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                  <text>DOMINGO 30 DE MAYO DE

EL MUNDO

S74

Abrigo de paño. (Fi1turas

2

y 3.)

-

"'"-,._

_IJ/'(~

~

'

&lt;

'

' ~-~

-

•

tent"r.

Y sobre Ja página en que debéis hacer el asiento de esos
gastos, escribid como encabezamiento, para tenerlos
siempre presentes, aquellos preceptos del libro que no engaña, el Evangelio:
«Atesorad vuestras riquezas en el ciélo, donde ni lapo•
lilla ni el gusano las destruye; donde los ladrones no las
pueden robar.11
uBuscad en primer lugar elreinode Dios, v todo lodemáa se os dará. por añactidura.11
·
Y aquellos otros axiomas frutos de fa experiencia:
uHay algo más esencial que lo que causa placer, lo que
ea necesar•o.11
«El verdadero medio de sn rico y de poder ser caritativo, es saber pa11ársela 1.in aquello que falta.n
«Para no ser pobre, es necesario gaí::tar algo menos de lo
que se tiene.n

'

~

Estos dos grabados representan el delantero y espalda ele un bonito saco de abrigo de pafio, color de gamuza, con mangas de capelina, forro de eeda verde, grandes botones de concha ; adorno de cinta acordonada
negra.
Cuerpo blusa. ( Figura 4.)

Cnerpo blusa de tafetán azul graciosamente adornado con cintas de terciopelo negro, cuello y cinturón
del mismo tafetán. Manga de pico, adornada con la misma cinta.

TOMO I,

MEXICO, JUNIO 6 DE I81J17,

NUMERO 23,

LA P~-\RTE DE LO.&lt;! POBR~

Cuando ya sepáis el haber con que conMis para vuestros gastoe, en un año, 6 en un mes, 6 en una semana,
comenzad por sefialar la parte que corresponde á. loe pobres, que es la d~I buen Dios.
El que ellos sean Bt!rvidos los primeros, es poder contar con que las bendiciones del cielo caerán abundantes
eobre 101:1 demáe.
Que esta pa~ sea bien amplia: nunca llegaréis á po·
bre por baber dado limüeaa. Proponeos, como dije antes,
dar tanto por semaoa, 6 tanto por mes, y que ese dinero
sea sagrado para vosotras.
Habrá circuns1,anciat1 tal vez, en que esa parte no será.
suficiente; sois libres para aumentarla, cercenando de
aquello que os está deat.inado 1 pero no para disminuirla.
Dar á las pobres, se ha dicho, es prestarle á Dios, y cada
vez que el mendigo recibe vuestra liwoima os dice, aunque ~ea por costumbre: ¡Dioi, Od lo pague! estad seguras
que Dios suscribe ese compromiso de uno de sus hijos.

LAS MUJERES PROFESORAS

En 1890, la población de los Estados U o idos se elevaba
De este número,
como unos 23 millones están ocupados en profesiones lu ·
crativas, á saber: 19 millones varones y 4 millones hem·
bras. nesulta de estos guarismos, comparados con los de
las estadísticas de¡otroe paíse@, que no existe un solo pue•
blo, en toda la redondez de la tierra, donde se encuentre
tan reducida proporción de mujeres obligadas á deman•
dar al trabajo los medios de subsistencia .. Eeto-¿no es
verdad ro.is bellas lectoras?-redunda en honor de los
ya1ikre8.
8i se analiza en detalle el género de profesiones ejercidas por mujeres norte-americanas, ve88 que hay entre
e!h1s: 44i,088 agrícult.orAe, 4,734 lecheras, 2,415 borticul•
toras, 3-1~ DJineras, 2,82.3 ub.trberas y peluqu~ri:IS,» 86,802
amas dt, 1laves de hoteltlB, 283 agentes de policía secreta,
504 banqueras, 23i carretoueras, 325 mozas de cordel, 12
empleada.o de tranvías, 4 mecánicas,.29 marineras, 1 prác•
tica de mar, 1,438 empleadas de telégrafo, teléfono, etc.,
etc.
La industria de la ropa, en los Estados Unidos, está
casi enteramente reservada á las wujeres, al rev~s de lo
que sucede en Europa, donde se ven á jóvenes fornidos
haciendo de ustdloritas de almacén.n
Los yankees, por o~ra parte, no ee han contentado con
dejar &amp; las mujt:rea el campo libre en cuanto á. las ocupa·
ciones que les 1:10 o especialmente apropiadas; también Jea
han abierto todas las carreras mercantiles y liberales, y
basta ciertas funciones públicas. Así ea·que loa Estados
Unidos coentan hoy: 4,000actrices, 22arquitectas, 11,000
pintoras y escultoras, 3,000 literatas, 12,000 clérigas, 337
mujeres dentistas, 900 periodistas femeninas, 35,000 músicas 6 profesoras de música, 245,000 instit.utricee, 634
empreearias de teatro, etc,. etc.
Y preciaameotti cuando tan considerados se manifiee·
tan loe hombres para con las damas, es que pretende una
de ellas prescindir de los hombree ......... por completo!
Apuesto cualquir cosa que al cabo del tiempo las diacípulas de Mise Walker, devorad.as por el hastío, exclamarán:
c1¡Los hombree, eh los hombres, no hay como ello&amp;fo Este se1á el condigno castigo de su u\opia.

=

Pero tened cuidado al calcular vuestras rentas, de no
dejarlos alucinar por la esperanza de ser más rica.
No contéis como cosa que ya os pertenece aquello que
sólo ee funda en un ~de 11tr; arreglad vuestros gestos según lo que en realidad tBnm, y no según lo que esperáis

Traje de verano. (Figura 1.)

Este ligero traje es de tela de lino, rojo, claro y blanco. Talle blusa, levemente cruzado y adornado con enea•
jea blancos y un cinturón de listón rojn. La falda ll~va
cinco volantes, siendo el dtl borde, de 12 centimetros do::1
alto.

,a,n

á cerca de 63 millones de babitaotes.

•

DlVJSIÓN DE J.AS RENTAS.-NO PASAR DE ELLAS.

Fi¡:ura ,.

CAPRICHOS DE LA MODA.

L1e dama:i. sajonas llevaban una túnica que bajaba hasta los pies, y sobre ésta una amplia manta que les cubría
el cuerpo y la cabeza.
Loe griegos de ambos sexos no se cubrían la cabeza sino cuando salían de su casa.
Durante el rFinado de Enriqne VII las solteras lleva•
ban el pelo suelto sobre las P.spaldas.
·
Los sajones nunca se presentaban en yúblico sin la
capucha que les cubría la cabellera y gran parte del ros·
tro.
Tanto las mujeres griegas como 1a'3 romanas, se pintaban la cara: para blanquearla. usaban blanco de plomo,
y para arrebatarla, E'I zumo de nna planta desconocida.
El turbante turco entró en moda durante el reinado de
Juan de Francia. A veces tenía tres pies de alto y era tamafi.o como un barri 1.
A Eorique 11 de Inglatnra lo representan luciendo botas verdes, espuelas ajustadáB con correas de cuero encarnado, guantes de piel negra, con sortijas colocadas exteriormente en cada uno de los dedos, y una estrella de bri •
Jlantes sobre el reverso del guante.

Una vaz bien determinada la parte de los pobree,
Dividid exactamente vuestro haber y ved, de aquello que os queda, cuánto podéis gastar cada mes, cada
semana 6 cada día; según eete cálculo, fijad la cantidad
que podéis gastar en habitación, en alimentos, en vesti •
dos, y tened cuidado de no traspasarla.
Si vuestras ren1ae fijae no son suficientes para cubrir
vuestras neceaidades1 trabajad ,,Una persona no es pobre,
dice un economista, porque no tiene nada, sino porque
no trabaja.n
El trabajo alimenta y eoetiene al que lo hace con asiduidad, y además, destruye el amor al lujo y hace amar
el interior de la casa, donde se vi ve tan económicamente
cuando &lt;Je quiere.

Sé firme en esperar, que de este modo
algo le espera al que le llega todo.

•••
PoniéndosA y quitándose alfileres
hacen sitio de Troya las mujeres.
ÜAlfPOAHOR.

LECTURA PARA LAS DAMAS
Administración y aumento de la renta en la familia.
COXOCBR BIEN LA RE:-.'TA Y ARREGLAN EL GA!ffO

BEGl'K

'.KL

TOTAL

Esta es la sabia precaución que toma en el Evangelio
aquel hombre prudente que quiere edificar una casa y
que merece loe elogios de Jesucristo.
"Se sienta, dice San
Lúras, y mira á ver si
tiene los recursos suficientes para terminar el
edificio que quiere comenzar, por temor de
que no pudiendo acabarlo, después de haber
echado Jos cimientos,
quE'de en el ridículo.,,
AEf, pues1 E'l primer
mueble que debe procurane, aun cuando no ee
trate más que de s! mismo, es un libro de cuentas en el cual inscriba
Fl¡:ura 3,
sos rentas en primer lugar, después me entradas y sos gastos, y cuyo libro ven·
ga á. ser el regulador de la vida material. (*)
Fl&amp;ura •·

1*1 El libro de IM entra&lt;las v de 10!\ ga!'tn:- se llama. en lengua téc·
nica, presupuot-i. Nn 08 asustéis por esht 1mlabra: t"I presupuesto doméstico naja, tiene de comt\n con la partida doble de los libros de comercio.

cr onfiaencias.
{D1buJo de Jo111é M. vma.sana.J

�EL MUNDO

316

13olitira Q&amp;tneral.

"EL MUNDO"
Semanatto Ilustrado.
Teléfono 434,-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re1!1.acción, debe ser dirigida al

Director, Lle. Rafael Reyes Spindota.

RESUMEN.-La experiencia del Sultán.-Los asesinatos de Armenia y la guerra de Grecia . - l l concierto europeo y sus amargos frutos.-La resurrección
de un pueblo.-La revelaslon de una raza.-Muertas energías y olvidadas glorias.-Una nueva potencla.-La e, ísls española.-La misión de Sagasta.

Toda la correspondencia que se relacione con la edición

debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La enbscripción &amp; EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mtls, y se cobra por triroestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.

A visos: á. razón de $30 plana. por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RiolSTR..WO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE,

Ilotas tilitorialt5.
tcn martirhr n.cr.csario.
Acaban de eer colocados los restos de Melchor Ocampo

en la Rotonda de lns Hombres Ilustres, y con este motivo la :figma del infl ~xible demócrata, depurada por los
añoe, ha surgido dt'l pasado en toda aa aever.a grandeza.
Es necesario penetrar en esta s~rena :Personal.id ad, .e~tr~ña mezcla de filós ofo y revoluc1onano, espíritu diEC1plJnado en medio de las agitacioóes de .e~época, y~eecubnr
Jai decisiva influencia que su martmo 1:1ª temdo en el
triunfo de la idea liberal mexicana. Meditemos á la eom•
bra de este augmto eepulcro.
A la terminación de la guerra de Reformn,
los veacedorea de Calpulálpam habían caído
en una somnolenda enervante. Después de
tres años Je lucba sostenida, la victoria derramó, sobre aquellas energías de acero el
polvillo de oro de los ensueños. Los combatientes de ayer descansaban sus glorio~as cabezas en el regazo del ideal, y en él dejaban
alaciar sua miembros y quebrantar sus voluntades.
La poWica ded11,.tim había provocado una
embr!liguez me11tal en aqueJlos f:Bpíritus i.nquietos, desbordantes de entusiasmos, d1s•
puestos á cambiar un dogma por otro y suba·
tituir una por otra utopía, y á. los que podía
aplicarse la fraee de Mirabeau al abate Sit;. ·
yes: metafísico que viaja en un mapa-mundt.
Todos los procedimientos que informaban
el criterio de los revolucionarios franceseP,
encontraron entonces eco en el partido libe·
ral mexicano, y el comité de aalvación pública
y la contratación de un gran empréstito con
el menor gramm.et1 posible, ocupaban la aten•
eón de esOs hombres, patriotas y esforzadofl,
que s:alieron del combate recitando estrofas
de Lamartine ó con el libro de Juan . Jacobo
debajo del brazo, mientras que la reacción,
aprovechando aquella tregua, se lanzaba
nuevamente á. la pelea.
El partido liberal luchaba en Oaxaca y en
Puebla, en San Luis y en Guanajuato, pero
la capital yacía en un marasmo prolongado,
y mienrtas la facción adversa descargaba
gulpes de armas sobre la coraza de las inati·
tuciones recién conquistadas, el gabinete reEpondía con golpes de palabras y abstrusas su•
blimidadee. En la Cámara, loa oradores improvieaban arengas, y la prensa arrojaba llamaradas de elocuencia. Pero á travée:de este
entusi!tsmo de atrezzo, en el fondo de esta bri•
liante -mise en scene se resentía una ausencia
de vigor, como si el nuevo organismo creado
no arrastrara por su sistema arterial los gló•
bulos rojos de la vida.
Tal era la situación cuando la noticia de la
captura y el fusilamiento de Ocampo vino á
herir fibras atrofiadafl, á estremecer múecu•
los adormecidoe, á poner un rayo de luz en
medio de aquel morboso crepúsculo. La sacudida tuvo toda la intensidad indispensa•
ble para hacer cesar una postración precursora de la muerte, y alzará. loa abatidos y
fortificará los débiles. Y aquel mc~rtirio in•
dispensable para la causa liberal, provocando
una reacción poderosa, extendió sus alas salvadorad en el anublado horizonte de la República. Aquel hombre tranquilo é inflexible, que entró ea el sepulcro con la serenidad de un estoico, sin un grito ni una pro•
texta, creyendo haber cumplido con su deber-Eegún le.
fi:ase sencill.amente é~ica del Almirante inglés-trasfundió si espíritu superior al alma de un grupo vigoroso
sumergido por un momento en el festín del triunfo.
,
Y un delirio su_blime e.e apoderó entonces de los postrados, un frenes• de muerte se adueñó de todos l'ls áni•
moa, y Degollado y Leandro Valle, satélites del astro se
arrojaron al fondo de aquella sima que reclamaba nue~ae
víctimas con que saciar eu eioiestro apetito.
Ocampo, mu.riendo, hizo vivir á la Libertad como Cristo 4:n la cruz sal vó al Cristianismo. Las grandes ideas necesitan ser selladas con la sane:re de 11ua mártires. Por
ee.o la familia liberal se agrupa ltny en lnrn1J Ue eeta ama•
da sombra, á la que la mu~ne h a h~cho t ternameutc in·
.mortal.
¡No ha muerto Melchor o~.1mpn, puesto que alienta la
idea que constitu yó su ex ietenciu!

No bai:tó como se creía en eljprimer momento, la in·
tervenci6n del autócrata moscovita en favor de Grecia, f,ªra apresurar la conclusión del tratado de paz entre as potencias beligerantPI'! que han medido sus armas en los dee.filadervs de Tesalia. Si la intimación
del Czar eirvió para que los turco:1 victoriosos aceptaran el armisticio propuesto y consintieran en trata1 de
los preliminares de la pa1;, temerosos de ver encenderse
la insurrección en Bulgaria, fácil de comunicarse á los
otros Ei;tados balkánicos, no logró, á pesar de la aparen•
te sumisión del Sultán y de sus comejeros, que éstos
abandonaran su política p·érfida y escurridiza, de que tan
buenos rernltados han obtt&gt;nido dura11te todo el tiempo
qne llevan de estar bajo las miradas del mundo civiliza·
do, absorto ante 1anta barbari~ y estupefacto ante tan
inauditas crueldadefl.
¿Quién detuvo el brazo armado del fanatis[JlO musul•
mán, cuando se agitaba cruel, cncenando cabezas de
cristianos en Trebisonda y Diarbekir ¿quién impidió que
los feroces kurdos se entregaran á la violencia, al incendio y al asesinato, en poblaciones indefensa!:\ cuyo único
delito eran rns creencias en Cristo? ¿quién pudo marcar
el hasta aquí á los infames que arrancaban convercio•
nea falsas áfilo de espada de los ancianos miserables y
las débiles mujeres? ........ .
~adie! Las protestas de los embajadores y las reclamaciones de los gabinetes se perdían como ecos vanos

DOMINGO 6 DE JUNIO DE ,897

las potencias, e'ngañada en sus esperanzas de encontrar
aliados contra el turco pérfido, acaso seducida por algu·
na promesa formal, y más que todo, cauta para no pro•
vocar discusiones sobre la posesión de Egipto, cej ó en
sus procedimie.atos, convirtiendo en platónica conmina~
ci6n ret órica la amenaza de forzar el paso de la Dardanelos.
El fracaso diplomático de Inglaterra fué la señal de
nuevas matanzas y atrocidades nuevas; las promesas de
reformas y libertad á los súbditos cristianos, arrancadas
al Saltán, fueroa letra muerta¡ y el perjurio, la mentira
y el engaño á la Europa, no encontraron más castigo que
algunas notas salpicadas de flores oratorias y de tropos
diplomátic()e, muy bn~nos para ser leídos á Abdul•Hamid
en las delicias del harem, entre las contorsiones~ báquicas de las bayaderas y las canciones voluptuosas de las
odaliecae.
.

•'• todos recuerdan y hacen
Con taleE antecedentefl, que
estremecer Ce alegrfa á los sectaria°s del proftta, no es
extr.año que el tlultán, orgulloso de sus triunfos, se ufane
por humillará sus enemigos, no cercene una sola de sus
exigencia~, y aprovechando la debilidad material en que
ha quedado Grecia, y la desmoralización en que se agita
el pueblo heleno en explosiones de odio contra la dinas•
tía reinante, trate de burlar una vez más las esperanzas
de Europa, que ha apelado, ilusa, á los sentimientos hu•
ma11it,arios de los otc,manos, como si alguna vez se hu .
hieran conmovido las entrañas feroces de la bestia hirsuta del desierto.
Y como además cuentan cQn la proteccion cada vez
más franca y decidida del Emperador Guillermo; como
la misma Rusia, que ahora pretende cortar las uñas á la
hiena de Stambul, en favor de Grecia desangrada y rota
en desastrosa contienda, fué quien ayer se empeñó más
por convocar la cruzada anti-cristiana contra los insu•
1rec·os cretenses, y aun ahora mismo aboga los clamores de independencia al estallido de los cañ.ones siempre
dirigidos á las costas de Creta, ve::e con toda evidencia la
preponderancia que ha tomado y toma cada día el nom•
bre musulmán cou mengua y cprobio de la
civilización ocpident-al.
Xo ha mucho que ee consideraba al impe•
rio de los califas como una institución caduca, como un organismo carcomido q_ue na·
die podría galvanizar; se esperaba solamentP.
el golpe de gracia lanzado al moribULtdo ya•
ra comenzar el reparto de sus despojos. Pretendieron prolongar artificialmente EU vida
de corrupción y de ignominia, porque era la
debil Hélade quien provocaba lacrisie, y los
resultados del artificio han sido sorprenden·
tes.
Lázaro yacente enel sepulcro, envuelto en
la tiniebla de la ignorancia. y la hediondez
del fanatiemo, las complac-encias de Eurol)a
han sido la voz de la resurrección; el cadáver ha roto sus ligaduras, se ha erguido fuerte, cobrando nuevo aliente; sus miembros
ateridos nao recobrado su vigor, y recórdando sus olvidadas glorias de Plewna y Adria·
nópolis, lev,mta ejércitos que siembran el
terror de la Media-Luna entre las filas cristianas.

•
••

t

Melchor 0camp.
en 'Iepeji dei Rio, ¡:Michocaán) el 3 de Junio de 1861.

entre la grita de los muesines que proclamaban, 'como en
los tiempos medioevalea, el exterminio de loa infieles; la
santa ira en que ardían los pueblos occidentales se des•
vanecía ante las razones de Estado, que alejaban á las potencias de toda intervención armada, de toda medida
violenta que pudiera adelantar un minuto la caída del
carcomido turco; los lamentos desgarradores de las víctima!:!, los ayes conmovedores de los oprimidos, y la
algarada salvaje de los verdugos, se perdían entre las
disonantes discusiones de loa que habían tomado sobre
sí la tarea de 1eivindicar los fueros de la civilización,
villanamente conculcado!:!, y las prerrogativas de la hu •
manidaJ, atrozmente vilipendiadas.
La Gran Bre(afia que intentó por su propia cuenta la
ardua empri-!'!a de someter al turco, y pretendió obligará
la Slolblíme Pnnta, ce~ara f'D su inic ua obra d e de~olaci6n
y de rui na, a h lada enmedio del uni"\"·errnl concie1to de

No ea la humillación de Grecia el único
fruto amargo del último conflicto de Orien,t
te¡ r:o se detiene eu alcance en la sangrienta
burla jugada á la diplomacia europea, ni se
han contentar los "Tencedores con una rectificación del tratado de Berlín, que ponga en
sus manos la rica provincia de Tesalia, ya
minada por los apóstoles del Islam y sujeta á las autoridades turcas que van recorrien •
do las poblaciones en busca de adhesiones ,t
la Sublime· Puerta, arrancadas por la violen•
cia y concedidas por el terror pánico 1 qce
parece haberse apoderado de loa defensores
de Larissa y de los fugitivosdeFarsalis; nó:
la lucha ha servido para revelar la existen•
cia de un.Estado que se creía muexto, la cruzada en favor del estandarte verde del Pro•
feta, que intentaban humillar los griegos en
tierra creteru,e, ba eervido también para dar
á conocerá la arnmbrada Europa, que aun
hay latentes energías en los pueblos maho•
metanol:l, que un tiempo fueron árbitros del
mundo occidental y emporio de una civilización propia, cuando las naciones crütianas.
yacían en el letargo de la Edad Media.
Fruto será de las rivalidades hondas y
odios reconcentrados que apartaban á las
grandes potencias en ali decantado concier•
to, esa resurrección inesperada que levanta
y hace andar al desahuciado enftrm.o de la
monárquica Europa. Ya no se decídirá sin
su coneentimrnnto la suerte que le agaarda;
aún hay fuerza y vigor en en atrofiado bra·
zo; los triunfos de Edbem Pachá, recuerdan
y hacen reverdecer los lauros inmarceaiblefl,;del cautivo de.
Plewna. Nueva vida han transfundido en sus venas las
últimas victorias; de hoy en mis no sólo contará con sn
perfidia que lo ha salvado; puede apoyarse en su fuerza
que lo defiende.

j

der á éstas que él llamaba exi gencias, y e l resultado no se
ha hecho esperar: el gabinete conservador se re,ira á los
· bancos de la oposición.
Dificil es, en verdad, la situación para sortearla con
buen éxito, en los momen tos precisos en que más necesaria se bacía la cooperación de todos los hombres de
buena voluntad y la concurrencia patriótica de todos loa
partidos, para salvar á España de las dificultades que la
amenazan en el interior, de parte de cantonales y tradi·
cionalistaf", y la amagan en el ex terior, del lado de los
Eetados Unidofl , que de un día á otro pudieran decidirse
á intervenir directamen1e en !mi asuntos de Cuba.
Anúnciase como muy probable la formación de un gabinete liberal , presidido por el seüor Sagm;ta: dura es la
brega que le corresponderá al experimentado estadi~ta.
Puedan sus dotes y energías conjurar todas las tormentas y seremvel cielo político de la na 3ión hispana, donde
cruzan negras nubes á tcasiones iluminadas por el cárdeno resplandor del relámpago.
X.X.X.
Junio 3 de 1897.
LA PACIFICACION DEL YAQUI
Notas ilustradas.

1•

Precisamente en ei número a1,terior de este semanario,
hablábamos de ta capital importancia que para )léxico
tiene la pacificación de los bravos y aguerridos indios
eonorensee, y de los inmensos beneficios que para el progreso de uua exúbera y bella zona del :N'" orte, derivaría
la de-finiti va capitulación de la potente tribu 1 coneagran•
do vigoro~as y fértiles energías á tareas mejores qne las
de esgrimir el arma de la rebelión y de la fratricida re•
yerta .
No insistiremos más sobre esto, mtixime cuando los
diarios de esta casa, tras pormenerizar todos los hechos
q11e antecedieron á la definitiva pacificación de loe indios
han discurrido aceica de las ventajas que hecho de tal
significación aporta. Mas sí nos compete, si el M1.".!'."DO ha
de mostrar la tisonomía de los principales sucesos oacio·
nalee 1 sintetizar, en breve colección de grabados, el he•
cbo culminante á que venimos refiriéndonos .
Publicamot1, puee, cuatro ilustraciones importantes en
lugar preferente, de las cuales figura el retrato del Coronel Peinado, habilísimo colaboaador del Sei'ior General
Luis E. Torres y uno de los héroes de la eatir:factona
empresa.
El Coronel Peinado, presentándose eolo y sin armas en
el campo enemigo. y pactando con e1Ilpefio conciliador
con el temer{l,rio Jefe yaqtli TetafJiate, merece nuestro
sincero aplauso que hncemos exten@ivo, antes que á to•
dos, al Señor General Torres, alma de todas las operacionee, y deapuée, á los oficiales de nuestro ejército ope•
rante ea las lejanas regionesaonorenses que siempre han
sabido unir, coa brillo, la cordura al indómito valor.

Coronel Francisco Peinado.

Cisne deslizarse por el lago y la Giraja recorrer los c~mpos. -En vano H frci, les, que es el montero de eu MaJt:B•
tad, limpia y bruñe el e~c1.uto de ,S()bioski. En vano Sagitario tiene listo el carcax con flechas áureas. La Copa
permanece intacLa. Su Majestad no se ha desayunado.
En el altar ya pavonean ai,!;onizantes los blancos cirios.
Su Majestad el sol no ha dicho misa.
¿Qué ha pasado? Su Majestad la luna está de viaje.
Con sus dama9 de honor y sus menina.e, se emb&amp;rcó en
el 1Vavto rumbo á. Alemania. Mientras vuelve, el sol se
oculta ó anda en av~nturas. ¿Quién Jp ba visto? No está
de diario en el laboratorio, porque el Hornillo r¡11 ímico no
despide llama alguna. El Bul'il y él G'abu.llete drt Pintor
permanecen ociosos. ¿Qué ba pasado? El venerable Paniatowski calla, y el madrugador úri6n afirma en voz ba•
ja, que estll mañana salió 1·e11m algo páli ia.
Las dueñas refunfuñan. El DeU'in se pasea muy pen@a•
tivo. Loa corteaan()B cuchichean en la antesala. Su Majestad el sol no ee levanta.

Dos gorriones que me acompañan á almorzar todos los
días, se ponen de puntillas en el nido y me dicen por señas que hoy no salen. Desde aquí escucho su conversación. Los pobrecillos cuentan que un amigo suyo murió
anteayer de pulmonía. A no ser porque e.atán muy cona•
típados, asistirían puntuales al entierro. So tendrían
que vestirse para ello; como es público, los gorriones á
DIAS NUBLADOS
guiea de hombree graves, andan siempre de luto.
Por desgr:tcia, la atmósfera está fría. Gotas de lluvia
El sol anda á picos pardos. Da~de hace cuatro días los
resbalan titilando por las hojas del fresno. No, no irán
ast.ros de la corte se presentan, según lo exige la etique•
ta, en la antecámara del soberano y la puerta de la aleo• al entierro lo.3 gorriones. Friolentos e.e acurrucan en el
ba real no se abre para darles paso . Su Majestad el sol no nido y hablan con voz llorosa del compañero que muri6.
Su pobre novia no ha de hallar consuelo. Td.l vez en este
se levanta.
insta o te la desgraciada alondra da el útlimo beeoen el pico
Los cortesanos murmuran y cuchichean en la antesala.
de su amante. Ya el rnisefior estará entonando el Pie
¿Qué ha pasado? .l!.:t Lince asegura qua vió salir al sol,
Je,o:¡_1, y los canarioei, esos monaguillos de las aves, se
pero antes de las or11ciones, acompañado de 1\Iercurio.
El sol iba embozado basta las cejas. La Osa Mayor, que agrupariin eu el altar mayor, columpiando loa incensaco!Do. dueñ_a y vieja, es cavilosa, asegnra que pur extraña rios de filigrana. Como el gorrión era un gorrión arieto•
crático, un t'ardenal canta la mi@a de difuntos. Los gocornctdenma, la Cruz Austr11l ha desaparecido. El )joyero
rrioncitos1 mis amigos, 110 la oirán. Tienen miedo de
y Ra1g~(tro sonrien, como diciendo: ¡_va lo veremos bri·
llar hoy ó maúana. en el cuello deA1,dr(nneda6 en. el cue • morirse porque están enatnorados.
¿O:!. acordáis de aquellas golondrinas que colgaron su
llo de lkreuice! Su Majestad el eol no 81:: le11auta.
_El Cochero ee impacienta en el pescante de oro. PfgCUio nido, un año hará, en la co1 niea de mi ventana'? Las copiafa en la caballeriza. Los L elrreles quieren echar á co- quetas salían muy de mañana cantando el Pit Onit y el
~rer, y el Pnro Mayor ladra sin descanso mirando de reo- N e me chatouilkz pas. Donairosas y esbeltas, lucían el taJO al Are in.diana. Su Majestad no irá de caza noy.
lle, t!:lconeando con gracia parisiense en los alambres del
Puede el Auyila atravesar sin miedo la moutaña; el telégt a[o. )Iia gorrioncitos se enamoraron de esas dos

locuelas. Pero como eran artistafl, cuando acabó la temporada de ópera, que llaman ellas prima.vera, se marcha•
ron. Mis gvrrioncitos las esperan impacientes. Más como
la mañana est.\ muy fría, como ay e r se murió su compañero, y como están los dos apasionadoe, con profunda
iristeza hab lan así.
-Las pobrec1llas vienen en bm·ca de calor, y el vi~jo invierno, c~si paralítico, no ha po&amp;ido moverse del sillón.
-No te p1eocupes. Verás que bien las.abrigamos. Lle•
varemos al nido de nuestras vecinas todas las plumas que
tenemos en f!l nuestro. Al fin noeotroa somos hombres!
Ademá~, quién sabe si mañana venga la primavera ó ei
la traigan ellas, puesto que la s muy tra~it:sas ee la llevaron!
-Tengo miedo, hermanitCl, mucho miedo! Bien sabes
que la ruía esta un p oco anén.iica. ¡Si se muriera de tisit-L. ....
Dei::pués del gorrión habla un enamorado:
~E::tAcerracto su balcón. Paso y vuelvo á pasar; pero
la cortina de encajes no se mueve. Pocos trane.euntes
cruzan por la acera: unos embozados eu sus capas, otros
con las ruanos hundidas en los bolsillos del i;obretodo.
Los caballos resbalan en la humedad lodosa de las pie·
drae. De rato en rato, alguna amiga pae.a en eu carruaje,
con los criétales cerradot-, y di1:.ti1Jgo apenas una mano
enguantada que ealuda.
La lluvia c11e en hilbs muy delgados y parece que dice
cuando cae: 11Hoy te burlamos: hoy no la verás '. &gt;) &lt;tYome
enfado y siento impulsos de refiir contra ella. Pt:ro la
lluvia se escapa de mis manos y serié de mi cólera y
hace mofa de mí, brincando en la hojalata del tejado:
uHoy te burlamos; hoy no la verás n
Yo pido al cielo que disipe estas nublazonea y ponga
fin á este invierno.
Mis amigos bu-can calor jugando á los bolos en el Tí·
voli, 6 se entrt-gan al pockarc en uncapitonado gabinete.
En otro tiempo les habría seguido. Hoy sólo pienso eu
mi friolenta amada, que no entorna las puertas del
balcón .
¿Qué hace en estos momentos? Mi fantasía la finge recostada y cubierta por la pesada piel de búfalo. Sus ¡;raodes pupilas que á veces bajan el embozo negro parJI, ver•
me, se detienen ahora en las páginas de un libro. i::He11te
celos del fantástico D. Juan, que figura eu esa novela y
cuyas aventuras la entretieneu. Querría ocultarme entre
loa anchos pliegues de esa piel de búfalo y contemplarla
acurrucado y ea silencio. Si tú quisiera!::' ........... ! .En el
cupecito acol-::honado, cuyos cristales no dan paso al aire,
iríamos juntos al bosque. ¿No te halaga el olor de la tie·
rra húmeda? Solo las gotas, gruesas y redondae, nos ve·
rían con sus ojos de diamante, al resbalar por los crista•
les del coupé .......... delcoupé muy estrecho, tan estrecho,
que el frío no podría caber entre nuestros cuerpoe.
La cortina de encaje no se mueve .. Las gotas de la llu•
vis., brincando en la nojalata del tejado me dicen: 11¡ No
la verás! ¡No la verás!i,
·

•••

La mujer de marmol que duerme en el Ixtacihualt,
aparece como la estátua yacente de un sepulcro enorme.
¡TiJmbién como ella, duermes tú, mi perezosa. La na•
ve de la iglesia está sombría. La banca que prefieres está
desierta . .Algunos devotos rezan y tosen. La misa ha co·
menzado ........ y tú no vienes!
Acaeo, oculta todavía entre las olas blancas de tus
colchas, extiendes apenas el brazo de alabastro para tomar el libro que tenias anoche, y colocándolo en el pe•
cho junto á tf, te acurrucas y sigues su lectura. Hoy ¡im•
pía! no vendrás á la misa de las nueve.
Este sí qué es el invierno para mí! Porque el invierno
no es la helada ráfaga que se desprende, como inmensa
flecha, de las urnas inaccesibles de la nieve y baja rápidamente á la llanura; porque el invierno no es el agua
inmóvil, ni el niño muerto en los umbrales de un palacio: el invierno es eetar lejos de tí, es no sentir la intensidad de tu mirada, es lo que yo seré si tú no me amas.

•••

Y aquí calló el enamorado, se fué el gorrión y abrí yo
mi par4guas !
EL Dt:Qrn Jon.
OTRO PAGO DE $ 3 1420 DE "LA MUTUA"

E:N MORE:LIA.

•

',~'.1''
l ,,

•••

La crieis que amenazaba al Gabinete espafiol ha llega ·
do á su período agudo, y la renuncia del Eeñor Cánovasy sus colaboradores que acaba de aceptar la Reina Regente pone en graves riesgos á quienes les sucedan en el
porler.
Indomable el partidíl liberal, que se sintió last.imado
por el incidente en el Senado emre el duque de Tdtuii.11
y el Senador Comas, seapartó de las labores parlamentaria~, poniendo por condición para cooperar en lns tareas.
un!\ F'ati11fllcción decorosa de parte del ofensor.
l ufie::d b!e ~l jefe del partido conservador~ no quiso ce-

377

EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

";

Coronel

:Morelia, Mayo 6 de 1897.
Sefl.or D. Carlos Sommer, Director general de "La Mu•
tua.''-México.
Muy señor mío:
Tengo la satisfacción de manifestar á usted que hoy an-

· '

te el Sr. Notario Público D. Antonio de P. Gutiérrez, y

.J: j ~
1~

P-~~
'

~

-

Recuerdos de la pacificación de los yaquis •
Capitán Joaquin Télle:i;, SPcretario del Coronel Peina/lo.
Juun Maldonado.
J uliá.n E~plnosa , Secreta rio de .llaldonado.

Fmncl~o Peinado.

con la intervención del Sr. D. Enrique Hernández Alba,
Agente de ((LA MUTuAn he recibido del Sl'. D. Antonio
Büet, banquero de dicha Compañía, la snma de tres mil
cuatrocientos veinte pesos, treinta cte.: ($3,420. 30 ), valor
total de la l)Óliza núm. 611,926, bajo la cual estuvo ase•
gurado mi finado hermano el Sr. Lic. D. Francisco Huerta Cañedo, ea favor de sus hijos María Soledad y José
Huerta Cañedo, en cuya representación como su tutor
firmo el correspondiente recibo.
Th?bo advertir que la cantidad por la que se aseguró mi
expresado hermano fué la de-tres mil pesos y que los cuatro cientos veinte pesos treinta centavos excedentes for•
man la devolución íntegra de los premios pagados á. iiLA
MuTuAii por la expaesada póliza.
Esta circunstancia me hace recomendar ante las persa•
n~s de buen ~riterio las Pólizas con devolución de pre•
mios que expide la compañía que tan acertadamente dirige usted en nuestro país!
. RéstaI?e. enviar á usted mi voto de gracias por la eficacia y actividad con que se CJrrieron los trámites conducentes á este pago.
Quetlo de usted affo. atto. y S. S.
ALBERTO HUERTA CA.SEDO.

�EL MUNDO

OOM INGO 6 de JUNIO de 1897

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

EL MUNDO

LA CANADA DE QUERETARO

II..,."'-CIA EL POLO.

O.!ho kilómetros al Soroeete de la "'apital de Q.1erétaro existe un pueblecillo r1suei'io y pin,oreeco, que ha aid~-¡ es-desd~ ha'!e tiempo -:e! utio rle recreo _de las famihas y la curiosidad de los viaJeros. Entre dos rnmensos
cerros corr.adoa á pico por la mano de la :S aturaleza, se
\"e blanquear como urt ave dormida entre el frondaje, la
iglesia parrog11ial 1 adonde los creyentes indígenas acude~
en maea c'ln frecuencia . .S!ln .Pt!dro es el santo que alh
se venera y el pat.rón del lugar; de aqní que el pueblo
lleve el n~mbre de San Poddro de la Callada.
Las calles son rectas y de pavimento desigual; las casas
de aspecto humilde, cou techumbres rojas y puertas de
romerillo, sin qne por ~sio deJe de baber1 en el ,centro de
la población, a115uoas prntadas con colores ch1llantes y
con sus zaguanc1t.os abiertos de par en par, dPjando ver
el piso alwagreado. l?s tiestos d~ e:xquisit.as fl•!res y las
jaulas que se columpian l1 los brincos de loe pilpro!!.
La plaza, de forma cuadrangular1 tiene banquetas de
Ioeas ruuy tenat1, y está adornada de trecho ~n trecho
por coluumas de Ju.drillo y por naranjos y limonero1que,
cuando eetán en llvr1 par~cen cubiert-Os por un manto ,de
nitive. Al Orientt, dt; la plaza se levanta la P,uroquia,
pequeílo templo de construcción sencilla, que yergue eu
torre sobre un boi:que. de lujosa vegetación tropical.
A dos cuadras dt! la Pdrroquia y hac1a el Xorte, están
los bal1os de agna9 termalt&gt;s, solicitados con avidez r, .....
enfermos y sanos, y el Piojo, estanque anchuroso y poco
profundo, donde willares de pesca:l1toa acornn á loa nadadores como flechas de plata.
Po; loa alrededores del pueblo, el río se de1:1parrama 1
ora formando apacible remanso rodeado de sauces me
Jancólicos, inmensa pupila que parpadea al ser herida
por los rayof! dt!I sol; ora cascaias que ~escienden estrepitoeas atronadoras, quebrando sus cristales en las afi.
ladas r~as y formanlio capelos que ealpican gotas de
iris.
¡ Qué cuadro tan poéticamente encantador! Las huer•
tas de aguacates frondosos y chirimoyos fragantes, que
en la estacióu de las lluvias ee cuajan de frutos; la mul•
tiiud de pájaros de vistoso plumaje1 q•1e parlotean eal•
tando de rama en rama¡ las hortalizas que fingen polícromas telas bordadas, v el río sonoroso que se desliza so•
bre arenales que á trM;és de las ondas se antojan regueros
de leo1ejuf'l~1:'i dan al paiaaJe tintes tan belios y raroe,
que apéuas si puede arrancarlos el ar1ieta á su paleta .....
El río á vect:-s ee arraetra con molicie entre muros formados por cantiles bermejos, de donde cuelgan Ji trechos
bierbeci !las trepadoras que arraigan y medran en el granito. Da loa Ít!stones de esas parásitas y de las maraflaa
de rafees y ratnazones que brotan entre las grietas de loa
peilaacos, se filtra constantemente una menuda lluvia de
gotas que, como un deegrane de diamant.es, cae estremeciendo la corriente.
Cuando loa rayos del sol descienden á plomo colándose por entre la red hojosa, que como un toldo cubre

)

Recuerdo de la pacificación de los hquis.-Grupo de índlos.

4

las huertas, tfilense IM ondas de glauco y relampaguean
con un verde hechiceresco y fosforescP:nte que hace re•
cordar al espíritu soi'lador, los divinos ojo!'lde las náyades.
Y en las márgenes del rfo. la vegptaclón se desarrolla
exhúbera: crecen dalias azules y moradas enredandoaus
guías en los troncos y cnlebreando ent.reapretadoa haces
de azucenas y floripondios de hiperbórea blancura; las
margaritas abren sus e1::trellas titilaates sobre el terciopelo verdinegro de los musgos, y la espadaña se balancea
al fresco aletazo del c~firo.
Cuán esoléndido el crepúsculo vespertino en aquellos
campos! --\. esa hora, las brieas húmedas del río abanican
el rostro, esparciendo efluvios orientales; las nubes se
amontonan en la occidua cordillera, como copos de espuma tint.os en los reeplandorea del sol. del sol poniente
que poco á poco va escondiendo su faz de un rojo irri•
tante.
Y es de ver en esos momentos el paisaje: cisnes y gar•
zatas nadan sobre la superficie tranquila de las linías que
sin reflejar la luz del astro, parecen, ya no como poco an•
tes, cobre ínndido en amplios cril!Oles sino cintas de
acero que se eucarrujan cuando las aguadoras introducen
el cántaro, ó el buey, con gravedad olímpica baja en tal
hora á abrevar deepués de tas faenas campestres.
Y ea de ver también 1 allli, lejos, las espirales de humo
algonado que emerge de las cabaflas, y 01r el canto tipludo y
last.imero de los indios, mezcla
do al rasgueo de la vihuela y al
llorar desgarrador de la chirimfa.
No he preeenciado crepúsculos más bellos! Allí, todo en e8Qs
momentos ee pinta de un color
ambarino; todos ios objetos parecen bafiaree en una ola de oro
que va desvaneciéndoee á. medida que concluye el triunfal
apoteóais del sol, á medida que
ee oculta en la gloria del Ocaso,
y la noche vuelca silenciosamente su rico joyero para constelar la clámide negra del in.6uito.
En la canada no dominan mlia
que dos estaciones durante el
aflo: el Est.!o con sus copiosos
aguaceros y una anticipadn, una
alegre, una prodiga Primavera
que extiende su alfombra de
variados tonos verdee, ealpicada de lirios y campánulas y rosas. Tal parece que Flora ha establecido en esa comarca sus do ..
minios, y que eólo emigra de
allí para ír á fecundar durante
breve ausencia, loe campos inmediatos.
Bello es contemplar en la Caliada la salida de la aurora; obEervar como la luz va punzando
leotamente el Orto, basta agujerearlo, basta romperlo, basWL
hacer surgir el gran disco de
lumbre¡ hermoso mirará. la hora enervante de la eieeta, espar•
cidoa y somnolientos sobre los
gramales, los rebafios de Carretas; ver como chorrea entre las
copas de los árboles, el fuego
que cae del cenit en redondeles
luminosos; encantador presenciar en u1-a noche inundada de
h10a1 de pie sobre el cerro de la
Cruz, el paso de la locomotora
bajo uno de los grandes arcos
del acueducto; grato mirar desde alll la fábrica de Hércules
como un l)Oét.ico castillo feudal¡
y oír en e1 silencio nocturn? e
ruido incesante de las maqwnariaa que se eleva al cielo como
Jefea·yaquis.-Villa. Tce.tabiate. Am.irill.is.
un himno santo al trabajo¡ pero
4

aún es más grato, aún ea más hermoso y encantador contemplar en eEe apartamiento agreste, el cuadro que presenta ante los ojos la l\l'aturaleza, en el momento solemne
en que el día y la noche, como dos enamorados ee juntan,
se confunden eu un abrazo pasional é inmenso.
Junio de 1897.

J UAX B.

DELGADO

SANGUINA

Esta tarde ha sido toda de rosa. El cielg ha puesto en
la enorme concha de su gran paleta, todas las rosas poeiblee. Ha sido el rojo el rey sangrien,o; un rojo estallante y furioso que desde el foco agonizante del sol teñía
el mar de sangre. Después que se hubo hundido la rueda de fuego púrpura, de fuego condensado :v vibrante,
de fuego único y occidental, calló la Cantacfa de loe rojoe,
se alejaron las claridadea de los candent.ea y ofensivoe
amarillos. Los cardenales fueron poco á poco fu.ndiéndoee en una suave disolución de carmín, que gradualmente
llegaba, en ternos desfallecientes y crvmáticos, al grano
de granada, al ala de flamenco, al roea de una una, al
anémico y dulce rosa té. El mar reflejaba la gloria del
poniente.
En el horizonte, la línea curva que marca á la vista el
límite, no se veía inundada.en llamas. Una espesa nube
obscura 80 partió en dos rotondas, dos 1-otondas euaten•
odas por una arquitectura inaudit.a y visionaria. Había
una balaustrada gigantesca sobre un pavimento mancha.
do como por una luminosa y reciente degollación.
Pájaro de la hecatombe, un águila anaranjada, cual ei
hubiese pasado por un iris, extendía las alas, cuyos extremos parecían aún húmedos de una agua de rubí. En
un punto del cielo, en donde la decadencia del tint.e llegaba al desmayo, el suave color trajo á mi memoria un
lejano recuerdo.
¿Fué el de una hoja exangüe y olvidado, entre I11s hojas de un libro de horas. Era el libro impreso en Brll88•
las y de antigua factura. La p.igina donde descansaba
aquella reliquia, quizás de un amor de romanza 1 tenía
una mayúscula roja, de una exquisita b,.lleza arcaica, á
manera de las que ornan los misales y los antifonarios.
De pron\o el parpa1eo r.ipido y blanco de un foco ~lectrico me eacó de mi vago pensamiento. Tras las cohnaa
cercana!!, brumas crepusculares anunciaban la noche. La
ciudad enCflndfa sus luceo. La última vibraclón de la
agonía de la tarde, fué de rosa muriente y desolada.

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J. Stuart MiU.

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--1'7:.~

RuBÉN DA.RÍO.

Los pJaceres de la vida bastan para hacerla agradable,
ei Ee recogen de paM, sin hacer de ellos el objeto principal de la existencia. Trátese de convertirlos en el fin
priucipal de la vida y al punto resultarán insuficiea_tes.
No reeis'8n á un examen r1gt.1roso. B1erta pensaren s1 es
uno feliz, para dejar de serlo. Para ser feliz no hay más
que un medio, que conaiete en buscar como fin de la vi·
da, no la felicidad, sino un fio extraño á la felicidad.
Que la int.eligencia, que el análisis, que el examen ~e la
conciencia se absorba en este 6.o, y ae respirará la dicha
como el aíre, sin notarla, sin pen~ar en ella, sin pedir á
la imaginacion que se la represente anticipadamente y
también sin hacerla huir por la fatal mania de preocu·
paree de ella.

319

•

_1

'jj-_-:::.

�•

DOMINGO 6 dejUNiO de 18!:n

EL MUNDO

HACIA EL POLO

prendió lo qae se le pedía y después de largos tanteos lo
realizó. El buque salido de sus talleres fué lo que debía
eer: una fortaleza caliente y segura para la extensa deri•
vación entre los hielos y no un fino velero ó un vapor
rápido.
i(El punto importante, escribe Naneen, era dar ii nuestra construcción flancos talee, qu6 pudiera facilmente eer
levantada durante la preeión del hielo y no aplastada
entre los bancos. Greely, Nares, etc. , tienen muy justa
razón al decir que no había ahí nada de nuevo. Yo ha•
bía tenido simplemente en cuenta las trietes experiencias del pasado. Lo que no obstante, puede ser considerado como nuevo, es el hecho de que no solamente recon&lt;&gt;eimos nosotros que el buque debía tener tal forma, sino
que se la dimos ...... »
Una carena que no ofreciese sino el mínim·1n de pre-·
sión á los estrechamientos del hielo, un casco de tal suerte construido que pudiese resistir cuando no lograr escapará. las más fuertes presiJnea exteriores, en cualquier
dirección que ee produjesen; he aquí lo quequeri.a Naneen
y lo que Colín Archer le dió.
El buque debía ser tan pequeño cuanto fuese posible.
Un pequefio navío es más Hgero que uno grande, y puede
bacérselerofl'.a robusto proporcionalmente á. 3U peso. Además, un pequeño buque ea más propio para la navegación
en loe hielos: la maniobra es más fácil en los momentos
críticos y el buque halla comod!lmente un refugio entre
loa témpanos. Naneen estimaba que una conatrucciói;i de
170 toneladas eería suficiente. Se decidió, por fin de caen•
tas por un tonelaje mucho máa confliderable aunque toda~ía débil: 402 toneladas bruto y 307 toneladas neto.
En íi.n y siempre para facilitar la maniobra en medio de
loe bancos de hielo y también por que una gran longitud
hubiese sido una fuente de debilidad en el momento de
las presiones, importaba que el buque fuese corto.
Pequeño y corto, con los flancos mu.v oblícuos, el buque de Naneen, para poseer una capacidad suficiente, es-

POR

j

FRIDTJOF NANSENTraducción para "EL MUNDO." (1 )- - llustraciones tomadas de las fotografías hechas en el curso de la expedición.

AL LECTOR

La expedición polar llevada á cabocon singular temeridad
por an noruego de inmensas energías, de in vencible cons1ancia. y de supremo vigor, el Doctor ~ ansen, es el gran
acontec:miento científico de esta última década maravillosa y da asunto á todas las revistas europeas que ocupan sendos espacios con detalladas narraciones y sugestivos grabados; unas y otros de fantástico interés por las
arcanas regiones á qpe se refieren.
EL MUNDO ha creído oportuno, a¡zradable é intereeantfeima, la tart1a de popularizar en México á su vez la sorprendente -hazaña geográfica de Naneen y empieza hoy
la 1&gt;ub1icación de una de esas reeeñae, la más be1la y
habilmente ilustrada, con la cual llenará. algunas páginas de sus números de Junio, seguro deque proporciona á sus lectores la más amena é instrucctiva lectura que
puede daree, yeacia FU natural avidPz de eaber basta qué
punto la Esfinge ártica, perpetuamente inviolada, llena
de blancas arcanidades, reveló su secreto al heroico navegante.
EL PLAN DEL DOCTOR NANSEN

t&lt;Nuestros antepawados los viejos VikingE', fueron los
primeros exploradores de las regiones árticas. ii Así se exJ'TeBBz al iniciar el relato de su expedición al polo, el Dr.
FridtJof Naneen, intrépido navegante de loe mares hiperbóreos y noruego irredentista.
De la época de los Vikings á la de Naneen, hay gran
distancia, y en el intervalo las tentativas mas variadas
han sido hechas para arrebatar á las blancuras t)olares
su secreto. Sin embai go, sólo en el curso de este siglo
fueron alcanzadas las altas latitudes y se estrechó al rededor de la extiremidad septentrional del eje de nuestro
globo el círculo de las regiones in~xploradas.
.Antes de Naneen, que ·fué en la estrategía ártba un
inovador atrevido, dos modos de penetración en la zona
polar habían sido empleados: el navío y el trineo .... ;.....
Usó Nansen de otros medios de locomooión?-No; pe•
ro UJID aquellos de otra suerte que se habían usado basta
ent.onces, y be aquí por qué.
Cuando en 1820 el oficial inglés Parry logró avanzar
oon trineos basta el Norte del i::lpitzber, haeta el 82º 45,
de latitud, debió reconocer, después de un mes de fatiga·

1!Fir
- •·••• 'lm:J4P'?J«ipark .P.,.K~ . .
.... _

lhyt1.~parh.l'ram,

,..,.,.,,,.lu,n,,

--frcy&amp;~pu-t.~.,,.,,
&lt;WUW-,yUIIBT.

oe,

la inutilidad de un esfuerzo más prolongado. No avanza
baya. Los bancos huían bajo de él, derivando lentamente hacia el Sur, en tanto que él no marchaba casi hacia
el Norte. Se detuvo á 804 .kilómetros del Polo.
En 1872- 74, cuando la expedici ón húngara de Payer y
Weyprecht descubrió la tierra de F rancisco José, fué gra·
cias á una derivación hacia el Norte de BU navío, el 1 egethoff~ aprieionado en loe hielos. En trineo, Payer llegó
á la latitud de 82°5, é sea á. 880 kilómet,roe del Polo. Pe•
ro el '1.'egethojf no pudo ser desprendido y fué abandonado.
Cuando, en 18i8, en el estrecho de Smith, entre Groenlandia y el archipiélago polar americano, el comandante,
almirante ahora Ma1kbam, de la expedición americana
Nares, después de haber dejado su navío elAle1·t, que se había fijado entre los bancos á los 82° de l!t.titud, alcanzó
en trineo el 83° 20'/ (á 740 kilómetro!!! del polo, ) no obtuvo
este resultado sino al precio de un esfuerzo heróico.
Cuando siete af'ios más tarde, el teniente Lockwood,
de la misión americana Greely ee lanzó á su vez sobre la
ruta abiert,a por Markham, no pudo eino á gran pena
paear de 5 kilómetros ½la latitnd á la cual su predeceeor
babia llegado. No por eso puno negáreele el honor de
D1antener, basta el viaje de Naneen, el record --polar:
735 kilómetros del polo; estaba de él tan cerca como de
Pníe á Avignon.
Por último-para recordar las mál:! célebres tentativascuando en 1879-81 1 en el oceano glacial de Siberia, la
Jear,netle rnlida del estrecho de Bering, cogida entre los
hielos cerca de la tierra de Wrangel, hubo sido arrastrada dos años hacia el Noroeste por eu prisión flotante,
fué rota por loe bancos al norte de las islas de la nueva
Siberia y eólo algunos de los miembros de la expedición
eecaparon al deEastre.
·
En resumen, los más felices resultados babfan sido fra.
caeos. Por donde quiera, en todas las direcciones los
bancos ee habían levantado ante los exploradores, deteniendo loa navíos, cuando no los asían paraaplastarlos ó llevar los quién eabe dónde y haciendo retroceder los .trineos ante una misterioea prominencia que anulaba sus
esfuerzos.
Parecía que, como Jo escribió Nordens Kiold en 1884,
el polo dt bia eer considerado en lo de adelante como inac•
cesible, cuando el joven doctor Fridtjof Naneen, en el
mee de Febrero de 18!:'0, en una comunicación á la Socie•
dad de Geografía de Christiaoía, declaró que él conocía el camino del Polo
Norte y que estaba dispuee\o 1:\ recorrerlo.
De todas las expediciones
que hemos enumerado, la
más deeaetrosa fué incontestablemente la de la Jeannette. Fué esta, no obstante, laque Naneen se propuso tomar como modelo, á
lo menos en cuanto á. la
dirt:cción que d~bía eegmrse.
En efecto, tres años después de la pérdida de la
Jeannelte, se bízo un descubriroienlo muy inesperado
en la costa sud-este de la
Groenladia, cerca de Ju•
lianehaal, por loe esquimales. Apresurémonos á decir
que se trat.aba nada menos
que de los reatos del buque
perdido en 1881 cerca de la
Nueva Siberia, ó más exactamente, de los objetos
provinientes de ese buque:
ana lista de provisiones,
firmada con el nombre del
capitán De Long, quemandaba la JeannetJ.e,
La autenticídad del ba•
Ilazgo de los esquimales de
Julianehaab, ha sido, es
cierto, combatida. Si esos
restos son apocrifos, hay
que convenir, sin embargo,
en que la mistificación imaginada por un lemice-Terrieux yankee, tuvo para
la ciencia resultados eingu·
larmente fe lices, pues que
se le debe el glorioso viaje
de Naneen.
Era en 1884. El profesor
Mohn de cristianía, escribió inmediatamente en un
periódico noruego, el Morgenblad, Un artícuo consagrado al descubrimiento
de JuJianehaab artículo en
el cual emitió la hipótesis

La ruta del P_o_l_o~· - - - - - -- - - -- - - 1•1 La. traducción al francts de la re lacióu completa del viaje .1el .i.&gt;octor Nan.sen, fué emprend ida
~ Carlill! Rabot, uno de los ra~os escritores de Francia que por su ex periencia personal de las exploraCl0De8 á.rt1cas y por su conocimiento de la lengua ueruega íuécapaz de llevarhl. á cabo .
EL MUNDO traduce Asu vez al cru:.tellano este relato de un interés escepcional, no pensando en darlo
U. eztenao porque en el original a bundan las oWrva ciones cielltifica.s qu1:: suspenderiuu el interés de w1a
historia que queremos hacer amena para todos.

de que loe reatos de la Jfarir1elle babfan debido atraYE&gt;earel océano ártico de Siberia en dirección del Noroeete,
después pasar entre el Spitzberg y el Polo para dernender de nuevo al Sur, á lo largo de la costa oriental de la...
Groenlandia. En el estado de nuestros conocimientos
hidrográficos ese era el solo itinerario plausible.
El artfcuto del profesor Moba fué pa1a Nansen un rayo.
de luz. El plan audaz, ineeneato, que él debía ejecutar
nueve años después, había, desde ese momento, surgidor
en- su cerebro. Durante sei3 años, reunió la hipótesis yel
proyecto; acumuló, menos por convencerse él mismosu resolución estaba tomada-que por convencerá st s com •
patriotas, numeroeas pruebas científicas demasiado com •
plicadas, para ser expuestas aquí, en apoyo de su sueño,
basta que en fin 1 á la vuelta de una f'Xpedición á Groen-landia, se decidió á. principios de 1890, á irá decir lo que ,
sigue, á la Sociedad de Geografía de Cristianía:
((Hay un camino para llegar, sinó al polo matemático,
cuando menos á su vecindad inmediata: el de la Jeannelte.
1&lt;Si la J eannette hubiese sido un buque capas de resistir
ti loe asaltos del hielo; si al mismo tiP.mpo hubieeetenido á bordo provisiones en cantidad euficiente, en tres afias
babrfa alcanzado el polo para volver en et&gt;guida, eana r
salva, á lasriberas de Groenlandia, el mundo habitable y
civilizado.
((La prueba es que frágiles restos de ee.e buque ban hecho el trayecto. Los fondofl, los cascos, los papelee amontonados sobre un témpano cerca de Juliane baab ban.
visto el polo de más cerca que la vieron Markham yLoockuood y que lo verán jamás los que se obstinen en
adoptar el mismo camino que ellos. Porque los b~ncoade hielo árticos no son una inmóvil masa helada: derivan lt&gt;nta y regularmente del océano ártico siberiano, al
mar de Groenlandia, bajo la doble influencia de una corriente marina y de vientos, sinó constantes, dominantes.
cuando menos, que siguen la misma dirección. Y es esta
derivación la que hizo retrocederá Parry, la que ha detenido á Loocwood, Mark.ham y tantos on-oe partidos de •
Groenlandia.
uDadme un buque apto para esta navegación, no enea-yada aún¡ un buque que sea en algún modo anfibio, especialmente conetruido para el mar congelado como loe .
buques ordinarios lo son para el mar líquido¡ susceptible
de luchar victoriosamente contra las convulsiones y las
presiones de los hielos, como las construcciones más vulgares ee defienden contra loa choques de las olas y de la
tempestad,-y ese navío no es un mito, estoy dispuesto
á. construirlo;-dadme una tripulación elegida, poco nu. merosa, pero de un vigor á toda prueba; dadme el equipo .
y laE provisiones indiepeneablee; dadme botes, trint::os y·
perros para prevenir toda eventualidad,-porque ninguno, cuando se embarca, para viajar sobre el hielo y Eobre
la mar libre, puede responder de que no naufragará;dadme, en una palabra, los medios de partir en las condiciones favorables requeridas, y los colores noruegos .
flotarán sobre el mar 6 sobre la tierra polar, más lejos de •
lo que han flotado jamás los colores de país alguno y, nosotros volveremos después de haber cubierto de gloria á
nuestra patria, todos sanos y salvos, el buque, la tripulación y yo miemo.n
Los que no han conservado el recuerdo, imaginarán cuan•
do menos facilmente el ruido que hicieron en el mundo •
las palabras de1 Dcctor Nansen. En tant,o que en Europa y en América, geógrafos, meteorologistas y almiran1.ee,
discutían, objetaban, proteetaban, Noruega se entusiasmó.
El 30 de Junio de 1800 el Storthing noruego votó un
crédito de 2771 800 francos (200,000 ·kroners. ) que llegó un
poco más tarde á 389 000 francos. El rey de Noruega (el
1ey de Suecia y de Noruega es para loe noruegos rey de
Noruega solamente, como el emperador de Austria para
los húngaros no es más que rey de Hungría, ) el rey
Osear II dió 20,000 kronere (más de cinco mil pesos.)
El entusiasmo y el patriotismo hicieron el n.sto, y sólo
fué aceptado el dinero noruego.
Finalmente, el total de las subscripciones y los gastos
se equilabraron con la cifrad~ 617,186 francos, represen•
tando el preéio del buque las tres quintas partes de esta
suma.
EL llFBAM»

(2)

Cuando Balzac escribía una nove1a, no dejaba jamá@,
antes de entrar en la relación de los hechos, de evocar et
escenario, en el cual sus heroes iban á moverse; de describir con ab11ndancia de detalles la casa en la .cual ibaáhacerlos vivir y obrar. El viaje del Doctor Naneen es
una novela uvividai1 mas pasional que todas las que fue•
ren imaginadae Jamás; el Fram fué el principal escenario; .
en eea habitación flotante y errante, trece de nueetros
semejantes vivieron durante tres años una existencia extrafla, casi incomprensible: no es paes inoportuno dar la
descripción de este buque tan diferente de todos los otros.
Se desprende claramente, por lo expuesto del plan del
Doctor 'Naneen, que la primera condición que debía lle~
naree para la ejecución de él, era la construcción de un
buque capaz de realizar, en las regiones polares, el viaje
sin : precedente á que estaba destinado. El constructor
Colin Archer, á. quien se dirigió Fridtjof Naneen, com·

- [21 Deseando que esta narración sea instructiva, sin dejar de ser a mena, suJ?rimimos algunos datc.s
demasiado técnicos, relativos á la estructura del Fram.
[En nuestro nümero próximo publicaremos una car ta detallad&amp; del viaje del .Fram y de la marcha
de Ñanscn hacia. el polo. La carta. que calzan estas lineas tiene por principa.l o bjeto trad ucir de una ~1u1m·ra-Oiríamos-materi al la hipóte~is y el plan de Nansen y de mostrar al mismo tiempo q ue la denYación del Fra,n ha justificado la una y ca si realizado el otro.J

EL MUNDO

DOMINGO 6 OE JUNIO DE 1897

Siberia, para que en caso de que el Fram se perdiera, la
expedición pudiese a\canzar la cost.a.
En fin, en la primavera de 1893, Naneen, á fin de po~~r
renovar su provisión de carbón antefl de penetrardefimt1•
vamente en los hielos, fletó e l sloop Uranci.a , de Brcencen
sund, para que llevBse un cargamento de carbón á Khabarova.
No solamente todo estaba listo, sino que tü40 estaba
previsto cuando vino E:l _estío de 1893, época fiJada Pª1:ª
la partida de la expedición. El doctor Naru.en no babia
consa_; rad.o menos de tres años á sus preparat~voe, de loe
cuales dependía el éxito del proyecto que hab1a madura•
do durante nueve años.
EL PERSONA L DE L A E X PEDICION.

Ápenas fué conocido el pl.an de la expedición de Fridtjof

Naneen cuando le llegaron solic1tmlee por centeoares de
todas partea del mundo,-de Europ_a 1 ~e Amé:ic_a y aun:de
Auetralia-á despecho de las predicciones srn~estras que
habían dejado oir tantos eábios geógrafos ó marmos Y tambi én de la decisión tomada de no admitir á bordo del
Fram, más que noruegos y eo número de. doce. uNo era
cosa facil, escribe Nansen hacer una elección entre todas
las buenas voluntades. »
.
Mas de EIBta emulación, la expedición obtuvo una rna-preciable ventaja: que todas las funciones, aun las más
humildes, fuesen llenadas por gentes que poseían conocimientos variados y algunas veces extensos, bue~oe ob·
servadores al mismo tiempo que excelentes marmos:
Sería enojoso hacer sus biografías¡ baste lo antei:ior
para expresar eue méritos, que Jo futuro habrá de aquilatarlos y contentémonos con publicar sus retratos, sus
nombres, y algunae breves notas empezando por el jefe
de la expedición.
.
El doctor Fridtjof Naneen, nació en 1861; era conoc1~0
ya por sua exploraciones en el Spiztberg y en Groenlandia.
Se casó y es padre de una niñita;-ha dedicada la re-

4º Theodoro Claudius Jacobsen, segundo del Fram, naeid~ en Tromece en 18ó5, que -~ª hizo marinero á loa
quinceañoe, casado y con un h1Jo;_
.
5? Anton Amundsn, jefe mecá~1co .~el Fram, nacido en
Hort.en en 1853, casado y con seis h130~;.
.
8? Ado lfo Juell cocinero de la exped1c1ón, nacido en
'1.860 en Skatre, c~rca d e Klagerre; hijo de un armador ;
capitán de navío durante muchos años; casado, padre de
cuatro hijos;
P. Lars Pettersen , segundo mecánico, 1.1ac~do en 1860
en Suecia, pero de padres noruegos; h_ab1lfe1mo herr~ro
y ajustador, había eervido en esta ca~1_dad eo la marma
noruega; casa.do y padre de muchos h9os.
S? Frederik Hjalmar Joham.en, temente en la_ :eserva.
nacido en Skien en 1867; salido de la ernuela militar como oficial supernumerario; estaba tan deoeoso de tomar
parte en la expedición que aceptó el empleo de fogonero;
9° Peter Leonard H enriksen, nacido cerca de Tromsre
en i 859; no había cesado deede la edad .de catorce años
de hacer viajes en el mar ártico como 11harponero)) y patrón¡ casado y con cinco hijos_;
. . ,
10~ Bernhard Nordhal, nac1do en Cr1st1a01a; CB;f'i?nero
de ~a marina noruega, después ingeniero electnmsta y
con cinco hijos.
11~ Ivar Otto Irgene Mogstad, nacido en 1856; era desde 1882 guardi4.n jefe eJl el hospital ~e locos de Gauetad;
Y por último, Bernt Bentzen, nacido en 1860, que fué
el 13? de la expedición y sin embargo no se portó ~al;
fué contratado en Fromere en el momento de la partida.
Una suma de 7,500 francos, extra de los gastos.generales de la expedición, fu é consagrada á pagar pnmas de
seguros sobre la vida, contraídos en favor de los co~pafieroe de Naneen que eran casados. Como á las muJert"s
bretonas, el mar disputa ein cesar á. _las mujeres t?-oruegas sus maridos: cuando el Frani levo ancl~e, _su trrp!_J.lación dejaba detrás de sí ocho esposas y ve1nt;1dós nmos.

'

_..,,

1,/ ' ..

~

La partida del ufram" de Ber11en ( Noruega ) .

.'

taba obligado á ser eetremadamente ancho: le fué dada
una anchura igual á la tercera parr.e de su longitud.
Eetando determinadas estas diversae proporciones,
comenzó la construcción y después el arreglo del Fram
(la palabra significa adelante, y jamás un buque fué mejor denominado. )
La obra así en conjunto como en detalle, fué ejecutada
con igual cuidado,
.
.
Exteriormente, era neceeano para que el Fram pud1eEe deslizándose como una anguila1 escapará los témpanos
en'ormes que podrian oprimirlo, que lae asperezas, así CO•
mo las superficies planas, fues.eB evitadas. Con este fin,
la proa, la popa, la guilla, todo fué redondeado, y esta última se diPpueo de suerte que no formara más que una
SJ1,1ida de 8 centímetros apen.11s.
Faé dado al buque un lujo de proteccióa en mil deta11('8, foé provisto de una instalación eléctrica, de ana biblioteca/ de víveres para tres años, escogidos con el mayor cuidado para evitar el escorbuto¡ de todos los ins•
inunentoe indispensables para las observaciones metereológicas, astronómicas. magnéticas, etc.; y por último, de
siete aparatos fotográficos.
Debido á.'sus excelentes relacionee, pudo Naneen procu•
raree buen0e perros y hacer im1talar tres depósitos de ví---veres en tres puntos delerminadoe de las islas de N ueva

lación de su viaje, 1&lt;ti aquella que bautizó el buque y tuvo
el valor de esperarlo.)1
( Por enci roa del expresivo retrato que reproducimos, el
artista evocó en silaetae delicadas y simétricas las dos
pasiones que existen en el corazón del hombre. Entre su
amor y su quimera, Nansen no tuvo que elegir. Jamás la
mujer cuyo ligero croquis revela el alma enérgica, lo
desalentó ni trató de hacerlo desistir de su empresa; y en
su largo camino hacia lo desconocido polar, él, en nin·
gún momento cesó de pensar en aquellas cuyos nombres
aparecen tan frecuentemente en sus notas de viaje. Eva,
la mujer digna de él, y Liv, la querida bebé. A su parti•
da, Eva bautizó el Fram; en la primera etapa del retor•
no, Naneen bautizó con loe nombres de isla Eva é isla
Liv, las dos primeras tierrae que aparecieron á su vista. )
He aquí los nombres de loe tripulantes:
l? Otto Neomann Sverdrup, comandante del Fram nacido en Bindal en 1855, marino desde la edad de diez y
siete ai'i.os; casado y padre de un niño;
2? Sigurd Scott-Haneen, primer teniente de marina,
encargado de las observaciones científicas; nacido en
1868 en Cristianfa;
3? Henrik Greve BlPseing, médicn y botánico de la expedición, nacido en Drammen en JSG6; acababa de recibir,
en la primavera de 1893, sus grados en medicina;

DE CHRISTIANÍA .AL lfAB DE KARA.

Naneen dejó Christianfael 2-:1: de Junio de 1893.
El dfa era sombrío y triste. El ealió solo, con el corazón oprimido de su casa, atravesó su jardín, pudo
ver, volviendo los ojos, á la pequeña Liv agitando eue
manos, hizo una reflexion melancólica y ganó la playa
donde lo esperaba una embarcación p:ua conducirlo á
bordo del F ram.
Un instante después, amigo y parientes de los diversos
miembros de la expedición, abandonaban el navfo, cuyo
puente invadieran hasta el último momento y elltire las
riberae, negras de multitud, palpitantes de rnmbreros y
de pañuelos agitados, el F ram se dirijió bacía la salida
del golfo. Largamen te, duraLte las ¡¡emanas que siguieron, el navío que llevaba hacia el Norte á Naneen y sus
compañeros. se retardó en las co6tBS de Noruega. En
Laurvik, el 25 de Junio, Colín Archer dijo un último
adios, conmovido, pero lleno de confianza, al buque que
constru yera y que tanto había amado.
En Bergen los turietas imvadieron de iml)roviao laem•
barcación para verá Naneen, hablarle, tocarle. Por la
noche hubo un banquete, y al día siguiente el Fram pro·
siguió su march.a, en 1tun inolvidable dfa de verano,n dice el diario del jefe de la expedición.
0

Continuará.

�EL MUNDO

DOlillNGO 6 DE JUNIO DE • ~

EL MUNDO

DOIIINGO 6 DE JUNIO DE 1897
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-1Rodolfol
Sonrió mi padre con aquella apasible sonrisa de sus
Estaba á. la puerta del corral. Todo lo había visto. D&amp;
delgados labios; brilló en rna ojos claros y siempre bené•
volos un rel ámpago de alegria, y sacó del morral colgado pronto quedé sin movimiento. Me repuse y huí por la
en bandolera un ramo de frutos morados, casi azules, un bodega. Desde allí, mientras mi padre iba li liber tará la
racimo de granadillas silvestres, y mostrándolo por lo al- prisionera, pude ver con espanto que mi chachalaquita,
laxo el cuello, se agitaba moribunda ..... ... .
to decía:
-Para la señorita Niní.. .. ... ..
IV
La blonda niña dió un salto, queriendo atrapar las fruMi
padre
no
chistó.
A
\a
hora de comer, al servirme el
tas que al punto cayeron en sus manos.
primer platillo, llamó al criado, y en voz baja le dijo algo
-Para el caballero don Ernesto ...... .. .
que no pude oir. Estaba yo avergonzado y trémulo, co~
-¿Qué?- dijimos ti una.
-Para el caballero don Ernesto y para Rod.olfo, una los ojos llenos de lágrimas; me la tía el corazón como 81
fuera á ealfrseme del pecho; era yo un criminal que .me•
CHACHALACA cosi ·a muy linda ...... ... .A.divinen ...... ¿Qué será?
recia la horca.
-¡Un nido de chupamirtos!
Andrés volvió, trayendo una fuente cubie1t,1 c-on n~a
-¡Un pajarito herido!
Allá por los
servilleta. Entonces mi padre, como nui.c,1 , ,. \·t" r&lt;1, deJó
-No.
últimos días de
su asiento y vin? á colocaree á mi lado.
-Caracolitos del almácigo ........ .
Juaiocumpliré
-Rodolfo ........ .
Mi madre sonreía; mi padre se gozaba en atormentar
cua1 enta años,
No me atreví á levantar loe ojos ni á responder.
y lo que voy á nuestra curiosidad.
- Rodolfo,-repitió con dureza hasta entonces descoAl fin hundió la mano en las proínndídadee d~l moreferirte, amien él,-de!!cubre esa fuente!
go mío, acaeció ral¡ y .nos mostró, cerca de la lampara, un huevo, un nocida
Obedecí temblando ....... .. y ¡Dios santo! ali( estaba el
cuando era yo lindo huevo blanco, tinto en la sangre de las perdi- cadáver, con el pico abierto. destilando sangrP ........ .
un rapaz, un ces.
De codos en la mesa, ocua ~ el rostro entre las manos,
-¡Un huevo de chachalaca! De !a puesta de hoy ......
-doctrino que no hubiera podido recitar de coro, sin tropiezo ni punto, los diez preceptos del Decálogo. Sin em- Cuando le cogimos estaba tibio. La ponedora se fué he• sentí que me ahogaba y me eché á llorar.
Ernesto y Niní lloraban también.
bargo, el recuerdo de la pobre avecilla no se aparta de mi rida ...... -Y pasándolo á. manos de mi madre, agregó:Papá. y mamá comían silencim.os, y, sin duda, apenamemoria, ni creo que se aparte de ella en loa días de la Límpialo ........ .
dos y tristes ........ .
ErnestJ y yo nos disputamos el huevo.
vida ......
La autoridad materna puso término á nuestra discuEsta es la historia, amigo mío. Ouando la recuerdo, y
.........el pensamiento humano
sión.
como el mar, sus cadáveres arroja.,
-Le guardaremos, para ver si la copetona blanca, que la recuerdo todos 10s días, y siempre con dolor y remordimientos cru~ les, me pregunto:
Así dijo el poeta en su admirable poema. Ciertamente, es buena l!!acadora, cJneigue empollarle.
-¿Qué sentirá el aseeioo cuando l~ ponen delante de
Y ya nos parecía verá la cbacbalacaque de aquel bue•
el cerebro es un oceano siempre agitado, con frecuencia
su victima?
tempestuoeo, cuyas olas arrojan imph1cables hacia las pla- vo naciera, ir y venir por el corr4l gritando: Hay cacao,
l{A J,'. u,:L DELGADO.
yas del olvido los deepojos del pasado: esperanzas desva- hay cacao ......... Y que deade el bosque vecino le responC. de la R. Academia E&lt;,wñola,
necidas, ilusiones malogradas, eueñ.oe azules, ardorosos día el macbo: No hay caccio, no hay cacao ....... ..
anhelos, vagas aepiraciones1 nobles ideas, recuerdos reIII
gocijados, rt::cuerdoa trietes. Pero ¡ah! ese.e de la infeliz
avecilla, lleva años, seis lustros de ti.otar en altaroar, ju•
A las tres semanas, ó poco más, cierto día, al desperguete de las olae, .sin que los t1,1rbiones de la adolescen-cia ni las tormentas de la juveutud, ui las terribles y tar, nos dit::roo una alegre noticia. La copetona blanca
t1ombrías tewpestadee de la edad madura hayan conee• tenía catorce polluelos, y muy orgullosa de su oidada
iba y venia por el corral, luciendo entre sus chiquitines,
guido arroJarle á. la cos~a.
AHí eet11., allí, siempre flotando sobre las creer.as de las uno de e.xtrafio aspecto que su~ hermanos miraban de
olas, lo ruit1wo en las noches tenebrosas que en loe días reojo, las demás gallinas con extrafieza y el eefior del
AUTUMNAi,
luminosos y serenos. Es como una gota de tinta en la harém con alti ve~ y menoi:;prec10. La chachalaca, fea,
cubierta de obscuro vello, torpe, muy distinta de sus viEro Vitre Lumen.
página más blanca del libro de mi vida.
varachitos hermanoe, fué desde entonces objeto de nues•
tros cuidados, nuestra constante ocupación, el tema inaI
En las pálidas tardee
gotable de nuestras pláticas. ¿Cuándo sería grande? ¿Cuán•
yerran nubes tranquilas
Una tarde calurosa, ardiente, una tarde primaveral. do la veríamos logradita'/ ¿No la oiríamos nunca gritar y
en el azul; en las ardientes manos
Un cielo sin nubes, pero inundado de Norte á Sud y de revolver el gallinero? ¡Qué de idas y venidas! ¡Qué de
ee posan las cabezas pensativas.
Oriente á Poniente por la calina,·oomo si humaredas leja- viajes! ¡Cómo gritábamos todo el santo día: hay cacao ......
¡Ah loe su1,1piroel ¡A.h loe dulces suefios!
nas, diseminadas en loe campos, lluuh:::~tm espesado la at- no hay cacao!
¡Ab las ttistezas hl.timae!
mósfera y extendiendo en la sabana, t:Obre las arboledas,
La avecilla plumó; un plumaje pardo, triste, luctuoso
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota,
sobre los planteles de cafia de a2ucar un velo de azulino que hacía contraste con la blancura nítida de loe pollue'tras cuyas on,1as tréwulas se miran
crespón. A lo lejos el río que nos enviaba de cuando en los nacidos en el mismo nido. No tardó en dejar á lamalos oJOB üernoe y húmedos,
cuando IJOn el rumor sordo de sm1 aguas, aire fresco y vi- dre adoptiva, y campar por aus respetos, y, chiquita colas bocas inundadas de sonrisas,
vificante. A un lado, el viejo tni.pic.be con su ruido mo- mo era, ni buscaba abrigo por la noche ni gustaba de los
las crespas cabelleras
nótono. Al otro el sendero rojizo, quewadopor el sol, cuidados materualee.
y loe dedos de rosa que acarician!
bordado de amarillenta grama de t't1CObillaree polvoroCierto dia le dije á Ernesto:
En las pálida!:! tardea
sos, de estramonios marchitos qm, suspiraban p c. r las
-¿La cogemos?
ni.e cuenta una hada amiga
lluvias de Mayo. Delante de la C&lt;tba, eu el césped, hume-.No, porque huirá; es arisca y hurafia, ¿no lo ves? Los
las historias secretas
do y fresco por el riego 1eciente, sobre el verde tapiz, la pollitos nos conocen y nos quieren, vienen á. comer arroz
llenas de poes1a;
abuela venerable y cariñusa, cala.ú1.,S los anteujoa, repa- tin nuestra mano, mientras esa prieta asustadiza y canalo que cantan loe pájaros,
saba las páginas de no sé qué hbr·u piadoso; juuto á ella llona ......... ¡No la quieras!
lo que llevan las brisas,
nue::itra madre hacie11do labor, y eu Ja natural y mullida
Me quedé solo é wtenté atraparla ......... En vano. La
lo que vaga en las nieblas,
alfombra, Ernesto, haciendo un papelott:,¡ la chiquitina, avecilla huía ......... Hice del corral uu pueblo revuelto y
lo que aueñ.an las niñas .
la blonda Ninf, muy entretenida c1w un rvrro, y .vo,. el no sin pena hube de re nunc iará U1is propósitos. Te~ía
.vacífico RodoHo, sacando de una arca de Noe, juguete yo tantas ganas de acariciar y jugar con la cbachalaU na vez sentí el ansia
en boga, elefantt:e, camelloe, cabras, ueoe, panteras, jira- quita!
de una seJ. infinita.
fas, gallos, gallinas, y unos ht'.rwoe:os y envanecidos pa•
Algunos días después renové la intentona, pero sin éxiOiJe al hada amorosa:
vos reales, cuya brillante cola de vidrio hilado se que- to feliz. En la brega me encontró Erne~to, y por la no-Quiero tm el alma mía
braba entre mis dedos ... Frente :1. nosotros, uno á uno, che, á la hora de la cena, cuando menos me lo esperaba
tiener la inspiración honda, profunda,
lentos pacíficos, eedientos, pasaban los bueyes camino yo, prorrumpió:
inmensa; luz, calor, aroma, vida.
-P;!.pá: Rodolío anda queriendo coger la chachaladel corral.
Ella me dijo:-¡Ven! con el acento
¡Hermoso cuadro de la vida rús :ica! ¡A.mable grupo quita ....... ..
con que bab1aria una harpa. En el había
doméstico que nadie hubiera contewpladosin envidia!
-:No hará tal;-dijo mi padre-no lo hará, porque yo
un divino idi"oma de esperanza.
Al trazar estas H.neas, al consignar en estas hojas fugi- se lo prohibo. ¿Lo has oído?
¡Oh sed del ideal!-Sobre la cima
tivas tan dulces y tiernas m1;-ruorias, oeecubro por el
Con mi padre no se jugaba; una sola vez decía las code un monte, á media noche,
balcón, que tengo al frente, la casa de mis padres, la he- sas; nunca repetía sus mandatos.
me mostró las estrellas encendidas.
redad de mis abuelos. Veo loe campos, el bosque, la de•
¡ Ah, Dios mío! ¡ Qué tentación aquella! De día1 de no•
Era un jardín de oro
hesa, la vieja chimenea, de la cual asciende lentamente che, á todas horas Ule penegui~, .h;n va.noquería yopencon pé talos de llamas q11e titilan .
.al cielo una columna de lmmo azul, y repito los versos de ear en otra cosa. Aquel deseo iba creciendo, creciendo
Exclamé: -más ...... La aurora
•
-Gutiérrez González:
dominándome, subyugándome. Así debe suceder á eso~
vino después. La aurora sonréia,
hombrea que de abismo en abismo van á dar al crímen.
con la luz en la frente,
Ya. ese fuego lo enciende mano extraña,
-¿Y por qué no?-pensé,-¡A la obra!
como la jown tímida
Yt\ es ajena la casa paternal.. ...... .
Busqué un ceeto grande, el mayor que había en la caque abre la reja y la eorp1enden luego
sa, y curri hacia el gallinero.
cie.. tas curiosas, mágicas pupilas.
II
Eran las diez de la mañaaa. Los gallos escarbaban en
Y dije: -Más ...... Sonritmdo
la celeste hada amiga
Obscurece. El cielo brilla con sus mil luceros, y fulgu- la tierra floja, buscando alimañas; las gallinas se baflaban
en el polvo¡ otras estaban echadas, poniendo, y ·la cope•
prorcurupió:-Y bien ...... ¡Lae flores!
ran en las chozas lejanas las llamas del hogar.
y la!!! fl urdli estaban frescae, lindas,
Ruido de caballerías, v~ces de fieles servidores, una tona cacareaba alegremente á pico abierto: P os.... po.~....
.
empa_padae de olor, la rosa virg:en,
sonri1:a en loe lábios de nn abuela, una exclalll.ación re· pos po.~poreso!
La cbachalaqu1ta 1 al verme, huyó y fué á refugiarde en
la blanca margarita,
gocijada de mi madre;• Ninf que se olvida de su bebé,
la azucena gentil, y las vólúbilia
ernestu que se levanta arrojando los carrizos y la nava el Ultimo rincón del corral. ........ A.llá [uí yo con el cesto
que cuelgan de la rawa e~trcmecida.
ja ..... .. .. ¡Es mi padre que vuelve de caza! ¡ Mi padre, con en alto ......... Sí, sin duda, llegar y atruparla sería cosa
de un minuto .........
Y dije: -Más ...... El viento
Ja escopeta al hombro y el n10rral repleto!
No
íué
así.
Al
acercarme
corrió
al
otro
extremo
del
sólo
arras~ra rumoree, ecos, risru!,
Curr1 á recibirle. Detras de él ve01a Andrée, el criado
murmullos mis~riosos, a\~teos¡
diligente, el bondadoar. amigo, el fiel Andrés, á quien patio, saltó sobre unas matas, dió un brinco, consiguió
eacapa.r.
músicas nunca oídas.
mi padre, sin mengua de su autoridad ni menoscabo de
El bada entonces me llevó hasta el velo
-¿Te burlas de mi?-murniuré. - ¡Ya lo verás!
su ctecoro, estimaba y quería como á un hermano.
que nos cubre las ansias infinitas,
-¡Al comedor!-decia mi ¡.iadre tomando la mano de
Y empezó el ataque. La avecilla, azorada, iba de aquí
la inspiración profunda,
Ninl.-¡A J comedor! Les traigo muchas cosas ........ .
para allá, sin detenerse un instante. Las gallinas espany el alwa de las liras.
La curiosidad y la impaciencia nos hicieron correr. A tadas, volaban 6 se agrupaban medrosas á la puerta del
Y lo rasgó. Y allí todo era aurora.
poco entraba el feliz cazador, enlazando dulcemente con patio. Yo, en ,campo abierto1 jadeante, rojo, quemado
En el fondo se vía
el brazo la cintura de la dichosa compañera d~ su vida. por el sol, redoblando el brío, eeguía en pos del anima•
un bello roetrv de mujer. ¡Oh, nunca,
Pronto el morral estuvo vacío, y extendiendo en la me- lito, el cual, cansado, rendido, cuando yo daba tregua á
Piérides, diréis, rncias las dichas
sa el producto de la jornada: un gazapo y media docena mi perecaución, 1ecobraba fuerza, y luego escapaba vicque en el alma sintiera!
torioso. Aquello era un vértigo ....... . , Por fin, en momende perdices.
con su vaga sonrisa,
El conejillo estaba tibio aún: las aves yertas. De nie- tos en que él animal se detuvo, lancé'e1 cesto y ...... ¡Cháel
-¿Más? ...... dij o el bada. Y yo tenía entonces
ve parecían aquellas patitas rojas como el coral.
¡Presa!
clavad.as las pupilas
Se hablaba de loa incidentes de la caza¡ pero nosotroe
Me detuve á gozar de mi triunfo.
en el azul; y en mis ardientes manos
no oíamos nada, en espera de las maravillas que nos haCuando yo me incliné, d oblando una rodilla, para echar
se posó mi cabeza peoeativa!
•bían prometido. Niní se atrevió al fin á preguntar:
mano _á mi cautiva, oí la voz de mi padre, severa y re-¿ Y para no scitros? ¿Y para m i?
prens1 va.:
R UB ÉN D ARÍO.

A

OTTO NEOMANN SV.ERDRUP, comandant.e.

THEDORO

SIG UR D SCUTT-HANSEN, astrónomo.

ANTON AMUNDSEN, jefe mecánico.

CL. JACOBSEN, segundo.

HENRIK GREVE BLESSrNG, médico.

ADOLF JUELL, cocinero.

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··~\\·
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LARS PETTERSEN,

•

segundo mccá.n.ico.

HJALMAR JOHANSEN, fogonero.

PETERHENRIKSEN, harponero.

.

BERNHARD NORDARL, electrlcl!!t&amp;.

IV AR HOGSTAD, marinero,

bERbiT BE.,,~TZ&amp;N,

marinero,

�EL MUNDO

DOMIN-,g 6 DE JUNIO DE ,&amp;97

_ ___._SONETOS I ) E JOS.,: MARIA DE HER EDIA _____
LA VlaA DE LOS MUERTOS

Al poeta Armand Silvestre.

Cuando la tumba del olvido asiento,
Haya nuestros despojos sepultado,
Tú serás como lirio inmaculado,
Y o como rosa de matiz sangriento.
La divina meürte, á. quien tu acento
En melodiosas rimas ha cantado,
Nos llevará risueña en giro alado
Por la bóveda azul del firmamento.
Llegaremos al sol, y allí en s11 lumbre
Nueatraa almas aman&amp;es, confundidas,
Alcanzarán venturas soberanas;
Mientras el tiempo, desde su alta cumbre
En la historia verá de nuestras vidas
Dos sombras que en la lira son hermanas.

FABULA EN PROSA

Estaba en las ?rillas de la Est!gia, cuando ví pasar un
liombre peraegmdo por una legión de sombras descabezadas que arrojaban, al parece:,;, caflos de sangre por sus
cuellos tronchados.
-;,A. quién persiguen esas som~ras? dije á. y~ro~te.
-A un bienhechor: al que sustituyó el suplicio meegnro del hacha y lade horca por otro más rápido y humano:
al que inventó la guillotina.
-Y ¡quiénes son los que le acometen?
-Los guillotinados.
-¡Imposible! el Cerbero tiembla al verle, y no se atreve i acercáreele: ¿Cómo ha de aproximarse al inventor
de la guillotina un perro que tiene tre3 cabezas?
-Veo otras turbas como de braceros que acoean á varios fugitivos.
-Esa es mayor injusticia: persiguen á los inventores
de las máquinae.
Lo comprendo: la_ máquina d~ mat~r.suprime dolores,
pero mata: la mágmnadetra?aJa~, ahv1.aal hombre, «pa•
ro disminuye los Jornales. ¡S1lenc10I Oigo una ~lgarabia
de muchachos: veo un viejeci\lo rodeado de legiones de
chiquillos que la aclaman1 deshojan floree á_ eu paso Y
trepan familiarmente por sus hombros. ¿Qmén es ese
viejecillo.
-Ee el que inventó la pajarita de papel..
-No digas más: el;juguete eterno de cándida :ye ncantadora sencillez: la primera obra de arte que eJecutamoe
en la infancia; el único jug11ete de loe niños e~fermos.
¡Caántas sonrisas ha hecho brotar y c·11intaa lágnmas se•
cado en loe rostros infantiles ese viejecillo!
Yo lo ves, lector1 los juguetea son cosas á la vez muy
rieueñae y muy serias.
JosÉ FE&amp;"fA11."DEZ BREllAN.

A. TRA.VES DE I.A. I.I.UVIA.

A Ramón Valle.
Llueve.-Del eol glorioso
los rayos fulgurantes
refléjanee en el agua,
cual sobre níveo tul.
Topacios encendidos
y líquidos diamantes
destilan temblorosos,
rayando el cielo azul.
El oro de la tarde
bañado por la lluvia,
inunda todo el éter,
espléndido y triunfal;
sacude sobre el campo
su cabellera rubia,
para empaparlo en gotas
de fúlgido cristal.
.
La aldea, á. lo lejos,
detrás del sembradío,
del velo que desciende
muy diáfano, al través,
su blanca torre muestra,
su alegre caserío¡
enamorad.a siempre
del aire montafiés.
8P PFcapan del ar&lt;lien'8
fogón de los jacaleij
penachos criniformes
de cándido algodón
que luego desmenuzan
los vientos boreales,
prendiéndolos al pico
más alto del pefión.

A LA PUERTA DEL TEMPLO

· Sales del Templo y tu limosna tiendes
Al mendigo que humilde te saluda:
Que el dón de tu piedad viene en ayuda
Del infeliz cuya plegaria entiendes.

Un cónsul muere en la batalla dura;

El otro en fuga sigue eu camino¡
Y ya sin fuerzas el poder latino
Aguarda más terrible desventura.
En vano el gran Pontífice procura
Rasgar el velo inmoble del destino;
Sólo h~y lamen toe de dolor contino,
Y Roma tiembla en mísera pavura.

Pero el hado, en mi suerte ~o:mpasivo,
No permite que eecondas á m1 anhelo
La luz de tu mirada encantadora,

En la tarde, revuelta muchedumbre
Ansiosa y muda inquiere el horizonte,
Con más hondo terror á. cada instante,

Y yo también tu dádiva recibo,
Pues ya me otorgas, levantando ~l velo,
La gracia que mi amor del tnyo implora.

Creyendo ver sobre la inquieta cumbre
Azul y clara del eabino monte,
Al fiero Aníbal hosco en su elefante.
J AOINTO

Agita gravemente,
sobre la verde falda,
sus cien robustos brazos
el índico nopal,
y siente coronarse
sus pencas de eeme"ralda
por tunas cremeeinas
de grana :y de coral.
Para pintar las cumbres
el sol, divino artista,
aglomeró colores
de audaz entonación:
azul de lapieiázuli,
violáceo de amatista
y rojo flameante
de ardiente bermellón.
La lluvia que chorre1
en líquidos cristales,
enciende más los vívidos
matices de la luz:
el sepia en loe troncones,
el flavo 8n loe jacales
y el glauco en la colgante
melena del eaúz.

GUT1ERREZ CoLL.

ébria de luz y vida
ve el alma aparecer,
el aire alborozado,
y esplendoroso el cielo,
· y el campo re':&gt;osante
de amor y de placer.
Y puede, tras tus gasas
flotantes y ligeras,
mirar, allá á lo lejos,
el labrador feliz,
cubiertas Jaci: campiñ.as
de blondas sementeras¡
repletos loe graneros
de trigo y de maíz.

El iris, ec-bre el cielo
que el sol poniente dora,
estalla en luminosa
polícroma explosión.
De rosa y ama,illo
las cúspides colora,
y canta en el espacio
la universal canción.
Tendido trae la sierra,
cruzado por las gotas
de la sonante lluvia
que cae sin cesar,
es una lira etérea
de cristalinas notas
que se oye con loe vientos
unísona vibrar.
Y llueve.-El sol oculta
su agonizante disco
dejando un horizonte
perlino y flor de lis;
se van desvaneciendo
la cúpula, y el risco,
y el aa1ice, sobre un vago
y enorme fondo gris.
A loe arroyos mansos
el agua pura y fresca
desciende borbollante
del limpio manantial;
ee quiebra con las gotas
que en d.1mza hechiceresca
palpitan, bullen, saltan
sobre el azul cristal.
Y en torno del pantano
que á poco se ennegrece,
bajo la red hojosa
que el eaucedal ttjió,
el fuego fátuo corre,
falgura, palidece;
travieso duendecillo
que el fósforo engendró ..... .
¡Oh, lluvia alegre y buena! .
tras tu fulge.1 te velo,

JOSÉ

¡Oh, lluvia, no decrezcas!
Fecunda las simientes
que bajo el hondo surco
ya germinando están ..... .
Que son tus hechiceros
aljófares lucientes,
para los campos, gloria;
para los pobres pan.

A. SrLVA.

MANUEL JosE ÜTHÓN.

NOCTURNO

Carritos, Mayo de 1879.

Son carne las canteras,
las lajas obsidiana,
es mármol y alabastro
la aguja del crestón
y son gigantes bloques
de tersa porcelana
los riscos de la sierra,
que descuajó el turbión.
La tarde va cayendo,
y aun llueve. Ya reclina
el sol en la montafia
su coruscante sien,
con ópalos y perlas
esmalta la colina,
irisa las alturas
con ópalos tambien.

ceniza, arrodillarse para decir vel'Eos grotescos y predicar sermonee por mano ajena. Una de las Jugadoras, una
muchacha de quince afioa, muy vulgar, vestida de mu•
eelina blanca con ramos de floree azules, dos lazos de
cintas rosadas en loe hombros y una rosa roja en el seno,
no acertó una adivinanza, y en penitencia le pintaron
con la punta de un corcho quemado, una cruz en la frente otra en la mejilla derecha y otra eu el oyuelo de la
bárba. Después, para quitar el carbón, se frotó la cara
con una toalla de lino; le quedaron las tres manchitas
negras, y en cambio la fricción, le enrojeció las mejillas
con el bermellón de la sangre, l\traída á flor de piel. Ahora para colmo de males, le tocó otra penitencia más ~fí¿il que la anterior: sacar con los dientes de ent~~ la harina de trigo puesta en.un plato hondo, una sort1Ja de oro.
Al tratar de hacerlo, una mano atrevida le empujo Jacabeza contra el plato y la l.izo enharinarse toda. Tiene
cubiertos de harina los cabellos, de visos rojos y blanqueada la cara; no puede lavarse porq he está agitada por
el juego, y para refresca~.e un poco antes de salir, se .Pasa el puñuelo por las me11llai;i, y va á sentarse, allá. leJOB,
en un rincón, donde hay poca luz, dán'lose aire con un
abanico de raso amarillo.
Al envolverlos la penumbra, aquellos colores violentos que chillaban á la claridad brutal de la lámpra de petróleo, el blanco y el rojo del pelo enharinado, el b_1!=1-nco
de la harina sobre la cara1 el bermellón de las meJillae,
el ·negro de las tres manchas del carbón, el azul de las ramazones del vestido, el rojo de la rosa, el rosado de las
cintas, el amarillo del abanico, se destiñen, ae suavizan,
se esfuminan, se terciopelan, se funden uno en otro, como sumergidos en un bailo de leche, como velados por
una niebla, y es la jngadora retozona de juegos de prendas vista así de lejos1 en el rincón obscuro1 un pastel
ado~ble de la marquesa del eiglo XVIII, uno de aque•
Uoe pasteles del gran maestro de loe lápices de color1 de
la pintura delicada como el esmalte de las alas de las
mariposas del inimitable Latour; uno de aquellos pasteles que á la caída del crepÚEculo, sonríen suavísimamente e~ la galería de Saint-Quintin.

DESPUES DE CANNAS

Pronta luego y solícita pretendes
Bajar el mamo que tu frente escuda;
Y arrebozada en él E!evera y muda,
Por las gradas del pórtico desciendes.

EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

NOCHE TEMPESTUOSA

.
1

TRANSPOSICIONES
1

I
AL

CARBON

La luz fría que entra por la hoja·entreabierta de la ventana del fondo, al tr~vés de cuyos barroks de hierro se
ven á contra luz las ramazones de unos árboles que se
corta.a sobre el cielo claro y descolorido, rayado por la
llovizna, aclara el cuarto desmantelado, blanqueado con
cal y el piso de ladrillos deetefiidoe por el polvo. Al pie
de '1a ventana, hay una cama vieja con unos colchones
tirados en desorden; á la izquierda un armario abierto y
vacío¡ á la derecha una tina de zinc, y sobre el piso, con
un montón de botellas de champaña, vacías también,
una aglomeración de trastos desvencijados é inútiles; un
sillón de cuero, sin brazos1 una sartén, dos cacerolas y una
regadera de lata. El hollín de la cocina cercana y el polvo del carbón mineral han suavizado la blancura de la&amp;
pared.ea, se han acumulado en las desigualdades del paf'iete y en loa rincones tenebrosos. En el primer plano,
un burro viejo levanta la cabeza pensativa de entre el
canasto de ollejos y desperdicios que tiene al frente; la
luz que llega por detrás le platea el contorno del cuerpo,
las piernas delgadas y el pelo largo de las orejas enormes· el animal se perfila obscuro sobre la claridad debil
de 1~ pared del frente, y parece el cuarto de trastos viejos, alumbrado _así por la luz ain ~olor de la mai'iana llo•
viznoea de NoVIembre, un estudio al carbón, hecho con
imperceptibles transiciones de lo blanco á lo gris, de lo
gris claro á lo gris obscuro, de lo gris obscuro á lo nsgro
suave, de lo negro suave á la sombra intensa; un estudio
al carbón en que la penumbra ' domina el conjunto; en
que la luz brilla en el zinc de la tina, en la lata de la regadera, en el borde de las cacerolas, en el tique blanco
de una botella de champafia, y en que la sombra ae acumula en el e!lpaldar del sillón, en el mango de la sartén,
en un pliegue de loa colchones, en el interior del armario vacío, debajo de las botellas y en tres puntos de la
cabeza del burro, en la nariz entreabie1 ta, en el fondo de
la oreja peluda y en el ojo grande y redondo, sobre el
cual brillan las pestafi.as plateadas y finisimae como ra•
yae blancas que un dibujante, enamorado &lt;l.el detall~,
hubiera trazado con la punta afilada y dura de un láp1z
de tiza sobre la negrura mate y grasa de una sombi a re•
teilid.a con carbón Conté.

II
P.ASTEL

Han estado Jugando un juego de prendas, nuevo en .que
nadie acierta, y en que la due:ña de la casa, para castigar
á las perdidosae, inventa penitencias absurdas. Las ba
hecho comer huevos crudos, marcarse en la frente con

Murió la luna; e! angel de las nieblas
Su cadáver recoje en blanca gai,.a;
Y en un manto de rayos y tinieblas
El Dios del huracán. envuelto pasa.
Llueve y torna á llover; el hondo seno
Rasga la nube en conmoción violenta,
Y en las sendas incógnitas del trueno
Combate la legión de la tormenta,
¡Qaé obscuridad! ¡qué negros horizontes]
Hora fatal de angustias y pteares!
Ay de aquellos que viajan por loa montes!
Ay de aquello~ que van sobre loe maree!
Cuantos niñ.os habrá sin pan ni techo
Que se lamenten de dolor profundo!
Ouánto enfermo infeliz sin luz ni lecho!
Cuánta pobre mujer sola en el mun~o!
Salta prefiado el río sobre el llano
Y amenaza á los pobres labradores,
Y encuentran los insectos un océano '
En el agua que corra entre las flores.
Cansado el marinero se arrodilla
En la cubierta del bajel errante,
Y en vano busea en la lejana orilla
El faro salvador del navegante.
Qué triste noche y en mi hogar en tanto
Todo en el orden y en la paz reposa;
Duerme mi nifla en el silencio santo,
Y se entretiene en su labor mi esposa.
Sentimos ella y yo las agonías
Que sufre el hombr&amp;de diversos modos,
Me acuerdo yo de mis revueltos días,
Y nos ponemos á rogar por todos.
J UA,~

CLEMENTE ZENE.A.

EL CAMALOT!i:
¡Oh, si en tue tallos pensamiento hubiera.
y un corazón sensible como el mío,
¡cuánta tristeza en tí, hierba viajera,
hierba amada del río!
¡Cuánta tristeza en tí, bajo el ardiente
sol de ml tierra que en tus florea bril1a,
mientras vas á merced de la corriente
como Jeda bar::¡uilla!

¿Por qué el aire tus hojas inclinadas
acaricia al pasar en vuelo errante?
¿por qué mueve tus hojas azuladas,
ciega, vas adelante?
¡Si pudieras oír de loe zarzales .
(tan argentinos como son) las queJaa
si pudieran deeirte loe pencales:
u¡Te asustas y nos dejas!n
Acaso por tu amor te detendrías;
y arraigando en tu suelo americano,
con impulso fatal no correrías,
á la muerte, el Oceano.
Yo no te culpo á tí, hierba inocente,
ni eres ingrata huyendo á. los fulgores
de la lámiua•azul de esa corriente
que te vistió de flores.
Otros olvidan por extraño cielo
los viejas astros del bogar, la calma;
otros olvidan su paterno suelo,
¡otros que tienen alma!.. ....
RAFAEL

ría joya de preciado mérito que llenaría 1~n vacío pa~a
aquelloequeae contentan, no taa sólo.con.la luera.tura ~XtJ·
tica qoe echa grandes raísea e.n rimadores Y prosista•
mexicanos, sino que piden á gritos algo uttaw~Dte na•
cional.

OBLIGADO.

¿Vendrá un ¡:oema? Al que intente eecribirlo1 le digo
desde ahora con el poeta:
((.

.................................................... .

Y vosotros aun más, bardos amigos
Trovadores galantes de mi tierra,
Vírgenes de mi patria y de mi raza
Que templaie ellaud de loe poetas:
Seguidme juntos á. eeouch~r las notas
De una elegía qq.e en la patria nuestra
El bosque entona cuando queda só~o
Y todo duerme eu~re las ramas quietas;
Crecen laureles, hijos de la noche
Que esperan liras para asirse á ellas, .
Allá. en la obscuridad en que aun palpita
El grito del desierto y de la selva.&gt;i
MANUEL

PARDO.

Ingeniero,

Ziltipa~, Vera.cruz. Mayo de 1897.

¿QUIEN SERA EL POETA?
Para "El Mundo"

Para pi atar con su aell(? local }as_bellezae de la nat~mleza americana en toda su salvaJe riqueza, se ha necesitado el genio literario de un Zorrilla de San Martín, que
tomando por eubltme asunto el acabamiento de una raza,
ba legado en su inimitable poem~ uTabar_é" junto co~ la
triunfal múeica de ene versos el tipo cláBICO de una ht&amp;ratura nueva.
Loa ondulantes abanicos de las palmeras rasgando con
su gigante silueta un cielo roj~, que todo_ lo abras~ con
sus fulguracionee dantescae, piden un Pierre Lott1 que
dejando un momento 11El Desierto,u mojara la misma
pluma en la misma tinta para que 1 sujetando 111 forma á
la idea, hiciera una verdad de lo que otrvs hacen una
ficción .
Al pisar por la primera vez las costas mexicanall, se siente algo nuevo, algo infiltrado por una naturaleza siempre
con fiebre siempre grande, siempre libre. Se puede so.fiar
mucho, se' puede con_ el d~rad? acica~ del clima cost.eñ.o,
hacer encabritar uoa 1magmac1ó11, haciéndola saltar como
jaca de circo por sobre todo lo imposible; ni aun así se llega á la verdad. L'l flora americana tiene secretos inmensos y sublimes. Atravesar los seculares bosques de h\
costa ea algo como hojear un gran libro que tuviera en
páginas de oro, rimas de todos los poetas y cuadros de
todos los artistas. Las nocht-e tropicales tienen algo solemne en esos ruidos cuya cauea no ee adivina; concierto inmenso que surge de la somera, rompiendo s~a tenebrosidades, para llegar hasta el oído como triunfal
sonata. Miles de coleópteros luminosos que se prenden
en todas las rugosidades y que se dejan llevar por el
viento ayudados de Rus minúsculai:I alas, son emigrado•
ras toe'foreacenciae que en fantásrico vuelo siembran el
suelo de luces y el aire de estrellas. Hay algo pavoroso
pero inmensamente bello en esas soledades que el hombre no ha profanado; yo be eemido placer cuando he
oído el golpe del hacha que derriba un arbol para aliqieIJ.•
tar el fuego de una caldera; pero be sentido también eecreto dolor al ver aparecer en la selva virgen al hombre.
civilizado. Se me figura ver al sátiro levantar las blancas
cortinas de una alcoba de n:ña.
Cuando expedicioné en las montafiae de Oaxaca, en~
tonces vírgenes y ahora convertidas en gran parte en ri•
cae fincas cafeteras, me seducía ese silencio de claustro
de las grandes selvas, tan sólo interrumpido por hojas
que se beean ó ptjaroe que vuelan¡parecíael silencio que
precede á las grandes tempestades. Allí la voz del hombre era una nota extrafta, no se le hubiera encontrado
un acorde. ¿Por qué-decía-tocar esta naturaleza que
parece sagrada? ¿Por qué el hombre ha de destruir para
producir? Y sin embargo así es.

~
EL REINO DE LO AZUL

¡Oh reino de lo azul! ¡Oh re~no de Ja luz, de)ajuventud, y de la felicidad, que he visto en eueñ?s! ...,._
Ibamoe varioe en. una hermosa l.ancha, ricamente empavef!ada. Una ~ran vela redondeábaee en forma de pecho de cisne, baJo loe ondulantes gallardete~. No sabía
quiénes eran mis compaileros; más todo _mi sér sentía
que eran tan jóvenes, tan alegres, tan fehces como yo.
Sin embargo mi atención no se paraba en ellos. Sola•
mente veía tin torno mío fll mar infinito, el mar azul salpicado de eecamitas dor11dae¡ y sobre mi cabeza, un cielo azul también, tan a:1,u\ como el otro, y ~ncima de ~~e
cielo rodaba alegremente, en triunfo, rad1oea 1 la car101a
del sol.
Y también entre nosotros alzábase de vez en cuando
una risa sonora y alegre, como la risa de los inmorta!es.
O bien 1 derrepente, surgían palabras de algunos lab10s,
versos henchidos de una. fuerza inspirada.
El cielo mismo y el mar vibrante y h~rmonios~, co~teetábanoe, y otra vez imperaba el silencio, ese silencio
de la ventura.
Calando ligera en plácidas ondas, nuestra rápida barca
boizaba.
No era el viento quien la arrastraba: dirigida por nuestros propios corazones regocijados, lánzábase á donde
queríamos, docil, cual un aer viviente.
Encontrábamos mágicas islas, semi transparentes, con
reflejos de piedras preciosas, de esmeralda y 6¡:,alo. Desde sus bordee redondeados, llegaban basta nosotros embriagadores perfumes. U nas llovían sobre nosotros lirios
del valle y rosas blancas; de las otras se alzaban de pronto aves irisadas. Giraban las aves sobre nosotros¡ convalaritae y rosas caían al mar, y fundíanae en la nacarina
espuma que resbalaba á lo largo de las lisas bordas de
nuestra barca.
Con las flores y los pájaros, volaban basto. nosotros sonidos de una dulzura inefable ...... ¿Eran vocea femeninas? ... .. . Y en torno nuestro, el cielo, el mar, la ondula•
ción de la vela, el murmullo del surco que hacía nuestra
proa ...... todo hablaba de amor, de uu amor afortunado.
Y allí estaba, -invisible y presente, aquella á quien cada cual de nosotros amábamos ...... Un instante no más
y su sonrisa se despliega, sus ojos iluminan, su mano se
apodera de la mía ...... y en pos de sí me coµ.duce al paraíMo inmortal.
¡Oh reino de lo azul, te he visto sólo en suefiosl
TOURGUENEFF.

He aentido dentro de mí la vida, he creido que la sangre al golpear en mie arterias iba á romperlas, cuando .
dominado por la salvaje poesía de las selvas americanas,
he pensado en el bardo que llevara á su lira todas las
inspiraciones de la musa ooetefla. 8d adivina1 se siente
la apateoaie del poeta.
¿No pensáis, que así como las selvas uruguayas tuvieron un plectro que hizo con cada magnificencia una nota y con cada impresión un verso, las mexicanas deben
tener también un cantor que las describa?
Novel pléyade de poetas valientes ha surgido de improviso en la literatura nacional, ha prendido sus estrofas en las coluwnas de loe periódicos y sin tocar, muchas
veces, los peldafioe de las tribunas, las ba abordado precipitand(I desde ellas la lluvia de oro de sus rimas. ¿Por
qué no pedirles que, dejando por un momento la pálida
lamentación hecha con lágrimas y nacida en la cuna
opalina del ajenjo, busquen en otra escuela menos siniestra antídoto á sus neurosis y asuntos para sus versos?
La vida de ciudad cobijando en sus sombras todos loe
crímenes yenredando en su tela todas las imaginaciones,
mata en la pubertad las actividades y pone junto á lo
trágico lo innoble y junto á lo sarcástico lo estúpido•
Cuánto se desea y con cuánto entusiasmo se vería aparecer una obra que, tomando un asunto cualquiera como
tema. pintara con el órillante colorido que merecen las
belle;as pJco cono~idas de la naturaleza mexicana. Se-

SERENATAS

I
En la sombra, poblada de astros sangrientos,
Ya Selene !a pálida resplandece;
Como pájaros locos vuelan loa vientos
Y una turba de airados remordimientos
Crucifica á mi espíritu y lo escarnece¡
Clavado, en el patíbulo, desfallece
Y agoniza con bruscos sacudimientos;
En la sombra, poblada de astros sangrientos,
Lo apostrofa y maldice mientras perece
U na turba de airados remordimientos.
¡Oh, Tiniebla, efl. tus reinos el mal florece!
Tu ofreciste á mis ojos calentunentos
Esaa florea infames y hoy te obedece
Una turba de airados remordimientos
Que iza en muz á mi espíritu y lo escarnece
En la sombra, poblada de astros sangrientof&gt;....
A~Y'l"ENOR LESCANO.

1897.

�DOMINGO 6 DE JUNIO DE •&amp;o,

EL MUNDO

86

f

DESDE LA CUMBRE

'

DOMUIIGO 6 DE JUNIO DE 1&amp;97

I
Estoy en pi~ ~n. la cum?re: absorta queda
fija en el prec1p1c10, la_ mirada .. :···
¡Qué aiioe negros contiene esta Jornada
Más allá de los treinta de Esprnocedal
Cuando este dia ant.e la noche ceda
¿quién disipa las sombra!!" de la nada?
¡ La fé quizás, que anuncia otra alborada,
como el pájaro oculto en la arboleda!
Mas ¿quién baja sin miedo al hondo arcano?
¿Quién no teme el abismo en la caída,
buscando al sol tras de la no::he bruna?
¡Ah si posible fuera al sér humano

ENGANO SUBLIME
Por maria !!escot.
NUMERO IZ,

Vol ve~ desde la cumbre de la vida
á morir niflo en su primera cuna!

JI
¡Si hubiera sido así! ¡Cuán bf'llo fuera
volver al seno de la madre amada!
¡El véspero fundirse en lfl alborada,
la alborada en el sol, su luz primera!
Tornar el tiempo en su veloz carrera,
tornar la vida donde fué empezada,
y al Paraiso, en que Fe halló creada,
retroceder la humanidad entera.
Del Edén al Nirvana misterioso,
donde las leyes del eilencio rigen,
llegar con el primero el primer día, ..... .
y caer lo absoluto en el reposo,
Rva en Adán, Adán en su almo orígen,
Dios en su propia eternidad sombría ...

III
Estoy en pie en la cumbre: atrás, el llano;
deba10 la honda vertical pendiente;
arriba esta la bóveda esplendente
donde se interna el ideal humano.
Firme la planta, gélida la mano,
hay que bajar por la áspera vertiente,
al suelo vuelta la humillada frénte
y puest~ en Dios el corazón cristiano.
Cuando el cuerpo en la tierra se derrumba,
sube el alma en la atmósfera serena ......
Poede venir la muerte no temida.
Yo sé que está la fe tras de la tumba.
y en plena luz, tras de la sombre plena,
la eterna fuente de la etP.rna vida.
J osE DE DIEGO.

BESO A PUCK

•

Anoche, cuando la luna irisaba la gota de rocío, te vf,
mirando de soalayo, sonriéndote con picardía, y bacien•
do crugir los dedos como si fuerancastai'i.uelas andaluzas.
Ibas vestido de rojo.
En el pecho llevabas la cruz que te bordó Shakespeare.
Tú no me viste. Las campánulas amarillas sombreaban
mi cuerpo. ¿Dónde ibae?
De espaldas aparecías del alto de una espiga, y t~ ~o·
roba deforme parecia el dorso de una moneda asina.
Eres descuidado hasta el exceso, Puck, pues no llevabas
abierta la hebilla de una de tus espuelas de plata.
Con sólo tu presencia, los nenúfares hundieron sus ho•
jas dentro del agua, y loe rergis-meinnicht cerraron eus cálices haciendo buena provisión de rocío para toda la
noche. ¡Lo que es el miedo!
Te ví leer sentado sobre un mustio crisantemo. aquel
trozo tan lindo de prosa que te dedicó Hopsek, hijo de la
vieja Irlanda, y que se embriagó la noche del eanto de
Lía, tu pasión si1veatrel ¡Calavera! ¿A.dónde i~as anoc~e?
Cerraste el librito que está empastado con hoJas de vio•
letaa-asesinadas por tí-y deslizándote con las puntas
de las calzas amarillas, arrojaete una bocanada de humo
por la nariz de macho cabrio, volaste, volaste, volaste....

•••

Ya lo supe, diablo rojo; aquí sobre mi ~esilla, j_unt~ á
la pipa cargada de tabaco, está una esquehta de Titama,
la rubia más be,lla del bosque de Herold, la reina augus•
ta que viste de verde Nilo.
Estoy orgulloso ...... ¡me carteo con reinas!
Sí mal servjdor, Titania se queja tristemente de tí,
libéiula malvada; anoche brincai:;te el muro, y riéndote
cabalgabas en un tallo de azucenas.
Como loe celos son tan tontos, la sorprendiste con la
cabeza apoyada sobre el hombro ~e ~u a~ante y los oj(!S
te giraron en las cuencas, y tu labio mfenor estuvo bailando hasta que una nube cubrió la luna.
Y entonces tuviste Ja edtúpida venganza de matar sus
luciérnagas, sus tristes arafias, y el mosca, dón violáceo
que Antud, tu rival en el arte de hacer maldades, le regaló el año nuevo.
Y como un coro de carcajadas te aoompafió en tu terrible chasco; juramentando y diciendo insolencias, regresaste á tu habitación tapizada de rojo-tu color favorito
-y hundiste la cabt&gt;za en el almohadón de pétalos, que
antes olias con tu sensual nariz.
Hijo de cervecero, borracho de instinto, ya se dónde
fuiste anoche, cuando la brisa mecía las hojas de las campánulas y hacía s.onrojar las fresas.
Y con esta bocanada de humo te excomulgo ..... .
FRANCISCO GARCÍA 0rsNEROS,

f

EL MUNDO

•

.9uvenilia .

Los nifios no son hombres, sino nii'ios; pero las nif'ias
no son nifias, sino mujeres pequei'ias.
Alfonso Karr.

•••

Sacede con la telicidAd lo que con el horizonte; siempre se haya á nuestra vista y nunéa á nuestro alcance.
Julio Favre.

El amor habla más cuando puede hacer meno3¡ lamayor prueba de la pureza con que quería el Petrarca es la
multitud de sus sonetos; en cambio, el impuro Don Juan
reduce la literatura de sus amores ...... á una lista de sus
víctimas.
Clarin.

,kh.

Leódice explicó su retardo,
-Creí que no me dejaría él venir, queme seguiría, que
me forzaría á irá buscará Valeria.
-Pero, dijo ellii, puesto que me amais y yo os amo,
para qué esos misterios? Por qué no habéis dicho á vues•
tro tío que no os casais con su hija, y por qué pedir su
mano?
Después, sencillamente afiadió ella:
-Mi padre ea muy violento, de un honor rígido, un
oficial¡ os mataría si nos sorprendiese juntos.
Había dicho ella muy bien esta pequefia frase, con el
tono que se toma para adve,rtir á un imprudente de que
no debe avanzar hacia el borde del precipicio. Leódice
sintió correr sobre su frente un ligero extremecimiento.
«Vamos, pensó, no hay que llevar muy lejos esta intriga, y es lástima, pero el oso Martín de una parte y ese
javalí de capitán Meriadec de la otra ..... .
Como se mantenía de pie ante Beltrana, presto á abandonarla, he aqui que con gran asombro suyo las palabras
de despedida no pudieron salir de sus labios; se aproxi •
mó á ella cubriéndola COH palabras de deseo, embriagándola con lisonjas, enumerando en una letania ardiente
todas las bellezas de la joven. Ella, encantada, le escuchaba. Entonces, viéndola conquistada, él sacó su reloj .
-Diablo! me olvido, dijo, de que en la mañana las citas son.imposibles. Esta noche, á la media noche, no es
verdad? ......... No tenemos otro medio de vernos solos.
I
Ella se decía que las reinas de la mano derecha y las
reinas de la mano izquierda no debieron mostrarse demasiado austeras y que loe enamorados eran raros en Keroech .. .... Consintió pues en la cita.
Se vieron casi cada noche. El, sin embargo, permanecía fiel á su aparente respeto.
Pero vividor egoiata como era, le hubiera parecido des•
preciable aceptar, sin segunda intención ese idilio. Mi,
naba el alma de aquella virgen cuya pureza parecía respetar: ya hacía brillar á sus ojos las imágenes excitantes
de la vida parisiense, contándole algunas aventuras de
baile de mascara¡ ya con su voz insinuante de boulevardier; ponía en irrición la iirtud y sus santas creencias:
«viejas guitarras!» La iniciaba asimismo en investigaciones de elegancia, haciéndola,ruborizarsedeltrabajo yde
la pobreza. Una mañana el viejo Meriadec sintió gran
estupor viendo á su hija desempefiar las labores de la
casa con las manos enguantadas.
Leódice sembraba ámanos llenas en una tierra fecunda
y el grano germinaba. Cuando juzgó la espiga madura,
ee decidió á cosechar. Por lo demás, el tiempo urgfa. Para precipitar el desenlace anunció su partida.
- Voy á ver á mi padre. Solamente que, Beltrana, aña dió, es preciso que yo esté bien seguro de no haber sido
el juguete de una muchacha ambiciosa y coqueta; necesito de tu amor una prueba irrefutable; me comprendes?
Las muchachas educadas en el campo y que han leído

nonlaa, no son completamente ignorantes. La parte de·
cieiva ee adivinaba, pero el problema era tan importante,
que Beltrana tuvo miedo.
-Si fuéseis li casaro:1 con vuestra prima? murmuró.
El trató desde luego de tranquilizarla con una de aue
habituales bromas.
-Seré yo por ventura un agricultor tan malo que vaya
á poner en mi jardín una gruesa peonía roja, en lugar de
la linda rosa blanca que tengo aqui?
El qaiso atraerla¡ ella retrocedió:
-Si me engañáseis? ......... Si me abandot1árais?
Esta vez dejó él su actitud, tomando el aspecto de un
cab\\llero á quien se le atribaye una infamia:
-Si no tenéis por mi estimación alguna, sefiorita Meriadec, mi;J valiera no volvernOi á ver.
Temiendo haberle herido ella, balbuceó excusas:
-Yo quería decir que, acaso vuestro padre rehusara
obstinadamente su consentimiento, y que vos no osa•
ríais ........ .
-Pardiez! rehusará, estoy casi seguro; pero hay una
·ley que permite á los hijos burlar la prohibición de los
padrea. Yo pleitiarfa. Sólo que has de comprender querida mía, que este tedioso asunto bien vale la pena de la
concesión que yo solicito. Yo te juro que nada me separará de tí, te juro que serás mi mujer si me das una prueba de tu amor.
Beltrana se retiró satisfecha de aquella cita.

El primer domingo de Septiembre, en la misa parroquial, los habitantes de Keroeck oyeron estas palabras
lanzadas 1e lo alto del púlpito:
«Hay promesa de matrimonio entre Leódice Martín,
hijo mayor de Pedro Alejandro Martín, banquero de París, y de la sefiora Aurelia Meyer, su esposa, de una parte; y Lorenza Luisa Valeria Martín, menor de edad ...... .

XXXIII
Muchos afios habían pasado desde aquella hora de
inolvidable desesperación y de trísteza. Jamás Beltra~
na había perdido el recuerdo de ella. Y ahora de codos
sobre el parapeto, contemplaba el gran lago cuyas ondas
se hacían gruesas bajo ese cielo de ok&gt;ño. Una bruma
espesa ocultaba la ribera, dando la ilusión de horizontes
infinitos. Se hubiera dicho el océano bretón.
La mujer que miraba pensativa las brumas del Leman,
tenla un corazón ambicioso, pero no un corazón muerto.
Ese gran drama de amor no fué la eola descepción de
su vida; otra vino menos dolorosa, pero menos cruei._Re·
leía otra pági.oa de su penoso pasado, se volvía á ver en
la pequefla iglesia bretona, representando su triste papel
de sei'iorita de honor, siguiendo á la radiosa Valeria como esos pobres vencidos encadenados al carro del vencedor. Oía el juramento solemne proferido por el traidor,
volvía á ver el cambio de anillo:1 1 símbolo del indisoluble
lazo¡ después, d11rante las interminables salutaciones en
la sacristía, se retiraba aparte y su corazón se rompía de
celos y de cólera.
Detrás de ella, Martín de la Rochela y Martfn de Lyon
conversaban.
-Y bien, decía uno, Martín de Brestes aun más rico
de lo que yo hubiera supuesto. No se ha quedado encueros al casar á su hija; Martia de París llevaría el gran
chasco si á éste le diese la fantasía de volver:Se li caéar.
-Volverse á casar, respondió Martín de la Rochela,
el no piensa en casarse; míralo.
A lo cual el otro, aparentemente un psicólogo, r~plicó:
-Hum! muchas veces son los mi:1 tranquilo:1 q·lienes
se vuelven mlia fvgosos. Si una mujer supiese enamorarlo ........ .
En aquel momento Beltrana, toda entregada á su ira,
se preguntaba, si ella había amado, en efecto, á ese egoie•
ta, que, sin piedad :le su sufrimiento, acababa de comprometerse con otra. Ella le odiaba. Ella odiaba á Va•
leria con una rabia impotente y estéril. Y de pronto las
palabras de Martín de la Rochela hacían lucirá sus ojos
la esperanza de una venganza. Pero esta venganza era

de aquellas ante las cuales retrocede un corazón de veinte
aflos.
Ay, tan poco seductor que era el pobre viejo Martín!
Más de un año tardó en resolverse; poco á poco llegó á
examinar la situación bajo otro aspecto. No se trataba
ya solamente de venganza, sino de fortuna. Casarse con
M. Martin era li la vez vengarse y ser rica, dejar Kercech,
habitar en B"t:st, asistir á loa bailes y á las fiestas, cambiar sus pobres ropas de lana por toilettesmáa suntuosas.
La cosa valfa la pena de ser intentada, ella la intentó y
tuvo éxito.
Desde hacía tres años saboreaba su lujo y su riqueza y
encontraba mayores goces que los que había supuesto,
tolerando ta· presencia de ese marido senil que la idolatra"ba y satisfacía todos sus caprichos. No se preocupaba
del porvenir. No le había él mostrado un pliego sellado
en el cajón secreto de su bureau? No le había dicho:
-Esto, mi querida nifla, es mi testamento. Oa doy to•
da la parte de fortuna de que la ley me permite disponer,
es decir, cuatro millones, rorque espero que seréis aiem•
pre para conmigo, buena, amante y fiel.
¡Fiel! Sí, el!~ lo había sido, rígidamente, absolutamente, no sólo por interés y por deber, sino por un amargo
desdéb del amor. No podía olvidar la traición de aquel en
quien había creído tan locamente. Englobaba en un ren•
cor implacable á todos sue adoradores, que le parecían
bandidos disfrazados de mendigos. Se preocupaba de su
lujo como de su reputación. No por lirismos sentimentales iba á comprometer su porvenir, áenajenar las buenas díeposiciones de su marido.
Y sin embargo, cuando después de la mu_erte de Martin de Brest abrió ella el bureau, é hizo jugar el resorte co•
mo él la había enseñado á hacerlo, el doble fondo se en•
contró vacío: el testamento no· estaba ahí. ¡Robado!
Imposible. Desde que la apoplegía atacó á su marido,
puso en lugar seguro la llave del secretaire. Nadie conoola el escondite. Era preciso que el marido, por sí mismo,
hubiese quemado ó destruido su testamento. También él
la había engañado! Todos eran puee, traidores, ladrones
todos, todos mentirosos!
Beltrana-esto se comprende-no se creyó obligada li
llorar al hombre que la dejaba pobre. Arrojó de sí las
tocas de duelo y paseó, desde las riberas mediterráneas
hasta las playas norma-odas; desde los Alpes ,t los Pirineos; de las Cevennes hasta el Bosque Negro, en fin, en
todas partes donde uno se di vierte, los esplendores de su
cabellera roja y los magnéticos efluvios de su ojo:s leona•
dos, siempre en busca de una presa, pero queriéndola
rica y tendiendo muy alto sus hilos.
U o noble lord se dejó cojer, pero retrocedió ante la
austera palabra de matrimonio. En Biarritz un señor español se enamoró de ella y quiso casarse; pero hecha la
verificación, resultó que no era poseedor más que de diez
ó doce nombres sonoros y del derecho de permanecer
cubierto ante el rey. Ella juzgó que esto no era suficiente en un tiempo en que la carestía de víveres preocupaba con justo-título los cerebros de todas los economista!:'.
En Montecarlo fué un príncipe rueo quien le pagó el tri•
buto de su admiración. Desgraéiadamente se había casado en alguna parte, en Rusia, muy lejos, pero eato bastaba para aniquilar todas sus ambiciosas esperanzas.
Ella siguió aun otras falsas pistas, una de las cuales la
llevó á Lausanne, descorazonada y decepcionada. Alquiló un chalet y se instaló ahI para tomar aliento y reposar un poco, lejos de las 'Illesas de los hoteles, de las pensiones de familia y de las ciudades balnearias. Se volvía
fatalista, determinándose á esperar y á ver venir.
El horizonte más próximo era, sin contradicción, una
1.-illa muy elegante, habitada desde hacía muy poco tiempo. Ella vió salir tres personas de la villa: un hombre
una mujer y una niña.
Ya se sabe como, informada por Carlota,. tendió sus
hilos: el aya al principio, el pintor después, dejáronee cojer; la níi'ia, sombría y desconfiada, rozó la trampa
y escapó.
7

Ante esta hostilidad no P.quívoca, la indiferencia de
Beltrana se transformó en aversión. Sintió por la peque.

�EL MUNDO

una carta? ¿Por qué es~ llamamiento tan poco explícito?
Sondeó los repliegues de su concieneia y encontró mu•·
chas vilezas. No le había dicho Beltrana al despedirse:
1cSi me abandonais, si no os vuelvo á ver, moriré?»
No podía disimularse á sí mismo que no la hubiese
abandonado un poco; no solamente no había vuelto á
Lausanne, pasados los ocho días, sino que sus cartas se
hacían más y más raras. Ella no había proferido ni una
queja, ni un reproche, no apartándose de su soberana in·
d.u1gencia, pero iba á abandonar est.e mundo destrozada
por ese brutal olvido.
Para atenuar sus remordimientos él se impuso una ex•
plicación: Partir inmediatamente, sin una hora de retardo. Consultó el indicador, miró su reloj. Tenía apenas
tiempo. Llamó, pidió su petaca y con una prisa "torpe, la
llenó de los objetos más disparatados y más mal apropiados; á veces arrojaba una mirada de tristeza al retrato
de santa Inés, del cual se separaba con pena, dejándolo
sin concluir.
Terminaba estos preparativos cuando Lila apareció en
el dintel de la puerta, mostrando un poco de nieve en
eua manecitas enrojecidas por el fria.
-Padre-exclamó-nieve, nieve ya, qué hermoso.
Percibió la petaca, palideció y con voz ronca:
-¿Es qué partes? ¿A dónde vas?
-P,uto por algunos días, querida mía, volveré pronto. Tú te quedarás con la señorita Carlota.
Ella pareció no entenderlo y repitió:
-¿A dónde vaE&gt;?
Ante esta insistente fnterrogació.u, el padre se turbó,
balbuceando:
-Mi querida nifia, se razonable; un negocio impor·
tante, que no puedo descuidar ......... Ptiro sin escucb.arlo-sin creerlo, más pálida que la nieve que se fundía entre
sus dedos helados, repetía con una voz sorda, baja, ardiente.
-¿Dónde vas, dónde vas, dónde vas?
En ese momento el aya se unió á su educanda; fué á
ella á quien Fernando se dirigió:
-Un nego~io urgente me obliga á partir, aefiorita CarXXXIII.
lota. Mi ausencia será corta, os confío á Lila.
Después, para abreviar toda explicación, tomó su pe,
Aun cuando eran apenas los ú!timos días de Octubre,
el rudo invierno de las montañas del Douba helaba á taca y se aproximó á la puerta. La niña laazó ur. grito,
Pontarlier; una nieve precoz cubría el suelo y el cierzo juntó las manos y se dejó caer á sus piés.
-Padre, ¡ob¡ padre, yo t8"Conjuro, no me abandones!
soplaba agudo. Jacobo, á pesar de sus resoluciones de
cordura, se había dejado sorprender por ese primer frío; Ella oo te dejará volver.
de euerte que bacía sus maletas á toda prisa, echando
No éra ya una niñita la que hablaba, era una mujer
pestes más que nunca contra esa satánica bicoca, contra que defendía su hogar; ee pegaba al traje de su padre¡
la gota, contra la tía Fourneron que por sus instancias pero comprendiendo de pronto la inutilidad de sus súplicas, furiosat loca, se levantó, y con loa brazos extendihabía retardado su pan.ida.
Fernando Duvernoy, después de haber ido á la estación 8.os á través de la puerta, le impidió el paso.
á estrechar la mano de su primo y desearle buen viaje,
-No saldrás, exclamó, yo no quiero, yo ... ...
volvió á su casa tiritando. Su hogar cale.atado por un caA una eeñal de su am?, la robusta alemana se llevó á
lorífero y la dulce temperatura del taller, le llenaron de Lila en sus brazos.
Fernando, ya libre, salió rápidamente. No oyó un grieatiafacción.
«¡Ah! que bien se siente uno aquí y qué dicha no tener to de angustia; no vió el extremecim.iento doloroso que
que partir. Lamento verdaderamente á ese pobre de Ja- agitaba un cuerpecillo fragi1 1 en tanto que una cabeza de
cobo. Al diablo vayan loa viajes. Veámos ahora cómo nifia caía hacia atrás sobre loa brazos que la sostenían.
hemos de llenar el dia: á las dos, última.a sesiones para el
Cuando la ni ñita abrió los ojos, después de un desvaretrato de santa Inés; á las cuatro, cita en la casa de mi necimiento de alguno's segundos,· estaba en su lecho ysu
notario; no es muy divertida, pero ea útil; y después, esta aya la miraba con ansiedad.
-¿Se fué? deveras ee fué? preguntó.
noche, comida en caea del presidente; en seguida nuestro .
-Se fué, querida mía, pero volverá pronto, no te
pequeilo whiat,lt
Se aproximó á la ventana, contempló las r.J,mas de loa apenes.
Bruecamente Lila se enderezó en su lecho mirando á
árboles cubiertas de escarcha, y murmuró:
la pobre aya en los ojos.
u Ya no hay hojas. ¿Qué será de ella? Carlota está sin
-¿Sabe usted adónde se ha ido? int.errogó.
noticias¡ m6 decía ayer que no había recibido respuesta
-Mi querida nifia, tu ho.oorable papli tiene ciertamená 8118 dos últimaá cartas. ¿Estará más enferma? Iré á verte la mayor confianza en la humilde aya, pero ......
la cíertameute cuando haya concluido con ...... ,,
Ella la interrumpió con una risa estridente:
Repitió por tres veces la palabra .-conn buscando bue-Se ha ido á buscarla; la traerá y entonces os arroja•
nas razones que darse á sí mismo; después, desesperando
rá á vos y á mí también.
de no encontrarlas, encendió un cigarro y se instaló ante
-Pobre Lila, deliras; cuando tu papá se case ( una amsu caballete. Guiflaba loa ojos, se apartaba, se aproximaba, movía la cabeza; decididamente no estaba descon- plia sonrisa de triunfo entreabrió los labios espesos de la
institutriz) nadie nos arrojará ni á tí ni á mí.
tento!
Sin responder, la niña movió los hombros; después, deLlamaron á la puerta. Mariana entró con un telegrama
jando caer sobre la almohada su cabeza triste, .ee echó á
en la mano. El telegrama estaba concebido así:
1l.Apelo á vuestro juramento, venid, t.engo necesidad de llorar amargament:.e.
vos.
XXXV

ña ese sentimieoto de temor y de cólera que inspira el
enemjgo en emboscada, resuelto á barrer el camiuo.
La seflora Beltrana Martin no era de esas mujeres que
se pierden en la indecisión; sin embargo, después de la
partida del pintor se quedó perpleja, semejante á un peec.t.dor que después de haber sentido al pez palpitar en el
ansuelo, reconoce que el astuto no se ha dejado cojer y
se pregunta si vale más quedarse en el mismo sitio 6
bnscar fortuna más lejos.
Mirando las persianas cerradas de la 1.illa, sentía en su
córazón una impresión extrafla: no el amor, no tampoco
la amistad, sino la amargura. C,:,mprendía que había
contado con este matrimonio; comprendía que no renunciaría en tanto que le quedara una sola eeperanza. Se re•
solvió, pues, á esperar, no sin impaciencia.
«Pierdo mi tiempo,)) murmuraba.
Para ella el tiempo era la juventud que huía; pero
¿á dónde ir en esta estación de otoño? Dem~iado pronto para las e6tacionee invernales, demasiado tarde para
el borde de la mar y para la mayor parte de villas de
aguas.
Era entonces, cierto es 1 el tie:npo de las cacerías y de
las permanencias en loa castillc,s; mas ninguna ama de
casa la había convidado: no se abre la morada de la familia á una desconocida encontrada en una mesa de
hotel.
ComeLzaba áreconocer qne si la intriga es Iacil, el matrimonio es difícil. Peeaba sobre ella el caneancio; ciertamente era ambiciosa, pero de año en afio el fin de tal
ambición disminuia. !base ya convenciendo de que los
hijos de los reyes no andan ya en busca de pobres cenicientas; que los parisienses jóvenes, hermosos, ricos, cor•
tejan pero no se casan; q ne los Martín de Brest, se casan
pero no testan¡ que los lores de Inglaterra piden á sus
esposas. respetabilidad y que los señores espafloles tienen
frecuentemente la bolsa vacía.
Así es que de decepción en decepción llegó á desear
ese matrimonio honorable 1 pero poco brillante; esa amplia comodidad burguesa, esas sesenta mil Jibras de renta del pintor 'Fernando D11vernoy.

BeUrana.»

Leyó y releyó estas dos líneas, cuyo laconismo forzado
no dejó de inquietarle. ¿Por qué un telegrama en vez de

En el chalet de Laueanne, Beltrana, con las cejas fruncidas y la mirada dura, trataba de atravesar las tinieblas
que el crepúsculo de otofio espesaba en rededor.

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

((¿Vendrá? Quien sabe. Heerradodejá.ndolo apartarse
Si C.ulota fuese más babi! le retendría facilmente ......
La verdadera rival temible es la niña; ella sólo ha penetrado mi designio ..... .
No concluyó.~ Su mirada se ensombreció y se :(ijó du.
rante algunos minutos sobre las ondas agitadas del gran
lago que, bajo aquel cielo de Octubre, tenían un siniestro
aspecto. P.::ro era una mujer enérgica y valerosa; se re prochó esta debilidad, se apartó de la ventana y se apro•
ximó á la chimenea.
Un fuego brillante flameaba en la chimenea, las bujías de•
los candelabros llameaban alegrem~nte; á pesar de la
estación avanzada, flores de perfumes vivos se abrían
en las jardineras¡ el budoir tomaba un aire. de :fiesta y la
chaise longue de los malos días desaparecía para dar sitio
á un estrecho tJte á ttl-t.
Una sonrisa pasó sobre sus labios¡ después, atentamente, minuciosamente, como si se hubiese tratado de una
desconocida, examinó su propia imagen que se reflejaba
en el espejo. U na deEconodda, en efecto. Lo mismo que
la cbaise longue, los crepés lúgubres habían desaparecido. Una bata de un azul palido sábiamentecortada, don •
de la indolencia de loa peinadores de la maflana se aliaba á la elegante indiscreción ele las toilette!, de en la
noche dejaba eotrever, faodidos en el tul y ~l encaje, los
brazos de una forma exquisita y una garganta de una
blancura nacarada. La viuda doliente, la triste enferma,
desaparecía; una mujer de hermoso aspecto, alerta, deli•
ciosamente linda, surgía ie pronto. La señora Martín le•
nía razón en sonreír. Ella libraba su última batalla con
la habilidad de un general experimentado. El duelo, la
melancolía, semejaotes á tropas agotadas. cedían el te •
rreno á. nuevos y potentes refuerzos.
s~ dirigió hacia un pequeño bure_au y tomó una
carta, la releyó, la examinó minuciosamente, como llubiera podido hacerlo un inexperto en escritura; después,
con un gesto satisfecb.0 1 volvió á colocar el papel en el
cajón. Todo se encomraba. listo¡ podía él llegar.
La hora transcurría. Muchas veces levantó los ojos ha.
cia El péndulo con mirada impaciente, muchas veces fué
hacia la ventana en una ansiedad que no dominaba. 1-'or
fin el rodar de un coche se hizo oir, el trote lejano de un
caballo. El ruido se aproximó; después, ante la puerta,
detú vose bruscamente.
Una triunfal sonrisa alumbró el rostro de Beltrana.
Bien pronto Fernando apareció en el dintel del salón,
con el deslumbramiento un poco torpe del homore que
sale de las tinieblas y á quien las luces deslumbraban .
Entonces, con las dos manos tend.idae, ella fué á éJ. El
golpe fué teatral, y la maga que lo había preparado podía
gozar del éxito de su mIBe en scene. Embelesado, Fernando la m:raba con sus ojos ardientes.
Durante el trayecto de Pontarlier á Lausanne, él se había preparado á escenas más dramáticas, á recibir los
adioses de aquella incomparable amiga. Se había golpeado el pecho murmurando un rnea culpa mezclado de con·
trición y de fatuidad.
Contrición, fatuidad, todo desaparecía para dar sitio á
un deseo loco de tomar á la bien amada entre sus brazos
y estrecharla contra su corazón.
Ella le atrajo hasta la medianía del salón, bajo la luz
de las bujías, áfin de que él puW.ese mejor mirarla; le mi raba con una dulzura pérfida, con la cabeza echada un
poco hacia atrás, como si tendiese los labios á sus besos.
-¿No me reconocéis ya? p1eguntó ella con una voz súbitamente entristecida, me censarais entonces, mi ú nico
amigo, que no sea una lamentable moribunda? Yo goza•
ba tanto de antemano cou vuestra sorpresa y con vuest ra
alegría¡ tantas veces habiais deseado mi curación!
Ella se había aproximadü muy cerca deél, tan cerca,
que respiraba el perfume que exhalaba de su cabellera.
- y ahora que me véis curada, lanzó estas palabraa co·
mo un himno de alegría, parecéis apenado y descontento.
El había llegado á dominar su emoción.
-¿Por qué ese llamamiento tan lacónico? Dijo severamente.
-¡Ah! exclamó ella, ya hablaremos más tarde¡ reposad por ahora, calentaos, después platicaiemoa como en
otro tiempo.
Y le llevó hacia el Wt -: á lb.e sentándose cerca de él.
-Pobre amigo, que rapido viaje acabaia de hacer por
mí, con este tiempo de nevada!
Y como ei ella hubiese comprendido que ese dpido

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

viaje merecía una recompensa, le puso en las manos sus
dos manecitas, y repitió:
-¿Me censarais?
¿De qué hubiera él osado censurarla? Acababa de ha·
-cer, es cierto, con la nieve y el frío un desagradable viaje. Y estaba aterido y un mucho medroso por su preEen-

EL MUNDO

homeópata encontrado por casualidad le había dado a] .
gunos glóbuloe. El resultado fué sorprendente. Entonces
le vino el peneamiento de dar una sorpresa al fÓlo eér
que se interesaba por ella en el mundo, al sólo amigo que
tenía en la vida.
A menos de tener un corazón de ti!re y aun de tigre

,.

Comenzaba á presentir la liga de familia urdida contra ella y qué urgente era intervenir.
Fué anunciada la comida, y ella tomó el brazu de su
huésped, con una gracia zalamera.
-Comeremos juntos esta noche para festejar mi resurrección.
Est-a comida naturalmente f1,1é exqui!=ib . Cómo pudo

, ..j

¡_

tir, le hicieron inquirir el nombre del médico que habí
flperado este prodigio. Ella respondió con complacencia,
discurriendo act&gt;rca de la medicina homeopática, y EObre
su maravilloso poder; después le preguntó á su vez,
No había pasado un cuarto de hora cuando habían
vuelto ya á la intimidad de otro tiempo. El le ca.ataba
por menudo sus negocios desde la explotación del bosque
de lod Lanues hasta el retrato de Santa Inés.
-Decis entonces que los l\finoret no han quebrado.
-No1 sus primos los Daclan han respondido: son cincuenta veces millonarios. Por lo demás, era facil preveer
eso; mi tía Fourneron se alarmó demasiado. La quiebra
estaba casi conjurada cuando llegué á Pontarlier.
-¡A.h! dijo ella.

'•.•·

--

6

.,

P. ~~

'(_';,,' -

,.,,,.

~

timiento de un eterno adióe; la alegría de no haber eido
un asesino debió inundar su alma; pero permanecía can•
teloao y á la defensiva, sentía que el peligro estaba próximo y que la tierra temblaba bajo sus pasos.
Ella le explicaba su curación. ¡Oh! muy sencilla: un

alópata, no se puede censurará. u.oa. mujer porque un homeópata la baya curado).
La influencia del buen fuego que flameaba en la chimene$, y la influencia más penet,ante de dos manos que
opriDlfan las de Fernando, comenzando á hacerse sen-

~ua averiguar los manjares y los vinos que él prefería?
Un iatenso bienestar, una especie de beatUud lo invadían: después del frío, ese calor tibio de una pieza toda imprE'gnada del olor de los manjares suculentos. neepués de las fastidiosas comidas de familia, esa deliciosa
comida en tétl!-á-t&amp;e¡ después del roatro inexpresivo de la
aya, esa linda cabeza fina que le sonreía. Se volvía op•
timi1:.1ta y cesaba de censurará Beltrana que no se hubiese muerto por !.In abandono.
Omtifi:ttará.

•

�EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUNIO

DE ,891

EL

·ooMINGO 6 de JUNIO de 1Ssn

La inauguración se efectuó e l

Una hermosa escuela en Je•

O de Agosto del at'lo próximo

rcz ( Zacateca a.)

•

391

MUNDO

J?&amp;·

Notas ae la moaa.

esdo, confotme á un bontW
programa, y 1a fiesta resultó tan
81usa de seda pompadour. ( Flcura 1.)
Cumpliendo nuestro progra~olemne y animada como no
ma de dar á conocer á. nuesiroe
hay memoriaen aquella locali•
Está. adornada por seis galones de l~ntejue]a. Cuello
iect.orel!ó todo aquello que signidad de ninguna otra, por que tofique un esfuerzo progresista en
da la población ae prestó con médicis abierto hasta la cintura, sobre una chorrera de
México, aaí sea en la capital
guEio á cooperar á ella en cuan- encaje de seda cruda, cin.turón de listón guinda..
como en la población más peto fu é necesario, habiendo estaTraje de calle. ( Flcura 2 )
quena del vasto territorio, pu•
do concorridíaimos esí el baile
blicamoe hoy la fotografía de un
que para los partic11lares se dió
Este trajE, cuyo correcto estilo embel1ece el cuerpo, es
hermoso edificio que en el paren el salón de la escuela, como
de diagonal de lana negro, y rn abre Eobre un chaleco de
tido de Jerez, Estado de ZacaPi que para el pueblo tuvo veri•
rae.o blanco con un pequeno volante en la. cerradura;
tecae, se inauguró, y que por
.6.cativoenel tea'tro1
múltiples razones merece que le
Es digno de todo encomio el este chaleco se adorna con cintitas de terciopelo negro y
coneagremoe algunas lineas¡ y
celo y eficaz empeflo del .Jefe botoncillosde,concha quemada. Cue llo de ra.so con cin-el retrato del Jefe Polftico del
Político, señor Cabrera, al cual
mencionado partido, al cual ee
¡¡e le debe, entre otras muchaa
debió la importante mejora.
é importante obras públicas
La relación de los trabajo3
realizadas en breve periodo de
emprendidos hasta el corouatiempo, esta mejora que por tomiento del edificio, ofrece notas
dos conceptos merece encomio.
inetrucctivas é intereeantes, así
Para terminar, transcribimos
por la perfección del trabajo en
las siguientes frases en que un
un medio en que se carece de
cronista zacatecano da cuenta
numerosoe elementos familiade la impresión general que caures en loe grandee centros, como
EÓ el edificio.
por la notable economía con
Al descubrirse la fachada, diqne ee llevó á cabo la obra y la
ce, no obstante la poca persenergía de que su iniciador depectiva que ofrece por su situabió dar pruebae.
ción, ee reveló en todos los rosEl edificio en cuestión, eetá.
tros de loe visitantes la más viva
fincado en el terreno donde
y grata sorpresa, manifestando
existía la primera escuela públique la. impresión que sentían á
~a que se estableció en Jerez, y
la vista de tan grandioeo edifiuna \'ez acordado por la asam- Sr. Pedro Cabrera, Jefe Político del Partido de cio,
era verdaderamente inesblea mu:!!cipal la nueva coneJerez ( Zacatecaa. )
perada., pues les parecía ver al-trucción, se derribó la ruinosa
[Véase e1 arttcu1o relativo}
guno de los hermoeos y gallary antigua finca que alu había, y
dos edificios con que se eugalael señor Ateoógenee Cabrera,
hermano del Je[e Político Don P~dro Cabrera hizo la nan las pintoresca.s capitales de Europa.
Et relieve de cantera es exquisito, y su decorado inte·
distribución y el plano para la nueva, y el maes,ro albarior y su pintura espléndidos: tiene dos espaciosos salones
nil y cantero, Dámaso Muñetón, el dieetlo del edificio
cuya construcción fué llevada á cabo por el mismo 1iru: como para contener cada uno treecientos alumnos, y no
netón, quP. es un modesto, entendido y honradisimo ar- obtant.e que su construcción se hizo con la mnyor econo·
tesano, á cuyo cargo corrió la dirección de las obras de mía posible, que la piedra es demasiado barata por encontrarse en lae cercanfa.s de la ciudad, y que la. mayor
cantería y la de albañilería.
Comenzóse á abrir loe. cimientos el día 18 de Junio de parte de manufactura se hizo con el trabajo de los correc"94, dlindoles uoa profundidad de 2 metros que se cotma- cionalee, su costo fue de gran valor, según la cuenta ren~
roo con piedra y mezcla, ye117 de Julio siguiente seco• dida por el Jefe Político.
locó la primera piedra de sillar.
Fia;ura l.
Toda la construcción es de cal y canW, y de sillería la
parte exterior, teniendo una altura de 13 metros 10 cen1.ímetroe del piso al extremo de las almenas; t1einta me-El es necesario es duro, pero es únicamente por la tas y encaje. Cinturón y solapas de moiré. Ma.nga ente•
tros de frente y diez y seis FU'3 costados.
práctica de este u necesario, como podemos atestiguar ra, de corlo bullón y encajes negros en el borde. La fa}.
El orden del edificio ea g6t.1co puro, con ricas y vistosas nuestro va 1or moral. Vivir al capricho no supone ningu- da va adornada en el lado izquierdo, por media quilla de
almenas. Tiene dos piaoe, y multitud de ventanas lo circintas negras con botones de concha quemada.
na superioridad,
cundan dándole bellisimo aspecto.
Gccthe.
Doa trajes de paseo. ( Figura 3.)
El interior tiene treE corredores, á Jo .. que corresponden tres puertas del salón, dos de otras 1antas piezas,
'1Da del excusado y el arco de entrada, eiendo iguales los
El extremo dolor tiene su misterio de pudor como el
Hermoso traje de sarga blanca adornado con tercio,departamentos de uno y otro pi::o, en 10s cuales están extremo amor.
pelo azul obscuro. Cuerpo blusa, abierto sobre uo. taLamartine.
lle de imrga. rayada de azul y blanco. Unos picos de ter·
inEtaladaa las escuelas números 1 y 2 de nif'iai.=-.
El costo del edificio en dinero fné de $11,79-1 31 cenciopelo azul, formando el bolero, y cintae azalea lo comtavos, lo cual supone una admirableeconomia, aun cuan•
pletan. Yueltas y pufiot&gt; de terciopelo azul con cintas
do falte que valorizar el eficaz concurso preetado por el
blancas. Manga con dos volantes adornados por cintas
.:ayunt.amisnco en diversas formas.
angostas de terciopelo azul.
Traje d~ cheviqt perla. ( Fia;ura 4. )
Este traje, que tanta acogida ha tenido1 es de soma
sencillez pero mucho gusto; pues todo su adorno consiste en cintas negras acordonadas y diepuestaa en la forma
que nuestro grabado indica. En lo alto del talle, una serie de alforz,s cruzadas., y un rizado de muselina de seda
en el cuello.
Cuerpo blusa para jovencita. ( Fia;ura s.)
Este vistoso traje es de te la. escocesa color de rosa,
adornado con un cinturón á dos picos, de terciopelo ver•
de, cuello de terciopelo con una rosácea por detrás.
Blusa lara;a. ( Fie,ura 6. )
Esta blusa es de tela indesplegable encarnada, y va
adorna.da con listón de raso negro. Cuello y cinturón con
lazo negro.
Blusa con fíe,aro. (Eia;ura 7.)
;¡..

Este eleé ante traje es de seda china blanca, con cuatro
bulloncitos formando canezú. Manga alforceada de la
misma tela. La chaquetilla es de cachemir blanco y cintas de lentejuela.

i •.

,.__

n 'J'l"¡;~ij\";

'f~

LECTURA PARA LAS DAMAS

Admlnlstraclón y aumento de la renta en la familia.
EL T IU Jl.\J0. -1. AS DE UDAS

i!a risa.
t.:uadro d e S t . G e orge Hn.re, R. I ..

Una escuela primaria en Jerez Zacatecas. Exterior del edificio.

{Véase el artlculo relaUvo,1

Queremos suponeros al a.brigo de la.e necesidades y aun
en cierta comodidad y dcscanso; esta será una razón pa•
raque este consejo de traba.jar no eea para vosotras.
Tened cuidado: si no tenéis necesidad de trabajar para
vivir actUJ\lmente, sí tenéis necee.id.ad para oc11paroi, pa•
ra no dejaros devorar por el fas tidio, invadir por la maledicencia y dominar por la sensualidad.
Cuando el angel de l trabajo es lanzado, 6 por lo menos
abandonado, es el de monio de la. ociosidad y de la tan-

�EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUN!O DE 1801

gaisdescanso, hasta no habarla cubierto. o~
diremos después, cómo puede hacerse esto.
Una deuda en le. economía doméstica, es
como un desgarrón en un vestido: va haciéndose más grande ·si no se le rep,ua. inmediatamente.
APARTAR UNA CANTIDAD FIJA DE ANTEMA:-.O

Velad no sólo en no traspasar vueetras
rentas, sino también en buscar el medio de
apartar, "e.da afio ó cada mes, una pequt&gt;ña
suma.
Esta es la parte que debe subvenir á los
accidentes imprevistofl, á las enfeTmedades
algo largas, á las pérdidas de loa bienes ó d1:.-l
dinero.
Esta es también la parte que proporciona
los goces íntimos del alma y del corazón, que
ea necesario no ver con indiferencia en una
familia.
Bordado festoneado para sábanas de niños pequeños.
11Si alguno quiere, dice Bacón, ponerse á
nivel en sus negocios, su gasto no debe pasar
de la mitad de sus rentas, y si quiere llegar á ser rico, no debe ocurrir las quiebras que de improviso vienen sobre laeconomí:\
pasar de la tercera parte. 11
domfst'ica, y destruye toda el bieneetar de una casa, si no hay
Ea~ ea algo, exigente, y y~ no quiero que vayais hasta allá; alguna reserva para hacer frente A las necesidades primeras; ni
pero s1 desea.na que en un rincón de vuestra caja hubiese una sobre los gaetoe ocasionados por una lar~a enfermed~d, que imbolaita ocu!ta que llenarais lo más que pudiéseis, cercenando de pide el aumento de la renta que proporciona el trabaJo, y absor•
algunos obJet~e .de fantasía y ~e P!,lro lujo, según os lo permitie• ve una gran parte de loa recursos ordinarios.
se vuestra pos1c1ón, y cuya pr1vac1ón no turbara, ni vuestro sueEstas reflexiones serían menos comprendidas á vuestra edad;
fio de en la noche, ni vuestro buen humor del día.
pero ¿no es cierto que hay momentos en la vida en que es ntce.No me fijaré aquí ni insistiré, sobre las desgracias que suelen sario mostrarse más geueroso?

~LA FRATERNAL·sa

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:ompañía de Se.guros de Vida yaccidentes

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La mejor preparación para conservar,
restaurar y embellecer el cabello es

.I&gt;

en o

..s op
!

1),

El Vigor del Cabello li a
s:ci'
del Dr. Ayer. !ii
•p. p••
¡;
Conserva la cabeza 1ibre de caspa,
o..,
u a
sana los humores rnole5tos é impide
CS

Figura a.

tasfa quien ocupa su lugar; y la ociosidad y la fantasía
arruinan á las familias más opulentas.
Tenéis necesidad de trabaja?' para obedecer el preoep•
to de Dios, que quiere que toda crea.tura trabaje.
Tenéis, ea fin, necesidad del trabajo, para no caer en la
miesria.

Sin duda que habrá quif'n trabaje y reuna lo necesario para vosotras, y nosotros no os consideramos por ahora, sino como encargadas de la conservación de una renta que ee os suministra; pero si perdéis el amor al traba•
jo, perdéis la vigilancia, la exactitud, el amor al orden,
que os son tan necee arios ...
Dejaréis así algunos vacios introducirse en vuestra casa,

Figura 3.

y para cubrir eJ&gt;.o.~ h,te('OIJ recurriréis á. los pré3tamoa y á
las deudas.
¡Desgraciadas de vosotras entonces!
c. Viene á nuestra memoria una madre de familia, moribunda, que en sus últimos momentos daba este último
consejo, como el mris importante de todos: ¡Al menos, hija
mút, que no haya deudas!
Y esto el:!, sin embargo, en lo que vienen á parar las
personas que desprecian esa regla tan sencilla y tan ele -

Figura 1·

mental, de la división precisa y escrupulosa de las ren•
tas, y que no eaben limitarce para no traspasarlas.
No hagaifl, p11e1:1, adquisición alguna, por ineigoificaot&amp;
que Bf'a, sin saber bien si podéis hacerla con la renta·que
tenéis. Esperad, economizad, calculad,
Obligaos estrictamente, al.fin de cada mes, no me atrevo.
á. decir aljin de cada semana, á poner en regla vuestras
cuentas, á practicar la balanza de vuestras entradas y de
vuestros gastos, para deteneros á tiempo, sobre una pen•
diente tan resbaladiza como las de las necesidades facticiae ó de los atractivos de la vanidad.
l Si apercibís un déficit ó una deuda, no dilatéis ni ten-

la caida del cabello. Cuando el
cabello se pone seco, claro, marchito
6 gris, le devuelve el color original
y su contextura, cstiurnlanJo un
nnevo y vigoroso cn·cimil&gt;nto. Doquicrase empica el Vig,irdrl Cabello
del Dr. Ayrr, snphwb. t01la.s las
dcrn'.l.s pT&lt;&gt;pnra.rion&lt;'S y pa~a. ft RPr t&gt;l
üwurito de las sellaras y caballeros.

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
PREPARADO POR

Dr. J. t. AYER y Ca., LoweÍI, Mass., E. U. A.
Medallas de Oro en las Principales
Exposiciones Universales.

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li&gt;..,
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MEXICO-Call" d11 s .. Felipe Neri 7. Apiutado Postal 7á0.-MEXICCI

RESTAURADOR

'O'NIVEIS4L DEI.

CABELLO

PREl'llllDO 1'011 EL D11.T ORREl DE PAlll!t

"

V

UTILIDAD DE LA 81.:~fÁ APARTADA

Cuando dichoso se considera uno con tener
algunos ahorros y poder Eacar de alli con amplitud, sin que nadie, en torno nuestro sufra
por ello, gastando de ese fondo reunido con
nuestras ligeras: privaciones, cuando se trata
por ejemplo, de una buena obra imprevista
que salva el honor, la libertad, y algunas veces la vida á una familia, y obliga hecia nosotros, para Eiempre, algunos corazones agradecidos, ó cuando se trata de un placer ino•
cante que se presenta y nos deja gratos recuerdos de alegria: 6 de un viaje por largo
tiempo soñado y que arroja una delic1orn variedad en la monotonía de la vida; ó de recibirá aquellos antiguos amigos de otro tiempo,
que ae detienen en la cas'8 tanto cuanto ellos
quieren permanecer y cuya presencia regocija
el corazón: ó ya, en fin s1 se trata de un precioso ó útil regalo hecho á un miembro de la
familia que hacía tiempo lodeeeaba y que nn
podía adquirirlo: tal puede ser un vestido conveniente para una anciana pariente; un cómodo sillón para el abuelo enfermo; unas flores
exquisitas, ó un cuadro de buen gueto y de
valor para un hermano .
Ahorrar algo para tener estos goces del alma, no es privarse de algo, sino procurar la
dicha¡ y vosotras podeis decir cada vez que aumenteie vuestro peculio de reserva: Esto es
para comprar la dicha.

"-. ouTINE
tlJ

PG!Yodt A1ru1 e.spec1al preparado COA limito.
HIGIENICO,
ADrtERENTE,
INVISIBLE
la il:tpo1ir:iÓZJ IJniveual dt 1888.

e~. FA V, Perfumista, 9,

Ruede la Paix, París

_t"?

lola IJer:ompeZJ:ada

(Guardarse de /as Imitaciones y Fa/sificac1ones. -

:r!:amoA
ONICA PRBPARACION
P!RA. RESTABLECER, VIGORIZAR Y HERMOS!AR EL CABELLO.
Uil'IDE LA PREMATURA CAIUA DEL PELO,
EmA LAS GANAS Y LlllPU. LA CJ.BIZ.1.
PRKFERJBLE A TODA PREPARJ..CION DE QUUU

Figuara ! •

Figura 6.

Figura ~.

Df VENTA EN TODAS LAS OROGUERIAS YPERFUIElllll

SentencM de 8 de Mayo da 1875).

li:SPECU.t. do AFEI'l'ES do 'l'OCADOR P•r• PASEO y 'l'EA'l'ltO

CREMA CAMELIA, CREfflA EMPERATRIZ.
ROJO y BLANCO en cbnpetu.
ROJO rEGETAL en polvo.
LÁPICES eapeclalea parn ennegrecer peataliaa y

.POLVOS para en:pob·nr

los cabellos. Blondo, blll.Dco,
oro, pl:.ta Y Jlame.nte.
BLANCO de PERLA en polvo, blanco, r0080, Rachel.
ce)aa.
POMADA ROJA para los labios, en botes y e11 rolloa.'
Los Prndoetos de CH. FAY se encuentran ,n el Mundo entero, en casa de los Principales Perfumistas J Droguistas.

�•

roMo 1.

MEXICO, JUNIO I3 DE I897.

i!a catásfrofe

NUIIHtRO 24.

ae F'uebla.

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De•pués del ••nlcstro.

LACATASTROFE DE PUEBLA

EL Mmmo Iluat.rado da hoy el lugar preferente á a}g1,.•

nos grabados relativos al tremendo siniestro que sembró
la consternación en la ciudad angelopolilana.
Los elementos que el hombre crea para vencer y enca-denar la fuerza ee vuelven con,ra él. Prodúcese constantemente la rebelión de los cosas contra los seres, y la
tremenda desgracia en que nos ocupamos ea una prueba
más de esto. ¡Oh! la lucha perenne de la inteligencia
,con la íuerzal Vino el hombre al misterio de no eé qué
eelva terciaria, inerme y rudo¡ sin más armas que sus
músculos, menos formidables ¡ay!, que loe de la fiera 1 y
la epopeya de su vida empezó desde entonces. Arrancó
al_árbol ene ramll!!, al sílex sus guijarros agudos, á las

(Fotograf1a de Lorenzo Bcccrril.-Pucbla. )

plantas sus venenoe, en pos siempre de una fuerza que
ee aliara á en fuerza, de una unidad que Ee snmaee con
su unidad, y cuando el v:go .. misterioso de unacoea vino
en 6U au.silío, sofi.ó en conquie'8.r el vigor de la otra.
Fué una eoberCia brega, cuyos fines paulatinameote 'ee
engrandecieron. D~apués de las fuerzas inerte,, le.a fuerzas vivas de la tierra, q •1e se mueven, se compenetran y
obran. Deepuée de la eaeta y de la rama deecuajada, del
bronce y del hierro, la electricidad y el vapor, la p6lv&lt;r
ra ciega y el rayo inLeligente......
.
Mas no están del todo vencidas las coeas. Hanse reservado. eo mediri de la sumisión aparente, el derecho
de rebelión, '!" en inopinado esfuerzo, la corriente encauzada mata, el \"&amp;por desparrama en bri7,;oas homicidas
los proyectiles de las caldera.!!.

•

**

Una caldera vieja, sometiJa á una tensión máxima,
que estalla en una U.brica angelopoli\ana, y he ahí la
catástrofe. La fatalidad escoge el momento oportuno en
que pueden caer más vidas. Y saltan informe,, impuleados por loco impnlao los miembroe convuleoe, óyese
un grito, el grito unánime del terror y la desolación, cae
todo en derredor convertido en eecombroe. Loe muroe
vacilan y se desploman, y pocos minutos después, la mul•
fü,ud dolorosamente ávida se agolpa al borde de loa
escombros humeantes donde han bailado sepulcro innúmeros obreros!
¡Lloremos eobre la desgracia de nuestros hermanos,
Joe pobres, y únase nuestra conmiseración al llanlo del
obrero!

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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