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                  <text>EL MUNDO

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DOMINGO 04 DE MARZO DE 0897

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í!a nota ae la moaa.
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ae flores.-'larro

"Gtbanico''.

ler. premio, otorgaao por "$1 rounao."-(~amilia Na1'arrele.)

•

N(Jlllft, RO

J:IO

�EL MUNDO

"EI, MlJNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
HJl:xrco

Toda la correspondencia que se relacione con la R&amp;,.
4acci6n, debe ser dirigida al

Director, Lle. Raf"ael Reyes Spindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe eer dirigida al

Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y ee cobra. por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.

Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

.

Todo pa¡:o debe aer precisamente adelantado.
RtGiln'RA.DO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE•

Matas tbitarialts.
por qué uiue d "rl]antage."
Un grupo de personas resueltas h.a querido penetrar
en ese pudridero que mancha la prensa de todos los paf•
aes y que se llama cha,itage. Se ha pretendido realizar lo
que designó un colega con la !rase: la dMinfecci6n dtl perwdilmw, analizando actos y desentrañando hechos de
dudosa moral id.ad social. La tarea es más trabajosa de
lo que á primera vista parece, porque el mal tiene raiees
muy hondas, porque la plant.a se nutre del jugo extraído
de la tierra que la rodea.
El clu:,,ntagista, pícaro .fir. de siglo, que ha cambi rulo la
capa raída de Guzmán de Alfarache por el traje de etiqueta del caballero de los salones, y la rapiere de Satabadil por la pluma del publicista, encuentra en nuestro
medio un apoyo real, una base sólida, un escudo que lo
ampara y lo hace invulnerable, en la complacencia social, en la falta absoluta de va'torcivil para afrontar con
energía las vociferaciones de estos asltantes de la honra,
tolerados y sostenidos por las víctimas.
Esta tolerancia se traduce en una viabilidad positiva
de semejantes industriales, que encuentran mercado á.
propósito para colocar sus productos averiados. Si el
hombre amenazado con el escándalo tuviera suficiente
corazón para afrontar el siniestro golpe del flamante
bandolero; si se alzara á. un nivel superior, penetrándoee
bien de que dentro de los términos de ciertos pactos, tan
graves resultan para la moralidad social las proposiciones
del asaltante como la aceptación de estas proposiciones
por parte del asaltado, estos microbios perecerían.
La energía personal mexicana se derrocha en acciones
violentas, en actos impulsivos, pero nunca en actitudes
serenas y reposadas, jamás en tranquilos estadgs de conciencia, inspirados en el cumplimiento de un deber.-El
chantagista puede explotar canallescamente á hombres
manchados, puede fustigará impuros, puede acometer á
bribones; pero el hombre honrado que se deja envolver
y e:irtrangnlar en esa red infamante, y cei'iir su cuello por
eee dogal, es responsable de contribuir á la explotación
cín:cay desvergonzada de todos suscoasociados.
Es preciso fortificar ciertos músculos, vigorizar ciertas
fibras. inyectar energías en nuestra voluntad, siempre dispuesta á desfallecer en actos de suprema defensa social.
¡ Los hombres honrados que cgntribuyen al sostenimiento de los picaros, no cumplen con su deber!

Qfnfermebllbes sociales.
Juzgan algunos que el publicista está obligado á cerrar
los ojos, mostr.indoae ciego voluntario, á todo lo que no
es agradable. Imaginan que la prensa y el libro están
destinados á engañará. losespfritus con el polvillo de oro
de la mentira y las elocuentes estrofas de la adulación rimada.
Par.i estos criterios, tener la osad la de enfrentarse con
una dolencia social y escu:lrifiarla, y diagnósticarla, constituye un delito; en la conciencia humana, hidrópica de
saber, debe perpatnar.!e el error, antes de sembrar la
alarma y mantener en constante jnfancia á los cerebros,

arrojando sobre ellos pufiadoe de tinieblas y suaves pét.aloe de ro!!as.
lY nó! El publicismo moderno se dfatingue precisamente por su gran tarea de analizar enfermedades orgánicas, de desentrañar miserias, de destruir prejuicios, de
preparni: el porvenir con el estudio concienzudo y valeroso de los hechos. La ciencia, la gran impa~ible., como la
llamó Goethe, se difunde democráticamente entre las
multitudes1 revelándolas sus prolcngadas anemias1 descubriendo sus violentas convulsiones, dando á conocer al
hombre donde los idealistas y los cortesanos habían colocado al ángel.-No es preciso que una verdad i:ea agradable, ha dicho el ilustre Taine;¡ba..sta conque sea verdad/
Pero se nos dice, hacéis un mal á Ja sociedad en que vivís, haciendola saber de quá masa está fabricada. ¿'Mal
se llama sacará los hombres del error, ensefiarles sus vicios, sus defectos? Creemos nosotros que antes por lo
contrario, hay en la sinceridad de estas revelaciones una
gran ensef'ianza moral, un principio de alta conveniencia colectiva y de higiene social. Los pueblos se redimen de sus vicios por la ciencia, y hacer de ésta
una eterna cortesana, mercenaria que respeta todas
las cobardías y se inclina humildemente ante todos loB
caprichos, es desconocerla, prostituirla.
Pero todavía es más monstruvso el criterio que sostiene
que la exhibición de estas enfermedades desprestigia á.
los gobiernos. ¿Qué culpa tienen Josgobiernol!I de los productos morbosos de un estado social? Si el hijo de un alcohólico y una histérica tiene noventa probabilidades contra cien de ser candidato á. un delito, ¿se puede arrojar
el cargo al poder público de esta ley fatalmente necesaria,
y fuera de los límites posibles del Estado?
El Estado no dispone de las facultades extraordinarias de convertír el agua en vino y la concieñcia del culpable en el santuario de una virgen. La obertura del
Tannhauser no obtendrá gran éxito en una tribu de canf bales; nunca serán culpables los ejecutantes sino el auditorio.
Todo lo demá.s son extravagancias impropias de escritores serios, y que.tienen en algo sus deberes de educar
al público.

Jalftica &lt;l&amp;tntral.
RESUMEN.-La Cámara francesa en la Cuestión de
Oriente.-La última esperanza • .-......Aislamiento de
Grecia.-EI acuerdo de las potencias. -Aun no es
tiempo.-Concluslón.

Nube negra y sombría se cierne aún en el azui. cielo de
la divina Hélade. L1s grandes potencias ea ro peas en su
incesante afán de mantener la paz, y desoyendo los clamores de los infelices cretenses que rechazan la autonomía ofrecida, y anhelan sólo formar parte de la nación
helénica, han decretado oponerse por medio de la violencia á. las aspiraciones del rey Jorge, que ya soñaba en
la incorporación de la isla de Creta á sus Estados.
La actitud de la Ciimara Francesa adhiriéndose, de
buen grado, á la política &amp;.el gabinete que preside M. Mélline, y ahogando el sentimiento público que se inclina
en sus arrebatos romancescos á todo lo que es noble, á
todo lo que es grande, y rinde el tributo de su admiración
y ofrece el homenaje de sus simpatías á. los que luchan
en Creta por la santa causa de la libertad, ha venido á
desvanecer las ilusiones de los helenos que esperaban
encontrar si nó apoyo decidido en el pueblo francés y
material auxilio en el Gobierno de la República, por lo
menos una resistencia á los designios de los poderosos,
que indirectamente sirviera á la cansa del débil, á la aspiración justa del oprimido.

• •*
Según las manifest.aciones ruidosas á favor de Grecia
en las calles de París, según la opinión de buena parte de
la prensa, más dispuestJ á celebrar la desmembración de
Turquía y á. salud.ar al rey Jorge como paladín de la
idea cristiana, que á secundar las exigencias del emperador Guillermo, más que ninguno empeñado en reprimirá c&amp;f'ionazos lo que se h.a dado en llamar temeraria
aventura del gobierno griego: había motivos para creer
que la Cámara ::re interpusiera entre las potencias decididas á hacer valer la omnipotencia de sus re.soluciones, y

DDMINGD

21

DE: MARZO DE

1897

DD ■ INGD 21

los míseros súbditos del Sultán que han pretendido desJigarse de su -ominoso yugo, buscando el abrigo y acogiéndose al amparo de la madre común de los helenos.
No ha sido así: cualesquiera que sean las simpatías que-personalmente abriguen los diputados franceses por 1acausa de Creta, que es la causa delajusticia y de la libertad, han
debido sofocarlas y afirmar con su voto el lugar que Francia ha obtenido en el concierto de las naciones. Han debido pesar en su conciencia, no tanto las consideraciones
de amor á. la noble aspiración de los cretenses y al heroísmo de los griegos, que quedan abandonados á sus propias
fuerzas y expuestos á las iras fanáticas del Sultán y á la.
feroz barbarie de los musulmanes, como las conveniencias políticas generales, la necesidad de conservar un
puesto de honor en el trabajoso equilibrio europeo, y la
esperanza de atraer en favor de la República esa unidad
que no debe romper, cuando se trate de la evacuación
del Egipto, hoy sujeto á. la tutela britá.nica.
Parece que el sentimiento público se ha sacrificado en
aras de la alianza franco-rusa; no hay tal: si algún sacrificio se ha hecho, ha 8ido en aras del buen nombre y del'
prestigio de la nación francesa, llamada á desempeñar misión muy alta en no lejano porvenir.
Por lo domis 1 al garantizai: la autonomía de la revuelta isla, al comprometerse á su pronta paciflcacióñ, y al
desprenderla del dominio directo de la Sublime Puerta,
creen las potencias y con ellas Mr. Hanoteaux, ministro,
de relaciones de Francia, que se atiende lo bastante al
clamor de los pueblos, hartos ya de la dominación muslímica.

X.X.X.
Marzo 18 de 1897.

EL MUNDO

EL DOCTOR JUAN B. HIJAR Y HARD

( Apuntes para un estudio.)

Acaba de morir en esta ciudad uno de esos hombres
ameritados, á quien su excesiva modestia no dejó bri •
llar tanto como merecía, en las esferas altas de la política, de las ciencias, de las letras y de la diplomacia.
Me refiero al Dr. D. Jnan Bautista Hijar y Haro, nacid•)
-en Guadalajara el 24 de Febrero de 1830, muerto en México el 5 del actual.
Condiscípulo de Don Ignacio L. Vallatta, &lt;}.el general
Ignacio R. Ala.torre, del Lic. D. Emeterio Robles Gil,
fué, como estudiante, de los más notables en el Seminario de Guadalajara. Cursó con brillantez la medicina,
siendo uno de sus maestros más amados, el Dr. Clement.
En cuanto obtuvo el título, dió la cátedra de terapéutica
en el Instituto de Ciencias, é impulsado por sns convic·
ciones, salió á. campaña. como Jefe del Óuerpo médico
militar, á las órdenes del general D. Santos Dt:gollado.
La gravedad y muerte de Agustín Degollado, hijo del ge·
neral, le retuvieron en Morelia, en los días en que sus
compafieros fueron fusilados en Tacubaya (Abril de
18-59.)
Este triste suceso y el fusilamiellto de su íntimo amigo Herrera y Cairo, le infundieron más brío para combatir, en unión del señor su padre, en deíensa de las leyes de Reforma.
Su caracter bondadoso, su lealtad á. toda prueba, le
conqu.istaron amigos, como el heróico general Antonio
Rosales y el mártir Leandro Valle, que cargó su camilla
en Zapotlán, cuando Hijar y Haro, atacado por Daniel
Gómez, cayó del caballo con la pierna rota en cuatro pedazos.
Siendo muy joven el general Corona, trató y estimó á
Hijar y con él se fué á Espafia, llevándolo de Primer
Secretario, al reanudarse nuestras relaciones con la antigua madre patria, en 1874.
En Madrid fué donde conocí al Dr. Hijar. Tratábanlo
con cariño y con respeto los literatos de más nombre, y
yo, escuché la lectura de su poema 11Roberto y Laura,,i
en la casa de D. Pedro A. de Alarcón, la noche en que
allí se oyó por vez primera al gran tenorJulián Gayarre.
Manuel del Palacio leyó el poema. de Hijar que fué saludado con sinceros aplaueoe. Al conocer en Espai'la la
obra 1(Historia del Ejército de Oriente,u que escribió por
encargo del Sr. Juárez, y en la cual están descritas todas
las campañas del general Corona, se le nombró ccmiembro
honorario de la Real Academia de le Ilistoria," como se
le nombró también por sus diversos escritos 1&lt;miembro
honorario de la Asociación de Escritores y Artistas españoles,)) que presideNúfl.ez de Arce.
Intimo amigo del general D. Antonio Ros de Olano,
de D. Ventura Ruiz de Aguilera, de Castelar que lo distinguía constantemente, de Grillo, etc., asistfaá las veladas literarias, y sus versos cautivaban á. los más selectos
auditorios.

'***
Pero si la Europa juzga cumplidas sus obligaciones yllenada su misión, en pro de los esclavos cristianos que se·
debaten en convulsión treménda, por darse en Creta el
gobierno que ambicionan; el Rey, el gobierno y el pueblo de Grecia, inspirados por un solo aliento, empujados por la misma idea, y aguijoneados por el mismo deseo.
no se someten ni quieren inclinarse ante los designios
del más fuerte.
Retirarán su escuadra de las aguas cretenses. p:Jrque
sería inútil la resistencia y est.éril, ante los formidables.
buques que allí han amontonado los defensores del Sultán; pero las tropas que hace un mes alientan á. losrebeldes en el interior de la Isla, y que al mando del CJronel
Vassos han tomado posesión del territorio en nombre de~
su soberano 1 esas quedar.in en su puesto, y sólo cederáfu
el paso á. los soldados extranjeros áquienesdesafi~n á singular combate.
Ya se rumora seriamente el rompimiento abierto entre
Grecia y Turquía; ya ee anuncia esta resolución como la.
única que ha de dará Grecia libertad de acción, y que
espera la exima de la tutela que sobre ella han preten-dido ejercer los poderosos. Va.no intento: Europa que en
aras de la paz ha sacrificado sus tradiciones, y, aunque so-lo en apariencia, ha organizado una cruzada en contra
de los campeones de la fé cristiana y en defensa de la
oprobiosa Media-Luna; Europa quedió vida á Bulgaria,
á. Servia y á la misma Grecia, segregando después la Bosnia y la Herzegovina del patrimonio de los Califas, no
permitirá. que Greciaquede envuelta en una guerra que
tan costosa fué á. Rusia en 1877; no tolerará que, después
de sus gestiones y el unánime acuerdo que ahora reina,
se perturbe la mentida tranqu.ilidai de las naciones, por
la aventura peligrosa de un rey que quiere apresurar con,
sus escasos elementos, y aun á. pesar de los apuros financieros de su tesoro, la caída del secular imperio otomano,
cuando todavía los augustos sobenmos que lo asisten en,
su lecho mortuorio no han azordado en sus altos é ines.
eruta.bles designios, administrarle la extremaunción:
Y habrán de ceder ante la fuerza, habrán de calmar~
sus ímpetus los impacientes. Hoy es la autonomía de
Creta¡ mañana ser,t su anexión. Todavía no está maduro el plan que ha de hacer efectiva la cláusula más importante en el testamento de Pedro el Grande¡ el águila...
moscovita aun no se decide á extender sus robustas ala&amp;t
sobre la baailica de la Santa Sabiduría.

DE MARZD DE 1897

Educado con exquisita delicadeza, era de los que ae
captaban un amigo desde el instante en que lo saludan y
que logran con la buena forma seducir á los más tenaces
adversarios.
Hijar fné Miembro de la Real Academia de Medicina
de Roma, y Delegado de México en el Congreso de Americanistas de :Madrid (1881 ), de Higiene y Demografía de
Ginebra (1882), Penitenciario de Roma (1888) y Conferencia Sanitaria de Roma (1885 ).

•

En la época en que estnvo en lt.alia como Encargado
de Negocios, recibió muestras de consideración de la Reina Margarita, y presentes afectuosos del Rey Humberto .
Veinte anos sirvió sin descanso, en nuestras Legaciones y cuando regresó á la patria fué electo, primero Vice
Presidente y después presidente del Senado.
Como poeta, sus versos son dulcísimos, tiernos y delicados. PerteneciAndo á la escuela subjetiva¡ cantor de
sus propios sentimientos; admirador de la naturaleza ea
1odas sus grandiosas manifestaciones; tienen sus rimas
todos los encantos de una imaginación cread.ora y de una
sensibilidad incomparable.
Como médico le vi hacer curaciones sorprendentes; había llegado á establecer un trat.amiento para la curación
de los cálculos biliosos y otro para combatir la ataxia lo•
comotriz. Sus estudios sobre la lactancia aon de interés
muy grande.
Fué un hombre muy honrado y muy sano de espíritu,
Idólatra de sus hijos, puso todo empefio en educarlos é

JUAN B. HIJAR Y HARO
( De retrato pintado por su hijo el Sr. Alfredo Híjar.)

ilustrarlos, y logró ver realizadas sus esperanzas, pues
ellos corresponden con su talento y sus méritos á. los afanes de su padre. No son estos apuntes un estudio sobre
la personalidad de Hijar y Haro.-l!e reservo á. escribir
algo má!'I detenido y más en forma.-El dolor que me
causa su muerte no me permite todavía estndiar las tases
de su vida. Acabo de acompañarlo á. su última morada,
donde un buen amigo, Don Juan J?uentesSolís, hizo breve pero sentida sinopsis de lo que f~é Hijar para su pa·
tria.
¡Duerma en paz el noble amigo! ¡Duerma tranquilo el
que siempre guardó en su corazón las excelencias sublimes del sentimiento!
Hijar y Baro no deja un enemigo¡ practicó el bien,
honró á. su patria, sirvió de mil modos á. sus amigos y ha
legado una memoria sin tacha á cuantos le conocieron y
trataron .
Yivió como sacerdote del bien y murió com&lt;• un justo,
-Poco antes de cerrar para siempre sus ojos,-ya privados de luz por una ceguera inesperada que abatió su espíritu y entristeció su suerte-todavía recitaba alguna ertrofa de la alegria, que escribió para un poeta.
Hijar y Haro cruzó la tierra sonriendo y consolando.
Ya entró á ese reino en que solo la Historia perturba el
sueno cou sus aplausos ó sus anatemas. ¡Dichoso él que
solo encomios recibe con las coronas que cubren su
tumba!
JuAN DE Dios PEZA.
Marzo de 97.
PAGINAS ESCOGIDAS
DEL LIBRO

un

DESIERTO" DE PIERRE LOTI

Domingo 25 de Febrero.
Al espléndido amanecer; nuestro campo se despierta,
se estremece, se repliega para la partida. Sobre las rocas
que formaban muralla detrás de nosotros, se mantiene
la luna blanca que con su llpagada pupila en el cielo azul
nos ve partir.
Al punto, basta el mediodía quemante, las soledades está.n sembradas de guijarros negros, como espolvoreados
de carbón, y estos guijarros relumbran, brillan bajo el ardiente sol dando una ilusión de humedad á los sedientos
que pasan. Durante horas enteras,.desfilan las negras
soledades, llenas de espejeos¡ en algunos lug&amp;rt:s loe salitres y las eflorescencias de sales forman vetead('B grises. Nada canh, nada vuela, nada se mueve: Pero el silencio inmenso, está martillado á la sordina por el andar
incesante y monótono de nuestros lentos camellos.
A medida que se atraviesa una región menos muerta, al
borde G.e alguna cosa que debe ser el lecho deseado de algún torrente, crecen incoloros tamarindos, y pálidas florecitas blancas y hasta dos altas palmeras. Unagolondri-

'79

na gris croza con vuelo azorado, y Jas moscas de nuevo
ee posan en los ojosJlorosos de nuestros camellos! 1.."'nensayo de vida. Y dos grandes pájaros negros, los señores
del lugar despliegan sus alas arrojando su grito en el silencio.
Nuestros beduinos de escolta al ver las palmera!'i olfatean que hay agua bajo su delgada sombra y conducen á.
las bestias. En efecto, en una hoquedad de art::na, hay
una poca de agua y los camellos con gruñidos de alegría,
se aproximan, é intentan sumergir dos ó tresá un tiempo
sus hocicos mezclando sus largos cuellos extendidos.
Después el desierto comienza de nuevo, más seco y m,í.s
estéril. Nos alejamos siempre del Mar Rojo, desaparecido desde ayer, internándonos en las comarcas montaiiosas del interior. Cuántos valles lúgubres y grandes circos desolados atravesamos todavía antes del reposo de
la tarde! Nuestros camellos siguen siempre con el mismo .
balanceo rítmico que adormece, siguen casi por sí solos
las imperceptibles sendas del desierto, que han seguido
ó trazado durante innúmeras edades bestias semejantes
de las que descienden, en esa misma dirección, la t"tnica
un poco frecuentada de la arabia sinai"tica.
Hacia la tarde, pasan tres mujeree impenetrablemente
veladas sobae camellos jóvenes de hocico al aire. Un momento después, un muchacho bronceado, que parece inquieto de su huida, sigue la misma dirección que ellas en
la soledad donde nuestros ojos las han perdido. Su camello adornado con bordados, tiene franjas y borlas que flotan al viento en su carrera.
En torne nuestro, ámedidaque el sol se aleja, las montaiias se elevan y los valles se ahondan. Las montañas
son de arena de arcilla y de piedras blancas: aglomeraciones de materias vírgenes acumuladas al azar de las
formaciones geológicas, jamás movidas por el hombre1 y
lentamente deslavadas por la lluvia, lentamente caldeadas por los soles desde el principio del mundo. Afectan
las más extraHas formas y se diría que una. mano ha tenido cuidado de colocarlas, de agrnparlas, con aspecto
casi idéntico, durante una legua son 1:eries de conos sobrepuestos, escalados como con una intención de simetría, después las puntas se apJAnan y se convieTten en
series de mesetas cíclopes, en seguide se ven los domos
y las cúpulas como restos de ciudades fósiles. Y se permanece confuso ante lo rebuscado é inútil de esas formas de las coeas, mientras que todo desfila en el silencio de la muerte, bajo la misma luz implacable, con las
mismas partículas brillantes de moca de que esttt sembrado el desierto, en esos lugarEIB, como un monte de parada. A ratos uno de loscamelleros canta y su voz nos eaca de una somnolencia ó de un sueiio. Su canto es más
bien una serie de gritos de llamada, infinitamente tristee, en los que el nombre de Allah suena sin cesar y despierta en las paredes de los valles, claros ecos, sonoridades casi espantables que dominan.
En la tarde, á la hora en que la magia del poniente
desciende nada más para nosotros en el desierto, acampamos en un gran circo melancólico y todavía sin nombre, y todo él de arsilla grisásea rodeada de una muralla
de rocas gigantes.
El lugar carece de agua¡ pero para dos ó tres días todavía, tenemos con la del Nilo yel cheík, nuestro guía,
promete acamparnos mañana cerca de una. fuente
Tan luego como se mont.an nuestras tiendas, los camellos, desembarazados de su pesada carga se dispersan por
el camino en busca de raras retamas y nuestros árabes de
briznas secas para hacer fuegos, semejantes entonces, á
brujos de luengos trajes, recojiendo yerbas, al caer la tarde, para los maleficios. Y durante una noche, nuestra
pequef!.a ciudad nómade lleva la ilusión de la vida á. ese
lngar perdido donde no volvera jamás y donde mañana
reinará el silencio de la muerte.
Hay una desolación más y más grandiosa, en ese lugar, á medida .que el sol se abate y se apaga. Circoinmen•
so rodeado como de desplomes de ciudades¡ cosas caóticas derribadas, exfoliadas, ahondadas por fisuras y cavernas. Y todo ell,i como nuestras camellos, C(\mo nuestros
Beduinoa, como el suelo y como todo. es de esos tonos
grises, cenicientos 6 moreno ardientes que forman el foneterno, el fondo neutro y por lo mismo intensamente c1í.·
lido, sobre el cual el desierto arroja y despliega todas sus
fanstasmagorías de luz.
He aquí la hora del poniente, la hora mágica; sobre
las cimas lejana.e aparecen, en furtivos minutos, las violetas incadescentes, y los rojos de brasa; todo parece despedir fuego.

•

�O-OMINGO

EL MUNDO

180

DE MARZO DE 1197

escarpaduras, hacia arriba, y mirándome con el cuello
tendido, con aire de íntimo conocimiento; nuestros dromedarios que reflexionan sin dnda, en el medio de bajar
hasta el agua apetecida, y que gozan también quizá, á. su
manera., de la mañana suave.

Entre tanto el sol se ha ocult.ado, pero aunque todo se
en:.ombrece un fuego latente, un fuego que tarda en apaga1 se, incuba aún largamente bajo esos morenos y esos
grises que son los verdaderos colores de las cosas. Después, pasa un estremecimiento y súbitamente el frío desciende, el inevitable frío de la tarde en el desierto.
encendido en cielo inmenso, y nuestros beduinos, como
de costumbre, se han sentado formando rueda en torno
de sus luminarias de ramas-siluetas negras sobre llamaradas amarillas-doce de ellos r,e desprenden, vienen á
colocarse ante las tiendas, rodeando á uno que toca gaita,
y comienzan á cantar en-coro. Y segtin la cadencia lenta
qne el gaitero les marca, balancean la cabeza. El aire es
,·iejo y lúgubre, tal sin duda, como se oía eu el desierto
cuando Moisétr pasó. Más triste que el silencio es la música beduina que se elev:a, inesperadamente, gemebunda
y que parece perderse enel aire, no habituado al ruido,
ávido del sonido, como esas arenas están ávidas de rocío.
Jueves 8 de Marzo.
¡Oh, el Oned-el-Aln, el valle de la fuente! ¿Con qué palabras, con qué imágenes de frescura tomadas de los poe•
tas del antiguo Oriente, pintar ese Edén escondido en los
granitos del desierto!

A NUESTROS LECTORES

Con nuestro próx:imo número repartiremos el-tercer tomo oe nu¡,¡¡tra B,bliot"ca MiriWh,1,ro, correspondiente á Mar•
zo, é incluiremos aderD;ás, un suplemento relativo al Car·
naval en Mérida, para el cual tenemos aún hermosos
grabados.
E1, ::\-luNDO prepara una notable reforma.
OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA"

ENME:XICO.

\

•

1

El carnaval en Mérida
Qriental.''-Señorita Clementina González.
(De fotografia tomada en 10.&lt;l salones de ·'La Unión.")

rocas á plomo se deslizan y vienen á danzará trechos en
el hilo del agua remOvida.

•••

En una hoya profunda de paredes puliJas, que parece
algún sarc6[ago ct~ rt!y, suspendo mi paseo para bañar•
me;"Cntoncesal levantar lo~ ojos, apercibo graudes bt'S·
tias de asp~cto antidiluviano inclinadas al borde de las

'

'

México, Marzo 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director general de "La Mutua.''
-l'rest&gt;nte.
Muy Señor mio:
Hoy he rt&gt;cibído de uLa ?t-Iutua,n Compai'íía de Seguros
de Vida de New York por conducto del Sr. L. Goroztia•
gay t&gt;n Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (10,000.00)iiez mil pesos imporlie dela póliza número
071,958, bajo 1a cual estuvo asegurado mi finado esposo
til :Sr. D. Ftiderico S;:1nche.
Además, me ha sido eutrega'1.a la suma de $2,082.40,
importe de la devolución íntegra de todos los premio1::1
que mí citado esposo pagó á. la Compañía desde ha.e.e
cnatro años que bOlicitó el seguro, formando un total de
12 082.40.
No obs1ante que mi repetido esposo falleció en Francia
á fines del afio próximo paeado, la Compafiia con todo
empeño, se ocupó de la tramitación de los documentos
para comprobar el íal!ecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con toda exactitud las estipulaciones contt'nidas en la citada póliza.
Puede uet~d, Eeiior Director, si así lo deseare, dar pu blicidad á la presente, y me repito de usted afma., S. S.
corno albacea de la testawentaría de mi finado esposo el
Sr. D. F~derico Sanche.-AlU!e Sand1e.

,8,

EL MUNDO

DOMINGO a1 DE MARZO DE 1&amp;91

El. CARNA.V AL EN MERIDA

meóte sucede en Yucatán, merced á. largos añoa de tra•
bajo. Componen, en su mayoría, eEta sociedad, hacen- f
dados, banqueros, J;lropietarios, etc,. etc.
«El Liceo de Menda.u reune en su seno á los que, con
el fruto de afanes pasados, colaboran-en la obra del adelanto social.
f
Estas dos grandes agrupaciones son las que organizan
principalmente las fiestas carnavalescas que tanto llaman !,
la atención de los hijos de otros Estados de la República, y l'
de los extranjeros. Cada una, está presidida por u!'a
junta directiva que nombra comisiones entre los asoc1ados, para las fiestas.
El Carnaval está formado de varias festividades. Du ~
rante esos cuatro días recorren las calles, comparsos de
baile que toman tantos nombI'es como l!On los bailes que
ejecutan: negros, i,uJ.ioll, jú:aras, cinw, etc., etc. Estas coro·

1

"LA UNION" Y "EL LICEO"

•

•
Hay una paz especial, una*incomparable
paz de oasis
no profanado, que por todos lados rodea y protege el
desierto muerto. Y pasamos ahí sin prisa nuestras horas de espera.
Un solo momento de agitación en el día, á propósito
de una serpiente de gran tamafio, que se ha mostrado en
una palmera. Nuestros beduinos que la han visto de manera distinta que nosot,os, afirman que tenia dos cabe•
zas, que por consiguiente era Barkil, rey de las serpientt,s y que es necesario matarla. Y hacen una batida inútil á pedradas en las bellas palmas entrelazadas.
PIERRE L&lt;:rrr.

•
••
Cuando la noche ha llegado,
cuando las estrellas se han

Es la mañana, la mañana luminosa y yo exploro al·
ocaso el oasis encantador donde nuestra. pequeñ.a ciudad
de tela blanca va á permanecer uno ó dos días. En lo
mús hondo del valle corre un agua viva y clara en estanques de granito que tienen el pulimento del marmol trabajado y que no tienen ni una planta, ni una alga y cu·
yo fondo se transparenta como el de las piscinas artificiales para laa abluciones de los sultanes ó de las huríes.
Corre esa agua rara, esa agua preciosa, ya disimulada en
los últimos repliegues rosa de los estanques, ya esparciéndose en charcos arenosos donde crecen tamarindos y
soberbias palmeras desplegadas en penachos azules.
Se admira al pasar cada une de esos salvajes jardines.
Dei:.pués el rinconcito paradisiaco, repentinamente des~
aparece tras cielos bloca de granito enormes y no se ve
durante• algún tiempo más que laa piedras pulidas donde
el agua se encierra, hasta el momento en que el milagro
recomienza en alguna vuelta y otra hondonada encantada sobreviene. El cielo, naturalmeute es de una limpi•
dez de cristal, como debe serlo un cielo del Edé-n, y los
I),íjaros cantan en las palmas, las libélulas tiemblan posadas en los juncos y los reflejos solares á pesar de las

21

La fiesta de los yucatecos es el carnaval. Durante cua~tro días, en aquel lejano Estado, nadie se ocupa en otra
•cosa que en disfrazarse, en bailar y en el adornr- de los
cafros. Por eso el carnaval de Mérida goza de fama en
toda la República.
El Carnaval es el traje riquísimo que, durante cuatro
días del año, viste la capital yucateca. El traje cuesta
más de cien mil pesos, pero los hijos se proporcionan, en•
tre alegrías y entusiasmos inenarrables, la satisfacción
de contemplar embellecida á la madre amorosisima.
Poca.a fiestas se celebran como ese carnaval. Aquel es
un desbordamiento de alegría, un derroche de color y
armonía_, una hermosa competencia de ingenio y arte,
que absorbe durante cuatro días, el espíritu del pueblo
yucateco.
Asi las familias distinguidas como laa de clases populares, loa consagrados á la ciencia como los humildes arte·
sanos, en esos cuatro días, ee dedican exclusivamente al
placer. El carnaval es el descanso de un aiio de fatigosas
tarear:i.
En Mérida, capital del Estado de Yucatán, las :fiestas
alcanzan rarlsima animación, y en ellas se invierten su~
mas considerables. Toda la sociedad meridana contribuye para dar lucimiento á. aquellas extrañ.as 11olemniductes
en honor de ~fomo.
Desfilan en prodigiosa procesión, todas las manifestaciones del entusiasmo: aquellos son los días de locura de
una gente cuerda en exceso. El serio jurisconsulto lo
mismo que el travieso estudiantillo, la alegre niña, sonrisa de los cielos, y la reina del hogar, el pobre y el rico,
el viejo y el niño eligen un disfraz y salen á la calle t n
jubiloso coro, }?ara no volverá. sus cuidados, sino cuando
ya el sol del miércoles de ceniza avanza lleno de brillanteces, hacia el punto más alto del firmamento perennemente azul.
Y en medio de esa alegría, en los mayores transportes
del entusiasmo, no se registra una sola rifia, ni amarga
el placer un leve disgusto; todos, con las manos estrechadas, como en un grau coro, bailan al rededor del
dios ti.lomo, para tornar al día siguiente, á. donde los reclama la prosperidad de 18 patria.
Dias son, los de carnaval, de reposo para un hervidero
humano que fecunda con el sudor de su frente, la esterelidad de aquella región, y que ha logrado convertirla en
poderosa madre.
Piira organizar las fiestas existen dos sociedades ~La
Unión» y «Liceo de Mérida,)) formadas por las clases distinguidas por sus profesiones y por su riqueza.
1(La Uniónn está compuesta en su mayoria, por esa
clase social. que, careciendo de dones de fortuna. busca
en el estudio y en el trabajo diario, con los medios de
vivir, la satisfacción de haber cumplido con el deber. De
esta sociedad forman parte, abogados, médicos, escritores,
ingenieros, estudiantes, propietarios de talleres, etc. etc.
Reune en su seno, á los que con sus personales esfuer.zos, contribuyen á la properidad del Estado.
11Liceo de Mérida,n ea una sociedad formada por la cla,.se distinguida por su riqueza, adquirida, como general -

(Signe en 1a página lSJ.)

El carnaval en Mérida.-Batalla deflores.-Carro de ' 1 La Paloma''-NiñosAncona y Cámara.
( 2? Premio. )

"
~,.,.,,
,,
-

'

/ ,~

L

Sociedad ula Unión."-Pensam1ento.-Srita. Francisca Cámara B.
Batalla de flores.-Carro 1 ◄ Maripos-a."-3er. premio. (Familia Cireval.)

�EL MUNDO

182

DOMINGO

21

DE MARZO DE •B97

El Carnaval en Mérida.

DOMINGO H DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

EL CARNAVAL EN MElRIDA

~'

~ ..

:.r·

HLiceo de Mérida" .-Carro Japonés.-Familia Martinez de Arredondo.

las Ondinas. Sociedad "la Uflión ... -Señoritas Mercedes Peon Cisneros, Amira y Elia Evía, Elia Peón Cisneros y Celia Ruíz.

Salones de~la Sociedad de mestizos "Recreativa Pol'lular."
Templo OricnUI.-Carro alegorico de la Sociedad "la Unión."-Sritas Ger1.rudls Baquciro, Clotllde Baqueiro, Sara Tenorio y Raquel Prieto.

�DOMINGO

l&lt;L MUNDO

~cuajes de la ,6udad, ~radoe ·
p()i;..t,roncgR val_iosfsime~. ~n

•

OE

MllRZO DE 1lc17

F.L MUNDO

l&gt;OMINGO a, DE MARZO DIE ,t1,7

de flo ra , diversión que, desde
hace algunos años, urgWJiza el
«Liceo de ~érida.»-Un jurado nombrado por esta eociedad premia los tres mejores
carros que se lucen durante
el paseo. Ea la fiesta del carnaval, de mayor costo, pues se
gastan en organizarla wás de
veinte y cinco mil pesos.
De las sociedades de mest.izol!, asf como de sus di -versiones, nos ocuparemos en
el próximo número de este
semanario que dará. el domingo, un suplemento en que ee
publiC3riin losdem,s grabados
del (;arna.val de Mérida.

parsaa van á las casas á bailar y eon recibidas a llí aleg~'\. mente. En la:i i.ar.iUd1 de Véfl•
•i fican pst!a1..1s cdrt1Wva1escos, .,:. f
se _lucen los ~ ,61egantfJI""ca-..
la nOcffi.'é';" se venfican ba1\eeen
el L ~ o y en La Uni6n.
EnSre estos bailes, son dig
nos de menciona.rae, el del
sábado que celebra Et Lv:eo,
el del domingo que se verica
en L"' U,üon y loa del mart,eE
en ambae Sociedades.
El baile del S.i.bado es comunment.e de S.raje1 de {anta.•
sía. Damas y caballeros asis•
len disfrazados con ,vestidoe
costoeíeimos y caprichosos,
que dan aspecto verdader;1mente encantador al b.iile. El
bailedeldomingo, que ci:lebrs
uLa Uni6n11, es, sin duda, el
mlis concurrido d~ los q ,,e se
Terifican en l\fárida: los arnplioe salones de aquella sociedad quedan llenos de gente;
ee diticulta á lu p.t.rej.Li el
baile, pero éste es notable no
sólo por el número de c mcu•
rrente.s, aino tambien p,1r St:;
entusiasmo. L1a del mime
eon los m ·i s animados del carnaval; generalmente en uEI
Lioeo- terminan á la.e cuat.ro
y en "La Uni6n,1 á la.e seis de
la mai'iana. '
Td.mbién son diver~iones del
carll&amp;val los hawt?H, pa~eos
con que se da principio á hu
6.~st.as. En esM)S paseos, se lu•
cen primorosos carroa alegó·
rico&amp;, ct&gt;m!) verá. el lect.or, en
lOiJ grabados qué publicamos.
D-JS aon lo3 t&gt;aw:tos, uno· del
uLiceo» y ot.r1 de la 11Unión,•
ambas sociedades costean loe
carroe, que conducen hermo•
BM .aetioritas.
Por últ.imo, el marte.a, en la
mafiana, se verifica la batalla

2,

/\
Fragmento.
......... Todos nos forma moa
una ilusión del mundo, Uusión
poét.ica, sentimental, risueila,
melancólica, desagradable 6
trii;te, según el pro{)ic, temperament.o. Y el escntor no tie•
ne otra misión sino reprodu•
cir fielmente esta ilusión con
todos los procedimient.os de
arte que ha aprendido y de
loa que puede disponer.
Ilusión de lo hermoso que
es una convención humana!
Ilusión de lo feo que es una
o~inión que ee modifica! Ilusión de lo verdadero tJUe jamás es inmutable! Ilusión de
lo innoble que at.rae á t.antos
sé.res! Losgrandesar•t.in.asaon
los que impenen á la humanidad su ilusión particular.
ÜUY DE MAUPASSANT.

El carnaval en Mé:rlda.-Grupo ntervezaa.

$1 Domingo en la (alameia.
{Dlbyjo d•J. lla Vlll ■■ ana. ]

"Liceo de Mérida" .-Carro

11

Llra" .-SrlU. González.

�186

EL MUNDO

CUENTOS CRIMINALES.
BLANCO Y ROJO.

Alfonso Castro, escribía por última vez en su prisión.
He aquí el interesante manuscrito:
De los labios rojizos de un hombre de ley, un cualquiera con mirada vulgar y barba descuidada1 ha caido lenta, pesada, mi sentencia de muerte.
En otros tiempos, cuando la enfermedad ó el fastidio
me tiraban en la cama, he pasado algunass horas pregun•
tándome ociosamente cual 1:ería mi fin; mis ojos se abrían
C?º toda la penetración que me era posible darles, queriendo romper lo impenetrable, excudrii'iar y distinguir
11.lgo del momento definitivo que lo futuro me reservaba.
La~ dos muertes que yo veia como más probables eran
ó b~en un duelo buscado estúpidamente, 6 bien una bala
alaJada en ~l craneo por mi propia mano. La justicia,
mas precavida y dudando tal vez de mi buena punteria,
ha venido ,i. evitarme ese trabajo: en vez de una bala,
será.o cinco.
Durante el proceso-ruidoso y concurrido como no lo
fué nunca un estreno-apenas si he procurado defenderme: He oido vociferar, c~amn venganza en nombre de la
sociedad yen nombre deeUa; mi abogado, á quien apenas
conozco, 1;1n defensor de oficio, hacía lo imposible µar
probar m1 locura, 6 cuando menos atribuir mi acto á un
momento de enagenación mental. Creo que ante lo imprevisto &lt;;le mi caso, los mP.dicos hubieran podido declarar en m1 favor, pues efectivamente, en la conciencia de
esas gentes se neceeita estar irremediablemente loco para
cometer un crimen como el que he cometido. Mis jurados quedaban estupefactos cuando con gran pompa de
p_alabras. y e";ceso de negro y rojo, e1 agente del ministe•
no púbhco pmtaba los falsos sufrimientos de la victima
y lo monstruoi;io de mis sentimientos; verd~d es que entre ellos había un dueño de dulcería, uno de tienda de
a~a!rotes y u1;1 prestamista¡ el ser juzgado por estos ind1 v1duos ha sido una de las mayores ironías que el destino me reserraba
Cüando se habló de locura y mis antepasados d~sfilaron evocados por la gangosa voz del defensor, yo, me levaoté para protestar, repitiendolee que, mi razón completamente lúcida de suy0 , lo estaba particularmente en
el momento del crimen y puesto que no trato de excusar~e-añ~dí- r. claramente he confesado mi crimen y sus
móyiles, mút1l me parece emplear mezquinos subter·
fug1os.
Pasar por un asesino vulgar ó por un loco, era lo único que me sublevaba y el único cargo del que procuraba
defenderme.
Mi abogado, quien tampoco comprendía que un reo no
se PrE:Bt.ara á su propia ~alv?-Ción, no sa~ía lo que pensar
de m1. Durante las audiencias, al ver mi sangre fría, tac~ada 4e c~nismo por los periodistas, y mi poco, ó más
bit!n, mngun empeño en ayudarle, me tenía por el tipo
acabado del insensato¡ á solas conmigo 1 cuando en mi
celda me oía razonar y discutir sobre mi caso, me tenía
por cuerdo. ¿Por qué decidirse pues?
. Ahora bien, lo que ni jueces ni abogados han comprendido, lo que en su profunda ignorancia del ser humano y
sus aberraciones no han acertado á penetrar y atribu•
yen á. exceso de perversidad, decretando mi fin como el
de un animal dafiino; eso quiero dilucidarlo yo, expliri.rmelo, estudiarme, y ponerme frente á frente de
mí .~ismo como ante un juez, hoy que la erronea
Justicia humana para nada tiene que intervenir en mis
asuntos.
Un loco, evidentemente no lo soy. Pienso, discurro y'
obro como el más común de los mortales, mejor muchas
veces. Ser un enfermo, no lo niego, un enfermo pero un
-enfermo de refinamientos1 un Eediento de sens.icic,r.es
nuev~H!.

OOMl111GO

Cuando pienso en mi crimen, veo que necesariamente
debía yo llegar á él; era. un predestinado; estaba marca.do
para. seguir esa ruta, no en las mismas condiciones que
la mayoria, pero mas. evidentemente quizás. Enumerar
todas las crisis y todas las transformaciones de alma por
las que he pasado antes de llegar al extremo de mi camino, seria· muy dilatado, sin embargo, ciertos hechos
algunos accidentes de mi vida, hay que contarlos neceeariamente-, puesto que no son sioo los p:reoursores, el pedestal que se levantaba poco á poco, para colocar el más
grande de todoe, el más completo, el ultimo.
Naci inquieto, de una inquietudalarmante,con avidez
de ver todo, de conocer todo y de todo saciarme. Crecí
entregado á la fantasía de mi capricho que en mis primeros años me llevó á, la lectura, á la que golosamente me
entregué devorando hojas. rellenando mi cerebro de
ideas opuestas, verdaderas ó falsas, razonables ó absur·
das, dejando que dentro de mi se mezclaran á su antojo
tan disímbolos manjares.
Me complacian sin embargo los libros extraños, los
enfennisos, libros de una Literatura viciada, ansiosa de
novedad y de más allá, libros que me turbaban y que
helando mi corazón, marchitando mis sentimientos, halagaban mi imaginación y despertaban mis senti~os á.
goces raras veces naturales. Mi espíritu, sin idea fija que
le sirviera de aliento para la existencia, sin convicción
ninguna, no sabía nunca adonde ir, vagaba constante•
mente haciendo variar mis pensamientos á la primera
impresión. En realidad, en mt jamás hubo energía ni
voluntad, no hubo sino eso: impresiones.
Llegué á. comprenderlo y procuré buscarlas, encontrar•
las, en todas partes y á cualquier precio, como busca el
morfinomaniaco, la morfina, y el alcohol el borracho; fué
mi vicio y fué mi placer.
Como era natural cada vez íuísiendo más dificil en mis
elecciones y cada vez tenía que encontrar impresiones
más rebu.scadas; á meses de orgía desenfrenada, de fiebre
de placer, meses durante los cuales me consumía en las
locuras más imbéciles y más arriesgadas, se suced(an semanas de cGmpleta continenc!a y reposo; huía de mis
camaradas de desorden, venían depresiones morales,
que en mis desvaríos y en mi eterna peregrinación en
pos de sensaciones, me arrojaban á las plantas de una
im~n y me hacían matar mis días escuchando repiques,
genndos de ói'ganos y murmullos de oraciones, con tan
mala suerte, que siempre, cuando más grande era mi fervor y más creía estar cerca de la felicidad, una frase ridícula oída en un sermón, el rostro hipócrita, bestial•
mente irrisorio de una beata ó los defectos artísticos de
una pintura, me expulsaban de ahí, lanzándome en busca
de otra cosa.
Mi imaginación no podía estar quieta nunca, iba y venía disparatando, buscando siempre algo más, incansable.
Fueron caprichos amoroso~._..,. .. sin amor; pasiones que
pretendía tener, cuya pequems1ma llama frataba inútilmente de inflamar. La sequedad de mi corazón era notable; yo no sentía afecto por nada ni por nadie: me exaltaba, me esforzaba en amar con locura, en sentir pasar por
mi frente algo de ese di vino aUento que tan felices ha hecho á los grandes enamorados....... yo estaba imposibilitado de conocer eso; con esfuerzos me acordaba al mes
de la mujer á quien jurara amor eteroo y nunca pude
echar de menos durante media hora á la que me afanaba
por amar.
Quise refugiarme en el arte, estudiar y vibrar ante las
grandes concepciones, sentir el estremecimiento creador
del Poeta, el Músico ó el Pintor, pero incapaz de un tra•
bajo ~ostenido, iba de la Pintura á la Música, de la Música á la Eseultllra y de la Escultura á la Poesía, sin loorar
encadenar mi atención ni dominar la pronta lasitud 'que
como inquebrantable círculo, me envolvía.
'
Además, yo era ambicioso y algo conocedor, había estudiado á fondo los grandes maestros, habla vivido una época entera en los museos má.s célebres y la comparación
eD;tre los grandes y mi pequeñez me asqueaba de mí
mismo.
Erré en fin, entre todo aquello que pod.ia producirme
una impresión, no logrando sino excitar y hacer más sutiles mis sentidos.
Las mujeres no podían soportarme tres días por mis
exigencias, los amigos, excepto unos cuantos, tan enfermos como yo, me hufatl temerosos de ser envueltos en el
torbellino de extravagancias peligrosas que levantaba á
mi paso.
Los asesinos célebres. los aérea horripilantes, los diá.•
bólicos, me seducían. Yo soñaba con personajes como los
de Poe, como los de Barbey d' A.urevilly; me regocijaba
con los cuentos de este maestro y particularmente con
aquel en donde dos esposos que riñen, se arrojan á la cara., se abofetean con el corazón sangriento aún del hijo ·
pensaba en los seres 9-ue Baudelaire hubiera podtd¿
crear; los buscaba comphcados como los de Bourget y refinados como los de d' Annunzio.
En tal estado, nervioso y excitable como nunca un
día, en un prado, ví por primera vez á una mujer ~Ita
algo delgada, de andar muy lánguido y con la palidez d¿
una margarita. En sus ojos había un poder dominante
que envolvía y subyugaba. Procuré conocerla y trabar
amistad con ella, lo que no me fué difícil. La traté llegué
á interesl\rme por ella como no me había interesado has•
ta entonces por mujer alguna. Había en ella y en todo
cuanto la rodeaba algo tan raro, tan misterioso que
nolpodía explicar ni comprender, y que me aterroriza a
al tiempo que me atraía; era la sola mujer ante la cual me
sintiera temblar; la angustia, la opreeión que yo sentía
cuando sus ojos se clavaban en mí, no lo había conocido
basta entonces.
Su voz me rncabs. fuer&amp; de mí, tenía tonos únicos indefinibles y á veces-era también un&amp; adoradora. de Baudelaire-cuando recitaba)os versos del más inquietante
de todos los Poetas, yo sentía un soplo helado pasar por
todo mi cuerpo; eiriste una estrofa que nunca, nunca po·
dré olvidar y siempre resonará, salmodiando:

¡;o

Et comme dautrcs par la tendr.:ss",

21

DE MAPZO DE •807

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

sur ta vi.e .et sur ta jeuneBSe
moi, je i:euz regner par l' e.ffroi.
De tal manera guardo el sonido y la expresión de estos.
versos, que cuando las balas desgarren mi cuerpo, dominan~o el clamor.de la detonación, gritaran imponiéndose•
y remando efectivamente en mí, por el espanto.
Su casa estaba toda en harmonía con ella; ningún ruido, el rumor más leve era prontamente extinguido, las
alfombras ablandaban los pasos r las puertas no crujían..
nunca. La rodeaban objetos valiosos, libros precisamente encuadernados, imágenes rusas en las que las vestidura~ ~ran de _metal dorado; pinturas arcaicas, angeles -primitivos ó bien del más acabado modernismo ma(t'istralescopias de Dante Gabriel Rossetti, Burne, Jon~s y fiokleln •
sobre las mesas, ligeras1 delgadas, ocupa,ndo muy poc;
lugar, vasos de esmalte ó con Bacantes esculpidas en las
redondeces del marmol y sobresaliendo, rompiendo la
h_armonía, gestos macabros, expresiones de pesadilla, trágicos ademanes de marfiles ó mascarones japoneses.
Junto al piano cubierto de rico tapiz bordado con oro 1
baj? 1;1n busto del !nonarca de Bayreuth, todas sus obras: e l
fugitivo Lohengrm, el errante Tanhii.user las '\\Talkirias-.
libertadoras, los irónicos Maestros Canto~s la idílica la
sublime epopeya de Tristán é Iseult, las tinieblas del drepúeculo de los Dioses, y el esplendor del Oro del Rhin.
~a nacionalidad de la que podía considerar como mi
a1~11ga,~e era perfectamente desconocida y á pesar demis habdes preg!,lntas, nun~a logré averiguarla; hablaba
correctamente, s~n acento ninguno, el español, cantaba el
Alemán y el Italiano Cf)ffiO una Florentina ó una hija de
Hannover; su lengua favorita era el francés y su tipo se•
prestaba á todas las suposiciones: unas veces la creía Hú ngara, ;polonesa otras, Eslava algunas; Francesa 6 alemana eviden_temente no lo era; para ser hija de la Rt-pública, Imper10 del Arte contemporáneo, le faltaba espíritu,
locuacidad, le faltaba el sello que difiere á la FranCl.'sade
cualquiera otra mujer haciéndola enteramente pPnonal,
imposible de ocultarse; para lo alemán le faltaban los
modales pesados, ligeramente bruscos, la sonrisa exclusiva, la sencillez y la expresióri de hablar que c.1racteri•
zan á las rubias hijas del dorado Rhin. Yo no sabía puesque pensar: italiana 6 española¡ tampoco lo era para ser
Jo plimero ten'ia demasiado gusto artístico, para lo seg1;1n&lt;;to le fal~ba vivacidad1 fuego en los ojos y t&gt;n los mov1m1ento:1, ntmos y calor en la voz: las austriaca.i, son
una mezcla~~ Francesa y ~lemana! mur poco graciosas
para ser parisienses, demasiado delicadas para ser Berlinesas óHannoveri'anasóHamburgesas, siendo la mujeralemana generalmente la misma en todas parte:&gt;.
No p_udien?-? sacar ~da en claro, me conformé y -per•
manee• en mi 1gnoranc1a.
Un día, después que la música de Wagner hubo caído
severa, sugestiva, torturante sobre nosotros; fatigada, lánguida como nunca, se extendió sobre un diván. Sus bra•
zos -pálidos, aon palideces de lmaa, llevabao atados unoSlargos lazos rojos que despues de envolver el puño caian
como dos aochoa hilos de sangre.
Y una idea fantástica cruzó por mi cabeza. Vi á esa.
mujer blanc&amp;, desnuda, extendiaa en ese mismo diván;
la vi plástica, pictórica, escultural, un himno de la forma~· la vi ir palideciendo lenta, muy lentamente, el fue•
go de su mirada vacilando en los ojos ...... y la idea del
crímen surgió.
En la noche no pude expurgarla un momento, no pensé en las consecuencias y la palabra crimPn la tuve por
completo olvidada-en todo caso, el temor nunca mehubiera detenido-Para mf, aquello no era sino un goce
supremo, un exquisi.tismo como nunca me lo había pa•
gado; pertinaz, imborrable; me aparecía en la obscuridad,
blanca, desnuda, plástica, un himno de la forma; veía
sobre el Paros de su cuerpo, al extremo de lo azulado de
las venas, un ancho hilo saliendo, un arroyuelo rojo, de
un rojo cada vez má.s vivo, de un rojo más vivo, más.
cruel, mientras más tenue y más suave era la palidez de
las carnes.
Coo la idea fija ya de realizar mi deseo, la inicié en los
goces del eter; la ví cadavérica, sintiéndose inmediatamente ligen, volatilizada, no teniendo dentro de si más,.
que una pequeña luz de vida, refugiada en el cerebro,
ilumin.i.ndo el pensamiento, haciéndole ver todo y sobre
todo discernir con gran superioridad, dándole la clarivi•
dencia.
U na tarde, cuando dormía sin sentirse criatura humana, cuando dominada por profundo sueño paseaba en
algún «Paraiso artificial,~ mi bisturi fflBgÓ rápidamentelos pufios, la sangre afluyó tiñen-lo las ropas que torpemente le arrancaba, y la extendí por éompleto en el
di van.
.
La sangre brotaba por palpitaciones, corría manchando la mano, goteando de loa cinco dedos como de cinco•
heridas, rápida, •egruzca.
Yo la veía vaciarse, las venas se azuleaban, se aclara•
ban, eran abandonadas por el carmín¡ sus labios sobre•
todo, se tornaban en lívidos, mientras la sangre seguía
corriendo y extendiéndose como un tapiz. Ella palidecía, palidecía como yo lo había soñado, tan tenue, tan
suavemente como cruel era la herida del rojo vencedor.
Abrió los ojos, por su cuerpo pasó una convulsión, me
miró, algo ::itrav-esó en su mirada como una luz que seextingue y las palpitaciones de la· sangre terminaron.
Sus ojos me miraban fijo~, sus labios blancos parecían
decir por última vez:
Sur ta vie et sur ta jeunes.&lt;1e,
mol, je veux regner parl'ellroi.

Y yo quedaba inmóvil, extasiado ante aquella palidez,.
ante aquella sinfonia en Blanco y Rojo.
Marzo de 1897.
BERNARDO CouTO CASTILLO •.

~=..=.!=--=.!=--=.!=He amado á esa mujer de tal manra,
que no me volví loco, porque lo era,
CAMPO.!.MOR..

EL MUNDO

ee tímidas; no platicaron de
perifollos ó gansadas amorosa.a ni insinual'on en la con·
venación palabras de esas
que obligan á un señor de•
cent.e á las corteeanfas que
más mortificarle -pueden.
Sea que la indiferencia de
las hembras lastimara el vi•
drioso orgullo de aquel efebo
que como Hilas estuvo á.
punto de ser raptado por ]as
ninfas 6 que derechamente
se sintiese enamorado, ello
íué, que cierta noche, contemplando el hermes de la luna
y el chispear de los luceros,
juró á las dos criaturas una
pasión volcánica y trágica, á.
la que eUas, ignorantes de la
perfidia del amador, prometieron corresponder con
todas las fórmulas que en tales casos son de uso corriente y comón.
\,,
Aunque las muchachas por
1
su fisico eran más gemelas
que_ los Dióscuros, moralmente sus instintos estaban
siempre en contraposición;
Sabina era impetuosa y capaz de todas las locuras de
una impulsiva, Mercedes, por
el contrario, tenía la santa
bondad de las almas impecables y en su sensitivo corazón
solo germinaba una exigencia sublime: amar.
Sus temperamentos repre•
sentando fuerzas é ímpetus disimbolos, estaban subyngadoa á. la voluntad veleidosa del aturdido por las ligas
de una pasión de igual intensidad aunque revelada de
maneras muy diversas.
La psicología del ánimo de Fabián era curiosa y complicada.
Cuando palpitaron en sus órganos loe histerismos
de la pubertad, sus más próximos amigos y parientes llegaron á. creer de buena fé que estaba loco, tantas y tan
gordas fueron sus extravagancias.
En ese lapso de la vida en que la juventud echa á. vuelo susclamoreantes campanas y la hembra resurge ante
el adolescente con todos los satanismos del pecado, por
que pecadores son sus ojos, y pecadores sus labios y pecadoras sus formas, Fabián codició furiosamente á todas
las(pensativas que supieron dejar en su memoria la coruscante huella de una mirada de diablesa.
Se enamoró sucesivamente de una cirquera con formas
de una exuberancia calipi,gia, de alguna gazmoña amiga de su madre, de una tía monja, de la esposa de m
profesor de lógica, de su madrina de confirmación y
probablemente hasta de la portera de su casa.
Como se comprenderá, en bicho de tan peregrinos an•
tecedentes_, una afeccion como la que conturbó á las jóvenes, tema que prosperar causando sus qou.secuentes
extragos.
Tan extraña aventura hacía trastabillear al desdichado Fabfan sobre una interminable hilera de horcas cau.,
dinas,
Torturado su ingenioi logrópormuchotiem{)Oquenin~
guna de las novias sospechara la infame traic16n de que
estaban siendo vfctimasi pero como por el inexorable fatalismo que determina e destino de los vivos, todas las
tragedias de la existencia, tienen ineludiblemente que
desenmarañarse alguna vez, llegó el día en que las burladas supieran hasta en sus más mínimos detalles todas
las maquinaciones del infame,
Su estupefacción fué mayor que la del santísimo Job
cuando el angel agorero fué á. notificarle las tremendas
nuevas.
Dejándose arrebatar por los furores del momento, juraron tomar terrible venganza del perverso.
Sabina, haciendo belicosos ademanes y arrastrada por
sus melodramáticos instintos. llegó á pensar en venenos
y puñales. Mercedee, después de mucho cavilar, quedóse
como entontecida en un aletargamiento de marmota.
Ya atenuado el colérico paroxismo, las dos lloraron
copioE:atnente y abrazadas cayeron de hinojos ante la
:M:adona, encareciéndole como buenas cristianas que
arrancara. de su pecho aquel maldito hechizo que amenazaba perturbar por siempre la paz filial de sus afectos.
Vaciaron la conciencia en la rejilla del confesonario,
refiriendo todos sus escrúpulos y cuitas al padre cura, y
procurando en un severo examen expiritual que ningún
repliegue de sus almas pasarli desapercibido á la investí•
gación saludable del mentor; éste, que era un viejecillo
experimentado .y muy sabio, después de oír atentamente
la novela, dijo á. sus adorables penitentes: Huir 10uy
lejos.

-

CONFI.ICTO GR.A.VE

Que un hombre se apasione tontamente de dos muje·

res¡ aunque parezca escandaloso, es tan natural como que

á una dama le ocurra exactamente lo propio por tres varones.
Comunmente esos amadores en plural procuran dis·
culpar su felonía alegando el recurso de los contrastes:
rubia y morena, esbelta y rolliza, tonta y vivaz, pobre y
rica.
Fabián no disponía de esa formulilla que solapada•
mente puede atenuar la infidelidad, porque las dos muchachas por quienes el hipaba, se parecían una á la otra
como dos gotas de roc(o.
Tenían casi la misma edad, pensaban idénticamente,
fueron educadas en un solo colegio, la dote de ambas al•
canzaba cifra igual, dormían en la misma alcoba, leían
juntas sus novelas, y, estupendo fenómeno entre dos· rivales, 83 amaban francamente y con ternura.
Eran hermanas.
Sin saberlo, Fabiá.n, había acreditado una reputadón
de hombre siogular sin que sus humorismos y genialidades fuesen por fortuna capaces de encaminarle á. la casa de Orates.
No era el más jaquetón de los galanes de su barrio, ni
perpetraba el~ías, ni encres.paba su cabello á. lo Musset,
ni vestía deaahñadamente, m dr.saUnaba en disertaciones eacabrosaa delante de las sefloras, hablando de escepticismo y desengaños para hacerse el interesante; nada
de eso; su fama de hombre excéntrico la debía más á un
exceso de cordura que á un principio de demencia, por•
que, aunque el concepto resulte paradójico, nadie negará.
que ante el criterio de la social comunidad es más fácil
. ganarse el título de loco siendo cuerdo, que el de cuerdo
siendo loco.
Las mamás con hijas cotizablee en el mercado matrimonial, le hablaban melosamente y elogiaban su figura
é indumentaria rifléndole porque no hacía visitas.
Muchas sefioritas vestidas á la última moda, sabedoras
de que ese joven no feo y de aspecto bonachon poseía
una fortuna muy bien saneada, declararon en Estado de
asedio su sencilloéinofensi vo corazón, el cual, (según dicho de ventrudas y casamenteras matronas} no había
pertenecido á ninguna beldad.
Un caballero rico y no muy sandio que conser11aba á
los veinticinco años una alma vir~en y un capital al que
no habían abierto brecha los caprichos de una figuranta,
era en verdad presa tentadora.
Por esa única y exclusiva razón el pacífico y buen ma•
yorazgo se vió atacado ruda y encarmr.adamente por una
aguerrida artilleria de miradas suplicantes.
Tuvo que aplicar frascos de vinagre y sales amoniaca•
les á la picaresca naricillade mur.has desmayadas; soportó aparentando propicio talante, infinitas historias sentimentales; es:::uchó resignado los aullidos de muchos pianos desafinados y fué por luengos meees halagado hasta
el fastidio por una parvada de solteras que le buscaban
como las palomas ~olosas el granero.
Ante su impasibilad las chicuelas sin dote propalaron
que no tenía sentimientos; otras, monstruosamente feas,
murmuraban que era un presuntuoso; las gotosas abuelas lo calumniaron san~ientamente y hasta los maridos
pe buena fe se permitieron desacreditarlo en los salones.
Por mucho tiempo el inocente Fabián sufrió con estoicismo de espartano la nubada de iracundias que como
castigo del cielo llovía soore su cabeza, preguntándose
en el colmo del asombro, cual pudiera ser la causa de
aquella mal-querencia que las amables señoritas se em•
peñaban en manifestarle.
En el más amargo período de su desgracia fué casual•
mente present.ado á. Sabina y á Mercedes, doncellas huer•
fanas, de humilde posición, bonitas, inteligentes y hon•
radas; caso raro, aquellas nifiae, no adularon al prócer;
récibieronle· con exp1ntanea camaradería, sin mostrar-

Cuando se aleja la blonda soñadora dejando plantado
á un amante que sufre, es porque el olvido, ese pájaro
siniestro, ha proyectado la sombra de sus alas invadiendo con sus duelosJlaaurora de un amorefimero.
El ave nómade, canta un día, abriga su fragil nido en
el alero, arruUa á. Filomela una estación, y luego, al t;o..
ser el bóreas asmático y senil, escapa alijera á la tierra
que florea para perderse en las caliginosas lejanías em~lvando su plumaje con chispas de las fraguas del sol.
Al instante en que el fastuoso Febo chorreaba oro roo•
!ido en el abismo de la sombra, lle!N Fabian á. la casa de
sus amigas con un ramillete de vio1etas en cada mano y
dos cartuchos de bombones en las faltriqueras de un casacón con pretensiones de chupa que usaba sólo en sus
grandes aventuras.
Llamó di:Jcretamente.

Como no le contestaran, colóse á 108 aposentos de rondón y después de minuciosa inspección acabó por con•
vencerse de que la jaula estaba vacía y las alondras habían volado!. .. .. .
Entonces alejóse llorando de aquel lugar donde había
sido dichoso tantas veces,
Las torres dPsgañitaban sus b ..onces celebrando las
exequias del fastuoso Febo y la tristeza indefinible del
crepúsculo llenaba el espaPio, como ansiosa de impregnar su melancolía en las almas de los tristes.
Crno B. CJ:.:BA..J,Los.
M:arzo 12 de 1897

ALBUM
Para buscar los versos que ha de darte
Mi alma conmovida,
Necesito leer hoja por hoja,
El misterioso libro de mi vida.
Y es verdad, en sus páginas hay versos,
Pero versos qub lloran ...
Lirios que mueren, aves que se alejan,
Y lágrimas de amor que se evaporan.
¿A. qué llevarte al triste cementerio
Que duerme en el olvido? ...
No quiero que te siga el ave negra
Que en mi cerebro colocó au nido!

Tú eres feliz ... y yo por otra senda
De la vida me pierdo ....
Te dejo, entre las hojas de tu albnm
La única flor que guardó:-mi recuerdo!
México, Marzo de 1897.

JOSÉ l\f. B-cemLL~.

OFRENDA

Los balcones ojivales de un convento carmelita,
Perpetúan en sus marcos, cual prodigio de cristal,
La litúrgica vidriera que á un maestro mosaíta
Encargó un prior de Hipona por decreto rectoral.
Un infolio venerable, en romance franco anuncia
Que sus goznes y sus llaves, mara.villa de cincel,
Fueron la obra legendaria de un orfebre de Maguncia
Que emigró al país de Hungría, bajo el reino de Isabel.
Cuando el sol gasta su aljaba en los ónices del coro,
Asemeja la vidriera zodiacal constelación,
Sumergida en el encanto de un crepósculo de oro
Que realza sus matices de jacinto y corindón:
Bajo el beso de mil lirios-un floral beso de eedaCifie el Niño Dios un nimbo de un reflejo aurisolar;
St1"j pañales son de un lino tan hermoso, que remeda
El vellón de bella espuma que en las a1J.cas tiene el mar.

Y María-Oh alegría, oh ambrosía, oh melodfa!Más sograda que los óleos de la unción del rey Saúl,
En eu manto azul, glaciado de menuda pedrería,
Está envuelta, como el sueño de algún astro en lago azul.
José vela en los portales con su vara de azucenas
Y su manto de gran púrpura como un viejo emperador¡
A sus piés están ardiendo suaves mirras agarenas
En brasero que ea la boca de un dorado aligator.
Suaves miras que extrajeron de un jardín de mil corolas,
Los tres magos orientales cuya pompa ee toda real:
Bajo u,, cetro de oro fino resplandecen sus estolas
Y sus mitras eminentes, de un prestigio arzobispal.
Respirando un vapor de oro por sus túmidas narices,
Descendió el Toro celeste que preside al sol de Abril;
Lleva atados en sus cuernos por guirnalda cuatro lisea,
Y Is estrella Sahil luce enclavada en su perfil.
Y la mística paloma, en un claro azul distinta,
Lleva en el pico una cinta de grana. como pendón;
&amp;nta D§i Genitrix, dice en la grana de la cinta,
Decorada como el regio pectoral de Saloruón.
Sobre el rústico pesebre de las altas glorias, llega,
-Resonante de alabanzas su magnífico claríny á la puerta del pesebre como un cisue astral despliega
Sus dos alas, cual dos liras, un inmenso serafin.
Cuando el diácono salmodia, secundado del arpista,
La3 perínclitas secuencias ante el negro facistol,
Y en los dedos abaciales centelléa la amatista,
Y la carne de las hostias resplandece como un sol,
La vidriera de colores estremécese en su hueco,
Conmovida como al paso de un armado palafrén,
Y parece que resuenan en el ámbito del eco,
Las cuarenta mil campanas de una ideal Jerusalén.
LEoPOlJJO LUGONE-;.

Febrero de 1897.

�DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

gL MUNDO

,89

•

..,

KL DANTE EN MEXJCO.-El enemigo del Exito.

EL DANTIC EN MEXICO.-Pena ae los poetas chirles.

EL DANTE EN MEXICO

cijada? Es el emblema de la Injuria, del ódio, de la ca•
res de madrigales para al bum, cantores incondicionales
lumnia. que persigue siempre á los hábiles. Lo tenemos de las Fléridss de vecindad ...... Sus gemidos destrozaban
aqní por sugestivo.
el tímpano y su gesticulación era digna de Don Gerardo,
VIAJE DE UN REPORTER.
En efecto, vi á una especie de San son de membranosas
( el del aao) en Jorge el Armador ......... .
alas de murcié1ago, viendo de reojo hacia un punto igno•
Cuando más absorto eEtaba en mi contemplación, senrado,
tí que una mano férrea me cogía por las solapas de la
(co;-.c1.uYE.)
La noche caia pesadamente y los reverberos del gas y
americana y exclamaba:
las lámparas eléctricas. abrían sus pupilas rojizas ó lívi·
-Usted se qued:-trá aqui; usted merece el suplicio; por
-¿ Y qué dirá '.lSted en México de su visita dantesca? das con guiños misteriosos. Desde la plataforma culmi- que ha cometido también el feo pecado de los versos. Va
nante en que se encontraban las oficinas privadas de Sa- usted á ser izado inmediatamente. A ver-añadió la voz
me pre_gunt6 Satanás entre sorbo y sorbo de Soconusco.
tanás, el panoroma de las regiones infernales era prodi- dirigiéndose á un diablete-una cuerda y un Pegazo de
-Escribiré un folleto.
gioso por sus efectos de sombra y luz. Recortaban por los que herramos esta mafi.ana para el amigo Cumplido!
-Oreo más oportuno que haga usted su relato en los
todas partes el espacio, crestones irrtgulares, semejanUn extremecimiento espantoso me conmovió todo; dí
periódioos.
. -E~tán muy ocupados en decirse majaderías, amigo tes á las agujas de una catedral gótica y á los cuales se un grito ...... me restregué los ojos: un empleado del Feprendían fantásticamente los focos de lu~, regando fulrrocarril Interoceánico me sacudía gritándome: u¡Pachumío.
·
Ha mucho tienipo que nuestro ~e~iodismo sigue é_se ca- gores que se abismaban al fin en el espesor de las tinie- ca ......... hemos llegadoln ...... Mi pesadilla se desvanecía á
bias. El silencio era completo, salvo lol'! gemidos escapa- lo lejos; venían rumores alegres de fuera y sobresaha en
mino, imaginándose en su estult1c1a que al púbhco le
importan un comino sus pleitos de comadres. El periódi- dos de algunos réprobos á quienes se aplicaban los tor- tre todoe el grito ríspido de un papelero que gritaba:
11El¡ Globo de acentavo! La verdad sobre el asunto de
có mexiciino ha ganado en noticierismo extranjero: esta- mentos más disímbolos de noche y de día. Respirábase
mos hoy al ianto de la cuestión de Creta ó de la Ineu · una atmósfera de misterio á pesar del exceso de tempe- Don Emilio Ordóñez,1 ........ .
¡Omnia somnum est/. ..... pero este merecía ser cierto!
rrección cubana. con notable oportunismo, pero ha per- ratura y era agradable permanecer en contemplación.
Satanás, abito de chocolate con bizcochos, se habladorFIN
dido en seriedad. El periódico honrado, decenttl y severo, se ve acosado perpetuamente por la jauría famélic.a de mido en una silla ...... dormía todo ..... .
Yo pensaba:
]as bojas de comisaría y de escándalo, y, 6 se mantiene
1tQué rnmensa distancia hay, de la tremenda trilogía
sereno en su ~mesto b3&lt;:iendo _oíd~s ~e m~rcader á l?s insultos, panilocualneces1ta pac1enc1arndec1ble,6desc1ende dantesta á este pseudo averno donde hasta el crírnen se
al asqueroso campo donde SPS contrarios almacenan lodo ve empequeñecido! En nuestro siglo ni el mal siquiera
es grande; todo se baila afectado por la pequeñez de los
de combate, para lo cual necesitaría una desvergüenza
que .desnaturaliza. por completo su finalidad y sus ten- espíritus y por la mezquindad de los caracteres. Nosotros
que hemos hecho parodias de todo: de cris~ianismo y de
dencias.
-¿Pero cuá.l es el fin de esas hojas tabernarias que se política, merecemos un infierno así, risible en su vulgaritiad.n
dedican al insulto verduleresco?
Aquí llegaba, cuando hirió mis oídos un ruido acompa-¿El fin? Lo nauseabundo no ha tenid0 jamás otro
4.ue ensuciar; cuál es el fin de l~ burbuja que surge del sado y seco con el cual alternaban gemidos y frases pla•
cieno? ... ...... Oiga usted. en l\Iéx1co hay una cosa que no ílideras.
Como tales rumores parecían proceder de parajes cerse perdona jamás: ser habil. Si funda usted una empresa
y dedica á ella todas sus energías y todos sus eleroen~e; canos, me aventuré en dirección á. ellos y pronto me en•
si se aplica á. ella oon todos sus empeños y la estudia y contré en una especie ae taller mecánico alumbrado a gi-Orno, de cuyo techo formado por la pared superior de una
la discute y al fin, merced á su trabajo, á su paciencia y
á la constante efectividad de los recursos empleados la ve especie de gruta, pendían, afianzados por las arcas, varios
coronada por el éxito, los que se consagran á labores si- individuos, sujetos al más extraño de los suplicios ...... .. .
milares le odiará.n á. usted con toda su alma. No entabla- Alineados perfectamente sobre una plataforma de rerán una lucha leal, no implantarán mejoras para sostener sortes, habla innúmeros caballos de hierro, los cuales gi~
con ventaja la concurrencia á que se les fuerza. No com- rando sobre sí mismos, aplicaban, con sus gigantescas pesufü1.s herradas, coces concienzudas en salva sea la parprarán máquinas ......... sencillamente dirán insultos y
estos irán ea cresaendo proporcionalmente al éxito de te ...... á quien diréis! ¡ A los poetas chirles!
EL DANTE EN MEXICO.~El despertar.
A lo que entendí, aquellos caballos férreos eran caricausted. La envidia y la impotencia son dos grandes eleturas de Pegazo, de Pegazo airado, que al fin se venga
mentos de nuestro c9,rácter.
No temas de mi amor nada imprudente;
Llega una empresa americana al país; gasta aquí cau- de quienes con burda espuela atormentaron sus ijares.
solo se ama á las santas santamente.
dales para crear una industria, lo improvisa todo, y los Ahi estaban los poetas populares, que juzgaren morada
capitalista&amp; impbt.entes y anaideáticos, se encogen de hom- idónea de la musa el sardinel de una pulquería y la mebros con desdén, primero y después, lanzan sobre los em · sa de un figón; los que disfrazaron al ideal, de charro
Sf como el héroe de la Mancha, antaño
prendedores toda-la andanada de sus vituperios. No era ó de china poblana. Ah( estaban los poetas inspirados,
realice por tu amor grandes hazañas,
lógico, equitativo y justo que combatieran con mejoras los que sin decir agua va, soltaban cada alud de versos
hoy sentado á la sombra de un castaño,
sentimentales y se jactaban de su facilidad de parir poey no con insultos? ?ero ......... oosi va. il mondo.
pensando mucho en ti, como castaaas.
¡El éxito, murmuró Satanás pensativo-el éxito! ........ . mas, como si el verso se midiese por kilos y bastase -rara
¿Ve ust.ed á aquel coloso que ahí cerca, vigila una encru- ser artista la buena voluntad¡ ahí padecían los surc1doCAMPOAMOR.

ENGANO SUBLIME-PJri'.b}aríai!esco!.
NUMERO 2.

Villa Martín, 10 de Septiembre.
Mi querida hermanita:

«Heme a&lt;1uí instalado en Villa Martín y recibi Jo con
los brazos abiertos por mis huéspedes.
uSon muy sencillos y muy buenos; tan sencillos y tan
buenos que me ban enamorado: el padre, el rico arma-dor, grueso, bajo, vestido de una hola.panda desteñida,
&lt;le u11 gran sombrero de plantador, tiene mis bien la apa!°iencia de nn jardinero que de un millonario. Su hija se
le parece desgraciadament.e: tan gruesa, tan baja y tan
-rubicunda como él_; y casi tan mal vestida.

...

l

uLa casa es sencilla; unavastahabitacióndecampo, sin
lujo, pero confortable.
~ Desde en la mafia na asisto á. la llegadq, de los padres,
de los tío!:1 1 de los primos, de toda la familia, en número
,..estringido, por lo d~más: dos viejos señores con sus mujeres; el uno, Martín de Rochelle, de los trigales, seg(m
me han dicho; el otro Martín de Tarascón, de las aceiteT.as; uaa !:olterona flaca, p:ilida, de aspecto asustado, á la
-cu:ll se llama la tia Eudoxia; y una prima viuda, laSeilora
Cleoméne Martín de Marselh1. El padre de Leodice, Mar--tín de París, como lo llaman, no llegará. hasta estf\ noche,
para la firma del contrato.
,,Además de los miembros dt- la familia !!e recibirá maliana, para el momento solemne, gentes de la vecindad,
relaciones y amigos.
,,He acabado por comprender por qué Leodice Martín
parecía tan feliz de que yo aceptara su in~itación. Evi,dentemente no podiaestarorgulloso de presentará alguien
á un.:1. familia tan sencilla, tan bur~ueea, tan vulgar; con•
migo, esto nada sigficaba puesto que soy un humilde
-oficial de marina que seir.í mariana.·

uVerdad es, por otra parte, que en medio de todas es.as
buenas gentes, deSentona un poco m.i amigo- Leodice; bs
domina y las deslumbra.
uNo exageró el amor admirllti,·o que su futura siente
por él; eso se ve y por instantes la transfigura. Sí, por
instan~, esa muchacha fea se vueh·e casi linda, cuando
mira á su primo. Me recuerda á aquella heroína. de la
vieja comedia de Bllzac que leí en tu casa. el ·afio p.tsado:
Eugenia Grandet.
nLa explicación de este matrimonio es sobrado natnral:
Martín de Brest es rico y Mart\n de Paris no lo es. El
matrimonio de dinero, ese mercado de que 1\n hombre de
corazón debía enMjecer, se ha vuelto en nuestro siglo
muy frecuente.
«No ha dejado Leodice de admirarme mucho ahora por
su agitación, por su inquietud, ·por una nerviosidad ·qne
verdaderamente las circunstancias no explican; e-e l1ubiese dicho que esperaba, que temía alguna cosa; iba, Yenía,
salía, volvía á. entrar, se extremecfa al menor rni&lt;lo, se
sobresaltaba, respondía de una manera enrevesada á
las preguntas que se le hacían¡ en fin, tenía el aire de un
hombre que está fuera de sr.
(c¿Qué es lo que puede trastornarle así, Dios mío, en
una unión tan aareciatle donde todo marcha á la medida de sus sórdidos deseos?
(&lt;He acabado por suponer que teme acaso el instante
del contrato.
11Una ~()sa mis importante para mí fué la aparición de
la sei\orita de honor á la cual fuí presentado hoy.
uSe llama Beltrana Meriadec: dos ]indos nombres, no
es verdad? Pues bien, la mujer que los lleva es cien veces
más linda que esos dos nomb~s. Fina y blanca, de cabellos de oro rizo de un mara'1"illoeo mafo;, de ojos leonados, un poco fieros, uu p•JCO s.1h·aJea, de boca pi'que-

ña, de labios delgados; pero esa Qpca de labios deJgadosp
reeponderá tan Jacónicamente como Jacques lo ha predicho ó se hllmanizará con largas frases? Verdaderamente yo no sé nada; basta el momento presente no he oido
aún @u voz.
uCou una muda inclinación de cabeza me ha respondido, cuando su amiga me presentó á ella. No estoy ni aun
seguro de que se haya dignado mirarme. Después las jó•
vene.;i se retiraron al fondo del salón á. cuchichee.rae prolongadas y misteriosas confidencias.
uLa vi e.ita de la seflorita Beltrana fué corta, como te lo
dec!a; uua aparición, pero que aparición!. ..
·•Después de su partida busqué á Leodice, que se en•
contraba ausente del salón. Quería tener algunos infor
mes respecto á esa linda señorit;a de honor. Al pronun
ciar su nombre, el me mostró la extraña fisonomía que
ya otra vez le había notado.
-1Cl.}mo! Beltrana ha venido! Y que se ha hechú? Qué
ha dicho?
-«Ha conversado largo tiempo con la seiiorita Ya~
leria.
-11Con,yereado largo tiempo ...
ciBru.ecamente, sin escucharme más, sin atender (¡ mÍ:i
preguntas, se alejó de ahí.
&lt;•Por la noche solamente, á la hora de la comida, hablú
,~aleria de la visitante: es una awiga de infancia, casi su
mejor amiga, aún cuando sus relaciones hayan sido interrumpidas durante muchos años.
Beltrana es hija de un oficial retirado, tin viejo capitán;
habita coa su padre una casa aislada, nole1osdeKeroeók.
La.e dos amigas casi no se separaban cuando eran nifias;
después ,·ino la sep:i.raci0n debido .i. la entr.i.dá de Beltrana en una de esas cae-as de educación, donde las hijas de
oficiRlt!S son gratuitaweute educadas.

�EL MUNDO
«La sefiorita 1'fartín, habla de en amig:\ con ternur.1.
Pobre Beltra.na.! Su vida ea tan triste! me ha dicho! Por
~so he querido que asi&amp;tiese á mi matrimonio. He tenido
la rnerte de no tener primas¡ he podido pues escoger á.
mi señorita de honor.
uHe insistido para que Leódice nos trajese á. uno de sus
amigos y le agradezco á usted, señor. que haya venido.
Esta reunión de familia que le parecerá. á. usted tan fastidiosa, es una fiesta para ella que se divierte t.an poco.
Yo querría verla tan íehz!
uY bien, deci1id1m,,.nte h'ly instantea en que Valeria
no es del tolo fea: a.on los instantes en que la bondad de
su corazón raifa en sus ojos.
uSeñor:i Elena, si la longitud de esta carta os sorprende, voy á da.ros su explicación: os escribo en mi cuarto,
despues de comer, en tanto que todos los de la cw;a están
ab3ortos en la lectura del contrato.
uHe visto claramente que la presencia de un extrafio,
tan extraño coi:no yo, no era deseada. A la primer ·
palabra deexc\18a discreúa qb.e'pronuncié, Leodice excla•
m) con precipit1ción:
-11Cilm1 no, mi querido de Aubian, tiene usted cinco
veces razón para sustraerse á esta fastidiosa tarea que yo
me veo forzado á. tolerar. L:1, lectura de un contrato es
abrum \lora! E3cribJ. u~t.el su~ cartas; si puedo escaparme á tiempo iré á decirle buenas noches. Acuéstese usted
temprano: la jornada de mañana. será ruda.
uY ahora son las- nueve; naia ro.is tengo que contarte
y nime atrapa el sueño.
uVol,;er al salón seda penoso. En estos momentos, al
atravesar el corredor, he oído voces que parecían discutir.
nBah! voy á pasear á la playa; no creo que el Sr. Leodice piense en venir á n;i.eterme á mi cama. La noche es
soberbia, no hay luna, pero sí muchas estrellas. Allá,
lej0s, la mar canta; quiero irá escucharla.
uBllenas noches una vez más, mi hermana querida; beso tus dulces ojos, estrecho la roano de FernandQ, beso
los lindos pies de Su Alteza mi adorada Lila.
Felipe))

Brest, 11 de S!&gt;rt.

uElena, querida hermana m(a1 mi conciencia viviente,
te escribo bajo el imperio de una gran emoción, te es~
cribo para ver claro en mí.
,1He hecho bien en no asistir á este matrimonio? He
hecho bien en partir?
c,Cuando tu respuesta me llegue ya no tendre resolu
ciónque tomar, pero querría oir, como cuando era un chicuelo, que me dijeses:
11Has hlcho muy bien, has hecho muy bien Felipe, estoy contenta de ti.
1(Ohl son peregrinos los amigos de Jacobo de Sommeres!

11Y ve como se conducen loa hombres que se jactan de
ser vividores, y cómo tenía yo razón en no sentir confianza en este ...... Q1 1é miserable!
nOye lo que ha pasado:
,cSegún te escribía, salí de mi pieza, me deslicé fuera
de mi casa, atraves¿ el parque y me diriji al mar.
uEn aquella noche toda iluminada de estrellas, experi·
mentaba una sensación de ensueño al pasearme solo,
completamente solo con el oceano, á lo largo.de aquella •
playa desierta.
uCreo que anduve largo tiempo sin darme cuenta de la
distancia recorrida. Por fin, resintiendo un poco de lasi•
tu 1, me eche á tierra, sobre la arena, al pie de una de
esae grandes piedras druídicas de que está salpicada la
Bretaña.
uY la mar cantaba allá lejos, ante mí, comenzando á.
ascentler y rompiéndo3e en la playa.
11Yo la escuchaba embelesado: ningún concierto humano es tan bello como esa gran voz de la mar y he aquí
por qué, no escuchando mas que á. ella, no viendo más
que á ella, olvila.ba yo la hora, ab3orto en esa contem•
plnrión infinita.
"L 11 ¡vHo rápido, precipitad.0 1 nervioso, me despertó de
mi ensul!iiO. L!egabl un hombre. En el mismo instante
una mujer envuelta en el manto de las campesinas breto•
nas, pasó ante mí como un relámpago, gritando:
-nPor fin, por fin!

uEn la obscuridad de aquella noche sin luna, no me había. percibido.
1,Quiso arrojarse en los brazos de Leódice, y con un·
gesto brusco él la rechazó.
-nNo haga usted necedadee, dijo; ya es demasiado haberme hecho venir. Qué es lo que quiere usted por fin?
(&lt;Ella dijo:
-&lt;\Quiero saber si me ama usted aún. Quiero suplicar
á usted que renuncie áe se matrimonio ahora que aún es
tiempo. Quiero decirle á usted que eso sería mi m-uerte.
Quiero suplicarle. rogarle, arrojarme á sus piée; tenga us•
ted piedad de mí, Leódicel
uSe arrodilló.
-i&lt;Vamos, dij1&gt; él, levántese usted, basta de melodra•
roa. Usted sabe bien que la amo siempre, puesto que es•
toy aquí, áriesgo; sí, á riesgo de descomponerlo todo si
alguno nos hubiese segui io. Sea usted siquiera razonable¡ este matrimonio á mí tampoco me diviert.e. E3 una
calamidad! pero una calamidad necesaria. Ya le he dado á usted las razones, yo creia que como muchacha
sensata me había usted comprendido. L'l casa Martín de
París no es muy sólida; tiene ne,esidad de andamios y
esos andamios puede proprocionárselos la casa :Martín d·e
Brest,. Yo me sacrifico, mi pobre niña. pero nada cam•
biar.í. en nuestro amor; por que ya.comprenderás que no es
la gruesa peonía de Valeria la que puede reemplazará
una rosa de Bengala como tú.
i&lt;Ellase había levantado, y el quiso abrazarla; pero
ella se echo hacia atrás y con 1;1na voz feroz exclamó:
-&lt;cMe habeis prometido que os casariais conmigo, me
Jo habeis jurado¡ de otra suerte no me habría entregado
á vos, no habría yo cedido¡ lo. habeis jurado y ahora ...... .
-..:No pudo continuar.
{{El dijo con un tono ligero:
-1(Y ahora me caso con otra. E3to prueba la verJad del
proverbio: uEl hombre propone y Dios dispog.e¡o Dios lo
ha dispuesto de otra suerte; vamos, lfüd razonable; me caso,
~to ee indispensable, pero en el estío próximo volveré
y juro que entonces el Cromleck, testigo de todas nuestras citas ..... .
~nCallaos1 callaos, dijo ella con una voz á.8pera, no ju·
reis ya y escuchad á vuestra vez mi juramento: Si rechazais mi suplica, me vengaré; he esperado hasta última
hora; pero entanto que viva, ese matrimQnío no se realizará:
1cY con los dientes apretados, repitió:
-u:\fe vengaré, me vengaré!
((El dijo con un tono de burla cruel:
-l(Ea la escena clá.sica, ya la conozco.
ttY declamó con enfasis:
Lt• va á los 1)if3 de los aftam1,
El c:oraz6n. q•~ me ahandona ¡
AntU1, apr&amp;1Urak, m'Ús f.em.e

HuUar ahí denwvo á Flermiona.

uDespués afíadió:
-11Que hará:Hermiona, oh mi hermosa? No me disgustaría saberlo. Hoinbre prevenido vale por dos.
uSin hacer caso de la ironía.1 sin indignarSe por la bur•
la, llena toda de su colera y de su pasión, respondió
ella:
ctlre á buscará Valeria, le diré qne no la amais, que
la ridiculizais con el sobrenombre ~e peonía, que os ca~
sais con ella únicamente por que ~s rica, que la abando•
nareis y la•engañareis.
-{(Babi Bah! Valeria es una buena muchacha; me
adora y me perdonará, a1;1n cuando yo fuese cien veces
má.s criminal; hay en su alma plácida demasiado de amor
y de indulgencia para absolverme de todos Ls delitos del
infierno.
uPues bien, me dirijiré á M. Martín; el no es un vivi·
dar, él es tm hombre honrado; y cuando sepa las promesas que me habeis hecho, losjuramentesqne hemos cambiado, cuando comprenda que su hija no puede ser feliz
con vos .......
uSe interrumpió haciendo una mueca.
---1eY que pruebas dareis de esta acusación á ese hom•
bre honrado! Nuestras citas? ¿Han tenido testigos?
¿No, verdad? Nuestras precauciones estaban bien tomadas; por prudencia, me cuidé de todo. Tenéis cuando
menos algunas líneas de mi letra?
i&lt;Ella respondió sordamente:
-uDa snerte que por eso no babeis respondido á mis

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1!97

cartas! Por eso :fingiais temer comprometerme! lo que t,e...
miaisera poner una arma entre mis manos!
-u¡Pardiez!.Un sabio ha dicho: uD_¡dme tres líneas de
escritura de un hombre y yo le hará ahorcar.u No quiero
que me ahorquen, no quiero que me arruinen, no quiero
que me casen á pesar mío.
-ce¡ Pues bien! dijo ella violentamente, diré todo á mi
padre¡ él os matad.
&lt;1E3ta última amenaza me pareció que producía sobrn
el espíritu_ de M. Martín más impresión que todas las
otras. P~rrnaneció un momento silencioso y respondió
con un tono. más dulce:
-!cVamos, no digas locuras; no se mata á nn hombre
tan impunemente como á una liebre: hay trabajos forzados y también gujllotina ...... Sobre todo, cuando no se
tiene prneba alguna, entiendes bien? prueba alguna ..... .
uDespués con voz temblorosa:
11Hagamos las vaces, querida mía, abracémonos, despidámonoe, como buenQS amigos, porque la luna se levanta y yo no quiero ser percibi(!o. No te digo adios, sino
hasta luego.
uE\la no respondió al principio1 después, sollozando,
exclamó:
•
u-No; no, no os perdono. Comprendo ahora de sobra
como ha beis jugado Conmigo. Tenéis razón; ninguna
venganza me es posible; pero cu11.n fo menos puedo morir
dejándoos un eterno remordimiento.
ciCon un vaso desigual, paso de loca, la ví dirigirse al
mar.
t1En un segundo, me puse de pie sofocando un grito de
terror.
u¿Cómo no me vió Leodice? ¿C.lmo no me oyó? Estaba
demasiado absorto; pero yo no quería intervenir con tor•
_peza y 110 podía soportar que la dejase morir. La seguí
con una n::iirada de terrible angustia.
11Ella no se precipitó en las olas; sea que en el momen•
to supremo su valor hubiese flaqueado, sea que tuviese
aun un resto de es~ranza, se dejó caer sobre la arena ante
el mar que ascendía. Y ahí envuelta en sus paños negros,
parecía solo una de e30s pobres leñ.os que el océano va á.
arebatar;
uEl tiempo huía: una ola más alta y la imprud1=mte se
perdía para siempre. Yo busqué con los ojos á Leodire;
ah! e3ta vez tnve un eublevaJ?lientQ de cólera: el cobarde
huía. No vacilé, me lancé. hacia la pobre niña, la tom&amp;
en mis b:razos y la retiré de ahí.
11Ella dejó oir un grito de alegría:
-»¡Oh! me amas siempre, puesto que no quieres dejar•
me morir.
KSu error fué de corta duración. Murmuro:
-1tNO es él, ¡oh Dios mfo! ¡no ea él!
»Después se dejó caer de nuevo en tierra, se ocultó la.
cabeza con eu manto negro y se echó á. llorar amargamente.
u¿Qué podía yo hacer? Ella no me preguntaba ni aun pa•
recfa inquietarse de mi presencia.
uA la claridad de la luna, durante el minuto en que, tomándome por Leodice, había levantado su rostro haciai.
mí, un rostro radiante de felicidad, conocí á Beltrana ~ieriadec, la amiga de Valeria1 la señ.orita de honor que meestaba d~tinada.
1tLloraba con la cabeza entre las manos. Yo la dejé llorar, comprendiendo que en sus lágrimas, su enérgica có•
lera zozobraría, que no tendría ya fuerzas para comenzar·
de nuevo lo que había intentado hacer; en una palabra,.
que no se mataría.
uNo cambiamos una frase más; al fin se levantó con
el.,rostro oculto en un pliegue de aa manto¡ solo sus ojos,
aparecían, soberbios, ardiendo con un brillo sombJio. J\Ie·
míró Ia,gamente sin decir uoa palabra, y se alejó.
u~fo se dirij ía ya hacia el mar y no ia seguí.
uAquí es, herm~na querida, donde surge el caso de
conciencia. ¿Qué debía yo hacer?

DOMINGO

20

EL MUNDO

DE MARZO DE 1897

•

uNo podía conservar ilusiones respecto álos sentimientos de honor de Leodice¡ pero revelará. M. Martín la indignidad de su futuro yerno, era una tarea ingrata q1ie
me asustaba.
«En el fondo de mi alma se levantaba un sentimientc&gt;
muy preciso: una repug~ancia á. asistir á ese ma~rimo1 i ""
que me parecía odioso; yo quería- evitará. la desventu ·
rada muchacha el suplicio de mi presencia, ahora que sabia su secreto. C..Jmplde~ía á Valería, compadecía a.
"Beltrana y execraba á. L'~o::lice.

•

•

_..,..,..
..

~~

,. .

;·!'""

•

n:No reflexioné largo tiempo: No es acaso una dicha pa.ra loe que deben ser hombres de acción no perderse en
las vacilacienes del pensamiento? Volví á. mi pieza, arreglé mi petaca y salí á las primeras luces del alba.
11Dejé sobre mi mesa una palabra de excusa para M.
Martín. Pretextaba indisposición súbita que me forzaba
á.partir.
n¡Qué habrán pensado? ¡No lo sé! poco me importa! .. _
¿Pero tú', hermana, que piensas de tu hermano? ¿He hecho demasiado ó he hecho poco? ¿No me. he lavado las
manos como Pila.to? O bien, al desertar, he faltado á las
leyes más elementales de la hospitalidad y de la política?
c&lt;Espero impacientemente ~u respuesta.
FELIPE,»

•••
La Sra. Elena Duverrwy al Sr. Felipe Aubian,

uMi querido hermanito:
uTodos IQ.e dicen injuriBP; que te he educado mal, que
he hecho de tí una mujercilla, una señorita. Jacobo de
Sommeree, á quien he puesto al tanto de tu carta, da libre curso á. su indignación! Te trata de cándido, de boba-

licón; él estaba lejoe de esperar qué un oficial de marina
tu viese, para ciertos asuntos, severidades de capuchino.
Afiade que hay pocos hombres que no hayan tenido que
experimentar, en vísperas de matrimonio, semejantes
asaltos; que sólo loa simples se dejan coger, y que Leo•
dice no es }ID simple.
({Debo afiadir que no h~ encontrado en Fernando el sólido apoyo que esperaba; sin explicarse con la cínica brutalidad de Jacobo,.insinúa que hubiera eido preferible
no entrometerse en este asunto y asistir al matrimonio
com9 si nada se hubiera vieto¡ estima que el deber de un
testigo, de un gar~on á' Jwnneur, de un invitado, es
volverse ciego y sordo. Te censura que bayas ido á. va·
gabundear ( esas son sus expresiones) durante la noche.
Jmnás sabe uno-dice-á qué descubrimientos se expo~
ne. He aquí la moral de los hombres, mi querido niño, y
de los mejores, porque éstos son gentes honradas. ¿Ha
brá. necesidad de decirte que no es la mía y que he sentido una profunda tristeza escuchándolos?
1eYo comprendo y apruebo el sentimiento que te hizo
huir de esa casa y la aprensión -de tener que estrechar
aún la mano de ese- miserable. Porque pa,t:a
pa?a.. íní,

es un miserable, aun cuando siga siendo á los ojos de lo
otros un hombre galante.
uSolamente un temor me tortura, Felipe; Jacobo pre•
tende que las cosas no quedarán así, que tu brusca partida ha sido una afrenta, que la esquela dejada á M. Martín es insuficiente, que en el caso procede una explicación;
en fin, que para evitar las consecuencias de tu incivilidad, habrá que ~scribirle una carta de excusa.
~ 1(Esta carta, Felipe, yo sé bien que no la escribirás, y
no quiero imponértel.!I.; pero tengo la angustia en el corazón, porque nuestro primo ha afiaiido que ese miserable es un matón, un espadachín, un cliente de los salones de armas.
11¡Oh, mi Felipe, cuá.nto temolcuánmalos son los hom•
bree y cuánto te amo!
Tu hermana-ELENA.

4

tí7"

Felipe de .Au-bian á la Sra. Elena Duverrwy.

•

uMi pobre hermanita, tranquilízate. Por terrible quesea ese matasiete con la espada ó con la pistola, ya habrla encontrado alguno para que le respondiese; pero no-

�•11•

EL MUNDO

DOMINGO

21

DE MARZO DE 111!)7
DOIIINGO

J)iensa casi en provocarme en duelo. La noche de su ina•
trimonto. partió para Italia y cuando regrese, hermanita,
habrá entre nosotros el Mediterr1.íneo, el mar Rojo y el
Océano Indico. Acaba de llegar la orden de marcha. Hete pues contenta ( cuando menos asilo e~pero); partimos
para los marea de la China y no pienso que el feroz Leo·
&amp;ce vaya á perseguirme hasta allá.
1&lt;Doa años de ausencia, querida, extinguenmuchoaren•corea, calman muchas cóleras. Yo supongo que jamás me
demandará ni razón ni explicación.
1(Lo que si es grave y triste, es que no podré irá abra.zarte y decirte adios: Pontarlier está tan lejos y tenemos
tan poco tiempo!
"Cuida mucho tu salud, hermanita querida: las últimas cartas de la tía Fourneron me inquietaron un poco.
Dice que _tienes mal aspecto, aun cuando te obstinas en
no quejarte.
,1Bien sé que la buena tfa, en su fiebre de solicitud desea vernos á todos enfermos, á fin de tener el placer de
,cuidarnos y la gloria de salvarnos. Bien sé que tú mé
afirmarás que ·nunca has estado mejor; ¿pero esto es verdad?
u:\Ii Elena querida, no tener más que una hermana en
el mundo y pmtir tan léjos de ella, tan lejos que se necesitan meees para que sus cartas nos lleguen! Cuando
piem:o eu esto me dan ganas de desertar ó presentar mi
dimis!ún.
&lt;i¡Que Dios te guarde, Elena!
uTu hermano que solo á tí ama.
Felipe.n
P. S.-Li á Jacobo mi pena por haber correspondirlo
tan mal á sus esperanzas; dile que si los oficiales no son
,capuchinos tampoco son tigreé y que por miserable que
pueda ser una mujer, no se complacen en verla torturar.
u)Iira tú, hermana. Yo no aceptaría ni una broma, ni
una censura á este respecto. Yo no doy sino á ti sola el
derecho, 9"e juzgar de mi conducta y de normarla.
III.
Cuando la Sra. Duvernoy recibió esta carta, no pudo
,coñtener las lágrimas. Oprimiala la angustia, Felipe iba
á partir siu que ella lo hubiese vuelto á ver; no lo vería
jamás!. .....
Pero no eran los azares del mar lo que más temía; tam•
poco que no volviese,, E!ino no estar en el mundo cuando
-su vuelta. Se sentía gravemente enferma.
Lo que ni Fernando ni Jocobo de Sommeres, ni el me•
dico tal vez observaban: el debilitamiento paulatino y gradual de la joven, la tia Fourneron no había dejado de
percibirlo. Asediaba á Elena á preguntas, la vigilaba
desde la mañana bata la noche, entrando á su cuarto con·
todos los pretextos, miníndola hasta. el fondo de los ojos,
de tal suerle que acabó por comunicarle su convicción,
quitándole también esos bienes supremos que hacen retrocederá Ja muerte y frecuentemente vuel,·en la salud:
la esperanza y la ilusión. Elena1 sin embargo deeeaba
sanar: se aferraba á la vida con la enérgica voluntad de
no abandonará. los que amaba, á Fernando, á Felipe, y,
sobre todo, á. su pequeña Lila.
Desde la discusión con Jacobo 3 propósito del matrimonio de Leodice, ese deseo de vivir estaba acompafi.ado de una inquietud moral. Llevado por la necesidad
de convencer, de tener razón,. de.guardar para sí la última palabra, Jacobo le Labía chcho con su franqueza
brutal: &lt;1¡Pardiez, prima Elena, si los hombres se anduviesen por las raQlas pam romper con su pasado y enviar
.al diablo á las intrigantes, no se casarían jamás. Pregunt.1.d algo de eso á vuestro marido.u Ella había vuelto
hacia Duvemoy sus ojos interrogadores y lo vió vacilante, turbado hasta el fondo del alma.· Herida en su pudor de mujer honrada, se abstuvo de pregunta!, pero la
duda se le qp.edó en el alma.
Algunos dia.e después, Jacobo totn6 bruscamente á la
carga; esta. ve.z llevaba excusas:
-Estoy desolado por lo que he dioho, mi pob_re prima;
Fernando me ha hecho una algarada; que queréis, yo
creí que eetábais al corriente: ¡eso era t{ln público! Todos
fos artistas pasan por lo mismo, no hay que admirarse.
Fernando ea muy bueno, pero muy débil. ;Las mujeres
lo dominan 1 Ah! y no fué facil e~capar de esa. Sabéis el
medio que yo empleé? Me puae en competencia. Yo era.
más joven, más rico, demasiado guapo y decidido• á per•
manecer célibe. La tía Fourneron no había emprendido
aún mi conversión; agotaba las armas de su arsenal con-

tra vuestro marido. Ella fué la que inventó la maquia- aguas. A fuerza de instancias, logró el pobre hombre que
vélica combinación que logró hacer de Fernando el más" I..eodice paniera solo¡ mas fueron tantas y tales las muesfeliz de los maridos. Ya veis, pues, que hay que eer in- tras de desolación de Valeria, que un día, haciénd0se un
duJgente con mi amigo :Martín. En ese duelo que se . supremo esfuerzo, la dijo:
libra siempre entre el hombre y las mujeres, ellas tienen
- Vete, vete á. buscarlo, puesto que no amas má.s que á.
por armas sus astucias, sus comedias, sus tragedias tam- él en el mundo:
bién. El hombre no tiene más que su egoii:mo. ¡MalaElla se levantó de un salto y le echó los brazos al
ventura para~ debil! Fernando era un dtbil; me tuno cuello:
que vuestro FeliIJe no sea un débil también.
-Gracias, padre, gracias; cuán bueno eres permitiénElla mostró una hermorn eonrisa de confi.,ama:
dome abreviar mi permanencia aquí! Mira, estny tan in-Oh, no! Felipe es tan :firme como bueno, honrado y quieta, soy tan deegraciada cuando no le veo .............. .
leal.
Y partió alegremente al otro día.
Y cedió la disc.usión, mas cuando Jacobo se hubo ido,
ei enfriamiento perduraba.
En su hermosa mansión ,acfa, }l. 1\Jartfn meditaba
Conque era pues un débil el hombre á quien ee había
tristemente.
unido! A. pesar del grande afecto que le prnfeEaba, no po·
¡Qué largos son esos días de Otoño! 1\Us largas aún
día impediree juzgar severamente algunas denotas: la
imposibilidad en que él estaba, por ejemplo, de defen- eeas tristes tardes pasadas en un rincón y ante el fuego,
der sus intereses, prefiriendo dejaree perjudicará entrar solitario! Los negocios no le interesaban ya: ¿para qué
·en pugna. Débil, no por cobardía, no por bondad, eino ganar dinero para los ingratos? Por sus labios vagaba
por una especie de pereza; de t9l suerte, que las tareas esa'terrible palabra que resume la nada de todos los es.fuerzas, la locura de todos los sueños: "¿l'ara qué, para
penosas venían siempre sobre ella.
Y ahora en la penumbra de su alcoba, en Ja triE.teza qué?n repetía amargamente. Ante él pasaba su vida, una
vida laborimm: cuidados, vfgilias, actividad incesante,
del crepúsculo, con las dos manos cruzadas sobre las roalgunas veces horribles temores que hacen correr un sudillas, pensaba: Que sería de su pobre Lila si ella moria? Vanamente trataba de reaccionar contra la impre- dor frío por las sienes.
No se erigen las fortunas sin una lucha tenaz! Y.el.resión producida por las revelaciones de-Jocobo: recordaba
sultado de tantos e!.Euerzos era la soledad y el abandono!
frases, palabras pronunciadas otrz.s vecés ante ella, eufeUn padre es tan p6ca coea para el hijo, en tanto que el
mismos, sonrisas veladas. Entonces no había comprenhijo es todo en la vida del padre! El también había sido
dido, ahora comprendía.
un hijo ingrato; queria hacer fortuna. Esta idea fija haLo que experimentaba no eran celos retrospectivos 1 era
bla paralizado, absorvido todos los sentimientos de sU
aprensión; no por ella que acaso iba á morir, sino por la
corazón. El primer escalón que le había permitido alhuerfanita que le sobreviviría. Se dejaría sorprender
canzar la meta, fué el matrimonio: los cincuenta mil
por los artificios de algún intrigante eEe hombre de coescudos
de su mujer le permitieron emprendar en algu ·
razón debil cuando ella no estuviese ya ahí? Oh! 1á! era
nos negocios. Su mujer se asoció a él y al morir, dejándopreciso vivir! Lo necesitaba, lo quería.
Llamado el viejo médico, Ee sorprendió de encontrarla le una hija, contempló orgullosa la prosperidad de la
•
tan nerviosa. Advirtió los desordenados latidos del co- casa.
y todo para qué? ......... si ahora no había una ternura
razón y la irregularidad de los pulsos. Ordenó numerofemenina que calentase el frío de su vejez ........ .
sos medicamentos, todos los vinos generosoe, todos los
En este momento flotó ante sus ojos una esbelta Y
el!xires, todos los fortificantes, todos los anti-neurastéblanca figura. Hacia muchos días que la encontraba en
nicos.
la playa. Estaba sentada sobre una gran pieda y contemElla obedeció dócilmenw.
plaba el océano. Como no amaba á los perezosos, la·había
El médico da el remedio, más Dios solo da la curación.
mirado al principio con una extremada desaprobación.
IV.
nEaesa haragana de Beltrana Meriadec,,1 babia murmu•
En tanto que Felipe de Aubian bogaba, á plenas velas rado. Pero los ojos que encontraron los suyos, no deja hacia el Japón; en tanto que •Leodice paseaba· chabaca- ron de turbarle. Eran unos ojos leonados, de un brillo
namente por lila playas del Adriático á la pobre fea de sombrío y de potente seducción.
Valeria; en tanto que Elena miraba tristemente irse su
El no era experto en belleza femenina: verdes ó azules,
vida, Martín de Brest se fastidiaba.
obscuros ó negros, los ojos de las mujeres no le preGcupa·
Desde· el matrimonio de su hijo erapresadeesamelan- ban jamás; pero el recuerdo da aquellos le persiguió tan ·
colía que todos los padres han experimentado, tristeza to y tan bien, que al día siguiente volvió á la playa, pre•
caueada por la últiina decepción de la vida: la ingratitud sa de un deseo un poco maquinal, como si hubiere ido
del hijo. De un cara1:ter dulce, apacible, amaba la casa,• en pos de un resto de navío ó de un objeto curioso é inla vida de familia: Valeria, al partir, dejaba nn vacío in- teresante. Los ojos estaban aún fijos en el mismo sitio,
capaz de ~lenarse. Mientras duró el invierno, soportó va- siempre ociosos. perdidos en la inmensidad. Creyó ver
lientemente la separación; estaba en Brest, sus negocios
lucir eb. ellos una lágrima. Después, vol vi6 todos los días
lo distraian, además. las cartas de su hija le llegaban im- al mismo paraje, sin razón, sin esperanza. En su vida,
pregnadas todas de gozo; estaban fechadas en Niza, en destituida ya de toda finalidad, este encuentro silencioso
Florencia, en Roma, en Venecia, y por último en Nápo- se conVirtió en un hábito y en un placer.
les. Aquello era para la muchacha que jamás habia abanY he aquf que solo en su gabinete se echó á sofí.ar co~
donado la Bretaña, una maravilla, una embriaguez. El aquella muchacha, deopués de haber pensado, quien sabe
se asociaba á. esta ventura, pero experimentaba un poco por que extraiia asociación de iJeas, en una pobre sir·
de celos. ¿Por qué no era á él, á él solo, á quien debfa vienta á. quien sinceramente había amado: María ·9omesta felicidad? ¿Por qué habían permanecido el uno y la bier, abandonada cruelmt&gt;nte antes de su matrimonio,
otra pegados á esa casa de comercio, t ne.errados en los sin preocuparse de lo que sería de ella. No habfa cohe•
EOmbríos departamentos, en los escritorios polvosos? Ah!. sión posible entre los dos recuerdos yein embargo el uno.
era preciso ganar millones, y ahora otro los gastaba ale- sucedía taimadamente al otro.
gremen~. Sentía para su yerno una especie de rencor,
U11 día, en el momento en que su paseo le llevaba de··
ese rencor que inspiran los ladrones hábiles. Si cuando lante de Beltrana, ella se levantó y se acercó á él. El se
menos al ·robar la caja fuerte no se hubiese llevado el co - detuvo, más intimidado que sorprendido. "No era amigo
razón de la muchacha!
de platicar con las muchachas hermosas, pues· jamás haPasó el invierno y la primavera vino. Se había conve- bía tenido el hábito de esas conversaciones; pero tamponido antes del matrimonio que los jóvenes pasarían el co había querido alejarse ein oirla. Iba sin duda á soliestío en Kereck y que Leodice, al ojo de su suegro, se ini- citar para su paire, ese viejo cazador furtivo del capitán
ciaría en el funcionamiento de la casa de Brest cuya di· Meriadec, algúu permiso de ca al eu sus bosques reserrección debía representar. ((Así casi no nos abandonare• vados.
mos, tío Nart.ín,n había dicho, y paro liando una palabra
( Continuará. )
célebre: ((Ñada ha cambiado en vuestra vida, no tendréis
sino un hijo más.n Previa esta seguridad ee concluyó el
matrimonio, más al ~greso de los novios Leodice habló
de los negocios de Paria, de la necesidad de un viaje á
Alemania, y de la exigencia para su salud, de tomar

21

DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

LA MODA

'Traje parisiense para niña.

•

�l&lt;J.. MUNDO

11'.A.MODA.

DOMINGO n DE MARZO DE 1897

En pocos afioa, todas las Eefio~ distinguidas iban como
la Empt-rat.riz Eugenia, co11
la cabeza alta, los ojos mir-,mdo vagameute1 el talle ondulante ......... y hasta Jos ca~llos adop·aron uniforme...... .
En 185h llega el apogeo de
su triunfo; tiene ya uu hij1 ;
t-8 t-n la nueva sociedad la expresión suprema de la finura fra¡1c-..sa. No tiene ni las
incohl'rencias de Josefina, ni
l»s indiferencias de Maria Lui~
sa, ni las tristezas de la du.
qut&gt;1:1a de Angulema, ni las
t urbul,enrh1s de 11ifia mimada
de ta duqueea de Bnry. Sin
embargo, de todas ha toma.
do algo: la ~ensibilidad. la
d n lwra, la protección á )fls
pt&gt;qut&gt;ños, el gl,SIº por lo inédito y por los rdiaamientos,
la pJegante distracción.
E11 la uwecolan:rn de la corte
Fe afirma indh•cutiblemente é
impone á las útras damas lo
que ella ha entendido, eetudiado y colocado en su verda•
dt&gt;ro punto. Si la observamos
t&gt;n su estricto papel de muj, r
á :u motlo, la consideración
reina por cu:to superior en el
C(,nocimieµto de los matices,
de tal modo, que cosas exLravagnntcs ó ínfimas wciben de
ella una precisión más acá de
lo cual todo es tonto y más·allá
todo es ridículo. La vemos
muy á menudo en sus habit.'lcjones, en rápidas posturas,
sorpre-ndida en tr&gt;ilettea que
una nonada h0ría grotescas y
que son, sin embargo, encan•
tadoras. Bajo un horrible
sombrero plano, que Je impLnen los modistos¡ con un traje
liso cerrado en las mangas,
cerrarlo en el talJe, y deFgrit.ciadamente inflado por abujo,
t&gt;El 1 seguramente, la Emperc:1.tr iz 1 y para convencerse de
ello, basta compararla con las
otras damas.
Cuando viste con las galas
de las grandes recepciones,
como por ejemplo, la de JoeembaJadores de Pereia (en
Enero), ni la misma María.
Antonieta hubiera tenido aspecto más distinguido. Llevaba nna corona de flores y
pPndfa de sus hombros amplísimo manto. En pie, al ladodel Emperador, son refa á. aq uellos enviados de las m·il g ii11tAnoche1S, que comervan en la ca•
beza su gorro de astrakán, y
sin embargo, e~tán como cortadosdelante de ella.

DOS HERMOSOS MODELOS

Ahora. ninguna dama encopeklda, ninguna reiua de la
hermosura puede considerarse
satisfecha s1 no tiene má! que
en modista, eu -eastre. Y ea
que el traje femenino, en lo
relativo á la elección dt:' género@, y aun comunmente en
su factura, se masculiniza ii
grandes :pasos. Salvo en abrigos y aplicaciones de tr-djes de
gran soirée, están nuesi raR da·
mas muy lejos ya de los buenos tiempos que precedieron
á laaetualetapa del figurín.
Las complicac1ones desaparecen inseni:iblemente, aunque
no lo co~toeo de las telas, y
dia llegará, ei el capricho r~ menino no opta por los t:xtremos, en que la tisonoaüa dolninante de la moda sea de
11na augueta eencillt'z.
De uno ó de otro modo,
quien mantiene el cetro de la
actua1idad y la fantasía en
cuestión de trajt:e ferrt(&gt;ninos,
es ortb ,el Parisie,i ee. ,v&lt;•rtb,
el único, el inimitable "\Vorth,
cuyo cerebro e~tá t&gt;D teni:ión
perpetua, para c:n&gt;ar cada día,
cada hora, el guifiapo de actualidad que r~inará en París
elcual reina á su vez sobre
toda la tier1 a.
El hermo1,íeimo traje de
casa que ilustra estas líneas,
acaba de salir de su establecimiento y ha obtenido prediJeccit1nee stfialadas. Hay
quien lo repptael clt,-J ,,'reuvr~
''" la sea:ion. NosCJtros ni quitamos ni ponemos rey, limitándonos á dt'jar al buen gueto de nuestras lectoras la
aprobación más ó menos in·
condicional de ese figurín y
Oel no menos bello para niña,
que aparece en visible parte de ebte pliego y que f'S factura de la propia presLigiada
cuaa.
La entrada definitiva del verano promete primores, de
que nuestras lindas abonadas
&lt;starJn al tanto con la debida
0 portunidad.

,v

LAS MODASDEAYER
El segundo Imperio

El se~undo imperio, aparte
ele su rnterés puramente historico, tiene para los espanoles
otra eepeciEi de interés. Una
1·
de las figuras más ilustres de
aquel tiempo fué la condesa
de Teba, de la cual dice Bouchot que no ha habido personaje de drama t,an conmoveOrí¡en del nombre de al¡unas
&lt;lnr ni tan doloroso.
florea.
·
De este modo retrata el autor de d,es eléga1,c,-si1 á la
Aseguran algunos que rriEmperat1 iz 1 cuando la augus11antl'mo, ee compone de dPS
ta s~fiora fué á ocupar el
palabras ~rit&gt;gas que signitl•
trono de !&lt;'rancia.
can 1&lt;flor de oro,n nombre que
1,Era entonces encantadora:
se Je puso por el color de aleus rubios cabellos, casi dogunas de sus variedades; y
1·a&lt;los, formaban dos grandes
otros sostienen que crisanteondas en las siene~, imitando
mo significa uflor de Crieto,1&gt;
el peinado de las antiguas mi·
alusión a que en e) Oriente
lanePas. Su rostro era owlaflorece por la Noche Buf'na.
do, de una gran pureza de líEl nombre de la roisa se deJM&gt;as y un poco corta la barriva del latín y ea casi igual
billa, la nariz correcta. aren todos los idiomas.
qaeadas las largas pestaí'ias,
~""
r,
.Jr1tflrn11a se deriva de] grieoj08 'Ot!netrantes y muy jun- ~:-...
-·~·•·•~...~..... _. ::...;:~~~
---"'"'~""""""t':t:r,;~~"~~"~,,..~-~="'"'-'~*"'-~"~•"
go y significa &lt;{flor del viento,ll
tos. Sn perfil semejábaee al de
nombre que alude al hecho de
los ant.iguoscamafeos, sin ninTraje parlsienae par.a casa, del establecimiento de Worth.
que esta planta vive en lugagún defecto de los que Maria
res expuestos á. los vieutoe.
Antonieta en~ontraba al suyo. La boca era grande, por- c,i,n la esposa de Luis X VI. No se citan a1111 fraaes, la RPgÚ'? la Mitolog(a la anémona nació de la sang~ de1
que su sonnsa dejaba ver lindísimos dientes. De dio- Emperatri?. no trata de hablar pan. la po&lt;1.teridad, pero ¡sa- A loms; pero otros sostienen que brotó de las lágrimas•
► ª era eu cuello y sus hombros y en talle ondulante y
lu&lt;la tan bien, en P:u sonriiia tan dPliciosa! ... ... ....... .
de Vénua, qne lloraba la muerte de un amante.
&lt;leigado,. penetraba en los req~iebres de la falda, como
Uno de suq primerop; éxitos fné dos meses despnés de
El jacintn también tomó siu nombre de la Mitokgía.
en ?tro t1empo_e!_emba1Jenado corpiño de la Reina Mar- su boda, en el baile del Cnerpo legh,tativo. Allí afrontó
griega: refiere Ovidio que Jacinto, un muchacho muy
ganta. en .su mm_ua.que. Las manos y los piés mostra- 11:allardament.e mil miradas qne expiaban señales de des- hermoso, fué hijo de un rey de Esparta y favorito d"'
ban lo ar1stocrát1co de su raza, pies de mufieca y manos fallecimiento. Todosaqnellos cortesanos inclinados ante Apolo. Zéfiro, envidioso de la amistad que unía á. Jacinlargas y afiladas.
ella trataban de encoatrar algnna incorrecci6n para pn- to y á. Apolo desvío la direc~ión de un tejo que tiró és~
te iugando, Yel tejo fué á herir á Jacinto, que ca_\·Ó
tiempo ~~.-¡~·y~·~¡··~·1··~·~·c1,~~--~._:;~je·~t~;;~~·d~ blicarlaen seguida. La emperatriz pasó por delante de
ellos, alta la frent,e, sin vacilación algnna, expresando muerto. Apolo convirtió el cuerpo de su favorito en la.
las Princesas, una manera de andar propia de ella ]a ptrfectamente todo lo que era propio de su rango, y ol• flor que lleva au nombre.
f.rl!nte alta y cierto ~racioso y distinguido movimien~- ... vidándolo cuando era conveniente.
Mirtfl significa perfume. Creen algunos que este nom~n los primeros tiempos de eu matrimonio se le perElla impuso 1~ moda en el vestir Apenas la Empera~ bre le fué dado á. la flor que lo lleva, en honor de J!irty11.,
mite ser bella y presentarse en las las recepciones en Au triz Eugenia hubo resucitado los ahnecadore!ó!, ninguna poetisa griega que vivió en el ei~lo V antea. de Cristo y
pomifical de soberana. Sentíase en París cierto orgullo Soberana dejó de adoptarlos. Del mismo modo Josefina de quien recibió Píndaro sua primeras lecciones de p0t~e poner en parangón aquella bellezl\ altanera y román- impuso á la Reina Luisa de Pn19ia los t-alles altos y los sía. F..n tiempo d" Plnt.~rco existían aún algunos poeml.iB
tica con otras bellezas célebres. Se reconoce su distinción mantos de corte. Bien pronto fueron admiradas las acti- de Mirlys pero hoy todos se han oerdido.
1
y Stl!\ digno11 modales La corte ePta encantada de su tudes de la Emperatti1,, la manera de saluilar á la Tf'don•
graci~, c,1m&lt;H&gt;n otro tiAmpo los petirnetree de )a&lt;i Tulle- da con cierta inclinación de cabf.:rn,, Fu modo de andar y
nas ó U.el uP.tláis R•Jyalu lo estaban de ln r1 i \"¡ •1 , :i!l ~t ri ;l • h:1.~ta la clo:&gt;nericia •nn 11 ,Je ~11 sonrisa y de su mirada.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 12, Marzo 21</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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