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'

Carta interesante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir, Horror al cuchillo y al cloroformo.
3ó affos justamente era la edad que llevaba de padecer

una de las peores enfermedades que pueden sobreYenirle

Máquinas usadas casi regaladas.

al hombre, como rnn lasEstrech~ces en el caño de la orina. El tiempo se ibapaeando sin que yo resol\·iera á operarme por el horror tan grande que le tenia al c1~chillo,
-el temor que me infundía el clomiormo, y por últuuo, la
dificultad de abandooar un negocio para guardar cama;
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos¡ á la capital. para consultar con el reputado eflpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo enraba tales enfermedades de una marwt{t Hrnri.•
Ua: dicho facultativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Eangre, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efe&lt;'to, el
día 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Yiejo núm. 8; duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo vi\'iente del buen {'xito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
nl famoso especialis·ta y como una muestra de mi gratitud doy á conocer est,e echo al público y si estuviera nutorizado daría ~l nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito qne han alcanzado con la misma
operación que á mí les ha hecbo el Dr. PrPciado.

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AGENTES GENERALES
este periódico en Centro América 1 Sres. J. :M. Lardizábal y Compai'i.ín, Guatem!\la.
Están autorizados pa1 a ar~glar contratos para anun•
cios y suscripciones.

.de
1

1

A NUESTROS LECTORES.
Cumpliendo nuestra oferta, aumentamos hoy un pliego á
"El M1.1.ndo Seina11a1:•io,"
dedicado al Carnaval &lt;le ~Iérida, del cual poseíamos aún hermosas foto grafías, y damos, además, el tercer tomo de no Ye la.
de la "Biblioteca l.Iiniatura," correspondiente á 11:arzo y con el
cual quedamos al corriente con nuestros abonados, hasta Abril.

lí{nct Jec:c:i6n ae c::mto por pctrtiact aoble.
(Dibujo d..e Carlos A..loalde.)

�•
EL MUNDO

24

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

EL MUNDO

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

"EL ltilJNDO''
Semanario Ilustrado.
"'Tetefono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

•

Toda la correspondencia que se relacione con la ReUCCión, debe ser dirigida al

ll)alítica Qítneral.
RESUMEN.-Muerte de Cisneros Betancourt y captura de Ruíz Rivera.-Una nueva fase en la insurrección cubana.-latáctica de guerri1las.-La marcha
del General Weyler.-Creta sin esperanza.-Grecia
abandonada.-La force prime le droit.-Conclusi6n.

Director, Lic. Raf"ael Reyes Spindola..
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lle. Fausto.Moguet.
La subscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
m,s, y se cobra por tri.mestes adelantados.
Números sueltos, 50 centa~os.
. .
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicac16n.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGIBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

1lllotas tbitarittlts.
\

t!)rablrma rcanómictJ.

¿Estamos enfrente de una nueva baja de la plata? La
prensa acaba de anunciar que el gobierno del Japón ha
decretado adoptar el m.-0ri.mrumlismo oro, lo que detendrá inmediatamente la demanda anual que hasta ahora
ha venido Oaciendo aquel país del metal depreciado.
Los mercados del Extremo Oriente se han considerado
como el abismo sin jon•to de la produccitín argentífera.
Por esa enorme bocaza se han ido enormes cantidades
de plata, y el Japón no ha sido de esas comarcas
la menos solícita en este constante consumo. Su conversión al talón de oro, traerá pues crmsigo, un grave tras
torno enel precio del producto. ¿Pero es posible que este
flamante Estado, abierto valientemente al progreso mo·
derno, pase sin al.Leraciones trascendentales. de uno á
otro régimen?
Una de las circutlstancias económicas que más ha fayorecido el desarrollo industrial del Japón, sirviendo de es"
timulo á la inmigración de capitales extranjeros, ha sido
precisamente su base monetaria. Pagados en plata los
jornales1 los empresarios han encontr'ldo una considerable reba ja en los gastos de producción: este hecho ha permitido la creación de una industria floreciente, que no
sólo excluye los articulas similares de la vieja Europa,
sino que se destaca en los horizontes como la amenaza de
una competencia futura.
Un cambio violento de sistema monetario poodrfa al
imperio asiático al borde de tina crisis, y su gobierno es
bastante ilustrado par~ suponer que no proceda por me ·
Uio de un brusco salto que paralizaría la expansión de
su riqueza social.
Por lo que á México hace, la República ha resistido
con increible fortaleza la mlis ruda baja de la piafa, y
como el descenso indicado, se anuncia de un modo gradual, siempre dará tiempo á que en la cuestión financiera se tomen las precauciones indispensables para ·sufrir loa nuevos golpes de rechazo que nos depare el porve·nir de :a plata.

Al comenzar el rercerafio de esa lucha emprendida en
los campos de Cuba por los que sueñan en una patria
nueva, la guerra entra en una nueva fase, marcadl:l:_ por
una derrota favorable á. las armas españolas, y la prisión
de un caudillo insurrecto, destinado á ser el sucesor del
célebre cabecilla Antonio Maceo en la provincia de Pinar
del Río, y señalada por la muerte del que funcion_a ba co•
mo Presidente provisional de la anhelada República, he·
choa acaecidos casi simultáneamente en difnen&amp;es pun·
tos de la revuelta isla.
La desaparición de Salvador Cisneros Betancourt, exMarqués de Santa Lucía, investido con la suprema autoridad por voto unánime d~ los jefes rebeldes, con ser tan
sentida en las filas immrrectas, será quizá. de menos tras·
cend~ncia para la causa cubana que la prisión de R~:z.
Rivera por el general Velasco en los campos de ¡j¡au Cr1at6bal. El anciano que, con el título de Presidente de la
República cubana, parecía encarnar los destinos de lainsnrrección, y se llevaba tras sí el respeto de las multitudes y la veneración de sns partidarios, más que una energía en acción y una fuerza vi va, era una especie de. monumento de las pasadas luchas, una personalidad que CO·
municaba·el prestigio de su nombre á. la contienda.actual,
una sombra gloriosa de muertas energías que recordaba
á los combatientes la tenaz resistencia ofrecida á. los tercios españoles en la tremenda guerra de dit:z años.
En la época presente en que nadie concibe la muelle
ociosidad ni el descanso reparador; en que se han menester la actividad sin tregua, el movimiento incesante, el sacrificio inagotable, para que permanezca en pie la causa
de los rebPldee; hoy que el gobierno de la Metrópoli,
mientras ofrece reformas seductoras que semejan la au•
tonomía, redobla á la vez sus ataques, concentra sus elementos de combate, yen esfuerzo supremo procuraaplastar la revolución de múltiples cabezas, sofocar tacto ger•
men Bt-paratista, y desarraigar toda idea de independen ·
cia; en estos momentos de angustia, infinita y decisiva
lid, tiene mayor significación para lo por"venir, entre los
que simpatizan y trabajan por la independencia de Cuba, la captura del cabeci 11a batallador que en las fértiles
campiñas y agrias moo.tañas de Pinar del Rí~ mantenía
vivo el fuego de la revolución, que la muerte de unanciano, muy ameritado y digno de rPspeto en Js.s huestes
insurrectas, pero ya falto de vigor por sus cansados afias
y sin la energía física que en otro tiempo desplegó en fa .
vor de la libertad é independencia de la Autilla.

*
••

En las provincias de Oriente, '1:á.ximo Gómez y sus
subalternos activan la campaña; avanzan, se concentran,
retroceden, se dispersan, amenazan aquí, marcan con la
llama del incendio rn paso por allá, y en incesantes evoluciones y movimientos, ni dan tregua á las columnas
españolas lanzadas en su persecnción, ni aceptan la batalla decisiva á que pretende obligarlos la estrategia de
los ejércitos reales. Comprenden que su fuerza estriba,
no en el vigoroso empuje que barre campamentos, asalta
ciudadeE y desmantela fortalezas, sino en la guerrilla que
molesta, la emboscada que sorprende, el golpe de audacia que desconcierta un destacamento, y por eso no abandonan su objetivo que es entorpecer la marcha de lasco·
lumnas pesadas, aparentar un altoá. pie firme, como esperando batalla campal, y lue~o dispersarse por las veredas, dividirse en grupos insignificantes, perdidos en las
quebraduras de la sierra ó en las espesuras de la manigua,
¡Todavía uno menos! ..... . Los viejos campeones de la para volver al día siiuiente á la misma carga, que repetiLibert¡ad van desertando de nuestro lado. Se alejan los da una y otra vez, tiene que agotar las fuerzas del eneq¡¡e en otro tiempo pusieron suR energías al servicio de migo y consumir sus recursos en marchas y contramarun principio que está ya germinando en nuestro joven chas que nunca. acaban, en busca de invisibles sombras
,mela. Se llevan á la tumba recuerdos gloriosos, días de que se hacen palpables, cuando una colina, un bosque,
trágicat:J luchas, entusiasmos épicos y un gran aliento de un recodo del camino, una arruga del terreno les permiesperanza que sopla de las actuales g,meraciones.
te hacer una ó varias descargas, y dar así muestras de
A esos veteranos del liberalismo, rígidos é inflexibles que no son vanos fantasmas, sino soldados reales, avesacomo el programa que se trazaron, pertenecía el Gene- doa á ese géneN de combates, capa;a, de vencer algo que
ral Rocha, muerto en los comienzos.de la anterior sema- no fuera la indomable tenacidad del patriotismo esna. Su historia, fué la eterna, incamable lucha contra el pat'i.ol.
fanatismo, que perseguía con el ardor y la cólera de un
Nutrido y aleccionado en esa táctica del débil y pequecazador á una res brava.
flo contra el fuerte y poderoso, el Jefe insurgente Ruiz
No se podría, en verdad, lanzar un reproche á. ese Rivera, por cerca de cuatro meses sostuvo la lugha desacendrado sentimiento radical que informaba su criterio. igual en Pinar del Ria, y logró evitar batallas formales
El jacobinismo del General Rocha ibaendérezado áun que habían de comprometer su posición¡ pero menos
grupo social en el que hay que buscar las sensaciones afortunado que sus colegas del Camagüey, acaba de caer
por medio de enérgicas sacudidas y poderosas reaccio- en manos de los soldados del rey Alfonso, que en los
nes: el eJército. Allí sólo el radicalismo echa raíces, só• campos de Cuba defienden la integridad de sus domilo la idea jacobina hace estallar el sentimiento liberal. • nios.
Y para el ejército y por el ejército trabajaba el veterano general, pur ese cuerpo, antaño sin alma, enel que los
propagandistas del liberalismo han prendido un espíCon esta pérdida, !a revolución hs recibido nuevo golritu.
pe; y como quiera que, las autoridades americanas pareJamás hemo'-1 negado nosotros los servicios que los ja- cen más decididas qlle nnnca.á impedir las expediciones
cobinos han prestaJo á la libertad: reacción contr;a reac- filibmteras, que á la continua panían de las costas floción, había que gponer una fuerza contra otra fuerza y ridanas, proporcionando armas y recursos á los ddensofrPnte á una exaltación otra equivalente. Para que des- res de la manigua, solamente les queda, á mis de su tei,11~1:1 el conceJ?tO del liberalismo haya tomado caracteres nacidad. y energía, la esperanza de: que la nueva estación
precisos, ha ¡;:1'10 indispensable trasponer esas etapas de de lluvias entorpezca los movimiento! de las tropas esformación, salvar e::ios periodos de lucha, que tachonan pañolas, y puedan así IM disperaas partidas insurrect.as,
la historia de todos los pueblos.
recobraT su brío en lo intrincado de la selva ó en las queY por esa labor útil é interesante, emprendidit, como bradurad de la sierra.
acabamos de decir, en pro de la difusión del liberalismo,
U no á. uno loa caudillos principales de la insuraección,
tiene el General Rocl1a un puesto de honor en la grati- han ido cayf'ndo en ese abismo que jamás se colma; uno
tud del partido liberal,que ha visto partir con pena al
á uno han ido desapareciendo en la ruda pelea. No se
soldado de la Refornu., al militar aguerrido, al corazón improvisan Joq campeones ni brotan en los momentos de
franco y sincero, envuelto entre los pliegues de su vieja prueba los paladin~s_; es necerario que se formen en la lubandera de batalla.
cha, que Eean productos expontáneos del combate, que

se forjen como el hierro al golpe de la derrota y al fuegQ.
del incendio.
Si aun quedan energías en les campos cubanos; si el
impulso ar1ioroso, que ha llevado á los rebeldes á esa lucha sin cuartel donde la munte impera, no se ha agotado aún, vendrán otros á ocupar los lugares de ios que-caen, y á recoger las armas de los que sucumben._
Entretanto, allá va el Capitán General, á la cabeza de
sus tropas acostumbradas á vencer, sometiendo pueblos y
encadenando voluntades; allá va cegando las fuentes y
cercenando los recnrsos de que se alimentaba la insurrec•
ción; allá va ostentando en una mano su espada implacable, y en la otra el acta de reformas que ha prometido el
Gobierno español.

No hay esperanza para loq afligidos cretenses; no hay
consuelo para los griegot:1 débiles q11e pretendieron tomar
bajo su amparo á Creta iafdiz, contra la manifiesta voluntad de las potencias europeas.
Cada v:ez que osan los insurrectos atacar las posicionesturcas, cada vez que dan un paso hacialaindependenciaó
quieren acercarsé.á la aiihelai1.a unión con la madre Grecia, tropiezan con los acorazados de los poderosos que nose detienen en bombardeará las huestescristianas1 endefensade laopróbiosa Media Lnna.
En vano se oyen los clamores del pueblo griego que re•
percuten en las capitales europeas, hablando en nombre
de su razón y de su tradición, y pidiendo al fuerte no
protección ni apoyo, tino lib~rtad de acción en los cam •
pos de Creta. En vano ha amontonado el Gobierno griego en un supremo esfuerzo y con heroico sacrificio, todos
sus elementos de guerra en las frontera.s de Tesalia, amenazando, moderno David, al gigante Imperio otomano.
Las potencias siguen el plan que se han trazado: conser•
var intacto el patrimonio de los califas, mantener inc·Ílume la integridad del territorio turco, y guardar inmaculado el tratado de Berlín.
No valen quejas de los oprimidos ni lamentaciones &lt;le-los mártires, ni hondos saspiros de los esclavos; se haol•
vidado la perfidia proverbialdeAbdul•Hamid; no se rd•
cuerdan las matanzas de cristianos ni las espanto8as ex-plosionee del salvajismo del turco y de la barbarie del
curdo; ni siquiera se tienen presentes las sangrientas.
burlas sufridas por la diplomacia europea, vil juguelle
del Sultán ...... todo desaparece ante la razón rnprema &lt;l.e
la paz universal, que se quiere conservar aun á costa dA
la Justicia, t:ratandode ocultar, con forma aparatosa, el
horror á la guerra que todos temen y que ninguno desea_
X, X. X .

Marzo 31 de 1897

El dique flotante de Tlacotalpan.

EL Mmmo diario y EL IMPARCIAL Qablaron ampliamente dP- esa construcción móvil que acaba de inaugurarse y
de la cual damos hoy una fotografía: Hnelga p.Jr lo mismo una descripción nueva y nos limitaremos á afirmar
que el Dique en cue~ti6n con11tituye una gran mejora qne
ha tiempo venía haciéndose indispensable; pues facilita.
extnior.:lioariamente la careLi.a de los buques mercantesy de guerra de las aguas del Sdno Mexicano y ahorra
gran parte de las considerables cantidades qne esta ope•
ración árdua demand!l.ba por llevarse á cabo en el extranjero.

QH Sr. &lt;!l&gt;eneral litodJa.

•*•

Damas distlnguidaa.

L'ls hermosas fotografías últimamente p•1blicada'3, entre las cuales está incluida la de la señora Luz GonzáleZ'
Cosio de L'ipez, nos han sido prooorcionadas por el ldistioguido arti'Jta Don Guillermo Valleto, el cual hacemos,
presente en estas lineas la expresión de nuestro agradecimiento por su galante amabilidad.
OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA"

J:;:NMJ:;:XICO.

México, Marzo 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director geneml de "La Mutua.,,.
-Presente.
Muy Señ.or mio:
Hoy be recibido de 11La Mutua,•&gt; Compañía de Seguro!J
de Vida de New York. por conducto del Sr. L . Goroztiaga y en Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (10,000.00)1 liez mil pesos importe de la póliza número
571,958, bajo ia cual estuvo asegurado mi finado esposo
el Sr. D. Federico &amp;nche.
Además, me ha sido entrega'1.a la suma de $2,082.40,
importe de la devolución íntegra de todos loa premios
que mi citado esposo pagó á la Compafiía desde hace
cuatro años que solicitó el seguru, formando un total de
12,082.40.

No ob.•!lante que mi repetid&lt;1 esposo falleció en Francia

tt fines del añ_o próximo_J)asadoJ la Com_pañia, con todo
empeño, se ocupó ñe la tramitación de loa documentos
para comprobar el fallecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con todR. exactitud las estipu•
laciones contenidas en la citada póliza.
Puede usted, sefior Director, si así lo deseare, dar publicidad á la presente, y me repito de vd. affma.1 S. S.
como albacea de la testamentaría de mi finado esposo el
Sr. D. Federico Sanche.-Alise SanchP.

I,A. CUJ:;:STION CRJ:;:TJ:;:NSJ:;:

ATENAS EN TIEMPO OE CRISIS

•

El afio último, en el mes de Julio, cuando yo desembarcaba en el Pireo, mi Catelero, mostrándome los acorazados griegos, me dijo, no sin cólera: nLas potencias no
quieren que vayan á.Creta y se ven abligados á permanecer ahí.»
Y he aqu( que siete meses después encuentro una situación del todo diferente. y al desembarcar me aborda
el mismo Catélero y blandiendo el puño, exclama:
11Las potencias no quieren, pero nosotros queremos;
donde quiera que haya griegos, en Alemania, en Rusia,
en Inalaterra, pondrá.a. si es preciso, fuego á todo, para
vengá'rse de Europa.11 Y. con un _ges~ violento se muerde el dedo en testimomo de su si ncer1dad.
Esta misma frase de indignación, de desesperación y
de audacia, es la que en adelante voy áoir donde quiera
bajo diversas formas, según los interlocutores. Todo ese
pueblo está ostigado por la idea de la guerra. Por las Ca•
Hes pasan grupos gritando: uLa guerra,n y sobre los muros se ha inscrito en letras groseras y vacilantes:
Ziw o po:.emos
V1.1.•li la guerra/
L'&gt;S menores inc!dentes son un motivo de excitación.
para la exasperación nacional y el e!pectáculo de los cr~teoses refugiados que recorrea la ciudad en grupos, no
es propio para calmar los espíritus, p.i tampoco los miserables campamentos de mujeres de Creta que hacen secar en las plazas del Piréo los a~drajos q~e les ~stan.
Sin embargo, nada parece cambiado á primera V1Sta en
las costumbres atenienses que comprenden, como las de
todas las ciudades de provincia, ciertos ritos inmutables.
Todas las mañanas, á eso de las once, se va á oir la mú ·
sica militar ante el palacio; después, las personas elegan•
tes se muestran en el paseo á donde volverán una hora
antes de la noche. En esos minutos tradicionales, los cafés rebosan ensu clientela habitual y los atenienses sofla meros se abordan febrilmente y se preguntan aún: "Qué
noticias hay?n como se preguntaban ayer· y como hace
dos mil años.
Pero de pronto un grito y un movimiento de la multitud, traicionan Ja sola preocupación de todos. Banda·
das de niños, se precipitan, clamando:
-¡ Pavastima! ¡ Pavastima.l ¡S'upkmentol ¡Supkmento.1 Y
arrebata todo el mundo los periódicos calientes, q 1 1e uaen
los últimos telegramas: las flotas combinadas acaban de
ocupará. Retimo, ó Ilerápetra; 1~ tropas gr~e~as no pue•
den ir á. Candano á poner orden entre los cristianos y los
musulmanes¡ el emperador de Alemania quiere que la1::
potencias tomen medidas de.rigor ........ .
Los comentarios no tardan en llegar y todas las censuras precedentes se uoen á las recriminaciones nuevas contra E11ropa. La animosidad es grande, sobre todo contra
Alemania; y se traduce en caricaturas en que el Emperador Guillermo está. representado sosteniendo con su brazo máscort.o al Snltán Abdul Hamid, con esta leyenda:
¡ &amp; qué brazo se apoyci el gran asesi,~o.l
Obsérvanse asimismú otros hechos menudos no menos
caracteristicos: los barberos de Atenas se han puesto de
acue1·do pata no rasurar al embajador de Alemania y el
propietario del Hotel &lt;k Alema"ia anuncia en los periódicos que en adelante su casa llevará el nombre de Hvktde
Myce™1?&gt;!
En las calles comerciales, otros espectáculos manifiestan ya más seriamente la idea de la guerra: las armerías
están llenas de compradores! los negociantes improvisados colocan en las plazas mesas donde se alinean los fusiles; se reconocen por todas partes grupos de voluntarios que van á proveerse de armas, y los trajes europeos
de los jóvenes de A.tenas, se mezclan á los calzones anplios de los cretenses, que cubren su cabeza con un pai'iuelo negro y á 1a~JU8ta,,eUM blancas de los pastores de
Thesalia, que llevan el fez flexible de lienzo rojo.
Si se desciende en camino de fierro al Piréo, casi no hay
tren que no esté lleno de soldados; en las estacione.a la
multitud los aclama, los sigue sobre los muelles de em·
barque, y par&amp;en en la noch~ para Volo ó para Arta, saludados por adioses graves y casi solemnes. Porque no
hay que olvidarlo, ese pequef'í.o pueblo no se comprome·
te al acaso en una aventura heroica; va deliberadamente
para defender lo que juzga su derecho estricto en las supremas catástrofes. Sin duda el ateniense sonríe aún y
se di vierte por instantes¡ pero ba renunciado á las largas
y bulliciosas alegrías del carnaval, y aun cuando ee manifiesta en la calle como el 22 de Febrero ó el4 de l\Iarzo,
lo hace con infinita calma y dignidad.
El 22 de .F'ebrero treinta mil personas desfilaron por las
calles y se dirigieron al palacio para protestnr contra el
bombardeo de Phroudia por los acorazados europeos. El
4 de Marzo se tr;:1taba de inyit.ar al Gobierno á. rechazar
con energía la nota idéntica de Jas seis potencias.
Este segundo meeting ee frustró un poco por una lluvia
intempestiva: «Dios está con el Sultán,* decía alguno
~ntre la multitud; sin embargo, millares de hombres se
apiñan ante el Circulo de los estudiantes; poco á. poco
Bid cierran los establecimientos y la multitud se pene en
marcha. Va primero á la Universidad; los discursos ahí
la exhortan á la resistencia; después flotan las ba.nd~ras
á pesar de las gruesas gotas de agua que comienzan á
caer, y la manifestación contini'ia su curso. En el camino
se encuentra á un pappa$ ( sacerdote cretense) Kyrillos
E-1stathiou; el pappalf, feroz y bonachon á. la vez, coge el
asta de una bandera. Es él ahora quien va á la cabezade
la colnmca, en tanto que, bajo loa paragul,s abiertos, re•
suenan sordamente loe gritos de:
Zi.tO, 6 polemos! Zitúl ó polemos.l Zil6.'
L\ multitud llega ante el palacio; algunos cvzúnl bastan á contenerla; sin embargo, furiosos remolinos la agitan cuando con una voz ronca, con los cabellos pegados á
la frente por la lluvia, los oradores demandan la presencia del rey. Los oficiales de palacio se suceden y ensayan vanamente hablar; por fin, entre las columnas, por

encima de aquella multitud de cabezas, a~oman. el ros~ro
blanco los ojo1u:mles y eJ. mostacho rubio del príncipe
Consta'ntino el príncipe atlético, como se le ll9wa. Rumores, acla~ación, silencio¡ el príncipe declara .q?-e en
aquellos momentos el rey no pue~e _hablar;_ fe!1c1ta _al
pueblo heleno por su energía patnót1ca y le_ 10v1ta á dispersarse. La multitud se va con pena,. obstinada en su
sueño de guerra, y un _descontento ~nta: uNoa representarán la misma comedia que e,1 1886.n
Sin embargo, como un signo de esperanza, un P?CO de
sol ilumina por fin las ruinas santas de la Acrópohs, :r á
lo lejos, hacia el horizonte, baña _la verdura nueva de
los pl&amp;nes, al pie del monte Aigaleires y la ru1a blanca.de
Eleusia.
PEDHO QUILLA.RO.
Aten~, 5 de Marzo de 1897.

A mi juicio, la Qbra maestra de Wagner es laj~6n de
todas esas grandes craaciones sonoras. Es el ~onJunto y
no el detalle, la masa y no el fragmento.
Alli está eu obra.
De la producción inmenea de Wagner, desgraciadamente no conozco más que la últiwa, que escuché ochq
años Íi.á en la Scala de Milán, c(}n intérpretes sobreea•
lientes )! que dejó en mi espíritu una sensación extraña
y poderosa, el recuerdo de algo sobrehumano y di vino,
que _palpitaba en el fondo del alma y vibra toda\Tía en
el cerebro, como el eco de un arpa angélica.
La vida de Wagneres la •*•
odisea del genio.
El peleó como ?n condenado para hacer. {?rimar. en el
desconciertomueical del ·mundo, sus nov1s1mos ideales
artísticos; luchó en las sombras, solo, sin un soldado que
le ayudase á. saltar las barricadas1 hasta que logró imponer sil criterio estético.
Ese periodo de la existencia de Wagnertrae á la memoria Jale ye.a.da de aquel titán que trataba de arrancar
de sus brazos la férrea cadena que lo sujetaba. á la roca
maldita, ;para volar de un aletazo hasta el cielo.
Los pruneros trabajos fragmentarios del músico genial fueron silbados, y su autor befado y calumniado por
la turbamulta, que no llegando á comprenderlo, le decía
loco ambicioso y audaz, cuando no era si.a.o un revolucion~rio en el arte. Exactamente lo que acontece en la
actualidad li!erariacon la escuela modernista, que para
la mayoría es músü.:a wagneriana. No entienden de la miEa la media, y salen á pontificar periódicos y revistas
contra los decadentes, ein comprender que la escuela así
denominada, ha tenido, segtí.n Enrique Panzaccbi, en
Victor Rugo sus primeros indicios, y tiene ahora fuera
del grupo francés, inteligencias de primer orden, como
D'Annuncio, en Italia, y Eugenio de Castro, en Ponugal.
Pero \Vagner, que como todos los grandes artistas, tenía la conciencia de su valer y de sus fuerzas, continuó
trabajando en el silencio y en la obscuridad de su retiro,
hasta que se presentó con Lolumgriri, ee decir, con una
obra perfecta desde el pie hasta la cumbre, que fué ele·
vándose, Cual tenue luz, de los muros sombríos del cas~illo de Bayremh, hasta llenar el universo co11. fulgores ~e
incendio, arancando á la humanidad, atónita, en medio
de cien preocupaciones constantes, un sólo inmenso grito de admiración.

•*

General de Dlvisi6n S6stenes Rocha.

t

el míércoles ultimo.
(Véase nuestro editorial,)

INFORMACIONE;S CURIOSAS
COMO VIVE IBSE!'I

De un interesante artículo que un crítico inglés, Mr.
Sherard, acaba de pablícar en la revista Humanitarian,
tomamos estos datos acerca del famoeo dramatu~o no•
ruego Enrique Ibsen, al que túvo ocasión de estudiar de
cerca en su recieme viaje á Christiania:
Ibsen, según Mr Sherard, es peshnista en teoría y mi·
sántropo en la pr.áctica.
Busca la soledad, y manifiesta una profunda aversión
hacia los goces íntimos del hogar y de la familia.
No va jamá.i: á verá. su hijo, que es, por otra parte tan
misántropo y tan retraido como el autor de sus díal'.
Cuando el hijo se casó, el padre ni siquiera asístió al
matrimonio.
La única distracción de Ibseri. conf:liste en sus dos paseos cotidianos. Se dirige siempre hacia un café, entra
en él, pide los periódicos y se hace, servir una copa de
aguardiente y un vaso de cerveza. Coloca aquella á su
derecha y éste á. su izquierda, y bebe de ambos alternativamente.
Nunca va al teatro, ni á sociedad.
En una palabra, vive como un bongo.
Esta falta de sociabilidad extrai\a más en un país como
eo. Noruega, donde la gente es de lo más sociable y comuoicativa que se conoce; sólo puede explicarse por el
orfgen escocés del célebre eecritor.
En sus· conversaciones con Mr. Sherard-que no debieron de ser muy largas, dada la dificultad de sacarle
muchas palabras del cunpo-sólo se exaltaba y salia de
sus casi!Jas cuando el critico inglés le hablaba de la doctrina y tendencia de sus obras.
¡Pero si mis obras no tienen tendencia ninguna!-répetía muy agitado.
-¿Cuántas veces tendré que decirlo?
Es preciso que se convenzan ustedes de que yo en mis
obras no soy un profesor en su cátedra, sino un pintor
en su estudio. Yo no soy partidario de nada, ni mis comedias pretenden probar nada tampoco. Yo aspiro solamente á retratar la vida como la veo á mi alrededor. Vivo en Noruega y á loa noruegos saco á escena. Eso es
todo,
Y, pasada esta ráfaga de animación que enrojecía el
semblante de Ibsen, volvía el misántropo á su mutismo
acostumbrado.
LA DIVINA COMEDIA MUSICAL

Algunos afirman que la obra maestra de W agner es
Tannho.u.ser; otros, ÚB maR&amp;roa C&lt;mlores; otros, "JT'úitán ¡.
hofde; los rnás Lohengrin, bautizada en Italia con el postítulo de DiM,a comedia mu.s1f"al.

Antes que surgiera "\Vagner,• primaba todavía la melodía pura, las ca1&gt;alfttt., y los motivolf de la vieja «manera»
italiana. Meyerbeer trajo deepués á la música las leyendis del Norte y fundó el ecteptismo, hasta que vino \Vag•
ner, como enviado por Dios, con el mandato de cumplir
una misión providencial, y creó una nueva escuela, es
Elecir, fundó la melodía en el acompaii.amiento orquestral estruendoso y magno; la palabra con la nota musical; el diálogo uhabladou con la frase 11cantada,11 y de esa
armonía sonora surgió el udrama lírico,n haciendo saltar
los moldes vetustos en mil fragmentos, y produciendo la
revolución artística más grandiosa de este siglo.
Los espíritus bajos y perversos, que hiere.a. por la espalda, no cejaron por esto en su unoblenmisión, y á los
epítetos anteriores, que le habían prodigado, agregaron
un sinnúmero más para acobardarle en su empresa, hi·
riéndole en el alma y en sus sentimientos más delicados.
Lo llamaron 11cumpositor miserable,,1 «músico inepto,, y
«estropeador del arte.u
Wagner entregó al público desprecio á sus gratuitos
ofensores, probando tntonces que era de Ja talla de los
que se imponen ó sucumben.
Loheugrin quedó sepultado bajo silbidos en París, para
renacer en Bologua á. la inmortalidad.

•*•

C1,1ando se trace la historia musical de este siglo, se le
dará. á "\Vagnerel sitio:- de honor que le corresponde.
Es quizá el ejemplo más grande de fortaleza de alma,
de fé ~n los idealed, de constancia en el credo y de fir.
meza de rumbos que regi!tr11.n los anales del teatro, desde Sil génesis hasta nuestra época; y Lohengrin, la divina
comedia musical, vivird, mientras haya seres capaces ds
comprender y de eentir las cosas grandes, emocionantes
y sublimes; mientras haya amor y belleza, sueños y esperanzas, ilusienes y recuerdos¡ en una palabla: míen~
tras haya arte y artistas en el mundo.
Lms BERIESO.
COMO SE CASAN LAS INGLESAS

Todo el mundo sabe las pocas forma1idades que son
precisas en Inglaterra para los que quieren contraer matrimonio: una visita al Registro Civil, unos cuantos peniques de gasto, dos teetigos y pocos papeles. Pero ea menester examinar de cerca estas costumbres para darse
cuenta exacta de la libertad que encuentra la mujer en
Inglaterra.
En el mes de Enero último, dice el articulista que nos
comunica tan curiosas noticias, entré en una papelería
para hacer varias compras, y la hija dei comerciante me
mdicó que volviera dentro de unos días, porque no tenía
en aq11el momento la clase de papel que yo necesitaba.
-Bien, volveré la semana próxima.
La señorita del mostrador vaciló un poco, y al fin contestó:
Es que yo no estaré la semana próxima, porque pienso
caEarme mañana ..... pero le ruego á usted que no diga nada ,t mi padre, porque aún no está prevenido.
Y era verdad. Al padre le dió la noticia el novio mismo, momentos antes de ir á casarse, en estas ó parecidas
palabras:
-Me caso con su hija dentro de una hora. Ella no qui.
so de.cir á _usted nada, temien_do que usted se opusiera al
matnmomo...... Todo está dispuesto, y los testigos nos
aguardan abajo en el coche, y puesto que ya.es inevita•
ble, debía usted ponerse la levita y asistirá la ceremonia;
Eerfa lo más conveniente y lo más correcto.

�216

DOMINGO 4 DE ABRIL DE •S~7

F.L MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

Y el padre se puso la le vita y asistió á la ceremonia,
porque esto era lo más correcto.
En la lglesia de Saint l\fartin's Cbu rch, ocurrio un enlace qne no sorprendió á. nadiei sino qué, por el contrario, mereeió la aprobación ·unánime de todos los concurrentes Casá.base una muchacha de veintiún años, y en
el momento en que el sacerdote preguntó, según la fór•
mula acostumbrada:
-¿Quién dá esta mujer á este hombre?
La joven, llamada ro.isa Echel B ......... impidió á. su padre que contestara, y le dijo solemnemente al cura:
t"',-Nadieme entrega al hombre que yo he escogido; me
doy yo misma. La pregunta que usted ha formulado pertenece al tiempo. Por fortuna ya ha pasado aquel en que
la mujer eraconside1ada como una cosa, como una esclava, de quien sus parientes podían disponer á su antojo.
Si yo no consintiese en unirme á. mi prometido, no babrfa fnerza humana que pudiese obligarme. Le ruego,
pues, á mi padre respetuosamente, que se abstenga de
contestar, y yo le respondo á usted, ya que usted me lo
pregunta, que me doy yo misma, por mi sola voluntad,
al hombre que está aquí á mi lado.
El cura se inclinó sin decir una palabra, creyendo la
escena terminada, pero al preguntarle á miss Eche! si
prometía respeto y obediencia á. su marido, la miss volvió r'i tomar la palabra:
-- Si no lo respetase no estaría yo aquí: y continuaré
respetándole mientras· tanto que lo merezca, pero no
prometo odedecerle: acepto un esposo, no un duef'io.
El novio no hacía más que ~onreirse y callar. Al día
siguiente los periódicos de Londres contaban el hecho
sin hacer comentarios, y como si se tratara de la cofa
más natural del mundo.

UNA PARABOLA DE TOLSTOI

En el Potchine Eboi:nih, la revista moscovita que aparece
una sola vez al año, ha publicado en estos días el conde
Tolstot ttes parábolas exquisitas. Ofrecemos hoy á los
lectores de EL MUNDO, una, 1a más breve, pero no la
menos significativa y bella de las tres. En ella el pensa•
miento de Tolstol refleja en puras formas de arte su concepción cristiana de la vida:

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Dique flotante de Tla c otalpan, inaugurado últimamente.

g11ardaba el trono del gran Mogol dé Delhí. Durante largo tiempo, se creyó que el primero era simplemente un
trozo de criAta.l; Por úttimo, un mercader armenio llamado Lasaref adivinó su inmenso valor, lo compró y con
peligro de su vida lo llevó á San Petersburgo para ofre•
cerlo á Catalina II; l)ero la Czarina creyó exagerado el
precio que pedía Lasaref, y despidió al mercader armenio, que partí{&gt; para Amsterdan .. Allí el conde Alejo Orlof pagó por el diamante más de 2.000,000 de francos, lo
hizo tallar y lo envió c_o mo regalo á Catalina II, conce~
diéndole al mis.no tiempo cartas de nobleza á Lasaref y
una renta auual de 2,000 rublos. El Orlof pesa 199 quila•
tes y¼, ó sean 8 quilates más que el Kohi·Noor.

Sellos.
Pocas son las personas que aquí conocen todas las clasi;,s de sellos que se usan en Estados U nidos.
Los hay desde uno á diez centavos, siguen los de quin~
ce, saltan á cincuenta, y pasan luego á uno, dos y cinco
peeos. Los de estos dos últimos precios apenas se usan y
puede decirse qae los coleccionistas de sellos son las personas que más los emplean en compras, cambios y ventas.
ExisWn además los sellos de periódicos, que no se venden al público1 y ni aun á los edit.ores 6 publicistas, y &amp;e
emplean solamente para. cubrir el porte pagado de los
diarios, uniéndolos á la matriz del recibo que se da á la
empresa remitente. El precio de aquellos es desde un
centavo hasta cien pesos.
Cierran· la lista los sello3 para remisiones especiales y
los empleados en balancear diferencias de menos en porteos deficienl:.t;:'s.
La reserva á mano es bastante para cuanto.a pedidos se
hagan, pues exist,en hoy en dep6~'.to 230.000,000 de sellos
y los talleres en que se hacen, trabajan continuamente
para suplir la creciente demanda. Calcúlase que al Gobierno le cuesta cinco centavos cada millar y el noventa
por ciento de los vendidos son de á dos centavos.
LA MUSICA EN LONDRES

Los periódicos rusos, enumeran y describen laa iosigcias imperiales que se enviaron de San Petersburgo á
Moscou para las fiestas de la coronación del Czar; la joya
principal es la corona, que se ejecutó según un modelo
bizantiao, estimándose su valor.en más de 5.000,000 de
francos. Se compone de dos partes que simbolizan el
imperio de oriente bel de occidente; en medio se levanta un esplendido ru í en forma de pera, que tienen fijos
cinco día.mentes, figurando una cruz. Esta maravillosa
obra de orfebrería, la encargó Catalina II cuando subió
al trono, siendo un ginebrino llamado Jeremiae Pauezic
el joyero imperial que la ejecutó.
'
El cetro que el czar Pablo encargó para el 5 de Abril da
P,e 1897, día de su coronación, es aun más notable. Su
valor proviene especialmente del magniñco diamantie conocido con el nombre de Lasaref ú Orlof, siendo muy
curioea su historia. El Lasaref y el Kohi-Noor, son dos
diamantes que formaban los ojos del león de oro que

Una bomba.

La bomba que el anarquista Panwels arrojó hace más
de dos afios en 1~ iglesia de la Magdalena en París, no fué
funesta solamente al autor del atentadll.
La. sacudida causada por la detonación fué tal, que el
célebre órgano se descompuso.
Los trabajos de restauración acaban de ser terminados
y su importe ascendió á la respetable suma de veinticuatro mil francos.
Notas é impresiones.

No se debe gastar más de lo que se gana; ni aun todo
lo que se gana.
La economfa es la. pre visión.
Lo que la hormiga hace por instinto, hagámoslo por
razón .
No hay p~queflas economfas.
Los arroyitos hacen los grandes dos.
Todo préstamo es una pérdida, todo ahorro es una ga..-.
nancia.
No dejéis ese ahorro para mañana, lo podréis hacer
ahora,
La religión es el primer .freno del hombre¡ la sabi•
duria no es más que el segundo.
M. Ch.
Las mejores frutas son la,1 que han sido picadas por los
pájaros; los hombres-miis de bien, son aquellos en quienes
se ha cebado la calumnia.
Pope.
La verdadera compasión es una limosna más preciosa
delante de Dios, que la del oro y la plata¡ porque dando
nuestros bienes damos lo que es nuestro, y dando nu~stra compasión, nos damos á nosotros mismos.
San Grego-rio.

Joyas rusas.

U ria estadística levantada sobre los lugares de recreo
eLt Londres, los calcula entre 550 y 600, siendo de éetos
má"' de 450 musicales. En las otras ciudades de Inglaterra el número asciende á 1,300 de los que cerca de 160 son
destinados á conciertos.
Los teatros en Londres llegan á 50, y en las otras ciudades de Inglaterra á 200. Los salones de concierto en
Londres son unos 30, mientras en el resto del pais llegau
á la enorme cífra de 1,000.
Muchos de estos sirven también para representaciones
teatrales y al mismo tiempo de capillas y punto de reuniones poUticas.
El capital invertido en Londres en sitios de diversiones, efJpüCO mellO!fd&amp;·4" millones de libras, sin contar el
Palacio de Cristal, el Albert Hall y otros.
Hay empleadas en esos establecimientos más de ló,000
personas, adem.áa de otras que lo son indirectamente.
Los teatros y salones de conciert.os en Londres tienen
capacidad para medio millón de espectadores.

············"··••························· •
... i~~~~:~~~~~-¡~·-~¡~~~ me
ha ocurrido cuando he ha-

blado en favor de] precepto del Evangeli?, qu~ recomienda no oponerse al . mal con la v1o~en~1a. Por
Cristo ha sido formulada dicha regla, y sus d1sc1pulos la
han repetido después de él en todos los tiempos y lugares. P~ro sea que no se l1a reparado en ella, sea que n.o
se la ha comprendído, 6 sea, por úJtimo, que ha parecido dificil conformarse á ella, lo cierto es qne cuanto más
tiempo bapasado, más ha sido olvidada, y más él arre·
glo de la vida de los hombres se ha alejado. A t.al punto
se ha llegado que dicha doctrina se ofrece hoy :l los ojos
del mundo c~mó algo ,1t1eyo, desconocido, cuando
imensato y extraño.
)le ha sucedido como al viajero que recordaba á los

Cuando la fortuna eleva á un hombre de repente, si el
afortunado es néoio, se yeriue; si es sabio, se inclina.
Emiqu.e Boucher.
Si los malvados eupiesen lo ventajoso que es ser hombre de bien, querrian serlo aunque sólo fuese por espe•
culación.
Franklin.

El cuerpo es el instrumento del alma, y el alma es el
instrumento de Dios.
Plviarco.
Ea preciso merecer las alabanzas, y huir de ellas.
Fenelón.

ACUARELA

•
Cae la tarde.
.
El cielo parece un mornico inrueneo que irr»;dia luc1 s
vacilantes sobre lae aguas óel higo, Bpt nas uzadas ))l r
brisas de primavera.
.
Lirios y azucenas, mala Cares y v10IE'tas derra~an rn
aliento virginal al ledo rumor de la fuente, que dice, CIJ·
mo en snefios, ·una pfeg~ria de amor.
Los azulejos cantan en la en?iesta copa del ~amán; en
el viejo bucare se mecen los nidos de los turpJales, y el
colibri bueca su abrigo jwlto á la encendida flor de 101::1
granados.
1-;s la hora de las gasas de fuego en las lejanías del horizonte y de los penachos de neblina sobre la desnuda
cresta de las montañM.
La cerca de los piñonea está recién J?Odada; y tr~s ella
ee extienden los gamelotales, verdes 1:nempre al humedo
beso de la laguna.
El toro muje y escarba en ~edio ú. su serrallo, y e) corcel ID·
dómito-de crin hirsuta y lomo
brillante, ajeno á todo ultraje
humano-preside altanero la yeguada, mientras la oveja bala en
el alar del cobertizo.
Ella esti.í bajo la parra, negligentemente et-ntada en su mecedora de juncos.
Sot.rel:!l fondo carmesí de la elegante falda se destaca la blancu ·
ra de armiño de los encajes, que
hacen como de búcaro de espumas al marmóreo seno y al cuello de cisne.
El pelo negro baja en ondas eo·
bre la c11rva frente: la sejaarquea·
da arroja tonos crepusculares eo. bre el ojo rasgado y negro como
las parnparas; bajo la nariz judía,
el somosado Jabio Se contrae al
soplo de leve sonrii.a, dejandoelftrever dientes de perlas .
Como la brisa. en las soiíolientas aguas del lago, aletea en su cerebro un pensamiento que-álas
indecisas claridades de la tarde-·
vaga inquieto del tierno niíio que
calienta en el regazo al apuesto
cazador cuya .figura de H(;rcules
comienza á contornearse bajo las
palmas de la entrada.

•'• vieron que la cizaña
Los propietarios de un prado
crecía en él, y ocurrióseles que era lo mejor para extirparla ségar sus tallos, con lo cual, naturalmente, vo~vió á
crecer la cizaña con más vigor que antes de la siega.
Pero un propietario vecino, de mucha prudencia y sabiduría, al viSitar á los dueiies del prado, dió á to_dos mu&gt;:
útiles consejos, y entre ellos el de no segar la cizaña, si
es que se quería evitar que iee propagara par si mii:;ma,
y que en cambio, la ¡irrancasen de ra1z.
Los propietarios del prado,
DAMAS MEXICANAS.
bien sea porque entre el número de instrucciones reciQidas del
buen vecino no hubiesen repaTa·
do en la relativa á la necesidad
de extirpar, arrancándola de cuajo, hL cizaña, en luga'" ae segarla;
sea que no llegaran á comprender
,este consejo1 ó que los cálculos
personales impidiesen aceptarlo¡
lo cierto es que siguieron eegando
la ciza.ila y consiguiendo por lo
tanto, que con mayor fuerza se
rnultiplicase.
Eu el curso de los años siguien·
tes, no faltó más de un hombre
.que recordaee á loe dueños del
1m1du el consejo del prudente y
buen vecino; pero quien tal hacía no era escuchado, y tan poco
caso ee le hacía como ci nada. estu\'iese ocurriendo.
\"inf"I á suceder de esta suerte
.qne t-egar la cizaña desde el mo·
ruen10 en que aparecía fué no so•
lo un hábito, eino una tradición
eagrada con'locualelprado llegó
:t estar~ada vez más enfermoé in·
vadido.
Llegó el día en que no hubo en
-el prado más que cizaña. Los propit:tarios de él gemían por tal
causa, ingeniándose para enconLlega! Ee él 1
trar el remedio de situación seLoS" lebreles l_e preceden jadeanmejante, que, sin e~bargo, era
tes, y cuando el viejo mastin le
uno, nada más que uno: el señai.aluda con l:lUS roncos gruñidos.
lado por el vecino sabio y justo.
despiert~ el niiio y le consagra
l'ero nadie lo usaba.
una sonriea; tiéndele sus maneSucedió, por último, que entriscitas sonrosadas, y evoca en su
tecido un caminante al advertir
i nocenciaun mundo de recuerdos,
la perdición del prado, bmcó 1~
t.lt, esos que parecen perdidos en
inetrucciones dejadas por el \'ec1las horas de lucha, que brotan eu
no sabio y b~eno, todas las cna:
loli! instantes de las supremas sa•
)es estaban olvidadas, por ver s1
tisfaccionee.
babia entre ellas alguna con que
•. Venid, venid, oh tardes de pripoder remediar las causas de la
mavera! con vuessras gasas de
aflíccion genQ.J'al. Descubrió la
fuego en fas lejanías del horizon·
,que decía que no era necesario
te, y vuestros penachos de 11ebli ·
Eegar la cizaña, sino arrancarla
nas en la desnuda cresta de las
de raíz. Declaró pues, á los duemontañas.
ños del prado que habían sido
imprevisores y que de mucho
)1. Y. RoMERO GARCÍA .
tiempo af.rás babian sido advertidos todos contra dicha imprevi·
sión.
Pero en vez de comprobar lo
que este hombre dec1a, para que,
CARICIAS MUERTAS
eo el caso de que fuera exacto no
segar más la cizaña, 6 demostrar·
Sin odio, pues. queridas mía~,
le, 1¡&gt;or el contrario, que e1:ttaba
y aunque algunas de vosotras me
eqmvocado¡ e.o lugar de acepta'r
habéis parecido livianas criatusin molestia la máxima ofrecida,
ras, cuando llega el día de visitar
los duenos del prado resolvieron
á los muertos amados, consolado
,en su mayor parte declararse
por mis lágrimas sinceras, tejo
ofendidos por la apelación que á.
pii.ra l'OSOtras, ~oo flores frágiles
la memoria y doctrina del anticomo l'0sotras mismas, ef,meras
guo varó.o justo había hecho el
coronas, poniendo en ellas, no
viajero, y, conformes en esto,
siemprevivas, eino lirios blancos
empezaron á. lanzar contra él
como vuestras frente!, sin 8angre
toda especie de invectivas y de
que las colore, y rosas encarnaofensas.
.
das como vuestras bocas, sin beDecían de él que era vrgulloso,
sos que las avive, y lilas de otoque se imaginaba ser el único
:ño, veleidosaa,y delicadas como
Señora Beatriz Redo de Zaldivar. (De fotografía Valleto.)
.que había comprendido las insvuestras virtudes sin realidad:
trucciones del antiguo vecino.
~o meno~preciéis estas ofrendas de un obstinado con
Otros aseguraban que el viajero era u.a. falso intérprete, duefios de] prado la prescripción antigua del vecino jusun traidor y calumniador presuntuoso. Presintiendo los to, en virtud de la cual no debe ser segada la mala yer- ·rns recnerdos en el tumulto de la Tida. El bagage de la
demás que no había dicho nada de su cuenta, sino que ba sino arrancada de raiz. L)s dneños del prado han mía, el fardo lijero que durante ella arrastro, compónese
,eimplemente habia recordado los consejos de un hom· oc~ltado maliciosamente que en dicha regla se establecía de vuestras deliciosas mentira.s de antai'io de la memo•
bre estimado de todos, afirmaron que er&amp; un individuo no que la ciuüla no fuese &amp;estrui~a, si_no que era mene_s- ria. fiel á. vueatr.1.s carnes infieles, de todo fo vuestro que
perjudicial, que tan solo deseaba ver multiplicada la ci- ter no destruirla de una manera 1rracLOnal. Dd propio encantaba la juventud de mis sensuales fervores. ¡ Adiós,
zaña, demaoeril. que el prado quedase perdido para siem- modo cuando he afirmado que para destruir el mal es amiguitas mías! Si noa encontramos un día en otro munpreciso conformarse al precepto de Cristo, que nos en- do, que no sea mejor qne e~te que vivimos; porque fu~pre.
mos aquí completame11te dichosos, vosotras, con la. feli-•Pretende-dPCian--que no 'Co.oviene segar la cizafia; seña no oponerle la violencia, sino extirparlo por el amor,
:pero, de no destruirla nosotros, se multiplicará hast.a el se ha exclamado: -aNo escuchem:&gt;s á este insensato, que cidad de vuestras perfidias: yo, con el encanto de mis
rnfinito; y entonces, ¡adiós nuestro prado! Es maravillo- nos induce á. no luchar con el mal 1 precieamente euando ilusiones, cuyo postrer perfume sube todavía de mi alma
á. vue-EZtros pies, con el ramillete de dulces quimeras cuso creer que éste nos ha sido dad0 para que propaguemoa el mal nos eEtá ahogando.•
Y loa hombres oontinúau tranquilamente, con el preyos últimos pétalos revolotean alrededor de vueetras
la ma-l.a yerba.
•
texto
de
destruir
el
m_al,
reproduciéndolo
y
multiplicánimágenes ¡¡jn vidB.1 en la caricia del viento otoñ.al.
Con la peor intención olvidaban decir que de todo ha·
ARMAND SrLVESTRE.
dolo.
bia hablado el viajero menos de .no destruir la cizaña,
habiendo sólo afirmado que debiera ser arrancada de
raíz en lu~ar de ser segada.
LR opimón de que el caminante era un insensato 6 on
¡Qué formas de belleza soberana
intérprete mentiroso, ee afirmó de tal manera, que ya no
modela Dios en la escultura humana!
se oyeron contra él más quein}urias, contestándose con
C,\ l!POA.l[O x.
el ailencio :l las explicaciones terminantes que él ofrecía

"º

Conocimi'entos útiles para los hombres de trabajo.

Abono: para el cultivo de hortalizas es conveniente el
empleo de abonos líquidos, puesto que se desean obtener
productos intensoe y dpidos, ayudando para ello el suelo con la reposición abundante de las pérdidas sufridas
por la producción.
Los abonos sólidos duran más tiempo, pero en cambio
no suministran con tanta abundancia principios fertilizantes al terrenoá.que se aplican. Se obtiene un abono¡¡.
quido, especialmente para coles, pepinos, melones, cala•
bazas, lechug&amp;s, etc., con excrementos descompuestos de
gallina, disueltos en agua comtín, con lo cual se regarán
)as plantaciones de las huertas.
-lle aqui un·método muy sencillo para conservar los
melones.
Para la fruta tardía, se les corta cuando aún no han
Jlegado á. madurez completa; so les frota ligeramente con
un trapo y se colocan durant~ dos días en un sitio seco.
Después se llena µ.na bairica con ceniza, !impía de todo carbón. En esta ceniza so ponen los melones, tratando de que estén completamente cubiertos.
Teniendo cuidado de qut:i no se hielen, ee tendrá melo•
ues en J&gt;erfecto estado el día que se quieran comer ó ven der casi tan buenos como recién cortados de la planta.
-Las hojas de geranio tienen la propiedad de curar
prontamente las cortaduras, quemaduras y rasguños de
todas clases.
Se toman una ó más hojas de esta planta y se trituran
sobre un pedazo de género: luego se aplican sobre la herida.
La hoja se adhiere fnertemente á la piel, junta las carnes y cicatriza la herida en poco tiempo.
-El cerdo es, á pesar de su fama, un animal muy aficionado á. la limpieza si se le deja en libertad para bus•
car los medios de no vivir t:intre basura. L3. paja que se
le pone por lecho se debe renovar con tanta frecttencia
como la de los caballos y la de las vacas. Los alimentod
que se le dan, deben ser sanos y nutritivos, y á ellos debe agregarse agua limpia para beber. También conviene
procurarles un sit;o con agua -para bañarse cuando hace
calor, y observando todos estas reglas, bien sencillas por
cierto el que los cuide tendrá el gusto de ver que sus cerdos engordan pronto y más que los de sus vecinos que los
tienen abandonados, y además la manteca y la carne de
los primeros tendrá. un sabor mucho más agradable.
-Se emplea el ácido bórico con éxito extraordinario
para el endurecimiento del yeso, que, tratado de un tierno modo por este producto, obtiene la dureza de la piedra.
Para obtener ese resultado se junta por medio de un
pincel con tri borato de amoniaco el yeso reciente¡ también se puede amasar el yeso mezclándolo con el ácido
bórico disuelto en agua, ai'iadiéndole la cantidad de amoniaco conveniente para formar el triborato de amoniaco.
Al cabo de dos ó tres días el yeso de este modo tratado
es inatacable por el agua y de una dureza igual á. la de la
piefüa.

asegurando que la destrucción de la cizafia era eethnada
por él como uno de los principales deberes del ?uefio ~e
la tierra aunque comprendía que esta destrucción deb1a
entende'rse como el vecino sabio y justo la entendía . .

l:

•

�/,

EL MUNDO

ªª

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

•

lJN JlJGADOR

.--Al salir del teatro entré en el Círculo y me entretuve
hasta muy tarde ante la mesa del baccarat, mirando el
juego y montado en el respaldo de una de esas sillas
alias para uso de los jugadores que no han encontrado
sitio aoteel tapete syerde, 6 de los siniplt::s curiosos como
yo. Ern aquella, como se dice en el lenguaje del club,
una hermos_a partida. El banquero, Ut1 joven guapo, con
traje de :mirée y con una gardenia en el ojal del frac, llevaba perdidos unos tres mil luises¡ pero en su radiante
:fisonomía de vividor. de veinticinco años, no se nomba.
la menor emoción. U nicamente el lingulo de aquella boca que pronunciaba. las sacramentales frases; «Doy ....... .
En carta3 ...... Bac ...... Aquí está el punto ...... ,, no habri&amp;
mascado tan nerviosamente una pu uta de cigarro apaga•
do, si el frío frenesí del juego no le hubiera oprimido el
corazón. Enfrente de él un sujeto de cabellos blancos,
jugador de toda la vida, hacía de sotabanquero, y manifestaba sin hipocresía sn mal humor contra la mala sombra que de tirada ea tírada iba disminuyendo el montón
de .fichas y tantos colocados delante de sí. En cambio,
el má.s ale~re regocijo iluminaba el rostro de los puntos,
que seataaoa en derredor de la mesa, extendían sus
puestas, y m1rcaban en el papel con la punta del lapii,
las alternativas de la apuesta, ese «espíritu de la tallan
en que los menos supersticiosos no pueden dejar de creer
en cuanto tocan una carta. Hay ciertamente ·en él ea•
pectáculo de toda lucha, aunque sea la de un siete con
nn ocho y de un rey con un as, no sé qué de fascinación
que interesa profundamente la curiosidad, porque allí
eatá.baq1.os cincuenta personas alrededor de aquellos jugadores, siguiendo los lances de la partida, •sin parar
mientes en Lo avanzado de la hora. ¿Qué filósofo expli·
oará ese fenómeno, esa inercia de la madrugada, que iumoviliza en Pil.rís á. tanta gente, no importa dónde, pero
siempre fuera de sus casas, donde descansaría del trabajo y de las di versiones? Por mi parte, no siento haber
cedido a9-uella noche al encanto malsano de trasnochar,
porque e1 me hubiera retirado cuerdamente á la hora regular, no hubiera encontrado en el saloncillo en que se
cena, á mi amigo el pintor Miraut, solo ante su mesa, en
disposición de beberse una taza de caldo¡ no me hubiera
propuesto llevarme en su coche á. mi casa, y no le hubie•
ra oido referirme un caso del juego que á la mañana siguiente escribí, lo mejor que pude, dándome él su autorización para ello.
-¿Qué diablns estaba usted haciendo en el Círculo después de las doce-me preguntó-puesto que no cenaba
UBted?
-Est.aba mirando jugar-le reepondí-he dejado en
buen camino al mocito Lautrec. Perdia en los sesenta
mil ........ .
El coche se ponía en marcha al pron.unciar yo esta
frase, y veía de perfil á Miraut que encendía su cigarro
con aire de Francisco I (el Francisco I del Louvre, pintado por Ticiano) aire que sus cincuenta años bien cumplidoE han amplificado, dando también realce á. su hermosura. ¿No es bastante singular que con sus hombros
de lansquenet, su anchura de espaldas y su sensualidad
refinada, casi glotona, este gigante siga siendo el más especial de nuestros pintores de flores y de retratos de mujeres? Cmviene añadir que de aquel pulmón de gladiador sale una voz de UJ'la dulzura musical, y que las manos que yo examinaba de nuevo, mientras aosten:ía Ja
cerilla yel cigarro, son de un~ finura imcomparable. Sé,
además, por experiencia, que eate aold.adón tiene un coraa:ón excelente, y así no me chocó mucho Ja melancóli•
ca confidencia invo1unt.ariamente provocad.a por mi frase
sobre el juego. Afortunadamente tuvo tiempo bastante
para contarme el caso muy por menor. A medida que
nos acercábamos al Sena, la niebla se iba haciendo más
espesa, y nuestro carruaJe avanzaba al paso, en tanto que
mi compafiero daba rienda suelta al recuerdo de la. hie-

toria, ya antigua, queme iba refiriendo. Algunos agen·
tes de policia andaban de acá para allá con antorchas en·
cendidas: otras brillaban en el á.ngtilo del puente que
atravesábamos, colocadas al rape de las piedras, por don·
de corría un arroyuelo de resina encendida. La fantásti·
ca silueta de los otros coches que se cruzaban con el nues·
tro en aquella niebla acre, casi negra, desgarrada á trd•
chos por las móviles luges, aumentaba sin duda la impresión del pasado, que se apoderaba del artista, porque su
voz se iba haciendo más dulce y más débil á medida que
se alejaba en espíritu más y más de mí, q,ue le interrumpía. lo preciso para excitar sus re~uerdos.
-Yo,:-empezó á. decir-no he jugado más que dos ve•
ces, y, ¿me creeréis? hoy ni siquiera puedo ver jugar ......
Hay algunas horas, ya aabeis, de esas en que uno no tie•
ne los nervios bien templados, en que lavi1tasola de un
naipe me obliga á salir del cuarto ....... ¡Y es que ¡ayl de
esas dos únicas partidas conservo tan terrible recuerdo!
-Quién no las tiene de esa clase?-dije.-¡ Y yo que
estaba presente cuando nuestro pobre Paul Da.rieu trabó
cuestión en este mismo Círculo de que ea.limos, por una
jugada dudosa, y luego su.rgió a 1uel absurdo desat:ío,
acompañándolo al cementerio á los cuatro días de haber·
le estrechado la mano delante de estP. tapete verJ.e. Siem ·
pre hay algo de tragedia al rededor de las cartas, de los
crímenes, de las deshonras y de los suicidios. Pdro todo
esto no impide que se vuelva á reincidir, como se vuelve
en!Espafía á las corridas de toros, á pesar del despanzurramiento de los caballos, de las herida:1 de lo! picado•
res y del asesinato del toro.
~nvenido-dijo Mirant-pero no debe ser uno mis•
mo la causa de esa"I tragedias, y eso es lo que á mi me ha
sucedido en circunstancias bien sencillas, P~ro cuando
os lo haya referido, comprenderéis por qué la más insi~nificante partida de besigue me infunde igual escalofno
de horror que sentiría al oir una detonación en el campo
un hombre que hubiese dado muerte á alguno ror descuido al limpiar una arma. Era precisamente e año de
mi entrada en el círculo, en 1872, que fué también el de
mi primer triunfo en la Exposición ......
-Vuestra Ofelia entre lWjflores 1 me parece estarla viendo. Bien recuerdo el ramo de rosas amarillentM junto á
la rubia cabellera, rosas de un amarillo tan pálido, tan
delicado, y !µego sobre el corazón aquellas otras rosas
obscuras, como manchadas de sangre......• ¿Quién tiene
ahora ese cuadro?
Un banquero de New York-contestó el pintor dando
un suspiro-que ha dado por él cuarenta mil francos.
Yo le vendí en mil quinientos en época en que ........•
Claro, todavía no era yo el artista ofortunado de quien
vuestro alter ego, Claudia Larcher, 'decía maliciosamente:
«Dichoso Miraut, cuyo oficio consiste mirando todo el
día. á una americana, lo cual le produce quince mil francos!. ..... i, Dicho sea entre nosotros¡ pero podía haber hecho sus juegos de palabras á costa de otros, y no de sus
antiguos amigos .... En fin, Dios le haya perdonado.Pero si os hablo de dinero-afi.adiótocándome en el brazo, porque conocía que iba á contestar defendiendo la
memoria de mi antiguo amigo-no vayais á creer que es
por realzar el valor comercial si,e mis obras; no. Es sólo
porque esos mil quinientos francos tienen relación con
mi aventura. Fijuraos que yo no había tenido nunca
reunida una cantidad igual. Mis principios han sido tan
penosos! Llegué á. París con una subvención de mil fran~
coa que me pagaba mi pueblo, y con esa suma ó poco más
be tenido que contentarme du.rante seis años.
-He conocido esos apuros-dije yo-pero por poco
tiempo, ¿Comía usted, como nosotros, en casa de Poly•
doro, calle de Monsieur-le-Prince, donde por diez y ocho
sueldos se lograba ahriorzar? Cuando encuentre usted á
Jaeques Molan y Ue aburra con sua historias mundanas y con las elegancias de su próxima novela, háblele
de esa repostería, y antes de cinco minutos quedará. usted libre de él.

-'Nosotros habíamos resnelto el problema por medio
del fal~nsterio, repl!có el pinto~¡ algunos cornpañeros y
yo hac1amos la cormda en comun. La amiga de uno de
nosotros1 que había sido cocinera. ( tales eran nuestras
eleganci~,) nos guisaba las dos comidas diarias por cuarenta y cmco franco~ al mes cad.a uno, El cuarto, quince
francos: nada de criados; yo mismo me hacía la cama
Total, sesenta francos para lo pr~ciso .. Estaba. desarrapa~
do como un ladrón, pero no sabia lo que era 1r en ómnibus. Mi_s compañeros vivían _como yo y no ha ido mal.
Allí esta?a!1 el escultor T11rd1f: Sucre, el pintor d€ animales; R1v1as, el grabador, y por :fin, el mejor dotado de
todos, el cantinero de nuestra cintina, como le llamábamos, Ladrat ........ .
-¡L'ldrat, Lad~at!-dije yo evocando mis recueraosyo conozco ese nombre.
-Le habréis leido en los perió:licos-signió diciendo
Miraud, cuyo rostro se nubló-pero voy á ello. Ese La•
drat, que se llevaba todos los premios de estudio en la
Academia, era ya entonces víctima del terrible vicio de
la b~bida.. En la vida ~em~iado libre que llevábamos,
sem10breros, y en contmuo roce con modelos y traltajadores, estábamos expuestos á muchas tentaciones. y desde luego á ésta. A L'.ldra.t le había dominado. Tengo que
deciros esto para que no me juzgais dentro de un momento con demasia·la severidad. Aquel triste hábito le
impidió ganar la pensión de Roma. De tal manera se al•
coholiz6, qU:e acabó de cualquier modo una composición
que había empezado magistralmente! En una palabra
en 1872 era el único que habflc\ continuado en la vida d~
bohemio de la más baja estofa. Había llegado á. ser lo
que llamamos un .Petardista, ? sea. d.e un hombre que hallamos de _estudio en e~tud10, p1d1enrlo prestado cien
sueldos aq_u1¡ mayor cantidad allá, siempre con deliberado propóa1to ~e no pagarlos en la vida. Y los de este gé•
nero duran muchos años.
-Por lo menos daba las gracias con algún irumlto-repliqué yo-como ese Lagrimandet que conocí y que nun•
ca iba á casa de Mar~u~l sin pedirle algo para la capillita
(eraª?- fórmula) Y.sin msultar.le en seguida para salva•
guardia de a~ dignidad. Un dia le encontró disponíén•
do.se á cor~g~r las J?ruebas de un artículo que iba á publicarse. P1d1ó su limosna, y Andrés se la dió. ((Caballe•
ro-le dijo, metiéndose en el bolsillo' la moneda de plata-¿queréis conocer si un escritor tiene talento? Pues no
teneis ?J-á.s ci.ue av~riguar si 11:c.iben su original en una
redacción. 81 la reciben, está Juzgada· es una medianía
Adioa ...... Ahí tiene usted un pobre m'odelo.
·
-No-dijo. Miraut-no era ese el género de Lad.rat.
Daba las graci~, se echaba á llorar, juraba que trabaja.
ría y luego se iba al. café y se envenenaba con ajenjo. En.
tonces le daba vergue1;za y no volvía á presentarse en
muchos dí~. Sus pedidos, por o~ra parte, era insignificantes; casi nunca pasaban de men sueldos. Así ea que
me extrafió mucho una tarde al encontrar en mi casa
una larga carta suya1 en que me pedía nada menos que
doscien~os francos. Hacía más de seis meses que no le
había visto; y me contaba en ella que todo ese tiempo
había estado lucha~do ?ºn ~u vicio, que no había bebido, que había querido traba.Jar, que sus fuerzas le habían
vendido, q~e su mujer estaba enferma (seguía viviendo
con 1a cantmera); en fin, una de esas cartas de mendigo
desoladoras, cuya lectura le deja á uno disgustado.
•
-Cuando se les dá crédito-dije yo-porque á. ios diez
años. de vivir e~ París ha recibido uno tantas epístolas
~meJantes ... y 81 entre el montón hubiera aiqniera dos
smceras ..... .
-Más vale exponerse á. que le engafien á. uno todas las
demás veces, que dejar de atender á esas dos-replicó el
pintor.-for ~tra parte, en aquel momento no puse en
duda la 1:nnce~dad de Ladrat. Quiso la casualidad que
aquel día hubiese yo cobrado los mil quinientos francos
de la Ojelia. En mis asuntos de dinero siempre he sido

muy meticuloso. Yo no tenía .deudae1 y guardaba en mi la mala suerte. Porque existe. Ya conocéis la célebre
frase: «En el juego, después del placer de ganar~ hay
cajón una cantidad igual.
Tenía instalado mi PStudio y provisto mi guardarropa el de perder.n No encuentro otra frase para exphcaro.:t
para todo el año. Me acuerdo que hice de memoria el ba• esa especie de ardor eropoosofiado, esa mezcla ~e ~pe·
lance de mi situación económica al tiempo que cepillaba ranza y de desesperación, de cobardía y de encarn1~am1enmi gaba.n para ir á uno de mis primeros convites de EO· to. Se cuenta. con dominar la ~ala suert:e, Y se tiene la
ciedad ur.a de esas comidas detriuafador áque se va con seguridad de que se ealdrá vencido. Se pierde la facultad
un ape'tito de maestro de escuela y con un amor propio de de raciocinar y se hacen puestas que se sabe no son abestudiante. Se tieoe igual fe en la autenticidad de loe vi· surdas. y la: ganancia corre, primero laa ficb&amp;3 luego los
nos que en la Eoinceridad.de los elogios! Comparé mi si• tantos ~ncaroados, los blancos, y se fir~an nuevos I?agatua~ión con la de mi antiguo compañero de barrio, y tu- ré:¡. Después de haber tenido durante diéz ~ños seg~dos,
ve uno de esos impulsos generogos tan propios de la ju- el valor de mirarme antes de gastar los ve!n~ centun~s
ventud como la flexibilidad y la alegría. f'ogf diez luises, de un tranvía, como yo hice, se juegan quimentos y mil
francos sin vacilar.·Pero voy á. haceros el resumen de todo
los metí en un aobr~. escribí las seüas de L'1drat y luego
llamé á mi portero 8i es:t1: bomb!"E' _hu bies~ estado allf, ell dos palabras. HHb1a entrado_ en el Círc0;Io á las on.ce,
mi antiguo camarada hubiera rec1b1do el dmero aquella y á. las dos abría la puerta de 1:11-1 casa, hab1end&lt;? per~do
noche misma; pel"o había ealido á recades. Pues mafia- sobre mi palabra los tres mtl francos de m1 crédu,o,
na eerá, dije, v ~alí, dejando preparado el sobre encima que era como os lo be dicho, casi todo lo que poseía:
-Pues bien-dije yo-si después de aq~ella sacudida
de mi mesa. Tenía tan biPn tomada mi resolución, qne
experimenté de antemano ese cosqnilleo de lijera vani- no se ha hecho usted jugador, es .que no tiene usted vo•
Era para perderse para siempre.
dad que nos produce la conciencia de una acción genero• caci6n.
Tiene mtecl razón-replicó Miraut.-Cuando m~ dessa. :N" o es muy hermosa la tal vanidad, pero es humana,
y hay tantas obras que no. t_iene1_1 ese pr~texto ele.vado, pert.é al día ,;¡Íguifi"nte del sueño abrumador que sigue á
por eje~pl(), ¡la que en mt rnter1or ~ucedt6 á la pnmera semejantes sensaciones, se me representó de. nuevo,. Y
ya no tuve más que dos ideas: la 4e tom~r mi desqmte
ca.si inmediatamente! En la caea donde comía me en- aquella
noche misma y la de combmar m1s apuestas con
contré sentado entre dos mujeres muy elegn.ntes qne riarreglo·á la experiencia ad·
valizaron para conmigo en adulación y coqneterín.
En una palabra; salí de allí á eso de las once, domina• quirida. Recons.tituí mentaldo por una de esas crisis de fatuidad en que rn siente uno mente ciertas jugadas que
d:ieño del mundo, y me apeé en nuestro Círculo, esta- había perdido y que hubieblecido entonces en el hotel de la plaza Venfü\me, á. don- ra debido ganar una~, tirande me había guiado uno de los convidados que se brindó do y otras no tirando á ciná hacerme los honores de la reunión. Como casi no co• co. De pronto mis ojoR se fi.
jaron en la carta dirigida á.
nacía á nadie allí, no había puesto en él los pies seis semanas deepuée de haber sido admitido. Dos -pintore~ me Ladtat v que la víspera ha·
habían servido de padrinos, y sólo la perspectiva de la bíadejado sobre la mesa. Un
Exposición anual me había decidido á hacerme socio, 1t cálculo involuntario me de
pesar de la cuota, que me parecía entónces muy cara. •muestra interiormente que
Era yo tan ingenuo, que preg.nnté á mi g11ía como se lla• con dar aqLiel dinero hacía
maba el juego que tenía reun:d.as alrededor de la mesa un sacrificio insenE1ato. Pagados los tres mil francos de
á tantas personas, Se echó á reir, y me enseff.ó en dos pami deuda, ya no ine q neda·
labras las reglas del bal'carat.
ría casi nada. Para reunir
-¿No os tienta esto?-me dijo.
-¿Por qué no?-contesté algo mortificado de mi igno- una cantidad que me permi•
tiese volver allá. por la noche
rancia-pero no tengo dinero.
( y yo conocía que no podía
Sin dejar de reir, me explicó cómo me bastaría firmar
dejar de volver,) neceeitaba
un pagaré para recibir sobre mi palabra ha.eta tres mil
francos, á condicion de devolverlos dentro de las veinti- tomar prestado del tratante
cuatro horas. Después comprendí que aquel mozo me ha- en cuadros y malbarat11r al•
bía tentado para jugar él con la bt1ena suerte de un prin- gunos estudios. Así podríi:t
cipiante. Pero yo me hubiera bastado solo para caer en recojer unos cincuenta luiseE.
la tentación. }.le encontraba en uno de esos momentos y de aquellos iba á distraer
en que gritaría uno, como aquel otro, el barquero duran- diez para aquel perezoso, pa•
te la tormenta: "Llevas ií César y su fortuna ...... 11 ¡Oh! ra aquel borracho, para aquel
Un César bien pequen.o -y una fortuna redncidísima, por· embustero. Porque yo intenté demostrarme á mi mismo
que me senté á la mesa diciendo ú. mi compai'\ero:
- Voy á. firmar un pagaré de cinco luises y si pierdo, que su carta no era más qne
1m tejido de falsedades. La
me voy ..... .
cogí y la volví á. leer. Su
- Y perdió usted v se quedó.
¡Me acuerdo de haber formado tantas veces esas acento me desgarró nueva•
pNde.otes resoluciones y de no haberlas cumplido! ....... . mente el corazón. Pero, no.
No quise oir aquella voz, y
-La cosa. no fué tan facil-replicó ll.Iiraut.
-Jrii tentador, qne se había sentado junto á mi, me di• me eché de la cama para esjo que agaardase mi mano. Le obedecí. Tiró nueve. Yo cribir apresuradamente un
billete negativo. Le escribí
había arriegsa.do mis cinco luises.
-Haga usted doble puesta-me dice al oído mi con- en términos breves y secos,
para interponer una b{_l,rreryi
sejero.
.
-Tiro ocho. Sigo doblando siete, y gano. En fin, de infranqueable entre m1 antinueve en ocho y de ocho en siete, y siempre doblando, guo camarada y mi compa•
paso seis veces seguidas. A la septima tirada, y siempre si6n. Cuandoenvié el billete,
inspirado por mi compañero, hago un luis tan sólo. Pier• sentí un poco de vergüenza y
do; pero tenía unos tres mil francos ante mi. Mi guía, de remordimiento; pero me
aturdí á más y mPjor con los
que había ganado casi otro tanto, i;e :evanta y me dice:
muchos paseos que tuve que
-Si es usted razonable, haga como yo.
Pero yo no le escuchaba. Acababa de experimentar dar. Por otra parte, me decía
.yo para acallar mi concien ·
una sensación demasiado fuerte para dejar aquello así.
No pertenezco 1t la escuela de los que usted llama ana- cia, si gano, siempre estaréá
listas, ni me paso de listo en mirarme, y en sentir. Dia- tiempo de enviar la cantidad
pensadme, pues, si no os declaro sino en globo y por me- á Ladrat. Y ganaré.
-¿Y ganó usted?-le predio de imágenes lo que por mi pasaba. Durante loa cortos
instantes en que había ganado, había invadido repenti- gunté, viendo que se callanamente todo mi ser un embriagador orgullo. Un exal• ba.
tado sentimiento de mi personalidad me agitaba y me
soliviantaba. Una eeneación análoga he experimentado
al nadar en mar gruesa. Aquella inmensa ola movil que
MADRIGALES
os amenaza, os balancea, y ti la que dominaia con vuestra fuerza, es ciertamente el símbolo exacto de lo que
fué el juego para mi en aquel primer período, el de la
Cuando el rosado velo
ganancia¡ porque nuevamente gané en igualesproJ,&gt;&lt;&gt;rcioLa aurora descorría,
nes que un moment,o antes, y luego más. No arriesgaba.
Bañando en suave luz el ancho cielo,
grande~ apuestas eino sobré mi mano y sobre la de los
A baBarse fué al mar la amada mía.
demás; jugadas insignificantes; pero cada vez que tocaEstaba el mar sereno;
ba las cartas, tenfa un humor tan insolente, que primePero al ver la blancura de aquel seno
ro callaban todos, y Juego cuando tiraba, prorrumpían
Y aquellos blondos rizos
como en un rumor de admiración. Quizá sin aquella adY a que 1 sin fin de hechizos,
miración hubiera tenido valor para dejarlo. Pero. ¡ay!
A recibir dispúsose á mi íngrata,
siempre he tenido un amor propio de todos loa diSblos,
Por abrazarla más y más aprisa,
que me ha hecho hacer mil tonterías, y con mis caCon breves olas de luciente plata.
nas todavía ha de hacerme cometer otras muchas sin duEntró en el mar: la juguetona brisa
-da. Lo conozco, me doy cuenta de ello, y luego,
Acarició el magnífico tesoro
cuando tengo espectadores, adios mi dinero, no puedo
De rosas, nieve y oro¡
sufrir que digan: 1&lt;Se ha echado atrás.u Es sublime eer
Las aguas bulliciosas
.así cuando la escena pasa sobre el puente de Altole; peEn torno se apretaban
ro ante una mesa de bacarat, y al azar de una carta, es
Del oro v de la nieve y de las rosas,.
estúpido. Tin embargo, este orgullo infantil fué causa de
Y con liscivos besos la besaban.
que después de haberme hecho gozar de mi buena forY Apolo, más que nunca diligente,
tuna, no qui~e ceder ante la mala cuando se acercaba.
Aguijó á los caballos del famoso
Por que yo lo conoc(. Llegó un instante en que comGran carro, y asomó por el Oriente,
prendí que iba á. perder, y aquella especie de lucidez vicComo quien ver desea
toriosa que me había hecho coger las carta.a con una
Al cabo de cien siglos, sorprendente,
confianza absoluta, se eclipsó derepente. Estaba escrito
Salir del mar á. Venus Ci t.erea.
que yo había de experimentar, en una misma sesión, todas las emociones que el juego produce á. sus aficionados,
Tu sombra ser quisiera;
porque deepués de haber sentido la borrachera de la gaQue siéndolo, alma míai
nancia, experimenté la seca y punzante embriaguez de

-Sí, respondió con voz completam~nt~ alterada-y
más de qulaientoa luises; pero al día a1gU1ente era ?,~masiado tarde. Inmediatamente después de haber rec1b1do In negativa de mi billete, La.drat, que no me había
engañadu se t:1intió poseído del frenesí de la de~speración. Su compañ~ra y é l tomaron la fatal resolución d_e
asfixiarse. Encoatrá.runlos muertos en su cama, Y yo fw,
yo, nótelo usted bien, el que hice descerrajar la. puerta.
Llegué con los doscientos francos, sí, ¡era demasiado ~arde! Ahí tiene usted por qué se acuerda de haber leido
en los periódicos ese nombre de Ladrat. ¿Compre?de !lsted ahora, por qué la sola vista de una carta me rnsp1ra
horror?
· d ¡ d'
-Vamos-le dije-si le hubiera usted envia o e mero la vlspera le hubiera salvado un mes, dos ro~ses; pero
hubiera vuelto á caer, el vi~io le hubiera domrnado de
nuevo, y hubiera acabado col?º acabó.
.
.
-E3 posible-contestó el pmtor-pero bien mirado en
la vida, nunca debe ser uno la gota de agua.que haga rebosar el vaso.
PAUL BoUBGFr.

Nunca, nunca de ti me apartaría.·
Pisar por tus pies breves me dejara;
Ya, como perro fiel, te seguida;
Ya, por verte mejor, me adelantara;
Y, llegada la noche, ¡cuán dichoso
Fuera al velar tu plácido reposo,
Contemplando, á. la tíbia y vacilarite
Luz de tu alooba, tu beldad radiante,
Que por lo rara asombra!. ....... .
Pero sombra de dicha es eer tu eombra.
¡Ay, soñador amante!
¡4-y, loco desvarío!
¿Cómo del claro sol ser sombra ansío?
Pues que cant.ando lloras,
Pues que llorando cantas,
Y alma y oído, ruiseñor. encantas,
Ven, llora junto á. mí, que estoy cantando;
Ven, canta junto á mí, que estoy llorando;
Que aquestas penas mías
No sé ya si son penas ó alegrías.
Ven, dechado de amantes,
Y en mí hallarás cQD.Suelo á mis dolores,
Ora llorando cantes,
Ora cantando llores.
FRANCISCO RoDRIGUEZ MARíN. '"

Marzo, de 1897.

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�220

EL MUNDO

DOMINGO 4 DE ABRIL DE ll!ll

•
EL MUNDO

DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

..

,

EN GANO SUBLIME-Por roaría S!escot
NUMERO 4.

}.loribunda! Era eso posible? Se muere acaso cuando
se es bella, joven, necesaria á la dicha de todo3 y ardientemente amada? Un recuerdo despiadado se levantaba
en su mente. Se veía vestido de negro, caminando detrás
de un ataud, en es.e ataud esrnba. tendida su madre. Ella
también babia muerto en su belleza, en su juventud; mo•
ría con el corazón clestrozado. L'l insignia que arreb3tó
en Sebastopol el coronel de Aubián, hizo dos víctimas y
dos huéríanos.
:F'ué entonces cuando Elena reemplazó para Felipe al
padrd y á. lama lre, de.:aparecidos; partiendo sus juegos,
vigilan lo sus estudioe; tan firme y tan abnegada.
Ct:1audo se despert.6 la vocación del marino en él, ella
se eáforz0, en su ti"erna inquietud, por apartarlo de eso;
pero Felipe resistió enérgicamente, mi raudo desde muy
alto aquellos pobres terrores de mujer. A_bora, recordaba la mirada de orgullosa admiración que e la le dirijió
la primera vez que le vió con su lindo uniforme de la Esóuela Naval.
Fué el dfa df&gt;l bautismo de la pequefia Lila; las menores circunstancias de este feliz momento se representaban en su espíritu. Le paro?cía oír la súplica de Elena:
"Tú la amarás, verdad, Fdipe?» ¿Aquellas sencillas palabras le llenaban de terror. No indicaban acaso los sinies•
tros prP-sentimientos que agitaban ú. la joven madre? Se
sentía de nuevo presa de una angustia tan viva que inclinó la cabeza hacia la ventanilla, como si la vista de los
objetos de fuera pudiera disperear sus lúgubres ideas.
Reinaba aún la primavera; á lo largo de las alamedas,
en el recinto de los parques, los mismos racimos blanoos
y violetas se balanceaban á.l soplo de la brisa, cayendo
muellemente sobre el verde tierno de los follajes. Y be
aquí que enmedio de eus recuerdos vi6 el baile de la vispera.: una cal:tellera ardiente, dos ojos fijos sobre los suyos, una luenga falda verde de móviles reflejos; pero lo
que recordó sobre todo fué la pe·sadilla de la neche y la
impresión fue tan terrible, tan fuerte, que tuvo que acudirá todas sus energías para contenerse: uCon razón, pen~ba él, se reprocha á los marinos su tendencia tt la superstición; privados durante larguísimo tiempo de comunicación con el mundo, nos creamos un mundo imagina•
rio1 damos fe á. nuestros sueños, y somos tan creídos como nuestros bogas. uEsa mujer no esun monstruo¡ como
había de devorará mi pequeña Lila? Esa palabra de sirena que mis compafieros repitieron, me llegó it través de
mi sueño y causó esta alucinación.»
Pero pensaba también.
11Había flores, muchas flores; Aglaé de Lezinei:i, que es
muy piadosa1 sin embargo, cree en los s1lefi.os. Soñar
flores es nuncio de lágrimas, la be oido decir frecuente•
mente,1,
Y murmuró entre dientes;
-Flores, lilas, había muchas flores, la isla entera es•
taba cubie.rta de ellae. ¡Oh! ¡Dios mio, Dios mío!
Pero serenándose bruscamente:
-No, soy un loco para creer en ef.00 presagio y apenarme de eeta suerk'.
Por fin se aproximaba. Un temor más punzante .que
lo~ otros le apretaoa el corazón ha!lta rompérselo. Tenfa
casi deEeos de gritar para no oir resonar en su oido la
palabra terrible¡ de huir muy lejos, á la extremidad del
mundo, guardando cuando menos en el corazón la duda
y la esperanza.
-Pontarlier! Pontarlier!
Descendió del vagón sosteniéndose apenas, debil, como un niño, ante aquel eepantoso dolor. Un viejo criado
esperaba en la estación; corrió hacia el mariri.o, y con
voz alterada dijo:
IX.
-¡Oh, señor Felipe~ venid pronto; la pobre señora os
El tren llevaba co!l demasiada lentitud á Felipe, para espera para morir!
la fiebre y angustia que le de,·oraban.
X
Elena moribunda! Su hermana adorada! El sólo ser
qae amaba en la tierra! El temor de llegar demasiado
En una c:.'imara de sobria elegancia, un poco severa.
tarde, de no ver más aquel rostro querido, levantaban Elena se moría dulcemente.
en su corazón sollozos que apenas podía comprimir; era
Alrededor de-ella reinaba esa mezcla de lujo y de vulprecisa la presencia de sus compañeros de viaje, de esos garidad, ese desorden que dice más elecuentemente que
indiferente&amp; que le miraban con sus ojos distraídos, era todas las palabrae, que se ha perdido la esperanza. Sobre
necesario todo su orgullo de hombre .para permanecer las etogerrs. al lado de las figurillas de viejo Saxe, redoEereno, :rero necesitaba tanto que le tranquilizaran!
mas de medicamentos, .acumuladas; pomos de poción,

Y to4oe aquellos jóvenes de espíritu ver3átil, pusiéronse á hablar de sus familias con la. emo:::ión prQfunda. del
marino. Dos años de ausencia!. ..... Cuántos cambioo ..... .
Niños crecidos, jóvenes casadas ......... y mucbps viejos,
muertos!
El baile languidecía. Se retiraron los oficiales. Cumo
era el tiempo de primavera el día comenzaba á apuntar.
Salud al primer sol sobre la tierra de Francia! Eaeaya• ron bromear aún, pero estaban conmovidos, un poco graves¡ se estrecharon la mano y separáronse.
Ya solo, Felipe de Aubian tomó el camino de su hotel;
pero una pesada tristeza le oprimía. Ese m')menW tan
impacientemente esperado, la vuelta á la patria, habia
llegado; era tierra frallcesa la que sentía bajo sus pies;
pero un temor de que no podia darse cuenta alteraba su
. dicha. En el baile casi no había danzado; distraido y SO·
ñador1 no escuchaba las conversaciones de sus amigos,
demasiado preocupado para divertirse con sus bromas.
La aparición de Beltrana lo sustrajo apena~ á. su dolorosa
abstracción; acaso ni á. esto hubiera prestado atención alguna sin la persistencia de la mirada que ella fijó en él.
Eaa"mirada, como acontece frecuentemente, atrajo la su·
ya. Al principio no _la reconoció: Era tan grande la diferencia entre aquella mujer tan expléndidamente vestida,
atravesando aquellos salones de fiesta, y la pobre muchacha envuelta en su manto negro que se acostaba sobre
a arena para morir! Se hubiera creído el juguete de una
ilusión ó de un parecido notable, sin aquel pronombre de
1,Beltrana11 que su compañero pronunciara. Beltrana, ula
hermoea Beltrana )Iartín!&gt;J
Como eentia los ojos curiosos de todos aquellos jóvenes
oficiales escrutando su turbacián, no osó permitirse pre.
gunta alguna: estaba de por medio el honor de una mu•
jer. Más valía callarse, tratar de desviar las sospechas:
él preguntaría, él sabría más tarde.
Era esa una aventura extraña, cuyos detalles le satis•
facería mucho conocer, cuando la dura cuita que lo ahogaba, hubiese cesado. Volvió á. su hotel y se arrojó en su
lecho. La fatiga lo adormeció, pero tu,•o en su sueflo una
fatiga·espantosa.
Se veía en los mares lejanos, sobre un navío clavado
por la calma en medio del Océanoi ni un soplo de aire
hinchaba las velas, y sin embargo estaba próxima una isla, una isla por completo cubierta de flores.
En la playa estaba sentada su hermana Elena. Lila
jugaba á sus pies; tenía en sus manos un haz de las flores
cuyo nombre llevaba.
Elena eomeía y parecía infinitamente dichosa. De pronto una mujer emergió de las ondas; distinguió Una cabellera leonada, ojbsdeun brillo mágico, brazos de una blancura de..nacar que se tendieron hacia la. pequel1uela; y á.
los que ésta, imprudentemente, respondió con alegría,
ofreciendo sus floree ......... Entonces vió él una cosa espantosa: la mujer se volvía un monstruo; tenía garras de
tigre, una crin de león, y cola de 1:!irena. Salió del agua,
se apoderó de la nifla y la devoró en tanto que Elena irguiéndose desesperada, llamaba á su hermano en su socorro y él no podín avanzar.
Se despertó cubierto de un sudor helado. Llamaron á
eu puerta y entró .un criado portador de un telegrama.
Felipe temblaba de tal suerte que no osaba abrirlo. Per•
manecía inmovil con los ojos fi.Jos en el papel azul. Por
fin lo abrió y un grito ronco se escapó de su garganta, ~
llevó ambas manos al corazón y cayó sobre su lecho sollo•
zando.
El telegrama no contenia más que estas palabras:
uElena ee muere; apresúrese usted.u

i!.a nocqe.

manchas de tizanas aqu( y ahí, maculando el satín de los
tapices. En una mesa, llevada de prisa para la admiui::tración de los últimos sacramentos 1 un altar. El paire
acababa de retirarse Ct·ll los ojos llenos de lágrima~, der
pués de haber cumplido su ministerio, y sólo los mh?mbros de la familia permanecían cerca de la moribunda..
Encorvado, con los codos sobre las rodillas, la calJe-¿a
entre las manos, los ojos 610s, con la estupefacción bestial que causan los dolores demasiado fuerte1:1, el Sr. Do.vernoy permanece sordo á las exhortaciones que la señora Fpurneron le dirige.
-Fernando, mi querido sobrino, mi pobre amigo, ten
va.lar! No te dejes abatir así; ea! de tu entorpecimiento.
Acaso aun h ay esperanza.
El no responde y parece no oirla, aun cuando ella vuelve sin cesar hacia él, no abandonándole eioo para preparar alguna tizana, y turba.ndo con su burdo anda1 la
calma de aquella h lra solemne.
En el fondo de la cámara rígidamente arrodilladae, en
inmovilidad de estátuas, las sefioritas Lezines, recitaban
en voz baja las plegarias de los agomzantee. En los marcos de las pueitas, algunos criados lloraban tímidamenie,
en tanto que sentada al pie del lecho, una niñ.ita miraba
esa escena, con grandes ojos asombrados y temerOSOB.
La sustrajeron {L sus juegos y la llevaron de prisa para
recibir la última bendición de su madre, porque aún
aprieta en eus manos una muñeca que no ha querido
soltar. En su alma de nii'io se levanta el terror de lascosas inexplicables. ¿Porqué está. tan pálida su madre?
¿Por qué su padre permanece inmóvil, sin levantar 108
ojos?.¿Quién hace llorará. los criados y por qué las primas Lezines están de rodillas moviendo los labios sin
que salga de ellos sonidoalguno?
Sólo la tía Fourneron la tranquiliza. Nada ha cambiado
en su aspecto habitual: va y viene á través de la c:.í.tn.1.ra,
desplaza las redomas de medicamentos, prepara pociones
inútilee; después ee aproxima al lecho, arregla las ropas y
sonde á la nina. Aun ha querido llevársela; perb con un.
expresivo gesto de ruando, la mo¡ibunda se opuso y la.
pequelluela permanece pegada al pie del edredón,. con
una curiosidad perezosa y en un silencio atento.
0

De instante en instante-, la moribunda levantaba loe
cansados p,irpados y su mirada, después de haberse detenido en la niña con nna expro?sión desgarradora de pes.ar y de ternura, se fijaba en la puerta de la cámara con
ansioSa expect,ativa, corno si en aquella hora suprema,
algún eer humano hubiese podido llevarle la salud. Ia
tía Fottrneron entonces se aproximaba al lecho.
-)Ii buena Elena, no te fatigues así; aun no ha llegado la hora; no puede venir atí.n. Después se dirigía á. la
puerta, dabfl una orden á un criado que se enjugaba sns
ojos, se precipitaba, bajaba la escalera corriendo y volvía bien pronto, eacudiendu la cabeza negativamente.
Era esta la reproducción dolorosa de la vieja fábula en
que la mujer condenada á. muerte esperaba la llegada del
libe1tador. Pero ninguno puede salvará la víctima; poco importa que la hermana Ana vea al hermano que acude. La muerte, es el Barba Azul despiadado á quien nadie desarma ni hace retroceder.
Y sin embargo, esta expectativa ansiosa de una moribunda, tiene algo tan conmovedor, que poco á poco, todos los ojos t:ie fijan en la puerta y todos los oidos escuchan: las primas interrumpen sus fúnebres letanía~ la
tía Fourneron abandona sus pociones y las criadas, en
continuo movimiento, descienden y suben las ei:caleras.
-¡Señora, seflora, ya viene; aquí está!
En la escalera se oyen pasos rápidos, una respiración
agitada, y en el dintel aparecen la al~ talla y el roairo
bronceado del marino. rn largo suspiro de alivió sale
de todos los.pechos, en tanto que la moribunda, rea.nim,tndose, en un supremo esfuerzo de voluntad, exclama:
-¡Hermano mio! Felipe! Por fin!. ....... .
El se ha lanzado hacia ella 1 cubre de besos sus manoe,
su pálido rostro, rodeándola con sus brnzoi::, como si pudiera defenderla, llevársela, salvarla. Entonces ella, con
una voz extinguida, c,uyos acordes rotos llegan apenas á
su oído:

�222

-Yo te esperaba, yo te esperaba, dice:
Y más bajo, con un murmullo:
-Júrame Felipe que protegerás ámi pobre Líla ........ .
Vacila aun, y luego, más bajo, tan bajo que él apenas

•

EL MUNDO

-Elena! Elen», mi bien amada, vuelve!
¿Qué aconteció? ...... Era el •juguete de una ilusión? 1In
suspiro querelloso le había respondido. Pálido, conmovido, se levantó y con voz temblorosa repitió su llamado.
la oye:
Esperaba un milagro!. ........ Ella no podía haberse, pars
- ...... Cuando Fernando se haya vuelto á. caEar.
siempre, perdido para él.
El se extremece e1:cuchando esta sombría y extrall.a
~Elena! Elena! Elena! ..... .
[llegaria y busca los ojos de Fernando Dnvernoy. Este
Por segunda ,·ez se estremeció: el mismo ruido extraño
no ha cambiado de actitud, acaso ni se ha percibido de se dejaba oír y en la puerta. apareció una forma blanca.
la llegada del joven marino; con la mirada vaga y la bo• Por un instante Yaciló; pero de pronto Fernando sintió
ca contralda por los sollozos violentamente contenidos, dos brazos que, acariciadores, se arrojabaná en cuello.y
permanece abrumado por la desesperación.
la palabra ((jpapá! ¡papá!u fué dos veces repetida. 8í 1 era
Conmovido á la vista de este punzante dolor, Felipe ella, la pequeña Lila; ella., tristemente olvidada en aquel
no osa ;esponder. La pre\,isión de un segundo matrimo- largo día de duelo!
nio en un momento tal le parece un insulto. Pero Elena, .
Llegada la noche, como preguntase si su madre no volsin hablar más, ase entre sus mallos desfallecientes la vería pronto, le respondieron:
mano bruna del joven oficial, la posa sobre la cabeza de
-Tu mam:.í. ha partido para el cielo; vete 1.i. dormir, Lila niñita y espera.
·
la, como una nifia bt1ena, y los ángeles te visitarán.
Es demasiado joYen, casi un niño ese aspirante de maObedeció, pero su corazoncito perinanecfa angustiado.
rina de quien se reclama tan solemne juramento. Su ca- ¿Por qué dormirse así, sin esperará. rn madre que de serrera debe arrastrarle muy lejos; pero con esa presciencia guro vendría? Con la cab~za reclinada sobre las almohaque Dios da algunas veces á las madres moribundas, Ele- das blancas, pús9se á soñar en aquellos paíees celestes,
na lo implora con su mirada ansiosa y esa mirada tiene todos constelados de pedrerías; en esos países donde couna expresión t~l de súplica que él no resiste ya.
rren la leche y la :miel, donde maduran los frutos que la
Apoyando la manO sobre la cabez3. de la niña, levanta tierra no conoce. Las e:Hrellas ci n titaban en el azul soro brío
los ojos hacia el crucifijo de m1rfil suspendido en el fon- del cielo. Lila, con los ojos fijos en esas constelaciones
do del lecho. Ning1rna palabra es pronunciada en voz alluminoi:ae, se decía alegremente que su mamá Lacra un
ta, sus labios no se agitan, pero en el 'corazón 1 el jura- hermosísimo viaje en el país de los ángeles de donde
1
mento está. hecho y la madre lo escucha.
sin duda le traería algún juguete maravilloso. Se durmió
-Gracias, Felipe, dice.
pero con un euefio turbado y calenturiento, á través del
Y muere.
cual oyó una voz que decía: nE!ena, Elena ...... )) Por fin
XI.
su madre estaba ah(! En qué pensaba, pues, que no ibj, á
El dolor de Fernando Duvernoy, largo tiempo compri verá su pobre hijita?
Se levantó sonriente, ioca, y con los pies desn~dos se
mido, podía darse libre curso; los parientes, los amigos
llegados de todos los riMones de la provincia, se habían dirijió al departamento de su madre. La joven niñera,
Tetirado al :fin. Se volvia á, encontrar solo, comple,tamen- que reposaba cerca de ella, fatigada por las recientes vigilias, dormía peeadamente y no la oyó.
te solo, en aquella cámara nupcial donde ·bahía pasado
tan felices años; ella había partido aquella mafiana para
Lila asió el pullo de la cerradura, la puerta cedió, giró
oo volver más; en tanto que él, de pie, casi impasible á sobre sus goznes en silencio y Lila sorpreD.dida se detuvo
fuerza de sufrimiento, contemptaba con mirada seca y fi. en el dintel: su padre solo, estaba abi, con el rostro tan
Ja el ataud que los hombres se llevaban
contraído, tan p,tlido,· que al pronto ella tuvo mieao.
Oh! qué horrible día! cu.in largo é int~rmin;ib\e le paSin embargo, ~arrió hacia él y se precipitó á su cuello
reció! Cien, docientas personas quizá murmuraron á eu con la pregunta aquella que le quemaba los labios:
oído simpáticas palabrns; él daba las gracias con un apre-Qué, mamJ. no ha ruelto aún del cielo?
.
tón de n:lano, con un signo de cabeza;_pero las palabras
Al oir aquella voz de niño, aquella pregunta ingenua,
no las oía. Ojos húmedos de lágrimas de compasión se el círculo de hierro que retenía las lágrimas de Fernanfijaron en l?s suyos, en tanto que sus párpados permane- do se rompió y el pobre hombre lloró. Lloró sobre aquecían áridos y quemantes; en medio de aquellas simpatías lla pequeiíuela tan inconsciente de la desgracia que la
triviales, de aquellos sollozos de mujeres, apoderábaee de había herido; la estrechó entre sus brazos; ¿no era acaso
él una especie de pudor celoso que le forzaba á contener su último tesoro?
su propio dolor.
Largo tiempo sus lágrimas co"rrieron¡ Lila mezcló las
Ahora; al I'ededor de él reinab"a el gran silencio de la suyas; comprendía que su wadre no había v1:1eJto y con
noche; él-Velaba solo en la cámara de la muerta y su de- su cabecita oculta en el seno de su padre, se durinió en
sesperación ·se exhalaba.
medio de esta primera decepción.
Una desesperación febricitante: gritos roncos sollozos
Era ya tarde cuando la joven niI1era despertó; sus ojos
sin lágrimas que sacudían su cuerpo en una crisia nervio- cayeron sobre la cuna vacía y un estremecimiento de te-·
sa; después una inmovilidad de estatua y algunas veces
rror 1a conmovió: En las veladas de aldea se cuentan tan•
sobre sus labios un rictus de dolorosa rebelión. Sus ma- tas historias terribles, historias de pobres muertos que
nos se crispaban, desgarrando el satín de los sillones
salen de su tumba y vienen á buscará sus hijos! Se vis·
arrancando las franjas de seda. El lujo que reinaba ai tió persignándose y se dirigió á la cámara mortuoria:
rededor de él, Je parecía un insulto á su pesar. Esos ob- Desde el dintel, el cuadro que se ofreció ásus ojos Jatran·jetos fa_miliares 1 los muebles que ornaban su pieza, todor
quilizó. Lila con su gran bata de noche, dormía entre los
los testigos de su dicha, avi"vaban sus recuerdos y aguza • brazos de su padre, que vencido por la fatio-a dormía
0
ban su pena. Es una especie de ironía esa inmovilidad también.
'
de las cosas materiales -ante la desaparición de los seres
Se alejó con paso discreto, bajó ií la cocina donde la
humanos. Qué? todas esas nonadas frágiles, esas estatui• Sei}ora Fourneron ejercía ya su formidable vigilancia, y
tas delicadas, esas baga!,elas insignificantes, duraban aún la cual al verla gruñó:
y ella había desaparecido?
-En fin, está usted aquí, perezosa;¿porqué baja usted
Contemplaba el silloncito donde tenía ella la costum• tarde?
bre de sentarse, la mesa de labor que contenfa su borda-·
¿Qué" ha hecho ueted de la nii'ia?
do en embrión, el reclinatorio donde á mafiana y noche
-La sefiorita se ha dormido sobre las rodillas del
se arrodillaba tan largamente. Todas las huellas de la Sefior.
lenta enfermedad habfan desaparecido; la cámara mis-.C0mo! ¡cJmo! va á enreumar á esa nifia ....... corro
ma ofrecia una fisonomía de fiesta, estaba adornada &amp;m á. decíreelo ..... .
un exquisito y piadoso rebuscamiento: último .homena-El Señor duerme-Sefiora-parece tan fatigado!
je, limosna suprema it los que se van. Flores, flores por Ayer noche prohibió la entrada . .' ....
todas partes; cubriendo el lecho, como habían cubierto
-¡Ha hecho muy bien, porque hay gentes indiscretas!
el ataud; algunas habían caido y yacian sobre la alfomPero sep_a usted u.na vez por todas, que las COnsignas no
bra. Cn viejo cristal de Venecia las reflejaba alegremen- me conciernen.
te, todo parecía vivir y sonreir, y sin embarg,. ellB no
Subió pues y fué á mezclar sus exhortaciones vulgares
estaba abí.
'
á los tres soberanos conéoladores que venían su báhmmo
1:'&lt;&gt;s labios rigidos de Fernando ee entreabrieron con
sobre el desesperado: el suefio, el silencio y la niña.
un deegarrador gri~o de llamami~r.to.
-¡Qué locura Fernardol ¡Qué locura! ¡Pa8ar la noche

DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

en un cuarto lleno de flores! ¿Quiéres pues enfermarte
de la cabeza? Cuando menos dame á la peq11efia, voy á
acostarla.
Sin decir palabra el se. dejó quitará la chictiela, pero
sobre su~ facc1one":1 volvió á colocarse la máscara rícrida
0
del dolor.
!,as dos Señoritas de Lezines entraron. Ll~gaban d1:,
la iglesia donde habían oído tres misas y sus almas piadosas se desbordaban de ex"elentes intenciones: querían
hacer Comprenderá su desolado primo que la prueba es
enviada por Dios y debe ser soportada con resignación y
valor para merecer las palmas eternas.
Eran estos altos y grandes pensamientos que tenian la sola desven~aja de llegar demasiado pronto para
un hombre que no podia ni escucharlos ni compren-•
derlos.
Las dos le ha bfan tomado la mano, las dos hablaban
con unción y aun con elocuencia, recitando pasajes de
sermones y de capítulos de sus libros de ho!"8s, · más él
uo las escuchaba¡ s,,Io de cuando en cuando sacudfa la
cabeza con un movimiento de rebelión: esa palab~ de
resignaCión que volvía sin cesar, le parecía sinónimo de
la palabra olvido.
Despues llegó Jacobo de Sommeres, más realmente conmovido que la tía Fourneron y que las dos solteronas;
pero disimulando su simpatía bajo una brusquedad afectada:
-Yarno?, v:1mos, hay que ser hombres, mi pobre viejo.
Aun cuando te rompas el corazón contemplando su cámara vacfa, no. la resucitarás! Todos somos mortales, que
qureres tú! Ya vendrá tu turno y el mío también. Eso
no tiene vuelta de hoja!
·
.fernando nada tenía que decir y no respondía, pero
las amonestaciones de la una, las homiUas de las otras y
los torpes consuelos de Jacobo, herían su dolor. Ah! cómo habría deseado huir ,t la extremidad del mundo con
su hija en los brazos! L? que pasaba ese día, pasaría aun
y mis los dias siguientes, bien lo sabía.
En efecto, la Señora Fourneron volvió al día siguiente
con nna colección de lamentacion~s nllevas.
-Que abominación, Fernando! Que horror!.. ... Todo
n.tá expuesto al pillaje! .... .. Felizmente estoy yo ahí pa,
ra poner en orden á todo el mun 10!
Y se dejó caer en un sillón, como al peso de sus gloriosas f~tigae.
Al día siguiente tambien volvieron las primas Lezines.
Esta vez no llegab.in con lag manos vacfas: Aglaé llevaba un libro de meditaciones cuya lectura pretendía hacer, Y Eulalia una banda de tapicería. El las vió instalarse sn un rincón de la cámara, apoderarse de la mesa so
bre la cual Elena trabajaba y las miró con vaga ~irada
no intentando opo1;1erse á esta invasión.
Por lo demás, con que derecho se opondría? No sabía
acaso que la intimidad de la :vida de provinciá crea en
las relaciones de familia, una cadena ettrecha de la cual
ninguno, por fuerte que séapuede librarse? No sabía que
su tía Y sus primas volverían ollstinadamenteá CODBOlarlo'?
Era un deber, para el cumplimiento del cual ellas burlarían t ,.ln:i loa obit-lculos¡ as( pues, con ap1tía, sin lucha,
sin ~esistenpirt, Fer.tanda las dejaba hacer; únicamente,
po: ~nstante~, volvia loo¡¡ ojos hacia la ventana, c.Jmo e
prisionero que piensa en escapar de su calabozo.

la mejor manera O.e comprobarlo no es consolará. loe que
lloran? Qué sería de Fernando si nadie se ocupase
&lt;le él? ¿Quereis que os diga todo lo que pienso?.....•
I 1 ues bien,ese jov'en·nos disimula algo; debe haber cometido una falta que no oea confesar: ~na pérdida en el
~ juego, tal vez. Yo le he oido decir que los oficiales de
marina juegan mucho. Oso eeperar que no babi-á en su
-conducta algo más grave; él hubiera hecho á su hermana
Elena su conft:sión; estimo que nosotros debemo11 reem-

dos jueces que esperan á un criminal. Ri h~biese estado
m·e nos preocupado, se habría apercibido de que Aglaé le
miraba con mirada llena de suposiciones YPeveridades y
Eulalia con una profunda conmiseración y hubiere son•
reido ante algunas reminisc~ncias infantiles, cuandomuy pequeño-comparaba el ealón de las primas Lezinee
al tribunal de la inquisición oliente á auto de fe.
Era coPtumbre en casa de las señoritas Lezines dramatizar los menores acontecimientos y erigirse en Corte de

,,.--·,..r·,-• .J,-

213

-Yo decía ayer á mi hermana Eulalia que vuesl'ra
conducta, Felipe, me parece bien extraña. Fernando seha mostrado siempre bueno para con vos, y tengo el sentimiento de deciros que le pagais lll!\I :,us beneficios y suafec~. ¿Qué os ha hecho él?
Felipe la miraba sin responder. ¿Era posible que no
hubiese supueEto nada? Verdaderamente tenía el aired6'
un culpable y Aglaé pudo, sin correr el riesgo de ser IDterruwpida, pronunciar una de esas homilías á que era
tan aficionada. Mezcló las negruras de la ingratitud, laa
amistades peligrosas para los jóvenes, la necesidad de
confesar las faltas cometidae-, prometiendo no reincidir
y unió á esto un pequeño sermón sobre la contrición y el
firme propósito.
El no la comprendió. Estaba muy lejos de creerse comprendido en tales palabras.
De suerte, dijo siguiendo su idea fija, que :mi pobre
Elena no era feliz.
Ellas respondieron á la vez con un grito de indign:a,ción:
-Cómo que no era feliz! Y que le faltaba si gustakt
l'n marido que la amaba, que la adoraba ...... Sí, si, Felipe, por eso el buen Dios se la ha llevado, porquep:rohíbe la idolatría y Fernando la idolatraba·.
El las mir6 atentamente y vió que eran sinceras. •Me
he desviado, pensó, no saben nada; deb1 presentirlo.
Eetaba á la vez contento y decepcionado; por que úde
una pirte temía el instante,en que le aerfa preciso romper todo comercio de amiatad con su Cll!lado, por otra habría deseado qae esta información terroinaae y
no tener que volver :i ella¡ pues la alian-za de las Lszines hubiera sido de graa peso. Se deapifüó y se diri~ió hacia el peque-ño alojamiento de la tía Fourneron.

Xl.
Una noche Aglaé de Lezines dijo J. su hermana:
-J;:uJalia, no encuentras tú bien extrai'ia la conducta
. de Felipe?
Eulalia de Lezines, cuya comprensión era tarda, pero
cuya alma era indulgente, respondió con placidez:
~:Ko; yo no he notado nada de e.xtrafio; nuestro joven
pnmo me parece animado de excelentes sentimientoe.
-¡Animade! replicó Aglaé con impaciencia animado!
Yo nada sé; en todo casO, esos buenos senti~ientos no
se manifiestan mucho que digamos. Yo estoy admirada,
asombrada y aun diré, apenada, de la manera con que ee
conduce con eee pobre de Fernando. Lejos de rodearle
de cuidados afectuosos, como nosotros lo hacemos· lejos
de _intentar endulzar s~ pena, se aparta de él y ;arece
hmrle. Temo verdaderainente que Felipe no tenga corazón.
-¡Oh, Aglaé, puedes tener semejantes ideas! ¡él amaba tanto á la pobre Elena!
-La amaba, y ac.'lso no"otr,..s no In am.lb1mos? .\.c:i•n

EL MUNDO

DPMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

•

p la.zarla cerca de él. Le he ad vertido,
pues, que mañana le acord!lda unaentrevi3ta particular. Te suplico que asistas.
.á ella, y que me secundes lo mejor que
puedas.
Eulalia respondió con su voz tranquila:
-Te secundaré con la meJor buena voluntad, Aglaé, confesaremos juntas á
nuestro joven primo.
Docilmente, más no sin emoción, Felipe se dirigió ii. la cita dada por la~t2rrible AglaJ de Lezines.
No se preguntó. 11¿Qué querrá..: decirme?&gt;1 Sino que
pensó: cfLo sabe todo y es de eso de lo que quiere hablárme.u Eso, significaba su pen~amiento único y cons-tante. Desde el minuto supremo en que Elena moribun&lt;la te había hecho jurar que prutegería á la huérfanita,
· muchas suposiciones, muchas inquietudes pululaban en
-su espíritu. Desde luego, la más plausible de todas: una
intriga culpable sorprendida por la esposa ultrajada.
Bajo el imperio de esta convicción, miraba con ojos
despiadadamente duros la desesperación da su cufiado¡
le jzugaba hipócrita, a menos, pensaba, que su dolorfue~ causado ¡&gt;&lt;&gt;r el remordimiento. Pero, hipocresía 6 remordimiento, no le perdonaba; resentía por el culpable ese horror que inspiran los traidores y los asesinos.
De~asiado joven para ser indulgente con ciertas faltas;
gaardaba la hermosa. severidad de aquellos áquienes ninguna t.entación ha hecho flaquear. Hubiera abandonado
uMe orienté mal, se decía al andar, estas dos eolte reinas
J.usticia: un desacuerdo con nn proveedor, una reprimená Pontarlier la misma noche de los funerales, sin la nehan restringido el circulo de en vida; se ocupan poco del
eesidad de saberlo todo para conjurar el peligro si era. da á un ·doméstico, daban lug3r á, un lujo de llctitudes seprojiroo. Sea devoción real, sea indiferencia, no gne&amp;an
tiempo aúu, para vigilar !a suerte de Lila-si era ya dema- veras y á solemnes amonestaciones. Sí, él babia sonreido
como tantas otras mujeres del comadrrurgo. Xo se habla
1
frecaentemeatede
esto,
mas
ahora
nt&gt;
peneabaeo
sonreir.
siado tarde. Sin embargo,• de diario aplazaba li'l investigamal en casa de ellas; adem~8, Aglaé no tnmsije con et
Apenas
se
hubo
sentado
en
1a
silla
que
le
designaron
Clón, porque le repugnaban los espionajes y los interromal¡ sí se le hubiese advertido, no habría ~sca.Peado á.
g:d,orios clandestinos; y le intimidaba la tarea que le i.n- y que ee parecía á un banquillo de prevenido, cuando
Aglaé tomó la l"'labra, Oh! no tenla ella el hábito de Fernando loe duros reproches 11 riesgo de petder con éL•
&lt;'umbfa.
Y afiadió con un suspiro: 1~Acaso la tía Fourneron me
Así pues, con el corazón palpitante, entró al gran ea- ir por caminos undulanteá, por senderos umbríos y floridirá lo que tengo que sabePI.
dos,
sino
que
marchaba
derechoásu
fin,
majestuosa.menIón donde las dos solteronas, gravemente eentadas en si( Cbntinuará.)
te, "Obie el e: mino real frlo y desnu"lo.
JlnTIC'j:I r,,. ¡rrandeF re:-,rald(l", 1 e r~perabar, remejantee á

º·

�DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897
EL MUNDO

BOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

Entcinces el centauro sintió caer por su rostro lágrimas copioeas. Lloró Por el viejo
'Pagani Emo muerto ; pero·también lleno de una fe recién nacida, lloró conmovido al apa~
rrcirniento de Ja nueva Luz.
·
Y mientras sus lt"grimas cafan eobre Ja tierra negra y fecunda en la cueva de Pablo
el Ermitafio se ealudaban en Cristo dos cabelleras blancas, dos ba'rbas canas dos almas
fefialadas por el Señor. Y como Antonio re:firieee al S.olitario eu encuentro'con loa dos
m~:mstrum,, y de qué manera llegase á su retiro del yermo, díjole el primero de lo3 e1 e
m1tae:
11En -:erdad, hermano, q~e am_bos tendrán rn p:emio: la mitad de ellos pertenece
á las beehas, de Jas cuales cmda Dios eolo: la otra .nntad es el hombre y la Justicia eter~
na lo pnmia ó lo ca!'tiga.u
'
BE: aquí que la siring~, la flauta paijana, c~cerá y aparecerá más tarde en los tubos
de loa organo~ de las basfü~as, por ¡irem10 al eát!ro quE: buscó á Dios; y pues el cenU.aro
ba llorado, mitad por los d10ees antiguos de Grecia y mitad por Ja nueva fe sentenciado
eerá ~ correr mientras.viva eob:e el haz ~e la tierra, basta que de un salio portentoso
en virtud d'e eus lágrimaei, aec1enda al cielo azul 1 para quedar para siempre luminoso
en la maravilla de las conetelaciones!

se ha declamado mucho contra el positiv!1:1:J?,O de las ciudadei:=, plaga que, rntre las
galas y el esplendor de la cultura, corroe los cimientos morales de la sociedad· pero hay
una plaga más terrible1 y esf'1 positivismo de las !ildeal::!, qne petrifica milloneS de séree
matando en ell(fa toda ambición nüble y encerrándolos en el círculo de una exie.tenci~
mecánica, brutal Y.~enebros~. Hay en ~rne~tras sociedades enemigos muy _espantoem•, á.
esber: la especulacion, el agio, la metahzac16n del hombre culto, el negocw¡ r,ero sobre
~stos descuella un mónstruo que, á la callada, destroza má.e que ninguno: ·ee a codi&lt;"ia.
del aldeapo. Para el aldeano codicioso no hay ley moral, ni religión, ni nociones claras del bien; todo esto se resuelve en su alma en supersticiones y cálculos groseros formando un todo inexplicable.
'
Bajo el hipócrita candor, ee esconde una aritmética pnrda que supera en agudeza y
perspicacia á cuanto ide~ron los matemáticos más expertos. Un aldeano que toma el
gusto á los ochavos y sueña con trocarlos en pJata; para convertir después la plata en
oro, es la bestia más innoble que puede imaginarEe; porque tiene todas las malicias y eutilezas del hombre y una BE'quedad de sentimientos que espanta. Su alma rn va condeneand_o h~ata no s~r~ás que un graduad0r .de canti~ades. La ignorancia, la rusticidad,
la m1eer1a en el v1v1r, completan esa abommable pieza, quitándole todos los medids de
disimular su deEcarnado interior. Contando por los dedos, es capaz de reducir á números todo el orden moral, y la conciencia y el alma toda .
B. PÉREz G,, 1,nó~

'

LAS LAGRIMAS DEL CENTAURO

-

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'·&amp; .;
., ·""'t

-----/rt-&gt;\-

Traje de primavera de modelo nuevo.

LA MODA

¡
¡

Rt:BEN DARIO.

Ciento veintinueve afias habían pasado después de que Valeriano y Decio, craeJes
emperadores, mm traran la bárbara furia de sus,pereecuciones eacri:ficando_á los hijos de
Cristo, y sucedió que u.Ó. dfa de claro azul, cerca de; un ai:royo, en la teba1da, ee encontraron frente á hente un sátiro y un centauro. (La ex1stencm de estos dos seres eEtá comprobada con teetimonio de santos y sabioe, como lo demostró en su cuento La, Ninfa un
hombre ilustre del pafs de Francia.) Ambos iban sedientos, bajo el calm: de! cie,lo yapagaron su eed:elcentaurocoghmdo el agua en el hueco dela mano; el sátiro mclinándose
robre la linfa basta saborearla.
Después hablaron de es1 a manera:
-uNo ha mucho, dijo el primero-viniendo por el lado del norte, he visto á un ser
divino, quizá Júpiter mismo, bajo el (Usfraz de un bello anciano. Sus ojos eran'pene•
trantes y poderoi:os, su gnin barba 111anca le cafa á la cintura; caminaba espaciosamente, apoyado en un toeco bordón . .Al ,,erro e se dirigió hacia mf, hizo un signo extraño con
la diestra; aentile tan grande, como· si pudieee enviar 1.t voluntad el ni.yo del Olimpo.
No de otro modo quedé que si tuviese ante la mfa la mirada del padre de los dioses. Hablóme en una lengua extraña que no obstante comprendí. Buscaba una senda de mí ignon.da, pero que, sin saber cómo, pude indicarle, obedeciendo á raro y desconocido poder. Tal miedo sentí1 que antes de que el numen siguiese su camino, corrí locamente por
la vasta llanura, •vientre á tierra y cabellera al aire.,,
-11Ab, exclamó el eatiro-¿tú ignoras acaso que una auf.ora nueva abre ya las puertas del Oriente, y que loa dioses todos han caído delante de otro Dios más fuerte y más
grande? El anciano que tú has vh,to no era Júpiter,no es ningún ser olímpico. Es un en'Viado del Dios nuevo.
Esta mañana, al salir el sol, estábamos en el monte cercano todos los _que aún quedamos del antes inmenso.ejército capripede. Hemos clamado á los cuatro Vientos llaman~
do, Pan y apenas el eco ha respondido á nuestra voz . .Nuestras zampoñas no suenan ya
como en los paeados días; á través de las hojas y ramajes •o hemos visto una sola ninfa,
de roea y marmol vivos,_ como las que eran antes nuestro enc~mto_. La muerte nos per- .
eigue. Todos hemos tendido nuestros brazos velludos, y hemos rnchnado nuestras pobres
testas coronadas, pidiendo amparo al que se anuncia como único Dios inmortal. Yo
también he visto á ese anciano de la barba blanca, delante del cual has eentido el influjo
de un desconocido po&lt;ler. A pocas horns, en el vecino valle, encontréle apoyado en su
bordón, murmurando plegarias, vestido de una áspera tela, ceñidos los riñone's con una
cuerda. Te jo.ro que era más hermoso que Homern, que hablaba con loa dioses y tenía
también larga barba de- nieve. Acercóe.e á mi 1 armado de ese signo omnipotente que cau96 eo tí misterioso espanto. Yo tenfa en mis manos á la sazón miel y dátiles. Ofrecile
ygust.ó de ellos como un mortal. Hablóme y le comprendí sin eaber su lenguaje. Quiso saber quién era yo, y díjele que enviado de mis compai'ieros en busca del gran Dios,
y rop.bale intercediese wr nosotros.• Lloró de gozo el anciano, y sobre todas sus palabru y gemidos, resonaba en mis oídos con armonía arcana esta palabra: ¡Cristo! Después
levantó sus imprecaciones sobre Alejandría; y yo, también como tú temermo, huí tan
:r..ípidamente como pueden ayudarme mi!!I patas de cabrá.u

EL MUNDO

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1• l
· o ' e}oci&lt;¡
1Traje parisiense para ucr::rtve
ea. ''
Traje de primavera con triple bolero.

�226

EL MUNDO

LA llIODA
Esta mañana, al dejar mi lecho, ví ~ través de los cristales de mi ventana, una golondrina, charlando como
una descosida en el alero del vecino patio. P arecía cantar aleluyas á la primavera y me hizo pensar en e~ eterno rejuvenecimiento de ]as cosas. No hay en este tiempo
bendito una ruina que no ostente cu1u.1do menos, el aureo
florón de una salvaje flor de cardo; ni llanada que no se
enverdezca ni arbol que no estrene vestido, ni flor que
oo se expa¿da, ni insecto que deje de lucir al buen sol
viflficante 6 su bruñido coselete de esmeralda, 6 sus
palpitante~ élitMs de punto de seda; ni corriente que no •
se encrespe voluptuosa, ni bestia 1 en fin, que no sienta en sus arterias el desbordamiento de una sangre nueva. ¡Oh primavera, hada de la juventud, que el buen
Dios te bendiga! Primavera te llamas en el h úmedo campo; amor te apellidas en los espírhJJt::!. El poeta de la bar•
ba .florida dijo:

OOMINGO 4 DE ABRIL DE ,897

Enfermos del Estomago

- Bueno! pues que ca nten 103 pijaros y el collado re•
verdezca y h aya p íos de zenzontles y pal pitaciones de
é litrOs de libéJula y llamaradas verdes de coseletes de
coleóptieros y ... ... ¿qué m is? P ctes, todo e30! Ya se i ma ·
ginará usted que no he de ir á. saborear tanta bucólica
sin un traje adecuado ........ .
Y dice usted muy bien y por eso le muestro esa colección de figurines salidos de las manos del m ismisimo
, v orth (como si dijéramos de la Santísima Trinidad. )
Nada de ex plicaciones de modista poco diestra. ¿Le
agradan á usted, lectora? Bueno, pues ahora á el egir u~o
y después que vea yo su lindo rostro expuesto ~l rubio
sol de Abril y á las caricias sanas de la buena primavera!

Es conveniente convencerse de que el DIGESTIVO MOJARRIETA es lo único positivo, lo único que
cura radicalmente las enfermedades del Aparato Digestivo, y exigir grabado sobre cada oblea, el nombre DIGESTIVO MOJARR,IETA.

DISPEPSIA, GASTRALGIA y ENTERITIS CRONICAS
con sus síntomas: Agrios después de las comidas ó Aoidos del
estómago, Sed, excesiva, Hinchazón ó Peso en el Vientre por
poco que se coma, Digestiones lentas ó incompletas que producen Repugnancia, Mareos, Dolores Je \ ientre Vómitos biliosos y biarreas crónicas.
Son enfermedades que según ensefian millares de persosonas bien conocidas y Fespetables, á quienes se vió sufrir durante MUCHOS ANos y además reconocen eminencias médicas
de varias naciones, sólo se ruran COMPLETA y RADICALMENTE
con el

LfCTGI:.\ P,IRA LAS SE~ORAS
~

1

¡

ontabilidad de la casa.

Para que una familia viva
i-in apuro!'!, y cuando_ las
circumtancias lo permitan,
haga economías, es indispeni::able establecer un cálculo
exacto entre loa ingre¡;os y los
gaatos, y someter éstos~ _aquelloe sin el cual reqms1to se
toe~ en el triste escollo del
malestar, que en un plazo
más ó menos largo, conduce
á lastimosos dernEtres. A fin
de proceder en forma ordenada, convendria que la mujer de su caea poeeyera con~cimientos de '.Le1lc&lt;turícl¡ de Libros; pero como semejante estudio n@ es de los que mejor se adaptan al sexo feme·
nino puede suplirse su falta
por ~edio de un sistema sencillo de contabilidad, y esta
práctica debe reeomendarse,
puesto que ofrece resultados beneficiosos.
El sistema ,t que aludimos,
se reduce á anotar en un
cuaderno las cantidades que
se reciben v los gastos que
se verifican.~ Con ePte proCt:idimiento no es poeible incurrir en omisiones.
De este modo se averigua
todos los meses el total de los
ingrei,oa y el de los desembol•
sos, y pueden hacene las
,·· . .
e~onomias que demande la
situación de la familia, economías irrealizables desde el
punto de victa del resultado
práctico, si prescindimos de
tales anotacionee, porque en,
toncee, bien que se conozéa la
\
'
necesidad de disminuir los
gastos, ea difícil señalar laa
partidas qu0 importa modificar en este sentido.
En obsequio de la cla1idad,
y por si en un mismo día
¡ (. /
' ' ,
,, ¡
,,
se compra más de una vez un
artículo, así como por si en
'lf,:::1 t ,1 ~:
épocas dadas hay gastos extra:ordinarioa y transitorioe,
. ..
~
.
,r 'i,,,,,¡,~
'
sirve de muchb el cuaderno en
1'
cues1Mm, de donde pasarán
'
los apuntes á un libro general,
en el que figuren los totales
; ,¡i'
1/
mensuales que arr.oje el cuaderno.
'
;·.4 11! ¡
En una casa bien ordenada, corresponde á Ja mujer el
manejo y la distribución del
dinero destinado á los gastos interiores, y claro es que
nQs expreeawoa en esta forma, Sll;poniendo:que la mujer,
por virtud de su conducta,
•
se hace acreedora á merecer la
confianza de su marido. En
este caso, no hay duda que el
Esp.1l!da del traje para "Five o'cloek tea."
acierto y la buena distribu •
ción serán los resultados que
«Ahí donde falta todo1 la naturaleza se encarga de suse obtengan en beneficio de la familia y del decoro del
plirlo todo: tiene la yedra para las ruinas y el amor para
hogar.
los hombres. ,)
.

.

Cuerpo pa·ra tra~e de casa.

l\Ii mujer, mi hija, mi cuñada, mis hijoE", mis criados
y yo también, lea servimos. Comen carne y beben vino 1

dos grandes neceaid.ades para la infancia. Después de lo
cual, juegan; van á la escuela.
En una palabra ....... pero me parece que he dicho bastante para hacer comprender que esta idea, la introducción de las familias pobres en las familiás menos pobree,
introducción á nivel y piso llano, protegida_por hombres
mejores que, por el corazon de las mujeres sobre todo, no
puede ser mala, la creo práctica y pi-úpia para dar bue·
nos frutos, y hablo de ella á fin de que Jos que puedan y
quieran la imiten.
.
.
Esto no es limosna, es.fraternidad! Esta penetración de
las familias indigentes en las nuestr3fl, nos aprovecha,
como á ellas; es un principio de solidaridad, pune en acción y movimiento y hace marchar, por decirlo así, de·
lante de nosotros, la santa fórmula democrática: LIBERTAD IGUALDAD Y FRATERNIDAD, Es la comunión de nue,-tro¿ hermanos más felices. Aprendamcs á servirles y ellos
aprenderán á amarnos.
·

VrcroR Huoo.

Amemos, bella señorita: abramos nuestro espíritu al
amplio cielo y al excelente sol; hay muchas mariposru!,
flores que vuelan, en loa jardines1 y la buena maga que
-60 lliLma la Moda, derrocha fantasías para la estación.
Ahora le ha dado por los •Hjeroe caprichos. Hay un flgul'in para tertulia que verá usted en la primera plana de
-eete pliego, que parece hecho como el cisne de Rubén
l&gt;arío:
De luz alba, de seda y de sueiro ...... .. .
Bien sé, blanca amiga mía, que para vos pasarían ine.percibidas todas las pompas pcimaverales, sin Jaa pom{l&amp;a 6 los caprichos de la moda. Salir al campo, bien
-eettí.. pero f:aJir con un hermoso traje de mu-de lina de actualísimo modelo!
De otra suerte .. ....

En las 11roitoerias y Boticas.
AGENCll.-APARTAllll POOAL 183.--IIEXICO

sana los humores molestos. é impide
la. calda. del cabello. Cuando el
cabello se pone s eco, claro, marchito

IGII que en su juven tud tuvieron esta. enfermedad y van á. ("asar se. pues pued en tras·
mitir el virus sifilitico y ~ ~os que l_lan tomado mercurio pues elimrna. ese pehgroso
mineral.

{t

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ó gris, le dev uelve el color original

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He establecido desde hace algün tiempo, en mi casa de
Guernesey, una pequei'ía institución de tratern:dad práctica que quisiera anmentar y sobre todo propagar. Es una
cosa tan pequefia (lue puedo hablar de Pita. Es una comida semanal de niños indigentes. Cada semana algunas
madres pobres llevan. sus hijos 4 comer á mi casa. Al
principio tuvo ocho, luego quince, hoy tengo veintidós.
Los niños comen juntos, están confundidos, católicos,
-protestantes, ingleses, franceses, irlandeses, sin distinción de religión ó de nacíón. Los invito al goce y á la
risa y les digo: ¡Sed Hbre,! Comienzan y acaban la col'l'i•
da con una alabanza 4 Dioe, sencilla y fuera de tóda fórmula religiosa.

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35 afios justamente era la edad que llevaba de padecer
una de lna peores enfermedades que pueden sobrevenirle
al hombre, como fOD las.Estrecheces en el caflo de la orina. El tiempo se iba pasando sin que yo resolviera á operarme por el h9rror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundía el clorolormo, y por último, la
dificultad de abandonar un negocio para guardar cama¡
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos; á la -capital, para.consulbr con el reputado eepecialieta Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una manera .~wci,.
lla: dicho íacuHativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme ean~re, sin que yo guardnra cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efecto, el
dfa 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8; duró mi operación cuatro
segundos, soy un testigo viviente del buen éxito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
al famoso especialista y como una muestra de mi gratitud doy á conocer este echo al público y si eetuviera autorizado darfa el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á. mí les ha hecho el Dr. PrPciado.
Lt'IS MA~JARRF...s.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO '
S. C: Méxieo, b'ebrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlá.n de Oarn.y.
Presente.
E..,timado amigo y compru'lero:
Con el fin de que llégue á noticia del público y pueda éste apro,echc.r,.e de los e;.fuer7.&lt;,s y trabajo;. que yo he emprendido, me es grato
manifestar que vd. e!i 1.'mko l'irujano mexicano que vo conoz(·O que
sepa perfectamente mJ método para curer la.« e;.trecheces uretrole~,
del ex6fngo, del reclo',1 del utero J)()t mcclio de la electr61i1'is lineal.
Pueden, puel', loi; t•nfermOR de este 1énero. l'ntrei;rnr¡;e con cnt~m
conlianza a vd , lo mbmo que en cualquier otro USlllll!• que M' refiera A cirugiu, pues ei-toy pen-uurlidode sus aptitudes, de i-u hnhi\ir\nd
pam operar v de su bn!l.ta ilu!itrnción. A Jayez me es grnto de&lt;:lr una
vez más que ·mi método para curar lru::;~tre('hcc•;. es Inofensivo, rá.p\do y de reliultudos mnravmo,-0s y que por mL-&lt;lio de ~l he cunulo m.illnre.s de enfermos en diven,n.c; po.rt(~ del mundo, como lo he probado en lo!'. libros que he c..~rito y en dlver.aas Al'ndemias de )tedlcina.
Hov que re~m.:'&gt;-0á Paris á c•outilma1· mis trabajos d!.l~pu~s de mi
ngrn1lnblc perruanenda de invierno en esm ciudad, quiero que los
me-xkunos !ilµ-an :ipron~ehando misei;fuerzo;1 y por e/ato les reeorolendo se pongan en manos de vd., segurof! de que quedarán sat1i:.fL't'hos.
E."-Cribo á nl. la lH'C~nte para que hll.'lll de ella e,\ 11!10 que m(.'jor le
convcn~, hnl'iéndole presente una vez más mi ~incem apreclo.-Dr,
J. A. lfJl'l, profesor de Anatomtn. de In. Yacultnd de Pnrl;,
;,;¡ Dr. &lt;~a111.y ha practicado nu~er$a!ló ofl('1ndones·por{medlo de la
electrólii;hi, tod(1f! rmi t:i:-ito, y en algunasacompnñndo de los Doctores
M. GuUérrez, ~L Avclevra, J. Zárraga. v A. Gavmo.
El Dr. Adriáu de Gn.rity es profesor de Anatomm. quln.1rgica cn .. lu.
Escuela Nac-ional de lledklna, Cirujano del Hoi,pital Juárez y del
Asilo Español; profel'lor de Higiene en Ju. E.-:cuclti :Normal de Profesare~, Prcicklcnt.e de la ~ocledad Médica "Pedro Kscobedo" y_dtrector
del periódico La Eacuela de Medicina

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de este periódico en Centro América, Sres. J. M. Lardizábal y Compañia, Guatem3-la.
Estiin autorizados pa1 a arreglar contratos para anuncios y suecripciones.

da C011sultas tod08 los dfas, menDll los de fltl!i.a, de , d. 6 de la tarde.

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1

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C.rta intereaante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

\

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"0eraaaero Netrato ae ,9esucristo.

(P.ropledad artisttoa del Seilor Fr11a.01eoo Dustam.ante.)-;\·ea.seelarticulorelatlvo.)

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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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