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                  <text>MEXICO, E~R.O 24 DE I897.

•

NUMER.04-

=~==================~

Necueraos ael ~ail'e

••
-ce

ªªªº en lblinería en honor ael $r. ~resiaenfe.

1

CIUDAD DE MÉXICO.
~

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$10,000
ee verificará en el Pabellón Morisco,
i6. la.a tres de la tarde, el Jueves
U DE FEBRERO DE 1896.

baJo el plan siguiente:

14 000 Billetes á $ 2.00 cada
uno: divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
-~-

.1
'

~C:&gt; l\~B¡~

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·º

~· .. ,1;

VooN .

PREMIOS:
1 Premio de.•.. $ 10,000.... $ 1?•888
1
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,,
,, 1 ,000.... .,
'500
600 ···•u
11
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200
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40-.. ...
1 00
..
..
"
20. .....
200
,.
,.
•.
1 o......
2 Aproximaciones de A $ \ 00;
una anterior y otra pos tenor al
número premiado con los . .... .

1,000
22'º088

•

200

$10.000 .................... $

2 Aproximaciones de A $60; un.a
anterior y otra. p~stenor al nu•
mero premiado con los

00
$ 1 .ooo. ·····················$- -1 -

84,5 Premios que hacen un total de $

1 7. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$60,000
ae Teriftcará en el Pabellón Morisco,

• 1u 11 a.m., el Jueves

28 de Enero de 1897.
ba.)O el plan Slg'Ul8nte:
ID,000 BILLETES.
FONDO: $ 320,080.
PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4 .00.-Medlos: S 2.00.
Cuartos: $ 1.00. - Décimos: 40 cent■•
Vl&amp;"éslmos: 20 cents.

PREMIOS:

m..tyor de .......... t 60,000
Premio principal de ..•••• ,. 20,000
lt Premio
PremLo principal de .••••• ., 10,000

6 Premios de $ 1,000•••••• .,

1 o Premios de .,

600 ••••••.,
26 Premios de ., 200 •••••. .,
100 Premios de ., 100 ••••.• ,.
260 Premios de .,
40 •••••• .,
460 Premios de., · 20 •••••. .,
t 00 Premios de 8 60, aproximaciones
al premio de 8 &lt;,0,000••••••••••• ·•
100 Premios de 8 40 aproximaciones
al preoiio de a20,000••••••• ·•···•
100 Premios de 8 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000. •••••••••• ·•
788 Terminales de S 20. que se determinarán por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio mayor de 800,000 ••.•• ••
788 Terminales de 8 20, que se dcter•
minará.n por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000. .•.•

6,000
6,000
6,000
10,000
10,400
9,200
6.000

4.000
2,000

115.980

115.980

8,761 l'ftmloa q111 hacen u 'l'ot&amp;l «... $ 178.660
..-Todos los sorteos est:l.n bajo la viirilancia
~ íl'uección personales del Sr. O. Apolinar Castillo,
Interventor del Gobierno, y de 11n empleado d"e la
Teaorcria General de la Nación.

OAcina.s:

r

San Francisco ntun. 12.

U. BASSETTI, Gerente.

"HUMBER"
Hilario Meenin tiene la honra de partimpar á su numerosa clieritel.a y al púhlico en g,tteral, que acaba de recibir el nuevo catálogo inglés

DE LA HAOU!NA ''!~HIEi,"
~ara 189'1, y q:ue rw,"be desde chora pedi,dos para trasmitirlos á Inglaterra.

BICICLETAS "HUMBER,'' "STEARNS," "TURIST" "RECORD."
GRANDFSTALLERES DE COMPOSTURAS Y MAGNIFICO SURTIDO DE
A~V~~úR 10~.

AVENIDA JUAHEZ 4.

M. l-~Xl:CO.

APARTADO 189.

La Uompañía de Uonstrucciones y préstamos.
t-n ~léxico.

LA CERVEZA FERR06INA,
Bll:C0NSTITUYENTE, EXQUISITA Y DIGESTIVA,

1~ DE S.Al',i FRANCISCO N? 12.
Apartado N? 84 B.

Se reeomienda á loe anémicos, á las jóvenes clor6tieae,
LIC. EMILIO VRLASOO, PRESIDENTE,
y á las personas debilitadas por una prolongada perma•
JHON R. DAVIS, VICEPRE!!IDENTB.
nencia en las reefonee cálida!! y ma:sanas.
JULIO LIMANTOUR, TESORERO.
De venta en casa de los Sres. E. Dutour y Comp., A.gen·
PIDASE PROSPECTO N? 6.
iee Generales; en el establecimiento de la Sra.. Viuda de
Suponiendo que las presupuesto accione11 monten .á
Geniny Comp., ~ de Pisteros número 3, y en todos loe
$100. 00 en 96 meses habrá. pagado como derecho de admiprincipales ee\ablecimientoe.
sión y exhibición $58.10 ganancia 41. 90 6 sea 18 1 /9 p8 . _

PATE EPILATOIRE DUSSER

d~lnlJe ha.&lt;ta lu RAICES el VELLO del rostro de ll$ damas (Barba, Bigote. tle.), da
n1ngun peligro ~ el cutis. 50 Años de Éxlto,y mlllam de teslimooios garantizan ia eflcada
de esta ¡m,paraw,n. (Se ,ende en oaJaa, para ta barba, J en 1/2 aaJu para el bigote ligero). Pn
tos bruos, emplée,e d l&gt;I.LI. fOBE. D"O'SSER, l,rue .J••.J.-l\ouaN&amp;u, Parilo

$1 General $scobeao introauce á la $ro. Doña (!armen Romero Rubio
(Dibujo de. J. M. Villasana.)

ae Diaz al $a16n.

�EL MUNDO

50

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio num. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re•~cci6n, debe ser dirigida al
Director, Lic. Raf'ael Reyes Spindola,
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel . .
La subl!cripci6n á EL MUNDO ,ale $1.25 centavos al

Irles, y se coóra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centa\'Os.
. .
A visos: á razón de $30 plana por cada publicac16n.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE• .

«A;;;s

excl~sivos para los Est~dos Unidos y Ca~adá.
Tbe Sp!\nisb American Xewspaper Company, 136 Liberty St. New York, E. U.»

tt,tas ebihtrittlts.
&lt;el nueuo µlttn tlr rstntlios ilc l I Q;srneltt
l,lrrrnrntoria.

matemática, diplomáticos sin idiomas, ~ubli?istas s~n 16gica: toda una colosaloleada de eminencias, srn ~uficiente
bagaje para resolver los problemas de orden social Y político que les estaban encomendado_s. .
.
El nuevo plan de la Pr4;1p~rato~m , \'l~ne_ á realizar e~
pen~amiento que la Adrmmstraci6n pubhca ee ha, ~ro
puesto en materia de_educaci6n: fo1:"?ªr hombres utiles
á sí mismos y :i la sociedad en que vnen.

&lt;El rrpublirnnisuu1 ~d Diabla.
Un periódico de Fra~cia, cnn moti\'o del en~nsiasmo
provocado con la estancia del Czar en aquella nación, pre•
guntaba si las manifestaciones á que se entregó el puebl&lt;?
durante la recria visit.a lo acreditan como demócrata, 6 e1
los herederosºde la Revolución ocultan tras el velo de_ las
instituciones una suma tibieza hacia la forma republiCk·
na de gobie_rno. _El perió~ico qne así ~e produce ha caído
en el error Jacubmo de suJetar los mas graves J&gt;roblemas
políticosá un jnego de palabras, y ante un: u¡\ 1va el Emperador!n declara muerta la Rep1íblica y se alarma frente
á las manifestaciones _hechas en favor del soberano de un
país amigo.
Estat&gt;xplosiún revolucionaria prueba una vez más cuán
lejos se ·hallan todavía muchos espíritus del verd~dero
concepto que debe informará los grupos hu~anos dignos
de ser libres cnando una palabra se les antoJa que pone
en gmve rie~go 111s instituciones. Para los jacoLinos, en
efecto débese vivir en odio mortal contra toda ¡nanifestación1 contraria.¡\ su programa de exterminio, y por rencor á la tiranía son capaces de proceder como los más feroces tiranos.
La República francesa ha podido, en virtud de nna regla de cortesía, manifestarse respE'.t.llO~ hacia el Jefe de
una nación amiga, sin que el testunomo de este respeto
pueda traducirse como un acto de desafecto hacia su forma de gobierno.
. .
.
En realidad el verdadero TPpub/1rrmm110 rlel dmblo, como lo llama 1~ publicaciún ú que aludimos, consiste en
ampararse tras un ideal que trata de establecer s1is cimientos en la libertad, para dar muestras de la m,ís escandalosa y terrible opresión de las conciencias.

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1Ssn

}aguerra, ya se presume claramente la. Inisi_6n del Canciller austriaco en la corte uel emperador Guillermo.
Nada importarii ni ha de influir en sus decisionos la resistencia que en el Reich~tag_ alemán haI?- de opo_ner á los
nuevos créditos para el eJérc1to y 1~ ~a.rrna los hberal~s,
los católicos y los ya poderosos soCJahstas; nada, las difi-.
cultades financieras de Italia, que aun no se repone de las
catástrofes de Abisinia, y apen~ va. trabajo~amente restañando las heridas de su erario empobrecido; nada la
actitud semipasiva del Austria-Hungría, mal de su grado arrastrada en la corriente que la señalan los vencedores de Sadowa y los aspirnntes al Trentino, después de la.
adquisicion del Lombardo-Véneto: contestarán los soberanos al reto mal encubierto de la República. francesa, y·
los pueblos, que no tienen más que una válvula para el escape de la opinión en los campanudos parlaJ?lentos, tendrán que aceptar la nueva carga que se les 1_mp?n~, por
cuenta d~ rivalidade~ y rencores, y que segmr gmuendo
bajo la pesadumbre de los presupuestos de guerra, cada
vez más abrumadores, cada vez más agobiantes.
No es, pues, ésta la mejor º'l?°rtunidad, para que se prediquG por algunos la. concordia aparente 6 real de que
acaban de dar prueba la Gran Bretaña y los Estados Unidos en su tratado de arbitraje; no es la presente la mejor
coyuntura, para proclamar el general desarme que en utópicos delirios, aconsejab:ln el pa~ado ~ño el congreso FO·
cialista en Londres y el mternacional de la Paz en BudaPesth.
**# .
Ya era tiempo de que las tantas veces prometidas reformas turcas, para remediar la triste condición de los
súbditos cristianos, se hubieran llevado á efecto y renaciera la c11nfümr.ii que su implantación debiera inspirar.
Tiempo era va de que la intimación categórica del ministro francés en la corte de Constantinopla y las declaraciones formales del embajador del omnipotent,e Petersburgo, hechos {1 nombre de las potencias oc~idP.n~ales,
surtieran sus efectos, v los asendereados armemos de¡aran,
de ver suspendida sobre su cabeza la ci?3itarra. del. mt~sulmán mil veces manchada con el asesmato y env1lcci•
da en 1~ barbarie. Pero eotá escrito que el Sultán no ha
de ceder en sus odios ni cejar en sus persecuciones, mientras la fuerza y la violencia no lo obliguen á contrariarlo que )Ir. Gladstone ha llamado instintos de fiera y
hambre de asesino en~¡ pérfido Abdul-Hamid. Está. visto que escurridizo ante las amenazas pacíficas de la diplomacia, y perjuro contumaz en todos los compromisos
que no contraiga al filo de la espada, se ha de burlar de·
todos los ardides de los embajadores y ha de romper la
red de todas sus combinaciones, con los inagotable recursos de su audacia en las pavorosas sombras de su perfidia.
Como lobo acosado en sn guarida, pareció descansar·
para tomar aliento, no para abdicar de su sed de sangre
y de matanza, y recobrado de sus vanos temores, cuando
comprendió que no estaba marcada!ª hora de la.. expiación, por falta de acuerdo en sus Jurados e?~m1~0s, el
Califa de los Creyentes ya vuelve á tolerar las miqwdades
de sus famiticos sectarios, ya se registran nuevos asesinatos cometidos en indefensos cristianos y se anuncian
nuevas explosiones de odio entre los salvajes muslimes,
estallando horribles contra los aborrecidos armenios.
Contados están los momentos de ese reinado de la injusticia; no ha de ser larga la tregua qne se conceda al corrompido Imperio otomano, roído de podredumbre en las
entrañas y amenazado de disolución en sus elementos.
y llegarán del Xorte y del Occidente, armados de todas armas los pueblos cristianos; entrarán á sangre y fue go en las ciudades malditas, y la nación musulmana, que
por tanto tiempo ba manchado con la sombra de su caduca civilización y el vapor caliginoso de su Iniseria el
cielo de la culta Europa, de!&gt;aparecerá para siempre del
cátalogo de los·pueblos soberanos.
Así debe ser: ya no la defiende el escudo de Bayaceto ni,
la ilustra él Magnífico Solimán. Anatnna sit.

En el presente año escolar se han introducido varias
reformas en el plan de estudios de la Preparatoria de
esta. Capital, siendo la más'importante la _unificación de
las asignaturas antes de comenzar cualquiera carrera.Era una necesidad esta unificación, si habíamos de contar con hombres profesionales, sólidamente ilustrados,
sin brechas en su educación y poseedores de un método
eficaz para la. investigación de las verdades científicas.
Ha.y que tener en cuenta que la ciencia contemporánea
tiende á la. unidad, que los conocimientos se apoyan los
unos en los otros, que la solidaridad ~s mutua y que los
ramos del saber humano van rompiendo las fronteras
que antallo los separaban, para for.nar un solo cuerpo de RESUMEN.-Recelos de la Triple Alianza.-EI nuevo
Canciller ruso y las reformas militares francesas.
doctrina. La educación preparatoria ba de re~ponder á
-Las perpetuas rivalidades y el arbitrage anglo•
estas exigencias del espíritu moderno, ansioso de encontrar relaciones de causalidad, enlace en las ideas, coheamericano.-Otra vez la barbarie musulmana.sión en las verdades adquiridas. Y esta educación no
El Sultán siempre pérfido.-"Anatema sit." -Las
p&lt;&gt;!_Irá alcanzar tan altos fines si no está coordinada por la
Cámaras francesas y el Parlamento inglés.-Temflexible disciplina de un método, que es lo que realiza
mores y esperanzas.
el nuevo plan de la Escuela Preparatoria.
Un hombre de carrera debe ser necesariamente un
Después de la gran excitación que reinó en los pasados
hombre ilustrado, y jamás puede pasar por ilustrado el
individuo que desconoce nociones generales que informan días, con motivo del anunciado aumento del efectivo en
el criterio de la moderna intelectualidad. Todavía nos el ejército francés y la reforma general de la artillería de
causa risa. la res~uesta de aquel licenciado y doctor y campaña; después de las alarmas quP. tales medidas ocaMinistro de Justicia, de quien se refiere que al discutir- sionaron entre las naciones que forman la Triple Alianza,
se las bases del tratado de Guadalupe, y al oír que los que ven en ta.les preparativos amenazas terribles para lo
americanos pedían que se les concediese hasta el grado porvenir, y se miran obligadas por modo indirecto á continuar en esa interminable senda de odios y rivalidades,
treinta ,, lre.~, decía: «Jamás pasaré por semejante cosa, á lo
más, á lo más, que se les dé ha...ota el !ll'ado diez 1, 1¡11i,1ce." Pe- que se manifiestan en los ejércitos cada vez m{I.B formidaro, se dice, ¿qué falta hace al abogado el estudio de la Geo- ble¡¡ y las escuadras á cada paso m¡ís poderosas, ha.y en esgrafía, y al ingeniero el estudio ne la Historia1 y al Xota- tos momentos un hecho nuevo, que viene como 1t agregar
rio el de la. Química? En el estado actual de U\ civiliza- combustible á esa inmensa hoguera que brilla con inmi•
cion, todo hombre que aspire á pasar por culto, está obli- nente riesgo de envolver en sus llamas fatídicas á la Eugado á adquirir los conocimientos que la civilización re- ropa entera en general conflagración: se trata del nomclama. ~o son Rolamente ignorantes los que no saben bramiento de Secretario de Estado en el gran Imperio
leer y escribir; lo son también los que no saben moscovita.
interpretar los hechos que desfilan ante su vista.
La repentina desaparición del príncipe de Lobanoff*
La Escuela Preparatoria-'Je ha dicho muy bien en es- Rostowsky, muy conocido _por sus sentimientos anti-ger**
tos días-es un plantel para la ge111e de lerita, para las cla- mánicos y por ende, contrarios á las aspiraciones encarCon las solemnidades de estilo acaban de reanudar sus
ses más elevadas, y en este sentido tenía razón el inolvi- nadas en el emperador Guillermo y sus devotos a.liados, tareas legislativas las Cámaras francesas y el Parlamen-dable Don Gabino Barreda: ''cortar la oorrera á un alumno, dejó un vacío en el gabinete del Autócrata. ruso, que cada to inglés.
en el antiguo sistema, era, casi con toda seguridad, con- cual deseaba ver colmado según sus propios intereses.
Como una especie de aprobación á. la política que sidenarlo á llevar uua vida obscura y Iniserable; hoy, sólo Larga. fué la zozobra y prolongada. la ansiedad con que to- gue el gabinete presidido por Mr. ~Iélline, y como proserá cambiar el rumbo de su actividad, pero dejándole dos esperaban ese nombramiento; de modo que, al anuntesta contra las utopías socialistas, que en días pasados y
siempre abundantes medios de asegurarse un bienestar ciarse que el favorecido por el Emperador Nicolás II es bajo la dirección del radicalismo m¡is avanzado, amontoindependiente y de hacer honradamente su fortuna.n el Conde de )Iouravieff, ministro plenipotenciario de Runaban negros nubarrones en el cielo azul de la. Repúbli·
Con el método adquirido en la. Preparatoria y los conoei. sia en la Corte danesa, unos han experimentado las palca francesa, el pueblo en las recientes elecciones de Semientos que forman los peldaños de esta escala todo pitaciones del entusiasmo, en tanto que otros sienten los nadores, ha dado su voto á los candidatos moderados, á
h_?mbre, al salir d4;1l establecimiento, _podrá cooperar al amargos dejos del desencanto.
los republicanos que, igualmente ap!lrtadoa de las ilubien de _sus ~oasociados y al suyo :erop10, cualquiera que
Es que el elegido conde de Mouravieff se ha formado siones momu-quicas como de los delirios radicales, son la.
sea la dlrecc16n qu4:: tome su espíntu.
al amparo del panla.vismo más puro, y ha crecido al abri- mejor garantía para 1a paz y la tranquilidad del país.
go de los que sueñan con extender la influencia moscoviOjalá y el Senado, ese cuerpo conservador por excelen***
donde quiera que ta reclame la raza, y cualesquiera. cia, instituido precisamente para moderar las impacienEn nuestro pais, esta falta de conocimientos ordenados ta
que sean los intereses que se opongan á la realización de cias de unos y evitar las metamorfosis reaccionarias, los renos ba llevado :!.cometer una interminable serie de erro- estos propósitos.
·
trocesos morbosos de otros, llene debidamente su Inisi6n,
res que han ca.usado lesiones graves. Alguna vez hemos
Con gran apresurainiento ha marchado á Berlín el Can- y sea como Jo fué el año pasado, con su entereza, la roca.
dicho que se ha procedido en ~léxico por medio muy se- ciller
del Imperio austriaco, conde Goehowsky, á confe- mamovible donde se asiente la República, amenazada de
mejante al de Boul'ard y Pecuehet, los dos célebres maja- renciar
con el augusto Hohenzollern sobre las cuestiones anarquía en el ~eno mismo de la representación nacional.
deros de la obra de Flaubert. Hemos soñado con la cría que amenazan
empañar el cielo político de Europa.
No así tranquilo se anuncia el período legislativo en el
de avestruces, con la propagación de los camellos con la seotro lado de la ~lancha. La oposición liberal que un
f}Cicu ltura, con la piscicultura; imaginando que nuestras
*
puntoseainti6 debilitada, falta de jefe reconocido, por
tierras son ap~ para toda clase de cultivos, se ha intenNo :eueden las potencias **
que forman la Dreilmnd dejar
tado el del ramié en gran escala, el de la vid, y a.sí sucesi- pasar madvertidos esos armamentos nuevos que proyec- renuncia de Lord Rosebery, tiene ya su leader en la persona de Lord Kimberley, que se apercibe ála tarea. Los.
yamente.. Y á cada. uno de estos ensayos, el presupuesto ta Fran:cia, ni menos ser indiferentes al aumento del ejérabría. cop10samente sus. mezquinas C0;1:Íentes, laborando cito francés en medio de la paz engañosa que á nadie mismos conservadores, dóciles á la disciplina del :Marde este m&lt;&gt;&lt;lo á la D?agrutud de una cris111 que posteriores convenc~ ni tranquiliza. No pueden considerar sin so- qués de Salisbury, aun pretenden quebrantar la mayoría .
fenómenos. económicos acabaran por determinar.
. bres.-ilto!l la exaltación de un ministro, que anuncia una Ininisterial por asuntos de política. interior. Veremos si
Hemos Sldo educados precipitadamente, nuestras infor- política que puede hacerse agresiva en un momento da- la excisión tempera! se efectúa; en ese caso, se apelará
macim1es han estado prendidas con alfileres, y mientras do de v.arte del Autócrata del Neva, cuando mire comple- probablemente ¡i nuevas elecciones, no dando el especel progreso acrecentaba el caudal de conocimientos en ta la cifra asombrosa de sus soldados que todos creen se táculo de un cambio de Ministerio, en los momentos en
n_uestra República nos ha bastado saber que éramos'muy elevará de modo fabuloso en el ¡&gt;resente año. Xo pueden que el gran Imperio británico se prepara á celebrar en
neos,. m!'Y hombres l:' 11111y demócratas. De nuestros es- contemplar sin recelo la posibilidad próxima de que Ru- solemne festival el sexagésimo aniversario de la inaugutablec1m1entos p~ofes1ona.les ha salido una juventud re- sia reclame, en medio su expansión hacia todos los rum- ración de este reinado, el más dilatado, si no el más.
pleta de _errores, impregna.da de falsedades, con enormes bos, las provincias esclavonas que aun viven sujeta&amp; á la glorioso que hayan presenciado los pueblos modernos.
Iagunas mf.E:lectual~, con conceptos equimeados.. )Iinis- tutela germánica.
X. X. X.
t~os de Haci~nda BJn saber sumar, criminalistas sin noY como todo esto está en la conciencia de los .q ue diri •
ciones de ps1colog1a, estratégicos desconocedores de la gen á estos pueblos ligados en la paz y apercibidos para.
21 de }::nero de 1897.

l'Jo-liti!a &lt;6tncra1.

DO~INGO

2

i

DE ENERO DE 1897

PAGINAS ESCOGIDAS

LADY OLARE
· «Era el tiempo en que florecen los lirios y en que las
nubes se agitan en lo más elevado de los aires."
Lord Ronald, al regresar de una cacería regaló á su
prima Lady Ciare una. cierva blanca como una azucena.
Enamorados y prometidos los dos primos, debían unirse en matrimonio al día siguiente.
·
¡Que Dios bendiga ese hermoso día!
-~li prometido no me ama ni por el orígen de mi cuna, ni por los vastos dominios que poseo. )le ama por lo
que soy y esto es lo que m:is me satisface-pensaba Lady
Ciare c1ia ndo partió de su l!ldo Lord Ronald.
En eso entró en su estancia la anciana. Alicia, que habí;, sido su nodriza, y la pre¡:mntó:
-¿,Qnién ha salido de aquí?
-}li primo-contestó Lady Clare.-)lañana se celebra nuestra boda.
-¡Dios sea beudito!-añadi6 Alicia.
1
Todo sale á medida de mi deseo, y puesto que tu felicidad está. asegurada, ha llegado el momento de qu., te
haga una re,·elaciún. Has de saber que tú no eres L-idy
Ciare y qne Lord Ronald no es tu primo y sí el :egítimo
heredero de todoi&gt; los dominios que posees.
-iXodriza, nodriza! ;,flas perdido la. razón? ¿Qué ' cosas son e~as que estás diciendo?
-Te digo la verdad, como se la digo á Dios que sabe
todo lo que pa8a en nuestro corazón. Eres mi bija, la
hija del viejo conde, á qnien has considerado como padre, murió en mit:i brazos; pero como tú y ella apénas
habían C'nroplido el primer mes, enterré á la niña, á
quien criaba como si fuera mi hija, y á tí que eres la bija de mis entraña.9, te puse en su lugar.
-Obraste indignamente. :-&lt;i es verdad todo lo que
cuentas, madre mía, cometiste una gran iniquidad, privando por tanto de su legítima fortuna á Lord Ronald,
que es el hombre miis bueno de la tierra.
¡Rah, bah!-interrumpi6 la nodriza.-Déjate de esas
cosa.,;guarJ.ael secreto, y como vas á unirte con Lord Ronal, sin que él sepa el engaño, le de\·uelves de un modo
indirecto su fortuna.
-Xo, madre. Si nací pobre, como odio la mentira, revelaré el secreto qne has tenido guardado.
Quítame el broche de oro y separa también de mi cuello el collar de diamantes.
-1:fo, hija. O.ve mis súplicas. Guarda el secreto. l\Iereces &amp;'r feliz y lo serás.
-De ningun modo. En medio de mi profunda pena,
revelando lo que acabo de saber, conseguiré dos cosas: no
manchar mi conciencia con la mentira, y averiguar hasta d:m,ie puede lle~ar el cariño de un hombre.
-¡El cariiio!--01jo Alicia.-Xo esperes gran cosa del
carifio de tu prometido en cuanto sepa que la fortuna que
posees es suya.
-,1. la recibirá de mis manos-añadió la j6ven-aún
cuando muera de dolor por perder su cariño.
-Ten presente, hija mía, que si he cometido esa fa\.
ta hll sido por tu bien; al menos perd6name, y para que
la de;esperación no me mate, permfteme que imprima un
beso en tn frente.
-¡Ah, nndre! ¡Cuanto dafio me has hecno! Pero no
importa. Besa mi frente y recibe con otro beso en tumanu
la mue,tra de mi respeto.
La bel la jóven se despoj6 de sus galas, se vistió un traje de alelen na, prendió una rosa en sus cabellos y se alejó del cu~tillo dirigiéndose al parque.
La cervatilla que retozaba, al verla, corrió á. su encuentro como para implorar sus caricias; y Lord Ronald al
cont:emplar aquel hermoso cuadro desde una de las torres del castillo, bajó tambien en busca de su amada, diciél)dola:
-¿Por qué te has disfrazado de ese modo? ¿Por qué te
has convertido en humilde aldeana, cuando eres la reina
de Pstos contornos?
-Si me v~is vestida de aldeana-contestó lajóven-es
para presentarme con el traje que corresponde á Ini humilde condición; porque habéis de saber que no soy Lady
Ciare.
-¿Qué significa esa burla?-exclam6 sorprendido Lord
Ronald-¿Xo sabes que soy tuyo en &lt;!uerpo y alma? Explícame ese enigma.
Entonces ella.con arrogancia y haciendo un gran esfuerzo, refirió á Lord Rooald el secreto que poco antes le
había confiado la anciana nodriza.
Lord Ronald, después de oirla la tendió los brazos, y
estrechándola con efusión:
-Si no eres Lady Claro-exclam6-eomo mañana van
á unirse para siempre nuestras almas, serás Ladi Ronald.
La jóven no se había engañado. El verdadero cariño lo
puede todo."

~ ~~J.~~J..~~~s~=·~ ~
VALLES
Y MONTES
,

Los mares cubrían casi todo el esferoide terrestre.
Bn el seno de las aguas se cuajaban los continentes,
como inmensas cristalizaciones.
Hervían las entrañas del globo, como calderas titánicas de un infierno geológico.
Y J?Or el espacio cruzaban en todas direcciones manadas sm fin lle nubes, que al caer la tarde empujaban el
sol hacia los negros establos de la noche, punzando sus
e~ormes lomos con rayos de luz á modo de enrojecidas
aiJadas.
Cayeron en la. nada esas gotas enormes del tieml?o, que
se llaman siglos, y por entre los océanos empezaron á
surgir lus continentes, como séres titánicos que se aso~n á. ver las estrellas y el sol: la naturaleza, como muJer, es á veces curiosa; pero sus curiosidades son curiosidades enormes.

EL MUNDO

Estn murinuraban los aires, y valles y llanos se extreSubió una planicie inmensa. inmensa cnmo el Asia,
como América, como wd:i la Enrop!i; pero al principio . mecían.
Y lu, montes estaban tan arriba qne na&lt;la de esto pusubió mu v poco, quedó casi al nivd dé los m.m!s: parecía un már petrific,ldo. L\ alta marea la cubría, la marea dieron oir.
Pero otras voces dulces y consolador.Is se mezclaban,
baja la.dejaba én seco; era como una marism:l estnpenda.
Y aquella mas:\ de tierra, aqnel continente achatado viniendo no se sabe de dónde, á los amar6os y penetranestaba en sus glorias con su iguakhd ni veladora y edté· tes acentos del monstruo de la envidia.
•AbaJo está, decían, la renovación, la fecundidad,. el
ril Em feo todo aquello: era de~olador, era de una moamor, la vida. Arriba ésta y debe estar la majestad del
notonía mortal, pero estaba todavía al nivel.
Aquí quedaba al retirarse la marea una lagnna á modo silencio, y del sacrificio.
La corona de nie\l'e que brilla en las cimas, se derrite
de charco; all.í. brotaban unos juncos, mis lejos se enredaban unas algas ,í las asperezas del terreno. La llu,ia para alimentar las fuentes y los ríos del rnlle.
E_1 sol no juguetea en las crestas para baiiarlas de luz,
batía por igual :i toda la planicie: por igual la abu~aba el
sol como lluvia de fnego, y el viento la barría toda ella sino para fundir sus diademas.
La tierra sustanciosa y fecunda de las regiones bajas, y
como rasero flotante del espacio.
Como todo estaba ig1ialmente muerto y dPsolado, nin- de los flancos de las montañas, vino arrancada por las
gún pedazo de la llanura en\'idiaba. el pedazo de más torrente~. y de los altos· montes no quedó más que la osaallá: la misma marea, el mismo cielo, los mismos de,ier· menta. Esqueletós son coronados de espinas de hielo, no
soberanos triunfadores.
tos horizontes, la uiisma miseria de vida.
· Fre~cura da su sombra mientras el fuego dt:l cielo cal-.
Pero desde el interior del globo fuPrzas gigantescas
•
y misterinsas empezaron,\ empujar hacia arriba el centro cina su~ cúspides.
La vida vibr,\ en el valle mientras la muerte y la solede la planicie, fajas caprichosas y ¡1ririler,irl'{a~ comenzaron á. subir lentamente, empinándose en el espJ.cio y dad se envuelven en la altura en sudario de niebla.
El riachuelo que alegre serpentea sobre arena y guijo;
acerc¡fodose ,t las nubes.
Ya toda. la planicie no era igual: iban dibujfodo!'e la" la savia que rebol"a en ramajes y hojal"; la flor, que es M·
llanuras, iban arrng.indo"e las montañas. iban quedando Jamo de silenciosos amores; el pájaro que es todo pluma
los valles entre arruga y arruga del monstruo de piedra, y trinos; sombras y luces que se mezC'lan sobre la hierba;
brisas y aromas que perfuman los ve_rjeles, todas estas
que trepaba por los aires.
explosiones de vida y amor, todas estas reverberaciones
Y entonce, sucedió una cosa extraña.
Desde el orígen de aquel continente, cuan•lo tod'l él de color y luz, ,J; arrilm ,:il'r1m, de la. majestuosa é inmóvil
estaba :\nivel y era corno prolongación del !n!lr, WF_1 y,·,w montaña, "",.¡,,, que dió su carne y su jugo, 1:,u sombra y
reflejo al valle y á la llanura.
so111bm de extraños contornos lo había cubierto cas1.
Edtaba en alto, debió sacrificarde y sesacrific6; por eso
Una sombra parecía; algo así como si se proyecta~en
abajo los infinitos nubarrones de arriba. PérO en h som- el sol naciente la acaricia con besos de color de rosa: por
bra colosal había un contorno parecido á nna cabe;r,a en eso el sol poniente le presta al morir diadema infinita de
que dos charcas dibujaban los ojo~ amarillentos con :13- ra.yos ele oro: no adula la grandeza, glorifica el sacrificio."
Y valles, llanos y oteros se estremecieron de gratitud
peras y verdosas pestañas de juncos. En la sombra había
dos contorno8que semejaban á. dos brazos con zarpas de Y Iamor. · 1·
. , d e env1'd·ia; se encog1'6 mueb o,
,·1 enru iri se encogh&gt;
roca, hundiéndose en la marisma v desgarrándola con
mucho,
mucho
y
peus'.,
«con la ,wturaleza ,w pW!d-0_.»
·
sus desgarraduras rellena,;de sal. En la fant i,;tica som·
Y por la floresta y abrazados amorosamente vi6 vebra había otros dos contornos mayores. que imitaban la.i
siluetas de dos piernas apovadas en los lindes y playas nir dos hermosos mancebos: se llamaban Caín y A.bel.
«Con la naturaleza no puedo, repitió; veremos si puedo
del mar, y como rechazando á patadas FU poderosg oleaje; diría"e que era el asno monstruoso de lanada co~an- con el hombre. ,,
Y aquella.•()m/,ra in,w,i.•a que había cubierto todo un
do contra lo infinito.
al brotar de los mares, ahora muy encogida,
Pero, en fin, mientras la planicie no se desnive\6, continente
chiquita, muv reconcentra.da, se posó sobre Caín: la
aq11rlln ,•omb,'l'l fué sombra caprichosa no mfa; fingía una muy
boca y las zarpas ·en el corazón, las extremidades intecabeza, unos miembros desquiciados; en suma, una silue- riores
80bre la frente.
ta fantástica apagada v desvanecida.
Y Caín se puso verdoso; y el corazón se le llenó de sal
Pero :í medida que iban creciendo los montes con sus y de
amargura; y las olas de azul y plata que venían de
robustos espinazos encorvados, que se iban tendiendo los lo infinito
sobre su frente, se vieron rechazadas por el collanos con sus verdes praderas, y que se iban ahondan- cear del monstruo.
do los valles con sus fuentes y sus ríos: la som~ra fwdá~Y la envidia pensó: en ésta ya hice presa, que me la
tica empezó á esp~sarae y á tomar relieve; pare~ía una
inmensa ostra negra apegada al terreno. Y sus miembros qniten.,,
Y todavía no ha soltado su presa.
se agitaban lentamente, y sus piernas rechazaban el oleaje blanco y azul de la costa, y sus manazas se hundían en
JosE EcuEGARAY.
la sal de la marisma, y las dos enormes charcas eran ya.
dos ojos sin pupila avahados de vapores biliosos.
.::~rtcz::.~t'cz::.~t'cz::.~t'&lt;i!::::..
Al fin todo se snpo: brisas murmuudoras lo iban conNOTAS E IMPRESIONES
tando por las cañadas: era el espíritu de la envidia; lr1 ml'idia mi..,llf1, que había estado aplastada y durmiendo soArte y crítica.
bre la planicie muerta, y que dispertó al fin con las trepidaciones ascendentes de los montes y con el nuevo caUn excelente crítico sería un artista que tuviese mucha
lor de la vida nueva que comenzaba á fermentar en los
ciencia y gusto, sin prejuicios y sin envidia.
valles.
l"oltaire.
Y á medida que se hinchaba el monstruo, susurraban
por los valles y por los llanos voces apagadati y amargas,
***
rnspirando á todo lo que estaba bajo, á todo \o que era
Para ser un maestro en su arte se necesita ser un hom
modesto, á todo el que se tenía por humilde, ideas tris- bre habil en su oficio.
tes y dolorosas: veneno invisible esparcido por la atmósAle.e Dumas hijo.
fera.
***
n¡Pol,re terrulio, qué flojo eres y qué bajo estás!-decían
La multitud no comprende la belleza, la siente.
aquellas voces.-¡:\fira, mira aquellos monte~ como tocan
Beulé.
con las nubes! ¡t,í, tierra que se deshace; ello.•, roca; ellos,
granito; ellos, pórfido!
*
**
¡ T'alle, que entre montañas te hundes, bien les sirves
El artista necesita conciencia., confianza y perseverande alfombra! ¡t,í, arrastrándote con tu río y ellas mirando cia.
de cerca al cielo y coronadas con diademas de plata.
¡ Llano.• humilde~, bien 0s anega. la inundación; aquellos
picachos como están en alto se ríen de aguaceros y tor'menta.s, toman las nubes por dosel y hacen del rayo un
cetrol ¡La inundación...... pero si de aquellos montes
BIBLIOTECA MINIATURA
viene, si ellos son los que la mandan!
Bosque.~ y sclrrr.s, ¿qué os han dejado? La sombra, la huRecor .iamos á nuestros lectores que en el
medad, la charca infecta; ved en cambio en aquellas cordilleras, cómo el sol por la mañana. y por la tarde dora presente mE's repartiremos á lo3 sub.i!criptolas crestas, y las corona de rayos, y fabrica prodigiosos re~ de ~L M:u:NDO lLusTRADO el primer tocortinajes de gasas y brocados con flec"s de plata y oro.
¡Sí, terruños, llanos, bosques, valles, hondonalias, oíd, mo de Ja Biblioteca .11:liniatura.
todos loR que extá11 abajo: esos montes que están arriba con
J...a obra que elegimos-muy interesante
armaduras de ja8pe, coronas de plata, aureolas de luz fa.
bricadas por el mis1no sol, mantos de escarlata, dosel de y amena-vale un peso en las librerías de la
nubes, y que si suben un poco mús van á. t-0car con el cielo, á 1·UP.•tro nird e;,turJ,,,·r,n, fueron como vosotros, de la. Capital. ·
misma tierra que \'Osotros estan fabricados, no os miraban desde las regiones del sol y del rayo, no os escupían
OTRO PAGO DE$ 5 1000.00 DE "LA MUTUA"
con espumarajos de torrentee, no os pisoteaban con estribaciones de piedm, no os quitaban la luz del sol que
EN GUADALAJ'AR.A.
nace ó del sol que se pone con sus miembros gigantescos
que se calientan de cerca al fuego del cielo.
Guadalajara, Enero 16 de 1897.
P111~1ri,• i{Tlwles, y ahora, ¿qué sois vosotros? ¿qué son
Sr. D. Carlos Sommer, Director General de «La )Iuellos? Vosotros en la hondura, comidos de gusanillo y de tua. - )léxico.
alimañas; ellos, en el espacio azul, adulados por !as águiEstima.do señor:
Iloy he recibido ante Notario Público, en esta Sucur•
las. Para vosotros torrentes de cieno; escurriduras de Jo
alto; para ellos enormes coronas de nieve, que centellea sal del Banco de Lóndres y l\I~xico, ($5,000.00). Cinco
como plata en reflejos rosados. Para ellos el día es más mil pesos valor de la p'iliza baj0 la que el&lt;taba ~ d o
largo y los horizontes más anchos; para vosotros la noche en 11La )lutua• el señor 11,i Pi&lt;p ,w Don Ramón F. de la.
se prolonga con la sombra en esos montes, y el horizon- Mora, que falleció hace tiempu.
te se estrecha ent°'re matorrales. Ellos son los poderosos,
Por medio de esta carta doy ;i usted y al Sr. Don Milos soberbios, los felices: vosotros los humildes, los piso- guel Serrato v Durán, 9ne ¡?e;;ti, ,n,, ncti vamente el pago,
teados, los ruine!'. Y fuisteis iguales cuando :µu, la ,wu, .
como agente ·de «La ~lut na," las debidas gracias y los aubrn d, · los ojos l'trdw,.,, os cubría abrig.indo pori6 ual vues- torizo l)am que la publiquen.-8. :-&lt;. CONCEPCIÓN C. N. DB
tra miseria!"
LA Mo1u.

~.l~~J..~~:~ ~.1~

�DOMINGO

2

4 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 24 DE ENERO DE 18517

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EL BAILE EN MINERIA

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El Sr. General Escobedo ofreció el brazo á la Sra. de
Díaz. el Sr. Bejarano á la Srita. Luz del mismo apellido,
y el Seíior Presidente, acompaiiaao de los demás miém;
bros de la comisión, se dirigió á la sala.
La presencia de la distinguida sefiora produjo verdadera admiración por la sencillez y elegancia de su traje, confeccionado en París con riquísima tela de seda negra y
11dornos de azabache, que hacían resalta: su reconocida
belleza.
En la parte alta del J?Elinado, lucía la seíiora tres grandes brillantes en artístico broche, no menos valioso que
los broqueles, el magnífico collar de perlas y -brillantes y
las soberbias pulseras que completaban su toilette.
La señora saludó, estrechando la mano á sus amigas y
en !ll'guida, acom:{&gt;aíiada por las Sras. González de Cosio,
de Cbavero, de L1ceaga, de S,incbez, de Zaldívar, de Casasús, de Camacho, v otras que no recordamos, fué á tomar
asiento ante el espeío cubierto con plantas exóticas, colocado en el arco central del edificio.
.
El seíior General Díaz se situó cerca del ángulo ~.E.
del salón, donde permaneció algún rato conversando con
sus amigos.

S3

Has: de estrellas blancas, de estrellas rubias, de estrellas
azules, violetas, esmeraldas........ .
El cosmos se despuebla......... y al comp:is de un himno
di vino envía sus luminares á un punto dado ........ .
Llego, lectoras mías, cuando la prensa diaria ha YolcaPero, pedís nombres ......... ya os escucho ......... Nomtlo ya, de prisa, ante vosotras, el caudal de ~us notas J\ibres. :\Iuchos nombres...... y os los daré todos. El Mm,pidas, cuando lo que fué mz, esplendor, ruido ...... vértiDO DuRro ha facilitado mi tarea y solo tendré que añadir
go, tiene ya la apacible y soíiadora hermosum del
algunos.
recuerdo; cuando el comentario sutil ha agotado ya todo
Leed pues:
-el manjar de novedad que nos ofreció una fie~ta inolviSrita. Josefa :r.Iéndez Rivas, traje azul claro con adoroable. Será preciso empero que me escuchéis por breves
nos blancos de encaje.
momentos.. Yo os había dicho en mis anteriores notas,
Sritas. Andoquio Sánchez, y Cagigas con elegantes y
-en las escritas cuando el alba que sucedió á esa noche
costosos traj1:~.
feérica, teñía apenas las vidrieras de vuestros balcones,
Señora Luz Acosta de González Cosfo, lujoso traje neque mi cerebro era un caos de emociones de donde en
gro y oro, Doña Guadalupe Camacho de !caza, lleva
vano intentaba que brotai,e la luz. Iloy, esa luz ha brobonita toih·tte verde Nilo; Doíia Dolores Jauregui de Litado; es"pálida y tenue y se llama recuerdo; á su espl enreaga, tr.1je negro y ricas joyas, y Doña Leonor Rivas de
dor suave voy á conduciros por el regio salón y leeréis,
Rivas, cubre su airoso cuerpo con regio traje de terno la noticia que, árida y comentada, holgaría, sino las
ciopelo guinda:
impresiones dt! un amigo que desea conYersar con vosoSarita Chayero, hermosísima como siempre, viste de
tras acerca de una fiesta ansiosamente esperada y realiamarillo; su hermana l\Iagdalena viste d.- 111-1, con granzada con brillo iuusitado.
des rnoíios púrpura en los hombros; Luz D,az viste de CO•
lor rosa con flores de terciepelo salmón, y Conchita Las*
*
cur.íin viste bonito traje~azul.
* * hermoro edificio de l\Iéxi*
*
Minería es sin duda el más
Momentos después empezó el baile. Aquí, lectora, el
Emi lia González Cosío lleva elegante toilette crema y ro-co, así por la harmonía de su sobrio y elegante estilo co- caos vuelve á reinar en mi mente: estoy ante el vértigo ea, Elenita Ituartt, de azul pálido; Juana Herr,ín, de amamo por BU regia amrlitud. La elección no podía, ptll'S, una yez más; paréceme que un torbellino armonioso ha- rillo oro; lllaría García, traje también amarillo¡ Juanita
ser mejor para una fie,ta en que las clases sociales pu- ce presa en mí; que giro, que giro sin descanso, sin alien• Torres Rivas, de blanco; Leonor, su hermana, de color
dientes intentaban ofrecer un homenaje de respeto y ca- to, y que caigo ó me remonto á regionee extraíi11s donde rosa; Anita Arrillaga, de blanco y rosa; Angelita Escuderiño al Prt:sidente de la República. El adorno en tan be- anida el éxtasis. La harmonía y Pl color me dominan co- !"O, de azul p.ilido; Dolores Castillo, de blanco, y Carmello edificio debía lucir notablemente más que en cualquier mo dos genios poderosos, hácenme ascender it su carro de lita Mariscal, de azul.
,otra parte y la concurrencia femenina, moviéndose en un cristal tirado por cuadriga luminosa, y me parnan á traAntonieta )forales est&amp; encantadora con un precioso
cuadro tan vistoso y rico, producir debía el efecto más Yes de un mundo arcano. ¿Desciendo ó subo? Lo ignoro. traje color de rosa; .i\Iar&gt;iana Iglesias, viste de lila con
encantador que darse pueda.
P,ísame lo que ,í los febricitantes: las nociones de lasco- adornos de terciopelo guinda; .María Sagaceta, viste de
Esto supuesto y más que todo la incuestiorosa pá.lido; Yirginia Alcalúe, de amarillo;
nable habilidad y buen gusto de nuestro inC11mn Gamboa, de azul pálido, estaba lllUY
teligente amigo el Sr. Diputado Don Ignasimpática y elegante.
ciQ. Bejarano, que tuvo á su cargo el adorno,
Lupe Arrillaga vestía toile/U color lila; En~
nadie extraí'iará que éste, que pasamos á desriqueta Sánchez, color de rosa, y Carmen
cribir, haya dejado las más bellas impreUrueta de blanco.
~iones.
La Sra. Camacho de Landa llevaba eleganAnte la puerta del centro del edificio ptíte traje negro floreado é hilos de perlas¡ la
Fose un gran.portier de madera cubierto de
Sra. Manuela Acevedo de Castillo vestía de
lienzo á rayas vivas, el cual protegía á las
azul pálido, y la Sra. Catalina Cuevas de Esdamas desde el momento en que descendían
candón portaba riquismo traje de piel de se&lt;le sus carruajes. Grandes y primorosos mada color de rosa, y llevaba collar de perlas y
cetones flanqueaban una calle que conducía
bri liantes.
al salón que no se percibía desde el exterior,
Doña Paz Barroso de Hanh llevaba hermogracias á un gran cuadro, representando un
so vestido blanco con flores rojas en el corrnosquetero, que cubría el 11rco de la entrapiño; Doíia .Beatriz Redo de Zaldivar, realda. Una vez que la mirada se aventuraba por
zaba sq éhísica Jiermosura con un lindísimo
el salón, el efecto era indescriptible. Parecía
traje de raso roju obscuro adornado,con cresque á un conjuro mágico el salón se había
pón de idéntico color.
transformado. Del centro de cada arco penDoíia Carmen L. de Baz llevaba rico t.oilette.
día un gran foco de intensa luz y aquí y
de piel de seda amarillo, adornado con ter.allí, bordando los arcos, prendiendo diaciopelo verde esmemlda, bordado de oro; en
mantes en los muros, multiplicándose hasel cabello ostentaba estrella de brillantes.
ta lo increíble en todas las posiciones, veíanDofia .Elisa Linch de Oamacho vestía rico
Pe centenares y centenares de lámparns intraje verde nilo y llevaba hermoso collar de
candescentes. En la planta baja, el adorno
perlas y brillantes.
consistía en cortinajes inmensos de peluche
La Sra. Hampson llamaba la atención por
de vivos colores, que formaban un portierá
su hermosura, y vestía sencillo y á la vez ele-cada arco y que dejaban ver, en las galerías,
gante traje de raso blanco; no llevaba ni una
grandes figuras decorativas en bronce, de sejoya.
veroefecto.
, La Sra. Guzmán de Ramos cubría sus forEn los dos arcos principales, el que vé á
mas delicadas con bonita costume de piel
la escalera y el que á este se opone, dos giseda amarillo y llevaba collar de perlas.
gantescas lunas biseladas, encuadradas en
La Sra. González Cosío de L6pez, vestía de
fiores, multiplicaban en su diáfano é inal~
raso blanco á rayas negras; diamantes en d
terable seno la esplendidez de aquel recinto.
cabello.
En la galería Sur, en las extrl:!midades, adD.' Concepción Cardona de Iglesias vestía
mirábanse dos hermosos pai¡;ajes de que hade amarillo; D: So tía Osio de Landa, de blanblé ya á mis lectoras en mi nota anterior.
co; D: Clementina Osio de Lerdo de TejaCorrespondía á este espléndido adorno de
da, de amarillo; p.• i::,oJedadGamboa de Sala planta baja el de la alta. Escaleras tapigaceta, de oro viejo, y D~ Laura Formento
:zadas: aquellas regias escaleras! flores por
de la Torre, de azul.
donde quiera, en los pasamanos, en las coLolita Liceaga estaba ideal con un eleganlumnas, en los muros, gasas, guías, maÍnífite traje crema, no menos hermosa su her-cosguardarropas, tocadorelegantísimo, uffet
mana con bonita toilette azul.
espléndido y severa sillería.
La Sra. Sara Guzmán de Ramos, lucía eleEl conjunto único deslumbraba la migantísimo traje de seda broché, con ado~os
rada, asía la admiració.n, domefiaba el espíde encajes y perlas, magnífico collar de briritu... ... Aquellas encantadoras historias de
llantes y artístico broche en el peinado; las
la adolescencia, aquellos cuentos mágicos
Sritas. Lucrecia y Delfina Jiménez, vestían
de palacios que relampaguean como ascuas
sencillos y lujosos trajes de crespón crema y
de oro, en medio de bosques encantados y
blanco, respectivamente, adornado el desco&lt;!onde brindan con fiestas y saraos el Prínte y las hombreras, crisantemas artificiales;
cipe Azul y la Princesa Blanca, aquellos enla Srita. Amelia Ecbeneque, estaba bellísima
t:ueíios de
fantásticos que sobrecogen
con su traje de crespón amarillo, adornado
-t&gt;l alma de niíio con sus narraciones maracon finas blondas y flores artificiales; la Sra.
villosas, parecían haberse realizado ahí, en
de Yélez, traje de raso de la India, color creel gran salón, por no sé qué mágico poder.
ma, y valiosísimas alhajas, pulsera de qriA las nueve y media de la noche comenzó
llantes, pedrer1a en el abullonado .del cor-el gran desfile de invitados que instantaneapiño, collar de muy claros brillantes y no
rnente poblaron Pl palacio, y media hora des-RECUERDOS DEL BAILE DADO EN HONOR DEL SR. PRESIDENTE.-Sra. Hampson- menos rico broche en el peinado; la Sra. de
pués, á los acordes del Himno Nacional y la
Una de las reinas de la fiesta.
D. Trinidad García, hermoso traje dt: terciomarcha de honor, presentóse el Sr. Presidenpelo negro y buenos brillant1:'11; la Sra. Matilte de la Repúbilca.
eas pierden en mi cerebro su proporcionalidad; naila sé ile Castellanos, hermoso traje de 8eda blanco con aplicaAquel momento de mudo, pero elocuente entusiasmo de nada, salvo que navego en un mar de fulgores, en un ciones, ·salpicado de piedras; la Sra. Mariana Enríquez
-dice á este propósito un compaíiero mío que describe m11r sonoro, en un mar que brilla y canta......
de la Mar, traje crema, corpiíio con encajes aleru¡6n y un
·
la escena-fué indescriptible. ( Y tanto, que creimos c ,11ramo de flores en la hombrera izquierda.; la
Poco :i poco torna el f quilibrio á mi espíritu y Yeo, ,eo precioso
veniente elegirle para asunto de uno de nuestros graSrita. Luisa Zubieta y la Sra. de Lancaster J ones, lujos(entonces un enjambre de bellezas qne en brazos de caba- Fi moa trajes, color claro el de la señorita, y negro el de
bados.)
Damas y caballleros sin previo acuerdo, sin que nadie lleros radiantef', van, vienen, se balancean con languidez lai,eñora; la señorita Dolores Defis, crespón rosa pálido;
lo hubiera indicado, se levantaron de sus asientos, y ocu- tropical, :waman y retroceden, sonrientes, dej11ndo cada las Sritas. Watson y Fitcher, m'.ly elegantes.
1,ando las sefioras la. primera fila, formaron á la entrad:1 una en mi retina la impresión de un color, y en mi ofdo
La señora Castillo Negrete de Arroyo de Anda,
-del salón, una deslumbrante valla, como homenaje de una harmonía t~nne, como la oída por los poetas cuando traje negro adornado con blondas cremas¡ las señoras
Iris mariposas agitan sus alas, y la seda de los botones se
cariñoso respeto á la Sra. Romero Rubio de Díaz.
Barron y :Moya, trajes negros también y en el cuello trihin-::ha al sol.. ...... .
F.n la puerta del edificio, la comisión nombrada, qne
ple collar de brillantes, sobre un listón de terciopelo qm,
~~tuvo compuesta de los eeí'iores Sebastián Ca.macho, GeAun no he apreciado un color cuando me sorprende hacía resaltar el valor de aquellas alhajas.
neral Escobedo, Coronel Tovar, .Tosé Sánchez Ramos, Jootro; es una locura de matices ........ .
Srita. Lupe Riva, vestido color p'lja, adornado el talle
f'é "\V. de Landa y Escandón, León Signoret, Lic. AlfrE&gt;rlo
Aun no he acabado de aspirar el efluvio de unos ojos, con bordados de colores, oro y le11t-,jue1a, dejando salir
'Chavero, "\Vright y Bejarano, habían recibido ya al seíior
cuando
otros
ojos
p11Fan
.........
Por
no
sé
qué
extrañ.a
asonn bonito encaje de muselina; lazo de cintura, azul pá•
Pre~idente, á quien acompañaban la señora su es¡v&gt;sa, la
ciación de ideas piens" que asisk&gt; á un~ lluvia de estre- liJo.
:Srita. Luz Díaz y el Estado Mayor de riguroso uniforme.
IMPRESIONES

,a

EL MUNDO

foetas

�..
EL MUNDO

54

•

Sra. de Riba, vestido color heliotropo, con adornos de
abalorio negro y encajes fi~os de guipure.
.
Srita. Lupe Villada, vestido de crépe de China, todo
bordado de seda de colores; el talle lleva encajes y ramos
de violetas.
Srita. Carmen de la Torre, vestido santin Liberty; el talle va todo plegado de muselina con bolero. Componen el
adorno abalorio y perlas blancas.
Srita. Luisa de la Torre, vestido satín Liberty; el. talle
lleva una draperfa de muselina salpicada de lente¡uela;
cintura de raso, y en un lado guirnaldas de flore:3. .
Sra. Izunza, vestido de raso gris perla con un r1quí~mo
peto bordado de blanco y oro y perlas; cintura del m1smo
color, y además ramilletes de rosas.
r
.
Sra. Castañeda de Dutour, vestido verde Nilo, cubierto
todo de encaje cogido con flores á lo largo de la falda; el
talle lleva también encajes con cintura verde y flores.
Recordamos además á la muy encantadora Srita. Dolores Belauzarán Lola Santa Cruz, con traje de gasa blanca, Amada Día~, joulard morado, Sritas. Marg~:ita y Matilde Blásquez vestidas de tul y blanco 'respectivamente;
la Sra. de Rodríguez, raso verde y crisantemas; la Srita.
Paz seda color rosa pálido; la Sra. Ester )Iurúa de Gonzále~ Suárez, traje blanco, cris:intemas y va~ioso collar;
la Sra. de Izunza, precioso tra¡e de seda maBtlC. _hombreras de listón y peto adornado con perlas; las 8_r1tas. Ortega Reyes, vestían trajes oro adornados con cnsantemas
y blondas; la Srita. Luz Pasquel, sencillo y elegante ~raje de seda crema; Srita. Enri~ueta Sánc~ez, rosa¡ Snta.
Elisa González Suárez, también rosa pálido, lo mismo la
Srita. María Mur1ía; María López y María Zamacona, trajes de gasa blanca floreada; la Sta. Terreros de Algara,
soberbio traje de terciopelo verde obscuro, con adornos
color salmón.
El traje de la Sra. Amada Diaz de la Torre, -::olor de
rosa, también de seda, trafdo de París.
Señora de Flore!, de razo azul pálido con encajes de
Bruselas.
Sra. Murphy, de trciopelo negro, con golpes de avalorio.
Sra. Prida de Xtíñez, color violeta, de seda; el corpi.110
iba adornado con flores sobrepuestas de color amarillo, y
pedrería.
Sra. Whith, blanco con adornos color de rosa; llevaba
encajes de punto de Inglaterra.
Sritas. del Río, color lila, de gasa, adornado con flores
y abalorio.
Sra. Tagle de Rivera, de terciopelo negro, con golpes de
galón bordados de plata.
Sra. de Chousal, traje francés azul pálido, de piel de seda, siendo el corpiño de terciopelo naranja; llevaba riquísimos encajes de punto de Inglaterra.
Sra. Cbncha Rivas de Torre~, enagua de cola de braché
riquísimo, á ramos de dos tonos, amarillo y crema, dejando ver á un lado un riquísimo bordado ele oro y piedras, sujeto por un lazo de muselina, también salpicado
de pedrería y un ramo de crisantemas de dos tonos; chaqueta de muselina, cintura de oro con bordados de piedras; hacia el lado izquierdo se veia otro ramo de crisantemas.
Srita. LauraEnríquez: vestido verdenilocon enrajesy
flores, cintura de terciopelo del mismo color, bordada de
piedras de dos tonos verdes.
Srita. Aurora Enrfquez color rosa de raso Libertty, con
muselina. El talle llevaba pliegues con acordeón: á un lado
una crisantema lila, cintura de terciopelo bordada de piedras de varios colores.
Srita. l\Iaría Luisa Enríquez: vestido de raso Liber/1¡
blanco; iba cubierto el talle de gasa salpicada de lentejuela, cintura de listón blanco y flores aprisionando la chaqueta.
Srita. Adela Ferná.ndez: vestido color de rosa de dos tonos; en el talle un encaje que formaba el corpiño con adornos de ante, bordados de perlas y lentejuelas, á un lado
ramo de rosas té y el otro graciosamente adornado con
terciopelo verde nilo: cintura del mismo color.
Seilora Victorina de Rivas: vestido li1a con faldas de
color; el delantero todo bordado de flores de metal de
varios colores: el talle tenía un peto de terciopelo verde
bordado también de piedras de colores, cintura verde. '
Sra. Brier:vestido moiré antiqu~, negro, con cola, abierto de los lados, dejando salir un plegado de muselina color naranja; el talle llevaba un corselete negro con aplicación de abalorio negro y oro; hacia la parte de atrás subía
un cuello á la Medicis, también de abalorio negro y oro
lo mismo las mangas.
'
Srita. García Ramfrez: vestido color de rosa cubierto
de gasa, la f~lda iba adorn_ada de v_arios listones salpicados de lente¡uelas, el corpiño graciosamente cojido con
flores, cintura color de rosa.
Sra. García Ramíre7, vestido negro de piel de seda con
adornos en la falda de finos encajes chanülly, y el corpiño
llevaba golpes de abalorio blanco y negro.
~Sra. Carolina de l\Iac l\:Ianus, riquísimo traje rameado
de broché lila y verde nilo; llevaba una gran cauda el talle erd de muselina, co~do con ancha tour de ceritu~e bordada de pieles y abalono de todos colores: en la parte de
arriba lleva encajes finos y un ramo de violetas.

***

A; las doc~ de la noche sir vi.ose la cena, en la que los si-

bantas pudieron recrearse con la más completa rima de
salsas francesas de que un cordon bleu puéda ser autor.
El Sr. Presidente y Carmelita, comieron con varios
amigos en el ga~inete q_ue l_es estaba reservatlo, y el eco
de las conversac10nes hson¡eras, de los brindis ir:timos
de las rieas francas sucedió al gran bullicio del ba1 le ei::.
los diversos grupos formados en derredor de las me'sas.
~ las dos de la ma~ana e_l Sr. G~neral Díaz y su esposa
de¡aron el salón, mas el baile babia reandudado su curso
Y: s6lo cuando cayó la som?ra vencida, cuando la explosión rosada del alba rompió en Oriente, cayaron las notas y la plfyade de beldades se dispersó-aves fatigadas en busca del tibio nido del hogar.
'
El homenaje al Jefe de la Xación había superado á to-

da'! las esperanzas. Superará
el recuerdo de tan hermosa
fiesta á todos los recuerdos?
¡Ah! la vida está hecha de
memorias que se van y memorias que llegan. Una impresión brillante sucede á la
ya pálida de ayer mas, de todas suertes, la remero branza
que hoy llena todas las me·
morias luchará potente y formidable contra el olvido!

DOMINGO 24 DE ENERO DE

,s,n

DAMAS GUATEMALTECAS

ADRIANA BUSQUET

-Convengamos-me decía
mi amigo Laboulleé, mientras se nos servía el café y fn.
mábamos nueetros cigarrosconvengamos en que todos
esos hechos que se atribuyen
á un estado no definido aún
del organismo, la doble vis·
ta, la sugestión á dist:i.ncia,
los presentimientos confirmados y otros fenómenos
por el estilo, no han podido
estudiarse, la mayor parte de
las vece&amp;, de modo que satisfagan por completo las exi•
gencias de la crítica cientí·
fica.
Hay muchos testimonios
que certifican de la veracidad
de est?s hechos; pero por
muy smceros y muy respe·
t
tables que esos testimonios
sean, la ciencia no puede ad!
mitirlos, porque la ciencia
solo se nutre de demostraciones.
Yo era también de los que
dudaban, hasta qne tuve en
mi_poder las pruebas, deque
existen estos casos, con el
estudio de uno qne vov á
contarte y que he presenciado yo.
-El matrimonio Bnqnet
-continuó mi amia&lt;&gt;--1!ra
una pareja sencilla y ~-ulgar,
cuya sola ambición para el
porvenir era la de procurarse
una rentita, y cuyo sólo anhelo al presente era el de obtener, de regalo, cualquier teatro. Buquet era un hombre
bonachón, de carácter completamente débil; su mujer
era muy guapa, de un temperamento bilioso, y nervioSeñorita Rogelia Jáuregui.
so, en el cual la vida ~itada
de Pa:fs, que se infiltra hasta en los hogares más
-No estoy tranquila; tengo el presentimiento de que,
tranqmlos había hecho que predominaran los p;caros á Géraud le ha sucecido algo.
nervios.
:-¡Qué ha de sncederle!-gritó Buquet, y continuó co-El matrim¡mio Buquet tenía muy pocas relaciones y
m1e_
n do.
u_na sóla a1;01stad: la del amigo Géraud, como ellos le deSe levantaron de la mesa sin que se pronunciara una.
signaban siempre, _un mo~o de 30 á ~ años, qne por na- palabra más.
da del mundo hubiera de¡ado de asistir á la oficina de
-Ve á vesti~, A~ana-dijo el marido á la mujer,
la casa de banca en que trabajaba, ni de llegar un minu- que permanecta mdec1sa.-Yo no nece,.ito más sino poto_ n:i~s tarde de la hora señalada para la comida en el do- nerme el paletot. Aquí te esperamos.
micilio de los Buquet, que á diario le recibía carifiosaAdriana salió y nosotros nos quedamos fumando y
mente, señalándole con una sonrisa su puesto en la charlando.
mesa.
Apenas habían transcurrido cinco minutos desde la saliMi:chas tardes iba yo ?mbién á casa de los Buquet, á
da de madame Buquet, escuchamos un grito de espanto,
h misma hora de la comida, para llevarles unos billetes seguido
del golpe que produjera un cuerpo al caer sobr.e
de teatro.
Uno de estos días, encontrándome con unas localida- la alfombra.
Buquet y yo nos precipitamos hacia una habitación,
des, de las que no sabía que hacer me fuí á la calle de
vecina, donde encontramos á Adriana tendida en la alGrenelle, á casa de mis amigos. '
Llegué un poco más tarde, y cuando entré en el co.me- fombra con el rostro lívido y el pecho convulso y jado:i: ya e~taba servida la sopa. Noté con sorpresa que el deante.
Entre los do_s la transportamos á la cama, donde haam1go G1:raud no estaba·
El bueno de Buquet rabiaba de hambre y quería sentar- ciéndola respuar unas sales, la vol vi.Inos al conocise á la J!lesa, pero su mujer se oponía, diciendo que era miento.
-¡Ahí, ahí!-fué su primera palabra-¡Ah!-continuó
ne:esano tener un poco de paciencia hasta que llegase
señalándonos un armario de luna.-Le he visto. Le heGeraud.
visto en el espejo.
-_¡Acomer, á comer!-dije al entrar, para interrumpir
Me volví á verle, creyendo que se encontraba tras dela disputa que empezaba.-Hay que acabar pronto si mí,
y al observar que no había nadie, comprendí y casí
quere1s aprovechar este palco para los Franceu.q Esta noche se representa Dl'1,ise. Es preciso ver comen;ar el pri- desmayada.
-Pero querida mía-preguntó el esposo ¿que diablos.
mer acto.
visto?
Se pusieron á la mesa. Buquet comía de prisa, tragan- has
-Lo he visto á él, á Géreud.
do á grandes sorbos sus cucharadas de fideos, y recogien----¡A
Géraud!
do con la l_engua los 1:ilos que se le caían en los mosta-Sí, lo repito, le he visto y él me ha mirado tamch?s. Adriana, la mu¡er, v1síblemente nerviosa é intranbién.
qmla apenaR podía pasar bocado.
Buquetme miró asustado.
. -:-Las mujeres son extraordinariamente nerviosas-No te alarmes amigo mío-le dije.-Estos accidentes.
dice de _pronto ~uqu~t.-Figúrate, querido Loubelleé,
que Adrrnna está mqmeta porque Géraud no ha venido á son muy explicables, y no tienen ninguna gravedad.
co~er esta tarde. E~toy seguro de que está pensando mi Adriana está mejor, y no hay inconveniente alguno en..
mu¡er en algún accidente; alguna desgracia. algún ab- que se vista y os vayais al teatro. Y o iré con vosotros.
-Sí, sí-dijo Adriana pricipitadamente-vamos: pero..
surdo.
'
de que pasemos antes por casa de Géraud.
¡Qué tiene_d~ paryicular que Géraud no venga! El tie- á. condición
-¡Pero si no hay necesidad!-interrumpió el mane sus n~g_oc10s, e~ ¡óven, le atraerá cualquier asunto..... . ndo.
En defimt1va, es hbre y no tiene á quien dar cuenta de su
personal
-Iremos-dije entonces,-La casa de Géraud está cerca; no nos entretendrá la visita y con esto quedará Adria-•
Por otra parte, Géraud nos dedica iodas las tardes y
ha_y q_u~ concederle un poco de libertad. Y o profeso el na completamente tranquila.
Poco después entrábamos en un carruaje, dando orden..
pnnc1p10 ~e que no debe uno preocuparse nunca de lo
al cochE:ro para que nos llevara al número 5 de la calle
que lo~ am1~os hacen.
del Louvre.
-l\11 mu¡er, por lo visto, no piensa de la misma ma. Estas eran las señas de Géraud. Este vivía solo, atennera.
dido por la po:tera, que tenía uoa llave de su habitación:l!adame Buquet respondió con voz en:ocionada:

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

Apenas llegamos á casa de Géraud, Buquet saltó del
coche -y penetro en la portería.
-¿Y el Sefior GiSraud?
-En su cuarto. Yino á las cinco y no ha vuelto á. salir.
-¡Ya ves, qnerina mfa!-dijo Buquet volviendo al carruaje.-Géraud e~tá en su cuarto y no le pasa nada. Tus
presentimientos no tenían sentido común.
¡Cochero! A la comedia Francesa.
-No, Buquet-gritó su esposa.-No nos vayamos aún
hay que verle. es preciso.
'
-¡Subir cuatro pisos para nada! Adriana, por tn culpa
vamos á llegar tarde al teatro. En fin, subiré. ¡Cuando
una mujer se empeña en una cosa!. .....
l\Iadame Bnq uet, y yo quedamos solos en el coche. Y o
miraba á Adriana, presa de la más grande aaitación con
los ojos muy ,;.biertos, fijos en la puerta por la que había
penetrado su rnarido.
A poco rato reapareció éste.
-He llamado tres veces y no conteFta-nos dijo.-El
tendrá sus razones para encerrarse á esta hora.
Creo que va podemos irnos al teatro.
:Miré á Adriana y ví en su rostro una expresión tan
trágica que, yo mismo comencé á experimentar seria inquietud.
Después de·todo, refleccioné, no es cosa natural que este Géraud, qne nunca come en su casa hava faltado á la
de sus amigos para estar encerrado aÍlí desde las cinco
de la tarde.
-Esperadme-dije al matrimonio-voy á preguntarle
á la portera.
A ésta también le había parecido extraño que Géraud
estuviese en su cuarto tanto tiempo.
-Esperad-me dijo-tengo otra llave de su habitación
Podemos subir y sabremos qué le-pasa.
·
_Penetramos en el cuarto de G~raud. Xo había luz por
runguna parte. La portera llamo tres ó cuatro veces sin
que le contestara nadie.
'
Llegamos á la habitación de Géraud caminando á tientas, d:tndo tropeznnes y siempre en medio de la mayor
oscundad, porque no llev,lbamos cerillas.
-Sobre la mesa de noche debe haber una caja de cerillas-me dijo la poi tera, que comenzaba á temblar y que
no podía dar un naso.
Me _acerqné, l)alpando sobre el mármol. De pronto sentí
en mis dedos algo que me hi10 una impresión profunda
algo que me anunciaba no sé que drama espantoso.
'
Seguí buscando hasta encontrar las cerillas. Cnando
en\:endí luz, ví á Géraud tendido en su cama, con la cabeza destrozada de un balazo.
Junto al cadifrer hallé una carta manchada de sangre.
Géraud se despedía en aquella de su amigo Buquet sin
decir las razones porque se mataba.
'
Reconocí ~l cadáver, apreciando que la muerte debió
haber ocurrido hacía una hora. La misma precisamente
en que Adriana Bt1quet tenía la siniestra ✓isión en el es~
pejo.

***

-Esta es nii historia-concluyó mi amigo.-¿No es
bastante para confirmar la existencia de esos casos de
que te hablaba, los cuales hacen trabajar á. la ciencia con
más celo y más conciencia que buen exito en sus estudios.
A.JUTOLIO FRANCE.

L O S MAESTROS
N UÑ EZ DE ARCE

Entré al salón y mi jefe me dijo señalándome á un
hombre pequeño de estatura, de barba recortada en pnnta, con una cabeza semejante á la -de algunos retratos de
iconnografíashakespereana: «Aquí tiene usted una visita del señor Núñez de Arce.» La sorpresa fué grande y
agradable. Después todo fué afecto, cariño, franqueza
cortés, y de parte mía un aumento de admiración agradecida.
Por allí, entre varios papeles y libracos, alcanzó á descubrir una.Sages.~e de Verlaine. «Eh,» exclamó, uno de
los de plaga! Verlaine, Rollinat, Richepin...... ... ¿Qué
piensan ustedes de ellos?
-«Algunos, señor, enfermos.........»
El prosiguió entonces, lleno de fuego nervioso, vibrante, con su sonora voz personal que resuena simpática.
«¡Sí! esa es la palabra: enfermedad. Toda la literatura
francesa está enferma, está decadente, en el legítimo sentido de la frase. Esos neuróticos, esos diabólicos, están
demostrando que la Francia contemporánea ha caído, en
lo que á la poesía toca, después de la muerte de Víctor
Hugo.» Y en seguida de un apasionado y hermoso
ataque contra «La Plaga» de París, pasó á hablarme de
la poesía americana, con una brillantez y un entusiasmo que hubieran regocijado á Gutiérrez Nájera. Dijo que
era aquí, en nuestra América, donde para la lengua española estaba reservada la gran poesía de nuestra maravillosa naturaleza, «que todavía no ha tenido cantor digno de ella.» Poesía robusta y sana, rebosante de savia y
de fuego. «Eso debéis hacer vosotros los poetas nuevos
&lt;ie América, inspiraos en las grandezas naturales del
Nuevo Mundo, escribir versos, poemas, que rengan el
aliento de aquella tierra ubérr1ma: señalar un nuevo
campo á las musas. Nosotros, los peninsulares, no tenemos aquí sino los gloriosos recuerdos del pasado, los mo·
numentos de piedra, la historia. Vosotros sois el porvenir,» Así hablaba el poeta. del corazón joven, el forjador

55

EL MUNDO

de ven;os de acero, el que con
sus endecasílabos bien templados--endecasílabosde Toletlu,-hace ya tiempo se
conquistó el alma de la juventud americana, nueRtra
admiración y nuestro carií1n.
Se notan en él una agilidad de espíritu, un chispear
de ideas, un brillar de ojoR,
que hacen pensar en que algún cordaje metálico se halla
bajo ese cuerpo, y alguna divina electricidad tiene en
ese cerebro choques, relámpagos y súbitas auroras.

DAMAS GUATEMALTECAS

•

Sn casa es la morada de un
poeta, de nn poeta elegan·
•te y acomodado. Estamos le·
jos de la opulencia de Cánovas, del lujo de Castelar y del
nido calient-ito. confortable, burgués de Campoamor.
Al entrar, un salón con biblioteca, muebles de muy
buen gusto, mesa central con
libros de lujo y objetos de
adorno. En el centro de la biblioteca un vaRo antiquísimo
de la. India Despuéi&gt;. otro
saloncito, antes del gabinete
de trabajo, qne es chico,
lleno de objetos de arte, una
arca antigua, Ji bro~, siem•
pre libros, libros por todas
partes; dos poetas de bronce
sobre la cbimene va en las
paredes. por todos ·1m, cuatro
pnntosdel recinto, dibujo~,
fotograbados, pinturas, todo
irradiando algo de la gloria
del ilustre trabajador. La
admiración le ha llenado la
casa de ºtributos. Hay uno,
doP, tres, cuatro Xtí.ñez de
Arce firmados por distintos
pintores. Uno hay, obra de
un escultor, un Xúñez de
Arce de metal, materia que
más á propósit-0 es parn encarnar al fuerte poeta. Luego, asunto de sus poemas, moti vos de sus versos traslada·
dos al lienzo, al papel, por la
mano de egregios artistas;
obras con la firma original 6
reproducidas en los talleres
de Goupil, en París. ¿Está el
faro de La Pescal Xo estoy
seguro. De lo que estoy seguro es de ciertas escenas del
Señorita Adela ida Jáuregui.
Vértigo, &lt;lel Jrlilio y de la l'isi6n de Fray Jlartín. De esta
-Hernán el Lobo no lo concluiré jamás, lo que he pu•
última hay un grupo escultóricó, de tamañ/J uatural. Y
una composición admirable-un Rops menos oscuro-la blicado con ese título fué un simple capricho literario.
escena de la tentación, qne deja en las imaginaciones re- Ei3 un fr-agmento de un poema que no escribiré nunca.
Aún le veo reclinado en su sillón, pensativo, como
vuelto conjunto de grupos blancos de mujeres y capupreocupado siempre por algo, como poseído de una inchas de fraile.
En ese saloncito de trabajo, una tarde otoñal, el gran vencible tristeza. Xo le ví reír jamiís; sonreír, varias vepoeta tuvo la bondad de leerme lo que tiene inédito de ces. Así es el poeta que ha hecho resonar en la España
su poema Lnzbel. Leía con aquella voz suya, profunda del siglo décimonono, el más tremendo de los misereres,
v emocionada. El fragmento publicado del poema es al cual hace comparecer los secos esqueletos de los Césares,
grandísimo; pero es superior lo que guarda el poeta para que duermen en el E,corial. Página que solamente es
más tarde. Es el mismo soberbio i,antor; pero hay en la comparable con la del poeta alemin de la revista macaobra nueva del maestro, coloreando los endecasílabos, bra, en que, caballero en la osamenta de su caballo, un
un rayo que supera á todos los de la gama conocida. Su Napoleón espectral contempla su ejército de sombras.
demonio no es el de Milton, estirado y discursero: ni el N úñez de Arce ha sido, sobre todo, poeta de las grandes
del Dante, trágicamente subterráneo; ni siquiera e1. dia- batallas morales de este siglo. Es el luchador. En medio
blo moderno de Richepin, parecido al hermano del poeta de la campaña ha lanzado sus Gritos de Combate.
Desde los comienzos de su gloriosa vida clamó con su
Bouchor. El Luzbel de Xúñez de Arce con el que tiene
mayores analogías, es con el Satanás póstumo de Víctor robusta voz: «¡Despierta hierro!» Ha cantado en el fraaor
0
Hugo, aquel enorme ángel abatido que medita, siniestro, de revoluciones intelectuales y políticas, y ha sido en
sobre el picacho espectral, viendo apagarse la chispa sus intermedios de descanso cuando ha dado vida á alguna delicada flor de poesía, tributo al amor, al eterno y
agonizante del astro postrero.
avasalladorfemenino-algún sano y fresco ramillete, co·
el Idilio. El grupo legendario de sus personajes atraLlaman á Xúñez de Arce, el cantor de la Duda, por los mo
el campo de lamoderna poesía hispana, soberbiaversos famosos á esa oscura deidad. l\fas es de ver cómo viesa
A la cabeza el caballero dantesco que hace resoen la copia de cantos que forman el caudal poético suyo, mente.
las baldosas del templo bajo las herraduras de su cano existe ningún negror de pesimismo. Hay queja, deses- nar
ballo; Raimundo L11Zio. Después el tempestuoso fraile de
peración delante del misterio, desconfianza de lo ideal.
Reforma; el asesino que corre en la noche siniestra,
Pero no le ha dado jamás con su verso ninguna p11ñalada la
por la conciencia: «delator, juez y verdugo.» En
á la esperanza. Llega álo gris, jamás á lo negro. Tiembla castigado
La S elra Oscura. se oye un clamor como escapado de la
delante de la terrible Isis; clama ante los ojos implacables boca
del Dante. Y en un fondo de noche, á lo Doré, se
de la pálida y solitaria esfinge. Pero siempre Dios resur- percibe
negra mancha enorme del monasterio; las toge: siempre la esplendorosa dificultad de lo supremo ilu- rres del la
los picos del risco, las grandes rocas á la
mina esa lira, que en veces, ya en sus magnas escenas de orilla delcastillo,
mar.
la edad media, ó en sus versos claro-oscuros claustrales,
suena con són de órgano, con ecos de anchas y sagradas
RUllÉN DARÍO.
naves de basílica.......... Y con todo, le hace falta
al poeta la pura y salvadora fe cristiana, le hace
falta la piedad sincera conque en su primera edad
se arrodillaba en las viejas catedrales. Siente la más
amarga de las nostalgias de la Fe.· Quiere él roco•
brar su tesoro, y lo logrará porque Jesús está siempre á
la entrada de la eterna Jerusalén, con los brazos abiertos. Confíe, espere el batallador en la estrella de Cristo,
y así guiado, Rey mago de harmoniosa magia, l legar.'i al
reino deseado, donde, no en pesebre, sino resplandecienComo te amaba tanto,
te de virtudes y de prodigios, en una infinita apoteósis,
el curso se torció de mi destino,
encontrará á quien impera por los siglos de los siglos. El,
pues iba para santo,
el hombre de la tormenta y de la brega en el océano de
y después que te ví perdí el camino.
nuestra edad, sálvese en la barca que cruza. las olas vencedoras, y cuyo barquero es Pedro el pescacador.
C.uIPO..UCOB,
-Y ¿Hernán el Lobo? le dije.

'

�•
EL MUNDO

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

.56

EL MUNDO

57

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

&lt;ibna éJJ
P t atu®

de ;,,¿Jav1,{)
Gn
'1

seaba saber tambien la Señora Clouet. üuardaba vo una
impresión tan profunda de su
melancolía que por primera y última vez en mi existencia traicioné la gran causa
de la fracmasonerfa masculina. Le envié la carta. de su
l!larido, á la cabeza de la cual
escribí 11Yalor.. . ... n v era
este verdaderamente ui1 grito de mi corazón hacia el de
la pobre mujer, ese corazón
de madre y de esposa cuya
ensangrentada llaga había yo
podido sondear. Desde lue·
go pude.ver que esa llaga estaba más envenenada aún de
lo que yo vensara. Fué ella
misma qmen habiendo es·
piado mi llegada por la ventana, me abrió la puerta toda
pálida, toda temblorosa, y
rne suplicó juntando las manos:
uNo me ocultad usted nada de lo que lediga,aun cuando .hable de Alberto. ¡Yo
quierv saberlo to1o!»
Entré ai taller, con el corazón uiuy conmovido por esta últlma y querellos.1 invocación de la 1J1adre 1 y sin embargo, e~ preci..:o que lo con •
fie.se, ll1;ÍS intt'r~satio aún por
el mistnio moral que provocaba e~a invocaci1)n. Que
el amor apa~iunado de la belleza pc,s~e 1í. dertos artistas
hasta el punto tle alterar en
ellos alg.unos de los sentirnientos ti.e la hmnanidad,
lo 1::a.b:a yo hace algún _tiempo, pero que esta alteración
llegm,e h,t~t:i de::in •tu ra.lizar
una alma de hombre al pun•
to de abolir el amor paternal, al puntor sobre todo, de
reemplazar este amor por el
odio de que hab:a hablado

la Señora Clouet, ¿era eso posible? ¿Era también posible
que la decepción de esta paternidad frustrada hubiese
paralizado :1. un grado tal eEa fecunda imaginación de
un creador tan facil y repentinamente herido de esterilidad'? Esas preguntas se oprimían en mi pensamiento y
el aspecto de lves Clouet, tal cual me apareció en el
vasto taller, no era á propósito para apaciguar mi curioeidad. Si había yo advertido un cambio profundo
en su joven mujer, en él la metamórfosis era más evidente atln.
Hab!a dejado un atleta tranquilo y sonriente, orgulloso de su fuerza y que parecía iuvencible á la ,~ida y encontraba un neurópata, inquieto1 incierto, envejecido diez
años, C&lt;&gt;n la pupila initable y el gesto brusco.
A él también le habfan blanqueado los cabellos, su rostro estaba hollallo. Por la primera vez, ese hombre feliz,
ese colmado, había encontrado ante éi algo f:en'ro, y yo
que tenía tai:i presen~es en mi re~uerdo f:US ~111 .;i,s de otro
tiempo, las msolencrns de su dicha soberbm de pagano
moderno que desafiaba la suerte1 comprendí cuan dura
prueba había sido ese mentís dado ,í t.od"s sus orgullos y
se Jo dije sencillamente. Por cambiad.o que estuviese,
I ves debía haber permanecido el mismo reRpecto á un
punto: el horror de las finuras é indirectaf. El más seguro, el único medio de conocer lo que pensaba de su hijo,
era preguntárselo. Con cualquiera o~ro el procedimiento
hubiera ~ido brutal, 'Con él era una delicadeza ahorrarle
lu que detestaba mús en el mundo en otro tiempo: las
alusiones y los equívocos.
(( He sabido que has sid.o muy de"sventnrado-comencé
-y si no te hab:a escrito es que no hay frases con que lamentar ciertas penas.u
-iiY yo, respondió él-si. no te había ei:crito por mi
pdrte, es porque no hay frases tampoco 1&gt;:1ra·eXpresare-a::1
mismas penas. Laura roe dijo que lrnbías venido antier ...... ¿Viste al 11ili&lt;J?,1 ..... .
:FQrmuló esta pregunta con una bru:--quedad apaeionada que me desconcertó con todo y lo qu~ esperaba de su
franqueza.
uSJ que le he visto,H respondí sintiendo que enrojecía, y
añadi:
-¡ El pobre pequeñuelo! Cómo debes haberte apiadado
de él, mi querido Ives. Qué 1?rueba para un ser humano
recibir Ja vida en esas condicione- ..... .
-Piedad ...... piedad ....... repitió él, y vf enternecerse
sus pupdas, y expresar todo 'su rostro ese sufrimiento
contraido y s.eco de los rencores injustos, en que hay á.
la vez cólera y remordimient0a. Y continuó:-8í1 ti ► nes
raz :m, es el solo sen~imiento q·te pueda inspirar este ni11.o, mi hijo ...... Pero si supieras cuan duro es p~ra un pa~

1

Flor F'aul @ourget.
(Concluye).

uDe,:pués ~e abandonó bruscamente como si mi pre.:gu-0ta le hubt_ese ~ect10 m_,1» ........'. u¡lJiud mío! continuó
la_ pobre m11:Jer Ju □ tandp las Jfütnos y mirJ.ndome con
nnrad,a s~pJ_icante, ya comprended usted cuan herido

tendr~~ m1 corazón, ahora que !:abe el silencio de Clouet
-sobre su nu6va obra, que me espanta ...... Es insensato
lo que voy á decir á usted, pero me parece que en el momento en que me respomliv urnás tarden miró á Alberto
con una mirada tan cruel.. ....... ¡Ah! Prométame usted
,q_ue ensayar1.t Yer ese bosquejo-á mted se lo mostrará
a1p duda~y que rne d-rá que obra es y si usted le ama le
.ayudará, le alentará p,ira que la acabe. Si l!egaá acabar
algo, ac.:1.so nos salvaremos ...... n
Oiert~mente yo he re_cibido en mi vida de novefü.ta un
gran numero de conf~srnnes, y algunas muy singulares,
de tal suerte la necesidad de hacer confidencias divirtiénd?se-6 divirtiendo á los otros-es natural á ~Ue!-tra
·t-spec1e. En las épocas de fe profunda, las almas, cargadas del peso de su desgracia 6 de sus faltas iban ú donde
·debían continuar yendo: hacia Dios y sus r~presentantes
N_osotros hemo~ cambiado todo eso y con ayuda de la va:
mda_d, _los escritores se hacen un oficio de ·analizar los
sentumentos de los enamorados y de las enamoradas sob_re fi?do y despué~, del inmenso rebañ.o de egoístas imagma~1vos, pa:a qu1_enes las emociones no serían complet~s s1 no se dt_fund1esen en braYatae. Sí, cuántas confer:;10nes he de~1do escuc.har así, de _las cli.ales no me quejo
J)Orque de mil acaso, bien ha habido seis 6 siete sinceras
y tres 6 cuatro rnuy conmovedoras. Pongo en primer lugar entre estas úlLimas la que la .Eefiora Clouet acababa
de liacern~_e, no para darme un asunto de novela sino por
una eSJ?t:Cie de confianza desesperada en mi imperio sobre
.su marido. Este imperin era bien quimérico, por que si
·el escultor me había mostrado, durante toda nuestra juventud1 una ferviente afección, era justamente porque
)~O acep~~ba su absorvente personalidad sin discutirla.
Esk~ no 1~pedía qu_e ~a invocación de la sefi.ora Clouet
hubiese sido demaSiado doloroi:a para dejarme indiferf'nte; por lo demás la asombrosa anomalía sentimental des~mbierta así en casa ele mi antiguo camarada, bastaba á,
Interesar I?roíundamente lo curi0s0 de 11atura humana
·qne v~ld. sm cesar en todo letrado. Y he aqllí por qué
d,is ~ms después de esta primera visita al .hotel de I~
avenida de Regur, volví. Pero esta vez había pedido á
·Ulo1;1et t~D; rende~-1io(18 por medio de una carta en que le
&lt;l~cia m111npac1enc1a por ver las obras nuevas que lobab1au ocupado. ?,urante nuestra. larga separación y, detalle
q_i~e me paremo de.un favorable augurio para la informa-c~,m á la cua_l deseaba entregarme, el me había respon&lt;ltdo prometiendo mostrarme su taller:
0 encontrar:'ís
·g;an C?sa de nuevo, co!lc.Jufa ese billete, sin embargo, seria feliz de saber tu opinión respecto de una estatua que
cuento con aoabar noy mismo.&gt;1
úEs_la sol,a c~sa completa que haya hecho desde hace
'tres ano_s. En.veJf'Ce 1~n.O.ll Y había subrayado estas palabras
'trazadas, c~moel ,?il!et.e, con una escritura menos firme
:Y más nen•1osa. ~o importa. Yo iba á saber lo que de1(~

Pensafii,a,

'

.

•

�EL MUNDO

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dre decirse esto, que su hijo seni siempre, ha~ta su muerte, el objeto de la caridad pública...... para un padre como yo, que he tenido siempre. un extremecimiento de
rebelión al pensar que se pudiera compadecerme, fuese
por lo que fuese ........ ~sto es orgullo si tú quieres, pero
un hombre no se mantiene de pie sine por el orgullo;
prefiriría todo en el mundo á tener que sufrir la piedad
aún de nn amigo, aun de una mujer.
...... Me enoja recibir esta limosna y ¿qué quieres? es
monstruoso esto, es inhumano, pero'yo tampoco puedo tener piedad...... No puedo compadecer ni aun á ese des·
venturado Alberto...... Xo puedo ...... Xo quiero ...... »
Habfa arrojado esta profesión de fe feroz en la que yo
encontraba bajo una forma cruel su paganismo indomable, con una amargura demasiado punzante para que yo
desconfiase de ella. Pensaba en realidad eso que me decía, sus rebeliones eran sinceras c011tra la más cristiana
de las emociones, la más extraña al orgullo de la vida, la
menose,tética también y la menos intelectual. Pero el
hombre no es todo orgullo, no es tampoco todo idea y
por encima del artista descepcionado que no aceptaba la
humillante enfermedad de su hijo, la fealdad ele esa carne, palpitaba en Ives el ser instintivo. El grito de la sangre oíase bajo el clamor de su orgullo.
. Este mismo odio que experimentaba contra el niño,
maldad monstruosa, abominable, traicionaba combates
interiores, una lucha apasionada, la pO$ibilidad de que
un día, una hora, aquella alma herida reaccionase por
completo.
Esperándolo continuaba sus confidencias que eran como una contrapartida conmovedora de las de su mujer.
Iba y venía en el taller en medio del cual una forma envuelta en lienzo mojado atraía mi atención. Era la misteriosa estatua de la cual tanto deseaba saber la Señora
Clouet, si la acabaría cuando menos, y á medida que el
eECultor hablaba, esta especie de fantasma de arcilla y de
. tela, comenzaba á animarse para mí con una existencia
más enigmática aún. Ives decía:
"Tú no ves nada nuevo en el taller, cuando en otro
tiempo hubiera tenido tantas obras nuevas que mostrarle. El hombre es atacado, cuando sufre, en su fuerza fn.
tima. _La fil:ía estaba en mi arte y durante tres años;.haa OJdo b1en~-t~es 9-fios, h&amp; conocido la impotencia.
Tu no has se~t1do Ja';llás esto, esta to:rtura de la idea fija
que no se de¡a sacudir, como una ho¡a de puñal roto en
la llaga y que no nos permite ir en pos de otro placer, de
otro ensueno, de otra voluntad. Y además, ha habido en
mí desde este nacimiento un sentimiento extraño: el de
que debía pagar toda mi antigua ventura, que ninguna
ero.presa, en ad~lante, se me lograría, que tenía una fa.
tahdad sobre m1 edad madura...... Xo comprendes e¡;to?
qtros más grandes que yo han sido rotos por estn. creencia de :¡ue una vez concluida la juventud ha acabado el
talento. M11sset no escribió nada después de los treinta
a~os....... \ aw1 aquellos de entre nosotros que continuan traba¡ando con los cabellos grises, te imaginas tú
que no han atravesado por esa crisis de duda cuando han
sentido partirá la juventud, á la juventud santa...... .
Esta crisis la he experimentado yo más que ningún
otro, yo que he sabido que envejecía, que no lo he creído......... A.caso me tomes por un insensato. Pero durante qui~ce años yo he sido como se pretende q11e son tantos onentales, no he sabido rni edad.»
H~bía subrayado estas palabras con un acento tan conmovido, que no pensé en sonreír. Toda la traaedia interior de que era víctjma se e~?lareció para mí poco á poco.
«Te comprendo. bien, le, d1¡e, esa desgracia ha sido dos
vece!3 una desgracia, por s~ misma y á causa del periodo de
tu vida en que te ha herido. La has sentido más aún
po1:4ue á travtis de ella has. sentido el resto: la inevitable
huida de los a~o~, la necesidad de aceptar, de organizar
la bancarrota_ c1ert:i: Pero en cambio ¡guardabas tantas
cos:is en la nda! D~sde luego tu cara .nujer ..... .

-¡Ah! eso es lo peor, interrumpió vivamente. :Xo ee
más razonable que el resto.
Yo la he súfrido que fuese á
caer, ahí á dos pasos.
Y me mostró la puerta que
iba del taller al pequeño
jardín. ¿Era una ilusión? me
pareció que la tapicer{a que
ocultaba esa puerta en aquel
momento abierta ante el hermoso clía de verano, se removía, como si alguien se ocultase detrás. Pero I ves continuaba:
-La he sufrido que no lamentase demasiado al otro hijo, al nuestro, al verdadero.
La he sufrido que ame tan
profundamente á éste...... la
lle sufrido también que envejezca; he sufrido con sus
palabras y también con sus
silencios ...... ¡Cuando te digo que durante tres años he
sido tan miserable! Ni una
obra...... Ki una...... Estos
años son cumo si no los hubiese vivido..... .
-¿Y ahora? le pregunté; y
le mostr¿ la masa blanca de
la est:ítua velada, á la cual se
había aproximado hablando y hacia la que se levantaron también sus ojos. Un relámpago de órgullo los iluminaba de nuevo. Por uno de
esos milagros de instantítneidad que son habituales á los
organismos eminentemente
nerviosos, la fisonomía del
artista había cambiado de
golpe. Volví á encontrar al
Clouet de mi juventud, á aquel visionai-iode belleza, con
las manos del infalible obrero al servicio de sus visiones.
Sincero, ferviente, casi solemne y con una palpitación
de culpable ahora en sus palabras que me pareció muy
extraña, respondió:
«A.hora he podido trabajar por fin. He hecho lo que
vas á ver, lo que vas á ser el primero en ver.. .... Hace un
mes, cuando acababa de levantarme y me paseaba completamente solo en mi jardín, el so: radiaba, cantaban los
pájaros, se extremecían las bojas, las rosa~ comenzaban
á abrirse en mis rosales. Tuve, durante un minuto, esa
impresión de la fuerza irre~istible del renuevo que, en
mi juventud me emborrachaba algunas veces como un vino. l\Ie senté en el banco de marmol, en el fondo, que
esculpí yo mismo, y me puse á acariciar con mi mano
los amores que jugaban con guirnaldas y que servían de
brazos á ese banco. El recuerdo de la época en que había
yo ejecutado esa fantasía se apoderó de m[ con una precisión increíble y en el mismo momento la vergüenza de
mi decadencia. Sí, tuve vergüenza de mí en aquel sitio,
ante aquellos viejos árboles que echaban aún hojas, ante
erns viejos rosales que proyectaban otros botones, ante
ese rincón de la naturaleza eterna en que la vida universal continuaba trabajando, luchando, creando ..... Caí en
uno de esos ensueños que deben parecerse :i lo que pasa en
las ramas precisamente cuando circula en ellas la savia,
sin que el tronco presienta la fü,r que se elabora en él,
que se forma bajo su corteza desnuda aún, que va á estallar...... Una idea de estatua acababa de aparecérseme,
vaga al principio, imprecisa, indistima; después tan clara,
tan desprendida ante mis ojos como aquellos follajes y

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

aquellas :r_psas. Hubiera surgido en medio del cé~pecl, sobre su zócalo blanco y no hubiese sido m:ís visible ,í mi
mirada: ..... Esa estatua era la del hijo que yo había deseado tan apasionadamente ver, que hubiera tenido sin
aquella horrible caída.
Estaba ante mí, de pie, á los quince años, esculpido en
mármol en la magnífica desnudez de una adoleecencia
de joven Dios. Tenía todas las formas de mi cuerpl) con
las curvas, los piés y las manos de su madre. De su madre tenía el óvalo del rostro, la barba, las orejas, la fren·
te, la sonrisa de las mejillas, y aquella boca un poco
crecida, la sublime boca de las cabezas griegas del siglo diez y seis donde hay un algo de egipcio. Sus cabellos se rizaban sobre su frente y tenía ahí, bajo la arcada.
subciliar, esa noble profundidad que da á la mirada de
Laura, una expresión tan grave y tan dulce...... En fin,
era nuestro hijo, y yo iba á ensayar modelarlo realmente...... ¿Cómo no me habfa ocurrido antes este pensamiento? No lo sé. Pero sí sé que me levanté de ese banco con las manos temblorosas y el corazón palpitante.
Entré al taller con una emoción que no puedo traducirte,
de tal suerte estaba mezclada de embeleso y de espanto,
de deseo y desconfianza. Iba yo ,í encontrar por fin para
esa obra que estaba ahí, en mi cabeza, tan presente, tan
clara, tan bella, mi vigor perdido? ¿Ese hijo que la suerte no me había permitido tener, en ·carne y en hueso,
iba á tenerlo por fin, en esa i;nateria que parecía muerta?'
:i\las cuando la forma se ha impreso, Yive, con una Yida
superior á la otra, pues que desafía la muerte. Y comencé á modelar la arcilla piadosamente, religiosamente. ¡.\ht
las primeras sesiones de ese trabajo único! Tú note ima~
ginas las zozobras, los entusiasmos, los desalientos, y
cuando estuvo él en pie, en realidad, ante mí, ocupando
el espacio; cuando palpé sus músculos, toqué la delicadeza de sus miembros, encontré su mirada!. ..... ~lira,) o m ➔
quejaba de mis penas hace un momento; pero esas alegrías las han pagado, te lo juro...... Pero vas á verlo.»
La exaltación lo poseía todo entero, al presente sus
manos temblaban de nuevo, en efecto, para despojará la.
estatua de sus lienzos húmedos, y continuaba:
"Lo he alegorizado en David ,í causa de la frase de la
Biblia. He leído no recuerdo dónde y he amado la frase
apasionadamente Eral cmtern rufus, et pulclt.er a.Bpect1i decoraque fa.cíe et aü Do1!1inu,~: 8urge ungue eum, ipse. est ;,,,im.
(Ahora bien, era rubio y hermoso de actitud y ele un no·
ble rostro. Y el Sefior dijo: «Levantaos y ungidle, porrp,e
es él.)» Estas son las tres palabras que yo quiero grabarsobre la base: lpse e.it enün Porque es él1. ..... Ven, mira...
El último lienzo había sido desprendido v la estatua.
apa~ecía ya en esa sinceridad del modelage di.rect&lt;? en quese siente el de~astador, la 1:11ano del artista, su espíritu,
su fiebre. Jamas en ·sus me¡ores días el escultor se había
aproximado tanto á la belleza perfecta, como en esa.
obra, de la cual me había referido el extraño y doloroso
génesis. El Triptolemo del célebre obelisco del museo.
de Aten,a.s, entre Demeter y Persephone, no es de estructura más elegante y de posición, como lo era el sedicente David, simplémente de pie sobre su pierna derecha y
con la izquierda un poco hácia adelante, como en las estátuas arcaicas, y la gracilidad vigorosa de las piernas la
comba gallarda 'de los rioones, la flacura apenas mu;culada de los hombros, la linea delgada del vientre, daban á ese cuerpo de adolescente, un caracter incomparable de esbe)J,ez vit:il y de energía, en tanto que la finura de sus manos y p1és, y sobre todo la delicadeza de
sus rasgos, el rostro encuadrado en los bucles de una cabellera rizada á la manera de Leonard adornaban á esesér delicioso de una languidez del tod~ femenina. Era
realmente la fusión de las dos bellezas que el artista había ~o!iado y obtenid~. Para mí que sabía de cuánta melancohca fantasía as1 el logro el David en el que reconocí~ yo algunos d~ los gestos de Clouet, su estructura,
su actitud, y la sonnsa, ]agracia, la mirada de su joven
mujer, esa estatua tenía.
algo de aparición, y-¿debo decirlo?-casi de sacrilegio. No, ese no era un
David, elpríncipe que debe vencer y reinar¡ era la
imágen del joven héroe
que:no vivirá: un Eurialo,.
al cual su Nisus llamad
en vano, un Icaro que zozobrará en el inapaciguable Océano, un Orpheo á
quien desgarrarán manos
crueles de Ménades,-una
figura sin promesas de•
porvenir, pero tan heróica, tan tristemente bella...
Y yo podía apenas, de
tal suerte estaba conmovidó, expresar mi admiración, de la cual gozaba el
artistacon esa ingenuidad
de orgullo tan natuaral
después de una creación.
semejante. Nosotros no
hacemos tales obras. Se
hacen ellas en nosotros y
casi á pesar de nosotros ...
Callábamos.los dos, cuan-.
do oímos venir de fuera
de aquella puerta, al salí{·
de la cual la madre del
pequeño Alberto había
caído al ti.n de su embarazo, una queja sorda al
principio y contenida;
de.spués más alta, un gemido entrecortado por sollozos, la más desesperada
lamentación que haya jamás herido el corazón.....
Ives y yo nos miramos.:

59

EL MUNDO

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

Por aquel rostro que acababa de ver transfigurado de
nuevo por todas las fiebres del entusiasmo, pasó una
pena y como el remordimiento de un crimen. No teníamos ·nece!5idad de ir y levantar la tapicería para comprender que era Laura la que lloraba así. Rabia ella venido impulsada por una curiosidad in-esistible. No había
osado franquear el dintel y lo había oído todo-su lamentación decía con qué sentimiento.-Subía esa lamentación, crecía siempre y el rostro del eEcultor se contraía
más y m:is aún, hasta que hubo un momento en que dos
gmesas !~grimas .l~ brotaron de los ojos y rodaron sobre
sus h:nnd1das ~e¡1llas: Y de un golpe, sin cuidarse más
de mi presencia que s1 yo hubiese sido un personaje de ·
uno de los moldajes fijados á los muros, se precipitó hacia la puerta. Vió, sentada sobre las gradas de la escalera á su mujer que sollozaba apretando contra ella al po-

bre pequ~ñuelo abortado y disforme, para quien el padre
había temdo durante esos tres años un odio tan injusto
y con una so.rpresa que á mí también me puso las lágr¡'.
mas en ~os o¡os, ví :í aquel hombre arrodillarse y apretar
á su mu¡er contra su corazón y abrazará su hijo diciendo: «¡.Ah,, perdóname!. ..... perdóname...... siento que lo
amo. T~ ¡uro que lo amo y que no suErirás ya. Mir-a..... .
pero mira!.. .... »
Y cubría al pequeño Albert? de besos apasionados, en
tanto que la madre, desfallecida por la sorpre~a de encontrar en su marido una piedad que ya no esperaba
apoyaba la cabeza sobre su hombro con un iremido qu~
fué endulzándose, endulzándose aún, y coi:prendí-los
hechos me han probado después que tenía razón ....:Comprendí que el escultor era sincero y que podía rellmente
amar al pobre aborto, ahora que posía en su taller al hi-

jo con que había soñado tanto. Tenía yo ante mí, en el
grupo de aqneltos tres seres reconciliados, á algunos pasos de la estatua de arcilla inmóvil sobre su pelestal, el
símbolo de los beneficios del arte, y pude verlos aún mejor algunos instantes después, cuando la madre levantando la cabeza sin dejar de estrechar al hijo viviente contra su pecho con extremecidas manos, sonrió al otro, al
hijo que hubie-ra debido !f podido tenP,r, á la obra libertadora que le había restituido á su esposo.

GRANDEZA Y DECADEN CIA DE LA HOJA DE HIGUERA

centuplica lo que oculta. ];l pudor es la coquetería m1s
segura.
Una nueva hoj~ de higuera sólo sin•e para obtener otra
por la buena gracia que sabe darle y el nuevo saborcillo
que añade á su belleza.
·
"A~í.n no es eso to~o, dice E\:a á Ad.in, si al pronto y
en primer lugar os pido esa ho¡a de higuera por pudor y
á fin de resen·arme para voz, podréisob5erva.r qu:i os pido la que es~ en la pa!te mis 3:lta del arbol.. L,is que están en las _ba¡as llenanan lo mismo el objeto, y no os
expondríais á romperos la cabeza. Pero quiero que digan al verme:
, «Yed á Ev~: su hoja de higuera ha sido cogida en la
cima de la higuera más alta. Preciso es que .Adán sea
hombre muy fuerte, muy valerosl), y permitidme añada
que es preciso que Adán ame mucho á Eva.,,
'
Adtin contesta: "Es cierto!" y trepa lleno de gratitud
á lo más alto del árbol.
.Además de las .modificaciones sucesivas de las hoja de
h~guer~, Eva ha mventado accesorios, y sirviéndose háb1lme~te del cuarto de hora de inteligencia que lleva de
venta¡a al homb.re, le ha presentado bajo un aspecto favora~le la n~ces1dad de estos a~cerorios. "Amigo mío, le
ha dicho; sois el más fuerte, solS el amo, sois mi señor.
M~ env~nezco con ser ~·uestra, y quiero el distintivo de
ID! servidumbre. AsuJereadme la naríz y las orejas en
testimonio de. esclantud y poned me eslabones de cadena.
Ponedme caclenas en los brazos, para recordar á los ojos
de tod, s que sólo soy vuestra criada."
De aquí 1esultaron los pendientes y los brazaletes.
Algunos adanes dejan q.ue les per~u.adan de que así como hacen trasportar los vmos exqms1tos en un barril doble, sería prudente hacer enterrará Eva en una envoltura doble, ~n clos h(!jas de higuera: la segunda se llama
un carrua¡e, y va tirada por dos caballos.
En fin, todos esos hombres que se agitan, andan, corren, se codean, se baten, se matan unos á otros son
adanes á quienes sus Evas han dicho: "Amigo mío: coje
para mí ésa hoja de higuera," Hoy en día la moda no
admite miis que las bojas de las ramas más ; Itas Jo cual
hace que casi todos se desuellen las manos y las rodillas
para alcanzarlas, y que muchos se rompan los huesos.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

He aquí lo que me contó un rabino:
«Cuando ~l primer huésped del Edén despertó, vió al
lado suyo, en vez de su costilla, la carne de su carne y
los huesos de sus huesos, J. su último sueño fué su postrer descanso.
Había nacido la muj~r; la serpiente, que es la más astuta entre todos lo;; amrnales, se acercó á elia y le murmuró al ?ído: «¡.Cuiín hermosa sois!» Luego le aconsejó
que com1em la fruta del árbol de la ciencia
-He ahí, dijo la mujer, un sér que m~ inspira gran
confi~nza por su franqueza; es e\·idente que no querni
enganarme.
Cogió la fr°'ta y dió la mitad á .A.d,ín.
Pero este hizo en aquella primera vez lo que siempre
~a hecho despu_és; en vez de comprender que, puesto que
iba á ceder Y :'- obedecer ~,ntonces, tanto valía hacerlo
gustoso, regateo, se defendio, se negó, y luego concluyó
por morder la fruta.
. Pero E\·a había empleado todo el tiempo de su vacilación en roer su ~anzana con sus lindos dientecitos blancos; tenía ya .la ciencia del bien y del mal, cuando Adán
estaba to~ ~1a tal como le habían amasado. Luego, cuando se dec1dio, cuando comió su media manzana cuando
4su vez se enteró de la ciencia del bien y del m~l, la mu¡er le llevaba un cuarto de hora de v~ntaja, y siempre lo
~a conservado. ~st;o ~s .lo que constituye y constitúirá
siempre nuestra rnfenondad relativa.»
. Compre~dió la m~jer en se.guida, con el auxilio del
diablo, la 1mportanc1a de aquel cuarto de hora y se apresuró á emplearlo en dar bases sólidas á su imp~rio. Hizo
que. ~dán ~e avergonzase de la desnudez de ambos y le
~ugmó la. idea de coger ~ojas de higuera para salvar tai
rnconyeruente. Los rabmos que lo saben todo v con frecuen~1a suelen saber mucho más, hubieran debido decir°:~ª ?orno se adaptaban aquellas hojas. Aun no había penod1cos de modas en aquella éooca, y la tradición nada
nos ha. co1;1servado acerca_ de tal materia. Lo cierto es
que al decir á Adán: «Amigo mío, sois más alto y má~
fuerte que yo, alcanzad y cogedme una de las hojas de
ese ár~ol, os lo ruego,» creaba á la vez el pudor y la coquetena, los celos y la supuesta superioridad de las fuerzas dPl hombre.
Desde aquel momento quedó fijada la suerte de ambos
así como la de todos sus descendientes. La mujer conser:
v~ ha conservado eEe adelanto de un cuarto de hora
T o lo sabe CU!_l~do menos un cuarto de hora antes qu~
n?sotros. Un 111110 no es mas que un galopín que sólo
piensa en e.l aro,, la pelota y la peonza; una niña no es sino una mu¡er mas pequeña.
En cuanto al hombre, bajo el pretexto de que es más
gra~de, .más fuerte y más inteligente, no ha dPjado á la
mu¡er nmguno de los trabajos de la \ida. Por lo demás
sus fu~rzas, su val?r, suenergíaentera se han gastado e~
todo. t1em~o del mismo modo. Eva dice siempre á Adán•
«AIDJgo uno, cogedme esa hoja de hiiuera,» y Adán 8 ~
condena por.alca~zarla. La hoja de lnguera ha ofrecido
grand~s mod1ficac10nes desde la primera Eva. Mi amigo
el rabmo me ha comunicado algunas de las variaciones
de la m?da duri;\nte los antiguos tiempos.
La p~11:11era higuera á la cual se pidió su hoja fué el.ficus 11.iú.,yuwsa, al cual sucedió el ficus bengaUnsis y Juego
e~ .{icu$ i-u·e1~s Y el jicWJ mauritana. Hacia la cuart~ generación se pusieron en moda las hojas pequeñas del ficWJ repem. Esto se llamaba e~tonces vestirse ó ir escotado como hoy al ponerse ve~~1d?s casi sin cuerpo.
'
repe,tB suced10 e, ficu.s mympha:jolia· se adornaron espués con !as hojas inmensas del mac;ophilla· luego volvieron al. .ficas repen~ bajo el nombre dejicu/~candens; luego aljicus elá.~t,ca;, y luego pasaron á la seda y el
brocado.
La hoja de hig~~ra no tiene en el día me1,10s de catorce
~e~ros ?~ extens10n por razón ele los volantes, y Eva cont1~ua diciendo á Adán: «A.miO'o
mío d!ldme esa ho¡·a de
0
h11{,,-uera."
,
hAd:in, para dar la hoja de higuera trabaja pasa las
noc es en vel3:; roba, saquea, asesina se cond~na.
. ~ny ~e los s1gnosd~ su orígen que ha conservado la hoJa e ll{~era en medio de sus transformaciones es que
se .m~r . 1tt, cae Yes sustituida por otra hoja; sólo que la
pmm. 1va, a que se ve todavía en nuestros jardines no
cae m se renueva mas que una vez por año mier:tras
que dehprogreso en :pro.greso, la que emplean Ías mujeres
ca~ Y a de ser sust1tmda todas las semanas. Las nuevas
n~lan de árboles muy al.tos, espinosos y difíciles.
n v~c1 a 1gunas veces. ".Amigo mfo &lt;ii"o Eva á
Adán; s1 os ruego que cojáis para mí esa ho'ja d~ higuera
no es tanto por J:?i como poi: vos: es para velará las mi:
~~
los demas estos débiles atractivos que han teni0 ~ ortuna de agradaros, y que debo y quiero conservar vuestro amor." Y Eva lejos de pensar en conser.~aradeAdánd, arregla Y coloca la nueva hoja que ha
m o,
mo o que la imaginación libre adivina y

.1l,cu.,

y

1~s

fe

~b:i

•

PAUL

BOIIRG}::'I'.

(de la. Aea.demia. Francesa]
[ Traducido para EL MUNDO. J

-r-

( Poema en cuatro sonetos.)

I
FILOSOFIA

¿Qt1~ es el hombre? Un misterio-¿Qué es la Yida?
Un misterio también-dijo un poeta¿Esta vida á otra vida estl sujeta
O en el no ser concluy.- la partida?
¿Ser.i el alma una antorcha combatida
Del viento vario de J,i duda inquieta
O, cerca de morir, una secreta
Voz nos revela la verdaú temida?
¿Aquello que llamamos desventura
Ed nuestra imperfección que nos consiente
El que hagamos cantando la jornada?
¿8erá la Eternidad frígida, obscura
O lá hoguera del sol resplandeeiente?'
-Hágale las preguntas ,í la almohada.
II
PATRIA

¿Acaso de Xer.Sn el ri~orismo,
Cercenando cabezas vocrngleras
O entregando á las fauces de las fieras
A los que predicaban •Cristianismo
Un reflejo no fué del patriotismo'
Que á la revolución 1&gt;one barreras?
¿Del dios Exito rojas las banderas
No glorifican siempre el egoísmo?
¿Y patriotas no son los lenguaraces
Que en carne de cañón á la obcecada
Turba convierten, en matanza impía?
¿Los programas no son siempre falaces?
¿Cu:fodo la patria no quedó burlada?
-Respuesta á todo te daré otro día.

III
AMOR

ALFONSO KARR.

TIBI REX

¡Oh mi príncipe encantado de la tez de nieve v rosa!
Yo conozco ha mucho tiempo tu mirada misteriosa;
A su lumbre, el alma mía nuevo aliento y vida toma
Y amorosa se adormece como tímicla paioma.
'
Yo conozco hace ya tiempo esa noble frente altiva
Como blanco lirio roto si se dobla pensativa·
Como nube orlada en fuegoi¡ue en la altura ~lbea sola
Si del blanco lirio se alza la magnífica corola.
Al sentir las radiaciones de tus ojos soberanos
Me he.cubierto deslumbrada el semblante con las manos.
¡Oh m1 mago, más hermoso y más dulce que unensueño!
Yo te he visto, ¿en dónde? ¿acaso fué en el mundo·! ¿fué en un sueño?

Si no existes en la tierra, ¿cómo en sueños me visitas?
En mi frente siento el roce de tus reales manecitas
Y mis manos, en los pliegues de tu necrro ferreruel¿
De tu daga el puño tocan bajo el tibio ºterciopelo. '
Y o te siento palpitante y percibo tu perfume
En la lurcbre de tus ojos toda mi alma se cons~me
Y sedienta de inmortales, de divinos embelesos '
iHe apurado sin saciarme, todo el néctar de tus 'besos!

¿Del Paraíso la primer aurora
Es idilio de dicha, ó quizás Eva
Al someter á Adán á dulce prueba
Cedió sólo á la sierpe tentadora?
¿Es el amor la fuente redentora
En que su sed el peregrino abreva?
¿El mal ó el bien en sus misterios lleva?
¿Es arca de saludó de Pa.ndora?
En fin ¿es el amor rayo divino,
Dos epidermis en contacto acaso
O una expansión del alma sober~na?
¿Astro que alumbra nuestro erial camino
O el abismo en que se hunde nuestro paso?
-Quede la solución para mañana.
IV.
SUICIDIO

Xo más vivir! Salgamos de la escena
Que á tan imbécil sociedad me obliga..... .
La carga de la vida me fatiga
Como al pobre galeote su cadena.
T•Una ho~ de placer no ví serena,
~~ hay necio que .sus ?uitas no .me diga;
N1 hombre leal m canñosa amiga
1\[e ha~ consolado en mi insondable pena.
Escrito estaba!!! Cúmplase mi sino!
Con la carne luchar es necesario
Y Yencida la tengo en el combate.
• Adiós vida! \'aliente el peregrino
"\ a á romper del espíritu el sudario ..... .
-Pero antes tomaremos chocolate.
RICABDO P.\l,~l.\.•,

¡Oh ~¡ prín~ipe encantado de pupilas misteriosas!
Son roc10 de diamantes tus palabras cariñosas
Y en el campo yermo y triste que las penas ag~staron
A su influjo hermosas flores sus botones reventaron. '
¡Oh. tú, ::\fago de mis noche~, el de negro ferreruelo!
Necesito adormecerme bajo el tibio terciopelo
Y apoyando mi cabeza en tu pecho noble y filerte
Brote el ósculo supremo de mis nupcias cgn la mu~rte.
JULIA.

}1érida, Yucatán, E,nero de 1096.

w

Te ví una sola vez pero mi mente
te estará contemplando eternamente.
Purifica el olor de la opulencia
cuando huele ,í tomillo la indigencia.
Es tu historia en mi vida entremezclada
una sombra, en la sombra conden.zada.
C.DfPO.\MOR.

�60

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

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EL DA)(TE F~'- 111EXICO.-Eu camino para el lnfierno-:\Iatlns Cum¡,li&lt;ln ,e aproxima.

~ L DAN T ~ ~N l'tIEXICO.'

ahí encontraba un iª alas de sombrero. Ko dudé un punto, al avanzar unos
manzano ceñido por cien metros más, llegó hasta mí un ª?~do rum&lt;:&gt;r de colserpientes en cuyo mena un condenado vocer.ío de maldiciones y Juramentronco se veían gra- tos c~smopolitas y políglotas; una manecilla negra señ~la•
bados estos nombres: ba con el índice un rumbo, el de una vereda protegida
Adan, Bm, entre un por alambres con puas, c;inta crugiente tapizada con polcorazón traspasado vo de carbón, en cuyo extremo mirába_se una e?trada copor una flecha? El mo de caverna, y en los postes del telegrafo ~t1zados_ por
árbol del Paraíso..... el humo.se encontraban los primeros auuu~1os y avJijos,
y juntq una vid en- en un marco de canillas fósiles y con un tunbre c~rresdrina sin racimos: poñdiente cancelado"º? e~ sello de S~lomón se avm'.ba
la deN"oé quizas; más · al transeunte que un smdicato americano, había; 1\t-cho
lejos un arbusto con contrato COJl el ciel-0 para entender se con la admm1~tra·
marañas de cabellos ción de los Infiernos; de ahí, pues, que todos aquellos
de Absalon; y otro anuncios estuvieran en Inglés, de ahí que al acercarm_e
con una cuerda de más y más á la mansión triste_y súcia oyera palabrota~ d1 ·
ahorcado: la de [Ju- chas por soeces negros, de ahí que ~e _asaltara un su¡eto
das; y la encina real de camisa roja y tirantes de luto ofre.::té_ndome un carro
de Luis XIY; v el de Express porque aunque corto el cammo era muy peahuehuete de la·xo- noso.
che Triste; y un po·
Quise retroceder pero ya no.me dejarón, un vigía h~bre leprdso acribilla- bía (:lado aviso de mi presencia; dos agentes, en obseqw.o
do de heridas de ma- de la verdad muy comedidos, me hablaron algo que no
chete y puiial y arma entendí; comprendiendo mi origen me llevaron c~n un
de fuego; un infeliz intérprete que me tomó del brazo y me preguntó s1 ~nía
leproso sin corteza á boleto. Este amable sujeto me hizo favor de traducirme
trechos, con colgajos los letreros fijos en los árboles, en los muro~,. en las fa.
de oropel y depúrpu- chadas y en algunos puestos cercanos, me d1J_o ll~J?arse
ra y de paño militar Torquemada, ser inventor de no sé cuántos suplicios y
y de piel humana: el me dió pormenores.
.
,írbol de la libertad
Había que dejar toda clase de abrigos; al Infierno, porsin duda, mal trecho
que en el Infierno estaba, no podía irse sino en paiios
á través de los simenores. A últimas fechas se había creado la guardarroglos.
8i hubiera olido á pía y se toleraban pe9-neiios co_mercios como _por ejemazufre, á pez hirvien- plo el de trocitos de hielo, abamcos ~e palma, !1monadas,
te ó plomo fundido naranjas, con tal que no se llevara s1110 un e~emplar de
quizá me hubiese su- cada cosa. Podía á precios módicos entrará pie, tomar el
puesto en el territo- descensor, ó una líuea muy incómoda de montañas rurio infernal, pero:nó, sas; había 9-ue firmar en el registro, retratarse, ser idenla ráfaga tan pronto tificado, fi.hado, pesado, esculcado, numerado, etc.
Ya no es el Intierno lo que era antes amigo ~o, estaheladacomo:Un viento polar, tan pron- mos á la última moda. Ya usted á ver co~as curiosas coto quemante como mo no las alcanzaron 'Dante y sus imitadores. Aqui nos
anuncio de simo1m, paramos porque tienen que recibirnos los delega~os del
arrastraba olores di- Consejo Superior de 8alubridad por aquello del tifo y la
versos de éter, de desinfección 6 la falta de vacuna y habremos de esperar
cloroformo, de taba- á los vistas de ,\duana. Quítese usted el sombrero por
co, de ajenjo, de tru- que ese es uno delos Jefes. Y no hay más novedad-dijo
fas, la más insi~ne é el recien I-legado-que esta alta mi Coranel.
ilógica asociacion de
( Contin11ará),
emanaciones disonantes, seguí avanzando, y él calor crecía, el cierzo tomaba
otro rumbo pues me
hería el rostro una
bocanada de hornaza; mirábanse en el
lodo carbonoso huellas delatoras, pisadas humanas, zureos
Todo en amor es triste,
de rvedas, veredas
mas, triste y todo, es lo mejor que existe.
ah ondadas por bicicleta y signosvisibles
C.A~IPOA~10R.

l&gt;OMlNGO 24 DE EN ERO DE 1897

A la niña Sara Moguel y Rosas.

CAPULLO

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clt&gt; luchas y arrastramientos pues mirábanse aquí y alhí
botones. de paletó, trozos dti tirante, puño;; clti camisa,
mechones de cabello, 1111 fragmento de dentadura automútica, lentes rotos, pelucas, botones hechos trizas y has-

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( CO:-TJXUA,)

No podía orientarU1e; desperté, ó
más bien dicho, volví en mf, aturdido y magullado entre las madejas
de un breiial; las ramas tenían escrecencias color de a.mfre: busqué
á diestra y siniestra, ni e I rastro siquiera de una vía ferrea; ví al cielo, neirura impenetrable; quise retroceaer, una valla de malezas coronadas de púas Ille cerró el paso,
y á pesar de la profunda noche yo
veía, díjerase que cuanto me rodeaba tenía una luz propia, si es que
luz puede llamarse á la fosforescen- ·
cia extraña que baiiaba los objetos:
árboles, árboles inmensos, siempre
árboles, pero de forma tan bizarra,
con actitudes tales, que más que
ejemplares de una flora parecrnn
producciones en las fronteras del
mundo animal, porque aquellos inmensos colosos teníall. fis~&gt;llonomfa; en sus ramas se adivinaba la
anatomía de un trazo inmobilizado, negro como el miembro convertido en carbón por súbito cataclismo; en sus troncos· el escorzo
violento de un hombre que pugnara por desasírse ó huir de tremenda
eujeción; en sus raíces la contracción de un pie deformado cuyas
uñas hincadas en el suelo hubieran
siilo afianzadas por la roca; algunos se elevaban al cielo sin una hoja, .como manoJos de nervios petrificados por el dolor; otros lloraban
madejas cano~as; muchos desaparecían bajo un follaje enfermo que
parecía azotarlos, y en cada uno
se pintaba la escena final de una
tragedia, y ,i medida que mis ojosfatónito~ ~e fija'&gt;an en
t?dos, _de5&lt;?ubría más y más pormenores, pensaba t·n cn~11c1denc1as rnesperadas ¿que b"sque era a;¡nel, Dios mio?
¡qué bosque terrífico! qué bosque de expiación, pues que

Po;r .A.. C .

10anza de sa lón para piano.

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VIAJE DE UN REPORTEA.

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EL MUNDO

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�DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

I,A HADA AMOROSA.

Dime, Xinón, ¿escuchas cómo bate en los vidrios la llu•
via de Diciembre? Qutsjase el viento en el largo corredor.
Noche es desapacible, una de tantas en las que el pobre
tirita á la puerta de el rico que el baile arrebata en sus
danzas baJo las domdas arañas. Deja tus zapatitos de ra·
so, ven 1i sentarte en mis rodillas cerca del encendido
atrio. Deja tu preciado prendido, que he de contarte
esta noche un hermoso cuento de hadas.
Sábete Ninón, que era en antiguos tiempos, en lo alto
de una montaña, un vetusto castilllo sombríó y lúgubre.
Yolvíase todo torreones, murallas, puentes levadizos cargados de cadenas; hombres cubiertos de hierro velaban
noche y día en las almenas, y únicamente los soldados
recibían buena acogida del sefior del feudo, el conde Enguerreando.
Si hubieses vistv al anciano guerrero, paseando sus extensas galerías, si hubieras escuchado la pujanza de su
breve y amenazadom voz, temblado habrías de espanto,
cual de espanto temblaba Odeta, su sobrina la piadosa y
linda damisela. ¿Xo reparaste nunca al alba cómo se abre
una margarita á los primeros besos del sol, entre ortigas
y zarzas? Pues así se desarrollaba la joven entre aquellos
rudos caballeros. Cuando siendo nifia, se le presentaba
su tío, á lo mejor de sus juegos, deteníase v los ojos se
hinchaban de higrimas. Ahora que era ya esbelta y bella;
llenábasele el pecho de vagos supiros; y espanto más
hondo la sobrecogía siempre que aparecía á su vista el
sefior Enguerrando.
Moraba en separada torrecila ocupada en bordar lucientes pendones, descansando del trabajo en la. oración,
contemplando desde su ventana. la esmeralda. del campo
y el azul de los cielo!'. ¡Cuántas veces, abandonando el
lecho por la noche, había mirado las estrellas! y 1cuántas
su corazón de diez v seis abriles se había eleva.do hacia
el ceruleo palio, preguntando á sus radiantes hermanas
lo que de tal modo podía agitarla! Tras estas noches sin
sueño, tras estos transportes de amor; tentaciones tenía de
suspenderse al cuello del anciano caballero. Pero una pa·
labra dura, una fría mirada la paralizaban, y, temblorosa, recogía la. aguja. ¡Oh! Ninón, ¡compadeces á la pobre
doncella! Era cual fresca y embalsamada flor que ve su
brillantez y aroma desdefiados.
Un día, la desolada Odeta, que seguía con la vista dos
tórtolas errantes, ovó u na voz suave á los pies del casti•
llo. Inclinando su trente vió á un apuesto doncel que reclamaba la hospitalidad cantando. Escuchó, sin lograr
comprender las palabras, pero la dulce voz la. oprimía el
seno, y el llanto corría, lento, por sus mejillas humedeciendo una rama de mejorana. que tenía en la mano.
El castillo no se abrió y un hombre de armas gritó desde una almena:-,,Retiraos, sólo hay aquí guerreros.» Seguía mirando Odeta, y dejó caer el tallo de mejorana.que
fué á dar á las plantas del mancebo. El cual, alzando el
rostro, viendolla cabecita rubia, besó el ramo y se alejó,
no sin volverse ¡Í cada paso.
Cuando hubo desaparecido, echada. en su reclinatorio,
oró largó tiempo Odeta, dando gracias á los cielos sin que
supiera por 9ué¡ sentíase jubilante, aunque ignorase la
causa de su jubilo.
Hermoso ~ueño tuvo aquella noche. Creyó ver el tallo
de mejorana que arrojara. Con despacio, de las trémulas
hojas surgió una hada, una hada toda gracia, con dos alas
de llama, corona de miosotis y larga falda verde, color de
esperanza.
-Odeta, dijo· con harmonioso acento, yo soy la hada
Amorosa, y yo te envié esta mañana á Loís, el doncel de
voz suave: yo soy quien vió tu llanto y ha querido secarlo. :\Ii sino es andar el mundo recogiendo corazones y
uniendo lo~ que suspiran. Yisito chozas y palacios y á
menudo me ha encantado unir el cayado al cetro de los
reyes. Flores vierto á las plantas de mis protegidos y los
encadeno con tan brillantes y preciosos hilos que sus corazones tiemblan de gozo. Moro en las hierbas de las
sendas, en los relucientes tizones del atrio, allá en invierno, en las cortinas del lecho marital, y allf, do poso el pié,
brotan los besos y las cántigas tiernas. No llores más,
Odeta; soy Amoro~a, la hada amable, y vengo á secar tu
llanto.
Y se ocultó en la flor que, cerrando el broche, fué de
nuevo capullo.
Bien sabes tu, ¡oh! Ninón, que la ha.da Amorosa existe.
Mírala bailar en nuestro hogar y compadece á los pobres
que no crean en mi hermosa hada.
Al despertar Odeta, iluminaba el cuarto blanco rayo
de sol, a.lz,ibase en los aires el cantar de un pájaro, y el
viento matutino acariciaba sus doradas trenzas, perfumado con el primer be~o que dado había á las flores. Levan•
tóse la vírgen contenta, pasóse horas cantando, confiada
en lo que la dijera la hada. De vez en cuando contemplaba el campo, sonriendo á los fugaces pajaritos, movida por
arranques que la hacían brincar y dar palmadas.
Al caer la noche bajó á la grande sala. del castillo, donde, junto al conde Enguerrando, un caballero escuchaba
la voz del viejo. Tomó la rueca, sentóse ante el atrio donde cantaba un grillo y el hueso de mar.fil giró con rapidez
entre sus dedos. Metida en su trabajo, dirigió la vista al
caballero, descubrió entre sus manos el ramo de mejorana y reconoció á Loís el de la voz suave. A punto estuvo
de exhalar un ¡ay! de júbilo. Para ocultar su rubor se
inclinó hacia las cenizas y removió los tizones con larga
vara de hierro. El brasero chisporroteó, retociéronse las
llamas, luminosas chispas crujieron, y de pronto entre
ellas, apareció Amorosa, solícita y sonriente. Saciidió de
su falda verde las partículas inflamadas que corrían por
la seda, cual lentejuelas de oro; de un vuelo entró en la.
sala, yendo, invi"i ble para el conde, tí situarse tras los jóvenes. Y allí, mientras el viejo caballero refería tremebundo comb:\te contra los infieles, díjoles blandamente:
Amaos, 1:riatur-.1" mías.. Deja~ los recuerd?s á la vejez
austera, de¡adle la,; narraciones Junto á los tizones rojos.
Qne sólo el rumor de vuestros besos se mezcle al chisporroteo de la llama. Tiempo habr-á luego de endulzar vuestras penas recordando estas tan dulces horas. Cuando se

ama. á lo&amp;diez y seis años es inútil la voz; vale un largo
discurso una mirada. Amaos, criaturas mías, dejad que
hablen los viejos.
Y los ocultó con sus alas de tal modo que, el conde, que
explicaba como el gigante Buch, Testa de Fierro fué occiso con un tajo terrible de Giralda, la pesada espada, no
vió que Loís besaba. por primera vez la. frente de Odeta,
trémula.
Tengo que hablarte, Ninón, de las hermosas alas de mi
hada. Amorosa. Eran cual el cristal transparentes y ténues
como de abejorro. Pero, cuando dos amantes se hallaban
en peligro de ser vistos, crecían y se tornaban tan obscuras y tupidas, que detenían las miradas, sofocaban el ruido de los besos. Así fué que el anciano prosiguió mucho
tiempo su relato y mucho tiempo acarició Loís á Odeta,
en las barbas del malvado conde.
¡Oh! ¡Dios de Dios, qué hermosa.e alas eran! Ha.nme
dicho que, á veces, las hallan las doncellas, y más de una
vez se ocultan así de sus parientes. ¿Será verdad, Ninón?
Cuando hubo acabado el conde su tan largo relato, desapareció en las llamas la hada Amorosa, y se marchó J;,oís
dando gracias al huésped, enviando á Odeta un último
beso. Tan feliz durmió Odeta aquella noche, que soñó con
montafias de flores alumbradas por millares de astros,
más fulgentes que el sol cada uno de ellos.
'-Al~otro· día bajó al jardín, btL~cando las gl;;riefas-obscu:
ras: encontróse á un guerrero que saludó, é iba ú. alejarse
cuando vi6 entre sus manos el ramo de mejorana bañado
en llanto. Y de nuevo reconoció á Loís, el de la voz suave, que acababa de entrar en el castillo merced á otro
disfraz. IIízola sentar en un banco de musgo cercano de
una. fuente, y los dos se miraban exMticos de verse en
pleno día. Óantaban las currucas v sentíase en el aire
que por allí vagaba el hada bondadósa. No te diré cuantas palabras escucharon los discretos robles; era gozoso
ver charlará los enamorados; tanto duró que it un piíjaro
en un zarzal vecino, le sobró tiempo para hacerse un nido. De súbito resonó en la senda el paso del sefior Enguerrando y temblaron los dos amantes. Pero cantó más dulcemente el agua de la fuente, y Amorosa salió solícita y
sonriente de la clara linfa del manantial. Rodeó á los
amantes con sus alas y con ellos se deslizó ligera, pasando
junto al conde, sorprendido de haber o ido dos voces y de
no ver á nadie.
Meciendo á sus protegidos; les decía:-Soy la que pro·
tege los amores, la 9,ue cierro los ojos y los ofdos de los
que ya no aman. Nada temais, enamorados: amaos en
pleno día, en las sendas, junto á las fuentes, de quiera os
halléis. Y o velo por vosotros. Dios me ha mandado al
mundo para que los hombres, burladores d., toda. santidad, no turben vuestras puras emociones. }fa ha dado mis
prestigiosas alas diciendo: «Anda y que los pechos jóvenes se regocijen.» Amaos, yo velo sobre vosotros.
Y libando el rocío, su único alimento, arrastraba en
ale¡¡;re ronda á Odeta¡ Loís, enlazadas sus manos.
Me preguntarái qu hizo de los dos amantes? En verdad amiga, no me atrevo á. decírtelo. Temo que te niegues á creerme, ó que celosa de su sino, no me pagues
mis besos. Pero te veo curiosa y me será forzoso contentarte. Sabe, pues, que la hada corrió así hasta el caer
de la noche. Cuando quiso separar á los enamorados los
vió tan tristes de separarse, que les habló en voz baja.
Parece ser que les decía. algo hermosísimo, pues sus semblantes irradiaban dicha. Y cuando ella hubo hablado
y ellos consentido, tocó lea con su varilla en la frente.
De pronto......... ¡oh! ¡~inón, que ojazos abres de
a.sombro! !Qué patadita5 darías si no acabase!
De pronto Loís y Odeta fueron convertidos en ramas
de mejorana, mejorana tan bella, &lt;J,Ue sólo un hada puede hacerla igual. Estaban tan reurudas que sus hojas se
confundían. Eran maravillosas flores que debían permanecer abiertas, trasmutando eternamente sus perfumes y
rocío. En cuanto al conde Enguerrando, se consoló, según dicen, contando todas las noches cómo el gigante
Buch, Testa de Fierro, fué occiso con un tajo terrible
de Giralda, la pesada espada.
Y ahora, vNinón, cuando ayamos al campo buscarémos
as mejoranas encantadas para. preguntarles en qué flor
se halla la hada amorosa. Tal vez amiga mía, existe una.
moral en este cuento. Pero sólo te lo he dicho sentados
ante el atrio, para hacerte olvidar la lluvia de Diciembre
que bate los cristales, é inspirarte esta noche, un poco
más de amor por el joven entusiasta.
EMILIO

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AI. OI.VIDO

¡Oh! tú, girón del tiempo que sombrío
Ocultas los placeres del pasado...... !
¿Por qué también, olvido, no has borrado
La pena que tortura el pecho mío?
Onda negra de un mar inmenso y frío,
Si en tu seno profundo se han ahogado
Mil recuerdos de amor ¿pcir qué has dejado
Vivir los del dolor en m1 albedrío......?
¡Cuán d11lce fueras si á. la vez que matas
Las memorias felices de la mente,
Con tus sombras cubriéra.slas ingratas!

}las, ¡ay! tu honor en agotar estriba
De los recuerdos plácidos la fuente,
Para dejar la de los tristes viva!

c.

CASTILLA,

DOIWlGO 24--0E ENUO DE 1897

EL MUNDO

hardilla con tanta grandeza como
en el campo de batalla.
No desde el principio Cervantes ha
alcanzado la perfección de semejante tipo. Se comprende qu~ lo ha concebido en una carcajada y que lo ha
terminado con eternecida sonrisa.
En la primera parte del libro, el poeta maltrata cruelmente á su héroe.
Pero luE&gt;go el artista se enamoró de
la creación, la purificó y la perfeccionó en todos sentidos. Mientras
más a,·anzaDon Quijote en su noveleeca campaiía, más crece en honor,
magnanimidad y justicia; los grotescos relieves que afeaban su noble perfil, se suavizan poco á poco; sus intervalos de lucidez aumentan: pa.rnn
días enteros sin accesos. Entonces
par&lt;'cc que Yernos á. Alfonso el sabio,
recorriendo Castilla, reformando leyes y pronunciando sentencias.
En la antigua Gr!'cia, cada isla, cada comarca tenía una divinidad especial, guerrero ó campesino, agricultor ó marino, adecuada al país y
moldeada sobre el canicter de sus habitante~. Este dios indígena le llenaba con su presencia y su influencia.
Sus est:íua.~ surgían en cada encrucijada, en cada cima; su leyenda estaba mezclada con la historia, sus
oráculos llenaban las grutas, allí se
respiraba su aliento con el aire.
Ideal 6 imaginario, como los dioses de la Grecia, Don Quijote como
ellos, ha tomado posesión del país
que le ha dado el s(,r: ahí está como
la divinidad del lugar. Su largo as•
pecto no abandona al viajero que
recorre la ~lancha y las dos Castillas. La aride-.i de las grises llanuras
recuerda la flaqueza del caballero
andante; el ,lspero perfil de las rocas
que erizan la e:;treéha vereda, represéntalo en pie sobre los estribos de su
flaco corcel. :No hay molino de viento
que no parezca provocarlo, ~e busca
su lanza en el ángulo obscuro de la
posada, en que atroces maritornes
sirven el rancio jamún y el vino con
sabor á cuero que constituían sus
sobrias comidas; se cree reconocer
su bizarra silueta entre las sombras
que la humeante lámpara recorta sobre la pared. Y parece que al descorrer las cortinas de sarga de la desvencijada cama á que os conduce la
hostelera, vais á encontrar á Don
Quijote sentado allí, con los ojos
fijos, el bigote atuzado, el rostro
vendado, envuelto en su sábana, co•
mo en una mortaja, tal como apa•
reció á doña Rodríguez, ó más bien,
tal como está el Uid, sobre su sepulcral sillón.
"En San Pedro Cárdena está
embalsamado el Cid, el vencedor
invicto de los moros y de los cristia•

I.AMODA.

AUNA NIÑA.

Al&amp;unos

Purísima: las estrellas
tachonan el firmamento,
y mustias las hojas huyen
arrancadas por el cierzo.
Puro, casto y esplendente
irradia tu pensamiento
como las estrellas blancas
que brillan alla. en el cielo,
y como las hojas secas
arrastradas por el viento,
a.sí se secan mis d:as
al soplo de los recuerdos.

modelos de tocados.

Peinados y corpiños, hé
aquí el asunto de nuestra plana de hoy, lectoras. No siempre hemos de mostraros la
elegancia. y riqueza de las faldas: habríamos al&amp;una vez
de ofreceros la nota ilustrada
de los caprichos de últin,1a
actualidad, respecto á los
peinados, y ahora encontraréis modelos que de fijo satisfarán aun á las más descontentadizas. Holgaría toda
explicación viendo los grabados y por lo mismo nos
abstenemos de darla, advirtiendo sólo que hemos hecho
la mM escrupulosa selecciól)
entre los tocados más bellos
que en este invierno están en
boga en Parí~. Acompafiamos á los modelos en cuestión varios figurines de 'corpifios de la más encantadora. fantasía.

***

Yen, oh Pura, y estas hojas
darán á tu pie pequefio
pobre alfombra, si la pisas
no escucharás un lamento.
Ven conmigo, y en la playa
juntos perlas buscaremos,
y te adornaré con ellas,
y con ellas te haré versos.
Ven conmigo, ven, oh nilia
purísima.; sólo quiero
ver la risa de tu boca
que es un botón entreabierto.

*

* qué no vienes?
¿Y por qué, *
por
¿Es que acaso tienes miedo?
¡Si solo vivo la vida
punzante de los recuerdos!
Tú eres virgen, yo cansado
ya por el mundo atravieso.......
¿Es que acaso te detienen
lejanos presentimientos?
No Purísima; más tarde
cuando en tu frente, de besos
lleves el surco, haz que entonces
n unca. más nos encontremos.
Porque, entonces impelidos
por huracanes opuestos,
cual dos llamas forman una,
dos fuegos harían un fuego.
¿Por qué huirlo?...... Es que hoy ignoras.
que ese a.mor se a.paga luego
y que quedan, torturantes,
las ceruzas del recuerdo .... .... .

DON Q U IJOTE.

«Si Don Quijote no fuera
más que una caricatura, no
hubiera conqui8tado tanto el
afecto de la humanidad. L'l.
imaginación humana es, en
el fondo, triste y seria. Entre
los séres ficticios, no admite
en su intimidad máR que á
losquelaconmueveny laen•
noblecen. Los bufones, cuando tienen ingenio, son á menudo apreciados de ella, y como los reyes de la edad media, ella. les concede toda licencia y se complace en su
compañía. Pero si permane•
cen sus favoritos no vienen

.
;:

***

Hoy no temas; ven conmigo,
ven con ánimo sereno;
tú eres virgen, yo cansado
ya por el mu ndo atravieso.
Ven, la. playa nos espera.
Ven oli Pura, y dir,1: creo
q_ue hay quien viva, que bay quien ría
sm tenaz remordimiento.
J. SÁNCIIEZ AzcóN.\,

~

.

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1(
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·-\: :g.('
,.

Algunos toc ados d e a c tu a lidad.

NOCTU RNOS TROPICAI.ES.
¡DIES IRJE I

Vago rumor desciende de la sierra
Al valle solitario,
Y una nube gigante crece, crece
Y cubre todo e1 sur en vuelo raudo.
Un relámpago lívido serpea
Y azota el negro espacio,
Y un trueno inmenso su fra"'or difunde•
por las cavernas de rugiente~ antros.
De jaguares hambriento~ la jauría
Lanza aullido lejano:
Po! la terrible noche protegida,
BaJa, cobarde, al indefenso campo.
En el aduar la escucha la. vacada
y mugiendo de espanto '
Sacude la cabeza formidable
Irguiéndose y un círculo estrechando.
Anchas gotas de lluvia se desprenden,
De los cúmulus bajos,
Y despedazan su cristal vibrante
Al chocar en los áridos peñascos.
Presto desencadena todo el cielo
.
Sus aguas, que silbando
Barridas por los vientos, culebrean
Y su oleaje aéreo causa espanto.
Vuelan gemidos hondos, penetrantes,
De clamor funerario:
¡Es la danza macabra de las brujas!
¡Esel coyotl, que se lamenta aullando!
Y en medio á la terrible sinfonía
Se oye el lúgubre canto,
En la barra.oca. estrecha y tenebrosa.,
Del órgano salvaje de los cactus.
RUBEN M.

CAMPOS~

Pein ado d e Soi rée.

á ser nunca sus amigos. Cierto desprecio se-mezcla á la
· ªlegría q ne inepiran: regocijan el espíritu pero el corazón
les queda cerrado. La. desgracia que el viejo Falstaff sufre
no enternece á nadie; puede Panurgo ahogarse con sus
carneros sin conmovernos; y la agonía de Scapin, en la
comedia de Moliére, aun cuando fuera real y no fingida no
entrietecería ni un momento la alegría de sus Embmtes.
~1:1 Quijote, al contrario, nos conmueve á la vez que nos
divierte¡ se hace respetar al hacernos reir, y los burlones
•endurecidos compadecen secretamente sus infortunios.
Es que e l valiente Caballero de la :\lancha oculta. el
alma. de un héroe bajo el saco de un loco, y q~e sus actos mM ab~urdos no son más que la desviación de una
idea sublime. Protegerá los débiles, castigará los malva·d?s, enderezar entuertos, desfacer agravios, ejercer la. magistratura del acero vengador en todos los caminos reales
de la v~da hum:llla: he aquí el programa de su empresa.
Sus qmmeras tienen el vuelo de las águilas su locura se
cierne sobre él con las alas de la victoria. '
Tal es Don Quijote, el ideal hecho carne, la abstracción
hec~a hombre. Sobre la visera de su grote~t-0 casco está
escnto un desafío al mundo exterior: •¿Qué hay de nueV!) entre ':ºs&lt;;&gt;tros y yo? La realidad se,venga del desprecio que pubhcamente, tiene para ellas con crueles repre-

,

salias: detiene con los más
viles obsMculos sus más
arrogantes empujes: vuelve poh•o sus más hermo·
sas visiones. Todos sus
sueños se derrnmban, sus
fantasmas se désfiguran.
Toma una sórdida venta
por un magnífico :palacio
y á horroro!'as ::IIaritomes
por una deslumbradora
sultana. Cada hazafia termina en revuelta indescriptible: conquista una
bacía, pro,·oca uno~ molinos de \'iento, revienta
unos cueros, hace pedazos unos manequíes, vence clérigos y monje~. El
peligro, aun cuando es serio, no lo toca: los leones
de quienes abre la jaula,
le vuelven desdefiosamente la espalda, los toros lo pisotean sin darle
conloscuernos. "Veáque
te maten á otro parte!"
Así parece que le dicen
las cosas ó los séres provocados por él. La fatalidad corresponde á las
estocadas con palizas.

.

M odelos de prendas pa ra rec e pción.

Es~ es ~do: s.embrando absurdos beneficios, recoge inmerec1da mgra.t1tud. Las falsas víctimas de que se declara defensor se vueh•en contra él con irritados semblantes. Sancho sólo se engaña durante una hora. Don Quij&lt;;&gt;te desde _el principio hasta el fin de la. cruzada, salta hacia lo sublime y cae sobre el ridículo.
Y sin embargo, el Ca.ballero de la ::lfancha sigue siendo
noble Y grande en medio de las decepciones que lo abru•
Il;lan. BurlM~o por todos, es in\,ilnerable ante el desprecio. To~o miente en su derredor excepto su valor. Con
el heró1co furor de un valiente de Romantesco se baiia
en la sangre de los cueros; cae en el piso d~ una bo-

nos. Está sentado en su sillón; su noble y valiente persona ha sido vestida y adornada; su rostro lleno de gra.vedad, esta descubierto. Tiene á su lado su famosa espada Tizona. No parece muerto sino vivo y muy honrado.
PABLO DE SAIXT VICTOR.

Vivimos con nuestros defectos como con los perfumes
que llevamos encima: ya ni siquiera los sentimos; y sólo
incomodan á los demás.
.Mad. de Lambert.

�EL MUNDO

PAGINAS CURIOSAS
EL POLVO EN LA NATURALEZA.

Sin polvo no veríamos azul el firmamento; el cielo estaría más negro que en noches sin luna. En ese fondo
obscuro brillaría el sol con aguda intensidad, y la superficie de la tierra estaría caracterizada por vivos contrastes
de luz intensa y obscuridad profunda. La luna y las estrella&amp;--viaibles durante el día-apenas podrían mitigar
un tanto esos cambios bruscos. La iluminación de la tierra sería semejante á la que se observa en la luna, cuando se la mira por un telescopio; porque en nuestro satélite no exie:te envoltura atmosférica y no hay, por consiguiente, polvo en suspensión.
Al polvo que flota en nuestra atmósfera debemos del
todo el goce de una luz suave y uniforme-para la cual
están nuestros órganos visuales adaptados especialmente
-y nada contribuye más :í la belleza y varied~d de los
paisajes que ese mismo menudo polvo.
- Acabamos de ver cómo el polvo hace luminosa toda la
bóveda celeste. pero falta explicar por qué se reflejan de
preferencia los rayos azules de la luz blanca del sol, mientras que los verdes, amarillos y rojos casi no sufren esa
perturbación. Todo depende del tamaño de las partículas
de polvo que flotan en el aire. Las corrientes aéreas, apenas tienen fuerzas para llevar á todas las capas atmosféricas las mils menudas partículas, y solamente éstas son
las de significación en el fenómeno eri cuestión.
Basta en efecto, considerar el mecanismo de la luz y la
brevedad y ~quefiez de las olas del éter, que constituyen la esencia de aquella. Esae olas varían muchísimo en
longitud, aunque todas son de tamafios microscópicos.
El menudo polvo atmosférico contiene muchas partículas
suficientemente grandes para reflejar las olas cortas del
éter, características del color azul, mientras que se encuentran pocas apropiadas para reflejar las olas correspondientes al verde y al amarillo, y más raras aún las
que podrían quebrar las largas olas etéreas del color rojo.
De aquí que la luz roja pase por la nube tenue de polvo
que nos circunda y nos envuelvei sin que sufra mayor alteración. Los rayos azules, por e contrario, son interceptados y esparcidos y se vuelven visibles. Por esta razón,
el más menudo polvo, y así también la atmósfera, aparecen azules.
Pocos habrán dejado de observar que la corona de humo que se forma cerca de la parte encendida de un cigarro es azúl, al p~so que el ~u~o que se exhala y pasa de
allí es blanquecmo. En el ultimo caso, "las partículas ya
unidas pueden reflejar la luz blanca. Así también, en los
campos, en días despejados, el cielo se presenta de un bello color azul, mientras que la atmósfera de las ciudades
se ve.blanquecina, ácauea de las gruesas partículas en suspenS1ón.
El intenso color azul del cielo se observa especialmente en las grandes alturas de las montañas, porque la atmósfera, enrarecida ya, apenas puede soportar partículas
de po1vo muy menudas, y si se lograra ascender lo suficie nte, hasta que desaparecieran casi por completo, se vería n egra la bóveda celeste. Cuando se dirige la vista á
0

las capas inferiores de la atmósfera, en el horizonte, todo
palidece.
Pero cabe preguntar: ¿por qué el cielo de Italia y el de
los trópicos es de un azul más intenso que en otras ~rtes? ¿Será que el pol,o es más menudo en estas localidades? A la verdad que lo es; no porque allí no se levante
pol'l"o grueso, sino porque en esos climas las partículas de
polvo pronto se saturan de humedad y se vuelven más
grandes y pesadas. Al contrario, en las regiones cálidas,
el vapor de agua no se condensa tan presto en los polvos
flotantes, y solamente se convierte en nubes cuando ha
sido arrastrado por las corrientes de aire á grandes alturas.
Réstanos considerar, sin duda, el papel más importante que desempeñan las partículas de polvo en la Naturaleza: su influencia para terminar las lluvias, por la condensación del vapor acuoso en torno de ellas, como núcleo. Se puede aceptar como hecho comprobado, que de
toda el agua evaporada por el calor solar de la superficie
de los mares, ni una sola gota vuelve á descender sin que
haya sido condensada sobre una partícula de polvo. La
demostración es sencilla. Tómese un vaso de regular tamafto y llénese de aire filtrado por un filtro grueso de algodón, hasta que todas las particulas de polvo que existen
en el aire hayan desaparecido. Diríjase luego una corriente de vapor de agua al mismo vaso, y se observará
que permanece completamente transparente, y por consigruente imvisible, sin la apariencia nublada familiar á
todo mundo. Se notará, sin embargo, que las paredes internas del vaso principian á bumedt&gt;eerse, porque el vapor se condensa ~ n ene caso á medida que se enfría. Pero si en lugar del aire purificado, se sopla aire ordinario,
cargado de polvo, inmediatamente se tormará una nube
de vapor, y poco á poco principiará 1t caer en el vaso una
lluvia menuda, debida á la pronta condensación sobre las
partículas de polvo.
Así, pues, sin polvo atmosférico no tendríamos nieblas, nubes, lluvias y nevadas; no gozaríamos de brillantes y hermosas puestas de sol; no agradaría nuestra
vista un cielo profundamente azul. La superficie misma
de la tierra; los árboles, las casas, los animales y hasta el
hombre, serían los únicos objetos en donde el vapor
acuoso vendría á condensarse, y tan pronto como el aire
ll~ra _á enfriarse lo su~cient~, todo quedaría empapado.
En invierno, todo estaria cubierto de una costra de hielo. Nuestros vestidos seeaturarían de humedad y de nada servirían abrigos y paraguas. El aiie, cargado de humedad, penetraría basta el interior de nuestras habitaciones y los muros y muebles se humedecerían contínuamente. En una palabra, el mundo que habitamos
sería enteramente distinto, si no existiera el polvo en
los espacios.
Apenas los hombres de ciencia principiaron á darse
cuenta del papel importate que desempeña el polvo en la
Naturaleza, se apresuraron á poner los medios para contar el número de partículas en un espacio dado. En Londres y en París, en la superficie, se ha hallado que un
centímetro cúbico de aire, contiene poco menos de un
cuarto ?e millón ele partfc;~las de polvo en suspensión.
En la cima de la torre de E1ffel se cuenta apenas la mitad de este número, mientras que en las cumbres más

DOMINGO

24

DE ENERO DE

1asn

el!lvadas de los Alpes, no hay sino doscientas partículas
por centrímetro. Gran parte del polvo que se encuentra
en las altas regiones de la atmósfera, es polvo cósmico,
compuesto de hierro y carbono, como los demás meteoritos.

J.

DB LA

C.

•

POSADA.

=== === ===== ==- - -

NUMERO 5.

TOMO 1,

CHA.RITAS.

A Yicente de Paul, nuestro Rey Cristo.
Con dulce lengua dice:
-Hijo mío, tus labios
Dignos son de imprimirse
En la_herida que t:l ciego
En mi costado abrió. Tu amor sublime
Tiene sublime premio: asciende y goza
Del alto galardón que conseguiste.
El alma. de Yicente llega al coro
De los alados Angeles que al triste
2\fortal custodian: eran más brillantes
Q~e los celestes astros. Cristo, sigueDi¡o al amado espíritu del Santo.y e entonces la región en donde existen
Los augustos Arcángeles, zodiaco
~ di:1-mantina nieve, indestructible
EJército de luz y mensajeras
Castas palomas ó águilas insignes.
Luego la majestad esplendorosa
Del coro ~e. los Príncipes
Que las d1vmas órdenes realizan
Y en el humano espíritu presiden;
El coro de las altas Potestades
Que al torrente infernal levantan diques·
El coro de las místicas Virtudes
'
Las huellas de los mártires
'
Y las intactas manos de las vírgenes·
El coro prestigioso
'
Delas Dominaciones que dirigen
Nuestras almas al bien, y el coro excelso
De los Tronos insignes,
Que del Eterno el solio
Cariátides de luz indefinible,
Sostienen por los siglos de los siglos,
Y el coro de Querubes que compite
Con la antorcha del sol.
Por fin, la gloria
De teológico fuego en que ee erigen
Las llamas '\ivas de inmortal esencia.
Cristo al Santo bendice
Y así penetra el Serafín de Francia
Al coro de los ígneos Serafines.
RUD!l:N D..uúo.

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ED.PINIUD

loe grandes artistas son poco habladores.

En Zuric~ ha podido yerse al gran poeta G. Keller, y
al célebre pmtor Ronckm, sentados uno junto al otro en
el café, pasar horas enteras sin pronunciar más que diez
ó doce palabras.
Mr. A. Zullivan refiere lo mismo de Rubinstein.
-Una noche-dice-fuí á visitará Rubinstein al hotel
donde se hospedaba. l\Ie dió un apretón de manos salimos á una galería, me dió un cigarro de papel, nos ~ntamos uno fren_te al _otro, en cómodas. mecedoras; después
de un largo silencio pregunté á Rubmstein:
--Os agrada mucho Beethoven, ¿no es verdad?
-Sí.

-¿YWagner?
-No.
Lu~_go seguimos meciéndonos y fumando; á las dos horas d1Je:
-Es tiempo ya de retirarme.
-No, no--conteetó Rubinstein.-¡Se habla tan á gusto
con vos!
. Me quedé y continuamos meciéndonos y fumando. Hacia la madrugada me levanté y exclamé:
-Me marcho: hemos hablado ya bastante.
Rubinstein sacó su reloj, y viendo la hora afladió:
-¡Las dos y medial.. .... ¡Es extraordinario lo pronto
que pasa el tiempo cuando se está en agradable compañía!

PARIS-37,Bou}ddeStrasbourg-PARIS

ESENCIA CUADRUPLA

Cft~ ~t/za
PERFUME ])ELIO.A...DO y PERSISTENTE

"~Iuerto á la libertad, nació á la historia
Y es eu sepulcro el templo de la gloria!n'
Un aerolito:
-Id y preguntad al mundo de que yo formé parte; que
hizo de los sepulcros -de sus sabios y de sus héroes.

G.

GA:RCIA HAM!LTO~••

crrcrkicnes

ae

Gmor.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 4, Enero 24</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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