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                  <text>DOMINGO

EL MUNDO

21

DE FEBRERO DE 1Ss17

128

mientos, y la nota vivá que mezclaban en el sombrío fo.
barca. Tenga usted entendido que, si le dejara obrar, habría nueve probabilidades contra diez de que dentro de llaje el vestido blanco y el quitasol rojo de la Señorita
cinco minutos estu viésemo3 los dos en el fondo del agua Hammarhielm.
-A11í como el hijo de usted, Señor Lagni~res, se lo haluchando con las angustias de la muerte.
brá dicho, dijo ella, yo no puedo pretender el título de
Yo interrumpí á Raul.
-¡Yamos, le dije para echar una poca de agua fría so- artista, pero al menos me he ocupado suficientemente en
bre la entusiasta admiración que con zozobra veía yo que pintura para que se justifique mi interés por el arte, y
para que usted pueda comprender en qué grado la prese desarrollaba en su interior, esa jovencita romancesca
sencia de un artista de fama en nuestro tranquilo valle ha
pretende hacer el papel de una hada de río! ¿Y tú has
podido inspirarme el deseo de ver más de cerca al pintor
consentido en dejarte guiar por una joven evaporada, y
bien conocido, cuyas producciones he admirado con fredejarla hacer esfuerzos de torax y de blancos brazos,
cuencia en Stockolmo y en otras capitales.
mientra11 que tú, noblemente sentado en la popa, recoYo hice una respetuosa inclinación.
gías nenúfares ó le recitabas versos?
-Pues bien, sefiorita,-dije, con un tono agridulce, por-No te burles, padre mío, contestó él con un tono un
que de antemano le tenía mala voluntad por las divagapoco perplejo. ¿Qué era lo que yo podfa hacer? ~i rehuciones que iba á introducir en nuestras ocupaciones, pasaba, después de lo que ella acababa de decir, habría
ra no decir nada de los temores más serios que yo expecreído que tenía yo miedo! Así pues atravesamos el río
rimentaba á propósito de ese entusiasta de Raul;-debo
y desembarcamos precisamente en el sitio en donde yo
le habfa dicho que tú habías ido para hacer tue croquis. decir que ca.si no me esperaba una intervie11• en los floriPero acababas de haberte ido, y todavía estaba la yerba dos bordes de este río, y estaba en la firme creencia de
pisada en el lugar en que te habías instalado. La reconduje at castillo, me despedí de ella y volví por el camino
real y por el puente.
Al día Eigniente, estábamos ocupados en continuar
nuestro estudio del Chandrón, y de tal suerte estaba yo
absorto en mi trabajo que no pensaba en ninguna otra
cosa, cuando repentinamente vt que Raul se levantaba.
Escuchamos un ligero roce de vestido en las zarzas y ..... .
Hilda de !Iammathielm apareció.
Como antes lo dije, había tenido ocasíón de arrepentirme cruelmente de haberme abandonado á la impresión producida por la belleza física de la mujer, y la experiencia que de esto tuve en mi corta vida conyugal, me
había vuelto singularmente receloso respecto al bello
sexo. Yo temía para mi hijo las seducciones de una cara
bonita, porque sabía muy bien lo que todas ellas encubren y ,í lo que pueden conducirnoe. Yo mismo las evi·
taba porque me sentía aún demasiado joven para estar
pÓr completo al abrigo de su influencia y porque mi afecto á Raul me había inspirado la inquebrantable resolución de no reincidir.
En consecuencia, había yo adoptado en mis relaciones
de sociedad, con las mujeres todas, y sobre todo con las
más hermosas, una actitud cortesmente escéptica y ligeramente burlona, á propósito para alejarlas. Era esto como una especie de coraza que impedía toda conflagración
que una.sola chispa, al llegar á las partes más inflamables de mi corazón, habría podido producir.
El ser que dentro de mí vibró, al inesperado aspecto
de la hechicera criatura que de aquel modo SP. me presentaba, con la sonrisa en los labios, de ningún modo era
el hombre tal como usted lo comprende y ama, mi que~ ~~i
rida lectora, y como lo·habría usted encontrado en Raul,
....-:: --:·
·~'- ..
sino sencillamente el artista, es decir el práctico experto,
~=:.~· '=.''- ~~-~
cuya conocedora vista abraza los contornos, aprecia los
matices y pesa los valores estéticos comparándolos con
modelos bien definidos. Inmediatamente vino á mi imaginación el recuerdo de Van Beers: «He aquí de pies á
cabeza una de esas deliciosas criaturas que tienen á la
vez algo de mariposa y algo de flor y que constituyen la
delicia de su pincel,n decíame á m1 mismo, sin detener•
me desde luego más que en el buen gu2to y lo nuevo de su traje, la gracia y la .flexibilidad de sus movi-

que al venir aquí, ibamos á poder, con plena seguridad,
mi hijo y yo, recogernos en el sosiego de los campos, y
hacer, á solas con esta hermosa naturaleza, é inspirados
por ella, amplia provisión de temas de estudios.
Pero semejante salida, poco cortés, convengo en ello,
no alteró. para nada la serenidad de su mi rada y de su
hechicera sonrisa.
-Est,i usted en un error, señor, contestó ella festivamente. En estos lugares me reputan un poquillo la hada
del rio, y, como ustedes han venido á instalarse en mis
dominios, creo que debo aprovechar las circunstancias y
acortar un tanto cuanto las alas de vueet1:1 independencia. Pero, fuera de bromas, ardo en deseos, mezclados
con temor, por escuchar la opinión de un maestro sobre
mis débiles ensayos, y espero, señor, y al menos usted
lo reconocerá sin demasiados subterfugios que le debe
usted una visita á la castellana de los sitios que usted se
propone entregar á la posteridad en las ilustraciones de
su pincel.
( continua reí.)

•
TOMO l.

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( Dibujo de J. N. Villaaana.)

NUMERO 9.

�EL MUNDO

EL MU~DO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

130

"EL MUNDO''

Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re•
iacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spíndola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La subsc~ipción á El MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos. 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO CO)lO ARTÍCULO DE SEGU:s'DA CLASE.

illota, tbitoriales.
&lt;El "c~inaco" ile antaño 1J d libmll ilc lrog.
Hace treinta y cinco ó cuarenta aflos, un liberal era nn
hombre sospechoso para la sociedad, que veía en él un pe·
ligro para los grandes i,lierese.~ con.•tituidos, una amenaza
contra lo existente.
Las generaciones liberales de·aquella época se lanzaron
á sostener sus idea~,.en m~dio de violentas tragedias domésticas, siendo objeto de acres recri~inaciones por parte de los padres, bañados de lágrimas maternas, cau~an ·
do profundo horror :t los deudo3 y e,cindalo inusitado á
la srrridumbre.
Un chiw1co era entonce!! un penonaje terrorífico, un
sér impregna~o de m'.\la~ pa9iones, perdido para el bien
y para la patria. El joven de familia respetable que se
pasaba á la mala cau~ri, cometía, según la opinión sensa·
ta reinante, un acto digno de reprob:1::ión.
El parUdo conservaior-justo es decirlo-reclutaba la
mayor parte de 103 h&lt;'mbre3 de m~rito que contaba el
país, y el que se alejab'.\ de estas filas reñía con la sociedad, con e_l hogar, con el porvenir y hasta con la mujer
que amaba.- La generación libe,al á que nos referimos,
fué verdadera.mente heroica. al arrostrar los anatemas que
sobre sus soiiadoras cabezas se descargaron; al romper
los lazos que los ataban á los afecto3 m.ís tiernos, dieron
muestra de sus nobles energías.
¡Cómo han cambiado las corrientes!
Hoy, ningún padre-aunque sea conservador-se indigna por las opiniones liberales de un hijo suyo; la ma·
dre, que lo eil3eña á rezar de niño, no se alarma ante la
evolución de su espíritu y la sociedad le abre sus puertas.
-Entre el chinrido de antaé\'l y el liberal de ahora, media
toda la distancia que hay en el progreso, de las ideas.
El mismo partido conservador ha acabado por aceptar
doctrinas y principios con los que parecía en antagonis·
mo eterno, en tanto que el grupo liberal, poco á poco curándose de su radicalismo exagerado, ha tomado el lugar
de honor que le corresponde en el avance de las clases
ilustradas.
El chinaco ha muerto, pero su hijo, el liberal, ha comenzado á vivir una existencia nueva, compartida y vivifi·
cada por la sociedad m 1xicana.

que hoy ocupa de respeto y consideración por parte de putrefactas el cielo de Europa, ha sonado ya la hora del
imperio de los Califas, que falto de virtud y de justicia
Ja3 clases actirns de la República.
¿Se iO'.lagina acaso que es tan fácil improvis;u 1:na per· debe desaparecer de la haz de la tierra.
Dice bien un diario liberal inglés: antes que ver á las
sonálidad provista de tales atributos?
potencias
cristianas defendiendo la iniquidad, que estalle
La h istori" nos demuestra que los -~uc,~ou.~ de los granla
guerra
desde
las márgenes del Rhin hasta las cimas
eles gobern.rntes, hacen fiasco en.todos los tiempos y dentro de todos los climas. Son és!os á modo de eso~ cuerpos nevadas del 'Gral.
No opinan así los árbitros de la paz del mundo, los que
opacos que no tienen más luz que la que reciben del sol,
lle
\Tan en los pliegues de sus mantos qe púrpura rayos de
cnya·órbita recorren; desaparecido el foco que les pre·
exterminio
y brisas de bonanza; no opinan asi:, y poresotaba claridad, se pierden obscuramente en el ala inmenvemos
el
contraste
inconcebible de que se defienda Ll
me11•a: del infinito.-Los príncipes herederos, peligrosos
siempre, no son jamis los continuadores de los grandes sombra en nombre de la luz, la tiranía en nombre del
derecho, la opresión en nombre de la libertad. Obscurireinados.
El Generrl Díaz no dejará detrás de si un sucesor; b~s- dades inex p1icables de la diplomacia; mistecios augusto,
·
tantes personalidades ha impulsado en el camino de la de los gabinetes.
política, sin que ellas, en contacto con las necesidades de
***que en los campos de 8-li re
Dos años han pasado desde
la vida ptí.blica, hayan logrado alzarse sobre el pedestal de
los estadistas. Sobrados ensayos de esta edncaci6n tene· un grupo de ciudadanos que rechazaban con eneqía L\,
mos al frente, que hemos visto hundirse repentinamente reformis políticas y administrativas que las cortes espaá impulsos de pasiones exaltadas, de impropias ligerezas, ñolas prometían á la si,emprefi,el Isla de Cuba, lanzaron el
de cóleras desbordantes, de orgullosas intolerancias, a.tri- • grito de iniependencia, y buscaron por m~dio de las
butos que no constituyen la madera en que se tallan los mas y de tremenda lucha la re!llización de su, herm?3 &gt;,
sueños de libertad.
hombres de Estado.
Dos años han pasado y á pesar del derroche verdadero
El General Díaz no tendrá sucesor; pero como ha dicho bien el Jfwulo diario, ha acudido á resolver el pro- de patriotismo y energía de parte del pueblo hispan')
blema, procurando, no formar wi hombre, sino formar un que ha acudido á sofocar la insurrección que le arrebat.\·
p11eblo, por medio de la creación de intereses y también ba un pedazo de territorio, la revolución está en pie.
Da ambos lados se ha peleado con desesperación. E,·
por mefüo de reformas á las instituciones.-El Presidente lo ha dicho en el eloc:J.ente Manifiesto dando cuenta al paña ha visto sacrificada buena parte de su vitalid.1,d
país de los actos de su administración: «De hoy en ade· ahogada en el abismo de la manigua que consume hombres y riquezas sin cuento; ha visto sin desmayar, que
lante, sólamente serán fuertes 102 gobiernos legales.»
Dejar un pueblo, es.algo más que dejar un hombre; de· sus fuerzas vivas eran devoradas y que sus hijos perecían en aras del Moloch implacable de la guerra.
jar institttcione8 es más importante que d"jar s-ucesor.
No busquemos en las lejanías del porvenir la unidad . Cuba ha visto caer ásus mejores paladines, y su entuque ha de poner en movimiento el organismo; busque· siasmo no se agota. Ni promesas, ni amenazas, ui innú •
mos esta unidad en los esfuerzos coordinados de todos meros ejércitos, han logrado abatir sus bríos ni podidopara hacernos dignos del único legado que recibirá la Re- desvanecer las ilusiones de los que anhelan ver libre la
patria cubana. ¿A. dónde van? El capitán Ganeral, sempública: la legislación de un pueblo libre.
brando la ruina y la desolación para acabar ·con todo lo
que sea refugio de rebeldes; los rebeldes extendiend &gt; la
desolación y la ruina, para cegar las fuentes de riqueza,
allá van haciendo de lo que ayer era vergel hermoso, un
RESUMEN.-Mlsterios de la diplomacia europea.- triste páramo, un yermo escueto alu m')raio por la clariEuropa á favor de Turquía.-Grecia en la sombra_
dad indecisa de un sol moribundo.
-Paz que no engrandece.-EI grito· de Baire.-Se•
¡Qué oscuro porvenir! ¡qué lastimon presente! Tar.ie
gundo aniversario.-la insurrección cubana y lo
ha
llegado la promesa de una autonom(a. trunca; por eso
porvenlr.-Conclusión.
ha sido rechazada, y allá van todos, re;pndo de cad.iveImpoEible prever confunda.mento y predecir con tono
res el suelo, y estremeciendo el aire con los clamorei de
profético cuando se trata de las sombrías profundidades una lucha que no acaba. ¡Infeliz Cub.i! cuánto tiempode los gabinetes; imposible desenmarañar la madeja que
necesitarás para cicatrizar tan hondai heridas!
guía sus pasos y seguir el hilo misterioso que los conduX.X.X.
ce á través del dédalo de sus argucias. Pérfiia como la
Febrero 26 de 97.
onda, y caro biante y tornadiza como las nubes, la astu •
ta diplomacia tiene flexibilidades de serpiente y nos re·
BIBLIOGRAFIA
serYa á cada momento sorpresa• de gn9mo.

(El grnn problema.
La prensa diaria se ha ocupado últimamente del problema siempre obscuro y nunca deseado de la. sucesión
del General Díaz.- ¿Qué horizontes se descubren en la
vida nacional fntura, cu.indo-y el país anhela con noso•
tros sobornar al tiempo-la gran energia que hoy anuda
y encauza todas las actividades patrias, no se encuentre
al lado de la República pll'".l ampararla y sostenerla? ¿Dón·
de se halla ese hombre desconocido que ha de reco•
ger la herencia del Presidente? ¡Y bien! Ese hombre no
existe ni puede exietir y pretender formar uno, es un des•
cabellado p&lt;&gt;nsamiento.
Un hombre de Estado, de superiores tamaños, con ap•
titudes aceptadas y reconocidas para desempeñar funcio·
nes tan excepcionales como las desempeñadas por e I ac·
iual Jefe de la :Nación en la presente etapa evolutiva, no se
.for,na en un día, ni en un año, ni en diez años. U na personalidad de tanto relieve es el producto de infinidad de
circunstancias anteriores, de hechos eslabonados que yan
lentamente determinando su prestigio, su influencia ysu
poder. En la figura del General Diaz se ha gastado una
vida de actos salientes, de episodios palpitantes, que por
aglomeraciones sucesivas lo h~n colocado en el puesto

a_,

l30Htiítt Qirnerttl.

Nadie hubiera creído que la Europa cristiana, que en
arranques platónicos y arrebatos sentimentales, ha pro•
testado por cerca de dos años contra las crueldades·salvajes de los turcos, nadie hubiera creido que esa Europa, que alardea de culta y humanitaria se pusiera del lado del Imperio Otomano en el conflicto que ha provocado Grecia en los campos crentenees, sacudidos hoy con
volcánicos extremecimientos. Y sin embargo, esas potencias que ee hacen los porta-estandartes de la civilización
y ee declaran los paladines de los oprimidos, han hecho armas contra los griegos que significan la libertad,
en fayor de los musulmanes que encarnan la tirania,
la persecución, la intolerancia, el odio de todo lo inmutable del pas.ado contra todo lo que se mueve y se agita·
al soplo del progreso.
Los buques extranjeros surtos en la bahía de Canea
bombard~ando al campamento de los insurrecV&gt;s creten:
ees y dando abrigo á los que ayer ensangrentaron las comarcas de Trebizonda y de Erzorvum, y hoy deegarran
el seno de Creta infelíz, están fuera de su misión, han
defraudado las esperanzas de los hombres de buena voluntad que confiaban en que bllos se colocarían al lado
de los m,írtires y nunca ser!an empleados en defensa de
los verdugos.
Es verdad que Grecia invade ageno territorio, cierto
que sin consultar con los poderosos, se ha lanzado á una
aventura peligrosa, y pretende una anexión que comienza el desmembramiento de Turquía; pero ya es tiempo de
qne C')mience ese reparto, ya debe terminar esa historia
de crímenes y sangre que manc!1a con sus emanaciones

OBRAS ESCOGIDAS DEL PENSADOR MEXICANO

La emprendedora casa de 103 Sre3. J. Ballesc t y su~esores, dará en breve al público, en edición que se repar·
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)1éxic'l, Febrero 22 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director creneral de "La 11utua "
-Presente.
º
·
)Iuy Señor mio:
Siguiendo la costumbre de manifestar públicamente el
pago de las pólizas de seguro, me es grato hacer constarpor la pre~nte, que hoy, en la oficina de «La 1\-lutuan del
digno cargo de usted, recibí ante el Notario, Sr. Lic.
D. Diego Baz, la suuu de ($5,000.0D) cinco !llil p;:)sos, importe de;la Póliza 6 certificado de seguro número 36:2,934que á m1 favor solicitó de esa Compafiía mi esposo el 8r.
D. José :\I. Pérez Rivera.
Estoy muy ag~decida por las atenciones que del personal de esa Cvmpafiía y de usted he recibido con el motivo e~presado, y q•1edo de usted afma.' atenta y S. S.R o.~o n o O. de Pú-ez R frem.

Recomiendo á los turistas gastrónomos (bellísima cualidad que es el anti:doto de la gu la, al grado de que en
NOT.AS A TODO VAPOR
vez de «contra gula templanza» como reza' el catecismo,
deberíamos decir, ,,contra gula gastronomían) les recoNEW-ORLEANS
miendo, decía yo, los manjares deN. Orleans. ¡Qué bien
Entramos en una ciudad vieja, achacosa, súcia de humo comimos!·En lagargof e de una vieja alsaciana, legitimista,
de carbón y de tierra. Es una de esas ciudades del Golfo que por más señas, y cuyos manteles albean más que la bandeparecen hermanas todas, pero muy grande, muy desarro- ra de las lises, en lo alto, en lo más alto de una casuca
llada; en ella caben Tampico, Yeracruz y Campeche, y al· que tiene ventana sobre el río y se yergue en un extremo
go tiene de todas ellas, de Yeracruz sobre todo; la impre- del negro y tortuoso barrio criollo; entre una abigarra·ia
sión primera es desagradable, por el desaseo; ¡una ciudad clientela de antiguos obreros franceses y viejos pilotos en
costeña que no se lava !acara! ¡Horror!-Las calles muy receso, y á flor de cocina, eso sí, saboreamos un pescado
estrechas, tanto, que un wagón-pullman, atravesado en maravillosamente guisado, una morcilla aderezada por
la extremidad de la calle por donde vamos, oculta sus mano de hada y unos cam1rone3 delicadamente amortados plataformas, recortado por las aristas de la,; esquinas; jados en sus rosadas cornucopias de nacar. ¡Y t,n el
las casas en este barrio son verdaderos tugurios infectos, aristocrático reSl'J,11,·a11! de )lor.'la'.l. ¡Q 1~ ostras! ¡qu3 demedio ocultos por montones de basura, de t¡_ablas, de ba- licado pr1pe botte! qué truchas supremas, capaces de enflarriles, de papel viejo, hacinados por donde quiera, á la ori- quecer de envidia al gordo cacique de las piscinas de
lla.de las aceras de piedras partidas y disparejas. A medi: Chimalhuacán! Con decir que solo en C.1,mpeche se coro e
da que nuestros coches avanzan, las casas van siendo muy mejor, está dicho todo, y eso que _Pronto hará treinta Y
altas, lo que hace más sombrías las calles; algunos edifi- ocho años que no como en Campeche!
cios su ben á siete y ocho pisos, con balcones que son por
Un tren de vapor nos condujo á. orillas del lago desfi·
sus proporciones, verdaderas galerías de fierro apoyadas lando por entre los suntuosos edificios de Canal-St. que
en columnas metálicas en los bordes de la acera y que se parecen hechos de yeso pintado; al salir de la gran calle
unen de piso en piso por sus arquerías llenas de arabescos entramos en un barrio de casas de madera, primorosas
y adornos; de donde resultan fachadas enteras de fierro • algunas; después bordeamos un vasto cementerio, verde,
calado. En esta esquina y en la de más allá); en muchas de cesped aterciopelado abajo, verde obscuro arriba, en
otras, unos enormes armatostes de hierro que parecen donde balanceaban sus grandes h.oja~ lustrosas y sus
abortos de la torreEiffel, estorban el paso y hacen cavi- enormes copas de perfume los árboles de magnolia; en el
lar al transeunte novel ¿para qué puede servir esto? Para claro que dividía las dos zona11 verdes, blanqueaban los
lo que sirven tantas cosas; para nada. Después supimos sepulcros de marmol y de piedra, simples estelas fúne·
que estos adefecios iban á servir para los tranvms elécbres, la mayor parte; uno que otro hermoso, con la hertricos y ahora sirven para anuncios. ¿Hay algo en los Es- mosura del arte industrial. Luego costeamos una ancha
tados Unidos que no sirva para anuncios? parece que hu- esplanada, pavimentada de madera, salpicada de kiosbo en todo un negocio medio bizco; en todas partes cue- kos medio m•riscos y medio chinescos, como todos los
cen babas y por aquí á calderadas.
kioskos que desde hace un siglo cubren el planeta con
Desembocamos en Canal-Street; muy amplia vía, bor- su vega~acion de fierro colado; v.imos con cJmplacencia
dada de construcciones de grandiosa arquitectura, sin las casitas de baños instalando confortablemente en el
proporciones, pero con dimensiones casi enormes; un río agua su frágil y caprichosa arquitectura, los miradores
no muy raudo de gente orientada hacia el negocio, el ele!l.1\ntes desde donde se domina el lago, los bats que en·
b1snes (/,u..sRine.•) como dicen tolos con singular energía cie;ran un lago venenoso en sus millareH de botellas mul•
de acento, llena !acalle; este río se abre y cierra al paso ticolores y .etopamo.,. As( se dice en el castellano de la N.
de los carros eléctricos que aturden con su perenne cam · Orleans: el lector está en su derecho p1ra leer: y para,Ms.
paneo y distraen con sus largos dedos de hierro que van
Cruzamos 'u n puente sobre un ancho canal; cuando llepellizcan-to el alambre trasmisor de la corriente que sugamos al otro lado, un chiquillo movió una palanca y el
jetan otros alambres frecuentemente conectados con los
puento semi-giró sobre un piñón de hierro y tomó una
hilos del telégrafo ó del alumbrado. De cuando en
posición vertical á la que antes tenía; una gran lancha de
cuando un tren de vapor llega arrastrando dos 6 tres
• wagones de pasajeros, por el centro mismo de la ave• vapor, remolcando cuatro 6 seis balsas formadas por magnida, y pasa cerca de una estatua que parece esculpí· níficos troncos de abeto, pasó; el chiquillo movió de nue·
da no con el cincel, sino con el hacha y que descansa su vo su palanca y el puente se form'&gt; en cinco minutos.
El lago este, es un mar color de violeta bajo nuestros
cuerpo de plesiosauro parado sobre la cola, en unos bloques rudos y mal acondicionados, que forman un pedes- ojos, lentamente azul á compis de la vista que se levanta
tal no tan malo....... como obra de albañilería ....... hasta sobre él é inmensamente azul en su horizonteelegantísi·
la estatua parece hecha por un albaiíil. Ea ( descubrámo• roo de oceano dormido. Dám')nos el lujo de un crepúsculo
nos) la del gran Henry Clay. Nosotros los mexicanos ins- vespertino aquí, meciéndonos en una ro~kinJ ·rln.ir, flan.•
cribiríamos en ese pedestal estas palabras que el gran queados por un vaso de líquido helado ( meda vergüenza
.,pea ka dirigía á su amigo Channing. «/I(Cy crímenes que por decir que era cerveza) y acariciados, sin metáfora, por
.,u enor,~iclad rayan en lo sublime: ta adquisici6n de Texas una brisa de esas que murmuran ~í través del ventalle de
por nuestros compatriota.~ tiene derecho á este honor. Los tiem · las palmas en lo3 versos de mi pobre Alfredo Torroella ó
po8 modernos no o.frecen otro ejemplo ck ,·api,ia cometida en que vagan perfumadas de azahar en las confidencias de
tan t·afút escala.» Cito de memoria, pero eso es poco más Lamartine. Sobre el raso joyante del lago una cúpula de
raso sin mancha, el ci~lo; el pomo infinito de aire zafi.rió menos.
no y la ilimitada placa de cristal no se confunden, se to*
**
can en una curva de lapizlázuli y los dos matices del azul
Nos alojamos en un lujoso y confortable hotel en la
parecen dos aspectos de un solo ensueño. Un solo celaje,
esqmna de Canal-St. y Carondelet y salimos en busca del
Consul mexicano, de Manuel Gutiérrez Zamora, nombre encima del sol que en el ocaso
EN TIERRA YANKEE

deslustrados; enfría la brisa-y-el alma sale de su anestesia como si acabara de ser creada: Pienso como si pensara, por vez primera; pienso en ellos; pienso en la que
nos defó. Yolvamos; mientras volvíamos cantaban en mi
memoria los versos del martir J uan Clemente Zenea:

0

que su ilustre padre hizo h1!!tórico. ( 1 ) Esto nos proporcionó el gusto de ver algunas calles feas, algunos enormes efidicios, de marmol y granito rojo uno· de ellos, no
destituido de majestad. Un banco en construcción, tiene
en su pórtico cuatro ó seis columnas de mármol purpureo
de cerca de un metro de diámetro. Mucho comercio y
mucha gente, esto se notaba al primer golpe e.e vista pero nada extraordinario. Poco gusto para presentar las
mercancías en los escaparates. Un sastre ha colocado en
la entrada de su establecimiento una serie.de muñecos
que representan personajes de la historia de los Estados
rnidos, vestidos con muestras de la rnpa hecha, que
allí se vende; de modo que puede uno ponerse los calzones del general Sherman, hombre de muchos calzones indudablemente.
(11 r.utiérrez Zamora murió hace algunos me.,;es. Cuanto mexicano haya e,tado en Nue va Orleans en es-tos afios últimos, habra de¡,1orado ~u muerte, como no:::.o tro~.

Ferme les b,·anches d'or de son rouge erentail;

una sola nubecilla de encaje tram'.\do de luz y teñido de
amatista purisimo por arriba, flotaba lentamente en un
segmento verde del cielo. El sol escarlata, pero de un escarlata absoluto, como si saliera de un baño de sangre
humana, se deetaca ovalado y deforme en el vaho violaceo de la atmósfera; del otro la&lt;lo la luna, oxidada, con
una cristalina palidez de histérica, viendo el sol al sosla•
yo, t'On grandes ojeras azu)osas de desvelada, una luna
dulcísimaé impura, en fin, que denunciaba en su luz enfermiza, en su mirada lánguida, la sensualidad suprema
de sus amores tormentosos con el mar. A veces un soplo
que viene del Oriente y que parece el h álito de la luna,
hace correr un estremeciento de plata por el lago que en
el ocaso semeja un disco de acero que el sol damasquina
de arabescos de oro.-,-Los faroase encienden en las ribe•
ras y la luz eléctrica crepita y azulea entre los globos

E l sol al ver la luna acorta el paso
y quédanse mirando frente á frente,
un globo de oro y sangre en el º?aso·
y un globo de alabastro en el Onente.

.,.**

A trip to Chinn-toirn.-Un viaje á China-town, es un i;audeviUe ú opereta funambulesca en que se caricaturizan
ciertas costumbres de la gente de trueno en N. York; la
escena pasa en Bowery, la famosa calle ó avenida popu•
lar y de malísima fama nocturna en la ciudad imperial ;
pegedo á ella hay un barrio chino; ese es China-Town.
Una serie de escenas ridículas y risibles, iguales ií las
pantomimas que organiza y anima Ricardo Bel!; un rosario de interminables canciones, ensartadas en airecillos
graciosos, pero infantiles, como el del valsecillo americano que cantan aquí y en México todos los chicos: después
del baile; una colección de habilidades, silbidos. mugidos
de locomotora, qué se yo, ejecutados á maravilla por uno
de esos hombres que se disputan los empresarios de cir•
co...... Eso es el famoso rir1jc; algunas bonitas decoraciones, algunas luisianesas bonitas, muy airosas, muy gran•
des de ojos y de boca, ¿inglesas? ¿francesas? ¿españolas?
~o sé; algo de todo eso con una gota de esencia africana
en el fondo de la mirada negra y &lt;le la sangre roja.

*

* bañadera de marmol lleDormí un poco dentro de* una
na de agua tibia; pero ya en mi cama; me tuvieron des•
pierto los campanillazos incesantes de los trcwurny.•. La
civilización como el crimen de l\Iacbeth ha matado el
sueño; para dormir cual un patriarca precisa volver al
tiempo de los patriarcas. La civilización ha in ventado rui ·
dos nuevos ó ha hecho nuevas combinaciones de ruidos
viejos. Por eso me aparece en mi insomnio como una joven yrmkee con una corona de estrellas eléctricas, unas inmensas alas blancas de algodón fenicado y dos frasquillos
májicos en las manos: uno de bromuro de potasio y o"l:.ro
de cloral.
Muy de mañan::., después de tomar algunas frutas helada2 y un poco de té, salimos ií vagar por las calles; el
jefe de la caravana, una primilla mía de diez años, esbel•
ta y graciosa como una luisianesa, otro excelente compaliero de viaje que habla en español un copioso inglés de
Ollendorf y vuestro servidor. Una brisilla fría y sabrosa
nos convidaba á andar y vagamos...... vagamos. Los
bloks ( nosotros diríamos las manzanas de habitaciones)
se suceden en las irregulares casillas de interminable ta·
blero. En unos domina el rojo, el color instintivo de la
fabricación yankee, otros son amarillentos, y grises y color de humo todos. )lark Tw:iin dice que desearía para
Nueva Orleans uno de esos colosales incendios como los
de Chicago 6 Boston, para que en la ciudad nueva hubiese un poco de arquitectura; no la hay, en verdad. Lacé·
lebre Bolsa del algod6n con su jactancioso estilo del rena·
cimiento francés, sus cariátides y su o:r'namentación profusa, me pareció de papiermriché. )Iás me gustó por dentro;
su confortable instalación, su movimiento, no extraor•
dinario, pero constante, revelan la gran importancia de
la mercancía-reina en la metrópoli mercii.ntil del bajo )fi.
ssisipí.-En una inmensa carta de los Estados -Unidos es•
tán marcadas las temperaturas diarias de las ciudades
prin~ipalee. Las líneas de balcones de fierro calado, se
interrumpen aquí y allí por alguna enorme construcción
de muchos pisos, acribillada de ventanas; es una fábrica,
un edificio de oficinas, una colmena humana. Por la calle Laffayette, fea y obscura, pasamos á. la calle St. Char•
les, amplia y hermosa, en torno de un jardín lleno de
copudos árboles, una iglesia gótica, un edificio público (la
casa de ciudad ) con altas e1,.calinatas y enormes coluro•
nas grises en su fachada; del otro lado un templo masó•
nico.
El tranvía eléctrico nos condujo á Carrolton; el frío pi·
caba y mordía á su gusto ; eepléndidas avenidas de árbo·
les, apenas despojados de hojas en los primeros días de
su toilette de Otoño ; casas de madera, algunas grandes y
hasta suntuosas, rodeadas todas de jardincillos ordena•
dos á la francesa; grupos de niños y niñas muy limpios y
muy alegi:es que van á las escuelas. En una plaza, sobre
altísima columna blanca, la estatua del gran rebelde Ro·
bert Lee.
*

* *pero lo Yolveré á h acer )
Lonchamos ( perdón Peñita,

�DOMINGO 28 DE FEBRERO DE •1~1

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1S97

132

y salimos á pie para el barrio criollo, en compañía del
buen Gutil•rrez Zamora, á quien entregué una carta que,
por eu delicada amabilidad, llevaba desde la primera lín~a la firma del seílor ::\Iariscal. Entramos en la catedral,
vet.ueta, insignificante, fea; las naves laterales e~tán cortadas en su parte superior por grandes galerías 6 tribunas; algunas pinturas ba!!tante malas; dos \'iejas mulatas
rezan deyotamente junto á la reja que cierra el ábside, Por
fuer.1 nna fachada vuigar rematada por dos torres pira·
roidales.
:-;alimos al parque Jackson¡ me acerqué con viva curio·
sidad ni bronce ecuestre que le sin·e de centro; la estatua
de .-\n&lt;lr¿s Jackson. Nueva Orleans debe la vida á este
hombre~ en 1815 la eah·6 de los ingles:es que la amenazaban y la salvó de él mismo, porque cuentan que estaba
resuelto, en caso de derrota, á reducir la ciudad á cenizas
ante~ que dejarla en poder del enemigo¡ enérgico, iracundo y brutal como era, habría ejecutado su propósito.
Y de mucho más era capaz el bilioso magistrado duelis·
ta dd TenneEsee, el rabioso exterminador de los indios
del rndeste americano, el soldadón sin escrúpulos1 que es
se6uramente el mtí.s notable hombre de guerra que pre·
senta la historia de los E~tados U nidos, á la par de Sherman y Lee y el te1uperamento de soldado más radical que
la mJs turbia, pero la más exaltada de las popularidades
haya sentado en la silla prei!idencial de Jorge. w·ashington y del impecable república J. Q. .-\.dams. Sólo Jackson
y Ulises Grant, han seguido siendo soldados aun en la
presiU.encia; ·washington, Tylor1 no fueron más que ciu-

y el francés que hablaba, ligeramente arcaico, pero con
modulaciones tropicales de música tan marfilina y suave,
que todo nos bacía creer que la f.rancesita de Luieiana se
había escapado de un paisaje de abanico de raso de los
que usaban las lindas damas del primer imperio y que
hoy consen·an todavía en sua pliegues ligeramente marchitos el divino perfume de las flores muertas. ¿Ibamos
á oír de sus labios la llorosa protesta de las criollas de
Nueva Orleans contra la infame venta de la Luisiana á
los Estados U nidos? No; mi patria, nos decía, es los Es,
tados U nidos y México.

FISONOMI.I.S MEXIC.1.N..I.S
A GATO VIEJO ....•.
(\"\.'ase nuestro grabado.)

Por idiosincracia, por atavismo, por todas esas cosas
que hoy se mencionan con palabras nuevas, ó por lo que
ustedes gusten y manden, los mexicanos no podemos
verá una mujer1 guapa 6 fea 1 con tal que sea Joven, sin
derretirnos de amor y-lo que es. peor-sin decirle que
nos derretimos. De abolengo los latinos somos,lloreadore8 y
enamorados; pero á. los mexicanos nadie nos gana á que•
rendones. Yer una hembra y dispararle todo el surtido
de exclamaciones sentimentales ad hoc que tenemos en
Mas tarde hicimos el vi:je
1a [;,,ü acompailados de
_la mollera, es todo uno.
un joven mexicano muy lieto y muy amable, hermano de
Tan nutrida llegó á ser la granizada de piropos que los
nuestro excelente amigo el Director del i,~,iirersal. Lasca- desocupados de Plateros lanzaban sobre las muchachas
Hes que llevan á C'ri:1M'eu1 ('ity (la ciudad media~luna) son paseantes, que D. Pedro Rincón Gallardo, de pía memo•
animadísimas, incep,antemente surcadas de tramways1 de
ria, ó D. Eduardo Yelázquez (no lo recuerdo en estos
carros y carretones, bordada de grandes casas, de enormomentos) penaron con retención y multa á todo lagar•
mes cubos de piedra gris ó roja, perforados de centena- tijo que florease ó. una mujer.
res de ventanas, como el Corl'to, la .·tdwrna, una refinería
Las damas, por su parte, aunque enamoradas de la lide azúcar; el Correo es magcstuoso, con sus cuatro pórsonja, detestaban y dete¡::tan las triviales flores callejeras,
ticos y su aire severo. De una ventana de este edificio hi- y si en un baile, respondían y responden al clásico: f'R 1t8·
zo colgar el proconsul Butler á un energúmeno borracho ted 11l!l?1 li11da con el cursi e1rnstrd m11y yalmite, en Plateros
que había arrastrado la ~andera de la Unión por las ca- se enfullinaban y se enfullinan aun á. la hora en que esto
lles de la ciudad, después de haberla hecho capitular el escribo, ante una palabrita melosa.
heróico Farragut en 1862.
Las biliosas euelen responder con ef:ta exclamación:
Llegamos á la ler~e, inmenso dique de tres ó más millas
¡grosero!
Las nerviosas con una mirada que querrían tener todos
en forma de arco y cuajado de muelles, que defienden
los fuegos del Cosmos para aniquilar al molesto moscarla ciudad de los caprichos del padre dt lax agua.a, del viejo
Mescbasebé. Colocados en uno de tantos muelles en me• dón; las anémicas mueven desdefiosamente los hombros
y las linfáticas prosiguen imptí.,·idas su camino. Pero sean
dio de un ver&lt;ladero laberinto humano, tratamos de ver;
cuales fueren las manifestaciones de las doncellas florea-:.
arriba una nube espesa que se nos metía por las vías resdwJante eljfort'ad,,r, no cabe duda de que este constituye
piratorias en forma de moléculas de carbón, producto del
una calamidad social, una melrna de género diverso á la
aliento de las chimeneas de los vapores que llegaban y
salían¡ primera rube negra. Otra abajo; ésta la compo- que reina en Oaxa.ca, pero no menos atroz. Ha llegado
nían algunos centenares de negros y mulatos que grita- hasta entorpecer el movimiento de Plateres y es frecuente-merced á él-oir diálogo! como este:
ban, juraban y saltaban como goriUas en asueto, yendo
-¿Xiña, no vas á hacer tus compras?
y viniendo de los muelles á los vapores por medio de
-Sí, mamá, pero en coche.
puentes volantes de tablones, con fardos y carretillas
-Ko, ú. pie, que te sirve de ejercicio.
haciendo un ruido diabólico; le faltó al Dante, para un
-Sí, pero me florean ..... .
cuadro al carbón de los que componen su galería infer-No haces caso.
nal, una ,·ista á Creseent City.-Entre esas dos :g.ubes ne- Ay mamá! parece que no conoces á los lagartijos ......
gras había una faja clara que permitía ver en último térLa sellara suspira pensando:
mino la opuesta orilla cubierta de casitas ( todas iguales)
-¡Hace tantos años que soy vieja!
y de fábricas humeando; de esa orilla se desprenden los
Y la niña pide el coche para hacer sus compras.
ferryR, cargados de coch~, de caballos y pasajeros. El río

dadanos.
Nueva Orleans ha hecho bien en cobijar con su manto
azul maculado de humo, :í. los dos irreconciliables enemigos, al soberano orador Clay y al semi-Cezar Andrew
.Jackson. ¡Y pensar que si Clay hubiera ganado al gene:rnl la. presidencia, nuestros negocios con los vecinos habrían tomado mejor y m:í.s cristiano y honrado camino,
y que probablemente hubiéramos economiza.do la guerra
que hace medio siglo nos dilaceró y nos mutiló! Esta presidencia de .Jackson costó mucho¡ en su tiempo quedó
pla"nteada y for1m\lada por el fanatismo elocuente y som·
brío de Calhoun la cuestión ~e los derechos de los Estados que había de resolverse á eangre y fuego en la guerra
de secesi6n¡ en su tiempo se inauguró el sistema de dexpo•
jos, que ha convertido las luchas electorales en combatea
por los empleos, que ha convertido á la democracia americana en un ejército mandado por los politicians; ese sistema. que ha hecho impopular la. honradez de ~Ir. Cléveland, el valeroso presidente que ha reobrado contra él y
contra la tJ()lítica de corrupción y de injusticia que entra·
11a. Xo importa; esta democracia, no presentará.1 sino muy
de paso, el horrendo especMculo de una democracia eecla,·a; hay en ella fuerzas form.idab1es almacenadas que
la sahTartin en caso de peligro; un glóbulo de sangre de
los dejos padres peregrinos de lll Ffor de Mavo, basta pal'a encender en el corazón del último ya11kee el amor indómito y ~agrado de la libertad.
~ada de esto me decía la vulgar é inexpresi,·a fisonomía de la estatua delgeneralJackson .... .. y seguimos. Feo
barrio éste; en el centro de las calles apenas corre el negro y mal oliente arroyo, oculto por basuras, papeles,
restos de barric~s¡ las casas cubiertas de yeso, descasca·
radas, ennegrecidas; el teatro de la Opera francesa, galerón que se abre eobre un pórtico de pilastras cuadradas,
blanco embadurnado de humo, E"S ignominioso. Mas no
sé qué olordeviejo1 de historia, de costumbres crueles, pero pintorescas, de duefios de escla,·os, reina allí v encanta; y luego los nombres del as calles: i·tu Bourb6n: rue Contí_. ..... hacen un efecto dulce y melancólico sobre el espí·
ntu y remueven la arquilla de los recuerdos ......
Habéis leído alguna de eeas delicadas novelillas luisianesae de Jorge Cable? allí pasan con las timideces de las
razas aristocráticas y los estupores de la elegancia caballerezca ante las brutalidades de la civilización del carbón
Y del fierro, algunas mnj~res de la antigua sociedad criolla Y francesa de e~ta comarca. Todavía hay representantes de ella aquí; entramos á una casita modesta y confortable, Y un amigo que nos acompafiaba, nos presentó á su
esposa. Era, una joven madre ligeramente opul-=:nta de
formas, pero tan elegante bajo la ondulación rítmica de
su vestido de mU8elina; era la suya una encarnación lac·
tea Y rosad.a tan muelle, tan fina, con tan delicadas vela·
duras de ámbar sobre la sedefl.a tez; y el peinado recogido en lo alto de la cabeza en una apret.ada diadema de
Wnos dorados, como los tocados de principios del siglo-

•á

¡

describe frente á nosotros su espléndida media luna (de
donde el nombre de Cre11•er1t City) El ~lississipi, el río
más grande del mundo (4,300 mi11as agregándole su tributario el ~Iissouri) tiene la particularidad de irse angostando á medida que se acerca á su Delta. El capitán)Iarryatt le ha dado el nombre de cloaca má.l'ima por la prodigioea cantidad de lodo que arrastra ( más de cuatrocientos millones de toneladas, depositadas cada ai'l.o en el Golfo de México). Así sale, entre estrechos y tortuosos ca•
nales y pantanos, al mar y algún día llegará al canal de
Yucatán y dejará. convertida en una charca gigantesca la
parte occidental dd Golfo; si esta fuera la solución de la
cuestión cubana, habría que esperar un poco, unos millones de años tal vez.
Los vapores blancos de dos ó tres pisos de camarotes y
puentes, que remontan el río, recogen sus pasajeros al són
de la campana, izan sus banderas y parten describie11.do
una airoea curva. ¡Y pensar que esta inmensa arteria de
la circulación mercantil del planeta1 descubierta por So~
to en 1542, no íué explorada por La S,üle ha.ata la.a postrimerías del siglo xv·n y que no ha sido empleada en
el tránsito mercantil basta después que Napoleón vendió
la Luisiana á los norte~am.ericanos eJJ ..l.803, en ochenta

..•

'
Empero,
por atroz que sea la erotomanía en un joven,

tiene disculpa.
Lo que no la tiene es la erotomanía en un vieJo.
La et.cena que ha servido de asunto al pincel de Villasana, es, sin embargo, común, acaso porque lo bueno es

lo raro.
¡Oh! los tenorios seniles! Asomaos por las noches á las
dulcerías, pastelerías y salones de re[reecos servidos por
muchachas, y sorprenderéis más de media docena de 0808
valetudinarios, de esos que ya ni pecar pueden SÍI\O imaginativamente, de esos faunos cincuentones de vientre
exageradamente combo y piernas exagerad.amente fla•
cae, ó del tipo que queráis, desgarrando sus anejas y
averiadas lisonjas insinuantes al oído de una burlona
muchacha, entre vaso de soda 6 de vichí y pastillita de
chocolate ........ .
Los yankees, que según la feliz expresión de P1ml Bourget, ven en la muJer al individU:o y -no al sexo, capacea
son de convivir con lindas mexicanas en una pastelería,
sin mengua de la integridad moral de unos y otras, mas
que entre al establecimiento un viejo alifajado de eeos
que en el otoño de la vida refinan su paladar, y adiós
claustral y pura. fraternidad, adiós paz eucarística del esmillones de francos!
tablecimiento: las solicitudes cautelosas se tocarán en el
El día siguiente lo empleamos en visitar al maire de la aire, estarán en la atmósfera, y los deseos estragados burciudad, hombre excelente y campechano; en dejarnos
bujearán con la soda, en las copas de cristal.
reportear por un amable muchacho de Mazatlán, redacEn México ni el reuma crónico, ni el asma, ni la debi•
tor del Picaywu; en hablar mal de los irlandeses y de
hdad senil impiden i un Don Juan de dentadura poetiza,
los negros que se disputan la riqueza y el trabajo en la
y macierland abrigador, buscar la fruta del arbol prohi•
reina del Mississipe y en vagar .......
bido.
Al obscurecer del día tres de Octubre, partimos.
¡Oh! comodinos gatos viejos que durante el día ru1tru•
Jusro SIERRA·
neais en la silla de cuero de la oficina 6 del despacho,
entreabriendo apenas un ojo para firmar minutas 6 reci•
Febrero de 1897.
bos de renta. y merodeais en la noche á. caza de ratones
tiernos; gatos viejos que engendrais hijos escrofulosos,
Las cuestiones políticas y militares agitan al mundo; epilépticos y maniacos, en trabajoeoe horas de idilio ......
vade retro.' ...... retirad 1.•u.estra bandera ....•• Di08 lo qu.Ure y .
los intereses económicos lo conducen.

G. M. _Valtour.

el diablo .....os desecha.

,.

Señorita Julia Novclla, de Guatemala.

133

EL MUNDO

principalcampea algo en escorzo, elescudode lm Reye~ Católic08, que en un
mo11umento dedicado al descubrimiento de América, no puede ni debe fal·
tar el recuerdo de la Reina magnánima, JK&gt;r cuen~ de cuya corona se acomet10 la considerada como temeraria
empresa. Corta el escudo la faja ecua·
tonal y anima con sus minuciosos detall~s y artística ejecución un gran espacio que de otro modo resultaría
poco agradable. Sobre la superficie de
la esfera ee dibuja en relieYe la masa
de continentes é islas que co¿stituyen
el mundo moderno.
La ejecución del monumento es es·
merada hasta en sus menores detalles.
La figura de Colún es dos veces al natura! próximamente. Ella por sí Fola
trae toda la atención, por su majestuoso aspecto por su expresiva actitud
y por su belleza. La cabezt1. es ver&lt;la·
deramente hermoea: impreso en ella el
Eello de su época, retrata al pensador
y_al hombre de carúcter firme y enér¡pco, que dió remate glorioso rí. In empresa llena de dificultades. Atrae y
hace pensar. Sus líneas Eeveras no lo
son hasta t-1 extremo de hacerla anti•
ptltica, antes bien expre@a la bond:itl
del hombre v la inteligencia superior
del ge!1ío. A Su lado el simbólico quetzal, hendt: suR alas como para remontar su vuelo.
Las tres figuras de los atletae son
magníficos t'!:!tndios del desnudo en
los que('! Fel1or )fnr ha hecho gnl~ de
sus º~"e!,·aciones anatómicas y de su
con?&lt;:1,nnento de las reglas de la compo!-1c1on, para harmonizar entre RÍ
tres figuras eeme_jantes, v ql~e ein embargo, t'x~re!!8n ideas y hábitos enLernmente distintos.
El_ruonurnento, en su totalidad tiene diez metros de altura; y está ro&lt;lPa•
do de una verja, estilo del !óliglo XY,
colocada sobre base de mármol, y todt1.
el la bronceada.
En el frente del zócalo se ha coloca-

d!) una., loz~ s._encilla y elegante, con la siguiente inscripc1frn: u~e erigió este monumento por decreto de 12 de
"&lt;~ctubrc de 1892, siendo Presidente de la República el
11 (,eneral D: .José )laría Reyna Barrios. Inaugur6se el
« 30 de Jumo de 1896.,
_El costo total del monumento no baja de ;:-40,000 segun los datos que he recogido.n
'
• De ~rtíst_ico liemos calificado el proy('cto del sefior Mur
y la eJ~cuc16n que ha flabido darle. Y en efecto: si bie~
la cr~t1ca severa puede hallar repetición de motivos e:n el
dupl_1cado de las esferae, para nosotros em redetición
precisamente es la que merece nueEtro calificativo pues
?om:pleta el ~nsamiento concebido y realizado 'por el
1nsp1radoart1¡::ta.

•••

Como n~ta curio~a i:elati"a á la Exposición de Guate~ala, dan,,mos la F1gmente: La primera instalación orgamzada, correfl~nde á la casa de Krupp.
La_gran fábnca de cai\,1nes, fusiles balas y corazas
fon!ndable. e!1 la gu.erra '.: tem_ible. en 1~ paz, n0 se apre~
suro áexh1b1n:::e m en 1-nincm m enChicugo, y se apresura ii. hacerlo en ( iuatemala.
¿A q~é obedece esto? lmagínomt• quP. el Sr. mmmger de
la fonmdable empreEa aleumoa ~e ha dicho para su coleto: Los rrnnc~ses co? dificultad se lanzarán á una nueva
empretza béhca. Tienen grnndes intereEes indllftriales
que ?,roteger y pocn_s_g:,mas de gastar sus milh:,nes en ba·
las, ,i pe~ar de las lml'as declamal.'iones de la Rerm,,.J1i
L?s yankees ......... ufi! ee-os no pelean. Tienen much¿
dinero y .m.uch~. calma. ¿A qué enviar, pue&amp; cai\ones con
tanta a~1t1c1paC'1011, :í esos ~efi_ores? !~n G_uatemale. ya es
otra co.-,a .... ~. L1s Repubhqmtas latinas tienen lo belicoso e~ los gl\lbulos. de la ¡,;an~re .. \.llf no Fe concibe la vid_!l e-m cneshones rntP.ruacionale~ ......... Yayan pues mi~
h.rupp. ¡Los venderé bien'
'
'
! las formidabl~!-i m:íquÍ nns han lle~ado á la cita las
pmneras Y bof=t.Pzan ya en su instalación, por su amplia
bocaza, preiladJ de muert.t-.

•

+.

Eng:ala_namos n11efitn1i:i colnmnas con una belleza más
d.e la capital de Guatemala. \'icne f:u h~rmosura de Francia; h_ay rafgo_s galo¡:i en l'Se rof:tro ilnminado por la in·
m~ns1dad radiante de dos pupilns obf:curns.
• e llama ...... paia no!!otros la mujer bella no tiene sino
~ombres \'ago!-':. es ~1114e!&lt;tello _de la hermosura eupremu.
8e tiama en!lueno. 1\us1ón. caflll0, e!ólperanza ....... ..
~. comopor~sta Yía el Pegazo de la imaginación pudiera irse muy leJos, ponemos punto.
.

GU..I.TEJll:..1.I,..1.
!Monumento á Colón.-La primera in•talación para
el certamcn.-U na belleza.

C~mos no tener necesidad de re¡:etir que, circulando
amp!1amente_nuestro semanario en la vecina República
-del :sur, es natural y justo que de vez en cuando consa,gremoe parte de ■ uestras columnas á la descripción de be·
IIE:zas y monumentos dignos de toma.rae en cuenta. Cumpltendo, pues, con este prop{Jsito, damos hoy un grabado
del hermoso monumento á. Colón erigido por decreto de
12 de Oct_ubre de 92 é inaugurado' el :30 de Junio de 00
·en la capital _de la República, en el parque de la plaza d~
-a1:mas. Reftnéndoee á ~se ?1onumento, nos dice un crom!™1 goa~m.a.lteco lo s1gwente1 que puede servir de am·
.pha descripción:
Eleeflor D. Tomás )lur ha dado vidaá una hermosa idea
-enel monn~ento,_ en el que no hay accesorios inútiles de
or_namentac16n, m detalle alguno supérfluo, y que no contribu:ra por~oruM:Cuencia, al desarro1lo de aquella. Página
artística é h1Bt6r1ca, todo se une para formarla y para
-d_arle claridad y expresión.
EL basamento.es de baee cuadrada: todo él de mármoles blancos y TOJ08, tiene J&gt;róximarnente dos metros de
altur_a. ~bre él, una semi-esfera representa el antiguo
hem~efeno, s&lt;;&gt;bre el cual ~san sus plantas tres figuras
atléticas en d~ferentes actitudes, pero que contribuyen al
-esfuerzo coman de eostener y elevar en sus hombros el
mundo completado por Colón, cuya figura se alza de pie
sobre el globo en actijud tranquila, sefl.alando á sus pies
:el, ree~ltado de eu ob_ra. Las ~tres figuras representan la
C1enc1~, hiConstanc1a y el\ alor, y tienen de altura vez
y media el natural.
La Ciencia tiene á. sus pies las columnas de Hércules
rotas, a.plastando en su caída la tradición del no máa allá.:
·en una ma1;1oalza un 1milado de laurel pues el sef\or
Mur ha hmdo de coronas y de ramas bien colorarliN~
para repre~ntar unas hojas cogidas al acaso y ofrecid~
•en el e~tm1a_smo del primer momento. En la otra empufia la s1mb6hca palanca, con la que sostiene el mundo· el
· extre.1?0 de la palanca se apoya en Ja Constancia, flg{ira
de ~ct1tud ~posada, que sostiene en su mano izquierda
antigua ántora de la que se desprende una. gota de agua
· 9-ue c:a,e _sobre 1¿na peña deegastada, en la que se lee la
1nsct1pc1ón latina t1!Jt1Ua cai:ot lapidem.11
-La teTCE:ra figura representa al Yalor: figura muy movida, d~ actitud _arrogante, se apoya en el timón de un bo·
teca&amp; sumergido en las olas, como desafiando á la tempestad; pero empui'i.ando prudentemente un cable ues
•el valor no ha de ser temerario sino inteli ente
'p
Las tr~s fi~uraa sei\alan cualidades que filstin.guieron á.
Colón. Ciencia, Conetancia y Yalor
En la semi-esfera de la base hay ~uatro coronas de lau•
rel_que descansan en otros tantos pedestales de mármol
umdos al b~eamento,.con el que forman parte integr.m'•
~- En la fa1a ecuatorial está. escrita 1a leyenda-dedicato·
,~1a: "~uatemala á. Cristobal Colón,,, en caractkresantiguos 1
-ue relieve y de bronce dorado.
En la esfera superior ee dibuja en la misma forma el
f"IDOte ,Plus Ultra, 1:? de Octubre de H52,• y en su rrénte

Guatemala.-Monumento á Colon, .,nau&amp;urada el 30 de junio de l8g6.

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DOMINGO 28 DE FEBRERO DE J8!17

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

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EL MUNDO

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Bombay.-Torre del silencio.

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El flsunto de palpitante actualidad en Europa es la
cuestión cretense que ha tomado un aspecto del todo
nuevo é inesperado por la intervención del Rey Jorge de
Grecia.
Fresca aún la sangre vertida en las espantosas matanzas de Constantinopla, y un tanto apenas tranquilizados
los ánimos por la intervención de las potencias que exigieran algunas reformas al sultán; la revolución estalla en
l,Teta, la gran isla del azul mediterraneo, y se repiten
las escenas de exterminio, en las que familias enteras
caen bajo el yagatán del turco ebrio de sangre, clamando
en vano piedad y misericordia ......
Como en Armenia, el horror de la tragedia es infinito y
los cretenses cristianos, hartos de la tiranía turca, y caneados de sus crueldades, han contestado á los furores musulmanes con explosiones de fanatismo cruel, y buscando un nuevo refugio han proclamado su anexión al reino
de Grecia.
El re'[ Jorge, inspirado en las ideas de su pueblo, que
aspira extender la influencia helénica, ha aceptado la
declaración de los cretenses, y hace lo posible porque
triunfe la revolución, desafiando al pérfido sultán y exponiéndose ~t las iras de las naciones poderosas, que no
se atreven aún á herir de muerte al infeliz caduco imperio de los Califas.
Por el tenor de los telegramas, parecía que las potencias, con excepción de Alemania cuyo Emperador no es-tá en buenos términos con el gobierno de Atenas, favorecían la anexión de Creta al reino de Grecía; pero el
bombardeo hecho por los cruceros extranjeros al campo
insurgente y laFJamenazas del Almírante inglés, nada menos que á un Príncipe de la casa real de Grecia, quemanda la floti11a de torpederos en las aguas de Creta, hace
pensar que tal vez á última hora las potencias han deci•
dido contener las ambiciones del Gobierno helénico.
Estremece contemplar ese cuadro de horror1 donde el
fanatismo cruel y la supersticion salvaje chocan en convulsión trémenda.
No es sólo el odio tradicional entre los adoradores de
la cruz y los sectarios del Corán lo que produce esas explosiones; se ven allí como los espasmos de un pueblo
moribundo que en su desesperación hiere 1 mata y destruye antes de hundirse en el abismo.
· ¿Cuándo querrá la Europa cristiana borrar para siempre á la Turquía del catálogo de sus pueblos? ¿Cuándo se
librar1i de esa úlcera que la avergüenza?
Damos varios grabados que ayudar.in á nuestros lectores á formarse una idea cabal del teatro en que se desarrollan los sucesos á que nos referimos. ·

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LA REVOLUCION DE CRETA

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EXOTISMOS DE LA INDIA
La peste y los pa~sis.

El asunto que va á inspirar estas notas juntamente con
la cuestión cretense que desfloramos en otro lugar, son
hoy por hoy los asuntos de interés en Europa. No hay
revistaex:tranjeraquedeellosno se ocupe, y si EL ~ItTNoo
ha de reflejar la fisonomía europea como la americana,
justo es que á su turno les consagre algunas líneas.
H echa esta breve salvedad, pasemos al asiento. En
189-i, la peste ó trhmnw1,. que venía de uno de sus focos
endémicos de la China, de las altas planicies de Yun- Nan,

donde diezma, desde 1850 á los habitantes durante una
parte del año, stalló bruscamente en Cantón. En algunas semanas hizo más deú,000 víctima.e.
De Cantón, la plaga no tardó en pasará. H()ng- K~ng.
En 1805, cuando los foco~ de Cantón y de Hong-1\..ong
estaban au!l en t&gt;lena actividad, la epidemia se extendió
á los alrededores de la ciudad y í$anó en Reguida la ciudad de Macao. Hace un año la isla de Forinosa estaba
contaminada .
A fines de 1896, Bumbay, uno de los centros ro.is populosos de la India Inglesa, estaba infe::¡tad~ y pagaba á la
peEte, desde el primer día un esp~ntoso tributo. Da B_ornbay, por último, la peste se embarcó con los peregrrnos
hindus y ha desembarcado estos últim9s Jías en CJ.marararos en el }./far Rojo.
Se han atribuído los estragos de esta plaga á cau~as
bien diversas. Ba~ta, para comprobarlo, mencionar esas
Tor/'es rlel silencio que debieran llamarse m,fa bien torres
de la muerte.
Las Tor-rn del lrilencio, en número de 115 en la India,
sirven de lugar de sepultura á los par:,;is. Ya se sabe que
esta secta. una de las más curiosas y rle las más ch•ilizadasde la India, profesa el culto del Faegl) Sr,,qrado.
En Bombay, donde su colonia llega á. 47,458 habitantes, han hecho sucesivamente elevar siete torres que sir·
ven para la inhumación de sns correligiona..ios.
Estas torres ó Drtl.:mas esMn agrupadas en la cima de
una colina, .Malabar Hill, que domina la mar á algunos
kilómetros de Bowbay.
Al contrario de lo que pudiera suponer¡:¡e, ~!alabar Hill
es un barrio lujoso donde se agrupan deliciosas quintas,
á. las cuales la vecindad de los Dakmas no asusta en ma•
nera alguna.
Estas torres están -por lo dem,í,q rodeadas d~ jardines
magníficos; para dominarlos. basta estar autorizado para
subir á la terraza de uno de los tres Sagris;-se llama así
las capillas en la cual es mantenido el fuego Sagrado.Desde esta eminencia, la vista se extiende á lo lejos hasta el mar. Bombay y su maravillosa rada aparecen en
parte ocultos por plantaciones de cocoteros; á lo lejos, la
cadena de los Ghates, alrededor un parque inmenso que
circunda los Dakma.s. ¿Son estas verdaderamente torres
como se las ha llamado? Su altura no guarda proporción
con su diAmetro. La más grande de las cinco tiene 90 pies
de diámetro por 35 de altura. Son masas enormes de manposterfa demasiado resistentes para durar siglos, construídas de granito negro y duro1 revestidas de una capa
de cal Llanca.
En el centro, un pozo de quince pies de profundidad v
de 45 de diámetro, conduce por un agujero practicado
en la mampostería á cuatra canales dispuestoc, en ángulos rectos el uno del otro y terminados cada uno por
huecos llenos de carbón. Un parapeto de µiedra de catorce pies de altura, rodea la parte st;tperior é impide ver
al exterior. Este parapei;9 es el que, visto de Jejos, parece formar una sola masa con el aparal;o de pierira, y á
causa de sus revestimientos de cal, da al conjunto la apariencin de una torre aplat1tada.
La plataforma está dividida en setenta y dos compartimientos 6 cajas abiertas que parten del punto central y
están dispuestas como los radios de una rueda y se hallan repartidas en tres filas concé ntricas, separadas las
unas de las otras por estrechos conductos de piedra que
sirven para llevar la humedad ,í. los pozos y los canales
in feriares.
Es bueno hacer notar que el número tres es el emblema de los tres preceotos de Zoroastro, y el mlmero 72 el
de los capítulos del Yasne, una de las secciones d el ZendAvasta.

Cada línea de ataudes de piedra está separada por un
pasadizo, lo que viene ó. hacer trs pasadizos circulares¡ el
último rodea al pozo central. Estos tres pasadizos están
atravesados por una calle que conduce á la puerta única
por la cual entran los portad.eres. En la primera tila están colocados los cuerpos de los hombres, en la de en medio los de las mujeres, y en la última, la más pequeña,
cerca de los pozos, los de lós niños.
Sir Monier ·williams, que ha asistido á. los funerales de
los Parsis nos los describe así:
Eu tanto que yo me ocupaba con el Secretario en exami ·
nar el modelo de la torre, cierta agitación llamó nuestra
atención: una centena de pájaros reunidos sobre uno de
los Dákomas, comenzaron á moverse, en tanto que otros
se dejaban caer pesadamente de los árboles vecinos. L'3
causa de este movimiento nos fué bien pronto revelada;
Un convoy se aproximaba. El cuerpo sea cual fuere el
rango del difonto: rico ó pobre, y así esté próxima ó lejana su morada, es llevado sierµpre por los nasasalars, que
forman una clase aparte en la comunidad. Las personas
que siguen el convoy van después, Como los cargadores
son supuestos impuros á causa de sus funciones, vi ven
completamente separados del resto de la comunidad y
son ampliamente retribuidos.
Antes de llevarse el cuerpo de la casa donde están e~
asamblea los padres y los amigos, se recitan plegarias
que contienen ciertas Ghatas· ó preceptos morales, y el
cadaver es expuesto á la mirada de un perro que los Parsis consideran como un animal sagrado. Esta última ceremonia se llama Tr1.g-did.
uEl cuerpo, envuelto en trapo blanco, es colocado en
seguida sobre un ataud de fiero, y los cargadores, vesti·
dos de blanco también, avanzan hácia la.a torres.
uLos padres y los amigos, igualmente vestidos de blanco y unidos de dos en dos por medio de un pañuelo siguen á la distancia de unos treinta pies.
uLa torre elegida para la exposición contenía ya 10!,
restcis de muchos miembros de la familia. Los dos Nasasalara abrieron la puerta rápidamente y llevaron respetuosamente el cuerpo al interior; después, con detalle3
invisibles para todos, le depositaron, según los ritos en
uno de los Knh Cinco minutos después reaparecieron
con el atand y el sudario blanco, Apenas habían cerrddo la puerta, una docena de pajarracos, rápidamente se·
guidos por los otros, se abatieron sobre el cuerpo. Bien
pronto volvieron á aparecer y volaron á los árboles: no
habían dejado más que los esqueletos ..... .

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¿A qué atribuir las causas de esta enfermedad infeccio-

sa que los parais niegan haber provocado por sus usos fu.
nerarios? .Al contagio, que no debe confundirse con la
epidemia. L1:1. peste es contagiosa y se comunica por el
tacto. Se desarrolla también por la suciedad de Bomba.y.
E:ita hermosa ciudad contaba con 800,000 habitantes.
Ahora ha quedado reducida á la mitad
En la India todo es extraordinario......... ¡hasta la
muerte!

Las naciones no tienen grandes hombres sino á pesar
de ellas.
BAUDELAIRE.

•••

Un voto en tiempo de paz, vele tanto como un .sablazo
en tiempo de guerra.
8m J OHN LUBROCK.

�EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1!97

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primera lección.

�EL MUNDO

tas. Era, en fin, un constante lector de novelas de aventuras y dramas sangrientos, y un habil orador en todas
las reuniones públicas de obreros.

•••

EL PARRICIDA

El abogado alegaba como circunstancia atenuante 1a loenra de su defendido. ¿De qué modo, si no, podía expliearse tan extraño crimen?
Habíanse encontrado una mañana, en un cañaveral
cerca de Chatou. loS cadáveres de un hombre y una mujt'r muy conocidos por su posición social, casados hacía
11n'año1 después de tres meses que llevaba de viudez la
tlama.

Nadie les conoda enemigos que hubieran podido asef.inarlos, y sin embargo, los dos cadáveres presentaban
,evidentes señales de un crimen.
Hieiéronse varias investigaciones para dar con los ase--:
Fi11os y se interrogó ,t. los marineros de aquella ribera; mas
todo resQ.lt6 infructuoso.
Cuando ya se iba á abandonar el asunto por imposible,

El abogado alegaba la locura.
¿Cómo pod,ría, de otro modo, explicsT'Se que este o'?rero hubiese asesinado á sus mejores clientes, gentes neas
v podf"rosas que le habían dado á ganar en dos años más
de 3,000 francos, según constaba en sus propios l!bros? .
Esto sólo tenía una explicación: la locura, la idea fi.Ja
del desheredado que descarga sobre dos personas su
vengan.za por odio á una clase.
Aquí el abogado hizo una oportuna alusión al sobrenombre pue:;to por las gentes á. este sér abandonado, exclamando con vehemencia:
-¿No es esto una cruel ironía, capaz por sí sola de
exaltará.este desgraciado muchacho que no tiene padre
ni madre?
El es un ardiente republicano, ¿qué digo? pertenece á
ese partido político que la República fusilaba y ?-epor·
taba haíle poco y que hoy ac?ge co~ los brazo~ 5:b~ertos;
á ese partido para el cual el mcend10 es un prmcip10 Y la
muerte un simple medio.
Estas tristes doctrinas, aclamadas en las reuniones 1)~blicas, han perdido á este hombre. Ha oído ;t los republtcanos, á las mismas mujeres, pedir la sangre de Gfl.mbetta,
la sangre de Grévy, y su.espíritu enfermet, ha querido la
sangre de un burgués.
¡No es, pues, á él á quien debéis condenar; es á la Comuna!
Estas palabras fueron acogidas con murmullos de aprobación. que hacían l)resumir que la causa estaba ganada.
El )iinisteriopúblico guardó silencio.
Entonces el presidente hizo la pregunta de costumbre:
-Acueado, ¿tenéis algo que alegar en vuestra defensa?
Levantóse el reo.
Era de pequeña estatura y ten~a el pelo mbio ')Omo el
lino. Los ojos eran grises y de mirar profundo.
Comenzó á hablar, y su voz fuerte, franca.. y sonora,
cambió bruscamente la opinión que de él se había formado.
Hablaba cOn acento un tanto declamatorio, pero tan
claro, que todas sus palabras se oían hasta el fondo de la
sala.
-SeiiOr presidente, dijo, prefiero la muerte á ir á. un
manicomio y voy á declararlo todo.
He matacÍo á aquel hombre y aquella mujer, porque

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1Si,7

defensa, y no tuvieron piedad. Debían amarro.e y me rechazaron.
Yo les debía la vida, ¿pero la vida es un bent- ficio? La.
mía en todo caso, sólo era una desdicha. Despn s de su
vergonzoso abandono, sólo les era ae:reedo.r á la venganz~.
Ellos cometieron contra mí el actomás111human o, masinfame más monstruoso que puede comett::rsec ..mtra un
sér, y Yo tenía que vengarme.
Un hombre injuriado, injuria; un hombre rolmdo, re•
cupera por la fuerza lo que le pertenece; un honibroengañado, burlado,escarnecido, martirizado y de~ho11rado mata. Yo he recibido todaseetas ofensas y me he Yengado matando. Era mi. legíti1;llo ,derec~o.
.
Les he quitado un vida feliz a cambio de una bornble
existencia que !Ile habían im~u~sto.
.
.
Se me dirá que se y un parricida, no lo mego¡ ha sido
por culpa de mis padres, que considerándome como una.
cat¡a abominable, porque mi nacimiento fué una tai.;ha,
de rnfamia y una vergüenza, m~ arrojaron. de su lado ...
Ellos .buscaban un placer ego1sta y tuvieron Uf!. J11JO
imprevisto que abandonaron; ahora ha llegado m1 0easión y he hecho lo mismo con ellos.
Y sin embargo1 yo estaba dispuesto .ri amarles.
.
Hace dos años, cuando él fué por primera yez á. mi c'.t.:
ea, .no supe nada. Me hizo diversos encarg?s Y volnu
con frecuencia 1 pagando siempre cop. esp~end1dez Y _c, induciéndose de modo que comencé a sentir pur él c1t:rm
afección.
A principios de este año llevó consigo á mi madre en
una de sns visitas:
Cuando ella entró en mi casa temblaba de tal n,1o&lt;lo,
que la creí -presa de un ataque nervioso.
Aceptó una silla y un vaso de agua que le o!recí; f)('.rOpermaneció sin decir nada_. Contemplaba nns trfllm]O~
con aire extraño, y sólo contesta?a por monosilabo~ :l
cuantas preguntas le hacía su ?1ar1do.
.
,
Cuando partieron, me ocurrió pensar s1 aquella runJer
estaría trastornada.
Yolvieron al siguiente mes, pero entoncf"~ ya era due:
ña de sí. Permanecieron hablando largo tu,mpo en nn
casa, y me hicieron bastantes enca~os, . .
Después los ví otras tres veces, srn ad1 vrnar nada, l1as•
ta que un día comenzó á hablarme ella de mi v,idu., de
mi infancia y de mis padres, á lo que Y? reepond1:
-Mis padres, señora, ~ueron unos miserables que meabandonaron.
Cansáronle tal impresión estas palabras, que llevándose las manos al corazón cayó sin conocimiento.
-Esta J?Ujer €5 mi madre, pensé en aquel im.tante.

-¿Sois mi madre?
Retrocedió tres pasos al escucharme, y ee tapó los ojos
para 11.0 verme. Sostú v,ola su marido entre sus brazos, y
~xclamó, dirigiéndose á. mí:
-¿Estáis loco?
-No, respündi; bien sé que sois mis padres y que no
me equivoco, Reconoced.lo, guardaré el secreto; no os
pediré más: siempre seré lo que soy, un pobre carpintero.
Hizose atrás con ánimo de salir, sof-teniendo á mi madre, que sollozaba; pero yo me apresuré á cerrar la puerta, guardando la llave en el bolsillo.
-Contemplad la, le dije, y negad que esa mujer, es mi
madre.
Palideció espanta.do, sin duda ante el temor al esciindalo que presentia, y que babia evitado durante tantos
años para salvar su buen nom
. bre y su reputación, y exclamó con ira:
-Sois un miserable que sólo quer~is sacar el dinero.
¡Lástima de beneficios los que se prestan ¡¡ estas gentes!
Mientras esta escena se desarrollaba, mi madre sólo
acertaba á decir:
-¡Vámonos, vámonos de aqui!
Pero como la puerta permanecia cerrada, gritóme mi
madre:
-Si no abrís, inmediatamente os mando encarcelar
por violencia.
· Estas palabras me hicieron voh•er en mi, y en el mismo instante abri la puerta, dejándole:; partir.
Al verme solo roe pareció que acabab.i. de quedar huérfano, de eer abandonado. de nueYo ..4.poderóse de mi una
ee-pantoea tristeza, mezclada con ira; senti así como un
sublevamiento de todo mi sér, y corri tras ellos á lo largo
del Sena por el camino que tenian que seguir para ganar
la estación de Cbatou.

\

'

-~__;,"'--~.:_.._
Pronto los alcanc,í. La noche era obscura. Yo caminaba con paso de lobo sobre la hierba para que no me
sintieran, y procuraba oil'les.
M.i madre seguía llorando en tanto que su esposa le
decia: ·
-Tuya ha sido la culpa. ¿Por qué has querido verle?
Esta ha sido una locura. Hubiéramos podido hacerle todo el bien que hubiésemos querido¡ pero desde lejos y
sin mostrarnos. Si no le podemos reconocer á qué venían estas visitas?
'
Cuandoescuchéestas palabras, ptíseme entre los dos
manifestándoles:
-¿Me negaréis a.hora que sois mis padres? ¡No no me
lo neguéis! Ya que me rechazú.::oteis una vez no' lo ha·
gáis la segunda!
'
Entonces, señor presidente, levantó mi padre su mano
os lo juro por el h(!no:r:, :por la ley, por la República y m~
cruzó el rostro. Qwse suJetarle¡ mas élse desasió y eacó su
revólver.
Al ver su movimiento n? sé lo que senti; ello es que
recordando que llevaba mi compás en mi bolsillo losa·
qué para hundirlo en su pecho no sf cuántas vece;.
Mi madre comenzó á gritar: ¡socorro! ¡asesino! Yo sin
darme cuenta de lo que hacía, la herí también.
'
Cuando ví sus cadáveres por tierra, los arrastré sin reflexionar. Esto es todo. Ahora juzgadme.

*

' o1v1º6 á sentarse el acusado,
• * y ante las revelaciones

que
' acababa de hacer, quedó aplazada la sesión.
Si_n?sotros íuésemosJurados1 ¿qué hariamos con este
parricida?

&lt;3:uy
constituyóse preso voluntariamente un joven de un pue•
blt-'cillo vecino.
Era un carpintero llamado Jorge Luis, conocido por el
eobrenombre del cBurgués,&gt;i quien respondió á cuantas
preguntas se le hicieron, diciendo:
- Y o conocí al hombre hará unos dos ai'íos y á su esposa la conocí hace seis meses. Como paso por habil en
mi oficio, solían encargarme la reposición de muebles an•
tiguos.
Y cuando se le pregunta.ba:-¿Por qué les habéis dado
muerte? re~pondía con terca obstinación:
-Los he Ulatadoporque he querido.
Y no hubo medio de arrancarle otra respuesta.
Era el joven nn hijo natural, criado en el país y abnn-donado después á sí mismo. No tenía más nombre que el
de Jorge Luis¡ pero como á. medida que se fué desarrollando se iba haciendo más inteligente y mostrando gustos más delicados, pusiéronle sus camaradas el sobrenombre del «Blll'gllés,n y no se le conocía de otro modo.
Tcnfaaele por notable en su oficio, en el que hacía
obras de verdadero mérito, demostrando grandes aficio•
nes -á la escultura en madera, y considerábasele como un
exaltado y acérrimo partidario d" las doctrinas comunis-

Mas me guardé de dar á entender lo que había conocieran mis padres. Escuchadme ahora; después me juzgado. Quería verla venir. Una vez hecho este descubrí ·
réis.
Una dama tuvo un hijo legítimo y lo dió por media- miento, decidí informarme acerca; de sus antecedente!!!,
y supe que sólo estaban casados desde el mes de Julioción de su cómplice á que lo criase una pobre mujer.
anterior y que mi madre había enviudado hacia tresAquel serrec1én nacido, venido á. la vida, era inooonte,
pero estaba condenado a la miseria eterna, á la vergüen• años.
Luego era indudable que se habían ato;idO en vida del
za de un nacimiento ileg~l¡ más que esto, á la muerte
misma, puesto que se le abandonó, porque al no recibir primer marido; .más no existía una prueba concluyente.
La única prueba era yo, que nada poiia decir, por es•
la nodriza su pensión mensual, pudo, como hacen muto decidi es~rar.
~has, dejarle verecer de hambre.
Nuevamente volvieron á visitarme, y el dia en que esPero la muJer que me recogió fué honrada, más honra•
da, más grande, más madre que mi madre, y me cuidó y to tuvo lugar pareci6me mi madre m{t.s emocionada que
de costumbre. Estuvieron un rato en mi compañía, y al
crió en vez Q.e abandonarme.
partir me dijo:
Crecí con la vaga impresión de que llevaba sobre mí el
-Yo os quiero bien porque me parece que sois un liomdeshonor. Los muchachos que conmigo jugaban me llamaron un día bastardo. No sabían lo que esta palabra bre honrado y trabajador, y como supongo que acaso penséis en casaros algún dia, quiero ayudaros ·áelegir libre·
significaba. Y o también la desconecía, pero la presentí.
mente la mujer que os convenga.
Era entonces uno de los más inteligentes de la escuela,
Yo que fui casada una vez contra mi corazón, s6 lo
puedo asegurarlo, y hubiera. sido un hombre superior, si
mis padres no hubieran cometido el crimen de abando· que se sufre con esto. Así es que tengo gusto e• ayuda•
ros, y como soy rica, .sin-hijos, dueña de mi fortuna, quienarme.
ro dotaros. Y me entregó un sobre grande cerra.do.
Este crimen fué cometido contra mí.
Yo la C(?ntemplé un momento fijamente, y la dije~
Yo fuí la víctima. Ellos fueron los culpables. -E staba sin

139

EL MUNDO

DOMIIIGO 28 DE FEBRERO DE 1897

DE l\IAUP.As.SAN'l'.

S I NFONIA

Aun no baña la luz nuestro hemieferio ... ..... .
Y no tafien los vientos escondidos
de la selva el magnífico ealterio ........ .
¡ Están aletargados los sonidos
,en brazos de la sombra y del misterio!
La bruma, como ~n palio vaporoso,
pren~e su manto baJo el hondo piélago ,
del cielo SMH-, y- sobre-el bosque hojoso.; ....
¡Turban sólo el silencio temeroso
el repentino vuelo del murciélago
y esas fl~bilea voces-de una ga:na
-como notas confusas-esparcidas
en la hoja seca, en la menuda grama,

en las grietas del tronco, entre la rama,
en un inmeneo acorde confundidas!
La tierra duerme ...... á trechos se espereza
y un solemne rumor llega al oido,
como si algón gigante que bosteza,
postrad.O de cansa.ocio y de pereza,
revolviera su cuerpo entumecido.
Mas viene á despertarla de su rneño
el Noto que apareja su cuadriga;
que con tenaz y formidable empeflo
del negro campo de los aires dueño,
sus corceles indómitos fustiga.
La bruma en mil girones destrozada,
huye de la ventisca que alborata
el aprisco, el cubil y la nidada
y que con furia indomeñable azota
el dorso de la férvida cascada.
El huracán con poderoso empuje
las moles de las nubes disemina;
y cuando el trueno como fiera ruge,
el grueso tronco de la recia encina,
treme, y la rama vacilante cruje.
Crece el fragor en la extensión inmensa,
que es pavoroso carnpo de batalla;
el eléctrico fluido se condensa;
corno alarido de titán estalla,
y el monte asorda y la llanura extensa.
Por la rápida racha conmovidos,
de un lado y otro lado cabecean,
como juncos, los árboles fornidos,
cuyos robustos gajos eacudidos
parece que al chocar se abofetean.
Se oye el clamor del gárrulo follaje
y descifrar no sabe el pensamiento,
abismado ante el lóbrego paisaje,
si el ramaje con furia azota el viento
ó el viente azota al trémulo ramaje.
Se rompen y dispersan y confunden
los gruesos hilos de la lluvia al fuerte
empuje del turbión; y se difunden
por los aires los présagos de muerte
del cií.rabo infernal que miedo infunden!
Como un dragón de resonante escama
se retuerce en su cauce el hondo río
que raudo arrastra la rompida rama,
su voz uniendo en el tremendo drama
de la a Ye herida al doloroso pfo.
Las fieras, entre zarzas eepinosas,
se arrastran de su cueva en dereCh ura;
y del rayo las llamas sulfurosas
acrecen el horror y la pavnra
de esa explosión de la ira de las cosas.
El duro bronce de la pobre eruüta
la tempest;id indómita golpea;
rn voz solemne en la tot menta invita
á orar, y de las chozas de la aldea
sube basta el cielo la oración bendita.

Santiaguito la vió por vez primera en una tienda en díª
de Navidad: esperó que saliese y sin más rodeos nuestro
héroe, con su lenguaje peculiar de conquistador decidido,
le propuso un noviazgo en toda forma; ella se hizo un alm[bar, y sintiendo que la sangre le bullía como dicen que
le bulló :.í nuestra madre Eva cuando lo del Paraíso,
no puso·reparos al insólito afi.tn amoroso del (1mancebo.i1
Estas relaciones de tres aiios de paseos, balcones, dulces
y muñequerías vino á turbarlo la indiscreta presencia de
Julio. El coraje de Santiago no tuvo límites, y, claro, como él era «boJ..Dbrel) de resoluciones decisivas, y en asuntos de t&lt;horior,&gt;no hubo en jamW. quien l_e pusiera el pié
adelante, deeafió para un (1encuentron guerrero á su adversario.
Y ya es hora de que sepámos el resultado de tan Qélica
jornada.

•*•

Era tal la algarada de los valientes soldados, que los vecinos salieron preci-pitadamente ú los balcones creyendo
que algo muy grave acontecía. Las mujeres sobre todo se
impresionaron mucho, y hay quien habla de alguno que
otro síncope y tal cual upataleta.11 sin más grandes ni terribles consecuencias. Pero enterados al fin de lo que se tra-:taba, acabaron po:r tomar en broma aquel ejército de gente menuda cuya indumentaria de plumas de gallo, _cintas
de colores etrabiosos,&gt;• faJas y bolsas para cargar piedras,
era de lo más curioso. :Nada faltaba allí, hasta un pequeñito seguía el regio paso del jefe, haciendo &lt;le tambor,
el cual tambor era una vieja lata de petróleo que metía
más ruido ella sola que toda la turba voceando.
A poco andar, y cuando el entueiaemo es,taba en punto de locura, encontraron al enémigo atrincherado, y
allí fué el repartir órdenee: el valeroso caudillo, poseido
de su papel, mand6 rodear el barranco casi inaccesible
donde se refugiaba Julio, y sin intimidarle aquellas ventajosas posiciones, exclamó con su voceeita enérgica.
-Hala, muchachos, arriba ...... Tambor, paso de ataque ..... .
Un redoble formidable, y empezó una lluvia de pedra das, vidrios y cascotes que era una delicia. A ratos do~
minando la horrenda algarabía de la pelea, ee escuchaba
la voz del jefe:
-¡ Hala, ruucbachos, al barranco!
El chico tuvo impetus de héroe. Con el cabello en de•
sorden, el rostro inflamado y el cuerpo er~uido, avarizando sin titubear, apostrofaba {L los de arnba y les llamaba: c1¡Cobardes!)) En lo más crudo de la refriega, en
medio de las vociferaciones, de los golpes de lata y de
los estrépitos de los cascos rotoe, hecho, no ya un héroe,
sino una furia, emprendió la cuesta de la altura mientras
sus compalieros empezaban á retroceder agobiados por
la lluvia- de piedras: ya se dispereaban, flaqueban los
primeros bríos, la derrota era segura, y, algunos creyeron
propicio el instante para tomar el olivo ...... Apenas se
oía entre el espantoso jaleo del combate, como jadeante
alerta, el golpe del tambor. Pero el temerario Santiaguito continuó impávido la ascensión del barranco entre
piedras y terrqnes que ee desmoronaban bajo sus pies.
··························"·········································
Así, por la senda tortuosa, dando saltoei, agarrándose,
Se aplaca el vit:nto. La ventie.ca abate
braceando y encogiendo el éuerpo, trepó al fin con passu rabia destructora, y el estrago
mosa agilidad. Y íué aquel supremo esfuerzo tan audáz,
cesa ya en la paleftra del combate.
que cesó como por encanto la batalla. Ambos ejércitos
!Y la aurora gentil al suave alhago
quedaron inmovi les. Santiaguito y ,1 ulio estaban frente
del aura mansa, las gt1edejas bate!
tL frente.
Surge de pronto el luminar del día
bajo el limpio zafir1 sus rubios lampos
Salvada la distancia que durante la reyerta separaba
derramando la paz y la alegría
á los encarnizados ad \'ersarios, el primero, sin más vacisobre la vtrde alfombra de los campos ......
laciones, puesto en jarras y con la voz un poco tembloroY dejan los pastores su alquería.
sa por el esfuerzo que acababa de hacer, gritó con mal
Y comieuzan á erguirse, recelosas,
contenida rabia:
las ramas del arbusto en la floresta,
-¡Ya estoy aquí, Julio! ......
á discurrir las lindas mariposas
-Y yo tambien, ¿qué quiere&amp;?
de flor en flor, y á preludiar su orquesta
-¿Qué quiero? ¡Pues vaya una pregunta!. .. ... Que me
las aves por los nidos y las rosas ..... .
dejes en paz ú.. la Sofía ...... y luego pa, que no te burles
de los hombres ..... .
JOSÉ L NOYELO.
-¿Qué? ...... fMe ibas á matar?
-/l1 uede., .... quizas!
Y durante este feliz diálogo se acercaban lentamente
el uno al otro.
-Mira que falta i-erlo, Santiago.
-¡Pues míralo!-grit6 enfurecido el muchacho y lanzándose sobre Julio lo agarró violentamente por ~¡ cuello; pero Jnli(! era de lo_s que no se huian por golpe de
ENTRE C HICUELOS
más ó menos 1mportancm, y contestó á la agresión estreComo se ingenió Santiaguito para escaparse de casa. chándose á su enemigo. Entonces aquellos dos muchaaquella tarde, á pesar de la vigilancia que sobre él ejercía chos1 con lo_s brazos y las piernas enredadas, rugiendo,
bomita.ndo ms!l-1tos, arran~ándose los pelos, forcejeando
su madre, es cosa no averiguada todavía.
-Lo que á ese se le ocurre-decía la buena señora-ni con desesperación, con rabi&amp;, con verdadero odio de c,hombres,n rodaron por el suelo hechos una bola. Unas veces
el mismísimo demonio es capaz de llevarlo á cabo.
El tal Santiaguito, según ella, era peor que el santo de e.raSantiaguito quien intentaba incorporar$e, yotrasJusu nombre, y la culpa la tenía el difu11to, su esposo que ho; ambos caían nuevamente, pero sin ceder continuaban en su espantosa lucha, y rodando, rodando al borde
le dió una educación desaetrosa. ¡Como que una n&lt;khe
cuando apenas contaba seis años el pequeño, se lo traj~ del abismo ..... .
-¡Qué os vas á caer!-gritaron de ambaspart:.es los chiborracho como una cuba! En suma, que el muchacho
cos llenos de espanto¡ pero el :.viso llegó tarde: al primer
llagaba á pillo por el más corto de los caminos.
grito se unió un l!egundo alarido de cien bocas un sólo
U:n _día que lo enco.n~ró desplumando v_ivo á un pollo,
decidió meterlo defimt1vamente en el colegio y al prin ci- alarido que repercutió sonora y tristemente e~ todo el
campo.
pio todo iba bien; pero ya fuera cuestión de te~peramento
Santiago y Julio, arrastrados por aquellos decisivos esya de costumbre, es lo cierto que Santiaguito &lt;lió al tras:
te con la formal ídad, y como era bien quisto y precóz en- fuerzos de la lucha; llegaron á la orilla ...... y enioscados
tre loe suyos, logró formar de sus condiscípulos &lt;1Una par- y retorcidos, brazos, cuerpos y piernas cayeron rebotantidai'. que alborotaba á todo el pueblo cuando salia, en do por la pendiente hasta el fondo, do~de se oyó sordo é
medio de atronadoras algaradas, á espantar animales al ingrato e~ chasquido de dos cráneos que se rompían de
un golpe ..... .
campo y á robar nidos de pájaros.
La escapatoria del chicuelo obedecfaesta vez á un compromiso de honor: su ejército, ese temido ejército capaz
de conquistar el barrio entero ú. pedradas le esperaba en
Poco después de este suceso, una encantadora niña de
~posi~ión de librar una batalla con las Íropas del seiioaños y un joven de su misma edad se despendían
11t? fulw, un. caballerete de doce años, que ee había per• trece
de esta suerte en el balcón:
m1t1do corteJar á Sofía, la novia de Santiago.
-Cumplirás tu ofrecimiento? ¿No volverás á hablar
Porque Santiaguito tenía novia, y guapa, ¡Pues no fal- eón Sant1aguito? ..... .
taba más!
-Ni con Julio; con ninguno de los dos .
-¡Bueno! ...... Hasta luego, Sofia.
• que aquella niña de trece
En efecto, nada más hermoso
-Adios 1 Juan, hasta luego.
años, con sus líneas gloriosas de talle esbelto que acusaban proyectos de hem bra--eteg&amp;ntí'.siró.a ' ··
MIGUEL EDUARD~ p ABDO,

••

�DOMINGO 21t DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

vían sobre aquellos infelices, me aventuré por
ún pasadizo, del _fondo
del cual surgían aullidos
de dolor. Dicho pasadizo
se abría sobre una meseta
plana y tersa, de alguna
elevación conforme lo indicaba el declive del talud, y sembrada de tachuelas cuyas puntas
veían hácia arriba, en
atroz profusión. Ahí dan·
zaba con piruet,as que daban lástima, una multitud de cariacontecidos
sujetos, pugnando en vano por acertar con sus pi•
eadas en los intervalos
--:~
donde las tachuelas eran
más escasas. Un dia' ·,
blillo, desde la cornisa de
¿
una roca frontera á la meseta, pinchaba con un bi-.
/
dente á los remisos, y hacía continuar 3in inte·
rrupci6n aquella danza
tremenda de gestos y conEL DANTE EN MEXICO.-Los aduladores.
torsiones.
A lo que parece y por lo que pude coleg~r, se penaba
EL DANTE EN !UEXICO
ahí á los aduladores serviles de todos los tiempos, á los
Rigolettos de todas la~ épocas, á los que b~ilaron y sonVIAJE DE UN REPORTER.
rieron perpetuamente ante un señor á qmen velaban las
m.iserias del pueblo y de quien ob~enían grandes concesiones. Leve era en verdad el castigo para maldad tama( co~;TINÚA.)
ña-y perdone el que leyere si Matías Cumplido se echa
á filosofar- poca una eternidad para compurgarla. Loe
No lejos de las tumultum1as agua~ donde los r~porters gobernantes, como las mujeres hermosas, suelen no ver
mentirosos purgaban de tan extra.no modo su ligereza, más que el lado bello de la vida. C_uando no son comb~ abrfase amplio estanque de hirvientes. aguas, al cual tidos cuando el monstruo Revoluc16n, no lanza sus rugisurtían infinidad de llaves de grueso cahbre. Dentro, _ba- dos á. sus pies, son víctimas de un optimismo consolador
ci.endo visajes, tomaban un baño poco agr:ad~bl~, . á Juz- que coloca frente á sus ojos prismas rosados de encantagar pi:&gt;r la expresión de sus fisonomías, vanos md1v1duos,
doras facetas . A veces, el adulador procede con tan poca
de aspecto monacal unos, otros de fisonomía mofletuda maña que su dios penetra pronto el más ':elado engallo,
y vulgar.
mas así y todo es criminal, que el m~l éxito de una acMe aproximé con el somb_rero en ;a mano á un dem~- ción en nada.influye sobre su moralidad, y merec~ por
nio que afilaba en un m?lleJÓn mo_v1do ~ vapor el agm- ende, bailar sobre tachuelas per sec!Lla se~loru~.-Filosojon de su rabo, y él me informó, sm deJar su tarea, del fía de reporter-dirán ustedes, y dirán bien. }1losofía de
objeto y destino de aquel departamento.
reporter,que luego echa á perder las mejores publicacio-Aquí hallará Uili!ted á los que no se lavaban.
nes, pero ¿cómo había de sustraerme-yo al achaque co-No creí que eso constitu_yese un delito. . .
.
mún de todo reporter mexicano? Po_rque el repfrter me-Y grande, amigo Cmnph~o; todas las rehg_1ones bien
xicano es de suyo filósofo, romántico y u~ s1 es n? es
11acidas 'Prescriben las abluc10nes como predlsponentes lacrimoso. El reporter americano eTtsarta diez mentiras
á la eant1dad, y en los tiempo"' modernos un pecado con- en un entrefilet, el mexicano diez lirismos: aquí nacetra la higiene es el más feo pecado que puede darse. No mosen redondilla y ay nos moriroos·en endecasílabo!Muve ust,ed que estamos en la época de la microbiología?
chas veces, tras un juicioso editorial en que se flagela,
-Y me diría usted én· qué gremios son más numerosos
pon~o por caso, el protieccionismo á ovtrance,.un repórter
los enemigos del jabón?
sen~1mental se queja á. propósito de ~ualqm~r cos~, de
que los mexicanos no protegemos la rndustna nacional
vistiéndonos de casimir del país.
He visto en un diario tras un tonante artículo contra la mendicidad la gei'.oebunda declamación de un reporter sobre la d~eza de corazón de los ricos que per•
miten que las pobres criaturitas ~e k 1_s mend~gos, esos
angelitos de Dios, anden con loe P.1eces1tos_al aire, .cuando con unos centavitos que se le d ieran al llmosnento se
remediaría ...... ¡todito! Oh, sentimental, pío, azucarado
y tierno corazón de los reportera ..... .

tes; comprar material el miércoles y trabajar jueves y
viernes.
-En efecto, es usual eso.
-¡ Y tan usual!
El artesano mexicano cederá. su puesto al extranjero,
no porque éste tenga más aptitudes aun cuando entr"'
nosotros no andan escasoij los cretinos-sino porque ti~ne más formalidad. Emborracharse los domingos es-en
los tiempos que atravesamos,-casi legitimo; curársela el
lunes tempranito muy disculpable; pero gastar tres cuartos de semana ed «operaciones,1 tan sencillaf!, es illlpasable,
Además, el artesano mexicano, deja el aprendizaj~
cuando aun no gana ni tres reales diarios, y por sí y ante sí, se proclama maestro. {Aqní, todos son maestros,
desde el remendón de zapatos hasta el remendón de rnazurkas). El artesano yaukee, se retira del taller cuando
ha concluido su enseñanza y es hábil.

EL MUNDO

···-.:::.·.

~¿=!: :~

- ---::='~

~

-

--~

•••

'\!} 1
'

-Y ese individuo que con una vara de paraguas en 1a
mano resiste el chaparrón más deshech&lt;,??
.
-Es un mal artesano justamente castigado. Fabricaba
paraguas y seguía el procedimiento común á los artesanos de México á muchos de los cuales hallará usted pel1'Jdos por donde más pecado han habido.
-¿Qué procedimiento, si usted gusta?
.
-Uno muy complexo por sus componentes: pedir
para material caro y comprado de mal~ clase;_ prometer
bajo palabra de honor entregar el tra}J~JO tal d1a y entregarlo ocha día.s después; suplicar anticipos todos los días;
emborracharse sábado y domingo, curársela lunes y mar-

·.·. .

··-

' 5ti?J.i~~,~;~":~ ~
EL DANTE EN MEXICO.-Por mal artesano.

El artesano mexicano no aspira á traer pantalones. ~o
le importe mostrar (puntos suspensivos).... lo que la decencia Prohibe. Así,;pues, en habiendo pulque .. ¿Y cuándo nos regene_raremos, preguntará usted? Pues sencillamente, (con perdón de Terrazas y de Agüeros) cuando
merced al cruzamiento de razas se haya transfundido á
nuestras venas algo de la vigorosa sangre sajona, que mejore la empobrecida sangre que corre por las venas de los
cinco millones de alcohólicos, de los seis millones de
histéricas. de los quinientos mil epilépticos1 de los eeiscientos mil alucinados, de los cien mil enfermos de males venereos, etc. etc., que constitu/íen la mayoría de la
población, y vivifique loa doce mi Iones de impotentes
de la voluntad, que entran á. la k•tería y sueflan místicamente en herencias y en tesoros escondidos ....
¡ Ohl cuántas cosas más me dijo el di_ablete mi interlocutor, á propósito de aquel otro pobre diablo .... ¡Pero no
las digo!
(continuará.)

~- :~~~:tti! ~

f•"i-~

;.'~~~.

.="t=..="t=.-="t=;.-=ti=.
Para una sociedad de pícaros, la virtud no es más que
la impotencia de 'tener vicios.
Alexis Chavanne.

•••

La desconfianza es el alma del régimen parlamentario.
T,.aeberl.
Cuando ~e acaba de ver
á la mujer amada, la vista
de cualquiera otra no es
~gradable; físicamente ha•
ce dafio :i los ojos: ya comprendo el por qué .

•••

El imperio de las mujeres
demasiado grande en
Francia; el imperio de la
mujer demasiado limitado.
PS

EL DANTI!: E.."i MEXICO.-Por "remendón" de música.

-Ay amigo, y el diablo untaba un poco de saliva al
filo de su aguijón, en todos! La limpieza es casi un mito
en México. Si pudiera usted penetrar los misterios que
ocultan muchas pecheras de lino almidonadas y muchos
calcetines de hilo de &amp;cocia! Si las faldas crujientes de
Eeda dijesen su secreto! Naturalmente el pueblo de México tiene el record de la suciedad; pero, á ese no lo traemos aquí: hay para él un gran estanque con legía. Aquí
nos Y1enen sólo los sucios copetudos, en su mayoría gentes de iglesia: monjas capuchinas y teresianas que jamás cambian de habito y allá por campanl6.a de vacante de ropa interior; curas ventrudos que llevan la sotana
hecha una babilonia de rapé, ceniza de puro y residuos
de ensaladas; y abarroteros al por mayor, y militares
y ...... cuanto usted quiera. En general hay ·en México
un santo horror á. la agua fría.
-Y esas duchas lavan la conciencia?
-El diablete sonri l filosóficament.e, y prosiguió su tarea. No creí oportuno insistir y escapando cowo pude de
los duchazos de agua á di vera as temperaturas que llo•

•*•

La imagen del primer
amor es generalmente la
más conmovedora; ¿porqué?
porque es casi el mismo en
todos los países y en todos 1
los caractéres. Por lo tanto,
~f:te primer amor no es el
más apasionado.

••*

Tener firmeza de carácter; es haber probado el
efecto que hs demás producen sobre uno mismo;..
por consiguiente, necesitamos de los demás.
8TENDHAL.

•**
Como los individuos, las
EL DANTE EN MEXICO.--Castlgo de desaseados..

naciones tienen sus ane•
mias.

HILD.,~ •-Novela por Gauaara ae °0ind.-Núm. 2.
•••-·◄•&gt;--~"--~¡¡;CI~.Cambiamos todavía unas pocas de banalidades; se pu'BO á. examinar con mucho interés nuestras telas, y en seguida, declarando que no quería ser importuna por más
tiempo, se despidió de nosotros y desapareció.
-Vaya una pe1'80na amabilísima, y que no peca precisamente por el lado de la timidez, dije con sequedad á
Raoul. Ya DO me extrafia que la tarde que pasaste con
ella en el castillo, te haya parecido tan llena de encanto.
Sin embargo, yo habría preferido que esa hada de río 6
esa diosa de los rosale1i11 según como le convenga apelli~

darse, hubieee tenido una poca de 1a reticencia que enga•
lana, según dicen, sus modeloe, y que fuese no poco
menos sociable. Hénos aqui con una invitación que tiene
aires de una orden. No parece sino que n&lt;;&gt; puede uno
pi1mr la yerba de este valle sin irle á pedir permiso á esa
eeilorita.
-Padre mío, eres un ingrato, me contestó con aire
sombrío. Mlle. de Ha.mmarhielm ha tenido contigo uha
amabilidad del todo singul!\J'. Hay por allí muchos que
se tendrían por felices si tan seductora peraona les mos-

trase tanto int.erés. ¡Ni siquiera te has fijado en que t,e
mostraba tantas atenciones, que apenas si tuvo una mirada para mí.
Creo realmente que el pobre muchacho estaba celoso.
Este descubrimiento me preocupó porque no hacía
más que confirmar y aumentar mis recelos.
-Ella tieue sencillamente el deseo de aprovecharse de
mí para aprender á pintar; pero si está. en la creencia de
que voy á. divertirme dándole lecciones, se equivoca,
contesté con gesto enfadado. Bien veo que estaré obli~

�EL MUNDO

una expreEión más seria, como deben provocarlas la evogado á hacerle una visita, puesto que ella nos pone la
cación de un recuerdo de duelo en toda persona bien
pistola en el pecho; pero después...... si ella se imagina
educada. Sin embargo, como apenas tenía yo dos años
que me volverá á ver con frecuencia! ..... .
cuando sucedió esta desgracia, no puedo decir que el asAmbos fuimos al día siguiente.
pecto de la Caldera evoque en mi alma ningún penoso
M:e sorprendí al ver en la~ telas y bocetos que Hilda
recuerdo. Al contrario, me he acostumbrado á considede Hammarhlielm me ensefió, un verdadero talento, por
rarlo más bien como una especie de monumento fúnebre
más que pecaran en general. por el defecto de casi todos
erigido á la memori.\ de mi madre, que como el instmlos l)rincipiantes ó aficionados, la falta de acabamiento,
mento de su muerte.
y ciertas imperfecciones de dibnjo.
-¿Y desde la imprudencia que costó la vida á la baroBajamos después á la orilla del río, porque yo tenía
nesa, dije, na·lie ha tenido la temeridad de intentar pect1riosidad de ver la Caldera p'&gt;r aq11el lado. Yeiásele
más de cerca, sedestcaaba m~jor en un horizonte miis cla- netrar al escollo?
Ella desvió la cabeza con una imperceptible sonrisa.
ro, y tenía algo de más grandioso y de más característi-¡Qné interesante sería conocer á fondo y con todos
co. !mediatamente form~ el proyecto de hacer los estudios necesarios para mi cuadro principal de aquella re- sus detalles la historia de este escollo! dijo ella, aparen gión. El taburete de b, hada se presentaba á descubierto hondo no haber oido mi pregunta. E~ indud.lble que esy, si se hubiese p')ilido C')!OCC\r allí un modelo ó un ma- t:i íntimamente ligada á la de este castillo. ¡C11ántos dranequ(, la leyenda habría p,)dido reproducirse en la tela, mas horrioles han de haber pasado allí! Usted ha de saber qne en otra época había un eubterr.ineo qne lo unía
por decirlo as(, d; apr~ Mture.
Pareoe que la eefiorita Hilda, que estaba á mi lado; adi- con los calabozos y que partía de los cimientos mis•
vinó mis pennmientos, porq11e repentinamente me dijo: mos de la mansión. ¡Imagínese usted cuántos sinies-¿Usted necesitar.1 su had.\ allí, eentada en su ta· tros Barba·Azul de la Edad Media, de los que hacían desaparecer á sus mujeres unas después de otras, ó cuánto
btirete, verdad?
-Esto facilital'Ía mucho lM cosas, contesté; sin em- galán trovador de los que arriesgaban sns días para com·
bargo, no e; enteramente indispensable; más tarde puedo placerá la hermo$&amp;, yendo quizás por indicación de la
a~regaTla hada, en mitallf,r: lo esencial es representar cruel castellana, á cantarle un lied de amor en el tabure.
bien este espectáculo único y el paisaje qn · lo rodea. te de la badal...... ¡Yo tengo adoración por aquellos tiem¿Querría usted permitirnos, sei'iorita, que viniésemos por pos heroicos! ¡cuánto desearía haber vivido entonces!
-Démos gracias á Dios de que os hizo nacer en un sia.1uí una série de mafian.as? Usted eabe que casi no es
glo
menos romancesco, seiiorita, interrumpí, para cortar
posible trabajar en el mismo sitio m.í.s de una hora seesa
retahila de frases sentimentales y necias que yo de•
guida, á causa del cambio -le los efectos de la luz.
testo
y que me sorprendía escuchar en aquellos labios.
-Yalocreoquesí, sefior, vengan ustedes tantas ve•
Yo no pongo en duda que ueted hubiese enviado á la
ces cuantas quieran. Hucho guito tendré en verlo á usted trabajar, y espero que me permitirá que lo vea mane- muerte docenas de trovadores, y que el lago Boren hu·
jando el pincel y mezclando los colore~, cOl!a qne será biese exhalado torrentes de harmonía al recibir y al fromuy ventajosa para mi. ¿El caballero Riul vendr.í. tam- tar contra sus rosales tocias las guzlas que la Caldera
.bién ó preferirá continuar sus estudios por el otro lado hubiese devuelto sin echarlas demasiado á perder.
-Mi señor burlón, dijo ella riendo con toda gana, ten·
del río?
-Si usted lo permite, sefiorita, dijo Raul ruborizán· ga usted entendido que es usted un oso y un excépt.ico,
lo que sólo ee excusable en los arList.as de su reputación
dose un poquillo, acompanaré á mi padre. Como he vey mérito, que por sus ol)ras manifiestan que son idealis•
nido para trabajar bajo su dirección, tenemos la costumtas entusiastas, al mismo tiempo que aparentan sefialarbre de estar siempre juntos.
se como tarea el protestar constantemente, con sus pala-¿Cómo es posible, sellorita, le dije en seguida, para
bras crudas y hasta cimcae, contra su temperamento arisllevarla pooo á poco al capítulo de la mieteriosa Caldera,
tocrático y las tendencias elevadas de su conciencia.
que se halla dejado subsistir un escollo tan peligroso,
que aegún se dice, ha cau•ado m ís de un accidente, cuanIII
do sería tan facil por medio de algunos cartuchos de
dinamita hacerlo desaparecer? No alcanzo á creer que
Así, puéP, volvimos ai castillo al día eiguiente, y vimos
laJ autoridades lo conserven eimplemen te por amor
otra vez á Mlle. Hammarhielm, y en la tarde cuando tuá lo pintoresco y por respet() á una novela romancesca.
-Desde luego, sellor, contest,S ella, le haré á usted no- vimos que ir á pescar cangrejos con ella en el río, y aif
tar que las autoridades nada tienen que ver en esto. El sucesivamente, y día á día por espacio de semanas ene~collo está en propiedades de mi padre y nadie tendría teras.
A menudo, no pudiendo decidir á Raul á que renunderecho á quitarlo, supuest&lt;&gt; q11e no es un obstáculo 2ituado en una vía de navegaci 'm pública. Soy Ein embar· ciase siquiera por un día á aquella sociedad, hice rancho
g&gt; de la opinión de usted, la Caldera está como un perro aparte, y, creyendo haber dado con un sitio solitario en
r.i.bioso y encadenado en Dlleitr.&gt;s dominios. Y no basta donde poder trabajar á solas, lo dejaba que fuera á incorp:uaaeguridad del públlco, que se sepa que debe evitarse porarse con Hilda. Pero era muy raro que al cabo de un
sa proximidad, porque m:1y ·p Hible es que con él se instante no los viese llegar á ambos á mi retiro.
Me daba cuenta perfecta de que lo que yo había prechocase por casualidad. Por otra parte, pueden venir algunos extranjeros que ignor,m estai particularidades; por vi~to y recelado para mi pobre Raoul había sucedido, y
lo que creo que el escollo ,fobia d~Hparecer. Sin embar- que él estaba profundamente enamorado de la joven, y
g,.,, un día que hablé á mi p \ lre, proponiéndole que ca- aun me había yo visto tentado á abandonar aquellos luvase una mina debajo de la C.11 lera para hacerlo saltar y gares, y substraer á mi hijo, por medio de la fuga, á las
desembarazar de una vez por liO• lai el rio, se mostró sin- consecuencias de un amor que, según eran mis creencias,
gt1larmente opuesto al proyecto. 0&lt;' esto tuve que inferir no podía tener otro término que una cruel decepción paque tenía particular cari ñ l .i e~t~ f~niSmeno de la natu. ra el muchacho.
r.ileza que la casualidad tnv•&gt; ,t bien poner en sus propieSin embargo, la joven había hecho tantos progresos en
dades. Ya usted sabe que á la ed.1 l que él tiene se arrai- mi estimación, se mostraba tan modesta, tan natural, tan
ga uno á lo que posee, no se amlln los cambios y se tiene franca y de tan buena índole, que era imposible dejar de
un re,peto innato por las tr, li..ii,mes, aun cuando confi- amarla, aun haciendo abstracción de su belleza y de su
nen con la leyenda. Estab.\ 1n·1y agitado y observé que gracia, si esto hubiese sido posible. Así pues, había yo
no se calmaba sino cuan-1, le ofrec1 que ·nunca volveria llegado á preguntarme si no era posible dejar que lascoá hablar del asunto.
sas siguieran su curso natural, con la secreta esperanza
Ella hablaba con wno tranqniln y jnicioso, sin el me- de que ella acabaría por corresponder á su carifio; pornor embarazo y sin qne nada en su voz ó en su mirada que, en mi fatuidad de padre, me parecía aveces imposipndiese traicionar la agitación qne involuntariamente ble q~e la joven no llegara á compartir los sentimientos
de Raul.
1&lt;-:1iau que 1Jr.&gt;ducir los penosos recuerdos. De esto deduje que ella ignordba completamente las terribles sosDe8graciadamente, y eeto con alguna frecuencia, el
pechas que sobre su padre pesaban.
amor que exige el concurso de dos seres, dice un refr-.ín
- Es indudable que usteu Pabe que mi madre perdió de un cruel realismo, quiere que uno de ellos ame, mienla vida en estos pfrfidus torbellinos, continuó ella, to- tras que el otro se deja amar. En este caso particular,
mando su voz una inflexión mas grave y su fisonomía evidentemente Raul conjugaba el verbo activo y Hilda

DOMINGO

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DE FEBRERO DE 1897

el verbo pasivo. Lo que más m~ impacientaba era el verque, realidad ó ·afectación, ella aparentaba ignorar porcompleto los sentimientos que inspiraba.
Yo, sin embargo, no me atrevía á inducir á Raul á..
que se declarara; había algo en aquellos hermosos ojos¡
de matiz indefinible, que yo no comprendía y que me ponía inquieto. Sin embargo, yo esperaba siempre; Raoul,
que se parecía á su madre, era un hermosísimo muchacho; era joven y de índole excelente, aunqne un pocoblando de temperamento. Por último, no tenía ningún
concurrente. «Preciso sería, me decía á mí mismo, que
esa joven tuviese un cor.izón singularmente duro y frío
para que al fin y al cabo no se dejase impresionar.,,
Trabajábamos ora casi todo el día juntos, ora en un
paraje, ora en otro. En la noche, conveníamos en el lugar en donde nos encontraríamos al día siguiente en la.
maflana y en el sitio al que consagraríamos nuestros estudios. Si llegábamos los primeros, Raul y yo á la cita,
Ililda, seguida del criaJo que llevaba sus aperos de artista, uo tardaba nunca mucho en aparecer. Ella iba ha·
ciendo notables progr&lt;'BOB bajo mi dirección y se mostraba discípula aplicadJ, inteligente y llena de talento.
El estudio de la Qlldera, que yo había principiado desde la orilla del castillo, había tenido sus interrupciones,
y las sesiones que yo le había cousagrado no habían sidomuy seguida!!, porqu~varias mallanas las ocupamos en
otras coeal!. Por último, convenimos un día en volver á
aquellos sitios para seguir ese estudio y terminarlo.
Habíamos llegado y nos disponíamos á instalar nuestros caballetes, Raul y yo, cuando vimos á Hilda quellegaba sola y con las manos vacías.
Ella explicó que no se encontraba en esa maliana con
ganas de pintar, y que prefería vernos trabajar.
Se sentó un rato á rui espalda, sobre la yerba, con sti
sombrero en la mano, y parecía absorta en verme trabajar. Derreperite, seflalando con la punta de sn sombrilla..
el Taburete de la hada, al qne yo estaba dando algunas.
pinceladas complementarias, me dijo:
-¿Qué, no podría yo servir á usted de modelo para la
hada que desea poner sobre esa roca?
-¡ Yaya, si nól Esa es nna excelente idea, contesté. Sería usted una hada encantadora, quizás un poco moderna, pero tanto más interesante culinto que ~ destacaría..
por el contraste con un paisaje eevero y · accidentado..
¿Pero tendr,I. usted paciencia para conservllr una misma.
postura? Vamos :i escoger una piedra ó un11 roca, lo más.
semejante que sea posible con el asiento de la bada, y en
la cual pueda usted instalarse con toda comodidad. Por
otra parte, la postura no tiene para qué ser cansada, ybasta puede adoptarse cualquiera. U na bada sentada con,
naturalidad y cierto abandono, eso es toJo lo que yo exigiré, ¿Se siente usted con fuerzas para imponer esa violencia á su vivacidad natural, sellorita Hilda?
-Ya se ve que sí, ei ueted lo desea, contestó ella.
Al cabo de algunos minutos se levantó, y, dejando su
sombrilla y su sombrero en el suelo, se dirigió á su barquita azul. Se embarcó y ee puio á bogar con aire negligente é irresoluto.
Tan amenudo la habíamos visLO proceder de aquella
manera, tan acostumbrados estábamos á verla atravesar·
el río costeando el escollo, ó remontar su corriente, Ó ·
bien bajar con ella, que ni Raul ni yo teníamos la menor·
sospecha de lo que pasaba en aquella preciosa cabeza, in-•
ya cabellera ondulada era agitada por la brisa.
De súbito mi hijo, que la devoraba con los ojos, se le-vantó precipitadamente, llevósti las manos á las sienes
con ademán de espanto, y gritó con ronca voz:
•·
-¡Padre mío ...... está abordado el escollo!
lle levanté de un salto.
En lugar de seguir al contorno del arrecife, según lo •
acostumbraba, ella acababa de dirigir la proa de su embarcación contra la primera línea de los rompientes.......
Vímosla que daba dos ó tres vigorosos gol pes de remo que elevaron la embarcación á la mitad de aquella línea, en,.
seguida ella se levantó, tomó uno de los remos con las dos
manos Y lo apoy!) contra una punta de roca que venía á
estar detrás de su bajel.
La yole se alzó de a ielante para atrás, como un caballo
que se encabrita y desapareció por un segundo á nue3tra
vista, con la intrépida joven, detrás de una peña.
Un instante después, trepaba ella al Taburete de la hada agitando su pañuelo.
Aunque al alcance de la voz, el rumor del agua no ha- ,

DOMINGO

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DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

1

-=---=-~ ~===-=-=--- =======-~-~~ ·- - ~. ~== = = ============ ======-==~~4=3~=

bría permitido que nos comunicáramos; así pués, era inú· de Raul. ¿Pero qué cosa y de qué manera? Yo sentía muy vía á donde todo la impele, la felicidad de otro y la suya.
bien que si hubiese pertenecido al sexo que se recrea en propia, paréce, á guisa de formidable arco á la entrada.
ti! tratar de entendernos por medio de la palabra.
El tiempo que había corrid0 entre el inetante en que este género de intrigas, habría cogido hábilmente la pe· del camino que la conduciría á la ventura, resistir riényo la había visto allí, al lado mío, y aquél en que acaba- lota al vuelo, para hacerle comprender cuanto la amaba dose á todo lo que uno puede hacer para inducirla. Y
ba de verlo aparecer sobre aquella roca maldita era tan él y qué excelente marido se1ía para ella. Por desgracia basta parece que, presa súbitamente de ese deseo inetinti•el tiempo urgía y el joven al incorporarse con nosotros, vo de seducción que existe n:iás ó menos en todas las muje-corto que me pareció estar soñando.
Aquel capricho audaz me heló de terror. ¡Si por lo me- me obligaba á aplazar para mejor ocasión mis proyectos res y las inclina con frecuencia á ejercer.el poder de sus en•·
cantos precisamente sobre los seres más refractarios, panos estuviese ahora fuera de riesgo! pero todavía faltaba de intermediario en operaciones matrimoniales.
rece, me decía á mí mismo, que esta joven, cuyo car.icter
la vuelta, y la salida de la Caldera presentaba exactamen-¿Y es la primera vez que usted lleva á cabo esta hasencillo, recto y digno me era tan amable, quiere repente el.mismo peligro que la entrada. Y qué podíamos hazaña? le preguntamos los dos.
tinamente ensayar en m( el poder de la coquetería. ¿Secer nosotros para auxiliarla? No teníamos á nuestra dis-Nó, contestó ella, ya lo he hecho dos veces, sin que
ría posible que ella quisiese, al ver que los sentimientos
posición ninguna bares, y, aun cuando la hubiéramos te·
mi padre lo haya sabido, se entiende, porque nunca me
que me había inspirado no eran más que los de un carinido ¿de qué nos habría servido?
perdonaría esta imprudencia, si llegara á saberla. Por lo
fio paternal, y con el ahinco súbito y culpable de camRaul estaba lívido; iba y venía por la ribera gj!sticudemás, se ha exagerado mucho la dificultad de penetrar
biar su índole, inaugurar una nueva y odiosa táctica y
lando como un loco.
en la Caldera; se trata únicamente de saber en qué
tratar de hacerme creer que á mí es á quien ama? Debía
Entretanto la joven acababa de sentarse en el Taburemomento preciso hay que levantarse y empujar la canoa
conocerme lo bastante ahora para saber cuán inútiÍ sería
"te de la hada y comprendí al verle que permanecía ente•
hacia adelante manteniéndose uno de pie hacia atrae, una tentativa semejante, aún cuando mi carillo á Raul
ramente inmovil, en una actitud graciosa á la vez que na:
porque el paso por este paraje es demasiado estrecho no me la hubiese hecho odiosa.
tura!, que ella había llevado á cabo aquel totir deforce
para que puedan emplearse los remos horizontalmente.
Así me hablaba la voz del amor paternal, que yo calipara colocarse como modelo, y que no abandonaría aquel
Así escomo se salva el punto crítico, y esto lo ensena la ficaba de razón y que procuraba darle toda mi atención.
sitio maldecido hasta que yo le hiciese sellas de que ha·
tradición, y la noción se trasmite del uno al otro como Pero al lado de ella escuchaba otra voz mucho más incobía terminado mi boceto.
un secreto. Es también preciso saber que no hay más herente, pero que evocaba dentro de mí una !rensación
Así, pues, volví á tomar mi paleta y mis pinceles, y me
que un sólo punto en la roca en donde la punta del remo
puse á satisfacerla, con el corazón tort.urado por la antan agradablt: y tan dulce que me subía del corazón cose fije sin resbalar; si no · se toca ese punto, es uno mo embriagadoras bocanadas de júbilo supremo.
gustia, imaginándome que esa sería quizás la última vez
Estábamos entonces en la primera quincena de Julio.
que yo la contemplaba viva, y figurándome la desespera- perdido!
-No ví que se quedara usted contemplando la límpi- El veranó estaba en eu plenitud, ~ las plantas se
ción de Raul si la Caldera se tragaba á su víctima.
Cerca de media hora estuve trabajando febrilmente y da corriente, le dije; &amp;in embargo, la tradición dice que abrían en la íntegra madurez de su'fl.orecencia. Las flologré hacer, á pesar de mi agitación, un estudio muy se- todavía se vé allí el bello rostro de la hada de otros tiem- .res brillaban con sus más hermosos colores y exhalaban
pos. ¿Nada tiene de tentador para usted tal espectáculo? sus más delicados perfumes; los insectos zumbaban y las
mejante á mi modelo.
Sin
emb irgo no hay que temer la comparación poniénd&lt;t · aves cantaban en el denso follaje con una unanimidad y ·
Y a había terminado, pero no me atrevía á. hacer ·una
al
lado
de aquella la imagen de la hada de nuestros día@.
un ardor que parecía demostrar la breve duración del essena, y cuando pensaba que aquello seríaquizas la muer•
-Ese
es un cumplimiento, tanto más agradable para tío escandinavo y que, aguijoneados por la naturaleza,
te de aquella hechicera doncella, mi corazón se oprimía
y las lágrimas subían á mis ojos. Me causó sorpresa des . mí cuanto que no estoy acostumbrada á recibirlos de ue- trataban de suplir la brevedad de·la vida por su mayor
cubrir de repente el lugar que ella ocupaba en mi cora- ted, sellor mentor, contestó ella sonriéndose. Por lo de- intensidad.
más, algo me debéis para que os perdone vuestra imperzón y el vacío que su muerte me dejaría.
Todos los seres que me rodeaban, vegetales, insectos ó
No sé ei ella adivinó lo que pasaba dentro de mí, pero tinencia de hace un rato.
pája~os, ~e parecían revestidos con galas de fiesta, y creía
-Y bien señorita, usted no ha contestado á mi prede repente ví que se levantaba y que desapareció detrás
yo O1r sahr del campo de trigo dorado, de la espesa yergunta:
¿cómo es que usted no ha tenido la idea de mirar
del T¡!.burete. Estaba sin duda ocupada en desatar su
ba ó del follaje de profundidades misteriosa!! como una
barco para la peligrosa vuelta. ¡Mi corazón había cesado á la fuente del hada?
multitud de acentos gozosos que se harm;nizaban en
-Porque sé muy bien lo que se vé dentro de ella, conde lafül
un coro para cantar el himno de amor á la naturaleza.
Vímoela pasar como ftecha por el pasadizo fatal, des• testó con tono seco, y, según me pareció, con un ligero
-¿Y ei realmente fueras tú el amado? murmuraba la
pués detrás de la roca...... Hundióse la proa de la yole, extremecimiento, y ningún empello tengo en volver á voz pérfida. ¿Te opondrías á tu propia ventura cuando
levantando la popa com!l en un adios á la Caldera!. ........ mirar. Pero observo, agregó ella volviéndose al caballete, viene ella misma á ofrecéraete? Si ella te ama, es porque
después y súbitamente la vimos fuera de la zona peligro· que loe temores que me lisonjeo de haberos hecho sufrir no le ama á él. ¿Por qué, pués, ese empeflo en lanzada á
sa. Un instante después, desembarcaba, un poco pálida no le han impedido á usted pintar una hada á la que me sus brazos, cuando ellacreequesu dicha está en los tuyos?
todavía, pero con una sonrisa de triunfo, aunque tuviese siento orgullosa de haber servido de modelo. Yo no que-;-Es demasiado joven para tí, decía la otra voz; no po- ·
una ligera expresion de niño que se espera lo vayan á re- ría pecar contra la modestia, pero hasta me parece que dri.a amarte por mucho tiempo, si· cedieras á este capries un retrato y de los más parecidos.
ganar.
cho, nacido del gusto por la contradicción. Ee w1a conRaul se había preciptiado á su encuentro y la ayudaba
sentida de la fortuna; quiere el fruto que no puede atraá que saliese de la barca.
VI.
par Y del que en breve se disgustaría, ei llegase á obte-¡Ahl senorita Hildal ¿cómo ha podido ueted exponer·
nerlo No cedas, no te pongas en ridículo, tú el hombre
se de este modo? empegó á decir estrechándole las maAl día siguiente, como no tenía disposiciones á la so- fuerte Y excéptico. Recuerda tu experiencia matrimonial
nos y mirándola con los ojos llenos de lágrimas, en los ciabilidad, declaré' á Raul que mi intención era dejarlo abandona est?s lugares, deja á Raoul solo con ella y tod~
que se pintaba DIUY bien la pasión para que ella pudiese ir sólo al castillo, cosa que no pareció disgustarle mucho. tomará el me¡or pase para bien de todos.
ignorarla por más tiempo.
Necesitaba estar sólo para poner una poca de calma en
Raz~nando de esta suerte, iba yo andando, un poco al
-Vamos, Raul, cálmese usted, contestó ella con un to- la agitación de mis pensamientos y para analizar algunas azar, Sln pi:eocuparme gran cosa de los sitios y de los
no que me pareció un poco seco. Como este río ha de ser sensaciones desconocidas que parecían ser la consecuen- puntos de v~sta. Había yo salido para pasearme, y, como
algún día de mi propiedad, fuerza es que lo domine.
cia del sacudimiento moral que dentro de mí había pro- no me een~1a con ganas de trabajar, no había llevado ·
llientras que él amarraba la embarcación en su lugar, . ducido el acontj:lCimiento del día anterior.
más que m1 bastón. Casi sin notarlo, no tardé en salirme
ella corrió hacia mí y, mirándome con esa singular miraSentía una secreta ira contra m( mismo y más aún con- del camiuo, y me entré por unas praderas pántanosas,
da que siempre me desorientaba, se inclinó sobre mi te• tra esa joven, cuyo verdadero carácter me aparecía más pintadas de árboles y de zarzales, que están cercanas al
la, murmurando,,al menos hasta donde pude entender: incomprensible que nunca. ¿Pertenecía ella á esa catego río en la ribera opuesta á Charlottenberg.
-¿Y bien comprende usted ahora?
Al desembocar en la pradera, divisé una modesta caría de personas cuya característica parece ser una necesiYo había tenido tiempo de sosegarme y de limpiar al- dad innata de hacer precisamente lo contrario de lo que bafia medio oculta entre los árbolee. Erase la casa habigo que me hacía ~uillas en los párpados. Mi angustia
uno querría que hiciesen, y cuyos actos parecen produci- tada en otro tiempo por el viejo Svensson, que ya había•
había desde luego cedido ante un corto instante de en- dos por un sentimiento de oposición, que flexible siempre muerto hacía muchos años y al que habrá sucedido el
ternecimi~nte y de júbilo al verla fuera de peligro, pero en apariencia, pero obstinado y terco como un resorte de arrendatario de la pesca de salmon por toda la parte que
ese corto instante de emoción había sido seguido de otro acero, no sólo opone á los buenos oficios de parientes afec- corría en las tierras del barón de Hammarhielm.
-de colera y de indignación qne duraba todavía.
Resolví inmediatamente hace~le una villita. Me lo entu.osos ó á los consejos de amigos sinceros una invencible
-Sei\orita Hilda, le dije, con gesto severo, si tu viera la fuerza de inercia, sino que parece ingeniarse en hallar contré e.n un cobertizo fuera de la casa, ocupado en orde·
honra de conocer al padre de usted, iría inmediatamente algo de contradictorio para encolerizarlos y hacerles sen- nar sus instrumentos de pesca. Me recibió con los modaá decirle ,ne su hija no se halla todavía en estado de seles corte,ree Y hospitalarios que caracterizan á los Suecos
tir hasta donde se burlan de sus buenos consejos?
p ~ de su nodriza y que, si ya se despidió á ésta y
-Est.a joven, decíame, que se halla por decirlo así so- de todas las clases de la sociedad. Era un hombre de unos
q uit-re conservar á eu heredera, es preciso que se procure
la en el mundo, sin amigos, sin parientes, sin consejeros, cuarenta años, de expresión seria y benévola. Declaró
una buena aya, una mujer de peso, cuyos ataderos de de- se da perfectamente cuenta del interés que me inspira. que rne conocía mucho de vista, porque nos había ob:1erlantal sean bastantes fnertes para que resistan las ca- Fi.nge que aprecia mis consejos, que está agradecida por vado, á Raul Y á mí, pintando ó .paseándonos con la
briolas de una IJ-ill&amp; indisciplinada é imprudente!
m1s deseos de contribuir á su dicha. Ella misma debe se~orita del Castillo. Platicamos un rato de pesca y sal- O mejor un buen marido, capaz de satisfacer las missentir que necesita de alguno que la ame y que la dirija. mon, Y este tema nos llev.'., con toda naturalidad á la Calmas condiciones que la ama de gobierno, añ.adió ella Su soledad y su juventud deberian predisponerla á con- der.i.
riéndose y mirándome de hito en hito, aunque un poco testar con ahinco á la voz del amor. 1Iuy bien sabe ella
-¿Ifa intentado usted alguna vez penetraren ella? le
ruborizada.
que mi mayor placer sería verla compartir con los senti- pregu11~ ·..
Esta r espuesta me impresionó; me ocurrió de súbito mientos de &amp;mi, sabe perfectamente que despreciándolo
-U11a ~ola ocasión, me contestó. Trabajaba yo entonque aq11ella era ocasión excelente para decir algo á favor lo haría desdichado.. Y, lejos de dejarse llevar por una ces pum t:I viejo Svensson. Aunque muy joven todavía,
0

�EL MUNDO
144

ya conocía todas las dificultades de la navegación por este río y ardia en deseos de t,entar el golpe de la Caldera,
de ir á. ver lo que había de hermoso en éea decantada
fuente de la hada. El viejo Svens!On, que gustaba mucho de charlar, sobre todo cuando había bebido, me descubrió una noche tan menudamente la maniobra para penetrar en el escollo, que resolv( hacer un ensayo al mismo día siguiente. Llevé las cosas perfectamenté¡ pero
nunca he vuelto á. hacer ese alarde, y nada ni nadie podrá decidirme á. volver allí por segunda vez.
-¿Y qué vió usted en la fuente de la hada?

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

======--==

de un cada\"er dentro de la fuente de la hada, y además
este estanque, según el dicho de los que lo habían visi•
tado era tan profundo, que no eepodfa ver el fondo. Ahora bien, como acabo de decir á ueted, el cadaver, cuando
yo Jo ví, tenía las piernas metidas entre las piedras del
fondo, el cual se distingue muy bien. Así pues todo inclina á creer que el espejo de la hada, que evidentemente era una especie de chimenea natural, comunicaba más
6 menos directamente con la bóveda 6 más bien con la
cueva en la cual terminaba el subterraneo. L'l presión
del aire producida por la explosión de la mina debió proyectar todo lo que 58 hallaba en la gruta, y eeta quedó
obstruida basta cierta altura por los escombros y fragmentos de roca, y entre los cuales el cadaver quedó apri.
sionado y detenido en la posición que acabo de describirEn cuanto á su estado de conservación por espacio de
tantos años, nada tiene de extraordinario si se considera
que estas peñas son de composición calcárea y que él
agua del estanque, constantemente renovada por las infiltraciones, está. siempre muy !ría.

-Pues yo, senor, contestó el pescador después de ,,.a,_
cilar algunos segundos, lo que allí ví me inspiró tal terror, que estuve :i punto de perder la sangre fría para salir sano y salvo del escollo. Pero supongo que usted
eslará al corriente de lo que se refiere sobre el pasado del
viejo barón, y que no es ya un misterio para nadie.
Yo le probl' en pocas palabras que no ponía excepción
á la regla.
El continuó:
Dí las gracias al pescador por su interesante relato; en
-)Ii curiosidad era grande, como puede uizted imagiseguida,
despidiéndome de él proseguí mi paseo, que me
ná.rselo¡ a3i es que, una vez que entré á la Caldera me
llevó
haete
~l punto donde se reunen el río y Boren.
apresuré á. amarrar mi barca y á subir al troio de piedra
Imposible me parecía ahora cret&gt;r que Jlilda ignorase
que Jleya el nombre de Taburete de la Hada. Me incliné
l.Lvidameure sobre la superficie límpida y sosegeda, espe- el terrible episodio que figuraba con caract.(&gt;res de sangre
rando que vería algún reflejo extrai\o ó algún juego de en la historia de la vida de su padre. Ella había visto el
la natur~J{'zn que fingiera el rostro de una mujer. ¡Retro- cadáver y no le causaba el menor asombro. ¿Era por secedí lleno de horror! Lo que en un principio tome por quedad de corazón ó por fuerza de caritcter?
No volví al hotel sino hasta en la tarde, y encontré á
un informe paquete de hilaza y por vestidos manchados
Raul solo en nuestro aposento. El pobre muchacho em·
y hechos trizas, se precisó muy pronto ante mis ojos,
dentro del agua transparente é inmóvil. Era el cadáver, pezaba á revelar los signos exteriores de la pasión que lo
6 mejor dicho Ja parte superior del cad:lver de una mu- consumia. llabiaenflnquecido y babia perdido, con el gusjer. Lo que yo había tomado por hilaza era su larga ca- to y con el interés por el trabajo, toda la alegría y el enbellera. que flotaba en desorden sobre la superficie del
agua. Los pies y las piernas desaparecían en el fondo
del estanque. La cara. ó más bien dicho lo que de ella
quedab.'l, parecía vuelta al cielo. Las carnes, aunque
blanqueadas por el tiempo y privadas de color por su
permanencia dentro del agua, cubrían aún aquella calavera cuyas órbitas, dos agujeros negros, parecían implorar piedad, mientras que un horrible «rictus&gt;) que descubría la blanca dentadura hacía un gesto de risa del que
me acordaré toda mi vida.
¡Y érai;e en semejantes cercanías, ante un espectáculo
tan repulsivo y casi tan espantoso como lo era el mugien•
te abismo que ella había tenido que atravesar, en donde
aquella joven extraordinaria se había expuesto durante
media hora para servirme de modelo!
-Evidentemente ese es el cadaver de la infortunada
víctima del barón, dije. ¿Pero como se explica usted que
haya quedado allí?
-Eso se explica muy bien, senor. Usted. sabe que el
barón, cuando supo que se habían ordenado pesquisaa
judiciales en los alrededores del castillo para saber si había ó no un subterraneo en comunicación con el arrecife,
parece que llevó en la noche una buena cantidad de p6l·
vora al subterraneo que el hizo saltar aque11a misma noche; quería impedir con la destrucción de ese túnel que
alguna vez pudieran llegar hasta el misterioso reducto
en donde probabl'emente había ocultado el cadaver de 1~
infortunada degollada por él en un momento de furiosa
locura. La explosióñ.
de aquella mina no sólo destruyó
,&gt;
la parte del sub~aneo que estaba debajo del lecho del
tj.o,. Bevandose la corriente hasta el menor vestigio, sino
qu8 debe haber producido algún cambio en la disposición de las rocas que forman la base de la Caldera. En
efecto, nunca, antes de estos sucesos se había hablado

BR01'1CE FLORENTINO

~u pelectro no es de oro:
de fierro y formidable.
~u eepfritu ño es suyo:
lo trajo un avatar.
Su acento ea el de BJrea.s.
Su afán es indomable.
Su goce es el martirio,
y es llanto au cantar.

Ama lo tenebroso,
Busca lo inexcrutable.
Quisiera por regiones

de sombras divagar.
O de encrespadós maree,
el piélago insondable
en noche sin estrel u,s
impávido surcar.
No for,a Ja áurea rima;
la endecha afeminada
que lleva los recuerdos
de amores á la amada
ó armónica difunde
en música sutil.
El es bardo guerrero,
él es robusto atleta,

tusiasmo que en otro tiempo haclan de él un excelent.&amp;
compai'l.ero.
Al verlo sentado, pálido, abatido y meditabundo, en
un sillón, con la barba en la mano y la mirada (ebril, fija
en el vacio, mi corazón se oprimió dolorosamente.
-Raul, querido hijo, dljeleofreciéndolela mano, creo
que debemos pensar tn irnos. Ya tomamos un número
suficiente de bocetos y de estudios para trabajar en el taller, y podriamos volver á. Stockholmo dentro de dos ó
tres dias. ¿A. qué fin quedarnos aqui más tiempo? Veo
muy bien que Hilda no te ha dado ningún estlmulo que
te permita abrigar la me.nor esperanza. Asl pues, prolongar nuestraestanciaaqul, sólo nos traerá.dailos, mientras que, si volvemos á la ciudad, tú tendrás trato secial,
y este trato, unido á tus habituales ocupaciones, pronte
te hará olvidar tu pena.
-Como quieras, padre mio, me contestó. Sin embargo,
concédeme aún tres dias. Como tú mismo Jo habrits notado, cada vez se patentiza más que los sentimientos de
Ililda hacia mi no son sino los de la amietad, y de diaen
din estoy perdiendo la esperanza de que cambie, aunque
á veces se me figura que, si ella supiese cuánto la amo,
esto podria tener influencia en ella y traer un cambio en
sus impresiones. Aparenta ignorarlo tan completamente,
que en ocasiones pienso ...... En una palabra, yo no quiero irme sin intentar ..... . sin haberle hablado. Deseo,
cueste lo que costare, hacerla salir de esa amabilidad altanera y fria¡ pero la misma siempre, que parece ser su
nonnade conliucta para conmigo. Quiero que ella eepa
todo, quiero averiguar por mi mismo si conoce mi amor,
6 si únicamente finge que lo ignora.

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( Omtinu.ará.)

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que quiere con el verso
que con el símil ret.a
y esuda con la estrofa
su pecho varonil.
CAnLes P10 U1mBACH

~=:--:::::;.;,J_=:--:::::;.;,J.=:-~~
Hay muchas cosas en política á las cuales ee resigna
uno sin estar convertido á ninguna de ella.a.
Thierl.

El peor efecto de nuestra.a enfermedades morales es el
de quitarnos los deseos de curarnos.

G. M. Valtour.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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