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                  <text>•

. NUJIER06.

~nauguración ael l1?mplo

ae

San ~elipe

°{:)isla del ~nterior.

ae ,Sesus.

�DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

82

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
TelHono 434.-Calle de Tiburcio núm.

20.-A partado

87 b.

lfÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Reoiacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spíndola,
Toda 'la correepondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto l'tloguel.

.

de martillo v á golpes de audacia, y por ella y para ella s~
conserva 1a ·República. En los fondos de nuest~o e~tado
social, se agitan los apetitos, ferme!1ta la barbarie, se ama
el pulque y la riña, se odia la propiedad y se apedrea al
gendarme.
¿Qué rayo de luz se deElizar.í en medio de este antro?
Un artículo constitucional al descender en el interior de
estas conciencias no abrirá en ellas mayor brecha que
la punta de una pluma pretendiendo perforar una mon•
taña.
Tras el atentado á que se ha referido la prensa en estos
día~, existe una profunda mancha que obscurece 1:i, ra•
diosa claridad que esparce nuestro progreso nacional:
hay una mayoría de seres. ideal~ente redimidos.. por
nuestras leyes, áquienes la rnmorahdad y el salva¡tsmo
mantienen aún en la escla,·itud más oprobiosa!

La subE¡cripci6n á, EL MUNDO vale $1.25 centavos al
qs y se cobra por trimestes adelantados.
N6.meros sueltos, óO centavos.
A.visos: á. r:izón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO CO~fO ARTÍCULO DE SEGU~-UA CLASE.

«Agentes exclusivos para los Estados rnido.s v Ca~adá.
The Spanish American Newspaper Company, f3G L1berty St. New York, E. U.»

Qfl

anitur1ttrio ~f la &lt;Constitndón

La promulgaciún de la Carta Fundamental de 18.'.&gt;7 re·
presenta para el país un enor,ne progreso en materia de
libertades públicas. Obra realizada en breve espacio de
tiempo, en medio de una_lucha política, cu_and? las p~•
siones vibrantes se desbordaban, la Comt1tnc1ón deb1a
contener en su cuerpo de doctrina imperfecciones que
sólo la práctica habría más tarde de dejar Feñaladas. Hi•
cieron mucho los legisladores de aquella época, procla•
mando valientemente doctrinas recharndas por la opinión é inspiradas en un ideal extraño á laPtendencias y
á. las aspiraciones de la sociedad en que fueron difun·
didas.
.
La Constitución americana fué la expresión de un pue•
blo y en ella quedó encerrado el espíritu de un grupo
hu~ano. La Constitución mexicana fué el código de una
minoría ilustrada, oprimida y entusiasta, que sin tener
en cuenta el medio que la ro~eaba soñ~ con alzar de sus
miserias á, una multitud sumisa y abatida por legendarias desventuras, para colocarla en el pede~tal de los
hombres libres. Los constituyentes, como todos los soñadores, como todos los videntes, como todos los apósto·
les han sido 1-&gt;s porta-estandartes de un ideal noble y
le;antado, y á título tal, su l!lb0r merece la gratitud de
la patria. No se gobierna.A los pueblos con ideales; pern
entre la aspiración y la realidad, traza un reguero lumi•
noso la esperanza.
No hay que olvidar, por otra parte, el carácter
educativo de toda legislación, y que en el curso de
cuarenta años se ha ido progresivamente abriendo paso.
Principios que antes·eran objeto ae abierta hostilidad y
cuya simple enunciación provocaba ~mpestades de ira,
circulan en la actualidad sin despertar protestas y van
día :í día, momento á momento, ensanchando su círculo
de acción.
Hemos combatido nosotros ese cQncepto dé infalibili·
dad que un grupo de liberales ha pretendido dar á la
Constitución, y hemos indicado las imperfecciqnes á que
ya van acudiendo las reformas; pero nunca dejaremos de
reconocer, expresándolo muy alto, la gran trascendencia
de un código en el que se proclamaron las primeras Ji·
bertades nacionales. Esperamos que algún día el pveblo
se encuentre á la altura de s_us instituciones.

espantoso e•truendo, arrastrando tal vez en su caída pueblos y estirpes, glorias y tradiciones.

***
Hace poco nos anunció el cable con su pérfido

laconismo la aparición de la revuelta en la vecin:;i república del
Sur, en la siempre agitada Guatemala. Sin detal'es, sin
pormenores, con la concisión acostumbrada, se daba.
cuenta de una invasión efectuada en territorio ¡tuatemalteco, por fuerzas organizadas en el Salvador. No decía
más el mensaje ni explicaba si los invasores eran ciuda•
danos guatemaltecos qne pretendían una revolución localó si, más serios en sus pretensiones, eran las avanzadas
de un ejército extranjero, dispúesto por la República l\Iayor de Centro América para someterá. la nueva federación la odiada rival que no ha querido junto con. Costa
Rica someterse á las decisiones aprobadas en las conferencias de Aroapala.
Aun no se confirma debidamente la especie propalada,
ni siquiera se han comunicado nuevos datos; pero aun su(El
~t
poniendo que fuera un canard de esos que con lamentable frecuencia inventa la preasa norte-americana, no
En estos días, con motivo de la consagración del tem- por eso perdería importancia la noticia. Basta pensar que.
plo de San Fe_lipe de Jesús, C(?mO no ha~.e todavía _dos está en el orden de lo 'posible, para juzgar de las dificulaños con motivo de la coronación de la \ 1rgen de Gua- tades á que están sujetas esas minúsculas nacionalidades,
dalupe la ficrura del Padre Plancarte se ha destacado vi- inquietas por temperament'l y tornadizas por costumbre.
gorosa:üenw, colllo la personalidad directora, alwa de Basta recordar que no ha mucho se hablaba de ligas se•
cretas y alianzas ofensivas ce1ebradas entre el Salvador,
estos dos acontecimientos religiosos.
Cuando un hombre cun enemigos tan poderosos, aún Honduras y ~icara¡i;ua, que hoy forman y constituyen la.
dentro de la congregati.'.&gt;n á que pertenece, triunfa de to· llamada República ::'tlayor, para vengar añejas ofensas
dos los obstáculos que se aJTOjan á su paso, es que posee recibidas de la apartada Costa-Rica, y calcular que esas
notables cualidad08 que lo hacen apto para sosténer con uniones deleznables y efímeras no se han efectuado al
calor de la concordia ni al abrigo del material interés,
ventaja todas las luchas.
Y así es en efecto. El Padre Plancarte es una energía sino al amparo de rivalidades que rugen, de odios que
poderosa, ~no de esos caracteres de una sola pieza, sosteni- _ matan, de morbosas fermentaciones que envenenan.
La unión centro-americana celebrada ahora, do"tI-de faldos por una voluntad inquebrantable. Estealien!,&lt;J, encau•
zado en dirección de una prupaganda de otras ideas, ha- tan Guatemala que es casi la fuerza y Costa-Rica que sigrían de él un elemento altamente útil en favor de la Re- nifica la paz, ha nacido con escasa viabilidad, y amasada
con rencores profundos y ambiciones sórdidas y mienos
pública.
En la obra que ha emprendido, los liberales no ¡,ode- asustadizos, tiene que.dar en no lejano día el amargo frnmos obsen·ar el desorrollo de estas actividades, sin pen- to que nos acaba de anunciar el telégrafo, si es que ,í la
sar en el porvenir y lanzar la voz de alerta: ¡No hay que hora presente no hagerminadc, ya la semilla de esas vi/)•
lentas manifestaciones enfermizas, achaque común de
perder de vista á este hombre!
pueblos en períodos de transición.
¡Puedan los hechos desmentir nuestras palabras!
Ojalá y en esta vez resulte falsa la anunciada crisi~, y
puedan esas naciones hermanas buscaren positivos i&lt;l,iales la base de su grandeza y la realidad de su política consolidación. Ojalá sean vanos nuestros temores y faltas de
fundamento nuestras zozobras, y logremos verlas, fuer•
tes y unidas. marchando sin intermitencias en la ancha
vía del concierto universal de los pueblos cultos.

Laprensadiaria nos ha dado á conocer últimamente
un hecho revelador: un hombre comete un delito en la
vía pública, un agente de la autoridad trata de aprehenderlo, pero un grupo popular, que ha presenciado el su·
ceso, acoge bajo su protección al delincnente y lapida al
• guardián, en medio de delirantes manifestaciones de entusiasmo. Esta página negra de nuestra vida social, repetida con extraordinaria insistencia, pone de relieve
una de las enfermedades más características de nuestr,1
incipiente democracia.
El gobierno del pueblo por el pueblo reclama una agru pación conocedora de sus derechos, pero también fiel observante de sus deberes, inteligente y apta para coopemr á las necesidades económicas, políticas y morales de la
colectividad. Cuando un pueblo desconoce esos intereses,
cnantlo su acción tumultuosa no se ejercita en amparar
garantías sino en -proteger culpables, este pueblo dista
mncho del nivel mdispensable para, gobernará una so·
ciedad.
T.,o cierto es que con esta masa se ha fabricado una entiJad abstraetn, repleta de heroísmos y pletórica de vir•
tndes. y ¡de~g, ,,..:ia&lt;lo del que se atreva á dudar de la clari•
viuencia y de la sabiduría de _esta divinidad {le nn:i. épnca que, después de haber dernbado to-los 10d dioses, se
complace en mantener el último ídolo!
Sobre estos abismos de la ignorancia y de la inmoralidad populares, se ha tendido un puente aéreo por el que
pasa vencedora y triunfante una clase ilustrada y
fuerte, inspirada en las necesidades de la civilización.
Esta minoría es la que en México, como en otras partes
del mundo, ha reali:tado la obra del · progreso, ,í golpes

lJérot

ll)alftira

ltJ jornaba-.

®tncral.

RESUMEN.-EI Transvaal y la paz europea.-Revelaciones nuevas.-lngleses y alemanes en el Africa
austral. -La revolución en Guatemala.-La República Mayor y la desunión Centro-americana.-Nuestros deseos.

Parecía que con el juicio y sentencia que recayó sobre
el infeliz Dr. Jaméson, que en hora infausta acaudilló la
npedición inglesa contra la República del Transvaal,
destrozarla por las'tropas del presidente KrLi~er en lo~
campos de Joahnesburg, habrían terminado la➔ complicaciones europeas qne provocó esa iualaventnra sud-africana; tollo hacía creer qne hasta ahí acabaríaelodi,, anti•
brit.ínico que estalló al comenzar el año pasado entre los .
l,o,r,, y la excitación ruanitiestamente hoetil para Ale·
mania que alter.'.&gt; la impasibilidad inglf•~a, por virtud de
las simpat:as visibles del empera•for Guillermo en pró
de los qne h,ibían logrado triunfar de las maqt1inaciones
y domeñar las rapacidades de los ag1:mtes brit,ínicos en el
Africa austral.
Pero nuevai: sorpres'.1.s noR reservaba el porvenir, y todavía habremos de presenciar de nuevo el espectáculo de
ver frente á. frente las rivalidades de dos pnt'blos, y los
intereses de dos naciones; aún habremos de obserl'ar dis•
puM.ndose influencias en aquella~ apartadas regiones al indomable Ho henzo llern, q ne sueña á todo trance en ex pansiones colonialef', y al gabinete responsable de su augusta
abuela la reina Yictoria.
Como quiera que resultaban responsabilidades eviden·
tes en aquella frustrada invasión con~ra el antigno pri·
mer miniFtro de la Colonia del Cabo, }Ir. Cecilio Rhodes,
como aparecía clar.1 y evidente la culpabilidad del om·
ni potente aventurero que ~e ha hecho oaladfn de la política inglesa en el sur del Continente Xegro, se le ha llamado á.contestar los cargos formulados, y para justificar•
se acaba de hacer importantes revelaciones que está dis•
puesto il probar con documentos irrefutables.
Dice que la invasión .il Transvaal fué un acto encaminado á frustrar las maquinaciones de Krüger, que, en conni vencía con el Emperador de .Uemania, trataba de librarse de la tutela británica á que está sujeto por ley, y
pretendía independerse de toda extraña influencia qu&lt;i
no fuera la de su protector sucitado. Y como los centinelas avan;,;ados de la primera potencia colonial no podían tolerar el menoscabo de su soberanía, organizaron
y llevaron á cabo con éxito desgraciado la aventura dei
Do&lt;tor Jameson.
Si se logra averiguar la complicidad de Guillermo en
esas sordas agitacioues que ee tramaban en la sombra,
¡cómo habría de estallar en Inglaterra el sentimiento antigermá.nico que presenciamos un año ha, que llegó al
extremo de quemar en efigie al arrebatado emperador!
¡Y cómo también contestad el patriotismo alemán, dispuesto siempre contra los ri v,1les de su grandeza y los
denunciantes de sus ambiciones.
~o creemos 9.ue el asunto alcance laa pr0porcion°s d"
un conflicto, m tememos qat&gt; p:1se de lo" fneg )'! artificiales de la p!'E'n~a; pero su simple anuncio no, ha::e c Jmprender la in1nin0ncia de futuros choqu&lt;::8, y nos da iL ::.,.
nocer de modo evidente cómo la E11ropa, asent.~a en la
cima de un volcán, se ve expuesta. ,, cada p~, y por
los motivos más fútiles y baladíes á verse envuelta en
vora;,; conflagración. Todo eso nos indicar.í. que el artificioso andamiaje sobre el que se asienta la paz universal
está. amenazado á cada momento de venir al suelo coi:.

X.X.X.
5 de Febrero de 1897.

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

OTRO PAGO·DE

$2,000

DEL fl!UEVO TEMPLO DE SAN FELIPE DE JESUS

En otro lugar hablamos de la solemne consagración de
€ate hermoso templo, dedicalo al proto-martir mexica·
no, y destinado á la gran obra de la expiación.

Tócanos ahora decir algo acerca de la inauguración
dectuada antier y describir el interior del notable edificio, de cuya belleza puede enorgullecerse y ufanarse con
razón el padre Plancane. al cual se debe el digno coronamiento de la magna obra.
Hermoso golpe de vista ofrecía el suntuoso templo el
último viernes á las nueve de la mañana. l\eLis de seis•
cienta.s damas severa y elegantemente vestidas, ocupaban la nave central, en la cual hallábanse congregados
asimismo, innumerables caballer,&gt;s y sacerdotes, instalados cerca del altar. El !Ilmo. Sr. Ar.:obispo ofició de
Pontifical con toda la pompa del caso, y la ceremonia
transcurrió pausada y augusta, á los magn!ficos acentos
de músicas y cantos sagrados, de3empeñados por nota•
bles cantantes. L-, misa fué especialmente compuesta
para la solemni'lad. El serm&gt;n e3tuvo it cargo del Illmo.
Sr. :'.\Iontes de Oca, y fué un bello panegírico del santo
titular, en el cual el inteligente prelado depur6 algunos
errores históricos y tuvo notables rasgos de elocuencia.
Concluida la solemnidad, el templo fué visita.do hasta
el obscurecer por innumerables fieles.
Ahora digaU1.is algo de su disposición y ornamentación.
El :N'uevo templo de San Felipe. Se vino á decretar
baP-ta el año de 1861.
•
En 1866 se colocó la primera piedra es decir, hace
treinta años.
La construcción del nuevo templo ha costado más de
s:~00,000, de la cual cantidad, asegura el Sr. Plancarte, ha
pt1E&gt;sto de su peculio más de $100,000,
El templo está construido en la parte que ocupó la capilla de Aranza;,;ú en el templo de San Francisco.
Tiene la forma de una cruz latina en sn planta. Consta de tres naves; las dos laterales mucho m,ís bajas que
la central, lo que permiten proporcionar al interior gran
cantidad de luz.
El edificio está embovedado en su parte supenor.
En el fondo de la nave central está el ál,~ide de planta
semicircular y cubierta por una bóveda esférica.
La sacristía está situada al lado del Evangelio y tiene
comunicación directa con el templo, y además otra en·
tracla por el exterior.
Nuestros lectoreA pueden ver en este número un grabado que representa la fachada del nuevo templo; es de
cantería, estilo romano, lo mismo que todo el templo.
SuR labrados son severos.
Tres puertas de roble con adornos de hierro dan entrada al templo.
Las tribunas están colocadas en la parte posterior é
inmediata á los brazos de la cruz. Esas tribunas reemplazan al coro de los antiguos templos.
La tribuna del lado derecho se destina á las orques·
tas, etc., y la de la izquierda al órgano moderno.
El decorado es de estilo bizantino puro.

BOURGET.

DE "LA MUTUA"

EN COSCOl'tlATEPEC,
Coscomatepec, Enero li de 18fl7.

Al Señor Ricardo Sommer Director g lll'Jral dJ "L 1 )I.i•
tua."
)Iuy Seiior mio:
Hoy me han sido entregados por PI Sr. D. Jos§ D n1ínguez Fernández, banquero de esta Villa de la respet.tble
Compañía, cuya sucursal en nue'!tro p 1ís con tanto ,1cierto como eficacia dirige vd., los ($ 2.0JJ,OJ) dos mil p~so:;
~lata, suma en que estuvo ase~urado mi finado esprH&lt;J el
Sr. D. )fariano i:lolís Loyo, ba10 la p'.&gt;liza m'.!m. 72 ), 77:3
que había solicitado y obtenido apenas hacía do~ aD-)s.
· Con mucho gusto cumplo con el grato deb~r d~ hacer
presentes, tanto á vd. como á las persona'! q11eforman la,
Junta Directiva Suprema en la Ciudad de Nuev,\ York
mis agradecimientos por sus bondadosas atenJiones y e~~
pecial eficacia en este asunto.
Faltaría á un deber de ju~ticia si no hiciera también
p•'ihlica mi gratitud al caballeroso agente Sr. D. )Ianuel
.-\.lcérreca, quien luego que supo la irreparable pérdida que
me afligía, ~e presentó en esta población á levantar la~
pruebas de umerte de mi esposo, no obstante lo penoso de
nuestros caa¡inos en la estación en que vmo.
Que Dios perpetue la gran institución en que todos u•tedes colaboran con tanto acierto en sus respectivos car•
gos, son los fervientes votos de quien se suscribe de vd.
Señor Director, atenta y agradecida servidora.-JOSEFA
DoML.&gt;sGUEZ DE Lovo.

Las pinturas se deben al pincel de Bartolomé Ga1lott
y el resto del decorado á. Claudio Molina.
.
El enverjado íué hecho en los talleres de DonFranCIB•
co Pozo.

IN A.UGURACION

Hay séres á quifnes enternecen los recuerdos de&gt;&lt;pur-s
de haber permanecido-casi indiferentes ccH1 la realid,td;
que se ena,uoran de las mujeres á quiene~ han ab.indouado, y que echan de menos con pena lo,; lugares en que
antes viv1an aourridos; ra7,a levantisca que del presente
sólo conoce los hastíos y para la que el pasado re,·iste un
encantn sin igual y conmovedor ¡sólo por 'ser pasado!
-Existen almas que no solameRte e~tan muertas, Eino
que extienden á su alrededor el contagio de la muerte.

P.

83

EL MUNDO

Emilio Dondé. Ingeniero arquitecto que dirigió los
trabajos del templo de San Felipe de Jesús.

Los cristales de las ventanas están grabados con caprichosas guardas, cuyas márgenes forman mosaico.
La linteruilla de hierro y cristal es un modelb de grabatlo.
Las bóvedas laterales tienen pinturas de tintas ligeras
a:ml y rosa, verde nito y oro, y tanto los arcos como la,
pilastras, tiene_n guardas de refría y oro, pintadas direc·
tamente sobre la cantera.
El altar principal es de mármoles de Carrara, rojo cie
.-\.frica y Tennesse.
El sagrario tiene cinceladoa.rx:i.b~de la puerta,. d.e..me.tal. un cisne alimentando á tres polluelos.
Las tres gradas están cinceladas con primor y tienen
incrustaciones de mármol, lo mismo que los ornatos de
la'mesa.
Es notable, no solamente por lo artístico del trabajo,
sino por ser de una pieza, y pesa dos mil kilos.

PAGINAS ESCOGIDAS
LA MUJER NUEVA

Pbro. José Antonio Plancarte y La bastida.
( Débese á él la erección del templo de San Felipe de
Jesús. )

Esa plancha descansa. sobre cuatro columnas de má.r·
mol rojo de Africa, y en ':ll fondo de la parte baja del altar, hay cincelado un buen bajo-relieve que representa
un cordero sobre el libro de los sacramentos.
Las ~radas que conducen al presbiterio, son de marmol gris de Orizaba.
E3ta obra fué contratada por la Compañía de }Iármoles :\Iexicanos; los trabajos tanto prelirni nares del altar
comG subsecuentes, incluyendo los artísticos, fueron hecl¡os por obreros mexicanos y sólo dilataron veinticinco
dtas en labrar los mármoles y armar el.altar.
En su parte inferior y á derecha é izquierda de la :puerta central, se ven pintadas al óleo las armas de las cmda•
des de México, l\forelia, Guadalajara, Oaxaca, Durango
y ~uevo León, donde residen los seis arzobispados.
Abajo de cada escudo están grabados en planchas de
piedra los nombres de las diócesis que dependen de cada
arzobispado.
En los otros muros de las naves laterales, lo mismo que
en la parte alta de la nave central, hay imágenes pintad:;s al óleo, que representan á, Santo Domingo, Santa Catalina de Sena, San Pedro Alcilntara, Santa Clara, San
Ignacio de Loyola, Santa Brfgida, San Juan de la Cruz,
Santa Teresa de Jesús, San Felipe Neri, Santa Coleta y
otros.
Cada una de las imágenes allí pintadas, representa á,
un fundador de las órdenes monásticas en l\Iéxico.
La bóveda central tiene la particularidad de que siendo esférica, cubre una superficie rectangular. El fondo
de e:ia es dorado, y está dividida en cuatro arcos que
amparan á. los cuatro evangelistas.
En el lugar de honor del templo, hacia su fondo hay
un cuadro al óleo que representa al santo patrono del
templo.
El tabernáculo fué obsequio del Sr. Saviñón. Es de
metal dorado: su base son cuatro columnas, y un capitel
labrado que sostiene la cúpula.
En el centro queda encerrada entre las cuatro columnas, la gran custodia, sostenida en su base por iíngeles
de bulto.
El disco de esa joya está formado con piedras muy bien
trabajadas, pero falsas.
Los nichos están colocados á uno y otro lado del ábside. Son de medio punto, y en ellos se colocaron imáge•
nes de bronce.
En los muros laterales hay otros dos nichos.
En las capillas del fondo hay dos altares de nogal muy
bien tallados.
La balaustrada que sirve para ministrar el Pan Enea•
rístico, es de encino.
El púlpito es de nogal labrado; se sube á, él por dos es•
caleras qua tienen pasamanos calados.
• Los confesonarios son de bonito gusto y también de
madera de nogal.
Al destruirse la iglesia de la Merced, el Ingeniero Don
José Joaquín Arriaga seencontrólasreliquias quesepu·
sieron al consagrar aquel templo y las obsequió al Padre
Plancarte para que sean colocadas en la mesa del altar
del nuevo templo.
Para concluir: He aquí los nombres de las personas que
han dirigido los principales trabajos de la obra.
Ingeniero Arquitecto, Sr. Emilio Dondé.
Sobrestante, Sr. Víctor Rodríguez.
Maestros de albañilería, José 1\-faría Yargas y A.nacleto
Arenas,
Sillería v ornato en piedra, Remigio Fuentes.
Modelaa.or, Antonio Romero.
Carpintero, Encarnación Ramos.
Hizo el púlpito el tallador Manuel Esparsa.
Los altares laterales, Joaquín Torres.
Grabó los cristales de las ventanas Francisco Licéaga.
El mosaico y el pavimento son obra del italiano Luis
Pesseto.

Cualquiera que, abstraído de toda comunicación con
las razones y necesidades á que obedece el continuo
cambio de aspecto de las sociedades, se a3omase.á mirar
,í la gran escena, como un sordo-mudo que tiene das de
sus sentidos ausentes del espect.tculo, le parecería el
mundo una farsa compuesta por algún bromista, en la
cual no hay plan ninguno, y cuyos personajes aparecen
inopinadamente sobre las tablas como si fueran disirases de mascarada.
Así ha aparecido en estos momentos cómicos de fin. de
siglo, un extraño tipo, .í cuyo derredor se agrupan los
curiosos, murmuran los malévolos, sonríen los críticos,
hacen frases irrespetuosas los rcµorter~, se sulfuran los
moralistas, y el socia.lista filósofo filosofa. Ese tipo advenedizo es la niujer nuPra, como lo ha clasificado la historia natural de gacetilla; y aparece en traje masculino, á
horcajadas sobre el moderno bipógrifo de acero, que
también ha cambiado de sexo, pero á la inversa, pues
antes de ser úiric!fta fué t·eloc!pedo.
La mujer en calzas .es una provocación que se presenta á tres autoridade~: á. la Sociedad, á. la Higiene y_ á la
Estética. La Estética, es por ahora, la más ofendida de
las tres. Dice que la mujer ha ido á copiar moda salvaje;
que ha ido á copiar el traje de las mujeres Esquimales;
dice que las formas femeninas, 6uyo mérito escultórico
consiste en ciertos pleonasmos de contorno que no caben
en el prosáico vestido del varón, pierden todo su encanto
natural. Y la Sociedad ale~a que los pantalones yel sport
en la mujer ladesenfememnan y hombrean; y por último,
la Higiene abre su gran libro estadístico, para probar
con resultados de observación, que el traje masculino,
cuando no viste formas U1asculinas, tiene sus inconvenientes, y como quiera que la mención de esos inconvenientes se la guarda la Higiene para exponerlos en la
Clínica, resulta que los profanos nos quedamos en ayn•
nas de inconvenientes.
•
A mí me estan dando ganas de despedir de este jurado
á la Estética. ¿Qué género de fe pudiera darse á la opinión de una autoridad tan tornadiza y versátil, Madre
de la l\Ioda, que es como decir, abuela del capricho? Que
comparezca ahora mismo la Estl2tica á prob~rnos, con
argumentos h elénicos y aún con sus propias opiniones de
hace tres años, la gracia que encuentra en las mangas
desaforadas:que actualmente impone como ideal de lo
bello y de lo elegante en los vestidos femeninos. La

Bartolomé Gallotti. Autor de las pinturas del templo
de San Felipe de Jesús.

cuest~ón de Est~tica no e~ en caso C&lt;?mo el presente, si no
_cuestión de óptica. La primera muier que usó ampoll,1s
en los brazos fué silbada. Hoy, que todos los brazos and:in en sus vejigas, nos parecen las tales la quinta esencia del buen gusto, ~or ~ás que. sean un estorbo insu perable para la aprox1mac1ón de los seres en la efusiva
institucióu del abrazo.
Si la moda llegase á cundir, ( de ello nos libre quien
pueda), y todas la_s mujeres cambi~sen el traje talar por
los arreos masculmos, nuestra retma, habituada al espectáculo, llevaría á los órganos sensorios una impresión
normal, que luego se convertiría en sensación grata y al
fin despertaría la emoción estética. Nos harfam.os ~ po•
co turcos e."!! cuanto al ide\ll indumentario; y acaso, como los h1JOS de la fehz Arabia, auoptariamos · pa.ra

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 18s,7

DOMINGO T DE FEBRERO DE 1897
LA CONSAGRACION
DEL

1

1 •

cubrinos, lo que la mujer quic&gt;rc abondonar: las ropas
tala,es. ;
.
.
,
b t d
Sbakespeare, cuyo instmto estétl?o est':' por so re o a
crítica, nos demuestra con personaJes animados, puestos
á vivir por su genio, que el amor,. poeta y astut&lt;&gt; consumado no se resfría, iüno que más bien se exalta ante la mujer ve;tida de Lo que no es. O.rlando, el caballero bardo Y
atleta que ama á Rosalinda, y que cuelga los árboles con
madrigales en loor suyo, y escribe su_ beJlo nombr!l_en la
corteza de Los olmos, y se la pasa haciendo otras m.nerfas
de amor por ella, la encuentra en E:l bosque vestida de
paje y aunque no la reconoce, se siente ~rrastrado por
sec~ta simpatía hacia el pajecillo, Y. consiente en de¡arse sanar por él de su amor por Rosalmda; r~sultando de
este üsimilia similibus curantur," Jo contrano de lo prometido· .i saber: que más se enamor:i Orla_ndo de Rosalinda u{ientras más quisiera olvidar~ Rosal~nda, Orla~do.
A esto se dirá que resta por avengu.ar s1. lo~ Gammedes de ahora no llegaran á perder el aire m1~rino, la gracia felina que Rosalinda supo conservar baJ.º sus ropas
de paje. Resta saber si 1.os ejercicios calistémcos, el .~pu,-t
vigorizador á que la mu¡er se entr~~ actualmente, con
tan buen éxito para su desa_rro_llo. f.1~ico y hasta .Pª~ su
temple de ánimo, no llegaran a v1~ihzarla demasiado, en
cuyo caso témesc que )a mujer pierd.a. un cons1d~rable
tanto por ciento del poder que su deb1hdad y su mimo le
dán sobre el hombre.
. .
.
Y o no consiento en que se me considere part1t1ano de
la tramutación aparente de la mujer en. bomb.re; ~ero
examinando el caso desde el punto de vista fis1ológ1co,
me resisto 1í creer que la ley de la naturaleza, que nada
tiene que ver con lps caprichos de la moda, .detenga las
atracciones imperiosas de los sexos por Ct!est1ón de pura
moda. En los tiempos bíblicos, todos, mu¡eres );' ho.mbres
vestfan talares ropas; y. valgan l~s f-:a~i:adas :bscnturas,
se amaba lo mismo y d1z que a_n~ mas que al~ora, q~e
nos diferencían pantalones y re.ta¡oi¡. I:os.s~l;~Jes de.tierras cálidas no usan sino una misma pnm1t1v-1_s1ma toilette
para ambos sexos; y por allá l!nda el ~mor hac1e~do de las
suyas cómo er todas p~rtes. C\1est1ón de óptica; nada
m1ís que coFtumbre del organo visual..
,
.,
Recalcando siempre sobre la anterior ?ec.aracwn de
mi neutralidad en el asunto, no puedo de¡ar dt: expo~er
aquí un cargo contra mi propio s~xo, reo de ciertas ~njusticias en detrimento de la mu¡er, )'. una de estas mjusticias viene á ser, en parte, agente im¡mlsador para la
reforma en el ve~tir que proclama la 1111111,r nuf!'a.
Citaré un caso de ayer no más; crónica de hace pocos
días. Un operario de los que componen. el alumbrado elé~trico en las calles de Brooklyn, tocó acci_dentah_nente un hilo vivo de la luz eléctrica. El choque fué terrible, y el pobre mozo cayó al suelo com,o muerto.. Acudiú pronta~ente la ambulancia se,lo llevo al IIosp1tal, se letendío en
la mesa de exam~n, y·al irle 1í amcultar el co_raz6n el facultativo recibió este á su yez un choque rnesperad?·
Ko fu~ pbr cierto, choq~e de electricidad lo que sac?"d1ú
al búeno del Profesor, smo un choque de sorpresa. ,Había descubierto que el paciente era una mu¡er! Vuelta
en sí, la infeliz confesó Jo que ya n.o podía ocultar, agregando que había adoptado los veEt1dos cte hombre porque con los de su sexo ganaba men?r salario, pues el trabajo de la mujer, por más que sea igual al t1el hombre,
i;e considera inferior, á la hora de pa,,,aarlo. .
.
Resun.1iendo: la Estética, en punto á ves~idos no tiene
leyes permanentes; la higiene se contradi~e á menudo,
y la Societ1ad no sabe las más de las veces lo que se pesca, pues en ocasiones va coi:·iente arri.ba cua.ndo el espíritu el!:! progreso echa corriente abaJo, hacia la ancba
1:i;iar de las amplias ideas..
,
.
Queda la cuestión de gustos. ¿No le parece bien al lector la mujer vestida de hombre'(
Estamos de acuerdo; pero si todas se pusiesen los pantalones, no por eso habría yo de calarme el habito y meterme á f.raile.

:X.

TE1'IPLO DE SAN FELIPE DE JESUS
Notas curiosas.

BoLET PEIUZA.

~/~

'

',

'
l)omadores de serpientes.

Tetuán, la ciudad blanca. Era la primavera, el crepúsculo de Mayo, la paz de las inmóviles tardes color de rosa. Robre las terrazas, sobre las viejas, pequeñas· cúpulas, sobre el conjunto de las viejas casitas centenanas,
se extendía la blancura infinita de la cal; por doquiera
se extendía el misterio de esta misma sábana blanca.
Lentos paseantes, vestidos de exquisitos matices, pasaban mirando sus suefios, y sus ojos negros, magníficos,
no parecían yer las cosas de la tierra. El ocas.o alumbraba dorado, alumbraba color de rosa, y, en los recodos de
las viejas caAAP sin forma casi y sin edad, la cal poco á
poco tornábase azulada como nieve entre sombras.
Había transeuntes de oro viejo, de verde pálido ó de
color de salmón: transeuntes de azul y iranseuntes de
rosado; otros que habfan escogido los más raros é indecibles matices; todos majestuosos y graves, ro~tros de
bronce y mirada intensamente negra. Aquí y allá brotes
de fre~cas plantas primaverales: mastuerzos, resedas,
botones de oro, reventa~o nacidos y floridos al azar,
sobre las viejas tapias. Mas la muerta blancura de la cal
dominaba todo; parecía al-u.robrar, reflejando luz atenuada, el profundo cielo dorado, ya luminqso. Ni sombras
duras, ni contornos precisos, ni colores· sombríos; sobre
esa blancura de todo, los seres vivos, en lento movimiento, sólo hacían pasar tintes claros, extrañamente
claros, frescos como visiones ultra-terrestres, todo atenuado y amalgamado e~ la tranquila luz; no había de
negro más que todos esos grandes ojos soñadores ........ .

Inauguración del templo de San Felipe de Jesús.-Vista del exterior.

A lo lejos se oía preludiar la flauta muy triste, muy
triste y el sordo tamboril de los domadores de serpientes. Entonces los lentos paseantes, que antes caminaban
sin rumbo por el blanco dédalo, se dirigieron poco á popoco·hacia el mismo punto, respondienlo al llamamieuto de aquella música.
En una amplia plazuela, en el linde de la ciudad, habíanse colocado los domadores. Desde ahí en las profundidades que tomaban tintes azules, veíanse sucesiones de
líneas blancas y casi Rin contornos, que eran terrazas,
algo como un desprendimiento de blocs de nieve, que
era Tetuán semi-perdido en los vapores de la tarde de
Mayo.

Yo permanecfa allí entre ellos, sin apreciar las duraciones, embebido cn1110 ellos, y reposándome un poco
por ca~na lidad, en medio de aquellos inmóviles, ignoran~es de laR ltor~s qne pa~an.
·
Y lo~ tamboriles, las tristes flautas-y toda esta Afri&lt;'a ejercían s, bre m( su encanto arrullador, tan .magn(fieamente como otra vez, en m~s lejanos años juveniles ..... .
Yerdaderamente, eq Riempre este país el que me can•
ta, con dulcísimo ritmo, la universal canción de la
muerte ..... .
PIF.RRB

LoTr.

Sus hombres de largas túnicas hacían círculo en torno

á los domadores. Y los domadores desnudos y salvajes,
cantaban y danzaban agitando su rizada cabe}lera, danzaban como sus serpientes, retorciendo su busto leve al
compás de au música de flautas. Y todo era bello, desde
el cielo hasta el más humilde camellero de brazos bronceados, que miraba soñando, sin ver.

El que no está preparado á la desesperación, no está
preparado á la ,·ida. '
Goetlte.

EL MUNDO

del báculo, diciendo aquellas palabras de David. Atol/ita., portas príncipes i•e,•trae,
etcétera.
Hace lo mismo segunda
y tercera vez; con esta diferencia, que en la primera
rocía los cimientos, en la
segunda á medio cuerpo,
rocía las paredes, y en la
tercera rocía á la mayor
altura posible las mismas
paredes. Toca á la puerta
'rn forma de cruz dos veces
nuís y el Diácono abre.
El señor Arzobispo ~·
rns ministros entran diciendo Pa,,· huic domine rte.
y puesto en el medio de
la iglesia, comienza el Himno Vi·ni C'rrntm· E~¡J!ritu,q
l'Lc., se rezan las letanfas
y entretanto uno de los
miuistros esparció ceniza
por el suelo tormando una
cruz. El consagrante escribe en ella los abecedarios
grieg0 y latino para significar la unión de las dos
iglesias griega y latina.
En las paredes dd templo hay doce cruces de latón. teniendo luces enfrente de ellas.
Después de la cruz greco
latina se bendice otra agua
con sal, vino y ceniza, se
co.,sagra el altar, da el oficiante tres vueltas á la igle•
sia, se ungen las doce cruces '.Y se colocan las reliquias en el lugar que estíL
reservado en la mesa del
altar.
17 na vez puestos los manteles el celebrante dice mi•
sa revestido con flamante
ornamento.
Dispuesta la urna en que
se encierran las reliquias
del Santo bajo cuyo título
se dedica la iglesia, y cuyo
nombre se invoca en casi
todas las or,tciones y bendiciones, se preparan el
Santo Crisma, el óleo de ca-

85

El miercoles último, en la mañana, efectuose la solem~e cons~ción del nuevo y herI?o~o templo de San Felipe de~ es1;1s: una v~rdadera prec10s1dad artística situada
€n la prmc1~al avemda de la capital y destinada sin duda áconvert1rs~ en el re.ndez vous de las damas piadosas
de 1~ buena soc1~dad. :[J:izo esta consagración el Señor Arzobi~po ~e l\Iéx1co, ante escasa concurrencia y revestido
de riquísimos ornamentos.
El acta de la consagración, escrita en pergamino decía así:
'
. "En el día 3 de Febre~o de 189,, yo Arzobispo de )lé:inco, consagré esta Iglesia y Altar en honor de San Felipe de Jesús, encerré con él las reliquias de los santos márth:es, y conc~dí á los fieles cristianos, que hoy visiten la
misma, uu ano, Y. á los que lo hagan en el día aniversario
de e~ta consa~rac1ón, cuarenta días de verdadera indulgencia, en la forma acostumbrada por la Ia-lesia
"
0
Este documento' está sellado y firmado.
•
Com&lt;? se sabe, el rico ~mplo f_ué inaugurado con toda
solemmdad y pompa el viernes ultimo. Ahora bien á reserva de ocuparnos de esa suntuosa inauguración de la
cual hallarán nuestros lectores nota completa en otro lugar, vamos á dar aquí al~unos detalles celativos al origen
y forma de Ias con~~rac1ones para que se formen ide3 de
la ceremoma del rruercoles y conserven en un periódico
que como el nuestro es de colección v recuerdos datos curiosos é instructivos como estos que· en seguida' transcribimos:
Es de tradición apostólica la consagración de los templos, pues se inició en los primeros tiempos de la ialesia.
L()S apóstoles y primeros cristianos v su sacerdotZs hacían sacrificios en casas y pretorios v niás tarde se eAa-ieron templos haciéndose solemnes fiestas en s'u dedicación.
En la antigüedad, dicen los Padres de la Ia-lesia que
hubo una sombraó figura de esta consaa-raci6ir en Íos siguientes episodios:
º
'
El Exodo dice que Moisés, por orden del Señor consa:
grú no sólo el tabernáculo sino también el altar, los vasos
y los instrumentos usados en el sacrificio.
En la ley natural se habla de laeticala de Jacob qnien
.al despertar de su sueño tomó la piedra donde' ha':&gt;ía
reclinado la cabeza, la ungió y la consao-ró, llamandole
lugar santo. También á su vuelta de }Ie~opotamía junto
á Btithel, cuando el Señor lo bautizó cun el nombre de
Israel, bendijo el lugar donde se verificó ésto, y sobre él
-ofreció sacrificios.
Siempre han concedido los cristianos gran impcrtancia
El nuevo templo de San Felipe de Jesús.-Cabecera opuesta al altar.
á la ceremonia de la consagración, diciendo que ella representa la santidad q.ue consiguió la Iglesia por la Pa,sión de Cristo, haciendo
tecúmenos, dos libras de incienso, y cuya mitad está
tan solemne esta ceremo·
en grano, el incensario con navecilla, un bracerillo con
nia como la de la dedicabrasas ardiendo, un vaso grande con cenizas, otro con
ción de los templos, que
sal, otro con vino, un aspersorio de yerba de hisopo;
dura ocho días.
manteles de lienzo grueso, otra cubierta de lino encerraEn Roma se celebran las
da, cinco cruces ~queñas para el al~r, hechas de pequededicaciones de los templos
ños cerillos; espatulas de madera; cal y arena para hacer
de Santa María la Mavor de
la mezcla ó composición con que se forma un cemento
la iglesia lateranense, de
y cerrar el sepulcro de las reliquias y las junturas de la
i'lan Pedro y otras. La iglemesa del altar; dos cirios encendidos y vasija,con agua,
sia Hierosolimitana celemiga de pan, toallas, otros dos vasos con agua que han
bra anualmente la dedica·
de bendecirse, y los ornamentos y vasos sagrados que han
-ci6n del templo llamatlo
de pertenecer al culto en la igleeia, además de los J.&gt;ªra
«El Gran Martirio," que fué
mentos que ha de usar el Arzobispo e n la consagración.
-edificado por el Emperador
Al presentarse el Arzobispo consagrante, reconoce la
,Contantino.
iglesia instalándose en un sitial bajo, que estará en el
Las iglesias de 'I:oledo,
centro de la nave central. Después sale de ella con los
Tarragona y las otras prinque le acompañan, quedando solo un diácono revestido,
cipales de España celebran
y se cierran las puertas.
la dedicación de sue temEl Arzobispo con sus auxiliares, va al lugar donde esplos, y en Zaragoza se cetán las reliquias, reza los siete salmos penitenciales, se
lebra el 12 de Octubre, la
reviste de amito, alba, cíngulo, estola y capa, pluvial; la
dedicación de la Virgen del
mitra y el báculo, vistiendo los paramentos el diácono y
Pilar, en su metropolitana
subdiácono, y sobrepelliz los acólitos y familiares.
iglesia, con solemnísimo
Terminado esto, se dirige el Arzobispo á las puertas de
octavario.
la iglesia é invoca á la Santísima Trinidad, pidiendo al
Los judíos también conSeñor que :prevenga y ayude sus acciones, se postra so-sagraban y dedicaban sus
bre otru sitial de cerca de la puerta, en la parte de afuetemplos.
ra, mientras en el coro se entona la letanía de los santos.
rara justificar estas con Se levanta, bendice el agua y la sal, se rocía con ella á sí
sagraciones de lo inanimamismo y á los circunstantes.
do, los creyentes se apoEl arzobispo oficiante penetra sólo con los ministros,
yan en textos de San Aguslos cantores y los que han de cerrar la urna de las relitín y Salomón, diciendo
quias, dejando á los demás asistentes fuera del templo
-que aunque la iglesia y
y volviendo á cerrarse las puertas. Luego que entra el
i.emplo sea inanimado, por
co~sagrante anuncia la pRz á aquel lugar y los cantores
la consagración adquiere
la mvncan con una antífona.
una espiritual virtud, que
El Arzobispo se postr 1 y los cantores prosiguen las
hace aquel lugar apto é
letanías qué comenzaron afuera. Antes de concluirse el
idoneo para el culto dioficiante se pone en pié y dice: «que te digne, vi;itar
vino.
este lugar." El coro responde: «te rogamos óyenos.» Y el
La ceremonia es tan imArzobispo dice: «que te dignes establecer en él la guarda
ponente como larga y de
de tus ángeles.n
-€lla daremos solo la fisonoDespués, haciendo la sefial de la rruz con la mano demía principal.
;-echa sobre el templo y el altar, dice: «que te dignes
bendecir esta iglesia y este altar que se ha de consagrar
En el momento de laconá tu .honor y bajo.el título de San Felipe de Jesús."
·~a~ración que es secreta,
Hmcado el oficiante ante el altar mayor, pronuncia las
·wa.a la gente desocupa el
palabras:
templo, quedando adentro
"El señor se~ en nuestro auxilio," y el coro responde:
·el diácono á puerta cerraSeño.r, dáos. prisa á. ayudarnos." Dice por tres veces el
da. El prelado consagranGloria Patri y comienza .á exorcizar y l&gt;cmlecir la sal y
te bendice el agua y la sal,
e~ agua, y des~0:és la ceruz!\, con exorcismos, preces, ora·con bendición ordinaria y
ciones Y bend1cionesprop1as, mezclando la sal la ceniza
con un manojo de yerba de
y el ~g_ua con el vino que bendice, é invocandd el auxihisopo, rodea la iglesia por
lio divtno.
•
fuera rociiíndola con agua
El oficiante hace después otras muchas ceremonias y
\iendita. Llega el consareza oraciones, llega á consagrar el altar, sobre cuya megrante á la puerta y la
El nuevo templo de San Felipe de Jesús.-Arcos d: la nave central.
sa hace ~ señal de la cruz, y después pone cinco cruces.
biere, con la parte inferior
Conclwdo esto, el consagrante dice: «vió Jacob una

�86

eH·ala, cuya extremidad tocaba á los cielos, Y
á los ángeles que bajaban, y dijo: verdaderamente este lugar es santo.n
Siguen á esto dos oraciones y un prefacio
que canta el conFagran!e, c~m bendici_ones_, todo lo l"!'lativo á la dedicación de la 1gles1a, á
los divinos misterios que en .ella se han de
celebrar v á las gracias que el Señ&lt;•r dispensa
á los fielés en el lugar •anto, se llega al altar
v en él hace con la misma agua bendita, cal y
arena la mezcla con q'Je se han de cubrir las
juntu:iis de la lápida bajo la cual quedarán
las reliquias, sale en procesión al luga: el! que
la víspera quedaron reservadas las rehqm:is y
se llP,·a el Crisma hasta las puertas de la 1glesía.
Re cantan los «kiries» y se leen los decretos
del Concílio Tridentino.
Se levanta, en presencia ?el. fundador, el
documento ó instrumento publico que corresponde.
El consagrante se dirije después á las puertas de la iglesia, las un¡ze, mojando el dedo
en PI Santo Crisma y haciendo con él la señal
de la cruz por fuera, diciendo: "En el nombre
del Padre y del Hijo y del.Espíritu Santo, seas
¡oh puerta! bendita, santificada, con~agrada,
consignada y encomendada al Señor Dios, seas
¡oh puerta! la entrada de la salud y de la paz,
11eas puerta pacífica, por aquel que se dignó llamarse Jesucristo Nuestro sefior.n
Después de pronunciadas las anteriores palabraR, los presbíteros levantan el. féretetr? de
las reliquias y entrando en procésión á la iglesia el coro entona esta antífona: ,,entrad Santos' de Dio~, pues preparad_a está por el Señor
la habitación de vuestra silla, el pueblo fiel,
con gozo sigue vuestro c~mino, para que roguéis por nosotros á la }Ia¡estad del Señor.
El Arzobispo, al cerrar el sepulcro en que se
depo~itan las reliqias dice: «sea consagrado Y
santificado este sepulcro: en el nombre del Padre, del Hijo y clel Espíritu Santo. Sea la paz
para esta casa.n
El consagrante recorre después todo el templo y frente á cada una de las doce cruces que
están en las paredee dice: «Sea santificado y
consagrado este templo: en nombre del Padre
v del Ilijo y del Espíri tu Santo, en honor de
Dios y de la gloriosa Virgen María y de todos
los San tos: al nombre y memoria de San Felipe de Jesús. La luz sea para tí.,,
·l\Iientras el consagrante se lava las manos,
los subdiáconos limpian la mesa del al~r,
presentan los manteles con que ha de cubrirse
y los vasos y ornamentos destinados al culto,
para que sean bendecidos.
Tales son las principales ceremonias, cada
una de las cuales tiene su significación espe·
cial, que no trascribimos porque nos extenderíamos demasiado. :Merced á ellas el hermoso
templo dedicado al proto martir Mexicano es·
tá en aptitud de amparar bajo sus naves las
plegarias de la piedad y de la fe.
)léxico cuenta con un templo más, y el arte
patrio con una nueva obra que lo honra.

Datos biográficos de San Felipe de Jesús.

Los que van á leerse son entre los más reputados como exactos, por haber sido escritos por el cronista de la _orden de San Francisco Fray Baltasarde }Iedina.
.
San Felipe
Según todas las pruebas recogidas, Felipe de
Jesús nació el 1? de }layo de 1575, en la ciudad de México, siendo sus padres Alonso de las Casas
y Mariana Alvarez, naturales de Illescas ( Espai'ia.)
Pasaron á Nueva España y Don .Alonso enriqueció por
medio de su trabajo, dedicándose al comercio.
Fué este señor uno de los primeros familiares del Santo Oficio y del Tribunal de Fe en el año 1571,
Del citado matrimonio nacieron además de Felipe, cinco hombres y cuatro mujeres de los cuales Juan de las
Casas que salió en busca de su hermano, murió martirizado por los bárbaros en Filipinas y Francisco tomó el
hábito de Agustino, y de su muerte, dícese que acaeció
la coincidencia de que fuese el día de la fiesta de San
Francisco.
El Padre de Felipe murió en 1599 y por su testamento
se ve que el santo, áquien estamos biografiando nació en
una casa de la calle del Arco de San Agustín, que Don
Alonso dió en dote á Doña )far(a de las Casas; hermana
de Felipe que casó con un comerciante rico.
No hay constancia en los libros parroquiales de la fecha en que se bautizó Felipe de Jesús; pero la ptla bautismal que hasta la fecha se conserva hace creer que tal
ceremonia se verificó en los primeros días del citado mes
de }layo.
Felipe, á la muerte de su padre, era fraile menor y tal
vez por esta circunstancia que lo incapacitaba para la herencia, no hay en el testamento de Don Alvnso de las
Casas ninguna cláusula que á él se refiera.
Felipe era el primogénito de la familia según todas las
proh11hilid1v'IPQ,
.\..c,•rc,1 de .,,ta no se con•erva sino datos cómico~. pn
los qne se hace af)arecer :í. San F"lipe como un chicut&gt;lo
muy travieso de quien su cuidadora, una neira, decíaqu"

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 111~7

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1Sg.7

EL MUNDO
JONATHAN Y SU CONTINENTE

só, trocando su apellido de las Casas, por el
sobrenombre de Jettús.
En la profesión de pobreza, renunció Felipeá todas las posesiones y riquezas.
Desde que volvió á ingresar al convento, su
vida-dicen los cronistas-varió enteramente
y se distinguió notablemente por su humildad, virtudes y penitencia asidua.
Reconcialiados los Padres de Felipe al Sl' ber
que había profesado, gestionaron lo necesario
para que regresase á Nueva España y el prior
de su convento de Manila, le ordenó que se
embarcase en el Galeón San Felipe, en 12 de
Julio de 1596.
Acompañaban á San Felipe en este viaje
siete sacerdotes más, y todos admiraban las
virtudes y energía del recién profeso.
Apenas dado á la mar el Galeón San Felipe,
se desataron-dice el cronista-terribles tormentas, en el cielo apareció un cometa cuyo
núcleo tenía la forma de cruz, grandes y monstruosos peces rodearon la embarcación y por
fin, después de muchas fatigas y larga navega·
ción, llegaron á las playas de la provincia de
Tosa.
El galeón encayó y como .si esta contrariedad no fuese bastante, el Gobernador de la
Provincia previno á los navegantes que no saldrían de allí sin orden del Emperador.
La lPyenda cuenta muchos y muy grandes
prodigios que procedieran al martirio, la tierra tembló, los templos de los japoneses quedaron destruídas, llovió ceniza etc., pero esta
crónica ya es demasiado larga, para que nos
deten~amos á narrar tantos episodios de la
tradición; así es que llegaremos al momento
del martirio.
'El Gobernador de la Provincia permitió que
seis religiosos, entre ellos Felipe, fuesen á
J\Iecao en busca del Emperador.
En el camino predicaron, . catequizaron á
unos dieciocho japoneses, y esto, unido á los
informes que habían dado los favoritos ambiciosos del Emperador Taycozoama hizo queel cargamento de la tripulación se embarcara,
y el tirano, en la creencia de que la llegada de
los sacerdotes era presagio de arribo de conquistadores, resolvió matarlos, condenándolos primeramente á sufrir la amputación de
las orejas y después á morir en una cruz,
atravesados por bárbaras lanzadas.
San Felipe fué el primero que murió de los
veintiseis mártires ejecutados, recibiendo treslanzadas en los momentos en que ya lo asfixiaba una de las argollas de la cruz, y aseguran
sus panegiristas que murió dando muestras de'.
regocijo y bendiciendo á Dios.
Cuando Felipe murió tenía 25 afios deedad.
La beatificación de Felipe fué decretada por
el Papa Urbano VIII, el afio 1627 y su canoni ·
zación se verificó en 1861.

"'-¿f~,i&gt;·~~~~~
PAGINAS OLVIDADAS
ANTE El ANFITEATRO DE ROMA

...... Y o, para distraerme, empecé a fingirme
allá, en la mente una fiesta del Anfiteatro. No
era la inmensa mole este inmenso cadtíver.
Aquí se levanta unaestátua allá un trofeo, acullá un monolito traído del Asia ód" Egipto. El
pueblo rey entra por los vomitorios, después
de haberse baíiado y perfumado en las inmennsas termas, subiendo hasta la cima, para des•
de allí repartirse en las respectivas gradas quede antemano le estaban señaladas. A un lado se veía la puerta sanitaria por donde viede Jesús.-Proyecto primitivo de B. Gallotti para e l gran cuadro nen los combatientes; á otro lado la puerta
mortuoria por donde sacan á los muertos. Los
del altar principal.
gritos de la muchedumbre, los agudos sonidos
las trompetas, se mezclan con el aullar y el rugir de
sería santo cuando retoñara la higuera que aun exi8te en de
la casa núm. 5 de la calle q ue hoy lleva el nombre del las fiera~. }Iientras llegan los senadores y el César, algu·
mártir mexicano y que fué la habitada por sus padres en nos empleados de baja esfera municipal, reparten entre
el vueblo garbanzos tostados, que llevan, como nuestros
aquella época.
en esportillas. El suelo reluce con polvos de
Ya en la adolescencia se sabe que sus padres lo dedica· fenantes.
ron á aprender el oficio de plntero, sin duda por inclina· oro, de carmín, de minio, para disimular el color de la sanción de Felipe, pues su padre era bastante acaudalado gre, mientras templan la luz grandes toldos de oriental
púrpura, que entonan todo el espectáculo con sus ·encenpara necesitar hacer de su hijo un artesano
Pocas constancias hat de esto, y los biógrafos comien- didos reflejos.
Los senadores van ocupando las gradas más bajas. Tras
zan á seguir :firmememente la vida de Felipe de las Casas,
desde que ingresó al colegio .lfáximo dé San Pedro y de ellos colócanse los caballeros. }lás arriba los padres
de familia que han dado al imperio cierto número de
San Pablo con el fin de estudiar latinidad.
hijos. En las gradas eu périores el pueblo. Y por último,
Del colegio citado. San Felipe pasó al convento de San· coronándolo todo, las matronas romanas, vestidas de lita Bárbara, en Puebla, donde tomó el habito de los fran- geras gasas, cargadas de riquísimas joyas, embalsamando
ciscanos de la orden reformada de descalzos.
los aires con esencias que vierten de pomos de oro, y
El carácter inquieto de Felipe toma más grandes pro• enardeciendo los C()razones con sus palabras de amor y
porciones en la adolescencia y antes de profesnr. abando- sus voluptuosas miradas.
nó el convento, causando con esto tan grave disgusto á
Mientras los espectadores aguardan al César, que debe·
su padre, que éste, con férrea energía encontró en tal dar la seíial del comienzo de la fiPsta, entréganse á toda
deserción, motivo bastante paro confina1lo á. Filipinas, suerte de murmuraciones. ~fira aquel glotón. 1\.yer se Je
donde lo consignó con recursos y recomendaciones para quemaron los jardines de Pompello, y es tan rico, queno
que se dedicase al comercio, aunque hay algunos que sos• eabían fuesen suyos. Lolia Paulina lleva sobre el cuerpo
pechan pasó á Manila con plaza de soldado.
en esmeraldas, sesenta millones de sextercios, pequeña
Si esto es así, ó si simplemente obedeciendo á las cos• suma en comparación con las infinitas robadas por su abuetumbres de la época, Felipe, mercader, se disfrazó de lo á las opresas provincias. Aquel que acompaña siempre
soldado ·alguna vez, lo cierto es, que joven, apuesto y al C.~sar, hurtó en cierta cena de Claudia, una copa de
de carácter rápido, se adiestró en el manejo de las armas. oro. Estos calavera¡ saludan al orador Régulo, l)orque
En :Manila el bizarro mancebo, gastó gran parte de su temen el veneno destilado de su vípera lengua. El tiecaudal en verdaderas calaveradas, hasta que hastiado de ne honores, mientras generales que han vencido á los
aquella vida de disipación, volvió á tomar el hábito en bárbaros y han muerto en defensa de Roma, están hace
PI con \'ento &lt;le Santa María de los Angeles de Francisca- diez afios insepultos. El médico Eudemio llega, no tardarán ciertamente en aparecer sus pupilas de corrupción
nos dese lizos.
Pasó el año de prueba y en 22 de )layo ele 1-:íO-l profe- y tle .1m:mcebamient1. )íira aquella nifia: tiene ocho

años y no es virgen. Su ilustre madre, con
peroonecer á u nade tas familias romanas máe
nobles, se ha borrado de la lista de las matronas y se ha inscrito en la lista de las prostitutas.
Pero viene el César y el pueblo lo aclama,
siempre agradecido á las fiestas, .Y, sobre todo, á las matanzas. Los sacerdotes y las vestales consagran sacrificios á los dioses protectores de· Roma. La sangre corre; las entrañas de tas víctimas se consumen y se disipan prontamente en el fuego sagrado, suenan
los coros y la música, vocifera nuevamente
la muchedumbre; á una sefia imperiosa aparecen los gladiadores, que saludan á todos
con la sonrisa en los labios, como s1 les aguardara festín sabrosísimo, en vez de la implacable muerte.
·
Divídense estos infelices en varias categorías. Los esedarios guían carros pintados de
verde. Los mirmillones se ocultan trás redondos eecudos de hierro, por uno de cuvos
lados muestran afiladísimos cuchillos. Los
requiarios tiran al aire y recogen con gran
habilidad sus tridentes. El traje de éstos,
vistosísimo, es: túnica roja, borceguíes celestes, casco dorado, que,:emata un luciente pez.
Los ecuestres recorren con gran agilidad en
sus caballos el circo. La luz se refleja en los
petos de acero y en los collarfs y en los bra•
ir.aletes. Sus túnicas son multicolores y recuerqan los traje~ orientales. Los bestia•
rios vienen los últimos, todos escogidos entre los más hermosos, todos desnudos, todos ~
imitando en sus actitudes, artísticas posiciones de clásicas estátuas, todos saludados con
mayor frenesí por el pueblo, porque son los
más fuertes, y los más expuestos y los más
valientes.
Han nacido en las montañas, en los desiertos, entre las caricias de la naturaleza, respi•
rando el aire puro de los campos y la sagra•
cla libertad. La guerra y solamente la guerra
ha podido arrancarlos á su patria. Ya en Roma los han cebado para que tuvieran sangre,
sí, sangre que ofrecer en holocausto á lamajestad del pueblo romano. Allá en la ergás·
tula, quizá muchos de los que ahora van á herirse ó matarse entre sí han contraído estrechísimas amistades. Quizá muchos son
hermanos por la naturaleza, hermanos por
el sentimiento, y habrán de herirse, habrán
de inmolarse, cuando unidos en los mismos
afectos, podrían hundir las espadas en las entrañas del César, y vengar á su gente y á su
raza.
Pero ya se acechan, ya se buscan, ya se
amenazan, ya se enredan y se empeñan bárbaremente en cruentísima pelea. Si alguno,
movido de miedo por sí 6 de compasión por
su contrario, retrocede, el maestro del circo
le clava un botón de hierro candente en las
desnudas carnes. La roja sangre cae y bumea por todas partes. Uno se ha resbalado en
ella. El pueblo grita creyéndole muerto, y
le silba cuando se levanta vivo. Este se des•
maya después de esfuerzos gigantescos para
sostenerse de pié. Aquel cae desplomado de
una sola herida sobre su escudo. El otro se
retuerce en dolores infinitos, y tiene el estertor de una agonía epiléptica Dos se han he- ,.·
rido mortalmente entre sí; pero al caer, soltando sus espada, se han abrazado para sostenerse y auxiliarse en la muerte. Miem•
bros mutilados, tripas rotas, sollozos de agonía, estertores de moribundos, rostros contraídos de muertos, últimos suspiros mezclados con quejidos, gritos de rabia ydesespeSa n Felipe de Jesús.-Proyecto de B. Gallotti adoptado y llevado
ración; todo esto es grandioso espectáculo para el pueblo romano, que grita, palmotea, se e1.0 briaga, se tadoreP, sino morir humildemente en ignominiosa cruz.
enfurece, sigue con nerviosa atención el combate saltán· De al lf han salido estos confesores de la nueva fe, par!l
clole los ojos de las órbitas como para ver más la' matan· sellarla con Qu sangre sobre las arenas de este mismo cirza, abriendo las narices y el pecho para recoger los va- co. El anciano, el joven, la tierna doncella han oído sin
pores de la sangre.
estremecerse el maullar del tígre asiático, el rugir del
La cólera, sí, la_cól~ra flotaba como única pasión sobre león africano. Las fieras hambrientas ban ealido de las
toda aquella carmc~na. La escult!lra antigua, general- grandes jaulas que todavía en los cimientos del circo se
!nente de_una severidad tan olfmp1ca, nos ha dejado la ven, v han clavado sus garras y sns &lt;lientes sobre los
imagen viva de esta cólera en la escultura del gladiador cuerpos indefensos de los mártires. }fientras se reparcombatiente. Dilátanse sus ojos, sóbre los cuales como tían las panteras, las hienas, los tfgeree, fos leones sus
qne extienden tempestuosa nube las fruncidas cejas. Sus restos palpitantes; mientras bebían con furor insaciable
miembros robustfsimos adquieren una infinita tensión. la sangre, los romanos aclamaban al Cérnr, creyendo
La cabeza se avanza hácia adelante inclinada sobre el que con aquellos miembros devoraban lae fie1aq una supecho, á fin de parar los golpes. Su cuerpo está en acti- perstición, y con aquella sangre se bebían la~ fieras una
idea. Y los césares han muerto, y los pretonanos se han
tml de lanzars~ á 1~ pelea sostenido sólo por el pie dere·
cho. El brazo 1zqmerdo amenaza, en tanto que el pufio dispersado, y las piedras del Coliseo_ han. caído y nna
derecho, fuertemente contraído, se apercibe á dar un nneva ideaba reemplazado á las ant11$11as 1dt-a!:': qne conJ:("lpe mortal. .Aquella estátua es la imagen viva del odio. virtiéndose de perseguidaen perseguidora, ha mtentado
Y el odio continuo ha engendrado en torno de Roma es• á su vez destruir nuevas sectas. ahogar nueyascreencias,
pe~ísima_ nube &lt;l;e cólera, de maldiciones, que tuvieron su no purliendo llegar con sus excomun_ionP_s, ni con 81(_ insat1sfacc1ón terrible en la noche apocalíptica de las ven- quisición ni con sus to!mentos, al d18CO rnmortal dE:1 esganzas eternas, en la noche de las victorias de Alarico, y píritu humano, que brilla eternamente entre las ruina y
de las orgías de los bárbaros, los hijos de los esclavos y entre los dioses entre los pueblos que mue1'E'n y los puede los gladiad"res.
blos que empie;an, entre las creencias y los dogmas, co¿Quién, quién puede extrañar los castigos de Roma? mo el sol penetra entre los coros de los mundos.
Toda su fuerza, toda su majestad, toda su grandeza han
sido def:ltruidas por una idea. Allá en las catacumbas se
Emuo CAb-rELAR.
-ocultan oscuros sectarios que quieren oponer al sensualis1I_10 antiguo el espíritu, á la religión pagana y al Imper10 dogmas que Roma no podía admitir sin perecer.
Esos sectarios huyen de la luz del día y se encierran te·
merosos en las catacumbas: Allí pintan el Buen Pastor
Todo lujo juicioso constituye una e5PE:cie de reserva
que les guía á la eternidad, la palma que les anuncia el
término del gran diluvio de lágrimas en que se ahoga para las circunstancias imprevistas y los tiempos de nenuestra vida. Allí entonan himnos á un tribuno obscuro, cesidad.
Paul Leroy-Beaulieu.
pobre, débil, que no ha sabido matar como ~os conquis-

(Fragmentos.)
Am:nrCA cuenta en la actualidad sesenta
millones de habitantes...... la mayor parte
de ellos coroneles.
Si la tierra es pequeña, la América es grande, y los Americanoe...... 'inmensos!
Este gigantesco pa1s fué descubierto, en el
siglo XV, por CriHobal Colón, que había dado ya prut-bas de un genio de invención extraordmario, haciPndo que los huevos se mantuviesen de pie sobre las mesas.
He !lquí, el decir de un célebre humorista
americano, como realizó el descubrimiento
de América.
El rey de España charlaba una noche con
Cristobal Col6n. Repentinamente, sorprendido por una idea luruinosa, dijo Su Majestad
á Colón:
-Colón ¿por qué no vas á descubrir la
América?
-Iría, Señor, si Yuestra Majestad me diese un barco.
Cristobal Colón obtuvo un barco é hizo vela hacia el sitio en que imaginaba que se encontrabalaAmfrica. Los marineros, al cabo
de algunos días de viaje, comenzaron á que·
jaree y declararon que no creían que huuiese tal América.
Colón se mantu\'0 firme.
Después de largaK jornadas de navegación,
el piloto vino á decir al gran navegante:
-Colón, veo tierra.
-Debe ser América, contestó Colón.
-¿Estás cierto?
-Nada más sencillo que confirmarlo, dijo
Colón con calma; Yeo en la orilla una gran
cantidad de indígenas y vamos á pregm.társelo.
Colón desembarcó inmediatatamente en
una lancha con algunos marineros y se diri•
gió á los sah·ajes.
-Eh! amigos ¿es aquí America?
-Exactamente contestaron los salvaje1,.
-¿Y vosotros sois todos americanos, supongo?
-En efecto.
En seguida llegó la vez de preguntar el jefe de ellos á Colón.
-Y tú ¿serfas por casualidad Cristóbal Colón?
-El mismo! Lo has adivinado.
Entonces el jefe, volviéndoe á sus camaradas les dijo:
-Amigos míos, no tenemos que ocultarle:
estamos deseo biertos.
Colón, encantado por el excelente éxito de
su empresa, volvió á España á dar parte al
rey de su descubrimiento.
Un inglés se jactaba un día ante un francés de la iameneidad del imperio británico:
-Sí sefior, exclamaba á modo de pen,ración, el sol no se oculta nunca en las pos, siones de los ingleses.
-No me maravilla esto, respondió tranquilamente el fránces; el sol se ve obligtdo á
tener abierto siempre el ojo sobre estos tunantes.
El sol puede, sin embargo, hacer en la ac·
tualidad el viaje de Nneva York á San Francisco é iluminará su paso una nación libre
que, en 1776, suplicó ú Inglaterra que tuyieee la bondad de ocupa11:e en sus propios negocios.
LA mérica se extiende de Este á Oeste, en
una longitud de diez mil kilómetros, y 11quí
á cabo.
es llegado el momento de prevenir al lector,
para el caso de que Jonathán llegase á dirigirle una de
~ns prPguntas favoritas: ¿Dónde está el cent1 o de la América? Podríais, en efectn, imaginaros, que partiendo de
Nueva York y avanzando hacia el Oeste os encontraríais
Pn la extremidad de América, al llegará 1'an Francisco.
~ada de eso, allf es donde os espera Jonatbán. Sabe que
v!lis á engañaros, y si queréis agradarle, engañáos, porque
le haréis llegar al colmo de la dicha, ofreciéndole u ria oca·
sión de rectificar nuestro error. En San Francisco parece
que no os halláis ni á la mitad del camino, y qut&gt; el centro de la América está en realidad en el Oceano Pacífico.
Jonathán no ha hecho más que duplicar la extensión
de 8U continente en 1807. época en que compró el terñtorio de Alaska á la Rusia, mediante la suma de cuatro
millones de dollars.
Xo contento con estas inmensidades, Jonathán se complace en contemplará su pafo ?. t.11-rvés de vidrios de aumento y es preciso acimirar su patriotismo, qi:e lo hace
uer todo doble.
población, progreso, civilización, todo aquí avanza á
paso de gigante. Las ciudades parecen salir debajo de.
la tierra. Tal población de veinte mil almas, con sus
iglesias, sus bibliotecas, sus escuelas, sus bancos, era hace uno ó dos años, un pantano ó un rincón de bosque.
Hoy se siguen allí las modas de París, como en Londres
ó Nueva York.
Todo es grande, inmenso en América: el justificado
orgullo de los ciudadanos en la joven República, esta. alimentado por la grandeza de sus montes, de sus desier•
tos, de sus cataratas, de sus puentes suspendidos, de sus
ciudades babilónicas.
Jonathán pasa su vida extasiado ante todo lo que es
americano. No puede volver en sí.
Pero ~-o vuelvo de América y tampoco vuelvo en mí.
Me siento sofocado. trastornado. Es pura fantasmagoría,

�DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE ,Sen

EL MUNDO

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(* ) Parecía
bueno! ¡ Limp,o, muy cepi'
l ladito, con su
águila á guisa
de alfiler y ca•
minando siem
pre por el lado
de la sombra,
para dejar al sol la otra acera! No tenía mala cara el
muy bellaco y el que sólo
de vista lo huhiera cono•
cido, no hubiera vacilado
en fiarle cuatro pesetas. Pero... crean ustedes en las
canas blancas y la plata que
brilla! Aquel peso era un
peso teñido: su cabello era
castaño, de cobre, y él :por
coquetería, porque le dije·
ran:-Es usted muy Luis
XYI, se lo había empolvacio.
Por supuesto que era de
padres desconocidos. ¡Es,,
tos pobrecitos pesos· siem. ,.
presonexpósitos! A.míme
•
inspiran mucha lástima, y
de buen grado los recogería;
l(&gt;ero mi casa, es decir, la casa de ellos, eI bolsillo de mi chaleco está vacío, desamueblado, lleno de aire, y por eso
'llO puedo recibirlos. Cuando alguno me cae procuro colocarlo en alguna cantina, en una tienda, en la contaduTÍa de.un teatro; pero hoy están las colocaciones por las
·nubes y casi siempre se queda en la calle el yobre peso.
No pasó lo mismo, sin embargo, con aque de la buena
facha, de la sonrisa bonachona y del águila que parecía
-de verdad. Yo no sé en dónde me lo dieron; pero sí es-toy cierto de cuál es la casa de comercio en donde tuve
la fortuna de colocarlo, gracias al buen corazón y á la
mala vista del respetable comerciante cuyo nombre callo
-por no ofender la cristiana modestia de tan excelente sujeto, y por aquello'de que hasta la mano izquierda debe
ignorar el bien que hizo la derecha.
Ello es que, como un ben.eficio no se pierde nunca, y
•como Dios recompensa á los caritativos, el generoso pa•
dre putativo de mi peso falso no tardó mucho en hallar
á otro caballero que consintiera en hacerse cargo de la
•criatura. Cuentan las malas lenguas que este rasgo filantrópico no fué del todo puro; parece que el nuevo proteci;or de mi peso-y téngase entendido que el comerciante á
quien yo encornenclé la crianza y educación del pobre ex0
P.ósito, era un cantinero-no se dió cuenta exacta de que
iba it hacer una obra de misericordia, en razón de qne
repetidas libaciones habían oscurecido un tanto cuanto
,su vista y entorpecido su tacto. Pero sea porque aquel
hombre posefa un noble corazón, sea porque el coñac
predispone á la benevolebcia, el caso es que mi hombre
recibió el peso falso, no con los brazos abiertos, pero sí
1,endiéndole la diestra. Dió un billete de á cinco duros,
devolvióle cuatro el cantinero, y entrt! esos cuatro, como
amigo pobre en compañía de ricos, iba mi peso.
Pero ¡vean ustedes cómo los pobres somos buenos
y cómo Dios nos ha adornado con la Yirtud de los
perros: la fidelidad! Los cuatro capitalistas, los cua•
tro pesos de plata, los aristócratas, siguieron de pa·
rranda. ¡Es indudable que la aristocracia está muy
,corrompida! Etste, se quedó en una cantina; ese, en la
Concordhi, aqnel en la contaduría del teatro......... ¡Sólo
el peso fal~n, · el pobretón, el de la clase mE:_dia, el que no
,era centavo ni tampoco persona decente, siguió acompaiiando á sn generoso protector, como Cordelia acompañó
al rey Le,ir. En la Concordia fué donde lo conocieron;
allí le echaron en cara su pobreza y no le quiseron fiar
ni servir n11da.
·
La única moneda buena se escapó entonces con ~l
·mozo-no es nuevo que una sef'íqrita bien nacida se íu-

..

El nuevo templo de San Felipe de Jesús.-Un detalle de la nave central.

es Roberto Iloudin, es á ocasiones también Roberto
Macaire ...... pero no anticipemos nada. Concededme el
tiempo de respirar y poner en orden mis ideas, que dan
una voltereta en mi pobre cerebro de europeo. No hay
ya nada imposible, y los cuentos de hadas son aventuri·
llasinsignificantes al lado de lo ql}.e he visto. Todo es
grande, al vapor, á la electricidad, todo vertiginoso, y
no me sorprendo de que los americanos no empleen otro
adjetivo que el superlativo.

Un pueblo que tiene apenas cien años de existencia y
compuesto de los elementos más di versos, no puede te•
ner rasgos caractiríscos muy acentuados.
Hay americanoe, pero el americano no existe todavía.
El habitante del Noroeste de los Estados Unidos, yankee, difiere tanto del americano del Oeste y del Mediodía,
como el inglés difiere del alemán ó del español.
Por ejemplo, llamad á un yankee «embustero» y saldrá
de su habitación diciendoos: «Lo que dice usted, caballero, no prueba nada.» Pero id hacia el Oeste y llamad
«embustero» á un americano de Pensilvania, y os dará un
bofetón. Id al :\Iediodía ó al For lVest y allí tratad á un
habitante de embustero y sacará su revólver y os levan•
tará la tapa de los sesos.
Que un ministro se permita en el púlpito algunas observac,i,nes más ó menos hetorodoxas: el americano del
Este se contentar,t con alzar los hombros y, al domingo
siguiente, irá á orar á otra iglesia. Cuando no está contento con uno de sus proveedores, lo cambia. El americano de Pensyh-ania abrirá una violenta polémica en los
periódicos de la localidad; el americano de Kansas aguardará al ministro á la puerta de la iglesia y le administrad un·a buena rociada de bastonazos.
El carácter del americano es inglés, desde el punto de
,ista de las contradicciones y de los contrastes, que en él
están más acentuados que en el inglés. ¿Hay, por ejemplo, algo más delicioso que el modo con que Jonathán ha
sabido conciliar lo profano y lo sagrado? Ea aún más hábil queJohn Bull y esto es quizás la clave de su buen
ixito.
Teníamos á bordo del paquete cinco americanos que
pasaron los ocho días de la travesía jugando al pokar. El
salón de recreo se extremecfa de la noche á la mañana,
con los juramentos que soltaban cada vez que arrojaban
una carta á la mesa. Tenían un caudal de estos juramentos tan inagotable, que rara vez el mismo salía por dos
veces de su boca. El domingo, después del almuerzo, vino una joven á sentarse al piano y se puso á tocar con
acompañamiento de.unos_cánticos monótonos. ¿Qué sucedió entonces? Pues que los cinco jugadores fueron á
colocarse en torno del piano y durante dos horas entonaron cánticos para la edificación de los pasajeros que se
hallaban reunidos en el salón. Yo estaba asombrado.

El nuevo templo de Sa n Felipe de Jesús.-Nave lateral.

En Francia tenemos personas que juran y personas
que cantan salmos. La raza anglo sajona es la única que
suministra personas que hacen una y otra cosa con igual
aptitud ..................................................................... .
J\fax O.

RE1,L,

El nuevo templo de San Felipe dejesús.-EI Púlpito.

Cuando pienso que el mundo en que estamos es un inmenso navío, que «sin cesar navega por el piélago inmenso del vacío,» como dijo el poeta, no me extraña que haya á bordo tan gente mareada.
José Echegaray.
La primera mitad de la vida se pasa deseando, y la segunda echando de menos la primera.
Alfonso K arr,

LA VIDA Y EL ARTISTA

Los míLs grandes pintores de la naturaleza humana,
los que han escrutado profundamente sus misterios, y
más elocuentemente traducido sus alegrías y sus dolores,
¿fueron acaso hombres que vivieron vida apasionada y
cargada de dramas del corazón?
Nú, sino más bien artistas de profesión, de corta experiencia, de deEtino casi sin importancia y de monótona
vida, retraídos del mundo, y cuyas important-es aventura, fueron sencillamente sus obras.
¿8n qué momento Shakespeare, por ejemplo, ha podido vivir y dejarse arrebatar por la multitud humana, él,
que durante treinta años tuvo apenas tiempo para desempeñar las laboriosas funciones de autor dramático, de
actor y de empresario? ¿En que época Moliére, á quien
su profesión tenía separado del mundo, pudo experimentar el amor en condiciones tan mediocres y casi
ridículas'? ¿En qué época Balzac, ese presidario, ese forzado de la literatura, que antes de 1829 había ya compuesto una bibliotec&lt;l entera de novelas firmadas con
seudónimos, 1 que de 182!) á 18-19 concibió y realizó los
cuarenta volumenes de la Comedia lnimana?
El desvío es demasiado notable en esos maestros eminentes de la observación entre la obra y la experiencia
pasional, para que pueda atribuirse á tal efecto semejante cat1s~; por el contrario, la ~iteratura expontánea de
memonas y de correspondencias, que tanto interesa á
nuestra generación y que emana con frecuencia de personas que han vivido mucho y con vida muy intensa,
¿sobresale, con raras excepciones, el nivel del documento? El don de expresión es allí infinitamente raro infinitamente raro también el don de dar colorido á eie~ vida
de la cual !03 autores han :participado, sin embargo, y á
la que se encuentran todavm mezclados por el rencor los
pesares, el amor propio ó el entusiasmo. Concluya'mos
pues, que la mejor condición de nacimiento y desarrollo
para el talento literario, es una existencia mediana mas
bien reflexiva que agitada, y más de contemplativ~ quede hombre de acción.
P.wL BouRGET.

. Cuando se ha sufrido mucho no se piensa ya. La estuplllez es el golpe de gracia de la miseria.

Anatole France.

~

* Como un homenaje i la memoria de Gutlérrez Nl!.Jera. en el segundoanlver.-arlo rle su muer~, publlramo&lt; este cuento uno rt~ los
mejo= que sall~ron de su fecunda y r le1mnte pluma. y q u,• fué e,r
,crito para noootros é impreso en lascolumua., de E l !°11frersal.

gue con algún pinche de cocina-y allí quedó el pobre
peso, el que no tenía ni un real, pero sí un corazón que
no estaba todavía metalizado, acompañando al amparador
de su orfandad, en la tristeza, en el abandono, en la miseria ......... ¡Lo mism!) que Cordelia al lado del rey
Lear!
¡De veraE enternecen estos pesos falsos! Mientras los
llamados buenos, los de alta a lcurnia, los nacidos en la
opulenta caea de·moneda, llevan mala vida y van pasando de mano en mano como los periodistas venales, como
los políticos tránsfugas, como las mujeres coquetas;
mientras estos viciosos impenitentes trasnochan en las
fondas, compran la virtud de las doncellas y desdeñan al
menesteroso para irse con los ricos, el peso falso busca al
pobre y. no lo abandona, á pesar del mal trato que éste le
da siempre; no sale, se está en sn casa encerradito; no
compra nada y espera como sólo premio, de virtudes tan
excelsas, el martirio, 1a ingratitud del hombre; ser aprehendido, en fin de cuentas, por el gendarme sin entra·
ñas ó morir clavado en la madera de algún mostrador,
como murió San Dimas en la cruz. ¡Pobres pesos falsos!
A mí me parten el alma cuando los veo en manos de
otros.
El de mi cuento, sin embargo, había empezado bien su
vida. ¡Dios Jo protegía por guapo, sí, por bueno, á pesar
de que no creyera el escéptico mesero de la Concordia
en tal bondad; por sencillo, por inocente, por honrado.
A mí no me robó nada; al cantinero, tampoco; y al caballero que le sacó de la cantina, en donde no estaba ·á gusto, porque los pesos falsos son muy sóbrios, le recompensó la buena obra, dándole una hermosa ilusión: la de contar con un peso todavía.
Y no sólo hizo eso ...... ¡ya verán ustedes todo lo que
hizo!
El caballero se quedó en la fonda meditabundo v triste
ante la taza deté, la copa de Burdeos, ya sin Burdeos, y
el mesero que estaba parado en frente de él como un
signo de interrogación. Aquella situación no podía prolongarae. Cuando está alguien á solas con una inocente
moneda falsa, se avergüenza como si estuviera con una
mujer perdida; quiere que no lo vean, pasar de incógni·
to, que ningún amigo lo sorprenda...... Porque serán muy
buenas ]as monedas falsas ...... ¡pero la gente no lo quiere creer!
Yo mismo, en las primeras líneas de este cuento; cuando no había encontrado un padre putativo para el peso
falso, lo llamé bellaco. ¡Tan imperioso es el poder del
vulgo!
Todavía el caballero, en un momento de mal humor,
que no disculpo en él, pero que en mí habría disculpado,
luego que quitaron los manteles de la mesa, golpeó el
peso sobre el mármol, como diciéndole:- ¡A ver, malvado,
si de veras no tienes corazón! ¡Y vaya si tenía corazón!
Lo que no tenfa el infeliz era dinero.
•
El caballero quedó meditabundo por largo rato. ¡Quién
le había dado aquel peso? Los recuerdos andaban todavía por su memoria como indecisos, como distraídos, co•
mo soñolientos. Pero no cabía duda, el peso era falao! Y
lo que es peor, ¡era el último!
Su dueño entonces se puso á hacer, no para uso propio,
todo un tratado de moral.-,l,a verdad es, se decía, que
soy un badulaque. Esta tarde recibí en la oficina un
billete de á veinte. Me parece estarlo viend...... Londres•
.llí:.l'Íco ... ... el águila...... Don Benito J uárez ...... y ...... una
cara de perro. ¿A dónde está el billete?
En los 14r1.ales de la vida deja
alguna cosa cada cual:la oveja
su blauea ! .. na; el hombre su virtud!

· Y lo malo ~s que mi mujer esperaba esos veinte. Yo
iba á darle quince ......... pero de ¿dónde cojo ahora esos
quince?
El cabal !ero volvió á arrojar co• ira el peso falso sobre
el mfrmol de la mesa. Por poco no se le rompió al infortunado el águila, e l alfiler de la corbata! La única ventaJa con que cuentan los pesos falsos, es la de que no podemos estrellarlos contra una esquina.
¡A la calle! La Esmeralda que ya_no baila sobre ta-píz
oriental ni toca donairosamente su pandero; la pobre Esmerelda que está ahora empleada en la esquina de Plateros y quP, como los anti1?1tOR ~¡,rmo.•, &lt;la las h ora«, moi:t.ró á nne.;tro héroe su relój i luminado: eran las doce de
la noche.

A t al h ora no h ay dinero en la calle. Y era preciso
volver á casa.
-Le daré á mi mujer el p eso falso p ara el desa yuno, y
mañana ......... veremos! Pero nó ! E lla lo suena e n el buró y así es seguro que no me escapo de la riña. ¡Maldita
suerte....... !
El pobre peso sufría en silencio los insultos y araños
de su padre putatjvo, escondido en lo más oscuro del
bolsillo. ¡Solo, tristemente solo!
El caballero pasó frente á un ~arito. ¿Entraría? Puede
ser que estuviera en él algún amigo. Además, allí lo conocían ...... hasta le cobraban de cnando en cuando sus
quincenas.......Cuando ménos, podría abrir los créditos
porcincoduros...... Volvió la vista atrás y entró de prisa
como quien se arroja á la alberca.
El amigo cajero no estaba de guardia aquella noche;
pero probablemente volvería á la una. El caballero se
paró junto i'ila mesa de la ruleta. No sé qué encanto tiene esa bolita de marfil que corre, brinca, ríe y da y quita dinero; pero ¡es tan chiquitina! ¡es tan mona! ¡Se parece á Luisa Theo! Los pesos en columnas se apercibían
á la batalla formados en los casilleros del tapete verde.
¡ Y estaba cierto nuestro hombre de que iba á salir 32!
¡Lo había visto! ¿Pondrfa el peso falso ...... ? La verdad
es que aquello no era muy correcto...... Pero aleaba, en
aquella casa lo conocían ...... y ...... ¡cómo habían de sospechar!
Con la mano algo trémula, abrió la cartera como bus
cando algun billete de banco- que; por supuesto no estaba en casa-volvió á cerrarla, sacó el peso, y resueltamente, con ademán de gran señor, lo puso al 32. El corazón Je saltaba más que la bola de marfil de Ja ruleta.
Pero, vean ustedes lo que son las cosas. Los buenos mozos tienen mucho adelantado... Hay hombres que llegan
á ministros extranjeros, á ricos, á poetas, á salJios, nada
más que porque son buenos mozos. ·y el peso aquel-ya
lo había dicho-era todo un buen mozo...... un buen
mozo bien vestido.
jTREIXTA YDOS COLORADO!

La bola de marfil y el corazón del jugador Ee pararon,
como el reloj cuya cuerda se rompe. ¡Rabio. ganado! Pero...... ¿y si lo conocian ......? ¡No á él.. .... al .itro...... al
falso!
'
Nuestro amigo- porque ya debe ser amigo nuestro
este hijo mimado de la d icha- tuvo un rasgo de genio.
Recogió su peso desdeñosamente y dijo al que regenteaba la ruleta:
-Quiero los otros treinta y cinco en billetes.
¡No lo habían tocado! ...... ¡No lo habían conocido...... !
Pagó el monte. Uno de veinte...... uno de diez ...... y otro
color de chocolate, con la figura de una mujer en camisón y que está descansando de leer, separada por estas
dos palabras, Oinco pesos, del retrato de uua muchacha
muy linda, á quien el mal gusto del grabador Je puso una
águila y una víbora en el pecho. El de á Lliez y el de color de chocolate eran para la sefi.ora que suena los pesos
en la tapa del buró. El de á veinte, el de Juárez, el patriótico, era para nuestro amigo...... era el que al día siguiente se convertiría en copas, en costillas á la milanesa; X, por remate, en un triste y desconsolado peso falso.
¡Qué afortun:;dos son los pesos falsos y los hombres
pícaros!
Los que estaban al rededor del tapete verde, hacían
lado al dichoso punto para que entrara en el ruedo y se
sentara. Pero, dicho sea en honra de nuestro buen amigo, el fué prudente, tuvo fuerza de ánimo y volvió la espalda á la traidora mesa. Volvería, sí, á dejar en ella su
futura quincena, ó propiamente hablando, el futuro imperfecto de su quincena, pero lo que es aquelia noche se
entregaba á las delicias y á los pellizcos del hogar.
Cuando se sintió en la calle con su honrado, su generoso peso falso, que había sido tan bueno, y con el retrato de Juárez, con el busto de un perro, y con el grabado
que representa á una señora en camisón, rebosaba alegría nue:itro querido amigo. Ya era tan bueno como el
peso falso, aquel honrndo é inteligente caballero. Habría
prestado un duro á cualquier amigo pobre; habría repartido algunos reales entre los pordioseros. Caminando
aprisa, aprisa por las calles, pensaba en su pobrecita mu•
jer que era tan buena p ersona, que lo estaría esperando ...... para que le diera el gasto.
Puu;, l'epvux volage
rentrant au logis
pour paraltre sage
P.rend des airs coullits.
11 pense á sa femme
-seule dnns son lit et ele chez madame
un galan s'enfuit.........!
Volci !'nube vermeille,

Etc.

Esto cantan en una opereta que se estrenó en París á ·
fines del mes pasado Y.qu~ se llama E l H uevo Rojo; pero
esto no lo tarareaba s1qmera nuestro predilecto amigo,
porque no lo sabía.
Al torcer una esquina, tropezó con cierto muchachito
que voceaba periódicos y á quien llamaban el inglé.~. Y
parecía inglés en verdad, porque era muy blanco, muy
rubio y hasta habría sido bomto con no ser tan pobrePor supuesto no conocía á su padre...... era uno (le tan.
tos pesos falsos humanos, de esos que circulan subrepticiamente por el mundo y que ninguno sabe dónde fueron acuüados. Pero á la madre, s.í la conocía. L os demás
decían que era mala. El creía que era buena. Le pegaba.
Ese sería su modo de acaric iar. También cuanct., no se
come, es imposible estar de buen humor. Y muchas veces aquella desgraciada no colllÍa. Sobre todo, era lamadre; lo que no se tiene m,ls que una vez, lo que siempre
vive poco; 14 madre que aunque sea roa'a, e&lt;, buena á ratos, aquella en cuya boca no suena e l tá cumo un insulto...... la madre, en suma...... nada m,ls la madre! Y como aquel niño tenía en las venas sangre buena-sangre
colorida con vino, sangre empobrecida e11 las noches de
O!f:Í!', pero sangre, en fin ~e hombres qne -pensaron y
s111t1eron hace muchos anos-amaba mucho {L la mamá ...... Y :i la herm;1nita, á la que vendía billetes ...... á
esa que llamaban la f rrwcel!&lt;i.

�,..0

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FE.BRERO DE 18!,17

DOMINGO 7 DE.FEBRERO DE 1897

• -="'==== = = = = == ===--===;==========--,=========,==== = = = = = =
.Además, el ingle.,ito quería
soñar despiert,r,, hablar en
voz alta con sus ilusiones.
Primero, el desayuno ......
Bueno, un real para los tres!
Pero los pesos tienen muchos centavos, y hacía tiempo que el inylc.,ito tenia ganas de tomar un tamal con
su chnmpurrado: Bueno, real
y tlaco. Quedaba mucho,
mucho dinero........ No,. él
no diría que tenía un peso ...
aunque le daban tentaciones
muy fuertes de enseñarlo,
de lucirlo, de pasearlo. de
sonárselo, como si fuera una
sonaja, á la hermanita; de
que lo viera la mam,í y pen-

siete, pero con un tostón para la madre, con manta, con
un bizcocho para la francesita y con un tamal en l·l estómago. Iba á esperar ,í que abrieran cierto tend,1jn. éll el
que vendían todo Jo más hermoso, todo lo m,ls útil, todo
lo más apetecible para él, velas, indianas, santw tle barro, madejas de seda, cohete~, soldaditos de plomo. caramelos, pan, estam¡;&gt;as, t:teres........ Cuanto se nerl'oituba
para vivir. Y precisamente en la puerta !e sentaba una
mujer detrás de la olla de tamales.
Fué paso á paso, porque todavía era muy ú.•mparno.
Ya había aclarado. Pasó por San Juan de Letrán. De la
pensión de caballos salía una hcrmo!!a yegua con albarJón
de cuero amarillo y llevada de la brida por el mozo de
se dueño, aleroan probablemente. Frent€ á la imprenta
de El Jlo11itor y casi echados en las baldosas de la acera,
hombres y• chicuelos doblaban los periódicos todavía
húmedos. Muchos de eso¡¡ chicos eran amigos de él, y
el primer impulso que sintió fué el de ir 1í hablarles, en-

lices. No dudo ya de tu cariño, y mientras llega el día
en que coloque sobre tu frente de inm&amp;culada la blanca corona de azahares, espero me ob~eqoiarás nuevas
violetas que substituyan las
Ja marchitas de mi florero.
,JcAX B. DELGADO••
Febrero de lC'.&gt;7.

tJt
E1 propio de la juventud
art-ptar las ideas con docilidad y ddcndcrlascon violen·
cia.
Etienne Lami.
El haz"devioletas.

•

La madre, para él, era muy buena; pero le pegaba
cuando no podía llevarle el pobre una peseta. Y aquella
noche-¡la del peso falso!-estaba el chiquitín con El Nacior111l, con El "Jíem¡,o d,· 1,u¡ñmu1, pero sin un centavo en .
el bolsillo de su desgarral.lo pantalón. ¡Xo compraba ~riódicos la gente! Y no se atrevía á volver,\ su accesona,
no por miedo á los golpes, sino por no afligirá la mamá.
Tan pálido, tan tri~te lo vió el afortunado jugador, que
quiso, realmente quiso darle una limosna. Tal vez le
habría comprado todos los periódicos, porque así son los
ju~adores cuando ganan. Pero dar cinco pesos á un perilhtn de esa ralea, era demasiado.. Y el jugador había
recibido los treinta y cinco en billetes. Xo le quedaba
m1\s que el peso falso.
Ocurriósele entonces una travesura: hacer bobo al muchacho.
-Toma, i,1gl{:.~, para tus hoja.~ con catal1l.n, ¡anda! ¡Emborr.íchate!
¡Y allá fué el peso falso!
Y no, el muchacho no creyó que lo habían engañado.
Tenía aquel señor tan buena cara como el peso falso.
¡Qué bueno era! Si hubiera recibido esa moneda para
de volver siete reales y medio, cobrando El Xucio1111/ ó El
'l'innpo de maiianrr, la habría sonado en las losas del zaguán, cuyo umbral le servía casi de lecho; habría preg1rntado si era bueno ó nó, al abarrotero qu"' aun tenía
abierta su tienda. Pt!Co ¡de limosna! ¡Brillab\ tanto en
la noche! ¡Brillaba tanto para su alma hambrienta de
dar algo ú la mam:t y á la hermanita! ¡Qué buen seflor! ...... ¡Habría ganado un premio de la lotería!. ..... Sería muy rico! ...... Quien sabe......
¡Qué buen señor era el del pe8o falso'
•
Le había dicho:-Anda, ve y embombhate! ........ Pero
así dicen todos.
.
Recogió el arapiezo los periódicos, y corriendo como si
tuviera fuerzas, fué basta muy lejos, hasta la puerta de
s11 casa. No le abrieron. La viejecita-la llamo viejecita
aunque aporreara á ese muchacho, porque, al caboe~a infolíz era padre, era madre-se había dormido cansada de
n~uardar al fo«tesito. Pero, ¿qué le importaba á él dornnr en la calle? ¡Si lo mismo pasaba muchas noches! ¡Y
al día siguiente no lo azotaría! ..... ~. ¡Llegaba rico! ........ .
¡Con un peso!
.
¡ Ay, cuántas, cuántas cosas tiene adentro un peso para
el pobre!
.Allí, en el zaguán, encogido como un gatito blanco, se
quedó el muchacho dormido. Dormido, sí;pero apretando con los dt&gt;dos .de la mano derecha, que es la m,\s segura, aquel sol, aquella águila, aquel sueño! Durmió mal,
no por la d11rcza del colchón de piedra, no por el frío, no
por el aire, porque á eso estaba acostumbrado; pero sí
porque estaba muy alegre y tenía mucho miedo de que
aquel p:\jar,, de plata se volara. ¿Creen.ustedes que-ese
muchacho ja,nás había tenido un pe~o suyo? Pues así
hay muchfuimo!!.

sara: "Ya puedo descansar, porque mi hijo me mantiene."
Pero en viéndolo. en tomándolo, la mamá compraría un
real de teqnila. Y el muchacho tenía un proyecto atrevido: gastar un real, que iba á ser de tequila en un billete.
Y sobre todo, recordaba el granuja que debía unos tlacos
ei::. la panadería, otros en .la tien~a........ y ei:a, imposible
que la mamá los pag~ra si él le diera el pedo. ¡Reales menos!
¡Xo! era más urgente comprar manta para que la hermanita se hiciera una camisa. ¡La·pobrl'cilla se quejaba
tantísimo del frío! ...... Decididamente á la mam1\ cuatro
reales un tostón....... y los otros cuatro reales para él,
es dec'ir, para el to,,ml, para el billete, para la manta......
¡y quién sabe para cuantas cosas más! ¡Puede ser que alcanzara hasta para ir al Circo!
•
· ¿Y si ganaba ,trescientos pesos en la lotería con ese real?
¡Tres cientos pesos! ¡~o se han de acabar nunca! Esos
tendría el seiior que le dió el peso.
Vino la luz, es decir, ra estaba para llegar, cuando el
muchacho se puso en pie. Barrían la calle....... Pasaron
unas burras con los botes de hojalata, en que de las haciendas próximas viene la lec~e. Luego pasaf?n vaca~··;
En Santa Teresa llamaban á.misa....... -¡,Taletmas!, gntó
una. voz áspera.
El rapazuelo no quiso todavía entrar á su casa: Necesitaba cambiar el peso. Llegaría tarde, á. las seis, á. las

señnrles el peso....... pero ¿y si se lo quitaban? El cojo,
sobre todo, el cojo era algo malo.
De modo que el pillín siguió de largo,.
Yael tendajo estaba abierto, y lo pri,nero, P"1· o.e·contado fué el tamal.. .... y no fué uno, frwron do,: ;al fin e::taba rico! Y tras lo~ tamalP~, nn bi-cocho tlt&gt; harina y
huevo, un rico bollo que sabía á glnria. Q11erían cobrarlo adelantado; pero él ensel1j el ptisocon maje.-tuosadignidad.
-Ahora que compre m:inta, cambiarr. Y pídi(1 dos varas de manta; compró un gr,ina&lt;foro tle barro qne valía
cuartilla y al que tuvo la desdicha de pertl.,r l'll m más
temprana edad, porque al CO"'erlo, con la mano convulsa
de emoción, se le cayó al sueio; le enl'Olvieron la manta
en un papel de estraza, y él con orgnlln, con el ademái~
de un soberano, arrojó por el aire el limpio peso, qne al
caer en el zinc del mostrado~, dió un grito de franqueza,
uno de esos gritos que se escapan E- n lo~ dramas al traidor, al a.'!esino, al verdadero delincuente. El e:;pañol ha•
bía oído y atrapó al chiquitín por el pe~cuezo.
-¡Ladroncillo, ladrón! Yas 1í pag.írmelas!

·················································································

¿Qué pas,í? El muñeco roto, hechn pl•dazo~, en el suelo...... la india que gritaba...... el gachupín estrujnn,lo al
pobre chico ..... .la madre, la hermanita, lafrw11·tsitu, all,í
muy léjos...... m,\s léjos todavía las ilusiones......_y el gendarme muy cerca.
.
Una comisaría......un herido ......
borrach11 ......gen tes que le vieron mala cara ...... hombres que le acurnron
de haber.robado pail.uelos ¡á él 'q ne se secaba las lagrimas con su cami~a! Y luego la Correccional. ..... el joro•
badito que le en~eil.ó á hacer mala~ co,a~ ...... y afuera la
madre, que murió en el hospital de diarrea ulcohólica ...... y la hermanita, la francesa, áquien porque no vendía muchos billetes, la compraron, y á poco la pnbrecilla se muri6.
¡Señor! Tú que trocaste el agua en Yino; ttí que i,iL'iste
santo al ladrón Dimas: ¿por qué no te dignaste convertir
en bueno el peso falso de ePe niño? ¡,Purqn&lt;' en manos
del jugador fué peso bueno, ven mano~ del des\'alido fué
un delito? Tú no eres como fa esperanza, como t&gt;l amor,
como la vida; pe~o falso. Ttí eres bueno. Te llama~ caridad. Tt't que cegaste a Saulo en el camino de D.unasco,
¿por qué no cegaste al español de aquella tiemla'!

,m

MA:Si:EL Gt;TIÉHJU::7.

X,üi:11.1

•

Llegué á casa con el
haz de Yioletas que me
obsequiaste y que yo
prendí con orgullo en el
ojal de mi levita. :\li
humilde cuarto de estudiante fe tornó de pron·to en camArín oriental,
Juego :¡ne las hube colocado en el florero de
porcelana azul único
ornato de mi mesa. Allí
quedaron como en un
trono, húmedas, lozanas, fragantes y exquil'itas, las florecillas que
ataste en manojo con
la.~ hebras de tus cabellos; allí quedaron tiritando de frío,
:\I contacto del agua, que gimió al recibirlas, y se desbordó en gruesas lúgrimas; tu;, predilecta~, tus consentida!', las violetai: que cultirnste con esmero en tu jardín
y que arranM tu mano más tarde para que las llevase
Fnbre el corazón como un trofeo y engalanara mi estancia. ¡Bien hayan esta.1s flores que se rebujan en chales de
esmeralda pura ocultarse á los besos de Céfiro, que á veces acaricia y á veces deshoja ...... Bien hayan estas niñas
tímidas que no pre~tan oído á las lisonjas de silfos enamorados ...... Bien hayan las violetas que se parecen á
tí! ......
Y cada día las amo más: por la noche abro la ventana
de mi aposento para que puedan respirar mejor; el aire
penetra en rMagas silbantes, las columpia con balanceo
de hamaca, y azotando las alas en los desnudos muros,
las empapa en oleadas de perfumes y se aleja cantando.
Entre tanto ellas duermen, !aluna las baña en tremulante claridad, esparce en torno de ellas su luz de cirio,
les da livideces cadavéricas y mientras derrama en la atmósfera átomos luminosos y arranca 1l la vidriera relampagos, las mira callada y sonriente como el ángel de la
guarda, puesto el dedo sobre los labios, á los niños que
duermen en la cuna.
Cuando amanece, las violetas tienen aspecto enfermizo;
en vano trato de reanimarlas con el calor de mis besos....
¡están anémicas! Empero repongo el agua del florero;
nace el sol engrandeciendose, enhebra en las ondas, se
tamiza por la enradera-malla verde de la ventana-y
filtrándose hasta ellas las baña en menudos chorros de
luz, haciéndolas adquirir tersura de raso y lozanía de
vírgenes. Hay mometos en que merced á una alucina·
ción, me parecen las violetas tan aromadas y tan frescas, como tan frescas y aromadas las de los florestales
en primavera. Sin embargo, ¡cuán distintas unas de
otras! .Aquellas son urnas rebosantes de miel que se disputan rondas de mariposas y enjambres de abejas; aquellas tit!nen gotas de rvcío, donde la luz quiebra su colores de iris corno en las facetas de un prisma-perlas c;¡,ue
ruedan lentamente por cada pétalo, como en la mejilla
de un niño rubio,• hilenciosas h\grimas...... -¿Y éstas?
¡pobrecitas! Aunque aparentemente hermosas, van perdiendo el perfume, que es el alma de las flores ...... ¡Cuánto amo tus violetas y cuánto lloraré su prematura muerte! Cuando vivían contigo eran felices; ellas me lo han
dicho, eran felices ...... ¡:Si supieras que son indiscretas¡
Una noche me despertaron de mi sueil.o cuchicheos misteriosos, voces ahogadas: eran ellas que se lamentaban
de vivir conmigo. Y una decía: "Oh, mis hermanas, cuán
triste es estar lejos del suelo donde brotamos y envueltas en esta atmósfera densa de sufrimiento, sin ver revolotear en torno nuestro el enamorado colibrí, sin eentir en nue~tra frente el beso de las brisas y sin poder perfumar la mano que nos cultivó, ¡ay! aquella mano que
nos cortó para que viniésemos á vivir al lado de un pobre poeta, del soñador por quien suspira ...... ¡Si ella supiera la suerte que nos ha tocado! Aquí todo es tristeza;
ya Jo véis: á nut&gt;stro lado volúmenes de versos, revueltos sobre una mesa borradores de artículos literarios y
contrastando, junto 1í nosotros, la esfinge de la muerte-'el frío cráneo dorde nuestro dueño y señor estudia ana-.
tomía.»--Después calló la flor; sobresaltado me senté al
borde del lecho exclamando á solas: «¡Sueño despierto!
¿Conque h1s flores hablan?........... Y como intentara
acercarme ,í ellas para oírlas méjor,-pues que empezaron á conver~ar en voz baja al escuchar mi grito de sorpresa,-permanecieron muda.~.

*

El ángel bueno pone un poco de perfume l'n cada rosa
y un poquito de amor en cada alma.
EL DuQuE Jon.

EL MUNDO

= ==========~==-~=

**
· Yo sé por tus violetas-mensajeras
de tus suspirosque me amas con la pasión infinita del primer amor; que
las tristezas se condensan en el fondo de tu alma en nube torn1e11tol'a, y que á veces suele esa nube subir ú tus
p~pilas par.1 resolverse en lluvia de lágrimas ...... ¡Si pud,1era en¡ugarlas con un beso! Pero ya llegará el día en
que nni&lt;lus, en la casit:i b'anca que soñamos, seamos fe-

Porque no estorbe para el contento,
Porque no enlute con su pesar.
· i',alve viajera de lontanama,
Consolador:1, dulce esperanza,
Balve si vienes á mí esta vez;
Xo te amedrentes, que no te exijo
:\i la alegría, ni el regocijo
:\i las quimeras de la niñé;. ·
Quiero en un pecho sencillo y sano
Posar mi frente, poner mi mano,
Y sus latidos con ansia oír;
Cuando ya el seno de amor no salta,
¡Para el descauso qué poco falta!
¡Qué poco falta para morir!
LAUIU )l:baiEz DE

Ct EXCA.
0

&gt;***
Arte moderno, belleza mnderna, son vanas palabras: el
uno y la otra son eternos C')llO la verdad.
Ch. r:a111wd.
INVERNAL

ETERNO AlUOR

Tengo novia que es en el mundo
mi única dicha,
y soy joveu y creo y adoro:
¿por qué me asesesinan?
¿Porque siempre retratan mis ojos
su imagen querida?
¡Ah! si acaso esa luz fulgurante
os hiere y lastima,
ya sabéis, mis eternos verdugos,
¡cegad mis pupilas!
Y si aun ese holocausto no puede
saciar vuestra envidia,
con la ne¡:ra ponzoña del dolo
qmtadme la Yida.
Y perdón si bendigo, verdugos,
la dulce agonía,
y perdón si en el trance postrero
me ahoga la risa.
Pues sabed; nunca tocan el polvo
las frentes altivas,
y en la noche los astros del cielo
emergen y brillan.
¡Oh, cuan torpes! es luz en mi alma
su imagen querida,
y doquier y por siempre la lleva
el alma infinita.
Absorved esa luz ¡oh, vampiros!
con 1\vida inquina.
Aquí está de mi pecbo la arteria,
¡quitadme la vida!
:\Iás perdón si en el trance postrero
me ahoga la risa.
Q¡;¡ru XO 0RDÁ.Z

Febrero de 96.

SA.LVE

¡Qué triste Enero, pálido y frío!
El viento zumba, cuaja el rocío
Que brilla en perlas en el maizal;
Desnuda ramas, deshoja flores,
Arranca nidos y á sus rigores
Tiemblan las cañas del carrizal.
.A.dios los nimbus de oscuro manto,
Rayos que truenan metiendo espanto,
Alegre•lluvia de otra estación;
Desde que flotan blancas neblinas,
Del techo huyeron Ias golondrinas,
Las ilusiones del corazón.
Adios ardiente noche de Junio;
Vierte hoy sus galas el plenilunio .
En luz de nieve por la ciudad;
Azul ropajP. la noche viste;
¡Ay del enfermo, ay del que triste
Devora cuitas en ·soledad!
PrimaveralPs brisa de :\farzo,
Tornad velocee, romped el cuarzo
De estas entrañas que encierro aquí;
Que cuando vuelvan los ruiseñores
En cruz fas alas, cantando amores,
No hallen invierno dentro de mí.
Alma doliente ¿dónde está el mimo
Conque soñaste? ¿dónde el arrimo
Que ni en la cuna dado te fué? ......
Valle de penas, mundo de sombras ......
¡Oh dicha! dicha de miel te nombras,
Y eres de espinas. ¿Por qué? ¿Por qué?
Del pecho fr-anco la endeble puerta,
Por esperarte tengo ya abierta,
Abierta, abierta de par en par,
Y con cadenas el pensamiento

Dónde están las bandadas de ruiseñores
que en tu copa dejaron alegres trinos?
¿Dónde está aq11el ramaje lleno de flores,
cuya sombra fué madre de peregrinos? .
En dónde, árbol de~nudo, tu pompa agreste?
¿En dónde están tus flores tan olorosas,
'aquellas que ostentabas por regia veste?
¿Oué se hicieron las rondas de mariposas?
Sobre la tierra todo tiene mudanza,
Pero tú, si te inclinas mustio, sombrío,
huérfano de tus hojas verde-esperanza
y sufriendo el azote del cierzo impío;
Sabes que pasajero será tu daño,
que ha de volver tu pompa tan lisonjera
como las golondrinas año tras afio;
¡sólo es triste el invierno·del desengafio,
porque despues no vuelve la prirnavera!
YJCEXTE DAXIEL LLong:-TE.

EN EL CAMPO

Tengo el impuro amor de las ciudades.
Y á este sol que ilumina las edadades
Prefiero yo del gas las claridades.
A mis sentidos lánguidos arroba,
l\las que el olor de un bosque de caoba,
El ambiente enfermizo de una alcoba.
Mucho más que las selvas tropicales,
Plácenme los sombríos arrabales
Que encierran las vetustas capitales.
.A. la flor que se abre en el sendero,
Como si fuese terrenal lucero,
Olvido por la flor de invernadero,
Más que la voz del p:\jaro en la cima
De un árbol todo en flor, á mi alma anima
La música armoniosa de una rima.
Nunca mi corazón tanto enamora
El rostro virginal de una pastora,
Como un rostro de regia pecadora.
Al oro de la mies en primavera
Yo siempre en mi capricho prefiriera
El oro de teñida cabellera.
No cambiara sedosas muselinas
Por los velos de nítidas neblinas
Que la mañana prende en las colinas.
Mas que el raudal que baja de la cumbre,
Quiero oír á. la humana muchedumbre
Gimiendo en su perpétua servidumbre.
El rocío que brilla en la montaña
No ha ~dido decir á mi alma extraña
Lo que él llanto al bafiar Ulla pestaña.
Y el fulgor de los astros rutilantes
No trueco por los vívidos cambiantes
Del ópalo, la perla ó los diamantes.
Ji;u.i:s DEL CASAL.

Se perdona mucho al artista dominado por el ideal· en
el más humilde de los devotos se adora á Dios.
·

,.w.,.
Fre.cuentemeote basta haber tomado un partido para
ver bien las razones que bal:¡ía para no tomarlo.

I . .l[. ele foltmir.

�EL MUNDO

g2

EL DANTE Eh MEXICO.-La oficina privada de Satanás.

esto no lo pude averiguar, y-detalle bizarro--un cuello
de percal á rayas, una corbata de plastrón y una chistera
VIAJE DE UN REPORTER.
completaban la poco atrayente indumentaria. Sostenía
horizontalmente con ambas manos un bidente al cual se
enroscaba su cola-hermoso apéndice terminado en agui( COXTIXUA.)
¡Adelante! dijo una voz que, con gran sorpresa mía no jón y desgraciadamente remendado áconsecuencia de alera la de los Siete Truenos, no extremecía los Illonolitos, gún percance-y en uno de cuyos extremos se posaba un
dentados qu¡i _me rodeaban, ni retemblaba en las bóv¡idas buho de fosforeecentes ojos sobre el cual bacía equilibrios
de la informe gruta.
un murciélago.
Con la rapidez dE&gt;l pensamiento que hasta ahora tiene
Satán extraía de su puro la más sabrosa bocanada de
el i-ecol'll de las rapideces magüer la electricidad dinámi- humo, al presentarme y á mi saludo respondió co~ ligeca y la luz, púseme á pensar con extrañeza que aquel ra inclinación de cabeza, merced á la cual su ch1stera
timbre de voz no convenía al príncipe de los infiernos: cónica se ladeó con cierta gracia hacia el apéndice cartiera en efecto una voz medianamente ronca y familiar, laginoso de la izquierda, y mascullando las palabras con
nada mett\lica y de intensidad común y corriente, po- el puro, me preguntó:
co propia del enemig0 personal de Dios.
-Usted deseaba .........
-Como engañan á uno las nodrizas y los libros piadoAntes de procoder á explicarme observaba yo sµ rossos, pensé y con resolución digna de un reporter avesado tro atezado en el que babía mucho de la :fisonomía de
á todas las interviews dí dos pasos al frente.
Juan Mateos y un poco de la de Bejarano y que exhorUn personaje de alta talla, perfectamente musculado-- naban negrísimos bigotes y pera no menos ne~ra y bien
no desdeciría ante Romulus--presentóse á mis ojos. Yes- acondicionada. Hubo de caerle en pandorga llll atención
tía un caprichoso traje de verano: calzón de bañista, sá- sin duda, pues clavando en mí sus ojos con cierta durebana leve á guisa de capa ó capa á guisa de sábana, que za, profirió:
-1\Ie obsérva usted bastante. ¿Por ventura
no soy demasiado decorativo?
-No mucho si he de decir verdad, respondí.
Si hubiese tenido el honor de entrevistar á usted hace doscientos años, confieso que la impresión recibida sería gratísima, dados los antecedentes que acerca de su figura se tenían
entonces; antecedentes demasiado espeluznantes que no concuerdan con lo que veo en estos
momentos; m,ís la concepción moderna del diablo, á lo menos según lo que yo sé, es JJ1ás aceptable-si no ha de herirle mi franqueza-que la
realidad de la cual me es dado juzgar......
-Expliquese usted......
-Con mucho ~usto. El diablo del siglo ~
es Me:fisto-un diablo encantador, no agraviando lo presente-personaje de mucho mundo, de
:fisonomía espiritual, de hondo, pero alegre escepticismo Muy dado á los madrigales, buen
surcidor de cuentos, maliciosl' orfebre de frases
intencionadas, de :finos-quid-proquos; dadivoso
en extremo y calaverón como él solo. Su buena
suerte con las mozas es incuestionable porque
conoce la psicología del sexo y calcula con pre' cisión por ende, el cuarto de hora; el número de
sus satélites y corileos es excesivo porque puede
mucho y sabe hacer favores, y se le admite con
agrado en los salones, porque ni hay forma social más cultivada que la su:ya ni corrosivo más
mordente que su murmuración ... Es un Brummel satánico con visos donjuanescos, del mejor gusto.
- Y decía usted ......
-Que su señoría no realiza ese tipo. Es usted un diablo deD1asiado bourgués, un poco marcial, es cierto, pero también un pocg comistrajp, si vale la palabra.
Temí haber dicho demasiado y me puse inquieto, pero mi real interlocutor me tranquilizó en
breve con un suspiro de fuelle cansado y las siguientes palabras:
-Que quiere usted...... el romanticismo ha
EL DANTE :EN JIIJ;X1CO.-l:ata11ás, llamadoaiehl-encmlgo de Jn hi:rrr.r.lena. muerto y el siglo no tiene más ideal que la aritEL DANTE EN lUEXICO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 18!n

mética. Con el tiempo me he trasfor"
mado y las circunstancias me han obli•
.gado á descender del pináculo de m
prestigio á ciertos detalles poco ele·
gantes. La influencia americana, hijo,
la influencia americana...... Estos endil;\blados yankees en su afan de establecer empresas han mercantilizado
mi reino donde hoy por hoy tiene usted grandes fábricas de azufre, baños
termales, canteras en explotación, luz
incandescente, bicicletas y qué se yo
cuantas cosas, y he debido asumir actitudes y :fisonomías de acuerdo con la
actual índole de mi país donde no queda una pisca de lirismo....... ('o$i ra il
11wndo.
-Pero-objeté-cuando menos en
los tormentos sigue usted los antiguos
sistemas penitenciarios de que nos hablan algunos libros tales como Gritos
&lt;le los condenados y otros que he visto
por ahí.. .......
-Diré á usted, el sistema es el mismo pero los procedimientos de aplicación varían. Al caso mocho hemos
preferido la sartén y á la leña la gasolina, como puede usted.ver-y Ueván&lt;iome 1í la entrada de la caverna, me
mostró no lejos un individuo á quien se
asaba concienzudamente, conforme lo
indicará el apunte respectivo. Son más
expeditivos, continuó y hemos debido adoptarlos. Para los descoyunta-mientos nos servimos del Interoceánico, ferrocarril que debe usted conocer,
y así sucesivamente...... Ya ve usted
que en esto el cambio es accidental. ..
pero me dispensará usted-concluyó
-si le dejo. Debo hacer hoy una visita á ciertas dependencias que, según
informes, han sido descubiertas en
desfalco, y estoy urgido de tiempo.
Como supongo que su viaje es de observación y sin tiempo fijo-pues me
informan que es usted reporter de un
periódico caracterizado-aun tendremos oportunidad de vernos. Entre
tanto prometo á usted todos los datos
que pueda necesitar.-Y sin aguardar mis frases de agradecimiento, desapareció por una salida secreta.
Y o aun permanecí algunos momentos en el gabinete,
contemplando el moviliario y sin dar mucha importancia á los ímpetus de Cerbero que pugnaba por hacerme
una caricia. Junto al escritorio de neta factura americana alumbrado por un globo de luz incandescente, hallábase el teléfono, del todo moderno, y sobre la tarima, en
grato desorden yacían algunos periódicos eutre los cuales
distinguí al .Monitor Rep,iblicano, al Nacional, al Tiempo y
algún otro. En las paredes, varios retratos-el de San Pedro en lugar preferente-Y dibujos de másó menos buen
gusto. En suma, salvo taló cual detalle maeabro-la habitación era alegre, confortable, limpia y muy americana.
-Decididamente-repetí-esto pierde su prestigio y
su aureola de extrañeza.
Los satani8tas parisienses se llevarían aquí un chasco. El
Satanás moderno es sobrado burgués. Preferiría en todo caso una :fisonomíá mefistofélica: la de Bengardi por
ejemplo......
Sería más decorativa.
(Continuará.)

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

93

Morían las luces de la tarde
En el cristal de tu ventana,
Y sus fulgores temblorosos
Al despedirse acariciaban
Tu cabellera color de oro
Que en ondas rubias, ~epultaba
El alabastro de tu seno
Y el níveo marmol de tu espalda.
¡Qué embriagador era el perfume
Que las gardenias exhalaban!
¡Qué deslumbrante tu blancura
Y qué amorosas tus miradas]

si·~~-~¡-~~é¡;¡~-d~i-~i~id~- ............
Todo recuerdo al fin naufraga;
Si la lui muere, y se marchitan
En el jarrón las rosas blancas,
¡,Por qué en mi boca se estremecen
Todos los besoll que me dabas,
Y no se borra en mi memoria
Este recuerdo que me embriaga?
FR.lNCISCO M. DE ÜLAGUIBEL.

Las mujeres son celosas de su dominación y los hombres de sus placeres.
Henry Fouquier.

•

***

La. delicadeza es la sonrisa del corazón,
Edouard Galloo.

iGl ·fin sola!

�EL MUNDO

94
SINFONIA EN GRIS MAYOR

El mar como v11sto cristal azogado,
refleja la lámina de u11 cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruftiuo de pálido gris.
El sol, como un vidrio redondo y opaco,
oon paso de enfermo camj.na al zenit,
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almolU1da su negro cojín.
L:1s ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muellr, part&gt;cen gemir;
sentado en un cablt:. fumando su pipa,
eskí un marinero pensando en las playas
de 1111 v,1g,11 lejan,&gt;, bnnn·&gt;so país.
E~ ,·iej,, eee lobo. Tostaron rn cara
103 ra,os de fuego del su! del Brasil,
los recioH tifones del \far de la China
.
le han visto bebiendo su frasco de gin.
L:~ eRpuma impregnada de yodo y salitre
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabello~, su gorra de lana,
su!&lt; bicep• de atleta, su blusa de dril.
En me1lio del humo que form,\ el tabaco
ve el Yiejo el lejano brumoeo país,
de donde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín..... .
La siesta del trópico. El lobo se aduerme.
Ya todo lo envuelve la gama del f;ris¡
parece que un suave y enorme es!ummo
del cun•o horizonte borrara el con6u.
La siesta del trúpico. La ,·ieja cigarra
ensaya su ronca guitarra eenil,
v el grillo preludia su solo monótono
én la única cuerda que est1 en su violín.
Ht·nt:-i DAmo.

RE)IORDDIIENTO

A las diez, el tío Gourlot entró, se acostó sin desconfianza, y dando un soploá en bujía, no tardó en dormirse.
Llegadoerael momento. Tiré de uno de mis bramantes, una
silla rodó sobre el suelo con ef'trépito, en dirección á la
cama. Despertando con sobre~alto por tan insólito ruido,
incorporóse el anciano en la cama, i.t6nito; una segunda
silla siguió á la primera, y después el sillón. La culebra
atraída por el calorcillo de las sábanas, se deliz6 desde la
almohada arrastrándose á lo largo de la espinadorsaldel
anciano. El infeliz exhaló entonc&lt;!S un grito terrible. Su
lecho crugía y se balanceaba como nave en mar revuelta.
El tío Gourlot empezó á aullar con una voz agudíi;ima,
entrecortada por convulsivo hipo; pero nadie podía oírle;
el gerente del hotel dormía en la planta baja, y los camareros en los sotabancos. Durante un cuarto de hora saboree el espectáculo de su espanto; regocijándome de an ·
temano á la idea de la narración de la aventura á mis
camaradas, cuando regresaran .............. .
El anciano había cesado de gritar. Un rayo de luna,
filtrando ,t través de las cortinas, iluminaba su descolorida faz; sus ojos, singularmente abiertos, lucían en la
FOmbra de modo extraño; roncaba tendido de espaldas,
inmóvil de terror......... .
Entonces tuve mi!'do yo á mi vez, y no queriendo llevar demasiado lejos la broma, cerré snavemente la ventana.
Dormí mal, aguijoneado por una inquietud, por un
sentimiento. Al clarear el alba, corrí á la ventana. El tío
Gourlot continuaba en la mif'ma posición, la faz terrosa,
los ojos en blanco......... Salté á su cuarto y me acerqué
á su cama. Toqué sus la~s manos secas, crispadas sobre las s,tbsnas: estaban frias ..... .
El anciano había muerto de susto.
Por algunos instantes permanecí allí, estúpido, aplomado en una silla, comprendiendo apenas toda la extensión de mi necedad: acababa de cometer un crímen, ¡un
crímen!
Era preciso ocultar para siempre el secreto de aquella
muerte repentina, en un abrir y cerrar de ojos quedaron
los muebles en su primitivo orden; hice desaparecer la
culebra y vol\'Í á mi cama ..... .
A nadie le pasó por las míentes acusarme...... Atribuyóse la muerte del tío Gourlot á la ruptura de un aneurisma. Pero. desde entonces, un espectro ha venino á
perturbar mi sueño: en alucinaciones vengadoras percibo los rasgos de mi víctima, oigo sus agónicos estertore~
y siento helarse mi sangre con escalofríos de espanto.

.........Síseñores, soy un asesesi no!
Yeinte aiios tenla cuando cometí este crfmen. Ahora
tengo sesenta; soy notari9, alcalde en mi pueblo · natal,
condPcorado, rico, venerado. Y, sin embargo, maté á uno
de mis 1&lt;emejantes.
En.vano me repito que este homicidio fué involuntario, que me hice inconscientemente homicida; siento
unos remordimientos tan vivos, como si hubiese premeditado la muerte de mi víctima. Y el rt:cuerdo de tan si·
Diestra aventura coloca una nube negra en el azul de mi
felicidad.
Ko siempre he sido el personaje frío, acompasado, 80lemne, austero que soy en la actualidad. Hace cuarenta
años seguía yo mi curso tle Derecho en......... y puedo
decir sin vanidt\d retrosperti va ( pues por lo demás he
expiado muy cruelmente tan triste honor) que era yo el
mayor bromi~ta de la facultad. A la verdad, en quella
época nuestras distracciones no eran muy variadas y nos
veíamos obligados á amenizar con travtisuras de nuestra
invención aquella monótona exktencia de estudiantes de
provincia. Xnestro amor propio estaba interesado en distinguirse por las más extravagantes mistificaciones; y cada noche, en el café, entre dos partidas de billar, cada
uno de nosotros refería sus hazañas.
Hallábame yo aposentado á la sazón en el hotel de Bretafl.a, ruidosa colmena llena de est~diantes, donde resonab m desde la mañana á la noche nuestras canciones y
nuestras risotadas. Dícete que hoy día los jóveneq son
taciturnos, nosotros no habíamos leído á Schopenhauer,
y nos dábamos una vida jovial.
Por casualidad y quién sabe si de intento, como para
calentarse :Ua llama de nuestro buen humor, un anciano,
empleado retirado, había elegido domicilio en nuestro
hotel.
Setenta aftoscumplidos ~nía el tío Ciourlot (así le llamábamos) y ocupaba en el segundo piso un cuarto
contiguo al. mío. Ambos cuurtos estaban !!eparados por
un delgado tabique en cuyo centro se abría una ventana.
Abríala él cada mai'i.ana para darme los buenos días, y
todavía me parece estar viendo en aquella abertura su
bonachona faz, rosada y regordeta, con dos ojillos pardos, vivos y sonrientes.
.
Su vida era ordenada como un reloj. Salía á las doce
para irá almorzar y no volvía en todo el día al hotel. La
mayor parte de su tiempo la pasaba en el café de los
Tre&amp; Re!¡es jn~ndo al Chaquet con dos ó tres pequefl.os
rentistas, amigos suyos. A las diez de la noche oía recbinar yo su llave en la cerradura, y al breve rato se
acostaba tranquilamente.
¿Cómo se me ocurrió la idea de perturbar aquella alma
sencilla, de aterrar aq,uel pobre sér pacífico é mofensivo?
Era durante las vacaciones de Pascua. Todos mis camaradas habían salido ......... y·como mis padres se hallaban
viajando, habíame quedado yo casi solo en el hotel, sólo
con el tío Go\Jrlot.
U na tarde entré en su cuarto por la ventana intermedia y preparé un in~enioso sistema de bramantes y poleas, hábilmente disimulados, que me permitían hacer
mover en todos sentidos su sillón v sus sillas. Dos cuerdas atadas á los pies de su lecho, Ún lecho desvencijado
que cruj fa á la menor sacudida, corrían á lo largo de la
pared para terminar en la ventana. Empleé en mi tarea.
una paciencia, una conciencia de artista; en breve todos
sus mueble3 quedaron· armados con la decoración de una
magia. Por remate, coloqué bajo de su almohada una
larga culebra que había cazado yo la víspera á la orilla
de un campo. Después apagué la luz y esperé.

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

JASPES

"

95

*

"*aftos, es el rocío de ventura, que Dios
Tu risa, adorable seilorita de.quince
envía sobre mí todas las maflanas.
Cuando penetras en mi cuarto, atravesando la sábana de luz que el sol hecha por mi ventana, tranquila, blanca, risueña, oloros.a á lilas y á no sé q~1e otro~
aromas; flotando al aire tus dora&lt;.los cabellos, henchido el seno de susp1roF: m1
alma se llena de una inmensa alegría y la esperanza de mejores días vuelve ,í
mi corazón. Entonces me siento casi feliz, y tus besos confortan mi espíri[u que
desfallece.
Tú tapas mis ojos con tus manecitas de muñeca, y después me besas, después
ríes sonora, cade11ciosamente como el correr de un arroyo cristalino...... .
Y pasar el día conmigo, ayudándome, saludándome, tú la más linda y espiritual de todas las mujeres!
*
·

I
Un rayito de luz meridiana,
va á quebrarae en el rojo tapiz,
refractando su p.ílida lumbre,
como una mirada de un nuevo zenit,
sobre el busto de un negro que ríe
most--ando sus dientes de blanco marfil.
II
Sobre un marmol con venas azules,
hay dos vasos con vino del Rhin
que inyectados los ojos de sangre
parpadean del viento al batir;
y al rodar un cupido de bronce
~e rompen los vasos y acaba el festín!
III
En su seno turgente brillaba,
simulando ser ojo de un león,
un brillante de tautas facetas
como hilos de fuego se ciernen al sol;
ella. puso la mano en su pecho,
y la piedra. sobre él se durmió! ........ .

Yo te adoro toda entera. Amo en "tu*cnerpo la pureza de sus líneas de eRcul·
tura griega. Amo el inimitable sonrosado de tu carne jol"en; la luz de tuR c,jos
negros como un dolor; el tinte de tus bucles rubios, con,o un haz de hilillos de
oro, y la perenne belleza de tu faz tranquila y pl.ícida como lade Venus Yictrix.
También adora en tí la sutileza de tu e8piritu pulido como el de un filósofo
epicureo, tu sabiduría, la que te lleva á gozar de todas las venturas de la vida.
Porque tú amas la naturaleza como á única madre de todo lo que eitiste, le das
todo el amor de tu corazón y consagras á ella todo el valor de tu cerebro.
¡Ah! también amo en tí más que todas tus perfpcciones, el timbre argentino
de tu voz semejante al tintineo de las monedas de oro, y adoro sobre todas las
cosas tu risa que parece un gorgeo de pájaros felices en una mañana primaveral,
cuando el padre sol nos da vida y alegria y esMn floreciendo todos los árbolei; de
nuestros bosques.
)lwt·E1, lz.\Gl"IRRE \.ALERO.

IY
La camisa ras~ada en el t6rax
el puño reluce de un fino puiial:
en el rostro un visaje, en la boca
una injuria que quiere tronar ........ .
Así yace el campeón sobre el puente
del ruinoso castillo feudal.
D. l\lARTi:irnz LcJAN.

..

El mundo tiene el aire de un pensamiento frustrado.

"* Universo.
El cielo estrellado es la fisoaom¡a del
*

* * colonias con un banco, los españvles
Los ingleses comienzan siempre sus
con una iglesia y los franceses cen un café concit:rto.
ARNAOJ.D G.U,OPlN.

LA.S FLORES
( De Alphonse Karr.)

Hay muchas maneras de amar las flores. Los sabios las
aplastan, las disecan y las entierran en cementerios llamados herbarios, para ponerles lu~.;o pretensiosos epita- '
fios en b,írbaro lenguaje. Lo;; aficionados, por su parte,
sólo aman las flores raras, no para verlas y aspirar su perfume sino para mostrarlas con nrgullo. Todo su af.1n eonsiste en poseer ciC'rtos ejemplares que no tienen los demás. De aquí el que desdeñen ot:as flores ricas y galanas
que la bondad de Dios haihecho comunes como el cielo y
el sol.
·
.
Cuando en un bello día de Febrero descubrís al pie de
un matojo la primera florecita, un sentimiento dulce y
l\ú.RCEL R1IÉTY.
jubiloso se apoderd de vuestro espíritu: es la primera
sonrisa de la primavern. Entonces despertais entre sombras de árboles y cantos de pájaros y os sentís bajo el influjo de la calma, de la inocencia y del amor. Tales impresiones obedecen á que no sois un amtitr.ur verdadero.
Hilo fueseis, no os dejaríais sorprender así, de improviso,
por esas impresiones falaces y poéticas ...... Pronto recordaríais que en plena primavera los est1mbres se levantan sob~ el pistilo. Si, por el contrario, el pistilo se yergue sobre los estambres, el verdadero aficionado no puede
Versos de Jorg-e Isaacs.
sentir placer alguno ante una flor tan incorrecta-le produce el mismo efecto que los guijarrod del camino-y si
Los sauces alineados del camino
semejante flor se permitiese brotar en su jardín él las
dejaban softolientos
arrancaría, arrojándola á sus pies.
sus verdes plumajes peinará los vientos,
La rosa cani1111 es la única admisible para el sabio. La
jugar en sus sombras á un sol mortecino.
Y a nada nuestros labios se decían
rosa doble, la dt: cien bojas, la de espuma que ostenta
cambiados en pétalos sus estambres, son ejemplares monsmas sus ojos buscaban
mis húmedos ojos, después que miraban
truosos, al igual de ellos-los sabios-que siendo simple•
los últimos rayos del sol que morían.
mente como los demás hombres se duplican y triplican
por la ciencia.
Vencida por mi amor y su ternura
El am11tl'ur no admite en sus colecciones la rosa de cien
reclinaba inocente
entonces en mi hombro su pálida frente,
hojas ni tampoco la de espuma. Las considera vulgares,
porque para él no son flores, son bow¡uct~. «Allí tenéis-turbando su peso mi marcha insegura..
Yegas del )ledellín ¿qué se juraron
os dice-el resultado de mi obra: ese rosal. Soy el único
que ha obtenido sus semillas y jamás ha querido florecer.
su corazón y el mío?
Llevadme á las vegas que bafla ese río;
Mis amigos han hecho esfuerzos imposibles por un in~erVolvedme esas noches que nunca tornaron.
to de este arbolillo extraordinario; pero yo seguiré siendo el único que lo posea."
Hay otras gentes más felices y sencillas que deben á
las flores sus m,l.s puras alegrías y que aman á tadas las
que las hacen el honor de brotar en su jardín. Sin embargo, es preciso distinguir entre esos individuos los que
aman las flores por sus recuerdos ocultos en las corolas
como las hemadriadas en la corteza de las encinas. Ellos
recuerdan que las lilas florecían la primera vez que seencogtraron, y tal vez evocan el cobertizo de madreselvas donde, sentados el uno junto al otro, cambiaron dulces juramentos que ¡ay! sólo uno de ellos ha cumplido.
PAISAJE
Quizás, queriendo formar uu ramo para ella lesºhirieron
El oriente semeja re~io palacio
las espinas, y su amada puso sobre la herida ei pedazo
por cuyo pórtico ampho de azul y rosa
de tafetán inglée, después de pasar la bienhechora tela
se asoma la mañana con faz de diosa
sobre sus labios de rosa. Y así mismo evocan el día en que·
extendiendo sus bucles en el espacio.
junto~ cogier&lt;:&gt;n wergi1&lt;.,mei~ en la orilla del estanque y
En irisada capa de estambre lacio
tamb1en los tiempos ya leJanos, cuando crecían los pálise envuelve, en sus paseos, la mariposa,
dos aleliés en los viejos muros de la iglesia de su pueblo•
y en las frondas y el musgo brilla radiosa
en donde se encontraban todas las maftanitas del domin·
la gota de rocío como el topacio.
go. Así, en cada primavera, brotaban de nuevo sus reAlláen la cumbre enhiesta, blancos y az\lles,
cuerdos, lo mismo que las flores.
como banderas, flotan rizados tules,
Pero hay un momento en que se evocan estos dulces sen·
y acá, el vergel esparce gratos olores;
timientosengendrados J?Orgalanas ilusiones, un momento
cantan los colorines en el follaje,
en que cl'!-lemos convertirnos eu sabios porque empezamos
liba néctar la abeja de rubio traje
á convertirnos en muertos; y es que PUtonces empezamo~
y el valle es todo lluvia de luz y flores.
áentregarnos, sin saberlo, á otras ilusiones. El punto de
L. TORRES ÁBA:,.ERO.
vista del anteojo que achica los objetos, no es m,l.s verdadero que .el punto~e.vista que lo agranda. Al llegará esta reflecc1ón defimti va, se aman las flores por ellas mismas; se las ama porel cuidado que nos exigen· se descubre que todas las riquezas de los ópulentos no' son más
que imitacione~ imperfectas do la salud de los pobres, y
se ve que los diamantes que tantas vergüenzas causan y
tantos orgullos provocan, ya quisieran reflejar el brillo
de las gotas de rocío á los primeros rayos de la aurora.
Compréndase, al fijarse en esta idea, que Dios, en verTal, que pobre no sería m,Ú! que un hombre ordinario,
dad~rna á los oob~ y que les deja acercarse á él como it
rico es un necio.
los milos......... ¡Dichosos los que aman las flores! ¡FeliOctai·io Feuillet,
ces los que no tienen otro amor que el de las flores!

"

* * tle varias almas; el canto llano t•l de
El acorde expresa el dolor ó el placer
un individuo. ¿Cuál es el más estético?
Una orquesta es el llanto ó el himno de una multitud, el del pueblo judío,
porejemplo, al avistar la tierra prometida; un 1·i11loncelloexpres~undolor&lt;&gt; una
alegria no compartida, una duda no escuchada; uu duo parece la amistad: Crbt-0
y María; Belisario y su hija.
)l.\CED0!-.10 FEBNÁNDEZ.

Fl&amp;ura ,.-Traje de recepción, de brocado.

LA MODA.

.;'?i';:·

Como el invierno es el tiempo en que la aristocracia europea diseminada durante el estío .Y _parte~~! otoño en las estaciimee balnearias, en las L·illaR de placer, y en la d1 vma reg10n montañosa de Smza, torna á sus confortables habitaciol}eB .d~ las capitales é inaugura una serie de ~cepciones muy hermosas, los
penód1c11s de modas no nos traen hoy por hoy mas que figurines adecuados á es·
toe saraos familiares ó rumbosos. Escogem1 s dos de loe más bellos de estos figurines atendiendo á que en Jlléxico rige la misma costumbre europea de que hablamos y confiando en que nuestras lectoras corroborarán nuestm elección.

·/

La risa.
Tu risa, oh! mi novia,
eil cristalina como el agua
de los arroyuelos.
Tu risa es un canto de
cadencias adorables, y
toda ella forma en conjuuto un inimitable himno á la alegría de la vida.
¡Y aun hubo un filósofo antiguo, que aconsejaba no reir nunca!
Tú has de reir siempre.
Porque tnscarcajadas palían mis amarguras.
Adt-mt1P, no hay nada
ianadorablecomo la risa.
Espalda de la Fl&amp;ura núm. ,.
Yo la creo uno como
saludable rocío, que re·
fresca nuestro espíritu cansado de este hondo batallar, y que viene de no sé qué
ndo~~le lugar, donde es perpétuo el reinado de la primavera, á donde nacen flores
de divrnos aromas.
Si supieras. Yo también río las más de las veces.
. ~ero no me sale. la. risa de adentro, sino que río sólo con los labios, y por eso
m1 risa es una salva¡e ironía.
Una vez un.a ~n~jer jngó con mi corazón: Deshecbó mi amor, corno se deshec11a un mt1ebTe mutil, y .llenó por sie~pre mi alma de negros sinsabores.
Ya lo veo pasará m1 lado y ...... rio. Oh! más bella qne nunca con aquellos
sus ojos replet-?e de luz ';f de vida, grandPs y de largas pestailas, y ~ío, me río de
su orgullo néc10, con qmen poseyó su corazón.
Y o e~ el fondo no siento sus perfidias, y veo que en mi alma ella sirve de pábulo á mis odios por todas las miseria11 de la Tida.

I,

Fi&amp;ura 2.-Traje francés de recepción.

�DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

96

Un J:n.úsico inspirado.

TOMOI.

MEXICO, FEBRERO x4 DE x897,

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pal, calle de OA.DENA. NUMERO 6, por medio de loe Agentes de la Compafiía, de
bidamente autorizados

EXTRACTO
VEGETAL
DE ROSAS Y DE VIOLETAS
preparado

yemas

de

huevos.

ED.PINAUD
PAR IS -

PATE EPILATOIRE DUSSER
•

con

PERFUMISTA-QUIMICO

37, Boulevard de Strasbourq, 37 -

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de esta preparaaon. (Se ffllde en

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[Dibujo de J. M. Vlllaaana.]

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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