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Es el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo Europa, desde
el año dt 1859. Es la preparacion mas antig; 1 a del nuevo mundo.
La célebre actriz Sabara Be~nhardt dice del Sozodonte que "es
el único dentrífico de reputacion
universal."
;El Sozodonte preserva la dentadura de su decaimiento, endurece
las encias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
conceder.

.,

~

..

"

KIJBIBR03.

Antes de Acostarse
tómense las Pfüloras del Dr. Ayer
y se dormirá mejor, para despertarse
mejor dispuestos á emprender las
faenas del dia.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer

',

no tienen igual como remedio
agradable y eficaz para el estreñimiento, biliosidad, jaqueca y todos
los desarreglos del higado. Están
,1z11caradas y preparadas con tanta
perfección que curan sin ir acompaiiadas de las molestias de otras
plhloras clel mercado. Pidanse al
farmacéutico de que se sirve las
J'lhloras del nr. Ayer. Cuando no
produzcan cfrrto otras p!l&lt;loraR, las
tlt&gt;l J)r..\. ycr se cnrontr,mín eficace~.

El Sozodonte se vende en todas las
P erfumerias, Droguerias y Farmacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar vuestra dentadura
y una pastilla de Jabon Sozoderma de
muestra á qrien la p ida d1rigiendose á
los proprietarios
HALL &amp; RUCKEL,
215 W asbln¡ ton St., New Yo rk, BE, UU. de A,

PRIMER PREMIO EN LAS

t1onsir.l,1ft•~ Unlvo...• lr• ~- ll••~•lnn~ YCh1cago.

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~LA FRATERNAL.~
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
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O ficinas d e LA FRATE RNALs

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 760.-IIEXICO

EL TA ND EM APLICADO AL EJ ERCITO

$aliaa ae la ópera.

�DOMINGO ,8 DE IULIO DE 1897

EL MUNDO

''El.MUNDO"

tá más cerca de nueetro espíritu cuaoto más lejano el

Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle lle Tiburcio

núm. 20.-Apartado 87 b.

MÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Rebcción, debe eer dirigida al
Director, I.lc. Raf"ael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe eer dirigida al
Gerente, I.lc. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
111.es, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

~.,

Todo pa¡o debe ser precisamente adelantado.
BÉGISTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.
···••·····•····..........................

... ................ - .... .

A LA SEÑORA

! (!armen Romero Rubio
:
,
!
!

'.
'

día de su desaparición. Es que los que hemos llegado á
la vida, á recibir la herencia del Benemérito, aquilatamos la enma de energía desplegada por este carácter en
la preparación del presente.
Hombre de fe fué J11ár&lt;1z, sublime vidente quesean·
ticipó al porvenir y vió claro en la conciencia nacional
que si todavía, en la época del terrible combate, no se
había penetrado ampliamente de la idea liberal, poco á
poco haido absorbiéndola, y asinilándo·a más tarde en su
organismo. Y es que las gran.les ideas, para ser fructí •
feras á las sociedades, necesitan de hombres superiores
que las encarnen y las hagan existir, con esa vida del in•
dividuo, formada de eacrificios y heroísmos, que por tan
extraño modo hiere á las multitudes. Cuando uno de es•
tos hombres. que aparecen á trechos en la leyenda de la
humanidad, se apodera de uno de estos altos principios,
rompiendo el medio que le rodea y que, á ocasiones, le
es hostil, las generaciones que siguen á su obra, educa·
das y nutridas al amparo de ella, hacen de esta personalidad una figura imperecedera, un coloso asentado sobre
firme base de granito.
Juárez para nosotros ofrece eetos lineamientoe; pcreso
sobrevive, porque su obra ha sobrevivido; porque la tie·
rra que pisamos es suya; porqueeon suyos los sentimientos
man nuestros espíritus y loe conceptos que bayen er&gt;
nuestros cerebros.
¡Juárez es la nacionalidad mexicana!

ae Díaz.

~Á\~
Aunque tardío, tenemos el honor depreEentar
nuestro homenaje á la virtuosa dama, que por
tantos conceptos ocupa un lugar distinguido en
la sociedad mexicana.
· ¡Que no se empañe nunca la dicha de esa hermosa existencia consagrada al consuelo de los
humildes!

·
:

be buscarse en el prolongado entronizamiento del sieteroa proteccionista, que descubre al obrero un grupo pri vilegiado que se enriquece á expensas de loe sacrificios
ajenos.
El socialismo t&gt;B una protesta! es el grito de rabia quese escapa de una multitud indignada ante las voracida•
des de un terrible Moloc, que tritura víctimas para vivir
siniestramente de iae vidas agenas. Su programa ee ina·
ceptable, y el triunfo de loe nuevos dietribuidc,res de la.
riqueza p11blica sólo serviría para hacer retroceder á las
nacionalidades modernas una buena puflada de aigloe.
La ley de las represalias, turbulenta y füsolvente, pone una nube de cólera en el corazón del obrero y lo lanza.
á los desórdenes de la huelga de la que él es la primera.
víctima. ¿Qué hacer frente á este desequilibrio surgido
entre los factoras que dan prosperidad y bienestar á la&amp;
naciones civilizadas?
Todavía el problema continúa ein resolver; pero en la
Repúblicad el Norte está el remedio quizás en la destrucción de esos poderosos castillos feudales del act ual industrialismo.
Aun lleva el coloso sangrientas heridas en F.U flanco.

lllalíti!a Oi,tneral.
RESUMEN.-La eterna lucha por la vlda.-Lo que hayen el fondo de la fraternidad lntern acional.-luz y•
sombra.-Alia11za anti-britán1ca.-EI Kaisser y el
Czar. -La Gran Bretaña y su política de abolengo.
-La ostentación de su fuerza.-Grecl .. abandona-

.
:

da.-Vae vlctisl

~tJtas tbitarialts.
Qfl 14 lJ tl 18 be Julio.
Una idea-madre informa estos dos aniversaric-s,- el de
la toma de la Bastilla y el del fallecimiento de Juárez;
-una base única les sirve de apoyo en el edificio de la
historia: la exaltación de los principios liberales,
á través de una ruda y prolongada lucha• .El g y el 18 de
Julio son doa fechas que presentan la misma característica, dos jornadas que preside el mismo criterio.
La toma de la Bastilla ha resistido á la acerada crítica
contemporánea; todos sabemos ya que detrás de los can•
tos que la enaltecen, se oculta un acto Tepugnante y que
las multitudes que asaltaron la típica prisión de la mo•
narquía, distaban mucho de ser esa oleada de hombres
generosos y esforzados, masa de ángeles que han apro•
vechado los panegiristas incondicionales de la obra re•
volucionaria. Pero todos sabemos también que no se elaboran con mejor materia prima todas las convulsiones so•
cialee que ee han producido en loe pueblos.
Tiene el 14 de Julio de 1789 ufla fase negra y repulsiva;
pero hay en él un hemisferio en el que la luz entra árau•
dales. Los que sólo ven en este hecb,o el inútil asesinato del g&lt; bernador Delaunay, los ,aqueos de la noche
del 13 al 14, los desórdenes causadcs por una masa brutal y sedienta de saogre, el ensañamiento de loe aeaHantee y sus gesticulaciones de histriones trágicos, parecen
olvidar que el hecho en eí tiene únicamente resonancia
1mivereal por lo que significa en la desaparición de un
régimen decrépito é inadaptable á las necesidades del es•
píritu humano.
Las nuevas generaciones han apartado del asalto de la
Bastilla, las impurezas de que está salpicado; lo han re•
dimido, á semejanza del Cristo á }ía!ía de Mágdalo, de
todas eue culpas, y como el sol, al besar el pantano, bebe
el 11gua que la nube deposita, esterilizada en la tierra
que fecundiza la lluvia, a11í el principio de la libertad ha
derramado sobre el 14 de,Julio el licor generoso de la salud, y de un acto cruel y ealvaje ha hecho una apoteóeie fulgurante y eterna.
Así celebramos este anivereario purificado de sus
manchas!

JUA.REZ
(De fotografla Valleto, tomada directamente.)

Hace slgunott días, nos transmitieron las agencias tele·
gráficas de esta Capital la noticia de una enorme huelga
registtada en importante zona industrial de la Repúbli·
ca del Norte.
No es la primera ocasión en que la Democracia gigan•
te dilapida así sus poderosas fuerzas en empresas improducti vae. La estadística se ha apoderado de las cifras que
representan estas pérdidas netas, en medio del rápido
desarrollo de la riqueza americana, y las ha arrojado á la
consideración de los economistas y hombree de Estado.
El proble!lla social ha hecho su apari:lióa en la flore•
ciente República, y, ora parapetado tras las doctrinas
agrarias de George, ó bien, trsspasando loe limites de lo
especulativo para lanzarse al terreno práctico, en caótico
tropel que antaño recibiera el nombre de ejército del ham•
l,re, ha 1·amifieado sus antenas y ha extendido sus ga1·ras
por buena porción del territorio de la Unión.
Pero ¿de dónd~ procede que en un pais, en el que los
elementos de vida para el trabajador le proporcionan la
satisfacción de un amplio cuadro de necesidades, en uua
nación en que las utilidades del empresario han decreci*
do
notablemente, mientras loe salarios siguen una direc*"
La muerte de nuestro impasible marca una etapa en la ción contraria, la lucha entre el capital y el trabajo conshistoria de la República Mexicana. Parece-y no es es- tituya una amenaza á su capacidad productora?
ta la primera vez que emitimos eetaidea-queJuárez ~ePara nosotros la causa de este fenómeno económico de•

Por más que pretendamos ver en el movimiento que•
empuja á las naciones en su desarrollo un cu¡¡dro sonriente de tonos alegres y notas regocijadas, es tau rada
la ley de la competencia, ta:i necesaria la concurrencia
vítal, tan imprescindible la incesai.te lucha, que allí
donde aparece un símbolo de paz, queda mal encubierto
el odio, donde se descubre una señal de concordia, ahondando un poco se penetra en las sombras del rencor, y
donde nos parece ver indicios de confianza y mueetrae
de amor y caridad, se halla la marca del sórdido interés
y las huellas de rivalidades que rugen, de apetitos que
batallan, de concupiscencias que entrechocan.
No se necesita haber saboreado la onda amarga del
pesimismo para formarse esas convicciones; basta seguir
atentamente loe culebreos de la diplomacia, sorprender
las sinuosidades de las relaciones internacionales, espiar
las astucias de loe actores en la gran comedia humana,
para convencerse de Ja falsedad del brillo con que seadorna el escenario,áfin de deslumbrará las multitudes.
y ocultar las aviesas intenciones al enemigo y al rival.
Se proyecta el viaje de un eoberan~, por ejemplo; seauuncia su misión de paz, se proclama á son de trompe•
ta la fraternidad universal que lo guía y la concordi:\
cristiana que lo inspira, y á poco se sabe que bajo su
manto mentiroso de amistad, ocuUa las maquinaciones
más agresivas, busca en las tinieblas, secretas alianzas
ofensivas y alienta proyectos ruines de venganza. Se
nombra un embajador á quien se encomienda la &amp;area de •
estrechar los lazos de amistad y las buenas relaciones.
que aparentan cultivar dos naciones, y no tarda en
averiguarse que el pacífico ministro, cuyo carácter hace
inviolable su persona, se mezcla en ).a política interior dt,I
país doude reside, atiza sus rencillas, alienta á los sgita-.
dores, ó se dedica humildemente á investigar la resisten-.
cia de sus fortalezas, la importancia de sus puntos estra•
tégicoe y la organización y solidez de sus ejércitos de .
mar y tierra, para el caso de una declarada guerra.
Y así van las clases directoras sorteando loe obstáculos
que á su paso encuentrane n el engrandecimiento de los.
pueblos; así van caminando entre loe himnos que levantan sus adeptos, y los murmulloa salmódicoe sin eco que•
brotan en ráfagas luminosas de los augustos congresoa
de la paz, última burla de.eete siglo batallador.

*
**

Mucho se ha hablado del viaje dal emperador Guiller•
moa San Petersburgo y de las tendencias que lo animan,.
al buscar cordial inteligencia con el omnipotente autó•
crata del Neva. Se apuntó su deseo de encontrar á Mr.
Faure en la corte de Nicolás II, con la sana intención de
apagar en fraternal abrazo el odio de más de cinco lus•
troe que ha apartado á los pueblos de aquende y allende,

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

,el Rhin ; al saberse el inútil resultado de sus vanas pre·
teneionas, hoy se aventura la opinión de que sus conatos
no se dirigen á reconciliarse con Francia, sino que van
encaminadas en abierta hostilidad contra la Gran Bretaña.
Murmúrase por lo bajo que el sentimiento antibritáni •
co, manifestado de diversas maneras en Alemania, arrastra al arrebatado Hohenzollern á buscar la alianza de
Rusia, rodiada rival del Reino Unido en influencia y
predominio sobre el continente asiático. Afí.ádase además, que para tener bien quisto al gabinete de París, puesto que ya es preciso creer en la alianza franco-rusa
-ofrecerá su apoyo moral y material para exigir la eva•
cuación de Egípto por los ingleses, dejándolo b~jo la
protección del pueblo que llevó á cabo la obra titánica
del canal Suez.
Imposible parece que de tan extraños m()do~ buFque
notoriedad el soberano germánico, y olvidando lo~ oilios
tradicionales que lo apartan de Francia y lo alejan de R•t •
sía, pretenda así ponerse frente á frente de en augusta
abuela de quien amargar, loe postrimeros días.

EL MUNDO

huestes de Edhem Bajá sobre la indefensa Atenas, y la
monarquía helénica, deeamparada y sin honor, qnedará
aplastada bajo las plantas del invasor.
Y el pueblo griego ¿qué puede hacer? 1Infelizl Enga•
fiado por las vanas promesas de loa filo-helenos de todos
loe países, seducido por loe artificios de quienes le augu•
raban fácil triunfo, llorará su humillación al pie de la
sagrada Acrópolis, mientras puede tomar el trabuco del
guerrillero, tal vez pera comprar de nuevo su inaependencia.
¡Pobre pueblo que se dejó alucinar por los encantados
espejismos que le fingía eu imaginación siempre sofladora y poética! No vió la sirte que se abría á sus pies, y cayó, arrastrando acaso la monarquía en espantoso derrumbel
Julio 15 de 1897.

X. X. X.

El. I.UJO DE I.A INDIGENCIA

Generalmente ee cree que el lujo es patrimonio y mo•
nopolio de las clases altas, ilustradas y ricas de la sociedad; que ellas lo acaparan, que sólo ellas lo disfrutan,
que solo las princesas y los millonarios pueden baflarse
en sus voluptuosidades, irradiar su brillo, ostentar ene
msgnificencias, oficiar en sus pamposas suntuosidades.
Claro es que para adornarse con diamantes como «El Regente;" para veetirs~ el traje de encajes que encargó á Brueelae la Emperatriz Eugenia y que adquirió Miss Mac Ray
en ochenta mil pesos oro después del desastre de Sedán;
para encerrarse en el estuche acojinado de seda de un
curé tiradG por un tronco de yeguas inglesas; para babi·
tar palacios, y pagar cocineras de cuarenta y cincnenta
mil francos al año, se necesita ser reina en Inglaterra,
Emperatriz en Austria, Artista lírica, bailarina ó prince-

***

Ha tiempo que se hace palpable y evid•mte t&gt;I aislamiento de Inglaterra, que orgullosa de su propio vali·
miento y fiel á su política de aboleng,.,, desdeña pactos
vanalett, ve desde la altura de su grandeza con marcado
menosprecio las ligas inconsistentes, y solo se rPsnPlve
á obrar, cuando comprende que su voto se considPra decisivo en loe concejos de las nacionPP. Pero e~e aisla miento aparente no menoscaba un ápice la fuerza colosal del dilatado imperio británico, y sería un error la·
mentable pensar que porque se mantiene apartada de
atianzas dobles 11 triple.~, la encrmtraría desprevenida
cualquier evento contrario.
Sin ostentaciones aparatosas. ha ~ofocado las insnrrPc•
cionee tlel Africa Austral. qne la allanan el ::amino á fo.
turas conquistas; e:n provocar inútiles protestas, prepara
nueva expedición al Soudáu, que podrit abrirle las puer•
tas de Jartóun; y con la mayor fácilidad sofoca los motines de la India, que la peste y el hambre han encendido.
Se engaña el quP crt&gt;a q11e el írnperio colouial más poderoso de loe moilernoP tiempos descuida la trabazón de
ese complicado engranaje. L11s fastuosas fiestas del jubileo, donde se congregaron en estrecha unión los elementos
que lo constituyen, dispersos en toda la redondez de la
tierra, acaban de demostrar con elocuencia incontro•
Tertible cuán firme es la solidaridad de la Metrónoli y
las colonias. L11 revista naval !In Spithead no ha Rid&gt;? un
juego vano, sino también la ostentación en ocMión solemne de la fuerza que puede desplegar la primera po•
tencia marítima del mundo.

***

Y mientra¡, esos rencores ocultos y rivalidades mal
disimuladas alejan y separan á las grandes poteucias,
Grecia infeliz que en ellas puso toda su esperanza y con·
.66 su suerte á en mae;nanimidad, sufre en si!encio eu de·
rrota y devora á solas sus humillllciones, ansiando el
día venturoso en que se firme la anhelada paz, que ha
de apartar de su suelo mancillado á la brutal soldadesca
turca.
Pero ese día no llegará: parece que el destino cruel se
empefla en amontonar nubes de tormenta sobre el cielo
azul de la divina Hélade.
Ya noes el capricho del Sultán lo que se vislumbra sólo
en las negociaciones que se siguen á pasos lentos en la imperial Bizancio; t&amp;mhién se ha puesto de manifiesto la
debilidad de loe mediadores, que con protestas melifluas
y consejos amieklsos, pretenden que el conquistador
abandone su presa á y ceda las inspiraciones de la piedad
eu corazón de hiena.
Ya no se nota solamente la influencia de loe representantes del Islam, que atizan la guerra y encienden la
venganza contra loe perros cristianos, en la insistencia
con que Abdul-Hamid aspira á recoger el fruto de sus
ruidosas victorias en Tirnova, Domokos y Farsalia; también se echa de ver el pavor de loe poderosos, que antes
de dar ocasión á u~a guerra continental, dejarán desgarrar el seno de la madre Grecia por el feroz musulmán, y
por eso se han conformado con una intervención anodina é ineficaz al fin que aparentemente se proponían.
C-eeará por lo tanto el armisticio, cuando la camarilla
del Yidiz- Kioak lo determine; se romperán de nuevo las
hostilidades entre loe turcos embriagados de su triunfo
y loe griegos amilanados en la derrota; avanzarán las

Señorita Gertrudls Dwyer.

Premio de belleza en Texas.-Hoy entre nosotros. ( Fotografia Valleto. )

Con verdadero agrado publicamos en lugar preferente
de nuestro semanario, el retrato de la bella señorita Gertrudie Dwyer, quien visita nuestra capital formando parte de una excursión texana en la cual se cuentan eetima:iles caball~roe y hermosas damas.
La eel'lorita Dwyer tuvo la amabilidad de retratarse á
instancias nuestras en casa del distiuguido artista señor
Valle~o-quien procura siempre fijar en sus elegantes
cartulinas lo más notable, conspicuo y visible, así de México como del extranjero-y le estamos en extremo obligados por tan graciosa deferencia.

ea en París, buscadora de oro en el Tranevaal ó porque•
riza en Chicago. Pero ea que porlujo entendemos nada
más los grados extremos del fausto y de la ostentación, y
que no vemos que el lujo es, en el fondo, la adqmeición
de lo superfluo y el sacrificio de mucho dinero, 6 lo que
es lo mismo, de mucho tiempo y de mucho trabajo, á la
ostentación ó la vanidad, al atavío de la persona ó del
hogar, al deslumbramiento de'.)os fatuos y á la edificación
de loe imbéciles.
Pero cuando se estudia el lujo e:n ~odas sus manifesta-

�EL MUNDO

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

DOMINGO 11 deJULIO de 1897

ciones, cuando se le analiza en toda~ sus formas y en
todos sus caprichos, no se tarda en encontrarle en) as cabafias como en loe palacios y en los desheredados de la
suerte como en los privilegiados de la fortuna. Desde
luego, á través de la evolución humana, se comprueban
eeta paradoja y este absurdo: el atavío y el adorno pre•
ceden al vestido y al abrigo. Antes de cubrir sus carnes
contra la intemperie y de velar sus formas contra la
mirada indiscreta, el salvaje las pintarrajea, las cubre de
figuras vistosas y fanMsticas; no ha pendido todavía un
harapo de las caderas del hombre primitivo cuando ya
se perfora las orejas y las adorna coa huesos y espinas
talladas; el brazalete ha precedido al calzado, el penacho
de plumas al sombrero, la gargantilla de conchas de la
playa ó de guijaros de la montafia á la hoja de higuera,
y del estudio de las tribus primitivas aún subsistentes
se infieie, ein extravagancia ni sinrazón, que la primera y más imperiosa de las necesidades ha sido la de lo
innecesario, y que el lujo ha predominado sobre el
comjort.

Todavía hoy, en las regiones hiperbóreas y en las latitudes inclementes, los viajeros comprueban que los esquimales guardan sus capas de pieles en cuanto llueve y
sólo las ostentan ei ha~e buen tiempo, y que en iguales
condiciones loe hotentotes se desnudan de los percales
de colores que les sirven de atavío más que de vestido y
afrontan la intemperie antes que exponerse á verlos des•
tellidos y arrugados.
Estas sanas tradiciones se han conservado aunque
amortiguadas, y re pueden encontrar su huella y su influencia en todos loe pueblos y en todas lae categorías
sociales. Sin hablar de cierto clubman que sólo se sirve
de su lujoso equipaje cuando el tiempo esta sereno y que
chapotea en los charcos en cuanto llueve; sin insistir en
as inumerables familias _que tienen salón y no alcoba,
estrado y no cocina y que cercenan del ga~to cuanto más
pueden para vestir y pasear; sin recurrir á los innumerables ejemplos de gomosos que viven en tugurios y comen en bodegones; pero que visten con el mejor sastre
y llevan joyas valiosas y perendengues raros, podemos
en nuestro mismo pueblo humilde, en nuestras clases
desheredadas encontrar la misma desordenada é irreflexiva tendencia al lujo y la misma preferencia de lo superfluo eo bre lo necesario.
En nuestra servidumbre encontramos á menudo mozos de calzonera con botonadura de plata y sombrero galoneado que representan un año ó más de privación de
lo más necesario; nuestras recamareras que duermen en
un petate, comen nuestros restos y trabajan descalzas,
rnelen tener para los días festivos un rebozo de Santa
l\Iaría, que les cuesta un ojo de la cara; las cocineras cristalizan sus economías, que podían y debían ser las nues•
traP, en gargantillas de corales y arracadas de perlas.
Una india yucateca en traje de ceremonia, con sus bolar.es, sus embutidos, sus encajes, su gran gorro blan~o,
euele valer, sin las joyas, muchos cientos de pesos. En
muchas localidades las indias bordan primorosamente
con chaquiras, sedas y estambres de colores sus toscas
camisas de manta y sus huipilis de lanilla de trapear.
Hace aun pocos afl.os un charro era una eepecie de custodia dorada, plateada, cuajada de pedrería, y ese curru-'
taco del sport, vivía en accesoria, comía tortilla con chile y se acostaba sobre loa suaderos de su caballo. Los
mineros de «La Luz» y de «La Valenciana,, hacían bordar primorosamente eus zapatones de baqueta, y daban
los domingos fiestas tan suntuosas que los obligaban el
lúnes á empefiar el zarape y también los zapatos.
Nadie se hubiera imaginado hace diez ó doce años al
verá un indio de Oaxaca 6 de Yucatán simplemente ves•
tido de manta, que aquel atavío era de lujo y le costaba
una fortuna. Estas buenas gentes preferían en efecto la manta tejida á mano á la fabricada mecánicamen•
te; trabajaban 1mo ó dos. meses, sacrificando su joma!
correspondiente, en la elaboración de la manta necesaria á su vestido, y les salia coetando casi tan car comoo
si vistieran de seda.
Hay más; puede afirmarse que la tortilla, manjar hipócritamente modesto y faleamente humilde, es en reali.
dad un ramo de lujo para nuestro pueblo. Una madre de
familia indígena, podrfa ganar, en loa centros poblados al
menos, con que comprar pan barato; pero esclavizada al
metate y á la tortilla lee sacrifica sumas deeproporcio•
nadas al valor de plaza de ese bagazo alimenticio y conviene el peor de todos en el más caro de los alimentos.

En materia de tortillas llega Puestro pueblo al refinamiento de no gustar de las que se muelen en máquina
por la sibarítica razón de que quedan ,ivja.~.
Si á esto se agrega que nuestro pueb!o se permite, á más
de la tortilla otros lujos, el de tener vicios, de beber mucho pulque, de hacer San Lunes, de entrar cada tercer
dfa á la caree), de tener muchos hijos, y generalmente
también muchas mujeres, se llegará á la convicción de
que lo que pierde á nuestros desheredados es el amor al
lujo.

43 .

EL MUNDO

POBRE NIÑO PALI0O

Las colonias rnorrnonas en Chihuahua.
( De Stephane Mallarme.)
UN PUEBLO DIGNO DE ESTUDIO.

Pobre nifio pálido, por qué gritar obstinado tu canción
aguda é insolente, que se pierde entre los gatos, eefiores
de los techos? por que no atravesará los balcones de los
pisos tras los cuales ignoras los pesados cortinajes de
seda encarnadina.
Empero tu cantas fatal•
DA.MAS DIST.INGUIDAS.
mente, con la tenaz seguri.
dad de un hombrecillo que se
va solo por la vida y no con•
tando con nadie, trabaja pa·
ra sí. Has tenido jamás un
padre1 Ni aun tienes una
vi_eja que te haga olvidar el
hambre, pegándote cuando
tornas sin un céntimo.
Pero tú trabajas para tí:
de pié en las callee, cubierta de trajee destefiidoe, he•
chos como los de un hombre,
tu flacura precoz y demaeia•
do ¡,,rande á tu edad, cantas
para comer, con encarnizamiento, sin bajar tus malignos ojos hasta los otros niños que juegan enel arrJyo.
Y tu qu~rella es taa alta,
tan alta, que la desnuda cabeza que se-levanta en el aire á medida que tu voz asciende, parece querer par~ir
de loa pequeftos 1.wmbros.
Hombrecillo, quien sabe
si no se irá algún d1a, cuan·
do, después de habtlr gritado
i.,rgo tiempo en las ciudades hayas cometido un criillen? un crimen no es muy
difícil de cometerse, ¡bah! es
1mficiente tener valor después del deseo, y loa que.....
Tu pequeñ.o rostro es enei-gico.

Una de las principales c:asas de los mormones en la c:olonia Porfirio Díaz.

Hace mucho tiempo que ee habló en la República de
•colonias mormónicas establecidas en Chihuahua y amparadas libremente por aquel progresista Gobierno. No
·faltó entonces quien se-ocupara, con criterio más ó menos justo, de esos extrafios emigrantes del vasto territorio de Utah, y quien pusiese el grito en el cielo, creyendo ingenuamente que el mormonismo iba á inv~dirnos
como una plaga y á dar al traste con todas les bases de
nuestro edificio religioso y social.
Nada de esto ha sucedido naturalmente, y si los resulrtado3 del establecimiento de tales colonias en el lejano

Estado de Chihuahua han dado lugar á algo, es sin duda á
un aplauso sincero para aquel Gobierno que abrió así una
nueva é inagotable fuente de riqueza eu un territorio
llamado á un gran porvenir en la República.
El mormonismo ha despertado siempre magnas curiosidades entre nosotros y como se nos ha pintado con los
colores más infieles, la idea que nos sugiere es frecuentemente fantasmagórica y absurda. Procuraremos fijar la
fisonomía de esta eecta, que no dejará labor tal de ser
instructiva y curiosa.
Constituye el mormonismo, como acabamos de decir•

..-------------~----

Ni un céntimo desciende
á la cesta de mimbre que
ruantiene tu larga mano sus·
pensa sobre tu pantalón: \e
volverán malo y un día co•
rueterás un crimen.
Tu cabeza se yergue siempre y quiere abandonarte como si de antemano lo supiese,
Señorita María de la Vega.-De Slnaloa. (Defolograjía Vulleto.)
en tanto que cantas con un
Si se toman las proporciones, si se compara la posibi- aspecto que se vuelve amenazador. Te dirá adios cuanlidad con el gasto y el sacrificio hecho con l()~ medios do pagues por mí, por los que valen menos que yo. Vedisponibles, los Rotschild, los príncipes de Sagan, los niete probablemente al mundo para eso y ayunas desmillonarios americanos y los lores ingleses resulta11 ca- de ahora; mallana te veremos en los periódicos.
lumniados; no son ellos los ostentosos, los lujosos, ni los
Oh! pobre cabecita!
rumbosos; sus caprichos y sus extravagancias, sus cuadros de maestros, sus caballos de sangre, sus perlas de
Golconda y sus diamantes del Brasil, resultan modestos,
.EL ]llSP.EJO
dados sus recursos, en comparación de los jaranos, los

. -:á

.J

zarapes, loe huipilis, y las tortillas y el pulque de ·nuestro
pueblo. Máá barato le resulta á Jay Gould su lujoso tren,
en relación con sus recursos, que á nuestra servidumbre
el modesto tranvía en que haca loa mandados, y Grammont Caderousse se pegaría un tito si la cuenta de su
sastre representara en el total de sus rentas lo que signi •
flcan las chaparreras y el sombrero galoneado de un mo·
zo de estribo.
Hay, pues, una profund&amp; injusticia en flagelar en cátedras y púlpitos el lujo de los ricos; lo que merece fla_gelarse firme y seguido es el lujo de los indigentes.
Doc:tor Manuel Flores.

-,-

( De Cárlos Baudelaire.)

·~i

v. :.li-

---1

/

1r

Un hombre espantoso entra y se mira en el cristal.
-«Por qué os mirai.á en el espejo, puesto que no podéis veros sino con disgusto?»
El hombre espantoso me responde:-«Sellor, según loa
inmortales principios de 89, todos los hombree son
iguales en derechos; así pues, poseo el derecho de mirar•
me; con placer ó disgusto, eso no atafie más que á mi
conoiencia.11
En nombre del buen sentido, yo tenla sin duda razón;
más bajo el punto de vista de la ley, él estaba en lo
justo.
Escuela. - Colonia

J uárez.

lo, una secta protestante, con su credo reformista, ni má.&amp;
ni menos que las otras ciento y tantas en que se divide
la religión luterana,. y si se distingue de una manera extrafia de todas las demás, es por el hecho, muy comentado ciertamente, de que admite en su seno la poligamia, ní
más ni menos que loe excelentes súbditos de Abdul
Hamid que tan preocupadas traen hoy por hoy á las grandes potencias.
Admisión semejante ha atraído sobre la secta mormó,
nica los anatemas de todos a1nellos que, educados en otro
medio, la juzgan flagr.rnte inmoralidad, hecha para disol-

�EL

44

MUNDO

Las colonias mormonas en~Chihuahua.-Mollno d~ aserrar ent~e I•• colonlaajuárez y Pacheco.

consejo de ancianos, ei nuestros iuiormee no mienten.
Desde luego es mal visto el joven que llegado al pleno
desarrollo no busca una compañera para su vida, un
aguijón para el trabajo noble que Je permita depoeitar
s11 grano de arena en la labor comun. Si habiendo for•
malo ya un hrigar pretende nueva esposa, debe dhigir•
ee al consejo de ancianos referido, exponer sus razones,
manifestar sus meJios de eubsi3~encia, las probabilida•
des con que cuenta para el porve:'.lir, eu grado de vigor
y de ealud y su anterior conducta. El concejo. vieto lo
anterior, resuelve.
Cnando un viejo pretende casarse con una joven, de•
**
¿Qué consideraciones han* p1esidido
11. la admisión de la berá comparecer iawb1ée ante el concejo, comprobando
poligamia en el seno de las trlbus ( llamémo3Jes así) mor· que posee ampliot weJ1os de subsistencia y asignándole
de antemano una cantidad que, al dt'jarla ( por razón na•
mónicas?
Muy otrás de las que rigen la poligal1lia mahometana. tura! ) viuda, le permita subsistir dtcoroeamtnte y al
El Oriental, organiemo eminentemente voluptuoso por amparo de todos loe peligroe.
religión y por heredismo, que ve en la hembra puramen·
*** loe morm ue~ t'Stll. constiComo se ve, el gc,bierno de
te una sierva, busca, al amparo jel amplio criterio corll.·
nico, una fuente de goces en el harem, y de elle-e nunca tuido por una autoridad com,&gt;letamente patriarcal, casi
sacio, aún se los imagina, fiado en las sagradas promesas,
más allá de la redondez de este valle de lágrimas, en 1111
cielo que es magno gineceo poblado de huríes de ojos de
esmeralda, encantadoramente obesas y perezosas. Pro
fandamente religioso, pero profandamente sensual al
mismo tiempo, porque su religion no es un credo de trie•
~za divina y de sacrificio excelso como la nuestra, ha
eabido amalgamar la embriaguez del placer 11. la embria
guez de la plegaria, y ora en el harem, como se pierde en
las voluptuosidades del éxtaeis.
No es hijo del mismo medio ni por ende obedece á las
mismas influencias religiosas y orgll.nicas el mormon.
Su fin al adoptar la poligamia, ha sido recto, supueeto
en cri~rio religioso. :So se ha propuesto como objetirn
el placer, sino la moralidad.
Pueblo relativamente raducido, patriarcal y solitario,
ha querido expulsar de su seno la prostitución, y no die•
poniendo para ello de los elementos que poseen las gran•
dee colectividades ( á pesar de los cuales sin embargo, no

ver los más sagrados vínculos sociales y conculcar lo~
más sabios precepios cristiano~; empero la gente de eere·
no criterio, p Pga, pero e.q~1irha; es decir, estudia concien•
zudamente la intención que precedió á la coetumbre y
el fin á que se pretende que conduzca.
Líbrenos Dios de abonar la poligamir. Hijos de un me·
dio religioso en que la mujer vive.subliwada por el Eva u·
gelio, hallamos que nada hay más moralizador y lícito
que la uni9n de un sólo hombre con una sola mujer en
matrimonio. Pero seancs dado investigar los orígenes
del hecho que es aquí cuerpo de diPputa.

han acertado más que ha reglamentarla) ó no ballándo
loe idoneos, quiso ampaI'l'r bajo el tranquilo techo dtl
hogar la debilidad femenina y legitimar la promi&amp;cuidnd
que de otra suerte hubiérase considerado criminosa.
Conocedor de la vereatilidad humana que tras poseer el
objeto codiciado, va hacia otro cou las mismas codicias,
intentó paliarla, legalizando todos los amores, y hacién•
dolee perder su aspecto de fruto prohibido.
Su criterio podrá eer erróneo, lo es de hecho, pero na.
die podrá poner en duda su sinceridad y lo ingenuo de
la in~nción que lo ha guiado.
Por otra parte, la poligamia estll. reglamentada en el
seno de la secta de que venimos ocupll.ndonoe, por un

una derivación de la disciplina y autoridad del padre defamiliae, origen de todas las formas gubernativas. El pa·
triarcado eficaz ea, ciertameute en la actualidad una utopía, más la utopía se realiza algunas veces en las pequefiae colectividades. El caracter de paz y cordialidad que•
revisten en el seno del mormonismo todas las relacio•
nea eocialeP, lo comprueba de sobra.
Ea un principio económico que todo pueblo que tiene·
múltiples exigencias, es eminentemente laborioso y prodncr.or.
As, nuestro pueblo, pésimamente educado y hecho por
ende á pasarse la vida de cualquier manera, es haragán,
perezoso y amigo de loe vicioe. No pretende mejorar
porque n? tiene nociones exacta de las comodidades d~
la vid1; no presiente las dulzuras del confort; no aprecia.
las satisfacciones del aseo; satisfechas sus necePidades
animales-y estas se eatisfacen con bien poco-E6lo aepi•
raya á la bolg1nza y se escatima aun el mísero pan de
cada día para hacer eea holganza con el aguardiente,
fructífera en placeres brutales y en delitos horrendos.
Cuando nuestro pueblo se eduque, si es que se educa
alguna vez, gracias 11. loe eefuen:os de los legisladores, a
la difusión amplia de la ins1rucción, á la propagación del
libro y de la ho¡a periódica m11y bara tos, se iniciará en
loe secretos de la comodidad, del confort, de la limpieza;
no le bastarán ya ni la estera donde reposan eus eueflo-;
congestionados por el alcohol, ni el sucio calzón de man•
ta que mal encubre sus carnes atezadas, ni la frazada
cómplice así de sus amores como de sus crímenee, ni el
tugurio leproso donde abriga su miserable vida:
A1,helará su parte en las prerrogativas del hombre culto;
querrll. á senLarse al festín de la civilización; deeeará
más de Jo que posee; es decir, tenclrá m&lt;Í.! e.,:ig_a wias y por
lo mismo intentará hacer más productiva la aplicación
de sus energíae, compitiendo con t.l obrero de fuera del
país, para que a,w1eu'e11 s11s jor,iah!s, y se traduzcan en
buena ropa, buena pitania y confortable hogar. Ya una.
vez en este terreno, acaso naciera en nuestro pueblo eee•
monstruo que ee apellida el eocialismo; más el socialismo,
producto de un proletariado relativamente culto; enferme·
dad terrible, pero enfermedad de una colectividad me·
dianamente civilizada, puesto que se siente atraída por
la utopía, es preferible á la abyección ..... .
El pueblo mormon, al contrario, es un pueblo de'.gran•
des exigencias, ya por el grado de su cultura, ya por la
índole de su organización. Por lo miemo ee distingue
por su laboriosidad y su producción.
Las breves pero expresivas líneas que en eu Memoriu
de la Admi,.is/raci6n púUica dtl Eq/ado de Chifwoltu,1:
(1896.) le coneagra el seflor Gobernador Ahumada bajo.
el título de ColoniaR, y en la sección de Folllento testifican
elocuentemente lo que decimos;
Helaeaquf:

---,

Las colonias mormonas en Chihushua.-Vlsta en Colonia Juárez.

COI.OXJA~

,

Hay cuatro colonias en el Estado, todas en el Distrito
Bravoe, que son «Colonia Jull.rez,11 •Colonia Pacheco,»
•Colo11ia Dublll.n" y «Colonia Dfaz,,,
La «Color.ia Juárez• fué fundada en Enero de 188i con
275 colonos, y según el último informe rendido en Mar•
zo del afio próximo pasado, cuenta ya con miie de SOO
habitantes de diversas nacionalidades. Tiene la colonia
una escuela de ambos sexo,, á la que concurren lSi alum•
nos, cuyos adelantos son muy satisfactorios, pues además
de loe ramos de instrucción primaria ee les eoeeflan otros
pertenecientes á la 1:.ecundaria. Sus colonos se dedican
principalmente á la agri cultura, horticultura y ganade•
ría, disponiendo pua el cultivo de -100 hectáreas de te·
rreno. Tienen un establecimiento de abarrotes con capi•
tal de $i,OOO.OO. un molino de harina, un molino de aserrar, una tenería, una talabartería, dos zapa~r!as, una
fábrica de muebles y una fiibrka de hacer queso.
La «Colonia Pacheco" fué establecida en 1887, con 125
colonos de diversa nacionalidad,'y ahora cuenta 400, col•
tivll.ndose en ella 150 her.tareas de terreno. Sus principa•
lee indnstriae son: un molino de aeerrar, otro de maíz,
tres fll.bricas para hacer queeos y una para hacer 1ejama•
ni!. Tiene una escuela de ambos sexos, ii la que concu•
rren 80 alumnos con adelantos eatiefactorioe.
La «Colonia Diaz,n fué establecida en 1880 con i5 colo·
noe, procedentes de loe Estados Unidos del Xorte, y en
la actualidad cuenta con 609 habitaoteP. Se dedican los
colonos á la agricultul'll, horticultura y gana1ería, culti•
vándoee 500 hectll.reas de terreno, y empleándose para el
regadl.o 21 motores de viento y una atarjea procedente

del acueducto de «La Palotada.n Se co~echa trigo, frijol,
maíz y otros productos.
La industria estii representada por tres carpinterías,
una tonelería, tres fraguas, dos fábricas de escobas, una
de dulces, una zapaterla, dos molinos de trigo, cuatro
trapiches para hacer miel y una tienda mixta. Hay una
escuela atendida por cuatro profesores, á la que concu·
rreo por término mediv 180 alumnos de ambos sexos.
Tiene dicha colonia 526 caballos, 2,522 cabezas je ga·
nado vacuno y 349 de porcino.
En Septiembre último visité esa colonia, y tuve oca•
sión de cerciorarme de que e3a nueva población progre ea
rápidamente y de que sus colonos en general son bon•
radoe y laboriosos.
Loe ~rrenoe improductivos, bajo la . mano hll.bil de
eeoe colonos solitarios, segregados de todos sus compa•
triotae, han florecido y verdegaeado con loe dones de la
abundancia.
De la arboleda vigorosa, merced á la solicitud contínua, surge la flecha de la torre del templo donde todos
aquellos trabajadores profundamenté religiosos ee congregan para orar. Aquí y ahi deetácanse los chalets pintorescos, frescos y vivos, y por donde quiera se advierte
el hormigueo y la barbuya de las grandes legiones infan•
titee, que dejan oir en la amplia y a~eada escuela su su.
eurro de abejad y atraviesan el ambiente manso de las
alamedas y de los prados con sus gritos de j'.ibilo.
En las colonias mormonas abundan naturalmente los
nifioe, y soo ellos la intensa nota alegre de aquella paz
que desciende sobre el caserío, sobre las fábricas, sobre

La• colonias mormonas en Chihuahua.-Coionia Diaz,
Las colonias mormonas en Chihuahua.-Puente de alambre en Colonia Juárcz.

45

EL MUNDO

DOMINGO IS de JULIO de 18~7

el molino, sobre loe hogaree, sobre los aérea y cobre las
cosas, realizando la promesa de los 11.ogeles amigos de loe .
pastoree:
¡Paz á los hombres de buena Toluntad!

OTRO PAGO DE $13,595.00 DE. "LA MUTUA"

EN TAPACHULA

Tapachula, Junio 6 de 1897.
Sr. D. Carlos Sommer,
Director General de «La Mutua.•-México.
Muy estimado eeflor:
Hoy cumplo con 1111 deber de gratitud para con usted
y para la Compafl.ía al digno cargo de usted, certificando
que con toda prontitud me ha sido satisfecho el importe
de la poliza número 780,9i0 por valor de... $ 6,413.16 oro.
cambio sobre Nueva York ........................ 7,182.79 ,
Total... ... $ 13,595.95
la cual tomó mi finado esposo, el FlES:OR Eumo SANDOVAL,
el día primero de Septiembre de 1806. Hago especial
mención del hecho de que sin embargo que vivo en una
hacienda en Guatemala-lejos de vías de comunicacio•
nea directas-me ha sido pagado el importe de la póliza
á los ocho días de haber fallecido mi esposo.
Con sumo gueto veré si por medio de la prensa ee dé á
conocer en todas partee este hecho que habla en favor
de la exacfüud de la Compaflía.
Soy de usted afma. y agradecida,
TRISIOAD M. VIUDA DE SA...'íDOVAL.

�DOMINGO 18 de JULIO de 1897

46

47

EL MUNDO

'DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

EL MUNDO

-===:..===============================================================-~==-====-EN EL HAil.E
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pié,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
Cuando en la pavana tu frente ee inclina,
Tu frente tan pura como flor de lis,
Eres á mis ojos una bailarina
De !a edad de oro del grande rey Luis.
Tienes, cuando avanzas con noble donaire,
Entre loe murmullos de la a imiración,
El paso de Eugenia, de b E,ituardo el aire,
Y la donosura de la Maintenon.
¡Oh linda princesa! Tienes la ele~ancia
De la incomparable Luisa La Valliere,
El porte de aquellas «Preciosas» de Francia,
De quienes en vano se burló Moliere.
¿No sientes ¡oh hermosa! del baile en los giros
Pasar una brisa de blando rumor?
¿No escuchas un eco de vagos suepiros,
Algo como un ténue sollozo de amor?

El oro de las blondas cabelleras
que del eJl á los rayos tiembla y ríe,
y esa risa que en horas placenteras
vagamente en-los labios se deslíe.
Y aún más, la floración que en tu semblante
ee aviva tremulante
como en el alba la eedefia rosa¡
amo tu risa que el candor retrata,
amo tu suave luz, tu carilloea
mirada celestial, húmeda y grata.
RÍE

:Ríe, ríe, cual ríen tus cabellos,
del sol á los destellos¡
vierta en tu faz la risa sus sonrojos,
y sus astros radiantes, en loe bellos
espacios infinitos de tus ojos.
Aum,tro GoNZÁLEZ CARRASCO.

Julio de 189i.

LEYENDA RUSA

Mientras los acordes suenan en las calles
Y en las alamedas del bello jardín,
Van tus movimiel'.ltos, ninfa de Versalles,
Siguiendo los ritmos del dulce violín.
Pero hay un acento que llega á tu oído,
Cual postrer suspiro de alguien que murió,
Como débil eco de triste sonido,
Como la memoria de algo que pasó.
¿No sientes un aire que agita tu falda,
Resbala en tu cuello de terao marfil,
Te ciñe los brazos, ondula en tu espalda
Y luego acaricia tu labio gentil?
Yo soy, virgen pura, yo soy quien suspira,
Yo soy quien se muere de pena y dolor,
Yo soy quien te beea, yo soy quien delira,
Yo soy quien sucumbe de.heridas de amor.
No temas.... Ya ea tarde.... Ya todo ha concluido....
Yo soy el pasado, yo soy lo que fué:
No vuelve eue presas el mar del olvido,
Ni brilla dos veces la luz de la fé.
Tan sólo he querido poner una rosa
A tu pie de Venus que Fidias soñó:
Así ante la~ plantas de una reina hermosa
Buckingbam rendido perlas arrojó.
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pie,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
ÁDALBERTO A. ESTEVA.

Julio de 1897.
INTIMA
A Amado Nervo.

Soy taciturno! .... .. Amo la~ ruinas y los misterios,
Y las tristezas ........ .
Por eso á veces en mi alma tengo todo el perfume
. De las violetas.
Soy ambicioso!.. .... Busco la gloria, y los honores
Y la 1iqueza........ .
Por eso en m~ alma ta.nbién se yerguen las a úreas flores:
Las crisantemas.
Soy el poeta de Isa nostalgias, de los pesares,
De las ausencias ........ .
Por eso traigo también myoeotia de las brumosas .
Rhinianae selvas.
A veces sueño con las penumbras, con los misterios
Y con las ruinas de loe torreones y las iglesias!.. ...... .
A. veces sueño con los honores y con la gloria,
Con los diamantes y loe rubíes y las turquezas!. ....... .
Y á veces canto ...... Y entonces mi alma perdida flota
Entre las sombras de las brumosas RL.inianas selvas!... ..
PEDRO R. ZA VALA,
Julio de 1897.

SONRISAS
Oh, la sonrisa tímida que baña
la faz en auroralee floraciones!
¡Oh, la sonrisa celestial, que entraña
un mundo de ilusiones!
Oh, las dulces sonrisas, que el tesoro
del mar, derraman en la abierta boca
-timbre al que arranca el gozo si Jo toca
su vibración de oro.'

L príncipe, el joven príncipe

tan hermoso como un rey, es•
tá mortalmente herido.
Cuando andaba de caza por
los boequeP, distraído con el
recuerdo de las doradas trenzas de rn mujer, fué acometido
por un jabalí que le atravesó
con rns colmilloe,
Allí está tan pálido como un
manojo de jazmines, tendido
sobre la cama eneangrentada.
Al rededor de la cama están llorando tres mujeres: la
madre, la he1mana y la eapoea.
«Vamos corriendc-, dice la madre, á casa del nigromante que vive retraído en lo más recóndito Je los boequee.
«Nadie más que él puede hacer un bálsamo que cure á
mi hijo.»
Cuando llegaron á casa del nigromante, éste les habló
así:
- Puedo daros un bálsamo que curará al príncipe, pe•
ro es preciso que me deis en pago de ese báleamo, tú, la
madre, ti! brazo derecho; tú, la hermana, tu mano blanca con el aníllo en el dedo; y tú, la espoea, tu trenza dorada.
La madre dijo: ¿Nada más que eso? Y dió ea brazo derecho.
La hermana dijo: toma mi mano blanca con el anillo
en el dedo.
•
Pero la esposa dijo sollozando:
tAhl ¿Tener qué cortar mi trenza dorada?..... .
No puedo :!ar mi trenza dorada.
Y el nigromonte ee quedó con el bálsamo.
Y el príncipe murió.
Allí están las tres mujeres llorando junto al cadáver.
. La madre llora sosteniendo la cabeza de su hijo que·
ndo.
La hermana llora á loe pies del príncipe.
Y la füpoea junto al corazón.
Junto al corazón que pal¡;itó con un amor tan tierno
por sus trenzas doradas.
Y en el sitio donde lloraba la madre...... brotó un río
de ondas inmoroales. el cual está corriendo todavía.
Donde lloraba la hermana brotó un manatía!.
Pero donde lloraba la esposa se formó un charquito
que se secó en cuanto le dió el sol.

¡ADIOSI ¡ADIOSI

A.llá en la playa quedó la niña.
¡Arriba el ancla! ¡Se va el vapor!
el marinero canta entre dientes,
Se hunde en el agua trémulo el sol.
¡Adiós!, ¡adiós!
Sola, llorando eobre las olas,
mira quti vuela la embarcación¡
aún me hace señas con el pa:ñuelo
desde la piedra donde quedó.
tA!lióel, ¡ad\6el
Vistió de negro la nifia hermosa..... .
¡Las despedidas tan tristes son!
Llevaba suelta la cabellera
y en las pupilas llanto y amor.
¡A.diósl, ¡adióel
BuBÉN DAaio.

Oh, las sonrisas mágicas, que aumentan
la devorante llama del deseo
con eléctrica chispa, y acreci~ntan
de loe pechos gozosos en que alientan
el leve balanct:o!
Yo amo las sonrisas que se prenden
como u~a flor, sobre los labios rojos,
y son vivos relámpagos que encienden
la noche entenebrida de unos ojos.
Yo amo las sonrisas ideales
que t&gt;stallan en sonoras carcajadas
coml heridos cristales¡
'

LA FLOR DEL AMOR

AS blancas naves, con sus velas

tendidas, se deslizaban silenciosas
por el mar tranquilo, una noche
de otoño, tibia y embalsamada
por el perfume de las floree.
Fulque11 el Magnífico, seil.or de
Fréjus, de l\fontsegur y de .Minerva, ee ha embarcado en la mayor
de todas, en la que lleva en la proa
las imágenes de Marte y María.
Los remeros cantan salmos al compás de sus remos,
para conjurar la tormenta.
Sea que el remordimiento de faltas cometidas turbase
eu conciencia, haciéndole temer la eterna condenación,
6 que antiguas visiones de esclavas, de las que entretenían eua ocios con bailes provocativos ó con suaves instrumentos, arrullasen su sue:ño, atrajesen su espíritu
aventurero, lo cierto es que abandonaba al partir, eu
hermoso castillo, coronado de torres esbeltas y rodeado
de frondosos jardines, y la rubia dama de azules y eofladoree ojos que compartía con él tanta magnificencia.
Desde entonces la bella Rosamunda esperó impaciente
al señor, que no volvía, y que tal vez había encontrado
la muerte en lejana tierra, sin que ella le prodigase sus
cuidados, ni mano amiga cerrase sus ojos.
Sus brazos ociosos ca1an inertes á lo largo de su cuerpo
que adelgazaba¡ sus labios rojos parecían una flor abandonada, y sus ojos cambiaban su color de zafiro por el
pá !ido de las turquezae.
Su único adorno era el anillo nupcial, que parecía re•
cordar sus deberes y librarla de tentaciones.
Nadie traía noticias del esposo ausente. Ni los pere•
grinos que llegaban de lejanas tierras, y q'ue siempre encontraron generosa hospitalidad en el castillo, ni los caballeros errantes que, mientras reposaban, calentaban
sus ateridos cuerpos, en la enorme chimenea en que los
escuderos .y los pajee escuchaban entusiasmados, narra•
ciones de recientes combates; nadie babia oído hablar
del castellano.
La pobre abandonada, á nadie quería ver. Sólo el paje
.Aymerillot la entretenía con sus cuentos. El enamorado
mancebo ocultaba su pasión, aunque no tan bien que su
señora no la descubriese.
Sentíaee feliz á sus pies, cuando ella, distraída, j ugaba con sus rizados cabellos, y sus blancas manos rozaban
su ardo1osa frente.
La noble castellana temiendo tal vez sucumbirá la tentación, resolvió alejar al enamorado pajecillo. Una no•
che en que juntos contemplaban la luna que se reflejaba en
el lago, elL1, señalando el cielo: Hay allá arriba-dijouna estrella, en la que brota la flor que produce el amor,
que preserva de la horrible vejez¡ ve á buscarla, y te
prometo, si la consigues, corresponder á tu cariño.

llay rubias, como tú, tan verdaderas,
Que, al esparcir el dJ'a sus destellos,
Parece que las mismas hechiceras
Cortan rayos del sol con las tijeras
Y después os los ponen por cabellos.
CAMPO AMOR.

A luna penetraba en la caver·

•

II
.A.ymerillot salió com'&gt; loco, y subiendo á la torre más
alta, maldijo la pequeñez humana. 1Quién tuviese alas
para conquistar la flor preciosa que le hiciera dueño del
amor de Roeamunda! Y, sin darse cuenta, el pajecillo ee
encontró flotando sobre el abismo y las nubes, envolviéndole en gironee de encaje, le arrastraron, entonando un
himno triunfal, acompañado de harpas invisibles que
producían arwonlas dulcísimas.
Y atravesando el espacio azul, las hadas depositaron
al paje dormido sobre la estrella en que florece la flor
lla del amor: en el planeta Venus.

III
Aymerillot, cual otro Hércules domador de monstruos,
triunfaba de las esfinges que surgían de loe antros tene•
broeoe, resolviendo enigmas complicados, venciendo
dragonee que se revolvían furiosos contra el filo de su
espada, y atrayéndoles en su persecución hacia lagos de
fu•go, de los que surgían Floranuyes que modulaban fraet:s dulcísimas y tentadoras y de las que ee exhalaban
perfumee embriagadores que producían vértigo. Y estre•
chando contra el pecho la flor conseguida con tanto afán,
se encontró en un valle risueño. Hacía largos años que
luchaba, ensangrentado el cuerpo y el alma desconeola•
da. P11recíale haber vivido siglos desde que luchaba por
conse,iuir el cariflo de Roeamundll..
Dejóse caer desfallecido sobre el blando césped y á la
puerta de una choza, bajo un emparrado de dorada e uvas,
apareció una joven ideal, de largos y sedosos rizos, cuya
blanc.1 vestidura parec!a rodearla de un nimbode pureza¡
tendió su~ manos temblorosas hacia la flor que Aymeri •
llot llevaba en las suyas, ofreciendo en cambio sus rojos
labios. Nocambiaron una palabra, pero al seflalarle un si•
tio en el tronco tronchado de un árbol, donde ella se sen•
taba, él comprendió que allí, á eu lado, estaba la paz y la
felicidad. Y besando aquellos labios virginales, el paje
ofreció la flor conseguida á costa de tantas penas, olvi·
dando su primer sueño de amor.

IV
RUBIAS

Oriana el hada era terror de los pastores.
Vagamente e11treYlst0sen su antro azuloso,
Dormlan encantados y lacio~, luchadores,
de casco majestuoso.

Las blancas velas no volvieron á aparecer en el horizonte trayendo al navegante esposo de Rosamunda.
E, rubio pajecillo tampoco acudió á las llamadas que
en lasnucheade luna se exhalaban del corazón solitario de
la dama; eue cabellos encanecfan y sus azules ojos, cansa·
dos de contemplar las estrellas y cegados por el llanto,
como loe cirios azotados por la lluvia, y aunque ain ver·
la, siguieron fijos en el sitio donde brilló la estrella que
produce la flor del amor.

•

•

na lentejueleando de fnlgo•
res azulados las paredes de la
roca incrustadas de mica¡ una
móvil cortina de hiedra, obstruía la entrada, salpicada
aquí y allí de grandes floree
de clemátidae semejantf!le á las estcellae: inextricables y
il.ex1blee mallas de hojas y de corolas, á través de las
cuales los claros y el bosque aparecían todos blancrs,
con el blanco tremulo del astro sobre las cimas pálidas
de loe castaños.
Sostenida por tres pilastras de basalto, la gruta sehun·
día en un claro-oscuro de euei'io, invadido por todas partee,
de guías, de madreselvas y de alto3 helechos, cuyas pal•
mas dentadas brillaban de una manera extraña¡ pgr don·
de quiera de las hendiduras de las bóvedas, de las griPtas
de los pilares y de las del suelo, había surgido una inquie•
tante vegetacióll, como luminosa: eran escaramujos,
eglantinae, regueros de lúpulo, espumantee cicutas, y
otras grandes vegetaciones, de bojas de terciopelo glauco;
y todo eso se enredaba, se encaramaba, volvía á caer¡ se
estrechaba una planta á la otra planta y trepaba al mus·
go, débilmente palpitante con el extremecimiento de loe
tallos y de la vida de las savias bajo el azul claro de luna
deslizado ahí desde afuera. .
Algunas veces en los castaños del claro susurraba un
murmullo ligero que era la respiración de la floresta dor·
mida, después la brisa iba más lejos á atormentar algu•
nos nidos en las malezas y un gran relincho desgarraba
el silencio: nn rebaño de caballos salvajes pasaba al ga·
lope, con la grupa moirée bajo la luna, entre las hojas removidas. ·
El bosque estaba lleno ae esas manadas de caballos y
de garañones indomables; bollábanlo en todos sentidos
coa un gran estruendo de ramas quebradas, erraban á la
aventura con el pecho blanco de espuma y la crin esparcí•
da, reunidos en redor del más viejo garañón de la banda
y en las noches de primavera, en la época del celo, combatían furiosamente basta el alba y se mordían el vientre con rugidos de que se asustaban los nidos en las malezas y los éorzos en sus guaridas, y el bosque era inabordable á -causa de esos innumerables caballos salvajes
que la guardaban, prontos á arrojarse sobre el hombre y
pisotearlo.

En la caverna loe espinos y las altas yedras continua•
ban vegetaodo,. gotitas de plata perlaban la'! hojas de las
madreselvas alumbradas por la luna¡ en las mall~s de
la yedra las floree de las clemátidae parecían abrirse más
grandes y como loe copos de escarcha brillaban esponjadas ea los malezalee de espinos baj &gt; los cuales entonces
encend!anse oros rojizos y aceros; y he aquí que de el
tejido de los espinos y de las lianas, eu•gfa una magnífica flóración de espadas. Eran espadas célticas de puño
enorme, tizonas góticas de dos gavilanes, completamente
re•tae, espadas sarracenas de lámina encorvada y lanzas
anglo-sajonas.
Y he aquí que surgían tambien como olvidados ahí
después de una batalla, arcos extendidos, carcajee y flechas clavadas aquí y ahí en las ramas como hostiles flores¡ y he aquí que las zarsas al cruzarse, balanceaban
adargas y cascos en que la luna se reflejaba así como en
las espejos; deshojábanse los pétalos de las eglantiuas encarnadas y bajo aquolla flora de hierro, emerglan lentamente de la sombra rostros en éxtasis de guerreros dormidos.
Cráneos sin cabellera y rizado~ bucles rubios, perfiles
chatos y belfos sonrientes de atrevidos paganos de piel
morena, luengos párpados dejando filtrar 1a mirada azul,
para siempre inmobil de algúo hijo de raza normanda.
Anchas espaldas de guerreros godos, torsos delgados de
caballeros eajvnee, barbas canas de viejos experimentados
y rostroe imberbes y rosas, casi angélicos, de jóvenes pajee¡ bien son cien los dormidos eo la gruta de refltljos me·
tálicoe, bajo la flora de acero de sus armas para siempre
cautivas de la~ lianas y de las zar~as; los ~aballeros y los
varones, loe paladim~e y los pi,ataa, los reyes cristianos
Y. l?s perros musulma~es, los efebos de rubio pelo y loe
v1eJos escuderos, un mismo ensueño encanta sus ojos ce·
rrados y nimba sus frentes de éxtasis. Extendidos en cien
di versas posturas, los unos echados hacia atrás, los otros
con la cabeza oculta entre los braioe y el vientre contra
la tierra, todos han guardado el mismo gesto de aioración, de plegaría delirante, porq11e todos uneneus manos
y se siente que ·han debido dormirse con la mirada fija
en la misma visión y en los labios el mismo nombre im•
plorado: ¡Oriana!
Y he aq1,1í que evocada y vuelta por fin tangible por el
deseo de .sus amantes, Oriana misma aparece en la sombra hechizada de la gruta, que ilumina apareciendo.
De pie, en medio de una aureola de fulgores lacteos y
temblorosos, tal es el.halo en que se cierne la luna en loe
cielos lluviosos, apoya su desnudez de hada en los huecos
transparentes de una cátedra de hielo¡ las estalactitas la
rodean y tres gradas de cristal de roca extienden su humedad glauca á eue pies. Tudo en ella tiene reflejos de
nieve y de nácar¡ la lívida y pesada cabellera que Je gol·
pea loe talones, tiene el imperceptible matiz d~l oro de la
escarchaque loefuegoe del alba desfloran y toda su deenu·
dez brilla como una perla, una fabu •
losa perla cuyo oriente apenas radiaría en la punta de loe senos."en las
uñas .de loe pies y de lae manos, pa•
ra a v1 varee más rosa, en una rosa de
flor que se abre, en el sitio de los labios, ahí doi;de descansa el beso.
Cautiva de sus deseos, como ellos
están cautivos de eu hermosura,
Oriana se cimbra y mueve lentamente bajo su cabellera de claro de lu ·
na, se estira voluptuosa, después se
inclina deslumbrada hacia un pequeflo eepejo oval que mantiene en
una mano; ópalo misterioso en el
fondo del cual aparece y se desvane •
ce á intervalos la füonomfa de ple•
garia de cada uno de loe guerreros.
Cuántos años hace que ella los retiene, inmóviles y mudos, paralizados de la vida, casi convertidos en
fantasmas entre loe espinos y las
guías de sus antros! Los unos hace
cien años, loe otros cincuenta¡ los
hay que duermen hace veinte invier•
nos y otros hace un mee: es todo un

R ENE MA!ZEROY.

•

siglo de amor y de avideces locas que dormita ahí, en el
fondo del bosque, vagamente apaciguado, merced á un
sueño que loa suprime del mundo y los defiende contra
la muerte.
'
Cada uno de todos esos que duermen ahí, extasiados,
y con las manos juntas, ha venido ea una hermosa mañana de Abril ó en alguna tibia noche de otoño, con el
casco en la frente y la esperanza en el corazón, á tocar
con el puño de la espada el dintel de la caverna; ahí han
echado pie á tierra, han atado su caballo á alguna encina. y después, balbucientes de amor, han entrado.
Y el caballo, fatigado de esperarlos, después deíhaber
agotado las bojas del arbol y :a hierba del suelo, ha roto su ligadura y ha huido por el bosque; se ha vuelto
ealvaje y habiendo encontrado el potro del guerrero de
ayer al palafrén del guerrero de hoy, las manadas de caballo~ galopan ahora furiosos con la grupa aterciopelada
bajo la luna por el nocturno bosque que despiertagrandee crujidos de ramas muertas.

Ahora bien, aquella hermosa noche de Julio, en medio
del ensueño de la floreeta llt&gt;na de cálices y de la adc,ra•
ci6n dormitante de sus eoamoradoe, Oriana está triste;
allá, lejos, loe rebaños de caballos pueden relinchar, ella
sabe que el bosque ya no es inabordable y que los tiempos han cambia to. C" n lierotl incorruptible, educado
por los mo!)jes en la ira y el horror de la mujer; un fiero
adolescente de corazón feroz y de manos puras acaba de
penetrarlo¡ ha franqueado ya ]aij lbdee y, firme en la si•
lla, encascado y acoraiado de plata mate, triste y tierno
bajo el cielo luna'r , como lo está la tierna luna, avanza
lenta pero seguramente á través de la hierba corta de
los senderos y de la avena loca de loe claros, los claros
embalsamados de su floresta, donde ella no irá ya á voltejear, abeja en pleno medio día y libélula al crepúsculo, porque el cruel efebo lleva en su mano dere..:ha la liberación y en la siniestra la muerte.
La liberación para ellos, la muerte para ella, peor que
la muerte, ia vejez, que es de seguro la. muerte de Jas
mujeres y de las hadas, puesto que extingue el amor y
mata el deseo.
Y Oriana se inclina para eonreirse una postrera vez
aún, sobre el espejo de ópalo que ya se opaca¡ y después
de todo, qué ha hecho ella .á esos monjes? ella el embe•
leso y el encanto de las miradas, la alegría de la naturaleza, ya fuese rayo, córola, ala vibrante ó mujer, ¿qué ha
hecho para que ee le suscite ese duro vencedor? Loe
tiempos han cambiado y cmtra ese todos aue lazos serán
vanos. Lo sabe de antemano Oriana, porque él viene hacia ella endurecidp de ira y flameante de rencor, como
vengador y justiciero¡ dettista y aborrece su hermosura,
que ha hecho esclavos á los otros, y menos p)r librarlos

�DOMINGO 18 DE JULIO DE

EL MUNDO

que por castigarla ha emprendido ese peligroso viaje;
porque en el fondo de su corazón deEprec1a á esos heroes
á quienes una mujer ha podido vencer y su odio por ella
ee exaspera aun con su desprecio poreu cobardía; y el
cruel adolescente ee aproxima de hora en hora, un buho

cómplice le guía por el bosque, volando ante él de ar•
bol en arbol.
De pie, sobre su trono de hierro, desde el fondo de su
gruta crepuscular, Oriana oía ulular al horroroso pájaro
nocturno, escuchó Eepararee las ramas, chocar el pomo
de la espada contra la silla y cada paso del caballo retemblaba sobre su corazón.

MADRID
(Versión libre de Alfredo de Musset. )

Madrid, princesa de las Eapañas,
en tus floridas verdea campañas
que el sol, que mata sus resplandores,
envuelve en leves nácares tttle~,
brillan radiantes y encantadores
ojos muy negros y ojos azulee.
Ciudad hermoPa de las verbenas,
de los romances de amantes penas,
de las tapadas, loe galanteos.
¡cuántos pieP blancos como jazmines
huellan las fiores de tus jardines,
alzan el polvo de tus paseos!
Ven en la plaza tus picadorés
mli rebocillos provocadores,
mil blancas manos que palmotean
cuando loa toroe, embravecidos,
la arena escarban, el lomo arquean,
braman, embisten y huyen heridos.
Ven loa luceros en tus callejas
furtivas sombras junto á las rejas,
ven embozados tus caballeros,
ven que de prisa y enamoradas
la obscura calle cruzan tapadas
damas que llevan eue escuderos.
Madrid, asilo de la ventura,
Madrid, emporio de la hermosura,
calado alcazar que maravillas
con tus pafacios y tus jardines,
las blancas blondas de las mantillas
y el negro raso de los chapines:
todas tus rubías y tuli morenas,
las que caminan de gracia llenas,
cimbrando el talle, la cara ufana,
juntas no valen lo que un cabello
de aquellas crenchas que sobre el cuello
deja caidae mi sevillana.
Es una blanca, rubia eepafioia,
joven y viuda que vive sola:
-calle escondida, vetusta casa,
po::tón ferrado, duefia que cela.Si el rey la ha visto y amor le abrasa,
no fíe en el oro de su escarcela.
Llame y ... aguarde, si así lo quiere;
llame cien veces, y desespere:
á tocilaa horas silencio grave,
calle desierta, puerta cerrada;
pero si llego, mi enamorada
quita el cerrojo, tuerce la llave;
Porque me arrulla cuando me besa,
porque ea la blanca rubia princesa
que ha coronado mi fantasía,
ágil, flexible, siempre nerviosa,
demonio y ángel, avispa y rosa,
donaire y fuego de Andalucía.
Oae en mis brazos y se estremece,
beso sus ojos y desfallece:
con soplo ardien te su pecho late,

Cieno, ella pudo extraviarlo con hábiles espejismos,
con ilusiones y vanas apariencias, retardar su marcha á
travésdeinextricables malezalea y de imprevistos pantanos, podría ella misma tomar una forma fugitiva, bestia
fiera, pájaro ó fior. Mas para qué! Los tiempos batían
cambiado; de antemano estaba vencida. Era el Cristo
quien marchaba con ese nifio, el Cristo enemigo de la
alegria, del placer y del amor; era El quien había suscitado contra ella á ese verdugo con rostro de arcangel y
he aquí que dos lágrimas perlaban los ángulos de loe
ojos pálidos del bada y que ee enternecía del todo el brillo de rn eepejo. La dulce Oriana se sabía sin defensa:
amaba á eu vencedor......
En ese momento una inmensa claridad llenaba la gruta. Con el filo de eu eepada un hombre acababa de des•
garrar la móvil cortina de lianas que guardaba el dintel.
Como lamida de plata por la luna, una esbelta silueta
negra se erguía sobre el claro, una silueta encascada, donde un buho vivo, posado sobre la cimera, desplegaba sus
grandeé alas. Amadis tocó tres veces el cuerno con toda
la fuerza de sus pulmones, y tomando por la lámina eu
espada, llevándola en· forma de cruz ante sí, pénetró al
antro.
-Por el Cristo todo poderoso y Nuestra Sefíora la Virgen, que los ojos que ha turbado el Maldito, se aclaren
y que se levanten, libres en en fin, los h éroes cristianos
que retiene el peso de los maleficios.
Y habiéndose levantado loe cuerpos extendidos ahí
con un gran ruido de fierros, Amadis vió que . bajo sus
armaduras herrumbrosas y die. regadas los seres apareci·
dos entre las floree y las plantas, tenían todoe, ó fases
verdosas de cadáveres ó cráneos de esqueletos lucientes,
y Amadie á su pesar retrocedió. Con un siniestro chocar,
las tibias se ensamblaban á los fémures y las carnea
blandujas se deshacían con un ruido flojo la presión de
los dedos crispados y secos; u11 olor de carne descompuesta penetraba todo; la at,.oz visión no duró más que
un instante. Después de un bullimiento para ponerae de
pie,-las larvas de loa valientes habían caído en las roa•
lezas donde los cadáveres se desleían lentamente. El
exorcismo de Amadis no había despertado pm,a mas que
la podredumbre desde bacía largo tiempo ya presa de loa
gusanos, y reto el encanto había dejado correr-tal como
un dique roto-una humanidad madura para la tumba.
Uno solo, un esqueleto que se quedó sentado sobre su
apoyo, hacía muecas con una risa muda bajo un rayo de
luna, con las vértebras presas entre una eglantina en
flor.
De pie en medio del osario, Amadis se sentía mortalmente triste; entonces Oriana:

rompe violenta los dulces lazos,
y en las delicias de tal combate
huye y se escapa de entre mis brazoe.
¿Qué me hizo duefio de su hermosura?
¿Qué me h~ valido tanta ventura?
Mi árabe y negra cabalgadura,
su caeco de oro, eu estampa real. .. ,
mis alabanzas para Sevilla...... ,
mis cumplimientos li su mantilla,
y aquella dulce miel con vainilla
de aquella tarde de Carnaval.
A GUSTIN

F.

C UENCA.

-De qué sirve tu valor?-le dijo-Ellos sofiaban y vi-vían de sus sueftos. Este sabía bien lo que hacía al conducirte aquí-y con su mano temblorosa y rígida ya,
convertida en una mano de vieja, el hada designaba a~
buho-«Tú le has preparado su pasto» Entonces Amadh
la miró: Pobre Oriana! Su cabellera se h\\bía vuelto gril
y enconada, desdentada, osijosa, plegada en dos, rotR,
con el aire de un espectro, ella misma, con su piel color
de ceniza y sus ojos blancos de cataratas entre sus cejas
sangrientas, Oriana- esa desnudez hacía un momentl)
nacarada, como una perla, tendía hacia el héroe un largo brazo de Sibila y con una voz doliente:
-Y yo que te había hecho? Yo tenía la edad de st1~
ilusiones y sus deseos me hacían joven. Bella con Pn
amor, sonreía á su ensuefto y mi sonrisa los guardaba
contra la muerte sonriéndola; ahora el número de los
afios olvidados cerca de mí y el peso de sus penas roe
abruman, su despertar me ha envejecido en mil años y
heme aquí condenada durante mil afios á la vida horrible y triete, que cada uno de ellos debía vivir aquí abajo. Oh, desgraciado nifio, la última ilusión que tenían
aun los hombres florecía en este bosque y eres tu quien
la ha muerto.
Y dicho est(! desapareció!

EL álbum dedos her•

mobae nifias, para
quienes fué escrita,
traducimos á conti·
nuación La ltyend,a·de
la luna, de Elena Vacareecu, la bella y
desgraciada amiga de
la reina de Rumania.
Esta leyenda perte·
nece á las Rapsodw
de Dimbovüza, y Carmen Sylva, en el prefacio de la edición alemana, dice que
su ilustrada dama de honor la recojió de los labios miemos de Cobzar, trovador rumano, de loe que suelen cantar acompafiándoee en el rnandolino ó el laúd.
La tradución en prosa ea preferible á la interpretación
versificada, pues se trata de una especie de melopea sin
consonantes, que difícilmente hallaría su equivalente en
la poesía castellana.
He aquí la leyenda:
La luna teme que aa1ga el sol, pues él solo sabe el mis•
terio de su palidez. Y la luna teme que á la hora del alba confíe á álguien el secreto. Por esw, tan pronto como
sale el sol, la luna se esconde, en la esperanza de que así
llegará á olvidarse de ella.
Mas yo soy el Cobzar, hermano del sol, y él me ha en·eefiado el arte de ir anunciando entre los hombree cómo
él ha dado el canto á los pájaros y cómo hace madurar
la fruta y verdear la selva.
Yo solo conozco el misterio; yo solo sé por qué la luna
es tan blanca.
Ua día foé, en que la luna era el corazón de una niña
donde alegre cantllba el amor.

DOMINGO 18 DE JULIO DE tltn

POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción· para "EL MUNDO."--l!ustraciones tomadas de las fotografías hechas en el curso de la expedición.

«Los últimos rayo11 del sol que cae, besarán aún una vez
sus pétalos amarillentos; y después la fior se ocultará
para dormir, durante el largo invierno, y renacer en la
primavera. ¡Ahl si pudiéramos hacer lo mismo!»
De~terradoa á quienes amenaza la agravación de una
reclusión prolongada, Johansen y Naneen gozan profundamente de todas las manifestaciones de la vida que se
agitan aún al rededor de ellos. Siguen en el cielo las
batallas de los pájaros:
«Felices criaturas que se mueven allá arriba con tanta
libertad! A nuestros pies, en las olas, las morsas se sumergen y agitan; en loe airee torbellinéan las bandas de
gaviotas, oímos el roce de sus alas. Por donde quiera hay
un rumor de vida, pero bien pronto el sol desaparecerá,
el mar se cerrará, los pájaros se irán uno tras de otro
hacia el Sur, comenzará la noche polar y reinará un silencio profundo y no interrumpido ......
«Las morsae, los osos, los pájaros, sucesivamente hui•
rán.»
Los zorros fueron los •1ltimos compafieroe de inverna•
da de Naneen y de Jobansen. Esos insoportables vecinos, astutos y ladronee, tanto más audaces cuanto que
loe dos hombree, avaros de eus cartuchos, no loe desperdiciaban en ellos, no retrocedían ante ningún latrocinio, por poco provecho&amp;o que fuese. ¿No se apoderaron
un día de un paquete envuelto en lona de vela y que
contenía un poco de todo: trozos de bambú, de hilo, de
fierro, una cuerda de barpói:i, una pe!ota de hilo grueso,
ejemplares mineralógicos etc.? Otra vez se robaron un
termómetro. A. partir de ese día, el úhimo termómetro
fué fijado fuera de m alcance, en la punta de un trineo
levantado verticalmente cerca de la choza.
El sol se mostró por la última vez el 15 de Octubre.

JEAN L OMAI N.

Mientras duró la dulce pasión, el corazón de la nifia se·
iornó enteramente blanco.
El firmamento le tuvo lástima y se lo llevó.
Y durante las horas calladas y solitarias. el corazón
desconsolado contempla la tierra, acordándose de su pasión y de su dolor.
Cuando la luna sale, las flores murmuran: ¡Oh corazón
blanco de virgen, ven y descansa sobre nosotras!
Y los pájaros la invocan en su euefio, la tumba le su•
eurra: ¡Oh corazón blanco de virgen, acrecienta mi blancura!
La luna teme que salga el sol, pues el sólo sabe el mis•
terio de su palidez.
V ACARESCU.

Dama de honor de la reina de Rumania.

Cesó la lucha, la patria es libre.
Sobre e~tos campos, de horror cubiertos,
que el son guerrero ya nunca vibre
llamando vivos, dejando muertos.
El himno augusto que hora se escucha
celebra á un pueblo que se levanta.
La patria es libre, cesó la lucha:
¡poeta, cantal
Ya loe hogares abren ene puertas
y las doncellas temblando aguardan
que basta sus almas, también abiertas,
lleguen los novios que tanto tardan.
Sus lauros frescos por azahares
cambian loe héroes con mano inquieta .. ....
Abren sus puertas ya los hogares:
¡ama, poeta!
8·1 faz radiante la dicha asoma,
los sueños viertén su polen de oro,
y la miseria, que abate y doma,
huye ocultando rabioso lloro.
El alma vir~en del bravo infante
bueca lo noble, lo vil deedef!a......
La dicha alegra su faz radiante:
¡poeta, suefial
Con paso artero la infamia viene
y la rodean cuantos la miran.
¡Qué solapada sondea tiene!
¡Cómo la acogen, cómo la admiran!
Por su lenguaje tan lisonjero
oíd qué aplauso tan vivo estalla.
La infamia viene con paso artero ......
¡poeta, calla!
B AI,llTNO D AVALO" ••

&amp;L MUNDO

HACIA EL POLO

En el claro se levantaba el alba.-U n ful~or triste
alumbraba los cadáveres amontonados, sin orden, en la
gruta, é inclinado sobre la cabPza de un muerto, el buho
buscaba curioso con el pico el sitio de los ojos en otros
tiempos llenos de azur y vueltos ahora dos huecos negros
é inmundos.

ELENA

LA LEYENDA DE LA LUNA

1897

Johansen cosiendo.
UNA EXISTENCIA DE TROGLODITAS

Naneen se había prometido consagrar los ocios de la
invernada á poner en orden sus notas, sueobeervacionee,
sus cálculos; pero su cerebro rehusaba el trabajo. Además, ea fuerza decirlo: una dificultad material de un or•
den demasiado imprevisto, impedía sus buenas intenciones, matando las pocas veleidades laboriosas que subsistían en él: si su dedo desfloraba, si rozaba su manga una
hoja de papel blanco, inmediatamente aparecía una huella negra y grasosa; de la página en que él había escrito
aunque fuesen algunas líneas, se podía decir que había
sido ¡mnegrecida, en el sentido natural de la palabra. De
todos los sufrimientos soportados por los dos noruegos,
este era acaso el peor.
Era en vano que pusiesen á hervir su ropa; la grasa
persistía.
. Loe vestidos de Nansen y de J ohansen, grasosos, agu¡ereados y usados, no ofre4ifan ya contra el frío, y sobre
todo contra el viento, más que una insuficiente protec•
ción. Salir asl vestidos para dar higiénicamente algunos
pasos frente á la choza, era de parte de los dos hombree
un acto de heroísmo de que algunas veces sentíanse incapaces. Entonces quedábanse confi nados en su guarida,
probandó con su buena i;alud que el escorbuto no ea una
consecuPncia forzosa de la falta de ejercicio.

«El vac-ío mismo de mi diario, di·

ce Naneen, da la pintura máe exacta de nuestra existencia durante
loe nueve meses que hemos vivido
sobre esta playa.»
«Domingo 1? de Diciembre de 1895.
-Tiempo maravillosamente bello
desde hace algunos días: se deja
uno ir y venir fuera de la choza en
tanto que la luna transforma este
mundo de hielo en una :ierra de
hadas.
«L1111es ii de Diciembre.-Sopla el
viento: el paseo será desagradable......

«Martes 10 de Diciembre.-Johan•
sen advierte que sukayak ha dPB·
aparecido. Lo ha encontrado á mu·
choesentenares de pasos: el viento
lo había quitado y llevado hasta
ah!. Que loe kayaks se pongan á
voltear _en el aire, se pasa ya de
broma ......
«Jueves 19 de Diciembre.-La Navidad se aproxima. En la casa cada
La vida en el interior de la choza.
uno se ocupa en loe preparativos
de la fiesta y enct1entra apenas
tiempo para todo. Mas aquí nada hay que hacer. Pasar tados entre los dos noruegos. Por fortuna quedan algu·
el tiempo ea nuestro sólo cuidado. Ah! dormir, dormir! nos inagotables proyectos para el porvenir, hipótesis con•
La marmita hierve dulce mente en la hornilla. Yo vigilo cernientes á la vuelta del Fmm, conjeturas relativas á su
el almuerzo y miro vacilar la llama en tanto, que mi pen· propia situación actual. ( 1)
Sus cabellos y sus barbas incultas no conocían ya las
samiento hace lejanos viajes. Extralio poder del fupgo y
de la lumbre sobre todas las criaturas vivientes! Fasci- tijeras, los cabellos caían sobre la espalda y eran un sunación de esas vivas lenguas que plemento de traje que loe dos noruegos apreciaron mu·
se retuercen como serpientes!.. .... cbo. Barba y cabellos se han vuelto completamente neA la luz de las lámparas en las ve· .gros. En esos rostros de carboneros, los dientes y el blanladas del invierno, ella se sienta y co de los ojos brillaban de una manera extrafia.
«...... Nuestro estado de ánimo, en suma, era bueno.
cose. Cerca de ella está una nifiita
de ojos azules y de cabellos rubios, No teníamos ni aún el recurso de loe disgustos para majugando con una mufieca. Mira al tar el tiempo. A nuestro regreso áíguien preguntó á
niño tiernamente y acaricia sus ca- Johanaen cómo nos babiamos avenido durante el invierbellos, pero sus ojos eetan henchi- no-porque ea, se dice, una ruda prueba para dos hom •
dos de gruesas lágrimas que caen bree vivir tan largo tiempo y juntos en un perfecto aislamiento:
sobre su labor.
«-No, respondió él, no nos hemos peleado. Sólo que
«Mártes # de Diciembre -En el
país acaban de encenderse las velas yo tenía la costumbre de roncar durante mi sueño y en·
de loe árboles de Navidad, alrede· tonces Naneen me daba puntapiés en la parte posterior.»
dor de los cuales los niños danzan No puedo negarlo, le dí bastante&amp; puntapiee; pero él se
en ronda. Y nosotros también fes- limitaba á moverse un poco y tornaba á dormirse trantejamos la navidad según nuestros quilamente.,,
recursos. Hemos lavado en un poLA PRL\IAVERA D E 1896
co de agua caliente nuestras camisas y nuestros calzones, y para
El fin de Febrero y loa primeros dias de Marzo vieron
lavarnos nosotros miemos, loe calzones nos han servido á la vez de la vuelta de la primavera, los pájaros, el sol.. .... y los
esponja y de toballa. Nos senti• osos. El 8 de Mayo, uno de estos, atraído sin duda por
moa casi otros hombres. Para ce• el violento perfume del aceite de morea extendido alrenar, hemos tenido jiskegratin, hededor de la cabaña, vino á vis.i tar á Nan·aen y á Johan•
cho de pescado pulverizado, de ha- sen h asta su guarida. Sin amedrentarse á la vista de las
rina de maíz y de gr:&gt;.ea de morsa, primeras osamentas que cubrían el suelo, se metió por el
y como postre, pan frito en aceite. pasadizo qne conducía á la choza, cuando Johansen, que
Mafiana en la mañana tendremos había advertido su presencia y emboscádose detrás de la
chocolate.
piel que servía de cortina, tiró. El animal, herido, echó
á correr. La persecución fué larga. El oso había escalado
«Miércoles 1? de E nero de 1896 Cuarenta y un grados y rr.edio ba- una eminencia y seguía por su resta. Desde abajo, Nanjo cero. Así pues, acaba de nacer een lo remató de un t:ro de fusil. El cazador había eeco •
un nuevo afto, el afio de la alegría
(1) Nansen habla acabado por convencerse de que invernaba en
y de la vuelta al país. En medio de
parte sobre la costa de la tierra Gillis, entre la tierra de Franun claro de luna deslumbrador, alguna
cisco José y el Spitzberg.
1895 ha partido; con
el mismo claro de
luna deslumbrador
1896 comienza. Pe·ro el frío es muy
cruel.. ....
«VierneB s' de E ne "
ro.-Oigo detonacio- :·_
nea del lado del qla- &lt;e _cier, gigante de h ie- ~~
lo posado sobre la ~
cresta de la monta- ~
fia y que alarga sus miembros en todaF .
las direcciones, hasta el mar. Todas lae
veces que el frío aumenta, se tuerce h e.··
rriblemente y, en medio de un ruido d~ ~cañoneo, aparecen grietas de todos ladoe,
sobre su cuerpo monstruoso.
«Jobansen se ha dormido y hace reeo
nar la choza con sus ronquidos sonorof. :
Me alegro de que su madre no pueda ver t .. _
lo en este momento. Tendría piedad de i=-:'...
su hijo, tan negro, tan grasiento, .desga ~
-=
rrado, con el rostro cubierto de v1rueiaE ,;:_ ;.;~ .
de sebo. Pero paciencia! Le volverá á ver
sano y salvo, fresco y sonrosado .........» F-- . -:¿
No poseer un libro solo, es para Non· ¡-':::"'
se~ y .Johansen una de las más grandeE ~ _pr1vac1ones. Con qué pena recuerdan la ... _:;_,,,.
biblioteca del Fram! Han leído frecuente ~~ mente lo que hay de legible en su tabla ~--:;;._,,,.. ~ ·~, '&lt;i,,,&gt;.,;~~?
_
de navegación y ~n su alm~úaque, que s~ •• :,.._,-~
. ~~- ~- ~
~ "=-h,:}.- -~ - -~ ben ya:de memoria. También se han aph · __ ---::=- - ....- -; " "~
""
~~:,::...=-.,.._
cado á aprenderse las alianzas y las filia•
_.:;.....,¿_,,,~-:,s..-.;-=-~--:::?'"
~ ~ = ~- ~ ~-:-,.~~
cionee de la familia real de Noruega, co- ..:.-:....--, _ __ =:e_,...JI=- ~_.:::::-_ ::::-.--c:::~~~~--mo loe cuidados que hay que impartirá
lo~ ahogados.
Desde que dura BU tete tete, casi todna
Así enarcado logré izarme.
los aeu.utoe de conversación han sido ago-

¡:z:-" ·

·--=-

.

�•
so
gido su momento: herido el oso, en tanto que ee encontraba en el extremo borde de la alta muralla, perdió el
pie, la enorme mesa blanca se desprendió y botando de
aspereza en aspereza, no se detuvo sino á loe pies de
Naneen. Agitáronlo algunos espasmos y todo concluyó.
Eee oso llegó muy á tiempo: la despensa estaba casi
vacía. «Vivimos de esa pieza, dice Naneen, durante seis
S'emanae.,;
Bien pronto iba á sonar la hora de la partida. La pri•
mavera precedente cuando abandonaron el Fram, no te·
nían más que escoger trajes y provisiones de toda especie, de las que poseía el buque. Ahora el viaje que te·
nían en perspectiva era menos largo sin duda, pero estaban entregados sólo á sus propios recursos.

EL MUNDO
UN DÍA DE: 1.MOCIÓN

DOMINGO

,a

DE IULIO DE

,a,n

Hace algunoedías nos atacaban las morsas, nos era preciso
nadar sobre el agua helada para salvar nuestras vidas; lle•
vábamoe una existencia de ealvsjes. Y he aquí que ahora
vivimos la vida de loe europeos civilizados; que estamos
rodeados de todo el lujo y de todo el bienestar qt•e la
civilización puede procurar.
«...... Era más de medio día el 17 de Junio, cuando salí de la •tienda para preparar el almuerzo. Había ido
hasta el borde del hielo á buscar agua salada, cuando
percibí que la bruma se había disipado un poco y juzgué
que era /a hora de examinar loe alrededores. Monté sobre un hummock, tendí mis miradas y de pronto hirió mi
_oído algo seme jante al ladrido de un perro......
Tendí la oreja y no oí nada. Comenzaba á creer que
me había engañado, cuando loe ladridos tornaron á oírse
«Grité á Johaneen que había oído ladridos del lado de
tierra. Salió él del saco en que estaba dormido y se pre•
cipitó fuera de la tienda, «Perroe!n Sin comprencter prestó
oído á su vez,. volvió convencido deque era ilusión míe.»
Naneen razona:
«Si hay alguien aquí, no estamos, pues, en la tierra Gillie ó sobre alguna CJtra playa conocida como lo creímos
todo el invierno, sino más bien al sur de la tierra Fran •
cisco José...... »
«Con este tumulto de pensamientos me encaminaba á
través de los hummocks y las asperezas. De pronto creí
oír el !onido de una voz humana, una VO'I. extrai'ia-la
primera hacía tres af!.os. Mi corazón palpitó; la sangre
afluyó á mi cerebro, escalé un témpano y llamé á plenos
pulmones. Esa voz humana en el desierto de hielo era
mi patria, mi hogar; era la vuelta al lado de aquella que
me espera. Yo no veía más que esto, en tanto que corría
al través de los amontonamientos de hielo,
«Era ese Jackeon que iba á expedicionar en la tierra
de Francisco José cuando yo salia de Noruega, ó bien
algún compatriota? Avanz11mos rápidamente el uno hacia el otro. Yo agité mi sombrero, él agitó el suyo; le oí
hablar al perro y escuché. Era un ioglée; cuando estuve
más cerca, creí reconocerá M. Jackson, áquien recordaba haber visto una vez.
«Le saludé; nos tendimos la mano con un cordial: «Co es•
tais?» Por encima de nosotros una tela de bruma; á nuestros pies la banquisa; en el fondo una fisonomía de tierra que huye bajo el hielo y en la bruma. De un lado el
europeo civilizado, un completo inglés calzado de altas
botas impermeables de caucho, bien afectado, exhalando
un perfurme de jabón odorífero;-y frente á él el hombre
salvaje, vee~ido de inmundos andra¡oe, negro de aceite
y de sebo, con loe cabellos incultos y la barba hirsuta,
con un rostro cuya rubicundez natural había deeapa·
recido bajo una espesa capa de grasa.
-Me alegro en extremo de veros, me dijo Jackson.
-01 lo agradezco mucho.
-¿Tenéis un buque aquí?
-No, mi buque no está aquí,
-¿Cuántos sois vosotros?
-Tengo un solo compañero en el hielo.
Y así &lt;líciendo, habíamos comenzado á dirigirnos hacia
la tierra. Yo suponía que me había reconocido ó que
cuando menos había adivinado quién era yo, no pensan•
do que ningún hombre totalmente extraf!.o y de mi apariencia inquietante pudiese ser recibido tan cordialmen•
te. De pronto se detuvo, me miró bien á la cara y me
dijo:
-¿No seríais por ventura Naneen?
-Sí, yo soy Naneen.
-¡Por Júpiter! ¡Me alegro mucho de veros!
Y me asió la mano que sacudió de nuevo, en tanto que
todo su rostro no era más que una sonrisa de bienveIJida
y que la alegría de este encuentro imprevisto radiaba en
sus ojos negros.
-¿De dónde llegáis, me preguntó?
He dejado el Fram á loe 81º de latitud Norte, después
de haber derivado durante dos ai'ioe. He alcanzado el
86º 151 • Ahí debimos deshacer el camino en la dirección
de la tierra Francisco José. Pero nos hemos visto obliga•
dos á invernar y actualmente nos dirigimos hacia el
Spitzberg.
-Os felicito de todo corazón. Habéis hecho una bella
excursión y tengo una alegría de todos loe diablos e ser
el primero en felicitaros.

«.A.l llegar la noche, nos detuvimos al borde del hielo á
fin de estirar un poco nuestras piernas que se habían an•
kiloeado todo el día en los kayaks. Queríamos también
escalar un hummock para interrogar el horizonte. En el
momento en que nos íbamos á acostar, se impuso el problema de saber cómo íbamos á amarrar nuestras preciosas embarcaciones. D~spué3 de algunas vacilaciones, nos
servimos de una driea hecha de piel de moras. No se ne•
cesitaba. un cable muy fu~r&amp;e para retener nuedtros kayaks ligeros.
Cuando habíamos ascendido al hummock más próximo, Johaneen exclsmó de pronto:
Los kayaks se van con
la corriente!
«B.ijamoe á toda prisa.
Ya estaban muy lejos y
derivaban rápidamente,
El cabte había cedido.
-«Tened, tomad mi reloj» dije á Johansen de•
semb.;razándome al mis•
mo tiempo de algunas de
mis ropas, á fin de nadar
más fácilmente. No osaba
desvestirme del todo por
temor de un accidel,lte.
Salté al agua El viento
~Oplaba del bordo y loe
kayake, con su ligereza
nan una presa muy bue•
na. Su derivación seacen·
tuaba.
«El agua estaba helada;
mis ropas me paralizaban. Lejos de ganar distancia :sobre los kayaks,
vensaba podia seguirlos.
Tt!mía no poder llegar jamás hasta ellos. Pero ahí
se iba toda nuestra eepe•
ranza; todo lo que poseíamos estaba á bordo; no
Nansen oye 1adrid :&gt;s.
teníamos con nosotros ni
El invierno en la choza había concluido con sus trajee. aun nuPstros cuchillos. «Que yo me ahogase ó que volIngeniáronee para covfeccionar unos nuevos con sus viera á la playa sin los kayake, venía á ser lo mismo.
«Redoblé mis esfuerzos. Cuando me fatigué, me tendí
abrigos y en reparar loe que podían soportar aun un remiendo, en remontar su calzado con ayuda de piezas de boca arriba y seguí nadando de esta suerte; podia ver á
piel de morsa y en hacerse calcetines, guantee, un lecho- Johaneen marchar sin detenerse por el bordo del hielo.
saco de piel de oso. Habíanee proporcionado hilo, des• Pobre muchacho! no podía estar tranquilo y encontraba
hilando la tela de álg~dón de algunos sacos de provisio- espantosa su impotencia para obrar. Casi no esperaba
nes. Durante muchas semanas, desde la mai'iana hasta mi victoria, pero en nada hubiera mejorado nuestra si•
la noche, la aguja no descansó. Ll choza habíase trans• tuación si él también se arroja al agua. Después me dijo
formado súbitamente en un taller de sastre y de zapate- que esos momentos habían sido loe peores de su vida.
«Cuando me volví de nuevo, testifiqué que estaba un
ro. No había ya, en la existencia de los dos hombree,
poco más cerca de loe kayake, y me vino de nuevo el
lugar para el fastidio.
ánimo. Sentí, sin embargo, que mis piernas se entumian
Abril ee pasó y llegó Mayo.
«Martes 12 de Mayo.-Dí ahora un adiós á mis viejos gradualmente y perdían toda sensación. Bien pronto ya
pantalones. ¡Cuántos servicios me han prestado! Pero no me sería posible moverlas. Pero quedaba poco cami•
ahora están cán pesados con la grasa, que deben pesar no por hacer¡ ei podía mantenerme unos instantes más
muchas veces su peso primitivo. Si yo los torciese corre• sobre el agua, me salvaba, nos salvabamoe ........ .
«Continué; mis brazos debilitaban mas y más; pero la
ría el aceite. Es una sensación deliciosa la de ponerse
pantalones nuevos, ligeros, blandos, y hasta cierto pun- distancia disminuía sin cesar......
Pur fin pude extender la mano hacia la madera de un
to exentos de grasa.»
Para una expedición en trineo, debe uno proveerse de víve- ski, el cual estaba dispuesto de abajo hacia arriba; lo así
res nutritivos bojo un peque ii.o tolú men, i-ariados hastri don- y estuve bien pronto pegado áloe kayaks: eetabamoe sal·
de sea posible, de trineos sólidos, etc., etc. Naneen conocía vados! Ensayé izarme sobre las enbarcaciones, pero mis
de memoria todas estas máximas del coleccionismo ár- miembros ya no me obedecían. Por un instante deeeepe•
ré. Al cabo de un momento logré, sin embargo, lanzar
tico. Pero ¡ay! zómo ponerlas en practica?
Para la continuación del viaje habíase separado un po- una pierna por encima del borde del trineo que reposaco de harina de pemmican, chocolate y pan. Mas cuando ba sobre el kayak de la izquierda. Así enarcado, logré
loe dos noruegos visitaron su depósito, experimentaron izarme y me senté. No era fácil remar en la doble em·
un cruel desengaño: toda había sido deteriorado por la barcación. Tenia que dar dos ó tres golpee de remo á la
hnmedad; el chocolate había sido disuelto, la harina es• derecha de loe kayak y otros tantos á la izquierda.
«Sí hubiera podido separar las doe embarcaciones y
taba mojada, el pemmioan en putrefa~ción. Fué preciso
tirarlo todo, salvo una pequeña cantidad de harina de remar en una remolcando la otra, la tarea ha bría sido
m.1iz y el pan que sólo estaba humedo y que se pudo co- más fácil, pero no osaba ensayarlo. Me hubiera helado.
mer después de haberlo pasado por el aceite hirviendo. Remar era el sólo medio de conservar lo poco que me
«Cargarnos de tanta carne de oso y de grasa de morsa quedaba de calor. El frio me había quitado toda sensacuanta podríamoejllevar, dice Naneen, era todo lo que que- ción. Sin embargo, si venían bocanadas de vientos pare·
daba por hacer. 'ia que no ligereza, estas provisiones cían que me traspasa óau. Dentro de
ofrecían cuando menos 111 ventaja de ser reemplazadas mi delgada camisa de lana mojada,
en el curso del camino, según nuestras nec8eidadee. La todo mi cuerpo temblaba; caetañe·
parte más importante de nuestro equipo eran, deepuéade teaban mis dientes; estaba transido.
«De pronto percibo dos gaviotas.
todo, nuestras armas de fuego. Felizmente las habíamos
conservado en buen estado y nos restaban una centena T,mer gaviotas para cenar era de·
maeiado tentador-nos amenazaba
de cartuch9e de bala y ciento diez de municiones.»
el hambre;-cogí mi fusíl y las maté de un tiro. Johansen me di¡o
EN CAMINO HACIA EL SUR
m;ie tarde que se había extreme•
El 19 de Mayo, por fin, Naneen y Johansen abandona- oído al oír el tiro. Juzgó que algo
ron la choza que loe había abrigado por más de ocho me• fatal me acaecía. Después, cuando
ses. Antes de dejarla, redactaron un corto informe de su me vió recojer las aves, creyó que
.
viaje y lo encerraron en un tuvo de cobre que había sido me había vuelto loco.
«Por último, llegué á su lado y
el cilindro de la bomba de aire de su lámpara de petro·
leo. El tubo fué cerrado con un tapón de madera y ~us- á duras penas pude vol ver al calor.u
Los días siguientes Naneen y
pendido del techo por un hilo de fierro.
El mar no estaba libre aun. L'lB kayaks fueron, pues, Johansen navegaron á la vela por
car¡:adoe sobre los trineos, á los cuales se ataron loe dos un mar en que pululaban las moviajeros. Tantos meses de una existencia sedentaria, mal ras, viéndose expuestos á mil peli•
gros.
loe había preparado para las fatigas de la marcha.
Pero fueron estas las últimas
Sus piernas no los obedecían bien, así es que me primerne jornadas fueron muy cortas. Avanzaban en una pruebas. Al día siguiente, Naneen
dirección sud-oeste, creyendo dirigirse hacia la tierra Gi• y Johansen, treinta y cinco meses
llia, al nor-eete del Spitzberg. Por la noche para acam- después de la parLida del Frani de
par, levantaban una especie de tienda, arrojando sobre Vardre y quince meeee después de
loe trineos, diapueetoe paralelamente, las velas de los ka- haber abrndonado el Fram, iban á
encontrarse inopinadamente en
yake.
medio de sus eemejan~es.
S.&gt;lían hallar regiones de agua, mlS d emisiado paque
ñas para una navegación fructífera.
Et 12 de Junio, el agua dulce se extendió una vez más EL E NCUE:-ITRODE N ANSEN Y J.ACKSO:)!
antd sus ojos, pero ese día de feliz navegación fué marca•
«Martes 118 de J1rnio. -¿Duermo
do p)r el m \Jor peligro que hubiesen corrido nunca.
acaso?¿ Acaso suei'io? ¿ €stoy rodMdo de realidades ó de visiones?......
Encuentro de Nansen y de Jackson.

DOMINGO 18 de JULIO de

,a,n

-~~~~~=~~==~~========~~~==~

Estación del cabo Flora.

La estación de Jackson en el cabo Flora se componía
·de una casa baja construida de maderas superpuestas horizontalmente, á la moda rusa, de un establo y dependencias...... «Era, dice Naneen, un nido caliente y confortable en ese medio desolado. El techo y loe muros estaban cubiertos de tela verde. Sobre las paredes había
fijadas fotografiae y grabados; unas repisas soportaban
loe libros y los instrumentos. En medio de la cámara ardía un fuego de carbón hospitalario. Un singular estado
de espíritu se apoderó de mí cuando me senté en una silla cómoda en medio de todo ese ambiente de bienestar.
Las responsabilidades, las inquietudes que durante tres
años habían pesado sobre mí acababan de deeaparacer
de un solo golpe. Estaba en un puerto seguro; mi deber
se había cumplido, mi tarea babia terminado; ya no te·
nía más qu~ descansar y esperar; fué servida la comida y
encontré delicioso el pan, la m!lntequilla, la leche, la azú ·
cor, el café, todas las cosas sin las cuales habíamos aprendido á pasarnos, deseándolas siempre sin embargo.
«Johansen, á quien Mr. J ackson había enviado á buscar
con algunos de sus hombree, llegó bien pronto con ellos.
No le habían permitido tocará los trineos. «Yo estaba
en medio de ellos, dice, como un pasajero en un buque.
He viajado muchas veces sobre la banquisa, pero eata es
sin comparación la más agradable.,,
Un momento después, Naneen y Johansen no se reco•
nocían ya. Habíanae despojado de sus trajes, habían to·
mado un baf!.o caliente, se habían jabonado á su satis·
facción y se hablan vestido loe trajes limpios puestos á su
disposición, habían cortado sus cabellos, se habían afeitado, convertlanse en una palabra en europeos, con más
rapidez que la de su transformación precedente en sal·
va¡es trogloditas.
Al mismo tiempo comprobaban con gran sorpresa que
su pee.o había aumentado sensiblemente desde que aban·
donaron el Fram; resultado que honra las facultades alimenticias de la carne y de la grasa de oso con que exclu·
eivamente se habían alimentado durante el invierno.
LA VUELTA Á NORUEGA,

Durante algunos días, Naneen y Johansen se entrega·
ron por completo áloe goces del confort y al placer de
conversar con otros hombree. Como distracción, acoro·
paflaban á J ackson y ~ los otros mie_mbroe d;e. la misión
en sus cacerías á oeoe ingénuos que iban á visitar la es·
tación del cabo Flora, tomaban instantáneas y visitaban
loe alrededores. Jackson y_ Naneen reparaban y corregían
mutuamente sus cartas. U na comparación de loe relojes
de los dos noruegos con el cronbmetro del explorador
inglés había acusado un error de seis grados y medio
en todas las longitudes observadas por Naneen. Con este
dato ya se pudo rectificar los cálculos; una carta de con·
junto de la tierra de Francieco José, fué trazada comple·
tando la de Payer, y Naneen dió el nombre de tierra
Frederick Jackeon á la isla sobre la playa de la cual habla invernado.
.l!:ntre tanto el tiempo pasaba y el navío de la expedí•
ción Jackson el Windward, no llegaba. Naneen y Johaneen sentíans~ dominados por la impaciencia y un poco
también poi la inquietud. ¿No acabarían por retardarse
de tal suerte que se vier~n obligados .á pa~ar_aún un invierno lejos de su país, em haber podido eiqu1e!a dar noticias suyas áloe que loe esperaban? Convencidos estaban de que antes del otoi'io el Fram estaría de vuelta eu
Noruega. Ellos que habrían debido precederlo en un
afio, no llegaría~, pues, sino largo tiem_PO más ~arde? ¿'f
quien en ese caso no los supondría perdidos, quién babia
de creer que habían errado dos años sobre la banquisa
polar sin sucumbir á las fatigas y al hambre?
Muchas veces loe dos noruegos lamentaban haberse
detenido adormecidos en medio de las delicias de la Ca•
pua del cabo Flora· muchas veces estuvieron á punto de
despedirse de sus huéspedes, de subir de nuevo á sus !rá·
giles ka yaks y de intentar la travesía que los conduciría
al Spitzberg.
La mai'iana del 26 de Julio, por fin, Jackson despertó
á Naneen, tirátdole de loe pies, y le anunció encantado
que el Tl'ind1rard estaba ~hi. .
,
El H'indil'arcl, que babia partido de Londres e, 9 de Ju•

EL MUNDO

nio y de Vardre el 25, lle• lar.noruega habían llegado sanos y salvos y que Naneen
vaba áNaneen buenas no- esperaba el Fram en el curso del otofio.
Después de tres días inolvidables pasados en Vardre en
ticias de los suyos. Del
mundocivilizado llevaba, medio de una población delirante de entusiasmo, Nan•
á la colonia de loe deste· sen y J ohansén vol vieron á bordo del Windward para dirradoe del cabo Flora, rigirse á Hammerfeet.
nuevas asombrosas: Se foEL •FRAM» .ACUDE Á LA CITA
t, grafiaba á las gentes á
1ravée de puertas de mu•
Fué en Rammerfeet donde la eei'iora Naneen se unió á
chas pulgadas de espesor,
uua bala en el cuerpo del su marido, al cual aclamaba el pueblo, y fué ahí también
que la había recibido; los donde el doctor Naneen recibió el 20 de Agosto eete tejaponeses habían vencido legrama:
«El Pram ha llegado en buenas condiciones. Todo va
á los chinos; había sido
construido un hotel en el bien á bordo. Partimos al in&amp;tante para Tromsre. Feliz
8pitzberg, y el sueco An- regreso.
drée esperaba un viento
Otto S.erdrup.n
favorable que le permi•
Así pues, el Fram confirmaba exactamente las previtiese partir en globo para
siones y las predicciones de Naneen, que no solamente
el Polo ...... etc., etc.
Cuántos motivos de no había desesperado jamás de su retorno, sino que le
asombro habría habido había asignado una fecha precisa.
Naneen había querido ser el primero en acudirá la cipara Naneen y Johansen
ta y he aquí que el Fram, como no había querido prolonFÍ se hubieran dirigido di·
rectamente al Spitzberg y gar una espera de todas suertes dolorosa, llegaba á su vez
hubieran caí.lo con su al punto indicado.
...... Después de la partida de Naneen y Johaneen el 14
aceite y su grasa ea medio
de una banda de excur· de Marzo de 1895, el Fram había continuado su lento
sionistas de la agencia viaje de derivación; todo lle110 de recodos y de idas y
venidas, pero con una direción general constante. El 15
Cook!
E l 7 de Agosto el W in- de Noviembre de 1895, había alcanzado la latitud de 85º
dward levó anclas y se di- 55' á penas 35 kiló10eiroe más al sur que el paralelo al
rigió al Sur después de ha• cual habfa llegado Naneen. Si este, se ua dicho, hubiese
ber tomado á bordo, C&lt;'n esperado tal fecha, acaso habrla llegado hasta el polo.
Naneen y Johaneen mu• Pero no habría podido ponerse en camino al principio
choe de los miembros de del invierno; y al comenzar la primavera de 1896, el Fram
no estaba más que á los 8-1° como en la primavera prece ·
la expedición Jackson que volvían á Inglaterra.
La travesía fué feliz y i:ápida: el capitan del Windward dente.
La salud, la discip.ina, el buen humor, no se han de•
tenia enpeño en llevar sus pasajeros á su país antes de
bilitado á bordo del buque. A fines de Mayo de 1896 se
la llegada del Fram.
«En la tarde del 12 de Agosto vi ante nosotros, muy ba- había encontrado á flote; pero durante dos meses y meja en el horizonte, una cosa sombría. Qué era? A estribor dio aun permaJ&gt;eció aprisionado en la banquisa. Solaeso se extendía hacia el Sur, muy bajo y muy plano. Yo mente el 13 da Agosto habla llegado á la mar libre, á pono tenía demasiados ojos para mirar: era la tierra; er'a quísima distancia de las costas septentrionales de la tie•
la Noruega! Yo estaba como petrificado, fascinado por rra del Oeste del Spitzberg. Et mi~mo día cruzóee con un
buque noruego-Las H ermanas, de Tromere-ocupado
aquella línea sombría, á lo lejos, en la noche.
Cuando subí al puente al día siguiente ea 11' mai'iana, en 1a pesca de las focas y de las ballenas. En las islas da•
eetabamos cerca de la tierra. Esta era desnuda é inculta, neeas el Fram se detuvo para hacer agua y encontró al
apenas más atractiva que ia que habíamos dejado en me· vapor Virgo y al globo de la expedicibn Andrée. Vuelto
dio del oceano Artico: pero era la Noruega! ...... Cuando á partir el 15 de Agosto, echó el ancla el 20 en el pequeel bravo capitán Brown dijo mi nombre al viejc- piloto no· f!.o puerto noruego de Sk¡rervre y fué entonces eolaruenruego que subió á bordo, una expresión indecible, mez• te cuando Sverdrup y la tripulación del Fram tuvieron
cla de alegría y de estupor, transfiguró ese rostro usado noticia de su jefe y &lt;le su camarada Nansen.
Saliendo de la banquiea al norte del Spitzberg, el Fram
por el tiempo. Estrechó mi mano y me deseó la bienve•
nida como á un rcleucitado: hacía mucho tiempo que la había, pues, ejecutadCJ ha~ta el fia el plan &lt;1el doctor
creencia publica me juzgaba muerto......
Naneen.
Cuales sean loe resultados cientificoe adquirido! por
«Antes que se echase el ancla en el puerto de Vardre
yo había saltado á un bote con Johansen, para llegar esta expedición sin precedente, no es este lugar á proposimás pr,mto á la ofbina de telégrafos. Bien pronto estu- to para decirlo, y además, Nansen no lo ha expuesto aun
vimos en el muelle, pero á pesar de todo habíamos con, sino sumariamente. Pt1ro la ruta del polo se ha encon•
servado bastante nuestra apariencia de piratas para que trado: la derivación ya sea debido á los vientos solamen•
nadie nos reconociese. Las gentes nos miraban apenas y te ó bien á la acción combinada de loe vientos y de una
la sola que pareció prclstarnoe atención fué;una vaca inteli- corriente, la derivación existe; la hipótesis tormulada
gente que se detuvo en medio dl! una calle estrecha y por el profesor l\fohn en 1884 y audazmeotti adoptada
nos contempló con asombro. Era una visión tan regoci- por Naneen, se ha verificado.
El centro es el medio de un blanco; disparado el pri•
jada la de aquella vaca, tan bien evocaba una escena de
estío, que me vinier-&gt;n deseos de acariciarla: ya sentía roer tiro, en la dirección querida, ha pasado muy cerca
del objetivo; no queda mas que rectificarlo.
entonctie que estaba en Noruega .........»
El 25 de Agosto en el puerto de TromEre, Naneen vol•
Nansen habla preparado una centena de telegramas,
dos de los cuales eran de unas mil palabras poco más ó vió á ver el Fram; lo había dejado medio hundido en la
menos. Cuando los ojos del emplado cayeron sobre la banquiea; lo encontrab" flotando, libre y orgullosamente,
firma del primer telegrama, su fisQDomía cambió súbita- en laa aguas noruegas...... «no intentaré, dice Naneen,
mente y encontró calurosas palabras de bienvenida. Los describir la reunión que siguió. Estábamos todos juntos
telegramas iban á ser enviados inmediatamente, más ha- otra vez, estábamos en Noruega y la expedición había
había tarea para muchos días y para muchas noches. El lienado su objeto.»
«...... Por la noche yo eEtaba de pie al borde del jjord;
aparato comenzó inmediatamente á producir su tic- tac,
y á enviará los cuatro rincones de Noruega y del mun- habíanse extinguido loe ecos, y los bosques de pinos esta·
do la noti,::ia de que dos miembros de la expedición po• ban silenciosos y sombríos al rededor de mí ...... Sobre el
promontorio la última brasa de lar, fo.
gatas se extioguia y humeaba, y el
mar, chapoteando á mis pies, parecía
murmurar: «Ya estás en tu casa.» La
profunda paz de una noche de otof!.o
se extendía, benéfica, eob1e el espíritu
fatigado.
«Yo no podía impedir el recuerdo
de aquella lluviosa mafiana de Junio,
en que por última vez puse el pie eo1:re la playa. Más de tres años habían
pasado. Nosotros habíamos trabajado,
habíamos sembrado y ahora venía la
cosecha. En el. fondo de mi corazón
sollocé y lloré de alegría y de reconocimiento.
«La banquisa y los claros de luna de
las largas noches polares, me parecían
como un suef!.o lejano de gtro mundo
-un sueflo que había huido como vi•
no. Pero que valdría la vida sin sus•
sueños?
__:¡:.;f.,......,

·:1'::.í:•:
•.

• f-

Na .1 sen y Johansená au llegada á l,1 estación del cabo Floro1,

FIN.

�EL MUNDO

DOMIIIGO II DE JULIO DE altn

NOTASDELA
MODA
Tres cu•rpos blusas.

Figttras 1, 2 y 3.

1'!--Esta ee de serpentina
azul obscuro, adornada con
cintas de terciopelo negro y
abierta sobre un cuerpo de
foular crema/Cuello y cinturón de listón fantasia.
2'!--La otra ee de foular roJO con encajes negros, y perdido su ajuste debajo de un
olan bordado que cae al lado
izquierdo.
3~-Esta última es de ba•
tista rosa, adornada en pi•
cos por encajes blancos y
cintas de terciopelo nPgro.
Las mangas tienen jokeys
adornados de la misma ma•
nera como la corbata y lazo.
Cuello y cinturón de raso
blanco.

'

}_¿/

Fig ttras 4 , 5, 6 y 7.

( Figuras 1,

2

y

3.)

Traje de piqué pompadour.

5?- Se compone de una chaqueta fígaro de estilo
enteramente nuevo, pues además de aldetas, tiene
jockeys sobre las mangas y se une sobre el pecho
por dos picos adornados de cinta inglesa. Esta cha•
quetita ee de piqué color de oro.
Vestido para niña de 12 .á 13 años.

6?- Este es de piqué crema adornado con cintas
negras.
Traje de alpaca Serge.

7?-La faldll se adorna co-i¡ cordón de espiga; el
bolero, con te1eiopelo negro y la misma cinta.
Cuerpo interior de lino azul pálido, con pliesés y
tira bordada. Cinturón de raso azul.
LECTURA. P A.KA. LAS DAltIAS
VIGILAR SOBRE TODO

Ropa interior de lana y foular.

SS

«Yo soy dichosa con mis tra•
poi vi,jos,11 decía una de eeas,
mujeres de orden.
Además, si alguna vez bacan•
eado risa una mujer de hilarhas,
rara vez se ha visto reducida á:
la míeeria aquella cuya previ•
sión sabe aprovecbarlo todo para el manejo de eu casa, y haceque todo sirva, los restos demuebles, loe jirones de lienzo,
los papeles ioservibles, las eo-bras de la cocina, etc.
5? En fin, una ama de caFa
debe tener mucho cuidado de
CÓMO SE :NOS PUEDE ENGA~ AR?

Vestido para niño de 6 á 8
años.

Lo que acabamos de decir sobre lae compras y
ventas: No desconfiéis de nadie, pero tomad precauciones con tcdos.
No contéis enteramente con otro más qne con
vos para la vigilancia: voe sola tenéis interés real
en la prosperidad de vuestra casa; ella no depende
sólo de vos tal vez, pero puede decirse que el impulso no se le puede dar y sostener sino con vuestra preeencia.
No sin razón los antiguos decían: La vida del
amo siembra el dinero.
Una ama de casa debe tener cuidado:
1? Que nada se pierda. Debe, pues, saber bien to·
do lo que tiene, hacer inventario de la ropa en cada lavado, exigir que todas las noches, la vajilla
los cubiertos y demás cosas del servicio diario, sea~
contadas y depoeitadas en su aposento.
8? Que nada se desperdicie. Debebe por lo mismo conocer bien las cualidades de lae cosas, las que se pueden
guardar y lae que se deterioran fácilmente; saber lama•

EL MUNDO

que no se la engañe.

Trajes de oaID.po.

4?-Este es de lino azul con
adorno de cinta acordonada.
Chaleco de piqué crema.

DOMINGO II d•JUUO d• 1897

Bata de diagonal vista en tres fases.

nera de conservar las provisiones; reservarse para
sí la preparación de las que exigen mayores gastos
loe dulces, los licores, por ejemplo. ¿No se ve de 3~
de lueio, la necesidad que hay de que entendáis
de cocma para vigilar sobre loe preparativos que se
hace~ E!n ella .Y sa~er arreglar los gastos? No se sa.
brá vigilar bien, smo se sabe hacer bien aquello
que Be quiere vigilar.
8? Que n11da ae deteriore. Debe, para esto, ir por
todas partes, óbservarlo todo, limpiar, ventilar
ordenar l_as reparaciones urgentes, y ver que nad~
estorbe n1 esté fuera de su lugar.
.;? Que todo sea recogido y conservado con cuidado
aun las cosas que parecen más inútiles. Debe pues'
cuidar de que se recojan todas aquellas cos~e qu~
se desparpajan en la casa, lo que encuentra tirado al paso, lo que ya está fuera de servicio que tal
vez los criados iban á arrojar á la basura.'
Todos esos objetos se colocan en esos viejos cuar•
toe inhabitables, que se llaman cuartos de estorbos
y allí se encontrarán con seguridad, cuando se de'.
se~~• ya para las reparaciones de la casa, ya para
ahvio de los pobres, una multitud de cosas que
realmente pueden servir.
A la recomendación de recogerlo y guardarlo to·
do, afiadimos la de hacer, por lo menos una vez
en el afio, 11na visita domiciliaria de caridad á esos
cuartos, en todos sus rinoones y escondrijos.
Queréis encontrar allí muchas riquezas? Hacéos
acompafiar por una pobre madre de familia¡ de·
cidle_ que ella busque. Veréis como ella sabr des•
cubrir, en _medio de aquellos.muebles viejos y entre
aquellos giro.aes de ropa, algunos tesoros para su
casa.

Ahora bien, se os podrá en•
gafiar:
1? Porpé:rdida del tiempo, cuando loe criados emplean para sí
las horas que debían emplearen el trabajo de la casa. Es cierto que es necesario que tengan
horas para sí, destinadas á lavar
y á remendar su ropa, etc.; pero este punto demanda una muy
particular vigilancia. Algunas
veces trabajaban no sólo para.
sí, sino para personas extrafiae,
lo cual les proporciona un au•
mento de sueldo.
.
Durante la 11oche, regular-mente, cuanclo todo el mundo
descansa, es cuando ee hace eee
trabajo suplementario. «Es mi
tiempo, es el tiempo de mi sueño el que tomo, os a.irá una criada á quien hayais,
sorprendido en estas faenas; este tiempo me pertenece. 11 Si, pero esta velada la pondrá lenta y perezosa para el trabajo del día siguiente; el alumbrado se
gasta, y una lámpara ó una bujía encendida puede·
ocasionar una multitud de accidentes.
2? Se os engaña p or inteligencias y cohechos con los,
proveedores, que algunas veces anotan los objetos
con un precio más alto que el pactado, 6 indican un
~eso ó una calidad distinta del peso y calidad que
tienen los efectos que han entregado, y parten el di-nero así robado con la criada ó criado infiel.
Los criados y criadas suelen también aumentar á
la cuenta que os presentan, algunos centavos demás,
s_o pretexto de que ellos han regateado, y que la uti •
lidad que han obtenido por la diligencia que han hechn, les corresponde por de1echo.
Id vosotras mismas algv.nas veces y en distintos
tiempos, á hacer las compras al mercado y á los almacenes; como por casualidad sorprended alguna.
vez á vuestros criados al estar comprando, pero p10cur:d no dar á conocer que notáis su embarazo.
3. Se os engafia por glotonería., cuando los domésticos se comen las cosas á excusas vuestras; cuando toman para sí lo que habíais reservado para vosotras .
e:omo las frutas ó dulces exquisitos, los manjares de'.
hcados; cuando se beben, ó hacen que otros beban
el víno ú otros licores destinados para la mesa de los,
amos.
4? Se osengafiaporunacaridadmal entmdida cuando los domésticos dan á los pobres más de '10 que
vosotras habéis fijado, ó lo que es más común cuando sin vuestro permiso envían á sus parientes pobres! lo que sobra de vues_tra mesa, ó aun vuestros
vestidos que ya no os ponéis.
5? Se os engafia por emplear en provecho de otrns loque no debe emplearse sino en pro:vecho do la casa. Cuán.
tas veces una _lavandera, por eJemlo,. lava, antes que
vuestra ~op~, la rop!' de. toda su familia, robandnpor cons!~1en!e el tiempo que le pagais y el jabón
que swmp1strá1s.
Se ve por esta exposición, y aun no hemos revelado más que algunos de los más comunes secretos,,

Figuras 4, 5, 6 y 7·

vulgarmente llamadas Sfaa, se ve, decimos, cuán necesaria es la vigilancia, y cuán necernrio es también que una
ama de casa sea la última en meterse en la cama por las
noche!!, y la primera en levantarse por las mañanas.
VI GILANCIA. MORAL

La vigilancia moral causa otras muchas inquiet_udee.
No es nuestro objeto hablar de ella aquí; sólo áebé1~ ea·
ber bién que la probidad no se coneerv9: por largo tiempo sin la práctica de la piedad, y que ahmentar una pasión cuesta más dinero, dice un proverbio popular, que
ua caballo en la caballeriza.
No dejéis crecer alguna de el!as en v.uestro C?~ezón, y
procurad descubrir para destruirlas ó para deb1htar sus
efectos, las que germin~een en el. alma de vuestros domésticos: la pasión del hcor y del Juego en los h?m bree,
y la coquetería y el deseo de agradar en las mu¡eree, se
encuentraa, más ó menos, en el fondo del alma de todos.
TENER CUIDA.DO DE LOS P EQUEÑOS DESÓRDENES E N E L GASTO

Enaguas de alpaca con adornos de plissé y encaje.

Ya hemos hablado de estos pequeños desórdenes en el
gasto. Cuando se estudia con atención el malestar y la

escasez que reina en un grari número de casas, se ve con
facilidad que ese estado vecino de la miseria proviene
menos de la pobreza de los recnrsoe, que de cierto desorden que no se ha impedido, ó por descuido ó por pereza,
y que ha sido causa de una multitud de despilfarros diarios, que considerados aisladamentl', son poco importantes, pero cuya reuaion ha venifo á abrir un vacío en las
rentas.
Se dice vulgarmPnte que las}6venes tienm las manos horadada8, y que el dinero M puede contenerse en ella8. ¿Y no
habrá también así muchas caeas ó fami liae llenas de agujeros por donde se escapa sin provecho el dinero que reu•
ne-el trabajo?
¿Y no eerá mt y útil hacer una indicación acerca de
esos despilfarros ó desperdicios de dinero? Conocerlos
será el medio de evitarlos.
EN L AS COMP RAS

Los hav en lae compras que no han sido rigurosamente indicadas, que se han hecho en tiempo inoportuno, ó
que no se han vigilado; en aquellas sobre todo, que han

te oído por móvil unicalllilnte la vanidad, el capricho 6 el
simole atractivo;
Ya es un objeto de arte que se ha visto ea una expoei•
ción ó en el saló!!. de nna amiga; se le quiere poseer.
Ya es un tocado ú otro adorno ·que se ha oído ologiar;
se quiere ser admirada también con él.
Es tam bien con frecuencia un simple utensilio del menaje, que agrada únicamente por su forma, y COD el cual
sin embargo, no se tiene que hacer.
Ya hPmos hablado de la manía de comprar colecciones
fútiles; hay también mdnía de coltcciones útiks, no menos
diPpendioaa.
Una mujer tiene acumulado en su cocina óen su bodega tanto, que puede montar siete ú ocho m!ln11jes; y sm
embargo, como los nifl.os de quienes ella se burla, se dice
en cada nueva compra que hace: «Algo más de esto," y
va amontonando más.
·
Nada es tan inútil como la manía de cosas útiles, y nada Robre todo arruina tan pronto.
No comp1éis, sino al día siguiente, el~objeto de que te
néis deseo y que no es abeolutamete necesario.
•

�:ooMINGO II DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

o:"
UN HERMOSO CUADRO CONMEMORATIVO

El MuNoo diario, al referine al jubileo del eel'.lor Ge•
neral Felipe Berriozáb31, quien fué afectuosamente festejado por haber cumplido cincuenta al'.loe de intachable
soldado, siempre en defensa de la causa liberal, habló
describiendo detalladamente un cuadro obsequiado al
sel'.lor General Berriozábal por los Generales y Jefes de la
guarnición, y que constituye un interesante obsequio.
Damos en esta plana una fotografía de este cuadro, que
no requiere descripción alguna, pues su hermosa distri•
bución salta á la vista. En el centio, en lugar de honor
se ve un magnifico retrato del obsequiado, y al pie de este
otro no menos inferior del eel'.lor General Vélez, y en re•
dedor, llenando el espacio que cierra un doble cuadro de
peluche y ore., los retratos de todos los Generales y Jefes
que tienen mandos de la guarnición y los de la mayor
parte de los Magistrados de la Suprema Corte Militar.
En la base del cuadro yé~uese una figura alegórica,
al pie de la cual se lee la siguiente inscripción:
Al preclaro y constante defensor de la Rep1íblica y de la
liberlad-Gen,ral de Divi.~i6n Felipe B. Bei-riozábal- los
Generales y Jefes de la Guarnición.
Este hermoso obsequio,
aparte del valor que le
dan \a respetabilidad del
ob~equiado y de los ob•
sequiantes, tiene el de
constituir un documento
histórico q u e mostrará
mañana el completo per·
eonal de los que hoy son
las más visibles cabezas
del ejército, después de
la de nuestro Primer Magistrado.

luto; los chinos, de amarillo; los turcoe, de azul; los
etiopes, de gris; y los egipcios, de color de hoja seca:
mientras que los europeos llevan el negro.
· En las Indias, las viudas á fin de dar cuenta de su dolor, se arrojaban en otro tiempo sobre la ardiente pira. •
Entre los cafres se cortan lae mismas un dedo, cuando
pasan á nuevas nupcias.
Los seflores y sefioras de la corte, en tiempo de la raza,
asistían en Francia á los entierros con los cabellos esparcidos y cubiertos con coniza, y algunos pueblos del grupo de Hologuen, en los mares del Sur, las barcas se quedan dos meees amarradas en la ribera, después del fallecimiento de un jefe.
Cuando moría algún jefe de lo~ gaulae, sns cria1os ee
daban violentos golpes y degollaban á uno de ellos en sel'.lal de duelo.
E luto y las ceremonias funerales han variado en casi
todos los pueblos.
Loe griegos y los romanos pagaban lloronas, y quemaban sils muertos; loe egipcios los embaisamaban, y los
fr¡¡,nceses de la Edad Media hacían hervir y salaban á
los que querian libertar dP la destrucción.
El cadáver de E;'.lrique V, rey de Inglaterra y de Fran-

ARMONIA

--••ut011u-

EL GORRION

Volvía de caza y caminaba por una alameda á
mi jardín. Corría mi pe•
rro delante de mí. De
pronto acortó el paso y
empezó á avanzarconcautela, cualei husmeara una
pieza delante de él.
Miré á la alameda y ví
un gurripato, aún con loe
lad&lt;;&gt;s del pico amarillos y
plu1µón en la cabeza.
t-e babia caído del nido
(.el viento balanceabacon
fuerza los álamos blancos
del paseo,) y estaba quie•
tecito, abriendo lastimeramente las alaitae, casi
sin plumas.
Con todos los músculos
en tensión acercábase á él
1 e$Oro, cuando de pronto
sal,ando de un arbol veci
no, un gorrión viejo, de
negra pechuga, cayó cual
uoa piedra delante mismo de la boca del perro,
y t'&gt;do erizado, enloquecido, jadeante, con un piar
quE&gt;jumbroso, desesperado, ealtó por dos veces en
dirección á las fauces
aquellas, cubiertas y armarlas de dientes agudos.
Habíase arrojado para
salvar á su hijo para serviJ le de muralla.
Pero todo su cuerpecillo se estremecía de terror, su grito era ronco y
salvaje, moría, sacrificaba~ su existencia, ¡Qué
monstruo tan enorme debía parecer á sus ojos el
perro! Y, sin embargo,
no pudo permanecer en
eu rama tan alta y segura. Una fuerza más po•
deroea que su voluntad
le había hecho precipitarse desde ella.
Detúvose 7'esoro, retro•
cedió. Dijéraee que él
mismo había reconocido
Cuadro conmemorativo
2quella fuerza.
Me apresuré á llamar á
mi perro, todo confuso, y me alejé lleno de una especie
de santo respeto.
Sí, no os r1ais, era reapeto lo qne sentí á la vista de
aquel heróico pajarillo, ante su impulso de amor.
Y pensé: el amor es más iuerte que la muerte y el temor
á la muerte. Solo por el amor se mueve y sustenta la vida.
lYAN TuRGUENEFF,

EL LUTO EN LOS DIVERSOS PAISES

La manifestació.n exterior de los pesares varía según
las religiones, los climas y las costumbres.
Los pueblos d_o Oriente adoptaban por lo general los
C&lt;' lores claros.
Los pueblos de Occidento eligieron los colores sombríos.
Así, pues, los J aponeses llevaban el color blanco en

marmol, vistió todo el reino de jerga blanca, que era el
color de los lutos del siglo XVI; pero esta fué la última
vez que se usó en España, quedando para en adelante el
us1 del color negro.
Los príncipes reinantes y los cardenales gastan el luto
. de color morado, para un tiempo marcado rigurosamen•
te según la etiqueta.
En varios países de Europa el luto del padre y de la
madre se lleva seis meses.
El de los abuelos cuatro meses y medio.
El dd una hermana ó hermano, dos meses; el de un
tío ó una tfa, tres semanas; el de un primo ó una prima
quince días, Ei son priwos hermauos, y ocho días si son
primos segundos.
El marido guarda el luto de su mujer seis meses, y las
viudas de su marido un año y seis semanas. La práctica
ha duplicado esos tiempos.
Pau los grandes luto, la lana ee la permitida las seis
primeras semanas; la seda no es sino para después.
Por el Papa no se lleva luto. Mas, asf como la iglesia
conserva el eterno luto de su Dios crucificado, igualmen•
te en ambos hemisferios, en todas las naciones, en todo~
los pueblos, el luto de la persona verdaderamente amada se lleva eternamente
en el corazón.
No lo constituye el traj~, sujeto á la moda, que
ll pesar dA eu forma y co•
lvr, permite asistir á los
paseos y á las diversiones
públicas.

Ya se va el príncipe el
Sol con su coraza de diarnantes y su celada de oro.
Le sigue su ejército incenll iari-o, vestido de escarlata y luz; allí avanza la indómita falaLge de los Re·
lámpagos , pestañeando
azufre.
En lo infinito se presen ·
ta como sombra encanta•
da, la diadema de al
alianza, el Arco Iris,
coa sus colores de esmalte y pedrería, el palacio
,-n donde vive la poetiza
Lluvía, con su caceada de
brilantes, cantaudo la
canción del Trueno-se•
flor capriohoso y tirano,
hermano del Rayo-y en
donde ee ospeda entre
charcas y brumas, el te·
rrible dios Frío.
Más allá está el atrio
roisterioeo de la entrada
del Olimpo, e n donde
duerme el querubín de
alas, con su espada de dos
filos y sus ojos que des
piden llamas......
Mirad aquel viejo Ji.
bertino cargado de grani·
zos y manchado de polvo:
es el Viento, el gran in·
dependiente. Está ebrio, lo
han obligado á presen·
tarse con todos sus siervos, y ha traído á la cruel
Tempestad con su hijo el
dragon Huracan.
Llegó la Noche, la eterna viada vestida de luto:
apareció la Jana con su
nimbo de plata, la bella
enamorada, coronada de
estrellas y envuelta en eu
manto de melancolía; va
pisando eobre alfombras
de nieblas: de un lado
viene la virgen pálida del
cieio, Venus, esa lángui•
Ofelia de albo peinador y
de cabellos rubios; y del
otro, Júpiter, el orgulloso descendiente de dioses,
con su flor de lis y su faja de fuego.
Ya lleg-S Orion, el ga.
llardo caballero fantásti•
de México al Sr. General
co; lo sigue Taurus, mi•
rando con su ojo encendido las tímidas claridades de las Pléyades y de Sirio.
Ya van apareciendo los lej,mos súbditos anémicos del
Sidéreo Imperio, y se ve la Víe Láctea como un velo de
novia desp·endido de la corona de una recién casada.
Armonía! Arm&lt;m(a! Ya se anuncia la llegada del Prín
cipe Sol, en su carro de fuego, con su traje de púrpura y
seda. Ya viene el Alba. Ya' se ven los celajes eonrosados
del Oriente: el cielo q,111 sonríe á la F.ilicidad.
Allf esté la cortina mflamada de oro y carmín: llegó la
Aurora bajo su palio inmaculado de eterna desposada;
trae en su~ brazos al nifio de la blanca túnica, con su
cetro de floree y en libro rojo .........
Ya llegó el Año con sus espigas verdee, cargado de ilusiones.
¡Ya lleg6el Príncipe Sol con su coraza de diamant.es y
su celada de oro, en su carro de fuego, con su traje de
púrpura y eeda! .........

TOMO JI.

MEXICO, JULIO '.Z5 D~ x897.

•

, NIJMltRO 4•

$scenas me~icanas.

f

•
1

l)

h

q

~8i1. • PEL1rli

~

MIOZBB

obsequiado por los Generales y J~fes de la Guarnición
Berrlozábal con motivo de su Jubileo.

cia, que falleció en Vicennes en 1 422, fué tratado de
aquel modo. según Juvenal rie loe Uraiños.
En el entierro de Cárlos VI, los pre•identes dP los tribunalee, vestirlos de gran uniforme, llevaban las cintas
del pafio mortuorio que eran de oro; el eecudero mayor
ma1chaba delante de na corcel cnbierto d" eatin blanco;
los individuos del parlamento iban veetidoe de Pscirlata
y los escuderos y criados efgnían vePtidoe de negro.
Los reyes de Polnnia se Vtlstfan rncerd,italmente Pn el
día de su coronación, y BE' entPrraban d~spuée con squel
vestido que no les sirvió más que un solo día.
Durante mucho tiempo las reinas vindae de Francia
ee vistieron de blanco, de donde les ,·ino el nombre de
reinas blancas, conservado por la historia muchas de
ellas.
Cuando murió en 1497, el príncipe Don Juan, hijo de
los reyes católicos, que ee halla enterrado en la iglesia
de Santo Tomás de Avila, en un msgnifico sepulcro de

)

PEDRO ()tsAR DOMINICI.

1
"i!os ~agartijos."
[Dibujo de J, M. Vlllasana,]

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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