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                  <text>300

nida del consolador supremo, del novio que se llama la
muerte.
) Estaba tan pálida que la alemana cteyó de buena feen
la llegada del novio lúgubre. Ella se aproximó con un
frasco de sales en la mano. La señora Martín lo apartó
con un gesto.
-He removido, por complaceros, todos esos dolorosos
recuerdos, cuyo peso me abruma; no loe evocaremos ya
más. Si deaeais verme aún, será preciso no hablarme
más que de vos, de vos que tenéis la salud, la juventud,
y sin duda la esperanza. Yo os he dado el ejemplo de la
confianza, decidme vuestro pasado.
La excelente muchacha hubiera sido feliz de tener alguna historia trágica que contar; un robo, un rapto mismo no la hubiera asustado. Pero f!U vida monótona no
ofrecía ningún acontecimiento interesante. Después de
haber confiado á la princesa que se llamaba Carlota como la célebre heroina de Goethe, se interrumpió un poco avergonzada de la insignificancia de esta revelación.
Pero si el pasado era poco fertil en peripecias, el presente felizmente ofrecía más amplia cosecha. Nada
más propio de lo romanceeco que el amor melancólico y
desinteresado: enamorarse de una alma sublime y solitaria, adorarla en secreto, en el silencio de la abnegación,
eer el aya humilde y bienhechora que vela por su bienestar, sin esperar reconocimiento, constituye ura situación del más sentimental interés.
Ella se extendía con alguna complacencia sobre el inconsolable dolor del pintor y sobre la poesía de su desesperación. El positivismo de la alemana reaparecía solamente cuando le dijo el precio á que habían sido pagadas las últimas telas.
La señora Martín escuchó al principio con atención
pulida. Poco á poco interrogó. Los detalles más vulgares
no parecían desnudos de interés. Ella aupo bien pronto
por el menudo estado de la casa del pintor el monto de
sus gastos y de sus ingresos.
La sen.ora Martín movida sin duda por esta admiración,
murmuró pensativa: .
-Ver esas obras maestras ......... Sí, yo desearía ver
eeas obras maestras.
Era la primera vez que sus labios tristes expresaban
un deseo. El aya se conmovió:
-Y ose lo haré presente, dijo, él es muy bueno y nome
lo rehusará.
Por la noche, á la hora de la comida, ella hizo la súplica al pintor; sus grandes ojos azulee suplicaban.
-De quéiluat1e extranjera hablaie? preguntó él.
La respuesta fué prolija. Carlota mezcló sus quimeras
á la realidad; la princesa de incógnito, el padre gentil
hombre y el horrible Martín.
En este punto importante el entusiasmo de la alemana
se traducía prosaicamente en billetes de banco.
- Un pintor tan grande, el más grande maestro de
Francia, si quieieise pintar vírgenes y no árboles, lagos y
rocas. Yo le digo siempre: Honorable señor Duvernoy, por
qué no pintaia eantas vírgenes y asuntos de pie de piado·
sa devoci6n como Rafael y Murillo? Ganaría millones si
escuchase los respetuosos consejos de la humilde aya.
Pero es ya tan rico! tiene en su taller cuadros soberbios
que valen el tesoro de un rey.
Es una fragil y tierna flor, muy compasiva, señor
Dnvernoy, una tierna y delicada flor, deetrozada por
cruel tempestad. Esperaba la visita del lúgubre esposo,
pero desearía antes admirar las hermosas obras maestras del gran artista, lleno de gloria y de celebridad.
-Alguna aventurera, dijo él, encogiéndose de hombros.
Carlota juntó sus manos con un gesto de desesperación
y pareció tan desolada, que él añadió con más dulzura:
-Aun cuando yo rehuso la entrada á mi taller á los
ociosos, vuestros amigos serán siempre bien recibidos.
Apenas tuvo ella tiempo de abrumarlo con sus expresiones de gratitud, tanta prisa tenía de llevará su querida princesa esta buena respuesta. Partió corriendo, á pesar de la hora avanzada. El deseo de la seiiora Martín,
parecía haber desaparecido, verdaderamente ya no se
acordaba de haber formulado ese deaeo. Dió las gracias
con breves palabras.
-Dígnese llevarl3 al Sr. Duvernoy la expresión de mi
reconocimiento¡ pero sufro mucho y no ·sé cuándo me será posible aprovecharme de su permiso.
Carlota volvió avergonzada:
-Cuando guste, dijo el pintor seeamente.

EL MUNDO

La curiosidad de la extranjera lo había dejado indiferente; su indiferencia fo hirió. Los relatos de Carlota
despertaron su interés.
ccUna aventureran había dicho él; pero esta aventurera
se adornaba con todos los encantos del misterio.
Un día la percibió sentada sobre una piedra, al borde
del lago, con loa ojos perdidos en el infinito de las vagas
lejanías, Avanzó y el ruido de sus pasos traicionó su
presencia. Ella se levantó y, lentamElnte, muy lentamente, con un movimiento de una indolencia y de una
morbidez exquisita, continuó el camino del chaiet silencioso.
El admiró como artista la gracia de su actitud, aquella
ciencia de la postura, aquella perfección de la línea tan
dificil y tan rara.
Fernando, durante los días que siguieron 1 presa de uno
de esos caprichos intensos que los artistas experimentan
como los niños, más de una vez corrió hacia la ventana;
pero no percibió más que á la aya paseando amorosamente ante el taller su silueta maciza, en tanto que Lila perseguía mariposas.
Durante los cuatro afios de su viudez, ninguna de las
mujeres encontradas en los aza!"es de sus viajes, había ob•
tenido de él más atención que la que acordaba á. las estatuas y á los cuadros de las galerías y de los museo~. Sin
dudahnbieraal dia siguieute olvidado á su hermosa vecina, sin la pequeña herida hecha por ella á su amor propio
al transferir la visita esperada, simplemente por indiferencia. Por otra parte, Carlota no tenía más que un asunto
de conversación: los infortunios de la priucesa llamada
la señora Martín. Día por día añadía al drama algún capítuh palpitante; la perversidad del cruel Martin no
tardó en sobrepasar á todas las perversidades más céle•
brea; en tanto que las virtudes de su víctima hubieran
proporcionado un apéndice á las Actas de los mártires.
Sin tener conciencia de ello, Fernando se interesaba
en este melodrama; acaso la gran soledad en que vi vía y
de la cual comenzaba á sentirse cansado, le volvía más
accesible á la curiosidad. Era él ahora quien interrogaba
á la institutriz sobre la salud de la princesa, sobre lo que
ella hacía ó decía, y algunas veces aun solía preguntarle:
-Y de la visita al taller, piensa todavía en ella?
Ay! Carlota no osaba ya hablar de la visita al taGer á
la triste viuda. U a día, á sus insW.ncias reiteradas ésta
respondió no sin alguna aequed!Ml y alguna altivez:
-Loa cuadros serán muy bellOli1, setlorita Carlota pero
qué me importa. Yo no amo más que una cosa en ·e l
mundo, señorita Carlota, y ea mi soledad. Si ésta debiera
ser turbada por obsequiosidades indiscretas, mañana
abandonaría á Ouchy. Oyendo esta amonestación severa,
Corlota bajó la cabeza y no volvió á insistir á este res•
pecio.
Por qué Lila no amaba á la princesa negra? Por qué
rehusaba oír itablar de ella? A estas preguota:1 que lapobre Carlota proponía sin ceear, sea á sí misma, sea á su
educanda, sea á M. Duvemoy, nadie podía responder y
Lila menos que cualquier otra. La nifi.a no hubiera podido analizar ni sus amores ni sus odios. El hecho se ha_
bía producido deepués de la única visita que la pequeña
había hecho con su aya á su interesante vecina.
Cómo y por qué á la curiosidad llena de atractivo, sucedió una especie de terror y de aveMión? Existen esos
fenómenos cuyas causas permanecen misteriosas. Jamás
sin embargo la señora Martín prodigó más halagos, más
alabanzas, más sonrisas. Lila, que se había puesto seria
de punto, fijaba en la viuda una mirada de desafío, pe·
netrándola y aun intimidándola, y no respondía sino con
repugnancia á sus benévolas preguntas. Fué en vano que
ella admirase su larga trenza .rubia y sus profundos ojos
de violeta, én vano que repitiese que era feliz conociendo
á una personita de quien su amiga Carlota hacía tantos
elogios. La niña permanecía muda. Cuando salió de su
visita, dijo severamente á su aya:
-Cómo no me habías dicho que es una malvada y que
no os ama? Yo no quiero volverla á ver.
-Malvada! Oh! Lila querida1 no es malvada y tiene
por mi una afección tan tierna!
Pero Lila, hiriendo el suelo con su piececito, exclamó:
-Es malvada, es mentirosa; dice que soy linda y eso no
ea cierto.
-Si es cierto, sí es cierto, gimió la aya. Sois linda1 Li·
la, cuando sois juiciosa·y buena, y •o habléis mal de una
hermosa princesa que es la indulg.mcia J1iema, la bon•
dad, la verdad.

OOMINGO z DE MAYO DE 1807

-Entonces yo no seré jamás linda, declaró Lila.
Ninguna conquista es más dificil que la conquista de un
corazón de niña. La habilidad, las astucias, laa combinacionP.B más sabias, se estrellan ante eu instintiva fineza. Una palabra franca, y frecuentemente una reprensión,
entreabren la almita á quien las adulaciones y los cumplimientos han dejado cerrada. H ~cerse amar de los nifios, lo mismo que hacerse amar de las bestias, es un dón
que no se adqniere. El animal y el niño poseen un ins•
tinto que bur:a toda la diplomacia del hombre. Para ser
amado es preciso amar. El hombre puede dejarse coger
en la comedia del amor; el niño nnnca. Así1 pues, Lila
no creyó 6D la comedia que representaba la señora Martín. Sentía el miedo que causa el peligro entrevisto. Es•
ta impresión, mal definida al principio1 fué creciendo y
con ella el deseo de apartará su aya Carlota de una mujer que en su alma infantil asimilaba á. los ogros de los
cuentos de hadas.
Ahora que el periodo de convalescencia había terminado, Lila iba todos lo~ días á su padre en busca de un
nuevo permiso:
-Pasearemos hoy en lancha, papá, subiremos á un
paquebot, y partiremos lejos, muy lejos.
Durante tan largo tiempo, á través de las ventanas de .
la ·villa, como á través de las claraboyas de una carcel
h~bía contemplado el hermoso lago azul y visto con tan•
ta envidia deslizarse eobre aquel espejo tranquilo las
largas barcas de velas blancas!
El pintor accedía siempre, feliz de encontrar la sonrisa
de su hija. Esas excursiones ocupaban el día entero é
impedian á Carlota hacer á su amiga sus intermina•
bles visitas. Pobre Carlota. Su tierno corazón sangraba
un poco. Pero cómo habría podido tener el valor de abandonar al muy honorable señor Duvernoy á los azares de
la1:1 excursiones y de las travesías peligrosas? Quien sabe
si el naufragio, la barca demasiado llena, la reventazón
pérfida, abriéndose bajo un pie imprudente le darían
ocasión para la abnegación sublime en que tanto había
soñado.
Partían de mafiana y volvían tarde, comían sobre el
paquebot, pero, á pesar del placer de esas excursiones,
Lila preguntaba á veces:
-Papá, cuándo partiremos para Pontarlier?
-Muy pronto, hijita, espero sólo tres días de bruma;
pero el sol se obstina en brillar. Había comenzado, en
efecto, un día de bl'uma un estudio del lago; quería en·
contrar su coloración grisácea, su misma impresión de
penetrante tristeza. El estudio le parecía muy bueno y
hubiera lamentado no concluirlo. Además, estaba en su
naturaleza eso de dejar todas las cosas para mañana.

TOIIIIO I.

MEXICO, MAYO 9 DE I897,

XXIII
Esperando la bruma, la partida y la determinación de
su padre, Lila recurría á otros medios para ~alvar á eu
aya de los maleficios de la perversa princesa. Cuando no
debía ocuparlas alguna excursión, se instalaba en el
cuarto de estudio con la actitud seria de una discípula
atenta. Sentada á su pupitre, ante Carlota, sufría sin
murmurar los dictados, loa análisis, las recitaciones, y
cuando la campana del almuerzo eonaba, arrojaba á su
aya una mirada de triunfo.
-Soy juiciosa, no ea verdad, señorita?
-Muy juiciosa, Lila, muy doc:1, decía la pobre Carlota con un suspiro, un pooo desolada interiormente de
aquel juicio que tampoco á propósioo venía.
Concluido el almuerzo, Carlota, durante una hora ha·
cía al Sr. Duvernoy la lectura de los· diferentes periódicos; no hubiera faltado por nada del mundo á este deber
sagrado, la nifia podia estar tranquila, pero apenas terminada la lectnra, Lila acudía:
-Vamos á tomar el fuaicular, señorita, iremos á Lau•
sanne, nos pasearemos por las calles é iremos á ver al
pastelero.
El paseo duraba basta la comida de la noche. Esa ciudad de Lausanne, ea tan curiosa y de un aspecto tan variado! Desde luego, arrojadas por toda.e partes en el flanco de la colina. las villas suntuosas, con nombres de flo·
res, ocultando sus reales explendores detrás de una aveIiida de árboles soberbios, y como vírgenes púdicas y so·
ñadoras, no dej~ndo percibir más qne ~a corona almena·
da de alguna torreó la altiva flecha de un techo puntiagudo.
( Continuará).

Gflor enlre flores.
[DlbUjO de Jo ■ é M. Vlllasana.J

•

NIJMEB0I9•

�DOMINGO g DE MAYO DE ollg7

EL MUNDO

"EL 1'1'UND0"

Semanario lluetrado.

TelHono 434.-Calle de Tiburcio riUm. 20.-Apartado

87 b.

M:EXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Reiacción. debe eer dirigida al

Director, Lle. Kaf'ael Rey~&amp; Spindol~.
ht. correspondencia q Utl se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lle. Fausto M.oguel.
La eub1:1cripción ll. EL MUNDO vale $1.;¿ó centavos al
mes, y t:ie cobra por trimeetee adelantados.
Núrutiros sueltos, 60 centavos.
A visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Tod.H.

Todo pago debe ser precisamente adelantado.
R&amp;GIBI'RADO COMO ARTÍCULO DE SBGUNDA CLASE.

Significa un avance notable en el espíritu nacional la
ausencia de movimientos agt"t'eivos contra le.a colonias,
hecho desagradable que antafio constituía una de las notas más picantea del programa. Y dado este estado de
conciencia, es de esperarse que en lo fut.uro p~sida un
elevado criterio en la interpr~tación de anh-ersarios Be•
mejanteEI.
No hay razón para despt&gt;rtar una maflana con sedi·
mentos de:vie&gt;jo· odio hacia Estados amigo.~, cun quienes
estamos trescientos sePeuta y cuatro dfafl eu las má.s cor•
diales relaciones. .Edo8 aniversarios no e8tá.n destinados
á despertar olvidados rencores, ni ii atizar apagadas ho·
guera~. Han podido las nacioues desgarrar1:1e eu la larga
historia de la humanilad las unae á Jaa otras, ein que tm
el estado actual de los e!lpíritus se imponga la n ... cesidad
de sostellf r t"Ste pro,pecto de guena permauente.-Las
tribus primitivas viviau de la agresión y por la agresión¡
las modernas nacianalidádes de la solidaridad y ctd cambio.

fa mrrstía ~e la uiba.

·•

Un diario acaba de rozar con vuelo de ave uno de los
problemas que más ocupan la atención de los publicis·
tas y hombres de .Estado: la carestia constante de la vida
moderna. Es en efecto, una dolorosa nota eecapada del
prO@'reeo contemporáneo, la que se refiere á este desequilibrio entre el cuadro de necesid,ideE1 1 cada día dotado de mayor amplitud, y las posibilidades de satisfacerlas. Aquí,el pensador, el político, el economista, se de•
tienen alarmados ante la suprema angustia que se eleva
de una humanidad sedienta de alcanzar el supremo bien
que la civilización le ha prometido.
Y ¡cosa extrafia! el economista, el p~nsador y el político, están de acuerdo en que las condiciones económicas
de esta humanidad han mejorado visiblemente en estas
últimas épocas, y que á una baja, siempre continua de
de los prod11ctos indispensables para la existencia, corresponden un aumento en los salarios. ¿A qué obedece,
p·1es, estacdsis latente, este t.-stado de malestar que 1í
ocasiones encuentra espaciosa salida en las agitaciones
de los grupos socialistasó en las disolvencias desolado•
ras del programa anarquista? La explicación debe bus·
caree en un hecho que hemos delineado á la ligera: el
desarrollo ilimitado de las necesidades, como una con•
secuencia lógica de esa misma civilización, de la que,
aunque quisiéramos. no podríamos nunca renegar.
Un obrero de nuestros días satisface, en realidad, un
número mayor de necesidades que un señor feudal de loa
tiempos medioevales. Su vida está llena de más canti•
dad de comodidades, y, sin embargo, todavía no se considera feliz, y reclama una parte mas considerable en la
distribución de la riqueza social. El libro y el periódico
han deEarrolJado ante su vista deslumbrada un panorama nuevo, y hacia esta tierra prometida se encaminan sus
deseos y se encauzan sus aspiraciones, ¡La vida encarece! se prorrumpe entonces, y mientras en la pluma de
Toletoi este sentimiento, idealizado 1 se convierte en una
tendencia hacia el misticismo, en la boca de Bakoonine
se trueca en un movimiento de rebeldía.
Aquí mismo. en México, en donde el problema social
está muy lejoa'de hacer explosión, se ha anotado pos-,
treramente un hecho que vale la penadeeerexaminado:
un empleado público se lanza á operaciones fraudulentas contra el Erario. Es hábil y su maniobra puede pasar inadvertida durante cierto tiempo; se sorprende la
estafa y el interesado es sometido á un proceso 1 en el
que al rnr requerido para que manifieste las causas de su
delito, contesta con la convicción de un hombre que cree
haber encontrado el menos indestructible razonamiento:
mi sueldo no bastaba para Stender á mis necesidades!
Por fortuna nos encontramos muy lejos de semejantes
idealismos; el tipo de Juan Valjean no obtiene gran éxito, y todos sabemos que ha pasado el período del sen timen•
talismo penal, y que un delito no puede jamás ser excusa•
ble á titulo (je una buena acción, de una obra :filantrópica 6 de un hecho de alt.o y trascedental altruismo. .El
hombre que comete un asesinato con objeto de apoderarse de los bienes de la víctima, no podría jamás alegar
como exculpante, que ccn esos bienes trataba de fundar
un establecimiento de beneficencia pública. Precisamente en los momentos en que el señor Navarrete, empleado
de la Tesorería á que aludimos, presentaba su programa
de necesidades no satisfechas, el Jurado Popular condenaba á un reo de robo en casa habitada, cuyo defensor esgrimía en favor de su defendido, argumentos análo¡?os.No prejuzgamoe la cuestión; examinamos un sofisi:;na,
bastante generalizado, y que es necesario destruir.
El asunto de la careEtía ae la vida reclama, no obstante,
toda la atención del eetadieta. Es cierto que el legislador
puede int~rvenir en esta crísie, de la que sufren las clases
menos favorecida~, en el reparto de: bienestar social. Haca tres ó cuatro afioe, en un documento oficial, se iniciaba
la idea de mejorar la condición del empleado mexicano
mediante un aumento de la cifra de sus honorarios, que,
á pesar de la:; nuevas exigencias, continúan siendo los
mismos que bace veinte 6 veinticinco años. El bello
ideal á este reepecto es tener menos empleado~ y m'ás
bien retribul&lt;loP, ideal á que ee opone el carácter nacional, que ha:convertido el tiresupuesto en un frondoso ár•
bol á cuya eombra desea desransar cada ciudadano.
0nm0 sucede sit-mpre, la explicación de todos los feu6u11.•noR de ni:den económico y político que se descubren 1::u loe k'jir!n~ rte nuestra estructura nacional, proceden de oculia::i dolencias de un organismo que no nos
cansaremos de repetirlo, es necesario fortificar.

11'.a, fiesta, nocionales

q

los ctlranicro,.

Hemos, como todos los afioa, celebrado el aniversario
del triunfo obtenido por el ejército mexicano contra los
axpedicionarios franceses, en la época de la intervención.
Y como todos los ailos también 1 los miembros de lasco•
lonias extranjeras, residentes en esta capital, se haneafor•
zado en tomar una parte muy activa en la hi':'tórica festi•
vidad.

•
la solución pacifica de todas las dificultad.es que pudie•
ran sobrevenir en lo fur,uro, obviando choques y evitando diforencias entre los dos países de habla inglesa; ni la
manifiesta adhesión de Me Kinley á un contrato en el
que parecían de acuerdo los diversos partidos políticos¡
ni la influencia preponderante de los republicanos que
habían comprendido esa determinación en su plataforma,.
electoral¡ ni la consideración de la influencia benéfica
que había de tener un tratado semejante en las relacio•
nes diplomáticas de los pueblos civilizados, que en aquél
verían la posibilidad de mantener la paz por medios racionales entre dos naciones poderosas, y pt,rende, habfa.
de modificar en algo las ideas generales que sobre el
equilibrio profesan los partidarios de la paz armada¡ ni
la esperanza de que uaa convención así concluida, no
entre temores y s1..1bresaltos, no por amagos y amenazaa,
sino por espontáneo convencimiento entre dos nacionalidades fuertes, y con la conciencia de su poderío: nada
bastó á crear la mayuria que reclamaba en el Senado el
ministro Sherman, prest1g:1ado como el que más en el
Gabinete americano.
t'
Habló la negra honrilla que~ creyó ultrajada en el
tratado; se escucharon las insinuaciones del amor prnpio
mal aconsejado, que se juzgó humillado en algunas cláusulas, porque se pretendía someterá juicio de árbitros,
asuntos que se pensaran indiscutibles; resonaron en los
ámbitos de la alta Cámara las declamacfones de los que
no toleran ni el más pequeño é insignificante sacrificio:
se habló de imposiciones soñadas por la Gran Bretai'ía y
de t)retensionelil que lastimaban el decoro, y se propusieron enmiendas que coavi,rtían el tratado en tina
simple convención para instituir un tribllnal de arbitraje,
que dirimiera las reclamaciones mútuas, alejando la idea
primitiva de gran alcance y humanitarios sentimientos
que lo habían inspirado.
El resultado era de preverse: divididos así los ánimosY guiados por otras miras que turbaban la tranquilidad
del sereno razonamiento1 fácilmente se comprendía
que al fin la pasión prevalecería sobre el criterio; y los
que sofiábamos en que se iba á dar un paso firme en Ja
vía de la paz universal.invitando los pueblos anglo-sajones á las naciones civilizadas á dirimir sus posi_bles dife•
rencias por esos medios que aconseja la razón y apoya la.
conciencia del propio valimiento, hemos sufrido verdadero desencanto.
En vano tratan los hombres de buena voluntad de hacer prevalecer la razón sobre la fuerza; en el fondo de
\as aspiraciones mejores y más nobles y bajo las tendencias más laudables, rugirán encarnizarlos rencores y rivalidades, envidias y odios reconcentrados, que han de separar aun á los pueblos de la misma raza, alen~ados por
idénticos ideales de paz y de progreso.

~'\~cos
de las fiestas del 5 de
'\::'::,,t

~ayo·/&gt;í;\,+-

~

'\.

•
*.

Monumento á la memoria de Ooi:,ato Guerra
levantado sobre su sepulcro en la Rotonda de los
Hombres llustre•(Mármol de Ori,zaba combina~o con mánnol blanco.)

La República M)xícana no puede querer mal á la
Francia; su espíritu ha paeado á las arterias de la intelectualida.d nacional, y de esta nación nos nutrimos copiosamente. Y este movimiento no es un dilentanttiemo de
actualidad: e@tudiantio las ideas de los pe1sooajes más
prominentes de la Independencia patria, se descubren
huellas de loa principios que informaban á los revolucio•
narimi franceses. Los textos de los discursos de la Asamblea ConstituyentP, las grandilocuencias metafísicas de
los hombres de 1789, deslizadas en las conciencias de los
i11surgentes mexicanos, proporcionaron mayor cantidad
de materia prima que las austeridades de los fundadores
de la nacionalidad americana. Y estos heclios transfundidos de generación en generación, no pueden desvanecerse ante el recuerdo de un acontecimiento que la misma Francia ha condenado.
Estamos muy lejos de las utopías de la paz universal,
inaceptable dentro de los inflexibles egoísmos de los EstadoE!. La guer1a de Oriente en Europa es un palpitante
ejemplo de lo que puPde y debe esperarse de las hermoSM estrofas subrP Mnfraternidari univnF.taL P~ro los in•
tereses que antaño desunían á los pueblos tienden hoy
á estrecharl .. e.
Por eso en aoiverearios como el del Cinco de Mayo,
antes de la celebración de una victoria cvntra un país
amigo, se conmemora la total deeapa~ición de afiejos
agravios enterrados ya en la fosa dd olvido.

lhtlítictt ®tneral.
RESUMEN-Estados Unidos y Gran Bretaña-El Sena•
do rechaza el tr .. tado de arbitraje-El interes y el
amor propio-Un desPneanto-la guerra Sud afri•
cana y la paz europea-Alianzas imposibles.

Por cuarenta y tres votos contra veint:Féis, ha sido re•
chazado en el Senado americano el tratado general de
arbitraje, concluido no ha mucho 8ntre el ministro de la
Gran Bretaña y el secretario de Relaciones_d_e la unión
americana, en los últimos meses de la administración de
C!evelaod. Necesitándose para ~ aprobación de loa tratados y convenciones internacionales del voto de dos Wr•
ceras partes do los senadores presentes, faltaron cuati:o
que asintieran á las bases acordadas por ~r .. Olney y S~r
Julián Pauncefote, para que el tratado rec1b1era la deb1•
da sanción.
·
Ni el entusiasmo manifestado en todas las clases sociales de las dos grandes nacioaes, que veían, y con razóu,

Además del volcán en horrísona erupción que ha reventado entre loe desfiladeros de Macedonia y las llanuras de Tesalia, amenazando con general conflagración el
suelo europeo, derribando ídolos de un día y arrastrando
en :fiero cataclísmo á la nación helénica, rota y maltrecha
bajo la esJ?ada triunfadora de Edehm Pachá, desangrada y moribunda bajo la avalancha asoladora de las huestes del Sultán, en medio del universal abandono y casi
culpable desamparo en que la han dejado los poderosos
de la tierra, acallando los impulsos de su propio corazón
y oyendo sólo la torpe sugestión del miedo de verse en•
vueltos en comtilicacionea violentas, hay allá en el ex•
tremo sur del Continente Negro una nube de tormenta
que como el conflicto de Oriente, como la insurrección
cte Creta, como la desastrosa guerra greco-turca, puede
en un momento sumir á las naciones de Europa, á las
grandes potencias que tanto recelan un rompimiento, en
despiadada lucha por el predominio á que cada cual as•
pira por su parte sobre las regiones ecuatoriales.
Siempre guiada por sus ideas de expansión incesante y
desmedida que la han de hacer dueña absoluta de todo el'
continente¡ siempre arrastrada por sus insaciables ambi•
ciones que la han de colocarcomoseñoradesdeladesembocadura del sagrado Nilo haet~ el Cabo de las Tormen•
tas, desde las riberas del Senegal donde se oculta traidora la muerte para todos los colonos, hasta las costas
ricas que baña el canal de :Mozambique y las codiciadas
regiones de Madagascar; la Gran Bretafia no retrocede en
sus planes de absorción y marcha siempre adelante en
la realización de sus designios.
Ayer sublevó á loe invasores del Tranevaal, hoy ee pre•
para al amparo del prestiijfo inagotable de Cecilia Rho•
des, intérprete de sus designios, á declarar la""gnerra á la
República sud africana. Pero como el Presidente Krüeger
no esta solo como Grecia infeliz; como en caso de ser·
vencido por los batallones británicoe, padecerían honda••
mente loe intereses de las naciones que allá están com•
prometidos, ya se habla aun de imposibles alianzas en•
tre Francia y Alemania unidas á la omnipotente Rusia,
para detener las insaciables ambiciones de Inglaterra.
Existirán ó nó tales alianzas que juzgamos muy difíciles; pero demuestran esos rumores, que hay otro punto
sobre el que se fija la ateación de las potencias, y que si
lograra zanjarse el conflicto de Oriente, sacrificando á
Grecia en aras de la paz europea, pudiera surgir por cau•
sas no atendidas, algo más serio que la humillaclón del
pueblo helénico, qut, pusieralen peligro el trabajoso equilibrio europeo: la guerra sud africana.

·x.

Los alumnos del Colegio Militar en la Avenida Juárez.
Revi•ta Presidencial á la• tropas de la Guarrtición.-Carruaje del General Diaz.

X. X.

Mayo 6 de 1807.
La vida es pesada; hay que levantasla á veces con alaF,.
aunque éstas alas sean de mariposa: el tiempo tan cortv·
en .m duración, se con frecuencia demasiado largo cuando paia, muy lento 1 en el curso desigual de las horas;.
hay que ayudarla á paear con más rapidez y más agra•
dablemente, desde la aurora haeta la puesta del eol.
Lamartinr.

CONCURSO oE BICICLETAS EN ATZCAPOTZALCO.

El palco de las reinae.-Grupo frente á la casa del Sr. Zimbrón.

Francisco Rocha..-ler. Premio.

�304

EL MUNDO

DOMINGO !1 de MAYO de 0897

DOMINGO 9 DE MAYO DE 1"97

Concurso de bicicletas

formaba un junco; en el manubrio se veían bonitos escudos los
rayos de las ruedas estaban t'.api•
zad~~ cnmpletameñte ron flores
eFCOJidas, y del centro de la barra
que une el asiento y el manubrio, se elevaba un gran ramo
que cubría al eeñorRocha, quien
vestía un magnífico traje com.
puesto de pantalón corto blanco
blusa de sutah lila y gorra d¿
jokey de los mismos colores.
El 2? premio de 25 perna lo
re~ibió el Peñor Salvador Sancipnán, quien exhibió una máquina sencillameJ1te adornada
ron flores exquisitas y vestía
magnifico traje de s~da blanco y
azul.
E: 3er premio df' 15 pesos les
tocó á )oP jóyeneá Leonardo Zimbrón y Ciro f'astillo, que lucian
un ;wagnífico tandem perfectamente adornado.

EN ATZCAPOTZALCO.

Pintoresca la cercana villa em.

p_eñoeas sus autoridades y ~ntus1astas y distinguidos sus habi-

tantes, nada de extraño tiene que
la fiesta que organizó laJui,ta Pa
triótica de Atzcapotzalco y que se
verificó el día 5 del actual, baya
resultado una de las más animadas, entre aquellas con que se
celebró la fecha gloriosa para
el Ejército mexicano y el triunfo
que tanta trascendencia tuvo en
la vida de la República y la re•
conquista de nuestra autonomía.

••*

La tarde estaba nublada pero
la ll~ via fué galante y 'no se
atr~v16 á descender, poi no deshoJar las flores. descolorar las ban,
der3:s nacionales y manchar las
C?rtrnas que constitman el principal adorno de la calzada de los
Reyes, sitin que se eligió para el
certámen de bicicletas, adornadas CO!] flores. al cual acudieron
las prrncipales familias de Tren·
ha, Popotla, Atzcapotzalco, San
Cosf!le y !1º pocas de México, pa•
ra d1 vertirse y dar animación á
aquella fieeta.
Las señoritas vistiendo el traje
de campo que tanto realza su
belleza, ocupaban la numero~a

.

FIIANCISCO M. DE OLAGUIBEL

"ORO Y NEGRO"

.•.

__ ,,,IOI,,. __

El pensamiento,es un ·poder y
el talento una liberta1. ·
VICTOR HUGO .

adorno¡ pero se llevaron la palma las que hoy publica•
moa en nueEtros graba~os, y las siguiente:::
'
El Sr. Pascual 1\1. Dáv1l_a presentó su máquina adornad_a con flores blaJJcas y roJaB que formaban esta inscripción: 1&lt;5 de Mayo 1862.n
Ws jóveres ~!ías Chávez y Leopoldo O. de León,
mont,apan una b1c1cleta de dos asientos en cuya parte
postencr se formó un gran concha con flores y papel
plateado que servía de eombra á los ciclistas.
Jorg: C~rdero, precio!:!~ niflito de cinco á seis afias de
edad, ,eatido con un traJe de seda de los colores nacionales, montaba pequPfio velocípedo, adornado con flores
y raso color de rosa, figurando una cuna
~armeli~a _Méndez Rivas, de no mayo~ edad que JorgP,
l!Jc1ó su bicicleta adornada con raso blanco y lazo:1 de
het,ones blancos y azules.
Federico Mé.ndez Rivas, además del adorno floral de
su maquina, se presentó vestido de torero llevando en·
tre los manubri_os una bien imitada cabez~ de toro que
movía con gracia al manejar la bicicleta · ·
'
Carlevaris y Aguilera, dos caballeros d~ conocido buen
humor, provocaron ' la hilaridad de los concurrentes pres~ntando sus máquinae y vestidos adornados con za~ahona_s, ceboll.as, le_chug~s, c?les, etc., y dieron, COJ.1 sus
chistes de rngemo, ammación al concurso.

*
••

Salwado ~ Sanc.lprlán.-2~ Premio.

Deepués de varios paseos, los bicicletistas formaron
frent._, al J?Rlco de l\on_or; las estimables reina-S arrojaron
gran cantidad de c~W,etti y multicolores serpentinas á los
C?ncursantef&gt;, y entre aplausos del público que quedó satisfecho ~el fallo del jurado, procedieron á la repartición
de p:emioe, qu~ fué como sigue:
. Pruner premio de $50: sellar Fran:iscoRocha, cuyabi•
cicleta adornada con gardenias, claveles y listones, producía magnífico efecto: la parte posterior de la máquina

Leonardo Zimbrón y Ciro Castillo. -3er. Premio.

'Biller_ía que se colocó bajo una '1.'ela
á m1_taa. de la calzada, donde
también se levantaba, adornado
-con ~l mejor buen gusto, el palco
destmado á las reinas; los cabal!eroa paseaban por los espacios
libres y al frente de varias casa!:!
-en improvisadas tribunas s¿
veían los más admirables 'gru{)Os _
formados por las familias que
habitan en Atzcapotzal00, haciendo bonito contraste con los de la
_-gente del pueblo qne con todo orden asistían á la fiesta, enteras
mente nueva para ellos.

He conocido hombres dotados de
bueµas cualidades, mny útiles para los demás y ~in utilidad para @f
mismos, así como un reloj de sol
en la fachada de una casa, que in·
dica las horas á los vecinos y á. los
t~anetuntes. pero no al propieta•
uo.
Cn ... TEAUURIAND. ~

Poco antes de••
las cuatro de la
tarde los miembros del Ayunta
miento, el Sr. Lic. Angel Zimbró~
Y demás autoridades, se presentaron en el palco de honor, acom•
pafiando á las preciosas señori.
~~s Rosario
Ordoiiez, Teresa
1/,/mbron, Sofía de la Vega, Celia
'elasco, Carmen Maza, y Ana
María de la Torre, reinas del
co~curso, que vestían magníficos
_traJes.
Momentos d@spués comenza·
r?n ~ recorrer la calzada más de
c1e~ Jóven~s afectos al sport que
~emendo. ~nacimiento d~ que
iba á _venficar&amp;: el concurso, emprendieron el Vl8je desde Méxi-co .Y lucían allí sus buenas máqu~nae y su ha bilidadpara ma•
neJarlfls.
Muchas de las bicicletas ad.ar.Dad~ )la~aban la atención por
la ong1nahdad y buen gusto del

Sefior D. Carlos Sommer, Director generti.l de "La Mutua."-Presente.
Estimado sef'ior:
Agradecida á Vd. por la eficacia
para la consumación del pago de
la póliza número G74, 014, dirijo á.
Vd.'la presente manifestándole que
hoy en presencia del Sr. Lic. Di~go
Baz. Notario Póblico, recibi en
la nficina de 1&lt;LA MoTUAn la euma
de $2,394.38 valor del Seguro que
en esa Compañía ten fa á mi favor
mi esposo el tir. David Canon Ga·
u!, siendo por valor del Seguro ....
$2,000 00 y $394.38 por premios
que pagó por él y que c@nforme al
contrato se me devuelven :en consecuencia el costo del seguro fné
un peso.-De Vd. afma. atta. y S.

OTRO PAGO DE $2,394DE
"LA MUTUA"

ENMEXICO.
México, Abril 27 de 1897.

•

•
.

Señores Carlevaris y Aguilcra.

-•=..

..c
....,~..

S. Mre. Albine Gaul. ·-

SERENATA

"Entre un aureo repique de CMCabeles,

La. adora.da. á buscarme vendrá algO.n dla,
Y tenderi á sus plantas la poesta
Las enfermizas llores de mis rondeles.

Como aves
viajeras
que buscan
un nido
leJano,
Se pierden
huyendo
las notas
extraiias
del piano ... .. ..
Y en breves, undosoe y rápidos giros,
Se 1levan los vientos.
Loa ecos llorosos, de vagos suspiros,
Y vagos lamem.os.

Le ahuyentará la negra melancolla
Y alumbrado del tedio, las ~mbras crueles

Terrornado el concurso se im•
proyiearon unas carreras' que estuvieron vndaderarnente lucidas
por la habildad de lPs corredores que en ellas tomaron parte.

Concurso de bicicletas en Atzcapotzalco.-Grupo formado por los niños Carmelita Federico
é Ignacio Méndez Rivas y Jorge Cordero.
'

EL MUNDO

•

No hace mucho que con su habitual florido lenguaje
Eutre un attreo reptque de cascabeles
de ()?0t.&amp;, escribía Amad? ~ervo un artículo en el que
La. adorada á buscaqne vendrá algiln dia.
mamfestaba sus muy legtt1mos derreos de ver impresos y
No me llamNs entonces; la amada m1a
-corriendo P?r el mundo loe libros para él predilectos de
Me lleYará. A las filas de sus tropeles,
)." mi mano en las suyll!l, pA.lUa y fria
.algunos amigos suyos.
Iremos por la inmensa ruta sombrla
León Cladel ha dicho que lns odios de los poetas @on
Entre un aureo repique de cascabeles.
,sagrados y·parece haber en ellos algo de hechizo mal•
Ahora-, si queréis después del poeta conocer al hombre,
hechor que hace concluir ~al á. aquellos á quienes el
poeta lanza los rayos de sus iras¡ entre otrost-jemplos ci- os diré que Paco ó el gosse como le llamamos, es el mis jo•
ven de los que hoy tienen un nombre en las letras. Vive
ta á Napoleón III.
Ignoro si Nervo odiari, pero sus buenosdeEeos se cum- arrinconado en Provincia, lejos de sus amigos y de toda
plen. Después de el ,,Claro ooecuroi, de C-eballos des- producción literaria, lejos de todas las elegancias y los
pués del libro cruel, áspero y desnudo cc,mo la 'carne refinamientos que son innatos en él.-Singular contrast.e
de1:.1ga:~a sn~re 13: plancha del anfiteatro, después de propio de los grandes artistas: Balzac, el hombre que
l~s m1senas bien _vistas y e_xpresa~a~ en saliente y enér- mfts mujeres y más mundanos ha pietado, nunca pudo
~1ca pl'f'Ba, nos viene, glonoso pnne1pe llegando de le- salir del cuartucho donde sudaba, e:qgendrando su inJanae comarcas el 110ro y negron del muy alto y ldeñorial mensa ccComedia Humana.u
¡,aeta Francisco M. de Olaguibel.
DAMAS DISTINGUIDAS JllEXCC.A.N.A.S
Con qué unción, con qué e:xtremecimiento de manos, abrí el joyero brusco, toeca
,caja encontrada al azar tan pobre ay! como
rico su contenido. Ya, y para mi -ventura,
Ja pureza de loe diamantes y el oriente de
las perlas me era conocido. Sabíade antemano todo cuanto debía enc&lt;'ntrar: primero las
joyas sencillas, perlas muy pequeflas ~y
anilll'S muy diminutos, piedras delicadas
-que BA regalan á las mujeres cuando enn nifias. Sabia bien que el oro de esa Rimas
temblaba en carnes muy pálidas, que su
brillo serpenteaba tras la filigrana de los en·
-cajes. entre -pechos nacientes apenas y que
1 ,s ligeros brazaletes ceñirían puños bien
f ragiles.
Loe versos de j 1Ventud de Ola~nibel son
vírgenes que llevan; ya el preeentimiento de
sus fnturos duelos podía li'xclam8l'se de ellos
ron Casal, llevan t(la tristeza de los séres
,que deben mórir temprano.n Sus sneños eon
1,;1.Jbeantee» pero en esa blancura vive ya el
1 emor de lo negro. La provenzal, la arlesia•
11a que pasa entre las e@pigas, bajo E&gt;U cofia,
~1 canto zumbador de las cigarras, se aleja
&lt;le la Farandola, y aunque el sol sea radianae y azul el cielo, ella tiembla y pienea
~n el mistral que ee acerca y silba y sacude
y extrtemece.
LoB uCroquis modernosn y las uBaladas re•
-graen son las dos partes de la obra que tal
vez prefieta yo.
En la primera, en loF&lt; uCroquis modernmi»
liene Olagufbel notas únicas, leed su t(Ob·
seeión,n desesperante. lóbrega balada que
t'Olloza brotando del vaso donde se buscó el
olvido. c,El amor modnnon en el que quiero detenerme miis tarde y la «alcobai, y la
(1míetica.n En las Baladas negras cantan
todos los tonos. Balarla roja del crimen,
donde la sangre brota de los senos rafgatlos
de la amada. Balada rubia donde el cognac
gorgea y dice al tri@i;e uel teeoro de sus campánulas de oro)). Balada don/le la enlermedad-umadona aombría y pálidan-abraza y
da sns beeos de fiebre al -poeta, la Balada de
las almas tristes y la de las 11Perlas Negras,n
baladas sencilla@, baladas sombri:l.s, baladas
donde sonríe 1a 1&gt;iedad, baladas donde llora
la tristeza y bosteza el tedio, el soberano
tedio, el invencible tedio.
Al leer loe versos de Olagufbel pienso ne·
,cesariamente en los modernos maestros belgas, leed á Huysmans, á Vethaeren, i Rorlembacb, á. Maeterlink, mirad c(Las aguas
iuerlee1&gt; de Feliciano Rojas y decidme si en
Sra. María Luisa Romero Rubio de Teresa. (De fotografla Vallcto
el autor del c(Oro y Negro,» no flota la melancolía, lo lúbrico y lo místico, de los jó•
Olagufbel, sin embargo, se ha formad.o en un medio
venes maeetros de este -fin de literatura. Decidme si el
literario, hijo de Manuel Olaguíbel, su in~(Amor moderno,11 del que va he hablado antes, no pa- esencialmente
pasó entre las resonancias y las preocupaciones
rece salido de la pluma de Huysmans antes que la t.rapa fancia
del romanticismo: sobrino de Tublada1 bebió
y la brujería lo hubieran conquistado, 6 actualmente de estériles
desde temprano en las fuentes del modernismo, en cuyos
Eachilde:
pequeflos grupos en nuestro país habia de ocupar con
Nocasta.&lt;t hermosura.'! nJ rostro de princesa.
Nervo y con D,í.valos puesto tan prominente.
NI ojos endonde brilla la luz de la Ilusión:
Y ahora, amigo Nervo, á quien cupo la honra deponer
Satánicas beldades. perfiles de faunesa
al frente del «Oro y negron tan artístico Propileo, estáis
y trágicas pupilas de angel en rebelión,
contento? ee levanta la go88trie! Dejad que las pelucas
No bocas ideales de sonrosada fresa
académicas se estremezcan, no t,emáis má.s á. los CanibaEn donde tlembl&amp; el ósculo gentil de ia pasión,
Boca. Fensual y h1brica que muerde cuando besa.
lescos artículos de los jóvenes, no¡ q® loe poetas popu•
Con labios encendidos,-flores de tentación,
lares, los cantores del Cinco de Mayo y de loe listoncitos
Amores ardorosris, vibrantes y soberbios
y los cielitos y las virgencitas produzcan mucho, muchíDe Oomle brota el cant.o sonoro de 1~ uervios
simo, cada día más, es mi mejor deseo; en el día no leja-Hechos de fibra y f6Sforo, de médula v de luzno de las compensaciones, cuando Gut.iérrez Nájera teny sea nue.,;;tm musa como un sucubo t&gt;álido
que e.h6gue nuestras vidas entre su abrazo cálido
ga una está.tua y se haya olvidado á Guillermo Prieto\
mientras sucumbe el Suefi.o clavado en una cruz.
entonces, decidme, ¿qué pesará más, todas las obras de
Si no conociera tanto á. Olaguibel, al leer sus versos lo má.E! popular de nuestros poetas 6 el pequeflo volúmen
-creería de raza blanca, babíendo habitado ]argo tiempo titulado uOro y negro.?
Y ahora esperemos los versos del maestro Balbino Dá.•
Bruges la villa muerta que inspiró áRodembacb. Ahí en
medio de la tristeza de las call~f! desiertas, en la soledad valos el tcFlorilegio11 de Tablada, las uM.ísticas.,1 de Nervo
de los vili'joe barrios tapiados por conventos, en su alma y la «Carne- del doloroso Ceballos.
se hubieran despertado el recuerdo de los viejos hechiBERNARDO CoUTO CASTILW•
.:r.os de las nocbli'B sabáticas, y tal vez subiendo á- algun
Mayo de 1897.
viejo campanario hubiera visto desfilar ante él cercá.ndo•
Jo y envolviéndolo en sus macabricaR caricias las roncas
Enmenidee de que nos habla en su «Remordimiento.»
No creáis sin embnrgo al leer á Olaguíbel y sus clamores y sus llamamientos hacia el Nirvana, sus eternos bos·tezos de doloroso tedio, que para siempre ha hedido la
¿Oyes, Concha, loe céfiros alados
aroar~a hiel de la desesperanza; al final de su volumen,
que agitan tu abanico en derredor?
t&gt;I último de sus magistrales «Rondeles,u es todavía un
P.ues son todos suspirOll ó recados
grito de esperanzas, un canto claro y vibrante entre los
que te manda al óído
.gemidos de los organoa, un sol eeplendente brotando
CAMPOA~[OR.
;i audo enmedio del crepúsculo.

7

Y se oyen
Canciones profanas
Que giran errantes
Como caravanas
Corriendo hacia allá ..... .
Canciones que imprimen
Su huella temblando,
Y gime y gimen,
Y siguen andando,
Sin norte ni guia, ni rumbo, ni -plan ... .. .

Y vago,
Y lejano,
Diciendo tristezas
ignotas
Se anima el teclado
del piano,
CJmO un mar de nácar:
las notas,
Que hirió una borrasca:
la mano.
Aprestan los bajeles
.
sus quillas de armonía,
Despierta en los rabeles
la nota que dormia
Y entre las '1.lgas fres~as
renace la canción,
ED un torrente ciego
se esfuman las escalae;
Los ojos tienen fuego,
los dedos tienen a las,
Y un buitre misterioso
desangra el corazón.
~esangra el corazón!

Y mientras lae notas
Derraman sus gotas
De llanto en la mano,
O&gt;moaves
viajeras
que buscan
un nido
lc-jano,
Se pierden
huyendo
los ecos
extrañ.os
· del piano.....

*••

y C!)

E~ voces mi adorada,
Con su lúgubre balada
Me recuerdan la aventura
De tus fingidos desvíos
Y los mudoe desafíos
-Discusiones de ternuraDe tus ojoe con loe míos.
Me recuerdan que ayer, loca
Rió mi boca con tu boca,
Y loe besos, como altivas
Ilusiones de colores,
A libar-fueron amores
-Mariposas fugitivasDe tus labios en las flores.

Tú te has ido,
Tu te has ido ... .. .
Y ~unque muerta no te olvido:
Sobre mi hondo desconsuelo
Tu recuerdo flota y flota
Como nube, como nota,
Olmo el sol y como el cielo.
MANUEL B. UG \lITE.
Buenos Aires, 1897.

-Se dice mempre: Si yo hubiese vivido hace cien afias.
Se olvida que hace cien años no ae habria sido el mismo,
que no se habrían tenido las mismas idea~, ni loe mis·
moa gustos, ni la! mismas necesidades. Escomo si se tuviera la pretensión de imaginar lo que se pemaría siendo
ave 6 serpiente.
-Hay'una cosa infame en amor: la mentira.
-No hay mons~ruo absoluto en la naturaleza moral
como en la fíaica.
\
PAUL BooBGET.

�EL MUNDO

306

DOMINGO 9 de MA'(O ' de 1897

DOMINGO 9 DE MAYO DE ,&amp;97

LA FERIA AGRICOI.A EN COYOACAN

está de fiesta.
La Sociedad Anónima
de Concursos, · perseverando en sus propósitos
de cooperar basta donde
sea posible al adelanto
de la Agri.cultura Nocional, dispuso reunir en
una sola exhibición todos los ramos que hasta
fioee del afio próximo
pasado se habían presentado aisladamente, espeOYOACAN

rando aeí comunicar mayor ímportancia é inte•
rés á sus concursos.
A eete efecto, con fecha 10 de Dicienbre último convocó á los agricultores, floricultores, ganaderos,
fabricantes é importadores de implementos agrícol~, piscicultores y en general á todos los que en cualqmera de
las Vastas manifestaciones de 1a labor agrícola empleen
su actividad y esfnerzos á una Exposición General de
Agricultura que se abriría el 25 de ~Abril y se clausurarla el 23 de Mayo de 1897.
Firmaban la convocatoria los Sres. Don Manuel Fernáncioz Leal, D. Guillerme Uhink, D. Francisco Sosa, y
D. Everardo Hegewisch.
Los Objetos que podían ser expuestos, quedaban comprendidos en los siguientes grupos:
Materias y procedimientos de explotaciones rurales.
Materias y procedimientos de la hort,icultura.
Materías y procedimientos de industrias agrícolas.
Agronomía. -Esta iística agrícola.
Productos agrícolas alimenticios de origen ve~etal.
Productos agrícola3 alimenticios de origeu ammal.
Productos agrícolas no alimenticios,
Insectos útiles y sus productos. - Insectos perjudiciales y vegetales parásitos.
Plantas vivas de todas clases.
Colecciones de plantas medicinales.
Flores sueltas, ramos y adornos de flores.
Adornos de flores secas y hojas.
Planos para formar jardines y parques.
Instalaciones de invernaderos.
Grutas artificiales y riscos.
Aparatos de física y meteorología, aplicados á la floricultura.
Instrumentos y aparatos de floricultura en general.
Mac~tas, floreros y demás objetos fle cerámica propios
para jardines.
Proyectos de jardines zoológicos.
Pájaros y peces vi vos.
Frutas secas.
Legumbres, tubérculos y raíces alimenticias.
Dulces de frutas.
Féculas.
Colecciones de modelos de frutas.
Arboles frutales.
Ganadería.
La inauguración de esta interesantísima feria se verificó, tal como estaba anunciado, el domingo 25 de Abril,·
habiendo presidido el acto la distinguida Sra. ~ Luz
Acosta de González Cosio, á quiea acompañaban los
Sres. Ministros de Fomento y Gobernación.
El pro~rama consistió en una poe:iía admirablemente
pronunciada por la nifla Clotilde Quijano, de la Escuela
~formal, y un interesante discur3G del Sr. Ingeniero D.
Eiequiel Ordoñez.
Es costumbre que el Sr. Presidente de la República
visite la Exposición de Ooyoacán en los primeros días
siguientes á. la inauguración. La visita presidencial se
veñ:ficó el domingo 2 del presente mes,
El Sr. Presidente, con su puntualidad acostumbrada,
llegó á. las diez en punto de la mañana á. la plaza de la
Constitución. dond:s e9perab1a do3 trenes especiales de
la linea de Tlálpam.
Recibieron al sef'ior GeneralDíaz los señores Ministros
deJ usticia, Fomento, Gobernación, Guerra y Marina, el se•
iior Gobernador del Distrito, el señor Oficial Mayor de Fomento, el señor Director de la E3cuela de Agricultura y

otras personas distinguidas, todas las cuales ocuparon el
último carro. En el otro iba la señora Rafaela Suárez, Di•
rectora de la Escuela Nprmal,_y . ~lgunas alumnas de esta
institución. ·
La comitiva presídenciS:l fué recibida en Churubusco
por el Prefecto de Tlalpafu. y por el P~sidente Municipal
de Coyoacá.n:, á quieñes acompañaba el Señor General
Alatorre y otraB personas.
.A. las 11 menos cuarto llegaron los carros á la Exposi.
ción. Un escuadrón del 21? Regimiento con banda y música hizo 'los honores al Señor Presidente.
Tan -pronto como el Primer Magistrado ocupó el puesto de honor en la rotonda del patio central del edificio el
Señor D. Everardo Hegewiecht Secretario del Consejo de
Administración ofreció el brazo á ia señorita Concepción
de la Fuente, alumna de la Escuela Normal, quien iba á
leer un trabajo escrito por e1Ia acerca de «La Vida del
:A,.cuario.1&gt;
La Befiorita de Ia Fuente in;ipresionó desde luego agra•
dablemente al auditorio. Es una joven morena de grandesJy h8miosos ojos negros. BU voz es dulce y harmoniosa
y su dicción facil. La joven oradora vestía elegante traje
de raso blanco adornado con listones de igual color. La

El General D.faz, se mostró muy satisfecho, y regresó á.
México á la una de la tarde.
Hoy disertará en la Exposición la señorita María Laine, el domingo próximo Ja señorita Ana María Castro, y
la distribución de premios se verificará el domingo veintitrea del presente mes.
El Consejo de Administración de la Sociedad .á.n6nima de Concursos de Coyoacán debe estar satisfecha del
buen éxito de sus trabajos .

ca de la ciudad y á orillas del mar, descargas de fnsilt:·
rí.1,, estampidos de cañón, el E&gt;ilbar dt las balas y los gritos de los combatientes, le obligaron á detener sus pasos.
-¡Cáspita!-e::a:clam6 para sí el Doctor en correcto
griego antiguo, porque se adaptaba al medio ambiente.
-¡Vaya un modo de hacer fuego! ¡Qué caflonazos! ........ .
¡Parece que diepaian con dinamita!...... ¡Ya estoy
en plena civilización moderna! ........ .
Y tendiendo una mirada al mar, lo vió cuajado de formidables buques acorazados, cruceros, cañoneros, torpe•
deroe, cazatorpederof:l, avisos y transportes de guerra, en
cuyos topos ondeaban sendas banderas de las grandes
potencias de Europa.
-Aquellos barcos-prosiguió Brijá.n-no se entretie•
nen en hacer salvas, pues advierto el terrible efecto de
las granadas en ese promontorio donde se alzan tiendas
de campaña y estandartes coronados de cruces, que acusan la presencia de un campamento cristiano. Por lo visto, loe Gobiernos europeos mandan aqtú sus poderosas
escuadras en calidad de amigables componedores en la
COiltienda de turcos y cretenses, y tratan de persuadir á
los últimos de Ja necesidad de la concordia. ¡Inclinemos
la frente ante estos irrefutables y atronadores argumen·
tos y busquemos un refugio qu.e nos ponga á cubierto de
lógica tan contundente y abrumadora!
Y alejándose de la playa, dió con un estrecho y corto
valle que se hacía entre montañuelas rodeadas de abruptos riscos, al extremo del cual, cubierta de espesos mato•
rrales, se formaba una gran cavidad al pie de un cerro.
A ella se acogió el sabio helenista á tiempo que reventaba en el valle un enorme proyectil cargado con melinita.
-¡Jesús me valgal-gritó nuestro viajero; pero su voz
fué ahogada por el eco de la formidable detonación, que
con pavoroso estruendo repercutía en aquellas cavornosas profundidades.-¡De buena me he librado! Forzoso
sed permanecer aquí hasta que cese el chaparrón de acero y dinamita, que según lo que arrecia, parece que las
grandes potencias están haciendo la apoteosis de la paz
armada.
Y acomodándose lo mejor que pudo en la ent1ada de
la cueva, se quedó largo rato pensativo, sentado en el
suelo, con una manr• en la frente y el codo en la rodilla:
reflexionaba sobre los progresos de la balística y de la
diplomacia.
De pronto, cuando ae extinguían loa últimos ecos del
tremendo estampido, se oyó una voz que desd0 el fondo
de la caverna gritaba:
-¿Quién va allá? ¿Quién turba mi reposo? Quienquiera que seas tú que profanas este sagrado recinto, respetado hasta por tos dioses inmortales, pagarás caro el ea•
crílego atrevimiento! ¡Caigan sobre tí las iras de las furias infernales!
Los pretéritos cabellos del insigne erudito debieron
ponerse de punta, porque daba diente con diente, temblaba. de los. pies á. la cabeza y sentía escalofríos en todo

El Doctor Brijá.n consum'ldo latino, insigne helenista, verdadero erudito y autor de nn trabajo histórico
que tiene por tí\ulo Incitaf,tJ y su ti.empo, no ha muchos,
días que viajaba por la isla de. . Creta en !busca de inspi•

Fachada del Edificio de la Exposición.

se.fiorita de la Fuen~ hizo nn bonito estudio de los acuaraciones, é falta de materiales, para componer un libro
rios para Balón, jardín é invernadero y fué muyapla.u,
consagrado á Epiménides de Gnossos, aquel poeta y filódida. En seguida el sefior Alcocér, dellnstituto Médico•
Eofo de quien refiere la leyenda que, siendo pastor y
dt6 lectura á un briflante trabajo sobre exportación de
mozo, harto de andar por brefiM y malezas, en una tarfrutas, que interesó vi vameute al auditorío. Tdrminaba.
de de riguroso estío, convidado por la frescura, el silen..
el sefior Alcocér de leer un trabajo, cuando llegó el sefior
cio y la obscuridad del lugar, y rendido al deseo del naLimantour, Ministro de Hacienda, acompañado de Don tural descanso, entró en una agreste y profunda cueva
José V. del Collado.
y muy á su gusto y placer se echó una siesta de cincuen~
El señor Presidente visitó en en seguida todos los de- ta y siete afi.os, día má.s, día menos.
No gusta el Doctor Briján de compafi.ías-le basta Ja
partamentos de la Exposición. Son dignos de mencionarse la colección de aves de corral del seflor Zayas En· de la sabiduría subjetiva,-y por lo tanto no es de ex•
ríquez, quien presentó también un libro utilísimo acerca trafiar que viajase solo y á pie, sin más guía que una
de cría de esos animales¡ la interesante exhibición de brújula y una carta alemana, y, para curarse en salud,
ería de gusanos de seda é hilado de esta materia exhi- provisto de dos salvoconductos, uno del Gobernador oto•
bición hecha por el conocido y afamado sericiculÍor Don mano y otro de Papamalekos, principal caudillo de los
.
Hi~ólito Chambón; el ganado de San Salvador el Seco; - insurrectos cretenses.
los ~nstrumentos agrícolas de la Escuela de Agricultura;
Gracias á dichos documentos pudo recorrer sin dificulloe IDstrumentos de Meteorología y un precioso acuario tad ni tropiezo, una buena parte de la isla, y admirar
de la Escuela Normal para Profesoras, y los carneros del
sus hermosos valles y elevadas montañas, su vegetaci~n
sefior Méndez.
lozana y exuberante y sus pintorescos paisajes; pero apenas encontró vestigios de los antiguos monumentos,
arrasados por la barbarie de Ja conquista, menos piadosa
y clemente que la mano dPstructora de los siglos.
Loe restos del célebre .Laberinto. que se hallan en
Gorthina, al sur del Monte Ida, fueron objeto de sus concienzudas investigaciones, y bien á pesar S'.lyo, porque
tiene afición á. todo lo peregrino y maravil;oso. hubo de
convencen:e y persuadirse, conforme con la opinión de
la crítica, constante demoledora de la leyenda, que aquellas intrincadas galerías, labradas en roca viva, no son
más que profundísimas canteras abandonadas, G.e donde
debió extraerse la piedra para la construcción, si no de
las cien famosas ciudades, de muchas de ellas.
Subió á la cumbre del Monte Ida, donde re1re6 la vis•
ta en uno de los más grandiosos é imponentes panoramas que ofrecerse pueden; pues á los encantos naturales
de la tierra, á la perspectiva del mar Egeo, poblado de
islas, que se pierde en el horizonte, y al cielo casi Biempre puro, claro y transparente, se unen los recuerdos bis•
tóricos de la civilización helénica, capaces por sí solut-1~
de encender el ánimo y arrebatarle á las sublimeB regionas de la eternal belleza, merced al grande y poderos . . .
influjo que ejerce en nosotros la sugestión estética d~I
. tiempo ó de la distancia.
Visitó á Candía ó Heracli6n, puerto que fué de Gnosaü$
ó Onossos, situada á cinco kilómetros de aquel¡ á Rethimo, la antigua Rithimnos, que ee asien~ cerca del Ida, en
la parte Occidental de esta eJevada montaña; y de camino á la Canea, la Kydonie de los griegos, hallándose cerEl General Dlaz y sus acompañantes.

•

EL MUNDO

Exhibición de la Escuela Normal para Profesoras.

su cuerpo. ¿Era sueño ó realidad? ¿Alucinarión rle la
mente, ó verdadera percepción de los @entidos? No: el
Doctor estaba despierto, en perfecto estado de concien·
cia; no le cabía duda. Aquellas extrañas palabras le infundían espanto; pero al propio tiempo sentíase poseído
de asombro y estupor que le robaban el vital aliento y
helaban la sangre de sus venas; porque la voz mistt:riosa
había hablado en griego, en el más puro y harmonioso
griego del Atica antigua.
-¿Quién anda ahí?-repitió aquella máecerca.-¿Quién
eres, mísero mortal, que te presentas con tan grotesca y
ridícula vestidura? ¿Histrión acaso que apela á semejante indumentaria para solaz y recreo de los ojos? ¡Ni el
mismo Dios de la risa pudo ofender de tal suerte las le·
yes de la belleza y la majestad de la forma humanal
Habla, ¿quién eres?
-Safior--balbuce6 el doctor en el mejor griego que
sabía;-sorprendido por
violenta tempestad, me re•
fugié en esa cueva. Soy extranjero ..... .
-Harto lo dice y corrobora la aspereza de tu lengua; mas ¿por qué has turbado mi sueño con tanto
eli!trépito?
-No me culpes á mí,
que soy hombre natural•
mente pacífico i enemigo
de todo rui1o, y más del
que causan y producen los
explosivos modernos. Culpa á la civilizada Europa,
representada por las escuadras que no lejos de este sitio puedes ver y admirar
en medio del marespacioso.
Y Briján, cuyas pupilas
contraidas por la claridad
no le habían permitido hacerse cargo de su interlocu•
tor, vió salir del fondo de
la cueva y dirigirse al valle
á un decrépito anciano de
venerables canas y larga
barba que le llegaba á la
cintura, vestido de quit.ón
y clámide y calzando cáli •
gas.
El_ cual, sin reparar en E'll
asombro del Doctor, que seguía sus pasos, se encaminó
á la playa, y abarcando con
la vista al mar, queengrande extensión se mostraba,
sorprendido de tan numerosos, diversos y para él extraños: buques, exclamó:
-¡Naves qne surcan el
imperio de Neptuno, sin
remos ni velas, vomitando
penachos de humo y estremecen el aire, la tierra y el
firmamento con sus truenos! ....... ¡Estoy so.fiando!
¡Qué maravilla!
-Bon buques-contestó
el Doctor-que se mueven
á impulsos del vapor que
engendra el sueño.
-¡Vapor, fuego! Plutoa.
Aspec:to de la rotonda en el monmento de la cot1ferencia.
domefiando á Neptuno,

usurpando el poder de Eolo?--exclamó el anciano.
-¿Tan ajeno vivf's á las cosas del mundo para ignorar·
las de tal suertt-? ¿No has visto nunca el mar?
-Cerca de sus orillas se meció mi cuna: soy de Gnosos.
-¡Gnosos! ¡Ni vestigios se encuentran de la ciudad!
-.J:4.:xtranjero, si no ba~ perdido la razón, Baco turba
tus sentidos. Dic~s que Goossos no existe, cuanJo bá
nea dias que estaba yo allf.
-¿Há tres días que dejaste una población de la cuál no
queda má~ que el recuerdo? Quién eree, extraña visión,
pues cuando más te miro más dudo fle tu realidad corpórea?
-Soy Epiménidee, hijo de D0rfadea, el favorito de los
dioses ........ .
-¿Epiménidee, el filósofo cretense que estuvo dormido en una caverna más de medio siglo?
-Si¡ abrumado por los aiios. harto de la ingratitu1 de
los hombres y de la crueldarl de la muerte que me condenaba á vivir, me encerré de nuevo en la cueva con el
propósito de entregarme el descanso; pero es tanta mi
desventura y tan mala mi estrella, que cuando me quedh.ba traspuesto, vino á. despertarme el ruido infernal de
estos navios.
-¡Un breve sueño de veinticinco siglos! ¡625 olimpíadas!
-¡Seiscientas veinticinco olimpíadas! ¡Desvarfo! ¡~o
ea posible! ¡Si fué ayer cuando me refugié en la cueva y
quedé dormido!
-¿Acaso la nada es susceptible de tiempo ni medida?
-¿Te consagras también al estudio de la filosofía?
-Qoién no la esrudia; pero ¿quién saca verdaderofru•
to de sue ensefianzae?
-¿Ha contribuido al perfecionamiento humano!
-El rebano, la multitud anónima, el vulgo es casi el
mismo que conociste. Eterno niño, se entretiene en romper los libros cuando no se burla de sus maestros. Ni
aprende, ni se cotrige, ni le escarmientan las lecciones
de la experiencia. Candoroso de suyo, se deja seducir
facilmente por cuantos saben halagar sus gllstoe pueriles.
Versátil é inconsciente, hace ú. veces pedazos sus juguetea favoritos para llorar luego su pérdida. No carece del
concepto de la moral; pero suele fallar más con la pasión
que con la justicia. No soporta la contradicción, blvida
los favores y paga casi siempre con negra ingratitud á
quien mejor lea sirve.
-Reconozco al pueblo que me llevó en triunfo cuando
le libré de la peste, y pasado el peligro me obligó á refllgiarme en la cueva; pero no dudo que los que tienen la
misión de encaminar y dirigir sus pasos, merced á las
enaefianzaa de la historia y al natural progreso y el deseo.
volvimiento de los principios morales y sociales\ habrán
perfeccionado el arte del gobierno. cimentándo o sobre
el derecho y la justicia en su concepto más puro y elevado.
-¿El derecho? Mira los navíos q_ue arrojan sobre la
playa instrumentos de muerte y de ruina: pues ése es el
derecho. ¿La justicia? Héla allí en aquel campamentn
de patriotas cretenses, rodando ensangrentada por el
suelo.
-¡La fuerza, siempre la fllerza, soberana del mundo!
Mas ¿quién usurpa el cetro á Júpiter? ¿Quién de tal suerte se apodera del principal atribnto de su divinidad y
fulmina sobre la tierra los rayns destructores?
-Há. muchos eiglos que Júpiter perdió la corona.
Ahora reina Pinto y gobierna 1\forcurio.
-¿Y Minerva, mi querida Minerva?
-Sobornada por ambos no se desdeña de servirá Mar•
te. Gracias á ella las naves navegan ain velas ni remos;
llevan el huracán en sus entranas, y le menosprecian si
se opone á su marcha; se alumbran de noche con la claridad del día; amparan y protegen á sus tripulantes con

�Habiendo desaparecido su cadaver, se creyó que había sido entregado á. loa musulmanes. Y ninguno oyó hablar más de él .

............................................................................................................. ·············

La señorita Concepci6n de la Fuente pronunciando su discurso.

murallas de acero, y disparan á mansa! va enormes arte•
factos de metal, que encierran en su seno el exterminio.
-¿Mas que causa mueve é incita á estos extranjeros á
hacer guerra á mi patria?
,-La común envidia y el temor del bien ajeno. Tupatria. ea una doncella. eternamente hermosa que arrastra
las cadenas de larga y cruenta esclavitud. Por romperlas ha vencido á Penélope en la constancia, á Hércules
.-n loa trabajos y á Aquiles en el valor y el ardimiento
E!'lpera al fin sacudirlas; pero los grandes Estados de Eu~
ro}Ja, codiciosos de la po~1 aióq y ~bardes pf!,ra la disp~·
ta, le ofrecen á ma11.os ll~n·as la libertad, s1 en cambio
pacrifi:ca el firme ~ acendrado amor que profesa al pueblo
helémco. Ella resiste pensando sólo en el elegido de su
,corazóa, y los rivales se unen y congl'E'gan aquí para imp_oner su voluntad con la fuerza bruta. Así, la diploma•
c1a, ~sum,en y compendio de ~ajas pasiones, eia alteza
de 1!11ras para alentar y servir loa más nobles ideales,
haciendo basta ostentoso alarde de tenerlos en poco disp0ne á su ~nt?jo d.e la suerte de lo~ Estados débil'es, y
busca su 1ust1ficac1ón en la convemencia de prolongar
una paz vacilante y i,iempre en peligro¡ paz más costosa

Exhiblci6n de Sericicultura de don Hlp61ito Chamb6n.

é ini~ua que la. misma guerra, porque las naciones se
arnnoan al peso de las armas que acopian la mutua desconfianza, la torpe emulación y el constante recelo. De
e¡¡ta manera obran y proceden las potencias que se jactan de marchar al frente de la civihzación,
. -¡Esto no ea h,.civilización-exclam6Epiménidee aleJándose de la orilla del mar,-aino la barbarie ilustra•
da! ........ .
-¿Adónde va ..? -preg1mtó el doctor.
-¡A mi soledad, á olvidarlo todo, á dormir en lo más
hondo de la caverna, donde no puedan despertarme los
rugidos de la fiera humanal
NILO MARÍA F ABRA.

Imita á aquella nueva Galatea,
pues, al ver quef!,lgú~ hombre la subyuga,
para no eer vencida siempre emplea
la gran estratagema de la fuga.
CAHPOAMOR.

AMARGURAS

Est~ba triste, macilenta, con el alma sumida en el do•
lor, BlD esperanzas para el porvenir.
Todo la hastiaba, basta la religión.
Una vez amó; pero con un amor puro y sin límites, y
la engatiaron. Al verse burlada, rompió con la sociedad.
Se reccmcentr6 en el reducido espacio de su pequeño
bogar. Hogar frío donde no encontraba afecciones ....... ..
Después cobró odio invencible á los hombres. EBoaeran
los culpables de su deegracia.
Pensó ~n el suicidio¡ pero ¡ay! únicamente se valen de
este medio los pobres de espíritu ...... -Ella no podía EO·
portar más el desencanto de la vida.
No, nos más ver aquel sol que alumbró loa bellos días
de ª1:1 pa.sada felicidad. No más abismarse en amargas
med1tac1ones á orillas del mar ........ .
......... ¡Ah, euAntasilusiones perdidas! ........ .
•······••ICuAntas venturas frustradas! ........ .

Era una noche tempestuosa y obscura en que se ofau
retumbar ~os atr&lt;?nadores ecos de las nubes; ella que no
creía en Dios, lo imploró frenética con todas las fuerzas
de su a~ma para que le quitara la horrible excitación que
la dommaba,
Se efectu? .un milagro. Cayó en profunda meditación
Y oró. Rep1t1ó las oraciones que cuando tierna nin.a le
enaefiaron sus padres.
El bálsall?-o dulcísimo de la religión, de la religión que
tod_o lo purifica, fué un gran lenitivo para aquella at,na
8edienta de corurn.el-0 y marchita por loa dolores.
ROSARIO ABMENTEROS DE HERBERA.

Se asombra con muchisima inocencia
de coeas que aprendió por experiencia,

•••

:..

Como todo es igual, siempre he tenido
un pesar verdad.aro
por el tiempo pncio110 que he perdido,
por no haber conocido
que el que ve un corazón ve el mundo entero.

-

":t';,., .

. ...
~--~

,.,.

G,ucPOAMOP.

Toro y becerro de la exhlbici6n

41

Mundy."

El monje le bendijo y le dijo: Este es un milagro del cielo. Caballero, que la paz
sea contigo! Te concedemos lo que deseas!
En verdad, el judío Ismael no había dormido con un sueño apacible. No porque
hubiese conocido jamás loa remordimientos¡ pero la joven le había lanzado, al vart.ir,
extraños anatemas que despertaron en su alma loa terrores de la superstición. Y visiones inquietantes turbaron su noche. he suerte que experimentó la necesidad de levantarse antes de los primeros rayos del dia. Con la prudencia de un gato se dt'alizó foera
de la ciudad y se dirigió á lo largo _del Arlanzón, hacia el camino de Miraflorea, para
ir de ese lado á reclamar algún pago á un deudor.
Mas he aquí que sobre la arena de la ribera, Ismael percibió nna forma negra. Y
habiéndose aproximado1 reconoció el cadáver de Encarnación. Entonrea el judío sintió que el temor le bacía un nudo en la garganta y huyó rápidamente. Mas como se
vol viese una tercera vez hacia el lugar donde yacía el cuerpo de la joven, percibió
muchas luces que la rod.eaban y que erraban misteriosamente. Eran los monjes á. los
cuales se había señalado el cada ver y que venían para entenarlo. Pero Ismael creyó
inmediatamente en una ronda diabólica de eepíritue engendrados en la sangre de su
víctima. Reconoció pues que la Vdnganza e~taba próxima y corrió, lleno de espanto,
hacia su casa. Ahí descendió á toda prisa hacia la cueva donde ocultaba sus cofres lle •
uos de oro, y sumergió, febriscitante, sll-8 manos entre loe doblones. Porque sabía por
los árabes que el ao11ido del m.et:¡.1 tiene sólo la propiedad de poaer en huida á. los fantasmae.
13ien pronto los gritos de fuera llegaron hasta él. Y he aquí. que á la extremidad
del largo corrddor que conducía á su refogio ~ubterráneo, en la sombra apareció una
luz. Ismael se prectpitó de nuevo hacia el cofre para hacer sonar sus piezas de oro. Pe·
ro la luz vengadora se aproximaba siempre.
Y en el dintel de su guarida, irguióse un fantasma gigante:co, cubierto de una
armadura blanca y con una antorcha en la mano.
El judío tnTO apenas faenas para murmurar.:
c&lt;Gracia!i, La palabra salió deeugarganta como un estertor y cayó con el rostro
pegado á. la tinra,
uVamo11, judío inmundo! levaPta la cabeza ¿y mira, no reconoces á tu víc~ima?
-Mi victima!. ..... Si, yo soy un criminal, un miser"'ble! piedad!. ..... "
Grande fué ]a tristeza Pn 13nrgol cuandn se sn•
po la muerte de la bella Enrarnac:ón la de las me•
ji 11 a a eonro11adas
'
como los laurales
rosas que flo1ecen
Pn Granada, en los
palacios d~ loa moros. Se la había
viP.to la víspera E"n·
trar á la casa del judío lEmael, el ueu
rero á quien la miFeria de su i viejos
padres no había podido entonces con•
mover, y cuando
h~bo salido.de ~a ca~a dP\ jndfo inmn.ndo, huyó en me•
d10 de la noche qne venía; sns ojos pnríeimo3 permane•
cían fijoE&gt; en tierra y un dnelo de vergüPnza la envolvía.
Al alba, loe monjes del monasterio d~ Min¡floree encontraron su cuerpo inerte sobre las riberas del A rlanzón.
Y de todas las calles, y de todas las plazas de la ciudad,
1mbla un grito de ira contra aqne1 que la había impuleado á la muerte. Las jóvenes lloraban recordando su compañía; las viejas prodigaban sus m~ldicionea con locua·
cidad; en tanto que los hombres ee miraban con mirada
aornbría y juraban entre dientf&gt;a.
Loe campesinos, ~ncaramadoe ron dignidad en sus mulaf', al bajar de la montaña, se ttrlruiraban de ese rumor,
y preguntaban si loa p~ganoa habían apriFionado los estandartes de Castilla. Y cuando eabfan el nuevo ~rimen
del usurero maldito, unían su cólera á la cólera pública,
porque casi todos le debían de antemano todo el dinero
dP ~u cosecha.
Y todos estaban de acuerdo en que la hora de la ven·
gauza había llegado.
t,Ese judío ba merecido el suplicio; es preciso colgarlo
-con un puercoln
Los t!aballeroejóvenes jug,lban en nna plaza. Uno de
-ellos exclamó: 11Reclamo !a ~abeza del judío para suspen·
derla á la puerta de mi caea.n
El otro dijo: 1tY yo quiero su piel para hacer una al·
jaba.u
11Yo también la reclamo, dijo un tercero, porque he he·
cho voto de ofrecer á las d,nnas de las Huelgas, un crucifijo recubierto de la pii:l de un pagano.i1
-La piel de un guerrero, FPa¡ pero sería un sacrilegio
revestir la divina tigur3 del Cristo con la piel de ese vil
murero. Yo la tomar~, pnee, por mi parte y mandaré ha·
c-er la imagen de un júdaf', qu~ expondré en la plaza pública, detrás de una reja, á. fiu de que los paseantes lo cu·
bran con sus salivas.
-Para poner á todo el mundo de acuerdo, juguemos
sns despojos; el más diestro guardará la cabeza y la piel;
los otros te partirán lae riqoerns.
-¡Silencio! Pxclamó nn caballero cubierto de una armadura toda bl,mca, y á. qnien nadie conocía; silencio!
rnalos caballeros que quen:il3 mancillar vuestras manos
&lt;'un el oro inmundo! Suy yo quien dará el cast-igo en nomb1e de la justicia. Y que niguno pretenda disputar mi
p1ivilegio\1J
Un monje rPvestiJo de una nstidnra blanca y negra ,
a,·anzó: uReclamo áPste hombre! El Evangelio ha dicho:
t1Xo matar.ís. " Súlo Dios puede disponer de la vida-de loa
hombrea. Así, puee, PSte no puede ser condenado ein un
juicio de nuestro tribunal , pues somos inquisidores de
lJHatilla!))
S:l caballero se inclinó, puso una rodiila en tierra y beeó el hábito del monje:
- uPadre mío, dijo, tus palabras son justas; pero ese
hombre, en otro tiempo me ha traicionado y me ha entrt-"gado á los paganos. Concédeme ser el instrumento de
tu jui:;ticia.
-Quién eres tú, á quien nadie conoce?
-Soy el caballero Pt!dro de Miranda.
Eotoncea _todos retrocedieron un paeo1 como anteun
L1,tasma.
Recordaron q-:ie en otro tiempo un paladín de este nombre hac1atemblar:por sns empresas á los paganos del reino de Granada. Un día ese caballero había sido traicionaSe ir¡tul6 un fantasma gigantesco con una antorcha en la m1no.
-do por su amada, que le hizo beber un brevaje de muerte.

�EL MUNDO

DOMINGO 9 de MAYO de ,8g7
DOIIINGO p DE IIAYO DE •8g1

·

. Y el judío per~anecía tendido sin osar levantar los ojos, y temblando como una
hoJa al soplo del viento.
uY bien! eres mudo, judío hocico de puerco, que te arrastra~ as1 sobre tus euatro
patas como un brut· ?
-Por Javeb!.. .... Encarnación!. ..... piedad!. ..... mira!. ..... He aquí todl\ mi foitu11a: Hay en ese cofre doblones y doblunes ...... Toma Jo qua qni~ras ...... O rniís bien
déJame que lleve á. los tuyos ?astante oro par11 llenar rle dicba PU vt-jn.u
'
. Detrás del caballero hab1an llegado muchas gent.es á. quienes bmael no J b.

del día. Después fné colocado dentro de
1~ ntatua, se Fellaron las dos partes y las
trnieblas 1::ternas cayeron sobre el suplicia •
do, en tanto que la estatua radiaba á los
ojus de los hombres al igual que el sol.
Aei fué como se vió durante m11cbos
años una estatua de oro á las puertas de
Burgos.

Una voz grave habló:
11 Este hombre h~ Co?!esado su crímen, ea pues ·inutil interrogilrlf'.
Ahora, nos
compete li ~~sotros, rnqu_1s1dor de Estado, pronunciar el juicio y vamús á hacerlo en
nue~tra solic1t~d, pai::a bien de todo11 1 ante el pueblo reunido. Que los esbirros aten
ese Judío con hgas sólid~s. Q1e lo hag~n en seguida compa:ecer ante nuestro tribunal y que se prepare á 01r su condenación.u
Y cuando el pue.blt:? percibió la faz lívida de IsmaeJ, las vociferaciones redoblaron Y el usurero se sintió aplastado bajo la ira de toda una ciudad
E~tonces el inquü:idor pronunció e¡;tas palabras: «El Evanielio ha dicho· uEl
r¡ue hiere por el fi~1-ro, perecerá por el fierro. E~ pueij justo que el que ha caus~do la
muerte de su se~eJante por_ el oro, perezca por su oro.
. Esta sentencia fué acogida por los aplausos del pueblo, y un escribano leyó un· ·•
c10 en latín, que Ismael no comprendió.
JUl
Despue~ fu~ arrastrado á la pri.!!ión.
Al día_ stgmente el carcelero introdujo al verdugo seguido por dos hombres que
llevaban tierra en canaRtas.
El ju!1ío pensó que había llegado su última hora. Fué despojado de sus vestidos
Y extendido e~ el suelo, temblando de terror y de frío.
~u an~us~1a se acrecía por la ignorancia del suplicio á que se le &amp;estinaba. Cerró
los.030sy s1nt1ó qu.e posaban sobre su cuerpo una sustancia húmeda, algo que se ase•
meJaba al y~so moJado, y en el cual se le cubriría vivo.
. ~cubrieron primno sus pies J'._ s1;1s piernas, después su vientre y su pPcho funon
opnnudos corno por el plorno; por ult1rno su cabeza quedó encerrada en una máscara
de lodo é Ismaél esperó la muerte.
Pe~o bien pronto se desvaneció; y cuando volvió en sí sintió que sus miernbros 08 .
taban libres.
'
Sólo el ca;celero se .mantenía cerca de él. Y creyó que una pesadilla había 1 ·.
nado su espfruu extraviado por el terror.
a uci
Pasaron muchos díae.
.
Una mañana la pu~rta del c.alabozo se abrió aun, y habiendo entrado los esbirros
le arran~arron sus vestidos, . i? ligaron con cuerdas, le ocultaron ta cabeza en un
lo empuJaron foera de la prisión.
saco Y
De nuevo Ismael, espantado, oyó en su rededor las imprecaciones de la ciudad
cuando estuvo ~n el lugar del suplicio? se 1~ 9uit6 el saco que Je ocultaba los ojos. ' y
.Entonces v16 sobre un estrado al 10qms1dor de castilla con sus ase,mres des nés
abaJo, al caba) lno blanco sobre su caballo, metido en rn armadura de fanÚsma pdes~
pués á los pemtentes con sus coguya?, que esperaban su cada ver y por fin aulla' d
amenazando, al rededor de{&gt;~, á la multitud. En lugar del suplicio se hab'ía disp~e~t~
u.n zócal~ de marmol en med10 de la plaza, y sobre ese zócalo se levantaba resplande
ciente .ba¡~ lu luz del sol, una estatua toda de oro. Ismael notó que esa' estatua ex·
t~aordmana estaba Aeparada por en medio en dos trozos, El verdugo le dijo· :vi·
b.ie~ esa estatua; se ha empleado para fundirla todo el 010 de tu tesoro &gt;) El ¡:udíoi;:
smttó desfallecer.
·
Y el verdugo af'íadió: ((Esta estatua va á ser tu ataud n
Un predicador arengó al condenado, excitándolo á co~vertirse Pero el ¡'udi'ó ya
nad a oía.
·
Perci~ía á lo lejos el curso del Arlanzon yel sitio en que vi6 tendido el cadaver de
Encarnación. Por fin el verdugo lo atió. Por última vez Ismael vió el cielo y la luz

.··ü'~~. ~~fi~~~~. ~i~. ~~·i,~;.g~·: ·~~·.p~;~iii~:

-~

·~~

LA NUEVA PRIMAVERA

Es la gran fiesta de la Naturaleza! Una oleada de luz
ha despertado~ las cosas tristes, á los gérmenes dormidos, y la Impasible, 1~ eterna Impasible abre sus ojos
para contemplar la v1da.-Eres tú mi vieja amiga mi
buena c~nfidenta de otros tiempos, ~res tú siempre, t:riun•
fan~ Pnmave~I Ayer. llamaste con tu pálida claridad
de..v1rgen anémica á mi ventana y prendiste una nota
r&lt;&gt;31za en las temblorosas hojas del rosal olvidado. La no•
che, la pérfi.da, la cal!ada, la que a90cha su presa y opri·
me loa e~pintus,. ha s1~0 vencida, y en los espacios canta
la creac1~n su h1mn.o Inmortal, vibTa y palpita. Ya u~gaste, ~rmnf~nte Primavera, y~ estas aquí, fiesta de vida,
preludio de Juventud! .. .... &lt;(¡Vida! ¡Juventud! ¡Primave•
raf ¿Para qué?&gt;i ........ .
No, mi vieja amiga, mi buena confidenta de otros tiempos, ya no eres la misma. Me engafias. Tus alientos
nuevos no arrastran las mismas impresiones el aire sano
y fresco de.la mañana no lleva las misrna.s p~omesas. En
vano de.splte~as tu estandarte victorioso. ¿Qué importa
que revistas iguales líneas y te cobijes dentro de idénticas
formas? Lo que '!,e ti amamos, lo que nos hacía penetrar
calla~am~nte b~Jo tus arcadas floridas. la vaga aspiración,
el m1steno ansiad@, la sensación exquisita 1 el desbordante anhelo, la invisible escala por donde se sube al
ideal, to~aesa~ohorte divina ha pasado, todo se lo lle.
v6 la ley rn~eclinable, 1.a que ~ime y mata, la que pone la plegana en los láb1os del mcrédulo y la blasfemia
en la boca del creyente, la ley de la vida que preside
la muerte.
¿Cuántas primaveras ¡oh Dios! han rozado con sus alitas diáfanas cada existencia humana, para comprender
que no hay Primavera? Acaso una sola, una noche una
hora, un minuto .... .. Y después, en vano llamarás á esas
ventanas coa. la pálida claridad de virgen anémica y pren.
derá una nota rojiza en las temblorosas hojas del rosal
olvida~o ......... Ya no serás la. misma ven~dora, y tú
Impasible, eternamente Impasible ya no abrirás los ojos
vara contemplar la vida.-Aquella, la nuestra, la que hacía e+tallaren nues~ra alma locos anhelos y florecer radiosas excelsitudes, ae fuépara no volver ya nunca 'allá.
se hundió en el ala inmensa de lo Desconocido.
'

•••

U,.. dónde van los muertos, nuestros muertos? pregun.
ta Paul Bourget en la postrera página de su Idilio trági•
co.-¿Los que nos 11:an amado¡, hemos amado, los que se
apartan de nosotros no tendr n ya nunca contacto con
nuestra alma; ó acaso vivirán á nuestro lado, con una vi·
d~ que. se escapa á nuestros sentidos, una vida confusa y
misteriosa de que no logramos penetrarLos, epasrcida
en el Infinito, y que es perfume en la flor, luz en el as-

tionri~as, que trasmigran de una boca á. otra boca,
como almas condenadas á un eterno mx,tarf .... .••.•
El es el que, sin capa, quiso librar la dosis
que segregan los nervios, por eso la neurosis
le eeCUJ?E' en las. entrañas una sustancia gris;
ustancia que. d;isuelve. los entusiasmos bélicos
que ayer le h1c1eron digno de los soldados gaélicos
que aun vagan en los yermos de la cautiva Erin !
¡El eP!.. .... En su cerebro vacilan los enigmas
que pesan como fardos, que duelen como er:1tig~as,
que acíbar nos ofrecen y nos ofrecen miel. .....
Sobre las verdes aguas del mar de su memoria
caminan los ilustres fantasmas de la Historia '
-conciencia de los siglos pretéritos.-¡EI esi'.... . .
Palpando con los ojos la bóveda celeste,
mientras los vientos inflan su descecli~a veste
sigue el audaz proscrito de la morada azul
'
sigue mientras errantes emanaciones cálidas
abrigan, como madres, á las Ninfas Cusálidas
mientras los girasoles se tornan á la luz!. ..... '
Espera, espera, espera ......... Los huracanes ruedan,
las olas se levantan, los ecos rn remedan,
el vértigo le empuja, no le hace vacilar ....... ..
Avanza, avanza, avanza, con pasos inseguros:
no verá derribarse los dilatadoij muro@ 1
centinelas que guardan la nueva Jeric6 • ••••••••
Avanza, avanza, avanza; y al borde del abismo
exclama coti estruendo corno de cataclisrno:
((¡Ya perdi la esperanza de provocará Dios!n

ron de que el hombre de oro habíadesapa•
recido.
AlgunC1s campesinos pretendieron que
los ladrones se lo habían llevado para ven•
derlo á los musulmanes y que se les había
visto arrastrando la estatua en un carromato, tirado por más de treinta mulas.
El pueblo de Burgos no se dignó perse•
guirlos. Ademós nunca creyó en este relato1 que le pareció inverosímil.
Pues tactos reconocieron que sólo el diablo pudo tenn interesen robará los cristianos el ataud de un judío.
Exmqui: Gt:ERT,IN.

tro, vibraci~n imperecedera en el ritmo del movimiento
en los espac10s? ~l etern'? grito de angustia que Ae esca•
pa de u_na huruamdad triste y adolorida ¿es el dE&gt;sespe·
rado gn~o de un náufrago que antes de rodar en el abis•
mo ~ov1ble de las ondas, ha encerrado en el marco de
su m~rada la ~o_le~ad inapelable del Océano? Y si no es
asi, si en el v1aJe rnc~sante de las moléculas, los espíritus
~gresan, como la Pr1mavera, y se asoman á las concieh·
Cias de los .abandonados, como, las estrellas se asoman á
l~ supei::fic1e de loA lagos, ¿en qué nota perdida hacen
o~r sus imperecederos lamentos, en qué punto del espacrn. oc~ltan sus nostálgicas tristezas? ......... Y la vidacrn•
za 10?1ferente, en medio del eterno misterio, desbordando. himnos y rebosando rosas, y la nueva Primavera teje
gmrnaldas con 1~ recienabiertae flores de los campos.
Allá, en el 11ant1guo bosque,)) el ruiseliorcanta siempre
en l:!I granado. ¿Qué sabe él de estas desgarradoras tra•
gedms de las almas? Para él la existencia con todas sus
P.alpitaciones, .se encierra en estas estrofas que surgen
sm ~sfuerzo, BID dolor y que s~ nos antojan irnpregnadas
de mc.urable amarg.ura. ¡~mén sabe! Acaso vaya en
ellas disueltas ~lgo 101:1-ater1al de lo que en lo material
busoa~os: _lágnmas, miradas, ecos, remembranzas ....... .
¡Cruel iromaJ La vida se ríe sardónicamente de nuestras
~ebeldías Y sigue su marcha triunfal, su alegre camino, la
mcesante resurrección de las cosas.

•••

¿No eras tú, jov~n poeta el que un día devorabas en la
apoteosis de la Primavera las páginas del Interm&lt;&gt;zzo, y en
tu garganta pugnaba el sollozo por abrirse paso? Ahora
evocas tu dolorosa crísis, el primer desfallecimiento, cuan•
d.o todavía la dura ley de la lucha no se te había apare·
c1do como un espectro en el umbral de tu morada. Aho~ buscas el vereo sarcástico, el punzante epigrama, la
v1brador.1. saeta que penetraba en tu lacerado espíritu
en aquella reveladora floración de la juventud primera'.
¿En dónde estás, buena sensación ya perdida, que te hacía ver un ?iaro re~ondel de cielo á través de tu tempestad de lágrima~? Piedad suprema que redimías todos los
dolorfls y sublimabas todas las ·ristezas la que con una
frase de esperanza agitaba hasta el Io'co horoismo en
una excelsa serenidad compasiva, los buenos impuisos,
?dónde~ ocultas? Noches estrelladas, claras noches de
1IlSO1;1llllO, en las que. el espasmo hincaba su garra en tu
pa;p1tantecuerpo, ~tentra.s afuera algún genio invisible
deJaba caer el polvillo de oro de sus ensueños sobre el
fecundo seno de la naturaleza y la hacía palpitar con su
beso de amor ........ : ¡qué lejos y qué cerca! ¡qué profunda la huella que deJó en la conciencia y qué empalidecí.
da en el marco que la encerró breves momentos!

•••

En la noche, cuando el silencio se restablece y la Na-

•

Do:1-11:-.00

Carl os Díaz Dufoo .

Mayo de 1897.

LA ULTIMA ESPERANZ A.

De pié, sobre la cresta de una elevada cumbre
do ádesl.eirse bajan lo'&gt; ampos de la lumbre
•
que arroJa el sol, cuando hace su fragua en el cenit
un joven descendiente de los antiguos bardos
'
que ha hallado en su camino vegetación de c~rdos
está c~n la mirada fija en el porvenir ........
'
El cielo invaden masas enormes de tinieblas 1
la atmósfera enrarecen ejército de nieblas
venda!ldo las pupilas sin rumbo, el sueiio' va;
y_ él, sin que nada amengüe su sobrehurnano temples11;1 q~ nadie su estoica resolución contemple,
mira á través de todo lo que puede cegar!. ..... .. .
El r.ayo al enemigo de sus arranques busca,
el báhto del noto los sentido:1 ofusca,
emboca el Angel Negro su funeral clarín·
y él, como si tu viera su cuerpo una coraz~,
ó ~om? vást~gl) último de la ciclópea raza,
mira iwp.M1ble, tofo lo que le puede herir¡
El D~ettno le presta sus ojos msondables
Vulcano le remacha los bicepe formidables'
para que, arrnado púgil, se cuadre ante San~n;
y_el paladín no graba terribles predicciones,
m mide con su fuerza la fuerza de los leones
porqa.e de é'U ,a.talaya quiere ret.ar á Dios .......'..
¿S~ra el Ajax que piensa fingirse en Estilita,
el m1~mo que, en sus raptos de cólera, medita
hundirse en el pantano de la noche social?··· ·····¿Será ese que en los labios de R1belai3 coloca,

-Sí, sefi.or Seguin.
•
-Pero ¿te falta aquí la hierba?
-¡Oh, no, sefi.or Seguinl
-¡Qo.i.zá te habré atadú corto! ¿Quiéres que te dó soga
larga?
-No vale la pena, señor Seguin.
-Entonces, ¿qué te falta, qué qoiereE?
-Quiero ir al monte.
-No ea.bes, infeliz, que en el monte está el lobo? ......
¿Qué harás cuando se te presente?
- Le daré de cornadas, señor 8eguin.
-¡Valiente comino le importan tus cuernos al lobo!
Chivas mE&gt;jor ePcornadas que tú me ha comido. ¿Sabes
lo que pasó á la pobre Renata, una señora. cabra. vieja
que estaba aqui el año atr'8, fuerte y astuta como un lobo? Se las tuvo tiesas con el lobo toda la noche ...... Y
despuE&gt;a, á la madrugada, el lobo se la comi6.
-¡Caramba, pobre Renata! Eso no le hace, señor Seguin; déjeme usted iral monte,
-¡Bondad divinal-exclamó el sefi.or Seguin.-¿Pero
qué les pasa á mis cabr~? Otra más que el lobo me vaá.
comer ...... Pues bien; ¡yo te salvaréá despecho tuyo, bribooa! Y para que no rompas la cuerda, voy á. encerrarte
· en el eHablo y no saldrás nunca de alli.
En seguida, el seiior Seguin llevó la cabra á un establo
muy obscuro y cerró la puerta de él con dos vueltas de
llave.
Por det=gracia, se había olvidado de la ventana; y,
apenas se volvió de espalda, ma:rchóse de allá. la peque:ña ........ .

MARTÍXEZ Ll'HX.

LA CABRA DEL SEÑOR SE;GUIN

turaleza ~e ~repara á RU gran fiest1 de .Primavera y la
vaga aspiración de buscar en los espacios el luminoso
rastro del e:1píritn ausentr, mientras canta el ruiseñor en
el granado y las fuerzas de la tierra se estremecen en su
l~b.or inacabable, y todo canta y germina; de puntillaR,
stgilosamente, me acnco temblando á una amada cami •
ta y pongo mi cabeza sobre las alas de dosangelrs .... .. y
entonces ¡oh Dios! ya entró en todo mi sér la Primavera ......... la nueva Primavera demi vida.

EL MUNDO

Siempre serás el misrno1 rni pobre Gringoire!
¡Conque te ofrecen plaza de cronista en un buen peri6di.co de París, y tienes el cuajo de no aceptar!. ........ ¡Mírate á. tí mismo, infeliz mancebo! l\fira ese jubón lleno
de sietes, esas calzas derrotadas, ese flaco rostro pre-gón
del hambre. ¡He ahí á dónde te ha conducido la ¡.,asión
por las bellas rimas! He ahí lo que te han proporcionado
diez años de leales servicios en t.re los pajes del Sr. Apolo ......... ¿No te da ya vergüema?
¡Hazte cronista, imbécil! ¡Ha.!.te cronista~ Ganarás buenos escudos contantes y sonantes de mogollón, tendrá.s
tu cubierto en casa de Blévant y podrás pavonearte los
días de estreno con una pluma nueva en el birrete ........ .
¿No? ¿No quieres? ......... Pretendes permanecer libre á
tu antojo hasta elfinal.. .... Pues bien, oye un poco la
his~oria de La cabra dd Sr. Segnin. Verás Jo que se gana
queriendo vivir libre:
El sefl.or Seguin jamás había tenido suerte con sus cabras. Todas las perdia del mismo modo: una mañanita,
la menos pensada, rompían la soga, escapábanse al mon te, y allá arriba comfaselas el lobo. Ni las caricias de su
amo, ni el miedo al lobo. nada las contenía. Parece ser
que eran cabras indepen.dientes, que anhelaban á toda
costa aire libre y libertad.
El bueno del sef'ior Seguin, que no comprendía una
jo~ del caracter. de sus animales, estaba afligidí.simo, y
decia:
--Se acab6; mis cabras se aburren en mi casa, no conservaré ni una sola.
. Sin e~barg?, no se desal~ntó; y después de haber perdido de 1dént1ca manera seis cabraf, compró la séptima;
sólo que esta vez tuvo el cuidado de que fuese muy joven, para que se acostumbrara mejor á permanecer en
casa.
¡Ah Gringoire, qué linda era la cabrita del señ.or
ñor Seguin! 1Qué linda, con sus dnlc~s ojos, su perilla
de sargento, sus cascos negros y relucientes, sus cuernos
á rayas y sus largos pelos blancos, que la vestían de gabán! Era casi tan hechicera corno el cabrito de Esmera! da (¿te acuerdas, Gringoire?); y además, dócil, zalamera,
y se dejaba ordeñar sin menearse, sin meter la pata en
la escudilla. ¡Una monada de cabrit~! ........ .
El sefior Seguin tenía detrás de en casa un cercado de
espinos. En él puso á su nueva huéspeda. En medio de
la prade1ita clavó una estaca cmdó de que tuviese cuerda
larga, y de vez en cuando iba á ver si Petaba bien. La
cabra era muy feliz; y rurniaba la hierba con tan buena
gana, que el señor Se-guia estaba extático.
-¡Gracias á Dios-pensó el pobre hombre-que &amp; la
postre hay una que no ee hasüará. eo mi caea!
El señor Segnin ee engañaba: su cabra se haetió.
Oierto día dijo ésta mirando al monte:
....... ¡Qné bien se debe a, ~st.ar allá. arri~a! ¡ Ay que gusta triscar entre malezas, sin esta maldita soga- que me
despelleja el cuello!. ..... ¡Quédese para el asno ó para el
buey eeo de pastar en un cercado!...... A. las cabras nos
hace falta mucho espacio.
A partir de eme momento, parecióle insípida la hierba
del cercado. Le entró tedio. Enflaquecía y ee iba quedando sin gota de leche. Daba lástima verla todo el santo día
tirar de la soga, abriendo los agujeros de la nariz y balando con tristeza ¡ Bée/
'
El seflor Seguin a:lvirtió que á su cabra le pasaba algo
pero no sabía qué.. .. .. Una mafi.aoa, al concluir de arde~
ñarla,_ volvi6se la ca~ra y le dijo en su patué:
-Oiga, señor Segum, me aburro en su casa; déjeme
usted ir al monte.
-¡Ah, Dios ~o! ...... ;Ta.mbién .ellal-grit6 estupefacto el señor Segwn, y de la 1mpres1ón cayósele la escudiJdil~. y luego, sentándose en la hierba, junto á au cabra, la
JO:
-¡Cómo es eso, Blanquita! ¿Conque me quieres abandonar?
Y respondió Blanquita:

. ¿Te ries, Gringoire? ¡ParJ.iez! Ya lo creo; eres del partido de las cabras, en co!ltra de ese buen sefior Seguin ....
Vamos á ver si pronto te ries.
Cuando la cabra blanca llegó al monte, aquello fué un
ª!robamiento general. Los añosos pinabetes no habían
visto nunca nada más bonito. La recibieron como á una
reimcita .. ;os castafios bajaban hasta el suelo sus copas
para acanc1arla con las puntas del ramaje. Las áureas
~etamas entreabiertas it su paso, exhalaban todo el meJor a.roma qnP podían. El monte entero la festejó.
¡Figúrate liringoire, si estaría contenta nuestra cabra!
N? más cuerda, no más estaca ..... . aada que le impidiese
triscar y pacerá su antojo ...... ¡A.llí sí que había hierba!
¡1:{asta por encirna de los cuernos, querido!. ..... ¡Y qué
hierba! Sabrosa, fina, dentellada, constituida por mil
plantas .. .... ¡"lJiferencia del césped del cercado! Pues, ¿y
la~ flores? ..... . ¡Grandes campanillas azules, digitales pm·
pureas de largos cálices, todo un bosque de flores silvestres llenas de jugos bien olientes y que·se subían á la cabeza!
La cabra blanca, medio birracha, revolcábaseallá.adentro patas al aire. y rodaba á lo largo de las escarpas, re vueltacon.lasho1as y las.castañiB caldas. L·1ego, deun sal·
to, se poma en cuatro prns de repente; y cátala disparada
de cabe~a, á. travez de brezos y chaparros, ya en lo alto
de ~n picacho, ya en el fondo de una torrentera, arriba,
abaJo, por todas partes ........ . Hubiérase dicho que en la
montaña babia diez cabras del señor Seguin.
Y es que á nada tenfa miedo la Blanquita.
P1Haba de un salto grandes torrentes que la salpicaban
~e hu medo poi vo y espuma. Entonces, chorreando toda,
iba á tumbarse á la larga sobre una roca plana y poníase
á. secar al sol. Una vez, al avanzar hasta el borde de una
meseta, .con una flor de citiso entre los dientes, vió abajo,
allá abaJ01 en el llano, la casa del señor Seguin con el
cercado de atrá.s. E:30 la hizo reír hasta llorar.
¡Qué pequeiio es todo eeo!-dijo-¿Cómo habré podido
caber allí dentro?
¡Pobrecilla! Al verse encaramada tan alto, creíase por
lo menos tan grande coml) el mundo ...... .. .
En resumen: aquel fué un gran día para la cabra del
sefior Seguin. A la mitad de él, mientras corría ú. diestro
y siniestro, vino á dar con una manaia de gamos. die•
pY.estos á mascar con buen diente una lambrusca. Nues•
tra peqneüa andariega de !raje blanco, produjo gran impresión. Diéronla el mejor sitio junto á la lambrusca, y
todos aquellos señores estuvieron muy galantes ...... Hast;a parece ser ( quédese esto entre nosotros, Gringoire)
que un joven gamo da pelo t.egro tuvo la suerte de agradará Blanquita. Ambos novios se perdieron una o dos
horas entre el bosque¡ y ti quieres saber de lo que trata•
ron, anda y pregúntaselo á los parleros arroyos que co·
rren invisibles por entre el muego.
De pronto refrescó el viento. La montaña se puso de
color de violeta: era la noche.
-¡Ya!-dijo la Cabrita; y se detuvo muy pasrnada.
Allá. abajo, la campiña estaba envuelta en brumas. El
cercado de I sefior Seguin desaparecía entre la niebla, y
ya no ee veía más que la techumbre de la casita, con un
poco de humo. Oyó las eaquilas de un rebafio que iba á
recogeree en el redil, y ain,i6 profunda tristeza en su alma ...... Un gerifalte, de regn-ao, la rozó oon las alas al
pasar. Estremecióse eJla ...... Luego olió un anllido en el
monte.
-¡Guau, guau!
Pensó en el lobo; la loquilla no había pensado en ello
en todo el día ...... En el mismo momento sonó muy le•
jos, en Pi valle, una trompa. Era que el bueno del sefior
8eguin intentaba el último es.fuerzo.
-¡Guau, guau!. ..... -decía el lobo.
-;Vuélvete, vuélvf&gt;te!. ..... -gritaba la trompa.
Ganae le dieron á Blanqoita de volverse¡ mas al recordar la estaca, la soga, el seto vivo del cercado, pensó que
ahora ya no podría acost.umbraree i aquella vida, y que
más valía quedarse en el monte.
Ya no sonaba la trompa ..... .
La cabra oyó tras de sí un ruido de hojas. Volvió la
cabeza y vi6 entre la sombra dos orejas cortas y tiezas,
con dos ojos relucientes ...... Em el lobo.
Enorme¡ inmóvil, sentado sobre el cuarto trasero, estaba allí mirando á la cabrita blanca y soboreá.ndola de
antemano. Como sabia bien que se la comería, el lobo no
se apresuraba; solamente cuando ella se volvió; rióse ,él
con e~rcasrnn.
-¡Ja, ja! L1. cabra del sellor S¿guin!

Y ee pasó la roja y gruesa lengua por sus labios euavea
como la yesca.
Comprendió Blanquita que esta.ha perdida. Al recordar un momento la historia de la vieja Renata, que se
había batido toda la noche para ser devorada por la mañana, dijoee que quizá. fuese mejor dejarse devorar en
seguida; luego, cambiando de parecer, se puso en guardia, con la cabeza baja y los cuernos hacia adelante, co•
mo una valiente cabra que era del sefior Seguin¡ y no
porque tuviese esperanza de matar al lobo ( las cabras no
matan a los Jobos¡, sino nada más que poi ver si podría
resistirse por tan argo tiempo como la Renata ..... ..
Entonces avanzó el monstruo, y los cuernecilloe entra
ron en danza
¡Ah, valerosa cabrita; con qué bríos acometía! Más de•
diez veces ( no miento, Gringoire) obligó al lobo á retroceder para tomar aliento. Durante esas treguas de un
minuto, la golusuela cogía á, escape otra brizna de sus caras hierbas¡ después, tornaba al combate, llena la boca ...... Aquello duró toda la noche. De vez en cuando, la
cabra del señor Segnin miraba danzar á. las estrellas en
el claro cielo, y decía para sí:
-¡Oh! ¡Con tal de que resista hasta el alba!.. ...... .
Apagáronse las estrellas unas tras otras. Blanquita redobló las cornadas, y el lobo los mordiscos ...... Un re·splandor pálido apareció en el horizonte...... Desde un
cortijo subió el cántico de un gallo enronquecido.
-¡Al fio!-exclam6 el pobre cuadrúpedo, que sólo al
dia esperaba para morir; y tendióse en el suelo, con su
hermosa piel blanca, toda manchada de sangre ......
ELtonces el lobo arrojó.se encima de la cabrita y se la
comió.
¡Adioe, Gringoire!
La historia que has oído no es un cuento de mi invención. Si alguna vez vienes á Provenza, nuestros caseros
te hablarán á menudo de la cr1bra del .~efíor &amp;guin, que se
l1atiá toda lrr noche con el lobo, y al cabo, por l&lt;t mañana, el
lobo se la comiú,

Oyeme bien, Gringoire: E pieu lon m.atin lon loi,p la
1llfl tl flt' .

ALFOKSO

DACDFI'.

RELIEVES
AMADO

NERVO

¡El templo! La luz tibia derrama sus fulgores,
Y en áureos tonos rico su mágiéo pincel,
Abrillantando el alta ventana de colores
Recorta á un tiempo el ovio de un jonio capitel.
Desata oculto genio la voz de mil rumores
Chasquean las doradas molduras del cancel, '
Y eleva el Cristo exangue los ojos sofiadoree
Llorando el ateismo del pueblo de Israel.
Silente forma diáfana, ee yergue: ea la propicia
Tespíade del bardo, la pá.lida novicia
Que yerra por el lóbrego recinto monacal,
Y va sofiando en épocas de contrición bendita
Y en castos desposorios con el Jesús1 que invita
Los brazos extendido!!, al místico ideal.
'
SALVADOR RUEDA

Radiante musa vierte sus alegrías,
Juguetona, locuela y enamorada,
Y lleva en el abismo de su mirada
Luz de extrañas pasiones y nostalgias.
Negras las arqueadas cejas sombrias,
En mármoles y rosas la tez tallada,
Y es .su boca riente fresca granada
Do vierte el labio roJo mil ambrosías.
El mantón coruscante, la .zapatilla,
La burbuja en I&amp; caña de manzanilla
Y del rojo corpifio las ricas telas,
Esrnaltan las estrofas, tendiendo el ala.
La zambra se despierta, y el aire escala
Bullicio de panderos y castañuelas.
Mayo de 1697.

AURELIO G. CA RRAiCO,

No te ablandes oyendo sus acentos,
que el diablo en ocasionE&gt;s
acalora los buenos Bt'ntimientos
para hacer cometer ma 1as acciones.
Yo suelo con tu nombre, nifia hermosa,
por miis que el curso de mi edad avanza
hacer mi alma dichosa.
¡Sabe tan bien el pan de la Esperanza
qne ya no me alimento de otra cosa!
CAMPOAMOB.

�•
EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO 9 de MAYO de•~?

DOIIIIIGO II OE MAYO DE ,&amp;97

ENGANO SUBLIME
Por lb}aría \!escot.

l

NUMERO 9.

Despt1~s. á lo largQ de un gran bulevar, ot.ras 1·ill(J11,
provocativas como cort.e1:1anas, mostrando complacientes
á los ojos de los paseantes, , través de verja.s coq11eta.", su
trnje multicolor y la gran línea de verdura quP corta la
,·illn en do.!!, luciendo, en medio de las lnjoP:ae el•·gaociaa,
la nota de loe rÚ!ticoe cultivoa. Por fin, franqueado el
-viaducto, he ahí la vieja La usan ne con sus cal lee eatre•
chas entre taludes cortados á pico 6 en deecemos verii·
ginoaos, eus·attaa casas que parecen encerrar al paseante
,en un vericueto sin salida; pero las casas se separan, una

Greda inmortal.
Cu.adro de II.Sleinlradzld

\

de ellas se sobaja formando plataforma 6 terraza, y el la·
go aparece de improviso, y es cada vez la misma impre·
Pión de sorpr.-sa, admirativa cada vez, un pJa...,...r inteDSO
como si se temiese no verlo más y no se recordase ya rn
hermo ura!
Lila no dejaba de correr en aquellas callee tortuosa!:',
di11curriendo por las rápidas pendientes con alegre pre~
cipitación de nii'ia, en tanto que detrás de ella el aya se
eofocab:i por seguirla. Después caminaban rehusando
preguntar, enc:intadae de perderse, embelesadas cuando
0

el azar de su paeeo las llevaba de pronto al pie de un
monumento
Cn día visitaron la catedral con eee eentimiento dein~
tfonss. curio~idad y de vago terror que los cultos extran•
jeros inspirao; pero la antigua badlica permanece profundamente católica con sus altos pilares, su.a navea
profundas, la obeouridad de sus bóvedae, y sobre todo,
ese hálito de antiguas edades que nada podría extinguir
en el logar santo.
~e dos mujeres ee detuvieron en el sitio vacío de la

�3 11

agua bendita, buscando esta y con un gesto involuntario
hicieron la seílal de la cruz; después se dirigieron hacia
las grandes bancas de encino para arrodillarse: como el
agua bendita, los reclinatorios no estaban ahí.
Se pasearon con pasos tímidos á través de la igleeia
desierta CC'n el alma presa de una misteriosa melancolía.
La nifia no podía comprender la importancia de esta
gran derrota religií"1m, pero la desnudez de los muros
la impresionaba: ya no había euad.roe, ya no había estatuae, ni santos con vasos de flores á sus pies; ya no había capillas ricamente ornadas, no más ex- votos ni :cirios
arrojando en las tinieblas la nota alegre de las iluminaciones; no más madonas blancas tendiendo á los fieles
sus braios de misericordia y de amor. Sólo dos hombres
de piedra, rígidamente acostados sobre las tumbasen dos
rincones sombríos, la~ miraban con sus ojos graves. Pasaban frente á ellos suavizando sus pisadas.
Cuando llegaron frente al santuario encontraron solamente las mesas de marmol de las comuniones calvinistas. La niña dijo en voz muy baja:
- Ya no hay lámpara.
Y la ausencia de esta lámpara del santuario, que arde
dia y noche al pie de nuestros altares, penetró el alma
católica de Carlota de un dolor tan punzante, que se arrodilló sobre las piedras, y como los ancianos de Israel ante
el templo perdido, se puso á llorar.

EL MUNDO

jer de unos treinta años, de ojos tristes, de boca seria,
de actitud fría y reservada.
-Señora, dijo avanzando.
Ella se estremeció ligeramente, y s:n embarazo algu·
no se excusó :
-Perdonadme, sefior, esta obra. es tan bella! Me olvidé de todo al admirarla. Le debo 61 primer instante de
placer que he gustado desJ.e hace tiempo. Temo haber
sido demasiado indiscreta entrando á esta casa en ausencia vuestra; pero mi triste salud me prohibe tan frecuentemente salir de mi cuarto y tenía tan gran deseo de esta visita ..... .
Se detenía ante las di versas telas esparcidas en el salón,
y sin exageración, sin adulación vulgari con palabras:muy
sencillas, las alababa delicadamente. El incienso bajo esta
forma discreta, guardaba un perfume exquisito. El pin·
tor se inclinó dando las gracias. Comenzaba á. sentirse
obligado á esta admiradora; no pensaba ya en censurarla
porque había violado su consigna. De sus cartones, de
sus cajas, de sus armarios, sa~ó todos sus estudios, to•
dos sus esbozosi insaciable de los elogios que ella, sin fa.
tiga, continuaba prodigándole. Ella dijo visiblemente
embelesada:
-Esto es todo, señor? Dabéis tener todavía algo más.
Esto es tan hermoso, que desearía uno admirarlo siempre!. .... .
Al fin, dijo coa 1.1n tono grave:
-El deseo de contemplar todas estas hermosas obras,
Al salir de la iglesia se encontraron al pintor que venía á uníraeles. El admiró en un grave silencio la impo· no es la sola razón de mi visita.
Sus ojoe se inclinaron, se detuvo vacilante; pero dominente belleza del paisaje que se extendía á sus ojos: las
nando
su emoción, continuó con una sencillez altiva:
montañas de un hermoso negro, hundían su blse en el
-¿Por qué avergonzarme de confesará un hombre de
sombrío lago, sus cimas con sus blancas manchas de nieve se recortaban sobre el azul claro y comenzaban á ele- corazón una pobreza de que no debo ruborizarme? Soy
viuda, mis débiles recursos no ba3tan á mis necesidades.
varse vapores ligeros como flecos de pluma.
Y como no quiero aceptar nada de nadie en el mundo,
-Esto es admirablemente bello. murmuró el pintor.
ni socorro@, ni limosnas, he pensado en trabajar. Me han
Alguien cerca de ellos dijo:
-Sí, el tiempo es muy bello ahora, pero mañana, sin dicho que tengo muchae disposiciones para la pintura,
mis profesores afirmaban que yo podrfa, en caso necesaduda, tendremos bruma.
rio, utilizar mis débiles talentos. Es esta vuestra opi•
Lila exclarñó gozosa:
-Oh! papá! la bruma, que felicidad! Tú acabarás tu nión, sefior?
Los ojos bajos parecían retener las lágrimas, la boca de
estudio y nos iremos, no es verdad?
A pesar de todo el placer que sentía en aquellas excur - labios delgados, comprimía algún sollozo; el timbre mesiones, á. pesar del encant0 de Laue:anne, Lila permane· tálico de la voz sentaba bien á cada palabra de aquella
cía inquieta; su enemiga estaba ahí, como los ogros de súplica á. la vez humilde y fiera. Permanecía de pie,
los cqentoa de hadas,emboscada en el chalet de peraia• manteniendo en una mano temblorosa, un álbum de pequeñas dimensiones. Fernando Duvernoy empezaba á
nas cerradas, presta á devorar alguna presa.
L:i inquietud de la niña persistía, aun cuando nada vi• encontrarla tan seductora, qu€ se apoderaba de él cierto
niese á molestarla.
terror, y Jejoa de avanzar la mano para recibir el álbum,
retrocedió un paso. Después, con un tono~poco alentador,
-Qué dichal-repetia-])11.rtiremos muy pronto.
casi
dnro, el tono de un poltrón que siente venir el lpeCuando los tres paseantes volvían á la villa, la criada
ligro :
suiza fué á su encuentro con un aire un poco inquieto.
-La pintura, sefiora, en la época actual, respondió,
-La dama vestida de negro, del chalet ha venido á ver
es
una carrera poco lucrativa; tenemos un exceso tal de
al señor. Estaba muy fatigada y pidió permiso para enproducciones,
de todo género, que nuestros grandes maea•
trar al taller del señor; dijo que el señor le había enviatras mismos, tienen trabajo para colocar sus obras. Cier•
do su autorización por intermedio de la aefíorita Carlota.
Yo la dejé entrar, no osé rehusarme. Espero que el señor tamente yo no osaría aconsejaros que entráseia en esta
vía. Encontraréis, así me lo temo, muchas penalidades,
no estará deecontento.
pero
debéis tener una familia, amigos, que se apresuraCarlota arrojó un grito de alegría.
rán
á
ayudaros.
-Querido señor Duvernoy, cuan feliz soy!
Ella respondió con penoso esfuerzo:
Hace cerca de ocho dias que no la veo. Quiere el señor
-Los Meriadec son pobres y yo no quiero servirles de
permitirme que vaya á recibirla?
carga;
en cuanto á la familia de mi marido, en cuanto á
- No, dijo él secamente.
los Sres. Martín ...... .. .
No le agradaba qne entrasen á su taller en su ausencia.
Pasó una llama por sus ojos; era el resentimiento de
Además, le reprochaba á. esa extranjera que por tanto
alguna
humillan.te negativa ó la rebelión de una indoma•
tiempo hubiese diferido su visita.
ble fuerza.
'
-Es preciso correrla, dijo fnncamentle Lila, fruncien- ....... .. En cuanto á. los Sres. Martin, moriría de ham do sus lindas cejas. Es preciso ponerla á la puerta.
bre antes que dirigirme á ellos. En otro tiempo tenía
-Así lo haré, pero con las formas de costumbra, dijo
amigos, ahora ya no los tengo.
él sonriendo.
Después, con una voz firmei repitió:
Subió la escalera con paso lento; el de3eo que había te-No quiero aceptar nada de nadie en el mundo; ni
nido de conocer á esta mujer, se de3v mecía; vol vía á te• socorros, ni lim~sna.
ner desconfianza, y el epíteto d:'l aventurera encontrába•
Decididamente esa aventurera daba pruebas de una
11e rle nuevo sobre sus labios¡ pero apenas abrió la puerta,
impecable dignidad. El sintió por ella más respeto.
cuuudo sus disposiciones hostiles se modificaron sensi-Dieiponed de mí, sefiora, dijo con un tono resignablP.mente. Y de hecho, para un artista, el espectáculo do, estoy á"vuestras órdenes. Tomó el al bum y lo hojeó.
que se ofrecía á. sus ojos, superaba al de las aguas cam- Había acuarelas, después crayons, paisajes, estudios de
biantes del lago y á los esplendores de los picos nivosos. árbole3, flores y aun algunas figuras. Nada de eso lo desLa extranjera, ante el paisaje de bruma, parecía en éxta- lumbró: no esperaba tampoco deslumbrarse y disimuló
sis, medio tendida en un sillón, con la mirada :fija, tan sin mucha pena su falta de admiración, limitándose á
ab~orta por su admirHión, que no oyó la puerta girar cumplidos de una trivialidad cortés. Verdaderamente
sobro sus goznes. Eete homenaje mudo, tan sincero tan después de todos los elogios que ella acababa de prodiinopinado, halagó el amor propio del pintor, más y' me- garle, hubiera sido demasiado impolítico no adm irararse
jor que ningún cumplido pudiera hacerlo. Vió una mu- él á su vez.

DOMINGO g DE MAYO IIE 1897

=

-Muy lindo ciertamente, disposiciones felices, mucho
gusto, composición fácil, hermosos rasgos de lápiz .. ... .
Ella ie miraba con sus grandes ojos serios que dilataba la angustia.
-Oh sefior, la verdad, d~cidme la verdad, os lo suplico. Vale más para mí no alentar una quimérica espe•
ranza.
Entonces él cambió de tono, y devolviéndole el album:
-Lo que he dichoi señora, lo sostengo¡ tenéis diepoeisiones felices, pero os ha faltado trabajo, y ahora sin un
trabajo arduo, taimado, no se llega ... .... ..
-Entónces esas acuarelasi mi última esperanza, notie•
nen valor alguno, nadie las comprará?
El tuvo un movimiento de hombros que expre3aba Sll
pena y su impotencia. Encontraba rlemasiado duro repe •
tir una segunda vez la cruel opinión.
Vió á la Sra. Martín de3fallecer ante está decepción, le
pareció que su pálido rostro palidecía aún; pero ella no
profirió una queja y él tuvo gran piedad de esta emoció n
tan valientemente comprimida.
-Gran Diosi Señora, no tiene usted otros recursos?
Es posible que baya esperado 11sted .. .......
Ella sonrió vagamente, dolorosamente.
-No os inquieteis señor, respondió, tengo ciertamente otros recursos; ellos me bastarán.
El comprendió bien que le mentía. Mas sin dejarle
tiempo de protestar, ella continuó:
-Adios, dignaos escusar mi indiscreta vieita y perdona_d que os baya importunado.
No, no, cien veces no; él no consentiría en dejarla par•
tir así. ¿Qué valían algunos billetes de banco nús ó menos en su cartera? No había dado muchas veces dinero
á los artistas pobres que solicitaban su genero:,idad? Ja. más un infortunado le pareció más interesante. Hubiera
querido decirla: 11Pretendéis no tener amigos, y he aquí
uno que viene á vos, aceptad de él el dinero que os sea
necesario: él tendría un goce tan grande en pre.:;taros es•
te servicio!&gt;) Pero tales ·palabras morían en sus labios sin
que osase pronunciarlas. «Yo no quiero aceptar nada de
nadie, ni socorros, ni limoso~,)) hc1bía dicho ella. Este
derecho que ella rehusaba de una manera tan abiioluta á
sus parientes, ¿cómo se lo acordaria á un dt:Econocido?
Un ofrecimiento de este género, ¿no era acaso un insulto?
¡Es tan dificil dar limosna á aqudloa que rehusan tender
la mano!
En tanto que ella atravesaba el taller para retirarse, él
la seguía, presa de sentimientos complexos de pena, de
despecho y de timidez, balbuceando palabras sin conexión en que se confundían torpemente su ~mbarazo y
su buena voluntad. uEn verdad, señora, os a~eguro ..... .
estoy desolado ...... ciertamente las acuarelas ...... pero yo
no pido sino ...... yo sería feliz .... .. excelentes disposicia.
nea, sin embargo ...... muy lamentable, sí, muy lamentable ..... .
Después, con más firmeza:
-Es imposible que os vayais as1.
Ella murmuró en tono humilde y bajo.
-Os he comprendido perfectamente, señor; las dispo•
siciones más felices son inútiles sin una dirección acer•
tada. Nosotras teníamos en el colegio un profesor demasiado facil de contentar. ¡Ah! si yo hubiese recibido en•
tonces las lecciones de un maestro como vos, ahora
estaría salvada, en tanto que ...... No concluyó la frase.
El la interrumpió con un grito de triunfo. ¡ Lecciones!
Pardiez, sí, lecciones. ¡Cómo no había pensado en esol
i El podía darle leccioneal Es decir, retocar esas deplorabl~s acuarelas, y hacerlas vender en seguida por .sus
agentes.
En todo caso, á favor de esta estratagema, le haría.
aceptar algunas sumas de dinero. Este hermoso expediente le pareció que conciliaba todos los intereses y ponía en salvaguardia todas las susceptibilidades.
Ella volvió lentamente la cabeza. El permaneció un
instant.e sin hablari coutempláa.dola.
Cómo sus OJOS de artista hubieran pódido no admiraraquella incontestable oellei:al los cabdlos leonados ant.e
el reflejo dt:ll sol pouitmte, iluminándose de cobre y deoro¡ los grandes ojos irradiando fulgores profundos, la
vaga sonrisa, en fio, tenían ese encanto extraño que inquieta, atrae y fascina. Beltrana comenzaba desde aquella hora á ejercer sobre él el ascendiente de dominación
que una mujer de firme voluntad ejerce,rá siempre sobre
un hombre de corazón bueno, de imaginación viva y de
vol □ ntad debil.

DOMINGO g DE MAYO DE 1897

Con largas perífrasis.él le expuso su proyecto, excogiendo las palabras más corteses, suavizando sus expresiones¡ él hubiera querido hacerla creer que ella le obligaría aceptando sus lecciones. Temía qne ella rehusase,
rompiendo así todo lazo de unión entre ellos.
Ella escuchaba sin que emoción alguna de descontento
ó de alegría se revelase eu su ros~ro. Su respuesta fuá
breve, ningún arranque imprudente se dejaba percibir
en ella.
-Vuestra delicadeza} señor, me ofrece la sola limosna
que yo puedo aceptar.
Fué él quien prodigo las gracias con una gratitud cuyas cansas facilmente habría descifrado un psicólogo
-Pobre mujer! murmuró él cuando ella se hubo retirado, verda1eramente es muy interesante! Además, este
servicio de mi parte causará. tan.to placerá mi buena Carlota! Exelente Carlota. Bien le debo esto. Ha sido tan
abnegada!
Cuando la señora Ma~tin volvió ti su casa, una risa sardónica reemplazó en sus labios á la pálida sonrisa de resignación:
uTodoa son lo mismo-pemó ella¡ todos faciles de seducir por Jos mismos medios: halagar su vanidad, pedir
su protección.n
Se había puesto de codos en la ventana de su chalet,
más no era ni el hermoso y tranquilo espejo del lago con
sus barcas de velas blancss, ni las sombrías montañas de
Saboya lo que miraba. Lo que volvía á ver era una pá·
gina de su vida, cuando, sobre una playa bretona, se había dirigido á un anciano para obtener de él consejos y
lecciones. Después esos largos meses de invierno, durante los cuales se dirigía á su caea todoi los días; la pena
que había tenido en vencer sus timideces¡ las desconfianzas de aquel enamorado sexagenario, hasta llevarlo
por fin á solicitar temblando una mano que ella le tendía
desde hacía largo tiempo. Y esa era la misma escena representada esta vez con la habilidad que da la experiencia. Acababa de ganar Ja primera escaramuza más facil..nente de lo que había esperado.
Se pasó la mano por la frente.
11Sia embargo, no debo f1nn cantar el '.Itl Dewn, por
que la victoria definitiva será vivamente disputada. Ten·
go en el sitio una temible enemiga. A través de las reticencias de Carlota he comprendido perfectamente qnejla
niña me es hostil: ella defiende contra mí á su aya y defenderá á. su padre más aún.&gt;1
Ante ella, sobre la zona que bar.la el lago, pasaban en
esa hora del crepúsculo bandadas de paseantes, familias
enteras con hermosos nifi.os elegantemente vestidos.
Ella l6s seguía con los ojos.
«Yo no amo á. los niños, dijo con tono duro, á los niños
ricos, á los niños mimados. Yo jamás he sido mimada:»
Recgrdó su triste infancia en la pobre casa de Bretaña,
la envidia que le inspiraba s·1 pequeña amiga Valeria
Martío, á. quien sus padres amaban y chiqueban.
«Sin duda, pensaba ella, yo habría sido menos mala si
hubiese sido aroada.n
Un peco de vacilación pasó por sus ojos: libraría la lucha contra esa nif'ia? el fin valdría la pena? Pero recordó las confidencias de Carlota; el taller con sus bronces y sus mármoles preciosos amontónados en desorden}
la balumba de las grandes cajas llenas de maravillas adquiridas por el pintor en sus diferentes viajes. Sí, la partida valía la pena de ser jugada. No se trataba por cierto
de amor, el amor ne era para ella mas que un engaño in·
fernali una trampa donde el más débil, el más ingenioso
de los dosi se deja cojer. En esa trampa ella había caido
una vez y había sufrido hasta desear la muerte. No caería ya en adelante.
En tanto que así pensaba, había llegado la noche.
Ella permanecía de codos en su ventana, en un enauefto
profundo; no oyó ni la arena de las calles crujir bajo
nnos pasos rá.pidos, ni el tiwbre de la campanilla. s~
estremeció cuando la voz de Carlota le llegó de lejos¡
la alemana se dirigía á la criadai preguntando si la seilo-

ra Martín podía recibirla.
uAh! pensó Be!trana 1 una contra orden, sin duda, la
niña habrá vencido y van á partir.»
Pero no era de una contra orden de lo que se trataba,
muy al contrario, Carlota, jubilosa, llevaba áau querida
princesa el entusiasmo de su alegría.
-Os va á. dar lecciones! Os volverá una gran artista co·
mo él! Oh! querida amiga, cuán feliz soy! Cuán bueno es,

EL MUNDO

verdad? Y qué dulce recompensa para la aya por sus
cuidados y su abnegación! El me ha dicho: •Yo no puedo rehusar nada á una amiga de mi querida señorita Carlota!» Yo le pedí que me llam.ase Carlota el día que me
dió eu corazón.
-El día en que os dió su corazón! rep!icó la Sra. Martín, cuyas finas cejas se fruncieron . Os ha dado su corazón! Y por qué hacíais de eso un misterio?
Carlota enrojeció:
-Oh! Yo esperaba ......... yo pen~aba ...... Yo creía que
el Sr. Duvernoy estaría contento de mi discreción! y
además, era un placer tan grande tener un secreto con él
solo! Perdonadme!
-Entonces él quiere casarse con vos? Os lo ha dicho?
Será eso muy pronto?
-Muy pronto! Oh! no, querida amiga. Cómo había de
ser eso muy pronto? El gran patriarca Jacob no guardó
acaso durante catorce ailoa los rebaflos de Laban para
casarse con su querida Raquel? Cómo testificaría yo me•
nos paciencia, cuando no tengo menos amor? La recom•
penaa es demasiado bella para no ser esperada.
-Pero vos decía que os ha dado su corazón!. ....... .
Cuándn? ...... Cómo? ...... en qué términos? ........ .
Fué desdués de la enfermedad de Lila. Un corazón so berbio, tododeoro,enriquecido de turquesas y diamantes. Pero los diamantes y las terquesas nada significan, el
corazón lo es todo! El me ha dicho: uEs vuestro emble•
ma, sefiorita Carlota, vos sois un corazón de oro.n
La Sra. Martín disimuló con trabajo la irónica sonrisa
que plegaba sus labios.
Cuando Carlota hubo partido:
-Imbécili ex-clamó. Me ha dado miedo. Vamosi deci·
didamente intentaré la aventura. La niña me hacía vacilar, Carlota me deeide.
Y sintió una alegría malsana en derribar el fragit cas~
tillo de cartas de la imprudPnte Carlota; una alegría de
corazón helado, ura perfidia femenina, celos de ese ino·
ceute amor que amenazaba con elevarse tan alto.

x:xrv
Al día siguiente, al despertar, Lila arrojó un grito alegre. Una bruma ligera se extendiai á través &lt;le la cual
las montafias de Sabaya parecían como veladas de gasa.
Llegaba, por fin. el efecto tan vanamente esperado por el
pintor hacía tantos días.
-Oh! exclamó ella. qué felicidad! papá acabará su estudio y partiremos.
Se asombró de no ver á Carlota sentada, como de ordinario, al pie de su lecho, pero la alegria de la próxima
partida la volvía filósofa:
-Apuesto á que está en casa de la uprincesa negra,u sila
duda para decirle a.dios, puesto que vamos á partir. Oyó
rumores que partían del taller; su convicción se afirmó:
eran movimientos de cajas y golpea de martillo.
Están empacando-peneó~¡que felicidad!
Se levantó aolll, se vistió apresurad.amente, corrió llena de gozo al taller y se arrojó entre las piernas de su
padre, manifestándole ardientemente su alegría. El la
recibió con impaciencia, casi con cólera.
-¡Eres insoportable, déjame tranquilo, por poco me
haces caer!
Tenía entre Sus manos una soberbia á.nfora que acababa de salir de una caja y que llevaba con infinitas pre•
cauciones. D~scontenta y sorprend:da, ella retrocedió,
después miró en su derredor. No se trataba de empacar
sino de desempacar; las cajas no se cerraban, se abrían.
De sus flancos salían hermosos objetos, que la niñ.a, en
cualquier otro caso hubiera visto desaparecer con guato;
ante esos primores habría alegremente batido palmas;
pero pPrmanecía inmóvil, inquieta, no osando cuestionar, temiendo la reepneata, mirando con sus grandes ojos,
llenos de ese terror de las cosas de la vida que los nifíos
presienten y que no comprenden.
La víspera, despues de la partida de su visitante, el
sefior Duvernoy ee había percibido de que su taller, esa
gran coqueterla de los prntorea, se encontraba en el más
espantoso desorden. No se· había tomado el trabajo de
o"narlo para aquella instalación. temporal, limitándose á.
colocar ilU caballete, Bll caJa de colorea y algunas telas;
las estatuitas, los broncea, adquiridos recientemente, se
encontraban depositados en desordeP aquí y ahí. Desde
en la mañana había dicho á. la aya:
-Si queréis ayudarme, sefíorita Carlota¡ haremos esta

cámara más digna de la visita de vuestra amiga. Bastar
abrir mis cajas y sacar de ellas algunas telas y algunos
bibelota.
Alegremente, ella le prestó su concurso y estos preparativos eran los que Lila acababa de sorprender. Ella dijo con insistencia:
-Pero si hay bruma en el lago, papá.
-Sí, sí, respondió él, lo sé, ·pero eso no ti~ne ya la
misma importancia puesto que no partimos.
Herida en el corazón, ella repuso:
-No partimos, por qué, por qué?
Por que yo encontré ayer una discípula á quien he prometido lecciones: la princesa negra.
Oh! á la primera mirada en el taller había temido ella
esta respuesta. Sin embargo, hacía tantos diasque aguardaba aquella bruma que debía permitir la partida! Tantos días que al despertar corría á la ventana, irritándose
contra el sol radioso! Y he aquí que la bruma extendía
sobre el gran lago su manto de gasa, y cuando Lila corría
á llevar esta dichosa nueva, se le respondía distraidamente que aquello no tenía importancia por que no se
quería ya partir. Y era él, su padre, quien decía esas cosas lamentables! El sabía bien no obstante la pena que
le causaría.
No putiría ya! Y por qué odiosa razón? La princesa
negra, la maldita, la execrada; el ogro de los cuentos de
hadas! Su padre, su padre le daría lecciones ;.í. eea fiera,
sería todo de ella y no se acuparfa ya de su pequefia Lila!
La cólera de la nii'ía se mezclaba con el terror; hirió el
suelo con el pié exclamando:
-Yo te lo prohibo, yo no lo quiero!
Por la primera v~z él resistió á. e~a imperios1 voluntad,
y respondió:
-Lo quiero yo.
C«rlota á Felipe.

uExcelente Sr. Felipe, la ay~, fiel á su promesa, va !\
d8.r cuenta á su bienhechor de los acontecimientos que
pasan en esta casa, donde, gracias á su protección ha sido recibida para encontrar la pura afección que desearía
su corazón sensible. Cómo podría ella olvidar aquellos
hermosos acentos paternales? uV uestros sueños se reali •
zarán, señorita Carlota, contai conmigo. soy vuestro
aliado.&gt;, Magnánimas palabras que Carlota lleva cociQ.as
en u,n saquito azul sobre su corazón reconocido y que resonarán en sus oidos más melodiosamente que los con·
centos de los serafines que cantan ante el Señor.
et Vos sois bueno, sefiorJFclipe, pero os diría yo el temor de mi alma? ......... Oh! sí, pues que sois el confiden·
te de vuestra humilde amiga. Abora bien, temo que Lila no sea misericordiosa. Quiero pintaros la escena con•
movedora que ha tenido verificativo ayer. Ah! si vos hubiéseis l.'Ptado ahí, vos, á. quien ella. honra con un temor
tan tierno, habríais hecho entrn la benevolencia en su
corazón rebelado.
uYo no he hablado aún al Sr. Felipe de la noble amiga que la Providencia me ha hecho encontrar en este
camino de la vida, donde se halla, en medio de tantas
palomas blancas, tantos gavilanes de garra cruel, tantos
rapaces carnivoros, tantas :fieras de terrible rugido. Así
ha sucedido, eeñor Felipe, que esta noble hija de loa re•
yes de Armórica, se ha visto condenada por la ferocidad
de un esposo indign 1 de su mano y por su orgullo en no
condescender á humillantes limosnas, á ganar por el trabajo una modesta vida que los favores de la fortuna embellecían en otro tiempo; pero que parece mil veces
conmovedora en las pruebas de una pobreza soportada
con tanta magnanimidad.
1cEl generoso Sr. Duvernoy ha tenido á bien consentir
en dar á la desterrada preciosas lecciones para aumentar aún su talento en el arte tan hermo@o de la pintura
al aceite. Ayer el hermoso taller se adornaba bajo la dirección del gran arfü,ta. ¡Oh, qué hermoso ea ese tallert
los magníficos mármoles que el Sr. Duvernoy ha adquirido de los grandel3 estatuarios de Italia, salieron de sus
envolturas, felices de instalarse sobre las consolas para
festejar á la visitante. Las ánfóras, loa vasos precioso.::,,
se colmaron de flores de colores variados. La pobre Carlota quiso llevar un hermoso cojín de perlas que recibió.
de Bavierai donde Vergi88mein nicht ee extendían sobreun fondo blanco de seda preciosa.
11Lila, sólo, tengo el dolor de decirlo, contemplaba estos preparativos con ojos entristecidos. Sentada en un

�EL MUNDO

rincón, hurafia Rehusó ayudar á su aya en el trabajo
delicado de poner las flores en los vasos.
No respondió á su querido papá, cuando él la llamó á
su lado y aún hirió el suelo con el pie, encolerizada; osaría yo repetirá su padrino sus propias palabras? Ella di·
jo: 1&lt;No quiero :n Pdro su padre, en su bondad enérgica y
segura, n,apondió con fiereza: 1,Yo lo quiero.»
Cuando la priacesa desterrada apareció, semejante á
una reina, cuando el 3eflor Duvernoy avanzó para ofrecerle la m·aoo, cuando la hubo instalado ante su propio ca•
bailete, ese caballete en que él compone sus obras maestras, que harán para siempre la aJmiración de ·1a posteridad, en tanto que el aya se apresuraba á depositar sobrd el sillón el espléndido cojin ornado por la flor delrecuerdo, he aquí que en el silencio retembló de pronto
un gran sollozo.
uA.hl señor Felipe, que puñalada recibíó Carlota en su
corazón sensible, viendo llorar á la bien amada Lila.
11Corrl á ella con los brazos abierOOs, ella huyó recba•
zándome. Yo la busqué vanamente en el jardin; por fin
pensé en visitar su cuarto. La pobre Lila, tendida en
tierra lloraba muy fuerte. Sd esforzó en escapáraeme,
pero yo la había asido. uQué tenéis Lllaquerida?,1 Ella no
quería responderme; poco á poco llegué á calmarla, pero
rehusó irá. presentar sus excusas á la visita. ¿Por qué la
habéis traído? decía. Bien sabéiB que no la amo. Kh pre•
ciao que parta. uNo quiero que esté aquf.n
11[i'ué en vano que yo me esforzara en hacerla ruborizarse de la dureza de su corazón. Ella Bacudia la cabeza
con una obstinación muy culpable. Viéndola más tranquila, la dejé para volver al taller, ilabiéndomelo ordenado así el señor Duvernoy.
(&lt;Oh generoso señor Felipe, Lay en la vida horas bellas
y preciosas! Cuando le ea dado al alma contemplar la
magnanimidad, y este es el bello espectáculo que se
ofrece á los ojos de la pobrecilla aya. La infortunada
víctima de la injusticia 1 había enjugado loB pinceles y
dejado el caballete y se mantenía de pie en la actitud dé
Ia:grandeza.
uNo, decía, no quiero hacer llorará vuestra hija; id
((pronto á. consolarla y decidle que no volveré máa)) Pero

él, como conviene á los corazones generosoB, se obstinaba: uEstas lecciones os son necesarias, no debéis hacer
caso alguno de un capricho de niño.)1-uYo no quiero
que vuestra hija llore, repetía ella mirándole dulcemente, Era ese un noble combate de grandes almas, y las lágrimas de ternura mojaban mia pupilas· al considerarlo.
«Fué entonces cuando la humilde aya se permitió elevar la voz. Lo que ella no osó hacer por sí misma lo hizo por la tranquilidad de su hija de adopción. Osó pedir
al gran artista que diese sus leccione·s en la morada de
su amiga, pues que la generosidad le haría salir de su
taller. El señor Duvernoy quedó muy contento de mi
idea, porque me tomó la mano diciéndome: ccVerdaderamente sois una excelente persona, señorita Carlota.u
n¡Oh! ¡qué dulces palabras! Y cuán orgullosa se sentía
Carlota por haber merecido ee0 elogio. Peri) la hija de
los reyes1 ¡qué altiva! 11Yo no aceptaré eso jamás 1 ), decía.
El señor Duvernoy unía sus súplicas á las de Carlota.
Por fin la noble armoricana cedió 1 vencida. Vi una lágrima de reconocimiento brillar en suB ojos. Quedó convenido que el seflor iría diariamente á. darle una lección
durante las horas de paseo que yo doy con la bien amada Lila.
&lt;(A.caso censuréis vos mi debilidad, señor Felipe 1 pero
yo jamás he castigado aun á la queridá niña, y sería demasiado duro comenzará propósito de una amiga mía!
¡Oh, señor Felipe, cuán dulce es amar. Pero también
qué suplicio afligirá aquellos á quienes se ama!
nYo creo que el señor Duvernoy está contento de que
las cosas se hayan arreglado de esta manera, porque me
ha testificado que mi pequefia combinación le agradaba.))
uPues que el Sr. Felipe ha tenido á bien permitir á
Cadota que le abra su corazón, me excusará que le diga
que espero haber probado hoy al Sr. Duvernoy que su
humilde amiga sabe mostrarse util y segura, y que así
me he elevado en la escala de su afección. JamáB al ha•
blarme ha tenido un aire mis satisfecho, ni aun cuando
me dió su hermoso corazón de oro. Siento, estoy segura,
que he hecho un feliz progreso en el camino que me conducirá á la felicidad.

DOMINGO • DE MAYO DE ,ls,7

11SupHco al Sr. Felipe crea siempre en el eterno reconocimiento de su devota
c&lt;CARLOTA.n
IA1.a á Felipe.
uPadrino Felipe, padrino Felipe, soy muy desgraciada,
soy muy desgraciada, más desgraciada que todos. No te
he dicho que la princesa negra quería quitarme á mi
buena Carlota; si tú supieras, padrino Felipe, cuanto trabajo me ha costado impedirlo! Yo tomaba mi lección
todas las mañanas, aun cuando casi no tenia deseos de
ello. ¡Tú lo sabes, jamás tiene Uü.O deseos de tomar eus
lecciones! Y después, á la siesta, 1bamos de paseo, pero
ea igual, yo no estaba muy tranquila y tarde ee me hacía volverá Pontarlier.n
nY bien, adivinarás lo que ha hecho ella? Ha venido
al taller de papá y le ha pedido lecciones de pintura. Ell a
quería, ya comprenderás, venir todos los d1as; entonces
me habría robado á mi papá y también á mi buena Carlo ta, y yo no habría tenido ya nadie que m&lt;d amase pucetu
que tu no eetás aquí."
Tú no sabes cómo papá me regafió injustamente; no
era sin embargo una necedad decirle que había bruma
en el lago. Ya no me quieren como antes, y eB la princesa negra quien lo impide¡ yo he leído eso en un cuento.i1
(iHabía una vez una nifiita cuya mamá b.abía muerto
y á quien una hada malvada atormentaba . .En primer
lugar no es del todo una princtsa por que no t'f! negra.
Se quitó el sombrero; vi sus cabellos, son rojos, son muy
feos los cabellos rojoe.u
«Y bien! papá sostiene que son de HUn matiz soberbio,
muy rnrc, 1 como del cobre en fusión.),
uOhl Pairino Felipe, yo no se ya ahora cuando volveremos á la casa de mi pobre mamá.
uPapá me ha prometido que la mujer roja no vol vería.
ya á su taller, pero yo insisto eu partir y quién sabe por·
qué él no quiere . .A.demás, veo bien que está deBcon1ento
de mi.
((Padrino Felipe, yo soy muy desgr:rniada.
u7'u pequeiia Lila que pie-,UJa mucho en tí.))
P. S. Has visto ya los osos blancos? Si pudieras traerme uno pequefiito, yo lo mantendría, y cuando fuese gran·
de, le haría devorar á la mujer roja.
uYa té su nombre, se llama Beltrana; no es lindo ese
nombre como el de Lila, verdad? pueB bien, papá pre·
tende que es un bellísimo nombre, de un sonido guerrerrero. Admira todo en ella y Carlota también.

~DOMINGO 9 de MAYO de 0897

ELMUNDO

LA MODA.
Conocéis una joven tan encantadora c·1anto veleidoea?
~tan linda como exigente y tan dulce y seductora, que
-atrae y subyuga á. todos cuantos la mirán? ......... pues
-esa joven hechicera, esa engañadora sirena es la Moda.
hija .única de un matrimonio extraño contraído entre el
Buentono Y. la Locura; sacó del primero Ja gent,ileza y
la arrogancia, y de la madre, la gracia y veleidad; á. su
prea~ncia lC?B co~zones jóvenes se sienten atraídos por
u_na mvenc1b~~ simpatía, y el padre de. familia, por rÚB·
hco que sea, tiene que ceder ante la mcógnita deidad,
viendo á sus tiernas hijas embellecidas por los encantos
que ella derrama á manos llenas. Así, puee, no extraña·
rán nuestras queridas lectoraB que consagremos un es•
pacio mayor en nuestras columnas á. tan gracioaa co•
,quetuela.

Figuras I y .a. -Trajes de recepción y de paseo.

l~-Chaqueta estrecha de encaje grueso, adornada únieamente por dos solapas de piel de seda azul. Las mangas muy ajustadas están adornadas por cuatro bucles de
la misma tela, con encaje y b&lt;;tones de concha. Este mismo adorno ae ejecuta en el borde inferior de la chaqueta
y mangas. La falds plegada en pliegues gruesos, va adornada con doB tiras del miamo encaje en forma de quillas.
Z?-Este traje lleva un cuerpo blusa oon grandes hombreras y abrochado en el lado izquierdo con gruesos botones de cuerno. Falda y mangas de fular Pompadour.
-Sombrero de paja, color crema, con penacho de plumas
blancas y cintas Pompadour.
Figurillls 3 y 4.-JJ o s trajes de paseo .

1?- Vestido de seda azul claro. La falda va adornada
-con ocho cintas de terciopelo azul muy obscuro, de un
centímetro de ancho, y dispuestas en semicírculos hasta
Hegar al borde de la enagua. Talle-b~usa cubierto con
muselina de seda crema, adornada con terciopelo azul y
-encajes crema, espalda lisa, manga con bullón muy alto 1
adornada con cinta y encaje en el borde.
2?-Este traje es de alpaca color vert estilo sastre, muy
propio para el verano; va adornado con trencilla color
mordoré y botones de fantasía. Mangas de pernil con
plisé en el borde; cuello vuelto de falla.
Figuras

s y 6.-Trajes de

Visita y rec epcl9n.

1?.-Este elegante traje se compone de un cuerpo de
muselina de seda acordeón, terminando en punta. Coselete y mangas de encaje guipure. Grao cuello de seda á
-rayas diagonales y cuello recto adornado con un finieimo encaje. La falda del mismo listado diagonal.
Sombrero negro, con flores de seda color de oro, agrupadas á un lado,
2?-Vestido primavera de bengalina glacé, enteramenliso, cruza al abrocharse sobre el lado derecho y se abre
-en el talle, encima de un cuerpo de muselina de seda,
adornándolo con cocas de listón broché, lo mismo que el
-cuello. Cinturón de encaje. Manga muy abullonada y
fruncida.

Fernando á Felipe.

______,,,

...._
Figuras

1

y

2.

-=-=-··

-Trajes de recepción y de paseo.

ACU AREL.A.

((Mi querido amigo.
Ka tengais cuidado por la Balad de la enfermita. Va
bien, gracias á Dios. Sólo que, ei su[ealud es buemi, su
caracter deja mucbo que desear; está muy chiqueada y
sus pretensiones al despotismo no tienen límite.
11Hé aquí un ejemplo:
"Tiene la idea fija de volverá Pontarlier y yo la tengo
también por cierto. Mi permanencia en Lausanne no es
máB que provisional; mas creo ser el amo y fijar eegúu
mi conveniencia el momento de la partida . .A.hora bien,
diariamente hay pequeñas escenas á propósito de Ja 4:terna pregunta: ¿cuándo partimos? ¿cuándo partimo~? Después ojos llenos de lágrimas y flatos ante mi respuesta
de que no quiero partir aún.
((Oh! sí, Ja he mimado mucho y ya eB tiempo de darle
algunas lecciones más exactas de la autoridad paterna y
de la sumisión filial. Vuestra presencia me eería muy
util para ensef'i.ar á esa niña caprichosa, que los padrt'~
no deben obediencia á loa hijos.
uAcaso me deje llevar un poco de la cólera; pero á la
larga es difícil no resentir alguna irritación.
&lt;(Nada más tengo que deciroB de nosotroe. Tengo en
venta algunos cuadros que encuentran buenos. Este pa;s
me:proporciona excelentes estudios y no tengo gran pris(en irme á enterrará Pontarlier.
((Se me hace tard-a recibir no~icias vuestras, mi querido
Felipe, y sobre todo veroa volver de esa expedición de•
masiado larga para lo que desearía vuestro hermano

Rirrí! Rirrct gritaba la pobre viejecita, que no se atrevía á dar un paso por
temor de tropezar en un trebejo é ir á limpiar el suelo con su cuerpecillo amojamado: Paro Rirrí no contestaba, y la abuelita empezaba á amostazarse con
la desatención de la chiquilla. ¿Dónde diablos estarla Rirrí?
La casucha en que vivía Rirrí era un O:do de urraca, donde pudiera ha•
llarse desde la celada de Don Quijote, hasta el gorro encascabelado de Polichinela 6 la camisa astrosa de Pasquino.
Rirrí era la perla, ella la ruda concha que la guardaba. Los quince afias
habían deshojado todas las flores de sus primaveras en aquella carita fresca,
olorosa y risueña. De su seno, hecho para Eervir al .A.mor de cabezal, surgían
redondeces tímidas y palpitantes, que obligaban á. pegar en ellas las miradas.
Era como una corderilla de las que en otro tiempo ae apacentaban en las repuestas praderas de Engadí; flor hermosísima, digna de ornar la frente de una
reina, zagaleja peregrina merecedora de aquellas estrofas voluptuosas y ardientes que preludió en su arpa el apasionado autor del Cantar de los cantares.
Brillaba en sus ojos la llama celestial del pudor, en su boca palpitaban los berns, ganósos de desplegar las alas y enloquecer almas, y en su espiritu espumaban la malicia amable de la mujer y la candidez angélica de la nifta, fundiéndose ambas en marid .. je cariñoso. Aurora, cuando asoma su rostro luminoso en el Oriente, no es ni más adorable ni más bella.
Rirrí prdeaaba amor ardiente á las flores, tanto, que muchas vece3 ibi al
jardincillo que en~lanaban sus gentiles hermanas, y a1lí ee eelaba horas ente•
ras mirándolas, ohéndob?s, besándolas, acariciándolas como si fueten criatura:!
humana@. Aquella mañana Rirrí cazaba mariposas, acompañada de Andresi~
llo, un buen muchacho, tímido, esquivo y melancólico, que la quería mucho
Sudorosa, jadeante, rojas laB mejillas, en desorden los sedosos cabellos, medio.
abierta la boca, donde se asomaban unos dientitos :finos y blancos, y desabro•
chado el corpiñ.01 Rirrí se detuvo unos momentos para tomar aliento y saltar
un arroyo. Andresillo la contemplaba con extraña insistencia desde el opuesto lado. Estaba hermosísima Rirrí!
Ella inclinó el cuerpo hacia adeln.nte y algo potente, eléc~rico, enloquecedor y grandioso sintió su compaii.ero, porque el vértigo le empujó, fuese á
donde ella, la apretó en fuerte nudo entre sus brazos y lueg,&gt; estampó en aquella boca, nido de fragancias y armonía@, un par de besos, ruidosos, sonoros,
largos y quemantes, que hicieron estremecerá las flores de celos y de envidia.
Y mientras la abuelita se desgañitaba gritando: Rirrí! Rirrí!, ella decía
sonriendo á Andresillo: Mañana te eapero para que cacemos mariposas!. .....
PEDRO

Mo~"Txs1xos.

i;Duvcrnoy."
Continuará.

Los ojos del espíritu, como los del cuerpo, se fatigan cuando quieren ver
más allá de cit::rto límite.-AljmUJo Ka,-r.
.Fig.ur.as 3 y 4.-Dos trajes de paseo.

Cuando uno se queja de la vida, es, casi siempre, porque se le ha pedido
lo imposible. -Ei-nesto Rentui.

�EL MUNDO

DOIIINGO g DE MAJO DE 1897

IDILIO ETERNO
CONSEJOS

Ruge el mar y se encrespa y se agiganta¡
La lu.ua, a\'e d~ luz, prepara el vuelo,
Y en t:l mouitmt.o t:n que la faz levanta,
Da un beso al war y~ remonta al cielo.
Y aquel mónstruo indomable que respira
Tempestades y sube y baja 7 crece,
Al sentir aquel ósculo, suspira ........ .
Y en su cárcel de rocas ...... se estremece!

-Es muy malo para la salud tomar el relente ó eereno,
ó recibir la humedad que cae de noche, como 1-ambien el
frecuentar después de anochecido, los bosques, jardines,
alamedas ó paseos mnypobladosde árboles ó de plantas;
pues habéis de saber que las plantas y lae flores durante
el día embalsaman y purifican el aire, pero luego que el
sol ee pone, despiden un vapor ó gas que corrompe el ai •
re, dando dol()r de cabeza, y á veces basta desmayos, á.
quien lo respira .

,/!}/·,'
,

~-

/·•·

.Hace siglos de siglos que de lejos
Tiemblan. de amor en noches estivales:
EUa le da sus límpidos reflejos
Et le ofrece sus perlas y corale;!

nica biciclet.11 qui
tiene esta ventaj1

e, la

Y el mar la arrulla con 3u eterno grito'
Y le cuenta su afán y su amargura
'
Con una voz que truena en lo infinito!

t,ienen más refor
mas modernas y ex
elusivas qne ningu
nas ot.ras.
Pídanse catálagOI
y pormenores,
Trachsel y Cia.
Unicoe A.a-@ntAi:1 ps
ra la RepO.blica.

~'L!i

&amp;Jb"

A.partado 349 Calle flp, fiantP nllm

En un ...
Aguacero

Y ella exclama en su loco desvarío:
uPor doquiera la mnerte me circunda!
Detenerme no puedo, mónstruo mío!
Compadece á tu pobre moribunda!. .....
Mi li.ltimo beso de pasión te envío·

Mi casto briBo á tu semblante junto!;; ..... .
Y en las hondas tinieblas del vacío
Hecha cadáver se desploma al punto!

Y al contemplar los lum111,osos rastros
De la alba luna en el oscur-0 velo
Tiemblan de amor los soñoliento~ astros
En la profunda soledad del cielo!

EFLORESCENCIAS
1\0.JECEB

&amp;

.

~ el ot,\I•

,ncx,r,.

-----

CABELLO

~herry Pcctoral-apnrece en la envoltm·a
• ie realce 1!11 el crist,11 n~ ciula frasco.

EN EL CONFESIONARIO

SALES AMERICANAS

Cerca al confeeionario
La ví llorosa en las desiertas gradas
Del templo solitario,
Las manos engarzadas
En el coral y el nácar del rosario.
Llena de virginal melancolía 1
De devoción y de ternura t&gt;jemplo,
De en plegaria el murmurar se oía,
Yuna estátua de mitrwol parecía
Llevada allí para adorrar el templo.
Símbolo de la cándida inccencia,
Con sus culpas á solas bata Haba,
Y del embHme altar en la presencia
La pudorosa fre11te reclinaba
Temblando ante la voz de su conciencia.
Su corszóri contrito
Con inquietud latía:
Tal vez del ángel el mayor delito
Era llorar en éxtasis bendito
Por cosas que ignoraba todavía.
Del incienso la nube fugitiva
A intervalos velaba su belleza,
Y del sol una ráfaga cautiva
En la calada ogiva
Iluminaba su gentil cabeza.
¡Ay! calma ya tu corazón contrito:
Que un ángel como tú, de fé modelo,
Está. de Dios bendito
Si antes de confesarse su delito
Sus culpas llora y le ilumina el cielo.
A.. F. GruLo.

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fatigas y dolores de cabeza.
Perfuma y purifica las habitaciones.

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_J "'
"

&lt;( -o"e
·¡;

Figuras 5 y 6.-Trajes de visita y recepción.

CLUB ATl.,ETICO DE TAM:PICO.

Dada la importancia que día á d~a adquiere el puerto de Ta1,I1picoi no es de extrañarse que una institución que como el {(Club Atlético,» requiere grandes centros de po•
blaci6n, baya podido desarrollarse y prosper.ar, en medio de un pueblo corto, es cier·
to, pero cuya mayoría de habitantes goza de cierto bienestar.
El elemento principal con que ha contado para su prosperidad y desarrollo el
Club de Tampico, ha sido las colonias extranjeras, muy numerosas y ricas en aquel
puerto del Golfo, así como el empeflo y entusiasmo cen que ha trabajado el presiden•
te del mismo, Sr. Griffith,:cónsul de S. M. Británica.
Cuenta la Sociedad con un amplio edificio, en el que tiene instalados salones de
gimnasio, esgrima, box y un baño de regadera para el uso de sus miembros. El aepecto que de noche presenta, es muy animado y original, entregados la mayor parte
de los concurrentes á diversos ejercicios atléticos y al mismotiempo parecefiquello una
torre de Babel, pues se escuchan animadas convereaciones en inglés, francés1 alemán
y espafiol. Esta variedad de lenguas da al Club cierto caracter de cosmopolitismo quelo hace más agradable.
·
La sala de esgrima está á cargó del profesor francés Sr. Des-Easarts, quien Iestá
sacando discípulos muy aventajad.os. Nuestro grabado representa un grupo de socios,
teniendo por fondo una de las cabeceras de la sala de esgrima¡ ésta se halla decorada ad hoc con trofeos de armas y los escudos de las naciones cuyos hijos forman la
sociedad.
El lunes último tuvo verificativo el primer asalto p1tblico que constituyó una fi"
ta mu~ agrada~le. El señ.or Des•Essart9 presentó un grup¿ de sus discfpulgs 1.1,, -1
aventa1adosi quienes por sorteo iu.eron .saliendo.al combate siendo el último venceo, (
el S~. Ollerhead, Y. su inmediato champion_ el Sr. Bourdolin'. Ambos fueron f.remiador-~
el primero con un Juego completo de esgrima y el segundo con un puña . Alguno"'
B;Saltos posteriores de sab~e y espada, entre el profesor Des·Essarts y el Sr. Carlos _Ma·
t~enzo, y un asalto de ~ugllato entre los señores WillsonyBarr,'dieronmayorannna·
c1ón á la fiesta que termmó con un espléndido baile con que fueron obsequiadas las se·
iloras de Tampico. En la actualidad es el Club el centro de reunión de las famílias]másdistinguidas de aquel puerto.
,
0

El Club Atlético de Tamplco.-Grupo de socios.

O
•

ED.PINAUD

17"' Pó11~11s&lt;' en ¡?n:nclla. contrn las imita.!i lne-s 1,arn1:1s. El nombre le- Ayer's

•

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PREf'E"RlllLE A ron.~ PR•:PAIUt:lON lJE Qt:JXA
DE ll[NTA EN TODlS LAS DRDGUErllAS YPERFUMERIAS

!lr.J. C. Ayer yCa., Lowell, Mass., ::. U. A.

FLORES.

~

-

LA.IT Al'ITÉPBÉLIQU&amp; -

PREl'AlllOO POR El OR.T ORREL DE PARIS

PREPARADO POR

Todo calla ...... el mar duerme y no importuna
Con sus gritos salvaJes de reproche
Y sueña que se besa con la luna '
En el tá.lamo negro de la noche!

CAMPO.AMOR.

'O'NIVE!SAL DEL

Pectoral
de
Cereza
del Dr. Ayer.

Entonce el mar de un polo al otro polo,
Al encrespar sus ondas plañideras
Inmenso, triste, desvalido y solo, '
Cubre con sus sollozos las riberas!

Te adviertoi ángel caído,
que ya has perdido en la opinión las alas,
y que el olor de santidad que exhalas
ya sólo lo percibe tu marido.

RESTAURADOR

el hombre se ca1ó hasta los huesos.
Y esta mojadura le clió un resfriado.
Descuidado éste se le presentó la
tos. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomHr una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese atajado el
resfriado, impedido la subsiguiente
enfermedad y padE':cimietJto, y economizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, to~es, mal de gar.
ganta y todas las afecciones pulmo.
nales es el

Un inst,ante!. .. mitiga mi amargura
Ya que entu lumbre sideral me bañas·
No te alejes!. ..... No ves tu imágen pu;a
Brillar en el azul de mis entrafíai:,?»

J LLIO

-

VICTOR V VICTORII

Ella pálida y triste lo oye y sube
Por el espacio el' que su luz desploma
Y veJando la faz tras de la nube
'
Le oculta el duelo que á su frente asoma.

•

y OKOB.-\MA. El mar, á BUS pies, yace gi.
miente é indefinido.
Hasta la aren'laa ribera se extiende la te.
rraza del viejo palacio. Sus balaustres de venerable cedro matizan con nota bruna el
fondo blanco. La villa, muy abajo, duerme
sombría y solemne. Solo l)alpitan, melancó•
licos, errabundos farolillos¡ algunos retardados concurrentes de las casas de té regresan.
do á sus moradas.
Bicorne, sangrienta, de frágil apariencia,
}a luna eedeslizacercadelhorizonte, haciendo pensar en una avecilla herida que se debate en los poi:,treros espasmo@ ..... .
HObitzílú, fantasista vigoroso, 11poyado en
la baraada contempla el mar gimiente é in•
definido.
Loe bajeles titnhfan sobre las ondas re•
volt.osas, cambiantes, sanguinolentas ..... .
De sui:, bandas fluye la luz rlesanimada,
medrosa, sobrenadante. Las bocinasenvfan
imperativas, órdenes de .o ando. El cordaj~
t€mblorea escalado por enormes ineectoe: los
silenciosos marineros.
Las aves marinas pardnzcas, chilladoras,
vuelan hacia lo alto en dirrcción de las gri•
ses nubes.
Paisaje inst-a ble. Llreve cadencioeamente,
y el tisú metálico, radioso, parece encerrar
el cuadro en un Vaf!to fanal de vidrio ..... .
Bóhitzoú deja eecapar de su pipa algodonsdas e11pirales de humo ascendente@, em•
brumadoras ..... .
En tanto que piensai amateur furineo de
su art~, en una acuarela de ejecución ~mpresiollista, rasgos geniales y húmedas brillan•
teces, donde se vean una luna sangrienta,
un mar pluvioso y buques que tit.ubean sobre las ondas revoltosui cambiantes y ean•
guinolentas ...... l
JosÉ Axroxro RO)fAX.

tA. DE¿

VICTORIA, h

más cómoda, her
moea y fuerte.
Las bicicletas

Ella lo aduerme con su lumbre pura

Y al descender tras de la sierra fría,
Le grita el mar: ((¡en tu fulgor me abrssol
No desciéndaa tan pronto, estrella mia!
¡Estrella de mi amor ... detén el paso!.. ....

~.::::::!;if=..=1'"= ="t=.-=l'&lt;z=.~

Fij•een enla SILLA
IJE VOLTEO, la ú

Con orgullo se expresan sus amores
Estos viejos amantes afligidos·
.h..llr¡, le dice: "¡te amo!' 1 en su; fulgores,
Y el responde: "¡te adoro!" en sus rugidos.

Camprende que su amor es imposible
Que el mar la copia en su profundo een~,
Y se contempla en el cristal movible
Del mónstruo azul en que retumba el trueno.

-Nunca os laveis las manos, y mucho menos J,t. cara, tito esperad á comer después del balio: entonces come•
.
con agua caliente ó tibia, aunque este helaodo. Si no Re· réi; más á gusto, y os hará más provecho.
-Los artfonlos de despensa deben comprarse, s1 es poguíe este precepto, tendréis muchu más frio después de
haberos lavado con el agua tibia ó calen lada, ee os mar· sible1 en épocas determidadaJ del afio, que generalmente
son tas de la cosecha res~i va. Entónces abunda más
chítará y arru¡ará el cuti@.
el anículo y, por consiguiente, está más barato; en\oD-Los bafl.os de limpieza no han de 'Pasa: de un cuarto ces eetá. más fresco y, por consiguiente, es máe fácil sn
de hora, y el cuerpo ha de en&lt;:ontrarse á gusto en ellos?
es decir, que el agua no de':&gt;e mcomodar por su calor m conservación.
por su frialdad.
-Es muy malo comer dentro del baño. Si sentís ape~
NOCTURNA

z
(t &gt;
w ".
~(t

u&gt;,
111

-o

-o

111

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CROQUIIS

::s

tlO
11
IJ)

La nC'che se va. F,l perfil
De la áspera serranía

Asoma tras la imti 1
üasa d~ la ni~bla fría.

11

,:,

l.J..

El céfiro, notlls mil
Ttae de la arboleda umbría
Do el eoro alado y gentil
P1eludia una sinfuoía.

111
IC

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a.

-

&lt;(
.J
el:,

E
o
C)

1

•111:ie"40 enb v.1n¡1&gt;,n,q el s1&gt;l1&gt;1u•a 'p»peµv11 v¡ .aod
OJ:IU•ledlllo:i ueuen ou sv~119d sug

o
u

....

,e

:li

Y mientras el rutilante
Sol asciende y reverbera
Rasgando el diáfano tul,
Va mi alma. delirante
Cabalgando en la Quimera
Por el ancho cielo azul!
ESTÉBAN FLORE-'.

Mayo de 1897.

�RAFAEL SALCIDO
§)mportaaor ae muebles americanos
,;.&lt;r;"'e?~-J..

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(Dibujo de Jo11é M.. Vlllasana.J

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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