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                  <text>~·

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TOIIO I.

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MEXICO, M.A. VO z3 DE I897.

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V.OP

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Antes de Acostarse
t{tmcnse las POlloríl.'i. del Dr. Ayer
" s&lt;" tlormir:i nwjor. para despnta.rsr

;nc'.jc,r dispuestos á c•mprender las
faena~ del dta.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer
no

tie1H'll

igual

como

~~\\08/t

remedio

·1•rnul.1 hh• ,. c,fit'az para &lt;·l estreü1~:;iP11tr1. 111:1osilb!, j:1queca y todos
111,:; 1h·~:irn·~los tkl hí~,1do. Esl,í.11
• z11r-ar:1tl:u•, y ¡m•panulas ('Oll tanta
111•r\1'(·&lt;·1ún 1¡11c &lt;'Hr:111 sin ir arompaibd;•s 11:• las nio\(•slias •lt&gt; olrns
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u. CABELLO.

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1.nr.~ us t:~;\.\~ Y l.lUl'IA LA CAilEU.
PREfERllll.E A TOIH 1'111.l'Al~.\1.IO;\ !JE Qlll:,i_\
DE llrNTA U TOOlS LAS OROGllEt.111S Y P!:RFUIIIERliS

&amp;1 notno oficia l.
l!'Áll:!tIOA ESPECI.AL do AFZIT:.S do TOCADOR pa.r~ PASEO y 'I'EA'I'l!O
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRtl.
POLVOS para eu.-pol1·nr 101 enbelloe. Blondo, bl.nnco.
ROJ~ y BLAftCO en eh.1peta1.
oro, plnui y diamanle.
ROJO VEGETAL en polTO.
BU#CO de PERLA en po!To, blnnto, r6'eo, Rache\.
LÁPICES eapeclnliu para ennegrecer peata!l:u y ce}Q1. POMADA ROJA para IO! \nbloe, en botes 1 en rolloe.
los P•nductns de CH . FAY se ,ncuentran en el Mundo ent1ro, en casa de 101 Prlncloales Perfumls1as J Droguts111

RESERYADO

{l&gt;lbujo de Jo..,é

» ..

Vlllaeana..J

•

NUBEil.0 :n.

�EL MUNDO

340

" E L MUNDO"

Semanario Ilustrado.
Teléfono 434,-Calle de Tiburcio nllm. 20.-Apartado 87 b.

MBxrco
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Dlrector,,Llc. Kaf"ael Reyes Spindola.
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Todo pago deb~ ser precisamente adelantado.
B.é:GIBTBADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNUA CLASE.

tllotos tilitorittlc,.
f,1 terminactón he la !JIICrrn ~el t)nqni.
Acaban de eofocarse los últimos gérmenes revolucionarios que se agitaban en el país en eete largo J)friodo de
fecunda pez ·nacional: la fatigma lucha empr.endidacontra los indios _rebeldes en las márgenes del Yaqni.
Esta campafia ha sido soste:nida merced á ventajas es•
tratégicas proceaentes de la configuración especial del
tenen0 1 del conocimiento práctico de éste, del dieimulo
y la emboscada, elementos al servicio de las tribus insurrectae, que las habían hecho casi invencibles. El impulso de las armas iba á estrellarse contr8 estos enemigos invisibles que á fuerza de alfilerazos lograron detener la corriente de las generales aspiraciones: la total
extirpación de las revueltas públicas.
La paz del Yaqui es un prodigio de eagacidad y de
energía al mismo tiempo, una feliz tentativa de energía
heroica; ee combate al león en la llanura y se caza al lobo eri Fn madriguera. Frente á la refinada aetucia del indio rebelde, foé necesario oponer la diplomacia complaciente del hombre civilizado y junto á la bravura indómita del feroz guerrero inconquietado, la calma serena
del jefe dieciplinado.
Un acto de reeolµción fué bastante para deelumbrar á
esos grupos disperrna; una línea de conducta apoyada en
la suavidad, hizo caer las aqnae de sns crispados brazos.
Todo el plan del coronel Peinadu es de nna profunda
liepcil lez humana: vencer á e1:tos paciente-a por la pacien. cia, asombrar{, estos frenéticos del valor por un ejemplo
de resuelta valentía. El coronel reinado, rodeando al
indio cautivo, qn~ le sirvió de lazo de unión con el jefe
de la tribu rebeld ~, de afables comideracionee, doblegando eu fiereza con la dulzura, es un modelo acabado de
político co11sumadn; pero al presentarse solo y sin armas
en el campo enemigo se impone como un hombre de extraordinaria pujanza. A estas dos causas combinadas se
debe Ji; terminación de la campafia,
Pacificada la guerra de caetas en Yucatán y sometidu
el Yaqui, han dado término dos viejas complicaciones,
que parecían haberse arraigado eternamente, y que al
cesar, no sólo eliminan 103 gas~os inherentes, sino taro,.
bién hacen entFar en el marco de la civilización á unidades humanai, hostilee Uasta el día á los grandes intereses sociales.

li)olític11 ®cutral.
RESUMEN-El Emperador Guillermo y el Bazar de Carldad .-Odios y rivalidades.-Abismo que no se
colma.-EI patriotismo y la cortesía.-Altivez de la
Sublime Puerta.-EI Consejo del Sultán.-Las embriagueces del triunfo.-La humillación de Grecia.
-Esperanzas desvanecidas.-Conclusión: la omnipotencia de Rusia.

E.:t tan hondo el abismo que Ef'para á franceses y 8.lemanee, tan profunda la rivalidad que los divide, tan reconcentrados loa odios que los apartan; está tan vivo to•
da vía el sentimiento que Pf9VOcara. en el pueblo del Sena
la humillación de Sedán, que algunos órganos de la
prensa parisiense, se han atrevido á censurar el acto mag•
nánimo del emperador Guillermfl, d ~ enviar cuantioso
donativo en favor 3.el Bazar de Carid ad, destruido por
la1 llamas en loe primeros días dd presente mes.

Nó, dicen; no debemos tolerar nada que signifique una
inteligencia con el gobierno de Barlín, y no fa lta algún
fanáti ~o, que en arrebato delirante, pretenda que no i:!e
acepte el imperial donativo.
Cuando el duelo y el pesar ha aca!Jado las fiestas, mar·
chitado las flores, apagado las luces re~plandecientes
en los salones aristocráticos de la gran Capital; cuando
visten de luto las familias de la élite, que vieron á muchos
de sus miembros distinguidoe perecer en espant~sos tor·
mento1:11 durante la catástrofe de la calle de Jean Goujon,
y el pueblo mis.no que recibía inmensos beneficios de
manos de las vfotimae, el pueblo que sentía con las ter•
nuras del agradecimiento cómo bajaba de los palacios la
onda bienhechora que iba á alegrar los tugurios, derramando consuelos y esparciendo bondades: sí, no nos extralla que los diarios ao.cialistas y los periódicos que sos·
tienen el fermento tenebroso de la anarquía, hayan ·permanecido impasibles y fríos, ein lanzar una nota armó·
nica, en medio del universal dolor que ha afligido á la
Francia entera por el infausto acontecimiento, sí llama
y mucho la atención que haya repraeentantes de la opi·
nión púb lica, que aticen odios antiguos y renueven con
eaña rencillas no olvidadas, porque el poderoso Hohenzollern se dignó desde su olímpica grandeza, volver la vista al pueblo-sol y ofrecerle un obsequio de sus fondos
particulares.

•••

Háblase mucho de concierto europeo; repítese hasta la
saciedad la unión de los embajadores -extranjeros para
contener las rapacidades de Tarquia y hacer lo posible
por dar pacífica solución á la enmarañada cueetión de
Oriente¡ murmúrase por lo bajo de las maquinaciones
británicas, para rodear en círculo de hierro el continentr africano; cuchichéase en los gabinetes sobre la alianza
formidable que se necesita para poner coto á las tenden •
ciils absorbentes, inaggtables y perpetuas, de la Gran Bretafla; Francia es la primera que toma parte en ese con·
cierto y se asocia á esaq murmuraciones, y sería también
la primera por sus pingües colonias africanas, por los inmensosintere~ee que ahí radican, por aue ambiciones sobre el Egipto que juzga legítimas, sería la primera en
entrar y tomar la iniciativa en esa cruzada anti-británica; pero que no se la hable de Alemania, que no se la
miente al nieto del conquistador que se coronó en Versalles, que no se la haga suponer un posible avenimiento
cnn los detentadores de Alsacia y de Lorena; ante esa idea
todo lo olvida, colonias, intereses, misión civilizadora,
todo, hMta su proverbial cortesía.
Afortunadamente Franc i¡\ no está constituid a por la
prenea socialista ni por algún periódico intransigente; ei
guarda eecret,amente el inexünto impulso del desquite,
sabe guiarse sabiamente por lai inspiraciones del público
interés y del sentimi,mto nacional.

•
••

Orgullosa de eu fuerza, y engreída con eus triunfoF, pre•
sentábase Turquía ante la asombrada E11ropa. Débil la
resietencia que ofrecieron los griegos parapetados en su.
ingente patriotismo y atriocheradoa tras de sus suefios
de grandeza¡ fuerte el empuje de los turcos que lograron
encontrar á última hora dinero bastante á sus neces-idades en los Bancos europeos, y apoyo suficiente en el emperador Guillermo que inesperadamente abrió los tesoros desu simpatía á favor de la causa mumlmana y e~ el
autócrata moscovita, que, contrarian lo las tradiciones de
su familia y de su raza, se ha inclinado más del lado de
la iniquidad que repre1:enta Abdul-Hamid, que de parte del rey Jorge qne encarna los arranques caballerescos
de otras edades, el resultado de la lucha no era dudoso·
.
. . .
'
s1 en un p1·mc1p10 los helenos lograron poqnef\as ventajas en las costas de Epiro, y soñaron aprovecharse drl la
prepoderancia de B!J armada eobre los viejos buques otomanos, muy pronto se convenció el mundo y con él los
soñadores griegos, que era en vano oponerse á la fuerza
incontrastable de las huestes guiadas por Edhem-Pachá.
Ebrios loe ministros del Yieldiz -Kiosk con el vapor de
l~ sangre, deslumbrados con el esp lenJor de sus fácilee
victorias, sintiendo removerse en sus almas d'e agareno, loB
fermentos del odio secular contra el· nombre cristilll.no·
acosados por las masas fanáticas, que cien veces han en-'
sangrentado sus yataganes hasta el pufio en las carnes
indefensas de loe míseros armenios; atentos al clamor
salvaje que se levanta en general protesta contra la 80 •
jeción en que ha vivido' el imperio de los o.~manlies, por
gracia y virtud de las potencia3 occidentales; preten lien-

DOMINGO 23 DE MAYO DE ,897=,,,,

DDMINGO 23 DE MAYO DE 1&amp;97

do romper las ligadura.a que han atado por tantos añosá la nación caiuca, enfermo, deehauciado de Europa,
oprobio de la civilización moderna, mancha asquerosa
entre los pueblos regenerados por la revolnción, manu •
mitidos por la :filo.rnfia, y engrandecidos por la ciencia:
intentaron un punto, imponer al Sultán eus maquioacio.
ries torpes de grandeza, o"aligarlo á desdefiar individual
y colectivamente á las potencias europeas, y recojer con
voracidad inaudita, loa frutos de la guerra con Grecia, entre humillaciones odiosas é inicuas ex':\Cciones contra los
helenos vencidos, á quienes creyeron desamparadoe de
Dios y de los hombres.

•*•

A la primPra intimación de loe embajaderes, solcitan.
do un armi~ticio para tratar de los preliminares de la paz,
contestaron con soberanl'desprecio¡ áloe clamoree angustiados del gabinete de Atenas, que ponía la suerte del
pueblo y de la nación confi¡\dos á su cuidado en manos
de loa fuertes, y se ab1adanaba á la magnanimidad de loe
poderoeos, re~pondió el sombrío consejo que rode"aal pérfido Sultán con desmedidas exigencias, y en vez de ceder ante la suplica, envió órdene.1 terminantes de ocupar
á sangre y fuego la ciudad sagrada que se reclina '!obre
las faldas del Himeto, se arrulla entre las ondas del C,efiso, y suei'ia á veces á la eombra de la divina Acrópolis,
dormida eobrP. el polvo venerado del Parthenon.
Sin aparentar eiquiera intenciones de tratar de paz,
pide la entrega de Td1:1alia 1 santificada con la sangre de
millares de mártires, rompiendo abierta y audazmente
el tratado de Berlín¡ exije cuantiosa indemnización, muy
por encima de los recursos todos de Grecia¡ aspira á retener la armada del rey Jorge como garantía de paz, y á.
borrar de una plumada los derechos y preeminencias
concedidas á los helenos en convenciones anterioree; y si
no pidió quedar en poeesión de todo el territorio conquistado, íué tal vez por un resabio de mentido pudor ·
en sus iniquidades.

•*•

Absortos los representantes de las naciones occi'lent.ales ante tamaña audacia, ellos que veían sin inmutarse
cómo ee degollaban cristi&amp;aos en los desfiladeros de Milona, en las fortalezas de Larissa y en las llanuras deFarsala, y que no pudieron impedir Ja sangrienta batalla de Domokos, donde había de recibir el golpe de gracia
el ejército helénico, discutían ent,re sí _la manera de obligar á Turquía á firmar el armisticio. Todo en vaao, la ca•
marilla del Sultán prevalecía en sus consejos de exterminio, y la fuerza, la abrumadora fuerza, caía como pesada mole sobre los helenos1 arreb'atándoles sin piedad
toda esperanza.
Pl:!ro habló el omnipotente Czar, y su voz de trueno
como la de Júpiter tonante, se impuso á las ciegas multitudes, levantó en armae á los búlgaros, encendió un iris
de esperanza en el límpido cielo de Hélade, y fué á deepertar de su letargo de muerte y de venganza al sombrío
Abdul-Hamid, arrullado por las canciones de sus odaliecae, adormecido por las adulaciones de sus genfzaros
y embriagado con el vapor de sangre derramada en las
llanuras de Teealia,
Se ha salvado la Grecia: la. iutimación del Emperadorde toda3 las Rugias, árbitro soberano de Europa, ha sido
acogida por todos !" por tod ,s acatada. El Sulfá.n ordena la suspensión de hostiliJ.adeP¡ el potente Hohenz0llern afloja los !azoe de inexplicable simpatía que lo arraetraban en favor de la Sublime Puerta; Inglaterra se ex•
1iremece1 Francia se regocija , Anstria apoyaabiertamentelos inteotos del Ci:ar, é Ita lia. mira con placer alejarse la
desencadenada tempestad que amenazaba la patria de eus.
abuelos los helenos.
Dura ha sido la lección para el rey Jorge¡ ojalá que la
aprovechen él y su pueblo que Ae dejaron arrebatar por
líricos espeJismos y hermosas utopías.
X. X. X.
Mayo 20 de 1897.

Las gentes son tales que en un salón puede uno ep':1r
cubierto de lodo en todo su cuerpo y en toda su ah , a ;.
para ser allí bien acogido no se exije sino una cosa ira:- .
prochable .... .. ¿La conciencia? ¡No! las botas.
-El que no ha visto sino la. mieeria del hombre, no ha
visto nada; es preciso que vea la miseria de la mujer; el
que no ha visto sino la miseria de la mujer, .ao ha visto
nada aún; es menester que vea la miseria del niño.
V KTOTliUGO.

EL MUNDO

Noche rústica de Walpurgis.
(SINFONIA. DRAMATICA.)
.A. JOsé Peón -y Contreras.

XI

VI
lNVITA.ClÓ::T Al, PORTA

E L POETA

El. R ÍO

Coje la lira de oro y abandona
el tabardo, dernálzate la espuela
deja las armas. que para eeta veÍa
no has meneeter ni daga ni tizona.

Triscad, ¡oh linfae! con la grácil onda;
gorgoritae, alzad vuestras canciones;
y vosotroe, parleros borbollonee,
dialogad con el viento y con la fronda.

Vamos al aquelarre.-En la sombría
cuenca de la montafla, las inertes
osamentas se animan á los fuertes
gritos que arroja la caterva impía.

Si tu voz melancólic"l no entona
ya sue himnoe de amor, conmigo vuela
á esta región que aeol'nbra y que coneuela·
pero antt:s ciñe la triunfal corona,
'

Chorro garrulador, sobre la honda
cóncava quiebra, rómpete en girones
y estrella contra riscos y pPñones
tus diamantes y perlas de Golconda.

Van llegando sin Dios y sin María,
présagos de catástrofes y muertes ..... .
Pieneo que el cielo llora, ...... ¿no lo adviertee?
La luna ea una lágrima muy fría .. -

Tú, que de Pan comprendes el lenguaje,
ven de un drama admirable á eer testigo.
Ya el campo eleva eu canción salvaje¡

Soy vuestro padre el río. Mis cabellos
son de la luna páUdos destelloe,
arieta! mis ojos del cerúleo manto.

Tras nahuales y brujas, el coyote
aulla feroz y lúgubre corea
tan monstruoso concierto el tecolote;

Venus ~e prenrle el luminoso broche ..... .
Sube al agrio peñón, y oirás conmigo
lo que dicen las cosas en la noche.

Es de muego mi barba transparente,
ópalos desleídos son mi frente
y risas de iaa náyades mi canto.

la lechuza con silbo horripilaate
ee junta á la fatídica ralea,
¡y el Vag ueTo Marcial ( * ) llega triunfante!

lI
lNTEMPESTA NOX

Xll

VII

LAS BRUJ.AS
L.'\S E':ITRELL AS

Media noche.-Se i11u11da.n las montañae
en la luz de la luna transparente
que vaga por loa valles tristemente
y cobija, á lo leJos, las caba.i'ia!!.

¿Quién dice que los hombrea nos parecen,
desde el profundo mar del :firmamento,
átomos agitados por el viento,
gusanos que se arraetran y perecen?

Lanzae de plata en el maizal las cañas
parecen al temblar, nieve el torrente,
y se cuaja el pavor trágicamente
del barranco en lae lóbregas entrañae ..... .

¡No! Sue crá.neoa que heróicos se extremecen
son el más grande asombrador portento:
¡fraguas donde ee forja el pensamiento
y que más que nosotras reeplandecenl

Noche profunda, noche de la eelva,
de quimeras poblada y de rumores,
sumérgenoe en tí; que nos envuelva

Bajo la eetrecha cavidad caliza,
las ideas, en ígne11. llamarada
contemplamos arder, y es, ante ellas,

el rey de tue fantásticos imperios
en la clámide azul de sus vapores
y en el sagrado horror de tue misterios.

toda la creación polvo y ceniza ..... .
¡Loa astros son materia iuaaimada
y las humanas frentes son estrellas!
Vll

-Tráe un cadáver írio como el hielo.
Yo á. loa b.ombres daré del vino impuro
que arranca la eepelanza y el coneuelo,

EL HARPA

EL GRILLO

LOS N.AlTU.ALES

Hay en medio del rústico boscaje
un troucn retorcido y corpulento:
enorme roca Pírvele de asiento
y frondas opultjntas de ropaJe,

¿Dónde hallar, oh mortal, las alegrías
que con mi canto acompaB.é en tu infancia?
¿Quién mide la enormí1:ima dietancia
que éetoe separa de tan castos días? ........ .

Cuando, como á través de fino encaje,
el rayo de la luna tremulento
pasa, desde el azul del fir.namento,
la verde filigrana del follaje,

Luces, flores, perfumes, barmonías,
sueños de poderosa exuberancia
que llenaron de albura y de fragancia
la vida ardiente con qne tú vivias,

desbarátase en haz de vibradores
hilos de luz que tiemblan cual tañidos
por un plectro que el céfiro weuea.

Ya nunca volverán¡ pero cantando,
cabe la triste moribunda hoguera,
de tu destruida tieuda. bajo d toldo,

¡Harpa inmensa del campo!, no hay cantores
que á. tus himnos respond,rn, no hay oídos
que comprendan tu ef,:trofa. gigantea.

haeta morir te seguiré moetrando
la ilueión en la llawa posLrimera,
el recuerdo en el último ret1coldo.

IV

IX

EL BOSQUll:

LAS AVXS NOCTURYA.S

Bajo las frondas trémulas é inquietas
que forman mi basHica si. grada,
ha de escucharee la oración alada,
no el canto celestial de los poetas.

en lae ruinas de sótanos hendidos!

Albergue fui de druidas. Los ascetas
en mie troncos de crú9tula rugada
infligieron su frente macerada
y colgaron eus harpas los profetas.

¡ A. seguir á los pájaros perdidos
de la arboleda entre la sombra obscura,
y con la garra ensangrentada y dura
Ji darles muerte y á asolar eus nidos!

Y en tremenda ocasión, el erraliundo
viento espantado suependió su vuelo,
al escuchar de mi interior profundo

á lanzar tan horrísonos acentos

V
EL RUISE60R

-Sin ojoe, pues ae( se ve en lo obscuro
como ven los murci~lagos, yo vuelo
hasta escalar del camposanto el muro.

XIII

III

brotar, coa infinito desconsuelo,
la más grande oración que desde el mundo
ae ba alzado basta la cúpula del cielo.

-Todas las noches me convierto en cabra;
Para servirá mi eefior el chivo,
puee, vieja ya, del hombre no recibo
ni una muestra de amor, ni una p1:1,labra.
-Mientras mi eeposo eetá labra que labra
el terrón, otras artes yo cultivo.
¿Ves? traigo un niño ensangrentado y vivo
Para la cena trágica y macabra.

•

¡A infundir con el vuelo y los chirridos
máe horror en la noche, m&gt;ls negrura
en los antroe del montt:1 y más pavura

¡Deede la cruz del viejo campanario,
que el valor más indómito se quiebre!
¡De dientes estridor, crujir de osario

¡Sús, Vaquero Marcial! De nue1:tra boca
loe conjuros oirái3: aunque en la brega
quedaste vencedor, eiewpre á tl llega
de los hombrea la voz que te provoca.
Por donde quiera el mal! Tu mano toca
las caropiflae tambiéo.-Ya en ronda ciega
el coro de las brujas se desplieg.t.
de tí e.a redor, sobre la abrupta roca.
Hijas sois de la víbora y el eapo:
de vuestro hediondo seno eacad presto
las efigies ridículas de trapo.
¡Oh, representación de lvs mortales!
mostrad aquí vuestro asombrado gesto
en la danza infernal de lo!! nahuales.
XIV
EL GALLO

H ..,mbre, descansa. De tu hogar ahuyento
el nocturno terror y estoy en vela.
Sombras de muertt, cuyo eoplo hiela,
con mi agudo clarín os amedrento.
Huya la luz y te descuide el viento
por preludiar eu dti\c,1 pascorela.
Co,ntra el mal, pod.-~r ,so centinela,
á su paso espectra~ t:.sLoy atento.
Xo te inquiete el horrísono alarido
que escuchee en tu su-,ño, por la vana
pesadilla maléfica oprimido.
Ya pondrá. fin á su croar la rana,
y yo con alegrisimo sonido
entonaré la vencedora diana.

ii. remedar, y trágicos lamentoe,

XV

y espasmódicos gritos de la fiebre! : .. ...
LA

X
LOS MUERl'OS

Oíd la campanita, cómo suena,
el toque del clarín, cómo arrebaLa,
las queJas en que el viento se desata
y del agua el correr sobre la arena.

¡Piedad! ¡mieericordia!. .... . Fueron vanos
t.an'° soberbio afán y lucha tanta.
¡A.y! por nosotros vuestra queja santa
levantad al Señor. ¡Orad, hermanos!

Escuchad la amoro1:a cantilena
de Favonio rendido á .F·1ora ingrata
y la inmensa y divina serenata
que Pan modula en la silveetre avena.

Si oyerais el roer de los gusanos
en el hondo silencio, cómo espanta,
sint.iérais oprimida la garganta
por invisibles y asquerosas manos.

Todo eso hay en mis cantos. Me enamora
la noche· de los hombree soy delicia
y paz; y 'entre loe árbolée cubierto,

Mas no podeis imaginar los otros
tormentos que hay bajo la losa fría:
¡la faltai la carenci11 de vosotros¡

t:ólo yo alcé mi voz consoladora,
como una blanda y celeetial caricia,
cuando mi Dios agonizó en el huerto.

¡Ay, que llegue, oh Señor, para nosotros

la eoledad, la soledad impía!.. ... .
de la re&amp;urección el claro dla!

CA l lPA.NA

¿Qaé te dice mi voz á la primera
luz Huroral? uLa mutirte está vencida,
ya en todo se oye palpltar la vida,
ya el ew.rco abiert.0 la ::iimiente esper"»
Y de la tarde en la hora poetrimera:
«Deecansa ya. La lumbre está. encendida
en el hogarn...... Y eii: lllpre te convida
mi acem0, y t~ p~r.s1g 1e donde quiera.
Convooo á la oraciórl á. los vivientes,
plaño á. los muerlioscou el ~riete y h ondo
són de sollozo en que mi duelo explayo.

Y al tremendo tronar de los torrentes
en pavorosa tempeetad, respondo
con fiirrea voz que despedaza el rayo.
l*l Nombre con que, generalmente, es designado el demeuio por
a gente po'bre del eam}XI

�342

EL MUNDO

XVI

xvm

UN TIRO

LA SEMENTERA

Duda mortal del alma se apodera,
al oír en la noche la lejana
detonación, que turba y que profana
el silencio del bosque y la prl,\dera,
¿Será la bala rápida y certera
que pone fin á, la existencia humana,
6 el gofpe salvador que en luclia insana
asesta elmontañes sobre la fiera? ........ .

,

Ese ruido mortífero y tonante
hace temblar el alma sorprendida,
euando está de lo incógnito delante.
Para arrancar 6 defender la vida,
lo producen lo mismo el caminante
y el guarda, el asesino y el suicida.

Oye cuá.l se hincha el grano rubicundo
que el sol ardiente calemó en la era.
Vendrá Otoño que en mieses exubera
y en él me mostraré gala del mundo.

Mas ¡ay! vuelve la vida ingrata y fría;
mi rneño celestial quedó suspenso ..... .
Ya alza la tierra su divino incienso
y en su carro trmnfal asoma el día.

U\ madre tierra soy: vives conmigo,
á tu paso doblego mis abrojos,

te doy el alimento y el abrigo.

Poeta: es fuerza abandonar el monte.
Bajemos, pues ya al ras del horizonte
Venus agonizante parpadea;

Y cuando eetén en mi regazo opresos
de tu vencida carne los despojos,
¡con cuanto amor abrigaré tus huesos!

tú al teatroi á la clfnica1 al Senado,
yo á vejetar tranquilo y olvidado
en el rincón obscuro de mi aldea.

jLU:m wl

No t.emas, mi sefior: estoy alerta
mi.entras tú de la tierra te desligas
y con el sueño tu dolor mitigas,
dejando el alma á la esperanza abierta.

Las sombras palidecen. Es la hora
en que fresca y gentil la madragada
va á empaparse en el agua sonrosada
que ya muy pronto verterá la aurora.

Vendrá la aurora y te diré: (despierta:
huyeron ya las sombras enemigas.n
Soy compai!.ero fiel en tus fatigas
y celoso guardián junto á tu puerta.

El cielo débilmente se colora
de virginal blancura inmaculada,
y hace del firmamPnto su morada
la luz, de las tinieblas vencedora.
Sobre las nívt&gt;as cumbres del oriente
en ópalos y perlas se deslíe,
, que G.eebarata en su cristal la fuente.
Del vaho matinal se extiende el velo,
y todo juguetea y todo ríe,

en la tierra lo mismo que en el cielo.

FABULAS E:N PROSA

EL AVISPERO Y LA COLMENA

lLCUERPOYLA SOMBRA

Anidaron las avispas en un corcho de colmena, y revoloteaban sin cesar alrededor, y entraban y salían y dEr
fendian su caea e.orno hacen las atejas.
-¿Qué os parece nuestra caea?-dijo una avispa á una
abeja vecina.
-Es de i~ual construcción y tamaño que la nuestra;
pero, ¿tenéis muchos panales, cera y miel?
-¿Qué son cera y miel?
-Son la riqueza que elaboramos con nuestro trabajo.
-No; nuesLra casa está vacía ..... .
-¿Y para eso tenéis tanta casa? Yo creo que os basta.
ría un·agujero.
Entre el pueblo que produce y el que imita sin produ•
cir, hay-la diferencia que entre el avispero y la colmena.

El cuerpo eetaba muy disgustado de la compañía de la
sombra: Caminaba hacia¡ el sol, y la sombra le seguía:
volvía la espalda al sol cuando andaba, y la sombra iba
delante. Un dia no pudo más y dijo á la sombra con to•
no descortés:
-Retírate de una vez. Quiero estar solo.
-No puedo dejarte: tengo obligación de ir contigo á
donde vayas.
-Me retiraré de tf.
-No lo conseguirás: soy tu compañera de camino en
este mundo.
-Saldré al sol cuando éste caiga sobre mí verticalmente desde el zenit.
-Y estaré bajo tus plantas.
-Pasearé siempre en el crepúsculo.
-Y te seguiré disimuladamente en la penumbra.
-C.erraré de noche mis puertas y ver.taoae y no encen•
deré luz en mi alcoba.
-Entonces será.e mío por completo y te estrecharé tan
íntimamente, que no habrá un sólo punto de tus formas
libre de mi abrazo.
,._ -Me mataré.
-Y me acostaré al .lado de tu cadáver: y si te entie•
rran te envolveré en el sepulcro, y cuando exhumen
tus restos me Qividiré en tantas partee como ellos¡ y rodaré con tu cráneo y haré guardia á tus últimos despojos
mientras existan sobre la tierra.
-¿Y mi alma?
-Esa te abandonará. para i.n!e al mundo de la luz: tú
eres e3c]avo de la sombra.

LA FALSA DELICADEZA

-¡Sucio! ¿no ves que m6 estás manchando y me pones
perdida?-dijo al rosal la calle enarenada de un jardín.
-¡No te pisan las gentes y no te quejas?-respondió el
rosal.-Singuludelicadeza la tuya. Sufres con calma que
te manchen con la suela del calzado, y te ofende que caigan sobre tí hoja~ de rosa delicadas y aromáticas.

LA BALA Y EL B LANCO

-Sí, sois perversas y dañinas por.instiato, y me deteataie y gozais en magullarme-dijo á la bala el blanco dolorido, alzando de mala gana la bandera que indicaba el
acierto y buena puntería del tirador.
-¿Qué sería de tí- repuso la aplastada bala con _Toz
triste-si tuviéramos la mala intención que nos atribuyes? ¿No sabes que en las batallas pasamos la mayor par•
te eutre loe ejércitos sin hacer ningún daño, resistiéndonos á. matar? ¿No ves que nos dirigen contra tí, y hace•
moa todo lo posible por no darte? Sin nuestra naturaleza
pacífica ¿quedarían muchos bombea? ¿No estarlas deshecho?
Y eilb3.ban entretanto muchas balas sin dar nunca en
el blanco pero á cada momento caían ramas heridas,
saltaban del suelo piedras rotas y se desconchaban las
paredes. Cesó por :fin el ejercicio del fuego, sin que el
blanco alzara la bandera por segunda vez.
-¿Te convences de tu injusticia? le dijo la bala magnllada.-Míra cuanto destrozo en todas partes, y que intacto te dejan los disparos. Siempre se han de quejarlos
que menos dañ.os snfren. A nadie respetamos t.anto las
balas como al blanco.
JosE FERNÁNnEz BREllÓN.

•
EL CEREZO

Cuando Pedro era un chiquillo, le dijo su abuelo:
-Hoy que es tu santo, planta un árbol en la huer'8, y
cuando seas mayor, te dará fruto y r.ombra y será una
propiedad.
Perico, que era un chico obediente, plantó un cerezo,
y le regaba y cuidada con esmero, pero era un d9egraciaciado.
- ¿Se secó el árbol?
-Al contrario, prosperó como ninguno¡ y dió cerezas
tan ricas, que el padre del muchacho hízo con ellas un
regalo al alcalde: al afio siguiente, Perico no las pudo
probar por que cayó soldado: cuando volvió á su pueblo,
después de rodar por el mundo muchos afios, era casi un
viejo, y nurica pudo evitar que los muchachos se le comieran la fruta antes de estar madura.
Quiso un ailo defenderla, y los mozos del lugar le diEr
ron tal paliza, que quedó baldado para siempre: los mozos que lo baldaron1 todos llevaban varas del cerezo que
plaBtó.

Cerritos, Abril-Mayo de 1897.
MANUEL JOSÉ ÜTHÓN0

EL PERRO

Y si llega con paso taciturno
la muerte, con mi aullido lastimero
también te avisaré ...... ¡Descanea y duerme!

=

¡Santa Naturaleza, madre mía!
me has cobijado en tu regazo inmenso
y dieipaste con tu soplo intenso
la nube del dolor que me envolvía.

XIX

••sn·

ADIOS AL POETA

Escucha el ruido míetico y profundo
con que acompaña el alma Primavera
esta labor enorme que se opera
en mi seno fructífero y fecundo.

XVII

Te avisaré del rondador nocturno,
del amigo t,raidor, del lobo fiero
que siempre anhelan encontrarte inerme.

DOMINGO 23 DE MAYO DE

H

PERRO MUERTO

Jesús llegó una tardeá las puertas de una villa é hizo
adelantarse á sus diecípuloe para preparar la cena. El,
impelido al bien y la caridad, internóse por las callee
hasta la plaza del mercado.
Allí vió en un rincón algunas personas ag:r:upadaa que
contemplaban un objeto en el suelo, y acercó~e para ver
qué cosa podía llamarles la atención.
Era un perro muerto, atado al cuello por la cuerda
que había servido para arrastrarlo por el lodo. Jamás
co¡µi más vil, más repugnante, más impura: sehabiaofrecido á loa ojos de loa hombree.
Y todos loe que estaban en el grupo junto á la carrofia,
miraban con asco.
·

~
-Hay una cosa infame en amor: la mentira.
-No hay monstruo absoluto en la naturaleza moraP
como en la física
PAUL BouRGET.
-El pensamiento es un poder y el talento nna liber•
tad.

Yi&lt;ior Hugo.

-Esto emponzofia el aire, dijo uno de loe presentes,
tapándose la nariz.
-Cuanto tiempo aún, este animal putrefacto estorbará la vía.
-Mirad su piel dijo un tercero; no hay un trozo en
ella que pudiera aprovecharse para cortar unas sandalias.
- Y sus orejas, exclamó un cuarto, asquerosas y llenas
de sangre.
-Habrá sido ahorcado por ladrón, añadió otro.
Jesús lee escuchó, y echando una mirada de compasión
sobre el animal inmundo:
-Sus dientes son más blancos y hermosos que las perlas! dijo:
Entonces1 el pueblo admirado, vo1Yi6se hacia él, exclamando:
-¿Quién es éste? ¿Será Jesús de Nazaret? El sólo podía encontrar alguna cosa de que condolerse y hasta algo
que alabar en un perro muerto! ........ .
Y cada uno, avergonzado, siguió su camino, inclinando la cabeza delan~ del Hijo de Dios.

Limlf ToLSTOr.

' -Obscuro ó célebre, rico ó pobre, un artista debe ser,
ante todo1 un artesano y practicar las virtudes fecundas
de éste: la aplicación paciente, la labor concieneuda, la
absorción modesta en la tarea.
PAUL BoURGBT.

OTRO PAGO DE $3,420 DE ºLA MUTUA"
E:N MORELIA.
Morelia, Mayo 6 de 1897.

Seílor D. Carlos Sommer, Director general de "La Mutu.a.''-México.
Muy selior mío:
Tengo la satisfacción de manifestará usted que hoy ante el Sr. Notario Público D. Antonio de P. Gutiérrez, y
con la intervención del Sr. D. Enrique Hernández Alba,
Agente 'de «LA MUTUAll he recibidQ del Sr. D. Antonio
Bizet, banquero de dicha Compafiía, la euma de tres mil
cuatrocientos veinte pesos, treinta cte. : ($3,420.30), valor
total de la póliza núm. 611,926, bajo la cual estuvo ase·
gurad.o mi finado hermano el Sr. Lic. D. Francisco Huerta Cañedo, en favor de sus hijos María Soledad y José
Huerta Cañedo, en cuya representación como su tutor
firmo el correspondiente recibo.
Debo advertir que la cantidad por la que se aseguró mi
expresado hermano fué la de tres mil pesos y que los cuatro cientos veinte pesos treinta centavos excedentes, for·
man la devolución íntegra de los premios pagados á »LA
MOTUA11 por la expaesada póliza.
Esta circunstancia me hace recomendar ante las perso•
nas de buen criterio las Pólizas con devolución de premios que expide la compafiía que tan acertadamente di·
rige usted en nuestro país!
Réet'ame enviará us5ed mi voto de gracias por la efica~
cia y actividad con que se c..&gt;rrieron loe trá.mites conducentes á este pago.
Quedo de usted afio. atto. y S. S.
ALll&amp;JlTO HUBRTA C~EDO.

DOMINGO '"3 DE MAYO O~ o897

EL MUNDO

543

�DOMINGO
23~
de~MAYO
18g7
ELMUNDO
=~
~~~~
~ ~ de
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~==============~~
~~~======~====================345=-'
DOMINGO •3 DE MAYO D E ~
~c~~================;==========dE:'L~M::_::U:_:N::D::::0~==============
S44

ATENTADO
coNTRA_EL R•'f"'flu~ERro

r

El cable con eu notuia
oportunidad hizo Eaber á h,~
lectores de EL Mmrno dia•
rio, que uno de eetos últimc s
días al dirijiree t-1 tty Han,berto de Italia en landau
deecubierto á. las carreras de
Campanella, fué agredido por
nn obrero llamado Pietro Ac·
ciaretto, quien haciendo ade ·
mán de preEentar un memo·
rial á. S. M. blandió agudo p11 •
iial, que afortunadamente fué
desviado por un hábil movi ·
miento del monarca. Estepa•
reció no cuncedergrall impor·
tancia al eucern, t-:xclamando
enaon de broma ant-e loe arma·
tadoe corteeanoe que en Cam
panella le rodeaban:
-Son percance'3 del oficio.
Mas detodas eue1tesel atentado de que nos ocupam0e,
viene á afladine á una enil"'
no ¡iequei'ia regi1:trada en los
últrmoe afloe y que con razón alarma á ]as gentes que
se preocupan por el actual estado social, por que es la roa
nifeetación Bguda de una morbosidad lateute y formidablt&gt;,
hija de las djsolv1:ntes teorise
que han hecho presa en le.e
débi 1eecerebroe de los hombres infererioree.
Por deegracia el microbio del crimen es prolífico y s.e revela por una manía imitativa de fatales resultados.
Quiera la buena estrella de los poderosoe, que la locura de Acciarette no fructifique.
El grabado relativo que publicamos es una fiel reconstrución de la escena única del terrible drama de que iba
á ser víctima el rey Humber~o.
LA CUESTION DE ORIENTE

Ornamos hoy las breves páginas que regularmente coneagramos á. loe asuntos extranjeros, con algunos fotograbados-muy aug~stivos todos-que se refieren á la cuestión cretense.
_Representan dos de ellos primorosas pen:pectivas de
los desfila_deroe d~ Tesalia, todos erizados de rocas que
fingen góticas aguJae, coronados algunos por monaeterioe,
con tal atrevimiento erguidos á la orilla del abismo, que
semejan nidos de águila, puestos ah'l como avanzadas
del cielo.
Muestra un fotograbado al almirance Canevaro, deca·
no de loe almirantes de las escuadras surtas en lae aguas
de Creta, y uno máe, al príncipe Constantino á la vanguar•
dia de su ejército.
En cuanto al asunto capital que inspira e0oe grabados
M?ma para Grecia un cariz fatal que recuerda aquella iró•
n1ca copla:
Vinieron los sarracenos
y nos molieron á. palos,
que Dioe protege á. los malos
cuando son más que loe buenoe.
. Sí, eee ee el caso; por ahora loa buenos son pocos y
pierden meguer la providencial intervención que en su
favor debiera suponeree. Pierden, y eu derrota amenaza
b.!rrer con la aciual dio.astía, corroborando aquel aforismo
político:
«Los pueblos se vengan en sus gobiernos de eua fracasos
y de sus cafdas.»
Cit:r!amente, con Grecia, á. la cual no se le escatiman
loe ~1t1rambos, ee~n todas la.8 rimpatias; más hay que con•
venir en qne las simpatías valen en estos tiempos de h~
paz armada bien poco.
Si eatuviesen con ella las potenciag?
Pero la~ pot.encias esgrimidoras de la suprema ratio que
hoy ergotiza en los caf5.one■ rayados, están con la media
luna.
La estrella de Pericles deeciende al Ocaeo.
Ohel l'helleniemf',
Ohe! ..... .

1

La cuestión de Oriente.- Panor•ma en

frontera
gr&lt;e&amp;a.-Monasterio de Tcdcs Santos.
la

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11

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lista en enfermedades del oído,
cómo se las había arreglado.
para obtener tantas curaciones.
-Gran parte de mi fama y
mi fortuna la he ganado,co.n,
tes~ó sonriendo, desobstruyendo v limpiando las orejas de
mis contemporáneos.
En efecto, basta muchas ve.
ces un chorro de agua Sibia y
un Jimpia-&lt;&gt;rejas para hacer
el milagro de restituir el oído
á. los niiios sordos, sólo que es
necesario aplicar sobre la marcha el rt!medio, pues el oído
"dquiere el h1tbito de no oirY se vuelve perezoeo y tardío,
menguando al mismo tiempo
l.~ atención, que no se baila
t'Otonces tan vivamente 1:olic1tada por los ruidos del exte•
rior.

A prop6sit.o de este punto, escribe M. Gilles:
ccSabed que en la infancia, entiéndaee bien, solamente en
la infancia, las afecciones que perturban el oído ~n TODAS curablu cuando la sordera está en sus comienzos. 11
Y aftade deFtpués:
uEl sentido del oído que como los demás se desarr~lla
y fortifica mediante nn ejercicio progresivo y metódico;
y por consiguiente, cuanto en este sentido se haga en la
-eecuela 1 servirá. de poderoso auxiliar al tratamiento ordenado por el médico. quien entonces encontrará. en el
maestro, un colaborador.11
y á buen entendedor con media palabra le basta, como dice el refrán, pues ea de esperar que cuantas_ m~dres
vean este artículo, tendrá.o presentes las prescripciones
del dorctor Gilles. Advertiré, por mi parte, que la costumbre q·te tienen ciertos nifios de respirar con la boC:1
abierta es señal de que eetan enfermos del oído. El pri·
mer cuidado de la madre debe ser no reñirles, sino llevarlos en seguida á. casa de un médi_co. Muchas veces un_a
ligera operación que no ofrece peligro bastará. para librarlos de la sordera.
FRANCISCO SARCEY.

1

.

El doctor Gilles no nos dice
cómo ha de hacerse para curar la sordera, ó mejor, la mio•
p a del oído, á ese 25 por 100,
de criaturas; lo que sí afirma
E a que entre los discípulos de
no a clase las orejas más torpes
de los últimos son mejores
que las más sensibles de loa
primeros¡ en otras palabras,
a,:egura ccque no sólo tiene Ja
sordera una relación general
con los puestvsqueocupan los
alumnosen la escuela, sino que
Atentado contr.a el rey Humberto
acerca del particular puede esta
blecerse una gradación que corresponde al grado de miopía del oído de cada uno de ellos.,i
No ea que la miopía de oídos indique un estado de decadencia en las facultades intelectuales, ea que un niflo.
duro de oreja oye mal las lecciones del maestro, y perdiendo poco á. poco el gusto de escucharle no se aprove•
cha gran cosa de ellas.
La miopia de la vista ofrece síntomas tan marcados,
tan evidentes, que un maestro Iaatlvierie en seguida;coloca al alumno que padecB es1a enfermedad cerca del encerado y da aviso á los padree, los cuales obligan al niño.
á I levar lentes á propósito para corregir aquel defecto.
El miope del oído oculta á loe demás y basta á eí misma el secreto de su falta. Si está. en el último banco de
la clase, allt se queda; si ee queja de que no oye la explicación, el maestro le contestará: «Porque no me habéieescuchado.n Y tendrá. razón á. menudo; pero el niño pO•
dría replicarle: ccSí que os he escuchado, es que oigo mal,
ó que no oigo nada.11
Vierto que el profesor en clases muy numerosas se ve
imposibilitado de ocuparse particularmente de cada uno
de los alumnos, y q.ue á. causa del tiempo limitado de qu&amp;
dispone y de la umformidad qne debe dar á la ensefümza, se ve obligado á. exigir de todos la misma suma deatención y de esfuerzos.
Para él, loa últimos son todos incapaces ó perezosos,
cuando, en realidad no Bl)n otra cosa, en algunos caeos,
se entiende, más que duros &lt;le oido.
Confiar esta misión á. maestros, sería tarea inutil; porello es que propone M. Gilles que se exija, de conformidad con lo que piden algunos médicos otólogos que s&amp;
han ocupado de este particular, desde el punto de vista.
pedagógico, que se someta el aparato auditivo de los,.
alum11os á un exámen tanto más riguroso cuanto el ni15.o está más distraído.
Essa medida, exoelente en teoría, tropieza en la práctica con algunas dificultades; es la principal que el número de médicos aurisW no ea ni con mucho tan nume•
roso como el de escuelas, por lo cual creo que lo mejores dirigirse á. las familias para que miren con mayor interés y solicitud este asunto, al cual hoy tan poca impar.
tancia conceden. En efecto; una madre cuyo hijo estardo de oido, alza iostintivamente la voz para t¡ue le oiga
y si no entiende las palabras que le dirige algún coooci'Cor1tra almlunte Canevaro.
do, achaca Ja culpa á. que este no ae expresa cou clariCa 1;
Decano de los Jefes de las escuadras surtas en las aguas
y es que la madre, en eu amor por aquel pedazo de ms
de Creta.
entrañas, se resiste á creer que su hijo adolezca de ningún defecto.
Hay que decirla y repetirla que no se trata de nn de-LOS MIOPES DEL O1DO
fecto, ó que si lo es, se encuentra en muchas cri: tur11e,
como ocurre con la miopía de la 'l'ista¡ hay que Lablar
Orn el título de k s Sordos de la Escuela ha publicado cJan..1 pi,r.-1 q11e el niffo pueda curarse.
la .&amp;vista Pedag6gica u11 arc.ículo en extremo curioso, y
cuyas conclusiones int.ereea conocer á. loe maestros y á.
loe padres de los alumnos.
.
Inútil es que digamos que se trata aquí de los mnos sor
dos de nacimiento ni de los que han perdido por con1·
pleto el oído, pues'con referencia á. unos y á otros el único consejo que puede darse á. sus padres es que loe envfeu
á uno de los establecimientes especie.lea donde eeaa pobres criaturas reciben educación. En una escuela ord:•
ne.ria no aetvirían de otra cosa que de estorbo á los de·
mita alumnc&lt;i.
A ninguno ,le e3os nos referimos¡ el autor del artfcnlo,
dcctor GilleEI, Ee refiereá.aquellosque eon duros de oíJo,
enfermedad que se haya mocho más extendida de Je, qut:
algunos piE'lnean, oscilando en las eecuelas, según_ daoos
suministrados por varios médicoe, en la proporción de
un 22 á. 28 por 100, lo cual da un promedio de 25 por 100,
ó eea la cuarta parte.
Verdad es que ha contribuido no poco á elevar este
promedio la circunstancia de haber elegido los médicos
como campo de eue observaciones, las escuelas de las a 1deas, preferentemente á las de las ciudades. Exiete una
razón para que en las orejas de los niños que viven en el
&lt;'ampo no penetren tan fácilmente los ruidos del exte•
La cuestión de Oriente.-P•nor.am" en la frontera
rior. ¿Cuál es eeta razón?
gritga -Monat,teno de San N1colas.-Tesalia.
Preguntábanle en cierta ocasión á un médico especia•
1

-

LA ELECTRICIDAD MOTORA

11La emacipación universal ha sido y es la obra constante del progreso,u se emanciparon loseeclavosdel mundo antiguo. Se emanciparon lo~ siervos de la ~leba. Se
emancipó el Estado llano. Y, digan lo que qmeran los
pesimistas, se va emancipando poco á. poco la clase obre·
r.a, ó sea, el cuarto Estado. La !atalidad retr~cede; lo
mi ■mo la fatalidad del mundo fía1co que la fatalidad social. ¿Por qué ee ha de detener el progreso en s~ ca1;0ino?
¿Por qué ha de decir basta aquí llega la emanc1pac1ón y
de aquí no pasa? Ni ha dicho tal herejía, ni puede decirla: y la prueba es, que ha llegado la hora de !a emancipacíón hasta para loa caballos de los tranvías, incluyendo
los caballos de los encuartee. Al tranvía de fuerza ani·
mal se va sustituyendo en toda Europa, aunque con
cierta lentitud, el tranvía mecánico. Ya es la fuerza motora el va¡&gt;?r; ya lo es el aire comprimido¡ ya lo es, en
fin el flmdo eléctnco.
«Y acabamos de decirlo: En Europa la transformación
es lenta; apenas hay 800 á. 1.000 kilómetros de tranvías
eléctricos.
uEn América se cuenta ya de 17 á 20,(XX) kilómetros,
y de año en año va creciendo este númBro con rapidez
vert.iginosa. Es más: ei algunos tranvías tirados J?Or ca;
ballos existen en la República americana, el eapíntn de
emancipación ee ha impuesto y !!e trata á las pobres ~stiaa con toda la consideración debida á todo sér que vive
cuando es modesto y trabajador. Caii puede deJirse que
los caballos van dentro del tranvía ni máe ni menos que
los pasajeros. Me explicaré. Cuando el tranvía va de
cuesta abajo, hacer trabajar á. los pobres animales es una
torpeza y una crueldad. Basta soltar el freno para que el
coche descienda; la gravedad se encarga de poner en movimie:gto el vehículo. Puee bien, en casos tale!'!, se caler
ca un carretón delante del tranvía, los caballos entran en
él, y el carretón c~n los caballos dentro, y ~l coche con
los viajeros, deec1enden C?n toda tranquilad.ad ~r la
pendiense. Personas y animales van cuesta abaJo en
amistosa compaBía y encantadora fraternidad. Aseguran
observadores imparciales y verídicos, que al principio
loe caballos se a.sombraban un poco y aguzaban lae ore•
jas, como si les asaltase cierto míaticl terror ante la no•
vedad del lance. Pero á loa pocos viajes se hicieron cargo de la sustitución; y hoy, cuando suben á la plat.aforma de su vehículo y se siensen llevar dulcemente, levantan la cabeza y relinchan de gueto.
uEstos relinchos son un himno de gratitud ii. la huma•
nidad inteligente y compasiva. Sin embargo, la emanci•
pación no es completa; porque en las cuesiaa arriba tie•
uen que afianzar los cascos, que encorvar el lomo y que
iirar del coche del tranvía y del carretón juntamense.
La verdadera emancipación está. en el caballo eléctrico
tirando del tranvía eléctrico tambiéo.. Hay muchos eie•
~mas de tranvías eléctricos¡ pero si prescindimos del de
acumuladores, todos los demás no eon más que variedades de una idea, ee reducen á. esta sencillísima combinación. A lo.largo de la vía corre un hilo, ósea pn conduc•
t,or meSálico, y ¡&gt;0r ese hilo circula constantemente una
corriente eléctrica, engendrada en estaciones ó puntos
fijos de la red. Es poner una potencia á. lo largo del camino: ea como hace.,. qu" el camino se extienda paralela·
menie á- un rfo de fluido eléctrico. Y con esto queda re·
enelto el problema, 6 con muy poco más. Porque, en efec•
so, si en el coche del tranvía van uno á varios dinamos,
y supondremos que sea uno solo, para simplificar la explicación, bastará. tender un hilo ó aplicar una palanca
6 una pieza metálica cualquiera desde el dinamo del co•
che al conductor general, para que la corriente pase al
dinamo del vehículo y le ponga en movimienk&gt;. Con
transmitir este movimiento t las ruedas del coche, este
annzará. cobre los carriles con velocidad de 20, 30 y si se
quie"8 hasta 40 kilómetros por hora.
«Vemos pués, que el mecanísmo de los tranvías eléctricos no puede eer más sencillo. Ea una estación central,
se engendra la corriente eléctrica, ni más ni menos que
se engendra la que sirve para el alumbrado. Esta corriente ae precipita por un conductor que va paralelo á la vía.
Cualquier coche-tranvía situado en esta, se halla en comunicooión constante con dicho conductor por medio de
una pieza metálica que sobre él se apoya y eobre él desliza cuando el coche avanza. Por esta pieza metá.lioaqu.e no es, en rigor, más que una toma de eléctricidadpasa la corriente al dinamo del vehículo. El dinamo gira, hace girar las ruedas, y el coche avanza. Y lacorrien·
'te después de haber hecho trabajar al dinamo, vuelve al
polo negativo de la fabrica, ó por un conductor especlal 6
por los mismos carriles, cerrando de eete modo el cireuiio eléctrico cuya parte móvil precisamente, ea el coche
del tranvía. Nada má" 3enc:!lo, nada más elemental. Y,
por lo demás, la h.::rza que engendra la corriente eléctri•

El Prlncipc Conetantino á la vanguardia de su ejército.

ca en la fábrica, pue le ser cualquiera¡ porque eabem~a
que en el dinimo, toda fuerza se convierte en eléctr1•
cidad.
u Puede Qer por ejemplo, una caída de agua, si hay catarata!! disp 'inibl~1: puede ser en último análisis, una
máquina de vap')i-. Y eri verda i que Sales resultados son
admira.bles y curinsos á la. vez
Allá en la~ primitivas edades geológicas, un rayn de
sol penetrando en espesísimo bosque hizo vibrar el ácido
carbónico, de que la. atmósfera estaba impregnada en la
proximid11-:l, pongo pot caso, de una masa de verdura.
Y se descompuso el ácido carbónico por la-fuerza ite la
vibración. Y el carbono se depositó en la p)a.nta. Y en
ella faé acumulándose bajo diversas combinaciones qui•
micas. Má"! t-arde vinieron grandes trastornos de la corteza sólida d~I globo; estremecimientos titánicos del pla•
neta. Y la masa vegetal ee hundió bajo tierra, y pasó al
estado fó11il, y se condensó el carbono y allá. estuvo el
negro filón durante ai~los y sig!oe. Pero _un día la in~u~tria lo sacó de su tumba geoló2:1ca¡ lotraJo á una fábnca;
lo echó en el hogar de una caldera y en él ardió con llamas de alegría, al nnir3e otr&amp; vez á aquel oxigeno dE&gt; que
le aepararon violentamente en el bosque primitivo de las
viejHa edades geológicas. El calor de ~quellas lhuna_s ~e
comunicó al agua de la caldera y la hizo vapor. Oprnmó
este los émbolos de los cilindros, loa puso en movimiento, transmitiendo el movimient.o al dinamo '!Cm rapidez
vertiginosa, y al girar éste, en presencia de los imaneFI,
por su ovillo de alambre circuló la corriente eléctrica. Y
corriente eléctrica se puso á correrá. lo largo de la vía, la
cogió el paso de una pieza metálica, el 11trolley,n p01
ejemplo. la llevó al dina,no del coche que giró r!lpido é hi·
zogirar las ruedas del vehículo, y que le obligó áa,;anzar
con lott viajeros que llavaba á to lo lo largo de los ca•
rrilea.
11He aqui. cómo por qné no rayo de luz jugneteo, hace
muchoé siglo~ en un bo~que gaológico y sobre unas ver·
des hojas, hoy van unas cuantas personas en tranvía
eléctrico, llene quehaceres unos, á sus placeres otros, y
d donde quieran ir todos, sin esfuerzo ni fatiga de eu par\e. Para ahorrarles esfuerzo y fatiga, trabajaron el sol, el
bosque y el ácido carbónico de aquellos aiitlos remotos.
Hemos dicho, y perdónesenos la presente digresión, que
un condactor me~álico, un hilo, por ejemplo, corre á lo

largo de la vía, pero puede cotrer de muchos modos, y
de aquí diversos sistemas de tranvías eléctricos. Eouni.~ •
rarlos y describirlos todos, no eería propio de estos artículos. Limitémonos á consignar, que unas veces el hilo es aéreo y va sostenido por columnas ó poeles como
los hilos del ielégrafo¡ entonces ia comunicación entre
el Carruaje en marcha y el hilo conductor se efectúa por
una percha qne lleva. en su parte alta una ruedecilla de
bronce, ó utrolley,» el cual rueda constantemente sobre
dicho rondnctor. O bien se sustituye al utrolley,» un
¡trueso hilo de cobre, según el sistema de la casa Siemene.
Estos tranvías de cable aéreo han sido hasta aquf los piedilectos de lo&amp; americanos. En Europa las exigencias es•
téticas del público v la resistencia de los municipios ee
han opuesto tenazaiente á su establecimiento. O algunas
veces se coloca el conductor eléctrica bajo tierra y tenemos los tranvías de conductores subterrá.neos. Sobre el
conductor corre una eepecie de hendidura, y la Mrriente
ee toma por una varilJa metRlica aislada que baja por la
hendidura para cnnectar con el conductor electrico.
Existe todavía otro tercer sistema en que el conductor
va al nivel del auell'l. Pero este sistema e:xije disposiciones para evitar la dispersión de la corriente. La índole
de este art.ículo nos impide entrar en má.s pormenores
técnicos. P~ro el principio en que todos loa tranvías eléctricos se fondan, exceptuando los de ac11.muladorPs 1 ee
siempre el mismo. Establecer una corriente eléctrica á.
lo largo de la vía, y tomar desde el coche en marcha esa
corriente para hacerla trabajar en el inteiior de¡
vehículo.
JOSÉ ECII.EGARAY.

Nada sucede en la vida ni como se espera ni como se
teme.
.Alfonso Ko..rr.

Se ha dicho que ya no hay niilos ...... Es que ya no se
cuenta á los aacianoa.
Alfonso Dtiudtt.

�EL MUNDO

DOMINGO •3 de MAYO de 18117
DOMINGO 23 DE MAYO DE 1897

:t¡I, CASO EN CUESTION

Para "El Mundo" Ilustrado.

Sentados en contorno de una mesita del bar; aperas si
á largot1 intervalos nor dirig1amos la palabra, pitocupados cumo loestábamoa con la di1:1cusión 1:1ostemda, y para
la cual había dado tema el caso decidido en aquella misrua ruañana por el tribunal. .1:!.l docwr apuraba lentamen te su cocktail cuotid.iano 1 con el aire de un tmficientista

que ¡.,ui::o.e encajonar cualquiera tésis en un vulgar caso
}Jatológico; frente á él, mi buen amigo el irlaudét1 Patrik
tumaba1 siguiendo con la vista y distraidamentre el ince santti rodar de coches y bicicletas, á 1.r4vés Uel grueso
cris~l qutl nos separaba de la calle¡ él, como bueu sajón
hubiera querido hallar una fórmula malewát.ica para decidir la razón del caso . .r;1 viejo abogado Céspedes hacia
con el 1.0uJ1:1,do asiento de una copa circuloe tangentes evbre el marwol de la IDE'!Sa, y yo, mohíno por la derrota,
trataba de prucurarmti Ja 3usucia de aquellas tres opiniv·
nea, ya qua no Ut1.b1a obteu1do la de loe jueces.
. No cal.Je:, 1·éplica, decía yo.-Se salva la¡ley~que es la jm.•
t1cia, y salvaudo::c:, ér::ta se salva la moral que es base de
la ley. Y sin ewbargo de esta conclusión que dtbéría ea•
t1sfacer, queda en pie el hecho de que por no agraviar li
la ley se:, aherrojan J.us facultades a.isímbolae que, no pu•
uie11do obr.ar acurdes para la consecución del tia preconcebio.o, tienen qutl exustir estériles ó propeDEae á Ja consumación de clluques capaces de:, producir un delito. ..... .
-Todc, es producto de deficiencias-contestó el doc •
tor-1..legará, ha de llegar por fuerza, l'n día en que los
progreso1:1 soc1ulógicos est~b!ezcan una selección absolu•
t.amtmte indispensable ... ... porque ¿quién duda que es un
crimen la union de dos neurotas? y la ley que autoriza
eso, se hace cómplice.
-¡Lnposiblel. ..... ¡imposiblel-dijo á su vez Pd.trik.esto no t.iene remedio ......... La ley no puede reglamentar el amur, base dd matrimonio ......... El amor que ea
afinidHd de idtas, de v0Jici611, de eensacionea .. ...... . Afi·
nidad hermosa, inmensa ........ .
-P..::ro fiuita-concluy\J el doctor-¡ Ay amigo mío! Si
se pudiera.u ballar dos cosas ó do~ seres exactamente
iguales en la lllt.turaleza!
-En total, la razón es mía-dije,-La ley es la moral
en acción 1 s~gúu buenos definidores. ¿ Y puede ser moral
la ley qu~, pur no romper un molde, acaso imperfecto,
por 1it,wor a la presuncion de que la separación absoluta
uesquiciarla la sociedad, hostiga para que se odien á do::1
aéres dl:lsligadoa defacto por lo que tunda. el matrimonio,
como to·es la volumad? La gran razón de los que contra~
r1an la lésie, es un sofisma inícuo .. ....... ¡ El deaquicia wiemo social! ¡Cómo si la sociabilidad, principio absoluto que ee impone donde quiera y en todv casu, uo hu •
hiera existido y no pudiera existir sin esa lig4 declarada
iuqutlbrautablel La medida de ua apa:tamiento relativo
es msuficiente, perjudicial á la condición biológica hu.
wana, é inmoral.. ... .... Sí seí'ior, inmoral.. .... El vínculo
queda subsistente y el carácte~ adquirido ao se pierde,
ue donde resulta que al agra via'lo se le da por satisfac•
c1ón una afrenta, la de no privarlo de un epíteto que le
causa bochorno, y que la ley autoriza e1 adulterio ... .... . .
-Pero ¿y los L.ijos? arguyó Céspedes.
Lo brusco de su ataque ( comprendí bien cuánto enc'e rraba esa pregunta) y el grado de excitación en que me
hallaba, me hicieron eer rudo en la contestación.
-Los cobijaría el amor, el carifio, ó el instinto pa.
ter.nal del c~~yuge que lo tuviE;ra; y si en ninguno
existía, los h1Jos gozar1an de la misma condición con el
u.,atrimonio indisuluble que ein él.. ... .
-,Oh!
-No ...... no .... Convtugamos en que todo ea cue~ti, n
del C«.l!O ...... Yo no répugudcia el divorcio absoluto 1::11
cit:rtos cusus ...... el adult.t:rio, loa vicios que ª"rav1an al
l1ogar ...... Pero en el ca.)u tle su clit:me, l!O haY razón .
-Parece no haberla, y 1:iin embargo al. hay, y trascendeot.alít!iwa, ¡,ero fuera de la ley. Udtedes uo lo conocen
lnen y por eso juzgan asi. Es precim convenir que en toda soi.:1t:dad acuu~ce lo que eu la attuósfera y el mar.
}:stos tientin a~a cambios térmicos &gt;: dinámicos, y Jae
otras sus &lt;:amb1ós llam~mosles psiqu1cmi:. Una di::i!oca•
ción pequ~fiísinu ¡,roduce una 01~ua encontrada, esta
un mov1u11eutfl, est.e uoa perturoactóu y esta una catáa•
trofe. Basta, pacit. conva11r.:esce de esto, el caso de mi pairocinadv.
X, mi protagonista, de modesto origen, ee crió robUFI•
t? y sano, ain ~ingúu wal atavico.; se t:dJcO y bt:li!ust1ó,
smó perfecta, si bastantemente b1eu; dtl J0V1;;;n se d1sti1t•
guió lJOr su bujna indult', y dd howlJrt: 11adit, put'dt1 1e
l.Jrocharle nada: á costa ue laborioo1dad y houradez h-.1
formadu uu capüal y eti, en fin, un hombre de bien y lle
juicio: un howbre upo. Y sin embargo, este hombrd l:ie
halló precipitado al aiiorcio y buy l:ltl halla el más iult:•
liz por no haberlo alc.mzado. O.; rdfemé, enrt:suwen to
que él ~e dijo después de muOLtO tit:mpo q•1e dc-jamu1::1'de
vernos, 1guorando yo qué era de él. .....
-¡ Bah! La eternü. h11::1toria de P.Jaduichi1:ff ... : ..
-Si ...... sin adulterios, sin rnsulios ni proc.i.cidadea
sin arrenatos de imaginación, ~in niptospruductode wa:
la educación ...... 1(Usted sabu-mt:i llt:Cfa mi clieor,e-wu
cuanto esfuerzo llc:,gué á reunir uua b iuita furtuua. Oua1 1
do me ví duefio de ella y solo entoncee, me ~ntí solo y
me vino la obsesión del matrimonio. l',rnsé en casarnu·:
pero conociendo que para la fdicidai en el matrim,~mh
:_e necesita antes que todo bueua elección e1~ la cumpanera, creí ~ebe_r busc~r una que ee _me asemeJara Jo pvtible, en a"Sp1rac1one1::1, Hleaa, educación y posición: la ha)lé, nos simpatizam ,e y CJncluimo::1 por amarnos ...... 8:,
10dudablewente: nos awamos mucho, co11 un amor que
perduró wucbo tiempo, más del señalado para que el
amor conyugal se co!I~it,rta en .amistad pura y det1inte1esada. ¿Qué cosa or1grn6 la prime~ nube? Lo ignoro:
acaso fué la falta de prole en los prunerus añus de mat.ri•
monio. Yo qui~e desde luego tener hijos y conclu1 por
desearlos ardientemente; sentía la nP.cesid.ad de tt-nerlos·
en mitad de mi dicha, me pare;ía que en mi hogar falta:

ba algo. ¿Para quién sería mi fortuna? ¿No perpetuaría
mi nombrt-'! Y r::obra i~o, el·placer, el dulce placer de
acariciar un milo, E"ang1e de nuestra eangre ......... Ella
parecía no preocuparse ui sentir aquella falta, y aunque
con tal motivo nos hicimos reproches, simples reproches,
yo seguía amándola entrañablemente y ella más apasionada de mí cada dia.
¡Qué regocijo cuando supe que iba á eer madre! Y ein
embargo, en mitad de mi alegría, hubo una sombra. Me
causó una dolorc.ea impresión, una extrafieza penoea ver
que ella parecía estar moleeta con ser madre.
Nació una niña, una pobrecita nii'ia, enfermiza y endeble; un sfr que demandaba imperiosamente el calor
maternal, el jugo de los Sf'nos de ella y toda sn ternura
y todr·s sus cuidados ...... Y sin embargo, ella apenas si
la amamantó un poco de tiemp,, con manifiesta repulsión, entregándola c 1n beneplácito á loa cuidudos de una
nodriza. La niña, la pobrecira raquítica, no tuvo otras
caricias que las 1u1as, hechas con la pueilRnimidad del
qu· c ;ee lastimar acariciaudo y hechas á hurtadillas, pa•

DA~L\FO DISTINGUIDAS Mlr.XT&lt;'ANAS

ces, ante aquella impasibilidad de estatua, en aquello!I
aciagos momentos, la abofetee .... .. ¿por qué negarlo? sentí placer en aquello que ella llamó cobard.ia ... ...... Hoy no
es posible que vivamos jumos ..... . Y no obstante, cómo
habría yo de amar á los hijos de ella y mios, a los que
pudieran sin mengua Jlevar mi nombre! ¿Porqué, porqué
no es posible que yo los tenga 11:rl.f ¡ Por qué? ¿Qué cri•
men es el mio para no poderlo?
-Y sin embargo, amigo X-le dije - eso es imposible.
Apenas si de las trece prevenciones del Código, podremos apoyarnos en la sevicia ... .. .... ,, Y en eso basé la demanda, y ueteaes saben cómo ella no quizo afirmar los
malostratamientos de él, y entonces yo tuvo que apelar
á cualquier otro expediente, concluyendo por perder la
demanda ..... .... Pérdida que condena a X á vida terrible
al lado de esa mujer .. ...... .
-Lo dicho-dijo el doctor.-Deficienciaa de la ley ..... .
el caso noes más que la resultante de la unión de una
erotomaniaca con un buen hombre ........ .
-Pues que se adicione el Código-dijo Patlik.
-Insisto en que todo ea cuestión d~ educación y decircun&amp;ancias-añadió Céspedes.
-Eso ... ... de circ-U8tanciaa ... ... dijeron en coro.
ESTEBAN MAQUÉO CASTELLANOS.
Oaxaca, Mayo de 1897.

~I,

Cuando á verme viene un escritor bisoño, un princi•
piante, por mejor decir ( t'"ngo á menudo esa. visita y la
recibo perfectamente bien ), e1 primer consejo que se me
ocurre dar, es el siguiente:
-TrabaJe usted mucho, con la mayor regularidad po•
aible y el mismo número de horas cada mañana. No se
impaciente usted, espere diez años el éxito y la venta.
tiobre todo, cuide muy especialmente de no imitar nunca, y ...... eche en olvido á sus primogénitos.
Después, mi segunda recomendación, es invariable•
mente esta:
-¿Tiene usted un estómago literario; es decir, un es•
tómago fuerte, capaz de digerir todas las necedadee, to•
das las abominaciones que se van á escribir sobre usted,
y respecto á sus obras?.... .. No; por el rubor y la emoción
de usted, veo que es muy joven, muy delicado todavía y
su disgusto, muy natural, le va á causar graves deeazo•
nea ..... . Nada; todas las mañanas, al levnntarse y en ayunas, coma usted lltl sapo vivo. Se vende en lo.e mercados,
y el cocinero puede conseguírselo á usted. El gasto es de
poca monta: tres sueldos vale cada uno si se compran
por docena. Pd.sados algunos años de prueba, ustei mis•
mo se formará un estómago füerario, listo para echar en
él los peores artículos de la crítica contemporánea, t:in
que las nauseas lo mortifiquen.
El literato novel se queda mirándome con inquietud
mal reprimida, miéntras yo le acompaño hasta la puer&amp;a,
insistiendo acerca de la eficacia del método, que tan excti •
lente me ha salido.
-¡Ah, señorito, yo no qlllero decirle á usted que en
los primeros días sea esto muy agradable. .Pero al fin se
con1:1igue, se consigue, apreciable joven. Un buen sapo
vivo, ejercita á mu.ed, lo habitúa á todas las ignominias,
á todos los horrores, á todos los venenos. 0011 él quetla
usted vacunado durante el día contra todos las inru'-'ndi·
&lt;:ias imaginables. Un hombre que diariamente come t:iU
sapo, ea un hombre fuerte, al qu~ nada es capaz de su Ole•
var. ¡ Vaya usted!, ¡vaya ustea, joven, almuércese 1:1u sapo cuotiaiano y tendrá que agradecérmelo más tarde ...... !

SERENATA
III
De vaga laxitud siente la nota
La mano misteriosa que doblega
Y rota su energia, también rota,
Rueda su voz y á la quietud se, tlntrega.
Las brieas de pi.t.no
dominan
Las almas su giro
refrenan:
L'ls frentes vencidas
ae inclinan;
Y vuelan,
y vuelan,
Sobre la antigna hoguera de fororee
Todas las aves de bondad del alma,
Y allí do estuvo la tormenta, hay calma
Y allí do e~tuvo el exterminio, hay florea.
La fiebre decrece, la mano tranquila
Maneja los dedos con vaga quietud,
La noche ee aclara, la luua apartce,
Se aquj.etan las olas y surge la luz ..... .
Inciertas y convuleas
las lágrimas del piano
Nos hablan de otro mundo
que en el confín lejano
Delinea los contornus ·
sonados del ideal;
Nos cuentan los misterios
de las melancolías,
Nos hablan de las brumas
eternas y sombrfas,
Y, en medio á los eecorubros
de los pasados dfas,
Agitan loe recuerdos
sus alas de cristal.
Y ruedan lentamente
Las notae, cual torrente
Que al tiempo se agotó ...

•*•

•••

Srita. Suaana Traikil, d e Pue b la.
(De fotografía de Cosio y C~)

ra no provocar en la madre extranos enojos por mis cui•
dados hacia aquella criatura que parecía pedirme con
sus mir.td.1s de angel protección y ternura. Jamás vi que
ella diera un beso á la nifia, ni que se aflijiera por su estado, y aquella indiferenci.1.1 aquella falU de amor, aque•
119. carencia de apLitud, de sensibilidad y de educación
para la maternidad, empezaron por disgustarme y conclu•
yeron por enojarme. Y sin embargo, la veía enamorada
de mí como en el día de la boda.
La nifia enfermita y lánguida, murió por fin en brazos de la nodriza .. .. ..... ¡ Qué de extrañ.o que se volviera
al cielo si aqui no 1a 11.mabaol Ella soportó indolentemente aquella pérdila queli mi me torturó el alma. Hasta creí notar que en su egoísmo, la contentaba la desaparición de aquel bér que se interponía entre su cariño ha.
cia mí que era el tod-0 para ella, y un cariño que ee recreaba en la perspectiva de la florescencia de nu~stra
unión ....... . .
Cuando en otra vez se sintió madre, ya no tuvo obatá·
culo en manifestar su repulsión para la maternidad.
Comprendi perfectamente que en ella vivía atrofiado ese
afán que forma la dicha cooyug~l. Mi idea se confirmó
al advenimiento de un niño tan débil y enfermizo como
la hermanita muerta, y que se conquistó todo mi afecto
por que en el veía cumplidas todas mis esperanza8. 8n:
t.OLces estalló la lucha; una lucha pertiaaz y agoJt.adora,
que se caldeaba con aquel pobre niBo, que reclamaba
amor y auxilio .... ..... ¿E~ imaginable qut- un padre tenga
velos de un hijo? ~ólo así ee comprende lo que ella decia
por qlleen el conflicto yo me colocaba de Ja banda: deÍ
débil. Yo veía crecerde!icado y acbacoso al niflo, y pen •
sab~ que, si se moría, sería inútil dest-ar más descendencia ......... ¿Para qué? ... ... Yel ·nifio murió también vfcti·
ma, no meca be auda, de la crneldad de ella, á quien wrné á ver contenta, satisfécha .... .. ; la recriminé injurioea•
mente y recibió impasible mis recriruinacioi:;.ea, y enton-

Mariposa venturosa,
Si tus alas tienen galas
Y blasonas de tus alas
Y tus galas mariposa,
Y si la muerte te advierte
No la temae, mi querida,
No es t'terna despedida,
Ni la vida 1 ni la muerte.
Y hay voces exirafl.as que bajan del cielo
Tafiendo consuelo,
Y dice en las notas el lere gemido:
«Yo nunca te olvido ... !»
Se apagan
los ecoe,
La tarde
declina,
Y el piano
modula
Su canto
dormido,
Con voz
cristalina:
«Yo nunca
Te olvido ... !))

•

Y en tanto que el ••
piano de notas ligeras

Deshoja so.fiado sus vores postreras,
De c!imas lf'janos ee allega en los vientos
La estrofa perdida de:, un canto boreal;
Se esfuman las frasee, más se oye distinto
Que dicen las vocea: ¡Attá, más allá!
Yel alma
suspira
promesas
cercanas
Y cruzan
el cielo
dos nubes
hermanas....
Se allega en los vientos
.El canto boreal,
Y siempre
L1s voces
Repiten:
¡ Allá!
Buenos Airee, 1807.
lMANUEL B. UoARTE,

SAPO

•

Aquí estoy yo, que hace treinta aiios, sin faltar un so•
lo tila, antes de entregarme por las maliauas á mis ordi•
narias tareas, me engullo mi eapo respectivo, al abrir Jos
siete ú ocho periódicos qu&amp; me esperan sobre mi mesa de
trabajo; recorro con la vista las columnas de los diarios,
y ei:1 raro que yo no lo encuentre. En el ataque groeero, O
la especie injuriosa, bordada siempre de sandeces ó ero•
bustes, se ostenta el sapo de marras, ya en éste, ya en el
otro periódico, y yo me lo trago con verdadera complacencia.
Como se lo advierto á los eecritores primerizos que me
hacen el honor de visitarme; esto no es muy delicioso
en loa comienzos. Debo confe.:;ar, sin embargo, que de
seguro yo sentía especial vocación para la carrera, por•
que vencí muy pronto mi repugnancia y logré acostum•
brarme sin mucho esfuerzo. Si hice algunos gestvs la pri•
me1a vez, en la tercera y cuarta docenas, ya pude después
manifestar más entereza.
¡Ahora, con la edad, pasan y pa3an que es una waravilla! Las cosas han llegado a ponerse tle tal wod ,, que
ei yo no tuviese al desayunarme el eoneabido eapo, me
haría una gran falta. ¡ Es claro!, me parecería yo á esos
ancianos á quienes si se les suprime por la mañana el ca•
fé, la leche ó el chocolate de costumbre, se lescolldenaá
marasmo por todo el día. ¡Ah! si yo no tuviese alguua
vez el dicboso sapo, permanecería silencioso, mquieto,
melancólico, sin ningún aliento, lo que se entiende, por
inútil. Nadie se puede imaginar el vigor que tal animalito me comunica después que ha entrado en mi economía
( según el decir de algunas buenas gen tea) ese alimento,
t:!eguro que tonifica mi estómago.
Nunca trabajo coa mejor voluntad que cuando lo veo
más horroroso y ha sudado más veneno. Siento una cosa
así como golpe de fuete en el cerebro, un impulso qud
me reanima y decide á ocuparme con verdadero entuciasmo, en mi diaria labor, experimentando punzadoras
an,üaa de tener gt:nio. Sí, no solamente me torna el e~tó
mago sólido y apto para resistir y pasar bien la injusti
cia y la infamia, como si fuesen golosinas, sino que me
produce el efecto di:, un buen excitante para mis quehace•
res matinales y ensancha y fortifica mi entendimiento, y
le fa la vivacidad y la luz á que debo las mejores págiuas que he escrito.
Y no es precisamente el sapo á que me refiero el sólo
qneentra en mi desayuno, pues hay muchos manjares
ae la propia naturaleza. Hace máa de veinte años que mi
edir.or, mi antiguo y buen amigo Oharpantier me dirige
cada dos 6 t1es semanas un paquete que guarda todos
los artículos publicados sobre mia libros. Está abonado
á una agencia de publicaciones, y distribuye los sueltos
alusivos á cada uno de sus 3utores favoritos. De suerte
que fuera de las producciones que yo encuentro y leo en
wis diarios de la mafiana, el resto me llega por esa vía
ea.si del todo completo. No se trata, pues, de un sapo aislado, sino de un mar de sapos de la neaperia&gt;1 enkra en
~u más horripilante hormigueo.
¡Qué enternecimiento me sobreviene cuando pienso en
los paquetes del buen Cbarpantier! Ellos han sido á la
vez mi delicia y uno de los ejercicios más saludables de
mi vida. Por ellos he aprendido altas lecciones de prudencia y me he perfeccionado en el valor, la paciencia,
Ja resignación y el amor á la verdad y á fa justicia.
Yo no los acuso de haberme dado algo de presunción,
lo que sí no ee puede poner en duda es qu~ encierran
odio, injusticia y horror. Hay en ellos, sobre todo, mucha
tontera y mucha frivolidad. Yo quisiera exhibir al pú·
blico el contenido de uno de eso~ paquetea y mostrar có•
mo el ataque lanzado por uno de los diarios más leídos,
p 1!:a á las prov~nciaB .Y vuelve más tarde ~n la. prensa ex•
tranjera, repettdo baJ0 todas las formas 1m!'gma~les.
Viejos enemigos míos, se han tornado mts am ,gos, al•
guoos amigos por lo contrario, han ido á engrosar la fila
&lt;le wis adversarios. Después q11edael sobrante, las esco•

34'1

EL MUNDO

rias excusas que datan de veinte afias; croniq~illaa que
viven de las leyeridas socorridas, falsas acu:!ac10nes, es•
tereotipadas, cuya publicación se paga á tanr.o la línea.
E:1 preciso saber vivir.
Hace un cuarto de siglo que el conOOnido ~e loa paque•
tes no ha variado, forma hoy el montón mismo que e:°
los primeros días de mi carrera, mucho papel desperd1:
ciado inúlilmente sin que yo baya podido sacar de él lll
el más insignificante provecho.
Eo otro tiempo, (quince años hace ) me vino la idea
de publicar uu volumen con este título: 11Sus i!lj~rlas,11
una colección escoaida y delicada de los cumplimientos
y lisonjas que la c~ltica me había dirigido. Aseguro á us·
tedes que dicha recopilación, hubiera servido perfectamente bien de manual completo para los venideros car•
na veles.
¡Fácilmente se imaginará lo que el montón ha debido
crecer más tarde!
Mi granero de Medán está colmado hasta las vigas, y la
corriente llega hoy con la misma furia que ayer; nada la
calma, ni mi ~rabajo, ni mi edad. Decididamente la ~m•
pt&gt;stad no tiene fin; están abiertas las cataratas del cielo
y llueven sapos que ea una bendi~ión.

rá alguno diez años después de muerto, al audaz busca dor descehder al albafial de la injuria, donde se adormece al oleaje de todas las invectivas, pronto á desbordarse
al primer acceso de lo Jura manifi1dta?
Hoy todavía nos lo explicamoe:, pero más tarde, ¿cómo
se podrá comprender e~e cúmulo u.e ignominias, y cuanta saliva se escupe á la cara de los mái:1 nobles y de los
más grandes?
Nuestros nietos harán una obra de me-recida y verdadera justicia, poniendo cada obra del ~iglu en el lugar
que le corresponda, y una horca para los qu~ no han ea•
bido hacer otra cosa que insultar u uee1 r _, e brillantes glorias de mailana. ¡Ah! estos sapos hur,ibles, verdosos, son
para mí dulces, como las pastillas de ambrosía que nos
hacen probar de antemano el gusto divino de la iumor•
talidad.

•
••

Francamente, me pasman esos críticos infatigablee,
proveedores de sapos. ¿Por qué ee dedican á tan vil
oficio?
. .
Para perjudicará los autores que de esa manera IDJUrian? Pero ese cálculo es absurdo, puesto que no los da·
ñan, sino por el contrario, loe benefician. ),Cómonoecba.n
•
•
de ver la verdad probada, indiscutible, ~e que un escr1 ·
Habría que hacer con toda eeriedad un trabajo muy
tor se engrandece con los ataques?
interesante sobre la masa verdaderamente espam.osa de
Los más grandes son los mas atacado1:1 1 y desde el mo•
artículos que la prensa publica dfa á día á propósit.o de mento en que cesan los golpes que se les di~ige~, parealgunos escritoree,
ce también que ellos declinan. La prueb~ es 1nfahble: ¿se
No hablo de aquellos estu:lios, ¡ya muy raros! escritos me ataca siempre, luego estoy toda·vía en mi puesto..
concienzudamente é inspirados pur el alll,Or y el respeto
La verdadera muerte literaria, comienza por el silená la literatura.
cio que rodea á las obras del hombre.
Hablo de toda la inquina baja, de la•estupidez revuelLos insultadores no son en realidad otra cosa que las
ta, de la cJ lera ... nvidiosa, que hace salir á la espectación reaonaatestrompetas de la gloria del escritor, cuyos triungeneral el buen éxito de algún escritor, y más que, eso su fo@ ee empeilan en proclamar.
provecho pecunia,io.
F,n caso ñ.e que ellos quisieran dafiar vndaderamente,
Puede ser que algún día pruebe yo hacer un análisis de la táctica más adecuada sería el silencio. Pero en esto res•
ese rerrdn l Ci:,nago1:10 que determitia un hombre de letras plandece, sin duda, la justicia inmanente de las cosas.
desle el punto en qne legítimamc:,nte adquiere alguna .No puedt:n ca!lar, porque necesitan ladrar, como hace el
nombr,1d1d.. Hoy me concretaré á. seflalar tre.o géneros de perro cuando pasa la caravana. Estoy convencido de que
artículos de los que son más frecueutea.
la Providencia en la cual quiero cretir en estos momen•
Desde luego tenemos el artlculo best.ia, que .es el más tos ha dado et' viento á las velas, para impeler al nav[o
per louable. Es costumbre que lo .escriba ~n Joven can· al 'Puerto glorioso del porvenir.
di.Jo ámenos que se deba á cualqmer afemmado caduco
¡Dios mío! ¡Se dafhm á sí miemos! Las páginas legad'ls
y amigo de niñerías. De todos modoa, este critico ni sien· por la critica, son un testimonio terrible en su contra;
te nada ni comprende la obra de que se ocupa, y desatina porque si ella se engaña al juzgar una obra, la prueba de
con la mayor serenidad, sin tener la meno~ idea de ague• su error será perdurable, y ya pueden imagin~ree uste/lo á.que se refic:,re. Deja á u11 lado las intenciones del au• des el papel que hará en adelante, su .sentencia vana y
tor, lo acuea de crímenes que no ba cometido y .le .Preat_a convicba de inbecilidad ante la obra trmnfant.e.
cuanta~ perversidades pu~den caber en ~u propia 1mag1Pienso á menudo en Saint Beuve, cuya memoria tiene
nación, siempre fértil en toda clase de villanías. Y.o lo
por cierto mucho de que podamos consolarnos, porque
respeto por bestia y no por ruin. PcN cómo produce in- á dejado juicios definitivos, inspirados en verJadera y
quietudee esta dichosa estupidez y se :mnvierte en orígt:n circunspe.ta recli.ud, pero si resucitara ¡cuál no serfa su
di:, fal-edades y pareceres tantos. Yo citaría veinte ejem- bochorno al contémplar la ta.lla formidable de B3i.zac y
plos en que ha sido suficiente un mentecato nomás, pa~a el dominio indiscutible que ejerce sobre la novela moimpedir que una obr.:1. salga hermosa y sana, hasta el d1a derna! Este autor tan cowbatido y negado por él, y Baren q11e la tardia verdad se abre paso.
bey d' Aurevilly :y Planche miamo mejor equilibrado,
Muchas veces meacuerdoJ de la frase q11e Taine repetia qué bien hacen en permanecer en sus tumbas para no
delante de mí (ya hace tiempo de esto ) cuando encarga• ver la mayor parte de sus sentencias casadas, y los escri•
do d'j las publicaciones en la casa Hachette, le enviaba toree que ellos han elogiado ó deprimido, sobrevivir en
yo lue artículos que aparecían sobre su uHistoria de la Li · la perpetua renovación del genero humano.
ter.t.tura Ingleaa,11 recientemente Ealida á luz. Lo atacaban
Hablaba yo hace poco de la inmunda cloaca que se
violentamente, y con especialidad los periódicos religio• formara, con el montón de artículos legados por los ceo ·
sos le dedicaban censuras llenas de furor y de encono. t1ores que tienea la manía de injuriar. Pero sin deseen- '
El ee encogía de hombros á cada ataque de aquellos, mtis der á caaos excepcionales, de certidumbre evidente, co.n
proveuiclos de la pasión que del talento, y decía sonrien- graode extrañeza afirmo que la mayor parta de los críti•
do con dulzura: -1(E~ un artículo de cura de aldea.n En• cos no se preLcupan mucho del proceso que se instruirá
tiéndase por eEt'), ti artículo de un hombre bravoJ en el más tarde ante laa generaciones venideras, sobre sus senfondc,, pero un bravo impediio, cegado, que no entiende tencias y las otras que hayan juzgado. En esta materia,
palabra de lo que dicd. En suma, un buen sapo.
sólo la razón y la justicia será.n las soberanas, de modo
Viene, en seguida, el artículo emponzoñado, Este de• que toda critica fuera de ellas, estará mal ~iment&amp;.~a. y
manda algún talento á su autor, y es con frecuencia la sérvirá para vergueaza del que la haya escrito. La umca
obra de un hombre inteligente, de un literato, en -fin, excuea podrá ser la buena fe que tomará tal vez el nom•
porque es menester algo de erudición y arte para enve• bre de la inteligencia, En cuanto á los otros, los que
nenar hasta los puntos y comas de un escrito. El toque se hayan inspirado en propósitos poco nobles, y escrito
estriba en poner todo lo que pueda herir, todo lo que las- por pasión, por envidia ó por ira, resultarán convictos á
time y dañe, exhumar las frases olvidadas del autor, co• la püstre, de su vileza y r..1indad. J am.á.s he leído uno de
naciendo que le son desagradabl~s; coordinar los textos eaos artfouloa impregnados de hiel y de cólera sobre uno
discordantes para darles un sentido mortal, aceptar en de mis libro~, sin sentir en el fondo verdadera compasión
las opiniones lo q•1e ellas pueden tener de pernicioso; por el pobre autor á quien se los debo. Ei uno que pretender su lazo á propósito de cada frd.se; hacer que corra tende ser vil, bajo la piedra de su sepulcro, cuando loa
entre las línea~ impresas todo un caudal de abominacio• dos hayamos muerto, mientras que yo dormiré en mi
nes mal encubiertas; ocultar bajo cada frase la flecha del fosa muy tranquilo después de haber concluido mi terea
caribe que debe matar con la menor picadura.
de honrado obrero.
Conozco á dos ó tres de estos criticas que no pueden
amar ni admirar, cuyos artículos, de una apariencia ca•
Cae. cae en mi humilde casa, bienhechora lluvia de sa·
riñosa, son nidos de víboras bajo flores. Sudan naturalmente la perfLiia, como los pin9s su resina. ¿Qué rabia pos. Sigue trayéndome el valor y la entereza para ver de
tienen mezclada tin la sangre de sus venas, qué concien- frente á los hombres, sin sentir ningún desaliento.
Cada mafiana, antes de mi trabajo, haz que no me falcia de su impotente genio para mancbarasí toda creación?
Se piensa en bajezas ignoradas, en almas viles y ne• te en la mesa y entre mie diari()s el sapo vivo decostum.
gras, propias de hombres ruines, que, avergonzados por bre, que hace tanto tiempo me ayudaáeobrel1evar nues •
la mediocridad de sue obras, se solazan manchando las tra feroz vida literaria. Creo que esta medicina higiéni·
ca ea indispensable todavía para conservar mi vigor. Y
de los otrc.s.
·
Un artículo de e~tos es. según mi sentir, el mejor de el dia en que me faltare mi sapo, sospecharía que mí fin
los sapos; lo cubren las pústulas de la envidia, y está hin- estaba proximo - y Y" había escrito mi última página
chado por el veneno de todos los rencores. Cuando un buena.
¡"Yamos, un sapo ayer, y u~sapo hoy, y en espera de
escritor tiene la buena sut,rte de saborear uno dtl es tos,
sin duda. que tiene inmunidad para dos meses, y queda el sapo de mañana, para bien de mi salud y de mi
alegría!
insensible para los más eangrientos ultrajes.
EMILIQ ½oLA.
Queda, por último, el artículo que llamamos «loco.u Yo
entiendo por tal el articulo de un sectario, de un dese•
quilibrado en materias de fe ó de política. ¡Ab.! miserias
de la intolerancia ó la pasión que le vuelven el juicio al
hombre y matan toda virtud y toda justicia. Los conoces,
¿verdad?
Se lanzan ellos al combate en nombre de esa justicia y
de pi::a verdad, y realizan la más excecrabrle de las tareas,
la difamación, la delación, condenando al prójimo sin
prueba a 'guna, inventando d~moetr1'ciones á su sabor,
No escribo vnsoe aquí
aceptando como cosas evidentes las bajas murmuracio•
porque mi nombre rernerlea,
nee, encarnizándose en las mujeres y los nifios, sin ese
sinó para que w ac uerdes
simple buen sentido que nos indace á perdonar 81}. los
que yo me acuerdo de tí.
otros l11s debilidades propias de nuestra fragil humanidad. ¡De ese modo la obra que ellos pasan es la que se
C.UIPO.UJOR.
imaginan que puede ser justiciera y redent.ora ...... ! ¿Ve-

•

•••

�EL MUNDO

ILDA.
CUENTO ■ EXICANO

I
La tribu chichimeca se ufana de tener en su seno á la
hermosa Ilda, la hija de eu vieJo rey, cuyos ascendientes
han ocupado el trono de oro y cefiido á su frente Ja dia•
derna de plumas color de iris, duran'8 seis generacionee.
El pueblo la respeta, y desea que sus hijos hereden Ei
n6 su maravillosa hermosura, su bondad.
Quince anos cuenta; todos sus eneueftos son color de
roes, y entre e11os ve destacarse la figura vigorosa del
mancebo que por primera vez ha hecho palpitar su corazón de virgen.
Los poetas la cantan y comparan su divino busto con
el de Ja mujer que habita de noche las mansas aguas del
r1o, 6 el de Atonantircb, la diosa de la cauda aznl;- su
rostro resplandece cual el de la pálida metz tli cuando
en noche serena ilumina los bosques de ah uehueteP, 6
hace quebrar, en loe acuosos prismas de las o las del mar
del sur sus refulgentes rayos;-menos gentileza tiene la
palomit.a del collar negro, y voz más áspera el pito-real.
JI

con que el capricho del azar escribe
una escala cromática de hermo888:
eecueta de oropeles
y de atavíos aobria
tuert.e en el pedestal de tus encantos,
con tus gracias por únicas fiadoras,
miras en derredor, como queriendo
contestar un saludo á la victoria;
verdP esplendor ee escapa de tus ojos,
y ¡todos te proclaman vencedora!
TOBBELLINO

El vals y mi emoción 11 un tiempo vibran:
luces y ritmos por el aire ondean,
coloree y fragancias se confunden,
arpegios y fulgorps se entremPzclan.
Hay boda: del pincel y del pent.ágrama.
Hay besoe: los del tinte y la cadencia.
Gentil como t.l\ eola,
como tú sola bella,
al leve impulso qu .. ni mano imprime
sobre tu eebelto talle de Minerva,

DAMAS DISTINGUIDAS MEXICANAS

Todo está en silencio-las sombras han
cubierto con su negro crespón la ciudad y
la baja silueta del palacio se confunde ~n
la de loa árboles que la circundan.
El silencio sepulcral ea int.errumpido de
cuando en cuando por el canto agorero de
los pájaros nocturnos, ó el suave aleteo de
las alas sedoB88 de algúo buho·-atravieean en rápidos giros laseetrechaá callee los
murciélagos que ee cuelgan de loa troncoA
secoa de los plátanos, cuyas hojas macilentas se desparraman por el suelo.
III
El padre duerme y la bija vela·-eepera
la eeilal convenida para uoirsecon ~u amante y buscar, muy lejos, un ~dazo de paraíso, en el cu.ar se deslicen e1lencioeamente las horas dulcfeimaa que pasen juntos,
sof'i.andoen su porvenir, lleno de ilusiones.
La seflal convenida suena y poco después, dos siluetas caminan c~uteloaament.e, amparadas por la eombra.
Pobre viejo! ya nunca peinará. tus canas
la hija amada, ni sentirás sobre tus meji11as sus labios ardientes!

IV

. Tria~ resuena el tepona.:ra , y el rey ee dirige vacilante al te..oplo: sus cabellos caen
ell desorden, desceñ.idos de la corona de plu.
mas color de írie;-el cacUi bordado de oro
no se ajusta á su pié, y el maMne&lt;:all no ci~
fie ~u ~usto;-1.a ciudad es~á triste y hace
sacnfi~1os 11 Hmtzilopochtli por el regreso de
la pnnceaa;- el gran sacerdote riega la
ean~re de las víctimas á los cuatro vientos
la piedra de los sacrificios, techmll maná
~aogre y el cu.au.ricalli rebosa de ~orazo~
nes. Después viene la orgía, el pulque cow
rre por loe vasos de coco labrado, pero el
monarca no toma parte en ella.
. Las noches vuelven, pero el suelio no vifltta !os párpados lacrimosos del viejo rey,
11 qmen ~nsume una fiebre devoradora.
El anciano se agita en su lfcho de estera
y en su delirio ve la hija por quien muere
que lo llama, con los brazos abiertos, ensellándole como emblema de la otra vida la
reíulgente aureola que circunda su her~oea cabeza. Las lii{aduma que mantienen su
alma atada á la vieja materia, son todavía
bastan.~ fufrtee, lo que lodeseepera-¿no ve
á eu h1Ja que lo llama?
V

DD ■ INGO a3 DE ■ AYO DE ,8117

•

esta fiebre, este foco
que se nu~re de sangre de mis músculos,
que e~ mis ven.as ago~a el nectar rojo,
que a_tu'an~ m1s nervios y que ea árbitro
de mis sentidoa todos.
No lo quiere esta llama que ilumina
el ara oculto en 9-ue por cí me inmolo·
no_lo permites tu, mi casia Venu1:1
'
¡mies que.para mis campas ambiciono!
Tú, de qwen traigo á mi escondida cámara
ese calor de Agosto
que por mi ser difunden
las verdes llamaradas de tus ojo1:1,
ll&gt;uc rto Rico).

Jost

A. NEGRÓN SANJURJO.

,

RONOUS VAGOS
Pasaa por el abismo de mia tristezas

Pasas por el abismo de mis tristezas
como un rayo de luaa sobre loe mares
ungiendo lo infinito de mis pesares
con el nardo y la mirra de tus ternezas
Ya tramont.a mi vida h tuya empiezas
mas salvando del tiempo loe valladares
como un rayo de luna sobre los maree
pasas por el abismo de mis tristezas

Como blanca theoría por el desierto

AGOYA
Poderoeo visionar:o,
raro.i..oge~o tem~rariu,
por t1 tmc1endo mi inctinsario.
P~r tí cuya gran paltta,
capr1cboaa1 brusca, inquieta,
debe amar todo poeta;
por tus lóbregas vit:,ionea
tus blancas irradiaciones, '
tus negros y berm.eUones;
por wa colores danteeco!'
por tus majos pintorescos '
y las glorias de tus frtscos.
Porque entra en tu gran tesoro
el diesLro que mata al toro
la niña de rizos de oro,
'
y con el bravo torero,
el infante, el caballero,
la " antilla y el pandero.
Tu loca mano dibuja
la silueta de la bruja.
que en la sombra Bt:: arrebuja ,
y aprende una abracadat;ra
del diablo patas de cabra
que hace una mueca macabra.
Musa soberbia y confusa,
ángel, espectro, medusa,
tal aparece tu muea.
Tu pincel naombra, hechiza·
ya en sus claros electriza,
•
ya en sus aom brae sin fon iza,
con las manolas amablt1:1,
los reyee, loe mieerablee,
ó los Cristos Jamelltablee.
.En tu c!arvacuro brilla
la luz muerta y annuilla
de la horrenda ~eadilla,
ó hace encendt-r 1 u piLcel
los rojts labios de n.iitd
ó la sangre del claveJ.
Tienen ojos aeeeinos,
en sus semblantes divin(s
tus ángelPa femeninoe.
Tu caprichosa alegría
mezclaba la luz del dia
con la noche obscura y f1 fa.
Asi ea de ver y admirar
tu mieterioea y sin par
pintara crepnt!cular,
de. lo que dan testimonio:
por tus frescos, San Anto11Hr
por tus brujas, til demoniu. '

''°,-"o/'t"~~e,,
~.,,,,,,,. . -..,,,, ,

-~.-.• ...,..... """""~....
..,

CAllPOA.K OR.

'49

EL MUNDO

a3 DE MAYO DE •"91

No mlis en la tersura de mis cantares
dejará el desencanto sus asperezas
pues Dios que dió ii los cielos sus laminares
quiso que atravesaras por mis tristezas
como un rayo de luna sobre loe marea

lid.a murió antes que su padre una fleRuntN DARlO.
cha errada por Yacáne.x, buscó a'brigo en
senor
- 1•E 111 G
a
c ·
snconu:ón
lleno
de
d"
.
wi
m a onz lez os10 y Acosta. ( De fotograf1a Valleto Y e•)
_
,
sa~gre ar iente y roJa;
.
··
- l acá~x, el descendiente de los incas de alma de hiegiras
por
el
amplísim?
~ectáogulo
rro, abrió con su cuchil1o de obsidiana el pecho; poco d8'3y en pos de tí, la env1d1a que despiertas.
pu~a dos cadáyeres reposaban juntos, teniendo
r 88 .
Yo, como el ave herida
EVOLUCION
pulcro una tupida alfombra de yolos6chiLls las flores del
en la natal floresta,
corazón, y por bóveda el inmenso pálio aztil del cielo.
giro también ...... en busc3
Joet .ASC.Áft.FAGA C.
de mi nido de sueños de poeta:
T~ fiebre-~mante 11ena de caricias secretas San Salvador.
voltaica sacudida
l.: mó sus lab.1os de ~cua con mis labios marchito&amp;
precipita la saagre en mis arterias·
Y pobl.ó .loa insomnios de mis noches inquietas
chocan en mi cerebro
'
De caricias absµrdas y de ber:1os malditoi:i·
rot.aa en mil pedazos, las ideas·
'
-9/',''.~
,::.)....,
Eros quiere encarnar en mi paiabra
La tristeza-una amante sombría, taciturna,
1,, , ..
~
y torpe, el labio á balbucir se niega!
Fué, deapuée, compai'l.era d➔ mia noc}jes glaciales
rendido, hipnotizado
'
Y en las h?ras tedioB88 de mi pena nocturna
bajo la sujestión de tu preirencia
Arrolló mIS dolores con sus cantos nupcialee;
voy dando como autómata
'
la circular acompasada vuelta·
~oy se ~pagan y tiuermen mis causadas pupilas
PERSPECTIVAS
y cuando la brillante catarata'
, tendida~ l? largo de mi cuerpo insene1ble,
de melodías cesa,
Vela el. sueno .mcoloro de 1;1ii noches tranqnilas
ANTES DEL VALB
busco un sitial en que la calma logres
La Ind1ferenc1a-amante e1n nervios, impasiblequedas en él ~omo en tu solio ¡oh rei~a!
Jirón de cielo ó mar-dos infinitoe la eaya azul que en tu escarpín se adit.a
y al fin resucu.ando de aquel vértigo,
A.XTENOR LiscAKO.
me acuerdo de que eak&gt;y sobre la tierra ..... .
esfuma en~re loe pliegues aus contornos
de. la doble columna en que te apoyas;
roJa como la flor del amaran to
MI INVERNÁCULO.
la cinta que tue crenchas aprisiona
Yo sé que en torno á mf nieva y escarcha•
finge un halo de fuego
yo sé q ne el bóreas ronco
'
~n torno á un haz de rayos de la aurora;
cuaja el cristal de hielo en mis alféizares·
i.as suaves líneas de tu torso cubre
desde estas salas oigo
'
blanca almilla gaseosa,
la gota que á compás en mi techumbre
á la que, P&lt;•r la espalda, inunda en oro
cayendo está con en caPr monfito■ o·
iu destrenzada cabellera blonda•
hay en la 2cera gélidnp car.imbanos:
hasta ascender á tí, t;ónrca aguai
En cuanto al bien y al mal nada hay lejano:
hay frío ...... , mucho frio ...... en el iÚroyo·
c:i:d:1 mujer de este concul'BO es ~ata
todo se ~talla al alcance de la mano.
pero no IIPga ad: no 'o consiente
•

.,;

DO ■ INGO

Como blanca theoría por el desiert.o
desfilan silenciosas mis ilusiones
sin arbol que lea preste sus ramazones
ni gruta que lea brinde refllgio cierto
La luna se levanta del campo yerto
y al claror de sus rojas fulguracionee
como blanca theorfa mis ilusiones
desfilan eilenciosaa por el desierto
F:n ,·ano al cielo piden rPVt,lacionea
_¡;:on esfinges los astros Edipo ha muntoY á la faz de las viejas constelaciones
desfilan silenciosas mis ilusiQnes
c0mo blanca theorfa por el desierto
A1,uuo ~E1n-o.

SUINDA

I
Yoh·ámonoa, aelior. Cuando Pomb1"ro ~ nuestro lado
silba y rn eRcucha el ruido delas.alas del Suindá, alguna
desgracia ancPrle al caminante. Volvámonos, señor. Ael'.
mi guía, presa ,le supersticioso pavor, dice y se detiene
en medio del camino.
¿Y quién es Pombero?-Invisible se encuentra á. nnetic•
tro lado, adivína nuestros pensamientos;-no hay misterios ni arcanos para él.-¿Y Suindá?-Es Suindá. el compafiero de las sombras,, el profeta de la muert.e q•te busca
entre las tnrabas la tumba de su hermano, sin jamás encontrarla. Escucha rarai la leyenda de Suindá.
JI

Nunca mas puros loe rayos de la luna platizaron las
hojas del g1utp&lt;1y, jamás más bellas las ~atas de rocio, cual
líquidos diamantes, brillaron en las flores del ta,,t, s6lo
esa vez el Seembucú besó con ósculo de amor al turbulento río que lo absorbe en su corriente; flores y aromas,
amore1: y sonrisas, ecos de dulcíeimos arpegios, recuerdos
de suavísima salmo&lt;lia, ténue luz, brisa tibia, harmoníaa
indefinibles, embalsaman, aduermen é iluminan la cuna
de Suindá.
!JI

No nació solo. Vino gemelo al mv.ndo, ií. su hermano
unido en u.moroso abrazo, y al estrecharlos la madre contra su amante seno, angélica sonrisa se dibujó en los la•
bios de esos pedazos queridos de su alma. A cuál besar
primero? Instintivamente la madre posa sus labios en loe
labios del hermano de Suindá, ya que ii la vez no era po•
si ble besará loa dos. Gérmenes de la ira, embriones de
odio, semillas de venganza, envidia y celoe, tifien de rojo cá.rdeno el rostro de Suindá.

IV
Loa celos ¿son acaso ellos la mlis poderosa de las pasiones humanas? Envenenan la existencia; enemigos del hogar, destierran de él la paz, deaciendeo á la choaa pajiza
del ~aetor y suben al palacio de loa reyes;dealfaanse cual
t-epttles en~re flores y enrn~can sus anillos en el corazón
del hombre y allí matan despiadados las más nobles afee•
cianea.
Amor conyugal, dichoso porvenir, fneños é ilusiones.
aspiraciones nobles, e\Pvados ideales, abnegación y vida,
todo cae envneho entrtl la negra sombra de los celos, tras
el alud de la rastrera envidia.
\'

Cinco lustros han pa!lado desde el nacimiento de
Suíndá. Eacoudida entre lianas y diamelas, á orillas del
:Reembucú, guarda Ja rustica morada de un pa~tor la jo·
ven bella; sueño dorado del hermario dt! Suindá. Es trig ■efla como bija de loe t.rópicos, tianen aus ojos el color
de la noche y los desr.eJloa de ene astros. Sabe Suindá
qM ella y su hermano se aman; pero él también siente
latir su· oorazóu con sensación extrati.a. Y ese secreto
amor que nace y se agiganta, en co nbate con lM aíeccionee frateroalee, las ve al fin caer vencidas cuado la mano del criminal prep:irJ. l:t. fr:it:ci1.'.l n~c:l:1.

VI
Dulce t.ro'"a de amor ee escucha al pie de la ventana
de la hij~ del putor; dulcísimos idilioa, eternos juramen•
tos, ruidos de besos, y brazos que ee estrechan, corazones que laten movidos por et amor más puro.
Brillan como carbunclos en el vecino bosque los ojos de
Suindá, encendidos por el odio y por Jos celos. Dispara
la envenenada flecha que aa.ravieH et cuerpo de la bella y
de su hermano, dejando unidos sus dos cadáveres como
unidas salieron al cielo sus dos almas. Lleva en seguida
su nervuda mano al afilado darao y hasta la empufl.adura lo hunde en su corazón.

VII
Una ave miaterio!!a-dehosca mirada y cesgo vuelo, des·
de entonces recorre las tumbas olvidadas, cuando las
sombras de la noche se extienden sobre el mundo; y si
en nuestro hogar ee escucha su graznido 6 el ruido de
sus alas, cual profeta da muerte anuncia. una desgracia.
Es el alma vagsmuoda de Suindá que expía su pecado
huyendo de las luces y de las aves.
Calló mi guía. ¿Me refirió acaso la leyenda de Abel y
dé Cain? La leyenda biblica babia de celos del amor divino, la guanmi de celos del am.or mundano.
No~: TABORDA.
Paraguay.

fanfarria, encontrar Jas mismas caras y contemplar los
miamos idilim pltbeyo~.
De cuando en cuando y para descargo de. su conciencia ó más bien con la esperanza de ser ampliamente pagado en otra vida, CQlocaba algunas monedas en una de
esas manoe t.rémulas, agarrotadas y sucias que se extienden suplicantes al pasante, y en esos días recordaba su
acción á. cada instante, se encomiaba. á sí mismo y aun
si hubiera podido decírselo al mismo Dios, repi~iéndos~lo, haciéndole apunt.ari.o en un libro 1 cobrar recibo casi,
de mil amores lo hubiera hec-ho.
En sus últimos afios algo se arrepentía de no haberse
casado pero únicamente para encontrar en la mujer una
enferU:era solícita, una mujer que tal vez hubi~ra con
sus cuidaJoa proloniado sqa díae, y como el médico per•
maneciera aún ahí, le decía:
Tres años, doctor, na:la más eso, me casaré y mi mujer me cuidará bien, no ea verdad que......
.
Hizo un gesto de espanto, las manos ee a~1taron nerviosas, las sábanas subieron más aún, y bamendonuevo
gesto sus ojos tomaron la inmovilidad de ágata de loa
ojc,s de muertn.
-¡Ya está! dijo el galeno tomando el p11lso.
-¡Al fin! exclamó el imberbe sobrino que heredaba
los dineros del tio1 sin poder contener su indiscreta
alegría.
Y esta fué la oración fúnebre y las ú nicaa palabras que
la muerte del buen aenor hizo salir de humana boca.
.BE1tNAROO

Cor,-o

CA"l'TILLO.

Mayo de 1897.
ULTIMO$ MOMENTOS

Lo amariilo de la lamparilla veladora y la blancura de
la&lt;i ropas de la cama, era lo único que de pronto aedistin·
guía en la vasta estancia.
Cua11do lo, ojos Ee hacían á esa media obscuridad, so·
bre el lecho se veía el rostro flaco, de amarillentas livi•
df'ces, de ojos angustiados y humedo,, que con toda la
vida que en ellos quedaba, se fijaban ansiosamente en la
puerta del cuarto, y unas mano:1 larga~, huesosas, que se
clavaban en las aá.banas, se agitaban, tarántulas desque•
brajadas, y con mecánicoéinstintivo movimiento, atr~ian
constantemente las sábanas al rost.o, como quenen·
do, según la frase de un célebre psicólogo co11temporá.•
neo, revestirse ya del sudario.
En la puerta apareció la silueta del médico, larga figu•
ra envuelta en larga levit.a; loa ojos del enfermo chispearon; los pasos graves del enlutado personaje fueron haw
cia nn sillón mecedor, donde un joven, imberbe todavía,
bostezaba con aire fastidiado; unas cuantas palabras dichas á media voz se cruzaron, y los pasos.fueron hacia la
cama donde Jos ojos se dilasaron y una voz perceptible
apenas, balbuceo:
-Vi ..... viviré ...... un año ...... doe, nada más Doctor.
El Doctor nada contestó, pero en su r()stro de impeca ·
ble impasibilidad, hubo una involuntaria mueca de lástima que hizo saltar las inquietas manos y agitarse el cuerpo e¡;¡queleteal del enfermo.
El médico permanecia·inmovil, viendo al desechado
con eee aire de piedad y de curiosidad que aún los más
acoetnmbradae á ver pasar la fatal línea, toman ante loe
forzados viajeros. El Desgraciado leía su sentencia en esa
aciitud y, haciendo un esfuerzo pretendía dominarse,
darse valor y su cabeza monologueaba:
-¡Ya!. ..... ¡ee acabó todo 1 •••••• tenía que suceder...... .
¿y qué? ........ ¿qué es la vida? á. quien dejo, que extrafl.o,
qué podré echar de menos después de muerto? y en vano
se convencía de que era viejo, de que no tenía ni un hijo, ni un hermano, ni una mujer; fin su corazón no ha•
bfa nada, ni siquiera recuerdos. ¿Había querido algo en
este mundo, fuera de su egoista tranquilidad? No, ¿verdad? Otros van llevándose aunque sea r111naa, y en elmo·
mento de la muerte ven dibujarse rostros que aonrien 6
que lloran, figuras de amigos que pasan, recuerdos de
buenos ratos que se esfuman; para él, nada1 nada, el más
completo de los vacíos; y, sin embargo, y arn embargo se
afnraba 1í. la vida, se aferraba con ai.aiar:1 1 con su voluntad y sus fuerzas todas, si las fuerzas fueran capaces de
vencerá la muerte ......... y repaeaba lo que babia sido su
vid&amp;., la más vulgar, la más escasa de sucesos, la más monótona d"' las exíatencia 11 , capaz de desesperar al más
contentadizo de loe novelistas.
Su iníancia: unos cua.ntos ai\oa de timidez; él no t.enía
ecos de carcajadas, ni de carreras, ni de pnrazos; él no
sentía en ese momento gritos infantiles, gorgeos de traviesaa aves que lo llamaban ó lo picotearan;en su juven •
tud, dos aucesoe: la muerte de su padre y casi inmcdiatamentedeepnéEI, lade la madre; todo lo que para él represent.aban estos dos lecho!!', eran dos noches pasadas al lado de loa cadáveree, cuidando las ceras que ardían chisporroteando, y desde entonces, comer solo, dos luga1'es
menos en la mesa común; pero fuera de esto, nada cam•
biaba, las mismas criadas, la misma casa, loe mismos hechos y las mismas palabrae.
El vefa turbas de j6venel!I yendo rientes, ii su ruina tal
vez, pero una ruina precedida de clioques de cristales y
resonancias de ri@as; veía mujeres espléndidas y mujeres
sonrientes, proclamaciones raidoaas de los veinte aiioe y
huía, bufa temeroso de loa gasooe, de los movimientos,
del abandono de sn enmohecida concha de vieja tortuga.
Nunca quiso formar un hogar por horror también á loa
gastos y á las discusiones; el número de cabecit.as rubias
y tra1ea claros 111ue rodean las mesas y los lechos y animan las estancias como parlantes ram.illetes de flores, no
era) pa.ra él sino un cieno número de bocae, de trajee,
de profeaoree, un sin fin de pesos que se van,que buyeo,
y h•yen con asombrosa rapidez.
Colocar una cierta cantidad de dinero, el cambiar ama
de llaves, eran las penas de su vida; sus placeres ir á
un jardfo público determinado dfa de la semana, dar Isa
wis:n:is yueltas, oír la.a mismas estridencias tic un:i mi~ma

DE CAMPOAlllOR
SU ULTIMA DOLORA

Se intitula Lo inim ittihle la última Dolora que ha escrito el insigne poeta don R ,món de Campoamor. La 4edic6 al celebrado actor Emilio !\Iario, y la reproducimos
en seguida:
A una actriz que llegó á ser
famoea por sus laureles,
le dió Mario dos papelea,
de A ngt l y Fu ria á escoger.
-Qtté duda puede caber?
-dijo la actriz, impasible,ucualquiera mltjer sensible,
haciendo al sexo una iojuria,
puede imitar una furia,
pero uo. ángel ¡imposible!n

PINCELADAS

I
Parece que euspenso en su carrera,
Quedóse el '!ol en el cenit clavado,
Sigue el agua su curso fatigado
Y la arena del margen reverbera.
En el bosq·ie cercano, desespera
El silencio de muerte que ha reinado,
Y apenas se oye el canto desolado
De la torcaz medrosa y plañidera.
Salta un ciervo: áloe vientos interroga,
Hunde sus secas fauces con anhelo
En la corriente que su sel ahoga;
Asustada una garza tiende el vuelo
Y como nube solitaria boga
Por el azul espléndido del cielo.

II
Orando acaso por el sér que adora1
Imágen muda del dolor sombrío,
El funerario sauce sobre el río
Cuelga su cabellera protectora.
Tenaz conserva su actitud traidora
Un martín-pescador hosco y bravJ:6
Y, al parecer, durmiéndose dft hastío
Esta en la rama que se inclina y llora.
Por fin en el remanso un pez blanquea,
Rápido se derrumba de repente
Y el agua con violencia chapotea;
Yoelve á posarse en P.l saúz dolien re
Y parece al baiiarae en luz febea
Que llevara en el pico una azcua ardienie.
RonrLrn FIGUEROA.

1007.

�350

EL MUNDO

DOMINGO 23 DE MAYO DE 18~t7

DOMINGO 23 DE MAYO DE 0897

EL MUNDO

ENGAÑO SUBLIME

•

StlitlERO 10.

i
La tía Fourneron se enfadaba:
-Me he avanzado mucho, Jacobo, he hecho en tu

~nombre demand11e, promesas; he entablado negocin-

~elleza al~mana.

cionea.
-Pues bien, tía Fourneron, si babeis avanzado retroce·
deréis, he aW todo.
-Pero Eulalia te ama, era ella tan feliz!
El reía de la mejor manera.
-Si me ama, me perdonará.! Feliz ella-así lo creo-es
u na orgullosa dicha, amar! Yo bien querría estar en su
caso.
-La gota volverá, pícaro, perdido, malvado!
Todo su arsenal de injurias pasaba. Entonces la hilaridad de Jacobo no conocía límites.
-Pícaro, pícaro, repetía.
-Me adula uated----el epíteto es demasiado para mi
·edad ...... Si creería usted que me iba á. dejar bloquear
en esa satánica nevera de Pontarlier! Desde el mee
próximo me elimino y voy á instalarme á. Niza.
La tía lanzaba un largo euepiro. Lo que ee con ese ya
todo había concluido.
Lo que la oonr.rariaba eobre todo, era el descontento
de las doe Lezinee que ya no la recibían sin mezclará la
miel algún vinagre.
Eulalia hubiera perdonado crietianamente, pero Aglaé
no perdonaba, r!jprochando amargamente á la interven· tora la imprudeucia..de su conducta, que había comprometido la tranquilidad de el alma de su hermana con pa•
sos inconsiderados.
La tía FournerC'n pasaba la pena negra para calmar
ese resentimieoto. Un disgusto en una familia tao bien
unida ...... que escandalo! Y por su culpa ...... que desolación! Ella, que servía eiemple de lazo de unión, que
tan bien ee iogeniaba para unir, para aproximar loe corazones! A.sí ea que la carW\ de Felipe fué una diversión
f~liz para su pena. Desde las primeras palabras, su ener. gía se encont_tó de pie.
Cerrar la puerta á la intrigante, no dejarla penetrar en
,el arca santa de la familia, proteger .i la huerfanita, sal-

varal viudo. Qué maravilloso programa! Ya le parecia
oír á los panegiri~tas exclamará coro: «Gracias á la ener·
gía, á la solicitud, á la inteligencia da la señora Fourneron ......... » No, jamáe se había sentido con tanto aliento!
La solicitud en la aefiora Fourneron no era una de esas
fiebres benignas de raMs accesos intermitentes, sino una
enfermedad de intensidad temible, que necesitaba una
erupción conetante de buenos oficios. El deber absoluto
de mantener vi vas, sin reposo alguno, por medio de catástrofes suceeivas, las fuerzas de su alma, incumbía á
sus parientes y á em amigos. Deber riguroso al cual na•
die debla eustraerae. U nicamente Felipe se había exceptuado: podía morir en loa mares lejanos sin que ella tuviera el inefable consuelo de at.ar á sus pies la bala fatal.
Poiía nautragar ein que ella se encargara de arrojarie el
aparato de salvamento. Imposible llevar más lejos el ol•
vido de toda def~reacia. Ni aun siquiera había tenido
él jamás el menor secreto que confiarle. De suerte que en
su testamento le trataba ella demasiado mal. Más he
aquí que de pronto ese sobrino desnaturalizado abría á
la solicitud de su tía, loa más grandiosos horizontes, y le
proporcionaba al mismo tiempo laocadón de aproximar•
ee á los C)razones agriados,
Sin perder un instante corrió á casa de las sefioritae
Lezinee y á casa de J acobo de Sommeree, les convocó para la misma noche en su pequeña sala y se hizo la misteriosa, rehueando explicarse.
-No, no, ea un asunto demasiado grave, demasiado
importante, está en juego el honor de la familia: más vale:eeperar para hablará que estemos todos reunidos. Consultaremos, discutiremos. Para decidir á las Lezines,
añadió:
-Va en ello la salvación de una alma.
Para decidirá Jacobo, dijo:
- Va en ello el honor de un hombre.
Prometieron ir, y ella lee leyó desde luego la carta del
marino.
-Y ahora, preguntó alegremente ¿debo partir para
LauSllnne?

Aglaé de Lezines respondió con su voz fría:
- Yo, que no tengo vuestra solicitud, me abstengo de
ocuparme de coeas que no me conciernen, y he tenido
oportunidad de lamentar que cierta persona se haya
aparta do de esta regla de prudencia. Fer.aando ya está
en edad de saber conducirse; puede volverse á casar si le
parece, yo no veo en qué pueda peligrar la salud de eu
alma, unico caso en que deba intervenir una cristiana.
-¿Pero y si ee casa cou una pícara, con una aventurera? rugió la tía indignada.
-La caridad nos prohibe los juicios temerarios. ¿Qué
t;abéis vos de esa mujer?
La discordia estaba en el campo. Jacobo de Sommeres,
deseoso de volverá la gracia de la tía Fournerón, intervino1 llevando la discusión á un terreno en que todos
debían encontrarse de acuerdo.
-La opinión de Felipe, dijo, es de un gran peso á mis
ojos. Es él un muchacho muy recto, muy probo, un poco exaltado, un poco caballeresco, pero que marcha siempre por el camino del honor. Debe tener serias razones
para temer este matrimonio, aun cuando no las explique
demasiado. Yo desearía, cuando menos, que nos hiciese
conocer el nombre de esa mujer.
Aglaé movió los hombros:
-Persisto en sostener que Fernando no es ya un nifio.
-Aglaé, replicó la tía Fourneron, cuando se trata de
pícaras, loe hombres son niilos eternamente.
Jacobo estalló en una risa sonora, en tanto que las dos
Lezines, halagadas en sus odios de eolteronas, declararon que si verdaderamente la moral desaprobaba esta
unión, si aquella mujer era una criatura perversa, sería,
en efecto, más prudente oponerse á su entrada en la fa.
milia.
Estando netamente definido el fin de la cruzada, sepasó á examinar los planes de combate y las máquinas de
sitio.
-Yo vuelo á. Lausanne, dijo la tía, partiré desde maiiana, representaré á Fernando... .... .. le haré comprender ......... le exhortaré, le suplicaré, le sermonearé.
Ta, ta, ta! interrumpió Jacobo irreverentemente,:se ta•
pará las orejas. Mas valo no ponerlo en guardia, tía;esas
mujeres, yo las conozco ........ .
Frotó con melancolía su pierna·enferma donde se ha·
cían sentir aún, por instante~, agudos dolores.
-Si esa pícara se percibe de alguna cosa, se pegará á
nuestro primo y no dejará ya su presa. Y entonces tía
Fourneron, bien podéis gritar como Casandra, nadie os
hará caso.
El temor de un chasco puso pensativa á la tía .F ourne-

ron.
- Yo soy siempre facii de convencer, dijo ella¡ no trato
de hacer triunfar mi opinión. No tengo otro deeeo que
el de ser útil á loa míos¡ qué aconsejas tú?
-Pues hacer exactamente lo que Felipe nos pide, escribirá Fernando para comprometerlo á que vuelva aquí.
-¿Bajo qué pretexto?
-¡Oh! dijo Jacobo, los pretextos no faltan: Su gran
boeque de los Lannes está ya en tiempo de ser explotado,
eería oportuno que viniese él mismo á diri 6 ir loa cortes.
-Se podía prevenirle también que el t.echo de su casa
amenaza ruina.
-También se le puede representar que la época de la
primera comunión se aproxima, y que sería una dicha
que la pobre Lila hiciese esta grande y bella aeci6n bajo
la dirección habil de nuestro venerable pastor.
-Todo esto ea perfec to, objetó Jacobo, pero admite

�EL MUNDO

retardos, tergiversaciones. Y ea preciso gritar fuego. Teníamos la quiebra de loa 1finoret¡ ese pretexto hubiera
sido excelente, sólo que ya no existe, porque aua primos
los Daclan han respondido por ellos.
-¿Qué importa? dijo resueltamente la sefiora .Fourneron, lo importante no es que loa Minoret estén en quiebra, sino que .Fernando vuelva á Pontarlier. El ha depo·
Bitado la fortuna de Lila en eea caea que se creía tan sólida, y nada le retendrá. Y cuandoestéaqul, mis amigos,
cuento con vuestra ayuda para guardarlo. Le baremos
comprender que las afecciones de familia son las mejores, la.a más consoladoras y las más dulces, y que si desea
casarse ...... (su mirada llena de seductoras promesas se
fijó en las dos Lezines ) no hay necesidad de dirigirse á
las aventureras.
-Podéis contar con mi concurso tanto tiempo cuanto
yo esté aquí, dijo Jacobo. Yo organizaré cacerías si lagota lo permite.
Yo le pediré para nuestra capilla el retrato de Santa
Ru!elia, dijo Aglae¡ esa será una ocupación agradable al
Sefior.
-Yo, dijo la tía, yoos invitaré á venir por la noche á
tomar una taza de té¡ jugaremos un poco, y veréfs cómo
ee divierte y habremos así preservado de una mancha el
honor de la familia,
-Y acaso aEegurado la ealvación de esa alma, murmuró .Aglaé.
Los cuatro conjurados se separaron con esa dulce ea·
tiefacción de las gentes virtuoeas que van á lanzar contra la corrupción moderna un golpe temible.
XXIX
Blandamente reclinado en un gran eilló.a, con el cigarro en loe labios, Fernando Duvernoy saboreaba la quietud de un hombre á. quien ningún cuidado obscurece el
horizonte. Acababa de terminar el almuerzo1 Lila salía
del comedor para prepararse al paseo¡ un cielo sin nubes,
el barómetro en buen tiempo fijo.
La alemana permanecía frente al pintor, con las manos
cruzadas sobre las rodillas, mirándolo con sus grandes
ojos transparentes, en una admiración beatífica. Este iJJ•
cienso, estas alabanzas, esta adoración mezcladas al bu•
mo del excelente lóndres, constituían después de todo
una dósis de felicidad muy envidiable.
-De suerte, señorita Carlota que puedo contar con tres
horas de libertad ahora. Nuestra amiga me parece desde
hace algunos días mucho más triste, agitada de lúgubres
presentimientos. Habla de separación y parece temer
que cesemos de verla. Yo quería tranquilizarla, prolon•
gando á su lado el tiempo de mis visitas. ¿Podréis hacer
entrar en razón á Lila?
-Eso se hace cada día más difícil, muy honorable seflor Duvernoy, pero la humilde aya hará cuanto pueda
por asegurar la tranquilidad de 1m amo y de su noble
amiga. Pobre eefiora Beltrd.oa, la caída de !as hojas leda
miedo.
-¿Pensáis qua esté tísica? preguntó él con emoción.
¡Ay! me lo ~mo, porque un día me pidió que le leyese
esa linda poesía que lleva por título La caf.da de fo8 hoja,3,
y cuando leí:
.Fhtal oraclc d' Epidaurc,
Tu m'tlB au: "l.ajeuiJJes dti bata

.A

tuyeu.ejauniront enoore,

.Jlaü c't81.pour la fllmúrejoi,!"

ocultó elJa la cabeza entre sus manoe para desimula1me sus lágrimas.
-Oh, dijo él, pobre mujer, yo no la creía tan enferma.
Verdaderamente me causa mucha pena.
En ese momento un criado entró y depositó sobre la
mesa las cartas y los periódicos. :Este incidente cambió
el fúnebre curso de su conversación.
-8eflorita Carlot.a, antes de salir, le suplico que abra
eee molesto correo.
Cada día ee descargaba más en ella de los fastidios de
su correspondencia, viéndola tan solícita y discreta.
Abría ella la.e canas, iñdicando la procedencia1 leía la
lirma, deapnésesperaba las órdenes.
-De Pontarlier, y firmada Sía Fourneron. ¿Debo leerlA? sefi.or.
-De mi excelente tía }..,ourneron! Ciert.am en te, os escucho, setlorita Carlota.
Pero pensaba en Beltrana, había visto frecuentemente
tísicas. Era, pues, cierto que estaba atacada de esta terrible enfermedad? ¿No exageraba ella acaso la gravedad
de au estado?
Carlota, con eu áspera voz de alemana , de infleccionee

guturales, comenzó la lectura. Habitoalmenteaedívertfa
él con cíert.as dificultades de pronunciación que jamás la
buena ay&lt;\ había podido vencer, contciertas sílabas que no
acertaba á decir correctamente, pero esta vez, desde la
primera página saltó de EU silla, arrojó su puro, y con
uoa bnuquedad que la asustó, arrancóle la carta de las
manos
-¡Los Minoret.! ¡Loe M:inoret en quiebra!
Buscó con los ojos el nombre, se mordió loe labios, é
hirió el suelo con el pié.
-Es exacto ......... Entonces no hay un instante que
perder, es preciso que partamos-para Pontarlier.
Su trastorno era tan expresivo, que ella lo comprendió
todo y le miró aterrada. Tantas veces, en sus absurdos
ensueños, había compuesto esta escena, esa ruina imprevista y repentina. La primera parte del programa se
cumplía, pero el tío de América, del cual debía ser ella la
legataria universal, en qué pemaaba que no se apresuraba
á morir? Y si no moría, ella qué podía hacer. No po·seía
nada en el mundo fuera de una pob,e casuca en Bohemia¡ poseía, aí, un corazón fiel, y esto es un tesoro ina•
prec:able que ningún depositario puede robarnos, mas
para ofrecerlo, se necesila una palabra, un gesto, una
mirada, una voz de aliento. Ella esperaba, esperaba ti·
mida, ansiosa, levantando hacia é l sus ojazos llenos de
bondad.
¡Ay! él no la miraba, releía la carta, febriacitant.e 1 ra·
bioso, con las cejas fruncidas. Algunas exclamaciones
silbaban eutre sus dient.ee. La quiebra sin ser absoluta·
mente cierta, era por desgracia muy t~mida¡ las gentes
prud~n\es retiraban sus capit.ales, avisos que creia de ,e·
gura fuente, le llegaban á la señora Fourneron 1 y ella consideraba ·como u.i imperioso deber de parentesco advertirá su sobrino. No sabía exactatnente la importancia
de las sumas depositadas por Gl en aquella casa, acaso se
alarmaba demasiado1 pero ~n ese caso no vería él en el
pa.!!o que ella daba más que una prueba de su interés. Pd•
ro se decfa inminente la cat1tstofe, y be aqui por qué sin
tomarse tiempo para máe amplias informaciones, ella le
escribía.
-Vamos, dijo él, \.'amos, es preciso partir lo más pron•
to posible; matlana .á primera hora. Un día de retarlo
sería, un crimen¡ es la pequeña fortuna dejada por Elena
á su hija la que he depositad, ahí.
Pero de pronto sintió en su corazón una trieteza aguda, un desgarramiento.
¡Era yo tan feliz aquí! He pasado tan dulces horas.
¡Oh! eefi.orita Carlota1 qué sería sin nosotros de nuestra
pobre amiga?
La alemana juntó sus manos, exclamando:
-¡Magnanimidad de un gran corit.zón! En medio del
desastre de su fortuna no piensa más que en la amiga de
su humilde aya.
-Cuando menos, continuó él ein escucharla, quiero
pasar con ella este último dia. Quiero llevarle yo mismo
con toda la prudencia que su salud exige, la noticia de la
separación absolutamente necesaria, pero q•le espero no
será de larga duración. Cuidad de que Ee empaque bien
todo, set1orita, haced cerrar la casa.
Dió algunas órdenee_que ella eacuch6 con su deferencia
ordinaria, aun cuando no pudo impedir un movimiento
de decepción .
No la había llamado él su angel consolador, ni aún la
había mirado. Cómo hubiera osado ofrecerle su casuca
de Bohemia! •
En cuanto á Lila, oyendo estas palabras mágicas: KPar·
timos mafiana,i&gt; arrojó nn grito de alegría, que repercutió
en t.oda la casa, y después se precipitó loca de gozo en loe
brazos de su padre.
-!Qué dicha, papá, qué dicha!
-Pero no, mi pobrecita, no e'! una dicha, al contrario,
es un lamenta'ole accidente, una pérdida de dinero.
Ella, sacudió eu linda cabeza con un gesto, que signifi caba bien que wdae las pérdidas de dinero no podían
disminuir esa felicidad. Sólo que como acababa de encerrará Carlota saltando al rededor de ella como una cabra salvaje, el pintor tuvo miedo de sus mármoles preciosos, de sus fi.nasestát.uas; de los herm".&gt;sos bibe lots esparcidos en el taller.

-Es mejor qne yo mismo acomode todas estas cosas
antes de salir, dijo.
Y se puso en obra y ellas le ayudaron, pero las gruesas
manos de Carlot11 temblaban de tal suerte, que dejaren
escapar una porcelana de S.ue, que se hizo astillas.

DOMINGO 23 DE MAYO DE_ ,897

El pintor reprimió una exclamación de impaciencia, y
dijo secamente :
- Sírvase ocuparse de otros embalajes, señorita, Lila..
bastará para éste.
Y en efect.o, la niftita se mostraba habil y prudente;
en el exceso de su alegria, tocaba todo y no rompía nada.
La pobre Carlota, con el corazón lleno de pena, había
subido á su cuarto, donde acomodaba con mano febril su.a
más hermosos trajes: Rodaban las lágrimas por eue me·
jilJas.
-Es verdad que he sido muy torpe, pero t;engo tanta.
pena ......... abandonar á mi noble amiga en el momento
en que el fatal oráculo le ha dicho que la hoja de los boa·
ques del otoiio no amarillaería ya ante sus ojos, y saber
que mi generoso amo está. arrninado por nn depo6itarío
infiel y no poder hacer nada para ir en su socorro!
De pronto una esperanza eec6 eu.s lágrimas.
-Quién sabe, dijo, está acaso ahí y me espera. No puedo partir sin haberme asegurado. Voy en un momento,.
en tanto que Lila y el muy honorable señor Duvernoy
concluyen el embalaje del taller.
Púeose como quiera el sombrero, tomándose apenas
tiempo para sujetarlo, y partió á.gr.indes pasos.
Ahí, era el correo. U nade las inocentes manías de Car•
lota era dirigirse al correo una vez al mes con la esperanza inveterada y persistente de que podía muy bien ha
llar alguna cosa.
Latíale fuertemente el corazón cuando hizo la pregun•
ta de costumbre; después de la respuesta uegat.iva, salió.
con la cabeza baja y volvió lentamente á. la casa, decepcionada. Decididamente nada podía hacer por los que
amaba.. La suerte y el tío de América se mostraban muy
crueles.
Al subir la escalera, se admiró de no oír el ruido de los.
marr.illazos que clavaban las cajas1 ni loe grit.os de alegría de la niña. El taller estaba vacío, vacío también el
resto de la casa con excepción de la cocina, donde loa.
criados charlaban.
Se informó:
-El seilor Duvernoy salió?
-Sí, seflorita.
- Y la señorita Lila?
U na de las mujeres respondió:
-La setiorita siguió al se1ior.
8in duda, pensó Carlota, para algunos arreglos; notardarán en vol ver. Se simió tcn~adi:r. do corrtr á casa de la
princesa, pero no osó abandonar su puesto y se resignó
á esperar . .Esperl) lari:t'' r,iempo.

DOMIIIGD •3 DE MAYO DE 1897

el!crutador, deeolado verdaderamente de separarse de

ella.
-Volveré, os lo juro, mi muy querida amiga.
Ella le tendió la mano. El la tomó, la besó, y como
ella no pensaba en retirarla, la guardó entre las suyas.
-¿Ese informe que os ha llegado, es del todo exacto?
-Ay! de cualquiera ot;ra fuente podría yo dudar; pero
de mi tía Fourneron ...... es la mujer mejor informada
del mundo

EL MUNDO

habido de mi parte, lo confieso, un poco de imprudencia. Absorbido por mi dolor, no be tenido la fuerza de
ocuparme de todas esas cuestiones de dinero. Vos comprendéis esto, amiga mía, vos que comprendéiB tan bien
todas las cosas del corazón.
Ella le dirigió una mirada dura que él no comprendió.
Se sentía dominada por una cólera sorda contra él y contra su dolor. ¡Qué importaba que la amase si se había
arruinado!

presencia de usted para la pobre mujer abandonada que
morirá si ya no Je vuelve á ver.
-Pero yo volveré, exclamó él. Ocho días me bastarán
para arreglar este negocio. Dejaré á Lila en mi familia,
con su aya, y volveré al lado de usted.
-¡Qué bueno es usted! dijo ella eon voz conmovida.
Ensayó protestar contra est.a calificación de bondad;
mas con su pequefla mano, ella le cerró la boca.
- Sí, mted es bueno, y de esa bondad voy á. solicitar

XXX
El embalaje del taller babia marchado con mucha rapidez, pues el pint.or tenía prisa por desocuparse para.
correr á casa de su amiga.
-Lila, hijita, dijo, hemos acabado; vete á buscará la.
eel'iorita Carlota, yo voy á salir.
La besó en la frent.e, la despidió con un gesto, después
con el aspecto ansioso del hombre cuyos instantes de dicha están cont:.ados, se dirigió al chalet. Habíase promet.ido no decir á la pobre enferma la triste noticia sino
con el mayor cuidado quería prepar-.ula para este rudo
golpe, con protes~s de carifi.o et.arna; pero había contado sin la huespeda, sin el dón de adivinación que ella.
poseía, para leer en el fondo de loe corazones. Aan no
se había eentado frente de ella, cua.odo bruecament;e ella
le d"'cia.
-Me ocultaia algo. ¿Qué ha pasado?
El respondió olvidando los preparativos y las precau~
cianea oratorias:
-Una cosa horrible, mi pobre amiga, parto mañana.
Ella se irguió cuan alta era, pilida, temblorosa, temiendo que hubiese él a1ivinado la verdad sobre su pa•
sado.
-Acaban de escribirme, dijo él, para hacerme saber ...
-¿Qué? interrogó ella ansiosa, olvidando su habitual
prudencia.
-Los Minoret ........ .
-Los Minoret! qué ea eso de loe Minore,t
En\Qnces él le explicó:
-Los Minore,! la primera ca.sa del país, banqueros de
padre á hijo desde hace tres generaciones, están mal t n.
sus negocios. Nadie podía prever esta catástrofe. D.;
quien fiarse en lo sucesivo?
-Ella le miraba á la cara, de3confhda aún, pero él
sostuvo con la cnlma de una conciencia pura ese exá.men

-¿Bet.áis bien seguro de que vuestra tía no ,ieoe ningún interés en haceros volver á Pontarlier?
-Un in'8rés...... ¿Por qué había ella de desear mi
vuelta?
-¿Quién sabe? dijo Bellrana.
Pero una apreensión de otro orden la dominaba:
-¿Ha deposit;ado usted en esa casa de banca capitales
impar$&amp; otee?
-La foriuna personal de Lila y algunas sumas mías.
Yo creí á loe Minoret de una solidez á toda prneba. Ha

-Pues que se trata de la fortuna de vueetra bija, dijo
ella, eEta partida tan dolorosa no puedt' sn puesta en
cuenión.
Esta vez él la atrajo contra su corazón. Ella se df'jó
deslizar entre sus brazos. Respetuosamente, casi religiosamente, él posó sus labios eobre la: frente que ella le
~odia. Ella apoyó la caben sobre su hembrG y con una
voz triste y dulce, dijo:
-¿Qué. va á ser de mí sin vos, mi único amigo? ¿Sabe
usted, p~ede ust.ed comprender que beneficio ha sido la

una prueba aún. Prométame, jú.reme que si alguna circunstancia me obligase á abandonar este país, donde gracias á usted be sido tan feliz, acudirá. usted á mi llamado, vendrá asted á decirme adiós. Y más bajo, añadió:
-Un último adiós.
sif,mpre las hojas del otoño, siempre las confidencias
de Carlota. ¿Eft.B ba verdaderamente enferma? Una infinita piedad se apoderó de él:
- Volveré, ee lo juro á usted¡ pero no será para un triste adióe, eino para un alegre saludo.

�3S4

Inconscientemente, él había estrechado su abrazo y
labios ávidos se extraviaban en besos repetidos, cuando ella se desprendió dulcemente de sus brazos. El uo
osó retenerla, aun cuando experimentaba una viva tentación.
-Una última súplica, amigo mío, y usted que tan bien
comprende todas las delicadezas del alma, aprobará sin
duda alguna el sentimiento que me ha,e hablar. La
amistad como el amor, usted lo sabe, tiene sus pudores
y sus celos¡ be aquí por qué le suplico con la más instante súplica, que jamás hable de mí á sus amigos, á sus parientes, ni de viva voz ni por cartas. No baga alusión
alguna á la pobre mujer para quien ha sido usted un socorro tan poderoeo. Yo sé como en las pequeñas ciudades de provincia se muestra una fácilmente hostil á. toda
intrusión extrai"la. Tratarían de apartarlo á ue¡ed de esta desconocida que no estaría ahí para defenders6, Sé
que su corazón generoso rechazará esos ataques, pero
loe sufrirá sin duda.
Ella no había retirado sus mano3 al hablar así1 y las
es.rechaba con una presión dulce, como para hacer en•
trar en él el ardor de eu vuluntad.
i"'ie hará. como t. sted lo desea, dijo él, no hablaré de
usted, aun cuando sea para mí una privación gra~e;
pero no permitiría á nadie que ultrajase á usted con una
sospecha. ¿No sé yo acaso que es usted la más noble y la
más encantadora de las mujeres?
Un postrer beso respetuoso, un abrazo último, una
última promesa, y una última mirada, y con el corazón
turbado, Fernando se alejó.
Por grande que fuese su ceguera, su emoción era demasiado viva para que pudiese ilusionarse. &amp;ta emoción
ardiente y áspera la había resentido en otro tiempo,
cuando antes de su matrimonio una implacable pasión
lo ten fa encadenado. Iba, pues, á. amar de esa terrible manera á una enferma, cuya vida estaba condenada? ¿Iba,
á favor de la intimidad que reinaba entre ellos, á. envile cer esa alma qne el cielo reclamaba? Que Beltrana experimentaba por él una afección profunda, no podta ponerlo en duda. ¿No acababa de dejar ver simplemente y sin
falsa vergüenza el dolor que le causaba la perdida de su
amigo? Pero esta afección era casta, depurada por el sufrimiento. ¿Tendría él el monstruoso egoísmo de importunar á una moribunda con sus groseros deseos? Ade•
más, si debía perderla ea un plazo, ¡ay! muy próximo, no
valía máa cesar de verla á. .fin de disminuir la pena de su
pérdida.
-Soy, pensaba él ingenuamente, de aquellos que no
se consuelan y que no olvidan jamás.
Y por encima de todo se decía que no podría ya verla
de nuevo sin traicionar el secreto dedeeeo y de amor que
él creia también tener oculto.
Andaba con vacilación, absorto en su.3 nuevos pensamientos, con la cabeza inclinada sobre su pecho. De pron
to una personita rubia eali6 de ettre loe jardines vecinos y fué resueltamente á colocarr30 junto á él.
-Tú, Lila, tú, mi querida, ¿cómo es que está.a aqui?
¿deede qué hora?
Desde que entraste ahí1 dijo ella, designando el chaletcon su brazo, rígidamente tendido.
El se extremeció de esta larga espera; más de dos horas habían pasado. Permanecía embarazado ante su hija, como un hombre sorprendido en flagrante delito de
traición. Ensayó cambiar de conversación.
-¿Has olvidado, pues, que partimos ma.ñana para Pon·
b.rlier?
-No, dijo ella.
Y con nna voz que la inquietud hacía temblar:
-¿Es que te la llevas también?
f!US

-No, no me la llevo, dijo él sonriendo débilmente.
Después, respondiendo á su pensamiento íntimo,
afl.adió:

-EetA demasiado enferma para abandonar Lausanne.
-Pues bien, tanto mejor, dijo la sei'iorita que escuchó
con una filosófica tranquilidad una severa mercurial eo•
bre la falta de caridad para con el prójimo.
Carlota, consternada, escuchó los reproches del seflor
Duvernoy.
Si hubiéseis estado en la casa, Lila, hubiese sido mejor
cuidada.
Pero viendo la desolación de la pobre muchacha, afta·
dió más dulcemente:
-Id á decir adiós á vuestra amiga, deeea veros.

EL MUNDO

V1 última entrevista de las dos mujeres fué nutrida de
cambio!'.', de lamentaciones y de recomendaciones.
-Me escribiréis, mi buena Carlota, me diréis si ha podido ser conjurada esa quiebra, me tendréis al corriente
de todo lo que concierna á nuestro querido y gran amigo;
si parece má.:t triste y más desgraciado de lo que estaba
aquí; me hablaréis de eus amigos, de los miemcrso: de su
familia, de esa tía }"'ourneron, de sna primas de Lezines,
y también ........ .
Vaciló.
De ese joven cuifado á quien parece amar mucho, el
sen.ar Felipe de Aubián; además y sobre todo, mi buena
Carlota, me hablaréis de vos, largamente, muy larga·
meote, vuestrRs cartas no serán jamás demasiado largas
para el deeeo de vuestra triste amiga.
Como lo había hecho con el pintor, alladi6:
-La amistad, Carlota, tiene sus pudores y sus celoli!.
Prometedme no pronunciar más mi nombre ante eaá familia extrat\a que me eería hostil; ya es demasiado que
vuestra pequeña educanda sea mi enemiga. No quiero
que se liguen todos contra mí.
-Oh! exclamó C11rlota indignada, nadie osaría permitirse ...... Si os conocieran ...... Que no pueda llevaros conmigo!
Bajó la voz:
-Si un día el honorable señor Duvernoy-según mi
dulce eeperanza--cree deber recompensar la solicitud de
su fiel Carlota con el precioso dón de su mano, habrá una
habitación en nuestra cae:a para mi noble amiga.
-Gracias, diJo Beltrana dismulando una sonrisa, me
conmueve vuestra confiada afección¡ pero dadme la seguridad que reclamo.

DOMINGO a3 DE MAYO DE 1897

tas y no esperando casi nunca respuesta; no quería dejarle tiempo de reflexionar, de aeordn3e, de entrietecerse.
.A.elivinaba él también Su inte11cióo, y se la agradecía.
Cuando fué intltalado en el pequeño comedor de la tía
Foumeron, ante la mesa servida de manjares de provincia que no había comido hacía tiempo, F~rnando se frotó las manos en un eapancimiento de satisfacción.
-¡Qué bien se está. en vuestra casa, tia Fourneron, y
qué dulce ea la familia!
Terminado alegremente el desayuno bajo la impresión
de la vieja botella de vino de la Estrella, se recondujo al
pintor á su casa.
Esta vez la eeflora Fourneron no hablaba ya, sintiendo que había ganado su causa y no queriendo hacerse
importuna:
-Te dejamos con tu hija, amigo mio, volveré mastar_de á asegurarme de que nada falta para tu bienestar.
Fernando entró á. eu casa.
¿Donde estaba, pues, la emoción dolorosa que tanto había temido?
Deteniase á. cada paso, encontrando las cosas de otro
tiempo, todas en el mismo sitio, retardándose en mirar
los vie1os muebles con un infinito placer. Mariana los
había cuidado bien¡ no solamente nada faltaba, sino que
el orden y la limpieza reinaban en todas partes. La tía
Ji'ourneron practicaba, desde hacfa dos dias1 inspecciones eeveras: el taller, sobre todo, atraía eus cuidados.
Ella sabía bien que ahí era donde él se dirigiría desde
luego.
El taller no parecía haber sido abandonado, una tela
comenzada se encontraba sobre el caballete; por donde
quiera había un aire de bien venida.
El artista resentía ese lazo tan fuer~ de la casa fami-No hablaré ii nadie de mi querida princesa1 por gran liar,
del techo que le había visto nacer, que sin duda le
de que sea el anhelo de mi corazón.
vería
morir. Comprendía la fuer.za de esta palabra: el
Partieron al dia siguiente. Carlota lloraba sin tratar de
ocultar sus lágrimas. Lila permanecía inquieta como si home.
Estaba solo; ni Lila ni Carlota le habían seguido. En
esperase ver á su padre huir ó á rn enemiga surgir de
volvió
M&gt;doe los objetos con uoa larga mirada circular y
improviso.
murmuró:
Solo al aproximarse á Pontarlier se tranquilizó: no so-Todo igual, que contento estoy de haber tornado.
lo la enemiga no había aparecido sino que el afligido ros•
Ah!
si ella estuvieBe aqufl
tro de su padre se iluminaba con souriaa3 tiernas.
Y verdaderamente, no sabía bien él mismo si en ese
Reconocía loe sitios familiares y se los nombraba á. su
momento era en Elena ó en Beltrana en quien pensaba.
hija.
Pasos rápidos1 precipitados, una pequefia respiración
En laeataci60 1 la señ.oral!"'ourneron, Jacobo de Somme•
ansiosa,
le sacaron de su ensuefio: Lila llegaba loca de
res y las sefioritas de Lezines 1 esperaban no sin cierta
gusto.
ansiedad.
-¡Oh papá! ¡qué lindo está. mi cuarto lleno de ramas
-¿Es feguro que llega? Si ella le retuvie.:!e ... .. ... .
de
lilas! Yen conmigo, papá, ven á. verlo.
Aglae de Lezines, toda penetrada de las escenas bíbli •
-Ya
lo conozco, hijita, yo lo pinté.
cas1 murmuraba con terror:
-¿Tú? oh qué bueno! P&lt;!:ro es igual. Ven 6 verla,
-Debe ser una Dalila, ¿y Dalila no dominó acaso á
quieres.
Samaón?
El la siguió.
-Las mujeres de ahora, dijo Jacobo de :;ommeres, son
Ea cierto que estaba todavía encantadora aquella fresmás bien Danaes que Dalilas. Yo las conozco mejor que
ca camarita. Pa.recía que un perfume se exhalaba de
vos, prima Aglaé.
-Danae 6 Dalila, respondió audazmente la sef'l.ora aquellas ramas de flores: él las miraba moviéndo la cabe·
Fourneron, no tendrá el descoco de venir á buscarle á za con un aire de aprobación.
-Si, aí, no está mal, sin embargo, creo que las haría
Pontarlier.
mejor
ahora.
-No, sin duda, pero no lo dejará. abandonar Lausanne.
Entoncee: Lila se aproximó á. él muy cerca, muy cerca,
Es facil que de un momento á otro recibamos un telegray tomá.ndole la mano, murmuró:
ma ..... .
-Yo querría ver el cuarto de mamli.
El tren llegaba á la estacióa y gritos alegres estallaron.
El vaciló:
Todas las aprehensiones se desvanecieron: Fernando1 in•
-Ee
cierto, ea preciso, díjo, no podemos dejarlo siem
clinado en la portezuela, agitaba la mano, con la emoción del retorno que sigue á una larga ausencia. Saltó á. pre cerradao ¡ entremos juntos, hija mía.
De toda la caaa, sólo aquella cámara, cerrada por él y
tierra, las abrazó con efusión, dee:puéa presentó á su hiJa.
cuya
entrada había prohibido, no bahía podido eer ven~
Ella permanecia en segundo término como intimidada.
tilada
y abierta. Reinaba alli la tristeza eolemne de las
-Vuestra pequef'l.a Lila, tia Fourneron, su hijita Aglaé.
iglesias y de las tumbas. Esto impresionó á. la niña, que
Soy muy feliz al veros, amigos míos.
Mas de pronto pensó en aquella Elena á quien había se echó á llorar¡ él permanecía de pie, frente al lecho
llorado tanto, y aun cuando su pena se hubiese disipado mortuorio, con el corazón oprimido. Entonces el preeen•
hacía mucho tiempo, creyó sin embargo, de su deber1 te desapareció y el pasado volvió á estrecharlo con la ca•
dena melancólica de sus indestructibles anillos.
afirmar una vez más su inconsolable dolor:
Jamás se escapa al pasado; el hombre le da v.na parte
-Oh! amigos míos, no podía decidirme á volver¡ ea
de
su sér y se une á él por un lazo que cada día parece
tan duro, tan duro que ella no esté ya aquí.
aminorar,
pero que nada rompe. ._Como lo había dicho
La tía Fourneron cortó por lo sano estos eoterneci •
Beltrana,
él
era un hombre de costumbres, y las cosmientos.
tumbres de sus años felices en esa apacible casa, le adan
-Te llevo á mi casa Fernando; te he hecho preparar
de nuevo, y se enredaban al rededor de él. El sentía su
un pequefio almuerzo que te gustará. _mucho ..... . No te
corazón apegarse de nuevo á todas esas nifiadas que su
ocupes de maletas, Jacobo tendrá cuidado de ellas¡ venexistencia errante le había hecho olvidar.
te conmigo, tú también Lila, vos también, eeñorita Car·
lota; almorzaremos juntos y beberemos por vuestro feliz retorno, una vieja botella de vino de la Estrella.
Continuará.
Ella se arrastraba triunfante, abrumándose á. pregun-

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DOMINGO 23 de MAYO_:d:•~•8'.!9!_7===============-=E::L::M::_:U:_:N::_::D_:O:,,========~===================a'.3~5~7~,

LA PARTIDA DE BILLAR

Lof soldados f'Etán rendidos de caneancio: como quellevan batiéndose dos dias y hao pasado la noche con la
wocbila á cuestas bajo una lluvia torrencial. Y eso no
o.betante, van ya tres horas que se les deja consumirse
ueu EU lugar, deecansen,11 metidos dentro de los charcos
en :11s carreteras, dentró de los barrizales en los campos
empapados.
Sin fuerzas por la fatiga y por las malas noches anteriore~'t y con los uniformes choreando agua, arrimanse
unos contra otros para calentarse, para sostenerse. Los
hay que duermen de pie, apoyados en la mochila de su
,·ecino y en esos rostros inmóviles, con el abandono del
sueilo, es donde mejor se ven l.1 laxitud y las privaciouee. La lluvia, el fango, la falta de fuego, la falta de rancho, el cielo cerrado y obscuro, el enemigo á quien se
~iE!".D.te en derredor. Esto e8 lúgubre ....... ..
¿Qué hacen allí? ¿Qué pasa?
Los cañonee, con la boca apuntando hacia la selva, tienen~¡ aspecto de acechará alguna cosa. Las ametralladoras emboscadas miran con fijeza al horizonte. Todo
parece dispueató para un combate. ¿Por qué no se ataca? ¿A qué se espera?
Se esperan órdenes, y el Cuartel general no las Anvía.
Sin embargo, no está lejos el Cuartel general. Es ese
hermoso castillo, estilo Luis XIII, cuyos roJOB ladrillos,
lavados por la lluvia, relumin á media ladera entre los
matorrales.
Morada propiamente de Príncipes, muy digna de en·
galanaree con el pabellón de seda de un Mariscal de
Francia. Detrás de un gran fo30 y una rampa de piedra
que los separan del camino, suben los prados artfficiales,
haos, verdes y festoneados por macetas de floree, en derechura hasta la escalinata de iogreso. Al otro lado, hacia las habitaciones de confianza, las alamedas forman
calles de arboles luminoeas; el estanque donde nadan los
cisnes aparece como un eepejo; y bajo la techumbre, como de pagoda, de una inmensa pajarera, aletean y hacen
la rueda 10s faisanes dorados y los pavos reales larzando agudos gritos entre el follaje. Aun cuando los dueños
están ausentes, no se nota alli el abandono, ese gran 11de jadlo todoi) de la guerra! El oriflama del Jefe del Ejército ha preservado basta las menorea florecillas de los
prados artificiales; hay algo de extrafieza al encontrar
tan cerca del campo de batalla esa tranquillldad opulenla originada en el orden de las coaas, le correcta alinea•
ción de la.a masas arbóreas, la profundidad silenciosa de
los pasos.
La lluvia, que amontona allá abajo tan súcio barro en
los caminos y excava roderas tan profundas, aquí no es
más que un chaparrón ,etegante, aristocrático, que aviva
el rojo de loe ladrillos y el verde de las praderas, que da
lustre á las hojas de los naranjos y á las blancas plumas
de loe cisnes. Todo reluce, todo está apacible. Verdaderamente, sin la bandera que flota en la creste&gt;!ía de la techumbre, sin los doscentiuelasqne hay de guardfa sobre
la verja, nadie pensaría que estaba en el Cuartel general.
Los caballos descansan en las cuadras. Acá y allá se en·
cuentran asistentes y ordenanzas con traje de cartel dando vueltas á los alrededores de las cocina.e, ó algún jardinero con pantalón encarnado, paseando tranquilamente
eu rastrillo sobre la arena de las grandes calles de árboles.
El comedor, cuya.a ventanas dan á la escalinata, per•
mite ver una mesa J. medio levantar, botellas destapa•
das, vasos llenos y vacíos sobre el mantel auugado: to Jo.
un final de banquete después de irse los comensale1:1. En
la estancia inmediata óyenee voces altas, risas, bohiB de•

~

\,;

Traje de recepción. ( Figura 2.)
Traje de recepción de fular crema con abanicos de muselina de seda, cnerpo de raso verde, con afiliaciones bordadaP, escote redondo abierto Pobre unas bandas de muRelina , cuello de ra'!.O oon plicé de muselina, manga de
fular y con peque-fío volante en la falda.
Sorrtbrero Melinda. ( figura 3. )
E~ tA prPciGso Pombrero eR de paja fantasía, verde junco
y plata, ad11 rn'l lo de encaies y ga7.a,. e-in nna punta que
cae graciosamente EObre el lado izquhm..lo, saliendo de un
gran nudo de encajes y listones color violado, que detie•
nen aigrette de lilas con follaje natural.
Traje de batista moteado frente y espalda.

1

/ ',

Bata de batista azul y blanca. (FiguJ• 6.)

-~,,b

Este veetido de batista, azul marino y blanco, es nrnv
propio para la estación, y de muy Ucil confección. Cne• 'PO blusa, adornado con tiras tordsdas y rouget angosta!-&gt;.
bajándose en loe delanteros y sobre las mangas que llP.van
en su borde inferior peqnefias aldeta&lt;\ con'rouget. Cinln·
rón con lazo de moaré. La falda v9 adornada en su bor ·
de inferior con una tira bordada y un pequeflo rouget.

.

Sombrero Regina. (Figura 7. )

Este sombrero también de paja, va todo cubierto de
primavera, de distintoi, t;onos, y adornado con buclecillos
de listón angosto, y grandes cocas de color violeta, orq
viejo, rojo, malva y verde pálido.

,

Mangat.ovedad. (Número 8 ).

l ~-Forro de la manga.
2?.-Bata de encimn entera.

En materia de flores y dA amores,
estoy por los amores y la&lt;J flores.
ÜA )l P OA) IOR.

-~

,~

. ,.

( Figuras 4 y 5. )

Este traje es de hath1t,$l . moteado crema. Cuerpo blusa
con bolera de la mi Rm a t,t;:Ja adornado de encajes y entre dos. Cinturón de raE'" verde hoja con campana abierta y
signiendo el adorno del bolero. Cuello de raso con e.Qcaes. Manga entera, fr nnc i,, ..,_

-:

'

Figuras I y .t.
Traje de •eda gris perla. ( Figura 1. )
Vestido gris perla de seda indesplegable, sumamen~
aenci11o, con dntnrón y cu-allo de tela de seda escocesa
azul. Manga fruncida.

de los soldados ...... Allí arriba, en Ja Eala de billar
marfil qne ruedan , copas d&amp; cristal que chocan entre
también se baten con calor, teiriblemente: el Maria:
sí. El Mariscal está ocupado e.a jugar su partidita, y
' , . ~.
cal ha vuelto á avanzar, pero el capitá.n se defiende
he ahí por qué espera sus órdenes el ejército. Cuando
como un león......
·
el Mariscal ha comenzado Ja partida, ya puede hun·
¡Diez y siete! ¡Diez y ocho! ¡Diez y nueve!.. .. ..
_., ~ \. "'
dirse el firmamento, nada en el mundo podría iwpe,'4
.
Apena.a hay tiempo de maMar los tantos Se acerca
d.irle que la concluya.
el estruendo de la batalla. Al Mariscal no le falta
¡ ...
,'
¡ El billar! es el flaco de ese guerrero. Vedlo, como
k\ ,
más que uno para ganar Empiezan á caer granadas
en la batalla, de gran uniforme, con el pecho cubieren el jardín. Estalla una encima del estanque. El esto de placas, la mirada brillante, los pómuloa encenpe]o se hiende¡ un cisne despavorido nada entre un
didos, con la animación que dan la comida, el juego,
~
remolino de plumas ensangrentadas. Es t-l último calos grogs. Rodéandole sus ayudantea, serviciales, res·
...'(, . ·~/" ~
fionazo.
petuosos, pasmándose de admiración á. cada uno de
Ahora, un gran silencio. Nada más que la lluvia
sus tacazos. Cuando el Mariscal hace un tanto se preque cae en los sotillos, un atronamiento confuso en
cipitan todos hacia el contador; cuando el Mariscal
la falda de la colina y por los caminos empapados, altiene sed, todos quieren predararle el gr ogs. ¡Es una
go así como el pateo de un rebaño que marcha á esde tropezarse charreteras y plumeros, un entrecho·
cape .... .. El ejército va en plena derrota.
camiento ruidoso de cruces y cordone~! Esto, y el ver
El :Mariscal ha ganado la partida.
todas esas líndae sonrisas, esas finas reverencias de
cortesanos, tantos galonee bordados y uniformes nueAU"'ONSO DAl' DET,
vos, en aquel salón alto con maderaje de roble en las
paredes, con vistas á grandes jardines y patios de ho•
nor, toda esto recuerda los otoños de Compiegne y
NUESTRA SEÑORA OE LA FAMILIA
distrae reposadamente de la vista de loa capotes sucioa que se aburren al!á abajo á lo largo de los camiLeyenda.
nos, y forman grupos tan sombrios bajo la lluvia.
El compañero de partida del Mariscal ea un CapiAro.el el pastor, y Fenora la rubia, su mujer, vivían
tán de Estado Mayor, encorsetado, con el pelito rizo,
en la parroquia de San Viñol, hoy anegada, en la bacon guantee claros, de primera fuen;a en .el billar y
hía de Caucale.
capaz de vencer á todos los :Mariacales de la tierra ;
Fenora era buena y bonita, Amel fuerte y bueno.
pero que sabe mantenerse á una respetuosa distancia
El llevaba la estatua de la Virgen en la procesión del
de su Jefe y pone todo su empetio en no ganar, cui15 de Agost;o. No tenían hijos, y esto les entristecía.
dándose de no perder con excesiva facilidad tampoco.
Cierto día que Aro.el volvfa pem~ativo del monte,
Es lo que se llama un oficial de porvenir....
r
encontró á Fenora llorando, y comprendiendo el mo·
Atención joven, fijarse bien: el Mariscal tiene quintivo, le dijo:-Querida mía, teje un hermoso velo á
ce tantos y usted tiene diez. Se trata de ir llevando
la Virgen María; ya verás como en recompensa te enasí la partida hasta concluirla¡ y esto servirá más pavía un angelito á tu cuna para que lo mezcas.
ra loa ascensoa de usted que si estuviese ahí fueracon
¿Pero cuá.ndo ha diecurrido un hombre una cosa an•
los otros, bajo esos torrentes de agua que anegan el
tes que su mujer.
horizonte, ocupado en manchar el bonito uniforme
Fenora tenía ya tejido el velo, más blanco que la
de usted, en deslustrar el oro de sus cordones y espenieve y tan transparente como las nubes de verano.
rar órdenes que nunca llegan.
La Virgen de San Viñol era riquísima, porque las
Ea una partida interesante de verdad. Corren las
gentes del país la colmaban de regalos; pero al ver
bolas, se rozan, cruzan sus colores. Las bandas deaquel velo preciovuelven bien la bola el tapete se calienta .... De pronso que había puesto ilumina el cielo el fogonazo de un cañón. Un ruido
to alli la piedad,
sordo hace retemblar las vidrieras. Todo el mundo se
se alegró y lo acepestremece¡ míranse con inquietud. Por supuesto, el
tó. Amel y FenoMariscal es el único que no ha visto nada, ni oído nara tuvieron un nida: inclinado en la mesa de billar esta absorto prepafl.o, y la dicha se
rando un retroceso. ¡Son su fuerte los retrocesos!. .....
meció en su cuna.
Ved: un nuevo fogonazo, luego otro. Los estampiCuando cumplió
dos de catión se suceden, se precipitan. Loe ayudan•
el niño nueve d1s.1:1,
tes corren hacia laa ventanas. ¿Será que los prusianos
Fenora, que aun
atacan?
estaba debil, loco-PuPa bueno, q.ue ataquen, dice el Mariscal dando
gió en sue brazos
tiza al taco.-Cap1tán, á usted le toca tirar.
y lo llevó al altar
I
,
El estado Mayor tiembla de admiración. Turena,
dela Virgen.
dormido sobre su cureña, no es nada junto á este }la.
-María, le dijo
riscal, delante de la mesa de billar en el momento del
arrodillándoee, he
combate ...... entretanto, redobla el estrépito. A los
aquí el hijito que
estampidos del cañón siguen los desgarramentos de
me habéis dado.
las ametralladoras, los redobles del fuego por compaOs lo devolvemos,
ñíaa. Al final de las praderas artificiales suben unos
¡oh madre! eea pavapores rojos con bordes negros. Todo el fondo del
ra vos y que crezparque está abrasado. Los pavoa reales y los faisanes
ca siempre vestiFiguras 4 5
despavoridos, claman en la pajarera; los caballos ára•
bes, al oler la pólvora, se enea britan dentro de sus
cnadras. El cuartel general comienza á conmovPrae. Part.es sobre
No hay quien se acerque al Ma
partes. Los portapliegos llegan á rienda suelta. Piden que vaya el riscal. ¡Cuando leJ decía yo á.
Mariscal.
·
ustedes que nada podría impedirle que acabase su mesa?
-uCapitá.n, á usted le toca U·
rar.
Pero el Capitán sufre distracciones. ¡A pesar de t-odo, lo que
es eer joven! Hétele que pierde
la cabeza. olvida el juego y hace
de un tirón dos series, que casi le
dan ganada la partida. La sorpresa, la indignación estallan en
su rostro varonil. Precisamente
entonces cae reven\ando en el patio un caballo á todo galope. Un
Ayudante, cubierto de barro fuerza la consigna y aube de un salto
la escalinata: ¡Mariscal, Maria•
cal! ...... Hay que ver como ae le
recibe ...... Hinchado de cólera y
rojo como un gallo, el Mariscal
aparece en la ventana, con su ta~.&gt;:,-...\
co eo la manó:
·"~-.,, ~ '-~'-X
.....
~
-¿Qué hay? ...... ¿Qué pasa?....
·tit\~::t.i:.
¿Es que no hay centinela aquí?
:\;),'\~
-Pero, Mariscal. .....
;.;:¡_:,i\.'i.
-Bueno ..... En ~uida Que esperen mis órdenes, ... ......... .
i.&lt;;;-~
Y la ventana se vuelve á cerrar
"""~. f:,
?
con violencia.
"'": '·"
-¡Que etperen sus órdene;il
Eso es lo que hacen los infeli~ ~,,.,
,---.... '
ces. El viento les arroja la lluvia
.r. '
y la metralla á rostro descubierto.
Batallones enteros son aplMtados, mientras otros permanecen
inútiles, arma al brazo, sin poder
:)~darse cuenta de su inacción. No
se hace nada. Se esperan órdenes.
Mas como no hacen falta órde•..
-;,."a,
denes para morir, caen hombrea
á centenares tras de las malezas,
"~:':··,~: . ~ ~ ·~:r.::c;_¾.f: -,
dentro de )os fosos, frenten al
.. ::.'.:
gran castilló en silencio. Hasta
caídos aún loe destroza la metra·
~ ~-. -.·
lla; y por 11us abiertas heridas corre sin ruido la Eangre generoea
Figura¡.
Figura 6 .

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�DOMINGO 16 de IIIAYO de 1897

EL MUNDO

. . . ...

.

esta modificación en la manE:ra de contar las horas, data
de 1884 de} congreso de ,vaahrngton y que íué rejuvenecida en 1890 por el congreso de caminos de fierro habido en
Lo1:1dree. Por lo demás, en ;~Ii_a se usan tiempo ha, horar10s de doble cuadraute d1v1didos por los signos zodia•
cales, tales como el que ilustra eete artículo.
De todos modos la revolución horaria, causará. ruido.

·;~;;,'

.
:
/

I

TOlllO I.

Mes de María.

Figura 8.

do con vuestro traje celeste. Miradle bien, Virgen bendita! Lo hemos llsmado Raúl, como se llamaba el padre
de su padre. Miradle, miradle para que lo conozcáis el día
que os necesite.
Y Amel respondió.-Aeí sea.
Y el niflo creció, vestido siempre con los colores celestes.
So se sabe si á causa de los pecados de los feligreses
-de San Yifiol. 6 á causa de los de las otras parroqmas de
la costa, una noche de horrible deegracia, el río creció
como la leche hirviente que se eecapa del vaso; el viento soplaba, la lluvia caia y la tierra temblaba; toda la
llanura estaba cubierta de agua, y al amanecer se vi6 que
no era el río el que se había desbordado, sino el mar.
Llegaba sombrío, impetuoso, revuelto. Rotas las barreras con que Dios contenía sus ímpetus, llegaba, ya
no como mar, sino como diluvio. La iglesia de San Vifiol
-estaba situada en una altura.
Loe inundados se refugiaron en ella; pero A.mel y Fe•
nora se quedaron en la puerta de su casa, más alta aún
que la iglesia.
Cuando les llegó el agua á la puerta, subieron al pri•
mer piso con el niño Raúl; cuando llegó allí el agua, subieron al techo¡ pero también allí les siguió.
-¡Esposo mío! exclamó Fenora1 alabado sea Dios¡ to•
dos vamos á morir juntos.
-No respondió Amel.
-¡Cómo! ¿piensas abandonarnos?
El agua le tocaba ya1 entonces afiadió poniéndose en
la punta del tejado.
-Coje á nuestro hijo, súbete con él encima de mí1 que
yo te ayudaré1 pon tus pies en mis hombros y tente
:tirme.
Fenora comprendió y se hechó á llorar.
-¡No! ¡eso nunca! exclamó.
-Date :prisa, lo mando, dijo el padre. Salvemos al ni,
..fl.o, eoateméndote sobre mí, durarás un instante más, qui.zá se detenga el agua. Adios, mujer mía, ei muero y te
salvas, dile que se acuerde de su padre.
Fenora obedeeió, y cuando subió áloe hombros de su
marido, el agua cubría la cabeea de éste,
Fenora, exhalando el corazón por loa ojos, agarraba al•
nino.
Cuando el agua llegó á eu cintura, elevó al pequeH.o
Raúl, y después de estrecharle contra su pecho, dijo:
-Súbete encima de mí; pon loe pies eobre mis hom•
broa y tente firme.
-¡Oh, madre, &lt;lijo el niño, 06 1 nó!
-Date priea1 lo mando¡ quizá el agua se detenga. Sos•
teniendote sobre mí. quizá dures un instante más, y si te
salvas me alegraré infinito. Adioa hijo mio, corazón mfo,
acuérdate de tu padre y de tu madre.
No habló más por que el agua le tapó la boca.
Solo quedaba ;J?Of encima de las olas la rubia cabecita
de Raúl, y un phegue de su traje celeste que flotaba sobre las aguas.
Pero en aquel instante, la Virgen de Vin.ol salía de la
iglesia por la ventana más alta, abandonando su pedestal anegado, para huir al cielo. Llevaba consigo todas las
ofrendas que había recibido.
A.l emprender el vuelo vió la cabeza de Raúl y el pliegue de su vestido.
La Virgen se detuvo1 y exclamó:
Este niño es mío, quiero llevármelo también.
Y en efecto, lo tomó por loa cabellos creyendo llevár•
selo fácilmente; pero el niño pesaba tanto que la Virgen
tuvo que soltar todas las ofrendas para cojerle con am •
baa manos,
Cuando dejó todo, telas, coronas y alhajas, pudo levan·
tar al niño, y comprendió por qué pesaba tanto.
Su madre Fenora, lo agarraba con sus dedos moribundos, y el padre con sus dedos crispados agarraba á. la
madre.
¡~h! dijo la Virgen contenta y conmovida al ver aquel
racimo de corazones; ¡que cosas tan hermosas hace Dios
eo la tierra!
Y en un pliegue de su manto estrellado puso al padre
C!Jn la madre y el nifio, tres amores en uno, pues que no
tiene más que un nombre: LA 1'' AMILJA, nombre bendito
en la tierra y en el cielo.
Esta hielioria se cuenta entre Caucale y Pontorson, ambos colocados frente al monte de San Miguel.
P.AUL _FEVAL.

CURIOSIDADES
LA HORA NUEVA

Es acaso la influencia del fin de siglo? Lo cierto ea que
nosotros amamos el cambio; para taltis y cuales espíritus
un poco inquietos, el cambio es el progreso! No son sin
embargo la misma cosa y así lo comprueba la experiencia de todos los días. De cualquier modo que sea, hace
algún tiempo que el mundo se preocupa de la cuestión
de la hora. La hora de otro tiempo se ha vuelto vieja.
No podría darse otra á la gente del Siglo X.."'{.? Y se
propone demoler la hora actual paraofrecernoaunacom•
pletamente nueva.
Desde luego, cómo la nación que ha imaginado el sis·
tema métrico ha tenido el mal gusto de servirse aún de
la hora duodécima? Este es un co.atrasentido. Necesita•
moa la hora decimal, la división del día, no ya en 24 partea sino en 20 ó un múltiplo de 10. Entonces seremos
consecuentes con nosotros mismos y estaremos más ade•
lantados.
LB proposición de la adopción de la hora decimal debe ser llevada á. la Cámara de Diputados. Y el tiempo
urge 1 hay que estar listos para 1900.
Torre del reloj. plaz.:a de San Marcos en Venecia,
Ahora bien, qué es lo
que se quiere? Se quiere
suprimir las horas de la
maH.ana y las horas de la
noche. Se propone contar
en adelante las horas de
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
1 á 24. Media noche, O
hora¡ 1 hora¡ 2 horas; 3
rhoras; después, medio
:,:,.
día, 12 horas; 13 horas;
14 horas; 15 horas, etc.
a::
Desde entonces ya no hay
confusión posible. «Tenu
-l
drá usted la bondad de
venir á comer conmigo á
~ :111
o
las 19? El invitado que
reciba esta esquela, ee
pondrá á. reflexionar: á
'X rlas diecinueve horas? ...
¡Diecinueve horas! En
n d
fin, buscando, acabará
A
por dar con el quid. Se
n Sl
formará. un idioma nueo
vo. Pero así como se ha
:s A
necesitado un siglo para
comprender lo que ea un
CA o
p.
mE:tro y serviree de él, se
..s oca.,.
necesitará algún tiempo .:s w,
para habituarse á las 16 ¡:¡ _g_
horas; 13 horas; 18 horas, e ,g
ll&gt; .Q
et.e. uL&lt;Js unos dirán 1 has- !! i:
o
ta luego, nos veremos á ., e»
las diez.11 Los otros res- "- P
penderán: 11A lás 22 ho- 6 ,.¿
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ras.11 Y aquello será la O u
.o o
torre de Babel.
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i::
Veamos, son las diez de e: e»
n
la mañana 6 las diez de •r::
la noche'( La simplifica•
w
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ción propuesta engendta· • P
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rá dificultades en todos :: U
A ,:
loe usos durante algunos O A
años. Y 105 horarios! ¡Qué C .,.
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paciencia para oir 17, 18, IQ O
:s ::a
19, 20 y 24 horas!
IS P.
Y qué complicaciones M
en loe movimientos de
A o
la maquinaria! Se perde o
P.
!i ca
rá tiempo en escuchar á
un cucú cantar............. .
:s
24 veces.
:&gt;
Pero en fin esta es cuestión de gusto. Loa innovadores no me recibirían
bien acaso que yo formulase una opinión contra•
Oficinas de LA FRATERNAL:
ria á su reforma. Debe
sin embargo, e n honor de
la_verdad, declarar: que
de S. Felipe Neri 7. Apa1tado

~LA FRATERNAL-~

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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