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                  <text>·Pa,n-KlDer
- D-

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~~~{t!!

••••

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•Df........_._ ._

Un r emedio verd&amp;cleNI J MSall!I..,. kl4a
clase y ¡radoa de
lD'-8liaoe ee el

,Í'li

Pa,;..KJl/er

.

(MATA-DOLOIU

(DE VAN BUSKIRK)

E s el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo E uropa, desde
el año dE&gt; 1859. Es la preparacion mas antig.1a del nuevo mundo.
L a célebre actriz Sahara Bernh ardt dice del Sozodonte que "es
el ú nico den trífico de reputacion
universal."
El Sozodonte preserva la dentadura de su d ecaimiento, endurece
las en cias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
con ceder.
E l Sozodonte se yende en todas las
Perfumerias, Droguerias y F armacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar v uestr a dentadura
y u na pastílla de Jabon Sozoderma de
muestra á q l'ien la pida d irigiendose á
los proprietarios

HALL &amp; RUCKEL,

r'

~

NIJIIEBO SMEXICO, AGOSTO

I

o DE I897•

TOIIO 11.

Bato.,. Terd&amp;d, J ao • .,.... . . . en término■ bMlaaM ~
11■ UD l ll&amp;T8,N111ft T . , . . . . _ . .
para

La mejor preparación para conservar,
restaurar y embellecer el cabello es

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer.
Conserva la cabeza lihre de caspa,
sana los humores molestos é impide
la caida del cabello. Cuando el
cabello se pone seco, claro, marchito
6 gris, le devuelve e1 color or iginal
y su contextura, ·estiltiulando un
nuevo y Yigoroso crecimiento. Do..
quiera se emplea el Yigor del Cabello
cl~l Dr. A~·er, suplanta todas las
demás preparaciones y pa~a á ser el
favorito de las señoras y c,iballeros.

e

C.alambru. l11alohl11
Cólico,
Dl■oa\erla,
Cólera,
Dolor •• ••nlo,
'1'01,
Dolor 11 llloa\11t
Beafriadoa, lnmaU••••
Ba badilla,
1lt'llrt llalatla,
l'unsa,daa 1 piqut.11 .. ale TII¡
'9 ~t.op1ea7 &amp;D!malll,azrf- {'
TenerleenCUL 01UIÑalN_... la
talsiJicacioneL Ooa))nr ..............~
l'J:BRY D.uu. KaTeúa•
--..
lfU&amp;ri"8 y BoiioaL

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
PREPARADO POR

~~;:=~~~;;;;2~___:2:•:s~W=as:h~l:ng:t:o:n~S:t~.,~N:e:w:.:V:o:rk:,~E:E~-u:u~.d:e::A:.J

;~:~

•

(PEJt]lY DA.VII.)

Dr. J. C. AYER y Ca., LoweH, rt'lass. , E. U. A.
Medallas de Oro en las Princip ale3
Expos icio n e s Univlélrs ales,

AGENTES GENERALES

.;e éeie ~ri~ dico en Cent ro .América, Sres.

J . M. Lardi•
~1:&gt;al y CosPafiía, Guatem9.la.
Enán antil'JPZados pa,a arreglar contratos para anlln·
oioa y e ~ri~iones.

'

•

1/

';,

MAS DE CIEN

perso~,,ss han eido curadas de estrechez uretral, sínel me·
noraoicidente, ~in doler, sin clo1oíormo y en menos de un
mini,ito, e mpleando el Dr. Garay la electrolicis. Por el
mis,mo mét odo, cura las t ELJH hrnes del recto, exófago y
útf:ro. Pract ica toda claEe de operaciones quirúrgicas y
ea/especia lis ta en vfas urinarias.

~cooK REMEDY ca.

en su primero, segundo ó tercer
pcrwdo permanentemente cura
SIFILIS
dn de 15 á 35 dtas. El nnmcnte se puede curar eo
casa por el in1~mo precio y bttjo la misma garantía,
Si prefiere vemr [\ n uestra casa, nos comprometemos [\ pagarle lo! ga~tos de ferfQ-carr1I. hotel y
,lema~ que se Je originen sin cobrarle un centavo por

1rneslra asistenciu si no resulta rnradc- con nuestro

tr:ttamlento. s, se ha tom•do mercurio, Iodado de
Potasa y todav1a se sienten dolores y molestias,
E~puto.s mucoso~ e n ia 1&gt;oca, Garganta lla!tuda. Diviesos, Manchas Cobrizns. Ulceras .cu cualquier
parte del cuerpo. Despre'nclim,ento del Cabello y
Ce¡as, esto es el YEN' EN'O de h! Sangre loIFil,ITICA
qne garanriz.amo~ curar. Sohc1tamos los mas obstt~
nadas casos y apelamos ni mnndo entero por un caso
en que no h11.yamos J&gt;odtto curar. La SIFILIS h11
sido siempre J"a pesa ilJa de los medicas mas emi~
nentes. Pruevas ab.s-olutas se envian µor correo
sellado á quien lo solicite. Direccion. COOK REM•
'EDY CO.. 307 Masonic'l'emple, Chicago, lll .. E. U. A.

COOK REMEDY ca. /

(roquetería.
Dibujo d e José M .

V lll a sana.

�EL MUNDO

DOMINGO 1? de AGOSTO de 1'97

¡I

"EL MlJN nO"
Semanario Ilustrado.

'TelUono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.

MÉXICO
Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe ser dirigida al
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Todo pa¡o debe aer precisamente adelantado.

llEGIBTRAD0 COMO

~11á11t10

ARTfcULO

D11

SEOUNDA

CLASE.

se orgaui~an Jo5 partibo, ¡•olítico.5.

Nada más equivocado que suponer que los fenómenos
sociales están á disposición de la voluntad del legisla•
dc,r ó de los buenos deseos del publicista. Pretender
que hechos complexo~, en cuyo génesis han intervenido
multitud de elementos, se produzcan un buen día, al modo
que los faquires indostánicos hacen crecer las plantas, es
contrariar completamente las leyes ineludibles que presi•
den y norman los acontecimientos humanos.
Los partidos políticos no se organizan de la noche á
la mañana, y todos los fXCelentes deseos expresados
por un grupo de periodistas no pasan de ser encantadoras chinoiseries, que ocupan espacio en las columnas de
un diario para perderse irtemisibleuiente ea e, vacío de
las multitudes. La organización de los partidos polfti•
coa obedece á principios inquebrantables de estática social; es un fenómeno de equilibrio que presupone un gran
núcleo de antecedentes que lo determina.
¿Pero-se nos preguntará- cuáles eon esos princi•
piOll, esas leyes, esos hechos que preceden á la organización de los partidos? Desde luego contestaremos, que
sólo puede haber orgal'lización allí donde exiete un peligro común que amenaza á un grupo; intereses que defender, der&lt;chos que amparar, garantias que conservar,
Cuando los partidos políticos no aparecen, es que estos
intere6es y estos derechos y estas garantias no se encuentran amenazadas. Esto es lo que está sucediendo
actualmente en México.

*
**

Se explica que en los Estados Unidos, dos poderosas

huestes se organicen y riñan en singulares combates, por•
que son fuerzas que han menester acudi.r á la conserva•
ción de conquistas económicas amenazadas por la facción contraria: el proteccionismo luchando á brazo partido con el libre cambio, que tiende á destruir inte.reses
creados á la sombra de altos aranceles, y el libre cambio,
por eu parte, saliendo al encuentro de los sostenedores
del sistema protector, que procura lesionar los intereses
del consumidor. Esto tiene la solidez de una pirámide
egipcia.
Pero en nueetra República ¿qué intereses se encuentran
en '{)eligro? ¿qué grupo productor está amenazado por
otro grupo? ¿qué facción ee halla obligada á pelear por
derechos y libertades no otorgados á loa ciudadanos?......
¿El partido conservador acaso? Actualmente loa partidos
conservadores han recrgido en su p, &lt;'grama la mayor parte de los principios, convertidos en hechos, de los grupos
liberales. Y ei esto ee hace sensible en las monarquías,
en las repúblicas el fenómeno posee baae más firme.
¿Qué campo queda, pues, á loe nuevos partidos por organizarse? ¿El que antafio sirvió de po1ta-estandarte á
los agitadores revolucionarios que, antes del movimien•
to de 1876, que fué una verdadera revolución económica,
como ya bastante se ha demostrado, se apoderaban del
·primer lugar común flotante en la atmósfera de la época,
1•ara hacer fabricar con la materia prima de sus ambiciones la gran induslria del proaum:iamiento?
Nó; el mismo periódico, que predica la necesidad de
que se organicen los partidos, reconoce que estas fórmulas ya no encuentran eco en la conciencia popular, y que
nuestra sociedad no se de;a sobornar por' una hermosa
palabra, lanzada en medio de relámpagos y truenoe, desde el Sinaí jacobino, por un MoiEée elocuente y sobrehuJJ1a1 0 .

Todo esto es de un gran atractivo escénico; pero nosotros no combatimos por frases, eioo por trozos de carne;
no rec lamamos estrofa9, sino derechos; no deftlndemos
palabras, sino intereses; y frente á esos intereees y esos
derechos, no hay agregados de hombres que amenacen,
no existe un grupo organizado que ponga estas conquistas ea peligro.
¿Cuál es, entoncee, esa nece.iida.d á que ee alude al pédir
la organización de los partidos politicos?

Duraute la bemana última se ha producido una nota•
ble alia en el cambio sobre el euranjero, habiendose
hecho operaciones el miércoles pasado hasta el tipo de
125 por ciento.
¿Persistirá esta alza? ¿Disminuirá todavía el valor de
la plata? ;,O habrá que esperar una mejora en la crisis
del metsil blanco?
Como hecho singular se seflala que al mismo tiempo
en que se anunciaba el d~scubrimiento de rica3 minas
de oro en Alaeka, la plata experimentaba una nueva
d'epresión, circunstancia que á primera vista parece inexplicable.
~osotros no creemos que las explotaciones auríferas
de Alaska contribuyan, como ha supuesto un diario, á
rehabilitar la plata, y antes por lo contrario, en esas
explotaciones vemos un aliciente ofrecido á la producción
del metal depreciado. Eite hecho se produjo con toda
claridad á raíz del descubrimiento de las minas de oro
del Transvaal.
¿Q1é ha sucedido, por otra parte, c'&gt;n la persistente
baja de la plata? Que la producción ha aumentado día
á día, como consecuencia natural de una razón suficientemente expiicada: el explotador ha tratado, con el
aumento de la producción compen3ar las pérdidas cau•
eadas por la diminución del valor.
Así, nuestra opinión es que el descubrimiento de Alas•
ka en nada perjudicará ni beneficiará por ahora á la plata.
Por otra parte, una obra de gran trascendencia-que
fué 'una verdadera revelación para los interesa-los en este
orden de asuntos-la que el eminente profesor Sues3
ofreció hace pocos aiios á la consideración del público,
ha venido á demostrar, con enorme acopio de datos cien•
tíficos irrepochablee, que esa enorme masa de oro lanzada á la circulación, en que algunos sueñan para un futuro
próximo, es irrealizable, y que la explotación del metal
amarillo no podrá nunca alcanzar ese exc3eo de produc•
ción que se pretende.
¿Pero qué límite tendrá la depreciación de la plata? La
ciencia ha dicho ya su última palabra acerca del particular: el valor de un producto está limitado por su costo
de producción. La plata, como cualquiera ot~a mercancía. no pasará nunca de este nivel, al cual se encuentra ya
próxima.
• En México,con salarios pagadero3 en metal depreciado, el costo de produción es insuficientemente menor
que en otros países productores, y esto nos permite
asentar que la industria minera argentifera, aun sufrien•
do el golpe de la crisis, se encuentra en coniiciones
de seguir viviendo.
Ea demasía se ha sondeado E'ste problema, encauzando
la gestión financiera; los nuevos trastornos que experimente el metal blanco, deben encontrarnos completa•
mente tranquilos.

Jt1lítira (![).eneral.
RESUMEN.- Fln del conflicto greco-turco.-Los orgullos del Sultán vencldos. -Preponderancla del
Cz:ar.-Nuevas humfl laciones al rey Jorge.-E1 desquite de Alemanla.-la tutela financiera de Grecia.
-La fiebre del oro.-Los dramas de la ambición .
-California y Australla.-Africa y Alaska. -Una procesión de aventureros. -Conclusión.

Por fia, tro.s de las estériles discusiones de los em bajadores en Constantinopla, se ha conseguido algún acuerdo para terminar el conflicto greco-turco. Lo que no lograron las amenazas concertadas, lo que no pudieron alcanzar las notas diplomáticas redactadas en términos
activos, obtuvo inmediatamente resultados prácticos de
una intimación procedente de San Petersburgo.
No quiso el Sultán verse envuelto en dificultades con
la omnipotente Rusia, y expuesto á que su territorio fue•

ra invadido por los innúmeros ejércitos del Czar~ } él,.
que 86 erguía despreciando todos los cons1-jos y desoyen•
do todas las amenazas, él, que ebrio con sus victorias yorgulloso con sus triunfos, pretendía recogn el fruto de
sus hazafias, que apenas le podían disputar nominalmen•
te las potencias que intervenían á favor de la vencida
Grecia, cede ante la presión de un solo hombre, se doblega ante las exigencias del poderoso, y se humilla cobarde á los pies del coloso del Norte. Ya no exige
cuantiosa indemnización, que prolongaría indtfinidamente la permanencia de las huestes de Elhem BJjá
en la Tesalia conquistada; ya no pide la retención de esa
provincia; y ee conforma con la rectificación de fronteras
que se le había propuesto; ya permite que se discuta el
asunto de las capitulaciones que favorecen á los griegos
en territorio turco, consintiendo en que no son de derogarse en lo absoluto; y con tales conceeiones, con semejantes flexibilidades que no ha mucho parecí!ln imposibles de obtener, no está lejano el día en que se firmen
los tratados de paz, y vean los helenos, libre su territorio de la soldadesca turca, limpio de los invasores quehan entrado á saco en las poblaciones indefensa~, y exento de la terrible humillación que sobre elloe pesaba,
teniendo suspendido sobre su cabeza el sangriento alfanje musulmán.

***

Como para compensarse Alemania del cuarto de conversión á que se ha visto obligada, por la directa ínter·
vención del Czar en el conflicto turco, y rtsarcirse de la
retirada que ha hecho, abrndonando, por dt-cirlo así, al
Sultán, á quien h1sta hoy había favorecido abiertamente, y dejándolo entregado á su propia suerte, para no romper el concierto europeo, acaba de proponer la creación
de una especie de tutela, el n lmbrarniento de una comisión impuesta sobre el gobierno griego, que 1igile escrupulosamente sus finanzas y esté atenta á la marcha ad•
ministrativa de la monarquía, para lograr que en bre,;epla:¡o pueda satisfacer la indemnización de guerra exi•
gida, que áuuque corta, está muy por encima de los
recursos tiscales con que cuenta para cubrirla.
Ya se anuncia que apoyan estas preteneionE&gt;s los delegados de Austria y de Italia, y como la voz de la tripleAlianza se deja escuchar aún con poderosa influencia en
los concejos europeos, se ha tomado en consideración la.
iniciativa, y no es difícil esparar qué, si Nicolás II no
acude en socorro del acuitado rey Jorge, habiéndose podido librar de las humillaciones impuestas por el vencedor, caerá en otras menos duras pero solicitadas por sus,
protectores.
La tutela financiera á que quieren sujetar al soberano
de los helenos, aparte de lo verglnzoso que tiene, le cercena sus facultades, le escatima su libertad de acción, y
lo pone en condiciones de jefe de un protectorado, más,
bien que rey de una nación independiente.
¿Y qué hacer? R~signarse á las crueldades del destino
que le reservaba todavía esta dura prueba, después de·
las humillaciones de la derrota.

***

Los que hayan leido las desJripciones dramiticas, na.•
rrando la fiebre qne se esparció entre los aventureros de
todos los países, después de los descubrimientos de placeres de oro ea C.1lifornia y Australia, no extrañarán la.
inmensa agitación que ee despierta actuallnentn entre
ingleses y americanos, al recibirse la noticia de descubrimiemos semejantes, llllá en los terrenos apai tados de la
América inglesa, que confinan con el territorio de Alaska.
La ansia devoudora que arrastraba los hombres á
los campos australianos, olvidándolo todo para ir en
busca de las codiciadas arenas auríferas, la ambición
insaciable que llevaba á los aventureros á las agrestes regiones californianas, persiguiendo las soñadas pepitas; la
sed hidrópica que empujaba á los miserables hacia la&amp;
apartadás comarcas inhospitalarias del A frica austral en
tueca del oro y de los diamantes, acaba de despertarse
en nuestros días, al anuncio de los placeres del río Yukon
y de Klondyke.
Muy diferente el medio, muy distinto el paisaje, muy
diverso el cuadro, pero los actores los mismos; ansia ina gotable de riquezas, la enfermedad que los devora. Vol,.
verán á representarse loe dramas olvidados y las trage•
dias desconocidas de otros días. La besti.1 humana reco·
rrerá aquellas soledades cuasi árticas, y se hará la caz~
del hombre por el hombre, para dispu tarse un pn!'iado

de oro; y cuando hartos del codiciado metal, los rebafios
de aventureros se sientan abrumados bajo el peso de sus
riquezas, se entablará ~ea otra luoha salvaje y despiada•
da, por el mendrugo de pan negro que hace falta, por el
pedazo de carne corrompido de que se carece, por el
hambre y la sed infernales, que no podrán saciar á pesar
de sus in útiles tesoros.
Afortunadamente, para evitar conflictos internaciona•
les, bien averiguando está, que los nuevos yacimientos
de metal amarillo están eituados, sin disputa, en territo·
rio inglés. Si así no fuera, si el gobierno del Canadá
pretendiera dictar leyes especiales para los extranjeros
reciea llegados al privilegiado territorio, pendientes como están los viejos tratados de límites entre la América
inglesa y Alaska, ya la fiiebre del oro se comunicaría á
las naciones, y tal vez tuviéramos que presenciar ágrias
disputas y acalorada competencia, entre los dos grandes
pueblos anglo-sajones.
Nada de eso ocurrirá. Vayan en peregrinación los
aventureros sajones aquende y allende el OJeano, á la
remota Alaska, como fueron á la abrasada California y
á la ingrata Australia, á disputarse el oro entre los espumarajos de la rabia y la sed insaciable de la ambición
nunca satisfecha.
X. X. X.

77

KL MUNDO

DOMINGO I? de AGOSTO de 1197

EL SUEÑO Y LA GRANDEZA HUMANA

El euefio fisiológico, normal, verdaderamente reparador, es un oceano de sombras. Cuando el esp1ritu se BU•
merge en sus negras dudas, se abre un paréntesis en la
vida· quedan en la playa abandonados, olvitiadoe, co.ao
restds de naufragio, los dolores, las inquietudes, las aepi·
raciones; basta esas profundidades no llegan los clamores del combate humano, ni los ayes de los vencidos, ni
la gritería de los vencedores; se apagan en sus inconmen•
surables ámbitos loe ecos de la vida, la música de los fes•
tines, las carcl\jadas de la orgía; no chispean luces, ni

29 de Julio de 1897.
FOTOGRAFIAS 0 E LA KERMESSE EFECTUADA EN PUEBLA

Señorita María Tapia.
[Véase el párrafo rela tiTo.J

Las que en otro lugar puhlicamos, debfmoslas á la ama•
bilidad del sefior Lorenzo Becerril, inteligente fotógrafo
de la ciuda-l angelopolitana.

NUESTRO FOLLETIN.
Con este número repartimos á nuestros lectores el fo.
lletfa correspondiente á Agosto.
Tal folletin completa la preciosa novela de Julio Clartie intitulada
LA CASA. V AÜIA,

DOS VIRTUDES
Tributando homenaje á la virtud como lo hemos tantas veces tributado á la belleza, publicamos hoy los retratos de las señoritas María Oropeza y María Tapia.
El noble desprendimiento de la primera en favor de la
segunda, al cederle, eiendo pobre, un empleo con que
había sido agraciada, y al renunciar generosamente á sus
productos en favor de una compat'lera y amiga sumida
en la orfandad y en el desamparo, hecho de que Et MuNno diario dió extensa cuenta, ameritaba de nuestra parte ese pequefio homenaje.
Nunca se dará bastante publicidad á raegos tan nobles,
y hemos querido hacer conocerá nuestos lectores cuanta juventud y cuanta gracia acompafian á tanta virtud y
á tanta nobleza de corazón.
OTRO PAGO DE $3,000.00 DE "LA MUTUA"

EN URUAPAN.

Recibimos de «The Mutual Life Insuraace Company
of New York» la suma de $3.000,00-tres mil pesos
fuertes, en pago tot~l de cuantos derechos de la póliza
núm. 740,457, bajo la cual á nuestro favor estuvo asegu, ado nuestro hermano el Sr. D. JUAN Muc10 PkREz, y
para la debida constancia en nuestro carácter de beneficiarios nombrados en la póliza y con capacidad legal para ello, extendemos el presente recibo en la misma póliza que se devuelve a la Compafiia para eu cancelación.
-Uruapan, á 8 de Julio de 1897.
A ruego de la Srita. Ignacia Pérez que no p11ede firmar por impedimento físico.- Firmado, S. GUILLÉN Firmado, EusEBIA PÉREZ.
A ruego de la Srita. Petronila Pérez que no puede firmar por impedimento fíeico.-Firmado, GRACIANO SAL•

brillan fosforescencias; amor y odio, miedo y valor; idea
y pasión, todo ee disipa, todo se evapora y el espírit-u di•
suelto en la obscuridad se entrega á la más deliciosa de
las voluptuosi:3,ades, la de no sentir.
_ ., :; ,
Ese aniquilamiento es fecundo; tanto más, cuanto más
completo. Mientras el cuerpo reposa inerte, insensible,
casi muerto, reducido á un m1nimun de vida vegetativa;
mientras en el espíritu se estancan las corrientes de la
sensibilidad, lae vibraciones del· pensamiento y las palpitaciones de la pasión, el organismo gastado y consumí·
de por la vida se repone y repara.
Esa inercia y ese extrafiamiento casi absolutos, remon·
tan los resortes de la acción, lubrifican los contactos de
la maquinaria; devuelven la elasticidad á los músculos y
la plasticidad á las vísceras; acumulan tensiones y alma•
cenan fuerzas. Fatigado el peneamiento, extinguida la
seneibilidaq, hiptonida la voluntad por el esfuerzo continuo y la actividad prolongada, recobran, d·irante el
suefio, sus energías perdidas, recobran su potencia aniquilada, se aprovisionan para nuevos consumos de fuerza y el hombre, al despertar, ee otro hombre.
La nave que puede proveerse y carenarse periódica•
mente, puede sola hacer las grandes travesías, y si los astros recorren órbitas inmensas. es porque la fuerza que
los impulsa se repone sin cesar y 86 crea á medida que se
agota.
Así considerado el suefio es una fuerza, y el hombre
que de él puede disfrutar sin sobresaltos, sin pesadillas,
sin reminiscencias y sin ensuefios, es por ese sólo hecho
un hombre faerte. Puede acometer empresas magnas,
crearse motivos de inquietud y de desazón, afrontar el
desengaño y el '{)eligro, incubar ambiciones, emprender
combates, desafiar al destino y tallarse, por decirlo así,
una vida á la medida di' sus deseos.
Contra el dolor tiene una guarida; un albergue contra
la inclemencia; un refugio contra la aeecbanza; cuando
se ve acosado por las inquietudes, traqueado por los sinsabores, perseguido por el desengaño, acorralado por el
desastre, se envuelve en sombras, como los dioses en nu•

(:J
\.:.,
..,,

CEDA.
.-

El Notario Público que suscrebe certifica y da fé: de
que la firma y rúbrica que dice Eusebia Pérez, es de la
persona que ella misma expresa, y que las de las personas que firmaron por las Sritas.Ignacia y Petronila Pé·
rez y que dicen «Silverio Guillén y Graciano Salceda» son
suyas y las que uean en todos sus negocios, habiéndose
hecho á su ruego en virtud de no poderlo hacer por impedimento físico; certifico igualmente que todas las personas que intervinieron en el anterior recibo me son
conocidas, y que las Sritas. Eusebia, Ignacia y Petronila
Pérez son las hermanas del finado Sr. Juan :tilucio Pérez.
Y á solicitud de las mismas exUendo la presente constancia que firmo y sello en Uruápan, á los ocho días tlel
mes de Julio de mil ochozientosnoventa y siete.-Firmado, ANTONIO BÉJAR.-E. P,

;: ~ •• 'I ,;,
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Se ñ o rita M a r í a O ro pez: a.
[Véase el párrafo rela tivo.]

bes, duerme, descansa y es feliz. Al deept:rtar se encuentra de nuevo armado .Je punta en blancv, curadas ,us
heridas, fortalecido su brazo, lúcido y acti vv su espíritu.
En esas condiciones todo puede emprenderse y todo
puede afrc,ntarse. Se puede ser impetUt,so, activo, perst:1·
verante, arriesgar la fortuna en un albur como la vida en
una aventura; se puede ser ambicioso y llegará ser poderoso.
No son concebibles m Napoleón, ni César, ni Alejan•
dro, insomnes. Napoleón decfa de sí mismo: «~n mi t'S•
plritu caaa negocio tiene eu gaveta aparte; cuando qu·ero ocuparme de alguno, abro la gaveta que le co.respúnde y cierro las dewás; cuando quit-ro ovrmir, las cieiro
todae. « Ale¡andro y César dorm1..n corno lirones sobre el
campo &lt;le batalla.
Bismarck, Uladetone, Gambetta, y en general todos los
grandes hombres y todos los bowbrns practicos, duermt:n
como niños. Los Ruetchild, los Jay G.mlJ, los MacKay,
son inconcebibles sin el atributo inestimable de po&lt;lt:r
dormir.
No asi loe poetas, los apóstelee, los artietas en general;
si pudieran &lt;lormir no saorfan crear. Dante pmo en V\ reo sus pe,adillas como sus éxtasis. Miguel Angel no dormía casi nunca y es casi seguro que su Moisés, como te U
Juicio Final, sún apariciones de sus nuchee de insomnio.
Rafael prefería paear sus noches entre amigos y corte~anstÍ; su lecho lo repelía; no le daba el descanso que iua
á buscar en él.
Se ha observado que los grandes criminales duermen
como ángeles. Crimmal que no duermt,, acalla loco, su1•
cida ó regenerado; pero llO pe1sev1::ra en el crimen y ts
tan profunda la influencia del suef'io en la actividad mte•
lectual y moral, que el insomuio es bigno precursor, y
acaso causal, de la locura.
Por estos hechos y por estos razonamientos se llega á
este principio sorprendente: E l sueño es una fuerza prác•
tica; el insomnio es una fuerza estética. Para ser gra ndti
hombre 86 necesita dormir bien ó no durmir. Si lo pnmero, 86 puede llegará ser gran gobernante, conquistador,
rey del oro; si lo segundo, puedeaspirarse a ser poeta ex•
celsc, músico inepirado, pintor emrnt:nte.
El secreto de la grandeza hum11na eEtá, pues, en gran
parte al menos en Jas condiciones de1 suefio. Ea cuanto
á mf, envidio á los insomnes, pero prefiero poder dormir.
Or. M. Florea.

EL FIN DE MATOSES

Porsupuestoqueeldíaenquela familia Matoses recibía
carta del estudi..nte, se declaraba de füiota en aquella lejana hacienda separada del mundo y perdi&lt;la 1:on tod11s
eus agrícolas riquezas entre los repliligues de la sierrd.
El correo, un inuigena de cacle, que nu dabia ni leer ni
escribir, seguido ae la mula cargad.a de balijas, arribaba
después de caminar veinte leguas, al am,chcct:r, llacien·
do altos en el tenducho, en la casa cural y en el porta•
Ión de la finca; los extran¡eroe eu el Jugar Jo rodeabau,
y si alguna alma caritativa lefa en voz a,ta Jas direcc1unee, contestaoan ellos como en la raya : !'resentel
El humilde Mercurio conocia de memoria cuál era la
epíst0la para los Matosee, en la calidad del su_bre , y ton el
vago perfume que despedía. No necesitaba m anunciarse, por que le salían a1 encuentro y casi le arrtobatab.&gt;n
de las manos la amaaa correspond1:1ncia, que para ID&amp;) or
solemnidad se lefa de sobremesa, quitado e1 mantd,
guardada la patriarcal vajilla, sin ruidos inoportunos,
aado el gasto é instrucciones del día siguiente y en perfecta quietud y silencio la servidumbre, coa caras de
idiotas, signo de profunda espectación.
Pobre señora Matoses, con su cofia de canas, su faz
pálida de mu¡er envejecida por los dolores: madre emn,
las madres idólatras, sus sentidos se entorpecían, su vista no alcanzaba sino al borroso contorno de Jas cosas, y
y sin embargo, la que hacía dec1ree las oraciones por no
pode¡ descifrarlas en sus Ji broa &lt;le votos de letras gordas,
pedía BUS antiparras, se las colocaba con mano tremula,
y abrieado el sobre. decía entre fehz y melancólica:
- Vamos á ver qué dice el doctor!
.
Fig1;raos la ancha y sonoroea pieza_ enjabelgada de. vigas ct.eenudus, amueblada con utensil1od·pnmmvos, iluminada por un un quinqué de refleccor, cuyo cono de
luz nimba cabezas ae vírgenes atentas que aan suspendido la labor, se quiebra en un vaso de agua limpia, que
enciende una cinta de estambres mn ltico1oree y anima
una escena de gentes sencillas conmov1&lt;1as por el recuerdo de un ausentto, de la esperanza de la familia, el pri·
mogénito agraciado por los dones del talento, el vivo re trato en lo físico de su padre, el apoyo futuro, el adoles•
cente sumiso que hace mucho tiempo se fné muy lejos,
á esa Capital fascinadora donde sólo se baila la Ilustración, las maneras, las distinciones, el acierto para la
lucha por la vida, la carrera en fin.
Y se recuerda punto por punto la larga lucha entre el
cariño y las ilusiones, las graves consultas al cura, al tu•
tor, á los amigos, á los vie¡os; la heroica decisión de la
madre, los dlas tristes que se emplearon en los preparativos y aquella noche ai; besos, de consejos y de lágrimas;
la vispera de un día que sintieron 1legar todos loe oidos
despiertos; el desayuno t omado en pie; las fugas y carre•
ras de la servidumbre, y por último las pisa&lt;las de uno,
dos ó tres caballos en el patio; el portalón crugiendo pa•
ra abrirse, y eetas palabras mojadas en lágrimas saliendo
del embozo de una manteletaydeEcendiendo del balcón,
ea la madrugada h úmeda de rocío:
-Hijo, Dios te acompañe!
Y lo seguía el grupo inconsolable hasta allá lejos, rumbo de la cuesta, hasta que el oro flotante, la bruma luminosa lo envolvían en sus pompas, lae pompas radiosas
de la mañana, una nube de polvo de topacio tras ellos:
galopaban.
Y cada carta de Mateo, que estudia para médico, las
conmueve hondamente; para esas a lmas en la perpetua
ablusión de la calma cap1::sina; para esos espíritus vege-

�DOMINGO,? de AGOSTO DE •Ssn

EL MUNO

DOMINGO I? DE AGOSTO DE 185&gt;7

78

J&gt;AMAS DISTINGUIDAS

JAPO~ERIAS RARAS.
(Escrito especialmente para "El Mundo."
Habéis leído iifadame Chrysanlheme, no ea verdad lectores mexicanos? y os figurais que el viajero que llega al
¡país del Sol Levante, no puede menos que advertir en el
_pueblo nipou un mundillo gracioso y coqueto cuyos menores movimiento~ diftmden en el a1refru-frus de sedas
:y rumoree dt1 eonneas.
Es el pequeño pueblecillo que loe fantaseadores á la
v~z que prácticos pintores de Occidente, continúa'n sirviendo á sus compradores que únicamente exigen japoneríae que lleven el peneamienro deslumbrado hacia Jo
peqa:e;o y lo frívolo; eso que, con ojos de poeta pudiera
p4::rc1b1ree hace al~unoe años, eso que vosotros ya no ve•
ré1e, por complaciente y fecunda que sea vuestra imaginación de observador.
Acaso encontraréis aún, cerca de las exquisitas creatu•
rae que son ahora la mayor parte de las mujeres japoneeas, algunas deliciosas pereonitae que loe embelesadoree
bordados y loe marfíles tan maravillosamente laminados
que loe artistas nipones os habían hecho creer nacidas de
una caricia de crisantema ó de un roce de floree de ccire·
.zo. Pero que vuestras esperanzas se detenga u de antemano
ante esas crea_iurae ado~blee, sobre todo, porque su buena hada les d1ó el espíritu de la burla para lae invasoras
modas de Europa, y no continúen pidiendo el tipo de
su b~lleza especial áloe otros congéneres; por favor, no
vaya1e más allá, por que con excepc:ón de la mujer ja•
P?11eea,_ todos loe tipos nipones, aparecerían á vueeiroe
0J?B latrnoe, no solo sin gracia, sino mezquinos y horC1blee.
Para aquellos que ~udieran creernos mal intencionados y de sobra injustos en nuestras afirmaciones, extraeremos del fondo demasiado volum:noso de nuestras re•
servas de documentos, algunos croquis que el lapiz sincero de un artista parisiense amigo, t:-azó á petición nuee•
tra, cuando pa~amoe po~ eJ p~íe d~I mikado. Ninguno de
ellos ravela caricatura ni exa1eración; todos son etincillamente tomados del natural y hacen en opinión de los
qud conocen al Japón verdad&lt;1ro, gran honor al espíritu
dt1 ob~ervación y habilidad de nuestro camarada, M. G.
-B g lt, cuyo tal_ento leJos de eer desconocido ( ea él á
9-·uen el (!raphtc de L_ondres escogí~ para seguir y dibu·
Jdr loe prmc1palee episodios de la ultima guerra chiooJaponesa) ha sufrido demasiado con la verdad á veces
brutal que debe concederse al menor de sus cuadros.
X uestra galería ralati va al ejército proporciona desde
luego algunos tipos japoneses; á saber:

\

Señorita Hortensia Rendón, de Mérida.

(Fotografla Valleto Y C~)

Señorita Ana;elina Morel, de México.

tantee•en un rincón perdido; lae escenas que Mateo relata las•cosas que descubre, lae bellezas que pondera; de·
se~vuelven una decoración faecinadora y remueven un
fondo de memorias ensoñadoras.
Con razón la buena viuda Matoses acabó_po~ l_lorar, Y
llorando dicta la respuesta, que no ea, delpnnc1p1oal fin,
~ino una serie de súplicas, ruegos y ternuras...... ~odo
cJn admiraciónee muy graodee; que para el lengua¡e de
las madree no hay más que ese signo onográfico, eftnbolo del afecto.
.
Que no tenga malas compafiíae, que huya lae cantmae,
que aeieta á clase, que se recoja temprano, q_ue ~ece todas
las noches, que oiga miea, que comulgue e1qU1era en la
cuaresma, que no olvide lo que fué eu pa~re, que abrevie la operación y que nunca, nunca ee quite la :nedalla
que Je ban dado, único amuleto qu~, acompaüándolo! lo
conducirá por buen camino y con¡urará las deegrac_1ae.
Y no era raro que casi al cerrar la epietol~ apareciese
una vecina, que con intensas luces en la mirada y una
voz avergonzada. tímida y dulce decía:
- y m.,mor1ae de mi parte.
-De veras. Ernribe: loé6 que te saludemos.
-Y que por qué no le has escrito ni una palabra.
-Palabra......... ó qué más?
-Nada.
.
Y el sueño de esas noches era tranquilo, lo miraban
ttdos feliz sano y bueno, menos la maare inagotable en
eue temor~s y la vecina que, con loe ojos arrasados, después de eu oración decía:
-Y ni un recuerdo para mí. Algo, algo está pa·
eandol
Si es la misma seflora Matosee, en el último grado de
la U:ieeria fisiológica, ea ese pobre y doloro~o espectro de
la viuda el que se deiiene cada dos eecal,rnee para tomar
respiro y ensayar inútil dominio eobre sus sollozos; ea
ella, que enferma y exangue, diez ~f~e ll~va de sacudimientos en trenes, cabalgaduras y d1hgenc1as par~ llegar
al lecho del hijo que hace tres diae ap.,nae, yace ¡oven Y
desamparado, en el fondo de la tumba.
Y todo remueve eu dolor: el barrio apartado y doloroeo,
la gentuza del mercado, el descaro de las mozas que la
miran paear enlutadn y llorando; la entra:ia. lóbr.,ga _de
la Casa de Huéspedes; si ese balcón eeta ab1e_rw, quizá
¡.ara que se ventile la pieza donde él.. ....... A "iº10, teflo·
n Je dice eu acompaflante, domínese usted. Dios eH muy
gr~de, la Providencia.........
Y llegan al corredor donde ee alinean rotos tiestoe,
donde cantall dos ó tres pájaros, corretea un gato, se ba·
fla una gallina en la tierra dispersa de una maceta_ rota;
donde resuena ruidos profanos; loe acordes de la gu1tura
de un alumno de fleica, el canto del pasante de abog~do;
las risas de dos fregatricee que e~ la azo~hue\a se iu_an
á la cabeza ropas lavadas; el silbido del albafhl que pica
uua pa1ed y et diálogo animado de la dueña, selloraobe·
Ea de bata suelta ft~co y b,azos desnudos que conversa
d~ buen humor c'on sus hijas, viva e11tampa de la desen-

voltura que con pantuflas una y con zapatos de varón la
otra en~..yan la última moda de la polka, entre lechos
deshechos, lavamanos de agua ~ucia y ropas caldas Y
abandonadas al azar por loe estudiantes.
La reciben con ex&amp;rallEZa, y al saber_ que ea la madre
de «Matoeitoe» ponen una cara compungida, más deeagra•
dable q11e el gesto indiferente. L~ cotnpadecen, Y arre·
batánaoee la palabra, cuentan que tuvo la culfa de todo
el dla de cam¡&gt;n; que el difunto, enfermo ya de estóma~o
ee excedió ia1 vez, y al llegar, al darse bola, ahí con el pie
eobrti el banco de las macetas, ¡zael al suelo. Lo llevaron
en peso loe otros muchachos, pero perdió el habla, Y la
mujti1ona grita:
-¡La llave de Matcsitoel
..
y abre con ella la pieza del muchacho, dic1end&lt;;&gt; al ha~erlo que loe muebles son de la casa, que no precisa saldar los adeudos del pupilo y que como reape,a el dolor,
se retira advirtiendo.
.
.
Que todo todo está abierto porque «liatoeitos» D10e lo
haya perdo~ado, era deec~idado para ~odas sus cosas.
La infeliz madre se arro¡a al lecho em colchones, ~asando las tablas, llamándolo como se llama_ á un n1!l~
que no obedece; toca, besa, contempla _los ob¡eto~ familiares el vaso de agua, la vela consumida _á medias, loe
frae~e de medicina, e1 cáustico caído, loe cigarros, cuanto eoepecba fué testigo de sus momentos úlumoe.
y solo después de toe consuelos del acompallante ~1;11·
prende la fúnebre tarea de ordenar las ropas de su 1?,1¡0;
el pillaje ha pasado por ellas,. todas tieD;en loe bole11loe
vacíos y colgantes. Ni el relo¡ de oro, m loe botones de
camisa ni loe fietolee, todo falta, todo lo que era recuerdo y te'nia valor.
.
Pero en cambio que intactos sus libros Y _papeles, CÓ·
mo están en su pu.,eto las fotog,afíae de mUJbree ~eenu•
das en el muro, con qué coquetería en vez d~I Cristo de
la familia se asienta en la cabecera una zapatilla de se•
da· qué á la vista loe libros licenciosos; lo, gua~tee fe•
m~mnoe; loe medicamentos sospechosos; las cáhga_s flá•
cidae loe mechones de pelo largo; las carta~ de escritura
ptet&gt;e'ya y pecaminoso contenido; loe bole~oe de empe•
fio· las botellas vac~as de cognac; la copa mmunda ~n
h ~~ea de vino y colillas de cigarro; _todas l~e c&lt;;&gt;netanc1ae
procesalea de una juventud descamad~ . é md1ferente á
¡08 suyos, puesto que las cartas de fam1ha andan revue!tae entre programas de circo y recados en.loe que se p1Jen prestados para el dia (,ltimo sin falta cinco pesos para
aquel golpe.
Doblt,tnente muerto Je llora entonces, doblemente
muerto en eda hora crepuscular en que ella re!l~ba por el
ausente; doblemente muerm cuando el org~mll~ de la
calle el bullicio de loe demás huéspedes, la risa impura
de ida hijos de la patrona, le escupen con lodo el corazón chorreando sangre doloroe~ y mater~al IDoblemen·
te muerto, Dic,s mio, el pobrec1llo á quien ella entregó
sano, bueno y jvven, y le devuelv~n·:••" no, _no le devuelven sino al ee~rcolero que le sirvió de útnmo lecho!

Y al entrar la pupilera con un p~_pel gai:3bateado 'co:
lo que se debe, seguida de sus ~1¡oe . aneioeo3 d~ ve_r 1.
una enloquecida por la pena, la rnfehz les pregunta. ~
él, cuando murió, tenía una m!'ldalla de esmalte al cue1 o
y si se la llevó conai.o.
No pueden contestar, no se ~gura!l, dudan, pero uno
de los muchachos h ,ce memoria y dice;
-Espérese ust!'ld. Creo que el. ....... .
-Bendito sea Dioel Siquiera.........
.
y lo perdona, pobrecillo, lo perd;ona mirando en tor•
no...... loe delatores rastros de ea vida ¡que nó, no fué
posible! lo calumnian, él era bueno.
Mrcaos.
TOQUE DE ATENCION.

Esto tiene que acabar;
doce t.orae mirando al mar,
doce comer y dormir,
y por todo trabajar
diez minutos de escribir.
Y hay en tanto quien resiste,
hambre y sed, y cesantía,
y lucha por el alpiete
creyendo cosa de chiste
lo del pan de cada día.
Y hay fiscales suprimidos,
y tributos restaurados,
y pueblos empobrecidos
por el júbilo embargados
de ver los bienes vendidos.
Contra tal desigualdad
protesto una vez y mil,
¿queréis más fraternidad?
pues partiré por mitad
mi hacienda con Vandervil,
que según datos seguros
de quien Je ajusta ta cuenta
vive con grandes apuros
teniendo solo de renta
cada minut-o cien duros.
Si esto llega á suceder
¡cómo me verán volver
loe que me vieron marchar,
p:idoroeo al prometer
y desenfrenado al darl
Pero ¡ay de ellos y de mi
ei vuelfo igual que me foil;
sabrán, si lo hao olvidado,
que ei muedo no caí,
del golpe no me he librado.
Y que, ó yo cambio de vicio,
ó cambian ellos de ofi iio,
ó Dios mis bondades premia,
ó á la vez que en la A lacemia
voy á entrar en el Hospicio.
MANUEL DBL l'ALAClO.

El agil y acicalado marinero que ha hecho sus pruebas
-eu loe maree de China, aquel á qui1&gt;0 el entusiasmo poPll:la~ ha feeteja_do bn el pu~rto de Yokohama, masequel
as1m1smo qne tiene demasiado orgullo para manifestar
ahora á bordo su indisciplina y el encanto que encuentra en las perrerías.
El oficial de caballería, de vuelta de Saumur, la Politécnica ó Saint Cyr, donde concluyó brillantemente sus
eftudioemifüaree y que comienza á creer bueno dar sino
por reconocimiento á lo menos por chic una dir~cción
muy francesa áloe pelos rebeldes y escasos de su moa•
tacho. Una brizna de mosca subraya ahora el labio inferior d~ ese guerrero, en la actualidad consagrado, y que
no de¡a duda alguna respecto al cuidado que condn1ía
tomando para &amp;firmar la posición que adquirió entre nosotros y loe agradables recuerdos diversos que á ella se
re eren.
Deben notarse, al cont,ario, las fisonomíae germanescas de ese otro oficial de lentes, un educando de las escuelas de guerra alemanas, en lae cuales bebió hasta saciarse una ciencia militar, cuya superioridad se alegrarla
mnobo de demostrar, ya que la cree universal.
Uno y otro poseen, por lo demás, una ciencia teórica
inconteeta~le, y están inspirados ambos por un amor
muy eemeJante y muy real á su patria. Por qué esforzarse entonces eo apare~er t9'.n poco_japoneees y tan europeos; p~r qué no eegu1_r me¡or el e¡emplo de eu colega
d!'I la marina, cuyo horrible rostro de insular ha sabido
permanecer, aun después de la victoria el de un viejo
lobo de mar muy nipón?
'
Ciertamente él os afirmaría también que no ea esto lo
que le impide iniciarae casi instantáneamente en los misterios de lae mecánicas navales, que su gobierno le compra á gran p_re~io en Europa y América; así como que
esto no prec1p1ta-Pero acaso no os afirmaría este úl\im~ detalle-!~ hora de la utilización completa de las
mismas máquinas de oceidente, de las cuales está tan
oraulloso.
&amp;n cuanto áloe otros soldados que le acompañan con
~Ui t_ipos especiales, muy bien obtenidos, todos están
m•p1radoe en loe fubrtee gastos ante loe cuales el gran
M kldo no retroeede, para obtener un lujoso equipo.
·Como nuestros más vulgares Tourlourous de Francia· ¡08
Cí\bal!eros y loe pisaverdes del Japón moderno con¿cen
el prestigio del uniforme militar y el orgullo c~n que ce-losamente llevan sus bowie alemanas, sus ekakos eepa-

EL MUNDO

fio!ee y sus uniformes franceses, es tanto más explicable
cuanto q•1e lae mtJU~mé8 y otras japonesas, B'l vuelven locas, ellas también, con los paseos por las eeplanadae don•
de se puede asistir á loe menoree detalles de la nueva
vida militar.
Pasad ahora á una serie de japoneses menos pretensio~oe.

En Tokio. donde como en todo el Jap',n cada hijo
adopta la pmfesión del autor de eue días, el padre del
que nos va á ocupar, era, ó decidor de buena ventura ó
contador de historias, ó actor ea cualquiera de esos teatros en los cuales un mismo espectáculo comprende tres
ó cuatro días de representaciones.
. Sin emb~r~o, la revolución industrial ayudó á este hi¡o sin trad1c1onee y ahora ea empleado de camino de fierro, especialmente dedicado al examen d11 loe boletos á
la entraia de loe muelles y partida de los trenes.
Parécele de rigor una dignidad del ~o.do occidental, y
á pesar de sus cabellos rebeldes, de r1g1decee insoportables y de su kepí administrativo, parece no notar áaquellos y aquellas que deb3n presentar sus ticket.s antes de
llenar ruidosamente los trenes.
F,pto, !'D verdad, deja muy
indifel'f'ntee á la mayor parte de loe viajeros nipont&gt;e,
e 1bre todo Jo,, de tercera claee que no viajarían jamás en
invierno sin llevar la cabeza
cubierta con un pingajo enrollado á la manera de las
marmolles de la campesina
francesa. Esta especie de pa•
nuelo ea, por lo demás, de
un uso general en las clases
inferiores de la sociedad.
r'I nrante los meees fríos de 1
año.
Ved también á ese buhonero japonés, dibujado en el
instante en que ofrecía paté.
,
. ticamente un producto marav1lloeo á a lgun grupo de ocioeos callejeros· á ese cargador de sacos de arroz, q•ie se ingenia par~ ahorrarse el
rudo co~tacto de loe eac1e llenos, que transporta todo
el día, Plll que su parte de goces naturaleeqúe todo japoIJés reclama, eea e_n m_odo alguno disminuida; al bombe•
ro rural. ( la orgamzac1ón contra incendios ea ya militar
e~ las_c1udadee) que, cuando ha llegado su turno de vigilancia, ronda to~as las _habitaciones de madera, que
eet~ etcargado de 10epecc1onar, cm la pipa en la boca y
la linterna en la mano.

r Este último que copiamos ea uno de loe dos populares

n~ctámbulos del japón. El otro ea el frotador, un pobre
diablo que va solo ~or loe camin?e, soplando en una pequefia flauta_ armov1oeam4::n~. triete, un airecillo muy
corto, que dice á ~odoe loe 1mc1ados: «Queréis dejaros frotar, ee~or, queréis que os frote, eefiora, he aquí al fro•
tlldor ciego.11
No _son por ci~rto bestias esos japoneses que no conced_en amo á loe ciegos el monopolio de tales prácticas íntimas.
Quién _detendrit al pobre ciego en su paseo profesional,
qu_e comienza en la noche para no acabar sino con las
pnme~e luces del día? ¿Quién le llamará y reclamará
ene cUidados?
_Todos aquell?B para quienes algunos céntimos no eigmfic~n el deen_1vel de su presupuesto cotidiano; los comerciantes retirados, los matrimonios atrevidos de Eu-

19

ropa y muy frecuentemente algunos individuos misteriosos, aficionados á loe servicios múltiples de las falsas
g11eiJhaK-eB el instante de nombrarlas-más ómenoeex•
traflah al arte real y a I encanto especial de lae verdaderas cuyo pintoresco as¡ ecto y su honor nacional son jue•
tamente 1eclamadoe.
Cada una de eeae creaturae ha comprendido todos loa
recursos que podía sacar de
la Europa en la persona de
loe extranjeros que residen,
célibes, en su patria. Y por
esto no ha vacilado en coro•
promete1ee á seguir loe coneej&lt;,e prácticos de algún com•
paiiero decidido de antemano á satisfacer las menorea
necesidades de la situación,
entre otras las de r.onducirla
á todos loeeitioedondela llama el placer facil de aquellos
que ofrecan almuerzos ínti•
woe, instalarla, si ea preci•
so, en las parihuelas del Jinrick-saw que debe llevarla
rápidamente á donde su arle
t-epecial es esperado, llevar
en fin, á alguna dietaocia de
su esbelta y buscada persona, la gran caja de madera
E'n la cual transporta el chami88en de tres cuerdas, el ine•
trumento nacional con loe
acentos del cual todag11eisha
genuina debe saber llenar
las casas de te.

í

rn gentleman que la signe y
cuya tieonomfa está desnudada de las pretensiones del
mundo occidental, es el tipo
del japonés que tiene la ven•
taja de poseer un empleo en
un ministerio y que, más in•
diferente que todos sus compatriotas en materia eeme•
ja"te, no se cura muy mu•
cho je que la novia, de la
cual se enamorará sinceramente, le lleve al matrimonio otro capital que su dote.
No i neietai e respecto de ,ea tos sentimientos verdaderamente japo.neeee, que nos
forzarían á responderos en
.
latín y ved con nosotros el
~!Pº. de esca~pa_ q11e viene después. Es el corredor de
Jm-nck-saw publico, el pequefio vehículo de dos ruedas
en el cual os paeeaie cómodamente mediante un precio
irrisorio, fijado de antemano por los reglamentos. Pero
á qué no se someterá un tirador dejin?
. E~ ya tarde y quereie dirigiros á algún eWo solitano? . Pues ~I corredor oe exigirá dos ó troe veces el
precio p~ev1eto por lae disposiciones oficiales, y por cier•
to lo 1;0e¡or sería pagarle, porque falaz y artero os ame•
nazar1a,. y en caso dado llegaría á las vías de hecho, sin
que tuy1eee que.temer el castigo de la autoridad.
_L11 silueta satisfecha del comerciante honrado que ter•
m10a la presente serie de tipos japoneses, ea de tae máa
comunes. Ved la sonrisa que ilumina su faz pa,ibul.uia.
~s C&lt;&gt;D;eta~te, mecánico y sobre todo ...... japonés. ¡Oh!
e1 pudieseis verlo en su eetablecimento de bric-a-brao.
en el cual se amontonan loe bibelotsl

�EL MUNDO
0011111Gb •~ de AGOSTO de

EL MUNDO

ªº
Le veríais eonreir indicandooe el precio de un objeto,
eonreir tawbién al entregaros ese objeto aun cuando le
hubieseis drecido la décima pane de la eumaqueoe habla
pedido y sonreír acaso también quince días wás tarde ei
volviéndo á eu antro de vendedor de antiguallas os cau·
saba asombro saber que se había divorc1ado,después de

vuestra última visita, de eu antigua mnjer, y ee había
casado de nuevo con la joven que también está en vías de
reirse á vuestro lado. ~o hay que sorprenderse de eeecaeo
y si vuei:ka insistencia y vuestras preguntas indiscretas lo
fuerzan á responder, os dirá sencillamente: «Por qué me
he divorciado? Pues únicamente por que mi mujer, en
mi ausencia, no sabía recibirá mis comoradores. »
Que curioso es el perfíl redondeado del ~Iinisterio, que
ee des1aca enmedio del dibujo que signe! Pero á pro•
pósito do Minieterio, dejadnos mostraros esta escena tan
típica y tan b:én sorprendida por Bigot. Estamos ante
las oficinas gobernativas de la guerra á la hora de la ea•
trada á las eeccionee. Mejor que nuestra pluma, el lápiz
de nuestro amigo tiene en elocuencia y muestra la exacta influencia de la civilización europea sobre el traje
moderno de loe japoneees. Yense suecos de madera en
los piés de unos, botas alemanas en loe de otros, el re•
di119ote de este, el traje japonés de su hermano menor
que ayer era un estudiante aún, el capote militar de un
viejo de ideas liberale•, el chal en que se envuelve el po·
bre coolie que ha cambiado por cinco ó seis centavos sus
vestidos andrajoeos en una casa de prestamos e•c., ele.
Mirad con toda confianza y solo veréis la actual mascarada japonesa.
Yes que el Japón se va y que necesitarías apresuraros
para ver algunos reetos del pueblo primitivo que vivía
aún bajo el último i h()!JOIIII . La potencia feudal no ee re·
monta sino á una veintena de ailoe, y sin embargo, apenas ei podríais encontrar en los campos algunos hombree
del •viejo estilo,• del genero del que ocupa el n:tremo
de nuestro ú'timo dibujo.
Yed, el eetl'8go de loe afloe y el estrago sobrado deplorable del cuero cnbelludo de ese viPjo campesino, no bao
desviado eue nfaerzoe de la antigua moda que eue padree
usaban -para el pt:inado complicado y extraño de sus ca•
belloe. Qué importo asimismo ei la mayor parte de eu3
dientes se quedaron en las sucesivas coneervae de peces y
de legumbres que mezcló únicamente á su cuotidiana

poción de arroz¡ el solo es el hombre resignado de las an·
tiguae edades, el que no sabría quejarse ue las más rudas
laboree v sentirla placer en esperar las numnosae fiestas
niponas, pretextos para procesiooes, y sobre todu para
libaciones de te y de sakÍ', el aguardiente de arroz. Ahcra, el caracter simple de esas manifest11cioues que ee han

quedado como primitivae, inspira menos ale1tremente
al tipo que sigue: ,,un campesino del nuevo eetilo,11 hijo,
pe&gt;r lo demás, del precedente y tn el que el vago tinte de
tradición protege mal eu espíritu debí I contra los efectos de loe relatos militares del Japón moderno.
~I porvenir ya no eetá para él en el groo dll arroz que
obtiene con pena de loe grandes arrozales. sino en el
ejército que bien pronto lo llamará á ens filas, aeí se lo
ha dicho cuando menos el diputado progresie1a del cual
no "~tií separado, en el dibujo de nnPetro amigo, Pino
por 01ro rPpreeent!\nte del pneblo, un liberal 1Jutm11ce
P1empre l's\o á rPcrearef' bajo Pn «Pombrero alto»-la eola cuncepc1ón europea ac.,i,table eegún él- contra loe en-

•&amp;91

s.

DE FORGE.

ILUSTRACIONES BECIIA.8 EN :NUESTROS TALLERES.

--....

¿Pero qtuén es ese? preguntaréis ni contemplar su in
contestable elegancia de actitud. ¡Por vida nuestra! quf&gt;
loe grandes colt-gas de loe boro bree de prensa ensaleen al
amigo Bigot por haber esbozado las singulares faccionFR
de ese hombre ...... es un dietinguidíeimo reporter de loe
diarios niponeR, cnya forma es suficientemente grandP,
las páginas numerosas y el precioJ}e venta irrieoriameu•
ta harato (algunos centavos al mel. )
Bajo su graeoea cabeza de melón sin forma, late un C'P •
retro de a8iático celoso, y la pluma que ~e inspira en él
eabe escribir las más abracadabras eeperanzae.
La derrota industrial y comercial de los pueblos ñ11
occidente, el progreso de la raza amarilla, hacer el glorioPO ,Tapón únicamente para
los japoneses, he aqui la e,'111ea á que se ha dedicado PPe
maligno pero patriótico h ijo
del gran Nippón. :::ionríamos
y perdonémoelf!I
L. LEROYY U. PAPILLAn &gt;.
NOTA.-Lo• señores Pap!llau&lt;I y
Lero)', periodistas i rance-~s que,
han l'&gt; rorrirto el mundo·por apurs•
ta, saliendo ele Parls sin d inero l'
que hor se hallan e ntre no,otro~.
"e ~ir\'icron e-.crlblr e~te art1C'ulo
,obre costumbres y llpos Japouescs,
para nuestro ~ maonrio. ¡,ropordo•
nandonos 1,a.ra flu,trnrlo, boceto'J.
toma&lt;los rtcl n a tural por el M h!!
14p l2 de un ar tista francés resid en•
te en el Ja¡,ón.

1

el r erfome eutil dA la piel eatinada que huele á P lan.
l-entíaie que ura riea frá1til agujereaba el ambiente cálido
del salón: na una Colombina aristocrática que ee diviert la
con su novio. gi de un concierto hablaba, allí íbaie vo•
eorro•, v arrellanados en'vneetrae butacas del Nacional
oíais á Ta magno cantar el Otello, oíais á Brindis de Salas
hacn gemir en violfD, «caja de almas difuntae,» Por tSl
oí cómo Coquelfn declamaba bizarramente el ver~o y la
proPa del drama francéP, y ví eonreír como eonrién laa
dioPaP, á ,JFanne Hadding. Para la boda rt&gt;gia tenía él
las gardenias freecaP, los beHotropoe menudos
arorrioPoe de su c1&gt;eto de mago, cog1doe en ene inmensos jardi•
neR en floración, donde nunca ,e agotaron las florf'9.
Aun en el invierno cruel. eue porterreRsiempre tenían
roeae nuevas que ofrecer. Y para el artista amigo, tenía
su pluma raPj?&lt;'S de canf\o entrañable y ratos &lt;le admi•
ración rara. Para la hermosa que hacía caridad para,
1&gt;ea S1Jr Jfll rcelina, tenía en estilo eetallidos de admiración y agradecimiento. Para la arietocrática belleza
guirnaldas de Plogios y alfombras de clavelee.
'
A Gutiérrez Nájera puede coneiderareele como el tt&gt;y
de loe cronistas americanos. La fisonomía de Puck se
presta, da márgen para un largo estudio: se trazaría una
hnmoea silueta snya para una galería de portrai/R,
1:na crónica de ~utiérrez N,jera de af\os paeado,, puede leerse ahora, y siempre agradará. Aunque está ce!iida
al suceso del día, al nuevo hecho, tiene un no eé quf,.
que atrae y subyuga. Ea que el eeoritor ha sabido hacerla: es q11e ha puesto en ella algo de su :,aeión de arti sta
padre, á quien no le gueta que sus hijos vaguen desarrapados. Ha sabido veetirla. La ha perfumado; el cut&gt;llo
y la pechera son de blancura irreprochable: gardenia á
la bo11tonnifre; mon6rle; guantee grieee y el frac, correcto
eio la más pequel'ia arruga. Es el dandi¡ caball1&gt;roso qu~
eabe reír, y charla como un dislocado y baila el cotillón
sorbe champagne y eabe conquieiar corazones y eubyn~
gar almitae blancas, como un gentil Don Juan. P11ck era.
buen padre. Sus hijos intelectuales son bien ricos opu•
lento9; pertenecen á la aristocracia legítima y su' árbol
genealógico ee de loe más intrincados y ricos.
~ero esto no cabe aq1;1í, en este artículo en que yo
qmero ver no más al cromsta elegante que correteaba libremente, no al que hacía política y dücuUa riendo y
fumando, con el corro de amigos, en los pa9illoe del C ,ngreso ó en la mesilla de un café, mientras se paladeab1
el aperitiro,
Admiro, eí1 á R eramier; pero no lo adoro con tanta pasión y tanto tanatismo
como á Puck, que es inimitable~

y

/

/
Señorita Hcrmellnda Guzmán. ( De Guadalajara. )

~cñor Lupt,rclo.J

serían joy~s valiosas ile estilo y novedad y revoluciona•
rían la cur10sidad de las C'iudadanitae de Parle.
Del hecho más insignificante, del asunto más trivial
Puck ......... Al calce de eue hermosísimas crónicas do•
minicalee en El Cniversal, ponía Manuel Gutiérrez Naje• de la noticia artíet!ca última, bacía asunto euficienw pa'.
ra esw peeudómino sonoro. Tras él ee ocultaba para 1&lt; s ra bordar eue crómcae y sacar punta á su gracia y aguque le desconocían¡ pero no para los que, hasta'en el rae• deza: JY que para t&gt;ecribir tantas cuar1illae, que fuesen
go furtivo de la gacetilla ó el broche picaresco de un rn · sufic1entee psra llenar varias de las columnas de letra
trejUet, lo sabíamos defcubrir á él, que era todo un artista tan ~anuda de la edición dominical de El C',,iv, rsal, se
y que sabía cómo se va por el camino del bosque encan· necesita fuerza extraordinaria, buen acopio intelectual
tado sobre rosas, sin estrujar eue pétalos, ni pisotear loe y una imaginación ......... tau rica como la de Puckl Y
eso f!Jera de su enorme tarea periodística, de su lucha
tallos tiernos.
polfüca. Era esa una escapada rápida al país de la fan·
¿Qué delicioeo revistero era él! Una de esas páginas
escritas al trote de la pluma, era uoa obra maestra. Cre¿ tasía: un descanso.
Era fecundo, asombroso.
yo que, muerto Pnck, ninguno las hará como él las s.; bía
So pluma trazaba lindos c•1adroe, á la pluma como
h!'cer: nadie ha recogi?,O llBB pluma abandonada, como
dizque Paul de San V1ctor se guardó en loe bolsilos de por mera travesura, por pasatiempo, como ee h~cen al
su pa)etó, la de _Theophi!~ Gauthier, ".uandoeeteexquiei- margen ancho de un diario de la maf\aoa ó en el forro
.oart1eta cometió la deb1hdad demor1ree. Tenla su estilo de color de una revista, cul\ndo ee está á caza de asunto
toda la ligereza, la picardía, la gracia y el arte crepitante ó se muestra rebelde la imaginación.
Haciendo la revista de un baile, ésta era de tal verdad
de un rhroniqu.eur parisién, de loe maestros. Era un Mén•
dez, un Scboll, un Paul Fouquier, que vivía en México y tal C?lorido, que os parecía estar allf, entre tanta luz,
y que escribía eL ra,tellano co&amp;ae que en francee, en las tanta nqueza, tanta hermosura. Sen\faie cómo os emcolumnas de la primera plana de un dinrio /,(J1duardier, briagaba el olor capitoso de las flores, cómo os arrobaba
GUTIEAREZ NAJERA, &lt;.RONISTA

Corazón de sacerdote. - POR H.

euef\oe de conquista de colonización de sue adverearioe.
No cabe duda acerca de eeto-bajo el casco de corchocon que el diputado modernista guata de cubrirse á fin
de dtlmoetrar bien eue tendencias coloniales, Jo afirma•
ría también el individuo que representa el último ti¡.o,
de nuestra serie de siluetas japonesas.

CURIOSIDAD 1:'OTOGRAFICA

lFot,,g, a!!n tomada á la vez en distin tas ¡ osic!ones, median te un p roced!mlento exclusivo d el

DOIIIIIGO 1~ d• AGOSTO d• 1'97

San Salvador.

ARTt'RO .\. A ,mnOGI.

Cerca de la meea, servida á medias, ee enoontraba sentado M. Deecordee, contemplando con fruición el vapor
que comenzaba á escapar de la boca de una cafetera rusa,
cuando penetró violentamente su mujer en el comedor y
exclamó con agria voz:
-¿Como, Edmundo, no has tomado todavía tu café?
¿En qué pieneas?
-En nada, mi buena amiga, contestó ingenuamente
M. Deecordes, Espero que hierva el café ...... Ya sabes
que así me gueta ......
-¿Pero, desgraciado, no recuerdas que hoyes miércoles?
Las señoras vendrán á la1 dos de la tarde; el! ya la una
y media ...... y apenas queda tiempo para preparar todo.
-1Ah, Dios mío! murmuró el pobre hombre con tono
plaf\idero, sirviéndose á la vez precipitadamenw una
taza de café hirviente¡ había olvidado el miércoles!
-Dios sea loado! exclamó la seliora Deecordee dirigiéndose á su hija primogeoita, que se había quedado en
el corredor, tu papá olvidaba el miércoles.
-Angélica, repitió la joven, hablando á su hermana,
papá olvidaba el miércoles.
Y resonó un triple estallido de risa que desde el co·
roedor, ee repercutió como un eco hasta la cocina.
Con frecuencia, y muchas veces sin motivo aparente,
padecían madre é hijas estos accesos de risa en terceto,
cuyas notas se deegranaban por toda la casa.
Entre tanto que el pobre Deecordee, lleno de vergüen ·
za por haber olvidado el miércoles, devoraba con ridí•
culae muecas su café hirviente, la eei'iora y las sefloritae
levantaban de un golpe la vajilla, enrollaban la tela
blanca encerada, limpiaban la madera perfectamente
barnizada y abriendo un armario lleno de vestidos á
medio hacer, alineaban sobre la mesa paquetee de pantalones de palio burdo, chaquetas de lona, enaguas de
punto, camisas de tela cruda, que extraían de aquel
mueble.
-l\1amá, preguntó una de lae jóvenes; ¿valdría la pena
de sacar el paquete de la eef\ora Sennevaux?
-!Oh! Sácalo de todas maneras...... Si no lo tuviéra•
moa listo, podría suceder que ella fuese capaz de venir!
Ui:a triple carcajada siguió á la enunciación de eea

triple idea, que no les impidió alinear el paquete de la
sef\ora Sennevaux al lado de los otros.
Cada miércoles la seliora Deecordes reunía en el come•
dor de su casa, transformado en taller, á las damas caritativas de Gauneville, congregadas á la «Asociación del
vestido para los pobres» y las cuales acudlan de las dos

á las cinco de la tarde con el objeto de coser la ropa para
loe indigentee. Esta asociación tan loable, había tido
fundada por la eefiora Deecordee, hacía tree af\oe, al terminar la guerra.
Era una santa eea eefiora. Y unos ángeles sus h ijas
Dioedada y Angélica, eran estas expresiones que nunca

�82

EL MONDO

DOMINGO I? de AGOSTO de 1897
DOMINGO ,~ de AGOSTO de

dejaba de emplear el primer vicario del pueblo, M. de lo para su forzado celibato. Sin dote, gracia, ni belleza,
-/ Oh! la señora de Sennevaux:Uo es muy adicta á nuesChavaesieux, quieacomo encargado de la dirección de sus Vl'getaban con u na existencia vulgar, monótona y exhaus- tra modesta sociedad......... y además, debe de estar hoy
almas, debía saber á qué atene1ee. Y de esta manera, ta de toda esperanza. Diosdada, mayor dos a.fios que su descansando aún de las fatigas de su comida del sábado.
descansando en el juicio de tal autoridad, le repu~ación hermana, podría haber !ido bonita; pero hace falta á las replicó irónicamente la seil.ora Deecordee, que no había
de aquellas damas se había formado y esparcido por todo floree el sol y el aire y ella se babia marchitado poco á sido invitada á este sensacional banquete.
el país, y era raro que al hablarse de ellas, no se agrega- poco, como una plantli escondida, sin luz, trae un muro.
Soporta alegremente su viudez, agregó una de las setio•
ran loe calificativos llegados á ser casi obligatorios: La Angélica era decididamente fea: tenía grandes ojos re• ritas Juglan, muy hostil á la condesa, porque encargaba
señora Deacordee, ¡una santa! Las señoritas Descordee, dondoe y saltones; nariz de cor.neta, y en medio de dos sus sombreros á Paría.
mejillas abotagadas, una abertura microscópica for•
¡unos ángeles!
-No creo, alegó vivamente la sellora Belamy, que
Y el hecho es que eran ellas de una ejemplar piedad. mando boca, sin labios, que parecia hecha de un nava• falte ella á sus deberes ó sentimientos de viuda; dando
Nada más edificanw que verlas arrodilladas sobre sus jazo; todo esto ea una de esas cabezas de mufieca de car• una comida de amigos, con motivo de la permanencia
reclinatorios, con la cabeza entre las manos, entreg.1dae tón, sobre las cuales, en las ferias de loe pueblos, exhi- en su casa del antiguo coronel del regimiento de sumarido.
casi extáticae, á sus interminables oraciones. Sin hacer ben las modistas ambulantes los sombreros de venta.
.Acababa de sonar la segunda campanada de lae doe de
mención de la tarde de loa domingos y días de fiesta,
-Tiene usted muy buenas razones para aprobar, quecotidianamente permanecían en la iglesia la mayor par- la tarde, cuando llegó la señora Perroy.
rida, pues concurrió usted á esa fiesta, á ese festín, á eu
-Siempre la primera, exclamó la señora Deacordes, jolgorio, exclamó la señora Dascordee, buscando aún alte de la maftana, dedicadas no solamente á sus ejercicios
religiosos, sino entregadas también con febril actividad cuya risa apenas estalló, fué repetida.
guna palabra más sarcástica...... Yo no sabia que estu-He aquí á la sellora.Leautaud, dijo Diosdada, que se viera usted tan ligada al castillo.
á todo lo que concernía al culto.
No hacía allí falta el sacristán. Ellas se encargaban de babia pueato de ceatinela en una ventana que daba hacia
-Con efecto, no tengo el honor de estar muy ligada
adornar la casa del Sellor; de disponer las flores en loe la plaza.
con la eeil.ora de Sennevaux, aunque sienta por su belle•
altares; de revisar las vestiduras sagradas para tenerlas
L'egaron en seguida la eefl.ora Gaudry, mujer de un za tanta admiración como simpatía por eu bondad. Pe•
siempre en buen estado; de vigilar las luces; de organizar agente viajero, las ee.fioritae Juglán, que tenían un alma• ro, mi marido, antes de ser aquí preceptor, era comanlos coros para loe cánticos; de afinar el órgano que la se· cén de modas con un gran rótulo de oro que decía: dante en el regimiento del eellor de Sennovaux. He
fl.ora Deecordee tocaba con verdadero talento. En caso ne «A.l modelo de Paria;» entró en seguida, todo un grupo; aquí por qué asistimos á esa comida.
cesario no desdeñaban desempeil.ar ciertas funciones de la eefl.ora Valier, gruesa, negra, bigotuda, un coracero
-¡Comida enviada de Paríel grulló la señora Valier.
policía en el santo lugar, donde se las veía frecuentemen- con faldas; la eeflora Auffroy-.Migaot, qu3 caminaba de ¡Cómo ei en Gauneville .no ee supiera cocinar!
te, presas de piadosa indignación, expulsar á fuerza de puntillas, y hablaba siempre en voz baja, tímida hasta
-Es usted una ingrata, eefiora Valier ...... pues hemos
golpee de rosario, á algún perro in:liecreto que se había el exceáo¡ Ja pequeñita Madame B.Iamy, vestida con tomado un delicioso pastel de alondras, comprado en su
int1 oducido en el templo, durante el oficio.
traje de color rosado, muy rieuefla, tan graciosa y airo• casa.
Y en virtud de tanto frecuentar la iglesia y tanto cui- pática, con eua cabellos n1bioe, cuyos alborotados rizos
La respuesta provocó algunas sonrisas é hizo sonrojar
dar todo en ella, habían acabado por considerarse como ningún peinador lograba disciplinar.
á la seil.ora Valier, á quien fuera de eu tienda, no le gusen EU casa, y sintieron mayor admiración que tristeza el
Unas quitándose el sombrero, y otras limitándose á taba que se le hablara de su comercio.
día en que el cura decano, digno sacerdote educado en la desanudar las cintas que echaron hacia la espalda, ine-¿Qué traje llevaba la condesa?
JibHal escuela de su gran obispo y enemigo de las exa• taláronse todae, recogiendo cada quien eu paquete de en•
-Un vestido gris con encajes blancos, que resaltaban
geraciones, les recordó con dulzura, pero co.n_firmeza, cima de la mesa y tomando asiento con su trabajo entre muy bien en verdad sobre su hermoso talle y eue mag•
que él era el cura de la parroquia y no ellas.
las manos, en alguno de loe círculos formados cerca de nlficaa espaldas.
Y por esto la piadosa trinidad no abrigaba hacia el de- las ventanas.
-¡Cómo ...... ¿Sus espaldas?
caLo más que cierto apego muy relativo y el respeto es•
-Ya transcurrió el cuarto de hora de gracia, dijo la se·
-Sin duda.
trictamente obligatorio. .El padre de su elección era el llora Descordee, que actualmente era la presidenta de la
-¡ Estaba descotada! prorrumpió con indignación la
buen abate Cbavassieux, un frailecito regordete, colora- .Asociación ......... \'amos, señoras, ¡al trabajo!. Y de an· seilora Dascordee, á quien eu flaqueza, á falta de princido, siempre riaueilo y constante admirador de las virtu· temano, la oración.
pios morales, prohibia semejante impudencia.
des de la señora Descordea. Era el amigo de la familia:
Con voz breve rtcitó una plegaria de que no se podía
-Pues sí, estaba descotada...... todas lo estábamos....
cada domingo santificaba con su presencia la mesa del entender una palabra, y á la cual diez voces respondieron; ¿Qué mal hay en eeto?
Bt-ñor Deacordes, seguro de encontrar los platillos por Amén.
-¡Descotada! insistió la seil.ora Deecordes.
los cuales confesaba su debilidad, y terminaba la tarde
De pronto reinó el silencio entre las voluntarias obre-¡Descotada! repitieron simultáneamente Diosdada y
entregado á las inocentes delicias del juego de lotería, ras: lo prevenía así un artículo del reglamento, cuya ob· .Angélica.
sazonadas con ciertas bromas semanariamente repetidas. eervancia duraba generalmente de cinco á diez minutos.
-¡Descotada! prorrumpieron en coro diez voces difeAl eellor Deecordes, procurador del Tribunal de primera
-Miren ustedes, dijo una de las trabajadoras. Allí rentes, pero con igual toLo de reprobación.
Instancia de Ganneville y adjunto del .Alcalde, no lo viene la pobre eefiora_Leeourval, atravezando la plaza.
-¿Ha leido usted el último edicto de Moneellor? preconsumía tal vez en el fondo, una fe tan ardiente como Comprende que viene atrasada, mrren como se apresura. guntó la presidenta á la señora Auffroy,Jpara desviar ese
la de su mujer y eue hijas. Aun, según se decía, recien ca•
-Tan coja como ee, tiene derecho , nuestra indulgen- tema de escándalo.
eado profesaba algunos principios filosóficos y liberales; cia, hizo observar la señora Descordes.
Pero el relato de la comida interesaba mucho más á la
pero sus veleidades de independencia habían suscitado
Esta ligera murmuración, escapada á la presidenta, fué mayoría de la asamblea qu9 la elocuencia del obispo, y
tales tempestades en su hogar, que como el buen rey En- la stfial. Primeramente no se oyeron eino palabras suel- entre tanto que la sellora .A.uffroy Mignot, presa de courique, comprendió que bien valía una misa la paz inte- tas con alguna timidez, proferidas á media voz; pero á goja por haber sido así interpelada delante de todo el
rior y dócilmente había aparentado que abdicaba de las poco habfa~e generalizado la conversación con creciente mundo, murmuraba alguna respuesta ininteligible, una
ideas de su juventud. Pero el muy zorro dividía su volubilidad y en un diapasón á cada instante más alto. de las damas reanudó la charla.
existencia en dos partee. Después de largas estaciones en Se pasó revista de todos los acontecimientos locales, por
-¿ Y la sei1ora Charlier, la grande amiga de lasefl.ora
la iglesia, se encerraba en en gabinete con pretexto de insignificantes que fueran: el último sermón; el estado de Sennevaux, concurrió también á la comida?
estudiar algún negocio judicial y se abandonaba á la lec- de las plantaciones de azafrán; el nacimiento del ni.fio
-Usted bien sabe, contestó la eellora Belamy, que estura de novelas más ó menos ligeras y poesías muy poco Lenoir; la muerte de la pobre sellora Paquignon; algunos tas señoras no se visitan, oficialmente por lo menos, lo
ortodoxas.
hech&lt;,e más frívolo&amp;; una nueva forma de sombrero des- cual las aflige mucho. Pero es imposible...... á causa
Mas cierto día ¡día nefasto! una cita imprudente hecha crita por una de las señoritas Juglan; uu color de moda de ......... Se detuvo.
por él llamó la atención de la l!efiora Dee~ordes, yabas• para vestido, que elogiaba la graciosa seilora Belamy......
-Quiere usted decir á causa del señor Cha1lier? extante sorprendida de trabajos tan largos y tan poco en Pero agotados todos estos temas, comenzóse á hablar del clamó la eellora Dascordee, En verdad que bastante culrelación con el presupuesto de ingresos de la casa. Apro- prójimo y poco á poco fueron haciendo el gasto loe au- pa tiene mi sobrino...... Pero realmente hay otra causa
vechó ella entonces una ausencia de su marido para sentes. Se buscaron para su inexactitud pretextos verda• por la cual se aleja á la se.flora Charlier ........ .
practicar un cateo en el gabinete de éste. ¡Horror de los deros ó falsos, pero pocae veces venebólos, y en seguida
E inclinándose hacia la sellora Valier, continuó á mehorrores! ¡.A.ydevosotroe, Voltaire, Parny, Mueset y Hu- se pasó á la crónica de sus intimidades, crónica que de dia voz, sin que se le entendieran más que estas palabras
go, Balzac, Jorge Sand y Dumas: conocísteis entonces pronto se decían al oído y se acababa por repetirla en la - ...... El subprefecto ...... ¿Sabía usted?........ .
loe tormentos de la hoguera! Y tú, infortunado Descor- voz más aha posible, en meaio de loe estallidos de risa
-¡No ea posible!
dee, también conociste todo el peso de la cólera de una periódicos y agudos de las eef'ioritae Descordee.
--...... Yo lo he visto!. ..... con mis propios ojos lo he
esposa virtuosa é indignada!
-Vamos, vamos, eelloras, no olvidemos que estamos visto..... .
- ......... ¡Qué horror!
Desde aquella fecha fatal, Descordee había abandonado en una reunión de caridad; decía la señora Belamy que
definitivamente toda idea de resistencia, y resignándose era toda bondad.
- ¡Eh, sefiorl exclamo con vehemencia la eeil.ora Be•
1;&gt;oco á poco, había concluido por sentirse verdaderamen•
-Pues no creo que faltemos en nada á nuestro objeto, lamy...... tened alguna indulgencia para esa pobre mute feliz con esa vida austera á que cada día se miraba eellora, replicaba con su voz de tambor mayor la eeilora jer...... No hay que juzgar por las apariencias...... Y desmás sujeto. Limitóse para lo sucesivo á la lectura de la Valier, que aborrecía á la muilequita rosa. No son loe pués de todo, lleva una vida tan triste! ......
Gaceta Religiosa, al .Almanaque del Peregrino, al Diario de que más hablan, quienes más trabajan.
-Esto quiere decir que usted la disculpa?......
la Oruz; encaminándose así por una pendiente insensible
La rubita miróla con eua dulces ojos de gacela y alzó
- Para disculpar, como para condenar, hay que tener
y constante hacia la dulce felicidad de la beatería.
imperceptiblemente las espaldas.
el derecho de juzgar, y este derecho no lo reconozco en
Diosdada y .Angélica, después de rogar á Dios en vano,
-Hoy no tendremos sin duda el honor de ver entre mí. Me limito á tener piedad de una mujer que sé que es
para que les mandase un marido, se habían resignado nosotras á la seilora condesa de Sennevaux, ineinnó con muy desgraciada. Esta ee mi creencia, mi religión ......
también al eacrificio, buscando en la devoción el coneue- tono agrio una de las dama!!.\
( Continuará. )

18sn

1101\IBRES Y DIOSES
ATILA.-CARLOS XII

I
A vida de Atila debía eecribirse, no

en una historia, eino en una epopeya en idioma bárbaro. Asombró al siglo V, tan acostumbrado
á los asombros, que llegó á creer
que ee precipitaba sobre la tierra
el cuarto caballero del .A.pocalipsia.-«Y apareció un caballo páli•
do; el que cabalgaba en él se llamaba la muerte; el infierno le Be·
guía; le entregaron el poder eobre
1as cuatro partes de la tierra para hacer perecer á los
hombres con la espada, por el hambre, por la mortalidad
y por lae fieras. n
¿Quién no creyera, en efecto, que el ejército de .A.tila
er.. el infierno escoltando á la muerte? Los hunoe fueron
loe bárbaros más feroces: comparados con ellos los vándalos parecían soldados de Atenas. Los godos referían
,que uno de sus reyee había relegado al fondo de la Scitia
a hechiceras que allí tropezarou con demonios errantes
por las estepas. De eu cópula nació la raza horrible de loe
bunos.-uEepeciede hombre, aacido en loe charcos, horriblt,, unido sólo al género humano por la palabra, dice J orMudée.n Ammiano l\Iarcellino los pinta como Plinio describe loe animales fabulosos en su IIistoria natural,· nabla
de sus cuerpos de miembros redondos, do la gordura
monstruosa de sus cabezas, de sus narices aplastadas y
de su barba cruzada por cicatrices que lee impiden crecer
111 pelo. «Parecen b.,stiae de dos pies, ó eeae figuras de
madera groseramente talladas que decoran los parape•
·toa de loe puentes.»
Esas hordas de hombree tenían las costumbres de las
bandadas de lobos errantes en loe bosques. Ni vivían en
casas ni en caballae; cualquier cellidor de pared lee pa•
recia un sepulcro. Loa galos temían que el cielo cayese
sobre eus cabezas, y loa hunos que los techos les estrellasen. Tan desconocido como á las bestias lea era el uso
-del fueg0. Se alimentaban con raices y con carne cruda, amasada sobre la eílla del caballo. l:iu traje consistía
-en una túnica de te la sombría y en una casaca de pielee
de ratones salvajes. Jamás se quitaban esa túnica, que
se pudría sobre el cuerpo y que caía á pedazos poco á po•
. co como el pelo en tiempo de la muda cae del cuerpo de
loe animales. Su vida era enteramente ecuestre; p11,re•
,cían clavados sobre sus caballos, feoe é infatigables corno
elloe. Montados comían, dormlan y celebraban sue consejos. Ni aun la muerte dividía á tan groseros centauros;
enterraban los hunos con eu montura al caballero. No ee
sabe que reconociesen Dios alguno: únicamente los timbales mágicos de lo~ hechiceros despertaban en sus eraneos estúpidos alguna idea vaga de lo sobrenatural. La
guerra era su elemento y eu existencia, vivían del pilla.Je, ee dedicaban á la exterminación, iban á hacer carni•
cerfa como si fuesen á la siega. Su crueldad bestial sólo
se saciaba con la destrucción; después de despojar las
ramas cortaban el árbol, incendiaban la ciudad deápuée
-de saquearla.
En medio del siglo IV, apenas entrevista esa raza fe•
xoz en el horizoJlte del Asia, agujerea el mundo bárbaro.
-.A. su paso recoja todas las tribus salvajes, las poblacio•
ues teutónicas y las nómadas de la Tartaria. La bola de
nieve se convierte en avalancha, la barbarie se hace nación, se personifica en Atila y aparece al borde del Danubio ante la Europa consternada.
¡ Extraila figura la de ese Caliban de la guerra! .A.mal.gama la ferocidad de loe brutos á loe vicios de loa dés•
petas; ea cruel como un jefe salvaje y corrompido como
un viejo sultán; une á la benevolencia mongola la perfidia bizantina; hay en él algo del ogro y del diplomático.
No eólo por medio del terror, eino también por el de la
-astucia, ataca á loe dos Bajos Imperios de Oriente y Oi•
ci&lt;lente. E, tigre se convierte en gak&gt; para jugar con loe
débiles Césares, que reinan en engie sobre el mundo.
Loe esplota, los escarnece, los desbarata, loe adula, los
espanta y loa fatiga con embajadas y con negociaciones
irrisorias; lee pide lo imposible poniéndoles la espada en
la garganta, y Jo imposible le conceden. Roma y Cona•
tantinopla se agotan satisfaciendo los caprichos del
monstruoso. hijo mimado de la fuerza.-U a día notificó
al emperador Teodosio para que le entregase una rica
heredera que codiciaba uno de sus soldados; la joven hu•
_yó espantada, y Teodoaio se vió obligado á substituirla
por oua, bajo pena de invaeión.-Otra vez pidió á Va•
lentiniano los cálices que salvó un arzobispo del saqueo
de Sirmiun: el emperador Je respondió que no podía sin
cometer un sacrilegio, entregarle loe vasos consagrados.
.A.tila ofreció pagarle dos veces eu valor.-«Loe vasos ó la
guerra,» esa fué su respuesta.
Desde el fondo de eu palacio de madera habitado por
un serrallo incnlto y por su pueblo de hijos, ese Khan
Kalmuck alertorizaba al mundo. Los embajadores del
imperio iban á suplicará la barraca real, vagaban mucho tiempo antes de ser introducidos en eue murallas de
planchas y empalizadas. Cuando se presentaban ange
.Atila, se encontraban en la presencia de un hombre pe•
.quello, rechoncho, chato imberbe, casi negro, cuyos o¡os
resplandecían de cólera.
Priecue, que formó parte de la embajada que envió el
emperador Teodosio al rey bárbaro, nos ha ,ransmitido
la descripción de esa corte casi fabulosa. Noe presenta á
Atila entrando solemnemente en su capital, por debajo
de velos blancos, eosteaidos por v1rgenee. Cuando pasa
.porcaeadesuminietro Onégese,saleuna mujer rodealade
sirvie.atae, qui:, llevan platos de carne y una copa de vino. Esa mu¡er se aprvxima á Afüa y le euplic.1 que prue,
be la comida que ha preparado para él. Atila consiente,
,haciendo sella! de ello, y enronced cu.1tro hombres levan•

EL MUNDO

tan hasta la altura del caballo una meea de plata, y ein
desmontar el rey bebe y come.
Algunos días después Atila convida á la embajada á
un gran banquete. Los romanos entraron en un comedor,
en el que había asientos y pequeñas mesas. En medio se
levantaba un estrado que soetenfa la meea real y la cama
donde Atila estaba tendido. A un pie estaba Ellak, el
primogénito de sus hijos, en la actitud de un esclavo, silencioso y con los ojos bajua. Sirvieron á los convidados
en platoe de plata, y se les vertió el hydromel en copas
de oro; pero el servicio de Atila era todo de madera. A
la mitad de la comida ee levantaron dos bardos y cantaron en lengua númica las victorias del rey. El hlmno
exaltó al auditorio; entusiasmo frenético ee apoderó de
loe b:irbaros, gritos se escaparon de sus pechos, y lagrimas saltaron de eue ojos; los rostros tomaron la expre•
eión furiosa del ataque y de la defensa; la sala parecía
un campamento que iba á tomar las armas. Un bufón
llegó al momento, y sus gestos y contorsiones hicieron
lanzar á los bárbaros grandes carcajadas: t&gt;n medio del
tumlto Atila permanecía inmóvil, y presidía en silencio
la ardiente orgía. tiólo cuando Ernak, el más joven de
eue hijos, entró en la sala, un rayo de alegria iluminó
su sombría fa:i:, sus ojos se dulcificaron, y atrajo á sí á eu
hijo acariciándole y tirándole de la mejilla.
A. la embajada de los Césares, Atila contestó: Doe men•
sajeros hunos se presentaron en el mismo día ante loe
emperadores Teodosi0 y Valentiniano, con el encargo de
decir al uno y al otro:-«.\.tila, mi seflor y el tuyo, te
ma::ida que le prepares un palacio, porque va á venir.u
Llegó en efecto en el terrible ailo 451, predicho por
los cometas, por eclipses de luna y por nubes de sangre,
en medio de los que se entrechocaban fantasmas armados con lanzas ceatellantes. Jamás el mundo estuvo tan
inmediato á su fin. Lo de Atila no fué una invasión fué
un diluvio.
Hunos, alanos, gelonee, ostrogodos, gépidoe, avaros,
búlgaros, turcos, hunnigaroe, la oarbarie en fin en maea,
ondeaba al rededor de Atila. El rein,., entero de los animales, insurreccionados contra el hombre, y aliándose
al rededor de un monstruo dotado de voluntad y de inteligencia, daría apenas una vaga idea del peligro que
corrió la civilizae;ión en esa sombría fecba . .l!;n pocos
días las dos Germanías y las Galias desaparecieron bajo
un torbellino de caballos y de cabalidros. Los pueblos
huyen á la desbandada ante esa tempestad humana, que
pilla, pulveriza, mata, deevasta eaqutia, y acaba por que•
mar lo que no termina la eijp.1da . .J:'or todae partes no se
oye más que el ruido espantoso de las ciudades que caen
y el hipo de la agonía de las naciones deg~lladas.
La sangre corre y forma torrentes, lae ciudades se va•
cían, los bosques ee llenan y la tierra cultivada desapa•
rece bajo el nivel de la destrucción, como si desde el fonde del Asia, loe hunos hubiesen traído el desierto y lo
hubiesen desarrollado como uaa sábana sobre el mundo
antiguo. El huracán que ha desencadenado metamorfosea a Atila y aparece alumbrado por el resplandor de las
ciudades incendiadas, bajo la forma de una bestia quimérica. Unas cróniMs le describen con cabeza de asno,
otras con hocico de puerco, y algunas le privaban de la
palabra concddié.ndole sólo sordos gruñid,is. La tradición
consagrada ve en él una vara bíblica, uaazote, que pulveriza las naciones y que agita la mano de Dios desde lo
alto de las nubes. JJ;t miemo acepta con orgullo tan si•
nieet10 sobrenombre. C11ema la leyenda q11e A,ila, oyéndose llamar por un ermitallo «Et azote de Dios,n sal,an•
do sobre 1a silla del caballo en un acceso de infernal alegría, gritó: «El destino sucumbe, la tierra ee estremece,
porque yo soy el martillo que golpea al mundol»-.A.sí le
llaman los obispos, que le esperab.in de p;.e á su paso con
la mitra en la cabeza y la cruz en Ja mano, á las puertas
de las ciudades. Loe apóstrofes que le dirigen llevan el
sel!o del respeto; loe hombres del evangeho, exorcizán•
dole, saludan al dragón del Apocal1psie. -«Quién eres tú,n
le pregunta San Lup desde lo alto de los muros de Troyee. «Quién eres tú que dispersas loe pueblos como pa¡a,
y rompes loe coronaa con los cascos de loe pies de tus caballo?.. -«¡Soy Atila, el azote de D1os!11 -«Sé, pues, bien
venido, azote de Dios, yo soy tu servidor,» le contesta el
obispo. «No te detendré en tu camino.u Y desceadiendo
acompallado de eu clero, y abriendo las dos bo¡as de la
puerta de la ciudad, toma por la brida el cab.1110 del rey
de los hunos y Jo introducd en ella. «li:otr.1, le dice, azo.
te de Dios, y marcha á donde eu brazo te diriji1.» Atila
entra con su ejérc1&amp;0, pero un velo sobrenatural envuelve la ciudad; un milagro la oculta á lod ojoe de loa bá.rba•
ros, y la atraviesan creyendo recorrer una vasta pradera.
En eso quizás se hubiera convertido el mundo occidental, si en loe campos catalá.nicos Aetius ao hubiera vtln.
cido :i Atila. B.1talla gigantesca cuyas p:oporcionee
asombran. Produjo doscientos mil muertod¡ la sangre
saltaba formanjo cascadtis en el lecho de un arroyo, q11e
transformó en río. .A.tila ee resguuda detrás de sus ca•
rretaa, mirando con ojod e10ies,rvd y ébrio de rabia, á un
montón de sillas arJ1eado en el que piensa arro¡arae si
el enemigo invaie su campamemo. Astius sobrepuja á
l\Iario, é iguala a &lt;Jésar en esa luch.1 épica, en esa g¡gantomaob1a del EJda, y la gloria ein emoarg&lt;&gt; alumbra apenas su nombre con duiodos rayos. L.1 hldtona es in¡us•
ta por que no levanta altares á esos héroes de la últ1m1
hora, á PrJbue, P&lt;&gt;sthum11s, Stilicon y Astius, que tan
magnificamente eoituv1eron el choque de lo.! b..1rbaros
y forzaron, como Jos11é, al sol de la civilización rom!lo~
á retardar su sangriento ocaso. E.! propio dd la barb.uie
crear las tinieblas á dU alrededor; hombree y cosas ee
obscurecen al acercarse á ella; la civilización ee barb.1•
riza combatiéndola; la plaga de las tinieblas se cierne igual•
mente sobre los vencidos y sobre los venoed.&gt;res. N1 las
v~cto~iaa consegui~as sobrtl la birb.uie subyugan la:mag1nac16n. Sus clannes lanzan roncos gritos, sus laureles
1100 espinosos como zarzas. No dejan tra3 des( ninguna
huella, como li c:1za de los lob.&gt;s e.:i las e3p3suras d,i los
bosques.
R~chazado de las Gilias, el azote de Dios ee arroja so•
bre Italia y la extermina. L,s ciui!ldea arden, los h'Jm·
brds caen por hi1cea, loa pu~0Jo3 huyen hi1sta el mar. J&lt;.:l

horror .no varía á tra vée de su fero:i historia, es enojosa
la lluvia de sangre que derrama. La carrera de Atila tiene la monotonía del infierno.
Se retira por fin á su retiro y entra en él harto de car·
nicería y cargado con loe despojos del mundo. llluere de
la muerte de Holofernes, en su lecho de bodae, degollado
por una Judit germánica. Su ejército aulla al redtdor de
su tienda fúnebre como un montón de perros de caza al
lado del cuerpo del cazador que los ha ahitado dti mon•
terfa. Su ejército mató :i los esclavos que cavaron la
tumba de .A.tila; basta eu cadáver asesinaba.
A pesar de tanta conqui•ta, dd tanta exterminación y
de tanta batalla; á pesar del espantoso ruido que hizo
Atila sobre la tierra, no logró elevar3e á la verdadera
grandeza. Sólo hay gritos en eu fama; eu nombre eue~a
vacio de sentido; eu historia forma parte de la histona
natural de loa azotes ffeicoe. No es más humano que un
temblor de tierra, ni que la errupción de uci volcán. La
potencia de trastornarlo todo que residla en él, tenla algo
de inconciente y de maquinal. Fué demasiano fatal para
ser odioso y demasiada impersonal para ser culpable. La
historia ni aun le acusa; le descarga de toda reepousabilidad y de todo per¡u•cio, y le remite á h naturaleza,
de la que él fué uno de los agentes destructores. Déehonrarle y condenarle sería imitará Xerxes cuando golpeaba con varas al elemento enfurecido. El asesinato de
Clytua deshonra más á Alejandro que la sangre de un
mundo despoblado mancha á Atila; pero ta111bién el me•
nor combate griego, inspirado por la virtud cívica y por
el heroísmo, eobrepujaá todas las conquistas del Bárba•
ro. El soldado de Maratón, agitando Ja palma, ed más
grande que Atila, recibiéndo á loe reyes y á loe patricios
montado sobre su flaco caballo, cuyo galope desecaba la
tierra.
No ee pues, en la historia que le coloca entre los fósi•
les de sus periodos caótic:ie, sino en la leyenda, donde
.A.tila adquiere eu verdadera existencia. Cada pueblo se
apodera de eu tosca figura y la modela según sus instintos. L!\ halia la degrada, la Alemania la idealiza. Mien·
trae la tradición latina combia á Atila en espectro ó en
monstruo, loa poetas germánicos hacen de él un rey afa•
ble y neutro, que preside á los acontecimientos ein mezclarse mucho en ellos, como Agamenón en la Iliada y
Cario Magno en la tabla-redonda. Transformación imprevista! ~I ogro se convierte en patriarca; el aeeeino
del mundo llega á ser el juez de paz majestuoso de las
querellas de loe Nibelungos.-L1 Hungría hace más; tra•
tli con respeto füial al salvaje abuelo de su raza. El Atila de las leyendas magyaree, ea santo como D.1vid, sabio
como Salomón, magnifico com Haroun al Raachid. Ya no
es el Papa León el que le detiene á las orillas del Tiber,
sino el mismo Jesucristo que descendiendo del cielú,
trata directamente con él y promete á su posteridad la
corona de Hungría como rescate de Roma.

II
Se ven en la historia resurrecciones de tipos y de carac•
teres que llegan :i hacer creer que han existido los Avatares de la fáoula indiana. .A.4milquinientos aflos dedis·
tancia, Atila reaparece en el Norte bajo una nueva for.
ma, más concreto en su acción y moviéndose ea más
pequefio círculo, pero animado del mismo furor d~etmc•
tivo. Carlos XII, rey de Suecia, es en el siglo XYH un
.A.tila extraviado.
C.&gt;mo el rey de los Hunos, naia tuvo de humano ese
soldado implacable, que hacia la guerra como ee hace
gimnacia, por pura necesidad de ,emperamento . .A. los
diez y ocho afios entró en la tienda de campaña como
un monge entra en en celda, para no salir ya de ella.
Verdadero monge fué en efecto, que pronunció votos
terribles ante una de esas Walkyries sanguinarias que
había adorado su nación. L1 mujer que ea «más fuerte
que la muerte» segúa loe sagrados libros; la mujer, que
enervó á Sansón, que encantó á César y que hizo llorar
á Alejandro, no entró jamás en eu corazón, cerrado como una ciudadela. Permaneció virgen como la muerte,
su única querida. El rey de Polonia envió á su amada la
condesa Aurora de Krunigemark, una de lae bellezas de
dU siglo, para ablandar al conquistador irritado; pero .no
obtuvo de él ni una eo:a mira&lt;la. Encontrándole un día
en un sendero estrecho, descendió de la carroza y avanzó
hacia el rey; éste la saludó bruscamente, dió otra direc•
ción á la brida del caballo. y desapareció: esa fué la
única audiencia que pudo conseguir.
Examinadle bien y no encontraréis ni una [eola vena
de carne en ese hombre de bronce; p~ra él no existe ni
la mesa, ni el lecho, ni loe placeres. No bebía vino; durante su campafia de veinte afl.os, como David en el de•
eierto, sólo bebió agua del torrente, po¡¡ada con un casco.
Su grosero tra¡e azul con botones de latón le duraba
tanto como el hábito á un monge. Los reyes de los cuentos de hadas no dejan jamás la corona; él solo se quitaba
las botas para dormir aquí y allá. Tenía la superstición
de que eran eue botas las que le hacían recorer la Euro•
pa á grandes pasos, y sólo habló de ellas al rey .Augusto
en la conferencia que le concedió en Guteeborf, después
4!1ª lo derro~6. El Senado de Suecia le suplicó que vol·
viese á su rerno, que tan largo tempo estaba privado de
eu rey; y él le respondió enviando á Stocolmo una deeue
botas para que ocupase el trono y gobernase por él; rhis·
te que el Senado no quiso que volviera á repetir.
La guerra fué su religión; para practicarla dignamente
se imponía maceraciones ascéticas. Le dijeron qu11 una
mujer había vivido muchos meses bebieado agua por
todo alimento, y tuvo deseo de sufrir esa ruda aostinen•
cia, como hubiera podido tener 111itrídates el capricho
de probar un veneno nuevo. P.ieó sin comer cinco días
enteros, después hizo una comida de ogro y volvió á en
vida habitual.
El m(eticiamo de la gloria puede explicar solamente
t!;'l caracter y tal a~stracción de las alegrías y de las pa•
e1ones de la humamdad. Parecía que habíá .utcho voto
de pobreza como de abstinencia; el dinero era para él
nada m:is que nn me:lio para fundir balas y forjar caño•
nea. ,u~ tránsfuga que hizo prisionero yquecondenaron
á la ul~1ma pen1, p10p.1ao q.id ei le perdonaban la vil,:1.

�EL MUNDO

revelarfa..el secreto de hacer oro, que fabricaba en la
prisión con recetas de alquimista. La materia que se en·
contró en su calabozo ere de buena clase y de excelente
peso El Senado pidió al rey su perdón. ¿La piedra filosofál no valía una cabeza rebelde? El rey, indignado,
respondió á la propuesta del Senado adelantando el día
de la ejecución.
.
Las monedas informes acuñadas ba¡o su remado le re·
tratan mejor que las más perfectas medallae. Consisten
esas monedas, en anchoe cuadros de latón, que llevan la
estampilla del sello real en loa cuatro ángulos. Verdaderas monedas espartanas, que parecen hechas de prisa,
para ocurrir á las necesidades urgentes de la guerra, de
montones de atmaduras recogidas en el campo de ba•
talla y fundidas al fuego del vivac.
Descomponed la organiz~ción eecéntrica de Cario.a ~JI
y oo encontraréis en ella DI aun el reeor:e de. la am b1c1ón.
Hace limosna de EUB conquistas; dá á loe demás las provincias de que se apodera, y no se digna recojer las coronas que hace saltar. Su reino no ea de este muodo;
combate por combatir, por un ideal abs~racto é inH!ior.
Loe coLquietadoree más desenfrenados tienen un ob¡eto,
un plan, una codicia. Hae~a hace hinchar las na!ices de
Jobo de Atila las voluptuoa1dades romanas. La idea de
la eatención ocupa el cráneo estrecho deTamerlán; auefia
en una Asia mude, vacía y despoblada, en la que puede
reinar y acostarse á lo la1go de ella. Pero Carlos XII no
desea más que un sitio para su campamento y terreno
para una batalla. .su ':sga.mundo ejércit~ de Norte á
Orieote no revela DI un maunto político, DI un deseo de
engrandecimiento, ni un pensamiento d~l porvenir. El
rey vive atado á su caballo, como su amigo Mazeppa y
se deja llevar á través del mundo.
Es vencedor ó vencido con la misma indiferencia; una
derrota csuea tanto ruido como una victoria, y él solo
pide á la guerra ruido y humo. Su bravura no es ardien•
te ni apasionada, el peligro ea su elemento; la paz le hu•
biera muerto como el agua dulce mata á los peces de
mar. Necesitaba para vivir el ruido del cafión y el olor
acre de la pólvora. Después de la defenea de Beuder, en
la que sostuvo como otro Rolando furioso el asalto de un
ejército; cuando en fin, sucumbió al número, con el roe•
tro moribundo, las peetafiaa quemadas por la polvora,
sonreía á los genfzaroe que lo llevaban con calma, dichoso, visiblemente tranqmlo, como el hombre á quien la
sangre ahoga y que respira después de haberse sangrado.
«La pieza ha terminado, vamos á cenar,» di¡o á uno de
sus generales, cuando la guerra, fatigada de jugar con
él, le hirió para concluir de una vez, de un balazo en la
sien. Erna palabras juzgan y defienden su reinado teatral, que verdaderamente no tuvo nada de real, nada de
histórico, y que no fue más que un drama romancesco,
representado por un hombre para su propia gloria. Fué
la fantasía del desierto árabe trasportada á las estepas
del Norte; cargas á fondo, blandimiento de espadas, salvas de fusiles, choques de sables, nada. El torbellino
pasa, cae la nieve y la arena se nivela. ¿Lo que acaba de
suceder ea una visión ó u11a realidad ...... ?
Qué queda de Cárlos XII? Un nombre que resuena en
el oído como un tiro de cafión, pero que no habla al co·
razón ni á la inteligencia. Su deslumbrante espada carecía de filo; en ninguna parte se quedó grabada. Fué el
instrumento de un virtuoso militar y no el arma de un
gran hombre. Una armada errante á la que no guia ni
un Dios, ni un principio, ni una nueva civilización, pa·
ea como una tribu nómada con el silencio del Sabara. Si
la gloria del héroe sueco es estéril, su carácter queda como uno de loa asombros de la historia. Un rey que á loa
diez y ocho afioa parte de su capital para batirse hasta
la muerte, sin pausa, sin tregua y sin volver, arrojándose sobre la Europa con un puñado de hombree, como
Alejandro á la cabeza de su cuadrado de macedonioe, en
el infinito del Oriente, deslumbrará siempre á la imaginación. Se comprende que una sultana le aoliara desde
el fondo de su serrallo. Le llamaba su leon.-«¿Cuando
tú, decía ella al sultán Achmet, ayudarás á mi león á devorar al Czar?.»
La época en que se a¡zitó su destino eacéntrico, rehusó
su prestigio. Cárloe XII no aparece como fabuloeo dios
del Edda en medio de la Europo política y diplomática
hasta el siglo XVIII. Era verdaderamente un extraviado en el munJo moderno. Era un héroe del, Norte bárbaro y pagano. A pesar del libro de oficios, encontrado
después de su muerte en el bolsillo de su unifor.ne no
ea al cielo cristiano donde él debió ir, sino al par;íeo
sangriento de la mitolo_gía escandinava, en el que los
guerreros ee cortan en p1_ezae durant~ el día, y cuando
llega la noche reunen Y a¡ustan tan bien eue miembros
esparcidos, que cenan reunidos en la mesa de Odin comen en el mismo plato el tocino del jabali Serimn~r y
brindan coa cráneos llenos de cerveza fermentada.
PACL DE 8.AINT--VIC'l'OR.

Te ví una sola vez pero mi mente
te estará co.otemplando eternamente.

*

**
.A.l verte aborrecida,
notarás, recordando cierta cosa,
que á todas nuestras faltas en la vida
las liga una cadena misteriosa.

LOS VERSOS DE AMOR

En su cuarto, acodado en la m€sa,
A la luz del crepúsculo, presa
De un rapto febril,
Con la pluma en el puño nervioso
Ve el poeta el intacto y lustroso
Papel de marfil.
Al recuerdo ideal de su amada
De su mente intranquila y nublada
Se borra el capuz,
Y del sol á los rayos murientee,
Sn pasión cristaliza en ardientes
Estrofas de luz.
Una gota de llanto y mil besos
En el fino papel deja impresos
Con casto fervor,
Y arrojando la aurlfera pluma
Con Violeta de Parma perfuma
Loa versos de amor.
En sutil peinador vaporoso,
Consuhando el reloj perezoso
Con honda ansiedad,
En el viejo sillón de caoba,
Recostada, lo espera en la alcoba
Su blanca deidad.
Su imposible ventura soñada
Del tranquilo mirar de su amada
Contempla al través,
Y con trémula voz insegura
Lee el poema de inmensa ternura
Sentado á sus pies.
Pide al bardo el billete la hermosa,
Y doblando la frente radiosa
Om tierno candor,
Deposita en sus senos inquietos
-Urna blanca de caros secretosLoa versos de amor.
EFRÉN REBOLLEDO.

LOS QUE NOS QUIEREN

-en la mayor parte de los casosquien principia su razonamiento
afirmando que quiere mucho á determinada per8ona, concluye el
discurso diciendo pestes de la per•
sana misma?
«Cuidado ( he oído millares de veces) cuidado, que soy buen amigo
de Fulaoo y le quiero 1Duy de veri.s,
porque eso sí, él merece por muchos concei;&gt;toa ser querido, y tiene condiciones de carácter que hacen agradable
su trato, y es buenazo y simpaticon, y leal como pocos, y
noblote y desinteresado como ninguno.»
Pues bien, de cada cien veces que eso he oído, en las
noventa y nueve llegaba, inmediatamente después del
preámbulo, un pero que destruía todo aquel ar!Ilastrote
de hiperbólicas alabanzas. Por eso siempre que alguien
me cueota, sin venir á cuento, que estima á és,e, ó al otro
ó al de más allá, me pongo en guardia, temiendo que lo
de aquella estimación venga á parar en avisarme &lt;le que
este y el otro y el de más allá son unos bribonee, que1De ·
recían estar en presidio. Y casi siempre acierto.
1Mal haya el inventor de aquel rdrán tan repetido:
«Quien bien te quiera, te hará llorar," que, sobre será todas
luces inexacto, sirve de pretexto y de estribillo á todo el
que se propone mortificarnos y lleva á cabo su propósito
con las circuoatanciae agravantes de obrar sob1e seguro,
con premeditación y alevosía y enaafiamientol
Al amparo y bajo la salvaguardia de ese refrán dicho·
so, han caído sobre mí las pesadumbres y los sinsabores
más horribles de la vida.
«Soy tu amigo, tu verdadero amigo, te he querido aiem•
pre, y el cariño que te profeso me impone el penoso de•
ber de decirte escuetamente la verdad, por dolorosa que
sea. A los amigos se les debe, ante todo, sinceridad y
franqueza, y siéndolo tuyo, necesito decirte........ » Tal ó
cual cosa, siempre muy desagradable, por supuesto.
1Oh, lector mío de mi almal Estoy seguro, segurísimo,
de que habrás escuchado, en circunstancias muy tristes
de tu existencia, como las he escuchado yo, esas frases,
precursoras siempre de una noticia muy mala, de una
censura muy cruel, ó de un disgusto muy gordo.
¿Y loe que tal hacen ee llaman nuestros amigos! ¡Y dicen que nos quieren mucho! ¡Hipócritas! ¿qué han de
querernos? Pues si nos quisieran, no procurarían molestarnos.
Recuerdo ahora unos versos de Rodríguez Rubí, que,
si bien se refieren á otro asunto, no dejan de Yenir á pelo.
Babia un marido que acaba de teni,r un disgusto con
eu eepoea, y dice:
"¡0 hl ¡por vida de mi nombre!
Y aun me querrán sostener
Algunos, que es la mujer
La companera dt-1 hombre;
La que dones verdaderos
Reparte y dichas comple~,
Como dicen los poetas........ .
!Trapalones!...... ¡Embrn;terosl"

*
**

***

DOMINGO I? de AGOSTO de 1897

Pues digo lo mismo: ¡trapalone~! ¡embusteros! loe .que~
disfrazándoee de zmigts n,uy ca!1fiosoe, no desperdician,
ocasión de proporcionarnos u~ disgu~to.
No me olvidaré nunca de m1 tío N1comedea, que tam•
bién según él afirmaba, me quiso mucho, Y que justamente por tao, por quererme tanto, me hizo eaborea.r
muchas amarguras. Dios se lo haya pagado en la otr!' vida, mejor que yo ee lo agradi,icí en ésta; porque, e1 no,
aviado está !Di señor tío.
El cual tío era partidario acérrimo del ya repetido refrán que ensefia-¡peregrina enseñanzal-que para que·
rer bien á una persona es necesario darles dieguatoe, y
profeeaba-¿c6mo no?-la opinión caritativa de nuestros
abuelos ( que santa gloria hayan): «fo letra, con sangre entra:,. y, como es natural, no iba una sola vez á casa ( y
cuema que iba muy frecuentemente dos ó tres veces al
día) que no me ocasionase una contrariedad ó una mo•
leet1a. Y el muy ...... tío de mi corazón alardeaba de ello,
y parecía afanarse cuando advertía el miedo, mezclado
con repulsión, que yo Je demoetr~ba.
.
El buen señor estuvo á matar siempre con mis padrea
po1que me consentían y mimaban demasiado, y les repetía a melludo-aiempre delante de mí y de modo que yo
pudiera enterarme bien de lo que co~taba-que tod~a l~S ·
niños mimados son luego unos perdidos; que loa ch1qm•
!loa son de la piel de Barrabás; que es menester contra•
riarlos en todo, absolutamente en todo; que dándoles
gusto, aún en lo más insignificante, se los educa mal; y
que el arbolito, cuando no lo endereza~ desde pequeño,
cnce torcido, y torcido vive toda su vida. Esto del ar·
bohto lo di¡o tantas veces, que tenía yo un arbolito plan•
tadn, como dice el vulgo, en la misma boca del estómago.
Y dale con que era de absoluta necesidad combatir,
desde un principio, todas mis inc!inacionee, sin lo cual
ealdria yo de la infancia hecho un adolescente voluntarioso y testarudo y dominante; y torna á que habla que
oponerse sistemáticamente á todos mis deseoe, para que
yo fuese acostumbrándome asi á las penalidades de la
txistencia, sin lo cual los sinsabores que el mundo y la
sociedad n servan á todos y á cada uno de sus miem\Jros
me pillarían desapercibido.
Mis padres 1pobrecitosl entendían las cosas de muy di•
ferente manera; es natural, ¡me querían tanto]
Era suficiente que mis labios se plegaeen un poco for•
mando esa mueca infantil precursora del llanto, para
que se apresurasen á.complacerme; y así, á pesar de esta,
yo rompía á llorar, volvíanse locos de pena y no sabían
qué hacer, ni cómo arreglarse para enjugar mis lágrimzs.
Reconozco y confieso que yo solía abusar y que abuea•
ba tiránicamente de aqud poder-pues de sobra me eia
conocido -de mis llantos y de mis sollozos; pero declaro
también que aquellas complacencias, tal vez excesi va8,
de mis padrea, ni entibia1on jamás Lmi amor hacia e1Jo
ni menoscabaron el respeto, rayano casi en la idolatd~,
que ambos me inepiraban.
En cambio, á mi tío Nicomedee no podía yo sufrirlo.
Me fué siempre odioso, y-¿para qué negarlo?-hoy mismo, ya que no aborrecible, me ea desagradable su memoria. Y falleció el buen señor hace lo menos cincuenta
afioP.
-Estais echando á perder á este chico-repetía á to•
das horas,-lo mimais demasiado; ea menester que aprenda á eopo1tar contrariedades y disgustos: es preciso que
sepa poco á poco lo que al cabo sabrá mu~ho á mucho:
que ea~e ea un valle de lágrimas y no un jardín de recreo.
-Tiempo tendrá el pobre para saberlo-replicaba rui
bondadosa madre;-todc&gt;a lo hemos sabido y eso se
aprende pronto. Pero ¿á qué anticiparle al pobre mucha•
cho esas dee¡¡;raciaa? Ellas veml.rán cuando hayan de ve•
nir, y entonces, cuando Dios las envíe, que vengan; pero
atlora, cuando estamos aquí nosotros para evitárselas,
¿por qué, ni para qué hemos de disg11&amp;tarlo?
-l:'ara que Stl acobtumbre á difgustos mayores-replicaba el implacable pedágogo......- Y, perseverando tn
su afáo de contrariarme siempre y en todo, consiguió
hacerme hipócrita y me.o iroeo.
La perspicacia infantil suele tener alcances que los viejos no sospechan, porque han olvidado ya cómo discn•
rrían cuando nifioa: muy poco'!! años tenía yo cuando me
convencí de que si á mis padree, e.o quienes adoraba, podía pereuadirloe con cuatro lagrimitaa vertidas á tiempo,
con mi tío se reducía todo á disfrazar mis deseos, á fi ugirme contrariado por lo que más me halagaba, y entoucea, era coBa sabida, mi tío, consecuente con su sistema
de educación por el rigor y la severidad, me daba gusto
sin saberlo, como sabiéndolo me lo daban mis padrea......
A éstos yo se loa agradecía y loa respetaba cada vez m&gt;1s,
y al tío gruñón y descontentadizo, que jamás tuvo pi,r.i
mí ni una palabra agradable, ni una muestra de afecto,
llegué~ j~zgarlo hombre d-e mal corazón y de muy poco
entend1m1ento.
Y io bueno del caso es que mi tío me quería mucbfoimo, él lo decía, al menos. Sus hechos no lo demostraban, ea verdad; pero el tío Nicomedes no cesaba de repetu que yo era su sobrino predilecto. Y por eso, bin
duda, fuí siempre el sobrino á quien regafió más y más
ásperamente.
Pues anden ustedes que, rodando los tiempos, y cuando ya mi cariñoso pariente había entregado su alma á
Dios, tropecé, en castigo de mis culpas, de las más g&lt;.rdas indudablemente, con un profesor, comparado con el
cual, habría parecido el tío Nicomedes un padrazo de los
más débiles y bonachones.
Y, por supuesto, me quería mucho también, tanto me
quería, que no dejaba pasar un dfa sin darme media do•
cena de desazones. Ni por casualidad se mostró nm,ca
satisfecho de mi aplicación ni de mi asiduidad: decía él
á mi padre (y éste me lo cantaba para estimularme) que
yo estudiaba mucho y aprovechaba bastante· pero que á
los chicos no hay que decirles eso, porque se' envanecen
y se hacen presumidos.
M~ch_o me qu~:rí~ también, como que era mi amigo
más rnt1mo, casi m1 hermano, el que muchos años desp11es me enteró de que mi novia (¡mi primer amor!) me
engañaba.
Aquello fué cuchíaimo más doloraso que todas las ri0

STEDES no han advertido cómo

De ?ºª mujer como Virginia, honrada,
lo me¡or que hay que hablar ea no hablar nada,
La mujer cuando olvida es que aun aprecia.
El hombre que perdona ea que desprecia.
CA)IPOAMO:R.

DOMINGO 1? de AGOSTO de 1897

No estoy seguro de haber reproducido loe versos con

t?da exactitud, porque, según costumbre, cito de memona; pero, vamos, de que dicen algo muy parecido á eso,

reepondo..

fiaa del tío Nicomedea y todas las aobarbadaa del catedrático. Después resultó que lo del engaño no era exacto. Que mi amigo querido, á quien su ~ntra~a~le carifio
hacia mí inspiraba siempre, babia visto v1s1onea y se
había equivc,cado. Pero ¿qu~ babía~os de hacerle? él se
creyó obligado, á fuer de amigo ínumo y por quererme
tanto, á darme la infausta noticia, y me la dió; no faltaba otra cosa 1
Más habría valido que antes de dármela se hubiera
enterado roPjor: pero el interés que por las cosas de un
amigo á quien tanto quería se tomaba, le impidió proceder con más detenimiento.
¡Son tan diligentes algunos carilloeoe amigos para ea_o
de comunicar las malas nuevas! y los hay que basta pl•
den albricias; indirectamellte, por supuesto.
Despuée, dtspnée...... he terndo muchos amigos que
no me han qutri&lt;lo tanto y que nada malo me han hecho;¡ pero los que más me estiman, lo que es eso-, continúan ocasionándome cada deaavlo ...... l
Uno excelt-ote y cumplido caballero, hombre cuya
palab~ equivale¡\ una escritura pública, formal como
pocos en sus tratos, que se perece por hacer favores á s·1
prójimo y por conducira~ correctamente con t~do el mu_n•
do, ea amigo mío, ~e quiere m.ás que á nadie, ~e d1s•
tingue como á nadie, me aprecia lo que no ea decible, y
esto me lo repite siempre que hay ocasión, y aunque no
la baya; y me lo repite de viva voz y por escrito y de to•
das maneras; pero justamente yo, e, amigo querido, el
entrafiable estimado, és la persona única para quien, por
excepción, e~e hombre excelente y bueno y formal, ni
ea foTmal, ni bueno, ni ex&lt;!elente.
.
y es por eso; porque me quiere mucho. Y ¿qué he de
hacer yo con quien tanto me quiere y así me distingue?
Pues nada; lo que hizo el pobre Becquer, según dice
en la composición que termina:
-¿Quien medió la noticia?-rn fiel amigo,.
¡Me hacia un gran favor! ...... Le di las gracias.

Pues eso: darle las gracias es lo único que puedo bacer.
Pero desde ahora, cuando algún amigo vuelva á decirme que me quiere mucho, no a .. jaré de replicarle:
-¿Me quiere usted mucho! Corriente: yo se lo agradezco; pero, si le es posible, hágame el favor de no quererme tanto.
J;.. S,\NCUEZ PÉREZ.
MEDIO DIA,

%LEJOS!

ALOR! La atmósfera densa y bochornosa todo lo enerva. No hay una sola planta que no se
incline mustia y
desfalleciente al
sentirse fustigada
por las ráfagas de 1
sol, de un soltropi•
cal que caldea en
el ct&gt;nit con revetberaciones de incendio. Loe tordos
- como un roto collar-ee dispersan
en el eepacio; llevan el buche repleto de granos, pero
sin una gota de agua. Lástima infunden con sus alas en•
iorpecidaa y con sus voces roncas, que parecen clamar
lastimosamente por un arroyo en donde hundir los abra•
eados picos.
Qué calor! En la vecina sementera encorvados sudan
á chorros los segadores, y en las plateadas bocea y e~ las
áureas gavillas de trigo hacinado, la luz arranca chispas
y relampaguea vlvidamente. Por todaa las be cae de la
tierra se e~capa uo hálito lujurioso, que hace reventar las
crústulas y desprender algunas bojas.
El silencio ee profundo: sólo el zumbido de la mosca y
el chirriar terco y monótono de la cigarra lo interrumpen á veces. En loa barbechos, tardas, perezosas y soño·
lientas atraviesan las yuntas, acosadas comtantemente
por la pua de la garrocha y el piquete del tábano. Allá
van: levantan de cuando en cuando la noble cabeza haciendo rechinar la coyunda, clavan las glaucas pupilas
en loa lejanos horizontes, estiran el cuerpo, se humedecen los belfos con la lengua y arrojan por la náriz, con
resoplidos de fuelle, chorros de vapor como escapados
de una gran válvula. Y así cruzan la tabla de uno á
otro extremo, abriendo el surco con fatiga brutal.
Por la colina, otros bueyes recién desuncidos, jadeantes de fatiga, sudorosos, sedientos, se acercaron á abrevar al río: se empinan, hunden sus bocieoa en las diá•
fanas ondas y saborean á sus anchas el frescor de la
linfa.
La naturaleza tiene fiebre; á eu calor todo renace á la
vida: la savia bulle v circula como sangre joven por las
venas de los vegetales; estallan loe retoños esparciendo
~fluvios; .~e estremece el ai;e en el huei·o y el feto se sacude en
w.s entrañas.........
Y el sol sigue arrojando centellas de lumbre; de la
tierra reseca y agrietada, surge una onda de la vida que
cuaja el grano en la panoja, tuesta las ramas de las frondas y hace que se retuerzan crugiendo loa brefiales.
Es la hora en que Natura tiembla y se deemaya con
1&gt;epasmos de histérica; la hora propicia para reclinar la
la frente en el seno blando de una virgen y sollar........ .
Eofiar mientras su mano nos acaricia mavt-men1e el roa·
tro ó se entretiene jugando con nuestros cabellos......... .
JUAN B. DELGADO.

¡Vibre, vibre la música apolínea,
Y zumbe y zumbe con rumorea de ala! ......

Ya la noche desciende: El ave busca
diberbe tibio en las enhiestas palmas.
El día es sombra que la mente ofusca,
y la noche la aurora de las almas.

Lleno de admiración ruda y extraña
quíaele dar al genovés un premio;
y conmovido, me aranqué una entrafia
y la arro¡é á las plantas del bohemio.

¡Cuán bella, ob noche, estás!. .. desgarra el velo
que á mis ojos te cubre, angel proscrito.
De dos almas la unión festt-ja el cielo;
nue~traa nupcias celebra el mfinito.

Bruecoa corceles que rompéis las trancas,
fantasías sin fin, mentes altivas;
¡para vosotros mis espumas blancae,
para vosotros mis entrañas vivas!. ..

¡Ven á mi lado. ven! La luna asoma
y nos bendice Dios. Sigue mis huellas:
las flores todas nos darán su aroma,
y sus fulgores todas las estrellas.

Recordar e.~ vivir. ¡Oh pensamiento
rompe tus ligaduras, bate el alal
Despiértate á la voz del sentimiento;
sea la escala de Jac-,b tu escala

JosÉ SANTOS CnocANO.

VE.NCEDOR.

I

Recordar ea vivir. Como solfas
hablar á mi alma sin tu amor desierta,
haz que revivan loa pasados días,
haz que reviva la esperanza muerta.
¡Solo!. .. ¡Lejos de ti!. .. 1Martirio horrible!
Hoy, al perder tu amor, todo lo pierdo.
¡Quién hiciera posible lo imposible
y quién hiciera eterno mi recuerdo!
¡Ya estás aquí! Mi corazón te siente,
ya oigo el ruido que forman tus pisadas...
Parece envueltll tu marmórea frente
en la luz de las tibias alboradas.
De la vida en la senda borrascosa
mi planta siempre seguirá tu huella:
somos perfumea de una misma rosa.
somos fulgores de una misma estrella.
¡No huyas, visión! En tu sonrisa veo
tu ardieote amor ... , la súplica ... , el reproche.
En tus pupilas, que encendió el deseo,
parpadea la luz ... , duerme la noche.
¡No huyas, visión! En dulces embelesos,
unido á tí con invisibles lazos,
quiero en mi boca el fuego de tua besos
y en mi pecho el calor de tus abrazos.
¡Canta! El dolor al corazón avanza
y quiero oír tus notas virginales,
tristes como el amor sin ettperanza,
bellas como las noches tropicales.

,

85

EL MUNDO

¡Canta!.... Tu voz á mis oídos llega
remedando en cadencia arrulladora
las vi bracio nea de la lira griega
y el dulce ritmo de la guzla mora.
Tú siempre para mí serás consuelo
y de mi frente apartarás las so,nlJras.
Haces brotar estrellas en mi cielo
como de flores mi camino alfombras.
1Huiete ya del corazón, mentira!
De tu paso ante mí no qnedan ra~troe.
HuyeP en tanto que la tarde expira,
mienlras la noche se corona de astros.
En la selva plegó la flor su broche,
la luna irradia en la extenai6n vacía.
1Ee hora de SC\fiar!. ..... ¡Cayó la noche,
aurora de tu alma y de la mía!
fa)fAÉL ENRIQUE A:RCINIEGAS.
LA lPOP~YA DEL MAR

Y habló el Mar:-¡Yo le ví! La cruda guerra
de las desgracias aumentó su anhelo ...
Si un mundo descubrió sobre la tierra,
ba deacu bitrto un astro bajo el cielo ...
Colón era el bohemio de la nave,
el que anidaba un mundo eotre la frente,
el que se confundía con la ave,
y volaba y volaba al occidente ...
Cuando el pobre bohemio se sentaba
á la orilla del golfo en que vivía,
eiempre con mis rumores le llamaba,
siempre con mis vai venee le atraía ...
Y él supo comprenderme. Yo ignorado
vivía como un monstruo entre lo obscuro;
y él supo sepultarse en mi pasado,
y él supo adelantaree á mi futuro ...

Pidió Ulla nave. Altivos aofiadorea
perdiéronse con él entre las brumas
y antee que el Nuevo Mundo con sus flores,
yo su eenda alfombré con mis eepumae.
La linterna de Diógenea tero biaba
tin la mano del pálido errabundo:
¡entre la obscura inmensidad buscaba,
en lugar de un solo hombre, todo un mondo! ...
Y Colón eeperó. ¿Quién no soporta
todo por ver lo que jamás se ha visto?......
¡Y al tercer día, ante la plebe absorta,
~upo resucitar como otro Criétol ......
Marcando euave y tembloroea línea
em gió la tierra en la celeste sala..... .

A ley de ganarse el hom-

bre eu vida es ley inexorable; Lolilla la respeta•
ba. Claro ea que su marido, por obe&lt;lecer á tan
1igoroeo precepto, habla
elegido e I trabajo y I a
industria que hubo de
parecerle más con veniente; por lo mismo era
duefio de aquel barac6u
portátil que iba de feria
en feria , espantoso y te·
rrible como un infierne,:
la menagerie, la rodante
caea de fieras.
El barracón era enorme. ViPtoeo por sus banderolas con loa colorea de Espafia y de Francia. por su entraJa con doselete y pabellón
de percalina roja, entre los cuales, ante ligera mesita de
tapete gris, una compatriota da Armand Routerie, mari•
do de Lolilla, despachaba los billetes, oyendo á sus espaldas los rugidos, bramidos, bufidos y aullidos de las
fieras, y cerca de sí el organillo chillón que manejaba .
un chicuelo anunciando el espectáculo; el barracón lu•
cía un teloncetE&gt;, en el cual aparecían pintadas las fie•
ras y el audaz domador luchando con todas poco menos
que á manotadas.
No ce1Jsuraba Lolilia á su marido por que hubiera
adoptado aquella manera de vivir; sin embargo, le parecía un espantoso oficio; no lo censuraba, pero si ella bu•
hiera sabido antes de casarse con Armand que éste tenía tan peligrorn ocupación, no ee bub:era casado. La
primera vez que Lolilla peoetró en el barracón, iba
temblorosa, C&lt;'gida del br,1zo de Mr. .A.rmand, y sin
atreverse á mirará las horrendas bestias, Armand reía,
procuraba c0mbatir el miedo de su eeposa é infundirle
confianza.
-Están en sus jaulas. Ma LJO creyo que bae de haber tú
temor alguno ...... Nena, son mismo que corderos.
¿Cómo se enamoró Lolilla de aquel hombre•? Asoma•
da una mnñanita á la ventana de su casa, una modesta
casa de Córdoba; asomada la muchacha entre las mace•
tas de claveles, alelíes, florrnillas blancas de albahaca,
pensamientos y geranios, vió aparecer un mocetó1:1 alto,
colorado, de cabello rizo y áspero y aspecto gallardo: un
hombre robusto y ágil. El la miró ...... poco despuea se
hablaron. )\fr. Armand tenía en Seviila su barracón, y
había ido á comprar carneros á Córdoba; se detuvo en
esta ciudad algunos días. Fué...... volvió....... y al fin
tuvo amoree; y por último se casó con Lolilla, chavala
llena de gracia , linda de rostro, monísima, dulce, tími da y en ext:emo delicada.
-T,mgo mi palacio ambulante, le ha bfa dicho Armand.
Y cuando loa recién caaadoe llegaron al ferial. y el marido mostró á la mujer el barracón diciéndola que era
una casa de fieras, ella ee quedó muda y aterrada, acordábaae de las princesas de loa cuentos azulee, á las cuales
eLamC1ra un príncipe que luego las lleva en carroza á un
magnifico castillo ...... y el castillo resulta ser una caverna y el príncipe un ogro.
Loa primeros meses, Armand era un infelizote, un nifio. PP-ro cuando menos lo esperaba Lolilla, ee hizo rudo, maligno, recelos , suspicaz y cruel. Loa celos le devoraban. Llegó á desconfiar de su esposa como desconfiaba de las fieras ......
¡Cuánto lloró Lolilla en este cambio! Si vivía .A.rmand
entre panteras y leones, ¿qué otra cosa sino recelos y ferocidades podfon esperarse de él?
Lo espantoso fué que un día dispuso que Lolilla se
fuera á vivir con él al horrible barracón. Hasta aquel día
Lolilla se babia hospedado en las fo.odas ó en los meeones.
-1.Armando, mira que á mí me dá mucho miedo! ¡Zó
lo de oirlaz dezde lejoz bramá á laz fieraz, me acomete
un ezpanto que ze me pone er corazón como un grano
de aniz.
·
-¿:N"o me decías que vendrías conmigo á los infiernos?
No querer pól.emica; aquella ea nuestra casa......
Y entró en ella, y se encerró llorosa en el departamento que babia servido en otro tiempo y había de servir en
adelante de habitación á Armand, y alli creyó la nifia
cordobesa morirse de miedo...... Pudo acostumbrarse á
loe rugidos y hasta al tufo de bestias feroces que por las
aberturas de la barraca llegaba al cuarto de aquél; ¡pero
el miedo seguía martirizaodo el pobre ccrazón de Lolilla 1
·

�EL MUNDO

DDMIIIGO I? de AGOSTO de 1897
EL

DOMINGO

MUNDO

1~

de AGOSTO DE 1897

86

II,
Pasado un afio, ya se habituó á. recorrer la galería de
jaulas. La distra1a y regocijaba mirar á k,s monos,
miraba con odioea curiosidad tt las hienas; con esquivez
medrosa al oso blanco, que pueslio de pies t,ra enorme, y
y contemplaba con es1iremecimientoa de desconfiauza
rntensa A la pintada pantera. :X o obstant.e no babia
querido acercarse todavla á. la jaula del león.
8obrado eraquehabieaepodido reeigaarseáoír sus rugidoe. ¡Si así hubiera podido habituartie Lola al trato de
Armand!. ..... Cada vez le t.emia más. El hombrón habla·
ba á grit.os, lo mismo con ella que con las fierras; su teruible amenaza era amenazadora, y miraba á veces ti. uno
y ouo lado como el lobo ó el chacal cuando temian que
alguien pudiera irá robarles la ración. No habia ni dulz1.Jra que le venciese ni gracia que le encaniara, amaba
á 1:u eepoea como la fiera á eu presa ...... y tan feroces
habían Jlegado á ser eue infundados celos, que loe expre·
so con graudeza en citirr.a ocasión, diciendo:
-¡No quiero máe que una muJer ...... mfa, tú, pero
mta!. ..... Las demás son carne ...... Yo querer, como el
lb0D del deeierio1 no carne muerta 1 sino carne y alma.
¡(.:arne y alma!
i::le vio amada Lolilla, y ee resignó aún á la peeada tira·
nh, de aquel hombre, mir.ad monsuuo.
Llegó a más: llegó á adornarse para no salir de aquel
autro1 y olvidarse de lae floree y de sus pájaros. ¡SuDli•
m~ es la abnegación de las mujeres!.. .... Llegó á penetnu en la galería, asistió al momenw en que He lee daba
la comide.1 y por fin tuvo un favorito: el león,
-¡Yaya una jaulita y un canario queme heechadol de•
cía c":ando ya tomando con eue bla1.1cae.manos loe trozos
sangrientos de carne, loe lanzaba por entre Joe barro~e de
la jaula¡ trozos que el león cogía lanzándose rugiente sobre ellos. Poco a poco ae acoemmbró á verle y á servirle¡
el anima:, el formidable rey, cuando la sentía llegar agu•
zaba las orejas, fruncia el espantable ceilo, erizaba la melena, bramaba en sordo mugido, fustigaba con la cola
loe barrotes, y luego ae ~odia como un perrillo y se deje.Da acariciar la caoezota por las blancas, levfeiwae ma•
nos de su ama.
Al cabo de tres afloe, Lola entraba en la jaula con admirable confianza y frescura. ¡ Yencedor, el Je6n africano,
era euyol Hasta crela ver en él más int.elil!.encia y nobleza que t,n loa hombres. ¡Qué regio, qué musculoso, qué
aug•1stol Le amaba.
!!.1_ l~ón babia comunicado algo de aque1la humildoea
sum1s1ón suya ante la gracia al desapacible y desconfiado
Armand; éat.e se hizo t.olerante y afable. La fiera y el
hombre se hablan domesticado.
iSin embargo, un día se vió que en todo eeto había un
drama obscuro, terrible. ¡ El hombre envidiaba á la fierd.l ~l dt:senlace foé rápido. Una mañana, Lola ee hallabu en la jaula dando á su león una golosina; Armand ordt:n6 á su mujer que saliese de allí, y como ésta tardase
en &lt;;&gt;bedecerle, él, ciego, violento, agitado por infernal
pae1?n 1 ee lanzó sobre ella y agarrándola del brazo, quiso v1olent.amente arrojarla del Jaulón.
Se produjo un terremoto, bamboleó con fuerza terrible et jaulón, oyóse un t.rueno ...... el león había salt.ado
sobre Armand y lo despedazó á la vista de Lola, que gritaba con espanto, llorando anguet.ioea y at.errada.
i Vencedor había matado á eu rival!
JOS É ZAIIONER0,

LA CASA DE LOS LOCOS

loe goces que la exis~ncia real pueda. ofrecerme, cuando
conwmplo á traves de las brumas de, la noche, Ja e~rea
visi6n que en mí engendra la edperanz11 y -,! deleite.
Yoeot.roe, loe que no eol.'laie, no conocéis Ja folicidad¡ porque la felicidau no exist.e en el dorado polvo qut, tevant.an
loe cascos de loe frisones, ni en el relampaguear de las
piedras sobre el pecho dt, las mujeres hiperbohcas, ni en
Ja ost.entación del potemado que sueila con el imperio
del mundo. Mi gloria, vedla u.ni, en lo profundo ae la
mente, en el pequen.o rincón olvidado que guarda cada
pecho, á. donde se han refugiado las castidaatis de la primera edad,-coro de arrullo,j apagados por el rumor de
las pasiones, pe.jaros blancos aalp1cados por el cieno de
loe v!oioa.
Y otro: Ciencias, religiones, riquezas, poderío....... he
aquí vuestro alimtinto! Üd desprecio, pobres enanos que
·soñais con gigantee-¡ ilusos que sacrificaie una exiet.encia
entera, corr1eudo abrazados á ilusiones Jocae, en pos de
glorias ehmerae; acnbicioaos insaciables¡ sabed que nada
vale, que la existencia, invenci6n estúpida, deb-, mirarse con el desprecio con que yo la veo en mi redor¡ que no
hay que fiar en la vida como no hay que fiar en la muerte ......... ¡Pobres idiot.asl Nadaeed1gnode atención, yen
el eecenano en que á mi pesar me eucuenuo, prefiero, al
papel inieresant.i: que vosotros desempeñaie, el de eepec·
t.ador indiferente! ........ .
Al:RELIO GoNZÁLEZ ÜARlU.SCO.

EL J.ARDIX AZUL

I
OVEN ES y nifiaa, guardaos de

ser demasiado prudentes y
at:rioel Ptiro aeu en la ocaei6n agradables.
La iumemorial humanidad
es una abuelita que tiene necesidad, para d1st.raeree, de
,_
tlt:cnchar Ja dulce música de
besos y risas.
Si alguno os dice que eE preciso ger gr8'.vee y dee~eñar
las diversiones, no hagáis caso de este u1ate conseJo¡ no
escuchéis nunca á las personas que os cuenten las ~e!1•
tiras del placer y las acnargurae J.e Ja dicha. No; vivid
conetanteooent.e con alegria! Tirad á. ~a faz de la experiencia montones de floree. y no os pri veis de loa goces
terrenales. Puesto que sois jóvenes, gozad, ama~ con
inocencia. No perdáis un minuto en vanas vac11ac1onee,
porque el tiempo pasa muy _pr~nto, llevándos~. la oca:
eión de loe encantos y la pos1b1hdad de las dellcrne¡ y s1
tardais en escuchar mis consejos, podr1a aconteceros lo
que pasó en tiempo de loe ganios y la.a hadas á. ta hija
de un 1ey1 cuyo reino estaba cerca de Bagdad.
De su u1at.oria se hizo uo.a canción cuy ... a veraoa no recu&amp;rdo; pero he aquí loe principales:
L&amp; bella que quiere
Y que no Bti atreve
A cort,ar las roliBB
Del jardín azul.. ....
Ahora, proeeguirá la bier.oria coDLandoos cómo la princesa del reino ae Bagdad, fué cae\igada por naber sido
demasiado pruaenu,.

II

RORRUMPIO uno de elJ03:
Las armas brillan al rayo del
sol, con aspecto flamigero;
la tropa marcha, la tropa
avezada al humo de las batallas y al estruendo de loe cationes, canta el himno de
las victorias. Alegre se lanza
sobre loa reductos, sal va loe
foeoe, escala las murallas y
planta victoriosa sobre las torres1 la bandera-sol de loe
combates.
¡Oh, 1.i guerral dioses tutelares la protegen, y hay en
eHa la manifestación deenergia de los cuerpos en activi·
dad¡ cuando ~l estré pito de las descargas atruena loe espacios, el combatiente se transforma en dios tonante; en
el campo envuelto en humo 1 brillan las armas como en
el cielo loa relá.mpagoe, y no hay mejor música que la
producida por loe escudos de los vencidos, al ser hollados por los cascos de loe corceles.
Y dijo otro: Con el tiempo la ciencia desvanecerá esos
mil puntos obecuroe.......... Dejadme Asolas¡ la sociedad
es un estorbo para mí¡ olvidadme en la austeridad de mi
refugio; quiero t.an sólo la companía de la ciencia, del saber ilimisado, inmenso, para leer en el porvenir, para
arrancar al seno de lo desconocido sus misterios; para
cimentar en la tierra loa eternos principios y leer ese libro que se abre en el fondo del inmenso cielo.
Otro decia: En la práctica del bien, en el ejercicio de
la' piedad, en la mane.edumbre, en la resignación está la
·ierd.adera gloria. ¡Loor eterno al Eterno Creador! Purifiquemoe oueeLroa cuerpos, purifiquemos nuestras almas¡
canten la tierra y el cielo unidos la plegaria sant.a; himnos religiosos broten de todos loe labios, de ted()ij los pechos, y como del ramo el perfume, suba de las almas
b!l~ta el Seflor el salmo de sus siervos.
Q¡ro dijo: ¡Ideal! Bella ea la ilusión, alma de la vida,
vigor del espíritu. Yo vivo con miseuefi!le y renuncio á

Cierto día, cuando la princesa cumplía quince afloa,
vió 1 paseándose Alo largo del r10, un Jarcún to má.a extrafio que pueda imaginarse: jamáe había contemplado
prados ni arbus\os tan pequen.os como aparecieran en
este jardín; mas, aún, parecía tan grande como el mundo, y estaba sembrado con floree color de cielo, y que se
ae13mejaban á llamas rosadas, bellas y lu.minosa~ y que
exparcfan en el aire un delicioso aromfl., y sin dificnltad
se hubiera creído que loe invernaderos del paraíso habían sido transportados como por encanto á. eBe lugar.
Mientras que Ja hija del rey ee extasiaba cont.emplan• do tal mani.villa, una pequeña hada que había salido de
detrás de un zarzal y que llevaba una diadema de pedre•
ría sobre sus bucles de oro, se acercó y la dijo:
-Buenos días, pequeña: ya que habéis cumplido los
quince aftoe, eet.áia en edad de entrar en el Jardín azul,
aonde se encuentran las únicae floree que val~n la pena
d~ ser cortadas. Entrad, hija del rey, y si hubierais nacido de un leilador y de una lavandera., tampoco se os
cerrarían las puer\ae, puest.o que esta mafiana, al primer
albor, habéis cumplido loe quince años. En,rad, obrad
como gust.éie, sin temor á que se os reprenda1 y formad
el «bouque\» con que se perfumará. vuestra vida, porque
estas florea en eu verdadero nombre ee llaman Ternura,
Halagos y Sonrisas, y las más pequeñas, apenae abie·r.
tas, que ee cubren con el azul de su:1 hojas, eon loe sonrojos del primer amor.
Podéis adivinar cual sería la alegría de la princesa al
saber que podía cort.ar y llevar tan maravillosas flores.
Después de dar las gracias á la buena hada1 corrió preci •
pitadamente hacia el Jard.1n para empezar A cort.arlae,
cuando ..... .

III
Cuando un horroroso enano, cano y de blanca barba
que t.en.ia el aspecto de un viejecillo, ee le interpuso,
apoyado en su bast6n, y escupiendo y tosiendo le dijo:
-¡Cómo! ¿es hoy la costumbre que las nitlae anden solas á. través de loe campos? ¿No hay en vuestro palacio,
hija del rey, sirvientes á quien. vigilar, ropa qne arreglar
e~ loa armarios, confüuras que guardar en la despensa?
Prnneo qu3 ni siquiera os habéis tomado la pena de ver
si al manto real de vuestro padre falta algún galón, si á.
los calcetines de vue~m&gt; neruu.nüo falh alguna costura.

Recuerdos del Congre,;io Médico, ef'ec1uado en G-uadalajara.

Vamos, idos á vuestra caea, oe lo suplico, y en lugar de
perder el tiempo en corr.ar las floree que os han deslumbrado, permaneced en las cocinas, para impedir que los
maritones no 118 tomen el vino que deben poner en la
salea.
-Pero, eeilor enano, la buena hada me ha permitido

eio contradicción, la del planchado eléctrico: el calenP-wiento sin fuego.
.
.
.
En e1 hospital de loco111 de la Ciudad de Indlanópohe,
E:tado de Indiana, E U. A. donde Fe dispone de ~na
gran can\idad de fuerza eléctrica, se ha efectuado la me•alación de que hablamos por primera vf-1., c on gran fa•
oilidad 1 puee se dispone de una fuente de energía e!~c·
tric1 que permite obtener la corriente á bajos prtmos •
produciendo notsbles economfae, tales cerno la reduc,
ción á la mitad del número de obreras empleadas an'8·
riormente.
Para formase idea del procedimiento, bastará ver
nuestros grabados. Las planchas conectan con loa produst.ores de electricidad, mediante dúctiles hilos, y el
asa de cada una constituye un eficu aislador. El grado
de calor de cada plancha, naturalmente regularizado y
normahzado, es semiblememe igual, lo cual permite
una gran perfección en el trabajo.

el... ......
-¡ La buena hada no sabe lo que dice! y os ha dado
malos consejos. Y, sobre todo, peuead que Jae rosas del
Jardín azul no son lo que parecun ser. lJe lejos, parecen

muy hermosas, lo contieeo¡ pero apenas las hayaia cortado, os quemarán loe dedos, pueseetán hechas con un fuego terrible! No iiard.arfaie en maldecir vuestra audac1«, y
bien pronto no tendríais en las manos más que cenizas en
lugar de las deseadas flores. Loa verdaderos nombres de
ea~ae florea son: Pesadumbres, Desesperación, Lágrimas,
y las menos dolorosas son los recuerdos de la felicidad
perdida.

IY
Bien adivinaréis la perplejidad de la princesa! ¿A guién
debía creer? A la bada O al enano ¿debía de ot,t,decer ú.
éste óá aquella? ¡Ob.l ¡cómo ee babia enamorado de tau
hermosas floree! pero bien pudiera ser que siendo \an bellas, t.ambién fueran fatalee. En consecuencia, no sabiendo qué par,ido tomar, se volvió hacia su morada,
quería reflexionar sobre esta aventura, pidiendo coneeJos á su nodriza; en una palabra, tomar tiempo para re•
flexionar lo que debía hacer. ¿Qué arriesgaba? Maíiana,
pasado manana, no sería t.arde para confeccionar un 1&lt;bouquet,, con las t:lorea y roeae que florecían en el jardín al
otro lado del río.
Muchos dfae paearon; la hija del Rey se hallaba indecisa. Grandes sacrificios habiera hecho por poner en los
vasos de China y copas del Japón, las ternuras y sonrisas, pero sobre t.odo, loa sonrojos del primer amor¡ en fin
todas las flores que la buena bada le habiá dad.o permieo
para cortar¡ pero como temía quemarse loe dedos después de cortarlas, y llevar á. su casa las amarguras, desesperación, lágrimas y loe recuerdos de la felicidad perdida, no se atrevió. P&amp;1os6 un año, y después o,ros, permaneciendo la princesa en su misma indecisi6n. El padre
de la princesa murió; el del6n fué el Rey. Inquieta é inconsolable de la manaoa á la noche, y de la noche á la
mafíana, no había querido casarse por m.'8 que ee le presentaron muy ventajosos partidos¡ tan mal le parec1a tomar un partido como otro. ¡CuAotas veces se asomaba á
la ven~ana, y contemplando con tristeza Jae maravillas
del jardfn aquel! o~egraciadamente, las palabras del
ena,no de la barba blanca no se le olvidaban, y permanecía en su palacio, vigilando á los sirvientes, arreglando
la ropa de tos armarios y guardando las confituras en la
despensa, En fin, durante una calurosa mañaua de ea•
tío, ee diJo: ¡Ee imposible que siga viviendo de esta manera! y precipitadamente aecidio formar el «bouque\•
tan deseado, eiq temor por lo que pudiera pasarle, dirigiéndose sola hacia el jardín que se encontraba al otro
lado del rio.
V
Un pensamiento la detuvo: ¿si las flores se habrf&amp;n
extinguido ya?
Pero no sard6 en cerciorarse: el jardín apareció mag•
nffico y brillan~, exhalaba exquisitos perfumes, como
si los invernaderos del paraíso hubieran eido tranaporla·
dos a ese lugar.
Llena de alegria, anhelante de deseo, la princesa iba A
entrar ... .................... .
Pero el hada de la diadema de pedrería eobre sus bucles de oro, la detuvo diciéndole:
Hija de Rey, no eo\rarás en el jard.ín donde se dilatan
lae únicas flortis que valen la pena de ser cortadas; hija
del máe poderoso emperador del mundo que fuerais, ó
la reina de una estrella, lae puertas no se abrirían para
v~, porque hace _ya muchos años que habéis cumplido
qumce ailoe al pmner albor de una mañ.ana ... '. .....
peegraciada, miraos en el espejo del agua, os lo su·
phco.
La princesa ':!8 inclinó ha_cia el agua1 y vió con tristeza
los cabellos grises y sus oJOB que parecían surcados de
u.na cinta morada.
-Adió3, dijo el bada, ya tenéis cincuenta anos.
Entonces la hija del R;}y se dejó c11-er sobre una piedra, delante de la puert.a cerrada, y se lamentó entre
suspiros y lágrimas de haber sido:
La bellc1 que quiere
Y que no se atreve
A cortar las roeae
Del jardin azul.
ÜATULLE lliNDEZ.

NOTAS E IMPRESIONES.

Cc1da diez años aparece una nueva Francia con una
nueva concepción de la política y de la vida.

0th. de HaU88om,ill&lt;.

•
••

Don Miguel P ...... era un capitán de caballería-y aun.

oreo qne ascendió á cocnandanr.e,-compai'iero en armas

~
Teatro Degollado. ( Exterior. )
CONGRESO MEDICO NACIONAL

Con motivo del Congreso médico celebrado últicna•
'lllent.e en Guadalajara, al cual asistieron numerosos facultativos de esta O¡1pital, y de cuya solemnidad y die·
trituci6n tuvieron abundantes noticio-a nuestros lec,oree,
merced á las oportunas crónicas de loe diarios de esta
casa, nues,ro correeponeal en aquella ciudad se sirvió
remitirnos algunas fotografías, de las cuales eecojemos
dos que representan el interior y el exterior del Teatro
J)agotlado, hermosísimo edificio, uno de loe pricneros de
su género en la República, donde se efectuó eolemnísiml\ sesión de dicho Congreso.
A título de recuerdo de la honoraDle asamblea, publi·camoe estas fotografías.

biéa á loe viajeros á. fin de hacer aparecer por medio de
loe rayos X loe objetos que pudieran e&amp;tar dieimula1oe
bajo loe vestidos. Y muy próximamente será instalado
un aervición de radioscopia en una de las ciudades front.erizae de Francia, probablemente en B-,llege.rde.
E l mé'°do que se lleva á cabo para las observaciones,
no consiste mJ.s que en una ligera variación del aparato
usiatlocomunmente, como podrán verlo nuestros lecto•
res en el grab&lt;idO rellliivo, y sus resultados son admira•
bles. Se ha IIE&gt;gado A descubrir una botella oculta por
una dama de la más inofensiva npariencia, y otros íran.des 6 contrabandos no menos intereeantea.
He aquí, puel!, una nueva aplicación radiue~ópica que
promete loe más útiles resultados.
•
APLl~ACION DELA ELECTRICI DAl AL PLANCHADO

EL l4 DE JULIO EN PUEBLA

La colonia francesa de Puebla, celebró con el entua1ae·
moque le ee peculiar, y no obstante el ~al ~iempo, puee
-&lt;1.iluvió en la Urde del 14, su fieeWl nacionai. Puede de·
ciree que la part.e mas aimpAtica del programa que rigió
las divereae solemnidades de ese día, fué la kermeases en
la que iomaron parte hermoeae eefioritae.
Del!eOSOB de fijar eEta 1:dmpática nota en oueet.r&lt;:, ae-mam1rio1 publicamos tres fot.ografíae de puestos, en que
eon dignos de notarse des ornatos: Jae floree y las lle·
•llezaa.

Todas las aplicaciones de la corriente eléctrica á loe
ueoe doméstiCOfl ó induslirialee 1 principalmente las que
dan lugar á. un conaumo -:liario de corriente, tienea, co•
mo se-sabe, una gran importancia en la explotación de
las eatacione1:1 centrales, por que percniten. con un mismo material y un mismo personal, vender una cantidad
mayor de energía eléctrica.
l!.utre estas aplicaciones, una de las más curioeas ea,

y en Jelrras de Narciso Serra, y en amigo fu timo.
Era también autor dramético y có:nico, y ei no de loa
vuelos de tan peregrino ingenio como el autor de Don
'.J Om~, ta..apoco merecía eer colocado entre loa despreciables.
Varias obras teatrales de lfiguel P ...... bao quedado
de repertorio.
Di,ilogaba con cierta soltura y gracejo, y versificaba
regularmente, ae.lvJ alguno que otro ripio.
'l esto en nuestras sliurae parece embellecimiento natural de la poesía, aegúo la cultivan casi tolos los cople•
ros intemperanteF.
Lll que no era Miguel, ni podía ser, era un improvisador.
Era a 1gll tartamtrdo de consonantes, pero no nulo.
Hombre más práctico que Narciso, como que 1.. llevaría doc~ ó catorce anos de edad 1 siempre podía disponer
de algunos duros, bien fueso de eu p11ga 1 ó bien de eua
obras teatrales.
Esto servía a P ...... en oeaeionee, para sobornar, medio
en broma, á Narciso con el fin de que le escribiese algu•
nas escenas de comedia.
Verdad ee que t.ambién lo hacía Serra gracioeamen\e,
y no sólo para Migue! P ...... sinop&amp;ra algún o\ro autor
tt&gt;tl.trsl muy conocido y que c.1braba buenos trimestres
por derechos de paternid11d literaria, no siempre justid~
cable.
Obras enteras de Narciso ee bao representado y can1arlo, y aun ee representan y cantan en nuestros teatros,
firmadas por otros.
Y algunos cantables de zarzuPla bien denuncian el es·
tilo del au,or de Lacalk.d~ lu Jfont-ra y de Li,z y Sombra.
P...... buecaba complicee para sus obras: él trazaba el
eequeleto, y dejaba á ono et ropaje siempre que podia.
Y una vez era Narciso el complice y otras era Salvador
Maria Granés, joven é ingenioeísimo ePcriior y veraiticad,n facilísimo, y otras era Pdla!"0 del C.tstillo, aquel au·
tor cómico malogrado, cuando \antoe y tales fru.oe hubina podirlo dar de su buen ingenio y gracia natural.
Miguel P ...... mudaba de colaboradM conforme á las
circnnet.ancias.
El colabor.ador no figuraba como tal.
b:ra una e11pecie de conLrstiat.a por ciert.o número de
versos ó de esctiuas.

CURIOSIDADES
FOTOGRAFIA DE UN RELAMPAGO

Esia fotografía que publicamos ha ~do obtenida por
•el at:nor Ramón Cruz Montt, durante la tempestad del
:.Sl de Mayo último, entre 10 y 11 de la noche. El operador estaba colocado en el l!legundo pieo de una casa de la
avenida Hoche de Parfa, que tenía vista sobre la cipilla
•rusa. Sa eirvjó de un aparato 13X l8, provisto de un ob•
.jetivo Z~iss. Placa y objet-ivo estaban al descubierto en
la obscuridad c1e la pieza donde se encontraba el opéra•
-dor eeperando que el relAmpago, al producirse, icnpresionara la placa.
Et reenltado sobl'epas6 á. las esperanzas del seflor R:t.·
"JDÓn Cruz liort\: no aolamente1 en efecto, la imagen del
relámpago está admirablemente fijada, sino que se perciben distintamente loe detalles de Job monument.oe del
1&gt;rimer plan, modelados por la claridad eléctrica.
LOS RAYOS X ADUANEROS

(Véanse las ilustraciones relativas.)

En las letras como en las armas, muchas gentes no llegau más qu, A la an,igüedad.

Máxim.e du Camp.

•••

El amor quiere q11e tenga uno sus treinta y dos dientes
6 cuando menos veintiocho, porque no se pueden exigir
de él las muelas del juicio.
H. Raw,aon

•••

DE AYER

La naturaleza ha hecho el apetito¡ el hombre ha inventado la glotonería.
E ug. Clumtu.

Caia día los rayos X ie senalan por una aplicación 1iueva de su mist.erioeo é irresietibie poder. L'l. más reciente de estas aplicaciones-la de ahora- ( podria decirse 111
·de mananaJ puesto que loe experimemoe preparatorios
no efttán aun terminados-ea la utilizaci ón por las adua•
nae de las lndieoretae y omnividemtee radiaciones reveladas por el profesor Rre otgen. Hace uoa semana que en
las estaciones de Paria ee exe.mina, con ayuda de loe rayos X, los bul«&gt;s de toda especie y tle todos loe bmaf'l.oa;
desde los pequefioa paquetee y las t&gt;etacaa hasLa loa baulee volumtnosoe. Trátase de reconocer el conienido, sin
recurrir ya á la apertura y J la ioqnieici&gt;n. Las expeiriencias no se limitan áloe equipaje!!: se inventaría \a!D-

Teatro t=ecollado. ( Interior.)

�EL MUNDO

88

DOMINGO 1~ de AGOSTO de 1'97

DOMINGO I? DE AGOSTO DE

,asn

19 •

EL MUNDO

RECUERDO r'E LA KERMESSE DE PUEBLA.

Un taller de planchado eléctrico.

Descubrimiento de un contrabando por medio de los rayos X. (Véase el texto.)

SOLLOZOS.

de afeite, y los antiguos grabados de los muros, y todas nuestras vejeetonas. No te parece también acaso que
loe bengalis y el pájaro azul se han destef\ido con el
tiempo?

En la muerte de una niña.

(No pienses en las telarafias que tiemblan en lo alto
de las grao des ventanas.)

I

Amas todo eso y he aquí por qué puedo vivir cerca de
tí. No has deseado, hermana m!a, de la mirada de otro
tiempo, que en uno de mis poemas apareciesen estas
palabras «la gracia de las cosas marchitat?u Loe objetos
nuevos te disgustan; á tí también dánte miedo con su audacia vocinglera, y sentirías la necesidad de usarlos, lo
cual es bien difícil de hacer para aquellos que no gustan
de la acción.

Su frágil eér rompieron los martirios
Del monstruo horrible ea implacable acecho;
Y estallan de la madre, junto al lecho,
La desesperación y sus delirios ......
Con el fúnebre esmalte de los lirioe
Su belio rostro, por el mal deshecho,
Yace, las manecitas eobre el pecho,
La blanca nif\a entre los rojos cirios......
:Más ¡oh paemol á la lumbre matutina
Que dieefió eue pálidos despojos,
Ví en su semblante una expresión divina;

Y presentaban, por ignoto arcano,
De un Paraíso la visión ene ojos,
Su boca, el pliegue del dolor humano.

II

Con PI primero qne trop~zaba contrat~ba.
En una ocasión, y habJtándo el CKplt~n
P..... en un piso bajo dP la calle del C~lvano,
si mal no recnerdo, había consegmdo. 11~varse á domicilio á un jnven de la bohemia hieraria, ingenioso y beodo á la ~ar, y cuyo
nombre omito por razones fáciles de entender.
Desconfiado de la lealtad del colaborador,
y para evitar que se e_8cap~E_ey le dejara sin
«versificar una comedia or1g1nal del francéF&gt;•
qne Je pedfa con urgencia Manuel Catalina; ideó nt precedimiento para reiener al
secuestrado.
Y fué el disfrazarle con un capote de nni•
forme y un caEco, sin más prendas de vestir, y encerrarle en su despacho.
-Con que aquí tienes de todo-1~ dijo
cuando salió de cBl'a P ...... ;-aguardiente,
~e:ua, tabaco, cuartillas, tintero, plumas ...
Yo volveré pronto.
-¡Y traerás dinero?-preguntó el cauiivo.
-Los veinte duros convenidos.
-¡Abnsss de mf!
-Adiós, adiós.
-¡Verse un hombre ofendido en su dignidad de esta maneral-exclamaba C ...
cuando ee vió FOlo.
Quiso-su mala esirella que uno de los mnchos chiquillos que pasaban por delante de
la reja ee detuviera examinando lo que había oentro en ocasión en que se aproximó
el preso.
-¡Mecacbisl-exclamó asustado el mu•
chacho y saltando hacia atrás.-¡Que está
ahí el Trovadnr!
Aquel muchacho fué el reclamo.
Acudieron otros y otros, y en poco fü,,npo ha bía11 formado una enredadera de chi•
quillos.
C... loe increpó duramente.
-JToma!-le decía un granujilla echan,
da dPntro de la habitación una bt-llota.
-¡Como á las monas del retiro!-dijo
oiro celebrando la ocurrencia.
Y empezaron los imitadores á obsequiar
al preso con ohjetos,
C... empuil.6 un sable de caball0J'fa y empezó á soltar mandobles.
Pero los chicos se desprendieron de la ,en•
tana, y chillaban y apedreaban.
-¡El loco! ¡el loco!-gritaban todoe.
Y en cinco minutos estaba la calle, por
aquella parte, completamenente obstruida.
-¿Qué ha ocurrido aqui?-preguntó Mi-

guel P ... cuando estuvo devuelta en su casa_
-¡Hemos concluidol-le gritaba furioso,
eepada en maz,o C...
P ... no podía contener la risa.
-¡Selior Pastorfido!-gritó C... -estoy resueho á no hacer más el Segismu odo de La
vida eB s1mio en este piso bajo, exhibiéndome
como una fiera.
-Pero, hombre......
¡Ni un minuto más de deshonra!
-Te traía loe veinte duros.
-No, si no falta mucho-replicó cambiando de tono y tirando la espada C...
Y era lo que decía P ... de C...
- Si yo dejo á este muchacho, ¿quiéo le va
á dar veinte pesoe?
Como repetía C... de una chica modista
que le amaba más que á Smger-á pesar de
su máquina-y le manten!a con sus pun•
tadae:
-¿Cómo abandono yo á Pea mujer á su
desgracia? ¿Qué eería de ellb?
EDUAJ!,1)0 DXL PALACIO,

. ~.

EXTREMECIMIENTO DE INVIERNO.

Cbe Stephane Mallarme.J
Este péndulo de Saxe que retarda y suena la una entre sus flore!! y sus dioeee, de
quién ha sido? Pienso que vi no de Saxe por
las grandes diligencias en 0L10 tiempo.
(Sombras eingularee penden de loe vidrios usados.)
Y tú cristal de Venecia, profundo como
una fuente fría, en un ribazo de molduras
deedoradas, quién ee ha mirado? Ahl seguro estoy de que mas de una mujer ha bafia-do en esa agua el pecado de su belleza; y
acaso verfa yo un fantasma desnudo simiraee largo \iempo.
-Perverso, frecueotemente dicee malas
coeae.
(Veo telaraliae en lo alto de las grandes
ventanae,)

La Banca.

Nuestro bau_l.ee muy vil'jo todavía: contero:ila cómo ee.e toego enrojece su triste
madera. Las conmae dellkflidaa tienen su
Edad y la tllpicería de lw llillona desnudos-

O el llamamiento á. otra feliz morada
En loe remotos Astros suspendidos
De la serena bóveda azulada! ......
1V

Fué una visión fugaz cuanto hechicera
Q,ie, por el vasto firmamento errante,
Entre el azul se nos mostró un instante
Parando el vuelo en su inmortal carrera;
Mas, de este Glc•bo donde el Mal impera
Apartando el belUeimo semblante,
Su viaje sigue; y con sonrisa amante
Desde lejos nos llama hacia otra Esfera ......
¡Para otros M11ndos tu amorosa cita,
Oh! idolatrado querubín, comprendo!
Por la escala ds Estrellas infinita
Verlls que pronto mi ascensión emprendo;
La estela de tu blanca manecita,
Cual nebulosa pálida, siguiendo!

Sfl yerta, inmóvil, y hacia atrás caída
Sobre la almohada la divina frente,
Cual por egn gio artífice doliente
En alabastro diáfano esculpida;

Pueato de c:onfettls.

Puesto de flores.

Y á veces yo encontraba en ene vagidos
Y en el suave fulgor de su mirada
De una Vida anterior ecos perdidos;

NmrA P.

LLONA.

Así estaba I risuef!a y absorvida
En no sé qué eepectáculo fulgente
Que á su alma presentóse de repente
Al emprender del cuerpo la partida;
Y en sus pupilas, extinguidos astros,
De la entrevista Gloria loe prodigios
Aun proyectaban luminosos rastros;
Mientras, final tributo á la materia,
Quedaban en sus labios los ve6tigioe
De hondo dolor, de terrenal miserial

III
Cual loe trinos de dulces ruiseñore
A la luz del crepúsculo indecisa;
Ctal del otño la postrera brisa
Que embalsamaron las postreras floree;
Fotografía de un relámpago.

( Esas telarafias tiritan en lo alto de las grandes venlanae. )

Toda cosa es nacida
para tener un trágico destino:
y girar y girar en remolino
en torno del sepulcro: esta es la vida .

Cual de boreal aurora los colores
Que entre la noche el islandés divisa;
Así de ese ángel era la sonrisa
Que disipaba todos mis dolores......

(Véase el texto.)

Ven, cierra tu viejo almanaque alemán que Ieee atenta, aun cuando apareció ha más de cien af\os y los reyes
que anuncia, han todos muerto, y, sobre el antiguo ta•
piz recostado, apoyada la cabeza entre tus rodillas bien•
hechoras, en tu ropaje empalidecido, oh tranquila nilia,
te hablaré mucho; ya no hay campos y las calles están
vacías, te hablaré de nuestros muebles ......... Estás distraída?

Una plancha eléctrica.

ÜAUPOAMOR

La multitud teme á los médicos
mas aun de lo quelos burla
URBANO GoHIER.

Qué lástima que no baya más
que la palabra coque/fria para designar el deseo de agradar.

.,

GASTÓN DESCHAMPS.

La política es el cálculo de las
combinaciones y de loe sucesos.

A UNA ARTISTA ANDALUZA

Cuando tu voz of por vez primera,
Creí escuchar, en medio á mis dolores,
El himno que loe pájaros cantores
Entonan al llegar la pimavera.
Caneado de sufrir, mi lira diera
Por endulzar mis crueles einsabo111s,
Con la miel de tu voz que sabe á flores,
Al dejar tu garganta tle hechicera.
Sigue cantando así, que tus canciones
Al corazón devuelven la alegría
Y al alma las perdidas ilusiones,
Como el sol, con su alegre poesía
No deja qm, baya negros nubarrones
En aquel cielo azul de Andalucía.
F, BETANCúUR FlGUERlmO.

Las leyes no son nada sin la
fuerza.
BONAPARTE,

Un poeta en la polític~, es como
un gentil-boro bre en el comercio, se
~ ee sobre de su estado.
SAINTE·BEUVE.

Dispositivo para el empleo de los rayos X en las

J,, duanas.

Todo hombre ee gd:ernado por
la opinión que él Ee hace de sí
miEmo.
EDM. A:BOUT.

�EL MUNDO

'º
NOTAS DE LA MODA..

DOMIIIGC1 ,~ d• AGOSTO d• 1897

El buen sentido, de acuerdo con el buen gusto, aconseja elegir muebles úliles más bien que elegantes; cómodos, más bien que suntuosos; durables, más bien que preciosos, y que en fin, no hagan entre sí una cosa ridícula; unas cortinas de seda, por ejemplo, con cajas senc1llas, de madera
corriente, muestran un falso lujo quP. se reciente de miseria.
No tratéis de tener muebles como los que habéis visto en casa de una de
vuestras amigas más rica que vos tal vez, ni de poseer un mueblaje completo por el estilo de la época del R,macimiento ó del tiempo de Luis XV. Es•
to no es permitido eino á grandes fortunas y á personas vanidosas.
No es ridículo el ser pobre, pero sí lo es y mucho, querer aparecer rico
no siéndolo.
Dejad la coquetnfa á quien el mundo lisonjea, para tener derecho á
burlarse de ella, dejadle la vanidad de aparecer y la pueril satisfacción de
oír estas palabras: ¡Qué magníficos muebles!
Üd admiraríais si supiéseis con cuántas miserias positivas, con cuánios
dolores punzantes y tormentos físicos ha pagado ese lujo.
Entre cierta gente la costumbre y el parecer soa lo necesario; el apo•
aento de familia y loe alimentos son lo tuperfluo, Y á esto eupe~uo es á
quien ee le cercena con violencia, todos los días, de una minera mcreíble.

TOMO.JI

MEXICO, AGOSTO 8 DE 1897,

•

NUMERO 6.

Fl&amp;nra• 3 y 4.

Figura l.
Trajea para señora y niña. ( Figura,.)

¿Que sucede, pues? Sin tener en cuenta la vida miserable, mortificada,
toda de mal humor que llevan esc.s aérea vanidosos, si ellos logran su in•
tento de engañar á las gentes, son envidiados; si no lo consiguen, son deshonrados y despreciados.
Yo os creo con demasiado buen sentir para aspirará esto.
La magnificencia del mueblaje no es nondenable, cuando la fortuna lo
permite, supuesto que as( proporciona el pan á una multitud de obreros;
pero no se debe buscar inmediatamente, y esa ostentación de lujo humilla
y aleja á las amigas á quienes una elegante sencillez atraería á vuestra casa.
Se sitinte mortificación en medio de la profosion, y parece que rodeada de suntuosos muebles una persona, no puede ser sino orgullosa.
Preferid, pues, lo que es comodo y necesario, al principio; después lo
que es elegante.
LOS MUEBLES ANTIGUOS.

Dichosas las personas que no tienen que preocuparse por el mueblaje
de su casa, y que encuentran en ella aquellos muebles antiguos de la familia que son un recuerdo á la vez que ornamento de la casa.
.Aquel sillón en el cual hemos visto tantas veces y por tan largo tiempo, sentarse á nuestro padre y á nuestra madre muy queridos; aquel rope•
ro que aun contiene la ropa que ellos noe han legado; aquel tapete sobre el
Blusa, delantero y espalda. ( Figura. 2,)
cual, cuando niños, tantas veces tuvimos nuestros ratos de holgorio! ¡Ohl
Es una especie de sacrilegio el venderlos ó relegarlos en
Bluea de foular crema y azul con alforzooee, en el delantero jockeys con puntilla de encaje, cin• · Conservémoslosl
un obscuro rincón. La mansión que se despoja de los recuerdos, muy
turón drapeado. Lazos de listón 11zul pálido.
pronto estará también va•
cía de virtudes. GuardeDos blusas de casa. Figuras 3 y 4.
mos nuestros viejos mueEstas dos blusas de ca~a, son muy graciosas y se hace la una de nanzú rojo claro
bles para el descanso del
con cant'zu de entredós crulo; y la otra de serpentina verde nilo, con hombros y es·
cuerpo, como á nuestros
palda liea.
antiguos amigos para el
Cojín bordado.
solaz del corazón. Los
( Figura 5.)
nuevos son más brillantes tal vez, pero son cier·
Este es un trabajo
tamente menos sólidos.
á punto plano, pero
muy elegante: Se eje·
cuta sobre etamina.
Los cuadros de rombos, eon de seda vio•
Jeta, y las pequefias
figuras que llenan loe
centros de los rom•
boa son de seda color
de rosa. El fondo se
hace ápequeñaspun·
tadas de seda malva
y las cruces del centro van de seda oro.
Presentamos tres cuadros: el uno con los
puros rombos, el otro
con algo más, y el
tercero caei concluido.
El primero ea de glacé negro y adornado en la enagua con dos volantes y en el talle con plissés
y cintas de avalorio, camiseta con plissé y corbata de raso.
El trajecito de la nill.a tia muy sencillo y tiene un mandil de percal de azul y blanco con bordados.

Figura .a.

LECTURA PARA LAS DAMAS
E LECCIÓN DE LOS MUEBLES

La ornamentación de la casa consiste, 1?, en la elección de los muebles.
Los muebles son necesarios, y el primer deber de un ama de casa debe ser examinar
los que tiene y procurarse pocc á poco los que le faltan.
Limitaos á lo necesario: todo gaeto inútil ó ex~gerado representa un capital que no
produce nada y disminuye loe recursos de la familia.

í;.a camelia ael nouio.
Dlbu)o de José M. Villa.sana.
F&amp;ura 5.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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