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                  <text>~
~

&amp;J:-._ b

Vigor

DANOS DE LAS DIOSAS,
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color primitivo.

TOMOII

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer está

MEXICO, DOMINGO 13 DE DICIEMBRE DE 1896.

NUMBR0!24

!!a Romería él bonof!cio ao Jos españoles qoriaos en (:tuba, ofoctuaaa ol aomingo último on el 'I'it101i_aol.$lisoo.

compuesto de los ingredientes más escogido s. Impide
qlle el cabello se
ponga claro, gris,
marchito 6 rasposo,
conservando su
riqueza.,
,f=":'..~:,.#..:-r,· e x u be .,,
· __ _:· _ rancia y
f:
f
. eolor
""_ _ "'·· ::-.=~· ·_- .. · hasta un
~~."".:~~#~~-~~- __ '· periodo
avanzado de la vida.
.'Y/

'I'

'- ~,~ V1ct1n:..

Cuanto más se usa,1 más rápi•
dos son sus erectos.

1..~

ARANOEL
.

¡ li

~.

,.,' 'I

Medalla de Oro •n la E.posición de Barcelona.
Preparado por el nr. J. c. Ayer y Ca••
Lowell, l\Ja,;s., E. u. A.
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e•1 ht envoltura, y está vacia1o en el cr:ista.I

¡¡_

J. EBPIC, :;!;O, rue Saiut-La:a:ar-e, PARJS, v TOoA• FA'°'MACIAB v

Cabello

del
del Dr. AYER

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los bralos, empléesed l!ll6.f'OBA:. DVSBEB, l,rueJ..J,•Rouneau, parl&amp;,

2. Portada. del "'Coln1ado."
ts. ''La Ron1.erin.-. u

l . D11.lcc.·ri.a.
4. "Salud á los valientes.u

3. ToID.bola..

.6 . ''La.~Trocba .. ''

�870
EL MUNDO.
13 DICIEMBRE,!1896.
= = = = = = = = = = = = = = ~ = = = = c·~ = = = = = = a = = = = = ~ = = ' = = = =
«EL MUNDO."
8Bl[A.NARIO ILUSTRADO.

Teléfoao 434.-Calle de Tibureio núm. 20.-Apartado 87 b.
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Toda 1&amp; correspondencia, debe dlr.lgirse
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y se cobra por trimestres adelántOOoe.
Námeros sueltos, 50 centavos.
Avisos:, razón de $30 plana_por cada publicación.

Todo pago delJé ser·precisa.mente adelantado.
BBGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGlTh'DA CLASE,

e.Agentes exclusiVos para los Estados Unidos y Canadá Tlie Spanish American Newspaper Dom pan y, 136 Liberty St. New York, E . U.11

1.Ca preuisi6u i)e 5Juáre¡.
Bn la última correspondencia de D. Emilio Castelar, v
en el fondo de una robusta parrafada, encontramos estaS
línea.e que reclaman atenta meditación:
uTodav(a se disputan el desvanecido trono de Francia
cuatro pretendientes; los Hannóveres, arrojados de Alemania, y los Barbones, disminuidos por sus propias victorias; no se· conforma ningnno con dee-gracias impues·
tas por el progreso· á su poder y autoridad antiguos; en
cada reinecillo italiano, antaño existente, late una oposición oculta, presidida por dinastías destronadas que no
pueden á. su dee-gracia resignarse y q1~e dPtestan la unidad de Italia; los Karav peniruen á los Miloch en Servia; el príncipe que pueda recoger la corona y el tálamo
de la reinecilla holandesa, puede dar en tierra con la independencia en Holanda; á nosotros nos n1ortifica el cien
veces roto y rei;ihazado por la voluntad nacional Don Carlos, que alguna vez n~s arrojará la guerra civil encima é
inmolará. otra generación españ.ola ...... ),
Es decir 1 que las nacionalidades europeas no sólo llevan en su seno el monstruo de sus ferrflentaciones socialistas1 no únicamente sienten sobre su cabeza la amenaza de palpitantes conflictos internacionales, sino también
ven mnagadas sus instituciones y oscilantes sus gobiernos y en grave riesgo su tranquilidad pi¡blica 1 ante la audaz tentativa de uno de .astas cabecillaR, dispuestos á ha•
cer caer víctimas y provocar tragedias, empobreciendo
territorios y virtiendo á raudales Ja sangre humana, á
trueque de alcanzar un poder que se ofrece con'!taote•
lllente á sus ambiciones.
Y ante la espectativa de tales tragedias, no podemos
nosotros-joven agrupación, que apenas comenzamos á
dar los primeros pasos firmes en el terreno· de la naciocionalidad-dejar de convertir la mirada hacia el pasado,
y exhaltar una vez rná.s aque11a actitud de roca 1 aquella
impasibilidad de esfinge que frente á los cautivos de Querétaro, y en medio de la clamorosa piedad de un grupo
·de compasivos, desplegó aquel hombre de nervios de ace1·0, sereno y reposado, que sobre el patíbulo del Cerro de
la.s Campanas escribió las páginas máe elPcuentes de la
justicia nacional, mirando al porvenir y con la esperanza puesta en las generaciones venideras.'
Todas las súplicas y todas las att1enazas se estrellaron
en aquella voluntad so_steniQ.a1 que, siempre dispuesta al
sacrificio propio, no podfa en extraña al dolor ajeno.
¿Qué hubiera impor~ado una vida ahorrada, cuando ya
,el triunfo de In Rt&gt;plÍ blica se habia realizado?

energías en esa gran obra.
de laborcolectivaquelo coloca á la vanguardia del progreso.
Resuelto el problema po•
Jitico, tódo ha sido reetitui.
do á su normal estado. La
fiebre agitó _momentánea-mente este gigantesco organismo, cuya fuerzu estriba
en la regularidad de lns pulsacionei;. Todo en la Unión
Americana asusta por su
Illagnit"t1d, todo es mons truoso, pero todo también
está sometido á nna regla,
á una norma. á un denomfoador comtín.
Bryant felicitando á l\lac
KiulPy y sometiéndose á
las decisiones populares,
da la medida del espíritu
de este pueblo. De abolen·
go revolucionario, Bryant.
bubifse rechazado la derrota y se habría consagra•
do á la tarea de ,;alvador de
la patria, siendo uno de
tantos regeneradores que la
cosecha de• politicastro ba
arrojado en estos último&amp;tiempos en loe revueltos,
campos de las republicas
cen~ro americanas.
Pero Bryant sabe demasiado bien que en la Unión
Americana, el pueblo es an•
te todo un fiel observadorde los principios de justicia,
y que la fracción derrotada jamás se prestará á vu ¡.
nenr sus" instituciones,
que está.o por encima de
BllB miemos intereses, basey edificio de su poderíoNacional.
¿Y qué re'presenta esta
lucha para los dos partidos.
militantes?
La prensa americana nos.
proporciona curiosos pormenores acerca de la últi ·
Toodoro A. Dehesa, Gobernador reelecto del E;;tadó de Veracruz.
~
ma campaña electoral.
Según la Gorite:mporar11 Review pu~de estimarse en un,
Pero Juárez al suprimir al hombre, suprimía también
millón á 1.500,000 el número de electores que durante la
la idea que lo encarnaba¡ arrebatab'.l. la bandera que pocampaña presidencial han recibido un salario pagado por
dría servirá un partido _para provocar_ nuevas 11:Lchas fu.
la caja de su partido.
turas · quitaba toda oca'31Ón de conmoc1oned ven1der.1s.
A cada nueva campaíla preeidencial 1 los gastos electoY ~hora, cuando los o1ios se han extinguido y lag parales ascienden á mayores rnmas.
siones se han aquietad•&gt;, lo3 que entra 110:1 á la vida púEn 1880, el comité nacional del partido republicano reblica con un gran sentimiento de olvido, podemos mos•
cojió 450,000 pesos por subscripciones. Cuatro años más.
trarnos eternamente gratos á esa augusta sombra, á quien
le hubiera costado menos trabajo ser cowpasi vo que jus- tarde, el total de estae contribuciones Toluntarias llegaron á $500,0CHJ. En 1888 fueron de $800,000 y en 1892 deticiero!
$1.000,000.
A. medida que los intereses se acrecientan, las elec:cio•
nea reclaman más dinero en los Estados Unidos, lo que
prueba que el desarrollo de su riqueza pública sigue una
proporcion vertiginosa.
En estos últimos días hemos visto á tres Secretarios de
Y el sostenimiento de todos estos intereses, el equili Despacho asistirá las discusiones de iniciativas de leyes, brio de estas fuerzas, encontradas á ocasiones, hostiles,
pres~ntadas á 1a Cámara de Diputados por conducto de disímbolas y contradictorias, se halla en la médula de
sus respectivos departamentos.
_
este pueblo cuyos grupos se honran, en respetar el día de
Como los Ministros en México no están suJetos á la
la derrota al enemigo que atacaran la maH.ana de la baacción parlamentaria, la presencia de los Sres. Liman- talla.
tour Baranda y Fern:indez Leal debe considerarse como
Las nacioaes ricas son las que Terdadernmente se ejerun a'cto de consideración hácia la Cámara, ya que ésta no citan en el cumplimiento de la ley.
babia reclamado informe de estos funcionarios .
En las sesiones á que nos referimos, los :Secretarios han
tomado parte activa en el debate, siendo espectadores de
modificaciones int,roducidas por la Cámara á sus iniciativas-como las que eliminaron de la ley de Catastro el
concepto jurídico,-hecho digno de atención, puesto que RESUllEN.-El mensaje •1•1 Presid•nte Cleveland y la cnesrevela un deseo de establecer el acuerdo, previo un tra ti(rn cubana.-Ni tirios ni troyanos qnedan satisfechos. bajo preliminar, entre el poder Ejecutivo y el .LegislaExplo'4ionelil anti-hi-1panas en el Senado americu.no.-La.
tivo.
muerte de Maceo.-¿Heroe ó Cabecilla.
Nuestros viejos parlamentos batalladores habían hecho
dificil cuando no imposible esta inteligencia, ya que las
Con el ansia é impaciencia· con que era esperado el
pa~iones arrojaban á los partidos á los_ ex~remos m~s ra- mensaje del Presidente Cleveland al Congreso americano,
dicales. Esta costumbre del obstrucc10msmo nac10nal, ha sido comenta4o inxiediatarnente por los que pretenha podido servir para que un poder público, ~uertemen- den encauzar la pública opinióu en la prensa del mundo.
te constituido y anheloso de salvar á. la nación de sus civilizado.
tradicionales vicios políticos, haya procurado no expoMalos cálculoe hacían los. que esperaban encontrar un
ner á las pasiones políticas todas aquellas medidas de cambio radical en la política que ha informado una adtrascen.d encia y que un escarceo parlamentario ha podi - ministración en los momentos en que se acerca :t sus posdo muy bien echar por tietra.
trimerías. El gabinete que con tanta habilidad ha sabidoEn la actualidád, las circunstancias han variado y los surtear los escoilos con que ha tropezado ültimamentemiembros que forman las Cámaras parecen más preocu- en sn marcha; que salvó admirablemente la crieis electo •
pados por una legislación útil á la República que por una ral, en verdad sea dicho, más por la sensatez y_ sentido
campaña política. Las funciones de que él poder Legiti- práctico del pueblo que por la ingerencia del poder púlativo fué investido eu el anterior período, indican un blico en la tremenda lucha de los partidos; que en su eledeseo de dará este cuerpo mayores atribuciones en los vada concepción del novísimo monrofsmo americano, ha
futuros problemas políticos y la conducta de los Secreta- logrado imponerlo á la Europa mJnárquica por medio de
rioa de Despacho á que hemos aludido. es otro teetimo- la sumisión de Inglaterra, que ha tenído que someterse al
mo de la importancia especialmente concedida á la Asam- arbitraje temporal, y aun ee prepara al permanente, para.
blea popular en estos tiempos.
hufr da disputas como la de Venezuela, que la orillaban
Del buen juicio desplegado por la Cámara rlependerán á conflictos serios: ese gabit;.tte que ha sido prudente y
muchas de Jas cuestiones de orden público que el porve - cauto en la cuestión cnbanir, y ha procurado conserva_r
nir nos oculta en sus impenetrables velos.
en todo su vigor el mantenimi ·nto de las leyes de neutralidad durante la guerra sin cuartel que arruina la Gran Antilla, y preservarse de las reclamaciones de Ee-paña pot""
el filibusterismo incesante_ de los americanos, no ha podido cambiar su programa en un momento dado, y sa•
El pueblo americano, restañada. !a sangre de las heri- tie-facer las aspiraciones desmedidas de los laborantes
das que el combate electoral ha abierto en sus intereses,
cubanos que simpatizan con la insurrección, ó !as exigen•
reposado y satisfecho, vuelve nuevamente á emplear.sus
cias de los patriotas espaiiole:s, que ·q uisieran ve~ á. los

1.Cos ,fflinistros en d lJ)arlamento.

tlespufs i)e las elecciones.

GencmlJ, mu1::rto en el comtiate de Punta. Brava.

EL MUNJ)(l.

371

1

l9olítira Qííeneral.

Josét_Macro, General dél Ejército Cubanc,, (Vl'ase nuostra Politica

13 DICIElfRRE, 1891\.

LA{ROMERIA ESPASOLA EN EL T°iVOLI DEL{ELISEO.-TROFEO:ooLOCADO A J,A ENTRADA

rebeldes abandonados á. su propia suerte y faltos del au- repi;.esentan, ya se lanzan á las agitadas luchas parlamen
xilio de Dios y de los hombres.
• tarias que hicieron célebre el anterior periodo de ¡:::e~io
Ha satiflfecbo Mr. Cleveland lo que podíasatiafacer: ha
nea; ya llneven uno después de otro numeroso1- prny@c10~1
dejado intacta la serena majestad del. poder soberano no de simple reconocimiento de beligerancia á Jo,. cub.\·
de su nación que no se altera por reclamaciones ni se des- nos sino de declaración de independtmcia de la Repúbli·
vanece por amenazas.
ca de Cuba.
Apenas hablan como con una especie de ~arca'3mn de
los buenos oficios interpuestos por el gobierno ain.:&gt;ricaPinta con los colores de la verdad la situación de Cuno, para hacer cee-ar paaíficamente la tr~ménda h1ch l; se
ba y de· los rebeldes; no cree que exista un gobierno
lanzan á la política de aventuras, y se pretttndt&gt; ~ll tnnn
constituido emanado de la revolución, y por lo mismo
imperativo que l&lt;)s Estados Unidos con toi,,~ s11~ fo¡.,rz l'l
no considera oportuno conceder á los insurrectos loa derechos de beligerancia. Con eso halaga al gobierno y al de mar y tiura tomen posesión de la Isla, h l'!~a que t:l
pueblo espaiiol. Pero teme por lo porvenir; en nombre
del supremo derecho que le Ga la fuerza y de los intPreees americanos amenazados, y de las simpatías manifiestas del pueblo en favor de la insurrección, y de la Bf'gnridad de los Estados Unidos, empefiados en la contienda,
dice que si Espafia llegara á. hacerse imr-otente para restablecer la paz, habría que pensar en una inter ención
directa para hP.cer cesar esos excesos de sangre y de matanza . ...leí halaga á loe que sostienen la causa cubana.
Por esv es que el pasaje más importante en el mensaje
de Cleveland y el que con más ansiedad era esperado en
todo el continente y con más impaciencia comentado
era por los eepafioles 1 ha dejado contentos á pocos y hecho brotar recriminaciones en muchos.
Los rebeldes y sus eimpatizadoies aguardaban de la
moribunda administración algo más que la anodina autonomía que aconseja, para llenar sus aspiraciones. Apenas tienen razón: hnbiérase propuesto al principio de la
lucha, y cuando aun no se !:aabían desatado los odios y
fermentado los rencores; hubiérase propue13to cnando el
suelo no se había empapado en sangre, ni se habían alum•
brado 1oe- hermosos paisajes tropicales de Cuba con los
resplandores del incendio; hubiérase propuesto cuando
el abismo que separa á peninsurnres y antillanos no estaba _tan hond_o, y tal vez la hubieran aceptado los jefes de
la rnsurn cc1ón. HL y cree::nos que es demasiado tarde·
la lucha empo-ñadJ. es de vida ó de muerte, y los que eue~
flan con la patria cubana han pronu_nciado Ja fatídica
frase de ¡ Indepen.den.cia 6 muerte!
Y España qne por su parte está resuelta tambien á todos los sacrificios, no cejará en su empresa· no hablará
de reconciliación y de concesiones, hasta v~r dom,¡dos á
los jefes insurrectos: ¡Cuáatas y cuán tremeridas luchas
Is esperan en esa guerra encarnizada!

•
••

pueblo de Cuba se dé el gobierno y~la constitución pc;lí
tica qne qniera su soberana vohmtad.
Y allá van loe representantes de la Cámara federal de
lós Estados Unidos, estallando en proyectes y haciendo
explo~ión en estrofas elocuentes de oratoria agre.eiva.
No importa que, al solo anuncio de.loe candentes bills,
los fondos americanos bajen en las Boleas europeas; allá
van, armados de tropos de dinamita y dieparaIJdo como
pr yectiles explosivos la1:1 frasea de su elocuencia y las
metáforas de su doctrina Monroe, llevada al último ex -

1.ren1n.

Si la prudencia de Cleveland dejó el campo abierto y

•
••

Pero si Clev~land ha podido conservar la majestad que
le corresp_onde como Jefe de una nación poderosa y fuerte que qmere rPspetar el derecho ageno; si como magistrado responsable de e-ns actos y desde su alta in,•estidura, no ha qne-rido dE&gt;jarse llevdr de rns propias simpatías
por no e;'Cponer al país que gobierna tal ve,¡ á una lucb~
1nternac10nal; los senadores americanos que no son responsables de ninguna de sus opiniones, y tienen qne sostener las convicciones y basta los deseos del pueolo que

•

"LA CASCCA " FO.SDA .

�13 DICIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

GUADALAJARA.
L&amp;S fiestas inaugurales del ferrocarril de Amtra.

LA.ROMERIA ESPA~OLA EN EL TIVOLl DEL. ELISE0-"LA FoB.TUHA," JuEGO.-''EL Couuoo," I'A.LCO .ESCENico.

sin solución el problema cubano ·al gobierno que ha de
inaugurar Me. Kinley en :Marzo próximo; l_oe arrebatos
de los aeuadores, demócratas 6 republicanos, pueden lle·
nar de sombras el porvenir de la Unión Americana, de•
jan do como hf rencia á la futura administración las difiCultades de un conflicto internacional y basta las aventuradas vicisitudes de una guerra.
Necesitan hoy máfl que nunca de toda su prudente sensatez los gabinetes de la Casa Blanca y de Madrid, aquél,
para no dejarse arreba"ar por los entusiasmos cubanos de
loe senadores, y éfte, para sofocar las explosiones de patriotismo qne Df&gt;Cetariamente han de estallar en Eepafia,
como eco obligado ·ae las peroraciones en el Senado americano.

•
••

Imposible cerrar la preaent6 crónica sin decir una palaLra siquiera de la nottcia que acaba de transmitirse á.
la prensa diaiia Fobre la muertf' de Antonio Maceo, jefe
de altísima importancia en ]as filas insur:rectae.
No ha venido con el laconismo ordinario de los men•
sajes telegd ficoP; t uie tal lujo de det-alles y minuciosos
pormenores, que más airven para desvirtuarla1 qutl pa.ra
afumar en el ánimo la convicción y la certi:za.
Sea como fuere, el relato de ese hecho ha producido
relámpagos de tn1m,nda agitación que, como estremecimientos de alegría JIBra unos, como calosfrío de consternación para otros, Lan cruzado por todas partes donde
hay alguien que ee interese en la suerte de España ó en
~l porvenir da Cuba.
Verdadera ó íalFa, con:firmadaó desm1;:,ntida, 1a muerte
de Maceo f'S un acontecimiento que merece detenernos
11.npunto. La de!'&amp;,pa,ición deun hombre que por luengos meses ~e había adue:fiado de la provincia de Pinar
del Río; necesitando la consbrucción de la terrible trocha
y la concentración de Jo más florido del ejército español
en Cuba y haFta de la presencia del Capitán Gene,a1,
tiene que i;;er como un golpé de maza pa1a la cauFa insu•
rrecta. ¡Cuántos L1:1brá que desálentadoF y llenos de :u.guetia, al ,er caer al que era columna y faro en el campo
lli.e los rebeldes, se aparltan desencantados! cuántos que,
irritados por la példida que expnimentan, se lancen
«.esa.tentados y locos, y caigan heritlos E'ntre las fuertes
huestes espafiolas! J_a i,érdida es grande; su influencia
moral y maf'erial Ff' hará t:entir en la dirección que - tomen los asuntoe cubanOP.
Pero si Jos que eiwpatizan con esa causa, tienen razón
en sentir y lamf'ntar la muerte de Maceo, creemos que
tampoco lee falta cmmdo aseguran que la muerte d~ un
hombre no es la muerte de la idea que defendía.
Si por acaso ee confirmara la noticia que comentsmos,
ya tendremos ocaei6n de hablar nuevamente del cabeci·
lla aborrecido que puede ascender al pedestal del héroe.

Hasta hoy ee le llama jefe de chusm&amp;; si por algún evento el éxito coronara el esfuerzo de sus partidarios, la historia tendrfa que alzarlo á la categoría de caodillo.
Así es la historia, ó más bien, así somos los· hombres.

X.X.X.
10 d~ Diciembre de 1896.

'l'ElATRERIAS
Leopoldo Frégoli, el famoso excéntrico que ha merecido aplausos de todos los públicos, obtuvo en su de/,ut un
éxito brillante sobre toda ponderación. Loe cqncurrentee al Teatro Principa), benefactores intachables de las
zarzuelas en un acto, con tangos y vieajee de Obregón,
han aplaudido hat!ta dejarse rojas las manos y se hacen
lenguas de las habilidades del excéntrico.
Vndad que parece cosa de milagro eso de que un solo
hombre cante UD dúo y multiplique su persoua basta el
infinito. En otros tiempos, nadie hubiera quitado á.Frégoli ur,a crtmaci6n en vida, por lo hechicero. Hoy, es
diEtinto: eeae brujerio.s se castigan con ovaciones.
Se transforma el excéntrico con una destreza y una
prontitud que dan la castafía á loe más listos. Y no
e6lo cambia de traje; también muda de rostro y de vozen menos tiemyo que el empleado por cu~lquíer mortal
para quitnrse e sombrero.
Se presenta á usted, en la escena, Frégoli personalmente; como es, con su cara sonriente y sus ojos vivarachos, y todavía no ha concluido usted de enterarse de los
JaFgOS de su fisonomía y ya está el humbre, convertido
en una colegiala ó en un viejo.
El eepectador se queda con la boca abierta y gracias á
que transcurridos algunos minutos, pueda preguntarse:
-¿Y el otro?
Canta con voz de tiple, con voz de bajo, con voz deba rítono, cou voz de tenor¡ y si se lo propusiera, cantaría
con voz de Pardavé.
Sale á la escena, hecho un profesor de música, _par-feota-mente caracterizado con cara de mal humor, y eegri·
miendu á modo de palmeta, un rollo de papele9. No hace m~e que sentarse al piano y ya está saliendo en forma
de jonu rubia y gallarda, por el foro, A recibir una leccciqn de mó.eiea. Y canta la discípula y el maestro canta,
cada uno con au voz natural, si es que Trégoli tiene uua
voz y no una colección como loe órganos de las iglesias.
A .nadif:' asombrará que un hombre maravilloso que
cambia de individuo, tan artísticamente, sea aplaudido
con entuaiasmo. Ese hombre vale poi tod1' una cowpa·
l!íB.

•••

Para oir buena música y á. buenos arti~tas, en el Tea-

tro Nacional. -=.a compallía de ópera, no es, como otras
muchas que hemos oído á prueba de jaqueca: y que noB
costaran un ojo d.., la cara. Después de Michelena, en la
compafiía de ópera todo ha marchado perfectamente.
Cada día se refuerza el cuadro con artistas de la calidad de Angelina Gay, la Sri ta. Riera y he Sres. Roura y
Visconti. Y no cuento á Cbole Goyzueta, porque esa
adelantada cantante está al servicio de la Compañía desde el principio de la temporada.
Exitoa no han eticaseado. Poede asegurarse qué cada
función es un éxito. Africana lo ha sido para CholeGoyzueta; Trovador para la Srita. Riera y el Sr. Roura; A.ido
para la Sra. Gay.
Excepcional verdaderamente, el resultado de las and.
ciones de .Africana.. Esta ópera de Meyerbeer nunca h&amp;.
bía eido representada en México regularmente siq-1iera.
Compañías de ópera en que figuraban notabilidad~s, fracasaron siempre, representando .Africana; artistas consagrados por la fama que quizá en otros teatros cantaran
irreprochablemente La obra, nunca acertaron á cantarla
en los teatros de México. Por esto, el resultado obtenido
por la Compafila de Opera popular, llamó la atención y
ha sido un triunfo para los artistas.
Cierto que no necesitaban de este éxito para ser jussamente alabados. Su@ facultades no comunes hubiera&amp;
triunfado siempre. Para terminar: la Compañia Sotorra
ea buena, bonita y barata. ~o se puede pedir más.

El Sr. D. Teodoro A.. IJebesa.
Como saben nuestros lectores acaba de ser reelooto gobernador de Varacruz pura e1 c•1atrienio constitucional
que principia este mes. Con tal motivo y para continuar
la galería de Jeíee de los Estados quo ht!mos iniciado en
nuestro sc:manario, publicamos el retrato que hallará».
en esta plana nuestros 1-ectorP.s.

Otro pago de $5,000., de "La Mutua"
EN P.A..CH.UCA....

Pacuuca, Noviembre 11 de 189&amp;.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de 111'\ Mu....
tua.)1-México.-Muy @eñor mío:
Por couducto de los Sree. Pérez Duarte y O'!-, y Rnte e1
Sr. Notario Público D. A.uetreberto T. Andrade, hor. roe
ha sido entregada la suma de $5.000,00 (Cinco mil pt,sos), valot de la póliza núrn 765.222, bajo la cual est;uvo
8SE1,'.Urada mi finada madre, la Sra. María Guz.mán de
lleJía.
D11y á. usted las debidas gracias por la eficacia. oon qne
ha sido atendido t,Ste pago. antorizándolo_ para publicarlo.-811 atta. S._S.-Soji,,a Meií.a.

ti~namente nos precedieron El :!fundo diaTio y El Impar·
C1.al. Nuei:;tros l~torf's saben con qué entusiasmo tan inmenso fué recibido el General Diaz, cómo todas lae clases,
todos .los gremios, t-odos loP grupos-socialeii sA dieron cita en la eet:ición para aclamarlo; el aspecto de viaje
t.riunfal que tuvo la excursión á !.meca; el entusiasmo de
los habitantes de esta ~impática ciudad que et,l;á. por fin
comprendida en la red ferrocarrilera de la República, no
rp.euos grande que el mostrado por li::ie pobladores de
Guadalajara; el baile dado en e1,ta ciudad por las clases
pudientes al General Diaz en un salón soberbio, iluminado pnr todos los eoles de la electricidad y por todas
las estrellas de loq ojoe; los mil agasajns y dewostracio•
nes de que ahí fué objeto ,Jnestro Primer .Magistrado, el
hermoso brindis del Coneul de España Señor Don Justo

Hay en la República una ciudad privileofada: Gttad1.lajara, capital_del_Estado má.s populoso y ~ás fuerte del
Jpaíe.
Es inferior á Mé:x:jco, li. este inmenso hormiguero b~mano dcmde concurren tantas energías, donde se recon-centran tantos esfuerzos, donde se advierte una pugna
tan ~remen~a. e~tre infinitos int?resee que batallan por
la vida;~ mfenor, sí., en población y en extensión, pe·
ro s~per1or en hermosu!a, un_a hermosura especial que
cautiva al transeunte y 10 detiene en sus redes y Jo mima
y lo domefia como Armida á Reinaldo,
En qué consiste tal hermosura?
Gusidalajara DO ae recuesta como México en el
lecho mullido de un valle
magnífico, no cierran su horizonte colosos 11evados: co_mo el Popocatepetl y el Ixtlacibuatl, no .espejenn en
la sabana florida lagos azulee. ni ee apifian en sue
;afueras gigantescos ahuehuetes floridos de le)'endas.
De dónde dimana su belleza?
No se ad vierte en eua
arterias el espectáculo de
una muchedumbre desbordante, á.vida de negocios,
·-que invade todo y cuyo clamor incesante sube al cielo.; no pululan, negros y lucientes, loe trenes aristo-c~·áticoe i no se yerguen formidables los palacios de
mármoles, ni las torres de
sus iglesias rasgan pompo•
sas ehnfinito como prodi,gios de piedra.
Por qué es hermosa, pues?
Ah! su hermosura no es tá en la pompa, Está en la
;gracia. Emana de toda ella
un hálito de poesía. El palio real de un cielo profunda, intensa, infinitamente
..azul, la ampara. Sus calles
limpio.a están flanqueadas
de casas que parecen nidos y que dejan ver á tra1Vés de lus canceles de ~ie·
,;rro patios sevillanos, llenos de macetones -de jazmines y de trinos de pájaros; sus grandes edificios
;son más que todo risuefi.os.
Ríen por todas sus ventana9 ante el sol relampa-gueante, ante el espacio en
que flotan mil puntos de
oro. Sus iglesias convidan
á rezar la oración alegre
,que da gracias por la vida,
no el salmo querellnso que
pide misericordia. Su catedral es blanca gracil y
.
.
.
Uena de júbilo e corazón
~~jt!;¡"~: LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN J ALISCO.-GENERAL LOJS DEL C. CURJEL,

1~ ~~oq~j!1~:,

con todas la9 comodidades apetecibles, está. junto al templo del Santmtrio de Guadalupe, fundada por el filántropo canónigo de aqu"'lla Catedral, D. José del Re(ugi.o Gordoa; el edificio es amplio y bien ventilado, con una apa•
riencia monástica: tiene extenea capilla, ambulatorios,
celdas, varios patios con fuentes, un jardín,- refectorios,
todas las demá1-1 oficinas que reclama un eetaQlecimiento
de esta naturaleza: en los muros de la capilla, hay gran
des pinturas que representan pasajes alusivos al obJeto 1
como la convt&gt;reión de San Pablo, la parábola del Hijo
pródigo, etc. Las otras dos, están, una en San Sebaetian
de Analco, y la otra, en el edificio que en un tiempo se
llamó capilla dt- Jeeús, En varias estaciones del aílo,
grandes grupos de di versas clases de aquella sociedad,
practican con frecuencia estos actos de fervor.
21 son las pJazas que existen en la ciudad, con estos
nombres: de Armas, Catedral, Soledad, Santo domingo,
Santuario, Alameda, Jesús, Universidad, Escobedo, Car•
men, Nueve Esqnin is, .Mexica\tzingo, Aduana, Son
Francisco, San Fernando, Venegas, Analco, San Sebastián, Alcalde, Hospicio y Santa Mónica.
La hermosísima Plaza de Armas, está limitada al N.
por un costado del Sagrario; que ostenta su arquitectura
dórica: al O. por el paJacio de gobierno, de fgual orden
arquitectónico: al S. por el portal Quemado 6 de Quintanar, y al P. por el portal de Bolívar.
Todos esos costados que limit'ln á la plaza, son de muy
bella apariencia, prin_cipalmente el del Sagrario, con un
majestuoso pórtico, ens gra01osae balauetradas, e:ua bientrabajados cornisamentos y la arrogante cúpula que corresponde li la dirección del pórtico, viéndose en segundo término, las elevadas y góticas torres de Catedral, y
por fin, &lt;1tra gallarda cúpula que corresponde al coro de
Ja matriz.
·
Guadalajara fué foil.dada por Nuño de Guzmán, el día
5 de Febrero de 152l, y se le dió este nombre en memoria de la ciudad que en EApaíla se llama así y donde Nufto de Guzmán nació. Compónese ese nombre de dos palabras árabes ll"adiladJara. La ciudad actual eR la tercera
que con el mismo nombre foé trasladada á diversos luga·
res. Hoy es, sin duda, la segunda capital de la República,
no sólo por su población sino por su importancia, pues
alberga en sus muros más de noventa mil almas, y es metrópoli de importantísimo Estado de la Feder:ición.
LA CATEDRAL,

La Catedral de Guadalajara se fundó á instancias del
segundo Obispo de la Diócesis, Don Pedro Ayala, ponien-·
do él i)ersonalmente la primCra piedra el 31 de Julio
de 1616.

El edlficio es bellfsimo y majestuoso, de tres naves y
está limitado al N. por el Palacio Arzobispal, al S. por
uno de los portales, al O. por edificios particulares y al
Poniente por la Plaza principal.
_ ET, HOSPITAL DE BELÉN.
Guar1alajara r{'cuerda con gratitud inmensa el nombre
de ~u Obispo el !Ilmo. Antonio Alcalde, providencia de
la cmdad, y al cual debe ésta innumerables institu(::iones
benéficas. Fué trasladado de} Obispado de Yucatlin al de
Guadalajara, Era originario de Eepafia y de la orden Domínica, cuya promoción vino á hacer época en loe fastos
de aquella ciudad. Con grandíeimoe poderes se presentó
á eu nueva diócesis, perq con más suma de caridad ee
dedicó á bene_ficiar al _público, á lo~ pobres en particular
y _á la humamdad dohente en general. Propicia oportunidad se le presentó al poJCC' tiempo, para ejercer sus filantrópicos instintos. El terrible año de 1786 llamado del
hambre, había comenzado con todo su burior.
~abido que t~l ~alamidad provino de que el año antenor, (lt85J ant1c1pándose las heladas á. la estación,
destruyero,1 todas las sementeras de maíz, preeentá.ndose el hambre de una manera imponente entre la claEe
pobre de toda la Nueva.EiJpafia, cuyo principal alimen~
to lo constituye el maíz. El Seíior Alcalde organizó de
tal !llaneraª': programa para ejercer el bien, que puede
decirse que hizo más que todos los que hubieran querido
hacerlo. Grandísimas sumas empleó en abastecerse de
víveres para loa indigentes: según aparece en su libro de
1';1-emori~s qu~ con respeto hemos hojea.do, gastó eEe af'l.o
ctento di~z mtl pesos a6lo en maíz que repartió gratis li
loe necesitados.
_Pasó el hambre1 pflo su caridad quedó en pie: se ded1o6 entonces con grandísimo afán á muchas mejoras que

:s

r

ro.aculadas. La catedral de México es formidable más
obscura, pesada y melancólica.
'
Se i.~ui? sobre.ídolo~ derrumbados y pareee llevar el
remord1m1ento de su victoria sobre una raza eminente·
men~e religio~a. !-,a catedral de Guadalajara es coqueta,
,gra01osa¡ nos 10v1ta á. loar al Dios bueno que tiñó losc1e!os de azul y los asperjó de soles, que di6 el amor á los
-l~venea y la esperanza á los viejos. La catedral metropohtana es como un adusto pre.ado inmovil {'n su mustia
y grave actitud hierática, la catedral de Goadalajara ee
~omo un_ monago rubicund0 y alegre que rfe agitando el
""Incensano.
Hay.en laci1;1,dad muchos templos y cuando se expan·
de en 10undac1ón rosada la mañana, e.n cada torrecilla
liay una esquila parlanchina que parece clamar aleluya
y en_ cada altar un cura blanco que eleva risueflo la
hostia. El espectáculo de las calles en las primeras horas del día es cautivador. Multitud de ht::r"mosas mu•chac_has de mantón de burato, diríjense al templo con andar mdolente de Reinas; en los mercados bienolientes la
multitud, una multitud que no muestra coooo la de México el repugnante espectáculo de su indigencia. anima
el amplio edificio con barbulla desconcertada; sopla un
au:3 fre~ca que roba aromas á todos los jazmines y las es·
•qmlas siguen ebrias de movimiento extrnmecitmdo el
azul.
_Encantadora es la tapatía, y más que encantadora gra. c10sa corn? todo lo q~e la rodea. Su garbo es incomparable, sus OJOS han sabido conservar uua soberanía indlsputable en la República. No ·hay ojos como los de las
mujeres de la Andalucía de América· cantan estrofas y
atraen madrigales......
'

373

EL MUNDO.

Gober~ador del Estado.

Ft&gt;rnández, cuyo retrato p-qblicamos, la brmante respuesta del Presidente que supo desgranar algnnae flores ante
las hermosas mujeres que le sonreían; todo, todo ese relato de fiestas df, alegría, de cariños y de entusiasino lo
conocen los que nos leen y no debemos repetirlo.
Debemos manifestar, sí, que como en Puebla, el elemento oficial no hito sino dirigir y encauzar el entusiaa·
mo general; y como pub1icacnos numerosos grabados de
edificios, debemos además decir algunas palabras de ellos,
prefiriendo naturalm~nt., ea~ampar algunos datos relati-voi:,.
LA. C}UDAD.

Comit nza á contemplarse mucho antes de _que el viajero llegue al PXLenso valle de Atemajac, pues destacan
las tor~es de C11tedral, de San Francisco, de 8an Felipe,
de San Agustf n, de San Juan de Dios, de la Parroquia de
Jesús; las bellísimas cúpulas del Hospicio y del Sagrario1 y la inmeaea pirámide del Sarcófago del Panteón de
Belén.

Sólo por las distancias á que ee refiere en su estadística el sefior Ingeniero D. Luis Banda, poedeformarseuna
idea muy exacta de la área de la ciudad: estas distancias
son las siguientes: de la garita de S,m P~dro, situada
al O., á la de Zapopan, que está a] P., hay 4 .800 metros;
de la garita de Bueoavista, al N., á la-de Mex:icaltzingo,·
que está al S., 3,570 metros; diámetro medio de la ciudad, 4,235 ni.¡ perímetro ócircuuferencia media, 13,3 O
metros.
Los templos en sel'vicio son 26; el de San José ee magnífico por sus dimensiones, bellísimo por su ornamen•
tación y exquisito en Lodos sus detalles: ee cree quepodrá estrenarse dentro de dos años, y que por su magniTal es la ciü~ad que acaba de engalanarse para recibir. ficencia ocupará el tercer lugar de los templos del Esal primer m~g1strad J de la República y de la cual EL tado.
MuNno pubhca hoy algunas hermosas fotografías que 1e
A.demá.a de los edificios en que existen loe establecihan sido enviadas especialmente por su corresponsal el ro.ientos de inst,r11cción eclesiástica y religiosa, ejerce
*fí.or Lupercio.
jnrisrlicción aquPlla mitra en tres casas de ejercicios eeHablar de es:as fiestas, sería ruda tnre::i., en la que opor- · piritual~s, una dij ellas, C◊nstruida para ese objeto, y

•

D. Ju.st:o Fernáodez del Y11lle, Prellldente de la Cámara de Comercio

de Gua.dalaja.ni. r Consul de E!¡pa.ña.

�•
EL MUNDO.

374
r~lama!&gt;a la ciudad. Por
Pn cuenta se conetruy6 el
hospital de San Miguel de Belén, en 1791, lo
,iliemo que el panteón que
hay en este local, dotando
con esvlendidez al primero. Edificó el Santuario de
la Virgen de Guadalupe y
un colegio para nifill.S pobres llamado uEI Beaterio1 11
dotándolo también con siete manzanas de casas q,ue

famO"!O

mandó C()nstruir.
Quitó el camposanto que
existía en el centro de la
ciudad, en donde hoy es la

plaza de Venegae. Hizo
donaciones cuantiosas á. loe
conventos de monjas de Jef:lÚS :María y Santa Teref:la.
Ministró fuertes sumas para el empedrado de las ca-

llee y la compostura de lo!=!

caminos; y más pródigo fué
aún para proteger la instrucción primaria., á. la cual
consagró siempre sus atenciones más eficaces.
El paso por Jalisco de este hombre extraord1nario,
foé señalado por una bue
lla tan notable de benefi ·
cios á Guadalajara, que han
hecho imperecedera su me·
moria, a] extremo que, un
notable plublicista jalis ·
cien:?e, dice que: &lt;1l.h1adalajara ver.fa con má.s gueto un
monumento nigido á. la
memoria de Fray Antonio
Alcalde, que á. la de todos
loa heroes de la indepen ·
dencia nacional. n
¿Qué monumento !\ su
memoria mejorqueese con •
jnnto de establecimientos
levantados por su munifi ·
cencia, los cuales durante
un siglo han lhnado cum•
plidamente los dee0&lt;'e del
fundador? ¿Qué corona votiva más estimable que las
bendiciones de mil lares de
indigentes que aun siguen
•
.
·
siendo objeto de la subli.LAS FIESTAS PRE~IDENCIALESEN JALfSCO -P~RRT~PRlNCIPAL DEP.A.LACIO.-Fotografia de Luperclo,
me caridad del Señor AlJll3ra EL M1,;Noo.
calde?
Ahora los cuantiosos bienes con que dotó al hospital tos: t-l primero, destinado para el tribu.nal, los juzgad~s
de Belén, uEI Beaterion y varias escuelas de primeras le• de lo criminal, de lo civil y demás oficinas de 18'._ admttras, ya no existen, paearon al dominio de algunos par- nistr~ción de Justicia; el ergundo1 para las celdillas en
que dtben vivir aislados los presos; y el tercero, para los
ticulaTes.
San Miguel de Belén es una intnenea construcción de talleres que fueren Ot'Cesarios. El segundo departamen aspecto grave y sevem, dotada de todos los elementos to contiene ademlis un l.:.zareto y el tocal bastante .Pª~ª
modernos para la atención debida de lo!:! enfermos. Su nn hospital con salas bien ventiladas. Todo el ed1ficto
planta general tiene la forma de un cuadrado, con 350 me- pu~de ampllamentecontene; tres mil docientas perso~as,
Gros por lado, y en la cual se halla el templo, el 'Panteón y hay en él considerable numero de talleres. ~xteriory el hospital, siendo su eituaci6n al extremo N. de la mente tiene el aspecto de una fortaleza y está s1tuado al
poniente de la ciudad.
ciudad.
En el afio de 1792, quedaron terminadas la iglesia y el
EL TEATRO DEGOI.l,A no.
hoepital, p0niéndose desde entonces al servicio público.
La existencia de eníerroos es por término medio de 275
Está consirlerado, y con razón, como el primero de la
calculándose una entrada y salida diaria de diez á doce. RepúhliC:~ Fué edificado en la antigua plaza de San
Los enfermos son auxiliados gratuitamente por un per- Agustín y ·su planta gene1al tiene la forma de un. cuadrisonal competente y basta para que sean recibidos la con- longo de 97 metros de longí1ud por 36..!0 de latitud: en
signación que de ellos se haga por cualquiera de las oficinas
de policía. La junta de Beneficencia Pública paga el presupue1,.to del establecimiento1 y atiende !\ los gastos de
aeeo y reposición del edificio.

13

EL PALACIO DEL GOBIERNO.

Debido á. los esfuerzos del Gobernador de Jalisco, Sr.
Vallarta, se llevó á cabo la obra abandonada por tantos
aflos de la reedificación de Palacio, animado por la e:x:pJo-sión de 1859. En ella se gastaron cuarenta mil pesoa. ~
el Palacio vastísimo edificio, de elegante arqmtectura y
cierra uno de los costados de la Plaza de Armas.
El Salto de Juanacatlán es una. preciosidad natural que·

•

Desde el Gobierno del General Cruz, el Obispo don
Juan Raíz de Cabañ.as, varon eminentemente caritativo,
emprendió la construcción de un ho~picio de pobres, obra
coloaii.L que es hoy legítimo orgullo de Guadalajara. Este
hospicio, edificio vastísímo que se ba!la situado al Oriente do la Ciudad, á ocho cuadras de la plaza de armas y
calle recta del Costado N. de la misma. Fué terminado
por el arquitecto D. Manuel G6mez !barra y l OEtó, únicamente á. la Iglesia, $12,000.
La planta general es U:n paralelógramo, cuya longitud
es de 185 metros por 170 de latitud, la entrada ve al Poniente en dond'3 hay elegantísimo pórtico con coiumnatn. de orden toscano. En su interior el edificio está. dividido en dos departamentos, uno para hombres y otro
-para mujeres, Hubdivididos á. su vez; cuenta 28 patios; su
iglesia ea admirable por 1a sorprendente cúpula que la
corona y tiene la forma de una cruz griega prolongada.
Hasta hace dos af'ios habfa en el departamento de nifl.aa pobres 147, y 12 ancianos que recibían toda clase de
recureos en el estableci niento.
En 1880 había en el orfanatorio 13 niños y 16 niñas,
éstas permanecían hasta la edad de siete años y después
pasaban á sus reapecti vos establecimientos.
En el salón de la cuna había en el año referido 13 nifios expósitos que llevan el apelliao d• Cabañas, el ilustre fundador.
En el departamento de horu brea había en 1880 188 niños que ncibían instrucción primaria y secun~ria y á
quienes se ensefiaban varios oficios.
El plantel continúa rindiendo ópimos frutos.
U

PENiTE"-OIARÍA

Este edificio com,,.nzó l'Í con'!Lruirse el año de 18!3 bajo el ptnyt•d,n y dirección del arquitfcto español 'non
,José R-wióu Cut!\'a~. Esiádividi:lo en tres departamen-

1

LAS FIESTAS PRE'=irDE~CIALES EN JA.tlSCO.-PEl'i'ITENCLUHA.

.13

1896.

altura total hasta la clave de la linternilla que cubre la..
bóveda del salón, es de 22 metros 50 centírqetros. Por sus.
lados N. O. y S. está circundado por altos corredore.s óportales cuya construcción está. separada por ~n calleJón
de 5 metros. La fachada principal está. a! Fomente y las
laterales N. v S. est!tD divididas en tres pisos ornamentados con coluÍnnas y ventanae: ]os dC's primeros que corresponden á los palcos, son de orden corintio, y el tercer
piso que está. dedicado para Hote 1, pertenece al orden
comÍ,uest.o.. El pórtico está.fo~mado por ocho colum_nas
arquitrabadas de orden cormt10, coronadaa por un át1co.
Pasada esta entrada verdaderamente regia, se encuentran
cuatro elegantes portadas don canceles d~ hierro, que dan
acceso á un patio con oorredor oval, en forma de rotonda,
que tiene 10 metros de longitud por 6 metro~ 50 c~ntímetros de latitud, con diez columnas que sostienen igual
número de arcos. A los costados, están: un restaurant,
cantina la entrada á las ePcaleras que conducen á. las
ef!caler~a que conducen á las plateas y palcos y demás
oficinas del teatro. La entrada al salón está. al O. d&lt;&gt;l patió descrito decoradas con columnaq de orden corintio:
entre la ent'.rada y el salón, hay por ambos !ados un _espacio de 9 metros ocupado por el ambulatorio respectivo
y los gabinetes de desahogo para cada platea.
El diámetro mayor del salón es .de 20 metros 60 cent~metros y el menor de 17 metros 9a céntí~uetros: eEtá. ~1vidido en cinco órdenes de palcos sostenidos por groc.10sas columnas de orden compuesto: sobre ellos dei:cansa
la atrevida«&gt;óveda plana construida con piedra póroez y
decorada con una b~llfsima pintura a.! óleo que rt&gt;presenta el canto IV de la Divina Comedia del Dante, t-jecutada· con maestría por Gá.lvez y el insigne pintor jalieci.ense Gernrdo Snárez.
El gran arco del proscenio tiene .15 n;ietros de ancho
por 14 de elevación hasta la parte rnfo_nor de su clave,
está sost.enido por cohimnas de orden comput&gt;tlto y $1ecoraao en su parte inferior oon diez caeetonef! el~ exquisita talla y un bajo relieve que representa el nempo y
las horas: en las pe&lt;'hinas que están sobre el arco, hay
dos famas en actitud de tocar sus trompetaf!, portando
en la mano izquierda coronas de laurel. Un ág11ila coloeal también en relieve de oro, está en la clave, soporta~do entre sus garras la bandera nacional.
Cinco entradas tiene este salón, una al frente y cuatro
laterales · la decoración toda es de estuco, fondo azul, y
las- cornisas, columnas, bases, capiteles, t te., etc., de
blanco y oro.
·
El foro esM. techado con hierro: su lorgitud c-s de 34
metros por 18 de latitud : á eus costados N. y S, -hay amplias galerías de orden toscano y después de ellas, una
serie de gabinetes para los actores.
Sobre una caja acústica están los asientos de la orquesta1 y el subterráneo de ella se prolonga con ascenso hacia
la entrada y por lo mismo,. la colosa! tarima que sin-e de
pavimento queda susceptible de nt velarsP. con el foro
para form~r un inmens0 s1.l6n de cerca de 55 metros.
Todos !os ambulatorios, gabinetes de desahogo y demás dependenciM de este grandioso ~eatro, son cómodas
y bien ventila.ias. El foro tiene una mmensa puerta parn la calle, por la espalda del ~dificio; en el caso de incendio, ka actores y dependientes de escena, tendrán,
una facíl salida, para qne no suceda lo que no h~ mucho
tiempo en París, en el Teatro de la 9pera Có_m1~a,. que
no pudieron salvarse los actores m demás rnd1v1duos
que había en el foro, por cuyo lugar comenzó sus estragos el destructor elemento.

EL JIOSPICfO.

•

DICIEMBRE,

DICIEMBRE,

1896.

•

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES E)l" JALISCO.-PALACIO

DE GOBIERNO.

la comisión de Instrucción Pública. Pereuadi:!o de l_a importancia de] ramo que ee Je confió, ~eede ese d_!a Y con
una constancia imperturbable, no deJÓ detrabaJar porla
inRtrucción.
.
. ·
Inmediatamente aumentó en la capital ee1s E'Fcuelasde
niñM y tres de niños¡ fundó para ambos sexos las -de
San Pedro, Mezquitán, Santa María, Toluqml'a y San
Sebastián.
Siendo después miembro de la Ju!lta. :pepartamental,
hizo el primer plan de ensei'ianza pnmana en el Estado,
y aprobado por el gobierno, se publicó el 28 de Enero de
1839. En este puesto se le preeeJJtó un camp~ más va.~to
para ¡&gt;0ner en acción sus deseos de elevar la rne~rucc1ón
á una altura extraordinaria, cqosigniE'ndo, dt•b1do á su
activi&lt;larl, que en poco tiempo no bubier~ en el Estado
ni un sólo pueblo, aun el má~ pfqueño, sm eecuel~.
Nadie mejor que el Sr. Cot11la conocía toda la impor·
t-ancia de que los maestros. que eervfa~ las eecuelas fu~ran ilust,rados, y á E'Fte cm dado Ee d, b1ó tenerlos en nu·
mero crecido. Los miembros de J9. Junta Departamental por iniciativa del Sr. Ootilla, cedieron sus sueldos
pa;a aumentar el de algunos profdflnres inte!igentes, Pntre otros, D. Julio Meyn, que eneeñaba Caligrafía y Te•
neduría de libros por partid.a doble, á los preceptores.
Más tarde fué nombrado Inspector general de ta instrucción primaria y se proµneo fnndar Una escnela normal de profesare;, comprendiendo qne cada prfceptor
import':lba tanto coi.u? una eF&lt;.mel.a y más que una eecueJa, no debiendo omitirse medio a~guno ¡,ara atender A 1:1
perf eta ilnfltraci6a del proíesora~o. Estos ?esvelos ~1eieron ver la lnz ií. 11n bello t,rabaJo que publicó en 18.Jl,
bajo el título de: uloforme que prest&gt;nta tl In.epec.tor gen~ral de instrncción primaria, á la Junta D1rect1sa de
Estudios dPl Estado de Jalisco.n Loa trastOTnos políticos
de 1852 ocasionaron que este gran pensamiento no se hubiera rf'alizado.
En 1859 tr::idujo é imprimió el .curso de Pf'dagogía de
1\fr. A. Renaú, con que- obseqmó á los profesores, por
cuyo progreso trabajó siempre.
.
. .
Veinte años consagró el Sr. Coulla 111 s~rv1c10 de la
instrucción pública, sin recibir sueldo en mngu_no de los
puettos que ocupó, an.tes de su modE'Ato peculI_o costeó
varias impresiones útiles para los proft&gt;sores y parn los
alumnos y muchas veces .. para estim~1!ar á los niño~, .de
su bolsa salían los pretJHOB que nc1bían por mano del
maestro.
. .,
El rápido progreso que la ensefianza ~dqu1r.10 en este
período, es incalculable, y la fama del Sr. Cotilla se .ex~
tendió por todas pai:te_s. ~n 184.1, ~~ una honrosís1ma
comunicación 1 el M1msterio deJuRticia, por acuerdo del
Presidente de la República, le pedia los rt&gt;;glamen~os por
medio de los cuales babia prosperado la instrucción en
Jalisco rogándole que loe remitiera al Sr. D. Juan Rodrfgue~ Puebla, secretario de la Junta de Instrucción
Pública de México.
Por fin sus enfermedades le hicieron renunciar en
1855 el cafgo de insp€ctor, con sentimiento unánime del
gobierno y de la sociedad.
.
Después de seia años de en~1erro en -a~1 casa, coneagra•
do á disponerse para la !'termdad, rr11~r16 el Sr: Cot1\la,
dejando sus pequeñoa bienes á _lo~. l o:.ires y u~a pens:ón
vitalicia á la persona que lo asistió en los últimt.s anos
de su vida.
Un elPganteescrit?r jaliscien.se, am~¡z~ del Sr. Cotilla:,
dice: uNosotros le vimos nc.b1r el V1á~1co de los moribundos y en nuestro interior deciamos: t(Si eea boca, cerrada por el recogimient,:&gt; se abriera de repente, cantaría como suspira un angel y gem irf~ C?mo cant':\ un m~~tal.n También lo vimos exhalar el ultimo suspiro y d1J1mos: ((dichosos los que mueren aRf: descanse en paz:u
ese día íué el 27 de Octubre de 1861.11
Entre sus papeles se encontró uno que dice: uMi ~pitaflo. Los restos mortales de un pecador arrepentido:
esperan aquí la res.urrección de. la carne,)J.Y después
uComo creo perjudicial á los vivos el entierro de lo.!!!

como sus protPgiclos, al E'xtremn de qnP. cnando llevaron
suprema belleza del agua que" desata ~us crencbas, en á. su casa los blandones impe1·ü\lE&gt;s d1-&gt; f'at,edral, no había
dinero para romprar los cirins qne ch•bfan arder ante f'l
caudal de espnmas.
Para concluir y como nota amen.a de este ~rtículo, pu- cadaver. I..,oQ ahorros de D. Jesús Ca.~tillo, ann antes de
blicamos á continnaci6n algo relativo á. la:_ vida del gran "recibirse de médico tenía algnnl\ client~!a, lloraron eeta
Obispo Alcalde, ta~ v~nerado en Gnadala1ara, y de otros necesidad y Fe pmolearon además en los .gastos del snn·
tuoso entierro qne se propuso hacer á su 1lustie benefacvarones no menos rns1gnes.
.
.
Era tan minucioso para hacer loa benefic10s, t-an am1~0 tor.
Lle"\"Ó R. su útima morada el Sr. A.rtf'aga un inmenso
del pormenor y del detalle, qne fijándose en la t~mdenc1a
que tienen todos los niños á comer alguna ~nlosm~ al sa- séquito, además del invitado para f!US fnnt!ralea: er~n los
lir del Colegio, dej6 una ca'!a con el exclus1yo obJeto de que comían en su casa, eran lof'lo hnérfanos y las v1u~as,
qua.la renta se ·empleara precisamente en b1zc~chos que que llorando, acompañaban hasta el sepulcro á su canta·
deberían distrib11iree todas las tarde~ á las mñ~s .de la tivo bienhechor.
eflcuela pública del Beaterio, al ealir Jel establec1m1ento.
A fines del afio último del siglo pasado, nacía ot.ro
1Qué grande era esa alma ocupándose de pequef'ieces de hombre admirable por su caridad para con los deegrac1ados y por el celo con qne se consagró ~l fomenti0 de la
estP género!
.
. .
Un ascendiente de la esttma\)le f~m1ha Palomar, er:' instrucción pública en el Estado de Jalteco1 era Don Ma~
amigo del ilustre prelaao, y conociendo su desprendi- nuel LópE&gt;z Cotilla. Quedó huérf1;\no de padre C?ando esmiento de cuanto poseía, al E'xtremo de que muchas ve tudiaba Filosofía en el SPminarm de GuadalaJara: esta
ce~ no tenía rO!Ja que ponerse, ac?stumbraba rE'galarle- circunstancia y la de haber perdido la mayor -parte de su
cada af'i.o entre otras \.-'rendas, vanas docenas de pafiue- fortuna en virtud de loa suceisos de 1810, o~as1onaron su
los de fido cambray: una vez 1 habiendo pasado pocos días salida 1el Seminario; sin embargo, en lo pr!vado se condel obsequio, fué á visit-ar!o: lo halló con un fuerte d.ol?r sagró al dibujo y al estudio de las Matemáticas.
de cab8za y que ésta la tenía amarrada con un andraJo
Su vida privada, era nn modelo por _su honradez, J:!Or
despreciable.
.
.
su condact3. para con sn madre, á qmen amaba apasto·
--¿Pero qué clase de t rapo tiene S. I. en la cabe'..a? le nadamente; por eu protección á los desvalidos y por su
preguntó.
.
desprendimiento, al f'xtremo de que poseyendo en ~s -Lo mismo aprieta esta pretma de calzones que cual• pafia un mayorazgo, hi.,.o de él 1~na ab~oluta donación
quiera. otra cosa, conteetó el Sr. A1calde.
de los frutos y de la prnpit&gt;dad al mmedta.to suces?r del
-¿P@ro loa pañuelos en dónde están?
.
vínculo remirciando hnóicanwnt,e á. las comod1dadee
-¡Ah! los pat'iuelos ...... pues ...... ya no recuerdo qu ien que pudo habn dif•frutado con aquella fortuna.
En 1835 fué no·nbrado regidor del Ayuntamiento co11
ee los llevó.
.
s,empre vivió así en la m=seria, s'3 puede dec1t, pues
sus pobres como él !'os llamaba (mis pobres), consumían
hasta el último centavo 11e sus sueldos, y esto que en esa
época eran muy respetables.
Mas tarde apareció el Sr. ~ura de ~ac_o~lco, D. M;anuel
Arteaga, quien en las _parro9-u1as q~es1rv16Jamás quiso co·
brar á. los pobres est1pend10 de nmguna clase, al extre•
mo de que cuando fué promovido!\ un asiento en el coro
de la catedral de Guadalajara, los vecino!tacomodados .d e
Zacoalco le facilitaron coche y recursos para hacer el viaje. Una nz en posesión de su elevado puesto, la_Cfarerúi
ó tesorería de aquel Cabildo, le h!zo un cor_to ant1c1po para comprar los muebles más premsoa del aJuar de su mo•
desta habitacion.
.
. .
Desde luego fué su casa e! punto de_ c1_ta de loa md1 ·
gentes, para los cua!es se disponían d1ariament~ abun•
dantes alimentos. Nuestró amado padre fué testigo una
vez de que á uno de tantos ancianos que comían en su
casa, le envió de la mesa un platillo especial q_ue se le
disponía por el mal estado de su dentadura.
-Señor, ¡por qoé manda usted su plato? le preguntó la
señora que hacía cabeza en la casa.
.
-He visto hoy á. un viejecito que como yo, no tiene
dientes, dijo el Sr. Arteaga.
·
-Es que ya no tenemos poyo para usted.
.
-Eso quiere decir, conteEtó, que mañana .s e d1~p_ondrá.
en mayor cantidad, para ese pobre queéegmrá. vm1endo,
y para mí.
Llegó hasta la dignidad de Dean, con aumento notable
de su sueldo¡ pero en esa proporción aumentó también
sus caridades ya entonces pagaba los lugares de algun?S
huérfanos en 'varios colegios, dió de a!ta en el refecto!lO
de Sll casa !\ nueuos indigentee y hacia otros beneficios
de importancia.
.
El Sr. Arteaga sostuvo la carrera del intelig~nte médico D. Jesús Castillo, que aun vive en Guadal8'.Jara gozando del aprecio y consideración. de aq?ella somedart: e.n la
&lt;:asa de su protector halló Cast1llo, mie_ntras ~ué estudian·
te, ropa, alimentos 1 libros y las cons1derac1ones de un
padre solicito.
LAS FIESTA..$ PRESIDENCIALES E~
Murió el Sr. Arteaga octogenario en 18481 tan pobre
todos conocen y que r..o intentaremos describir. Tiene ia

•

3¡5

EL MUNDO.

•
JAUSJO.-SALTO DE JOA...~ACATLL~.

�EL MUNDO.

376

13

DICIEJ\fBRE,

1896.

Los puestos estaban gráficamente clasificados y aparecían diseminados por los jardines tan variados en sufor·
ma como en sus adornos; pero sí tod~ los adornos estaban arregladoe con esa exquisita delicadeza que solamente p0see el bello sexo.
Los diarios han dado á. conocer durante la semana los
detalles pormenorizados de esta füista de la caridad y
nuestros lectores pueden formarse mejor idea con los fotograbados que hoy publicamos.
Las señoritas vestían los trajes peculiares á cada una
de las Provi11cias y la verdad es que había algunos verdaderamentP. lujosos y de much~ costo.
Lo más granado de la Colonia Española, mezclada con
su numerosa fracción comercial y· un gran número de
compatriotas nuestros, dieron esplendor á la fiesta.
Dignas de mención son las Sras. de Noriega, de Mijares, de Abarca de Hope, viuda de Moreno, de Ar.rutia,
de Roqueñí, de Sierra y Solaun de Onniso, Salas Puente,
de Quintana, de Torno, de Alvarez Díaz, de Do~al, de .
Vega y de Tanco, de Téllez, de Cabrera, de Borrego, y
Sritas. María y Lupe Noriega, Angela, Carlota y María
Barquín, Josefa Roqueiíí, Gabriela de Silva, Sritas. r ardo, Dfaz, Villa de Mora, Zayas, Antuflano, Isaei, Alcorta, Luna, Arroyo, Pontón, Villa, Pastor, Gay, Escandón,
Sobrino, Pefla. Farez, Herrera, Arcaraz, Abarca, Blan•
co, Romero, Hoppe y Meneson, y en general todo el gru•
po encantador, que con gracia y amabilidad desempefla•
ron eu tierna y delicada misión en honor de la caridad.

13 DrnrF.Jlrn R F:. 189R.

377

ELMUNDO.

. . ::r (;:'
v: &gt;'

Fué en li33 cuando obtuvieron los cultivadores en Francia, los primeros ananas.
8t1 consiguió hacerlos madurar en Veraallee, y Luis XV hizoservirloe en su mesa. En
los países cálidos se les prefiere á los mejores frutos de Europa; pero los ananas de
los rnvernaderos no pueden compararse con su perfume y sabor exquisito con los ananas de las indias.
E1 bajo el clima de fuego de los trópicos donde esos frutos se presentan en todo su
esplendor. Hay campos que contienen millares. Todos los sitios les convienen; se desarrollan en lugares escarpados; cerca de los arroyos ó al borde de las fuentes luce el
suave verdor de sus bojas y el suave fruto.
Este fruto facilita la digestión; se prepara con él una bebida espirituosa y espumosa, mezclando su corteza con agua y azúcar; se hace también una excelente ensalada, á la manera de las que se preparan con naranjas, con azúcar y licores fuertes. En loe
países donde el anana es muy abundante, se fabrica un vino por la fermentación de m
j11go; ese producto desconocido para nosotros puede rivalizar con los mejores vinos de
Eipaña por su fragancia y por sus propiedades tónicas: es muy parec'do al Malvaeia y
podría txpedirse en barricas ó en botellas; donde más se fabrica es en las Antillas, y
t!e vende á 2 francos 50 céntimos la botella.
Las largas hojas de anana, abundantes eR fibras blancas y muy fuertes se emplean
en los tt&gt;jidos de géneros delicadísimos, buscados por su brillo y su frescura. La Reunión recibe de la India esta fabricación ya en piezas, ya en pafiuelos. Los conocedores
en tl'jidos se sorprenden al verlos. Se hacen también líneas para la pesca y cuerdas
muy bólidas. Es sensible que la Europa no obtenga aún sino un escaso partido de una
planta tan rica de porvenir.
El aroma del anana es difícil de concentrar. es muy fugaz y se altera con facilidad.
En el J.enguaje de las flores tiene eeta planta el emblema de la perfección.
AGRICULTURA.
LAS SALES DE CAL EN LA Af,IMENTACIÓN DE LAS GALLINAS.

Medalla conmemorativa de La Paz.

LAS FIESTAS PRESIDEXCIALES E:!-. JALISCO.-PANORA)IA DE GUADALAJARA.

muertos, en gavetas, encargo que el entierro de mi cadáver sea en la tierra, es decir, un verdadero entierro.»
Pocos días después de su muerte «El Espejo,» periódi•
coque entonces se publicaba en Guadalajara, decía en
un artículo muy sentido: «El Sr. D. Manuel L. Cotilla
prestó muchos servicios á su patria y en lo particular á
sus semejantes. Prueba de ello es el sentimiento general
y ePpontáneo que ha causado su muerte: el duelo que
han manifestado los sujetos más distinguidos de todos
los colores políticos y el gran cortejo de dos ó tres mil
personas que acompañaron su cadarer hasta el cementerio de Santa Paula. Al depositar sns restos en el lugar
que se le tenía destinado, se oyeron varios sentimentales discursos sobre sus eminentes virtudes y relevantes
servicios, por varios ciudadanos preceptores, estando
presentes á 1a ceremonia una comisión del H. Congreso,
otra de la Junta Directiva de Estudios, otra del I. Ayuntamiento, el cuerpo de profesores de instrucción prima. ria de esta capital, un gran número de niños de todas las
escuelas municipales y particularee y gran parte de los
habitantes de esta ciudad que conocieron al Sr. Cotilla,
admiraron sus virtudes, palparon sus eminentes servicios y quisieron derramar una lágrima de gratitud, ante
el sepulcro de tan eeclarecido ciudadano. Si algún jalisciense merece llamarse benemérito de la patria, es el Sr.
D. Manuel López Cotilla; porque extraño á las disenciones políticas de los partidos, sólo se ocupó en los mejo•
res a~os de su vida, del bien de sus eemejantes.»
Un decreto de la legislatura del Estado, expedido el
mismo día, le declaró benemérito y dispuso que por tres
días llevaran luto por el ilustre finadc-, las autoridades y
demás emph¡ados civiles y militares de Ja::.l;;;is::.c.o~·~--Tal es Guadalajara, tales BUS inatitiícionea, tales sus
hombres eminentes. Baste esta leve reaefla para formarse una idea que sin duda mejorará cuando se contemplen
de cerca las supremas belle:t'as de la Atenas americana.
D. Dionisio Rodríguez fué otro hombre que prodigó
muchos bienes á Guadalajara.
_Fué rico y eeta circunstancia le proporcionó hacer el
bien en mayor escala.
Nació en Guadalajara el día 8 de Abril de 1810, y sus
pa~res se propusieron darle una esmerada educación re·
lig1osa.
Sus estudios los hizo en el Seminario, basta Filosofía,
pasando después á.·la Universidad, en cuyo plantel hizo
su carrera de abogado, obteniendo el título respectivo,
el 23 de Junio de 1835.
·
Nada era tan atractivo para el Sefior Rodríguez, como
el beneficio á la sociedad, y esto lo demostró de una manera elocuente con sus trabajos para conseguir que vinieran al país las Hermanas de la Caridad. Comenzó sus
gestiones en 1850, después de un viaje que hizo á Europa, en donde vió los beneficios que la humanidad desvalida recibía de aquellas admirables mujeres, y estas llegaron á Guadalajara en 1823, viendo el iniciador logrados
sus humanitarios deseos. •
•
Fundada~~ 1864 la !unta d~ Caridad, para atender
con más solicitud á la mstrucc1ón y beneficencia de la
nifiez, fué ~ombradc presidente el Señor Rodríguez, cuyo cargo desempeñó hasta su muerte.
Por fin murió1 como dejan la vida los hombres de al~a elev3:da, resignado con sus dolores y con la mirada
fi¡a en Dios, el día l ? de Mayo de 187i. Del Señor Rodríg~ez ee pueden decir aq~ellas palabras que la Iglesia dedica á les. confesores: «Bien aventurado el varón que es
hallado sm culpa y que no anda tras el oro, ni pone su
esperanz~ eu el dmero y en los tesoros. ¿Quién es éste,
y lo elog:aremo3? porque él ha hecho cosas admirables
en su vida.»
El mundv contemporaneo es un taller de mediocri•
dades.
Pattl Bourget.

LA ROMERIA ESPAÑOLA..

Pluma de Ave del Paraíso, empapada en tinta de oro,
sería necesario em pu fiar, para escribir con ella la cróni•
ca de la simpática. de la brillante fiesta organizada por
un selecto grupo de damas pertl'nPcientea á la Colonia
Espaflola radicada en la antigua capital del Icnperio Az·
teca.
El Sr. D. André~ Toriello fué el comisionado para dirigir el adorno, y á la verdad cumplió su cometido con
arte y gusto.
El Tívoli del Elíseo eetaba vestido de gala: pabellones
e~pañoles y mexicanos fraternalmente enlazados, festones de aromático cedro, flores á millares, lo mismo que
farolillos chinescos y venecianos que por la noche, con
sus variantes luces, daban mayor belleza á squel conjunto verdaderamente encantador.
~l Tívoli representaba á la Península Ibérica porque
allí estaban reunidas todas las Provincias que la forman
indicadas por sus escudos heráldicos respectivos.
El primero que al entrar al Tívoli se destacaba en lujosa cortina de peluche color oro viejo, era el León de
Castilla, que parecía sacudir orgulloso su encrespada me•
lena.

Los alimentos que se Puministran á las gallinas son generalmente insuficientes al
suministro de la cal que necesitan, sobre todo si están sometidas al régimen del galli
nero.
Por los análisis, sabemos que la cáscara de los huevos contiene gran cantidad de
carbona10 de cal, y por tanto cabe preguntar: ¿es en la forma de carbonato que precisa
modificar su alimentación?
E_n la naturaleza el calcáreo ó carbonat? es muy obundante, y las gallinas hacen
del 1msmo gran consumo cuando están en hbestad.
·
Y no obstante, no es indispensable q•1e la cal que se lee suministra, para que puedan producir la cáscara del huevo, sea precisamente en forma de carbonato, p11esto
que, como los molúsculos para secretar su cubierta y los crustáceos para formar su en voltori_o. poseen la facultad de fabricar el calcáreo, mientras la cal en cualquier forma
y el ácido carbónico loe tenga á su disposición.
Dudarfase de que la gallina fuese un químico muy hábil, y no obstante, es un hec~o c_omo lo ~n demostrado loF Sres. Irvine y \Voodhead, en las interesantes expenenc1ae publicadas en la Rel'!(e Scienti.fique, de las cuales vamos á hacer un resumen.
. _Una experiencia consistió en encerrar en un aposento, en el cual no había ni arena
m tierra, algunas gallinas y un galio. Cada ave recibió su correspondiente ración con
determin~d.a cantidad de ~gua destilada y una doús fija de sulfato de cal ó sea )'eso.
que se ad1c1onaba á los ahmento -. Por eRte método, se sabía con exactitud la cantidad
(8 ó 9 _centígramos) de carbonato de ca: introducid.i con los alimentos en el organismo
del ~mmal, carbonato que no hallaban ni en el agua ni en otra parte.
Se quería saber, si en estas condiciones, las aves conseguirían ~I carbonato de cal
del envoltorio de los huevos.

Vamos á referirá. grandes rasgos la historia de la medalla conmemorativa de lri Paz, que va á ser obsequiada
al Sr. Presidente de la República por los Estados de la
Federación.
La idea fué del Sr. Licenciado Melesio Parra, y comunicada á losseñoresGobernadorePde los Estados, laaceptaron con entusiasmo, ofreciendo al autor el contingente
que neoesario fuese para que ia ide.1 se llevara al terreno
de la práctica.
El Sr. Parra ha trabajado con verdadera constancia
hasta ver cumplidos sus deseos.
La medalla, cuyo grabado damos en el Jugar respectivo
ha sido grabada y acuñada por el artista mexicano D.
Eusebio Lezama. Es de oro macis.&gt; con Eólo anverso.
Será colocada la medalla en un estuche, al que irá
acompaflando una tarjeta de oro con la dedicatoria rea•
pectiva.
Tan valioea joya será entregada próximamente por una
gran comisión de Gobernadores de los Estados.
En tan solemne acto llevará la palabra para hacer la
entrega al Sr. Presidente el autor de la idea, Licencl,.do
Melesio Parra.1
El mal puede conducir al bien; sólo la necesidad no engendra más que la necedad.
Ibsen.
Es más facil arrepentirse que perdonar.

Jul,ea Lemaüre.

Vosotros habéis predicado el dogma aosurdo de la igualdad, quP. consiste, no en
elev~i:se _hasta los unos, sino en abatir 11. los otro5; y después hasta os admiráis y pre•
guntá1s rngenuamente: ¿Qué quiere la clase laboriosa? La clase laboriosa quiere simplemente no trabajar.
ALFONSO KABR.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES E\ ,TALISCO.-CATEDRAL DE GUADALAJARA.
De fotografía de Lupercio, para EL Mt'NDO.

CURIOSI DADES.
Las cinco vocales.
Encontrá~do~os hace algunos días en una reunión, un joven propuso á los circunstantes el que 1nd1casen alguna palabra que tuviese las cinco vocales.
Al principio.nadie podía dar solución al problema, y el joven se vió en el caso de
rPvelar sus conoCimientos en este género de entretenimientos, dando la palabra mur•·iélago como unica que poseía, todas las vocales.
Muy luego una sedorita dijo que hab(l!, otras con igual privilegio, y sucesivamente
1,e fueron nombrando por los presentes los vocablos siguientes:
Murciélago
Vulneración
Eufonía
Aceitul'.'o
Escu!l.lido
Estudiosa
Vituperación
Universitario
Emulación
Vinculaciones
Agr icultores
Duodécima
Publicaciones
Regulación
Feudalismo
Terapéutico
Buenos-Aires
Educación
Reva 1unación
Manuelito
Aureliano
Eucalipto
Evaluación
Deucalión
Neurología
Eulogia
Republicano
E L A.NA.NA,

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-HOSPITAL DE SAN MIGUEL DE BELEN.-T.&amp;ES SALAll.-Fotografla de Luperolo
para EL Mmmo.
•

El anana de hoy y el anana de otros tiempos; su descripción, variedades acHmatación y propiedades. Vino, hilo y tejidos de anana.
'
~I ~nana que ~bunda en los merca~osdePai:ís enciei:t,as épocasdelafío, se importa
-de d1strntas eolomas francesas. Con Cinco céntimos obtienen los niñot1 una tajada de
:mana, y se pnede comprar una muy regnlar por un franco; sin embargo hace tres
ó cuatro años que un anana de buena calidad costaba cien francos. Para eatÍefacer á su
esposa que_est.aba_ en cinta, el general !unot,. en esa época gobernador de París, ofreció
-en v:ino Vt&gt;mte lmse_a por unn anana: 1mpos1ble entonces procurárselo, ni aun por ese
prec10.-¡Qué cambio!
Se conocen detalles interesantes respecto á ese fruto justamente renombrado y
que pasa generalmente, por ser el mejor de! mundo.
'
Uomo vegetal el anana E:ª una planta vivaz, espinosa, de ~legante forma, sus hojas
largas, verdes, carnosas y sólidas, rodean un vástago que termrna en una espiga de flores
n_umerosas y violácea6, á las que suceden vainas tan apretadas que parecen no hacer
sino un sólo fruto. Es el tipo de la familia de las bromeliáceas.
El a~ana en su madurez es generalmente de un amarillo dorado· su carne es blan~a, a~anlla ó ro_sada, de un perfume y de un sabor exquisitos qu~ recuerda la fresa
da al 1!1-.ón. Su Jugo es muy refrescante, y posee todas las cualidades necesarias para
calmar las fiebres inflamatorias.
Se conocen algunas variedades dP ananas, de fruto rojo, blanco violeta y negro y
1) hay _que reune todos .esos colores. Hay una clase especial cuyo fruto es muy pequefio
•· n las 1sl_as de la Reumón; su carne es cuanto hay de más exquisito, tiene un gusto muy
llronnnciado á la uva moscatel.
. Para reproducir esta planta basta separar con cuidado el ramo de hojas verdes que
tiene el fruto y enterrarlo.
. Don. Gonzalo Hernández de Oviep.o, gobernador de Santo Domingo en 1535 fué
,quien hizo conocer este excelente frmo á loa botánicos de Europa.
'
Acosta nos hace saber que fné llevado de Sant&amp; Cruz á las Indias Occidentales y á
la Cliina. donde se conocía en 1518. Alg,mo~ autores afirman al contrario que esta
¡&gt;Jauta originaria de la Ind:a, ha sido importada á América.
'

LAS FIBSTAS PRE,II)E:S-CIALES E~ J ALISüO.-lGL"5L(DE:SAN Jon.

�378

EL:MUNDO.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.- TEATR0 DEGOLLADO.-Fotografia de Lupercio, para EL Mu1mo.

13

DICIEMBRE, 1896.

13

DICIEMRRE,

1896.

EL MUNDO.

LAS FIBSTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-H0SPIC!O CACA~A,.-FACHADA:PRINC;PAL.-Fotografla.de Lupercio, para EL Muimo.

LAS FmSTAS PRESIDENCIALES EN J ALISCO.-COSTADO SUR DE LA CATEDRAL y PLAZA DE Á.11.IIUS.- Fotogra.fía de Luperoio, para EL :Mmmo.
LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-.A.VENIDA. DE SAN Fl!.ANCISOO.-Fotografía de Lupereio, Pllffl,EL MONDO.

379

�13 DrcrnMBRE, 1896.
··' ~ º = = = = = - = = = = = = = - = = ~ ~ = : - = = = = =·= = - = e - = = ~
º80

EL MUNDO.

-¿Le has hahlado de mí?
-No hago otra coea de3de
por la mañana hasta la noche.
El atñorit-o Felipe por aquí, el
Bt'ñoritoFelipeporallit ¡Cuán~ siento-le he dicho cien veces--:,ul' haya tomado un ayuda de cámara! ¡Le servía yo
tan á gu~to!. .. ¡Ese sí que ee
un j,,ven simpático, _guap~ y
cti,tinguido!.. .... ¡ Y s1 supiera
Udted qué talento tiene!. .....
-Para mí, ha jurado no te•
ner otro marido que usted.:
-¿ Y cuándo podré verla?
-P,1séese usted esta tarde,
de tres á cuatro, entre el bou•
Jevard y la plaza Vendome,
junto á los números pares. La
señorita saldrá sola conmigo.
Felipe no pudo ocultar su
alegría y Pxclamó:
-¡Ah, Juana!.. .... ¡Me parece que la amo ya con delirio!
Por la tarde, Felipe, que había invertido una hora en vestirse, difcurría por la calle de
la Paz, por donde pasaron en
poco tiempo máe de veinte
mujeres parecidas á Juan!.
Al fin se presentó 11. donce•
l!a, en compañfa de 1~ más sonrosada y angelical cnatura que
Felipe había ,·isto en su vida.
Juana exclamó enton~es en
tono de sorpresa:
- Buenas tardes, señorito
Felipe.
La señorita sintió una emoción que trató de reprimir;
pero :l!'eli pe no dejó de Rotar
que se había puesto encarna•
da como la grana.
-Yeo, dijo Fdipe, que ha~
renunciado á servirá hombree
mios•
-Sí, señor. Ahora estoy en
casa de l\1adame z...... donde
me hallo pe1 f&lt;ctaruente, por•
que la s.ifinrita es muy buena
para mí. Y á propóaito, ¿no
quería usted mudarse de cuarto? Pues vi,nga usted á ver una
habitación que está para alquilarse en la casa donde vivimos.
-Y ei 111e con viene, ¿áquién
debo dirigirme'/
--A mi ~eñora, la madre de
la señorita que es la p, opietaria.
Felipe ee mudó al día siguiente, y las cosas ocurrieron
con arrr&gt;glo á todo cuanto Juana había previsto.
La doncel la sul'!le casará ve•
ces á su señorita como leparece y con quien se Je antoja.
¡Desdich11do del que inten•
te luchar con tamaña influencia!

tasado por su criada.

Cil'rtP- mafiana dijo F.-lipe á
"
su criada, en t'. 1110111t'11to en
que ésta le e11trab,1 e11 ;u cuarto una taza de té y lo~ perió·
dico~ del día:
-Juana, me fJstidio sobe·
ranamente. l'arl~ me aburre,
Trouville me ellv.,nena Y l\ló
naco me saca de quicio. ·No eé
dónde refugiarme. La soledad
me pesa y c.1sí todas las mnje
res de mi trato me inspiran
una repugnancia invencible.
Hace siete aiios que m,. ~ir·
ves y nadie m~j,)r que tú conoce mi caracter. Nunca he sido injusto 1ii cruel contigl) y
deseo que me contestes con
toda franqueza: ¿Qué harías
en mi lng,u?
Juana era una mujer de muy
buen sentido, que había veni·
do sola á !'arfe á los diecisiete
años, que babia sen,ido en varias casa~ antes de entrar al
eervicio de Felipe, á quien cuidaba con singular esmero y
que conocía la vida y la sociedad cual corresponde á una
doncella de 35 afio~.
•.-,-¿Qué harías en mi lugar?répitió Fdipe.
Juana se encogió de hombros y dijo ,1 ~n amo:
-Mecasa1í1.
-¿A los t1;,111ta y tres años?
-murmuró Fdipe.-Esdemasiado pronto.
-¿~o se considera usted capaz de amar?
-Amaría,- repuso Felipe,
después cie un instante de reflexión - á la mujer que me
obligara á acompafiarla á misa
los domingos. Y á estas fecha~
no he dado todavía con esa
mujer.
-Pues no hay más remedio
que el matrimonio-repuso
,Juana.
-¿Pero con quién quierPs
tú q11e me case? lle vivido
siempre en uua eociedad en
que jam¡ls ha puest-o su plan•
ta una mujer honrada, y esto
e'! un ob-t,ícuh para que yo
pueda carnnne con qnien pudiera con :en irme.
-Puee bi-•n, señorito-dijo
.Juana-yo le casaré á usted.
-¿Tú?
-Nece~ito tres meses de
tiempo. dn1ante los cuales
buecaré d • casa en casa un
buen par ti 111, y cuando lo en•
cuentre, me encargaré dd arreglar el asunte.
Felipe abrió desmesurada•
mente los oj&lt;Js y ~xclamó con
AuRE!.lANO ScIIOLL.
entusiasmo:
LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-JARDIN PORFIRIO Duz y PALACIO P'ED1!BAL.-Fotograf1a de Lupercio, para EL:MuNDO•
-Tienes razón, Juana. Sólo
tú p~edes abrir e_se cal_lejón sin paJid~ y serv~r de tema á
Juana no permanecía ~ás all_á de dos días en una caSi hay una edad en que las palabras agrandan nuestras
un hbro qne pnd1er11 titularse: De lainjluenci.a de las don• ea, bastándolt: este espacio de tiempo para conocer á las eensaciones hay una en que las disminuyen.
cellas de labor en el siglo XIX.
personas á qurnnes trataba.
'
Mi l
Al cabo de ocho días, presentóse Juana en el domiciUn día ee presentó radiante de gozo en el_ domicilio de
Hector a ot.
lio de su amo.
Felipe.
-lle een-idn ya en dos casas y no he encontrado na-Ya poseo el tesoro que apetecemos-dijo á su amo.
Las cancione~ de mesa son hechas algunas vecer por
da aprovechable.
-Es un angel, pnro como un manantial, hermoso como
-Díme. ,J 11ana, ¿y si no te salieras con la tuya?
un corazón, dieciocho aflos y trescientos mil francos de babedores de agua, y los epígramas contra el matrimonio
-Pierda ustrd cuidado, seflorito. La cos11. es larga y d?t~. Con eso, y con lo que á usted le queda, hay para por maridos muy buenos.
difícil, pero al fin triunfaremos en toda la línea.
v1v1r muy decentemente.
G. M. Valtour.

CEll&amp;l&lt;,.ERIO :'.\ll'NlCJPAL.-Fotogra!ia de Lup~rcio, para EL :Mt;NDO.

13

DIOIEMBJ.tE,

1896.

1-.

381 ....

EL MUNDO.
palidece cuando un hombre
de frazada se acerca y la llama; no le habla, le pregunta
con loe ojos señalando el
ataúd azul.
-Sí, es ella, mi hija, ella;
sí, se murió.
El canalla mueve la cabeza, y se rasca haciendo un
gesto indefinible, la atrae,
finge que va á llorar y la
abraza en presencia de it&gt;dos
cuando el wagón negro, de
cruz blanca, el wagón mu•
nici;pal comienza á tragar car
ne de pobres, que no tienen
para pagar un entierro, y ahí
va también el cajoncito azul,
sobre el ataúd de la beata
que'murió de insuficiencia
mitral, ahí va mientras ellos
se reconcilian, mientras se
oprimen las manos con
monstruoso afecto; ahí va
la pobre Gualupita sola y
sin flores, mientras el déspo·
ta arraetra á la madre que lo
sigue con el fatalismo animal del bruto golpeado, que
lame la mano que lo hiere.
M1caós.
_,,
Don Juan la ,,e pasar y
murmura: «¡Imposible!»
Los mendigos roban á los
pobres.
Byron.

.......-

ENTIERRO DE POBRES.
El sol como un espejo ustorio de cobre deslumbrador
-calcina las calles solitarias, iriza las burbujas del charco,
esferas de cristal donde se elaboran gérmenes de fiebre;
~l empedrado tiene facetas de onix, las moscas en nube
negra se abaten en una infeliz rata triturada por las rue•
-das de un carro, y á la sombra del alto paredón húmedo
y fungoso de no sé qué fábrica monacal, van llegando
poco á poco ........ .
Primero son tres artesanos de guedejas ensortijadas
11obre la frente y martillo 6 formón al cinto; uno sudando
·como una vasija de agua, otro lívido, con la lividez cadavérica de los tísicos cansados, el último llevando todavía en loa escoriados párpados laa huellas del velorio.
,¿Qué más pueden hacer? conducen á cuestas el cadáver
de un compañero de parranda, de un hombre elástico é
inquebrantable, que resistió todas las faces del alcoholis•
mo sin una protesta ni nna apostasía. Dejan el ataúd
de madera blanca al borde de la banqueta, se secan el
sudor y lanzan una piedra á un perro vagabundo que ee
detieneá oler las junturas de ese lecho de r.obre.
En seguida, y desembocando por el norte, chispea la
caja salpicada de marmaja, conducida por cargadores de
número y seguida por dos señoras de negro, que se enju:gan les ojos: la sobrir,a y la criada de una buena devota
que murió ¿de qué murió? de insuficiencia mitral; después, es la hora de la cita y hay que tomar lugar, una caravana de indígenas escolta, ya no un cajón de tablas
viejas, ya no una caja de madera blanca, sino un miserable envoltorio de esteras y trapos con pretensión de
angarillas, un lío que apesta. un muerto que no tuvo ni
la cal ni el sudario, y siguen llegando los grupos, sigue
poblando el empedrado un nuevo desfile de dolientes con
'flores baratas y secas; las mujeres lloran y pelan naranjas, los hombres fuman ciganos, lloran loa nifios de pe-cho y los de mayor edad rodean, husmean, espían des-confiados á ese infeliz viejo cuya caja no pudo cerrarse
bien y deja asomar un pie rígido y violado. No saben
1o que es la muerte, pero sieriten un miedo nocturno, el
miedo que sigue á los cuentos de aparecidos, pálidos,
pálidos, con ojos de lumbre. Pero ninguno me impresiona como esa mujer que viene sola, esa infeliz mujer es·caldada por las lágrimas, la que ~e abandona á una desesperación de enagenada y con ropas y cabellera desordenadas de bacante, grita, abulia, se bebe dos e:ruesos hilos de lágrimas. y el eollozo y la imprecación ee atrope•
llan en los lábios vibrantes de dolor, y lleva como una
cosa delicada, como una caja de violín, como un bulto
casi, el ataúd pequeflo, el ataúd azul, el ataúd de loa ni·ñoe.
Pobrecita, llega tan mal á la calleja triste, que dos 6
tres oficiosos la c:msuelan sin oono~erla dos ó tres mujeres que le ofrecen el trago de no ~é qué bebida, oculta
bajo los delantales, en una vasija de barro, le dan un gaio de naranja y le advierten que no es bueno llorar en el
;aire. .Agradecida, y con lenguaje incohereute, con esa
verbosidad que es una forma de locura efímera en los
grandes dolores, cuenta en voz alta, lo más alta que puede, sus desventuras, como si cansando sus pulmones
aminorara la deeesperación; cuenta que fué seducida,
cuenta que sus ganancias de planchadora de camisas de
.hombre las entregó al mismo que le produjo la c:catriz
de la sien, con un cincel de cantero y que no se quejó á
la justicia; cuenta que él bebe ruucho; cuenta que al !"l·
cer la niña, la niña que sa llamaba Guadalupe, la mña
que está ahí muerta ( paroxismo de ternura) muerta para no volverla á ver nunca, nunca; él, el hombre causa
de todo, la engafiaba; pero la sonrisa de la chiquita, sus
.primeras pitlabras, su3 gateos, como que la consolaban
del desvío; y el amor de eea inocente, que es angel á es'liae horas, lo volvió bueno, lo volvió un pooo menos vi-ci&lt;Eo, un poco más trabajador; ¡pero ese vicio! ¡ese vicio!
la golpea, la insulta, la roba, ¡y qué_ desgracia es ser mujer, todo se lo perdona, porque se dJTía que el moretón
del golpe ea un signo de pertenencia sobre la carne femenina, blanca ó negra, pero siempre esclava! Y súbito

No insultes el pudor en mi presencia
porque sabes.reír con inocencia;
porque si no mi intrépida mirada
tt&gt; dejará clavada
en !a trémula cruz de tu conciencia.

~

ÜAM::é'OAlllOR.

ADRIAN.A..
Dejé caer el periódico, exclamando con sorpresa dolorosa:
-¡Pero esa pobre .A.driana! Morirae así, del corazón,
casi de repente...... ¡Nadie sabía que padeciera tal enfermedad!
-Yo sí lo sabía-declaró el vizconde de Tresmes,-y
aun sabía más: sabía cuándo y cómo adquirió el padecí•
miento, y es cosa curiosa.
-Entért.noe usted-suplicamos todos; y el vizconde,
que rabiaba siempre por enterar, nos contó la historia
siguiente:
Adriana Carvajal, casada con Pedro Gomara, vivía dichosísima. Los esposos reunían cuanto se requiere para
obtener la felicidad posible en el mundo: salud y amor,
juventud y dinero, que son la salsa ó condimento de los
dos primeros platos, sin él desabridos y amargos á veces.
Faltábales, sin embargo, un heredero, un niflo en quien
mirarse; pero la suerte no había de mostrarse avara en
1&gt;sto, y les envió por fin el rapaz más lindo que pudo sofiar la fantasía de una madre, apasionada y loca ya desde antes de la maternidad, como era Adriana. Al nacer
el chico (á quien pusieron por nombre Ventura, en señal de la que les prometía su nacimiento) Adriana estuvo en grave peligro, y el doctor dedaró que no volvería
á tener sucesión. El delirio con que marido y mujer ama•
ban á su Venturita, fué causa deque oyesen complacidos
el vaticinio del doctor. ¡ Un solo hijo, y todo para él!
¡ Adriana libre ya por siempre de riesgos y trabajos! Tan•
to mejor...... y á vivir y á cuidar el retofio.
Este se crió hermoso y lozano como una rosa. Yo que
no soy nada aficionado á chicos-advirtió sonriendo el
vizconde de Tresmea,-confieso que aquel me hacía muchísima gracia. Aparte ds su lindeza-parecía uno de los
angelitos que pinta Murillo, morenos y de pelo obscuro,
-tenía un no sé qué simpático, una mezcla de inocencia y de picardía, una risa tan fresca, unas accione~ tan
imprevistas y tan originales, unaprecocidad-peronode
esas precocidades empalagosas de chiquillo Fabio y serio
que me revientan. sino la precocidad de un diablillo con
el ingenio celeetial,-que vamos, no había remedio, más
que llevarle j11guetes y dulces, por el gubto de sentarle
un rato sobre las rodi1Ja9.
De la cbifladu!'a de sus padres sería inútil hablar, porque ustedes lo adivinan. Estaban chochitos: no conocían
otro Dios que el tal muñeco. Adriana no se habf,. apar•
tado un instante de su cuna, vigilando á la nodriza,
arrebatándola el pequeño así que acababa de mamar,
vistiéndole. desnudándole, baiiánrlole y guardándole el
sueflo...... Y así que empezó á i'--'teresarse por el mundo
exterior, á tender las manitas y á pedir tochas, lea faltó
tiempo para darle cuanto deseaba y mil objetos más, que
ni se le ocurrían ni podían ocurrírsele. La hermosa casa
antigua con jardín que habitaban 1011 Gomara se llenó de
cachivaches. ¡Y bichos! El arca de Noé. Los caballos de
cartón andaban mezclados con loa pájaros vivos; sobre
un ferrocarril mecánico veríais un pulcro galguito de
carne y hueso; el coche tirado por carneros era abando•
nado por una gran caja de soldados autómatas, que hacían el ejercicio...... Crea usted que derrochaban dinero
en semejantes chucherías, y yo J., dije alguna vez á Adria•
na, porque tenia confianza con ella:
-Hija, estais malcriando á este pequeñín ..... .
-Déjale que ee divierta ahora, me contestaba; dema•
aiado rabiará algún dia...... Ojalá pueda ofrecerle siempre lo que le baga dichoso.

El repertorio de los juguetes y sorpresas se agota pron •

to y no sabía ya Adriana qué tlueva emoción dará Ven·

tu~a cuando el cocinero de la casa, que había andado
emb~rcado diez afioa, y conservaba amigotes en todas 18;6
regiones del planeta se descolgó un día regalando al chico un mono. Soy p~o inteligente en Historia Natural1 Y
no me pidan ustedes que clasifique la alimaña; sólo lee
diré que ni era de esos monazos indecorosos y feroces,
que nadie se atreve á tener en las casas, como el 0!3ngután, ni tamp~co de esos titíes engurruminados y frioleros
que se pasan la vida tiritando entre algodón oo rama. .
Más bien era grande que pequeñito; tenía el pela¡e
gris verdoso, y pj hocico de un rojo mate, como el del
hierro o:x:idado; veíase queeetabaen us juventud y fuerza,
y aunque goloso y travieso como toda la gente de su cas,
ta, no era maligno. Inteli,,ente é imitador en sumo _grad':l, no podía hacerse delante de él cosa que no p~rodiasey su agilidad y presteza nos divertían muchísimo; era
cosa de risa verle fingir que fregaba platos ó que rayaba
pan en la cocina; y saltar sobre el lomo de los caballos
para ayudar al lacayo en sus faenas de limpieza.
A pesar de la índole relativamente benigna del mono,
su inquietud y su vivacidad obligaban á tenerlo preso en
una caseta con fuerte cadenilla porque ya dos veces se
había escapado á corretear por árboles y chimeneas;
cuando se le soltaba había que vigilarle, y á Venturita,
que acababa de cumplir loé tres años y que idolatraba en
el mono, era preciso guardarlo también para que no desatase la cadenilla, pues lo hacía con habilidad singular,
U na tarde que había almorzado yo en casa de Gomara
y estábamos tomando café en un cenador del jardín-me
acuerdo como si fuese ahora mismo, porque hay cosas
que impresionan aunque uno no quiera-vimos cruzar co•
mo un rayo al mono; tan como un rayo, que más bien lo
adivinamos que lo vimos. «Adios, ya se ha escapado ese
maldito de cocer» dijo Pedro Gomara levantándose; y,
.Adriana, con sobresalto instintivo, lo primero que exclamó fué «¿dónde estará Ventura.» «Ese lo habrá soltado,
de fijo» respondió Pe1ro que frunció el entrecejo ligeramente. En el mismo instante resonó un agudo chillido
de mujer; un chillido que revelaba tal espanto, que nos
heló la sangre, y voces de hombre, las voces de los criados que nos servían y que corrían hacia el cenador cla•
mando con angustia: «señorito, sefioritos, nos obligaron á
precipitarnos fuera. Adriana nos siguió sin decir palabra: grupo, formado por los sirvieJtes y la desesperada
nifiera, nos rodeó, señalando hacia el tejado de la casa y
allí, al borde de la última de las tejas, sentado en el con·
dueto de zinc que recogía las aguas de lluvia, estaba el
mono ~on el niño en brazos.
,El padre, con ademanes de loco, iba á precipitarse al
zaguárr para subir á las guardillas y salir al tejado; yo pedía ya una escalera pacra intentar el desatino de subir por
ella á la formidable altura de tres pisos, cuando Adriana, muy pálida-¡qué palidez la suya, Dioa!.:..y con los
ojos casi fuera de las órbitas, nos contuvo, murmurando
en voz sorda y cavernosa, una voz que sonaba como si
pásase al través de pasos húmedos.
-Por la Virgen....... quietos...... todos quietoe...... no
se mueva nadie....... Y silencio. no chillar....... no chillar...... hagan como yo...... Quietos ...... ~i le asustamos
lo tira..... .
Sentimos instantáneamente que tenía razón la madre,
y quedamos lo mismo que estátuas. Era el mayor absurdo que intentásemos luchar en agilidad y en vigor, so•
bre un tejado, con un mono. Antt!B qu-i nos acercásemos
estaría al otro extremo del tejado y ei niño estrellado en
el pavimento.
Era preciso jugar aquella horrible partida; aguardar á
que el mono, poreu libre voluntad, se bajase con el niño.
Yo miraba á. Adriana: eu palide1;, por instantes, se convertía en un color azulado, pero no pestañeaba. El mono
nos hacía gestos y muecas estrafalarias, apretando y zarandeando á su presa, y de improviso se oyó distintamen•
te el llanto de la criatura, llamo amarguísimo, de teror;
sin duda acababa de sentir que estaba en peligro, aunque
no le pudiese comprender claramente. La madre tembló
con todo su cuerpo, y el padre, inclinándose hacia oií,
sollozó estas palabras:
-Trésmes, usted que es buen tirador...... Una bala en
la cabeza...... Voy por la carabina.
Idea sin pies ni cabeza, porque aun siendo yo un Guillermo Tell, al matar al mono hacíamos caer al niño; pero no tuve tiempo de negarme; intervino Adri•na con
un n6 tan enérgico, que su marido se mordió los puf!.os...
Y la madre, terriblewen1'e serena, añadió en seguida:
-Si le miramos nunca bajará...... Hay que retirarse .. .
Hay que esconderse qu,e no nos vea.
Nos recogimos al cenador, desgarramos la pared de enredaderas, y desde allí como se pudo espiamos al enemigo. ¿Les estremece á ustedes la eituación? ¡Pues estremé1.canse rnáb? Duró veinte minutof. Sí, 103 conté por
mi rt!loj. Eu esos veinte minutos el mono depositó al nii'io en el tej'ldo, le acarició como hal,fa visto hacer á la
niñera, le obligó á pasear cogido de la mano, le aupó sobre la chimenea y le llevó á cuestas, á caballito-un aainete que en otra ocasión nos haría desternillarno».-Durante esos veinte minutos, Pedro anhelaba; á Adriana no
se la oía ni respirar. Por fin, el mono miró hacia abajo,
hizo varios visajes, y cogiendo á Ventura, ee descolgó
rápidamente como un fumámbulo sin cuerda, al jardín ...
Entonces salimos con explosión todos-todós, menos la
madre, que había caído redonda-y el animal, asustado,
soltó al chico ileso y se refugió en su caseta ..... .
. Aquella tarde Adriana sufrió dos sangrías, que no sacaron más que gotas negras, y desde .entonces padeció
aet corazón. Pr.recía que se había repuesto mucho en estos últimos años, pero ¡babi la herida era mortal, y ella
no lo ignoraba......
.
-¿Y qué fné del mono?-preguntamos como chiquillos.
-Tuve yq que pegarle el tiro ...... ¡Si viesen ustedes.
que me daba lástima!-repuso el vizconde.
E.mLIA PARDO BA.ZÁN.

�•

EL:MUNDO.

382

LA

13

DICIEMBRE,

1896.

J.NUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 8.-Véanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.

,.,. Con frecuencia me he echado en cara, desde que
usted me visita haber contribuido ii retener~e en la
inacción. Usted :i.o es á propósito para nuestras peque•
nas intrigas sociales, porque vale usted más que a~uellos
con quienes tendría que luchar. Lo que ha sucedido no
es cosa nueva. Yo tengo por ust;ed una sincera amistad
que nunca será. desmentida. _Si usted, por_ ~u parte, ha
forzado un poco la_ dosis de s1mp_atía perm1t1da, confiese
quejamlie le he estimulado con w1 coqueter_fa· No le ~cuso
por ello, siu embargo, porque u~ bom~naJe, aun s1en40
excesivo, que viene de usted, tiene e1emp~e _e11 precio
para uua mujer que sabe lo que vale el sent1m1ento. DeJJJ0 usted pue'B la mano; mCreme de frente, y dígame
que me ~rdon~ la pequeii!\ herida que me he visto obligada á. roducirle.
Rede levantó la frente, dió á la condesa una ma1:10
que temblaba demasiado para ser la de un soldado, y sm
atreverse casi á mirarla, balbuceó algunaa vagas p_alabras
y se pronunció en una retirada que no se parec_1ó á. las
que para gloria suya había operado ante_ el enemigo.
VII

1

'

U na tarde á. eso de las eeis, salía Eliphas de una c~a
de la calle del Cuatro de Septiembre, de visitar por sí
mismo á. una familia de pobres vergonzantes que la se·
fiora Mossler le había recomendado, cuando vió que una
obrera encantadora que iba delante de él, subía vivamente en un coche de casino que estaba parado en la esquina de la calle de Luis el_ Grande. Miró m_aquinalmente al interior del coche y vió con estupefacción al conde
de Contras que estrechaba la mano de la joven. En el
mismo momento, el ca:chero fustigó al caballo y el coche
se alejó en dirección de la Bolsa.
Encontrará Valentín corriendo aventuras no era para
asombrar extraordinariamente al Sef\or Eliphas. Pero
aorprenderle con aquella chicuela de tan ínfima condición era. una novedad. Hasta entonces no le había conocido más que queridas de cierta clase, pero la sociedad
le impulsaba, sin duda, á. descender, y def!pués delos encajes y los perfumes de!icad.(?S, caía en el p~rcal y en el
almizcle adulterado, Sin deJar de andar, Ehphas.,pensaba todas estas coeas con una cuidadosa conmisceración
hacia eu antigua amiga. Hacía ya tiempo había previsto
que Contras, no contento con entregarse á todo género
de extravagancias, acabaría por cometer faltas que acarrearían graves consecuencias; pero, impotente para corregirle, estaba decidido á evitar á la Sefioca Moseler In
pena de conocer las locu~as de yalentín: De una vez para siempre había renunciado á mtervemr en los asuntos
d.el conde, más_ que en lo que pudieran referirse á Fede•
rico y á. su muJer.
Hacía muchos meeee le tenía muy inquieto la actitud
del cond~ respecto de Celina. La había encontrado al
principio poco conv~niente y deopués C0':1;1prometed'?ra,
y si no hubiera tevudo atornl:en~ar. á. su h1Jo, le ~ub1era
aconsejado que moder11.se la mtimidad de su muier con
el conde de 0outras. Pero tenía una gran confianza en
la honradez de su nuera y veín diariamente cosas tan
asombrosas en la mejor sociedad, que los manejos de Valentfn podían pasar por inocPntes. Lo único que agrava•
ba la situación E"ra la inmoralidad notoria del personaje.
A simple vista, Eliphas se sentía inclinado á juzgar malas todas las intenciones que aquel pudiera tener. Estaba, pues, aler!,a po_r naturaleza, por experiencia, y tení~
siempre los OJOS fiJOS en lo que ocurría en torno de Cehna. Hubiera podido descansar, por el momento, de su
vigilancia, viendo al conde ocupado por distinta parte,
pero esto no era, á. su entender, suficiente razón para tener confian a, pues para un diletta.nU como el conde, los
contrastes, aun los más acentuados, debían ser muy estimulantes.
La casualidad proporc!onó, sin embargo, al ministro
de la Caridad nuevas pruebae de que Valentín permanecía d1strs(lo con su obrerita. Uno de los agentes deetina(los á descubrir los infortunios ocultos que Eliphas se
complacía en socorrer delicadamente, le contó un día
que se hab(a encontrado de manos á boca oon el conde
de Coutras junto al número 26 U.e la calle de Ramey, en
una de cuyas aceras se paseaba sobre un barro infecto.
A los pocos momentos nna J!reciosa muchacb.a, sin nada
en la cabeza y con delantal negro de obrera, salió á la calle y con muchas precauciones. se reunió con el conde.
Pe~ no había empezado á hablar con él, cuando salió
bruscamente un hombre de un café y con espantosas injurias, abofeteó á. 1~ muchacha que, roja y_ llorando, se
metió en la casa, mientras se producía un v10lento altercado entre aquel hombre y el Se.fior conde de Contrae.
El asunto no duró, por lo demá.e, ni diez segundos, pues
el conde, de un magistral pu.fietazo, echó á. rodar á. su
adversario por el arroyo. El hombre se levantó penosa~
mente y aoompafió la retirad&amp; del Sefl.or de Contras con
amenazas de muerte.
Elipbaa mandó á su emt&gt;leado que guardase un silencio abRoluto eobre este incidente y apuntó con todo cui•
dado el número de la casa y el nombre de la calle. Aquella tarde comió encasa de la Seo.ora Mossler, con sus
hijos, y disfrutó del interesante espectáculo de la entrada del conde de Cout.ras que acompai'i.aba á. su mujer,
irsnquilo, sonriente, sin preocupaciones.
Por primera vez en su vida, el prudente Eliphas pensó
que acaso, en las diveraas perip~ias que ofrece la vida
de un libertino pudiera haber un interés violento. Comparó la existencia tan recta, tan tranquila da su hijo, con
el tempestuoso y devorador destino del con•te y pensó
que el hombre de mundo aventurero vive más que el pacífico padre de familia. Pero entre vivir mucho y vivir
bien 1 qué era preferible? En esto no tuvo dudas y sus

Después de estas palabras, dichas con sincera emoción:.
invariabld principios le dieron en seguida una resel Coront!I saludó á. la seflora .Mosaler, no queriendo darpuesta.
Sin embargo, sorprendió en. sf ~ismo~ durante una ho- le tiempo para replio3:r, y atra\•esandoel salón, fu~.A re?-ra, una benevolencia extra.ordinaria hacia Valentfn. Pen- nirae con el Señor Ehphas que hablaba con su hiJo, sin
só que acru:o no era enteramente ~ponsable de sus dejar de observar á. Valentín. Este, inclinado hacia la.
faltas teniendo en cuenta la herencia, las costumbres, mujer de Federico, había encontrado medio para aislarse
la edhcación, el temperamento, y estuvo t~nt~d? por con ella, en medio de veinte personas, y de obligarla :t.
considerar al joven conde como uno de esos rndiv1duos escucharle, i.o sin resistencia por parte de la joven, cuya
sonrisa, m1i"scara de su impaciencia,. se 3:venía mal co~
dela 1"31,a felina, in!tintivamente feroces, que la naturaleza ha creado para la destrucción de las razas inofen- la palidez de su semblante y con Ja rnqwetud de su m1•
rada.
sivas.
•
·
-El mes que vieno me voy á Niza, decía el conde, y
Una maniobra ~e Vale:1tín.
~ara ac~rcarse ál a ~uJer
de Federico cambió la&amp; d1spos1c1onf:la del Señor Ehphas. desde allí me embarcará en mi buque para irá Egipto.
Al ver al hombre que se había batido á. puñetazos en la Debería usted venir, con 1u marido, q11e según dice, tiene intereses importantes en Alejandría. Le dejaríamos
calle de Ramey, aquella misma mañana, inclinado s~bre allí
y nosotros remontaríamos el Nilo hasta la segunda
el respaldo de un sofá para hablar más de ~erca á. Cel!na,
el viejo puritano sintio evaporarse toda su mdulge~c1a y catarata. A mi mujer le gustaría mucho que fuese usted
ella.
no pensó eino en observar á. aquel galán cuya pehgrosa con
-La condesa no va á Egipto. Me ha cticho que este inactividad conocía. Pero ¿qné podía la sagacidad de Elise quedará en Paría.
phas contra la astucia de Valentfn? Aquella luc!1a era vierno
-Razón rle má.e para que acepte usted mi proposición.
muy desigual. La Sefiora Mossler, quec~nocíam~Jorqu_e Eso
decidiría á J,;nriqueta.
su amigo lo que se podía temer de su h90 adoptivo,. di-Cualquiera diría 4.ue desea usted llevarla.
rigió bacía la ~~nora de _Cl eD?ent sus miradas perepica•
-Seguramenta, si con su presencia consigo la de usted.
ces con mul d1s1mulada mqu1etud. Estaba ya COD?,O so·
-Renuncie usted á semejante cosa.
bre ascuas cuando veía al conde acercai:se á. la Joven,
-Entonces ·se acabó mi viaje. No le emprendía más
porque le parecía que en aquella pereecur1ón tenaz, des· que
por usted. Hubiera sido tan dichoso teniéndola á.
pués de sus advertencias y á. pesar de sus ruegos, había
mi lado, íntimamente, durante algunas se~anasl :····· Bann ultraje á todo cuanto había respetable en ella y alrejo aquel cielo nuevo, en aquel cuadro imprevisto, las
dedor de ella.
.
.
La llegada del coronel Redel dis~raJ? á. la anciana de ideas de usted hubieran, acaso, cambiado, y me hubiera
con más indulgencia.
su vigilancia. La Señora Moseler 1~ v1ó tan ~ombrío Y tratado
-No ea probable. Y en todo caso hubiera sido ir muy
preocupado, que impulsada po~ el smcero canfio que le lejos
para tener esa seguridad ..... .
profesaba le preguntó en aegmda:
-No pido más que int.eotar la experiencia más de cerca.
-¿Qué '1e sucede á. usted, amigo mio? No tiene. usted
Celina bajó la cabeza cou cansancio.
su :fisonomía habitual. ¿Le ocurre alguna contrariedad?
-Pero, conde, sea usted generoso; ahórreme usted esas.
-Mas aún, una verdadera pena. Abandono París para continuas
alusiones á un asunto que me es muy penono vol ver más.
so ...... Usted ve que no tiene nada que esperar de sus t.Pn-Pero ¿por qué?
. .
Tenga la delicadeza de no encarnizarse. MeApenas hecha la Señora Mossler se arrepmt1ó de su tati\•as .......usted,
me tortura ....... Tenga piedad de mí.
pregunta. Pero ~ra ya tarde y la explicación que exigía a.tormenta
Al decir estas palabras1 Celina tenía lágrimas en los.
le fué dada dolorosamente por Redel.
• Parece, dijo con sonriea contraida, gue me ha juzga• ojos.
Valentín no se conmovió y feroz en su sensual egoiedo usted peligroso. No me lo esperaba c1ert.amente, pero
mo, dijo:
la vida tiene esas sorpresas. Un hombre como yo debía,
-¿Por qué lucha usted?....... No soy yo, es usted missin embargo, no ser considerado como un galanteado~ de
ma quien se atormenta.
oficio· as( lo creia al menos, pero veo que me hacía 1lu·
tengo, entonces, el derecho de rechazarle? Ten·
sione~. Se me tiene por peligroso, y es preciso que me ga-¿No
usted cuidado de no obligarme á tomar un partide exaleje. Me alejaré, pues, pero confieso que esto me parece tremo
..... .
muy duro.
•
-¿Y qué puede usted hacer?
Al ver que Enriqueta babia seguido sus conseJos, 1a
-Decírselo á mi marido.
Señor.1 Mossler no se sintió tampoco muy segura de sus
Con irónica mirada Valentín le señaló á Federico que,
derechos. Como aquella, asoció en su pensa~ien~o al
leal Redel con el falso Valentfn y ee preguntó Bl era Justo encorvado con su alta eetatura, escuchaba con atención
lo que su padre le estaba diciendo. Celina vió tan claraafligir al uno para complace! al otro. ¿Ten.ta el conde ne•
mente le ineficac=a del socorro que podía esperar de aqnelcesidad de que se le protegiera? ¿No hab1a, realmente,
buen hombre de apariencia inofensiva; midió tan porun poco de ironía e~ defender .á aq~el seductor de profe·
sión contra tan tímido y cándido rival? Redel compren- completo la diferencia qne existía entre el marido, entredía muy bien lo ridículo de la oposición que se b hacía; gado á. sus negocios, y el amante, entregado á. sus cappia.si lo indicaba su protesta A la señora de M?saler, y ésta cbos, que se escapó de sus labios un suspiro de desaliento.
empezaba á sentir haber turbado loa tranquuos goces del Pero de no encontrarse defondida no se deducía que tuviera que abandonarse. Echó una mirada de desesperacoronel.
hacia el grupo en que estaba su marido. Fedrico,
-Conviene, dijo, no exagerar ni dará las cosas colores ción
abstraído con el Ssilor Eliobas,·no sorprendió la llamada
trágicos ...... ¿Para qué se va usted?
de su mujer.
-¡Oh! Porque así lo quiero! .Al menos, mis penas v~n- angustiosa
-¿Ve usted como la comprende? dijo en tono de burla.
drá.n en provecho de mi carrera. No me encuentro bien Valeotín.
cándida es u~ted al guardarse para un
paseando las calles de París tan sólo por el g11st? _de la homb1e queBuena
le hace tan poco caso.
vida civil. Desde el momento en que no pueda visitar á.
-Me guardaré para mf mi::11na.
usted y á la Sen.ora de Coutras libre y f~miliaimente ~o-¡Clláota dicha perdida!
mo haeta aquí, me aburriré hasta monr y será. preciso
Celina hizo un movimiento para levantarse, no viendo
que me vaya.
.
.
No:usaba ciertamente precauc1qnes para d1sfra;,;;ar su más que este medio para cortar la conversación, y buscó•
pentamiento. Iba derecho á. su obJeto y la p_ureza de sus vagamente á. su alrededor alguien que le sirviera de pre•
texto para dejar aquel sitio. Sus ojos se encontraron con
sentimientos no resultaba por eso menos evidente ...
los de Redel que, apoyadv en la puerta, escuchaba die•
-En un mundo, prosiguió, en que todo es perm1t1do,
en que toñ.o se sufre se excusa y se apruebs 1 bast.a los traído la conversación de negocios del padre y el lujo. Sin
actos más reprochabl~s, n;, hay aevéridad más que para duda fué muy elocuente aque:la mirada, porque el Coroun pobre diablo de soldado que ama ~petuosament~ á nel, sin vacilar, se ad~lantó hacia la joven y dijo incli•
una mujer de virtud perfecta.. Es preciso que me sacrifi- ná.ndose ante ella:
-¿Me llama usted, sefl.ora?
que y me resigne. Pero que uno de ~os buenos mozos
-Sí, Coronel. Me ahog &gt; aq uL. ....
que van á. continuar divirtiéndose á. m1s e~pensR9 no me
-¿Por qué no lo decía usted? dijo Valentín. Podíamos
dé pretexto para incomodarme antes de m1 marcha, porque IEI haré ver claramente que no soy tan cómodo como habernos marchado A habh,r al invernadero. Mi madre
ha hecho poner en él unos mármoles que valen la pena
parece.
de ir á. verlos.
Pero, querido Redel, dijo la Sen.ora Moesler con un
-Pues bien, el Sellor Redel me los ensellará.
principio de inquit1tud, no pr~_tenderá usted pro~ar~e
El conde sonrió, y, en seguida, como si dijes·e la cosa..
que amar á. la mujer de su pr611mo es un acto meritorio.
Hablaba usted hace nn momento de las facilidades y de más natural del mundo, replicó.
Esperen ustedes entonces; voy á. llamar á mi mojer.
las indulgencias de la sociedad; si usted las critica en los
Ya saben cuiinta es su competencia artística. Ella dieer·
demás, no las exija para sL
..
tará. con el Coronel y usted lo escuchará conmigo .... . .
-Redel se inclinó y, ya con toda calma, dt~o:
. .
Redel tuvo un pequefl.o estremecimiento: una llama se
-Tiene usted mucbísuna razón, seilora; mis recriminaciones no tienen fundamento. He empezado por decir encendi6 en eus ojos y abrió la boca para responder;peroque parto; ya ve us~ que no me sublevo y obedezco pa- Celina1 más rápida que él. repuso:
-Decididamente, prefiero retirarme. Corontil, tenga
sivamente.
-Hijo mío, replicó la Sefiora Mossler, me gusta menos usted la amabilidad de llamar á. mi marido ..... .
-Redel
dudó un instante. Su mirada se fijó en Valenlo que me dice u&amp;ted ahora que lo que ~e decía ha.e~ _un
momento. Comprendo bien su oontranedad y participo tía con exl?resión singular:nenteamenazadora, y se morde ella. Soy vieja, ¿quién sabe ai me encontrará. usted_ á dió loe labios como para contener las palabras que quesu regreso? No quisiera, pues, que nos separásemos baJO rían escaparse. Valentín le ex:1 ninaba con insolente
no.a penosa impresión. Vuelva usted á verme: aquí será curiosidad, esperando qu~ se deci~iese ha bablar,_y resulaiempr(-, bien acogido. Es U"'ted 11n hombre de corazón y iaba tan temible, que Cehna temió que se produ1era u~a..
cuando le haya hecho ver el fondo de mi pensamieate, colisión inmed.iata entre aquelios doe homores cnyood10
latente acababa de manifost.arse en un segundo.
me comprenderá usted y me perdonarli..
-Vaya usted, dijo empttje.ndo en U? ademán suplican·
-¡Oh! no tengo nada que perdonP:r Sefiora; siempre ~a
sido usted para mí enteramente benévola. 81 sufro algun te al Coronel que no se resol vía á. ale1arse.
-Ha bech0 usted muy bien en en"Q"iarle, dijo el Condeagravio, no es de ust.ed ciertamente. Créame; tengo para
asted el má.s respetuoso afecto y siempre le conservaré, á Celin!l.. Empieza á atac:irle los nervios vuestro Redel..

13

DICIEMBRE,

1896.

Que se ocupe de mi mujer, pase; no veo inconveniente
en ello. Pero no sufriré que se interponga entre usted

1 yo.

-¿Qué haría usted? preguntó Celina con emoción.
-Proporcionar un asceuso á. un jefe de escuadrón.
- Usted no es malo como quiere parecer.
-¡Más 1 mucho más, cuando se trata de uated 1 contesto
Valent.ín en voz baja. Todo me importará. poco, lo he di·
cho y lo he probado, para ob';enerla ... .. .
Se inclinó ante ella, con afectado respeto, y afiadió voll'iéndose:
-Buenas noches, señora; aquí tiene usted á. su marido.
Se marchó, acompafiada por Federico y por el Sefior
Elipbas, al que dt-jaron en su casa. Una tristeza profunda ee apoderó de e1la. Aqueaa tenacidad del conde, poco
habitual en un hombre tan ligero, la turbaba gravemente y empezaba á. tener miedo. Hasta emonces habfa pensado que sería sitmpre duef\a de sí misma y que defendida por su voluntad y por t-1 cariflo de los suyos 1 sería
inexpugnable. Ya tmpezaba A dudar. Veía á sus aliados naturales poco diestros y mal arruados para protegerla. Con dolorosa emoción, recordaba la actitud amena•
adora de Valentín en presencia de Redel y se decía:
Sería capaz de matar al hombre que le Pstorbase. ¿Podría
suceder que por mi culpa corriese Federico un peligro?n
Se estremeció ante la idea de que las imprndencias del
conde hiciesen necesaria una explicación entre su marido
y ella. J.Qné decir? ¿Cómo hacerle comprender la persecución furioea de que era objero y probarle que no había
hecho nada para íomentar]a·t
Sn suegro, tan formalista, tan riguroso, á. pesar del
afecto sin límites que la había dedicado, era el que más
la aterrorizaba. No tenía indulgencia ni para las senci·
llas ligerezas; bien lo había probado en ruuchas ocasio•
nea con sus crfticae; ¿qué sería cuando se tratase de hechos
serios que pudieran suponer un peligro para su hijo? Y
todo á. causa de aquel execrable Valentín ...... ¿Excecrable. A esta frase de su silencioso monólogo, juzgó nece•
eario interrngarse á. sí misma y precisar, aunque tuviera
qne avergonz:irse A suspropiae miradas, el verdadero estado de su corazón. &amp;Había, siquiera un imtante, amado
á Valentín? El lo afirmaba orgullosamente y aunque ella
Jo había nPgado con rabia, no estaba segura de haber dicho la verdad. ¡Oh! En el presente momento Je odiaba
ciertamente, pero ¿estaba cierta de que no le había gustado durante una hora lo bastante para animarle á. las
imdrudencias quti tan fatal resultado habían tenido?
Evoc6 en su pensamiento la imágen de Valentín y le
vió elegante, cariiloso, con sua ojos azuleH, su bigote rubio, su hermosa figura, su voz acariciadora, tan seductor,
en fin, que no podía tener duda de que le había deseado,
víctima de su carne, que eecapando por un momento al
yugo del espírit,u la bahía hecho traición en un impulso
de voluptuosidad. Tuvo vergüenza de sí misma y le pareció que con aquel ciego instinto que la había entregado ií los abrazos ae un macho, había descendido al nivel
de las bestias. Al mismo tiempo se preguntó con angustia si la ¡,ereecuci6n encarnizada de Valentín podría es•
tar justificada en cierto modo por su primer éxito. Y,
ht cho singular é ilógico en alto grado, el peneamientode
que Oalentín pndiera estar en su derecho deseándola, hique le odiara más mortalmente.
Stis vacilaci9nes cesaron, sus dudas desaparecieron y
decidió resistir A. Valentín, resultase lo que quisiera. Pero no baet.aba esclarecer su pensamiento; era preciso .fijaree en un plan para sustraerseaá. los ataq•1es de aquel
de aquel perseguidor peligroso y que ese plan asegurase
la tranquilidad de Celinb y la seguridad material de los
suyos. Comprendió desde luego qne no podría defendprse sola, le era1 pues, necesario un aleado. Pero ¿cual? Su
marido y su suegro del:íao ser desde luego deshecbados.
¿La Señora Mossler? En la ignorancia en que Celina se
hallaba acerca del paso dado por aquella cerca de Valentín, ¿cómo no desconfiar de la ciega ternura que hacía á. aquella madre esclava de su hijo?
Era, sin embargo, posible que entre un deber y una
afección la Seilora Mossler no dudase. Era puri,ana como el Sefior Eliphas y si la solidez de sus principios se
sobreponían á su indulgencia acaso estaría allí la salvación.
.
Pero las probabilidades de éxito resultaban muy débi•
lee, la infiuenciu del conde se pres~ntaba siempre formidable y Celina retrocedía ante Ja difícil revelación de las
tentativas de que era víctima.
Entonces se le ocurrió la irlea arrieegada de dirigirse á.
la Sefl.ora de Contras. Conocía la .firme razón de la joven,
por haber sido la confidente de bUS desilusiones, y sabía
que era leal, generoea y buena. En tomarla como auxiliar había sólo ventajas y ningún inconveniente. Entre ella y Valentín no existía ya sino. el vínculo social.
Llamada á su socorro por CeJina, no vacilaría en prestarla el más firme apoyo. Quedaba sólo determinar la
medida en que convenía confiarse á ella. ¿Quién obligaba á Celina á decírselo todo? Las pereecuciC'nes de Valen•
tfn eran bastante públicas para que la condesa no tu viese necesidad de pruebas.
A hora avanzad!\ de la noche y mientaas todo dormía
alrededor de ella con pacífico suefl.o, Celinameditaba sobre su grave determinación y cuanto más discutía su
oportunidad, más se afirmaba en la certidumbre de que
era necesaria, Se metió en la cama cuando la mañana
blanqueaba sus balcones y, muy resuelta á ejecutar el
plan que habfa concebido se encontró un poco má.e tranquila.
Al día siguiente, A eso de las cinco, se dirigió it la avenida de Friedland, sabiendo que Enriqueta eataba siempre visible para sue amigos antea de comer. Estaba, pues,
segura de encontrarla en su casa. Su contrariedad fué
grande cuando un lacayo le dijo que la señora condesa
había tenido que salir á las cuatro y no había dejado
órtlenes para la recepción. La mujer de Federico se quedó indecifa, pero el mayordomo, que apareció en aquel
momento, dijo que la seiiora condesa volvería en seguida, porque tenía una cita dada para las seis, y que, si

ELMUNDO.
la señora quería. podría esperarla. Celina convino en
ello Y, conducida por el criado, penetró en el saloncillo
donde la sefior:J de Contras recibía á sus íntimos.
La habitación estaba sombría v el olor amargo de las
orquídeas procedentes de las estufas de Sauvigoy bacía
pesado el aire. C,elina se sentó y permaneció durante
un cuarto de hora oprimida por aquella atmósfera y como aturdida por la semioscuridad. Un ligero ruido de
roce de cortinas la volvió á la realidad y creyendo que
118(!:aba la que estaba esperando, se volvió con la sont'isa
en los labios, pero se quedó petrificada al VPr entrar á.
V:alentín. Este se .acercó con la mano extendida y con
aire pacífico y Celma se repuso en un instante y recobr6
su sangre fría. ¿Qué podía temer en aquel hotel lleno de
criadoe, á dos pasos de la habiración de l1J condesa, cnando bastaría una llamada, un grito, para que viniese cualquiera? Así lo pensó y, arriesgada como siempre, en lugar de ponerse á. la defensiva, se preparó á hacer frente
á.su temible ad~eraario. Por el momento parecía éste
buena persona y, por muy tigre que fueJil, ponía pata de
tercíopelo y escondía las ufi.as.
¡Cómo! ¿Está usted aquí sola? ¡Y no me lo han advertido! Si la casualidad no me trae por aquí, no veo á. usted .........
-¡Gran deegracial
-¡Inmensa! ........ .
-¿Por qué prodigio se encuentra usted en su casa?
-Presentimiento3 de que vendria usted.
-No diga usted tonterías. ¿Sabe usted si su mujer v"en•
drápronto?
-Soy el que menos podría decírselo á. usted ¿Sé yo
nunca lo que hace?
-Porque no quiere usted.
-Seguramente.
-¡_Será usted siempre un marido deplorable?
-Tanto como podría aei un excelente amante.
Celina se puso seria. La conversación tomaba un giro
qne no le gustaba y comprendía que era por su culpa.
Valentín era un hombre con el que no se podía bromear
Y desie su llegada, ,t pesar de las razones que tenia para
desconfiar, estaba jugando con él.
-S11 mujer de usted no vuelve y voy á marcharlDe.
-Usted la esperab:i, ¿luego soy yo quien la estorba?
-Sf.
-Entonces la dejo libre el campo.
-Se lo agradezco á. usted.
.
-Verdaderamente es usted atroz conmigo.
-No hace usted todo lo necesario para excitarme?
-Adiós, entonces.
-Adiós.
Con cara de contrición y una prudente lentitud el conde se aproximó ti. ella y le ofreció la mano. !'ero ~l ir Celina á da:le la suya, trémula y fria, el Conde c,,n un ade•
mán osado y ritp1do, cogió á. la joven por la cintura la le·
vant6 y antes de que pudiera escapársele un grito' apoyó furiosamente la boca en sus labios. Con un bru~co esfuerzo de todo su cuerpo Celina trató de eecapar á aqne•
113: presión, pero ésta se hizo más estrtcha. Incapaz de
gr1~r1 emp.ezando á p~rder la _cabeza y paralizada por
una mexphcable langmdez, deJÓ de resistir. La oscuridad del e~ló.n le parPCia más espesa, el silencio más profundo. Srnt16 que Valentín se la llevaba é hizo un desesperado esfuerzo que la arrancó de los brazos que la
envolvían. De un sólo impulso íué hasta la puerta del
cuarto de Enriqu"ta, se agarró á. ella con fuerza y reuniendo toda su energía, lanzó un grito desesperado.
En este momento sintió que la pueria cedía y al Jan·
zarse p&lt;..1r ella para huir. se encontró cara á cara con el
coronel Redel. Este, muy tranquile, vió de una ojeada al
conde, pálido de furor, y á Celina temblando de espanto.
Se adelantó entre los do~ y, decidi~o á no comprender
nada má.e que lo que qmsieran decirle, saludó sin emoción alguna á Valentín y á. la joven, y dijo:
-Me pareció oir llamar ......... Me había equivocado.
Pero Celina, incapaz de moder&amp;r.!e, respondió indi·
cando al conde con un ademán.
-No, ha oido usted bien cab1llero: el sefior me ha
obligado á. llamar ........ .
Valentín mostró una sonrisa zumbona.
-¡Segunda vez, desde ayer! dijo; parece que con usted
el Sef\or Redel tiene 1a especialidad de lae intervencio•
nes.
Metido en causa cuando él ae esforzaba por desenten•
derse del asunto, el coronel frunció las cejas. Era demasiado cuerdo y demasiado valiente para buscar una querella, pero tenía muchos motivos de animosidad contra
Valentín. Replicó secamente:
-Acaso esto consiste en que con esta sefiora tiene usted la especialidad de las inoportunidades.
El conde se puso repentinamente muy serio, y mirando al corcnel con aire acusador, le dijo:
-&amp;itá. bien, seOormío. Yo procuro tomar las cosas
pacíficamente y usted es el que trata de agriarlas .... .... .
Pero confi2ae usted q.uetrueca los papelee ......... Yo hu·
biera podido asombrarme al verle á usted salir de un
cuarto que forma parte del departamento íntimo de la
condesa ......... Me limito á. bromear dulcemente y usted
trata de ofenderme,
-Redel palideció de cólera viendo á. Valentín cambiar
hábilmente el terreno de la discusi6n y crearle ofensas
donde era tao bueno su derecho.
-;.Soy yo quien ofPnde? exclamó; ¿yo?
-Sf, seilor, contestó Valentín con un tono sarcástico
muy propio para poner al coronel fuera de.sí; uetedapa:
rece, como un diablo que sale de una caja d.,, sorpresa
y afecta creer que ee tiene aq:.ií necesidad de usted. Tod~
eatoes muy ofensivo y si yo no fuera tan concialiador
podría asombrarme macho y l)f'dirle it usted cuentas. '
Antes de que Redel tuviera tiempo de responder, Celina se interpuso entre él y el conde.
-tiH una palabra más, dijo. No consentiré un altercado entre usted y el seilor por mi causa. Pero lo que no
debe oir de la boca de usted lo oirá. de la mía. El que ea
bastante cobarde para hacer violencia á. una mujer, no
merece ser castigado por un hombre. El que miente ba-

383
jamente para ocultar sus vergonzosas acciones, no merece que se haga caso alguno de sus palabras. Señor conde
de Uoutras, es usted un miserable, y si no le basta que
se lo diga en presencia del Señor, puede usted llamar á
sus criados y se lo repetiré delante de ellos.
Este violento apóstrofe no turbó á Valent.ín. Conservó
su sangre írfa y, saludando graciosamente á laque letra•
taba con tanta dureza:
-Palabras de mujer no ofenden, dijo con ligereza. Para darlas un valor es preciso que tengan la aprob'.lción de
alguien á. quien se pueda hacer responsable. Usted, Se~
flora, acaba de cortar, muy poco oportunamente la palabra al St'!f\or Redel, cuando se disponía á decirme su opinión sobre la cuestión que nos divide. Confieso, que hubiera deseado conocerla ......... Y si fuese tiempo todavía ..... .
-Aun es tiempo. dijo fríamente Redel.
-Yo le conjuro á usted &amp; no responder, t&gt;xclamó Ce•
lina.
-Señora, no Ee trata de usted1 interrumpió el Coronel;
demasiado ve usted que 1:1oy yo el interpelado y supongo
que no me cree nsted capai de retroceder delante del Señor. Puesto que le complace saber mi opinión sobre su
conducta, yo tengo el honor de declararle que es de todo
punto conforme con la de usted.
Valentía no hizo un gesto ni cambio de fisonomía, y
dijo en tono de triet+-za:
-¡Ab! Coronel, no puede usted negar ab,&gt;ra que sus
intenciones son verdaderamente hostiles para mf, puesto
que me ofende sin provocación alguna de mi parte, en
mi casa y delante de esta señora.
-Lo niego tanto menos cuanto con más empeño parece usted desearlo.
-~st,á. bien, Coronel, dijo el Conde; en adelante, este
asunto no me atañe. D.:is amigos míos se explicarán con
otros dos de usted.
E inclinándose ante Celina, añadió burlón:
-Reciba usted, seiiora, mis sinceras felicitaciones; es
muy ventajoso ser su amigo.
Hizo á. Redel una iraclinación de cabeza altanera y salió sin añ.a:!.i1 una palabra, después de haber sacado de
la situación to~o el partido que deseaba. Apenas sola
con Redel, Celma c~só de contenerse y, fuera de al, dijo
cogiendo las manos de su defensor:
-¿E!¡.,ta usted loco para haber respondido á las insolencias de eee miserable? 1.No ve usted que lo que quiere es
deshacerse de usted? Es el adversario máB peligroso que
se puede imaginar. Bajo ningún pretexto permitiré un
encuentro ent.re loa dos. ¡Le mataría á. usted!
- Ya trataré yo de impedirlo.
-¿. Y si no lo consigue usted? Por mi causa, ¡ Dios mío!
¡Correr tal peligro por mí, que no soy nada para usted y
que le he comprometido como una loca!
Se retorcía las manos al hablar as1 y sus pálidas mej illas se inundaban de lágrimas.
--Tranquilícese usted1 dijo Redel dulcemente. No, usted no me ha comprendido. Yo me he anticipado á. la
provocación. Usted odia. ¿no es cierto? al b.Jmb!e que
acababa de mostrar con usted tan brutal audacia ..... .
Oelina exclamó con furor:
-¡Oh! Sí, le odio!
-Pues bieo: ¡yo más aún!
-Sí, usted ama á. Enriqueta, dijo Celina sin cuidarse
de disfrazar su pensamiento, y debe odiar á su marid'.&gt;.
Pero tata cuest.ón entre usted y él le se!}ara completamente de la condesa. ¿Cómo podrá usted verla si sobre·
vive?
-De todos modos no la veré más, dijo tristemente Redel. La condesa me ha ordenado que me ausente. Mi
silen.cioso _amor la compi:ometfa, según dicen, y me es
preci~o privar~e de la dicha de su preseucia.
Celrna le miró hasta el fondo del alma y adivinó en
un instante las misteriosas resoluciones de aquel amante
desesperado.
-¡Uh! Usted quiere intentar librarla del conde ... Pero aun ~sí, persigue ust d un imposible ...... La muerte
del marido pondrá entre usted y ella un obstáculo insuperable ...... Arriesga usted su vida sin objeto.
-¿No.son nada, entonces, su d1cba y sa tranquilidad?
'.!'8s~ondi6 Redel gravemente. Está. unida á. un hombre
md1gno que le hace la vida muy dolorosa. ¿No habré hecho algo por ella devolviendolasu liberbad?
-Cállese usted, deegraciado, dijo Celina. No diga usted tales cosas aquí mismo, esta casa ...... ¡Si alguien nos
oyeia! No, lo que usted se propone es irrealizable y, en
todo cae?, basta que yo lo sepa para que me oponga con
todas mis fuerzas.
-Y cómo?
- Ya lo verá usted.
-Sea usted franca por completo y dígamelo.
-Pues bien, avisaré á. Enriqueta.
·
A estas ea.labras la fisonomía del coronel se cubrió de
mortal palidez.
-¿Quiere usted, dijo con voz temblorosa, que parezca
un &lt;:obarde que trata de eludir el peligro? ¡Hacer interve_n1r á la Señora de Coutrasl Realizar ese proyecto es lo
m1Smo que matarme en el acto, pues no sobreviviría á.
semejante humillación.
-Cálmese usted, contestó Celina espantada. No diré
p~eato qu~ me lo prohibe, pero usted tendrá en cuenta
mi angustia y me p10meterá no oponerse á. un arreglo.
-se lo pr.--1meto .... ..
-I.~h!. Demasiado veo que usted juzga imposible una
cone1hac1óo .. ... .
-En efecto. ¿Cómo había de producirse si el eefl.or de
Contras no la desea y yo tampoco?
-Se le obligará. á desearla.
-¿Quién hará ese milagro?
-La ~llora Mossler ..... . Mi marido á quien por fin
será preciso ..... .
Rede.l la miró fijamente y dijo, habland,1 con lent,itud:
-Cmdl:_ usWd_ de no comprometerse inút.ilmente. Nada podrá. 1m.pedir, esté segura, y puede en cambio hacerse á. sí m1s~a y á. loa demás un daño irreparable. No
se aferre á. la idea de que ha sido la ca1,1sa de la explc-

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884

'

EL MUNDO.

13 DICIEMBRE, 1896.

estas circunstancias, cuando he salvado su tranquilidad_
La Señora Mossler apretó los labios y frunció el entre
Jión que se ha producido; era inevitable que así sucediecejo. Cuando se hablaba del honor de su familia, pensa• con un celo que sólo Dios sabe ... .. .
ra. El conde sólo buscaba una ocasión y yo también.
-¡Nada de discursos! repitió Eliphas. Al grano ..... .
Ambos nos odiamos; los hombrea no nos engafiamos en ba instintivamente en Valentín y sentía una ligera in-Pues bien, eigrano es este. Mi vecino, el honrado Seeste asunto. No está celoso, porque no ama á su mujer, quietud. Aquel era el punto negro de su horizonte y
:ñor Chabassu 1 tiene una hija encantadora y menor de
pero desde el primer momento se produjo entre nosotros siempre estaba temiendo una mala noticia.
quince años ... ...
-¿Qué convienA hacer? dijo á. su confidente.
una antipatía que debía producir este resultado. PrescinAl decir estas palabras, Bouscarés hizo una pausa y
-Cerrará ese hombre la puerta. Si le escuchamos no
da usted, pues, de intervenir en este asunto: haga votos
por mí si mi caue:a le es simpática, pero no trate de dete- será íacil desembarazarse de él. Ya ve usted lo que su- lanzó á Eliphas una mirada significati va. Este no pestaileo. Para conmoverle hacían falta pruebas, convencido
ner la marcho de los acontecimientos, que tienen más cede por haberle recibido una vez.
como estaba de lo que valen las palabras.
-Pero, ¿y si sabe realmente algo importante?
fuerza q ne nosotros.
-Menor de guinea años, repitió el ingeniero.
-Que 10 guarde.
El ruido de un coche que entraba en el patio interrum-Lo he ofdo; adelante, dijo fríamente Eliphas.
-¿Y si no se lo guarda?
pió al coronel. Desde el balcón, vieron entrará. la conde•
-Chabassu posee la prueba de que el conde de Coutraa
Se le envía un comisario de policía. Esos bribones tie•
ea y descender del coche elegante y ligera. Vió que !a
nen eiem pre bastantee pecadillos en la ccmciencia para ha seducido á la muchacha. El conde ha en vhulo á la joestaban mirando y les hizo con la mano un ademán
amistoso. Subió vivamente la escalera y dijo desde la que la intervención de un magistrado sea para ellos de• ven Matilde, en ausencia de Chabassu, una de las Celestinas más conocidas de París, y esta mujer ha cometido
puerta avanzando, con la cara sonrosada por 1a trescura cisiva.
la imprudencia de dejar en casa de mi vecino una tarjeta
-Sea, pero guarde usted sus señas pm: precaución.
del aire:
del señor conde, en la que éste había escrito de su puño
-No estaban puestas en el papel.
-Me han esperado ustedes, amigos míos; les doy las
La Señora Mossler quiso rogar á Eliphas que las hicie• y letra la dirección de la niiia y sus señas ...... No quiero
gracias. Vengó de verá mi pobre Vignot. que esM en•
fermo, y se me ha hecho un poco tarde. Mi visita le ha ra preguntar, pt!ro temió indicar sus inquietudes y se ca- decir á usted todo lo coroprome+edora que es esta connilló. Sin embargo, aunque Eliphas no había encontrado vencia del hijo de la Señora Mossler con la corredora
distraído y me ha retenido más de lo justo, ¿Me diapen•
las sefias en el papel, no le costaba gran trabajo averi- Blanchart para corromper una menor ...... Hay que recosan ustedes, no es verdad?
guarlas, porque tenfa en su casa un archivo muy arde• nocer que este sería un feo negocio. Pero no es eso logra--Hemos pasado el tiempo hablando la señora y yo,
dijo Redel. Pero ya suponíamos que cuando usted tarda• nado en el que todos los mendigos de profesión tenían ve; lm; peligros son más serios.
Eliphas, que esperaba una historia de este género, ha•
su expediente, como los bandidos en la prefectura de
, ba era por alguna buena acción.
policía. No practicaba alln la antropometría, pero no bía escuchado impasible; pero la imprevista conclusión
La condesa amenazó al coronel con el dedo y dijo:
hubiera hecho falta gran esfuerzo para decidirle. Ama- de Bouscarés le causó una sorpresa que no pudo ocultar.
-¡Adulador!
-¡Cómo! ¿Qué peligros más serios puede corr~r el SeSe quitó el abrigo y dijo, empujando la puerta por la ba á. los pobres, pero odiaba á los falsos nec,isitados y con
maravilloso olfato descubría á los farsantes que imploran ñor de C~utras?
que había entrado Redel:
-El más serio de todos, señor; el de la vida.
-Venid á mi taller¡ voy á enseñará usted su retrato la caridad, con lágrimas en los ojos para su pobre mujer
-Usted se burla, amigo mío, dijo Eliphas.
concluido.
moribunda, mientras ésta les espera en la taberna de la
-Nada de eso. Va usted é. darse cu.;,nta de todo en un
El coronel sonrió y repuso, con cierto deje de melan• esquina, dispuesta á brindar con un buen ajenjo á la sainstante. La pequeña Matilde, muchacha honrada hasLa
lud del tonto que paga. el precio del trinquis.
colía:
-Ha hecho usted bien, señora, en despacharse á con•
Al irse á su casa para almorzar, después de haber de- ese momento, es novia de un pariente suyo, joven y vi•
cluirlo.
jado á la Señora Mossltr, pensaba en la confidencia de garoso mancebo de veinticinco años, limpiador de meta•
Aquell&amp; alusión hizo correr un escalofrío por la espal• Bouscarés y, más cuidadoso de lo que había aparentado Jes. La pasión de ese joven por la muchacha es verdadeda de Celina, que al mismo tiempo comparó la tranqui• ante su antigua amiga, se propllso adquirir noticias exac- ramente rabiosa; es verdad que la chiquilla es un milagro
la y digna energía de Redel con su propia inercia. 106· tas sobre la!! relaciones que pudieran existir entre el con- de belleza, capaz de hacer pecar á un santo...... Usted
mol ¡Conociendo el peligro que él afrontaba, iba á dejar• de de Contras y aquel pobre diablo. Acaso no se trataba mismo, señor, no la vería sin quedar turbado ...... La sile expuesto á las implacables venganzas de Valentínl de una vana amenaza hecha á la mujer rica, medio clá- guen por Ja calle y no pasa día sin que algún caballero
Aunque el corone) aseguraba que ella no tenía nada que sico que da siempre resultados con las personas timora. respetable suba hasta aquí, para bajar rodando la escalever en el asunto, comprendía que su furiosa rE!spuesta ha- tas 6 que tienen alguna mancha oculta. Loa del ofu:io le ra, porque el viejo Chabassu no admite chanzas ...... ¡Ea
bía exasperado al conde y que si éste amenazaba peligro• ll~an ((el golpe de sonda.,i Si la persona sondeada da el honor mismo, ese hombre! Pues bien, hace un año ha
samente á Redel era por haberse interpuesto entre eUoR. sefiales de inquietud, es evidente que en el fondo de su decidido dar su hija por mujer á Emilio Ravet, que as(
Había querido demostrar con qué tenacidad la pe'rseguía conciencia hay un rincón misterioso que conviene regis- se Barna el novio de la chica, comprendiendo que sería
y los riesgos que podían correr cuantos pretendieran pro• trar. Por eso, como hombre de experiencia, Eliphas difícil de guardar, en Montmartre, una Venus como su
tegerla. ¡Para debilitar la resisistencia do la mujer que aconsejó la táctica desconcertante de no hacer nada y Matilde, cuando pasase de los diez y seis años. Pero hete
aqui que el otro dia, al volver de su taller, la muchacha
deseaba iba á matar un hombre!
callarse.
Celina sintió un vértigo de espanto. Le pareció que
Pero esto no impedía tomar loa informes necesarios. deja caer ante su padre una cajita de tafilete, de la que
estaba perseguida por un monstruo implacable, que no Llegado á su despacho, el viejo abrió un legajo señalad:&gt; Chabassu se apodera, y en la que encuentra un par de
descansaría hasta hacerla su presa, y se revolvió uontra con la letra B, y buscó el expediente Bouscarés. Le en• pendientes, de brillantes, que valian, lo menos, éeia mil
aquella tiranía y contra aquel peligro. Hizo un movi• contró sin dificultad y le ojeó buscando las señas de su francos ...... No hay que contarle nada sobre esto¡ ea comiento para lanzarse hacia Enriquet,a y contárselo todo, casa. Estas habían sido sucesivamente: cal.Je de las En- rredor de alhajas. Interroga á su bija á pufietazos .....•
pero vió á la joven sentada en la mesa, tan tranquila, en• 'llierges, 17; pasaje Raoul, 2¡ calle Popincourt, 103¡ calla Ella chilla, pero no confiesa ...... y entonces el padre fing ➔ apaciguarse y no habla del asunto, pero encierra á. su
señando á Redel la miniatura rodeada de su marco doraAumaire, 9¡ calle Ramey, 26..... .
do, qne le pareció que no encontraría palabras para tur•
El ministro de la Caridad cerró el expediente. Una hija, advierte á Ravet y se ponen al acecho. No habian
bar aquella serenidad. Y, sin embargo, era preciso hacer luz repentina acababa de esclarecer loa tenebrosos mane- pasado dos días cuando el 8efior conde de Contras se dealgo; cada hora que pasaba aumentaba el peligro.
jos de Bouscarés. ¿No era en la calle Ramey donde el Jaba coger hablando con la chiquilla delante de la ca88.
Su agitación se hizo t!l.n viva, que le fué imposible per- conde habfa sido encontrado en coloquios con aquella El tal Ravet, que estaba emboscado en la taberna, cae so•
manecer más tiempo inactiva enfrente de aquel hombre muchacha á. quien su padre, su hermano ó su amante bré su novia y sobre e! galán, pero en este punto bueno
impasible y de aquella mujer inconsciente. Se levantó y habían obseq.uiado con una bofetada? El chantage se di· es confesar que encuentra la horma de su zapato. porque
en algunas palabras se despidió de su amiga, mientras bojaba con una precisión absoluta y ((el honor de la fa- se retira con un ojo hecho una lástima, como no se había
Redel, que parecía contento, le recordaba su promesa milian deb1a estar amenazado por el individuo que inte- visto en la calle de Ramey, donde hay, sin embargo, escon un gesto silencioso. Celina movió la cabeza como pa• rrumpía las citas del Señor de Contras. ¿Qué tenfa de pecialistas en puñetazos...... Desde ese momento en el
ra echar de sí un pensamiento molesto y estrechando la serio la amenaza y, sobre todo, qué habfa en el fondo de cuarto de al lado se pasa una vida infereal y andan listol
mano de Enriqueta, salió del salón. Se detu.vo un ins- esta asunto? Esto era lo que importaba saber. Era peli- los golpes de la mañana á la noche. La chica quiere eetante en la escalera y, en la confusión de su espíritu, pens6 groso que la Señora Mossler recibiese á Bouscarés, pero caparse con el conde, que encuentra medio de verla no se
un momento en _pre~untar si el conde estaba en casa,
no importaba que el Seflor Eliphas fuese á casa del meri• sabe cómo. Ravet ha jurado que matará.al conde de Cou•
pero rechazó en segmda con horror esa idea.
dional. Iba á ella con tanta frecuencia 6 enviaba sus de- tras, y Chabasau habla de llevar el asunto á los tribun&amp;Salió, despidió su coche y echó á andu, dando vuelta pendientes, que una visita más no podía comprometer á les ...... Yo he conseguido hasta hoy calmar esos exage·
radas ardores. He obtenido de Matilde que se esté tranqui•
en su cabeza calenturienta á mil proyectos contradicto• nada.
la, de Ravetque no haga uso de su pufial y de Chabaeu
rios. Volvía siempre á la certidumbre de que era preciso
Se
puso,
pues,
en
camino
á
eso
de
las
dos,
y
con
su
as•
recurrirá Enriqueta y no á la SeíioraMossler, ni, mucho pecto de empleado de minis~erio, el paraguas bajo el bra• que contemporice ...... Y en este punto'estamos. Si usted
menos, á Eliphas. En cuanto á. dirigirse á. su marido hu- zo, su grueso levitón y su sombrero despeinado, subió la no cree, mi querido y rt:ispetable señor, que he servido
fielmente los intereses de i;ni bienhechora, será para desbiera preferido la muerte. Torturándose HSÍ la cabeza
empinada cuesta de la colina de Montmartre y llegó á la
descendió maquinalmente por elfaubourg Saint-Honoré casa que habitaba Bouscarés. En el estrecho descansillo animarse de impedir catástrofes.
Bomcarés se detuvo, no para tomar aliento, pues hu•
y se encontró, de pronto, ante una oficina de correos. Encuarto piso babia d;:,s puertas. En una se vefa esta in- hiera hablado todavía durante una hora, sino para saber
tró, pidió un telegrama cerrado y, de pies delante de uno del
dicación
escrita
con
yeso:
''Chabassu,
corredor
de
piedras
lo que Elipbae peneaba de su diplomacia. Se colocó en
de los altos pupitres y con la pluma de torcidos puntoH
mojada en el fangoso tintero que sirve á los hombres de finas. De nuevti á once y de tres á seis, tirad con fuerza actitud interrogante y esperó. F;liphas ensefió á. Bousea-de
la
campanilla.''
En
la
otra
había
una
tarjeta
clavada,
rés un semblante tranquilo y ex:.ento de toda impreei6n1
negocios, escribió: ccSe ha producido esta tarde un alter•
cado entre su warido de usted y el coronel Redel. El q~1e contenía estas palabras: ''Bouscarés (Mario), inge• y con acento indiferente dijo:
n1ero."
duelo parece inevüable si usted no se interpone. tJna
-Bueno; ¿y dónde va á parar toda esa charla?
Eliphas golpeó ligeramente con el pnfio de] paraguas la
amiga ee lo advierte. Obre ust.ed pronta y enérgicamen•
-¿Cómo charla?
te.)) No firmó y apenas se fomó el trabajo de desfigurar puerta de Bouscarés. Se oyó el ruido de unas chinelas
-Sí; ese folletín de porteria ...... ¿Piensa usted que me
eu letra. Pegó el telegrama, le pasó á través del ventani• que se arr~tran y apareció el ingeniero en persona, ro- conmueven semej;~ntee historias? Conozco ese género Y
llo de un empleado y salió. U na vez en la calle se sintió deado de una nube de humo de tabaco. Al reconocer al no me dejo coger por la niña pura, ni por el amante cecalmada y pensó: He :prometido al coronel no decir na- sefior Eliphas retiró la pipa de la boca y su cara de abu• loso1 ni por el padre ju.aticiero ...... Toda eso está muy usa-da, :pero no he prometido no escribir. Y, después, poco rrimiento tomó una expresión de obs~quiosá alegría. Se do, amigo, y no se cree ni en provinci~ ..... .
me importa; era preciso advertir á Enriqueta y librar á inclinó profundamente y dijo:
-¡Cómo que no se cree! ¿Quiere usted ver á. la mucha•
-¡Oh! sefior; sírvase usted pasar. No esperaba tan pron• cha? ¿Quiere usted ver al padre? ¿Desea usted que le
Redel. Ahora, veremos qué resulta.
to su visita.
presente á Ravet?
VIII
. -¿Pero us~ la esperaba? replicó con aire de arrogan-¿Con su puñal?
A la hora acostumbrada, la Señora Mossler estaba ocu• cia el seflor Ehphas, penetrando en un comedor y cocina1
-¡Ah! señor; ea usted demasiado incrédulo y Jo sien\o
pada en su saloncillo, con Eliphae, en distribuir las Ji. todo en una pieza, de repugnante suciedad.
por la Señora Mossler ...... ¡Ocurrirá una deegracia!
mosnas diarias, cuando entró un criado y er una bande•
-Creía que mi carta interesaría á. mi generosa proEUphas levantó la frente y fijando la mirada en Bou1j'l de plata entregó al Ministro de la caridad un papel tectora.
carés dijo de pronto:
sucio que tenía trazadas con lapiz algunas l!neas, Eliphas
-La sefiora Mossler no sabe nada de tal carta. La he
-¿Cuánto por evitarla?
tomó la misiva, la leyó, con la indiferencia de la costum- abierto yo, como las demás.
El meridional cambió de actitud y se puso preocupado
bre, y en seguida la arrugó y la echó á la chimenea.
-Pero, siéntese, mi respetable señ.or, dijo Bouscarés y frio.
-¿Qué es'! prEgunt6 la Señora Mossler, ¿una petición presentando á Eliphas una Pilla desfondada.
-Como usted comprenderá, yo no sé lo que habrá. que
de socorros?
-Es inútil. No he de estar más que un im~tante. Ven- ofrecer ..... .
-No, señora; una petición de audiencia.
~o á advertirá uste~, solamente, que ha emprendido un
-No ofrezco nada. Deseo sal:&gt;er, por curiosidad, lu
-¿Tan eolemne?
Juego que puede privarle de filU socorro mensual.. ....... Si
que pudieran producirEe.
.
-Más aú_n; amenazadora y con síntomas d~ chantage. es eso lo que usted se propone, puede empezar por de- exigencias
Bouscarés no respondió á la pregunta de Eliphas, como
-¿De qmén?
cirlo ...... .. .
es regla primordial de estos tratos, y babló de ntra cosa.
-Del hombre á quien usted socorrió contra mi volun-¡ Yo! protestó el meridional; yo, que sólo obro en in•
-El unico tuPdio de impedir un d~senlace trágico, setad, hace unos me1es.
terás de mi bienhechora .. .... Yo, que, por casualidad soy ría alejará. Ravet con su novia.... .. Elloe se casarían en
-¿Cuál? Entre tantos, no es facil.. ....
dueño de un secreto que, sin mi ini;ervenci6n...... '
e] extranjero, si querían .. .... Peró lo importaute es des•
-Un llamado Bouscaréa.
-¡Suprima usted los discursos! interrumpió rudamen•
-Creo recordar; un meridional que habfa hecho no Bé te Eliphas. Sé de qué se trata. ¿Me cree usted tan mal embarazarse de ellos ...... Le aseguro á usted que Ravei
qué descubrimienoos y que iba á. realizar una fortuna en enterado? ¿Soy yo hombre de intimidarse por SUB habla- es capaz de hacer una que sea sonada...... Está herido en
su amor y en su ojo, es decir, en su vanidad, ¡él! ¡Raveil
ocho dfas si se le ayudaba.
durías?
¡el terror del boulevard 0:-nano! ..... .
-Un trapisondista marrullero. Se le ha ayudado y no
-¡Ah! sefl.or, no se trata de mí.. .... No soy máa que mi
-Yo creía que era obrero ...... ¿Se tra~a, pues, de un
ha realizado absolutam-e nte nada, pero anuncia que co- intermediario adict~ .....
ratero nocturno?
·
noce un secreto que interesa al honor de su familia de
-¡Adicto! ¿A. quién?
( Continuará.
usted.
-A mi generosa protectora, de la que espero que en

13

DICIEMBRE,

1896.

La leyeil(la de la Capita Azul d~l Amor.
I
Nació la hermosa niña de cabellos rojos en una maña•
na de l)iciembr~, cuando la nieve caía lenta y virginal.
Hnboenel aire seiialesciertas que anunciaron la misión
dr- iltnor que venía á. cumplir: brilló e! sol, irisando la
blanca nieve; aspiróse en el ambient"' el aroma de las Ji.
h,s y resonó el canto de los pájaroa como en plena prilllll vera.
Vió el día en el fondo de un chiribitil, por humildad
fin duda, para mostrar que sólo deseaba las riqu"zas del
curnz6u. Tuvd por familia á la humanidad er,terl\: sus
brazos eran bastante largos para estrechar al mundo. Lle•
.:rada la edad del u.mor, abandonó la sombra donde se re·
~ogfa, y echó ~ aullar ~or los. caminos, bn~cando baro•
brientos, á. qutenes deJaba alutos con sus unradM.
Era una niña alta y fuerte, de ojos n.;,grns, de boca
bermeja. Su carne, de una palidez mat.e y cubierta de Ji.
gero bello, semejaba blanco terciopelo. Al andar, balan•
ceaba su cuerpo con blaudo ritmo.
Cuando dejó )a paja en que naciera. comprendió que
debía ve:itirse de blondas y de seda. Tenía como único
patrmonio sus dientes blancos y sus mejillas de color de
rosa. Pronto encontró collares de perlai;,, blancos como
sus dientes, basquiñas de color de rosa como sus meji ·
llM.
Ya equipada, ¡qué gozo era el encontrarla en laa sen•
das en las claras mañanas del mes de :Mayo! Su corazón
y s~s labio:! ~ataban abiertos á. todos los transeuntes. Si
vefn. á algún mendigo á la orilla &lt;le! camino, le interrvgaba con una sonrisa. Si se qufjaba de los ardores de
las fiebres ásperas del corazón, su boca le daba una li·
mmrna, y eH el acto aliviaoa I"' miseria del mendigo.
Así es que la conocían todos los pobres de la parro•
quia, y se apiñaban á su puert.a, el:!perando el reparto.
.h:l!a bajaba por ma1iana y tarde, como una Hermana de
la C:lridad, diatri~uyendo sus tesorús de ternura, dando
á c:.tda uno su ración.
Era buena y tierna como el pan blauco. Los pobres
d~ 1a parroquia la bautizaron con el sobrenombre de Oa·
pita azul del amor.
II
Por aquel entonces asoló la comarca 1111a epidemia es•
pantosa. Todos los jóvenes fueron atacados y muchos de
ellos murieron.
Los síntomas del mal eran terribles: El corazón cesa~
ba de latir, la cabeza se despoblaba de !deas, el n~oribun•
do se embrutecía. Los jóvenes, semf'Jántea á. nd(cl!los
manequíes l:!e paseaban con el barcasmo en los labms,
comprand~ corazones en la féria, como los niños compran
caramelos. Cuando el azote hería á algún buen m?zo,
traducfi¡.e en negra triat.;,za, en mortal aesesperaci6n.
Los arti»Las llo,.aban de impotencia delante de sus obras;
loe tunantes, no pudiendo saciar sus ansias1 se tiraban de
cabeza al río.
No hay para qué decir que la he:mosa niña tuvo oca•
sión de distinguirse en circunsta11crns tan graves. Esta•
bleció ambulancias: volaba al lado de los enf('rmoe, se
multiplicaba, cerraba las herida~ con sus labio_s, daba
gracias al cielo por la buena ocasión que la babia depa•
rado.
Fué una verdadera Providencia para los pobres. Sal•
YÓ ú m'lchus. Si de algunos no pudo sanar el cornzón, es
1)orque ¡a no lo t.;,aJan. Su tratamiento ~ra sencillo.
Acaiiciu.ba á los enfermos con eus manos milagrosas, les
hacía entrar en ca'or con en tibio aliento. Nunca pedía
rtcompema. Se arruinaba sin pena: su caridad era in?.gotable. Asf, loe avaros de la época meneaban la cabe•
n al ver que la joven pródiga derrochaba de aquel modo
103 t-P~oro.g de sus gracias. s~ decían unos á otros:
.
-Morirá en un rinc0n: da la eangre de sus venas sm
peear nunca laa gotas.
III
Un día, en efecto, al registrar su corazón, lo encontró
vacío. Se estremeció de terror: no le quedaban más que al•
gunos céntimos de ternura, y la epidemia seguía azotando.
Laniñaseindign6; nopeneabaen la inmen~ fortuna
que habfa d.isipadollJCamente:el punzante agmJÓn de su
caridader3-cadavez más vivo, au.me.mandoel·hozror. de

385

EL MUNDO.
su miseria. ¡Era tan dulce ir
en hueca de los mt ndigos en
las claras mafianas de sol!
¡ Era tan dulce amar y ser
amada! Yahoradebíaocultar
se en la sombra, esperando
á su vez la limosna, que aca·
so nadie le daría.
Por un instante peua6cner·
damente en guardar como
una reliquia los pol'os cénti•
mas que le quedaban é irlos
·gastando con gran prudencia.
Pero le entró tal frío P.n su
aislamiento, que ee lanzó at
campo para calent,arce al sol.
En el camino, en la primera
encrucijada, encontró á un
joven, cuyo corazón se mo•
ría de inanición. Ante eeme•
jante ei-pectáculo cleepertóse
su ardiente caridad. No podía negar sa mii:t&gt;ria. Y, ra·
&lt;liante de. bondad, máS llena
de abnegación que nunca, pu•
so el resto de su corazón en
sus labios, se inclinó dulce·
mente, dió un beeo al joven y
le dijo:
-Ten, he aquí mi última
moneda. Devuélvemela.
IV
El jo,·en se la devolvió.
_
Aquella roismatardeenvió á sus pobres una carta de
despedida, ma11ifestándoles que se vefa obligada á sus·
p~nder sus limosnas. Le quedaba á la querida nifia pre•
cieamente lo neceeario para vivir en honrada medianía
con el Mtimo hambriento á quien había socorrido.
La leyenda de la Copila Azul del Amor carece de moral.
E. ZoLA.

¡VIVA EL REY!
-¿Cuá11to tiempo l:ace qne estáis casado, Vilville?
-Hace seiE meses, señor duque.
En el monte de la Trinidad, donde estaba emplazada
la caballería, el duque de Grammont departía familiar•
mente con el capitán Vilville.
Era la mañana de Fontenoy.
Alzábase el sol sobre el bosque de Berry.
Mr. Grammont, dijo:
-Guardaos, querido Vil vi lle, de que vuestra esposa en•
viude á los seis meses de casada.
El duque sabía perfectamente que su interlocutor estaba enamoradíeimo de su consorte, la sefiora de Mallie•
res.
Los preceptores del rey, los ministros y la gente d?,;
iglesia, habían favorecido este matrimonio, inspir.ulo
por un &amp;mor tan puro como sincero.
El rey había dado de su peculio particular una dote
import,mte á la reciéd casada.
Con estos antecedentes, nada tiene de extraño qne el
capitán contestase la advertencia del duque, diciendo:
-Sefiol' duque, soy de Dios antes que del rey; pero soy
antes dtd rey que de mis amores.
Tenía aun en sas labios fresco el l1ltimo beso que le
dió su esposa al partir á la guerra: había pasado la noche en sus brazos y la pobre esperaba con ansiedad el término de la batalla, paraenviarásuespoao la cruz deSan
Luis, que el rey le había prometido.
La acción estaba próxima y las tropas del rey espera•
ban formadas en línea de ataque, apoyadas sus alas en
Escaut.
Todas las posiciones estaban tomadas por la artillería
y lo.a eoldados iban á batirse en breve.
-Me par:ece-dijo el duque después de un rato de si•
leocio, durante el cnal estuvo ob3ervando al enemigoque el anciano Koenigseck pretende acercarse á Cumberland; pero no estoy seguro de que mi tío. el de Noaillea, note el movimiento. Tomad el mando por un instante, puesto que voy á adyertfrselo.
·
El duque me~ió espuelas {i su caballo y Vilville le si•
guió.con la mirada, viéndole aproximarse al General hablar algunos :nin u tos con él y después abrazarle con' efu.
sión.
Pero cuando el duque regresaba al trote un cafionazo
surgió de las líneas enemiga.e. Una vez disipado el humo
pudo ver Vilville que el duque yacfa en tierra1 mientras
su caballo corría espantado por la llanura.
-Pues sefior-dijo el capitán sorprendido por tan ines•
pera.do accidente-ahora estoy ya en días de ganarme la
cruz.
Sabía que el duque de Grammont había querido librar•
se de la acometida de Det-Tingen y sospechaba que su
valor no f'Ob1epujaba á sus presunciones.
Hacia el medio-dfa, Vilville llegó á suponer que el Ge,
neral le tenía olvidado con toda su caballería.
Koenigseck y Cumberland habían reconcentrado sus
fuerzas, y tanto los ingleses como los alemanes formaban
una densa masa que parecía enfocar el centro del ejército real.
Llevando á cuestas loe cañones franquearon el barranco que les separaba del e•emigo, y de este modo evitaron
el fuego cruzadú de Fontenoy y de Berry.
Las compañías enteras caían muertas á izquierda y á
derecha, pero la columna no retrocedía.
So.a caftanes puestos en batería, amenazab&amp;n los muros
de Fontenoy. PasadA la mañana, Vilville recibi6 laordeu
de cargar con eu caballería contrn los cafiones enemigos
para· hacerles abandonar eus posiciones.
Vil ville arengó á susBOldados al grito de "¡ Viva-el rey!"
EL.e.onde-de éhavannea y el duque de Biron habían re-

cibido la misma orden y partieron á la vez, deteniéndose
a cincuenta pasos del enemigo, que hizo alto al divisarlos.
Como era necesario que una.palabra pusiese término á.
aquella situación, lord Hay, capitán de la caballería inglesa, gritó:
-¡Soldados franceses, disparad cuando gustéis!
-Disparad antes vosotros-contestó el subteniente A.o•
terochf'.
.
Vilville, que eetaba al lado de au jefe, vi6 cómo los soldados enewigvs preparaban sus fusiles para hacer ub fuego certero y previendo que estaba ce1cana la descarga,
se pmo á. ptme:ar instintivamente en su esposa.
De pronto gritó:
-¡Viva el r.;,y!
A esta voz-dada involuntariamente por Vilville a)
abandonar sus meditaciones cayó al rnelo la primera fila
de la caballería fraocesa, victima del fuego de los ad ver•
sariol:!.
-¡Viva ~I rey!-repitió el -valeroso capitán esta vez,
con convencimiento de lo que hacia-y pálido de coraje
lanzóse con los suyos eobre el contrario.
Cuatro horas deepués, ballábase Vikille ante la lil,era
del General Saxe, el cual, á pee:ar de sus graves heridas,
seguia mandando mie11t.rae los médicos le curaban.
-Capitán Vilville-dijo el General-¿cuántos hombres nos quedan?
-Once.
-Entonces estáis f'n libertad. Id á presentaros al rey
de mi parte, y decidle que la jornada ha sido nuestra;
pero que no se olvide de enviarme 10s ocho mil corace•
ros que le custodian. Le encontraréis en un molino, á
las puer'tas de Fontenoy, donde le ha visto Anché hace
una hora.
El rey había abandonado Fontenoy en el momento fin
que los cafiones de Cumberland comenzaban á batir la.
plaza, arrastrando en su retirada el enorme tren de coci·
na y de equipaje que le seguia en la campafía.
Entre tanto, esperaba el resultado de la lucha á una.
media hora del campo de batalla, rodeado de artilleria y
resguardado por no puente que le permitia refugiaree en
Enaut, en caso de una derrota.
Vilville no necesitó consultará Aché cuál era el cami•
no más corto para ir al molino, porque la noche anterior
habia acampado en aquel sitio.
Montado á caballo, franqueaba los barrancos y las al•
turas, y pasaba por encima de loe muertos y de los moribundos.
De repente se presentó ante sus ojos la silueta del molino.
·
,
Vilville galopó hacia ella. Una patrulla de soldados le
salió al encuentro, y pocos pasos después unos cuantoR
camaradas, ansiosos de noticias, le detuvieron; pero ét
contestó:
-¡Servicio del rey!
Y siguió su camino apresuradamente.
Los suizos que montaban la guardia en ]a eecalera creyeron que era un oficial de servicio .Y le ab1itrun paso
saludándole.
¡Qué gozo sentía el capitán al hollar aquellos recintos!
Quer1a entrar inmediatamente en el cuarto del rey y
llawóá la puerta de laci;;,oara real.
-Señor-dijo-es un meneajel'o del General Saxe.
Abrióse inmediatamente la puerta, y ...... ¡ob, estupor?
,,ió á su esposa al lado del monarca.
No, no se babia engañado.
Ern ella, ella, la eefiora de Mallieres, su propia mujer.
La sorpresa no daba lugar á duda, y menos la turba•
ción de la infiel.
Descubrióse entonces el capitán y dijo con temblorosa.
voz:
-Sei'ior, el Genual Sa'xe me ha hecho portador de la.
noticia de la victoria de vuestras armas, y al mismo tiem•
po ruega á vuestra majestad que le envíe los refuerzos
que tenéis á vuestro servicio, para emprender con ellos
la persecución del enemigo.
T~rminada su misión, empuñó la pistola que llevaba
al mntoJ levantóla hacia la sien, disparó y cavó en tierra.
gritando:
·
-¡Viva el rey!
HuGUES LE

Roux.

RISAS
Ríe que ríe; ta rosa
En el capüllo plegada1
Se asoma leve, riendo
Por el botón de esmeralda.
Ríe que ríe; en el lirio
Vierte la riB:l sus gracias,
Y de la flor las despliega
Sobre la copa morada.
Rfe qm!ríe; en el vivo
Clavel de encendidas llamas,
Revienta alegre la risa
En explosiones de grana.
Rfe que ríe; y minando
Bogar á dos por las aguas ......
Suelta su risa tt torrentes
La boca de la granada.
RUBÉX

D .\RÍO.

Pues que tanto te admira
el saber de los viejos,
voy á'darte el.mejor de los con!!ejos:
cree sólo esta verdad: (cTodoes IDentira.it
Es mi fe tan cumplida
que adoro á Dios, aunque medió la vila.
ÜAMPO!MOB.

�386
EL MUNDO.
13 DICIEMBRE, 1896.
==============================~-==================-===-=====Su perfecta nariz delicada
ALBORADA.
DESPI.i:!JRTA!
Causa celo á la Venus de }Iilo.
En su frente de grie~a escu!tura
Puso el lirio su ter,a blancura,
Sus megillas pintó la camelia,
Y en su tierna morada radfa
El pudor virginal d» :\la1ía
Y la dulce tristeza de Ofelia.
DibDjad esa curva elegante
Que traviesa, fugaz y ontlulante
Acaricia sns howbros de seda,
QL1e ~us brazoa de nácar circuye
Y como una culebra que bnye
En su leve cimura se enreda.
E9 su pie de condesa andaluza,
Y su mano patricia que cruza
Con capricho una red azulina,
Mano aerea de Espírita, pnra,
No la iguala el al'miño en blancura,
Ni la tuvo Ana de Austria más fin~.
Cuando ee abre eu boca sonriente,
Blancas perlas del más puro Oriente
Luce en toda fll limpia belltza,
Y cuando anda radiante y airosa,
Com0 un pavo real, orgulloPa,
Ya moviendo la altiva cabfza.
¡Oh pincel, en la mágica tela
Su hermosura divina cincela
Con tus toques v tonos más claro~!
¡Que la mire el ·ab~orto nni1·nao
Escnltada en el marmol d'"l verFo
Y cantada en estrofas de Paros!
E. REBOLLEDO.
Diciembre de 96.

Buscando en mi pesar algún reposo,
Avanzaba incon@ciente. Amanecía
Y á un templo penetré; bajo la fría
Y ancha n~ve quedéme silencioso.
Exangüe el Cristo, en su actitud grandioso,
Revelaba el dolor de su agonía,
Y del madero al pie la 11adre bacfa
:Más patético el cuadro y doloroso.
Ante aquella infinita desventura,
En mi mente surgieron del o! vido
}J is creencias más santas y sencillas;
En hondo sentimiento de ternura
Trocóse mi aflicción y conmovido
Caí, como en mi infancia, de rodillas.
JosE lLl.aíA OcHOA.
Diciembre de 1896.
EN .L.A SOMBRA.

Germina entre este capuz
el ver~o, y sale deepués
como de un vidrio al través
saliera un rayo de luz ..... .
clávenme sobre una cruz,
ei rebus"-n la palestra,
, así en Ja canción siniestra
que escribo hoy potente y bravo,
punto .tíoal será el clavo
que me sujete la diestra!
Querer decif" de redondo
lo que en mi dolo1· se fragua
es así como echar agua
dentro de un tonel sin fondo ..... .
e! dolor cuanto m,ís hon&lt;lo
menos en palabras fiuy,: ........ .
el suplicio no concluye
por miís qne Tántalo brega:
¡el agua, que nunca llega!
¡el fruto, que siempre büye!
¡Oh Insulto: no te levantes ..... .
¡oh Estrofa, signe dormida ........ .
¡la Suerte noee intimida
con signos amenazantes!
ya amenazas no; pmqne antes
que se funda el nuevo cuo.o,
se cicatrice el raegoiio
y vuelva el dardo al carcax,
¡ llt-gará á causarse Ayax
de ti,ner cerrado el puño!.. ...... .
Jos.i!: 8.

¡Oh poetas! ¡oh 1&gt;rtiatas geniales
Que vivís persiguiendo idl,alesl
¡Oh pinceles! ¡oh lira! ¡oh buriles!
Que en el mármol, el lienzo y la rima
Vuestro mágico mímen imprima
Sus correctos y puros perfiles.
Modelad sus profusos cabellos,
Aureola de brunos deEtellos
Que su rostro e ucaríatico bafia;
Y sus ojos de brillo de luna,
Astros negros que vela importuna
Con su sombra la riza pestafia.
Es un cáliz intacto su boca,
Roja y húmeda flor que provoca
A los besos, su cuello un pistilo
De azucena, y en nieve escultada

Fondo: $

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2 Aproximaciones de á $ l. 00;
una anterior y otra postenor al
número premiado con los ..... .
$10.000 .................... $
2 Aproximaciones de á $50; una
anterior y otrn p'J'Sterior al nú•

1 ,00(

2,001
2,00t

t.ArÑP. Pl

.Tno.,.,.pc,

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,$60,000
se verificará en el Pabellón Morisco,
á las 11 a.m., el Jueves

24 de Diciembre de 1896.

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El próximo sorteo, con premio
mayor de

t.re!'! tie la.

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345 Premios que hacen un total de $ 1 7. 70&lt;

se verificará en el Pabellón Morisco,

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1 00

799
.

$eÍ~Jgct.~~~.~.~~.~?~........ $

Á. }i¡.f'!

Si entre la bru01a de loe er,euelios
Surge tu imagen y mi alma ve
Lucir tus grandes ojos risueños,
A 1bear tu cutis de rofa thé,
A un sol ardiente,-tus rizos de oro,Las aves blancas de mi ilusión
Tienden las 3Jas y en raudo coro
Yan murmurando: Ninon, Nioon.
Si te contPmplo, sí tu mirada
Como un efluvio crepuscular,
Baiia con tibia luz de alborada
J)e mis tri~tezas el hondo mar,
Las mensajeras de mi ventura,
-Aves azules de mí pasión,Mientrae se rasga la noche obscura
Van repitiendo: Ninon, Ninoo.
Cuando te alejas la sombra avanza
Y un sol mny debil se ve lucir,
El astro limpio de mi esperanza
Que en la tiniebla se va ya á hundir;
Pero aunqne lejos de tu belleza,
Allá en el fondo del corazón,
Las aves negras de mi tristeza
Diceu muy quedo: Xinoo, Ninon ........ .
F. M. DE OLAGUÍBEL.
Diciembre de 1896.

¡Están emponzofiadae mis canciones!
¿No lo han de estar, mi amor?
Tú mataste mis dulces ilusiones
con tósigo traidor.

TEODORO LLORENT.E.

La amo poco, es verdad. Mi alma rendida,

¿á quién dirás que adora?

El que subscribe, profewr en Farmacia de la E.scuela
-de .Medicina de Mfrico

San Francisco núm. 12.

--~ SALCHICHONERIA ALEillANA
DE .GERARDOlMEENEN.
COLISEO NUMERO 9.

MEXICO.
Esta ~casa: t1ene constantemente
un arand•-Y ,arlado aurtldo de tod•
cl ■ ae:de:salch,chon 'f carnea friaa.

?

Certifica: que habien.do analizado el

\)f&lt;\FICAc:::,

.

DE

"ESPJ&lt;:CIFICO AXTIYENEREO DE BELTRAN''
no ha encontrado en él ninguna substancia nociva al organismo, ni minerales de ninguna especie; su composi-0i6n es puramente vegetal y las plantas de que está compuesto son todas muy saludables y muy apropiadas para
la curación de las enfermedades de la sangre.
A pedimento de los Sres. Beltrán IIer manos, doy el pre•
sente en México, á 25 de Enero de 189!.

0

~

LA

¡SANGRE!
1

EL )L\.S EFICAZ

'

Qoe se coooce en 1, República.

•

56 AÑOS DE EXITO.

r.;:.2 oussaint.

-1)(PERRY DAVIS.)
Un remedio ver&lt;l!l.&lt;lero y ee¡¡uro par&amp; toda
claae y &amp;r• dos de enfermedades de !01
intestinos e• el

Esta medicina, además de ser infalible para curar c1ulquiera enfermedad que tenga por causa la impnreza de
la sangre, ya sea heredada ó contraída, y t'specialnwHte
las úlceras invnteradas, tiene la ventaja de no sujetar al
paciente á un régimen severo, ni le impide dedicar~&lt;! á.
sus ocupaciones; pudiendo, además, bace1rn !a curaci6n
en absoluta reserva aun de la persona más allegada. 8u.
eficacia y méritos no necesitan eucomiaree, pues su nso
constante dnrante más de medio siglo y sn venta cada
año mayor, son claras manifestaciones de los excelentes
resultados que se han obtenido de ella; recomendación
indudablemente superior ,í cualquiera otra.-BELTRÁ!r
ilER)L\NOS.

DEPOSITO: Chavarrla 19.

~~

DES PACIIO PARA YENTAS POR MENOR, ~ DEL RELOJ, NUMERO

8,

.

- --

BAJOS.

CONSEJO DE ADMINIS.TRACION
Presidente, H. R. NrcKERSE&gt;N.

F. B.

McxERcH:m.

Vice Presidente, PASTOR DE CELIS.
Vocal, A. PEYTON.
CONSEJO DE VIGILANCIA
F. R. GERNSEY.

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6.00 »
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Esto es verdad, y no se l)Uede upresu
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Es un lll18,TII, se&amp;lll() y pronto remedica
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B.eumatiamo,

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Fiebre Kalarh,
t'unsadas 1 piquetes el&amp; al&amp;c~a,
llentopies 1 wmales polllOnoao&amp;.
Tenerle en c&amp;e&amp;. Guardarse contn 1u
falsiftcaoiones. Comprar 'lOlo el PWPEBBY DAVIS. En venta en toda.a lu ~
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Ap•rtado número 157.

MEXICO

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-

De Ahorros y Construcción de Casas,

A la muerte, la sola poseedora
de todos Jo3 descansos de la vida.

2:761 Premio: que h~een un '1'o!i!de.. $ 178.560
p-Todos los sorteos est¡\n bajo !a vill'ilancia
y direcci6n persona les del Sr. D. Apohnar Casti !lo,
Interventor del Gi,bierno. v de un empleado &lt;le la
Tesorería General de la ~ación.

r

NO CONTIENE }IERCURIO NI IODURO

*

¡l\Iis canciones están emponzañadas!. .....
¿No lo han de estar, mi bien?
Llevo en el alma eierpee emoscadas;
te llevo á tí también.

Premio principat de ...... ,, 10,000
Premios de $ l ,ooo ...... ., 5,000
Premios de ., 500 ...... ,, 5,000
Premios de ,, 200 ...... ,. 5,000
Premios de ,,
1 oo ...... ., l 0,000
Premios de ,.
40 ..•... ,, l 0,400
Premios de,,
2_0 .. , ... ,, 9,200
Premios de S (1), aproximac10nes
al premio de S 60,000...•....•.•.$
6.000
Premios de 8 40, aproximaciones
al premio de 82~,000..•....•••.• $ 4.000
Premios de 8 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000............ $
2.000
Terminales de S 20. que se dete~minarán por las dos últimas cifras del billete que obtenga el
premio mayor de S 6(),000 ...... s l 5.980
Terminales de 8 20, que se dete~·
minarán por las dos últimas ctfras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000.•••g _2_5.980

Oficinas:

~,~~Concedida en Mayo de

Eugenio

CAXPOA~[OR.

FONDO:

CON LICENCIA DEL SUPREMO GOBIERNO,

DE HEINE.

t Premio m ...yor de.......... S 60,000

1 Premio de .•.. $10,000.... $ l 0,00&lt;
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501

10 DE DICJ E~.JBRE DE 1896·

PARA NINON

PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4.00.-Medlos: $ 2.00.
Cuartos: $ 1.00. - Décimos: 40 cents.
Vigésimos: 20 cents.

l
5
1O
25

Antivenéreo de Beltran.

Romanza.

1 Premio principal de ...... ,, 20,000

PREMIOS:

25

80,000 BILLETES.

ESPECIFICO

Dicie01bre de 1806.

PREMIOS:

28,000.

-~-

~s10,ooo

EDl,•.\RD0 1\-iELO Y ANDRADE.

Utl¡JO 6l .l)!t:l,ll 1:&gt;l~ult:H.Ht,;

14,000 Billetes á $ 2.00 cafü
uno, divididos en vigésimo:
de á 10 centavos.

El próximo sorteo, con premio
mayor de

Lluvia de perlas derramó el rocío
En el bello floral de la campifia........ .
Todo respira "amor." y el pecho mío
Te convida ágozar: despierta, niña!

EDUARDO CALCA~º-

bajo el plan siguiente:

GE3.EXTE G.l!:NERAL.

Despierta, nifia ! Con af iin, tu J.uefio,
Busca anhelante tu beldad que adora:
¿Por qué reposas en tranquilo suefio
Sí está incitando á despertar la aurora?

EL TELESCOPIO.

MEDALLON.

ELABORADORES.

A GLIFFNEH.

El a·ma iba peregrina por los caminos de la vida.
Abri6 los ojos y S6 bailó sin patria; abandonada á las
orillas del mundo-proscrita de un hogar ignorado,expósita llena de gemidos que se agita en la sombra y
tiende los brazos á lo desconocido.
La esperanza le dijo en secreto no sé qué palabras misteriosas, que así parecían murmurios de la brisa como
reflejos de la aurora: y levantando su mirada á lo más
alto de los cielos, el alma iba p• regrina ,por los caminos
de la vida.
.Buscaba á Dios.
Subió á la cumbre de las grandezas humanas, y gimió,
porque allí no había sino vanidad y vacío.
Trepó con paso trabajoso y cansado á la cima altísima
de la gloria, y suspiró, porque era sombra.
Ascendió á las alturru, de la riqueza y d deleite, y dee•
falleció, porque todo fué mentirr. que pa~a, ó ficción de
espíritu que queda.
Y andaba triste y peregrina por los caminos de la vida.
Detrás el vacío: á su frente lo infinito.
Un genio cruzó la vida. Hondíaima arruga surcaba eu
frente, quebrado el brillo de sus ojos y pálido el semblante.
Su mirada como lamento: su voz c_omo sollozo. Y la
habló:
-Buscas á Dios?
-Está muy lejos.
-Quieres verlo? Sólo yo puedo dar á tus ojos la lente
maravillosa que aleja las sombras y acerca el infinito.
Hazme tu compafiero y amigo.
El genio tomó una lágrima de sus párpados amortecidos y la puso en sos pupilas............... .
El alma, trémula, palpfoante y reverente, cae de improviso arrodillada ................. .
Sólo detrás de una lágrima se ve á Dios.

CHOCANO.

~~rmanos,

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(=LA FRATERNAL.~

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Y la salvaguardia del neo.

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NOMBRO 2511

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MEXICO, DOMINGO 20 DE DICIEMBRE DE 1896.

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"La caja de ahurros ' proteje al pobre, presentándole la mejor manera de ahorar, y ofrece al rico un negocio lucrativo y ventajoso, en que, con pequefiae iD•
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Dibujo de J. M. Villasana.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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