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Industria Nacional.--Vistas de algunos departamentos de la Gran Destilería de Alcoholes ••La Casa Colorada."

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§
6--

•

�EL MUNDO

114

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
TelHono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se re1acion.e con 1 la Reiacción, debe ser dirigida al
• Director, Lic. R.af"ael Reyes Spindola.
Toda 'la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
.
Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.2ó centavos al
JIJ4:?B, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicación.
T o do pag o debe ser precisamente adelantado.
. RÉGIBI'RADO COMO ARTÍCUW DE SEGUNDA CLASE.
~~~

tto-ta, ellitttrhtle,.
fa alimentación g d trabajo.
Se ha puesto en esto~ días al debate un viejo tema,
siempre de interés pSlpitante: la escasa alimentación de
nuestras clases populares. Reveladoras estadf.sticas han
demostrado que existe un desnivel notable entre la suma de sustancias nutritivas de que dispone la población
de la Repóblica y el esfuerzo reclamado de un pueblo
q•e pretende alcanzar un cierto grado superior en el desarrollo de su riquez:.. póblica.
Los pueblos trabajadores son losqµe poseen una nutrición completa y el nuestro no se encuentra en este caso.
Así, para no referirnos sino á la ciudad de México, vemos que el consumo de carne no 11ega á, cinco onzas por
habitante, promedio muy lejos de ser satisfactorio.
Observaciones prácticás hechas en las fábricas, han
comprobado que el obrero que mayor cantidad de labor
arroja es el mejor alimentadQ, y que así como en algunas
naciones del viejo mundo hay una relaC'-ión constante entre el precio del trigo y el número de defunciones, de
igual modo existe un enlace de causa á efecto entre la nutrición y el trabajo.
Este problema de la poca energía del trabajo nacional
será una de las rémoras con que ha de tropezar siempre
nuestro problema econórilico. Necesitamos fortificar esta
red de nervios lacios de nuestro organismo social.·
Es hecho que llama la atención de los modernos sociólogos cómo el trab.:i.jo de ciertos pueblos y de ciertas razas ofrecía proporción superior en el periodo de la esclavitud que en la époM moderna d9 la libartad de las contrataciones. El pueblo.que const.ruyú las pirámides yace .~n un sopor de eiglo:3, no siendo ya estimulado por el
látigo.de los faraonee.
As·usta verdaderamente la magnitud de tal obra, cuando se piensa de que dos mil hombres fueron empleados
durante tres años eti trasportar una sola"piedra de E lefanfantina á Sais (Herod.oto), y que paraedificaruna pirámide fué necesario el esfuerzo de 360, 000 hombres en el espacio de 20 años (Diódoro de Sicilia ).
Pero en aquellos tiempos el trabajo humano era derrochado insustancialmente, con locas prodigalidades; mientras que en la época moderna, cada unidad humana es
economizada prq.dentemente. El hombre se ahorra la
actividad vital no se desparrama en disparatadas em~resas. Cada existencia tiene su c,uenta corriente abierta én
las fuerzas activas de la creación, y la suma anotada en
el Haber de sus funciones musculares ó intelectuales, tiene su contrapartida en el Debe de la reparación de las
fuerzas perdidas en ·l a tarea general.
Lo que el trabajo impuesto arrojaba con estériles .mcrificios de vidas, la civilización lo realiza en virtud de
la ley de _la economía de la naturateza, que quiere que
las espe~1es no puedan desempeñar las funciones que les
están asignadas, síno bajo la condición de conservarse y
multiplicarse, según una frase de Molinari.
En tanto que una reparación vigorosa no fortifique la
extrema debilidad fisiológica de nuestras clases ¡ n ferio•
res-es decir: en tanto que la alimentación sea como has•
ta hoy deficiente-la total adición del trabajo de la Re~ública, se arrastrará penosamente aplastada, á semeJanza de las víctimas fanáticas del Indostán por el carro
del ídolo deJagrehnat, por el p_oderoso motor de nuestro
progreso.

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1
1

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fas nlarioncs rnmcrrialrs mire .ffiffiro q Jog
l!tslabog Hnibos.
Ya se han iniciado en la vecina Rep_ú blica las reformas arancelarias que el triunfo dél partido proteccionista habría necesariamente de traer consigo. Hasta ahora
las dos cuotas que de algún modo pueden afectar á nues•

tra producción nacional, eon laR que se se refieren á las
frutas y elganado. En cambio, los nuevos derechos que
se anuncian á los minerales no harían otra cosa @ino
alentará los industriales americanos dispuestos á fiiar su
residencia en nuestro país.
Como hemos dicho ya en otra ocasión, al prepararse la
lucha electoral en los Estados Unidos, la situación de
M€xico es bastante ventajosa "()ara ser influenciada por el
triunfo de cualquiera de los dos partidos que se disputaron el poder, y no es hacia este lado ciertamente por
donde se descubre peligro alguno para nuestras finanzas
nacionales.
Se ha hecho observar en estos días que la tarifa Mac
Kinley, vigente en 189t, no afectó al tráfico entre los dos
países, y solamente &lt;lió por resultado la creación de industrias nuevas, que han aumentado por notable modo
la suma de nuestra rique1a pública.
En la tarifa americanade 1891 quedaron libres de derechos los siguientes productos de exportación mexicana
á los Estados Unidos: café", henequén, cueros, fibra y hu•
les, que forman la base de nueftros envíos á la República del Norte. ¿~fodificará el actual Presidente su &amp;nterior políticaeconómica?
A juzgar por las reformas que nos anuncia la prensa del
otro lado del Bravo, el movimiento proteccionista será
detenido en sus avances por laopínión popular que en la
última campaña del sistema se mostró muy descontenta
por el enorme aumento que habían sufrido las mercan•
cías destinadas á satisfacer las primeras necesidades. No
es de ~reerse, por este motivo, que la administración que
debe inaugurar sus funciones el mes de Mar¿o próximo,
extreme la nota de.su programa fiscal.
Por otra parte, el sostenimiento del talón oro, seguirá
proporcionando á nuestros exportadores una buena pri ma-suerte de proteccionismo creado por los países que
han adoptado el metal amarillo-en favor de los Estados
de moneda de plata.
Las próxiroas sesiones del Congreso Americano nos dirán ¿entro de breve espacio de tiempo, si nos equivocamos.

lllttlítica &lt;Thtneral.
RESUMEN.-La r evol u c lón d e Creta. -lmpaci enc ia d e
los cristian o s y c rueldades de l o s t u r cos.-Et Rey
J o rge y sus nobles am b i ci ones. -La paz e urope a y
las disidenci as de l o s g a bin etes. -Pri ncipi os del
fin en el Imper io Otoman o . -Concl usi6n .

Pacieatemente esperaron los habitantes cristianos de
la isla de Creta las prometidas reformas que las potencias
europeas habían impuesto á la Sublime Puerta, para hacer cesar el estado de excitación y de anarquía en que por
largos meses se agitaron el año pasado. Las hondas heri•
das que abrió la cimitarra musulmana se iban cicatrizando; los pechos se dilataban con la risueña esperanza de
mejores díM-; la,g madres sin ventura secaban el llanto de
SUB ojos, y todos sonreían al halago de un hermoso porveQ.ir, libre de sombras y salpicado de arreboles, aunque
fuera bajo el yugo otomano que no habían logrado sacudir, pero que haría mis suave el manifiesto amparo de los
árbitros de Europa.
¡Vana ilusión é inútil esperanza! En medio de la gene ral espectación queansía el remedio á los males tradicionales que aqui:!jan á 103 súbrlitos cristianos del Sultá.n,
estalla un u nevo motín, forjado probablemente en las antesalas de palacio, ó engendrado en el tenebroso corazón
d"el tres veces pérfido Abdul-H::i.mid, y la sangre vuelve
á correr á torrentes, y el fanat.ismo turco y la crueldad
salva.e de la soldadesca vuelven :i regar de· cadáveres las
calles de Canea, y la infeliz Creta se retuerce en las convulsiones del martirio á que la sujetan sus infames verdugos.
¿A. dónde volver los angustiados ojos, si la civilización
cristiana permanece indiferente y muda ante esas escenas de horror y de matan?.a? ¿:í quién pedir auxilio cuan•
do se ha visto que no bastan 1as manifestaciones platónicas ni las protestas pacificas, para desarmar el br.1zo del
fiero otomano que hiere de muerte al infeliz arm enio?
¿dónde encontrar '.\mparo contra las hordas desenc.ide nadas de fanáticos que no conocen freno ni obedecen au .
toridad, ó son el ciego instrumento de los que mandan? ..... .

La sangre helénica hierve y acude "por sus fueros, los'
cretenses se levantan en armas contra sus enemia-os devuelven golpe por golpe, :t su-3 inícuos opresores, ºy fa' isla arde presa de general conflagración .

DOMINGO

21

OE FEBRERO DE 1897

Desde la cumbre del monte Ida, tumba ciclópea del di..
vino Hércules, se descubren las playa9 del Peloponeso,
se alcanzan á ver las costas griegas, y allí se agitan bra-zos fratefnales preparados á recibirlos; la insurrección
estalla, se proclama la indo?pendencia del dominio turco,
y en los campos y en las ciudades se habla de anexión al •
reino de los helenos. El rey Jorge ha escuchado sus clamores: lo que no han podido las grandes naciones que •
tienen la omnipotencia de la foerza, porqne el odio las
a.parta, y las rivalidades las dividen y los recelos las .
alejan, lo hace eJ soberano de un pa(s pequeño, lo inteii·
ta un príncipe que no ha mucho congregaba á loa pueblos•
para rocordar las glorias·inmarcesibles del eterno helenismo, por más que comprenda que la vida autonómica
de su reino depende de la magnanimidad de los poderosos, y apoya abierta y dtcididamente á los insurrectos •
cretenses, tratando de engarzar un nuevo y ,brillante
florón en su corona.

•••

Mas ¡ay! que si en su noble ambición e1 rey de Grecia se lanza á nuevM y atrevidas aventuras; no ve el abis•
moque se abre á sus pies; no ve que puede dar ocasión,,
á la temida guerra continental, y que al arrancar el primer gir6n del suelo otomano, amenazado de próximo é
inevitable repartimiento, despierta codicias dormidas,
"Oncupiscencias ocultas, que han. de oponerse á sus designios; pues ni se han puesto de acuerdo antes para el
descuartizamiento del suelo turco, nis~ han consul'tadolos intereses de los poderosos, pendientes de solución en
el viejo conflicto oriental, semillero d~ discordias y locode z~zobras continu.:1.s para loe gabinetes euro~oe.
Es verJa-l que Grecia parece alentada por _la Gran
Bretaña, y que no se puede comprender que so1a y aislada, contando con sus débiles escasas fuerzas, se atre- ·
viera por sí misma á intentar lo que ha menester del con curso de t0dos para lograrlo; es cierto que debe poseer·
algún fuerte apoyo para pretender romper á viva fuerza.
el tratado de B.~rlín que garantiza la integridad de Turquía; pero no ha ba.stado ese apoyo oculto ni esa simpatía manifiesta.
Si el golpe de audacia no ha llegado hasta el extremode provocar abierta guerra entre el reino helénico y el
imperio caduco de los Califas, es porque á tiempo las potencias han tomado pose'3ión de las ciudades principales,.
mientras las tropas enviadas por el rey Jorge desembar-caban y se apoderaban d-" los campos de Creta. Hubieran,
dejado á los contendientes abandonados á sus impulsos.
y ya la Tesalia hubiera sido invadida, pero también loaEstados Balcánicos, prestos ,t sacudir el yugo musulmán,
se hubieran levantado en armas y habrían dado nuevo
motivo-y ocasión a.l general di:3turbio.

•••

La revolución cretense viene á poner una vez tná.s demanifiesto, no las crueldades legendarias y pro~erbialesde1 Sultán, no su perfidia y mala fe de todos conocida, no _
sus maquinaciones torpes y sus astucias groseras para esquivar sus compromisos, si no l"a dificultad invenciblelas más veces que hay para que se pongan de acuerdo las
naciones poderosas del continente europeo1 siquier se trate de volver por los fueros de la civilización cristiana, villanamente hollado:. por los turcos, ó de apresurar la hora en que deaaparezca del mapa esa mancha que se llama.
el otomano Imperio, baldón infamante de la moderna
cultura.
Por un momento pudo creere-e que la chispa que brotaba en Creta, y que atizaba abiertamente Grecia y á hurtadillas como siempre la Gran Bretaña, incendiaría la
Europa en llama abrasadora, y al fin presenciaríamos Ja.
temida guerra _continental anunciada para la primavera
del pre~ente ano. Af?rtnnadamente para la cauea de la.
humamdad no ha ~ido así, y el sólo hecho de haberseabrogado las P?t.E:ncias el derecho de resol;ver el contlicto,
coa el consent1~uento del gobierno turco que se deja lle-var por su fatahsmo mahometano, es 1;1renda segura de·
paz.
Ya se habla de autonomfa concedida á Creta por unos,
ya se murmura "le aceptación de hechos consumados á ,
pesar de que aun no se llevan á cabo; ya se sabe de p~otesta~. de Inglaterra oponiéndose al bloqoeo de los puertos griegos que proponía Alemania, y al fin sucetlerd que
contra todos lo_'!! t~ados, com9 la RumelÍa Oriental se-s~gó hace diez ano.11 para um_rae al principado de Bulgaria, tendrá:n al fin q1;1e sancionar lo¡ signatarios del1
pacto de Berlrn la aneXLón de Creta al reino helénico.
:Un paso_ más Y~ COfflmma el anhelado desmembram1~nto, s1 Francia. acepta la ocupación británica del·
Egipto, :y no_ hay q111e1:1 se oponga á que el estandarte dell
ágmla b1cíp1_te de Rusia flote orguUoao , sobre la BasHi.ca..
de Santa Soha.
X.X. X.
18 de Febrero de 189,.

EL IDEAL DE LA MUJER EN LOS DIVERSOS PUEBLOS

Según el clima, la raza, la educación y las constituciones de cada pueblo, la mujer se forma del hombre un
ideal diferente y lo acaricia é incuba, hasta que puede 6
-oree poder realizarlo. Ama ó aborrece, se entrega ó des•
defia, se casa ó se condena al celibato, según que encuentra al paso ese tipo supremo, que en sus ensueños se ha
forjado, ó que no tropieza sino con adoradores que chocan con él ó lo contradicen.
La mujer americana es el más viril de todos los tipos
íemeninos. Sedienta de libertad é independencia¡ refractaria á las esclavitudes del hogar; anhelante de los dereGhos y funciones políticas; tendenciosa al trabajo persona.} y al ejercicio de lM profesiones que el hombre ha
querido reservarse; su idea es análoga á. los ideales masculinos, SUB aspiraciones, las aspiraciones de hombres; sus
prefe..-enc!as, las preferencias varoniles. De ahí que profefi!6 el culto de la fuerza y del éxito; de la fuerza económica representada por la riqueza, de la política representada
por la posición social; de la fuerza física, representada
por la estatura a1&lt;entajada, 1a estructura atlética, la salud y la exhuberancia de la vida en general y del trabajo
en particular. Pocas mujeres como la americana, gozarán
con ios espectáculos atléticos y los ejercicioi exportivos;
pocas también se alucinarán á. ~nto extremo con los
títulos nobiliarios y académicos ó militares y con 1as condecoraciones de sus pretendientes, manifestaciones todas de fuerza personaló social, más ó menos real. Una
caricatura típica representa á una millonaria yankee en
busca de m_arído. ¿Qué le exige? ¿amor? ¿virtudes? ¿sumisión? ¿ternura? ¿b!;!lleza? No¡ le exige una proeza, un
tour de force, una hazaii.a especial. Los pretendientes ponen manos ,t la obra: el uno inventa la navegación aérea,
el otro un buque submarino, el de más allá. da la vuelta
al mundo en cuatro pies. La divina yankee no se muestra eatisfecha, é imponeú como condición ltirna paracon~
ceder su mano, el obtener pronto y bien la comunicación en el teléfono. Los heroicos aspirantes se retiran
desalentados ante el imposible que de ellos se exige. A
parte de la fisga á Jas sefioritas de la Oficina Central, la
caticattira pinta todo un estado de alma y todo un fondo
de carácter. Para conquistará una americana, es neceeario ser alto, robusto, colorado, sano; es preciso además
ostentar un título nobiliario 6 social¡ ser mayor cuando
menos, ya que no conde ó marqués; es iadiepensable invocar una hazaña cualquiera, un ayuno de cuarenta. días,
un viaje al polo, un golpe de bolsa, una función pública
elevada. Y ;ay de aquel que se arroje á sus pies palido,
moribundo, extenuado.de amor! puede estar cierto de ser
desairado y basta deepediio. Más probabilidades tienen
de éxito Fitzsymonds, auDque burdo, 6 Roberto Lee,
aunque ancian"O, que todos los Romeos y todos los llarius
de la tierra. Esto no impide que sean las esposas más
fieles y abnegadas que pueden darse.
La mujer inglesa, como tambien el inglés, buscan ante
todo y sobre todo la corrección. Una juventud arreglada,
u.na vida laboriosa y metodizada, la consagración de la
existencia á un fin'noble y útil, modales y continentes
irreprochables, tales son las dotes que e:x:ije á su esposo
y tales las cualidades que impone á sus pretendientes.
Los espasmos, las expansiones, los gritos, los gemidos, la
melena hirsuta, el traje desarreglado, la ociosidad ó el desaseo fracasan invariable é inevitablemente ante una inglesa. Quiere que la amen de un modo tranquilo y apacible, prevee las exigencias del hogar, sueña con él y as·
pira á él y busca la forma de las manifestaciones del afecto compatibles con la fundación de una familia, y con la
educación de los hijos; huye, por consiguiente, de todo
·1• excesivo, de todo lo teatral, de todo lo trágico; quiere,
en suma, un jefe para la familia y no un galán joven para el escenario. Lady Byron, inglesa, jamáa entendió á su
marido ni pudo vivir con él, y la condesa Guiccioli pudo
soportarlo y fué feliz á su lado entre los gritos trágicos y
las crisis nerviosas, que el uno y Ja otra se procuraban,
y se hacían mutuamente lanzar. La conquista de una inglesa supone cualidades y medios peculiares, circunspección, modera~ión, corrección, y hasta algo de respetuosa timidez. El matrimonio inglés es monótono:y serio,
pel"Q....idealmente feliz, y fecundo .
En Italia, las cosas pasan de otro modo. La italiana ea
ardiente, tumultuosa, apasionada. Tiene en :el espíritu
un declive acentuado hacia lo trágico. Ama y quiere ser
amada entre torrentes de lágrimae y explosiones de ira.

115

EL MUNDO

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 18117

Es celosa hasta la locura, riñe _c on su amante y con su
marido¡. buscaén ellos antes adversarios que compafieros.
El tipo físico preferible para ella es e_l del condollieri 6 el
del contrabandista. Ojos negros como la noche, cabellera
selvática, traje descuidado y rico; nada le importa que
su preferido lleve negras las uñas, si con ellas puede desgarrará su enemigo; cuando está á su lado, disimulada·
mente le busca el puñal en la cintura, como buscan las
ingle~s laorquideaen el ojal del frac de sus prometidos.
A la italiana se la conquista como á u na fortaleza, por
asalto. U na audacia la encanta, el peligro la atrae, la
contrariedad, la estimula. Hay que pasar sobre las resistencias de la familia, sobre los celos de los rivales, sobre
las convencione3 sociale3 y enamorarla tocando safarrancho, á tambor batiente y bimdera desp lega.da. El matrimonio italiano es turbulento, accidentado y extraña los
atractivos y 103 gocas de tolo lo pintoresco.
La francesa es en materia de amor es esclava del buen
gusto y del qué dir,ín. Generalmente no escoge su marido;
se lo escogen sus padres. Pero para amar á un hombre lo
primero, lo principal, casi lo único que le exige, es que
no sea ridlCulo. La cualidad que las domina, que las
subyuga, es el sprit¡ es el buen gusto del talento. Elegan~
cia en la persona y los modales, aventuras de juventud
finM, discretas y de buen tono; posición social visible
dentro del buen mundo, son atributos indispensahles pa•
ra seducirla. Ya casada y madre de uno 6 dos hijos, vive
sin cuidarse de su esposo, como él sin cuidarsese de ella,
y &amp;iguen siendo dichosos si el marido observa las buenas
formas y delante del público la trata con finura y distinción.
~ Para conquistará una mujer mexica:na se necesita saber inspirarle compasión. Es fuerza aparentar sufrimiento físico ó moral, aparecer desgraciado ó perseguido, presentarse á sus ojos como buscando protección y amparo.
Los aires de conquistador le repugnan, las suficiencias
de fatuo le chocan, le. ostentación de poder, de riqueza,
de fuerza en cualquiera de sus formas, la dejan fría. La
mujer mexicana comienza á amar en cuanto empieza á
consofar; la forma fnndamenta.l de sus afectos es la termua; una lágrima es para ella mál!l elocuente que un poema; hay que suplicar, que~mplorar compasión, que l)Cdir
gracia. Los fanfarrones, los vanidosos, los fatuos, fracasan y sorprende á cada paso ver á mexicanas bellas y vigorosas como Juno, casadas con seres enfermizos ·y enclenques; á herederas ricas como cresas unidM á escribientes de juzgado menor; á aristócratas intransigentes
fundando hogares con bohemios y advenedizos. Y es que
la mujer mexicana nació para madre y es el modelo de '
las madres; que es toda abnegación, sacrificio, martirio;
que sólo aspira á proteger al debil, á, amparar al desvalido, á consolar al desgraciado y que es una síntesis de las
más altas y excelsas virtudes femeninas.
Por eso no hay madres ni esposas como las mexicanas
ni hogares má3 tranquilos y felices que los nuestros.
DR.

M.

FLORES.

Febrero de 1897.

No se habla jamás tanto de cuestiones coloniales como cuanao se las ignora.
, Eugenio Etienne.

**•

En el curso de los destinos humano.s, el caracteres de
mayor peso que el ingenio y la tenacidad del genio.
Andrés Lebon.

•••

Para colonizar, no Vasta tener el suelo, el fierro y el
oro, se necesita cabeza, corazón y brazos.
Un Africano.

•

**

Un pueblo que trabaja, con las funciones públicas y
las pone á su fa.vo:c.en.almoneda,.. no merece Bel' lib.re.
G. B_oi$sier.

*
**

Se necesita ser religioso para cambiar de religión.
Conde~n Diu.ru.1 .

Sección clentifica y recreativa.
He aquí la lista de loShombres públicos más notables
que han sido asesinados durante el presente sigla: el Czar
Pablo en 1801 ¡ el Sultán Selim III en 1808; el Presidente Kapodistias, de Greccia, en 1831; el Duque Carloe de
Parma, en 185-1; el Presidente Salnade, de Haytí, en 1860;
el Presidente Lincoln. en 1865; el Príncepe Obenowich,
de Servia, en 1868; el Príncipe García Moreno, del Ecuador, en 1875; el Sultán Abdul AsisChan, en 1876; el Pre·
sidente Gardfi.eld, en 1881; el Czar Alejando II, en 1881;
el Presidente Carnot, en 189-1 y el Shahde Persiaen·1896.
-Asegura un filósofo, que la materia no es más que
energ:ía mental convertida en masas susceptibl¿s de ser
percibidas por loe sentidos, así como el agua es el resul
tado de la mezcla de gases invisibles.
-La planta del Espíritu Santo ó peristtria ala.ta, es wia
planta originaria de Centro--América. El tallo de la flor
tieue de 5 á 6 pies de alto y en su extremo superior tiene
numerosas flores blancas y fragantes de figura de Tuli_panes y que se asemeja~ á pak1mas con las alas extendidas.
-Se da el término genérico de humus á una agrupación de sustancias muy aliadas entre sí que forman l:t
materia orgánica del suelo. El color del humus varia en•
tre gris amarillento y negro, y contiene principa1men1e
carbono, hidrógeno y oxígeno. Su cualidad principal
consiste en poder fijar la armonía que resulta de la des·
composición de las materias vegetales.
-La tinta de China se fabrica de hollín del humo de
sesame mezclado con goma animal; tambien cont,iene un
2 p8 de alcanfor quemado y una pequeña cantidad de
perfnmPt.
-Desde el punto de vista comercial los únicos páíses
que produ.cen el añil son la India inglesa y la América
Central. El distrito de la principal producción en la India es el de Bengala, cuya coseeha no baja de 80,000 quintales al año. El añil puro es de un color azul obscuro, casi purpurino. Su gravedad especifica e~ cerca de 1.50. E3
insoluble en el agua. Cuando se restrieg~ algun 1. suhs•
tancia dura con un cubito de añil, deja una huella bri~
llante color de cobre. No tiene olor ni sabe&gt;r.
-El metal 11amado Indium fué dr::scubierto en 1863, por
Reichter y Reich. Se encuentra en el chistNfüa de S.1jonia y en Maine. Puede también prep:-1.rar.ie con el zinc
crudo por medio del ácido nítricj y am )nia. Su peso
atómico es, de 113,6, Su gravedad específica es de 7,421.
Se derrite á los 349° F. El indium tiene un lustre de plata azulado y parecido al plomo, el cual se· asemeja también en suavidad y ductilidad.
-La Ravenala de "Madagascar se conoce también con
el nomb~ del arbol del viajero. E3 una planta del orden
de las musaceM y difiere. del plátano común en la circunstancia ie qne las hojas, que tienen de 10 á 1-! pies de
largo, sólo crecen en dos Hneas opuest9.s del tronco for mando un ab'l.nico gigantesco. El tallo de las hojas c0ntiene, en toda época del año,_mis de dos libras de agua
pura y agradable, de suerte que donde quiera que crecela Ravenala no hay peligro de padecer de sed, por árido
y seco une sea el terreno.
-C,:mstantinopla tiene una población de 680,000 habi•
tantes.
-La. primera miquina de escribir fué Rogistrada en la
oficina de patentes de W áshington en 1858.

L'l- isla del Halcón, en el grupo de Tonga, ha estado
jugando escondite con los exploradores ingle~e s y franceses desde 1889. Algtrnas veces aparece sobre el mar cu~
bierta de verdura, con costaselevada'3 y bien definidas y
á los pocos años se hunde, sin dejar el menor rastro tras
de sí. En otras ocasiones asoma solamente la punta de
una roca sobre 1~ que se estrellan las olas y derepente
vuelve á aparecer en to:lo su esplendor, vestida de arbustos y de flores.
El pueblo de los Estados Unidos emplea 900,000 personas en el servicio de sus 1,890 ferrocarriles. Este ej¿rcito de la paz es igual al ejército permanente de A.lt-mnnia. Según datos exactos, en-1890, esos ferrocarriles tr:tsportaron 600 millones de pasajeros y 800 millones de toneladas de carga.
Teóricamente hablando, todos los súbditos ingleF@".
e.at.á.n..Qbligados á servir de verdugos, siJuesen llamri&lt;l•·~
al efecto por la autoridad correspondiente. El sueldo d, ·
que disfrutarían es de una libra esterlina á fa Ff'-mMHjl,
con el aditamento de dos libras esle¡lina deepués de rn~a
ejecución.

�,
DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 18117

EL MUNDO

116

Generaljuan Manuel Flores, Gobernador de Durango.

Ingeniero José N. Rovirosa.

UN ALMUERZO CON CASTELAR

D¿sde que he sabido que la admiración franca é ingenua es de mal gusto, y que la señora de Lockroy se reía
con todas ganas de los que llegaban á casa de Victor Hugo temblando del sagrado terror del dios, tengo ya mncho cuidado en enfrenar mis nervios, y suelo hacér ti. los
grandes hombres ,t quienes con placer besaría la mano y
daría un fuerte abrazo, saludos bastante correctos. Castelar ...... ¡cómo sallaba yo, desde el principio de mi ju,ventud, en llegar á ver aigún día la faz del hombre de la
maravillosa lengua! Oírle, mirar los vivos ojos suyos·
bajo la gran fretite y sobre los · grandes bigotes que la~

ilustraciones han multip:icado por todos lo~ puntos del
m1M1do: esa era la esperanza que alguna vez debía cumplirse.
Venir á España á. no conocer la Alhambra, y el Museo
de Pinturas ...... y á Castelar, es no venir á Esi;&gt;aña. Hay
que ver á. este pontífice, y hacerle la reverencia y oír el
acento de esa voz que ha resonado por toda la tierra. A
Ja verdad no íué poca fa impresión que sentí cuando, al
llegará mi fonda ayer mañana, encontré una esquela, de
letra que me era muy conocida, y que decía así:
&lt;(Mi querido Darío: tengo encargo del Señor Castelar
para invitará u•ted á que vaya mañana eábado, á las do ce y media, Serrano 40. Le he dicho que yo no puedo
acompañará usted, pues me resiento del reuma.-Su
constante admirador y buen amigo,-R DE C:.\.MPOAMOR.
Con gran sentimiento de no tener la honrosa: compafüa del ilustre poeta y bondadoso amigo, fuí puntual á la
cita. A las doce y media subía las escaleras que condu·
&lt;:en á la morada del monarca iutelectual. Soy franco en
decir que al ve1 de pronto en la puerta, sonriente, afable,
á Castelar, que me tendía la mano, me poseyó la emoción
aquella de Ileine delante de Grethe, y de Amicis delante
de Víctor IIugo; y mi saludo fué quiza suficientemente
correcto. Al~o extrahumano estaba delante de mí; veía
por fin al divmo parlante, al mago rey de la oratoria.
:Felizmente eetaba cerca de él un Diputado liberal, de
barba grie, mortal como yo, y hubo la presentación del
caso, durante la cual mi ánimo se calmó y pude contemplar el genio con tranquilidad.
Deseo á las personas de mi cariño, en especial á mis colegas que hacen versos simbólicos y son nerviosos y vehementes, que cuando hagan sus visitas á los hombres
gloriosos que conmueven, se encuentren siempre con diputados liberales de barbas grises.
Muerto Víctor llugo, - Carlo Magno, Emperador de la
barba florida!-no hay testa coronada que el mundo- admire más: Castelar es de aquellos predilectos cuya sombra alcanza á toda la tierra.
Famas de poderosas alas y largos clarines, han sido las
badasde su cuna. Su nombre y sus victorias se han es•
crito en todas las lenguas. Nueva York pesa en balanzas
de Oro su frase pletórica, y París que le ha hecho pariaiense, como ateniense le haría Atenas, le llama cher mmtre; canción lisonjera que el gallo de Galia no can~a á
ningún otro extranjero en nuestros días.
El estudiante inglés solicita su lección; el diario alemán
que le combate lo hace con el caeco en la mano; Roma le
t1onr.íe; por su escalera suben todos los grandes de España que se d;scubren ante la luminosa realeza de ese republicano que ha hecho que 'miren con ojos simpáticos
su República, tanto el viejo león monárquico, cual él sa,cro cordero pontificio. El orador es lo primero, fero no
es todo el orador en Caste lar. Su fuerza principa consiste en su organismo de apóstol, en que encarna un ideal,
-en que pocos caballeros de los pueblos han podidn escribir en su escudo con más verdad y brillo qu é l estas pa·
labras: LlBERTAD. El sinfonista de la histor ia, el evocador
de épocas y el analista lírico de imperios y reinados¡ ese
lo conoce toda la humanidad contemporánea qu e ha
:abierto los ojos á la constelación espiritual que ilumina
-este siglo.
Jamás ha brotado la palabra humana con mayor can-

Rt:BE:s-DARÍO.

EL MUNDO

117

j

Muerto últimamente.

dal¡ jamás la idea ha teni&lt;lo órgano de tan enormes fusiles1 sonoros trompetas, tubus inauditos, armonías excelsas y pasmosa~.
Castelar ciega . Leído, es como leer el Niágara: un Niá·
gara prismático y musical. ¡Qué oleaje de pensaruientos;
qué espumas de adjetivos; que corriente soberbia de co·
lores.
. Queda su obra, su prodigirnm producción, confusa,
enorme, como una selva. El mundo seaüwira de que haya habido boca humana por donde haya brotado tal
oceano de ideas y de palabras 111:ígicas. Este hombre de
cuerpo pequeño y voz que al oirla por primera vez no
agrada; este exquisito conversador, en G1·ecia hubiera
sido divinizado, cuando junto á los blancos pórticos de
.márinol ..... .
-Pero coma, coma usted esas perdices que están ri"cas!
me dijo él, interrumpiPndo mis callados soliloquios y mis
ocultos pensares. Son regalo de mi amiga la Duquesa. La
Duquesa de Medinaceli.
Y~ 83:bfa yo que el rupúblicoeraamigomuyquerido de
las hnaJudas damas, de las más ricas 1::iembras de la Corte. Y aún no faltaron quienes me dijeran: ((Bah! Fiese
usted de la democracia de Castelarl Si él pudiera ser
Rey ... !n Como á Hugo, ¿le tacban que le guste lo bello,
lo noble, lo rico, la poesia de la vida y la poesía de la historia?
Su rostro es fresco. Su eepíritu es jovial; la salud sonrosa la piel; la sonrisa y Ja risa son frecuentes- en sus labios. La anécdota abunda en el curso de la charla familiar. Tras un a-potegma, un chiste; luego una lección;
luego una censura, una alabanza, una espina, un ramo
de laurel, un hachazo; vive con lujo, el lujo que le da su
Lla~ajo: Castelar es un trabajador que maravilla. A propó.1:1~ ~e su labor, le hablé de La ..Yacio n.~Sf, me dijo.
Mi diana. Usted va á. hacer una cosa, Dano, que le pido
yo. Escriba á los americanos la verdad de la libertad en
España. lJigales cómo aquí eomos ribres con todo y existir la monarquía.))
Ah, y cómo lo eon los españoles! Y cómo comparar esta libertad con la de las Repúblicas nuestras, da tanta tristeza y truita vergüenza!
El tril;&gt;nn0 s.1.be nuestra deegracia, y como yo le quisiese narrar algo de ellas, demostróme que está tan bien enterado como nosütros.
El almuerzo ibaá llegar·á su fin. Castelar come admirablemenle. Kar-:abal, ull revistero madrilefio que le ha
retratado en su vida íntilu,1, ~e qnedacorto e~ ponderar
su buen diente. Yo pondero á_plena voz el comedorcito
mo1,1ísimo, la vajilla, _los tapices; pondero al maestro cocinero que rima salsas como un parnasiano versos· pondero el áureo vino poatifical que le ·envían de boéÍega espléndida, y del que dan cuenta y fin , principalmente, los
hijos d~ lnglater~a que visitan e_l coloso; pondero, en fin,
el ambiente de d~cha. y de gloria que s~ respira en la
casa.
Comenzando por hablar de Vicl;or Hu.,.o, 1\eo-) la conversación á. b. Pedrq del Brasil, áquien ~on u~entusiasmo _decidido y e n el elevado ton o apologético, dediqué
un imprudente recuerdo, :ay de mí!
.
S!, ay de mí: porque Júpiter arrugó el entrecejo; porque toqué el panal de las sagradas abejas. Tuve la pena
de ver que no saliese muy en buen pie el Emperador de
los bras1lefios. La verdad es que olvidé el desafecto profundo queCastelarprofesa á los Braganzas; y aprendí
una vez más cómo es el castigo de los inmortales, y cómo
hiere y raja el cuchillo con que A polo desuella.
Para nota final, y junto con el cbart.reuse, una mala
noticia. Castelar no piensa ir nunca á A.méric'a.

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 1897

El Sr. Lic . Don Francisco Martínez de Arr~do,do.

Tenemos el gusto de publicar el retrato de este caballero, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación.
El Sr. Ma.rt(nez de Arredondo llegad dentro de breves
días á esta Capital, de regreso de Yu catán, su Estado natal, donde es muy apreciado, y á donde fué á pasar una
corta temporada, y los numerosos peninsulares residen ·
tes en esta capital, se aprestan á recibirlo con el cariño y
entusiasmo que en ellos ha sabido despertar.
Por nuestra parte deseamos un feliz regreso al estimable viajero .

El Señor ln¡eniero José N. Rovirosa.

. Este señor cuyo retrato tenemos el gusto de publicar,
VIene hace tiempo llamando la atención del mundo cien•
tífico por sus profundos conocimientos en bot~nica, en la
cual ha hecho vastísimos extudios. Es autor de una amplia obra que, ilustrada, eatit ~n prensa y que· se refiere á.
1a flora tabasqueña, y miembro de la Sociedad cie11tífica
de Historia natural. El Sr. Rovirosa es nativo de Tabasco; vi6 la luz en )facuspana y tiene en la actualidad 47
años. La ciencia espera, pues, aún mucho de él.

OB SEQUIO A NUESTROS LECTORES

Con este número reinaguramos la série de novelas ilustradas que con tanto agrado han recibido siempre nuestros abonados. Hilda, la que empe~amos ú. publicar hoy,
eé una preciosa narración deexcepcioual interés dramático, que irá ilustrada con primorosos grabados, Los que
hoy la acompañan, darán fe de ello.
No se olvide que aparte de esta novela incluida enel
cuerpo del periódico, seguirémos repartiendo un tomo
mensual de la Biblioteca Miniatura.
COPIA.

Recibí de c&lt;The Mutual LHe Insurance Company of
New York,)) la suma de $2,43--t-A0. Dos mil pesos 'suma asegurada, cuatrocientos treinta y cuatro pesos' cuarenta centavos, devolución de premios, en pago total de
cu1;1ntos derecho_s se derivan de la póliza mlmero 546,237
baJo la cual á mt favor estuvo asegurado mi finado esposo
D. Ger6nimo Aguado y Lares, y para la debida constan cia, en mi carácter de beneficiaria nombrada en la póliza
extiendo el presente recibo en la misma póliza que sede~
vuelve á. la Compañía para su cancelación, en Acapulco á
21 de F.nero de 1897.
(Firmado) Carlota Moreno; viuda de Aguado.
El C. Lic. Domingo Zambrano, Juez de fa Instancia de
este Distrito, y por ministerio de la ley encarga.do de la
Notaría Pública del mismo, certifico: que la 8ra. Carlota
Moreno, viuda de Aguado, suscribió á mi presencia y de
su puño y letra la antecedente firma y rúbrica que dice:
«Carlota More.no, viuda de Aguado »
'
Y á pedime nto de la misma inieresada, lo bago así
co~s~ p.ua los efectos ?unsiguientes, en Acapulco á
vemtrnno de Ent&gt;ro de mtl ochocientos noventa y siete.
-Damos fe.-( Firmado. Lié. Dominpo Zambrano.-.A..
(Firmado) Gilbm oJ. Mart,nez.-A. (Firmado) V. Oro,eo.

&amp;ntr~ el munao ~ el claustro.

•

�EL MUNDO

118

EL M .U NDO

DDIUIIG0-.&gt;-1 DE FEBRERO DE 18i,7

mas costumbres y en el delta del
1'ilo, las ferias de Tantah, bajo el
aspecto de peregrinaciones pervetúan :fielmente las tradiciones luJnrioeas de Canope y de Bubastis.

--~~~ r· ' :°.::,· _ -.
t -. ·.~:j,.-~ ;

J . ,, -..

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Al

El amor es como la fiebre: nace y
se extingue sin que la voluntad
tenga en ello la menor parte.

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•

Stcndhal.

•*•••
Tomad del amor lo que

de vino
toma un hombre sobrio, pero nunca os emborrachéis.
Alfredo de Mussel.

*

-

**
Para un hombre
extraviado,
creer en una poisada, es creer en
Dios.
Victor: h.ugo.

r,¡(,**:

El mifticimo del honor puede
hacer víctima e, como toda crisi1
puramente cerebral.
Emilio Zola.

•*•

El progreso debe reepetar lo que
remplaza.
Risard.

COSTUMBRES CURIOSAS DE LEJANOS PAISES

La Feria de Tantah.

•

Tantab, tercera ciudad de Egipto por la cifra de supoblación, situada en plena delta, entre los brazos de Roseta y de Damieta, sobre la vía ferrea de Alejandría al Cairo, es célebre por su triple feria anual, á la vez peregrinación y mercado. Tantah tiene, pues, algo de la .Meca
y de Nijni-Novogorod.
En Enero, en Abril, en Julio, una multitud enorme
invade la ciudad santa del bajo Egipto, la ciudad de las
catorce mezquitas y de los inmensos y magníficos bazares. A decir verdad, las ferias religiosas ó m,ouleds de
Tantah, conocieron días más tumultuosos y más brillantes: aquellos en que el tráfico de lo3 esclavos era libre.
Su prohibición ha dado la señal de un lento declinar.
Además, cada vez que el cólera ee ha abatido sobre Egipto, ha hecho de las suyas en Ta.ntah, en la época de la
feria ,de estío. De suerte que el rnouled de Julio fué suprimido el año último por las autoridadeR anglo-egipcias.
L&lt;t Meca es la ciudad de .Yla.homet; Tantah es la ciudad
de Sald---el-Badaoui.
Hay acerca de esto dos leyendas.
En elafio596de la hegira, dice la una, Sai"d-el-Badaoui
nació en Fez, y su padre, un santo hombre de )faugrab,
á.quien ·el dedo de Dios había conducido á Marruecos, tuV? in1;11ediatamente la J.&gt;rueba ~e que un destino e.xtraordrnano esperaba al recién nacido. Este, en efecto, tenía
ya todos sus dientes. En mantillas recitaba el Koran á
sus padres, en presencia de vecinos que acudían para ver
el prodigio. Y la leyenda cuenta otros cien rasgos sem':'jantes.
Sai:d--el-Bedaoui tenía treinta y ocho años cuando. de .
regreso de Q.n viaje á Medina, se detuvo y se fijó en T.:Lntah, donde su origen extranjero le valió su nombre, que
significa el beduino. Murió en el año de 675, después de
haber vivido cuarenta años sobre la terraza de la mansión donde había recibido hospitalidad.
Sobre su tumba, Abd-el-Aly, su pariente, elevó á su
costa una pobre mezquita, y los amigos del difunto creáronse la costumbre de ir á orar ahí. Este culto piadoso
creció poco á. poco, y las ferias actuales no son sino la
continuación de aquellas peregrinaciónes que tan humilde principio tuvieran.
La mezquita edificada por Abd-el-Aly, se ha convertido en la principal mezquita de Tantah y los descendiente@ de Sai:d-el-Bedaoui, como los sucesores de Mahomet, tienen el título de kha/,ifas y son venerados como
tales por los fellahs.
·
Según la versión segunda, Sai'd-el-Bedaoui, era un francés, un desertor de la cruzada del rey Luis IX. Refugia·
do en Tantah, utilizó su conocimiento de los simples y
supo adquirir una reputación de curandero y de santo.
~aturalmente, abandonó su nombre de cristiano y se
convirtió en el Bedaoni: el Beduino, el extranjero. Sea
como fuere, al mieterioso Sald-el-Bedaou idebe Tantah su
larga proeperidad religiosa y comercial. Un beneficio tal 1
bien vale una procesión.

•*

•
Asistirá la procesión del Khaliía,
del sucesor deSai'del-Bedaoui, es el deseo ardi,mtedetodo fellah. Esta fiesta
cierrá la feria de Tantah. La víspera, después de la ma·
ftana y toda In noche, hasia la mañana del gran dfa, pueblm~ c-uteros hacen su entrada á la gran ciudad en to·
dos los instantes. En la noche, eobre todo esas Ílegadas
forman cuadros singularmente conmovedores de un encanto raro, betlhémíco. El viejo jefe del pu~blo va del~nte, llevado por un asno gris,_ con las babuchas pendientes y el aspecto de un patnarca que condujese el
éxodo de una tribu.
Y la tribu sigue á lorr:o de camello, en pollinos y
á pie. He aquí, bajo el cielo estrellado, el domo de la
mezquita de Sald-el-Bedaoui, que hizo milagros y fué un
santo. En su honor los jovenes toc:1.n aires en sus flan-

.~-·~J
J ~•.

·~'

...~ ~ - . .,.:

La Feria de Tantah.-Llegada de una caravana fellah.

tas y sus tambores, y las jovenei:i, instaladas en cofres,. á. derecha é izquierda de ta jiba de sus .camellos, cuyos cascabeles tintinean, salinodian oraciones.
Sigd.mosles á tra\!és de la.~ calles estrecha&lt;i.
Tantah es la ciudad árabe por excelencia. No
hay casas ni vías europeas. Por un instante se vive un ensueño encantador de un
Egipto antiguo, no turbado por las avaricias
de los occidentales.
Y luego, de pronto, surge la barahunda de
un desembarque inglés en el andén de una
estación de ferrocarrilcuya existencia se ha·
bfa olvidado. Son los turistas ingle, ses, ale•
manes, franceses, egipcios1 del Cairo, etc.,
que vienen por ferrocarril á mezclarse con
los creyentes y con los campesinos que se
encaminaronhastaaquí con el b:tculo en la
mano á horcajadas sobre los asnos.
Pasado el puente del camino de fierro,
el camino aparece radiante de iluminaciones y de fuegos de artificio con que ~e extasían los fellahs, peque.ñas y grandes. Por tvdas partes conciertos, orquestas, rllido. Más
lejos aún, se extiende el barrio r~servado :t
los placeres de los ricos, indígenas ó extranjeros. Ante todas las casas hay puestos de
pasteles y de fruta; por encima de las puertas se ven guirnaldas de lámparas iluminadas; en los umbrales de las puertas, en plena
lnz 1 hay mujeres provocativas y sonriente!'!.
Y los ritmos que acompañan la danza de
vientre de las egipcias y de las maugrabinas, llenan todos los cafés cantantes donde
se oprime una multitud sin cesar renovada .
El espectáculo es m,ís curioso aun para el
extranjero en un barrio má, sombrío y mJs
pobre. Ahí se regocijan los negros comerciarites llegados del Sondan en caravana~
ó los esclavos manumitidos, tiradores dei
Egipto. Al _fulgor de qu_inqués hum?sos, hay
rondas funosas de muJeres y de niñas qre
se tienen de la mano. En el centro, un gran
negro, vestido solamente de una camisa, con
la cabez&amp; cubierta por una larga peluca de cri
nes dé cabal101 lanza gritos guturales ejecutando una mímica de un efecto único.
Así se pasa la noche que precede al gran día
el día de la clausura de la fie1:ta.
'

1/

La feria de Tantah.-Una danza en el barrio negro.

•*•

Tantah no 1:e ha dormido, y 1,in embargr,
en la mañana hay una impresión de despertamientn. Oleadas humanas se desparraman
en todos sentidos. La Kermesse estú. por todafp:utes. La multitud hace círculo alrede-

Domadcr y su mono sabio.

dorde los relatores, esos troveros del Oriente, de los titiriteros, de los domadores que la (livierten con la malicia
de los pequeños monos, la falta de destreza de sus osos
sabio&amp; y la docilidad de sus serpientes magnetizadas. El
calor es intenso, sofocante. El sol está en el zenith ..... .
Unextremecimiento corre por la multitud, el joven
Khalifa, el descendiente del Said·va á. pasar.
Gritos de alegría se elevan y de la cabeza del cortejo
■ urge en medio de un remolino de la multitud.
Una música ú.rJ.be, timbaleros, un destacamento de infantería, abren la marcha. Después avanzan las corporaciones religiosas: estudiantes de las diferentes mezquitas;
cheiks mendigos y ciegoE!¡ sacerdotes de los diversos ritos
musulmanes, con la frente cefiida por el turbante, y el
rostro oculto por velos de lana. Inmediatamente detrás
de ellos marcha un grupo inesperado. En número de cinco, con yelmos ó cascos, el uno acorazado, el otro vestido
de una cota de malla, este provisto de brazalés, todos encadenados, con sus armaduras incompletas, mal ocultando las túnicas de fellahs, representan á los cruzados
vencidos.
Han muerto demasiados caballeros cristianos, franceees principalmente, sobre la tierra de Egipto, para que
pueda creerse .. Los egipcios excépticos y bien infor·
mados afirman, sin embargo, que los despojos verda·
d~ros de los cruzados han ido, no se sabe en qué
fecha, á. enriquecn alguna colección pública ó privada y
que han sido sm;tituidos con piezae de fantasía, ·Poco importa. Esta conmeración de la derrota en Egipto de Jos
cruzados que conducía San Luis, es uno de los lados más
curiosos, para los europeos, del Mouled de Tantab. Los
vencidos de laR cru}'.;adas preceden al Ctlballodel Khalifa.
El sucesor de Sai'd el• Bedaoui va cubierto también de un
casco que parece recordar el origen que una leyenda atribuye á su auteQasado, especie de marmita vuelta al revés, que llevaban numerosos soldados de Luis IX. Un
fino tejido de fibras de palmera oculta el fierro pero el
rudo babero! aprisiona el rostro del Khalifa.
El h erede ro del S.mto cuya tumba atrae á · Tantah á
todos los peregrinos de Egip:to, es muy joven. El papel
que representa es abrumador. P&amp;rece aplastado bajo

el peso del manto que o envuelve
este fué el del Sald venerado, y la tela
entonces era ligera, pero una antigua
tradición quiso que cada califa la recubriese con una nueva seda; poco a poco, gracias á los tegidos superpuestos
la veste se ha converüdo en una verdadera carga. Bajo P.l doble fardo del
casco y del manto, el joven khalifa
oprimido, casi desfalleciente, se aplica sin embargo á llenar hasta el fin su
cruel y divina mísi6n. Sacerdotes
cheiks,ttocadores de tambor y de tim~
bales, le rodean. Los abanicos de Plu.
mas, los estandartes, se balancéan 6
se despliegan por encima de su íren
te; y á la derecha y á la izquierda, mu·
f'
jeree, hombres, niños, anciands, seatropellan impulsados por atroz curiosi dad.
El Khalifa ha pasado; el cortejo no
termina atín. La costumbre quiere
que detrás de los fantasmas de los cruzados caídos en la delta del Nilo, haLa danza sagrada.
ce seis siglos y medio, detrás del
Khalifa en fin, desfilen á su vez las
Los dramas de la conciencia tienen muchas veces una
cortesanas. A este bizantinismo se mezcla un moderintemidad muy aguda. Cuando el mundo ve una mujer
nismo raro.
A caballo, vestidas de sihgnlares trajes masculinos ó que deserta de sus deberes, pronuncia casi siempre un
extendidas en coches descubiertos y adornadas de toiltt- juicio apresurado, sin estudiar las circunstancias excepWl donde ami modas y las europeag se confunden de una cionales que han precedido á. la caída. La opinión no se
determiua nunca según la falta; la•situación social es tomanera sobrado orjginal, pero de mal gusto é indecente,
mujeres muy hermosas, y otras horribles, pasan ,en des- do. Para las mujeres ricas y que se creen sostenidas por
sus aliadas, el mundo tiene tesoros de indulgencia: reserfile interminable.
va sus severidades para las humildes y las débiles. Y en
Como acaba la ñe~a, facíl esadivioarlo ...... En el Egip- estas ejecuciones sumarias, la cobardía de los ho'mbres
to antiguo las ciudades de Bubastis y de Canope fueron no iguala sino á la perfidia de las mujeres.
célebres por su licencia; cada año las fiestas reliofosas
Alberto Delpit.
eran-pretexto para e:xces?~-y orgías, de' Jas cuales ef Tiejo
Heródoto nos ha transm1t1do el. recuerdo. La tierra de
Egipto no tiene ya los miemos dioses, pero tiene las mie- ·

�.OOMINGO
DOMINGO

EL MUNDO

21

21

DE FEBRERO DE 1897

121

EL MUNDO

DE FEBRERO DE'"18Q7

CL"EOPATRA MUERTA

Scott tenía¡-.,¡; años cuando empezó el estudio del hebreo·
Wat.e, en la imposibilidad de leer las obras que trataban sobre mecámna, publicadas en francés, se puso á estudiar eete idioma á lo&gt;! 40 ailos.
A Roberto Hall, cruelmente atormentado por el deseo
., la imposibilidad de comprender el pamlt'lo escrito por
~lacauley entre )lilton y Dante, se lo encontró un oía
e~tudiando el italiano en su ancianidad, acostado en el
suelo.
~pelmao comenzó el estudio dt&gt; la ciencia ú los fiO aiios.
1-'rank lin á los ;J() arios se dedicó de lleno al estudio de
le filosofía natural.
B &gt;ccacio ten[a 3'.J años cuando empezó su carrera literaria.
Alfieri á lns •1i&gt; ailos comenzó á estudiar el griego.
8cott y Dryden se hicieron conocer por lllll! :recientes
obras, después de los cuarenta anos de edad.
Entre nol!otros, el general ;\litre aprendió bien ~l la·
tin con la traducción de Horacianas, trabajo de aliento
potente reali1.a1o á la edad increible de i5 años.
Andersen entr:i á la t&gt;séuela primaria ú los 10 ailos. Antes de epa etlad no conocía ni las letra!!. A los 23 a11os ingresó la uni\·ersidad de Copenbague. Y fué, como ,;e 88·
be, autor de los célebres cuento~, de nov.-las, dramas.
comedias, tragedias, artículos periodísticos varios, •·te.
Tiziauo Yecellio, el glori,,so pintor del renacimiento,
uel más íntimo confidente de la naturaleza," como lu lla·
maron, sólo dejó el pincel á los ~l años.
Tintoretto (Jacobo Robusti). discípulo del gran Tizia·
no, produjo admirables obras ha~ta la edad de 82 ailos.
Tuvo e1widiable perseYerancia. 811 mae~tro, Tiziano, observando un día que su discíp•1lo tenía dotes extraordi•
rarias y que podía lleg~r :í superarle, I&lt;_&gt; de~pi~ió de la
escuela. ...:~te hecho av1 vó d amor propio p.e Tmtoretto,
que se propuso igualar :í su maestro, consiguiendo con
pel"!'en-rancia y lab-Jr, sobn•pasarlo en el dibujo é igualarlo en la pintura.
•

riano el que, bajo la presidencia del emperador decidió la erección de esta~ capillas ambulantes;eehabfa hecho notar que la mayor par•
te de lo~ empleados de las
ei;taciones !'ecundarias y los
que se alojaban en las barra•
cas intermediarias, para la
vigilancia y el mantenimiento de la vía, no podían frecuentar las iglesias de la.~ ciudades ó de las ahleasque es·
Un naturalmente m11v diseminadas á lo lar~o de la li•
nea. Se necesitaba, pueF, á
tin de sati~facer sus 1wcesi·
dades religiosas, hacer circular un vag(m co1l\'ertido en
capilla y proYisto de todos
)Qs objetoH necesarios al cu 1to ortodoxo y serYido por
un padre que nombraría el
Santo Sínodo.
Damos do11 fotografías de
una de estas capillas rodantes, mostrando su interior y
su exterior y una del interior de un vagón bar 100m.
Exteriormente esos co·
ches-capillas no ee distinguen muv netamente de los
vagones ordinarios; se puede
notar, sin embargo, que las
ventanas alectan una forma
v los ornamentos cararterís·
Íicos del eeti lo arquitecturalbizanti no. llay nna puer•
ta en una extremidad y de
cada lado del vagón, ~in con•
tar una abertura que permite
la intercomunicación con el
rtisto del tren. Encima de
El va¡ón cantina, vista Interior.
las puertas de entrada hay
una arcada de la cual está suspendido un juego de
LOS VA.GONES CAPILLA~ Y LOS VAGONES CANTINAS
camr"nª" rlt&gt;Ptin11das á llamar á los fielPS del rito griego. En cuanto al interior, es bastante elegante y de·
La prodigiosa línea férrea que los rusos hao estableci- coract,, ,egun los motivos demasiado brillantes del an.e
io á. través de toda la Siberia, se ejecuta rápidamente, á ruso. Los muros están cubiertos de pinturas que repre•
pesar de las dificultades que se encuentran. Es este un
sentan l11s imágenes santas; por í1ltimo, no se han olvi•
trabajo formidable que pondrá el extremo Oriente á al- dado el altar, el tabernáculo y los candeleros para los
r;uno1 días de Euro\&gt;ª· La construcción no es solamente oirios. Y el ¡&gt;0p• va de estación en estación, en eu caoa
mtereeante por la mmensidad de la empresa, sino m~a rodante, para celebrar el culto divino ante los p.&gt;bresais•
at\n quizá por las condiciones del todo especiales en las
que se encuentra. Lo11 rusos son reputados maestros en lados de la gran linea asiática.
la creación de esas vías ferreas que nacen como por en•
c:aoto sobre loe territorios más ingratos, en medio de lae
planicies de arena, de las vastas soledades: todo el munA través de
¡randes vid••·
do ha conservado el recuerdo del famoso camino de hierro tranalpino, que ahora se trata de prolongar más aún.
lius procedimientos son particularmente interesantes en Jl.'Los genios no han desperdiciado ni los momentos de
11na época en que se habla tanto de lanzar líneas ferreas
la ancianidad para estudiar. La perseverancia, el espíriá través del Africa. Todo hay que inventarlo, así para la tu de detalle y las ocupaciones múltiples los han carac•
explotación como para la · construcción del ferrocarril terizado.
transiberiano: la travesía del continente asiático, que forIliindel no publicó ninguna de sus grandes produccio1:0l'amente durará días y días, necesita un material ro- , nes antes de los 48 ailos.
dante del todo especial, así como instalaciones propias
para asegurar la existencia de los agentes del camino de
hierro, ií lo largo de la línea, en las estaciones frecuentemente aisladas del todo de los pequeños centros habitados.
Todo este material está en vías de crecer, á medida que
wa avansando la vía, porque desde ahora los trozos demasiado considerables entregados á la ('xplotación dan
lugar á. una corriente enorme de viajeros; no solamente
los obreros y el personal en geueral que se dirije á las
c:anteras, Bino también á una multitud de hombres, de
niñoe, todos gentes robustas que se van alegremente hacia las tierras vacantes del &amp;te, á colonizar la Siberia
y ponen á provecho el nuevo medio de transporte tan
ilómodo que se les ofrece.
No diremos gran cosa de las estaciones, construcciones
•e ladrillos, demasiado agradables de aspecto, á las cuales ettá siempre contiguo el reeervario de agua, montado eobre una torre de granito; no se ha olvidado un jardín y muy frecuentemente se encuentra un buffet donde
18 utilizan las largas detenciooee que hace el tren á cada
inewite.
Estos trenes se componen de tres clases: algunos vagones de segunda clase que provienen aún ahora de lae
red~ ferrocarrileras propiamente dichas; luego coches
de tercera de un excelente tipo, establecidos expresamente para el transiberiano y que en la noche se transforman en dormitorios de tres l!neas de camarotea. Hay,
por último, la cuarta clase, compuesta únicamente de furgones, en las paredes de los cuales se ban abierto algunas
ventanas y donde se han di~puc~to bancas rudimentariae.
·
Pero este material rodante acaba de aumentar con vagones de un tipo absolutamente nuevo. 8e conocían hasta aquí loe vagones-lechos los vagones-restaurants, los
-yagoi:ies-cuadras, los vagone!l;salae, y el tren especial
1magmado para la construccron del transcaspiano, contenla un vag6n-dei;pensa, donde los obreros podían comprar cuanto necesitasen. Ahora se tiene el vagón-capilla, además dt1 un vagón-cantina. A decir verdad, hace
ya cierto tiempo que en los Estados de la Unión Americana, donde la población esti\ muy desparramada, en la
Dakota septentrional con especialidad, se había imagi•
nado poner iglesias sobre ruedas, y trasportarlas de es•
tación en estación, para taló cual de los cultos que abundan en el territorio de la confederación. Pero los vagonee-capillas del transiberiano, son mucho más numerosos, mejor instaladvs, y en esta vez forman realmente
pa,\9 del material de explotación de un camino de fierro.
Vai&amp;ón-c:apilla, visbi exterior.
Fué el comité ordenador de la_construcción del transibe·

I••

Vista de conjunto de un va¡ón-capilla.

Preguntósele un día á Lord Palmerston á qué edad
consideraba él que un hombre se bailaba en la plenitud
de la vida, y contestó en seguida: 11á los 79 ailoe." 11Pero,
a¡regó 1t1.1iñaodo un ojo, como yo acabo de cumplir mia
80, puede ser que me halle un poca más allá.11
Bernardo de Palissy murio 1í los 78 años, en medio de
su ruda labor¡ llena de luchas y sinsabores.
.
El hombre de trabajo no tiene ocaso en la vida.
La acción de los gtnios ha sido múltiple. Voltaire decía que el verdadero espíritu
de 111 literatura es el mismo
que el de los negocios, porque la perfección áel uno y del
&lt;,tro consiste en la unión de la
energía y de la previsión, de la
inteligencia cultivada y de la eabidur1a práctica, de la esencia
activa y conCemplativa.
Así Milton, el sublime ciego
que veía con el alma las claridades espléndidas del arte, fué
maestro de eecuela, ocupación
que tuvo en mucha honm yque
áeeempeñó con diligencia 1
amor.
Shakespeare fué un mediano
actor de teatro. Representaba
SUB propias producciones con
muy poco hito y se preocupaba m:í11 de sus ganancia~ peou·
niarias que dt1 sus triunfoe artísticos.
· Dante fué químico ydroguiata; y con Bocaccio y Petnuca
,er,tuvieron muchos años ocupados en embajadas importan•
tes.
Andersen, que sufrió en su
ni1lez y juvemud penalidadea
sin cuento, fué comediante, bai·
larin, aprendiz de fabrica, carpintero, cantante, etc.;
Ciceron fué un trabajador
abnegado. A pesar áe su diapeps1a aguda, puáo vivir mllcho, gracias á su sobriedad, en
meáio de una labor l!ÍD interrupción. No cobrabanaciapor
sus trabajos, porque sólo am•
bicionaba la gloria. Parece haber sido el primero á quien 119
le concedió el título de opadn
de la patria.,, Tenía una verruga en la nariz, en furma degar,banzo. Dil allí 11:l proviu" el
nombre ( cict&gt;r, eu huín.) Y 89
firmaba así .'.\1im:o Tulio y e•
seguida un garbanzo.

N? creaie, distinguida i&lt;efiora, que lo que YOV á relatar
,es Hmplemente una caprichosa farándula urdida en la
fantas1a . • •
Tampoco i~aginéi,a qué embrollo y hago la historia de
lo no acont.ec1do nunca por más que ese defecto St'a una
mala costumbre en 111 que confieso fraucamente iocurrimo~ todo_s los despe~iciadores de papel.
'
~o, Heuoryi mía, Silv~stre Pxiste, os digo más, somos
íntimos a1111goe, tan íntimos, que nunca nos hemos pedi•do prest9do un duro.
. 'oy á referir uno de ~us dCEeognños, el m:11! amargo tal
,;ez, pero antes, permitidme hacer, no la anatomía de su
corazfm-que esa sería tan•a prolija v superior á 1.nis fuer·
Z!l5-!!ino una brevísima digresión que os ponga por de•c1rlo ~sí en verdadero conocimiento del temperamento
de m I héroe.
i:\o hagais una muequecilla encantadora pma decirme
•9ue ya no hay hfroes ni en las novelas por entregas; no,
rnterel'ante burlona, aplacad compaiiva vuestra mofa
porque t,i;toy bien seguro de que mi atolondrado joven es
muv merec¡,dor del calificativo.
. Sllvestrt: lsi I':' queréis) podrá ser un joven bien parecido, su f1s1co mteresa poco y no dará motivo á una
disputa, lo q~e sí ~e imporLa asegurar es que al tropezar
con él,. podre1s fac1lmente confundirle con l'Ualquier pa•
,cífico taqui_n, lo cual no quiere significar que vista con
burgués ah1i_o y lleve en la truculenta testa un sombrero
de seda_ acepillado al contrario; no, discret!sima señora,
ea tan hmpH? y pulcro, co.mo un gato molondro, babia bien
d~ loe qu_e piensa mal, escucha sin sentirse acometido de
h1d_rofobra todas las sonatas con que le obsequian 8118
~nu~e, paga puntualmente á los acreedorel', bebe gín vie•
JO y_t1~ne amor fanático á una buena copia del l'erseo de
-Oothm modelada en bronce florentino.
Como podría haber sido carbonero, millonario ó gen·
&lt;larme, rePl!lta pintor.
En su oiicio, odia cordialmente todos los simbolismos
de sus col~~ de Municb, las complicadas refinaciones
-del Henacrnnento, las apopléticas y beodas rubicundeces
flame_n&lt;:39 y basta las blancuras desmayadas de esa escuela ,:ehg1osa que se inicia en moto yt.ermina en beato An·
gt'-hco.
En los esbozos de que está atestado su estudio ha visto
.al ~or atormentado y pervertido basta lo increíble.
¡No_eé de qué extra~a.orquestricaarraocaeseendiabla•
do art1s~ las estrambot1cas actitudes de sus figuras!
Intenta un claro-obscuro á ia Hops, y sobre fondo ne·
gro_ como techumbre de fragua, amontona matices amortec1~0s y humosa, penumbras para retratar la cabeza del
1w_c1da en. cuya lengua colgante y coagulada por las san. gu1!1olenc1as del veneno se clava un dardo de Juz muerta.
E!] !as fisonomías que pinta, está rediYivo v palpitante

j
[ Damas ¡uatemaltecas.-Srlta. Jesús Monteros.

~e ~na caricia no pagada á puntapies 6 con monedas in·
¡ur1antes.
Finada la misa aurea de aquellos eepo,nsales, llegado el
tenebroso D~-Profundis te sus ardorosos deliquioe, cuando la razón ( el cuervo insaciable) comenz6 á morderla
las entrañas, ocurriósele al pintor que In tierna enamomda
no s51o iba :tentibiar su t:tlamo en las veladas invernales,
sino á hacerl(' la revelación suprema, ú encarnar el verbo de su genio con la pristina v gloriosa l'pifanía.
¡Hu obra maestra!
·
Creyó encontrar In verídica icónira del ideal colum·
brado en muchos días tristes é insomneR noches.
Con mirada de iluminado tzorprendiú todas las patri·
cias perfecciones del privilegiado cuerpo de su amanw.
~) VICIO.
•
Pasaba el tiempo, olvidado de los pinceles, de su canYeréi~ en ellas la mirytd!l torva del be~d9r de ajenjo, timplora de ailejo gfn, de la.enorme pipa turca que le
laanebhnada del h118Cl11chmo ó la del neurui1co consumí• brindaba opiaceos vapores poblando su mente d sueilos
· do po_r el morfinismo; observaréie los visajes de la deses• de s:ítrapa, de la gatita coquctuela, de las pindáricas esperactón asomándose por dientes rotos v amarillos incrus- trofas del poeta favorito ó los crisanth&lt;&gt;mos que cultivatados en encías violaceaa recocidas por el alcohol ma- ba en el jardín.
nos velludas ost.entando una ramificación de ne'rvios
Vi\·ía, contemplando absorto el grano seder1o de ague
atrofiados por el agotamie'?to, las piernas anquilóti"as de lla piel que tenla heroicas nitidtce&gt;1, pasmado ante ese
l?s q~e mueren.en el_ h?sr1tal ó los cadáveres de los vic- bélico himno de la carne que se reveli,,ba en curvaturas
•t~mar1os del odio art1fic1a con su torax acribillado de he- de inaudita gallardía.
ndas sangrantes como bocas de odaliscas embadurnadas ~ Jlesaba con sus pupilas inmensamente dilatadas las
•de kobol.. ....
combas rebeldes del seno de su amada, los nevados homSu mundo eetá en lo más opaco y negro de los antros.
broe, la flacnra egipcia de la cadera, la mano de monja
Como al D,mte parece que lo bao tragado las fauces del taciturna, el rostro bíblico, serenanente expresivo, cirAverno, l,Mlro menos afortunado que el viajador florenti- cuido por negrísimos cabellos que chorreaban como due·
no, eale siempre del foco del Mal sin haber llegado con lo sobre el témpano hiperboreo de los hombros.
.Beatriz al Primer l\Iovil.
Su primera pesadilla sensual junto á Teresa no fué el
. Como profesa idt&gt;as brutalmente pesimist.M! r tenden· vil sasiamiento del deleite impuro, antes bien, la resu·
•ciae morales maleadas hasta el peor grado, sus mstintos, rección de un Mito muerto, la encarnación ingenua de su
· de suyo generosos, padecen lamentablemente baci(-ndole futura gloria artística.
•descen~er á las vulgaridades más innobles.
La humilde bohemia había llegado al abandonado tugu1?' mJeántropo porque con todo el encarnizamiento y
la 1mp1edad de loe verdaderos pen·enios ha picoteado
· con el escalpelo del análisis sus cariños más sinceros.
Un día llegó á su taller solicitando jornal de modelo
una pobre mozuela de esas que se hunden en los lodos del
• arroyo ~n la casta inconciencia de la "primera embriaguez pae1onal.

Después de mucho vacilar, aceptó Silvestre á la desvali~ obrymdo así, Ú!]icamente porque era bonita y le insLPi~ba cierta conme1era~ón ~uy semejante á_ la que expenmentaría un compasivo mirando una gaviota anidar
en la zahurda.
Y, no es que fuera redentorista de los que creen q11e to-da mujer caída pue!le convertirse en aogel y lle¡tar al cie·
lo con las _alas sa!p1cadas por el eslibazo farisaico de la
,p~upac1ón social; tampoco es un romántico de 1830
m s1qui~ra un inofensivo imbécil de los que degradan l!~
· sex~ deific:mde á la hembra en altares idolátricos.
fü~da n:iás lejos que eso; comprendía muy bien que Eva
ha e1do siempre malvada por capricho ó tontería v no se
• escapaba á su observación que todos los Yicios que anidan
•en el corazón de una perdida pueden también prosperar
en la beldad más buena.
•. I )ireos :a verdad plena, mi querida sei1ora: ~il\'eetre re•C1b16 á la muchai:ha porque en su embrutecimiento de
ioltero ~mpede~nrdo ~ despertaba con gruñidos feroces
.a necesidad ammal ~ imprescindible de una compailera.
l\le hac!l dail_o la nsa que oe produce mi crudeza, sin
duda me ¡_uzga1e mal ~ducado, pero reid mucho, mucho,
os lo suphco...... ¡tenéis tan bonita dentaduu! •
Cuand:o las mujt&gt;res lindas rien l1asta ajar las blondas
•del corP.1ño y romper las :arillas del corl!é, antójaseme
• ~ue anba ofi&lt;:1a el buen_ D1oii y 1~ querubineeca chiqui•
1 ería de los limbos repica con v1brantef! campanitas de
•oro..... .
Teresa se abandonó al protector, enamorada porque
• creía gallarda su presencia; agradecida, porque había en·
cont~o un amparo en su abandono, humilde, porque
,ad;'lllrnba con entusiasmo el talento de su amigo y era la
wnmera vez que sentía en su piel el calorcillo voluptuoso

rio para ofrendarle el mas 1mblime de lo~ amores, el de
las musas que chien la corona de e~pioas tan codiciada
por los que ~aben que sobre las mezquindades de la vida
corriente, flota un ianta.~rna, que solo prodiga sus besos
de fuego :1 los raros, :\ loll ungiJos por el gran sacerdocio
del J\rte, ¡¡ eso:; cJaudicautes que desprecia el vulgo por-·
que son los desertores de la lucha perenne de las ambi•
ciones de la ralea común.
¡Su obra maestra!
Sentía apro:ximar5e el momento de la concepción.
~ co~ard!a del [!e6fü.o, le intranquilizaba llevando á
su 11_oagmac1ón un infierno &lt;le preocupaciones.
¡S1 no ten!~ ~siento, si era un pobre ernb8durnador, si
detopués de nY1r para un ensueno lo vefa convertido en
cruel fracaso!
Ante la primera audacia sentía el miedo del ladrón que
roba la custo1ia, el trágico pavor del quo nunca se ha
visto cara ,í cara ante la l\l uerte.
¡:3u obra maestral
¡La que eleva una muralla entre el necio y el vidente!
Trabajaría cen asiduidad incomparable, trabajaría, sí,
mucho, tenazmente, liaeta ver sus ambiciones resueltas
en el triunfo al tran~ladur :í un lienzo aquella fiebre de
calenturiento que inflaba sus arterias..... .
Preparó con 1ent,itud el trabajo, puso varios colores en
las paleta.➔, colocó el caballete en la mejor posición y
despufs l!evó á '.feresa á un lugar del aposento donde tocla la claridad diurna bar1ara sus formas con polvillo de
sol.
Pintaría á ( 'leopatm muerta.
Por largo tiempo fué un dPvoto de la grao reina te·
bana.
. Am(&gt; furio-a~ente s_us_obscurosojossombreados deant1momo, B!1s lu¡osas tnmcas bordadas de grecas capricho·
sas, sus fet1ch~s de alabastro y lapizlazuli, á J11isy á Nepbi•
tys, á Sumaut1 el de lu cabeza de cinocéfalo y á llater con
su airón de plumas de avestruz.
Respetó tambifo los animales sa~rados que adornaban
las columnatas de sus palacios faraonicos sus amores formidables, sus glorias cortesanas y su m~erte tan gran•
diosa!. .....
La brocha lamió la tela dándole al momento colorido.
Después de un trabajo fatigoso y complicado terminó Silvestre el cuadro aquél.
Lo contempló un instante.
~u mirada se enturbió y llevando las manoa al rostro
demud.'ldo lloró copiosamente.
La producción le avergonzaba.
Era odiosa.
Car!1es magulladas y de amarillez ictérica, expresión
estúpida en la faz, Menos de nodriza, músculos exan•
gues y contornos acentuados con una grosería viril.
Cualquiera supondría que estudió frente á la plancha
del anfiteatro, ante el cadáver de esas impulsivas que
truecan al fin su lecho de placer por el horrendo y exclusivo de la. l\Iuerte.
Cuando se aplac', un tanto su estupor sintió que-nue
yo Lasconte -le atormentaban• las serpientes de un furor
msano, y, en un rapto de cólera bestial, se arrojó sobre
el modelo con el ímpetu de los leones del Atlas sobre lu
m,trtires cristianas.
L'.l lucha fué breve.
Las manos atenacea1on el cuello de Teresa dejandoazu•
la&lt;la huella! .....•
¡Singular fenómeno!
Frente al despojo mortal de la jo\•en comprendíó el
asesino que la inspiración bajaba á cubrirle con su velo
ingr,ívido......
Pintó de nuevo con rapidez vertiginosa y después de
muchas l11m1s de trabajo vi(i coronados sus erupe11os por
la victoria tan deseada.
•
Entonces sintió una inmenM piedad por la que fué su
víctima; compremlió que la amaba con locura pero se resignó 1t su suerte porque no ignoraba que cua~do la faipa
anuncia con su estridente claridad el. trinn fo de un artista es porque le ha matado el corazón.
N~ creaiedistioguida señora que lo que os he relatado
es simplemente una caprichosa farándula urdida en la
fantasía .
Crno B. CEllALLOII,

Febrero de OO.

DELICTA CARNIS
D• ••• "llístlcas."

Carne, caree maldita que me apartaa del ciele
carne tibia y rosada que me impeles al vicio
'
ya rasgué mis E:Rpaldas con cilicio y tlagelo '
~or vencer tue impulsos ... y es en vano! te anhelo
a pesar del flagelo y :t pesar del silicio!
Crucifico mi cuerpo con piadosos enojos
y se abmz!\ á mis p\antas Airodita la impura;
me sumer¡o en In meve; mas la tibian sus ojos·
me revue_lco en un tálamo de punzantes abroj¿s
y
labios lo iruecnn en deleyte y ventura!
Y no. encuentro refugio, fortaleza ni asilo
y en m1~ noche~ pobladas de imposibles quimeras,
J.De persigue la 11nagen de la Venus de Milo
con sus lácteos inufiones, con su rostro tranquilo
y las combas tnuofales de sus amplias caderas!

s1:~

···¡oh·,·~11~;j~~;¡~ri·~;,;;,·~r~~-~-¡;¡,·~-¡~·;~~~---······
de~roteros del justo; ya no turben con locas
avideces la cslma de mis puros afectos
ni el caliente alabastro de los senos ere'ctos,
m el marfil d~ los hombros, ni el coral de las bocas!

Damas ¡tuatemaltecas.-Niña Mar¡arlta Novella.

�l".L MUNDO

amor. Ni más ni menos que si
ün ciego escribiera de óptica;
porque Don Prudencio conocía el amor grosero y primitivo del Yiejo Testamento, el
panteísta y simbólico de los
poemas del antiguo Oriente,
el meramente sensual que pinta Longo y que cantó Lucrecio, el caballeresco y platónico de los paladines andantes,
el licencioso y pervertido del
Aretino y de Boccacio, el pastoril incoloro de Sannazaro y
La Gala/ea, el venal y cortesano que entronizaron los Rors
bones franceses y bast!f el amor
envilecido de los que hoy buscan la reputación por el esdndalo; pero todo ello fantaseado, desvirtuado por su propia
ignorancia de la realidad, por
su carencia de seutido artístico, vi~to siempre á través de
su criterio mezquino, de su falsa idea de la moral y de aquella eterna manía retórica, eterna sofocadora de la verdad
de la \·ida.
El caso fué que á fuerza de
leer y e~cribir tanto del amor,
sin disfrutarlo ni entenderlo,
con tanto trabajar, comer tan
HIDROTERAPIA Y AMOR
poco, dormir tan mal y digerir peor, comenzaron á alterársele las fnnciones todas de su organismo, hasta caer
Don Prudencio Farf¡ín la Higuera, de cincuenta y tan- enfermo, i;,ufriendo juntameBte .ven alarmante desorden,
tos años soltero, con ama de llaves setentona, bonachón inapetencias y empachos, cólicos é indigestiones, formany de mediano entendimiento, vivía enteramente cons'.1-- do todo ello un cuadro. sintomático capaz de volver loco
grado al estudio, si no con gran ~ruto, con pe~se".erancia al médico m:ls sereno. l\Iientras pudo trabajar lo lle •6 con
admirable. Era de aquellos á quienes los periódicos ca- paciencia; mas cuando t,uvo que prescindir de papelotes
lifican, si son catedráticos, de docto si senadores:deelo- y libracui;,, d.-terminó ponerse en cura.
cuentes, si publicistas de ilustres, y de eruditos cuando
Comultó primero al docter Garda, quioo tras minulea hacen académicos; pero el dictado que más le conve· cioso reconocimiento de toda su persona, le dijo lacónicanía era el de laborioso, porque si á fin de aj'io se pusiera mente:
en balanza el pan que comía y las resmas que emborro-)falas digestiones por exce~o de sedentarismo. Va•
naba, de fijo pesara más el papel que las libretas.
ya usted á &amp;úud, s y beba aquellas aguas. No hay otro
Cuando en bibliotecas y librerías solemos ver los plú- remedio.
teos como dice el gran libro de la calle de Yalverde, carTan insoportable le pareció la idea de separarse de su
gados de muchos tomos iguale.'! debidos á una sola pluma biblioteca, y st1s apuntes; de tal modo le horrorizó la
y en cuyo tejuelo se lee Fulano: Obra.~ Completas, ó ,'tfenga- perspectiva del viaje. que resolvió hablar con otro memu: Opera Omnia, nos causa maravilla que pueda un dico. Dirigif•se al docLor Gómez, el cual, luego de hacerle
hombre producir tanto, y nos decimos que para el Tosta- muchas preguntas y tentarle en muchos sitios, le habló
doy Lope, por ejemplo, debía tener el día miís de vein- así:
ticuatro horas; ó ellos por arte de magia las multiplica--Hipertrofia del hfgado. Si quiere usted conservar el
ban; mas conociendo tipos como Don Prudencio, nos pellejo, vaya usted :í. Ja Charca y beba todo lo que
convencemos de que la constancia lo vence todo, y que pueda.
cualquiera podría llegar á ser Lope y Tostado, si todo
No contento con esta opinión que también Je exigía el
consistiera en devorar vol(tmenes, tlimar apuntes, evua- apartamiento de la biblioteca, procedió Don Prudencio
cuar citas y llenar cuartillas.
á tercera consulta, dan&lt;l_o lugar á. que el doctor González
Levantábase con el sol en todo tiempo, lavábase apele dijese:
nas por no perder minuto, y sentado ante su mesa de
-Vaya usted á las aguas de Cerraja-S y tómese usted
despacho. donde se alzaba nn mediano monte de tdmos cuatro vasos al dfa.
en rústica, pasta 6. pergamino, muchos apolillados, alCreyó qne se burlaban dn él. ¿Cuál de los tres tendría
gunos malolientes y loa m,ís sin otro mérito que la rare- razón? ¿Dónde e~taría su mal? Ni asiento de colonia féza sorbía el chocolate entre dos párrafos, y aun á veces nica, ni imcripción de lápida celtíbera, ni vocablo godo
te~ía que mascarlo, porque de puro frío se le quedaba corrompido por átabes, le preocuparon tanto'como aquehecho pan de hígado. Almorzaba apoyando en la copa llos t.fes nombres; Saln,/,)8, Charcas, Cern~jr1s. Entre tanto
del agua algún catálogo, en seguida, vuelta al despacho, su mal avanzaba de manera que, imaginando su fin cerdonde nadie podía entrar sin excitar su ira; :í la horade cano, y disct1rriendo como quien era, se dijo: «Los médicomer engullía sin paladear, leyendo entre plato y pla- cos tanto sabe uno como otro ...... Veamos qué historia
to y al acostarse, colocaba en la mesilla de noche papel tiene cada uno de esos pueblos. Saludes está en el riñón
y Íápiz, por si le desvelaba la comezón de apuntar algu· del antiguo califato, y Avicena no habla de sus ao-uas.
na idea soñada. Sus paseos eran desde el bufete á la es- Poco valdrán. No voy á S 1l11des. L'.1 Charca es pueb1o de
ta-ptería y vicevert&gt;a; la calle casi no la pisaba; y la ma- orfgen latino: los romanos construían thermas; allí no
yor suma de ejercicio que hacfa era recorrer á zancadas las hay, luego no consideraron que las aguas fuesen bueun pasillo de pocos metros. Sus relaciones con el mundo nas. No voy IÍ Charca, En cuanto á Cerraja.,, esotra cosa.
exterior se reducían á escuchar los cautos cocineriles de Créese qne allí hnbo en el siglo XIII un monasterio de
la vecindad, 6 leer algún trozo roto de periódico en el jerónimos, los frailes que más se cuida.dan y mejor cocuarto más chico de la casa, y sus goces, que él llamaba
mían; viéndolo bien comerían mucho, tendrían indigespurísimos, era ver impreso su nombre en alglÍ.n boletín
académico y oírse llamar sabio benedictino por un ahijado socarrón v perdido que iba de cuando en cuando á
visitarlo olíáteando herencia, para calcular lo que Je
quedaba de vida.
Habiendo consagrado toda ella al estudio, era Don
Prudencio sapientísimo en letras sagradas y profanas, y
en cambio ignorantísimo en cuanto á la realidad y á la
vide se refiere; y como la esencia de la realidad y la vida és el amor, claro está que de esto no sabía palabra.
Pam él el amor era en parte impulso pecaminoso y en
parte elemento literario. Nunca lo consideró sino como
arma de Satanás ó pretexto para ficciones poéticas. Esto,
en cuantn 1í las causas; pues por lo que se refiere á los
efectos que el individuo puede estudiar en sí mismo, su experiencia amatoria era poca y adquirida en
malas condiciones.
El amor es escenario de ópera donde cada hombre
busca tiple para cantar su dúo: el más dichoso conquista
á la primadona; otros nacen predestinados á partiquiquinas, el mayor número no pasa. de figunmt~ y co_ristae,
en una palabra, asfcomo hay qmen no estudia, prnta 6
describe más que las últimas capas socialeF, DonPrudencio no conucía más que las últimas en~guas: el proletariado del amor. Además nunca llegó ácelebrar con mu·
'91 alguna un verdadero tratado; jamás pasó del mod11~
rit·ewti momt&gt;nt.íneo y grosero que despoetiza la pasión.
No sabía lo qne era una señora, ni vió en su vida ba¡n
fino~, ni pies bien calzados, ni oyó una frarn delicada, ni
pudo formar idea de lo que es la honesta coquetería del
pudor. ni se halló en situación de apreciar que la ,olup·
tuosida&lt;l. intelectual es cien veces más noble y deleito,a
que la de los sentidos. Pero como el hombre es un animal que se contradice, á Don Prudencio Je dió principalmente por estudiar lo que no podía comprender, y todas
sus di-&lt;qnisiciones, ensayos y memorias tenían por objeto
puntos de historia y de likr~t1:ra relacionado~ con el
0

,

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 18117

tiones y padecerían del estómago. Hasta el siglo XI nohablan los autores de aquel manantial; la fundación del
convento es anteriór; de modo que los frailes no Jo conocían indudablemente. Sin embargo, ningún individuode la comunidad lo menc!ona: prueba evidente.de que se
re~ervabán su uso; es decir, las aguas son buenas.,,
Y determinó ir 1t Cerrajas.

···~v1~~~·~;~a.·~;;;úiiú"~i~·d1j~·~i··~éii~~-ii~i~~~~i~:
-Coma usted bien, paseee moderadamente unos días,
fortalézcase algo y luego comenzará usted á beber.
Hízolo así y en pocos días se puso como nuevo; pero
en cambio, sufrió un de~engaño tremendo, porque traaa
mucho hablar con gente del lugar, supo que ni allí ni en
treinta leguas á la rtldonda hubo nunca frailes jerónimos.
¿Poro qué iba tí hacer sino beber?
El primer vaso le puso á morir, haciéndole pasar tan
mala noche, que juró por todos los libros de su biblioteca no volverá tragar gota de aquel agua infame; y comoá la madrugada se sintiese aliviado, tornó á discurrir sobre lo del convento, pareciéndole absurdo admitir que
aquell@s indoctos patanes supieran más que los autorespor él consultados. ,.Cómo no había de existir ó haber
existido el monasterio, si lo citaba el padre maestro fray
Martín Trolero en una nota de su libro JJ,spaniarwn regio11e incognita, edicióu de Amberes, 159,5, al folio 42vuelto? En vista de lo cual, ya que la Providencia le
condujo átales parajes, resolvió aclarar la duda, averiguando si en la décimaterciacenturia hubo 6 no hubo en
Cerrajas convento de frailes jerónimos.
Comenzó, pues, á hacer excursiones, recorriendo la.
comarca en todos sentidos, visitó cuantas ruinas había
en los contornos, inspeccionó libros y registros de ::\Iunipios y parroquias, no escatimó gasto ni se perdonó fatiga
y anduvo tanto que con el mucho ejercicio le volvieron
las ganas de comer; el no trabajar le facilitó las digetiones, el cansancio le devolvió el perdido sueño, y todo
ello junto le restituyó la salud, sin que hablase segunda
vez con el médico, ni tomara un segundo sorbn de agua.
U na tarde ·que se alejó mucho del pueblo, di visó en la.
falda de un cerro dos grandes muros de granito, sobre
uno de los cuales se alzal:¡an varias piedras que á. él se le
antojaron base de torreó parte inferior de campanario.
Apretó el paso para llfgar antes que tramontara el •
sol, tocó por fin el muro, y como descubriese argollas de
hierro entre la~ junturas de los sillares, dedujo, ébrio de
gozo, que aquel fué convento, porque allí era donde se
suje~aba la cadena á que se agarraban loscriminalespersegmdos cuando se acogían tí sagrado. Di6 en seguida la
vuelta al p~red!'.&gt;~ y entonCE;s fué su desencanto; porqu&amp;
en lugar mas v1S1ble y admirablemente conservado sin
injuria del tiempo, ni cantazo de los chicos habí~ un
escudo, ilustre jerpg\ífico, en que, alternaban perros
calderos, cascos y dragoñes, admirablemente conserva:
~os.y ceñido el conjunto por inscripción con mote nobil~ano, parademos~rar que aquel no fué jamás convento,
amo morada de senores guerreros. Grande fué la desilusión del erudito, pero aún le quedaba al bueno de Don
Prudencio Farf~n la Higuera otra y más estupenda sorpresa que experimentar.
Deseoso de ver si se conservaban habitaciones en el
interior del ángulo formado por los muros, dió la vuelta.
á uno de ellos y cuando esperaba hallar vestigio de cuadra aban~onada ó señal de orat~rio derruido, contemplaron sus o¡os el cuadro más heclucero que pueden admirar
los nacidos. Restos de patio, lozas contorneadas de musgo, comizas con colgaduras de piedra arranque de una
escalera.con balau~trada gó~ica, dond~ el mármol parecía enca¡e, una est.itua medio hundida en tierra y sentados sobre la escultura rota, como la juventud y '1a muerte, una mujer y un hombre estrechamente abrazados y
hablando, á pe~ar de hallar~e solos tan baji½J, que no podía saberaerse s1 lo que el viento arrebataba de sus labios
e!-"8 rumor d~ besos ó simidode palabras. Don Prudenc10 les conoció en segm.da. Eran unos recién casados que
se ho~pedaban en su llllsma fonda: ella elegante y hermosísima; él, enamorado y ~allardo; ambos jo,•enes. El
sol parecía detenerse en la lrnea del horizonte para dorar los cabellos algo revueltosde la muchacha, y una ráfaga
de aire se había ido IIHando
lejos la sombrilla abierta, de
seda roja, que parecía una flor
descomunal nacida entre la
hierba, Ellos de nada se cuidaban.

···········································

Volvió ti ::\fadrid sin hallar
rastro del convento v sin beber las aguas; pero cu-rado. La.
misma noche de su llegada se
encontró al doctor García,
qnien al verle fuerte v de buen
color, le saludó diciéndole:
-Ya sabía yo que en Salude.,
se pondría usted como nuevo•.
Don Prudencio riéndose de
todos y aún de sí mismo dijo para sus adentros:
'
-La ·\'ida del campo, el aire puro, la comida sana, trasladar el cerebro desde el encierro del estudio á la libertad de·
la Naturaleza...... ¡esas sí que
son a:ruas minerales!
Y iuego burlándose de las
pasiones retóricas y del falso amor de los libros, se acordó
de la pareja de recién casados,
añadiendo para completar su
pensamiento:
-¡Aquello sí que era poesía!'
JACl.:STO ÜCTA\"IO PICÓN.

12

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 1897~============== = = a:E;,:;L~M~U~N-aaD~0= == = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = ==3=

.

., ~\
u~

- ~7

Entre mis manos Já lira estalla;
Mas aunque lejos de tí me -,,aya,
Te dejo todo mi corazón!
Cuando mañana levante el.vuelo,
Lejoe, muv lejos me perderé ..... .
Y al contémplarte bajo otro cielo,
C'on honda angustia, con hondo duelo,
l'or tus encanto~ svspiraré.
JUAN B. DELGADfl.

(

f'lemenceau acaba de recoger en sn reciente obra •·L.a
ml\lée sociale » nn hecho dernlador, nna dolorosa p8¡nna de e1&lt;te ca;ndo fin d,, ,,ir¡lo: el Fuicidio de un niño de
doce añoe. La triete enferinedad ya mina las blancas
conciencias, las almas diáfanaF: Iª no hay niños P~ esta
etap~t'le la vida humana; la deeesptran~a enturbia los
primPros '3Ueñoe ven la amada ctimta las blondas cabezas ee mecen en ~in deseo de escaparse á la vida, en un
febril anhelo de huir mnv lejos, al viaje sombrío. al irreparable, en nna nect'eidad de reporn ete:r:no. N~1estros
niños fon viejos, nacen al 011111.do con tremta an?s, en
sus S"nrisas hay rastros de l1ígr11uas, y en rns mira~as
húmedas punza nn amargo &lt;l~sc&lt;.&gt;Dsuelo. Lescom,un.icamos por inexorahle ley hereditaria. el acerbo sufnmwnto de una sensibilidadenft&gt;rmiza. ¡Oh bellas auroras, de
serenos horizontes y límpido aznl de cielo! Ya no ilumi ·
nareís más los mrnientE&gt;s eneueños de nuestros hijos?
Una inmenFa fatiga ha agt~,ado !1uestro s!etema n~rvioso, Jo.ha depurado, y las impresiones, qmntaesen.c1adas, repercuten en nuestro organ smo con extraordinaria viveza. El golpe de rechazo hiere á los a~ados .Pe•
queñueloe, á quienes condenamos :i torturas rnexplicables á conmo~iones extrañm,. Hemos condenado á muerte á ~sos queridos sérE&gt;s, qne llevan invisible cade.na qne
los aprisiona.-Cnando el Oswaldo de les Apar1ci1o~ de
lbsen. se siente dr·primido &lt;&gt;n toda la fuerza de sn ¡uyentud, en toda Is energía de las primeras luchas, acude á I.a
cienciaqne le ,u~e: «tiene~ algo ••enwHtlit desde tu nacimiento ,, 1:&lt;~l virn~ ponzoñoso cox:re en la sangre fresca,
bajo la suave epi,Jermi~, ~alta y b.ulle en ol~a~as negras.
La vida qne dl'rrochamos con la m.Ft1stancia.hdad de ,n_n
pródigo, va acortando l:\ de estos mñ_o~ abatidos y pahdos que Fe sienten profundamente tristes, en eeta ¡zran
renovaciún de fuerza&lt;; que palpita e!l !ª natnraleza. Llevan con~igo un Jeo-ado que lo, martmza, y un día en que
las rosas h»n com~nzado ll abrirse y los alientos de la primavera e~parcen sn so pin reparador y saluda ble, el angel experimenta la nnst,tlgia ..ie las comarcas lejanas y
abandona sn lecho tibio, en donde los labios han ido á
colgar su nHo de beFos.
·
¡Ah bhmca u mita cuhierta de flores, que atravieeas la
ciudad en un vuelo rlpido! Alhl van nueetras pasadas orgías ó nuestras honrla➔ crisis. :Xo hemos rodido, no, ofrecer una vi,fa sana ,í_la nue1•a simiente, e grano brota del
surco debil v ~in fuerzas.
Pero los q·ue qnedan, ¿tendrtln las.ce1las risas, las francas, las qne Htlt'nan como chnrros de monedas de oro ca·
yendo sobre ,lnf11r:t de cristal? ¡Que rían, Señor, que dejen correr la bnl liciosa corriente de sus fre~ca!' carcajad.,s!
Y quisi/\ra. no~ arrancar tinieblas de sus almas y arrojarlas al antro de &lt;lnnd,, salieron. ¿Por qué no hem'&gt;S sido más f..-licPs p,,ra que ellM lo fneran mí1s? ¿Por qué no
hemos gozado 111:is de la existencia para que ellos sufrieran meno•?
•
Y á ca,!a nuevo am'lnecer·sondeamos la infantil cabe·
cita de onda~ tlMa,,las para de~cubrir si e~tallan dentro
de ella lo~ gfrm,•nt;&gt;s dl'l mal que padecemos, si dE&gt;trás de
la tenue chri h I qne prelnJ.ia al día se anuncian las
'violentas tormenta~ que nos conmueven. ¡Ah!· si nos
fuera dable dt&gt;fterrar la idea de aquel cerebro que vibra
suritm0de,·i-ia y al quela cnriosid&gt;1rl-la gran pérfida-se asoma por momentos~ Inmovilizar aquella con·
ciencia. s11,pen,!er aquella emotividad en un sueño de
hadas, en un sopor vago é indeciso, ¡qué ideal imposible!

No te enfrentes jam,ís a1 problema, niñq de los •
blondos cabellos, no te acerques ¡Í la esfinge que ba
desgaitado nuestras energías y debilitado nuestra
fe. Y pensamos tenerlos todavía en nuestros brazos,
arrullarlos en una caricia ¡,al ,·adora, conservarlos
en esa etapa de somnolencia inconsciimte que los
aparta de la vida.
.
Pero el niño se pone triste, ya en s~1s pupilas se
condensan las Jllgrimas y hay veleidades en su
sonrisa, y entoncE&gt;s ¡oh Dios! protestamos con~ra
esa lev de dolor por la cual se perpetúa la especie,
larva de humanidad arrojada á travJs de todos los
tiempos.
.
¡Oh, mi nií10, mi buen ni!'lo, no estés nunca triste! Que yo pueda saldar m1 an;mrga cuenta. con la
vida, pero que nopa~e nunca a tus tranqmlas n~ches, que el tnígico fantasma no cruce en tu c.'\mino que no turbe una arruga el ee-eno lago en que
na~·egas. Cuando en la noche oigo un grito tuyo
rasgando la tiniebla, siento acudir llanto :í mis ojos;
y me pregunto gné nuevo sacrificio, qué otra tortura será neceeario que padezca, para desvanecer
la visión aterradora. Sinieslr,t leyenda, eres cruel,
eres implacable: los pecados de los paires pasa~·,ín
á los hijos. Y tít, poeta, tenías razón? «Dar vida
as( ¿no es un crimen?" ¿,Somos todos culpables
de ese gran delito de perpett1ar la vida9 Y ellos,
los condenados de antemano ¿nopmlie:ancomo el
Segismundo de L&lt;i vida e-~ ~ueffo pedirnt&gt;s cuent~ de
nuestro crimen?
•
Pero ya su respiración se ha calmado, ya no oigo
el ruido de las hojas de ro~as que produce su cuerpecito al agitarse bajo las s,íbana~, ya reina una inmensa quietud en su alcoba ...... ! El nuevo día lo
sorprenderá .riendo.-RíE&gt;, ríe todavía, mi buen ángel. Aítn no vive~, puesto que atín no sufres, puesto
que al'tn no lloras.
C.rn1.os D1Az DcFóu.

,

DURANTE EL CREPUSCULO

I
Aun del alto balcón la luz discreta
En hilos de oro pálido caía,
Y aun la canción del último poeta
Temblaba en la marmórea ga1erfa.
Dudé; temí.. .... confuso y vacilante
Detuve en el umbral la incierta planta,
Y un dulce acento murmuró: «¡adelante!»
Y una voz juvenil me di¡o: «canta.»
Entonces penetré: cobarde y mudo
Olavé en el tondo del rnlón los ojos,
Y ví brillar el esmaltado escudo
Bajo un dosel de cortina¡es rojos.
II.

Y la miré...... Sobre el sitial obscuro
Lo inmaculada faz resplandecía,
Y se bañaba el tapizado muro
En la azul claridad que la envolvía.
Herrnosa aparición! ...... Doblé la frente,
Pulsé el laud y medité un momento .... . .
Y empecé á d~satar tímidamente
:Bl ala entumecida al pensamiento.
Canté: «Yo soy el nuncio do la pena;
Yengo ele las comarcas del olvido,
Y, bardo errante, mi palabra suena
Con algo de sollozo comprimido.
Señora mía, ya fragantes flores
Los caballeros á tus piés regaron;
Y a en el rojo escabel los trovadores
Par!!' verte y cantar se arrodillaron.

En -vísperas de viaje.
Cuna de Allende, tierra de amores,
Nido de ensueños, bendito hogar:
Entre mujeres, aves y flores
Deja á la alondra que sus dolores
Eche en olvido para cantar.
Eres el huerto que yo soñaba
En mis delirios locos de amor;
El mismo cielo que contemplaba,
El mismo albergue que yo buscaba
Para ocultarme con mi dolor.
Yergel risueño, m ,nsión de calma,
Oasis que en vano triste busqué:
Aquí reposa tranquila el alma..... .
¡Tú eres la sombra de aquella palma
Que en mi desierto jamáf\ hallé!
En tí residen vírgenes bellas,
Cutis de rosa, talle gentil,
Y ufanas lucen estas doncellas,
Como en el cielo lucen estrellas
Y lucen flores en el pensil.

Hizo verter tu mágica belleza
Raudales de armonía á los laudes,
Y ciñe, como el nimbo, tu cabeza
El "fulgor celestial de tus virtudes.
El áureo manto de tus hombros rueda,
En blandos pliegues por la rica falda,
Hasta el chapín, que bajo el brial de seda
Despide sus destellos de esmeralda ..... .
¡Conserve Dios tu vida y tu abolengo!
Yo me alejo de aquí.. .... noble señora;
Qne soy el nuncio del dolor y vengo
Del lejano país donde se llora!

J.Iorir debieran en el aire mudas,
Las pobres notas que mi lira arranca;
Yo sólo sé cantar amargas dudas,
Y trovas tristes á mi musca blancal. .. ···"
Después ...... colgé el laud, la ví un instante,
Holló mi planta la tupida alfombra,
Y tímido, confuso, vacilante,
Dejé el salón y me perdí en la sombra.

Lurs G,

URBl~A.

Cuando las miro desaparecen
Las tempestades de mi dolor..... .
Ora se encienden 6 palidecen:
Son sensitivas que se estremecen
A la primera frase de amor.
¿Y las esposas? ......... ¡Qué gran fortuna
Guardan los hombres en el hogar!
En esas tíbias noches de ¡una,
Yo las he visto junto á la cuna
Durmiendo al niño con un cantar.
Eden florido: no bien asoma
Por el Oriente vivo arrebol,
La madreselva te da eu arnma,
Te arrulla el canto ,de la paloma,
Te incensa el aire, te be~a el sol.
Y así despiertas, después te aliñas,
De nubes de oro formas tu chal;
Y de Guadiana por las campiñas,
A cortar flores lle,,a á las niñas
No sé qué genio prima~eral.

.

·······························································

······ ..... ······················ ·················· ············
Adiós ...... me alejo y el labio calla,
Tiemblan las notas de mi canción,

Mártir en lo pasado, ya inclemente
aspira á ser verdugo én lo presente.
*:...~*

•

¡Falsa! Al hablarme, una hilación extraiia
me trae á la memoria
que á mí solo me engaña
cuando me dice la verdad, la historia.

*.,.
*
Tal vez hallar consiga
1 mis grandes errores un consuelo,
viendo que, á veces, por bJndad del cielo,
el rayo que va i.l. un rey, da en una hormigi.

........

¿Es sueño, 6 realidad, lo que he vivido
No lo sé; pues, yo q11e hablo, no estoy cierto,
si al juzgarme despierto, estoy dormido,
ó al creerme dormido estoy despierto.
C..urPOs\)IOJ!.

�- - -=-= = -

DOMINGO

EL MUNDO

DE FEBRERO DE 181n

= = ===========-==~-====--'---

rapidez del sueño. Hnbríamo,; andado veinte millas cuando, naturalmente,
el tren descarriló, de,boc.índose hasta irá hun&lt;lir"e en la arena de un vallecilio árido en cuyo centro
espejeaban aguas fofect11s
y pe~a&lt;la~: una e~pecie de
mar muerto oliente á petroleo. Dirán ustedes que
. cómo pude darme cuenta
de la topograíin del terreno HUpucsta una catástrofe, y les responderé que yo
gozaba de inmunidad merced á un paet• firmado por
Sa~n:b.
Con prontitud salté á tierra, y apenas afirmado en
ella, me ví rodeado de un
inmen~o grupo de ciudadanos &lt;le sombreros de petate y ciudadana&gt;' de rebozo de hilaza, que esperaban la lll'gada del •Donat.o
liuerra,• tripulado por un
Ci1rón de agua dulce, para
que loR transport.'\Sen á la
ribera opue~ta: eran las
EL DA:o;TE E:-;' ~IEXICO.-El dcscnrrilamlento hahltual del Interoceánico.
víctimas de Temamatla, é
impacientes
por
la
tardanza
del
vapor, se dehquitaban
EL DANTE EN MEXICO
diciendo pestes de México.
-Figúrese usted, iwñor Cumplido-que hacE: meses y
meFes que ebtaruos aquí, condenados á no pasar el lago
VIAJE DE UN REPORTER.
hasta que la cmpn'"ª del Interoceánico indemenice á
nue~tro:; deudos...... (',-0mo esto no habrá de sucedr por·
( CO:S'TIXt:.\
quu la~ pierna:,;, brazos y demás adminículos do nue~-iras
plebeyas humanidades no se cotizan á precio alguno;
Ya era tiempo de continuar mi explo~ación. ~i quería dc~esperados, hicimos ayer una mani(e~tación á Satanús,
,ue mis notas fuei;en completas. Las reg1011e~ mfcrnall·il el cual, compadPcido al fin, nos penmtió que nos embar110n vastas: ~anta Teresa, en uno dl' sus l'xtas1s co11s11l'tu·
cásemos en d ,,Donato,,, pero estamos tan de malas, que
dinarios vió c ,er al infierno tantos r(·probos, quP, ni
aun no llega. Como en este país no se tiene noción ele lo
volver e'n ~í, m,• admiré-dice,-de que aun quedasen
que vale l'l til•mpo ..... .
hombres en el mundo. Ya EL' comprendl'rá pue8, que es•
te·cuarto seno de las ánimas, no l'B una casa de vecind_ad
'1e México. Los departa111entes•d1· hombres est11n en lll·
mensa mayoría respecto &lt;le los de mujeres. Esta, al pare·
ccr anomalía me la l'Xplicó un diablo oficio¡;o, corpulento, ventrudo~• muy seml'jante en lo achocolatado )'.. simpático, á &lt;,abriel Villa!1Uevn: Los hombre~, me_d1¡0, se
pierden habitual y contmnadamente por las mu¡ere~, y
ellas se pierden ...... cuando quieren y, sobre todo, cuando han echado dl' cabeza á dil•z varoncitos por lo menoR.
-Pcro,-obsl·rvé-¿uEted no ha léído las redondillas de
Sor ,Juana?:

DOMINGO

21

125

EL MUNDO

DE FEBRERO DE 1897

didos de grúas hincadas en la roca y c:isi á flor de agua,
estaban varios individuos haciendo visajes y contorsiones para e1:,quivar el ataque de lo~ mgrl's mon!&lt;tn,0R0!I,
•Lle~o de curiosidad que me hizo olvidar mi• su8to, pregunté á un peladillo de los de Tt&gt;111amatla que estaba cerca de mí: ¿Sabe usted qué ~ignificacso?
-Son ,-otos, me conteH,6 desd!'ilo~amente.
-¿Pero qué cla~i¡ de rotos?
.
.
-Reportera, mi Jefe, y están camelados á todas horas
por los '1'(19ru.
•
-Pero y lo;; vagres.
-Son lo¡¡ noticiones que le dieron al público......
-¡Ajá!
-Mbté: ese que se retuerce ahí fu(, el que inventó un
brínd.i;; precidencial con m"tivo de una convivialidá diplomática.
-Ese otro del pantaloncito rabón, dió crónica del baile de )linería la vf~ pera de que em ()('Zara.
-Hombre, ¿y cómo'!
-Pos dicen que viú el adorno de Bejarano..... .
-De 'Minería, dir.í. uRted ...... ..
-E~o es, de Minería, y picli5 lbta de invitaciones. A~.
pudo de~cribir el :&lt;alón, mencionar invitado•, que alfit.
no fueron-algunos por no ga8tar los quinientos del
ve~tido de ~u mujer-y lo dcm¡\s se lo imaginó ..... .
-:'.lle gu~ta el procedimiento.
4
-Dicen que así se u~a hoy pala oportunid,í.
-Es una oportunidad laudable.
-¿Y es&lt;· calvo de bigote de alero que guiña el_ojo?
-:::ie llamó Don :'.llodesto Costa, y no etitli aqu1 por reporter mentiroso, sino pqr calumniador.
-Explíquese usted.
-Yo nada sé; pero me&lt;licenque calumniaba á la antigüedad; fué esculcadorde biblioteca~ y les colgaba á
los reyes, á los santos, á los héroes y á_la gepte antigua
en general, uno~ milagros que daba miedo ..•...
-Si, ya me acuerdo ......
Loi, desgmciado, en tanto se debatían presas de paTor
frente :í las fauces de los monstruo8.
lle aquí lo que cuesta lo sensacional, dije- pero en
fin, eso es lo que el público quiere...... l'eor para el público y peor para lo:: reportan!
El peladillo me miró con zocarronería y soltó á modo
de comentario;
·
-~li jefe, si el piíblico
Rrmos nom:ls nosotros, estú bien dicho, pero Pi son
también uswdes lo!' rows,
¿por qué no !'C civilizan?
( Cor,timurrá.)

..

l •

l'n literato que entra
en la política, es como un
~ibarita emmndo en una
fonda china.

Hombres necio, que a~usnls

El mejor crítico musical pería un hombre com·
pletamente sordó.

A la mujer Hfo, ra:ún!

-¡Qué bien ee conoce qmi es u~kd mexicano por lo ·
lírico y verserol Lo~ hombres El'rán necios, no me opongo· lo traen de abol1•ngo; pero las mujl'res no til•nen disc1,1lpa. Qtw, ¿no clama al l'ielo esa legión de emple_ados
cuvas hijas les convierten el suddo en telas que lucir en
Pláteros? ;.Esos míseros oficialeH que uean uu uni,forme
roto para que sus conyugcs H' uniformen eegun las
prescripciones de la andante cul'l!ik·ría? ¿Que no le dan á
vsted lástima eso!!' maridos ricos, viejo8 (• insensatos, esos
maridos in paliibui&lt;, que pagan á peso de oro la ridícula
vanidad de unir sus e ntusiasmos s1•niles, manidos y averiados, á la casquivana juwntud de uua p~eudo-bonita?
¡Ay amigo-y el diablo hacía tambor en su vientre con
los dedos:-1,.se :'.\léxico l'Stá peor que Dinamarka en tiempo de Hamletl
Y á fe que tenía razón. :'.\las por lo mismo que la tenía,
tocábame apn•surar mi expedición para conocer todas
las regiones donde los hombres pagan el cuarto de hora
que las mujerl·S les llevan de ventaja.
•
Dispúeeme, pues, á partir. El Interoceánico 6 /,flT&lt;&gt;Nl,-ril terror pasaba cada cinco minutos por la estación más
próxima, con el fin de que los que quisieran suicidarse
lo hicieran á horas fijas y tomé un carro de primera.
Pronto el gran dragón de hierro partió, agitando al
aire su cimera griRacea, y la.~ hurañas per:&lt;pecti vas de un
camino erizado de rocas, desfilaron ante mi vista con la

21

ne aquí á eincur.nta
anos-si sigue el sistema
de ducación á la moderna-son los hijos los que
reprenderán á los padree
y los que los pondrán á.
pan y agua.
Co),HE KOSTIA.

La familia no es solamente para comer junM&gt;B.
IJOUJSOD.

w

EL DAXTE E..'- )!ExtCO.-El suplido de los report.crs mentiroso.~.

-Hija es usted más bachillera de lo que parece ........ .
-Cla~, como que nací de buena enea. :'.\Ii padre fué1•
diputado, pero como tuvo que dejar la cur~l en un
periodo en que entró Íl la cámara toda una fam1ha de ?t~éxico, fuimos descendiendo la e6cala social, y aquíme tiene usted ..... .
Un agudo pitazo del Danato, que por fin llegaba, la
interrumpió:
Fué de verse entonces el
alboroto y la zambra de
aquella gente. l'or fin iban
á pasar el charco, y en nn
vapor nuevecito .....
Como pude, me embarqué á travrs de aquel maremagnum de zarapes y
enaguas de estampado y
busqué un rincún donde
echar un tabaco y estar á
Pah--o de la charla general.
Quiso mi buena .fortuna
que Jo encontrara, pero
apenas 1mboreaba las de-.
licia8 de mi instalación
cuando: ;cataplmn! ...... El
buque diú con una draga y
empezó á tragar. líquido
por una abertura. de proa,
enorme.
Cuando volví en míque tam birn los reporters
· !.'edesmavan-estaba tendido, cúan largo era, la
borde de un río, en el cual
nadaban rngres enormes,
i nvero,ímiles. En la ribera
opuesta que formaba una
especie de cantil, suspenEL DA.',T e: E.,; ME.XICO.-Caron conduce l. las vtctlmas de Tcmamatla,

EL PADRE-NUESTRO DEL DANTE

Canto XI del Purgatorio.

•Padre nuestro que te hallas en el cielo
No circunscrito, pues tu amor benino
En lo infinito 1:Je difunde al suelo.

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. •E.~ta última plegaria, padre amado,
l\o es por no~otros; son nuestros clamores
Por los que ali.len el mnndo se han quedado.•

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-·-~€:~~f~ ~-

•Tu voluntad que el sacrificio enciende
Y tus ángele~ cantan en su Jlo!JQn1111,
Se haga en la tierra que tu amor comprende.

«Xuestra Tirtud que debil ee abandona,
Del amigo güarda y del p&lt;.,cado,
• Y líbranos del mal. que nos baldona.

,

----~.. -..... ·;.;.,...,

«Yenga en paz el tu reino de ventura,
Porque ei de tu seno no desciende,
No alcnnzan:mes solos tanta altura.

"y así cual perdonamos de concierto
Recíprocos agravios, tú perdona
Las culpas del humano desacierto.

-/'

',i!.. "-

«Sea alabado tu poder divino
Y tu nombre, por toda criatura1
Que grata te tributa incienso dmo.

«Danos del pan ]agracia cotidiana,
Porque sin ella en árido desierto
:'.\Iarcba hacia atrasuquel que má.s se afana.

, ./

IIILD~~--No-oela por Gauaara ae ~ind.
•
l~l Ca;tillo de Cbnrlottemburgo esU. pintore:;carnl'nte
~ituauo entr&lt;! lo.1&lt; la6 o~ \\'ettern y lloren, sobre una emi'ilencia cubierta de espeso bosque, al pié de la cual serpentea el l\lotal:i. ü-te riachuelo, que une á los dos lagos,
y ten&lt;lrú :1 lo sumo tres ó cuatro kilúmetros de longitud,
:;e desliza :i. tr.ivé,; de una de las.más bellas comarcas de
la ~necia. Sas aguas son limpias y claras como cri!'tal de
,roca, y su corriente, en la apariencia tranquila, inspira

la ,eguridad y In confianza. Pero eBta calma e.• en reali- recodoe. Xo puetle formarse una idea contemplándolo á
dad engaiiadora, pues si bien la navegaci(m á remo es dbtanc,a, del ímpetu y violencia de estas trasparente:;
allí practicable, nadie puede, .s in embargo, aycnturarse aguas, mo,rada favorita del salmón, y admira ver los essip. tener gran experiencia y conocimiento de lo,; nume- fueno8 musculares que el pescador tiene qne de~plcJar
ro~os escollos, rápidas y remolinos ele ésta falaz:corrrien- ¡,ara cortar esta ma~a líquida.
A su salida de Wettern se ve obstrniuo el ~río por la
te, cuyo encanto y hermosura ~on tales, que se siente un
deEeo casi irre,;ilitible de explorar en canoa su~ ondula- compuerta de un molh10 y por rápido" que hacen la naciones caprichosa~ Y. costear sus pintorescos y sombríos vegación imposible en este parajl}; pero un poco más

�126

abajo puede intentarse eu navegación en lae condiciones
indicadas, y así continúa hasta el lago Boren donde ee
precipita, disminuyendo su empuje á causa del ensanchamiento. Su punto de reunión con el pequeño lago ee
oculta á la vieta de los bejucos, á través de loe cuales se
filtra con un ligero susnl'J'Q.
En la época á que se refiere mi relato, el río, que al~za eu mayor anchura frente al castillo de Charlottemburgo, tenía en leyenda, la cnal se.perdía, como todae, en
la noche de loe tiempos.
Había, j08tamente enel centro de la corriente un escollo de forma circular al cual era puntos meno que imposible aproximarse, debido á la violencia de las aguae.
Producíanse állí remolinos tan extraftoe, y saltos tan desordenados que parecían ocasionados por la acción de algún fuego eubterraneo que hubiera puesto el líquido elemento en ebullición, más bien que por la conftgunción
submarina de los arrecües. Se podía percibir claramente
desde la escarpada cima de la montalla que en el centro
• mismo de este hervidero había un pequello espacio, como de dos metros de superficie apeD&amp;II, en donde el agua
se mantenía tan tranquila que parecía un espejito colocado en medio de una caldera hirviente.
Po; eso se designaba este eitio con el nombre de «La
Oaldera,, y la tradición pretendía qre en el tiempo en
que los rios tenían 11us hadaa, el Motala albergaba una de
admirable belleza, naturalmente, pero caprichosa y porfiada como los aguas que gobernaba. Había elegido el sitio que acabo de describir para su gabinete de toiktt.e; asilo impenetrable donde nadi_!! podía sorprenderla. La linda hada había acabado por.desaparecer como lo hacen,
:ay! todaslashadae. y todas loe leyendae, ahuyentada
por el diecorJante silbido de las fábricas movidas por vapor, que vienen, establecerse ,cortadiatancia, trayendo
consigo el ruido y el movimiento en una comarca hasta
entonces tranquila y apacible. Sin embargo, el antiguo
boudoir de la hada eicistia, lo mismo que ella lo había dejado. El peqnello espacio de agua, con su superficie clara
y tranaparente, era el espejo donde se contemplaba en
-Otro tiempo, y allí estaba siempre, intacto y cintilando ,
loe rayos del sol.
Loa ancianos del logar record¡lban perfectamente habar :visto á la hora del creptisculo, en las hermoaaa tardee de verano la preciosa aparición, sentada sobre una
roca en el centro de la Caldera, peinando su larga cabellera y contemplando BU imagen retratada en la onda
cristalina, como la Soreley q la balada alemana. Aseguraban que aun podía verse el rostro de la linda hada, animado y sonriente en el fondo de su estanque, donde pa- ·
recia estar indeleblemente iinpreao, reposando allí como
en un marco argentado, al abrigo de la mirada sacrílega
de los hombree, protegida en el fondo de aquellas aguas
- bulliciosas; rodeada de aquellas inaccesibles rocas que
la protegían con sus agudas aristas.
.
Llegar hasta el centro del arracife era, segun se decía
nnaempreea di1lcil y peligrosa, sin ser imposible. Existe
en efecto cierto sitio por donde podía hacerse penetrar
una pequella embarcación tripnlada por una 1;10la pereons, y una vez traspuesto este paso dificil, se llegaba con
relativa facilidad , la piedr.1 que la leyenda titulaba
~ taburtü de la hada», al pie del cual 88 encontraba el
espejo. No obstante esto, aun para el remador m'8 diestro y conocedor de los obstáculos del escollo, la menor
vacilación, el más ligero descuido podían ser fatale2. Si
el frágil esquife se desviaba tan sólo una pulgada de la
línea que debía seguir, era envuelto por una especie de
ciclón snbterraneo que lo hacía girar tan n•pentinamente
como una peonza durante un segundo, para sepultarlo
deepuee en el hondo abismo, apareciendo al cabo de ocho
ó diez días loe restos de la emblt"cación y del atrevido navegante, que flotaban, merced de la corriente ó yuradoe
entre las cañas del Boren.
Como podrá suponerse, esta hazana no ecdncia por cierto , ninguno; sin embargo la tradición del país mencionaba los nomores de algunos audaces que la habían efec•
tn'ldo, 11 M• cnn buen éxito, y otros que habían perecido
"" BU tt,mel"l\ria empresa; y aunque todas estas relaciones eran consideradas tan e6lo como legendarias, lo cierto era que desde hacia muchos anos nadie había intentado repetir una proeza ~n inútil como peligr~sa.
El castillo y la poeeción de Cbarlottenburgo eran propiedad por aquel tiempo, del barón Hammarbielm quien
la habitaba en col'flpañía de su única hija Ililda. Hacía
bastantes aiic,s que bab::: q·1r d::&lt;10 yindn, y 'l"frín en el

DOMINGO

EL MUNDO

retiro y en el aielamiento. Se le tenía por un hombre de
carácter duro y violento, por lo demás poco se hablaba
de~!,
Tales eran loe informes generales que yo pude obtener
acerca de esta región que me era conocida desde
hacía mucho tiempo, , cansa de loe relatos que 83bre
ella se habían compuesto , cansa de sus sitios pintorescos y románticos, y por eso formé el proyecto de visitarla y estudiarla , fondo durante el verano.
Así pues en la primera quincena de Junio, provisto de
buena éantidad de telae y coloree, desembarqué c-&gt;n mi
hijo Raul, recientemente llegado de Düsseldorf, donde
había e;;tudiado la pintura, en la pequella ciudad de Motala situada ai' la desembocadura del río, cerca del lago
Wetem.
Casado desde muy temprana edad, y á consecuencia do
una calaverada de aquellas que únicamente se hacen en la
primera juventud, con una mujer que solo me había cautivado por eu belleza corporal, pronto llegó el día en que
lamenté amargamente mi elección, y sobre todo la precipitación con que obré en acto tan trascendental; el nacimiento de un primer hijo, al cabo de un ano, costó
la vida , la madre y con la viudez recobré la libertad.
Aunque e6lo tenía veintiseis alloe, había ya esperimentade tantos sinsabores durante mi vida matrimonial, que
esto me hizo formar la inquebrantable resolución de no
casarme por segunda vez, en cuyo propósito he permane•
cido firme po(completo. En consecuencia, todas mis afecciones las concentré en este hijo único.
._.En la ~_poca en que se desarrollan loe sucesos que voy
, referir, era yo joven aún y como R1ul, de veintiun
alios, estaba demasiado crecido en proporción de su
edad, se nos hubiera podido tomar por dos· camaradae,
que por padre é hijo.
Encontrándome por primera vez en ese país, convenimos en consagrar los dos primeros diae , recorrerlo ,
pie, con el objeto de estuiiarlo antes de ponernos , trabajar.
- A tout ,eigneur, tout honntur. Nuestra primera idea, al dia
eigoiente de nuestra llegada fné el irá visitar la «Caldera,,,
cuya historia había yo referido á R1ul, tal como acabo
de relatarla.
Nos impresionó sobre manera la hermosura del paisaje
y la rareza del fenómeno. A nuestros piés una superficie
de agua cristalina que cintilaba iluminada por el sol, como una gasa de plata, agitándose en toda su extensión;
tan nuiforme era el movimiento del agua en eat.e lugar.
En el centro de este campo perfectamente unido, elev,baee algo como una marmita cuyos bordes se hubieran
mellado, y cuyos flancos obscuros se distinguieran apenas
á travee de loe millones de burbujas que formaba el agua
que le rodeaba.
En la misma linea, sobre la orilla opnestaerguíRBe altivo sobre la colina el castillo de Charlo,temburg cuyas
torree se destacaban en toques claros sobre la espesura
del follage sombrío que lo circundaba.
Raul estaba 11obrecogido de admiración, y sólo pensaba
en el modo de reproducir fielmente sobre la tela esta grandiosa escena.
Descendimos bien pronto por. la pendiente escarpada
y cubierta de maleza, , fin de examinar el fenómeno algo
más cerca y darnos cuenta de la perspectiva que ofrecía
el paisaje al nivel del río.
La vegetación en este valle es extraordinariamente exhnberante para nn país tan septentrional como la Suecia,
y en tal abundancia q ne hacía dificil el acceso de la riben.
Lleg ,mos, sin emb1r~o. á la orilla del agua en un momento, conversando y bromeando, como se hace cuando
es uno joven, sin cuidados por el porvenir y crey{-ndo5e
solo en un bosque.
Grande fné nuestra admiración ni encontrarnos de s:íbito, al desembocar de un grnpo di} sauc\ld que baiiabnn
sus raíces en el río, frente á frente y tan cerca que hnbié•
ramos podido tocarloc1m la mann, en un hondo botecit-1
guiado por nna joven :í q•lien nuestra aparición repenti•
na no pareciú sorprender en mayor grado, y aquien sin
duda había anunciado nuestra llrg:vla el ruido de nnestros pasos y el animadodiálogoqueso,tcní:11nosen el camino. Probab'.ementt&gt; la habianws sorprendi,lu mientra~
se ocupaba en copiar de la naturalez:1, por que estaba precisamente acabando de colocar en su b:irco, un caballete
y otros varios utensilios de pintor.
Flalu-lamM y balb·1~Pa~0s algnnas escusas á las cuales

21

DE FEBRERO DE 1807

DOMINGO

respondió sólo con un ligero movimiento de cabeza, si..
volverse, y aun sin dignarse honrarnos con una mirada.
Luego que terminó sus preparativos, con toda calma asi~
sue remos y nos indicó por medio de un ademán altivo éimperioeo, pero tan expreei vo, que era imposible dejarde interpretarlo en en verdadero sentido, la cadena quesujetaba su embarcación al trunco de un sauce.
Obedeciendo á esta orden muda, me apresuré á desenganchar la marra, lanzándola sobre el banco, hecho lo
cual, impulsé suavemente la barquilla para ponerla á flote. Una sonrisa casi imperceptible fué mi recompensa;:
después la linda batel~ra cuyo roetróestaba vuelto de lleno hacia nosotros, 118 alejó apoy,ndose muellemente sobre eus dos remos.
Dirigía su embarcación con una gracia y una perfección notaMe, y el movimiento cadencioso y regular del remo hacía poner de relieve en admirable talle, flexible y
esbelto así como las bellas proporciones de en busto. Nada de apresuramiento, nada de inquietud en los movimientos que indicara la joven colegiala, gazmona y torpe.
sorprendida y huyendo sin saber porqu~. Al contrario,
nos miraba cara , cara con esa mirada franca y discretamente interrogadora de la mnjerde mundo, quien nnea-- ·
tro continent.e un tanto cuanto encoiido proluJia su piz•
ca de ironía.
Sin duda estaba habituada á navegar en estas agn&amp;&amp;
pues se dirigía en línea recta hacia L, C.ddera, sin vol verpara nada la cabeza y sin permitir que la corriente desviara una sola línea en embarcación; r.Jdeó el escollo y
la lanzó rápidamente en dirección de la orilla opuesta
donde la vimos abordará un peq11ei!.o deeembarcaden&gt;
formado con planchas de madera; dejó eu b.&gt;te y desapareció por la pendiente boscosa que conduce al castillo.
Pudimos eegair con la vista aún, dnrante un minuto, Iu
ondnlaciones de en ropaje blanco que aparecía y desaparecía alternativamente , través de loe arboles.
S.&gt;lo haetaentoncea recobramos el uso de la palabra,
volví la vista hacia Raul y vi que parecía despertar de un,
suello.
-¡Qué encantadora aparición! excll;.mj. Sin duda e&amp;
una de las damas del castillo, pero, si yo estuviera dotado de una imagin¡ción romintica, haría dJ ella la hada
moderna de este río; casi, casi la veo penetrar en la Caldera. ¿Td fijaste en sus ojos Ranl? Q:i~ extr.&amp;lio color t i~
nen, exactamente el matiz verlosode estas honda~ p!rB.da~ y de una expresión tan singular. Todo el ra"sto del •
día me pareció que Ranl estaba m'8 sombrío y preocupado de lo que yo hubiera querido verlo. Exploramos las
orillas del río hasta el lago Borea, lo que nos entretuvo
por todo el día y e61o ya muy entrada la noche, fatigadoa
pero encantados con las bellísimas perspectivas del paisaje que teníamos en la imaginación y que nos proponlamos reproducir en nuestra cartera, bullQ&amp;mOB el abrigo.
Habíamos convenido en principiar 1118 operaciones al
día siguiente con un estudio de la Caldera tomado desde
el puesto en que la habíamos contemplado por la vez primera. Nos dirigimos, pues, con nuestros avíos.
Después de unos inetant.ee de trabajo, Raul, que estab3,-.
pensativo, me dijo:
-¿No convendría que fueramos, hacer una visita
castillo, aun cuando no fuese más que para presentar
nuestras excnaas , la sei'lorita , quien perturbamos ayer't"
Eetáhamoa en sus posesiones y por consecuencia, somos
verdaderamente unos intrusos en 808 dominios.
Esto era el principio de lo que yo temía. Conocía bienla naturaleza impresionable y el caracter apasionado deRaul. Tenía el culto delo bello y el gueto de lo rom:lntico. Yo presentía que si él volvía á verá esta mujer-se enamoraría perclida111ento de ell 1; lo había leido en sn mira&lt;la, pero ni mi81llO tiempo pr,jveía que este amor no s:ilo
~ería una intcrrupciún puasus estudios, sino que lo haría ,!~agracia l •&gt;, cumo no lograra sustraerse con tiempo á

al

i;u rnflujo.

-Haul, ledij_e, ayer despu.!e de la cena, cuando subiste á acostarte y yo me disponía á seguirte, el anciano propietario de nuestro hotel me invit,, á fumar un cigurr.:i
en la terrasa. Nos pu~imos 1í platicar indidtintamente, y
de asunto en asunto, al l!Pg:1r 11! modo con el cual cumpliamos nue~tr.&gt; &lt;lía, 1ne \'Íllo la iuea de interrogarle acerca del lur:,n t.lu ll.unmarhiehm y su familia.,
Bien, seiior, me dijo, sabr.i u,teu que la baronesa.
muerta hace 20 años
veinticinco menor que su muido. Era una mujer de admirable belleza, algo altiva, como conviene á una castellana. Montaba perfectamente á.

era

21

EL MUNDO

DE FEBRERO DE 1897

caballo y tenía pasión por la naturaleza y los ejercicios al
aire libre, en loe cuales sobresalía. Inmediatamente después de su matrimonio, que se efectuó en el estranjero,
·el barón y su esposa fijaron eu residencia en Charlottemburgo. Durante los dos primeros allos de su vida conyugal todo fné á maravilla y la j1&gt;ven baronesa parecía ser
relativamente dichosa. Pero ¿conocía ella loe antecedentes de su marido, al consentir en unirse , él? todo indica que no. Como lo había conocido en el extranjero,
fné cosa facil ocultarle que era viudo y que en primera
mujer había desaparecido de un modo tan extrano como
misterioso.
·
Esta infortunada joven (hablo de la tilt.ima) me scuertlo perfectamente de ella, continuó el duello del hotel pa·
u.ndo su mano por la frente, porque en aquel tiempo ha·
bitaba yo en el caetillo, donde deeempellaba las funciones de mayordomo loe días de recepcion, era sonámbula,
y muchos la vieron, como yo, pasearse cubierta de un
blanco peinador, por la orilla del río durante las noches
de estío. Cierto día se comprobó que había salido de ene
aposentos dnrante la noche y que no había vuelto. Se le
bnecó por todas partee: en el bosque, , lo largo de la co- •
rriente, y después se notó que el pequello bot.e en el cual
acostumbraba la baronesa coáear los bordee, faltaba
igualme:ite. Se continuaron las peeqniaaa hasta el lago
Boren y se encontró enredados en las callas parte de loa
reetoe de la embarcación. Ya no podía haber duda sobre
la suerte de la deagnciada mujer; era evidente que se
embarcó en un aooeao de sonambulismo, y habiéndose
acercado demasiado al escollo, había encontrado alU la
muerte.
El pesar del barón fué ruidoso, pero nadie lo creyó sincero, todos sabían que estaba sujeto, ataques de una ea•
pecie de demencia hereditaria, tanto mú peligrosa,
cuanto que eabía ocultarlos con simbólica aetncia 4 todos,
menos , su víctima. Nadie le había visto nunca q ne maltratara á su mujer, nadie le había oido proferir amena,ae ó injurias, y, sin embargo, eabíaee que le amargaba
la vida con ana malos tratamientóll y ene brutalidades.
•El río uo devolvió jamás el cadaver. En cuanto , loa
restos de la.barca, puedo hablar deelloe con conocimiento de csusa, porqne ful uno de loe que loe recogieron: no
ofrecían •n nada el aspecto de objetos d9 nallfragio que
han estado hundidos en las profundidades del escollo.
Por otra parte, hay un hecho bien comprobado, y es
que la CAidera nunca devuelve antes del enarto día los
cuerpos que en ella caen, y aquellos de que nos ocupamos
ftleron hallados en la maflan.a misma qne siguió , la noche de la caUstrore. El barón ordenó que inmediatament.e loe quemaran, pre'8:xtando que verlos le hacía
daiio. Nótese además, que loe oadáveree siempre 118 han
encontrado, más ó menos tarde, en el río ó en el lago.
Así, pues, el caso de la baronesa sería tinico en la hl,toria del fenómeno natural de nuestro vall~
En aquella época, eegtin contaban en la comarca, el islote que formaba la C.ldera estaba en comnnicación directa con el castillo por medio de un subterráneo qne paaaba por d1:1bajo del lecho del río, y cuya entrada estaba
ea det.erminado sitio simulado con moataflas de espinas y zarzales, que ahora colmaban las zanjas. Dicho
subterráneo miaterioeo terminaba en una especie de bó·
veda arruina-ta á medias, la cual estaba inmedlatament.e
debajo de la C.&amp;ldera.
«Como este hecho se mencionó en las diligencias jndicialee, se mandaron hacer pesquisas por loe alrededores del
río, con objeto de establecer el mayor ó menor fundamento de aquellos rumores y con 11 débil esperanza de
tener algún medio que permitiese , la jueticia establecer
de una manera cierta la canea de la desaparición de la
baronesa.
.
•Ahora bien, la nochemiamaqueprecedióaldía seiialado para el exámen de aquellos sitios, prodújose un derrumbe súbito debajo del lecho del río, entre la Caldera
y la ribera del castillo.
"El único testigo que pudo dar algtin dato sobre este suceso era un campesino viejo llamado Svensson, que habitaba en una chozita en la ribera opuesta. Sta lo que fuere, á la mai!.ana siguiente, notábaee muy bien una depresión en el lecho del río.
uL'ls pcsqui~as produjeron, en efecto, el descubrimiento del orificio del subterráneo en loe fosos del castillo, y
hasta pudieron penJtrar y seguir avanzando hasta cierta
distancia. Después el paeo quedó de repente completamente obEtruido por la tierra del reciente derrumbe y se

127

•

hizo imposible seguir adelante. Entoces se abandonaron templar mejor eu tela, en la cual apenas había intentado
las averiguaciones, y la desaparición de la baronesa se un bosquejo general.
registró como muerte accidental. El barón salió para el
-Todo es muy interesante, me contestó; pero nada
extranjero y no se le volvió á ver sino al cabo de diez veo en ello que pueda estorbarnos cumplir con un deber
allos, cuando trajo á su nueva esposa.
de co rteeía hácia la señorita Hammarhielm. Me parece
•A poco de su llegada á Charlottenborg, la nueva cas- que le somos deudores de esta atención.
tellana mostró viva curiosidad hacia el fenómeno natu-Muchacho querido, repuse, eetáe en libertad para
ral que se verificaba en los dominios de su marido. In- hacer lo que quieras en este particular; te he referido senquirió todae las particularidades legendarias y reales que cillamente la historia de nuestro huésped para ponerte
se relacionaban con el fenómeno, se informó del nombre en guardia contra loe riesgos que ee te esperan ei pereiede algunos atrevidos , quienes el rumor ptiblico designa- t.es en querer conocer á una persona, en cuya familia
ba por hab:ir penetrado en la Caldera y por haber vuelto
hay evidentemente nna especie de locura ó de monoma, subir vivos ó en el estado de cadliveree, é hizo que le nía, que quid sea hereditaria. Sé lo que vas á contestarexplicaran la disposición exacta de lae rocas y las manio- me: que no te enamoras con tanta facilidad. Está muy
bras que tenían que ejecutarse para salir , buen paraje.
bien; muy posible ea que yo exagere loe atractivos que
•Cierto día, ~prov,chando la ausencia de su marido, esa doncella puede ejercer en lo euceei vo en tu corazón.
se embarcó ella en en pequeno yole, remó en derechura Lo que yo quiero tinicamente, es recordarte que hemos
al escollo, penetró en él, sujetó su barca al Taburete de venido aquí , trabajar y estudiar. Tienes un cor:azón
la hada y se inclinó ávidamente sobre el espejo de lae tierno y dado nn tanto al romanticismo; eres nn entuaguas. Nadie la vió llevar á cabo aquel audaz capricho, siasta y un artista. Desconfío de tus sentimientos y de
, excepción del viejo Svensson que la siguió con la vista tus impresiones. Como acabas de oírlo, la locura heredidesde su caballa, de tal manera estupefacto por el miedo, taria reina en esa familia, y lo que acabamos de saber de sn
que no pudo articular palabra ni hacer un sólo adem,n pasado, no uie da gana de conocerla con más intimidad:
para a,raer la atención de su mujer, ocupada en esos mo- Creéme, no tratemos de cultivar las relaciones que ayer
mentos en la cocina.
contragimos por una mera casualidad. Por lo que , mí
•-De repente, refirió el campesino, vi que la baronesa respecta, te lo declaro de una vez: ir'8 solo al cast.illo.
se echaba para atrás con un ademán de indecible horror, De ninguna manera quiero perder el tiempo en hacer vien seguida volvió, contemplar el espejo, inclinlindose sitas. Adem'8, la joven, como acabas de oírlo, ea orgullo•hasta donde le fué posible, como para penetrar mejor el sa y altanera, por lo que es m'8 que probable que se tenmisterio. Al cabo de un rato, vol vio, subir, en barca. ga por oriunda de una estirpe social superior , la nuessaliendo del eecollo con la misma ventura con que había tra, y que, por lo mismo, tenga en muy poco el trato de
entrado; remó hacia la ribera, volvió, entrar en eu mo- doe pobretones que por azar se presentan ante an paFo.
rada y se encerró en su aposento. Loe criados que la vieSin embargo, , pesar de todo lo que podía decirle-y
ron pasar cuando volvía de en excursión observaron que estuve hablando todavía por largo tiempo- noté muy
sus facciones parecían alteradas por el terror y que esta- bien que no lo disuadiría de en proyecto.
ba aobrecogida por una vi va emoción. Cuando el barón
Aeí pues, después de la comida, se pnao en traje de
volvió, nadie supo con precisión lo que entre ambos pa- visita y se fué al castillo, mientras que yo me instalaba
só, pero en lo sucesivo le notaron la misma mirada som- bajo loe álamos para hacer algunos croquis.
bría y huralia que tenía en los tiltimoa meses de la exisEstaba de vuelta en el hotel y fumaba un puro en la
tencia de su primera mujer. Lo que sí es seguro, por el balauet.nda, cuando él volvió. Había estado ausente todicho de loe criados, es que hubo una violenta escena en- da la tarde.
-¡Ah, padre mío, qué encantadora muj~rl Figúrate
tre loa dos cónyuges , causa de este suceso, que la baronesa gnardó cama por espacio de seis semanas, y que en q ne ea artista por el entendimiento y por el corazón, colo sucesivo la existencia de la pobre dama fué un verda- mo tti y yo, y que tiene un verdadero talento de pintor.
dero infierno.
Me llevó , su estudio, amueblado y decorado con el
gusto de nu Macqnart, y situado admirablemente en una
o.Algunos meses después de su expedición á la Ci&amp;ldera,
dió A luz una nifta, la misma que usted encontró esta ma- de las torrecillas del castillo. Me eneelló buena cant.idad
tiana, sin que poreate suceso mejorase en nada la con- de estudios, de bocetos y de telas, realmente notablea
tratándose de una persona tan joven y que no.es pintora
duca que con ella observaba el marido.
•Eeta vida de miseria 88 continuó por algún \iempo to- de profesión. Su conversación es de las m'8 interesantes
davía, hasta qne en una hermosa tarde de yerano, la porqÚe ha viajado, es muy instruida y ha visitado loe esdeevent.urada castellana emprendió una segunda e:xpe- tudios de varios reputados artistas.
-¿Entonces te recibió bien?
dioi~n , la Caldera, la cual le fné funesta, si es que pue -¡Con la graciosa amabilidad y loa modales fáciles de
de emplearse tal expresión, cuando noalibrade unaexietencia amarga. Hallaron en cuerpo , los ocho días, en una castellana de la Edad Media. Me dijo de rondón y
las aguas del Boren, así como loe pedazos del yole. ¿Fné sonriendo, que deepué, de nuestra brutal irrupción , BU
santuario ayer, esperaba nuestra visita, y me pregwd6
este nn suicidio ó un accidente? Nunca se ha podido
por qué tti no habías venido conmigo. Ah! no, no hay
mas que formular conjeturas en este particular.
ni asomos de locura en aquellos hermoeoe ojos, radiantee_
-Como ya ae había notado después de la muerte de en
primera mujer, el barón recobró cierta calma y ene ojos de inteligencia y de vida, nada de incoherente ó anorperdieron su expresión hnralia y maligna. Hízoee m'8 mal en su palabra elegante y vívida, nada de extrafio ó
taciturno y m'8 retraído, y ahora vive en nna soledad equívoco en B08 pensamientos llenos de originalidad.•..••
Sn enmeiaamo me hizo sonreír. En todo eeo lo reconocasi completa.
·
«Su hija Hilda, qae tenía dos alloa , la muert.e de su . cia como hijo mío.
-¿Y qué te has hecho toda la tarde? ¿Has visto al bá"madre, fué educada por una aya inglesa, que hace pocos
alioe murió. Al contrario de lo que era de esperarse, su rón?
-¡Oh, no! La eellorita Hilda me hizo comprender despadre la idolat.ra, y para él son órdenes SUB deseos más
de
luego que la quebrantada salud y la provecta edad del
insignificant.ee. Es muy inteligente, muy inetruida y
caei siempre en BU
muy diestra en todos loe ejercicios corporales, como lo barón, sn padre, la forzaban
era la madre. En cuanto , en índole, nunca he oído ha- aposento, y que ella representaba, en suma, todo lo visiblar mucho, si no es que por este lado, más bien lile pare- ble de la familia Hammarhielm. Despnés de haber eet,a..
ce á su padre, de quien ha heredado loe modales orgullo- do como dos horas en el taller, haras que ee me figuraron minutos, porque ella supo hacerlas interesantes, me
808 y altaneros, moderados no obstante, á lo que se dice,
por cierta amabilidad llena de encanto, que era la dote propuso que fuéramos, dar una vuelta al parque, y en
natural de la madre. Una sola vezó dos en estos últimos seguida me llevó, la orilla del río, en donde nos paseaalioe, me la he encontrado por estos rumbos, y, , la vez mos un breve nto. Por el camh;10 llegamos á un pequeque rindo homenaje á en altiva y aristocrática hermosu- no desembarcadero en donde se ve anclac'io el yole qne
ra, debo confesar que tiene en la mirada un no sé qué, tti conoces. Me convidó entonces á dar una vuelta por e 1
que me recuerda demasiado , su padre, para que ello río en barca, y como iba yo á tomar loe remos, ella me
dijo:
pueda agradarme mucho.»
-Si usted conociera como yo la perfidia de este herII
moso río, seguramente que no habría aceptado desde lueRaul, que había escuchado mi relato con suma aten- go y con tanta facilidad mi propuesta, y después no
ción, se levantó, retrocediendo algunos pasos para con- f recería usted tan , la ligera sus eervicios para dirigir la

,estarse

�DOMINGO

EL MUNDO

21

DE FEBRERO DE 1Ss17

128

mientos, y la nota vivá que mezclaban en el sombrío fo.
barca. Tenga usted entendido que, si le dejara obrar, habría nueve probabilidades contra diez de que dentro de llaje el vestido blanco y el quitasol rojo de la Señorita
cinco minutos estu viésemo3 los dos en el fondo del agua Hammarhielm.
-A11í como el hijo de usted, Señor Lagni~res, se lo haluchando con las angustias de la muerte.
brá dicho, dijo ella, yo no puedo pretender el título de
Yo interrumpí á Raul.
-¡Yamos, le dije para echar una poca de agua fría so- artista, pero al menos me he ocupado suficientemente en
bre la entusiasta admiración que con zozobra veía yo que pintura para que se justifique mi interés por el arte, y
para que usted pueda comprender en qué grado la prese desarrollaba en su interior, esa jovencita romancesca
sencia de un artista de fama en nuestro tranquilo valle ha
pretende hacer el papel de una hada de río! ¿Y tú has
podido inspirarme el deseo de ver más de cerca al pintor
consentido en dejarte guiar por una joven evaporada, y
bien conocido, cuyas producciones he admirado con fredejarla hacer esfuerzos de torax y de blancos brazos,
cuencia en Stockolmo y en otras capitales.
mientra11 que tú, noblemente sentado en la popa, recoYo hice una respetuosa inclinación.
gías nenúfares ó le recitabas versos?
-Pues bien, sefiorita,-dije, con un tono agridulce, por-No te burles, padre mío, contestó él con un tono un
que de antemano le tenía mala voluntad por las divagapoco perplejo. ¿Qué era lo que yo podfa hacer? ~i rehuciones que iba á introducir en nuestras ocupaciones, pasaba, después de lo que ella acababa de decir, habría
ra no decir nada de los temores más serios que yo expecreído que tenía yo miedo! Así pues atravesamos el río
rimentaba á propósito de ese entusiasta de Raul;-debo
y desembarcamos precisamente en el sitio en donde yo
le habfa dicho que tú habías ido para hacer tue croquis. decir que ca.si no me esperaba una intervie11• en los floriPero acababas de haberte ido, y todavía estaba la yerba dos bordes de este río, y estaba en la firme creencia de
pisada en el lugar en que te habías instalado. La reconduje at castillo, me despedí de ella y volví por el camino
real y por el puente.
Al día Eigniente, estábamos ocupados en continuar
nuestro estudio del Chandrón, y de tal suerte estaba yo
absorto en mi trabajo que no pensaba en ninguna otra
cosa, cuando repentinamente vt que Raul se levantaba.
Escuchamos un ligero roce de vestido en las zarzas y ..... .
Hilda de !Iammathielm apareció.
Como antes lo dije, había tenido ocasíón de arrepentirme cruelmente de haberme abandonado á la impresión producida por la belleza física de la mujer, y la experiencia que de esto tuve en mi corta vida conyugal, me
había vuelto singularmente receloso respecto al bello
sexo. Yo temía para mi hijo las seducciones de una cara
bonita, porque sabía muy bien lo que todas ellas encubren y ,í lo que pueden conducirnoe. Yo mismo las evi·
taba porque me sentía aún demasiado joven para estar
pÓr completo al abrigo de su influencia y porque mi afecto á Raul me había inspirado la inquebrantable resolución de no reincidir.
En consecuencia, había yo adoptado en mis relaciones
de sociedad, con las mujeres todas, y sobre todo con las
más hermosas, una actitud cortesmente escéptica y ligeramente burlona, á propósito para alejarlas. Era esto como una especie de coraza que impedía toda conflagración
que una.sola chispa, al llegar á las partes más inflamables de mi corazón, habría podido producir.
El ser que dentro de mí vibró, al inesperado aspecto
de la hechicera criatura que de aquel modo SP. me presentaba, con la sonrisa en los labios, de ningún modo era
el hombre tal como usted lo comprende y ama, mi que~ ~~i
rida lectora, y como lo·habría usted encontrado en Raul,
....-:: --:·
·~'- ..
sino sencillamente el artista, es decir el práctico experto,
~=:.~· '=.''- ~~-~
cuya conocedora vista abraza los contornos, aprecia los
matices y pesa los valores estéticos comparándolos con
modelos bien definidos. Inmediatamente vino á mi imaginación el recuerdo de Van Beers: «He aquí de pies á
cabeza una de esas deliciosas criaturas que tienen á la
vez algo de mariposa y algo de flor y que constituyen la
delicia de su pincel,n decíame á m1 mismo, sin detener•
me desde luego más que en el buen gu2to y lo nuevo de su traje, la gracia y la .flexibilidad de sus movi-

que al venir aquí, ibamos á poder, con plena seguridad,
mi hijo y yo, recogernos en el sosiego de los campos, y
hacer, á solas con esta hermosa naturaleza, é inspirados
por ella, amplia provisión de temas de estudios.
Pero semejante salida, poco cortés, convengo en ello,
no alteró. para nada la serenidad de su mi rada y de su
hechicera sonrisa.
-Est,i usted en un error, señor, contestó ella festivamente. En estos lugares me reputan un poquillo la hada
del rio, y, como ustedes han venido á instalarse en mis
dominios, creo que debo aprovechar las circunstancias y
acortar un tanto cuanto las alas de vueet1:1 independencia. Pero, fuera de bromas, ardo en deseos, mezclados
con temor, por escuchar la opinión de un maestro sobre
mis débiles ensayos, y espero, señor, y al menos usted
lo reconocerá sin demasiados subterfugios que le debe
usted una visita á la castellana de los sitios que usted se
propone entregar á la posteridad en las ilustraciones de
su pincel.
( continua reí.)

•
TOMO l.

MEXICO, FEBRERO '.Z8 DE x897.

$scena5 me~kanas.

•

---· . ,

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y D::i.oau&amp;Rl&amp;.a.

G galo -oiejo •••
( Dibujo de J. N. Villaaana.)

NUMERO 9.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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