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                  <text>EL MUNDO

~s

DE ABRIL DE 1!97

Pero no llores! Si el rigor del mundo
A dominar mi espíritu no llega.
Bajo el influjo de mí amor profundo,
Una lágrima tuya, me doblega.

gar, recordando su alma herioca y elevada,
su gloriosa belleza, y Fu desinteresado amor.
No nos avf.'rgonzamos de confesar que nuestro
pecho se oprimió y nnestros ojos se llenaron de
lágrimaR al leer por fin e¡:¡ta línea:

No esta~mos ausentes. De las palmas
Para juntar los besos está el viento,
Y para unir los besos de las almas,
Mensajero de amor, el pensamiento.

"Hic jacet in tumba, mitii; simplexque columba."

,&lt;;encillo, puro, oo¡·o de esta losa,
una paloma e roraz{m reposa.

De

Sentimientos son estos que sit&gt;mpre nos gloriaremos de tener. Basta decir que hasta :M:r.
Dibdin, célebre bibliógrnfo inglée, se sintió
algo conmovido en este ln¡zar, aunque á decir
verdad, estaba refrigerando su estómago al
mismo tiempo. Según él nos refiere con gran
nairelé, el artista que le acompañaba se fué á.
tomar vistaP, en tanto que él, afectado de una
misteriosa simpatía, no podía r:,epararse de los
fra¡nuentos de la tumba y de la comida. Ilay
CU:3ti que Salomón confee-aba francamente que
no t-ntendía, y después de tal ejemplo de humildad, no vacilamos en hacer la misma decla·
racil,n. Entre las pocas cuestiones que nos confunden ee halla esta: ¡Cómo ha podido haber
homf,re capaz de coma asado.frío sobre la tumba
de foes i)'orel!

TOMO I.

Resígnate y aguarda: en el combate
Saldrá triunfante mi constancia fiera¡
Quien ama como yo, nunca se abate,
Quien ama como tú, no desespera.

MEXICO, MAYO Z DE I897.

t;ln tiro por carambola.

Aguarda, el dia del amor eterno
Nos brindará muy pronto sus fulgores;
Recuerda que á las nieves del invierno
Sigue la primavera con sus flores.
MÁXIMO 8oTO HALL.

MUERTE DE ARTISTA

EL ARTE DE SALUDAR.

E11 el siglo pasado, los maestros de baile enseñ11 ban principalmente el arte de saludar y de
bien expresar las cosas con la mirada.
Babia divenaa modulaciones en los cumplimientos y reverencias del tiempo.
Saludando á una emperatriz, era preciso quedar inclinado tres cuartos de seguudo. Al enderezaree, debíaee dirigir ligera y modestamente la
cab. . :-.a hacia la mano derecha de la augusta per·
sona, y se recomendaba que se besase la mano
sin osar levantar la vista hacia el rostro de la
soberana. Era de rigurosa etiqueta que no se diese expre~ión de especie alguna á la fisonomía,
como no fuera la de respeto y hasta temor.
Representábanse todas las grandezas, todas
las coronas, todos los eiglos de esplendor que
brillaban en el rostro de la Majestad Imperial 1
y así se hallaba la actitud que convenía más.
Fara saludará una landgrabe, era de etiqueta
no inclinar mucho el cuerpo, como ei estuviese
una reina. Había entre ellas cuatro pulgadas de
diferencia.
Era conveniente que un gentil hombre mirase á la dama de honor presente en la audiencia,
de manera á darle á. entender por su sonrisa, que si no
fuera por la etiqueta rigurosa, le rendirla lo~ homenajes
que le eran dt:ibidos.
Admitido en pree.encia de la esposa de un gran perso•
naje, un hombre de abolengo no podía hacerle reverencias sionisQJ,, como si hubiera sido un simple campesino.
Los hidalgos .e.e a bordaban mutuamente con un aire
amable que decía sin que hablaran: uEstoy encantado de
hallará usted, deseo su amistad y le ofrezco la mía.,i
Para salvaguardar la dignidad de todos bastaba la
buena crianza de todos, y á la más insignificante injuria
respondiase lccamente con espada en mano.
Enseñábase á saludar hasta á los artistas, y cuando el
maestro de baile no hallaba bastante perfecto, bastante
profundo el ealudo que le dirigían, era de verse con qué
acento insistía.
11¡Un poco más bajo, señor!,,
Los niños usaban por largo tiempo, chaquetas ajusta-

OMINGO

En sus últimas tardes presuroeas,
listo á morir, y con la tumba lista,
el músico vibraba como arista,
entre nubes rle ideales mariposas ..... .
Cada vez que las músicas nerviosas
llegaban al oído del artista,
danzaban en tropel, ante su vista,
sueltas guirnaldas de impalpabh:s rosas....... .
Súbita idea iluminó su mente:
buscó el piano, en las teclas puso un dedo,
y sin moverlo ......... doblegó la frente.
Por la alfombra después rodó perdido!
y la nota siguió clara y sin miedo,
y vivió más que el mi~sico ...... el sonido.
JosÉ Cnoc.ANO.

¡Necio soy! Con inútiles medidas

te quise eorprender, más tú eres de esas

Dos hermosos modelos.

das que no les agradaban, á causa de los saludos y genuflexiones, á manera de las mujeres.
Debían de saber ea\udar de acuerdo con el ceremonial,
según se destinaran á vestir el manto de caballero de
San L1üs, ó la toga de magistrado. Por ahí puede verse
qué consideración é importancia se daba en otra época á
la perfección del gesto y del porte.
Guetábase tanto de las bellas maneras en los siglos
XVII y XVIII, que todas ellas iignificaban belleza y nobles cualidades. Ls. corte y ciudad consideraban como un
regalo ver á la encantadora condesa de Egroont hacer las
reverencias de etiqueta, en gran toilette, y con todas las
perlas here'iitarias de su casa.
Otras dos mujeres tenían la dietinción que ella en el
saludo á la ((Fontanges)i: la reina María Antonieta y MIL
Clairón, de la Comedia Francesa. Todos decían que no
podía haber espectáculo más delicioso, que el de aquellos saludos hechos con toda gracia y nobleza.

que para ser de pronto sorprendidas
se preparan con tiempo las sorpn::sas,

CAMPOAMOit.

La misantropía no es frecuentemente más que una pre·
ferencia que noe damos sobre nuestros semejantes.
Chantavoine.

•*•

Se tiene sed de lo sobrenatural: los que no oreen ya en
los dogmas se dedican á las prácticas de la magia.
Mme. Clemence Royer.

•*•

Yo no temo sino á los que amo; f stoseolo pueden hacerme sufrir.
Mmt'. Blanchelokt,te.

•*•

Nada envejece tanto como lo nuevo, nada se rejuvfnece como lo viejo:
Guy Deeajopeste.

ESPERA

Es forzoso partir, romper el broche
Que nos ba unido con su lazo estrecho¡
Ya las tranquilas horas de la noche
No te verán dormir eobre mi pecho.
Al separarme de tus brazos siento
Que despedaza mi alma la congoja,
:r.fas quien resiste? Cuando arrecia el viento,
Del amado árbol se desprende la hoja.
"No lo be querido yo, Dios lo ha querido,
Cúmplase su desigmo soberano:
El ave deja abandonado el nido
Para ir en busca del precioso grano.
Suframos ambos nuestro mal á solas
Ya que lo manda nuestra suerte avara:
Un beso de la briea une dos olas,
Y un golpe del oleaje las separa,
Al deeprenderme de tu amante lado,
Sólo á la voz de wi deber escucho¡
Cuida tú del hogar abandonado
Mientras yo lejos, te recuerdo y lucho.
Si sólo piso en mi camino abrojos,
Y hallo la muerte en pos de mi quebranto,
Honra con tu constancia mis deepojos
Y riega mi sepulcro con tu llanto.

F'reciosa criatura ....... ..

Mas si se cumple tu feliz preeagio
Y el cielo eenda más feliz me marca,
Volveré á tí, cual libre del naufragio
Al puerto que dejó vuelve la_barca.
Tr.aje de calle con blusa de sarga.

[ Ulbujo de Joaé M. Vtllasana.J

Traje •·Tallor" y sombrero de paja.

•

NUMit,RO I8.

�EL MUNDO

286

DOMINGO 2 de MAYO de 18!i111

públicas latino-a.mericanaa. Para exportar en proporción ex~ste entre la realidad y el ensueno, olvida por un ina ..
de lo que el pequeño E::1tado de Costa Rica envía al ex- tante su papel apocalfptico, y deja caer sobre la concien-terior, necesitaríamos que nuestras remesas representa· cia. asombrada de su público, declaracionesque:resuenani
ran una cuntidad.igual á 559 mülones de pesos, en núme- como barretazos en el pedestal del ídolo que reveren•
MÉXICO
ros redondos. Para compararnos cou la Argentina, Slt cian.-Así aconteció con el difunto Afonitor Republicano,
Toda la correspondencia que se relacione con la Re-- millones, y para rivaliza~ con Chile, 299 rn,llones.
en el triste amanecer de un 16 de Septiembre, en el que,
iacción, debe ser dirigida al
He aquí todo el problema fiscal en breves términos: al hacer el viejo campeón del expirante jaeobinismo, eH
Director, Lle. Rafael Reyes Spindola,
una maea imponible de riqueza creada, muy inferior á balance de sus idea.le~, se encontró con que la cuenta coToda la correspondencia que se relacione con la edición
las necesidades públicas de un país lanz;ado á todo vapor rriente presentaba un ealdo en su contra de algunos cendebe ser dirigida al
en
el camino del progreso.-Por eso es de aplaudirse el tenares de beodos, arrastrados enérgicamente á las comiGerente, Lle. Fausto ltloguel.
resultado
obtenido en la elaboración del presupuesto, sarías.
La subscripción á EL MUNDO vale $1."25 centavos al
Para modificar esencialmente los elementos constitu·
m,a, y se cobra. por trimestes adelantados.
cuando la necesidad de conservar el crédito acrecentaba
Números sueltos, 50 centavos.
ti vos de nuestro organismo social, hay que afrontar con,
la fuerte partida destinada al servicio de la deuda.
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicación.
Feliz;mente sobre el vasto campo de la producción na- valor el cuadro de síntomas de nuestras dolencias nacio ·
Todo pago debe acr precisamente adelantado.
cional se han :irrojado abundantes pufiados de semillas nales, puesto que para curar una enfermedad es preciso,
RÉGISTIUDO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.
que comienzan á. estallar en el surco. Sobre la esperanza antes que nada, diagnosticarla.
de un ensanche de labor social, deben descansar todas
nuestras probabilidades halagüeñas para lo futuro. En
la antigüedad, las agrupaciones sociales vivían de la conquista y del despojo . .Actualmente, los Estados viven del
trabajo y del tráfico. Ah( está vinculado el porvenir na- RESUMEN.-h1 guerra de Oriente.-La derrota de los.
griegos y la agitación popular.-lnconsecuencla
Asi como los muertos siempre tienen razón-según la fra~ cional, porque, como se ha dicho y repet:.ido basta la sade las rnasas.-La monarquia y la demagogia.ee de un escritor contemporaneo-los gobiernos que tie- ciedad en estos últimos tiempos, solo los pueblos ricos
El rey Jorge en peligro.-La responsabilidad de las..
Potencias.-Ls última promesa.-Conclusión.
nen la desgracia de ser vencidos en luchas de armas con- se encuentran en condición de ser libres.
tra un Estado en-amigo, siempre resultan culpables á los
No eran vanos nuestros temores ni infundadas nuesojos de los pueblos.-Esta ley sociológica formulada por
tras
zozobras, por la suerte lamentable que amenazaba á
EL MUNDO, con motivo de las probabilidades de una gueGrecia
en la lucha que tiene empeñada. con su llntigua
rra con Guatemala, acaba de ser comprobada por los he·
dominadora y poderosa duefia, la imperial Turquía. Sea
chas; y á. riesgo de que se nos tache de inmodestos, llaUna casualidad nos ha dado á conocer este hecho que
mamos la atención sobre este hecho que demuestra, no merece atenta meditación. Durante las veinticuatro ho· falta de pericia en los generales ó inexperiencia en el jonuestra extraoriinaria clarividencia de augures politicos, ras correspondientes al domingo de la semana anterior 1 ven Constantino, colocado en el primer pue5to del ejérsino la solidez; del método que empleamos en nuestros es· fueron consignados á. una Comisaría cuatrocientos indivi- cito1 no obstame sus floridos años, por el acendrado patriotismo que ha manifestado y su ardiente amor á la
tudios sociales.
duos acusados y responsables de di ver.sos delitos y falEl cable nos ha auunciado 1 en efecto. que como conse- tas de policfa. Ti!.l dato es altamente revelador de un es- tradición helénica; sea que las huestes griegas, animadas
cuencia de las últimas derrotas sufridas por los ejércitos tado social, con insistencia delineado en estas páginas. de un deseo vehemente de vengar ea el turco afi..-josrencores y tradicionales odios, han sido impotentes para
griegos, el pueblo de la doble penínsu1a ha manifestado
Así, mientras un diario iddlista dilapida su tiempo y su
resistir el empuje de las tropas que manda Edhem Pa. su indignación contra el rey Jorge, produciéndose un mo· tinta en maripoeear en torno de las costumbres dein'Jcráchá;
ó que los bravos otomanos orgullosos, con sus laurevimiento en favor de la República. La gran culpa del ticalj, el ((gigante luminoson-como lo llamó un orador
entusiasta monarca consiste en ser impotente contra el -se abandona en la vía pública ó en la atmósfera pesti• les que no pudieron arrebatarles los ejércitos griego:i en
triunfo de las huestes enemigae, y su enorme delito el de lente de la pulquería á los actos más asquerosos, hasta los teductos de Plewna, á pesar de su derrota; fieros con
sus tradiciones que en otro tiempo los hicieron dueños.
no haber cubierto á los soldados helenos con la aureola
llegar á la alarmante estadística de que acabamos de hadel mundo civiliz;ado; ebrios con sus fanatismos que los.
de la victoria.
cer mención.
empujan
inconscientes en lo mis reñido de las batallas 1
Y sin embargo, no hace tres semanas la Grecia se conU u partidario del Estado todopoderoso, reclamaría el
movía ante la actitud heroica del soberano, y en loor su- apoyo del gobierno, apronchando la oportunidad de alucinados con sus ideales que los arrastran á buscar
yo entonaba himnos épicos. ¿Qué ha sido preciso para vociferar-elocuentemente contra el poder público, del muerte gloriosa por la defensa del estandarte verde del
Profeta: ello es que los súbditos del rey Jorge, rechaz;ac1mbiar la conciencia de un pueblo? Lo inevitable: la
que decía una publicación no hace muchos meses que ha
acción ruda y poderosa de un ejército más numeroso, sobre debido modificar al pueblo física y,¡moralmente. Por des- dos en Macedonia, arrollados eu los desfiladeros de Mi·
lM enérgicas huestes griegas, cuyo valor ha luchado en va• gracia, esas cualrocienlas unidades humanas afectas á las lona1 _,..otos dentro de las murallas de Matti, casi aplasno contra la superioridad incontrastable de eua adversa• expansiones dominicales, no se modifican con un decre- tados bajo los muros de Turnavo, han abandonado á.
toda prisa, en medio de terrible confusión, presa de pánirios.-Ser vencido en esta contienda, equivale á ser trai• to, y las lobregueces de semejantes espíritus no se disico
terror, no en retirada honrosa, sino en palpable des·
dor.
pan al golpe de una ley providencial: ((háganse loe
El rey Jorge, á semejanz;a de Lear, puede ahora meconsoladora fuga, han abandonado la plaza forticada demalos, buenos!•
ditar amargamente sobre la ingratitud de los pueblos:
Larrisaa, refugiándose unos en la ciudad de Volo, donde
No faltan publicistas que de tiempo en tiempo se es•
una oleada de entusiasmo lo convirtió en el ídolo de las
pueden ser socorridos por la escuadra, y haciéndos~ fuerfuerzan en destruir las causas de todos los malos efectos,
multitudes; oira oleada lo derribó de su pedestal. La his·
tes otros en Farsa.la, donde intentan resistir el peso de
creando una situación artificial, que si no remediaría
toria recojerá esta uueva página de las iniueticias hulas fuerzas mahometanas.
dolencias de gravedad latent.es enel organismo, estorba•
manas.
ría la satisfacción de necesidades legitimas. ¿Quién no
Inmensa ha sido la resonancia de esta derrota en todoha oído proponer un fuerte impuelilto sobre las bebidas
1l'.o!i ¡¡ns11¡¡11eslos 1J el ¡¡roblema ~scal.
el territorio helénico; tel!l.pestuosa la agitación popularalcohólicas como medio de desterrar la embriaguez? A
que en ola.e turbulentas amenaza hundir la monarquía;
Durante la semana, la Cámara de Diputados se ha es·
los partidarios de este extrafl.o programa} les diríamos,
tado ocupando en el examen y aprobación de las inicia· con Musset, que no hay que confundir el vino con la inaudita la excitación de las masas, fáciles de ser arrebati vas de presupuestos para el a:tlo de 1897-98.-El resul- embriaguez. Semejante impuesto, que la práctica ha con· tadas por la tronante voz de los demagogos, dócil ine•
tado de la comparación entre las cantidades p,obables de denado en otros países, no perjudica:ría al vicioso-s1e...o.- trumento en manos de loe agitadores de oficio, materia
ingresoa y las de gastos, arroja un su.perabit de algo más pre interesado en eludir la ley-sino al que ha menes~ prima elaborable en poder de los que viven al ruido de
de quince mil pesos, suma que, en realidad, debe estimarse ter, para el cumplimiento de exigencias fisiológicas, de la asonada y al concierto áspero del motín, blanda cera
para los que pretenden usarla como medio de escalar las
como mucho más considerable, en raz;ón de la sólida ti• la materia objeto del gravá.men.
alturas del poder. Los pueblos que ayer atizaban el odio
midez con que están calculados los rendimientos de las
Como en todos los casos análogos al que sefialamos, no
al mahoIDetano, obligaban al Gobierno de .Atenas á derentas federales.
son las medidas directas y radicales las encargadas de
Continúa, pues, la nivelación en este importante ramo establecer el equilibrio; la aalud está en la adopción de clarar la guerra, constreñían al re.y Jorge á asumir enérde la Hacienda Pública, hecho económico de gran tras- un tratamiento tónico que comunique vigor al organis- gica actitud en la frontera m3.ced6nica; las maeas incono:;cientes que no ha mucho todavía levantaban arcos trinncendencia para el país. en otras épocas sometido á un de- mo. La higiene antes que la terapéutica.
fales al paso del príncipe Constantino, porque, alentado
ficiente constante, al que parecía estar condenado sin apeEsos cuatrocienlo8aeres humanos representan la ola nelación, El gran esfuerw que la República ha desarrolla· gra de una colectividad elevada á. las más alti;s funciones por su juventud y en alas de su ingente patriotisron, vodo, cooperando vigorosamente á la obra :financiera, inau- sociales. Ali(, en e&amp;e abismo de ignorancias y depresio- laba ti la cabez;a de los ejércitos que habían de dii-¡ ntar
el paso á los adoradoree de la Media Luna; las que ayer
gurada en momentos de pavorosa crisis, da una muestra nes, de vicios y apetitos, se recluta el pensamiento que
frente a1 Palacio real aclamaban al rey Jorge, cada vez
de la elasticidad de sus elemen os. Y todavía la nación la prensa metafísica se ha complacido en hacer brotar,
ha corne1uado apenas á dar las primeras muestus de su como una flor de aroma exquisito en medio de las ema• que con energia y virilidád interpretaba el sentimiento')
energía productora, aun nos falta mucho para poder pre· naciones de un pantano. Allí está vincula.do, para cier- popular; las que embriagadas con sus recuerdos histl risentarnos ante et mundo del trabajo como un mercado tos publicistas, el porvenir y la salvación de la Repúbli- cos y soñando con los lauros de Maratón y Salamiuu~
sin comprender la hostilidad de todas las potencias, sin
activo y resistent:.e de la actividad humana.
ca. Con esta brillante materia prima elaboran muchos
medir el número ni la fuerza de sus enemigos, e.e prepü·
No hace muchos ailos un aficionado á los asuntos esta- cándidos sus boletines sobre las costumbres democrálictrs!
raban á celebrar fácil victoria, ahora fe vuelven contra
dístico~, nos demostraba, midiendo el monto de la riqueSucede á. veces que uno de estos escritores, fatigado un
el
Gobierno1 maldicen al rey Jorgf", reniegan de la di•
za producida por el valor de las exportaciones, que Méxi- dfa de sus juegos de imaginación, arroja una mirada al
nastía
dejan ernuc:lar la fatíJ.ica p.ilabu de traici6n, Y
1
co ocupa un lugar muy secundario en la lista de las re- medio que lo rodea y al ver la enorme distancia que
1

" E L ltI'UNDO"
S•manulo Ilustrado.
"Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.

motas eilitorhtle5.
Untt lctJ fürcio lógica.

l!Jalítica ®rneral.

•••

~~DO;;;;M;;l;;N;;G;;O~•,;:d;;•:,;M;::A;;Y;;O~d;::•,,;•892!1~=================E~L~M:;UN~;;D;;O~=======================aa..:,a::_7~

8in reconocer SUB propios errores, achacan toda la catás •
trofe á la impericia 6 mala fe de loe que dirigen la cosa
pública.
Pueblos tornadizos, cambiantes maaas, volubles muJ ..
titudes, siempre derribarán al 1dolo de un dia, y levantarán sobre el pavés á. los que halaguen sus pasiones, acari•
cien sus instintos y por cualquier medio los conduzcan á
satisfacer sus ambiciones.

•••

Y no es que veamos con indiferencia la derrota del
griego, que significa la libertad y el triunfo del turco, producto extemporáneo de una civilfaaoión caduca y enfermiza, fruto tardío de una época petrificada, indigna de la
cultura moderna; no es que nos regocijemos al ver la herida profunda que ha recibido ei helenismo en los desfiladeros de Macedonia y en las llanuras de Tesalia; no es
que dejemos de considerar el retardo que sufrirá la expansión griega 1 llamada como en otros tiempos, á llevar
el verbo encarnado de sus ideales, á toda la región en
donde brillaron sus dioses, fulminaron sus héroes y se
consagraron sus poetas y sus sacerdotes.
Duélenos ver á la que en la historia fué antorcha para
todas las tinieblas, libertad para todos los oprimidos,
consuelo para todos los que lloran, inspiración para to•
dos los artistas, onda eólica para todas las harpas, duélenos ver ii Grecia, virgen ofrecida en holocausto por la
civilización de todos los pueblos, abandonada por las na~
ciones fuertes, desamparada de los que debieron aocorrerl_a, BQJa y afligida, entregada á la crueldad de sus
señoree, expuesta á las terribles venganzas de eue antiguos tiranos, que al intentar hacer la redención de Creta,
sangre de su sangre y médula de sus huesos, se ve sacrificada, no pQr la crueldad. de Abdul-Hamid, no por el
salvajismo de los otomanos, no por la :fierez;a tradicional
de los rudos Osmaolies, sino por el miedo impío, por el
temor inconsiderado de las potencias europeas, que hablan á voz en cuello de acuerdos unánimes y conciertos
pacíficos, en tanto que el odio y el rencor y las riva1idadades corroen sus entrañas en revuelta y confusa fermentación
No se conmovieron con las lágrimas del cretense, que
:reclamaba libertad1 y emprendieron horrenda cruz;ada
anticristiana, para oponerse á. las aspiraciones de Grecia,
que intentaba romper las ca:lenas q11e por dos siglos ataron la sagrada Iala1 al carro de la barbuie muslímica;
no se eat:.1emecieron con el canto guerrero de los tesaliotas, que anhelaban vengar en sus altivos señores el
odio de cuatro centurias, y creyeron que la nación grie.
ga retrocedería espantada de su propía obra, pensan do q·1e la tierra que ha producido Leónidas y Temísto~
eles, Aristides y Filopeméo, retrocedería con pavura an •
te la posible derrota. Y dejaron hacer, y permitieron que
las hostilidades quedaran rotas y toleraron que los turcos
acuchillaran á loe soldados bisoño; del príncipe Constantino, y reservaron su intervención para el momento
en que la bandera de Edem. Pachá., flotara orgullosa so•
bre las fortalezas de Larieea.
Ha llega-lo ese momento1 y las potencias indiferentea
y crueles, cruzadas de brazos, aplazan nuevamente su in•
tervención. Ven vacilar el trono del rey Jorge, al soplo
huracanado del pueblo griego á quien excita la demagogia, y no acuden en su auxilio sus augustos primos, los
soberano3 de la tierra: ven AGrecia infeliz;, humillada y
rota, bajo la espada vencedora del turco, y no van en
ayuda de la acuitada.
¿Para cuándo guardan sus decantados favores? ¿Para
cuándo reservau sus tareas en pro de la civilización cristiana?
X. X. X.
Abril 29 de 1897.
OTRO PAGO DE$ 2,394 DE "LA MUTUA'"

ENMEXICO.

México, .Abril 27 de 1897.
Se:tlor D. Carlos Somm.er, Directer general de ,cr.a
Mutua.''-Presente.
Estimado se:tlor:
Agradecida á. Vd. por la eficacia para la consumación
del pago de la póliza número 674,014, dirijo á Vd: la presente manifestándole que hoy en presencia del Sr. Lic.
Diego Baz, Notario Público, recibí en la oficina de 1cLA
MUTuAn la eu.ma de $2,394.38 valor del Seguro que en esa
Compañía tenfa á mi favor mi esposo el Sr. David Car.
son Gaul, siendo por valor del Seguro $21 000.00 y $394.38
por premios que pagó por él y ~ue c&amp;nfonne al contrato
se me devuelven, en consecuencia el costo del seguro fué
un peso.-De Vd. afma. atta. y S. S. Jfre. All.ilne Gaul.

EN TIERRA Y.1.NKEE
NOTAS A TODO VAPOR
DESDE ARRIBA

Yo creo que el elevador1 esta caja de fierro 6 madera,
elegantísima A veces, que sube y baja. sin Ct!sar, por medio de un sencillísimo mecanismo, se inventó sólo, surgió un día del anhelo de eucaramarse por la atmósfera,
que Bintieron Nueva York, Filadelfia ó Boetoo, qué sé
yo, de la necesidad de establecer pirámides humanas en
estrechísimo recinto, caro como una acción de mina en
bonanza, de hacer inmensos alojamientos vert.i.cales1 pc,r
la imposibilidad de hacerlos horizontales, de todo esto;
pero hay que pensar que sin el elevador, todo esto habría sido imposible, y como era indispensable, el eleva•
dor nació. Y como el agua del río sube por medio de una
bomba de vapor á los más altos niveles, aei. aquel río de
gente que en wagones, y carruajes y á pie c.Jrre durante el día por las calles de la gran ciudad, se distribu ·
ye en infinitos canales vivos, que ascienden y descienden incesantemente dentro de aquellos edificios, donde
hierve el esfuerzo humano, á. lo largo de cables de acero
q1i1e por la ligerez;a, pero perenne conmoción que producen, parecen hechos con nuestros nervios. Pero así es
este pueblo; derrocha tal cantidad de fuerza nerviosa,
que si se pudiera trasmutar en eléctrica, basta.ria para
alimentar un fanal que alumbrase un cuarto del planeta.
Estas reflexiones hacía para mis adentros visitando á
algunos amigos en sua nichos del tercero, del quinto, del
octavo piso de eeas enormes casas de oficinas, building,
de la ciudad-baja. Uno de loe mozos que conducen loa
ascensores de la casa en que está nuestro consulado, sa•
be algunas palabras en m.rjicano, come' él dice¡ su voca·
bulario se compone de diez ó doce palabras, pero muy
expresivas; son desvergüenzas en eepailol muy castizo.
.A las once del día aubiamos una escalinata de fierro,
tomábamos nuestros billetes, y á Brooklyn ......... Lo que
más admiré en Nueva York fue, primero Nueva York, no
me habría cansado de verla un afio entero, siempre en·
contra.ha yo algo nuevo, y si no algo bello1 sí siempre interesante; me gustaba más aquella Nueva York de bulto,
que P11rís ó Londree ......... en estereoscopio, que es como
he visto ¡ay! áLondres y París ......... Pero Nueva York
tiene sus detalles que son maravilla.a; duodécima maravilla del mundo ( la 13; es la Torre Eiffol): ¡el puente de
Brooklyn! Pot supuesto que la tal maravilla tan cacaread.a y tan elogiada ......... lo el!I en realidad. No ea un
humbug, no es un borrego este puente. Allez y i•oir, como
dicen los galos . .Anduvimos como medio kilómetro sobre
aéreo tablero de fierro, por encima de la ciudad, antes de
llegará. la orilla del Easl-Ricer, que la separadeBrooklin;
en cada orilla se levantan sendas pilas soberbias, macizas basta la altura en que el tablero colosal del puente ee lanza sobre el río y clareadas en su eatructura :1t1perior por un doble arco ogi vo. Y es indecible la elegancia
de esta cosa enorme ( que me perdone el lector loa epitetazoe, no hay otros en mi ear,iet de viaje.) Hay una gracia de encaje metálico en la onda espléndida que traza
esta hamaca de cuatro cables de acero kilométricos, que
partiendo de otras curvas amplísimas sobre la tierra firme, atraviesan las carnizas superiores de las pilas y sos·
tienen á cuarenta metros de altura sobre el agua 1 una
mesa tramada de metal de 450 metros de largo, cuyos
bordes están unidos á. la curva por varillas de acero que
se cruzan con las que parten en abanico de las carnizas
al puente, formando una red que da fuerza, aumentando
la gracilidad aérea de la construcción.
Veinte mil personas por ahora atraviesan este fragil
paso sobre el abismo, unas en las líneas férreas, otras en
carruajes y sobre una amplia calzada los de á pie, viendo
bajo sus pies las puntas de los masteleros de los barcos
que pasan y pasan, sin lograr tocar con sus penachos de
humo el levís.imo arco de fierro trazado en su cielo.
Por las ventanas de nuestro wagon vimos iluminarse y
desvanecerse como ilusión de óptica la bahía, bordada
acá. y allá. de una movible mies de mástiles y surcada por
buques enormes de cerca, pero que parecían juguetes de
ni:tlos sobre aquella límpida plancha de cristal azulosa
que se angostaba y canalizaba lentamente para paear debajo de nosotros.
Llegamos á Brooklyn, ((una ciudad L.ermosa11 que pegada
á Nueva York no es mas que u.u. suburbio enfático de la

Empire-Oily. Por aquí corren y corren loa cochee eléctri•
coa, que en Nueva York no ha permitido el Ayuntamiento; pero nosotros tomamos una especie de wagonete que
nos condujo al cementerio, á Greenwood. Es un parque inmenso; las amplias calles suben y bajan en comodísimas
rampas en torno de camellones vestidos de una moqueta
espesa y sedosa de grama inglesa de un verde ideal. · Loe
árboles que parecían haber detenido gotas de sol en sus
frondas de oro otoñal, sombreaban aquellos montículos
que convidaban no á. dormir, ni siquiera á dormir el líltimo sueño, sino Asentarse sobre ellos con una cesta repleta de provisiones al lado. ¡Diantre! .Así es la vida:

en verso todo empieza; todo acaba en prosa
aquello era melancólico, monótono, delicioso como el
c&lt;l'ementtrio de .Jldea,, de Gray:
Bajo de aquellos álamos nudosos,
del tejo melancólico á la sombra
donde se alza en mogotes numerosos
el césped verde en desigual alfombra.
(Tradlltria.)
y sin embargo: ¡ay! de m!, no me quitaba el hambre. Ni
había por qué; el ce:firillo era glacial, el paseo largo, la
muerte es larga, ea muy larga¡ un poeta latino de la decadencia, es decir, de la edad en que las razas sanas empiezan á volverse histéricas, B:1lbino Dávalos, lo debe de
haber dicho: mo-rs longa, i-iltt bret•is. No, ni había porque perder el apetito ahí; ab( la naturalez;a es solemne,
pero la muerte es industrial. Torrecillas góticas, sepulcros ingeniosos, &lt;,stentosos algunos, sin gusto todos; aquí
está. el sepulcro del inventor H., del filántropo R, del
General M., del fabricante de pianos Steinway, del in·
ventor de la 11oda·water. Pues bien ¡cómo perder el apetito, á. fuerza de tristeza, delante de la tumba singular del
inventor del agua gaseosa! Dejé1 pues, aquel magnífico
jardín, suspirando por un buen roast-beef y una taza de
leche. Logramos satisfacer nuestro irreverente deseo y
volvimos á pie por el puente. Dejábamos la muerte atrás,
esta es la vida; los hombres desa¡,&gt;arecen, pero el hombre
no, el hombre es eterno-eterno en términos hábiles, co·
mo dicen los abogados, una eternidad de un par de millones de años, una eternidad de bolsillo; pero ti esa eternidad acomoda sus obras. Esta es una de ellas.
Nos comprime el panorama; á nuestra derecha el río ó
el brazo de mar que baña por el Este la isla de }fanbattan1 corre y se pierde, literalment:.e cuajado de embarcaciones, de todas las formas, de todos l0e tamailos; navíos de e, uerra que paean debajo de nosotros, chatos, con
sus torres de fierro por donde asoma la trompa siniestra
del caftón monstruo, sus marinos y oficiales muy tiesos
y muy indiferentes, cada uno en su puesto, como solda•
dos de plomo de un metro de alto, rumbo al arsenal de
Brooklyn; navíos mercante!:! donde todo es movimiento
y ruido, y mil otros en perpetuo vaivén; todo se ve muy
claro desde arriba, no se pierde detalle y se abarca el
conjunto, sin embargo, y esta es una diversión superior.
Ahora, si se separa la vista del Eaet•river, encerrado en
un doble cantil formado de erlificios monumentales de
Brooklyn y Nueva York y se dirige al otro bdo del puen•
te, á la bahía, grande como un golfo, vivient:.e como una
ciudad flotante, sembrada de islas, y unida en el horizonte con el Oceano y desvanecida en el espacio, entonces ...... Aquí tienen UBtedes un espectácul'l que no cam•
biaría yo por todos loa lanches del mundo; pensaba esto
con toda sinceridad; ¿sería porque ya había lanchado?
Puede ser; lo que quiere decir que ya no soy poeta.

•••

Sería curioso que me metiese ahora en la empresa de
describir el Post-office; la casa de Correos de México, no
se le parece.-Ni la fachada de vieja casaespaiiola, remo•
zada por nuestro estilo arquitectónico oficial, que es banali.simo, como diría yo si no perteneciera a la Academia,
tiene puntos de comparación con esta fachada suntuosa
y fría, terminada por mansarda.s ó buhardillas como las
del Louvre ó de Versalles; ni el patio en que se recibe al
público en México, en derredor de casilleros de poca importancia, puede dar idea de esta amplísima nave, techada de cristal, sostenida por altísimaE columnas de estilo
noble, rodeada por altísimas galerías de fierro 1 mucho
mejor ilumidada por la electricidad que por el sol las calles de la ciudad y en donde las meeas y los escaparates
forman como un plano en relieve de edificios de madera
y callea y plazas por donde discurren centenares de per
sonas ..... .

�DOMINGO a DE M~YO DL olgJ

EL MUNDO

¡Y por qué habíamos detener aquí una casa de correos,
si no la hemos hecho! Si aquí ha sido necesario apropiar
loa macizos edificios coloniales, todos de estilo con ven•
tual y adecuados para.la vida interior de silencio y recogimiento, á. la vida moderna que es toda exteri~r, toda
actividad, toda fiebre ...... Eeo llegará y espero que lle•
gará mejor; entretanto no nos conformemos con lo que
tenemos, no, go a heud.

•••

¿Y aqudla cúpula de cobre que ee me incruet6 como
un clavo en el cerebro cuando divisé á N. York por primera vez en esta supuesta isla.de Manhattan, que en realidad no es más que una lengu1. de roca arenosa, erizados de docks los bordes como la defenea de un peje-sierra?
Aquí está, sobre una de estas torres anguloeas en que
vive esta gente, rn frenética vida de negocios y que noes
posible llamar casas; son los templos del business. Arriba
puee; pagamos uags cuantoscen'tavos, entramos en nuestra jaula ...... Sólo el tiro de una mina puede dar idea de
€Stas pozos, por donde vuelan loa ascensores ...... Llegamos, subimos una escalerilla de hierro y henos aquí
instalados en una ventanilla de la cúpula.
Ya sabía yo que así t:-ra N. York; no había cesado de
Dgarármela así y ¡qué sorpresa! Cómo dar idea de este
apeñuzcamiento de edificios aquí abajo de nosotros, que
un poco más allá se calma, se serena, se regulariza y se
escapa en macizos regulares de casas rojas, iojizas 6 enrojecidas, que no dejan de ser grises sin embargo, y se
va, se va por la estrecha isla y se pierde en nuestros horizontes en un salpicamiento de manchas verdosas de
árbolee, por entre giro nea de nubes de carbón de piedra.
Desde esta altura se ve á nuestra derecha la línea de
BrookJyn y el puente en un eEcorzc,maravilloso; por entre los ángulos de las casas se ven cruzar las velas, las
chimeneas, los árboles desnudos de los barcos; aquí abajo se distinguen loa ramales de fiierro del ele1:ado sobre
el cual arrastran sus enormes' eslabones los trenes, que
pasan y pasan, tragando y vomitando gente en las estaciones. Más abajo los coches funiculares surcan ríos de
viandantes y de carruajes que forman gruesos Pudoa vivos en las boca calles, que se disuelven y se forman instantáneamente. Broadway, como una serpiente negra de
multitud, corta al sesgo las otras corrientes y casas y calles
y avenidas y plazas y se pierde qµién sabe dónde. Aquí no
surgen los campanarios, como en nuestras ciudades, una
que otra aguja gótica, que nunca se sabe si ea de una
iglesia ú oficina pública, ó colegio ó compañía de seguros; las que descuellan como torres son las casas altas,
las de quince ó veinte ó veinticinco pisos, como esta azulosa y aun no rematada que vemos aquí á un lado. Los
penachos de humo espesos cerca y tenues y blancos á
medida que se alejan y que se escapan de todas las chimeneae, dan á todo esto cierto aspecto de inmensa ~staoión de carros fúnebres, inmóviles bajo sus plumerós
ondeando en una sola dirección.
Corrimos á otra ventana. Oh! el agua, el agua, las tendidas, las interminables planicies de agua, este es el panorama supremo, este es el espectáculo que nnnca sacia,
que hipnotiza, pero que no cansa, que absorve la mirada
primero, y el pensamiento luego, y la emoción después y
lo deja á uno sin conciencia como el fragmento de madeil'B que flota á merced de las olas ...... Cada contemplación
del mar es un naufragio, ea un desvanecimiento infinitamante voluptuoso en el no ser, el nirvana de los budistas
aquí estli, de aquí brotó la imagen que se tornó en idea,
que se volvió sistema en el cerebro de los filósofos ascetas de la India ........... .
La bahía se ve desie aquí admirablemente recostada
en la luz de esta tarde clara; está gris como el cielo, pa·
rece formada de cielo líquido; las islas cargadas de edi·
ti.cioa y espinadas de mástiles la pueblan sin disminuirla; todos loe monstruos que surcaban el oceano en los
tiempos terciarios han vuelto á la superficie en forma de
navíos, de ferrys, qué sé yo, en todas formas; pero rígidos en sus inarticulados carapachos de fierro, con sus
caudas rotatorias ó sus formidables aletas que transforman las olas en lúminas explosiones de diamantes y topacios ...... .. . Allá enfrente, ea una isleta, se ve una figura que parece la vigilante pastora de estos mostruoa marinos¡ la libertad de Bertholdy. ((Nos queda un segmento
-de tarde y de luz: vamos a1lá.n

•*•

En el vaporcillo que tomam!)sparair á Bedloes-Island,
-en donde alza la estatua de la libertad su antorcha que

ilumina al mundo, nos divertimos bastante: una murga
más 6 menos húngara, tocaba vahes y polkas sin tomar
resuello, más que para enviar al primer violín de la orquesta á recoger los medios dolara de los pasajeros, y una.
parvada de muchachas que parecía escapada de un colegio del Sagrado ~Corazón protestante, bailaba incansa·
ble, sin mamá ni tía que la vigilase, y cuidada sólo por
el pabellón de las eBtrellas que estampa sus barras rojas
en el rostro del que insulta á una mujer y por los grandes ojos de bronce de la Libertad que va viniendo colosal
y rigida hacia nosotros.
Mis lectores saben de memoria la estátua de la libertad, regalada por la República Francesa á la Norte-Americana; se la encuentra reproducida en si mili· bronce, en
aluminio ó nikel en todas las tiendas de baratijas exóti_
cas. El original es aterrador; quii!iro decir que la primera impresión que en mí produjo, fué el terror, exactamente igual á la que reciente un niño frente á un toro.
Esta seneación es fugaz: acercándose al pedestal, que es
una torre, la impresión se desvanece casi · por un detalle
que la dispersa y la disuelve; aquel coloso está hecho ( á
la vista, naturalmente) de pequeñas placas clavadas artíeticawente¡ muy dificil es que se Iunda toda aquella
multitud de fragmemos en una sola figura. Cuandu es•
ta reaparece á nuestro&amp; ojos, ya es más serena la imágen.
Es de una serenidad sublime; toda la estatua viene de Grecia; parece sal-ida del Taller de Scopas. El busto recuerda á la Juno-Ludovisi, la diad~ma de rayos y la clámide
y el epomis son apolíneos; la escuhura helénica es una
fuente de eterna juventud; el artista necesita no copiarla,
sino dejarse sugestionar iofinitamente por ella; así Bartholdy. Y era natural, la libertad, la política, la civil, ea
uoa invención helénica, mejor dicho, es un producto del
intelecto de los helenos, como la ciudad, como la civili•
zación; mejor dicho, es la civilización misma; esta libertad iluminando al mundo, ea el geroglífico gigantesco de
la civilización humana.
Precedidos por nuestras intrepidaa compañeras de viaje subimos la escalera altísima del pedestal; luego ví la
estrecha espiral de fierro que por dentro de la estatua
misma sube á la diadema y á la antorcha, y teniendo en
cuenta mi volumen, vacilé y me quedé; mis compañeros,
fuerte y ágil el uno y delgado como una fibra de ramié
el otro, treparon en pos de las mises. Yo pude á misanchas ver ( no me caneaba de ello nunca) la esplendida
bahía de Nueva-York.
La ciudad enfrente derramada en tropel en larguísima
isla; á mi izquierda el Hudson á donde, entre un centenar de embarcaciones, penetraba un magnifico paqu.ete
rojo y negro de la Trae:atlántica francesa; en la otra orilla
del Hudson, N. Jersey, una reducción en ladrillo y fierro de la gran ciudad; del otro lado de esta, aquí cerca de
nosotros, la isla del gobernador cubierta de pesadas construcciones; más allá el diluvio de cafi!as de Brooklin, sobre el Eastriver, como trazado en gris con la punta de
un pincel mojado en tinta de China; el puente de Brooklyn, entre cuya onda inmensa pasaba silbante y hermoso un tren de vapor; deliciosamente dulce el paisaje hacia aquel lado, una acuarela á dos tintas que habría sido
firmada por un maestro holandés-Del balcón opuesto
se veía la boca del estrecho ( los Narran.s) que comunica
la bahía interior con la exterior que se pierde en el Atlántico. Una iela cuya separación de la tierra firme no se
advierte (Staten--Island) recorta nuestro horizonte con su
costa parda sembrada de poblacioncillas d0 recreo. El
cielo estaba pintado con una sola tinta pizarrosa que se
degradaba hasta el lila tierno en un amplio arco del Sudeste y parecía reflejar un oculto crisol de oro en fusión,
allá donde el Hudson vierte en la Bahía su lenta corriente de ametista.
Vimos concienzudamente Ja estatua haciendo estaciones en los ángulos de la esplanada en que descansa el se. vero pedestal. A está distancia, por el frente, tiene la Libertad un aspecto augusto, pero parece demasiado robusta y !38 ve corta por maciza. Del lado del brazo que erige
la antorcha, un poco atrás, el ángulo de vieta es admira•
ble; se ve todo el desenvolvimiento de la figura, lanzada,
como un unísono cantado por un pueblo 6 por un oceano,
hacia lo alto, en un gloria, in excelsis de bronce y de vida.
,Es inexpresable, vifrt;g desd~ aquí, el movimiento que,
transformando la fuerza en gracia y harmonía, recorre la
estatua de linea en linea, ondulando desde el pie echado
hacia atrás, por los pliegues de la túnica, hasta el gálibo
divino del rostro, y el perfil del brazo hasta el balcón y

la flama inmóbil de la antorcha. Sentimos el golpe en
plena alma, nuestras miradas quedaron como cris~lizadas al contacto de la mujer de bronce y lasaogre se agolpó á nuestro corazón.
Junto del pedestal hay un bar, en donde sirve á 103
turistas cerveza 6 soda un enorme mocetón que por la
estatura y la hermosura, parece hijo de la estatua. Caía
la tarde cuando navegamos de vuelta á la ciudad¡ la misma música, las mismas muchachas bailadoras, las mis•
maaJbaratijas,'.reproduccioncilla de la estatua (estallo, ca...
bre, cristal etc.) Pero música y baile y comercio todo
quedó repentinamente en suspenso¡ los pasajeros éramos
todo ojos; ¿cómo evitar un choque antes de llegará
nuestro desembarcadero? Sobre 1351 olas color de violeta
formaban una verdadera malla de espuma las estelas de
treinta ó cuarenta barcos que surcaban en todas direcciones. Con una precisión admirable pasamos tocando la
hélice de un navío inglés y sintiendo á la espalda el vaho
de hulla quemada de un ferry que con sus faroles encendidos parecía flotante pirámide de luz.
Sentados en una banca de fierro del Square que borda
la Batería, pegamos nuestro oído al salmo melancólico
de nuestro espíritu; ¡oh! libertad, reina aqu( sobre inconmovible asiento, allá.ideal muy puro, sí, puro ideal.
¿Qué eree, por qué no nos conformamos con vivir sin tí,
con ser dichosos sin ti? ¿Porqué para apellidarte apuramos
los vocablos de admiración y amor de nuestro idioma?
¿Por qué te llamamos augusta, y santa y trde vecea santa y más aún, te llamamos madre? ¿)!{adre de qué eres
tú? Madre de violencias, de tumultos, de manos armadas, de multitudes ebrias, de sociedades histéricas, de
puebks que se bambolean y se desmoronan, eso eres en
la historia! ¡Oh! manía incurable de nuestro corazón.
Pero si no esperásemos en tí, no creeríamos en la vida
moral, nos sabría á ceniza el placer más noble; se apagaría como una llama en el fanal neumático, nuestra fe en
el porvenir. ¿Te veremos los hombrea de mi generacióR
aunque Eea Eentada al borde de nuestra tumba? ¡Te be•
moa llamado, te hemos amado tanto! ...... Mi generación
creyó entreveer nn día tu aurora política! Fuéuna visión
juvenil? No importa¡ moriremos gritando como el Ber•
lichingen de Goethe: Aire celeste......... libertad, li·
bertad!
En la impenetrable tiniebla1 rodeada de una corona de
diamant.es eléctricos, la antorcha de la estatua constelaba
la noche.
Juato Sierra.

Abril 29 de 97.
Lajamáica efectuada en Mlxcoac el domingo último.

Loe organizadores de esta fiesta de la hermosura y de
las flores, deben estar satisfechos. El espectáculo que la
tarde del domingo último ofrecía la plaza de San Juan
de Mixcoac, era delicioso. Llegaban los trenes henchidos
de gente, y la concurrencia, formada en eu mayoría de
guapas Eeñoritas, desparramábaee gárrula y feliz por laa
enarenadas callea flanqueadas por puestos moníaimoe, dignos de una acuarela de mano maestra.
Deecollaban entre éstos una taberna alemana que el
Sr. Ingeniero D. Salvador Echegaray hizo con6truircon
una propiedad absoluta, que hace completa la ilusión
de UD paEeo por el alto Rbin; un kiosko japonés de elegantísima forma, debido á la incansablefantaaia del mismo caballero; el primoroso puesto de flores. el de café Y
el de dulces. El primero y el segundo de los menciona·
dos, obtuvieron, si no nos equivocamos, primeros pre·
mios, otorgados por un jurado, en el q'liepeeaba la autorizada y culta opinión del Sr. Gobernaáor del Distrito.
Aqilel espectáculo de animación indescriptible, prolon. góee hasta entrada la noche, y dejará sin duda IÍ loe organizadorEs y á los que asietieron UD recuerdo.
Constantemente leemos en los periódicos: nEl crimen
era indudable, pero gracias á la elocuencia del abogado
'lal, el reo fué declarado inocente.u Si es verdad que un
defensor puede ejercer tanta influencia, es necesario au1primir á los tribunales 6 á· los abogado's.
ALFONSO .KAÍIB.

•

•••

Las cosas pasadas tienen sus espectros como loe hombres muertos.
P. FEvAL.

¿De quién será?

�DOMINGO

EL MUNDO

•go
UNA CONFESION

2

OOIIINGO

DAMAS DISTINGUIDAS

(Traduccién para "El Mundo."

I
El abate Cheminat estaba Eent::ido en en
confetionario detde h~cia yadoshoras, y l'I
digno Eacerdo~ Bt sentía muy caneado de
haber escuchado la larga serie de mezquinas
faltas y de pecadillos, á menudo imagim1,~
rios. que peea11 en la conciencia de las jórn·
nea y viejas devotas de un cura de provincia.
Este era conocido por su profunda y paterm l
indulgencia, por sn paciencia en eecucbar
los interminables detalles de escrúpulos, así
como por su 1::levada virtud, desue1te que sn
piado!:a clientel!I se bacía cada año mas nu
merosa, más exigente, en tanto que él ¡ay!
no se rejuvt!necía. Era un hombre como d"'
uuoa cit1cnenta años, que nunca había eidu
muy robusto y que una existencia llena de
ansterida'ies, en un clima demasiado duro,
había gastado prematuramente. En aque; a
noche de fines del mes de Febrero, se estre•
mecía de frío en el fondo de aquella capilla
d&amp; l(IS Mínimos que todos los habitan~ s
de Clermont Ferrand conocían muy bien y
que alza su fachada gris en el ángulo dé
aquella espaciosa y melancólica plaza de Jau•
dt&gt;, en la que se puede ver, la mitad del año,
la cimR del Pny-de•Dome, blanca de nieve.
Por fin se encontraba solo. Cinco minutos
más y subiría á la habitación que h-i ser.vía
de presbiterio; allí se caldearía al calor de la
chimenea, en su biblioteca, y proseguiría en
largo trabajo sobre la historia del clero de
Auvernia, al que pensaba consagrar su ancia•
1 idad, una vez retirado en la más pacífica canongía que le prometía Monseñor en una época cercana.
~in embargo, por apremiado que se encontrase por instalarse en su buen sillón y fren ·
te á sus legajos, como confesaba hasta las
cinco de la tarde y no había dado aun la primera campanada, permanecía en su puesto
como un centinela, escuchando con delicia
el eilenc:o de tumba interrumpido por alguna silla que se movía y que llenaba el santnaric•. EEte silencio era la mPjor prueba de
qu~ nadie wuía ya necesidad de su ministerio y que podia separarse. Así á. peEar~de
bU habitual dominio sobre sl uiis1no, no pu·
do reptitnir un movitoh•ntu de mal humor
ruand&lt;', con esa finura de oido de un sacerSri ta.Juana Torres Rlvas. - ( De joto;,raj'ta Vallelo y Comp.)
dote que conoce los ruiJosde su igleeia como
una ama de caea los rnirtos de en bogar, oyó
la puerta de emrada abrirse y unos pasos rápidos aproxi• incapaz de soportar el fardo de dolor que sobre ella pe
maree y luego detennae ante el confesionario. Algmen saba, y un sollozo la conmo\'"ió en tod!-' su sér, ~ient.121s
se arrodilló y tocó suavemente en la rejilla, detrás de la repetia aquel Ab ! desef!perado, afiad1endo: u¡ D108 mio,
cual una tabla movible formaba una especie de tabique.
tened piedad de mí! ..... ·"
.
.
. .
Aunque el abate Cheminat hub1eEe e1empre eJerc1do su
En Ja nerviosidad á la vez tímida y presurosa dtt e~te
acto, crmo en el roce de telas de que fnéacompañada, el ministerio en un medio en que Las falta.a rnn de un orden
;,bate Obeminat adivinó á una mujer. Imagin6 qne eHla- muy mediocre, había eecuchado mnc~as veces extrailas
confidencias. El alma huma.na removida en sus profunba obligado á. escuchar una vez más todo un largo relato
de faltas veniales, de peque.O.as mentiras, de cóltarad, tle didades, hace oir siempre tl mismo eco sini~st ro de lointemperancias, narraci6n como las que le baciJ.n pur cura y de desgracia auu entre las más deprimentes po·
ceJJteoares y que le obligaban á asistir imaginativam ubrezas! Y después ~¡ Eacerdote se parece al médico, ~ote á tantas inocentes y medianas existencias. D,jose que davía en este particular: no admírarse nunca de cualquier
esta última devota hubieEe podido muy bien esperar has- anomalía que para otro sería monstru?ea.
ta el día siguiente. Después, echándose en cara inmediaSin embargo, el viejo confesor quedo espant.ado ~nte la
tamente esta contrariedad poco caritativa, hizo una ora· aberración moral que revelaban las palabras de la.JOV~~·
ción mental y abrió la hoja del confesionario.
¿Cómo, aquella desgraciada criatura cuya. respm1c1,_,u
En medio de la sombra que se espeeaba, reconoció en la anhelante manifestaba su agonía, podía unu ta.nt.a vie•
silueta de la mujer arrodillada ante él, una joven, y en su
dad á tanto extravío: creer en el perdón de Dws, bui:!mirada que brillaba á través de un doble velo, que se en• carlo, implorarlo. y al mismo tiempo hablar ~e ~n crírmm
contraba presa de la más dolorosa agitación. Desde aquel
y de un suicidio? porque e.ilto era lo que significaba su
momento, la contrariedad de Cheminat dió lugar á uaa conft:eión: quena cometer un crimen y matarse en se•
idea del todo profesional. Sucede con el verdadero sacer• guida.
dote,-y él era uno de ellos,-como con el verdadero mé¿Pero cuál crimen?
•
La primera idra del sacerdote fue que se trataba de un
dico:
drama
Je
celos.
La
jo
veo
había
1-1ido
eng~flada.
Por
quién?
Uno y otro ante un enfermo de cuerpo ó de alma, nu•
Por uu marido? .Por un amante? Que importaba! Ha.tlJa
lifican en ellos todo lo que e3tá fuera de sus funciones
sido engañada y se preparaba á. veugar~e. En esta~ crisis
profeeionalei:i.
El viejo cura h"bía escuchadn en su viJa millares de agudas de la pasión, el único remedlO es ganar tiempo.
confesiones. Aquel mismo día había oído más de diez! ~l sacerdote no lo ignoraba, ne( fué .que comenzó á. res.
Peru cuando inclinó su cabeza gris para no perder una vonderla con la más pent:trante unción: .
-Hija mía. lo que uHted me pide, es 1mpos1ble. Ya
palabra de lo que ib.\ ú decirle la penitente, dt&gt;j6 ver á
través de la rejilla un perfil tau profundamente piadoso sabe uet.ed bien, que la sola idea U.e una falta es ya la
y atento, como si la recier llegada hubiese sido la prime- ta cuando esta idea ha sido aceptada, usted lo sabe bien
p~esto que dice que es crístiana. S~ la. misencordla de Dios
ra que Ee arrodill9.ra ante él:
significa exigir nuestro arrepent1m1en1? y volver sob1:9
El aspecto ascétic'&gt; de este rostro, 1mrcado1de arrugas y
nuestros pasos ...... ... la idea qne ha temdo ~d. de vemr
qne ilumiaab.i.n do~ pupilas nt&gt;gra::1 de una cándida seve·
á este tribunal es una gracia, una gran gra'?rn. No la de·
nJad,-si se pueden unir esta'i J.os palabras,-hicieron
que el corazón de la joven latiese apreturadamentf'. ¿De je e1:capar. Arrepiéntase de haber pr~med1ta~o un~ ac·
et'peranza ó de amo,? Qnien sabe. ~u respiración se hizo ción que Ud. misma califica de crimrna.l. De gracias ~l
nüs corta y recitó la oraci0o: 11.\fo ~onfie.m á. Dios ......... " Señor unicamente por haberla p10med1tado, renunc1t::
Ud. á ella de toda voluntad, con tc:,do corazón, y diga
II
conmigo: No nos induzcais en tentac10~es_. ....... ...... .
Vió que movía la cabeza con un movumento de rebel-Padre mío-principió con voz casi convulieiva, des- día, y con uo acento en que ya vibraba una voluntad inpnés de que el sacerdote dirigió algunas preguntas á las domable, respondió:
.
..
c-uales apenas respondió. -&amp;curro á ueted en una hora
No padre mío es inútil.. ....... m1 resoluc10n está toma•
t,.. nible de mi exit:tencia ......... E~toy en vísperas de co- da, baré lo que tengo resuelto y moriré dt"spués, moriré
uu::ler un crímf'-n, al que no sobreviviré ......... }fome pre- condenada. Y repitió: ¡Condenada! ¡Condenada!.: ........ .
gunte Ut:!t,ed q11é crimen. No se lo diria. Pero lo comete-Vuelv~ Ud. mai\ana, dijo el sacerdote, á qt?1en esta
rá. Debo cometerlo,-añadió insistiendo sobre ef!ta pala• exaltación asustó todavía más, consult.aré con nns supe
bra: Debo.-Y á peear de esto, padre mío, no soy mala,
riores eclesilisticoP, continuó prudente~~ote, y tal vez ...._.
ya lo veis; aun tengo fe. Vengoá suplicará usted que me
-¿Y si no puedo volver? lnterrulllplO la Ju veo. ¿Y 111
conceda de antemano la absolución de lo que voy á ha· maílana ya sucedió la deEZgracia? ...... .Me he arrastrado
l·er, para qne no muera en pecado mortal.. ... .... Ya com- hasta aquí esta tarde, merCE&gt;d á un úl.tuno esfue;zo, papreudo que este paso parecerá á usted insensato, porque sé r .1, no cometer esta acción horrorosa em haber Bido per4.uees un crimen, porque loconfies1. No lo cometa u:,ted, donada de ántemano. No, prosiguió casi desfallecida, no
- f ü mted á. decirme ....... .. Si pudiese referirle todo, patengo 1:alvación Dios me rechaza como los demás ........ .
dre mio, mediría usted mi miseria, la compadecería, y
¡en dom.le enco~traré un apoye,! ¡Córn~ sufro!. ....._.... .
sabría que esto es inevitable ........ .
El :tbate Cneminat permaneció unos instantes e1lenc10¡Ah! suspiró, apoyando eu frente contra la rejilla, como E'O. :\[iraba de nuevo á la extraña devo~a1 tratan..10 de

;a,1.

....

DE. MAYO DE: 1197

sorprender alguna señal de lo que ahora sos
pechaba. La descomposición de las facciones
de la penitente, no se debía únicamente á
su emoción. Vi6 en ella esa mirad.a amiosa.
y contraida que la maternidad pone en lasmu1ereF. El chal que1envolvía á la deEconocida se había entreabierto en el abandono
de eu último movimiento, y apareció muy
clara la deformación del talle. La juventud
de la desgraciada, la pobreza decente de su
vestido, lo espeso de su velo, la hora elegida
para desfü;arse á la igle~ia, todo revelaba
que la verdadera causa de su anguetia era,
no los celoe, como el confesor había creído
en un principio, sino la vergüenza de una.
muchacha en visperas de ser madI"t".
El sacerdote al hacer este descubrimiPntn,
fué presa de una angustia horrible. Toda la
responsabilidad del sacerdocio se conmovió
en él. Tuvo una intuicion ó más bien la evi·
dencia de que si trataba de saber más, el vio•
lento sobresalto de la vergüenza precipitaría á. esta criatura enferma del alma más que
del cuerpo, á alguna determinación inmediata. Al misma tiempo, la idea de la tleci •
sión audaz, casi herética, que era necesario
tomar1 lo hacía temblar de los pies á la ca•
beza.
Pero este sencillo y noble cura de provincia era un hombre de fe profunda, uno de
esos creyentes á cuyos labios sube expon•
tnneamente, en las grandes pruebas, la sn•
plica suprema: cdn. maaus toas, DominP,
commendo spiritum meum.)i Elevó su alma
Á. Dios1 con todo el ardor de que era capáz,
para obtener una luz, una inspiración que .le
permitiese descubrir la palabra bienhechora
-parae8ta alma desolada, que impidiese el doblfl crimen que esta suprema desPsperación
ha~ia resuelto. Le pareció que un rnplo de
gracia de lo alto había en efecto conducido
a él aquella joven. En el rápido y terrible
resplandor de esta meditación, comprendió
que el amor á la vida y la esperanza no ha·
bían sido arrancadas del todo de aquel corazón. La joven madre amaba aun la vida,
puesto que no se hab1a matado á los prime·
ros síntomas de en maternidad, y amaba ya
á la criatura puesto que no había intent,ado
matarla en su Feno. El sacerdote oró de nuevo con un fervor que redoblaba eusescrúpu•
loe., y con voz tierna y eevera dijo:
-Voy á pedirá Dios, bija mía, que le per•
done de antemano lo que va á. hacer ..... .
Unicamente pongo una condición irrevo•
cable.
-¿Cuál, padre mío?
-Antes de matarlo, déle usted de mamar.
Y como si tuviera miedo de sus propias palabras, murmuró más bien que recitó, la fórmula de absolución: uln
nomine ...... )) y 13u vieja mano t.emblorosa volvió á. cerrar
la hoja del confesionario.

III
La desconocida permanecía allí incapaz de moverse; tt
t.al grado la había aterrado la perspicacia del sacerdote.
Lo oyó salir de su confesionario y se extremeció de te•
rror ante la idea de que iba á detenerla, á. esperarla, á
hablarla. Pero no: se alejó del lado de la sacristía.
Díjose que acaso regresaría dentro de algunos ID.inutoe,
ili:&gt;spués de que hubiese tenido tiempo de quitare-e su&amp;
habitas. La idea de cruzarse en la sombra de los pilares
con este hombre que conocía su secreto, la dió fuerza pa•
ra levantarde.
Antes de matarlo, había dicho el confesor, udéle usted
de mamar,n y el pobre niño, que todavía no había nacido, habíase removido en el seno de la infanticida, como
Ai él también comprendiese lo terrible de esta reeo•
lución.
·
Tuvo la energía de llegará la puerta, apoyá.ndOEe t'n
las paredes, de llamar en la calle á un carruaje vacio,
uaa de eeas malas berlinas montadas sobre ruedas y de
vidrios plegadizos, que sirven de vehículos en el centro
de la Francia. Subió; las ruedas sacudidas sobre el pavimento impregnado de guijarros puntiagudoe, fueron pa•
ra ella un dolor físico, hasta hacerla grit.ar. No encontr6
algún bienestar, si tal nombre puede aplicarsele á. tal
miseria, sino una vez acostada fn el lecho de la pobre recámara de un hotel de última categoría en que se había
refugiado, cinco semanas antes, cuando había sido ya
imposible ocnltar su estado.
La luz que encendió iluminaba con una claridad movediza el papel manchado de las paredes, loe mueble~
de caoba usados, en otro tiempo rojos¡ Ja alfombra rapada que apenas cubría los ladrillos del piso. Este rincón
de angustia y de pobreza, era, sin embargo, un abrigo.
Tiritando sedeslizóJulieta (Pee era su nombre) entre las
telas de algodón usadas y bajo las delgadas colchas, SO•
bre lae cuales arrojósus vestidos para aumentar el abrigo.
Afuera los transeuntes caminaban, escucbábanse voces y risas: era la hora de la cena en la mesa del restaurant; alguien trató de penetrar en la pieza: era un boro•
breque se engañaba de puerta, y qne lanzó un juramento
al reconocer el número. La enferma tembló, al imaginar
que el cerrojo no fuera tal vez suficiente, y se leVf\ntó
para arrastrar su maleta sobre la puerta. Volvióse á acvitar casi helada, y se echó á llorar silenciosamente.
La calentura había hecho presa en ella, sus itleas iban .,·
venían en su cerebro y sus venas palpitaban al extrem ~
de creer que su cabeza iba á estallar. Uno pc&gt;r nno sur
gieron en su memoria sobre•excitada, los P¡.,isodios de l!'
fatal aventura que la había conducido á. aquell,i hora 81niestra. Como los moribundos rec-11erdt1n i,n existencia
entera desplegada ante ellos, recordó rn i11fanci.~ en Paríe, en el último piso de una triste ca •a de la cal'.e de

2

DE MAYO DE 1807

EL MUNDO

Santiago, cerca del Liceo de «Luis el GranDAMAS DISTINGUIDAS
de,i, en donde su padre era profesor.
Eran cuatro hijos que vivían del pequeflo
eneldo de aqellaclase. ¡Cuánta angustia! Ha•
cer el pal)t'l de una sefiorita, cuando eu aote
t-ra wem-'r que la de la hija de un arrenda·
dor, que una sana y robusta car:npeüna que
nu ha recibido inetrucción, que.no ha aprendido el piauo, ni la historia, ni los idiomas;
pero que tampoco ha tenido sueños imposibles y peligrosos; luegoJulieta volvió á ver
la muerte de eu madre y euceeivamente, la
dt- su be~wano menor, su hermano segundo,
y por últ1wo, su padre ...... A dónde dirigir·
set Ya no había casa, y por t-Oda eu fC'Ituna
poseía un tlt;ulo de institutriz.
Con la protección de uno de loe colegas del
muerto1 había entrado como aya en la casa.
de una faooilia rica ...... ¿Cómo se dejó sedu
cu por el joven B..\Tón de Querne, una de las
'Visitas de la casa? ¿Lo sabía eUa acaso? En
uua atruóefera de lujo flotan siempre los gérIllt"nes de las más funestas tentaciones. No
obstaIJte la benevolencia de aquella familia
¡cu.í..utas humillaciones babíasufrido, que la
habían hecho mala! ¡Que involuntaria é
irn sistible oleada de perversos sent.imientoe
se había formado enelhs. sólo á la aproxima•
ción &lt;le las jovenes de su edad, que, al venir de visit•a, rnbían muchas veceH á su pieza de estudio, en el último piso, para abrazar 1i sus pequeñas alumnas. Reepirarel perfn11oe de sua tocados, adivinar su libre y
hermosa vida de placer, d.! fautasía, y en algu11ae de ellas, loe 11mores eecn:tos, 11:1. ulcerabtiu el cora.zón.
Luego, cuando en el salón á donde bajaba
pol· las noches, el eefíor de Querne había
comenzado á fijar su atención en ella. ¿Dón d,· hubiera encontrado la fuerza necesaria
ptira contrarrestar esta seduccióu, c~mo ella
l1ubiera debido? Eete cortejo adulaba su
amor propio; era amada como una de estas
1.1Jnjeres demasiado envidiadas, por un joven
cuyas conquistas conocía. Creyó ser amada,
ckyó en este hombre que sin embargo nuaP.!l. le habla hablado de casarse con ella, y un
J.:a, de debilidad en debilidad, de concesión
t:"nconcesión, se había convertido ensu amante. Dos meses de embriaguez, de alegría profunda, insensata, únicamenta para ella; si él
la hubiese querido, aun cuando no hubieEe
1,ido má." que una hora 1 no hubiera tenido
la crueldad de abandonarla súbitamente, in.
1i I iéndole este ultraje tan atroz como impla&lt;·able: No te quiero, no es culpa mía. ¡AO,
Sr;ta. Leonor Torres Rivas . (Dejol.OfJTafui VaUeto y~}.
qué fraael ¿Y c6mo esta boca qne le había
hecho tan:ardorosoe juramentos, había podido pronun- ciente del día la miró ......... Era una niñ.a. La inocente
ciarla?
criatura movía sus piernecitae, ple¡!aba su3 párpados,
Las imágenes se hacían más claras, más terribles. Jtt- 11bría sus labios. Repentinamente Julieta escuchó en
lieta se volvía á ver en la época en que la terrible pers- i 1naginación la voz del sacerdote: 11Antes de matarlo dele
pectiva se había de~ubierto, y luego impuesto á su espí- m1ted de mamaJ'l) .......... Y docilment-e, casi servilmente,
ritu: ¡era madre!
apartó su camisa, descubrió su delgr.do seno y lo aplicó
En su espanto, no tuvo por un momento la idea de re• á ef'ta boquita que vaciló un momento y luego comenzó
currir al eeduc~or, demasiado orgullosa para sufrir las á absorver con avidez. Y á medida que las gotas de eu
dudfls denigrantes de aquel hoUlbreque ni aún había. leche pasaban á. esta carne nacida de eu carn~, las lágricre1do que era su primer amor. Se lo había dicho en los más subían á sus ojos, lágrimas dulces, bienhechoras, en
momentos de su ruptura, se había atrt&gt;vido á decírselo y que se abogaba su desesperación, hasta qm~ se puso á 80·
Jnlieta h1bfa callad J. Dias y dias se habían suC€didr y
llozar exclamando: "Hija mía; hija mía.)) Y en lugar de
ella en una terrible angustia.
'
aliagar á la. debil y miserable criat.ura, la mecía amoro•
Mientras pudo. disimuló su estado á las miradas de samente. El sacerdot.e habfa hecho bien en absolverla.
loe padres de me alumnas. Cuando compr'endió que su
¡Había sido salvada de su doble crimen!
Pecret.o iba á 1:er conocido, preteetó la enfermedad de un
P&gt;.uL BouRGET.
hermano suyo, entonces profesor primario en el Liceo
Clermond y Bt- dirigió, en efecto, áesta ciudad. Pero al
llegará la estación, no había tenido el valor de ir á ver
á. este hermano. Habíase hecho llevará un hotel ext.ra
viado, al azar¡ se habi'a inscrito con un nombre falso y
a' lí esperaba desde hacía seis semanas, hipnotizada por
VESPERTINA
la idea ~e. este crfmen, del que. habría deseado pedir perdón ant1c1pado al eacerdote. 81 el destino quería que la
criatura no viviese. ella viviría: su honor estaba salvado.
Roja puesta de sol.
Podía rehacer su f'xistencia, después de esta falta única.
Bordando el domo
Si el niflo vivía, ella y el niño morirían. ¿Por qué si era
del crepúsculo ígneo, se deRtaca
una 11.iña, la iba á t-xponer á. una suerte semeja.nte á la
la obscura ramaión de un árbol. como
Puya¡ tal vez peo1? ~i era un hombre, á :ia suerte de su
la sombra de un» mano abierta Yflaca.
padre y de su hermano, cuyas miserias de esforzados
Cruza el in~ndio un pájaro; parece
burgueses había conocido?
·
pincelada de sepia fugitiva;
Para los deegraciado3 que carecen de recurrns y que no
ya en lo altn el fulgor se desvanece
eon obreros ó labradores, vale más no nacer, ó morir in·
en un lúgnbre azul, donde cautiva
mPdiatamente ........ .
y engae11:1da eo penumbrru:o, se eEtremece
A través del torbellino de estas ideas, sus dolores f0
una pálida estreda pensativa.
iniciaron agudo~, tan crueles, que para no gritar, J 11tie1a
Por el gris é intrincado varillaje
mnrdía sus almohada", retorciendo so pobre cuerpo.
del bm:que, la tiniebla ailenc1osa
¿Cuánto tiempo dur6 esta agonía que tuvo el valor de
va tejiendo el sutil y negro encaje;
1-oportar sin que un gemido franqueara el dintel de aqne.
pero aun quedan prendidos al follaje
lla pieza que debía guardar su se~reto? Nunca hubiera
ampoi:i de luz caneJda y perezosa
podido decirlo, y el niño nació.
entre loe o~ muertos del paieaje.
Estoy solo y medit.o;
IV
y mientrassueí'io, y sobre mi cabeza
comienza á constelarse lo infinito,
F.ra por la mañan::,, una mafíaoa fría y gris de A u ver•
;¡l)ro mi corazón á la tristeza:
ni11 1 que filtraba eu claridad tenue á. través de las vidrie•
una tristfoza santa quP me viene
1"88. Julieta tenía alli ála criatura junto á ella, la sentía
¡&lt;1h mi Madre, de tí, Naturaleza,
vivir, y sin embargo, no había extendido aun f!Us manos
de tí que me haces Poñador y artista,
para tocarla. El horrible proyecto se había apoderado de
y dejas qne mi espíritu se llene
nuevo de su cerebro, bast-aria apoderarse de ella in media·
con un vago delirio panteísta!. .....
mente, cerrarle la boca con una mano y ahogarla. D'n mo¡Santa y dulce tria~za que me vino
\'imiento bastaba, ¡y qué movimiento tan sencillo! Pero
sin que yo la llamaFe! ......
no tenía la energía de hacerlo. Un caneancio inmenso
Cu,= lga en tanto
se había apoderado de ella, como si su voluntad se husu lámpara la luna, en t-l divino
biera apartado de su lado. De pronto, en el silencio de
silencio
de
la
nochP.
Y IDA imagino
la casa y de la calle, se hizo escuchar un grito agudo y
que ee una cele!:tial gota de llanto.
debil á la vez, que la sacó bruscamente del letargo en
que yacía. Pemó que era necesario prnceder. Cogió al
LUIS G. URBL.'.'A.
ni11o con un extremecimiento, sus dedos rec)rrieron al
fragil cuerpecito. Quiso verá la criatura y á la luz naAbril de 1697,

Silueta ducal.

Aureo copo de sol el cabello,
En su pálida frente corrt c1a,
Como un balo de euave destello
Tornasoles de nácar proyecwi.
A su rostro de virgen no iguala,
Al abrir su capullo la riea,
El perfil exquisito de Onfah,,
Ni la triste expresión de Eloiea.
Su belle.za idE'al sugestiona,
Tiene albor de nevada camelia,
Celestial beatitud de Madona
Y el encanto inefable de Ofelia.
En sus límpidos ojos engasta
El zafiro de tonos risueflos1
lgnea boya. que explende la casta
Lumbre a.zul de los místicos sueñoli!.
Son ilustreEI sus timbres preclaros,
Su blasón voluptuoeo embelern,
Blancas pomas ardientes de Paros
Coronadas con nimbos de fresa.
En su egrf'gio poder absoluto,
Reprimiendo amorosos arranques,
Corteeanos le ofrendan tributo
Níveos cisnes en glaucos estanques.
Ella extiende su mágico imperio
Que fascina y enerva y arroba,
Donde finje el tupido misterio
De las selvas, penumbras de alcoba.
En e.u armónica voz que subyuga
Como el eco de liras remotas,
Rima trémolos dulces de fuga,
En tropel, de vibrátiles notas,
Y después que al deleit.e apostrofa,
Vencedora en idílica lucha,
ne una extra.ff.a, romántica estrofa,
Loe pausados acordes escucha.
En los tiempos galantes, su porte
Conquietaee el amor de un monarca:
Fuera Harum-al-Rashid su cone-orte
O su heráldico paje Petrarca.
Ella suefia eer novia de un bardo,
De un poeta que fuesP un bohemio,
ne la Lírica, heroico Bayardo,
Que cantase aguardando su premio.
Imponente en su tierno abandono,
RPgia norma de esbelta elegancia,
Que llevara esplendorPe al trnno,
Dt'l Rey Sol Luid catorce de Francia.
CARLOS P10 URDA.CH.

OJOS NEGROS

Ojos de tímida virgen,
Ojos azulefl, serenos,
Loe ql1e infundís en las almas
De la eeper'l.nza los sueños;
Ojos que hicisteis poeta
Al que una vez logró verofl,
Ojos color de zafiro
Enamorados del cielo:
No despertéis en m1 mente
De aquel amor el recuerdo;
No me miréis compatiirns.
No os quiero mirar, no quiero
Ojos de púbera virgen,
Ojos traidores, protArvos,
Los que absorvieteis mi alma.
Los que incendiasteis mi pecho¡
Ojos que hacéis defldichado
Al que una vez lo¡:?:ró veros,
Ojos c6lor de tini~bla,
Grandes, profundos y negros:
No os apart.éis despiadados
Que estoy muriendo por veros;
Sed una vez compasivC's,
Miradme una vez al menos!
FER...'IAN(lRANA.

Abril de 1807.

Al campo voy como :í mi bogar orimero,
pues, al ir desde t--1 v.1l h• basta el otero,
de di~tancia en di8tancia.
f'l olor á tomillo y A. romero
me recuerdan las dichas de mi infancia.

•••

Le eres fiel, mas ya cuenta cierta historia
qne entre él y tú ee acue~ta otra memoria.
CAMPO.A.MOR.

�DOIIINGO • DE MAYO DE ,&amp;97

El:, MU1'1'T'IO

DOMINGO

2

EL MUNDO

DE MAYO DE 1891

LA MODA

Espalda de laa

~y,t·..

t1¡¡ura ■

J y 4.

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.■ ata con tres volantes, d• satín claro.

l.

Granadina con apl icaclon••· 2.

Jaquct bordado, con falda de

■ atín

nea:ro, 3.

... '

Traje d• seda India floreado. 4.

�EL MUNDO

OOMIIIGO

DE MAYO DE 110-,

2

caract.eriza, ellas han creado para los trajea de media estación muy bellas formas, haciendo resaltar la gracia de las sefioras que los llevan. .
Voy á describir en este género dos ó trea encantadores vestidos que he admirado en una excelente casa, y en los cualee está. bien marcada la nota del día
Uno en pan.o cachemir color mastic bordado de aplicaciones de raao. El cuer po~ un bolero, todo bordado de aplicacienee sobra un delantero de muselina
de seda crema. Como tocado una toca de terciopelo rubí hecha de gruesos bollo nes de terciopelo con cresta de puntilla antigua y ramillete de rosas té.
Otro, en lindo pafio gris azulado. La falda muy bien cortada, lisa entera·
mente, y el cuerpo ee~á formado de pliegues escalonados loe unos sobre los
otros delante y atrás, teniendo como ornamento un doble pliesée de tafetán de
dos k&gt;nos, fo,rmando sobre el costado izquierdo del cuerpo. Cintura drapeada
y cuello alto vuelto, adornado de un pequen o plissée de dos tonos. Toca de terciopelo verdefoUoje, b~llonada en birrete¡ sobre el CO!ltado u!l gran bouquet de
violetas blancas, y al pie de ellas dos pequeilae touffes de violetas del bosque
de varios tonos de color.
No es posible en eeta estación ir bien veetida, siguiendo las exigencias de
la moda, si alguno de loe trajee no se adorna· con bordados mate ó galón; los
bordados de todos géneros están en boga y no puede imaginarse nadie la cantidad de ornamentos en soutacbe fim, 1 pastillas de azabache y de otras clases que
adornan y realzan los trajes de hoy, siendo todos de un gusto sin igual. F11ldas
y cuerpos están cubier~s por ellos, y puedo citar uno que ~e vi~to ~n este gé·
nero para que pueda servir de modelo. Esen paño-cachemir roJo brique ador nado en lo nito de la falda y el corselete de un fino aoutache negro, enlazándose
en dibujos irregulares y de un efecto muy original.
En el momento actual mil chucherías á. cual mi.ts liniaa encantan la vista
con sus coquetones adornos y preparación, que, si bien no varían en el fondo
las lfneas del traje, e11ae le da:z;i un tono elegante y original. En este género citaré las corbatas de muselina de seda y encaje, que tan bien adornan loe cuerpos· se hacen también ruchMelegantes en cinta Pompadour, para rodear el cuello ~on nudo atrás y pequefla ruche del mismo. plegada en el borde;_en el delantero caen en forma de chorrera en gasa plegada adornada de encaJe ó puntilla fina formando pan.os hasta el talle. EitoS cuelloe, de una fantasfa muy
nueva son alt.os y se adornan la mayor parte de ellos de una lista de perlas de
c::&gt;lor ~on panos' de corbata en eurah orlados de encaje.
Las·pedrerías negras seducen esta temporada, y sobre los cuerpos, aal como
en sombreros y tocas, l9:s l~nteJuelae y bocachone son empleados de diversas
maneras y su favor va siempre en aumento.
.
Hoy el reinado de las floree está en En apogeo, y como todas laa muJeres, por
lo general, les rinden verdadero culto 1 es e l reinado má.s duradero. En
esta bella estación loe salones de las modistas son comparables á un parterre

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tejuelas rodeando la copa y ramas de lilas mezcladas con un nudo de
terciopelo verde muago; i la izquierda la pasada está retorcida po,r un
grupo de lilas de muchos t.onoe y prendidas en una lazada de terciopeelo. Imposible comprenderá no verlo la gracia y elegancia de este
sombrero, verdadero adorno para una jovencita.
O~ro, redondo en paillaeson negro, muy ligero, es unaverdadera
constelación de azabache. Este sombrero, de una distinción absoluta,
puede convenir t\ \Odas las edades. Como adornos, plumas con draperie de tul bordado de lentejuelas, que forma abanico dela.o.te. Atrás,
sobre el mofto. dos pequel'ios grupos de violeta.a y choux de tul sembrado de lentejuelas de azabache.
Entre las novedades de la estación, citaré tombi~n las flores gigantea, que hacen ellas solas todo el sombrero. Hé aquí uno de estos
modelos: con gruesos pétalos de roE!as formando como una inmenea
flor; atras touffe de plumas negras. En todas hay las más selectas mo•
neríae que es posible imagmar¡ se hacen todavía en terciopelo delco·
lor del trajeó del adorno de él; se adornan con plumaa negras y gran
grupc, de violetas.
En las casas de costura se amontonan las telas más maravillosas
destinadas ya á. la estación estival, que ha de llegar en breve. La in·
dustria lyoneaa ejecuta en el momento importantes pedidos, que son
prueba de que las telas de seda han de gozar de gran favor, del coal
triunfan hace algunos anos. Nada, en efecto, viste mejor que estas ri-

e

Modelo de c:orae.

Modelo de corsé.

donde la flor de seda é tRreiopelo. tan decorativa como
linda, montada por babil artiEta, lucha en verdad con la
fior natural. Ella da á nueEtroe sombreros el adorno más
bello y elegante, y e!."ta estación será la que le conceda
todo su favor. La ciuta que Ee ha tratado de resucitar,
no podrá jamás dar á. nuestro!:! sombreros la nota elegante que ellos reclnman y que es tan necesaria para
complemento de un bello traje. La flor que goza la primacía en estos momentoca e3 Ja violeta¡ ella se encuentra
por todas partes, en touffee, en ramilletes, en cubrepuntae y afectando todos 101 tonos desde la violeta negra
basta la blanca, pasando por todos los colorea de su escala. Se la ve en todos loe sombreros, sea cual fuere su forma¡ est.a pequen.a flor con su lindo ío11aje, montada sobre su tronco, forma una delicada y linda cresta; así que,
una vez conocido este adorno, al cual no ea posible resistir, no hay eeftora que deje de ostentar en su sombrero
la modesta violeta que, 6in embargo, pasa sin hacerse
notar.
Para ser fiel á mi promesa. de hablaroca algo respecto á.
loe sombreros de novedad, citará alguno á fin de poder
formar idea de ellos. En sombreros, el birrete y el canotier.BOn siempre los mfls apreciados; se ven tambien tri•
cornioe yel gran sombrero, al.cual se le hace honor siempre, y como fantasía se hacen muchos con copas altas y
anchas con pequeflo borde plano levantado en un coetado para dejar pasar el adorno. Como ejemplo, citaré uno
en paja de arrqz negra, con doble draperie de tul de len -

.t.""
•,

EL MUNDO

DOMINGO • DE MAYO DE ,897

Bata d e • atín, frente y e• p a ld a .

II
Instruir es educar. Educando ,,á la más cara mitad» se depoeitan en su eeno gérmenes de ei:peranza y de ventura. Por la juventud-que e&amp; la maga
del t,iPmpo-debemoe convertir en encanto'e_l estu•
dio, el libro en oráculo, la edad en eacerdocto y la
patria en eantuario del porvenir.
La inteligencia es la obrera del siglo~ y la nrnez
vuela como mariposa que busca en la floresta miel.
La generación pasa como abeja pensadora nu•
triendo su panal.
La instrucción civiliza como el talento ilustra.
La ilustración es la lumbura;del orbe y sirve de
faro á. la Repllblica, dirigiéndola por el sendero ee
las naciones ilustradas.
La ilustración hace de los p~eblos templo1:1 don;
de la libertad inepira culto, es la ídolo paz p1íblica
y el patriotismo, levantando altares á laeabiduria,
festeja loe triunfos del progreso, celebra las glorias
del genio, tributa incienso á la belleza móral y can ta en inmortal poesía himnos de civilización y de
contento. La ilustración ea el movimiento de la
época en el oleaje de la corriente univeraal.
III
La mujer ejerce en el mondo un poder irresistible: su imperio es el amor y no hay hombre que
ella. no sepa avasallar~ por eso allí donde brilla el
sexo hermoso con la apacible luz del pensamiento,

cas telas, que dan una elegancia tan marcada al \raje sin

··¡

buscarla t.anto en su hechura y sin complicaciones de
adornos. Los tintes admirables de las bellas eederias de
Lyon, la delicadeza de .sus dibujos en que la composición
artística es tan maravillosa1 tiene para toda seflora de
buen fusto un atractivo lleno de seducción. El tafe1án
tendr este año una boga creciente: es una tela de estío
muy linda y práctica, en la cual ta ligereza y solidez pueden deea6ar todos loe _tiempos y circunstancias; según su
color obscuro ó claro, él constituye el traje sencillo de paseo ó el tuje más elegante, con el cual se puede asistir á
un concierto, comida ó misa de casamiento, y es siempre
el traje clásico por excelencia, sólo con. variar tu forma ó
sencillamente sus adornos.

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1.'L.
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Traje parisle "se de P rl rri avera.

LA MODA
LA EOUCACION DE LA M UJER

:W.Estamoa en ph::i11u 1Jport; inlciaEe la temporada de carreras siempre concurridas por lo mejor de nuestra sociedad y la moda, que so pena de no vivir ha de ser opcrLuna, forja ya
y confecciona modelos del mejor gusto. De eat&lt;•s hemos escogido los mejores para preeentarlos á. nuestras lectoras, afladiendo algunos corsés de última novedad.
Para detalles completos, relativos &amp; los tlltimos caprichos psrieienses, véase la amplia crónica que publicamosá continuación.

CRONICA DE PARIS

El concurso hípico, que se abrirá en breve, no es solamente interesante bajo el punto de
vista de [la lucha y destreza entre los que se:disputan el premio; mas todavía creo lo es mirado
por lo que concierne al movimiento que produce entre nuestras elegantes para lucir en él loe
más bellos y ricos atavíos.
Es,:en efecto, el concurso hípico con el que comienza Jaexpresión de las aovedades más principales que van á dar el tono á la esiación.
Estas son muy deliciosas; todaslascosasque eeteacontecimientr,, frívolo al parecer, ha be·
cho eurgir de los más renombrados talleree, serán las que harán declarar una vez más que la
indetria de Parffl, la reina en el mundo de la moda, sabe buscar en sus designios loe grandee
aoontecimient.oe que darán la nota principal en el mundo elepnte.
Loe adornos nuevos se muestran en mont.ón y se loe admira con interés y curioeidad; iodo
cuanto se desea de más nuevo en formas y coloree lo encontramos hoy; loe vestidos sencillos
en líneas! pero que dejan una impresión tal de elegancia seductora y distinguida que no se
borra fácilmente. Hay afortunadamente mezclas en tRlae y adornos, combinaciones de cortes
y de colorea, q\le hacen una harmonía perfecta y agradable á la vieta. Pero hace alga.nos aftoe,
de tal manera ha escudrifiado la moda en loe recuerdos de grabados de otras épocas, y tan bien
ha imitado todos los _estilos, que es poco menos que imposible crear tipos de trajes absolutamente nuevos. Gracias, por lo iantro, al gueto tan e~izuro y á la imaginación tan fecunda de
nuestra.e costureras:, á fin de que cad&amp; estación traiga algunos cambios en el arreglo de los trajef!, ellas les saben dar una elegancia muy refinada, conservando siempre el estilo sencillo y
correcte, que es el tono saliente de la moda actual. Con el estinto innato de lo bello que les

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7

Traje: para niño• de 3 á 4 aftoa.
Traje partsiense de paaeo.

I
Iluminarse con el fa.lgor de las auroras, recoger en su
caliz el rocío de las lágrimas, endulzar de este valle la
ámargura y embellecer la soledad, he aquí el destino de
esa flor viviente en brazos del jardín social.
La nin a es un botón de roea que al abrirse exhala delicioso aliento. Todo en ella respira virginal esencia : la
pureza de eu mirada 1 la dulzura de sus labios, la expresión de su sonrisa y su genial candor.
1!3 joven ha nacido como la estrella en en espacio para
lucir.
¡Cuán hermosa ee levanta en su esfera!
A mar !f Mr a,mula, ea el delirio que compendia su historia ierrenal. Por eso se educa mejor en el regazo ma•
temo.
La educación ea obra de las madres; y no hay afecto
tan puro como el carii\o maternal.
La maternidad es P.rovidencial maestra que desvelándose desde la cuna, ilumina basta el .sepulcro' con la ant.orcha de la sensibilidad.
Saludables ejemplos recibe la madre que crece aprendiendo laenseflanzade la virtud.
Quien cultiva unacampifla virgen, espera verla flore•
cer.
La semilla que se riega en buen cercado, ofrece muy
sabroso grano.
¡Qué dulce es á la ruda labradora saborear el delicado
fruto de la planta que sembró!

Traje para niños de: 5 á 6 añoa,

�DOMINGO a DE MAYO DE 11!97
296

EL MUNDO

DOMINGO • DE MAYO DE ,897

~--,~

)a vida se embellece y el espíritu domina eobre el corazón.
Cuando el angel de la educ:ici6n abre sus alas hay un
cielo espiritual.
Las nifiae no son solamente pimpollos de los padree,
sino también flores de salón y adornos de la sociedad;
animan el suelo, engalanan el festín y perfuman el tála mo. Instruirse para reinar es su misión.
Princesa en su alcázar, la mujer instruida ciñe preciosa guirnalda que el soplo de los años no marchita y que
ni la misma furia de la desgracia se atreve á desgajar.
El amante se convierte en e&amp;poso de la pretendiente
educada; y la mujer halla en la educación un lazo para
aprisionar al marido.
La educación es la misteriosa cadena para unir las vo•
luntades.
Debe educarse la vestal que se consagra al templo, la novia que prepara su velo y la desposada que tiene en su
dedo el anillo nupcial; la soltera y la casada, porque to•
das han de poetizar su vivienda con ese libro que refleja
las almas coronadas de celeste resplandor.
La educación es aureola de la sabiduría del hogar.

_____ _
,

EL MUNDO

-..-.. - -- - - --=----:·~.,
•

_,__,_

~

~

-

IY
En el campo intelectual se alza la palma de· la ciencia,
á cuya sombra encuentra abrigo el sentimiento y se de•
leita la imaginación.
Si luce en el camino de la existencia, el desierto es un
oasis¡ y cuando el sol de la cat:a resplandece esparce en
torne- claridaé:.ea.
La educación ea el ambiente de la felicidad conyugal.
El cristianismo ha proclamado la santificación de la
familia, y la religión ea fuego celestial en que han de en•
cender di vi nas lámparas las vírgenes de la tierra.
Con primorosos y angelicales dones ha favorecido Dios
á. las mujeres; El las ha hecho imágenes buenas, dulces
y amorosas, como semblanzas del Edén: las ba enriquecido con espirituales galas, colmándolas demaravillosris
virtudes¡ pero con lo que más las ha coronado de gracia,
redimiéndolas de la tirania del pecado, ha sido con la
santidad del matrimonio instituido desde la creación en
el sublime misterio del Paraíso.
La esposa ee la amable compafiera formada de la ces•
tilla de Adán.
Los primeros amores divinizan y la mujer ha sido
criada para delicia del hombre.
La bumnnidad es la pareja enamorada puesta por el
Supremo Hacedor en el recinto del Edén.
La mujer educada simboliza la alegría doméstica, como la paloma es el emblema de la consorte fiel.

1

ENGANO SUBLIME
Por lb)aría l!esc:ot.
NUMERO 8.

¡Tres días en París!.. .... Qué
gentil advertencia! Corría yo
el riesgo de encontrarme cara á
cara en el boulevard con ese bebedor de sangre. Me fiaba neciamente á ]a promesa de ese
diablo de X ... ... , que me había
jurado que le sería rehusada la
licencia........ ¡ Y cuente usted
ahora con loe amigos! Nada,
que será. preciso ausentarme y
eso es lo que yo no quería ..... .

NUESTRA COCINA
Patatas.

El cocinHo ó la persona encargada del n~gimen de la
cocina1 ha de tener en cuenta que la patata esun nrticulo importantísimo y del que puede sacarse grandísimo
provecho, pues se presta á infinita variedad de guiaos,
todos agradables y nutritivos en sumo grado. Por consi•
gniente, para cada guiso ea necesario eecnger las patatas,
porque la elección de ellas entra por mucho en el resultado del uso-que ha de J1acerse de este tubérculo.
Así, pues, las patatas amarillas y encarnadas han de .
usarse para los guisos en que ee cuecen enteras, porque
dichas patatas no pierden su forma; y cuando se han de
emplear en purés ó en el ramo de pastelería, deben bus•
caree las clases harinosas.
Trajes de Sport.
Las patatas de secano son de la mejor clase, pues tienen
menos parte acuosa que las de huerta.
aparato
especial,
:emes
p11ede
c()n~ezuir.se
el
ohjeto
de
la
LO MEJOR DE LA VIRGEN
Las patatas nuevas, cuando no tienen todavía el volú•
men que deben tener, según su clase, son malsanas, de manera más eenc11la, echando agua en 1ma olla 6 manni •
•~;
en
lijo
boca
de
ésta
se
coloca
una
cubierta
de
mimbres
difícil digestión y sólo deben emplearse por pura neceei•
Lo mejor de la Virjlen, hija mía,
dad, pues no estando maduras y en todo su desarrollo, d1spuef:lta de modri que no toque PI agua· las patate1-1 sP.
ponen encima de dicha cubierta, la cual 'se r.ubre tam~
dice el padre vicario á Ro:-al ía,
no son las más apropósito para 1a alimentación.
bién.
con
una
tapadera
dP
rnadna
6
barro
guarnecida
de
Jo mejor de l\Iarfa,
Para todos loe guisos en que hayan de emplearse las
1
sin género de duda, es la pureza,
patatas, ha de comenzarse por pelarlas y cocerlas en agua un henzo blanco de dos h trPB dobleces, para que contenga el vapor, v se coloca la olla 6 marmita sobre el fuego
Roealla, que unida al hombre amado,
al vapor.
Y se l~ hace hervir lo suficiente para cocer las patatas.
siente el primer latido
Para cocerlas al vapor no hay necesidad de tener un
. Cocidas de este modo son muy agradables. -pues no
del fruto de su amor Fantificado
pierden nada de ~u aroma ni dP su gueto especial.
le contesta con roRtro enrojecid~:
Las patatas comdas al vapor 6 en agua, para servirse
. P~r~onad. iiefior cura, si os enoja
enteras, no deben pelarse.
m1 opn~tón en tal punto, que vos, padre,
Solo. deben m~nd11ree cnando hayan de eervirse en
tomareis como PX~rafia paradoja:
cualqmer otro gmso 6 condimentarse de cualquier otra
lo mejor de la Virgen, ...... es ser madre.
manera.
SAl.\'ANY.

Calañ..ares.

Pero habrá que hacerlo. El int
el 26 en camino para el polo y
ahí que los osos blancos lo de-

~Felipe á f'erna11do.
t1Rochefort 6 de J nnio.
«:lle íué rehusada la lioencia, Fernando. Recibo al mis•
mo t.iempo aviso de que estoy designado para la expedi~
-ción al Polo Norte, de la que habéis oido hablar sin
dude.
«P.rt.eo como teniente á. bordo del Intrépido. Parto
-denlro de tres eemanae. Estoy sorprendido de mi nom·
bramiento¡ no se designa _,.ordinariamente para largas
traveeiae-tres aflos cuando menos-sino á. oficiales que
lo han solicitado. Bajo el punto de vista del progreso en
la carrera, esto es soberbio; pero no soy ambicioso. Yo
.amo f'l mar por sí mismo, por sus peligro11, lo imprevisto
y lae i.randea y misteriosas impresiones que me brinda.
Lo amo como amante desinteresado y no como aman'8
ú";do.
11~0, yo nada he eolicit.ado; sin embargo, acepto, bien
-entendido. Sólo que no puedo resignarme A. partir sin ir
á veros. A falta de la larga licencia que solicitaba, no ob tengo más que un permiso de algunos días, el tiempo ne-cetario apenas para besar á Lila y daros un aprétón de
maU&lt;is.

Muy conocido es el guiso de este pescado, pero el que
v~mos áda.r hoy á councer es el que supera á todos por lo
bien que dice á estos, haciéndolos aaradables
hasta á las
0
pereonas de paladar más delicado.
. Estos ee sirven bien asados á la parrilla, con tinta ó
sm P.lia, después de emparrillados con un polvo de hari•
na Y yemas de huevo, pimienta molida, sal y agrio de li món de modo que r:esulte una masa muy ligera. También
se rehogan con aceite 6 manteca de vaca y se sirven con
una salFa hecha con agua, sal, miga de pan, azafrán y un
poco de nuez moscada.

FELIPE.11
u Felipe

dt .A vlrián á Leódi.ce .lfartín.

,,Se flor:
11Tengo el honor de preveniros que abandono Rochefort. Paearé en París loe días 10, 11 y 12 de Junio. Pa•
raré en el Círculo militar. Volveré á Breet el 18 de Junio
y el 2,~ me embarcaré.
«FELIPE DE AtrnlAN.•

Cuando.n.na enfermerl trl es':.á d~ moda ee muy dificil
A. una pa11s1"nse no tenerla.

-Y ahora, dijo Felipe, las cosas están perfectamente
-en rt-gla; ya no me ocuparé m&amp;Bde ese indecente.
E~e indecente, cuando recibió tal carta, se levantó lleno de có!era.
-¡Ah! vaya, vaya!.. .... pero ese hombrecillo rabioso.
no quiere, pues, dejarme en paz!. .....

E111111nn11el .lrnu,.

• **

Este fin de Siglo pertenece á los «inse:xualee .. : la mujPr
reclam~ á la vez e.u derecho al voto y á la esterilidad. La
maternidad da miedo.

,Tules Clretie. ·
Bluaa de Pon¡¡,ee.
Abr1~0 para niño de g á 10 años.

y0ren .. .... !
¡Y decir que yo soy el benefactor de ese muchacho!
¡que yo lo he hecho nombrar teniente! Un ingrat.o ..... .
¡Y eso me ha costado caro! Y el diputado X no ha hecho
cada de provecho.
Sonó el timbre.
-Preparad.me mi saco de viaje y traed un coche. Parto al instante.
An~ de abandonar el hotel, &lt;lió al conserge la c'oneigna de responder, á wdas las personas que fuesen A. buscarlo, que había partido para· Arkangel desde hacía un
mes y que allí pasaría el estío.

IX
Felipe no pudo obtener más que un permiso de ocho
dlea .
Eso era bien poco y había infinitas cosas que hacer durante tan corto lapso de tiempo. Llegado á París esperó
durante los tres días que habia designado, más no le Jlegó mensaje alguno. Para no correr el riesgo de eet.ar ausente cuando le buscasen loe testigos de su adversario, si
es que s·1 adversario le enviaba testigos, lo cual comenzaba ya á poner en duda, no se a\revía á abandonar el
Círculo militar, pasando las horas del día en leer las revistas y periódicos. Solamente en la noche salia.
Ahora bien, una noche, al pasar, ante el café Riche,
una voz bien conocida le llamó.
-De AubiAn! Pardiez! de Aubián con que sois vos!
Qué hacéis aqul?
-Sin duda lo que hacéis vos, Merville, paso.
-Y bien, yo no hago eso, yo no paso, yo digo como
Mac-mahon: Aquí estoy y aquí me quedo.
Sencillamente, heme agregado al Ministerio.
A fe mía comenzaba ya A fastidiarme del mar¡ ee monótono; y además París ...... sabéis, París ...... cuando uno
ha mordido ...... Y vos, veamos, de dónde venís? A dón•
de vais? qué hacéis?
-Yo, yo dejo el Neptuno y .me voy al Intrépido. Oc1.o
días de perm.ieo, eso es iodo, para abrazar á 1os mios.

Después vue 1vo á Brest.
-A Brest! Y sabéis acaso que ya no la encontraréis?
qué ha partido?
-Quién ha partido? PregunMJ Felipe aparentando no
comprender aunque la respuesta para él no fuese dudosa,
-Quién! pues Beltrana, hombre, Beltrana Martin! creo
que no la habréis olvidado. Sin embargo, hace largo
tiempo que vos y yo no hablamos de ella. Cerca de cuatro años!
Cómo vuela el tiempo! Paréceme que fué ayer cusndo
nos separamos. .Yo no me olvido de Breet y estoy aiem•
pre al corriente de lo que pasa. Le Goeleck y el hermoso
Forquet hablaban sin cesar de ella. Ahora ya no hablarén .
-Pero en fin, qué es lo que ha. pasado? preguntó Félipe
con una curiosidad impaciente.
-En primer lagar que la bija del Sef\or Martín ae murió: la joven á cuyo matrimonio vos habéis ......... cómo
decir? en ñn, vos ha beis debido asistir!
-Adelante, dijo Felipe sonriendo, continuad, os lo
suplico.
-Ah! no os guata la broma! Bueno no insistirá. Conque Valeria ~Iartin murió primero. Su padre no la había
vuelto A. ver. Permanecía d.isgUBtado con sus hijos desde el matrimonio. Aun ignoraba que estuviese enferma
y brutalmente le comunicó su yerno por medio de un telegrama la fatal noticia. Parece que el pobre Martín es·
tai:a muy cambiado desde hacía tiempo: ya no tenía go•
ces ni jovialidades¡ una actitud de viejo sauce llorón ..... .
El golpe fué mortal: un ataque de apoplegía fulminante
y ya no volvió á. eu conocimiento.
-Pobre hombre, exclamó Felipe c.on una piedad profunda.
Volvía á ver en su mente al anciano saliendo de la entrevista con él y alejándose desesperado, herido en el
corazón.
-Si, pobre hombre, repitió Mervill, pero también pobre mujer, por que de la cumbre de aquella riqueza y de
aquel lujo ha caído al precipicio de ]a miseria.
-Obl de la miseria .... ..... dijo Felipe incrédulo.
-Si señor, una miseria relativa, se entiende. Yo no digo que esté reducida á. mendigar su pan. Loe diamanies
con que se adornaba bastarían eolos para ponerla al abrigo de la mendicidad cruel. Pero cuando se ha vi vido
bajo un pie de gastos de dos A. trescientas mil libras, ee
penOBo veree reducida á la mediocridad de algunos millares de francos. En todo caso ella no ha querido dar :t ens
admiradores ese triste y lamentable espectáculo. Adónde
ha id~? ¿Qué ha sido de ella?

Nadie lo sabe. Algunos pretenden haberla encon.,rado
en Monte-carla, otros en Biarritz, en Vichy y aun en
Constantinopla. En suma, esos son cuentos y nada de poeitivo se sabe.
-Quién ha heredado, pues, al Señor Uartin?
-Su yerno, que era al mismo tiempo, eu propio sobri-

�EL MUNDO

DOMINGO a DE MAYO DE ,8117
OOMIIIGO z DE MAYO DE 1897

no, y en consecuencia su heredero más próximo. Unse·
fior demasiado inaceptable, entre paréntesis, que se ha
conducido coa la viuda de su suegro, atrozmente. La
obligó por medio de sus agentes á abandonar el hotel y
la población, y todo fué vendido!
-Y~ijo Felipe con un poco de ironía-ni Le Goeleck, ni el hermoso Forquet, ni vos Merville, ni ninguno de los adoradores de la sefiora Martín se ofreció para
reemplazar al esposo perdido.
-Ah! diablo! diablo! de Aubián, cómo sois ...... Uno
se enamora, pero con ciertos fines ........ .
Además, reemplazar á un hombre que tiene ocho 6 diez
m.illome, no es cosa facil.
Yo no tenía más que un corazón y dudo que Beltrana
lo hubiese aceptado, como no habría aceptado los de los
otros ..... . Con que os embarcáis en el ulntrépidon?
Pues bien, felicidades, querido amigo. Acaso no sea
muy cómoda la travesía. Yo que comienzo á h&amp;eerme
viejo, prefiero decididamente el Ministerio al puente de
un navío.
Sacó su reloj.
-Es preciso que os deje. Tengo una cita. Siempre hay
. citas en estie país ....... .
Y estrechando la mano de Felipe, partió tarareando:
Hay un Jugar en Sevilla ........ .

Habiendo pasado loa tres días, durante los cuales Leó·
dice no había dado señal alguna de vida, Felipe partió
para Lausanne.
Besó con viva emoción á la pobre Lila, muy pálida y
debil aún. Su visita, muy corta, dos días apenas, fué
grave, casi triste. .A. las preguntas reiteradae de su cuñado, respondió:
-Sí, es cierto, mi expedición será larga; sí, es cierto ...
me temo ........ .
Fernando exclamó:
-Pero vos, Felipe, tan aventurero y tan valiente ..... .
Una melancólica sonrisa pasó por el hermoeo rostro
del joven oficial:
-Oh! no es lo largo de la expedición lo que me asusta,
no rnn tampoco eua peligros; pero conservo en el corazón la impresión terrible de mi primer desembarque. Yo
no soy siempre feliz al volver! Me la cuidaréis mucho, no
es verdad, Fernando?
Y bruscamente, sin transición:
-¿Habéis pensado alguna vez en volveros á casar?
-Casarme! exclamó el viudo con asombro sincero; cómo podría pensar en casarme, Felipe? Mi corazón está
muerto y no volverá á palpitar ya más.
Y enérgicamente repitió:
-Jamás! jamás! jamás!
En el momento en que se proponía esta cuestión, el
aya entraba á la sala para tomar un libro que la niña reclamaba. Salió inmediatamente con una precipitación de
conmovida, mas no demasiado pronto para que la mirada penetrante del marino no pudieee advertir el vivo rubor que súbitamente invadió su plácido rostro, coloreándolo de púrpura hasta la raíz de los cabellos.
-¡Ah! pensó él, acaso Carlota!. ....... .
Pero esta suposición, esta duda no le inspiraba temor
alguno. Miró atentamente á su cuñado; éste no había
prestado atención alguna á aquella escena muda: la pobre Carlota no era para él mas que una especie de mueble ó de animal familiar; habituado, como estaba, á no
notar ni su presencia ni su ausencia, continuaba sus pro•
testas de eterna viudez y de eterno dolor.
-El nada sospecha de este amor, se dijo Felipe, y no
le hala.garfa mucho por cierto; la pobre muchacha ea tan
fea! Pero una mujer sinceramente enamorada ejerce tardeó temprano su imperio sobre un hombre débil; él es
muy débil y se dejará cazar. Por qué había yo de opo•
nerme? Más vale ésta que otra. E3ta es dulce, buena, faci I para vivir y adora á Lila.
Por la noche, cuando la nifia se hubo dormido, él pro,·,,oó las confidencias de la aya. Ella temía la oposición
úta Jvven y que tuviera bastante influencia para que se
la despidiese. Con cubores juveniles seguidos de palide•
cea mortales, después de haber negado largo tiempo, acabó por confesar el secreto que él había sorprendido.
-Oh! compaaivQ sefior Felipe, sed bueno con la hu•
milde aya, ella no podría sobrevivirá la separación, ella
es la débil planta que está atada á la encina magestuosa,
ella es el pajarillo débil que el menor rayo del radiante
sol hace cantar y vivir.
El sonrió y la tranquilizó. No solament;e no pediría

que se la despidiese, sino que sería su amigo y su a.liado.
-Yo sé, ciljo, que puedo sin temor confiaros el porvenir de Lila; sé que la amais con maternal ternura; só que
seréis siempre indulgente con la huerfanita. Hé leído todo eso en las cartas que me hicísteis el honor de escribirme: en ellas he leído que tenéis un sencillo corazón,
abJ1egado y generoso. Os doy, pues, á mi querida niña,
y deseo con todo mi corazón que su padre pien.se en ca•
saree con vos. Cuento con vos y con vos rnla, señorita
Carlota; continuaréis escribiéndome, enviándome noticias rnyas, verdad? Lila es olvidadiza, como todos los niños, Fernando es inexacto, como todos los artistas; pero
vos, en cambio, sois la exactitud y la regularidad. No os
dejéis, pues, desanimar ni por la falta de contestación,
ni por la incertidumbre de esta correspondencia. Aun
cuando lleguen á vos las noticias más siniestras, prome·
tedme que seguiréis escribiéndome.
-Compasivo señor Felipe, respondió ella con cierta
solemnidad, mientras la pobre aya sepa escribir, su corazón reconocido os escribirá.
Y jamás pro.mesa de novio, jamás juramento de caballero, jamás voto hecho á Ja madona fué más religiosamente cumplido. Carlota escribía en una especie de diario los menudos acontecimientos de la vida de familia,
que todgs los meses, al azar de los vientos y las olas, le
enviaba á. través del océano.
El abandonó á Lausanne más tranquilo.
-Algún día volveré del Polo, se decía; además esta
plácida y·sentimental alemana es la más inofensiva criatura del universo entero. Una especie de buena bestia
sin malignidad, sin traición, sin astucia. Madrastra ó
institutriz, ha nacido para obedecer y docilmente, obedecerá.
Pasó por Pontarlier, deteniéndose sólo algunas horas.
El tiempo urgía. Jacobo le recibió con una avalancha de
lamentaciones.
-¡Esto acaba, muchacho!.. .... ¡Que mi ejemplo te
sirva!.. .... ¡Hay que ca.anee! ¿Ves tú el resultado de no
hacerlo? ¡La gota! ¡Una satánica gota que no deja su
presa! Cáeate, muchacho; oye los consejos de la tía Fourneron; pues que ha de hacerse eso, más vale pronto que
tardP.
-Pero más vale tarde que nunca, dijo Felipe riéndo.
Yo lamento, mi querido primo, no poder ya solicitar las
funciones de garcon d' lwnneu,·.
-¡Oh! ¡oh! muchacho! No estoy todavía en ese caso,
pero voy para allá, aunque cojea cojeando. Eulalia consiente en casarse con esta vieja bestia. Es muy buena,.
es un angel de abnegación. La bondad es la primera belleza de una mujer. Los jóvenes no saben esto.
Felipe dejó á su infortunado primo, después de habe:r;
aprobado enérgicamente sus disposiciones nuevas, y se
dirigió á casa de las primas Lézines. Inmediatamente
notó algunos cambios. Eulalia tenía aires púdicos de desposada, confusiones de virgencita. Habló de Jacobo ruborizándose.
-Nuestro pobre primo Sommeres, vos le habeis visto
sin duda, Felipe. El Dios de misericordia y de perdón le
ha enviado la prueba de la enfermedad, pero es por su
bien, su dicha y su salud eterna.
-Amen, prima, dijo Felipe. Espero tambien que ser•
vir(eso para su conversión á las ideas del matrimonio y
que encontraré á mi vuelta alguna modificación en el es•
ta.do civil de los miembros de nuestra familia.
-Yo no sé lo que queréis decir, respondió ella bajando
los ojús.
En cuanto á la tía Fourneron., más ocupada, más ata·
reada que jamás, quiso sin embargo conducirá. Felipe
hasta el camino de fierro, diciéadole con un tono misterioso y confidencial el gran triunfo de su perseverancia.
-Aprende de mí, Felipe amigo, que no debe uno desesperar jamás de nada. Oh! este si que medió que hacer.
Es un burlón, un bromista terrible. Más de veinte entrevistas, por culpa suya, no dieron resultado. El sefl.or
amaba eu libertad. Oh ....... ! su libertad! Siempre la ha
tenMo y ahora no puede dar un paso. Felipe, amigo, yo
aguardo á toios esos obstinados para cuando les da el
primer ataque de gota! entonces ya no resisten ..... .
Ya sabes el nombre de la que será su esposa? Hum!
Habrías tú creido que esa devota tendría el corazón tan
tierno? ...... Ahora le ama como una colegiala.

-Y que dice Aglaé?
-Aglaé no está descontenta, eis una hermosa presa para su proselitismo.

EL MUNDO

Encadenado en su Billón, cómo podría sustraerse á. sus
sermones?
Pero hablemos de tí. Qué lá.stima q ne te vayas ...... y 0
iba á proponerte un negocio soberbio: rubia, veinte años,
linda, una dote de ........ .
Felipe no supo jamás la cifra de la dote de ese 1&lt;negocion
que era sobe1bio y rubio y que tenía veinte años.
Un silbido estridente, desgarrando el aire, impidió á
la tía Fourneron concluir la frase tentadora. El tren se
movió: Felipe, inclinado en la ventanilla, oyó aún reso • .
nar estas palabras:
-Reflexiona, ocasión únícal.. ...... .
Después, en un último grito:
-Rubia! Rubia!!
• SEGUNDA. PA.R.TE.

!XXI.
No lejos de la habitación del pintor, al borde del lago,
se encontraba un modesto chalet. Habitá.balo, sola, una
mujer joven. Percibíasela en el jardín, lánguidamente
recostada, con la cabeza cubierta con un velo negro. Vivía en el más absoluto aislamiento. Solamente en la noche, á la hora del crepúsculo, detenía.se un coche á. la
puerta del chalet. La extranjera, vestida de un Juengo
traje de duelo, atravesaba el jardincillo con paso lento,
pareciendo sostenerse con pena, subta al coche y no volvía sino por la noche.
Lila y Carlota en la reclusión forzada en que las órdenes de 1 médico las retenían, se ocupaban demasiado de
esta vecina misteriosa, á la cual apellidaban la ,(princesa
negra.u La aya inventó respecto de esta desconocida las
más fantásticas suposiciones: ya, que era una criminal
que hu.fa de la justicia de su país, ya que una ilustre
desterrada.
Todas las mañanas, á la hora del desayuno, preguntaba
al pintor:
-El honorable señor Duvernoy no ha visto á la princesa negra?
El respondía con indiferencia, pero ella insistía:
-Estoy cierta de que es una reina. ¡Hay tantas reinas
desterradas! Oh! ¡cómo desearía verla de cerca!
Este inocente deseo no tardó en cumplirse¡ una noche
las dos reclusas no oyeron el ruido del coche que iba á
buscará la princesa, y Carlota eu ebservación det;rás de
la vidriera, exclamó:
--Sale á piel sale sola! Oh, Lila, siquisiéseisprometerme ser juiciosa, yo podría segllirla, unirme ::! ella, entrever su rostro; sería yo tan feliz! ....... .. y después vendria
á contaros.
-Sí. si, id pronto, exclamó la pequeftuela á quien la
misma curiosidad pueril agitaba.
Una hora más tarde volvió Carlota,
-La he visto! me ha hablado! esundamaexcelsa!Una
Majtstad tan imponente! Es tan bella!
Después comenzó su relato. No había tenido trabajo
para reunirse con fa desconocida, por que ésta estaba
sentada al borde del lago en una actitud de melancólico
ensuefio. Un libro qun no lefa, permanecía abierto sobre sus rodillas. En el momento en que el aya pasó freo•
te á. ella, la extranjera se levantó y el libro cayó. Carla•
ta apresuradamente lo levantó acumulando las excusas
por el extremecimiento que involuntariamente le había
causado, solicitando su perdón. Benévolamente la prin •
cesa afirmó que perdonaba, y para comprobarlo consintió
en dar con la aya, un paséo de algunos pasos. Pero det.eniendose: nNo1 no, e3toy muy fatigada, muy enferma,
dijo. No, estoy demasiado fatigada, demasiado sufriente.11
Corlota ofreció su brazo robusto cuyo apoyo fué aceptado.
-Oh! querida mía, ella ha tenido á bien apoyarse en
mí, además me permitió ir á ofrecerle mi respetuoso 110menaje. Iré desde mañana, no es verdad, Lila? lo queréis?
Desde aquel momento, se establecieron relaciones de
intimidad entre la.e dos mujeres: condescendencia de n11 1.
parte, respetuosa deferencia de la otra. El corazón Bl·• •
sible de Carlota se ingenió en las atenciones d-alicada,-,
en los pequeños cuidados. Pidió al pintor la autorizacióu
de prestar á su vecina los libros. revistas y periódicos.
Cada mañana también le llevaba algunas floref; poco á
poco llegó á las preguntas y á las confidencias. Al principio la extranjera fué sobria en explicaciones.

-Yo no hablo del pa'laio, dijo, sino con una dolorma tristeza; pero á. VU9Stras preguntas, querida señorita, responderé en algunas palabra?. NMí en Bretafta, de una anti•
quísima familia: los Meriadec. Un l\leriadec, según se dice, reinó en otro tiempo sobre
la A.rmórica. Yo tenía 20 años cuando mi padre me hizo casarme con el Sr. Martín.
No dijo otra coaa¡ la romancesca alemana ~e encargó de colmar las lagllnas de esta relación demasiado lacónica. Si la noble mano de una l\Ieriadec se habfa unido á la de un
comerciante (ué sin duda por salvar la vida de su padre gravemente comprometido en
una conspiración realista y que est.aba á punto de dejar su cabeza en la guillotina. Se
conspira siempre en Francia. En cuanto á. la guillotina, qué importa! La aya no se
detenía por tan poco. Le gustaban todavía las historias trágicas del Terror, Francia re.
publicana era, á sus ojos, el país en que las mujeres, para salvar á sus padres, son conde·
nadas á. beber vasos de sangre.
Apenas hubo ella compuesto esta lamentable historia, cuando ee la refirió á la misma
se flora Martín. Esta la escuchó con un silencio Heno de aprobación.
-Estáis dotada de una penetración maravilloea, eefiorita, elijo dulcemente, de la
penetración de una alma compasiva.
D"spués dejó caer sobre el respaldo de la silla su cabeza fatigada:
-Sí, yo he sufrido, yo he sufrido mucho en mi triste vida¡ mis fuerzas se han usado
en las luchas incesantes y crueles¡ pero ya vendrá el eterno reposo. Espero la ve-

�300

nida del consolador supremo, del novio que se llama la
muerte.
) Estaba tan pálida que la alemana cteyó de buena feen
la llegada del novio lúgubre. Ella se aproximó con un
frasco de sales en la mano. La señora Martín lo apartó
con un gesto.
-He removido, por complaceros, todos esos dolorosos
recuerdos, cuyo peso me abruma; no loe evocaremos ya
más. Si deaeais verme aún, será preciso no hablarme
más que de vos, de vos que tenéis la salud, la juventud,
y sin duda la esperanza. Yo os he dado el ejemplo de la
confianza, decidme vuestro pasado.
La excelente muchacha hubiera sido feliz de tener alguna historia trágica que contar; un robo, un rapto mismo no la hubiera asustado. Pero f!U vida monótona no
ofrecía ningún acontecimiento interesante. Después de
haber confiado á la princesa que se llamaba Carlota como la célebre heroina de Goethe, se interrumpió un poco avergonzada de la insignificancia de esta revelación.
Pero si el pasado era poco fertil en peripecias, el presente felizmente ofrecía más amplia cosecha. Nada
más propio de lo romanceeco que el amor melancólico y
desinteresado: enamorarse de una alma sublime y solitaria, adorarla en secreto, en el silencio de la abnegación,
eer el aya humilde y bienhechora que vela por su bienestar, sin esperar reconocimiento, constituye ura situación del más sentimental interés.
Ella se extendía con alguna complacencia sobre el inconsolable dolor del pintor y sobre la poesía de su desesperación. El positivismo de la alemana reaparecía solamente cuando le dijo el precio á que habían sido pagadas las últimas telas.
La señora Martín escuchó al principio con atención
pulida. Poco á poco interrogó. Los detalles más vulgares
no parecían desnudos de interés. Ella aupo bien pronto
por el menudo estado de la casa del pintor el monto de
sus gastos y de sus ingresos.
La sen.ora Martín movida sin duda por esta admiración,
murmuró pensativa: .
-Ver esas obras maestras ......... Sí, yo desearía ver
eeas obras maestras.
Era la primera vez que sus labios tristes expresaban
un deseo. El aya se conmovió:
-Y ose lo haré presente, dijo, él es muy bueno y nome
lo rehusará.
Por la noche, á la hora de la comida, ella hizo la súplica al pintor; sus grandes ojos azulee suplicaban.
-De quéiluat1e extranjera hablaie? preguntó él.
La respuesta fué prolija. Carlota mezcló sus quimeras
á la realidad; la princesa de incógnito, el padre gentil
hombre y el horrible Martín.
En este punto importante el entusiasmo de la alemana
se traducía prosaicamente en billetes de banco.
- Un pintor tan grande, el más grande maestro de
Francia, si quieieise pintar vírgenes y no árboles, lagos y
rocas. Yo le digo siempre: Honorable señor Duvernoy, por
qué no pintaia eantas vírgenes y asuntos de pie de piado·
sa devoci6n como Rafael y Murillo? Ganaría millones si
escuchase los respetuosos consejos de la humilde aya.
Pero es ya tan rico! tiene en su taller cuadros soberbios
que valen el tesoro de un rey.
Es una fragil y tierna flor, muy compasiva, señor
Dnvernoy, una tierna y delicada flor, deetrozada por
cruel tempestad. Esperaba la visita del lúgubre esposo,
pero desearía antes admirar las hermosas obras maestras del gran artista, lleno de gloria y de celebridad.
-Alguna aventurera, dijo él, encogiéndose de hombros.
Carlota juntó sus manos con un gesto de desesperación
y pareció tan desolada, que él añadió con más dulzura:
-Aun cuando yo rehuso la entrada á mi taller á los
ociosos, vuestros amigos serán siempre bien recibidos.
Apenas tuvo ella tiempo de abrumarlo con sus expresiones de gratitud, tanta prisa tenía de llevará su querida princesa esta buena respuesta. Partió corriendo, á pesar de la hora avanzada. El deseo de la seiiora Martín,
parecía haber desaparecido, verdaderamente ya no se
acordaba de haber formulado ese deaeo. Dió las gracias
con breves palabras.
-Dígnese llevarl3 al Sr. Duvernoy la expresión de mi
reconocimiento¡ pero sufro mucho y no ·sé cuándo me será posible aprovecharme de su permiso.
Carlota volvió avergonzada:
-Cuando guste, dijo el pintor seeamente.

EL MUNDO

La curiosidad de la extranjera lo había dejado indiferente; su indiferencia fo hirió. Los relatos de Carlota
despertaron su interés.
ccUna aventureran había dicho él; pero esta aventurera
se adornaba con todos los encantos del misterio.
Un día la percibió sentada sobre una piedra, al borde
del lago, con loa ojos perdidos en el infinito de las vagas
lejanías, Avanzó y el ruido de sus pasos traicionó su
presencia. Ella se levantó y, lentamElnte, muy lentamente, con un movimiento de una indolencia y de una
morbidez exquisita, continuó el camino del chaiet silencioso.
El admiró como artista la gracia de su actitud, aquella
ciencia de la postura, aquella perfección de la línea tan
dificil y tan rara.
Fernando, durante los días que siguieron 1 presa de uno
de esos caprichos intensos que los artistas experimentan
como los niños, más de una vez corrió hacia la ventana;
pero no percibió más que á la aya paseando amorosamente ante el taller su silueta maciza, en tanto que Lila perseguía mariposas.
Durante los cuatro afios de su viudez, ninguna de las
mujeres encontradas en los aza!"es de sus viajes, había ob•
tenido de él más atención que la que acordaba á. las estatuas y á los cuadros de las galerías y de los museo~. Sin
dudahnbieraal dia siguieute olvidado á su hermosa vecina, sin la pequeña herida hecha por ella á su amor propio
al transferir la visita esperada, simplemente por indiferencia. Por otra parte, Carlota no tenía más que un asunto
de conversación: los infortunios de la priucesa llamada
la señora Martín. Día por día añadía al drama algún capítuh palpitante; la perversidad del cruel Martin no
tardó en sobrepasar á todas las perversidades más céle•
brea; en tanto que las virtudes de su víctima hubieran
proporcionado un apéndice á las Actas de los mártires.
Sin tener conciencia de ello, Fernando se interesaba
en este melodrama; acaso la gran soledad en que vi vía y
de la cual comenzaba á sentirse cansado, le volvía más
accesible á la curiosidad. Era él ahora quien interrogaba
á la institutriz sobre la salud de la princesa, sobre lo que
ella hacía ó decía, y algunas veces aun solía preguntarle:
-Y de la visita al taller, piensa todavía en ella?
Ay! Carlota no osaba ya hablar de la visita al taGer á
la triste viuda. U a día, á sus insW.ncias reiteradas ésta
respondió no sin alguna aequed!Ml y alguna altivez:
-Loa cuadros serán muy bellOli1, setlorita Carlota pero
qué me importa. Yo no amo más que una cosa en ·e l
mundo, señorita Carlota, y ea mi soledad. Si ésta debiera
ser turbada por obsequiosidades indiscretas, mañana
abandonaría á Ouchy. Oyendo esta amonestación severa,
Corlota bajó la cabeza y no volvió á insistir á este res•
pecio.
Por qué Lila no amaba á la princesa negra? Por qué
rehusaba oír itablar de ella? A estas preguota:1 que lapobre Carlota proponía sin ceear, sea á sí misma, sea á su
educanda, sea á M. Duvemoy, nadie podía responder y
Lila menos que cualquier otra. La nifi.a no hubiera podido analizar ni sus amores ni sus odios. El hecho se ha_
bía producido deepués de la única visita que la pequeña
había hecho con su aya á su interesante vecina.
Cómo y por qué á la curiosidad llena de atractivo, sucedió una especie de terror y de aveMión? Existen esos
fenómenos cuyas causas permanecen misteriosas. Jamás
sin embargo la señora Martín prodigó más halagos, más
alabanzas, más sonrisas. Lila, que se había puesto seria
de punto, fijaba en la viuda una mirada de desafío, pe·
netrándola y aun intimidándola, y no respondía sino con
repugnancia á sus benévolas preguntas. Fué en vano que
ella admirase su larga trenza .rubia y sus profundos ojos
de violeta, én vano que repitiese que era feliz conociendo
á una personita de quien su amiga Carlota hacía tantos
elogios. La niña permanecía muda. Cuando salió de su
visita, dijo severamente á su aya:
-Cómo no me habías dicho que es una malvada y que
no os ama? Yo no quiero volverla á ver.
-Malvada! Oh! Lila querida1 no es malvada y tiene
por mi una afección tan tierna!
Pero Lila, hiriendo el suelo con su piececito, exclamó:
-Es malvada, es mentirosa; dice que soy linda y eso no
ea cierto.
-Si es cierto, sí es cierto, gimió la aya. Sois linda1 Li·
la, cuando sois juiciosa·y buena, y •o habléis mal de una
hermosa princesa que es la indulg.mcia J1iema, la bon•
dad, la verdad.

OOMINGO z DE MAYO DE 1807

-Entonces yo no seré jamás linda, declaró Lila.
Ninguna conquista es más dificil que la conquista de un
corazón de niña. La habilidad, las astucias, laa combinacionP.B más sabias, se estrellan ante eu instintiva fineza. Una palabra franca, y frecuentemente una reprensión,
entreabren la almita á quien las adulaciones y los cumplimientos han dejado cerrada. H ~cerse amar de los nifios, lo mismo que hacerse amar de las bestias, es un dón
que no se adqniere. El animal y el niño poseen un ins•
tinto que bur:a toda la diplomacia del hombre. Para ser
amado es preciso amar. El hombre puede dejarse coger
en la comedia del amor; el niño nnnca. Así1 pues, Lila
no creyó 6D la comedia que representaba la señora Martín. Sentía el miedo que causa el peligro entrevisto. Es•
ta impresión, mal definida al principio1 fué creciendo y
con ella el deseo de apartará su aya Carlota de una mujer que en su alma infantil asimilaba á. los ogros de los
cuentos de hadas.
Ahora que el periodo de convalescencia había terminado, Lila iba todos lo~ días á su padre en busca de un
nuevo permiso:
-Pasearemos hoy en lancha, papá, subiremos á un
paquebot, y partiremos lejos, muy lejos.
Durante tan largo tiempo, á través de las ventanas de .
la ·villa, como á través de las claraboyas de una carcel
h~bía contemplado el hermoso lago azul y visto con tan•
ta envidia deslizarse eobre aquel espejo tranquilo las
largas barcas de velas blancas!
El pintor accedía siempre, feliz de encontrar la sonrisa
de su hija. Esas excursiones ocupaban el día entero é
impedian á Carlota hacer á su amiga sus intermina•
bles visitas. Pobre Carlota. Su tierno corazón sangraba
un poco. Pero cómo habría podido tener el valor de abandonar al muy honorable señor Duvernoy á los azares de
la1:1 excursiones y de las travesías peligrosas? Quien sabe
si el naufragio, la barca demasiado llena, la reventazón
pérfida, abriéndose bajo un pie imprudente le darían
ocasión para la abnegación sublime en que tanto había
soñado.
Partían de mafiana y volvían tarde, comían sobre el
paquebot, pero, á pesar del placer de esas excursiones,
Lila preguntaba á veces:
-Papá, cuándo partiremos para Pontarlier?
-Muy pronto, hijita, espero sólo tres días de bruma;
pero el sol se obstina en brillar. Había comenzado, en
efecto, un día de bl'uma un estudio del lago; quería en·
contrar su coloración grisácea, su misma impresión de
penetrante tristeza. El estudio le parecía muy bueno y
hubiera lamentado no concluirlo. Además, estaba en su
naturaleza eso de dejar todas las cosas para mañana.

TOIIIIO I.

MEXICO, MAYO 9 DE I897,

XXIII
Esperando la bruma, la partida y la determinación de
su padre, Lila recurría á otros medios para ~alvar á eu
aya de los maleficios de la perversa princesa. Cuando no
debía ocuparlas alguna excursión, se instalaba en el
cuarto de estudio con la actitud seria de una discípula
atenta. Sentada á su pupitre, ante Carlota, sufría sin
murmurar los dictados, loa análisis, las recitaciones, y
cuando la campana del almuerzo eonaba, arrojaba á su
aya una mirada de triunfo.
-Soy juiciosa, no ea verdad, señorita?
-Muy juiciosa, Lila, muy doc:1, decía la pobre Carlota con un suspiro, un pooo desolada interiormente de
aquel juicio que tampoco á propósioo venía.
Concluido el almuerzo, Carlota, durante una hora ha·
cía al Sr. Duvernoy la lectura de los· diferentes periódicos; no hubiera faltado por nada del mundo á este deber
sagrado, la nifia podia estar tranquila, pero apenas terminada la lectnra, Lila acudía:
-Vamos á tomar el fuaicular, señorita, iremos á Lau•
sanne, nos pasearemos por las calles é iremos á ver al
pastelero.
El paseo duraba basta la comida de la noche. Esa ciudad de Lausanne, ea tan curiosa y de un aspecto tan variado! Desde luego, arrojadas por toda.e partes en el flanco de la colina. las villas suntuosas, con nombres de flo·
res, ocultando sus reales explendores detrás de una aveIiida de árboles soberbios, y como vírgenes púdicas y so·
ñadoras, no dej~ndo percibir más qne ~a corona almena·
da de alguna torreó la altiva flecha de un techo puntiagudo.
( Continuará).

Gflor enlre flores.
[DlbUjO de Jo ■ é M. Vlllasana.J

•

NIJMEB0I9•

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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