.:l ve;itido inten tó dtl&gt;!llbrocl.tarla ..... .
y lo hubiera 1.i~cho ai doña Ciriacil no le hubiese dado
Abril pone amable su beso sonoro,
un manotón en sus inquietas m.1uo:1, dici,rndo:
Y llevan gozoBos, sátiro y centauro
La alegría noble del vino de oro.
- ¡ ~30...... la~ s0::floras!
..
Y viendo q 1e de~rás del cura y de la v1~¡a y dP.\ pracRuBÉN DARío.
ticante y del solLero, y d .il em¡&gt;leado fu11ebre, hablan
Octubre de 1896.
entrad¿ los porteros, y lod dtlpónd1e11te:1 de l&lt;is tiiindas
que h.1b[a en la casa, y los vecmo:1 de ta calle. y algunos
transenntes y que al final del pasillo ~e alza\ an ya los
chacós d&lt;J v;rios guardias dti orden púbiico, gritó:
En la "liaría" de lsaacs.
-¡ Af11e1·a! ¡Afuera todo el muüdo! Aquí no ha pasado
nada! ¡ E➔ta señorita no lo hará más, no, señor, yo res¿Un libro? Aquí lo tienes, amor mío:
p ondo de ello!. ..... ¡ L:ngo, largo de aqufl
Y mientras el practicante y el cura con AgaPtín pret:1Ei el triste poema
Q11e en boras m,•lancólicas de ha-tío,
taban auxilio á DJlores, dona Ciriaca limpiaba la casa
Ha hecho rodar mi llanto, ese rocío
de curinsoa, diciendo: ¡ R spft.o al do,nicUio!
Que apaga el corazón cuando Re quema.
V,,lvió á la sala; DJlores se hab[a rt'pueato del accidt-11te· el practicante y el cura ee marcharon, y quedaron
solos Dolore~, Agustín y doña Ciriaca.
Es un ililio de tern'.!ra lleno,
Vaya-dijo ésta-vamos nosotras á su cuarto de nsSu dulce poesía
ted; B'lí, con to.ia calma, podrá usted gtimir desca11,1ar
No vierte ni una gota de veneno;
y r flexionar bi"n sobre el disparate que penijaba lldted
Es un libro bencli~o, un librJ bueno,
hic •r...... ¡Cójase usted de mi brazo y venga conmigo!
La historia de Efraim y de María!
D-lloree ~ti levantó del sofá.
-Pero-aiiadió doña Ciriaca-eupongo qne no se irá
Aquí los goces del amor primero,
ustt&gt;d sin d~cir una palabrita de gratitud á Don Ag,m.fn;
D,}l amor santo y puro,
á no ser por él, á esLas horas estaría usted en la calle he:
De ese amor inmortal y verd'\dero,
Que se arraiga en el alma, duradc:ro,
cha una tortilla.
1.,,, jove11 se pasó el pai'luelo por la cara, enjugando
Como la hiedra en el ruinoso muro.
sus lágrimas y revistiénd91a de dulce Eertmidad:
-Perdóneme usted, Agustín, que me haya olvidado
Aqu( al principio encantos y belleza;
Dllspués, ...... la negra suerte
de agradt&gt;cer á usted una vida que era una carg&lt;l insoportable para mí: al salvárm.-lil ~sted he vuel1,0 a •t:r
A Efraim alejando con dureza,
de~graciada. Mas usted .ha obecl.ec1do á un I oble senti
Y Marfa, ya sola en su tristeza,
mi.-11to y yo debo apr11c1ar ese favor en cuanto vale la
Celebrando aus nupcias con la muerte.
vida para loa que son dichosos...... Quiz~ me resigne á.
la vida, p1wsto que no basta querer w~r1r par.1 matar•e,
¡Abl Nosotros cruzamos entre flores,
nu ·ato q11ti hasia para matar~e es preciso tener snerteLa tlicha nos alegra,
y pues he de vivir, si usted en alg11na de ene dc:Pgraciae
No sentia1os cual edos los dolores,
y tristezas necesita usted una amiga, una b..rmana, yo
Ni rnmpe nueRtros diálogos de amores
1~ r,wg,, que se acuerde dti mí......
El fúnebre gra;r;nar del ave neg•a.
-¡ Ah Dolores!-exclamó el joven.-jIJ,ited no dt-be
11ad11! ¡Si usted eupiera el inmenso placer que me ha pr,,Toma el libro en tL1s manos, amor mío,
porcionado la casnalidad, poniéndome en ocasión d.- ~alToma el triste poema
var á nsted!. ..... ¡Oh, esta vez sí que el bien en sí wieruo
Que, en esas horas lánguidas de hastío
ba 11.-va&lt;io la recompensa!
Q 11izá te baga verter ese ro~ío
-¡Jesús. y qué fnego, Don Agm:Mn!- exclamó doñ•a
Q,.1e apaga e l corazón cuand 1 se queml\l
Ci, iaca. -Todas las cosas las toma usted aa1 !.. .... J Va u,.
JU.AN B DEl,GADO.
ted A morir un día dt&gt; combustión espontáneo!
Diciembre de 1896.
-Y ahora-prosiguió la patrona cambiando de tono y
91,cando de uno de loa b .;l~illoe de RU delantal una cartu,
la devuelvo á usted este papd.ito, que aupong&lt;&gt; 110 habr"
Al decirte hoy adiós. Hortensia mfa,
ya que entregar á ese don ...... don ...... (leyendo) «D-.,n
permite á mi amiat&gt;1.d que te declare
J ac111to Guvantes.11
qne, como el bijo de Sión, &lt;iecía:
Dolores tomó la carta, y fu é á guardarla entre el man•
«le m[ me olvide yo, si te olvidare.•
tón en q ue h1bfa arropado su pecho.
Agustín tendió la mano como para detener á Doloree
Hay quien pasa la vida
y doña C1riaca en su retirada, y dijo con v0z llena dt,
en eeti eterno juego
emoción:
de hacer caerá la mujer, y luego
-Dolores, voy á decir á usted algunas palabras ........•
rehabilitar á la mujer caída.
u~~d no ha repar11do en mí; pero yo be reparado mucho en ustt-d d.-sde que está en esta casa. Ninguno d~
CAHPOAMOll.
sna actos, de-sUB idas y"Venidas, dti sus tritezas, de 8 •• 8
escasecee, de las m~R-1"""'~•1!!- ~ l!U histl na t...

f

�360

EL MUNDO.

paeado deEapercibida para mí; he vieto que evita u~ted
el tratar á los huéspedes, que es usted pobre, que ee uskd buena y que ha prefe1 ido usted morir...... á eer ma1a.
Sus acc1cmee de usted me han impirado deede el primer
día Eirupatía, reepeto; una ttrnurn que yo no ca1ifica1é
con otro non,bre pmque yo miEmo r,o me atrevo á dt'finirla Comprendí dnde el p,imer m• mtnto, que era usttd deFgrach,da; rn tentati\·a de hoy no dt-ja duda de mi
fatal ac1t&gt;Jto, me ha p.-ometido usttd vhir; Enfa para
o•í un etnL0 nmo1dimiento h&amp;bula Fa hado á uFttd la
'l'i•fa Eólo ¡,ara prolongar eue ir,felicidad1 ~; yo tu ge, la
e blignció11 de h2cer á uHtd dicbou.&gt; ...... Ern cartP .... ..H,
@in duda, la cla~e de la hiEtoria de uEte , ¿quit1f' uHed
P&lt;'Jmit;rn E' que la Ita? ¿No Ee ha Jlan,ado UEh d a1,He
mi amiga, n:ii hermana? Pues bien, un sn1'go1 un Lnn ano, tiei e ¡,J dnEcl10 de cuidar, de amyara1 . de p!cMgE&gt;r.
-Bu1-no l'Há usted para protE ger á narlie-le in terru mpió d1,iin Ciriaca.
- ¡ Pe, mítame nsted, permítame usted que la len!-inEiFlió Agmtln con act-nto de bondadoEa fü DJfZa.
DoloHf titub1ó un momento, deFpnés Eacó la carta y
fijó 1os &lt;'ic~ ton t:l E.obre, con inddioible mirada; mirada
dt- dolc r y p1a,;:n, a"lgo así como se mira una lá¡,i'la sobre la cual hay floree.
Por fin c·.xclawó, alargándoeela al joven:
'
-Tóu1ela u~ted, léala usted, puesto que lo deeea y para ello 1nv&lt;'ca sus derechos ......... Y quiera Dios quectespué~ d• l1nb1 ria leído, quiua usted llamarme todavía su
amiga y sn hermánal
Y apo, ándose en el hombro robusto de doila Ciriaca,
ae dirigió lt-ntamente hacia su cuarto.
Agu~tín quedó solo en la sala.
&lt;:erró la I•Ut'rta, pa,a leer sin que nadie le interrumpit're, trfrnulo de emoción, como si aquet;a carta pudit,ra dtcidir deou suerte; rompió el Eobre y JPyó:
•Jaci11t(,:
•Defde uyer no tengo más deeeo que morir. No creas
que me du.¡,ido de la vida con pesar; todo lo contrario:
1:. n,u~1te t-b rui al,gría. Hace díae vine á Madi id rtpufHo ya el niilo t-n el pu"blo. Como una últio1a t&gt;Eperanza y tf'm blando, quirn que le conocieras, por Pi PU vista tt• abla1.daba el corazón, más que mi desventu1a y tus
ncundo~. Pri,ganté por tu aynda de cámara y le dije:
-«Bf.nitr•: traigo el nino para que usted Je vea. y para
que vié, dole usttd le diga lo lJermoso que ee y lo pálido
y tri@te que está.
•fünito me dijo:
-;-•S~iloTita: renuncie usted á toda eEperanza; ¡qné
qmere IIHf'dl Si uEtt&gt;d no fune hija de un zapstero. q1-i•
zás el sHior...... Pe,o ¿c(1mo ha de c:.EarEe con uHed? El
niflo le impc,rtarfa peco; Eabe usted que Drn Jacinto 110
l'f' mi•nahle......-Y !no nfcesita verlt&gt;! ¡le ha viFto ya!
H~ce dos ~ías, al paear~ guiancio, por la casa dona .. yo Je
d1Je qre Y1vía usted, m116, y en un balcón vió que había
un chiquitín de ojos azules y rizos muy rutios.-EFe
mi hijo-e:irclarnó.-Y me dijo al volver:-¿SabeP, BPni•
to que el chiquitín es muy mono y que me place? Pt ro
ya se ve me dijo Benito que dijiste luego-¿dónde iría•
moa á para,? Dolores 110 se contenta menoP que con caftree; deede que fué madre se avergonzó de ser mi que•
ride ...... Si conEiento en reconocerlo, si me Jo traen á
caen. si le V!'O con frecuencia, si me llora y me rfe, yo,
&lt;JtlR tn go el alma tan sm,qil,le, concluiría por...... ef, concluiría por casarme. ¡Jamás!. ..... ¡Sería un e~rándalol
Dolort-s es honrada, relativamente; ¡pero una ribeteadora! ¡,Si ella ,e muriera! Eso lfimplificaría la situación ........ .
huérfano el chiquitín........ : ¡Ah, el chiquitín es una
pt-r la!
•Esto me dijo Benito~ y eabiendo mi pobreza quiPo
darme un billete de cinco duros.-Puede usted tomarlo
Bt-fl•:tira, que eee din.ero no es del amo; es mlo.-¿Qué
me importaba de quien íueee? Sus palabras habían decidido df' mi suerte y de la de Jacintito.
•¡Si elln muriera/-habíae dicho tú.
•Puf-~ bien; cuando leas esta carta ya puedes eer padre
del cl,iquitín •..... Yo, habré muerto. Dios me perdonará.
•He sido mala; pero he sido mala por ignorancia, por
Cl!-r~fio, pcr fa~cinación, uo sé...... Las que no hemos re•
c1b1do .-dnceción aprendemos muy tarae que eélo hubiéral!!cs podido ser felices sieudo buenas.
«Muero contenta, porque sé que tú recogeráP al niflo. ¡Oh, Dios mío! ¡Con qné
gueto moriré para que él viva! ¡Que le
eduqu1-s, que le cuic'lee, que le hagas hombre y que le bogas dichoso! ¡No le eduques para que deshonre- á las pobres y
desdichadAb! ¡Que ee.l honrado para que
pueda creer también que ha sido honrada
su madre!
•Adió~, te envío un beso de perdón y
reza Jacinto, por la que fué- tu

"ª

6 DICIEMBRE, 18\-/6.

LOS L~ORTALES.
lAIITACIÓN DE liOBACIO.

¡Benditos aquellos que con el azada
sustentan sue vidas e viven contentos,
e de cuando en cuando conoecen morada,
e sufren pacientes lae lluvias e vientos)
('a estos non temen los BUE movimientos,
n!n eaben las cosas del tiempo paseado,
mu de las pre~entee se facen cuidado
nin las venideras dó han nascimien~e.
¡B~nditos aquellos que siguen las fieras
con lab grueeeas redes y canes ardidos,
e eaben las trochas e las delanteras,
e fierPn del a1 co en tiempos de bidosl
Ca eEtos por Pafia non son conmovidos
non vana cobdicia los tiene sujeto•, '
non quieren th~soros nin sienten affetoe
nin turban temores sus libres sentidoPI '
¡Benditos aquelloe que, cuando las flores
se 1UUestran al mundo, deeciben las aves
e fnyen las pompas e vanos honores,
'
e ltdo~ escuchan eus cantos süaves!
¡~euditos aqut&gt;llos que en pequei\as naves
siguen los pt:;;cados en pobres traynas,
ca estos non tt-men las hdes marinas
nin cierra sobre ellos fortuna sus lla;esl
EL M~RQUÉS DESANTILLANA.
O,TOS TRISTES.
A LIGEIA..

¡Oh, tu mirada de pasión!. .. quién sabe
que misterios ocultu! Ardiente y viva
un tinte de dolor pone en tu grave '
cabeza de l\linerva ptnsativa.
¡Oh, tu mirada de pasión, fu triste
mirada de mujer que arna y espera
y que el Ot&lt;.fio de la fe resiste
'
como una última flor de prima vera.
¡Oh tu mirada de pasión contriEta!
Es un toq~e de l~z que tiembla y brota,
como débil camb1a:ite de amati6ta
en una estrella pálida y remota.
¡Oh,. tu mirada de pasión !... ¿Qué esconde
de resignado y dulce y afiijido
'
que sólo dt&gt;ja ver el alma dond~
una inmensa piedad hace su nido?
'!DI alma que en tus ojos re~plandece
y tal ternura eobrehurnana toma
'
cuando me ve, que In inmortal parece
que á través de una lágrima ee 'asoma.
Sabes por qné se aPoma si la llamo?
Porque mi duda periinaz se aduerma·
y me dice: ¡oh incrédulo, te amo
'
pero ya ves, estoy triste y eufer~al
¿Qué existenciaP lejanas en mí evocas?
¿Qné Puel'ioQ nebuloeoe, entrevistos
dt&gt; altares áureos, de nevadaQ toca/
vírgenes castas y dolientes Cristoe?'
Rf'cuerdo no ee qué viPja pintura
de cuyo fondo de ideal criPtiano
surge la blanca y míetica fignra'
con el lirio @imbólico en la mano.
¿En q~é obscura y desif'rta galería
ví esa mirada de pasión piadoPa?
¡En qué semblante pálido lncfa
extática, celeste y dolorosa?.....'. ...

l~ERN A1' FLOR.

¡Oh! las rojas iniciale$
que ornais loe ealm.os triunfales
en breviarios y misales;
¡Ohl casullas que al reflejo
de loe cirios, en cortejo
-vais mostrando el oro viejo·
¡Oh! custodias rutilantes '
con topacios y diamantes,
¡ohl copones rebo@antes;
¡Oh! cristales policromos

361

EL MUNDO.

. ..... No sé ... Mírame más: á eso viniste,
de mis nublados sueños mt-nsajtra ..... .
¡Oh, ht mirada de pasión, tu triste
mirada de mujer, que ama y esp&lt;'ra! ..... .
'· Diciembre de 1896.
Lurb G. UaurNA.
LA. VENTA.NA ILU.M:TNADA.

. Era una. noche de la Canfcula, ~mpestucsa y obscura.
luna m estrellas.
Arrojado de su habitación por la inclemencia del calor
y por la fatiga, se ha levantado Lni~ de su butaca, y
despué3 de haber apagado la luz y baj,\Ju sus cuatro pisos, ha cruzado el desierto boulevard y 1,e ha Eentado
ante una llltEa exterior de la cervecería situada dela11te
de su casa.
Tamp, ?º hay fresco en la calle. y la insignificante ráfaga de aue que á wces se le\•anta es caliente como el
alitmto de un erfermo.
Luis cree que máij le hubiera valido no movnse de s11
domicilio, donde habría podido acostarse tranquilamen ·
te y dormirse, olvidando su mísera existencia tan monótona como el itinerario del tranvía que cada' diez minutos pasa por su lado.
Luis es un literatv que jamás ha c,btenido un regular
éxito, Y. q11e ~a cumplido ya tremta y ocho ai'\os, hab1en•
do perd1úo miserable oente su juventud.
Nada de grato y ti,,rno hay en t-us recuerdos y si existen algunos nombrt:s de mujeres en su corazón hao sido
escritos allí como hubieran podido serlu en ~o e8pt-jo
de restaurant.
.A.l levantar la cabeza para apurar la copa que tenía en
la mano, nota L~is .¡ue la ventana del q11i11to pirn de su
ca~a estliba 1luromada Era la unica dt:I edificio y aun
de l~s inmediatos, en que había luz, porque en aqtwlloe
barnos la gimte se acuesta temprano; y como á aq11ella
altura el remate de la~ cadas se pierde en la obscuridad
de la noche, aquella veutaua ilum nada resplandece en
medio de las tinieblas con el brillo reposado y constante
de un faro.
Es~á abierta, pero han ec~ado la cortina blanca, que
se agita _leve~e_nte cuando circula un poco de aire.
-¿Quién v1v1ra aht?-se pr..gunta Luis.
Y en aquel. mo.meuto se si..n&amp;e tao triste, tan abandonado, tao solitario, y la ventana il11minada resplandece
~n s~avemente, que, por un capricho irónico de su imagmac1ón, evoca "'Uestro ho111bre la~ existencias de los Eeres afort.una~o~ que podían vivireu aquella altura.
-¿Quién v1v1r~ ahí?- repitió para sus adentros Lu is.
Tal vez un trab~¡ador como él, un escritor, un poeta. ¡No
ha saludad.o varia- veces en !a .escalera á u!l joven pálido
y mal vestido, .que lleva casi @1e~pre un hbro en lama•
no? ¡Ee este, ll\11 du&lt;;ta. G,rnará por la mañana lo preciso para la subs1stenc1a, consagrando el resto de la jorna.
da al arte y la poesía. Indudablemente aspira á la gloria
pero desea conquistarla por medio de una obra maest~
en la que habrá derramado toda la sinceridad de su alma.
Respeta su pluma como un paladín su espada y tal ve:r
ee hab, á acostado para leer su libro favorito que le a brtt
nuevos é infinitos horizontes.
'
BID

*

•
* * quién puede ocupar esa
-;¿V.1 .F1• no vive
a b f un poeta,
hab1~ac1~n?-se pr~gunta Luis, siempre Ilusionado pcr
el m1s1er1oso atractivo de la ventana iluminada.
1.Unos amante~! Sí, unos amantes para quienes no
existe en el mundo más quP su inagotable deseo y que
no ven más allá de eus enlazadas sombras alumbradas por
la luna.
El habrá ido á comerá caea de algún deudo y ella le
espera palpitante de amor.

.. á en esa casa·?-piensa
***
.-¿Qu1'é o v1v1r
LUIS con loe ojos
fi¡os en la ventana.
¿Po.~ qné no ha de vivir ahí un buen matrimonio con
sus h1¡os? ¿El Otoño con sus frutos?
Hay gentes, ~e ?0razón humilde y resignado, dicho·
eas en el ouIT.1phm1en~o de sns deberes, como los dos
eepoFos á quienes Luis encuentra á veces los doming0&amp;
en aquel barr!o de patriarcales costumbre!".
Son ellos, BID duda, los que moran en aquel quinto piso, alt-gres y satisfechos. E l padre no se
habrá acostado, para enseilar 1a lección
al mayor de sus hijos.
. A peear de su miseria, Luis los envidia, .P~rque po.een grandes tesoros de
sent1m1e11to y comen su modesto cocido
con la virtud por compañera.

*·~.

DOLORJIS.~
-Pero ¿qué estrépito es este?-gritó
Dol'la Ciriaca en el cuartuchín de la joven. -¿Quién quiere echar abajo la puerta?
-:-!Abra 11Sted...... 1Abrá ustedl-cootestó una voz trémula.-¡Soy yo, soy
Agustín!
-¡Jesús! abriré; ¿qu6 paea?
Se abrió la puerta y Agustín se precipitó por ella, con la carta en la mano y los
ojos llenos de lágrimas.
( En aquel zaquiY.amí y en la única silla
que había, estaba sentada Dolores con el
negro pelo deatrenzado, que formaba un
cerco muy triste á su cara de Dolorosa.
tobre sus rodillas y entre.sus brazos descansaba nn niño como de dos sil.os. casi
desnudo, que alargaba sus bracitos.)
-Dolores ¿Quiere ud. oasan¡e conmigo?

6iDICIEMRRE, 1896.

filett•ados de plomos
que brilla.is Lajo los domos·
¡Oh! Di.e8 irw tenebroso '
¡oh! Misrrae lloroso,
'
¡oh! Tedeum.glortoso:
Me perseguís c,rnndo duerm,&gt;
me rodeáis si de,¡pierto·
'
tenéis mi espíritu yera{o
mu.y enfermo...... muy enfermo..... .
casi muerto...... casi muerto..... .

De pronto empieza á llover y Luis se
ve precisado á retirarse.
En la escalera encuentra á la portera
lf\ cual. le dirá quién vela tras de ague:
lla cortma ante la que ha soñado en todas
las venturas que están al alcance de los
pobree: el trabajo, ei amor la familia.
-¿Quién yive en el quin'to piso de esta casa encima de mi babitación?-pregunta Luis á la portera.
. -:-Nadie, señor...... Ahí vivía mi pobre
v1e¡o que debía dos meneuhlidades. Et
amo no se las reclamaba, porque el infeliz iba á cumplir Sf'tenta aflos v un día
de estos debían llevarle á Bicetré. El po•
bre ha muerto esta tarde á las cuatro y la
señora del principal me ha dado co~ que
amortajarle.
Como el desdichado no conocía á nadie, ni tenía parientes ni amigos que le
velaran, he encendido una vela al lado
de su cama. Y p11esto que ya están en
casa todos los inquilinos, voy á subir á.
rezar el rosario junto al cadaver del pobre anciano.

All.\DO NERYO.

F. C.

•

LA

1.NU TIL RIQU EZA.-Por Jorge Óhnet.
Número í·.-Véanse nuestros números desde el 2ó de Octubre de 1896.

-Entonces explícate, te lo ruego, porque no sé á dónde
Tas á parar.
-¿Serás sincero?
-Contigo lo soy siempre.
-¿Me confesarás la falta cometida y basta la intención
de cometerla?
-Pregúntame.
-Pues bien; he creido notar que, hace algún tiempo,
tus escaramusas hab·tualee con la mujer de Federico tomaban una forma nueva, más viva de tu parte, más irritada de la suya. Me ha parecido que el juego se hacía peligroso por que os exaltabais demasiado, tú, en el sentido
de la galantería, ella en el de la hostilidad; be creído que
~ hacías importuno y he tomado e! partido de advertirte:
lo. Sabes que quiero mucho á Celma y que es grande m1
adhesión á eu familia y por nada del mundo querría que
tuviese que sufrir una mol stia ó una contrariedad de mi
casa. No creo que estés enamorado de ella; os conocéis
hace tanto tiempo, que no hnbieras esperado hasta ahora
para desearla. Siempre habéis sido buenos amigos y si tú
te animas con ella algo más de lo razonable, supongo que
es por efecto de la ociosidad. Los hombres c~mo tú son
imposibles de ocupar en el campo. No tomas m~erés por
nada y cuando no se galopa, no se caza ó no se ¡uega, no
se puede sacar partido de tu presencia. Creo que es por
esto por lo que persigues á Celina, pero esas persecucio·
nes me atormentan y te agradecería que las pusieses término.
Valentín se tomó tiempo para r6flexiooa:r y contestó:
-Me has pedido que sea sincero al responderte; pero
tú, ¿me has preguntado con sinceridad? ¿Me has dicho
todo lo que debías decirme? ¿Me has hecho esas preguu,
tas espontáneamente? ¿Celina no te ha hablado?
Estaba muy inquieto al pronunciar estas palabras y las
aventuraba con grandes prec~ucion~s, p~nsando que con
ellas iba á esclarecer la cuestión. S1 Celma se había quejado á la Sefiora Mossler, de lo que la creía capaz, ~qué
había dicho? ¿Hasta dende había llegado su confesión?
Según que estuviera 6 no, descubierto por ese !ad(?, su
situación sería más 6 menos irave y él tendría necesidad
de poner ó quitar grados, á su franqueza y á su to~o pa~tioo. Espiaba en el semblante de su madre adopti':a el
efecto ql)e pro1ucían sus palabras, pero ésta no mamfeetó ninguna turbación y contestó redondamente:

-Nadie se ha quejado, ni Celioa, ni los demás.
Valeutín respiró y se decidió á negar.
-Me hubiera asombrado mucho lo contrario, dijo, pero hay que esperarlo todo. Así pues ¿eres tú sola laque se
alarma? Confiesa que pudiera quejarme de esa desconfianza. Porque bromeo con esa joven, la única de la casa
que es algo alegre, se me acusa en segnida de los peores
designios. Tienes, realmente, una mala opinión de mí,
madre m ia. Sé que no soy un modelo de cordura y que
te doy con frecuencia ocasión de intervenir en mis asan•
toa; pero si es justo que me castigues por las tonterías
que haya cometido, resulta exagerado regañarme por
adelantado y condenarme por aquellas de quo estoy ino•
cente.
•
-¡ Eh I querido hijo; no se presta más que á los ricos,
respondió la ao:iana con vivacidad, y cuando se ve alzo•
rro dar vueltas en torno de una gallina, no se supone que
lo hace por enseñarla el camino del corral, Has hecho
tales fechorías, que una más no sería grao cosa para tf....
Y tienes tan buena espalda, que me pasma verte protestar porque te cargan un poco más de lo qtie tú quieres....
-No coocib'&gt; que pneden tener de reprensibles mis
bromas con la eenora de Clement.
-Nada más que esto; que á ella le disgustan.
-E~o prueba que son inocentes ......
Su marido acabará por notarlas y se ofenderá.
-¿Y por qué Federico c:ement sería tan rigorista? To·
dos los días se ve un hombre hacer la corte á una mujer
sin que el marido se ofenda. ¿No tienes ojos1 querida ma •
dre, más que para ver el matrimonio del projimo y no lo
que sucede en el mío.
La señora Mosler se mordió los labios, sus ojos se pusieron más negros bajo aus cejas fruncidas y cou voz temblorosa respondió:
-No me ocupo de tu matrimonio porque todo marcha,
en lo que concierne á tu mujer, con una regularidad y
una dignidad que ganarías mucho en imitar. Por ese lado no hay vigilancia alguna que ejercer y sólo se podrían
buscar buenos ejemplos.
-Quisiera saber por qué, dijo V'alentío, pálido de có•
lera con~nida. ¿Cri:es la virtud de Celina más frágil que
la de Enr1queta, ó tienes más confianza en la prudencia
del Coronel Redel que en la mía! ¿Cómo explicarse q.ue
ese extraño goce de inmunidades que rehusas á tu hijo?

¿Consiste en el uniforme? O le crees inofensivo por haber envejecido prematuramente en sus campailas?
-Consiste, sencillamente, en que lo creo un hombre
·honrado.
-¡Buena es esal exclamó el conde prorrumpiendo en
una carcajada. ¿Qué tiene que ver la honradez en ein;e
asunto? ¿Crees que l,¡ honradez ha impedido jaI!lás á nadie apropiarse la mujer del vecino? ¡Ah! iealmente, ma•
dre mía, me buscas una querella sin fundamento. Si el
Señor Elipbas, que supongo es á tus ojos un dechado de
todas las virtudes bíblicas y teologales, concibiera una
pasión senil por una mujer, nada le detendría y se porta.
ría como un simple sátiro; lo que sería repugname'Dte•
¡La honradez! ¡Vaya una garantía que me das! No hay
nada más relativo que la honradez. Hay quien no rob!\·
,da veinte francos á su prójimo y no dud,uía para arrui·
narle en un negocio de intereses. Se puede devolver una
cartera repleta de billetes de b:rnco encontrada en la ca•
lle, y llevarse una bija menor del seno de su familia.
¡Honrado! ¡Buena broma! Todo el mundo es honrado
hasta el día en que deja de serlo. Si yo soy peligroso para Celiaa, qui~iera yo saber porque Redel n9 lo es pará
mi mujer. ¿E-1 porque es tn amigo? La razón será perfec .
ta para tí; para ruí es insuficiente. Una de dos; 6 110 me
atormentas más pGr estas bagatelas, 6 tomo en serio las
miradas lánguidas que ese miltar dirige á mi mujer, y no
tardarás en ver lo que resulta.
La Señora Moealer no había encontrado nunca en Valer tín resistencia á sus deseos y la actitud que tomaba de
repente la asombraba. Pero con su espíritu tranquilo y
lucido no tardó en tomar un partido. Pensó: Si le apr~·
mio ahora mucho, es capaz de tenermelae tieea':l y la situación se pondrá tan violenta que podrá hab'lr uoa ruptura. Hay que evitarla en interés de todoe. Yalentín ~e
refugiará en París y su mujer tendrá que ir á r~unírsele.
Nuestra estancia en el campo se turbará y no faltarán
los comentarios sobre el suceso. Conviene, pues, allanar
las dificultades y para empezar, dulcificar el humor irritado de este muchacho poco razonable. Si tuviera su ca·
ja mejor provista, no vería la vida tan negra y aceptaría
más dócilm'3nte mis observaciones.
-Comprenderás, dijo, qne no tomo en serio lasa'tlenazas. Creo que si tuvieras que ejecutarlas te habías de ver
en grave apuro pues hay personas que inspiran, por lo

�EL MUNDO.

362

6 DICIEMBRE, 1896.

La Setlora 1\foSBler recobró toda su seguridad; miró á me encargo de que él haga todas las concesiones........ .
menos respeto y hay que mirarse mucho más antes de
-¡Ah! No me respondes rotundamente, y cuando asf
su
nuera y dijo con voz tranquila:
atacarlas. No digo que tuviPraR miedo; sé que eres capaz
eludes la cuestión ea que mi marido no te ha dado nin-¿Es también un reéuerao que quieres guardar?
de habértelas con el mismo diablo; pero hay que tener el
-No, madre mía, respondió la condesa sin que su mi- guna seguridad ...... No es él el que desea la reconciliauudor de sus actos y los hay que cuesta t.rabajo el comesino tú, y esto me indica lo que debo esperar. Teterlos porqne se los considera injustos. Tú estás descon- rada ee turbase; este retrato estii destinado á la madre ción,
obedecerá, para captarse tu buena voluntad, pero el catento porqne te be tira&lt;lo un -poco de lás riendas esta se- del coronel.
La Sefiora Mossler tuvo el gusto de saborear aquella riño que me demuestre no 3erá s'ncero; antes de qniace
mana y haceR caPr sobre los demás la irritación que sien·
días habrá vuelto á las andadas, y yo no habré obtenidonoble tranquilidad y dijo después muy despacio:
te&lt;; contra mí. Si vo tuviera tan mal caráctar como tú
-Enriqneta, puede que hubiera sido mejor no empren- por .mi buena voluntad y mi indulgencia sino una humiiríamos ha11ta Pl P·xtremo de enfatiarnos y ¡bonito resulmá@.
tado para los do~!. ........ No te he llamade solamente pa- d~r eee trabajo. Vignot es un viejo, un hombre ilustre, llación
La Sefiora Mos~ler no respondió en seguida, pero sus
ra predicartP moral; tenía también intención dP ofrecerte tu amigo antiguo y hay todas las razones del mundo pa- labios
contenían con trabajo el argumento su!oque necesitas para liquidar tu Pituación. He querido ra explicar el gusto que tienes de hacer esta miniatura. premo trémulos
que, para ella excluía cualquier otro razonamiendejarte na p0C" en el air.e dnranteunos días para que tu- En cuanto á la de Redel, ya es otra cosa.
-¡Qué! madre mía; ¿me vituperas una coea tan senci- to. Por fin no pudo resistir y dijo, con los ojos bril!antes
vieras tiempo ile reflex10nar sobre tn conducta enterade apasionado deseo:
mente torpe. Antes eras más razonable y te contentabas lla y tan natural?
-¡Eh! qué vale todo eso si la reconciliación te propor-No te vitupero, Enriqueta, interrumpió la Señora
con pPdir las sumas qne te ha~ían falta, además de tu
la maternidad. Piénsalo bien, Enriqueta. ¡Un hipem1ión. Ahora contratas empréstitos y te dejas robar Mossler; primero porque no sería justo, y después por- ciona
jo! Un hijo que sería nuestro, que llenaría nuestra vida
l)Or los usureros. Esto Ps lo que me contraría. Tienes ac· que mi cariño hacia tí me lo impediría aun estando en que nos haría prescindir de todo ...... El no nos sen~
tualmente nn -pasivo de tres millones seiscientos mil mi derecho. Pero puedo somi&gt;terte una observación, sin
francos, pegún las cuentas de Eliphas, y estoy segura de vituperartP, y he expresa&lt;lo, con todas las atenuaciones traidor, le educaríamos á nuestro gusto y si era ingratoque no bl\S recibido en dinero contante más de dos mi- posiblt&gt;s, el temor de que nna intimidad demasiado apa- andando el tiempo, nos daría, al menos, la felicidad durante su infancia. Enriqneta mía, sabes que te quiero
lloneR, ¿E~ esto conveniente? nada me ~mporta darte rente con Redel puerta ~er obj..to de críticas.
La condeEa sacL¡dió su rubia cabfza y dijo con sonrisa como si fueras mi verdadera hija; pues bien, me serías
más ó menes dinero todos los afioF; no tienes más que
ci,en veces mas querida si vii&gt;ra .en tus brazos un querualtanPra:
pedirlo· pero no te dejes robar como un simple,
-Bien sabes, q11erida madre. con cnanta deferencia bm blanco y rosado...... ¡Oh! p1én!:'alo, esa es la sola aleVale~tfo, cuya cara Ee había dulcificado paulatinamenacepto todo lo que viene de tí. Si ju1-gas que bago mal, gría que existe para una mujer en el mundo.
te, diio Pn tono más amable:
Ante aq11ella ardiente confesión de sus esperanzas 88•
-1\fochas gracias madre mía. Estaba, en efecto, muy me inclinaré sin disensión. Pern si es otro el que tiene
contrariado por no podPr pagará los prestamistas que me que decir algo de mi conducta desdeñaré su opinión y ere as; ante aquella explosión de egoísmo sublime por ¡0 .
condesa se estremeció. El rubor subió á su
han dado im dinero. T,mía compromisos y era penoso seguiré haciendo lo que me plazca. Tengo por regla ab- sincero,y la
dijo, con voz en la que trataba en vano de apapara mí faltar á ellos. Cuanto más despreciables sean soluta no contrariará !o quP se venera y se quiere y con- frente
gar la indignada vibracion:
esas peraonai,. más creo que se debe exagerar con ellos la siderar nulo el juicio de los demás.
-Madre m(a, tratas de disponer de mí como de las ga-Hija mía, la independencia es muy hermosll, pero
delicadeza. No encontrarme dispuesto, en el momero to
preciso. á pa~ar á esos tunantee, era para mí el colmo de no llevada más allá. de lo qne conviene. Además de mi llinas de tus corrales. Un retoño, no importa cómo ni
persona, con quien aceptas amablemente una gran co• casi con quien, siemp~e que lo ter.gas. En conciencia, no
la humillación.
-¿Tn pensión no es suficiente? ¿Quieres que te la du- munión de sentimiento@, existe tu marido para partici- comprendo la matermdad como tú. Yo la quiero rodeada de lM_~tenciones y de los re!lpetos 11,el padre; pero tepar de los inconvenientes de la crítica.
pliqne?
~
Enriqueta frunció las cejas y dijo, con bastante emo• ner un h1¡0 de un hombre á qurnn desprecio, que habrá
-Te Jo agradecería roncho.
dejado una querida al venir á encontrarme y que me de-Está convenido. 1A.hl Si tú me dieras gueto en una ción esta vez á pesar de eu fuerza de carácter:
-¡Oh! J.,1i marido no es sensible á las cosas qne me jará para buscar otra, me harfa enrojecer como la más•
cosa; si rne presentaras un dfa un heredero de tu nombre, ¡qué caro te lo pauarfa! Podrías ponerle en una ba- conciernen; lo ha probado mu v bien, y le creo indiferen• degradante humillación. ¿Y qué sería ese niño, concebido entre dos caprichos galante@, al salir de una fiesta
lanza y vo ponJríl\ enºPI otro platillo su peso en bille~e te í Jo que yo pueda hacer de bl1eno ó de malo.
-Eso indica una gran amargura y un gran desconten- y no en el recogimiento tierno del amor, sino en la preo:
de mil flancos y af'íadiría todavía los más hermosos br1·
cupación venal de los intereses? Un corazón ligero una
to, hija mía..... .
liante~ qne se pn&lt;l;eran encontrar para la madre.
cabeza vacía y, más tarde, un libertino como su padre
-Muy justificado.
Valentín se echó á reir.
¡ Líbreme Dios de darle la vida! Prefiero permanecer ee:
-¡.Has recibido tan serios agravios?
-Par11 PSO hubiera sido preciso no darme una mujer
-Tu asombro consiste en que nunca me he qi:,ejado. teril, eola, abandonada, á ten•r que llorar un día por haque e_~ sólo espíritu y que no deeciende á la mat~ria. ~i
lnR hijos SP formasen en el cerebro, como le sucedió á Ju · Quería y auiero respetar tu tranquilidad. ¿De que servi- ber producido un desgraciado más.
-¡Oh: dijo la Sefiora Mossler con amargura· me nieniter con Minerva, podría usted contar con Enriqueta. rían, además, mis recriminaciones? La situación no cam- gas
lo qne era la suprema esperanzr de mi vida:
Pero ea una persona demasiado quintaeeenoiada para mí; biaría por eso. Con-:iene, pues, bajo todos aspectos ca-¡Bah! Si quieres absolutamente un nifio, exclamó
no estoy á su altura y se puede apostar que no lo estaré llarse.
La Sefiora Mossler inclinó ~u blanca cab-:iza y reflexio- Enriqueta arrebatada por la cólera, manda al conde de
nunca.
-Me parece. sin embargo, que podrías ocuparte de ella nó durante unos instantes. Del parque subían los gritos Contras que adopte uno. Así te devolverá lo que le has,
de los bateleros ocupados en sacar lae redes, y la activi- dado. P~ro no insistas en hacerme víctima de tus planee
un poco mw. Es joven, encantadora........ .
dad alegro del exterior hacía resaltar el silencio pesado de sucesión. Valgo más que el papel que tratas de impo-Sí. mamá. pero su encanto es frío.
de la habitación y acentuaba el contraste entre la vida nerme y no he entrado en esta casa únicamente para Ja.
L11 Seiiora Mossler movió la cabeza con desilusión.
.....•
-BiPr veo que en la vida no basta cuanto se hace pa- libre y descuidada de los pobros y la existencia llena reproducción
La Sefiora Mossler palideció, las lagrimas acudieron á
ra qne los sucesos ocurran de un modo satisfactorio. Es de sobresaltos de los ricos.
-Sé, dijo la Señora Mossler, que Valentía no ha sido sus ojos y di jo, acercándose á la joven:
urPCiPo contar r.on lo imprevisto, que descompone lo~ me-¿Tan gravemen_te te ?e herido, Enriq1;1e.ta, que mejorP11 ulanes. Uninndo un Joco como tú c;&gt;n esa joven ra- un modelo de cordura y que puedes dirigirle acusaciones
respondes con tal v1olenc1a? No era tal m1 mtención y
zonable, "reí mejorar tu11 disposiciones y volverte más por su ligereza, pero no esperaba encontrarte tan he- te
ruego que me perdones.
juicioso. T,odo ha resultado al revés, y las mismas cuall- rida.
A estas palabras, en las que brillaba la natural bondad·
-Es
que
me
creías
menos
enterada
de
lo
que
ha
hecho.
dades qne había buscado, sirven de obstáculo á mis deDesgraciadamente no me ha dejado ignorar su conducta, de la Señora Mossler, la conde~a sintió disiparHe todo su,
PeoR. Si tP hnbiera escogido una mujer tan frívola como
resentimiento y dijo, a rrojándose en los brazos de aquetó. acaso la hubieras adorado. Empiezo á creer que no pues ha hecho alarde de ella con tan completo olvido de lla generosa mujer:
r.onviene ~xa~erar la prudencia ......... Pero yo hablaré á lo que me debía y se debía á e( mismo, que le he encon-No; no tienes de que exc11sarte. Soy una loca al abanEnriqupta. Puede que, por su parte, sea más severa de trado con mujeres perclidas en pleno día y en los sitios donarme á este arrebato; pero es que, de todos los asunmás
frecuentados
de
P.arís
......
Nunca
he
podido
dudar
lo conveniPnte.
- ¡Oh! Yo no la acuso, madre mía, y me contrariaría que me engaliaba. Me he limitado á cerrarle la puerta tos, este que has abordado es el más penoso para mí. Sébien que negándome á tus deseos, engaño tus espeen extremo que pudiera creer que me he quejado de ella. de mi habitación, -pues soy demasiado orgullosa para muy
y no pago mi deuda hacia tí, que me has cogido-PuedPs estar tranquilo. No diré más de lo que deba. quejarme de sus infidelidades y deJJ?asiado delieada para ranzas
pobre y sin porvenir para pagar mi fecundidad con r iVal•mtfn tomó estas palabras por una despedida. En conformarme á a1ternar con las mu¡eres en cuyo prove- qu~z_as, con lujo. con eleganc~a. No pu~des, sin embargo,
realidad. habiendo conjurado la tempestad que empezó cho me era infiel. He recobrado, pues, mi libertad, y exigir de mí todas las concesiones y nmguna de mi m apor amenazarle y habiendo conseguido las sumas que pe• aunque estoy decidida á uear de ella, reeistiré toda tendía en vano hacía una semana, no tenía que hacer más tativa que tenga por objeto limitármela. Estoy rodeada rid.). No merezco estar á la disposición de tus fantasía&amp;
y an~~ que presta~me á ellas -preferiría alejat que marchara". Se aproximó á la Sefíora Mossler y dijo, de nnos cuantos amigos adictos que me hacen olvidar pasajeras,
con las satisfaccianes del espíritu mis decepciones del me de aquí y v1v1r en. la medianía, pero mdependienteJ
cogién1ola la mano:
corazón. El Señor Redel es de los mej.&gt;res, de los más respetada.
-,.No querías nada más?
Lo que pedía era tan justo y tan noblemente pedido, -,-Olvidemos las co8as desagradables; pero está conve- estimados, y no dirás que es di, los menos estimables; estaba
al hablar as( tan bella, con su pudor sublevado .
niiio q11e me complacerá:! en lo que se refiere á Celina. tú misma me Je has presentado; no veo, pues, qué se que la Señora
Mossler vió perdida sn causa. En el fondd
Valentín no reRpond1ó más que con una inclinación de- puede criticar en nuestras relaciones amistosas, y te pre- de su conciencia
se levantaba una voz que decía: «Esta
frentP; besó la mano á su madre adoptiva y desapare- vengo mny afectuosamente que no toleraré que se enmnjer tiene razón; la has comprado para tu hijo y ea él
ció. La Sefiora Mossler s,n perder tiempo, quiso realizar cuentre en ellas nada reprensible.
-Mi qnerida Enriqueta, nadie piensa en forzar tu vo- quien la ha desdeñado. Nada le debe por lo tanto. ReRu proyecto y se dirigió á la habitación de la condesa. Sená tus !)álculos, abandona tus proyectos; pero no
tada cerca de la ventana, al lado de una mesa, Enriqueta luntad y Valentín no me haba de tí sino para elogiarte. nuncia
hagas á es.;a ¡oven responsable. La causa de tu decepestaba pintando con gran atención una miniatura. Era Soy yo quien se qu.._ja de ese_ !\lejamiento que acauas de ción es el otro. el feroz libertino de corazón helado y caun retrato de Vignot, puesto en un marco azul celeste en explicar con tu claridad habitual y que tanto me comf'l q11e estaban bordadas las notas musicales. La cabeza placería hace_r c..sar. E~ cierto que las_ ~nipas de V_alen- beza vacía.» Y profundamente triste, la Setlora Mosalerde Padre Eterno d~l viejo ma~stro lla..uaba la atención tín para contigo son senas, pero yo, v1e¡a ya y que ¡uzgo se inclinó resi~nada bajo el peso de una nueva p ena y
A su nuera:
por su parPcido. Al ver entrará la Sefiora Mossler, En· fríamente las cosas, no me parece que son imperdona- dijo
-Tienes razón, Eariqueta, soy una egoísta. Jamás me
riqueta dejó su obra y se levantó sonriendo. Estaba vea• bles. A medida que avances en la vida, hija mía, compronunciar palabras semejantes. Vive dichosa,
tida con una bata de seda tornasolada, con adornos de prenderás mejor cuán necesario es mirar con indnlgencia oirás
punto de Venecia. y sus hermosos cabelloa dorados, de á los hombres en general y á los maridos en particular. querida hija, ya que la libertad substituye en tí á la.
naturales ondulaciones, avaloraban su tez rosada y sus Sé que e@ culpable, pero ¿eres tú inocente por completo? dicha.
La condesa ofreció su frente á la anciana y respondióojos negros. Resultaba de ese modo de una bdleza altiva ¿Estás bien segura, hija mía, de no haber sido con él deque daba un poco la razón á su marido cuando hablaba ma;iado indifereate y de haberle dado las alegrías que con ardiente efusión:
-¡Gracias!
de su frío encanto. Más que una simple mortal, parecía él ha querido buscar en olra parte? Bueno es que el esCon su paso silencioso y ligero la Señora Mosele• se
píritu predomine sobre la materia, pero es preciso no ha•
una diosa ó una reina.
cerse demasiado etérea, porque, entonces, el marido, alejó.
-1C6mol querida madre; ¿ya en movimiento?
vive sublimado hasta el cielo, busca á en mujer
A la misma hora, en el terraplén del jardín, al aire li-¡Ohl no eres la primera persona con quien hablo hoy quelanotierra
y, si no la encuentra, se va á buscarla Dios bre y al abrigo de loa indiscr,itos, .i quienes se pod,a Ter
J&gt;')r la mañana, mi hermosa Enriqueta; tu marido acaba en
eabe dónde. En suma, querida mía, de todas estas confi- venir desde lejos, Valentín logro coger sola á Celina, que
de tener conmigo una larga conferencia.
dencias resulta que entre tu marido y tú hay una difeLa condesa no pestafieó. Parecía decidida á no ocupar- rencia que te suplico con insistencia procures hacer había bajado con su marido para ver las peripecias de la.
pesca. Federico se adelantó hasta la orilla del eatanqua
se de lo que se refiriese á Valentín, y la reserva de su acá fin de contemplar los arg;,ntados peces que se agitaban
titud fué tan acentuada, que la Señora Mossler se quedó cesar.
Enriqueta se quedó, á su vez, pensativa. No podía des- en las relucientes mallas, y Celina se sentó, preocupada
algo indecisa. La anciana dió una vuelta por el cuarto y
conocer las buenas intenciones de la S..ñora Mossler y le y triste, junto á la ba:austrada de piedra. Un cálido ra•
dijo, al ver sobre la mesa la miniatura:
repugnaba deEcubrir su pensamiento completo respecto yo de sol entibiaba el aire y la joven, gozando de aqnel
-¡ A.hl Es tu ami~o Vignot ...... ¡Cómo se le parece!. .. .
de Valentín. Prometer una modiñcación en su actitud le dulce calor, miraba distraídamente el espectáculo que se
¿Es un regalo que piensas hacerle?
-No, querida ma:ire; estoy haciendo este retrato para parecía una debilidad y rehusarla un mal proceder. Su ofrecfa á sus ojos, cuando un ruido de pasos le hizo volmí. Quiero conservar un recuerdo muy exacto de este naturaleza leal no se resignó, sin embargo, á un engafio ver la cabeza. Lanzó una exclamación y se puso pálida;
Valentín estaba detrás de ella. La joven hizo un moviy quiso ser franca haPta el fin.
admisable artista.
-Madre mía, si no comprendo mal lo que me acabas miento para alejarse, pero él la cogió familiarmente por
-¿No tienes más que esta miniatura empezada?
Enriqueta abrió un cajón y tomando una hoja de de decir, lo que deseas es que reanude con mi marido el brazo, sonriendo y la obligó á permanecer sentada.
los lazos que él ha roto. ¿Me haces esta petición con su .!.l mismo tiempo dijo:
marfil:
-Cuide usted de no agitar3e mucho; se nos ve desde
·
-Tengo ésta, dijo, del coronel Redel ...... Pero no está · asentimiento?
-Dime g_ue estas dispuesta á una reconciliación y yo todas partes. Prevengo á usted, además, que si trata demás qne b'&gt;~quejat!:i.
0

6

DICIEMBRE,

1896.

-escaparse, la detendré á la fuerza suceda Jo que quiera
Me iratl;\ usted como enemigo; n~ le extrañe que hag~
yo lo mismo.
Celina_ perm~neció at~rrada delante de él fa11.a de aliento, los o¡os vacilantes, lll~J!az de tomar una resolución,
tt:mblando como un pa¡anllo fascinado por una serpiente.
-Es necesario a~solutamente que tengamos cinco minutos de conferencia. A solas no será usted acaso tan
osad~ como delante de testigoa, y en todo' C!'so podré
ex¡:hcarme claramente.
'
La joven contestó con voz ahogada:
-:-¿Pretende usted obligarme á escuchar lo que no
qwero?
-Más aún, Señora; pretendo obligar á usted á responderme.
.
-¿~eré libre de alejarme de usted cuando haya respondiJo?
-Perfectamente.
-:-Entonces pre~unte usted de prisa.
Vatentín mostro una sonrisa zumbona.
-No se puede ~cusar á usted de hipocresía ni de disimular sus 1mpres10nes. Ante tal declaración debía no
tener nada que preguntarla, si estuviera bien' seguro de
que n? se engaña usted á sí misma.
La ¡oven enrojatió de cólera sus labios se crisparon y
con una_fuerza de indignación que la p0nfa fuera de sí
respondió.
'
-¡Oh! no. Soy mur eincera, muy coneciente y estoy
muy segura cuando digo á usted que le desprecio y que
~e execro. Es usted el más miserable, el más vil y el más
msolente de los ho~bres, y si yo pudiera arriesgar mi vi.
da contra la suya, mtentarfa matarle con la más completa alegría.
Después siguió callada, llorando y con el pecho agitado
gor los sollozos, no queriendo rebajarse á reconocer que
abía allí un hombre que acababa de injuriarla.
VI
A consecue~?ia de estos inci.lentes, resultó muy claro
que la expeu1c1on ?ªrupestre de los sefiores de Contras
á la Chapelle-Sauv1gny n~ sería ya muy duradera. Los
seflores de Cleme~t volvieron á París y el conde cesó
completamente de ir al campo. Valentín se instaló en su
casa como solte~o, ~on un solo ayuda de cámara. Comía
ª!1 el club y se limitaba á pedir todas las mañanas notiCJ.aa por teléfono á casa de su madre. Enri;¡_ueta y Jase•
fiora Mossler retuvieron aún por una eemaua á Redel á
Vign?t Y á Ferrand y después se encontraron solas. No
les disgustaba esto, pues sabían cupar bien su tiempo y
~o c~nocían el aburrimiento. Pero la señora Mossler
lllqUJeta por lo que haría Valentín, propuso á su nuer~
el. regreso á París, á fin de octubre. La condesa no tenía
nmguna razón pa1a J?Brmanecer allí, puesto que no iba
al campo por moda m por economfa. El argumento de
que París está dE;Eierto en o~tubre no tenía valor alguno
para. ella, Y vol v1ó á la avenida de Friedland con toda su
e~rvdidumbre, lo que puso fin á la d :liciosa independencia el conde.
Hacía u_n mes que yalentín había olvidado por comple•
to que existía su mu¡er, pero no que no existieran las de
los de.más. En ma_t~ri_a de sentimiento, aquel caballero
rsencial!111:~te p0S\tlVISta, practicaba el sistema del simi•
is cum similibu.s y siempre se había curado una decepción
amorosa cou una nueva aventura, con lo que Je había ido
~rf~ctamente. Hasta entonce&amp; había vivido con la conb~cc1ón. de que una mujer vale tanto como otra y de que
1en mirado, con un poco de imaginacióa 88 consigu~
cd ómodamente olvidar á una infiel en ocho' días al lado
e otra bella de mejor voluntad.
'
d Esta homeopatía del amor fué enérgicamente practica. a por él desde su regreso :i París, y para curarse de Cehna l!!~ puso á punto de envenenarse con una encantadora p~ruana, la sefiora Semaraes, que pagaba la buena
acog.1da que le h!'bfa dispensado el mundo parisiense repartiendo reflexivamente aJ9unos favores. Va!entín, que
era de l~s que po~f~n ~er utiles á la buena extranjera,
~ué acogido con d1st1_nción. Imposible encontrar más lina morena qll:e ~osita Semaraes, por lo que Valentín
creyó, por yemt1c1;1atro horas, que había contraído, no
una fiebre h~era: SIDO un fuerte delirio. Pero, repentina"
ente, c~&gt;ns1dero á la peruana como la grippe y se decla~
r á E.Í mismo :iue era 1mpos1ble ocuparse por más tiempo de aquel br\llante y estúpido papa&lt;&gt;'ayo.
d
.día, Justamente, había encontrado á la mujer
e
er1co, que pasaba en coche por los Campos Elí·
Se fué á ~om~r 31 club, triste como jamás lo estuvo
es _e que nació, y no dijo esta boca es mía durante la
comida.. La facundía de Fleurichamp, un bolsista de
t'eg_1a magotable, no logró arrancarle una sonrisa. Em.uti o en uno de los anchos sillones del salón fumó un
cigarro, Y, como la partida de juego no empe;aba hasta
1as once, se fu~ á h~cer tie1!)pO á los Bufos, donde se ha~a una obra d:i ver~1da s!'lpiconada de mujeres desnudas.
ncontró la pieza maíp1da, la música nula y las cómicas
absolutawente repugnantes. A las doce volvió al círculo
ee puso á tallar sin dar á nadie las buenas noches á J.&gt;B'.
sar &lt;l;e que estaba rod~dc de amigos, sacó en vei~~icmco mmutos ochenta mil francosá los puntos petrificados
Y ~c~ando las fichas en el sombrero, se levantó sin deci~
1&gt;a a ra, después de haber causado aquel desastre.
Po_r la mañan~ se levantó con la cabeza mortificada por
una Jaqueca funoEa y, poco acostumbrado á sufrir se
sentó al lado del balcón, lánguido y disgustado. Su a'yuda dí dámara, James, que tenía toda su confianza y le
serv a ~ un modo muy agradable, se aventuró á reguntar s1 el setlor conde se ser.tía indispuesto y si qu~r(a
dea¡¡dn~s_e, :r Valentín se proporcionó el alivio de llenar . . e .mJurllll! J'. de amenazarle con toda clase de violencias s1 no le de¡aba en paz. El criado desapareció y
un cuarto de hora_ después el conde le llamó con furia
¡ara pregu1;1tarle s1 es~aba l'?()O al no traerle con qué vest lr ;para sal_ir. J~mes, impasible, ensefió á su señor siete
ra¡es see-wdos BID conseguir que eligiese uno· por fin el
octavo obtuvo su aprobación y, á eso de la u~a, Valentfn descendía los Campos Elíseos con el estómago vacío,

6

-\,4:iel
~eod

ELMUNDO.
las piernas débiles, la cabeza embrollada y á pie. Se detuvo en casa de .Mq.xim's, pidió un pedazo de pollo y una
~a de !,é, y reammad? por aquel refrigerio, se dirigió
mconsc1entemente hac1.a la casa de los señores de Clement.
. Ad v_irtió que había llegado antes de darse cuenta de la
dirección en que an_daba, ent~ó y preguntó si la señora
estaba en ca8a y recioía. El criado se alejó. Valentín es•
peraba que 1~ cerraría_n la puert;;, -pero con gran sorpresa ª1!-Yª, f~é mtroduc1do en el salón. Reinaba allí una
sem1oscuridad reposada y Valentín se conmovió ante
aquella tranquilidad y aquella penumbra. Le pa•eció
que todo aquello e~a el medio que conven fa á la delicada
Y. encantadora Ceh!la y se ªl?oderó .de él una especie de
~1erno. re~peto que ¡amás hab1a sentido por ninguna mu1er. S1.m1ó, á poco, el ruido de frescas risas y unas voces
mfant1les; la puerta se abrió y apareció la sefiora de Clement, con su hijo y su hija.
Los tres formaban un grupo de inocencia y de honradez que parecía indisoluble. ¿Cómo separar aquella ma·
dre de aquellos hijos? ¿Quién sería bastante audaz para
co~~rla en medio de ellos? Allí, en aquel terreno de familia Y teniendo por aliados aquellos ángeles de dulce
cara Y blond~ cabAllera, Celina tenía que ser invencible.
Este pensamiento cruzó por la mente de Valentín como
un r!llámpago. Comprendi6 que si le había recibido, lo
habia hecho para mostrarse á él en toda su fuerza y hacerle comprender que prefería á toda pasión por ardiente que fuera, la ternura de sus hijos. Así lo' expresó tan
clar:lmente con su sonrisa triunfante mientras avanzaba
hacia él, que Valentí!1 palideció de' dolor. Con mucl&gt;a
calma Celma lt:.of~ec1~ la mano, por vez primera desde
el día fatal, Y: d1¡0 md1cándole un asiento:
. -Iba á salir, p~~o no he querido perder tan buena ocasión de tener n?t1cias de Enriqueta y de la Refiora Mossler. ¿ Las ha de¡ado usted buenas?
-Me han ~icho _ellas mismas esta mafia na, por teléfon?, que todo iba bien en la Chapelle-Sauvigoy. Todo lo
bien, al menos, que puede ir una casa en la que usted no
está.
Celina sonrió con melancolía.
-¡Oh¡ "(o no no era una hué-;peda muy alegre ...... y
estos quendos pequeños me llamaban á París. Habían
vuelto ~e casa de s~ abuelo y se aburrían sin mí.
La mua, una rubia de t~es años, estaba abrazada á su
mailre Y con sus grandes OJOS azules miraba atentamente
á Valentín. Este le tendió la mano y con aquella voz á
!a que. sabía d_~r, cuando le convenía, tan acariciadoras
m!l.ex1ones, d1¡0:
-¿Q~iere~ venir á darme un beso. bonita?
La mñ_a hizo ~~ ~~vimiento para ir, perQ la contuvo
u~a pres.1ón casi mv1s1ble de las manos de su madre. Al
u•1smo tiempo respondió Celina:
-Es muy huraña...... No se deja acariciar más que por
su ma11:1á y su papá...... ¿Verdad, Ninette?
.
La mñ.a rodeó co1;1 sus bracitos el cuello de su madre
Y, camb1ad~s ,sus ideas por aquella afirmación que le
agradaba, muo á Valentín desde su sitio con un aire de
burlón desafío.
- Veo que es muy vbediente, dijo el conde no sin
amargura. Ama á usted tiernamente, como usted merece
ser amada..... .
Celina n? p~reció notar el doble sentido de la frase pero respondió sm embargo:
'
. -Por eso pro~ura no disgustarme. No se prueba el canfio más que evitando toda pena al que se ama
Valeµtín suspiró y dijo con voz ahogada:
······
-A11uí, en est~ cuadro de vida íntima, es preciso verá
usted para apr.eciarla. Lo_s que no conocen en usted más
que la elegancia· y la gracia que muestra en sociedad no
saben. todo el ~n?anto que hay en usted......
'
Celm~ e~ro¡ec1ó á estas palabras, que no disfrazaban
los aent!m1entos d~. Valentín, y se sintió mal para oírlas
en medio de sus h1¡os.
-Pero, ahora que me ocurre, interrumpió mi marido
debe estar todavía en casa y sentiría segu;amante no
ver á usted.
'
'
La jov~n t~ó C0!3- la mano en el hombro á su hijo.
-Dame), mira si está tu padre en su cuarto y dile que
hay ª°: el sal~n una -persona que le gustará mucho ver.
El n!fio sahó corneado. Hubo un silencio que interr1;1Jllp1ó e l conde diciendo casi en voz baja como á sí
mismo:
'
- ¿~I obstáculo n~ era s1lficiente? ¿Hacía falta ot.ro?
La J?Ven no pareció haber oído. Era evidente que eataba dispuesta á no hacerse cargo de lo que hubiera de
al.armante ó de escabroso en las .frases del conde. 1'.:ste
hizo un ademán de despecho y dijo:
-Pero ¿qué importa, cuando se estii decidido á vencerlo todo?
Aquello era una renova?ión de la declaración de guerra, á la que ella respondió por una mirada de cólera
¡Cómo! Ilpn su c~aosaba amenazarla todavia! ¡Cuand~
había tenido el cmdado de enseñarle cuanto podía hacerle ~omprende~ la loc~~a de su tentativa, persistía en ella!
Se mch_nó hacia su h1¡a y sumergienio sus labios en el
oro páhdo de aquelJa cabecita, preguntó:
-¿Qué se hl;We con los niños desobedientes Ninette?
-Se les castiga.
'
-¿Y si no se enmiendan?
-Se les deja sin postre.
-¿Y ei eso no basta?
-Ento~cea se lee mete en un colegio, como dijiste un
día á Dai:i!el, ~ra que no vean más á su mamita.
-Sí,_ d1¡0 Cehn:i, eso es; obedecer ó salir de la casa.
Y m1~ó tan altivameate á Valentín al formular esta
sentencia, que el conde no pudo dudar de que aquella era
la respuesta á su deeaf!o. Pero le faltó tiempo para responder, porqne Federico Clemententró con Sil hijo El
cond~ se leva~tó para ir al encuentro del banquero ·y puso c~1dado en rnd1car que ya se marchaba porque Ja presen~1a del marido le pareció insoportable.'
D1spelli!e 11,¡ted que le haya distraído un momento de
SllBh n egoc1os, p~ro no he querido marcharme sin estrec. ar1e la mano.
-¿Tan de prisa está usted?

363
-~a sabe usted que no hay gente más ocupada que
los ociosos ..... .
• .A.1 ~abiar estaba examinando á Federico y pensaba: Es
1mpos1ble que ella ame á este áspero y deslucido purita·
no. ¿0611:10 ha de gustarle este experto en contabilidad
que no piensa má!! que en sus liquidaciones? Venctrá un
JJ?0rdento en que la y,:ilveré ácoger á pesar de su resistencia, y qued:irá de~mt1vamente conquistada. De este modo toda la 1mpres1ón favorable del aparato escénico dispuesto P?~ Celina, ~e borró en Valentín, que aacó de
~uelia Vl8ltf;\ resoluciones más osadas fJ.Ue nunca. La mu¡er de Federico lo sospechó porque su semblante se. puso
B?mbrío y ~us. facciones ~elicadas tomaron una expresión de sufnm1ento. Suspiró y cogiendo á su hija como
para su_straerla al contr.cto del conde, -hizo un ade~án de
despedida.
-Ahora que dejo á usted con mi marido me voy porque es la hora ~e J!evar. á paseo á mis hijo~,
'
Valentín se rn.clrnó sm resl?onder y 6iguió con los ojoa
la encantadora s1!11et~ de Celma que se alejaba arreglando su paso al de. la mfia. La puerta se abrió y la joven
madre desapareció en la penumbra de la pieza vecina.
-¿Va uste~ esta noch~ á la Chapelle-Sauvigny? preg.nntó Feqenco por decir algo, porque se encontraba
s1.empr1: violento, delante del conde con el cual no tenía
muna idea comun.
. -No. por cierto, respondió Valentín. Las noches son
mtermrnable!: en el campo. Después de haber jugado una
docena de partidas de piqu_et ó de whist con la sefiora
~ossler, ve uno con angustia que no son más que las
diez. Las señoras se acut&gt;stan y se queda uno solo
compafüa de un cigarro. Es para morirse.
' en
- Y después. el círculo le retiene á usted
-¡Oh! no. M~ aburro allí y, fuera de la~ hora, de e0 _
mer, no voy casi nunc.a.
.-S~ dice, sin embargo, que talla usted bancas extr~ordmarias ..... .
-¡Ba~! historias antiguae...... ¡Eso se acabó!
-¡Me¡or! porque esas antiguas historias afligían á sus
buenos.amigos. Una.persona del nombre yde la valía de
usted tiene cosas me¡ores que hacer que manejar Jas cartas para gan~r ó p~rder sumas que no pueden hace ¡8
más pobre m más neo.
r
La f~en~e del conde se contrajo, pero hizo un esfu
Y cons1gmó.desarrugar el entrecejo.
erzo
-;-iAhl_ ~1ene usted mucha raz?n··· ·:· En adelante no
qmero v1v1r más que para las sat1Bfacc1ones intelectuales
Y morales .... :. Los goces del alma y del cora·.ón, esto es
lo que yo qmero. .... : Iré á los sermones y no me ocuparé
más que de una mu¡er ..... .
-¿La de usted?
-Si es posible. Hasta. la vista, querido. Anuncie usted estos buenos propósitos al señor Eliphas. Si ¡08 cree
le complacerán......
'
- ¿Y por qué no ha de creerlos?
-¡Ah! Es muy excéptico en lo que á mí se refiere
-Pe~o dese!' mu~~o cambiar de opinión.
•
-Ad1óe, adiós, di¡o Valentín alejándoee. La virtuosa
at~ósfera de esta casa obra sobre mí. Siento que me
me¡or~ á marchas forzadas ...... Un poco más y será ya
demasmdo..... .
Se echó á r~i~ y, abrien~o la puerta, bajó lentamente
la escalera, diciéndose: Tienes, amigo, un aspecto de
p_astor echanqo ser~ones que me fastidia hasta lo ¡
.
s1ble. Tu mu¡er me mdemnizará.
mpo
Se hizo 3!1iduo concurrente á los sábadoit de la condesa, que abnó de nuevo su salón á los amigos en cua t
!legó á París. Allí e1:1contraba á Celina, que no podía de~
¡ar bruscamente de ir á casa de Enriqtleta pero v J
tín n_o la hab:aba más que lo preciso para ~o parece:
polít1co. La se~ora Mossler, que seguía con la vista á
Valentín, se de¡ó enga~ar por esas apariencias y ere ó
firinemente que el C!'pncho del conde había pasado ~8
lo que se mostró satisfecha.
'
Valentín, siei'l.pre fiel á su sistema homeopático t
taba de ocupar eu fastidio con distracciones amo:os~:Un día_ en que se paseaba i,or el boulevard, encontró e~
la esquma de la calle de [,epeletier una muchachilla de
belleza. B?rprendente qu~ iba trotando sobre unas botas
muy v1~¡a~ y con una ca¡a de cartón al brazo, y la siguió
P?r cur1~s1dad, pues era una criatura qu., apenas tendría
diez Y s~1s afies y con lf:l más adorable cara de madona
que pudiera sofiar un prntor. La obrera Je condujo á 1a
ca!le qe Ramey, t:n Montmartre, ante una sucia casa de
sel8 pisos, decrépita y l~prosa, en cuya fachada unos tubos de plomo escupían las aguas fétidas de las coc·
La muchacha se metió, con listo meneo de faldas mas.
una puerta Y: se perdió ~n el obscuro corredor, mie~lt~!
Valentín, mirando hacia :lrriba y con los pies en el barro, buscaba en vano el p!SO en que podía vivir Ja enea _
tadora obrera.
n
. No ~e p~tó á o~servar, pues disponía de nn medio de
mvest1gación de rnfalible seguridad. Tomó nota en
de sus tarjetas, del nombre de la calle y del nú~erouda
la casa, y con el bastón debajo del brazo se volvió ai
centro de P~rís. Por la noche, en el círculo, antes de
empezar el ¡~ego, se hablaba de mujeres en l'ln
uefio
gr~po de amigos y el rechoncho Bache!et, para [~n no
e:ustía el placer como no costase de doscientos pesos en
ª?elante, esta~a tratando con calor la importante cuestión de los ba¡os refinados y lujosos, cuando de repente
Valentía, _que había.escuchado la convereación distraí•
damente, mterrumpió á su amigo y dijo:
-En resumen, toda esa argum~ntación consiste en
declar:lr que una fruta pasada, envuelta en encajes es
preferible á 111:1-3 fruta e~ sazón envuelta en un si~ Je
pa~I. Pues bien, se equivoca usted. -a fruta vale por
sí misma; la envoltura no se come. Vea usted hoy ph
El?Contrado u1:1a modistilla que llevaba unos ve'¡nte cén~
timos de vestidos en el cuerpo, unas chanclas en ¡08 pies
que hacía~ ll~rar y una toca de perro sabio en la cabeza
Pues la ch1qwlla era encantadora. Pueden ustedes
:
ner á su lado t?das las Bertas de Fontenoy y todas ~
Andreas de Taillebourg, y ve!án Jo que resultan.
-¡Oh.1 Nuestro noble amigo cae en el amor cana
11ezco.
-

i'.:~

�364

EL:M:UNDO.

6

DICIEMBRE,

1896•

grande era su emoción. Durante algunos segundos ofre•
colación publicó entre sus noticias estas líneas en apa- ció á Enriqueta, desolada, el eepecr.áculo de una vercla-No caigo tal. Os trado7.Co una sensación que he ex·
riencia inofenei vas, pero pérfidas en realidad:
dera agonfa moral.
perimentado, y ee, que la bdlleza lo ee por si sola, sin
11rn salón de luto.-Se dice que el coronel Redel ha
Quedó aterrada al penet.rar bruscamente en aquel al•
ninguna ayuda, y que vuestras pretensiones de elegan· sido designado para el importante cargo de jefe de Esta• ma basta entoncee cerrada y cuyas profundidades podía
cia le son mútiles, por no decir perjudiciales.
do mayor del cuerpo de ocupación del Tonkin. La elec• sondear en aquel momento, y sintió un dolor imprevisoo,
-¿Lg, moza de mesón, entonces?
ción no ha podido aer más acertada, pero ·¡cuánta pena una compasión no sospechada. Al fuego de aquella pasión
-No exageremos.
•
va á causar la partida del brillante oficial en el gan mun- sincera, se estremeció dentro de ella la mujer que nunca
-Oiga usted, Valentín: ¿sabe usted el efecto que me
había amado. DE&gt;jó de verá Redel bajo su aspecto a.coa·
do parit!iense!11
hace·.• ~I de un estragado que busca sensaciones originaEl mismo día, á las seis, se presentó Redel en casa de tumbrade y le pareció, de repente, q11e era otro hombre
les ...... Hace un momento nos hablaba usted de las fru- la condeea, que recibía generalmente á. sus íntimos á la y que s0 manifestaba con otra fisonamía, con otro aire,
taa pasadas; desconHe uated de las verdes.
caída de la t.arde. Introduciendo en el saloncillo que la con otros sentim1entoe. Después de haber permanecido
-Es muy peligroso ese gusLo. Su resultado más fre•
sef'iora de Coutras ocupaba con preferencia, encontró so• sola con él con tanta frecuencia, en el eapacio de algunos
cuente es el chanta9e¡ hay que huir como de ta peste ..... .
la á su amiga, que leía al lado de la alta chimenea de pie- meses, sin más inquietud que si ee hubiese tratado dt&gt; un
-¡Bah! Pero senores, ¿á dónde diablos van usledee á dra e~culpida, en cuyo frente figraba el retrato del conde hermano, se sinti(&gt; entoncee turbada y llena de emoción.
parar? ¿Por qué no me hablan ya de la policía corree• de Contras hecho por Felipe de Cbampaigne. El ancho
Hnbiera sido ya incapaz de disertar sobre la opinión ni
mirador que daba á la avenida de Friedlirnd estaba cu- de analizar la aocieda i, y sentía más deeeos de pedir per•
cional?
-Porque en la posición de usted no se va á. ella. Se bierto con una persiana roja. La alfombra ensordecía el dón á Redel 1&gt;0r haberle afiigidJ que de explicarle por
ruido de los pasos. Los tapices que mostraban en las pa• qué era necesario que sufriese su afücción. Le miró con
paga y se acabó.
-Si no se da con una familia de buenas pereouas de
redes sus eecenas de caza, las maderas de roble barniza· una dulzura que jamás bebía asomado á sus ojos y sin
la9 que no juegan en cuestión de costumbres y os rom- do, el techo, pintado á imitación de Berain, absorvían la duda resultó así mucho más bella ó mucho menos impo•
pen la cabeza para enseñaros á no perEeguir muchachas.
luz de las láooparat y daban á la vasta pieza un recogi • nente, porque el Coronel recobró en seguida el uso de la
-¡Oh! Ya "'nemos aquí la. historia del general ...... El
miento íntimo. Enriqueta, al ver ent.rar al Coronel, le
y dijo bastante inteligiblememe:
asesinato en la cueva de la casita de Chatillón ...... ¡Tie- ofreció la mano, que él besó, y le dijo, indicándole nn palabra
-Jamás tendrá.usted, sen.ora, servidor más fiel que yo.
nen ustedes una imaginnción!
Créame usted: daría sin vacilar mi vida. por evitarla un
sillón:
-Pero, qué, querido ¿va ust.ed á negar los í.&gt;eligros de
-Siéntese usted ahí. ..... Es usted muy misterioso, real- disgusto. Me acusa u~t.ed por no haber querido partir¡
los amores de contrabando? Los periódicos están llenos
mente, y tengo una queja contra usted. ¿Cómo es que,
pues bien, voy á. solicitilr un puesto que roe alejará para
de accidentes que parecen inexplicables. "Coa. mañana viéndole casi todos los dina, sé por los periódicos las no- mucho tiempo. Slcrificaré todas mis alegrías á su tran·
se encuentra en el Sena el cadáver de un hombre elegan- ticias importantes que se le refieren?
quilidad, dichoso por haber podido ofrecerle esta prueba
ie y )ove,, coo las manos atadas y un balazo en la cabeRedel enrojeció coma un niño cogido en falta; miró á
adbesión.
za. ~d sabe que el sei\or X ó Z ...... PdrO ¿quién le ha
la condesa con cierto embarazo y dijo después con voz de.Ante
aquella declaración tan franca, en el pensamien•
echado por el puente abajo después de romp1::rle la. aristo
de
la joven surgieron la doblez y el egoísmo de Valen•
algo
alterada:
tocrática cabeza? Allf tiene udted á Forcioier, que ha si·
-¡A.bl ¿Se refiere usted á esa estupida iudiecreción?...
t{n y se produjo uua terrible comparación eutre aquellos
do fücal; pregúntele ust~d si se descubre, siquiera, la
-~in duda. ¿~o es acaso exa.cta la noticia?
dos 11ombrea. El stintimiento de._la desp1oporci6n entre
cuarta parte de los autores de los crímenes cometidos.
Lo es y no lo es.
la sentencia que había notificado á Redel y las causas
Dirá que no. Pina ser cogido es preciso obrar con com-¿Cómo?
que Ja habfau producido se apoderó de ella rept:nt.rnapleta torpeia ó encontrar un conjunto de circunstancias
-He me ha ofrecido, en efecto, ese cargo, pero yo no mente y creyó ab~urdo y monstruoso ser tan dura para
excepciona.lee. La policía es tan insuficiente ..... .
quien tan poco lo había merecido. Ona extraila y tierna
le he aaeptado.
-Y además no se ocupa más que de los anarquistas.
La condesa levantó la cabeza y dijo, mirando fijamenparcialidad ae manHestó en ella hacia e: generoso iroldaM,
-Y eso muy mal.
pero, demasiado inteligente para no darae cuenta de ese
-Bien ea.ben ustedes que el Goliierno paraliza su ac- te á Redel:
cambio1 eso mi■ mo la llizo juzgar más necesario que non•
-¿Por qué?
ción y que tiene orden de no comprometer nada ..... .
H~ hecho ya la campafl.a en el Tonkin cuando había ca el alejamiento de Redel. No duieo, sin embargo. d&amp;-¡Yayt\ una novedad! Siempre ha ocurrido lo mismo.
allí que batirse. Hoy, ~ una verdad oficial que la paciEn t.iempo do la monarquía había con frecuencia dos ó ficac1ón se ba realizado¡ nada hay, puee, que bacer en la jar sangrar la herida que acababa de producir y se esforzó
en seguida por curarla delicadamente.
tres policías que se contrarrestaban la una á la otra y
colonia. Que se pelee ó que no se pelee, está con venido
-Me ha comprendido usted mal, dijo, ó más bien ha
p_asaban el tit::mpo en cogerse en falta recíprocamente ....
de anteooano que no habrá acciones de guerra ni, por tanEntonce!'!, los e&amp;Cdpa ios de presidio llegaban á generllles to, servicios que hacer ni hecbos brillantes que realizar. exagerado usteJ. mi pensamiento. No se trata de que usted se dest,ierre, ni siquiera que deje usted de visitarme.
en la Guardia Real. .....
El Tonktn resulta, en tales condiciones, una guarnición Extremar las cosas serla dar también materia á lama.eLa convereación, completamente descarrilada, eiguió como o_tra cualquiera, aunque más leJana, menos sana y
yersar:ido sob1~ lugares comunes sin importancia, u los más fastidiosa que las derruis. No he querido, pues, mar- dicencia. ¿Quiere ust.ed que se diga: «El coronel Redel
no va ya á. casa de la Senora de Coutra.s: deben ~atar re•
que \'alt•nt.ín no p1~tó más que una vaga atención. Pe•
gañados?11 No¡ es preciso ser para conmigo como todos
ro de s.quella discusión sobre los retinaruient.os exterio- charme.
E11riqu1tta conr.inuó con la vista fija en el Coronel, que los demás amigos, no distinguirse de ellu~ por ninguna
res y sonre la calidad de las seneaciones, sobrenadó en
bajab.i loa 030s.
exageración dt, eeutiwi~nt.ozi, ser razouablt, y juic1mo.
eu elipfrirn la idea de que lll muchachula de la calle de
-¿~s esa la única razón?
:Meaiante estas coucee.1oues al q.ué dirán, nada. habri\ re-Ram~y no sería, acaso, una conquista ordinaria y vulgar
Rt,Ciel, que no eabía mentir, respondió, sin embargo,
prens1b1e en nu1.:stta. amistad y t.L día en que, muural•
y de que habría en la aventura el atracth·o de lo impre•
eí, pero esa afirmación salió t.rabaJosamente de aus la• m~nte, el ministro le ofr~zca. un pot:.5tO ventajoto usted
visto. ~ promet.ió, pues, enviar á la joven la más ht\bil
bioa.
lo acepta y asunto terminado. Rusta entonce~ nada ha
de las corredoras de galantería.
-):le h~bían hablado de un Coronel Redel, prosigui(&gt;
de
cawbiar.
A la rniswa hora en que Yalentín, con el más desenfala condeHa, que sólo se complacía en las aventuras leja-Sí, replicó Redel con tristeza; tod.:&gt; cambiará. Entre
dado cinismo proEeguía su camino de placeres, la conde- nas, qne r~ziviraba mal en las ciudaóes y que no secónsa de Coutrn~, en @u orgullosa probidad, reflexionaba sid~raba verdad~ramente dichoso sinu en los vastos es- nosotros el velo est.á ya desgarrado y no podré vivir anti,
sus ojos en el misterio de w1s sentimientos. ¡Era tan dul•
eobr~ las obsenaciones que le había hec.ho la señora pacios, E::e Coront:I está muy cambiado.
ce para mí no pensar más que en usted, sin decirla nada,
Mossler y se preguutaba si uo hacía mal recibiendo fa·
Rtodel retipondió con voz tt,mblorosa:
y rdenrlo todo á us'8d, que era el único interéA de mi
miliarm..,nte al coronel Redel. Tenía ya dudas y la segu-Es q11e na envejecido. La civilización le ha recobra·
ridad de su eepfritu estaba turbado. Hasta que se le ha- do y encuentra ahora dulzur:is en la existencia que an- existencial El carácter anónimo de mi ~rnnra era una
bían sen.alado los inconvenientes de la int,imidad con el tes desdefiaba. Ha contraido aw1stad~H que le sería pe.. garantía para mi tranquilidad. Yo peneaba: Jamás la
nuevo amigo, jamás había penEado que nadie pudiera noeo romper y, en fin, tiene su madr" que ee vieja, á la confeaaré que la amo, pero la amaré á. mis ancbas, oscu•
juzgarla reprensible. Una vez advertida, est.ab1 menos que puede perder de un momento á otro y que no quiere ramente, y nadie podra im¡IBdírmelo.
i"ar~ce que m eet.a dicba me era permitido puesto que
segura de la completa inocencia de sus relacioms con dejarle marchar sin que la cierre loe ojos.
los demá.s me la prohiben y la viol~ntan brutalmente al
Redel. Por reservado que sea un hombre, es difícil que
La condesa Ee calló y con su hermosa cabeza inclinada revelar1a ...... Doy á usted mil gracia'!!, sef'iora, por haber
la tnujer no sorprenda loe sentimientos que ha inspirado.
sobre el pecho, se absorbiO en una seria meditación. Al
teni.io el Vi.l.lOr de sobreponerse á esas críticas y á eees
El amor se manifiesta de tan distintos modos, y todos cabo de un instante, suspiró y dijo:
acusaciones ofreciéndome el quedarme, pero eso ya no
tan claros, que el extremado reepeto es tan expresivo co-Mi querido amigo, va usted ó. ponerme en gran apu- e.a posible. Venir á. su casa rodeado de miradaa hostile11,
mo la más a~asi01,ada osadía.
ro, pues ¿qué responderá los argllfflentos que acaba us·
La adoración muda de Redel se bacía comprender co- ted de hacermei' No podría hacerlo má.e que con razonet1 sentirme espit1.do inicuamente, seda un suplicio intolera•
para mi y usted -.o querrá imponérmel~.
mo la más locuaz ternura. Enriqueta le veía, pues, enteinspiradas en mi egoísmo y nunca podre resolverme. ¡Ah! bleEuriqueta
se quedó callada, pensando en aquel rápido
ramente enamorado, pero no se cuidaba de ello¡ todos Sin embargo, si usted partiera, toC1.o estaría arreglado.
cambio de la situación que la impulsaba á retener á Re·
sus contertulios de los sábados lo e~taban ó lo habían esEl Coronel hizo un brusco movimiento.
del cuando é l no queria quedarse. Bu corazón palpitó vi•
tado, pero nunca la cosa había tenido consecuencias. La
-¿.Mi preeencia, dijo, produce á usted alg11na pena?
vamente al verse tan r~epetllda por el que amaba, por
condesa los había curado con ta1as de té y buenas pala•
-Amigo Redel, hay espíritus !_&gt;erversos que ven el aquel hombre que al declararla su tdrnura no eospecbaba
bras, y poco á poco, una sólida amistad babia sucedido mal en todo y están dispuestos á vituperar las acciones
11 eus inútiles ardores. Todos participaban de la misma más inocentes, y otros eepfritus débiles, siempre dispues- que ella pudiera pagiirsela, juzgándola basta ese punto
incapaz de una falta. loteligencia selecta, al dominar ll
suerte y ,,ivían en buena inteligencia. En cuanto á Re•
tos á creerlea, !Je la alianza de esa perversidad y de esa
del, era diferente, porque jamó.e había pedido nada. Se debilidad nace la calumnia, que no respeta ni áloe hom~ la materia, no sin algún despecho, sintió la alegría de en ..
contrar un alma pura, digna de la suya, y s~ encontró di·
contentaba con vivir dentro de la aureola de b mujer
bree leales ni á. las roujeree honradas ..... .
ch osa como no rocordaba haberlo sido jamás. -Todo la se•
amada¡ le bastaba verla, oírla: No era posible por tanto
.La caia marcial de Redel tomó una expresión terrible,
paraba, sin embargo óe Redel y no la apreciaba plen~·
ofrecerle compensaciones, pues no 11abía ocasión de rehu- y con calma más amenazadora que la cólera:
sarle nada.
-A la calumnia se la aplasta, dijo. Bt\Bta mirar frente menta más que en el momento de perderle. Su propio
Desde el momemo en que la Señora. Mossler llamó su
á frente á. los malvados para hacerles retroceder! Y si al- orgullo y su sinceridad se lo aconsejaban, pue~ en la confianza de !aa relaciones cotidianas aquel amor hu~ie~ re·
atención sobre este asunt.o delicado, Enriqueta le atribuguien
se permitiera.
yó una grande importancia, y para una mujer tan inteli·
La condesa levanto la mano y dijo, interrumpiendo al sult.ado vulgar, mientras que agrandado por el aleJam1en·
gente como ella, estudiar una cuestión equivalía á querer
to tomaría un raro valor.
-Sea, dijo¡ parta usted, pero basta entonces no me
resolverla. Pero aquí estaba la dificunltad. ¿Qué resolu- conde:
-¡Babi ¡Ya le tenemos á usted en plena guerra! El pa•
ción tomar y cómo motivarla? Enriqueta babfa dicho ladín no estaba tan cambiado como ueted pretendía ha- abandone. Dewasiado le echaré de menos para querer
.con toda la sinceridad de su altna que no consideraba pe•
ce un momento; ha bastaJo mostrarle loe molinos de que adelante usted el instante de separarnos.
Redel palideció á estas palabras; saboreó toda su dulligroso á Redel y que se sentía segura de sí misma y de
viento prra que embista c1Jntra ellos lanza en ristre, ..... .
él. Pero no era sola¡ existían sus amigos, el mundo, su ¿A quién quiere uete~ partir en dos:&gt; &amp;A. mi suegra, que zu1a, y dijo con profunda welancolfa:
-Es usted muy buena. En vez de castigarme por ha •
marido ..... .
me ha becbo, muy recientemente, observaciones acerca
Era evidente que Yalentín, con un interés cualquiera,
de su asiduidad. para conmigo? ¡A mi marido que, un día ber dicho lo que hubiera debido ocultar, trata usted de
había hecho confidencias á su madre¡ podía en adelante de mala fortuna en el círculo, puede haber expresado su ·consolar mi pena. Tiene usted razón porque es mu~
insistir y resuUar de ello muchas contrariedades para mal bcmor criticando nuee.tra buena amistaá? ....... ¿A.l grande. Basta abol"b habla yo vivido solamente para ~1
ella y para la Sefiora :Mossler, y un peligro serio, acaso,
mundo,-es decir, todos y nadie,-que no puede ver un carrera, sin incertictumbres y viendo claramente .el ooJe-y una gran amargura para Redel. Para el espíritu firme
hombre cerca de una mujer sin sospechar que existe en- to que me guiaba. Hoy, todo es turbación en mi pensa•
de Enriqueta todo asunto claro era sencillo. !So temía la tre ellos alguna vergonzasa intriga? No, querido Coro- miento. Todo lo Judo y t.odo lo confundo. Hastn la nodiscusión, por espinosa que fuera, segura de salir de ella nel¡ no se combate fácilmente tl tos seres vagos, incon- ción de mis deberes se ha debilitado. Me siento cap&amp;&amp;
bonrosawente puesto que no quería nada que no fuese sisten~s, anónimos, que forman lo que se llama la opi• de concesiones que, antes, por nada del mundo hubiera
honroso y bueno; su único cuidado era el de no dil!g'W!Mi corazón está muerto de tri=teza.
d
nión. Aisladamente, no son nada: en conjunto, son una hecho.
Está asted en un momento de abandono que no u·
tar á Redel. Hubiera consentido en sufrir el doble ella masa invencible. Hay que contar con ellos, no hacerles
rará, dijo Enriqueta. Usted recobrará su valor y la firmisma con tal de que el caballeroeo soldado no sufriese.
frente y, sobre todo, no-afect.ar desdén hacia sus eenten· meza
de su espíritu. Los hombres como usted no se deLas reuniones de los eábadoa seguían su curso. Sus
c1ae,
porque
esto
ee
lo
que
menos
perdonan.
concurrentes se habían vuelto á reunir con gusto y era
Redel permaneció silencioso, y haciendo un visible es• j:rn desanimar por mucho tiempo¡ la voluntad, su cua·
raro que no se encontrasen además dos ó tree veces ll la fuerzo para recobrar la posición de sí mismo, pero loses• Jidad dominant.e, viene :i su socorro en el momento el1
s~mana en casas amigas, bien fuera en la de Clement, tremecimientoe de sus músculos le convulsionaban P.} que la necesiwin y les hace sobreponerse á todos los obs~
bien en la de la Señora Mossler, y en las exposiciones,
semblante como un huracán agita un lago. Dos lágrimas táculoe.
en las ventas de caridad, en las repreaentacionea artrsti- brotaron de sus ojos para secarse al instante al calor de
(Continuará.)
caa. El cenaculo era muy conocido en París y ee habla- las.mejil1aa. No se at.revió d. decir palabra, por temor de
ba de él en loa periódicos con gran cortesía.
descnbrirse, pero acaso no hubiera podido hablar, bn
Una mafl.ana, sin embargo, un periódico de gran cir·

fl

DICIEMBRE,

1896.

365

ELMUNDO.

:!-~ira! !1)ira aquella bola de fuego que al hender el es•
pac10 deJa tras de eí, _como cendal finísimo, una estela
de p~at~: es la. me~s~Jei:a de las vírgenes que habitan lo
~zul, viene á inqumr si Belcebú ha agitado sus alas roJas 1:1obre tu palacio de frágiles bambúe11.
¡Oh esbelta, encantadora Gliffnéh! canta, canta! Y
al .par que tu~ dedos de nácar arranquen á la cítara rít·
m1~s cadencias, que tu voz -trino de ruisef'iores-al esparcuse en ondaa perfumadas, rómpa el encanto y ahu•
yente á los fantasmas de luto que han invadido tus ver·
¡eles.

···~~-~~~?:~~~ ¿lo ve~?::::::·
·~~~:
te~tar á sus plantas tus notas, convertidas en perlas,
t~! con. ellas y un brillante arrancado de su cetro, mag·
ní 1c_a gu1i:nalda para cef\ir iu frente inmaculada: las per·
las. simbolizan el poder terreno; el brillante el mágico
«F1at-Lux!,.
'

..

{¡··3e·~·~;:·~¡¡~¡~·ci~··~¡·

··············

;~~:i~iiiii~iiif~!~ui~~=:~:r·w~i:·rrii~~ii

li/:i~
emprender su paseo por la mansión infinita: qué régia
qué esplende'}~, con qué majestad se eleva! Las soro:
bras se han d1s1pado, como visiones fugacee al sentir el
contacto.de su manto; las linfas envían, en' espirales de
dosa, eóh?Os cantares áloe peneiles de Gyrah; las nerey•
as se agitan sonrientes, simulando las formas más be-~s Y caprichm1as¡ y Br_is!', la coque,tuela de ropaje gris,
sa 1a zaml?ona y acaricia el arpa suspendida 1-ntre el
es1 160 ramaJe ...... ¿Oyes? ¡Qué hermosísimo dúo!
EDUARDO

ELOY

.ÁNDBADZ.

SINFONIA
RECUERDO DE LAS FIESTAS DE PUEBLA.-Arco levantado en la Avenida JW\rez.

EL CON DE TOLSTOI •
El gran escritoi: r~s? co1ode Tolstoi, entregado por comteto á su ultram1stu::1smo, á sus contemplaciones moral'B Y á. sus preocupac1on.es socialee, parece que acarició,
no .ha mucho, _el prop6s1to de renunciar á las tareas Jiteranas Y de retirara~ del mundo, engolfándose má.s y má.s
-en la s~ledad y olv1dánd0fle por completo de la aureola
de gloria q~e le rodea d~sd~ hace tantos afi.os, y que de•
'b~ á su ge!3-l0, en la repubhca de las letras. Pero una cosa es pred!car, Y otra poder realizar lo que ae¡redica
En Tolsto1, á pesa~ de sus propósitos, se vuelve re:peti;
aquello del «Ju_ro, J~ro, paler .•.... 11 El puede prescinda de
t?lio lo que ~ 1magme, de todo menos de lo que está ín•
t~mamente hgado 11:, su alma, de lo que constituye la esen•
'Cta de su person~l~dad, de su inclinación irremediable
á pen~r y á escribir, en cuyo abismo cayó y del cual no
-e~ldr~ Ja~á.e, proyect.e lo que proyecte en contra. La in.e•
p1rac16n tIE~ne en él e;arácter de fuerza inextinguible, el
arte narrativo !e fascma y arrastra, la pluma y el papel
eon una tentac1ón perpetua. Contra estas fuerzas no hay
voluntad que v~lga .. To)stoi continuará. escribiendo, es•
ciavo de su. gemo, sm lograr nunca emanciparse de él.
Ahora mismo vemos una prueba de ello. Prop6nese
cruzarse de brazos, refrenar su fantasía y mirar af cielo·
y, en ~(ecto, así co~o de sus primeras abstracciones bro~
tó el hbro Amo y criado, en _medio de su misticismo re•
eente coge la. pluma, se deJa Jlevar por la inspiracfó
--yuelve á la tierra para describir los cuadr0&amp; de la vicÍi
c_on todo el enc~nto de sus mejores tiempos, y traza las
fig~ras y el con3unw 4e una obra magistral, aun no con•
-1?iutda que se den.ommará Domingo, y que parece que
igualará ó sobreP,uJará á la celebérrima novela SonaJ.a de
Kreul.zer, marav1llot1a como pintura realista inmunda e
su d~arrollo, y q_~e, como es sabido; no p~ede ser lsícb
por nmguna fam1ha decente.
En lo que hasta aquí ha tramado Tolstoi para argu~ento de su .nueva obra, según los que conocen las cuar"11llas bosqueJadas, ocurre lo siguiente:
Un caballero distinguido, próximo á caaarsP., constitu•
ye parte del J arado de la Audiencia, en la vista de una
caus~ formada por ro~o á. una mujer joven, degradada
perdida. Durante el 10terr~to~io de la acusada deecJ.
bre el caballero que. aquella 10fehz foé antigua amiga su•
ya, ya que en sus \.tempos de estudiante la conoció durante ~~ período de vacaci~nes, en la casa de campO de
su f~mtha, do~d~, como JeJana parienta, vivía rec ida
haciendo df'l s1rv1e~ta1 ó doncella, ó persona de co~an•
za de la senora prmc1pal. 9turrió lo de siempre, lo del
fu~o y la es~pa. El estudiante fué su novio como suele
dec1~, corr1ero~ eol?s por loe bosques y tropezaron
Volv10 él á la U:mvei:-91dad y q~e~ó ella con su pecado ·
sus co~secuencias, em que recibiera una sola respuesta~
las var!as cartas que mandó á su amigo contándole .su
desgracia.
Ante este?~ recuerdos, al verl¡J, en el banquillo de los
acusados, d1Jo para sí el caballero: •No es ella la que
ndta aquí i.u~gada y envilecida, sino yo, que fuí la ca::¡
de en ~rrli.c1ón.• Y. ~esde aquel momento sólo le preo•
cupa la idea de rehab1htar áaquella mujer. En efect.o después del j~icio e.n .que la joven fué condenada, romp~ con
eu prometida, v1s1ta á. la. presa en la cárcel, y la declara
·que E:Btá dispuesto á sacr1fica~e por ella y á redimirla de
11u nuaerable estado. P~ro el vicio y el cinismo han echa.
do tan hondas raíces en aquel1a mujer, que ella al oirle
11e burla de él y !e ae~ura que no se acuerda de lo que en
su caea le oc~rr1~¡ ni le guarda rencor, ni afecto de ning~n~ claee, m le importa nada cuanoo le dice, y, por con•
e1gu1~nte, Je ordena que la ~eje e!l paz. Aunque el arrepentido ~mprende que es 1mpos1ble reparar el dat5.o y
11ufre ~rr1blemente y se desespera por ello1 insis\e 'en
·cumplir eu deber y acooopafla á Siberia á la condenada
hasta que e,ita termina )a condena.
!-,- E:5te episodie parece q.ue llegan la.e cuartillas de Tola~
Mn, sm que sepan sus aIJl1gos qué rumbo ha de segoiren

dlas oigubientee, ni qué bar,l con la pareja de los pereona¡·ee
o ra. Algunos
á esu
Joe países
d I G a 11Oeguran que. traeladará el escenario
una c
•
e
ian ~Rte amencano, donde fttnJarán
o 1.onn ~uev~ basada en el patrón socialista u
: ~c~si6n qurn!érica y lamemab:e dH una novtila ~a~~
lo 1~ª¡ q~e, ludtend~ ser una obra de arte digna del CO·
ticsio !emol' E; Tolsto!, E!e conv~rLirfa en un recetario ficvulgar:S: iuca utopista, propio de unos propagandistas
R. B.

IDE.A.L.

DE

B.

.En la tarde gris y tri@te
Viste ~I mar de terciopelo
Y el cielo profundo viste
De duelo.
Del abismo se levanta
La queja amarga y sonora·
La onda, cuando el viento' canta
Llora.
'
Lori violines de la bruma
Saludan al sol que muere·
Salmodia la blanca espu~a
Miserere.
•
La armonía el cielo inunda
Y la brisa va á llevar
La canción dnlce y profunda
Del mar.
Del clarín del horizonte
Brota sinfonía rara
Como si la voz del hionte
Vibrara.
Cual si hablase lo invisibl~
Cnal s! fuese el rudo eón
,,
Que diese al viento un terrible
León.
RUlltl'f DABÍO.

------

M?chas gentes en el mundo, semi ere entes
.
d~~t1caa, e nsayan. c_onciliar las nrdsdee ~ue b~:e:1p~eee:
1 o con 1as tradiciones que han olvidai!.o.
n
H. Tain,.

REC'CERDO DE LAS Fll!:~TAS
..
DE PUEBLA.-(Adorno de la calle de l[ercaderes},

�6

EL MUNDO.

366

DICIEMBRE,

1896·

~lermelada de fresa.
Se toma fresca la fruta yse pasa por el tamiz; por cada kil6gramo de pasta, sepone otro de azuoar en un
perol; se cuece á la bolitl&gt;. ti
azucar; se sgrega luego el pu•
ré, y puesta á hervir la mezcla hasta que adquiera la
densidad llamada á la capa
y se encierra en tarros.

LA U0D1.
Como el invinno afirma sos
dominioevla moda-laeter·
na loca-t cha la casa por la
ventana eopretexto de la
nueTa estación, los .figurines
propios de ésta, menudean y
si hemos de seguirlos de cerca, debemos dar á nuestras
lectoras unos tres ó cuatro en
el mes por lo menos para que
anoten ]03 cambios de la en·
i::antadora hada caprichosa.
Dos modelos les damos
hoy, adecuados los dos á la
t:stación y de la más. encantadora factura, como que han
salido de ;as manos de
Worth, el modisto inimitable. El primero ea suma·
mente sencillo: dos rosetones borJ.ados en el corpifto
y adornos de cintas paralelas de terciopelo negro. E!
segundo es más elegante aún
aunque no menos sencillo,
tiene un severo corte y lleva
lindas solapas de pieles.
Ambos son nov(simos y pro·
píos para paseo.
0

❖LA

FRATERNAL.~

Compañía de Seguros de Vida y Accidentes.
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J.,_,.c.· -v,,-:

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·Este aparato consta de los
órganos siguientes:
En el interior de un recipiente ó caja, en forma de
criba ó tamiz compuesta de·
aros fijos por medio de listo•
nea, hay montado un árbol
vertical apoyado en dos travesaños, y giratorio por medio de un manubrio.
En el cubo que forma el
extremo inferior del eje va
montado un disco ó rueda de
paletas.
Este aparato ó conjunto de
órganos va aloj ,do dentro
de un cubo 6 depósito lleno
de agua hasta cierta altura.
Los lisLones antes indicados
se sitúan espaciados á cierta
distancia entre sí, y en la cámara 6 recipiente formado
por esos listones y por el dis ·
oo de ¡_;aletae, se colocan las
patatas ó cuerpos análogos
que limpiar. Se hace girar el
disco de paletas por medio
del manubrio, y como que dichas paletas tienen cierta inclinaciór, chocan contra las
patatas que se hallan direc·
tamente en contacto con
aquellas y éstas últimas i~oTRAJE DE INVIERNO.
tan á su vez con las super10rea.
De este modo todas las patatas, á cualquier altura q~e
se bailan giran sobre sí mismas, y frotando con las vecinas las obligan á girar también. Frotan, puee, unas contra otras y contra los listones, y el agua arrastra fácilmente la tierra y demás impurezas adheridas generalmente á la pulpa Ele los tubérculos, frutos, etc.

Estas son una especie de
confituras en que se han cocido lo bastante el azúcar y
la fruta para que puedan
conservarse sin incon veniente alguno. Las mermeladas
son sanas y refrescantes, y
convienen por tales propiedades á los convalescientes
y á los niños.
)[ermelada de ciruelas
claudias.
Elegidas las ciruelas bien
madnras se les quitan los
huesos; se ponen en una cacerola con tres enartas de su
peso de azucar; se tienen así
durante algunas horas; después se colocan en un perol,
y se cuecen á fuego lento.
Cuando las ciruelas están
deshechas, se pasan por tamíz, se vuelve á poner el puré en el perol y se deja reducir la mermelada á la capa;
se echa en un frasco de boca
ancha; se cubre con un círculo de papel empapado en
aguardiente; después se cubre el tarro con papel fuerte,
sujt!to por un bramante.

TRAJE CERRADO CON ADORNOS DE ClllTA,

Mermelada de manianas.
Se recogen buenas manzanas, se dividen en cuarterones y se mondan; se ponen en una cacerola con un poco
de agua y un pufiado de azúcar molida. Se cuecen tapadas á fuego lento; cuando están cocidas, el lí9-uido debe
encontrarse reducido: se pasan por un tamiz; se vuelve
á poner la pasta en la cacerola con tres cuartas partes de
su peso de azúcar, un :pedacito de vainilla ó de corteza
de limón; se deja reducll' la mermelada, revolviéndola y
sin apretarla demasiado:

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Vocal, A. PEYTON.
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Director General, Eoo. \\".

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Dolor de Cabeza, Flaqueza de Fuerzas, Fiebre, Vista Turb1_a, Amari_llez
de la. Piel, Dolores en el Costado, Espalc!a y J:Iombi:os, Aliento.Fétido,
Lengua Saburrosa Irregularidad en las funciones mtestmales, Vómitos, etc.
C1111.ndo ocurre el Estreñimiento el Tubo Digestivo se afecta Y sohre\'iene Indigestión ó

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Estómago, .Agrura, Nerviosidad y Depre~ión de Animo son ~y1dencia~ ~e
Dispepsia, enfe.r medad que tanta congoJa causa. Se hallara un Alivio
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Estimulan el estómago,. descar_gan lo~_ intestinos, comunican_ salud
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El infortunado que puede dar no es mas que infortunado á medias.
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LA CAJA_DE AHORROS.

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La actualidad, la atracción del momento, 1&gt;se frenesí
que ha poseído á París durante el paso del Soberano de
todas las Rusias, ha cambiado toda8 las imaginllciones y
operado una cuasi revolución en las cosa~ de la Moda. La
más pequefia insignificancia, el trapo más minúsculo,
más gracioso y más coqueto que nunca, revela ahora su
sello slavo, lleno de originalidad. El cuadro desgraciadamente muy restringido reservado á las M-,da~ eu nuestro
periódico, no nos permite citar aquí los nombres termi nados en l&lt;OÍP ú «ow,, de que están erizadas las innovaciones; esta descripción por lo demás no haría aventajar en
nada á nuestras jóvenes lectoras, que sin duda preferirán
dejar en todo á las Srita-;. Huosioger Boas., e calle de
la Independencia 4., el cuidado de darles la explicación y
de satisfacerlas con su talento y el gusto excepcional que
ponen en todo lo que hacen.

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El Evangelio es la epopeya de los sencillos, un himno
anticipado á la Jerusalem de los miserables.

Mermelada de frutos del Agraeejo.
Se desgranan bayas bien maduras; se echan en agua y
se las hace henir. Después de cinco minutos de ebullición, ee aplasta la pulpa en el agua; se afi.ade un peso
igual de azúcar y se remueve enseguida como en las demás mermeladas.

Son

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.A.pa't'ato doméstico•
pai•a lavar patatas.

:&amp;IERllELADAS.

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,.,,cxrc...~ .c.-,,~·•'-·',,:

Han sido objeto de los más Altos Honores en las principales Exposiciones
Internacionales, inclusas las de Barcelona y Ch1cago, dos de las , más
recientes. El abono dispensado por. 3:quellas autoridades con caracter
oficial á la.. excelencia y virtudes. med1cm~le~ de las Pildoras del Dr. Ayer.
C&lt;&gt;nfirma el juicio que han merecido del publico en general durante más de
una generación, de que estas Pildoras son las meJores del mundo.

J&gt;

11/fk1,/, l~;t/.

CI

Merm1&gt;lada de frambruesas.
De dos modos se pr.epara
esta mermelada: con pepitas
ó sin ellas. Eu el segundo
caso, se pasa la fruta por el
tamiz y se pone el puré en un
perol, con nn peso igual de
azúcar. y después se reduce
á la capa.
Para obtener la mermelada
con pepitas. se echan las
frambullllas en un perol con
una cantidad de azúcar igual
á tres cuartas partes del peso
de aquellae; Pe aplastan los
frutos con una cuchara; se
cuece la mezcla hasta que se
porga á la capa, sin dejar de
revolverla, y después se coloca en tarros ó vocales.

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TOMOII

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer está

MEXICO, DOMINGO 13 DE DICIEMBRE DE 1896.

NUMBR0!24

!!a Romería él bonof!cio ao Jos españoles qoriaos en (:tuba, ofoctuaaa ol aomingo último on el 'I'it101i_aol.$lisoo.

compuesto de los ingredientes más escogido s. Impide
qlle el cabello se
ponga claro, gris,
marchito 6 rasposo,
conservando su
riqueza.,
,f=":'..~:,.#..:-r,· e x u be .,,
· __ _:· _ rancia y
f:
f
. eolor
""_ _ "'·· ::-.=~· ·_- .. · hasta un
~~."".:~~#~~-~~- __ '· periodo
avanzado de la vida.
.'Y/

'I'

'- ~,~ V1ct1n:..

Cuanto más se usa,1 más rápi•
dos son sus erectos.

1..~

ARANOEL
.

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Preparado por el nr. J. c. Ayer y Ca••
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APARTADO 189.

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de:struye basta lu RAICES el VELLO del roslro de las damas (Barba, Bigote, etc.}, a
Dingun peligro para el cutis. SO &amp;nos de Éslt:o,JmiJlare¡ de testimonios ¡;arantiu.o ia dcada
de esla preparacion. (Se ffllde en MJ•a. para h barba.. J eQ 1/2 oaJas para el bigote ligero), Paa
los bralos, empléesed l!ll6.f'OBA:. DVSBEB, l,rueJ..J,•Rouneau, parl&amp;,

2. Portada. del "'Coln1ado."
ts. ''La Ron1.erin.-. u

l . D11.lcc.·ri.a.
4. "Salud á los valientes.u

3. ToID.bola..

.6 . ''La.~Trocba .. ''

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo, 1896, Tomo 2, No 23, Diciembre 6</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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