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                  <text>��..

BlBUOTECA UNlVERSITAíllA

I

''ALfONSO REYEs''
FONDO RIC~fWO COVARRUBIAS .

\

�•

FOND'O
RICARDO COVARRUBIAS
TOMO JI

MEXICO, JULIO 4 Dlt I897.

~lores

NIJIIERO l.

ae estío.
DlbUjo de Carlos Alcalde.

FfJNOO
RICARDO COVARRUBIAS

�KL MUND;!!O~= = ==

a

EL ' 'lllUNDO"

Semanario Ilustrado.

Tel6fooo 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
VÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re·ücción, debe aer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes Splndola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Gerente, Lle. Fausto Moa-uel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mee, y se cobra por trimeetee adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
A visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo paco debe ser precisamente adelantado.
BBGI!Jl'BADO COKO ARTÍCULO DB BBOUNDA CLABB.

t,ttJtas tbitorittlts.
Un ado be justicia bada nuestro país.
Loe tribunales de la República del Norte acaban de
fallar un asunto de alta justicia para nuestro paía, y que
demuestra que la nación vecina, pese á la natural ex pan•
eión de todos loe pafsee fuertes, ae encuentra inspirada
e11 sent:mientos de equi iad, no propios de los Estados
que se hallan en ene mismas condiciones de fortaleza Y
poderlo.
Nos referimos á las reclamaciones americanas contra
México, llamadas de Weil y La Abra, que después de haber sido depuradas por la justicia de aquella nación, han
sido declaradas ineuheietentee, ordenándose que la suma
entregada por México sea devuelta al gobierno de la Re•
pública.
.
Es dificil, como acabamos de decir, que una nacionalidad dotada de extraordinario poder y cuya acción es
natural que ae deje sentir, aun en contra de su voluntad
propia, de un modo decisivo, encuentre un ,alladar en
un concepto de justici'l, cuando todavía circula por el
mercado internacional la famosa frase de un gran polfü•
co europeo: mi derecho llega haJlia do11(h alcanza mi poder.
Hemos sido nosotros loe primeros en eeflalar la presión
norte-americana en el conflicto suscitado hace doa afioe
entre México y la república de Gua•emala. Entonces los
Estados Unidos dieron á conocer en forma demasiado
perceptible la auperiondad de t1ación gigante, resuelta á
tomar la iniciativa en asuntos internacionales.
Y eato, lo repetimos, sin darse cuenta acaso de que
ejercía un acto de imposición, tal como esos hombree de•
maaiado mueculo119a que al estrechar la mano de algún
amigo la oprimen, sin querer, basta causarle dai'io.
Y en el presente caso justo ea manifestar que el poderoso ha dado por un momento al olvido la fuerza de su
acción, para convertirse en irreprochable jaez, dispuesto á ser equitativo y justo con los que á él han ncu•
dido en demanda de razón.
Las reclamaciones de Weil y La Abra, que han te.uido
11u orígen en una época tormentosa del país, fueron pagadas, como es sabido, por la na6ión mexicana, en vir•
tud de un convenio celebrado entre ambos países. México cumplió fielmente sus compromisos, y ep. medio de
grandes crisis financieras, satisfizo esos pagos haeta quedar eding11ido el crédito. Pero á poco andar so deecubrió que e&amp;lie reclamaciones eran fraudulentas, y enton•
cea el gobhJrno de México se dirigió al gabinete de la
C1111a Blanc-1, y, acompafiando pruebas hizo presente la
enorme inju3ticia en que ae fundaba este negocio.
El g,Jbiern'&gt; amaricano resp:&gt;ndió al nuestro que aun
cuando el fallo á que se sujetaron dichae reclamaciones,
tenia autoridad de cosa juzgada, el honor de la repú blica americana ae encontraba por encima de todos los
principios de derecho, y desde el momento en que la verdad real deshacía la verda'i leg&amp;l, se dirigía al Congreso
americano con objeto de hacer un nuevo juicio.
El expdiente pae6 á !os tribunales americanos, y su
resultado ea ya conocido de nuestros lectores.
Un acto de justicia semejante vale bien la pena de ser
meditado conoien1udamente, ya que en el programa de
las modernas nacionalidades libree, el concepto de la
justicia es el que sirve de base á las inetituciónes.

Qfl

crtbittJ nacional.

Por primera vez en la historia hacendaria de :México
acaban de cotizarse con premio loe bonos de !adeuda exterior, en el mercado de Londres. Este hecho ea altamente aignifi.Jaii vo y da la medida de la confianza deposi\ada
en el paía en materia de crédito público.

-=-== = = = ==-===.;;
D;;;;
O;;;
M;;;l;;;N;;,G0
==-4:=:
D=E_:J:....U=L""
IO-=
D=E=•=l9
~7..-.-

Todavía no hace cuatro anos que una repentina crisis
de la plata colocó á la nación en difíciles circunstancias
para hacer frente á loe compromisos contraídos anterior•
mente, Ante aquel obstáculo que parecía insuperable, las
cabezas más firmes vacilaron y la idea de suspender el
pago de loe empréstitos se propagó con ~ucha insistencia como el único medio de atenderá la existencia na•
cio~al que se deeangraba abundantemente por las brechas de la deuda pública.
En 1893 como en 188-l, un movimiento de general rece·
lo hacia la fueua expansiva de la R•pública se deepren·
día de todos los ánimos; se imaginaba que frente á los
nuevos sacrificios impuestos por la situación, el país estaba destinado á perecer. Era inútil toda tentativa para
conservar i11tacto nuestro prestigio en los mercados ex·
tranjeros, cuando este prtetigio se traducía por el agotamiento de la vitalidad de la nación.
Contra esta corriente que conmovió los ánimos, se ini·
ció una gestión financiera sólida y hábil, que tenla como
base el exacto cumplimiento de loe compromisos, proporcionando al deprimido erario nuevas fuentes de ingresos con que colmar el hueco abierto por la crisis. Y
estas fuentes fueron -descubiertas en terrenos fecundados
por la misma crisis y por ella favorecidos en suma total
de lesiones caneadas á los elementos de riqueza p1blica.
Los gravámenes creados á la exportación de productos
agrícolas, que el alza del cambio aumentaba de valor, Y
el impuesto á los fabricantes de tejidos é hilados, que el
mismo fenómeno económico colocaba bajo el amparo de
una nueva protecci6,i, fueron dos medidas de alta justicia
fiscal.
Eecudriflado el presupuesto de egresos, é introduciendo en él aquellas economías que no afectaran el buen aer·
vicio administrativo de un paía en pleno desarrollo, se
completó el programa cuyos reeuUadoe eetamo3 tocando.
Merced á este plan bien meditado y firme, la República
ha podido 110 e61o solidificar su crédito sino mejorarlo
notablemente.
Es satisfactorio para todo mexicano amante del buen
nombre de su patria, consignar un hecho que noe coloca
en posición muy ventajosa en el catálogo de las naciones
que, en materia-económica, marchan á la vanguardia del
progreso.
¡El crédito es el honor de las sociedades modernas. y
en él ae apoyan todos loe materiales que hacen á una nación rica y floreciente)

Qfinmmttt 11ito.s bt solbabo.
Acaban de cumplirse cincuenta afios del día en que el
General Felipe B. Barriozábal inscribió su nombre en la
lista de los defeneo1es de la Patria.
Medio siglo consagrado en defensa de la causa liberal
constituye el mejor timbre de gloria que puede presentar un soldado á la consideración de sus conciudadanos.
En el curso de estos cincuenta afios, fecundos en becboe épicos y repletos de gloriosas páginas, ¡cuántos actos de gallarda energía, cuantas empresas de pujante
esfuerzo se habrán ofrecido al distinguido veterano, que
el viernes celebró sus bodas de oro con la República!
Nosotros, las generaciones que han sucedido á ese pu·
fiado de luchadores, y que á ellos debemos el triunfo de
las ideas que nos eirve11 de estandarte, nos inclinamos
respetuosamente cada vez que uno de estos campeones,
al convertir atrás la mirada, siente la íntima satisfacción del d&amp;b3r cumplido.
Reciba el eeftor Berriozabal nuestro afectuoso saludo.

l301íti.ca C6tn.tral.
RESUMEN. - Ecos de la cuerra turco- helén1ca.-la s
discusiones de la paz.-Vanas defensas.-U armls •
ticlo roto.-Los turcos asolando Tesalia.-La hu mlllacl6n de Grecla.-la responsabilidad de Euro·
pa.-Conclusl6n.

Ha pasado más de un mee desde que la Sublime Puerta, urgida por las exigencias del Czar, consintió en sus·
pender las hostilidades contra Grecia y meditar todas
Isa exigencia3 posibles, contra loe vencidos helenos; hace más de un mee que el rey Jorge, solo, desamparado,
abandonado á su propia euerte, puso en mano de las po•
tencias el porvenir de su pueblo y hasta la estabilidad

de su trono, dejándoias á su arbitrio concertar las con··
dicionee de la paz, y encareciéndolee hicieran menos
duras las ambiciones del vencedor y menos dolorosas,
las humillaciones del vencido.
Una y otra vez, los representantes de la Europa cristiana, han celebrado sesiones inú tiles, se h an entregado
á vanas discusiones, sin que se sepa hasta ahora que hayan logrado entenderse con el ministro turco, para fir•
mar la paz apetecida. Elloe, que representan la fuerza,
que unidos en una sola aspiración, alentados por el mis·
mo anhelo, habrían podido acallar las desmedidas ambi•
ciones del implacable Abdul- Hamid, y obtenido para la
divina Hélade una convención decorosa que la librara delos Eonrojoe de la humillante situación, ocasionada por
una desatentada ave::itura, caei han perdido lastimosa•
mente el tiempo, presa de rencillas y ri validadee. Ayer
por el desamparo en que la dejaron, por la presión que
sobre ella ejercieron cuando trataba de manumWr á los
rebeldes cretenses, que son sangre de su sangre y p e.lazos de ea corazón, orillaron á Grecia á declarar h¡, guerra,
pensando, ilusa, que teniendo ea frente la oposición de loe
poderosos y la censura de los gabinetes, le bastaba la sim ·
patfa de loe pueblos para salir victoriosa en el obscuro
camino que emprend1a. Ayer estuvieron unidos todos
y confabulados para perderá Grecia; ahora no pueden encontrar eea unió111 se apartan cada vez más del deseado
acuerdo, y por distintos y contrarios rumbos llegan al
mismo punto: la humillación del reino helénico.

***
Y en tanto el fiero otomano que no duerme sobre sus
laureles ni se arrulla con los gritos da la matanza, sinoantes bien, siente despiertos sus instintos de lobo carniceroalolor repugnante de laeangre;el fanático'.musulmán
que por atávica tradición mira desarrolladas ene ener·
gfae al resplandor de loe incendios, al fragor de los combates, al eetruende de las ·ciudades q11e se derrumbaH,
en presencia de la Europa entera que los contempla, indiferente al parecer, burlan el armisticiÓ concertado, se
entregan á la orgía del pillaje en las llanuras de Tesalia
conquistada, entran á saco en las ciudades indefensas,
marcan con hierro de esclavitud á los campesinos que
han escapado al filo del alfange, levantan fortalezas, artillan puertos, toman posesión de p1rntoe estratégicos, ydesdeñando las amooestacionee de la Europa cristiana,
congregada p¡¡ra loe preliminares de la paz, entran en
posesión completa del territori'l que asaltaron las huestes.
de Edhem- Bajá, como si fueran duefios y sefioree absolutos.
¿Qué°importa que las potencias pretendan disminuir
la indemnización de guerra, exiian la devolución de la
asolada T~salia y no toleren que se cercene ninguno de
loe derechos ni garantías que tienea loe griegos en terri •
torio turco? ¿Qué importa que con aparente piedad yfingida conmiseración defiendan en el concejo interna·
cional á la humillada Grecia? Cuando la infeliz Te3ali11
vuelva á poder de loe helenos, será un páramo desierto,
un yermo infecundo, un montón de ruinas humeantes,
que significará una pérdida mayor que la indemnización
que ahora se escatima.
Se verán tan eólo huérfanos hambrientos extendi~ndo las manos encanija:ias, en busca de sus padree muertos; ancianos macilentos huyendo, con lágrimas en los,
ojos, de sus hogares malditos; mujeres desgreñadas buscando en vano al hijo muerto ó al esposo degollado.
tY estos cuadros de horror, se toleran en las postrimerías del eiglol Grande ha sido la falta de Grecia al em •
prender la guerra contra el más fuerte, contando sólo
con las simpatías platónicas de algunos pueblos y los
sentimientos filo-helénicos de academias y liceos; pero
es más grande la culpa de Europa que consiente en eeae
escenas que hubiera podido evitar.
Duro ha sido el castigo y tremenda la humillación,.
impuesta por la fatalidad y aplicada por el ciego destino con inusitado foror al rey Jorge y á su pueblo; la responsabilidad de las potencias por la sangre derramada,.
por las humillaciones inferidas, por las lágrimas que han.
corrido de los ojos angustiados, es grande también,.
¿quién será capaz de exigir esa reeponeabilidad á loe po•
deroeoe de la tierra?

X. 'X. X.
1~ de Julio de 1897.

�DOMlllliO 4 DE JULIO DIE 1'97
LA ·DECABENCIA DEL ARTE EN MEXICO

I

Nadie discute, todos lamentamos la decadencia del ar1e en Mé.x~co. J'.intura, ~ecultura y arquitectura, por
·una parte¡ literatura y música por otra, han tenido en
el país épocas de florecimiento y de grandeza remotas ya
y cuyo renacimiento esperamos en vano. Hubo un tiempo ft,Jiz en que Cabrera y Juárez decoraban espléndidamente nues~roe templos, en que Toles fundía la maravi•
llosa estáiua de Cárloe IV -eee rey decadente é imbécil
-y construía la Escuela de Minas y levantaba aére.1 y
--esbelta á loe cielos, como una ofrenda, la cúpula de Santa Teresa.
· Casi por la misma época, Alarcón escribía comedias y
sainetee; después hemos tenido al Pensador Mexicano
escribiendo, salvas sean las proporciones, un Gil Bias de
Santillana mexicano, en el Periquillo Sarniento. Los
archivos de las Ca\edrales conservan misas y motetes de
alto estilo, y Beristain, inspirado en Rueeim, nos legó la
fresca y florida obertura de «Primavera»
He leido en nn crítico ale·
man cuyo nombre me esca¡:a,
,que loe frescos del claustro de
la Profeea rayaban á la allura
de loe de Fray Filipo Lipi, y
he visto madona~ y patriarcaH
-de Cabrera dignos del pinet:l
de Beato Angético.
¿Cómo hemos venido á la
..actual decadencia? ¿De qué
depende que ya no p10tamoe,
ni esculpimos, ni construimos
en un vasta escala, ni con tan
prof~ndo eentimi~nto. ee~~i·
co, m con tan pura msp1rac1on
..artístiea? ¿Cómo es que nu.,etroe edificios modernos, nueetroe cuadros, nuestras estátuae
son copias servileP, imitacio
nea torpes, pr1.ductos helados
de un t,aba¡o industrial y que
no loe anima ya el soplo del
.genio?
Buscar á un fenómeno tan
complexo como son las manifestaciones del arte, causas
simples y elementales, es darse la evidencia de fracasar. El
arte es como la flor, la manifestación suprema, el resulta•
do inevitable de toda la vida,
&lt;le toda la eal'ia, de toda la eetructura del arbol social. El
clima, la raza, la historia, el
estado p1,lítico económiC(!, la
religión que se profesa, la cien·
-cia que se apreud~, la~~o,tum·
bree que se practican, son sus
-orígenes, sus caueae, loa facto· '
res de que depende, loe fenó·
menos que lo explican.
Para cumpreMder el arte de
un pueblo cualquiera, ea for.zoeo concebir su~ itieae, eentir
sus emociones, nutrirse de en
eavia vivir con su misma vi·
da, presenciar lae peripecias
de su historia, combatir como
-él, y vencer co1:óo él Y, eer VtlU·
cido.
El olea je y las corrientes d!l
loe suceeoe, las conq 11is1,~s y
las servidumbres, lae evoluc onee y las revoluciones, el co·
mercio y la prosperidad, la
mezcla y la segregación de las
razas, loe cataclismos políti•
coa y loe cataclismos naturales, levantan 6 deprimen el
.arte, lo elevan á la9 a!tas ci ·
mas 6 lo hunden en profundad
.abismos, imprimen en él su
serenidad como sus tempestades y se rfflejan en sus manifestaciones como en el cristal
&lt;le un espejo. El Arte en la
India es grande como el continente asiático impor:eat,e y
trágico como la religion de
Brahama, nebuloso y confuso
como! a filosofía indoa, estaeioniaro y tradicional como las
costumbres. El arte griego re·
fleja en su serenidad la pureza
del cielo helénico, en eu eime•
tría y ordenamiento loa puros
contornos y loa lineamitmtosde aquellos risuefioa panoramas; como el puebloeaat!éticoy gimnástico,.,¡ arte toma
eomo objetivo la figura humana, divinfaada 'por nna religión queoo es otra cosa que el concepto amplificado y
nermoijeado de la vida mi~ma del hombn&gt;.
El arte del Renacimiento es á la vez mí~t'co y pa~ano
eon todos los terrores de la visión apocalfptica con
todos loe éxtasis d~l iluminismo mfe ico y todas la• puw•
pae y esplendores de la bacanal romana. Como que 1:m el
Renacimiento terminan un mundo y una hi➔toria y de
el arrancan otra historia y otro mundo, el arte 11,rialgama
en suacreacioneetodoelob~curantismo, toda laa eul)('re•
tición y todo el aecttiemo que sucumben con todo el progreso y toda la civilización que reaucitan.
La decadencia momentánea del arte nacion11l. n" P.q
-explicable por modificaciones del clima ni dt-1 s1 elo ni de
la religión, que han permanecido idén~icos, ni dt! 1a 1..,,a,
q11e etnicamente considerada es la misma. y q,w moral, intelectual y socialmente se ha afinado y perft.c :ionado. No
la explican tampoco nuestras guerras civiles ni nuestras

3·

11:L MUNDO

luchas intestinas; la Ualia del Renacimiento fué turbulenta ~ revolucionaria, sufrió inva9ionee, despojos y des•
membramientoa, y sobre loe bordea de aquel cráter brotó,
sin embargo, vigorosa y espléndida la flor del arte. Menos la explican aún las deficiencÍilB 6 lae imperfeooionee
de la enseñanza técnica. No son las academias ni loe
conservatorios quienes promueven el desenvolvimiento
de las ar~ee, es el progrt-so y la grandeza artfstica quienes dan origen á los conservatorios y acad11miae.
A nuPetro modo de ver esa decadencia tiene una sola
explicación posible, y héla aquf:
Las bellas artes, si vistas cte un -laio son poesía y pasión, vistas del o ro son industria y trab ,jo; si conaid~ra•
das de cierto modo son aspiraciones comprimidas, inva•
e1onee de ideal en l.1 vi ta prá~tica; si son dolores y goces
petrificados 6 vaporizados; si repreeentan la más noble,
la más grande y la m te pura em·lnación del intelecto humano, si son una religión y un culto; consideradas de
otro modo son comerc1", medio de vida, maserías pri·
mas y prodnc~oe elaborados.

se hacen construir palacke, pintar cuadros, esculpir e~tátnae, cincelar vasos y joyas, han sido en Grecia
y Roma, en el Asia y en el Africa antiguas, el Estado,
los patricios, loe sátrapas, loa emperadores y ene cortesanos; en Venecia y Florencia los comef?iantea Y loe
príncipes banqueros; durante la Edad Media, loe _Papas,
loe reyes, los sef!.ores feudales, el cléro, y en los tiempos
modernos, la burguesía acaudalada y lo que queda de la
nobleza tradicional.
En México hubo arte mientras exis~ieron unas clases
privilegiadas y ricas: el clero y los burócratas coloniales,
y ha d ..jado de haberlo, relativamente al m.enoe. con el
empobrecimiento de esas c 'asee. El clero levan~ab1 y decorllb1 basílicas, pag,ba mú~icoi y cantantes, 1nsp1uba
sermonee y autos sacramentales, y la nobleza le ayudlba
en Pea activa demanda de obras de arte.
H 1V esas clases privilegiada;i no existen; la hietor!a. ha
pasado un rasero ni9elador por sobre todos los pn rile·
gios. Lo~ ricos de hoy han trabajado eue riquesae Y lae
guudan, las escatiman y las economizan; 01Jmpran oro•
moe y tecalis, y faltando la de•
manda, ha decaído la produo ·
ción.
.
Pero este estado es transito•
rio, la paz y el progreso 0 111·
wrial crearán antes de muchv
nna burgueefa ilustrada, rica
y generosa, que sacari al arte
nacional de so momentánea
postración y que estimulará el
genio y la actividad de nuestros artistas. Volverá de nue·
vo á florecer el árbol y á cu•
brirse de frutos, y bajo DUBE·
t,o eepléndido ci.,Jo, como bajo una cúpnla, i,I ar10 volverá
á ocupar un trono.
Dr. M. Florra,

Julio de 1897.

FRASES CELEBRES

Lee últimas palabras dicbaa
en la hora de la muerte, reeo ·
men frecuentemente, en eín·
tesla rnprema, toda la vida
dfl moribundo.
He aquf las ú1'imae fraeee
de 11lgunoa hombres notables.
~lis manos están puras de
sangre. (Federico V).
He amado á Dios, á mi p11d re y á la libertad. (Mad. de
Stiiel).
Cogiendo la rabeza entre lae
manos: ¡Aquí hay algo! ( Cheflier.)
¡Tú también, Broto¡ ( Jv.li-0
Cbar)
Las cuerdas de mi arpa se
van rompiPndo: entonad el
po~trer canto. [Ossiá11]
¡Creo e11 Diosl [ Victor Hugo]
¡.Juro! [ JI oliere]
¡Vanidad, vamJad, todo vanidad! [Dante] ·
La com~dia ha terminado.
¡ A plaudidl (Augusto.)
Darfa todo m1 rdoo por un
m:nuto más. (Isabei de Inglaterra.)

¡Cabeza de ejército! ( Napo/¡_,ún.M)
h"" 1 Mi h.. 1( l~W·
j 18 1]08 1 S IJOS
wr !,fa.nue/. )
¡Va bien! ( Washington. )
¡ En tus manos, t:!tñorl ( Tauo.)
¡ Luz! JDadme luz! ( G&lt;ethe.)
¡Basta! ( Lorke. )
Haced que oiga por ú tima
VE'?. la m úsira. ( Jfonrt.)
L'\ arteria no late. ( De,curet.)
¡ \fe he sal vado! ( Cronwel.)
Apretadme la mano, amigos. estoy para morir. ( Alfieri )

General de Dlvisi6n, Felipe Berriozabal.

( Con motivo.de su Jubileo.)
Desde el punto de viRta estéticm, un cuadro; una eatát11a, una estrofa, eon una aparición, un emblPma, un la•
m':lnto¡ dePde el punto de vista puramente material, son
una mPr }ancí&gt;\. Ee más, son una mPTcancía de lnjo, destinada á sa.tisfacer, no las nec11sidadea anim&lt;1lea, orgániº"", ganeralea á todo~ loa hombrPP, sino nPce~Hadee mil•
ralee, exquisitas, refinadas, de solo algunos eéree privile•
gia&lt;loa.
DeadePsl;e momPntll la prodncción dP. 111 obra de arte
está sometida á leyE'B econ6miC11e inelndiblE'P. La prod11cci6n dependerA de la demanda, la perfPcción del prod11cto del&amp; competencia, qne ella q •1e promueve. &lt;'.orno
se trata df' prndnrt'lS &lt;le lujo, la cornl)f'tP.ncia no condnce
tanto al abaratsmipnt,o cuanto al perfeccionamiPnto del
prod11ct'l y como no P:itiRface neceaidadPe generalPa ei no fas
de cierta castaó clase pri vi le11:iada, sólo cuan 1o eetaexi•t"I,
es nnmero•a y es rica, habrá eetfmtJlo á la producción,
aliciente al talento y progreso y grandeza artística.
Es as clasi&gt;e pri vi!Pgiadae. ricas, sibarita~. que promueven en el orden económico el progreso del arte, que

Ha llegado el momento de
dormir. ( Byron.)
¿Nos volveremos á ver?..... .
( Lamenna i8. )
DejadmP. morir al eón de la
música. ( Afaabeau.)
. Vov á dar un gran ealto á la eternidad. ( Hobbl!8.)
Y terminaremos con lae que hemo~ óído asegurar qne
pronunció el Rey Don Alfonso XII:
«¡Qué condicw, Dios mío, q11é c0Qflictol11

.,,._,,,...,.

Hay que educará loe príncipes como si no lo fuer.10.
Lui.8 Felipe I.

*

La libertad dobla la pote~c~a de las instituciones militare~; ella las reglamenta y modera 11. su uso.
D¡¡,que D'.Aumale. .
Q11é l1htima que no haya***
más que la palabra coquete•
ría para designar el deseo de agradar.
G&lt;Uton Deschamps.

** da en perfume amo
. á 1a
La mujer es una flor que•no
sombra.
Lamennais.

•

�.,
B;L MUNDO

4

VICTOR H UG O
Viotor Hugo, ese milll'nario de la i_nteligPncia, ee un sol. De eu cerebro brolan tdeae co•
mo brotan resplandores del !]l0narca _del dla.
Su palabra apocalíptica y eubhme domma con
el poder omnipotent.e del genio. Cada obra eu•
ya ee una regeneración.
. .
Su mirada de aetro penetra en las trn1eblae
de la miseria; alumbra la frente manchada del
galeote; levan$&amp; á la mujer ra~da; pone ~na aureola eobre la cabeia infantil del gamin-héroe
d~ Parfe· bucea en las profundidades inmundas
de aquelÍa gran ciudad para salvar de las rlo~cae á un Leónidas de veinte primaveras; refleJa
einie~roe ful~oree sobre lae barricadas; y de \odas las mieenae, de todas las mezquindadee, de
todas las inmundicias, hace surgir la luz .Y la
verdad como infatigable defensor de loe déb1lee,
de loe oprimidos, de loe miserables!
Víctor Uugo ee una de lae más grandes _gl0riae de Francia, y como ésta, ha ,rabaJado
para la humanidad.
Sus obras son coemopolitae, porque en todas
partee hay dolores } hay l~rimae que e~juga!.
Víctor Hugo ee para Francia lo que Francia
para el mundo: una palanca. Si Francia no
tuviera otras glorias, le bastaría con el autor de
«Nuee,ra Seflora de Pa1·fe.,, Víctor Hugo es Moisés en el Sinaf, Licurgo en Atenas, Byron en la
tierra madre dPI" arte, Garibaldi en balia y T'ic
tor Hugo en Francia. Francia ea la NaciónJeeúel
Cnand&lt;' eintái&amp; en el alma la duda que, como
Satnrno, devora á eue propios hijos; cuando cont.empléis triste el pasado, aterrador el preeente
y SQmbrfo el futuro, no recordéje el L&lt;1Rl'~te ogni ,peranzii del Dante, no llaméis al méd1co:bUBCad al doctor Victor Hugo. El cura todas
las enfermedades del alma. Su genio tiene lo
mismo el poder del telescopio para explorar
laa regiones interplanetarias, que el poder del
microscopio para fijarse en esos dolores ocultos
pero mortales.
Yo miro en él gran parte de la grandeza_ de
nt.e siglo que claudica en loe umbrales del e1g'o
XX. Ee inspirado en eue «Odas y Baladas», en
«Las hojae de Otofto,, y en los «Cantos del Crepúsculo•, pero es grande y sublime cuand&lt;, re •
cuerda á Píndaro, y ee incomparable cua~do
pulsa la lira del entusiasmo como _poeta lírt~1No sé qué admirar más en él, et en fecundt•
dad aeombroea ó el poderoso genio de su fecun.
didad. Tiene algo de Ticito en eu prosa cortada.
Cada linea, cada verso del poet.n, encierran una
idea, una idea hecha verbo. De eetae encarnaciones surgen lae grandezas humanas.
Yo he sentido una hoguera en el corazón al leer eus
«Orientales;" mA inclinarla reverente ante loe vaticinios
de la «Esmeralda;" besaría los zspatitoe que beeaba la
desolada madre de la gitana, y tendería la mano de amigo á «Cuasimodo." Sería un ferviente, ei existiera el Obie•
po «Bienvenido;» crfspanrfanse moa nervios ante la pasión
bestial del clérigo de «Nuestra Seftora de Parfe;" anhela1ía la honradez de «Juan Valjean," me es imponPnte el
rnicidio Je «Javerl&gt;1 y siento hervir mi eangreen «\Vater•
loo.»
Las ideaa An el cerebro eon como loe aetroe en el lago.
Brillan con folgor intangible.
Yo creo en los inmortales. Los muertos de hoy vivirán maflana la vida de la tierra ó la vida del peneamiento. La transformación ee un hecho. Para unos, el cielo;
para otroP, la vida, cualquiera que esta eea.
La materia no muere: florece. El espirita es nu Anteo.
Loe "randes muertos tienen una eflorescencia e~rna: la
gloria!
La poesía ee la fe, Pe la imagi•
nación de lo creado. Víctor Hngo
poeta es como el mar:.tiene brisas
y huracaneP, monPhunP y perlaP...
¡ll y a de3 lwm mcR ocdans en e.fJet!
MIGUEL BOLAROS CACHO.
RECUERDOS H

de haberlo leído, no hayan guardado en eu corazón una dulzura eterna.
Y sin embargo, Mueee&amp; no nos eneefló á vivirni á morir; cayó a cada paso; solo pudo, en su
agonía, levantarse de rodillas para llorar como
un nifio. No importa, le amamos; le amamos
ve rdaderamente, como ee ama á una mujer que
noe fecunda el corazón martirizándole.
Y ee que Mueett lanzó el grito de deseeperacióu del siglo: es que fué el más joven, el que
más padeció de todos nosotros.
El sauce que manos piadoeae plantaron delante de su tumba, está siempre lánguido. Nunca
este sanee á cuya sombra quiso dormir, ha c~e•
cido vigoroso y libre, en la fuerza de la eav1a_
Sus hojas amarillas cuelgan tristemente; sus
ramas ee inclinan hacia el suelo. Quizás sus
raíces van á beber en el corazón del muerto
todas las amarguras de una vida derrochada.
Ptrmanec{ pensativo largo rato. Allá abajo
zumbaba Paríe. En el cemeterio, el grito de al•
gún pájaro, el susurro de algún insecto, el c~as•
quido de alguna rama_ que se rompía eúb1t~•
mente. Deepuée, silencio profundo en medio
del cual se oía mejor el respirar de las tumba@.
Sólo un vecino del barrio, algún modesto rentista sm duda, avanzaba ijuavemente por la alame·
da, en zapatillas, con las manos á la espalda.
como honrado individuo de la clase media qu-,..
aspira las primeras bri@as tibias.

5

EL MUNDO

DOMINGO 4 de JULIO de 1897

HACIA EL POLO
POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción para "EL MUNDO."--llustraciones tomadas de Jas fotograflas hechas en ~¡ curso de la expedición.

Mis recuerdos ee despertaban. Me hablaban
de mi juventud, de la época feliz en que recorría loe senderos de mi querida Provenza. Mue. set era entonces mi compaflero. Le llevaba en
el bolsillo; y detrás de la primera zarza solra ba
mi escopeta sobre la hierba. me sentaba y leía
al poeta, á la sombra ardiente del mediodía
perfumada con el aroma de la salvia y del tomillo.
Le debo mis primeras penas y mis primeras
alegrías. Hoy aún, en la pasión de análieie exacto que me devora, cuando me suben al ro~tro
oleadas repentinas, de ju ventud, pienso en es•
te desesperado, y le agradezco el haberme eneeflado á llorar.
E:mLIO ZoLÁ.
~

Señorita Muía land11 y lozano.
(Fotograífa Yalleto y ~ . Mi!xlco.)

las callee de árboles. El silencio era imponente. !Qué
aromas tan pe!!etranteel ¡Qué ráfagas ,·enidae no se sabe
de dónde, templadas como alientos acariciadores d&amp; mujeres que no se ven! Se siente que wdo un pueblo duerme
en aquella tierra que se conl'.X\Utive y Ee qut-ja bajo el pie
del traneeunte.
Se escapa de cada arbusto, de cada hendidura de las
losas, una respiración regular y dulce C&lt;'mo la de un niflo, que flota trae del suelo, con la paz inefable del últi•
mo sueflo.
Muchos inviernos han pasado eol:re el busto de Mue•
eet. Lo heenconirado más pálido, máP enfermizo. Lae últi •
mas lluvias le han vestido de nuevo. Un rayo deeol que cae
por entre las ramas de un árbol vecino, ilumina con viva claridad el perfil fino y nervioso del poeta. Este me•
dallón con su eterna sonrisa, tiene un encanto que entristece.
¿A qué atribuir el extraflo poder que MueFet ha ejercido en mi generación? Hay pocos jóvenes que, deepuee

,, 4

~

Eotramos al 7? semestre dii n11eetra existencia con brio~o ánimo para continuar la lucha,
con las mil dificultades que una publicación de
la fndole de la nneetra ha dA encontrará fuerza en un país donde nin,zún ensayo anteriorhabía det.erminado segura y amplia ruta en el
mttier dii las revistas ilu~radae, y con grandes esperan•
zas de llevar, por fin, nuestra publicación á la altura quiiconstituye ha mucho tiempo nuesho objetivo. A Pn·
tiempo iremos determinando las mejoras que en los eeiR
meses rPstantes de este afio nos prooonemoe realizar v
que eEtudiamoe concienzudamente. Por lo pronto, parécenos oportuno solemnizar la nueva etapa periodística,
obsequiando á nuestros abonados un PRECIOSO CROMO hecho especialmente para EL MUNDo.
Terminaremos antes de quii Julio termine, la hermosísima relación del viaje de Naneen, que entra ah(lra fn
el periodo más conmovedor, y crean nuestros lectoree
~ue á su tiempo tal sección será substituida por otra valiosa. Con el número próximo concluirá nuestra novela
ilustrada, á la que también sucederá una nueva, muy
hermosa, y en suma: al retirar una sección, sea cual fuere, tenpremos por toda norma: qoe la que ha de substituirla la supere en mucho.
Supuestos tan buenos prnpóeitos, enviamos á nuestros abonados el saludo de coetum bre.
Otro pago de $10,000 de "LA
MUTUA" i la viuda
del Gral . O. Leopoldo Romano.

MUSSET

:Me gustan loe cemPnterioe en
loe días de eol claro Voy á ellos
con la cabeza desnuda, olvidando
mis odios, como á una ciudad
Ranta donde todo es amor y perdón.
U na de estas maflanae me enea•
miné al Pére Lachaiee. Las filas
de blancas tumbas se desracaban
en la limpidez azul del horizonte.
Mazas de árboles se alz11ban en la
colina, dejando ver, por entre el
encaje aun naciente de eue hojas,
loe soberbios eepulcroe, loe gran•
des mausoleos. La primavera es
compasiva con loe campos donde
repo!lln nnestroe muertes bien
amados: cubre de blanco césped
las alamedas que recorren pausadamente las jóvenes viudas; blan•
quean loe mármoles con eu luz
alegre y pura. A lo lejos se aeeme•
ja el cementerio á verde ramo gigantesco, salpicado aquí y allá de
manojos de flores de espinos blan•
coe.
Las tumbas son como lae flores
de hierba y del follaje.
:.'II~ interné con paso lento por

•

DAMAS DISTINGUIDAS.

OOMIIIGO ♦ OE JULIO Dl •ltT

Recibí de «The Mutual Life Ine.
f'o of New- York,» la cantidad de
$10,000.00 diez mil pesoe,'en pago
toia I de cua ntoe derechOIJ ee derivan de la Póliza número 485,280,
bajo lacual estuvo aseg11rado el
finado SR. D. LxoPoLno RoMANo,
y para la debida constancia, en
mi caracter de albacea de la testamentaría del finado, extiendo
el presente recibo en la misma pó•
liza que ee devuelve á la compa•
flía para su cancelación, en Tepic
á 22 de Junio de 1897.
LEONOR }!. VIUDA DE ROMANO.
Yo, Tomás Andrade, Escribano Público, certifico: que el reci-bo antecedente fué firmado en
mi presencia por la Sefl.ora Dofla
Leonor Mercado, viuda del Sr. D.
Leopoldo Romano; y doy fé deconocer á la misma eeftora, quien
tiene el carácter de albacea e12 la.
testamentaría del expresado eefl.or Roms no.
Tepic, J unio 22 de 1897.
ToMÁ5 ANn RADE.
Señorita Florenc:la Wllson, del Canadá•

Sobre la c:lma de un "hummoc:k."

•Sobre este viejo yelo que va del mar de Siberia, al mar
de Groenlandia, lae t.erriblee presiones han levantl'l_do altos hummocke: en estío loe rayos del eol han fund1_do la
corteza exterior; en invierno la nieve la ha recu~1erto,
aun cuando parecen ice~ergs máe que am?ntonamtentoe
de hielo de mar prodnctdoe por leva~tam1entos ........ .
«D()Tningo ~4 de Marzo......... El viento del ~orte n~e
corta la cara......... Hemos visto el fin de este. ~1elo umdo sobre el cual se sentía tanto p lacer en v1aJar.... •••·.
Ayer hicimos cuando más 7 milla~. Se nos rompe 1~ espina teniendo que levantar continuamente loe tnneoe
pesadamente cargados. Los dfae se alargan: no tardare·
moe en tPner el sol de media noche......... Hemos matado
á Kivjacgeren ayer tarde y n&lt;;&gt;s ha dolido mucho descuartizarlo y dividirlo en 27 porc1ones.•
.
El hielo continúa siendo generalmente malo; es ~rec1•
so sin cesar ayudar á loe perros á levantar loe trineos
at~cadoe, y llevarlos á mano p~ra fr~nque~r loe pasos
más peligrosos. Los viajeros ee sienten rnvadido~cuando
llega la noche por el irresistible. sueflo de la fatiga. Sue
ojos 88 cierran, y duermen caminando, hasta que una
cafda loe despierta.
L,I. VIDA BAJO LA TIENDA CON

MÁS DE 40º

za de armadura. A cada movimiento crujen y si ee pudieran q11itar ee mantendrían derechos. La manga helada
del paletot 'de Naneen le deja bien pronto en _los pufloe
profundas grietas, una de las cuales llega casi hast'a el
hueso y no ee cura antes del tietlo. Naneen guardará la
cicatriz toda su vida.
. ..
En el saco, lentamente, loe vestidos se flex1b1hzan y
deshielan. Pero Naneen y Jobansen gastan ~sf mucho de
su calor natural. Se repegan al saco y sus dientes casta·
fl.etean durante una hora, antes de que sientan de nu~vo
en ellos un poco del calor indiepe~eable. Por fin el hielo
que solidifica sus redes se ha fu~dtdo completame~te,. pe·
ro permanecen húmedos: al sahr del saco al día e1gmente ee endurecerán de nuevo. No habrá que pensar en se·
ca'rloe mient1as dure un frío excesivo.
Naneen como cocinero, está obligado á mantener'!8 6
poco men~e despierto, para vigilar las oper~cionee cuhna•
rías. J ohansen, dormita á su lado. Dorll1lr y comer; en

DE FRÍO,

Desde que han encontrado un campamento un po_co
abrigado contra el viento, Nanees y Johaneen ee detienen. En tanto que Johanse1:1 cuida loe perros, N~neen
levanta la tienda, llena de hiel? la calentadera, enciende
la lámpara y comienza la comida. Esta se compone un
dia, de cada tres, de un p l~to de L?bscmr..~e ( carne Y patatas eecaP ) - 6 de una especie de fritura de pescado cono•
cida en N~ruega con el nombre de fiskegratm , y C&lt;?nfec·
cionada á loe 85º de latitud, con pescado pulverizado,
harina 6 man~quilla,-ó bien, al t.ercer ~fa, de una eopa
de guiMantes, de habichuelas y de lente¡as1 con Pªt\ Y
pemmican. Johansen confiesa_su prefereno1a por 1a o 8·
couse y Naneen por el fiskeg ratm.
Inmediatament.e que J ollansen ha acabado con loe~rroe loe diversos utensilios de cocina son llevados _baJo
la ti~nda, el lecho-saco se extiende y la puerta se c1~rra
cuidadosamente! Luego los dos compa~eroe se deehz~n
en el Paco para deshelarse. Durante el d1a las exhalac10nes húmedas del cuerpo se han condensado en las tel';'B.
Cada traje exterior se ha vuelto tan duro como una pie•

esto se resumen para ellos todas las alegrías de la existencia.
"d
.
Lobecouee, fsikegratin, ó cena, la comt a es siempre
deiciosa. El día se ha pasado en desear la hora de la colación.
d f ·
Algunas veces, sin ~mbargo, están de tal mo º. at1gadoe que sus ojos se c1er~n, que la mano ee ?-et1~ne en
su camino, entre la eecud1lla y la boca y cae rna_mmada
y la comida se vierte sobre el saco. Tragado el ali~ento,
loe viajeros ee permiten ua pequeflo extra: agua cahente,
tan caliente como el paladar puede tole~rla, en la cua!
ha sido disuelta un poco de leche pulvenzada. Esto oas1
tiene el gueto de la leche hervida y es muy confortante:
se siente uno, dice Naneen, ,recalentado de la cabeza
hasta loe piée........ ·"
Después, continúa, nos acurrucaD?0B dentro del eaco,
Jo cerramos cuidadosament.e por encima de nuestras c~bezas, nos acostamos el uno contra el &lt;;&gt;troy nos dormimos inmediatamente con e I euefio del ¡usto. Pero hasta
en nuestros sueños perseguimos. nuestra marcha penosa
y no interrumpida, siempre hacia el Norte_, amenazand?
á los perros é impacientándonos de la lentitud de loe tri·
neos · y frecuentement.e me deepiertaJohaneen queeneu
8 ueft~ grita: «Pan, Ba rrabas ó K lapperelangen: «¡Dónde
diablos estala, perrve de mis pecados! ¡Vamos,. ~riitoel
«¡Saee, Sasel" y otros juramentos que es más dif1c1l repetir.
. 1e d"1strngmr
.
. nadJi en t re
Martes 2 de A bril.-Ee impoe1b
la bruma. Huecos y relieves, todo_ ~e blanco. Delgadas
capas de nieve cubren los insterst1c1oe de loe témpan os.
Se pone en ellas el pie sin desconfianza Y. cae uno con
la pierna cogida entre la grieta. Es maravilla que no e~
produzcan fracturas.
.
.
.
..
«Para reconocer un paea¡e practicable, es_ prec1~0 dmgirse hacia adelante, á veces á una gran distancia,. buscar en una dirección, después en otra y volver hacia los
trineos para tornar á partir con ellos; se hace ':'8! tres Y
cuatro veces el mismo camino. Ayer, cuando h1c1moe al•
to, yo estaba extenuado.
. .
«El hielo parece vo~veree m~s v ~áe malo y yo
p1egunto si es cuerdo continuar hacw el ..\ orle más lfrgo 11~111po.
«Por la maflana nos desayunamos con una rnfue1ón de
avena ó de chocolate, redactamos nuestras J?,0tae Y nos
ponemos en camino. ¡Cuántas veces nos eent1mce tan fa.
,igadoe que daríamos cualquier coea por volver ~l taco y
dormir veinticuatro horas más.. ...... Pero es prec1eo mar-

,~f

Perro c:onduc:ldo á la muerte.

(*)

• Cada vez que debía ser muerto un perro para nutrir ll los sobrevivientes, J ohansen, tl. quien lncumbla esta tarea, lo llevaba detrás de
un "hummock" tl. fi n de no degoll&amp;rlo ante sus compafleros de vio.Je.

�EL MUNDO

6

..
w-V?"',;:-:--,~::..:::~~i~~~\;;¡¡;¡!JIIN~""'-1
'

~

~

Carta de la tierra de Francisco José.

char1 marchar hacia el Xorte. Hecha nueetra toilette,
debe moe irá la nieve á poner en orden la car¡¡;a de loe trineos! guarnecer loe perros y aiarlos. Y después en camioo Yo voy delante en mis eki, seguido de mi trineo.
Johaneen viene en seguida con los otros dos trineos.
Hay que excitar sin tregna áloe perros, herirlos y ser
cruel con ellos. Eso hace sangrar el corazón; pero volvemos á otra parte los ojos y nos e~durecemos razonando. Ea neceeario no tPner mieericordia.
Todo debe ser s2cril11:ado á nuestro fin y la piedad debe hacer sitio ai egoísmo ........ .
T'ierue, !19 de Mar:o.-Oh e~te eterno enredarse de las
rienias, que loe perros en sus saltos desordenados, origi•
nan como á placer! ¡Olt! eeas inextricables madejas y las
infernales complicaciones de loe nuios que hacen sin
cesar las malditas bestias!. ........ Con esta ,emperatura,
con las manos helada~, ca-1i sin piel, ee un trabajo terrible.
1Ayn tarde la temperatura se elevó á 3-1°, hemos tenido la mejor noche qne hayamos disfrutado desde hace
largo tiempo ......... Una obeervación del meridiano que
hice ahora, nos coloca á Siº :30' solamente; yo no me
preocupo;_debemoe estará 86°. hay algún herror......... •
EL l'OLO l:OC~CCESIBLE

El 30 de Marzo la situación se determina por comple•
to; el termómetro ha vuelto á bajar á 43° y la opresión
del frío recomienza. Dc?spués de haber hecho camino du·
rante algunas horas sobre un hielo unido, al cual jamds
están habituados, Xansen y Johansen son detemdos de
pronto, son detenidos por espantosos amontonamfentos
dP témpanos. Loe perros caen en las grietas; uno de loe
trineos los, sigue y para levantarlo hay que desr,argarlo
enteramente. El fin de la jornada se paea así, luchando

Atravesando un dep6sito de aeua dulce.

sin avanzar. Si no tuviésemos por la noche el calor del
saco para calentarnos aquello sería desesperante.
Sin embargo, la jornada del día siguiente. 31 de Marzo,
se anuncia bien. Et tiempo ha cambiado; el viento sopla
del Sur y el termómetro está a 30° ......... una temperatura de eetlo polar. Deegraciadamente, cuando loedoe hombree y loe perros pasaban rápidamente sobre un hielo
regular, de pronto se abre una grit1ta ante ellos. El trineo de Nanee a tiene justamente el tiempo de atravesarla,
cuando es 11ún estrecha. Pero en el momento en que
Joansen 88 dispone á franquerla á eu vez, ee alarga, cede un trozo de hielo bajo de él, y cae con las piernas en
el agua. Naneen con un tríueo está de un lado; Johaneen,

con las piernas mojadas heladas ya; está del otro con los
demde trineos y entre ellos la anchura de la grieta aumenta más y mds. Imposible servirse :ie los kayaks, que
han eidu 11gujereados durante la marcha accidentada de
los días precedentes. La shuación no deja de ser crítica.
Por fio, deapufe de largas investigaciones se descubre un
paso. Ya era ti~mpu de que se levantase la tienda y se
preparase el lecho-saco, pues las dos piernas de X.meen
no eran más que dos piernas de hielo compacto.
«Jlíerco.'es S d, Abnl.-Un eegundo perro, Ruuen, ha
sido muerto. La carne ha sido dividida en veintiseie partes igualee, pero ocho perros la rehusaron; 88 lea dió
entonces pemmican. El hielo ante nosotros no era por
cierto halagador. Esos muros de témpanos enta~adoe, son
deseepemntes y no luy perspectiva algur.a de mejoramitnto.
«A. medio día tomé una obaervación: estamos á 85° 5!J'
Es sorprendente que ne&gt; estemos más lejos; á pesar de
nuestros esfuerzos casi no avanzamos...... .Me he perci•
bido desde hace algún tiempo de que es imposible lhr¡ar hasta el polo 6 siquiera hasta eu vecindad inmediata, .sobre una banquisa tan accidentada y con loe pe•
rrosque tenemos. Si fuesen siquiera miie numerosos!»
Por otra pa~, Xanrnn per6iste en pandar que los progresos de eu marcha, por lentos que sean, debían haberlo conducido más al norte. O acaso el hielo que recorre,
no contento con oponerle los mil accidentes dti su superfi•
cíe lo rechazaría hacia el eurel\ una derivación con,ínua?
E~ta es la sola explicación plansible. Pdro entonces, para qué obstinarse en una lucha inútil?
• Vier,us 6 de Abril.-Nuestra latitud con fecha de ayer
era de 86º 3'...... Debemos ansayar alcanzar los 8i grados? Duio que lleguemos si el hielo no mejora,,,
L~jos de mejorar el bit:110 empeora todavía. «.\yer, escribe Naneen el 6 de Aoril, llegué á los límites de la desesperación y cuando nos detuvimos esta maflana, había
casi decidido la retirada. Iremos sin embargo bacía adelante un día aun, á fin de testificar si el hielo es realmente tan malo com'l lo parece desde la cima dal amontona•
miento, casi de treinta piea de altura, cerca del cual
hemos instalado nuestro campament:&gt;. Hemos hecho
apenas 4 millas ayer: las grietas, los amontonamientos ...
siempre lo mismo ...... Se diría una inmensa cordillera
cuyas rocas fuesen témpanos...... Levantar los trineos
para pasar cada aspereza, es una labor que fatigaría á los
gigantes ..... ,
El domingo 7 de Abril de 1895 fué el últim6 día de
Naneen y de Johansen hacia el polo.
Levantaron el campo á las dos de la maflana y avanzaron basta donde pudieron en medio del caos. De,pués
fué imposible.para los trineos continuar.
Naneen con patines recorrió aun algunas centenas de
metros sobre la banqui8a polar, inviolada anteirde él.
Subió sobre el más alto hummock. El amontonamiento
caótico de los bloca de hielo se extendía hasta los lfmi•
tes del horizonte.
Persistir aún habría sido locura. Si los viajeros debian
encontrar mucho hielo semejante en la dirección de la
tierra de Francisco José, no tendrlan por mucho tiempo
víveres y fuerzas para llegará la sola playa donde está la
ealvación.
·•He determinado, pues, escribe Xansen, detenerme é
instalarme en el cabo Fligely. Hemos acampado, y bajo
la tienda levantada en el punto más septentrional que
haya sido alcanzado nunca, nos hemos ofrecido un banquete de lobscouse, de pan y mantequilla, de ::hocolate
seco, de compota y de leche bien caliente. Después, con
una sensación deliciosa, olvidada desde hace largo tiempo, de bien estar, nos.hemos deslizado en nuestro que
rido saco, nuestro meJor abrigo.11
Cuando Xansen y su compafiero se despertaron la maffana del 8 de Abril, la bandera noruega que habían enarbolado, fl.otabl á unoa 86° 14' de latitud Nor$e y !J5º de
longitud Este. No habían alcanzado la vecindad inmediata del polo ni aún el 87°, obje~ de sus esfuerzos
supremos. Sin embargo, hablan pasado del 2° 501 la latitud de Lokwoood y superado en 314 kilómetros y me•
dio el record establecido en 1883.
Estaban á 418 k:.ílómetros ( la distancia de P,1rfs á Oler•
monFerrand) del polo matemático.
IIACI.A ATRÁS

•Del 21 de Julio de 1893 al 7 de A.bril de 1895, durante
cerca de veintiún meses, la divi&amp;a de Naneen había sido

DOMINGO 4 rf-, JULIO de ,80-,

EL MUNDO

DOMINGO 4 OE IULIO DE 189_7

Johanaen •puntando á una morsa.

¡Adelante! A partir del 8 de Abril de 1895 fué: ¡Hacia
atrás! mas esta 1etirada fué la parte más sorprendentti Y
más conmovedora del viaje. Naneen y Johansen, gastaron
una increíble suma de energía física y moral.
•
.lfar/,•s 9 de .1/ml.-•La etapa de ayer ·fué la primera
del retJrno al país y al home. Prevalamos el mismo hielo
impracticable; así nuestra sorpresa fué grande cuando
bien pronto encontramos una superficie demasiado pasable, qut:1 rápidamente se mejoró aún •
«8,íbado JJ de ·Abril.-...... No comprendo esta súbita
modificación en la naturaleza del hielo. Acaso encontra•
mos hoy menos dificultades porque marchamos en el sentido de las aristas y de las asperezas, de suerte que pasamos entre ellas en vez de tener que abrirnos un camino
por encima. Además, avanzamos paralelamente á las
grietas en lugar de abordarlas perpendicuiarmente.
«A.yer tuvimos la desgracia de olvidarnos de darles
cnerda á nuestroS:relojee, que se han parado. Para encon·
trar aproumativamente la hora d~ Greenwich, necesito
tomar una obaervaclón del tiernpo y una observación de
la latitud; después estimar tan exactamente cuanto es
posible el camino recorrido desde el 8 de Abril, d(a en
que tomé mi última observación de longitud. Esperofque
asi el error no será considerable ......... .
La tiesta de.Pascuas que e.da en H de Abril, fué consagrada-con una comida bie,, entendido-y sobre todo
á los largos cálculos necesarios para vol verá encJntrar
la hora. Las valuaciones de marcha y las observaciones
casi no se compadeclan: según las primeras, Naneen
crela haber llegado á 15 minutos más al Sur que lo indicaban los segundos......... • Es que derivaremos ahora
hacia el Norte? Se preguntó Naneen. Eso sería excelente
para ei Fram, más poco tranquilizador para nosotros.•
En cuanto á la longitud, Naneen supuso que era de 83º •
4.3'. E: esa cifra no era ciertamente exacta, pero él la
tomaba en lo de adelante para base de su3 cálculos y
notend1ia después, cuando conociese la longitud verdadera, m!ie que hacerle una corrección uniforme.

A remo.

nifiestamente vergüenza .de e.f mismo y acabó por volve~,
y sin nueva tentativa de escape se dejó guarnecer, m_1•
r,ndome con ojos que imploraban mi perdón. Yo babia
tenido intención de pegarle: sus ojos me desarmaron.
•······Un poco más lejos advertí que había extraviado
el compas y volví sobre mis pasos. Lo encontré, pe:-o en
el camino me incomodó el calor. Una lasitud grande me
invadía, y, cuando alcancé los trineos, Johansen se había quedado dormido al halago de eot.. .... el Lermóme•
tre ma:caba 26° bajo rero.
«Milrcolei 17 de Abril.- ...... El hielo que atra\'eeamos
actualmente, parece ser el mismo que rodea al J&lt;'r~m.
Efectivamente, hemos llegado ó poco menos á la región
en que la derivación ee prc@igue. (1)
.
•······ Vamos á grandes pn_sos bacía la tierra y hacia el
estío. Ya no es penoeo ahora levantarse de ma1lana,
con una buena jornada de marcha en perspectiva, de cocinar dt:1 dormir calientes en el eaco y eoflar t:n las alegr.fas 'del retorno á nuestro l,r,me. ... . . N uest ro home.1••· .. •
LA RETrR.\DA DE l\.\)'(SE:-i y JOH.\NSE:-i

(Continúa.)

Las etapas de l\Iayo no ofrecen nada de particular,. Y
los exploradores, después de haber recorrido regular distancia llegan al corazón del eetío.
•Domir,go ta~ Junfo. - ...... El Pentecostés. Cuán hermoso es tod" ahora en el paíe, en tanto que nosotros es•
tamos entre ta bruma, el viento y la nieve...... ! La pequeiia Liv irá á comerá casa de sn madre grand~ ahora;
quizá en este momento mismo le ponen su vestido nue•
vo. Bueno! Bueno) Ya vendrá el tiempo en que yo la
acompanaré-pero cuándo? Voy á dedicarme á acomodar de nuevo los kayaks y todo irá bien. ,,
La víspera de Pentecontés, ~aneen y Jobansen han
levantado su tienda al abrigo de un hummock, para un
alto de muchos días. Los kayacks, de los cuales se espera de un día á otro poder servir11e, tienen gran necesidad
de reparaciones v los dos hombres trabajan con ardor
para ponerlos en buen estado. La tarea es tanto más larga cuanto qne es preciso ser más cuidadosos con.los ma •
teriales: no sería fácil reemplazarlos en la banqmsa.

Ri hay que rehacer una costura, deben, p.unto por pun·
to retirar el hilo sin cortarlo, á fin de eervirae de nuevo
de él.
Xinguna pieza de caza viene desgraciadamente al al·
canee del fusfl, ei no es algunos animalillos que no valen .
un cartucho. Se peHa el pewmican, la manteca, el pan:
es tiempo de ponerse á ración.
Por su parte los perros están hambrientos. Devoran
cuando no se les vigila de cerca, la tela de sus arneses Y
aun el cuero mismo y la madera de los 8ki. La tempe~tura es de una dulzura extrema, el termómetro ha sub1•
do á cero, los témpanos comienzan á derretirse. Un d ía
llueve. Lluvia! Qué alegría se siente al oír sus. gruesas
gotas berir ta eeda de la tienda)
El 7 de Junio está terminada la reparación de los ka yak;
Hombre y perro tropiezan á c:•dil paso.
y el s :N"ansen y Johansen vuelven á ponerse en camino.
La penuria los amenaza; el deeastre se hace esperar: · ePperar un cambio en el estado del hielo. Hemos comido basta saciarnos en la cena y en el desayuno, deepu~s
88 preciso ensayar aun el avance con los trineos á través
delcans de témpanos, del laberinto de grietas y de un de haber estado hamhrient&lt;,s muchos díae. El porvewr
parece asegurado y brillante: no más nubes sombrías anverdadero pantano de nieve mojada. Dónde está ~ues
tes
de largo tiempo en el horizonte!. ..... ,,
la tierra? Dónde ta agua libre? Sin embargo la latitud
Fue en el curso de esta travesía cuando los exploradodel cabo Fligely ee ha alcanzado 6 poco falta.
Basta muy poco para volver la esperanza á los hom- res mataron su primera foca. Los kayaks acababan de
atracar en el decli v'3 del hieio y estaban ya retirados á
bres enérgicoe.
Un día Naneen descubre en un canal un pequelio ba• medias del agua, cuando el enorme animal Btl mostró á
algunos metros. Herido por el tiro de fusil de Johansen,
calao muerto.
•E3 un teeoro el que acabo de encontrar. Donde hay harponeado por Naneen; vivía a(rn. Xansen temía que
en un esfuerzo supremo se le escapase, y le hundió dos
peces en el agua, no se muere de ioanición. •
.
Es que la cuestión de los víveres tiene ya un capital veces su cuchillo en la garganta; brotó un gran ~audal.de
interés. Las provisiones se han reducido á nada Y los sangre y el agua se enrojeció basta una gran distancia:
viajeros marchan al hambre más rápidamente que lo que "Yo lamentaba, dice Naneen, perder así lo que nos ~u·
avanzan hacia el mar libre 6 hacia la tierra. Hace tres biera proporcionado un almuerzo tan bueno; pero mÑ!
rave habría sido perder la foca entera » Durante este
metes que han abanáonado el Frau1, habían partido cun
cien dfae de víveres y no les han ai'iadido hasta el pre- !empo, el grupo formado por loe kayaks y loe trin~os ee
había desligado; una de las embarcaciones habíase llenasente más que dos gaviotas y un pequeiio pez.
do
de agua Y el horno de petroleo, felizmente ligero por
Nansen repasa y rehace sus cálculos. Acaso está muque
era parcialmente de aluminio, fbase, danzando socho menos al Oeste de lo qne ha creído; quizá loa relojes
se han adelantado un poco. Pero aun suponiendo que su bre las olas...... Todo fué salvado á tiempo, pero d~~puée
longitud sea de 5 grados más al este de lo que ha calcu- de un bailo que transformó el pan y las otras provmonee
lado la tierra Wilczek, á falta de la del príncipe Rodol- en Un mazacote exajeradameote salado. Sin em\:argo,
·6
como las municiones nada sufrieron, el resto le p~rec1_
{o ; 0 debería estar lejos. Si al contrario, la derivación
h~cia el oeete ha sido más fuerte aún de lo que se ha á Naneen muy poca cosa en comparación de las ID€.st1comprobado, si su longitud de 6 6 7 grados más al _oe~te, mahles ventajas de la importante captura que había sido
se encuentra forzosamente entre la tierra del Pr1nc1pe hecha.
EL c .ntPA)IENTO DE ESl•ER.\.
H.odolfo yla del rey O.car...... Quéimportael nombrede
Ja ribera á donde llegue, con tal que sea una ribera Y enAbundantemente provistos de víveres. N ansen Y J~cuentre medios de h11cer provisión?
hansen podían en lo de adelante esperar los ~co.nt.ec1Hombree y perros, atados con los miemos arneses, es- mientoe: desastre 6 acaso derivación de la hanqmsa so~re
tán al cabo de sus ·fuerzas, vacilan y caen á cada paso. la cual habían levantado su tienda. Habíanse detrn1do
y Naneen comprueb.i el H de Junio que toda est.1 ener- el 22 de Junio; no volvieron á ponerse en marcha hasta
gía se ha gsetado en pura pérdida: el viento ha rechaza• el 22 de Julio. «Nuestra eituación, dice Naneen, me re•
do al noroe~te la banquisa sobre la cual se agotan ello3 cordaba la de esos esquimales que ee dirigieron una vez
en"ªªº· Pueda al menos.esta derivación conducirlos al al fondo de un jjord para recoger hie1 bae, á fin de t~ner
mar navegable. Entonces declinarán hacia el Spitzberg! harina; 1Je¡1;adoa á su destino, la encontrare~ demas1.-do
P.:ro ya es tiempo de que un oso 6 una foca vengan á c:&gt;rta; se instalaron y esperaron á que crec1ése lo tUfi•
hacerse matar.
ciente para cortarla.»
El campamento qne vi6 este largo alto, fué bautizado
Con la sangre de uno de los últimos perros, Nan~en Y
Jobaneen ee confeccionaron un día una especie de infu. por los viejeros con el nombre del ca111po dt e., pera. Mai'iana por mañana y tarde por tarde, el uno 6 el otro
eión: para ser de perros no estaba mala; pero este era un
expediente que no p odía ll~varlos muy )eje s. Contaron subía á un alto huinmock, que ellos llamaban la Tdrre
sus cartuchos; soi'iaban regiones giborns de depósitos de d el d gía, é interrogaba el horizonte. Una segunda f~a Y
agua poblados de fo~a•. Spitzbug ú otra parte; toJa tie• ~res oROs cayeron bajo las balas. Los dos hombres Y ene
rra los nutriría; inver..arian si era preciso...... ¿Cuánlo dos últimos perros, s ,,ggen y Kaif,r..9, nadaban en la
llegarían á alguna tierra?
abundancia. Cruda ó frita, la grasa de la foca ee, á lo que
El veinte de Junio, gaviotas y urfas comienzan á pu• parece, un gran producto alimenticio, esta era cuando
lular. Es un hormigueo de vida volátil que lleva la es• menos la opinión de los dos noruegos. •Reemplaza perfectamente á la mantequilla, dice Naa3eo. La carne
peranza. Y he aquí que, en el diario de N,mseu, de una
tan buena como puede serlo carne alguna ...... .Ayer tuvi•
monotonia punzante, estalla un himno alegre:
moa una sopa deliciosa y hoy un bifteck! ...... Xo l~s ea•
Sú.bádoe.! cu ./ur,io.-SJn las nueve de la mafiana y be•
len
mejor en el (,ran Hotel......... No hacía falta en el
moa hecho ya un buen desayuno de carne de foca, de
festín
mis que un buen vaso de cerveza.
aceite de foca, de grasa de foca, de sopa de foca. Héroe

':8

Morsas sobre un témpano.

• Muru, 16 de Abril.-':'nando e!tábamos á punto de partir, á la una de la mail.ana dd ayer, uno de nuestros mejores
perros, Baro, echó á correr. Yo multipliqué los llamamientos, df la vuelta á loe lwmmoks en eu busca, pero no
vf más qne el hielo moetrando hasta el infinito sus creetas abruptas; en el extremo norte el sol de media noche
resplandecía. El mundo glacial sofiaba baiiado en la fría
claridad de la mallanll. Nos habíamos ya resignado á
partir sin el perro, cuando lo percibimos, muy lejos, detrás de nosotros, siguiendo nuestra3 huellas. Tenía roa-

t
Sorprendido por un oso.
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Itinerario &lt;le N1tns¡:n ' ;::.~1!'!.,~~iinosrl,· lntrr mlo, ,,¡ Prm11 Y 1'llll •
t n d ns ,lCn.qfonc.."(. f _m~ nu, ·1,or e l mismo punt" geográfico. Pero no
""" J'.lll"8r&lt;&gt; n dc'&lt;'t '11\
e ra la misma super 1e'.1eedel hielo la que ocu¡,uba e,c pun to.

aquí haciendo ensu~iios de alegría. La vida es de nuevo
toda eol. ¡Cómo el menor incidente puede cambiar la
fu; de Jaa cosas! Ayer todo parecía desesperado: el hielo
impracticable, nada de caza. Pero aparece una foca que
se yergue cerca de nuestros kayaks y gira en el agua al
rededor de nosotros. Joansen tiene apenas titmpo para
enviarle una bala, cuanélo desaparece. Flota haeta qu3 se
la harponea-es la primer foca barbuda que hemos visto
-y henos con vi veres y combustible para un mes Y aun
para máe. No tenemos por qué precipitarnos. Podemos
adaptar mejor nuestros trineos y nuestros kayaks á la1
necesidades de una navegación en medio de los hielos
fiotantee, matar de nuevo focas ei 1~ coaa es posible Y

· Los dos últimos perros.

�DOMINGO 4 DE IULIO DE 1897

•

EL MUNDO

9

EL MUNDO

DOMINGO 4 de JULIO de 1l!i17

==-

Jacobina permanece indiferente...... _Ese padrino, eFe
gran médico, ese eabio ilustre, esa gloria de. Rotterdam,
110 ha sabido encontrar para mamá el remedio que cural
Minher van der Ileemekerk continúa:
-Qué extraño hombre ese doctorWickers]oot...... partió maniaco y torna loco ó poco menos...... ¡Bondad del
cielo! qué flaco está.... .'. El primer bot~ni&lt;:o del muo•
do!. ..... El émulo de Linneus!. ..... Qué digno hombre ~s
sin embargo ese doctor Wickersloot, ...... Me pr~stó sm
interés treinta mil florin~a, después del naufragio de la
B , lla Carlota.

El buen hombre eiente que su garganta !Se oprime.
-Tu madre se llamaba Carlota; y yo creí bueno dar al
buque ese nombre bien amado...... .
E! padre y la hija se vuelven ha?ia el retrato; y este
sonríe sonríe siempre. Parece decir: «Esperad á pesar
de todo, á pesar de la ausencia.»

II

"'

•

Traducción para "El Mundo."

I

•
La choza de ilwierno.

Loe días -y loe memh-ee suceden y se parecen. El 24
de Junio ee festeja á la vez el San Juan y el segundo ani •
versario de la partida de Cristianía y el centésimo día
transcurrido desde la partida del Fram: inútil es preguntar ei hubo comida caliente. La temperatura es extremadameate dulce. Una vez volviendo al campamento,
Naneen advierte que Johansen duerme con un pie fuera
de la tienda, sin percibirse de ello. Loe dos compañeros
duermen sobre el saco, que una piel de oso vuelve ahora

más confortable, y no ya dentro, y lee acontece permanecsr dormidos veintidos horas.
La unica travesía realizada hasta ahí con loe kayaks,
h'\bfa demostrado que era necesario pasar ;sobre su
casco una capa de pintura. De q•1é pjntura? Naneen co•
menzó por calcinar huesos; los pulverizó y los mezcló
con aceite de foca. El producto no tenia empero las cua•
lidades requeridas: "~s preciso incorporarle hollin como
yo Jo habia pensado ya. Estoy pues en vía de ahumar

todo el paraje donde nos encontramos. Pero no obtengo más que un ligero acicalado, aun cuando haya produ•
cido un humo tan espeso y tan alto que habría podido
verse desde el Spitzberg. Es preciso batallar sin cesar
para los menores detalles .cuando no se tiene un taller
á la mano.» Fiaalmente, Naneen sacrificó sus pastas, eu
esparadrapo y sus emplastos para endurecer los kayake.

y

Continuará.

1.

A la Vela, por las costas de la tierra de Francisco José.

Describiré la cámara antes que los personajes. El 1,ir-&lt;lio (puesto que lo hemos querido, más ó menos, cuando
re trata de muebles) .indica n~~sti:os gustos, nuestros há•
hitos. Una d3scripción mov1hana vale tanto como un
~ náli&amp;is psicológico y sin temor de errar ..... •. Yo !1º puedo comprender el pensamiento oc11lto de m1 v:emno, pe·
ro no me engañaría, aún cuan~o fuese el último de los
··u¡ieres, respecto al número de sillas que él po~e.
El salón es pequeño y confo~table. Los B!llonee, de
madera de las islas, están recubiertos de terciopelo bordado, azul pálido: un tono pasado, armo•
nioso, exquisito. El clave está en el centro
de la pieza bajo un lustro. ¡Oh! el clave en·
cantador donde sobre una laca blanca se
enrrolla~ de una manera inverosimil los
amores las cornamusas, las flautas, los corderos las cintas! ...... y el hermoso lu_stro
csféricd de ramas delicadae, en ese antiguo
cobre al cual los artistas holandeses dabaa
uo reflejo de oro verde, ..... .
Sobre los muros, tapizados de indiana~
á grandes ramas, algnnos cuadros: man·
nas en el estilo de L'1dolfo B1khuysen;
do~de el pintor ha puesto en un pequefi?
•cuadro, la inmensidad del mar; frescos pa1tajes á la Lingeibach ....... ..
Pero, entre las obras de arte, la que m~s
atrae las miradas, eJ un retrato de medio
&lt;:uerpo, de tamafio natural: u~a hermosa
.dama de mejilla rosad~, con traJe. rosa, lleva á sus labios cflrmmeos, sonnendo, un
ramo de rosae.
.
En el pequeño salón, dos persona¡es, el
padre y la hija, conversan afectuosamente.
El padreesMinher Jean van der Heemshrk, el armador: Es un hombre grue~o
cte peluca enorme, siempre sentado, la p1·
Jlfl en la boca, ante un jarro de cerveza.
Yosotros le conocéis bien, vosotros le ha·
béis visto ( cien veces) en los cuadros de
familia burguesa del s1g'o pasado.
La hija es una frágil criatura, ~oda blanca, con su traje blanco...... Jacobma, desde
la muerte de su madre-la dama rosano se ha consolado, y para Jacobina el re•
trato no es una simple tela: ve, piensa y habla. La madre y su hija tienen larg:~s con•
vereaciones misteriosas,.··:··· La nm~ oy.e
frecuentemente un llamamiento, una mv1tación para ir muy lej.os, muy lejos, á ese
paraje tan mal conomdo, ¡hyl donde se
puede besar de nuevo á la dulce ~amá.
A Jacobina ya la hemos entrevisto en
lM obras de los maestros de la escu~la de
Colonia...... Los cabellos de un rubio luminoso se pierden en una ooaulant_e au•
reola... '. .... Los ojos se fijan, l~s labios ee
aprietan, la garganta palpita ba¡o el esfuE:r·
zo de un pensamiento :fijo; las manos t.1enen dedos largos, ¡son hndos!.. :· .. N adf mdica)ln J abobina á la joven del siglo x, II L
Su traje no ostenta el corte de la época...... Su traje es el de los ángele~, casto,
.gracil de pliegues rectos.
-Sí hija mía comienza Minher van der
Heem~kerk, el '«pensionado de Holanda»
IIPgó, hace dos horas, procedente de Bata·
vía al puerto de Rotterdam.
.
_:_Bien padre mío murmuró la mfia; Y
Fil voz ti~ne una re~nancia sin~ular, la de
la, cuerdas tendidas sobre la ca¡a vacía de
,un luth.

-Nada falta á eu cargamento, continúa el buen hom•
bre: telas de l\Jadras, sacos de índign, cajas dP P~ptcrn,
sedas crudas, porcelanas...... DJs millones de fl unnee,
cuando menoe, de mercancías.
Jacobina miró el retrato.
-¿Porqué, piensa ella, mamá no está aqul ya?...... Cómo se regocijarla de la noticia!
.
.
✓,
Y Jacobina advierte qne «mamá" son:1é, sonné mas
que de costumbre. 11E11a" ha comprendido; «elh,,, coro•
parte la alegría del armador.
-Tu padrino está de vuelta -prosigi:e el armailor, lo
he abrazado en la esca-la del «gran pensionado.,, Yendrá
bien pronto á visitarte ........ .

•

El martillo de la puerta de la calle retiembla. Resuenan pasos en la ante cámara; y el «cele~re, doctor,» eeguido por un marino portador de u!1a c11¡a, se presenta.
Singular tipo, en efecto, ese 1\Iatias W1ckersloot. De
una talla demasiado alta, se le tomarla por un bombrecillo, tanto se encorva al andar, con las pier-naa plegadas
y la cabeza sobre el pecho.
Su cara parece de madera mal tallada: ~~ verdadero
puiio de bastón! Pero los ojos pequefios, h1r1entes, bai•
Jan de una manera inquietante ......
Una frente que se adivina amplia, desapa:rece bajo una
vieja peluca erizada, demasiado va~ta y mal puesta ..... .
BI traje es groeero, mal cortado, pero lleva en la mano
derecha un enorme diamante de inestimable valor.
~ingún pintor, ni antes, ni después, había trazado el
perfil del doctor Wickersloot. Cómo dibujar la parado•
ja?...... Y el médico es una paradoja viviente.
A su primer paso en el salón, saluda g:ravemente al
1etrato. La dama rosa le sonríe; ha reconocido al viejo
1&lt;migo de la casa. Despuée, con ur&gt;. lujo infinito de prE: ·
cauciones, ·wickeraloot toma la ca¡a llevada por el man·
11e,o y la dispone eobre el clave. lJespide a] hombre con
nu gesto ....... Por fin estrecha la maJ?0 del a:rmador, la de
Jacobina, mua atentamente á la mfia y va á sentarse,
eil.,ncioso, en un rincón.
La tarde avanza; un hnmoso rayo de sol paeó, dorado,
á través del vitral de la ventana; y en medio de la lnz,
nE&gt;tamente contorneada, se ve voltejear, danzar, perse·
g11iree, brillantes átomc,s.
Después de cierl;o filempo-un tiempo muy largo-el
dnrtor se pooe á hablar. Su voz es armoniosa, e:xtraordi•
nari11 para un hombrecillo tal.
-En tanto que se cargaba el navío, dijo él, en Batavia,
quise hacer una larga excursión en la parte ioexplorada
de Java. Heme ya en camino, solo, en el
centro de una selva, en que los negroE, á
pesar de mis generosas ofertas, rehusaron
acompañarme!......... Oh! qué bella, ávida,
fuerte y lujuriosa naturaleza....... Arboles
diez veces centeDarios!........ Las plantas
más raras, las mas curiosas, las más mona·
trumas ó las más alegan tes por donde quie•
ra. Enormes, inextricables cortinajes de
hana, baobabs, de iamaa ancorvadas hacia
la tierra y formando cada uno la nave de
una inmensa catedral! ...... Dn perfume de
orquídeas satura el aire!. ..... Veo las florea
que parteen mariposas, preciosos copone3
o cintajos pompoeos, flo::-es de todos los
colores, de todos los matices posibles! .......
Veo hojas largas como una gran vela de un
buque o menudas como una tha de encaje!
Ammales pesados, anónimos, huyen delante de mi! ...... Las serpientes se deslizan
y me rozan! ...... Los pájaros, los insectoe,
pasan luminosos!. ..... Marcho satisfecho,
á pequeños pasos, sobre los cespedes, ó me
pierao, fpJiz, bajo los helechos arborescen·
tes! ...... No temo al tigre carnicero sin vo·
lor y que no cae sobre su p:reea sino cuan·
do esta huye...... No temo 1\ las serpiente!!
por que canto á media voz sin ctsar! .......
RE,pi~o un viejo aire lento y triste, uno de
.,sos que se concluyen con los ojos húmedos......
-Ea cierto, interrumpe Jacobina, pa•
drino, vos tenéis buen oldo. Oa gustaría
que yo os acompafiase si qu1siérais cantar?
Jacobina Ee dirije al clave.
-Bondad del cielo! aulla Wickersloc,t,
qué vais á hacer!. .....
Con los ojos extra·dados y los labios
temblorosos el médico etnpuja úolenta·
lllente á la niña sobre un sillón.
Después ee calma y continúa su relato.
- Fatigado al fin, me e:x t'endo bajo un
manguero cuyo espeso follaje proyecta una
, .. mbra intensa. Y canturréo siempre..... .
Trato de poner toda mi alll'.la en la cantile·
na de no dar una nota discordante en la
di;ina sinfonía de los ritlllicos. follajes y
de las aguas melodioEas......... Oh! prodi•
gio! ...... oh! maravilla!.. .... oh! estupor! ....
Grandeza de Dios que en su obra creadora,
todo lo ha querido, tod&lt;' lo ha intenta·
do ...... Potencia infinita, eterua, que reune
Jo que parece inconciliable á la débil alma
humana!
y el doctor, extasiado, ee yergue, largo,
delgado, fantástico,
Se aproxima á Jacobina y continúa:
-Hija ¿has v:eto un lirio abrirse en la
mafiana?' Én el mom~nto en '.que d alba
11~1m la flnr Pstá inchnac'la ~obre Fil tallo ........ . Dtsde qi;e el sol parece, el lirio,

�'l

10

tocado por un rayo, se endereza y se abre ...... La flecha
de oro, hiriendo la planta, le ha comunicado una fuerza,
una energía, y oso decir, una «voluntad ...... » Ahora bien
¿qué es la luz? ¿Un fluido? ¿Una vibración? J Una y otra
cosa tal vez!. ....... ¿,Y qué es el canto?....... Un fluido
que se difunde por nuestro espiritu! ....... ¡Una vibración
que surge de nueetro pecho!.. .... Para ciertos organismos
admirables, el sonido poEee una vibración análoga á la
de la luz ...... BI sonido, que cautiva el alma de los hom ·
brea, que atrae á los animales, y que es inseparable de
toda vida, es decir, de todo movimiento, no puede, no
debe obrar sobre ciertas plantas sensitivas y delicadamente cnnstituidab? ¡Oh mi Jacobina, muchas flores tienen tejidos tan impresionables como los músculos de un
mamífero!. ..... ¡Una sangre generosa, una sangre que es
un pe1fume, circula en las venas de las rosas, de las violetas y de las tuberosas! Las flores tienen simpatías y
aversiones. Los amores de las plantas son un poema!. ....
La novia no se da sino al novio que ha elegido, al esposo
de su e~pecit&gt;, porque quiere evitar el adulterio del hibidrismo! ...... La palmera hembra, sulamita del Cántico de
los cánticos, se seca de tristeza ainó ve cuando menos en
el horizonte á la palmera macho...... Sin
dudase babl~n, y ta grosera oreja del hom•
bre no percibe €ate idioma demasiado dul·
ce! ...... Ciertas fiores·devoran cruelt-s!. .... .
La dionéa atrapa moscas por astucia, para
comerlas......... El sarcanthus ofrece á los
insectos, para trsgarlvs, un nectar que los
¡,xcita y los emborracha!. ...... ¡Oh mi Jaco•
b,na, yo me creía eabio porque he palidecí•
do en las bibliotecas!. ..... Yo habla apenas
entreabierto el gran libro eecrito por lama•
no de Dios! ...... Yo ignoraba los rudimen·
tos de la ciencia...... Ignoraba la gran ley
de correlación, la unidad de esta ley!.. .....
Ignorab!' que el smido obra sobre la vegeta•
ci6nl Ignoraba que el ruiseflor canta pa·
ra que la Reina de la noche se abra! Los
poetas del oriente han adivinado esto, ó
mejor dfobo, lo han ,i.,to en largos estu•
dios ...... Uno de elloP, quizá, encontró la
flor melodiosa, la planta que comprende,
que ama el canto, y que da testimonio de
en impresionabilidad musical.. .... El la ha
visto en Ellora, como yo la he visto en J ava l. ..... Uija mía, mi hija por el bautismo,
esa flor está ahí, yo la he reco~idt, para
tí!. ..... vas á admirarla...... Ningun rey del
mundo la posee!. ..... La llamaremos en tu
honor, Jacobelia; y mi nombre estará cer•
ca del tuyo: «Jacobelia ,vickersloot.»
El eabio se aproxima al clave; con los de·
dos temblorosos y la frente húmeda, abre
la caja .. .... Toma luego un fragmento de corteza sobre
h cual, por encima de un musgo espeso, ee des~ubren
blancos filamentos, ténues, encabestrados.
-Ve, ~ija mía, es. una orquidea...... Vive sin hojas.
Raíces: sistema nervioso, y una flor, gloria del . amor en
un momento dado, he ahí todo...... Jacobina ponte al
clave, y toca piano, á mezza voce, lentamente.. .'... nada de
acentos vivos! Uno de esos aires que contienen un munrlo que no pesa sobre .el oído, y van, ligeros, al cora•
zón! ...... Uno de esos aires que parecen la claridad indel'isa del alba y no el fulgor espantoso de loe incendios....
Un aire de Roland de Laseue!. .... . La música moderna
es la plaga del fuego!. ..... se diría una lava hirviendo en
el cráter de un volcán!. ..... ~so no calienta...... quema y
consume! ...... Eso da la ard1entetiebre, el delirio á veces
la muerte, á la joven, al efebo, y ¡a flogosis al hoihbre hecho!. .....
Jacobina obedece á su padrino ..... .
La ni~a pálida, pálida, se sienta al clave. Arroja una
J~rga mirada sobre la dama rosa. Esta sonríe, sonríe
Eiempre, mas esta vez como una persona curiosa á quien
se va á revelar un secreto. •
Miniher Jean vander Heemekerk, no osa ya aspirar
el tabaco de su luenga pipa..... .
E;c anto del viejo Lassus se eleva, sencillo y puro, no
más fuerte que la voz de las cunucae, pero penetrante.
Al pr nci~io, ent!e l~s briznas de musgo, se ve apuntar una debil germmac1ón de un verde indeciso· después
ile acentúa un tallo.
'
Jacobina desflora, con la punta de los dedos el clave·
pero su alma vibrante da á la dulce melodía u~ encan~
inefable..... .
Y el tallo sube; y sobre la cima se forma un racimo, ...
Ahora son acordes unidos: un himno en honor de un
Dios ó un himno religioso.
Y el racimo se expande en corimbo ..... .
Jacobina toca dulcemente...... A veces se creería que
el sonido ha muertn bajo las teclas mudas.
Y cada corola crece á la vista..... .
La cantilena llora y dice la esperanza perdida la alegría desvanecida y la pálida resignación.
'
Y c~da pétalo se colora con rosa de carne.
El ritmo solloza; las notas se desgranan como un collar de perlas cuyo hilo se corta.
Y un soplo delicioso se difunde por el salón ...... Es un
per!ume embriagador como el aliento de la flor del naranJo, pero más suave, más etereo .. : ...
El médico toma las manos de la joven y lae aparta del
clave.
-Basta, mi ,Tacobina, dice; la planta podría sufrir por
exceso de música ..... .
Ha llegad_o la noche ...... Apenas ee distinguen las cosas; ee ve, sm embargo, á las corolas cerrarse al corimbo replegara~, al tallo disminuir, deeapareéer...... No
q?~dan ya, sm duda, más que los blancos filamentos invisibles en la sombra.
La Jacobelia se ha dormido en el silencio ..... .
Un pálido reflejo, como una fosforescencia de la tela,
permite ver sonreír á la dama-rosa: .... :
Cierta!Dente le interesa esta curiosa experiencia ..... .
Y la pipa del armador, en la noche, enciende un pequeño faro de un rojo sombrío.

!!;L MUNDO

III
En Rotterdam, no se habla más que de la flor milagrosa. Descu idause los negocios, la bolsa está vacía, la casa
municipal desierta. La pr~ocupación es ial, que las da•
mas conservan, desde la mañana hasta la noche, el mismo traje-.que loa magistrados absuelven á loe inocentes
-que los pintores ~e olvidan de destrozarse mutuamente-y que w 1 banquero ha omitido, en tina nota de des•
embolsos imaginarios, mencionar su «comisión.»
Ante la puerta de Minber van der Heem,kerk, la multitud es compacta y se le extrae al tonel del rincón, cada cuarto de hora, tres nuevas toneladas de cerveza.
Cada uno describe sin haberlas visto, y ePgúu eu propio gusto, las maravillas de la Jacobelia. Miguel Artois,
el poeta incomparable, declama ya el duodécimo canto
de una epopeya improvisada en una noche en el café, sobre el viaje del «grau pemionado.» Ob, y qué versos!. .....
Neptuno impide áloe vientos que soplen, para detener
eobre «la líquida superfüie» á los nueves argonautas; y
Venos empuja la quilla ...... Wickersloot se llama Hércules y Orfeo le ofrenda una Jira eobre el doreo de la cual

Opbialtes ha grabarlo, e¡i doscientos cuadros, loe fastos
nerlandesee ......... El inr,omparable Artois conoce á sus
maestros de ml'moria.
Todos los grandes personajP.s se han reunido en casa
de Minber van der Heemekerk.
·-:::
En primera línea. como es justo, ee ha colccado Minher Adrián van Vae r, burgomaestre, el comerciante diez
veces millonario, el hombre que tiene la más rica coleccion de cebollas de ~nlipáo conocida en el mundo. Quiere comprar, ei se puede, en cien mil florines la Jacobelia.
Ahí está Miuher Justo van Bray, el ilustre teólogo,
decidido á encontrar, en la pequefla flor, una prueba
irrefutable del poder tentador del demonio;-Minher
Felípe Koetz, el célebre profesor de anatomía, conven•
cido a priori, de que se trata de un tour de prestidigitación y de qne van á reírse todos cuando el adivine el true.
-Minher1Ioogerheyden, el famoso consejero del alto
tribunal, declarando con un tono sentencioso que es
atentatorio de la ley humana tratar de penetrar los arcanos dP. la ley divina......
.
En segunda línea, los notablee burgueses, el presiden•
te de la sociedad de tiro al arco, el presidente del círculo aristocrático de los «Bebedores•sin-eed,» y algunos nobles extranjeros.
Jacobina no ee pondr, al clave...... La nifla está más
pálida que nunca; además todo ese mundo la intimida...
Se ha obtenido, después de negociaciones Jaboriosae,
el concurso desinteresado del divino Willaarts, el músico más cabl'lludo, más jorobado y más patizambo de las
Provincias• U nidas ...... ¿No es acaso preciso que la flor se
abra baj.&gt; una onda melódica?
Willaarts ha jurado con la mano puesta sobre sus propias partituras, que seguir, las indicaciones de Wickersloot, para los dolce, los crncendo y los diininuendo ..... .
El retrato sonríl', &amp;onríe siempre ...... La dama rosa,
sin duda, es feliz, viendo en su casa una tan noble com•
pafiía.
El músico se inicia eilbiamente. Dice un canto popular claro, de un rhmo amplio ..... .

DOMINGO 4 DE JULIO DE

1asn

Y la Jacobelia crece, crece, se esponía ..... .
Bien pronto Willaarts siente una necesidad imperio·
ea de variar el tema. .Bosqueja fugas y multiplica las
sabias disonancias.
La Jacobelia crece, crece..... .
Jacobina ha visto ya el prodigio ...... Mira el retrato
de la dulce mamá...... ¿Por qué la ennriea de la dam 1
rosa le parece que se vuel-ve contrariada, forzada? ¿Por
qué sobre la tela el ramo de rosas crece como crece, más
aún que, la Jacobelia? ¡A.hl las rosas se vuelven enormes; van á cubrir la boca y las mejillas y la frente de,
mamá!. .....
El músico, con la mirada perdida en lo vago, nada ve,
ni la germinación de la planta, ni loP gestos suplicantes
del doctor...... ¿Qué le importa á él, Willaarts el divi no,
un fenómeno del reino de Flora? ¿Qué vale ese médico
con sus oontoreiones de fantoche? ...... Lo intereeante es
la armonía que se escapa en ondas inmensaP, son los
acordes poderosos que llevan el alma á las ahas regio·
nea del ideal, es también la voluptuosidad física dada
por una modulación inesperada.
La ,Tacobelia muestra tallos deemeeursdos ...... Las flores del corimbo son y• roja~..... .
C1ertamentl', la dama rosa tiene en sus
pupilas una fijeza ansiosa.
Un formidable crescendo surge de pron·
to del clave. Estalla un tema de fuga ..... .
en tanto q11e las teclas agudas arrojan sus
fusa~, una escala diatónica, á la sordina,
difunde una majestuosa sonoridad...... La
claridad ( sí, la claridad! ) es más vi va en
la cií maral la luz del cielo está activada por
las ondas musicales!
La Jacobelia es violeta púpura...... su
talln se agita, se tuerce..... .
Hay un reflejo, hay una lágrima en las
pupilas de la dama rosa?
La cadencia final!......... La cadencia en
que se prodigan todas las riquezas del contrapunto!.. .... Es el bouquet de un fuego de
artificio!. ..... Es una carrera vertiginosa de
chispas, de flamillas, de luciérnegas y de
constelaciones!
Pobre florL ..... Habituadaáabrirte, allá,
lejos, al querelloso canto d&amp; un ruiseflor, ó
al dulce murmúrio de los bengalis; tú no
podías soportar el ardor de fragua salido
del clave....... Devorada, aniquilada por el
fuego, la Jacobelia se muere ...... La Jacobelia está muertal.. ... El talle frágil ha caí•
do hecho polvo, con una debil erepitación,
último reproche de la humilde planta, último suspiro de la alm:ta vegetal.. ....
Wickereloot se ha precipitado á tiempo sobre el clave,
más en el camino ha encontrado obstáculo insuperable,
el bandullo del burgomaestre!
La Jacobelia Wickersloot ya no existe!. ..... Ay! no debe perecer todo? No se ha ido acaso, también; algunos
días después, al cementerio, una flor rara y embelesadora: Jacobina?
Adiós, Jacobina, lirio celeste, margarita de los ensuefios estrellados!. ..... La dama rosa no se sonreirá más!
Pero allá arriba, allá arriba, mamá te tiene entre sus· br¡tzos amorosos!
AdióQ, Jacobelia, orquídea de Java! Nadie te ha vuel; ·
to á encontrar allá lejos, en la floresta de Oriente........ .
De tí no-queda más que un rl'cuerdo, consignado en una.
plaqueta rara, por el ilustre Wickersloo\, muerto en el
hospital de locos de Rotterdam 1
D'Aorour.

J,
¡ESPERANZA!
¡No lo extrafies!. ..... es Justo que en estas horas.
Que transcurren tan lentas y abrumadoras,
Busquen mis pobres ojos en lontananza
Los fulgores lejanos de la esperanza;
Y siempre la eeperanza-¡Dios la bendiga!Cou su vieja constancia de fiel amiga,
A besar mis pupilas con luz de aurora
B~ja de las alturas en donde mora;
Viene en noches eternas de fiebre ardiente
Con sus gratos efluvios á orlar mi frente,
Y bajo estas caricias que me sosiegan
Espero tantas cosas que nunca llegan, .....
¡Oh! los suenos dorados que yo persigo!
La dieha tan remota de estar contigo,
De llevarte, oprimiendo tus blancas manos
A encantados países, los más lejanos...... '
Y entónces acaricia mi fantasía
·
La concepción incierta de que ese día,
Besando tus cabellos de seda y oro,
Podré decirte á"solas cuánto te adoro!
Ya lo vez! la esperanza que siempre viene
Es la sola en el mundo que me sostiene,
Y seré, mientras me abra -su casto seno,
Resignado y sencillo, creyente y bueno!
Oh. esperanza! es la hermosa que á cada instanteSobre mi cuello enlaza su brazo amante
La visión fu~iti va de raudo vuelo
'
Por la que vivo siempre mirando al cielo
La maga misteriosa que cuando muera '
Ha de cer1ar mis ojos diciendo:-«¡esperal»
. ¡Q~é fuera de nosotros! ¡oh Dios cleme.atel
Sm nmguna promesa que nos aliente!

DOMINGO 4 DE JULIO DE 1197

Trae la ePperanza hermosa suspira v yerra
E l mortal desgraciado sobre la tierra;
A la luz que deepi&lt;len sus réeplaodores,
Las zarzas del camino parecen floree;
Parece que estuviera cerca la cima
De la cuesta escarpada que nos lastima,
Y absortos contemplamos, como un miraje,
Los agrios peñascales del triste viaje.
¡ Así somos n&lt;-sotroe, pobres criaturas!
Para hacer llevaderas las desventuras,
Vemos con los fulgores de la esperanza
Todo cuanto sabemos que no se alcanza:
La estrella de la tarde blanca y remota
Que contemplamos siempre con ansia ignota,
El iris que nos abre desde el espacio
El pórtico grandioso de áureo palacio,
El azul esplendente de la alta esfera ..... .
¡Todo cuanto es· mentira, cuanto es quimera!

Si guardo la esperanza de que estos versos
Que ignorados y obscuros irán dispersos,
Acaso los recojan tus manos bellas
Y los bailen tus ojoe con luz de estrellas;
Si acaricia un instante mi fantaeía
La concepción incierta de que eee día
Suspirando por algo que ya no existe,
Cmce por tu memoria mi nombre triste;
¡Cómo no ha de ser justo que estaa horas
Que transcurren tan lentas y abrumadoras
Bmquen mis pobres ojos en lontitnan2a
Los fulgores lejanos de la esperanza!
RoDULFO FIGÚERO.A.
Junio de 1897.
AT HOME

•

¡Llueve!-EI refrescante licor teje hilillos sutiles que
rayan á trechos los manchones negros esparcidos en el
horizonte. Lasgotitasde agua picotean alegremente en loe
cristales de la vidriera. Una nube abre we ojazos eom·
bríos y desfleca la corriente de sus lágrimas. Una parva·
da de pájaros se columpia en el polvillomeoudo del chaparrón. En las callee, el agua corretea y salta con movimientos locos y ondulacioms vegas.
La luz de la tarde se disuelve en tonos cenicientos, se
abrillanta en el plano de una vieja tapia, se esfuma bajo
las ramas de los árboles que agitan-estremecidos al contacto de la lluvia-su cabellera; hace su flirt discreto al
rededor de las aceras, se va muriendo poco á poco, como
una joven anémica falta de los rojos globulillos que el sol
hace circular por las arterias del universo.
La tierra toma con delicia su baño de regadera; se ha
levantado muy tempranito, se ha prendido su tocado de
flores recieIJ abiertas, se ha ruborizado á los cárdenos be·
sos del astro de fuego, y ahora recibe su duchazo con deleite indecible. Mañana amanecerá más hermosa, cada
latigazo de agua hará saltar en su rostro nuevos colores.
¡Llueve! ¡Llueve!
Los arroyuelos entonan su canción rítmica; van murmurando secretos susurrantes, ténuee secretos que las
nubes han abrigado en sus gasas; leyendas de legiones
albas, cuentecillos sorprendidos en los nidos, diálogos
escuchados en loa roEales. Y allá van, allá van en copitos de . espuma, en cascadillas sonoras, en remolinos
vivaces........ Van con las onqae inquietas que arrastran
hojas desprendidas delas ramas; tapo.nea de corcho, fragmentos de periódicos..... .
Y las corrientes ee ensanchan, se ramifican, se unen en
abrazo estrecho, se deslizan á lo largo de una callejuela,
á paso forzado. Ya se detienen vacilantes ante inesperado obstáculo, hasta que las gotitas que vienen detrá6, se
empinan, forcejean, empujan á las que marchan á la van•
guardia, y la _cl!arc~, haci.endo un supremo esfuerzo,
brinca, se precipita, impaciente de eepectáculosdeeconocidos, ébria de movimiento, loca de vida.
En estas tardes, el libro nuevo os espera en vuestra
mecedora de junto al balcón; la desleída claridad del cielo parece como que prepara vuestro espíritu á las impresiones, como que habéis roto con esa vida de todos los
días y sois más íntimamente vuestro.
Pero acontece que el tomo se os cáe de las manos, que
no os agrada aquella disciplina intelectual á qt.:e el autor
oa obliga. .Acaso pensáis entónces-como el personaje
de una de las últimas obras de E~hegaray-que en los libros está todo muy arregladHo, ó muy deearregladito;
que los renglones están en línea recta, las letras muy
ajustadas; que donde debe haber coma, hay coma, y donde debe haber punto, hay punto. ¿No se osha ocurrido
entónces rectificar el desenlace de una novela y acomo•
darlo á. vuestra fantasía?
¡Y qué satisfechos quedamos entónces de nuestra tarea
revisora y providencialista! ¡Cómo nos reconcilia esta fé
de erratas con la vida! ¿No es nuestra imagioación la
buena eterna hada que todo lo remedia? ¡Cuántas desdi-,
chas no hemos eliminado con la incorregible loca de la
cma! Pero suprimir el mal ¿no serla el más grande de
los males? Si la maldad no existiera ¿cómo conocertamos la bondad? ¿Qué empleo tendrían las virtudes y loe
actos heróicoe y las acciones nobles?
Además que la maldad absoluta no exiete. No hay
hombres resueltamente malos, como no loa hay resueltamentamente buenos. Tod6s somos buenos y malos, á ocasiones, á ratos dentro de este 6 de aquel orden de ideae.
Y de aquí procede que alg110a vez sorprendamos en el
fondo de nuestra conciencia un movimiento extrafio á.
nuestra conducta moral. Es la bestia que se descubre.
Ignorábamos que tuviéramos dentro ese fermento morbo~o ese protoplasma de fiera, y nos quedamos admira•
dos al ver cuán facilmente h emos podido · formular un
deseo que derriba todos' nuestros elevados principios altruistas.
¡Cómo! ¿he sido yo el que ha acogido sin prote,ta este
repentino sentimiento de egoismo? ¿Luego...... soy malo?
De mi firme virtud ¿qué resta? Nada, 6 casi nada. Un

,1

EL MUNDO

incidente, el más trivial, puede hacerla naufragar. ¿Qué
es, pues, el bien? Cuando la lluvia desciende á las eiem·
bras y refresca la tierra, el grano se amontona en la tro·
je y flota aliento de paz en todas las conciencias. Pero
que la nube pase de largo, que hinche el viento sus velas,
que las gotitas de agua no picoteen alegremente los crie•
tales de la vidriera, y entonces habrá. cólera en todas las
miradas, odio en todos loe corazones y amenazas en todos
los puflos.
¡Que cante el.aguacero su himnó sonoro! La luz ceni•
cienta de la tarde se dísuelve por momentos, va á desaparecer la virgen anémica. La lluvia t!'je sus hilillo3 s11tiles, rayando á trechos los manchones negros, esparcidcs en el horizonte, los pájaros se colnmpian en el polvillo menudo del 9hap~rrón; el libro se os cae de las
manos, y en la mecedora de junto al balcón os compla•
céitren dejar ir la fantasía, viendo como los arroyuelos
corren y se precipitan eu copitos de espuma, en cascadillae sonoras..... .
CARLOS DrAZ Dr Foo.
Junio de 1897.

LOS VELOS
Velos ténuee, vaporosos y sutiles, como leves
brumas bl'lncas que sombrean y acarician los semblantes;
impalpables fioae telas que en la faz resbalan breves
deteniéndose en los labios encendidos, incitaates.
Velos blancos y simbólicos adornados de azabara~,
que semejan albo nido de p lumón blando y ¡tracioso,
y confunden en las almas alegrías y pesares,
al fulgor de los blandones en el templo majestuoso.
Ora ne-gros y tupidos, del misterio son aliados,
son espesos nubarrones qne frialdad ó duelo ocultan:
la viudez en llanto moja sus tt-jidoe delicados
y en sus pliegue3 loe ensuefl.os dt&gt; la monja, se sepultan.
Oh, los velos que se agitan al contacto de un aliento!
Ya tramados en su urdimbre por mil hebras argentadas,
de los ojos ideales bajo el terso firma mente
aparecen los semblantes como rosas escarchadas.
Ora mécenee tranquilos en los senos !\lbeautee,
como nubes e~fumadas sobre combas palpitantes;
ora agítanse en la paja de sombreros multiformes
y son alas juguetonas de libélulas enormes.
Ya en la tez de una morena, puntuados al azar,
.sobre el labio ardiente estampan atractivos, un lunar;
ó ya ausentes los colores del semblante juvenil,
son los mudos confidentes de un insólito pesar,
y parecen blancas vetas en un rostro de marfil.
OH, VELOS!
Sois graciosos, elegantes y coquetos, más no admiro
vuestras gracias, que son rejas del semblante; yo suspiro
por la faz que libre ostenta su lozana juventud.
Me entristece la tristeza de esos labios lisonjeros,
defendidos, apartados por los velos carceleros,
y quisiera con mis labios quebrantar su esclavitud.
Aumi:uo GoxzÁLEZ CARRASCO.
Junio de 1897.

CAMAFEO
El chalet de terso marmol aPaeta el IDP,dio día,
Y su brillo, como sangre que de abierta herida mana,
En la alcoba penetrando por la gótica ventana,
Prende ramos de camelias en la azul tapicería.
En un ángulo, cuál lago de apacible diafanía,
El acero resplandece de una luna veneciana,
Y en las ricas jardineras de brillante porcelana
Hay doradas crisantemas que doblega la agonía.
Y desnudo, deetrenzado el profuso y .fino pelo
-Negra noche que obscurece de su frente el puro cieloHojeando con descuido su novela favorita,
En la negra piel de oso, piel con ojos de granate,
Dientes y u ñas marfilinoe, ta hetaira luce el mate
Impecable y trasnparente de sus formas de Afrodita.
Exm\:x REBOLLEDO.
Junio de 1897.
♦ ~ .

EL EXTRANJERO.
De Baudelaire.

-¿Qué amas tú más, hombre enigmático, dí; á tu padre, t•t madre, tu hermana ó tu hermano?
-No tengo ni padre ni madre ni hermana ni her•
mano.
-A tus amigos?
-Oa servís de una palabra cuyo sentido no conozco
aún.
-A $u patria?
-Ignoro bajo qué latitud está situada.
-A la Belleza?
-La amaría de buen grado, diosa é inmortal.
-Al oro?
-Lo odio como vos odiais á Dios.
-Qué amas tú, pues, extraordinario extranjero?
-Amo las nubes......... las nubes que pa81ln ......... allá
lejos ......... las mriravillosae nubes!
Ahora que á hablar de su virtud comienza,
yo me cubro el eemblante,
porque me da vergüenza
dé pensar lo que pienso en este instante.
CAllN..UCOII,

TRADICIONES PERUANAS
PALLA-H UARCU NA

¿Adó.ode marcha el hiJo del sol con tan numeroso Eéquito?
Tupac-Yupanqui, el rico en tocias la.~ virtudes, como lo
llaman loe harai•icus del Cuzco, va recorriendo en paseo
triunfal su vasto imperio, y por donde quiera que pasa
se elevan unánimes gritos de benjición. ~l pueblo aplaude á su eoberanu porque él le da prosperidad y dicha.
La victoria ha acompañado á su valiente ejército, y la
indómita tribu de loe pachis se encuentra sometida.
¡Guerrero del llantu rojo! Tu cuerpo se ha bañado en
la sangre de los enemigos, y las gentes ealen á tu paso
para admirar tu bizarría.
¡Mujer! Abandona la rueca y conduce de la mano á.
tus pequeñuelos para que aprendan, en los soldados del
Inca, á combatir por la patria.
El cóndor de alas gigantescas kerido traidoramente y
sin fuerzas ya para cruzar el azul del cielo, ha caído so.
bre el pico más alto de los Andes, tifl.endo la nieve con
su sangre. El gran sacerdote, a l verlo moribun1o, ha di•
cho que se acerca la ruina del imperio de Mauco, y que
otras gentes vendrán en piraguas de alto burdo á imponerle su religión y sus leyes.
En vano alzáis vuestras plegarias y ofrecéis sacrificios
¡oh hijas del Soll porque el augurio se cumplírá.
Feliz tú, anciano, porque sólo el polvo de tus huesos
será pisoteado por el extranjero, y no verán tus ojos el
dfa de la humillación para loe tuyos! Pero, entretanto,
¡oh hija de Mama-Ocllol trae á tus hijos para que no olviden el arrojo de sus padres, cuando en la vida de la
patria suene la hora de la conquista.
Bellos son tus ojos, nifia de los labios de rosa; pero en
tu acento hay la amargura de la cautiva.
Acaso en tus valles nativos dejaste el ídolo de tu corazón; y hoy, al preceder, cantando con tus hermanas,
las andas de oro que llevan sobre sus hombros los nobles
curacas, tienes que ahogarlas lágrimas y entonar alabanzas al conquistador. ¡No, tortolilla de los bosques!.. ...•
El amado de tu alma está cerca de ti, y es también uno
de los prisioneros del Inca.
La noche empieza á caer sobre loe montes, y la comitiva real se detiene en Izcuchaca. De repente la alarma
cunde en el campamento.
La hermosa cautiva, la joven del collar de gu.airuro&amp;la destinada para el serrallo del monarca, ha sido sorprendida huyendo con su amado, quien muere defendiéndola.
Tupac -Yupanqui ordena la muerte para la esclava.
:nfiel.
Y ella escucha alegro la sentencia, porque anhela reunirse con el dueño de su espíritu y porque eabe que no
es la tierra la patria del amor eterno.
Y desde entonces ¡oh viajero! si quieres conocer el sitio donde fué inmolada la cautiva, sitio al que los babitan~ea de Huancayo dan el nombre de PaUa- hu.arcuna
fíjate en la cadena de cerros, y entre lzcuchaca y Huay:
ninpuquio verás una roca que tiene las formas de una
india con un collar en el cuello y el turbante de plumas
sobre la cabeza. La roca parece artísticamente cincelada
y loe naturales del país, en su sencilla superstición 1~
juzgan el genio maléfico de su comarca, creyendo 'qu&amp;
nadie puede atreverse á pasar de noche por Palla-huti.,·cuna sin ser devorado por el fantasma de piedra.
RcrARDO PAL.1u.

En Francia, las cosas pcquefias lie tratan con solemnidad; las grandes, con liger~a.
F n&gt;ERI(X) II;

�DOMINGó 4 de JULIO de 1197

EL MUNDO

12

DOMINGO 4 DE IULIO DE 1197

POETAS AMERICANOS
FRANCISCO A. DE ICAZA
Existe un linaje de poeta3, y ta) vez de lo~ mejores, de
quienes puede afirmarse q~e no. tienen. n_ac1onahdad de•
terminada, ni pi,r su eep1r1tu m por el 1d1owa en que es•
criben. Ejemplos de ello EOn Campoam~r y Becquer, _entre loa nacidos en Eepafia, y entr~ loe nacidos en _América,
Heredia el mozo, autor de Los 1 ni.[~os, y Francisco A. de
Icaza, el delicadísimo ~oeta de J~'fwu,·,u. Tan sólo una
razón estúpida, la de1 tiempo y del_ lugar, hay para creer
que el maestro Campoamor ha nacido en España y no en
Alemania como Goethe; ó en Inglaterra, como Byron; ó
en Rusia, 'como Pucbkine; pienso que nuestro gran poeta ha .sfguido .~ie11do e8)Jaiiol, por grandeza d~ al~a, por•
que ha creído con mucha razón, que la nacionalidad espafiola ea la más honroea y la más adecuada para un gran
pot-ta Yo no Eé si alguie11 lo habrá afirmado, pero ob~ervo ·ahora que si, como se h~ dicho, todos loe espaflolta
tenemos algo de poetas, también todos l&lt;!s grandes P&lt;!e·
tas tienen algo de españoles. En la _creación más goet!11n·
110 de Goethe en Mtfütófelee, á qmen ee ha caractenza•
do como el /.,r¡uema del gemo analítico tudesco, ¿será
dificil hal1ar rasgos de los q1,1e á cada paeo _encuentra
quien eepa leerlos en las obras de los más 1em1bl~s heresiarcas y relapeos españole~? De lord Byron no hay que
hablar: es un inglés lleno de andaluzadas. Y: en cua11to
á Yictor Hugo, que tan mal nos conocía al por meno~,
pero que tar. clara y alta idea t~nía de nuestros se~t1rnientos y nuestro carácter, ¿qmén podrá no ver la rnfiutncia espafiola, una infll!-encia inconsciente é intuitiva, en muchas de sus creac1~m~s?
.
Becquer sevillano de nac1m1ento, acertó en Cien ocasiones á d;r plaeticidad }'. reliev~ en nuestra lengua á los
sentimientos y áun á las 1mpreswnes que ~e sus antepaeados alemants heredara, y otro poeta parecido áBecquer,
pero mayor que él en mi opinió~ humilde, ;'lug_usto Ferrán eupo encontrar con ruarav1lloea persp1cac1a Y. tra•
duci~ en la más sencilla é inspirada forma, el lazo rndefini ble que une cie,tos modos de la fantasía de ~uestro
put:blo, con la de otros muy apartados: eea relación, cu•
yo descubrimiento tanto da que ptnear cuando la ob_ser•
va uno viva y palpitante, como á m1 me ha ocurndo,
oyendo con ,·erdade10 asombro, cantar la leyenda de
Lo1eley, punto por :punto, en cierto pueble~illo de las
cercamas de Toledo, y colocar á su pr?tagometa en un
ceJrillo que nombran de la Encarduda, Junto al arroyo de
Guajaraz.
:En fin á Ileredia el vivo tiénenle por suyo los académicos y la gente culta de Francia, pno no el pueblo francés, que nunca llegará á comprenderle como .comp!e1:1de
y Htima á Coppée. Le creen los ~uy presumidos, 1m1tador ó discípulo de Leconte de Lisie, y no repar!"n que
Hnedia ...... €8 muNtro por el pemar y por el decir, áun
cuando emplet 1~ lengua franceea niáe atildada, en su~
admirables eondoe. 1-i tiene tampoco Heredia de ame•
ricano otra coea que el nacimiento. Por ningun ettilo se
parece á los poetas de Cuba, ni siquiera al otro Heredia.
:Es un poela eepañol de raza y clásico de empaque.

***

Francisco A. de Icasa nació en México...... y nada más.
Dd loe poetas mexicanos q11e conozco, no se parece á ninguno. ¿Es mejor qué ellos? ¡Es peor? Es sencillamente,
disli1.to.
Francisco A. de !caza es un poeta escencialmente latirw, por su educación artística, por sus viajes, por sus afic1onee y gustoe, y por su ,emperamento. No hay en sus
poesías (al menos en las publicadas), el más leve razgo
que denuncie el c,rigen aruericano del autor. Lafantasia
poderosa, pero pronta á descarriarse; el tono oratorio!
pero, en geberal, no muy vibrante ni muy enérgico; e
vrurito de diluir las ideas y loe sentimientos en verdade1 os oceanoe de palabrae sonora&amp;: el empleo de loe lugares
comunes del pseudo-clasicismo barroco, grato á los poe•
tas franceses y españoles de principio de siglo; loe súbi•
tos arranques de odio contra 1a patria española, y los di·
tirambos rimbombantes en loor de eeteó de aquel liberta•
&lt;lor, son caracteres de la poesla americana, en la primer
mitad de este siglo, y es inútil buscarlos en !caza, poeta
modemo, con el más refinado modernismo.
,La inoportuna imitación de los poetas ingleeee, íran•
ceses y alemanes, y el infeliz intento de adaptarlos á las
formas clásicas aprendidas en la escuela de los Caro, de
Bello, de Olmedo, etc.¡ ti dilettantiemo artificial que ha
inspirado á muchos jóvenes poetas americanos ciertas
malsanas y confusas admiraciones, haciéndoles preferir,
verbigracia: Baudelaire á Musset, Keate á Byron, y el
moderno Stecchetti á Leopardi, y enamorarse de lo peor•
cito de Yictor Hugo, y de lo menos meritorio de nuestro
gran Núfiez de Arce, eon los caractéree de la modernísima poesía hispano-americana, no comunes ciertamente
al poeta de quien hablo.
¿Quiére esto decir que !caza Eea un poeta español de
pura caeta? No. !caza escribe en castellano, y en muy
buen castellano, como quien se educó en lecturas clásicas,
y sigue educándoNe en ellas, méritos que muy pocos tienen.
No cree !caza, y hace muy bien, que la lectura y la
constante práctica de loa clásicos españoles, sea solamente labor de la primera juventud. P&lt;Jr haberse apartado
muy pronto de ellos, y por haberse encaprichado con es•
tasó aquellas novedades de fuera, nuestros poetas incipientes han perdido el camino derecho, y han erterilizado facultades poderosísimas. í porque se vea que no hablo de memoria, me referiré á un poeta amigo mio, á
1::Salvador Rueda, en quien el excEeo de facilidau y la deeaforada potencia iwaginativa, han ceslucido no poco
las grandes cualidades que la naturaleza le concedió.
Las malad C&lt;Jrnpaii!a.,, los amigos oficiosos, y tal cual
c1ítico lleno de envidia y de dirversa inteLción, creyen•
do favorecerle (supoogámoslo piadosamente), han perjudicado á Rueda, aplaudiéndole sin mesura y procurando su engreimiento, en vez de alentarle á pros~guir con
lentitud el C:\minc que llevaba, Ei! do la P,:t:bia ,wtHratista
{en el sentido clásico de eeta palabra,) el de la inspira-

ción agreste y campesir;a: le han. obligado á ~eterse en
berengenales filosóficos, sociológicos y estéticos,.}' han
querido trocar la alondra de loe campos en gorr1on de
loe aleros Jo cual no conduce á un buen fin. Así, en muchas de s~s composicionee, Rueda parece uno de e~os
guitarristas maestros, que tambié~ .t&lt;!can un poco el p1a·
no, y que, engañados ó _mal dmg1_dos, mtentan producir, con tecl~o vu lgarfe1mo y cure1, el eEcalof~io que
remueve el corazón, al raFguear p10fundo y nervioso de
la guitarra. Ko hubiera abandonado !~suya Rueda, como
no la abandonó AuguEto Ferrán, y qmén eabe lo que hubiera sido.

*
Icaza es uno de esre poetis*delicadoe, íntimamente

lf.
ricoe, para quienE&gt;s el aspecto d_e las. cosas ,-~le poco, Y la
substancia de ellae, mucho. 1'eces11a un Jor,do plási,co
de tan rico valor como la Albawhra, para po11er en fuego lae facultades pintoreecas, tan lozanas y abu?4antee
en los poetas amnicanos; y aún así, )a e.ituw,:idad, el
mundo. loe con,idera él, como bueu líneo, rtfle¡os dE: su
propio tetado de áni□o. En La /ryeuda dd ¡,,,,,o, admir~ble composición, donde se lt&gt;en tstrofas como las 81·
guientes:
"Yen. que la tarde muere, el sol declina,
de 1nírpura t,;:e híle la AlJmjn-i:rn,

encifnde!--e la estrella ve~pertma,
Yuelve al alero ya 1n goloJl&lt;lrina
y calla en el barnnco Ja cigarra.

El vientodnerme en la arboleda orn:cura,
pabellón de los plácido, sendero,,
y entre las rama, de gigante altura,
ias fra~es que te dic:e mi tern.ura,
las trinan en sus 111dos los g1lgu¿ros......... .

11

en eEta composición, digo, las bellezas deECriptivas que
como se ve solo sirven tl1, n,areo y de envoltura á la pa•
sión del po~ta, quien después de 1ecorrer coa s~ amada,
el espléndido palacio de los Alhamares, y de P)ntar sus
maravillas en hermosos versos, concluye por decir, echando á rodar todo su entusiasmo de artista:
"Bé"8lllc con tus labios carmesles,
mientras tus ojos como el cielo azules,
me miran entornados...... ¿Si? Sonrics.... ..
¿Qu~ me importan umores de zegrles,
ae m uza.~, de gomeles y gazules?11

La salida no puede eer más propia de un enamorado.
Capaces fueran de ha her dicho eso aquellos poderosos ca•
lifas que edificaban y destruían ciudades ó talaban montañ~e y Jlanurae, ó poblaban de almendros la sierra ve·
cina, por satiefaler los caprichos de las deedefiosas hu•
ríes.
En poesía lfric0, lo que importa es el sentimiento, n_o
las materiales condicio11ee que le rodean. Como el sent1•
miento eea verdadero y hondo, fuerza tendrá para crear
poesía por sí y en torno suyo. ¿Quién sino el que va inspirado por una pasión juvtnil recien nacida en el pecho,
acertará á expreeane con tanta graciosa frescura como
Icaza, en aquellos versos que en la memoria conservamos
todos los aficionados á la poeela sincera?
"Este es el muro, y en la ventana,
que tiene un marco de enredadera,
aejé mis ve1-sos u11a mailane,

una mañana de primavera."

Quien sepa de alg•.ín poeta que en castellano como este
ponga versos tan claros, tan Eencillos, tan líricos; en su·
ma, como las de esas .l&lt;.súmc!as, que lo diga, que lo mueatre. ¿Por qué, pues, no eon populares un~e versos tan
lindos, y que 110 ee parecen áloe de otros poetas contem•
poráneos, cotno no sE&gt;a, muy rtru0tamen1e, por cierto, á
fos de don Yentura Rulz Aguileia, admirable poeta in•
justamente olvidadv?
Yo no eé si !caza será popular en América, aun cuando
soEpecho que allí prtfien::n a otros poetas, á los de las estrofas rimbombantes, á los 1müado1es d~ Víctor Hugo, á
los lleines del tres al cuarto. Lo cierto ea que en .!!:apaña
ao!amente el público decidiaam~n~e aficionado, el que
lee toda c Jase de verel s, buenos y malos, conoce á !caza,
cuando, con toda justicia, d~bitra conocerle el publico
grande, el que lte lvs versos buenos nada was, y eso cuan•
do alguien se los recomienda, porque aquí no se mueve la
hoja en el arbol sin una r~corut::ndación de la autori•
dad ......... fl.ores~al.
Pero, es natural: !caza, con tener muchos y muy bue•
nos amigos en .l!.spall.a, siempre es un e.i-tra,,jero, uo da
bombos en loe periódicos, ni influye con loe amos ó editores de revistas y de librucoe; y biendo asi; ¿cómo van
á alabarle cienos crítico8 militantes, atentos svlo á gtJnar
amigos con miras adwmistrativ11b?
Por eso, ¿os que no usamos á diario el consabido escalpelo, es decir, loe que renunciamcs, por incapacidad y
por otras causas, al oficio de literatos puros y sin mezcla,
estamos obligados á denunciar estos filones del talento,
ocultos por modestia euya y por indiferencia ajena. Poe•
tas como Icaza no andan por abf de sobra, para que la
crítica no les baga caso. Finallllente, y no po1que se me
acabe la materia, sino por no ser mas lato, paracaracteri·
zar á !caza, pudiera deciree lo ya indicado: que es un
poeta latino, en quien la influencia de loe clásicos anti·
guos y de loe nuestros, y muy particularmente la de al•
gunos modernos poetas italiauos, han formado una per·
eonalidad marcada é independiente, distinta de las que
más significan y representan hoy entre nosotros. Su vi•
no es una mezcla d~l Cécuba clá&amp;ico, del oloroso Chian•
ti y del Jerez de la más rica solera, y con tan sabrosos
componentee, no hay mezcla desagradable, aunque lo
contrario aseguren !011 que no entienden de bebidas.

F.

NAVARRO y LEDES~fA.

Cuanta es mayor por tí mi idolatría,
tanto más admirarte necesito,
pues halla al contemplarte el alma mía
cuando escucha tu acento, la al0gría;
cuando mira á tus oj:)e, lo infinito.
CA~!POAMOR.

•S

EL MUNDO

T.ALLEYRAND

ENGANO SUBLIME

( Articulo inédito de Víctor Hugo.)
En la calle de S,ünt Florentín hay un palacio Y un albañal.
·
t · t
El palacio, de una arquitectura nob 1e, rica Y r1e e, 88
llamó por mucho tiempo Palacio del lnf111tfado; hoy* se
lee arriba de una puerta principal, Palacio l'ulleyr0;nd. .
Durante loe cuarenta affos que vivió eu esa call., el ú\t1mo
huésped del palacio, quizá no dejó caer nunca su mirada
eobre el albañal.
.
Ese huésped fué un personaje extraño, temido Y muy
considerado; se llamaba Mauricio de Pér~gord; era J?Oble
como Maquiabelo, sacerdote como Gond1, d~senfrailado
como Fouquet, agu:io como Yoltaae y COJO como el
diablo.
. b
él ¡
Podría decirse que en él todo COJPa ~ como : a no•
bleza transformada en criada de la Repubhca; l_a clerec 1a
que arrastró en el campo de Marte, y lu_ego arro¡ó al arroyo; el matrimonio que romp~ó con ve1me eecándalos Y
con una separación voluntana, y el talento que deshonraba con la bajeza.
Esto no obstante, en ese hombre habfa_grandeza En
él se confundían los esplendores de dos ~emos: e~a prí~cipe de Vaux-, reino de Francia, y príncipe del imperio
francés.
¡ ·
Durante treinta aiios, desde el fondo de su pa ac10 Y
deede el fondo de su pensamiento, manejó t,.d_a Eu_ropa. Se dejó tutear por la Revolu~ión y le eonnó, bien
que irónicamente, pero la reyoluc1ón no_ lo notó. Cono•
ció, observó, penetró, removió, profundizó, burl? fecundó á todos loe hombres de su época, á todas las .1deaa de
su siglo· y hubo en su vMa minutos en que temendo_en
su man¿ loe cuatro ó cincO'hilos forcnidaolee que hac1an
mover al unive,so civilizado, era títere suyo Napoleón I,
emperador de los franceses, rey de Italia, protector. de
la éonfederación del Rbin, mediador de la confederación
suiza. Con qué hombres jugaba él(
..
Después de la revolución de Julio cayó 1~ v1eJa r~~a
de que fué gran chambelán, y él quejó de pie y Je d1¡0
ai pueblo de 1830 que estaba deeuudo y sentado en un
montón de escombros:
-Hazme tu embajador.
Ricibió la confesión de Mirabeau y la primera conñ•
dencia de '!'hiera.
Hablando de sí mismo decía que era un gran poeta Y
que había hecho una trilogía en tres dinastías: ac:o l?
Imperio de Bonaparte; acto 2? Casa de Borb6n; acto 3. Casa de Otleans.

.

Todo esto lo hizo en su palacio, y á ese palacio, lo mismo que una araña á su tela, atrajo, para apoderarse de
ellos, á loe pensadores, á loe grande~ hombree, á los con·
quistadores, á los reyes, áloe. príncipes, á los emperado·
res, á Bonaparte, á Siéyes, á Mme. dE: Stael, á Cbat!3BU·
briand, á Benjamín Constant, á AleJandro d~ Rusia, _á
Guillermo de P,usia, á Francisco de Austria, á Luis
XVIII, á Luis Felipe, á to:l!"a l~s mos•as d~ra~as y ra•
diantes que zumban en la historia ~e estos ul~1mos cua•
renta años. Todo ese enjambre brillante, fascmado_ por
la mirada profunda de aquel ho':Ilbre, pasó Pº! debaJo de
la puerta sombría que lleva escrito en ~u arq1utrabe: Pu•
lacio 'lcilleyrand.
.
Pues bien, antier 17 de Mayo de 1838, murió ese hom•
bre. Vinieron los médicos y emba!earr.aron el cadáver.
Para ello, á la maoera de los egipcios, extrajeron d~l
vientre las entrafiae, y dt-1 cráneo, el cerebro. Conc~u,ai.
la operación. dtepués de haber tornado en momia al
prícipe de TallE&gt;yrand, y despuás de haber encerr~do la
momia en un ataúl forrado de seda blanca, sé retiraron
dejando en una mesa loe sesos, aq·1ellos sesos que habían pensado tantas corna, inspirado á tantos _hombres,
construido tantos edificios, guiado dos revoluc10nes, engañado á veinte reyes, y comenido al mundo.
Idos los méiicos, emró un criado y vió lo que habían
dejado.
-¡Toma! Ya ee olvidaron de esto.
¿Qué hacer con ello? Recordó que en la calle había un
albañal, fué allá, y en el alball.al arrojó el cerebro.
Finis rerum.

NUMERO J:6.

, ... i n '

noche á la sefiota Duvernoy, puesto
que ha tenido á bien autorizaros para
ello. No me disgusta tener una mujer por adversario. Buscaré la parte
vulnerable de la coraza de .esta Mi•
nerva.
-Oh! dijo el notario con convic•
ción, buscareis en vano, no la encon•
traréie.
El eefior Martin dejó ver una sonrisa un poco fatua. Había conservado
el hábito de las conquistas femeninas,
y para ese parisiense, t-0dae las pontarlieresas eran provincianas de espíritu,
estrecho á· quienes no sería dificil des•
lumbrar.

la cuadrilla americana, iba de los unos á loe otros, engo•
losinando graciosamente á algunos bailad,lree recalcitrantes y pareciendo no acordarse de que un hombre lla•
mado Leódice Martín ee hallaba ea el salón.
A la cuadrilla americana sucedió un vals. El banquero
vió pasar ante sí á la eefiora Duvernoy, ligera y radiosa,
del brazo de un joven oficial de artillería.
El subprefecto fué á reunirsele.
- Y bien, dijo el funcionario, debemos, vos y yo, un
obsequio á la sellara Duvernoy: ha estado perfecta, se ha
desistido con una sutil gracia, la gracia que lleva á todas
las cosas. Hubiera eetado correcta al testimoniar un po•
co de mal humor. Yo que la creía ambiciosa! En fin;
acaso se trate de una abnegación, de una modestfa. Y sin
embargo, qué mujer de diputado, qué mujer de admi•
nistrador haría!
Y deslizó una mirada melancólica hacia la seca y desgarbada señora Metroz, lanzando un elocuente suspiro;
después continuó:
-Tan graciosa, tan amable para todos. Tenéis· vosotros tan lindas mujeres entre vuestras parisienses? Mi•
radia, queri:!o señor.
Miradla! el querido &lt;1efíor desde hacía una hora casi no
se dedicaba á otra cosa.
De mi:mto en minuto crecía su despecho. Si hubiese
encontrado á Beltrana pobre como en otro tiempo, abandonada ó gimiendo, casi ni hubiera pensado en amarla;
pero encontrarla tan comple~amente indiferente, admi•
rada de todos, aforada quiza, hacía nacer en su corazón
·un sentimiento de vanidad herida y de pena egoísta.

En su salón, la eell..ora Duvernoy, rodeada de sus fielee, iba y venía, son
riendo á todos, tan tranquila, tan se•
ñora de sí misma, que loe más clarividentes, los más deeconfiadoe, se enga•
ñaron. La reunión era numerosa, habíase convocado á todo11 con estas su•
geetivas palabras: «Para conocer á
nueeho candidato á la diputación.,, Y
al calce esta promesa más seductora
aún: «Se baílará...
Beltrana sabía bien que el barbullo de la danza es fa.
-¡Cómo! presentarse, exclamó el seño1 Ribaudet. .Y
vorable á las intrigas secretas, que nada permite más ais·poniéndose serio de pronto:
larse entre la multitud, que nada despista mejor las pera·
-Entonces ya comprendo.
XLIV
picaciae y las malevolencias. Sabía también que estas toi-¿Qué es lo que comprendéis, mi querido notario?
No constitnye por cierto una canongía la posición de
-Ya comprendo por q11éel pobre capitán Kirkampam lettes de eoiréee íntimas, que permiten los tules, loe en•
candidato á la diputación. El seflor Martín hizo la expe•
ha recibido sobre l(mano el contenido de la tetera. Yo cajee, las indiscreciones del coreé, eran propicias á su be·
riencia. Desde en la matlana, veía acudir á su hotel al
me preguntaba:
lleza. Había q1,erido eer bella, y podía estar satisfecha
subprefecto ó al maes¡ro Ribaudet, habiéndose constituí•
-¿Por qué se ha conmovido ella tanto? Acababa yo cuando, al pasar ante los grandes e11pejos, .arrojaba una
do este último en agente electoral.
-de hablar de vos y de dar parte de vuestra candidatua; rápida mirada. Jamás mereció mejor ese nombre de «Si· El candidato se con vertía en su casa, en su presa, en
comprendo también por qué me miró ella con un aire ca• rena" que los oficiale3 de Brest le discernían; jamás sus
su esclavo. Cuando sonaban las cinco, trataba de suspai de hacerme esconder bajo la tierra cuando le pedí grandes ojos tu vieron una profundidad más turbadora ni
traerse á esta tiranía y corría á casa de Beltrana, multipermiso para pregentaros en el salón. 10hl es absoluta• un brillo más inquietante.
plicando sus visitas más de lo que el buen parecer le perHacia las diez, el señor Martín, escoltado por el nota•
mente preciso obtener que se desista, ma3 ¿cómo lograr·
mitía, con una esperanza siempre renaciente y siempre
Jo? A. cualquiera otra yo le diría: sois rica, haced un pe• rio, hizo su entrada. Avanzaba á través del salón con esfruetada de encontrarla sola.
quell.o sacrificio de dinero, ó . bien haría sonar la vieja ea seguridad que dan la fortuna y el éxito; el busto bien
Ella no lo recibía ya con la gracia sonriente del pri·
guitarra del interés de partido, pero con ella, con ella erguido, la cabeza hacia atrás en fanfarrona actitud de
mer día, sino con ironía y aun con desabrimiento. Se
buen mozo, que, á despecho de eue cuarenta y dos allos
que se burla de los partidos!. ....... .
hubiera dicho que esas visitas frecuentes la importunaY después de todo ¿por qué es empeña en que sea di· conservaba siempre. De pronto el eellor Ribaudet se deban; la sellara Fourneron le hacía reproches. La vieja
putado ese pobre de Duvernoy?
tuvo. Beltrana, ÍJ?,finitamente g,aciosa, y dulcemente sondama apenas si abandonaba el salón á la hora en que ve•
-¡ Ah! exclamó el sefior Martín, se diría que todos vos- riente, venía á ellos.
nía el candidato, prosigui~ndo sus negociaci.onee matri•
- Permitidme, eeñora, presentaros al sell..or banquero
otros temeie á esa mujer! ¿tan terrible es acaso?
moniales
si¡i desalentarse ni vacilar. Frecuentemente
-Terrible, no; es encantadora; toda azúcar y miel, ni Martiti. .
también el señor Martín encontraba á las sell.oritas de
Ella tendió la mano al recien venido, y dijo con una
una gota de vinagre, sólo que tiene á todo Pontarlier en
Lézinee y escuchaba la enumeración de las necesidades
su manecita. En primer lugar, da muchas recepciones, voz cuyo timbre metálico no hacía temblar emoción al•
de su obra y se veía forzado á vaciar su portamonedae
muchas comidas......... (se lamió loe labios), eefioras co• guna.
ent1e las manos de la tesorera para la famosa tombola.
midas y no os digo más; en segundo lugar, pequefiae ter·
Me felicito, eell..or, de ......... conoceros y de desearos la
Otras veces aun, caía en un estudio histórico que el
tulias cada semana y un gran baile en cada estación: noe bienvenida á nuestra comarca. Esa palabra «conoceroe,"
presidente del tribunal, vuelto á la gracia, iba á someter
faétidiaríamos tanto sin ella! Además, los. Duvernoy son fué imperceptiblemente acentuado, en tanto que loa
á la señora Duvernoy y cuya lectura quieras ó no quiedel país, aliados á las mejores familias, por su primera grandes ojos leonados se detenían penetrantes y autoritaras, debía sufrir Leódice.
mujer: una de Aubián, el sefior Duvernoy es el primo her. torioe en los ojos turbados del banquero. Esa mirada coEntretanto, laatournés electorales continuaban. Duranmano de las de Lézines y de loe de Sommeree.
mentaba las palabras, esa mirada decia:
• te todo el día érale preciso recorrer las aldeas de su cir·
-Perdón, dijo el banquero, que se extremeció; acabaie
-Feliz de conocer á un hombre á quien ya conozco
cun·ecripción, distribuyendo apretones de manos, repi•
&lt;le pronunciar dos nombres que no me son desconocidos• pero que no debe reconocerme.
tiendo las formulas triviales, los juramentos, la, prome•
Tenéis acaso de Aubián en la comarca?
Cohibido, Leódice Martín se inclinó, balbucaendo pa• aae. Vol vía muerto de fatiga, y al llegar á su hotel le ad•
-No, ya no loa hay, el último de ese nombrefué á mo• labras ininteligibles y preguntándose si no lo eagall.aoa
vertían que era eliperado por la noche, sea en casa del
rir c•n una expedición al polo Norte. ¿Pero qué tiene us- una extraña semejanza.
subprefecto, sea en ca!!B del notario ó en cualquier otro
ted, señor banquero? parece que no está usted bien.
Este encuentro imprevisto le causó una especie de míe• salón.
-No es nada, dijo el sefior Martín, hace un poco de do y como el presentimiento de uea derrota. Apenas si
La ciudad entera se lanzaba á la liza. Es preciso haber
calor en vuestra casa.
oyó las palabras de trivial política que con una voz pre- conocido el tedio de provincia para saber cuán fácilmen•
El notario se apresuró á abrir las ventanas.
cisa y clara le dirijia la señora Duvemoy.
te el menor acontecimiento se convierte en una ocasión
-Habéis p,ronunciado también el nombre de Somme.
El señor Duvernoy y algunas otras personas, aproxi• de fiesta.. En estas fi~stae Leódice era el rey; deslumbrares, replicó Leódice; yo conocí un Sommeres, Jacobo de máronee y comenzaron las presentaciones. El señor Marbaá loe hombres con la relación ~e prodigiosas operacioSommeree.
tín recobraba poco á poco su seguridad, pero su preocu• nes d-, bolea en que se entrechocaban los mi!.onee; en-Precisamente, es el primo de los Aubián; no está pación seguía siendo visible. El ritornelo de un vals se
cantaba á las mujeres con las confiienoiae de caballeresen Pontarlier en este momento, está en los Pirineos, Ba- dejo oir: á favor de la ligera barbulla que se producía en•
cas aventuras. Su facundia le atraía buen número de
réges, Bagneree;...... no sé con exactitud, retenido á lo toncee, pudo retirarse aparte. A hurtadillas miraba á Belpartidarios; á estos elementos de éxito, unía otros. La se•
que se dice, por un acceso de gota. Veamos, qué decidi- trana, y la perfecta naturalidad de la joven acababa de
ñora Fourneron soll.aba en casarlo, y tomando á lo serio
mos?
confundirlo.
algunas trivialidades que él le había espetado, repetía á
-Pues bien, mi querido I\Otario, me presentaréis esta
Toda_ab3orta en ese momento por la organización de quien quería oírla, que él despreciaba la dote, no pidien•
0

PENTELICA.

Del bloque menos puro y menos blanco
porque es humilde rui cincel, arranco
estos mármoles rotos que reuno
pa,a tí nada más.
Sé que ninguno
del arte patrio en las supremas lidias.
la gloria alcanzará.
Sacros laureles
tan sólo cilla, auque provoque envidias,
quién da vida á 1a piedra como Pbidias
ó la sabe esculpir cual Praxitelesl
Obscuros reprobados de la gloria
á obtener de tu afecto la victoria
aspiran nada más.
Y si son ellos
dignos de perdurar en tu memoria,
por que á tus ojos se presentan bellos;
tmtre esos mármoles, aquellos
más gratos á tu amor, por ser más pulcros,
de constancia y pasión darán ejemplo,
pues columnas serán de nuestro t;emplo
y marcarán también nuestros sepulcros!
ANDRÉS A. MATA.
[*l 19 de Mayo de 1S:l8.

�EL MUNDO

•
do más que un corazón sencillo y bueno. Todas las mu•
chachas, jóvenes 6 maduras; todas las viudas, serias ó
coquetas, eofiaron en ese marido que les caía de lae nubes y le tesfüicaron su buena voluntad, convirtiéndose
en eus más activos agentes eleetorales.
Era demasiado hábil para desalentar á tan poderosas
aliadas. Bien pronto las reuniones de en la noche no
bastaron á sus ardientes auxiliares; orgonizáronse almuerzos sobre la hierba y lunchs. En medio de estas
tournée electorales, Leódice veía aparecer un escuadrón
volante, dirigido por eus más fervientee admiradoras,
la sefiora y la sefiorita Ribaudet. Levantábanse las mesas, el champagne burbujeaba en los vasos y se bebía por
el próximo éxito.
Un domingo, la a!egre banda cayó en medio de una
fiesta de aldea, habiendo escogido Leódice ese día para
una de sus más importantes conferen•iae. Cuando acababa de tronar con la indignación virtuosa de un puritano contra los desórdenes de las cortes y había sido calurosamente aplaudido, se encontró envuelto en la excitación bulliciosa que dá el éxito.
-Al diablo la política, dijo; ahora divirtámonos.
Aproximóse á Beltrana, sus ojos decían: «Amémonos»
La mirada que encontró nada tenía de desalentadora,
pero con su voz agresiva, ella respondió:
En tratándose de diversiones podeis escoger entre los
caballos de madera y el tiro al blanco; en nuestras mon•
tafias no tenemos mas que placeres inocentes.
- Vaya por el tiro al blanco, dijo él alegremente.
Los campesinos rodearon el tiro, apartábanee cuando
se aproximaban lae mujeres, dei!puée volvían á agrupar·
ee, riendo bajo capa, divirtiéndose de antemano de eu
mala puntería. Sus esperanzas no se frustraron; las manecitag temerosas, temblaban al apuntar, y las balas se
iban á la aventura en todas direcciones.
-Ahora me toca á mí, dijo Leódice.
E indolentemente, con mano segura, hizo tiro de un
golpe.
Loe campesinos habían cesado de reir, y se leía en sus
rostros atesados la respetuosa admiración que toda supe·
rioridad en los ejercicios del cuerpo les inspira. El can·
didato comprendió que acababa de pronunciar la más
elocuente de todas sus conferencias, y para aumentar el
efecto:
-La destreza en las armas, dijo elevando la voz, tiene esto de precioso: que permite la clemencia. Así, en
mi 1ItiIIia cuestión de honor, después de haber escapado
al fuego de mí adversario, rehusé disparar. El insistió
pretendiendo que mi pistola debía estar descargada.
-«Eso es falso, dije yo, pero á cada uno su gusto. Pre·
fiero arrojar mi bala en el corazón de una manzana que
en el de un caballero.»
La risotada de los campesinos acogió esta broma. Leódice continuó:
-Apunté á una manzana que se balanceaba en un arbol vecino.
-¿Y la cortaetéie?
-¡Pardiez! ........ .
Miró en su derredor y percibiendo un manzano no lejos de ahí, apuntó lentamente; vióse caer la fruta y esta·
116 un grito de admiración; las mujeres aplaudieron y
loe campesinos se lanzaron para recojer la manzana y
examinarla.
Esa hazaña puso el colmo á la popularidad de Leódice
Martín; no se hablaba en la población más que de su
prodigiosa destreza; la historia del duelo y de la manza.
na dió la vuelta á loe cafés y á los salones.
Es Guillermo Tell, exclamó la tía Fourneron, es el héroe de la Independencia!
En medio de este entusiasmo dos mujeres protestaban:
la una por su silenciosa reserva, la otra por una evidente
hostilidad: eran la sefiora y la señorita Duvernoy. El
pintor había exigido que Lila siguiese á su madrastra á
la mayor parte de las fiestas.
-Una señorita de diez y ocho años, decía, no puede
quedar8" sola en la casa.
Ella obedecía con su helada indüerencia, respondiendo apenas á las instancias del candidato. Esta conducta
era forzosamente notada y discutida.
-Qué extrafia es la eefiorita Duvernoyl El sefior Martín sería, sin embargo, un excelente partido para ella;
un poco de diferencia en las edades, pero tan rico! Es demasiado bueno para :fijarse en esa tontuela.
La actitud de Beltrana excitaba más sorpresa aún; ella,

DOMINGO 4 de JULIO de 1897

Cuando el eefior Duvernoy transmitió á su mujer la
tan buena, tan graciosa, que no se permitfa jamás una
demanda del diputado, ella se puso roja de cólera, y dijo
burla, ella cuya benevolencia era ya proverbial, se moe•
traba irónica, provocativa, acerba, con respecto al futu • violentamente:
-No iré. ¿Por qué forzarme á asistir al triunfo de ese,
ro diputado, no intentando dieimula1 la poca simpatía
hombre?
que resentía por él; respondía á eue homenajee, J:!.O como
Mas ante la mirada sorprendida de su marido, añadió:
eu hijastra con altivo silencio, sino con epigramas hirien-Yo eoy bretona, amigo mío, no hay que olvidarlo.
tes algunas veces, mordentes siempre.
Cuando ella le daba la mano de malísimo talante, na- Todas eetae ovaciones republicanas hieren mi religión
monárquica, he aquí por qué habría deseado no asociar·
die podía sentir el calor del apret6n.
En medio de la comedia electoral, Leódice represen- me á ellas.
Después, con voz caneada, añadió:
taba una trajedia de amor y la representaba con con-Después de todo, ¡qué importa! Si deeeaie que preei•
vicción.
Ese papel, invisible para la galería, no había escapado da esta fiesta, lo haré.
-Sí, dijo él, os estaré reconocido, me comprometí por
á la perspicacia de Lila que poseía el dón de penetración
de loe silenciosos. Ella había sorprendido en las burlas vos.
Tuvo ella la mirada del nadador al que la corriente
de su madrastra una turbaci611 profunda, y en la guerra
arrastra
y que siente la inutilidad de sus esfuerzos, y
que hacía al candidato, una inteligencia secreta y extracedió.
ña. Había visto loe ojos de Beltrana fijarse en él á hurXLVI
tadillas, con rara expresión, y oído temblar aquella voz
La mafiana del día fijado para el garden-party, el señor
metalica cuyas dulces notas jamás conociera.
Aquello que Leódice se preguntaba con incertidumbre, Duvernoy ee preparaba alegremente á dirigirse á esa fiee·
Lila lo sabía. Hacia tiempo, desde el primer día quillé, ta cuando surgió un contratiempo bajo la forma de una
el velo espeso con que se cubría su madrasta, habíase carta y pasó á la cámara de su mujer:
- Un servicio importante que ee me ha pedido por uno
entreabierto para mostrar á loe ojos de la niña la arma•
dura de acero: la armadura se había hendido á su vez de mis amigoe, me obliga á partir al instante mismo. Expara dejar ver el corazón, un corazón debil y palpitante. presad mi sentimiento á nuestro querido diputado. EstaBeltrana había caído en eu trampa. Sentía renacer en ré ausente dos diae según creo.
Una hora más tarde subía al tren y Beltrana se dirigía
ella aquella misma turbación, aquella misma fiebre de
otro tiempo. Ese vividor envejecido y fatigado hacia vi• sola á casa de Leódice.
Aun se habla en la actualidad en Pontarlier de ese gar·
brar hasta el fondo de su corazón las cuerdas largo tiemden-party, cuyos atractivos sobrepasaron á lo que se ha·
po adormecidas.
Ella continuó la lucha mostrándose más y mas agresi- bía esperado: juegos de todas clases, autómatas, y por fiu
un salón de baile donde reinaban las notas de una briva á medida que estaba más y más quebra11tada.
llante orquesta. Cuando llegó la noche, los árboles del
XLV
parque se iluminaron. Por fin, para coronar la fiesta de·
En una de sus tertulias, Beltrana preguntó al candi- bía quemarse un fuego de artificio.
Una mujer empero, no compartía el goce genei;al, rudato á boca de jarro:
gía en ella una sorda irritación. ¿Por qué había ido ella
-Sois músico, sefior?
Qué si era músico! Gran Dios! Y «Leonora, mi gran· ahí? ¿Por qué se quedaba? Verdaderamente no habría
de amor?» Y «Para tanto amor no eeaie ingrata?" Reco- sabido decirlo. Hacer loe honores de esa fiesta, ¡qué ironía! Aplaudir ese triunfo, el triunfo del hombre que
gió el guante.
-Muy mal músico, sefiora; sin embargo, en otro tiem- después de haber roto su juventud, venía aún á derribar
po cantaba un poco, y si fa sefiora Ribaudet quiere tener la ambición de su edad madura ......... ¡qué humillaciónt
Leódice se aproximó. ¡Oh! esta vez ella ne le rehusó e}
la bondad de acompañarme.........
La eefiora Ribaudet, muy halagada, se puso al piano, tete-a-téte ni la conversación que desde hacía largo tiem·
y Leódice, con una voz ardiente, vibrante, cuyo timbre po intentaba. Fué ella quien le arrastró bajo la bóveda
apasionado suplicaba, comenzó la romanza de loe Porche•
de los árboles seculares. Entonces, en uno de esos cortos
y vehementes arranques en que el corazón dice eu última
rom.
palabra,
ella evoc6 el sombrío recuerdo del pasado. Le
El amante que os ,¡upllca
y que olvidástels, señora,
arrojó á la faz la cobardia de su traición, la infamia de
podrá tener esperanzas
sus falsas promesas, el egoísmo de su olvido; después,
de una mirada pia.dosa.T
con una voz dolorosa, hizo pasar ante sue ojos toda su
Sois tan dulce y tan crüell
existencia, su desesperación, su matrimonio de ira y de
Como a.pagar vuestras cóleras!
Ay! ó sabed adorar,
venganza.
O sed a.y! menos hermosa!
-De vos es de quien vienen todas las desgracias de mi
vida;
vos habéis marchitado mi juventud, vos os habéis
Desde las primeras palabras, desde las primeras notas
dest1uido
en mi alma la fe de la ilusión, vos habéis bur
de eea voz en otro tiempo tan amada, Beltrana había sen·
lado
de
mi
amor, vos lo habéis depreciado, hollado con
tido desfallecer su corazón. Vol vía á verse en el salón de
la villa Martín, cuando su alma ee abría locamente al só- loe pies. Entonces os amaba tanto que creí volverme local ¡Ahora os maldigo y os odio!
lo amor de su vida. Y era la misma voz, y era el mismo
Estaban, en aquellos momentos, lejos de la fiesta; ape··
hombre, y eran las miema,;i palabras las que oía.
nas
si los ecos débiles de la orquesta les llegaban! El le
Involuntariamente, casi fatalmente, sus ojos inclina•
doe ee_levantaron, y durante un segundo, el pasado, el asía las dos manos como lohaciaenotrotiempoyatra·
abandono, la vergüenza, todo fué olvidado. Retemblaron yéndola hacia sí.
-Miradme, Beltrana, y tratad de perdonarme. Soylos aplausos. Verdaderamente no se conocia al señor Mar•
muy
desgraciado, porque os amo y siento sobre mí nues••
tín ese magnífico talento. Cuando hubo concluido la ro·
tro
desprecio.
Os amo como os amaba hace quince af'ios,
manza logró aproximarse á Beltrana, los ojos leonados
es decir, hasta la infamia. Si os be mentido haciendooe.
habían tornarla á eu mirada enigmática.
El señor Martín fué elegido por una enorme mayoría. una promesa de matrimonio que no era libre para cum·
Un poco embriagado con su éxito, se mostró gran prínci- plir, si, os he mentido para que fuéeeis mfa. No podéis
pe pagando realmente á los que por él habían trabajado. perdonarme una falta cuyo sólo móvil fué la paeió¡ que
A unos lee distribuyó obsequios, invitó á los otros á un me inepiráai.eis? · Beltrana, escuchadme. Hace quincefestín y, por último, ofreció un garden-pCl#ty á aquellas á afioa yo no podía haceros mi esposa; debia sacrificarme
para salvar la vida de mi padre y el honor de vuestra caquienes nombraba eue bellas electoras.
Contaba con la libertad de esa clase de:reur.iones, para sa; mas ahora nada me separará de vos, mi bien amada.
obtener por fin, de Beltr_ana, la conferencia decisiva que ¿Queréis divorciaros? Pongo mi nombre y mi fortuna á
había ella eludido siempre, y como temía que ee escosa- vuestros piés. Prefería, que, fuera de la ley, unamos nu~ese de acudirá eu invitación, tomó por auxiliar al marido tros vidas? ......... ¿Por qué no hablamos de hacerlo? ¿No
sabéis cuan frecuentes son los matrimonios clandestinos?'
mismo.
-¿Peneaie vos, querido maestro, que la señora Dnver- Vendréia á Parí~ y todo lo que poseo, todo lo que soy os.
noy tenga á bien hacerme la gracia de recibirá mis invi- pertenecerá. Y yo no tendré otro deseo ·que el de haceros la mujer más rica, más feliz y más envidiada del
tados? ¡Un hombre sólo es tan torpe! .........
-Ciertamente, respondió el pintor. ¿Por qué había mundo.
Ella le arrojó á modo de desafío:
de rehuearoa este ligero servicio?

OOM INGO 4 OE JULIO DE 1897

EL MUNDO

'S

&lt; •
/

-Amo á mi marido y os odio!
Pero la voz temblaba y loe grandes ojos leonados de•
cían coea(muy distintas. Quiso desprender eus manos
que él mantenía aún entre las suyas; él las oprimió más·
-Vos me amais, Beltrana, vos me amaie.
Ella no intentó ya protestar, lágrimas de rabia le su•
bieron á los ojos, y como él quisiese tomarla en sus bra•
zos, ella lo rechazó é intentó huir. Más él la alcanzó:
-Dejadme concluir, dijo: Tú me amas Beltrana. '.l.'ú
no tendrías tanta cólera, tantas rebeliones si yo te fuese
indiferente. Cuando d0s seres han sido el uno del otro,
cuando se han amado tan apasionadamente, fórmase entre ellos un lazo que nada puede romper. Yo por mi parte no he podido romperlo. Al encontrarte sentí la indestructible fuerza. ¿Cómo habrías tú de eer insensible?......
Tú eres mia; yo te había perdido, te encuentro, y vuelvo
á tomarte.
Leyó en ella una postrera rebelión, y no dejándole
.tiempo de hablar:
-No os &amp;presuréie á responderme. No quiero deberos
á la sorpresa de un momento. Decidme soíamente que
.no me odiaie.
-Odiaros! Dios me es testigo de que lo he querido,
pero estoy al cabo de mi fuerza, ya no es posible el disimulo.
La eefiora Ribaudet que buscaba por todas partee al
querido diputado, habiándolo percibido al fia, acudió
sonriente.

-Se reclama el fuego de artificio; muchos de vuestros
convidados desearían retirarse
-Gracias, señora, voy á dar órdenes.
Y se alejó.
U na hora más tarde, extinguido el último cohete, el
parque se quedó desierto y la sellara Duveraoy pidió su
coche. Leódice fué á ofrecerle el brazo.
-Cuándo os veré? murmuró con un tono de instante
súplica.
-Espero que jamás, respondió ella.
-Ah! exclamó él lentamente.
Su rostro tomó una expresión altiva.
-Esa es vuestra respuesta, eefiora? Respetaré vuestro
retiro.
Un extremecimiento involuntario, un inexpresable
sen&amp;imiento de pena, la hicieron temblar en el momento de subir al coche, volvió hacia él eu rostro y lo

envolvió una postrera vez en el fulgor ardiente de sus
grandes ojos. El la miró bien á la cara y con voz baja,
pero firme:
-Eata noche el eeñor Duvernoy estará aueentt&gt;; dentn
de dos horas la población entera dormirá; yo estaré á
vuestra puerta; ei rehusáis abrirla, no tendréis derecho
para quejaros después de mis obseeionee.
La ~aludó fríamente, cerró la portezuela del carruaje y
volvió á su casa frotándose las maúos.
Beltruna se dirigió á la suya en medio de una agitación terrible; su fuerza, sus astucias, su imperio sobre sí
misma, todo se quebrantaba.
Cuando sonó la una.en el reloj de la ciudad, ella se
aseguró da que todo estaba silencioso, deecendió la escalera, atravesó el patio, acarició á loe perros guardianes
que se callaron al reconocerla y levantó el aldabón de la.
puerta cochera.

�XLVII
Lila no dormía.
Los ai'los habían domado la violencia de su carácter,
pero no enfriado la sensibilidad de eu corazón. La joven
conservaba su alma de nif!a sombría y Bllsceptible. El
selior Duvernoy, urgido por la hora, había partido sin
tener para ella una palabra de adió3. Ella experimentó
también un l nueva tristeza cuando fueron á prevenirle
que el coche estaba listo, y rehusó irá la fiesta. Beltrana
no insistió, feliz de un capricho q ·1e la libraba de un tes.
tigo molesto. La joven se qlledó sola en medio de su
abandono de huérfana, recodaba amargamente una se.
rie de hechos, pueriles ó graves, pero que llevaban to:io s
á la misma conclu~ión: Sil padre no la amaba ya. ¿Q ii~o
la amaba, PQr lo demás? Q 1ién la compadecía?
Bajo el imperio de eu deeesperaci6n, se dirigió al ce•
menterio, se arrodilló sobre la tumb.1 blanca, y con eolio
zo qlle sacudió todo su eér:
-¡Oh! mamá, mamá, exclamó, ¿porqué has partido
sin llevarte á tu pobre Lila?
Fuéee al lecho en la noche, á la hora de costumbre,
pero el sueno no vino. Una anglletia qlle no podía do•
minar la enfiebraba de sombríos é irritantes pensamientos.
Hacia las once oyó el rodar del coche que traía á su
madrastra, loe di\'ereos ruidos de una casa turbada en su
reposo, la voz áspera del cochero, más tarde loe pasos
de la recamarera volviendo á su cuarto. Después reinó
el silencio. l\1as para Lila pereietía el insomnio con un
malestar invencible. Cilneada de esa agitación vana, se
levantó, se envolvió en un mantón obséuro, abrió su
ventana y entregó su frente ardorosa al viento de la
noche.
Era una noche obscura; en el seno del cielo sombrío,
ciniilaban las estrellas en su lejana eerenidad. Lila so•
liaba. En una visión de infinita tristeza se confundían
tres imágenes: una solterona de corazón ingenuo, un
oficial de marina, y, más lejos, enmedio de un fulgor in•
decieo, una muJer moribunda de mirada ansiosa. Una
fatalidad inexorable le quitaba p11es á todos aquellos que
la amaban, no dejando cer-,a de ella más que corazones
helados.
Este doloroso pensamiento la doblegó: dejó caer la ca•
beza sobre el alfeizar de la ventana y 11-,ró largo rato ......
De pronto un ruido ligero la hizo extremecerse: la
puerta cochera rodaba sobre sus goznes, se abría; se vol•
vía á cerrar con precaución, dos sombras apenas distin•
tas, en medio de aquella obscuridad profunda, atravesaban el patio Había en su andar algo de sospechoso, y
ain embargo loe perros de guardia loe seguían sin ladrar.
-Esos no son ladronee, pensó Lila, sin duda son criados que vuelven á hurtadillas.
Las cámaras de servicio estaban en las dependencias y
era preciso pasar á ellas frente al cuarto de Lila. Esta
escuchó; en el gran silencio de la noche, oyó distintamente pasos furtivos subir la escalera; llegados al primer piso, loe pasos se detuvieron y la puerta de la cámara contigua á la suya se cerró sordamente.
Una suposición rápida pasó por el alma de la joven,
cubriendo su frente de un súbito rubor. Así, pntie, no
bastaba llevar á ese hogar la tristeza: aquella mujtir lle•
vaba también la traición. Desde hacía largo tiempo Lila preeentla tal venganza; el nombre del complica ya lo
conocía
l»8 levantó temblorosa; la venganza estaba ah[, terri•
ble, implacable. Despertar áloe domésticos, hacerlos peuetrar en el departamento de su enemiga y esta saldría
para siempre, aplastada bajo el peso de su crimen.
JamásLilahabía sentido su odiotan vivaz comoena quella hora en que podia saciarlo.
Iluminó su cámara; un sentimiento de pudor instintivo la hacia repudiar toda complicidad con aquellas tinieblas que ocultaban la infidelidad. La fresca toilette del
garden party se encontraba á la mano; púeosela, vistiendose, adornádoee como hacen los bravos para el combate;
por fin extendió la mano hacia el cordón de la campanilla, pero un temor paralizó su brazo. No era, sin embargo, por que hubiera ella entrevisto las consecuencias
de su acción; no era por que hubiera comprendido que
solo la sangre puede lavar ciertas ofensas; su odio in•
tenso no le dejaba percibir más que la imágen aborrecida de su enemiga. Si su mano volvió á caer, fué porque
resonó en su oído este desdelioso desafío:
- ,.os no tenéis ni la ejad ni la fuerza para luchar contra mí.

-=D=O=■=l..:;i_;S0:==::4'..=0=l.t.J.=.U.:.Ll:.:O-=D=l=••=1k•================~E~L;,,,M~U~N~D~O=======================·~

DOMINGO 4 DE JULIO DE 1'97

EL MUNDO

16

Lila no conocia más que la derrota. Contempl~ba con
ojos extraviados la aguja del péndulo que marcaba sobre
el cuaárante las horas sombrías de la noche. Jamás consentiría en ser complica de ese vergonzoso secreto, encubrir con su debilidad la infamia de esta traición, pe•
ro se sentía inhábil: en medio de esta angustia, su odio
se extremecía.
Un martillazo retembló en el silencio; la puerta coche•
ra mal cerrada, se abrió ruidosamente. En el mismo
instante, en el patio, se elevo una voz irritada. La joven
corrió á la ventana: su padre estaba ahí; el cochero le·
vantaba de prisa su linterna de cuadra en la mano; ee
-escusaba, protestaba; el había cerrado bien ...... no comprendía.
El amo sin escuchar movió loe hombros y se dirigió á
la casa; ahí una nueva exclamación ...... también la puerta del vestíbulo se encontraba abierta.
Lila seguía esta eecen..'\ con la alegría del triunfo: los
culpables no podían escapar al castigo, puesto que el jus•
ticiero estaba ahil Ella iba á lanzarse hacia su padre, pe•
· ro su atención fué atraída por otro lado.
Una de las puertas que separaban su departament-0 del
de su madrastra, acababa de abrirse, y un diálogo precipitado que la emoción impedla ensordecer, llegaba á su
&lt;Jído.
-Es la única salvación. Las otras piezas no tienen salida. Encontraréis aquí una puerta que da directamente
á la escalera. Es la ealida particular de mi hiJastra. Ella
duerme. Vais á entrar ahí y á permanecer hasta que ya
no oigaie ruido alguno, Yo iré á libertaros.
Con una precipitación conmovida abrieron la segunda
puerta, pero los dos retrocedieron.
Lila estaba frente á ellos.
Beltrana sofocó un grito de angustia y se ocultó en la
obscnridad de su pieza. Leódice, al contrario, se repuso
un poco: la situación era más determinada, no había ya
que temer un grito de terror ni un despertar medroso.
Cerró la puerta, y con mucha rapidez, avanzando hacia
la joven, dijo:
-Salvadme, seliorita, si amaie á vuestro padre y si deseais que viva.
Ella le miraba indignada, pero de pronto se extremeció. El lado sangriento del drama se alumbraba C0ll una
claridad siniestra. Comprendía la amenaza que encerra•
ba esta súplica. En la planta baja el ruido iba en creciente, el eelior Duvernoy continuaba su información;
de pie sobre las primeras gradas de la escalera, interrogaba á sus ge.otea. Loe domésticos, uno después del otro
descendían de sus desvanes, nadie faltaba al llamado.

Un temor atravesó el espíritu del sef1or Duvernoy,
A.cababa tle recordar la viva claridad que desde su entra•
da al patio había percibido en la cámara de su hija.
-¿Está enferma la tief!orita? pr~untó á las mujeres de
servicio.
-No, dijeron ellas ......
-Entoneee, ¿qué significa?......
No concluyó, subió rápidamente la escalera, abrió la
puerta y arrojó un grito ronco.
-Lila, vestida elegantemente se mantenía de pie, con
los ojos bajos, las manos cruzadas sobre el corazón, en
la actitud de la desesperacicn, en tanto que en el fondo
de la cámara, un hombre trataba de disimular su presencia. Y esta escena, para la cual una sola interpreta•
ción era posible, tenía por testigo á la servidumbre que
se apretaba sobre las gradas de la escalera, ávida de gozar de la vergüenza de un an;io caviloso.
M. Duvernoy comprendió .en medio de su cólera la inminencia del ridículo, y recobró eu sangre fría, cerró la
puerta, atravesó la cámara y marchando derecho hacia
el hombre:
-Miserable, le dijo: ¿quién sois voe?
El eei'lor Martín acababa de tomar una resolución. Cesó de ocultar el rostro y avanzando á plena luz:
-Tengo el honor, caballero, dijo, de pediros la mano
de vuestra hija.
Con una mirada de implacable desprecio, sin compri•
mir su cólera, el padre respondió:
-No es por ese camino por el que un hombre de hoR0r entra en una casa honrada.
Y volviéndose á su hija:
-¿Tenéis vos, pues, tan poca vergüenza y un corazón
tan bajo y tan vil?
Se detuvo, ella no había cambiado de actitud; eus ma•
nos oprimían siempre su corazón rebelado, sus labios no
se movían y sue ojos, fijos en la tierra, Jl" se habían levantado en una protesta muda.
Oía resonar aún la sombría amenaza:
«Salvadme, si amaie á vuestro padre y si deseaie que
viva.11
En los minutos solemnes, el espíritu adquiere nna rápida penetración; la pobre nilia comprendía que sólo dos
alternativas se encontraban en su presencia: salvará la
culpable consintiendo en ese odioso matrimonio ó revelar
la verdad exponiendo á eu padre á la muerte.
Ella cayó de rodilla'! y aceptando el sacrificio, murmuró:
- Quiero casarme con él.

"

..

Continuará.

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-Traje de desposada.
'-· óu s u el texto,

�DOMINGu 4 de JULIO de ,197

EL MUNDJ

1&amp;

CRONICA DE LA MODA.
Parece que la eeta!)ión se g~za en prote·
jer á la j11'fentud, siempre d1sp11ee,a pa•a
paseos y fiestas, y permite á la moda O!teD·
tar su hgereza y coqueterfa, pnea vemos á
nues\ras lindas sefioritas en~alanadas con
flotant~s y vaporosas telas; la etamina, el
tul la gaza, loe encajef. y sobre todo, lo
qu~ deslumbra y atrae, son loe adornos de
fantasía: lentejuela dé t'ldo~ colores y fü,.
1es · muchas flores. Los más aceptadus som •
br~ros son aq1wlloe coronados de floree ¡se
hermanan tan bien las floree y las bellas!
que uoae ~ laa otras se prestan sus encantos. U., c avel perfumado se ve Bid~pre
más li11olo en una blanca mano de qurnce
afioF. que en un brillante búcaro de porce•
la,a.
Las telas de dibujo eerpcnUno se llevan
11empre, ya sea eela, lana, muselina, en
~odas partee y de ~odoe_ coleree, si,empre ser•
petttina. Las medias trntae de otros afi~e
están hoy substituida9 por loe coloree bn •
Uantes; y las respetables boas de invi~rno
haneido reemplazadas por vaporosos phseée
de gaza ó muselina, eujtito~ pJr lazos de
:finísimos eucajee.
Aprovechaos, hermosaecompatriotas, de
la época estival, porquti estos aLavíos real·
zan ro u-:ho más vuestros encanto~.

•
TOIIOII,

MEXICO, JUI.10

II

DE I897.

NIJIIBRO~.

'i:::' "

'

1 r-:

Traje de desposada.

Nuestro grabaio representa una joven
con EU aéreo y f.icinador traje de boda. s.,
compone éste de una enagua de satín de btl·
da blaPca-leche, la cual lltiva en el dtliantero un plieeé seguido de gran bullón, que
ee encabeza con tres ruchés. El adorno,
así cowo la blusa, es dti ruuseliua de seda
del ruiemo blaucv que la enagua. M.1nga
entera, y sobn:, loe hombros tuontau unos
lazo3 dti mu~elina, recogidos con llJres de
naranjo. Amplio vdo de tul, sujeto en la
cabeza con fL,rea, las que se ostentan con
mayor prufusión sobrtJ el pecho y en el
adorno de laeJJagua. Este vaporodo atavío
tngalaIÍa y n,alia mucho más sus bellas
formas.

u

'IRAJES DE NIÑOS
Vestido para niña de 9 á

10

años.

(Número,.)

Este traje ea de la0a azul marino, con
r.hal1:eco l cutillo marino de piq•1é blancó.
s..,mbrero dtJ paja obscuro con liatones de
escocée.
·
Vestido para niña de 6 á 8 años.
( Número .11.)

,,,,

Este vistoso trajecito se hace de lana ros.
ja con lunares blancos. La manga ee abre
1.
hasta media altura sobre fond" de piqué blanco y se sujeta deepué~ con presillas de
cinta de terciopelo negro. El jacket y las mangas llevan también abertura con.presillas. Cuerpo b.us.i y bullones de las mangas de piqué, boina y corbata escoctJaa.
,Traje p.1ra niña de tres á cuatro añ:u. (Númtro 3.)

me:ril vestidito que nos ocupa es de etamina, de blanco y azul, adornado de plisé y
"'!lara e azul. SJlllbrero blanco.
UD'

Trajes para niños.

2.

4.

Vestido para niño de 6 á 'I año1. (Número 4.)

Se hace de piqué blanco con cuello manuo muy ancho a~ul obscuro, adornado con
cinta:i blancas; calCeUn i:iegro, choclos amarillos, sombre10 de pa¡a.
Gorritas para niñas.

He aqui do&gt;s lindas cabecitas de bebé, adornada la una con una capelina de muselina con anchos bordados y listones azules.
La otra es de etamine, la fal.ia está formada por un plissé de gaza
y otro de etamina.

~~~'t,'~5s~~~
LECTURA PARA I.AS DAMAS

:---

COMPRAR DE PRIMERA MANO.

Una vez adquirido ese conocimiento debéis comprar en junto todo
aquello que necesitáis, para tener provisión suficiente, y comprarlo de
primera mano. A. más de la comodidad de tener á la mano todo lo que
necesitáis, tenéis la utilidad ó ganancia que habrían tenido loe comtirciantes de segunda mano que os lo hubieran vendido.
Siempre hay pérdida en comprar por menor, ó al menudeo.
La provisión de lefia, carbón, legumbres, frutas, tienen cada una su
tiempo; necesario es conocerlo.
COMPRAR LO QUE ES BUEllO.;

.,

Gorritas para niños.

Debéis siempre comprar lo que es bueno, aunque lo paguéis más ca•
ro, se gasta menos. porq•1e os-sirve y dura más tiempo.
• Descon:fiad al principio de toda aquello que se os ofrece á muy bajo
precio, y que no os es úLil por el momento. Nada arruina como estas
buenas ocasiones, aun suponiendo que lo que comprais sea bueno, ( cosa
muy rara, porque una buena compra solo se obtiene 6 por la materia, ó
p0r la clase del trabajo, ó por la solidez de la obra), siempra perdéis.
En efecto, ó esos objetos de .que ahora no no tenéis necesidad nunca
os llegarán á servir, ó ya estarán muy deteriorados y poco útiles cuando
llegue el tiempo de usarlos; en todo caso, habréis hecho un gasto infruc•
t.uo60 del dinero que podríaiH haber empleado mejor.
Aplicad esta misma regla á las provisiones de boca; no compréis lo
que es exqui~ito, sino siempre lo que realmente es bueno, y alguna vez
lo que es meior.
Cuando un manjar es de mala calidad, se desprecia y se desperdicia
en vez de comerlo, con la esperanza de q11e el siguiente será mejor.
Pur esto os llegará á suceder, á vosotras las que estéis encargadas de
las compras en la casa de un avaro ó aún en vuestra familia, qne por 11011
provisión mal hecha, ó por una com¡&gt;ra q11e desagrade, se os tJmpezará á
ver mal, no se os estimará despué3, y po,· últim, se o~ q•1ít:1rá t, fo aídJ•
to y respeto.

Del rlatural, por J. M. V111asana..

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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