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                  <text>DOMINGu 4 de JULIO de ,197

EL MUNDJ

1&amp;

CRONICA DE LA MODA.
Parece que la eeta!)ión se g~za en prote·
jer á la j11'fentud, siempre d1sp11ee,a pa•a
paseos y fiestas, y permite á la moda O!teD·
tar su hgereza y coqueterfa, pnea vemos á
nues\ras lindas sefioritas en~alanadas con
flotant~s y vaporosas telas; la etamina, el
tul la gaza, loe encajef. y sobre todo, lo
qu~ deslumbra y atrae, son loe adornos de
fantasía: lentejuela dé t'ldo~ colores y fü,.
1es · muchas flores. Los más aceptadus som •
br~ros son aq1wlloe coronados de floree ¡se
hermanan tan bien las floree y las bellas!
que uoae ~ laa otras se prestan sus encantos. U., c avel perfumado se ve Bid~pre
más li11olo en una blanca mano de qurnce
afioF. que en un brillante búcaro de porce•
la,a.
Las telas de dibujo eerpcnUno se llevan
11empre, ya sea eela, lana, muselina, en
~odas partee y de ~odoe_ coleree, si,empre ser•
petttina. Las medias trntae de otros afi~e
están hoy substituida9 por loe coloree bn •
Uantes; y las respetables boas de invi~rno
haneido reemplazadas por vaporosos phseée
de gaza ó muselina, eujtito~ pJr lazos de
:finísimos eucajee.
Aprovechaos, hermosaecompatriotas, de
la época estival, porquti estos aLavíos real·
zan ro u-:ho más vuestros encanto~.

•
TOIIOII,

MEXICO, JUI.10

II

DE I897.

NIJIIBRO~.

'i:::' "

'

1 r-:

Traje de desposada.

Nuestro grabaio representa una joven
con EU aéreo y f.icinador traje de boda. s.,
compone éste de una enagua de satín de btl·
da blaPca-leche, la cual lltiva en el dtliantero un plieeé seguido de gran bullón, que
ee encabeza con tres ruchés. El adorno,
así cowo la blusa, es dti ruuseliua de seda
del ruiemo blaucv que la enagua. M.1nga
entera, y sobn:, loe hombros tuontau unos
lazo3 dti mu~elina, recogidos con llJres de
naranjo. Amplio vdo de tul, sujeto en la
cabeza con fL,rea, las que se ostentan con
mayor prufusión sobrtJ el pecho y en el
adorno de laeJJagua. Este vaporodo atavío
tngalaIÍa y n,alia mucho más sus bellas
formas.

u

'IRAJES DE NIÑOS
Vestido para niña de 9 á

10

años.

(Número,.)

Este traje ea de la0a azul marino, con
r.hal1:eco l cutillo marino de piq•1é blancó.
s..,mbrero dtJ paja obscuro con liatones de
escocée.
·
Vestido para niña de 6 á 8 años.
( Número .11.)

,,,,

Este vistoso trajecito se hace de lana ros.
ja con lunares blancos. La manga ee abre
1.
hasta media altura sobre fond" de piqué blanco y se sujeta deepué~ con presillas de
cinta de terciopelo negro. El jacket y las mangas llevan también abertura con.presillas. Cuerpo b.us.i y bullones de las mangas de piqué, boina y corbata escoctJaa.
,Traje p.1ra niña de tres á cuatro añ:u. (Númtro 3.)

me:ril vestidito que nos ocupa es de etamina, de blanco y azul, adornado de plisé y
"'!lara e azul. SJlllbrero blanco.
UD'

Trajes para niños.

2.

4.

Vestido para niño de 6 á 'I año1. (Número 4.)

Se hace de piqué blanco con cuello manuo muy ancho a~ul obscuro, adornado con
cinta:i blancas; calCeUn i:iegro, choclos amarillos, sombre10 de pa¡a.
Gorritas para niñas.

He aqui do&gt;s lindas cabecitas de bebé, adornada la una con una capelina de muselina con anchos bordados y listones azules.
La otra es de etamine, la fal.ia está formada por un plissé de gaza
y otro de etamina.

~~~'t,'~5s~~~
LECTURA PARA I.AS DAMAS

:---

COMPRAR DE PRIMERA MANO.

Una vez adquirido ese conocimiento debéis comprar en junto todo
aquello que necesitáis, para tener provisión suficiente, y comprarlo de
primera mano. A. más de la comodidad de tener á la mano todo lo que
necesitáis, tenéis la utilidad ó ganancia que habrían tenido loe comtirciantes de segunda mano que os lo hubieran vendido.
Siempre hay pérdida en comprar por menor, ó al menudeo.
La provisión de lefia, carbón, legumbres, frutas, tienen cada una su
tiempo; necesario es conocerlo.
COMPRAR LO QUE ES BUEllO.;

.,

Gorritas para niños.

Debéis siempre comprar lo que es bueno, aunque lo paguéis más ca•
ro, se gasta menos. porq•1e os-sirve y dura más tiempo.
• Descon:fiad al principio de toda aquello que se os ofrece á muy bajo
precio, y que no os es úLil por el momento. Nada arruina como estas
buenas ocasiones, aun suponiendo que lo que comprais sea bueno, ( cosa
muy rara, porque una buena compra solo se obtiene 6 por la materia, ó
p0r la clase del trabajo, ó por la solidez de la obra), siempra perdéis.
En efecto, ó esos objetos de .que ahora no no tenéis necesidad nunca
os llegarán á servir, ó ya estarán muy deteriorados y poco útiles cuando
llegue el tiempo de usarlos; en todo caso, habréis hecho un gasto infruc•
t.uo60 del dinero que podríaiH haber empleado mejor.
Aplicad esta misma regla á las provisiones de boca; no compréis lo
que es exqui~ito, sino siempre lo que realmente es bueno, y alguna vez
lo que es meior.
Cuando un manjar es de mala calidad, se desprecia y se desperdicia
en vez de comerlo, con la esperanza de q11e el siguiente será mejor.
Pur esto os llegará á suceder, á vosotras las que estéis encargadas de
las compras en la casa de un avaro ó aún en vuestra familia, qne por 11011
provisión mal hecha, ó por una com¡&gt;ra q11e desagrade, se os tJmpezará á
ver mal, no se os estimará despué3, y po,· últim, se o~ q•1ít:1rá t, fo aídJ•
to y respeto.

Del rlatural, por J. M. V111asana..

�EL MUNDO

20

EL ' 'MUNDO"

&lt;!El t.esora amito.

Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Retacción, debe ser dirigida al

Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,

Amado Nervo.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto Moguel,
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
11Jes, y se cobra por trimestes adelantadoe.
Números sueltos, 50 centavos.

Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa&amp;o debe ser prec.lsamente adelantado.
RÉ&lt;HSTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

•gtas tbittJrittlts.
&lt;!El conrrµttJ b.e 1tt justicia.
Se ha puesto en estos días al debate un tema de alta
moral social, y en cuya interpretación se apoyan las le•
gislaciones de todos los países del mundo: el concepto de
la jueticia.
La justicia, se ha dicho, no emana de la venganza ni
tiene otrai funciones que las que le dan los códigos, encargados de dirimir las contiendas de individuo á indi•
viduo en las sociedades. Ea verdad que la justicia no es
una venganza, por más que la venganza haya figurado co·
mo un principio en los antiguos códigos de todos los
pueblos; pero también es verdad que el concepto de la
justicia parece haberse perdido de vista, para ser substi•
tuido por un priLLcipio de orden puramente sentimenül, v que no es el que debe normar las relaciones individuales.
El gran error de los que atribuyen á la justicia la fun·
ción de dará cada uno según sus necesidades, procede de
haber hecho derivar loe principios legales del régimen
de la familia.
En la familia sí se da á cada individuo eegún las nece•
sidades que éste tiene, y loe miembros más tiernos, más
indef,msos, son precisamente los que más cuidados reci·
ben del jefe del hogar. En la sociedad, cada hombre está sujeto al resultado de su conducta, y la formula es: á
cada cual según sus actos.
Puede decirse que la justicia en la familia es una suer·
te de instinto, que ee conserva en todas las especies, y
por eso parece monstruosa la madre que hace per~cer á
~u hijo, como la leona que da muerte á eu cachorro.
Dentro de la moral social se d-,b~ devolver: bien p or
Lien, y mal p or mal.

***

La criminalogía moderna no acepta la idea de que toda
legislación debe estar encaminada á ejecutar un acto de
venganza. La pena de muerte no se aplica ya como un
castigo, ni como una represión del mal causado á la so•
ciedad.
La pena es a'q uí un acto de def ensa social ejercitaio contra los miembros que no se ajustan á los principios de
conservación, que s?n, en suma, los principios de la roo
ral colectiva.
No existen represalias; solo existe un hecho positivo
y concreto: la necesidad de eetirpar del organismo los
elementos dañosos, loe que no responden á la función ge·
neral y harmónica indispensable á la vida.
De este modo considerada, la pena de muerte es una
función de cirujia social, y su necesidad será graduada
por los encargados de dar saluj al aparato social.

***

La j~~ticia sentimental, la que sirve de materia prima á
todos los trovadores para elaborar sus octosílabos sono·
roa, no es la justicia de la sociedad, que se basa en un
concepto más amplio y más provechoso á los fines de la
~Epe:ie humana.

Ha tenido razón un colega al decir, en estos dfae, que
en el caractel' nacional predomina la prodigalidad más
insustancial. El mexicano vi ve al día, con una esperanza
eterna que jamás se desvanece: la de alcanzar una próspera situación económica por medios desconocidos Y BO·
brenaturales.
No hay quien no tenga fe en un premio de !a lotería,
en la herencia de un pariente ignorado, en el descubri·
miento de un tesoro oculto. Se fabrican hermosos casti·
llos en el aire, basados en la imprevisión y el despilfarro. Se gasta más de lo que se t~ene y se cierra el balance
anual con una deuda constante, que pasa de presupuesto
á presupuesto como una enfermedad orgánica.
Habitante de un palacio encantado, teniendo en torno
FUyo sus bellas iluRiones, cortejado por sus enauefíos, el
mexicano se dej"- arrullar por las dulces mentiras que
forman en el bagaje de su espíritu. Optimista y entusiasta, todo lo ve color de rosa, y en medio de sus mayores
de&amp;venturas halla siempre una promesa para lo futuro.
¿Quién es el encargado de acudir al cumplimiento de
esta promeea? Algún poder oculto y maravilloso, una dei•
dad omnipotente y benéfica que derrama sus bienes á
manos llenas sobre la infelicidad humana. Este poder se
llama la Virgen de Guadalupe, cada día 12 de Diciembre;
loa demás días del año, es el Estado, el Municipio, no
importa quién, en cuya intervención se cree firmemente.
Y así se evaden grandes cantidades de energías sin coro·
pensación alguna, esperando siempre ese premio gordo,
esa herencia ó ese tesoro oculto, que debe venir algún
día á redimirnos de todas nuestras miserias.
La esperanza es una virtud nacional: hay una razn que
espera hace tres siglos el momento de entrar de lleno en
la vida de la civilización, amplia y activa. Y hay, en el
piso superior del edilicio social, una clase que desconoce
los hábitos del ahorro y de la economía, que no vacila
en eacrificar las satisfacciones futuras á cambio de los
despilfarros momentáneos.
Un buen mexicano no economizará una sola moneda
de sus ingreeos anuales, pero tomará siempre un abono
á la ópera. Y cuando su contabilidad doméstica arroja
en contra suya un saldo elevado, tendrá la compensación
de seguir pensando en ese acontecimiento inesperado
que ponga en sus manos recursos extraordinarios.
En México lo esperado es lo inesperado. Y así se va
pródigamente deslizando la vida nacional.

l-'JtJlíti!tt Q5rncrttl.
RESUMEN.-Mr. Faure y Nic.olás 11.- EI imperio mosc;ovlta y la repúblic:a franc.esa.-EI viaje del presidente á san Petersburgo.-Sus tendenc:ias.-La
Alianza franc:o-rusa y el equilibrio europeo.-Guillermo de Hohenz:ollerr1 poeta dramát1c:o.-Sus
oc:los y su c.arác.ter.-Slempre en luc.ha-Conc.luslón.

Ya está. decidido por las Cámaras francesas que el presidente Faure se dirija á la imperial San Petersburgo y
devuelva al Czar cortesmente la visita hecha el afio pasado, con objeto de estrechar 103 vínculos que unen las
dos poderosas naciones.
Ya se han votado los créditos necesarios para gastos de
representación, y, el mes próximo, el humilde burgués
que lleva la representacion de un gran pueblo, el obscuro ciudadano que, terminado el plazo de su alta investidura irá á confundirae en el grupo social de donde había
brotado, el magistrado que no tiene pragmáticas que lo
ilustren, ni abolengos que lo inmortalice o, será recibido
con honores de soberano por un monarca absoluto, por
un autócrata que gobierna en nombre del derecho divir&gt;o, y se aeienta eobre pueblos y naciones por propia autoridad.
· Inspirado por ese sentimiento fraternal, eincero ó sa•
biamente calculador, que ha establecido corrientes de
paz y de harmonía entre el imperio moEéovita y la república francesa, la fastuosa corte de San Petersburgo abrirá sus puertas regocijada á un individuo sin t itulos nobiliarios ni escudos heráldico~, sino s~ncillamente cor. la
grandeza que le ha dado el voto de la masa anónima, la
voluntad dtl la multitud, interpretada en hora solemne
por la representación nacional de una agregación social
regida por inefüuciones democráticas.

DOMINGO II DE IULIO DE 18117

**..

LAS CANONIZACIONES EN ROMA

Aparte de estas situaciones paradójicas y contradicto•
rioe, que ceden sin duda en honor del pueblo que resbaló en Sedán, en la catástrofe estruendosa que arrastró
la púrpura mancillada del cesarismo napoleónico, Liene
la visita de Mr. Faure y traerá aparejados intereses trascendentales, que vigilan con ansia y atisban cautelos0a
los que andan en busca de los secretos de la diplomacia.
::\fochas veces se ha d;cho que la decantada alianza
franco-rusa no paeaba de ser una manifestación de loa
buenos deseos que animan á loa políticos franceses die•
puestos á provocarla, y prevención favorable de los astu• .
tos moscovitas preparados á aceptarla. Nada ha signifi.
cado para loa que así raciocinen la cordial recepción de
Cronsta1t, que tuvo por eco la aparatosa de Tolon; nada
el delirante frenesí del pueblo de Paria, de la Francia
entera, al rendir los tributos de su admiración y su fer•
viente cultú, en las fiestas no igualadas del afio pasado á
los Czares, desde el momento en que pisaron el territo·
río de la R ~pública, hasta que de él salieron arrastrad11s
en el tren imperial; nada significará tampoco pa1a ellos
ver unidos en estrecho abrazo al augusto Emperador de
todas las Ruaias, al omnipotente Nicolás II, árbitro BU·
premo de los destinos europeos por la grandeza colosal
de su imperio, y al presidente de la República Francesa,
al ciudadano Francisco Fálix Faure, encarnación de un
pueblo humillado por la derrota, hoy engrandecido Y
transfigurado por la democracia y el trabajo.
En ese abrazo quedará sancionada la sofiada alianza, si
no lo ha sido ya por las mutuas simpatías de los pueblos,
y podremos ver unidos ostensiblemente para contribuir
al perturbado equilibrio del viejo mundo á una nación
que busca el origen de su grandeza en la vo7, soberana
del pueb,o, y á otra que la hace descender de entre los
nimbos apocalíptiooa de la tradición y de la fe. Dos grandezas, que así asociadas por antogánicas que parezcan en
las postrimerías de este siglo deacrei:do, se prestan mútuo
apoyo, y son el contrapeso obligado de ese cesarismo
germánico, q 11e ha congregado nuevos elementos en su
rededor para hacer de la Europa inmenso campamento.
Ni una voz s~ levantó para oponerae al proyectado via•
je en el Senado francés, y si en la Cámara popular se dejaron ofr las uotas discordantes que lanzaba el socialismo,
pronto fueron ahogadas en la inmensa explosión de patriotismo que estalló entre los diputados republicanos y
las apretadas galerías. Razón hubo para ello: ojalá que esa
alianza que con tanto ~ntusiasmo se acepta, se estrec~
y perfeccione para bien de esos pueblos del Norte y del
Sur, que tienen alta misión en el concierto de las naciones
civilizadaa.
No todo ha de ser para Guillermo de J..lemania lucha
tenaz y porfiada con el parlamento poco sumiso, con los
monarcas confederados poco dóciles, y con las naciones
vecinas poco dispuestas á acoger su soberana voluntad;
no todo ha de ser en el augusto Hohenzollern actividad
incesante de general en campafl.a, para alistar ejércitos
y revisar fortificaciones, á fin de que estén listas para la
hora del combate: tr1mbién se permite dedicar sus ratos
de ocio á la bella literatura y quiere cefíir á su frente,
erguida y enhiesta á pesar de su abrumadora corona, el
lauro crecido en las orillas de la CdStalia fuente.
No ha mucho que aspiró al título de músico, compo•
niendo un himno sagrado; luego pretendió ser pintor
bosquejando cuadros patrióticos, y hoy se sienta al lado delos poetas dramáticos, componiendo un poema escénico,
donde canta la grandeza secular del pueblo germánico.
Deade las obscuras tribus de Arminio que hundieron
las legiones dti Varo, hasta las agrupaciones modernas
que se inmortalizaron en Sadowa, todo desfila en ese dra·
ma colosal. ..... es la apoteosis de un pueblo, la santificación de una raza, la deificación de una estirpe.
Vale más así; es mejor que el soberano de Alemania se
dedique á esa8 tareas paclficae, que si llevan siempre el
sello de eu carácter arrebatado, son dulces y tranqui:as
en sí y lo apartan de la lucha.
Más ¡ay! que en medio de esas estrofas inspiradas y deesas combinada9 escenas, no ha podido descansar: conti•
nuará la brega con el Rei.Echtag para que la marina de
guerra eea lo qne pretende, con el gabinete para que se
pliegue ,í eus iudicacioues y co u todos para que nadie
revista su augusta vo:umi.d.

X. X. X.

8 de Julio de 1897.

DOMINGó ti de JULIO de ,81n

Uno de los días del mes de Septiembre del año de 1870
en que las tropas reales italianas se ocupaban de conservar el orden en la Puerta Pía de In ciudad eterna, los ere•
yentes de la Iglesia Católica, Aposlólica, Romana, preeenciaron y comprendieron lo grandioso de una de estas
fiestas.-El 27 de Mayo del aM actual, día en que Anto•
nio Maria ZaccaJÍa, el lombardo, y Pedro Fourier «el
aposto] de Lothringen," á quienes Pío IX contaba entre
el número de los bienaventurados, fueron canonizados
por el actual Papa León XIII pudo el pueblo romano contemplar de nuevo las imponentes ceremonias. Zacearía,
de nacionalidad italiana, fué el fundador de la orden de
«las Canonesas de Nuestro Señor," y Fourier de nacionalidad francesa, fundó la orden de los barnabitas; ambos
fueron muy estimados por sus incesantes trabajos en
procurará loe menesterosos los medios de subsistencia,
y notables por las curaciones que hacían.
Al iniciarse la aurora del día 27 de l'liayo, las callea de
la ciudad de las siete colinas se encontraban invad:das
por multitud de curiosos que e6lo ansiaban pern;trar á la
catedral die' San Pedro. A las cinco de la mafiana las tropas ocupaban la gran plaza de la basílica y cientos de cientos de personas llegaban por la entra•
da de Carlos el Grande. Aunque la comandancia general italiana, tenía sobre las armas á
toda la guarnición de Roma, distribuida en.
loa diferentes lugares en pequeflas partidas, era
incapaz para contener á la impetuosa muchedumbre.
A las siete de la mañana el interior del gigantesco templo se en~ontraba completamente iluminado, veinte mil luces estaban repartidas en
todas las paredes llegando basta la cúpula, y
adornando los arcos y pilaetras del templo.
Además, todo el templo estaba adornado y la
cantidad de luz era tal, que producía verdadero
de~lumbromiento en los ojos de innúmeros de•
votos y curiosos asistentes.
Entre los concurrentes se contaban más de
35,000 personas. El cuerpo diplomático acreditado cerca del Vaticano hallábase preseDte,
así como todo la nobleza romana. No asistieron
algunas personas pertenecientes al reino ni al
gobierno, por encontrarse ausentes, predominando el elemento extranjero.
En los grandes salones del Vaticano se reunieron los sacerdotes investidos de altos grados,
y!\ tas ocho de la maflana el anciano Papa, acoro
pañado de su corte, bajó á la sacristía, donde revistió el traje pontifical. Momentos después
púsoee en movimiento la procesión.

EL MUNDO

Satisfaremos su curiosidad con una anécdota.
Pio IX, durante su glorioso pontificado, tuvo diversas
conferencias con notables personalidades heterodoxas.
Una de ellae, eximio protestante, que había zaherido á
la Curia por la sedicente facilidad con que elevaba hom •
brea más ó menos virtuosos á loe altarse. recibió del pon•
tífice, como una respuesta el voluminoso proceso de una
beatificación por aquel tiempo iniciada.
-Lea asted esto, díjole Pío IX, y véame deapuée.
El protestante concienzudamente, con la tranquilidad
de la investigación sajona, consultó loa diversos documentos que integraban el proceso, y mara"illado de la escrupulosidad de la Iglesia para sus determinacioneP, de
la suma de hecho.q que para la canonización se exigfan,
de los nimios exámenes, de loa innumerables testimonios requeridoe, al tornará los pies del Papa, éxc'amó
emocionado»
-Si en todos los caeos semejantes á este, obra la Iglesia con escrupulsidad tal, retiro mi dicho.
El Pontífice le respondió afablemente:
-Hijo mfo, ese hombre de que el proceso se ocupa, no
fué canonizado por falta de méritos suficientes..... .
DAMAS DISTINGUID.AS.

21

los testimonios se multiplican, informacion que suele
prolongarse mucho.
Tres son los peldafl.os por los cuales un santo llega -al
altar:

1? Declaración de Venerable.
2? Beatificación.
3? Canonización.
Para ser declarado venerable necesita la comprobación
plena de que poseyó las virtudes en grado heroico.
Para la beatificación exijeee, si mal no recuerdo, entre
otrascoeae, la comprobación de dos milagros de prime,·
orden, ea decir de aquellos que implican una exepción
de las leyes de la naturaleza, tales como la resurrección
de un muerto ........ .
La canonización puede decirse que no es más que una
pomposa declaraoión de que el varón justo queda ele\'a·
do á los altares y es merecedor del culto dti hiperúualía tributado á loe san.tos de Dios.
En los tiempos de las disidencias religiosa~, cuando el
cristianismo alboreaba en las conciencias, loe obispos canonizaban, y tan mal solían hacerlo que si nuestra memoria no miente, Constantino fué declarado eanto y con
este emperador muchos Barones y se.flores feudales en loe comienzos de la Edad :\Iedia.
Mas ya centralizado el poder apostólico, fue•
ron expulsados del martirologio todos los indignos; no de otra suerte la opinión pública «esa
gran barrendera» expuleará mañana de los
Pantheonee de todos los Pueblo~, á 1antas glorias deslumbrantes, á tantos hé1oes de pfga....
QUEJA DE OTOÑO
( De Stephane Mal!arme.)

Desde que María me abandonó para irá otra
estrella-cuál, Orión, Altar, y tú, verde Vénus?
-he amado siempre la soledad. Qaé días tan
largos he pasado solo con mi gato. Por solo,
entiendo sin un sér material, y mi gato es no
compañero místico, un espíritu. Vale pues decir que he pasado largos días solo con mi gato
y, solo, con uno de los postreros autores de la
decadencia latina; porque desde que la blanca
creatura ya no es, extraña y ~ingularmente he
amado yo todo lo que se resume en esta palabra: caida.
De suerte que, en el afio, mi estación favorita,
eon loe últimos días amortigüados del Estío, que
preceden inmediatamente al otoño y, en el día,
la hora en que me paseo, es cuando el sol descansa, antes de deevaneceree, con rayos de co·
bre amarillo sobre los muros grises, y de cobre
Con majestuoea lentitud avanzaba el Cortejo,
rojo
sobre loe ladrillos. De la misma suerte, la
pues los sacerdotes tenían que abrirse paso con
literatura
á la cual mi espíritu demanda un'l
los estandartes. Seguían loe canónigos de la
voluptuosidad, será la poeeia agonizante de los
grande y pequeña basílica, el clero de la ciudad,
momentos últimos de Roma, en tanto, sin em267 obispos y arzobispos, y el Colegio de los Car.
bargo, que no respira en modo alguno la aproxi·
denalee. La gran orquesta tocaba el «A ve Ma_,~.::_
_
_;¡~■I':!~..:_.~- __¡
mación rejuvenecederadelos bárbaros y no bal•
ría Stella» y el coro cantaba, mientras que el ve·
bucéa a(1n el infantil latin de las primeras pro·
nerable anciano iba desde su a urea silla gesta toJulia Esponda Moguel. D el Valle de Zintalapa. (Chiapas )
sas cristianae.
ria bendiciendo al mundo .Se r,rohibió absolutamente el
Lefa pues uno de esos caros poemas ( cuyas placas de
bullicio, y al aparecer Leon XIII no se le aclamó, pero
*
afeite
tienen para :me más embeleso que el encarnado
**
se escuchó un gran murmullo.
En el curso de los procesos de las canonizaciones, hay
de la juventud) y hundía una mano en la piel del puro
Inmediatamente las campanas anunciaron el momento verdaderos debaces.
animal, cuando un organillo de Berberia cantó lánguida .
en que el sucesor de los apóstoles, iba á canonizará los
Dos cardenales, dedícanse, el uno á abonar y compro• y melancólicamente bajo mi balcón. Tocaba en l:l
bienaventurados J..ntonio María Zacearía y Pedro Fou• bar las virtudes del candidato á los altares, el otro á de- gran avenida de álamos cuyas hojas, aun en fa prima ve
rier presentándolos á loe creyentes como dignos de s11
terminar bus defectos.
ra me parecen mustias desde que María pasó por ahí c rn
veneració n en los altares. En seguida el Papa asistió á la
El pro y el contra, la sombra y la luz de aquella vida cirios, una vez postrera. El instrumento de los triste3,
miea cantada, entonando el Tedeurn.
salen de tal debate depurados.
s(, ciertamente: el piano centelléa, el violín da á las fibras
Las campanas de San Pedro habían anunciado á la ciuEl primero de los cardenales es designado oon el nom- deegarradas la luz, pero el organillo de Berbería, en me•
dad de Roma y al mundo la nueva canonización, acaso..... bre de abogado de Dios; el segundo con el de abogado del dio del crepúsculo del recuerdo, me ha hecho desesperatal vez. ... la paz;entre el vaticano y el Quir.inal? ¿Quién es d frtblo.
damente soñar. Cuando murmura un aire alegrem1 nte
capaz de responder á esta pregunta? La :fiesta del 27 de
Quien de tan tremenda pugna sale bien, fué sin duda vulgar- y lleva la alegría al corazón de los arrabales, un
Mayo ha dejado may gratos recuerdos, y no tiene en lo un varón que poseyó en grado heroico las virtudes.
aire afíejo, trivial: de dónde viene que su ritornelo me
absoluto ninguna significacion política.
Un proceso de canonizació n suele durar centenares de llegue al alma y me haga llorar como una balada rom.in.
años, durante 103 cuales vanee acumulando h ech os: Roma tica? La saboree lentame nte y no lancé un céntimo por
es eterna y no se apresura jamáe.
***
la ventana, de miedo de distraerme y de advertir que el
Pero nuestros lectores á quienes hemos brevemente,
Empiezan los procesos de canonización generalmente instrumento no cantaba solo.
referido esta ceremonia conmovedora, de la cual damos
á solicitud colectiva de uo pueblo, de una agrupación,
un amplio grabado en lugar preferente, se preguntarán
que habiendo apreciado las virtudes de un varon insigne,
aca~o, qué requisitos se exigen para l~ brillante apoteesis
muerto en olor de santidad, reclama su apoteosis. Abreae
de un héroe del cristianismo, que se llama canonización.
entonces una información rigurosa, en que loa testigos y

�EL MUNDO

- -- - - - - - - - ~ - - - - - - - -

Escuela Naval de Veracruz.

DOMINGO ti DE JULIO D[ 1197

-Tú me engañas: no eree el que partió para no volver tan sólo para castigar mi constancia y mis desvelos.
Sigue tu camino: tú no eres éL
-El perfume no vuelve á la flor; el eco no se une á la
voz; las lágrimas no tornan á su fuente, pero el ave he•
ri.la si vuelve á su nido para abrigar á sús polluelos, como yo vuelvo para abrigar nuestro amor.
-¿Pero á qué vuelves? El hogar está frío desde que tú
partiste; las flores del huerto se secaron con el frio del
olvido, y las palomas de nuestro hogar volaron á los
montea¡ y hasta el perro que guardaba la pue~ta enmude·
ció para siempre, como mis labios para pronunciar tu
nombre. A qué vuelves?
-Oye esperanza mía! Los horizontes se cerraron en
torno de mi vida, y hoy llego de nuevo á tu regazo con
las entallas atravesadas por el hierro de la ingratitud,
con el corazón lacerado por el desdén y el alma convul•
sa por los golpes de quienes me ofrendar0n su amor.
Pérdoname y ábreme.
Las tardes pacíficas volverán para nosotros, en la noche el ruido de loa árboles que cubren nuestra choza
arrullárá nuestro suefí.o, y las frescas brisas de la mañana abrirán de nuevo las flores de nuestro huerto. Abreme poN¡ue me muero de frío!
-Cuando partiste en busca de nuevas felicidades, cerré mi puerta y enmudecieron mie labios, hoy que vuelves cargado de desengafí.os, entra de nuevo.
-¡Bendita seas, imagen de Dios que perdonas! Déjame que derrame mi llanto en tu seno. ¡Abreme tus brazos, ya qué he de morir en ellos!
J. DAVID Gu.ARÍN.

nales h3sta lvs cedros corpulentos y olorosJs, rivales de
los del monte Líbano; y desde el penacho de esmeralda
NOTAS E IMPRESIONES
Damoe una fotografía del edificio, ya terminado, que de la dulce caña de azú ~ar, hasta el abanico de esmeralda
de la esbelta palmera &lt;ie los trópicos, qu9 suspira bajo la
servirá de Eecuela Naval en Veracruz.
Hablar mucho y bien ea propio de hombre ilustrado.
Como se sabe, la Secretaría de Guerra y Marina deter• luz de rosa de la aurora y suspira bajo la luz dorada de
-Hablar
poco y bien ea el carácter de sabio,
la
tarde.
minó la erección de esta Escuela, en la cual cursarán to•
Si fuera dable lanzar profecías en este siglo de la dina-Hablar mucho y mal es manía del fatuo.
d11s las catedras necesarias loe que aspiren á pertenecer
mita y del vapor, del oro y de la electricidad, yo diría
-Hablar poco y mal es la desgracia del necio.
á la marina mexicana.
La
pr-&gt;bidad ea la virtud de los pobres: y la virtud, la
que
los
hombres
y
las
tribus,
y
los
pueblos
y
las
razas
La practica la harln en un buque de guerra nacional,
y las naciones, y el Dios de Confuco y el Dios de Abra- probidad de los ricos.
dedicado especialmente á este fin.
Para adquirir la reputación de saber lo que se ignora,
Son incontables los beneficios que producirá un plan- ham, y el Dios de Sócrates, y el Dios de Jesucristo, y el
hombre de piel amarilla como el hombre de piel negra, basta muchas veces aparentar ignorar lo que se sabe.
tel del género de que nos ocupamos.
y el hombre de piel cobriza como el hombre de piel b lanLa hermosura es una rosa, y la bondad su perfume.
ca, y los que habitan en las islas del océano y en la tieCuando la resistencia es inútil, los locos se agitan, los
rra firmP., y todos cuantos alientan alma sobre la faz del débiles se qu~jan, los bajos adulan, los orgullosos se in•
EL NUEVO MUNDO
.planeta, llegarán en misteriosa corriente al Nuevo ~fon- dignan y los sabios se someten.
Parece que la civilización en su incansable marcha á do, y aquí se reunirán para fundar l;u grandes ciudades
través de los siglos, ha ido circunvalando á nuestro pla• de una colosal república; y el bueno y omnipotente Dios
Jamás se evade uno por completo de si mismo.
neta, y que de la península brahamánica pasó á la pe- de todos los dioses, estará complacido y mirará con geG. Rodenbach.
nínsula helénica, y que de la península helénica pasó á nerosos ojo3 el consorcio de los hombrea que, puestos de
*
**
la península itálica, y que de la peninsula itálicr, pasó á rodillas elevarán al Sér Supremo el himno más glorioso
Solo la vida enseña á la vida.
que
hayan
creado
las
religiones
muertas
y
las
religiones
la península ibérica, y que de la península ibérica, llevaO. Lebret6n.
da en tres carabeÍas sobre las encrespadas ondas salobres, vivae, el himno de la libertad, del trabajo y de la civilipor la fuerza de los vieftos marinos y la fuerza de los zación, que ya balbucea la humanidad en la grandiosa
OTRO PAGO DE $13,595.00 DE "LA MUTUA"
suefí.os de un loco, pasó a descansar á la fresca sombra de agonía de nuestro siglo, y que en el futuro darán á los
EN TAPACHULA
las exhuber;,.ntes y centenarias selvas americanas, en tan• cuatro vientos los hi¡os de los hijos de nuestros hijos,
to que se fortalecían los eajones y los eslavos, surgidos hasta la consumación de los siglos.
J UAN RAMON MOLINA.
Tapachula, Junio 6 de 1897.
del caos de las razas, como para heredar la gloriosísima
bandera de la civilización, que ondeó en la pirámide
Sr. D. Carlos Sommer,
Director General de «La Mutua,»-México.
egipcia, en la pagoda indoijtáoica, en el templo griego,
ABREME
en el capitolio romano y en la catedral gótica.
Muy estimado sefior:
Hoy cumplo con un deber de gratitud para con usted
En el estado actual en que se encuentra el humano
-¡Berta! ¡Berta! soy yo. Mira q11e la nieve yá ha cu- y para la Compafí.ía al digno cargo de usted, certificando
prog1eso, hubiera sido imposible á Europa contenerlo en
sus estrechos límites; y así, fué preciso que surgiera de bierto mis vestidos, porque el invierno me sigue desde que con toda prontitud me ha sido satisfecho el importe
entre sábanas de espuma un murrio niño, una tierra vir- que trasmonté las serranías para llegar hasta aqu[.
de la poliza número 789,979 por valor de... $ 6,413.16 oro.
-¿Quién eres? Aquí no se abre la puerta á nadie desde cambio sobre Nueva York ...................... » 7,182.79
gen y joven, buena para madre fecunda, una América
con sus .i slas que parecen jardínes flotantes sobre las her- que el amado dejó apagar la luz de este hogar, y partió
vorosas aguas del·Atlántico, y las potentes aguas inmen- para no volver jamás.
Total... ... $ 13,595.95
-¡Cómo no has de abrir, alma mía! Soy yo, el peregrisas del Pacifico; con sus temibles volcanes coronados de
sempiternas nieves y de sempiternas nubes; con sus no tanto tiempo ausente, que vuelve, como el ave herida, la cual tomó mi finado esposo, el Sx.!loR ELIGIO SANDOVAL,
magníficos y opulentos bosques, por donde slllta el tigre, á calentar su nido. ¡ A.bre, Berla mía!
el día primero de Septiembre de 1896. Hago especial
-No, tú no eres él. El perfume que se escapa, nunca mención del hecho de que sin embargo que vivo en una
ruge la pantera y vuelan pájaros de cien cólores, como si
fueran fragmentos de un fria despedazado; con sus !la• vuelve al seno de la flor que lo exhaló. El eco nunca se hacienda en Guatemala-lejos de vías de comunicacionuras de dilatados horizontes, propias para las grandes une á la voz qui, lo produjo. Y las lágrimas que yo he nes directas-~e ha sido pagado el importe de la póliza
vacadas y las partidas de caballos indómitos; con sus ea• derramado por él, jamás vol verán á mis ojos, lacios ya de á los ocho días de haber fallecido mi esposo.
pumosos ríos, que van rugiendo entre rocas plutonianas mirar hacia el camino por donde partió. Vete, peregri•
Con sumo gusto veré si por medio de la prensa se dé á
y ribazos enormes, donde beben, abiertas al cielo las no; tú no eres él.
conocer en todas partes este hecho que habla en favor
-Abreme, Berta, por que el frio me conmme. La nie- de 1.3 exactitud de la Compall.ía.
fauces, el sol del mediodía los cocodrilos hambrientos;
con sus azules lagos, donde rebulle:i peces de oro y· de ve no ha eI1fríado tanto mi cuerpo como las ingratitudes
Soy de uated afma. y agradecida,
plata, y por sobre los cuales vuelan las níveas garzas y del alma. Q11ienes más p·e netraron en lo íatimo para roTRINIDAD M. VIUDA DE S.ANDOV.AL.
los patos salvajes; con sus montañas de granito, en cuyos barme y aniqúilarme el amor que aún conservaba para
rifiones cuájanse los metales prj!ciosos; con su suelo, en tí, me pagaron con el desdén y con el olvido. Pasaron
fin, que produce desde la ortiga hasta los cáctus, desde como crepúsculos de verano; como la sombra del ave fu•
las gramas hasta los helechos, desde las hierbas medici- gitiva.
LA ESCUELA NAVAL DE VERACRUZ

DOMINGO II de JULIO de 1897

EL

MUNDO

�EL MUNDO

DOMINGO II DE JULIO DE 1897

do y mirandonos fijamente. Sin hacer caso de su preeen ·
cia, volvimos á los kayaks para continuar nuestro camino. :Repentinamente volvió sobre nosotros, se irguió por
encima de la superficie del agua, resopló tan fuerte que
Cuando loe exploradore&amp; el 22 de Julio, abandonaron el
el aire se extremeció y amenazó hundir sus colmillos en
campamento de espera, con loe dos trineos, loe dos ka•
nuestras frágiles embarcaciones. Nosotros cogimos los
yaks y loe dos perroe, se habían á la vez restaurado y
fusíles; en ese momento desapareció; pero reapareció
aligerado. «¡Cuántos eacrificioel ¡Cuántos objetos precio•
inmediatamente al otro lado, tan amenazadora como an•
sos abandonados en la soledad de la banquisa. Además
tes, muy cerca del kayak de Johaneen. Repitió muchas
de una cantidad de carne y de grasa, hemos dejado tres
EL MAR UBRE•
veces estas maniobras y podíamos verla á través del agua
bellas pieles de oso y aun á nuestro amigo fiel el lecho transparente, pasar rapidamente bejo nuestras embarca•
saco,-una superfluidad en esta estación-una parte de
El segundo acontecimiento de esta memorable jornaTemíamos que hiciese ua agujero de una dente·
las maderas de los trineos, ski, la mitad de una cubierta da, fué la aparición de una vasta extensión '1.e agua Ji. cionee.
de alnminio, sacos, útiles, lona de velas, zapatos, tapo· bre, que Naneen percibió á lo lejos, desde la cima de un liada en el fondo de las embarcaciones, y para asustarla
nuestr0s remos. Por fin se lanzó contra el
nee nuestros guantes de piel de lobo, un martillo geoló· amontonamiento de témpanos. y en la dirección de las agitábamos
de mi compafiero. Johaneen disparó y le al0j6
gic¿ la mitad de una camiea, etc., etc., y muchas otras costas entrevistas. Después de un nuevo tirón, en el kayak
una carga de plomo en los ojos. La bestia dejó oir un
cosa~ eepaNidae en una confusión caótica.»
sentido propio de la palabra, pues que Naneen y Johan•
«Miércoles t4 de Julio.-Por fin la maravilla ha aparecí· sen se habían resignado al papel de bestias de tiro, fué mugido terrible, se sumergió y desapareció dejando de·
trás de ella un hilo de sangre. Nosotros nos apresuramos
do -¡la tierra!-la tierra cuando casi no creíamos en ella. alcanzada la mar libre, el 6 de Agosto
á remar con todas nuestras fuerzas, temiendo una.nueva
H~ce casi dos años que no habíamos visto elevarse algu•
En tanto que apresuraba el paeo, Naneen recordaba la
na cosa pc,r encima de esa línea blanca, infinita, que de- marcha de los Diez-Mil á través del Asia; evocaba el agresión de la herida, ya más feroz por el dolor, y no nos
termina el horizonte de loe espacios polares ......... Deja• momento en que los soldados de Xenofonte, después de tranquilizamos sino cuando oímos á nuestro enemigo re·
moe la inmensa banquisa blanca y desierta, sin dejar de- un año de guerra contra fuerzas superioree, vieron por soplar y flotar lejo3 de nosotros, en el sitio mismo donde
desaparecido.
trás de nosotros huella alguna; la pista de nuestra peque• fin el mar de lo alto de una montaña y exclamaron: 1&lt;Tha- había
«Continuábamos remando tranquilamente, y habíamos
fia caravana á:través de los plaoes ein fin, ha desaparecido
hacía ya tiempo olvidado á la morsa, cuando vi de pron·
Thalassa!»
desde h&amp;ce largo tiempo. Una vida nueva comienza para lassal
Después de tantos meses de lucha contra los hielos, to á J ohansen saltar en el aire......
nosotros: en cuanto al hielo, ea siempre el mismo.
tambien para loe dos exploradores la mar era la bienve•
«Su ka yak había recibUo un choque violento.
«Esta tierra ha aguijoneado largo tiempo nuestros sue«Supuse al principio que un bloc de hielo se había remoño@ y ahora viene como una visión, como una tierra de nida.
"··· ... Por fin estaba yo en el límite de la banquisa. vido y en un lllovimiento de báscula había tocado el fondo
loe ~uentos de hadae. Blanca de nieve acumulada, se
Ante mí se extendía la superficie sombría del mar; á lo de la embarcación; más no había témpanos cerca de noenarca por encima del horizonte con el aspecto de nubea lejo~ la mur'alla abrupta del glacier surgía del agua; una
sotros. De pronto ví otra morsa levantarse ante noso·
lejanas que ee teme á cada instante ver deeaparacer.
triste claridad lo envolvía totlo. Ante esta perspectiva
«Yo me la había imgainado tajo muchos aspectos, con hinchó una alegría tal nuestros corazones, que no po- tros fuera delagua.
«No había un instante que perder, y sin tomarme
altos picos y glacitrs resplaudecientee, pero nunca así, se· diamos expresarla con palabras.
tiempo para buscar la parte vulnerable ( detrás de la ore·
mejante solamente á la apariencia de la tierra. Nada tie"Detrás de nosotros estaban todas nuestras penas; de· ja,) envié una bala á. la medianía de la frente del enor•
ne de halagador y es sin embargo la bien venida. En su· !ante se abría el camino del ,regreso.
me animal. Fué por fortuna suficiente esto: la morsa
ma, no podíamos ee~erarla de otro modo que cubierta de
«Yo saludé, agitando mi sombrero, á Johaneen, que es· qued6 fulminada.
nieve con toda la meve que cae aquí.»
taba un poco atrás, y el respondió agitando el suyo y gritan·
«No sin pena hicimos un agujero en la espesa piel que
La 'aparición de la tierra fué festejada como convenía, do: hurra! Un acontecimiento tal debía ser celebrado de
recubría aquel montón de carne flotante en la superficie,
con un suculento almuerzo: las últimas patatas habíaa
cortamos algunas bandas de grasa y de carne y abando•
manera:
siclo reservadas para la ocasión. Después Naneen y J ohan · al~una
Nos comimos una tablilla de chocolate cada uno!»
namos el resto á los pájaros de la mar.»
sen volvieron á ponerse en camino en la dirección de la
Una suprema separación entristeció sin embargo ague•
Remar de frente con las embarcacionesgemelaserafati·
playa que era para ellos la tierra prometida.
Ha alegría. Los dos perros sobrevívieilteB eran una car• goso y duro, los progresos eran lentos y cuando las co·
Parecíales tan próxima, que Johansen no dudaba de ga inútil en lo de adelante, sobre loe kayaks.
rrientes venían en sentido inverso, hacíanee sentir, y
que llegarían aquella misma noche. Naneen calculaba
«...... Fieles y valerosos nos habían seguido durante to•
remontarlas era imposible. Naneen resolvió
dos días de marcha; no por ello estaba menos errado.
achicar considerablemente los trineos á fin
Sus ilusiones duraron poco. La superficie del
de poder disponerlos aisladamente sob1e ca·
hiPlo era más imprac,icable que nunca. Naneen
da kayak en el sentido de su longitud.
y su perro Kaifás, tiraban de un trineo;JohanEn tanto que ambos se entregaban á esta
sen y Suggen tiraban del c:,tro. Hombres y perros
tarea, vieron aclararse la bruma que los en·
formaban un tronco extraño. Su marcha á travolvía, y apareció ante sus ojos toda una ca·
vés de las aristas de las presiones de loe hum·
dena de montafiae cubiertas de negras rocas
moka es increíblemente lenta. Y parece qne
á pico, emergiéndo de los gladus.
cuanto más avanzan más huye la tierra:-la de•
Solamente el 16 de Agosto, después de ha·
ri vación en realidad los aparta de ella y bien
ber atravesado tirando de sus trineos cortos
pronto !o comprenden.
la zona marginal de témpanos aglomerados,
Para colmo de miseria, Naneen puede apenas
Naneen y Johansen llegaron á una de esas is·
arrastrarse. Los abrigos delgados no han reem·
las. Por la primera vez después de dos años,
plazado sino con desventaja el saco dejado en
tenían la tierra bajo sus pies. Con gusto
el campamento de espera, y el explorador sufre
hubienn besado las rocae. En su indescripcruelmente de un lumbago causado por la hu•
tible alegría saltaban de un bloc de basalto
medad y por el frío al mismo tiempo que por la
al otro como nifios que juegan. En fin, para
fatiga. ,,Joúansen, escribe, ee ve obligad() á qui•
colmar su embeleso, en un rincón abrigado
tarme las botas y mis calzas, porque estoy en la
descubrieron musgo y flores.
imposibilidad de hacerlo por mí mismo. El es
Verdaderas flores: hermosos ababoles, eaxí•
poco egoísta y me cuida:como á. un niilo.» Pero
fagos de las nieves, estelarias!.. ....
esos hombres están templados de una maoera
«Fué enarbolado el pabellón noruego, se
especial: Algunos días después, Naneen póne·
preparó un lobscouse de pemmican y nos sen·
se en pie.
tamos dentro de la tienda haciendo volar los
"SálJadoS de .Ago.,to -Labor inaudita:-No po·
guijarros bajo nuestros pies, muy á gu8lo.»
dríamos cumplirla jamás si no fuese porque
Ayudados por el víento, avanzamos más pronto.
Naneen~- Johansen habían llegado á tie•
debemos cumphrla. Desde hace muchos días
rra sin haber podido darse aun una cueata exacta de su
los perros por todo alimento ,ee han repartido
do el viaje; y ahora que llegaban dfae mejores, debían situación. Estabaa al este ó al oeste de la tierra Francisco
unas gaviotas. Ayer no conocieron más que un poco de decir adios á la vida!. ..... »
José? Lo ignoraban: desde que sus relojes se habían pa·
grasa.
«No pudiendo decidirnos á degollarlos como lo había· rado, érales imposible, por más deducciones que hicieran,
mos hecho con sus compañeros, sacrificamos para cada encontrar su longitud.
TRAVESÍA DE UX DEPÓSITO DE AGU.~
uno de ellos un cartucho. Y o maté el perro ae J ohansen_y
Siguen su camino y he ahí una isla nueva (la isla Tho•
mató el mío......»
«Luna 5 de .Agosto.-Jamás hemo11 tenido un hielo tan Johansen
roup
):
Con los ka yaks amarrados el uno al otro á fin de sopor•
-«'.l!Ie parece uno de los parajes más encantadores de malo como ayer. Logramos, sin embargo, recorrer un po• tar los trineos, que hubiera sido imprudente abandonar,
la tierra. Una playa unida, sembrada de conchas, una
co de camino y dos incidentes felices marcaron la jorna• Naneen y J ohansen pusiéronse á la vela.
estrecha cintura de agua clara, en el fondo de la cual se
da; J ohansen no fue devorado por un oso y hemos visto
Desde hacía dos años no habían tenido delante una ex• distinguen caracoles y erizos y donde nadan antípedos.
agua libre al pie del glacier que borda la tierra.
eemejante de agua.
En las rocas vuelan y saltan gorriones. Súbitamente el
"Partimos ayer mañana á las siete. Se hubiera dicho tensión
Era para ellos un placer oír chapotear las olas entre
que un gigante había lanzado el desconcierto de los blocs las dos embarcaciones, y vira-:- rapidamente hacia la tie· sol rompe las nubes de flecos ligeros y el día parece ser
todo sol. Al rededor de nosotros están la vida y la tierra
enormes y había distribuido después entre ellos nieve y
rra tan deseada. Qué cambio, después de haber durante
agua. La bruma era espesa. Después de una marcha fa· meses hecho su camino pulgada á pulgada, paso á paso! firme; nos hemos librado de la eterna banquiea. En el
fondo del mar veo bosques enteros de algas. Bajo las ae•
tigosa, llegamos por fin á un canal que era preciso atra·
El sol brillaba.
perezas de los cantiles, aquí y ahí, están acurrucados alvesar con los kayaks. Yo me ocupaba en botar el mi.o al
«No puedo recordar-dice Na12sen-una mañana más gunos montones de nieve color de roea.
agua cuando oí ua ruido de lucha detrás de mí, y J ohanbella.»
•De lo alto de una roca, vemos extenderse á lo IE&gt;jos la
een gritó:
Abordar al pie del glacier escarpado, era impracticable. banquisa de la cual hemos salido: un gran plano blanco,
-Coged el fusil!
Loe
exploradores
tuvieron
que
levantar
su
tienda
sobre
..y o me volví y ví un oso enorme precipitarse 11obre mi un vasto témpano flotante, pero á la vista de la tierra, - en el fondo, muy en el fondo del cual, están aun aprisio·
nados, derivando imperceptiblemente, el Fi·am y nues•
compafiero que había caído de espaldas.
y la vista sola de la tierra baetaba á su felicidad.
tros compañeros......»
"Ensayé retirar mi fusil de su cubierta, colocada en la
Qué tierra!
Naneen y J ohansen prosiguen aun. Las corrientes de
proa del kayak, cuando la embarcación se deslizó al agua.
Nansen, incierto respecto de su longitud. lo ignoraba.
«Mi primer pensamiento fué saltar sobre el kayak; pero Teniendo delante de sí islas desconocidas, diólesnombres la marea abren, cierran y vuelven á abrir los canales
navegables. ¿Cuánto tiempo encontrarán los dos nave·
este hubiera infaliblemente zozobrado. Me esforcé, pues,
Isla Eva, Isla Liv.
gantes agua libre? Toda la cuestión está ahí. Si el mar
en volver á llevarlo al hielo de manera de poder asir mi dulces:
Heladas, es cierto, estaban heladas, pero sobre ellas queda abier~o, volverán al Spitzberg y de ahí á Noruega
arma. Haciendo esto no podía volverme para ver lo que temblaban las alas de los pájaros!
pasaba; pero oí que Johansen decía tranquilamente:
A ia vela y al remo, esta navegación enmedio de la bru- al fin del afio. Si se cierra de nuevo, definitivamente in•
«-Es preciso darse prisa si queréis llegará tiempo.
ma y del misterio, de los estrechos y de las costas, se vernarán.
«Darme prisa! ya lo creol Por fin alcancé el cañón, esti• proloagó durante muchos días. Noche á noche los explo•
E invernaron.
«Miércoles 24 de Agosto.-Las vicisitudes de esta vida ja•
ré el fusil y volviéndome, apunté. El oso no estaba ni á radores levantaban su tienda sobre la banda de hielo que
más
tendrán fin. Hace cuatro días yo estaba lleno de es
dos metros, listo á hacer presa en mi perro Ka;fa.8. He- bordaba la tierra. Mañana por mafiana, cargaban los
y de valor y henos aquí bloqueados desde hace
rido detrás de la oreja, cayó muerto.11
kayaks sobre los trineos para atravesar los hielos que el paranza
«El oso nos había sin duda seguido como un gato, disi• viento ó la marea habían acumulado al rededor de ellos; cuatro días y tres noches por los amontonamientos de
mrilándose detrás de los témpanos y se había aproxima- después volvían á botar al agita los kayake, luego que loe hielos. En todas las direcciones, no vemos más que
do al kayak de· J ohansen, en tanto que estábamos ocupa- encontraban un canal abierto, y proseguían su camino. hummoks, aristas y asperezas. El valor nos queda aún pe•
dos al borde del depósito de agua. Johansen había vuel- Por donde quiera había morsas y pistas de osos, de zo· ro la esperanza se ha ido..... .
«Sobre la superficie del mar, pulida como un espejo,
to la cabeza y lo había percibido, pero &amp;ntes de haber rNE y de gaviotas: se sentía placer al observar tanta vi•
se deslizan los ka¡¡aks; á cada golpe de remo silencioso,
comprendido á quién iba á atacar, recibió un manazo en da en derredor, tanto alimento á la mano.
el agua tiene un murmurio. Se creería uno en góndola,
la cara, que lo h1z0 ver treinta y seis estrellas y cayó de
Las morsas pululaban especialmente. Lo que era gra- ·sobre
el gran Canal; pero esta calma tiene algo de inquieespaldas. Entonces empezó á librar con el animal un ve es que ellas rompían primero las hostilidades.
......
verdadero combate de box; después lo asió del cuello,
«Yo había escalado un hummock, refiere Naneen, y tante
«Bruscamente, en efecto, nos vimos rodeados de hieloe;
echando mano de todas sus fuerzas.
examinaba el estado de la superficie del agua ante noso«El oso iba á morderle cuando me gritó: «Daos prisa.» tros, cuando una morsa monstruosa se aproximó, soplan• estando la tierra próxima, el mejor pattido era esperar
Fué entonces cuando el oso percibió á los perros y vol(LA TIERRA EN FIN!

DOMIJIGó 11 de JULIO de ,110,

EL MUNDO

los ~contecimientos...... Cuando remábamos en
med10 de lo~ peqnel'los témpanos flotantes el
f(!ndo de m1 kayak recibió de pronto un gd!pe
1
v1?lento. Estábamos, rodeados de nuestras enemigas las Il'.lOrsas. Uaa de ellas tletalla gigantesca, n_adaba entre dos aguas detrás de mí. Re•
pentmamente se enderezó justamente frente á
Johanse~ qu~ seg~ía mis huellas. Temiendo
ver al ammal.h.und1r sus colmillos en el puente
desuem~arcac1ón, Johansen se apartó, buscan1
do su fusil. Yo había cogido el mío á toda pri•
ea. La morsa empero hundióse en el agna con
estruendo y reapareció tras el ka yak de J ohansen. ~ra aquella una inquietante vecindad Pa·
ra h~ula Johansen saltó sobre el témpano más
p~óx1mo. Al cabo de un momento yo seguía su
eJemplo. Pero corrí gran rieFgo por culpa mia
de tomar el baflo con Que la r:iorea me lhabí;
ame azado nada más. El borde del hielo cedió
en e momento en que yo ponía el pie sobre él
Y me quedé.parado en el kayak que se iba derivando, haciend_o prodigios de equilibrio para
no zozobrar. S1 la morsa hubiese reaparecido
en ese moment(!, yo la habría recibido de segu!º en su propio elE&gt;mento. Finalmente1 logré
izarme sobre el hielo y largo tiempo vi mos á
nuestro ~gresor pasar y repasar al rededor de
nuestro islote flotante, sobre el cual hicimos
menos penosa la situación poniéndonos á comer.
«~ra una gran morsa macho. Hay algo de fantástico Y de prehistórico en el aspecto de esos
mone~rnos. Yo no podía impedir el pensar en
un tntóD, en tanto que el animal daba vueltas
e!l/! agua Y nos veía con sus grandes ojos redondos y
vi diosos. Era del todo inutil gastar cartuchos en uaa caza e que no'.teníamos necesidad por el momento. Así es
que.esperamos, que cansada al fin, se fuese como había
vemdo;hdespués de lo cual seguimos nuestro camino feli•
ces por aber salido bien del encuentro.
"····:·Llegados sobre loe hielos que tocaban la tierra
nos v~mos condenados á la inmovilidad: ya no habí~
agda !:re en dirección alguna. y la superficie sólida erirct e obstáculos, era absolutamente impractic~ble.
mpamo~, pues, v el 21 matamos un oso. Cuando menos :io moriremos de hambrn antes de algún tiempo.n
L~ suedrte estaba echada. Naneen y Johansen estaban
co, 1 ena os á ocho meses de invernada;
Ya habf~n elegido, en la playa vecina, cerca de un
P romdontono que supusieron más tarde era el cabo He•
11an d. un rinc
· ó n propicio
·
para construir una choza
cuan ~ se produjo un incidente inesperado.
'
di El hielo sobre el cual .se elevab~ su tien.da, se desprenó bruscamente de la tierra y baJo la acción del viento
fomenzó á llevarlos en una derivación rápida. Desd~
uego pen.earon en volverá la costa; botaron los kayaks
fil a¡:ua é izaron la vela. Pero la, costa estaba lejos y ren exionaron que una isla valía tanto como otra. ¿Por qué
li~re~ner la ~roa al sur en tanto que el paso estuviera

viéndose contra ellos, les administró eD la nariz dos fuer•
tes golpes. .Tohansen había vuelto á ponersé de pie, y
cuando y0 tiré, ya él tenía su fusil en las m~nos. La ma•
no del oso le había marcado la mejilla derecha con una
linea blanca, quitándolo un poco de lo negro que tenía
ahí: eeta era su sola herida......... »

1.
I·

.·•

0

1

A~í lo hicieron. Islotes y puntas sucedíanse y ellos
fdnuraban los altos monolitos de basalto rode1&gt;dos de coumuas Y contrafuertes, agujereados de nichos y corona•
do_s por tantos campanarios agudos como la catedral de
Milán.
El 25 de Agosto atracaron á una nueva playa sobre la
cua~, desde su desembarque un oso les deseó la bien•
vemda. Johansen con una bala le rompió la columna vertebral.. El animal, herido, intentó huír, pero !11 parte
P ~ter10r de su cuerpo estaba paralizada. Perplejo, sent se Yípusose.á morderse, hasta eangtarlas, sus patas, como para castigarlas de rehusarle sus servicios. Una segunda bala puso fin á sus sufrimieatos.
Fueron percibidos otros dos osos el mismo día. Las
morsas e~an numerosas. E~a costa al borde de un fjord,
se anunciaba como una despensa ampliamente provista.
Desde el día siguiente del su llegada, después de haberse asegurado de la imposibilidad de ir más lejoe, Nanse~ Y Johansen comenzaron á prepararse para invernar
ab1.
·
. Impoi:taba, en efecto, no dejarse sorprender por el inv1e~no BID vivares y sin abrigo, y las pocas semanas que
teman ante ellos debían eer consagradas: 1?, á caza de
osos Y focas; 2?, á la construcción de una choza confortable en previsión de loe grandes fríos de la noche boreal.

6

LOS PREP.UATIVOS DE LA 1/''VERNADA

),fatar el mayor numero de bestias posible mientras
abundasen, era el primer objetivo de Naneen. La caza
á los osos era más fatigosa que peligrosa. La curiosidad
el hambre los atraían; después, á la vista de los dos
Dombrea, echaban á correr y era preciso perseguirlos.
oce osos blancos, viejos y jóvenes cayeron antes del
fin de (?ctu~re, bajo las bala-e de los' dos compañeros. El
frío ártico tiene la ventaja de coaservar indefinidamente
la ca_rne de loe animales muertos. Por más que fuese el
apetito de Naneen y de J ohansen -y la resistencia de
sus estómagos estaba á. la altura de su energía moralno tenían necesidad algupa de poaerse á ración.
Quedaba por hacerse la caza de algunas morsas, así
par!!' dar alguna variedad á. los menús como porque el
aceite Je morea debía servir durante t¿do el invierno de
iiornbustible y de luz.
. Los monstruosos anfibios, además de las considerac10nes gastronómicas y!utilitarias, interesaban á Naneen
de u~a manera muy especial. Trataba de describir y ha
descrito ens costumbres con una benevolencia no dieimu!ada. S~ vuelve de la India-dícese-con el respeto
al tigre, ammal feroz y soberbio, para el cual se ha encontrado un calificativo · de admiración: el tigre real.
Huesped de la banquisa polar, Nansen edificaría congueto al rey de los animales árticos: de moraareal. La mor·
ea le. ha hecho correr riesgos y le está agradecido. DeB·
firec1a. al oso desvalido cuyas garras han apenas arafiado
a nanz de un perro y la mi&gt;jilla de su compañero; pero

h

e

Un visitante.

estima á. la morsa.. «La morsa no tiene rniedo al oso;11 es
una de las observaciones que parece preferir y que acom•
pafi~ con numerosas pruebas luego que encuentra la
ocasión.
La caza á las morsas á la cual se entregaban Naneen y
Johansen fué más agitada que la caza á los osos. La primera que mataron les costó nueve cartuchos, y con nueve balas en el cuerpo, desapareció. Sin embargo la en•
contraron poco después. Otras dos fueron muert~s sobre
un témpa?º· Dormían al eol y la primera cayó fulmina•
da á la primera bala. La segunda, herida por dos balas
e~ la cabeza, ~ardiendo olas de sangre por las naricts,
p~1sose á mugir y á toser formidablemente...... «Soste•
méndose º.º? su~ e~ormes colmillos, expectoraba sangre
como un t1s1co, md1ferente á nuestra presencia. A des•
pecho de ~n _apariencia I?onstruosa, había tales súplicas
Y. un sentimiento tal de_ impotencia en la mirada de eus
OJOS redondos, que olvidando nuestras propias exigen•
c1as, sentíamos una grande piedad por ella. Nos parecía
que habíamos C?metido nn ~sesinato. Una bala alojada
detrás de la ore¡a puso térmIDo á. sus eufrimientoe.11
Uabermuerto dos.morsas era ya algo, ahora ea trataba
de tranSJ?Ortarlas á tierra firme. Loe dos cazadores tu vie•
ron que 1r á. ~ue?ar ~ s~ choza sus trineos y sus cuchillos. Por medida 1nstrntiva de precaución tomaron igualmente sus ka;raks. Sin esta previsión e~ difícil decir lo
que habría sido de ellos. En tanto que despojaban las
mor~as, declarase inopinadamente un huracán, y ~aneen
percibe que como ya le había pasado en otra ocasión, el
hielo que los llevaba se había desprendido y se alejaba
de la ribera. Pero el caso no era el mismo esta vez no
tenían t&lt;;&gt;do consigo, sus provisionos, su tie~da, sus abrigos, su.smst~umen.tos, estaban en tierra: importaba vol•
v~r á. tierra mmed1atamente á todo precio. ¡Ayl era preciso abandonar á los pájaros casi la totalidad de las dos
morsas. Después do haber cortado apresuradamente en
la carne de losdoe animales, los mejores trozos, Naneen y
Joh~nsen se embarca1on. En tanto qne luchaban contra
e! viento para. alca~zar la playa, pudienm ver largo
tiempo á los pá¡aros mnumerablee del mar girar al red.edor de las masas sangrientas y aceitosas que la derivación se lleva~a. En medio de loe témpanos que se entre·
chocaban, veIDte veces los kayaks corrieron el riesgo de
ser d~etrozados, y estuvieron á do3 dedos del naufragio;
por 10stantes parecía á los dos hombree q11e las ráfagas
levan~ban fuera del agua sus embarcaciones ligeras, y
era milagro.que no se volcasen. Por fin, al abrigo de los
altos acantilados, Naneen y Johansen encontl'aron el
agua más tra?quila y pudieron atracar, el desastre un
mome~to ~mido, se reducía á una pérdida cruel.
Al.,un tiempo ?espuée, Naneen y Johaneen encontrá•
ronee ª!! presencia de un rebafio de morsas y mataron.
?ºª' alo¡ándoles en buen sitio sus balas, detrás de la ore•
¡a...... ''.Todae las otra~ se sumergieron, salvo una que no
se movió y quedóse mirando con asombro, ya á sus com•
pafierae muertas, ya á los dos eeres desconocidos que
éramos para ella. Ya teníamos más carne y aceite de
morsa de lo que n~cesitáb~moe, y Johanseu que había
vuelto.ª cargar su rifle, vacilaba en tirar. Yo aproveché
la oca~11?n para fotografiar la escena. Finalmente fuimos
de op1món de que m~tarla ae.ría sacrificar, sin necesidad,
un cartucho, y le de¡amos, Llempo de retirarse á su vez.
Entre_ tanto e.1 agua herv1a de animales furiosos que
romp,an e.1 hielo en su derredor y llenaban el aire con
sus resoplidos ......»
Qu~tar la piel á las morsas y cortarlas en trozos, era el
~raba_¡o más dP_eagradable y más repugnante que puede
1magIDarse. Tirarlas sobre la playa, estaba por encima
de las fuerzas de los dos hombres. Erales preciso pues
proc~der á l:Bta disección sobre los cuerpos flotantes;
«M(!¡arnos dice Naneen, no era nada: se seca uno con
el ~1empo. Pero lo que era peor y no podíamos nosotros
evitar, era s~turarnos, desde la cabeza hasta loe pies de
grasa, de aceite y de sangre. Nuestroe infelices trajes que
no podíamos renovar anres de un silo, sufrían demasia.
do durante esta tarea. Absorvían 11ceite y se embebían á
un punto tal, que nuestra ~i~l misma acababa por im•
pregnar~e. En toda la expedic16n no podíamos limpiarnos
de semeJante cosa. Nuestra recompensa consistió empe•
ro en dos grand:es monto~es de grasa y de carne cuidadosamente recubiertos de inmensas y espesas pieles de
morsas.11

El 7 de Septiembre, Namen y Jobansen po·
sar(!n la primera pie&lt;l;ra de la choza que debía
abrigarlos durante la IDvernada. A partir de ese
dfa hubiera podido véreelee, casi todas las mafianas, ponerse en camino como obreros carga•
dos de un bote de fierro blanco que cbntenía
agua para beber. Buecaban y recogian fragmen•
tos d~ basalto, abrían los cimientos, edificaban
los muros coa todo el cuidado posible. Sus úti•
les se componían de un patín de trineo utiliza•
do como azada, y de una cucharaihech~ del homópl11to de una morsa, fijada al cabo de un bas-·
tón de raqueta. Pobres útiles por cierto· pero
loe dos noruE&gt;gos eran ricos de pacienciá y de
energía,
Concluidos en ocho días los muros apenas
si medían 90 centímetros de altura. E~tando el
suelo de la choza ahuecado en 90 centímetros
también, (abrir esta oquedad con loe útiles ent
nume.rado~ había sido un tour de force) resul:
taba JDtenorment~ una altura.total de l. m. 80
par.a una anchura igual y una profundidad de
casi tres metroe. Naneen, á peeat de su gran esta•
tura se mantendría pues de pié en la única y vas•
ta sala, y acostado no tendría que encogerse·
desde que había dejado el Fram no se encontra:
ba tan agusto.
Una pie~a ~e madera flotante, recogida en
la playa, s1rv1ó de techo; cuatro pieles de morsa, abla1;1dadas merced á una prolongada per•
~anenma en el agua del mar y que pesadas
piedras se habían encargado de extender y de
mantener, formaban la cubierta. Nieve amon•
.
tonada cubría exteriormente toda la constru•
ción. A fi!1es de Septi.emb~e la ~abitación e~tuvo lista y
sus arqmtectos prop1etanos, de¡ando el abrigo provisional en que hasta entonces habían vivido, pudieron insta·
larse, cc.ncluyendo el arreglo interior.
Un pasaje estrecho, abierto en la tierra más corto de
lo que Naneen lo hubiera deseado-po1· que la helada interru!Ilpió los trab~jos-conducía á la puerta de entrada
practicad~ en un rmcó~ del muro, cerraia por una piel
de oso sóhdam.ente cocida á la piel de morsa, del techo;
una segunda piel de oso protegía el acceso exterior A
pesar de las lámparae de aceite de morsa guarnecldas
de ~echas cort~das, de l&lt;;&gt;s vendajes del bdtiquín y que
ard1an á maravilla, la pnmera noche pasada en la choza
fué fría. Naneen y Johansen habían ensayado dormir
s~p~rados ~ada ~no bajo una cubierta. Mas desde el día
e1guien~e. metrmdo~ por la experiencia, emplearon ea·
pesas pieles de oso, mstaláronse en un lecho común y no
pensaron ya en _separa!se. Un poco más tarde, cuando la
temperatura ba¡ó cons1derab!emente, volvieron al siete·
ma del lecho-saco, .tan apreciado en la primavera precedente, y se fabncaron uno con las pieles de oso del
todo semejante al de piel de reno qne abandoaar¿n en
el campo de la Espera. En vano habían ensayado aplanar el suelo de la choza; las piedras a1tudas eran un ru•
do apoyo en l~s horas d&lt;:l insomnio: felizmente las horas de m.sommo son p(!CO 11,umerosae cuando se eA capaz
de dormir com? lo hic~er&lt;!n durante el in~ierno Naneen
Y J oha.nsen, vemte. ó ve1Dt1dos h?ras de cada vienticnatro.
Debiendo reducirse toda su vida á dormit y comer an
hogar era tan n_ecF!suio como un lecho. En un rinco~ de
la chot_a fué abierta una oquedad y ah( se puso un hor•
no ~ud1mentano a11meatad? con aceite de morsa. Un
agu¡e~o ?n el tec~o y una piel de oso formando tablero,
const1t~1an la ch1m~nea. Exteriormente fué construida
una chimenea de meve, á fin de impedir al viento que
rechazara de nuevo el humo hacia la choza. Esta chi•
meaea llena p_erfectamente su oficio; pero el calor ensancha cada d1a miis el tubo, y amp!ia~ gotas de a ua
caen r~gularmente sobre 1a marmita. Esto no tiene i';ás
remedio que - hacer de tiempo en tiempo reparaciones
para las cuales no falta por cierto el material.
'
Cerca de la choza, proM&gt;gidos por piedras y témpanos
estaban Jos preciosos depósitos de carne y de grasa d~
oso Y de foca. Lo !lue restaba de las provieiones llevadas
del J!ram, había ~ido puesto cuidadosamente en reserva,
previendo la partida e?- kayak en la primavera siguiente.
Aeegurados de no sufrir en su soledad ni frío ni hambre
:N'an;~n Y Jobansen podían afrontar sia miedo á otr¿
enemigo que el ~astidio, la noche invernal.
Esta se ¡1prox1maba rápidamente.
Una ve~ comp!etas las provisiones, la caza había cesado v las distracciones eran raras.
Un día ~aneen ?YÓ gritos por encima de su cabeza. Lev~ntó .los o¡os y v1ó dos pájaros volará. toda prisa· en la
d1recc1ón del sur. ¡Con cuánta envidia los siguió su mirada basta su completa desaparición!
El 12 de Septiembre, cuando después de muchos días
la temp~ra~ura h~bía gradualmente bajad(), prodújos~
un cambio 1mprev1sto; el termómetro subió á 4º sobre
cero: Fué esta 1~ ~ás alta temperatura observada duran•
te toda la llXped1ción. La alegría que la primavera pone
en los ~orazone~ llenó los de ambos viajeros ante aquel
repentmo deshielo.
"De todos lados desciePden cascadas espumantes de
la montaña y de los glaciers y forman pequeños arr¿yos
que murmuran entre las piedras de la ribera
"P?r donde quiera murmura y corre el agu~. Como por
ma~1a ha vuelto la vida á nuestra helada naturaleza y la
col1~11 está toda v~rde. Podría uno creerse muy lejos
hacia el BU: y .olvidar que se prepara un largo invierno .. '.
. ,cAl dfa s1g111ente todo ha cambiado; los dioses ro i•
C~OB del sur que, la víspera habían desplegado SUB penrr.
g1~s supremaa, han. huído; el frío ha vuelto; la nieve ha
~aid&lt;;&gt; Y lo ha r~ubierto todo; ya no cederá. Eate pequedol rfncón de tierra desnuda, está en poder de los gen ;08
!3 río Y &lt;l;e la sombra; su influencia se extiende ha~ta
e. mar. M1ro. al .rededor de mi: todo ea de)lolación
abandono.
Mie dmiradas
· pies.
· y
Ahí
d"
l
· caen sobre el suelo, á mis
, en me 10 e as piedra~, el ababql eleva aún sus
flores tan hermosas por encima de la nieve... •... •··

Concluitét en el próximo número,

�EL MUNDO

DOMINGO II de JULIO de 1897

26

EL MUNDO

:ooMINGO II DE JULIO D I E · ~

EL TRANSMISOR

UAN 00 el flmplea-

•

do, con solicitud
no desmentida, había recorrido ya
con los turietas la
mayor parte de los
departamentos de
la negociación,
ponderando la importancia de esta
en México, la BU·
roa de esfuerzos y
de gastos qne suponfa, el número
de brazos que ocu ·
paba y la di fusión
de bienestar que de
terminaba en la
comarca; detúvose ante una puerta en cuyo dintel se
lefa: 'lra,,.~misor, y dando á su voz inflexiones de confidencia, dijo, á tiempo que introducía una pequeña llave
en la cerradura y eropuJaba las maderas:
-En esta reducida pieza tienen ustedes á la Fuerza ba•
jo uno de sus aspectos más formidables y más disimula·
dos. Nada parece indicado, verdad? Un aparato de ma•
de,a barnizada, fijo á la pared, muy semejante á la caja
de un teléfono, y en cuyo centro hay un botón de cobre,
-y lo aefialaba-y sin embargo, ese botón, con el cual co·
nectan innumerables hilos de alambre, vibra el rayo, un
haz de rayos; ese botón distribuye la potencia eléctrica
y la regula, y la potencia eléctrica significa en este ca•
e? ...... 10,0lJ0 volts l. ¿S.tben ustedes lo que son 10,0:Jll
volts? (los turistas hicieron un Eigno de cabeza afirmati·
vo ). 1:Jastaría estar al tanto de que el máximum de vigor
eléctnco necesario para la electro -&lt;&gt;jecución, hoy aplicada á los reos de peua capital en Nueva York, ea de mil
volts: el más excep. ion al organismo, queda ria fulminado
~nte factor tal energía; imagínense pnes lo que serín
10.000 volts...... y á qué se reduciría el hombre q11e tocase el botón ..... .
Los turh,tas-quien más quien menos - sintieron correr
por la médula espinal un extre-mecimiento helado.
-¿ Y cómo manejan ustedes tan horrible aparato?
-;-Con ~ficaces ais!adoree, respondió el empleado,
qmen, sat1sf~cho dd la impresión que caueaba, ai\adió:
-Y ya lo ven ustedes, no lo resguarda ni unadebil cu•
bi~~ta de cristal; está á la mano...... Cierto es que n" per•
m1t1mos la entrada aquí sino á lo~ electricistas y á tales
y cuales .pero0nas de cuya prudencia est11mos eeguros.....
Pero el tiempo vuela; ¿deeein us:;edes q11e continuemos
nuestra viPi ta?
-Con muJlto guito.
-Pasaremos de nuevo por la pieza dentro de breve rato, para vtr la Dirección y acaso presencien ustedes el
funcinnamieoto del 1'ran~misor.
-Yo los aguardo aquí, dijo uno de los visitantes, joven de pálida fisonomia y degrandesojoP, profundamente negros-me siento fatigado y es1e sillón-un amplio
sillón de escritorio, acojinado,-es muy cómodo ..... .
-¿Intentaría usted por ventura auicidarse? interrogó
el empleado en eón de broma.
El joven dejó ver una franca sonrisa, q11e habría disi·
pado-de existir-la menor duda, y el empleado, después
de un «cuidado• dicho con indiferente jovialidad, conti
nuó con loe demás turistas la visita.

*
**

&amp;l auke emblema.

Ya solo, el joven, como atraído por invencible iman,
clavó sus ojos en el botón de cobre 4110 brillaba siniestramente en medio de la madera, y Ee dijo:
-Si yo lo tocase con el índice, mi.da más que con el
extremo del índice ..... .
Pero, apenas formulada esta idea, ee sobrecojió de espanto ..... .
Ilabríase visto ocurrencia más insensata...... Lo mejor
era ealir de ahí.. ...... .
E hizo un impulso para levantarse. Pero continuó eentado.
En verdad, una fuerza desconocida le rPtenía, y no era
la primera vez que experim~nt.elba la fascinación del peligro.
Ex;raordinariamente nervioso y sugestionable, en varias ocaeiones sintió en las altura8 el vivo d~seo de arro •
jarse al abismo, y momento hubo en qne-dominan:io el
instiuto de conservación,-sns manos se af.irraeen, fríaP,
á loa hierros de un barandal ó á la saliente d1&gt; una cornisa, en tanto que recorrla EU cuerpo un calosfrío muy ee•
mejante al que se expe1imeuta cuando ee va á rnltar de
una eminencia cualquiera, en loe 1ecreos del cnlfgin.
Pero entonces la tentación era más fuertP, el d1simu'o,
la hipoc,esfade una fre1za inra enlabie, tremenda, aplastante, que radicaba en un botón de cobre dt, inoftnsiva
apa1ieucia, le enlc qnecí,n.
Qmso aualizar friame •. tci el im'(lulso interno y misteric.
eo que le dominaba.
l!.ra Li¡o de la ob~ePión del suicidir,? No, ein dnda
Jamás l.Jabfa deei&gt;ado la n,uerte. Su exqnisita eenaibili
d•d de nervioeo, y de nervi&lt; so finame1,t1: educado, vibra
b, á todas las influencias ext~rnaP, aun á las mús le,·h •
ver.atilidadee climatéricas, dándole o,11los ra1os, es cierto;-¡;ero en cambio le producia ft'Dtacioll, s cada vez
más refinadas y hermosas. Su po~icié&gt;n holgada de Ntu·
diante rico, era envidiable: su libt&gt;rtaii ilimitada, Fil Fa•
lud perfecta ...... Ahora disfrutaba de dhertidas vacbcinnea eemestralee, recorriPndn una hermosa comarra de la
provincra, con cawaradas alegres, y pronto regrtearía á

México á re-anudar sus estudios y sus placeres fácile9 de
buievar. ¿Por qué, pues, había de querer suicidarse? No,
no era el deseo preciso y determinado dA morir el que le
asaltaba ante ciertos peligros, sino la avidez de meterse
en elloP, el vértigo de abrazarlos, una atracción arcana
que nac!a de todo su eér, tendido entonces hacia el abis•
mo, hacia la vorágine, hacia el rieego...... Recordaba el
esfuerzo prodigioso que en cierta ocasión tuvo que emplear para no arrojarse de la canastilla de un globo caut,ivo que ascendía periódicamente en la Alameda, y AU
fiebre por deslizarse en el plano inclinado de la Montana
ru.m
F,I vértigo, eso era, un vértigo inexplicable ..... .
Y el botón de cobre seguía brillando siniestramente, ...

UN .A. VENGA~ZA

A villana palabrita! la decía tan
hermosamente! Muy cuca y monona, con. sus felinos ojos que
guiflaba sin. cesar ~· sus manos
diminutas eobre las combadas
caderas, parecía un pajarillo
***
próximo á cantar cuando ella
¿Qué sentiría si lo tocara con el índice, nada más que
lanzaba el pequ-efio vocablo con el extrem,1 del índice?..... .
¡oh el arco rosa de sus labios!
Un golpe, Eólo un golpe ...... acaso nada-tan inAtanta-que iba á fijarse en el blanco
nea sería la disolución de su organismo...... ¿Qué se
seflalado, después de haber sil•
siente con un rayo? Nada, puesto que todas las funciobado en medio de un aire suave
nes cerebrales cesan con brusqu1-dad.
y lleno de rumoree.
Si lo tocara con el índice, nada más que con el extre1Era esa sílaba, joven cazador
mo del índice..... .
de corazónes, llamado Amor, la
Se extremeció de nuevo y púsose en pie.
más segura saeta de tu carcsj !
Pronto estarían de vuelta los compafieroe, y él ya no
Y por que ella no ignoraba
po-iría saciar su avidez, su horrible avidez ..... .
que dería «¡Sus!» muy bien, deTornó á mirar el botón: un simple dieco metálico muy
cía «¡Sus!» muy á menado. .A
semejante á un tornillo...... Si parecía mentira que aquecualquier propósito, á todo el
llo encerrase la muerte...... el rayo...... un haz de ramundo, sin ra,zón apreciable,
yos ...... diez mil volts.
en voz baja, en voz alta, con la prontitud de nn diablo que
Qué pavorosa es á veces la fuerza; no cuand,o se exhi• sale disparado de su morterete y con la impertinencia de su
be con todo el aparato de sus calderas, de sus engranes, risita, á manera de rPto, «¡Sus!» repetía ella, mostrando
de sus poleas...... sino cuando Fe oculta en el hilo forra- la blancura inmaculada de sus dientes, fehz de ser her•
do de seda, en la bobina verde que semeja un carrete de moea.
bordador, en el botón de cobre ó de porcelana........ .
Pero á quién ella decfa «¡Sus!» más frecuentemente que
Si lo tocara con el ln:lice, nada más que con el extre- • á los demás, era al pobre hombre á quien adoraba y al
mo del índice...... ,..
que fingía no amar; y cuando él se arrodillaba á sus pies,
Se había acercado maquinalmente al transmisor, y pa- t1mido y tembloroso, con los brazos levantados en ade•
lidecía en exceso ........ .
m~n suplicante, era siempre, invariablemente, la misma
Oyéronse voces en la pieza inmediata.
palabra la que le soplaba á la cara, inclinándose un poco
L'la compafieros volvían.
para infnndirle el aliente:&gt; qne brot.aba de sne labios.
El joven, como hipnotizado por el brillo del botón, no
¡Ah. la exqllieita y excecrablecoqueta!
apartaba de él sus ojos dilatado3.
-Yo desfallezco-clamaca él-de ternuras y muero de
El tiempo urgía...... Si lo tocara con el índice...... na- deseo......
.
da más qne coa el extremo del índice ........ .
-¡Sua!-respondía ella riendo.
Las voces oíanse di11tintamente ........ .
-Yo daría mi vida por besar la uña de vuestro dedo
¿Qué hacer?
mefiique.
8acudiólo nn postrer extremecimiento, y con ademán
-¡Susl-era toJa la contestación.
resuelto, alargó la mano.
-Yo me haré slltar la tapa de los eesos si vos no consentís en amarme.
AllADO NERYO.
-¡Susl-repetía una vez más, inclinándose basta rov.arlo con eu cara ebria de gozo y esforzándose por no sellar-beeos en flor-con sus labios rojos de púbera intri•
gante, los pálidos labios del pobre enamorado.
En tanto, él había perdido la paciencia á causa de una
malignidad tan detestable.
Una ocasión, habiéndola sorprendido en el boudoir exornado de encajes y de sedas, á la hora del '. cómplice
BLONDA
crep(1sculo, la tomó violentamente entre sus brazos y la
cubrió de caricias vengadoras -caricias errabundas, sin
Y ua rizo de oro 6endo así dijo:
brújula ni guía, esparcidas á millaradas en los cabellos
de crenchas sedosas y rubias soy hijo,
en la frente en los ojos y en los labios.......
mi beso es callado, y en loco deseo,
E lla se dtbatía, gesticulaba, gritaba sonoramente con
travieso produzco tenaz cosquilleo.
su boq11ita victoriosa; él, sin hacer caso de esas cóleras
Al soplo del viento, con cuanta delicia
de pijarillo que se tiene ea la mano y quiere picar, laesme sienten las nucas marmoreas y tersas,
tre•h,ba más hiert,e y ardieLJtemente.
y como contemplan miradas perversas,
Llegó, por fin, el mom~ntoenqnaella, viéndose ápunmi leve caricia!
to de quedar vencida, renunció á los esfuerzos de una
lucha v&amp;na y acudió á las lágrimas y al ruego; ya no se
Si el baño humedece mis hebras, y en lacias
def1&gt;ndía, snp~icaba y pedfa g1acia.
las toroo, descienden mil gotas brillantes
Entonces él, triunfante, la dijo: «¡Snal• en un desa&amp;i•
y eogastan la túnica que encubre tremantes
nado redoble de besos entusiastas.
de casta doncella las púdicas gracia~.
CATU'I.0 M É NJ)EZ.
Yo soy voluptuoso; vivaz centelleo
arranca á mis hebras el rayo febeo;
olor de epidermis me embriaga y aduerme,
y cuando en el lecho mi dueña ee duermti,
EL CREPUSCULO
yo sólo la veo.
Dulce hora á lna suefi.os consagrada,
Eeclavo de arÍística nimbada cabeza
En tn lttz ¡qllé mi~terio se refli&gt;ja!
la brisa me torna coqutto y voltario;
¡Oh Crepúsculo! tú eres la mirada
dé castos amores soy muda prom~sa
Más triste de ta tarde que se aleja.
si ocupo la sombra de algún rélicario.
Mfstica hors que en et sér produce
DESEO
Honda impresión oo soled31 y duelo,
Y en qne brillantA y temblorosa luce
Oh virgen! yo iimo tus rizos de oro,
VenuP, como 1uta l6..1rii11a del. ciefo.
yo ansío ser duefl.o del rubio tesoro
Ea la hora en que, extrai\a á la congoj&amp;,
qne nimba tu roetro de vivo fulgvr;
Ella en 11n mnndo de ilusión 111edita
Tt,ir en tu frente de mvea blancura
Y reclinada en Sil balcón desh.oja
y ser la guedeja que leve murmura,
Del enslleño la blanca margarita.
temblando en tu oído, la frase d"' am0r.
Es mfly hermosa y tie,-na aeí~ parece,
AURELIO G. ÜARR.\SCO.
Del sol ya hnndidn al ,-esplandor escaoo,
Julio de 1897.
Un áng&lt;&gt;I qlle los ojos b,,rneileee
En el p iélago de ámbar d81 O ·aso.
Bailada Pn celestial melaneolfa
RONDIH,
S11 vista sigii.e el vtteln del celaje,
Y cierne e« radiantiefaita¡¡fa
En un espacio de 010 su plttma~e.
Cnando la tarde silenciosa tien fa
Sn grácil manto de impalpable bruma,
La im,.,resiona y SPd111ce tanta calma,
DPjad qne el viaje del sepulcro emprenda
Y mira at"der las i lt1sionee bellas
Ya que mi vid¡¡ terrenal me abruma.
En el Httl tranqniln de su alBla
Como en un cielo-claro las estrellas.
Iré cant~do por mi triete senda
f'omo los cisnPa de ne,•ada pluma,
Y voel\ mi eombra, mientt"as ef la altiv.a
Cuando la tarde silenciosa tienda
Respia-niiece PI! s11 trono de hermosttra,
Su grácil manto de impalpable bruma.
S iento sobTe mi frente pensativa
El óscnlo gi&amp;ciat de la amargttra.
Dejad que mi alma pens1tiva ascienda,
f'nal astro errante que la niebla eefnrna,
Del Maoto y et dolor la ooche hOl·rible
Y allá, en la altura. su fulgor esplenda,
"fiend.e en mi alma RU crespón lllctuoso,
Cuando la tarde silenciosa tienda
Y eo 11na negra Estigia: el Imposible.
Su grácil manto de impa lpab le bruma.
:Mi .amor Jfünd.e Sil disco l1101inoso.
PEDRO R. Zw,11, A.
&amp;akx R EDOLT,EDO.
Julio de 1897.
J' ulio de l S.~7.

J,

�DOMINGO II de JULIO de 1807

EL MUNDO

ESTU OIOS SOBRE "EL FAUSTO DE GOETHE"

ER Satin, rey in forna!, con todo

y su monstruosidad tiene algo
que fascina, quizá por lo horrendo de eus dolores y lo espantoso
de sus maldades.
Poeeer loe secretos de lo negro
y de lo hediondo, no sonreír nun•
ca, llevar en el pecho, Justar en
donde en los hombre3 anida elamor, un hervidero de
laR más infnmf'e p111ione,; odiar, mirar en tono amarillo.
rabiar con ;u inmeEea al ,er una pa'oma blanca ó
una virgen coronada de azahares; caer en convulsiones al sentir los perfumes de las rosa~ v de los nardos;
tener por enemigos á los niños y á los páj'\ros; f'ncontrar
placer en la tiniebla, y huir amedrentado de la luz de
la luna, la más dnlce amiga que tienen loe mortales;
todo eso es verdadera mente monstruoso, pero tiene algo
que á algunos canea compasión y á otros ;miedo.
Más, ¡ser un pobre diablo!
Eso si que no, decfa•ne una vez un amigo con quien
departía sobre la materia, y á quien dicho sea de paso le
gusta estremar en ocasiones la nota trágica.
¡Oo! Si yo fuera el diablo, exclamaba entusiasmado,
reclamaría mi reino pleno, para llenarlo con mis malda•
des y mis cosas monstruosas.
Apagaría al sol, después de dotarlo de vida y sensibi•
lidai y haberlo hecho pasar por martirios espantosos, co.
mo culp:ible de haber proporcionado lnz á los mortalesHaría que pasasen por la mente de los hombres, ráfagas
ligeras que los hiciesen entrever la felicidad, para sumir•
los l'n la noche y en el pesar; jugaría con sus pasiones:
les vaciarfa los ojos para que no pudie~en contemplar el
Universo. En mis horas de ocio derramaría las dudas sobre sus almas, y con mi instrumento poderoso iría inyectando en las venas de las gentes, que se creyeran felices,
las amarguras del mundo.
A los iucrédulos, decia, los transformaría en beatos para qu3 se revolc1sen en 13] lodo de eu mismo desprecio,
por ap6stata~ y falsarios. A los escép~icos les haría en•
traver la fé, sembrando en sus alma~ la duda y el t.emor
lejano de que e3tab,rn equivocados, arr.,glándome de tal
modo q·1e, esos seres mis ira bles p rdidos Pn los p~ramos
de lo incompnnsible, cayendo y levan~ándose, orando y
blasfemando, llegaran al fin de la jornada con la mente
llena de tiniebla3 y el corazón preñado de angustia3
Des•,ilarfa la quinta e8encia de las ponzofias del mal,
para brindárselas á las almas puras.
No castigaría á los iudómiws. Al contrario, tendría
premios y alabanzas para ellos.
En la avenida sonbria qu&lt;&gt; cr&gt;ni11c~ á mi mansi6n in•
fPrnal elevaría estátuas á Fray J acobo Sch vartz, Herr
Krupp y Mr. Meliné. Casaría á Mdme. Dinamita con Mr.
Gallie,s, y coronad')~ C')n 101 p,b1pano1 que crecen en
los vifiedos de Baco les daría vuelta, para que procrE&gt;aran
en el muudo, y Jo infeccionarán con sus monstruosos
engenn.ro~.
En fin, concluía aquel neurótico demonomania•o, haría el diablo en grande.
Yo esc,1chaba á aq,1d p)bre loco sin hacerle observa·
ción alguna, pensaocio para rní qu~ para diablo P.ra muy
pequefio, y q11e todas esas ~us soñadas ee quedan muy
atrás de lo que en la ·Edad Media, la época brillante del
r~inado de Satin, le atribuün los teólogos y 103 visiona•
TI0S.
Así como en el mar Jónico un navegante esc11cbó en
noche clásica uneco:quejumbroso que anunciaba llorando
la muerte del Gran Pan, y la noticia rle qne los dio3es ee
iban, así nosotros, los hijoi del siglo X[X:, hem'ls presenc'ado la muerte del diabto de la leyemi.l n1ística.
Satiu ha mueno. Los geólogvs han iavadido su reinn·
do, y sus descendientes andan cl,miicand" p'lrel mundll
como los reyes en el destierro. Ha v.:inido tan á menos la
familia del poJer,)BO Soñor, que ai é~te renaciMa, ni aún
los reconecr:rfa. Desempeñan oficios viles, y t•enP.n mu•
cho parecido clln aqnelloi nobles funce,es, emigrados en
tiempo de la Revolución del 93, q•1ienes después de h&gt;1·
ber participado de las orgías del Parque de los Ciervos,
y pavo ,1e\fo3i en &lt;il pl:a~i() y 1,,~ puq11q~ d"l Versalle~
insultando al pu~blo con su orgallo y ~u boato, se les vió
después en Alemauia ei1 vieudo de b.1rberos, cocineros y
dan1.arines, para ganarse el eust,•nto.
El diablo en las regiones del :N•)rt" ba llegido ií con•
vertiree en un buen sajeto. El poeta Ronsard cuenta que
en Noruega lleg¡¡ basta alquilar,e com•1 criado, cuida d.e
loa caball,&gt;R, eaca E&gt;I vino de las bodega~. limpia In ropa
del ami). barre los patios, y hace sus ofi~ios c 10 el mi\·
yor aseo del muado.
~d cuando en cuando intenta alguna de sus perrnía~
antiguas, pero siempre sale burlado y tiene que huir con
el rabo entre las pinnas:
Y a no le queda ni el recur~o de tentar á los frailes en
eus celdas, cumo con tanto provecho lo hacia en otra épo •
ca, porque también esto gém,ro va esca3eando por fortuna y corren maloa tiempos para ellos.
Goebte, que tenía tanto genio corno Dan•e y Milton,
pudo pintar un Satán monstru11so como el qu11 fianra en
la •~idna Comedia» ó P.l del uParaíeo Perdido," pero no
lo hizo; pues comprendiendo la época en que vivía, co•
noc-ió quo habría inc·1rrido en un aaacron1t:1,no.
Tanpoc, le convenía presentarlo zafio y grosero, comó
se lo imnginau los riísticos y los burgueses.
Creó entonces á l\:Iéfistófeles, ó sea un diablo-filósofo,
que es cuanto hay q,1e decir.
Mefibtófeles es uua figura o lioea como hay pocas. El
mismo se llama «espíritu qne dula y que lo nie~a todo"
El Señor ií cnyo trono Pe atreve á acercar3e lo apellida
11pobre bufón malicioso.11
En cambio él, hablando insolentemente del füerno, di•
ce lo siguiente:
0

-De vez en cuando olvido mis rencilll!.S
\' bu.seo al Yiejo v pll\,ica.s entablo.
Ph\ceme que un Señor de campanillas
Trate coll atencióll á un pobre diablo.

¡

Mas ei las gentes lo desprecian y lo o'iian, él paga con
creces ese odio y ese desprecio. Trata al Hombre con soberano desdén y lo llama:
••Dios diminuto del pobre globo terrestre.
«El ser más imbécil de loa que or6 ullosamente llama•
mos seres irracionales.
«Cigarrón que en el campo salta y canta etername~te,
siem¡ire con los miamos brincos y con la misma canción.
«Extraño abismo de extravagancias y locuras.»
Desempel'ia trdo~ los papeles: el de rufián, el de laca•
yo y cocinero. Sufre todos los insultos con diabólica calma y desvergüenza. Fausto lo llama: vestiglo, perro, ex•
cecrable monstruo, traidor, indigno espíritu. Confiesa
sus extraños parentescos; y á la tentadora del paraíso la
llama «mi bueua tia la sierpe.»
Tiene tratos con las brujas y una de ellas lo llama «licenciado en malas artes.»
Y no es sólo al hombre á quien ee le atreve sino á la
humanidad. Está desengañado del mundo y de sus habi•
tantee y en un rato de decepción exclama:

PLEGARIA EN .LA ACROPOLIS

h nobleza! ¡oh be·

lleza sencilla y verdadera! Diosa cuyo
cullo significa razón
y sabiduría; tú, cu·
yo templo es una
eterna lección de
conciencia y de sin•
ceridad; tarde llego
al umbral de tus
misterios; traigo á tu
altarmucbosremor•
dimientos. Para eu·
contrarte he necesitado infinitas investigaciones. La
iniciación que tu concedías al ateniense, al nacer, con
una sonrisd, yo la he conquistado á fuerza de reflexiones,
á cost1 de largos esfnerzos.
.
Francamente
Nací, diosa de los ojos azulee, de padres bárbaros, en el
hallo hoy el mundo tan malo
país de los Cimmerianoe buenos y virtuosos qne habitan
cual parecióme otras veces.
Compasión me dan, no envidia,
en la orilla de un mar sombrlo, erizado áe escollos, Mmlos hombres y las mujeres;
batidos siempre por las tempeEtades. Apenas se conoce
y ya rentar me repugna,
allí la luz del sol; las flores son los muegos marinos, las
Señor, A t:sas pobres gen tes.
algas y las conchas de colores que se encuemran en el
Tudo el mundo conoce el traje que lleva el Tentador, fondo de las solitaria~ baldas. Allí las nubes parecen sin
por haberlo visto en la obra maestra de Gounod, ¡qué color, y la misma alegria es un tanto triste; pero allí ma• distinto de aquel que aun solemos ver en las loas que re' nan de las rocas fuenree de agua fría, y los ojos de las
preeentau en los barrios, en las fiestas del mes de·Diciern- jóvenes son colllo esas verdes fuentes dondtl se mira el
bre, hediondo, echando llamas y truenos.
cielo sobre fondos de hierbas onduladas.
Mis auteceeorea, los más remotos de que memoria ee
·
El progreso [dice]
conserva, emprendían navegaciones lejanas por mares
que todo lo pu le y lame
llegó hasta el diablo. Aquel monstruo
qul!l los arg,máutas no conocieron, Yo oí, cuando era
del septentrión, presentable
joven, las canc1oues de los maret1 polares; fuí mecido con
está. ye.. Garras y cuernos
el r~cuerdo de los hielm, flotantes, de los herwosos mamodas i;on de otras edades.
res que parecen de lecbe, de las 1slas pobladas de pája·
El se presenta en traje de sociedaa, olieudo á ambar, ros que cantan á sus horas y que, cuando emprenden el
chancie,a, esquivo y al mismo tiempo serio y circunspec- vll.elo todo3 juntos, oscurecen el cielo.
to. Quien lo viera por la primera vez diría: ese es dandy.
Sactrdotet! de un culto extraño, procedentes de loe
El úuico defecto que tiene es que claudi,;:a. ¿Pero, acaso siitos de .Palestina, cuidaron de educarme. .i!:alOs sacer·
no han t:laudicado en el mundo también By1on y Talle y• notes eran sabios y santos. Me enseñaron luengas hiatoraad? Yo por mí, gueto más de MefisLófelea que del obi~- ria , de Cronos, creador del mundo, y de su bijo que, se•
po de Autún.
1,uu se ú1ce, bajó á la tierra. Sus templos tienen tres
¿Sabéis quien era Byron? Ya os lo diré alguna vez.
veCéS la altura de los tuyos ¡oh Euritmia! y ¡n1recen
03 contaré qne en eus orgías apuraba sus viuos eu crá· selvas;
pero no son tan sól1doa; se derrumb&lt;1n al cabo de
neos d~ cadáv.ires¡ os diré que gue;aba de quti las gentes lo quin1ento,
ó seiscieutos años, fantasías q.e bárbaros que
tomasen por un vampiro, y que eu sus extravagancias creeu potiible hácor bien algo bueno fuera de Ji1,s reg,as
hacía tales cmas que si no lo era, merecía Bt:rlo.
que tú has trazado á tus inspirados, ¡ol, razóu! l:'ero
Sigamod con 1\1,,fiatófdles una de sus diabluras más di• i.quelloe templos me agradaban; yo no habla e3tudiado
vertidas, aquella en que una ve.1 disfrazado con el traJe tu divino arte; encontraba al11 á Dios. Allí se cantaban
doctoral d., Fau~to, ewbauca á un pob•e estudiante que cán,ic...sde que me acuerdo todavía. 11::,atv" estrd1a de los
ha recurrido al maestro en busca de leccioned y de con...... reina de los que gimen en eüe valle de lágri·
sejos. Al oírlo cree uno ver encarnados el eecepticiamo mares
mas,» ó bien, 11Rosa mística, torre de marfil, casa de oro,
y la ironía en el cuerpo de un 1ubio.
estrell.i matutina.... .. n Mira, diosa, cuando recuerdo esos
La Ló6 ica, le dice al inocente jJven, prilsta apretados cánticos, mi corazón se conmueve y casi soy de agrado
borcegmes para deguir con su ayuda la senda d~t pensa- apóstata Perdóname ésta niñería; no puedes figurarte el
mitmto. Cvn sus úiticultosas lecciones se aprend" que eucanto que los magos bárbaros km puesto en esos ver·
las cusas más fáciles, como son comer y doruur ó reHpi· sos,
y cuauto me cuesta seguir a la razón toda desnuda.
rar, hay que observarlas coa minucioso in~rtls, por uno,
Y además, ¡si supiéras qué difícil ha llegado á ser ser•
por dos y po.r tres.
virte! Ha desaparecido toda noble za. Los escicas han
Hace tle ese arte una erítica tan fina, que es difícil se
el mundo. Ya no hay república de hombree
guirlo en la hitación de sui idea~; y despue3 de agu· conquistado
libree; no hay más que reyes salidos de charcos de san·
dis1mos saetazos, y de encumbra1 el arte al que lo3 Esco
lásticoe eran tan aficionados, termina beatamente hablan· gre, majestades que te harían sonreír. Pesados biperbó·
do, del Naturci enchei rel1'in, que es la ciencia que proclama re&gt;B llaman ligeros á los que t e t1irven...... Uua terrible
pambeocia, uua liga de todas Jas tonterías extiende por
la nada dd saber.
A la Metafídica la llama ciencia omnipotente que babia el mundo una losa de plomo que aboga. Hadt.l loe mis
moa que te honran, ¡qué lástima deben inspirarte! ¿Tc,
de todo aquello que no enteodemod, y la que a falta úe acuerdas
de aquel caledonio que hace cincuenta años
luz da nowbres riu.1bombaute3 á l;1s cosas wáe obscuras,
para salir de apuros y dar aspecto de sabios á los que se destrozó tu templo á war~tllazos para llevárselo á Tulé'l
Lo prJpio han hecho todos ...... !:fe escrito, segúu algu
uedlcaa á su eemdio.
T,eue á la Jurisprudencia por ciencia ruín, y á las leyes nas de Jas reglas que tú amas, ¡oh Teonea! la vida del
por una epidemia .iterna, por la cual la razón más fuerte joven diva á quien serví en mi 1ufancia, y me tratan co
mo á un .evcÍmero; me escriben para preguntarme qué
sti con vierte en sin razón.
Resptlcto de la Tc,.Jlogfa, aconseja á su discípulo que si, objeto me be propueeLo; no estim;1n m1s que lu qué sirve
en oc..~1ón solemne y i,n ,nala llora, lti falta una idea para hacer fructificar sus·intereses. ¿Para qué escribe
ta vida de los dioses ¡oh cielo! ei no es para nacer amar
para ven•JH á su advtlrsario, invente una palabra sonora,
Jo divino que hubo en ellue, y para mostr1&gt;r que eso di
que así saldrá del paso.
C,iando
le oye hablar dsi la Medicina, no sabe uno vino vi ve toiavía y vivirá eternamtmte en el corazón
si es el diablo quien perora, ó si es -'!l:oliére, quien como de la humanidad?
¿Te acu~rdas del día, bajo el arcontado de Dionisidoro,
es sabido, te01a inquina á loe médicos y se burlaba de
en que arisco judío, que hablaba el griego de los sirios,
ellos y úe su arte cou gra~ia inimitable. Oigámoslo:
vino aquí. recorrió tus átrios sin comprenderte, leyó tus
Sóis bien !orma1o y galan,
inscripciones al revé3 y creyó encontrar ~n tu recinto un
emprendedor y dhtpuest.o;
altar uedicado á un dios que sena el Dios desconocido? Pues
flnct en vos mismo y p1·esto
todos eu vos contiará.1L
bien: aquel judío se lo llevó; durante mil añ-Js se te ha
De la mujer, sobre todo,
tratad&lt;&gt; de ídolo Job verdad! Durante mil años el mundo
ocup.\o:s: :-:,Us lamentos,
fué un desiertu donde no germwaba ninguna flor. En etitl
sus u.yes, sus a.~pavientos
todos se curan de. un modo.
tiempo, tu callaba~ ¡oh Salpingel clarín dd pensamiento.
nusc.ld término pruJent,,
Diosa del orden, imagen de la estabilidad Cdleste, era un
entre el resµeto y Ja a.uclo.cia
delito amarte, y hoy, qi;c á fuerza de paciente trabajo,
y CC'll esa dtplnmác·la
vuestra e~ la hermo."8. cliente.
btimos conseguido acer..:araos á tí, se nos acusa de haber
'l'1tulo ,lcbéls tener
cometido un crimen coutra el espíritu humano, rom·
que os inicie en :su fn.vnr.
pien:io cadenas que no tenía Platón.
JJl'Oban lo que es sup,rior
A t.odos. VLh.!stro saber;
¡Tú sola ere3 j ,van! ¡ob &lt;Jora!; tú a 1la ere3 pura! ¡oh
y ya portéb i11t?11tnr
Virgen!; ¡t·.í sola eres sana! ¡oh Higial ¡tú eóla eres fnPr·
sabrosa, galanterlas
te! ¡oh Victoria! iTtÍ guu las las ciu l.\ ld1I ¡011 Proque otro~, tras largas poríia.~,
110 se atre\'en ni á snfia1·.
macoel; tú tienes lo qne ea bueno d3 Marte, ¡oh Ares!;
~in temor á. ~us enojo~.
¡ la paz 03 tu objeto! ¡oh Pacifica! L~gisladora, fuenttl dd
cna.n,·lo la pulsJ.is, re:-;uel to,
las con-tituciones ju~ta~; Dem,nrllcia, (*) tú cuyo dogma
oprimid el brazo c~belt&lt;J,
flechítnrtule bien los ojos:
fundarnflntal es que todo bien prJced~ del pueblo y qne
y ~¡ n men.~ua. &lt;le ~11 honor,
a•lí donde no hay pueblo para nutriré inspirar el genio,
1»1lpnd con mano ligera
no hay nada, ens~fl.anoe á e xi.raer el diamante de las musi A la mórbirla ca fer"
110 molesta e I ceil ldor.
cbeiumbres impuras. Providencia de Júpiter, divina
obrera, madre dtl toda industria. protectora del trabaY en ese mismo estilo ee bnrla rle t'ldo y de todos.
Algunos comentadores creen que Goetbe, al -:rear esta jn ¡oh Erganea, tú que haces la nobleza &lt;lel trabjador ci·
vilizadu y lo pones 1an ¡i ,r e11c111rn del perPzoso escita¡
estrada fig,ira tuvo m11y presente al filósofo de Feruey,
s~biduría, tú á quieu Zeu! engendró después de haberse
el ccÍlebre .Francieco María de Arouet.

ª"

ª"

1

RA)[ÍN

Junio do 18!li.

A.

S.U,\7..\R,

(*) AOITNAE AIHIOK PATIAE! Le Ila$ fa•cr. T. 32!

DOMINGO Ir DE JULlO DE r897

replegado sobre sí mismo, después de haber respirado
profundamente; tú que habitas en tu padre,.enteramente unida a su esencia; tú que eres su compafl.era y su
conci!lncia; Energía de Zeu8, chiapa que enciendes y
mantienes el fuego de los héroes y loe hombree de genio
haz de nosotros espiritualistas cumplidos. El día e~
que los atenienses y los rodios lucharon por el bacrificio
tú elegiete habitar entre los atenienses, por más sabios'.
Tu padre, sin embargo, hizo deFCender á Plutus en una
n~be de oro sobre la aiudad de loe rodios, porque tamb~én ellos ha?fan rendido homenaje á su hija. Los ro•
dios f~eron neo~; pero loe atenienses tuvieron el ingenio,
ea dec1r, el verdadero goce, la eterna alegría, la divma
infancia del corazón.
El mu!)dO no se ealvaráFino volviE:ndoátí, repudiando
sns afic10nee bárbaras. ¡Corramos, vengamos unidos!
1Qué hermoeo día aqui,l en que todas las ciudades que se
han apoderado de trozos de tu templo, Venecia, París,
Londres, Copenbag11e, reparPn sus robos, formen teorías
e~gradae para devolvert&lt;&gt; los fragmentos que poseen, di•
c1endo: «¡PerdónanoP, diosa! los hurtamos para salvar
los de loe malos gE&gt;nios de la nocbtJ,» y reconstruyan tus
muros al eón de la flauta, para exµiar el crimen de Lisandrol Después irán á Esparta á maldecir el suelo don·
deexistíó aquella maestra de eornbrios errores é insultarla porque ya no existe.
'
Fi!~e ea tí, resistiré á mis fata lee coneejeroe; á mi escept1c1smo, que me hace dudar del pueblo· á mi inquie·
tud de ~sp.íri~u que, babie!1do encontrado ya lo verdadero, me mc1ta á buscarlo aun; á mi fantasta que después
que ha falla~o la razón, me impde ebtar en reposo. ¡Oh
Arquegetal ideal que el hombre de genio encarna en sus
obra~ maestras, mejor qµiero ser el último en tu casa que
el primero eu ~lguua. Sí, yo me asiré al est1lobato de tu
templo, yo olv11~ré toda dieciplina que no sea de la tu•
ya, me haré e.stihta sc,bre tus columnas, mi celda estará
sobr~ tu a1qu1t.rave. Y lo que es más difícil! por tí se·
ré,. s1 puedo, mtolerante, parcial. No te amaré más que
á t!. ~oy á aprender tu lengua y á olvidar lo demás. Se·
ré I~Ju~to para lo q~e no sea tuyo; me haré el servidor
&lt;l;el ultimo ie tus h1¡os. A los actuales habit,mtes dP. la
tierra que das á Erectea, lt,s exaltaré, los halagaré. Tra•
taré de amar has1a sus defectos; me persuadiré ¡oh fli,
ppial de que descienden de los cab11leros que 'celebran
allá arriba, en eJ marmol de tu friso, su eteroa fiesta.
Arrancaré de m1 corazón toda fibra que no sea razón y
arte.. Dej111é de arnar m\senfermedades, de complacenne
en .~1 fiebre. So~tén m1 firme propósito ¡oh Salutarial
ayuaarue, ¡oh, tu que s,1lva~!
¡Cuántas dificuhades preveo, en efecto! ¡Cuánttls hábitos morales tendré que cambiar! ¡CJántos encantadores recuerJos deberé arranJ~r de mi corazóu! Lo intentaré; pero no esto.v segur.¡ de mí. Tarde te be conocido
belleza perfecta. T,mdré retrocesos, debilidades. Una fi'.
Josufía, perversa, siu dud 1, me ha ~echo creer que el bieu
y el 1ual, el placer y el dolor, lo bello y lo filo, la razón y
la locura, ee transforman unot1 en otros por matices tan
indiecerni ble~ com•&gt; los del cuello de la paloma. ,\Jo amar
nada, uo odiar nada abso lu amente, llega á Fer fabiJu.
ría. Si una wciedatl, si una filosofía, si una religióu hubiera post~d&lt;_&gt; la v.irdad abs~luta, esa sociedad, t'B.i filúeoHa, esa rehgióu babrla venc1d" á las demás y viviría sola en el ruomento pre::ente Todos !Ge que basta aquí
han creído tener razón se hau eugaílado: lo vemos clarame~te. ¿Pode.moa, sin loca presuLción, creer que el porvemr no nos Juzgar~ como nosotros juzgamos el pasado?
He aquí las blasfemias que me su~iere mi espíritu pro.
fundamente viciado. U ua literatura que, como la tuya,
fuera 6ana de todo punto, no causaría ahora más que tll•
dio.
Son~eís de mi candid~z. Sí, el tedio ...... Estamos co•
rromp1dos: ¿qué hacer? iré más le¡os, diosa otordoxa· te
diré la depravación intima de mi corazón. No ba~tán la
razón y el buen sentido. Hay poesía en el Estrimon belat.lo y en la ewbriaguez del Tracio. Vendrán tiempos en
que tus discípulos pasarán por discípulos del fastidio. El
wundo ea !DªS grande de lo que tú crt!,•s. Si tú hnbieras
visto las me ves del polo y los misterios del cielo austral
tu frente, ¡oh &lt;liosa siempre tranquila! no estaría tan se'.
reua¡ tu mente, mas amplia, abrazaría diversos géneros
de belleza.
Ttí eres ,·erdadera, pura, perfecta; tu mármol no tiene
man?ba; pero el templo de Hagia- Sofía, qub está en Bizanc10, produce también un E&gt;fecto divino con sus ladri
llos y HU yeso. Es 1!1 iwagen de la bóveda del cielo 8J
d~splomará; pero s1 tu Cdl,, pudina eer ba-tame amplia
para contener una rn~ltítud, también se desplomaría.
Inmenso rí~ de olvido. nos arrastra á golfo bin nombre.
¡Ob abismo, tu eres bl Dtod únicu! Las Jtigrimas, los suef os de todos los sabios encierran una parte d~ verdad.
· r'.1do no es aquí aba¡o más que Eímbol" y snf'ño. Los
dioses pasan como i?B hombre•, y no sena bueno que
íue~eu etern.,e. La t.i qne se ha tenido no debe nunca
eer una cade!1ª· QL1edamos en paz con ella cuando fa envol vemos cu1dadodamenLe ~a el sudario de púrpura en
que (ju~rmen loe dioses muertos.

ORO-EBANO-NIEVE

I
¿Vt's Pete rizo rubio, f'B mi tPsoro,
ea nn recuPrdo de mi edari primera·

me lo tiñeron de color dE&gt; oro
'
los fulgures ó.e un sol de Primavera.
Cuando Fe acerca la ePtación florida,
loe capullos revie11tan en fragancia,
y t-n la épora primera dfl la vida
todo lo alegra d G~nio de la [nfancia

29

EL MUNDO

Acéptalo. Yo espero que te cuadre
este casto amuleto de cariiio
que hallé entre las reliquias de mi madre
y que ella me cortó cuando fuf niño.

II
¿Y ves esta guedeja de cabellos?
¿Quién loe pintó de obscuro, ensueño mío?
El sol que loe bañó con eua destellos,
no fué un sol tropical, un sol de estío?
¡ Ah I tal vez los tifleron los dolores:
amé por vez.primera áloe veinte afioe
y anidó en mi alma, entre marchitas flores,
el ave de los mustios desengaños.
Acepta la guedeja que he arrancado,
ea igual á tu trenza que conservo,
es negro su color, abrillantado
como el plumaje fúnebre del cuervo.

III
Y hoy... comienzo á llorar, siento congojas....
ni una flor en el alma, ni un retoño!. .....
Mis canas al brotar son secas hojas
que me anuncian la entrada del Otoño.
Ellas son el recuerdo que te dejo
al separarme triste de tu lado ........ .
Ay! cuando torne, me hallarás más viejo,
de la mundana lucha más cansado.
Ya se acerca mi Invierno; y en Invierno,
dime: qué árbol su follaje salva?........ .
Si vuelvo á tí, tras de sufrir eterno,
que no te espante mi cabeza calva!
JuA~

:B. DELGADO.

Julio de 1897.

MltLODIAS

Empieza el sueño á acariciar mis sienes:
vapor de adormideras en mi estancia;
los informes recuerdos en la sombra
·cruzan como fantasmas.
Por la angosta rendija de la puerta
rayo furt:vo de la luna avanza;
ilumi¡;¡a los átomos del aire;
se detiene en rqie armas.
Se cerraron mis ojos, y la mente,
entre loa euefios, á lo ignoto se alza;
meciéndose en loe rayos de la luna,
da formas á la nada.

Y ve surgir las ondulantes costas,
las eminencias de celeste Atlántida,
donde viven los genios y se anida
del porvenir el águila.
Allá rima la luz y el canto alumbra,
aire de eternidad alienta el alma,
y loa poetas del futuro tiemplan
las cristalinas arpas.
Auroras boreales de los siglos
Allá se encuentran, recogida el ala;
como una antelia vese el pensamiento
que gigantesco se alza.
Allá los Prometeos sin cadenas
y de Jacob la luminosa escala,
allá la fruta del Edén perdido,
la que el saber entraña.

Y el libro apocalíptico, sin sellos,
suelta á la luz S\18 misteriosas página11,
y el Tabor del espíritu eu cima
de entre la niebla saca.
Y allí el Horeb de donde brota puro
el casto amor que con lo eterno acaba;
all.1 está el ideal, allá boguemos:
dad impulso á la barca.

Despertéme azorado ... ¿Y ese mundo?
¿Para volará él en d6nde hay alas?
lnterrogué á las sombras del pasado
y las sombras callaban.

OR qué Eerá? Se diría que en
rada vibración hay un lamen•
to, un lamt'nto de tibra des•
garrado, un lamento como un
grito de corazón que siente la
mordedura de diente venenoso.
Me detengo, y á la sombra
de los soberbios edificios escucho, yeecucho embelesado,
2quf'llas enérgicas notas que
sube~, vuelan, vi.bran en las calies y se derraman en loe
espac1óe, en lluvia de sonoridades.
¿Pcr q1_1é serit? ~e hablan al alma. Tienen arranques
de energ1a, la claridad, la poteIJcia de luz diáfana que en
todas la~_auroras besa loe campos dilatados.
~a un imán. He visto muchas gentes clavadas ante el
luciente órgano; las be sentido enspirar como si del fondo·de eue espí~itus s1:ugieran vahos melancólicos, y más
de una rem101ecencia ba hecho humedecer las pupilas
secas, po~ el fupgo de las humanas pasiones.
Armon 1a ..Armon.ía que palpita, que domina, que exalta, que de~p1erta mtl recuerdo3 y q11e trae de quién sabe qu~ regiones, perfnrnes que fueron, perfumes de épo•
cae bnllantes como un día de sol radío~o.
. E~ capricho. Arte que 110 reconoce reglas. Que desprecia sendas, que Fe desborda asf, inconsciente, cual si fue•
sen las numerosas agua3 de una catarala.
¡Oh! yo amo la armonía d~I viento rugidor; yo amo el
trueno retumbante que castiga con ci11tan1zos de fu¡,go
las rebeldes nubes; yo amo el sublime canto de la na~u•
raleza, porqu.~ am~ la libt'rtad, fdolo de log fuertes, porque amo la v1brac1ón del clarín, sfmb lo de los grandt-s.
Por eso, los deshtreriadoA de mundanos doneP, los po.
d r I o• de ~·Ma~ón y alma, 1 or, n, 1loran cuando e I gemido de u.n.triste organo su~urra al oído glorias que pasaron, fehc1dades como flamas engañosa•. Dios los be»dic¿ en cada p.upadeo de Jas estrellas ..... .
MANUEL

VIAJE DE LA LUZ

l\f.

Or,TYER.

PRODIGIOS DE LA FE

Millares de ~e!llploe cua_iadoe dE&gt; agujas,
cnal obrn de vre¡ae y mágicas brnjas·
altares brnñi&lt;lns de mármoles y oro '
qne gn:irdan divino y !'terno tesoro-'
sublimes pl~gari.;s Aubiendo á los delos
grandiosas id1-aP, afanes, desvelos·
'
pinturaq y f'At,it.nas do el arte reln'mhrn,
poemas snblimeA, hoguera que alumbra
gloriosos martirios, heroicas victoria~ '
que han dado áloe puebloq laureles y glorils·
loe mundos unidos por máglc1 Ja,.o·
'
las agnae unirlRR en íntimo abrazo·'
lo~ astros mPn.idoe, los marE'R dom;dos·
los rayos ba_j'lndo del ciPlo apagados; '
los reyP~ caidoP., In• nneblo~ ne pie..... .
todo esto en el mundo lo ha hecho la fe.

V tCEIITE Gm1.

Pero el rayo de luna ya subía
del viejo estant~ á las poi voeae tablas,
y ,alll.iendo los lomos ele loe libros,
en sus títulos de oro se miraba.
JOAQUÍN

GONZÁLDZ CAMABGO.

LAGRIMA

A.ngel de mi terrestre paraíso,
estrella de mi noche funeraria,
arrullo de mi sueño desolado,
música de las selv.ae de mi. pa•ria,
tórtola triste
como una lágrima,
sombra de mi reposo,
¿adónde va tu alma sin mi alma?
Vibración de mi espíritu, l\rmonioso
impulso de mi carne fatigada,
atmósfera celt:ste de mi vida,
cuwbo de mi existencia solitaria,
mitad errante
.
de mi esperanza,
Ya no te ven mis ojos.
¡Allí que:ió tll al!na sin mi alma1
Patria de llíis risueñas illleioneE,
pupila de mis ojos arrancada,
caricias de mi watlre enternecida,
descanso ¡ay I de la feroz batalla,
templo caído
de mi p1egaria,
en la tierra, en el ciclo,
¿adónde irá tu alrua sin mi alma?
Muda como los cráneos de la fosa,
eola como el de~ierto de la pampa,
lllu1,tia corno loe sauces del sepulcro,
triste como la última mil'ada,
cotno uu sollozo,
corno uua lág{'ima,
¿así quedó tu alma sin la rufa'!
A11í 1¡,uedó mi alwa sin
alwa!

,u

RICARDO GL"f[ÉBREZ.

FRAN2UÉZA.

-¡Oh 1, ¿qué te dice el corazón, soldado,
al ver e l eotandarte enarbolado,
gloria del regimiento,
baüc,ndo coutra el asta desplegado?
-1:'ues si q11eréie que os diga, mi t1argento,
la verdad pura y llana,
&lt;mando veo ff.otar aquella lana,
me dtce el corazón: ¡ bace b!len viento!
N1coLJ.s :\.u¡;usro Go~ZÁLEZ.

�EL MUNDO

30

ENGAÑO SUBLIME
· Por lb)aría S!escot.
NUMERO I7,

se deslizado sobre el1a sin tocada. Carlota se beneficiaba á verl He aqui que soy por segunda vez su yerno! r&lt;&gt;r
con el privilegio que tienen ciertas mujeres de embelle· cierto que es una hermosa suegra!
Tristes esponsalee fueron aquellos, y D!i podía ser de
-Martín, dijo Jacobo con un tono grave; acabo de de•
ceree envejeciendo. Sus pesadas trenzas de cabellos ru ·
otra manera.
jar
á mi primo en un estado vecino de la desesperación.
biaceos y los vivos colores de su tez burlaban los estragos
Los criarlos habían hablado, la verdad era conocida Y
Vos habéis infligido á una familia honorable, de la cual
del tiempo.
en la ciudad de Pontarlier se elevaba un grito de indigestoy orgulloso en formar parte, una afrenta tan inexpli·
El sefiQr y la sei'íora Duvernoy la recibieron afectuosa•
nación.
cable como inmerecida. Yo no puedo permitiros que tra•
mente; Lila, arrojándose en sus brazos la mantuvo estre•
-Ved á esa Santa Nitouche, decía con desabrimiento
téis ligeramente delante de mí ese penoso asunto, tanto
chamente abrazada. Carlota devolvió á la joven sus ca·
la señora Metroz á la señora Ribaudet. ¿Qué tal repremás cuanto que en esa lamentable historia hay en mi sentir
ricias pero no pensó en interrogarla, demasiado urgida
sentó su papel, eh? Jamás en público_le dirigía la palabra;
cosas obscuras; yo no comprendo, yo, yo ...... no veo......
como estaba por hundirse en la novela de la trinidad plareservábase para la intimidad. Y nosotros que nos dejá•
Leódice le interrumpió:
tónica tan lamentablemente interrumpida ocho afios an•
bamos engañar por su aspecto de modestia!
-No prediquéis Sommeres; la predicación no le resultes. Además, ¿para qué interrogar? ¿Para qué obligar á
-Felizmente, replicaba la sei'lora· Ribaudet, el señor
ta á un viejo diablo como vos. Yo he hecbo una barba·.
Martín es un caballero; ee sacrifica para reparar su falta, la culpable ~ renovar la humillante confesión?
ridad, convengo en ello; pero sufro sus consecuencias:
Seis días antes del matrimonio, Jacobo de Sommeres
lo cual es muy bello de su parte, po1que podía pretender
no se puede pedirme más. Si vos no veis, C&lt;'mprad len•
dejó inopinadamente los Pirineos y volvió á Pontarlier.
un partido más brillante.
tes! Solamente que habréis de escogerlos de vidrios
Apenas llegado recibió la visita de la tía Fourneron,
Aquella blanca reputación de señorita era entregada á
negros, es un consejo de amigo. Hay circunstancias en
que
entró sofocada:
todas las maledicencias de las mujeres, á todos los groque es preferible no ver demasiado claro. Y dicho esto,
-Supe tu llegada, mi querido amigo. Tú ignoras la
seros quulibetN de los hombres, á todas las bromas obcelamentando no poder gozar por más tiempo de vuestra
vergüenza de nuestra familia y he querido se::: la prime•
nás de los cafés. Nadie pensaba en dudar de una falta
compaf'Ha, por que estoy sumamente ocupado, os aoan·
raen hacerte.saber esta lamentable historia; ~s un golpe
que la culpable misma cónfeeaba.
dono.
Para los unos, Lila era una naturaleza viciada; pjlra la horrible pa.a todos!
Jacobo volvió á su casa maldiciendo la pícara inspiEntonces se explicó refiriendo lentamente la triste
mayor parte una muchacha babi!. Ella respondía con un
ración que lo había llevado á Pont.arlier.
silencio obstinado á las reprensiones de su madrina, con- aventura con sus incidentes, y sus peripecias.
-Qué he venido á hacer á esta galera? se decía. Y&lt;&gt;
Un poco de compasión hacia temblar la voz de la vietemplaba con mirada fría el exceso de indignación de
eetaba tan tranquilo!
la tía Fourneron; _soportaba las sonrisas depectivas de la ja dama.
Su convicción ahora era absoluta. Había en ese di ama
-Pobre chicuela, carece de madre: Carlota tenía el esseñora Metroz, los epigramas de la señora Ribaudet, las
un lado tenebroso que él pem,traba sin peDa, perc, algumiradas de conmisceración de la buena señora Bertin, y píritu demasiado estrecho par-a que su vigilancia fuese nos de cuyos detallls se Je eecapaban. ¿Por qué Lila no
más reconcentrad I que nunca d~jaba correr el tiempo .&lt;.1~- eficaz. Seguramente en esos países de oriente fue donde lo Dt'gaba? ¿Bajo qué presión, bajo qué amenaia ~asumía
la niña se pervirtió: una corrupción semejante debe ve- ella la falta de otra? El no pndía adivinarlo bien, aun
cesario para los preliminares del matrimonio.
Loa regalos más ricos le fueron llevados; pero con un nir de lejos. Pero es preciso que me acompafies á casa cuando creía en su inocencia. Por su parte ¿qué podia
gesto de repulsión los rechazó sin dar una sola mirada á de Fernando, le debes esta muestra de simpada, y ade- hacer? Inmiscuirse en este imbroglio le espantaba.
más, debes ser forzosamente uno de los testigos de e~te
los encajes y á los di!unantes.
«Comprad lentes negros, había dicho bruscawente su
Su padr~ la miraba con una atención severa; él atribuía trhte matrimonio.
ex-amigo, hay casos en que es preferible no ver dema•
Jacobo, cauteloso, permanecía inmóvil. La primera siado claro.» EEOs casos no son los en que la verJad, la
su sombría tristeza á la vergüenza y al remordimiento ...
Algunas veces, sin embargo~ le causaba piedad esa pobre suposición persistia en su espírüu:
rectitud y la conciencia tienen que luchar con el teuior
-Hay otras mujeres en la casa, dijo.
muchacha y se sentía ten_
t ado á abrirle los brazos; pero
delas complicaciones, el fastidio de ocuparse de los ne•
-Omis mujeres! No, no hay otras mujeres. No Ee pue• gocios de los otros y el terror de las responsabi!Uadee
ella no imploraba perdón ni indulgeI1cia; parecía, al contrario, rechazar el u.no y la otra, evitando con un cuida• de contará las criadas; un hombre como ·el señor Mar• con que hay que contar, y por fin, el egoísmo de un soldo feroz toda converrnción con el padre ofendido. No tin no se hubiera comprometido por una recamar.,ra, la terón. Pues bie11, st, él compraría lentes negros, ó mesalió de su entorpeciwiento sino para escribir á la aya habría hecho ir á su casa. En cuanto á nuestra admira- jor aún, cerraría los ojoe.
que la amaba siempre. La cana fué amarga, extraña, ble prima Beltrana, está por encima de toda suposición.
XLIX
Ila sido perfecta en esta triste circunstancia, perfecta C0•
casi cínica.
«¿Habríais vos creído, sefiorita, que vuestra Lila era mo lo es siempre.
Leódice continuó su camino más inquieto de lo que
-Vamos á casa de Fernando, dijo J acobo bruscamente. habría convenido parecerlo. Había hecho frente al peliuna hipócrita. una muJer deprava:la?
Encontraron al pintor en un abatimiento del que no gro con su habitual habilidad; mas ya solo, di:jaba que
«Mi padre ha encontrado un hombre en mi pieza: el
matrimonio se imponía-. Realizo, por lo demás, un nego• salió sino con un estallido de cólera.
arrugas cuidadosas plegaran ea frente.
-¡A.hl Jacobo! Jacobol parece que vos oonocíais áese
cio muy ventajoso. Tuve la fortuna de enqontrar al ~eEi:1te imbécil ha adivinado el enigma, de otra suerte no
flor Leódice Martin, un verdadero heroe de novela, mu- miserable! ¿Cómo no me habéis prevenido? Yo no lo me habría hablad.o así-peneaba.-Si revela la verdad al
chas veces millonario, y que sin embargo consiente en hubiera dejado entrar en mi casa.
sefior Duvernoy, qué prueba puede dar en apoy&lt;&gt; de Sil
-Pero él repara, dijo la eeñora Fourneron.
aserto? Vacilará antes de comprometerse en este fastireparar sus errores.
-Repara!. ..... y qué puede reparar? Hay momentos dioso asunto; no importa; será pru@en\e advertirá mi
«Oh, C.irlota! yo había pensado siempre que en ese
día solemne vos veµdríais á reemplazará la madre ausen· en que me veo tentado á arrojarle su reparación á la ca- aliada; Bll una mujer inteligente y se pondrá sobre aviso.
Se dirigió á casa del pintor; llegado á Ja puerta se de•
te cuya ternura vos sólo habéis suplido. Pl:!ro creía tam· ra, con todo mi desprecio.
dién casarme orgullosa y pura...... No sucede así. ..... Y
-¡Gran Dios! exclamó la tía Fourneron es:.&gt;antada, tu-vo. Hablar á Beltrana no era nada facil. Debde el r ei.he aqui por qué, mi respetable amiga, no os invito á mi pues sus instintos casamenteros se le subían á Ja cabeza. llez wus tan dramáticamente interrumpido, el uno y el
matrimonio; será una boda vergonzante enmeaio de la ¿Puedes tú hab!ar así? A pesar de las lamentables cir- otro, por tácito acuerdo, habían evitado todo t&lt;le-á-tétt.
noche y las tinieblas, como conviene á una mujer deshon • cunstancias de ese matrimonio, el señor i\Iartin no deja La partida era dellllasiado importante para correr el riesrada.
de ser para tu hija nn excelente partido.
go de comprometer el éxito con una ligereza.
El U á las seis de la maflana tendrá lugar Ja ceremo-Puedo verá Lila? pre;¡;uutó J acobo.
Así puee, Leódice vacilaba. En medio de me 1e1gher
nia religiosa. En ese día rogad por mí y llorad por mí.
-No lo creo, dijo el pintor. Está encerrada en su cuar- saciones, vió de pron\o á Bdtrana aparecu en la exireto y no recibe á nadie m1s que á su antigua aya. Beltra· mill.ad de la calle. Con trabajo comervó al avauzar hacia
Lilcc.»
na ha salí io para las compras de rig&lt;r. Ella piensa en todc, ella, el aspecto irreprochable que las circunstancias exi·
El aya respondió:
gían, y al saludarla con una trivial sonrisa, con una mi«Lila, querida- mía, asistiré á vuestro matrimonio. Ya No e6. que fuera de mí sio ella!
Jacobo se despidió. Al volver la calle se encontró fren- rada se aseguró rapidamente de que nadie podía o!rle, y
seais inocente, ya culpable, mi corazón maternal no tie•
te á frente de Leódice Martín. Este fué á encontrarle bajando la voz:
ne fuerza para juzgaros.
-Jacobo de Sommeres está en Pontarlier, acabo de
con la mano tendida.
«Espero que el muy honorable sellor Duvernoy y la
verlo; ha tenidc ciertas palabras amenazadoras y ambi•
-Toma!
estais
aquí,
Sornmere1:?
Qué
sorpresa!
Se
de•
misericordiosa sefiora Beltrana, no cerrarán la puerta de
guae, J he comprendido que es dueño de nuestro Bt!Creto.
su casa á su humilde amiga, y el 2-1, en la Iglesia, tstará cía que os hallabais en los Pirineos. lfabéís venido para
No abandonéis VU\'Stra casa y vigilad la correepondencia;·
asistirá
mi
matrimonio?
t,entil
procedimiento
del
que
cerca de vos el corazón solícito de vuestra
que ninguna visita, ninguna carta, ningún billete lleguen
os
estoy
muy
reconocido.
Eh?
Ya
~u
pondréis
qne
vais
á
&lt;hrlota,,,
ser mi primo. Se deja uno en Parfs y se encuentra en á vuestr_o marido sin pasar previamente anié vueetroe
ojos.
La joven se conmovió menos por esta expresión fiel de Pontarlier.
Perdbió al notario que se aproximaba, y alzó la voz:
una inalterable afección, que se hirió por la facili fad con
-También se deja uno en Brest para encontrarse en
-Entonces, eefiora, pue3 que aconeejaia las esmeralque su antigua aya creía en su culpabilidad.
Pontarlier, replicó J acobo.
- En Brest! por qué decis este.? Re por la eefiora Da· das, le daremo~ la preferencia á este adorno.
-¡Ella también!. .. ...... murmur{&gt; amargamente.
Se despidió con el mismo saludo correcto, con la misPocos días después llegó el aya. Esos ocho años habían• vernoy? En efecto, me -ha sorprendido mucho volverla
XLVIII

OOIIINGO II DE Jallo DE' 18sn

•misma sonriea trivial, en tanto que Beltrana, toda páli•da bajo la impresión de su terror, oía apenas al señor
Ribandet que se informaba politicamente del estado de
eu salud.
. Ahl para ella la falta llevaba en sí el castigo; un temor
continuado la oprimia. Sentia dudas ligeras, mal defini•
--dae, pero dudas en fin, nacer en el espíritu de su marido;
y he aquí que era inminente una denuncia.' Qué sabía
.Jacobo? Ella hubiera querido irá él para conjurar el peligro á fuerza de audacia, pero se resolvió á esperar al

-enemigo en eu casa, y siguiendo el consejo de su compli •
ce, á vigilar la correspondencia.
lnstalóse en un punto estratégico. DJsde ahí ob,er-vaba y veía; nadie entraba sin q •1e lo percibiese.
-Cinco días aún, murmuró; cinco días, cinco siglos;
tantas coeae pueden sobrevenir en cinco dfas ....... ..
Más que nunca sentía cuánto amaba su respec/a/,ility
tan dificilmente adquirida, y la soberanía que ejercía
en la población. Pasó el día ein incidente alguno.
Ileltrana velaba eiempre.
Estaba en su puesto de observación el día siguiente,

EL MUNDO

cuando llegó el correo. Dióle una mirada ansiosa, su mano tembló al abrirlo. Bien poca cosa traía; sin embargo,
de los diarios y los prospectos emergía un /!Obre demasiado voluminoso, en cuya parte superior, la palabra Francia, subrayada, llamó su atención.
Respiró. No era del extranjero de donde podía venir
el peligro. Iba, sin más exámen á enviar esa carta á su
destino, cuando, por un último exceso de prudencia, exa•
minó el sello de origen: Hammerfest Norge. ¿Quién escri·
bía de tan lejos?

Como todos aquellos á quienes un pasado dudoso vuelve pusilánimes, volvió ella á tomar la carta y le dió vueltas entre sus dedos; después, resueltamente, la deslizó
en su bolsa, subió la escalera con paso rápido, entró en
BU cuarto y se encerró. Ahi, bien segura tras las made1as
de su puerta, con minuciosas precauciones rasgó el sobre.
Ocho ó diez páginas de una escritura apretada, salieron. Vió la forma. Un grito ronco se ahogó en su garganta, sus ojos se velaron, el nombre que acababa de leer,
radiaba terrible; murmuró: «Felipe, Felipe de A.ubián!,,
Su emoción fué tao grande que, con la mano _crispada,

las hojas de papel se escaparon dispersándose sobre la
alfombra. Casi no pensaba en levantarlas, se sentía per•
dida, vencida, como si el Justiciero hubiese llamado á la
puerta, pronto á entrar.
Poco á poco le volvió la sangre fría y recordando el
timbre de la carta, se dijo que no había razó~ para desesperar.
Noruega! estaba muy lejos Nornegal Dentro de cuatro
días el matrimonio se habría realizado; entonces, an'6
Jo irrevocable quién tendría interéi! en hablar?

Tomó la carta de nuevo, y apresuradamente, con fiebre,
la leyó.
Al principio era un grito de alegría y deliberación: el
grito de un muerto que resucita y que)e levantarse la iapa de su ataúd. Pero á esta alegría, ella, con el entrece-jo fruncido y la mirada dura, no se asociaba. Después,
venía largamente la relación de conmovedoras peri.
pecias por las cuales había pasado el marino. Los hielos
destrozando el I ,drépido, la invernada en esos países malditos; luego, escenas de desolación y de espanto, los compall.eros muriendo uno á uno y él solo salvo, recogido

�1

\
c===3é:2===========================F=L=M=U=N=D=O=================º=º=M=IN=G=O=l=l=O=E===J=-U=L=IO=D=E=-1a¡ 7 =--

por los eequimales, paeando mema y afios bajo míe"ras
chozas, repatriado, en fin, en fin! Y entonces la alegría co•
menzaba de nuevo, con un himno de esperanza. Se en•
contraba á bordo de un brick que iba para Inglaterra.
Luego que hubieee desembarcado tomaría el camino de
Francia.
Escribiendo esta palabra Francia, la maJ10 del marino
había temblado, y aun mirando de cerca, hubiera podido
'\"erse la huella de una lágrima.
Atravesaría por París no deteniéndose más que el tiem•
po necesario para las formalidades de costumbre: hacer
borrar su nombre de la lista de los desaparecidos, dar
cuenta de BU misión, renovar también BU guardarropa á
fin de no dar miedo á su bien amada Lila. Entonces par•
tiría para Pontarlier: tenía sed de volverá verá los úni·
cos Béres que amaba y cuyo recuerdo lo había sostenido
á través de sus rudas pruebas. Acababa con un ruego:
«Que encuentre yo una palal::ra de vos en París, Fer•
nando; dirigídmela luego; decidme que estos siete años
no han cambiado vuestro corazón, decidme que Lila no
Ita·olvidado á su pobre padrino; decidme, ¡oh! sobre todo,
que la encontraré vi va y feliz.»
Beltrana con un gesto brueco ajó la carta. Calculó
mentalmente el tiempo y las distanciae.
-No llegará á tiempo; murmuró, por poco que se deterga en París; pero es importante que el eefior Duvernoy no tenga conocimiento de esta resurrección. Querría
pgnardar al desaparecido.
Encendió una vela y una á una quemó todas las pági•
nas. En el punto en que estaban las cosas, no debía de•
tenerla un vano escrúpulo. Cuando no tuvo ante sí más
que un montón de ceniza negra, volvió á ocupar su puee•
to estratégico.
L

Jacobo no era en Pontarlier el único que ponía en duda el ol'[ioeo rumor. Otra persona también oponía á la
calumnia una firme incredulidad. Era el viejo cura que
dirigía á la joven.
Hay en eso un misterio que no comprendo, pensaba él
f'n eu honradez de sacerdote. Si la nifia fuese acusada de
haber extrangulado á su madraetra, yo no me eorpren·
dería mucho, pero haber recibido á un hombre en su
cuarto!. ........ Vamos, no lo creería aún cuando ella mis•
ma roe lo dijese.
Sin embargo, cuando la víspera del matrimonio la vió
arrodillada en el confeeionario, no pudo \impedir una
aprensión. Ella hizo la confesión de su odio; después se
cayó.
-¿Qué otra coea?-preguntó el padre con una vacilación que no fué duefio de dominar.
Eo ese tribunal donde la mentira es un sacrilegio, ella
levantó la cabeza:
- Vos también, padre mio, habéis dudado de mí.
Habla en aquel pálido rostro una pureza tan luminosa,
que el padre se reprochó su desconfianza como si fuese
una calumnia.
- ,Por qué no os disculpáis? Ella le miraba con ene
ojos graves, en tanto que él repetía su pregunta.
-¿No podéis confiarme vuestro secreto, hija mía?
Entreveía cosas vagas y obscuras, y con su experien•
cia de confesor esperaba poner remedio.
Lila permanecía indecisa, turbada hasta el fondo del
alma por la instante súplica del viejo confesor. No tuvo
fuerzas para rechazar á un confidente tan seguro, tan
tierno y tan discreto. Con voz baja, entrecortada, vergonzoea, habló.
El viejo mostró, desde las primeras palabras, un gesto
de indignación. Había presentido cosas criminosas, una
violación acaso, pero nada tan vil y tan cobarJe. Así,
pues, para asegurar la impunidad á dos miserables, la
inocente muchacha iba á inmolarse. Era toda una exis •
tencia perdida, una existencia de martirio atroz; porque
mejor que Lila, él podía saber las rebeliones de la carne
y las rebeliones del espíritu. Ella iba á inmolarse, sin
que un soplo de amor, de reconocimiento, de compasión,
fuese á endulzar su sacrificio.
-Es imposible, exclamó, no dejaré que se efectúe este
o:.ioeo matrimonio. Hablaré á vuestro padre, hablaré
también al eefior Martín.
-Y si hablais-dijo ella,- mi padre se batirá. Es inhabil para las armas, en tanto que el otro...... ¡oh! Dios mío
vos no lo sabéis; el otro le matará.
_,,.J:n medio de la sombra del confesionario, el padre se

\ 1\

torcía las manos, impotente paraencontraruna solución.
Comprendía bien que una vez despertada la descon·
fianza del marido, ya no se adormecerfa y q ne se seguiría
un duelo...... El ministro de Dios es un hombre de paz;
su religión prohibe el duelo y manda el sacrificio. Cesó
de resistir y de discutir; sin consuelos, sin exhortaciones, com!) aplastado por el hundimiento de aquella jo•
ven existencia, pronunció las palabras de la absolución.
Después, con las manos levantadas en súplica ardiente
-¡ Qué el Dios omnipotente y misericordioso venga en
vuestra ayuda y en vuestro socorro! ¡Qué él os dé fuerza
para cumplir vue;tro sublime sacrificio ó que se digne
salvaros!
Lila lloraba con grandM sollozos, con el rostro oculto
entre las manos. Hacía largo tiempo que había abandonado ,la iglesia y el víejo padre permanecía aún prosternado ante el altar; con toda su fe de cristiano pedía un
milagro á Dios.
LI.

A la hora fijada para el contrato, la aya, espléndidamente vestida con un traje rojo, adornado de cintas verdee, bajó al salón. Movíase ella fácilmente en medio de
este drama, no habiendo comprendido .ni sospechado nada y llevaba á esa situación demasiado tirante su son·
riente quietud.
Leódice, asustado al principio de la llegada de la vieja
señorita, cuya clarividencia temía, no tardó en tranqui•
!izarse. La colmaba de regalos para acabar de cerrarle
los ojos. Ella loe aceptaba con su gratitud expansiva.
Escuchaba sus quejas con respecto á la enigmática frialdad de su novia, y sola con Lila, colmábala de dulces reproches. Adormecía con su inalterable optimismo loe te•
mores que Fernando concebía por instantes. Agitaba
con mil confidencias pueriles la actividad de la eefiora
Fournerón, y así iba de uno al otro, más realmente perjudicial con su inepta bondad que la malignidad hubiera
podido serlo.
El contrato debía firmarse á las diez de la noche y le
seguiría el matrimonio civil, que el alcalde, un viejo
amigo de la familia, había ofrecido ·celebrar en el silón
del pintor. El queria evitar á la niña la vergüenza de la
curiosidad pública y acaso algún insulto cobarde, algu•
ú.a buria grosera.
Leódice fué á unirse á la aya; estaba nervioso, inquie•
to! Temía que á última hora, en una suprema rebelión,
la joven revelase la verdad. Era vano,que hubiese desplegado para conquistará lo menos su indHerencia, todos sus talentos de seducción. Sentíase despreciado y
odiado.
Llegaron loe testigos. De una parte Jacobo de Sommeree y el presidente Bertin; de la otra el subprefecto y el
capitán Kirkampan. La reunión era restringida como lo
pedían las circunstancias.
Beltrana apareció á su vez. Había compuesto su rostro; la mirada dura de sus ojos no dejaba adivinar ni temor ni piedad.
Cuan:io Lila entró con su traje sombrío, él tuvo un estremecimiento de compasión, de tal suerte el rostro pálido de la nifia hablaba de sufrimiento y desesperación.
-Diablo! murmuró el capitán Kirkampan al oído del
subprefecto; toma su vergüenza demasiado á pechos la
pobre muchacha; para todo pecado misericordia.
Comenzó la lectura del contrato, un contrato real en
que loe campos, loe bosques, las casas, loe valoree indue•
trialee y mobiliarios se sucedían en interminable letanía. El señor Ribaudet, tenía al enumerarlos, un tono
de compunción respetuosa, su voz era conmovida y solemne. Más de uno en el auditorio sentíase deslumbra•
do. La alemana juntaba las manos á cada nuevo artícu•
lo y saludaba profundamenkl al millonario. Beltrana tenia loe labios apretados y la mirada febricitante. Sólo la
novia no escuchaba.
Cuando se le presentó la pluma, se puso en pie; durante un segundo hizo pesar sobre la madrastra una mirada
de cólera y de desprecio; después, tornando á su impasibilidad, firmó.
En ese momento subió de debajo de la escalera un ruido extrafio que nadie habría podido definir: gritos, exclamaciones, uno de esos ruidos tumultuosos que acompafian á las catástrofes y loe acontecimientos imprevistos.
Todos loe ojos se dirigieron hacia la puerta ...... El ra•
yo cayendo en medio de la cámara, la blanca Elena ea•
liendo de su.tumba, no hubiesen arrojado sobre loe rostros una expresión más fuerte de estupor.

En el dintel de la puerta, acababa de apatecer un hombre de alta estatura y se mantenía silencioso, con la mi
rada dura y loe labios contraídos por la violencia de la.
emoción. Por fin, con voz angustiosa preguntó:
-Se ha casado?
Nadie le respondió. El repitió:
-Se ha casado ya? por piedad, decídmelo.
-Todavía no, dijo Carlota que sólo conservaba su
sangre fría, no teniendo ningún acontecimiento romancesco, el poder de sorprenderla. Jamás he querido creer
en vuestra muerte, eefior Felipe.
-Bendita eéais, señorita, por esta esperanza. Recibí
vuestras cartas al desembarcar; gracias á ellas estoy
aquí.
El pintor sacudió su entorpecimiento. Avanzó loe brazos abiertos; el marino pareció no percibirse de ello.
-T,memoe mucho que hablar, Fernando; pero ante
todo os pido que suepeadáie este matrimonio. Llego del
otro mundo, loe hlelos del polo me han retenido prisionero siete afioe y ..... .
Leódice lo interrumpió con su familiariaad audaz:
-Loe hielos del polo, mi querido eefior, han eido
buenas personas y os han soltado en el momento oportuno. Estoy contentísimo de tener por testigo de mi
matrimonio al tío de mi novia; habéis llegado perfectamente á tiempo. VJlmoe, si guetais permitirlo, á acabar
de firmar el contrato; después, el señor Alcalde proce•
derá al matrimonio civil. Tendremos la noche entera
para entregarnos á las efusiones de alegría que nos causa vuestro retorno, y mañana á las seis, recibiremos la
bendición nupcial, trae de la cual una silla de posta nos
!lguardará á la puerta de la iglesia. Estando todo preparado así, debeie comprende.", que la·ceremonia de esta
noche no puede eufrir el menor retardo.
Felipe midió de alto á abajo al interlocutor.
-No es á voe á quien me dirijo, dijo:con una voz breve.
Avaozó hacia Lila, la tomo en sus brazos, la atrajo
bacía su pecho. Parecía arrojar á todos un amenazante
reto. El eeñor Duvernoy creyó deber intervenir.
-Este matrimonio, Felipe, no se réaliza en circunetan•
ciae ordinarias.; si lo supieeéie todo, comprenderíais..... .
-Lo sé todo, Ftlrnando; pero tened cnidado de que no
os pida yo cuentas de Jo que habéis hecho con la hija demi pobre Elena, y por qué encuentro abatida de vergüen·
za á eea hija que ella os dejó.
Sus ojos cayeron sobre Beltrana y se detuvieron un
momento. Ah! que bien reconocía á la sirena! Sus presentimientos no lo habían engaliado:
-Si es preciso, dijo, que el matrimonio se efeétúe esta
noche, reclamo cuando menos un retardo de un cuarto
de hora. Quiero hablar libremente á mi sobrina; hecho
esto, me iré como he venido y nadie ~n el porvenir tornará á verme. Lila, conducidme á vuestra cámara.
Ella obedeció dominada. por esa voz que mandaba, por
ese afecto cuya calurosa afección acababa de sentir, Los
dos salieron del salón, dejando en la sorpresa ó la cólera
á los testigos de esta escena.
Cuando se encontraron solos, Felipe sacó de su carte·
ra una carta abierta, y presentándola á la nifia:
-Esp1ecieo que me expliquéis, le dijo, el sentido ocuho
bajo estas amargas palabras que dirigietéie á vuestra aya
y que, ella en su embarazo, me remitió.
Vió que vacilaba en responderle, y afiadió:
-En nombre de vuestra madre, debéis tener confian z \
en mí. Ella me dejó como un sacro legado el cuidado
de protegeros; ese fué su úitimodeeeo, su última súplica. Si he faltado al juramento que pronuncié entonces,
es por que hay acontecimientos más fuertes que la voluntad del hombre. Lila, una palabra solamente: amaie á
vuestro futuro?
-No, dijo ella.
-Entonces, cómo estaba en vuestra casa?
Ella vaciló aún; en el momento de tornarse acusadora,
un sentimiemto de austero p11dor la retenía. El parecía..
leer .en el fondo de su pensamiento, porque replicó:
-En Brest, en otro tiempo, ví á vuestra madrastra;
hace mucho de eso, pero oo lo he olvidado jamás. Ella yel eei'i.or Martín se han am1do. Lila, vos habéis cubierto
con vuestro honor la infawia y la traición de otra.
Ella sonrió como deben eonreir loe angeles, sus grandes ojos sombríos se iluminaron; e;e leal soldado no ha•
bía dudado de ella y, solo, entre todoe, en esta tenebro. sa historia había eabido penetrar la verdad.
-Gracias, dijo ella, tendiéndc.,Je ambas manos.

I

33

EL MUNDO

DO ■ I NGb 11 de JULIO de ,897

El tomó entre las suyas eeae dos rnanecitae tembloroeae, y presa de una profunda emóción, las cub~ió de besos.
-lli pobre niña, murmuraba, mi pobre lllfü\ abando·
nada.
Después, de un salto, se lanzó hacia la puerta.
- y ahora vamos á arrojar de aquí á esos miserables.
Ella mostró una expresión de espanto tan expresiva,
que él detúvose sorprendido.
-~Ii padre lo ignora todo, dijo ella; yo no quiero destrozarle el corazón y exponer su vida. E l eefior Martín
es de primara tuerza en el manejo de las armas; toda la
ciudad ha sido testigo de su prodigiosa destreza...... Oh!
sin esto, habría yo consentido?
Y con una voz que la rebelión de la juventud volvía

cobo de Sommeree fué á estrechar la mano del oficial di•
ciéndole:
-Yo no veo bien claro en este tenebroso asunto; pero
donde tú estás, Felipe, ahí está el honor.

LII
Leódice se retiró seguido de la mayor parte de los
hombree. Loe dos testigos escogidos para su matrimonio, recibieron sus iastrucciooes para el duelo. El les dió
una cita para el día siguiente y volvió á eu casa. Inmediatamente que se vió solo en su cuarto, su rostro cambió, sus piernas se doblaron y ee dejó caer sobre un
diván.
Así pues, babia llegado esa hora nefasta que á r_uerza
de habilidad, de prudencia y de fanfarronada hab1a sabido evitar. Era preciso batirse y batirse con un adversario al cual nada podía intimidar, con un marino babi•
tuado desde la infancia á mirar la muerte cara á cara.
Lanzó un gemido de pena, ~e levantó, marchó vacilan•
do hacia una panoplia y tomó una pisto(a, buscando un

Ella Je mira contristada, y desconfiando de pronto con
Ja susceptibilidad de en corazón lleno de sombras:
- Entonces nada queréis de mí.. ....
El recuerda la primera escena de las confituras, Y dice
sonriendo d11lcemente:
--No, nada quiero de vos, Lila; he obrado impruden·
temente el otro día, como me acontece en las b.01ae de
peligro. E l peligro pasó y he reflexionado. Sois de~aeia•
do joven, bija mía; no podéis aún disponer de vos misma.
He jurado á vuestra madre guardaros, y ahora debo 111·
char contra loe arranques generosos de vuestro corazón.
Así, pues, por piedad solamente fué por lo que iba á
casarEe, y ab.tra que ya no estaba desh,mrada, recogía él
su limosna.
Ella no insiste y él parte dejando á la joven •ma duda
y u na tristeza.
Fdizmente Carlota está ahí; por prim~ra vez en su vida, ha visto bien y juzga lo bien; por la primera ve1. al
remontarse á las regiones etéreas, no ha exm~viatlo el
camino. Adivina que Fdlipe ama á Lila, queed porexca•
so de amor y de delicadeza por lo que rnchaza la manecita quA se tiende hacia él, y cuando b.a partido, C.ulota
se lo dice á. la joven, que Je e3cucb.a con unaeonrida con•
movida y esplendorosa. Da suerte ;¡ue Lila no se toma
el trabajo de examinar las numerosas demandas dél ma•
trimonio que la eeüora Fourneron le lleva cada día.
-Yo soy la desposada de Felipe, dice; y esperaré en
voluntii.d tan largo tiempo cuanto él quiera. Carlota no
ha abandonado la casa del pintord,)DJe ha vudlt&gt; á c.:&gt;•
ger sus hábitos de otras veces. Hace al honorable eañor
Duvernoy, deepuée del almuerzo, la lectura de loe diferentes periódicos, y aún cuando él parece eecuch.arla, su
pensamiento está en otra pute, siempre doloroso y
cruel. Un día, Carlota, con su rufa voz de germana lee
en loe hechos diversos lo siguiente:
«Leemos en la GJ,c,ta iút .l[ediodia:
«Un acontecimiento tan misterioso como trágico ha
ensangrentado ayer uno de los prinoipa!ee hoteles de
nuestra ciudal. D.isde hace quinc" día3 un rico banq.1e•
ro parisiense, bien conocido e::i el mundo de loe nego·
cioe y en el dani-monde de los placer.is, el eefior L~ódice
l,L ....... había elegido domicilio ahí. Llevab1 una vida
muy alegre.
«Ayer, en el día, llegaba una dama, pedía un cuarto y
se hacía servir aparte.
«Y he aquí que en medio de la noche, loe apacibles ba•
üistas fueron despertados por dos detonaciones sucesivas
que parecían venir del departamento ocupado por el ban•

temblorosa:
-He suplicado á ese hombre que no me fuerce á un
matrimonio odioeo.
Yo acepto la verguenza, le he dicho, y daré mi honor
para cubrir al de la mujer que amais. Juradme solamen·
blanco.
á
_
te re~petar la vida de mi padre.
-Tiembla, murmuró y temblar m1nana.
- Y ba rehusado?
Había podido adquirir, es cierto, una destreza prodigio-Toda promesa, me ha r€epondido, sería vana. En el sa, pero no un corazón valiente, y ab.ora era preciso ba•
terreno un hombre no es jamás duefio de sí.
tiree y arriesgar la vi.da.
En ese momento la puerta se abrió y Beltrana apare·
¡Morir! &amp;r 6 no ~er ......
ció. No podía soportar por más largo tiempo la ansiedad
Hizo y rehizo durante aquella noche de imeomnio, ba•
de la espera, y siguiendo su ordinaria táctica, marchaba jo cien formas diferentes, el célebre monólogo de Ham•
diractamente al peligro, fiándose en su habilidad para let. Ese era el problema, en efecto: un problema de tan·
conjurar su inminencia.
\a importancia que un sudor b.elado mojaba sus sienes,
-El cuarto de hora ha transcurrido, dijo con voz fría, en tanto que trataba inutilmente de escapar.
.
vPngo á buscar á la novia.
Una debil luz vino á blanquear su ventana y á anun•
Felipe se lanzó hacia ella y asiéndole el brazo que ciarle que su ú ltimo sol acababa de levautaree. Poco
apretó con fuerza, exclamó:
tiempo después la silla de posta que debía llevará loe
- ¡Desgraciada, venid, -venid! Ahí en ese eal6n, ante recién casados á Italia, no habiendo recibido contraor•
vuestro marido, ante todos loe testigos de este matrimo- den, llegó frente á la casa. El fuete del postillón estallaDio, confesaréis vuestro crimen. Es preciso volver á esta ba alegremente; los caballos agitaban sus cascabelee.
niña el honor que le habéis robado
Aquella silla de posta era la riqueza, la libertad y la
Me hacéis daño, dijo ella desprendiendo su brazo de
vida.
-¡Ruirl dijo él respirando fuertemente.
aquel yugo.
En aquel minuto solemne en que sentía capitular lo
Después, con su misma voz fría:
poco que le restaba de honor, una mujer apareció en el
-¿Y ei rehuso?
- Si rehueaie, soy yo quien lo diril. todo, vuestras in• dintel de la puerta; avanzó y levantó su velo:
·
-Leódice, por piedad, salvadme. No puedo permanetrigas de otro tiempo·y vuestro adulterio de ahora.
cer en esta población donde mafiana será conocida mi
-¿Y si niego?
vergüenza; llevadme, partamos.
Y le desafió con la mirada.
Jamás loe ojos leonados habían arrojado tantas llamas.
-¿Qué pruebas tenéis?
- Lila lo confesará todo, dijo Felipe.
-¡Partamoel
Este grito resonaba en su oído como un grito de libeBeltrana levantó los hombros:
-.Es demasiado tarde, la ciudad entera se levantaría ración, porque en su corazón una voz loca, la voz del quero.
miedo, más poderosa qu'l la voz de la mujer amada, re•
Forzáronee las puertas y un espectáculo horrible se
para mi defensa.
- V ueetro marido me creerá y os arrojará.
petía obstinadamente:
ofreció á las miradas.
Ella dejó ver una sonrisa de desafío.
«¡Partamos! ¡Partamos!»
Dos cadáveres yacíar.. en tierra: uno era el del banque-Quién eabe si no seréis vos al que arroje como un .................. ······· .................. ····················· ·········:···· .. . ro y el otro el de la mujer llegada la víspera.
El seíior Leódice Martin al Prtsidente de la Cámara de
«Según el dictamen médico, fué ella quien mató al se·
vil calumniador.
D iputados.
Después, viperina, con una voz que silbaba:
fior M. suicidándose en seguida. El revolver descargado
«Sefíor Presidente,
-Y si os ::ree me perdonará porque me ama; pero se
«Asuntos de la más alta importancia me obligan á pa- de dos tiros, había c1ido cerca de ella.
batirá y el eefior Martin le matará.
«L11, identidad de la homicida no ha podido efectuarse,
sar muchos afioe fuera de Francia; y por esto me veo forno llevaba consigo papel alguno. Era una mujer da unos
Lila exclamó:
zado á enviaros mi dimisión.»
-Yo no quiero que mi padre muera, yo no quiero ser
treinta y cinco afíoe, muy bella, de cabelloo de un rubio
LIII
rehabilitada al precio de su vida, yo no quiero, yo no
Han paeado tres años. Jamie el eefior D11vernoy pro• ardiente.
«Creeee que se trata de un drama de celos.»
quiero.
nuncia el nombre de la mujer que amó locamente. No ha
-Sefíor de Aubián, continuó Beltrana cuya voz perEl periódico se desprendió de las manos de Carlota.
vuelto á partir para loe paíees lejanos como lo hizo des•
dió su timbre duro, yo be venido á vos para haceros en¡Oh! exclamó ella, ¡iesventura:103! ¿E3 po3ible e3to?
puée de la muerte de EJena. Se ha encerrado eo su casa,
trar en razón. Oponerse á este matrimonio sería la peor
recibiendo apenas algunos íntimos. Ninguna tela sale de Es ........ .
de todas las locuras. ¿Peneaie que yo no lo· habría hecho
No concluyó. Había levantado hacia el eefior Duversu taller: se diría que B~ltrana ha roto el talento del ar•
si fuese posible? Si me acusaie, me defenderé, y entre
noy
sus ojos que velaba a las lágrimas, pero la mirada
tieta, al romper su corazón. No habla ya de dolor inconvuestraa afirmaciones y las mías nadie vacilará.
que
encontró
era tan seca, tan imperiosamente dura, que
solable; sufre silenciosamente; pero la herida oculta se
Una vez aún, una vez más, la fiebre de la acción se
calló
intimidada
y se puso á llorar silenciosamente.
80
aviva con la rabia y con los celos.
Cierto es que sus lágrimas eran e:ncerae, y sin embar•
apoderó de Felipe:
De suerte que ella le eogiñaba, no le amaba, amaba á
-Lila, ¿queréis casaros conmigo?
otro. Se iepetía íntimameatc estas crueles cosas y una go, sin embargo...... muy en el fondo de loe grandes ojos
Ella no dijo nada, pero fué á él v se arrojó en eua bra•
cóle1a que el tiempo no podía ex1iognir, rugía en él, á de vidrio comenzaba á lucir de nuevo la indestructible
zoe. El la apretó contra su corazón locamente. Ddepués,
veces pasaban fulgores rojos por su cerebro. ¡Ah! si se esperanza.
Puesto que el honorable sefior Duvernoy no lloraba,
dirigiéndose á Beltrana:
pudiese matará los dos miserables. Perv no es el hom•
-Ya arreglaré más tarde vuestra cuenta; tengo dema•
bre de las resoluciones viriles y después de un acceso de había cesado de amará la culpable, y puesto que loe casiada prisa por ir á castigar á vuestro cómplice.
impotente rabia, cae de nuevo aplastado, humillado, torce afíos de Laban habían transcurrido y Lila iba á
Cuando volvió al salón, todos se extremecieron; se diri•
abandonar á su padre para seguirá Felipe de Aubian, su
vencido.
gió rectamente hacia Leódice é hlriéndole en el rostro:
esposo,
¿por qué el bien amado sefior Duvernoy no re•
Su hija le rodea de loe cuidados más tiernos.
-Sois un miierable, le dijo, y os abofeteo por segunda
Lila no se ha casado, porque Ftliipe de Aubian ha vuel· compenearía la fidelidad de la que le había dado su co•
·
vez.
to al mar. Después iie la vergonzosa huida de Beltrana razón hacia tanto tiempo?
Entonces, llorando siempre, Carlota púsose á sonreír
Luego al pintor:
y de Leódice, ha dicho á la joven:
- Vuestra hija tiene á bien hacerme el honor de casar•
- Este escándalo es para vos la rehabilitación máebri• á su quimera eterna.
se conmigo; os la pido por mujer!
lliRíA LEscOT.
Loe hombree testigos de esta incomprensible escena• liante; el porvenir se abre de nuevo lleno de promesas.
No el' ya neceeario que os caeeie con vuestro viejo pa•
FIN.
rodearon al diputado. Sentían el prestigio de las rique- .
zas enumeradas en el contrato de matrimonio. Sólo Ja drino.

�35
EL MUNN~D~O~=-.,,...,=--=-=="'!"""-=...,,.-=====c=-=-==-'=-~=--==-===:.;;;_..;•~o~•~••~G::,:0~11:,==.dc:,J,J~U~Ll~O~d,:,•,,:.•.
~1~-==-===-=-=_,=--====--==
.

34

La nueva Compañía de Opera Italiana.

EL MUNDO

PRI:NCIPALES ARTISTAS.
LA RECEPCION

Del Sr. Ing. Leandro Fernández
EN DURANGO

Oportunamente E,. )lu \'no ilustrado informó á ene lectores de la lamentada muerte del
eei'lor Flores, Gobernador del Estado de Durango, quien en el curso de una "ieita á importante centro industrial falleció de una
manera casi repentina. Hablamos después
de la refiida lucha electoral iniciada y proseguida en aquel!a importante Entidad. de
loe matices que mostraba y de las pereonaJi.
dades políticas que eran discutidas, y public~mos las fotogrÍlas de los principales cand1da~oP1 anotando ene . rasgos biógraficoe.
Por ultimo, para ser lógicos en nnestra información, participamo~ á nuestros lectores
el defioi~ivo reeuUado de la lucha que elevaba,' J?Or mayoríB de sufragios, á la nrimera
ma,nstratura de Durango al sefior Ingeniero Don Leandro Fernández.
Hoy tócanos dar una nota ilustrada de la
brillante recepción que al nuevo gobernador
@e le hizo, y para ello publicamos cuatro fotografías, cuyo autor es el señor G. Cordero,
y que representan loe arcos levantados por
diversas corporaciones.
Luego qne el pueblo duranguefio conoció
el resultado de Pus sufragios, reirocijóee en
extremo y apercibióse á recibir dignamente
ale13fior F«!rnández, q11iensalióde aquí acompañado de distinguidos amiitos y ob~nvo en
todo el camino, desde la frontera hasta la

1

-. F

Arco de l.i Ciudad.

Arco levantado por la Colonia Amerlc.ina.

capital de su Estado, sefialadae muestras de aprecio, entre las que se contaron hermosas fiestas dadas en eu
honor.
Suficientemente conocidas son la personalidad de seiior Fernández y eue dotes de recfüud. Ellas darán opimce frutos-así lo deseamos-en la administración del
importante Estado.
DOÑ&amp;.MARIA

C.iandq entré á visitarla la encontré C&lt;'mo de costumbre,.sentada en sn viejo sillón de gutapercha, junto á la
camilla, sobre cuyo tapete de hule había varios memorialea de pobres, que estaba examinando.
-Mi amiga doil.a María tiene sesenta aftos, es muy fea
y gasta una espesa peluca negra.
-¿Trabajando como de costumbre?-la dije, después
de saludarla.
Leyendo desdichas y más desdicha&amp; -me replicó quiiándoee las gafas.
'
-Y buscando a la vez el modo de alivlarlae-afiadí
-Sí, amigo mío; pero, es tan poco lo que puede hacerse!
,-Y, vamos á !er, entre todos esos postulantes ¿hay algua caso excepcional?
-No }o sé-me contestó la sefiora; son memoriales que
me han dado en la última junta y que, como visitadora
'8ngo que ir á enterarme de lo que hay de ¡,erdad e~
ellos. Pero el ot,o dia se me ha presentado un caso de
esos que usted dice y que oprimen el corazón más duro.
-A ver, cuente usted.
-Pues verá usted: en una especie de cuarto, sin más
luz que un ventanillo que salía al nivel del piso de un
patinejo y por cuyas desconchadas paredes rezumaba la
humedad, me éncoatré sobre un catre miserable un hom•
bre joven que se moría tísico á toda prisa. Establi á su
lado una mujer joven tambilfo, bonita, de.aíre distinguí•
do, vestida de harapos que en otro tiempo ee.cooocía habían sido elegao'8e galas, y por todo ajuar en aquel zaquizamí tenian dos sillas viejas, un baul destrozado, un
barrefio con unas brasas, en que se calentaba una medicina, y cuatro pingos colgados de dos clavos.

-Eso no viene á cuento-me replicó con•
trariada la buena eeil.ora.-Puee oiga n8'8d,
á esa infeliz me la be traído á casa; por allí.
dentro está, y voy á ver si la reconcilio con
su madre y la proporciono algún medio decoroso de ga,,arse la vida, que bue11a falta
la hace. Para esto último cuento con que us·
ted me ayude.
-Cuente usted conmigo; ¡pero vamos, eeil.ora, que se mete usted en unas historias!
En fin, todo sea por Dios.
- Sí, hijo; todo sea por Dios-me contestó
con beatífica calma.
Habrían pasado quince días de esta conversación con mi amiga, cuando una mal'la•
na, pasando por la descampada plaza de¡Jae
Peftuelae, veo acurrucada en el suelo y quitando á un pobre perro una la~ que unos
traviesos muchachos Je habían atado al ra•
bo, á mi amiga dona María, c9n su vestido
de merinete, sus zapatos de fraile y su peluca.
Ayudé á la anciana eeftora, como mejor
pude, á libertar de su maza al mísero chucho, y después de loe saludos de ordenanza
y d6 enterarme que, como de costumbre, loe
vientos que par aquellos andurriales la habían llevado eran loe mismos que á casi to•
das partee la llevaban, los de la caridad constante y valerosa, se me ocurr;ó preguntarla por su protegida, la joven viuda.
-¿No sabe uet"d lo que me pasú con ella?
-me contestó.-Puee que .e escapó de mi
casa, llevándose unos pendientes de brillan-

-Cuadro de miseria era en verdad-la dije.-Y la historia de aquellos deegraéiadoe, ¿la supo usted?
- CC&gt;mpleta-me conteetb doña l\Iaria.-Entre lo que
la joven me relató y los informes que yo he adquirido
resulta lo siguiente: Ella es hija de uoa eefiora que fu;
azafata ea otros tiempos, tan llena de vaoiJades como
falta de recureoe. Contra loe locos de•eos de la madre
q~e no q~ecía para yerno hombre que fuera menoe qo;
d1plomát1co, ó alto empleado de la R~al Casa, la chica ee
enamoró de un capitán de infantería que la rondaba la
calle, y con el cuat cierto día, tras una acalorada diecu.
sión con su madre, se e1:capó1 yéndose la pareja á Portugal._ Jl!I, por su parte, se llevó los fondos d,e la caja del
reg1m1!3~to qu~ Cl!taban á ~u cargo, coa. los que tuvieron
para v1v1r y munfar aunque no mucho tiempo, pues el
mocito salió jugador y perdido y fueron aquellos por
tanto, loe dineros del sacristán.
'
Deepu(,e vinieron las escaseces, los malos tratos los
desp;e~ioe con que ha purgado la infeliz su mal pas~, y,
por ultimo, la enfermedad de él, basta que hambrientos
y desamparados, han vuelto á .Espail.a, donde se hallaron, el capitán, muerto á su padre de pesadumbre después de babe"!~ arruinado por pagar los desfaÍcoe y
trampas de en b1Jo, y ella, con que su madre no la quiere
de modo alguno ver, ni oír haolar de que tal hija llevó
en sus entrañas.
-¡\'aya una eituaci6n! Y usted, dofta l't!aría, ¿qué ha
podido b!icer por ellos?
-Poca cosa; pero, eo fin, xlgo se ha hecho. En primer
lugar casarlos, porque aquellos de~gracíados estaban todavía en pecado mortal. En dos días y con el apoyo del
seftor obispo, lo he podido llevar á cabo, por encontrar
se el capitán i11 m'/ír ulo mor/i,i Luego enterrarle, pues falleció al día siguiente de celt-brado el matrimonio· proveerá la viuda de algunas ropas y pagar loe gastos' de la
enfermedad.
-¿Y á todo ello ba subvenido la junta domiciliaria ó
Arco del comercio.
ha tomado también parte y no escasa, como otras veces
el bolsillo de la visitadora?
'
tes, nn ve 1o de enc,je y d'ls billetes de á 100 pesetas
. -Pero, vamos, qne se neceRita ser criatura perversa é
10grata para portarse con usted de Pea manera
-L'l q~ie ustei. llama _pP.rversidad-:lij'l dofla Maríayo más b1e!11?Ud1era cahfica~lo de to~teria eúpima y faltadecon&lt;?c1m1ento de la prop1aconvemeocia que abandonaelcammo algo áridoenunprincipi&lt;?, pero'llano, fácil y
seguro, por la!1z.a~se pr&gt;r trochas y vericuetos que siempre
llevan,Rl prec1p1c10. Y ea cuanto á la ingratitud, yo no la
veo. , amos, hombre, ¿&lt;1casoes usted de loe que todo servicio que prestan áeu prójimoqnieren gueésteee Joagradezca? Refiexiooe usted, amigo mio qne agradecereselmc•
do de pagar los beneficios que recibimos, y que si pretendemns que no~ los agradezcan, pretendemos también
que nos los ~ague o, y beneficio pagado, deja de serlo.
-Eso en rigor, pern muy en rigor ¿eh? ea verdad mú
no todos ven las cosas ~el mismo m¿do, amiga mía.'
. -Por cortedad d_e vista-me repuio con chunga mi
10terlocutora.-¿Qu1ére usted que vayamos á pedirle al
pe~ro ag,1el que nos agragezca el favor que le hicimos
quitándole la lata de la cola?
-¡Q,1é cosas tiene ested! En fio, ello es que por fas ó
por nefaa, se ha e~contrado ueted libre de aquella pécora
-Así es-me d1¡0 con asombrosa tranqnilída la buena.
setlora,-pero conf10 en que no sea por mucho tiempo
Ando haciéodo diligencias para dar con ella, y si la en'.
cuentro, llevermela o~ra vez á mi ca~a, y que quieras que
no, hacer de esa desdichada una mujer de bien
-;.Será posible?
•
-\'a}'.a, ¿pu~s no b~ de Rer?. El haber perdido un pleito en PrI!ller~ instancia no es impedimento p!l.ra acudir
á la Aud1eoc1a y basta al Tribunal Supremo. Ya verá
u~ted, ya verá usted como lo consigo si la cazo y creo
que llegaré á cazarla. Adiós, amigo mio, hasta dtro rato.
Que vaya uqted &lt;verme.
Y dofia María Ee alejó sonriendo.
Con e 11s zapatos de frai lé, su vestidillo negro su peluca Y eu fea cara, la hubiera de buena gana dad~ un abraza en aquel momento, mejor que á una buena moza.
Y eso que las buenas mozas me gustan.
Arco lev111ntado por l.is Colonl.is Europeas.

GONZALO CERR\J&amp;RÍA.

Admiración de loe hombree,
Orgullo de nuestras. selvas.
Loe hijos de los caciquee
De pc,rtentoeae empresas,
Loe nietos del gran Lautaro
Hoy, sin combatir, se entregan!
¡Ay, de mí! ¡Ay. de míl
..
¡Arauco ya no existe; ya se acabó mi tierra!
~ neetroe padres y sus padres,
Cayeron en la pelea
En eangre tinta la lanza,
Sin moetrar jamás flaqueza;
Y hoy moran en loe volcanes
Que roncos braman y humean,
Enrojecidos acaso
Con el rubor de la afrenta.
Los hijos degenerados
De aquella raza de atletas;
Roto el viril •tarilonco•
Doblan la altiva cabeza.
¡Ay, demíl.1Ar, de míl
..
¡Arauco ya no euete; ya se acabó mi sierra!

Y el escogido de mi alma
Ese ...... entregó la frontera!.. .. ..
¡Epulef...... cuánto lo amaba! ..... .
Era nn tigre en la pelea,
Su caballo era un relámpago
Y su ,,quila• una centella.
Elocuente manej,ba
Como la lanza la lengua;
Nadie más noble, más grande;
Nadie...... ¡qué digo! ...... Ohl vergüenza! ......
¡Ay, de mi! ¡Ay, de míl
..
¡Arauco ya no existe; ya se acabó mt tierra!
SI¡. Cleopatra Viclnl, sopr.ano ll¡cra.

LA NUEVA COMPAÑIA DE OPERA ITALIANA

El ju"vee último dPbi6 estrenarse en Pl ~acional, con
•Gi()(.'onda, la nueva Oompaflía de Opera Itahana, hace al~no11 días esJ)f'rada pn México. Integrai:i el cuadro. artistas entre loe rualee alguno!! son antiguos conocidos
nueetl'OII. ta!PA como la Peflora Polaco DrC1g.
.
No pndiPndo aón hornPco_pa! con respecto á 1011 mén:
~s y al éxito de la troupe, hm1támonoe á dar algunas fo
~grafíaa, deaeando á loe artistas muchos aplausos.
LA· ARAUCANA.

Del torrl'lntoeo' Toltén
Solitarin en la ribera
Alí-Quillen, la araucana,
AAi, triste Pe lamenta:
-¿A.dónde, ad6nd" voy sola~
A dónde llevo mis penas,
Si IR tierra de mis padree
Eq hoy del •huinca• la tierra!
Gime «tricauco" agorero,
Tú, solitario te quedas
Y yo me voy no sé á dónde,
Arrastrando mi cadena.
¡A.y de míl I Ay de mí!
. ,
¡Arauco ya no existe; ya se acab6 mi tierra!
Oayó el indómito Arauco
Nunca vencido en la guerra:
Un eoplo de la montana.
Heló la lanza y la espuela.
ne la altura cayó el águila
Que cantaron loe poetaP,

Por última vez ¡oh Rlo, .
En tue agrestes riberas
Déjame cantar llorando,
Déjame eonar despierta! ......
En loe "niguines• lo vi,
Bailé con él en la fiesta,
Y cautiva de sus ojos
Dile mi alma, de amor llena. ·
Como paloma anullaban
Sus palabras lisonjeras,
Y el fuego de eue miradas
Abl todavía me quema!
¡Ay, de mil ¡Af, de mí!
. .
¡A.rauco ya no e:uete; ya se acabó Ull tterra.1
Aguas corrientes del rk&gt;
En que se miran mis selva@,
Llevad al mar los •copihuee•
Que entrelazaron mis trenzas.
¡,De qué sirve~ loe ad?rnoe
Y las floree, El hay tnetezae
De eeas que mata .. el alma
Y que la vida envenenan?
¡Juventud, belleza, amores.... ..
Verduras sois paeajerael.. .. ..
(',omo estas flore~, al río
Diera yo todas m;e prendas.
¡Ay, de mí! ¡Ay, de mil
..
¡A.rauco ya no existe; ya ~e acabó mi tierra:
Todo paeó...... los chilenos
Sus orgullosaq handPrae
Clavaron en Villa-Rioa,
De •ueetra gloria preeea;
Mudos están loe clarines,
Las 1obustae lanzas quietas,
¡V no estallan loa volcaneqf
¡Y las nubes no revientan l. .....

SI¡. Bcnvenuta Polaco Oro¡, mezzo sopra"º·

..\.dios! Arauc.&gt; perdido!
¡ Adios, Toltén! huye, rueda,
Corre á la mar, y llorando

Esta inmensa tumba riega.
¡Ay, de mfl ¡Ay, de mil
..
¡Araoco ya no exie'8; ¡ya se acabó mi tierra!
EDUARDO DE LA BARBA.

LA OFRENDA
A Luis G, Urbina.

Yi.ientee resplandores de una mafiana primaveral Un
haz de luz, saltando de la aha ventana á través de loe
vidrios de coloree cae sobre las baldosas del templo, tendieado en ellas ... ~ •apiz de iris movedizos. ~n su ll!lpelo
diáfano, la Virgen, de cara bondadosa y casi. sonr~ente,
envuelta en wca negra eu cabellera, con l?e o¡osab!ertos
en vidriosa inmovilidad, ostenta un veet1do. ,111.mpho ~upido de lentejuelas de oro y plata, como un g1r6n de cielo estrellado.
'C'na nii'la frágil, coo la fragilidad de las porcelanas preciosas v&lt;'stida de inmaculada, se acerca pronta y alegre
á dep¿sitar eu búcaro rebosante de aM1baree. Dos trenzas
trigueftas bajan hasta su cintura, anudada~ en sus extremidades por un listón. Su frente descubierta ea ancha,
correctamente corva. Eo su boca color de grosella, uoa
sonrisa de placer. Tropiézaee en las gradas. del altar, y
el búcaro rueda roto, desparramando en el marmol un
chorro de botones y de pétalos.
.
La nifia se inmoviliza y clava una mirada de angustia eo la perdida ofrenda de eu amor. Después, cuaodo
levanta la cara lívida á la Virgen, están l~s.trosa~ de
llanto sus pupilas tristes, negras como la obsidiana.
J KSÚS URUET.\.

7

1
' 1

L
SI¡. Nin.a Muzl, sopr.ino dramática.

Si¡. Linda Montan.ir!, sopr.ino dr.imátlca.

.

SI¡, Adelln.a Janton, mezzo soprano.

�DOMINGO u DE IULIO DE 1897

EL MUNDO

--º=º-■
=IN=G=O=h=D=E=J=U=L=IO=D=l=•ll9~7===============B=L=M=U=N=D=0~===~==~================~31=,_

SombrerolulsXVI. ( Figura 7 .),

CRO.NICA DE LA MOD.A.

Esta intrincada forma va ador·
nada por un gran penacho de
hortensias y rosas.

Esta simpática y turbulenta coquetuela ee formaliza
por ahora 1,n algunos momentos, de más 6 menos duración, pues las crónicas del extranjero nos dicen cada dia
que el gueto e~ ha decidido por loe vestidos blancos,
adornados de n1&gt;gro.
No parece sino que la moda tiene un oculto duelo, pues
para todo hay una mezcla de negro, aunque aeapequefía.
Tenemos en loa trajes más bellos, cintas de abalorio negro, ó de terciope:o y raso, encajes negros, etc. En los
sombreros vemnP graciosas confecciones de pliesé blanco
ó crema con orillas i,egraa; aunque loe más aceptados son
negro con b 'anco.
A veces suele mezclarse á los vestidos blancos con
adorno negro, alguna cinta roja, cuando las jóvenes no
son sectarias del rumantici~mo.
Vemos también que han quedado abolidos por completo los grandes bullones de las mangas. Sin embargo, en las bluPaa americanas cae perfectamente la manga
ancha de pufto, y c, mo generalmente se hacen de telas
de lino, dan mayor gracia y ligereza al talle.
Esto es en cuanto II trajee de calle y casa, de loe de tea•
troy recepción, noe ocup11remoe próximamente.

Sombrero de jardín.
(Fl¡~ra a. )

Este es de paja .fina y falda
ancha, adornado únicamente
por un grupo de plumas esmaltadas y un ancho pliseé roea-vie•
jo, puesto coquetamente en torno de la copa, y sobre una cin·
ta de terciopelo negro.
Sombrero de tul crepe.
( Flguril 9.)

Pue:le imaginarEe una peque•
fia nubecilla de aurora, por su
tenue tinte violado, llevando •
en la vuelta del ala un gran laso
de listón negro sujeto por un
broche brillante.

--f ~IT\'=S~
LECTURA PARA LAS
DAMAS
SABER VENDER)

Figuras •· y •·
[ Bolero abrigo. (Fl¡un1 5.)

r

Eete'grscioEO atavío es muy propio para entretiempo;
y debetuesree encima del vestido. Es de pafio vert perforado, manga campana y cuello médicis en ondas.
Grupo de sombreros.

Debéis también saber elegir
la épcca favorable pRra vender,
ya lo que cosechaie, ya lo que
vueetroe productos os euminhr·
tran eo breabundantemente. Así
como es bueno tener proyeedoree titulados para comprar, tened también, si es posible, con.• pradoree que puedan fiarse de
vuestra legalidad, y con quie•
nee podaie contar para el pago.
Peto en las ventas como en _J~s compi:ae, procurando en primer lugar vuestra ullh~ad, ~e¡ad á los negociantes, cuya vida es toda de mq,metud y proyec·
toe, eeas combinaciones y eeoe. eem1enga!i~B q~~ cor.
frecuencia tienen mucha relación con la 1~¡uetrnia.
Nuestro objeto no de~e eer el co~erc10, no queremos precisamente enriqu•cernoP, smo establecer
en torno nuestro por el mden, el trabajo y la eco·
nomía, la paz q~e hace la dicha en la familia.

Aqui tenéis mis queridas lectoras, un grupo
de diversos sombreroe variados en su .forma,
pero igualmente encantadores, que os servirán
para realzar vuestra hermosura, si tenéis bae•
tante tino en elegir aquel de ellos que mejor se
adapte á vuestro rostro. ~

Figura 6.
COMPRAR POll SÍ HISHA'

Comprad por vosotras miemae. No compréiR por meaio de otros, eino cuando no Jo podáis vosotras hacer; así
q:nedaréis~máe contentas y eabréie lo que mejor os conviene.

Figura 8.

Para fiarse de otros en las compras es necesario estar
seguras de dos coeae bien raras: l,afid,elidad y la habilidad.
Una cocinera, por ejemplo, no comprará más que lo
que ella eabe gmear, 6 lo que le dé menos _trabajo~preparar.

Después hablaremos de la fidelidad. La habilidad e
tal vez más rsra que la fidelidsd.
Pocas personas son capsree de no dejarse alucinar por
las palabras de un comerciantf&gt;, por sus exagerados cumplimientos, por sus mentiras dichas con calma.

~Sombrero de paja. (Fgura:6. )

/·~?

Este preciosíeimo sombrero de un aire mar·
cial, está adornado con anchoe pliesée amari•
lloe y alas de cuervo. El centro de la flor es un
chaux de tafetán guinda.

/t.:·
"
/fr.
·,.,.
Figura 4.

No debemos querer acumnlar(riquezas que frecuente·
mente solo sirven para tormento, sino tener bastante para dar y hacer el bien y no bastante para causar envidia
y obrar el mal.
MANÍA DE COMPRAR

Triljecltos para nllias de

2

.á 4 ilÍÍOs. (Fl¡urils I y 2. )

-El primero ee de piqué pompadour adornado con doe
guarniciones de bordado de hilaza roja; de la misma hi•
lasa lleva un gaviado en el vola.ute y mangas, dos lazos
de listón rejo en loe hombros.
El otro vestidito es de piqué blanco.con bordados negros, cintita n1&gt;gra en la eecarola del canezú y cuello.
Cinturón y laz011 de lis\ón negro.
TraJ• de paseo. ( Figura S·)

Este vie\oeo \raje ee de eeda pompadour cambiante.
El talle eetá formado por un coselete en acordión que
sujeta el vuelo de la blusa, reparliéndolo después para
la falda. Mangas ajaretadas con globo muy chico.
Un fino encaje adorna el cuerpo y una banda de muselina de eeda lila cubre la costura. El sombrero también ee\á adornado por muselina de seda lila y plumero.
Dos bluus sencillas. ( Figura

4.)

Es~s do• cuerpos 10n, el uno de percal á cuadroe, y el
tro de pi~é rayad•.

Fi¡ura ~-

Debemos precavernr,e, en fin, de la manía de comprar,
la cual viene á ser una verdadera pasión.
Para esto no concurramee, ni aún sólo por ver, á }o¡¡ .
remates ó euba11tas, ni áloe aparadores que los comercian•
tes ponen al paso, ni á esos bazares que ofrecen una libre .
entrada y un mostrador cubierto de objetos brillantes y
atractivos; correremos allí mucho peligro de ceder á la.
tentación y comprar cosas que al día siguiente nos estorbarían.
Allí tal vez pondríamos en ejercicio la manía por las
colecciones, las curiosidades ó las ltagatelas, que con frecuencia es tan dispendiosa como ridícula.
Hay algunas mujeres que tienen en su aposento, sobre
elegantes y vistosos aparadores, ó en alguooe cajones ó
mesas, verdaderos almacenes de inutilidades, digamoa
mejor, de ridiculeces.
Esos objetos preciosos de la China, estas porcelanas
transparentes, aquellas maravillas delicadae del arte, an·
te fas cuales es necesario contener el aliento por miedo
de romperlas, parece que no están allí, sino para provo•
car el fastidio de la que las posee, y la sonrisa de loe que
las ven.
¿Y cómo han podido llenaree de tantos estorbos?
Han salido á la calle con la recta y firme resolución de
no comprar nada; han estado seguras de sí mismas y al
aproximarse á loe aparadores y al entrar en los al~ace•
nea, se han despertado dos pasiones que reposaban silenciosae: la curiosidad primero, el antojo y capricho des•
puée; en seguida han comprado.
¡Oh! si eecribiéeemoe un curso de moral, cuántas cosa~
tendriamoe que decir sobre estas tiránicas inclinacione@!"

Figura g•

•

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(DE VAN BUSKI RK)

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~

01

~

"•

Es el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo Europa, desde
el año dt 1859. Es la preparacion mas antig; 1 a del nuevo mundo.
La célebre actriz Sabara Be~nhardt dice del Sozodonte que "es
el único dentrífico de reputacion
universal."
;El Sozodonte preserva la dentadura de su decaimiento, endurece
las encias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
conceder.

.,

~

..

"

KIJBIBR03.

Antes de Acostarse
tómense las Pfüloras del Dr. Ayer
y se dormirá mejor, para despertarse
mejor dispuestos á emprender las
faenas del dia.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer

',

no tienen igual como remedio
agradable y eficaz para el estreñimiento, biliosidad, jaqueca y todos
los desarreglos del higado. Están
,1z11caradas y preparadas con tanta
perfección que curan sin ir acompaiiadas de las molestias de otras
plhloras clel mercado. Pidanse al
farmacéutico de que se sirve las
J'lhloras del nr. Ayer. Cuando no
produzcan cfrrto otras p!l&lt;loraR, las
tlt&gt;l J)r..\. ycr se cnrontr,mín eficace~.

El Sozodonte se vende en todas las
P erfumerias, Droguerias y Farmacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar vuestra dentadura
y una pastilla de Jabon Sozoderma de
muestra á qrien la p ida d1rigiendose á
los proprietarios
HALL &amp; RUCKEL,
215 W asbln¡ ton St., New Yo rk, BE, UU. de A,

PRIMER PREMIO EN LAS

t1onsir.l,1ft•~ Unlvo...• lr• ~- ll••~•lnn~ YCh1cago.

•

~LA FRATERNAL.~
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
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O ficinas d e LA FRATE RNALs

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 760.-IIEXICO

EL TA ND EM APLICADO AL EJ ERCITO

$aliaa ae la ópera.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 2, Julio 11</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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