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Guillermo Priet.:-. i· el i ael actual.
cnc:rotografia de Torre:. hcrma llOl!I.)

fYé ,u1c ;u u estro] urticulo_ c~1torJnl.)

,

•

•

•

,

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO ~E 0897

"EL ldVNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
ll.ÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Relia.cción, debe eer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes 8pindota.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ~r dirigida al
Gerente, Lle. Fausto noguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $_1.25 centavos al
mes, y ee cobra -por trimestes adelantados.
NúmeroP. eueltfl!&gt;. 50 centavoez.
Avisos: á razón de $30 plana por cada· publicación.

aquí, dada la tendencia de los espíritui:, no gozan de
crédito.
De aquí dependne en la m:1yor parte 1le los e-a~•)!!,
esos arrebatos explotados por la p,dri11ta11t reinn•1t.e
en españoles y mexicanos, puedan ftlciltaente U~¡¡;e11lr.1r
en un conflicto que todos lamentaríamos.
Nunca como ahora se hace indispensable una gran dü-

eis de sangre fría.
En vista. del estado de ánimos, debe hacerse el e.'1Crifi cio de obtener halagadoras victorias tras i~ empeñadas
polémicas. En este asunto la razón 1a tendrá e.iempre el
más correcto.

Todo pa110 debe acr "precisamente adelanUdo.
Ri:GJSTRAOO COXO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLA.~E.

l{(tttts

ti\itorittlt;.

&lt;!5nilltrmo ll)rido.

gantes~a entre enrontradas concupiscencias y contrariasdoctrimH', el co111batt-- 8angriento entre fuerzas y activid:11h•~ po,l,•ro!la!I que parecían irreconciliables ti.perpetuidad; lio~, la nniúu Je todos loe ciudadanos y la liga pa~
c.fiea Je lus eleml'..!ntO!~ más disímbolos, para acatar la autorid:1J supr~m:i, y prestarlJ. cada cual su contingente.
unos aceierando y otros retardando la m:ucha resuelta.
en loe comicios, pero cada cual en su puesto en el admirable mecanismo del complicado aparato gubernamental.
Ayer la pasiün y el prt'juicio, el odio y el rencor, empw.jados A podero~3 lucha y ocasionados á choques espanto¡;os; hoy ln calma tranquila, la fría serenidad rindiendo
pleito homenaje al elegido del pueblo, sometiéndose de
grado ú. la voluntad, mnnifiesta entre relámpagos y true•
nos en la hermos:1 tempeF-tad de los c'omicioe.
¡Puebb viril y grande el que así combate con energía.
republicana, y esgrime todas las armas de su vital c,mstitncióL1 plutocr.'itica en los días de discusi611, en las ho•
ras del sufragio, para eeguir después, sin asomo de domédtica~ rencillas, sin resabios de las pasadas luchas,
majestu\JSO y altivo en el c.lesa.rrollo interminable de su
soberana grandeza!

•*•

Acaba de apartarse de nuestro lado una de la~ figuras
Y no esperemos que la. a,¡lwinistraci.ón que hoy se ina.u•
n:~ui¡,z genuinamente oacionale1,i, una personalidad distingur,\ cumpla en t,xlas sus partee el programa de la Conguida c¡ue viene il compendiar el caráctor, el espíritu, el
vención S.1cional Rtpublicann, dictado en las horas de
modo de ser de toda "una ~poca. Con Gnillermo Prieto
exitaci:m política, cuando los cerebros caldeados al rQjo
desaparece, en efecto, un pedazo de vida naciona 1, de
en la. anitn ,d.i discusión. trataban de deslumbrar
esa vidaque, con sus vicios y sus virtudes, sus triztezas y
con la. pompa de sus declaraciones.
sus glorias, sus entusiasmos y sus depresiones, ha aniCon una prndenC'ia. aEtuta, el candidato elegi&lt;lo que_hoy
mado y resumido la típica leyenda patria.
se coloca en la primera magistratura de la gran nación
¿Quíén no conoce en la Repll blica la historia de esta
americana, aceptó el puesto que ee le ofrecía, pero nunexistencia? ¿Quién ignora loe títulos que amparaban á.
ca se comprometió explícitamente á. seguir al pie de la
Guillermo Prieto para ocupar un logar predilecto en el
letra las decisiones lanza.das en el calor de la refriega por
corazón de loe mexicanos? Rodeaba al ilustre anciano
los convencionales de Chicago. Conocidos como enm sus
una como aureola formada por la gratit.ud y el carino po·
ideales políticos, reputado ya ante la nación entera como
pular. Iba él de este modo protegido, á semejanza del
el paladín de un programa emine11.temente econ~m1ico,
héroe de Horacio, por una triple coraza. de afectos, que
basado en laR consideraciones del proteccionismo más radical, quiso lle Kiuley que así lo aceptaran. Y ai,;í, sin
la muerte ha, por fin, hecho pedazos.
Los hombres que sobreviven á eu tiempo y logran
sin compromisos previos, sin recibir condieoneA de nadie,
conser\"arintact.a y de una sola pieza su personalidad, es
sin escuchar insinuaciones de ninguno, sin
proque poseen dotes superiores. Guillermo Prieto, en quien
mesas es como ha ascendido al poder.
se traslucía un iigero dejo de amargura hacia las nuevas
Esto no significa qne su adminiet.ración vaya á. camigeneraciones, supo, sin embargo, darJas la mano y forti nar sin rumbo fijo. Si alguien se deja penetrar fácilmen•
Ge neral Gu a d alu p e L6 p ez,
ficarlas. ¿'Qué importaba que la~ idea, hubieran sufrido
te en sus planee y propósitos, es sin duda el célebree8taJefe d e la s ~ Zon a Milita r. ten Gu a d alaja ra el
actual.
una transformación completa, cuando la conciencia nadista de Ohio.
cional había tendido un puente entre el porvenir y el
No seguirá la política agresiva que en las relaciones con
palado, entre la realidad y la esperanza?
las potencias extl"'.-\njcras le aconsejaban los republicanos
De aqne1lossoftadores entusiastas, de aqoellos espíride la Con\'t;&gt;nciú11; probablemente, desatendiendo á la&amp;
tus apasionados, de aquellas alr;nas desbordantes de iiea• RESU MEN. -Mc Kin ley en e l pod er.- La exalt a c 16 n de
ardientes i;imp,1ti,1s que han manifestado loe partidarios
ayer y la p a c ifica c oncord ia d e h oy. -EI p r o1rama
les, somos hijos nosotroe. A elloe lee corresponde un pri·
que lo eligieron, y eiu fijarse platónicamente en la tremenrepubli can o d ' Ch icaco y la n uevaadmlnlatrac l6n .
-La doctrina d e Mon ro e y el protecc ionismo. mer puesto en la historia de nuestra jovea. nacionalidad;
d1\ lucha que ha.::e dos ai)os Eacude con eetremecimientosPaz de nom bre y c u crra de tarifaa.-EI p o rveni r de
para elloS ee toda la gloria y todos los honores. Hombre3
Ue volc,í.n los C.'\mpos antillanos, no ha de tender la. maMCxi co.
de lucha y hombres de emoci6n 1 sirvieron á s11 ca•1s:\
no i'L los tenaces insurrectos de Cuba¡ vera con gran ea•
c9n· la espada y con la lira, con el lamento de .Job y 1a
tieiacciün
qu~el trat.ado de arbitraje permanente con In·
Si con profundo interés Bf'guimos el ano paeado los moimprecación de Isaíae, con la serenidad del martir y la
vimientos de la poHtica americana, preparJndose á. deter- glaterrJ. ponga á los Estados Unidos al abrigo de formi energía del guerrero.
minar por el ejercicio del sufnigio, el más eolemne de lL,8 dable choqu~ entre &lt;los poderoea.s naciones; dejará en el
A. este heróico grupo perteneció Prieto, y más que nin·
olvido, ó porlo menos no irá. á.desenterrar del poh·o deactos en los pueblos democráticos, disponi~ndose á fü,fi
guno otro contribuyó á. e!parcir el credo de la democra·
nir por medio de las urnas electorales la marcha admi- los ar.:hi vos para renovarla: la debatida doctrina )fon roe,
cia, disponiendo de eee aparato laminoeo y -vibrante que
nistrativa en el nuevo periodo presidencial que hoy tan sujeta á. provocar conflictos como ocasionada á des•
le ponía en comunicación con la conciencia popular: su
pertar envidias y rencores¡ no pretenderá., como lo !:!vlla•
se inaugura; si nos fijamos con singular atención en el
poesía naéional,.eedesbordante deentnsiaemo, ingenua y rumbo que tomaban los partidos, las fuerzas que desple· ban sus defensores, que la Unión americana ee entrome·
burlona, haciendo del chiste una epopeya y convirtiendo
gaban y los programas que discutían, y vimos cuidadosa- ta en la politica europea, favoreciéndo armenio8 perse·
cada harapo en un pabellón de victoria; poesía que sale
mente cómo se iba formando la pública opinión en el guidos 6 amparando cretenses insurrectos, exponi¿udosede lo hondo de esepu~blo, que ee mira en ella como los club, en el meeting y en las grandes convenciones nacioJ· á dificult.ades que lo aparten de sus propósitos.
Pero si en su p'Jlitica extranjera activa dejad fatis{eastros en la móvil onda de los lagos.
nales, á favor de las fuerzas vivas y de las clases direc·
Guillermo Prieto vivirá eternamente en la memoria de
chas
las aspiracionl!s pacifi:.!as Je la nación, es segur\\, es
toras de la nación, á impulso de los grandes intereses
los mexiéano!: su nombre será conservado como una reindudable
qu~ inaugurar.í. una guerra, mis_íormiJable
puestos en juego, del poderoso ahento democrático que
liquia legada por la Libertad á. las nuevas generacíon es agitó todos los espíritus y despertó las latentes energías quizá. que la que s~ hace al resplandor fatídico de 101:1 disnacionales. ¡Hagamos un alto ao1emne en el b~rJ~ d~ esparos y al ei,truentl•&gt; ruidoso de los callones: la guerra depolíticae de un pueblo que vive sólo de su riqueza y su
te amado !!epulcro!
trabajo, ajeno en general á. los ensuefiee herma.sos y be- las tarifas, c,.mtr&lt;\ todo aquel que se quiera oponer á las
llas utopías que seducen á otros: no debemos, aho- ~xigencias de un pu:-blo compuesto de setent!t. millone.3
ra que comenzad á poneti!e en práctica el resulta- de estómagos aco&amp;tutnbrados á. uo.a substanciosa y nutriti ·
do de esa agitación, dejar de del.licar uno mirada á. la ad- va alimentaciúu.
Esa será. la poíllica republiC'ana que ha de conmover i1.
ministración republicana que hoy ·e ntra .i funcionar bajo
En estos días y con motivo de un hecho desagradable
la vieja Europa..
la dirección del célebrd campt..'t'.111 dd proteccionismo,
ocurrido en Puebla1 y en el que intervinieron unos súb ·
AfortunaJa1nente para )I~•xico, su admirable situaci..':,n
·wmiam
E.
)fo
Kinley.
rl i l,o!I ri~ Es pafia, ha tratado la prensa diaria de los elemen•
lo
pone al a:npan.&gt; Je csas_conmociones. y lejos de temer
••
tos que cons\itnyen la base de las relaciones entre mexiLo primero que d-:isde luego llama nuestra atenci.Jn y
por su creciente bienestar, mira confiado esos uuerns de·
caei nos asombra, á. nosotros inquietos latino@ acoi;tum- rroteros, que 1í. hl postre nos ponen en condiciones de concanos y españolee.
bmQos á escuchar m,is las Eugestiones de la paeióu, .i. aten- tinuar sin zozobras nuestro progreso iniciado ya con firLa colonia española representa una p1r~ irnp'lrtante
en la explotación de la.riqueza na~iooal y por ~'.I a~li~·iUad der más las insinuaciones seUuctoras dd partido, es yer mez~, al abrigo rni:!mo du ese proteccionismo americano ..
la absoluta sumisión de todo un pueblo tí. las: decisior:es
y sus energías ha sabilo collqui,;tart.e un:\ po::ici:m q:1e
X.X. X.
eancionadas
de las mayorías. Ayt!r la agitación en masa,
la enaltece. Hay, es Yerdad, entre aliuno3 de sus miero•
4
de
llirzo
de
!S:li.
el choque formidable de ir.U.-re&amp;-e opucetm=, l:l lucha gi •
bro~, re~t'ls de idea~, qne si tienen razón en Sll patria,

"ªºªª

11'0Htica QiJtneral.

Qfa;µañolts lJ 11trrirntt1J!i.

coqueteado para saber coquetear, y ei ha sido esposa fiel
y leal ni conocerá ni podrá. interpretar los arrebatos, los
terrores, los remordimientos del amor desleal. Con meAnimado debate se sostiene en estos días en la prensa
nos razón aún podrá. llenar su delicada misión si han aniparisiense, respecto á la delicada cuestión de saber si la pudado en su corazón ]as blancas palomas de h:s virtudes
reza y la inocencia son compatibles con la profesión de
femeninas y no las víboras de las malas pasione.-11. Cuanartista dramá.tica. No versa la discusión so!.:&gt;re loe pelido una mujer no ha hecho otra cosa qne suspirar y songros que corre entre bastidores la virtud femenina, ni soreír, cuando no ha sof\ado más sueños que los de Graciebre las tentaciones que dimanan de la ficción del amor,
la, ni experimentado otros anhelos que los de Oíelia, ni
del remedo de la galantería de las caricias y frases ardienentrevisto otros horizontes que loe del velo sobre el altar,
tes en el escenario y del trato de los Don Juan y de los
le están vedadas las frivolidades de Frou•Frou, las pasioLovelace fuera del teatro. Tampoco está á. diecrisión si es
nes de Lucrecia y las venganzas de la Tol!ca;eetá fuera de
ó no una neceeidad para la actriz el recurrir á la galantecuadro en el teatro moderno y1 madura para fundar un
ría para bastará las cuantiosas exigencias del desenfrehogar honrado, fecundo y feliz 1 está tierna y verde aún
nado lujo de trajee, joyas y atavfos que impoqe la escena
para fundar nna escuela dramá.t.ica 6 interpretar no permoderna, que imperiosamente exige el público, y que no
sonaje del teatro actual. Pero que esa mujer llegue :í. vibastan ti. cubrir los honorarios, por suntuosoe que sean,
vir, que engafie al marido, que se escape del tibio hogar
de que se goza en la privilegiada profesión. Sobre estas
para cenar en alegre compafiía; que su amante mate en
materias hay estudios serios, y Alejandro Dumáa, hijo,
duelo al marido, que la justicia le arrebate á. sus hijos 1
pronunció la última y siniestra palabra levantando el oroque escale el calvario de todos los dolores y baje á. la lepel que cubría la úlcera. Que él con la 11Dama de las Ca•
trina de todas las degradaciones, y entonces, y sólo e.-nnieliBkl," había contribuido á gangrenar.
tonces ser1í. artista, podrá. pisa'r con aplomo el escenario,
La cuestión palpitante y actual es diferente 1 m:is prohabrá en ella materia prima para representar los per·
funda y menos circunstancial Que las otras y de cuya sosonajea; con el vicio habrán llegado hasta su espíritu la
luc16n está pendiente el público
¿La pureza y la
luz, y hasta su corazón el fuego del genio y Sardou y Zoinocencia de la actriz, pueden permitirle la expresión
la é Ibeen habrán encontrado la intérprete ideal de sus
perf~ta y completa de las pasiones, de las tempestades,
El teatro contemporaneo•*•
ya es otra cosa .. C.:,mo todo el obras y la representación viva, palpitante y sincera de
de loe ímpetus qne el drama moderno pone continuamen- arte de nuestros días, como la pintura, la escultura, la litesus personajes.
te en acción? ¿Ee poeible la interpretación en el teatro
ratura y hasta la música1 propende á la imitación de lo real.
Así como ant.iguamente se fingían en cartón los leones
de las inquietudes de la mujer adúltera, t ipo favorito del Aboca eu objetivo fotográfico sobre los hombre&lt;i, lascoy panter.i.s del Circo Romano, cuando las necesidades del
drama contemporáneo; de las volubilidades de la coqueta, sas y los sucesos, y saca clichés sorprendentes de exacti•
teatro imponían su presentación al público, y hoy se al•
de los éxtasis y transportes de la mujer e:namorad.a, cuan- tud, impregnados de \"ida efectiva, palpitantes de emoquila.o las fieras reales y efectivas del Jardín de Planta!!;
do se tienen la conciencia limpia y el alma inmaculada,
ción verdadera. Ya. no .~n mufiecas descarnada'3, ni ma. así el mezquino teatro antiguo llevaba á las virgeúes á re•
cuando no se conoce del amor sino la apariencia, y cuando
nequies automáticos loe que desfilan sobre el escenario,
pret'entar prostitutas, y ya es tiempo de que esa conven ·
~e es tan sólo un teórico de la mú intensa de las pasio- son hombrea reales y verdaderos con todo el conjunto
ción acabe. Los fueros del ante teatral moderno reclaman
nes? ¿O ee, por el contrario, indispensable haber vivido,
complexo de sus múltiples atributos; ya no son tési s es- que cada personaje encarne en un profesional de la claEe
haber amado realmente, haber apurado hasta las heces el
colásticas las que desenvuelven en figuras de retórica correspondiente.
·
caliz de hiel yde ambrosía, queee llama una pasión, pata ante el espectador, Bino amalgamas de suceeos 1 de episoTal es el alegato; no hemos disimulado ni su apariencia
aírontarel fuego de la rampa, para poderprel!entaral púbJi. dios históricos ó biográficos. Los personajes viven y
seductora ni mitigaclo'Su fuerza intrinseea. Yeamoe ahocola ·imágen viva y palpitante de la pasión· sentida y vi- sienten, pertenecen á su raza y á eu medio, hablan el
ra la r{&gt;plica y la refutación. Ese modo de razonar, no sóvida, sus ansias, eua trances, sus delirios y sus tormentos? lenguaje de todo el mundo, viven la vida general, dialolo produce escá.ndalo y casi provoca nauseas, sería esto lo
Est.a última opinión tiende á. prevalecer. Directores de gan como financieros ó como cocheros, respiran la misde menos, bien que triste, si el argumento fuera sólido y
teatro, dramaturgos, artistas y pensadores, consultados ma atmósfera y se nutren de los mismos jugos que la
la conclusión verdadera. Inclinaríamos resignados la caal efecto, han opinado en ese sentido y Claretie, Zola,
humanidad. La intriga se burla del tiempo y del espacio; beza si estuviera demostrado que es una fatalidad humaC09uelin Cadet y otl'08 muchos, afirman excá.tedra, que los sucesos se desenvuelven en todos los contmentes; las
na el que sólo por el camino del vicio se llegue á la met.a
hay incompatibilidad radical y absoluta entre la pureza acciones se mezclan y atropellan como en el mundo real .
del
arte dramático .Pero, lejos de ser válido, el arg\lmeny la inocencia y las manifestaciones elevadas y supremas
La imitacilm exacta y pl'eCiea va hasta el extremo; la to es vicioso y conduce al mayor de loe abeurdoe.
del arte dramitico. Para aoatener e:!ta tésis, se citan pre- in Jumenta.ria se inspira en la ar4ucología y en el üabiEl principio, si es verdadero, tiene que ser general¡ si
cedentes, se invocan textoe, ae exponen los ueos y cos- nete de las Estampa,; se mandan hacer el pufial 6 el
vale
para una pasión, el amor impuro, va!e para todas las
tumbres. Zola, consultado á. ese respecto, estudia la
de veneno del modelo auténtico y adecuado; lae
cuestión en todos aus aspectos, y después de meditarla Joyas, los accesurios y el moviliario son objeto &lt;le los demás, y ei ee prueba que la mujer necesita para repremucho, y de extenderse en considerandos de todas cla- más profundos y detenidos estudios; las decoraciones re- sentar haber sentido y experimentsdo personalmente las
pasiones y ejecutado los actos que las provocan 6 que aon
eee, acaba diciendo: 11¿Pero á qué ocuM_rnoe de estudiar producen ex8ctamente :os panoramas, las perspectivas,
su natural consecuencia se hab1' demostrado que el
la pureza de las actrices, si no ha de presentarse el casof»
loe accidentes del paisaje en cuyo seno ae supone pasan
hombre está. en el mismo caso. Veamos á cuanto desatiy se cita, por último la frase de Agust.ioa Brohan á una
loe sucesos.
no conduce esa opinión. Desde luego, si una mujer noea
aspirant.eal tablado: 11Tienes mucho talen~o, no hay duEn estas condicionC's autores y actores v1aJan, descimadre, no podrá representar la ternura, la abnegación, el
da; pero te"ea&amp;orba tu iooeenci&amp;.•
fran manuscritos, estudian psicología, filosoífa é hiato •
sacrificio maternal; luego toda actriz neceaita ser madre
ria¡ observan personalmente; visitan, vestidos de frac,
•*
necesita igualmente haber tenido hennanoa y h-berlo;
De aer real y efectiva eea incompatibilidad, resultaría
los palacios y concurren, revestidos de blusa, á laa ta•
amado
y haber conocido y venerado á sus padreepara repre•
un hecho completamente deeconaolador, el de que el bernas y áloe tugurios.
En loe hospitales observan las ansias del agonizante, sentar los papeles que le exigen estas diversas especies
ejercicio de una de laa artes más nobles y elevadas, y una
los hipos precursores de la muerte, las demacraciones de de afectos. Esto esfacil de allanar. Peroentoncee¿quién
de las más características del siglo XL-X.. trae aparejado
la, tisis, las convulsiones de la histeria y las actitudes de podr.í representar el papel de Fedra? ¿Es de suponeree
neceaariamente el vicio, y de que no podrá. admirarde en
la
catalepsia. En loe anfiteatros estudian la facies cada- ni por un momento que la Ristori ó la Pezzana, ó lta•
el escenario un talenW femenino, aia que quede el rea.vérica, la rigidez de la muerte. Con loB grandes médicos chel 6 Sara Bernardht hayan sentido esa pasióii repugbio de que aquel genio es pura y simplemente una munante y antinatural por en propio padie? ¿O vamos áad•
aprenden á distinguir el asma brónquica de la cardiaca.
jer perdida.
¿En quá puede fundarse opinión -tan desconsoladora? El corazón humano loestudiau en el mundo y en la so- mitir que Fedra no ha tenido intérprete, contn la opiPues en consideraciones de un card.Cter profundo y cuya ciedad, frecuentan todas las clases sociales, se codean nión uná.nime de la crítica universal? ¿Si la artista ha de
!.Olidez no puede ponerse en duda. El teatro antiguo yel igualmente eun los magnates y con los obreros, con representar el tipo de una infanticida, necesita haber daarte dramá.tico correspondiente, eran eeencialmente artifi- la virtud y con el vicio, con la riqueza y la miseria, des- do 1;0uerte á sus hijos ó haber experimentado impulsos
hacia ~an nefando crí~en? ~as mujeres qu~ matan¡ deben
ciales y convencionales.. Paeiones decorativas, personajeJ tilan de todo el basurero humano, como un elixir, todo tener
1Dtérp!'8tes a&amp;eSmos; 1nM:rpretee ebnos, las mujeres
inventados, lenguaje especial, estilo declamatorio y dia- lo que la vida tiene de típico, de característico y lo sir- que beben; 1Dtérpretee ladrones, las mujeres que roban.
Loe hombres están en el mismo caso. Para representar
ll-ctico, la regla de las tres unidades: la de acción, que ven al público en forma de drama 6 de novela.
á un banqu,ero hab_ría qu~ ser millonario)'." jugar á la bolsimplificaba la intriga; la de tiempo, que forzaba los
Desde este momento, nada má.e natural que exigir del
sa. Napoleon sertt 1mpos1ble en el teatro smo lo interpreacontecimientos y precipitaba los sucesos; la de lu- artista que para representar un papel, haya vivido la !\'i- ta el General Saussier por lo menos y como para repre·
gar, que reducía á su más simple expresión la mise en da del personaje; que haya experimentado sus mis~as sentar monarcas se necesita haber reinado, sólo las te!ltas
coronadas podrán interpretará. Luis XI ó á. Enrique IV,
~,.;.11e; la proscripción de las pasiones bajas y de loe pa.si.ones, corrido los mismos riesgos, profesado sus mis- y en las p~ertas de los teatros habrá. que poner camiones que digan 1,Se necesitan asesinos,1 y en ninguna par·
personajes vulgares, hacían de las tragedias de Racine y
mas ideas. Y siendo este;, así, no hay lugar en el teatro
te representará el drama meojr que en los presidios.
de Corneille, modelos del género, verdaderas [.Q{IA acom- moderno para la inocencia y la pureza de Jas mujeres.
Ante tanto y tan colosal absurdo los más fervientes
pasadas y majestuosas en las que, como dice Taine: 11perpartidarios?e la d~scabellada tésis ti~nen que I'Ctroceder,
*
** moderoo, de toda prefe- y ante la disyun~1ya de negar la posibilidad del teatro
eonajes de cartón, sentados en aillones clásicos, discu•
La mujer figura en el teatro
tendrán quead.m1t1r que son compatibles la pureza y el
tían cuestiones generales, en un salón abstracto.n Nada rencia, como coqueta y como aJúJtera. Para traducir en talento dramát1~ y que se puede á. la vez admirará. una
de preciso ni de concrete, ideas generales en vez de per- ace_ntos :erdaderos, en actitudes apropiadas, en gesticu- mnger como artista consetvando el derecho de respetarla
sonajes vivientes¡ todos los pormenores característicos Jac16~ vigorosa, las pasiones que el teatro le atribuye, como dama.
enprimidoe. Julio César no es un hombre, es la idea im- neces1t-a haberlas experimentado. Le es forzoso haber

LA PUREZA V EL ARTE DRAMATICO

1......,.•.

peri.al; Bruto no tiene sangre ni carne, es el principio
democrá.tico; un grupo sin carácter ni tipo definido, representa al pueblo; á. cualquiera, á todos, á. ninguno.
Como decoración, un pórtico ó un jardín; como mobiliario, unas banquetas forradas de sarga roja¡ como indu·
menta.ria, la peluca empolnda para los actores y el peplum y el.velo para las actrices.
l:'n teatro de este gJnero no exige ni impone al actor
la obsen·ación de la&amp; pasiones, ni dP- los caractéres, ni de
lae actitudes, ni de la gesticulación humana. Ciertas en·
tonaciones de pacotilla para la indignación, la ternura ó
la ira; a~titudes copiadas del Museo Vaticano; ademanes
calcados de los altos dignatarios del Estado, ó de la nobleza, 6 del rey mismo; gemidos mitigados y aprendidos
por imitaciún del director de e9Cena; explosiones de pól·
vora mo1ada encauzadas en el bien parecer; grupos excé•
micos imitados de Rafael: tal es el arte dramático que
exige el teatro clásico. Claramente se comprende que la
m,í.s inocente petisionista del Sagrado Corazón pueda represent,arcon éxito las Cleopatras, como lasJimenae de la
tragedia clásica. Para morir como ~Iitrídates 6 como Julio
Céear mueren en ese teatro, bastan tan sólo un buen
maestro y muchos ensayos, y no se necesita ni la ob-Jervación directa, ni menos aún 1a experimentacion en materia de dolores ni de pasiones reales.

!rasco

,

�EL MUNDO

=

....

DA.MAS MEXICANAS

COMO SALVO GUILLERMO PRIETO
AJUAREZ

Mis compañeros quedaron en el
despacho del !:lr.. Juárez, y yo salía
con mis í1tiles de escribir ea la mano.
Estaba remudándose la guardia,
había sóldados de uno y otro lado
· de la puerta: por la p1\rte de la ca-·
lle; al entrar yo en el.zaguán, para
salir, se volvian dentro d~él los soldados: t'i. mi me pareéi6, no sé por
qué, que eran arrollad«;&gt;~ 'por una
paTtida de mulas 6 de ganado, que
solía pasar por allí: me embutí roa·
terialmente en -la pared y me co·
loquétraa la puerta; pero volví los
ojos para .el patio, y vi, ensangrentado y en adet,nan espantoso,
al soldado que custodiaba la pieza:
grit:.os, mueras, tropel y confusion
horrible, envoh-ieron aquel espacio.
El lugar en que yo eRtaba parado era la entrada 1'i. u nade las oficinas del Estado; allí íuí arrebata·
do, á. la vez que se cerraban wdas las Yentanas y la puerta, quedando como en el fondo de un 1'i8•
pulcro.
Por la calle, por las puertas, por
el patio, por todas partes, los ruidos eran horribles; oíanse tiros en
todas direccioneP, se derribaban
muebles, haciéndo estrépito al
despedazarse, y las tinieblas en que
estaba hundido exageraban 1í mi
mente lo que acontecía " me representaban escenas que.felizmente no eran cil'rtas.
En la confusión horrible en que
me hallaba, ví que alguno de los
que estaban encerrados conmigo
en aquel antro, salía para la calle
impunemente: yo no me atreví á
hacerlo, pendiente de la suerte de
mis amigos, tí quienes creí inmolados al desenfreno de la soldadesca feroz.
.
Los gritos, los ruidos, los tiros,
el rumor de la multitud, se oían
en el interior del Palacio. Como
pude, y tentaleando, me acerqué á
la puerta del salón en que roe hallaba y daba al patio, apliqué el ojo
á la cerradura de aquella puerta, y
vi el tumulto, el caos más espan~
toso: los soldados y parte del populacho corrían en todas direccione!;, disparando sus armas; de las
azoteas de :palacio á lüd corredores
cnh:i.n 1 ó meJor dicho, se descolgaban aislados, en racimos, en grupos,
los presos de la cárcel co.ntigua,
con los cabellos alborotados, los
vestidos hechos pedazos, blandiendo puilales, revoleando como ar•
roa terrible sus mismos grillos.
En el centro del patio de Palacio,
había algunos que me parecían jefes, y un clérigo de aspecto fe-

DOIIIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

r

~EL MUNDO

149

=-=~-===-==

subyugaba, que desbara~b9'. erpeligro, que lo tema á m1sp1es ..... .
Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije ... .. .
A medida que mi voz sonaba, la
actitud de los soldados cambia~
ba ...... un vfojo de barbas canas
que tenía enfrente, y con quien me
encaré dici(,ndole, «¿quiéren san~re? ¡b{,banse la mía ...... !11 alzó el
t11sil, lus otros hicieron lo mis- •
mo ...... Entonces] vitoree á Jalisco.
Los soldados 11oraban, prote0 tando que no nos matarían y as1
se retiraron como por encanto ..... .
Bravo sepuso de nuest~ lado. .
J uárez se abrazó de mi...... mis
campaneros me rodeaban, llamándome su salvador y salYador de
la Reforma ......... mi corazón estalló en una tempestad de lágrimae.
GL:lLLER'.llO PRIETO.

Nuestro grabado suplementario
y el 2~ tomo de nuestra "Biblioteca Miniatura.••

Acompafiamos á. ef:lte número de
nuestro Semanario un precioso grabo.do á. colores: 1cLa Reina del Carnaval* y el 2° tomo de nuestra Bi·
blioteca Miniatura, conteniendo
hermosas páginas de lectura, de
cuya amenidad é interés respon•
demos á nuestros lectores, á. quie•
nea esperamos complacerán mucho
ambos obsequios.
OTRO PAGO DE $5,000 DE
"LA MUTUA"

EN1MEXICO.

--,
México, Febrero~2 de 1897.
fieflor D. Carlos :SOmmer Director
general de ·'La Mutua."-Presente.
Muy Señor mio:
Siguiendo la costumbre de mani!estar públicamente eJ pago de las
pólizas de seguro, me es grato ha&lt;.!er cons~ por la presente, que
hoy, en la oticina d1;, i(La Mutua..
del digno cargo d~ usted, recibí
ante el Notario, Sr. Lic. D. Diego Baz, la suma de ($5,000.00) cinco mil pesos, imporw de la póliza
ó certificado cte seguro numero
3t32,934 que á mi favor solicito de
esa Compañia mi esposo el Sr.
D. José 1\1. Pérez 1üvera..
&amp;toy muy agradecida por las
atenciones que uel personal de esa
Compaf\ia y de u..eted. he recibido
con el motivo expreaado, y quedo
de usted afma., atenta y S. S. Rosario O. de Pi:rez Rivera.

roz ...... .

Algunosmein~tar.Jná huir; á mí
medió vergüenza abandonará. mis
amigos. Luché por abrir la puer•
ta ...... la cerraba una aldaba, que
después de algún esfuerzo cedió: la puerta se abrió y
yo me dirigí al grupo en que estaban los jefes del motín
.\ uno de ellos le dije que yo era Guillermo Prieto, l\.1ini1't.ro de lhcienda, y que quería seguir la suerte del Sr.
,Ju,lrez.
Apenas p1 (nuncié aquellas palabras, cuando me sentí
atropellado, herido en la cabeza y en el rostro, empujado
y con\"ertidoen objeto de la ira de aquellas furias ..... .
Desgarrado el vestido, lastimado, en situación la más
deplorable, llegué á la presencia de los señores J uárez y
Ocampo. Juárez se conmovió profundamente¡ Ocampo me
1·econvino por no haberme escapado; !?.ero hondamente
impresionado po'r i:¡ue me honraba con,.tierno cariffo.
Apenas recuerdo, despu(•s de los muchos an.os que han
transcurrido, las peraonas que me rodeaban.
Tango muy presente el salón del Tribunal de J uaticia,
sus columnas, su dosel en el fondo. Estoy viendo en el
cuartito de la izquierda del dosel á. León Guzmán, á
Ocampo1 á Cendejas junto á Fermín Gómez Farfas; á
Gregario Medina y su bljo, frente á la puertecita del cuarto; á Suárez Pizarro, aislado y tranquilo¡ a.l general Refo¡zio Gonzltlez Si!pliendo al Sefl.or J uárez.
Re había anunciado qu.e nos fusilarían dentro de una
hora. Algunos, como Ocampo, escribían sm disposiciones. El Sefior Jnárez ee paseaba silencioso, con invero•
símil tranquilidad: yo salía lt la puerta á ver lo que
ocurría.
En el patio la gritería era eaf,antosa.
En las calles, el $eiior Degol ado, el General Díaz de
Oaxaca, Cruz Abedo y otras personas que no recuerdo1
~ntre ellas un médico Malina, verdaderamente heroico,
se organizaban en San Francisco, de donde ae desprendió al fin una oolumna para recobrar Palacio y liber-

DOMINGO 7 O€ MARZ DE 1891

Señorita Elisa Corona.

El jefe del motín, al ver la ix&gt;lumna en las puertas de
Palacio, dió orden para que fusilaran á. los prisioneros.
Eramos ochenta por todos.
Una compañía del 5'? se encargo) de aquella orden b1rbara.
Une. voz tremenda, salida de una cara que desapareció
como una visión, dijo: 11Yienen á fusilarlos,it
Los presos se refugiaron al cuarto en qne estab'.l el 8eftor .Tuárez; unos se arrimaron á las paredes, los otros como que pretendían parapetarse con las puertas y con las
mesas.
El Señor Juárez avanzó á la puerta; yo estaba á su espalda.
Los soldados entraron al salón ...... arrollándolo todo:
á su frente venía un joven moreno, de ojos negros como
relámpagos: era Pera.za. Corría de uno á otro extremo,
con pistola en mano, un joyen de cabellos rubios: era
l\Ioret. Y formaba en aquella vanguardia Don Filomeno
Bravo, Gobernador de Colima después.
· Aquella terrible columna, con sus armas cargadas, hizo alto frente á la puerta del cuarto...... y ein más espera, y sin Ra}:)er quién daba las voces de mando. oímos
distintamente: «¡Al hombro! ¡Presenten! ¡Preparen!
¡Apunte•!,1 ..... .
Como tengo dicho, el Sefior Juárez estaba en la puerta
del cuarto: á la voz de 1,apunten,n ee asió del pestillo de
la puerta, hizo atrás su cabeza y esperó ..... .
Loe rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba á J uárez ...... yo no sé ...
ae at&gt;Oderó de mí algo de vértigo ó de eo.aa de que no me
pueao dar cuenta ...... Rápido como el pensamiento, tomé al Seilor Juárez de la ropa, lo pueé á mi espalda, lo
cubrí con mi cuerpo ...... abrí mis brazos ...... y abogando
la voz de «fuego11 que tronaba en aquel instante, grité:
tarnos.
A eee amago aullaban materialmente nuestros apre- •¡Levanten esas armas! ¡los valientes no sseeinan!~...... y
hablé, hablé yo no sé qué: yo no sé qué hablaba en m1,
hensores: los gritos, las carrerrs, ·el ®rrat de laa puertas,
Jo nut.rido del fuego de fusilería y artillería, eran indes- que me ponía alto y l)Oderoso, y ,·eia, entre una nube de
sangre pequefl.o todo 1o que me rodeaba¡ eentía que lo
crip\ibles.

e "la: Caja de Ahorros.••

Nos es grato dará conocer al público el rer,umen ~ae
los Boletines números 4 y.~. en los que la naci('nte institución que encabeza estas líneas, informa acerca de sus
operaciones correspondientes á. los meses de Diciembre
y Enero último.
EL número de pólizas expedidas hasta el 31 de Enero,
eran las siguientes:
l ~ Serie 8,86.'3 por valor de $ 300,300
:?~
,,
3,56i
,,
,, l.7S:l,500
:l.'
"
5,342
/1
11 2.342.(.100
17,772

$ 4.521,800

En igual fecha la reserva ascendía á. $7,253 72.
Durante los meses de Enero y Febrero se han amortizado las siguientes pólizas:
1! Serie números 6, 8, 5, 10,12 1 i 1 1-l, por valor de$ 700
2~ Serie números 4, 3, H, S por valor de.............. 2,000
3~ Serie números 4, 3, O por valor de.................. :11000
Total ............ $ 5,iOO
Sumas amortizadas antes............ 3,400

Total amortizado hasta el 12 de Febrero .......... $ !\100

Los pagos han sido todos hechos por medio del Notario -público, Lic. D. Rafael Párez Gallardo, quien ha ex•
pedido los certificados correspondientes.
Dichos certificados así como los recibos de los tened.o-res de pólizas, eat.án PO la oficina de la Compai'i.i'.a, calle
de Vergara número 12, á disposición de cualquier per3o•
na que desee cerciorarse de su autenticidad.

El Polo Norte.-EI "fram" entre los hielos.

EL POLO NORTE
CONFERENCIAS DEL DOCTOR NANSEN

El Doctor Nansen ha sido en est:os días. el asuo~o de
-todas las conversaciones en el Re1Qo Umdo. Los rngleses muéstranae un si es no e~ orgullosos, porque según palabras del audaz explorador, uno hubiera logrado nada,
sin los derroteros que los expedicionarios ingleses de
varias épocas le habían marcado de antemano.n
Raza de audaces es la escandinava, que, viviendo en
Yecindad con la eterna esfinge de hielo, no se da punto
de reposo en perseguir su secreto. De ahí las continua·
das tentativas que n? son
parte á. impedir los mil pe·
ligros, los arcanos riesgos
-que acechan por todas par•
tes al navegante.
El Doctor Xansen no se
sustrae á la influencia ambiente, y aun e~ más PT?Picio á. ella. Sabio Y -!llª"n?,
temprano sintió con 10tens1 ·
dad mayor que muchos otros,
el afán de reeol\·er el eterno
problema. Su biog~afí_a, en
breves raBgos, es la s1gmente:
J..lega ahora Fridtjo. :Saneen ti 37 af\os. A los 19 rngi:e·
s6 á la l .. oi veri;üdad de Cnstianía con la intención dede•
dicarse especialmente al. estudio rle h\ zoolog{a. Temenclo Peto p1&gt;r fin, ingresó en
IS~:! á luA vapores noruegos
de los mures de Spitzbt-rgen
y ~corrió !ó!ucesivamente las
co~t.as de Islandia Y (-iN:M¡n·
Jandia. A su regreso .ué
uombni.dn Director del Mu•
seo de Historia ~ atural ep
I',ergen, y t"n 1s.~s, de~pu1·s
de rt&gt;-eihir sn g1ado de Doc·
tor en filoF-ufia, ~e em~a;CÓ
con e:u íamotia exped1c1ón
de Groenlandil\ que fué deA·
crita en un volúmen publicado hace seis años. A rn
vuelta permaneció en su ca@a
tlurante no per[odo en qnt,
por nombra.miento dl:'I c:ouierno fué Director dd :'-11!·
seo de Anatomfa comparativa, en lar niYersidad de Cristanía.

feren~ias relativas á. su viaje en la 8)cied.1d R~al d,i lioo
graíia. y ha Eido objeto de mil atenciones, no st \u de
parte del mundo científi~, sino de la noblez~. L., Sociedad en cuestión agrac16lo con su gran premio Cll! medalla de oro qne le fué entregada en el City Hal1,. p,,r el
Pnncipe de· (,is.les, enmedio de las de01ostracio11t:~ dt,
aplauso de la alta sociedad inglesa. Xotable era 1·1 as·
pect.o que preseutaba el salón la noche de esa et~t.regu.
memorable, y sigtJifica~ivas las muestra~ de aprec111 re·
cibidas por el sabio. Tiene ~ate una muJer encant:u.l.ora!
q 11e con estoicismo verdaderamente noruego, aguardo
eu regreso_d_urante tres añ~s, ~n que nadie daba nvticia."i
profundd.:
El Doctor Nansen fué á. Londres con el fin de dar con- suyas ' repitiendo con com·1cc1ón
-El vol\"er.i.
Es además padre d~· un.\
angelical cri,1tura, y le e11bra11
las comhleracion~s sot.:rn.le~
y_los mt-&lt;,l;o¡;, de subeisteucia.
Y sin embargo, deja au ho·
gar paru lanzarse áformid.e.·
bles aventura'\ geográficaH~
Singular y poJeruso esp1ri¡u
el escandinavo que se nos
aparee~ á tnl\·l's Uel trem11n•
do vieJo lb3cn .....

Pero la tendencia del explorador eta fuerte en él,
y cuando la Asamblea noruega votó un crédito para
costear una expedición al Polo Xorte, él aceptó con
ngrado. En 1892, el Doctor Nam~en acab5 1~ constr~1cción del famoso buque 11Fram,• '/ en 24 de Juho de ~8.)3,
salió con doce compaderos, iniciando la larga y pehgrosa serie de aventuras, que concluyero., basta el ?tono
del ano último. Cómo se salvó de la muerte gracias al
feliz encuentro de la expedición Jackson Harmworth,
será. capítulo de la historia contemporánea.

•
••

•••

El Polo Norte.-EI sol de media noche.

Describir lo que vió el audaz noruego durante su larg l
expedición, sería digna tare.1.
de un poeta de numen pt•·
deroao. l:iautier hubiera hallado en las blancas prnJ, ·
rus polar~s la realización d~
su inmortal Siflfoni,a e11 Bla11 ·
e,, Jlo!lor; hubiera encontra•
do al tia.da blan::a que la in~piró; Alarcún eec'ri1,0 hubi1·ra una nue\·a. J/,xlorin tMXmdiWH"a, y .Tu-lio 'Verne imaginado una nueva novela.
U no de nueetros grabadnii
represeuta una escena Polar:
El sol de media noche...... .
¿El eol de media noche?
-Rí, incomparable lector;\.
rsted sabe deflde la escul!·
la, que en determinada ép,J·
ca del año, en las regioneii pt.&gt;lares no ee pone el ~l. Ifay
días que dnran meses, ~ro
no diasradiantf"S, inundados
de clalidad y dé calor, como lvs q11e nsted cnntempla
t'U ee~ valle de bendición
de donde nunca se va la pri-

�EL MUNDO

·-·,
·~

~

~

-.~

Docto(Nanscn.

mavera., ainodfas misteriosos semi-alumbrados l¡&gt;Or el astro opaco que describe una curva sobre el horizonte y
une á veces los crepúsculos con las auroras.
Imagínese usted un pafsaje blanco, de un blanco irritante, inmaculado, implacable, feroz ..... . Arriba, un cielo gris, de un gris uniforme. A lo lejos un ~lobo rojizo
que parece enfermo ..... . Un barco aprisionado por enormes masas de hielos. Algunas siluetas se mueven como
algo de e:xtramunde en la infinit,a sóledad del paiEaje ....
Finja usted luego muchas luces; la luz rosada de la anrura, 1a cárdena luz del crepúsculo, la refracción de los hielos ...... y por .fin que extienda en el horizonte su abanico
de llamas una aurora boreal! Qué paisaje tan hermoso
verdad? Creeríamos estar en Selene la pálida, ante una
pomposa naturaleza muerta ..... .
Oh linda amiga mía; usted que ha pa!:!ado muchas na·
vida.des en la tibia sala iluminada donde el piano canta
y campanillean las risas infantiles; oiga como describe
el noruego las noches buenas de su destierro:
-Llegó, dice, el veinticuatro de Diciembr6 de 9-i y nos
aprestamos mis diez compañeros y yo á celebrar los
Christmaa. Una nube de tristeza empafiaba lossemblan•
tes . .Aquellos hombres de hierro, inquebranta,bles Ftiem•
pre, pensaban hoy en el jubiloso movimiento de Christiania, en las amplias calles invadidas por la multitud
regocijada, en los cafés de donde escapan llamaradas de,
gas y gritos alegre~, y, sobre todo, en el Saloncito tibio
donde se adereza el pavo, donde esparce husmos sabrosos la salchicha, y van y vienen la esposa de cofia blanca
y los niflos alegres. Escogimos algo de lo mejor de nues•
tras provisiones; cone:ervaa y vinos. El Fram yacía muellemente sobre los hielos, y para alegrarlo, improvisa•
moa en los mástiles farolillos de varios colores. El frío
era tremendo, nuestras pieles apenas bastaban á guarecernos un poco de él. En el cielo brillaban como diamantes pá.lidos algunas. estrellas, en la sábana blanca
que nos rodeaba, ni un rumor fuera del gruñid{) leja•
no de los osos, ni un movimiento, e:alvo el de las fo.
esa que penosamente se arrastraban sobre los témpano!':
Cenamos y bebimos á. la salud del lejano hogar, y cuando terminaba nuestro ágape modesto, una aurora boreal
desplegaba, como serpentrna misteriosa, su tela sonrosa•
da en el horizonte!
Verdad que esa descripción es una balada de las nieves? Que prestigio tienen para nosotros esos países de lo
blanco, para nosotros que coTitemplamos los abanicos de
las palmeras y los azahares perfumados!

y las costmn hres funerarias
de la secta indja de loe Parsis á. la cual pertenecen la
m~yorfa de los habitantes de
Bombay. Estos, según dijimos no entierran sue: muertos, 'sino que depositan los
cadáveres en las famosa.e Htorres del silencio,u una de las
cuales, en su parte interior,
reproduce nueetro grabado,
't
con tal fidelidad, que nos ex•
cusa entrar en Iargasdeecripciones. Apenas la familia ha
dejado el cada.ver en la pila
correspondeinte, numeroeas
bandadas de buitres ee arrojan sobre el muerto y dejan
de él solamente la oeamenta
pelada que á poco tiempo
pasa ai pozo central, dejando
el sitio vacante para otro
cadpver. Lae eroanacionee de
estas i&lt;torrrs del silencio))
eon, como puede suponerse1
causa constante de imalubridad y peligro manifieeto
en tiempos de epidemia.
La ciudad de B&lt;mhay.
y eeto lo expresamos también , contaba ha\'.e unos
cuantos meEes la rep.petable
suma de ocho cientos mil ha•
bit.ante!:!. Hoy, merced á las
defunciones y á la emigración, ha quedado reducida á
la mitad. Los pobladores fe
desbandan llenos de terror.
Como si el tnmendo note
de la peste no baetara, el
hambre reina también en la
India y las escenas de dernlación que se contemplan,
son verdaderamente laati masas. Uno de nueetros grabados represenU\ una de
· ellas, en que una turba de
hambrientos ee lanza sobre
algunos víveres.
Los ingleses procuran remediar males semejantes en
cuanto¡meden, pero su tarea
es débil ante la magnitud
de los desaetres.
Los precios de los granos
~on mu y crecidos en los mercados locales y el Gobier110
británico, para proporcinarlos brinda trabajo á todos los
que se le presentan; pero aun hay un n6:J:?ero excesivo de
habitantes que por enfermedad y deb1h~ad suma, no
pueden desempeñar tarea alguna, y éstos arrá~transe en
los caminos, agrúpanse á las pnt·rtas de las ciudades y

DOMINGO 7 DE MA11ZO DE ,a97

ofrecen J?Or donde quiera el espectá.culo de~garrador de
su miseria. En sólo una semana, según cifras qne tenemos á la vista, los ingleses propürcionaron la subqist.en•
cia á dos millones y medio de mdividuos: 1.254,000 en
h1s provincias del Noroeste; 327,000 en la PresiLlf"ncia de
Bombey; 339,000 en Bengala; 97,000 en el Pu.njab; 28,oo:&gt;
en las provincias centrales; 2ó,OOO en Rajputana; 69 en
los territorios_de la India r.entral, y algunos más en la
Presidencia de Madrás y Burma. Por fortuna las lluvias
empiezan á declararse v el precio de los granos tiendeá declinar.
•

.DO ■ UIGO

7 DE MARZ.O DE ,a97

EL MUNDO

•

.

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Nansen indi c ando la ruta que sigui6 en-su expedición. ante la Sociedad Real de· Geografía,
de Londres.

Lo que sí no cesará, es la causade la terrible epidl'mia,
que, como decimos, se atribuye á. la manera de entcrrilr
sus muertos, que tienen los parsis.

Notas é impresiones.

La tradición de la revolución es como una mina quesus fieles guardianes hablan siempre he haC'er sah a'r.
G. M. VAT,TOl:lt.

••

• los padres son,
Las necedades de
perdidas para los hijo~¡ cada generación hace las su~·as.
}"e(lerico I l.

•
••

En todo país las costumbrt&gt;sson.
inferiores á. la moral que predican las reJigiones ó las filosoftas.
Gabi·iel Compafr('.

•••

Evolución: Ci)mplaciente i:;in6nimo de variación.
·

.

.•.

Más se hiere á los amigos por·
la moderación en el elogio, que á
los enemigos por el exceso en la.
crítica.
G. M. raZtour.

•*•

La verdad domina todo; no se·
la desprecia impunemente. Solo,
ella presta servicios definitivos ..
Berihelol.

*
••

La verdad en el caracteres la
sinceridad, la verdad en el ingenio es la naturalidad.
Félix Himún.

***

Nuestros jueces absuelven al·
borracho que golpea, hiere y mata: en la actualidad el vicio exeu~
sa al crimen.
G. M. rallour.

•
••

Si los gastos continúan como
hasta hoy, vendrá. un dfa en que
los franceses no serán más qne nn,
pueblo de me11digos ante una fila.
de cuarteles.

*••

Torre del silencio en Bombay.

Gambefla.

No es el remedio de la miseria.
avivar los odios.
Las plagas de la lndia.-Torre del Silencio en Bombay. (I nterior. )

0oNBE DE fiAl'S.S.XYI.LLE.

,

-;.

' t.

Las plagas de la India.

Ls higienistas, que con tanta razón se preocupan de la
peste que aflige este invierno 1i los habitantes de la India
mglesa, estiman como una de las cauaas indudables de
tanto estrago, la falta de higiene en toda aquella región

.

'

.

'

,,
.

�l52

EL MUNOO

DOMINGO 7 OE MARZO DE 181,7

,53

EL MUNDO

DOMIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN MEXICO -Por Oh·cra.
LÁ. CAR.C.AJADA

En el cementerio que rodea Ja iglesia, eiempre fresco~
lleno de dores, y dorado por el eol, yi una muchacha le
diez y siete anos, aún no cumplido@, apoyada sobre una
tumba y riendo á. carcajada tendida.
No ea posible imaginar nada máe hermoso que aquella
.criatura. angelical, esbelta, agraciada, con sus cabellos
rubios, DO muy largos, sus ojos' eentellaDtes y sus labiOB
de coral.
•
Pero me di@guetaba que no dejase de reir, porque DO
está bien e80 de most.rar a1egría junto 1t lae tumbas . donyacen los muertos.
Ji.fo acerqué y no pude resistir á la tentación de hablarle en estos términos:
-Hace usted mal en reírse, eenorita. Estoy seguro de
que no ha conocido usted siquiera al qne descansa bajo
t&gt;s&amp; losa.
-¿Qué no le he cenocido?-dijo la joven.-¿Qué no le
he conocido? Era mi n01.·io, que me adoraba con delirio
y á quien yo corres_p&lt;mdia con pasión. Mi felicidad era la.
1.-uya; corrían pareJas nuestras esperanzas, y cuando mi
amado murió, ere! morir yo también.
-Pero el caso es que usted se ríe-repuse yo.
-¡Ah!-contestó la doncella.-Me río para rendir un
tributo á. mis recuerdos de ventura.
-¡Xo comprendo! ..... .
-Cuando vivía, estribaba su mc.yor goce en verme
alegre y contenta, y si me pusieseá. llorat sobre su tumba,
estoy eegurade que habría de producirle un profundísimo pesar.
CATDLLE i\bSDD;.

LA OR.ACION

Yo que amo la existP.ncia por el goce de mirarte,
Por la dicha de quererte, por la gloria de ~sarte;
Yo que adoro lo qne t;oca,e y_ bendigo lo que pisa~:
Diera todos mis deleites, diera todas mis sonri!.la3
Si pudiera efl tus momentos pesarosos consolarte.

Gratas memorias del hogar paterno,
Que aciLrician mi mente cuumorada,
Yoluptuosae c11.:'acione:i del prosc.;_to,
Fragantes com¡&gt; Jloreij de m1 patria! Venid conmigo lÍ. la. colioa trh,--te
Por arrebole8 pálidos bronceada,
Y escucharéis el cant-0 Jaetimero
Que inspira la onlcióu al extranjero.

Que no llueva en el obscuro firmamento de tus ojos,
En el búcaro de flore!!, es mentira., no hay abr,1jos:
Oh, estrellita de mis oie-los y sirent1. de mis mares:
Tú no sabes los enojos que me causan tu~ pesare:J.
Tú no sabes los pesares que me cansan tus enojos.
ARTt:.R1)

L.

Rentado allí¡ sobre la piedra grande
Que va escalando la espinosa ,:arza,
Sobre mis manos mi cabeza débil
Melancólicamente reclinada,
Miro la noche que de orienti:, impulen
~ )bre lo3 cielos su luctuosa gasa,
Y ~cucho del lejano campanario
El són, en roi paraje solitario.
Acentos quejumbroMs de la tarde,
Snapiroe que venís de la monUlüa.
Los balidos trayendo del rebafio,
Con los cantares que el labriego ensaya;
Rumor confm:.o de aonora fuente,
Helado cierzo qne silbando pasas ......
Me alivia vuestra fúnebre armonía,
Murmullos que al morir modula el dio.

C.\ST.\~_\JlES,

)larzo de 1897.

CANCION

Alma blanca, mh blanca q11e el lirio,
Frente blanca, más blanC·\ que el cirio
Que ilumina el altar del ~~í\or,
Ya serás por la aurora encendida,
Ya serás sonroij8cJ_a v herida
Por el rayo de luz dél amor.

OfJ.me, ¡oh sol! tu Jí,:ida lumbrera
13añe desde las cumbres azuladas,
Cual la antorcha de un féretro los valle~
Donde las sombras de la noche vagan,
La espuma argente del lejano río,
Del templo abandonado la cruz parda,
~[ient.ras llegando la tiniebla impura
Te arroja su enlutada vestidura

Labios llenos de sangre divina,
Labios donde la risl\ argentina
Junta el albo marfil al clavel!
Ya veréis cómo un beso os provoca
Cuando Cipres envié á eM boca
Las abejas sedient.ui de miel.

VIE:NDOLA Ll.,OR.AR.

¿Por qué Hueve en el obscuro firmamento de tus ojos?
¿En el búcaro de flores encontraste los abrojos?
¡Ob! estrellita de mis cielos y sirena de mis mares:
'fl1 no sabes los enojos que me causan tus pesares,
Tu no sabes los pesares que me causan tus enojos!
¿Qu_é irlron de niebla esfuma tus azules perapc.--ctiYas?
¿Qué mfernal caricia. agoi-ta tus fragantes siempre vi vas?
¿Qu6 reproche palidece tu ideal color de rOf!a?
;.Es la duda, eee fant.ssma, esa nube tempestuosa
Que atraviesa por el cielo de la, frentes pensativas?

c,r-

Yo no quiero que en lbs nidoP del jardín de tus amores
Haya tórtolas enfermai y dolientes ruisef'iores;
Cuando sufres y 1a iJJclina'! me parece tu cabeza
lna estrora de Lord Byron emoapada de tristeza:
jlo no quiero que tú sufra.~! ... ¡ Yo no quiero que tú llores!

En vano busco los hermosos eit.ios
Do las tardes pasaron de mi infancia,
Donde á la luz del arrebol lujoso
Las sencillas leyenda!! me contaran:
No escucho la cast.ruera melodiosa
Del labriego al volverá. su cabaña,
El cuerno del pastor, ni los graznidos
Dd aves que buscan su:J ocultos nidos.

)[aoo~ blanca..~ como hostias benditas
Que sa~is deshojar margaritas
Junto al fresco ro'lal del pensil,
Ya daréis la canci6n del amad()
Cuando hiráis el son()ro teclado
Del triunfal clavicordio de Abril.

Hora de arrobamiento doloroso,
Indiferente al lloro que derrama
Rn silencio ante tí la desventura,
En él tu vela de crespón empapas;
Toma también el llanto de mis ojos, Y á saludarte volveré mana.na,
Sobre el negro peñón de la colina
O entre los cardos de la triste rllina.

Ojós bellos de ojeras cercados,
Ya veréis los palacios dorados
De una vaga, ideal Stambul,
Cuando lleven las harlas á Oriente
A la bella del bm!que durmiente
En el carro del príncipe Azul.
Blanca flor! de tu c:.Uiz risueño
La libélula errante del sueño
Ya alzó el vuelo veloz; blanca flor!
Primavera su palio levanta
Y hay un cor.&gt; de alondras que canta
La canción matinal del amor.
Rt'BÉS D.\RÍO.

JORGE lsAAC!:!.

,
Aunque véque la engai\an con frecuencia,
No se quiere curar de su inocencia.
C.Ul'.POA.)(0.R.

�EL MUNDO

154

AMOR INSUl,SO
Se conocieron siendo todavía mny jóvenee.
Desde el primer instante atrájolos una viva aii'.l11?atía;
pero nunca lograron ver prosperar sus deseos,. debido á
la tenaz policía materna que á. ella perseguía y á. la suceptibilidad quijotesf'.a de él.
.
La primera :floración del amor que había de conaurmrlea toéla una vida, fué desde muy temprano asperjada
por las lágrimas.
.
Su idilio era misterioso y mudo, con el mutismo cobarde que se posesiona siempre de las grandes afecciones.
Cortábanlo á.grandes intervalos viajes veraniegos 6 enojos originados, ya por una mirada grave, ya porque él
observó con pecaminosa insist.encia á. otra mujer 6 ella
fué perseguida por cualqnier mentecato; ora porque pasó él por los lugares donde acostumbraba encontrarla y
no la vió; ora porque un día pluvioso se asomó ella al
balcón en un momeato triste y no pasAba él por la calle.
t~l Cuando se columbraban en algún lugar, su fugaz vistazo era un simpático saludo.
Ella parecía decir:
fi '-Ha dormido poco ó le aniquila algún dolor interno;
si, debe ser de loe que sufren solos¡ la tristeza tiene una
fisonomía cuyas demacraciones solo perciben todos los
que han padecido alguna vez..... Esos ojos de mirada
torva, su semblante sañudo, la mueca desdeñosa, me lo
dicen claramente;•¿será pobre?
Por su parte, divagaba al contemplarla él:
· -Yot.e quiero; un!} voz si~ilosa me dice aq,uí dentro que
me estás predee-tinad.a y debes unir tu destmo al mío con
cadenas inrompibles; junto á tí mi existencia sería paradisiaca; muchas noches cuando me hace temblar el frío
de la soledad, reconstruyo poco á poco el cuadro imaginado: una casita blanca en el campo, arriba mucho azul,
abajo primavera¡ los dos muy solos nos besaríamos bajo
el emparrado, contemplaríamos la muerte del sol en los
crepúsculos campestres; al llegar la noche sentiríamos el
pavor del .Angelu., al oír tremer broncamente los cobres
del campanario; después la cena, un ágape de enamrn-ados, laego ull!l visita á los pobres dd t.ohío y por último

el descanso, pensando en un nit\o rubio y blanco como tú.
Otras veces se veían en el teatro, y sus observaciones peregrinaban en el desbocado Hipógrifo de las congeturas:
-¿Seré un simple?...... ¿Cómo pude colegir las opulen·
..;ias de esta nifia ......... ese vestido ne acusa á la heredera la tela es barata, su confección deja mucho que de-se~r las flores del·sombrero se han ajado y veo en todo
su c~ntinente no sé qué desgaire de mal tono ...... ¡parece distraída!. ..... ¿será. to!lta? ...... creo que sí, porque se
ríe de las simplicidades de este Talma de la legua.
Ella cavilaba al ma•riposear de su abanico:
-Xo es un hombre vulgar; me enrunara su elegancia
por lo severa y soberbia; sus modales son impertinentes,
pero de una altivez muy di@tingui':1-a ...... ¡parece un burlón de gran tamaflo!. ..... ¿tendrá. dinero?......... probablemente· la miseria y el orgullo no han podido nunca desposa~ ...... ¡me está mirando!. ..... ¡Dios D?ío y con qué
fijeza! ...... quisiera corresponder á e~ m1~da, hacerle
comprender de algún modo que me simpatiza¡ pero no,
es mal visto creería. que soy coqueta...... procnraré estu•
diarlo con e'1 rabillo del ojo ...... ¡Así!. ..... Al disimulo ... .
Oiras veces se encontraban el uno frente al otro y la
idea que incubaba en su pensamiento era idén~ica:
-¿Quié-n será?
Y sucedía también con frecuencia que al verse pasaban
de largo como dos viejos camaradas que. por conocerse
mucho no tienen ya nada nuevo que decirse.
-El.
,
-Ella.
Sus vidas por un largo periodo de tiempo se deslizaron
sin accidentes acariciaodo u.na esperanza que acaso porque estaha lejos lo, hacía dichosoe.
Maria estaba segura de que Lociano n.1:1nca se vería
impresionado por los encantos de otra muJer que no fuera ella.
El, con una candidez, impropia de varón, ~aba incondicionalmente en la fidelidad de eu desconocida.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovió
ceniza muchos in'\"iernos y hojas de rosa otros tantos ve·
ranos.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

Tornóse María seria y hura ña por parecerle el racato
llevado al puri~"anismo, la. meJor prenda de u_na mujer_
discreta, y Luciano, o[end1do por lo que supoma un desdén inmerecido fué hosco y brutal con la doncella.
¡Singular [enómeno: mientras más empeño ponían los
dos en convencerse íbtimamente de la antipatía que se
manifestaban, más omnipotente y grandioso se revela■a
en sus corazonel' el carifio; llegaron it odiarse de una manera estúpida, porque los amores cuanto más grandes,
más próximos al aborrecimiento está.o¡ sus miradas, aquellas miradas que se besaron voluptuosas y tiernas en otros
bellos días, JI cruzarse, chispeaban como puntas de espadas, eran algo semejantes al reto provocado por una injuria inolvidable.
Concurrieron cierta vez á. un baile, y él, después de infinitas vacilaciones decidióse á solicitar un vals de su
enemiga¡ ella por toda respuesta extendió tr.é mula y vacilante la etiqueta. Luciano apuntó su nombre con letras
incomprensibles, y después de D?uchas ceremonias lrív?las viéronse estrechados por furioso abrazo y confundido~ en el turbión de los bailantee.
La imprevista emoción de aquel encuentw, entorpeció sus sentidos embotando la sensibilidad de los dos en
una atonía que ee acercaba mucho al idiotismo; el joven,
que no era tonto, dijo aquella noche todas las patochadas que podría decir decir un cretino de bue•
na cepa desperdició ridículamente la oportunidad que
el acasd le deparaba; no osó estiecbar un poco el talle
que r;e quebraba entre sus brazos, ni ella supo alentarh
a las licencias que en el caso especial en que se encontra•
ban, hubieran sido lícitas por atrevidas que íuesen.
Al despedirse sus manos se estrecharon bruscamente.
Fué todo.
En poder de Luciano habla quedado como prenda inestimable, un guante de l\Iana, que conserrnba el perfumd de su manecita imperial, y en el que las arrugas no
conseguían deshacer el modulado impr1::so por los dedos
á la cabritilla.
Fue el amuleto del maniático, lo guardaba siempre
junto al pecho creyendo en su nunia igualada locura que
al poseer esa baaatela de Maria fa llevaba siempre consigo y se encontr:ba junto á ella escuchando alelado el aureo campanillear de sus rie~B inocentes.
. ..
Su pasión se quintaesenció en el egoísmo y prmc1p1ó á
padecer los celos insensatof.l del amante sin ventura, odió
ferozmente a las hermanas de su amada, á. su mamá, esa
señora enluta.da con perfil de cariátide que siempre la
acompafiaba1 á sus amigas, á los nécios que ~a saludaban, y á todos aquellos seres que merecer pudieran alguna manifestación amable de la joven.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovi6
ceniza muchos inviernos y hojas de rosa,otros tantos veranos....
Luciano y }faria asistían á. la agonía de su juventud;
en las más secretas reftexiones, apareciá.seles el cadáver
de su amor, y frente á él, aentfanse abrumados por
toda la vergüenza de la simplicidad al comprender que
si no les tocó una parte de dicha en el terrestre abrojal
era por que se rez~!ºº en la car~ra haciendo pompas
de jabón y deeperd1c1ando oportumdades que sólo en raras ocasiones se presentan al mortal.
El ímpetu que vivificara sus afectos juveniles estaba
ya debilitado por la edad, el fuego sagrado de apagaba
lentamente en sus corazones y el épico entusiasmo de la
edad moza, había cedido sus trofeos á la torpe displicen cia de los años ..... .
Los hilos de lino que se espiraleaban en sus cabelleras
eran los dolores que extrangularon las maripoeas dor_adas de la ilusión, difuntas y enterradas ya en el oear10
de sus recuerdos.
En sus arterias no correrá más la sangre encandescida
por las fiebres interiores, porque.-amadores líricos-en·
cendieron piras al Amor Humano y no supieron coronar
de pám_panos sus frentes......
.
Es tnste sentir la aproximación de la Exterminadora
Taciturna cuando aun no se han aburado los labios con
el quemante vino del deleite!
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida llovió ce•
niza muchos inviernos y hojae de rosa otros tantos ve·
ranos ..... .
Los amantes esquivaban mútuamente su presencia,
com¡,rendiendo que sus fisonomías serían en el futuro,
una implacable burla del pasado.
¿Se debe amar cuando la calenda de las pa·siones ha disecado los músculos y el rostrd es sólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más incóg_nito del alma?
¿La atracción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á travás de las distancias y las corporeas metamórfosis
cuando se ha plantificado en lag más sensibles placas de
lamente?
¿No?
¡Sí!
La airacción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á través de las distancias y las corporeas metamórfisis
cusndo se ha plantificado en las más sensibles placas de
la mente.
Podrá estallar la lujuriosa poma en el terreno reque-mS:do por las lavas de cien cataclismos.
Se debe amar cuando la calenda de las pasiones ha disecado los músculos 1 el rostro es eólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más in•
cógnito del alma
¿Qué importa que el tiem_Po1 ese viejo alado de la barba florida haya llovido cemza muchos inviern~ y hojas
de rosa otrns tantos veranos? ..... .
Luciano y María, ancianos ya, mortificados por la co~sunción y el reuma, sintiendo el frío de una vejez soli~
taria y la necesidad de algún amor comprendieron q_ueen el período trágico de preparar ei bagage del matenal
embeleco para consignarlo á. las •entrafl.as de la madre
tierra, debian acoplarse santificando en santa unión el
martirologio de su vida; pero en ese momento solemne
un pudor infantil que fué su última timidez, los separó
hasta que marcharon claudicantes á. la sombra ..... .
llarzo de 97.
Crao B. CEB-'LIAS. -

D!)M INGO 7 DE MARZ DE 1897

Permaneció inmóvil, con el brazo izquierdo tendido
á lo largo del cuerpo y el derecho apoyaao en el alfeizar

de la ventana de Ja ~uardilla. Había cesado la lluvia,
pero el cielo estaba a.un cubierto por deueas nubes de color de plomo. Allá abajo, en la calle, todo era luz y alegría. Los faróles del aluwbrado público y los mecheros
de las tiendas enviaban á las alturas oleada'! de resplandores¡ al ruido de los earruaje8 y el que producía la muchedumbre taconeando fuertemente sobre las losas de
las aceras, uníanse el eco de canciones alegres y los gritol!; de los vendedores de periódicos y baratijas: de los
balcones de un piso segundo salfa un raudal de notas cancanescas, arrancadas al piano por los há.biles dedos de un
futuro Rubinatein ......... Allá arriba, en el espacio ineon·
mensurable, todo era eombra y tristeza. Las compactas
nubes, impulsadas por viento huracanado, pasaban velo·
-0es, atrol)ellándose, como pelotones de un ejército que
huye á. la desbandada, y formando en sus mil capricho•
sas combinaciones, .6guras extrañas de gigantescos monstruos.
Raimundo miró al cielo, miró á la tierra y recordó su
pasado. e~ el que había también luces-muy pocas: las
de la11 1luSiones-y sombras-mucbas1 las de la realidad.
Recordó su pasado ...... El pueblo que le vió nacer y en
el cual había vivido hasta que vino á. la corte; sus estudios de segunda enseñanza interrumpidos p1 r la muerte de sus padres; su triste, su penosa existencia al lado
.de un hermano de su madre, de aquel vjejo avaro que
gozaba fama de rico y que se negó rotundantemente á
que el huérfano continuara sus estudios.
Y si únicamente hubiese tenido que sufrir esta mjustifioada oposición ... .. . Pero no fué esto solo: el huérfano
vióse precisado á apurar basta las heces la copa de la humillación y el sufrimiento. Su tío no perdonaba ocasión
de martirizarle, no se cuidaba ni mucho ni poco de renovar sus destrozadas ropae, su mugriento sombrero, sns
botas torcidas y agujereadas. Su tío solfa decirle con
frecuencia: «¡Holgazan, vete al campo y coje un azadón,
ei quieree comer! ¡que equivocado estás si crees que tengo obli~i6n de mantener á sefloritos ganduleE!n
Y llarmundo sufría en silencio aquellos brutales insultos; se retiraba al cuarto más obscuro de la casa, y pasábase allí las horas llorandó, maldiciendo su delicada naturaleza y la educación que había recibido: esas dos cosas
que hacían de él un sér rnservible para el trabajo cor-

poral.

¿Y luego? .._. rranscurrieron tresaifos .Y c.onsiguió una
plaza de eacnb1ente en· el Juzgado, retnbwda con doce
pesos al mes. Entregaba once á. su tío y el peeo reetante
lo invertía.en comestibles que devoraba ansioso todas las
nocQ.es al encerrarse en su habitación, porque el infeliz
jamás pudo satisfacer por completo las exigencias de su

estómago.

Fué entonces cuando empezó á sentir un afán de glo- ·
ria creciente, avasalledor. El sentimiento de lo bello
inundaba su alma de artista, de poeta, de sér privilegiado que olvida en sus locoil devaneos lo material para
pensar en lo intangible. ;Oh, qué ratos tan deliciosos
aquellos en que podía sustraerse á las miserias, d. las impurezas de la realidad y dejar que vagara su espíritu en
una atmósfera de luz sonrosada y deslumbradora! En tan
hermosos sueftos, las amarguras y privaciones del presente desaparecieron por completo de su imaginación y eran
reemplazadas por fa felicidad de un porvenir que brillaba ant.e sus OJOS con todos los bellos colores del arcoiris
Aquellas ilusione~ halagüeflas, engendradoras de una
.alta fiebre intelectual, dieron el resultado consiguient,e.
Raimundo rompió la cadena que le tenía sumido en la
más insufrible de las esclavitudes y ee presentó en la capital, en ese gffi!l- palenque do.n~e rifien ~n _batallas encarnizadas las virtudes y los VICIOS, la fil.Ben&amp; y la opu•
lencia las ambiciones nobles y las ambiciones mezquioas, 1~ lealtad y la apostasía 1 el talento y el descaro.

... y· ·t~é 'ci~~¿~~-·. ü~·~. a.~·~~~ d~·;~~t~S ·&lt;¡-~~·¡;;~·a.~~~·~~
,el espfrit11 dél que las sufre, primero temor, después pá.-

EL MUNDO

155

nico y, por último, de~aliento; una de esas derrotas que cierran el camino de la esperanza y que
colocan ante los turbios
ojos del caminante la palabra ¡atra.,.' escrita con
caracteres de fuego sóbre
un fondo negro oomo el
de insondable abismo.
Y el huérfano veía la
en~rgica palabra, el mandato imperioso, aIJá arriba, en
el espacio lóbrego sureedo por gigantescas masas de
vapores ...... Hubo un momento en que le pareció que él
formaba parte del tropel de nubes que corrían empujadas
por el huracán sin Eaber
cuál sería la •duración del
termino de su viaje.
Nubes que ruedan por
el espacio arrastradas por
unafuerza euperior, irre•
sistible...... y luces que
caen vencidas en la lucha
por la existencia.......... .
Hay entre unas y otras
exacta semejanza. Piér·
dense aquellas de vista
tráa el horizonte; desaparecen estas del palen•
que social. ¿A dónde han
ido? ¿Quién eabe ni á
quién le importa.?.......... .
~Iientras hay a oleadas de
luz que deslumbre1 y voces alegree y acordes y ar•
moniosas qne impidan
oír el grito de angustia
del infeliz vencido ........ .
T0)1A8 C.\llACllO.

Y fervo~ ante el blanco ea~rario
A suplicarte mi amor se arrodilla.

lle acuso, puesto á tus pies, ¡oh mi Diosa!
Como una tierna plegaria repito.
Que de mi sueíio tu imagen radi orn
Miro surgir, y tu nombre beudito,
En mis insomnies, con voz temblvroea.
Que de tu templo al un:ibrnl, taciturna,
Llora en silencio la pobre almti miti,
Y melancólica virgen nocturna ,
Te va á. dejar de la rima en la urna .
Mis peueamientos: la triste ele-gia.
Escucha, ¡oh pálid,a y tris-te princesa!
Esta pasión tanto tiempo callada.
Y abre tus húmedos labios de frt&gt;ea
Para que cum.Plas la grata pro11 eea
Que hizo á. m1 amor tu apacible mirada.
Mas Ei es un suefi.o no más la ,·entura.
De ser tu esclavo y amarte de hinojos,
Si no ha de eer para mí tu ternura,
Si he de olvidar mi infinita amargura
Yiendo la dicha en tus lánguidos ojoe,
Sellara, el búle-amo dulce derrama
De tu perdón en mi pecho que te ama,
Y contemplando tu regia belleza,
Ante tus pies, abrasado en la Jhma
De mi pasión, moriré sin tristeza.
EFRÉN REB01.LF.DO.

Marzo de 1899.

PRE:DE:STINADA

Está tu rostro transparente y flébil
De tus muertas virtudes ante el túmulo,
Y tu sonrisa-cual lamento débilFlota de tus recuerdos sobre- el cúmulo.

SUR LA BRECHE

,

*

. la herencia atroz,
* * era
' el estigma
Era
Cumplido; al fin, como un conjuro mágico;
Y-descifrado el oprobioso e.nigma¿A qnien sorprende el desenlace trágico?

I
Si vivir es luchar,-cuando la pluma
vibra en la mano del poeta ardiente,
debe el poeta levantar su frente
y sacudir el miedo que le abru~a ..... .
Si escribir es luchar,-laglona suma
es azotar al crítico insolente;
que al estallar la ola prepotente
cubra su sien en delicada espuma ........ .
Re,·iente el verso al roce de la chispa:
y zumbe de la gloria de las palmas
con el tenaz zumbido dela avispa ..... .
Que por la ley eterna de las cosas,
y por la ley eterna de las almas,
¡los versos sin espinas no son rosas!

•*•

Aún tus blancas inocencias duermen
En el nido sin luz de tu modeetia';
Tornando en sangre el clande~tino gérmen
Habló en la sangre la iracundia be~tia.

*

*••

¿Tu calma te condena ó te prestigia?
¿Te entristece tu mal ó de él te alegras!
¿Acaso tu alma atravesó la estigia
Sin enlodarse con sus ondas negras?

II
Para vengar mis íntimos agravios
lucharé con el mundo, cuando el mundo
me arroje ese desdén torpe é inmundo
conque ¡infeliz de mí! manchó áloe sabios ...
B:Ultame del dolor estos resabios
para sentirmeexcéptico profundo¡
y saber desplomarme moribuado,
con la frase de Bruto entre loe labios: á virtud
-Yirtud, necio: eres un nombre ..... .
gritaré flajelando altivo y loco
el espíritu crédulo del hombre ..... .
Y envuelto en mi bandera ensangrentada,
he de irme muriendo poco á poco,
¡con la mano en el puiio de la espada!. .....
III
Hoy, ¡oh mundo brutal! mi alma te mira
con lástima y desprecio¡ que tú mismo
vas á ocultarte al fondo del abismo,
aun impotente en medio de tu ira ........ .
El sacro fuego que á ca•tar me inspira
resistirá tus soplos de egoísmo:
No insult.Ps mi doliente excepticismo1
no profanes el culto de mi lira! ........ .
¡Vano es que quieras apagar mi fuego!
tenaz y altivo,-al modo de aquel griego,
ya que nunca tu aplauso me concedes,
...... Saldré á encontrar el carro del destino,
y arrojándome en medio del camino,
gritaré á toda voz:-Pasa, si puedes!
JC&gt;sE S. CnocANO,

CONFI.TE:OR

Si acañciar un sueño es delito,
Si es un pecado est,e amor infinito
Que aquí en mi fiel corazón vive opreso,
Caigo átu planta Ymurmuro contrito:
¡Oh Diosa mía! yo á tí me confieso.
Pequé. y co"ntigo me acuso turbado
Que tu recuerdo querido he guardado
En mi memoria cual santo awuleto,
Y que 1uil veces mi pena he calmado
Con el placer de adorarte en secreto.
Que te he formado en mi pecho un santuario
Do la esperanza, inmortal lampad.ario,
Vierte su luz, do la fé siempre brilla.

.

** en vano
Nubló la carne tu razónt
ContenPr el impulso pretendiste
Y, al fin, al sucio fondo del pantano
Como una rosa tropical caiste.
•

*** desequilibrio
Si un profundo y fatal
Ha encarnado en tu cér, desde su origen,_
¿Cómo han de merecer torpe ludibrio
Las inconscientes faltas que te afiijen?
*

*
¿Qué culpa tiene el* hurac:in
violento
Que azota al valle, con estruendo ronco,
Si cae-herido al soplo de su alientoDel roble hospedador el viejo tronco?

•
••

Y sin embargo, ¡oh pecadoras buenas!
Desesperad del anhelado puerto:
¡Hay en el mundo muchas :\Iagdalenas
Pero Jesús, el redentor ......... hamuerto!
M. Bou,gos CAcno.
liarzo de 1897.

ORIGEN DEL NOMBBE DE ALGUNAS FLORES

'

La J11~ia tomó su nombre de Leonardo Fucb, un sabio
botánico alemán.
La begonia, fué llamada así en honor de M. Begón, bo•
túnico h:ancés.
Jazmín es corrupción de la palabra árabeysmim.
El vlttmbngo se llama así, porque los médicos antiguos
suponian que era eficaz para curar el tnvenenamienc.o
por plomo.
El nombre de la lila ea casi igual al que esta flor tie-ne
en persa?
Atthea procede de una palabra griega que significa c,curar.»
La dalia tomó su nombrd de un célebre botánico sueco,
Andrés Dahl, que fué discípulo de Lineo.
El amariti.8 fué llamado así en honor de la ninfa de ea· te nombre cuya historia refiere Yirgilio.
Cuenta Ovidio que un joven bien parecido llamado
...Yarcüo se convirtió en la flor que lleva su nombre.
Lirio Ee deriva de la palabra célica li, que significa
blanco. Esta flor ha sido considerada siempre como em•
blema de la pureza.
Pedro Magno), Profesor de Medicina en la Universidad
de :Uontpelier, Francia, dió su nombre á la magnolia.
El adoni.~ tomó su nombre ~del hermoso joven de so
nombni, muerto en una cacería.
Desde wuy antiguos tiempos se ha considerado &amp;l pensam.ie11to com un emblema de recuerdos cariI1osos.

�EL MUNDO

OOMIN/;0 7 DE MARZO DE 1&amp;~7

¡

¡,:

-Con quién hablo?
-Libertad!-gente de paz!
-Viva México!
-Quienes son ustedes'?
- l' n soldado y su galleta.
Que entren, respondió Peri•
co Nieto desde adentro-y cierra Pedro por que va á empezar el conce"rtante de Tronos y
Potestades.

,

·'/

/

if~

/'

·r:..:·
) ..

I

157

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 0897

•••

Y heaquícomprobado, concluyó el diablete rascándose la
cola, que un casado vale por
doa .!-Olterones ......
-No quiere usted á los célibes.
-Porque los conozco. Ovando vea. usted. en un .laridou á.
una vieja de bigote marcial y
fa!deri l lo al ranto, santigüese
usted Cumplido. Yestirií. desedas al falderillo y no dará. &amp;gua
al gallo de la paF-ión. EEO!.I cincuentones qne llenan el vacío
de eu corazón vano con hipotecas de casas, pericos de colima, perrillos de Chihuahua
y paliques con clérigos, son
rnaloe, amigo Cumplido... La
vida que no ee vive un poquillo
para I&lt; s dem:ís, es nociva, crimina I á. inútil.
- Y usted dice eso! proferíusted. un enemigo de la humanidad? Yamos, es usted un
pobre diablo.
-Amigo, desengáfieee uet.ed,
hoy por hoy hasta el diablo es
un ente vulgar .

*••):-

EL DANTE E:N MEXTCO.-El esposo de sl mfsmo.

.ll;I. DANTE: JJ;N 111:E;XICO
VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTISÚA,)

Y érase que se era un individuo de aspecto duro, ventrudo, qne de la manera más infeliz llevaba un mal pergefio de mujer y á quien un aatanacillo trnvieso y otro que
no lo era menos ponían como nuevo-pues era un viejoentre las risotadas de un grupo de diablejos espectadores.
No me fué prnciso inquirir que mala persona era aqueUa: un letrero prendido al hombro y Otro donde dijimos,
lo explicaban claramente: uEl eapoeo de sí mismo n ea decir, PI ególatra, el egoísta, el que ha hecho de su~ comodidades, -de su bienestar, un culto.

Campoamor en una de sus más bellas doloras, explica cómo el hombre casado empieza por amar sobre todas Iaa·cosas á. la mujer, continúa por querer más que
á. su cónyuge á su hijo, y concluye por amaree á sí mismo
más que_ á eua hijo~ y á a.u c~nyuge; pero este -postrer egoísmo ha sido prece~tdo e1quiera por abnegaciones, y
no se pena en el mfierno, porque el amor antiguo,
anticip.ada_mente lo redimió. El figurón que yo tenía
ant,e mte OJOS, de tan eriraña manera vestido y penado, era un solte~ón ( casta de víboras) que. pagaba
cal"O~uautoadorac16n, su egoísmo y su sequedad de
espíritu ..... .
-¡Ay de los célibes! exclamó un Belial de enroscada cola, qne mascaba chicle no lejos de mí. Sabe
usted, aíladi61 entre nuestros vecinos los· del Paraíso, se tiene por hombre de pro al caeado.
-Pero hombre, si h~y algunos matrimonios que....
vale más no hablar del asunto.
-Con todo y eso patrón, un mal marido,. cuenta
m~ ant.e el Amo que dos solteros y para probarle
m1 aserto, allá va una hietorieta,
-Suéltela usted, hombre, pero no maeque chicle,
que parece usted galleta.
-Entre galletas anda precisamente la cosa-respondió. Oiga usted:
Acertaron tt llegará las puertas del parniso un soldado y una monja, jóvenes ambos y no mal encarados. La monja que se había anticipado al recluta
llev~ba ya un buen plantón enel sardinel de la puerta smlo~rar mas que \rn .-aquí no entran la!:linútifes, •
Pf?nunciando entre sorbo y sorbo de jarabe balsám1co, por San Pedro, y le refirió sus cuitas al soldado:
-¡A.y! mi alma, exclamó éste, pues si á usted
que es una palomita sin hiel que se aplicó saraban
d:1s en pemtencia toda la vida no la dejan entrar
qué eeráá mi, triguefia de mis entrete1ai:?
'
. -Pero qué ha hecho usted? preguntó la monja, deJando ver una mueca de púdica alarma?"
-La mar de cosas. Yo florecí en :\léxico en la époc.a de las_ 1du~as i~testinasn ( que eran verdaderos c6hcos de mvagrnación) y me pronuncié con diez generales .Y luego contra loe diez, robé tlacos de haber á. mt compañía, introduje tripas al cuartel y dfa
lo que era de otros para los onomásticos del jefe.
-Pues ahí es 1;1ada, ¿y ahora que hacemos?
-Tengo nna idea exclamó el soldado 1 dándose
una pH-lmada en la frente como todos los héroes de
las non~la.."1 \Ylr entregas, v 8in más decir tomó en
sus brazos á la 1.. blata y 5e la echo al hombro como
si fuera fasíl 1 tras de lo cual llamó con garbo á la des•
veneijada puerta del edén.
Abrió Pedrito, que d.e glutial una sopa · de chocola,3, y en~ar.tndose con el intruso preguntó.

~

1111111111// u:

Aún debía encontrar motivo de asombro aquél día. Al
regresar al rentro porque era. tarde, encontré
en el recodo del camino el más peregrino
grupo: uno de la Comparsa infernal extraía á
tirabuzón, la entraña principal de un viejo
verde que fué el Don Juan averiado-pero
rico y dadivoso-de todos los salones.
·
-A7, amigo, en punto á tirjos verdes se yo más que usted. "'\ áyase por Plateros y verá ...

(Continuará.)

A tí, ducha en amor, yn te da risa
una loca de atar como Eloisa.
CAMPO.A.MOR.

J

EL DANTE EN '.\fEXICO.-En la tierra.

LA LINTERNA

Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento;
Le lleva el santo eacramento
A un moribundo á. la taberna.
Ante su paso, una cisterna
Finge un bostezo descontento.
Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento.
Mas en la opaca noche eterna
Súbita estrella, en un momento,
Rueda del alto firmamento
Y hace las veces de linterna
Entre la zarza y la caverna.
MAURICE ROLLINAT.

BALBI:-.0 D.\Y.\LOS.

:\Iarzo de 1897.

W~lJ:~~
SU.ll;ÑOS

De mi alma haré una gota de rocío
Para regar con ella tu corola;
Haré un sublime altar del pecho mío
Y en ese· altar te adoraré á tí sola.
Bri11ará en las tinieblas de mi suerte,
La luz de eol de tu mirar divino¡
Será un períune para tí mi mnerte
Y mi vida una flor de tu camino.
Te creí realidad y eres fulgente
Ilusión de mis días halagüefios;
Te vf, Sefiora, y coroné tu frente
Con el lampo inmortal de mis ensuefios.

•

·:,..

Ven, dejemos el lecho del proscrito,
Del mundo impuro, que tu planta toca,
Ven conmigo¡ yo haré .del infinito
U na copa de amor para tu boca.

;

L; triste noche plegará sus velos
Y tu voz en mi lira de poeta
Agregará al cTe·deum .. de los cielos
El mtígico nocturno de J ulieta.

..

• •

0

EL D AXTE E..", MEXICO.-Dentro de poco tiempo.

¡Feliz si en tu semblante 1,1,ún vetu esposo
la materia en estado luminoso!
C.-nrPO. \M OK..

. .~

1/

Ven, yo te amo¡ la lur. que tú destellas
Será. mi eternidad, y en santa calma
Tú buscarás 1i Dios en las estrP\la~. '
Y yo ló encontraré dentro de tu alma.
Jn-4TO Srnnn.\.

Aspiré á. verte un dfa,
pero dePpnPR de verte
corno dijo .Jesús, Dolores rola,
"mi alma quedó triste haeta la muerte. "

. -:'". ~1'-:.,

HILDA.-}Jo,;,ela por 6auaara ae °0ind.-Núm. 3.
~

,•• r ;

V

~údada me falt.aba una sesión para completar el estu.,¿uo d~ la Caldera, que había emprendido. Raul y yo re$)lviwoa ponernos á la tarea desde el día siguiente.
.Así, puéa, á la mañana siguiente, :i la hora acostumbra-

'

.

.~

da, estábamos sentados en el mismo sitio, en donde ha•
biamos asistido al rasgo de fuerza llevado á cabo por
Ililda.
Esta no tardó en aparecer. Si Raul ae había resuelto,
en virtud de la conversación que habíamos tenido Ja vfaper:l, á precipitar los acontecimientos y á. hablar á la

•

joven de sus sentimientos amorosos, en ésta se veía aquel
día algo q¡¡e parecía indicar que también había tomado
una resolución, que había formado un proyecto cuya naturaleza era difícil adivinar.
:Maniíesta,ba un aire agitado y nervioso que no le era
habitual¡ su mirada tenía algo de más profundo y hasta

�EL MUNDO

•

DDMINGD 7 DE MARZD DE 1897

~¿Qué es le, que ustéd piensa de rrii sue.üo, me pregun
una expresión de gravedad, que su encantadora sonrisa cuestion, tenga ueted entendido, de una vez por todas, tó ella?
que profeso mucha amistad y estimación á Raul, pero
no era capaz de disimular por completo.
Entregado por entero á lo que acababa de saber y á. la
nada que pueda parecerse al amor. Si usted no estuviera
Sinembargo,estabajovial como siempre, y aun aquepesadumbre
que por ello resentía, no había yo escuchalla mañana se mostró más amigable que lo de costumbre tan cegado por el amor paternal, continuó con un tono do las últimas palabras de Hilda sino distraidamente, con
de deepecho, usted habría podido observar esto desde
,con Raul.
el sentimiento vago y confuso de qne re trataba únicaCuando le dije que empezábamos á pensar en nuestra hace tiemoo 1 y, habiéndolo .observado, usted jam:is ha- mente de una tentativa de coqueter:a, tanto más odiosa.
partida, ella me pidió como favor especial que le hfoiera bría alimentado la esperanza de que IIilda de Hammar- cuanto que seguía inmediatamente :i la declaración tan
hielm pudiera consentir alguna vez en casarse con el hi un pequeño estudio en tinta de china del pórtico del casjo
de usted, por cualquiera consideración que pudiera ser. categórica, que echaba por tierra las esperanzas de Tiaul
tillo que estaba del lado norte, es decir, en la fachada
y las mías.
Y ahora, permítame, para cambiar de tema, qne le reopue2ta á aquella en que nos encontrábamos.
~Nunca he dado á los sueños ninguna importancia,
cuerde que mi pregunta ha quedado sin respuesta. L~ contesté, dando principio á recoger mis efectos, poque
- Este será un recuerdo &amp;e ustedes que me traerá á la
memoria las agradables horas ch trabajo que hemos pa- repetiré: ¿Cómo es que usted que sabe defender tan elo- estaba demasiado agitado para continuar pi atando y me
cuentemente la causa de la~ personas casaderas, Iiunca
disponía :í retirarme.
sado juntos, dijo etla.
ha contraído u:;ted nuevo3 víncul11s? ¿Ninguna mujer,
-SJñor de La.guiéres, repuso la joven al cabo de un
Como el ornato y el dibujo de arquitectura eran predesde la que usted perdió, ha hecho latir su corazón? rato ¿alguna vez se le ocurrió á usted, en el cuno de su
cisamente los ramos á que Raul se había dedicado, es¿Así, pues, ninguna mujer existe que pueda inspirarle viudedad, que usted y su hijo hubieran podido enam &gt;·
peciri \mente durante el invierno, lo designé como más
amor? ¿O quizás, sintiéndose usted tan superior .í las de- raree de la misma mujer?
califi.ud') que yo, para aquel gBnero de trabajo, y la jobilidades de eete mundo, ha hecho un pacto con la musa
-Jamás, contesté secamente.
ven, volviéndose hacia él, le preiuntó si tenía buena vode las bellas artes y le ha jurado que jamás se dejará dis-¿Pero si eso hubiese sucedido, qué había usted he·
lunt:\d para ejecutarle aquel trabajo.
traer del culto que le ha consagrado, por un amor á mucho?
-Cm muchísimo gusto, señorita, contest6 el joven.
Ella bajaba la cabeza al pronunciar aquellas palabns y
jer terrestre? Un día me contó ustied que su amor paterReunió inmediatamente sus efectos y partieron juntos
nal babia sido una especie de preservativo contra el aparentaba eetar muy ocupada en reunir algunas bri.,mas
para el paraje desde donde Hilda deseab:i. que se hiciera
otro. ¡Yaya! ¿Acaso no vemos adonde quiera que dirija- de yerb:i. que arrancaba una ,tuna con una precipitación
el estudio.
mos los ojos, ejemplos que nos manifiestan que hacen febril. Aquella preciosa mano blanca, de dedos finos y
Al cabo de un rato, ella volvi6 sola y se sentó al laaristocráticos, que tanto había yo esperado ver entre las
buenas migas juntos?
do mío.
Si hubiese estado menos absorto por la idea de la de· de Raul, hacia cintilar el diamante del dedo anular con
-¿Ha com3nzado R1.ul su bo3q•1ejo? la dije.
sesperación que no dejaría de apoderarae de mi hijo tanta vivacidad que pare"ía que salían chispas Ue la
-Está en"pleno trabajo y más ab3orto en su asunto de
cuando le refiriese las palabras decisivas de la joven, hayerba.
lo que nunca he estado yo en presencia de= su caballete,
-Si eso hubiese ocurrido, nadie lo habría sabido-dije
bría notado la amargura y la vehemencia con que fueron
contestó ella.
yo-Jamás me habría interpuesto como un obstáculo papronunciadas
aque1las
irónicas
palabras.
-Esto consis!ie en que le h'.l. tom'.\do gu3to al encargo,
Fuera lo que fuese, las burlas ae Hilda me volvieron
ra la felicidad de mi hijo.
contesté.
en mi v me hicieron ver que estaba pr5ximo á hacerme
Ella levantó la cabeza:
-¿Y por carifio á vuestro hijo, señor de V:1gieres, us·
ridícu~~; sin que por ello ganase algo la causa de Raul.
-¿Pero ei el objeto del amor de ustedes dos hubiese
ted, viudo á los veintitres años, no ha querido volver á.
-Tiene usted razón, señorita, contesté. Debería haber amado al padre y no al hijo?
ca.sa.rae? me preguntó ella de repente. ¿S~ría pqsible que
conocido á usted lo bastante para saber que usted, la
La voz que había yo escuchado la víspera durante mi
el amor paternal llevara á cabo tales sacrificios?
hada de ese río pérfido y de esa roca insensible y cruel,
pa~eo
solitario, esa voz que sólo el aspecto triste y cabiz-Yo no comprendo lo que este sacrificio pueda tener
debe tener en buena proporción los elementos que entran bajo de Raul pudo hacer c.\l.lar, se hizo oír de nuevo. Senpara usted de extraordinario, contesté, casi lastimado,
en la composición de los objetos con los cuales usted se tí ruborizarme y puse los ojo3 en Hilda. Sus mejillas hapor el tono en que se m~ hacía la pregunta; cesaría realidentifica. ¡Empresa vana es intentar evocar en usted bían palidecido y su ansiosa respiración por sí sola me
menoo de serlo, si mteJ c·rno~ier.i. m ~jor á. mi hijo, si use:entimientos que no es posible que experimente! ¡Sería habría hecho comprenJ.er la importancia que ella daba á
ted supiese qué corJ.7..Jn t.m abnegado, tan ... .. .
lo mismo que pedir á ese río que cesará de correr 6 á esa mi contestación, ei su mirada intensa y la expresión de
-De ninguna manera pongo en duda que ~l posea to ·
das las cualidades posibles, interrumpíó ella con tono ee- roca que derramara lágrimas por las víctimas que ha he- sus labios entreabiertos no me lo hubiesen reve,ado pa·
eo. Sé per.fectamenlie que es un joven apreciable en to• cho! Así, pues, con permiso de usted y para no perder el tenteruente.
¡Y como estaba hermosa, exponiéndome su corazón
do3 conceptos; he tenido tiempo sobrado para convencer- tiempo, vuelvo á mi trabajo, sin contestará las pregunme de ello, y creo que conozco al hijo de usted casi tanto tas que usted me hace y que consideraría simplemente con menoscabo de todas las conveniencias! Sus mejillas
como sarcasmos bien merecidos que no exigen contesta- encendidas, su mir.ida chispeante y como agrandada, pacomo usted mismo.
ción.
recían manifestar lo que costaba ,t la altanera Hilda de
-Pues bien, señorita Rilda, usted debe saber,· en tal
-Muy bien, señor de Laguit!res, replicó ella sonriendo, Hamroarihelm humillarse hasta el punto de ofrecer su
caso, que el muchach1J la am1 vivamente, dije yo, decihasta que ví que volvía usted á ser el mismo que he co- amor á un hombre que no se lo demandaba.
dido á aprovechar aquella ocasión para hablar un poco
nocido. ¡Cuánto más prefiero las respuestas incisivas de
Ella estaba apoyada en una de sus manos, con la trenen favor de Raul y tratar de averiguar si él podía tener
usted á las melosidades sentimentales de los jóvenes á. la za medio deshechá de sus cabellos negros que caían en
alguna probabilidad de hacerse aceptar por la joven.
-Yo sé que él me ama, coi-itestó ella sencillamente; si moda! ¿)fe permite usted que le cuente lo que la hada cascada'de sus hombros sobre su pecho. Tenía el rostro
tiene la intención de pedir mi m!lnO, usted podría prestar- de ese río, supuesto que así me llama, sofió la última no- vuelto hacia arriba y su mirada audazmente ñja en rn í.
le un servicio de amigo y excusarle un paso cuyo resulta• che? Soñé que amaba á. un oso, continuó sin esperar res- En aquel caluroso día del estío, ella iba vestida con un
traje blanco que dejaba libres los antebrazos y el cuello,
do le seríá muy desagraiable, dándole á entender que puesta, un bueno y corpulento animal, que no quería
comprender que yo lo amaba y que sólo respondía con
que un cálido ru.bor acab~ba de invadir como si todo su
mis sentimientos h!:Lcia él no son de ninguna manera los
patadas y grufi.idos á todas mis caricia@. Era extraordi · ser protestase contra el atrevimiento de sus palabras. Yo
que él querría. lfe parece que he demostrado suficientenariamente distraído mi oso, perv yo tenía la persuación veía que todo su cuerpo estaba temblando por el es fuer~
mente, en estos últimos días, que nada tenía él que espe•
zo que hacía para contener su agitación.
rnr. añadió con un tono duro y recargando la voz sobre de que sí lograba separarlo del objeto de su distracción,
no permanecería por más tiempo insensible tí.mis encan·
Un segundo de vacilación, y yo quedaría vencido.
esta última expresión.
Al decir: ((Hilda, yo te amo, sé mía)) yo la hacía feliz.
Yo me había impresionado tan dolorosamenlie el día tos y que había de hacer de él lo que quisiese. Así, pues,
-¿Y yo? ...... Oh! yo sentía que el amor sería aún para
anterior por el estado de sombría desesperación en que resolví hacerle sufrir una dolorosa opei-ación que me lo
ha.bí1\ encontrado á Raul y del cambio físico que aquel entregaría sumiso y abnegado. Me lo llevé un dia álu ro- mí muy dulce. Ahí estaba, muy próximo á. penetrar,. Y
muy pronto,me hallaría invadido y domefiado.
fatal ;\mor le había acarreado, que aquellas palabras me ca de la hada1 terreno en el cual, siendo la hada del río,
Pero, en aquel momento supremo, la imagen de mi pocau'3:tron un vivísi.mo dolor. A pesar de todo, él había estaba yo dotada de una fuerza extraordinaria. Luché con
coniervado alguna e3peranza, sus últimas palabras no me él, lo derribé y le perforé la. nariz, por la cual pasé un bre hijo no me abandonó. Al amar a aquella mujer, agrehabían dejado duda alguna.sobre este particular. Las pala- anillo. El expresó su dolor con lastimeros gritos; en se• gaba á la desesperación de Raul los tormentos de los cebras que Hilda acablb:l dJ oronunciar, sonaban como el guida la herida se f ué cicatrizando poco á poco y cesó los y del odio. ¡Raul tal vez me habría odiadol Esta idea.
doble fúnebre de todas nue3tras esperanzas, las mías y de hacerlo sufrir. Rntonces pasé una cuerda por aquel fué para mí como el dique que detiene el torrente é imanillo y presto mi oso fué todo mío, y en lo !¡ucesivo ee pide la inundación.
las de él.
La sangre, que á. mí me parecía que había abandonado
-¿Pero por qué no podría usted amará mi pobre mu- manifestó el más tierno, el mis amante yel m.ís feliz de
mi semblanlie, refluyó con fuerza. Me desvié y respondí
chacho? le dije, quizás un p&gt;CO aturdido, y movido úni- los osos
Sorprendido del tono profético de aqueilas pa.labras con un tono tranquilo y resuelto:
camente por ese sentimieoto que nos impulsa á defender
que
no sé por qqé me causaron desagradable impresión,
-Yo no habría correspondido á ese amor.
palmo á palmo un terreno que sabemos que esta perdido.
Hubo un momento de silencio1 du,rante el cual no me
Todo p:t.rece ma'nife3tar que él es el marido que usted ne- involuntariamente volví la cara hacia mi interlocutora.
cesitaría, y tiene todas las cualidades que deberían com· Ella alzó la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. El atrevía á mirarla. Yo sufría por ella, sentiaque debía excalo.r habitual de sus ojos se había cambiado en un ma- perimentar, aunque quizás en menor grado, lo que Raul
placeros.
-Señor de LaguiCres, el oficio de corredor de amores tiz glauco como ciertos reflejos del río y parecía que bri- iba á. sufrir y adem,'is los t.ormentos qu_e su altivéz y un
es indigno de ~ exclamó ella sonriéndose. Cerrando llaban con una llama singular que podía indicar la pa· temperamento nervioso debían causarle bajo el latigazo
de la humillación y del amor propio herido.
los ojos, creería uuo estar oyendú á una tia vieja tratan- sión, pero también quizás la locura.
No obstante, aquella extraf'ia expresión no dur0 n;iás
Y tales tormentos no debían ser bagatelas en aquella.
do de acreditará su sobrino. Realmente lo veo á usted
en un papel tan nuevo y que tan mal le sienta, que me que un instante, y casi inmediatamente recobró ella su joven de sentimientos romancescos y exaltados, habitua•
da :i hacer lo que se le antojaba, colmada de todo.q los
cue&lt;Jt.i -trabajo reconocerlo ~á usted. · Para terminar esta ñsonom.ía habitual.

DDMINGD ? DE MARZO DE

,asn

bienes de la fortuna, tanto como dé los de la naturaleza.
Pero era demasiado dueña de sí misma y demasiado
mujer de mundo para dejarse influenciar en apariencia
por la confusión y la perplejidad. El penoso silP.ncio que
siguió á mis palabras, no duró más que brevísimo ra0,
lo preciso para permitirle qne se repusiera, y con su aire
jovial y la sonrisa en los labios dijo irónicamente:
-¡Es usted verdaderamente sublime, señor de la Lagniéres!
-Y hasta podría usted decir que he salvado el paso
que separa lo sublime de lo ridiculo, dije para mis adentros, porque á pesar de todo, y aunque no hubiera siquiera permitido al amor paternal que entrase en lucha con
el otro, sentía dentro de mí algo de ese sentimiento doloroso de desgarramiento que produce el sacrificio y al
que siguen los remordimientos.
Después de esto, le tendí la mano en signo de despedida,
como todOs los días lo hacía, sin decirle sin embargo que
era mi intt:nción no volverá verla.
Estaba resuelto á llevarme á Raul al día siguiente sin
'pretexto alguno. Ya no había para él en aquellos sitios
más que nuevos sufrimiéntos que esperar. Y yo corría
un grave peligro.
Sin embargo, por más que hice por dar á mis faccio nes su habitual expresión, sentí que mis ojos se humedecían, y observé que una lágrima brillaba en los de ella,
pero una lágrima que ee quedaba en el fondo, y que ella
no permitió que se asomase á -los párpados. Ella debió
adivinar mi pensamiento, porque me dijo:
-A.dios, señor de Lagniéres, ó más bien hasta la vista,
porque usted volverá á verme.

YI
Yolví directamente al hotel, y me puse á esperar con
impaciencia á Raul. Tenía yo el presentimiento de que
él hablaría esa misma mañana ú Hilda, y me puse á. pen·
sar que después de todo \'alía más que así fuese, y que
escuchara su sentencia de labios de aque·lla misma.
f'.tra esperarlo, me occrpé en poner en orden nuestros
efectos, y empecé á empacar.
El llegó clerepente, y entró á nuestro aposento con el
paso precipitado de un hombre que viene .i buscar un
objeto olvidado y mostróse muy sorprendido de encontrarme allí. En efecto ,t esa hora estábamos por lo
común casí siempra ausentes, ocupados en trabajar al
aire libre, seajuntos1 sea separadamente, ó en excu.rsiones de exploración en busca de moti vos de estudio.
-~!Ya por aquí, padre mío! Yo te creía en el Boren,
conclnyendo tu estudio de rosales.
Yo me lo quedé mirando ávidamente. No tenía de
nioglina manera el aspecto de un hombre que acaba de
sufrir un desaire de la mujer amada. Tampoco le veía
yo con ese aspecto sombrío y desesperado con el cual lo
vf¡lía yo volver del castillo casi diariamente . .Al contrario, más bien parecía contento, aunque su, aire preocupa·
do y cierta agitación febril mostrasen hasta la evidencia
que había habido alguua explicación entre los dos.
Como ante!! lo he dicho desde que el caracter de Raul
se había formado yse había transformado en un hombre,
las relaciones que nos unían habían sido más bien las de
dos buenos amigos íntimos y carifiosos. Nunca teníamos nada oculto el uno para el otro: él conocía todo mi
pasado, y yo conocía, no solo el suyo, sino también todos
sus pensamientos. Cada alegría, cada disgusto que acon tecía al uno, era inmediatamente comunicado al otro y
compartido con él.
-¡Y bien! Raul, le dije bruscamente, ¿Has hablado
con Hilda?
-Ya le hablé, me contesto, y lejos de repelerme deñnitivamente, como nos lo esper:Ibamos,_ me ha pedido algunos dias de reflexión.
Esto se hallaba tan lejos de lo que n1e esperaba, que la
sorpresa me dejó mudo por algunos instantes.
Sin embargo, mirándolo con más atención 1 ví inmedial&gt;3mente que él trataba de ocultarme algo. Sin hacerme ninguna ilusión respecto de lo que podían ser los sentimientos de Hilda para con él, ví inmediatamente una
mira torcida en esta esperanza que la joven le había dejado y su inesperada respuesta no me pareció en con.
sonancia con la conversación que conmigo había tenido.
Tomé entonces á Raul por la mano, y, abligándolo á
que se sentara al lado mío1 le participé todo lo que ella
me había dicho. Le dije todo ..... . exepto que ella amaba á otro y que este otro era su padre mismo.

EL MUNDO

Habría temido, al hacerlo, despertar sus celos, habría
temblado si me enajenaba el cariño de mi hijo único, de
aquel por quien yo viviría únicamente ........... .
¡Ay de mí! ¡Cuánto me he arepentido de esos temores! Xo ocultándole nada, desc~briendole toda la verdad, quizá él habria podido amarme men(."181 pero habría
quedado mejor persuadido de que aquella pérfida mujer, al
hacerle esperar su a.mor sin condición, solo quería su pérdida. Habría comprendido que ella no lo consideraba
sino como un obstáculo por suprimir, ó quizfls únicamen·
te como el mejor instTumento de su venganza.
El me contestó inmediatamente que, como su conversación había tenido lugar despues de mi partida, podía
ser muy bién que antes de venir á verlo ella hubiese hecho reflexiones cuyo resultado le habría sido m¡ís favorable, y que él no quería todavía abandonar toda esperanza. El se daba cuenta perfecta, me dijo, de lo que se deducía de mi relato, y también de lo que ella le había dicho. Así, pues, si ella consentía finalmente en casarse
con él, era porque tenía otro móvil distinto del amor.
Sin embargo, estaba tan seguro de hacerce amar en lo
sucesiv&lt;.,, que estaba dispuesto á aceptar todas sus condiciones, resuelto á todo para obtener su mano.

,

El pobre muchacho estaba tan poco -acostumbrado :í
ocultarme nada, que yo le arranqué, por decirlo, así á pedazos toda la verdad. Sin embargo, me obligó ú que le
prometiera antes de contar todo, que yo no me opondría
1-Í. su proyecto si él me comunicaba la condición que la
joven había puesto para otorgar su mano. Esperaba yo
tanpoco lo que iba á.decirme que se lo prometí, con la
condición de que yo quedara bien convencido de la imposibilidad para él de llegar á la realización de sus deseos de otro modo cualquiera, y de que lo que fuese áser
nada tuviese de reprensible óque pusiese su \'ida en peligro.
A esto me contestó que amaba tanto á Hi!da, que el
mayor peligro que pudiera amenazar sus días, em tener
que renunciar á ella, y los signos exteriores del mal que
lo devoraba, eran tan visibles que acentuaban enérgicamente sus palabrns.
He aqui, pues, lo que le hice decir.
Hilda después de haberse separado de mi lado, se ha•
bía reunido con él y se babia mostrado tan afectuosa y
tan amable 1 que él por último se había encontrado con
ánimos para decirle qu~ la amaba y para solicitar su
mano.
Ella le contestó inmediatamente lo que me había dicho, es decir que le profesaba mucha estimación y amistad, pero no amor. Sin embargo, como en ella no mostraba que quisiese hacer de aquella objeción un obsticulo insuperable, él estuvo más elocuente y persuasivo,
mientras que ella aparentaba dejarse conmover poco á
poco. Le habló en seguida de su madre, le refirió lo que
ya sabemoe, que la baronesa probablemente se había precipitado voluntariamente al escollo fatal para dar término á una existencia intolerable.
Después agregó, en la forma de confidencia íntima,
que la aya inglesa, antes de morir, babia rendido esta
declaración: una recamarera de la baronesa, que había
visto á ésta en la roca de la hada pocos minutos antes de
su desaparición en el remolino fatal, había observado distintamente que ella hacia el ademán de una persona que
arroja algún objeto al estanque conocido con el nombre
del Espejo de la hada. Este objeto, según el dicho de la
aya, debia ser uoa cajita sellada_ ó un frasco que contenía un papel en el cual la pobre mujer escribió sus 111timas instrucciones á su hija y algunas revelaciones sobre su marido, pero que ella había juzgadó en sus últimos momentos ó presa quizá; de vacilaciones ó de escrúpulos, no deber publicar. En consecuencia, la baronesa se
babia decidido á ocultar aquel documento en un paraje
en donde, sin condenarlo del todo al olvido, sería muy
difícil llegar.
-Para encontrar y retirar ese objeto, dijo Hilda, es
por lo que, dos veces antes de la llCgada de ustedes á estos parajes, he afrontado los riesgos de la Caldera, pero
inutilmente. Y sin embargo, la caja sellada allí está, visible en el fondo del estanque, pero hay un objeto tan
horroroso que habría que tocar para llegará la caja, que
nunca he tenido el vafor para hundir mi brazo en el
agua. Usted, Rau1, conoce mi carácter un poco roman•
cesco, añadió la pérfida sonriéndose, y así es que no le
extrañará que le diga que el que quieiese obt.enermi ma-

no aumentaría mucho sus -probabilidades de lograrlo
trayéndome esa caja.
El pobre muchacho se había declarado inmediatamen•
te dispuesto á hacer la tentativa, y la joven había fingido explicar muy detalladamente la maniobra que se
tendría que ejecutar para llegar hasta el centro del esco•
llo con las mejores probabilidades de éxito.
El efecto que este relato produjo en mí, antes es para
imaginado que para descrito. El proyecto de aquella mujer se me apareció en toda su atrocidad, yel sueño que ella
me había contado y que yo había escuchado distraídamente, como una impertinente charla, vínome derepente á la memoria con una singular claridad. Era una alegoría profética y una amenaza lo que aquella singulir
mujer se disponía á poner eu pn'tctica con un ingenio
yerdaderamente diabólico.
Déjase enteder que yo eetaba absolutamente resuelto á
impedir que Raul ejecutase aquella insensata tentativa, aun cuando tuviese que emplear la fuerza.
:Xo había tren para la capital antes de las ocho. Tomé
inmediatamente la resolución de partir con mi hijo en
aquel tren, y 1 como no nos quedaba mií.s que una noche
que paear en aquel lugar, me prometí no perder de vista
á mi pobre loco, aunque parnÉe toda la noche en vela.
La pasamos en efecto platicando y razonando. Yo le
expuse con tanta calma, como la pude afectar, las pocas
probabilidades de éxito que tenía consigo por no tener
ninguna experiencia de la manera de proceder para navegar en aquel río. Yo le hice ver que uoa mujer capaz de imponer semejantes pruebas, jugando con la vida
del hombre que la amaba, no podía ser más que una mujer sin corazón é indigna de ser amada; que aun logrando traerle el objeto en cuestión nada lo autorizaba á
creer que ella le otorgase rn mano.
Apelé ~n seguida á mi afecto paternal, recordándole-que
él era el único sér que para mí representaba á la familia
y la ventura ·en est.e mundo. ¿Tendría corazón para exponer así sus días con rÍeiigOde emponzoñar el resto de la
exístencia que yo tendría aun que pasar aqu[ abajo?
Hablé por mucho tiempo, y con una emoción tan ere•
ciente, que acabé por conmoverlo.
Yo me reprochaba amargamente el haber dejado que
las cosas llegasen á ese punto. El sentimiento de la desgracia que podía herirme me había invadido por entero,
comunicando un calor y un acento de perimación á mis
palabras que acabaron por hacerlo llorar.
Se echó á. mis brazos y dE:claró por último que renunciaba á su funesto proyecto.
Era media noche, yo lo obligué entonces á que se acos tara, cosa que ejecutó cuando le di la seguridad de que
yo no tardaifa en hacer lo mismo.
·
l\!e ocupé t,Qdavfa algunos instantes en nuestro equipa·
je. A poco, el rumor regular de su respiración me aseguró
de que se había dormido. Yo mismo estaba fatigado y
me arrojé v.estido en mi cama, prometiéndome velar muy
bien hasta la salida del día á mi pobre hijo, hechizado
por una hada maléfica, como á. mí mismo me decía contemplándolo en snencio. )Ie parecía que se había vuelto niñ.o. Al menos yo sentía por él, en aquellos momentos,
ese sentimiento que más bien se parece al amor maternal, formado de ternura emocionada, con el cual se mira
en la cuna al nifiito que se ha tenido en una esposa muy
amada. Yo no tenía suefio, á lo menos según me lo parecía. Exitado y agitado como estaba, me habría parecido
imposible dormir.
Y sin embargo, así sucedió. ~Ie dormí profundamente
y tu ve un espantoso ensueño!
Estaba sentado en la roca de la hada. Hilda estaba á
mi lado, rodeándome con sus brazos el cuello. En torno
del escollo, cuyo abordaje parecían custodiar, velase com(' un círculo arremolinado de horrorosos cadáveres.
De repente ví aparecer, fuera de aquel circulo á. Raul
embarcado en el bajelillo azul. Hacía violento~ esfue/
zos para salva1 el círculo fatal y llegarse hasta mí.
Yo quise tenderle las manos y dirigirle palabras de estímulo, pero en aquel mismo instante, mi compafiera me
enlazó tan estrechamente, que no pude hacer un sólo
movimento.
Yí que el pequeño esqui-fe hacía un supremo esfuerzo
para pasar el obstáculo 1 pero el remolino se apoderó de
él, y Raul y la barca quedaron devot'Rdos, mientras que
la hada cruel, que me retenía en su poder, murmuraba á
mi oído: «Está consumada la operación, tu corazón cesará de estar distra!'.do, serás mío para siempre.))

�Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

.

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rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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