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                  <text>{LA FRATERNAL
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con m.otlvo de ~u jubileo, celebrado el 20 de Junto de 1807.

•

N1JXBRO ,a6,

�EL MUNDO

434

" l t L MUNDO"
Scmanar1o Ilustrado.
Tel~fooo 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 8'¡ b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la ReUCOión, debe aer dirigida al

Director, Lle. R.af'ael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.

Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Un gobierno sólido, dotado de suficiente fuerza para
salvar la democracia de este riesgo, será un auxiliar poderoao, no-sólo del régimeu republicano, sino de Ja misma
nacionalidad.
Y este servicio lo ha prestado á la nación el poder
público emam1do de la poslirt::ra guerra civil.
Loe principios de la Democracia., exparcidos profu~amente en el territorio durante treinta años, difuodidos
en la sociedad en alas de las instituciones-y no hay que
perder de vista la función educativa de toda ley~form1m
parte de nuestro bagaje político, se encuentran como cuer•
po de doctrina en todos los espíritUB.
Podemos, pues, decir, que la República ha salvado su
primer peligro, para entrar de lleno en el periodo de perfeccionamiento después de haber alcanzado el de su consolidación.
1

Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantad o .
Jd:GIBI'R.ADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

motas tbitorialts.
&lt;E:rtinta afür, bt ttepúblirn.
Acaban de cumplirse treinta sfíos del triunfo de la cauRa republicana, y fü ya ti?mpo de estu1iar el avance que
han tenido en el paía laa ideas sembradas con la sangre
v con el fuego en. la extensión del territorio nacional .
N uevaa generaciones han venido á agruparse en rededor
de loa campeones de aquella ~poca y á ct..nti~ua_r la obra
emprendida con tanta tenacidad como patnoi1smo. Podemo3 pues, hacer el balance de un periodo de tiempo,
suficiehte para apreciar el ptogreso del país dentro del
régimen democrático.
Cllnsolidada la República, la idea democrática encontró
un fuerte apoyo en una ley dediná.mica social que quiere
que las reacciones sean proporcionales á. las acciones; y en
tlla se suatentó el principio VPn~edor para difundirse extensamente en los espíritus. Fué aquel un periodo de eniusiasmo republicano, algo como uu himno entonado en
loor de un dios reconquÍli1tadode manoa enemigas y que
triunfalmente se llevara á. su desierto santuario.
Aquel sentimiento tenía, ~n efecto, lineamientos mfsticos· había mucho de éxtasis en el fervor que se prestaba á '10s principios de la democracia, una suerte de culto
indiscutible, propio máa bien del ardor de un apasionado
que de la fria calma de un convencido; hecho muy naturali por otra parte, en aquellas circunstancias.

•*•
Juárez fué un espíritu sereno operando en un medio
de agitadores entusiastas. Al bajar al sepulcro, deJó un
problema sin resolver: el del progreso nacional limpio
de loa pre1uicios dominantes, informándose en criterio
más amplio, en contacto con la ley de solidaridad universal que preside á la vida y desenvolvimiento de las
nacionalHades modernas. Pero el poder publico que
substituyó al Benemérito, no se penetró del momento
histórico, y equivocando el camino, ee olzó como un obstáculo inesperado á la nueva fuerza expansiva que extremecia la República.
Lerdo de Tejada fué arrollado por una corriente impe•
tuosa que pretendió esterilizar en los limites de una charca. La revolución de Tuxtepec, como se ha dicho muchas
veces, nació como la resultante de intereses nacionales,
que era indispensable dar desarrollo; fué el producto de
una época que en vano se pretendía borrar de las páginas
de la historia, y en este movimiento tomaron parte todas
las en.ergfae y todas las actividades de la nación.
La idea democrática pasaba de su periodo metafísico
al positivo; de la etapa neo-mística á la de loa intereses
materiales; del régimen jacobino al del industrialismo,
entrando, de este modo, al gran concierto del progreso
contemporáneo.
Pero no ha sido este el único refuerzo que ha tenido
el principio republicano.
En estos últimos tiempos la Democracia ha sido sometida á. un profundo y escrupuloso análisis. Se señalan sus
imperfeccione:i, se buscan materiales con que colmar sus
lagunas, se estudian las deficiencias de rueaas que entran
á funcionar en el aparato. ¿Qué provecho obtendrá la
política del porvenir de esta critica, que algunos pretenden no conocer, al modo de esos puai1ánimes que rechazan las ideas que les desagradan?
Un provecho enorme: el de reformar y reconstruir piezas que estorban á la marcha de lamaquioaria, que siha
de ser útil á nuestras generaciones y las venideras, necesita de este severo é irreprochable exámen.
Entre loe lunares que ee pretende haber encontrado en
el flamante s@l de la Democracia, uno de ellos es el de
que el sistema perturba, con sus cambios, á. la existencia
nacional. La primera necesidad de un Estado ea ser duradero, y lasxepúblicas, por razón de estructura política,
no ofrecen e~ta garantía. Países de régimen democrático
en que el poder público paea de una mano á otra, sin
trasr.ornoa sociales, económicos ó políticos, representan
un avance muy grande, un nivel superior en sus elementos const.itutivos. Una República siempre se baila expuesta á bruscos cambios que ponen en peligro lae inetitucio•
JJes y con ellas la_ vida del pafe.

RESUMEN.-La coronación del Czar y el jubileo de
la Reina de lnglaterra.-Victoria I y Nicolás 11.-Los
festivales de la paz.-Su efímera Influencia en la
universal concordia.-La marina alemana.-EI retiro del principe de Hohenlohe.-Puedeestartranquilo.-EI deber cumplído,-las islas Sandwich.Ojeada retrospectiva. -Si, anexión á los Estados
Unldos.-Sus peligros.-Política de aventurasConc.lus16n.

Hace un año la capital legendaria del gran imperio
rrioscovita era centro de atracción, á donde concurrían de
todas partes de su dilatado territ.orio loa representantes
de esas agregaciones múltiples que forman los dominios
del Czar. A ta sombra del Krnmlin que guarda en sus
muros venerables los recuerdO.i aautua de la poderosa
monarqma eslava, se coogrt'garon los príncipes y señores
de la tierra para dar más brillo con su preeenci~ á la ceremonia más pomposa que ha contemplado el siglo XIX:
la coronación de Nicolás 11.
Aun no se extinguen los ecos de la grandiosa fiesta,
tristemente interrumpida tan sólo por lus ayea desgarr,1dores de las víctimas de K•Jdijnsky, y un nuevo festival
convoca á los pueblos cutcos en la metrópoli britá.uica
para asistirá. la iruponente solemnidad. del jubileo dd la
reina Victoria gloriosamente sentada en el trono de sus
mayores por ~n periodo de tiempo que sobrepuja al de
todos los soberanos de la tierra.
Ayer recibia pleito homenaje de sus millones de súb ·
ditos un joven lleno de esperanzas y teniendo delante de
sus ojos abierto el tiempo porvenir; aydr los labios se
abrían y las almas a e ensanchaban en m(stJ.ca .°!ª"
ción, pidiendo. para el augu~to monarca l"a. bend1c10nes del cielo, é implorando acuirto para el reino que se
inauguraba. Hoy los himnos que se cantan, las voces
que se alzan, entre las nube~ perfumadas d_~I inciene~ y
las aclamaciones de la multitud, son en acc10n de gracias
por el dilatado y glorioso rei':1ado, ~ue .en ~esenta años
ha conducido al heterogéneo 1mper1u bretá.mco por el ca•
mirio siempre amplio dd su progresl y engrandecimiento no interrumpido.
En las actuales circunstancias porque atraviesan las
naciones de la vieja Europa, siempre apartadas por odios
profundos, divididas por añejas rivalidades y alejadas
por ciegas competencias¡ en el período presente en que
la paz armada es la máscara hipócrita á. través de la cual
ee espían mutuamente, buscando el momento opctrtuno
para saciar su encono y m1tigar sus envidias: estas fiestas son como floridos oasis donde el ánimo fatigado se
sienta á descansar de la constante bregai como dulce intermezzo en que el alma, harta de escenas de sangre y lu·
chas deepiad.adas, halla pacifi.:o esparcimiento y regalada
calma.
Ah, si esas reuniones de paz y de concordia tu vieran
efectos duraderos máe allá de las fronteras de los pueblos
que las coavocan! Ah, si la alegría desbordante en las ceremoniosas recepciones·y suntuosos banquetea fueran lazos de unión y prendas de amistad para tos pueblos, co~
mo aparentan serlo para los individuos! P~ro, nó; desgraciadamente quedan en pie las causas que provocan las
gigant.escas luchas, y trae esos iris de paz, que resplandecen entre los arcos de triunfo y á la claridad de loa cirios
encendidos en loa templos, continúa la lucha subterr4nea, la competencia sin treguai el choque de opuestos intereses, y laa razas y Jae gentes y loa pueblos y las nacio•
nea, un momento confundidos en fraternal abrazo, vuel ven al dfa siguiente á contar sus acorazados y á pasar revista á. sus innúmeros eJércitos, aiempre listos á entrar
en singular combate que ha de asombrar á los siglos venideros.
Ahí está, sin ir más lejos, el implacable Hohenzollern,
que decidido á hacer de la marina alemana un ariete formidable de su poderoso imperio, resuelto á que ha de
figurar la moderna Germania cowo potencia marítima
de primer orden, ya que ee juzga invencible en tierra por
su admirable y sabia organización militar, no retrocede
ante el sacrificio del príncipe l:fohenlohe, su hábil consejero, á quien obliga á dimitir porque no supo contrarrestar la influencia de los círculos oposicionistas del
Reiachtag, que rechazaron con vigor los créditos solicita
dos en nomb~ de la dignidad riacional, para proveer al
desarrollo de la fuerza naval con que ahora cuenta.
Nada valiera.a. loa méritos adquiridos por el viejo Canciller en defensa y en e:ervicio de la patria alemana; nada
sus recientes triunfos diplomáticos en el embrollo orien•
tal¡ nada la voz del Emperador llevada en los concejos
europeos, que ha levantado de su tumba á. un caduco
imperio y ha revelado por la aug11Bt.a soberana voluntad de Guillermo II, la fuerza latente en el carcomido
pueblo mahometano, herido de muerte y roido de po-

DOMINGO •1 de JUNIO de 18117

DOMINGO 27 DE JUNIO DE 1897

dredumbre: había algo que se oponía á los designios del
hijo de Federico el Noble, algo que resistía á su omnipotente avasalladora voluntad, y por todo ha pasado, provocando una crisis que sin sacudimientos, sin violencias,
cambia Ja faz del imperio germánico.
El Príncipe de Hohenlohe se retira; pero puede llevar
tranquila su concienciai pues ha qerido evitar al pueblo
los nuevos sacrificios que exigirá. la marina de guerra,
tanto más costosos cuanto que ya pesa, sobre él la organización militar del vasto imperio, convertido en dilatado campamento.

Apartándose un poco de su ordinaria política que los
aleja de las conquistas y los separa de la expansión colonial, hanse lanzado loe Estados Unidos á. una aventura gue, además de las naturales peripecias que trae
aparejadas, puede conducirlos á dificultades y roces im•
posibles de prever en 103 primeros momentos del aparent.e triunfo.
Hay, allá. en las aoledadesdel Océano Pacffico 1 un gru·
po de rocas abruptas y dilatadas que conetitu ye el archipiélago de las Islas Sandwich. Malayo por su origen
cuasi americano por su situación. geográfica, el an\igu~
reino de Hawaii allí establecido, ha venido pasando por
diversas fases, hasta convertirse poco ha en u.na repúbli•
ca moderna, gracias á las intrigas y maquinaciones de los
colonos none-americanos que han llegado á. posesionarse
de la dirección pelítica y económica del pais.
Sol:!' misióneros protestantes primero, eus comerciantes
y agentes financieros luego, y ·sue políticos y agitadores
des pué~, han influido notablemente en la evolución de las
tierras hawayanas, á despecho de los elementos prirniti·
vos del pa1e, apegados á. sus propias tradiciones, y no
obstante la labor no escasa dt, los súbditos del Mikado
que trataban de hacer prevalecer la influencia del Japón;
que con mirada codiciosa consideraba el país destinado
á caer á. la postre en su esfera de atracción. Allí se habían dado cita aventureros de todas las regiones del globo y negocianteE. de todos :os países, pero ningún grupo
ha adquirido la preponderancia que han sabido alcanzar
los anglosaJonea americanos y los japoneses.

~ranafundido ~l e:ipíritu I?~d.ern? en aquel pueblo,
ab1ert.o á las c~r~1entes de la _c1v1hzac1ón, y que se manifiesta en la acuv1dad de su vida social y pohtica· robustecid~ la población con el elemento extraño que ~n olea das rncesantea afluye á las hoepi!ialarias playas llevando con su trabajo y sus ensefianzas nuevas y pbderoBaa
energías, pero hacieudo predominar sobre los grupo!!
autó_Jt.onos _las agregaciones de otras razas, y sobre las
trad1c1ones 10~ígenaa, las tendencias de loa extranjeros:
no es deextranar que desde hace cerca de medio siglo
se hayan hecho las primeras tentativas de anexión á. los
~atados U nidos.
No fueron muy favorables entonCtls y hallaron fuerte
y ~enaz opoiá~ión en todas J~s clases del reino¡ pero de rribado e~ 1ég1men monárqmco, desvanecido el prestigio
del trono por la extinción de la dinastía de los Kamekameka, dedicados al mejoramiento y progreso del pafs •
~ngerta~a la democracia americana en aquellas apartada~
1slas1 dispuestas como campo fecundo á la fruc,ificación
de las prácticas repúbJicanas, y predominant.e el elemento americano, duefio de la instrucción, del comercio del
culto, y de todo lo que significa fuerza viva en aq~ella
sociedad, por natural sucesión de loe acontecimentos
han venido á caer en la esfera de atracción del coloso deÍ
Norte, y decidido formar parte de la UDión Americana.

•
••
¿Q'lé importa la protesta sentimental y platónica de la
ex-reina Lilioukulani, desposeída de eu trono por las
maquinaciones de los comerciantes á quienes oatenaiblement.e apoyaban los cónsules americanos? Se:á una voz
perdida y ahogada por el himno con que los negociantes
saludarán el nuevo régimen.
Pero si no causa efecto la protesta de una infeliz mujer,
alegando derechos que prescribieron ya en nombre de la
democracia, sí debe preocupar al Senado americano, antes de decidirse á aprobar el tratado de anexión, la ingerencia que pretende tomar el Japón en el asunto, en
virtud de los intereses que posee en las islae.
Orgulloso después del ruidoso triunfo que obtuvo so•
bre el Celeste Imperio; ebrio con sus legitimas victorias
que le dieron honra, prestigio y riqueza, y un tanto
contrariado por el 'veto que imerpuso Europa á la extensión de sus conquistasi puede el pueblo del sol naciente
buscar en otra parte la compensación, siq11iera sea con
mengua del buen nombre de la Gran Republica.
Pesen bien, pues, loa estadistas de Washington la ac•
titud del Japón, y .no se insinúen temerariament.e en una
pc•Jitica de aventuras, contraria á su.buena tradición de
paz y de grandeza.
X. X. X.
Junio 2. de 1897.

Lo que algunos hombres de Estado han llamado el
bien público no es no fantasma de su cerebro, un poema quimérico fabricado en los vuelos de su imaginación,
por sus pasíone~, su ambición y su orgullo personales.
Fuera de ellos hay una cosa real, sólida y de superior im•
portancia, el Estado, el cuerpo social, el vasto organismo
que dura indefinidamente por la serie continua de gene·
raciones solidariae.
H. T.AlNE.

EN TIERRA V ANKEE
NOTAS A TODO VAPOR

LA VITA BUONA

,

Mi propósito ¿no lo he dfcho ya? ea consignar en rápidas noticias las sensaciones causadas únicamente por tl
aspecto txter1or de las Cusas en esLe pata interminable. A lo demás renuncio¡ no me meteré en honduras;
acaso más tarde-¡oh! nada vale tanto la pena como esw
tstudio para noaot.ros los mexicanos! -acaso más tarde
me sea dado intentari después de un nuevo viaje más
lento, penetrar en busca del alma del coloso mas allá de
las facciones y de la epidermis. Ahora no; ahora me paso tl tiempo queriendo entender lo qut, anuncian loa conductor~s de.los wagones del ele-vado i.:ada vez que va á ha•
cer alto el tren, ea decir, cada tres minutos, y nunca logro entenderlos, con la agravante de que eé 10 que va.1.t á.
pronunciar.
Lo que es para mí una tentación suprema fl'1n !as. escuelas. Un d1a qua iba solo, r1unbv al Uentral-Purk, muy
temprano, me colé en una¡ ¡cuánto bueno t:Dtiev1 en cinco minutos! El edificio mi, pareció mLiy pimoreaco, pt,~
ro muy alto¡ en t:ataa elevadlsimaa y gracio1:1as torrt:cillas espía á loa niflos el duende feroz del iucendio; es
verdad que todo est~ previsto, escaleras de fierro bien.
aisladas que sirven unas para que los alumnos suban y
para que oajen otras¡ por donde quiera en loa pasillüs,
bocas de agua listas, con sus servicios de mangas, etc.,
sin embargo, el pánico echa por tierra todas las precauciones. Aquí en la eacuela prioiaria superior ó high school,
lo mismo que en el kindengarun (esa delicios11 inst.itu•
ción frebeliana pür la que uenen vasión aqu1 y que entre
nosotros apenas ha podido pro!!perar, por la viej1siwa
preocupacion del alf"beto y 10s pa otea) y en toda 1a enseilanza, como en la sociedad entera prtidomina, reina,
triunfa la mujer. Esta ea una escuela mixta, y aunque
la coeducación, no sea tan absoluta como creewos, pues
muchachos y muchachas juegan y salen aparte, d hecho
ea que existe sin inconvenienttlB. ¡ay! del rapaz que faltara al respeto á. ur.a girl; sus compañeros se ~ncar~~rian
del castigo. Dirección y profesorado aqui son femen1uos;
las mujeres obtienen die:&amp; ve~a más que loa hombrea en
cuanto á aplicación y disciplina.
La sala de atamblea, como aquf llaman al aula, ea ca•
paz de contener mucha gente¡ et:1 un gran espacio dividido por tab1q •1ea do:t maJera que se doblan y desapare•
cen; sirve, pu1-:s, para clases y p:1ra reuniones; en el fondo el estraao y el wagnlfico ó1gano. Lo que encanta es
el aseo, laeleg.i.ncia, el confort¡ aquí no hay pup1~rei, para dos personas siquiera¡ cada alu1.1100 \itlue .su silla con
un brazo movibl~ l\ la derecha que es también mesa y
atril. Todo esto m~ daba envidia. Figúrense mis recto•
rea que en la gran efcuela (?) en que yo sirvo como prJfeeor y donde se hau gaet.~ctu cout!idt:rable número de
millares de pesos en loi, ú Hiwoa afius, son comaoas las
clases en que loa alumnos pueden estar bien sentados y
no hay una en que puedan Wmll.r notas c.&gt;mo no sea sobre sus rodHlaa! Parnce ruentira.
Decía yo que las mujeres eou aquí las reinas; los reyes
son lo~ niñoti; salen en bandadas risueñas y se derralllan
por las acerasi los parques, loa terrenos a_in edificios, Y. en
todas part6a son. los dueiios, Ví en la Qumta av,muta, cierta ocasión, una lucha épica entre un enjambre de est.oé'
blondos y colorados saltabardales y el guardián ~e un jar~
dincillo de una casa suntuosa, qm, no queria deJar pene•
irar á los invasores. No pude ver el rtsultado de esta
campana, pero el hombre estaba. desesperado. Lo que á
estos diabletes encanta y fascina ea el sport atlético en
todas sus formas; en cuan,o pueden saltan loe maderos
de un terreno cercado y ahondado, para la. parte subte•
rránea del edificioi é iruprovisan un partido defoot-ball,
en que se golpean, se arrastran, se m~ull.an y hasta suelen enaengrentarse con tanto tncarmzamieoto como en
los duelos homéricos anuales entre los alumnos-atletas
de las grandes universidades del Massachuesetts. Los
combates entre los Fitz-Simona, los Sullivans, _etc,. apasionan tanto aquí á los ni.fios, tomo á las muJereB" y los
viejos. En N. Orleans y en Atlanta observaba yo e l ademán estático de loa chicuelos y de las misses ante los retratos de los púgiles que iban á disputarse el campeonato del mundo; así debían de haber mirado los helenos
de Elea la estatua de Korebos el primer triunfador en
los juegos olímpicos.

•
••

Es dificil ir á comer á lae siete de la noche, no digo en
el suntuosíeimo restaurant del Waldorf, que ea un jardín de oro, seda, plantas exóticas y espaldas desnudas
más ó menos bien satinadas, ó en el elegante y arista•
crJ.tico del n~unswick-hotel, ó en el espléndido Delmónico-en donde se come el mejor cam mbert del nuevomundo-sino en otros de segundo orden, sin vestir el
uniforme nocturno de la cultura humana-frac, corbata
blanca y, aqu.i, una opulenta crieántema en el ojal. En
cambio al teatro nadie va, sino en traje de calle, como
no sea á la ópera, que aun no comenzaba cuando estuve
alli.
Mis compañeros y yo nos pasábamss 1a primera mitad
de la noche en los teatros; Fara un mexicano todo en
ellos es ext.raño; la distribucion que es una mezcla de
circo y teatro; la comodidad que alli generalmente es
refiuada y aquí no existe; el decorado, allí compneetg
ue telas más ó menos lujosas, lo que es absolutamente
diverso del semi-decorado de nuesLras escuetas salas dei
Nacional, Principal, etc., y, por último, el espectáculo.
Mi impresión ea esta¡ toda pieza representada en los
teairos americanos nece@iia dos cosas para tener éxito,
1:' una dosis considerable de clownismo, 2? una tercera
parte, por lo menos de cirquismo; lo demás puede ser
hrico, dramático ó nada de esto¡ con loe primeros elementos basta.
¡Oh! sí, las tandas, como por acá decimos, triunfan en
N. York y en toda la Unión, como ea de suponerse. Una
tanda ewpieza en Proctor, v. g. á lae tres de la tarde y
acaba á las 1:1eiE!, otra acaba á. laa nueve y á las doce la

43_5

EL MUNDO

t~rcera. La diversión se compone, invariablemente, de
canciones negro-yankees¡ yanketa, sobre airea de valses
ó polkaa á la moda, com~ el eterno _aj ter the ball¡ .fran~
sas, irlandesas, etc.; conctert &gt;B musicales, es decir, piezas de música tocada-:! per un señor y su simpática familia, en vasijas de cocina como cacerolas y cafeteras¡ sainetes rudimentarios y jocosos representados por otra
familia más simpátick que la. anterior, compuesta de un
elefante pa Jre, dos elefantes madres y tres niños, siempre elefautes. Los t1lefantea son edtficios de piel de rata arrug8da y colgante, que hacen cosas 1udeciblemente cb.ietuBaB con uua cara. absolutamente seria, lo que las
hace má-:! chisr.osas todavía; son de esos graciosos que
lo~ francese'! llaman pince•sans-rire. Adwirablefl; lo que
má.a a 1miré 1;: n dios fué la elegancia con que trabajan
en bicicleta; yo que al.loro este sport como ad.oro todo lo
que no puedo ser ni hacer, al verá uno de estos amables
¡iaquidermue describir sobre el escenario irreprochables
curvas y pedalear rápidamente, concebí la tímida esperanza dd acumpañar un dfa á Rafael Rebollar, cicliah
convicto y conteso, en sus excursiones de veintitres kilómetros por hora.
O.ras exB.ibtciones del mismo género zoológico, cuatro
ó cinco pantomimas, nueve ó diez hércules y cuatro ó
stis pretitidigitadorea, cierran esLe artístico espectáculo;
¡oh! el arte, el arte! U1erto, esto no ea ni Hamlet ni la
Valkiria, y auele perderile aquí el recuerdo de Sarah Bern•
hardt y d~ Coquelin, de Dumás y de Ibaen; pero el arte
ea relativo tawbien; hay arle y arte: y yo me divertí;
es nna diversión que no llega al cerebro ni al corazón, ¡oh! esto la hace deliciosa; es una diver:5ión epidér•
mica, la emoción y la inteligencia duermen. Verdad es
qut:i se siente uno ligeramente idiota delante de esos pobres elefantes que han necesitado más esfuerzo para escribir 25 en nn pizarrón con la trompa, que Newton pa•
ra descubrir la gravitación universal; pero esto es bueno
para rebajar el or~ullo humano.
¿Sm ewvción? No enterameme; una cosa me conm'lvió:
oir cantará Mtle. Polaire, una estrella de las F,Aies-Bergere de Paria, BllB cancioncillas picarescas y rnilitarunas, re~
medando las trompetas y los pasos marciales, con una
vocecilla y unas piernec1llas delgadas, que hacfa subir á
las notas más altas, todo ello delante de un auditorio espeso, fria como una banquiea polar, silencioso como un
domingo protestante, compuesto de hombres y mujeres
que evidentemente se creian robados por la pobre alon•
ctra parisiense, que no acertaba á extraer un solo rayo de
luz de los charcos de agua azuloaa dormida en las pupilas de aquellos hijos de la cerveza y de la Biblia. Uno
que otro snob boaqut"jaba un aph,uso que se apagaba en
til ambiente glacial de donde emeriían doscientas ó trescientas cabezas atónitas que se volvían hacia el manifestante con una expresión profundamente aburrida y ve·oerablemente estúpida. Pobre Polaire; ei con mensajeros
de su ralea cuenta Francia para solnener en la América
~a.jona su influencia artisr.ica, gran chasco va á. llevar.
Para estas gentes no hay medias tintas como esta semibailarina 'le café-::oncierto; de una vez hay que enviarles á Sarah B.:rnbardt que ea la aguja sublime de la catedral del arte escénico, o á esas grnudes flores venenosas
del pantano inmenso de Paria: la Goutue, grille d' Egoul,
etc. Y tampoco les guiltaráu, á no ser estas dos últ1t.0as
señoritas desde el pu oto de vista gimnástico en el grand
ecart; pero las paganía; vt\yase lo uno por lo otro.

•
••
Cierta noche en The Aca,temy, feo teatro por fuera y
muy lujoso por dentro, en que se representau dramas de
espectáculo, cuando nu hay ópera italiana, ví una pieza
que hacia furor en N. York, la Sporting duchesse, de~empefiada por regulares artistas. L&lt;1o compañía estaba á la
altura exactamt1nte de esas españolas ó italianas de exportación quesue.len a_post.ar por México .. Ni una sola
aonalidad, pero Bl coptas más ó menos felices de loa movimientos v ademanes, de loa defeotos, sobre todo1 de los
gr,mdea 3rtistae; en suma, reproduciones de cuadros buenos en cromo-litograf1as: con eso nos contentamos los
pClbres.
Un drama Jatético en alto grado; de esos de llanto, de
compasión, obligatorios en el Bt!gundo acto¡ de susto inevitable, en el tercero; de corajt:l irrepresible, en el cuarto y de nuevo Hao.to, pdro de gusto en el quinto. Un ma1,rimonio feliz, un infame que quiere ultrajará la esposa,
que no lo logra, pero que lleatruye la felicidad conyugal;
eeparación, eo.fermedad del hijo, tribulación y abnega ción de la señora, vacilació.:i del sefior, un joven jockey
que demuestra la infamia general del traidor, un borrachín muy bu~n chico que descubre la trama, la reconciliación a1 fin y al través de todo una encantadora duque sa, reina del mundo del sport, que es el angel bueno de
aquellas buenas gentes. Pero qué bueno! Y qué buen
público! Yo que comprendía mejor eete inglés que el de
losconductoreadel Elevado, observé bien al público. Excelente. Yo deliro por loa públicos que se dejan conmover.
¡Oh! las señoras detrás de sue abaniquillos ó de sus bino•
cloa, disimulaban; pero en cuanto había un cambio de
decoración, y sala y escenario quedaban en un minuto en la
máe densa obscuridad; qué dt1 sonadores y de toses y girimiqu.eo~ rápidos, y cuántas narice.s rojas y ojos llorosos
cuando la luz implacable de Edisson tornaba á alumbrarnos.
Pero aquella multitud no había venido állorar, no; ha•
bfa veniao á ver la Jeri.a de los caballos y lae, carreras en
que se vefaa desaparecer loa caballos con sus jockeys del
escenario, arrebaLados por una carrera vertiginosa que seguía en el segundo plano y continuaba por toda la pista,
y los aplausos del gentío y la vuelta del vencedor y las
apuestas y todo muy bien arreglado; la ilusión era casi
completa. En nueetro tiempo todo lo salva una buena
decoración, Jo mismo un melodrama de brocha gorda,
que una comedia política.

pe:-

•
••

Una ciudad civilizada es una especie de jardín ideal de
Epicuro en que pueden realizarse todos los placeres y satisfacerse todos loe gustos¡ lo mismo los del alma que loa

otros lo mismo loe morales que los no moral~, y un pueblo c{ vilizado es el que prefiere los primeros á los segun•
dos ó mtiJ0r dicho, que los unimisma en la sensación y
la e'mocion estética1:1, en el arte. Este pueblo tiene sumo·
do espt!cial de concebir el_ arte.; ~asta ah?~ª e.a un.a concepción eminelltamente 1nduatnal y ut1hiana 1 cifra su
vanidad en lo enorme y su ideal en lo confortable¡ pero
es un pueblo que 88 ea,á haciendo todavía, todo ea aún
rud.iment11no y frustraneo quizás¡ pero tiene derecho de
e1ijir que Ee suspendan los juicio~ dtfinH,i vos, tiene ra~óu
de emplazar la crítica¡ todo él tiende, cun una tensión
inmensa, á. producir algo definitivo y sorprendente en ~l
porv~nir; pues ese algo o nó 1:1erá ó eerá un arte. Mas deJe
moa lucubraciones tr.tmscendentes !' vamos á oir algo
digne de ser oído, puesto que de arte se trata.
La aticu:,n de eawa pm,oloe de o.-ígen germánico á la
música que, al través de los 1:entidoa, bu~a el aima, es
clásica¡ 1us latinos noe contentamos con_ una co_nmocióu
nerviosa producida por la melod.1a; lágrimas, rieas, co~•
quilltios voluptuoso~, eso nos basta y ioda nuesna mu·
1:11ca cabe en et1os tres órdeues dt1 exc1tacióu néurica. To·
do cat&gt;t, en ellos desde el stabat de Paleatrina haeta el
giojOBe comare de Windsor, e l'ora-e lora d alzar la risuta
.,onora del .F'alsiaffJe Verd.i, esa composición re veladura
dti la enorme caur.idad de juvtntud que puedealmt:..cenar
el corazou de un viejo.
La música de los germanos es más p síquica ¿me permi •
ten ustedes el vocablo? ~so proviene de que, el germauo
es por excelencia el animal wetaheiC?i nace con unos 1u=!-•
teojoa que se empeflan eu ver ma~ allá. Más allá ven v1eiouea, convenido; pero ¿algo hay qu~ no sea visión en
este mundo? A ver¡ que t1l que tenga una realidad bien
agarrada se levante y lo diga. ¿Pues qué la música de loa
germall;OS hace pensar? No, hace imag1.nar, pe!o pr?yecta
lll.imagrnacióu como un rayo de luz pahda en d1recc10u del
ab1amu donde se vuelve luz difusa y be confunde con la
tiniebla¡ ea decir, hace soñar, se rodea dt, enaueílo coml.l
la naturd.leza de misterio. As1 ea; ó asf se me figura á. lllÍ
que es¡ pero yo no t.engo obligación de decir otra cosa
que lo que se llle figura y 110 lo que se le figura. á. usted, lector a1wgo 1 como eoha decir es1:, insigne .ti_lóeofo que caw·
biabll. su uro por el n1quel de los cuentcc1llos C(Jloradus,
el doctor Pert,do.
He aqu1 que así razonaba yo para mi coleto una noche
que, arrellauado en uoa muelle ou,aca de un espléndido
salón de cou01ertos -uu mu.sic hall, escuchaba, entre d
silencio de un auditorio devoto, una sinfonía de Betho•
ven, del genio sobr~humano que ha hecho decir su úhimu. palabra á la múoica. in1:11orumental, según Wagutir.
O¡endo uua li!0nata d.e este seBor, puede decirse que se
oye la música pura, la música al fin de su evolución comenzada ea. la pll.labra rnmica, salmodiada, can,ada; de
e~e ironco brot.6 por un lado la poesía y por el otro la
do la musica; comu de la pictogralia primitiva surgió por
un lado la eecritura fonética naata el alfabeto actual, y
por el otro la pintura basta Rembrandt, un oceano áe
sombra y de luz en que uavega ,odoelmoderno arte pictórico.
Y' como hace sonar esta música, tiene un fondo religioso ¿no es, en suma, el sentimiento religioso una intti•
rrogai.::ón ael alma al eterno misterio que nos rodea?
LiJB anglo-::iajont1s son el único pueblo germánico que
no ua pruJ.uciúo un gran múoico, a pt:Ear de las delic10sas optretaa de Sullivan. Pero su afi.cion á la música t=B
inmensa y su dón de transformar en religioso cualquier
canto, ea t1orprendent.e. Algunas pruebas curiosas tuve de
ello en Nueva York y Cb1cago; esto es pr(Jpio del alma
de esta raza; puede decirse que asf como no hay salón de
lujo aqui que no tenga ua vago aire de gabinetede11tal,
hasta los gabiner.es dtintales tit:nen cie1to aspecto de oratoi-io.
La música de Beetboven no es siempre religiosa, pero
aiemprn produce esa emoción que se }lama relit,~10Sd.; 6Ub síntomas son alas, el alma vuelaconellaa . .Aquf y t:n todas las
ciudades hay gruposconsiderablesdt:i tlelts á 1mcul&amp;o. 1'alll•
bien \Vagner tieue sus fieles¡ pero éste va llegando al peliodo eert:ino, en el fondo del anfora de cristal del arte se
va deposiLando elor, de sus creacciones. ¡Ay! porquéeu
México no le conocemos todav1a? Toda una faz y la más
expresiva del arte moderno nos es ignorada así¡ el gobierno ~debla consideraree obligado á iniciará los grupos
sociales en ciertas ma.nif&lt;!E.taciuncs superiores de la cultura humana ...... En el musU,--ha.Jl se oyen grandes frag.
mentas de \Vagner, ejecutados por muaicos alemanes, eil
su mayor part'", y cautados por muy buenos solistas y
por coros muy bien educados. Cuaudo en el programa
se resume no sólo el episodio de la ópera que se va á ejecutar, sinoae da idea de la decoración que debe acompañar•
lo, es mu y fácil notar el poder con que este hombre .bingular
bacever con la música elcuadroeuque eldrama se desen·
vuelve. De la audición á. la visión interna, la transición
ea indefectible. Este potta que prttendfa reunir el
drama lirico y sintetizar en él toClo el arte, traduce y
concreta con tuerza eingular en notas, todo la realidaU
objetiva¡ un incendio, una erupción volcánica, un océano en conmoción¡ toó.o eso se oye y se ve en su obra¡ ptro agrandado hasta Jo fantástico, sin ser por ello irreu f.
Schumann ( oí en el mu.sic hall una romanza suya:
Traumerci de un ine:x:prdeable encanto) tiene:aquí sus tit!·
lea ¿y en dónde no? Y. sobre todo, su discípulo Brahme,
igual quizás al maestro. Con todo esto se regalaban lot1
bueno¡;¡ yankees neoyorquinos, loa domingos por la nocht¡
regalos C1e rey. ¡ Y nosotros que los tenem&lt;.,s por zafios
en achaques de arte! ::::lomos unos tontos.

•
••
Acabemos nuestra jornada teatral.
En un lindo teatrillo de la Quintci A venida, si mis recuerdos no me son infieles,· vf una opereta alemana de
Humperdink: Htmlze l y Gr,tel. Ea primorosa; llena de f.Pi•
sodios fantásticos, de selvae pobladas de silfos y dueu·
des y admirablemente decorada con caacatelas y arro•
yoa y vericuetos Eombrfos, en que se pierden loa prmagonistaa, que son dos chicuelos (una típley un contralto
de frescas y argentinas vocee ) de telones de cielos nocturnos de cuyo infito y profundo azul desciende !a escala.

�EL MUNDO

DD.MINGO •7 DE JUNIO DE 1897
DO ■ IIIGO

de oro de los angeles que, vestidos de luz blanca, cuidan el
suefio de los nii\os; decoros diabólieos, de aquelarres espeluznantes, de brujas, etc.-No sé por qué en México no se
ha explotado esta obrilla, que tiene algunos numeroa
que harían furor, á pesar de nuestra sistemática edu•
cación zarzuelera.
Lo que quiere decir que aquí no sólo hay teatros-circos, sino que loe hay d~ t.odos los géneros y que puede
uno divertirse á su guisa. En algunos de est0s espec,áculos, encuentran los actores 6 los empresarios el modo de
deslizar sátiras casi aristofaneecas contra algún grupo so•
cial; p. e., oí á un mal cantante, pero expresivo actor,
repe,ir hasta el fastidio, en medio de los aplausos delirantes del público, una canción popularisima en aquel afio
en toda la Unión, que terminaba con una sangnenta caricatura de loe ricoe advenedizos de Chicago. En otro
teatro ví terminar una serie de cuadros plásticos admi·
rablemente compuestos é iluminados, con uno que se
llamaba: ttExportación de oro;n ahí se veía el momento
en que eubian al buque que loe debía de conducirá Eu·
ropa al Conde de Ca1:1leliane y á eu esposa ( la hija del
archimillonario Jay Gould) Ea1e cuadro también erar~petido y aplaudido.
.Para conocer la afición al lujo ostentoso de las americauae, no hay ID!is que verlas en sus palcos en alguno de
loe teatros ariet.ocrát.icoe. En una neUuloea de encajes y
de gasas, aparecen como verdaderas constelaciones de
geruas fulgurantes¡ se nota en la mujer como una ten•
dencia á. a~saparecer detrás del diamente. ¡Qué diade·
mas, qué nimnos1 qué petos, qué coilaresl,En suma, aquí
el horubre es el esclavo de la mujer, y la muJer lo es U.e
la joyai aqui el becerro de oro ea femenino, es una terne1 a, como diría el Antón Antúnez de .Fígaro.

•1 llE JUNIO DI 189

01

EL MUNDO

HACIA EL POLO
POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción para "EL MUNDO."--llustracioncs tomadas de las fotografias hechas en el curso de la expedición.
LA P.ABI'IDA

DE

NANSE..~ y

nE JOHANBL~

Después de dos falsas partitlas que habían tenido logar
el 26 de Febrero de 1895, Naneen y Johaneen abandona~~ definitivamente el Fram el 14 de Marzo (1 ). Naneen
deJaba á. Sverdrop el mando de la expedición. 8i el Fram
no llevaba ya á. Naneen sí llevaba su fortuna. Naneen podía fracaear en su aventurada expedición en trineo podía perecer, mas el Fram debía hacer triunfar basta el
fin el plan de derivación.•
En ene instrucciones á Sverdrup, Naneen le confiaba;
en primer lugar la vida de la tripulación; en segundo lugar el buque; en tercer lugar el cuidado de continuar con
Scott-Haneeo, Bleesing, Henrikeen y loe otros, las in•
veetipcionea científicas.
El 26 de Febrero, Naneen y su campa.fiero se habían
puesto en camino con cuatro trineos. Pero las cargas
eran demasiado pesadas y se produjo un accidente, obligando á los viajeros á volver sobre sus pasos.

sibles, provistos de dobles patines y cargados eolamente eayoa varios, renunciaron á. la piel de lobo: es demaaiado
de lo efltrictamente neceimrio. ¿Qué llevan consigo loe caliente para 40º y más bajo cero.
viajeros, que se lanzan á la más temeraria de loe exploE3tá.n vestidos de la manera siguiente: para el torso doe
raciones, quemando, det.ras de elloe las naves, y eit ot.ra camisas de franela, UD chaleco de piel de camello, un jerHsea de retirada que las desoladas playae de la tierra de
eey¡para las piernas1 calzones de lana, knickerbockertJ (cal•
Francisco José? El inventario sucinto de Ja carga de los zonee) y botines forrados de UD tejido de lana noruego.
trineos, muee&amp;;ra, qué suma de recnreoe habían logrado Por e:ecima de todo esto, para protegerse del viento, y
reunir en un volumen excesivamente pequet'i.o.
sobre todo de la nieve que penetra como polvo en loe
Dos kayake eon eu bien máe precioso. Solamente con
tejidos de lana, llevan un paletot de capuchón y un vasto
eetoe kayakes pueden contar Naneen y Haneen para ba• pantalón de \ela de un tejido fino y apretado que loe
tirae en retirada durante el estío, á través de lae grietae abriga.
de los bancos, deepnée, á través del_ mar libre. La forma
En lugar de largas botas han adoptado calzas y cu•
es menos alargada que la adoptada generalmente para ee• biertas de pierna eeparadae. Las calzas son de lana de
te género de embarcaciones; así serán menos rápidos, pe- carnero y de cabellos humanos, má.a cómodas para qui•
ro más est.ables. La corteza es de bambú, la envoltura t.aree en la noche, á fin de eer colocadas sobre el pecho 1
de lona de ve]e, hecha impermeable por un endureci- secadas aeí al calor del cuerpo. «Cuando se viaja contt·
miento de cera y de sebo. Pesan poco más 6 menos 18 ki- nuamente sobre la nieve, con una temperatura muy ba•
loe y medio.
ja ya sea con ski (2) 6 no, loe mocasines laponee, hechos
Como ves\idoa1 Naneen y su compafl.ero, después de en• con la piel de loe cuartos \raseros del reno:macho, sin los

•
Salir del teatro á media noche, abrirse paso entre la
turba de pupelero8, asaltar un coche del funicular, hacer
alto ante un limpísimo restaurant de la sociedad de
temperancia en que se come muy bien una suculenta y
pecaminosa ensalada de langosta y se bebe té ó leche en
1ugar de vino¡ entrar ahí, cenar y después emprend~rla
á pie para llegar &amp; casa á las doa de Ja mailaoa, es un
programa que aconsejo á las persona.e de buena conct~ncia. Una noche que lo ejecutabamoe al pié de la letra, y
andaba.moa de pnsa envueltos en una nebJtoa glacial, precursora de loa grandes frias del invierno, al atrnesar de
un vértice á otro de loe ángulos que forman al cortarse
Brod way y la 7·~ A venida, acerté á oír cerca de mí un
mido infernal, un campaneo formidable en crescell&lt;to
fantástico, y vacilé y me detuve azorado. Un hombre me
empujó hacia atrás, y en ese segundo de estupor, ví en·
t.re la niebla esfumarse una sombra indecisa y enorme,
negra con un ojo de luz roja, como el de Polifemo; me
parecía la catedral de San Patricio que corría sobre mí,
con eu campanario á cuestas. Instantáneamente la visión
apocalíptica pae6 del estado.de sombra al de realidad;
era un carro de bomberos tirado por. ocho caballos que
corría como huracan ¡Ay! del que no oía la campana,
pa~aba en un eantiamen al papel de individuoeacriticado
á la especie; esa iba a ser mi suerte. ¿t&gt;ero no es esa la
suerte de todos?

,ii::

Justo Sierra.

Junio de 18\J7.
Teatro Calderón de Zacatecas, inaue;urado recientementl".-foroEL TEATRO CALDERON DE ZACATECAS

Acaba de inaugurarse en la capital de Zacateca.e un bellfeimo teatro, que~con el Degolla,:to en Guadalajara 1 el de
]a Paz en San Luis y el soberbio t.ea~ro de Guanajuato,
hacen un total de cuatro templos del arte, dignos en todo
de la cultura mflxicana y notables en la República.
El Tdtro de z~catecas honra la memoría del eximio
dramaturgo, poeta y soldado liberal don Fernando Calderón, hijo del Estado, y cuyo nombre u~va el colieeo.
Cinco ai'ioe duró su conatrucci6u 1 demandando un costo de trescientos mil pesos y un ¡.ersonal de dos mil
obreros.
l!;l primer contratiEta de la obra fué el conde Fernando )L de Pres,. qnieu murió en Nueva York.
El año de 18!)2 10cendióse el teat.ro que había en Zacateca.e, y el 16 de Septiembre de 18\J5, era la íecba dei:,.i~ne.da
para la inauguración del actual, que no pudo efectuarse.
El Teatro Calderón fué terminado por el arquitecto
Geo. E. King y recibido por el ingeniero Luis G. Córdova.
El moviliario de aufuye,· ha costado 18,000 pesos. De
la belleza y disposición del edificio simado en la calle
Principal de Z.lcatecas, frente al Mercado, pueden formarse idea nuestros lec~ores por las div~ri:1ae fotografías
que publicamos.

Una nación no será nada ei no pretende nada.
.Baron Brenier.

Las penas son, como las alegríae, las ocupaciones de la
·,ida.

LAS PRIMAS DE "EL MUNDO"
Con este número repartiremos la segunda.
parte de

Hay ui ,a cie~cia nueva, el cu:t.ivo del yo, que poco
más ó menos viene á ser él culto de ef mismo.
Ludol'i.c Jlale:iy.

Egoíemo y desinterés en dósie iguales en dos corazolH!!ls: eso se llama amor. Ex~raña harmonía.
Victor dt Swarte.

Critica de otro, elogio de sí mismo.
O. M. Vi:iltour.
El últi mo campamento anhs de la separación.

"EL DINERO DE LOS OTROS"

que completa el folletín correspondiente á
Junio. Para Julio, preparamos un hermoso novela ademas de las reformas, que siguiendo nue,tra costumbre de variación amena y sugestiva, nos pr~ponemos hacer.
Desde luego, con el primer número de
Julio obsequiaremos á nuestros lectores un
bellísimo grobado á colores
En los números de ern mes vamos á publicar también la. segunda parte del maravilloso viaje de Fr:d,iof Nansen, ósea
La vuelta del Polo,

A. Gr 1111evraye.

El retiro no es la tun1 ba, pero es cuando menos el ol•
vid.o, lo que eqnivale casi á aquella.
Georges C:ement.

La actualidad da á las obrae de a1te, com/) el tinte á.
Joc;¡ rostros, nn falso aire de juventud que les presagia
una. decrepitud rápida.

en que las peripecias extrdordinariilB sucédense sin in' erru pción, y la tercera parte de
ENGAÑO SUBLIME, muy breve ya y á la cual
va á seguir una novda cuidadosamente escogida é ilustrada, que tenemos en revisión.

OTRO PAGO DE $5,619 PE

41

ItN T.-_MPICO

RR-cibí de uThe Mutual Life Ine. Co. of New- York» la
cantidad &lt;le $5 1 619.75 1 cinco mil seiscientos diez y n~eve
Pf&gt;Sne. 11Ptenta y cinco centavos.
Só,000.00 1mma asegurada }
619 75 premios devneltns en pago total de cuantoe de·
rechoe se derivan de la Póliza número 5\J7,361 bajo la
cual estuvo aaegnrado el finado SESoa DA:o.IEL DE LE&lt;&gt;N.
Y para la debida constancia, en mi carac~r de tuM&gt;r
d~ loe menores, hijoa del finado, que son: Daniel, Fran01sca, Albert.o, Carolina, Josefa, Manuel Virginia María, Soledad, Joeé Pdtricio y León de J~eús de LeÓn, como benefici~rioe nombrados en la póliza, extiendo el
presente re01bo en eeta misma póliza, la cual ee devuelve á la compsf\fa para su cancelación en tampico á 10
de Junio de 1897.
'
'
Firmado,

LAuREANO DE LA SoTA.

El Licenciado Ricardo López y Parra Eecrib&amp;no Público, en ejercicio, en est-e Puer&amp;0
'
CeJ1:ifico: Que en mi prernncia,' entregó hoy el seftor
Federico M. Suhutz, Banqnero de 11The Mutual Life In•
surance Company of New-York » al s~ñ.or Laurea.no de
l~ l'lota, Tutor de los menores hijos del finado eefior Da~1el de León, que eon: Daniel, Francisca, Albert.o, CarohI?,8:, Jeseía, Manuel Y, Virginia, María Soledad, José Patr1c10 y León de Jesu8 de León beneficiarios de esta
póliza número 597,361, la sumad~ cinco mil seiscientos
diez y nueve pesos, setenta y cinco centavos, que expre•
ea el recibo que precede, firmado ante mí por el ciiado
sef'ior de la !:Sota.
Pa~ constancia s~llo, signo y firmo la present.e, en
Tamp1co de Tamauhpas, á Ira diez dias del mee de Ju•
Dio de mil ochocientos noventa y siete.
Firmado, RICARDO

LóPEZ y

PABRA,

E. P.

máe á propósito. Ea indispensable, ein embargo, eecarloe después de la marcha. Para lograrlo, cuando
el tiempo no ea seco y no
brilla el sol, el único me•
dio es llenarlos de leche
después de haberlos lavado...... Para las manos t.enemoe mitones de lana y
guantee de piel de loboqne
eecaremos, llegada la no•
che, como nueet.ro calzado
y nuestros zapatos ...... El
calor de un pobre cuerpo
se gasta así e.::iteramente
en secar sus tn1,jee; y dormiremos entre compre11ae
mojadas á. fin de estar un
poco más confortablemente vestidos al día signien•

El 28 de Febrero habían vuelto á partir con seis trineos.
Era demasiado para veintiocho perros que había. La
marcha fué más lenta de lo que Naneen había previsto.
Por la noche la caravana no había llegado á más de cuat.ro millas del Fram, que encendió su g1 an lámpara de
arco y paeéo sobre loe bancos los rayos de su luz eléctrica, á la vez que en honor de los dos conquistadores del
Polo, para guiar la vuelta .á aquellos que los acompafiaban algún espacio como despedida. E.atoa se despidieron
de Naneen y deJobaneen el primero de Marzo. Los adioses fneron efusivoe, más de una pupila se humedeció:
11¿Pensáis, á la vuelta, ir al Polo Sur? había dicho Sverdrup. En ese cai!O, juzgo que me esperaréis.» Nansen,
seguido del solo eompafiero elegido, emprendi6 su marcha hacia el Norte.
La superficie del hielo era accidentada. Sus trineos eran
demasiado, no solamente para veintiocho perros, sino
también para dos hombre@. Ademá.81 el frío de la noche
era dem11.eiado vívo para las bestias. El 3 de Marzo Nan·
sen y Johansen habían vuelto de nuevo al Fram 1 á fin
de reducir el número de trineos y su carga, y de e3perar
que la primavera estuviese más avanzada.
Durante este tiempo la derivación hacia el Norte ha•
bía continuado, de suerte que no se había perdido el
tiempo. El 14 de Marzo, dia irrevoeable de par~ida, el
Fram babia alcanzado el 84 grado de lati~ud Nort.e.

LA MUTUA"

Deepnés de lae dos expeTiencias del 26 y del 28 de Fe·
brero, Nansen había resuelto contentarse con tres trineos consolidados y reforzados por todos los medios -po-

•

(t) El general americano üreely, jefe de la infortwmda expedición que lleva~ nombre, ba.bta combaddoen 1891, con rara violencia., el pran de Nansen. Después de la vueft.a del explorador noruego. tuvo
que reconocer lo mal funda.do de sus erHlcas y de sus predleelones; pero reprochó á. Na.osen en ~rmlnos
de unn extrema. violencln, haber faltado á. su deber má.s sagrado, abandonando su buquP. Y !IUS compafie~. Fndtjof Nansen, en la introcluccl6o de la relación de vis.Je, pone cierta. coqueieña en citar la
apreciación del general Greely, ,:;in añadir una !K&gt;la palabra. para responder y defenderse. Encontramos
sin embnrgo. en su diario, la exposición de los móviles que lo han guiado y la huella de los eombates
que se han librado en su conciencia.
La expedición en trineo le wrecla necesaria. Rabia examinado todas las dificultades ciertas 6 solamente cventue.les; se hu.btadedi&lt;.:ado A preveerlas, á. fin de triunfar: "Cu.ando se han tomado todas las
pn-cauciones pasibles, el deber es.marchar hacia adelante." Pero entonces prop1\~ A su eaplritu una
cuestión: ¿tenia. N derecho de pnVllr al buque y á los que quedaban á. bordo de lati re&lt;:ursM preci&lt;&gt;&amp;OR,
en primer lugar de los perros? Su Inquebrantable confianm en la 901ldez del Fram.. le responde que el
m¡ue mismo sert el que lleve al pals, después de la larga derivación, A los que queden á. ~rdo, Y si el
acc dente en el cual no puede creer se produjese, once hombres, abundantemente pronstos de vive-

¡;

\e ....... ..

En mracha.

1,Por la noche, en lugar
de un lecho-meo para cada
uno, tenemos un lecho, doble hecho de una piel de
reno adulto¡ aei nos calentaremos mutuamente; dor•
miremos mejor ...... Nues•
tra tienda es ligera y fuer-

re!I, en trtn~ á brazo y en embarcacion~, !le verian demasiado apurados para franquear los 300 6 400 kilómetroi; que septi.ran el SS grado de latitud (punto extremo que puede alcanzar el Fram.) de Ja tierra de
FmnclfiC(I José- 6 del Spltzberg? Para los qus debfan quedarse eran la seguridad casi absoluta la. contln~ióndcl bie}1estar de que la expedición habla gozado basta entonce!:!; para los.que debla!\ 'partir, \os
peligros, ltu ratigas, 108 a.ui.res las privaciones, la muerte quJUi. ...... He aquI por qué Nausen se resoh-ió
A parrlr.
''Cutle."1 i::erún los miembros de la expedtclón? leemos en su relato; · Es evidente que no podemos los
d09. Sverdrup y yo, abandonar eJ buque rno de ambos debe quedal"Be para asumir 1a l"C!'J)OllllBbilldad
de llevar 1\ los otro'&lt; sanos y !lalw~ &amp; Noru~ga; pero es igualmente lndlscutJble que uno de n 080 tros es
quien dPbe conducir la expedición en tri.neo, por que tenemos ípor nueKtro viaje anterior á. Groeulandia\
la experiencia necesaria. Sverdrup tiene gran deseo de partir, pero hay má.s pellgro en abandonar e
Prom. que en queda.N! á bordo. SI yo lo dejara partir le encargarla la tarea más peligrosa y gua.rdarta
para mt la más fac.11 ......... Adem{ut, el verdadero coID.!Uldante del buque es Svllrdrup· el es cuplt.án y no
debe abandonar su na,10 ......... :MI deber es partir y el suyo quedarae; por lo deJDM 'él a.st lo reconoce"
[2] Patines de madero. de gran longitud,
'
·

�BL MUNDO

DONIIIGO •7 DE JUIIIO DE 1'97

DONIIIGO •7 DE JUIIIO DE t&amp;97

BL MUNDO

Teatro Calderón de Zacateca,., in.Hugn.rado recientemente.

Fachada.
Partida de Nanaen y dcJohanacn, el 14 de Marzo de 1895.

&amp;e. Por delgada q11e sea una tienda, es siempre un abrigo.
Cuando la instalemos por la noche, un ski plantado en el
hielo servirá de apoyo. No pesa .ní dos kilos y nos será

hasta el otoño un caro refugio........ .
La oalentadera que Naneen y Jobansen llevan, tiene la
ventaja de sacar el mayor partido del combustible de
que se servirán. En poquísimo tiempo podrán cocer sus
alimentos, obteniendo al mismo tiempo dulce C!llor en
abundancia. Una mirada al dibujo que en otro lugar pu·
bl:camos, hará comprender el funcionamiento del aparato. Veint:,e libras de petroleo alimentarán estas lámpa•
rae durante más de cien días.
Nansen ba tenido cuidado, por lo demás, de escoger loe
alimentos que lleva ( carne y pescado no solamente secos
sino pulvmizadoe, harina pasada al vapor, patataa hervi•
das y recae, etc.), de tal manera que e1 el combustible
faltase, podrían ser absorvidos sin cocimiento. Todos
estos alimentos, en efecto, no demandan, hablando pro•
piamente, ser cocidos, sino simplemente ser recalentados. Pueden, pues, en úliimo caso, comerse fríos; y además, tienen la ventaja continua de no exigir un gran die·
pendio de combustible.
Gastidas las provisiones (deben dnrar cien días). Naneen y Jobansen, no tendrían otro recurso para subsistir
que Ja caza. Como armas han elegido dos fusiles de la

En la cima de un hummok nos dimos el último adiós. Yo
lo miré largamen,e-lo recuerdo-marchar con habilidad
hacia el buque, con ski. Deseaba casi tornar con él.. .... »
Entretanto loa trineos avanzan rápidamente. Haneen,
Haorikaen y Pe'8rsen se apuran para collliinuar sobre el
híelo unído. Pero bien pronio comienzan las as~~zae
y la marcha se hace lenta¡ es preciso literalmente llevar
los trineos por encima de una arisia de hielo. (cVais 'encontrar otras muchas como esta,» dice Peter Henriksen, alarmado y moviendo la cabeza llena de tristes pen•
samientos. Hacia la tarde, felizmense, la sup~rficie se
pone mejor y cuando se hace alto á las seis, la caravana
ha recorrido 7 millas, lo que no es del todo malo para
una primera jornada.
La noche es fría. Con la mafiana viene la hora de la
última separación. uTomamos juntos nut,stro último desayuno, preparamos nuestros trineos, atamos los perros,
damos á nuestros compafieros un expresivo apre~n de
manos, y sin muchas palabras ni de u.na parte ni de la
.otra, nos hundimos en la soledad.
«Recorremos rápidamente grandes espacios de hielo
unido, y nos apartamos más y más de nuestros compafieros para penetrar en lo deaconooido, donde, los dos solos, con 101: perros, debemos errar duranie meses. La arboladura del Fram ha desaparecido hace largo tiempo en
el horizonte de hielo. A veces encontramos abruptos
amontonamientos: en esos pasos difíciles hay que acudir
en socorro de los trineoe1 izarlos y empujarlos. Frecuen•
temente se vuelcan y no loa enderezamos sino con penosos esfuerzos.
«Un poco fatigados de esta ruda labor, hacemos alto á
las seis de la tarde. Hemos recorrido nueve millas en el
día. No es todo lo que contabamos recorrer, pero, ya se
aligerarán loe trineos yel hielo se. pondra mejor.»
El 17 de Marzo, Nansenescriba en su pariódico: uCuan·
to mas avanzamos hacia el Norte, menos desigual es el
hielo.,1 Ese ,día, sin embargo1 los viajeros encontraron
una grieta que loa obliga á largo rodeo. En efecto, no se í
LA MARCHA HACIA EL I)QLO
ría prudente servirse de los kayaka cuando la temperatura es tan baja ( es de 42ºbajo cero). Podría el agua que
La11 dos falsas partidas hendieran congelarse en su derredor y aprisionarlos, Y
no habían moderado en la _sería imposible desembarazarlos del hielo.
tripulación del Fram la
Los días siguientes, la superficie se pone más y más
emoción de las separacio- practicable y la pequéña caravana, hace catorce millas
nee. 1&lt;Cuaodo dejamos el diarias y aun más.
navio1 sonó una salva. Por
u...... Vamos siempre derecho al Norte, átravés de loa
tercera VPZ fueron cambia• inmensos planos helados, que parece que se extenderán
dos adioses y buenos de- has~a el Polo. Laego el paisaje se quiebra y toma el y ..
seos recfprvcos. Alguno.e pecto de un campo onduloso cubierto de nieve.
de nuestros camaradas nos
acompañaron. 'Pero SverContinuará.
drup se volvió bien pronto
para estará bordo á la hora de la comida, (la una.)

mejor calidad y van provistos de suficiente parque.
Un paqueño teodolito, un sextante de bolsa y un no.•
rizonte artificial, un compás a,zimuth de aluminio, dos
brújulas ordinarias, dos barómetrus aneroides, y dos ter·
mómetros mínima de alcoh,ol, componen su bagaje científico. Y los lectores del MuNoo deben agradecer á Nan•
sen que no haya omitido cargar con un aparato de fotografía instantánea.
El doctor Bleseing proveyó la farmacia de viaje de sus
dos compatleros de la manera más terrorífica: ligaduras,
vendajes, yeso quirúrgico para fracturas de brazo 6 de
pierna¡ cloroformo para el caso en que fuera necesaria la
amputación de un mie•m bro helado; gotas para el dolor
de dientes: agujas curvas y seda para coser las heridas,
un escalpelo, etc. 1 etc. Todo esto, felizmente servirá po•
co 1 apresurémonos á decirlo, excepto las ligaduras y loe
vendajes, que serán tan útiles en el invierno siguiente,
para hacer mechas á lae lamparas de aceite de foca y
los emplasios de Nicolayaen, cuya capa da cera propor•
cionará un excelente alquii;rán para calafatear los ka yaks.
«T0tal, 650 kilos de provisiones y de objeto!! diversos,
agrupados en sa.cos 6 envohuras, están repartidos en los
tres trineos. Loa alimentos destinado!! é loa perro!!, lee
bastarán durante treinta días. Pdro Naneen lo ha previsto todo. Ha pesa~o á los perros y ha comprobado que
podrá nutrirá los unos con
loa otros;-matándoloe sucesivamente y reduc:éndo•
loa á medida que la carga
de cada trineo disminuya
pur la absorción de los vi'veres - durante cincuenta
dia.s. En oclunta dias ee habrá recorrido mncho cami•
no y «se habrá llegado á alguna parte.u

Nansen se dirige solo hacia adelante.

•
Foyer.

.
,

4)9

~

�DDIII INGO •T d• JUNIO de 18g7

1!.LMUNDO

S

_

EL MUNDO

-Puesto que eiempre me serviste bien, y puesW qu~
Pierrot te abandona, te daré el medio de que lo casü•
gues. Te prefiere á la la.na por que ne sabe cuán insen·
eaio ea ese amor. Búrlate de él, y para que lo cu.res ee
cambiada en

~~=========================~~~~~~===============~D~D~•=•ll=GO~•=T'=D=l=J"U'-'N=l=O=D=I
!!!.....__
440

Teatro Calderón de Zacatecas, inaugurado recientemente.

HADA DE LA

LuN A.

Suenan los címbalos. Cae el vestido de Colombina y
a\)arece, ella, en cuarto ereciente, con enag_üilla cona,
de.gasa azu.Josa, adornada de pedrería que chispea, y con
una media luna prendida en la cabellera. El rostro, loa
brazos, las piernas, tienen la eua ve claridad del astro.
La luz nocturna ha disminuido.
La luna llena del cielo, por un efecto de transparencia
queda reducida'- una luz pálida.
Se oye el suspiro de un echeno.
Es primavera.
V

•

I
P11.aa la escena en un jartl!n WaUeau, baiiado por luz
de Luna. Parques simétricos ojaranzos. La Luna, llena
y redonda, se mira, desde el centro de la decorac16n1 en
un estanque azulado sobre el cual se tiende una blanca
balaustrada. En el primer plan1J, á la derecha, un aliar
del Amor, enguirnaldado de rosas, se alza en medio de
la claridad. En el pedestal, la estatua del Amor-nifio armado con el arco y con el carcax, se destaca, blanca y
eonroeada sobre el cielo palido.
Pierrot hega corriendo, corno si lo persiguieran. Trae,
no el casaquín flot.ante de Debureau, sino el vestido un
poco amplio del hermoso Gilles; además enharinado el
pelo que cae· debajo de eu sombrero pequeflo. Hure de
-Colombina como de una abeja importuna, é imita su
zumbido. As( lo persigue. ¿No lo cree loco porque está.
enamorado de la Luna.? Y ¿por qué no había de estarlo?
Ea ella tan b~rmosa, tan tersa, tan brillante .. .... Y luego
ea tan pura como el lirio, tan reeplandecieate como una
rosa ...... Cae en contemplación y la admira con éxtasis.
Le canta una balada.
Le consagra, de rodillas, una oración.
La llama, le dirige toda suerte de halagos. La implora.
Nada.
Quiere irá ella, puesto que ella no viene á. él. Alborde del estanque está amarrada una barquilla. Entra y, á
riesgo de volcarse, levanta loe brazos á la Luna, trepa al
puente y cae. Quiere tenerla en el ag~a, ~onde brilla su
reflejo, y se tiende, para besarla, cona!gu1es.do sólo mo-jaree.
II

Interior.

Llega Coloffibina con enagua rayada Y jubón lila. Le
dirige á Pierrot amargos r~proches. ¿Por qué huye de
ella? ¿N'o lo cuida tank&gt;? ¿No le sirve loa manjares que
le agradan? ¿Olvidó ya las piernas deliciosas que dan
vueltas en el asador, los jamones macizos? ¿Olvidó loe
vinos suaves que enardecen, el champafla que sa118 y espuma? ¿Laolv1dó á. ella, que eeel regalo más sabroso? Y...
aqW m1raeecon juguetona vanidad las manos sonrosadas
los pieeecitoe leves; y comba el cuerpode ial modo que la
enagüilla ae distiende.
Pierrot queda insensible.
-!Ah! Amenaza ella¡ lo dejará por Arlequín.
Pierrot permanece frío.
-Entonces, lo enga1lará. con un capitá.n de bigote re•
torcido y porte ineoltmte.
Pierrot sonríe, incrédulo.
-Pues será con un financiero, de cuyo vienire, como de
no tonel, salten monedas de oro.
Pierros se encoje de hombros.
Colombina llega á. la deaeep.;,ración.
-Está. bien, me mataré.
Perfectamente, dice P1erro~, y le da valor. ¿Qué esco•
jerás't ¿La navaja, la cuerda, el fuego, el veneno?
-¡Ab.l solloza Colombina. ¡Qaé deágraciada soy! Y
todo por e9a luna! T~ h:!.9 enamurado d~ ~ea máscara. de
yeso, de esa Luoa maldita, horrorosa, v1eJa y decrepita.
1Uh! ¡Qué horror!
y le t,neefia el pun.o á. su rival, y la escupe en el estan•que. Pierrot, indignado, la amenaza. Colombina ae ríe
ae él. La persigue. Se oculia ella iue del altar del amor.

III
Pierrot vuelve jadeante de su inutil carrera. Profiere
vagas am~nazae contra la invisible Colombina, y sofocado, ae acuesta en una banca de flores y se duerm~.

IV

1

•
Vestíbulo.

Colombina sale de su escondite. Está desesperada por·
.que ama á Pierrot. En su desesperación se desata el lazo
oe su cuello para ahorcarse. V uél vese, Y. percibe al Amoru iño de pié sobre el altar, corre áarrodillareefrente áél,
Je implora con fer'vor.
El dioe sale de la inmovilidad1, se anima, sonríe, se e&amp;¡pereza, cambia de actitud y le ctlce en una copla:

Pierrot deepien&amp;, y absorto, admira '- la Hada de la
Luna. ¡Como! ¿Ea ella? Sí, es ella que bajó á. la Tierra, y
que baila, simbolizando la juventud de la Luna y au pr&lt;?pia juventud. Pierrot quiere abrazarla; pero, ella, virginal, ae eecapa con ligeros salWe, y le opone como una cabrilla, la punta de loe cuernos luminosos. prendidos en
su cabelJera, y con loe cuales se raagufla.
Suenan los címbalos.
La Hada se cambia en luna llena; y en su frente un
disco diamantino que sustituye al creciente, evoca la
imáR'en del plenilunio. La hoz del cielo se transforma
tamoien en disco.
Se ore un andante:
Es e estio.
La luz penetra por todas partes,
Baile absolutamente lánguido.
Es la madurez de la Luna, la Luna mujer, Pierrot corre á abrazarla¡ pero su frialdad lo hiela. ¡Brrrl
Suenan loa címbalos.
La Hada ee meiamorfoeea. En sn frente lleva un segmento pálido, sus cabellos se han vuelto grises como en
á.mee. La luna del cielo está ya en menguante. Se tiende la sombra.
Suspira nn adagio.
Es el otoilo. Así lo expresa la dam:a de la Hada. El
otono de la Luna, el ototlo de la Mujer.
Pierrot se siente gastado como ella, que lo rechaza con
ademanes melancólicos.
Suenan loa címbalos.
La Luna desaparece. La sombra lo invade todo. Nieva.
Ya no hay media luna en la frente de la hada; y ésta,
con la lamer.tación de un secberzo, ee aleja entre la eom•
bra y desaparece. Pierrot queda inmóvil y aterrado.

LA MUSICA
ALEMANA.

Es el rumor de hirviente catarata
Que en loe abismos sue cristales quiebra;
Del lúgubre caflón el ealampido;
El sublime fragor de la tormenta;
El colérico griio de loe marea
«Cansados de luchar con sus cadenas.•
El acerado choque de las armas¡
Del belico clarín la voz guerrera;
El gigante concieno de loe mandos;
El eón valiente de la tropa épica;
Y el ritmo eterao bar mónico y grandioso
De la máquina inmensa de la tierra.
l'fALIANA

Es el rumor del beso apasionado¡
Del aura los dulcísimos poemas¡
Las notas que del lago ee levantan
En las nocb.es azules y serenas;
La canción de loe silfos á las floree¡
De las arpas de oro las cadencias¡
El ¡ay! desgarrador del moribund&lt;l¡
El canto seductor de las sirenas;
El suspiro amoroso de las vírgenes¡
Dd laa aves canoras las endechas;
Y las mil harmonías de los bosqued
Que los espacios infinitos pueblau.
JIRAt.CltBA

Es el rumor ardiente de la orgía¡
La barcarola ritmica y ligera
Que las náyades cantan recostadas
};n eus eaq11ifee de coral y perlas,
El canto del amor y lo!:! pli,ceres¡
El crujir del raso y de la 1:1eda,
El uallegro11 monotono que entono
La bola de marfil en la ruleta¡
La9 sonoras y alegres carcajadas
De Paul de Kock; la voz de las grisetas;
De Beranger loe cantos populares,
Y el choque de las copas de Bohemia.
MANUEL REINA.

VI
Asoma el alba, fría y triste.
Pierrot se restrega loe ojos. ¿Habrá eoilado? Se siente
entumecido. El frío de la mat'i.ana lo asalta. Viénenle
reflexiones caseras. En la ca1:1a de Colombiaa no tendría
frío 1 comería bien, bebería mejor. Lo amarían. Aquí
hiel a. ¿Es esto racional? Ya no ama á la Luna. Además¡
Hueve, sopla el cierzo. ¿Y Colombina? ¿Dónde está? ¿Fné
á buscar á. ArleqPin? ¿A.l Capitán? ¿A.L Financiero? ¿Se
mató? Sí, probablemente. Todo ha concluido. Ahora, á
ahorcarse. Y fijándo~ en el lazo de Colombina, hace un
nudo corredizo y busca un árbol para colgarse.
Entonces el amor, desde su altar, ex~iende el brazo, y
en una copla le reprocha su inconstancia. Fué él, quien
á fin de curarlo de su e::!.fermedad, transformó en Hada
á Colombina.
Que Pierrot prometa ser bueno, y se la devolverá.
Reaparece Colombina con la enaguilla rayada, la carita
radiante, blancos loe senos y redondas las piernas.
-Amala ahora¡ ordena el ACQ.or.
Juramentos apasionados de Pierrot. El Amor bendice
á loe dos amantes.
Luces de bengala.
PAUL MARGUERI'l'TE.

"8.&amp;.VI.&amp;. ENFERMA."

V
Madri&amp;al Luis XIX.

( Aliteración al gusto de Duplessis.)

Tu blancura ea reina,
iu blancura reina,
10h nacarada! ¡oh alba como el alba que au-s oros despeina!

•

*

Tu piel 1 oh mi Blanca,
como el ala blanca
del ni veo alba,roe que adora las espumas, luce franca ....

**

¡Oh Blanca de Nieve!
haz que en mi alma nieve
el cá.ndido fulg0r de tu imagen casta y leve ......

***

Solitaria estrella,
Mis noches eetrella
con esa pensativa luz ideal, tan bella ......
Dlcanda.

Margarita de oro,
Al,ar en que oro,
la su,n rima brote como brote atonal,
y á tu alma ee prenda
Y en amor la prenda
Y ,ea la prenda
De vida 1nmoñall
.A.KA.DO

N:n.vo.

DE GEORGE SA~D A SAITE-BEUVE
Qué escribís ahora? Haced un libro que me pruebe
evidentemente cómo es que hay algo posible y bueno á
mi alcance y os pruteeto bajo mi palabra que aun cuan·
do sea irá conquistar á. China, lo baré, Pero, Dios mío,
¿qaé hacer de nuestra fuerza? ¿Dónde ponerla? ¿Qué em•
pleo habéis encontrado pi),ra la vuestra? Decídmelo, de·
cfdmelo pronto. No sois de loa que pueden responder:
-Carezco de ella¡ no tengo deseo9 de co1rer porque me
faltan los pies.
Habéis puesto en-alguna parte, en algún tabernáculo
sagrado, en algún astro mieterio9o, vuestra juventud,
vuestras duda~. ¿E~e lugar está en la religión crisiiana?
Si está ¿qué be de hacer para entrara! templo? Cada vez
que paso frente á ia puerta, me ar~odillo ante esa poesía,
Givina, vista desde lejoa, porque s1 me acerco ya no veo
lo que yo creía que allí estaba exclusivamente. Percibo
solo una faz de lu que busco. Qniaier~ encontrar á. Dios
yo misma, envuelto en su majestad y en ~u gloria¡ no
que otros, semejantes á mi, vinieran á decirme: ¡Es él!
porque, entonces, dudaría.
¡Ah! Qué feliz sois! ¿Qué crimen habré cometido para
que as( se me condene a! papel de Judío Errante? Decía
que sufrís y que sibéis sufrir. Lo sé t11n bien como vos,
y aun apuesto que vuestroe dolores serían en mí mucho_
más ligeros, si tuviera lo que ienéis !?ara consolaros, a1
pudiera recogerme una v~z, un solo rnetante al día, y
decir, adorando en algo:-He a\H de lo qut, no puedo
dudar.
¡Ah! Me contestaréis que habéis logrado, al menos para vuestro espíritu, una vida mejor que la mía; que no
habéis prodigado ni gastado vuestro corazón, qne no habéis descendido al antro de los leones. Loe que de allí
salen semi-devorados ¿quedarán mulilados y débiles para toda la Ti.da? Ved, me ocurre con frecuencia, y este ea
una especie de consuelo que me permito, que la causa por
la cual las almas apasionadas sufren mariirios, es una
causa noble y santa. Amar, en todo lo que conocemos,
es Jo más amplio y Jo que mlis ennoblece. Allí e-e donde
se encuentran la volumad y la fuerza para sacrificarse.
¡Desgraciados los que rechazan el eacrifi~io y loa que obliª
gan li, una alma ardiente á apagarse! Esas son la1:1 bestias
feroces que desgarran al mortal¡ pero ese Dios por quien
se soporta el martirio, no ea ménos digno de bendiciones,
y loe que reniegan de él, cuando mueren, son cobardes.
¡Babi viva el amor á puar de todo! Nuestros dolores
nada prueban contra el amor, como nada prueban las nu•
bes de la noche1 con,ra la existencia y la belleza de las
estrellas.
Adiós, mi querido director. Díceae qne vais á. ordenaros de sacerdote. A decir verdad, lo quisiera¡ iría á confesarme con vos y por más que os fastidiara, estaríais
obligado, en virtud de vuestro ministerio1 á ofrme y á
consolarme. · A fe mía, vuestro ejemplo me daría el deeeo de hacerme monja¡ bien que tendría el cuidado de
que me encerraran bien, porque no respondería de saltar
algunas ~eces por las ventajas, si oia sonar el cuerno d&amp;
caza y el galope de los caballos.
Adiós mi excelente a mi~. Escl'ibidme.
V ueetra de corazón,

•

�DOMINGO •1 OE JUNIO DE ,897

DOMINGO , 7 DE JUNIO DE , . . y

EL MUNDO

EL MUNDO
DE FRANCISCO M. DE OLAGUIBEL

DEJAVIER SANTA IIARIA

To rubia cabellera con esplendor de aurora
Brilla en mi obecura noche y luce y reverbera,
Y anuncia el claro dfa, el alba so!iadora,
Qne el duelo taciturno en su ansiedad espera.

Cuando eet.án rotas las enbaflaa mías
Tu vil .Pufial despedazarlas quiere ... ..... .
N&lt;? te importe n mis rudas agonías ... ..... .
Hiere, destino, hiere!

En sus guecjejae rubias verli6 eu encaDtadora
Luz de fulgores de am bar la joven primav,n;
Y ee mágica corona, diadema ~encedora,
Tu rubia cabellera.

Soy una sombra que con brazo yerto
Su J!ropia tumba sollozando cava ..... .
Vahente heroicidad! Herirá un muerto'
Sigue destino, acaba.. ....
·

¡Oh, musa pe n Eativa, el alma que te adora
Penigue en la n:ie1encia como triunfal bandeia
Que todos loe pnugioe divinos ateeoral
Tu rn bia cabe lerL

Vampiro, si es mi sangre la que ansía!!
Ya de mis venas lívidas no brota...... '
Profundiza, penetra, están vacíae
No queda ni una gota.........
'
Mas aun el!toy de pie¡ si me odias tanto
Puesto que á todo tu maldad se atre'\"e
,.
A.un quedan loe raudales de mi llanto'
EEa es mi sangre ......... bebe.
'

DE RUBEN DARIO

DE JOSE JUAN TABLADA

ONIX
DE JUAN DE DIOS PEZA

Corazón, corazón pálido y yerto
que et lóbrega prisión lates vacfo,
el mundo es para U campo deeieno,
sin Jfmitel!, ern luz, eetéri1, fr1o ......
Nunca podnis ornaT t"on fraeee huecas
la triste historia del dolor humano, ..... .
¿que eon las ilusionee? floree eecae,
¿que eon tus ilusiones? humo vano.
Sigue marcando rítmico latido
que a la vida automática acompafta ..... .
fniete trono, volcán, búcaro y nido ..... .
Hoy eres, 90raz6n 1 solo una entrafla.

Torvo fraile del templo eolit.srio
que á. la luz de nocturno lampad.ario
ó á. la pálida luz de las auroras
dePgranas de ,ne culpas el rosario:
yo quisiera llorar como tu lloras!;
Porque la fe en mi perho eglitario
ee extinguió, cual nocturno lampadario,
entre la roja luz rle las auroras
y mi vida es un fúnebre rosario
mlle triste que lae lágrimas que lloras.

DE IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO

De antiguo templo en la desierta nave
donde silencio ee todo y soledad
'
la paloma un asilo buscar suele '
para vivir en paz.

Y aquí, en mi corazón callado y triste,
que el culto de o,ro amor no turba ya,
refugio á tu inocencia hallar podrías
sobre el deaier'° altar.

c.eto amador de pálide. hermosura
ó torpe amante de eensual impura,
que vas, novio feliz 6 amante ciego,
llena el alma de amor 6 de amargura:
yo quisiera abrazarme con tu fuego!¡
por qne no me conmueve la hermosura
ni el casto amor ni la pasión impura;
por que en mi corazón, dormido y ciego,
ha paflado un gran !!Opio de amargura,
que tambien pudo ser lluvia de fuego.

Ni el nombre de loe númenes que un dfa
elímeroe vivieron hallará.e;
que una sombra siquiera en mis recuerdos
que te lastime no hay.
DE MANUEL M. FLORES

Adiós para siempre, mitad de mi vida,
un alma tan sólo teníamos loe dos:
mas hoy es precieo qne esta alma divida
la amarga palabra del último adiós.
¿Por qué nos separan? ¿No E!aben acaso
que pasa la vida cual pasa la floT?
Cruzamos el mnndo como aves de paso ..... .
Maftana la tamba, ¿por qué hoy el dolor?

¿La dicha secreta de dos que ee adoran
enoja á loe cielos y es fuerza sufrir?
Tan eolo son gratas lae almas que lloran
al torvo destino? ...... ¿La ley es morir?
¿Quién es el deetino? ... Te arroja á m\e brazos
en mi alma te imprime, te infunde en mi eér •
y bárbaro luego, me arranca á pedazos
'
el alma y la vida contigo ... ¿Por qué?
A dios ... , es preciso. No llores .. . y parte·
La dicha de vernos nos quitan no má.e· '
pero un solo inetant.e dejar de adoran,,;,
hacer que te olvide, ¿lo pueden? ... ¡Jamás!

Así, tranqui1a flor, tú resguardada
eeráe del mundo por mi tierno afán·
yo en cambio aspiraré dichoso y m~do
tu aroma virginal.

Oh guerrero de llrica memoria
que al aeir el laurel de la victoria
caiete herido, con el pecho abierto,
para vivir la vida de la gloria:
yo quisiera morir como tú has muert.o!
Porque al templo ein luz de mi memoria
tus escudos \riunfalee la vicwria
no ha llegado A colgar, porque no ha abierto
el reUmpago de oro de la gloria
mi corazón entumecido y yerto ......

~
DE JORGE ISAACS

:Fraile, amante, guerrero, yo qnieiera
saber que obscuro advenimiento espera
la ternura infinita de mi alma,
pnee de mi vida en la tediosa calma
no hay uo Dios, ni un A.mor, ni una Bandera!

-.No duermas, auplicante me decía·
escúchame, despierta!»
'
cuando haciendo cojía. de su regazo,
eoflándome besarla me dormía.

Más tarde...... ¡horror!, en convn.laivo abrazo
la oprimí al corazón ...... rígida y yerta.
'
En vaao la besé ...... , ¡no aonreía!
En vano la llamaba ...... , ¡no me oía!
La llamo en su sepulcro ...... , ¡y no despierta!

Con lazos eternos nos hemos unido;
en vano el destino noe hiere á loe dos ..... .
¡Las almas que ee aman no tienen olvido,
no tienen ausencia, no tienen adiós!

ALRIO CAUTO

•

Naces ¡oh Cauto! en empinadaa lomaa·
bello desciendes pc,r el valle· ufano
'
ealtae y bulles, juguetón, loz~no
peinando lirios y esparciendo a~mas.
Luego el arranque bullicioeo domae
y hondo y lento y callado, por el Jlano
te ,·as ll hundir en el inmenso oceano ......
Tu nombre pierdes y sus aguas tomas.
. Asf ea el hombre: entre caricias nace,
nsuel'io el mundo al goce le convida ........ .
¡Todo es amor y movimiento, y vida!
Mas el t.iempo ene ímpetus deshace 1
Y ~rave, serio, silencioso, umbrío,
baJa y ee esconde en el sepulcro frfo.
CARLOS MANUEL CF.SPEDE&amp;

ANSIEDAD.
Tantálico delirio me devora
al ver como ee pierde en lontananza
oonatrevido rumbo laeeperanza
'
volando infatigable y eofiadora ... .. .
En mi perpetua noche amo la aurora ..
y e~ loe molinos clavaré mi la.nza:
,,
no unporLa que el grotesco Sancho Pansa.
se ría del ideal que me enamorL .. ,_

En el mar de las hoscas muchedumbres
.floto, clavando en las lejanas cumbres
una mirada temblorosa y vaga;
y me hundo entre las almas sollozantes
como un Colon deaven\urado que ante&amp; '
de llegar á la América, naufraga.
JOSÉ

S. CHOCANO.

LA PUESTA DEL SOL

La tarde muere ya; la noche parda
va ~ndiendo las orlas de eu manto
1a Natura enmudece de quebranto '
y Véi.ue nace afüda y gallarda'.
Hermoso como el angel de la guarda
un pequefiuelo vierLe dulce llanto·
de la choza al umbral humilde y ~anta
la esposa inquieta al labrador aguarda.
Por fi n, entre las eorilbras del camino
se divisa el andar del campesino
que bnsca del hogar loe duloes lazoa¡
llega caneado del trabajo rudo
y, como un gladiador toma eu escudo,
sostiene al peqnefinelo entre ene brazos!
A RlU,NDO GODOY,

La tarde huyó como invenida aurora,
arrastrando su túnica de íuego,
y fué extendiendo por loe campos luego
el crespón de la noche sonadora.
Los verdee prados que el Abril colora,
entregaron su espíritu al aoeiego,
y volvió de Jos montee el labriego,
echando al aire su canción sonora.
Vibraron en loe valles las esquilas,
el grillo preludió bajo la mata
y las auras quedá.ronee tranquilas.
Murió la luz sobre la cumbre grata,
y al entornar el cielo ene pupilas
ee deslizó una lágrima de plata.
SALVADOR RliEDA.

Cuando oigo tus acentos
ee vuelven mis ideae eentimientoe
Tus ojos, con que el alma noe sondeas,
eon dos solee que alumbran con ideas.
CAM POAlf OB..

•

DE BALBINO DAVALOS

¿De que cárcel no huye el recnerdo?
¿Cuáles son las más fuertes cadenas
Que al rebelde detienen sumiso
Del cerebro en las íntimas celdas?
¿En qué h aguas habrá.o de forjarse
Las conaútilee redes que envuelvan
Con eue mallas de acero infrangible
Al titán qne tenaz forcejéa!
¡Oh recuerdo! mi fiera enjaulada
Que en romper ene prisione• ee obceca,
~l deber te ha ordenado:-¡Reposaly aun al mismo deber te rebelas.
¡Caprichoso errabundo! ¿qué buscas
Que así avanzas, y corree, y vuelas,
Y abandonas mi oscura tebaida,
Yendo en pos de imposibles quimeras?
Caprichoso errabundo, te has ido
A abreviar voluntarias ausencias ........ .
¡Oh recuerdo que vas de no ingrato!¡Oh recuerdo leal !-vuela, vuela!

t.ienen frío. Y al examinarlo mejor, advertí que lo misCuando mi vacilación ceeó, vi que había espacio pan mo temblaba todo su cuerpo,
que paeara mi cabeza, v mi cabeza ee inclinó. Lie\O. Has·
Entóncee, cayó de mis hombros el sudario_de miedo,
,a ese momento el hombre ienía derecb.o para imaginarse
......... No negaré yo que qu:ee robar; eí, quise robar, que la puerta se abría por ef sola; pero veía ya una por- y entré.
Dí audazmente siete paeoe y me detuve. No ee movió.
pero no matar. 'i. luego ¿es cierto que yo lo maté?
ción de mi frente ......... y ¡qué freniel Como estoy com• Me habría sido fácil \oearlo. A. pesar de toclo, mi coraLe encon,raron mut!rk&gt; cerca de m1, y P peeardeque pleiamente calvo. me dije:
zón latía coro() si hubiese tenido una campanilla en el
yo tenía la pistola en la mano ......... lo &amp;firmo¡ propia-No ha de comprender qué es esto lnciente que se pecho. Escuché al 1myo. ¡Qné corazón tan pobre, tan inmen\e hablando, ni yo lo maté, ni él ee ma\6, ni nadie desliza como un caparacho de toriuga?
fort.unadol. ..... Con eu latir sacudía al cuerpo, como si
¡Qué largo fué este tiempo! C ~ que todos los ee• íueee una de eeae grandes campanas que con eue repique•
lo mató.
Sé que desde i•ntoncee esk&gt;y loco, y que la afirmación
guodos son iguales. ¡A.b. nól yo os lo aseguro: hay ee·
cimbran las piedras de loe campanarios.
de un loco nada eignitica. Tontería. Ninguno es más lú- gundoe que duran mucho, eí, mucho más que otros. Lo
¿Cómo temerle á semejante cobardE? Me tranqwlizá
cido que un loco eu loe momen\oe en que no está loco. sabía porque el tic-r.ac del reloj ee aminoraba, indefini- por
completo, aun me burlé; y afiado que por broma, no
Y hay que advertir que desde el colegio me llamaban damente A medida que yo avanzaba.
con intención formal, saqué mi revólver.
Dió la hora. Ttinía que pasar mi ceja. Esperé que
ltl A,nfgo de la L 6g1ca.
El desiraciado quiso gritar con todas sus fuerzas. No
¡De qué modo'"º extraf\o pal!Ó todo! Desde el princi•
concluyera de sonar la campana. Con\é las trece; eí, las
lo temí. Era visible que un dogal de hierro le apretaba
pio, al poner mi mano en el botón de la puerta, tuve la t~e ......... Estoy seguro de ello.
Ja gargan,a y que tenía como CHdenas en todos sus miemhorrorosa convicción de que el ho¡:nbre veía el botón co ·
No tuve tiempo para asombrarme porque en el momeo·
rreepondien~ del o\ro lado de la misma puer\a. Yo adi· to mismo en que sonó la décima t.ercera campanada, en- beos. Sólo las manos continuaban moviéndose eetremecidae.
vinaba que eso hacía sentado en un sillón, á ocho pasos,
tró mi ojo, el ojo izquierdo, qne recibió inmediatamente
Y como yo levantara, siempre por broma, mi pistola
frente á mí. ¿Cómo, t-ra ese hombre á quien iba á robar?
el choque de los dos sayos.
sus cabelloé ee enderezaron, como si fueran tallos de yer~
¿Era joven, vi ejo? ¿lfotíl es su naturaleza? Sobre todo,
E!taba allí, á ocho paeoe. recostado en un ei116n, in- bae. Estuve á punto de estallar en una carcajada. ¿Son
¿por qué penl!aba al vt-r girar ese botón? P1Jrque yo le móvil y viéndome. Nos miramos.
posibles loa milagros? ¡Qué estupidez! Y me acordé de
daba vuelta y me decía:
Percibí que era bastante joven y baPtant.e hermoso; la cabellera de un buzo que vf zabullirse en u.u café can- Esto \iene que girar del otro lado: pero el punto lu- pero, en realidad, yo vi sólo sus ojos. Me horrorizaban,
tante, en el fondo de un acuario.
minoso que l!U lii. mpara proyecta sobre el marfil ha deee· no porque pertenecieran á un vivo capaz de defenderse,
Al fin, medió lástima. Tanto más cuanto que ene ojoe,
tar inmóvil, y él d t."be een\il'98 muy perplejo.
por el miedo que despedían. Y me pregunté: ¿de es- aparte de que-no cesaban de aullar de espanto, murmu·
Comprend1 lo que h ab ía de exoeriment.ar y tuve pie- sino
tos ojos cuáles tienen más miedo, los snyoe ó el mío? Di- raban poco á poco algo muy triste. Loe míos no se apar·
dad pam é l. EmpuJé la hoja. Habla luz. Aguardé un jlO, el mW, porque como el otro estaba oculto, debla creer taban de loe suyos. Para lograr que ee apartaran, me ví
grito. No; y ein embargo, ten la la convicción de que él
-precisado 11. hacer un esfuerzo prodigioso. En la separaél que yo nada más tenía un ojo.
había visto moverse la puerta.
Esto acabó por darme no eé qué inferioridad en la lualg&lt;, se rompió. ¿Qué? ¡Oh Dios mío, Dios mío!
Continué empuj á ndola con movi mie nto imperceotible. cha. Luego, la situación me pareció ridícula. Yo me be ción,
Deié mi arma sobre la chimenea. Allí estaba un maPude distingo ir, asf, de lado, una parte de la pared. Esa fijado siempre en el lado cómico de las situaciones. ¿No
parte aume ntaba. Repent.inamente, ví, colgado, un pu- parecía que representábamos alguna escena de chiqui- nojo de llaves. A. un lado, el ropero. Lo abrL Ni siquiera miré hacia atrás. ¿Para qué había de inquietarme con
lla) .
llos? Me dieron ganas de gritar:
aquel manequi? Registré. Vacié loe caj ones.
En ese momento, me vino la intencióa de huir¡ p ero
Entónoee pae6 un fenómeno exiraño. C-esar.:n todos
-¡Aquí está el coco!
la intención se manifestó por un ademán brusco, hacia
Resol vi irme; pero, repentinamente, me fijé en enema- loe ruidoe. Aun en el ailencio hay ru~! o, y aquí ao lo
adtlante. ¡Huir! ¿A.caso podía yo hacerlo? Si hubiera po·
nos. Desgraciadas manos, temblaban como pajaritos que
dido huir, habría p?dido también no ir.

EL AMIGO DE LA. LOGICA

EL ANOCIIECER

En el libro lujoso ee advierten
lae rimas triunfales;
bizantinos moeaicoe, pulidos
y raros eem&amp;ltee;
:fino estuche de art.íeticae joyas,
ideae brillanlee¡
loa vocablos unidos á modo
de ricos collares¡
lu ideas formando en el ritmo
sus bellos engarce:e;
y loe versos como hilo de oro
do irieadae tiemblan
perlas orientales.
¡Y mirad! En las mil filigranae
hallaréis alfilens punzantes,
y en la pedrer1a
1,rémulae facetas
de color de sangre.

�:=~~~=~===~==~~:==::=:===========~E~L~M~U~N'!;D~O~==============~~~~~!J~_:!_IJ~~~
444

DOMINGO 2y Ot JUNIO D E _ ~

había. Vi el !eloj. Mis~rlo in~xplicable. El péndulo 88
n¡ovia pedro BlD hacer rmdo, N1 había ruido tampoco en
nuestro erredor.
M~ vol'!í hucia el hnmbre casi para interrogarle
¡El s1lenc10 salía de él!
........ .
Sí, salía de él, en espesas bocanadas como el humo que
11ena una recámara. Sus manos no temblaban ya Me
acebrqué á él, Y oí que an corazón, aquel corazón q~e 8 0.
na a como campana, no latía
·
Me i!lcliné sobre sus ojos ~bit&gt;rtoE!. El vértigo me sob_recog16. En sus pupilas huecas ví un abismo de silen•
º!º·aSu dor frío me heló. Comprendí que ese era el silenc10 e 1a muerte.
De allí data mi locura. Me dije entoncee.-Luego es-

DO ■ IIIGO

D.A.UAS DISTINGUIDAS

•••

11:L MUNDO

ENGANO SUBLIME
Por OOaría S!escot.
NlJM.I,KO IS,

toy loco.

Había muer~ P?r si solo¡ por sí mismo. Ko me atreví
á ~overme. Mi.a OJl)S ee reanudaron con los suyos. El

ruido del espacio comenzó de nuevo. Escuché el tic-tac
del reló; Y sobre todo, mi corazón volvió á latir La gran
~mpaoa del muerto repicaba ahora dentro de ~i pecho
~ todo vuelo.
'
~uve miedo, un miedo formidable, y advertí que ese
miedo e~ el suyo. Sí, abandonado ahora, pasaba á mí
Y se mamfestaba por los mismos sin tomas. Mis manos
temblaban cerno pajaritos que tienen frlo. Mis cabellos
se.enderezara~ como la cabellera del buzo, y dentro de
mi ser1 algo estuvo á punto de desiquilibrarse.
A p~nto nada más, por que mi extraordinaria lucidez
decuplicada ya por la lor.ura, me advirtió el peligro. Con
un v1olen~o eefue.rzo volví á poner las coeas en su lugar.
Se me qmtó el miedo.
Dneño de mí mismo, me dije:
-Despué~ de todo, yo no tengo la prueba de que esté
m~erto .. O.mzá. esto no pase de un simple desvanecí,
nnento.
Le tolllé el poleo. Algo se agitó bajo mi dedo. Pero
¿ese algo no era mío, lo que palpita en la extremidad de
~ada ~no de nuestros dedos? No pude averiguarlo Me
mvad1ó una verdadera esperanza. Había en el to~ador
un frasco de sales, y agua. de colonia. Le bíce respirar
las salea Y le empapé las sienes. SLI curación me habría
causado mucho placer.
Yo .no ~udaba de que estuviera vivo1 ·-por más que na- .,.,
da l&lt;? l~dtcase, pero sa brazo cayó¡ y os lo aseguro el
movimiento no era natural. Puesto que vivía ¿por 4ué
se empefiaba e.n fingirse muerto?;
-¡Eh, P.ard1ez! peneé; se hace el muerto como una arafia se encoJe frente al enemigo.
. N_o, aquello me ofendió. Me aaimaban loa mejores sent1m1entos ...... ¡y eee fulano se burlaba de mí! Honda CÓ·
lera .me entró. Lo sacLid! con todas mis fuerzas. No se
movió. Lo alcé en peéo, lo estreché contra mí y bailamos
coi1;0 dos t~teres, á tr~vés de la babitacion.
, ~os refleJÓ un espeJo. ,Ibmpí á. reír. Esas cosas se ven
umcam~nte en las pantomimas del circo. Lo de¡·é caer
en un eillón.
¡Od!?BO cada ver! No se es imbécil hasta ese extremo
Y le d11e:
,
h -¡~res un bestia! No tuve 1a intención de matarte, y
é ~bt que te mueres y me transformas en tu asesino es•
túpi~am~nte, contra mi deseo, sin que mi voluntad' sea
tu complice. ¡Habrá. idiota!
b Me pus~ rabioso. Ser asesino cuando se ha matado en
ue1;1a hora; .Pero. cuando no ee ha matado ...... Eso' no
era Justo. Mi lógJca se rebelaba. Encadené mis raciocinios p~ra eaber si era culpable de ese crimen: sí ó no.
Pues bien ¡nó! Una vez más quedaban corroborados los
absurd~s d~ la Naturaleza. El hombre sensato era vict;ma del ilqg1smo del azar.
·
Eso no podía ser. Urgía combatir la injusticia colocar
1 hechos en su verdadero sitio, en su sentido ;eal segun lo normal, según la Lógica. Urgía. Urgía. Fué' por
•
ebsto por lo que procedí, y tan legítimamente como homSeñorita Paz Guerra,
re de talento.
'
No hizo el m:enor movim· to E
.
Y lo 1!ice co~ ~legría. Ülln alegría un poco irónica, pe.
ro también deliciosa. Tomé el revólver y le apunté al c':lr del buen tirador qLie es~:fre· t/feribinhba el pla.
un aneo espléncadá.ver. ¿Cad~ver? En el fondo subsistía alguna duda· d1do. ¡Qné divertido era aquello~
- ...... Tres ..... .
pero ¿qué m~dto mejor para disiparla? Le dí tiempo pa:
raque resucitara; y aun le dije:
d Un agujero pequefio, en medio de la frente Y un h.l
e sangre ...... ¡Ah imbécil! E t
.
'
1o
-Después de tres, disparo.
embargo, continué como dü taa1 ª. vezlei era cadáver. Sin
Y conté:
-Una ...... dos ...... tl't!s. e úti, Y e decía:
-Una ...... dos ..... .
L Desapareció el ojo derecb.;;,' luego el izquierdo; después

º,ª

DEL NATURAL
I
Amanece. Se cifie la aurora
vaporosos cendales de gasa
como novia gentil, que á 8 ~ amante
con loa brazos abiertos agLiarda
Retozando se van del alero
·
las palomas azules y blancas
Y atraviesan el límpido espa~io
como castos enaLieñoe de infancia
Brilla el cielo, fulgura el rocío •
brotan floree, loa pájaros canta~
Y á la_a rudas fatigas del campo •
el fehz labrador se prepara
Tras las altas montafias de Oriente
surge ~l s?I entre un golfo de llamas,
Y en. hirv1ente_exploeión ee desborda
arrojando corrientes de lava
T_afl.e el vi~nto las ramas, el ·río
vibra. un bunno al creador en eu arpa
dE: cr1e.tal, y de nidos y froadas
m11~ter1osos rLimores se alzan.
Entre tanto, el doliente poeta
con la pá.lida frente inclinada'
elabora la idéa en su mente '
Y prorrumpe en estrofas aladas.
II
Medio-día. De Febo 88 inyecta
la pupila brillante de fuego

27 Dt JUIIIO D t 1897

en el áureo ceait; con bochorno
la.a torcazas los picos abriendo
van !legando al aguaje, y desfloran
el cnstal en que tremen los cielos
El rebano de~cansa á la sombra ·
de foll~je!!. tupidos y frescos,
Y semeJan pufiado de cuentas
al zumbar Y bullir, los insectds.
Se ~catan .temtlando los mirtos
-roJ~s lab10.s que esquivan los besosal car1fi.o estival de la Siesta
qu1: desnuda se ,i~nde en et'huerto.
Rema un hondo silencio; tan sólo
del aud~z cazador se oye el cuerno
que en .a Bl_Igusta quietud de la seÍva
vagar deJa imponente su eco
Todo está. aletargado: los rfos .....
las florestas, ias a ves el viento
Y tendida iadolente ~n su baro:~~·
la mulata de obscuros cabellos
va cerranJo sue ojos de abism~
.
al pausado y sensual balanceo.
Jumo de 1897.
JuAN B • DELOADO,
IIMPOSIUl,~I

¿Qué ip~jor galardón, qué mayor loria
Que_ al BlDit'stro .tdversarto haber vegncido
H ac1endo que no exista en tu memoria '
La mancha negra que se llama oluido!

de San Luis Potosí.

le rompí la barba..La Lógica se vengaba ...... ¡Qué revan•
ch~!.. .... ¡Qué sublime papet de enderPzador dtt entuert&lt;?r ....... Estaba yo admirable de pie frente á él y e 1
pistola en el pu•
' ..... tart hermoso era on
. uo. •.... y él , él.
abo.a
una masa mforme. ¡ Ah! sí, yo lo había m~tado
muerto, yo lo babia matado.
.. ....

AJ

•

MAURIC.E

LEBLANC,

Desde ~ue el vuelo triunfador tendiste
De otro mdo á buscar el grato a3ilo,
Ya debes de sa~er que estoy muy triete,
Pero sabe también que estoy tranquilo.
Tranquilo como el águila bravía
Que sube audaz sin que el turbión le importe
ÜQmo el nau a sereno q11e confía
'
En una estrella que le marca el Norte.
Y tú misma te asustas porque mides
El férreo pacto á que te ves unida
Porque vae li olvidarme cuando ol'vides
El recuerdo má.a santo ds tu vida.
¡Oh! cuántas veces por borrar en vano
De tu. memoria el indeleble rastro
Con febril inquietud tu blanca m~no
Pasarás por tu frente de alabastro!
Como el ave aterida por la lluvia
Que 81: acoge á la selva mmoroea
Sacudirás tu cabecita rubia
'
Por dejar mi recuerdo que te acoea.
¡Pero n.o p~ede ser! Bljo tu abrigo
Pasaré m1 ~x1etenci~ c_on. orguUo,
Y porque 31empre viviré contigo
Tengo la gloria de llamarme tuy~I
..,
RoDULFO FroUJ!:ao..a...
1897.

•

Ahora bien, sólo una asociación piadosa existía enton• dificultades1 los cuidados, Jae querellas. Eea9 alabanzas
·cea en Pontarler y era la obra maternal de Santa Ana, que todos repetfan en rede ior de él, obraban sobre su espíritu. Su mujer era á. eus ojos una maravillosa criatura,
para socorrer á las mujeres en cinta. S ,lo las viudas y Ja3
un
tesoro qLieél ee creía iadigno de poseer. Solo una cosa
mujeres casa1.as podían ser president39. L'!I señora Four.
neron acababa de obtener esta alta dignidad. Aglaé de turbaba _esta ventura, la frialdad que Lila testificaba á
Lézines maldijo entonces esa virginidad de la que hasta aquella incomparable madrastra.
Más de una vez, en la intimidad de la familia, las miese día había estado tan justamente orgullosa. Su deseo
radas,
el sonido de la voz, habían traducido una hostili·
exasperado por Ja imposibilidad de satisfacerlo, llegaba
dKd
sorda;
la corteza de dulzura que recubría las relacio•
á la crisis aguda1cuando B~ltrana fu! á. habitar Pon•
nea de las doe mujeres, .ao era más que aparente. El se•
tarlier.
Algunas burletas de Jacobo de Sommeres, los aires nor Duvernoy lo comprendía y no osaba inquirir, pero se
triunfantes de la señora Fourneron cuando enuució ' eentfa irritado contra la nifia. Estaba á. punto de desli·
pomposamente su título de presidenta1 pero sobre todo1 zarse por la pendiente que conduce de la debilidad á la
la sonrisa violenta, envidiosa, amarga, que plegaba los la- injusticia, y de la injusticia á. la crueldad. Su amor paterbios delgaios de Aglaé deLézines, íuéparala señora Du• nal sucumbía ea medio de ese malestar, y cuando ella se
apartaba, experimentaba un alivio que no escapaba al
vernoy una revelación.
corazón clarividen~ de la jovencita.
Púsose inmediatamente en obra. H¡¡,bía anudado du•
La pobre peq11eña sufría horriblemente, enmedio de
rante su permanencia en Roma, algunas relaciones que
podían ser utilizadas. Puso pues su celo á contribución. esta indiferencia. T.,dos 103 corazones que la amaban se
Los estatutos de las innumerables asociaciones que es• hab1an apartado de ella, dejándola en el abandono. Beltos últimos tiem·pos han visto aparecer, llegaron á. sus trana no tenía el alma ni demasiado generosa ni demasía•
manos. Se trataba de h.acer una elección juiciosa. Recha- do alta1 para darle un poco de piedad¡ siendo de aquellas
zar desde luego esas asociaciones vulgares que se ocupan que casi no perdonan 1 cootinuaba haciendo expiará la
de las necesidades del pobre y ofrecen á. los ojos delica • joven las inju.stae rebeliones de la hija mimada. Mantedos sus miserias y sus llagas. No era de abnegación de lo afa empero su palabra y no perseguía á. la vencida¡ pero
que se trataba. Había que descubrir una misión limpia, la -persecusióo le hubiera parecido menos penosa á Lila,
más fértil en convocaciones que en resultados sociales. que la atmósfera indiferente que la rodeaba; nadie re·
Era preciso que consistiese sobre todo en conversaciones clamaba sus caricias, nadie tenia necesidad de su afecto.
piadoeas, salpicadas con una taza de té¡ nada que pudie- Demasiado adulada, demasiado adorada en su infancia,
ra llevar al ealón metódico de las Lézines el desorden ó habfa-a1qLiirido eea sensibilidad exquisita que poseen
la perturbación. Se necesitaba una obra económica que las mujeres tiernamente educadas. Su pobre corazón sanno fuese asunto de dinero¡ los provincianos son más pró- graba ahora, ante todos Jos martirios. Se volvió tan trisdigos de su tiempo que de su bolsa; una obra, en fin, que te como alegre hab!a sido; tsln concentrada como expanpudiesen patrocinar sin rubor, doE viejas solteronas pú· &amp;iva en otro tiempo.
En la mónotoníadeesta vida de familia, tomó sitio uno
dicas, donde no se tratase de nacimientos ni de matri •
de
esos accidentes pueriles de que nadie sabe prever las
monios, ni de seducción ni de niflos abandonados.
Después de largas vacilaciones, su elección se fijó en· la consecuencias.
Li C&amp;f!a, mal amueblada, como la níayor parte de las
obra de las viejas condecoradas. E3ta asociación eminen•
caeas
de provincia, necesitaba algunas repar11ciones, y la
temente inútil, tuvo el mayor éxito en Pontarlier. T,:,ias
eeflora
Duvernoy se di vertía bastante con estos cambios;
las mujeres se apuntaron, felices de ese pretexto para
con un Jápi,z y un libro de notas en la mano, seguida de
desertar de su oasa.
Las reuniones eran semanarias, la cotización propor- su marido y de un arquitecto, iba y venía, quitaba, reformaba1 llenando de los frufrua de su peinador de seda
cionada.
esas
cá.maras de aspecto severo, que la grave Elena reco•
La obra tuvo su tesorera, su eecretaria, su presidenta.
Beltrana dirigía todas las cosas con su espíritu de intriga rrfa silenciosamente. Desde su casadeemantelada de Bre•
finamente disimulado; rehusó ella las distinciones bono• tafia, Bdltrana había cont10rvado el horror de las vasta&amp;
rí:6.cas, hizo que fuesen disr,ernidas á. las dos hermanas piez&amp;s construidas por las generaciones potentes que padeslumbrad.as. Aglaé de Lézines fué nombrada presiden- recían siempre temer que el aire y el espacióo fuesen á
ta y á su hermana fué confiada la guarda del tesoro. Es- faltarles. Un departamento coq11eto, forrado de tapices,
lleno de mueb 1ea, de portieres, conatítuía para ella la ha•
tas innovaciones hicieron á Beltrana mucho honor.
-La señora Duvernoy está verdaderamente animada hitación ideal. Había modificado ya el comedor, tallado
un budoir en el gran salón, desplazado la escalera, dismi-de muy buenos sentimientos.
-Nuestra excelente prima BeUrana es para su familia nuidn el vestíbulo, cuando llegó á su cuarto de dormir...
-Aquf,·dijo, ~ndremos muchos cambios que hacer.
una fuente de bendiciones.
Era una de esas habitaciones de otro tiemp&amp;, vastas1
Estas dos frases marearon las dos fases del éxito de
.Beltrana. Hábilmente disimulada, la plaza capitulaba. espaciosas, de techo elevado, dt, muros regulares, pero
A partir de esta época fué una verdadera soberanía la desprovistas de esos rincones íntimos, de esos anexos,
.que la eefiora DuverJ;J.oy ejerció en Pontarlíer. Nadie re- que forman ahora parte integrante de un departamento
sistió á sus halagos, la sefiora Fourneron fué definitiva• confortable. MLiebles numerosos, armarios esculpidos,
mente conquistada. Carlota, para conciliarse las buenas cómodas con ornato de cobrei eerv!an para encerrar los
gracias de la vieja dama, no había imaginado nada m4s trajee, la ropa interior y lae cien bagatelas necesarias á
maquiavélico que levantar pacientemente los tejidos que una mujer. En un rincón, un mueble Luis XV moetra•
se caían. Bel,raoa solici~ consejos y lecciones. Quiso ba su vajilla de viejo Sévres, en tan\o que en el opuesto,
.aprender lt hacer muchas obras de mano. Se fingió inha • un reclinatorio de ébano ee arrodillaba al pie de un cru•
bil, ~rpe, á. :fin de dejar toda la superioridad á la insti• cifijo de marfil. B Jltrana, deadeflosamente eacaba á luz
,tutriz. Cons&amp;gró m.áa de un mes á ese fastidioso aprendi- todos estos muebles defectuosos; después indicaba las re.zaje, pero pasado ese tiempo, el alma y el corazón de la formas necesarias y enumeraba ene deseos.
-Un gabinete de ioilette desie luego, amplio, bien
señora F .,urneron le pertenecían deciiidamente.
El amor de Fernando á su mujer crecía á. proporción alumbrado; despuéd un saloacito de vestirse, di vid ido en
· de ea,os éxitos; sus ojos de artista, que fácilmente ee apa• dos partes; una para loa trajes de ciudad, la otra para los
.sionaban del color y de la forma-, no se cansaban de ad• de ter~ulis.. Por fin, un oratorio: la plegaria se eleva me·
mirar aquel talle esbelto, aquellos cabellos de oro, aque• jor hacia Dios en un lugar especialmente consagrado.
Se volvió hacia su marido con su má.! dulce aonriea, ~
lloa ojos de mutable mirada. Jamás Elena, aquella dulce
J:ija del Franco-Condado, había levantado en su corazón afiadió:
-Vos os encargaréis de en decoración, ¿no es verdad,
-esas tempestades de amor. Además, le agradecía á BelFemanao?
irana, perezoao como era, que apartase de su camino las

•

Por la primera vez desie su matrimonio, él no" le :respondió. ¿Por qué la pobre muerta, tan olvidada, acababa de levantarse en su corazón? ¿Por qué experimentaba
una tristeza vecina del remordimiento? No había sabido
decirlo. ¿Era esa palabra de oratorio la que evocaba de
pronto sus recuerdos? ¿PAra qué un oratorio para esa
mujer que no era piadosa, que fuera de 1o.i oficios á los
cuales asistía por buen parecer, no &lt;.raba jamá.s? Se puede engañar al mundo, á. la tía Fourneron, á las primas
de Lézines; pero no se engaiia á un testigo de todos los
instantes. Elena jamás había pensado que fuese necesa·
rio un oratorio, y sin embargo, maflana y tarde se arro·
dillaba sobre el gran reclinatorio de ébano, y en su sencillez de cristiana, oraba ante los ojos de sn marido. L?
pareció que Elena estaba abf, que iba á. levantarse de s·1
oratorio y á ir hacia él con.su pa:30 lento, con su mirada
toda llena de súplicas temerasas y de ardientes eape•
ranzas.
Súplicas, espP.ranzas, todo era en vano. Había muerto
ella sin que él le hubiese dado esa suprema alegría de
arrodillarse á. su lado.
Su ensuefio lo había abaorvido de una manera tan completa que no se percibió de que estaba solo ya.
El arq11itecto y R,ttra.na habían pasado á la pieza ve•
cina, pero la, discusión continuaba. Era el arquitecto
quien hablaba.
-Sin duda, senara, podríamos colooá.r aquí el gabinete de t-oilette y el oratorio, si no fuese la cámara de la
eeñorir.a Duveri:ioy, pero .... .'....
No concluyó el buen ar.:¡uitecto, Lila se pone de pie,
tan pálida, tan desolada, que él eeperimenta un eenti•
miento de piedad. La voz de Beltrana se eleva, las palabras son dulces pero ~l tonl es autoritario.
-Mi hija política es de1Dasiado razonable para rehuf!aree á un cambio que las circunstancias imponen. Ella
eecojerá. en la casa otro departameatoquevos adornaréis
eegú n sus deseos.
El arquitecto Be inclinó en signo dea3entimiento. Qué'
le importaban después de todo aquellos ojos desolados
fijos en los suyos?
Pero el eef'ior Duvernoy, á pesar de su debilidad, llegó
esta vez en socorro de su hija.
Aquel cuarto 1o había exornado él personalmente con
ramilletes de lilas para la niña ......
-Ignoraba eete detalle, dijo entonces Beltrana; perdón,
amigo mío ..... : ...
Lila conservó su cuarto; pero desde aquel día la aver•
sión que la seflora Duvernoy experimentaba por eu hija
política, cr~ció.
Aquel acceso de valentía, fué por lo demás, el único
que el pintor tLivo jamás: desde el día siguiente, por su
sumisión absoluta, trató de hacerlo olvidar.
XLI

Han pasado muchos af'ios. Lila DLivernoy se ha convertido en una hermosa joven de contiDente grave, de
ojos tristes.
Muy aislada enel salón de eu padre, cuyo imperio exclusivo pertenece á. Beltrana, llev!\ á la sociedai que la
rodea una fría reserva que ap:uta las simpatías.
-La seflorita Duvemoy es demasiado original, dicen
los íntimos de la cass; tan poco amable con un modelo
tal ante los ojos! La pobre madre política tiene en verdad mucha virtud para soportar cerca de ella á esa mtl
encarada.
• ingratitud de Lila y lae virtudes de Beltrana eon
I,,a
asuntos preferidos por los comadrazgos de Pontarlier.
Nada, á dec:ir verdad, en esa exietencia común de te•
dos los instaates, ha aproximado á. las doe mujeres. La
tía Fourneron y las dos Lézines, acosan á la pobre niña
con amonestacioaes incesante3. Lila deja sin respuesU.
los vehementes reproches de ingratitod que le dirige la
sen.ora Fourneron, pero un día, ante las frías amonestaciones de las viejas primas, su pobre corazón ha estallado. Lo que ella reprochaba á en enemiga, es, eobre iodo,
haber enajenado el amor que su padre le tenía.

�EL MUNDO

OMINGO a7 do JUNIO do 1897

DOMIIIGO a7 DEJUIIIO DE 18117

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-Ya no me ama 1 dijo llorando, entre él y yo se levanta
tilla, ella ee interpone alejándolo de mí¡ es tan habil, tan
malvada y tan falsa, no ama más que á sí misma, se burla de todos vosotros; pero li mí me odia.

~ntoncee Aglae de Lézinee, espantada por esta explosión de cólen, con una voz severa respondió:
-Sois vos quien la odiaia y el odio conduce al crimen.
La oalumniaia bija mía.
Desde aquel día nadie oyó á Lila quejarse. Algttnas ve•
ces escribió á su aya, á esa buena Carlota, que no podía
dejar de adorarla. Las respuestas de la plácida criatura,
dejaban desbordar la mansedumbre que llenaba su alma;
creía siempre, á pesar :le tanM&gt;e atlas transourridoa, en
su vueUa próxima y en la bondad de su querida prin•
cesa.
Una sola persona en Pontarlier se declara por la. huerfa•
niia, y es el viej9 cura que asistió á Elena en sas úlUmos
momentos.

Cuando la jovencita, arrodillada ante él se acusa de
odiar, el padre la reprende. Ese odio vivaz le inspira inquietudes por el alma de la nifla y ee resuelve á intervenir, aun cuando no sea el director espiritual de Beltrana.
La senara D11vernoy ha recibido al viejo sacerdote como
á un mensajero de lo alto. Jamás en ninguna circunstancia de su vida ha representado su papel con arte más
consumado. Ha deplorado la antipatía que le muestra
su hijastra, en términos en que va impresa la más conmovedera humildiid.
-Es culpa mfa, eeí'ior cura, no he sabido ganar ese corazón re belde. Dios me ha rehusado la dicha de ser madre, ella habría eido mi hija si lo hubiese querido.
Pasa sobre sus ojos secos un paftuelo perfumado, y continua con voz ahogada:
-Aconsejadme, dirigidme ¿qué debo hacer?
El no ha respondido. El hábi&amp;;o del confeEionario da
al sacerdote una eagacidad que nada puede hacer fallar.

Las frases, las lágrimas, la docilidad, todo le ha parécidouna máecara; ni una sola palabra de corazón ha vibradoahí1 .
-E3 una comedianta, pensó él; á pesar de eu tono dul-·
ce, tiene en el alma más amargura y rebelión que mi pobre Lila en todas sus violencias. DeElgraciadamente yo..
nada puedo.
¿Pero dónde está ese protector dado por Elena moribunda á su hija, ese oficial de marina que ha juradoguardar á la niffa?
Ay! los hielos del Norte lo han aepult,ado en su frío
sudario. Un allo después del matrimonio de Fernando
llegó una siniestra noticia¡ el lntrépidOseperdióporcom~
pleto. Nadie sobrevivió al desastre, nadie refirió las peripeciae. Loa balleneros encontraron en la costa el buque
despedazado; pero los marinos que lo dirigían, ¿qué fué
de ellos? Fueron enviados algunos buques para intentar
salvarloe, pero todos volvieron sin res11ltado.
Lila recuerda con emoción á ese hermoso joven, de
alegre sonlisa; si estaviese aún en eete mundo, huiría á
buscarle, no importa dónde, á las costas de Aírica ó á las
regiones polares. Loa rugidos de loa tigres le parecerían
más dulces que la voz metálica de su madrastra, y las.
montañas de hielo ménoa frías que loa corazones que la
rodean.
XLII
El banquero, señor Leódice Martín-ya nadie decía, el
hermoso Leódice-era contado entre los financieros más
ricos y más influentes de París. Loe nueve millones de
Martín de Bret!t, se habían, entre eue manos, doblado,~
triplicado1 cuadr11plicado ¡ bien sabido _es que_sólo el pri-

mer mi116n ctleeta irabajo. &amp;\a gran fortuna, 88'8 crecimiento contfnuo de su dinero, basiaba li llenar de u.aa
11atiefacción intensa el alma del banquero. No se había
vuelto á. caear; puesto que ya no tenia necesidad de dotel!I,
para qué embarazarse con una mujer que hubiere puesto
trabas á su libertad y molestado su egoísmo? Vivía, pues,
solo, no amando más que los plaoeree fáciles, estimando
que nada vale la pena de eer deseado, perseguido 6 pagado caro.
Pero no hay en este lhundo alegria estable, y el aet'i.or
Banquero Leódice Martín, lo comprobó. Un día supo que
acababa 1 en un golpe de bolsa, de perder dos millones.
Dos millones no son la •muerte de un hombre, no son el
hundimiento de una fortuna, pero son una brecha, sin em•
bargo, y el se.fiar Mar~in no gustaba de las brechas¡ se decía, no sin ~zón, que siempre por una brecha entra el
enemigo. Como hombre avisado, inteligente, positivo, se
complacía en remontarse de loa efectos á las causas.
Así fué como se remontó de loa dos millones perdidos,
á los falsos informes que lo habían extraviado: una proposición ministerial, cuyo rechazo se le había asegurado
y que no fué rechazada. l rn falso informe, debía tam·
bién tener su causa. El vino li concluir que se imponía
una nesesidad: hacerse nombrar legisladJr en el más
breve plazo; entonces est.aría cerca de la fuente, y podría
eutrevietar á loa ministros á su antojo. Un financiero
que no es diputado, ea poca cosa; un diputado que no es
financiero es menos aún: el uno unido al otro, presenta
una situación envidiable, coa la cual los poderosos del
día debían contar.
Este hombre positivo se perdió en ensuefios de oro.
Todas las ambicicnes son permitidas ahora 1 y aún le·
gftim~s. Ya no htly Luis XIV para condenar á eterna
prisión á. los eecuderos imprudentes que se permiten decir: t(¿N"o subiré?.11 Sí, todas las ambiciones pueden realiznrae y entonces no más falsos informea 1 no más millones
perdidos, no 111ás efectos cuyas causa hay que depl1Jrar.
Llegado á este punto de los debates, el señor Martín
buscó un colegio electoral. No tenía ligas con ningún
partido 1 con ninguna opinión. París estaba lleno de concurrentes, y pensó en la provincia.
Ceando estaba en vías de sondear hacia el norte, hacia
el mediodía, hacia el este,· hacia el oeste, asustado por la
competencia, por los grandes gastos que exige una candidatura; encontrando la tarea muy dura para loa pobres
banqueros millonarios, preguntándose si el objeto valía
la pena de trabajar y si no sería preferible correr el riesgo de algunas brechas faleas ó de algunos falsos informes, uno de sus más hábiles agentes de nego~ios vino á.
proponerle una combi.a.ación que le agradó.
Eete agente había deEc11bierto en las tnontati.as del
Doube, cerca de la frontera suiza,· una fábrica abandonada por sus propietarios, loe cuales acababan de transportar más allá de loa montes, su industria. La fábrica, sus
dependencias, sus alojamientos para obreros, casi toda
una aldea, se encontraba en venla; ae comprada, se instalaría una fábrica de destilación de ajenjo. Ee preciso
ser .filántropo y proporcionar veneno á quien deeea emponzoflarse. No hay industrias más próeperas que lae in•
dustrias perjudiciales; así se adquiriría en el país una popularidad bien merecida.
Precisamente iba á encontrarse vacante una curul de
diputado en la demarcación, y era indudable que las poblaciones reconocidas en Vi a rían al benefactor al cuerpo
legislativo. Durante este tiempo, las acciones de la fábrica de destilacióll subirían, los bet:1eficios cubrirían loe
gastos de la elección, se bePeficiarfa á. la vez á. al mismo
y al país. El aefior Martin aprooó este programa, y partió para Pontarlier; queria examinar la cosa de cerca,
antes de tomar un partido definfü vo.
Fué en la misma época cuando Beltrana resintió loa
primeros at.aquee de la enfermedad de los círculos restringidos: el tedio. No más enemigos que vencer, no más
conquistas que hacer, las se.floritas de Lézinea, la seftora
Fourneron, Jacobo de Sommerea, ·e t presidente del tribunal, el capitán de la gendarmería, todo Pontarlier, en'.fin,
ee ataba á. su carro victori060. Lila, domada, lo seguía sin
rebelióa aparente.
En verdad, Baltrana no podía pedir más, y ein embargo, se fastidiaba. Envidiaba á Aglaé de Lézinea, tan
perfectamenie feliz en la presidencia de las viejas con.
decoradas, dulcemente ocupada, entregada á proyectos
de beneficencia. Eovidiaba tambien á la eeftorA. FourneJ'On1 con sus eternas uegociaciones de matrimonio. Abo-

EL MUNDO

ra era de Lila de quien la buena dama ae ocupaba; caaí
ao se pasaba un mes sin que le h iciese proposiciones
aunque eia resultado.
Lila tenía á la sazon diez y ocho a.floa.
Una noche, en los ealonea de Beltrana, el capidn de
gendarmería, que cantaba agradablemente, tarareó querelloso, mirando á Beltrana, una vieja y sentimental romanza.
DeJ~ eaer mi corazón en la playa . ..... .

Ella tambien había dejado caer su corazón en la
playa y las olas del mar se lo llevaron. Desde aqueUa
hora lejana no amó á ninguno, ni aun á. ese pobre Fernando á quien no perdonó del todo eus largas indecieiClnee. Pero es bien dificil á quien nada ama, ocupar su vida, y Beltrana lo experimentaba. A pesar de sus comidas
mensuales, de sus veladas semanarias, de sus recepciones
gandea ó pequefias, M fastidiaba en. Pontarlier.
Abandonar ese pueblo y llevar más lejos sus penates,
no dejaba de ofrecer obstáculos y dificultades. El senor
Duvernoy se hacia máe y más, esclavo de sus col!tum.bres. Las graves razones que habían determinado á la
joven á elegir domicilio en la pequetia ciudad, subsistían aún. Cada ai'io veía la cartera engrosar á fuerza de
acciones y de valores, la mitad de los cuales le pertenecían legítimamente, más eso no era una fortuna aún.
Por fin, última consideración de extrema importancia,
en qué otra ciudad fijar su elección? Sería en una gran ciudad de provincia, Be3anc;on por ejemplo? Pero los oficiales de artillería á quienes cada año llevan á Pontarlier los
ejercicios del tiro, le pintaban aquella ciadad coiµo triste y monótona. Eo cuanto á. Paria, no osaba ni pensarlo¡
mas cuando supo que había vacante una curul de diputado y despertaron eo su corazón súbitas esperanzas.
Obtener que Fernando se presentase á la diputación,
pover en juego para asegurar su éxito todas sus influencias y en seguida, quién sabe ...... ,quién sabe á qué cima
puede llegar el marido de una mujer cuyos ojos son leonados y cuya cabellera es roja.
Modifi.có 1 pues, su salón 1 que se convirtió en un salón
político, muy serio. El capitán de gendarmería no cantó
más ella cancioncillas; el presidente del tribunal, al cual
se auponia ligado al régimen caldo, foé acogido con más
frialdad. En cambio, el subprefecto M. Metroz, republicano de un celo ardiente, se vió halagado. Fué á él á
quien Beltrana mostró desde luego sus proyectos. Ella
quiso preparar el camino antes de hablar á su marido.
Metroz 1espondió con prudencia y circunspección, tuvo
sus reservas é hizo:su"J observaciones: la obra de las viejas
condecoradas dirigida por las primas de Lézines, no dejaba de preocupar al gobierno. Se temía una conspira•
ción monárquica, disimulada bajo una asociación sencilla. Si la sefl.ora Duvemoy quería asegurar el triunfo de
la causa republicana y probar en civismo, no 1;1erfa •poco
á propósito poner la presidencia de la Obra en manos
más seguras, en las de la aenora Ribaudet, por ejemplo,
cuyas opiniones republicanas bien conocidas, tranquilizaban á la autoridad. Terrible sacrificio se le imponía á.
Beltmna: quebrar con sus primas Lézines, era quebrar
con la mitad de Pontarlier.
Pidió algunos días para reflexionar. .A.l día siguiente,
en la noche, cuando reflexionaba al1n sin hallar solución,
el notario ent.ró agitadamente, exclamando:
-Un nuevo candidato ai la diputación, que acaba de
surgir; debuta como un rey, adquiriendo la fábrica de
los Trichard. Va á llenarla de obreros, famoso reclame
elect.orall Ea un banquero parisiense, millonario¡ ninguno eeria demasiado loco para luchar con él.
-¿Y Be llama? interrogó la tia Fourneron, picada.
Pretendía el monopolio de las noticias y no gustaba de
que &lt;itro fuese informado antes que ella de un asunto
importante.
-Se llama Mat1in, el seftor Leódice Martín.
En el fondo del salón retembló un grito doloroso. Beltrana acababa de verter en la mano del infortunado capitán de gendarmeria el té hirviente. Excusóee de e11 torpeza; pero el notario, á quien la turbación de la se.flora
D11vernoy no había escapado, preguntó:
-¿Le conocéis acaso, eeO.ora? ¿Sería por ventura uno
de vuestros parientes?
-No lo sé, dijo ella esforzándose en recobrar su serenidad, he conocido poco á la familia del eei'ior Martin.
-Pardiez, dijo el receptor de rentas, riendo con risa
sonora, hay más de un asno e.o la feria que se llama
Martín.

447

-Os pido, eefiora, permiso para presentároslo, dijo el
notario.
Ella fijó en él sus ojoe duros, cuya singular expresión
no pudo él comprender.
-Traedmelo, dijo después de un minuto de vacilación.
Una vez idos loa invitados, la aeHora D11vernoy permaneció largo rato absorta y meditab11nda...... con las dos
manos sobre las rodillas, abrumada bajo aquel golpe im•
previsto que volvía á la nada su sueno de ambición po•
lítica y amenazaba derribar el edificio de respetabilidad
construido tan laboriosamente. El resentimiento de otro
tiempo ee despertaba vivaz. Habíaolvidado áaquel hombre sin perdonarle jamá.e. Por qué venía él. á desafiarla
á aquel rinconcito aislado, casi perdido, donde ella vivía? ¿Qllé fatalidad lo llevaba á su presencia? ¡Qué era
preciso hacer! Ah! si ella estuviese segura de su victoria[
Si eatuvfose segura de poder aniquilar al miserable, impedir su eleccióu, destruir su fortuna, con cuánto gozo
habría aceptado la lucha! Pero el sentido práctico que no
la abandonaba jamás, le decía que la lucha no tendría
para ella otro resultado que una gran derrota. No quería
ser vencida por él. Sabía bien que en él no había ni generosidad, ni bondad, ni honor; que la destrozaría si se
colocaba en su camino, como la había destrozado en otra
ocasión. Sabía bien que él hablaría y ella no quería que·
hablaae.
XLIII
El señor banquero Martín realizaba redondamente sus
asuntos, siendo de opinión que la celeridades un eleme.ato de éxito.
Al dejará París se había hecho dar cartas de recomen•
dación por los grandes jefes del partido. Después de haber consagrado el prime( día á examinar la fábrica y teetificado que la adquisición seria ventajosa y remuneradora, dedicó el eegundo día á la elección. Desde luego
visitó al subprefecto. Aun cuando ya no baya-propiamente hablando-candidatura oficial, aún cuando todo3
los republicanos sean iguales-como se dice-ante el
Senor, no carece de importancia eso de conciliarse loa
buenos oficios de los agentes del gobierno.
A. la primera palabra, sin dejar de leer las cartas, el
e11bprefecto se sobresaltó.
-Diablo, diablo1 el caso es que anda en el asunto la
señora Dnvernoy ..... Yo me he comprJmetido un poco con
ella; su candidato es republicano también, republicano
moderado, respetuoso con el poder, con la autoridad,
bien relacionado en el pais, rico, cuando menos para la.
provincia¡ nuestras fortunas de provincia no se parecen
en nada á. vuestras fortunas parisienses, señor banquero;
la elección habría sido casi segura, si vos no hubiéseil!I
venido á poneros entre las filae. Diablo, diablo, es preciso que uno de vosotros dos se desista¡ de otra roanera,
di.vidiréis al partido, al partido cuerdo, haréis pasar &amp;
un radical 6 á. un reaccionario, he aq ui todo.
El eenor Martin dijo con precisión:
-No me desistiré¡ si el partido moderado no me quie•
re por candidato, me presentaré á loe radicales ó á 101
reaccionarios.
Muy embarazado el subprefecto, ae frotaba la frente.
-Pues bien, yo veré 4 la se.flora Duvernoy¡ trataré de
hacerle comprender que loa grandes intereses sociales,
la salud de la República ....... .. 5rataré de obtener......... .
-Ajá, exclam) el aefior Mutfn, y quién es esa se.flora
Duvernoy? que vos enviaie á hora á. las mujeres á la cá•
mara?
El subprefecto se echó á reir.
-¡A.hl no es ella la que se.sentará en la curul, pero es.
ella la que inspirará el voto. U na gran mujer, os respondo de ello. Ejerce su influencia sobre toda la ciudad de
Pontarlier; si estuviese contra vos1 yo no respondería de
nada: pero si está por vos, v11estro b:ito será indudable.
Una hora más tarde, el seft.or Martín discutía con la
sef'íora Ribaodet alguna cláusula de la adquisición de la
fábrica, ella le dijo de pron50:
-A propóeito, eef\or, tendría us5ed algún inconveniente en venir conmigo esta noche al salón más influente de la población? Os presentar~ á uua mujer que podrá.
mucho para vuestra-decisión, á la seí'iora Duvernoy.
-¡A. mi rival! el subprefecto acaba de decirme que el
eefior Dnvernoy contaba con presentarse ante loe elecioree.
Continuar6.

�DDIIIIIGO •7 de JUNIO de ,897

EL MUNDO

noMINGO 27 de JUNIO de 1891

EL

MUNDO

NOTA D"E LA MODA.

COMPRAR

Traje para señoritas. ( Figura l.)

I.A.

El comprar exige tino, discernimient~, talento de obeervaci6n, paciencia y un poco de fortuna.
Se ve por esto que noes una ciencia faeil.
Sin el desarrollo de las cualidades que acaba.moa de
indicar, debemos simplemente decir, que el saber comprar consiste en el conocimiento de la calidad y el precio de las cosas.

Este vestido es de barech cuadriculado color roea. Cuerpo blusa marina; se abre sobre un chaleco de raso, color
ro~a pálido, dispuesto en t.res tablas sujetas por botonaduras de fantasía, el cu .. llo recto y el ancho anillo van
adornados Mn entredua á piros, corbata y cinturón de
listón rosa. }:langa apretada fingiéndole bullón por medie de un ancho plisé rf'cngido en forma de conchas, y
en su borde el mismo entredós y encaje.

_,.,..___

Figura 1.

Collet, delantero _y espalda. ( Figura 7.)

Este ligero abrigl) se hace de tafetáf'I mord.oré y listones
de raso, de un touo más obicuro. Canezú redondo, cue•
llo rouje~ del mismo tafetán ctirrado por un choux.

Figura 3.

Esta ciencia no puede eer adquirida,
Fino lentamente por las lecciones de la
f&gt;:xperiencia; por esto aprobamos mucho
la conduca de algunas madreP de familia, qne yendo por si iniPmas á hacer su
merca.do con Ja crisda, llevan consigo á
su hija para iniciarla· en el mecanismo
de las compras, acoetumbrarla á la charlatanería de los vendedoref!, é instruirla
en el arte de no dejarse engañar de ellos.

Figura a.
Cuerpo blusa de piqué. ( Fl11ura 2.)

Este cuerpo cap. sobre la falda y lleva
una ancha vuelta de piqué rayado y ador•
nado con chorrera de finos bordados blanco9. Cuerpo interior de batista. Cuello
fruncido con bordado. Mangas enteras,
cinturón angosto.

¿ES NECESARIO REGATBAR?

Traje de cachemir color fresa.
(Figu,a 3.)

Es de bellísimo efecto y sencillez, se
abre sobre un chalP.co de raso crema.
Corbata formada por un ancho encaje de
seda que ss sujeta al chaleco por tres presillas de cinta de leotejuela de la misma
que adorna la blusa. Cinturón y cuello de
terciopelo negro. Manga entera con enea•
jea. Toque fantasía con anch-19 gasae de
liatón y ramos de violetas inr.ercalados.

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'

Treje de recepción e•tilo príncesa.
(Fi¡¡:u,a 4.)

He aquí un elegantísimo vestido de ra•
so1color gris perla, adornado en su delan•
tero por rico• entredós de seda negro y
cubierto todo lo demá.s con encaje chantillf negro. Las mangas aja.retadas de encaje, llevan el bullón de1 aso con jockey
de encaje. Un encaje muy plf'gado á. los
lados del df'llantero termina con el ador•
no. Cinturón de raso y hebilla de diamantes. Impertinentes con largo mango
de concha.
Do• trajea de calle. Figura• 5 y 6.

Vestido de muselina serpentina verde¡
cue~ blusa que se abre sobre un peto
de mpiz y ee cruza en la cintura, que 88
sujeta por un listón de fantasía callendo
en largas cocas.
Este otro vestido es.de piqué blaireo
con una cotilla del mismo ¡;.iqué, cerrada
en un lado con gruesos botones de concha y dos volantitos, adornados con cinta negra, cintn.rón y cuello negro. Sombrero de paja rizada.

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Regularmente ee dice como en tono de
queja, que laa mujeresregatran¡ pero cier1amente, á ello se ven obligadas, á. cauea
de la mala fe de los vendedores.
Sin embargo, 88 regatearla menos, si se
estuvieee más al corriente de la calidad y
del valor de los objetos que se quieren
comprar.
¿Queréis que el vendedor no os entretenga mucho tiempo? hacedle una oferta
razonable, resistid políticamente á. aus
instancias, } después idod á otra parte.
El vendedor de ordinario tiene muy
:fino conocimiento¡ desde luego ve sí tie•
ne que habérselas con 11na novicia ó con
alguna que ya entiende de coml?raa¡ Eolo
vuestro modo de pedirle, de examina::- la
m~rcancia, de escogerla, lo pone al corriente de vuestra pericia, y si el observa
que no sois de las que se están ensayando, si os mostrais ingenua y atenta, tratará menos de engatiaros que á otra.
Desde luego conocerá también en vuestro aire, en vuestro lenguaje, sobre todo,
si tiene que habérselas con una de esas
mujeres ignorantes y maniacas, que acoa.
tumbran y tienen necesidad de regatear•
lo todo, á cualquier precio que sea, que
no están satisfechas de nada, que tienen
ta costunibre de examinarlo todo, de hacer que se les muestre todo, y que regularmente no vienen al mostrador, sino
por pasa,iempo. Muy raro será que no
seáis ,angafiada en esloe caso.
O tenéis necesidad de comprar, ó no.
Ai lo primero procurad de antemano informaros y conocer bien lo que queréie.
l:5i no tenéis necesidad de comprar, áqué
vais entonces al mercado ó á casa de un
comerciante? A fastidíarlo y á gastar mal
vuestro dinero.
CASAS DE PRECIOS FIJOS

Lis casas de precios fijos simplifican
mucho las compras, este es un verdadero progreso; pero es necesario fijar bien
la atención en los efectos que venden.

Figuras s y 6.
Es'ª alm1cenes de prel"io un~forme. e903 b izares que no de las provisiones para el menaje de la casa, de loa objetienen míe que dos 6 tres precios para todas sus m-::rcau- ··-- ~ e lujo 6 de otras cosas de importancia que no se encías, son espectáculos deslumbrantes de variedad y tien- cnentran donde qtiera; pero para pequefioa antojos, patan fácilmente; es muy r::iro que allí 110 se eo¡:añe. Nin· ralas cosas qne se ofrecen dél momento, para muchos
gllnobjeto, cualquiera que sea su apariencia, vale más de objetop·minuciosos que se necl:'sitan con frecuencia: agu•
Ja suma fijada; las dos terceras partes valen menos, y jaP, alfileres. b1lo, €eda, cordón, ¿no seda un acto de becon mayor comodidad podrían comprarse ea otra parte.
nefi.reocia comprarlos á esos comerciantes en pequefio,
En cuanto os sea posible, dirigíos á. las casas conoci • que t,ien"'D EUS pequefias tiendas en todas las calles, ó que
das y llle,jor provistas¡ allí no pagaréis muy caro lo que extiendeÍl ~l!B puestos en las plazas y en las esquinas, ó
que1ais, y lo que allí comprá.rei.s i:.erá de mej9r calidad. qne pasan pO"l"-vueatra puerta, llevando consito toda su
Antes de ocurrirá. h1s proveedores titulados, eneayad fortuna?
lo que os ofrecen aquellos que estfo mlis á vuestro alEl centavo que les hagais ganar los hará ft&gt;lices sin
canee; pero una vez hecha vuestra elección, no cambiéis emp'.&gt;breceros; lo recibirán santiguándose con él, si fuesino rara vez.
se el primero en su venta del día, y tal vez si la hora fue•
Lás buenas casas tienen ya ~ntadas su reputación y se ya avanzada, os dirán dandoos las gracias: voy á com•
sus prácticas propias.
prar pan.
Pagad al contado ó en plazos fijos, dos ó tres vece!! por
Además, los centavos que damos á. ganará esos honraafio; seréis así mejor e~rvidaa y os co3tará. menos.
dos comerciantes en pequeño, son las migajas de nuestra
Los comerciimtes eaben bien, estad seguras de ello, fortuna, que el buen Dios nos manda dejar caer en el caca,gar ti los efectos que venden, el interés del dinero mino para los pobres viaj.eros.
que no se lea paga inmediatarileme.
COMPRAR c.~DA (.'OSA Á Sl.L-TIE)[PO.-LAS PROVISIONES.
La misma rPgla puede darse para los obreros si queréis
eer servidas. Una costurera, por ejemplo, 00 08 hará esSaber comprar cada cosa á su tiempo no puede ser
perar vuestros Vt'~tidos más allá del dfa fijado, 8¡ eabe más que el resultado de la experiericia, y viene á ser una
que su dinero fB1á pronto y Je será remitido luego en fuente f~cunda de economía.
cambio de su trabajo.
Prorisión es pro(wlión, dice un provervio, y la casa que
Elegid siempre loa almacenes 6 mercados que e1:tén no tiene provisiones, corre rieego, á cada instante, de
más ce1canos á vueetra casa, aun cuando tengáis que pa•
faltarte todo.
gar algunos centavos más: así economizaréis el tiempo, y
Lo que ee muy nec(sario antes que todo, es el conocibay veces en que el tiempo es más precioso que el diae• miento de las co~as qne se conservan sin deteriorarse y
ro, evitaia á vueetros criarlos largos viajes que repetidos, de a'.}uellas que no se deben comprar sino cada vez que
no hacen más que fatigarlos, y alejais de ellos la ocasión de ellas se tiene necesidad.
de contraer arois.tades y conocimientos que suelen Bt-rles
~ ~'\tr~~-r~.::::~ft~~~tZ::,.~
funestos, y qui, son favorecidos por el lar~o trayecto por
~
'1'1'
las mi3mas calles y á las mismas horas. Qué bueno Eerta
La cbismografía convierte el ojo de una cerradura en
si desde vuestra ventana pudiéseis siemi;&gt;re seguirlos con_ una tronera.
la vista!
Hay coleccionadores de objetos de arte que no manifies•
LOS CO)[ERCIA~"'I'ES 6N" PEQUE~O
tan ni una pasión, ni un gueto. ni una inteligencia, nada más que la victoria brutal de la riqueza.
Al recomendar los ricos y bien provietos almacenes
E. Y J. o~ Go~cocRT.
no liemos querido hablar sino de las compras por mayor;

CONCI:E;NCIA.
(De Victor Hugo.)

Airada tempestad ee deeat,aba
cuando de toscas pieles revt&gt;stido,
Caín con su familia caminaba
huyendo á la justicia de Jebova.
La noche iba á caer. Lenta la marcha
al pie de una.montaña detuvieron,
y á aquel hombre fatídico dijeron
Pns tristes hijos:-Descan1:emoe ya.
Duermen todos, excepto el fratric:ida
Q?,8 alzando sus mir9:das hacia el mo~te,
v16 en el fondo del funebre horizonte
un ojo :fijo en él.
Se eistremeció Caín, y despertando
á eu familia del dormir reacio,
cual 1dniestros fantasmas del eElpacio,
retornaron á huir: ¡suerte crüell
Corrieron treinta noches y sus días,
y pálido, callado, sin reposo,
sin mirar hacia atrás y pavoroso,
tierra de A..seur pisó.
-RepOfemoa ::i.quí •..... Dénoa asilo
e-eta región espléndida del suelo.y, al sentarse, la frente elevó al cielo
Y allí el ojo encontró.
'
Entonces á ,fabel, padre de aquellos
que en e~ desierto liabitan:-Haz, le dijo,
que se arme aquí una tienda. -Y el buen hijo
armó tienda com1ín.
- ¿Todavía lo veis?-preguntó Tsila.
la niiia de la blonda cabellera,
la de faz oomo el alb'a placentera,
y Cain respondi6:-Lo veo aún.
Jubal entonces dijo:-Una barrera
de bronce construiré: tras de su muro,
padre, estarás de Ia visión seguro;
ten confiam~a en mí.Una muralla se elevó altanera,
y el ojo estaba aUf
Tu balea.fo li fabricar se puso·
Una ciudad, gigante de la tíerra;
y, en tanto1 sus hermanos daban guerra
á las tribus de Seth y á lade Enós.
Poblando·de tinieblas laenmpiña
Ja sombra de las torres se estendfa,
y en la puerta grabó su altanerla:
-P,.ohibo crttrar á Dios.Un castillo de piedra, cuyo muro
á la altitud de una montaña asciende,
de la ciudad en medio ee deeprende,
y allí Caín entró.
Tsile. Ilega hasta él y, palpitante,
-Padre, le dice, ¿aún no ha desparecido?
Y el anciano¡ aterrado y conmovido,
la responde:-¡No!, ¡noi
De hoy más quiero habitar bajo Ja tierra,
como en su tumba el muerto.-Y presurosa
su familia cabale una ancha foea,
y á. ella desendió al fin.
Mas debajQ esa bóveda sombría,
debajo de esa tumba inhabitable,
el ojo estaba fiero, inexorable,
y miraba á Caín.
RICARDO p ALMA.

Me suelo preguntar de dudas lleno:
-¿Son mejores los buenos ó los justos?
Y la elección va en guetos:
yo.doy todOB loe justos por un bueno.
C.AKPOA M'OR.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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