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                  <text>DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

96

Un J:n.úsico inspirado.

TOMOI.

MEXICO, FEBRERO x4 DE x897,

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NUMERO 7•

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�EL MUNDO

"EL MUNDO"

Semanat"io Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. :io.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spíndola,
Toda 'la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Mog-uel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números aueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada pubhcac1ón.
Todo pa¡o debe ser precisamente adelantado.
RÉGIBTRADO COMO ARTLCULO DE SEOUNDA «?,ASE,

~otas tilitoriales.
&lt;C11rn,terísticas lle un vrogrcso i11tclcct11nl.

Según datos qne trasmite la Administración de Rentas
Municipalee, existen en la capital 346 carnicerías contra
í89 pulquerías. Este dato es instructivo porque revela la.
siuatción de un grupo humano en una ciudad montada
con todo el aparato de la moderna civilización.
Hay bajo los focos de nueetra luz eléctrica una clase
social qeu lleva tres siglos de hambre, y aniquilada por
le anemia acude al licor l&gt;lanco para reparar ms fuerzas¡
existe en la orgullosa capital un núcleo de habitantes
que incuba sus riñas frente al fermentado vaso Y sale
del antro, ébrio de licor, ébrio de sangre, lacerados los
intestinos, con un puñado de tinieblas en la conciencia
y un. girón de energía. arrancado á su yacilante organiEmo.
En este círculo dantesco se mueve nuestro excelente
pueblo: carece de acthidad para el trabajo porque su
alimentación es escasa, se embriaga porque esM mal nutrido, y se enferma y se mata porque se embriaga.
La megalomanía cortesana ha llamado á :\l(•xico l_a ciudad de los palacios, pero si palacios no hay, se registran
7!)8 pulquerías en las que se despanzurra un ciudadano
cada veinticuatro horas.
Nuestros legixludores de la l'alle de Pla/1'1'0.•-como los
ha llamado un escritor distinguido-pretenden que la felicidad nacional se hace con una ley, y olvidan que
una población en que el hambre, la ignorancia Y la embriagez, forman el trípode sobre el que descansa una
porción de los ciudadan0s, no puede jamás presentarse
como el modelo ideal de un agregado humano que en
vano pretende ajustarse á los moldes del progreso con-

DOMINGO 14 OE FEBs:!ERO DE 1Ss,7

tantea de Cuba y se les dá facu:tades para nombrar los
Ayuntamientos, organizar las Diputacio11es provinciales Y
tomar en cierto modo alguna parte en la dirección general de los asuntos de la Isla, al elegir veintiuno de los
treinta. y cinco consejeros que han de fonnar el Consejo
General de Administración; si al establecer este Consejo
ee ha pretendido levantar como una forma de parlamento, dándole atribuciones y asignánlole prorrogath·as que
hacen de él un remedo de Asamblea Legislativa; si de algún modo se han menoscabaJo las omnímodas facultades
que ha ejercido el Capitán General y parece que sobre él,
estarán además del Gobierno s.,berano de la metrópoli, lasdecisiones del Consejo, no est.í resuelto el conflicto en
armonía con las aEp:raciones de la9 clases ilustradas deCuba, que anhelan á mayor repreeentación en el ejercicio
de la soberanfa y no se conforman con la parte que toman sus representantes en las Corks, ni pueden quedar
satisfechos tampoco con la existencia de ese Consejo m.ís
,parecido á un cuerpo consultivo que á una asamblea de-

Como hecho que demuestra un progreso constante en
deliberante.
.
el movimiento intelectual de la Repúbica, consignaréEsa autoridad snprem ,, repreEentada por el Capitán
mos el que acaba de darnos á conocer el gerente de una
General, que nombra la metrópoli, y compartida con los
de las más importantes librerías de esta capital: hace un
empleados superiores que seguirán viniendo de España,
buen período de tiempo, los balances anuales de dicho
continuará en sus funciones á pesar de tod.:&gt;s los consejos
establecimiento arrojan un aumento invariable de veinte
generales y diputaciones provincia.les, ejeiciéndose sin
111il pesos en las ventas de obras sobre el año anterior.
más responsabilidad que la que quiera exijirle el GabiEste desenvolvimiento corre paralelamente al que ha adnete de :Madrid.
·
Con razón pues, denunciaba el Sr. Cánovas cuando de
quirido la prensa en estos últimos.tiemp&lt;?S·
.
Un diario que alcanzara uni circulación máxima de
este asunto se trataba, qne nunca llegaría España al gradiez á doce mil ejemplares, pasaba antaño por ser un pode' do de conceder á Cuba la solicitada autonomía en el senroso vehículo de publicidad; actualmente un colega, El
tido británico de la palabra. En vano se hablaba de reJu1parcial, hace un tiro diario de más de treinta mil núformas liberales y de amplias concesiones; en vano semeros, y todavía no parece restringido á este periódico
decía que para eatisfacer todas las aspiraciones no necetemporáneo.
el campo de circulación_.
. .
.
sitaba el gabinete comervador más que desarrollar el
El año de 1892 escribimos en un periódico de esta ciuprograma de la ley votada por las Cortes en :Marzo de
dad: «llegaremos á tener reinte mil ejemplares de circulación
18%: ni esa ley dió derechos autonómicos á la colonia, ni
diaria.» Han transcurrido cinco años y el progreso del RESUMEN.-Las reformas de Cuba.-Cómo son recípudo el Rr. Cánovas concederlos, ni los hubiera concedipaís ha permitido que nuestros deseos, siempre basados
bidas.-Entre los partidos españoles y e_n,tre los
do el partido liberal; la masa del pueblo español habría
rebeldes.-EI problema político y la cuest1on ecoen una labor sostenida, hayan llegado á mayores altunómica.-llusiones que se desvanecen.-La deuda
prowstado en nombre del patriotismo, en nombre del
ras: la empresa editorial deEr, )Iu~mo, en las diversas pude la guerra y el abismo.-Esperanzas frustradas.
honor nacional.
-La causa de la revolución en pie.
blicaciones que lanza al público, ha alcanzado la cifra de
***
Aunque todavía no puestas en vigor, por fin se han pucuarenta tí cuarenta y do8 mil ejemplares diarios, y los doY si el problema político de Cuba no puede consideblicado
las
prometidas
reformas
que
venía
ofrecie~do
el
mingos este tiro se eleva de cincuenta á cincuenta y dos mil
rarse resuelto con las reformas aplazadas todavia indefiejemplares, que cualquiera persona puede comprobar Gobierno español á la revuelta Antilla, hace dos años le·
nidamente en su aplicación, mucho menos puede deciracudiendo á nuestras oficinas los sátados, de 10 a. m., á vantada en armas contra la metrópoli, y hace dos años
se desatado el nudo gordiano apretadísimo de la cuesenvuelta en los horrores de una guerra tremenda Y des·
lae 6 de la mañana del domingo.
.
tión económica y financiera.
Todas nuestras predicciones se han realizado, y nos es
tructora.
Danse al Consejo General de Administración facultagrato estamparlo en estas columnas, no ya con el objeto
Si hemos de creer las notas que diariamente nos comude la propia satisfacción, sino como una prueba notable- nica el telégrafo sobre la impresión causada por la obra des de señalar los impuestos, y concédensele atri buciomente halagadora del avance de los espíritus en un tan del Señor Cánovas del Castillo, fruto de árdua labor Y nes que á primera vista lo constituyen soberano en el
ejercicio de un derecho primordial: el señalaioiento de
producto de meditado estudio, en los círculos políticos
breve espacio de tiempo.
.
. .
Habíamos, pues, adivinado la evo! uc1ón del periodis- de Espaüa.; si hemos de dar crédito á las opiniones de las obligaciones publicas más trascendentales, la indimo nacional, lo que indica que teníamos una idea clara personas caracterizadas y á lo que dice la prensa y nos cación de los tributos. Pero está esa facultad tan limitadel impulso que recibiría el país, fijados ya sus elemen- trasmite el cable sobre las reformas de Cuba, habremos da de por sí, con las trabas que se la ponen, queda tan
tos de desarrollo, como las consecuencias salen de las de convenir en que han logrado el triste privilegio de no sujeta á la suspensión ó veto del Capitán General y ,t la
revisión del Gobierno español, y puede ser tan hondapremisas en un silogiemo.
contentar á nadie, dada la acerba crítica que se las dirige,
Decíamos el citado año de 1895: «Hace algunos años,
mente, tan radicalmente modificada por las decisiones
aun en las filas del partido conservador que ocup l el polos que se preciaban de conocer á. fondo el periodismo
de
las Cortes que discuten los tratados intern!lcionales,
der y encarna. sus aspiraciones en la persona del hábil
mexicaµo, pretendían arrancarnos lo que estimaban coque
se hace ilusoria y desaparece corrio por encanto toda.
que las ha formulado,
.
.,
mo una ilusión irrealizable: la estrechez de límites que estadista
No hablemos de los corifeos de la msurreccion que por facultad, entre la nube halagadora de pomposas promesas
se marcaba al periódico, parecía oponerse á la empresa. boca de Estrada Palma en Nueva York, han rechazado que forman el fondo de todas las reformas.
Se nos señalaba como ejemplo la larga campaña empren- con incontrastable energía toda idea de avenimiento que
Además, ¿qué es de la abrumadora deuda cubana'? ¿á
dida por algt'm diario, para dar como resultado un nú- no se funde sobre la base de la absoluta independencia quién corresponden los cuantiosos gastoe, de la presente
cleo fijo de lectores, imposible de ensancharse por ley de la Isla, y por declaración de l\Iáximo Gómez en el guerra? ¿hasta dónde se piensa comprometer el tesoro cuº
inexorable, por algo así como un fatalismo intelectual.
campamento mismo, han deseautorizado los rumores de bano, que sólo cvn el servicio de:intereEes quedaría arrui«No se nos convenció. Creíamos y seguimos creyendo, conciliación pacífica que últimam~nte han circulado. No nado y en perpetua bancarrota?.. ....
que si esas viejas hojas no han llegado á obtener un pú- pretendamos referirnos á los cabecitlas y directores de la
Ni una sola palabra sobre asunto que es por sí mismo
blico numeroso, es por su apatía, por su falta de volun- revolución que mal pueden aceptar hoy, después de tan- tronco y raíz de todos los descontentos, fuente de todos
tad en complace~ á. ese público. El Monitor Republicano ta sangre derramada, después de tantos sacrificios, lo que los odios y orígen de todos los movimientos insurreccioencastillado en su vetusta tradición, con sus procedi- ayer rechazaron emprendiendo la campaña antes de co- nales; ni una palabra.que rasgue ese velo sombrío que enmientos de hace treinta años, no llegará á conquistar wi nocer las concesiones que discutían las Cortes españolas. vuelve con tupidas mallas el porvenir financiero de la
solo kctor má.~ y habrá de contentarse con un grupo de Todas esas opiniones son parciales, se han engendrado Isla, y encierra su problen:a económico, que es su problesubscritores subordinados á la disciplina de la empresa, al calor de la pasión y no deben tomarse en cuenta.
ma de vida y de verdadera autonomía en el antro pavoque se ha propuesto publicar un periódico á gusto de ella
*
roso del misterio. Y como habrá de suceder probable*
Son de tal naturaleza las *reformas
según el texto pu- mente, como en la anterior revolución, que se deje caer
y no á gusto del público.»
¡Dígasenos si nos hemos engañado!
blicado, que apenas comprendemos, cómo es que unos
El ,Monitor Republicano acaba de perecer, por no haber las tachen de excesivamente JiberaleE, y en arrebatos de sobre el tesoro cubano la pesadumbre de la nueva deuda
entrado en la evolución periodística-según confesión de lirismo ministerial, las consideren superiores á cuanto de guerra, con más la inmensa suma de indemnizaciones,
su editor-y los que con fe hemos tomado parte en esta pueda conceder una metrópoli á su colonia, sin romper que en esta vez tienen que ser más cuantiosas que nunca,.
las reformas que tienden á la pacificación, dejan en pie
contienda, hemos logrado ya la primera victoria.
Hoy, como ha.ce cinco años, decimos al porvenir: ten- del todo los lazos de la natural dependencia; en tanto las causas que han empujado á los rebeldes, y mas honque otros no vean en ellas, sino concesiones platónicas,
drémos citn mil ejemplare~ &lt;le citc11lw·i6n diaria.
do el abismo que separa la Colonia de la :IIetrópoli.
Con razón, pues, decíamos, que la obra del i:::leñor CáEl día. en que hayamos realizado esta aspiración, la halagos ilusorios, que poco han de servir en la obra de
novas ha tenido el privilegio úe contentar á los menos,.
la
pacificación,
y
poco
han
de
alcanzar
de
los
que
luchan
República estará de enhorabuena, porque habrá alcanatraerse la crítica de muchos y ha dejado sin satisfacer la&amp;
zado un nivel mucho más alto en el termómetro de su por la libertad y sueñan con la independencia.
aspiraciones de la mayor parte.
Si se ha procurado resolver la cuestión política, conceinstrucción, auxiliar fundamental de todos los problemaP.
Febrero 11 de 18\J7.
diendo algo como el derecho de sufragio á los babique se desarrollan á nuestra vista.

~111ítira (!ñ)encnll.

O'OMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

~-== = = = = = = = = = = = =

EI. JAPON EN E~ AÑO DE I597•
Por qué crucificaron á San Felipe.

Los mexicanos de los tiempos modernus s6Jo debemos
á los japoneses distinguidos, consideraciones que satisfactoriamen~ nos condujeron á tener y estrechar relacione.,'!
oficia.les notables por su cordialidad. Oficial y _peraonalmente debo atenciones 4 japoneses de todas las clases sociales y sin tocar al valor, á la fe y á. los méritos que para
la causa cristiana tuvo nuestro compatriota Felipe de Jesúe, declarado santo por la Iglesia católica; creo de oportunidad hablar del Japón del año de 1.397, época del
martirio de San Felipe, con el objeto de hacer precisa la
impresión hietórica respecto de los japoneses en la conciencia de~mis compatriotas.
El edicto imperial de expulsión de los extranjeros es
de 1637, y dice:
l? Ningún navío ó embarcación de cualquiera clase,
ni japonés alguno podrá salir del país. El que viole esta
disposición ser.í castigado con la pena de muerte y el navío con tódo y mercancías será secuestrado.
2? A todo japonés que vuelva al Japón procedente de un
pa(e extranjero, le será aplicada la pena de muerte.
3'? Toda la raza de los portugueses con sus madres y nodrizas, será remitida á Macao con todo lo que le pertenece.
4? Al que se le encuentre una carta de país extranjero
ó que vuelva después de que se le destierre, será condenado á muerte con toda su familia, y á los que se atreviesen
á pedir por ellos.
5? Nadie podrá comprar ni vender mercancía ú objeto
alguno á un extranjero, bajo pena de muerte.
6? Aquél que descubra un sacerdote tendrá una gratificación de 500 Schults de plata, y al que entregue á un
cristiano, se le gratificará proporcionalmente.
Al leer eete edicto hay que preguntarae: ¿qué odiaba,
no el pueblo sino el gobierno japonés? ¿el cristianismo ó
los extranjeros? Del documento publicado resulta que las
dos cosas, bajo la evídente preferencia del odio al extranjero.
El Japón no fué conocido de la A ntiyiiednd chí.~icrr. ni
de los cristianos de la Edad Media. Alejandro el Grande
se detuvo en la frontera de la India sobre un~ gran montaña y preguntando qué país se extendía á sus piés le fué
dicho que el Olimpo ele laR Divi.niclnd&amp;i terribles dPl .,fundo.
Según se cuenta el conquistador respondió: «Como dios
soy su igual, y como terrible nadie ignora que lo soy más
que ellos; este bello país mi espada lo tomará como jardín de invierno.» Pero Alejandro murió sin su jardín de
invierno y la conquista romana tampoco tocó la India.
Marco Polo en el siglo XIII, no vió, sino que oyó hablar del Japón, bajo el nombre Chipang11, como de un
país lleno de oro, de hombres blancos y de mujeres be·
!las y cariñosas. Los filólogos modernos alemanes han
descubierto que desde el siglo X, los árabes conocían el
.Tapón, bajo el nombre de Nafoun y como la mayor de
las islas Afortunadas y Eternas, llenas de las cosas más
bellas.

***

99

EL MUNDO

el Japón, hasta que no obstante las hazañas y la bravuEspero poder contestar satisfactoriamente:
Los japoneses no eran en 1597 intolerantes en mate- ~ de su lugar-teniente Ilide-yoshi, fué al fín vencido.
rias r~ligiosas como no lo son en la actualidad. No hay, por el cuartelazo del general Aketi-1\fotsu-hide. Xobunaga.
ni ha habido, ni puede haber gobierno, ni pueblo intole- se suicidó entonces, por medio del ham-kiri, operación
rante en los países donde hay dos ó más religiones libres, que consiste en abrirse el vientre con un sable.
Hid~yoshi lugar--teniente de Nobunaga, continúa. la
dividiéndose casi por partes iguales el culto de la total población. Cuando hay intolerancia, hay fanatismo, y este campaña, vence á los traidores á su jefe suicida, les corocasiona la agresión mutua que tiene como resultado la ta la cabeza, y gobierna con acierto hasta 1591, en que
destrucción. )lientras hubo fanatismo en Europa, no pu- abdicó para ceder el trono á su hijo adoptivo Hide-tsugu,
quien contaba con toda la simpatía de los jesuíta.s, y padieron subsistir dos religiones, más que privilegiada una
y perseguida y encadenada la otra, como en Inglaterra ra probarles á su vez su afecto, y conociendo las ri validadesde Isabel hasta principios del siglo. En Francia., des entre jésuítas y franciscanos, ~andó quemar á los
Alemania, Hoiancla y Suiza, hugonotes, católiClos, lute- tres más notables franciscanos, en la ciudad de Xagaranos y calvinistas nunca· tenían paz sino treguas. Dos saki en 1.5\)3, precisamente cuatro años antes del martireligiones s.'.&gt;lo pueden coexistir en paz libremente con rio de San Felipe. Hide-tsugu desconoció á su bienheclases directoras y pueblos ilustrados ó escépticos. Sólo chor, que habla guardado la soberanía espiritual del .~ittuna alta idea de la justicia ó la nada del escepticismo toi.smo, quien castigó la traición del hijo adoptivo, degollándolo en 15\J,j, dos años antes de la muerte de San Fehan podido hacer posible la libertad religiosa.
Los japoneses tenían por religión el .~ird1Jix11w cuando re- lipe. El vencedor.hizo emperador al general japonés vic•
cibieron el budi.,mo. ¿En qué fecha? N .:&gt; se sabe la época pre- torioso en la campaila contra los chinos eu Corea, cuya
cisa, pero ya en el siglo XIII, el budismo se diviJía con paz fué firmadad,\ en 1597, y Taiko-sama, emp,m\Jor,
el sintoi~mo la población japonesa. El púlpito ha va- murió sin que hubiese terminalo la campaña el 1,3 de
lido poco á las religiones positivas; los misioneros cat.5- Septiembre de 1:'iH8.
De manera que si San Felipe de .Jesús íué martirizado
licos trabajan en China desde hace quinientos años, y
en
1597, Taiko-sama era el emperador. Pero hay un heapenas hay un millón de católicos e,it,·r cuat,·ocimto, dos
millones de dtinox. El hemí1smo militar, espada en mano, ha cho extraño, Lavisse y R:1suband, compiladores de los
sido siempre el gran ap.&gt;stol de cualquiera fe. En poco mejores documentos, diC&lt;ln que en el ejército de Taikotiempo la Europa, el Asia y el .\.frica se vol vieron cristia- sama había muchos soldados crbtianos, y que algunos
nas, con las armas del imperio griego, de los reyes b.ir- historiadores reputados de la Iglesia aseguran que dibaros, de los reyes francos y sob:e todo de emperadores chos soldados fueron enviad.:&gt;s á la campaña de Corea,
como C.irlo-:llagno. El islamismo convierte el Asia, el precisamente para deshacerse de ellos, sin que nadie
A.frica y parte de la Europa, durante una gloriosa mar- pudiese notar persecuciones. Entonces, ¿cómo considerar
un martirio público como el de San Felipe?
cha militar, b:1jo el alfanje de :Mahoma y cuatro de sus
De todos modos, el Japón, después de la expulsiju de
sucesores kalifas¡ la América se convierte inmediatamenlos extranjeros laicos y eclesiásticos, quedó en paz hasta
te ála fe católica con poco citequismo y mucha arma e3pa·
ñola. Los p:1ladi nes de la religión de Brahama fueron los 18H8. Los ¡ap.:&gt;neses han sido un pneblo militar muy alguerreros vedas, el paladín de la rtlligión egipcia la javali- tivo, y han dado prueb,\s de saber defender su nacionana de los héroes nubioF;el paladín de la religión caldea fué lidad, y lo que es m,ís admirable, han demostrado que
un pueblo puede civilizarse sin misioneros ni conquistala pequeña lanza de los Césares de Assur y de Babilonia.
La flecha persa lanzó la religión iraniana hasta las fron- dores. Jam,ís ha sido conquistado el territorio japonés
teras de la India; los terribles guerreros mongoles sirvie- después de eu organización como nación, y siendo toleron de campeones del l,1u/i.~11io, frente á los guerreros tár- rantes, cuando lus conoció la Europa en 15-12, y no pu·
diendo ser intolerantes, pueeto que ya llevaban m,ís de
taros que habían convencido á millones en la religión
tres siglos de practicar la libertad de cultos, cuando lledel taoísmo. David fu1 el gu1:rrero del judaísmo¡ sólo
Grecia, C.utago y Roma no llevaron en sus banderas una gó San Francisco Javier, quien elogia las maneras afafe. Grecia presenta en sus estandartes to~o lo que es be- bles de los japoneses y su tolerancia, quiere decir, que si
llo, Cartago todo lo que es útil, Roma todo lo que es in- los japoneses han matado misioneros, no ha sido por fanatismo, no ha sido por odio á otras religiones, sino por
moral.
La flamígera espada mongólica picó el ~orazón de los odio al yugo extranjero, por odio á la conquista, por odio
japoneses, introduciéndoles la semilla celestial de la re- á la suerte de todos los pueblos conquistados, que dan
ligión de Budha, y cuando San Francisco Javier llegó en hasta su porvenir para ser rabiosamente explotados en
15-19, encontró viviendo en paz y dividiéndose el culto de nombre de todos los apetitos. Los emperadores japonela población á las dos religiones que hasta el día domi- ses hicieron bien en defe•der su trono, su autonemía y
nan: el xir,toiR1110 y el budismo. Como lo he afirmado, una la paz de la nación atacada, no por la religión, sino por
nación que como sucedió con el Japón en Ví49, llevaba la polít¡ca de conquista, de intriga y de exterminio de
más de tres siglos de tener dos religiones libres y flore- su raza, de su tradición y de su libertad.
cientes, era imposible que fuera intolerante, y en virtud de
*"
este hecho, fué bien acogido, bien escuchado, bien atenLos libros que para escribir este artículo be consuldido y regresó :í Goa, altamente satisfecho de su estan- tado, no •hablan de San Felipe, pero aun cuando nuescia en el Japón, San Francisco Javier.
tro compatriota haya hecho religión y política en el Ja-

Los cristianos tuvieron noticia. de que existía el Japón
hasta 15-12, con motivo del naufragio del navegante poftugués Fernao Méndez Pinto; una ola lo arrojó á la costa
japonesa en Tane-ga-shima. El primer misionero que
pisó tierra japonesa f11.é San Francisco Javier, quien llegó
al Japón el 1.3 de Agosto de 1549. El misionero jesuita
venía de la India, y según sus más fieles historiadores, el
grande éxito que alcanzó en el Japón en sus trabajos de
catequismo, le inspiró dirigirse á China. Alentados por
San Francisco Javier á su regreso á Goa, partieron más
ardientes misioneros para el Japón.
De estos hechos de origen jesuíta, al relatar la vida del
insigne misionero, se deduce que los japoneses no eran
intolerantés en materia religiosa en 1549, puesto que sin
moleetarlo en lo más mínimo, llegó á catequizar á soldados y oficiales del Slwgowi (emperador ) con el conocimiento de este. San :Francisco Javier de vuelta á Goa,
envió otros misioneros al Japón, no al sacrificio sino á
un éxito fácil y seguro como él lo había obtenido. ¿Por
qué los japoneses no martirizaron á San Francisco Javier
en 1,550 y martirizan á San Felipe de .Jesús en li'i07? Por
qué acogen bien al santo europeo y ejecutan al santo mexicano, cuando la fe que los dos profesan es la misma?

..

¿Qué pasó con San Felipe de Jesús?
Según la historia del Japón, hasta I:;65, había reinado
en paz y sin interrupción la dinastía fundada por el
shogóun (emperador) Taka-Udjí en 1334, hasta que el
usurpador 1\fatu-Xaga, príncipe desleal y ambicioso¡ instigado, seducido y dirigido por los jesu(tas, se rebeló
contra su señor en 156i'i y lo arrojó del trono. Un bravo
guerrero, :Sob1maga, hijo de un simple daimio (hidalgo)
deshizo la obra política. de los jesuftas y repuso en el
trono al hijo del emperador legítimo, Yoshi-aki. En 1582
los príncipes de Bungo, de Arima y de Omura, enemigos
poderosos del emperador legítimo, enviaron una embajada {L Roma, presidida por el Padre Jesuita Alejandro
Yalignani, reconociendo su autoridad, y tal embajada fué
recibida con gran solemnidad por el Papa Gregorio XIII.
No se sabe si el emperador legítimo Yoehi-aki, aburrido de la tutela de su protector Nobunaga, ó al fin seducido ó convertido pcr los jesuítas ó los franciscanos, desconoció á su protector y se puso al lado de sus enemigos.
Nobunaga, jefe del partido militar, no se conformó, y
arroj,j del trouo al ingrato príncipe, Xobunaga, sin tomar
el título de shogóun (emperador), gobernó algúu tiempo

pón, cumplió con el deber que la época imponía á los misioneros: atacar la fe pa.,"ltna y á sus Césares; la política
era una consecuencia de la misión del sacerdote, cuando
la Iglesia había presentado una serie de Papas guerreros
de la fuerza de Alejandro YI y Julio II; San Felipe fué
siempre el mártir de su causa, aunque ésta haya sido mitad política y la otra mitad religiosa.
Pero los emperadores japoneses cumplieron un deber
al defender su poder y su patria de la ambición de los
conquistadores¡ creyeron entonces lo que ahora afirmau
que la tolerancia religiosa no es la toleranci; para conspirar contra la paz de un pueblo y la estabilidad de su
gobierno.
Los católicos mexicanos celebran actualmente la gloria
mística de un compatriota; los japoneses celebran anualmente la gloria de su civilización anunciada por un emperador, cuando se le presentó la juventud del Japón
frente á la augusta antigüedad de China. «Convengo, dijo, en que por lo mismo que no nos corresponde el pasado, seremos los dueños del porvenir.»
·
F. B ULN~.

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EL MUNDO

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. DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

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LOS GRANDES CUADROS MURAL~S DEL TEMPLO DE SAN:FELIPE DE JESUS.-Santos fundadores de Ordenes.

( Al óleo por B. Gallotti.)

Jarrones de Sevres obsequiados por el Señor Presidente de la República
á la Señora Isabel Watson de Gibbon.

Valiosos regalos.
Para completar la información, adecuada á. nuestro
periódico y relativa al concierto que en honor del Si:- Presidente de la República se efectuó en el Teatro Nacional,
publicamos tres fotogafías que tuvimos la fortuna de adquirir y que representan los re~alos hechos por el Sr.
Gral. Díaz il algunas de las apreciables personas que tomaron parte en el expresado concierto.
.
Según dijimos todas recibieron del primer Magistrado
de la República ricos presentes y los que fotografiamos
dan fe de ello.
Tres son nuestras fotoarfías; representan: un par dejarrones de Senes, ofrecidos á la Sra. Isabel 1\'atson de
Cibbon; dos ánforas, de Sevres también, ofrecidas á la
Srita. Fmilia González Cosío y una corona de plata, ofrecida á la Sra. Yirginia Galván de Nava.
Los jarrones y las ánforas, de esa magn(fica porc~lana
preciada tanto en Europa, son verdaderas ¡oyas de riqueza y arte. La base y el remate son de bronce dorado, con
primorosos esmaltes, y el dibujo de la porcela?a es a4mirable. En cuanto á la corona, no es menos nea y delicada. Está hecha de hojas de plata, y de bellotas de oro.
Los lazos que graciosamente la ciñen van ornados de pedrería, y en el centro dela regia corona se levanta un águila notablemente trabajada.
Xuestros lectores pueden formarse una cabal idea de
esos presentes por estas notas, y los grabados que las
ilustran.

Anforas de Sevres obsequiadas pol' el Señor Presidente.á la Señorita
Emilia González Cosío.

En cuanto i\ las damas he aquí algunos nombres:
Señc,ra R,,mero Rubio de Díaz; ve~tía traje negro; adornaba su cabellera un broche de brillantes, y llevaba al
cuel'lo valioso collar; señora de Gonsález Cosío; lucía traje negro, y llevaba magníficos broqueles de gruesos brillantes; señora duquesa de Arcos, llamaba la atención ron
su preciosa diadema de preciosas piedras; señora de Yélez; lucía traje negro con peto gran~tt&gt;, una media luna
de brillantes en el cabello, y magnífü:o collar; sefiora de
Dorantes, traje negro, peto esmeralda y gruesos brillantes; señora Lynch de Camacho; vestía un traje amarillo
caiia, con adornos rosas, y llamaban la atención su flecha
de brillantes; en el peinado, su collar era de valiosísimas
piedras, sus pulseras no menos lujosas, y también los cintillos que lució al caer la manopla de sus guantes debanquete.
Señora de Dering; ves~fa traje blanco adornado con
vistosa lentejuela de acero; señorita Pauncefote, de crema con adornos rosa; señorita González Cosfo, de terciopelo negro con adornos de encajes; la señora de Mariscal,
de azul piilido con hombreras formadas por preciosas amapolas rojas; señorita Adela Fernández; señorita Luz Dfaz,
con sencillo traje crema con adornos rosa y señorita l\Iariscal con precioso traje rosa.
El l\Ienú fué exquisito y á los postres, la cordialidad,
verdaderamente cautivadora. No hubo brindis.
La música de Zapadores y la orquesta del Conservato•
rio, encautaron las breves horas del banquete, que terminó á las once.

_'9'f~.:~5f&lt;Z::..::::::~5t~-=~5f&lt;Z::.
BANQUETE DIPLOMATICO

Nuestros lectores saben ya por los colegas de la prensa
diaria, que el Senor Presidente de la República obsequió
al Cuerpo Diplomático de esta ciudad, con un banquete,
efectuado la noche del jueves último en los salones de la
presidencia.
Ofrecían estos un aspecto de inusitada pompa. El gran
moviiiario de nogal, roble y piel de Rusia, lm1 hermosos
bronces, los grandes jarrones, los regios tapices, la multitud de plantas tropicales, eran, á la mtíltiple luz de incontablesfocos, de un efecto prodigioso. El salón comedor,
tapizado de guinda, era verdaderamente feerico, con sus
magníficos espejos biselados, con sus chinu~m-ies exóticas,
su gran ·mesa llena de flores, admirablemente dispuesta.
Los grandes cuadros enviados por la Academia.de Bellas
Artes, consagraban al Arte augusto el magnífico salón.
Detalle fué digno de mencionarse en el servicio de mesa, el de los menús, impresos en tarjetas pintados á. la
acual't'la por el genial Ramos )Iartínez con una fantasía
incansable. Cada tarjeta llevaba asunto diverso y la elección hubiera vacilado ante todas.
A las ocho y cuarto dió principio el banquete, congregándose en el salón las si~uientes personas:
Sefü ·r Presidente de la República, de etiqueta.
St!ñ, l' MinistFo de Relaciones, Mariscal, de etiqueta.
Señort&gt;s l\Iinistros Baranda, Mena, González Cosío y Señor !'residente del Ayuntamiento, de etiqueta. Señor
Lic. D, rantes, Presidente de la Suprema Corte de Justicia y ~•ñór Gobernador del Distrito, de etiqueta. Seflores Ministros de Inglaterra, de España, de Francia, de
Rusia y del Japón, en uniforme diplomático.
Sefü,r Ministro de Guatemala, de et!queta.
Señor General Vélez. Señor General Berriozabal, Ministro de la Guerra.

La mujer que se masculiniza para probar su igualdad
con el hombre, prueba que no se cree su igual perUJaneciendo mujer.
Mme . .Yelly Lieutier.

***

Los hombres admiran en sus semejantes las bestialidades que los animales rehusan cometer.
Roberto de Flers.
Los santos del templo de l San Felipe de jesús.

COPIA,

Recibí de «The Mutual Life Insurance Company, of
New York,» la cantidad de $1,000.00 ( un mil pesos ) en
pago total de cuantos derechos se deriban de la póliza
número 652,019, bajo la cual estuvo aB¡!gurado el tinado
mi esposo D. Gerónimo Aguado y Lares, y para la debida constancia, en mi carácter de madre, en el ejercicio
de la patria potestad, sobre mi menor hija Elvira Aguado y l\Ioreno1 beneficiaria nombrada en la póliza, extien•
do el presente recibo en la misma póliza que se devuelve
á la Compañía para su cancelación, en Acapulco á 21 de
Rnero de 1897.
(Firmado) Carlota .J[oreno, viuda de Aguado.
El C. Lic. Domingo Zambrano, Juez de 1~ Instancia de
este Distrito, y por ministerio de la ley encargado de la
Notaría Pública del mismo, certifico: que la Sra. Carlota
Moreno, viuda de Aguado, suscribió á mi presencia y de
su puño y letra la antecedente firma y rúbrica, que dice:
«Carlota Moreno, viuda de Aguado,»
Y á pedimento de la •misma interesada, lo hago así
constar para los efectos consiguientes, en Acapulco, á
veintiuno de Enero de mil ochocientos noventa y siete.
-Damos fe.-(Firmado. Lic. Domingo Zaml,ra1,o.-A.
(Firmado) Gilbtrto J. Martínez.-A. (Firmado) Y. Orozco.

Uno de los mejore~ ornatos del templo de San li'elipe
de Je~ús que con justicia ha llamado la atención del público inteligente por su belleza, es la colección de grandts cuadros murales que se alinean en los muros de las
naves laterales, y que representan algunos santos y santas fundadores de órdenes. Fueron pintados estos cuadros, por el Sr. Bartolomé Gallotti y es notable la corrección de su dibujo y la verdad de su color.
Están en ellos representados Santo Domingo de Guzmán, gran fundador de la órden que lleva su nombre y
que fué fecunda en lumbreras teológicas, dando á la Iglesia al inmortal Tom,1.s de Aquino; Santa Catalina de Sena, la excelsa virgen, Santa clara, que sígui6 las huellas
de San Francisco y fundó una órden rica en virtudes;San
Ignacio de Loyola, padre y fundador de la militante y
sabia Compañía de .Tesus, Santa Brfgida y Santa Tereea,
excelsas doct,oras; San Juan de la Cruz, el eximio Aposto!,
San Felipe Neri fundador del oratorio; Santa Coleta y
otros.
Damos nquí cinco fotografias de estos Santos de los
principales cuadros, y enviamos al Sr. Gallotti nuestra felicitación por lo bien acabado de su trabajo.

Leemos en los periódicos que acabamos de recibir
de París y bajo el título "Ultimos ecos de las fiestas Rusas:"

Corona de plata con brillantes,
obsequiada por el Señor Presidente de la República

á la Señora Virginia Gálván de Nava.

Los cuartoe de tocador de S. 1\1. la Czarina y de S. l\f.
el Czar y del Presidente de la República han sido surtidos exclusivamente de perfumería, de la casaEd. Pinaud.
Una indiscreción nos permite informar á nuestras lec•
toras de que había en ellos perfumería «Violette Pre•
ciosa,n esencia, jabón, agua de tocador y el agua de Colonia «)!arfa Louise,n añadiendo que nos consta que sus
Majestades quedaron sumamente complacidas de estos
preciosos productos de la perfumería francesa.
Aprovechamos gustosos esta feliz circunstancia para
anunciar á nuestras lectoras que bajo este mismo título
de «Precio•a» la perfumería Ed. Piriaud, acaba de intro•
ducir en México sus más finas y exquisitas esencias, ta•
les como: «Preciosa Vi.olete,» «Mimosa,» «Muguet,» «HéJiotrope,n «Peau d'Espagne,n «Iris,» «Rosa Mousseuse,»
«Lilas.»
Ya se admiran en nuestros elegantes salones esas ex•
quisitas preparaciones, y sabemos que el pol\"o de arroz
«Preciosa,» el que tiene la gran ventaja de dar á la piel
un brillo y lozanía incomparable y de quedar al mismo
tiempo invisible, tiene alcanzada la más lisonjera acep
tación entre todas nuestras sefioras y señoritas.

Las exequias del Sr. Gobernador de Ourango.

Como saben nuestros lectores, el Sr. Gobernador de
Durango, que había ido á Santiago Pa_pasq11iaro á inaugurar algunas mejoras, resultó repentrnamente enfermo
y murió el Sfüado 80 de Enero último. La noticia causó
gran sensación en Durango donde el Sr. Gf'neral Flores
era muy querido, y la Diputación permanente rtunióse
con premura decretando duelo oficial.
El día l? de Febrero, el cadaver del alto f11ncionario
fué conducido con los honores debidos á la ('apita) d~l
Estado, y ahí se le consagraron exequias dignas de su
memoria.
Nuestro corresponsal se eirvió enviarnos dos foto~rafias que muestran el aspecto de la calle de la Conetit.ución al entrar la comiti va•fúnebre que conducía ~l cadaver. Nuestros lectores las hallarán ilustrando eEtas
Hneae.

'º'

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EL MUNDO

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EL MUNDO
DEL "LIBRQ:DF.MIS VIAJES,.

[Fragmento.]
"¿Por qué has creado ei infierno •Alláb? ¿No habías
creado ya Chamb?»-Exclaman los afghaneses.-Y9, imitando á los indígenas de aquella.a~ra.sadora. comarca,
modifico la frase y digo en buen cr1st1ano:-¿Por qué has
creado el infierno, Dios mío? ¿no habías creado Cuernavaca?
.
Bien sé que puede sudarse más en otras partes; bien sé
que el inmenso desiertojextendido, como un arco &lt;re círculo, entre las islas del Cabo Y erde y la gra~ murall~ de
la China, el Est€ y el Norte de Sabara, el pie d~l H1ma.laya, el valle del Sagrado Ganges y las estepas SI!} fin del
Afhganistan y la Bukaria, son los hornos de la tier~.
Sé también que sin salir de México, podría sufrir la
tempE&gt;ratura de Iguala y los chorros de plomo derretido
que vierte el sol de Texas. Pero mi ?arne es flaca y yo
no quiero enflaquecerla más. Para mis pecados pobretones y vulgares,. con UD; infierno como Cueraava~a basta.
Xo me arrepiento, sm. embargo, de haber vemdo feste S11dalorium con honores de ciudad. Abro el balcon y
admiro extasiado el horizonte incomparable de nuestra
tierra caliente.
Cuando se baja á Cuernavaca por la rápida cuesta de .
Ruitzilac este cielo cuyas últimas líneas color de ópalo
van ií perderse en las montaña~ donde empiez~ la gran
Sierra del Sur, produce en el ámmo una sensación parecida a la que causa la contemplación del mar en la hora
del alba. Hay algo de Mediterráneo en ese azul fluido.
Es el mar como lo soñamos antes de conocerlo, el mar
de los dioses griegos, el mar de A~fitritt&gt;.. En e~a~ ondas
se ocultan las sirenas quo oyó Uhses. Si de sub1to surgiera en esa quieta superficie una vela latina, sin duda
nos parecería un hecho tan común y natural como la aparición de una ave ó de una nube.
La inmensidad es una como Dios. Ya la admiremos en
el mar ya en el desierto, ya en el cielo, produce siempre
en nu~stro espíritu el mismo sentimiento de dilatación.
Por eso, desde el rústico basta el sabio, todos comparan
el desierto con un mar, y ven el cielo como un océ~n(! superior surcado por la «góndola de plata.» Este sentimiento no lo determina el color, sino la extensión.
El horizo11te que tengo ahora ante mis ojos, puede parecerse al mar que inventa la fantasía; al mar que canta
en los versos de Homero; al mar que pmtan con vago colorido los pintores trasparentista.~. Pero el mar verdadero
no es así. El azul que le damos sólo puede encontrarse
en ciertas aguas, y en la cinta donde confina con el cielo.
El mar es verde acá, negrusco allí, gris en aquellas vastas
lontananzas, aceitoso, pesado y duro en todas partes. Es
grave, adusto: es el Titán insomne, agobiado por un inmenso remordimiento.
·
En las hondas de azul purísimo, de ópalo fluido y de
ámbar en fusión, que tengo ahora sobre mi cabeza, deben
- navegar los ángeles en góndolas de pluma. Si no fuera
un absurdo, diría que la mirada siente, al perderse en
esas C' las de luz, la sensación de bienestai que dan al cuerpo los bañ.os orientales.

LAS EXEQUIAS DEL SE~OR GOBERNADOR D&amp; DURANGO

Calle de la Constitución al entrar la comitiva.

LA PRINCESA Y EL TSIGANO

. La princesa y el tRi~ano ......... se necesitaría habit:ar las
altas planicies del Tibet, encerradas por montes de eeis
y ocho mil metros, para preguntar que Tsigano y que
princesa.
Son ya dos sin embargo, las princesas que han tomado
uria tras de otra, el audaz partido de arrojar sus coronas
cerradas, por encima de los molinos. Xo se ven ya reyes
que se casen con pastoras, en revancha hemos visto, desde haC'e menos de dos mese~, á El vira de Borbón, princem por la-sangre, huir E'n compañía del pintor Jolchi; y
á Clara de Caraman-Chimay, princesa por alianza, raptarse al violinista teiga no JanE'Fi Rif,!o.
Pt:-ro la eecapatoria de Emilia de BorMn, v de Jolchi,
fne relat.ivamente discreta. La princesa dE' Caraman•Chirnay y su Tsigano, han adoptado otra act,itud: han escojido para abrigar allí sns amores, una de las má-s agitadas
capitales de Europa, Bnda.Pest; viven en el hotel; reciben á los reporters; y si no comen en la sala comun, se

( Véase el artículo relativo.)

La misma Calle al pasar el féretro.

,vard; desgraciadamente se supo bien pronto, qu~ se había enriquecido en la explotación de un café fals1fi?ado.
Estan&lt;io así las cosas. el príncipe de Caraman-Clumay
Conoci{i en París á )lis Clara v á Mis Ward. La madre y
la hija quedaron fascinadas añte el blason del príncipe.
Est~. aunque mny enamorado no decfa esta boca es mín;
víctima de una timidez y de una reserva extremadas, bajaba los ojos ante la provocativa americana, de tez deslumbradora, y dP ojo, de fuego. Esto pasaba en }farzo de
1890, :\lis Clara Ward supo coa una decisión d~l todo
americana, precipitar los acontecimientos. y el vemte de
)fayo de 1890, el príncipe de Caraman- Chimay la conducía al altar.
La princE'sa de Caraman-Chimay, tenía su puesto marcado en la corte de Bélgica, allí fué acogida de_sd~ luego
con solicitud, pero se produjeron algunos mc1dentRs
azas misteriosos; con ocasión de una Garden Party en
Laeken, hubo un escándalo; en suma. el príncipe y la
linda princesa, abandonaron la capital del rey Leopoldo
y se instalaron definitivamente en Francia.
.
En París, la pridcesa á pesar del nacimiento de doP_ lujos, adoptó un género de vida singularmente excéntnco,
é independiente, pero su última exceutricida~ ha hecho
o!vidar todas las otras. Fué en el restaurant Pa11lard donde encontró á Rigo, quedirigia la orquesta de Tsiganos.
Ya se sabe lo demás.
En Buda Pest ha mostrado á uno de sus visitantes, su
brazo tatuado de una serpiente, «Emblem~ de su . amor
eterno por rn J anesy». J anesy Rigo por qwen la princesa
de Caraman-Ch.imay se ha tatuado, tiene 35 años. Con
su pE&gt;qreña talla, su cara picada por la viruela, los cabellos lucientes de pomada y el chaleco atravesado por
muchas cadenas de reloj, es un specimen crimpildo de la
raza Tsigana.
Casado tambien Rigo, podía temer una venganz_a de su
mujer, pero esta ha preferido ~ejor á lo que _se dice, dar
á la cuestión un desenlace cómico, desapareciendo á su
vez con un galan.
·
.
En estas condiciones es probable, que los tribunales de
Charleroi y Stuhlweissenburg, votarán bien pronto un
doble divorcio.

cámara de explosión est:i situada en medio del cilindro.
Este motor es de cua~ro tiempos. D&lt;i un explosión por
cada dos vueltas del arbol motor.
E~te sistell).a ·permite atenuar en g_ran inedida las vibraciones desa0 radables qtie se resienten, sobre todo
cuando el vehículo se detiene. Ea efecto, esta disposición
aplicada á dos pistones q11e se desplazan en un cilind~o
comun y que obra eobre manivelas caladas á 1S0° prod_uce un equilibrio en todos los puntos del curso de los pistones, lo que suprime las vibraciont-s y los choques que
provienen de la putencia viva del sisteU1a en movimiento.
El sistema de arustre es novísimo, pero noentraremog
en descripciones t.ícuicas que serían tedios.is para muchos de nuestro,: lectores. Baste decir que en este vehículo y en la ( fiJ. 2.) -le ingenier.i., no mdllos aventajados que el que nos ocupa, la periecci:iu eu el m~canismo
es notable. Mu v en bre-ve veremos en nu~stras ciudades,
el reinado del automóvil.
.
.

La princesa de Caraman-Chimay. (Véase ~l artículo

relativo. )

divierten cuando menos mucho si se les refiere que un
zapatito muy mono de la princesa, obtenido merced á
una recamarera infiel, ha dado de mano en mano la
vuelta. á la mesa del hotel.
En los interwi,w, obtenidos por unestros colegas húngaros, la princesa dP Caraman-Chimay, ha referido complacientemente su vida juvenil, su matrimonio, su hui•
da, sue impresiones nuevas y sus proyectos para el futuro. De esta suerte hemos sabido que Clai;:a "\Vard, hija de
un riquísimo americano del Estado de Michigan, no ha
tenido menos de trece hermanos y hermanas: hay que
convenir en que es dificil hacer la desesperación de una
familia mas numerosa. Clara era la más joven. Cuandó
su padre murió heredó por su parte millon y medio de
dollars; y fuese con su madre á residirá Europa. La dote
era. llamativa; pero las actitudes emancipadas de la joven americana., asustaban á los pretendientes. I'or otra
parte, no tenfa más que diez y ocho añoe. Un gran propietario alemán se presentó; ~u físico sedujo á Clara

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La pesca de la Ballena.-EI vigía en lo alto del mástil avistando al cetáceo.

El automovilismo:rey del porvenir.

Los elegantes carruajes tirados por soberbiostroncos y
guiados por vistosos automedontes, en los cuales se da
ancho campo para su refinamiento la fantasía de los poderosos de la tierra, están llamados ádeeaparecer: ~l automóvil ligPTo, silencioso, nípido, empieza á sustituirlos
ya en algunas capitales europeas y el aspecto de las grandes arterias, cambia, se transforma, adquiere fisonomías
extrañas.
".\fochos son los modelos de automóviles ea uso ya en
París. De e! los damos dos que nos han parecido más hermosos. El primero es un vehículo moVJdo P&lt;?r petróleo
(fig. 1.) de M. Darraq, extremadamente curioso, tanto
por la 11ovedad de la. transmisión como por el mecanismo
entero.
La directriz no lleva ni engranajes ni correas, ni conos
de fricción ni aparatos de cambios de velocidad. Suprime pues todos los pequeños inconvenientes inherentes á
esos diversos mecanismos.
.
Estos son remplazados por un órgano único, que permite hacer variar las velocidades por grados insensibles,
desde la suspensión de ella hasta 30 kilómetros por hora,
y que permite al mismo tiempo hacer recular al coche.
· La ventaja de poder avanzar tan suavemente como se
desea, se comprende con facilidad por que los parajes más
dificiles pueden así ser franqueados con facilidad.
El vehículo que representamos aquí es del tipo Petit
Duc de dos asientos. La c,irrocería ó estructura es muy
elegante y el cohductor tiene en sus manos los órganos
necesarios para asegurar la marcha y la dirección del
coche.
·
El motor difiere esencialmente de los construidos hasta el dia.. Dos pistones traba.jan en un cilindro único, la

\!::~
\

Janesy Rigo. ('Véase el artículo relativo.)

LA PESCA DE LA BALLENA

Las ball~nas no están aún á punto de desaparecer de
)a superficie de los mares; basta para convencerde viaJar ~n los océanos que se avecinan de los polos. En eqa;¡.
reg1onE;s se encuentran diariamente; pero perseguida;¡.
con ah1i:ico! se han vuelto más y mis desconfiad'\s. mis
y más dtffc1les de cazarse, y se ha necesitado m&gt;-iificar
completamente los útiles de pesca de esos grandes cetáceos.
En otro tiempo un navío ballenero era, en general, un,
gran buque de tres m.ístiles, de quinientas á ochocientas
ton~ladas,-algi:n~~ veces más-muy sólidamente construido, para res1st1r á la presión eventual de los hielos y
armado de una tripulación numerosa. Se partía p~ra
largas campañas, que duraban algunas veces uno ó dos
año!!. Cuando se encontraban ballenas los botes del navío a:cercábanse á ellas y las atacaban 'con arpón y con
lanza, no sin grandes peligros para los asaltantes Cuando la béstia era cazada, se la ataba á lo largo del ca.seo y
se la despedazaba po_r una maniobraespecial, que consistía en pelarla en espt.ral, como se pela una. naranja; esa

piel cargada de una costra de veinte á treinta centímetros de espesor, era fundid!! á bordo del navío, momentáneamente trasformado en caldero) Las barbas, que
constituyen el producto más precioso de la \:¡aliena, eran
recogidas cuidadosamente; después el gigantesco cada·
yer, desdentado y descortejado, se abandonaba á la descomposición. Así se perdía una. maza de carnes y de
huesos que constituyen, sin embargo un cierto valor.
Ahoi'.a esa pesca se indiMtrializa mucho. Si existen aún
unos cuantos balleneros que proceden ~gún acabamos
de decirlo, el mayor m'.tmero de ballenas Cl!-Pturadas 1:ian
sido cazadas por pequeños navíos construidos especialmente para este uso.
Esos pequeños balleneros, del todo minúsculos en comparación del gigante a! cual tienen la_ misión de persE;guir, miden apenas vemte metros y tienen una capacidad de 40 á 80 toneladas.
Se concibe que con tan débiles dimensiones esos balleneros no puedan emprender las grandes campañas de
sus predecesores, que eran á la vez viajeros, cazadores,
preparadores, y trasportes de productos. Ap!icando los
principios modernos de la división del trabaJo, los balleneros modernos no han conservado mas que el papel
de cazadores. ' El taller está en otra parte, en algún para.je donde puede hallar la fuerza motriz ó cuando menos el agua necesaria para sus calderas.
.
Esos talleres se instalan naturalmente en los para¡es
frecuentados por las ballenas. Hay muchos en las islas
Lofoden (costas noroeste de Noruega), otr~ existe en
los alrededores de Vardoe, pequeña ciudad situa~ ~n la
costa de Laponia, al Este del Cabo _norte. Por ultimo,
cinco existen actualmente en Islandia.
Los productos que se obtienen de la ballena, son los
siguientes:
Las barbas, conocidas en el comercio con el nombre
de ball,ena.•, van siendo cada d(a más caras. Sir,•en para
corsés, paraguas, abanicos, biombos y otra multitud de
objetos.
El aceite, que se divide en dos calidades: la primera,
obtenida por la fundición en el baño-maría, de las cortezas; la segunda por la ebullición de las carnes. Estas
se cortan con una guillotina á vapor, de movimientos
muy rápidos, é impresiona verdaderamente verla funcionar.
.
Las carnes, desembarazadas del aceite que encerraban,
son desecadas en hornos especiales, después quemadas
y trasformadas en un polvo oscuro, casi inodoro·•y que
se vende como abono para la agricultura.
Por último, los huesos encuentran un empleo, ya en
su estado natural, ya por su conversión en negro animal.
En Onondar-Juord se benefician hasta doscientas ballenas por año. Cada una de ellas mide veintiocho metros por término medio, y produce unos tres mil francos
6 sea un producto total de 600,000 francos; pero los

gastos son muy elevados; el material es considera.ble, y
se concibe que el personal sea exigente en el monto de
los salarios; sin embargo, la remuneración del capital invertido es aun así muy satisfactoria.
Volvamos á los ballener'ls, de los cuales nos hemos
apartado un instante. Esos pequeños buques están provistos de poderosas máquinas que les imprimen de 12 á
14 nudos de velocidad. En la proa va instalado, como lo
muestra nuestra grabado, el cafión que lanza el obúsarpón. Este proyectil, en efecto, está destinado á matar
á la ballena. al mismo tiempo que á capturarla. Así el
obús arrastra consigo una larga cuerda, gruesa como el
pufto, y sin embargo, blanda "Omo la seda-una de estas cuerdas cuesta 2,000 francos-va unida á una polea
y se lava con sumo cuidado.
Este pequeño aparato es una simple maravilla mecánica. En tanto que la ballena se debate furiosamente, el
hombre que maniobra deberá conservar la. cuerda siempre tendida en su parte intemediaria, ni demasiado, ni
Inuy poco. Tendrá que conservar durante la agonía, á
veces larga de la bestia, su sangre fría, para enrollar ó
desenrollar su cuerda en un momento dado. La suerte
del buque depende de este instante.
Los balleneros q ne describimos son todos de construcción noruega; inútil es decir que los tripulantes son hombres de una energía y de una constitución excepcionales.
En sus expediciones, un hombre va de vigía en un pequeño tonel colocado en lo alto del mástil. Luego que es
avistada una ballena, el buque se dirige sobre ella; lo
más frecuentemente huye, y en ese caso la persecución
es inútil. Algunas veces se tiene la suerte de encontrarla dormida en la superficie de las olas; entonces puede
el buque aproximarse á buena distancia y dispararle.
Si el golpe fué bien dado, la ballena muere por la
explosión del obús en sus órganos vitales; pero esto es
muy raro. Otras veces se queda como aturdida algunos
instantes, pero lo más frecuentemente se sumerge á pico
con espantosa rapidez, arrastrando al ballenero, al cuaÍ
remolca con el cable del arpón. En este momento crítico, un falso golpe de barra del timonel, una falsa maniobra harían sozobrar al buque sino se cortase á tiempo
la cuerda.
Una vez muerta la ballena, vuelve á lasuperficio. Después que se está seguro que no hay nada que temer de
sus últimas convulsiones, se la ase de la cola por medio
una cadena especial, ásesela asimismo de la cabeza y se
pega á lo largo del buque y se la lleva así hast&lt;\ que se halla un remolcador que la lleve al sitio donde debe beneficiarse
Como se ve, son por demás curiosos los procedimientos empleados para la caza de eae mónstruo que acaso
pronto desaparezca para siempre de nuestros mares hiperbóreos.

Cuernavaca es la reina de***
este infierno que se llama la
tierra caliente: es Proserpina! Se ha detenido al borde
del inmenso caldero, como la joven que, encontrando
hirviente la agua de su baño, encoge la pierna que iba ya
á sumergir en la ancha tina de alabastro. El vapor del
agua en ebullición se cuaja en su rostro. Es la sultana á
quien sumiso esclavo nubio, abanica con plumas de faisán! El esclavo nubio que mueve el abanico de Cuernavaca es Iluitzilac.
Allí está el monte obscuro, coronado de pinos silvestres, pensativo y triste como el esclavo que ama :::in esperanza á la mórbida reina del harem. Sus celos se llaman tempestades. Junta las nubes negras, las enreda en
las torcidas ramas de sus arboles, las agrupa en terribles
escuadrones, y con impulso formidable los arroja sobre
el valle. Pero, á poco, su cólera se extingue; el pino enhiesto que pugnó en vano por desenraizarse y correr á la
llanura, yace en tierra; los rabiosos alaridos del titán
desahogaron su pecho: tri;;te y docil, sigue el nubio agitando su abanico, mientras duerme en silencio la sultana:

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La pesca de la ballena.-Proa de un ballenero mo-

derno.

�DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

104

De un monte del Norte helado.

Sueña; la nieve y el hielo .
Lo envuelven con su sudario.
Sueña con una palmera
Que en el oriente lejano
i:,e alza solitario y triste
tiobre un peñón abrasado.

***

Ap~rtando la vista del frío Norte, partamos «de cara ~l
aol » como el Byron de Núñez de Arce. ~ntes de examina~ la población miremos á vuelo de páJaro los campos
amenísimos que '1a rodean. Podeis .subir á la to1!e de la
,,ieja iglesia ue franciscanos ó al 1mrador de\ ant1gu&lt;? Pª¡
lacio de Cortés: Desde la torre tended la vista hacia e
Poniente. Bajo tupidos boeques de g11:1yab_os se oculta el
caserío desparramado, de San Antomo. ~o pueden verse las c~sitas. Diríase que están desnu~~s y q!-le ~ ocultan pudorosas detrás de los árboles. Solo la 1gles1a emina su torre por encima de los guayabos, como para
fnirar si el cazador que sorprendió e!l su blanca desnudez
á las traviesas campesinas, se ha ale¡ado. .
El paisaje que se descubre desde el palac1? de Cortés,
exige en el artit:ta que se proponga descubrirlo, el colorido, lleno. de sol, de Eugenio F~omentín. Los campos
de caña ostentan su verde claro, mtenso, deslumbran~
en los liltimos planos del pai.saj~. Pare.ce~ ~rsos, sm
arrugas y sin pliegues, como s1 gigantes rnv1s1bles ~ entretuvieran en restirarlos durJnte la noche. En primer
término, bosquecillos de plátanos .muev~n sus largas
hojas......... ¡los celiidores de la rubia Ev~. Al No.roeste
los cerros se aproximan á la ciudad y al Sur la vista se
pierde en la extensión de los campos sembrados cuyo
término apenas se cofümbra. Los eev.:ros bueyes, tas g1:C1;ndes rktima~ riel Cl1¡tu111110, no aparecen en la llanura. ].i~ngún tropiezo encuentra la.mirada en _el cuadro tranquilo
ue recorre. Las cimas de las montanas rerno~s parece~
de Japizlázuli. Una cinta de singular ")! armó:111.co colorido une la tierra y el cielo, por gradación casi msenslble
de colores,
1
¡Cuaín grandioso es el espe.ct~culo de .la p~Psta del so
en este sitio! Indecible sent1m1ento de rnqmetud ~ apodera del espfriu1- En los montes boscosos, el crepusculo
es trágico. Los árboles cobran vida y voz humanas. Las
montafias se calan sus ci.ipuchos colosales. El venado huye y en las ondas del viento suenan las voces y las escobas
de las brujas.
La muerte en este sitio y á tal hora, debe parecer1!os
menos dura. Así murió Sócrates contemplando la m mensidad del océano en cuyas ondas los rayos del ~ol poniente iluminaban la popa dorada de la !lave -que regresaba de la isla de Delos, en tanto q.~e baJaban los rebaños de las cimas del Taygetes y el U1tceron nadaba en
un mar de oro.
Inconscientemente ante el grandioso cuadro qui ilu~ina una luz fuerte, intensa como la que alumbra los pa1sa·e.s de Claudio Lorena, se recuerdan l~s grandes perspeclivas de la babía de Nápoles con sus nbe:3s bordadas de
naranjos, las mon¼,ñas de la Apulla, la isla de Capre.a Y
Ja costa del Pausylipo. El espíritu encuentra ~l parecido
sin poder preeisar en dónde está. Un vapor v10leta rodea
las colinas distantes. No hay un iitomo opaco en el Acre.
El verde claro de aquellos grandes llanos bebe luz.
Aqui el escrúpulo es la muerte, sin dolores, de una niña cuy~ alma se va al cielo. La naturaleza no se enne. grece, se duerme. Dulce m~Jancolía nos. rode~ en sus gasas, y pensando en la celeridad de la existencia, record~mos el (hrpe diem de Horacio; el Te -~p.ectem supre"!ª. 1mhicwn renerit lumra de Tibulo y el ad~ir.a!lle Invalidisque
tibi te11d1'8, ken! ho11, t11n, palmas1 de"'\ 1rgiho.
Cuántas veces pasaría pensativo Hernán Cortés por este mirador de paredes desnudas y anchos arcos! Sentado
aquí, podía admirar en todo su e~plendor la t~e~ra prometida á su codicia. Y cuando fat1g~~o de amb1c1ones se
-entregaba en brazos del amor ¿qué slt10 más hermo~o para desatar·voluptuosamente las trenzas negras de la ¡oven
india mientras el valle duerme, el sol se oc~lta y lle.na
el ai~ de sonidos metálicos el coro de las c~1charras m·
visibles? La campan¡¡ que da el toque de o~ac10nes ape~as
suena. Las ondas sonoras pasan muy arriba y el sorudo
enervado por el calor y la pereza, cae ~ plomo. La l~na
brota y su claridad amarillenta se difunde en el a1~e.
Blancas nubes simulan en_ las crestas. de los montes diademas de-nieve y en el zemt rebafiosg1gantescos.
EL DUQUE JoB.

Agosto 21 de 1891.

Los nuevos automóviles, Figura
relativo.)

1~.

(Véase el artículo

105

~ ===== == = == == = =

t!UINCE AÑOS DE CLOWN

Un pino se alza en la cumbre

EL MUNDO

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

No tardarán en cumplirse los quince años del díamejor de la noche-en que Ricardo Bell se presentó por
vez primera al públicc:&gt; de México: por aquel entonce~ la
troupe de ~Ir. Orrin semejaba más á aq1;1ella descolorida
comparsa de Tomaso Bescapé, melanc(&gt;l1camente t.razada
or Edmundo de Goncourt, que al bnllante séqmto del
Circo Molier, iluminado 6 giorno por la elegante frase
complicada de Fe~iciano ·champseur, en una de eus encantadoras narrac10nes.
Entonces el Circo era poco ~ás que.una _barraca Y ho.Y
es más que un teatro-dígalo s1 no la mtehgente cubamta Luisa l\Iartínez Casado;-el clo11'n can.~?,º ya P?r T~odoro de Banville, (Polichinelle et clo!""• J ai,qi1, r_¡u o_ns en

J

souvienne-joindre a l hume11r angla u la i•erre· 1talleime

no había roto aún el tosco perfil del bufón de la Eda
:l\Iedia: era aquel buen, tradicional payaRo len.to en s.u_s
movimientos de andar torpe, desgarbado, reCio Y fornido Hércules 'enharinado, con traspiés de beodo, enredado'en figura de cotillón; de éstos una buena puñada había atravesado las pista.~ de nuestros barracones; de Inglaterra nos venía la mayor parte de ~)los, ,Y es que Inlaterra-ba dicho el autor de Les .Jr?res Zemgai~no-;-~a
deado asociar el in~enio á la materialidad del e¡erCICl?
de fuerza, la gimnasia se ha transfor1;1Jado en p!ntom1ma: siniestra se ha vuelto allí. la graCia_ del paya.o Y la
caricatura se trueca en fantástica pesadilla.
.
Ah! es que el humo,· se padece_cada vez con ma_yor tristeza· es que desde Deburau-el 1lu8tre, el apolog1ado por
Teófi.lo Gautier, el amigo de Julio Janin y de Ca~los Nodier, el eternamente triste,-hasta aquel, l\Iazuner,-de
quien dice un biógrafo que en Yocko, ~ac1a .reír con sus
muecas v llorar con su muerte-Mazuner, rival de Talma
y de la :\Iars..o...todos han podido repetir la fr:1se sacramental de los payasos ingleses: Here ,,,e are gam-all of a
himp.'-Ho1,. are you?

r

hay un espacio azul; y allá mucho más allá, ¿cómo-ha de
faltar un rincón de Cielo para el que ha llen.ado alegremente su tarea? ¿No equivale todo esto á un sistema completo de filosofía?
.
.
•Quince años! En este espacio de tiempo, ¡cuantas em1ne'ncias han pasado de prisa y corriendo .al lado de Bell,
mientras el ceoun, firme en su puesto, ha ido noc~e á noche luchando á brazo -partido contra este gran mconstante que Ee llama el público!
.
.
•Quince años! Sabeis que ninguna.de esas emmenc1as
h~biera resistido á esta t.P.naz persistente ~atall~? ~osotros, que á la segunda temporada que nos sirve Siem !In
mismo tenor ya comenzamos á murmurar. contra el. irnpn~ario v cada "ez que Coquelín ha r~pet1do una p1~za,
no he~o·s acudido á la ci¼., hemos mimado! consentido,
glorificado :i este hombre, y cu!!-ndo ~nunc1a .dos bene~
ficios; aun nos parece poco ype~1roos ~empre\ ,más, más.
¡Sí, más, máe! es decir otros qmnce anos.más.
y siempre victorioso, siem~re alerta, s1emp~ en lo alto, flotante al viento 'el ampho pantalón d~ abigarrados
colores la chaquetilla de bordados fantásticos, el gorro
puntiagudo, la boca prolonga_da en cuad!o, d~ oreja á
oreja, la nariz avanzando al aire p01: atrevido pmcelaz?,
los grandes lagrimones negros, los o¡os encapotados b~¡o
enorme aglomer:1ción de cejas1 el semo~a~te de muda m:
terrogación cómica, de cur10s1dad ru~hc1osa, una perso
nalidad de arte que se ha paseado triunfadora de uno _á
otro extremo de la República y á qmen debemos las neas más frescas que han asomado á nuestro corazón ~nel
que resuenan como puñado ~e mone_das de oro arro¡ad?
en vaso de cristal de Bohemia, las risas de nuestros- hijos, las más amadas, las D?ás suaves¡ las más refrescantes Tas más ansiadas. ¿Cómo queréis que no tengamos
gn{titud á este hombre? Gracias señor Bell, muchas gracias!
.
Un niño que piem,a en Bell, es casi un angel que suen_a
en el cielo. Para estos pequeños amados seres, .bell es SI•
nónimo de bondad, de perfección absoluta. B~ll debe poderlo todo: hay bebé que lo mezqla en sus oraciones, Un.a
niña dice á su hermanito: no seas malo por que te cast1a Bell. Y los padres: si eres bueno te llevo a ver á Bell,
tell ¿ha hecho el mundo? Mi hijo lo cree fi;me.mente .. ~o
creo que si no lo ha hecho, no_ se opuso. Nadie le P\dtó
su opinión; de habérsela pedido, vota por la afirmativa,
estoy seguro.
El mundo ¡vaya! y los demás planetas, y el sol, ).' las
estrellas, y en cada una de estas lucesitas que nos muan,
un circo con grandes cartelones en la puerta: «Esta. ~oche Pantomima Acuática,» muchas luces, coches, _mn.os
que ríen y un Míster Bell en ca!1a una de es~as bab1tac~ones celestes! Porque si allá arriba, muy arriba, no hub.1era un Míster Bell, la creacción no sería completa y Dios
ha hecho bien las cosas, porque el es bueno, y Bell ..... .
también.
.
d á
ó 1
Figúrense ustedes, después de esto, ¿Bl ten ! raz n e
clown de l\lr. Orrin para importársele un ardite de Bakounine y de :\farco Aurelio y de todos.

..

los muchos sabios que en el mundo han sido?

Pero ¿y el Arte?-Un momento caballerQ: Yo no me
explico á esos buenos sei\ort&gt;s que creen firmemente q!-le
cada vez que se habla de Arte, hay que ponerse serio:
Estos tigiao.~ son capaces de cerrar las puertas á todo lo
que no sea mármol d~ J.&gt;haros y por amor á ·wagner arrojarían á Offembach del reino de los cielos.-El Arte, señores míos, se roza con los de arriba y se ?Odea con .los
de abajo. ¿Cuál de estas dos poesías bucólicas es me¡or:
Ja Charogne de Baudelairé, ó el Idilio del Padre Pagaza?
preguntaba Urueta á Tablada, no hace mucho. Pues..... .
el Arte se queda con las dos. ¿Por qué? Porque en materia de Arte yo no conozco más géneros que dos: el bueno
y el malo.
Queda el regular.
Peor que el malo, creanlo ustedes.
Después de la Loca .de la Cas~, de Pérez Gl;\ldós, se puede asistir á la Pantomima acuática, y yo he visto á la Jane
Hading aplaudir con convicción á Bel!.
Edmundo de Goncourt, á quien arriba cité, se com:(&gt;lace en dar públicamente las gracias á Víctor F~ancom, á
León Sari y á los Hermanos Hanlon-Lees, uqmenes-escribe el maestro en la p, rtada de sus Prere8 Zemganno;aparte de sus de;treza gimnástica, son capaces de .raciocmar acerca de su profesión como sabios y como art1s~s-"
-Hostia es el A.rte que pasa de mano entre los elegidos.

*

Qninc:e años de Clown.-Ric:ardo Bell.

Bell ha hecho fortuna porque es un buen reidor, porque detrás de aquella máscara blanca 110 se descubre la
sombra de esa punzadora enfermedad que re~ulta, según la expresión de Bourget, de «la despr~porc1ón entre
la realidad y el deseo;» porque en su carca¡ad!\ fr:anca no
hay nada del amargo dejo de ese emponzoñado lrnor que
apuramos todos..... , todos, hasta el payaso,. porque el ve•
neno ¡ay! se ha infiltrado, más qu_e entre nmgunos otros,
entre los que ríen; porque de la risa de Be]! podría decirse Jo que de la risa de Shakespeare ha dicho Carlyle:
es una oleada alegre que nos refresca el corazón.- Hé
aquí todo el secreto.
Bell ha tomado la divisa de d~sempeñar alegremente
su oficio ya recomendado por M1rabeau, y se le da un
ardite Jo' que haya escrito Marco Aurelio en sus Pensamientos, 6 Jo que Bakounine haya consagrado en sus Cartas á loR oficiales rus~s. El.ac~pta el mundo .tal como es,
no pretende corregirlo s1qU1er~; la humamdad n~ es tan
mala como opinau algunos misántropos, pero siempre
conviene que haya Código Penal; el IU?mb7:~ s6lo, ensalzado por Rossean no le causa gra~ a?,mirac1on: la~ masas
suelen ser dominadas :gor un sentlmiento, como d~ce Mr.
Taine, pero es más fac1l do~arlas por ~na carca¡ada; la
dicha la desgracia abstracciones que viven dentro -de
nosot~os mismos puntos de vista, nada más; al través de
todas las tristezaii de la humanidad _se descubre_un punto luminoso, como en esos días lluviosos de Primavera,

* *un mérito: todos los año■
Ricardo Bell tiene todavía
deposita un hijo en el mundo.
¡Ah! Y los arna entrañablemente.
.
.
¡Figúrense ustedes si tendrá el hombre motivos suficientes para mi admiración!
CARtos Dfaz DoFoo,

Los nuevos. automóviles. Figura

relativo.)

2~.

(Véase el artículo

Goulab-Soubi, ó Rosa de la Mañana, era pura y bella
como sus hermanas las•vírgenes, en medio de las cuales
vivirán los elegidos de Mahomet en sus «Jardines de las
delicias.» Nacida en el recinto de la pagoda de Sriringam,
dedicada desde su nacimiento al culto de Vichnou, R'J.~a
de la Mañana era á los quince años la más instruida y
la más graciosa de las .Devada,:¡sis, las bayaderas que sir. ven á los dioses.
Apenas, ~i ·con largos intervalos. para correr como una
gacela en libertad, entre los bosquecillos de almendros
que rodeaban el templo, había franqueado las puertas
sacras coronadas por pirámides de piedra de quince pi·
sos de altura. Jamás había atravesado el puente de veinticinco arcos del Kavery, para salir de la isla sobre la
cual se eleva, en medio del río uno de los más prodigiosos monumentos de la India. Sólo los fit les admitidos en el
santuario cerr-ado para los profanos, la habían admirado
cuando al son de las campanas de bronce y de los tambo·
riles, en la atmósfera de las flores y de los perfumes,
danzaba ante los ídolos dorados y salmodiaba con BU voz
dulce como un canto de ruiseñor las alabanzas del Dios
de amor de la trinidad hindu.
Nada de fuera había llegado hasta ella; sus hermosos
ojos de pupilas agrandadas por el kohol, no conocían
otros horizontes que los grandes árboles de las riberas de
la isla santa, y sin embargo, cuando con BUS dedos agu•
zados hacía vibrar las cuerdas de su sitara, gorgeando alguna poética canción indostana, BU corazón palpitaba
más fuerte y sus miradas se velaban á medias como en
una aspiración inconsciente hacia lo desconocido.
A pesar de esto, permanecía sorda á los homenajes más
exaltados, á las declaraciones más ardientes. Seder Ali,
hijo de uno de los ricos mercaderes de perlas de Tanjora, usaba en vano de todos los medios de seducción.
Gracias á sus ofrendas había ganado á los brahmines, y
la pagoda le estaba siempre abierta; pero Rooa de l,a, Mañana no le respondía ni aun cuando deteniéndola al paso, Je murmnr-aba palabras de amor y no aceptaba ninguna de las joyas que le enviaba.
Sdder Ali, era, sin embargo, un soberbio malabar, joven de facciones regulares, de ojos llenos de fuego, de
fiero andar, y adem,í.s, generoso, presto á consagrarle su
vida entera. Pero Rosci de la Mañana se inquietaba poco
de eso. Su compatriota no era el héroe de BUS sueños de
virgen, y cuando lo distinguía en su camino, se escapaba
como dominada por el terror.
Entonces SeJer Ali, no reprimía un gesto de cólera;
sus labios tenían una mala sonrisa y con una mirada á
la vez odiosa y apasionada, la seguía á través de los jardines y de las galerías de la pagoda, basta que desaparecía.
.A.hora bien, una mañana, en el momento en que ella
adornaba con perlas su lujuriosa cabellera de ébano, el
jefe de los brahmines le dijo que se pusiese sus más brillantes trajes,.que se advrnase con sus más ricas joyas,

que se acord 1se de sus dan1,a~ m ís ligeraq. El radjah de
Tanjora, Silvají, dlba una fiesta á lord William B~ntick,
gobernador de M:adr.í.s y había expresado el deseo de que
las más lindas sacerdotisas de Vichnou se dirigiesen á su
palacio para encantar al noble representante de Inglaterra.
Este deseo era una orden, así es que el misml) día, luego que habieron cedido los grandes calores, Goulab-Soubi
y sus compañeras se pusieron en camino, recostadas sobre
los cojines blandos de sus palanquines de madera de
sándalo.
L!\ noche bastó á los báhi.s, los infatigables p1rtadores,
para franquear las doce leguas que separan Sriringam de
Tanjore; las Devadassig pasaron el día en la pagoda, y en la
noche, á su !Jegad.1, bajo la larga verandah del p.i.lacio
de Silvaji, cuando habiendo preludiado los m ~ísicos, dejaron caer su.s largos velos de muselina blanca, con un
triple hurra saludaron los ilustres ingleses la graciosa sorpresa que les da ')a el radjah.
En uno de los extremos de la galería había sido reservado un largo espacio para las danzas. Alfombras finas y
suaves, como los tejidos de kachemir, tapizaban el suelo;
ma.•salchi.s, portadores de antorchas perfumadas desnudos hllsta la cintura, se mantenían contra el muro. iamóviles, semejantes á las estátuas de bronce. Lord William
Bentick ocupaba el puesto de honor, cerca del príncipe;
d~pués venían á la derecha y á la izquierda de esos dos
principales personajes, los dignatarios de la corte con
trajes cónstelados de pedrería, y en gran uniforme los oficiales de la comitiva del gobernador de Madrás, entre
los cuales se distinguía su sobrino, sir Albert Stanley, uno
de los más jóvenes y de los más hermosos oficiales del
ejército del Bengala.
Sir Albert tenía apenas veintidos años; desde la edad
de cuatro años vi vía al lado de su tío y hablaba correctamente el indostano y el bengalés, los dos idiomas más
usados en la península indostana. Soñador y romancesco, arrullado con las melancólicas baladas de Ossian, co•
munícando poco con sus camaradas del regimiento, vi·
viendo ca,i aislado sobre esa tierra cuya historia está hecha de fantásticas leyendas, se había enamorado de esas
costumbres extrañas. de esas religiones peregrinas, de
ese medio de supersticiones.
Así, pues, la aparición de las lindas Deradrt-•••Üi le pareció la realización de uno de sus sueños, y cuando Rosa, d~
la ,lfañana se adelantó sola hacía el frente del estrado,
radiante de belleza, en la gracia de sus quince años,
creyó que era la que su corazón esperaba y todo su sér
se lanzó baciaella.
Cierto es que la sierva de los dioses era adorablf'. Su
piel estaba apenas bístreada; sus muñecas y sus tobillos
eran de una delicadeza extrema; sus grandes ojos Rombreados por largas cejas negras, tenían miraias tímidas
y quemantes á la vez; su sonrisa era á la vez voluptuosa
y casta.

•

Su traje se componía de una ca"!lisa diáfana de hilos
d~ ananas, de largos pantalones dd seda q•1e caían hasta
sus tobillos rodeados de oro; de un za'{lllejo corto y muy
ancho, hecho de una tela finamente bordada, y de una
pequeña veste desaten rosa, que n &gt; se unía al zagalejo,
deteniéndose por encima de los senos, sin ocultarlos. Sus
puños estaban ornados de preciosos anillos, y los dedos
de sus piecesitos combos, estaban c1mo los de sus manos, pequeños, cargados de sortijlls chispeantes. Un pesado collar de piedras rodeaba su cuello, y en los lóbulos
de sus orejas balanceábase una multitud de pequeños
sequins.
S.'.&gt;lo respecto :i un detalle de su a lorno había abjurado de la moda hindu: no tenia en el cartnago de su nariz
anillo alguno sino únicamente eil la ala derecha, trasparente y rosa, una perla de un incomparable oriente. Se
hubiese dicho que la graciosa criatura no quería entre
sus labios y los del amado ningún ob3t ículo para el beso.
T.1mpoco mascaba betel; eso se veía en el esmalte nacarado de sus dientes; pero sobre su frente se extendían de
través las dos líneas blancas cortadas p:&gt;r una linea roja,
de los sect.arios de Vichn:&gt;U. Por últim ), su larga y sedosa cabellera caía hacia atrás en dos pesada3 tr.iuzas,
salpicadas de perlas, que descendían más abajo que sus
caderas flexibles.
Rosa de l,a, Mañawi, al principio danzó para la masa de
los espectadores, yendo sus dulces miradas del uno al
otro, acariciadoras, inquietas acaso, aca~o investigadoras;
de pronto sus ojos se fijaron en los de sir Albert, com)
si algún fluido de magnetism) los hubiese atra(do, y sus
pasos se hicieron mis las~ivos aún en su embriagador&lt;1
castidad. Con un movimiento d~ una gracia exqui~ita se
envolvía la cabeza y el rostro con su largo velo, y de
pronto, dejándolo deslizar hasta sus piés, se echabl hacia atrás descubriendo las riquezas de su talle fino y
combo; algunas veces se alejab.i lentamente con los ojos
bajos, en una actitud de defensa pidica imposible de d3S·
cribir; con los brazos sobre su pe~ho com'&gt; p.i.ra oprimir
los latidos de sn corazón, desliz í.ndose coro J una .sombra
li~era. En seguida volvía lent'.\m3nte, p.lrtlciendo luchar contra un espíritu invisible, lllnzando á través de
su velo miradas suplicantes; despu~3, repentinamente,
pueciendo cederá una p otencia irr.isistible, se lanzab i
de un salto, yendo á caer de roiillai ante el estradJ, c in
J()s labios húmedos, 103 ojos brillantes, la sonris, lle1n
de promesas, los brazo3 extenlid.)s ha.ci1 el sobrino d~
L1rd Bentick.
E1talló un lrnrra frenético. En cuanto á Sir Albert,
-pe rm!l.neció ahí inm'ivil, fascinado, llamando aún con
103 ()j03, con el coraión y con los sentidos á la linfa
sierva de los dioses, cuando arrastrada por sus compa.ñe•
ra'3, R w 1, de la M añxna hlbía desaparecido yll hacia larp tiempo.
Eiannhe elenim1radooficialvivió más á su lado
que nun'.:a; y cuando abari:lonó los salones, fu:í plr.i. ron.

�dar en los jardines alrededor donde las Derada&amp;'IÍB reposaban.
·
Al día siguiente muy temprano, acompañado de eu
doméstico malabar, Rouwi, galopaba sobre el camino de
Tanjore á Tritcbinapal). Sabia que las valladerasbabían
partido al alba para vol ver á Sriringaut y tenía prisa por
unirse á ellas. Cuando lo logró, el sol llegaba al zenit,
el calor sofocaba, y la~ bijas de Yichnou se habían detenido para sestear, bajo un bosquecillo de bambús, en las
riberas de un pequeiío lago que bordaban los bananeros
y cocoteros.
El paraje era encantador, :leno de frescura y de poesía.
Sir Albert echó pié á tierra, y se deslizó basta el campamento, á lo largo de una calle perfumada por almendros
en flor. Nadie le había visto venir, y se había aproxima·
do demasiado para no perder nada de lo que pasaba. Repentinamente tuvo que comprimir los latidos de su corazón, al mismo tiempo que prestabamllsatentooídoyque
á través de las ramas, sus miradas se detenían, embelesadas, sobre Rosa de la .Maíl,,na, á quien acababa de descubrir. Acurrucada sobre los cojines de su palanquín y
acompañándose de su cítara, la adorable niña come1:-zaba
,ma de esas canciones indostanas que son obras maestras
de imaginación y de gracia. Cantaba los amores de
Krichná. Su voz era á la vez dulce y apasionada, sus senos se levantaban, sobre sus lábioa carmineos erraba una

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 18~7

EL MUNDO

106

mordimientos podían apercibirse pronto de la patrida de
pensionista, la perla de su joyero, y perseguir á su
raptor. Se atrav(,'SO, pues, ~in ruido, el barrio de Tritchinapaly para ganar el camino de Yaradatchilamu, que llevaba directamente á Pondicheri. La comitiva se componía de treinta individuos; los dos equipos de seis babis
para cada palanquín, y de una media docena más de hindus cargados de bagajes, de provisiones y de tiendas. Dos
guías arruados marchaban á la cabeza, después venía
Roumi, á caballo y llevando de la mano la montura de
su amo.
1'iendo los babis por tradición fieles servidores, bastaban ellos para no temer á los ladrones de los grandes caminos, ni á los thugs aislados que iban siendo cada día
más raros.
.
Extendido en su palanquín y con !os ojos fijos en el de
Ro.•a de la .Jfañar..a, Sir Albert no pensaba, pues, mtls
que en sólo sus amores. No tenía noción alguna de la escena de que había sido teatro, pocos instantes antes, una
casita frente á la cual había pasado con $US gentes antes
de abandonar la ciudad.
Desde la terraza de aquella mansión aislada, donde no
brillaba luz alguna, dos hombres habían espiado la caravana, y cuando esta pasaba, habían descendido á la planta baja.
Uno de esos hombres era Seder .Ali, el rico y hermoso

E&gt;U

•

cargados como mozos de cordel; aquellos, inclinados sobre los elefantes y seguidos de numerosos servidores: los
otros, extendidos en pesados carromatos arrastrado.e pol'
bueyes; cipayos que se dirigían con paso alerta hacia sus
regimientos; yogis, peregrinos ha ves, descarnados, m~ertos de fatiga, pero siguiendo siempre rectos y ergmdos
hacia la pagoda del dios venerado, y por último, mendigos acurrucados al borde del camino.
Esto duró hasta el momento en que el sol, levanM;ndoEe por encima del horizonte, dardeó sus rayos oblicuos
sobre los babis agotados por diez horas de calnino. Entonces Sir .Albert echó pie á tierra, corrió hacia :f!,osa de
la Jfañana, que le recibió con las dos manos tendidas y
con una sonrisa, y ordenó que hiciesen alto.
A cien metros de cammo, en medio de un bosquecille
de majestuosos bananos, se levantaba un bungalo de un
aspecto muy agradable. Nuestros viajeros no iban á encontrar allí más que un abrigo y agua: pero no pedían
más, pues que Roumi había cargado á sus portadores con
todas las provisiones necesarias.
El viejo cipayo, guardián del bungalo, las puso pol'
completo á la disposición del oficial inglés, y cuando la
linda tránsfuga del templo de Vichnou descendió de su
palanquín, con la cabeza envuelta en su largo velo de
muselina, adivinó sin duda en parte la novefa de amol'

..

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

107

EL MUNDO

térlnino de su viaje. De suerte que mandó á los babis que esperanza de arrancarla á su sueño mortal, le hacía beber que había sido la más linda de las Demda.,.ri-8 del templo
café ardiendo, que el cocinero de loe babis había hecho de Sriringam esperaba tomar posesión de la rica tumba
apreS11rasen el paso, lo cual hicieren cantando.
La rnta era muy bella y bordada de árboles centena- á toda prisa. Y permanecía inclinado sobre ella, supli• que sn amante había dado órden de levantarle en el cel'ios cuyas espesas sombras temperaban los últimos calo- •dándole con la mirada, con sus caricias, con la voz, que menterio hindu.
res del día. Atravesaba campos de arroz y de caiías de
le reconociese y le respondiese.
*
Entonces, al cabo de algunos momentos, como si ella
azúcar, separados por pequei1os arroyos y estanques, que
El desenlace tr:ígico de la pobre bayadera y del oficial
no pudiese resistir J. su plegaria, á sus lágrimas, á sus inglés ee extendió rapidamente por la India entera, descuando venia la nocbe parecían manteles de plata.
Por fin Roumi, que había tomado la delantera, volvió besos, ó mas bien, como di la vida, parecidaá una lámpa· desde el cabo de Comorin hasta las riberas del Ganges1 y
á anunciar que no estaban más que á tres millas de '\Vo- ra que arroja un fulgor postrero antes de extinguirse, se bien pronto el drama se hizo t&gt;Oética y dulce leyenaa.
diarpoliám y que bien pronto iban á llegar al sitio más despertase momentáneamente en ella, sus miradas per· Yo la oí diez años después de labios del guardián de la
dieron su fijeza, se animaron; sus labios se entreabrieron, necrópolis á quien pregunté quéquerítl decir aquella misfavorable para acampar hasta el día siguiente.
Menos de un cuarto de· hora después, en efecto; Sir murmuró con un inexplicable acento de amor y de fata· teriosa inscripción grabada en tamcn,l y en inglés sobre el
Albert pudo juzgar por sí Jnismo que su guia no se había lilimo: «Yo te amaba con toda mi alma Sahib, peroBrah· mármol de un hermoso mausoleo que sombreaban majesengañado. A cien pasos de un pequeño rio y en medio de roa no ha querido que fuese feliz contigo! ¡Qµe él nos tuosos mangueros:-Gou1,,rn-Sotm1-ALBERTO; 15, 22. . ·
un collado, un bosquecillo de majestuosos mangueros, perdone! ¡No olvides demasiado pronto á la pubre DeraNadie habría podido referírmerla más exactamente que
ofrecía el abrigo más encantador.
dax.~fa infiel á sus dioses por amor á tí!n
ese guardián: era Ro_u mi, el antiguo servidor de Sir AlBastaron diez minutos ,i los mozos para levantar la
Sir Alberto desesperado, mantenía contra su pecho la bert Stanley, y cuando hablaba gruesas lágrimas se escagran tienda encima de los palauquines de sus amos, y no cabeza de la pobre niña, pero no podía pronunciar una paban de sus ojos.
había llegado aún la noche, cuando la tropa estaba ya palabra; sus lágrimas hablaban pur él, cubría de besos
Esas cifras indicaban la edad de los dos infortunados
instalada para pasarla. Acostados bajo sus pequeñas sus labios va heladoe.
que la muerte sola había unido, y su tamba, lugar de petiendas, los hindus formaban una especie de muralla viDe pronto, ella echó eus brazos al rededor de su cuello regrinaciones para las amantes europeos é hindus, estaba
viente al campamento, sobre el cual iban á velar, levan- y se pegó más estrechamente contra él, repitiéndole:
siempre cubierta de flores, no de aquellas flores malditas
«¡Que frío tengo y cómo sufro......... ! ¡011, sí, estrécha- con ayuda de las cuales Scanda había ganado sus cien
tándose de dos en dos horas, centinelas designados por
el jefe de los babis.
me contra tí! 8iento que voy á morir. ¿El amor es pues rupias de oro, sino de las flores sanas y perfumadas, como
Era esta, á lo que parecía, una medida inúW; porque la muerte? ¡Entonces no echo de menos la vida, puesto las que los brahmines hacían regar en las losas del sanel país gozaba de p:;.rticular seguridad, y no existian en que voy á morir por haberte amado! Tú me harás elevar tuario de la pagoda, cuando, ante las estatuaP. de los diola región ni fieras ni reptiles. Además, el tiempo era ma- una hermosa pira, para que Indra me reciba ain cólera. ses venerad9s, debía danzar Rosa de la Mañana.
ravilloso, el cielo cintilaba de estrellas, la atmósfera es- Cuando pases frente á la pagoda de Yichnou, le ofreceRE1'É DE PoxT JEST.
taba embalsamada por las flores abiertas de los mangue- rás flores y frutos en recuerdo mío. ¡Oh, el fuego, el fueros, y los cocuyos estiraban de ;puntos de oro las ti- go que me.devora!"
Traducido para EL l\fo:rno.
nieblas de los follajes. Bajo su tienda, alumbrada por
Se retorcía con atroces dolores, con el pecho levantado
una antorcha de recina perfumada, de nuevo Roxa de la por espasmos nervü,sos, con los grandes ojos abiertos,
~\Iaiiana y Alberto, estaban solos; pero la linda Devadapero ya vidriosos, tratando con su1:1 manecitas de disol•
ssis no temblaba ya; saboreaba con delicia las dulces pa- ver las tinieblas que se formaban al rededor de ella, y
labras que se escapaban de los labios del bien amado, y repitiendo con una voz silbadora palabras sin conexión:
cuado este, despues de un beso postrero, cerró las corti- «¡Ah, lo r.oruprendo ......... es Kali que me llama ......... el
nas de su palanquin para que pudiese dormir, ella Je veneno........ ¡Te amo! ¡Te amo!"
.
repitió veinte veces «Hasta mañana, te amaré siempre»!»
Después reinó de pronto la ca,ma en su l'Ostro, sus laY él enamorado, loco, ee dirigió á su lecho, donde se bios sonrientes parecieron peqir un beso, y echó dulceprometia no cerrar los ojos sino á medias, á fin de velar mente la cabeza hacia atrás. ¡ Estaba muerta!
EFECTO DE BLANCO Y ROJO
el sueño de la que adoraba.
La escena entonces fué horrible. Albe1to extendió el
Roumi se había extendido en el piso de la tienda cuerpo de la adorada sobre las alfombras, y arrodillado
Cuando ,·iene á misar el padre cura,
cerca de ella, con las manos juntas y lus ojos extraviados,
frente á la puerta, despues de haber atado sus caballos á
á la nave risueña y aliñada
las ramas de un almendro. Todo reposaba en el campa- lloraba como un niño y repetía: u¡Hasta muy pronto,
penetra con el sol una parvada
mento. No se oían m,ís que el murmurio:de las aguas que amada mía, hasta ruuy pronto! ¡Soy yo quien te ha made palomas- ,iue anidan en la altura.
ro'an las cafías de la ribera, el canto del bulbul, que en- tado: sería un cobarde si viviese sin t1!"
Desata el piano su oración alada
Agrupados ante la tienda, los babis, profundamente
viaba á los ecos en notas estridentes, la relación de sus
y del gótico altar en la blancura,
amores, el roce de alas de las palomas dormidas. en los conmovidos, participaban del dolor del extranjero; las
diáfana, leve, inmaterial y pura
grandes,árboles, y el silbo del gaya, ese pájaro pequeño grandes palomas azules volaban rastreando para cazar;
se levanta la Forma consagrada.
que alumbra su nido con gusanos luminosos y lucientes, el gaya mataba los gusauos lucientes de su nido; la flores
Canta entonces el Blanco sus cantares;
abrían suij corolas á las abejas, que comenzaban su tarea
y del cual los hindus hacen un servidorcillo alado.
blancos son: alas, naves, luz, altares,
Largas horas habían pasado así, la antorcha se había cuotidiana; el bulbul saludaba, con sus cantos harmoniohostia, cura senil, incienso vago........ .
extinguido y Alberto tan completamente había sucumbi- sos, al sol, imagen de la vida, cuyos primeros rayos, desY en esa nitidez que al hielo enoja,
do á la fatiga, que el día come,nzaba ya á apuntar cuan- lizándose á través de los almendros, nimbaban de oro la
agresiva, vivaz, llameante, roja,
do abrió los ojos. De pronto, bajo el imperio de un te- cabeza de la muerta.
se destaca la veste del monago...... .
rror inconsciente, reprochándose haber cesado un sólo
·ÁMADO NERVO.
instante de velar sobre el séT adorado, se levantó á medias para lanzar ásu derredor miradas inquietas.
Perotodo estaba en calma; se tranquilizó. Entre la
abertura del portier de la tienda, reconoció á Roumi
que, siempreacurrucado·sobre el suelo, fumaba tranqui..._l:_.,
,::)J
r
I,~
- ~ , , ~ I,,,
,
lamente su houka; reconocía el ir y venir de los bindons
1
que, hechas sus abluciones en el río, preparaban el desayuno, el arroz de kari; y de las cortinas del pálanquin de
üoulab•Soubi, salía una de Bu8 pequeñas manos de dedos
,cargados de sortijas. Entonces souriendo, se puso de pié,
TOUJOURS FIDELE
se deslizó sin rnido y fué á rosar con sus labios ávidos,
aquella mano que acaso pensaba él, la dulce niña le habla instintivamer,te ofrecido durante sn sueño,
,omo la flor marchita que ya perdió el prostrero efluvio de esperanza
Pero apenas dado aquel beso, _el enamorado experiY que at\n as! la novia coniervaentre las cartas del pérfido traidor,
mentó una sensación dolorosa; la mano de la bayadera
Tl1 guardas en la urna de todos tus recuerdos la dulce rememb:-anza
Del paralso de oro que se perdió en las sombras con tu primer amor.
estaba helada; no había respondido á su caricia con una
débil sacudida nerviosa. Lleno de sorpresa, recorrió las
cortinas del palkee, se inclinó sobre la joven y arrojó un
Era el instante amargo en que las flores mueren y las estrellas lloran
grito de espanto.
Las lágrimas ~rillantes, las lágrimas sentidas, las lágrimas de Dios;
Los ojos de Rosa de la Mal'!ana. estaban desmesuradaEra el amargo mstante en que el Destino hiere dos almas que se adoran
mente abiertos, y sus extrañas miradas fijas, expresaban
Y rompe sus cadenas de blancos eslabones con el fatal ¡Adiosl
el sufrimiento y el horror. Cuando él la llamó tiernamenAdlos, horas fehces .. Adlos, diálogos tiernos... Adios amantes citas.••
te pol' su nombre, ella agitó los labios, pero sin pronunEl iba al \'iejo mundo siguiendo los fulgores del sol del porvenir,
-ciar nna eola palabra. De su lecho se escapaban efluvios
Mientas que t11 quedabas como la triste Ofella cortando Margaritas
de perfumes acres y penetrantes.
Y viend:&gt; la esperanza como angcl de consuelo bl'I.Jlar en el zatlr.
Entonces, en el colmo del terror, él la tom5 entre sus
brazos y la llevó afuera de la tienda, donde la acostó á
Cuando se desasieron sus manos de las tuyas, turbado y afligido,
pleno aire, con un cojín bajo la cabeza, sobre el tapíz de
Algunos minutos después, 11ctivando los preparativos Como apurando el cAliz que le ponla en los labios lacruel adversidad
-donde el vigilante se había levantado al ver aparecer á
de la partida, Roumi descubrió el misterio del atentado •· For ti, por tt me ausento-te dJJo-&lt;'ree y espera, no temas al olvido/•
Y fueron sus vehemenres, sus 11ltlmas palabras: ¡amor! ¡fidelidad!•...
su amo cargado con su precioso fardo.
de que Ro.~rr di' In J[ufürna había sido la victima.
.Aunque la atmósfera estuviera ya caliente, porque el
En el sitio en que su palkt&gt;e tocaba la pared de la tien·
Contaste tl1 las bo.ras de los eternos d1as de interminables año.s
día llegaba con rapidez, Rusa d-e la Jfllñmm temblaba de da, se había hecho en la tela, con ayuda de un puñal,
cuando los sombrios crespones de la ausencia el alba desgarró,
frío. Además, estaba horriblemente pálida; sus labios te- una abertura demasiado larga para dar paso al miserable, Y
Alzaste las llorosas pupih,s ¡ay! y viste tan negros desengaños
nían, como sus narices, un tinte azulado, y llevaba sus que no habfa tenido más que abrir en ese mismo lado las Que tu alma, como lirio cuando el Invierno llega cruel, se marchitó.
pequeftas manos á la frente como si allí estuviese el mal cortinas de la bayadera dormida, para sembrar al derre-que la atormentaba. Roumi la envolvió en una sobreca- dor del cojín de seda dond:-reposaba su cabeza, las bojas,
Perdona si el secreto que tl1 me revelaste en breve confidencia
ma de seda, en tanto que Sir Albert le frotaba las sienes las flores y los frutos malditos cuyas emanaciones deleSe escape.de su caree! y para no perderse se imprime en el papel.
y los puños para restablecer en ella la circulación de la tereas debían envenenarla.
sangre, que parecía interrumpida. El jefe de los babis,
Y as( fué como, sin violar la ley de la secta que le pro- Yo quiero que Ilumine y rompa el tnsondable capl1z de la conciencia
,q~e se había aproximado, examinó atentemente á la pobre hibía extrangular á una danzante y verter su sangre, Del lnfldente ingrato que tedectacon dolo: "toujours, tou)ours lldele"
Febrero de 1597.
mfia, y se lanzó hacia la tienda de donde ealió casi luego
Scanda, el secretario de Kali, había ganado las cien rupias
con las manos carga~as de hojas de un verde sombrío, d~ de oro que Seder-Ali le había prometido si su rival no
ABTUBO L. CASTA.~ABES.
flores amarillas, de bayas de un rojo vivo, y exclamó llegaba á )ladras sino con el cadaver de aquella á quien
.arrojando á tierra con disgusto aquella horrible mezcla: había sustraído á su amor y ,í sus dioses!
«Flores de upas y frutos de manzanillo¡ la pal kee está lleLa caravana se volvió á poner en camino en la misma
na de ellas! ¡La han envenenado, la han perdido!11
mañana. Goalah-Soubi reposaba su eterno sueño en el
.Al oir esas palabras, el amante de Rosa de la .Mañana palanquín del oficial inglés, que la escoltaba á caballo
,pensó volverse loco de desesperación, ¿Quién podía ha- ~udo, y con el rostro lívido. .Al día siguiente llegó á Pon:
•ber cometido un crímen tan cobarde? La víspera ella se d1chery, donde, después de haber sido purificada según
había dormido tan dulcemente sobre su hombro repitién- los ritos y envnelta en muselinas blancas el cuerpo de la
-dole: ¡Te amo! ¡Qué celosa ira había podido herirla así? joven, siempre adornada con sus joyas, fué encerrada
La vid~ es un bostezo continuado,
.¡Aca~o los brahmines de Sriringam, para castigarla por en una ataud de sándalo y transportad~ luego á Mapues al neo y al pobre, á juicio mío
haberse escapado? ¿Pero cómo un emisario infame había dras.
les hace bostezar, según su estado, '
podido penetrar á la tienda? ¡El no la había abandonado
. Y vei.nticuatro horas después de s~ llegada, la alta sopobres el hambre y ricos el hastío.
ni un instante! ¿Y ella debía morir, morirá los quince ciedad mglesa sabía con dolor pero srn demasiada sorpre:afios, ella, la adorada?,.¡No, eso era imposible, había que sa, porque se conocía la exaltación de Sir Albert Stanley
CAMP&lt;&gt;AHOR••
-salvarla á todo precio!
que fiel al juramento que había hecho á la bien amad~
Y le decía todo esto estrechándola contra su corazón. rnoribunda de no sobrevivil'le, el hermoso oficial se ha3'..e había rodc-ado la frente con un lienzo húmedo; con la bía matado de un tiro sobre la fo~a provisional donde la

*"'

'o/\'\_V~,,'\'-o/'\'~
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41.1.,•4· .,,,,.... ~.,,_.
.. •

sonrisa de ternura infinita. Irresistiblemente atraído, Al·
bert Stanley buscó un escondite apartando las ramas de
los almendros, y llegó así hasta muy cerca de la joven
que, ruborizada, se detuvo al re.conoCE;rlo. Ento1;1.ces, suplicante con un acento conmovido y tierno, le d1¡0: «0a·
na sada, 'ma"in i.an ashik, gana sada! u¡Canta aún amor mío,
canta aún!»
Inmediatamente con sus hermosos ojos fijos en el ex·
tranjero cuya imágen, desde la víspera, vivía en ella, Ro•
.•a de la Mañana. prosiguió el relato de las aventuras galantes de el Apollon de los Hindous.
U na hora después gracias á las generoras ofrendas, el so·
brino de Lord Benti~k había obtenido todo lo que deseaba
de los brahmines, bajo la dirección de los cuales estaban
las Deoodassi11. 1/'ué aceptado como un compañero de caJnino, y cuando la &lt;?Rravana se volvió á poll:er en marcha,
quiso eBC-Oltar á pie el pala~quín de la bien amada, !~s
bahis del cual marchaban, aislados del resto de la comitiva sobre los flancos del camino; y cuando, en la noche,
las bayaderas atravesaron el Kamery para volver a~ recinto de la J?agoda, los dos enamo1:1dos habí~n cambiado
tan tiernos ¡uramentos, que largo tiempo vacilaron antes
de separarse.
Al día siguiente y los que vinieron después, el oficial
inglés no abandanó la isla sagra.da; pasaba ahí ~o~ enteras con Rosa de la Mañana, bajo los ramos de ¡azmrnes;
despues una noche en que el sitio estaba desierto y en
que la l~na había abandonado el horizonte, dos palanquines de viaje se detuvieron á la entrada del puente de
los veinticinco arcos. Diez minutos más tarde, la linda
!jierva de Vichnou desaparecía con Sir Albert.
Largo tiempo la estrechó él sobre su corazón y ella, en
tanto que arrojaba una última mirada hacia las pirámides de la pagoda, que se recortaban sobre el cielo y que
lu estrelles parecían festonear de oro, le murmuraba al
oído, con tel'nnra infinita:
«¡Ya ves si te amo: por tí abandono á mis dioses!»
Entonces, inmediatamente, como si hubiese telnido que
le robasen á su adorada, la l1evó hasta el palanquín que
le estaba destinado, la extendió allí dulcemente, tomó
sitio en su palkee, y dió orden á los portadores para que
se p11Biesen en marcha, sin encender antorchas, ni salmodiar los cantos acostumbrados ,í los cuales arreglan
sus pasos. Intentaba él alejarse lo más pronto posible de
la pagoda, los brahalnines de la cual, presas de los re-

malabar cuyos homenajes había rechazado tan duramente Rosa de la .bfaña1&lt;a; el otro, igualmente hindu, estaba
miserablemente vestido, era joven, bien musculado y de
aparieRcia robusta. Su fisonomía era feroz, su andar el
de un felino. ::lus ojos brillaban con un resplandor extraño, y examinando su frente se habría podido descubrir,
aun cuando estuviesen casi borradas, las huellas de las
rayas horizontales de bermellón, por medio de las cuales
se distinguen los servidores de la sangrienta Kali, la
diosa de la muerte.
«Scanda, le dijo con voz iracunda, el amante despechado, cuando estuvieron en el patio de la casa, uno de los
dos palanquines que acabas de ver, lleva una mujer que
se ha burlado de mí por amor á uno de nuestros opresores, qu~ se la roba. Yo no quiero que ese extranjero salga vivo de la provincia ó si Brahma le proteje, es preciso
que no llegue á su {}alacio sino con una amada muexta
entre sus brazos. ¡Ella ó él!
-Al raptor yo le conozco, respondió el Hindou, tú me
los l¡as nombradn: míll! si le acontece alguna desgracia, el
gob~rnador de Madras vengará á su sobrino. En cuanto
á la mujer, quien es ella?
-t"na de las Deuada.~.~ill de la pagoda de Sriringam, la
más bella de todas, Goulab-Soubi.
-No sabes acaso, que las danzantes están al abrigo de
nuestros golpes? exclamó Scanda vivamente. Kali las
protege contra el paño sagrado y nosotros no tenemos
el derecho de verter su sangre.
-Qué me importan vuestras costumbres! qneel uno ó
la otra mueran de cualquier modo! he aquí cien rupias
de plata. Corre hacia ellos, úneteles, y el día en que me
traigas la prueba de que estoy vengado en ella ó en él, te
daré cien rupias de oro.11
El thug asió la bolsa que le tendía el malabar, refle•
xionó un instante, después suB ojos arrojaron un relámpago de baja envidia, y ganando la puerta de la casa:
«Hasta luego Seder-Ali, dijo; prepara tus cien rupias
de oroln
Y flexiblec)mo una fiera, desapareció en medio de la
noche.

***
Entretanto, la caravana prosiguió
su marcha bajo el
cielo estrellado, en la soledad del earoino que, solamente
al alba, se pobló de viajeros: comerciantes que se dirigían
hacia el Sur; estos, modestamente, á pie, pesadamente

de que era la heroica, porque sonrió, inclinándose, y llevándose las dos manos á la frente.
Un cuarto de hora después, los babis habían terminado sus abluciones y su frugal almuerzo de arroz, y se extendían sobre tapices, bajo la verandah, para tomar un
reposo que habían ganado bien. El fiel Roumi pidió ásu
amo permiso para imitar á sus compatriotas, y bien
pronto Sir Albert y Rosa de la Alañana estuvieron solos
en la gran sala del bungalo, medio reclinados sobre los
cojines de los palanquines, con los cuales se había hecho
divanes, y cerca de una mesa cargada de sabrosos frutos.
Porque no tenían sueño ni ella ni él. ¡Deseaban decirse
tantas cosas! Su amor era demasiado profundo para no
ser casto, y en aquel largo camino que acababan de hacer
juntos, no habían en l'ealidad estado solos un instante.
Y ahora que estaban el uno cerca del otro, con las manos entrelazadas, callaban. Alberto, que se daba cuenta
de la responsabilidad que asumía y cuya alma era digna,
no podía ser un amante vul~ar; quería que aquella á
quien había sustraído á sus dioses, com~rendiese que sería su compañera adorada para toaa la vida, y, en la expresión de su rostro, había aun más de entusiasmo, más
de ternura que de pasión.
En cuanto á la adorable niña, parecía no explicarse
como y por qué se encontrabatan lejos de la pagoda donde había pasado su infancia, tan lejos de sus compafieras que debían llorar su ausencia, tan cerca de aquel extranjero, c11yas manos apretaban con fiebre las suyas, y
cuyo mutismo mismo, más elocuente que las palabras y
el fuego, turbaba todo su sér.
Temblaba pareciendo temer algun terrible J?6ligro desconocido, y, en un extremecimiento de embnaguez, cerraba los ojos, como si quisiera escapará las cosas extel'iores para interrogarse más seguramente. Después, tol'naba á abrir las pupilas; sus miradas volvían á Cencotral'
las miradas de aquel que la había hecho olvidarlo todo;
emrojecía un poco y dejaba caer su cabeza de virgen sobre el hombro de su raptor, que entoces le repetía:
«No temas nada, serás mi esposa bien amada: te amo!»
Así pasaron el dia en sus sueños de pol'Venir, y cuando el sol comenzó á descender, la caravana se preparó para la marcha.
Por tranquilo que estuviese respecto á las consecuencias de la aventura, el joven oficial tenía prisa de llegar
á Pondichery, de donde se dirigiría facilmente á Madrás.

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108

DDIIINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

•

-Nadar entre dos aguas en esa urna de cristal que vé
usted.
-No me es desconocida la fison•omía del que fija los
programas en las entradas. Se servirá. usted decirme
quien es?
-Otro editor, hijo, otro e ditor que lle vó á Mexico una.
especialidad: tirar periódicos á dos colores: café desteñido y azul celeste. A ese lo ejercitamos en los programas
y demas remiendos.
- Y aquel ojfio que se encoje como para reducirse á la
raíz cuadrada de sí mismo.
-No es niño, hombre, que mno va ser. Hizo oposición en un periodiquito de á centavo y como el :público
quería noticias, el periódico perdió ventas y se fue empequeñeciendo como las barajas en manos de los prestidigitadores ...
-Precisamente en este momento juega al toro con otro
niño que embiste ...
-Precisamente. Ese nif\o tu€ tambien editor. Tenia la
monomonía de las embestidas. Se embestia á sí mismo y
muri6 de indigestión tambien. Parece que Spencer y Le
Roy Beaulieu y Stuar Mill se le indigestaron ...
- Y en general que opina usted de la prensa de México?
-Le diré á usted.-Y el diablo se rasc6.la cola en actitud pensativa, en general está aun en el periodo cuaternario: gases densos y lodo espeso; plesiosaurios, dinosaurios, ictiosaurios ...... mamouths.... abortos indefinidos .... .
Acaba de salir del periodo del tarro de cola y las tijeras
y aun no puede definirse bien. Por lo demás es inofensi va: juega á la zancadilla y al burrito. Con el tiempo ya
veremos ..... .
-¿ Y quiénes le son á. usted más útiles aquí?
-¿En el circo?
-Sí.
-Pues hombre, hay algunos alumnos muy aventajlJ,das. D. Juan Pedro Didapp, por ejemdlo. ¡Hace cada

DDIIINGO 14 DE F~BRERO DE 1897

EL MUNDO

plancha? ........ .

EL DANTE EN MEXICO.-Los periodistas en las canastas.

EL DANTE EN MEXICO
VIAJE DE UN REPOR7ER.
(CONTINUA, )

Así reflexionaba cuando llegó á mi oído desconcertado
rumor de aplausos :y gritos:
Dejé el gabinete de Su Majestad y aventurándome,
guiado por los ruidos que á mí llegaban, por un dédalo
de obscuras galerías, me encontré de pronto con el abismo á. mis piés, pero un abismo alegre, ruidoso, lleno de
luz.
Em nada menos que un profundo circo rodeado de ariscas rocas, _en las cuales estaba tallada la gradería.
En la parte más visible levantábase un estrado de madera y frente á él un elevador de grandes proporciones,
por donde bajaban, en gran.des canastas individuos cuyas fisonomías no me eran desconocidas.
Las cabezas asomaban como pidiendo suscripciones
(por lo que se verá después). Al primero que conocí fué á
Don Gregorio Aldasoro, embutido con un cesto con el
duque Juan, barba y todo.
¿Qué tal amigo Don Gregorito?
-Sufriendo la pena negra Fígurese usted que la única distracción quema permiten. es la lectura de los versos de este duque 6 de los recuerdos de la Revolución francésa, obra y gracia de Don Antonio García Cubas ... .. .
A medida que cada ·una de aquellas canastas llegaba á
tierra1 los que la ocupaban, haciendo ·contorsiones y
muecas se desparramaban por la arena, donde una espe•
cie de capataz armado de recio látigo los ordenaba en gru•
pos Y les iba marcando las suertes que les tocaban en
ldem.
El amplio local estaba á. reventar y a,enas si con es-.
fuerzos supremos logré penetrar é instalarme cerca del
palco de honor. Satanás acababa de llegar y acertando á
ver~e tuvo la bondad de llamarme á su lado con un expresivo guiño de rabo.
-Este es un espectáculo de encantadora novedad para
usted-:--me dijo.
-Sin duda-respondí, pero no estoy alln muy al cabo
de lo que se trata. ¿Quiénes son esos individuos que des ·
cienden en amplias canastas y luego cirquéan en la arena?
-Periodistas, hijo.
-¿Periodistas?
-Es claro, debía usted conocerlos en sus contorsiones.
-En efecto, y se les condena ......
-A hacer suertes, equilibrios, chistes, á dar volteretas,
á maromear...... en fin á continuar, más á lo vivo sus ta reas usuales en la tierra.
-Hombre, no me parece mal.. ....
-El castigo es apropiado, ¿verdad?
-Sin duda.
-¿Ve usted á aquel individuo que se empeña en andar
para atrás y en obstruir el paso de los otros?
-Aquel que hace gestos avinagrados?
-El mismo. Pues bien: es un Señor García Torres á
quien debió usted oir nombrar por alhi arriba.
-En efecto, no Die es·desconocido el nombre.
-Aquí se .le considera como el tipo del pesimismo
gubernativo. No crey6 jamás en un gobierno bueno, tenía la monowa.níadel ataque y me cuentan que se combatía así mismo cuando no tenía á quien combatir. Pasó
cincuenta años diciendo á un gobierno lo que lehabfa dicho al anterior, y murió el día que tuvo que convenir en
que había un gobernante aceptable.
-¿Y aquel que después de cada maroma toma carbonato?
-¡Abl Gil Blas ........• ese murió de una indigestión de
faltas de ortografía. Ne lejos verá .usted probablemente á.
un individuo jovencito él, delgadito él, esqueleteadito y
de cara un poco agarbanzada, que prepara el trampolín ..•

-Lo veo en efecto.
-Es un editor de periódico que se indigestó á su vez,
pero de vanidad. A lo que yarece se hat:iía cl~ificado á
sí mismo como gloria nacional y como el público no lo
tomase á lo serio ..... .
-Ya, Ya ...... ¿y mi amigo el de luenga barba que saludaátodos?
-Ese pa.s:6 su vida saludando á. nnos y otros ...... al go bierno y á la Iglesia, al elemento oficial y al clero ...... á
todo el mundo. Fué incoloro y por inofensivo se le con•
denó á una suerte facil.
-Cual?

-¿Promete, verdad?
- Y no sólo promete, cumple á las mil maravillas¡
me he fijado en él para Director de El Urdversal .
-Y de lectores, ¿c6mo anda usted?
-}:ro del todo mal, y eso que no entran aquí los q11e
leen artículos de Torito y versos de Manuel Caballero.
-¡,Por qué?
-Porque esos van al cielo.
A. la saz6n el espectáculo. concluía con la pantomima
acuática desempeñada por varios editores y periodistas
conciliadores y Satanás dejó su palco dando la sefial de
dispersión.

( Continuará.)

EL DANTlt EN Ml!:XICO.-Los periodistas en el circo.

Un ·francés que cita oportunamente un verso latino,
está. muy cerca de la verdad.era felicidad.
Teójüo Gautier.

•••

La 1:1abiduría consiste en da.r á la vida, ya sea moral,
ya física, un poquito menos de lo necesario.
Pérez Gald6s.

•••
Una violenta encefalitis, esa especie de apoplegía de
conocimient.os positivos, que fué el proceso de la educación de C¡¡rlyle y de Mill, d~ Taine y de· Rená.u, es la en fermedad de casi todos los maestros de la filosofía contern por:ínea.
Puul Bourget.

•

Toda pasión sincera es egoísta, lo mismo la pasión intelectual que otra cualquiera.
Paul Bourget.

•••

Mientras ya me dan pena
el oro y los diamantes
envidio esos instantes'
en que van, agachándose en la arena
á coger caracolea dos amantes.
'
¡Cuántas home felices y tranquila.a
pasará de tí enfrente
el que pueda vivir e~rnamente
asomado al balcón de tus pupilas!
CAMPOAMOB.

ti!na belleza italiana.

'ºº

�EL MUNDO

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

eq·1(voco, el General nl'lnd\: ''¡SJamosprudentesl" ylaa
op •raciones si~uier0n adelante.
II ,cía veinte minutos por lo menos que registrabñ.mos
Perdido en el cen1 ro rle la cordillera inaccesible á los
las Psquina.i y los rincone~ del E:1tudio 1 sin éxito, cuan•
hombre!", rl vif'jo vulcJn era el @itio más propio pam cedo P•ltvín tuvo la idea de abrir un enorme armario.
lebrar el 11q1lt'iarn•. 8u enorme crater, apagado desde siEr.1, sombrío y hondo; adelanté el brazo que llevaba la
g\011, paree.a e11tn1r de nueyo en actividad, tan grande
luz y me eché pa.ra atr.ts estnpeíacto; un hombre est,aba
t'ra el rniito q111:: altí metían todl)s aquellos eeres fantást.i~
allí, un hombre vivo que me había mirado.
c1F. reunirlos t•11 npant&lt;si saturnal, con objeto de pracInme1iatamente volví á cerrar el armario con doble
ticar ú. favor de la claridad de la luna misterios hovuelta de llave, y tuvimos otr&lt;.) con...&lt;.ejo.
rrendos.
L'\S opinionef! estabao.. muy dividida&lt;;, Soriol q11erfa.
El conjunto del E&gt;specMculo era indeecriptible, digno
a.hu,nar al ladrón, Potvin quería reducirlo pnr el ham.•
del !neo pincel de Goya; una mast'arada eepeluznante en
bre, y yó propu"!e hacet volar el armario con pólvora.
que fignraOOn vieja1:1 desgrefiadas y lúbricas, al lad•• de
El \'Ot() de P&lt;.)tvin prevaleció, y mientras hach la
hermo.,¡as j.'&gt;Vetwi; en lascivas actitudes de bacantes. Feos
g·tar lia con st1 gnn fu3il, fuimos á. bn'3C 1r los restos del
gnomo!ó'I, barbudos v deformes, retozaban haciendo sonar
p ,nche y nuestras pipas. Luego nos instalamos delante
los ca."cabt-les de sÜs gorroii, en tanto que horribles bru•
U.e la puerta. cerrada y bebimos á la salud del prisionero.
jas, sentarlR.s en cuclillas al rededor de grandes calderos,
Al cabo de media hora Soriol dijo:
llenn-i de filtros y ht:bistmjos abominable@, atizaban las
"Xo importa, pero deseo mucbo verlo de cerca; ¿si nos
hognt&gt;rf!fl .con ~ns dedos flacos, ttrmados de largas uñas
apoderíramos de él por la fuerza?"
encon·adas. :Multitud de sabandijas, á las que se mezcla•
Grité: "Bravo," y cada uno se precipitó sobre sus ar•
han g:thipagos y culebra8, iban arrastrándose pQr entre
Ya el fuego ha muert-0 y• las tres hadas P.e aproximan mas. Ll puerta del armario fué abierta, y Soriol, armanlas pab\1 de monstruos e~trafalario~, parecidos á. los que al caldero; llenas de esperanza. Sacan rlf•l fon,lo al corn· do l'-U pistola que no eq-t;aba cargada, se lanzó el primero.
se ,·en en las g,írgolas de las catedrales góticas, sin que zón, ¡Oh, dolor! ¡está p('trificado! todos los fueg,&gt;s del in·
L~ seguimos aullando. E.3to fué un atropello tremendo
narlie !ó!e cuidase de ellos.
en la osculidad. Y después de cinco minutos de una Ju.
fierno no han podido ablandarlo.
El t-nrnnlto crecía por instantes con la llegada de nne•
Entonces con el pecho lleno de sollozns ~' cnnja,ln de cha estupenda, sacamos á. la luz una. clase de viejo ban
vos asistentes, ansiosos Je ocurrir al S:íbado. Los hechi• lágrima::i los p1rpados, alzan tambien el vnelo: y al lleg.lr dido, lleno de cana.91 a...qq_neroso y harapiento.
cerna y nigromantes volaban por los aires agitando sus á la ctÍspide del cráter, el primer rayo dd sol n·,ci,mte
Le ligamós los pies y las manos y le sentamos en un
negra.&lt;i. alas, semejantes á.enormes murciélagos, y las brn• puso en flUB negros cuerpos un reflejo sombrío como el de sillf,n.
jas cahalgaban sobre pa:os de escoba. En un extremo,
No abrió la br&gt;ca.
las perlas.
rodt'ado de sombraR, alz,íba.&lt;-e el trono rústico de S. M.
Entonces Soriol, penetrado de una borrachera solemRxc.,nno
FERXÁxm:z
GL".ARnr.~.
SaMn, el soberano todopoderoso, cuya silueta siniestra
ne, SP. di rigió á nosotros.
se destacaba indecisa en la penumbra, cubierta la cabe-\·amos á juzgará e~te miserable!.
za por un sombrero empenachado con plumas de gallo
Yo estaba en tal estado de embríaguéz que esta propo•
negro. A su lado estaba su compaíiera, la más joven y
siciím me pareció de lo má.s natural.
hermosa de las brujas, desnuda y coronada de flores sil•
Potvin fué encargado de presentar la defensa. y yo de
vestres.
SOFtener la acusación.
-¡Abracax, abraca:r., abrarax.'-gritó la bn1ja de pronto.
Fue condenado á mnerte por unanimidad de votos,
A eeta. voz todos enloquecen, y llenando el aire con
menos uno, el de su defen.3or.
aullidos frenéticos, se precipitan á adorar al soberano
-Yamos á ejecutarlo, dijo Soriol.
Su compañera le acaricia en medio de la a 1gazara gE&gt;nePero tuvo un escrúpulo:
ral. Hecbo esto comienza el banquete, inmunda orgía
Este hombre no debe morir p.rivad'l de los socorros de
ESCENA DE LA VIDA DE LOS ESTUDIUTES
en que todos se embriagan con un líquido infernal, á. la
la religión; hay que bu&lt;1car un sacerdote.
ll1z vacilante de las antorchas y de los cirios verdes que
Hice la objeción de que era muy tarde; entonces Sol'iol
El ladrón.
hlanden al~unasde las brujas. Todos se aman ein pudor.
me propuso desempefia.r e1 oficio y exbort6 al criminal
l'brios de vmo y de lujuria.-A l banquete sigue la danza;
I
para que se confesase conmigo.
-D~sde el momento que les dtgo que no me ,an mtelas manoe se unen, suenan las flautas y los tamboriles y
El hombre bacía como cinco minutos que meneaba los
todos µarten en una fadndula vertiginorn, vueltas las des á creer!
ojos con el mayor espanto y se preguntaba con quf clase
t·spaldas á SaMn que ee iergne fatídico en el centro, ba•
-}fo importa. ¡Cuenta hombrer
de seres tenía que habérselas. Entonces articuló con voz
-¡Bueno! Pero tengo obligación de m'\nifc-starleR que caverno!:a, quemada por el alcohol: «Ustedes bromean,
ii.ado su velludo cuerpo por el resplandor de· los fuegos,
por encima de los cnales van saltando los danzantes.
mi cuento ~s verídico en toda.~ sns partes, á. pesar de su sin duda!u Pero Soriol le arrodilló á. la fuerza y le dijo:
Llega despuéE:1 la hora de la misa negra y la bruja se inverosimilitud. S61o los estwlia.nte~ no extrañarán,
11Confiésate con este caballero; tu última hora ha soprosterna para que sus ancas sirvan de altar. Ln demo- principalmente los viejos, que han confJridn e:--ti\ época nadoh&gt;
nio se aproxima en adem,ín de oficiante á. consumar el en la cual no dejábamos el cultivo de la br0m:l aun en
Aterrado el viejo bribón se puso á. gritar~ uSocorro!•&gt;
i-acrilegio. La escena es terrible, pero de una belleza sal- las circunstanciR.s más gran!@.
con tal fuerza que tuvimos que ponerle una mordaza pa•
vaje que impone y sobrecoge. Un grito de alarma inte•
El viejo estudiante se puso á. cab:illo encima. de un ta- ra que no despertara al vecindario. Entúnces se revolcó
. rrumpe de improviso la siniestra burla; cesa el bullicio, burete y empezó:
por el euelo, tirando patadas y retorciéndose, derribando
al cmil sucede un momento de espectante ansiedad.
muebles y rompiendo cacharros. Alc.~bo de algunos moII
-¿Quién osa turbar esta fiesta?-pregunta Sati'ín con
Habíamos cen!)do en casa de Snrio1, hny mnerto. el mento3 Soriol 1 perdiendo la. pJ.cicncia, gritó: «Aeabevoz ronca y amenazadora.
más endiablado de todos nosotros. Era.,no~ tres no m.í.s: mOFI!,,
-Señor-responde Ariel, uno de los demonios favori• Soriol, Potvin y yo.
Y apuntando al misera ble, echado por tierra, apret.S
to~,-son t~s hadas negras que desean verte y probar el
Basta decir qne habíamos cenado en ca~'\ de Soriol pa- el gatillo de su pistola, el que cayó c Hl un ruido seco.
alcance de tu poder.
ra quecompt'f'ndan que est:.íbamo!:' ébrios. Pot,·in s..ílo ha. Arrastrado por el ejemplo tiré á. mi ve ✓.: mi fusil, que era
-Tráelas ,t mi presencia.
bfa conservado su juicio, algo turbado pero lúcido toda.• de eslabón, brotó una chispa que mes ,rpri:mdió.
Desaparece Ariel y vueh'e luego con lais tres had11.s que vfn.. ¡Eramos jóvenes en aquel tiempo!
Entonces Potvin pronunció con svleurnidad estas p:1tiemblan de pavor it la vista de cosas. t.an horribles. Ro•
Recost,ados sobre alfombras, disentíamos locamente en labras:
c,¿Tenemos el derech.o de m'\tar á este hombre?,)
dean las gentiles, elfos y gnomos, codiciosos de su be• el pequeñ'l cuarto que daba al estudio.
lleza.
Soriol, estupefacto, contestó: «¡D~sd&lt;J ol momento que
Soriol, de espaldas en el snelo, las nierna~ en nna Rilla,
-J.Quién sois y que pretendéis de mí't-interrogó Satán. hablaba de campaffas, pintabn lns nniformPfi del primer le hemos condenado :í. mnerte!,i
Pero Potvin replicó: 11No se fusilan Jo:, civiles; este de•
-Poderoso monarca de las sombras-re2ponde una de imperio, Y de reoente, lE'lvanMnrlose, descolJ:(l nn uniforellas, la más hermosa,-venos aqui postradas á. tus plantas, me completo de húear del gnmrle arruario dondP. colee. be ser entregado al verd.ugo 1 cond1JZC.Í.1umilo i.t la C.Omisa.en demanda. de una gracia qne no hemos podido obtener rionaba los desnojoR de lo!i ejércitos pasadnq y se lo puso. rfa de Policia.n
El argumento nos pareció conchiyente.
de ninguno de los misterioso3 espíritus del mundo. Pero Luego obligó á Potvin li. vestirse de gÑ\n!\dPro, v como
Levanté al hornbrt!, y como no t&gt;odia caminar, le colotú, cuyo poder es infinito y para cuya volunt..a.d no existen este f'IP, resistía, lo agarntmo!il. y desonés de haherlo &lt;lesobstáculos, has de lograrlo si te mueve á compasión nues• nndado. ]P. encajamos un vestido enorme, en el cual que• qué sobre una tabla de dibujo, sólidamente amarrado y
me lo llevó con la ayuda de Potvin, mientras que Sori~l
tm desgracia. Somos hermanas la tres, nacidas en un dó hundido.
armado hast.'\ los dientes cerraba la ru lr .;ha.
'
mismo día y de uns. misma madre; y aunque ahora ves
Yo mismo me vestí de coracero. v Soriol nO!i hi?.o eje•
Enfrente de la guardia el centinela n')s d&lt;:?tuvo.
nuestros cuerpos negros como el azabache, éramos al na- cutar maninbras v ejercicios cnmolicados. Luego hizoesEl comisario llamado nos reconoció, y com l cada día
cer más blancas que los :pardos. De cien leguas á. la re- t,a nroposición: nYa que eRtamos vestidos como veteranos,
era testigo de nuestras bromas, d1~ nue3trns t&gt;X ;entricida•
donda venían gentes á conocernos, tanta era la fama que bebamos como vetern.noR!•i
.
cundía de nuestra gentileza. Esta fué la causa de la des·
Al efecto, un ponche fué prepararlo v behido. y lneg-o des, de nu~~tros inventos increíbles, se ri.i y rehusó
gracia que nos aflige, porque una hada muy poderosa, ene• por segunda vez la llama ardió sobre la palangana llena nuestro prtstonero.
Soriol insiHtió: entonces el centinela nos ordenó con
miga y rival de nuestra madre, resolvió vengarse de ella, de ron.
severidad
volviéramos á. nuestra casa sin promover esdestruyendo lo que era su mayor orgullo: la singular
De repente Potvin. que qnedab~. ii. peAard"I toilo, duP.hermosura de sus hijas. Vanos fueran todos los cuidados f'io de sí. nos hizo callar: y después de un silencio de al• cándalo.
Nuestra tropa se puso en marcha y volvió .í la sala de
y tiernas solicitudes que se emplearon para sustraernos Jr11noR segnndos, diio á media voz: 11¡Estoyseguro que hay
estudio.
de la maldad de la rencorosa enemiJVl. Un d!a se le pre- a.hmiPn en Pl eflt.nrl.io.u
Pregunté: «¿Q"Jé hacemos del preso?,&gt;
sentó la ocasión que tanto deseaba. Dormía nuestra ma•
Soriol flP ]PvantA como r,nilo y gritó:
Potvin 1 enternecido, aseguró que el p'"&gt;bre hombre dedre sobre la hierba fresca á orillas de un río y nosotras
)):Un
hu'lr6n!
¡QuP
s11ert.P!1•
b(a estar muy cansad): en realidad p1.r~cía a, 1niza.udo
flotábamos sobre una cuna de hojas de nelumbo. eseonY
siguió entonando La Jfarscll,wr.
asíligado, amordazado, a.marrado sobre la tabl:t.
'
d1da en medio de los juncos, cuando sobrevino el hada.
Al amparo del traidor silencio con que se fué aproximan•
l\Ie agobió tambié-n á mi vez, una Lifltima inmensa de
"Aux armes cltorcns!''
do, burló la vigilancia de nuestra madre, la cual no pud'l
borracho, y quitándole la mordaza le 1Jregu11t~;: "l Y cómo
impedir que nos cubriera con un pérfido velo que poseía
Tom6 armas de una panoplia pegada de la pared y nos te va, mi pobre viejo?»
Gimió: 1(Basta. por la. Virgenfo
la virtud de ennegrecer la más cabal blancura. Todos los arm6. ~Pgtln nuestros uniformef.l.
médicos han sido agotados para destruir el maleficio. Los
Entonces S ,riol se volvió paternal; le solt ·1 det&lt;)d 1s la,
Rt&gt;eibí 1,n mosquete- ,. nn sable. Potvin nn · gig,nt.eRco
hábiles encantamientos han fracasado ante su misterioso fnRil con bayone-ta. v Roriol. no encontrando la. qne ne- li~uras., le hi~o sentar1 le tuteó, ypJ.ra. repor1erlo, nos
poder; negras nos hemos queda.do y negras seguiremos cesitab~., se apodPr6 dP una ni~tola. de genrla.rmerfa que pusimos inm~d1atamente á preparar un no ivo ponche.
siendo si tú no lo remedias. Oh, Satán, señor omnipoten- ene:ancho en su cinturón y de una hacha de aborda3e que
El ladrón so3~g1du en su sillón, nos mirab·~. C,rn.ndo el
te de las tinieblas, sé generoso, compadécete de nosotras, a~taba encima d_e su cabeza.
líquido estu\'O á. punto, le alargamos una cop.l y bebimos
y devuélvenos nuestra piel de lirio.
á su salud.
tnPe:O abrió con precaución la. pw•rta del estudio y el
-Accedo á vuestros megos-replicó Satán, y vólvién- ejPrcito entró en el territorio sospechoso.
El preso b~hió tanto como un regimiento, pero como
dose al concurso, añadió con acento imperioso.
Cnando ostnvimoa en la inmPnsR oieza.. nbst,n1ida. &lt;le empe~~ba 1í amanecer, se lev:a~tó y con un aire muy for-Acudid á. -mi voz, negros espíritus de las sombras, cuadros enormeR, de mnebles, de objetos extraños é im• mal d1Jo: ((}!fo veo en la preclSlón de dejaros, porque ten•
bFnjas y hechiceros, gnomos, elfos y lutinos. Obedeced pn:-vistw, ~riol noR dijo:
go que volverá. casa.n
lo q 1e- o~ mnndo. Juntad vuestra ciencia infernal y preXos qnedamos muy afligidos· quisimos detenerlo r.n
")Ie nom hro á. mi mi8mO General. Formnmos Consejo
pa1·.nl uu nitro que á estas hadas devuelva su blancura.
de guerra. ~lÍ, lns rorn,.t&gt;ros, te vas á cort,ar la retirada al poco mis, pero so ex~us0 con C,mot::3Ía.
A este llamamiento del amo1 todos se aproximan en ac- enem:ig-o; es decir. á dar una vuelta á. la llave de la puerEntonces nos apretamos las mano.:1 y Soriol lo n,.ln 'llbró
titud humilde.
con la vela ham.a. el zaguán, gritando al último: ((¡cuiJ.ado
ta: tú, l1JA grn.naderos, vas á servirme de escolta."
-Señor, exclama una bruja. centenaria, horrible v des•
Ejecut:.P el movimiento ordenado, y luego me junté con con el paso de la puerta!n
dentada, el filtro que ha de obrar esa maravilla yo lo .co• _ el !JT'lll80 del ejército que efectuaba un reconocimiento.
IU
nozco, más para hacerlo, se necesitan, entre otras, dos
En el momento que iba á meterme detrás de un gran
Nos reíamos á carcajadas al rededor del autor del cuen•
co~as indispensables: la sangre de un ·recien naciJ.o y el hiombo. estalló un ruido .furin~o. "'fe- Ahnlnnr:o'i llPvAnd"I oo. Se levantó, encendió su cachimba y alladió p!antán·
car.1.1.ón·de un a.varo.
1:1iempre la vela en la mano. Potl;'in arnbaha. deatravesa'r dose enfrente de todos nosotros:
-Yen aquí, Puck-llamó SaMn 1 -t6 1 el más listo de rle un J?"Olpe de bayoneta el pecho dP un m~niquí, al cual
lt
lo mejor de todo es que mi historia es la pura ver•
mis demonios, parte en el acto y traenos lo que esta vie· Roriol descalabraba la cabeza á hachazos. Reconocido el dad. 11
GuY DE MAUPAs.,;;A:-iT.
LAS HADAS NE;GRAS

jn pi te. R')ba IS la madre fe}i,1; sn tierno hijo y r;15&gt;g-1. con
tu puñal el duro pecho del aviH'ü.
Puck, desnparece en una espiral do hnmo. Ante 0 &lt;le un
cuarto de honl vuelve triunfante co11 lo pt'did,1. E 1ton·
ces la vieja prepara los ingwdientes y pronnnci:\ Jo .. conjnros. DdSpués lo echa todo en un caldero y rl•vuulv~ los
tizones para cocinar el .brevajri, m t~culll'l.n lo form \~ cabalístiCM. Brilla la lnmbre y ,co:nienza de nnu,·o Id. ronda infernal en torno de la hoguera. CJ.da vez son má:3
violenta, la.&lt;; llamar11.das; pinos enteros se retuPrcen con
e-stallidos lúgnbres, y la vieja no cesa. dd ntiim.r el fuego.
El cr.l.ter tiembla. de placer como renaciendo!'. nna. 1111ev;\
vida; los diablos mismos admir;m la inten~itlad dt!l in•
cendio y es milagro que no se fundJ. el cahll:lro, que ya
está casi blanco.
-¡El alba, el alba!-exclaman varias D"OCes, y por encanto desaparecen todos. L!\ vieja, ya montada en su escoba. les grita desde muy alt.o:
-Si el corazón del &amp;\'aro ee ha ablandado, el filt.ro es
bueno, y beb.éndole, re~obraréis \'Uestra blancura.

••

4

r

LA.SFRESAS

I
Una mailana de Junio, al abrir las ventanas recibí en
-el rostro una ráfaga de aire fn:-sco. Durante la noche había estallado una violenta tempestad y el cielo azul pa•
recfa·renovado y embellecido tras la furia de la to1•
menta.
Loa techos y los árboles estaban mojados todavía por
la lluvia, y de los jardines inmedia.t.os se exhalaba un
marcado olor á. tierra húmeda.
Vamos, Ninon, exclamé en tono alegre, ponte el sombrero. hija mía.
Ninon batió palmas y acabó de vestirse en diez minu•
tos1 lo cual es muy meritorio, tratándose de nna coqueta.
de veinte afios.
II
¡Cuántos enamorados han paseado eus amores por
aquellos bosques!
Son allí interminables los senderos, y la tierra está cubierta de una alfombra de finísima hierba, sobre la cual
el sol, penetrando por el follaje, lanza vivísimos reflejos
de oro.
Y hay caminos estrechos y sombríos eu los cuales es
preciso estrecharse al pasar, uno contra otro.
Ninon, que había abandonado mi brazo, corría como
una cervatilla, muy satisfecha al sentir en sus tobillos el
cosquilleo de la hierva. Luego volvía ámi lado y se col•
gaba de uno de mis hombros, fatigada y cariñosa.
El bosque se extendía como un mar mfi.nito en el que
se agit.aba un inmenso oleaje de verdor.
-¡ Fresas! ¡Fresas!. .. exclamó Ni non saltando una zan·
ja como una cabra fugitiva y registrando la espesura.

III
Pero no eran fresas, sino fresales Jo que había visto.
Ninon, sin miedo á los insectos, por los que tanto ho•
rror sentia1 paseaba sus manos por entre la hierva, levantando todas la.e hojas y desesperada por no encontrar
en parte alguna el fruto apetecido:
-¡Se nos han adelantado!~jo haciendo un mohín de
despecho.-Busquemos bien y encontraremos algo.
Y nos pusimos á. buscar con una conciencia inrreprochable.
Con el cuerpo inclinado, el cuello extendido y los ojos
fijos en el suelo, íbamos andando despacito, sin proferir
ni una palabra' y olvidados del bosque1 de la sombra, del
silencio y del camino que recorríamos.
No pensábamos más que en fresas.
Recorrímos así más de una legua, encorvados y diva•
gando de izquierda á derecha. Pero no se veía en parte
alguna ni una sola fresa.

IV
Habíamos llegado á un ancho talud sobre el cual caía
de plano el sol. Ninón se acercó á. el, resuelta á. cesar en
sus investigaciones, cuando de pronto lanzó un agudo
grito. Acudí asustado, crey~ndo que se había herido, y la
encontré sentada en el suelo.
-Mira-me dijo sefialándome con el dedounadiminu•
ta fresa del tamaño de un guisante y madura por un só~
Jo lado-cógela.
-No-le contesté sentándome junto á ella-tú la has
encontrado y tú debes cogerla.
-No cógela tú.
Tanto y también me defendí, que Ninón se resolvió á
cortar el tallo con sus uíias. Sin embargo~ después surgió
una nueva dificultad cuando se trató de aecidir cuál de
los dos se comería aquella fresa que tanto nos había cos•
tado encontrar.
Ninón quería que fuese yo el elegido¡ pero me resistí
con entereza. Luego, de concesión, acordamos partir la
fresa en dos.
Ninón se la puso en los labios y me dijo sonrriente:
-Vamos, t6ma tu parte.

111

Así lo hice sin saber á punto fijo si la fresa fué partida
fraternalmen'te. Tampoco sé si llegué á. saborear el delica•
do frllto, por lo bien que me supo la miel del beso de
Ninón.
V
El talud estaba cubierto de fresales pero de freeales de
verdad, la cosecha fué abundante. HS.:bíamos puesto en
el suelo un pañuelo blanco, jurándonos solemnemente
depositar en él toda la fruta, sin probar de ella m un só•
lo bocado~
Después de terminada nuestra. tarea, nos dedicamos á.
buscar un sitio apropósito para almorzar y á. p0cos pasos
de distancia descubrí un precioso nido de ho1arasca.
Dejé el pañuelo en tierra y nos pusimos á admirar la
belleza del paisaje.
Xinón me contemplaba con ojos centellantes, y al ver
reflejado mi carifio en mi mirada, se inclinó hacia mí,
.tendiéndome sus manos con un ademán de adorable
abandono.
El sol brillaba en todo su explendor sobre el follaje,
lanzando reflejos de oro á. nuestros piéa.
Almorzamos al fin; pero cuando buscamos las fresas
para comérnoslas, notamos con gran eetupor que nos ha•
bíamos sentado precisamente sobre el pañuelo que las
contenía.
EMILIO Zou. .

El desprecio es el recurso del os paruenu.R, de los preten·
siosos, de los feos iraciosos y de los tontos; la máscara
bajo la cual se abriga la nulidad y algunas veces la vileza, y que dispensa de todo talento, juicio y bondad.
A.Li,-o:sso

DAUDEJ'.

LAS TRES HA.DAS

Todas las hada~ habfanse reunido alrededor de la
cuna ..... .
. El padre y la madre escuchaban enternecidos y silenciosos.
-Nin.o-dijo una de ellas-tú serás apuesto, hermoso,
gallardo. ¡t-;erás héroe! Cefl.irá tu frente doble corona de
oro y laurel. A tu presencia estallará en _entusiasmo la
multitud. Innumerables admiradores seguid.u el carro
de tus triunfos. Harás reír y llorar, provocarás en el af•
ma de los pueblos ya la ternura, ya el espanto. Desga•
rrarán los poetas sus perlas á tus pies. Acordarán los
mtlsicos sus lires para cantar tus alabanzas. Serás amado por cien heroínas ......... El pw1al y el veneno no po·
drán nada contra tí; tu renombre salvará Océano y mon•
tañas .
La madre cayó de rodillas dando gracias á las hadas;
pero la puerta abrióse de pronto y apareció el hada de las
glorias eternas.
-No puedo-dijo-compartir ese agradecimiento. )le
habéis Olvidado, y en castigo, he aquí mi predicción:
Las coronas de oro serán de cartón; reirá, amará, llorará.¡ pero á voluntad de otro. Los que le aclamen, rehusarán luego su íntima estimación. El pueblo, del cual
será ídolo, lo romped un día en cien pedazos ó lo encadenará al carro del nuevo triunfador. Las coronas ele
laurel SP cambiarán en coronas de siemprevivas, y morint en el olvido y pasará. sin deJar huella.
-¿Qué será entonces mi hijo?-gritóel padre aterrado.
-8erá cómico.
Pero el hada de la muerte se apreeuró á exclamar
-'No te importe. niño infeliz; yo t;e vengaré ... ... Des•
pués de tu muerte yo me valdré de tu recuerdo para ha.•
cer difíciles los Primeros p_asos de cualquier otro artieta.
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Es un mar de pizarra, con una multitud de florecimientos de nieve¡ es un mar gris oscuro, en mil puntos
en donde estallan copos de espuma,
Chente Quiroz me llamó poeta niílo.
No me subleva el adjetivo. Victor Hugoda ese nombre
al formidable ancianQ Homero.
Pero en el Océano me siento·· nifio. Siento siempre
aquella primera impresión de las potentes aguas inmen•
sas. Siento io q'Q,e tan admirabiemente expresó Pierre
LotL Me miró chico y pobre ante tanta grandeza y tan•
ta riqueza. Una onda me canta la Pterna canción de la
espersnza1 y otra me repite la salmodia misteriosa de la
muerte.
Me acuerdo de los tristes poetas, de los p,ílidos soñadores. Me acuerdo de los que van sobre el mar 1 de los
que tienen su pensamiento y su corazón expuest.os á los
golpes del ala de la tempestad ..... .
Allá va una nube. ¿A dónde va? Es caprichosa como
una mujer. Son tres hermanas: la mujer, la onda y la
nube. A la primera la increpó el Padre Eterno; á. la sesegunda el poeta Shakespeare. La tercera, es la polifonne
errabunda de la región azul.
Se mueve como el corazón esta gran miíquioaque arras•
tra el navío. Es un organismo esta casa flotante. Tiene
aorta, nervios, pulmones: yalláenloalto del mástil, la
bandera de las estrellas, la bandera dela Libertad.
¡Bendito ~eael Dios de los errantes, la Providencia de
los viajeros!
¡Bendito sea El que manda it Tobías el arcángel, á Colón los líquenes de América, á Dante la soberana figura
del dulce Virgilio!
RUBÉN DABfr;,.

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mezclada con aguil,

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 7, Febrero 14</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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