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�DOMINGO 2S DE MARZO DE 1897

EL MUNDO
" E L :ltlUNDO"

Semanario Ilustrado.
TelUono 434.-Callc de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Relliacción, debe ser tlirigida al

Director, Lle. Rafael Reyes Spindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La subscripción á El MUNDO mle $1.25 centavos al
mt,s, y ae cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada pnblicamón.
Todo pago debe ser prec;isamente adelantado.
RÉGll:ITRADO COMO ARTÍCULO nE SEGTJJl,"TIA CLASE.

11:u füpúblirn ,!ll111¡,ir ~e O::cntro-,lmérirn.
El jueves de la pasada semana fué recibido oficialmente por el sei'ior Pre!!idente de 109 Estados U nidos 1\Iexicanos, el señ.or Yúdice, Ministro plenipotenciario de la
República Mayor de Centro-America.-Forman esta República, según pacto suscrito en Amapala por sus resp""Ctivos gobernantes, los Estados de Honduras, Nicaragua
y Salvador1 que han dado el primer paso positivo en pro
de la unificación centro-americana, viejo pensamiento
que antaf.'io ha eervido de ensefta á palpitantes y eangrientas luchae.
Alguna vez ha hablado el M1u,do de la unión centroamericana, y expuesto los obetáculos que, á nuei:tro jui ·
cío, se oponen á. la realización de la idea. Los pueblos
jóvenes de esa parte del Continente han permanecido
largos afias en una suerte de antagonismo latente, en una
actitud recelosa, que han estorbado todas las iniciativas
encaminadas á este objeto, ya procedieran de las lucu
braciones del legjslador ó del estadista, ó bienemanarau
de los actos más incisivos y precipitados del hombre de
combate.-Para destruir esta mala inteligencia; para extirpar estos fermentos y ,limpiar el horizonte de nubes,
se ha trabajado activamente y el pacto de Ama.pala se
nos presenta como un hecho realizado.
Es posible-queremos persuadirnos de la solidez de este reciente lazo-que la República Mayor de Centro-América constituya el germen de la futura unión de aquellos
E~tados¡ pero al mismo tiempo que expresamos estos deseo!!, nos llegan de Guatemala noticias que se apartan
mucho del program'.l que debe servir de mira, según presumimos, á. la definith·a agrupación á.e aquellas Repúblicas.
Parece, en efecto, que Guatemala está siendo objeto
por parte de sus vecinos, de una política poco franca, ondulante y movediza, que pocu prepara á la tan decantada unión. En el fondo, la lucha es tan sorda pero tan
febril como en todos los tiempos lo ha sido. Dentru de
estos términos, el pacto d~ Amapalaacaso no esté llamado
á resolver por el momf&gt;nto, el problema, tantas veces iniciado como fracasad•l, de la unific.1ción de aquellos Es·
tados.
De todos ipodm, y encerradu:i en la. correcta neutralidad que caracteriza á la política de :.'IUxico, en sus relaciones con las demás naciones, sólo nos resta reconocer
el nµevo Estado que acaba da ser acreditado ante nues •
tra República, como la expresión de la voluntad de tres
naciones, con las que siempr~ hemos sos~enido buenas
relaciones, y reconocídas como independ~entes.

Una proµaganila µrourd¡11sa.
No hace todavia muchos días un periúJico de eeta Capital publicó un articulo humorístico, destinado á. burlarse, con mayor ó menor donaire, de Ja activa propagauda que don Carlo3 Gris está l lt1vauJo á. cab ), de bueno,,
años á. esta parte, en favor de la. agricultura naciuuat.
Swcede ti veces que el periodista militante, (alto de inforruaciunes, toma de los t.:abellos el primer motico que se le
presenta para cubrir la. labor del dJa, á vuela pluma· y con
la premura impuesta p,.,r el cajista, que va arr,ancando
cuartilla á cuartilla de la mano.
La verdad es que la tarea emprendida por el sefior
Gris es de aquellas que no merecen iranias. Su entusias-

.roo no podrfa cauf:arnos risa, porque ha servido, cuando
menos, para poner de relieve hechas que intereea conocer. De su pluma, nervioea y ágil, ha ido ealiendo la Re•
pública como una rica materia prima sin explotar, que
Fe ofrece á los Qombres de capital y de trabajo, como un
excelente mercado propicio á. todas las activida~es.
Esto es menospiuJorescO que una polémica sobre laposibilidad 6 no posibilidad de la prodúcci6n de la arUtocra.cia en México; pero mucho más substancioso para los intereses nacionales.
A ocaeiones, e! Sr, Gris desdende basta el fondo de
nu ..stras desdichas económicas y sociales, y sus palabras,
de una amarga sincPridad 1 cortan como un puñal damasqnino.~El nos ha ht&gt;cho saber .que un ca.balto americano
gana m&amp;- que un_iorn.aforo en México; yél también quien
ha puesto ante nuestra vista el desgarrador espectfoulo
de la -'1equú:t de nuestras tierras con frase punzanteé incisiva.
Nó¡ el Sr.. Gris no es un ilmm, que traqsforma los rebaBos de ovejas en valerosos ejércitos, ni los molinos de
viento en gigantes descomunales: nuestras miserias y
nuestros prejuicios, nuef'tras falt.as y nuestras depresiones quedan fotografiadas en las páginas que con singular
constancia esparce á los cuatro vientos de la publicidad.
En cambio ¡cuánto debemos á este propag,mdista infatigable de nuestras grandes emp,resas futuras! ¡Qué
servicios los que ha prestado al ensanche de nuestra riqueza pública!
A un reduciendo las proporciones de sus pro.spectus á.
los términos que hubieran de desear cuatro jfaneurs timoratos de la calle de Plateroec, siempre se habrá hecho
acreedor á su saldo, que debemos satisfacerie:en gratitud
los mexicanos, por la persistente cam,paña en favor del
desarrollo de las energías nacionales.

li)alftictt Q&amp;enerttl.
RESUMEN,-EI concierto europeo y la cuestión de
Oriente.-Apariencias y realidades.-EI bloqueo de
Creta y la paz universal.-Los d1sidentes.-La opi
nión pública y los gobiernos.-Una cesión conseguida y otra anhelada.-Conclusión.
4

Si fue¡a real y positivo el cacareado concierto de las
potencias, en la actual situación de Europa, pendiente la
paz de un arrebat,o de los soldados griegos en las fronteras de Macedonia, ó de un arranque de los soldados turcos en los lindes de Tesalia; si no fuera mentida. esa aparente unión con que han acudido al acuitado Imperio oto·
mano, amenazado de muerte por su corrupción y herido
en la mitad de su poder por los atrevimientos del rey
Jorge 1 no presenciaríamos ese ensoberbecimiento de ·que
acaba de dar muestras el Sultán al dirigirse oficialmente
á sus agentes y altos funcionarios, declarando que la preEent-e actitud de laec naciones cristianas en favor suyo, se
debe á. la gestión muslímica y de ningún modo á la magnanimidad de los aliado~, y que contando como cuenta á
discreción con los ejércitos de las potencias y sus formi•
dables escuadras, -'-Y le faltó agregar sus inagotables tesoros,-puede dictar cualquier medida restrictiva para sofocar lai protestas y oposiciones que se levanten contra su
soberana voluntad.
Si el Califa de Jo3 Creyentes hubiera visto la decantada
unidad de acción en lm gobiernos, para exigir1e rt&gt;sponsabilidades por los asesinatos y matanzas de cristianos que
una y otra vez han ensangrentado el suelo de Turquía,
y para compelerlo CQn violencia á cumplir las promesas que dictara el miedo y rechazara su perfidia, no veriamos hoy sancionada la iniquidad de atizar indirectamente la barbarie de los hijos de Mahoma contra los in.
defensas cristianos del Asia Menor, considerando rebeldes y contumaces ii todos los que aspiren á ejercitar los derechos de adorará su Dios y practicar su culto seglln el
dictado de su conciencia, cí todos los que suefien con el
aire santo de la libertad y sus tranquilos goces.
Pero á todo eso da lugar esa protección decidida que
han desplegado los gobiernos ú. favor del turco, por sostener la i11tegridad de sus dominios; á eso conduce la
pret.ensión de mantener incólume el tratado de Berlín,
ya roto y maltrecho ~r"los búlgaros, cuando encendieron la insurrección de los rumeliOLas orientales, q11e ·al
fin quedaron unidos á los súbclitos de aquel príncipe caballeresco que se llamó d.lejamlro de B.1ttenberg: á eso da
ocasión la cruzada anticristiana no predicada por un Pe-

dro el Ermi tafio, desnudo y hambriento, para reecatar
el sepulcro de Cristo, sinl) impuesta en palacios y gabi•
netes por omnipotenlie monarca que no talen~ que, un
pueblo vigoroso y heróico por razón de raza y tradicionee, se lance sin su consentimiento á la revindic:ación de
sus tradiciones y de su . raza; eso resulta, en fin, de la
preponderancia de los emperadores moscovita y germánico que han hecho prevalecer sus designios en el concejo de las naciones, para oponerse en nombre de la fuerza
contra las aflpiraciones de los op1 imidos, para declarar
inhábiles á los cretenses para obtener su anhelada inde•
pendencia.

•••
Afortunadamente para la causa helénica, que es la causa de los pueblos, esa soberbia dd t=ult,ín ha despertado
de su le~areo á los embajadores que parecían absortos en
la contemplación de en obra admirublr&gt;. No se señalan,
ni como promesa mentida, castigos merecidos á los instigadores de horribles recien tt&gt;s matanzas en el Asia Menor; no se encuentra la rnmis iún que era de desearse de
parte de la Sublime Puerta á las &lt;lecisiones de las potencias que la defienden en inandita uni6n; no se echa de
ver más que el llamamiento de tropas, la acumulación
de materiales de guerra, la agi tacióu fobril que precede
á los grandes sacudimiento~ internacionales, y todo ese
aparato bélico y esa. manifo:;tación de fuerza 1 en mPdio
de apuros financieros y lamentables penurias, son
contra Grecia, soif1, desamparnda, que se lanzó á la peligrosa aventura de socorrer pneb!os á ella unidos por comunidad de intereses y de Mpiraciones.
Por eso ya se habla de &lt;li visinnei entre las potencias
que han establecido el bloque,1 J.e Creta. Si fueron precisas largas y acaloradas discc1sifmes para decidirs6 á esa
intervención armada, si expiró u.ia y otra vez el plazo
fijado para esa ostentación .i~ fuerza, anlies de llegar á. un
acuerdo, para. cortar á los insurrectos cretenses y á los
soldados del rey Jorge toda. co1uu11ieación con el gobier.
no de Atenas, no es fácil que tan pront~ se consiga ese
acuerdo para aislará Grecia de toda comunicación con el
mundo, con el bloqueo de sus puertos principales.
Cierto que se ven 06ciale.:3 alemanes mezclados en el
ejército turco, dirijiendo las maniobras y levantando for•
tificaciones; es verdad que mucho se ha hablado de que
las huestes innúmeras de Nicol1s H, que en Plewna y
Andrinópolis, hace veinte arios, humillaron las armas
musulmant:s, están dispuestos ahora á defenderá sus jurados y legendarios enemigos¡ pero también dabe notarse, que la opinión pública en Inglaterra, en Francia y en
el reino de Italia va 1:1centuándose cada vez más en favor
de los griegos, y al fin tendrán que ceder los gobieri'1os á.
su imprescindible presión.

•••

Se teme que el mismo día en que se declare el bloqueo de los puertos de Greda, no será. posible detener ,t
los soldados helenoi:z, que con el arma al brazo, sólo esperan esa señal para· cruzar la frontera y lanzarse contra.
sus aborrecidoe enemigos.
Y detenido el rey Jorge en los movimientos de su ma~
rina 1 único modo con que podría obten13r alguna ventaja
sobre el turco, ¿permanecer,t Europa, indiferente y sorda, ante los clamores del diminuto reino que puede ~er
aplastado porlosejér. i&amp;.os del pértid0 Aodul-Hamid?Ella,
que hizo brotar un pueblo libre al estruendo del cañón
que tronó en Navarino ¿permitirá que ese pueblo se hunda en las sombras de la derrota? Prevalecerá hasta el fin
la iniquidad sobre la jm1ticia?
Nó, ya se habla de discensiones en el seno mismo de la
escuadras que bloquean la Isla de Creta, y mientras no
se decida su marcha hacia las aguas del Pireo, será tiempo todavía de prevenir la catástrofe, que comenzaría -por
la humillación del débil, pero que también podria termi••
nar con la explosión terrible del universal conflicto tan
temido de todos, como de ninguno deseado.

•*•

Como palpitante prueba de la inconsistencia de ese
concierto de las grandes nacionalidades, puede presentarce la anunciada cesión que ha hecho Italia en favor
de la Gran Bretafia, de una isla pequeña situada frente á
las costas de Túnez, no lejos de la rnberbias ruinas de
Cartage, á cambío de un abrupto peñón, perdido en las
aguas del :l\Iar Rojo, no lejos de Ja colonia de Erythrea.
En otras circunstancias que no íueran las presentee,
casi :paEaría inadvertido semejante cambio; pero hay que

DOMINGO 28 DE MARZO DE 18!&gt;1

•

EL MUNDO

notar que, cuando Ingl~terra quiere adueflarse del Mediterráneo con esa nueva esta:!ión naval, y completar la
,cadena con que ha de ceñir las costas meridionales de
Europa, extendiéndoee de Gibraltar á. Chipre, pasando
por la Isla de Malta, Rusia también pretende un puerto
en las costas del Archipiélago, á cambio de la protección
que por sí y por medio de las tJtras potencias ha impartido al vacilante Imperio turco.
Y el gran Imperio marítimo que se siente amenazadJ
en la India por el camino de Afganistán, y en sus influencias del remoto Oriente por el camino de Corea, se previene de ese modo, uniéndose con Italia, para entorpecer los movimientos de la escuadra francesa que parecía
señora del Mediterráneo.
Francia no puede consentir en la proyectada cesi6n 1
aunque viera á su potente aliad.a Rusia alcanzar el puesto que ambiciona en la península de Athos, y ha de oponerse por ende á. que se lleve á. cabo ...... Hablen despufs los optimistae d~ conciertos y uniones, y desentrafien si pueden estos misterios de la diplomacia.
X.X.X.
25 de Marzo de 1897.
El Señor Obispo de Vucatán.

Cclebrabáee en la catedral de Mérida, la fiesta de San
Bernabé, patrono &lt;le la ciudad. El templo e~taba severo
y ricamente adornado; en el altar mayor lucfan millares
de lámparas y cirios en medio de los cuales brillaban los
diamantes y esmeraldas de la custodia. Uajo el dosel rojo, presidía la solemnidad, el santo obispo Gala, rodeado
del Cabildo, y en el coro, entonaban los cánticos de la
misa, angelicales señoritas. El diácono cantó la última
palabra del Evangelio, cerró él libro, sentáronse los oficiantes y de su puesto en el cabildo, se levantó el canónigo más joven, deslumbrante el rostro con la más dulce
sonriea, que acompafiad.g de algunos acólitos se dirigió
al púlpito. A su paso, los asistentes cuchicheaba.o:
-E:1 el Padre Carrillo.
Así hube de conocerá. quien por sus obras históricas,
bacía mucho tiempo profesaba gran predilección.
Me fijé mucho en aquel semblante, no sé Ei para descubrir en su mirada, al autor de la historia antigua en Yucatány det,\Velina,» pero, la verdad, el sermón no me dejó
tiempo para continuar et examen. Tantas vulgaridades
había eácuchado de labios de oradores sagrados, que,
deede luego, el exordio de aquella originalísima plática,
cautivó mi atención.
No recuerdo uno solo de los maravillosos conceptos,
mas nunca podrán borrari:e de mi memoria, los cuadros
magníficos, pintados con toda la hrz y el colorido de una
fraee extremadamente sencilla, que destacó más que en
mi imaginación, ante mis ojos la batalla de Thó~, desastrosa para los valerosos mayas súblitos de Nachi CJcom, y
la fundación de Mérida por Don Francisco de l\fontejo
hijo del Adelantado.
A nadie podía cab~r du fa en ello: quien así trataba
acerca de la historia yucateca, ~abía consagrado muchos
años á. su estudio. Erl el mismo qne guardaba documentos importantísimos, Códice Chumayl, que servirán pa
ra rehacer los tiempos primitivos de América. Bien reve•
laba aquel canónigo joven, dt:, sonrisa tan dulce, que merecía las distinciones de sociedades científicas extranjeras, nombrindolo miembro suyo honoralio.
Han- tramcurrido muchos afios y aun me parece estar
viendo al sacerdote de rr·stro cobrizo, color de la raza
maya, vestido de sotana y humilde sobrepelliz, con el
bonete en la mano, y aún me parece estar oyendo aquellas palabras que tanto conm'ovían á sus oyentee.
:i\Lí.s tarde, el Seilor Obispo Uila lo designó para coadjutor euyo, y el Papa León X.Ul lo nombró obispo inpat·
tibwt lle Lero, isla del mar Egeo, con derecho de futura
suce~ión, en la diócesis de Yucatán.

timo. Señor Carrillo y Aneo"ª• Obispo de Vucatán.
Muerto la semana anterior.

El nuevo obispo se dedicó á c;1rregir abusos y á revivir la disciplina eclesiástica. entre sus diocesanos Nun·
ca desmayó su energía; en un priucipio, la ge:nte rica,
acostumbrada á domrnar eacerdotes, sintióse herida
por aquella dignidad en tl cumplimiento del deber, y los
sacerdotes-entre ellos algunos antiguos compañ.eros de
cabildo del nuevo obispo-protestaron dejando caer sobre él, tilde de orgulloso y amigq de los honores mun•
danos.
Nada importó aquella tempeeta1 formidable que
amenazaba, al Obispo de Yucat.á.n. Acudía diligente
al remedio de las neceiidades de su obispado y reprimía con severidad los abusos y defectos de sus subalter·
noe. Fué un modelo más de la entereza maya, resignada
en el sufrimiento y templada hasta el apogeo de su grandeza.
Como prelado, trabajaba por un fin: la organización da,.
su di6cesi 1 y :í los pocos ai\os, volvió á ésta la paz deseada.

•*•

No, por eso, olvidó el Sr. Carrillo y Ancona sus traba·
jos de historiador. Diversa!'! obras nacierondP. su pluma,
que si no encantan por su estilo, ofrecen grande utilidad
1í. la ciencia y han prestado algunos servicios á la patria.
Puede citarse su oplÍPculo acerca de Isla Arenas, cuya
propiedad disputaba el Gobierno americano al de México. La obra del Sr. Carrillo esclareció la cuestión, y en
las razones aducidas por el obispo yucateco, fundase el
Gobierno deftléxicJ para reclamar la propiedad de laisla .
Finalmente, ésta fué devuelta por el Gobierno de los
Est.a1fos l; nidoe.
Poco antes de morir, sostuvo con el Lic. D. Juan F.
Molina Solis una polémica acerca de punt0s muy interesantes d1:, la historia y ucateca. La. colección de es:os artículos hoy en prema, compondrá el apéndice á su bis•
toria antigua de la peninsula.
Coro') prelado, dirigió cerca de treinta cartas pastorales á s11.3 diocesanos y áiniciativa euya fuécreada recientemente la diócesi de Campeche.

•*•

En lo privado, el Sr. O.rrillo y Ancona, se distinguió
por su amabilidad. To&lt;lo el que eolioitaba de él algún
servicio que no amenguara el cumplimiento de en deber,
salía del Palacio episcopal de Mérida, complacido.
No ob;;itanteel haber tenido que corregir graves defectne, p:na iius inferiores 1 fné afable y bondadoso.
Por tan altos méritos, Yucatán, acompafia conrternado el cadáver del sábio prelado, basta verlo deeaparecer
en la. tumba.

•••
El 15 de Febrero de 1~7, murió el Santo Obispo Uala,
y ocupó su lugar el Sellor (.'artillo y Ancoua. Aquel babia empleado su tiempo en implorar la gracia divina para. regir el obispado; pa'3Ó 1 pues, sobre lus malcJ,ades humanas y sobre ei alborotado mar de los abusos clericales 1
ein voner los ojos en unos ni en otros. El virtuosísimo
varón, creyéndese tremendo pecador, juzgaba :í los demás
con suma benevolencia y no pocos sacerdotes yucatecos
campaban por sus respetos, en sus parroquias.

Páginas de Cuaresma.
Recuerdos de Sevilla en el tiempo Santo.

EEa ciudad de Guadalquivir bullía ardorosa y sonriente corco una nifia feliz y candorosa que aspira el aire saturado con los suaves perfumes de la primavera.
El cielo despejado y brillante, aquel cielo tan genuinamente andaluz, de un azul ein igual, que sirve de majestuoso dosel al espléndido rey Q.el día, enviaba sus plá.ci-

195

dos luminares á. la tierra y se miraba en el río como en
espejo divino que retrata á. la vez en eus cristales el conjunto de bellezas, entre cuyo exorno sobresalen, como
las primeras figuras de un cuadro, la grave. eilueta de la
Torre del Oro, los maravillosos jardines de las Delicias Y
el suntuoso palacio de San Telmo.
Con el beso del sol enjugaban las flores sus lágrimas
de la noche.
Las auras furtivas lleTaban doquier eñ sus ocultos repliegues la esencia de los azahares embalsamando el ambiente, y los armoniosos trinos de las aves llenaban el
espacio de alegres y deleitosas melodías.
Era una mañana de esas que son una fortuna para el
que ama y un coi{suelo para el que llora.
El sacro tiempo de Cuaresma y en particular el de la
Semana Santa en que conmemora la Igleeia Católica el
sublime drama de la Redención verificado en el Calvario, imprime en los pueblos cristianos un sello de tan
singular tristeza, que infiltra el espíritu y predispone el
á.nimo de los seres sensibles y religiosos á la contemplación de los ·altos misterios y de las grandezas de la su pre~
roa obra del Salvador.
Pero donde más especialmente se observa la influencia
de esta época, donde puede decirse que se acentúa más,
es en la capital de Andalucía, pues se respira allí en esos
días una atmósfera tal de midticismo que parece no sólo
visible á la retina, sino hasta qut, se huele como aroma
divino, y que se palpa en todo lo que revela la mano de
la creación.
El semblante de los sevillanos, siempre afable y risueño se reviste en estos días de una doble aureola, de infinila dicha, de santoorgullo 1 de noble eatisfaccióu, porque
pasa por ellos el culto rendido á. sus hermosas imágenes
que ostentan rodeadas de un caudal de oro y pedrería,
caqsando la admiración de propios y extraños, es la mayor felicidad.
Yo no podría. decir cuál de aquellas archicofradías,
compuestas en su mayor parte del comercio y de todas
las clases de la sociedad, se distingue más por su celo y
devoción, y por su afan de superar á todas en fausto y
en riqueza; pero es lo cierto que los venturosoa hijos de
aquel suelo privilegiad,o pueden estar envanecidos de su
Semana 8anta, la m1is famosa dei 1\Iundo, la más bella y
esplendorosa. maravilla de los hombres y asombro del
universo.
Multittid de seres que se agitaban sin ces'lr como s1,1ce·
de siempre en testas días sin noches para el descanso,
ouesto qu~ en su ardiente entusiasmo religioso posponen
el suefio á la idea de acudir presurosos á presenciar el
desfile de las cofradías de madrugada con el mililmo devoto fervor que lo presencian.todos iGs añoe, recorrían las
calles de la bética c!udad, afluyendo en mayor número
por las que se dirigen á la )facarena.
Deseosa de presenciar una vez más el férvidú rego,
cijo, Ja indescriptible alegría de los vecinos de aquel célebre barrio, al regreso al templo de su renembrada
cofradia, me confundí con la muchedumbre, y empuia·
da por aquella oleada humana, más bien que conducida
por mis pief, llegué á. duras penas á. colocarme en sitio
á propósito, desde donde pudiera satisfacer el anhelo de
mi curiosidad.
Tras un rat,o de espera, el movimiento de la gente, que
en cortos instantes aglomeróse hacia la izquierda, for•
mando una apretada masa de carne viviente con vaivenes de mar alborotado y murmullos de viento tempestuoso, á la vez que las voces de los que conquistaron ma·
yores alturas encaramándose en los trboles y sobre un
trozo de mur.:&gt;, teEtigo de viejos recuerdos, que aun no
había demolido la piqueta del progreso, gritando con
placenteros ecos ,i¡ya viene! ¡ya viene!" me dieron á entender que Ja procesión se aproximaba por aquel lado.
L'l masd- de carne se hizo menos movible y más coro•
pacta.
Empiná.ndome cuanto pude sobre las puntas de mis
pies, rúiré por entre las cabezas que habla delante de mí
y me dispuse á no perder ni un detalle del sagrado espectáculo.
Dos indivi&lt;lno~ rle la benemérita Guardia civil, haciendo caiacolear los caballos, q11e ~ a aldndose de patas traserns con grave peligro de atropellar :í lo.:! curiosoi más
cercanos, bien aoJ.ai~d, &lt;le la1l l cnrn'&gt;cn airoso balanceo,
iban despejando el camino y ab1 iendo ancha calle para
el paso de la cofradía,

�EL MUNDO

196

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1897

La cruz divina, símbolo de la sublime
epopeya de todo un Dios eacrificado por el
hombre, precediendo al ceremonial, pasó
infundiendo el respeto y la veneración ~n
hombres y mujeres, que inclinaban las
unas con humildad la frente y se descubrían los otros con verdadera devoción.
Numerosa fila de penitentes, deslizándose á derecha é izciuierda como fantd.sticas
visiones, durante largo rato pasaron arrastramlo la casi interminable cola de su túnica blanca como vestidura de cisne¡ de
igual color elevábase sobre sus cabezas el
capirote piramidal, cubriendo el rostro que
sólo se a.divinaba á través de los dos agujeros por donde ·asomaban los ojos cual chis·
l)as de fuego, única señal de vida que al
parecer animaba la marcha siempre igual y
acompasada de aquellos autómatas sin
otro movimiento. De sus hombros penQ.fa
,el gran esca pul ario de seda verde, insignia
de la advocación de la Santísima Vil'gen
que adoran los macarenos, y sobre una cadera apoyaban con 1rnmo firme, ein demostrar vacilación ni cansancio el encendido
cirio monumental.

DAMAS MEXICANAS

f
1

Los hermanos mayores, recogid:1 la cola
en un brazo y sostenic&gt;ndo con la otra roano

la bruiiida vara de plata, iban y venían por
,el centro cuidando del orden y la debida
-eompostura de la hermandad.

.

El primer paso, grande, suntuoso, mag
nífico de riqueza y esplendidez, apareció
por fin á mi anhelante vista, y todas las mi·
radas, como la mía, fijas en aquel punto sig·
nificaron su piadosa admiración. Representaba La .~enlencia de CriIJto, aquella esce·
na indescriptible en la que Jesús, humilde y resignado como un cordero bendito,
después de habeF escuchado la injusta y
calumniosa acusación del tirano Pontífice
Caifásee conducidoá. presencia de Pilatos,
Gobernador de la Judea, quien compren·
c.lie:ado la inocencia del reo y no bailando
culpa que justifique el castigo, vacila un
momento, pero al fin lávase las manos, creyendo de este modo limpiar su couciencia
de aq11.el crimen afrentoso y confirma la
sentencia.

Señora Luz González Cosío de López.

El aµcho y bien decorado paso, f!obre el cual se dibuja maravillosos relieves de oro, que desde la cabeza caía por
con tanta verdad dicho solemne acto de la Pasión del detrás de las andas hasta tocar en el suelo.
Los fulgores divinos en que venía envuelta la Reina
Señor, pasó roza.ndo con la gente el rico paño de terciopelo que prendido en derredor bajo el tailado zócalo do- celestial como si la gloria fuese en torn•) de Ella, y la exrado ocultaba á los ojos curiosos las toscas figuras de los presión de profunda ternura, de eanto amor, de infinita
forzudos hijos de Santiago, quienes dirigidos por un in- · misericordia que briUaba en sus ojos, hizo exclamar á
teligente capataz y vertiendo copiosss gotas de sudor ca- todos en regocijado grito y en coro improvisado un ¡viminaban sin ver, pero con suave y recto andar, soste- va la Virgen de la Esperanza! qs.e resonó en el espacio
niendo sobre sus cabezas aquel enorme peso que hacia llevando sus ecos por los aires, prolongados sonidos artemblará veces las bombas de cristal de los artísticos moniosos cual si ~l arpa sagrada de David hubiera vibracandelabros, cuyas luces, desvanecido su brillo al resplan- do desde la altura al sentir en sus cuerdas aquel sonorodor del sol, se movían como si fueran lenguas de oro ha· so acorde de inefable gozo. Repetidos acentos de júbílo,
de ti~rno amor filial haCia aquella Madre generosa, de
blando en mudo lenguaje con el cielo.
Vistosa escolta de soldados romanos de á. pie y de á ca- quien todo se espera, lanzaban doquier entusiasmadoe,
inclinando la rodilla reverente cuando un acontecimien•
ballo siguió detrás, al mandO de un Teniente y de un Ca•
pitán, espada en mano, luciendo con aire marcial la lu· to inesperado vino á trocar en pena las muestras de conjosa ropilla de terciopelo bordada de oro, el plumero da tento de aquel pueblo fervoroso.
Un hombre que entregado de contínuo á. frecuentes li&lt;Costosas plumas que ondean sobre el bl'iUante casco de
baciones se hallaba entonces en un lastimoso periodo de
acero, dando á. la trigueñ.a faz de aqullos hombres, que
embriaguez, asomó en aquel solemne instante á la puerlevantan la frente poseídos de noble orgullp, verdadero
ta de ia taberna, donde celebraba. á su modo la santidad
aspecto de guerreros.
del día, y Eintiéndose contagiado de la alegria general,
Nuevo desfile de penitentes llevó otra vez nuestra ima- .dando-desaforados vítores á la Virgen, levantó la mano
ginación hacia fantásticos ideales, queri~ndo en vano dere;cha, en la que aún conservaba el vaso del vino, y
descubrir con el pensamiento la velada fisonomía donde sin darse cuenta de lo que hacía lo arrojó á la santa. faz
radicaban los expresivos ojos que sólo dejaban ver los de la imagen divina, qne al furioso golpe se de'iconcbó,
nazarenos.
sin que por eso cambiara su dulce expresión de Madre
La proximidad del clero, los himnos religiosos y el hu- amaitte y generosa, dispuesta siempre á proteger y permo perfumado del incienso fué indicio de que la Madre
donar hasta á sus más ingratos hijos, ¡Sublime demosde Dios se acercaba, y la más pura alegría se dibujó en tración de humildad y de amor digna de la bendita Malos semblantas. Era Ella, en verdad. Las cinceladas andre de Aquél que siendo Poderoso murió por los pecadodas de plata con pabellones de tisú, que sostenían á la res enclavado en un madero!
hermosísima virgen de la Esperanza entre profusas luces
El asombro, la indigna~ión de los que presenciaron
y ramos de flores, aquella imagen purísima, patrona adotan inaudito, tan abominable hecho, no tuvo igual. La
rad.a de la Macarena, apareció engalanada· con sus más
multitud se revolvió rugiente como fiera herida 6 como
hija qué defiende á su madre, y arrojándose sobre el impreciosas galas y con el espléndido ma.nio bordado con

pfo con enconada ira, lo hubiera exterminado en~breve, castigando por su mano el
sacrilegio, si los agentes de la autoridad no
ee hubie1an apresurado á detener al malvado, ó más bien al pobre loco, que con
cara de idiota, mirabaá los que le atacaban,
sin rechazar la agresión, como estupefacto,
6 comprendiendo quizá la profanación que
acababa de cometer en un arrebato de delirante entuslasmo.
El remolino de gente siguió agitado, tumultuoso, amenazante, lanzando con murmullo sordo terribles sentencias sobre el
culpable, mientras éste era conducido á la
prevención.
Del sitio opuesto al del suceso, una voz
varonil, freeca, sonora, como chorro de
agua cayendo sobre el marmol de una
fuente, cantó una pop11lar eaeta dedeEagravio á la Virgen, y-de nuevo un coro de voces gritó por doquier: u¡Viva nuestra Bfiiora de la Esperanza!n repitiendo los sentidos
cantares y los fervientes vivas basta la misma puerta del hermoeo templo de San Gil,
término de la procesión.
Al penetrar la sagrada imágen en su casa, vuelta de cara al pueblo, pareció echar
una tierna mirada de despedida á eus hijos queridos, envuelta en lágrimas de pie·
dad y de perdón para el desdichado, y entre las l'uidosas aclamaciones del pueblo,
las melodiosas notas de los instrumentos de
cuerda, los salmos que entonaban los sacerdotee, vaporosas nubes de incienso, soplos
de auras, fragancia de flores y rayos de luz,
reflejos celestiales, fueron introduciendo
suavemente á. laVirgenpor la nave central
de la iglesia donde los católicos hijos de
aquel barrio han sabido erigirle un trono
resplandeciente sobre los puros cim,ientos
de su jnfinito amor.
Algunos años después de aquel á que me
refiero, volví á ver en la sin par y poética
villa de Sevilla, las cofradías de madrugada en una de Jas principales calles de la
carrera yal pasar la de San Gil, tuve el placer de admirar nuevamente la bellísima
escultura restaurada de la Virgen de la Esperanza, llamandopoderosaroente mi atención un hombre que, detrás del paso, descalzo y aherreojado con grillos y cadenae,
caminaba dificultosamente, con los ojos bajos y la frente
inclinada, en actitud humilde, revelando en su aspecto
y por el silencioso movimiento de sus labios, que iba entregado á. mental oración, en cumplimiento de algún sosolemne voto, yendo sin duda, por ominosa culpa, poseído de la más profµnda y s~ncera contrición.
Aquel hombre era el mismo que en años anteriores
cometiera el sacrilegio referido en un momento de ciegá
excitación, y habiéndole encausado y juzgado severamente la justicia ~e la tierra por tan nefando crimen,
cumplía la merecida pena impuesta á su delito, con el
arrepentimiento en el alma y las lágrimas en los OJOS.
CAROLJXA

DE

SoTO

Y

CoRao.

OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA''

ENMEXICO.

México, ~iarzq 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director gener.i.l de ''La }1utua.''
-Presente.
Muy Señor mio:
Hoy be recibido de uLa Mutua,iJ Compañía de Seguros
de Vida de New York por conducto del Sr. L. Goroztia·
gay en Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (1O,000.00)'.liez mil pesos importe de 11;-p_óliza número
571,958, bajo 1a cual estuvo asegura.do Dll finado esposo
el 8r. D. Federico Sl4nche.
Además me ha sido e1ltrega'la la suma de $2,082.40,
importe d~ la devolución íntegra de todos los premÍOH
que mí citado esposo pagó á. la Compañia desde hace
cuatro años que t:!Olicit.ó el seguro, formando un total de
12 082.40.
No obstante que mi repetido esposo falleció en Francia.
á fines del afio próximo paeado, la Compañia, con todo
empefio, se ocupó de la tramitación de los. documentos.
para comprobar el fallecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con toda exactitud las esr.ipulaciones contenidas en la citada póliza.
Puede usted, eeñor Director, si así lo deseare, dar publicidad á la presente, y me repito de ud. affma., S. S.
como albacea de la testamentaría de mijinado esposo el
Sr. D. Federi~ Sanche.-Aeise SancM.

EL CARNAVAL EN MERIDA

COMO NACIO El CARNAVAL

El eterno enemigo del hombrP
y amigo eterno:de la mujer, el diablo, sintió una vez hastío de t:1Lt
persona.
Ser un fantasma incorpóreo,
siempre acompailando á la tmn1;1 •
nidad como una sombra, en e1H
dichas ó pesare~, no le resultaU;~
al cabo un juego mu.y divertid".
Quiso, puPe, ser hombre p1, 1·
unos dias. Quiso tener corazón
y labioei. Labi1 s· para beber la
embriaguez; coni.zón paraform: r
un acorde divino con el corazóu
de una mujer amada.
Como mozo que libre se lanza :i
la vida, el diablo agotó en poca-1
horas todos los placeres. Amú,
bebió, jug'6, riñó. Fué un Do 1
Juan, un Falst-aff, nn Monte Crhto, un Estudiante de Salamanca.
Andaba beodo por las calle¡.:.
A la locura había robado todos
sus cascabeles.
Era en Febrero. A un cielo llu•
vioso correspondía un sudo co11
fango.
El diablo cayó. Cayó Qe cara
sobre el lodo.
Probó el polvo amasado con la~
lágrimas de las nubes y las baja,cosas del mundo, é hizo una
mueca.
Una mueca de burla,dedesver·
güenza y de as..:o.
Y al estampar allí su rostro era
puloso, quedó hecho el molde de
una :fisonomía de Carnaval.
Nació la primer careta.
JOSÉ DE 81.LE'j,

197

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1897

1

~:i .

.

'

/\

PAGINAS ESCOGIDAS
La cuestión social y la ciencia.

La humanidad progresa por el
trabajo: el trabajn ea el eterw,

obrero de la civilización; cuanto
es llega á ser por una acción actir1t
ti trabajadora, tres palabras qu~
encierran la misma idea: todo sér
humano que merezca el .nombre
de tal, será obtero de algo, grande
6 pequeño, modestoó sublime, segúnseasu fuerza creadora ó transformadora. Y no sólo el sér humano, cuanto existe, desde las
grandes masas astron.ómicss:hast a
los últimos átomos, se afanaen
un trabajoJcontínuo é inacabable.
Verdades son éstas que nadie
niega y que han descendido á la.
categoría de vulgarísimas.
Pero esta palabra trabajo se entiende de diversas maneras, y de
Sociedad ••La Uníón.''-Carro ''El Mundo.••-S~ñorita Clementina
torcer su sentido, de adulterar su
esencia, de estrechar su círculo propio, pueden nacer en modo el q1te escribe, el qne medita 1 el que discurre, el
que r.... vnt.&gt;ivP iJt!a~ en el h11etN de 1:111 cr.i.neo: r¡uerna,uw
la esfera social enemigos y odios tan injustos como fum·s·
rn&gt;a.terialnwntE', m:b~ qm• sn carne y i:iu i;;angre, centenares
tos. Todo trubajo es noble. respetable, fecundo, santo
pudiéramos decir, si nos dejásemos arrebatar por místi- rte celdillas ~,-i..,P~¡ y ambas combustiones-h1. del traba·
cas exaltaciones; pero entiéndase bien: todo tr,d,nj,,; nJ jiidor v h1 dt-l hombre de est11dio ó de \e1ra11-se mi•fcn.
,tp/ mit11fl.•1 m,,,rtn, porreltlíduosquímicos y por consnmo de
éste en particular: no aquél y los demás desprecia.blt-t!,
energ1a 1ni1Y.rial, cuando sólo bajo el punto de vista ffsi·
aborrecibles y engañosos: todos por igual.
Trabajo es consumir una parte de la vida para alcanzar cu se corn,idnan.
Pero he aqní nna circunstancia notable, nna armnnfa
más vida, ya para sf, ya para los suyos, para la patria 6
para la humanidad, para la generación presente ó para sociii.l. q11e entre aparentes discordias. luchaq y conflic•
las generaciones futurae. Poco importa la forma en que tos d"lscubre el pensador. A saber: qne el trabajo del que
eeto se realice: las exterioridades del trabajo constituyen con el cerebro y con las idt"as r.rabaja, s-iem¡.ire es en be·
neficio del qne trabaja con en fuerza muscular. Sin
su característica, son sus determinaciones particulares.
'l'rabajo es el del pobre bracero que remueve tierra para el pensamiéotn, sin el estudio, sin consumir el sistema
nervioso, ni ha.y progreso, ni ha.y invenciones, ni la inla P.:x:planación de una obra pública; el del cavador, que
hunde su azada entre terruílos; el del minero, que se dustria contaría hoy tantas y tantas maravillas como
hunde todo él en las profundidades de la negra galerla; cuenta; ni habría ferrocarriles, ni miiquinas de vapor, ni
pero trabajo es también el del sabio, que recogiendo toda electricidad, ni teléfono; ni nuestra vida fuera cadi vez
su fuerza nerviosa en el cerebro, penetra en los misterios más amplia, ni el problema social fuera cada vez menrn~
del Cosmos; el del inventor, que tras noche y noche de difícil: no ya resolverlo ni plantearlo fuera posible. Ni
desvelo, fabrica un cuerpo férreo para meter en él una sospecharía el obrero que su suerte puede mejorarse, ni
funza naturai, el del poeta, que consume su inspiración por meJorarla.seafanaria, ni podría comunicar siquiera con
sus hermanos para hacerles participes de sus angustias y
buscando harmonías y belleza.e en mundos invjs1bles.
No es el único trahajo el del esfuerzo muscular: trabajo es de su~ sufrimientos.
Cada cual aislado, metido ensu mina, sudando sobre el
también el de la vibración del sistema nervioso y eL del
surco de sn campo, aferrado á su telar, ó estremeciéndo-cerebro sobre todo; y como en las condiciones humanas se
bajo el látigo de su amo en _el Asia, en Grecia, en Roá. todo pensamiento acompaf'ia un desgaste de substancia
-encefálica, como el sistema nervioso y su gran centro su- ma, penearía tan sólo en el dolor del momento ó en el
de la noche próxima, como suprema esperanza.
perior e'" el organismo en que las ideas traba.jan, resulta descanzo
Sf; el trabajo del pensamient.o ha sido y es et r.-rJ.efUQr,
,con evidencia matemá.tica que trabaja et que pieri,aa como
trabaja el que cava, el que asierra, el que cepilla, el que humanamente hablando, del trabajo manual. Millones
de manojos de nervios y millones de cerebros se han qu,ecoloca ladrillos, el que arranca bloquee de carbón bajo ,n
d I q,,,.mi,e ,m~iite durante sig'io'-1 v siglos para redimir
tierra, el que eropufia la cafia del timón 6 la palanca de
millones y millones de múeculns, de millones y millones
la locomotora. No trabaja metafóricamente, idealmente,
trabaja con trabajo maú:riAil, dando al progreso y á. la ci- de pobres seres de sus toscos y afana.dos esfuerzos.
¿De qué modo? Dígalo la ciencia con sus grandes leyes,
vilización pedazos de su organismo, consumiendo su máquina humana, sudando en el foco de la substancia gris que nunca son estériles para la práctica. Díganlo los incomo suda el obrero por la piel, agotando sus fuerzas físi- ventores con sus maravillosa¡ creaciones. Dígalo la incas, cayendo rendido por la noche para no dormir quizá, dustria con sus prodigiosos artificios. Dígalo nuestro sique la vibración del músculo descansa, pero la vibración glo, que empieza con fo ..midables y á veces sangrientos
cerebral sigue tercaagotandoenergias, espantando el E'Ue• gritos de libertad y va acabando con himnos de triunfo
ño reparador y consumiendo todo el capital de la vida. al vapor y al fluido eléctrico. Pero digámoslo aún en fórEl r.rabajo físico es siempre, hablando en ·términos ge- mulas menos vagas, más exactas y más comprensibles.
nerales, una combtWi6n; quema el pobre obrero su carne En el mundo inorgánico, el trabajo es el resultado de la
acción de unaf11,t;Tza á lo largo de un camino, venciendo una
y su sangre cuando dobla el cuerpo y empuja contra el
obstá.culo la azada 6 el zapapico; pero trabaja del mismo reBi..qtencia; se mide por kilogramos y metros~ su unidad

el L-ilngrá,,utro , 6 el cab«Uo dP
,·aµvr que son 75 l..-i.lográmetroB. Y
t-oda la in,m,tria mataw.t con su
,·ariedad infinita, con su maravillosa f'~plendidez, no encierra
otra unidad ni ij~ compone de otra
cosa; resistencrns vencidas por fB·
fuerzos á lo largo de caminos ó
rendidos en kilómetros, 6 recog1dos en vaivén, ó contorneados t-n
círculo. Todoobreroen la última
capa social, en la más ínfima, más
desdichada, y por lo tanto más
digna de compasión, todo obrero
que no dispone más que de i::n
fuerza fisica, que no ha recibido
educación, ni tiene conocimien·
tos más 6 menos extensos que bagan productivo su trabajo por el
trabajo de la idea, trabaja de este
modo; vencecon el esfuerzo de la
azada la resistencia del surco á lo
largo del surco mismo: vence con
el choque de la piqueta la resist.en ·
cia del mineral á lo largo del filón:
vence apo, ando la pala del ren,o
contra t:-1 ·agua la reeietencia el~
}¡-u:1 olas, y cuenta que aqu'.L ya h~
civilización (hombres que disenrrinon) le ha dado una palanca.
Pero no sólo en el roJseroobrt'ro, en el i::abio más profundo, t-n
el artista más sublime, en el i11 •
ventor como en el empreeario, en
toda la escala humana de la acti•
vidad y ton el fondo del organh:JUO, el trabajo maieri.al es el rni::swo en su esencia: lo mismo trabaja el mll.i::culo que la celdilla gris,
que la subs:.ancia blanca, el cora·
zón que el pulmón: siempre I a
una fuerza venciendo una resistencia, ~iempre el trabajo rot"C:'L·
¡'
nico bajo forwa de calor ó dt- electricidad, ó de acción química
En el cerebro que piensa, como
en el peón que acarrea ladrillo~.
bajo el puruode lista del consumo
de energías y de Ta. fatiga uiateria 1, no hav más que hlográm,tro,"j ó en Hls equi\'alentes calorífico!&gt;, eléctricos, magnéticos 6 quí111icos. Al trabajar se consumen
kilográmefi•o.~ en las evc,lucit.,nes
cerebrales qee vibran, como en
la locomotora que salva abismoP,
taladra montes y contornea curvas.
No odie el obrero al que trabaja con el pensamiento en cualquiera de las esferas sociales, qt:e
identicos son y son herroanosan. e
la ley et e roa del trabajo; y kil&lt; grámetros con1:umen uno~ y otrcei,
y pedazos de sus organismos ~e
queman, y dfa por Uía van coi enmiendo aquél y éste su E'xistencia
González.
en la misma obra de redencióu.
¿Pero qué es el trabajo humano, cuál es la ley de sus
evoluciones? La ciencia, mejor dicho, todas las ciencias
combinaO.as nos lo hacen ver y nos lo demuestran con
demostraciones infalibles.
Cit.mbiar kilográmetro ~or kilográmetro; t1na ttni.dad de
trabajo muscular ó nervioso por otra 1midad: un pedru.o
dP 1•1:da por otra tanta 1Jida, e-:,tO seria casi la inmovilidad.
la negación de todo progrei::o, el encharcamiento peren·
ne en las primeras charcas que dejó el diluvio al retirarse: sería el es&amp;ad'l salvaje á. perpetuidad y sería al fin,
la destrucción y la muerte: allí no habría problema so·
cial, allí todos seríamos iguales: todos á ras de tierra en
el bosque 6 en la caverna.
No; la humanidad progresa, porque no cambia 11n trabnjo por otro trabajo ig,«ll, sino por otro TRABAJO MAYOR:
ahí está. su ganan.da, ¡esa palabra tan odiada! ahí está su
ir.ter~e, su beneficte:, su triunfo, su gloria y su porvenir.
A fuerza de ganancias hemos progresado y somos lo que
somos.
El sabio, que consumiendo y quemando masa encefá•
lica, como tantas veces he dicho, y desarrollando kilográmetros químicos en las profundidades de su cráneo,
descubre una ley, una fuerza, una energia, ¡&gt;ongo por
caso el vapor, la electricidad, el modo de utilizar los rayos solares,. ó la p alpitacióa de la marea; ese sabio, repito, por unos c11antos kilográmetros que consume encuentra potencias infinitas para la humanidad y para el
obrero mismo; y en ese cambio de lo menos por lo m.ás,
de un consumo deenergia nervioso por un aprovechamiento de millones y millones de caballos de vapor, está
cifrado el maravilloso progreso material del siglo XIX y
el acrecentamiento de la riqueza humana. Así se emancipa el trabajo muscular de las clases inferiores, poniendo á su servicio el trabajo (\e la nar.ureleza inorgá.nica y
las grandes fuerzas que antes seconsumian estérilmente
para la civilización. Asi el obrero se va elevando en el
orden de la inteligencia y va poco á. poco mejorando su
suerte. Antes sólo trabajaban sus musculas, ahora entra
á la parte su cerebro, y con mover una palanca en la lo•
comotora ó con abrir una válvula de paso, hace trabajar
á miles de kilográ.metros, que es como si sus músculos
se hubiesen centuplicad.o mil veces y fuesen los de un
titán.
Pues bien: estas ganancias de fuerza motriz; esta suma
de beneficios que resultan al cambiar una pequeña parte
de energía orgánica y un pequef'i.o coneumo 1 (pi:!queflo
f:'F

1

�,g8

DOMINGO 28 DE MARZO DE 08g7

EL MUNDO

relativamente) de vida por una cantidad enorme de energia inorgánica; estas fuerzas natura)es, vapor electri,..idad. 1 calórico, acción quí.
mica 6 luz, fuerzas antes ociosas y que el genio del hombre ha !'rranc:id_o de su bolganza,
para hacerlas trabaJar en miles de rnúquinl:l~
aparatos é, invenciones, en férreas cárcelt&gt;s ¿
sobre carriles metá.lícos 6 eo hilos de hi1;:rro·
todas estas energias acumuladas 1 vuelvo áde~
cirio, constituyen 6 pueden cons tituir, si locamente no se consumen, f'l cupitat de las mo
dernas sociedades. Y he pronunciado la pala-

EL CARNAVAL EN MERIDA

bra temerosa.
.iCó~o ha d~ ser el &lt;&lt;?pitat1 ni el ru6netruo,

m el tirano, º! el vampiro, s1 es n1 el 6r,11m .f,'.del traba¡o y de la producrión el único
redentor ?el obrero y del hombre!
¡Ah! ¡S1 de la noche ú la mafia.na. por arre
de 1:11agia ee du1;&gt;lica!:Pn, ee triplicaSt-n t•JtlOS low
('ttp1talea de la tierra, cómo se duplicaría y triphcarfa el bienestar del obrero!
¡ Esta sí que sería la inmediata solución del
problema social: los salarios al toe la reducción
de horas, la instrucción del obre¡o su deseanª&lt;?, veJez tranqu~la, su vida ~oraÍ más y mi.is
dilatad~ por ~onzontes hoy inaccesibles!
Ah! e1 C(!Trl~sen 1 como dice el gran maesLro,
no dos cap1tal1stas tras un obrero 1 eino ui11lt
ó lrn11la Ira,. ti 1Uimo ei.m para q ue llevasen
una carretilla de tierra, cómo entonces el hu·
mi_lde veón impo,~drí.a la lry, no por su fuerza
física 6 por la rntervención abrnrda de otras
fuer2as que el Estado le prestase, eino por la
fuerza de eu derecho y por ley de naturaleza'
¡Por fuerza y ley incontrastables!
·
:"''in _el capital, nada: la muer1e, el hambre, la
!D1eena para todos: _todos igualeF, pero con la
igualdad de las pocilgas 6 de los cementerios.
Con laabu11•ltntciu d1: capital, todo: el bienestar y la esperanza; que aun las mismas des·
igualdades serían gérmenes de pr11greeo. Yale más la deeigualtlad de dit.: mem,s más ó menos entre muchas t0rres1 que la igualdad niveladora que se tienda mezquim1.111em~ sobre
un rastro de hon11igas.
Y ~ien, aólo la ciencia y sus aplicaciones
prácticas, !ID.lo el trabajo inteligente, realizan
estoe procltg1oe; no en un día t0do pero cada
día algo m,is.
'
1!8bájese, puee, en' ~solver, dentro de lo
pos_ible, el probl~ma social 6 en facilitar su eo•
luc~ón: esto es Justo n~ble y simplitico, pero
enuéndaee que la eoluc1ón más eficaz consiste
en aumentar el ~pital:Porel trabajo, y entiéndase q11e el trabaJo m!is fecundo es el de la inteli~encia
El mundo antiguo esclavizó al hombre: esclavicemo~
hoy loe elementos: cada masa de vapor que se encierre
en m_ia caldera, cada corriente eléctrica que se lance por
ua hilo, cada ray~ de sol que ee aprisione, redimirá. cíen
obreros. Pero ¿quien eabe? Acaso es ley histórica que el
pueblo escogido odie siempre al redentor.

8tl'O

JosE Ecm:oARAY.

--~---=-----

DOMINGO 21 DE MARZO DE 18g7

EL MUNDO

Y _sin embargo, en medio de tanta desolación~
brillaba una esperanza de vida, uoa aspiración
de amor, una de eeaa floree que entre las junturas de los sepulcros brotan. Veíase en eepacioso salón a.na joven que se probaba blanca
corona de azahar. Era la corona de desposada
que tenía apercibida para la noche siguiente
noche de sus bodas. Apenas contaba veiuteaño~
Largos rizos rubios caían como rayos de luz sobre sus espaldas. Brillaban como un cielo seren_o su Aazules ojos teilidos de melancólica felicidad. Al través de su tez veíase circular la
sangre. Era tan npuesta 1 tan alta y tan elegante, que bien podia parecer, por lo ancho de su
frente, por lo esít'rico de su cabeza, por el profundo azul de sus ojos, por su nariz aguileHa
sus pronunciados labios, su erguido cuello Y
( su maJestuoso continente, la estátua que re•
presentaba el genio de su patria, que representaba á Polonia. Yo tengo para mí que esos
pueblos esclavos. desolados, suelen dar en el
tormento hermosas hijas al mundo nacidas
d~ la~ m~s sublimes inspiraciones, d~ laa insp1racl0nes del dolor. ¿:-.;o os acordáis de aqueJlw; hermosísimas hijas de Israel que tatHan
sus harpas bajo los sauces de B11bilonia que
conf?ndfan sus lágrimas con las aguas d~l extranJero río, y que deea.rmnban con su hermo•
aura á los perseguidores de su pueblo?

V.
Aquel arrobamiento es interrnmpido, sin embargo, por el anciano, que entra y ex•
clama:
1,Amar, amar cuando Polonia está en tierra. cubiertn de ceniza y desangre, amar es un
crímen. ¿No oís las hienas que machacan entre eus dientes los últimos resloe deLcadJ!,,•er? ¡Y sois felicee! Mirad. wirad, y se descubría el pecho; una, dos, tres, cuatro,_cinco, ee1a
cicatrices. Por ahr he vertido 1:,angre de mis venae. Por ahí han soltado pedazoo de micorazón. lle en·canecido en Sibcria, me he encurvado bajo el pee-o_ de mis cadenas. Ya n~ ten•
go fuerzM para vivir aun tengo fuerzas para aborrecer. Paloma puede levan1aree. S1 hoy
es el ludibrio del m,;ndo, mafianaser.i el angel exterminador de loe tiranos. Ladislao, ve
á morirá Polonia. Milrfa, envíale á. la muerte. Vuestro primer beso de amor será. maldecido, porque podrá dar de sí el alma de un esclavo. Si mañana \:~rsovia no se levanta de
nuevo t\ pelear pasado mafiana irl!is atados codo con codo á Siberia. Que vuestro pecho
eea todo odio, &lt;Íne vueiltros brazoil eean lanzas, que vuestro aliento sea fue.go; porque yo,.
anciano, yo que he caido cien vece!! en los campos de batalla, -voy á monr por fin sobre
el seno de la pat1ia esclava.u
Y el anciano quiso erguir1:,e y echará. correr como un joven, pero sus piernas flaquenron, y cayó de rodillas ante el cuadro de la Virgen. En tal eazón óyese una griteria con·
íusa de rít'(l Polcnda, y el ruido de una descarga cerra.da.
VI.
El joyen Ladislao señaló al anciano, !!eñaló al cielo y estrechó fuertemente contra su
corazón á. liaría.
-¿Te va.e? preguntó la jo,·en.
-1\,le voy, María, me llama la patria.
-Es el ruido del viento, dijo María.
-Nó, es ruido del comba1e, le replicó Ladislao.
-Por piedad ¿y nuestro amor?
-¡Nuestro amor! ¿pues qué, preguntó el joven, nnetitro amor no había de durar sino
lo que dure la vida?
-LMaHana! dijo María, ¡man.anal
-J:1,;l corazón me dice, exclam~ Ladislao, «el corazún me dice que mafia seria mía.,

l[

"Liceo de Mérida."-Carro

Juatlcia.••

11

DE EMILIO CASTELAR

I
El cielo llovía nieve sobre Varsovia en triste noche
Parecía ~jer un sudario para cubrir aquel cadaver. Tod.¿
Jo que rema en el tE&gt;pulcro, reinaba alli: frio, silencio,
soledad. Por sus calles abandonadas l)M&amp;ban de vez en
cuando, caballer~s en pequcilos caballos, loe tártarot!
como aves de rap1fia, que se lanzaban en aquella huesa.

L:1 joven dejó su corona de azahar, deepuée
de baberse cerciorado al espejo de que le sentaba bien y corrió :í. una ventana como para
mirar si alguno que esperaba venía ya. En
aquel instante vi6 pasar envuelto eotre las ráfagas del viento1 entre los remolinoe de la nieve, un pelotón d~ cosacos que juraban y mal~
decían de Polonia. netiróse la joven horrorizada, y maquinalmente f'e sentó al piano, dejó cae(dcFe~perada la cabeza sobre el pecho y
recorrió con rns dedos las tecla1:. El instrumento produjo una melodía profundamenW
triste, una de esa.a melodías que son el lloro
de Loda una generación, la agonía del alma
de todo un pueblo. Inmediatamente apareció
en la puerta µn ~nciano encorvado y vacilante, q1w pronunció con horror estas palabra.a:
-({¿Qué haces? ¿no sabes que ese cántico de
nuestros padres, t'Uede costarnos la vida?11
-Es verdad, abuelo, repuso la joven es
verdad; no tenemos patria.
'
- Yo creo- que sí, dijo el anciano¡ yo creo
q_ue este pueblo, apedreado ayer como San
Esteban, poctrido ayer como Lázaro, aún tiene esperanza.
-¿Dónde está?
-En Dios, dijo el anciano.
-¿Y cuándo nos oirá?
-Cuando le hayamos deearm11do con el martirio.
-¡A1ín mú mártires! exclamó la joven con acento de.
ganador. Dos grues&amp;d lágrimas, do~ lágimas se extendieron por so rostro, como dos amargos rioe de dolores. El
anciano bajó la voz, y dijo:

lágrimas; no veía la tierra desde el cielo de eu amor, compeudiado eu los azulee ojos de
su amaute, donde se había reconcentrado toda su alma.
¡Cuár felices aquellos momentos! El jovC'n acariciaba la i•lea de su bondad, como el
logro de iodos sus deseos, cowo el término de una ambición que había llenado t-Oda su vida. Amó á aquella mujer desde niño, desde qne los primeros sentimienr.os brotaron de su
alma. Mil obstáculos inseparables, mil contmriedades le bablao co1111Jatido. Hu amor inmenso le llamaba á. Maria 1 y el dest.ioo le apartaba de María. Porfia, después de luchar
y reluchar, después de consumir anos enteros en una desesperación inmensa se encontraba
en vísperas de su boda. Contaba con impaciencia los minutos que faltaban para Bt'ilarcon
un juramento eterno la alianza de dos corazones nacidos el nno para el orro, digo.os de
confundirse en una sola vida. La aspiración de su ser, t\ los :t! anos, cuando toda la imaginación es calor, toda la inteligencia luz, todo el sentimiento pa~ión, todas las am bicier
nea amor, era ¡oh! era unirse con la mujer de sus ensueños. No mira el Fat(&gt;lite al plane•
ta, el planeta al sol, el ruisenor :l su nido, el arroyo al cielo, ni el cie!o á. 1?ios, como aquel
amante miraba á su amada. No sabría vo, pobre narrador de esta b1stor1a, no sabría decir cuanto le decia, repetir sus palabraei entrecortadas. Aun no ba nacido pintor que baya
TPtratado el fondo de uoos ojos enamoradoF. Aun no ha nacido mósico que ha.ya trascrito
la nota de un sm:piro.de amor. ¿Dónde está el escritor capaz de repetir las palabras deun
pecbo:enamoradv? ~Lis fácil es repetir el rumor inmenso que levantan á las alturas las
olas del Oceano. El corazón henchido de smor es el universo. De amor, de esperanza, de
felicidad estaba henchido el corazón del joven Ladielao. Los dos habfanolvidado el mundo. ¿Qué valía para ellos la patria, cuando el imán de su amor les alzaba al cielo?

♦

El carnaval en Mérida.-Scftorita Lucrecla Caatellanoa, en traje de fantaaía.

-Aún tenemos ee,peranzas, si pensamos sólo en guPrras.
¿Qné amor ea posible cuando abrazas un cadáwr? ¿Para qué engendrar cuando engendras nn esclavo? Maldito el corazón que á. su amortgofst.a sacrifica el amor á la patriu;
-maldito el seno que f'ngendra hijos para qne los devore t-1 tirano. Te probabas \u velo dti
,dee~ada. ¡Infeliz! Ltis hijas de Polonia han nacido en un sudario. Su. cuna es un sepulcro. ¿Qué será e11 lecho nupcial? Y desapareció el anchrno.

rn

Después de oír estas palabras, quedóae María como muda, pasmada. Sin embargo, á
los pocos minuto1ee recobró un tanto y eedirigio á un cuadro de la Virgen que en el tes·tero .del salón brillaba. Madre mía, dijo doblando laa rudillas, Madre mía, óyeme. EL na-yegante, cuando las nubes borran las estrellas, cuando el viento levanta las olas, cuando
-el hurac!n. ruge, te invoca y le oyes, y el cielo vuelve á. lucir sus estrellas, y el mar e.E&gt;
duerme como un nii'io, y el buracán ae convierte en brisa, y las velas se rizan como las
alas de u1.1aave, y el barco llega al puerto. ¿Por qué, por qué no has de socorrerá. un pue•
blo qua ee ahoga en un mar de sangre? Nuestras casas son panteones; nuestros lechos sepulcros; los al~res de sus iglesias. pesebres de los caballos tártaros¡ Sus hijos, en su furor, despojados. Este pueblo ee hunde, se sumerge en un mar de hiel; cuando le falta la
voz, levanta á Sí en demanda de auxilios sus mauos c.lrdenas y ensangren1adas. Ya hPmoa sufrido la crucifixión. Ya hemos dormido largamente el suei'!.o de la muerte al piti
de nuestro calvario. ;,No ha de llegar Ja horade resurrecei6n para este .Grist1 de los
pueblos?
La Of'D:Ción fué interrumpida por la presencia de un jnven, que á. pe39r de troer eu
.gorra de pieles y su capotón cubierto de nieve, su,iaba.. J.lufa se levantó y corrió á. su
encuentro. Es imposible q1,1e pudiera haber en toda Polonia una pareja más hermosa. Lo!i
dos jó\·enes, loA dos rubio1,1, los des altos, loe dos de azules ojos, de blanca tez, los dos pa. recidos, con. la diferencia que (,1 tenía toda la fuen;a, tod1\ la austera hermosura del va·
rón, y ella toda la gracia, toda la delicadeza, toda 1-' hermosura de lo que llama Goethe
el idtal femeninn.
Juutáron!!t-1 sus manos, sus ojos, su alient?, sus almas. Reinó por algunos instantes
ese silen~io infinito que ninguna frase humana podnl. expresar, ese silencio religioso qut,
ha sido siempre la sublime elocuencia del au,or. Si aqnel éxtasis se hubiera prolongado
en t.oda la.di1atación de los tiempos, sería la biemwenturunza celeste. Esta. tl~ctricidad
de dos miradas que se juntan en un deseo, ese choque de dos almas que se confunden eu
una idea, eFa armllnia de dos corazones que laten unísono1,1, e~e aroma de dos suspiros que
se comprende:u,, e-a unión de dos vidas indisolublemente ligadas como el alma y el cuerpo, co~•O t-1 OJO y la retina, como el pecho y la reflpiración. ¡ah! ~::so E.&lt;; EL AMon. ¿Por qué
no decirlo? l!;/ anwr,, siemprt egtlí.,.fn,· sirmprP rl!! el r_r¡,1LJ&gt;l11() ,m,,l,1111: dr lajurn1lt1d, la conceu•traci6n '.'!! W; t:i,fa en s~ mi-11ma, romo JJOrafonnar .f11erza y difutam· y e.rtt:ndt:r.~ en mtet.'08 ureA.
Co,no d1JO h más ,,ulillnu rfr ln1t 1,oi&gt;tafil mod1TMt1 ( Victor H ngo ), td amor e1t el eg9i.Jlmo dt do,.
Para él no AA.Y e,,. mu, t/u,/111Jn d1, arrobamÍ.f:',,tu w patria ui Juww.ni,J:.111; no hlly má, que tl mUmo: toda!,« tu1Taes el espucio que el ser amado habita y toda ta huma1ád1td eslá m ei sér amadt
-compe-r«tu.i,ta.
Y 1?,é aquí por qué Maria lo olvidó todo en aquel momento: las palabras del anciano,
,las tristezas de su corazóu, la patria desolada, los aullidos de los cosacos, s1J oración¡ SUB
Grupo de Meatiua.

Srñorit.as Mercrdes-y-Elena Pon ce Vales.
¡De fotografia tomada en los salones de "La t'ni6n.")

�aoo
En tanto se oyó una desear·
ga .más enea ... . . .
-¡Ladielao! exclamó María,
por Dios ..... .
La joven no Fe ntrevía sí de·
cir)e que no partina ...... Pero
añadía pars engafiarfe á. si mis-

•

EL MUNDO

EL OARN AVAL EN MERIDA

ma: 11LadiF1\ao, es el viento ...
-N6, dijo el jovenj esel alma
de la patria.
-Adiós: mafia.na de todos
modos, exclamó Maria, será.
nuestra boda.
El joven se lanzó á. la calle,
y María fue á caer al lado de
RU abnelo, ante la imagen de la
Virgen.
VII.
Un día entero de combate.
La sangre ha corrido durante largas horas. Los hijos de
Polonia han peleado de nuevc-.
Toilos los hombreR se han lan·
zado al campo. TOdas las mnjPres á los altares. María reza v
llora. Del fondo del abismo de
su desesperación sóh ee levanta
lma plegaria. Sucede nna nuPva noche El ruido de combllte
ha eesttdo. El éxito no e11 d'ldoso. Polonia lucha ~&amp;.bierdo
que cae· Un silencio inmenflo
reina !!obre lacindsd.-Aqnellri.
debía. ser la noche de la boda de
María. Su corona de azahar E"R·
tá allí¡ el velo está allf; pero su
amante no está. María le llama
y no responde. LI\ joven deP,raría ¡,Dónde ha Pido el comb1te? Fuera de sí, loca, se sifle la
corona. se prende el velo ~' se
apeT"cibe á irse.
¿Dónde está Ladislao? pregnnta á. su abuelo que yace espirante al pie de la YirgPn, espiranlie de dolor y de f1,tiga.
-¡Felices los que mueren con
el Seíior! contesta d anciano.
María lo comprende. La noche es obscura, la nieve cae. La
joven vestida de blanco, envuelta en Pl velo, sola, entra en el
torbellino del viento, parece la
f'statua de un Pepulcro que anda, ó el alma de una virgen que
vllelve del cielo.
Sus eienes laWn, su corazón
lat.e, como si se dirigiera á su
tálamo nupcial. Va á las afueras de Varflovia, al lugar del
combate. Regia, ra con &amp;ua manos anhelosa los montones de
muertos. Lafl sombras son tan
esoesas que no puede distinguir
los rostros.
En esto se oye un gemido,
que es el último gemido de una
Bando ''Liceo'' -Carro ''La Mutua. ''-Familia Jappan.
vida que se apaga.
Rs él, grita, es él.
Lnego, de lejos, cuando los hélices se han puesto á nleUn rayo de luna rompe las nubeP. 1'-lllrfa rec·0noce E"l
rostro de Ladí1:1lao, lívido, teñido por las !:!t,111b1w de la tear ya con cierto vigor, hemos visto alzarse en el muemuerte. Pone la mano sobre su corazón; 110 late-•pone lle y en la borda del buque un diluvio de pañ\w-lofl blirncos como si los viajeros y sus amigos de lacoi:.ta hubieran
el oído sobre su pecho; no respir-J.
~Has m11erto, dice sin lanzar un !ay! En efta noche puesto á secar la ropa íntima de sns tristezaEI, mojada
por el llanto de las despedidas, colgándola al vif&gt;nt.o, que
debi'us recibir mi primPT beso de amor.
se lleva más tardeó miis temprano, hacia el olvido todos
Y clavó sus labios ardientes sobre los frío" lahios del
cl\dávP.r. Sorvió ensu beso la muerte. Al dta Pig,lit'nte loA dolores y todas las satisfacciones de la vida.
Los viajeios novicios, apenas el bnque ha salido, se han
llevaban en carros al cementerio los cadá\"f'rl-'S dt' los in
puesto á t-scribir sus impresiones de viaje, como si notus11rrectoi:i 1 y entre ellos el cadáver de una joveu humosí·
vif'ra n m:ís tiempo.
sima envuelta en su velo de desposad·\,
Las niujne!'I se muestran más avanzadas én el desem·
¿Sabian los sepultureros ei secreto u~ aquella muerte?
pe,ño de esta grave blrea y redactan con una letra varo-No losé.
nil de e!ólcnela n, rte americana, en sendos cuadernos ú
Ignoro, pues, si los dos cadáveres se juntaron en la
ojas volantes, las ideas penmnbradas de su imaginación
misma huesa.
flnt.ante.
.
EMrLIO CASTF.L.',R
NoeotroP, cada día, cnando el mar no está enteramente desagradable, lo que le ocurre pocas veces en esta sec{'ión de sus domi nio!ó!, nos sentamos á mirar su mafia onLO QUE DICEN LAS OLAS
duhmte PncrPspada, teílida y rumoroea, como e,I follage
ile los árboles movido por el viento, escuchando ln qne
¡Adiós, Norte-America! ¡Adiós por siempre tal ve1!
¡Adiós, selvas embalsamadas y fredcos valleE, como di- dif'm laHolns, Pegún la inolvidable expresión de 'Dickens.
¡Lo que die-en )ns nla11!
cen en Aida!
1:':l as tambiPi:i 1:mentan sns penurias y angustiaF; re 1a¡Adiós, ternplos de piedra consagrados ,¡ la inclm,tria!
tan sn eterno vmJe por loR ,,qarell, por los ríos. por las
¡Adiós, ferrocarriles vertiginosos, ascem1,,rps volM.nteP
nnbes. por la cun1bre de la'd montañas por los despefia•
ríos encauzados y ~os ein iguales en el ornado!
'
'
'
¡Adiós, sublime N1ágara 1 estruendosa reliquia de la tie· dero"' y los arrf"&lt;'ifPi"'. •
A2itadas. anhelante@, f&gt;nloquecjdas, corren como el
rra., joya de América! No me olvidaré de tí mientras en•
hnm~re, buecandn sn nivel sin Pncontrarlo jamáP, y van
tre la mz por mis ojos y pueda reproducir tu imagen,
mientras mis oídos no se cierren á los rumores y Hmidos dt&gt;sat.rnadM, un día al Nort.P, otro al Sudó en cua.lqnier
rumbro, alzando flU cabeza blanca de canas para mirar en
de este mundo, mientras corra la sangre p'lr mi cerebro,
friccionando mi pensamiento: mientras h1.ta mi corazón el horizonte fli la jn-rnada tiene término.
Y Fe atropellan desatadat:i, trf'pándotiP. sobre sus veciy no cese mi aliento!
El «Britania,11 de la flota \Vhite Star, sigue nadando á nas, inútil, estérilmentf&gt;, hundiéndolas bajo su peso, en
tanto que otras E-e levantan, y otras y otraq crPcen más
razón de quince millas por h•ra.
adelantP. siempre más adelante en el infinito océano reHsic rnatro días que nos hemos embarcado en Nueva
moviendo sus lomos hinchados y huyendo en curva; inY,11 k, t'II ua muelle cubierto de gente.
Ha ha:,bido despedidas tiernas, abrazos, lágrimas, pala- dolentes ó e!ilp11mosas de cólera, hasta perderse en una
•
bras canñosas, expresando el deeeo de feliz viaje frases confusión inacabable.
ah~das por la emoción y variadas escenas, en' que lo
Las olas cantan en tono mortificante la leyenda de
l)()ético y In doloroeo de los últimos momentos previos á nuestros pesares, retirando nuestra mente á los lejanos
la separación, fe mezclaba con la excitación apurada del tiempos de ¡a infancia, cuando una madre desvelada
viajero, el transporte de los bagagee y los cuidados de mecía nuestra cuna; ó á lo menos, remotos del romance
todos por atender á sus sentimientos, á su parsgu38 á de nuestra vida, cuando la voz temerosa del amor &lt;'.0rressus saludos, á su capa de goma, á. eus lágrimas y á ~ua pondido, murmuraba sus caricias en nuestros oídos.
maletas.
Traeli los acentos de la :patria abandoDada, de la amis0

DOMINGII 28 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN

tart i nc:egura, dtl desengaflo in-

iuerecido, y se alejan llevándose nuestros suepiros y dejándonos en el pecho la amargura
de sus entrañas saladas.
AlJá lejos, las esperanzas como las aves blancas de los roa
res, aparecen en el tul de la ee ·
puma: avanzan, se aetrcan y
cuando les abrimos los braios
para estrecharlas contra nuestro corazon, la onda se desvanece y las burbujas de au penarho vuelan en invisible atmós·
fera hacia los cielos.
La hi ...toria de nue@tra vida,
con todos sus recuerdos confu·
sos, anacrónicos, flota en las
mont-a.ñas que el viento levanta,
ee hunde en :os valles fugaées
qae ellas forman, vuelve á subir en las olas siguientes y en""lviéndose ea SUR ondulacio11es, se aparta y se oscurece, engendra~d_o una vaga sensación
de mart1r10, de remordimiento
y de dnda respecto al mérito de
nnestros actos parndos ó al
acierto J.e nuf'stra conducta en
la sucesión de los añ.os.
-¿Púrquéno fuí más bueno?
s~ pregtmta el esphitu atribulado.-¿Por qué no fuiste? interrogan las olas á. su turno, y
nadan·f o sobre sus flancos se
e.~capan palmoteando con sus
,·értices quebrados como bur•
l indose de nueetra miseria.
La sensación del ritmo vital
!'"e embota; las faculfadesembargadas por la suma de reminiscencia!, languidecen, y una melanc?hca y sua~e aspiración á
morirse, se extiende como un
sudario sobre el alma.
i Un Eepulcro en el mar insondable, la caída Ein salvación
sin amparo, la muerte sin re~
medio, con el consuelo de la
imposibiliElad ralculada contra
la cual toda lucha ea una quimera ......... ! son las dos ideas
indecisas, deslustradas 1 semidormidas que el cerebro fomenta, mientrai: las olas paean golpea~do los costados del b~que,
q,ue Juegan con su peso y se retiran, encarg:a ndo á ot1 as olas
su tarea. ¡lJu sepulcro en el
mar!
L'38 olas mrnerían mucho
tiempo nuestro CU"rpo; sí, tiempo mucho prolongando el simu·
lacro de la vid11, con su eterno
movimiento y la soledad de ]a,.
tumba en un cementerio c11alqniera habría defaparecido con
todos sus hono!es, rt&gt;emplaza·
da por el capncho bullicioso
de las aguas, en el mnndo infinito de la atmóafera líquida. Vtlrde ó azul, co11 esmeraldas ó zafiros db;ueltosl
Las ol»s dicen entre tanto: Así tus pesarei,; y tus ~nsueñ11s, negro8 ó te!l-idos por la luz de t.m-1 ilusiones, eerán
llPvados por 1-'l tiempo y sembrados en ... ¡ camino de la
vida, como migajas de tus oídos ó tn• amores, cuando la
ed:-id mar.!hando sobre tu cuerpo, llegu1.: á 1::uíriar tu ce•
n.-bro y á helar tu corazón.
:Un estrem~cimiento nos d~spierta en medio de la ho•
rrtble fantae1a¡ las olas contrnúan su viajl:' interminable
ca11tando t:u solemne romanza_con acent s do!oridos, y
entrd me tonos; el ?fdo sobrescitado percibe los nombres
de las pen:C?oas aloJadas en nuestro corazón. las melodías
que apren~1mos _en tal 6 cual época de la vida, los pedazos de frase_ can_flosa, los reproches, las diFcusiones y,
por fin, el silencto que resulta del ruido uniforme cuandü el cerebro 1;1e cansa yel SUAño empieza á batir sm~alas
El viento silba en el cordaje del buquP y arrebatand~
en 1a boca de las !.:himineas el humo nelio denso como
nube de tormenta, como aliento letal lo ll~va desmi-&gt;nu·
zándolo entre sus dedos para dejarlo c~er en copos lenta
p_erezosamente,_disolviéndolo en los confines de la vietB
sin conservar DI el fantasma de su existencia.
Lo€1 mares entonan á la Vf'Z alegres sonatati como mú•
si~:1 ?e bailes al~e!'-noA, y la aspiración á vivi'r renace.¡\ 1vu en el bulhc10 del mundo. allá en las grandes ciu•
d3:dt'S !lt'naS de intrigas y de conflictos que acortan dism!nuyen y destruyen e; tiempo, envolviénddo P;. los,
plieguP~_d,: su_ Pf:rmaaente variedad basta dejarlo invisi~lel-¡'\ 1v1r s111t1éndolo todo, como un curioso de las pat-1onei:i; dando valor á lo que no lo tieue ó quitándolo á
las grayes y trasced~ntales cnestionesl-¡Vivir caminando hacia la tnmba sm sospechar su proximidae, y dPjarse sor prender eu medio de la d~preocupación atolondrada, @rn saber po_r dónd_e se va DI por dónde se ha ido, como !as olas ee:g':1n el ';lento ó el calor de las corrientes
mai:masl-¡y1v1r sufriendo Jas torturas como juguetes
del rn!o_rtumo y tomando como hambrientos un pedazo
deiehc1dad descomp.uei:t.a,.para.ro.etla.hasta el.hueso sin
dejarle un átomo de carne!. ..
Las olas pasan por debajo del buque encorvando la es•
palda y levantándolo en alto para mostrarlo cabeceando
6 rielando sobre la superficie rugosa del Océano. El ma:restá áspero, según la expresión de á bordo, y yo me reti•
ro cansado de haber hablado tanto con sus olas'f
ÜSCAR WtLDE,

EL MUNDO

00"-INGO 28 de MARZO de ,897

201

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MERIDA-Sociec:lad "La Uni6n."'--:-Carro "Mariposa."

El, CAR.NAVAi, EN MER.IDA
LOS MESTIZOS.

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En Yucatán la clase popular está. formada generalmente por los descendientes más cercanos á. los mayas,
que llevan el nombre de meztizns. De esta clase se componen diversos gremios de trabajadores que, perseverantes en :ms oficios, sin grandes exigencias sociales á que
atender, logran reunir modestos capitale!!, á veces acre•
centadoe basta sumas considernbles.
Miembros de la clase llamada mrzli.za en aquel Estado,
han sido hombre!-! distinizuidos por RU talento y su virJ
tud, como el Sr. Obispo Carrillo y Ancona, muerto en la
semana pasada. La cualidad del \'alor ha enaltt:'cido.-también á la clase popular .yucateca, en las luchas sangrientas que tristemente conmovieran al Estado.
El pueblo de Yucatán llama sobre todo la atención de
los extranjeros, por su aseo. Raro es el E&gt;jemplar, tan
abupdante en la República, del hombre que inspira compas~6n á la vez que repugnancia, por su traje sucio y harapiento,
Las mujeres llevan el pelo graciosamente peinado en
forma de lazo, que atan en medio con una cinta; usan_
camisa de lino blanco, sin mangas, con escote cuadrado
y bordada al rededor del escote y de la falda, con vistosos hilos de diversos colores; esta cami:m se llama /u¡ri/.¡
y saya también de lino blanco, bordada, lo mismo que el
lu"pil, en el borde; se cubre la parte escotada del traje,
con un rebozo de lienzo ó de seda.
En la parte delantera, llevan crur.adas las extremidadea del rebozo, una de las cuales. eostienen con la mano
izquierda en nn cuadril, dejando la derecha libre. Ostentan en el cuello gruesas cadenas do oro v de-corales, y
en las orejas pendientee de oro y corales 6 perlnQ,
Los hombres usan camisa de lino blanco, de pechera
bordada ¡,rimorosament(, y con botonadura de oro y piedras prec1oeas; ancho pantalón blanco y sombrero de pa.·
jilla. Llevan la camisa fuera del pantalón y van calzado~
con cacleH de charol.
Los mestízos han formado dos grandes agrupaciones para celebrar las tiestas de Carnaval. Estas asociaciones se
lla~an uPaz y Unión)) y nRecreativa Popular,n que están
regidas por juntas directivas electas entre los socios.
No contando con edificios propio;, las dos sociedades
toman anticipadamente en alquiler las mejores casas de

Batalla de Flores.-Carro "Pandero .. "-(Prim:r Premio. )-Famili, Ponce Cámara.

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DOMINGO 28 de MARZO de 1897

EL MUNDO

202

DOMINGO 28 de MARZO de 18117

EL MUMDO

EL CARNAVAL EN MERIDA

la ciudad, las adornan lujosamente y las convierten en
,espaciosos salones para los bailes. Esta és la única diversión que organizan las sociedades de mestizos y á las cuales
asisten siempre mtis de cuatrocientas parejas.
Las orquestas para los bailes de nieshzl)8 son iguales á.
las que tocan en los salones del «Liceo y de t&lt;L'l Unión.•
A veceE" los 'llUstiws celebran bailes de máscaras y de
trajes de fantasía, pero no tienen el atractivo de los ordinarios que ofrecen aspecto encantado, pues en estos so·
bresale la deslumbrante blanr.nra de los trajes y de las gasas y demás adornos de los salones.
En estas di versiones rnn d~ notarse el orden y los distinguidos modales de la clase popular yucateca, siempre
correcta y respetuosa. La fraternidad es su mejo1 distin.ti vo.
Durante los bailes de carnaval no acontece el menor
escándalo; las comisiones oara. cuidar el orden resultan
inútiles pues, en todo el tiempo que dura su encargo, no
tienen que intervenir una sola vez para evitar la mlis leTe discordia.
Los me8lizo., tratan á eus damas, con respetuosa galantería. Incapaces son de atreverse á pronunciar dela•te
de ellas, uua palabra descom\&gt;uesta, porque sería delito
gravísimo, imperdonable; qmen lo comete lleva, para
siempre, el estigma de mal caballero, y no vuelve á ser
aceptado en reunión a,guna.
Los extranjeros son acogidos con la más exquisita franqueza. Cuando un extranjero visita aquellos salones, los
miembros de 1a junta directiva lo reciben y acompañan
satisfaciendo todas sus curiosas preguntas¡ lo 9bsequian
finamente y al retirarse le hacen presen~s sus demostrac!ones de gratitud por haberlos visitado.
Por un sentimiento de dignidad que los enaltece, nunca invitan á tomar parte directa en sus reuniones á
quienes no visten el traje de elloe. Tampoco pretenden
participar de las diversiones que organizan las otras sociedades. El suyo es un carnaval aparte.

Las oosas pesadas tienen sus espectros como _los hombres muert,os. -1'. Ji'e1tu.l.
E l pensamiento es un poder y el talento una libertad.
- Vict.or Hugo.
El dolor es el artista:de los artistas.-Chstelar.
Demasiado paraiso el amor no llega á quererlo.- V-w4.or Hv.go.

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S o c ie.dad " la Uni ó n."- Ca rr o Chi n .::sc o.

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Tomado dircctame"le por el artista fotógrafo mexicano Señor Gu111ermo V.alleto, en la capital de Austria.
Sociedad

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La Unl6n. '"-Carro alegórico

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La Fuente. º'-Señoritas PIiar Cámara y Maria c~ntón Horta. (VI ala delantera.)

203

�204

EL MUNDO

CUENTO SANTO

C &gt;no !os apóstole~ eran pobres y r6.Sticos y de cora•
zón s~ncillo y humilde, Jesús, su divino Maestro se
fºJ?aba cond■.uamente en instruirlos y prepararlos'con
ecc1on~. prácticas, á su alcance y el del pueblo 8 J
m1s16n de predicar el Evangelio de Dios á
~n~

'lis

f;!.º

Un día caminaba Jesús ~orlas riberas del Jord,tn en
C?tnpatlía de sos amados discípulos Simón y ,Júdas Iscar1ote. Do~ hombres trabajaban en una heredad inmediata al cam.100, uno de ellos hermoso y el otro mu feo
am~os homb~s saludaron muy corteses y afect~osos' ~
"je~us.l sus discípulns. Jesús y Simón devolvieron el san o u. 1os dos con el mismo amor á uno que á otro· mas
!1º aaí Judas que apenas contestó al saludo ~el bo~bre
ieo, Y por el contrario, contestó muy afectuosamente al
saludo del •hom_bre hermoso. :Sot() Jesús esta diferencia
Y así que ~e aleJaron un poco de loa trabajadores pre•
gunt6 á Ju das:
.-Júdas, ¿por qué has saludado con más amor al homb 1e hermoso que al hombre feo?
. ~Maestro contestó Júdas: el
vtaJero que e-ncuent.raen su camiQo un pedazo de oro y un pedazo
de pedernal ¿cómo ha de estimar
en ta•to el pedernal como el oro?
!esús calló, sonriendo á J údas
tns~mente y él y sus discípulos
continuaron el camino.
Como hacia mucho calor y la
jo~nada ita siendo larga Ydesabrida, sentáronse bajo unos árboles á cuyo pie .brotaba una free•
ca Y. cristalina fuente, en que se
refrigeraron así que habían des•
cansado un poco.
Bntreteníase .Jesús conforme
platicaban, en golpear con su bá«;:ulo un ribazo que daba sobre la
tuente, cuando deeprendiéndose
un gran c(,sped, aparecieron so·
bre la tierra removida, un pedazo
de oro y un pedazo de pedernal.
.J údas lanzó un grito de sorpresa. y alegría al ver el oro y se in•
chnó á cogerle.
-Deten~, amado .T údas, que
soy yo quien ha descubierto ese
pedazo de oro y ese pedazo de pe·
dernal, y el pedernal y el oro
son mfoa y no vuestros.
-Cierto, señor, contestó Simón, sin vacilar.
-Cierto, dijo también Judas
como de mala gana.
,Jesús tomó :el oro y el pedernal1 y después de cerciorarse de
que oro puro era el primero y pie~
d~ el segundo, extendió hacia el
Oriente sus brazos, suspendiendo
e?, !a diestra el pedernal y en la
s~mestra el oro, y dijo á sus dísc1pulos:
-Quiero hacer&lt;,s dueflos de este ha~lazgo. Tomad li un tiempo
de m1 mano lo que más os plazca: uno el pedazode oro y otro el
pedazo de pedernal
Yal decir Jesús ésto Simón'"
,Jud~s se lanzaron á u-d tiempo á
Fu diestra y á su siniestra para
coger, Simón el pedazo de pedernal y ?udas el pedazo de oro.
,Jesus calló, sonriendo triste~ente á Judas, y con alegria á
Sunón y k&gt;s tres continuaron por
las desiertas orillas del Jordán.
_)laestro, dijo Ju das, el sol declina ~a 1 y apenas hemos tomado
hoy alimento alguno.
-;-Cierto, contestó Jesus. Adqmere, amado Judas, con un poco del oro que lleva.e, alguna vianda con que nos remediemos loe
tre!l.
.Ju~s miró á_ todas partee, y
no ,·1endo por mnguna mas que
calladas eoled!ldes, :eplicó:
-1\laestro, 1mpos1ble es hallar
en estos desiertos quien nos la
,·enda.
,Jes~s sonrió á Judas tristemente, v dilo á Simón·
g-"s1¡:ón, pescador eras en el mar de Gali lt-a
·
tm n comprendió lo que el ruaest.ro de b
cáddose ~ Jordún 1 arrojó á la corriente un s::z~~l~ ~i~~
ca o a 1 e.a.bromo en una cuerda y poco d
é
arrastrando con el un pe
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d
espu s 1a retiró
J ,
s· ó
. z muy gran e.
aiu~s~z~anb.e~i:~~~eron plácidamente al ver fuera del
-¿De qué nos sirve ese pez, les dijo Judas si no te .
rnos fuego para asarle?
,
ne
.Jesús Simón callaron; pero Simón tomó un oco d

f

l~?:ft j~~~~:/c~nu!\ :~~~~ 1d~~~ºbá~~~ e:apr:::ª~
ebn°)udi6, pocoddespués el pez tomaba el colÓr ali oroeS:.
re as ascuu e una alegre bogue
h
P!]ésd Jedsúa Y los dis~ípulos continu~bin ns°u ':'!i~o~e¡'!:
via os e. 1as angu~tms del hambre.
1
p_art1~edvolv1leron con cuidad.o entre los pliegues de
a umca, u as a pedazo de oro Y Rimón el da d
peder~al, Y JPsús mirándolos alter~ativame~: ~ºn ·Ó
con tristeza á Judas y con alegría á. Simó
'
rt
Cuando llegó la noche que era bsc
n.
el pecadoi Jeeús dijo á s~s discip~lost-a, obscura como

t~

DOMINGO 28 DE MARZO DE ,197

. -Necesitamos luz y descanso para continuar nuestra
EL CERDO Y LA ABEJA
Jornada. Luz nos la dar.i el nuevo día, sueilo y deecan •
sho ntaos dar.id este bosque. Descansemos y durmamos aquí
as. que espunte el alba.
A uno de melena.
Dicho esto, Jesús y eus discípulos se acostaron sobre el
olroso cé~ped, Y momento@ después Jesús y Simón dor·
Atardecía. El poeta, aentado en una banca de piedra.
m an apaClble~ente, pero Judas velaba temeroso de ue dei bosque, se puso á monologar de la siguien~ manera·
d upedazrante eldsueno algun malhechor llegase y le arreba~e
~ volveré á pintar cuadros tan bellos como E'H~ u~
e1
.º e oro que poseía.
á desplegar ante mis ojos el crepúscu\ ... ¿c'J.né
Bramidos de fieras comenzaron á oír.se á lo lejos cada uu I a. encuentran los lectores con ver los paisaJt·s ue
vez~ acercaban, se acercaban más. Jesús Simó'
bi°eqbeJo con mano de artista? Ya es tiempo de r:t&gt;iub~·ar
contrnuaban ap~ciblemente dormidos, ni 1ls oían~' q~ a go ueno en las almas. De hoy más mis ve1'808 t:nce~udas, :J,Ulcont1nuaba despierto y cada vez más ate'rrid.o
fábr1n un folldo de sana moral. Me dedicaré á escribir
, eto,ped r
sus compaileros y les hizo notar el peligro qu:
._u as. ¡Este género de literatura es tan provechoso' El
a.
os amenazaba.
nmo ~ la vez qu~ @e divierte con la charla gracio1m' de
tod-A¡ado J udas, le dijo Jesús. la luz inspira terror á los 1m:les, tet1ene con facilidad la moraleja que como
os os ma 1os, y por eso huyen de ella. Ad uiere con senu 1a. 1enhechora cae en @u corazonoito para p~ducir
1
d~rpo~~d~e:ib~rqnuosedllelvasl?-n poco de luz, cuio resplan- cop ~ 1 t!e~po frutos riquíeimos.
~
. . e pe 1gro que temes.
d ~ncipiaré, pues, por atacar la pereza que es el origen
-d.éfaest r0..., rephc.) Judas, ¿quién en esta soledad ha de
e ntos males y el m.is repugnante de los vicios. Haven •rme 1ar
blaré del cerdo, por más q ne ya casi todos loa fabulistas
lo hayan tomado cnmo prototipo
DAMAS GUAT:EMALT:ECAS
de la tlojera.
¿Qué otro animal simboliza la
ett:rna pultronerla?...... Y bien
luego que establezca unsimil per~
focto t11tre el cerdo que yace en
el fango y el hombre perezoso que
se revuelca en el lodo de los vi cios, ¿á quién tomaré como emblema de constante laboriosidad?
Indudablemente á la abeja
Y oyendo tal nombre una de
las mil que se ve1an en la cercana
ttoresta, y que, acurrucada en el
caliz de un lirio, había escuchado
atentamente al poeta, no pudo
contenerse, y abriendo las t-emblo~osas alitas de gusa, hendió
el aire con la velocidad de una
tlec!~a y fu(\ colérica, á. clavar su
agw¡ón en la nariz amoratadadel
boberuio sofiador.
Ay! ...... dijo este-dando una
fuerte palmada á la. abeja, que
rodó como una ebna sobre el
cesped. ¿Porqué me hieres?
-Purque iudigna oirte hablar
en contra de· la perezu y á favor
del.trabajo. Bien se te pudiera
aphcar á tí lo que á cierto tunan·
te: 11Predica1 pero no aplica.» Tú
que dtbes ocuparte en remediar
las necesidades de tu familia¿por
qué no trabajas? ¿Piensas acaso
que e!:c~ibir versos es oc~pació~
pr_oducu_va? Te e;11ga1las, amigo
mio. Ocupate de t1 mismo y deJa
á los ~em,ís á. quienes p~c.endes
c~rn&gt;g1r. Observa una vida labor10sa y activa, y así serás un li•
bro abierto para los holgazanes.
Es ~al vis~ que prediques y no
nphques. , amos, remienda tu
levita raida y mugrosa, y que te
c?rten la melena que cae en lac1os mechones sobre tus hombros.
T.la pasado la época del roman•
uc1smo. Anda, recortate esas
ufiaa que parecen garfios acerados, y busca de taller en taller
t-n qne ocupartl-', para que alimentes á tus hijos ...... á esos po·
Llres niños, que muchas veces
cumo los de la leyenda alemana'
hambrientos y cansados de llora;
se van queda11do dormidOtl al son
del arpa ..... .
D~ @úbito ,;e oyó á lo lejos el
sou';&gt;ro retmtm de una campani•
ta t1pluda que llamaba al enjambre¡ 1a luna asomó en el horizonte la mitad de Au disco como un
t.rozo de cristal opaco, y la abeja
cortando bruscnmer,te el hilo de
sus conse,o!§ y Hin decir 11adioe,1
tuese perdiendo como punto ne~
gro en un claro del bosque.
El poeta, nervioso v febril tornó
á eu hogar, y echando en ~co roSeñora Carlota H. O. de Kelly. (Escritora.)
to las palabras de la heridora se
te
puso li escribir, á la parpadeanhi!1"eªnúds caellló; k&lt;&gt;rnanl do á reclinarse en el césped y Simón
1
.
o peuerna , encendió una ho
' 6
' eerd.1. d.e uu fa;0lillo, la fábula que debía titular l(EI
. ? ~ la AbeJa."! cuando C..rncluyó su obra repet.fa con
~~r;ej :~n!~:t!:ªtefieras sa_alejába;u;~~~~t~á:s
del~c;r~nanto provecho sacarán de aquÍ los perezochores le robasen su:~~-º e que vm1endo los malhe- S?S· mientras él reía, loco de triunfo, su esposa en un
rrn(6n de la buhardilla, decía al pequefiito con 'materna ternnra:-no llores, hijo mio, ya no llores 1 tan luego
como amanezca iré á conseguirte el pan que me pides.
JUAN B. DELGADO.
J A~1 contm~aron larg() tiempo y por diversas ~omarcas
Marzo de l 897.
e•bus ydsus_d1s~ípulo~, Jesús ensefiando Y amando á. los
po res e c1enc1a y ricos de
ó s· ó
piedra que daba luz J d
n, un n llevando la
h~ta que Jlegó un dfu e~ ª ~~ J~~Ó;ueposo_lo ddaba pes&lt;?,
4 .
miento la pied
,
meo o por c1de esto llamó~qd 11evatóba S11n6n, á quién en memoria
. dr ect·
es e en nce3 Pedro, que quiere decir
~~~ ~iav~~~i¡1 p!9ran PJnerta para entrar en el cielo,
viendo
ro, Y udas Pe ahorcó de un sáuce
abrir 1a'r~eu:~~~d~i'&lt;int~;~ para hacer llaves con qu~
Tan grande ea tu virtud que est.oy seguro
que es verdad lo que dicen muchas gentes
A. DE TPUEB.-\..
qne ~ fnerza de eer puro
'
Bt:: mueren cou tu aliento las serpientes.
CurroA.lloa.

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1891

ENGAÑO SUBLIME-Por roaríal;escot.
NUM:ERO3.

eD:t:{t

~J

i:º1~

~i~:~iI~~~}\~~g}~2~:~~~t:~!:1~ 1:ú!n;
coraz

209

de emoción entrar en su cuarto, 1:1 creyó en una de eens
escenas de celos áque estaba acostumbrado; lo creyó miis
aún, cuando con mano temblorosa le mostró ella la carta. Resolvióse él á llevar la cosa en paciencia y salir del
paso con algún engaño ó con al~una broma. •Acaso sea.
preciso un regalo, grui\ía él entre dientes. Ah! cuestan
caro las mujeres legítimas cuando tienen el impudor de
mezclarse en la conducta de sus maridos.•
Desplegó el papel, silbando un airecillo......... •
-¡Qm! es esto! ¡qué es esto! exclamó con una voz tonante. Qué es lo que nos cuenta ese viejo Joco? ¡Yolverae
,í. casar! ¡ah! ...... pero yo me opongo á ello! Esto no es
leal, eeto es un abuso de confianza, una picardía, una.
burla. ¿Qué no ea bes tú que rehizo el contrato de matri·
monio, no d1lndote más que tu legítimn, loa cuatroci~ntos mil francos de tu madre y unos miserables quinien•
tos mil francos m:b? El se guardó todo el resto, los gruesos millones. ;Y ahora se casa con otra? ¡Yiejo pillo! ¡y
no dice con quil~n! ¡Xo oea decirlo ......... con una'. ........ .
Ajü la carta oon cóler.1; pe.ro cuando iba. :1 arrojarla al
fuego, algunas líneas de finísima letra apar1.:cieron ,¡ sus
ojoe. Xi ella ni él, en su tnrbaci()n, las habían notado.
El voh-iü á tomar el papel y leyó:
~:.fi querida Yalería:
"Soy muy feliz en convertirme en madre \"'Uestra, por
que tt•ngo por el Sr. )lartín tanto r~~peto como cariíio.
11Dignaos recibir y mostrará vuestro marido la seguridad de los eentimientQs que no tengo nect&gt;sidad alguna.
de banco.
de expreearos y de los cuales no de~o sino daro:: una.
¿Pero dónde? ¿cí1mo? ...... Por más bue•
na voluntad qne él tuviese no podíndar• prueba.
••Bt:LTH.\X.\ )lERlADEl".
le expliwciones ahí, en la playa ..... .
¡Oh!
esta
vez
no
fué
un
grito
sino un rugido de Leodi-Es indiepen8Uble que vaya u~ted á mi
casa.
ce. Sus dientes se apretaron, sus pulios se crisparon y le
~- Ella. mo,·ió su linda cabeza, un poco vino un remordimiento feroz de no haber¿e desembaraperpleja, pero rápidamente tomó una de zado de ella de no haberla arrojado al mar de un punt:i.1
decisión.
pie1 como á. unrL besi.ia venenoi:ia~ cu:.1ndo se había ella.
-)li padre iní. á darle á usted las graacostado en la are11a eeper,rndo la muerte.
cias, sefl.or y me conducid t\ casa de usted
ttYo me yengar~.•
á la hora que usted me indique.
»Yo me vengaré," había dicho, Recordaba él la cruel
De-ede aquel día el eeñor )Iartín cesó
burla con que había recibido.P.sta amem\za ...... ¡Pardiez?
de deplorar la aueencia de Yaleria.
y ee vengaba de una manera. mús segum que si hubiese
•·········································· ···············
hecho fracasar su matrimonio. Perdida. Yalerin, él haEl sott.1r Alltrlt11 a ln llniora Le6dice Mnr-""' :,._
bría. bmcudo otra novia. Cuando un mucllacho guapo seti,1.
resuelve á ca!-arse con una mujer fea, siempre halla. mal"i:lla Jfartín, en Ktroitk.
nera de venderse á. buen precio.·
cc!\Ii querida bija:
~
.:_-:cs.
Pero la fortuna coll.lprometida no se vuelve :.í hallar.
(lLa
presente
carta
te
llevará
una
impor~-4~~Los
)Iartín de P:lrís disimulaban desde hacía algún tiem·
tante noticia y no quiero dudar de que tu
po
eus
embarazos por (alta de dinero; con la dote de Yamarido y tú la acogeréis como buenos hijos respetuosos
Con gran asombro del sei\or Martín, no era de un per·
leria se había podido pagar las deudas, lernntar la casa.
de mis voluntades.
mi.so de caza de lo que Beltrana iba á hablarle. Había
11!\Iira tu, mi vida era demasiado trist-e¡ me eentía de- por algún tiempo, ju~tamente el necesario para aguardar
leído ella acaso en sus ojos su horror á las mujeres ociola herencia de )fortín de llrest. Pero casado Martín de
masiado solo, muy abandonado. N.o te bogo reprocbefl,
sas? Lo qne solicitó fué trabajo, el medio de ganarse Valeria no se los bago li tu marido; pero es un hecho que BreE:t, los millones y la herencia, todo desaparecía, todo
1
honradamente la vida y lo hizo con bermosl'@imas palani uno ni otro cumplisteis vuestras promesas: él, de po· iba á ser preea de aquella linda muchacha que 1:abia aliar
bra.a: "El trabajo, dijo, es la verdadera nobleza y debe
nerse al frente de mi casa de Brest; tú, de pasar el estío tan bien f:U venganza á sus intereees.
uno estar orgulloso d~l dinero ganado con probidad.»
¿Qué podía hacer él ahora? ...... Las súplicas de Yaleen mi villa.
Al escucharla sintió@e él halagado en su orgullo pleberia,
sus amenazas, sus revelaciones misma!&gt; permanecían
«La. pequeña permanencia, tan precipitada que hiciEte
yo, el mas susceptible, el más exigente de todos los or@in
resultado.
¡Ah! ya bnbía visto él esos amores, sabia.
aquí en la primavem última, me probó de tnbra que yo
gullor. Hablaba con una voz clara, met.ilica, un poco ás
que ninguna locura juvenil puedecomparárs~les, yademtís
había acariciado una quimera. En fin, ,~alerin, no quie•
pera, que vibraba de nna manera extra.na.
ro recriminarte; os perdono con todo mi corazún v11tctro recordaba el magnífico poder de sus ojo~, al cual él mi3Para responder á. su confianza, él le dió algunos but&gt;nos abandono, dirfamás bien, ynestrn. ingratitud. Un l'tngel mo habfa tenido tauta pena de Sltstraer.:;e, al que ncaeo
consejos. Caminaban el uno cerca del otro; él, excami- del cielo se ha dignado encargarse de consolarme. Ella habría cedido sin la triple coraza de aY,iricia, de egoisrno,.
nando concienzudamente lodas )as p,,siciones que conquiere reemplnzar á. la ,·ez á la hija olvidadiza y á la san- de libertinaje de que se envolvía. ¿~o era acaso ci~ti\J
vienen á una. mujer, ella escuchándole con una respetuota eepoE!a que el cielo roe arrebatú; me daau juventud, su que le había turbado más aquella blanca muchacha di,
ojos leonados que todas las cortesanas de París? ¡Cuánto
sa deferencia, sin nada de domesticidad porque, en priafecto y su abnegación.
tiempo había recordado á la joven, de una tan extraña
mer lugar, su padre no la hubiera permitido y él, el Se(lEelaremos unidos dentro de ocho día~.
nor )lartín, no la hubiera aceptado tampoco. Qué diablo!
, «No os pido, hijos míos, que asistsis á mi matrimonio, belleza, en su rebelión feroz, tan a.pa~iouada, en sus súesa joven que le cónsu1taba tan ingeuuam1:nte se con- qut&gt;, por otra parte, se efectuaci en la más eetricta intimi- plicas! ¡Cuántas veces la había vuelto á. ver prosternada.
vert(a á sus ojos en lo que es la cliente para el abogado,
dad; pero me apresuro á ai\adir que mi casa es siempre á sus piee, 6 acostada sobre la arena y envuelta en sus
vest.idos negros! ¡Cuántas penas había. tenido para olvi•
en lo que es la pupila para el tutor. El debía velar por la vutstra y que seréis bien venidos.
darla! ¡Olvidarla! ...... En aquellos moment.o3 se confesasus intereses. Por encima de las domésticas están las insTu padre que te quiere:
baque no la había olvidado un solo instante.
titutrices, las damas de compañía! Hum! hum! La miro·
Martín y Com¡m,""iiu.u
ba más atentamente y la eucontraba mncho más linda
..\.mor, fortuna, toda se le escapaba. Era inútil la lucha.
YI
para esas situaciones inciertas, tan expuest.as á la tenta
Beltrana debía estar bien segura de su victoriapnesto que
Cuando Valeria hubo acabado la lectura de esta carta
ción y al insult.0. Poco á p..,co, el interés que resentía se
había permitido á. M. Martín que les escribiese, puesarrojó un grito y toda temblorosa, la llevó á eu marido.
transformaba. No se trataba de una clie11te, ni aún de
to qua habfa unido á su carta aquellas_lineas que resana•
¿Como iba él á acoger semejante revelación? Apenas
una pupila; era de su propia hija, de otra Yaleria, pero
ban como un desafío. 11¡Qué necedad he hecbo-repetíasi ella notó que el nombre de la futura 1;-sposa había eido
reconocida, y para la cual no podía meno:! que tener una
quemando las cartas de que ella fué tan pródiga! Sí, ¿pe·
omitido. Este nombre le importaba poco, por lo demás:
ro quién podria preverloentonces? ...... Soy yo quienaho•
viva eolicitud.
en tal momento permanecía aterrorizada por el te·
Como el Sr. Martín sedetuvieeegeeticulando, animán·
ni. estoy sin pruebas y ella la que sobrenada.
mor del descontento de Leodice. Yiéndola toda pálida
dose; amontonando argumentos sobre las objeciones, ella
pidió tímidamente el permiso de ex•
preur sus desem: Habfa una carrera n&lt;.tablemente independiente-, interesante,
útil, bella entre todas, y como él la inte•
rrogase con la mirada, e la atiadi6.
-El comercie,, la indm~tria, esa, grandes emprerns en que el nombre de «::\Iartín11 brilla con resplandor tan vivo.
Obtener que le fuese confiada la teneduría de libros de la casa, tal era el sueno
que habia forjado y para la realización
del cual, después ds muchas vacilaciones,
se atrevió tí. solicitar su apoyo.
El movía la cabeza, con un aire de
aprobación. Aun cuando las mujeres fueeco rara vez emplendti.s para esta tarea,
era posible que ella la obtuviese, grocias ,í
una recomendación eficaz ...... Solo que la
teneduria de libros e-s una ciencia: ¿conocía ella la part.et/·cnica? Francamente,
confesó Beltrana la insuficiencia de su eaber. ¡Ah! si pudiese obtener algunos consejos, algunas leccione~!
Había fijado en 1~l eus ojos suplicantes,
cnyo fluido la envolvió del todo ..... .
Pues bien, sí, yn que ella lo deseaba,
le eneeñaría la contabilidad de las cama

~

~ ~~r~}t

�EL MUNDO

20

VaJeña esperaba temblando que él hablase. Leodice
tuvo una irónica y maligna sonrisa:
-E-;:Cribidle, querida mfa á vuestro padre; aseguradla
los votos que bago pa,ra que la peste lo mate y el diablo
se lleve á la fiera intrigante que va á arruinarno~.
Y cm&amp;o.do ella salía la siguió con una perversa mirada
y alladio:
-En. eui,.nto á tí1 chiquilla, si crees que en lo de adelante voy á molestarme ..... .
Ya solo, púsose á recorrer con paso nervioso el elegante gabinete de trabajo, donde casi no trabajaba.
Se dettvo ante un bureaudeébano con ricos ornamen·
tos de cobre, hizo jugar un resorte, y abrió el cajón secreto donde - por- medida de precaución guardaba su correspondencia amorosa; pero en vano examinó uno á uno
loa billetes:multicolores y perfumados: "No hay nada de
ella, dijo-ya lo sabía; yo no daba importancia alguna á
sus cartas, las deegarra.ba á medida que las recibfa. Ella
tenía la manía epistolar; era inútil que yose lo prohibiese. Endiabladamente compr9metedora para mí esta correspondenoia, por estar casi á la vista de Valeria, hoy
se vuelve preciosa, de tal suerte que darfa lo que me pidiesen por uno de tales autógrafos.,1
Brutalmente, arroió de nuevo en el cajón los pobres
billetes llenos de ternezas. 11¡Ni una prueba!. .... . ni una
prueba!i1 ..... .
¡Dd: pronto, su frente· se despejó! ¿Ni una prueba?
¡Quién sabe! u¡Ahl Beltrana, la hermoea1 acaso babeis
cantado victoria demasiadoprontoln Después entre dientes, añadió: «Esa circunstancia siempre me ha parecido
e:rlraña: Sommeres está aqui, él debe saber ... apretándole
él di['! todo. ¡Ah! Martín de Brest, esperad un poco1 yo
os haré pagar vuestra imprudencia y la linda suegra que
me dais!n

•
••

Un domingo de Febrero, al salir de misa mayor la sefiora FvuTneron, se detuvo cerca de la fuente del agua
bendita. distribuyendo ligeros saludos y ligeras sonrisas
á todos los que pasaban. Por fin aparecieron las señoritas de Lezines, que, como de costumbre, habían prolongado sas oraciones ... ... ... Apenas las tres mujeres bubieronsa.lido de la iglesia, Jacobo de Sommeres que perdía
el tiempo en el atrio, se aproximó á ellas. Fué acogido
con una frialdad un poco altiva por las dos Lezines1 que
no le per,lonaban su pereza.
La Sra. Fourneron le censuraba también por otros motivos. «¿Practica?u Era la primera pregunfa que hacían
las madres prudentes cuando ella proponía un candidato á b mano de una heredera.
No; esa mala persona dé.Jacobo no practicaba; porque
en buena conciencia no se puede llamar practicante á un
hombre que no llega á la iglesia sino en el momento del
Iie mi..Ba est, y cuya total devoción se limita á. distraer á
las piadosas devotas que salen de la santa casa.
No; J"a.cobo no practicaba; siempre é inut1lmente le
había censurado esto; pero en aquel momento otra cosa
la preocupaba.
-Ya sabeis mis pobres amigos, dijo, esto no va bien.
Elena no ha podido levantarse ayer; ha tenido dos síncopes y si yo no hubiese estado ahí.. ...... .
Ciertamente, noticias tales eran tristes y ninguno se
hubiese atrevido á poner en duda la veracidad de las palabras de la. compasiva y excelente tía Fourneron; sin
embargo, el sonido de su voz era alegr.e ¡Bah! quién censura á.un médico porque se enriquece en tiempo de epidemia; á un abogado porque se regocija cuando los hijos
de un mismo padre se arrojan como lobos rapaces sobre la herencia paterna1 ensefiá.ndose los dientes? ¿ Por
qué, pues, mostrarse más severo con aquella mujer solícita?
Ella continuó:
Si, doa síncopes! El doctor no es~á tranquilizado del
todo.
Yo le hablé aparOO cuando salió de la pieza y no me
disimuló que la situación es de las más serias. nAh! querida señor&amp; Fournerón, me dijo, qué dicha para Duvernoy la de tener á usted cerca de él en estos crueles momentos.
Que sería d~ él sin la admirable abnegación de usted?&gt;,
Las señoritas de Lezínes hicieron un gesto; á pesar de
su caridad bien conocida no gustaban de escuchar largo
tiempo los elogios que se discernía su tía Fournerón.
Jacobo fué quien exclamó:

-Como! como! la pobre prima Elena .... . es posible
que se halle tan mal? eHo me upena mucho; experimento por ello un real pel:lar. La he visto bien poco desde
hace dos afios; ha habido entre nosotros un poco de resfrío con motivo de una historia de su hermano Felipe ...
y á propósito de Felipe, me parece que va á Volver; su
tiempo de mar debe haber espirad.o.
-Si, muy pronto, dijo la Eefiora Fourner6n 1 y Dios
quiera que eucuentre aún á su htrrnana!
-Tienen el uno por el otro una ternura profunda, replicó Jacobo; serfa ese un desgarrador y triste retorno.
Pero, porqué diablo ee ha rehusado ella obstinadamente
á abandonar Pontarliery, á pa!,lar en el medio día la mala
estación, como el doctor le aconsejaba?
-Por qué? pronunció sentenciosamenteAglaé con una
indiferencia fatalista, yo encuentro que tiene razón: aquí
ó ah1 se cura una cuando Dios quiere.
-Pero Dios no siempre está dispuesto á hacer milagros; hay un proverbio que dice: uAyúdate, que el cielo
te ayudarán
- Yo estimo que Fernando ha errado mucho en no llevarla á fuerza.
Todos por lo demás estuvieron de acuerdo en censurar
la debilidad de Fernando: se dejaba domiuar por su bija
y no tenía más cuidado que el de satisiacer á aquella nifía chiqueada.
-Apuestoá que no ha pDrtido, dijo Jacobo, por que Lila quería hacer bolas de nieve, y no hay nieve en el Medio dfa.
-Es cierto1 añadió la mayor de las Lezines, la sefiorita Eulalia, que la debilidad de nuestra prima por esa niña, sobrepaea á todos los límites permitidos. Sabe usted
que me han contado? .Antes de ayer á las cuatro, Lila
entró con su padre á casa del pastelero para comer una
golosina. Yo censuro, bien entendido, esa moda de hacer come, pasteles á los niños, en •v b de un panecillo; lo
cual sería más higienico; pero no es eso todo. A traves
del aparador de la casa, Lila, percibió tres pobrecillos
que la miraban con ojos ávidos. Y declaró perentoriamente que no comería su pastel si no se les daba también
á ellos. Fernando cede al de&amp;eo de su hija; más be aquí
que otros pobrecillos llegan, y otros aún. Era Ja hora de
la 3alida de la escuela: todos los niños de Pontarlier se
encontraroll bien pronto reunidos ante la pastelería. Lila distribuye los pasteles, despues las crema.e, después
los.merengues, después los bizcochos¡ por fin les llegó su
turn9 á los pasteles grandes, que fué preciso cortar en
trozos para todos aquellos pícaros golosos. Resultó que
en la noche, cuando yo iba á buscar para Aglae y para
mi una rosquilla de ciruelas, ya no había nada! Ah! ella
les llevará muy lejos si continúan educándola así!
....--Aglae es su madrina, dijo la tía Fourneron; debería
hacerle algunas observaciones.
-Lo he intentado, dijo agriamente Aglae, pero he sido
muy mal acogida. Elena me ha respondido que era tan
feliz con la gran ternura de su marido para su hija, que
me suplicaba instantemente que no hiciese sobre el asunto observación alguna. 'Verdaderamente yo no la entiendo.
No, no la comprendían ni Aglaé de Lezines .ni la tía
Fourneron tampoco, ni Jacobo de Sommeres y E!in embargo, era él, si hubiera estado dotado de penetración,
sobre todo, si hubiera recordado algunas de sus propias
palabras, era él quien habría debido comprender á Elena, compadecerla y no herirla. Pero esas palabras las
había arrojado al viento, con su imprudente ligereza,
sin inquietarse del terreno en el cual caían. Y habían
caido sobre un alma doliente, debilitada por la enfermedad, pronta á la duda, á la inquietud, á la desconfianza.
Se habían incrustado, habían echado raíces, habían ere·
cido 1 se habían convertido en esa cosa contra la cual no
pueden luchar ni_Ia raz6n1 ni la voluntad, ni el buen een •
tido: se habian trocado en idea fija. La idea fija! ese
mónstruo de alas negras que os obsesiona durante el
día con su incesante presencia, que se acuesta por la noche á. vuestro lado, que os despierta durante la noche,
que agita vuestros sueños y que por la mañana está ahí,
ante vosotros, desde que abrís los ojos; mónstruo tanto
más cruel, cuanto que frecuentemente estáis sin armas
para luchar contra él, que no osa confesar sus ataques y
disimula las heridas que os hace.
¡Ah! si Elena hubiese osado arrojarse en los brazos de
su ma1ido y decirle: ¡1Júrame que no lamentas nada de

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1'97

ese pasado maldito que yo ignoro, pero que excecro; JUrame que te encuentras más feliz en nuestra vida tranquila de provincia, que en aquella loca existencia pari•
sienee; en fin, júrame que si muero no darás otra madre
á nuestra hija.
Pero no osaba decirle esto aun cuando :fijase alguna
vez en.él sus grandes ojos de fiebre, aun cuandofreenen•
temente las frases de súplica temblasen en sus labi()I!,.
¡Decírselo! ......... y si iba, con esta imprudencia á evocar
el espectro del pasado y quien sabe si á hacerlo renacer! ....... .
Comprendía vagamente lo que es para el hombre,
y sobre todo para el artista, la atracción &amp;el froto
prohibido. Era preciso callar1 alejando de él el peligro y
la tentación. De suerte que rehusó obstinadamente abandonar Pontarlier por una de las ciudades del.Mediodía.
que el doctor aconsejaba. Quién sabe si Fernando se encontraría. en Niza, en Pau, en Kyeres, alguna de las intrigantes de otro tiempo, de las que tanta pena le había costado separarlo? Quién sabe si viéndola tan enfer•
ma, no entraría en el corazón de esas ambiciosas una
atroz esperanza? Qué podía hacer una mujer condenada
lo más frecuentemente :.t la reclusión en su cuarto, á la
inmovilidad en su sillón? ~o, no! era preciso permanecer en Pontarlier1 donde ningún peligro podía aparecer,
donde la liga de familia era una salvaguardia, donde podía ella contar con la vigilancia severa de Jas Lezinee,.
con las amonestaciones de la tía Fourneron y aun con el
socorro de Jacobo de Sommeres·. Y además, y sobre todo, era preciso atar estrechamente el padre á la hija. Es~
te fué "Su trabajo de cada hora 1 su estudio de todos los
instantes.
Desde que Lila pudo hablar, el nombre de 1&lt;papái, fué el
que balbuceó; desde que sus bracitos pudieron enlazar,
se suspendió zalamera, al cuello de su padre; fué á él á
quien dió todos sus besos, á sus rodillas fué á donde se
encaramó; después, más tarde, fué_á él á.-quien dirigiólaa
mil peticiones infantiles, á el á quien demandó juguetes.
Se hubiese dicho que la madre no existía; de tal suerte
la pobre Elena ponia su cuidado en desaparecer, tanta astucia empleaba en 1a importante conquista de ese corazón de hombre, por una nin.a. Ella, tan recta, tan franca, se echó á mentir, moetrá.ndose herida, y á veces celosa de las preferencias de la chiquilla. .Al mismo tiempo
se volvía severa, para que Lila fuese á quejarse á su padre y sintiese él 1a necesidad de defenderla, de amarla y
de protegerla.
Esta táctica tuvo pleno éxito: jamás un cortesano apareció más orgulloso de los favores de su reina ni más deseoso de ejecutar sus voluntades. ,valter Raleigh, uñ día
arrojó su capa á los pies de Ieabel; pero el Señor Duvernoy arrojaba todos los días á los pies de su pequeñuela
ea corazón entero.
VIH.
El aviso El Alci6n acababa de entrará la rada de Brest.
Sobre el muelle de arribo, la multitud se oprimía: una
zambra, un tumulto, gritos de alegría y de impaciencia,
resonaban donde quiera; las mujeres agitaban sus pafiuelos, los hombres sus sombreros¡ algunos se callaban, oprimidos por la emoción ó por la angustia; familias enteras
estaban ahí: viejos padres de cabellos blancos y chicuelos en los brazos de sus madres. Impacientábanse, irritábanse de la lentitud del desembarque y por fin estallaron aclamaciones y hubo abrazos y transportes de embriaguez y de amor.
Nadie ero.pero 1 se cuidaba de un grupo de jóvenes oficiales de marina que pasaban silenciosos, con esa emoción del primer regreso á. la patria.
Muy cerca, muy cerca, quizá en la extremidad de
Francia, pero Francia es tan pequeña cuando se acaba
de dar la vuelta al mundo; muy cerca1 pues, una hermana, una madre, una novia, los esperaban.
Dirigíanse hácia el Correo, y algunos salían con las
roanos llenas de cartas: esos eran los felices; otros expedían alegres telegramas y luego íbanse á. cenar juntos, y
como había baile en el almirantazgo 1 y se encontraron
cada uno con su invitación, la aceptaron. Hacía tanto
tiempo que no habían baih,do en Francia! Y sentían en
el corazón tanto bienestar y tanta alegría!
Felipe no fué de aquellos que salieron del Correo con
las manos llenas de cartas; ninguna misiva lo esperaba.
uElena no sabe mi llegada, se decía1 ¿por qué he de in-

DOMINGO 28 DE MARZO CE 1Ssn

21

EL MUNDO

quietarme? Es una coea sin importancia. Se pierden
tantas cartas ankis dad.legar :i nuestras manos!. ... .. .. .
Tc?legra.6'1, sin emb.irgo, y con una angustia que no
era duefio de dominar, esperó la respuesta. D~ suerte
que no cedía á. las instancias de su camarada :Merville y
rehusó ir al baile. Se sentía con el corazón muy oprimido ........ .
Merville se obstinó:
-Qué diablo de Aubian! sois peor que una sensitiva;
como vos, yo tampoco tengo carta, razón de más para
distraernos. Os llevo de grado ó por fuerza: entendeis.1
Cedió, como cedía casi siempre, cuando la cosa no vaHa la pena de una discusión. Después de todo, era cierto
.que valía más tratar de distraerse; era cierto también
que parecía una sensitiva. 1(Jacobo Sommeres hubiera
dicho uuna mujercilla,,¡ pensaba él, y le reprocharía :i
Elena haberme educado mal!,,

Los jóvenes oficiales danzaron hasta en la mañana,
ébrios de aquellas lucee, de aquellas flores, de aquellas
elegancias; despuée, pasada la cena1 se reunieron en el
hueco de una ventana y pusiéronse á conversar alegremente.
-¿Habeis visto, preguntó uno con tono desbordante
de entusiasmo, ha.beis visto en el gran salón á. una mujer con traje de satín verde claro? ¡QJ.é cabellos! qué
hombros! qué ojos!
-Cómo no la habíamos de ver! dijo un aspirante de
marina; no nos hemos vuelto ciegos al dejar el Alción, y
se necesitaría serlo para n@ notarla, tanto Illás, cuanto
que resplandecia también con todos los fuegos de sus
espléndidos brillantes. ¿Es soltera1 casada 6 viuda?
-Si es soltera, yo me caso con ella; si es casada me 1a
robo; si es viud::i., la. consuelo; declaró con fatuidad un
jovencito, á quien los vapor~s del champagne se le su·
bían 1t la cabeza.
-Es casada; pero si te la robas te roba.ria.s también al
marido, por que no la abandona y permanece clavaUü ai
respaldo de su sillón.
-Uíf que posma.
-Hablad con m{LB reepeto amigo mío, ese posma es
ocho ó diez veces millonario, es uno de los 1 icos armadores de B res t.
-Psh ...... !
-Y su historia es divertida, con un sabor particular
que la distingue del matrimonio corriente por dinero. En
ta11to que vosotros correis los marea, yo aprendo his·
torias.
-Entonces comienza tu relato.
-Chut! escuchad la historia de la mujer vestida de
satin verde pálido.
Había una vez un bellaco que hacia Ia corte á dos muchachas: la una bella y pobre, la otra fea y rica.
- Y se casó con la fea, ó el mundo ha cambiado mucho
deede que navegamos.
-Sí, peroqu6pensais vosotros de la abandonada?
-11.Ariaoo refería 8us penas á la roca .11
-Eso es clásico, eso lo aprendimos en el colegio: se
pr-atende que es uno de los más hermosos versos de Racine.
-En efecto, empezó así ií lo que se dice, solo que Ariana no tardó en advertir, que las rocas son:confidentes fastidiosos y monótonos. Un día, vió sobre la playa á un
hombre bajo y grueso, de sesenta primaveras, que la miraba.
- Y ella le contó sus penas?
-No, creo que no; la verdad es que no se sabe lo que
le contó¡ pero se dice que el ingenio acá.de á las jovenes,
sobre todo á. las jovenes pobres. Era una linda venganza la que el cielo le enviaba: ese sexagenario millonario,
era nada menos que el padre de su rival.
- Y se casó con él?
-Si, se casó, en tanto que el bellaco paseaba á su feota
por A.lemania é Italia. Ya adivinareis su chasco; parece
que amenazó á. su suegro con su maldición
-Y el suegro se dejó maldecir?
-Creo que sí¡ está loco de amor y la mujer es demasiado bella, convendreis en ello, para explicar todas las
locuras.
-Y n• se ha arrepentido el viejo de su imprudente
temeridad.? Ah! señores, señores, me hactiis ruborizar ........ .

-Ruborízate cuanto quieras1 Merville, ese traje de sa•
tío verde, es capaz de todo. En cuanto á arrepentirse
de su elección, el buen hombre no pjensa en ello¡ es tan
feliz como puede serlo un mortal. Cree en ella con firme
confianza que nada puede quebrantar. E3os rumorcillos
que yo os he traído, pura invención acaso que un yerno
cupido, frustrado en sus esperanzas, lanzó á. los vientos,
han llegado á sus oídos. Y piensas tú que lea prestó la
menor atención?. Arrepentirse! Oh! gran Dios! Puede
uno arrepentirse cuando tiene en su casa un tesoro de
gracia, de bondad y de sabiduría?
-Palabra de honor: estás enamorado?
-Sf, estoy enamorado, y no pienso en negarlo. Muchos otros se hallan en el mismo caso. Adonde nos lle~
vará esto? Ella rehusa ver, rehusa danzar1 rehusa plat~car y rehusa coquetear; permanece impenetrable en eu
reserva. Pero chut! ahí viene.
Una mujer de una belleza soberan.a, entraba al saloncito. Andaba con un movimiento lento y gallardo y mantenía elevada, en una actitud altiva, rn hermosa cabeza
rubia, co:ronada por resplandeciente diadema de brillantes. Avanzaba, hendiendo la multitud, en tanto que un
murmullo admirativo se elevaba ante sus pasos. Suma•
rido, metido en un traje negro, la acompañaba.
-Hum! dijo el oficial letrado1 se diría una sirena ..... .
remolcando á un cachalote.
Y hubo en ,m rededor risas sofocadas.
-Hablais demasiado alto, dijo uno, podrían oíros.
En aquel momento, en efecto, la joven pasaba ant,e el
grupo de oficiales. Al rumor de sus voces se volvió hacia
ellos y repentinamente la altiva indiferencia de Ru mirada se trocó en un extremo espanto. Ellos la vieron cambiar de aspecto, palidecer y temblar. Pero por un esfuerzo de voluntad prosiguió su marcha alejándose del brazo
de su marido.
-Que s_iga.ifica eso? exclamó el aspirante cuando ella
hubo desaparecido. Si hubiésemos tenido la cabeza de
Meduza á nue.Etras espald.s.s 1 no habría testificado más

~-,- -Y ,~.i:ftJ:l.

. .~_f:ii!:
horror y espanto. Quien de nosotros, seiiores, ha producido ese terrible efecto?
-Es de Anbian, dijo el barón de :Merville; ella no podía desprender de él sus miradas. ¿Acaso la conocéis Felipe?
-De Aubiá.n, replicó el aspirante1 esta es una traiciónt
¡Cómo! nos ha beis dejarlo vociferar tanto sin ad ve 1 tirnos
de vuestro .... de vuestro ...... cómo diría yo? de vueetra
intimidad con la hermosa Beltrana Martín?
-¿Habéis dicho Beltrana Martín?
-Vamos de Aubian, no bagais comedias, no neguei•s,
vuestra emoción os traiciona. Debíais confiaros á vuestros arnigos.
-Xada tengo que confiar señores; no cononzco á esta
mujer. Y afiado que no he oido las tristes historias á que
haceis alusión. No escuchaba, estoy demasiado preocupado y demasiado triste esta noche.
-Entonces, dijo el aspirante, después de un silencio,
si no la conoceis 1 os ha hecho mal de ojo ...... Las sirenas
son capaces de esto.- Debeis huir, mi pobre amigo; no
queda otro remedio.
-Huiré en efecto, respondió. Tan luego como esté
franco 1 partiré para las montañas del Doubs y pasaré con
mi hermana mis vacaciones.
-Yo, dijo, el baron de M~rville, voy á verá mi m1.dre; no quise anunciarme.i quiero SJrprenderla; pobre
mujer, será tan feliz al verme!
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Carta interesante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir, Horror al cuchillo y al cloroformo.
3ó affos justamente era la edad que llevaba de padecer

una de las peores enfermedades que pueden sobreYenirle

Máquinas usadas casi regaladas.

al hombre, como rnn lasEstrech~ces en el caño de la orina. El tiempo se ibapaeando sin que yo resol\·iera á operarme por el horror tan grande que le tenia al c1~chillo,
-el temor que me infundía el clomiormo, y por últuuo, la
dificultad de abandooar un negocio para guardar cama;
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos¡ á la capital. para consultar con el reputado eflpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo enraba tales enfermedades de una marwt{t Hrnri.•
Ua: dicho facultativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Eangre, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efe&lt;'to, el
día 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Yiejo núm. 8; duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo vi\'iente del buen {'xito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
nl famoso especialis·ta y como una muestra de mi gratitud doy á conocer est,e echo al público y si estuviera nutorizado daría ~l nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito qne han alcanzado con la misma
operación que á mí les ha hecbo el Dr. PrPciado.

Lms

MA:-.JARRÉ..~.

LA CERVEZA FERRUGINA,
BXCONSTITUYE.,.."iTE, EXQUISITA Y DIGESTIVA•

Be recomienda á los anémícoe, á lae jóvenes c1or6,icu.
y á. las personas debilitadas por una prolongada perma
nencia en las ~iones cálida!:! y ma:.SS;;ias.
De venta en casa de loa Sres. E. Dutour y Comp., .A.gen
Ha Generales; en el establecimiento de la Sra. Viuda dt
Genio y Comp., ~ de Plateros número 3, y en &amp;od.oe Jo,
l)r incipales establecimienk&gt;s.

OPORTUNJ.DA.D.

Humber, Stearns, Tnrist, Wiuchester,
Record.
Pidan•• c•liro1oa y prccloa i

HILAR/O MEENEN,

Avenida Juárez no 6. México.

AGENTES GENERALES
este periódico en Centro América 1 Sres. J. :M. Lardizábal y Compai'i.ín, Guatem!\la.
Están autorizados pa1 a ar~glar contratos para anun•
cios y suscripciones.

.de
1

1

A NUESTROS LECTORES.
Cumpliendo nuestra oferta, aumentamos hoy un pliego á
"El M1.1.ndo Seina11a1:•io,"
dedicado al Carnaval &lt;le ~Iérida, del cual poseíamos aún hermosas foto grafías, y damos, además, el tercer tomo de no Ye la.
de la "Biblioteca l.Iiniatura," correspondiente á 11:arzo y con el
cual quedamos al corriente con nuestros abonados, hasta Abril.

lí{nct Jec:c:i6n ae c::mto por pctrtiact aoble.
(Dibujo d..e Carlos A..loalde.)

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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