<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="3545" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/3545?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-17T11:47:57-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="2187">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3545/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._22._Mayo_30..pdf</src>
      <authentication>0600ee055c28aaaf7c498438059e2e74</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="117367">
                  <text>DOMINGO 16 de IIIAYO de 1897

EL MUNDO

. . . ...

.

esta modificación en la manE:ra de contar las horas, data
de 1884 de} congreso de ,vaahrngton y que íué rejuvenecida en 1890 por el congreso de caminos de fierro habido en
Lo1:1dree. Por lo demás, en ;~Ii_a se usan tiempo ha, horar10s de doble cuadraute d1v1didos por los signos zodia•
cales, tales como el que ilustra eete artículo.
De todos modos la revolución horaria, causará. ruido.

·;~;;,'

.
:
/

I

TOlllO I.

Mes de María.

Figura 8.

do con vuestro traje celeste. Miradle bien, Virgen bendita! Lo hemos llsmado Raúl, como se llamaba el padre
de su padre. Miradle, miradle para que lo conozcáis el día
que os necesite.
Y Amel respondió.-Aeí sea.
Y el niflo creció, vestido siempre con los colores celestes.
So se sabe si á causa de los pecados de los feligreses
-de San Yifiol. 6 á causa de los de las otras parroqmas de
la costa, una noche de horrible deegracia, el río creció
como la leche hirviente que se eecapa del vaso; el viento soplaba, la lluvia caia y la tierra temblaba; toda la
llanura estaba cubierta de agua, y al amanecer se vi6 que
no era el río el que se había desbordado, sino el mar.
Llegaba sombrío, impetuoso, revuelto. Rotas las barreras con que Dios contenía sus ímpetus, llegaba, ya
no como mar, sino como diluvio. La iglesia de San Vifiol
-estaba situada en una altura.
Loe inundados se refugiaron en ella; pero A.mel y Fe•
nora se quedaron en la puerta de su casa, más alta aún
que la iglesia.
Cuando les llegó el agua á la puerta, subieron al pri•
mer piso con el niño Raúl; cuando llegó allí el agua, subieron al techo¡ pero también allí les siguió.
-¡Esposo mío! exclamó Fenora1 alabado sea Dios¡ to•
dos vamos á morir juntos.
-No respondió Amel.
-¡Cómo! ¿piensas abandonarnos?
El agua le tocaba ya1 entonces afiadió poniéndose en
la punta del tejado.
-Coje á nuestro hijo, súbete con él encima de mí1 que
yo te ayudaré1 pon tus pies en mis hombros y tente
:tirme.
Fenora comprendió y se hechó á llorar.
-¡No! ¡eso nunca! exclamó.
-Date :prisa, lo mando, dijo el padre. Salvemos al ni,
..fl.o, eoateméndote sobre mí, durarás un instante más, qui.zá se detenga el agua. Adios, mujer mía, ei muero y te
salvas, dile que se acuerde de su padre.
Fenora obedeeió, y cuando subió áloe hombros de su
marido, el agua cubría la cabeea de éste,
Fenora, exhalando el corazón por loa ojos, agarraba al•
nino.
Cuando el agua llegó á eu cintura, elevó al pequeH.o
Raúl, y después de estrecharle contra su pecho, dijo:
-Súbete encima de mí; pon loe pies eobre mis hom•
broa y tente firme.
-¡Oh, madre, &lt;lijo el niño, 06 1 nó!
-Date priea1 lo mando¡ quizá el agua se detenga. Sos•
teniendote sobre mí. quizá dures un instante más, y si te
salvas me alegraré infinito. Adioa hijo mio, corazón mfo,
acuérdate de tu padre y de tu madre.
No habló más por que el agua le tapó la boca.
Solo quedaba ;J?Of encima de las olas la rubia cabecita
de Raúl, y un phegue de su traje celeste que flotaba sobre las aguas.
Pero en aquel instante, la Virgen de Vin.ol salía de la
iglesia por la ventana más alta, abandonando su pedestal anegado, para huir al cielo. Llevaba consigo todas las
ofrendas que había recibido.
A.l emprender el vuelo vió la cabeza de Raúl y el pliegue de su vestido.
La Virgen se detuvo1 y exclamó:
Este niño es mío, quiero llevármelo también.
Y en efecto, lo tomó por loa cabellos creyendo llevár•
selo fácilmente; pero el niño pesaba tanto que la Virgen
tuvo que soltar todas las ofrendas para cojerle con am •
baa manos,
Cuando dejó todo, telas, coronas y alhajas, pudo levan·
tar al niño, y comprendió por qué pesaba tanto.
Su madre Fenora, lo agarraba con sus dedos moribundos, y el padre con sus dedos crispados agarraba á. la
madre.
¡~h! dijo la Virgen contenta y conmovida al ver aquel
racimo de corazones; ¡que cosas tan hermosas hace Dios
eo la tierra!
Y en un pliegue de su manto estrellado puso al padre
C!Jn la madre y el nifio, tres amores en uno, pues que no
tiene más que un nombre: LA 1'' AMILJA, nombre bendito
en la tierra y en el cielo.
Esta hielioria se cuenta entre Caucale y Pontorson, ambos colocados frente al monte de San Miguel.
P.AUL _FEVAL.

CURIOSIDADES
LA HORA NUEVA

Es acaso la influencia del fin de siglo? Lo cierto ea que
nosotros amamos el cambio; para taltis y cuales espíritus
un poco inquietos, el cambio es el progreso! No son sin
embargo la misma cosa y así lo comprueba la experiencia de todos los días. De cualquier modo que sea, hace
algún tiempo que el mundo se preocupa de la cuestión
de la hora. La hora de otro tiempo se ha vuelto vieja.
No podría darse otra á la gente del Siglo X.."'{.? Y se
propone demoler la hora actual paraofrecernoaunacom•
pletamente nueva.
Desde luego, cómo la nación que ha imaginado el sis·
tema métrico ha tenido el mal gusto de servirse aún de
la hora duodécima? Este es un co.atrasentido. Necesita•
moa la hora decimal, la división del día, no ya en 24 partea sino en 20 ó un múltiplo de 10. Entonces seremos
consecuentes con nosotros mismos y estaremos más ade•
lantados.
LB proposición de la adopción de la hora decimal debe ser llevada á. la Cámara de Diputados. Y el tiempo
urge 1 hay que estar listos para 1900.
Torre del reloj. plaz.:a de San Marcos en Venecia,
Ahora bien, qué es lo
que se quiere? Se quiere
suprimir las horas de la
maH.ana y las horas de la
noche. Se propone contar
en adelante las horas de
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
1 á 24. Media noche, O
hora¡ 1 hora¡ 2 horas; 3
rhoras; después, medio
:,:,.
día, 12 horas; 13 horas;
14 horas; 15 horas, etc.
a::
Desde entonces ya no hay
confusión posible. «Tenu
-l
drá usted la bondad de
venir á comer conmigo á
~ :111
o
las 19? El invitado que
reciba esta esquela, ee
pondrá á. reflexionar: á
'X rlas diecinueve horas? ...
¡Diecinueve horas! En
n d
fin, buscando, acabará
A
por dar con el quid. Se
n Sl
formará. un idioma nueo
vo. Pero así como se ha
:s A
necesitado un siglo para
comprender lo que ea un
CA o
p.
mE:tro y serviree de él, se
..s oca.,.
necesitará algún tiempo .:s w,
para habituarse á las 16 ¡:¡ _g_
horas; 13 horas; 18 horas, e ,g
ll&gt; .Q
et.e. uL&lt;Js unos dirán 1 has- !! i:
o
ta luego, nos veremos á ., e»
las diez.11 Los otros res- "- P
penderán: 11A lás 22 ho- 6 ,.¿
:s
ras.11 Y aquello será la O u
.o o
torre de Babel.
u ro
i::
Veamos, son las diez de e: e»
n
la mañana 6 las diez de •r::
la noche'( La simplifica•
w
~
ción propuesta engendta· • P
n
rá dificultades en todos :: U
A ,:
loe usos durante algunos O A
años. Y 105 horarios! ¡Qué C .,.
!i
paciencia para oir 17, 18, IQ O
:s ::a
19, 20 y 24 horas!
IS P.
Y qué complicaciones M
en loe movimientos de
A o
la maquinaria! Se perde o
P.
!i ca
rá tiempo en escuchar á
un cucú cantar............. .
:s
24 veces.
:&gt;
Pero en fin esta es cuestión de gusto. Loa innovadores no me recibirían
bien acaso que yo formulase una opinión contra•
Oficinas de LA FRATERNAL:
ria á su reforma. Debe
sin embargo, e n honor de
la_verdad, declarar: que
de S. Felipe Neri 7. Apa1tado

~LA FRATERNAL-~

..
J:.

'E

=

MEXICO-Calle

""
~

..,

•
..,•

•

&gt;

- =•
-. -• -•
--. o."'
.. "'--•
. ."'. "
3 -. -

Postal750.-MEXICO

~a ofrenaa má~ pura.
[Dlhujo de Jo,.é M, Vllloto1nll.n.J

�EL

s6o

"EL MUNDO''
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm . 20.-Apartado 87 b.
MÚ.ICO

· To:cla la correspondencia que ae relacione con la Reiaoc16n, debe aer dirigida al

Director, Lle. R.aCael Reyes Spiudola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición

debe aer dirigida al
Gerente, Lle. Fausto Mosruel.
La eubecripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y ae cobra por trimestes adelantados.
Números sueltoe, 50 centavos.
Avieoe: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo paao debe acr preciaamente adelantado.
'Béol8TllADO COMO ARTÍCULO DK 81DGUNDA CLASE.

Nota, tbitarialt,.
Una &lt;frµosidótt l)ntrrnacional.
Se anuncia que una compaflía americana tomará á su
cargo el abandonado proyecto de eiposición internacional, y reanudará en breve los trabajos iniciados en el
Rancho de Anzúres de eFia ciudad. La noticia no ha podido menos de satiefaceroos, por creer ya fracasada esta
empresa, de la que eeperáb1moe para nuestro país positivas ventaja!!.
Una exposición, ha dicho alguien, es un ari, o en movimiento, un incisivo prnspeelWt de la riqueza de un pueblo
Y de las perspectivas que ofrece áloe grandes negocios.
Y México necesita de esta útil propaganda1 ya lanzada
la nación en el camino de su desarrollo económico.
Para nol:!otros ha llega.do el tiempo de dar á conocer
los elementos de que dieponE&gt;moe, aun yacentes y sin
cat.alogar todavía, la enorme suma de fuerzas vivas utili·
zabJes E&gt;n dir~cción conveniente para el ensanche del
bienestar social. Es una propaganda de ree11ltados seguros Y que han adoptado con éxioo las nacionalidades modernas.
La República tiene éobre su cabeza un mercado de
~ás de setenta millones de productore8 activos, siempre
dispuestos á consumir nuestras abundantes reeervae de
materias primas, excelente posición que debemos apro•
Techará toda costa. Semejante estímulo ha de influir
necesariamente en nuestra, energías, venciendo invencibles perezas tradieionalee, comunicanio ardor á nueatrG trabajo nacional, todavía débil y sin elevados rendi,
mientas.
Y una exposición no e.6lo servirá como repleto mue8•
trario de nuel:!tra riqueza pública, eino t.ambién de instructivo ejemplo del esfuerzo extraflo conducido hábilmente por derroteros indmtrialert. Al país le ea conveniente cambiar una buena parta de eue viejos útiles,
deeecbar afiejos procedimienKIS, para extraer de eue elementos naturales la mayor utilidad posible. Al ponernos
en contacto con el avanzado industrialismo rle otras naciones, al tomar nota de loe progresos de la ciencia mo•
derna, recibiremos una buena bocanada de aire vivificante que reanimará nuestros pulmones.
Por otra parW!, la Capital posee buenas condiciones para hacer de ella un lugar de recreo para los to-uruid americanos, que ya hoy vienen ~n respetable número.
Esd tas panadas de viajeros llegarán un día á eer nube, y
e su paso por la R~pútlica recibirá ést.a un fuerte impulso en todas sus actividades.
Así la proyectada Exposición Internacional ee una em•
presa que debe contar con todas las eimpatíad de los intereeados en el progreso del país.

l)nrrnbios tJ bomberoif.
Ahora que con motivo de 1a catástrofe del Bazar de
Caridad.de Paríe, tanto se preocupa la: atención del públi•
co en eñe orden de ainies\roe, no es ocioso examinar con
frialdad loe elementu1:1 cuu qut, contawu:3 para hacu fren •
íe á semejante categoría de peligros. Precisamente un in•
ce~dio, estallado en estos días en la ciudad, ha puesto de
relieve deficiencias, indispensables de subsBnar, en el
cuerpo de bomberos. La reorganización ee impone como
una medida irascendente, y seg6. n informes qoe encon·
t.ramoe en la prensa diaria, la Secretaría de Gobernación
ha comenzado á trabajar en tll sentid,.:,.

DOMINGO 30 de MAYO de 18s»1

MUNDO

La verdad es que has~a el día no se hab1an registrado
en la Capit.al de la Repú blica grandes incendios, y para
las modal-as proporeiona de los qoe se han producido,
los servicios prestados por el Cuerpo han sido suficientes.
Así co.m.o el m ií.&amp;,·ulo ae desarrolla en el ejercicio, toda función ee amplifica y mejora á influjo de las exigencias del
aparato que dirige. Se concibe que en Nue va York, donde los incendios revisten un carácter colosal, la organización de loe bomberos haya llegado á ser irreprochable.
Una vez más, queda demostrado que las nacesidades son
las que determinan el progreso en cualquiera dirección
del organismo social.
En México, las anejas construcciones• de la dominación espaíl.ola han persistido á la acción de los afios. Loe
caserones virreina les, coo eue gruesos muroe, ene maci•
zas bóvedas y sus granlticoe asientos, han permaneci•
do firmes, á trechos cubierWs de parches que disimulan
sus heridas de viejos combatientes, ya sostenido algún
fatigado miembro con un soporte que le sirve de muleta,
bien adhiriendo al encorvado esqueleto una ligera capa
de pintura que le da aparie ncia de joven tejido arterial.
Y así, íraccior.adoe, divididoe, compuestos y aderezados,
los conventos y loe palacios, loa cuarteles y las bodegas,
nos han proporcionado durante largos anos habitacione&lt;a,
un poco caras, es verdad, pero, por contra1 un mucho incómodas.
Pero eetos gigantes van eintiéndoee caneados, ee desmoronan con lentitud, marchan pesadamente, hasta que
una mafl.ana un robusto piquetazo de la Obrería Mayor
loe hace rodar en el polvo.
Es un hecho innegable que el vecindario necesita habitaciones, y se sefl.ala como un excelente negocio para
los hombres de empresa la cons~rucci6n de viviendas cómodas, ilentro de la existencia moderna, sin olvidar, naturalmente, las reglas higiénicas. Pero si se necesitan
casas, también se hace indispensable que el alquiler de
estas se reduzca considerablemente, dado el promedio de
sueldos en nuestra clase media. En México e~ consagra
al alquiler de l11s habitaciones un tanto por cient-0 más elevado del tolal de los ingresos paniculares del que los
economistas eei'lalan en la distribución de uo presupueet.o doméstico.
No ea posible, sin embargo, rebajar el tipo del alquiler, cuando en las construcciones se emplean materiales
que hacen subir considerablemente el dinero invertido.
Una casa que tenga para cada recámara una cúpula, y
cuya eala ofrezca muros tan espesos como el MonMterio
del Escorial, soporta un fuerte capital inutil, pero siempre digno de atención por parte del propietario.
De aquí lógicamente se desp1ende que las nuevas habitaciones que en plazo no muy lejano, substituirán á
las mansiones feudales en que habitamos, habrán de te•
ner un menor costo. Es decir, sedo habitaciones mucho más 1igeraP, más refl.idae tal vez con la tradición, pero seguramente más al alcance de las posibilidades del
vecindario. Ya han comenzado á levant.aree algunas de
estas cons\mccionee en los afueras de la ciudad y en los
pueblos de los alrededores.
Esas casas se bailan, no obeU.nte, expuestas á mayore,
peligros que las que hoy nos albergan, y entre esos peligros debemos colocar en primera línea la facilidad de los
grandes incendios. Para entonces-y este entoncei es de
actualidad inmediata-se hace preciso dotará la ciudad
de uo buen servicio de bomberos, destinado, apartar de
nuestros espíritus toda idea de un riMgo semejante, salvas las proporciones, al que ha determinado la \ragedia
de París, que tan dolorosamente ha impreeiot1ado al
mundo entero.

El dónde la vida para el escrHor, es la inmortalidad
de eus obras, sean cuales fueren las condiciones en que
ee hayan producido. Y el dón de la vida no es otro que
el don de la verdad. Cuando un personaje es verdadero
ea tterno; poco importa que esté mal vestido, que pre:
eente líneas defectuoeas¡ baata que por loe agujeros de
su traje pueda verse la carne desnuda y vi viente. Ya está levantado para muchos siglos.
En esto ha de tener-y tiene efectivamente-mucha
parte el temperamento del escritor, íemperamento que
es quien decide de la viU.lid.ad de las creaciones lisera
riae. Hay entre los artistas manos creadoras, como hay
también manos que no pueden animar nunca la materia
que M&gt;Can, por {)recioea que esa mderia eea.
EMl LIO ZoLÁ..

Política &lt;!»tneral.
RESUM EN. - Ej Senado Amuieano.-Reconocim1ent0o,
de bellgerante• á lo• ln ■ urrecto ■ cubanoa.-Su re•
■ onanciill rn Ame';riea.-Las Repúbl,eaa latino•amerlean ■ s. -Su probable marcha en lo Porveniri-EI
e•tado polltico de España. - EI tncidentedel Ouquc
de Tetuán.-1: ■ cánd.alo en el Senado.-Conaerva•
dore ■ y liberales.-Un abismo ablerto.-Temores
de a;uerra . -Conetu ■lón.

Cuando todo anunciaba c ,tma y serenidad en las regione~ oficiale'!, y la~ reiteradas declaraciones, así del gabinete eepai1ol, como del gobierno de la Isla de Cuba,
proclamaban la cuasi total conclusión del movimient.o insurreccionel que por más de dos afloe ha llenado de luto
·Y desolación, de ruinas calcinadas y deetrozadoe cadáve-res el territorio todo de la Isla ainnpre fiel, el Senado
americano en quien debemos suponer, y con justicia, la
respetabilidad que le corresponde en el fun cionamiento
político de la gran República, después de haber aplazado•
una y otra vez la discusión de la cuestión cubana, des•
puée de haber hecho Teeonar la3 bóvedas del augusto recinto, con di3cursos incendiarios é increpaciones terrible3
contra la política e~pat\ola en la direC:ci6n de la Isla, y de
levantar una y otra vez lavo.:. autorizada ae sus senadores, en favor de loa que combaten en la manigua por e1L
eoflada patria, acaba de aprobar por gran mayoría de
votoe, 1a proposición de Morgan, en que ee declara el
estado de guerra existente en Cuba, y como conaecuenci.1.
necesaria, la estricta neutralidad áque ha de sujetarse el
gobierno americano respecto á las dgs partee beligorantes.
Si el Senado americano, t:n donde tiene tanta influencia Mr. Sher~an, jefe del gabioet.e de 1\Ic Kinley,.
no ha podido libertarse de la acción, que en él ejerce u
las manifestaciones públicas de simpatía, y , pesar de
eue discutidas facultades, intervenir en el asunto sin t-1
consentimiento del Ejecutivo, se ha vist.o obligado á aprobar la proposición de Morgo.n, no es dudoso que, aprobada
la declaración en la Cámara de Representantes y sancionada por el Presidente, el reconocimienW de la beligerancia1 y la concesión de derechos á este anexos, sea
secundada por los gobiernos de las demás repúblicas americanas. La gran República del Sur, loe Estados Uni·
dos del Brasil, así lo ha prometid,11 y á nadie extranaría
que los gobiernos de naciones fuert.es y débllee, grandes
y pequefl.ae, pero que en más 6 en menos recilerdan en
la lucha antillana eu propi~ guerra de independencia,
fueran una á una reconocierdo loe miemos detecbos, y
concediendo idénticas prerrogativas á las que ha concedido el Senado de loe Estados Unidos de Norte-América.

•••
No menos influencia que en América ha tenido en Es·
paña la declaración; pero allí no ha producido las exal.
iacione8 que eo loe pasados días ocasionaba el simple rumor de que el asunto preocupaba á loe legisladores de
Washington. En general, ha sido recibida con frialdad
la decieión del Senado, y no ha faltado en las altos círculos políLicoe, quien, después de cooeiderarla extempora•
nea y fuera de lugar, la crea una bella coyuntura para
conocer _mE&gt;jor las intenciones que animan á la Repúbli·
ca amer10aoa, y una ocasión favorable para dar fin y remate, loe trabajos de la pacificación.
Declarada la beligerancia, di::en, ee hará efectivo el bloqueo máe es\recho en las costas cubanas, se cerrarán loa
puertos al comercio americano, y loe cruceroe e1paíioles
que ~uardan las aguas antillana~, podrán perseguirá los
buques filibusteros fuera de las aguas territorialea. Acosados en el iu\E'rior de la I11la loe grupos insurrecctoe, re•
chazados á lo máeenmaranado de las selvas y aleJado3
de loe ct:ntros de población; consumidos loe elemento·s .
que pudieran favorecerlos al rededor de las guaridas que
ocupan, y siu recibir del ex~rior ninguna clase de auxilios; faltos de viwrea,
de armas y de municiones' ten.
.
drá~ queE;ucumb1r al esfuerzo de los ejércitos que loepere1guen deniro, y¿ la acción combinada de Jas eecna ·
draa que los aislan completamente de Mldo el mundo.

•
••
No juzgan lo mismo que esos optimistas, ni el jefe del
partido liberal espafl.ol, ni tQdoa loe que con él trabajan
en la prensa de oposición y en 1a tribuna parlameniaria ..

DOMINGO 30 de MAYO de 1897

EL MUNDO

La Academia E:!panola, em plt&gt;rmdo el más luminoso
cerebro y la más brillante p lnma co n que ho y cuenta, co Al Sr. D. A. Gómtz Rntrepo.- En &amp;rnta F/: de b ogc,tá. menzó este trabs jo tnn p n,vechoso; pero guiada p ~r el
criterio rutinario y ultraconserva1.or qne sie mpre ha dis~
.;Qu~ no podré. ~-perar, sl en alg\1.n dta
Jo,; rragmenU"l!I dh•J&gt;e!SOS cte ¡;u mza,
tingui-lo á esta3corporacionee, te detuvo en la mitad del
en lu. µa.tria. rom\\n del patrio idioma,
d 11.n 1\. la.&lt;1 letra-'! '/ al saber morada?
camino.
~ abr,n\ llUl'\·o campo 1huscouquistas,
lle ot~ lauro~ !En\ !&lt;U sl\.°ll nrlarJa,
L'l Academia, como las agencias funerarias, sólo conlucin\n cu su cielo otras cstrella.&lt;1
y eeos :&lt;In fin pregonarán su fama.
cede valor á los muertos: impuaC"1 p 1r coneiguiente al
l L OJl. lt ?-t.O .'.\l. LL, l.::ttA~,
Origm de la ler1911Q wgtell,ma).
ilustre Me néndez y Pelayo la obligación de que e n la AnEsros verso!!, medianos por la forma, nobilísimos por tologí.ti &lt;U poeta8 americanO!, fig ura'38n so lo nombres y
el sentimiento que los inspiró, debieran grabarlos en obras de escritores difuntos, como ei la muerte fu era una
la memoria todo eapanol que bable de poet1B y escritores consagración litRraria, y quedaron tronc lJ ados los tronamericanos, y t.odo americano que, de a1gún modo, se cos más 6 menos robustos de la poesía ame rica na, sin
refiera á la, cosas de E~pafta. Importa mucho que unos y que nadie pudiese juzgar de su lozania y &lt;le su frondosi•
otros se fijen para siempre en ese coneepto amplísimo y dad, pues que en todos ellos apenas han comenzado á. ea·
generoso de la pturia común del patrio idioma, concepto lir los brotes y á trocarse éstos en ramas, cuya coneidera•
positivo, cierto científicamente, como han reconocido ción_qui;,;ii , y sin quizá , es más importante que la del tronloe maestros de la crítica filológica en Alemania, y loe de co mismo. Además, caei todos Jo3 poetas americanos
la crítica filosófica en Inglaterra: concepto nada ret.órico, difuntos, conservaban todavía en los oídos loa ecos dolonada artificial, del que puede y debe brotar nn senti- rosos y vibrantes de la lucha. con la )Ietrópoli, y en almiento grande, fuerte, humanísimo: el amor de la Me· gunos, como en Olmejo, los acentos mJe vigorosos eran
trópoli á sus antiguas colonia':!, hoy emancipadas, y la los de 1" pasión contra la patria madre. L'ls poetas de la
piedad filial de éet.as para la madre que supo roturar .A ntologta, en su mayor parte, fueron testigos de la qui
aquellos fértiles terrenos inculoos, rozar aquellos maio· ell os coutaban como guerra homérica 1 mi~utras el prorrales inhospitalarios, chapear aquellas selvas vírgenes, pio Li'batador, el ídolo Simón Bohvar, la ca lificaba con
iluminar aquellos cerebros salvajes, levantar aquellos ro- toda exactitud, llamándola nutstra pobre far; 1, ••• ......
A..fládese á esto las condiciones, un tanto ......... ari8todos corazo11.ea. Conviene que en la tragi-comedia de las
cralira-B
(6 al menos poco accesibles á. la mayoría de loe
La crisis aumenta, crece amenazadora con la tenacidad
DAJIIAS GUATEMALTECAS
lectores )1 en que se publicaron loe cuatrJ tomos de la
de loe unos y la persistencia de loe otros. Los diput.adoa
Ántologta, y se comprenderá que, sino del to.fo inútil, la
Y senadores de la fracción política que acaudilla el señor
obra
de la Academia Espaflola no ha sido fructifer.,, ni ha
S1gaeta han abandonado sus tareas parlamentarias, casi
reepondido
sino á medias, al buen deseo que la inspiró.
arrastrando, de rechazo. á la minoría conservadora que
Más
interés
y mayores consecuencias han tenido algurodea alsenor Sil vela; y en medio de ese aislamiento, el
nos trabajos sueltos de loe señores Valera y Pí y MarPreeidente del Consejo, que cuenta con la mayoria minisgall, acerca de los escri,ores americanos; pero el clásico
terial, sigue imperturbable su tarea, presentando:los pre•
empaque del primero y la incurable frialdad del segunsupue'3toe ordinarios y solicitando arbitrios y recursos
do de dichos ilustres autores, han estorbado grandemennuevoe, para acudirá colmar ese tonel sin fondo que han
te para que el tema llegase t tener popularidad y resoabierto las guerras coloniales.
nancia, aun e otre los miemos literatos.
Los resultados próximos y remotos del escándalo par•
Muchos de estos afirman todavía que no existen poelamentarlo no pueden darse por íerminad.oa; negras nutas
americanos de valor, ómiden á todoe elloe con el misbes se ciernen en el horizo~te político de ]a nación, que
mo
almud, echándoles olímpicamente el rasero de cuaaún no · gobierna Don Alfonso XIII; esa excisión, esa
tro frases hechas, como la rimbombancia, la palabrería inabierta pugna de -los partidos, no puede eer indiferente á
mbst&lt;incial, la diccitm oratoria más que poética, etc., etc.,
loe que buscan el bien positivo del país, á los que quiedefectos, á la verdad frecuentes en loe poetas del Nuevo
ren verlo libre de zozobras y ajeno de dificultadel:! 1 á loe
lluodo. Para los lectore, y para loe letrad08, falanje nada
que ansían encontrarlo próspero y feliz; no puede ser
numerosa en Eepafla, pero que poco á poco va crecienindiferente á loe que desearían ver unidos á todos loe es·
do, siguen sin existencia, y sin consi&amp;enf'ia plástica, por
pafioles, animados por el mismo sentimiento y electrizadecirlo as{, los que ya pueden llamarse poet.aa clásicos
dos por el mismo patriotismo, para salvar todas las sirde lae Indias Occidentales; Bello, Heredia, Olmedo, Cates y conjurar todas las tormentas, precieament.e en lo8
ro el viejo, figuras de tan marcado relieve y de tan hermomenKIS en que la declaración del Senado americano
.
'
mosas proporciones. Y no hay que decir lo que signifie1 encuentra eco en la Cámara de Repreeent.antee y á ella
car-4.n ni á qué sonarán loe nombres de los jóvenee poe1 .o ee opone el presidente Me Kinley, amenaza á Espai'i.a
tas americanos, más numerosos y, por lo general, mejor
tal vez con una guerra cuyos resultados LlO son fáciles de
encaminados
que los de la Península. Claro ee,á. no hay
prever.
entre ellos un Campoamor, porque, si bien se considera,
27 de Mayo de 1897.
Campoamor, más que un poeta, es la resultante, el remaX.X.X.
te feliz y esplendoroso de una larguísima tradición roéOTRO PAGO DE $3,410 DE 11 LA MUTUA"
tica y filosófica, llegada al término más refinado y exquiEN !IIORELIA.
siW de en vida. No pueden Hlir poetas como Campoamor en literatuas núbiles apenas. Pero salen, sí, poe•
Morelia, Mayo 6 de 1897.
tas semejantes, salva la diferencia de los tiempos, á Zo•
rrilla, ll Bácquer y aun á Núi'iez de Arce.
Setior D. Carlos Sommer, DirecWr general de "La MuPor lo poquísimo qne de ellos conozco, juzgo queeeto&amp;
tua. ''-México.
poetas jovenes americanos, merecen reflexiva a-tención
Muy eelior mío:
por parte de la crítica, un mucho descuidada en eete
Tengo la satisfacción de maniíestat á usted que hoy anSríta. Oltvla Santa Cruz.
ponto, y á la cual me permitiré eenalarlos, para que ella,
te el Sr. Nolario Público D. Antonio de P. Gutiérrez y
[De fotografie. de Eug, Pl.rou, Par11,]
con la intervención del Sr. D. Enrique l!ernández Alba
que puede y sabe, convierta en estudio serio mis profaA~nte de aLA MUTUA» be recibido del Sr. D. Antoni¿
Buei, banquero de dicha Compaflía1 la enma de tres mil relaciones entre Espana y A.mérica, se llegue, por fin, á nas y ligeras observaciones.
cuatrocientos veinte pe808, treinta cta.: ($3,420.30), valor la situación que loe griegos llamaban ana.gn6mia, que nos
total de la póliza núm. 6ll,926, bajo la cual estuvo aseDe tierra de Colombia, en eameraldas y oro rica, según
gurado mi finado hermano el Sr. Lic. D. Francisco Huero reconozcan y reconozcamos, que olviden y nos olvide•
el
archisimpático beneficiado de Tunja, Juan de Casteta Cat\edo, en favor de sus hijos María Soledad y Jos6
moe de lo que fué colpa de ellos y de nosotros. Conviellanos, ha llegado hace poco un volumen de Poe8ia8, ain
Huerta Oafiedo, en cuya reP.reeentación como eu tutor
ne, sobre todo, que, pues en .América aun loe más ciegos
firmo el correspandiente recibo.
otro lito.lo que ese, el más sencillo de todos. El autor,
y exaltad.os detractores de Espafla en lo polftico, la reDebo advertir que la cantidad por la que se a88(Ctll"Ó mi
expresado hermano fué la de tres mil pesos y que foa cua- conocen autoridad y potencia directiva en lo literario, I , mael Bnri.qu · .Areiniega.,, ea muy joven á lo que parece,
cientos veinte peeos treinta centaVOl!I excedentes for•
por el retraW, y po" unas notas biográfico-craicae,
man la devolución íntegra de los premios pagados á. »LJ. apliquemos t.al potencia y ejerzamos tal auWridad, y para
ltlOTu~ ¡,or la expaese.da póliza.
ello lo principal ee saber á quiénes se ha de encaminar y muy diecretamente aderezadas por D. Ricardo Becerra,
Esta circunstancia me hace recomendar ante las persodirigir, conocerlos como á gente de cau, como á -parlen .. en Caracas, donde está impreso el libro.
nas de buen criíerio las Pólizas con devolución de preDeclaro francamente no conocer otros poetas colom•
Il:1ioe que expide la compafUa que tan acertadamente di· tes muy cercanos, y estudiarlos con simpático interés, y
bianoe
que loe incluidos en la Antología ; caei wdos ellosnge Wlted en nuestro país!
hacer más que esto, vulgarizar sus obras y e:s.t.ender 8118
. Ré8tairie enviar á usted mi voto de gracias por la eflca- nombres de manera que no suenen á e:xtrafloe apellidos figuraban ya en la farragosa y defOrdenada recopilación
crn. y actividad con que se cJrrieron los trámites conduque aon loe nnestroe propios, ni parezcan exóticas ideas hecha en París con el tUu1o de La A mérica poética. Decentes á este pago.
y sensaciones de las cuales nosotros dimos la rafz 1 el las dos colecciones reunidas por el Sr. Rivae Groot, bajo
Qnedo de asted alfo. atlo. y S. S.
los nom bree de El parncuo colombiano y La lira nuei·a, soeterno protoplasma.
ALBEBTO H UERU. CA.~lIDO.

"M uy graves han sido las declaraciones del eefior 8Jgcl8ta
en la reunión que tuvieron los liberales an tes de la •?1'cienie apertura de las Cór~s. Su misma gravedad los impelía áagruparse en \Orno del ge.binete conservador, pa•
ra llevar al gobierno responsable , los ele mentos sanos
&lt;lel partido, y cooperar de consono e n la conjuración de
las dificultades originadas en las guerras de Cuba y Filipinas.
No lo comprendió así el ministro de Relaciones E:de •
riores, que, rechazando de modo inconveniente una interpelación del senor Comas, senador lib.eral, dió al mundo
el espectáculo de un alto pe!8onaje, de un noble de abolengo, de un mi nietro de la Coron&amp;¡ de un diplomático
respetable, dando y recibiendo golpee, en pre!:encia de loe
estirados senadores del reino y en el seno mismo de la
alta Cámara legisladora. Este incident.e ha venido á agre•
gar algo como nna sombra en medio de la situación; según la declaración de los liberales, muy lejos de ser eatiefact.oria y tranquilizadora, ha venido á abrir como un
abismo entre los dos partidos milit.antee que, ni quiere
colmar Cánovae con una amplia satisfacción á. loe libera~
les que con razón ae consideran ofendidos, ni quieren
traspasar loa devotos partidarios del sel'ior Sagasb, si no
ee lee tiende como puente la renuncia del Duque de Tetnán y su separación del alto puesto que ocupa.

POETAS AMERICANOS

•*•

'

•••

,ro

•

�DOMINGO
362

~

s• DE

MAYO DE 1&amp;97

EL MUNDO

~=========================!1t;:L~M:!;U~N~D~0~===============º:.º=•~1N=G=0~3'-=o=D==E=■~A:.Y=O==D=E=•!97 =
DA MAS MEXICANAS

La catástrofe de la calle de "1ean G oujon en París.
- --,

;,

fre
·~
~

.,:.-:-:;

r.

~
...

~
f

.,,,,.

.
-~

:;, .; , *~- r '.~~rz~,:-./✓-~

~"

Srita. Carolina Rodríguez y Gómez. (De Saltillo, Coahuila.)
(l&lt;~otografia de Torres Hermanos, .México.)

lo he visto loa títulos citadoe, repe\idas veces. De este
modo, solamente puedo afirmar que Ismael Enrique Arcienagaa no se parece, cowo poeta lfrico, á ninguno de
los que en Colombia son reputados como clá!!licos. Xi tiene la reposada severidad de don José Eusebio Caro, ni
la pomposa altaneria de Arboleda, ni el naturalism-J local
de Gutiérez Gonzáles, ni la ent.onaci6n quintaneeca de
don Joeé Joaquín Ortíz, quien pudo enseflar li_isioria y
otras disciplinas á. Arciniegaa ( como dice el biógrafo de
este), pero de fijo nada le ensefió de poesfa.
Cabalmente, lo más amable del ingenio de Arciniegae,
lo más característico de él, es sn cuidado escrupuloso de
evitar loe lugares comunes de la poesía americana, las
constantes alusiones á. nuestra ominosa dominación, y al
tan acreditado y descolorido sacudir del yu90, así como
los elogios hiperbólicos á esos tiranuelos con quienes algunos inspirados vates de América han hecho lo que Yelázquez con los bobos y pícaros de la corte de Felipe IV:
inmortalizarlos por el contraste entre la ruindad de ellos,
y el sublime arle con que están pintados. De igual modo,
huye Arciniegas de laa deecripcionee enfadosas de la naturaleza americana, de las cuales todos las poetas hau
quedado muy por bajo de Humboldt.
Arciniegas sólo describe cuando es necesario y lo hace
de una manera no superada, en mi humilcie opinión, por
ningun poeta contemporaneo.
¿Pruebas? Abf va ese admirable fragmento:
En la orilla, debajo de las frondas,
se ve el plumaje de las garzas blancas,
y allá, del pasto entre las verdes ondas,
los toros muestran sus lucientes ancae.

Se ven del tigre en el fangal las marcas;
y en ia yaga penumbra entre las quiebras,
junto á las negras charcas,
yacen aletargadas las culebras.
Rt. . molinean vírgenes efluvios¡
el humo de la rosa azul y blanco
sube de la montafi.a por el flanco,
y alzan las ca.ti.as sus airones rubios,
del sol a los fulgores,
como penachos de indios vencedores¡
y traen á la vega, bulliciosos,
loe vientos iropicales,
,el ruido de los plátanos ho1osos

Sríta. Nancy Canseco. (De Oaxaca.)
[ Fotografia. Monroy y Rico , de Oaxa.ca.]

y el lejano rumor de los maizales.
Y en la playa desierta
sobre la Et!Ca arena perezosos,
cual n~gros ironcos con la jeta abierta,
descansan los caimanes escamosos.
En la cercana loma,
en un recodo del camino asoma
feliz pareja de labriegos. Ella,
núbil, fornida y bella,
de ojos negros y ardientes, y de roja
boca virgínea y apretado seno
que form9, curva en la camisa fl.C1ja:
y él, atlético y lleno
de juventud y vida, musculoso,
con munecas de recia contextura,
hechas como mutiecas de coloso
de alguna raza e:rlrafia,
para domar el potro en la llanura,
para tumbar el roble en la montaña.
Y la feliz pareja al fin ae pierde
e:ratre la selva enmarafi.ada y verde.
Quien acierta á describir con tan castiza y severa sobriedad la bochornosa naturaleza americana, hace muy
bien prescindiendo en absoluto de candores, colibríes,
pájaros-moscas y demás inaguanta'blee tópicos de la fauna poética, empleada habitualmente en este género de
cuadros. As!, no de otra manera, debe ser el poeta americano, y por eee camino debe seguir quien, como Arciniegae, marcha ya con seguro y firme paso.
En cambio, debe olvidarse por completo de que existe
el Rhin y de que hubo hace algunos siglos trovadores y
mlfmt'Bi-ngere, los cuales bien ae están mcertoe, sin necesidad de que intente resucitarlos quien tiene alientos
propios para mayores cosas. Tanto como disonaría y causarla molestia el ver junto al salt.o del Tequendama una
catedral gótica, ó en las oril1ae del Canea ó del Magdalena, la taberna de .Auerbach, disuena y desencanta el
contemplar ingenios frescos, lozanos y originales, como
el de Arciniegas, metiéndose en loe moldee de Heine ó
Bécquer, ó de sus mal disimulados imitadores y rápeodas.
Ea preciso imponerse y resistirá. esas tentaciones imi•
tativas, tanto más ala.cinadora'S cuant.o más facilidad hay
en el hacer. Quien puede ser el vate de su tierra, de una

tierra esplendorosa y magnífica, y que en otros tiempos
cubría á eus caciques
de oro molido
desde los bajos pies hasta la frenie,
como rayo del eol resplandeciente,
según el beneficiado Castellanos, obligado está á. no recorrer carreteras pataleadas por todo el mundo, y , abriree triunfalmente paso por entre la maleza nativa del
pafs, con el propio eefuerzo. ¿A. qué viene ahora hablar
de bohemios parisienses y de eetudianWe tudescos, bar•
tos de cerve:r.a, quien nació allá entre bosques inexploradde, junt.o á. las bravas corriente,, bajo loe Andes inmen•
sos? Hable en buena hora de flores del trópico y de
amoríos tropicales también, y aun cuando parezcan, tal
vez, una miaja quejumbrosos, nadie se quejará de ello:
pinte, como sabe hacerlo, cuanto al rededor tiene, ya
que es tan hermoso, y déjese de castillos feudales y de
trovas á media noche, que son la cosa más expuesta para
que un escritor caiga en la cursilería.
Porque Arciniegae es ui¡ poeta excelente, deben hacér•
eele observaciones como estas y atrae más, por quien ee
halle investido del sacerdocio de la crítica y elevado en
el oportv.110 trfpode. En cuanto á la forma, creo sinceramente que nada ee le puede tacbar. En Colombia, lapatria del insigne Don Rufino José Cuervo, ee habla y ee
escribe el castellano con pulcriiud insuperable. Arciniegas demuestra poseer muy á. fondo la gramática, y su vocabulario, no excesivamen~ numeroso, es muy expresi•
vo. La versificación, en todos loe metros, resulta igualmen\e fácil, suelta y animosa, y en ella se notan, á. veces,
recursos fónicos que acreditan oido magistral.
En suma: Ismael Enrique Arciniegae merece algo más
que esta aimple mención, que yo no acierto á. hacer interesante y atractiva.
&amp;e algo, hágalo quien pueda.
F. NAVARRO Y LEDllSll.o\.

Del hombre que duda al que niega, no hay mucha
dietancia. Todo ateo ha eido filósofo antee.
A. de M11sset.

La mujer amada es como la rtligión: se lo hace creer
á uno todo.
Eusebio Blasco.

Qn brasero

ae carne ltumana.
4.DEMA.YV,. A.LA.SIS DE LA. TA.ROE

�babilidad de salvación, la multitud, enloquecida, se lanza, se arrolla; choca desesperadamente con el obet;áculo
que parece burlar su angustia. Entonce!!, ·armándose de
un cuchillo y desplegando un vigor que aumenta el
sent.imien\O del deber, M. Gomery, cocinero del hotel,
logra en algunos intantee desprender tres de las barras..
El paso queda libre, mas no se ha conjurado todo el peligro, porque la abertura no puede dar paso más que á
una -persona, á. la vez, y bajo la influencia del terror, empieza un escalamiento insensato que á duras penas pue·
de regularize.rse en la medida de lo posible. ¡Cuá.ntoa de·
bieron la vida á. e1:1te oportuno auxilio!
El plano que en otro lugar reproducimos es el sólo que
muestra la disposición y las dimensiones rigurosamente
exactas del terreno y de las construcciones. Haciendo
constar que el espacio quP quedaba libre detrás del Bazar, tenía cerca de 100 metros de longitud -por una an•
chura mínima de 32 metro1:1, se comprenderá. cuál debió
ser la intensidad de un incendio que causó tantas víctimas, sumiendo en la desolación á. lo mejor de la Francia.

PAGINAS INSTRUCTIVAS
DIAMANTES DE ACERO

,

LA CA'l'ASTROFE DE LA CALLEJEAN GOUJON EN PARll!I
Cinco minuto• deapués.-Entre el muro y la hornaza.

El B•u1r • las cuatro y cuarto de la tarde.-La fJeata en •u plenitud.
LA CATASTRO FE DE LA CALLEJEAN GOUJON EN PARIS

El ine4:ndio del 4 de Mayo de 1807 se contará entre
eeas terribles ~t~strofes¡ que, deepuéede haber hundido
numeroaas familias en e luto y á loa contemporáneos en
1~ consternació~, dejan un imborrable recuerdo tranemii1do de_ generae16~ en generación como un ejemplo de la
poknc1a deetruct1va de ciertas plagas. La fatalidad parece, por otra parte, haber acumulado esta vez en un sin·
gular concurso, todas las circunstancias propi~ para llevar al supremo grado el horror de la catástrofe: la rapidez fulmmante del ai~iestro, lo ineficaz de loe socorros,
el nómero de las víctu:aas, loa contrastes trágicos y has
ta el °:loti'!o d~ la reunión-una fieeia de beneficencia.
Ine~1tuc16n bien ?Onocida en Parle, destinada á. saete·
ner. diversas _o~ras l.Dlpo.riantee y patrocinada por la alta
eoc1edad panmen88; el Bazar de Caridad acababa de abrir
su venta anual. Este afio, penundo con razón que au•
mentar la afluencia d;e l~s visitanies es engrosar la pane
de los pobres, los pnncipales organizadores. M. Henry
Bloun_f Y. el barón de Mackau, habían querido solicitar
la curiom~ad por t:l _atractivo de una innovación original.
El ÜOIJ?lté adquirió una 1tcalle del viejo P¡1rís,» notada
e~ _otro tiempo en el Palaci,o _de fa Industria, en la expo•
sic1ón del teatro y de la musica, y en pleno barrio de loe
campos Elíseos, calle deJean Goujon sobre un terreno
va.cante; p~eeto ~ su disposición, graciosamen\8 por l\I.
Michel lleine,_ h~zo plantar una decoración de tela pinta•
da. Un muro imitado conpletaba el fragil edificio del
cual damo_s aquí el plano, tomado de la Iluxtracilm. Franctsa. Temendo su fachada hacia la calle limitada por
otrap_~ por los altos muros de las casas vecinas con un
espacio hbre en los dos lados, medía 80 metros de longi·
Sud y 13 metros de anchura.
Asf un símil medioeval debía servir de cuadro á la
asamblea ~undan~. Loe puestos ~e veota fueron insta·
lados en tiendas prntore1:1cas, ofreciendo dos líneas paralelas de tech?s puntiagudoe, de alero1:1 coronados de ense·
nas legendarias: Al&lt;~ torre de ,/,.Vt~le, Al lefm d,, oro, Algato con botmt, etc. Un rnmenso vt&gt;lumestaba Wndido de un
l~do á_ otro de la galería. Ahí fué donde el Bll:1u &lt;k Candod 1 oauguró su «eaieon.11
Des~!;! el principio, el programa de los organizadores
cu_mpha ene pr1:&gt;meea1:1. Una afluencia enorme en que doIDJnaba el conti!'gente de la aristocracia, se agolpaba á
loe puestos servidos por damas y eefiorit.as que llevaban
loe ~as grandes nombres de Francia. Lo~ compradores
v~ctaban generosamente sus bolsas ein regatear, adquinendo los menu~os bibelots¡ muchas damas sobre todo,
ron hermo1:101:1 to1Ietres Je primaYera· niños empioándoPe con geato_s de avidez hacia un peq~efto globo camivo
cuya canae~1lla estaba colmada de jnguetes· comisados
celoeos luciendo en el ojal sus cintas¡ todo u~ público de

elección divertido con la ingeniosa miu en 8('e,u¡ y lueg,.., de br_aqa y de ceniza de que l:!st.aban recubiertos los miem•
bros 10forme1:.1, poniendo al desnudo los cuerpos tumefacnota austera, pasando entre toda aquella alegría llena sol
entre aquellas apariencias un poco frívolas, como parl ~P, contraídos,.carbonizados; huesos calcinados, craaeoa
vivos, cabez_as mconocible!!, que ya no tenían figura hu~cardará la concurrencia el caraot.er y el fin de la re11
n16n~l hábi\o de pano gris, el escapulario y la corneta mana. Cubrióse como 88 pudo esos cadávere11, en tanto
q_ue se proveía á ~u t.ransporte, sea al domicilio reconoblanca de la hermana de la caridad.
Tal eeel cuadro que se ofreció á loa parisienses desde c1d&lt;:&gt;, sea al Pal?,cio de la Indus\ria \ransformado en de·
el primer día sin dejar prever, r¡ue, ¡ay! bien pronto iba pasito mortuorio y bajo un grosero lienzo provisional
donde_yacía aquel~o que fué juventud, belleza, vida feliz¡
á \rocarse en un cuadro fúnebre y terrible.
Al dí~ siguiente, martes, el aspecto del interior del Ba.• los reh~ves, los pliegues dejabJ.n aun adivinar restos de
zai: era 1d~ntico; ncaso también la visita del nuncio apoe- buroamdad.
tóhco babis atraído más mundo ªºl'! qu_e la vispera. A eso . Loa ~iarios ha_n referido en det.alle los episodios del
de las cnatro de la tarde, la fiesta, 1ngutendo la expresión mc~ndlO, el pámco inevitable, el fnnest.o atropellamienconsagrada, lleg~b~ á su plenitud, cuando re\embló de to sobre las -puertas estrechas, la huida loca hacia eitio&amp;
pronto el grito siniestro, 11fuego,,. La explosión de una de e~capator1a problémát.icos de mujeres infortunadae,
lampara de un cinematógrafo instalado en una peque• ~m1deenudas ya por la llama fijada á. sus trajes, ó meña sala que daba á. la galería, acababa de inflamar el ve· dio muertaJ de espant.o, y también loe actos de 1alva•
lum t.raneformá.ndolo inst.antaoeamente ea una inmensa ment.o real_iza~os Ent.re esos episodios hay uno del cual
sa.bana de fuego cuyos fragmentos caían sobre las vende- nuPetroe d1buJ?B reconijtruyea la fisonomía particular•
d~raa y sobre los visitantes, en tan«&gt; qne las llamas rá- men\e dramár.1ca.
Como nuestro phmo lo indica, el fondo del terreno en
pidamente propagadas alcanzaban las colgaduras ligera[!,
el f!laderamen resinoso, el piso, las telas y demás deco· que se elev•~a el Bnar de Caridad está limitado por el
raciones, encontrando un alimento demasiado propicio muro poste~tor del b.o_tel del palacio, perr.eueciente á M.
R1eh~ Saut1er y qne t.tene su ent.rada rnbre el Par.io de
en \Odas es\as materias combustibles.
Cinco minutos después del primer grito de alarma, to· la Rema. Ese mnr? E:Btá ta.ladr\do por una sola abertudo estaba consumado. No quedab" Je la conic.ruc~ión ra, un día de_ sufr1m1ento, guarnecida de cinto fuertes
más que loa post.es medio calcinados que habí1t.n SE::rviJo barrotes de hierro. Esta e1:1.l!Ja estrecha ofrecia una propara soporr.arel lienzo que daba
á. la calle Jean Goujon y uo bra•
• U • 11
sero humeante al ras del suelo
como el que dejarían en un caro'•
po las chozas incendiadas.
Fnjjgo de pajll, hubiera podi •
do decirse, á. no saberse que en
aquellos moment.os el recinto
ince,1diadocontenfamás de mil
doscientas personas, de las cua·
lee nna centena, cuando menos
no había tenido tiempo de esca~
par de la hornaza; si aquí y ahí
montículos de aspecto caracte·
rfstíco, no hubiesen revelado la
obra de la muerte.
En efecto, loa bomberos, á pesar de toda diligencia lle~ados
demasiado tarde pará evitar 6
atenuar el desast.re, y reducidos
á la tarea de bailar los eecombro1:1, es decir, los ínfimos residuos del brasero, de.rnubrfan, en
algunos sitios, cadáveres amon·
tonados. El golp"' vigoroso de la catástrofe de la callejean Goujo11.-0espués del siniestro. Parte derecha dd
BUS lanzas pronto arroJÓ la capa
terreno donde se encontraba el principal amontonamiento de cadáveres.

Contando como cuenta la química prác\ica, con el pro•
cedimiento de Moisean para la fusión del carbono con la
masa de hierro fundido, y para la obtención de loe cristales de grafit.o, que ee ha demostrado son verdaderos diamank&gt;t:I, ha podido la ciencia experimental, con esa en•
seflanza, obtener del acero de hierro y boro, el boro
cristalizado, y fundir, además, el carbono en el manganeso, en el níquel, en el cobalto, en el it;rio, en el t,orio,
eo el zirconio, en el vanadio, en el rodio, iridio y pala•
dio. Del mismo modo se ha conseguido disolver el silico
y crietalizarlo después por enfriamiento en las masas
fundidas de plomo, estallo, ant.imonio, bismuto, oro, plata, potasio y sodio, los cuales no forman siliciuros¡ pero
sí el hierro, cromo, níquel, cobalto, mangane30{ cobre y
platino. De manera que queda est.ablecido que Ofó3 meta•
les fundidos son, en general, apropiados disolventes de
algunos metaloides que se consideran iofueibles ó poco
menos, generalizándose la idea que s~ tenía de que esa
propiedad era exclusiva de la fundición de hierrr.
Como consecuencia de esWS trabajos de Moisean y de
loe que siguen sus huellas, después de ealUdiar el eminente químico la naturaleza de las rocas y minerales que
acompaflan al diamant.e en sus yacimientoe, y después
de haber observado que en ciertos meteoritos se encuen·
tra también el diamante, ha formulado la siguiente teoría acerca de la génesis del diamante natural: Las capas
internas de la tierra, compuestas probablemente de metales en estado fundido con carbono en disolucióo, al
aparecer en la superficie por el empuje de ,as fuerzas
erupt.ivas, pe enfriaron y solidificaron, cristalizándose al
carbono en estado de diamante.
Semejante teoría, y los hechos más atrás consignados,
hacían presumible el creer que en la fabricación de loe
aceros eo los altos hornos y fábricas de fundición se de•
bían producir verdaderos diamanses, porque el procedí·
mieot.o que 88 sigue es, en la esencia, el que con más fa•
cilidad, en muy reducido espacio y á mayores Wmpera·
turas, practica M. Moie:.an con su horno de corriente
eléctrica. En efecto, así se han enca~ado de demf\strar ·
lo el muy repu\11.do profesor de química inorgánica de la
universidad de Berna, M:. Roseel, y su oompanero de la·
boratorio, Mr. León Franck, obteniendo los result.ados siguienkle:
Tomando un ejemplar de acero de 300 gramos, de un
trozo bien compacto, ae trata por el ácido nítrico¡ el residuo insoluble, compues\O de carbono crieW1lizado 1 sili·
ca\08 y o\ras substancias análogas, se lava hasta que de•
eaparezcan de la reacción las salee de hierro, y después se
hierve en ácido nítrico concentrado. El resto que quede,
lavado de nuevo, se eomete á la acción del á.cido Huorb.ídrico y después á la del sulfúrico fumante, con lo q.ue
desaparece gran parte del residuo; dilúyeee la disolución
oblenida hasta que presente la densidad¼, y quede en
su superficie una porción flo\lUlle de carbón que puede
si-pararse. No queda ya como reei.duo más que grafito,
que ae lava, des~eca y funde con clorato de potasa, vol•
viéndose á lavar y á tratarlo de nuevo como queda dicho.
Tre.s el \ratamiento por el ácido sulfúrico en ebullición, ya
no queda más que un residuo inatacable. Este residuo,
puesto en un liquido rela\ivamente denso, como el iodu·

La catástrofe de la calle Jean Goujon. -La extracción de las Joy••·

pores de la Hnea Cunarrl, elCampania y el Lucania, han
logrado sobrepujarse á sí mismos de modo que hoy ee
no hecho realizado que el viaje de Londres á. Nueva
York se puede hacer ..-n E!eis días; en cuyo viaje nuestros
antepasados se creían dichosos cuando invertían aclamen·
te tres meses. La velocidad media df'l Campania, en su
último viaje deQ11eenstowná. Sandy Hook fué de veint.iuna y media millas náut.icae por hora, y no sólo pudo
hacer el viaje apesar del vieoto que soplaba, sino que hu•
biese sido mejor aún, si hubiese tenido un poco de vien•
to de proa¡ en los tiempos antiguos de los buques de ve·
la, el viento de proa era fatal á toda navegación, y los capitanes se veían obligados á buscar un puerto cercano pa•
re. eSJ)f'rAr una brisa favorable.
Eu 1883 el Capitán Back despachado á t.oda prisa en
busca de una expedición ártica extraviada, hizo el nota
ble viaje de Liverpool á. Nueva York, desde allí por el
Hudson y Albany, y después por tierra á. Mon\real, en
dos mese@, enorgulleciéndose de haberlo hecho en un dfa
menos de lo que había calculado. Hoy bacemoe el mis
roo viaje en cosa de una semana.
«En la ocasión de proclamarse Su Majestad la Reina
Vict,oria, el día 20 de J uoio de 1838, el Almirantazgo envió un buque rápido para que llevase la noticí¡1 á Hali•
fax en la Nueva Escocia. llegó á. su destino el día 10 dt!
Agosto siguiente, ó sea después de más de siete semanas
de luchar contra mar y viento en su acelerado viaje al
través del Atlántico, ¡Qué cambio máe complet.o se ha
verificado desde entonces!
,e El Atlántico ha quedado reducido de un vae\O o~ano
que era á un insignificante estanque que se pued" at.rave ·
sar con tanta facilidad y seguridad, como se a\ravieea nn
río, y á. una velecidad mayor, que muchos trenes de fe.
rrocarril. Pero, aunque puede considerarse que 10s vapores han sido virtualmente desarrollados por completo,
en la época actual, su verdadero orfgen nos lleva wuch11
más atrás aún que la mitad del siglo dieciocho, pues fué
en el an.o de 1736, que una llamado Jt'nathan Hull aac,'&gt;
cartas de patente, por una embarcación, en la proa de
la cual había una rueda giratoria que fucionaba por me·
LOS PRIMEROS VAPORES
dio de una má.Q.uina Newcomen.
uEI objet.o de la invención era poder remolcar los
Grande es el abismo que separa la época en que el homdooks de Londres, pero no encontramos ninguna refebre primitivo desa86 las ondas del río que cruzaba en ca- rencia al uso práct.ico del aparato, ha.et.a que cerca de
mino, en una embarcación hecha de fragmentes de cor•
medio siglo después, se volvió á tratar del asunto.
teza de ar bol amarrados por tiras de cuero crudo; y aque•Entonces se hicieron experimentos en el mismo senlla en que a\raveeó el Atlániico en nn vapor de hierro de
tido de ambos lados del Atlántico, y ee creyó que se ha•
22,500 toneladas ósea.el Gre• bía adelantado tan\O, que en 1788 Fitch hizo un vapor
at Eastern. Este abismo ha de ruedas, según su patente, que marchó muy bien á. una
sido cruzado de una manera velocidad de cuat;ro millas por hora, por una corta discompleta y últimamente es• tancia, estallando entonces la caldera. En el mismo ano
pl~ndida, gracias á la fuerza Miller y Taylor t.uvieron mayor éx.ito, viéndoae que una
del vapor. Encontramos al- rueda de paletas, colocada entre dos barcos, marchaba.
gunos inteFeaantes detalles de una manera asombrosa.. Al ai"io siguiente probarou
respecto á este pun\O en un una embarcación de esta claee, sólo que con uaa maqui•
número reciente de nuestro naria má.s fuerte en el canal del Forth. y del Clyde, y diQ
colega, The Mornin!J Poit, di· los magníficos reault;ados de una marcha maravillosa de
ce así:
•Es eat;a la temporada del unos once kilóme\ros por hora.
uAlgunos anos despué1:1, el Conde Stanhope probó ta01•
afio en que loe elementos se bién
la construcción de buques de vapor 1:1egún un .úst.E:combinan para favorecer el ma muy
original, poniéndose las ruedas en el fondo dt-1
tránsito rápido á través del
buque y funcionando de m.:ido de representar el moviAtlántico y como unan.o des- miento de los pies de un pato. Todas est.as pruebas prepués de o\ro. nos hemos ido liminares, fracasaron, sin embargo, en algún sentido,
acostumbrando á ver eclipsa- pero aunque no se podía decir que tuviesen ningún éxido t;odo lo que se había he•
cho hastael;día, nohabrá.sor- to en sí, formaron la base de loa satisfactorios resultados
se obtuvieron después.
preodido á nadie saber que que
c1Eran 1¡&gt;robablemente feas y desairadas construcciones,
en el mee de Agosto de 1896
se hizo lo que nunca se ha- pero sirvieron al objeto de hacer fijará. los ingenieros la
bía alcanzado antes. Los va- atención en el inmenso valor del vapor como fuerza mopores de la línea americana triz para los buques. Desde esto tuvo lugar la construc•
está.o rebajando el tiempo ción del Charlotte Dundas por Smyngton. Se botó en el
canal de Clyde en 1803, pero no pudo seguir allí, pues su
La c;at,;istrofe de la callejean Goujon en Puís.-Despué• del siniestro.-Lo que de las \raveeíae desde Sou- velocidad era tal que amen1zaba destruir los ta:ui(!S con
quedaba del Bazar de Caridad á las seis de la tarde.
tbampton, y los famosos va•

'

ro de metileno, cae al fondo de la vasija en que ae coloca.
Sise examina con un microscopio de gran aumento, Fe \'ell
muy bien los cristales octaédricos transparentes que,
puestos en combustión sobre una hoja de platino y con
una corriente de oxigeno, desaparecen sin dejar cenizas
y dan ácido carbónico.
Los cri~tales tienen, pues, todos los caracteres -tel dia•
mante. Repetidas las experiencias con más de óO ejem·
piares, han dado reeultado3 análogos. Obsérvase q11i, los
aceros que han sido forjados y laminados, dan cristales
incompletos, dest;ruido! por loa efectos mecánicos, y que
loe aceros que no han sido sometidos á esas operaciones
dsn octaedros perfectos. Un acero contiene tanlo má.s
carbono cris\alizado, cuanto mayor haya sido la sempe·
ra\ura de su fabricación, y es probable que el acero sea
tan\O más duro cuanto más diamau'8 contenga. De un
núcleo enconsrado por Mr. Rosael en un acero proceden•
te de loe al toe hornos de E6ch-aur l' Alzette ( en Luxem •
burgo), que contenía en\re otros compuestos, fósforo, ar•
eeniuro y eiliciuro de hierro, siliciuro de manrneso, car•
buro de silicio y de titano y un ciánuro de \1tano y mu•
cho grafito cristalizado, obtuvo dicho químico, por el
procedimiento que queda expuesto, ent.re gran cantidad
de diamantes microscópicos, el mayor de cuantas artifi•
cialment.e se han obtenido basta hoy, y de ·10 grueto de
cinco decimas de milímetro, al cual han denominado en
el labora\Orio de la fábrica, la estrella de Luxemburgo.
Como hay disolventes del carbono mucho mejores que
el hierro, es de esperar, dice Mr. Franck, que empleando alguno de elloe, el que lo sea más á ~ran presión y
\emperatura, se obtendrá.o diamantes artificiales de mayor samaflo que los producidos hasta ahora y que, una
vez emprendido con éxito poei\ivo ese camino, llegará la
química á resol ver el problema de su fabricación fácil y
económica.

~~.h{e~

�366

EL MUNDO

DOMINGO 30 DE MAYO DE 1897
DOIIINGO 30 DE IIAYO IIE 1897

EL MUNDO

y como .en estas largas demoras sin poderse comunicar
~on la tierra, se agotaba_n pronto, los desgraciado!! pa:1a.
Jeroe mol~etaban al capitán con sus interminables y fri•
volas queJas.
11 Había, como se verá, sobradas razones para que ¡
08
vapores aumentasen y ae multiplicasen, y los dueños vie ...
ron muy pronto que para cada cien pasajeros que tenían
sus buques de vela, se podría contar con miles en los va.
pares más seguros.
11 Lo mismo en Europa que en América, los vapores CO·
!Denzaron á verse en lo~ rios principales par.1, el cabota•
Je y para remolcar, haciéndose esto en un principio solamente por los ((docks,¡¡ trasladando de una parte á otra
los boquea navales y mercantiles. Por medio del uso del
vapor á. veces en épocas de calma el Savaanab vino de
Nueva York á_ Live~l en 1819,' pe~o era un buque de
vela J!C?r esencia. El_ pnmer va:por que intentara hacer
un v1aJe transocé~mco fué el V1ctory, que salió del va•
radero de ,voolw1ch el 23 de Mayo de 1823, bajo elmand~ de Sir ~ ohn Rose, en su segundo viaje de descubrimiento ártico. Ant.es de esto, el Victory había hecho el
t1:9recto entre Liyerpool y la isla de Man, pero para el
v1aJe al desconocido No~, se le pusieron máquinas y
ruedas nuevas. Desgraciadamente la obra se hizo tan
atrozmente, que la maquinaria no cesó de dar trabajo
á loe e~ploradores desde el momento que zarparon de
Woolw1~h, tard_ando c~airo días para llegar á Land'e
En~ y die~ y_ seis en a~nbarar al Firtb de Clide. La hia•
ton~ del vtaJe á. Boothia Feli:x.:1 en donde se abandonó
el V1c~ry y en Mayo de 1832. está costantemente interru1:llp1da por alguna referencia á la rotura de la maquinana en una parte ó en otra, y á. la necesidad de recurrir
á las velas para ~uir la marcha.
HEn este viaje Sir John Rosa nos cuenta q,ue «los fuegos se mantuvieron vivos á fuerza del trabaJo de los fuelles,,, sistema que no surtiría mucho efecto hoy en et
Compania 6 en el Magnifi.cent de la Armada Real. En
1831 el R?yal Williams hizo el viaje del Canadá á. Jngla•
tel'f!,, casi enteramente al vapor pero no fué sino en
Abril de 1838, que el Sirius, de Cofk y el Great Western
de ~ristol, hicieran la travesía co~pleta al vapor iod.~
el tiempo.
1&lt;Desde entonces los ingenieros marítimoe se han esmerado, . Y, el uasno cansado)) de 1815, se ha convertido
en una vivienda elegante, comoda y bien equipada más
veloz y D?ás incansable que un caballo árabe de pu~ raza, y excita en vez de mofa y ridículo1 nuestra más sin•
cera admiración.))

/

muchachos enamorados, ee veían herm0808, gloriosos y
reales¡ él la miraba como á. una Elsa, y ella lo miraba como á un Lohengrin. Porque el Amor, ¡oh jóvenes llenoa
de sangre y de suenos! pone un azul cristal ante los ojos,
y da las infinitas alegrías.
¡Cómo ee amaban! El la contemplaba sobre las estre•
llas de Dios; su amor recorría toda la escala de la pasión,
y era ya contenido, ya tempestuoso en su querer, á veces
casi místico. En ocasiones dijéraee aquel artista un theó•
sofo, que veia en la amada mujer algo supremo y extra•
humano, como la Ayesha de Rider Hagard¡ la aspiraba
como una flor, le sonreía como á un astro, y se sentía soberbiamente vencedor al estrechar contra su ~cho ag_ue•
lla adorable cabeza, que cuando estaba pensativa y qmeta
era comparable al perfil hierático de la medalla de una
emperatriz bizantina.

•*•

~A=· =A=-"=A=""=A~
LOS EFECTOS ECONOMICOS DEL CICLISMO

Un escrito~ norteamericano, _Mr. Bishop, públicó hace
un mes t'r6x1m~ente 1 un curioso libro en el que hace
r~altar as ventaJas morale_s y sociales que re~rta el ciclismo. ~l _autor confies:1, sin embargo, que JOB progre.
sos de! c1~hsmo ~an tra1do como consecuencia la ruina
de varias mdustnas y ramos del comercio.
~ara comprobar esta última aaeverJJ.ción, uneconomis•
ta rng)éa, Mr. Shadwell ha celebrado conferencias con
los pn~cipal~s co_merciantes é industriales de Londres, y
de sus _10vest1gec1ones ha obtenido da e interesantes.
Manrfiesta Mr. ShadweH que el ciclis
ha alcanzado
en I_nglaterra tan considerable desarroy que en la ac•
tuahdad el hombre, la mujer y el niño que o se entre•
gan al citado sport, son considerados como pel8onas extravagantes y excéntricas.
Al Iniciarse la catástrofe de la calle de Jean Goujon . -Bosq ue¡ o ¡ mpres ¡ on1sta.
•
Desde loe comienzos del ailo pasado han sido construidas e_n Birmingbam y Conventry 750,000 máquinas. En
la primera de las citadas poblaciones existen 150 fábricas
e! oleaje que ocasionaba. Fulton, un americano, reconociendo el _g~n porvenir que había para loe buques de va- caballos ~e fuerza, construido eo'.Ramsgate en 1816 Hizo dea&amp;inadas á. este objeto y 100 en Conventry sin contar
la mara v1 llosa baz~fia de llevar 200 pasajeros á Caiaie
las que existen en otroe puntos de Inglater;a. Además
por, cons 1gm6 u11a copia de los planos del Charlotte Dundas, compró una máquina de 20 caballos á los ae0ores volverlos á traer sm_percaoce. No hay que extrañar u! hay que tener en ~uenta la importación procedente d~
los Estados U nidos.
Bult.on &amp; Watt, c~zó á Nueva York y en 1807 tuvo su despué~ de esto hubiese una gran demanda de va ~s
Un comerciante de coches, dijoáMr. Shadwell: •Hasta
vapor Clermo~ haciendo la travesía entre Nueva York y en particular.cuando se vióque marchabanindepelcuen:
~lbanyi por e1 Hudaon. ya se había obtenido experien- temente de viento y marea. En una ocasión el Ma·estic ~hora sigue .s~endo moda que las damas vayan en carrual d
l~ ~ hacer v1s1tas,11 _no está. admitida para estos casos la
cia sobrada pa~ probar srn que se pudiese dudar que el entró serenamente en el puerto de Margate
i~~n d~ bicicleta. En la cmdad seguimos vendiendo lo mismo
vapor podía aplic~rse á la proJ?ulsión de los buques, pe- cuatro de los mejores correos de Margate
ro ~o se notaba mnguna gran impaciencia porverelmar dRamsgate, habían estado acalrnados fuera del puerto que antes. Pero en el campo es otra cosa. La bicicleta,es
ura:nte dos d!ae, y muy maltratados por un tem oral allí la sefiora absoluta. En el comercio de música caba•
cubierto. de vapores siendo, según parece, el segundo de
~e viento del Norte al tercero. En aquellos días los ~asa- llos "f ¡·oyería es donde má.s profundamente se han' hecho
esta serie el Comet que se puso en el Clyde en 1811
Aunque C&lt;?mo hemos visto, Londres fué el origen y pun: ]eros llevaban cada cual sus propias proviciones de boca, sentir as consecue11cias del ciclismo. Los profesores de
~departida de la utilización del vapor para la propul•
música han visto en \iln afio
e16n
loe buques, no se notaba ninguno de eetoe en el
disminuida hasta la mitad de
TamésIS, bae~a el verano de 1815 siendo, según parece,
la lista de sus discípuloe.
enteramente inesperado el extraño y desgarbado monsHótel du Pala.is
~a industria de pianos de
truo.
Fenitrs parlat¡11•fl• _....,,,~
luJo no ha sufrido variación
d'l'CICtU'l!;S lns•11vttagu
c(Al bajar el río el correo para Ramegate ( un buque de
sensible, pero sí la de pianos
Mur
velas) se declaró una gran alarma entre cuantos á bordo
d_e estudio, á módicos preeet~ban al ver más adelaníe un objeto que parecía estar
cios. Es, pues, un hecho que
l:\rd1endo. Al acercaree, el capitán tranquilizó á sus paealas inglesas han preferido la
Jeroe, asegurándole5 que lo que estaban mirando tan azo•
bicicleta á. la múeica. Algo
vague
radas debla ser un buque impulsado por el vapor y aei
así sucede con los caballos.
resultót pues este era el vapor Margery, que habf~ veniBastó que este aflo en Brighd_o deeae el Clyde por la vía Dublin. icPudimos darle fa.
ton la duquesa de Fife salle•
c1l.me~t.e l.a vuelta, dijo el capitán del correo, pues eu
ra á la calle montada en bici•
maqumar1a no era bastante fuerte y era además un mocleta1 para que nadie piense
delo feo Y pesado. S~ máquina tenía la fuerza de 14 caya en el ((sport hípico11 En
ballos. N ~a po~a igualar las exfreeionee de ridículo
Londres, el número de cabacon que mis pasaJeros colmaron a desgraciado buque·
llos ha disminuido en 2ó2,000
unos lo comparaban á un asno cansado, con unos gran:
próximamente. Las señoras
d~s serones de cada lado y otros á un monstruo mitol6máa acomodadas venden los
f1~, etc. Yo, á. ll;l v~i:a,ad me avergoncé de la burla que
suyos para comprar bicicle·
1
. ac aa y seguí m1 v1aJe.• Aíortunadomente el Margery
'88. En cuanto á. la relojería
1~noraba co~ple~mente la impresión q,ue había produy joyería, Mr. Shadwell ha
cido en los d1vert1dos londoneeee. Sigwó río arriba, fué
notado que este negocio está
Rue
M&gt;m&amp;do Pªf!, hacer la travesía de Margate f en un mee
GovJOn
mu.y mal. Son pocos los que
era el favonto de todos. La emulación sirvió para aseguPouw. d00c,ufU,,..,,_14.
en Londres compran relo¡· ee
B
,,,,,,.,._N•
z
rarle 110 complemento de pasajeros, pues á loe londonede oro ni de plata, loe cua es
,o
ees les parecía. una ~n gran cosa hacer un viaje por el
son sustituidos por eólidos
JO
U.
v~por, como s1 hubieran regresado sin chamuscarse del
"
cronómetros, capaces de eo·
remo de Plutón.
portar los accidentes propios
«Después vino un vapor gigantesco, el Majestic, de 25
del ciclismo.
La catástrofe de la calle deJcan Gou¡·on.-Plano del Bazar de Caridad.

y

d«:

,,

"

,.

LA MUERTE DE LA EMPERATRIZ DE CHINA
Al Duque Job, de México.
Delicada y fina como una joya humana, vivít aquella
muchachi~, de carne rosada, en la pequen.a casa que tenía un ealoncito con Joa tapices de color azul deafalle.
mente. Era su estuche.
¿Quién era el dueiio de aquél delicioso pájaro alegre,
de ojos negros y de boca roja? ¿P.t.ra quién MDiaba su
canción divina, cuando la aeñori,a Primavera mostraba
en el triunfo del sol su bello rostro riente, y abría las flo-res del campo, y alborotaba 1a nidada? Susette se llama•
ba la avecita que había puesto en jaula de seda, peluches
y encajes, un soñador artie\a cazaior, que la había ca·
zado una maflana de Mayo, en que habfa mucha luz en
el aire y muchas rosas abiertas.
Recaredol-capricho pa'8rna1. El no tenía la culpa de
llamarse Recaredol-se había casado hacía año y_ medio.
¿Me amas? Te amo. ¿Y tú? Con toda el alma. ¡Hermoso
el día dorado después de lo del cura! Habían ido luego
al campo nuevo, á gozar libres, del gozo del amor. Murmuraban allá en sus ventanas de hojas verdes, ias cam •
panillas y laA violetas silveatres que olían cerca del ria·
chuelo, cuando pasaban los doe amante , el brazo de él
tn la cintara de ella. el brazo de ella en la cin\ura de él,
los rojos labios en flor dejando escapar los besos. Des·
llUée íué la vueha á. la gran ciudad, al nido de perfume
Heno de juventud y de calor dichoso.
¿Dije ya que R¿caredo era escultor? Pues si no lo be
dicho, &amp;bedlo.

•*•

Era escoltar. En la pequen.a caea tenía su \&amp;Her, con
profusión de mármoles, yesos, bronces y terracotas. A.
veces, loe que pasaban oían á. través de las rejas y per·
-eianae una voz que cantaba y un mat1itléo vibraDte y me•
1:tlico. Susette, Recaredo; la boca que emergía el cántico,
) el golpe del ciacel.
Luego el in~aante idilio nupcial. En puntillas1 en
puDtillaa¡ llegar donde él trabaja, é inundándole de cal.ellos la n11ca, besarlC" rápidamente.
Quieto, quietecito, lle~ar donde ella duerme en su
-obaise-longm•, 103 pieces1tos calzados, con medias ne·
_grae, uno sobre otro, el libro abierto so re el regazo, met.lio dormida; y allí, el beso en loe labios, beso que sorbe
-el aliento y hace que se abran los ojos, inefablemente lurniuosos. Y á tojo esto, las carcajadas del mirlo enjau·
lado que cuando Susette can~ Chopin, se pone triste y
110 canta. ¡ Las carcajadas del mirlo! No era poca cosa.,¿~e quierer:,?-¿~o lo sabe@?-¿Me amas?-Te adoro. Ya
t:a'8ba el animali~ echando toda la risa del pico. Se le
sacaba de la jauta, revolaba por el saloncHo azulado, se
detenía en la cabeza de 11n Apolo de yeso, ó en la frámea
-de un viejo ¡ermano de bronce obscuro: Tliiiiiirit ........ .
rrrrrrtch füü ......... Vaya qne á veces era malcriadoé in1t0lente en su algarabía! Pero era lindo sobre la mano de
~usette q•1e le mimaba, le apresaba el pico en\re susdien,tes hasta hacerlo desespc,rar, y le decia á veces, con una
voz severa que temblaba de terneza: •Sellar mirlo, es us1.ed un picaróo!11
Cuando los dos amados estaban juntos, se arreglaban
uno á. otro el cabello. 11Canta,• decía él. Y ella caDtaba
lentamente, lenta.mente; y aunque no eran sino pobres

¡;

Recaredo amaba su arte. Tenía la pasión de la forma;
hacía brotar del marmol gallardas diosas desnadas, de
ojos blancos1 serenos y sin pupilas; su taller estaba poblado por un pueblo de está&amp;uas silenciosas, animales de
metal, gárgolas terroríficas, grifos de largas colas vegetales1 creaciones góticas guizas inspiradas por ti! ocultismo,
Y sobre todo, ¡Ja gran afición! japonerías y chinerías. Re·
caredo en esto un original. No sé qu~ habria dado por
hablar chino ó japonés. Conocía loa mejorel!!I álbums¡ ha•
bía leído buenos exotist.as, adoraba á Loti y á Judith
Gautier1 y hacía sacrificios por adquirir trabajos legítimos,
de Yokoama 1 de Negasaki, de Kioto, ó de Nankin ó Pe·
kin¡ los cuchillos, la:3 pitas, las máscaras feas y misterio·
sas como las caras de los suenos hípnicoe, los mandarini·
tos enanos con panzas de cucurbiSáceoe y ojos circunfle,
jos, los monstruos de grandts bocas de bactracios 1 abier•
tas y dentadas, y diminutos soldados deT11rtaria, con fa·
cel!I de focas.
-¡Oh, le decía Sueetie, aborrezco tu casa de brujo, ese
terrible taller1 arca ex&amp;rafia que te roba á mis caricias.
El eonreía, dejaba s·1 lugar de labor, su templo de raras
chucherías, y corría al pequeflo salón azul, á ver y mirar
su gracioso dije vivo, y oir cantar y reir al loco mirlo jovial.
Aquella mafiana, cuando entró, vió que estaba su dul•
ce t:;usette, son o lienta y Lendida cerca de un tazón de ro·
sas que sostenía un trípode. ¿Era la Bella del bosque durmiente? Medio dormida, el delicado cuerpo modelado
bajo una bata blanca, la cabellera caatafla apelotonada
sobre uno de los hombros, toda ella exhalando su suave
olor femenino, era como uoa deliciosa figura de los amables cuentos que empiezan: Este era un rey, ......
La deepertó.
-¡Susette, mi bella!
Traía la cara alegre; Je brillaban los ojo3 negros bajo su
faz roja de labor; llevaba una carta en la mano.
-Carta de Robert. Susette. ¡El bribonazo está en la
China! Hong Kong, 18 de Enero ......... .
Su.sette, un tanto amo forrada se había sentado y le
había quitado el papal. ¡Con que aquel andariego había
llegado tan lejos! Hong Kong, 18 de Enero ......... Era gra·
cioso. Un excelente muchacl101 el tal Robert, con lamanía de viajar! Llegaría al fin del mundo. Robert, un
grande amigo. Le veían como de la familia. Había partido h11.cía dos alios para San Francisco de California. ¡Ha·
bráse visto loco igoall
Comenzó á. leer.

•*•

Bon Kong, 18 de Enero de 1888.
Mi buen Recaredo:
Vine y ví. No be vencido aúD.
En San Francisco aupe vuestro matrimonio y me alegré. Di un salto y cal t,n la China. He venido como agente de una casa californiana, importadora de sedas, lanas,
marfiles y demás chir.erías. Junto con esta carta, debes
recibir un regalo mío, que dada tu afición por las cosas
de este pafa amarillo, te llegará de perlas. Ponme á loa
pies de tu Susette, y conserva el obsequio en memoria
de tu
RoBEBT,

Ni más, ni menos. Ambos soltaron la carcajada. El
mirlo á su vez hizo estallar la jaula en una explosión de
gritos musicales.
La caja había llegado, una caja de regular tamafio,
llena de marchamos, de aúmeros y de letras negras que
hacían y daban á. entender que el contenido era muy
frágil. Cuando la caja se abrió, apareció el misterio. Era
un fine busto de porcelana, un admirable busto de mujer
sonriente, pálido y encantador. En la base tenía dos
inscripciones, una en caracteres chinéscos, otra en inglé8
y otra en francée. La liJm.peratriz de la China. La Emperatriz de la China! ¿Qué manos de artista asiático habían
modelado aquellas formas atrayentes de mieterio? Era
una cabellera recogida y apartada, una faz enigmática1
ojos bajos y extraños, de princesa celeste, sonrisa de es•
finge, cue:Io erguido sobre los hombros columbinos, cu•
bieroos por uoa bonda de seda bórdada de dragones; to•
do dando magia á la porcelana blanca, con tonos de cera
iamaoulada y cáDdida.
La emperatriz de la China! Sueette pasaba sus dedos de
ro38 sobre los ojos de aquella graciosa fJoberana, un tan•
to inclinados, con sus curvos epican\ua bajo los vuros y
nobles arcos de las cejas: estaba contenta. Y Recaredo
sentía orgullo de poseer su porcelana.-Le haría un gabi~
nete especial; para que viviese y reinase sola, como en el
L'Juvre la Venus de Milo, triunfadora, cobijada imperialmente por el plafond de su cuarto azul.
A.sí lo hizo. En un extremo del taller formó un gabi•
neie minúsculo, con biombos cubiertos de arrozales y de
grullas. Predominaba la nota amarilla. Toda la gama,
oro, fuego, ocre de oriente, hoja de otof\o, hasta el pálido que agoniza fundido en la blancura. En el centro, so•
bre un ¡,edestal dorado y negro, se alzaba sonriendo la
exótica impelial. Al rededor de ella había colocado Re•
caredo tod!ls sus japonerías y curiosidades chinas. La
cubría un gran quitasol nippon, pintado de camelias y

de anchas rosas sangrientas. Era cosa de risa, cuando el
artista soflador después de dejar la pipa y los cinceles1
llegaba freute á la emperatriz, con las manos cruzadas
sobre el pecho, á hacer zalemas. Una, dos, diez, veinie
veces la visitaba. Era una pasión. En un plato ¡,de laca
yokoameea le ponía floree frescas, todos las días. Tenía
en momentos verdaderos arrobos delante del buaio asiático que le conmovía en su deleitable é inmóvil majestad
Estudiaba sus menores detalles, el caracol de la oreja, el
arco del labio, la nariz pulida, el epicantus del párpado.
Un ídolo, la famosa emperatriz! Susette le llamaba de
lejos:-Recaredol-Voyl-Y seguía en la contemplacióu
de su obra de arte. Hasta que Suet:tte llegaba á llevarselo á. raetraa y á besos.
Un día las flores del plato de laca desaparecieron como
porencan~.
- ¿Qién ha quitado esas flores?-gritó el artista desde
el Sallel'.
-Yo,-dijo una -voz vibradora.
Era Susette que entreabría una cortina, toda sóti.tosA•
da y haciendo relampaguear sus ojos negros.

*
••

All~ en lo hondo de su cerebro, se decía el eelior Recareio, artis~a eacaltor:-¿Qué tendrá mi mujercita? No
comía casi. Aquellos buenos libros desflorados por su es•
pátula de marfil, estaban en el pequeñl, est.ante negro,
con sus hojas cerradas1 sufriendo la nostalgía de las blan•
dal!I manos de rosa, y del tibio regazo perfumado. El ae•
ñor Recaredo la veía triste. ¿Qué tendrá mi mujercita?
e~ la mesa no quería comer. Estaba seria; ¡qué seria! Le
miraba á veces con el rabo del ojo, y el maricto veía aque•
llas pupilasobsctll'as, húmedas, como que querían llorar.
Y ella, al reeponder hablaba como los niños á quienes. se,
ha negado un dulce. ¿Qué tendrá mi mujercita? ¡Nada!
aquel •nada1, lo decía ella con voz de queja, y entrd eHa•
ba y sílaba había lágrimas.
¡Oh, seflor Recared.o! lo que tiene vuestra mujercita,
es que sois un hombre abominable. ¿No habéis notado
que desde que esa buena de la Emperdtriz de la China
ha _llegado á vuestra casa, el salonciSO uul se ha entristecido, y el mirlo no canta, no ríe con su risa perlada?
Susette despierta á Cbopín. y lentamente hace brotar la
m~lodía enferma y melancólica del negro piano sonoro.
¡Tiene celos, señor Recaredol Tiene el mal de los celos,
abo~ador y quemante, como una serpiente encendida que
aprieta el alma. ¡Celos! Quizás él comprendió, porque
una tarde, diJo á. la muchachita de su corazón esta-J palabras frente á frente:-Eree demasiado injust.a. ¿Acaso no
te amo con toda mi alma; acaso no sabes leer en mis ojos
toque hay dentro de mi corazón?
SaeeUe rompió á. llorar. ¡Que la amaba! No, ya no la
amaba. Habían huído las buenas y radiantes horas, y
los besos que chasqueaban, también eran oídos como pá.jaros en fuga. Ya no la quería. Y á. el!a, á la que veía en
él su religión, su delicia, su ensueflo, su rey, á ella, á su
Sueette, la había dejado por la otra.
¡La otra! Recaredo dió un salto. Estaba engañada. ¿Lo
diría por la ru_bia Eulogia á q 11ien en un tiempo había
dirigido madrigales?
Ella movía la cabeza:-No.
¿Por la ricachoua Gabriela, de largos cabellos negros,
blanca como un alabastro y cuyo busto había hecho?
¿O por aquella Luisa, la danzarina, que tenía una cintura de avispa, un eeno de buena nodriza y unos ojos incendiarios? ¿O por la viudita Andrea, que al reír sacaba
la punt.a de la lengua¡ roja y felina, entte sus dientes
brillantee y amarfiladoe?
No1 no era ninguna de esas, Recaredo ee quedó con
gran asombro.
-Mira, chiquilla, dime la verdad. ¿Quién ea ella? Sabes cuánto te adoro. lfi Eisa, miJulieta, alma, luz, amor
mío ..... .

Temblaba tanta verdad de amor en aquellas palabras,
entrecortadas y trémulas, que Susette, con los ojos enro•
jecidos, secos ya de lág"Ímas, ee levantó irguiendo su
linda cabeza heráldica.
-¿M~ amas?
-¡Bien lo sabésl
-Deja, pues, que me vengue de mi rival. Ella ó yo:
escoJe. Si es cierto que me adoras, ¿querras permitir que
la aparte¡ara siempri;, de tu camino, que quede yo eola,
confiada tu pasión?
-Sea, dijo Recaredo. Y viendo irse á suavecita celosa
y serca, prosiguió sorbiendo el café tan negro como la
tinta.
No había tomado iree sorbos, cuando oyó un gran ruido de fracaso en el recinto de ea taller:
Fué. ¿Qué miraron sus ojos? El busto había desaparecido del pedestal de negro y oro 1 y entre minúsculos
mandarines caídos y descolgados abanicos, se venían por
el suelo pedazos de porcelana que crujían bajo loe peque•
ños zapatos de Suseite, quien wda encendida y con el
cabello suelto, aguardaba los besos, y decía entre carca•
jadas argentinas al maridito asustado:
-¡Estoy vengada! ¡Ha muerto ya para tí la Emperatriz de la China!
Y cuando cc,menzó la ardiente reconciliación de los
labios, en el saloncito azul, todo lleno de regocijo, el
mirlo en su jaula primorosa, se moría de risa.
Ri:eh 0ABÍO.

¡Oh! :Qaé cosas tau tiernas" te diría,
al contarte Eoriqueta, mis pesares,
si esta alma que es tan tuya como mía.
estuviese en la edad en qae tenía
el ardor del cantar de los cansares!
CA.KPOAKOB;

�DOMINGO 30 DE MAYO DE 18117

EL MUNDO

368

porque aquel pícaro vicio babia de seguirlo eternamen- diferente á. todo saltaba alborozad.a y se veía en los es
pejos en loe m~~blea y vidrieras.
.
como un acreedor á. quien nunca acaba de ~ársele.
Roiia aceptó la pobreza con mucho valor. Tnviero:°
Rosa-Tbé no sabía que Pedro jugaba. En los pri~eroa
meses de matrimonio lué, con efecto, lo más sumu,o Y que buscar una casa humilde, quitar el coche, despedir
obediente que puede apetecerse para la vida quieta del á casi todos los criados, reemplazar el raso de los mu~hogar. Pero ¡ay! á poco tiempo la pícara cost.umbre le bles con cretona é indiana; vivir, en suma, como lafaanarrastró al taptte verde. Comenzaron entonces los pre- lia de uo pobre empleado que gana ochenta P:9SOB cada
textos pam pasar las noches fuera de la casa, la acritud roes. Pero Rosa ponía tal arte ~n todo, econo~nzaba tande car:.ícter, loa ahogos y las ~úbitas desapari~i~nes del to con su vigilancia y su trabaJo, era t~o decidora Y tan
dinero. Cit:rta vez, Rmia se preparaba para asisttr fi, un alegre, que Pedro sentía menos el terrtble pes.o d';' lapobreza. Al principio, PedrC', avergonzado de s1. mismo Y
baile Pedro estaba ya de frac, esperando en el gabrnete
á. su ~eñora. Mas como estaba embebida aún en su toile• orgulloso de su mujer, se dedicó con alma y vida á trabajar. Y roea estaba más contenta ~ue antee, porque ya
Ue tardase todavía muy largo rato. Pedro entornó la
no se iba por las noches y porque siempre le veía á su
p~ert.a del tocador, y di10 á Rosa:
.
lado.
d
-Mira mientras acabas de peinarte, voy á fumar al
Sin embargo, no fué ~uy dura~era esta ventura. Pe ro
aire librt:i'. Dentro de media hora volveré. Eran las nue•
ve y rut-dia. En punto de las diez, Rosa estaba dispuesta volvió á. juntarse con crnrtos amigos que le arrastraron
para el baile. Sentóse en un silloncito y esperó. Sonó el nuevamente al juego. Ya no pod!a apo9t~r grandes ca~•
cuarto !a. media los tres cuartos, y Pedro no volvía. En- tidades como anees¡ pero sí dos, cinco 6 diez pesos: Pr.1•
tonc1::s' uomenzó ~ entrar en cuidado. ¿Qué le babr1a. BU· mero se escusaba asi mismo, diciendo en su concienCla
cedictu'/ A cada instante se asomaba al balcón, estruJan• -no hago mal. Ahora que nada tengo, es cuando _debo
do los guantes y el pañuelo. ¿Le habría atropellado u~ jogar. Es preciso que busqu.e á toda ~osta el mf:d~o de
cocht1-¡anda tan embob5:do!-de~ía Rosa. ¿i:iaprá. tem- sacará mi mujer de la situa.ctón prf'caria. en que vivimos.
do nña con alguno? ¡Nadie está hbre de enemigos! So• El juego me debe toda mi fartuna. V~y por ella. .
Y coLOenzó de nuevo á fingir ocupaciones perentorl3!\Y
bre tudo ¡hay tantos malhechores en la calle! Y adelan•
tando l¿a sucesos con la impacient.e imaginación, se á. paaar buena parte de las noches fuera de _su casa. N_o
figuraba ver entrar á su marido en angarillas coa una tardó Rosa en descubrir la verd11d. -Lls ext~uas can ti·
pierna rota ó muerto acaso. Y cada vez era más aguda dad~s que ganaba Pedro~y eran ant.es suficientes para
su congoja, tanto que al dar las on~, mandó á un mozo cubrir su reducido presupuesto, ?º lo fueron d~spués.
Convencida de que aquel vicio era rncura~le.y rad1~al en
á que fuera á buscarle por las call~s, y luego á otro, en
seguida á tres basta que el camarista y el lacayo, el co- su marido, cayó en el más prof1,?-ndo ~b~timten~o .. t'..A qué
chero el porL~ro y cuantos hombres había en la serví• lucha,? Sin atenderá sus conseJos, m mr sus suphcae, m
dumbre, se emplear'::in en busc~rle por c.alles y ~afés sin apreciar sus cuidados y trabajos, Pedro la abandonaba
dejar punto de reumón por regustrar, m detuvieron un por los naipee.
Una terrible consunción se fué apoierando de ella. Ya
instante eus peequisas.
no reia, ya no cantab:t,, perdió l~s coloree frescos de su cu·
Llegaban los sirvientes fatigados y sin noticia alguE.a tia el brillo de alis OJOS, la gracia de sus desembarazados
de su ~mo· salían después con uuevas órdenes y siempre m¿vimieotos, y se fué adelgazando poco á poco. Al cs.bo
regresaba¡{ lo mismo que se iban. Por_ fin, pasaia ya la
de algunos meree cayó en cama. .
media noche Rosa ordenó que se pusiera el coche. Iba
Los médicos dij0roi.1 que no atmaban con la cura de
á buscar á. P~dro. A todo escape los caballos partieNn
su mal: y con efecto, el único capaz de a.liviarla tra el
del zaguán. Llamó Rosa á la puerta de muchas cas~s;
marido. Este, instintivamente comprendiendo que era
apeába.l!e el lacayo presuroso, y después de confere°:crnr la causa de la enfermedad, se enmendó en esos días, r
con loa porteros subía luego al pescante, y el carruaJese buscando dinero á pr~mio, pidiendo prestado á aua ami·
lanzaba de nue;o por las callee con la mayor velocidl~d gos, se allegó los recnrDos ne~sarioa p~ra atender á la
posible. A cosa de la una, pasó Rosa por una c-9,lle y v1ó enfermita. La llevaba loe meJores méd!C'&gt;S y compraba
abiertos é iluminados los balcones de una casa. Aquello todas las medicinas, por caras que fu'7:1en. Un doctor
debía ser un club ó coaa asi. ¿Estaria Pedro en ese lugar? dió en el clavo, al parecer {ahorro á m1a lec~?res la des•
Paróse el coche, y el !acallo, sin necesidad de. llama;,
cripcióo minuciosa de .)a enfermad.ad } y diJo: i(esto se
porque eataba entornada la puerta, ent.ró al patio; su~ió cura nada más con tales y cnales mPdicinas.11
.
las eacaleras y, á poco rato, volvió á. bajarlaa más aprisa
Las compró Pedro y con efecto, Rosa-Thé se meJoraba
todavía. Llegó á la portezuela del carrua~~, por la que visiblemente. ¿P.Jr qué empEK!rÓ después? He.a9uí lo que
asomaba el semblante lívido de Rosa, y diJo, con la sa- ni Pedro ni el doctor se explican. Las medicmas eran
tisfacción del que trae una noticia largame11~ esperada:
y babian surtido al principio un ef;cto mara-El amo está arriba; está jug11indo ......... Dice que no infalibles
villoso. ¿De qué prove_nía pues, 1~ recaída? Solo yo lo sé
puede venir ........ que irá luego á la casa.
y voy á contarlo. R'&gt;stta me lo d130 la ~che en que mu·
y efecü vamente, á las seis de la mañana Pedro se prerió, mientr~s yo la velaba, porque bab1amos vuelto á ser
sentó tn las habitaciones de la señora. La infeliz habta
buenos amigos.
pasado la uoche _en cla~o, sentada allí en aquel. sillón,
-No quiero aliviarme, me decía. Tll sabes. todo, . las
viendo, con la mirada fiJa de una loca, las roan~itas del
tristezas y las angustias que he pasado, 1:'- mvenmble
reloj que giraban al rededor de la carátula, vestida aún fuerza de ese vicio que detesto y que domma á Pedro,
con su traJe de baile, con flores en el cabello y en el pe• mi amor á.éste y mi despego de la vida. ¡E,;¡toy tan con•
cho. Cada vez que sonaban pasos en la calle, R'lsa-Thé
tenta así enfermita! Pedro no juega, pasa los ~fas á la
ae asomaba al balcón. Pero eran los pasos del geodarme
cabecerade mi cama, y cuando estoy mala y ci~rro loa
6 de algún ebrio que.volvía tambaleando á su casa. Y ojos fingiendo que duermo, oigo que sollaza y e1eat? la
las estrellas fueron brillando menos y loa galloa cantando humedad de sus lagrimas en mi mano. Ahora me quiere
más. De rato en rato, Roea eacuchaba el ruido de un e~• ahora no me abandona ahora me cuida con las tiernas
rruaje: era el de alguna de sus amigas que volvía del ba1• solicitudes de una mad~e. Si me alivio, volverá á escale. Poco á poco, la luz, prim.ero tímida y bl.a~qui~ca, se parse volverá. á. buscar lejos de mi, las emociones del
fué diseminando en todo el etelo. Pasó una dlhgencia por juego: Ya no le tendré 1á mi lado, ni sentiré sus labios en
la esquina y se oyeron .las campanas de la profeaa l!al?an- mi frente. Se irá como Pe ha ido tantas veces, dejándome
do á misa. Roaa no qmeo entonces permanecer más t1em• muy triste y solitaria. Si me muero, tal vez el recuerdo
po en el balcón. ¿Qué dirían los que la vieran? Además,
de la pobre víctima le aparte del camino p0r que vá .. No,
sus dientes chocaban unos con otrof!, y un desagradable
no quiero aliviarme. Quieroeatare?f.erm1ta mucha t1e1;1•
escalofrío culebreaba en su cuerpo. Rosa, tan débil, tan po Por eso cuando me trae la med1crna, recurro á algun
cobarde y tan friolenta, había pasado una buena parte de pr~texto pa~ quedarme sola, y derramo el elixir en el
la madrugada en el balcón, y, lo que ea peo:, en traje de
suelo ......... !
baile, con los hombros y la garganta descubierta.
Tan poseída de dolor estaba, que no observó la ligereza
de su traje. Sólo cuando la luz, entrando brusca por las
Allá, bajo los altos árboles de~ Pante~n Francé~, duerpuertas emparejadas del balcón, íué á retratarla en el es•
pejo del armario, Rosa se vió ataviada por la fiesta y cu• me la pobrecita de cabellos rubios~ qmen yo qmae du•
bierta de floree, como una virgen á quien llevan á en· rante una semana ...... ¡todo un siglo!. ........ y se casó
terrar. Entonces, acurrucada en el sillOn y cubiertos los con otro.
hombros por un tápalo, soltó á llorar. ¡Había penaado
EL DUQUE JOB,
en divertirsetantoen aquel baile! PorqueBoea era al fin
y al cabo una- chiquilla. ¡Se había puesto tan linda, no
para cautivar it los demás, sino para que Pedro la llevase
con orgullo! Y en lugar de la fiesta, las congojas, la angustia, y luego ......... luego la certidumbre horrible de
que su -esposo, sin tener piedad de sus dolores, la dejaba
á las puertas de una casa de juego, donde probablemeale se
arruinaba. Rosa lloraba como una nifia y poco á. poco iba
arrancando de sus cabellos aquellas flores que tan primo•
rosamente la adornaban. Y aaf pasó todavía una hora,
oyendo el ruido de las escobas y las conversaciones de
loa ban·enderos que barrian la calle.
Por fin conoció los pasos de Pedro. ¡Sí, era él! aecó sus
111ED.A.LLON
lágrimas precipitadamente, tuvo vergüenza de haber llorado, la cólera venció en su ánimo al dolor y se dispuso
á reñir, á desahogarse, á increpar con justicia á en mariBajo el rico dosel de tu cabello,
do. Pero ......... ¡en vano! la vista de Pedro la desarmó;
tu semblante moreno y sonrosado
venía lívido, derrengado, con los ojos de un hombre que
es suave crepúspu lo bañado
ha perdido la razón, deshecho el lazo de la corbata blanpor el pálido nácar de un destello.
ca y erizado el pelo del sombrero, apenM pudo hablar!
Hermanaa lo apacible con lo bello
-Tienes razón ......... soy un mieerable ......... He pery ostenta~ la dulzura y el agrado
dido todo ......... tus coches, tus alhajas ......... mis caba•
con que tiende al sentirse 11cariciado,
!loa, ¡nada tenemos! ¡Te he arruinado! ¡Te he arruinael cervatillo tímido sn cuello.
do! ¡Soy un canalla!
Sangre de roes por Abril nacida
en tus mejlias difundir parece
La cólera de Rosa-The ee disipó como fas sombras
una 61\via magnífica de vida,
cuando viene el alba. Ant.e aquella desgracia inmensa,
bajo cuya virtud germinadora
quiso recuperar su eangre fría. ¡Era tan buena! Una ter·
tu alma de virgen á la par :florece
nura inmensa reemplazó las frases duras con que se procomo un botón de pétalos de uurora.
ponía recibir á su marido. Y abrazando su cuello, acercando la cabeza descompuesta de Pedro á su seno, le atra•
J USTO A.. F .-\CI O.
jo á. sí y llorar.on juntos, largo rato1 mientras la luz, in•

t.e

)

A"f, AGUA FUERTE

Era, la caída de la tarde, y elegante.3 carruajes de los
,opulentos llenaban ,,La Reforma.n Pasaban al trote los
caballos, eacudiendo al extremo de las lanzas cascabeles
de plata; y las damitae.i, en el fondo de los coches, entre
cojrnes y pielBS-porqué hacía frío-saludaban con sus
manecitas enguantadas á los amigos, á los lagartijos, á los
admiradores de sus graciae.
En el ctCdé Colón11 las mesas estaban todas ocupadas,
y en las meeasel ajenjo remedaba líquidos ópalos de verdosos fuegoe.
Allá lejos, las nieves del Popocatepetl, tomaban tintes
tortiaaolados¡ en el cielo pálido corría una nube blanca
y el sol amarillento como un enfermo, y sin púrpuras
como un rey destronado, bajaba lentamente hacia Cbapultepec. Un momento se detuvo el disco de oro detrás
de la eetátua de Cuauhtemoc,- formando á. su cabeza,

adornada de plumas rfgidaa, una aureola1 como las que
pintaban en sus lienzos los viejos maestros italianos; pu•
so un polvo de oro e.obre las hojas lánguidas de ka 1&lt;ahue•
huetee 1 &gt;1 cuyas siluetas eEcuá.lidas se dibujaban en el cie•
lo anémico, y por fin, como un dios que cae,. se ocultó
tras el castillo que cierra la calzada ácaballo aobre la roca. De las copas de los á.rbolea cayó-como una bruma
negTa-la noche; el Café quedó desierto y en la sombra
las estátuas tomaban proporciones fantasticaa y los j amnos de los aurigas, con sus anchas alas, fingían ainiestros
murciélagos volando sobre los carruajes, que se alejaban,
con rumbo á. la ciudad, al largo trote de loa hermosos
caballos que sacudían al extremo de las lanzas loa cascabelea de plata ..... .
Hacfe frío, un frío madrilf'ño. El aire que besaba el
rostro había refrescado sus labios en las cumbres eternamente heladas ...................................................... .

»¡Mi cajita de eerilloE1 1 señor! ¡Un centavito para _mi
pan! ¿Sí, mi niño?n
¿De dónde había salido aqne11a chicuela de dos palmo&amp;
de estatura? i De la sombra, doade mora la miseria!
Corría con sus piececitos descalzos, temHando defrlr ...... del frío del hambre tal v.,z! Mf'dio desnudo su
pobrecuerpecito y delg2ducho, delgaducho ........ .
La vocecita tenía algo de tri ~f', algo de rajad('I, comoel eonido extraño que producen las cai'ias cuando lae
azota el viento ....... ..
Y allá, por la amplia A"t"enida Juárfz, iban f'n el fon•
do de los cocheP, entre cojines y pi~lee, las damitas elf'gantes; y los caballos, trotando Jar~o, hacían rnnar a l
extremo de las lanza~ los caecabeles de plata.
RAOUT, CAY.

•
REI.IEVES

-Altiva dijo Laura,Soy la estrofa hecha carne, la Belleza
Modelo de estatuaria!

LUIS G. URBINA

Ya pulsa e:u áureo plectro la cuerda enamorada,
Y en vibración ardiente d~spierta al corazón;
Ya arranca de la herida la flecha envenenada
Abriendo sobre el verso la flor de la ilusión.
Ya·pinta en el análisis del alma encenegada
La voz de las pasiones que ofuscan la razón,
O el paternal instinto, piedad dulce y sagrada
Que vierte sobre el labio la frase de perdón.
Como fecundo cármen su lira emerge flores.
El odio no le inspira, le inspiran los amores,
Del huérfano contrístale la triste juventud:
Y al viento dando altivo eu aliento soberano,
El vate insigne pasa, llevando en una mano
La mano del pequeño y en la otra su laúd.
A ORELIO G.

Y la paloma se alejo á sn nido

Y allí plegó las alas;
La violeta ocultase entre 181!! hojas
Temblando de rubor, avergonzada .........
Y se apagó a] instante el rayo de oro,
Y la onda murió deshecha en lágrimas!
JUAN

B.

DELGADO.

Mayo de 1807.

CARRASCO.

:Mayo de 1897.

REDENCION
La perla es el dolor.-Quedó apresado
en camarín de nácar un lat.ido ..... .
y el mar rodó revuelto y lacerado,
en convulsiones de tit.án herido.

DE UN ALBUM
En floreEtal. Maf'iana transparente,
Cielo azul, aire puro que Ee empapa
F:n el fragante olor de las gardenias,
Que fingen una espléndida nevada.
- Yo soy arrullo-la paloma dijo
Meciendose en las ramas¡
-Yó soy modesto adorno de la virgen,
El perfume es rm alma ,
-Exclamó la violeta;
-8oy luz, vida,
-Clamó un rayo de sol, flecha dorada,
- Y yo vago rumor-prorrumpió alegre
Rodando u na onda de agua.
-Ah! Cal lad ante w f, q ue sois bien voco,

Y duro,ió aquel dolor.-Durmió en la obscura,
olvidada quietud,-gota de lloroel buzo la arrancó de su envoltura
para arrojarla en el festín sonoro.
Sufrir es ascender.-Van hacia el cielo
de la .flor el aroma, en loa altares
el himno y la oración, del av·e el vuelo
y el 1umor de las selvas seculares.
La cruz es ascención. Cual doble puente
que atraviesa el dolor con sus .flechazos,
-de Norte á Sur y de Occidente á Oriente,abre inflexible el símbolo sus brazos.
C ÁRLOS D í AZ

Mayo de 1807.

D UFOo.

CUENTOS COLOR DE HUMO.
DAME DE C(EUR

Allá, bajo los altos árboles del P.1nteón Francéfl, duer•
me la pobrecilla de cabellos ruliio1&gt;, á quien yo qui1:1e
durante una semana ...... ¡todo un siglo!. ..... y se casó con
otro,
Muchas veces, cuando caneado y aburrido del bul1ici('I,
escojo para mis paseos vespntinoa las calles pinto.esca~
del Panteón, en · 11entro la delicada uroa de marmol en
que reposa la que nunca volverá. Ayer me sorprendió la.
noche en esos sitios. CamPnzaba á llover y un aire helado movía las flores del Camposanto. Bmcando á toda.
prisa la salida, dí con la tumba de la muertt&gt;cita. Detú·
veme un instante, y al mirar las loeas humedecidas por
la lluvia, dije con profundísima tristeza:
-((¡Pobrecita!)) ¡Que frío tendrá en el mármol de su
lecho!
Rosa-Thé era, ea efecto, tan friolenta coma un criolla
de la Habana. ¡Cuantas veces me apresuré á echar eobresus hombros blancos y desnudos, á la salida de algún
baile, la capota de pieles! ¡CuántáE veces la vf en un rin•
eón del canapé, escondiendo loa brazOE\ entumida, bajar
los pliegues de su abrigo de lana! ¡ Y a hora allí está. bajola lápida de mármol que la lluvia moja sin cesar! ¡P(•·
brecita!
Cua11do R'}ea-Thé se casó creyeron sus padres que iba
á ser muy dichosa, Yo nunca lo creí, pero reservaba misopiniones temeroeo de que lo achacaran al despecho. La

verdad es que cuando R ,sa-The se casó,yo había dejado
de quner1a, por lo menos con la viveza de los primeros
días. Sin embargo, nunca noe hace mucha gracia el casa•
miento de de una antigua novia. Es como si nos sacaran
una muela.
Sobre todo, lo que aumentaba mi dieguato era el convencimiento profundo de que iba ti ser desgraciada. Me
ponía co~o. una furia al eECuchar las profecías risueña~
de su fam1ha. ¡Cómo! ¿Qué iba á ser P~dro un buen mR
rido? Pero ¿no Paben esas gentes-decía yo para mfque Pedro juega? Atribuyen á. la funesta ocioaidad tan
serio vicio; creen que una vez casado va á enmenda1·
se ......... pero loa Jugadores no se enmiendan.
Y -en descargo de mi concie-ncia, lo diré -yo habría.
visto, si no con alegría, con resignación á lo menos, el casamiento de Rosa-Thé con nn buen chico. Pero lo contrario de un pozo es una torre; lo contrario de un puente
un acueductó ¡ lo contrario de un buen marido eso era.
Pedro. No porque le faltasen prendas personales, ni B'.l·
Jud, ni dinero, ni cariño á la p:ibre Rosa-Thé, pero eí

FILOSOFI.A.
La fuente se une al arroyo,
el arroyo se une al mar
y las brisas y las 1:1,uras
unidas vienen y van.
Si pur ley del Universo
no hay un ser en soledad;
si todo se une con algo,
¿por qué uuida á mí no ~stás?
Loe wontea besan al cielo,
besos las olas se dan,
la flor desdeña las flores
que no besan á su igual;
rayos de sol y de luna
b~1fün la tierra y el mar:
y ¿q11é vale tan~o beso
si 1.11.1 me besM Jamás?
)L.\.N UE' t

Go.sz..i.LES

PR ,\IH.

~
EL BUSTO OE NIEVE

De amor tentado un penitente un día
con nieve un busto de mujer formaba
y el cuerpo al busto con furor jnntaba
temp lando el fuego que en Bll pecho ardfa,
Cuanto más con el bu1:1to el cnerpo unía,
más la nieve con fuego se mezclaba,
y de aquel santo el corazón se helaba
y el busto de mujer se déshacfa.
En tus luchaa, ¡oh amor!. de quíen reniego,
siempre se un~n invier~o con est!o,
y ai uno ama arn fe, qmere oko c1~go.
Así te pasa á ;"í corazón mfo,
que uniendo el la su nieve con tn fuego,
por ~atar de calor mueres de frío.
ÜAUPOA)IOIL

SPIRIT.A.
Como flor que, de noche tola.vía,
el cálíz tiende á. la invisible aurora,
así vuelves tu frente soñadora
al sol oculto del incierto día.
¿Por qué huyendo del siglo en agonia
buscas, joven sibila encantadora,
en la sombra. la luz rave ladord.
y la vida en la muerte muda y fria?
De allf, de donde lo irreal empalma
con la verdad, caerás á. este planeta;
que aun de tu cielo místico en la calma,

Al contagio invencible estás sujeta
de esa neurosis má.giea del alma
llamada amor por el primer poeta.
JUSTO 8IERR.\.

AL CRUCIFICADO

Al través de loa siglos aun perdura
la magia incomprensible de tu acento.
que se propaga de uno en otro viento ,
impregnado de mística dulzura.
El Cedrón en sus m4rgenes murm ura
tus enseñanzas, y el Tabor, atento,
destacado en el limpio firinamento,
en antorcha inmortal se transfigura.
De la Tebaida á Roma, y desde Roma
á todo el mundo, tu palabra toma

fuerza mayor, y soberaua, impera;
Y cruza peregrina las edades
eobre pueblos y baatae soledades
hasta llegar al cielo que la espera.
M. A. SulREZ.

Sabiendo mi virtud ¿por qué te extraña
que me encuentre á mi edad alegre y sano?
De remiendo en remiendo nna cabafl.a
vive más que P 0mpeya y Herculano.
C AMPO.A.l(OR.

�370

EL MUNDO

DDII IIIGú 30 DE IIAYO DE ,llg7

DOMINGO 30 do MAYO do 1897

EL

MUNDO

ENGANO SUBLIME
Por lblaría !!escot.
NUMERO II.

-Que edad tenía Santa R 1folia1 prima Aglaé? DJ.dme
alguno:3 datos. Rubia 6 morena? Joven 6 vieja? Virgen
ó viuda? En qué tiempo? en que país? E3 un poco ignorada vuestra Santa, convenid en ello. Preferiría pintaros
una Santa Ines tomando por modelo á Lila.
Aglaé no se rindió sio alguna dificultad. Una de las
inocentes manías de la vieja sefiori5a era la continua investigación de los santos y las saatas menos conocidos.
S00 los más desocupados, decía, y por lo mismo tienen
más tiempo para velar por nuestros intereses.
Sin embargo se resignó y Lila consintió en servir de
modelo; hubiera consentido en todo la pobre nii'ia con el
tin de detener á su padre en Pontarlier no pudiendo arrojar de su corazoncito celoso, el horrible temor.
El reirato comenzó entre un concierto de alabanzas.

tiempo á quienes Elena socorría. Algunas veces en las
callee de la pequefia ciadad entraba á las casas de comercio y hacfa compras inútiles á fin de verá los comerciantes detrae de sus viejos mostratf.ores.

la excelente muchacha exhalaba á 1a vez su reconocí
miento y su guEto germánico por las divisas sentimentales.

En medio de su trabajo y de sus recuerdos, pasabánae
los días dulcemente; en cuánto á las veladas, ese tiempo
tan difícil de llenar en las pequefi.as ciudades, la sefiora
Fouraeron habla peosaio en ellas, no siendo de esas generosas imprevisoras que dejan en la ciudadela un punto vulnerable. No había que contar con las señoritas de
Lezines que, levantándose á buena hora para las misas
matinales, gustaban de acostarse temprano; ni con Jaco•
bode Sommeres á quien el temor de la humedad retenía
en su casa; ella obtuvo que el presidente del tribunal y
el doctor fuesen á jugar al whist con el señor Duvernoy.

Los temores sobre la solidez de los .Minoret Re habian
disipado hacía algún tiempo y sin emb¡,¡,rgc•, Fernando
no pensaba en partir de nuevo. No había olvidado la
promesa hecha á Beltrana, pero difería su ejecu~i6n. Fre•
cuentemente hablaba con Carlota de su amiga.
-Ciertamente, señorita Carlota, volveremos á verla
muy pronto. Decfdselo cuando le escribais. Pero ese
bien pronto se transfería de semana en semana.
Jacobo de Sommeres demostró sin mucha dificultad la
necesidad de toma; medidas para la explotación del bosque de los Lannes. La sefiora Fourneron no fué mal aco•
gida caando habló de reparaciones urgentes en el techo
de la casa, reparaciones que el ojo del amo debía dirigir.
No se le dejaba respiro, contribuyendo grandemente á
esto el 1etrato de Santa Inés qne le retenía cautivo por
el lazo misterioso que une el art.1bt.a á su obra.
Loa craatro conjurados se felicitaban en voz baja, mas
una nevada prematura hizo que Jacobo apresurase su
prepara ti vos de partida.
Hubo en caea de la señora Fourneron un postrer conciliábulo y como ella ee desolaee de la pérdida de un aliado tan precioso, él emitió una duda:
-Por mi fe, tía Fouroeron, estais segura de que existe
eea mujer satánica? Por mi parte comienzo á creer que
hemos emprendido una cruzada contra los molinos de
viento. He ensayado confesará. Fernando. Yo no soy un
director de conciencia bien experimentado, pero entre
hombres, ya lo sabéis, se habla con franqueza ...... ¡Oh!
no os tapeis las orejas, primas Lezines, nada aventuraré ...... Pues bien, Fe ruando á mis preguntas solapadas
ó directas, ha respondido con e 1más grande candor de
alma, bosqueJando como artista, mas no como enamorado, las di verEas beldades femeninas encontradas á través
de sus viajes: la turca, la rumana, la montenegrina, la
italiana, pero el diabi.o me lleve si su voz temblaba ó ü
brillaba su mirada.
-Yo, dijo Aglaé, hablé á la señorita Carlota y pude
convencerme de que nada sabe. Ella proclama á Fernando el más virtuoso de los hombres.
-¿Si interro..,asemos á Lila? propuso la sefiora Fourneron.
Los otros tres protestaron.
-De ninguna manera. ¿Peneais que Je haga confidencias á su hija y la conduzca consigo á casa de las per didas?
Además,'como los cuatro eran gentes honradas, repugnaron esta información con la nifla.
- Pero entonces, dijo Aglaé, resumiendo la situación,
no valía la pena de ligarnos contra una enemiga que no
existe.
Se sentían abochornados1 y censuraban un poco á Fernando su conducta y su virtud.
-A fe mía, tanto mejor, dijo la sefiora Fonrneron, yo
podría suprimir las part.idas de whist. Me agradaríe acostarme á buen a hora.
-Además, añadió Aglaé, van á llegar los grandes frfoe.
HaY vientos colados en eu taller; yo be tiritado tres 'Veces ayer al volverá mi casa. ¿No es verdad, Eulalia?
-Entonces, declaró Jacobo, la liga de familia esta disuelta; renunciamos á salvar al que no está. en peligro.
Los cuatro coojurados se separaron.
El porvenir debia, empero, demostrarles que es imprudente desarmarse demasiado pronto.

;

•.

, ,-.,;,.._,;',

---

-

Era tan linda esa niñita! Personificaba tan bién á la an·gelioal y conmovedora niña que murió mártir á los trece
arios. En tanto que eervfa de modelo con su gravedad
de santita, la tía, Jácobo y las primas €'e instalaban enel
-taller, llevando la una las noticias de afuera, los comadrazgos, y las otras lo!! ligel'$8 cancanes piadosos, anodinos y embalsamados de incienso; las señoritas de Lezines no gmtaban de criticar, solo que era preciso divertir á Fernando, a!!egurar el triunfo de la buena causa y
la derrota de la Dalila de marras.
El pintor se interesaba por todo y por todos: los cambios sobrevenidos en el seno de sus amigos viejos, el ma'trimonio de los unos, el divorcio de los otros. Había
muchas cosas que contarle¡ se interesaba aun por loa
.,-0breroe, por la gente del pueblo, por los pobres de otro

ran viejo maestro.
Cuadro de K.aulba.oh.

Carlota compuso el centésimo capftulo de su novela:
Si el honorable señor Duvernoy la había llevado á Pontarlier, era á fiu de permitirle conquistar los corazones
de toda la familia, ani1s que anunciase su proyecto de
matrimonio. Así ea que Ee aplicaba lo mejor que podía
á agradar; procuraba ganar las simpatías, levantando co1,1
inalterable paciencia las mallas que los dedos endurecí•
dos de la vieja tía dejaban caer; oyendo con ávida deferencia las piadosas homilías de A~laé, riendo con todos
sus dientes largos y blancos las bromas de J acobo aun
cuando no siempre las comprendiese, y sobre todo, amando á todos, inclusive la pobre difunta. Sobre la tumba
tan largamente abandonada, colocaba coronas donde las
palabras de 11Recuerdo eterno,n en perlas blancas, se leían
sobre un fondo de perlas azulee: ingenuos CJ.·- cota en que

XXXII
Sin embargo, no era una criatura absolutamente perversa esa Beltrana Meriadec. En otro medio, en otro siglo, hubiera sido buena quizás, mas era de este tiempo
de ambición y de avidez. El hombre que debía ejercer
tanta influencia en sus destinos, así como eo los de Valeria, su amiga de infancia y coterránea, no~había contribuido por cierto á mejorarla. Leódice era uno de esos
productos de la civilización parisiense, que acaso serían

�57~

372

EL MUNDO

DOMINGO 30 de MAYO de 1897

h ombres sín6 lee faltase el corazón. :Kinguno conducía tregada por completo á las dificultades de loa acompañ a· tinal la penetraba de una suave y blanda influencia: oía.
IBáe brillantemente un cotill ón ni decía mejor un monó- mientas, sudaba la gota gorda temiendo á cada paso e l mar que cantaba dulcemente. Sus sueños de ambición
se desvanecían para dar sitio á un hermoso ensueño de
logo, ni cantaba con más finura una copla, ni guiaba con perder el compás ó comerse alguna nota.
En verdad Beltrana no saboreaba sin placer esos lin- amor. Sí, ella amaba con todas las fuerzas de su alma ~
más habilidad el rondó loco de una orgía. Grande, andos preliminares de amor: sin embargo, al cabo de tres Y el que amaba iba á venir. Esa fugitiva y súbita eepe•
cho de eepaldas, con la barba y los cabellos negros, de
alegre humor, tenía con las mujeros numerosos éxitos, semanas ee inquietó. Era muy bello cantar con ojos in· ranza fué el instante más dichoso de su vida.
candescentee: «Leonora, amor mfon ...... pero poco prácti•
Una cortina de púrpura 1eemplazó en el Oriente la
pero no hacía locuras.
Su padre le había inculcado desde temprano los prin- co. Ella había esperado algo y ese algo no venía. Por delgada banda pálida, levantóse el sol y sus primeros
qué Leódice tardaba tanto en decir: ci Es Beltraoa la que rayos acariciaron el dolmen. Leódice no venía. La jocipios de la economía y de la cordura.
ven ee había pueeto de pie, ansiosa, interrogando la ex•
Esos consejos habían caído en buen terreno; ninguna yo amo, es ella con quien quiero casarme?11
Y á nadie podía pedir consej o para apresurar esta so• temión desierta.
mujer podía preciarse de haber conquistado· á. Le6dice,
porque ninguna flor de amor había germinado e~ su co- lución feliz.
Había en el granero de su casa, una caja llena de no•
El hermoeo Leódice durmió perfectamente bien aquerazón.
velas compradas por el capitán durante su:1 ocios en las lla noche: por un amorcillo no perdía él su sueiio. Los
No ee resignó á cargar la cruz del matrimonio sin gruciudades de guarnición. En ellas buscó la experiencia de primeros rayos del sol levante no ofrecieron á eu espíri•
fiir un poco. Fué preciso que su padre le pusiese ante los
tu de parisiense má3 que una figura dei retórica. El cre•ojos un cierto documento importante, que abriese ante que tenía necesidad.
Los
cuentos
de
hadas
y
la
historia
le
habían
ense-llado
yó levantarse á tiempo poniendo la aguja de su desper•
él cier~ libro de cuentas en que el debe y el haber no se
eqilibraban de una ma1.1era satisfactoria, El hizo una muchas cosas, las no velas le eneefiaron otras. El'.as tam- tador á las seis de la mañana. Después se acostó con el
bién proclamaban la omnipotencia de la mujer, pero alma tranquila, murmurando:
mueca.
afladian que la fortuna amaba á las audaces, y que el
-Para una primera cita hay que demostrar apresura-¡Diablo! ¡Diablo! pero casarse con una prima tan fea,
hombre no resistía jamás á dos hermosos ojos. Le en• miento y exactitud. ¡Muy inteligente esa chica y llena.
es duro, papá, sabe usted.
sefiaron algunas astucias de guerra: huir para que osper · de buena voluntad! ¡Cómo reventaría aquí yo de fastidio
-Menos duro que la ruina, hijo mío.
sigan, reservarae para hacerse desear; sólo que en esta sin ella!
-Ent.onces lo haré ya que ea preciso. Mas para qué
Dicho esto, se durmió á puño cerrado.
hacerme irá la Bretaña? Yo conozco bien á Valeria y vez las astucias de nada le sirvieron.
Fué en vano que un día apenas llegada. diera trazas de
Cuando el despertador sonó, se estir,\ se levantó, hizo
va tendré tiempo de verla. La mujer con quiea uno ee
irse; él no la siguió. Otra vez dejó pasar la hora de su su toilette, pidió su chocolate y salió de la casa todavía.
•casa es la sola á quien no se tiene interés en cortejar.
visita cuotidiana; el no acudió á buscarla. Penetraba con medio despierto. Apenas hubo puesto los pies en el din-No, no, hay que darse prisa y obrar en eso franca~
mente. Tenemos necesidad de la dote y no hay que an• mucha facilidad esta coquetería elemental y se di vertía tel, llegó á su oído una exclamación.
sin preocuparse de ella.
-Magnífico, muchach0, magnífico. Rete levantado
darse por las ramas.
Entonces creyó haber perdido la batalla y resintió duantes dt!l medio día, te perfeccionas. S11be conmigo; re•
-Perfectamente papá. Iré, aunque no con mucho
ra pena. Su corazón sufría más que su vanidad: la tris- cibí una carta de tu padre y querría platicar contigo.
gueto.
teza
que no trataba de ocultar la volvió más seductora y
Leódice hizo un gesto de despecho.
Y habfa ido á Bretafia muy contra su gusto: abando•
la
prudencia
de
Leódice
recibió
uoa
primer
herida.
Sí, tío, sólo que yo tenía la intención ...... Mi prima
nar el boulevar aun cuando fuera por dor meses, hacer
-Dónde puedo veros sola?
me hizo admirar una acuarela; yo quería ver si el colorla corte á uaa muchacha fea, le parecía ti la vez un des·
Estas breves palabras murmuradas muy bajo, la hicie• era exacto, á las primeras luces del sol levante.
1 ierro penoso y una insoportable molestia. Se fastidiaba
ron
extremeceree. No tuvo tiempo de responder. Vale -¿Del sol levante? ¡Pero si hace media hora que el
&lt;lemasiado en aquella villa Martín ti donde había ido á
ria
se
aproximaba
sin
la
menor
sospecha,
pero
con
ese
sol
se levantó! Sin embargo, si insistes en dar el paseo,.
buscar mujer, y sin una carta má.a perentoria y más in•
deseo
de
una
mujer
enamorada
de
no
perder
ni
una
sola
te
acompafio.
¿A dónde vas?
quietante de tm padre, al cabo de tres días hubiera deeer·
palabra del que ama, de encontrarse siempre ante sus
u Diablo, diablo, pensó Leódice, que posma de hombre.&gt;~
tado.
Y en voz alta añadió:
Valeria entregada por completo á su dicha, había ojos.
Leódice no podía repetir su pregunta delante de aquel
-Yo iba tío .... .. yo iba ...... ¡Diablo! voy mejor á sen•
f)lvidado á Baltrana¡ pero Beltrana no había olvidado á
oyente. Las nove!as le habfan ensefiado á Beltrana q11e
tarme con vos en vuestro gabinete. Para platicar, sabéis.
Valeria .
la
ocasión
perdida
no
se
vuelve
á
encontrar;
sin
perder
el
está
uno mejor sentado.
Una mañana loe dos novios la vieron aparecer en la
Por fin el señor Martin se explicó:
puerta del salón de la villa Martín. Llegaba tímida, ex• tiempo en vanos escrúpulos, tomó un albuw colocado so•
-Mi querido sobrino, adivinarás sin duda el objeto
cusandose y no quería molestar á nadie. Sólo tenía una bre la mesa, lo hojeó, se detuvo ante una acuarela que re p:dabra que decir á su amiga, un informe que pedir, des· presentaba una piedra druídica al borde del mar. Vale• de esta conversación. Tu padre al enviarte á Bretaña teria había agotado para la ejecución de esa obra maP.stra comunicó sin duda su proyecto. Me ha pedido para tí la
pués ee iría.
todas
las riquezas de su paleta: la piedra era verde, la
mar.o de tu prima. Yo he transferido mi respuesta; no
La buena Valeria la retuvo afectuosamente.
arena anaranjada, el cielo rojo y el mar índigo. Abajo se
soy un padre bárbaro y quiero dejar á mi hija libre para.
-No, no, ea preciso que conozcas !t mi futuro marido,
leía esta leyenda explicativa: 11La roca de las Hadae.n elegir. Ya hace tres serna.nas que estás aquí; tu padre
dejame preeentartelo; quedate á almorzar con nosotros,
Beltrana pareció absorverse en la contemplación de esta me urge para que tome una resolución. De parte de Vaquieres?
Le6dice miraba á la recien llegada como los hebreos de· página notable, y de pronto deslizó hacia el joven · una leria nada hay que temer; tu eres un muchacho demasía•
bieron ver el maná ceyendo en el desierto ante sus ham• mirada furtiva. El, atuzándose el bigote sonrió con lin• do guapo para volver la cabeza á una doncella, en esono hierras. Pero, ¿te gusta ella igualmente? ¿la amas?
brientoa estómagos. Sus ojos repetían pero mucho más da eonnrisa de fatuidad; había comprendido.
-¡Qué colección de preciosos talento:! poseia, prima
Pronunció esta última frase con una evidente vacila•
elocuentemente la invitación de Valeria: 11Quédese, quemía! pero el cielo es muv rojo: ¿son esos loe fulgores del ción. Leódice enderezándose en su sillón dejó oír un
dese.11
alba ó los fuegos del crepúsculo?
murmullo poco respetuoso.
Beltrana se quedó!
-Son los los fulgores del alba, dijo ella¡ me había le·
-Tío mio, dijo en tono de reproche; yo os creía un
Y volvió al día sigeiente y todos los días que siguieron.
Valeriá misma le hacía instancias. La excelente mu· vantado muy temprano esa maiiana. Dibujé esa roca á hombre serio, estamos tratando de negocios y me contais,
farándulas romancescas. Mi prima es encantadora y yo
chacha experimentsiba como un escrúpulo de ser tan fe• los primeros rayos del sol levante.
-¡Oh, muy bien! dijo él; después repitió mirando á estoy dispuesto á casarme con ella, puesto que lajhe pe•
liz cuando su amiga lo era tan poco, y habría querido dar
dido en matrimonio. ¿Pero qué dote me aportará?
le una parte de eu dicha. La invitaba á paseos y se la Beltrana: uA los primeros rayos del sol levante.n
Esta vez á eJla le tocó sonreír.
Desde ese momento la conversación se volvió tan inatraía sin la menor desconfianza.
Beltrana no durmió en toda la noche. Una alegría cul• teresante para Leódice, que olvidó su cita.
El triunfo da B~ltrana fué mis rápido de lo que ella se
-Yo entrego á Valeria, dijo el señor Martín, con la
e:iperaba; desde el momento en que Leódice la miró, una pable, loca, intensa, la tenía en vela. Jfo pudo permane•
corriente magnética ee estableció entre ambos. Enton• cer en el lecho. Si iba á sorprenderla el sueño! Si iba á herencia materna, es decir: 1?, 50,000 escudos llevados
ces ella pensó en que log euentos de hada e, las novelas y llegar demasiado tarde á esa primera cita! Se levantó, se como dote por mi difunta mujer; 2?, 200,000 escudos dela hiet.oria no mentían, en que la belleza era realmente vistió, se sentó cerca de la ventana. Vió desaparecer las comunidad establecidos por inventario á su muerte; y
el poder supremo, y en que la rica Valeria Martin sería constelaciones¡ un tinte palido alumbró el cielo sombrío; afiadiré 50,000 escudos como rendimientos de mis cuen•
entonces descendió con paso furtivo la escalera, abrió la tas de tutela.
vencida por la pobre Beltrana Meriadec .
-Que la peste caiga sobre vuestros escudos, tio mío;:
La primera vez que L96dice le estrechó la mano, dán• puerta y salió con el corazón palpitante de temor y de
alegria
loca.
eso
hace apenas un total de 900,000 franccs. ¿Que no podole ano de esos apretones largos y expresivos en los
Corrió más que marchó hacia el dolmen que lleva el dríais llegar hasta el millón? ¿Y qué le dejaréis á vues•
,, 1e parece que el corazón se entrega, ella se ruborizó con
orgullosa alegría. Algunas miradas amorosa a, algunas nombre de «Roca de las Hadas.n La noche estaba aun tra muerte?
-¿A mi muerte? Hombre, ao te coses por cierto la bopresiones furtivas de manos, eran ya como el pTincipio obscura, el cielo y el mar se confundían; apenas si del
Ja
para hablar.
lado
del
Este
un
fulgor
pálido
dibujaba
el
horizonte.
No
del camino; desgraciadamente Beltrana nunca lo veta so•
lo ...... siempre Valeria se encontraba entonces entram• surgían aún los primeros rayos del sol levante; sin em-Decididamente, dijo Leódice con una gravedad des·
boa; la música les sirvió de intérprete: Leódice poseía una bargo, deecepcionose de no encontrar en la cita, habién• dei"ioaa, no sois un hombre serio como yo pensaba, nada..
voz fuerte, vibranteJ algo pastosa, y cantaba romanzas doae como ella anticipado á la hora , al que amaba.
de sensiblerías. Ea I1Stural que os fastidie hacer delantt,,
apaaionlldas que Valeria le acompañaba en el piano, y en
Para tomar paciencia, trató de recordar el hermoso dis• de mí el balance de vuestros fondos, pero cuando cae a.
esos momentos, él, de pié, un poco detrás de Valeria,
curso compuesto por ella con briznas de novela y que uno á. eu hija hay que resigna.rae á ello.
miraba a su sabor á B~ltrana, quien comprendía perfec· debía infaliblemente llevar á Leódice á pedir su mano.
-Pues bien, dijo el ae:ñor Martin después de alguna&amp;
tamente que aquellas melodiosas y ardientes declaracio• Mas he aquí que todas las palabras del discurso volaron instantes de vacilación, dejaré á. Valeria ocho millonee.
nee ~ Plb sol:.l ern.n dirigidas, en tanto que Valéria, en• sin que ella acertase á asirlas; la poesía de esa hora ma.
-¿Sin contar loa 900,000 francos de su dote?

_ _;D!!;O!!aM!!,!:IN!!;G!!:0~3~o~D!EJM~AY!'O!!.,!D~E~189~7~==== ===========!E~L;;,.!M!U!:'!N!,!D~O~=============-==========aaa
- Sin contarlos.
Entonces eso alcanza una fortuna de 8 millones 900,000
francos. Muy linda suma, lo confieso; las esperanzas snn
suficientes, pero la dote ca.~i no lo ee. No podría aumen·
tal'Be la una con detrimento de las otra9?
El tío aacudio con irmeza la frente:
-No, no, muchacho, basta con 900,()(X) francos. Yo
quiero un yerno que tubaje como yo he trabajado y que
no tenga por única. ocupación hacer que tiren las mu·
jerzuelaa el dinero de su esposa. He recibido acerca de
ti informes que me inquietan: te diviertes y entretieues
perdidas.
Leódice se levanto de un salto, y exclamó con un mo-vimiento de indignación no fingida:

El sefior Mart(n rió francamente.
- Farzante, quieres que ande en eso ti los sesenta afios,
y á los di ez de viudo?
-Hum\ ya se ha visto eso; pero debo decir en ala•
bauza v11 estrn que los informes que tengo sobre vos son
excelentes; sois cuerdo. No en balde las muchachas de
BreBt os han apellidado el «oso Martín .» Yo creo en
vuestra virtud, tío mio, y os doy una brillante prueba
caaandome con mi prima; pero si me eogañaia ...... .. .
-Puedes d ... rmir en -paz, mal bur!óu: anda á buscará.
tu prima, eet,l en el járdia. Tt'ngo la. ida de que será fe.
liz sabiendo por tu conducto el resultado de nuestra en·
trevista.
Leódi::e ee dirigil hacia la playa afectan lo la ::ictirnd

de un paseante perezoeo, temiendo que le siguiesen.
Cuando percibió á. R !ltrana, Sentada al pie del viejo dol·
men con las manos cruza las sobrd las rodillas ; en la ac·
titud de las esperas vanas y lar~as, ex periinentó una ale•
gría en que no sólo jugaba el am or propio.
-PtJbre muchacha, sería dema.sido cruel dejarla pasar
así todo el dia.
Aproximóee á ella, le tomó las dos manos, las cubrió
de beso~. Ella, por su·parte, no pensó ya en disimular su
alegría radiosa. Edtaba tan linda, que é l olvidó á. Valeria
á Martín de Brest y aun sus nueve millones, Y ·eolicitó
arJien~mente otra cita pero una cita, á la hora en que
duermen lod fut.ur0e suegro~.
Continuará.
""'----'-.,,

.~ ~

- )Je hnn calumniado, LÍll mío; jnmás las he paga•
do, b:en Fe lo que tragan.
--Entonce1:1, dijo , 1 tío ya tmnquiliza&lt;lo, me jnras
l,acer feliz á Yaleria?
-La haré feliz, naturalmente.
Y en tanto que hablaba, examinabaá.su tio con des•
('Onfianza:
- Y vos, no Je comeréis sus ocho millones?
--Puedes tranquilizarte;eetan más seguros en mis
manos que en en las t.oyas.
- Y no os volveréis á. casar'l' Eso no sería un juego leal.

�DOMINGO 30 DE MAYO DE

EL MUNDO

S74

Abrigo de paño. (Fi1turas

2

y 3.)

-

"'"-,._

_IJ/'(~

~

'

&lt;

'

' ~-~

-

•

tent"r.

Y sobre Ja página en que debéis hacer el asiento de esos
gastos, escribid como encabezamiento, para tenerlos
siempre presentes, aquellos preceptos del libro que no engaña, el Evangelio:
«Atesorad vuestras riquezas en el ciélo, donde ni lapo•
lilla ni el gusano las destruye; donde los ladrones no las
pueden robar.11
uBuscad en primer lugar elreinode Dios, v todo lodemáa se os dará. por añactidura.11
·
Y aquellos otros axiomas frutos de fa experiencia:
uHay algo más esencial que lo que causa placer, lo que
ea necesar•o.11
«El verdadero medio de sn rico y de poder ser caritativo, es saber pa11ársela 1.in aquello que falta.n
«Para no ser pobre, es necesario gaí::tar algo menos de lo
que se tiene.n

'

~

Estos dos grabados representan el delantero y espalda ele un bonito saco de abrigo de pafio, color de gamuza, con mangas de capelina, forro de eeda verde, grandes botones de concha ; adorno de cinta acordonada
negra.
Cuerpo blusa. ( Figura 4.)

Cnerpo blusa de tafetán azul graciosamente adornado con cintas de terciopelo negro, cuello y cinturón
del mismo tafetán. Manga de pico, adornada con la misma cinta.

TOMO I,

MEXICO, JUNIO 6 DE I81J17,

NUMERO 23,

LA P~-\RTE DE LO.&lt;! POBR~

Cuando ya sepáis el haber con que conMis para vuestros gastoe, en un año, 6 en un mes, 6 en una semana,
comenzad por sefialar la parte que corresponde á. loe pobres, que es la d~I buen Dios.
El que ellos sean Bt!rvidos los primeros, es poder contar con que las bendiciones del cielo caerán abundantes
eobre 101:1 demáe.
Que esta pa~ sea bien amplia: nunca llegaréis á po·
bre por baber dado limüeaa. Proponeos, como dije antes,
dar tanto por semaoa, 6 tanto por mes, y que ese dinero
sea sagrado para vosotras.
Habrá circuns1,anciat1 tal vez, en que esa parte no será.
suficiente; sois libres para aumentarla, cercenando de
aquello que os está deat.inado 1 pero no para disminuirla.
Dar á las pobres, se ha dicho, es prestarle á Dios, y cada
vez que el mendigo recibe vuestra liwoima os dice, aunque ~ea por costumbre: ¡Dioi, Od lo pague! estad seguras
que Dios suscribe ese compromiso de uno de sus hijos.

LAS MUJERES PROFESORAS

En 1890, la población de los Estados U o idos se elevaba
De este número,
como unos 23 millones están ocupados en profesiones lu ·
crativas, á saber: 19 millones varones y 4 millones hem·
bras. nesulta de estos guarismos, comparados con los de
las estadísticas de¡otroe paíse@, que no existe un solo pue•
blo, en toda la redondez de la tierra, donde se encuentre
tan reducida proporción de mujeres obligadas á deman•
dar al trabajo los medios de subsistencia .. Eeto-¿no es
verdad ro.is bellas lectoras?-redunda en honor de los
ya1ikre8.
8i se analiza en detalle el género de profesiones ejercidas por mujeres norte-americanas, ve88 que hay entre
e!h1s: 44i,088 agrícult.orAe, 4,734 lecheras, 2,415 borticul•
toras, 3-1~ DJineras, 2,82.3 ub.trberas y peluqu~ri:IS,» 86,802
amas dt, 1laves de hoteltlB, 283 agentes de policía secreta,
504 banqueras, 23i carretoueras, 325 mozas de cordel, 12
empleada.o de tranvías, 4 mecánicas,.29 marineras, 1 prác•
tica de mar, 1,438 empleadas de telégrafo, teléfono, etc.,
etc.
La industria de la ropa, en los Estados Unidos, está
casi enteramente reservada á las wujeres, al rev~s de lo
que sucede en Europa, donde se ven á jóvenes fornidos
haciendo de ustdloritas de almacén.n
Los yankees, por o~ra parte, no ee han contentado con
dejar &amp; las mujt:rea el campo libre en cuanto á. las ocupa·
ciones que les 1:10 o especialmente apropiadas; también Jea
han abierto todas las carreras mercantiles y liberales, y
basta ciertas funciones públicas. Así ea·que loa Estados
Unidos coentan hoy: 4,000actrices, 22arquitectas, 11,000
pintoras y escultoras, 3,000 literatas, 12,000 clérigas, 337
mujeres dentistas, 900 periodistas femeninas, 35,000 músicas 6 profesoras de música, 245,000 instit.utricee, 634
empreearias de teatro, etc,. etc.
Y preciaameotti cuando tan considerados se manifiee·
tan loe hombres para con las damas, es que pretende una
de ellas prescindir de los hombree ......... por completo!
Apuesto cualquir cosa que al cabo del tiempo las diacípulas de Mise Walker, devorad.as por el hastío, exclamarán:
c1¡Los hombree, eh los hombres, no hay como ello&amp;fo Este se1á el condigno castigo de su u\opia.

=

Pero tened cuidado al calcular vuestras rentas, de no
dejarlos alucinar por la esperanza de ser más rica.
No contéis como cosa que ya os pertenece aquello que
sólo ee funda en un ~de 11tr; arreglad vuestros gestos según lo que en realidad tBnm, y no según lo que esperáis

Traje de verano. (Figura 1.)

Este ligero traje es de tela de lino, rojo, claro y blanco. Talle blusa, levemente cruzado y adornado con enea•
jea blancos y un cinturón de listón rojn. La falda ll~va
cinco volantes, siendo el dtl borde, de 12 centimetros do::1
alto.

,a,n

á cerca de 63 millones de babitaotes.

•

DlVJSIÓN DE J.AS RENTAS.-NO PASAR DE ELLAS.

Fi¡:ura ,.

CAPRICHOS DE LA MODA.

L1e dama:i. sajonas llevaban una túnica que bajaba hasta los pies, y sobre ésta una amplia manta que les cubría
el cuerpo y la cabeza.
Loe griegos de ambos sexos no se cubrían la cabeza sino cuando salían de su casa.
Durante el rFinado de Enriqne VII las solteras lleva•
ban el pelo suelto sobre las P.spaldas.
·
Los sajones nunca se presentaban en yúblico sin la
capucha que les cubría la cabellera y gran parte del ros·
tro.
Tanto las mujeres griegas como 1a'3 romanas, se pintaban la cara: para blanquearla. usaban blanco de plomo,
y para arrebatarla, E'I zumo de nna planta desconocida.
El turbante turco entró en moda durante el reinado de
Juan de Francia. A veces tenía tres pies de alto y era tamafi.o como un barri 1.
A Eorique 11 de Inglatnra lo representan luciendo botas verdes, espuelas ajustadáB con correas de cuero encarnado, guantes de piel negra, con sortijas colocadas exteriormente en cada uno de los dedos, y una estrella de bri •
Jlantes sobre el reverso del guante.

Una vaz bien determinada la parte de los pobree,
Dividid exactamente vuestro haber y ved, de aquello que os queda, cuánto podéis gastar cada mes, cada
semana 6 cada día; según eete cálculo, fijad la cantidad
que podéis gastar en habitación, en alimentos, en vesti •
dos, y tened cuidado de no traspasarla.
Si vuestras ren1ae fijae no son suficientes para cubrir
vuestras neceaidades1 trabajad ,,Una persona no es pobre,
dice un economista, porque no tiene nada, sino porque
no trabaja.n
El trabajo alimenta y eoetiene al que lo hace con asiduidad, y además, destruye el amor al lujo y hace amar
el interior de la casa, donde se vi ve tan económicamente
cuando &lt;Je quiere.

Sé firme en esperar, que de este modo
algo le espera al que le llega todo.

•••
PoniéndosA y quitándose alfileres
hacen sitio de Troya las mujeres.
ÜAlfPOAHOR.

LECTURA PARA LAS DAMAS
Administración y aumento de la renta en la familia.
COXOCBR BIEN LA RE:-.'TA Y ARREGLAN EL GA!ffO

BEGl'K

'.KL

TOTAL

Esta es la sabia precaución que toma en el Evangelio
aquel hombre prudente que quiere edificar una casa y
que merece loe elogios de Jesucristo.
"Se sienta, dice San
Lúras, y mira á ver si
tiene los recursos suficientes para terminar el
edificio que quiere comenzar, por temor de
que no pudiendo acabarlo, después de haber
echado Jos cimientos,
quE'de en el ridículo.,,
AEf, pues1 E'l primer
mueble que debe procurane, aun cuando no ee
trate más que de s! mismo, es un libro de cuentas en el cual inscriba
Fl¡:ura 3,
sos rentas en primer lugar, después me entradas y sos gastos, y cuyo libro ven·
ga á. ser el regulador de la vida material. (*)
Fl&amp;ura •·

1*1 El libro de IM entra&lt;las v de 10!\ ga!'tn:- se llama. en lengua téc·
nica, presupuot-i. Nn 08 asustéis por esht 1mlabra: t"I presupuesto doméstico naja, tiene de comt\n con la partida doble de los libros de comercio.

cr onfiaencias.
{D1buJo de Jo111é M. vma.sana.J

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="1">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1">
                <text>El Mundo Ilustrado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92456">
            <text>El Mundo Ilustrado</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92458">
            <text>1897</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="55">
        <name>Tomo</name>
        <description>Tomo al que pertenece</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92459">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92460">
            <text>22</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92461">
            <text>Mayo</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92462">
            <text>30</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92479">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92457">
              <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 22, Mayo 30</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92463">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92464">
              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92465">
              <text>Miscelánea</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92466">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92467">
              <text>México Ciudad</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92468">
              <text>Periódicos</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92469">
              <text>Siglo XVIII</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92470">
              <text>Siglo XIX</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92471">
              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92472">
              <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92473">
              <text>1897-05-30</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92474">
              <text>Periódico</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92475">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92476">
              <text>2017481</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92477">
              <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92478">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92480">
              <text>México, D.F. (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92481">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92482">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="1036">
      <name>Al agua fuerte</name>
    </tag>
    <tag tagId="697">
      <name>Ciclismo</name>
    </tag>
    <tag tagId="990">
      <name>Damas mexicanas</name>
    </tag>
    <tag tagId="1033">
      <name>Diamantes de acero</name>
    </tag>
    <tag tagId="1035">
      <name>Emperatriz de China</name>
    </tag>
    <tag tagId="981">
      <name>Engaño sublime</name>
    </tag>
    <tag tagId="1032">
      <name>Jean Goujon en Paris</name>
    </tag>
    <tag tagId="1034">
      <name>Primero vapores</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
