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                  <text>BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
''A LFONSO REYES''
f ó~oo k l CARDO _COVARRUSIAS

.-

TOM9 l .

MEXICO, ENERO 3 DE IS97.

S!a limosma

ae Gtño Nun,o.

-i&gt;lbujo de J. :u. -Vllla-,.onn.

FtlNDO
RICARDO COVt\FlRUBIAS

..

�•
EL MUNDO

a

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

3

EL MUNDO

DOMINGO ' 3 DE ENERO DE 1897

=====----====-==~-=~
"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MEXIOO

Toda la correFpondencia que se relacione con la Re•
iacción, debe ser dirigida al
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The Spanish Arncric:m Newspaper C'ompany, 1:16 Liberty St. New York, E. r.»

}htlfti!tt ®.cnerttl..
Al hundirse un año en la noche sombría de la eterni·
dad, creemos generalment&lt;' que hemo~ wncido una etapa
del camino. ,. CMi jnzgando inkrnunpida la snceFión de
los aconcecimient-0s E'n el espacio y en el tiempo, nos detenemos nn mom('nto á contemplarlos como si hnbiera
soluciones de continnidad en el curso incesante de los
días v de los siglo~. Es que, impotentes para abarcar en
una sola mimrla lo pasadoqne se aleja presmoso, lo presente que Fe desvanece como un soplo. y lo porvenir que
no nos pC&gt;rtE'nece. nos fingimos esa,; di\'isiones para que
nuestra limitada int&lt;&gt;ligencia se alivie, como el fatigado
caminante Feñala Fus jornadas cabe la fuente sonora ó en
el risueño oasis que han de dar de!'C.'\nso y cpnsuelo :t
1us miE'mbros qne han quebrantado las asperezas de la
sierra ó los ardoreR enervantes del deRiC'rto. Es que, acosados por el miFterio que ten&lt;&gt;mos delante, y envuelt-0s
por la sombra que dejamos atr,ís, abandonados por el
a¡¡er que huye, y atrnídos con magnética fascinación por
el mañ,ma y Fil!' espejismos seductores, queremos un pun•
to de repoiso µara coordinar nuestros 1'C'&lt;.'uerdos y en ellos
fundar nuestra is predRione!', las más vece!'&lt; inconsiFtentes
y fi-Jgiles, como rreacionefl m,ís bien de la fantasía arre·
batada que•del criterio sano y reposado.

...
*
t'\.* *

Una-nube negra de tormenta se cernía sobre el ,·iejo
mundo y reMmpagos de tempeFtad alumbraban con cárdenos fulgores los horizontes americanos, cuando lució la
primera aurora del año que hoy termina.
,La concurrencia vital que coloca frente 1í frente pueblos
y nacionC'8, por virtud de eFa serie de luchais infiniL'\Fque
por ley implacable han de dar la victoria :í los m,íR aptos
y conceder la supr&lt;'macfa ,í lo!' más fuertes, era ignahnente manifie1&gt;ta en t~da la ext('nflión de la Europa civilizada,
v que en el Asia legendaria en el' Africa abierta ,í todas
laR ambicionei;:.
Cuba R!lcndida por volcárnca erupci(m buscando su independencia y libertad, Venezuela refugiada tra.q la doctrina "Monroe. para p-0der reFistir á Ja.q pretensiones brit:ínicaF, y ERtados T"nidos amparando á la República flndamericana bajo la.egida dC' su diplomacia, daban ocasión
,í que los ánimos se inquietaran, al comenzar el año do
18!l6.

Hondos"clamores de dolor atronando los aires, rumores
snbterr.íneos anunciando eRtremecimientos genesiacos:
esa era la herencia legada al mnndo civilizado. Hambriena de ideal&lt;&gt;s nuevos, anhelnnte de consnelo en la suprema angu~tia que la aflie;e, d&lt;&gt;?eosa dC' C'ncontrar alivio ií
l:i. infinita rl.olencia qne la ag-obia y claridad en las den"ªs tinif'hlaR que la cercan, la humanidad alzaba a ver sus
manos dolientes al cielo, buscando sus íd,,:os rotos y sus
dio~es c.'\frlo~.
Hoy nada en el con¡unt-0 ha podido cambiar. La reli·
gión con !'lns aue;ustmi mi;.:terios, la filosofía con sus Jnminozas f'ns&lt;&gt;ñanza!'I, la ciencia con sus aRotnbrosasconquiRtlR, al art{' con sn'I bellísimnc; creaciones, la poesía con
"ªs inefabl&lt;-&gt;~ ternnms, no han podido darla en la bre\'e
&lt;lnraci,m rle nn afio los conRnelos que no lograron en 'la
inroenFa:cadena de los siglos paRados.
~

,. .,,

guesía explotadora, de un cesarismo armi"(?otente; obli¡r,idos á sostener sobre sus hombros el comJ;&gt;li~do andamiaje de la paz armada, que man_ti~nen las rivahda~es d.~ los
poderosos y los rencores tradicionales; constreñidos ayer
perecerá sus hijos asfixiados en_ el taller q?e el capital
explota, envenenados en la mma subterranea que ha
abierto la codicia, ó marchitos en el cuartel que ha multiplicado la venganza; ¿.i dónd~ vo~verán lo~ ojos angus•
tiados1 cuando sientan el corazon sm creencias, y lamente sin ideales? á dónde querrán dirigir la_planta vacila1;1te,
errantes peregrinos, donde alzarán la tienda movediza,
si ven extinto el fuego sagrndo de los altares, rot-0s. Y des•
ligados los lazos de la familia, y helado y en ceruzas el
amor patrio ...... ?
.
¡Ah! ves tanta la angustia infinita de esas agrupac!O·
nes sociale~. fa1&gt; hondo su dolor y tan devora~ora sn
aflicción al contemplarse y comprender,-e ca_l'!)om1das de
podredumbre por arriba_ y roídas de, corr~pcu!n por aba•
jo, que no ha faltado qmen declare a la c1e1;1cm en bancarrota achacándola todos los male~. y eqmvocando sus
fines q~e ~e dirigen todo~ al conocimiento, atribuyéndola
hecho:, y consecuencias que no son de rn dominio.

***

Y all:í van esas mít&lt;eras agrnpacione~ Fociales e~fermas
de decadencia. en medio de su grnndeza, hendas de
muerte, en medio de sm; pa,;mosos triunfos; alhí van, os•
tentando sns vestiduras de ptírpum cubierta~ de oro y
pedrería deslumbrante, pPro ,í t.nwés de las cuales se descubren las tílceras qne la devoran y los achaques que la,;
debilitan, los males que las amenazan, frutos naturales
de su estado de progreso, que si ha servido para. el . de,;em·ovimiento dt' su;; fuerzas activas y para la difl'renciación evolutirn de ,-us elementos. por ley ineludible ha
dado naciment-0 también ,t producciones morbosas que
110 se ven en los organismos jíiwnes, donde hi ·avía nue;
va lleva. :í las sociedades que atraviesan las prim.eras etapas d&lt;? su evoluciún. oleadas de sentimientos puros y corriente~ de aspiraciones noble!'. capaces de ahogar en
germe~ los producctos del egoísmo y los engendros. de
las pa~1ones t-0rpcs.
AJl,í van, desgraciadamente, confiadas en que una catás·
trofe de e,-a.s que conmueven ,í la humanidad, esperando
que una general conflagración, un fiero cataclif&lt;mo, de
esos que sacuden las ba.ses y fundamentos de la sociedad,
las hagan salir de ese estado do turbación enfermiza, que
ha de ser pasajero como las grandes crisis de la humanidad.
f
¿Qniéncs caer.ín en el tremendo juicio? ¿Qni,~nC's ser.ín
derribados en las convul~iones apocalípticas de e~a metamorfosiR? ...... ¡Quien sabt•! pero ha de 8er terrible ese cna•
dro de desolación y de ruina, que habremos de presenciar
en no lejano día.

*

* *por los odios tmdicionale::;
Devorada Europa, no tanto
que han dividido ,í las razas que la pueblan, cuanto por
la ruda concurrencia vital qne se hacen en las diver:a!ls
regionef; de la humana acti\'idad; amenazada de un crecimiento de "den;;idad dernógrafica muy superior al que
puede sn~tentar Rll estrecho territorio: no s6lo son los añejos rencores no sati,,fechos, ni las injuria,:i enwjecidas no
ven¡mdas aún, lo que la haC&lt;' aparecer com0 sobre la cima de nn volc,in príixiino ,t entr-a.r en erupci,rn. Form:tda por Est,idos que no alcanzan todos el mi,=,rno grado de
cultura, ni han corrido con iguales sacrificios los periodos de su evoluciún, ni Ee han constituido sobre las mismas ba~e~, las in-&lt;tituciones difieren y las competencia-;
de nación ,í uaciún se ahornfan en ol orden político, como se agigantan en el econ{unico :v social.
Por c~o nada consie;ue en favor de la paz europea esa
marcha triunfal del Czar omnipotente ,í tr-av~s de las capitales. que lo reciban en medio de festejos y lo aclam'\n
en medio de las pompas y entusiasmo de los pueblos. Todos comprenden la supremacía del aut6crata moscovita;
todos saben que en los pliegues de su mant-0 imperial
lleva ocultos auras de paz y rayos de exterminio; pero
por lo mismo que la diplomacia lo acecha y la astucia lo
rodea, parn obtener cada cual en ijll provecho los fiivores
de su omnipotencia, vuelve ,í sus palacios de San Peter~burgo. deflpués de presenciar cauto y pmdente las maníestaciones de Breslau v las ostentaciones de Chalons.
En vano se han rcnñido congresos y se ha,n celebrado
concilios de sabio,; y filántropos para resolver el problema social y para desatar el nudo de la paz armada: sus
notables a:-piraciones han sido estériles, sus resolucione!I
no han encontrado eco en las esferas del poder, y su voz
se ha ahogado por las aclamaciones de mnúmeros ejércitos, dispuestos ,tentrar en combate, sin~ular ála primera
señal de alarma y á la primera explosión del rencor que
los ha levantado.

***

&lt;.,uanrlo al salir el mundo d&lt;&gt; la edad antigua, al empuXi i,iquiera el problema turco que ha recla,¡nado por dos
ie asolarlor de los pneblos j!;ermánicos. se encontrfi, entre años la atención del mundo cil'ilizado ha alcanzado t-0los escombro" de ar¡nel inmenso cataclismo, hechas peda- davfa satisfactorio desenlace, ni lo obtend.r,í tal vez en
r.os las tC'ogonías, derribado!! lo!' Partenones v vacfos to- breve plazo.
nos los Olimpos. pudo á la voz de los apóstoles desnudos•
La crueldad del ~ultán ha corrido parejas con sn a~t-nv ne loi;: :rnacoretas hambrient.os que predicaban la auste- cia refinada, y su tolerancia rayana de la complicidad ha
ridad y en!'t&gt;ñabnn el martirio de la materia, ir :t bn.,car igualado en m:ís de una oc.'l.~ión á la barbarie ciega y al
••n los rlesiertos v &lt;&gt;I ascetismo la realización míl'tica de la , salvaje fanatismo de los que no se han hartado con la
idea cristiana que lo arrullaba en ensueños ultra-t.errá- sangre de los míseros armenioB. ·
queos.
Como si bastaran ,í reivimlirar lo!S Ílll'ros de la civili?.aCuando abnimado nor la pe~ndumbre del antiguo régi- ción concnlcadn~ por la perfidia ,. el oclio rdi&lt;&gt;io~0 )a-.
men. Yeía al sier\'o ile la gleba perecer al peso de las aris- ~rotest~s p!:ít&lt;:&gt;n_ic.t-&lt; de las_potenéia~ y la.:; not:1s~dipl~m·ítocracias, martiri:i:arlo por los privilegios, r agobiado uor t1cas de los m1mst.ros, nadie :,e ha atrevido .i ~ofocar con
tl)das las e-:,rplotacion&lt;&gt;s, pudo el mundo mode: •10 ~entir~e férrea mano esos esc;índalM, nadie hao::1atlo poner lamacomo regenerado por las candentes llama.s de ia Revolu- no sacrílega s?bre el hijo del Profeta, ni ha habi&lt;lo quien
ción Francesa que almnbraban los derech0s del hombre
pre~nda arro¡a~ del suelo europeo esa mezquina .sr,111',m
p_udo c0nfiar en las promesai;: de los jarobinos que annn: de n_,,1.i .sril,rl' la t11'rm, que mancha con sns tini(•blas v f'srmban,una nueva ley, clicts'\da como la. lry antigua entre ca~n~ce con sn pre~encia las claridad~s de la ci vilizaciún
los relampngos y tmenos de las iras populares estallando cristiana.
Pn ~ganwsc.-i exp)Mii,!1, de odios acumulados en Riglos de
Es que tod0s se inclinan ,í una inbn·encii',n armqu.a
,;erndumhrp v ah\'C'C'&lt;'1nn.
pero nadie quiere tomar sobre si la re,ponsabilidacl ile 111~
Pero agobiácln~ lnc n'lPblo~ de ese mundoqne fué 1 con conflict-0 9-ne habrfa d_e oc~1!-rir á la ]~ora del rep.irt, d·J
la peF'ada carga el(, un f&lt;·ndalismo anticuado, de una bur- los despo¡o.s y la d1~tnbnc1&lt;Jn del botin; es que el m:sJra-

ble Abdul Hamid que comprende las disidencias q_ue
apartan y los odios que dividen á las grandes potencias
que lo amenanzan, confia en su astucia solapada, sé deja llevar de ciego fatalismo y dilata y transfiere indefinidamente el cum-¡&gt;limiento de sus promesa.'!.
Y la sanrge crrstiana vuelve á empapar la tierra europea, y los lamentos de lM víctimas vuelven ,í formar concierto doloroso, y el m;sero Sult.in ii vivir y .l. perpetuarse
en el poder por la comp \SÍ ín que inspira á unos, el asco
de otros y los recelos de todos.

-----------

***

El A frica, tierra fecunda donde se han d'ldo cita todas
las ambiciones y donde se han acumulado todas las
concupiscencias, es todavía hoy como era ayer causa de
temores y motivo de sobresaltos par-a la -¡&gt;az universal.
Allí la Gran.Bretaña que aspira al dommio de !continente, desencadena odio~ y desata tempestades con su expedición del Soud.in y sieml;Jra rencores y engendra nuevas rivalidades con las tendencias de Cecillo Rhode8'
á quien proteje sin embozo. La l'ruz británica que ha,
de extender sus formidables brazos desde Alejandría al
Cabo de Buena Esperanza. y desde Mombaza y Zanzíbar á la desembocadura del Gambia v las costas de Sierra
Leona, tiene construidas ya sus estribaciones primeras.
Allí Alemania, soñando con un imperio colonial, que
sirva de esc~pe al exceso de ,;u poblacif1n. Allí Italia, humillada µorlas hordas ·del fiero Menelik. Allí Francia,
olvidando sus tmdiciones republicanas y sembrando rn
)fadaga~car el exkrminio por medio de aventuras que la
debilitan, yaspinmd0 en vano á la posesión de Egipto, que
con~erva Inglaterra en nombre de Gordon, annque,la !~pública Jo pretenda en nombre de Napoleón de Lesseps.
Allí, en fin, todos los que arrastrados por la neCE&gt;l'&lt;idad, urgidos por la ambici.'m ó aguijoneados por la fiebre colonial que los aco~a, tratan de ~erlos primeros ocupantesd&lt;~
ese innlC'nso territorio abierto .i la ciencia para que lo PX', plore y ,í la civilización para que convierta la.'3 agregaciones prot-0plásmicas de sus pueblos en i,ociedades diferenciadas, capace,; de evolucionar y de entrar de lleno en el
conci&lt;&gt;rto de las naciones.
Pero para que llegue ese anhelado. día, ¡cu,'lntos choques, qué tremendas competencias ha de presenciar antes
la humanidad que trabaja en la obra inacabable del progreso!

1

.*
**

América, por su apartamiento natural y su particular
organización no forma parte de ese cuadro donde, si hay
ráfaga.&lt;i resplandecientes de luz, acabamos de sorprender
el lado de sus tenebrosas sombras.
Al proclamar ante el mundo su doctrina Monroe qm,sostiene Cle,"eland y que predica Díoz, se ha puesto fuera
del alcance de esas ambiciones, y protegida por la fuerza
de su derecho propio, se ostenta resuelta á defenderse con
el derecho de s11 fuerza. L:i vieja Europa monárquica ha
tenido que inclinarse ante esta magestad, y la solución
final que ha tenido el conflicto anglo-yenezolano es prueba inequívoca de que no somos vi~tos ya con el desdén de
los pasados días; ya no se nos considera valdío~, expues•
tos ií la conquista de los aventureros y :i la rapacidad de
las Ol'adía~. Ya somos dtleños legítimos y no hay quien
se atrev¡\ á disputarnos la posesiún del territorio que no"
pertenece, y est.í a salvo de hoy en m,ís de agresiones in¡ustas y pretensiones audaces.
Ojal í se consolide esa unidad continental conservándo•
se incúlumes las unidades nacionales, y la Am(&gt;rica republicana y libre y prósper-a y felíz, siga siendo la tierra
prometda á donde se convierten con asombro los ojos do
los pueblos fatigados en busca de una tierra virgen, libres
de los achaques que aflijen ¡Í las civilizaciones cadllca~.
No importa que, nacidos ayer, a:í.n sintamos los estremecimientos que sacuden á. los mundos en vía de formación; no importa que las influencias atávicas muestrt:n
acá v alhi sus morbosos engendros, y todavía se manifiesten las inquietudes dolorosas y la.'3 alucinaciones engaña- .
dora.s que afligen á los pueblos jóvenes. Hay en nosotro~
vitalidad suficiente para evolucionar en sano desarrollo;
hay poderosa.'3 energías que nos libren de vicios ingénitos
y nos impulsen á corregir los errores tradicionales.
;.;f.Ahí están los E~tados Unidos y )Iéxico al ~forre, y bue•
na parte de las repúblicas del Sur que, dispuestos los
primeros por su admirable estructura social, y resueltas
las segundos á olvidar sus hábitos de raza y sus defectos
de educ.'\ción, y decididas á emprender nuevos caminos de
paz y de progreso, dan testimonio irrefutable de la potente fuerza que poseemos para mostrarnos al mundo dignos
de nue~tro deFtino y acreedores al papel q ne nos toca des•
empeñar en el concierto universal.
Felices si logramo.s con~rvar el fruto de una expcrirncia dolorosa.
Dn. CoxsTA.XCIO PE~A. lDrÁQUEZ.
31 de Diciembre de 1896.

NUESTRO OBSEQUIO DE ANO NUEVO·
Llamamos la atenci~n de nuestros lectores sobre el nuevo cromo que acompañamos,
á nue4ro número de hoy y que será como el
prólogo de Jo:-; obsequios que en el nuevo
año nos proponemos hacerle~, entre los cúale::; se cuentan los doce iomo.-; de la BrnLIO-·
TECA MINIATURA.

El Transporte "Oaxaca" en el Varaúero Nacional de Guaymas.

"CLARO-OBSCURO."
De ·ciro B. Ceballos.

Patriciado Liríco.

Yo había soñado con cuatro libros, de esos para la biblioteca íntima, para el librero que est.í junto al lecho,
en la alcoba, al alcance de la mano y que guarda los tomos queridos; los que despiertan en el espíritu fatigado
de la trivial literatura. que nos inunda, invade y rodea,
, sensaciones ha mucho tiempo dormidas, senthnientos
acurrucados en lo m,is oculto, en Jo más hondo, en lo
más inviolado.
Serían esos cuatro libros, de factura extraña, un si es no
es arcaica, breves, m,ís pletóricos de exóticas eFencias: el
Oro y 11egro de Paq,uito Olaguíbel, el Fforil~giu de Juan
Tablada, la colecc1ón de versos de Balbino D,tvalos y
el Claro-obscuro de Ceballos.
Oro y negro: un eleiante. C?f~ de laca ~ oro, joye~o de
lises hechos de amatistas hturg1cas, topamos misteriosos
y esmeraldas episcopales: una pedrería elegantemente
taciturna.
El Florilegio: un baudeleriano · haz de flores enferma~,
de aroma penetrante y exquisito, muy semejantes á_ las
&lt;J,;Je la mano larga y amarfilada de la marquesa ~e\ ~1glo
X:\11I dejó en su libro de horas exornad~ de m1cmles
rojas y estrellas de plata; flores de todos los mvernaderos
patricios, hechas para el corpiño de terciopelo de la gran
duquesa ó para el ojal de la casaca del Rey Sol.
Lós versos de Balbino: desdeñosos señores de talante
altivo, vestidos de negro frac irreprochable, Brummels
de buena cepa,_ Lanznns caballerescos con S!,1-S puntos de
filósofos peS1m11-t.'l.!!, des~mnadores de ma~ngales_finos y
religiosos observantes ae la forma gentil, donairosa y
grave. Príncipes de Rohan de la literatura.
Claro-ob.•curo: atleta rndo, de grande mirada abierta, de
amplio torax é hinchados bíceps, que desprendería una
estrella del saten brillante de la noche y no recogería una
florecilla matizada, por miedo A deshojarla; prosa bien
constituida con mucha sangre de glóbulos ricoit, con nervios complicados y vibrantes y vigor de pugil; un_ gran
burgrave de florida testa, que ama el cáliz henchido de
tockay real, y no el cristal bohemio en que hace visajes
tétricos el ajenjo.
.
Cuatro libros ......... y acaso uno desp~és, con la lit~mtura exquisitamente anéu1ica y estragada de un ruño
que crecerá mucho: Bernardo qout&lt;?--· qinco libroJ, ~inco petalos de una mra flor de h~ d1i:i,,tst1ca y hernldica:
cinco hoja.&lt;i de un trébol kabalfstico, 1mpre~uado de prestigio oriental; cinco artist~ q~ntae~enciados que !yo
.cóngregaría bajo esta denommac10n:
«Patriciado lírico.~
•
8ofl.at&gt;a con esos libros.
Y lleg,í A mí el pewíltimo: y vibN hiriente y limpia'la
diana en la torre señori:\l de mi burgo. ¿Vendr.ín los
otro'!? 1Av! quien !!:\be; m'\'! qué importa después de todo si los que los leerctn ya los conocen, los aman 'y los
recuerdan?

•* -

vi CL \R() ()B'lCUR'&gt; V

**

h-ill ~ en ~l to·h" h" impnrffr.a'I
del or.&gt; vir"'fln v t'l h~ 1'" vi,.ilid'\ie'l ilel H •ra11le;¡ niño.
En J0q eqcrit.0rf'~ h-1.v qie'llwe al~o fem:lnin'&gt;: fibra&lt;! de·
licarh,; v vihrítiles q•1e "" estreme~n :í toi'.t« Jaq -iur,vi
de h vi,h; en Ciro B. C,lnllos n•1 exi,:ten e,·i-i fibra~:
moldearía iarron~s f'tru'l&lt;"~~. no p0rcelana9 de 8fl\Te!'. En
la cuna le dió la leche de su~ pechos robustos el natur.l•

lismo desnud0 v libre: la leche de lo~ fuertes. Tolst-0i, el
conde formidable ~· Zola, ol inmen~ri demoledor, fueron
sus progenitore;.:; amó :i Gautier por la vi 1•eza retadora
de los matices de su paleta; no sabe, pues, de esas tonalidade~ media;i en que se funden (connubio de luz!) las
zonas del arco-iri~. Su numen va del contmste al contraste: de la altura ,t la sima.
A pesar del vigor de su cerebro, Ceballos no ha encauzado a(m su eRtilo v sus tendencias por un canee definí•
tivo; es \'ersátil con la yer;.:atilidad de los númenes adolescentes: la frase lo seduce, el exotismo lo de,..lnmbra y
sufre el alma de su prosa del atayío heterogéneo con que
la viste,
F,íltale adernáA observaciím; no ~abe hacer hablar :t
sus hijos; préstales nn verbo t-0do suyo: sobrado pompo~o
6 sobrado rudo; más apenas ha traspnesto la linde de los
veinte años.... .. il fun son cl11'mi1t: hL~ madureces de su
otoño eAtar,in henchidaA de jugo, prsar.ín en los ramajes
y atraer.ín .i las aves del cielo.
Esperemos ,t que rl Yerba se haga carne y luz y medula......esperemos.
·
Y soñai:é entre tanto en los otros cuatro amigos que
acaso llamen un día ¡t mi parca biblioteca, todos enfermizos, próceres t-0clofl, todos hechos para lo;; lt~illla !/ .•ei.&lt;1
del viejo Barbey...... Soñaré en e;.:e A1trióado lítim, unico
que despierta mi» fibras y aceler-,1, mi pulso y sabe b1ticar
como el arquero habil el nndo de mis nervio!':! pttra herir
allí produciendo la convulRióri. voluptuosa que anuncia
al arte nuevo, al arte )Ie:-:ías, al arte Rey!
~UDONERVO.
Diciembre de 1896.
UN FII.,A1'IENTO DE CARBON.

Ya el título es extraño.
Hav, v .todo el mundo conoce, filamentos de cáñamo,
filamentos de algodón, filamentos, en suma, de diversos
jegidos vegetales.
¡Pero 1111 fil111,u•11/o de cn,·ú611! ¿Qué quiere decir esto? ¿y
para qué sirve?
¿Y quién para mientes en engendro t.an baladí, dado
que exista, y cuyo nombre, en todo caso, má~ que otra
cosa parece un atrevimi&lt;&gt;nt-0 de la gramtítica y una impropiedad del lengnaje? ¡El carbón en filamentos!
Todo el mundo conoce el C.'\rb/in; pero lo ha visto, y se
lo figura en forma de ma~a, más ú menol'compacta; como
el carbón de encina que viene del monte: como el carbón
de piedra, arrancado á pedazos del fondo de una ruina.
Pero, ¿,quién ha visto ni dónde i;c encuentra un filamento de mrh611 en el ¡;eno de la naturaleza, á pesar desertan
pródiga en a~ombros y aun en caprichosas combinaciones?
En la naturaleza podrá no encontrar~e. ó se encontrartí
difícilmente, porque á pesar de rer tan rica y t.an poderosa, no tiene el ingenio sublime del hombre. Es la natura•
leza un rico torpe 11 ,rutinario: siempre lo mismo.
Jam:ls la naturaleza ha fabricado una locomotora ni un
dinamo: habd mina.'&gt; de carbón y de hierro; pero no hay
minas de donde se saquen ya fabrirados dinamos y JOC-Omotoras. La acciún directriz, la furrza combinatoria, la
luz divina del espíritu humano son neceFarias para reali•
zar los portento&gt;&lt; de la ciencia Y dr la i nrlnRtria.
·rn./ih1111mlo d, rarMu procede de un filamento vegrt.al
ordinario; por ejemplo, de nna fihra de bambú. de nna
mecha de algodón, de nna e~pecic de cinta UL' papel, qrn.:

celnlorn es al fin y al cabo, y por lo tanto de origen vegetal.
Si estas :fibras se colocan en nn molde de metal y se som&lt;'t~n al fue~o, ee carbonizan, es decir, todo lo que noes
tarb&lt;m, el hidrógeno, pongo por caso, se ra, y no queda ·
m:ís que un hilillo de moléCt1las de l'arbono. A esto es t lo
que llamamos filamento de carbón.
Que, por lo aemás, puede obtenerse de muchas manerns, y hasta del carbón directamente, sin pasar por las
fibras vegetales,
Pero nqestro objeto no es explicar los procedimientos
que emplea la industria para obtener filapientos.
· Rúlo nos proponemos un fin :filosófico-científico, dig:lmoslo así. Sólo nos proponemoe,·repito, ponerant,e nuestra vista un hilillo de ¡mraculas de carli6u y quedarnos en
meditación profunda delante del insignificante y ruin y
negruzco sér. ¡Un hilo de carbón! ¡Para qué sirve! voh·emos á preguntar.
Es que á. veces los seres m:ls insignificantes, más ruine!!,
más despreciables, son por lo menos gérinenes de sublimes grandezas y de luces maravillosas.
•
Cruzad el campo y ved sobre el terruño un pobre labrador, tosco, prosaico, sucio; tierra cuajada y ama~ada
con sudor; un grado m,í~ alt-0, sólo un ~rado, que las bestias qúe trabajan junto ,í él ó que van delante; un último
y modestísinio escalón en la e6cala zoológica que empie•
za por el homo .wrµinui y !&lt;igue bajando. ·
Ene!' ¿quién sabe? Quiza en ese rudo y to~co y, embrutecido sér est:í el gérmen diYino de un gran artista, de un
gran poeta, de un hombre de Estado, de un sabio, de un
general victorioso, de un gran inventor. Él fué tosco carbón vegetal, negruzca masa que rodó por aquel surco,
que sus bueyes arañaron en la tierra con la uña del arado; pero su hijo ó su nieto recoger.in en el .robusto Í\ sutil cerebro, flor de aquel campo los resplandores de la idea
y las palpitaciones del e~pír1tu humano.
· Que aquella fibra yegetal la carbonice la sociedad con
su fuego y la electrice &lt;!on sus corrientes y brotarán torrent.es de luz.
Purs eso hace el fi[m,11·11/0 de cmb6n.
Pero con su cuenta y razón brilla. .
•
Si se le pone en la at-mÍ&gt;sfera, en contacto con el aire, y
se hace pasar por el hilillo de carbÍ&gt;n una corriente eléctrica, arde sí y luce breves instantes, pero pronto el oxígeno atmo~ffrico lo ro11x11.me: el carbón se quema: su luz
se apa.,.aa: su vida es breve: sus re;;plandores efímeros,
)fas si se le protege con una e11mfreute cri~talina y dentro del espacio protegido se hace el vacío, sigue ardiendo
días v días, meses y meses, qlúzá ochocientas horaF, quizá miís: ltu·c _,¡ no .•e cm,.,,,111e, o se commme it la larga.
Así el sér humano, así la más noble inteli~encia, el cerebro más poderoso. Si se etntrega ¡t la acción corrosiva
del medio ambiente, si so deja quemar por el oxígeno do
-las pasiones que le rodean, pronto es triste silencio, fría
cemza, fúnebre sombra. Es forzoso que algo puro, cri~talino, una coraz,t transparente le proteja; que á él llegue
la vibración etérea, no la acción combustible; murallas
protectoras cristalizadas: pase por ellas lo que pueda ser
luz, !,)O pase lo que ha de ser humo; fórjelas la idea del
deber y el amor al bien.
Todo esto es explicar por símbolos del orden moral
una de las más portentosas maravillas de nuestro siglo,
tan Fencilla como prodigiosa.
A saber: la lámpara d1• inraiulescenóa.
Y en rigor ya la hemos descrito: un globo de cru:tal,
en cuyo interior se hace el vacío, un vacío casi perfecto,
y en el cual se coloca un filamento de carbón.
Por un extremo del filamento entra la corriente elC&gt;ctrica, por el otro sale, y al pasar por el hilo de carb6n lo
hace vibrar y lo ilumina. :No m,íH.
Lo ilumina, I&gt;orquo la luz nb es m,ís que vibración del
eta, comunicat a al eter por los cuerpos vibrantes, cuando
la rapidez de las vibraciones es suficientemente elevada:
como el sonido es la vibración comunicada al aire por el
cuerpo ~onoro.
E,:ta es la explicación que da la ciencia, y la realiclacl
sed de este modo, ó de este modo podrá ser simbolizada.
La verdad es que nosotros no conocemos las cosas corno
ellas son, porque no estamos dentro de ellas y con ella;,
confundido~, sino por los símbolos que despiertan en nue~tro cerebro.
Pero, ¿cómo la corriente eléctrica hace vibrar las partículas del hilo de carbón?
Válgame otra imagen, que sobre símbolos é imágenes
trabaja la imaginación y funcionan las potencias intelectuales: sobre rl'presentaciones de las cosas, dicen los aut-0res de psico-fü&lt;ica.
.
Cuando un arrovnelo de poquísima profundidad corre
por un lecho lleno de piedrecitas, ¿no es cierto que al
choc.'\r con estas se cubre de blancas e,soumas la corriente?
,
Pues algo así sucede cuando la corriente eléctrica pasa
pQr el hilo de carbón, cuyas moléculas son como las piedrecillas del fondo, en el ejemplo precedente, Sólo que
aquí la fuerza de la corriente es tan grande, que las moléculas vibran y engendran la luz, viene á ser como la luminosa espuma de aquel arroyuelo eléctrico.
Y si la comparación no vale por sí, val!? al menos como medio mnemotécnico para fijar el fenomeno en la m&lt;:moria.
De suerte que hav .una diferencia radical entre las lámparas que se llamañ de urco-voltáico y las hímparas de i11cande.•cmcia.
En a,¡vella-•, el carbón, que es una barra rclath·amente
grue~a dividida en dos trozos, 6 mejor dicho, dos barra!-,
vibran al aire libre y el otdgeno las quema y las barra~
se consumen.
En htns, es decir, en las de incandescencia, el hilillo
de carbón vibra en el ,·acío y no ~e quema ni se conswne,
ó se consume lentament&lt;'.
Y hé aquí como nada, por humilde que ~ea y despreciable que nos parezca, es despreciable, ni en rigor humilde. ¡en hilillo de carhr'm! ¡Qu(&gt; nrgro, qué ruin!
¡l'n filamento de carblln! ¡Hilacha carbonizada!
f.:i una hilacha vale tan pQCo ¡cu:ínto menos yaldr.icuando e,.t(· rcd1wi1la
. á carht,n!
~

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897
- - --=-~

EL MUNDO
4

de treinta ailos de asiduo concurrente á lª
casa de la calle de Valverde, se ve obligado á prc~idir una jnnta, es Tamayo y Baus,
el Secretario perpetuo de la Corpora·
ciún, quien, por lo bajo le indica las pr.íc·
ticas reglamentarias :í que ha de cet'l1n;c.
Ca~poamor es de los pocos hom}ires
que viven content~1s con ser lo que son y
que nada aro bicionan. Hecuerdo que cuan·
do rehusó el título de Castilla, con grandeza de España, con que el Gobierno creyó honr.ir al egregio poeta dijo, justiciera·
mente, un diario de l\ludrid:-Nos explic.1mos que para honrar un grande se le
dieran los t1tutos de Campoamor; pero
darle á Campoamor el título de grande
l;t•ría un ycrdadero colmo. Camponmor
cst:í p11r encima dtl todo lo grande, y tod_o se puede engrandecer, menos su gloria.
Xo ha faltado quien pretendiera crear
algo a...í como antag&lt;mi!&lt;IDO entre Núiiez
de Arce y Clunp,1amor1 como si eso, llámese rivalidad ó antagonismo, fuera posible entre do,- astros qutl brillan con luz
¡,ropin y que giran en órbita distinta. Don
Hamí111 encontr:i recientemente la o:portnnidad de npla.,tar :í los que lo cons1dernban capaz ele mezquimlad envidiosai
c~cribiendo este preciow autógrafo en e
al bum con que los literatos cspat1oles aga~ajaron, en el día de su ,Htimo cumplea·
fios, al poeta del Vi:rtiyo v de Rni11w11do

J&gt;ue,- 1•,&lt;:\ hilar}rn negra ¡tlsJuz!~¡Luz aclmir.1blc que hnll.'\ de-de la mod('sta vivienda ch•l nwnt•titn\l al palado del m:i.g·
nak!
Con 1,í/oduu couwrtiilas 1•n rarb~m !'C
alnmbrn h•i)' el g~nero humano.
E-. qm• en el unh•ef:',1 no existe lo n1i11,
ni lo d,·,predable. ;-(,Jo e- ruin lt, que l':-·
M ¡,,,,, ,,.;,, porque entonce~ ,e confundt•
'con la 11mla.
Pero lo que 1aá...; r1d11 no~ parezca, como
F(l ugite, como ,;e mneva, como trabaje, no
con agitaciím tle-onlenada que se tlestruyn á si mi,.ma, sino &lt;'un ci;a ordenadaagi-·
• tllciún &lt;tlll' ~e llama ri/,mr; que en l'I ;iustnunent"mu-ícal es 11n11r,11ía, y en eteres
luz, V l'll literatura l'l' llama
en el
ccl'('bro ncompaiia al ¡,emiar, y en· e l mar
e...; oll't¡j•, y en foH e:-p.H•in" celestes e~ eter• m\ tmyactoríu elíptica; e~o, repito ,que
i:e no~ antoja llltÍS ,·11i11, engendmr.í '{11z v
IITIIIOIIÍf/1' )" ~'l&lt;t_rojall )' ]lell_'lllllJÍ(llitNl y t,/t'ajrs
y,/, m&lt;,,. 11111kl,·11s ¡ot ,u!,n,·t111 t•n las profundi&lt;ln&lt;lc, de los ciclo&gt;&lt;,
.\"o exbt..• lo ruin: cxisti• lo p~n•zo:-o.
Exi~to /11 ~11111hr;,, &lt;¡U!.! es la i,111111l'ilid"tl
clt•I eter¡,,yel1&lt;i/nwio qm• es la i111,wri/i,/,1,/
del air,•¡ y el Hue,i" e', In muntr, quo Hm In
;,,,,,,,,.¡¡¡,¡,,,/ dl'I pe11sa111iP11to.
Tom:1ll carb',11 y l ' ' negro, feo, sucio,
i;rnnbr,1 cuajada, n.•cucnlo infamt• de las
tinit•bL1s clt• 1111 abbmo; hacl•d que pa~c
J&gt;Or él In ('Orriénte t•léctrica y vibrar.í y

r,r~tJ, \"

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4

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1

-1

•

-

De pie, en actitud reverente y sombrero en mano, dcoo habh1r,c del hombre

que encarna en sí la doble realeza del 1;ah1•r v del tal&lt;•nto.
Cuando IIPgué :\ )fadrid ,-e hallaba Don
'!'ollas 1•sta,- co&gt;-a.• y otras mucha pienso
)larcdino l\lenénde:r. y Pelayo, el cerebro
c1uu11lo n,o lucir una Límpamde int·an1le111,ís enciclop~dieo tfo la E,-paila eontemf'Cencia, y en ella el filame11tu de carbJn
JIOr.ínea, veraneando en :-antandér. Los
hecho luz.
t re!-&lt; ú cuatro me~t•s q uc pasa en ~u tierra
_f.í,,,·'.1 f,,·i/1011/t que llnje no sé qué signos
11al::ll 1 son 11:1mél ¡.,,. día,;_ídicl•s dt• f'll exis1111,-teno➔O•.
tencia. a\.llí tiene "u ca,a y su biblioteca,
l'orqne ya ha~ta la luz ,-e ha espiritua:\ h1 t¡uc, i;egún afirman lo,- que la han vilizado, si \'alP la palabm.
i:it:1do1 ,s~lo hi de U.inov:~" puede a.~pirar
Ya m• t'" hogm•ra alPgn•, J&gt;ero hnmc,,-n:
a t•ntiiblar la compct-encrn. ::iantnnd1•r es
ma.sa y volumt•n dc luz ~· fuego.
l'l tímioo que el 1&gt;r1d\'1xi,o cerebro de llon
Ya no P&gt;&lt; tosca\' volumiun,a mecha mal
)farceliuo necc1-ita para trabajar &lt;lumnolitmw y carbonizada, c¡ue con el pfüilo
te Jo.,; ocho mese~ que l'ft.Í obligado á re,i(•st1 hal'i1•mln ,,scarnio de sí misma.
tli r en la capital del reino.
•
Ya no 1•,; mt&gt;chero &lt;le !{ª" rernlido &lt;'11
Que nuestro amigo, en )Iadrid, no se
ahiert~, abanieo; pem mm•n 1zan1lo con la
tiene por un vecino i:;ino por mi. huesped,
expln,iím :í cada instnnte.
lo pmPba el que habita en una modesta
.\"o f-&gt;! ní rol11111r11, ,ii ,.,,,,, i:,'iri,· d,, /11;: es
!onda de h\ ralle del An'n:11.
''''" ltiu•,1, no 1l~lÍ~ quP ,,,,,, ltw'rr, que no da
Diiít'ilmente se l•ncontmr..í un Iiwrato
humo, quo casi no da ealnr.
"'-,...__ ..,,_ _
---::, m(IS l:ibnri_oso qne :Men,1ndcz y Pclayo.
La geomct_rfa de· !ª luz ~1· ,·,1 ~implifical•:~crihe cada aiio por lo nwno,- un libro;
mlo: sn var1Pda1I se ,11 l'On1lc11,ando NI
Srita. Elena .:&gt;rtee;a· (de Tapa;hula. ]
n:dactn extcmlt)~ informes :sobre asuntos
u na u nidaii c:ula vez 111:í:s bri llantR..
á él encc1111cnla1los p. ir Ju;; cuatro .\.endemias :t que per.Jc,,(EcnEG.\11.\Y.
v gric~o. lo:-- t;txtuninailnn-~ !":(• ocuparon ,•n t•lo~iar ~u ro- t{!11&lt;.•t•t•; da lecciones cu la Univen;idnd; concurre á. la» i:;ehu_sJcz. su \1Crspi1·acÍI\ tle vi:-t.a ~- ;.u np:ud~za de oí~lo. Jfo• Hiotit·H del i'-rnado; va al t&lt;•atro, :í tertulia.~, á paseo; :í tofirw111lo,1• 11 c,te t•xamcu 1lt•1•ta J)on Hamon: Lo!-&lt; Jl'~mlas do aticndt• y para t,.,&lt;lo tiene tiemp•&gt;, hasta para leer
lmsl'ab:m unte t,,.10 t'i ho111hn·. p,.,,-pu~,-. :-i lt',- c·onvenía, cuanto d1• nuevo é interesante se publica en Europa y
RECUERDOSDEESPAXA
Por Ricardo Palma.
harían el ,-aoio. el 1,olda&lt;lo, PI predicador ú el come- Amí-rica. El hombre es de una actividad que parece indiante.
verosímil.
ESBOZOS.
Tr:1t,índnsc ,Jt, la exi,-t(.'ncia dt• Dios, dice Campoumor
I~í:-icamcnte no luce una organizacion robusta ,-:á prueque (•l no ransti su 1·1•1-cbru hul'cando razom•:- ni argumen(' \~{ PO.\MOR.
to~: qne (•! croe en llio:-, ¡10rqttl' ~í. Eso,¡,. &lt;li,cutir ,í ]lios ba tic fatigas; pero bajo apariencias dclirnda.~, ·su orgaQuien pa-amln por In !.,'arrcm de San .Jcr:mimo, en hls ,-e hizo par:i Jo,; holgazmws qm· no ticn\·n \'ll que ocu- nismo es t1m privilegiado como su inteligencia. De mediana estatura, delgado./ p..ílido, en sus ojoM que· son
última.~ hora...; ilt• mui lnr&lt;l,• 11,• invierno, Pntr,! en la libre1&gt;an~P.
hermoso:; y en la sercniaad de su mirada, be retlcja su
ría de Feruando Ft\ 110 podr.í mt•110, d,• fijare&lt;• en nn anJ~studiú dos ailo:- medicina y l:\ deje'&gt;, pon¡ue no act•rta- gran espíritu. Cu:mdo yo lo conoeí, acababa ~l de cum~iano dt&gt; ojos azule:; y c·alx1l\o c·:111111 cara. ancha y r.'.!¡.(nciba :í explkarsi• la worfa tlel e:-tornudo. He tlpdicti otros plir trerntn y seis años, reproi:;entando tl,Lad inferior á la
Jada, enc..rracla cntn• patilla"' bl:tnca.", gon:lura Ütl eani'1tlo" uiios tí la jurisprmlencia, y \a,- l'andcctas lo hicieron qne le asigna l'lu fe de bautismo. •
11i~n. que vi,-ui d,· g:lb.Ín tic piek~. y ú 1¡uicn rodean, t\':-·
bo,-tczar y aburrin;c.
l'na cmilitlad que embelesa en )Ienéndez y Pelayo es
pet:ímlolc y 111i111:imlolo m·ns,1 m:í~ que :í un monarc:L los
.\lguien le dijo una tanle almlieudn :í sn focn11tlidad .su mode"tia, no dirc; si réal ó simulada. Desde el primer
cort&lt;'snno&gt;&lt;, mucho:; li&lt;' los liter-.itos qm• hoy dan honra :í
poética: hay que reconocer en nstcd, Sciior Don Hamún, momento en qtw e&lt;mH•n&lt;ais con (,1 os trata con exquisita
las letra., t·spailol:\,;. Ese t un venembll! como simp.~tico v
el mí•ritn tic la lnborio,-ida,l; traba1a u,-tl'd ba~tantc. Pues llaneza, º" in,;pim confianza, di~cute tranquilamente y
queTi&lt;lo ancian11 e,- I&gt;on Homún de Campoamor.
•
est.i u:-ted t~ni\'ocado; porqutl la hija del capataz de mi
Entre lo!&lt; má.-; a.,icluo" ,lt• los que forman hi tcrtuli:\ hat·it•nda, ,í quien hicieron creer lo que m;tcd pien~a, ex- i:;in dognultizar, y dista mucho de acalorarse, como Tavefpertina del creador de lt1&gt;1 Do/11r11,,, se Vll :í )Ianuel dt'l damú al concx•omm;-;.:\.ntla! ¿,Cómo dicen que el !-Cilor mayo Y Ban~, ('liando~ le contradice. ~o pert('nece Don
::\fan·elino ,í la &gt;'llCta de los infalibles, y sabe ~er toleranJ&gt;al:icio, el poeta lle la~ clii,peant,.•s agudeza.'i¡ á En:(enio
trah,1ja mucho·: ¡Y no i-e puede agachar!
C(&gt;n los hombre!-' y uon sus doctrinas y opiniones por
~11(&gt;:;, el aplaudido autor th•l Snd11 yonli111w, cuy:\ candiCampoamoc po:-ee nna tortuna que le permite• vivir con te
ab,-unlas que ella,- liéan. El no habría condenado á Gadatura para la n1cant,.• de Zurill:\ en la Aradt•mia :eatrohol,znm y sin ¡,reoc11¡&gt;an-c ,!el mañana. Le e:; del todo in·
t·inaron, con calor á qne no 1·orre,pomli{1 el éxito, ~ "iiiez
.
dif,•n•nte el qm• ,e r,• Pbren (¡ no tratados sobre propiedad lileo.
~o rreo :í ::\Icní-ndt•1. y Pt•layo posccd0r de gnmdes cuade ~\rce, Castro Sermno, Taim\yo y Campoamor; Jo,;~
l_iternria e~tre 1•'.spaiia y las l!ep·.'iblica&gt;&lt; ameril'anas; pues
omtoriiL•, tÍ pet-ar de lo tacil y correcto de su paA lcal:í Galian11, el es(·ritor qne, en lo~ versos'llc ~11 libr,l
1·1 rn&gt; se cnula tlt- reclamar de lo, editore" de sns ubm, de- lidades
labra. }LiK qtw hombre de fantasía es hombre de criterio
Ka/, iduxm¡,io y en sn~ artículos l'll pro:ll\, sobre to,lo, luce
rechos ~ll' au_tor. Rus ami~o~pue1lcn n.•imprimircnanto&lt;-1 l'laro y ~en•no, y :-nbru todo de mn\' singular y admirapor lo. especialidad de la forma humorística, y de q ,Jicn
ha c,cnto, sm quP ,... ,•nnje pon¡ue ha van ol\·ida,lo soliciValera aspira á hacer un ac:ulémico; Ricardo do la Ve-~a.
·
tar s11 aq nies,:euria. ( 'olabora t•n la ¡-;,,,,a,;,, Jlml, r11" t·on ble pcrcq&gt;eión c:;tl-tica.
el tan ju,;tnmente popular isainetcro; P,,ña y Goiii, \'icen•
:-us ll1w111r11tl11~, nada 1ná~ que p&lt;&gt;r cariilo á p,,¡w L.ízaro.
te (',olorndo, X1warrek•, Pin:\ Dmnínguez, ,1oa9.uín DiccnEn una palabr:1 1 ,•s Pi único e,;crltor dt• fama ,í quien su
OTRO PAGO DE$ 5,000 oo DE "LA MUTUA"
tn, 10,- Sepúlveda, el C',oncl,· de la,- ~a,·:\s y chez íi doco
EN GUANAJUATO.
pluma no prollm-e dint'ro.
cHcritore8 más. Ctist~lt\r y ¡,;(i¡¡ez ele Arce no deH,leñan ir,
Iloy non Ramún tributa culto :í la pere1.a~ Ya no lee
de vez en cuando, :í ~olazaN· en la librería de FJ, oven&lt;;u:umjn:it-0 :t rn dP Dicitlmbre de 1800.
ni cstudiu. Dic-1• q1w á :'.\fonéndt•z 1\•laYo ll' tiene pncodo contaT chn~arrillo:; :í Don Ramón, que es el reg.,cijo
t-,r. D. Carlos :-ommer Director General de "La )Iutua."
me,!dado qne ka .Y estudh• por 101:1 do~. ':I..o que en Es¡m)léxico.
hecho homhn'.
fia ignore :'.\fan·ehno, aiiatlt•, tle &gt;&lt;egnro q1w nn hay t•spa• . La librería de Murillo, en la calle de .\.lcnl.í, es tnmbii:n,
fiol t¡ue lo :-epa. ¿A qn{- fatigarme·: ( 'irnndo me hac,\ falta
:'\In,· •t•iior mío:
&lt;lc,-pué~ di' las cinco de }a t;1n.le: otro centro de gente de
llur m,· ha t&lt;idn pagacfa la suma dt' cinco lllil pesos
aprender algo H' lo pn,¡tnnt-0 al 1-&gt;1bio por excelencia, Y
]1,tra.o.;. l\lenéndez y· Pclayo, Barhieri, Catalina, Zarago:r.a,
trabajo hecho. Por :'.\lené11dc1. l\•Jayo tit•nc Campo;1nuir ($:1,&lt;XlO) importe dt• la p',liza nÍlm. :.lH-\\l~:.l bajo la cual
Colmciro, el padre l'ita, .Jilué1wz de la Espada, Fern.inestaba a,e¡?11nulo mi fin:uln hijo liuilll'rino (-loorne.
adoración.
·
dcz Duro y otros aca,lémico~ de la Ili~torindeparten allí
J,a actividad~- t'licaria t·on que ha exl)l'tlitado lasprueY e;ae conver,-1\d.or, tan pl.ícido y variado en l:l t('rtulia
l\'po~mcnte, 1:1in la animación y ha...;ta el bullicio de
de la Carrera de $a11 ,len',nimo, t·s otro hombn• rn 1:i~ ~e- !'."'' tl,• mt~•·.r.te el :-r. n. _1,:nrique }ley1:nbl•rg, Agente de
los tertulio:! de la cam•ra. d,· ~n Jer.'.mimo. No es raro
La )l11tua eu e~ta &lt;':l¡ntal y la prontitud con que se me
sionl'" de• la AcndPmia Espaiiola. Xo :1hfl.' fa l&gt;&lt;K·a ,iuo
,•ncontrnr en e.-ie círculo de gente gravti á C.ínova.~, á ~ilha ht•cho 1•! pago, confirman tll :merecido crédito de que
pl\r.l decir •i ú ,, í, cuan.to 1'11 nna vot,11·i.',11 es i111&lt;•rrol{:Ulo.
•·vela, :i l'idnl, y al man:¡ué" de la Vega de Armijo.
l'an•ce que hnbit&gt;m h1•cho ,,,t,, dE&gt; ,ilenci11. :-:i por cnit'T- ;¡nza es:i benetica y pc:xlem,;a institución que u~wd dignal'ampoamor hizo ~u" primeros e,tudios tlll un colt•gio
•
me&lt;lad del Conde de Ghe~w·ó de l)ün .\ureliano 1,·,•m.tn- mente rupre:&lt;enta en Ctita Repúbli~
deje,m1ta.&lt;;; pero sedisgu,;tóde ello:sporqucen un examen,
De vd. atto. s. s.. -L. GOEllNJt.
dez Uucrra á quien sigue en antigCe,lad, puei; cuenta m.í~
en que el alumno soñaba lucir por sm; auelantos en latín
lt1R

EL MUNDO

-- ==

T,rnto I\U menta la glori&amp; su estl\tura
Quti ,, ese genio glgaut.e,
l..c llamarnn el grnnd~. alll\ en la attur&amp;,
sh111&lt;.,,,pearc, Ano,to, Caldtirón y Dllnte.

Tomad carbono, azol', hidrógcno,'oxíge110 y pol·o,- cuerpos m,b en mínirnas eantitlades, y hit•n poco yaJ,lr.í to'1o dio.
]'ero c,nnl)im\&lt;l\o dt• C'icrto modo, colocadlo Pn l'l l't•ntro 111' esa U!-'ombro,-a lárnpan\ 111• inr.ah,le-cenciu, que ,-1• llama cen··
lirn hmnnno, haced que pase la corrientt•
(•,-piritnal pc,r la:- hilarha,- de In mafl\ v
la ver,~is iluminar,;t• con lo~ ,., "í,f,1111!,,rc11
,fr

DOM1NGO 3 DE ENERO DE 1897

•

-----

~

-

&lt;

~n iailio ae pobre.
Dibujo de Martinez Co.rrlón.

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

6

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

.

*

LOS HUEVOS FRESCOS
Cuento Alegre.

Como tú, como yo, como
Luis XIV y como el d!f~nto
Toupinel, el señor.Jerommo
Gautrelle tenía dos cai:as Y
se hallaba bien con las dos.
Todas las mañana!' se
arrancaba al legítim? a~to
de la señom Eufemm (,autrelle abandonaba hts alturas d~ 8 u quinta don?-e la
paz de su hogar !'e abri~ba
ba·o los muros de ladnllos
relract.arios v se dirigía á la.
capital por el tn;n de 8 h. 4 7
ro: que llegaba a las 12, momento preciso en que Jerónimo se encontraba con Ida
(la otra).
Id.'l. se ve~tfa entonces con
una toilet.te discreta; la. pareja se instalaba en un coche de sitio (sus 8,400francos de sueldo perI!litfan al
jefe de Jo Contencioso este
lujo) y cada noche, esperando ¡1; 1 mañana épico, el
señor Gautrelle hacia arr~.
. te ml
~~ssJiÍll~~!:tl Sríta~ I~tiqse loJ1;!f~ú!~~:1iiiE~
á la estación de San Lázaro Y
ra. . . .
1
pe~~!t
h~b~ós~bhl:;:~!:a.:~~:;~g·la hipocreta
eocial y desenvolYirriient? hbre de sul
y
1i°1ga-azr;
doblP se inflamaba alternativamente a ca or e o

ti!

~!

J

yr, a81

i~i

al ~cendi¡°3e1
~t;:/{~í~~~ Rugo, su culpable dicha
í¡n30: afos y nada la había turbado, cuando una
~n
tarde la Srita. Ida ,.0 mprome~ó al Sr. Gautrelle á
~u':t llevase el día siguiente media docena de blan-

quiW~!édico la había sujetado á un régimen (la neur~=
. ! 1 fatiga' la anemia!) y ordenaba huevo~ frescos, pe
:1\os\spendedores del barrio no le proporc10naban miis

el sobre la frescura exquisi~ de los huevos 9-ue la c~in~m les babia servi~o. Al oir ésto, una so~r1s.a ma~ma:
él"1 alargó silencrosamente la boca de Je1ommo, Y fué
goce que declaró á su cónyuge quP, a.pesar de sus
treinta años estaba tan fresca &lt;:Orno los ~ue:·9s ...... d . _
Des ués como á eso de las cmco de la rn.rna.na, e¡au
do / jFufemia que ~ustase de un reposo muy b1e~ ~nado
el
Gautrelle bajo al jardín y ..i:ienetró subre_Pticm~ente al gallinero, hizo su prov1s1011 ......... y toda la s.ie;-ta
s coro afieros de oficina se l?reguntaron que trainan
bolsis del sobretodo de Jeronimo pue se ahuecaban
con redondeces sospechosas.
. , ,
Cuando á eso de las cuatro de la tar~e depositó a los
·é de Ida su media docena de huevos ~rreprochables, e~
~c~nocimiento de la jóven no tuvo línntes; ~auto fué as1
que al Sr. Jerónnno se lepasó el tren y llef.l:Ó á su casa
con hora y media de retardo.

;al ii
S~.

f:S

·X-

Pasó sinie;~ente la semana, durante la cual el Sr.
Gautrelle se abstuvo de yer
á Ida y pudo así comproba~·
que no le era posible vinr
sin ella y que desde que n~
la veía en nada apreciaba m
su piP,a de eSJ?Uma,. ni s~ perro m su mu¡er, ru el 24. to- ·
mo' de su novela.........En su
injusta ira odiaba á la Sra.
Gautrelle ( que por su pai.:te
aplaudía ingenuamente la fecundidad de RUS ponedoras,)
y hacía amargas reflecciones
• sobre las alegrías ridículamente insuficientes del hombre que suelen depender ·
hasta de unos viles hueyos
fresco~.
El sábado síguíen~, cuando se dirigía, al ~lir de s~1
oficina, á la estacion, meditando sobre las desconsoladoras desproporciones de l?~
efectos v de las causa~, se dio
uu fuerte golpe en la rodilla
contra uno de esos puestos
ambulantes que los expendedores colocan en el borde de las aceras.
. .
«Todas son desgracias en este mundo,n clamó, y 3:l mchnarse para reconocer el obstáculo tropezaron sus OJOS con
este letrero: «Huevos frescos del día," que, como el maná
:i los hebreos, lo llenó de gozo.
.
«He aquí la solución,,-ex:clamó alegre°:l?nte el Jefe ie
lo Contencioso y en un decir Jesús camb10 una pieza e
cuatro centavos por una media docena. de aquellos ~uevos providenciales; cuya frescura no vaciló en garantizarle, impúdicamente, el expendedor. .
. .
Vuelto ~í su casa con su paq_uete bien disimulado en 1a
bolsa de sn 11UU'jerland, J erómmo Gautrel]e mostró du~nte la comida w1a alegría infauti]: Eufemia no recon?c1a á
aquel alegre marido y se regoci¡aba de poseerlo as,, tan
vibrante y bienhumorad.o.

l

~'

,,

ue huevos hueros é Itla contaba con la amabilidad de

innuevecitos.
Jeronimito que le lle\·aría del campo un~s grande~ Y
Diciendo e~to, la cnca:n~dor3: criatura ale¡aba con su manecita d C'ran~o ad1mmstrat1Yo del Sr. Gautre1trefe de lo contencio~o en la A. C. EJ;. F., prometió
todo lo que Ida quiso y partió con el corazun lleno de esperanzas en vag-as .recompensas.
.
.
Ma.'l ay! lainvestigaci'ún ele las prun~ras !!3USas Y d~Jo~
primeros principios pue~e parecer casi un J.uego ~e mno~
en comparación de media docena de huc,?s fr~scos for:
zosos. Después de haber vagado dos horas. a tra, é~ ele la:,
callejas de su. c,ol,.mia, clesp1~és do haber sido_Yíctmm ~~~
escepticismo 1romco de dos o tres honestosexpend~dorc ,_
de blan9,uillos que acon-ieron su demanda con sonrisas de
compru,íon, y del tmnq"'uilo ci~ism,o de todos ~os o~ros que
le juraron por sn honor qne ¡amas habían \ emhdo huevos frescos, el :-:r. Gautrellc volví.6 desolad? á su co~yugal do_l!lícílío. Al día siguiente, Ida lo acog16 con acritud
y le d1¡0:
·
y ·
-No ei; por tn bella cam por lo que te qmero.1 :ii me
relrn,-,:1!:! ese pequef10 gu"tº··;···
. .
El 8r. Gautrelle se enredo en explicaciones d~sesperad.a,:I. b'n yano intentó consolarla, en vano mqstr" nua galantería agresiva; tuvo que volverse ú su ca,a desolado Y
¡;in esper~rn7.a.
•
d
Jm;tmucut~ ci,a noche·, en tant-o que pl~bcaban es~re mesa, la Sra. Uantrclle atrajo la atencion de rn man-

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1/-.....

contencioso aventuró ante los barruntos de tempestad
deshecha, una sonrisa tímida.
-Sr. Gautrelle, esclamó bruscamente Eu.femía, usted
me oculta algo.
-Yo ocultarle algo? pero estás loca mi quPrida Eufemia..... .
-Entonces que significa est-0? preguntó la e~posa irritada abriendo sus mane citas en las que había dos hueyos
cuya corteza llevaba esta den uncía.dora inscripción con
lapíz azul: cuatto centavo~.
-Que quieres que te responda, elijo el Sr. Gautrelle
aplastado por la evidencia, veo el hecho pero no lo comprendo ..... .

mtr

jándose caer sobre
•las rodillas del Macbiavelo de su esposo. ¡Pobrecito
mío! ¡Y yo que lo
cafomniaba! ¡Qué
bestia soy Di?B san
to! ¡Como si esas
m11jerzuelas se
contentasen con
huevos frescos ..... .
Estaba loca!
El Sr. Gautrelle
triunfaba modestamente. Ella le
miró con sus hermosos ojos húmedos y convulsa aún
por los sollozos le
preguntó:
"•Terónímo, mi
.Teronimito, ¿me
perdonas?
El jefe de lo contencioso no respondió sino estrechando contra su pecho
á la coniiadísima
Eufemfa. Y 1;oda
confusa en medio
de sureconocínÜen
t-0, la Sra. Gautrelle comprencli6 que
CRtaba perdonada.

"Eu fico!"
Estas dos palabras dichas en el
idioma de Til'admles, fijaron un día
la estabilidad de
un imperio. ¡En
qué insignificancias suele estribar
:t veces el porvenir
de las naciones!
H,unvroN.

\1

Pa8ªt

-·

f I \'
""-=--y/

***

Al día siguiente, muy de mañana, Jeróni~o bajó al corral con su paquete de «huevos fresc?s del d1a,» Y los sustituyó á media docena de los acabaditos de poner.
Orgulloso del éxito deslizó su hurto. en. la bolsa de su
macferland v subió de nuevo á su hab1tac1ón.
.
A la hora el.el almuerzo, frente á f~nte de su mu¡er ~o-da fresca y linda con su vaporoso peii:ador, el Sr. Gau~1,elle se exaltaba silenciosamente á la idea de la :ecepc1011
ue le esperaba en la casa de Ida, cuando fué m~rrnm-qido en su ensueño por un grito agudo de Enferma que
icababa de hundir su naricita en la cáscara de un huevo.
-Pero esto es espantos~lamaba-este ~uevo está:_po-drido, completamente podndo, y lo acerco á las nances
de su esposo.
.
l h , era
El Rr Gautrelle debió convemr en que e
ue'- o
perfe~t~meute nausea~~1do. Eufe~ia se puso funosal
al acompañará la estacion á su mand~, qu~ le.as.egu¡-a a
ue se retardaría uu poco porqt~e ~ba a asistir
un
§anquete dado por w1a Aociedad tec.ruca_ para ,Protest~
contra la supuesta bancarrota de la. c1enc~a, ~otó con so1 presa que J erónímo lleYaba un abrigo de m.v1erno ~
del calo1· sofocante. El Sr. Gautrelle se vió precisa o 1
pondemr la frialdad de las noches.
'
. d
La aleo-ría de Ida ante los seis huevos fué demasia o
demostr~ti~a para hacerle ol\i_dar todo: La muchacha
declaró que no había hombre mas cumplido en el mundo•
el ·efe de lo contencioso fué el más q.ichoso de los m?:fulesl felicitándose de haber encontL-ado por fin el eqmhbrío de sus dichas par-alelas.

* después,
*
Algunos días
cuando el Sr. Gautrelle, al fin
de la comida conyugal se
preparaba á pasará su gabinete de trabajo, para fum~r
su J?Ípa leyendo el tomo vigésimo cuarto de los Jfüterios
del Pueblo, Eufcmia, con un
gesto .gentilmente autoritario le ordenó que se s~nta~e
y con voz llena de misterio
le dijo:
--Jerónimo, creo que nos
han robado.
-Que nos han robado? Y
quién, Dios mio?
,
.
-Lo ignoro, replico la vi·,
gilante esposa, pero es seguro que, desde hace tres días
la criada no recoge más que
~
dos huevos cada mañana, en
lugar de siete ú ocho que teníamos en otro tiempo..... .
Esto no es natural.
-Pero hija-se atrevió á
decir el culpable y astuto
Gautrelle,-sí no recogemos
tantos huevos como antes,
***
La visita matinal al gallinero se renova~a diariamente
será porque las gallinas ya
y el Sr. Gautrelle vivía confiado en su ardid, cuando una,
no ponen..... .
Esta explicación, sin emJ:mrgo, no pareció
convencer tí Eufemia que movió la cabeza sin
replicar sí bien
es cierto que por la mañana el Sr. Gautrelle
no se atrevió á bajar al jardin por temor
de despertar nuevas sospechas. Así que,
cuando llegó á la casa de Ida con las i:1an~s
vacías y el corazón lleno de. amor, fue r~c1bido como lo sería un escritor naturah~ta
por la. Academia Francesa. Ida, decepcionada no quiso oirlo. Para colmo de desgi-acía, el doctor O. que f\té á hacer!e . una
vísít-a, gruñó en _prese!1cia. de J eron11~1?,
prediciendo á la m~ócil cliente. que s1 se
obstinaba en no segmr sus conse.Jo,s, norE;spondía ele nada. Después se re~1ro, no sm
haber prescrito de nuevo un régunen au~tero: «v sobre todo, huevos frescos, mueb.os
hue;os frescos!" clamaba su voz profes1011al en la escalem.
-;,Ya lo ves, Jerónimo? ¿ya lo -:es?
-Bien lo veo, ¿pero como quieres que
me• proporcione huev~s. frescos ahora q1.1:e
mi mujer se ha apercibido de la desaparición?
,
-E~n no es cuenta mía. A.rreglate como
puedas súlo que sí no hay huevos frescos, •
no hay amor ¿eh? ¿lo entiendes?
tarde al volverá su ca.sa, con el corazón lleno todo do·
El Sr. Gautrelle quiso protestar á lo menos,por ge:;tos, Ida r;conquütada, distinguió á su mujer, 9,ue, apoy~daen
pero la escena. fué tormentosa. Ida. l~• reco~o su calva, la barrera ele! jardín lo esperaba en 3-?titud h?st1l, con
su vientre, y el Sr. Gautrelle s~ ret1r0 maldiciendo.
las narices palpitantes y 1as cejas fruncidas. El Jefe de 1o--

-~
;._ :;:.~!

',

7

Al pie de una eminencia de frente lenmtacla
que hiende por su altura la bówda infinita,
despliega el verde mant-o la fértil hondonada
con el sereno aspecto de un lago que dormita.
Sobre una cortadura de dpida vertiente,
cercana de la cumbre que altiYa la. cororn1,
se yenme una cabaña muy pobre, pero ril•nk,
en cuyo techo el cielo las nubes amontona.
Airosas nubecillas errantes y sii1 senda
agrúpanse formando como azuloso grumo,
y del hogar que m1ima la rústica viYienda
asciende por los aíres en hélices el humo.
De abajo, desde lejos, enlaza aquel retiro
al valle esplendoroso tendido en horizontt\
la línea de una senda que con incierto giro
escala por las faldas el término del mont&lt;•.
Cruzando las pi-aderafi, ribazo¡, r repc•cl1os
que en trazos desiguales diseña la :Xatura,
el á$pero camino conMmplase por trecho~
corno una roja sierpe dormida l'ntre yerdurn.
Abajo por el valle sin quiebras~• sin ln111á~.
las cúpu'las de un templo de góticas arcada~
parecen en lo blancas dos cándidaR pa!om:1~
entre árboles espesos al par acurrucada~.
)Iás lejos una sombra de azul monotonía
encumbre con sus slibanas el horizonte vag, ,,
y míranse las chozas allá en la lejanía,
así como albos cisnes dii:ipersos en un lago.
En tanto que sin orden sus techos ag!onwra,
en medio ,í la verdura, la soñolienta villa.
formando los mil cortes de una ,íspera cantera
que de rojizo pórfido con los esmaltes lwilla.

~
Pasillo en prosa.

El pasillo, señora, hermosa niña es como un lento y rosado valR. Yea usted cómo aquellos dos enamorados pueden llevar el compás en medio de la mii8 ardiente conversación. El dice que los lindos ojof&lt; de una mujer valen
por todos los astros, y los lindos labios por todas las
rosas.
Como ella quiere demostrar lo contrario, le mira con
los bellísimos ojos suyos, le sonríe con sus inefabk•s labios, que son en un t-odo iguales á aquellos con que la Reñorita Abril dió el primer beso al caballero de Mayo. El
pasillo, sel1ora, hermosa niña, es como un lento y rosado yals.

***

***

-Ah! no lo cmnprenfü, n~t('(l? replid la Sra. Gautrelle,
con la voz ya falsa por la8 l,ígrima~. Pues bien, yo temo
comprenderlo ...... Hace quince días Yengo notando que
los huevos tienen nn gu~to in~oportable y annqne usted
&lt;l.í.ga lo que quiera la CO&amp;'l eF C'lara. Quien me prueba que
uo e;; usted quien se lleva lo¡:: hue,·os fre8cos :t ese París
{aquí la Sra. G.autrelle most.r6 con el puño la silueta lejana de la Torre Eiffel) y para dar;:e!os aquien, á quien?..... .
tt mujercilla~ probablemente..... .
Esta insinuación acabó en i;ollozos; el Sr. Gautrelle comprendió que Fólo un golpe de audacia podía salvar la situación y atrayendo á su corazón á la pobrecill:1. que resistía su abrazo, le dijo:
-Eocucha, qucridn, voy á confrsártelo todo.
-Ah! gimió la Sra. Gautrelle, lo babia adíYinatlo, me
engañabas...... y lo confiesas ...... ~í, lo confü·sa8!
-Pero d(&gt;jame.cxplicart('-suplicú el jefe de lo contencioso, cuya voz se vol da temblorosa v _¡wr,aua~íva........ .
Pues bien, sí, soy yo quien trae los hi1e\·o:s que encuentras tan malos. Te veía tan trisk de~de qu&lt;• la;; gallinas
no ponían que quise consolarte á todo precio. De~de en-.
tonccs, tarde por tarde, compró en Parí,; huevo~ c1ue pongo en la mal1ana en el gallinero y e;,1:-0 á riesgo de atrapar
un reuma. Tú has interpretado mal esta atención-añadió amargamente:-- y me acusas de una infamia...... .Ah!
me haces muy desgraciado!
Y Jerónimo se dejó caer sobre un banco, llevfodose el
pañuelo á los ojos, perfectamente secos.
«jTtí has hecho eso!-exclam6 la gentil Eufem.ia, de-

Opaca transparencia dífúndese en el .cielo:
bajando por las faldas de montes y colmas
la brisa desparrama su gris y tenue velo
en forma de inconsútil y diáfana cortina.
Natura sus cendales recoge con pereza;
sus miembros ateridos entre la bruma esboza
y sólo un pico escueto sepulta la cabeza
en el difuso pliegue de nube quP lo emboza.

A tJ'NA BOGOTANA

¡Oh! sí, sí. La fuerza de una pasión es mayor por infinitas veces, que el empuje de ese enorme y poderoso Tequendama. ¿Usted conoce la catarata? Dicen que sus
aguas saltan de un un clima á. otro. Que allá abajo hay
palmas y flores; qne allá arriba, en la roca que conoció
las espuelas de Bolívar; hace frío. ¡Que delicia estar allá
abajo, dos que se quieran! La soberana armonía de fa, uaturaleza pondría un palio augusto y soberbio al idilio. Al
ruido del salto no se oirían los besos. ¡Idilio solitario y
magnífico! Sabe usted, señora, que tengo deseos de que
se casen dos amables solteros, al comenzar á florecer los.
naranjos? Efraín Isaacs con Edda Pombo. ¡Qué envidiable pareja! ¿Está usted agitada?...... El pasillo, Reñora,
hermosa niña, es como un lento y rosado vals.

.·

PAISAJE DE ENERO

-En cuanto las heridas alas de mi pegaRo me lo permit.an-¡beridas, ay, por dolores hondos y flechas implacables!-iré señora, :t la vía !actea, á cortar un licio de los jai·dínes que cuidan las vírgenes del paraíso. Al pasar por la
estrella de Venus cortaré una roRa, en Rírio un clavel, y
en fa enfermiza y pálida Setene una adelfa. El ramo se lo
daré ií una gallarda y pura mujer que todavía no haya
amado. La rosa y el clavel le darán su perfume despertador ele ansias secretas. El lirio será comparable tí Rn alma
cándida y casta. En la adelfa pondré el diamante de una
lágrima, para que sea ella ofrenda de mi esperanza ........ .
Bien se conversa al compiís de esta blanda música. El pasillo, señora, hermosa nuia, es como un lento y rosado
val!'.
·

*
**

Conqu&lt;&gt; i;e rn'! Feliz, muy feliz viaje! Así sucede en la
vida...... el alba que abrP los ojos en una diana de liras,
dura un mopwnto: jlliclwso el monje que oyó por largos
siglos cantar al miS&lt;'fior de la lPyenda! Adio,-., golondri11a; aclios. paloma........ ¡]&gt;ero, ¿,quiere hacernw nn favor?
Cuando llegue mtecl á ~u giganteRco Tequrndama, deshoje, á mi memoria, la flor que lleve en rn corpiño, y arrójela en las locas ei,pnma", que all:l abajo, sobre las rocas,
junto á las palmas, hacen temblar su iri::;........ El pa~illo,
srñora. hermosa niña.. el" como n-n lent-0 y roi-ado Y:\ll-'.
R um';~ D.\1t10.

f

EN INVIERNO.
NOCHE DE LUNA.

Es una noche fría en que el vientecillo besa á cada momento nuestro rostro. La luna se pasea majestuosa poi· el
cielo, escoltada por millares de luceros; y un porpétuo
enamorado de los llenos de luna, lánza~e á la calle.
No ha caminado-mucho cuando so encuentra con nn
recíntc, construido, tal vez, para que las diosas del amor
vengan allí ,t traer á los corazones rocío ·vivificador y los
enamorados querubes re~alen á las bellas con coloraciones celestes para sus mejillas.
Es un largo patio sembrado de roi,ales, margaritas, geranios, claveles, jazmines, y de todo lo que en ri~s plantas posee nuestm flora; y allá y acií como guardianes de
lós peños arbustos, la selva colosal de tupido y verde ramaje¡ el cedro·alto como el del Líbano y el pino del Norte, el perpetuo subidor, el que nunca se cansa de escalar
los aires para lucir allá arriba en su débil punta. que á impulsos del viento se mueve suavei.nente como la espiga rubia del trigo.
Los altos muros del jardín, los árboles corpulentos y el
color verde obscuro de los arbust-os, hace que algo asf como claridad de vesperLíno crepúsculo invada aquel bellísimo lugar. En distintos puntos, bancos de madera, kioskos primorosos en los que la enredadera parcha ha entrelazado sus largas guías y para regalo de los ojos de lo~
paseantes ha dejado colgar caprichosamente hermoRas
combas de verde claro, tan lindasytan bien formadas como las de una amazona helénica.
En una lagunilla del centro en que .J?Ol' el día pint.ados
ánades toman su baño y hacen ejercicios de natación, la
luz de la luna cae de lleno; y una :r,rofu:sión de myo~ luminosos viene á refugiarse á la pupila del cau,inank de la
luna llena. Por el lado del Oeste, entre el claro que dt•jan
las mmas de la ceiba, recibe toda la luz amarillenta dl'l
astro de las noches; y mudando de lugar, á pequeiios pasos, estableciéndose corto tiempo en ellos, va la luz ele la
luna perdiendo dimensión y al chocar con el vl'rcle obscuro &lt;le las hojas, forma millares &lt;ll' estrellitas qnc alegran
el alma, y que cayendo l'n el suelo producen sornbnis caprichosa8 y fugaces.
Xi los pasos de lo~ caminante,-, ni la alg1lzara de la.s
gentes alegres, ni la música del organillo q1w recr¡rr&lt;• lai&lt;
callPs de la población, nada llega hai,ra aquel rinc'&gt;n dt•liciorn; y el caminante de ):1,-; noches de luna signe 1,;olitario y l'rrante, recibiendo en la~ m ejillas 6,culos mil rlt,1
airecillo helado, sofümclo con las coHas bt'lla~, ,í mil leguas dt' di,.tancia del m1rndo, st&gt;ntfodose en los banto&gt;',
ai,,pirando el aroma ele las rosa,, tronchando 1111 cbn,1,
tan blanco como L'l.B enorme;; masas que el viejo inYierno
forma allá en las regiones polares, y el cual ha de morir
en el pecho de su amada; recogiendo en diversos µuntos
hojas de todos los matices con que hacer un capullo; le-

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

, 8
vantandu la vi!'ta pam alcanzar la alta punta del J?ino
que lanza rítmicamente á la luz de la luna como queriendo dibt1jar en el centro de ella alguna de las hermosas
cosas que ha nsto ad en la tierra, y el roble, gigante
dormido, que apenas mueve sus hojas, y el cedro que descansa impasible esperando la mano del artífice que ha de
sacar de su carne el sinnúmero de artef¡u:tos.
l mpa.'-ible, sin fat.iga al parecer, continúa su paso, luciendo rosas en el ojal, las manos cargadas de colores,
recibit•11do á cada momento caricias heladas, hasta que
ya cansado se entra en un kiosko á dormir sueño feliz y
:1 esperar que el señor de la mañana y la multitud de avecillas cauoras que en la ceiba reposan, vengan á darle su
~aludo matinal, concluyendo así con aquellas horas pasa&lt;hlll en bm7.08 ele las haclas.
AXGEL C. RIV.\S.

AZUL Y GRIS

Bajo un ca,taiio en toda florescencia, bajo el amp~·:o
ele Wl cielo turquí que se teñía de sangre al morir el sol,
he be~ado en la boca 1í mi amada.
!Oh! .\1 chocarse los labios tembloros, llenos de fuego,
se ha producido algo como un rumor de alas_que se baten
presurosas ...... .. .
-Me amas?
-Te amo!
En íntima phltica, los ojos de ella que se clavan persistentes y serenos en los míos, mi mano que juega con
las suyas, mórbidas, suaves ...... Así, así pasamos la tarde, hasta que vino la noche, negra, tétrica; hasta que en
el cielo, en soberbia eA--plosión, se encendieron las rosas
de oro. Ella se despidió de mí:
-Adií,,-;!
-Adiós!
Y se perdió entre los árboles, y yo, triste, meditabundo, bn,qu(, consuelo en el fondo de mi cuarto, donde,
dentro dl'~ rico cuadro luce el lienzo el busto de mi
amacla... .. .

***

¡Oh niña!dl' los ojos verdes! ¡Oh niña de las mejillas:de
rosa! ¡Oh niña de los labios de frambuesa! Dónde estás?
lle abierto mi balcón t ras lare:as horas de dolor tras
largas honi..,; nostálgicas en que te llorado y pens~o en
tí. Con los ojo~ fijos en lo profundo del cielo obscuro be
busradn rntre el titilar de las estrellas la luz de tus ojos
de gacela. Dónde estás? Estoy sufriendo por tu ausencia.
Niña mfa, musa mía; te busco eu todo y no te encuentro en naua. Para tí es mi verso sideral, para tí mi prosa
llena ,te 1·iqnezas. Por qué huyes? Vienes?..... .
-"Oll, niño! No la busqueis! Es inútil. Ella era tu
mus¡i. llien! ~ ha ido. Ha volado mientras dabas tu
mnoT á otra mujer que no era ella. Tuvo celos y se venga de tí buscando otro amante ..... ....... Desde hoy tu estrofa sideral, tu prosa llena de facetas ricas, se tornarán
pfüdas y enfermizas........... .
Y la voz se ha callado, he (cerrado el balcón y desde
&lt;mtoncei, guardo avaro, en el fontlo del pecho, el poco de
amor quP me queda.
ARTURO A. A~rnROGI.

(rxÉPIT.A.)
De "El Jardín de la Muerte."

Llegu(,. La luz be~-aba
la, flon's.rojas y los blancos lirios..... .

··ii~g~~i..n~t~;~·e"i· p~;~:~~~·P~º· ·········
y

YÍ

ut; jardín de lágrimas cubierto;

yo cre1 que eran gotas ele rocío,

pero eran ¡Oh, Dios mío!
gotn~ de llanto que caído habían
en la tumba de un muerto.
Lll'gné, ...... toqué muy quedo ........ .
Iba en busca de un sfr que quise mucho;
y la!" puertas del triste cementerio
abriéronBe, dejándome perdido
entre las frías sombras del misterio
á que llaman olvido.

............................................................
' de Dolores 1893.
)léxico, Pant&lt;-ón

~Jt.6.:.::"~.!~•~j1.6.:.::"~.!~
"$.

l~goísta y falaz, siempre he creído ·
que el velo te pondrás de desposada
tan pura como el día en que has nacido
má,; pura con el alma desflorada.
'

EL ZAPATO BLANCO.

LAS CANA.STAS

...... Registrando, sin saber por qué en el fondo de una
Ent,re hacer un pequeño servicio que se olvida pron~
ó un grave claño que deja honda huella en la memona gaveta he encontrado, entre otros objetos ajados y mardel perjudicado, elegid. Os contaré lo que me pasó ~ chitos un diminuto zapato de satín blanco. Unzapatotarde de invierno con un pobre hombre llamado Yass1e- dije, c~mo esos que las i_nujeres acostumbran llevará los
lich. Os juro que yo soy bueno, soy un bue~ padre de fa- bailes, arqueado, monís1mo, adorable. Se le supondría un
milia mas es en días que hay sol sobre este cielo brumoso. escarpín de marquesa ó el calzado hechicero que perdió
Oh 1~ bruma me mata y me hace malo. Si yo fuera sa- una noche entre dos minués la bella Cenicienta. La blancerdote, en verano rendiría culto á Dios ':( en invierno ~ ca seda había t0mado en el cofre los tonos del ámbar,
diablo· en invierno le amo, siento que se mtroduce en nn á igual de esas antiguas telas que pertenecieron á nuesser, estruja mi espíritu y avfra mis malos instintos, en tros abuelos y que exbumanos de vez en cuando de los
invierno me siento nihilista y me creo capaz de ser ladrón profundos baúles.
y asesino; moral~ente lo soy, amo lo ~ojo, y lo afi}ado y
***
punzante me ena¡enan. Cuando empiezan las primeras
Es una historia feliz la de este zapatito blanco! Los deheladas mi mujer me dice:
talles acuden á mi memoria uno á uno con su encanto
-Marcof, padrecito mío, las malas ideas comienzan á nostálgico. Lo que voy á referiros aconteció en una nopintarse en tu cara. ·Mira, no te alejes de la estufa porque che de invierno; debíamos asistirá un baile en casa de la
el fríu te hace malo........ .
l\ficheli ne.
Decía que iba á contaros una historia y ya lo olvidaba. condesa
Nos habíamos entretenido basta el último momento
Escuchaudme:
saboreando el gozo de estar juntos en una habitación herIba yo una t~de, por un puente muy e!ltrecho,co.n .mi méticamente cerrada, en la que ardían los tizones, se
pipa en los labios. Un carretero sordo llamado V as1elich marchitaban los ramilletes de violetas y las lámparas iluse~uía el mismo camino que yo y conducía en su carro minaban cada objeto con una vaga claridad amarillenta.
vemte canastas de pescado de d-i.íerentes dueños que le Es tan delicioso charlar así en las horas avanzadas en que
habían encargado las llevara al mercado para la ,enta París al fin duerme y en las que á penas se oye el monódel siguiente día. El carro á causa de la cun,atura del tono roclar de los fiacres!
puente se inclinaba hacia el borde de este, pero no había
No pensábamos en la invitaci(m aceptada por mero
peligro de que putlicra caerse al río, pnes eI pretil era suficientemente alto para impedir la caída. Con todo, hu- cumplimiento. 1\li adorada se había sentado en mis robiera querido clarle un susto al buen Yassielieh. Creeme dillas y apoyaba en mi ho1nbro su cabeza despeinada.
que que no ~oy malo, pero lo deseaba con toda mi alma, Charlábamos. Charlábamos. Ah! los bellos proyectos,
y aunque fuera algo más que susto, como por ejemplo, los deseos, las promesas que se sucedían i nterrumpidas
enviarle con carretón, caballo y canast.'\S al río, lo hubie- pór largas tre~uas de besos, por ri~as alegres, y esas palara hecho con mucho gusto. ¡Y el pobre Vassielich jamás bras, ¡esas palabras, siempre las mismas, que se repiten
me había hecho claño y era un buen hombre! Yo iba un sin motivo cuando se ama! El reloj daba las horas y se
poco más atrás ele la carreta. De repente la cuerda que burlaba. Nosotros no las oíamos adonnecidos por ese ensujetaba las canastas se rompió 6 desató. A fe que sentí torpecimiento inevitable que nos sujeta en la tibhi paz
un yuelco de gozo ·en el corazón. E l puente es largo y es- del hogar cuando son elos, completamente solos!
Pero ,í media noche fué necesario decidirnos y p&lt;'BRar
trecho, la carreta caminaba despacio y saltando mucho;
y del centro ÍI los bordes del puente hay una inclinación en la partida. Un gesto ele fastidio i;;e dibujaba en lo!&lt; labios murmuradores de mi amada. Bostezaba desesperabastante sensible.
A loR pocos momentos ¡pum! una de las canastas cayó damente y nada ei, tan contagioso como un bostew de
al pn•til del puente y ele allí se precipitó al río. La vícaer, mujer bonita, e~pecialmente cuando no se tiene el menor
y una voz muy débil me nmrmuró aquí dentro algo así deseo de trajearse de etiqueta ni de ir {L fastidiarse ducomo: «avisa á ese infeliz carretero que su carga se ,a al rante largas horas en un salón. Pero qué pretexto enconrio» pero e l invierno me gritaba más alto: «cállate, ¿no es trar para decir "no" cuando está hecha la toilete y hacurioso ver caer veinte canastas una tras otra como una beis jurado á vuestra mejor amiga que no tendrfai~ la
manada de carneros?" Y la verdad es que preferí esto. más leve jaqueca en el.momento supremo? ..... .
-si yo hubiera sabido! ...... cxclamó ella suspiramlo 1fo
Cierto que Yassidich_ iba á sufrir mucho con su de¡:gracia,
pero ¿.y á mí qur me ünporta eso? ¿Perdía yo algo con la pesar.
-~o volver.In á. cojernos más! dije yo en YOZ baja.
desgraci,i de VaRsielich'/ No, al contrario, ganaba la diMi adorada se extendió sobre la silla de extensi[,n. y
versión durante el paso del puent.c que tiene más de cien
metros. Ya os lo be dicho: el invierno babia muv fuerte cariño.samen_te, rncalc~ndo las p3:lab~s, me preguntú:
-Dime! S1 no llamaramos 1t D1orusia, serías tan galanen mí. Callé y yf caer la segunda canasta y luego la tercera y la enarta y la quint,a y otras muchaia. Sólo cuatro te que me calzaras tú mismo mis zapatos de baile?........ .
Cojí en mis manos ~us pequños piés. Ella reía burlfocanastas poco car&lt;r.1da.-; no quisieron seguir el camino de
sus compañeras. El pobre Vasl"ielich como era un poco dose á boca llena de mi torpeza y envia11do á rodar hacia
sordo no oía l'I ruido delicioso que hacían las canasta~ al el fondo de la alcoba, con un movimiento travieso el zaromper la suprrficic ele! rio fragmcnt,ínclofa en chorro de pato blanco. Este juego duró largo tiempo, y, por último,
espuma. El caballo adYirtiú mejor que Vassielich lo que cuando el zapato estuvo calzado, aquello fué otro asunto.
pa.~aba, pne!" al ii.cntir la c'.l.rreta menos pesada apuró el Su pié bailaba la gamite en aquella prisión espaciof'aen
paso. Cuantlo acabamo~ el puente corrí hacia la carreta. demasía. Y la querida coqueta se desolaba rebusamlo salir así. Luego, como para seducirnos miís aún, el :perfume
-Eh, Ya."~ielich, ainigo mio.
de las violetas volviáse por momentos más embrii1~ador,
-Qué qu.iercs? Tengo prisa........ .
-Ay padrecito, ya no la tengas porque voy á comuni- las lámparas cubiertas por las grandes pantall-as coJoT de
rosa e1wolvían el cuarto en esa media luz mistesiosa tle
carte una cle~gracia.
las alcobas y la tibieza de la atmósfera impregHaba nues-¡Dios de Dios! Ha muerto lvanowna, mi mujer?
tro !'ér y nos dejaba sin fuerzas.
-;i!o, te juro que es-algo peor.
-Ila muerto el Czar?
Ella me había atraído poco á poco á su lado sobre el es-:Xo, hombre, así 1·eventaras!
trecho mueble..... .
-Habla, habla.
-No vayamos, ¿quiéres? Estamos tan bien. Suplicaba
-Bueno, detén el carro porque es grave la noticia que ella.
voy ¡Í darte........ .
Y se bailó sin nosotros aquella noche en casa de la Con-Pero va á anochecer pront&lt;:&gt; y tengo prisa por llegar desa, quien no nos lo perdonó jam")is.
á la ciudad que clista aún dos verstas ..... .
*** como una sagrada reliquia
-No la tengas.
Yo apreté contra mis labios
-¿Porqué?
el querido y diminuto zapato blanco, reliquia santa don-,.&lt;;encillamente, porque el señor río se ha enguillado de queda algo de una dicha que no existe.
una traR otra las canastas de pescado, sov testigo ocultar.
RENÉ ]'.IJ.AIZEllOY.
Vassielich volvió vivamente el rostro·y al asecrnrarse
de su desastre se puso pálido como un cadáver. Después
enrojeció y se puso á dar de gritos desesperados. Apeóse
de la carreta y se asomó al río.
-Eh, amigo, -piensas ver los lmeoos que han hecho en
tus canastas al agujerar el río? Y a se taparon.
Vassielich se puso á llorar. No tenía dinero con qué·
pagar; le embargarían sus casas; lvanowna y sus hijos
sufrirían la miseria y si no alcanzaban á pagarlo todo, le
meterían á la cárcel. ¡Y el invierno era tan crudo!
FAT1JM.
Creí que le entrara la tentación de arrojarse de cabeza
al río. Si lo hacía, quizá su caballo se animara á hacer lo
mismo, y si no, le habría obligado. Pero el muy necio de
Vernal la mafiana. Nimbada de brwnaa
V assielicb se contentaba con llorar amargamente. Su eserigen al lejos los montes sus·crestas;
tupidez me dió cólera.
trinando las aves alisan sus plumas,
-Pude avisarte, padrecito, desde que se cayó la primey forman sus trinos alegres orquestas.
ra canasta. Mas ¿para qué? Mañana habrías olvidado el
pequeño favor que te había hecho. Cuando Ivanowna y
~ul está el cielo; la mar sosegada.
tus hijos estén llorando y te lleven á la carcel os acordaYa hsta la góndola aguarda á sus dueños .
réis de mí. }le maldeciréis· no importa.
'
En ella se embarcan amado y amada,
Va.ssielich no me rospoudió; aturdido como estaba con
el bardo y la musa que inspira sus sueños.
su desgracia no me atendía ó no me oía: no hacía sino
Tendidas las velas, la góndola parte
llorar. Yu me encogí de hombros y continué mi camino
rasgando ligera la lámina verde.
fumando mi pipa.
Va en busca del máp;ico imperio del .A.rte
¡Qué diablo! El sitio de los peces es el agua y no las
y e~ la amplia, temblante llanura se pierde ..... .
canastas! He restablecido el equilibrio de la naturaleza.
CLEMID.'TE

p ALMA.

*

~, lector,
* *por tu conciencia,
Cunoceras,
que allf donde hay amor, no hay inocencia.

.

***

La amé el año pasado
y ya hace un siglo, ó dos, que la be olvidado.
CAMPOA.MOR,

uQuieh sabe de dolor, todo lo sabe!,,
Decididamente, los sábios más ilustres de la humanidad, deben hallarse entre los volunta rioa de nuestros cuarteles.
G. GARCÍA fu.MEIJl'ON.

¿Hallólo?...... Una noche de luto, sin rumbo
la góndola, en medio de un mar foriniclable,
deshechas las vela.s1 en lúgubre tumbo
hundióla del Odio 1a ola implacable!
DABIO fuRRERA.

DOMINGO 3 DE E°NERO DE 1897
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EL MUNDO

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EL MUNDO

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

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~

Prodújose un gran tumulto, to~as las ~opas se tendie- de lobo; oy0 entonces un gemido en un rincón de la es
ron hácia Bernarda, todas las m1radas, 1mpryg~adas d: tancia.
-Quién ;:e queja? pn•gun_t:, el p!tdre M~teo.
.
afecto, y todas las sonrisas, .l}enas .de reconocumento, se
-8..ñor eov vo-c:ontt•st, una voz lastnnera de mu1er,
dirio-ieron á ella. Y respondrn sencillamente:
aqní 1~1e tienl'·n °l'SOS rnalrnt~os, que ~e quieren matar ~e~--"liracias señor Eustaquio, gracias á todos.
y ct~ndo' volvió ú sentarse, &lt;l:ijo á la rubitn de los Pre- pués que me hay.1 pne~to_bw,n con.Dios. ¡Esto es una 1111quidatl! Padn', por i\Iaria Santísima, por la ~angre da-chasse, vecina suya, á su prefenda:
Cristo ~ue~tro 8Jíior, por los pechos que lo criaron, pa•
-Yo no sé hablar, naturalmente. .
.
.
y la niña abriendo sus grandes OJOS admirados, se re- dre, s ',h-erne vd!
-Hija y ¡c0mo podré yo salvarte? respondió el padre
co;;tó en ell~ y la dió un beso.
Pero el F:r. Bigot, joven, se había levantado, á su tur- llfateo ¿qué puedo yo sólo contra tres hombres, armados
no v acarició por un momento su barba ~dosa; era un y sin ~ouciencia?
-En primer lugar desáteme vd., dijo acongojada h
jo,:en abogado de talento, muy dulce, con OJOS de un azul
mujer.
· 1 d., ,
soñador.
, .
d. • · /. Be
El padre :\Iateo se puso á tientas, y como D10s e 10 a
-Ahora, dijo, tengo una.suplica que mgir a rnarda. Deseo que nos proporcione U? gran )1onor: E&gt;spe~- entender á desatar los nudos de las cuerdas que le ata-mos-y sonrió á su esposa-un qumto beb~ el mes próxi- ban ,t aq~ella infeliz las manos y los piés; pero 1:staban
mo. F:uplico á usted, •Bernarda, que c01is1enta en ser la apretados y no se vcfa, y el tiempo volaba como s1 un toro corriese tras él.
madrina de este niño.
.
Llamaron á la puerta.
Resonaron entusiastas aplausos; pero la pobre.anciana,
-No ha despachado vd...... padre? preguntó uno de los.
dei;pre,·enida, porque e,¡to no es_taba en el progra~a como
el brindiA annal, no sabía en donde ocultarse; pusose ro- hombre~.
-¡Cá! no dar prisa, contestó el padre, que ten~a el coja, després p,ílida, con unas grandes ganas de llorar.
-Cosa hecha, ¿no es verdad, Bernarda? 1-:sted ser:í la nt7.Ón puesto, pero no acertab_a como salvará aquella inmadrina de Jn;mito-á menos que sea Juamta. Todo el feliz que temblaba como una azogada y lloraba como una
fuente.
mundo ~e lo pide.
-Qué hacemos? decía el pobre señor, condolido y asom-•
y un amistoso coro encareció estas i:ialabra~; aun los
mismos criados, halagados, dando al ol,·ido sus celos, mo- brado.
Como las mujeres son ~apacc.s de discurrir tretas has!a
vían las cabezas.
.
con un pie en el hovo, discurrió ésta esconderse debaJo
-F:í señor Enrique, dijo débilmente Bernarda.
- y' yo seré el padrino! exclamó el bueno del doctor de la capa del padre.)fateo, que como ya dije, era un hom(~onín, gozoso y rejm·ene~ido. D_emc usted la mano, co- bron que no cabía por la puerta.
-:\lal medio es-dijo su merced;-pero á no haber otro,
madre v ved usted qué bien .hacemos las co~as.
-¡oh·! balbuceó la anciana; y enternecida, pen1&lt;ando en preciso es valerse de él, y salga el sol por Anteqnera.
Púsose cerca de la puerta llevando á la mujer debajo do·
toda su vida pasada, en sus dolores, pensando .en su ~d:td
EN EL PRIMER DIA DEL AÑO.
avanzada, en que un día ya no estaría hom-ada.Y íes~Ja- su capa..... .
-Acaba wl., padre?-preguntaban los desalmados.
da en aquel lugar tom6 en sus brazos á su rubita vecma
-Acabé,--contestó el padre.Mateo al que no le llegaba
~inguna familia más unida q~1e la familia Rigot_.. Com- v ~brazándola lo~mente, con desesperación, se fundió en
la camisa al cuerpo.
,
.
,
ponfase de la bisabuela, Sra. Bigot R;~zon~, su h,1J&lt;?, Sr. una oleada de sollozos amargos y dulces, á la ver..
-F:eñor, no me desampare Yd. -gemia la muJer, m,isc
13i"ot la mujer de éste y sus tres h1Jos. Ei;tos ultimas,
muerta que Yh-a.
un°h~mbre y dos mujeres, estaban cm:ados y á su vez te-¡Calla! encomiéndate al Seíior de los Desamparado~
nían hijos. Incluyendo, pues, á estos tres matrif!1onios,y sea lo que Dios qt~iera-ro1:i.t&lt;'staba éste.
.
cl 8r. y la Sra. Bigot, jóvenes, el Sr. y la 8m. Rigourd, y
-¡A wndar~e y ligero!-dl¡eron los hombres, volvienel Sr. y la Sra. de Prechas~e,-ran dieciocho á ht mesa,
do á cubrirle los ojo~; r crrrando la puerta co1_1 llave,
el día primero del año, y contando a.l qoctor Gonfn, un
bajaron lo~ tres custodiando al padre, no f.uese q ne mtentaviejo ~go de la casa, se llegaba. á checmue~·e. .
. .
se quitarse la yeuda y conocer el para¡e en que se haPero el número siempre era ve1n.te, y la y1gé~~ma 1nnllaban.
tada no era otra que la anciana Bernarda, la antigua donDespués de dar las mismas vueltas y revueltas, se hacella de la Sra. Blgot-Rezons, la bisabuela. Sus servicios
llaron en la cal le dt&gt; H:m Francisco; entonces los tres echa&lt;le veinticinco años, su adhesión á toda prueba, hacían
DE HEINE
ron á correr ,. desaparecieron como por ensalm J.
que, en aquel dfa, se la 3:dmitiese en la comida de famiApenas ~e hubieron ido, cuando le dijo el padre ,t la
lia. Y se sostenía muy bien, completamente derecha, con
En las mejillas de mi amada vive'.
mujer:
su vestido negro, muy sencillo, y casi monástico, su vieja
verano abrasador,
-Ea, 'ahora, hija mía, pon los pies en polvorosa, y vecabeza de campesina, de pómulos arrugado~, como manen tanto que el imie-rno, el frio invierno
donde te escondes. que Yo no pnedo llevarte al convento.
zanas sonrosadas, dentro de un gorro de tul negro. Vervive en su cor-azón.
No me de~ la~ gl'aéias, sino á Dios que te ha libraclo; 1m•
dad es que se sentía un poco cortada, y que no desplegaMas luego, espero en Dio~, en sus mejillas
te detengas, que aquellos foragidos conforme se hallen
ba los labios, por más que se le dirigiese continuamente,
un día no lejano
con ,iue voló el pájaro, yan ií venir á alcanzarme.
con bondad, la palabra; pero la. anciana se ocupaba de
el invierno esta.rá, y en su alma pura
Dicho est,o, ella echó ,í correr, y el padre en tres zanca,;us preferidos, una fresca rubita de la familia Prechasse,
habitará el verano.
das se planti 6.cú en su convento. Conforme entr:i se fu í
y un mofletudo de los Bigot, jovenet', entre los cuales, y
á la celda del padre guarclián y le cont6 cuanto le había
por un sentimiento delicado, la habían colocado.
pasado, aiiadiendo que aqnella gente de cierto vendría al
La coinida tocaba, á su fin;-preciso es decir que esto
cOJwento á preguntar por él.
acontecía desde la fundación de la vieja familia Bigot, y
No bien lo hul)o dicho, cuando se oyú llamará Ll p:tC'rta.
por más que parezca complicado 1 os ase~uro que todo el
El guardián fné el que bajó y se presentó.
mundo se encontraba alü muy oien ;-1a comida, pues,
-¿Qué se ofrece, caballeros? preguntó.
llamaba ií su fin; se había tomado una sopa de puré, un
-Acá venimo~, contestaron, en busca del parlrc )late ,,
pescado nQrmando, un filete de ternera, guisantes, el tra:¡ue estaba ahora poco confesando á una mujer.
dicional pavo trufado, una ensalada, un pastel de fram-:N"o hay tal: el pa&lt;lre }lateo no ha confesado esta n Jbuesas, y se escanciaba el el champagn,,, estando las demás copas agmpadas en fila, por tamaños, llenas de vino
che á ninguna mujer.
-¿Que no? ¡pues si se la ha traído aquí por 111 ~~ s(':hs!
derl-füm, Chambertin y Chateaux-lllarganx.
CUEXTO POPULAR.
-¿Qu6 f-Stáis diciendo, deslenguados? ¡U1u mujcr al
El Sr. Bigot, padre, un hombre alto y graw, tomó
Hay en uno de los pueblos de Andalucía que al.za sus com·ento! ¿cúmo se entiende, quitar de esa m tnera la esla copa; establecióse muy luego un completo silencio,
merced á los enérgicos ch11ts y ií las palmadas que las ma- blancas casas bajo un cielo que crió Dios, sólo .para cobi- timación al padre :\fateo é infamar al conYenh?
mt,s aplicaron á los niños en las manos; y todas las lnira- jará España, desde Despeñaperros hasta la ciudad que
-:~fo, no señor, no lo decimos con esa intenci.;n, ~in.,das i,e convirtieron sobre la anciana sirvienta, quien lle- defendió Guzman el Bueno, un convento abandonado co- que..... .
-¿Sino qué? preguntó cada vez miis enojado el guarna de confusión, pero comprendiendo que no tenía razón mo todos, ~acias al progre.~o de la.~ ruina.~, situado ~ob~e
de ruborizal'!'e, fijaba sus ojos, á través de la mesa, en una elevación del terreno, al fin de una ancha y solitaria dián. ¿Qué motivo honrado puede acaso haberpara traer
una de las criaturas, en la pequeiia Renata Rigourd, con calle, á la que dió su nombre San Francisco, y es hoy, más de noche una mujer al convento?
esas 1niradas tiernas y serias, de una hermo~ura son- propiamente que nunca, la última casa del lugar. Eleva
-Bien te dije yo, murmuró el uno, que esto no era coriente y algo fatigada, que tienen ciertas mujeres del el convento su grandiosa puerta hacia al pueblo y eA--tien- sa natuml, sino milagrosa.
de su huerta en el campo.
pueblo.
·
-Sí, se dijo el otro: esto es obra de Dios ó del diablo.
Hubo en estas huertas muchas palmeras, hay ancianos
Un soplo de simpatía flotaba en torno suyo, se fijaba
-Del diablo no, porque no se mete á impedir lo que le
en su rostro-¡debía haber sido muy bella y sufrido mu- que las recuerdan; pero sólo quedan dos, unidas. como tiene cuenta.
cho !-bajaba á lo largo de sus espaldas encormdas por hermanas. Hubo en el convento muchos religiosos; pero
-Id con Dios, mal hablados, dijo en voz campanuda
veinticinco años de una servidumbre digna é irreproclrn- ya no queda sino uno sólo. Las palmas se apoyan una en el guardián, y guardaos de acercaros ií los conventos con
blc, y se hacía prcceptible en sus mano~, unas manos de la otm: el religioso eu la caridad de los fieles. Todos los malos fines; ni tendáis lazos, ni levantéis calumnias á sus
trabajo y de obediencia, surcadas de cicatrice,:, hincha- martes viene ií decir una misa en aquella magnífica igle- pacíficos moradores, que como el padre Mateo, descansan
das, echadas á perder, muy encarnadas, pero muy lim- sia abandonada, que ya no tiene campana para llamar á tranquilamente en su celda; que nuestro Santo Patrono
pia~, y que tenía el orgulloso instinto de no pretender los fieles.
vele sobre no,;otros.
ocultar bajo los manteles.
Cuentan las crónicas antiguas que en aquellos tiempos
-1fo te quede duda, dijo el más encogido de los tres,
Así, pues, el Sr. Bigot se levantó con la copa en la ma- en que el convento hallábasc ocupado por monjes, que- ha sido el iniFtnO Ran Francisco que ha venido con nos-•
no; á su lado, la bisabuela con una sonrisa en su amplio dábase todas las noches un padre velando por si lo re- otros para Falvar con un Inilagro á aquella mujer.
semblante pálido que generalmente no sonreía ya, hizo querían. Una noche que le tocú la vez á un padre muy
-Padre )fateo, dijo el ·guardián cuando se hubieron
un movimiento con la cabeza á su anciana, á su fiel sir- conocido y bien visto en el pueblo, que se llamaba el pa- ido, se han sobrecogido mucho y os han tomado por S,u1
vienta, como para alentarla, y con su medida voz de ma- dre Mateo, vinieron á llamar tres hombres á la portería, Francisco. )lás vale asf, pues son gentes telnibles yestfü1
gistrado dijo muy sencillamente:
requiriendo á un religioso para que fuese ú auxiliará uu fnrio~os.
-a\.ntes de beber al nuevo año y á las egperanzas de di- hombre que se estaba muriendo.
-Mucho me homau, contestó el padre Mateo; pero.
cha que puede traemos, creo que tenemos que hacer un
El portero avisó al padre Mateo, que bajó al instante.
deme V. P. permiso para marcharme esta madrugada á
brindis: hay entre nosotros una anciana, una fervorosa Pero apenas se había cerrado la puerta del convento, 108 un puerto de mar, y de allí, en el primer barco que salga,
amiga, diría casi una parienta nuestra. (Bernarda, en tres hombres le dijeron que era preciso que á buenas ó á las Indias, no sea que piensen mejor y me cuelguen á
efecto, hacía recordará una tía pobre de provincia). Du- ámalas dejara vendarse los ojos. .Al padre le hizo aquello mí el inilagro de Ran Fr-ancisco.
rante veinticinco años ha rodeado de cuidados á nuestra una gracia como si le sacaran las muelas; pero ¿qué había
F. CABALLERO.
madre (y se volvió á la bisabuela) ha hecho bailará lnis de hacer el santo varan sino agach3:r las orejas? porque
dos hermanas y á mí sobre sus rodillas, y ahora consagra. aunque er-a un mocetón como un trinquete, y tenía bues~ ternura á nuestros hij.os: por vosotros hablo, chiqui- nos puños para defenderse, aquellos er-an tres, em gente
tines míos; un día, sabre1s cuán buena, noble y desinte- del bronce, y venía armada.
resada se ha mostrado Bernarda, qué ejemplo de sencilla
Además, tampoco podía su merced desatender á su iniprobidad y de fidelidad ha dado. Y por esto, Bernarda, nisterio, y sólo Dios sabía cuales eran las intenciones de
bebo á. la salud de usted y le ruego que alet&gt; su copa con los que la llamaban. Así fué que se dejó vendar y dijo:
nosotros. Todo el mundo, aquí, quien• ,í n~tl•d y la res- ¡A Roma por todo!
peta. Pennítame que la desee que. corno basta ahora, se
:Kadic puede 1mber las calles que le hicieron andar, por
coneerw animosa. y fuerte, y decirla que un día beber,¡ esta me entro, por esta otra me salgo, hasta que- llegaron
Terne á las ill.llliones;
ust-t•tl, así lo espero, á la salud, no solamente &lt;le e::;tas á un casucho, lo subieron por una escalera, lo empujaron
que es peor la ilusión que las pasi&lt;;mes.
J1e.atnra, que hn visto nacer, sino á la de los hijo,; de sus en un cuarto y ~ encerraron.
C ,UI.POAMOR.
rijios!
Quit6se la venda pero todo ~~-taba obscuro como boca

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MU?-lDO

PRELUDIO DE INVIERNO.
A Manuel Gutiérrez Nájera.

á Rosa.lía, la garrida muchacha de los tiempos de Sant-a
.Anna,yero en qué estado!

Sus piernas estaban báldadas, su cabellera blanca había desaparecido casi, y s-'&gt;lo er.i. un copo de nieve sobre
su cabeza venerable. .Apanas me record:&gt;, y después de
platicar un _P,OCO de los tiempos que habían hu,do, me
despedí haciéndole un pequeño regalo ...... Su corazón se
abrió á cariños apagados y muertos, bien se veía ésto en
sus ojos que brillaban de alegría, y no hallando cómo
obsequiarme, volvió los ojos y señalando un pequeño(altar de Belén, me dijo gozosamente:
-¿Te acuerdas?
¡Oh, sí! Allí estaba el ~iño Dios de Rayas1 en su Jecho
de pajas, con sus ojos pensatiYos y su bracito pidiendo
un cuello amigo para estrecharlo ..... .
La anciana se arrastró penosamente, lo bajó con su mano trémula y haciendo que me inclinara, lo puso en mis
brazos ........ .
Entonces sentí algo inexplicable en tni cor-azon; un paisaje que aparec;a. al volar las. brumas que se habían acumulado sobre m1 alma prec1ta ...... algo que me sacudía
hasta lo m1is hondo ele mi sér y_me derrumbaba al golpe
espantoso de Jo invisible..... .
El paisaje de mi niñez apareció radiante y vívido y al
sentir el .abrazo sagrado que tantas veces me había' dado
la felicidad, una voz dulcisíma arrullaba en mi alma con
arrullo de palomas:
-Tú eras bueno y eras humilde, no eras ambicioso ni
la maldad te había manch'.1do ...... ¿Por qué te has olvidado de IJ?f?...... Ya ves ci.ue siempre, en cualqtúermomento
de tu vida, soy tu ~mugo, porque mi inocencia no sabe
nada de lo que me has ofendido ...... tu comzún E's un abrevadero de pesares porque )",e .ha faltado mi abra.za &lt;le año
nuevo...... y~ ves como la uruca felicidad_consi~te.:._en volver_á ser muo ..... .

&lt;Jomo reina viuda, su crespón inmenso
La enlutada noche por el cielo extiende,
Y la luna, enferma, tras el velo denso
De pluviales nubes de la mar asciende.
8obre la baranda del balcón marmóreo
Reclinado, sólo, el poeta medita;
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Con sus recias alas sollozando agita.
Su flotante clámide al lejos la bruma
Desenvuelve en Yagos, nostálgicos limbos
Y fosforescente, vibrátil, la espuma
Nimba el oleaje con argénteos nimbos.
Febril el poeta siente en la cabeza
De insomne nenrósis la caricia cálida,
É imprime en su alma la musa Tristeza
El doliente beso de su boca pálida.
Y sombríos versos su cerebro labra.,
Donde las ideas simulan espectros
Que bailasen danza trágica, macabra,
Al compás de extraños y siniestros plectros.
¡Ah la alegre musa de las ilusiones
Que el cerebro enflora con azules sueños!
Ella ya no rima triunfante canciones!
Ya no pinta cnadros de tintes risueños!
Ya, oh triste poeta de los versos negros,
Ante los altares del amor no invocas
El bendito beso de dulces alegros
Que unían dos almas al unir dos bocas!. .....
La enlutada avanza, y al balcón marmóreo,
Solitario, insomne, el poeta medita,
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Can sus recias alas sollozando agita
DARio HERRERA.

11

la guija, hace locas
-Yirntas del agua.

El alma revive,
y el sol elabora con rayos de oro
la flor en la rama.

*

* * de colores
Su muestrario
despliega la mariposa,
y por el verde capullo
asoma, vi va, la rosa.
***

Rondan las abejas los frescos rosales;
echan sus penachos los cañaverales;
dejan los reptiles su sueüo tranquilo,
y baja la araña pendiente del hilo.

***

Inquieta y movible,
pequeña y rédonda,
es duende del agua
la b(irbuja loca.
El iris la pinta,
el aire la sopla,
su origen la crea
pupila graciosa.
Es punto de randa,
lunar de la toca,
brillante movible
que tiembla y que flota.
Borda las ori!las,
engarna la roca,
las florns salpica,
y el musgo corona.
Dejadla que brinque,
dejadla que corra,
la idea del agua,
la búrbuja loca.

*

* el
* estanque,
El pez en
deshecho el duro hielo
desliza bajo el agua
su góndola de fuego.

***

De fimbrias vistosas recámase el prado;
El lirio enarbola su hisopo morado;
enredan las zarzas sus velos obscuro,:,
y van las madreselvas sobre los muros.

***

E L ABR AZO DE AÑO NUEVO

Había en el hogar que abrigó mi infancia, bajo cuyas
alas me acogí como un polluelo abandonado en la noche
de la vida, una anciana que había sido hermosa en su juventu~, que había brillado entre la garzonía de los buenos tiempos de Santa Auna, que había sido cortejada
por brillan_tes jóveu~s ci.ue ahom sorbían su rapé en las
frescas mananas de mv1erno, rodeados de sus nietos.
Recuerdo vagamente que Rosalía, á quien nosotros llamábamos la madrina Rosa, tehfa una sonrisa de luz en
sus ojos que eran a(m hermosos, y una trenza de nieve
que hacía palidecer de envidia á las muchachas.
Pero la pobre no tenía más...... ¡ah, sí! poseía un tesoro, un amuleto sagrado que quitaba de su corazón los pesares como un sueño bienhechor. Todos los años Rosa
ponía su «nacimiento,» su po1ial de Belén donde ;costaba un Niño Dios adorablemente hermoso, el Niño Dios de
Rayas, que en lejanos tiempos había sido el encanto del
rico mineral guaaajuatenre.
Era un Niíio Dios que había sido esculpido maravillosamente por un artista ignorado, en una actitud de supremo consueloi cuando lo cogíamos en brazos como á
los niños pequeños, su bracito ebúrneo quedaba sobre
nue~tro cu~ll?, ap~isio!Jándonos en un abrazo que 11uestra mfant1l imagmaci6n tenía por celestial. Ese Niño
Dios era la única joya de la madrina Rosa, y por eso, como una prueba augusta de su cariño, todos los días primero,i del año nos llamaba á nosotros los niñosnadamás
á ~os de corazón puro t alma límpida, y bajando al Niñ~
D10s de su lecho de paJas lo ponía en nuestros brazos sellaba ~~estra alianza con él por medio de esa encantlidora ~·ic1a, y luego nos daba un puñado de caramelos y
colaciones, con el orgullo de habernos hecho dichosos
por todo el ai1o..... .
Los tiempos volaron, lni corazón se abrió al amor y al
mal, lni espíritu se ennegreció con la nublazón horrible
de la duda, mis esperanzas tendieron el vuelo..... .
Y con el ahna enferma emigré á otras regiones y perdí·
los últimos destellos de amor que había salvado.
Después de diez años vol\'í al hogar querido y lo hallé
:triste, porq_u~ lasp~iones habían despertado en los corazones que yo había dejado niños..... .
Volví á htúr acaso para siempre· la lucha me llamaba
con gritos fatídicos y atronadores yo cerré mi corazón
á las viejas afecciones y desaparecí......
'
-Cuando pases por Guanajuato, haz una visita á lamadrina Rosa.
Prometí hacerlo, y apenas llegué á la orgullosa ciudad
corrí por una callej~ela de Tepetapa, pregunté, inquirí,
con el corazón palpitante llamé á una pue1tecita hulnilde. Entré y en la unica pieza que era alcoba y sala, hallé

y

y

Sobre los hombros gr,íciles cayeron blancas pieles;
la parda golondrina marchúse á otras regiones.
Policroma paleta no tiene ya Cibeles
ni los castaños bojas, ni fre~as los gorriones.
.Aliento gris del Norte ya emlxu1a el manto azureo
y las nudosas r-ailllls como cara es blancos
reflejan débil rayo de opaco sol purpúreo
que en la penumbra deJa los cincelados banco~.
Sobre el asfalto y teja y plomos y pizarra
la nieve lenta cae. Ya la paciente hormiga
triunfó de In travie~a, monótona cigarra.
Hambriento aulla el lobo \" el pobre un pan mendiga.
Llegó el augu~to abuelo ·de los cabello~ canos,
con sus awles pieles y sus harapos negro!:'.
En su capullo sueñan con alas los gusanos
y el ruiseñor prepara sns místicos alegrns.
Ya sobre el glauco vidrio de linfas que se duermen
surcos de plata deja la audaz patinadora.
El fecundante polen y el impalpable germen
no vibran en e viento que gemebundo llora.
Las cárdenas ojeras y los semblantes pálidos
son de ese cuadro tintas, son de ese cuadro arpegios.
En su rincón oscuro ya gimen los inválidos
y se embriaga Yenus en los festines regios.

···:.;¡·¡~-~~~;:~~t~·p:Üid~·a.~·¡;;~·~~¡~;·¿j~~······················
por el desierto campo va en vu1:-ca de su leña.
Aunque los piés desnudós se hie1·e en los abrojos
sobre la nieve avanza: la pobrecita sueña.
De: pron~ se detiene. No hay nadie que la escuche;
Suplica-pide y llora-No hay nadie que responda.
Sobre ~l sudario frío de virginal peluche
sus lágrimas parecen diamantes de Golconda.
i. .Al fin rendida cae. Sucumbe la materia
y la paloma blanca va en busca de su nido. .
¡Cuán triste es el invj.erno! ¡Cuán triste es la lniseria!
¡Cuán fría es la nieve! ¡la nieve del oh.ido!
Emn:s-ro O. P..c1.LACI0.

El ave humann, la golondrina,
se cuela, sin permi~o por las ventanas;
lanza píos ~nnoros ba¡o los techos,
ruido de abanicos forman sus alas.
Recostado en 1&lt;11 cuna la mira el niño,
que tr-as su vuelo errante la vist:i vaga;
á la madre le pide que la detenga
y ella finge ademanes para alcanzarla.

**·*
La que llevó lazo azul,
vuelve con lazo de. grana:
¡Es el querido recuerdo
de otros seres y otra patria!
***

Forma la lluvia sus chasquidos huecos,
desfleca el aguacero su cortina,
y una línea de Rol rubia y divina
brilla y tra~pasa los brillantes flecos.
Alzando el agua susurrantes ecos,
imita en el rosal su carntina;
el i·umor de llls trompas en la encina
y ecos de caja en los arbuBtos secos. '
Cubre el agua los términos distantes·
Abril baña sus tintas y colorns,
'
para lucirlos luego más r-adiantes.
Joyas son los capullos y las flores,
y de un tropel de chispas de diamantes
los empiedra la luz con sus fulgores.

***

Estación hermoSa',
dulce primavera,
¡á tu impulso florecen las almas
y es nido de amores la tierra!
E&gt;"TlO.

Doctor es el higo chumbo,
estudia ciencia de espinas
y en el ilustre birrete
'
le sale borla amarilla.

***

El t~onco echa sus gomas del sol al rojo:brillo;
la abeJa unta en las flores sus patas de runarillo ·
la rana da en la peíia, dejando el agua rota
'
y tiempla el grillo negro su lira de una uo~.

***

SINFONIA DEL AÑO
Fragmentos.
PRIMAVERA

El germen re,ive
y horada la tierra;
el cesped despunta.
y el suelo recama;
las bardas de hojas
deshacen sus brotes
mostrando en sus puntas
La.s lilas moradas.
Cepillo de piedra

Pendiente entre flor y flor
de un hilo leve de araña
el gusano se columpia '
como un mecedor de plata.
Sueña en la esfer-a redonda
de la teñida manzana
que habrá de darle m~ a,;ilo
entre su carne aromad.a.

.,.

**
Tit-nden las palmeras

sus arcos flotante:;
como laberint-0 '
de columnas árabes.
Sus mil abanicos
refrescai1 el aire

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

12

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

•

PLUMAS Y LAPICES.

•

•

.

EL MUNDO

I

Te "º tresIPlumas en el carcaj de cris~l de Bo~~mia.
. que ~rillanta el escritorio de nogal ?ubierto de diJes y
erfumado por las violetas que trae mi buena ama.
p Una es de acero, otra de oro,..amarilla como el ala del
canario y la blanca es de ave taJada por el am.a~o. .
La de acero escribe los artícul,os rudos J'. obh~ados del
periodismo en las horas de hast10 de la existencia, horaa
grises en qne la ley del ~rabajo hace inclinar la frente para llenar deberes contra1dos.
Escribe con tinta.
Escribe con hícl.
Escribe con sangre!

a.~ .gi~:

·á.~·

· ..i,~ ~~~··¡;;~~{¿~;·pi~;;~· a.~·~¡~. t;~¡~;;i¿~:· ·~·i·~
rias literari~, que la amo y la acaricio .coruo á. la co~pañera en las tenaces batallas del pensa~1entq Y. de la idea;
ella traza los libros en cnyo. fondo vierte 1~ fantasía ~alentnrienta, los colores ya vivos,. ya sombnos de la vi.da
real, y aspira á conmover la sociedad provocando la 1!ª
santa del presente para ganar los galardones del porvemr.
Sí! yo q1úero viv~r para despn~s!
La amarilla, escribe con la savia del cerebro roba\1do !a
vitalidad del amor material con el hielo de la eJt..-penenc1a
que paraliz:¡, las fogosidades del alma.
Ella trabaja!
Y la blanca!
La de paloma, qne modula cantos en la copa ~ecedo~
de los sauces esa suavecita pluma que resbala sm rechinar sobre el papel como la de acero_, ni mostr.ándose ~ura
como la de oro; esa viene del carca¡, entre nns nerviosos
dedos, cuando escribo al amado; cuando recuerdo la .Patria á mis hermanos; cuando el alma llora en pobre r.una
de mal perueñados
versos, los más de ellos escou~dos
0
tras la gasa de nombres ficticios, por mí .sola conoci?-os
en el torbellino de los vivos, porque son cipreses y epita•
ti.os puestos sobre el cadáver de los recuerdos!
Mi suave y nevada pluma.
.
.,
Imagen de la Felicidad; de la Resiguac10n; de la Espe1·anza! es decir: ayer. hoy, mañana!. .....
Ella le ha dicho al amado todos los secretos grandes y
¡equeños, aprensiones y niñerías, angus~ias y, con.g&lt;!jas.
Y él ha sonreído tal vez!. ..... ¿Qué sonrisa mas divma?
l\Ii nevada :pluma, la de pal?ma,. escribe ahora con el
jugo del corazon que asoma cristalmo y tembloroso á la
pestaña ora con la núel encerrada en el cáliz de las amapolas, beleño del alma que al alma vá!
Oh mi blanca pluma! Yo la enristro como el gladiador
1·omano qne se lanza a la arena, repitiendo con el poeta:
«Hay plumajes que cruzan el pantano. Y no se manchan.
ll'Ii plumaje es de esos!»

···N;·¡;;;j;¿;t~·;¡~¿·i~~·i~;~~~~·~;~¡~h·b;i¿·¡~·i:¡é~:;;;q~~·~i
escritor pisa, si la pisad.a es firme!!
II.

Tres lápices gmirda la zapatilla de lana, puesta á la derecha sobre el escritorio de nogal, sostenida por dos angelito~ de rostro radiante y risueños ojos.
.
Rojo, como la flor del granado, como los ke~1:5 de loa
soldados de mi patria; es el primero y echa tarJaduras y
hace raya;; sobre los periódicos que leo y marco en la faena del periodismo.
Señala transcripciones qúe enrojecen algunas mejillas -,
azotan algunos rostros; y el lápiz rojo vuelve á. la zapatilla de l?orcelami.

•
Sra. Mercedes Barajas de Diez Gutiérez ( de San Luis Potosí).

y arrullan la siesta
con ruidos vibrantes.
En los verdes bosques
simulan encajes
y templos soberbios
y selvas de alfanjes.
Alzándose enhiestaa
en rocas distantes,
se entienden, y besan
por medio del aire.
Vigilan el amplio
desierto gigante,
y velan el sueño
gozoso de 1 árabe.
A la carabana
dan sombra inefable,
y oyen del serrallo
las zambras brillantes.
La esfinge coronan
con palio flotante,
¡y á Cristo celebran
del templo en las naves!

***

En el intenso rayo de lintas foscas
bailan sus rigodones las pardas moscas;
sacuden y apalean, batiendo el ala,
los átomos que, viva, mueve la escala.
Una mosca se cierile y otra se agita;
otm en el rayo de oro se precipita;
ésta zumba, da vueltas y se alboroza,
y aquella que la sigue sús alas roza.
El aire caprichoso la cinta orea
y en ver el raro baile se rigodea,
hilsta que hace, soplando loco y sin tino,
con chispas, sol y °¡oscas un remolino.

* de llamas
Rendida al* mar
que baja de la altura,
la sombra busca todo,
la sombra y la frescura.
Y sólo los lagartos
se asoman al boquete,
vestidos con casaca
del siglo diez¡ siete.

**

Brillan los relámpagos,
la tormenta,
brulan los granizos
en las chimeneas;
el chubasco alegre
de redondas ~rlas
pica en los cristales,
bota en las monteras,
vibra en las campanas
y el campo apedrea.
Unas formán tímpano
sonando en las teJas,
otras por las ramas
del arbusto ruedan.
Allá va el chubasco
de crugientes perlas,
haciendo al ganado
correr por la vega,
dejando tan sólo
tras sí como estela,
el acre perfume
que exhala la tierra.
~

~-**

Sacude el tridente
la parva en la era;
la paja se huye
y el grano se queda.
Al revés sucede
con alma y materia;
el cuerpo sucumbe
y el alma se 1;.1cva.

*
d e una espiga,
.
Sus élitros moYiendo,* colg-ada
preside la ciuarra.sus fiesta6 estivales;
11u canto no ~onoce fa lánguida fatiga
y son en la natura. sus ecos inmortales.
Su voz cascada y bella madura los racimos
templados en la tierra del sol por los calores;
y tiñe de los frutos espléndidos y opíruos
la _piel iluminada de vívidos colores.
Es ella la que canta la música qne escribe
el rayo del estío sobre la fuente rota; .
.
es la que entre las frondas y los rama¡ea vive,
es_el verano ardiente metido en una nota.
SALV.ADOR RUEOA'

*

** hago las anotaciones marCon el azul, simp,ítico lápiz!
ginales en los libros que leo y él me acomfaña durante
largas horas del día y de la noche junto a atril de lec-

tura.

Trabaja el hipiz azul cuando las campanillas florecen
en la maceta y se alegra el corazón.
;. Sus rayas, puestas aquí y allí, se muestran como girones de cielo detr.ís de las viajeras nubes que se amontonan, se esparcen y se van.
Ay! azul fué la sortija que el amado puso en mi dedo!
He visto que de azul se engalana la aurora al nacer
Azules han sido los más queridos sueños de mi vida.
Por Cllo amo mi lápiz azul!

***
Barnizado por fuera tiene el cora-

El tercero, es negro.
zón de carboncillo.
Tétrico, pero simpático.
Con él hago la lista de la lavandera y rubrico los recibos del carbón y del cocinero.
¡Pobre lápiz!
Negación de colores ausencia de luz.
Mas, él es obediente y callado, marca el aseo de la casa y la vida de la familia.
:Mi lápiz negro es el mejor.

III
¡Plumas y lápices!
¡Ay! Yo que amado tanto y qne tanto he sufrido; pido
al Destino que, al llevarse la juventud, me deje mi lápiz
negro y mi pluma blanca.
.._ ¡Quiero ahogar recuerdos!. .....
CLORINDA

l\1ATTO DE TuR~ER.

A todo va la inmensidad unida,
si entre el ser y no ser media un instante
tiene el Jlllnto presente de la vida
un infiruto atrás y otro delante.
CAMPOA.HOR.

EL SIMBOLO DEL INMORTAL ESPOSO.

Cuento de Invierno,

I
El no la había visto durante la eternidad ele cuatro
ru1os que habían transcurrido lentos y amargos después
del matrimonio. No había querido encontrarla en tanto
que ella pertenía al otro, al que l.t había tomado muy be·
-lla, á los dieciocho años, virgen..... .
La última vez que vió sus ojos negros y oyó su voz du lee, fué la víspera del matrimonio, cuando los fríos tlc
Enero. Hacía una simple visita, al azar, Yiajando, y como nadie le babia advertido, se sorprendió mucho de
(lncontrar en el viejo castillo una reunión nwnerosa y
mezclada de amigos é invitados.
Recordaba ahom su dolor mundano de entonces; palabras vacías y gestos convencionales en Jugar de poder
abandonarse al sufrimiento que le invadía, febricitante
y agudo. Los padres de la joven reunidos en nna terraza
sombreada1 después del almuer.lo, consideraban su llegada con mquietud, porque estaban informados de sus
sentimientos y con miradas amables lo despedían dulcemente.
A pesar de esto, permaneció más de lo que convenía á
fin de verla. Y ella apareció con la alegría en sus movimientos y el orgullo en sus ojos,-la alegría y el orgullo
de la desposada. Se aproximó á él sin asombro, como si
le esperase y le present.S al marido del día siguiente, un
desconocido que le saludó fríamente y luego yolvió el ros•
tro á otra parte.
Ella llevaba una toilette rebuscada y se mantuvo cerca
del otro inconscientemente.
Eso le hllb.ahecho mal, á él que llegaba sin saber nada,
con recuerdos y con una esperanza, y partió muy triste,
perdiendo todas sus creencias.
El visitante había vuelto todos los años, cuando los fríos
&lt;le Enero, para encontrar las sensaciones llenas de
frescura que cantaban aun en él. La vieja abuela que va•
gaba en la soledad en tanto que los otros habitantes del
antiguo castillo halLbanse diseminados en villa, de placer, la vieja abuela que lo comprendía, le hablaba de ella y
le mostraba retratos que él no se cansaba de ver.
Cuando part.a no podia evitar YOlYer la cab&lt;'za para mimr una Yez más las torrecillas engnimaldadas de yedra y
el jardín en que la joven le había ofrecido una rosa blan•
ca cierta tarde á la hom del crepúswlo..... .
Se llamaban Arme! é lvona: nombres de novela y de
poesía que han tenido nna influencia misteriosa sobre la
Yida y que son frecuentemente retratos que se parecen.
IJ.
·-i\.rmel, elegante joven de treinta afios, esperaba, pues,
en el gran salón sombrío del castillo romántico; volvía,
&lt;"Orno todos los afíos, ,t la peregrinación de sus primeros
pensamientos; pero esta vez iba por fin ii encontrará su
amiga. Iba ,t encontrarla con traje de viuda, porque había recibido una carta de duelo, con la letra trémula de
la abuela sobre la cubierta encuadrada de ne!ITo.
Y e,l:&gt;eraba aún, como en otro tiempo, o!via'.-indo el matrimomo en sus ideas de soñador; por que no tenía en su
mente la imagen de e.~o; porque no había visto á Ivona
cuando era la mujer del otro; porque no había sufrido con
la realidad; porque había vivido de la frescura de sus re•
cuerdos, en la juventud de su alma, en el aislamiento de
su indepen.dencia de hombre libre.

De suerte que en la oleada de sus ensueños, ese rnatri•
monio se volvía al~o inmaterial, algo no real, cuya amargura se caracteri7,aoa solamentf por el cuidado que él to·
rnaba de no pensar en ello.
Un paisaje claro aparecía entre los pesados cortinajes
de las altas ventanas estrechas, con mucha luz blanca y
el debil sol d!é' Enero.
Arme! respiraba el aire frío de los campos que se insinuaba entre el moviliario solemne del salón. Estaba sentado frente á las ventanas, en el rinc6n deun canapé de tapicería severa que le traía recuerdos enternecedores. Sus
ilusiones volvían ahora qne iba á verla de nuevo y pensaba qne acaso, como antes del matrimonio, se sentaría
en el otro rincón del canapé.
Como buscase con los ojos el retrato de la joven, el re•
trato de la viuda, notó cerca de sí, en el mármol ~is de
una pequefia mesa redonda, nn estuche &lt;le pergammo co•
lor de marfil, cifrado con iniciales entremezcladas, que
tom6 y abrió, encontrando dos retratos gemelos: el de
Ivona y el de el otro-con una mirada fría.
III
Oyó un crujido de sedas y ella entró mostrando su sencillo traje negro de viuda joven, con el rostro empalidecido, la fisonomía fatigada, el andar lento.
El se levantó bruscamente, teniendo en la mano torpemente el estuche de pergami,no que no supo poner en su
sitio. Ella vió eso y le cansó una impresión inopinada.
La aproximación de esos jóvenes que se amaban acaso
tanto el uno como el otro, era tan conforme á las leyes de
la naturaleza y estaba tan bien en el orden de las cosas,
que se encontraban, después de cuatro años de separación,
como seres que deMan volverse á ver.
Sin fórmulas triviales y sin frases, se cogieron las manos un instante y se colocaron en los dos rincones del canapé de tapicería, á distancia. Antes de hablar, él contemplaba á la mujer convertida en madre, con una beldad
diferente y la mirada más profunda; y ella le contemplaba también, pero sobre todo para saber si la encontraba
cambiada, si la estimaba menos linda.
El la contemplaba y se entristecía porque no era ya la
joven que hab,a dejado un día·la víspera del matrimonio. Después de los vagos ensuefios, encontrábase frente
de la realidad brutal. Se sentía languidecer observando
que las formas vacilantes cuya visión fon(a aún, mny :pura, estaban animadas de una vida nueva, de una vida
extrafia ...... y sorprendía un pensamiento profano en los
ojos agr¡¡ndados de la mujer.
Como era morena y bien desarrollada, y su persona y
su ros.tro tenían un caracter apasionado, esas cosas
acentuaban más aún, de suerte que ~ufría mucho.
-Qué ha hecho usted durante este tiempo? preguntó
ella Rencillarnente, con una voz blanda que él no le co11ocía.
)fas como continuase hablando, aquella voz blanda turbaba extrañamente al jqven¡ veía de otra suerte aquello
que al principio le había afligido y una sensación p 5rfida
se apoderaba de su voluntad.
Respondía sin pensar, con palabras que significaban
que no había cesado de amarla. S.'.&gt;lo que ella parecía no
oirlo, y, muy femenina, desviaba la conversación, en un
.ff.irt involuntario, para llevarla á las pláticas que habían
tenido .otras veces.
Decía con su v-iz bla nd:l cosas lindas y encantadoras

se

Sin embargo, Armel se ponía más. y más ~riste porq,ue no
reconocía ya las ideas ingenuas é irreflexivas de la Joven,
q ue era tan amablemente crédula y no encontraba ya su
naturaleza im~ulsiva, abnegada y .gei:erosa. ~abla~a ella,
hermosa é insmuante y evocaba 1mugenes 11npreS1onantes; pero él sentía en todo esto la educaci.ún del otro, del
que la había tomado para formarla á su imagen y semejanza y la poseía hoy todayía-después de s~ i:nuerte.
El hombre de mirada fria le había transnut1do una segó.uda naturaleza, preciosa y disimulada, que razonaba y
:;e contenía; una naturaleza ficticia, que sobrevivía al esposo. Este se· había asimilado sn mujer, dejándole una
huella t-enaz, de suerte qne era aun el otro quien pensaba
y hablaba en ella. Las contradicciones de la viuda parecían ser lá rebelión del marido contra el intruso y el desacuerdo de la converBacióu representaba el símbolo de una
lucha entre los dos riYales.
En su melancolía, Arme! dijo á Ivona:
-Usted no es ya la misma ..... .
El hizo un ge¡,:to de renunciación.
Entonces ella tuyo la intuición del sufrimiento del joYen y dúcil, se aplicó á ponerse en comnnión de pensamiento con él. .
.
Esta era para Armel .una esperanz~ de quitárs.ela al otro
Y de volYer insen~iblemente á su amiga á su primera natnraleza, expansiva y entu$iasta, que se aliaba t~nbién
á la suya, en otro tiempo, cuando se ca~entaban ¡m1~s
al mismo sol de imierno, bañando sus miradas en las mmacnladas blancuras del paisaje ........ .
Permanecían $entados, en una semi-intimidad1 E:n los
dos ángulos del canapé, ante la~ altas ventanás abierta,
qne dejaban entrar un poco de mre al departamento ausstero.
Arme! oía hablará Ivona, y como mútuamente re~n•tían el eITor ele aquel matrimonio y él hubiera que:1do
rehabilitarla de haberlo desdeñado, le pregunté cl\s1 en
voz baja: .
-¿Por qué hizo usted eso?
Ella respondó:
-Yo no sabfa ..... .
La languidez de f'us ojos profundamente negros decía
lo demás y el joYen que se ctesesperabaá.la idea brutald.e
la realidad irremediable, que imaginaba locamente la visión del pri111er abrazo....... cobardemente se echó á llorar.
Er1tonces ella comprenu.ió el pensamiento que lo ~esolaba y se arrojó generosamente en sus brazos, angustiada, cony u lsa, para consolarle y .rara ser perdonada. A b.an•
donáronse á largos abrazo,aapaSionados y cerraron los OJOS,
olvidando el pa:"ado, olvidándolo todo para amar y ser
amados..... .
Cuando se abismaban en la eiusión de su ternura, en•
tr.'.&gt;, saltando, 1111 nifio, por la puerta abierta del jardín.
-¡)Iamá! ¡mamá! exclamó riendo.
.
Y ella desprendióse de él, sobresaltada, muy pálida,
trastornada, en tanto que Armel quedaba con la muerte
en el alma.
El niño se detuvo asombrado, inquieto, vacilante y quedúse núrando obstinadamente á aquel extranjero qne
usurpaba su puesto al lado de su madre y á quie~ él no
conocía. Y durante el silencio sólo se oía el suspiro del
Yientecillo le,e de invierno en el jardín.
El joven y la dama permanecían inmoviles, com:o unos
culpables á quienes se SOrJ?rende injraganti.
-¡:Mamá! gritó aun el mño, irritado.
Y repitió:
-¡Es mi mamá.!
Lanz61SC hacia ella y en tanto que Ivona la besaba furio:;i.mente y la estrechaba contm sn seno, toda ~.?nmovida, dominada toda por el amor maternal, la mna obserrnba al joven y parecía desafiarlo con sus ojos azules.
Volviendo de su ensneño1 Arme! notó como se parecía
la hija al padre v encontro en aquella maligna mirada
que se le clavaba· en el rost,ro, la mirada fría del es:poso
que le había tomado á su novia para formarla á su imagen; la mirada del muerto cuya alma animaba aún á la
viuda y re,ivía en la niña; la mirada del prirne:ro del inmortal r,,po.;o.
En tanto las campana¡; de la aldea sonaban el angelus de
medio día que tintineaba alegrernentc--y Arme! comprendió que la vida le llamaba á. otra parte, ,i él, elegante
joven de treinta afios.
ROBERTO CAZIN.
CROQUIS DE ENERO.

Era un mocetón de seis pies de alto y manazas hercúleas. Se llamll,ba Miguel y vendía flores en uno de los
boulevares. Varias veces prendióme en el ojal del jacquet, pálido crisantemo 6 escarlata flor de terciopelo.
Entre el I\),Ontón de mujeres elegantes, envueltas en
pieles, que husmeaban los rasos de los escaparates, emergía la voz chillona del vendedor de flores.
Frente á su puesto, una vitrina incitaba con sus sombreros de colores, sns plumas y sus frascos de aguas de
escandalosas etiquetas, y en el centro un busto de cera
giraba mostrando el último y ridículo peinado de moda.
Miguel adoraba ese busto. Por runchos años saludaba
todas las mañanas á su novia virgen, que en vueltas eternas, enseñaba ya la nuca donde caían miles de rizos de
oro, ó la frente blanca donde morían bucles color de sol.
Sentía celos cuando la chicuela del mostrador enredaba ó deshacía los cabellos, enseñando las miles de vueltas ,l la vanidosa parroquiana.
1\Iiguel vivía en los suburbios de un barrio bajo, y bien
de mañanita, en el crudo amanecer de invierno, resbalando sobre la nieve 6 desafiando el aire del polo, llegaba
el primero á la ancha acera para saludar temprano á su
amada insensible, que en su giro, miraba vagamente con
sns ojos sin luz y sonreía tristemente con sus labios de
cera coloreados de bermellón.
Un amanecer muy frío, Miguel sintió que una bocanada de aire le corría J?Or el pecho, y ardiendo en :fiebre, y
con ún dolor agudísimo en la espalda, vociferaba, brin-

I

�EL MUNDO

14

dando á las damas el gajo de diez centavos d_onde t.emblaban las violetas y sonrosaban los claveles. .
.
Y Jleaó una tarde en que las pocas personas que circulaban huían de la nieve, la cual blanqueaba los te chos y
empaí\aba los cri1-tales; )ligue! respirimdo apenas, gruñendo bajo la bufanda escoce,a, ofrecía.sus flores con _los
ojos cerrados por la fiebre, el andar vacilante y t.emblon,
recostado á la vidriera donde la bella cabeza de cera, el
divino busto, de facciones finas y ojos rasgados, parecía
en una sonrisa, coquetear con el único tnmseunte de la
ancha acera.
Llegó la noche lfvida, pfü~a.
.
La nieve formaba montec1llos y '.\I1guel clesploma~o
veía cubrirse sus piernas de motitas blancas, con los OJOS
desmesuradamente abiertos, fijos l'll el busto, que. en su
delirio creía tener cerca, balbuceando frases ard.ientes,
dialogando con la m uda amada, y así solo, tranqup.o, fué
muriendo, mientras que el busto de cem Fe~uía guando,
de1,cubriendo ya la nuca donde caían los rizos colqr de
sol ó la frente b la nca donde donnían los bucles color_de
luz.

*

Y o acompañaba el cadáv:r*de un amigo Yiejo, el~ miFmo día en qne l\Iiguel rodó á la fosa de los pobres; y la
vuelta detenido en la cantina donde los cocheros calientan su; miembros congelados, ví al conductor clE;l carro
donde fué Miguel, alzar su copa de a)cohol y vaciarla en
la boca enor me, murmurando sarc,isucamente:
-Eh, copero, á la salud del pobre muerto!

:i

FRA:-C'IRC"O

G

\HC'.\

C1s:-ER0~.

LA FLECHA, EL ALA Y E L CORAZON,
( Sobr~ un pensamiento de Catulo Mendez).

Tuvo una apuesta mi hech iceramniga,
la de gentil belleza;
es una apuesta extmfüt
q ue la ingrata ganú. Nada mitiga
desde entonces la fúnebre triBteza
que tenaz por doquiera me acompaña.
Un arquero decfa:-En este m undo
nada existe más raudo q ue mi flecha:
en menos de un segundo
atraviesa el espacio velozmente
y al b lanco llega rápida, derecha.
¿Hay algo, por ventura, más ligero?Asf dijo el arquero
y m i amiga sonriose alegremente.
Dijo una golondrina:-Bajo el cielo,
bajo ese cielo de un azul profundo,
donde e l astro ful~ura.
brillante, envuelto en lummosas galas,
nada iguala á m i vuelo,
al vuelo raudo de mis negr-as alas
que atraviesan en menos de un segundo
de un extremo l1asta el otro la llanura.A.sí repuso el ave,
y alzó los h ombros desdeñosa, grave,
1ni amiga, la ele explén dida hermosura.
- ¡Pues qué! dijo el arquero,
¿algo á mi flecha en rapidez iguala?
¿qué existe que mi flecha más li~ero?
-¡Pues qué! también la golondnna agrega,
¿algo existe más rápido que el ala
que con el viento ;i su destino llega?
-Sí, respondió mi amiga sonriente,
mi d ulce amiga-sueño del poetahay algo m,ís veloz que la saeta,
más r,ipido que el ala en el ambiente.
Apostaron. Partió rauda la flecha,
partió dpida el a la,
veloz como la bala,
veloz como los vientos silbadores
que en las ramas entonan triste endecha;
pero antes que la flecha vibradom
el blanco hubiese herido
con lúgubre silbido,
y mucho antes que el ala voladora
rozara. sin esfue rzo ni fatiga
de• la pradera las fragrantes flore;,,
c•l corazón de mi hechicera ainiga
volado había en pos de otros amores.
C .\llLOS ÚRTIZ.

DOMINGO 3 DE ENEROrDE 1897

Nuestro rey D. Felipe Ill tiene en mucho su dictamen.
-Pues en los Trinitarios Descalzos de la calle de San
.Al comenzar el siglo XVII, la calle que hoy, se llai:na Agustín hay un joven qne no ha de valer menos con el
del _frp Jfaria. se llamaba calle de l Barranco: aun á prm- t iempo. Lee en el pensamiento de los demiís como en u11
cipios del si~lo pasado existía en la de la Esperanza una · libro.
-¿C6mo se llama?
ima«en de ~uestra Señora. de este título, colocada por ~l
-Fray Tomás de la Virgen.
ven;rable siervo de Dios fray Simón de Rojas, Y q~e dió
-La verdad es que hay mucha gente mala, pero t:unnombre á esa calle. Cuando aquel sant-0 varón .vmo ,t
1[adricl reinaba ya Felipe III y el lupanar que existía en bién hay ·en nuestro tiempo muchos santos.
-¡Ya se llevan el cuadro! Dicen que es prodi~ioso.
~1 Barrlnco estaba convertido en la callej11:ela de la Rosa.
-Es una grandísima desvergüenza-respondio una vieLos vecinos del Barranco, en unión del virtuoso fundador de la Congregación de Esclavos del Dul~ Nombre de ja-esa mala mujer se había h echo retratar en carnes vi)Iaría, pusieron bajo el patronato de la ' 1rgen aquella vas.
-¡El nifio se ba salvado!-g_r:itó una mujer asom.índo~e
calle, para hacerla perder su malafa!?ª• colocando estampas del Ave María en sus puedas, é rngresando en .la her- á ht ventana.-Yitor al padre .Kojas.
-Yitor al santo-repetían las gentes.-Yitor, vitor!
mandad en que era obligatorio á los cofrades decir Ave
)faría ,e'tenta y &lt;los veces diarias, y servirse de aquella
~Entre tanto. en uno de los extremos de aque l trope l
salutación siempre que se encontraban. El venerable Ro• de gentes forcejeaban dos hombres; uno ya anciano, vesjas fué el autor de aquella reforma en las costumbres:. t-0- tido pobreme nte, de rostro noble, nariz aguileña y fo~nte
do )Iadrid, desde el Consejo de Castilla y el .Ayunt_a~1en- despejada, oprimía la ma110 derecha de un arrogante joto hru,ta el pueblo que derribó la,: puertas de la Tn1;ndad, ven, impidiéndole qne saca,:e la espada.
pira hacer reliquias con. los hábitos del Padre R;o¡as, el
-Dejadme, ¡vive DioS:!..,....:decía el joven- ese cuadro que
día de su mue1te, le tuvieron por santo: y los ve.cmos del se han llevado es mío, y á cuchilladas han de dcvuh•¿rbarrio del .Ave ) l a ría, le consagraron un,~ calle que sella- melo.
1mt de San Simón en honor suyo: es decir, le proclama-Sólo sé que váis á desenvainar la espada contrn un
ron santo ciento diez a ños antes ele que Roma 1~ declara- trinitario, y no ha de ser; he sido cautivo, y ellos ma resFe venerable: tuvo gran influep~ia el ilust~ valhsoletano:
cataron.
~u con,ejo pe,:ó mucho eu el ,mnno c~e Feh~ I~I para la
-Pues eYitad con la otra mano que saque mi daga.
expulsión de los moriscos, y en el rc1~ado s~gmente p~ra
-Eso ya no podré h acer; la otra mano me la estr~peaimpedir la boda de la hermana de :fel1pe I\ con el pn'.1- ron los turdos en Lepanto.
.
cipe de Gales, luego Carlos I, á qmen s.us vasallos cortaEl pintor, ya sosegaclo, miró con curiosidad al anciano,
ron la cabeza.
y dijo:
I
-Os doy las gracias por haber contenido mi arrpbatn;
_\.unque la calle del , lre .Jfrida estaba ya purificada con pero no pude contenerme cnanclo me contaron lo quepasu título no transitaban por ella todavía carrozas elegan- sa. Sabed que esa Yenus que me arrebatan es mi me)or
tes, togados con garnacha, ni hidalgas serYidas por un pintura.
tropel de pajes al uso de la époc_a; era Cll;lle basta~te con-El paclre Rojas sólo aprecia el arte piadoso; sm: p¿1b
currida por archeros, mozos de sill~, frailes mendica1.1~s, samientos vuelan por encima de nosotros.
laca~·os con libreas de felpa y terciopelo, soldados v1e¡os
- ¿También pintáis?
con la ropa acuchillada por los flamencos y los sastres,
-Pinto con la pluma; acaso hab3is oído hablar ele un
pícaros de cocina y caballcrns del milagro. De _vez e1! librejo mío intitulado El ingenioso hid&lt;ilgo don (¿11ijote de lii
cuando atravesaban alg unas buenas mozas, que iban a Jf mu·luc.
callejear en vneltas en sus mantos, y dejaba1;1 ver en tre el
-Luego sois ) lig ue! Cerl'antes? M.uy buenos ratos os
embozo ó l ucían e n la cabeza, un Agnns Dei, 6 cruz, 6 a l- debo.
gún otro capricho con guarnición de esmeraldas y d ia- Pnes pag,ídrnelos, no re,:catando e l cuadru por la
mantes· ó beatas jóvenes, qne sólo apartaban la vista de l ft1crza, sino p or la i nd ustria. Y pronto; antes que el PJ.rosario 'para fij_arla en un galán; ó viejas con hábitos d.e d re Rojas lo destruya.
estameña que, desamparadas de la carne, habían ofreci-¿Tendd valor"?
do al Señor sns esqueletos.
.
-Oíd-dijo tomando a l pintor por un brnzo y ap::trtínXo se Yeían cle~cle la calle en las moclestas casas, m los dole ele aquellos sitios-oíd lo que me dijo su reverencia,
trofeos mil itares, ca.seos, petos, lanzas y arcabuces q uE: hablándome un d(a del Quijote. El arte que no f'e dedic,1
adornaban en otros barrios los palacios de los nobles; m
á Dio!', no pasa ele l as esferas inferiores. lle leido u n c:1los tapices de Bruselas y cnadros italianos y fl ame ncos, pítulo del Quijote y admiro vuestro estilo; pero quem:ul
que pagaban á peso de oro los indianos; sino hnmilcles esa obra frívola y mundana y escribid libros clevotos.
colgadu ras de tafetán, en las más ricas, estampas de Fant os ó im,lgenes de bulto, y en las más de ellas, fraguas,
-III.
bancos de carpintero, telares y patios con emparrado, en
El convento ele la-Tri nidad estaba entonces en reparaclonde h ilaban y cosían las vecinas. Sólo en alg nna que
otra casa ro veían , atisbando por las celosías y enrejados, ción: los muros i nteriores se habían desmoronado, y rota
ricos espejos, escritorios, vitrma.s en que br ilfa.ban la p la- la clausura, se comunicaba el convento con las casas i nta, y el oro, v pabellones de rizadas telas florentinas.
mediat.c•ts. En la misma noche de los sucesos anteriores, e l
Un grupo de gente apareció por la calle de la )lagdale- pintor Vicente Carducho esperaba, en compafi fa de otw
na, rodeando á un fraile t rinitario, q ue avanzaba con di- embozado, e n el patio de una casa contigua, dispuesto :t
ficultad entre los que le besaban la mano ó le pedían ben- t raspasar el m uro, aún de escasa altura, que le separab:t
del com·ento.
diciones.
- Padre Simón-decían unos-reparta rosarios y estam- ¿Decís que está el cuadro en la p arte de ht izquiercla'!
- Sí: en aquel rincón. ¿Entramos'? llace w1 buen ratll
pitas.
· -Padre Rojas-repetían otros-que estoy en ayunas. q ue se acabaron los maitines y la comunidad estará ya re-Lea, p or caridad, el E vangelio á esta criat ura que es- cogida.
t á. enferma.
-Quedad aquí: yo basto para descolgar el lienzo, sepa-A mí, á mí primero-repetía llorando u na h ermosí- rarle con la daga y a rrollarle: m i calzado es m uy fino y
sima mujer con el traje descompuesto y suelta la eeclosa mulie ha de sentirme. Yos me guardaréis la salicla.
cabellera: ¡mi pobre hijo se está ahogando!
Dicho esto, traspasó el muro, y apoyilndose e nla paree!
-Sí, sí; á. ella pr imero-dijeron todas las madres em- del clauHtro, marchó á tientas hacia mia imagen alumbrapujando a l religioso hacia una casa i nmediata, m odesta da por una lámpara ele acC'ite. Cerca de ella distin uía un
9 ser e l
en la fachada. pero que dejaba ver e n su interior moldu- cuadro sin colgar y nielto ele! revés, que reconocio
ras de ébano y dorados. El fraile entró, seguido de otro suyo por lo nuevo del lienzo y la armadu ra. E l artista se
compañero, pero retrocedió a l momento hacia la puerta. detuvo para cerciorar~e de la soledad del cla ustro: luego
-¡A.ve :\Iaría! No h e de entrar-dijo-mientras no q ue- sad la daga y avanz6 de p untillas hasta tocar su tesoro
men afltes ese cuadro.
con la mano; entonces se persignó delante de la ima 0 én v
- ¿C6mo he de quemarle si no es m ío?-respoml ió la su~ r odíllas flaquearon ele terror. H abía oido un su~piro ·
mujer con desesperación.
m uy cerca, como desde una a ltura, y no se atrevía .t a lzar
-lle visto vuestra cara, vuestro cabello y niestra i m- los ojos; cuando se determinó :1 levantarlos, cayó ele ropureza en esa pintura desvergonzada.
dillas aterrado. 1In fraile, sujeto en una cruz e levada é
-¡Oh ! Que mi hijo se muere..... .
i~climtda sobre la pared, gemía y le miraba tristemente.
-Dios quiere salmr á este ángel, arrancándole de esta Solo después ele un buen rato y ele.haberse encomendado
casa. No le mata su enfermedad sino la desnudez tle su á Dios, pudo reconocer en el fraile al Padre Simón de R::imadre en ese lienzo. Marchémonos, fray Bartolomé.
jas.
-Xo, no-dijo la mujer arrodillándos-yo vivo ele mis
-¿.f¿ué hacéis así?-le dijo.
pecados, y u11 pintor me pagó para que le siniese de mopenit.encia portf-respondió el fraile-parn q ue
delo; esa Yenus n o me perrenece, pero vo la echo de m i tu-llago
mano, creada pam Rervir á Dios, no sin·a al denonio.
casa y os la ent rego; vos habréis de de,:olversela.
Aquellas pálabra.~ atmjeron al lego R1.rtolomJ, que e,:- Que tapen e~e liens.o deshonesto-dijo el Pad re Sirt punto de pedir isocorro, al encontrar un hombre
món á fray Bartolomé-y lo lleven ,t la Trinidad. ¿Quien tuvo
ante la crnz.
es el pintor?
-Descolgadme ya-dijo el Padre Simón.
-Yicente Carducho.
El leao-~esató las muñecas y tobillos del prelado, c.1r-¡Cúmo! ¿El pintor de cámara? ¿El hermano del virtuoso Bartolomé? ('ubran la pintura de modo que nadie denos éhmchados por el peso del cuerpo y la presiím d~
pueda verla y que la lleven aJ·claustro bajo. Y o respondo los cordeles. E l Padre i,imón se arrodilló con trabajo.
- Dad ,i este hidalgo las &lt;;!.isciplinas-dijo descubriendo
de ella ante str autor. Y ahora entremos á pedir á Dios la
salud de ese niño, si le conviene. ¡Ave l\faría! ¡A.ve la espalda-y que me castigue con ellas: he prometido 1·ecibir. cien azotes d iarios hasta que queme esa figtH'&lt;\ q uc
~Iaría!
hapmtado.
·
II
El pintor rehusó el manojo de cordeles.
-Azotadme vos, fray Bartolomé.
La gente esperaba en la calle con gran curiosidad,
- radre, ya habeis sufrido much o.
agolpada á la puerta de la caFa.
- .\.zotadme por obediencia, dijo con firmeza frav :-si-¿Creéis que sanar,l al niño el tri nitario?-decía un
món.
•
zapatero á. una vecina.
-No que nó; ha resucitado muertos y, entre otros, diEl leg'? ~esc'.1-rgo'.J los cordeles sobre la espalda acribi lh1.cen que á su médico..
.
da del truutano. Pero Carducho le arrancó las discipli-Sin embargo, yo qne la madre, hubiera llamaclo á nas.
Mariana de Jesús, la 1rn' rcenaria; plantó u :u rama seca
.-Padre ~1ío-lc dijo-prometo no pintar sin o cn:tllros
de oliva en rn huerta .d e la plaza de Santa B írbara, des.- piado~o.s, s~ me petm1tís conservar ese lienzo.
pués de bendecirla, y se hizo un ftrbol. Por algo la con-Siga rn1 pemtencia-dijo el fraile.
sultan las señoras ele la corte.
-Nunca-exclamó el pintor besándole la n1u10- le:;-¿Creéis que .al Padre Simón no le piden consejoF? tru.icl esa Venus: no puedo resistir este espect.í.::~ilo.

DOM I NGO 3 DE ENERO DE 1897

EI. SACRIFICIO D E VENUS

EL MUNDO

El lego descolgó la. lámpara, sacó el cuadro al patio, y
aplicándole la flama,lasllamas se a~eraron de la pintura. Yic¡¡nte Carducho, pálido y casi lloroso, veia arder el
cuadro: al resplandor de aquel incendio viú por última
wz la Yenus de q'ue esperaba eterna fama.
Parccióle que se despedía sonriendo y que un coro de
amorcillo~ volando por encima de las cruces del convento, la espemba para conducirla á las esferas donde Ganimedes sirve e l néctar á los dioses, ó hasta la concha don. de Y ~nus se columpia sobre el agua en el archipiélago de
ürecia.
JosÉ FERNÁNDEZ BR_E:llÓN.
ACU AREI,AS DE E NERO.

Tarde ele invierno.
E l cielo, plomizo, cobreado de franjas blanquecinas,
derrama una claridad turbia, dudosa, inquietante. En el
oriente Fe extiencle la curva policroma del arco-iris; ha-

cia el Gccidente, salpicaduras de escarlata y de violeta
subido revelan el ocaso del sol.
El mar, gris. crespo, flordelizado de esl?nma, semeja
una inmensa pizarra rugosa, donde un gemo formidable
hubiese trazado con tinta de perlas caracteres misteriosos.
L a playa, extensa, solitaria, con su superficie blonda
mojada por el recie nte flujo. Sobre la arena un bote volteado dibuja su lomo bruno, brillante de limo.
Allá, ep. el linde de la arena, á. la entrada de µn bosque, se alza una choza de paja, con paredes de barro rojizo. Un viejo moreno de cabellos y barba de armiño,
vestido de gruesa tela azul; está sentado á la puerta de la
casucha, bajo el dintel, sobre una troza de madera, fumando en una pipa de yeso. Cerca del viejo un muchacho adolescente, flaco y desmelenado, zurce una red de
pescar que se agruma :í. sus pies. En el interior sombreado de la choza, en un rincón del piso terroso, resplandecen, como luminosas manchas de sangre, las brasas de un
fogón.

La tarde declina. El muchacho zurce v canta monótonamente; el viejo fuma, signiendo con la vista el h umo
de la pipa, que asciende p or el aire en círculo~ cándido~.
El muchacho :
- Papá, ¿la comida?
.
-Sí, ya es h ora.
Se levanta el zurcidor flaco y desmelenado, r arga sobre
sus hombros la red y entra en la casa; el viejo, solo ya,
continúa fumando.
En tanto, el crepúsculo se extingue; cie lo y mar vélanse con tetricas brumas, y la sombra cae, cae r.ípiclamente,
en copos espeso~. Los contornos de la caiaa se e~fuminan;
e} cuerpo del viejo se borra, quedando sólo visible su cabeza, en que albean los cabellos y la barba de armiño.
Y en el hueco cuadrado y sombrío de la puerta, aquella
cabeza de nieve se destaca vigorosament&lt;', cual si hubiera. sido pincelada sobre un clarobscuro rembrancltesco.
D .\RÍO IlERllERA.

E l amor {1 los niños y á las flores,
!'on amoreR tan dignos de los cielos
que Ron tal vez los únicos amoreR
&lt;¡ne nnnca dan á los amanteH celos.
C,DIPOA)[OR.

FíjenRe en la SILLA
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es la VICTORIA, l a
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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