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                  <text>EL MUNDO

'º
NOTAS DE LA MODA..

DOMIIIGC1 ,~ d• AGOSTO d• 1897

El buen sentido, de acuerdo con el buen gusto, aconseja elegir muebles úliles más bien que elegantes; cómodos, más bien que suntuosos; durables, más bien que preciosos, y que en fin, no hagan entre sí una cosa ridícula; unas cortinas de seda, por ejemplo, con cajas senc1llas, de madera
corriente, muestran un falso lujo quP. se reciente de miseria.
No tratéis de tener muebles como los que habéis visto en casa de una de
vuestras amigas más rica que vos tal vez, ni de poseer un mueblaje completo por el estilo de la época del R,macimiento ó del tiempo de Luis XV. Es•
to no es permitido eino á grandes fortunas y á personas vanidosas.
No es ridículo el ser pobre, pero sí lo es y mucho, querer aparecer rico
no siéndolo.
Dejad la coquetnfa á quien el mundo lisonjea, para tener derecho á
burlarse de ella, dejadle la vanidad de aparecer y la pueril satisfacción de
oír estas palabras: ¡Qué magníficos muebles!
Üd admiraríais si supiéseis con cuántas miserias positivas, con cuánios
dolores punzantes y tormentos físicos ha pagado ese lujo.
Entre cierta gente la costumbre y el parecer soa lo necesario; el apo•
aento de familia y loe alimentos son lo tuperfluo, Y á esto eupe~uo es á
quien ee le cercena con violencia, todos los días, de una minera mcreíble.

TOMO.JI

MEXICO, AGOSTO 8 DE 1897,

•

NUMERO 6.

Fl&amp;nra• 3 y 4.

Figura l.
Trajea para señora y niña. ( Figura,.)

¿Que sucede, pues? Sin tener en cuenta la vida miserable, mortificada,
toda de mal humor que llevan esc.s aérea vanidosos, si ellos logran su in•
tento de engañar á las gentes, son envidiados; si no lo consiguen, son deshonrados y despreciados.
Yo os creo con demasiado buen sentir para aspirará esto.
La magnificencia del mueblaje no es nondenable, cuando la fortuna lo
permite, supuesto que as( proporciona el pan á una multitud de obreros;
pero no se debe buscar inmediatamente, y esa ostentación de lujo humilla
y aleja á las amigas á quienes una elegante sencillez atraería á vuestra casa.
Se sitinte mortificación en medio de la profosion, y parece que rodeada de suntuosos muebles una persona, no puede ser sino orgullosa.
Preferid, pues, lo que es comodo y necesario, al principio; después lo
que es elegante.
LOS MUEBLES ANTIGUOS.

Dichosas las personas que no tienen que preocuparse por el mueblaje
de su casa, y que encuentran en ella aquellos muebles antiguos de la familia que son un recuerdo á la vez que ornamento de la casa.
.Aquel sillón en el cual hemos visto tantas veces y por tan largo tiempo, sentarse á nuestro padre y á nuestra madre muy queridos; aquel rope•
ro que aun contiene la ropa que ellos noe han legado; aquel tapete sobre el
Blusa, delantero y espalda. ( Figura. 2,)
cual, cuando niños, tantas veces tuvimos nuestros ratos de holgorio! ¡Ohl
Es una especie de sacrilegio el venderlos ó relegarlos en
Bluea de foular crema y azul con alforzooee, en el delantero jockeys con puntilla de encaje, cin• · Conservémoslosl
un obscuro rincón. La mansión que se despoja de los recuerdos, muy
turón drapeado. Lazos de listón 11zul pálido.
pronto estará también va•
cía de virtudes. GuardeDos blusas de casa. Figuras 3 y 4.
mos nuestros viejos mueEstas dos blusas de ca~a, son muy graciosas y se hace la una de nanzú rojo claro
bles para el descanso del
con cant'zu de entredós crulo; y la otra de serpentina verde nilo, con hombros y es·
cuerpo, como á nuestros
palda liea.
antiguos amigos para el
Cojín bordado.
solaz del corazón. Los
( Figura 5.)
nuevos son más brillantes tal vez, pero son cier·
Este es un trabajo
tamente menos sólidos.
á punto plano, pero
muy elegante: Se eje·
cuta sobre etamina.
Los cuadros de rombos, eon de seda vio•
Jeta, y las pequefias
figuras que llenan loe
centros de los rom•
boa son de seda color
de rosa. El fondo se
hace ápequeñaspun·
tadas de seda malva
y las cruces del centro van de seda oro.
Presentamos tres cuadros: el uno con los
puros rombos, el otro
con algo más, y el
tercero caei concluido.
El primero ea de glacé negro y adornado en la enagua con dos volantes y en el talle con plissés
y cintas de avalorio, camiseta con plissé y corbata de raso.
El trajecito de la nill.a tia muy sencillo y tiene un mandil de percal de azul y blanco con bordados.

Figura .a.

LECTURA PARA LAS DAMAS
E LECCIÓN DE LOS MUEBLES

La ornamentación de la casa consiste, 1?, en la elección de los muebles.
Los muebles son necesarios, y el primer deber de un ama de casa debe ser examinar
los que tiene y procurarse pocc á poco los que le faltan.
Limitaos á lo necesario: todo gaeto inútil ó ex~gerado representa un capital que no
produce nada y disminuye loe recursos de la familia.

í;.a camelia ael nouio.
Dlbu)o de José M. Villa.sana.
F&amp;ura 5.

�EL MUNDO

ga

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

fa opera 1J nuestros ricos

'1'e16fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 8'¡ b.

Loe cronistas de teatros se lamentan del escaso núme
ro de espectadores que acude á nuestro primer coliseo.
¿A qué obedt&gt;ce este h.!ch&lt;&gt;? La compaftía de óp~ra que
Toda la correspondencia que ee relacione con la Reallí actúa ea bastante aceptable, y los artistas ee sncuen·
·tacción, debe eer dirigida al
tran animados de la mejor voluntad por complacer al
Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.
público. Y fin embargo, noches hay en que las localida·
· Secre$ario de Redacción,
des favoritas de eete género de e,pectác 1los permantcen
vacíae.
Amado Nervo.
En Europa y los Estados Unidos, la ópera es un dd,er
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
8ocial para las clases acomodadas; una f&amp;milia rica se en•
•debe eer dirigida al
cuentra en cierto modo e,bligada á satisfa1er esta t-xigen •
Gerente, Lic. Fausto Moa-uel.
cia impuesta por una elev11da posición. Un programa de
Laaubecripción á EL MUNDO vale $1.25 centavoeal caea propia, varios coches en las caballerizaP, un e, cine·
mee, y ee cobra por trimeetee adelantados.
ro de precio, brillantes y tocados, nn estaría coro pleto si
no ee agregara el palco de la ópera. E'l :\lél'ico, nue•trc s
Nwneroe eueltoe, 50 centavos.
ricos no han llfgado á hacer dt:l teatro un artículo de
A.vieoe: á razón de $30 plana por cada publicación.
primera necesidad.
Todo pa10 d•b• s•r precisamente adelantado.
A veces se 0ye decir, que esta indiferencia del público
liEGIBTBADO COMO ARTÍCULO DE SIIGUNDA CLASE,
que puede pagar tal espectáculo, se debe á q11e los em·
presarios no presentan artistas de primera llnea; más á
esta semt-jante obj1 ción se contesta con el ejemplo que
nos ofrecen los ricos de la República del Xorte y el vifjo
Mundo: Allí los verdaderos empresarios son los intere·
sadoe en eec~cbar á las cel~bridades: el qne contrata á
los artislas no ee más que un intermediario ':"ntre eetos y
el público.
Se ha lanzado en estos días una afirmación que parece
Todos los aftos los abonados habituales á la óperatccar en los lfmitee de la paradoja: solamente llegan á entre los que hay buen número de propietarios de teatro
obtener bienestar económico los pueblos qne luchan con• -presenta al empresario la lista de los cantantes que
tra la pobnza. La miseria, generadora de la riqueza! ¿No desean escuchar. El empreeario hace, sobre esta base,
es verdad que esta es la oportunidad de pronunciar ;a eu presupuesto de gastos, y los abonados responden con
gran palabra empl~ada por un grupo de publicietaP, cada sumas en metiilico depositadas en un banco. Así han
vez que ee le eecapa la explicación de un fenómeno so• podido oír los americanos á Tamagno y la Patti, á Hescciológico: .,oji8ma!
ké y la Scalchi.
Y sin embargo, hay en el fondo de ésta que ee antoja
.Aquí procedemos á la inversa, y esperamos que el emá p1imera vista contradición, una baee de solidez cien- presario nos traiga á una t,,trtlla del arte, acaso para no
tífica, comprobada por loe hechos. Así como el progreso, acudir al teatro. ¿Q11ién es el hombre suficientemente
-creando intereses nuevos que el curso del tiempo trans• audaz para lanzarse á realizar este neg.&gt;cio?
forma en elementos de conservación-constituye un obsLa verdad es que si en México hemos aplaudido á cetáculo al progreso, así támbién los grupos humanos, que lebridades, consiste eu que nuestros empresarios han
por inexorables leyes físicas, semejaban estar condenados aprovechado las proposiciones de sus colegas del otro
á la deeLudez y al hambre, son loe que á mayor altura lado del Bravo. Tamagno vino á México porque la emee han elevado en materia de riqu~za pública.
presa Abbey lo babia contratado por larga temporada, y
En la luchi1 contra las fuerzas de la naturaleza, loe pue· basta la inauguración de ésta, el empresario pagaba inblos, como el individuo, perecen ó triunfan del medio, útilmente una mzdi.~ponibZe. Pero dadas las p:&gt;caa dismejorándolo y utilizándolo. Loe naturales de aquellas posiciones que nuestros ricos muestran hacia el teatro,
comarcas en que la vida ee encuentra hecha, dt&gt;jan adorme- la venida de una compañía de primera será en esta época,
cer eue energías, y la historia de la civilización nos de- en la que nos rodea el aparato de una refioada civilizamueetra que todo ha sido en la hnmar.iidad obra de una ción, un acontecimiento tan monumental como ia llega·
labor peraistente. Loe holandeses, robando.espacio al mar, da de la nao de Chiflri en los buenos tiempos virreinales.
hánla abierto para la producción los mejores terrenos del
Por lo tanto no hay que indignarse dema~iado al vermundo; los hijos de Iaglaterra, sin importantes mate- nos reducidolil á tanda obligatoria. En otras partes del
rias pnmas para sus fábricas, han dotado á su país de la mundo, loe ricos construyen teatros para su propia satismás ac:lbada industria; la Francia ve acrecentar~e eu ri• facción: aquí loe empresarios arriesgan su dinero para
queza después de la derrota de 1870: en lo profundo de que loe ricos se queden en casa.
estos hechos se siente palpitar un trabajo constante, una
tarea incansable contra fuerzas contrarias. Dol crisol de
la miseria salen los pueblos ricos y poderoeoe.
El hambre ea una esperanza de redención en loe agre· ·
gados sociales; pero el hambre viva y tenaz, la que aguijonea por instante~, y se clava como un pufial agudo en loe RESU M EN.-Nuevas dlficultidea greco-turcas.-Amenazas á la Isla de Creta.-La escuadra otomana
intestinos del hombre. La otra, la que se diluye en muy
las potencias extranjeras. - Flrme actltud.-lnchas generaciones y las debilita y las extenúa, esa, hará
quebrantable energía contra las astucias del SulYivir á un pueblo sin actividades, contribuirá á la per•
tán.-La comisión bimetalista amerlcana.-Su peeistencia de enorme tropel de unidades humanas faltas
regrinación por Europa.-Algo en favor de la plata.
de vigor para el trabajo, adormecidas en un sopor inven-Conclusión,
cib~, cuerpos que arrastran cadáveres.
El hombre colocado en la alternativa de trabajar ó mo·
rir, rara vez suele optar por el segundó término. Luchal;randea esperanzas se tenían de ver concluida la gue•
rá afanosamente por satisfacer sus necesidades, y como rra turco-helénica, por la enérgica actitud que á última
el cuadro de éstas se amplía, conforme va iniciándose en hora han tomado h1s potencia3 en favor de la nación
la moderna existencia del ser.civilizado, eu esfuerzo será vencida; hermosas ilnsiones se formaban para contemcada día más vigoroso y eu trabajo más productivo. En- plar o~ra vez, en breve plazo, libre el suelo de Grecia de
tonces combatirá por libras de carne, por varas de pafio, los ejércitos que lo mancillan, y al R-y Jorge, exento de
por habitaciones higiénicae. Pero cuando el homl:lre sa- la amenaza constante que sobre ~l pesa, mientrasEdbembe que puede desertar de la fábrica, y que para eu vida Baj1i permanezca acantonado con sus huestes invasoras
baetar:i un put'iado de maíz, su labor será anémica, nulo casi á las puertas de la ciudad de .\.tenas.
su estímulo, y el resultado del esfuerzo social, raquítico
Tras largas discusiones, como lo anunciam'&gt;s á au ti~:n:y mezquino.
po, habíase llegado en la apariencia á convenir en los
Y be aquí como la pobreza puede servir de agente términos del tratado de paz. Resistiendo constantemen¡ cdero EO á la riquua de loe pueblos.
te á las arterias del ~ultán, unas veces con aEtuta diJil.BXICO

•atas tbitorialts.

Pobreza \' riqueza.

Política 05tneral.

DOMINGO 8 d• AGOSTO Ot: 1897

plomacia, ya con promesae, ya con amenazas, habían
1, grado loa embajadores extranjeros en Constantinopla
amenguar las pretensiones del Abdul-Hamid, cercenar
sus exigencias, y obligarlo á ser menos altivo y deepia•
dado con los infelices vencidos.
Ya la prensa diaria había comunicado hasta el día en
que debían firmarse los tratados de paz; mas comoquiera que, ee inagotable la proverbial perfidia con que procPd!I de ordinario el Califa de los Creyentee, como es im•
posible no dudar de la fé tres veces púnica del que hmnil•
demente se llama la Sombra de Dios sobr,• la Tin-ra, nuevas dificultades han surgido por preten~ionee nuevas del
ministerio otomano, que insiste hoy como ayer en sus
infcnae ambiciones, y ha intentado otras reformas de trae·
cendencin en ks artículos mfa importantes, ya acordados
pi.ra lc,s preliminares de la paz.

***

Y como si efto no funa bastante á su objeto de retar:
dos y dilaciones indefinidas, la escuadra turca, que en.el

fümpo de las ho~tilidadea rotas, perm1neció anclada en
las aguas del Bjsforo, tal vez temiendo el empuje de loe
acorazados griegos y el alcance de su, cañontis, acaba de
cru1.ar los Dardanelos en direccilin ,í Creta, con objeto
de favorecer el desembarque de tropu suflcientee á ap1gar del todo la inextiota insurrección de la revuelta L:la.
¿Q 1é pretende Abdul-Ihmid con s•1d torpes manejos?
á qul&gt; aspira cuando lanza sus hordas de genízaros sobre
los indomables cretenses, sobre sus rebeldes súbditos
cristianos á quienes ba prometido ya la autonomfa al
amparo de las potencia~? ... E,ique, oprimido b~jo el peso
de la Europa cristiana, acosado hasta en los últimos atrin•
cheramientos de su perfidia por la unidad de los diplomáticos de Occidente, que hao tenidr, que obsequiar los
manifiestos deseos del emper9dor mo~covita, se revela
contra su suerte, se resiste á cumplir lo prometido y quiere con nuevas complicaciones aplaiar el cumplimiento,
de ene compromisos, al ver que se le escapa Tesalia, cpe
ya gemía bajo sus garras, y que ha llegado la hora de
manumitirá Creta, para que eje, citando sus propias energías, busque su mejoramiento, libre del ominoeo yugo del
musulmán.
Profundo error! si llegó á p;nsar el soberano turco
que podía contar con la disidencia de los almirantes r¡-1~
mandan las eec11adras extrangeraP, surtas en aguas deCanen, y eaperó encontrar abierto el e 1mino y fácil el
acceso en las costas cretenseP, á pesar del bloqueo de la.
lela, gr&amp;nde habra sido su d~seng,lño: los buques de las
potencias han decidido opoaerse á su intento, y recha·
zar con la fuerza y la violencia los carcomidos barco3
del carcomido imperio muslimico.
Tarde habrá llegado la de~iluaión p·ua el Sultán; pero opurtunamente para evitar el conflicto armado qu~
trataba de provocarse, L:i escuadra turc1 aparenta ahora
que va en pacífica gira por la~ islM a1.11les de I mar d~l
Archipiélago, sin dejar eatrever, que intenta abordar á.
la histórica tierra de Minos.
Y ya que estos cálculos han salido fallidos ¿qué otra.
argucia inventará el gobierno de la Sublime Puerta, para prolongar indefinidamente el s/,1/u 71w, y dilatar en loposible la evacuación de Ttisalia? Q tién sabe, pero hay
que temer;o todo dti su política artera y falaz.

***

D:1enos vientos soplan hasta ahora ,i la comisión nombrada por el Presidente de loa Estados Unidos, para sondear el ánimo en que se encuentran las grandes naciones
europeas en el trascendental asunto de la rehabilitación
de la plata.
Siempre qne se hao intentado conferencias internacionales con este objeto, han fracasado del todo, porque
ninguna se ha atrevido á óponerse de una manera absoluta á la corriente general manifiesta en favor del metal
amarillo; hi1n visto el porvenir próximo de la plata floctuando constantemente con tendencias á bajas considerables, y no advirtiendo ninguna sefial que anunciara
cambios favorables, los acuerdos tomados se han desvanecido como el humo, sin haberae adoptado ninguna medida eficaz á este respeto.
La comisión bimetalista americana, franca y cordialmente acogida en Francia, ha sid0 escuchad.1 con atc,nción por el gabinete de Londree, ee han oído sus razonamientos en favor de la rehabilitación posible del metal
blanco, y aun parece que Lord S.1lisbury ha prometidocooperar y apoyar debidamente la reunión de u.na c,n,

DO ■ IIGO

8 d• AGOSTO d• ,. .,

BL MUNDO

93 ·

cnerpor del rey, del sacerdote y del rico; loe peinan con colmenas de tumbas; el terreno suena hueco en las Uanu- .
cabellos postizos, lee trenzan las barbas, inquieren ojos rae, epidermis de vida entapizado sobre un osario gigan•
de esmalte en las cavidades 4110 contenian los naturales; tasco. La ciudad para alojar aua cadáveres se ha converen una palabra, los adornan para la tumba como si fue- tido en cementerio y se ha dedicado á la muerte.
een á presentarse en la cámara nupcial de una divinidad.
El ejemplo viene desde lo alto: desde que un Faraón
T.&gt;davía es mis notable en la toillete fúnebre, si ee trata subía al trono dábase princfpio á la construcción de su
de m11jeres delicadas y·ricas q11e tienen su gynecé o en la turnba, } ee trabajaba en ella mientras él vivía; la altura
ciudad mr,rtuoria; sus hermosas formis trabajadas p~r y la profundidad de su sepulcro podría medirse por la
manos de artistas, ee metamorfosean en una vaga mez- duración de eu reinado. Diariamente veía crecer su pirá•
cla de perfumes y de platería. Les doran los pechos, co- mide ó alargarse la profundidad que había de tragarse
mo si fuesen ropa~; las ufias, come, si fuesen sortijas, y su momia. La muerte era el único horizonte de esos hom •
loa labios como si fuesen collares. Las eac~lpe el embal- bree consagrados á las ideaa y á loe trabajos póstumos.
sam:idor en graciosas y castas acfüules, casi toias cru- Recorred loe cementerios de los sacerdotes y de los rezan piadosamente los brazos sobre el pecho; algunas cu- yes, y atravesaréis sombrías. y espléndidas hileras de cá-.
ro,eas.
bren con la~ dos manos los misterios de su belleza, como
maras, de salas y de galerías, en las que millares de maVénus de Mé:iicis de la tumba. Una madre en~rrada en nos se ocupan en tallar la piedra, en pintar las paredes,
X. X. X.
Agosto 5 de 1897.
Tébas, estrecha contra su corazón la peq ueñ 1 m Jm ia de en desarrollar en la roca interminables paneles de gero.
un hijo recien nacido. En ese caso el emb1lsam1miento glíficos. Juegos, cazas, festines, batallas, todo el poema
sobrepuja á la escultura, porque no en la m iteria insen- de la vida, esculpido y colorido con grandiosa elegancia,
CONCURSO DE ZARZUELAS
sible, sino en la misma vida, en la carne, en lo que su- está enterrado e~ esas catacumbas; y todo ese lujo de ar•
frió
y palpitó, es donde se talló ese grup:&gt; maternal.
te sólo sirve para recrear loe ojos de eemalte ó de cartón
Nuestro Semanario tiene derecho, según las bases del
Encerraban
á
las
momias
de
segunda
clase
en
cajas
pintado de las momias!
«Concurso de Zarzuelae11 qua ee verificó el afio pasado, á
Xinguna mirada viva profana esos museos crípticos.
disponer la representac:ón de las que obtuvieron premio menos ricab y cubiertas con sudarios más groseros, y á
los pobres y los esclavos los em·pa1uetaban precipitada- Los pintores y los escultores, que loe han decorado dt&gt;s•
y manejar eue productos de la manera que enton~s ee
mente en cestos construidos de ramas de palmera. Se de la base hasta la cima, han trabajado para la Noche y
indicó.
·
comparan
con frecuencia las bibliotecas á los cemente,
para el Silencio. Apenas el cuerpo tomaba posesión de
Por el gran recargo de trabajo que tiene en sua Oficiríos;
volviendo
del
revés
la
comparación,
poiía
apliéaresos
sitios, las puertas desaparecían bajo l~s rocas, la
nas actualmente, cede este derecho en favor de los autores de libretos y música, quienes desde hoy pueden dis- se estrictamente á la necrópolis egipcia. ¿No ee aseD?,e- montal1a ee cerraba sobre el palacio fúnebre le devora·
poner absolutamente de la propidad y administración jan á los libros las momias arrim ,das á lo largo de lae ba y le digería asimilándosele á su masa árid~, y no ex·Fpa1edee, con sus eudarios de papyrus y sus estuches llenos tía ya más que en el mapa de los sacerdotes, únicos geóde sus obras.
de escrituras y geroglíficoe? Unas magnífic11mente encuagrafos del mundo sepulcral.
dernadas, publican las glorias de los reyei y los misteSi ese mundo misterioso hubiera guardado su secreto,
PAGINAS ESCOGIDAS
rios del sacerdocio; otras envueltas en cartones vulgares, si los espoliadores no estuvieran dotados del olfato de
no encierran más que los secretos de la vid_a clmún; las las hienas para descubrir las tumbas ocultas, y si el EgipLA MOMIA
últimas, en fin, con pobre envoltura, nos revelan la mi- to, ni velado hasta entonces, abriera súbitamente el cataseria
y la desnudez de la esclavitud, perpetuados mAs falco interior, cuya superficie sólo es eu portal; ¡qué esEl paganismo helénico consume el cuerpo humano eu
pectáculo hubiera expuesto al mundo de los vivos! ¡Cu1hoguera triunfal, y convier~ el cadaver en .hermosa lla· allá de la tumba.
El viejo Egipto reconoce, sin embargo, una igualdad; renta siglos embalsamados! ¡Un juicio final de momias!
ma. Disuelve al he.robre como a! diamant;e, sin dejar de
él ninguna de las escorias de la destrucción. La muerte la de la conservación en la m·1erte. E nbalsaman al rico ¡La historia humana y la historia natural de las generaciones de hombres y de ani..aalee que desde los reyesaparece bajo la forma más ligera en el puro clima de la y al pobre, io mismo al esclavo q,1e trabaj'l bijo el látigo
Grecia, y sopla la vida como si soplara la antorcha siro• del in3pector, por el salario de tres cebollas crudas, en pastores, hasta los Ptolomeos hollaron el suelo del Delta,
milagrosau;ente conservadas! ¡A Sesoetris y á Joeephl
bólica que loe Genios fúnebres aplastan con los piée y las pirámides, que á loa F&amp;raones que 189 mandaron
Ese cocodrilo adornado con pendientes, era adorado en
q ne espira en columnas de humo. Entrega los despojos construir, para enterrar en ellas su ataúj, Los estropea•
los estanques de !iléofü. Quemaban incienso an~ ese
mortales al ele111ento que borra y que purifica, y sólo es· dos, los leprosos, los seres deformados por la elephanteasis, (especie de lepra) no escapaban á esa salmuera Ibis, al que el tiempo no ha robado ni una sola de sus
irae de ellos un resíduo diáfano, casi aéreo, un pufiado
implacable; tenían su enférmsria en la ciudad fúnebre,
plumas. Tocad e~e sudario bor:lado de perlas; debajo de
de cenizas blancas; el polvo de la mariposa Psiquis.
El judaismo y el cristianismo tratan con más dureza á en la que embalsamadores especiales salaban y prepara- él palpitaba eJ corazón de Cleopatra, y el áspid que morlos cadáveres; vuelven la carne á la tierra y la arrojan ban sus carnes purulentas, hasta motnificar los fetos; lo dió eu brazo de ambar, levanta al lado de ella su acerada
cabeza: al percibir ~l perfume que exhala, cualquiera didesnuda y sin defensa á la mieeria de la tumba: Job dice que no tenía vida parecía vivir.
Más lejos llevaron todavía su eagrada locura; llegaron • ría que acaba de salir de la cesta de higos y de flores.
á la podredumbre: s¡Tú eres mi madre!11 y á los gusanos
¿Cuál fué el principio de fetichismo mortuorio que cadel sepulcro: •Yosotros sois mis hermanos y mis herma- hasta apoderarse del reino animal. E l embalsamamiento
llegó á las bestias, á las aves, á los ·peces, á los insectos,
nas.11
racteriza á la raza egipcia? .A. au mitología es preciso preSólo el Egipto lucha brazo ó brazo con la destrucción. á lo que pasó por el mundo sin dejar en él mis huellas guntar el sentido de sus extraños funerales. Según la doctrina de los sacerdotes, el alma depende del cuerpo has•
Satura con incorruptibles perfumes el cadáver que otros que una marca en la arena, un nido en la rama ó un surpueblos entregan á la tierrra que mancilla y al fuego que co en las aguas del Nilo. Se embalsamab\\ á los gatos, á ta después de su separación; ella le refleja de lejos en sus
encarnaciones sucesivas, y ella se reciente más allá dtl!
devora. Y encadena con cintas eu forma precaria, y la los perros, á los cocodrilos, á las ratas, á los escarab1jo~,
arranca, secuestrándola, á las metamórfosis de la corrup. á las muearail.as y á los huevos de la~ serpientes. La más tiempo y del espacio, de sus mutilaciones y de sus herición. De la'muerte hace una momia; esto es, nna estatua pequefia, la más fugitiva_gota de vida, fijada p')r una at- das. Su individualidad espiritual se asegura con la intemósfera de aromas, se cristaliza y se hace. inm'lrtal. E l gridad de su despojo material; de aquí nacieron loe cuipetrificada por un montón de bálsamo.
Egipto
ee insurrecciona contra la ley de la nat1irileza
Ofrece un fenómeno único ese pueblo ocupado duran•
d:idos infinitos prodigados al cadaver, y la inviolabilique
quiere
que todo vuelva para didolverse en la univerte sigks en embalsamarse á sí mismo y en crnzaree de
dad que le atribuían. E! cadáver era para ese pueblo la
eternos sepulcros. Penetrad en el distrito fúnebre de Te- sal química que renueva la materia; acepta la muerLe p l·
prenda que el hombre deja detrae de sí al partir para el
baaa, la ciudad muerta se establece en medio de la ci u- ro la prohibe destruir. Al poder de destrucción que en. viaje desconocido, la caución, la garantía, la hipoteca de
su destino.
~ dad viva, silenciosa como un sepulcro, activa como un cierra, el Egipto opone una farmacia enérgica, un en.:ar•
laboratorio. Inmensas salas ee suceden unas á otras, y su nizamianto secular, una teología que podría definirse:
Añadid a:lemás á esa poderosa razón, la compasión
perspectiva se prolonga hasta perderse de vista, como si la higiene sagrada del cadaver.
hacia los muertos llevada á su paroxíemo; virtud, pero
¿Pero dónde colocar esas generaciones inmóviles qu~,
ee perdiera en la eternidad. En ella, vigilada por sacervirtud fatal cuando ee exalta hasta el fanatismo. El coldotes lúgubres que se ciñen pieles de panteras y se cu• después de su muerte, ocupan tanto sitio como cuando to á la muerte fué la plaga histórica de Egipto, plaga más
bren con mascarones de chacales, la casta de loe embal• vivían...... E1 Egipto no retrocedió ante ese problema; el terrible que las otras con que le cas~igó Moisés.
samadores se ejercita silenciosamente en sus trabajos fu. pueblo embalsamador se )lizo enterrador: inventó una
Es escuela perjudicial la de la tumba; eneefia la inmonerarios. En ellos millares de cadáveres que, manos há• arquitectura subterránea que copiaba, haciendo mayo- vilidad, el entorpecimiento y el sueño. Llega pronto á
hiles elaboran, ee elevan lentamente á la dignidad de res, las enormidades de su arquitectura exterior. Im1gisu decadencia el pueblo, cuando no hace otra cosa quti
momias, pasando por todas las fases de la crisálida trans- nad un hombre cuya mirada pudiese penetrar por debasubir y bajar los escalones del sepulcro. •Si intenta algún
formada y de la estátua desvastada. .A. unoe, después de jo de tierra; pues este hombre hubiera en Egipto visto progreso, si busca algo nuevo, ei trae pasa los límites pres.
vaciarles las entrafias, los llenan de composiciones oloro- la espantosa visión de un mundo subterráneo correspon- critos, encuentra un ejército de momias formadas en basas; hunden á otros en una caldera de be~ún, stigia lus- diente al mundo de arriba, diez veces más vasto, cien ve- talla que le impiden el paso. ¿Sabe más que sus antepa.
tral, que debe hacerles invulnerables á la corrupción; es- ces más profundo y mil veces más poblado. Cada ciudad sados que le II1iran fijos y gra vea, con los ojos cargados
tos se alargan bajo las espirales de dimiuutaa cintas; ee repercute en necrópolis, cada casa cubre un pozo morde siglos y con el cuerpo cubierto de geroglíficos, que ee
aquellos, colocados ya con su funda de cartón solo espe- tuorio; bajo loe pies de cada hombre que paia, como rai•
identifican con el dogma que él iba á quebrantar? Sd
ces de las entrafías de la tierra, existe una fila euperpues• puede no hacer caso de la doctrina oral de tiempos inran el pincel del amanuense y del.barnizador.
Hay gerarqufas en la ciudad fúnebre; las momias tie- ta de momias, cuyo limite se hunde en profundidades memoriales, desvanecida con loa hombres que en épocas
nen su aristocracia, su clase media y su plebe. Un grupo insondables. El Egipto ea la fachada de un sepulcro in• pasadas la representaban en la tierra, pero ¿cómo ee dede peluqueros, de pintores y de plateros ee dedica á loe meneo; sus pirámides son mausoleos, sus montafias son safía á la tradición embalsamada, pal~able, que simula la

ferencia en W aehington, no por lo que respecta al Reino
Unido, al Canadá y á las colonias africanas, sino por lo
que pudiera afectar los intereeoe de la India inglesa.
Próximamente eerá recibida la comMón que preside
Mr. Steveneon por todo el ministerio británico; algo de•
bitivo tenJrit que tratarse, y ei ee favorable como ee
eepera al objeto que han llevado los enviados de Me.
Kinley, ei encuentran eco las pre~nsionee bimetalistas
de los Estados Unidos y algún apoyo en la Grao Bretafl.1, es indudable que esa disposición favorable será eecnndada, ~uando los miembros de la comisión se presenten en Alemania y Rusia.
Con cuánto interés debe seguirse en México la marcha de eea comisión americana, á través de las Cortes eu-

�EL MUNDO

DOIIINGO I DE AGOSTO DE 1897
EL MUNDO

94

.,
Tida?-No ealgas viejo Egipto del carril trazado por el
buey que tu pueblo ado.a y que simboliza tu melancóli·
ca rutina; vuelve á inclinarte ante tus ídolos, con cabeza
de gavilan ó de mono, mientras que loe dioses poéticos
y magni:6.cos, que ellos han engendrado sin saberlo, de·
rraman por el mundo la vida, la libertad y la luz! ¡Talla
esfinges con el rostro tao bestial como las ancas, mien•
tras que Fidias esculpe en el mármol Pentélico las divinidades del heroísmo y de la sabiduría! ¡Inscribe penosa•
mente á golpee ·de martillo sobre tus obelíscoe, caracté•
, es y :figuras sagradas, en la hora en que Homero canta
¡1or los senderos de las Cyladee, y en que la palabra de
Platón recorre la Grecia en alas de las abejas que visitan
• sus labios! Estas giran en torno de la inmóvil serpiente
que ee muerde la cola al rededor del eternal cuadrante!
Tu pasado momificado te cierra el porvenir. Juega pue•
blo gnomo, con tus mufiecae fúnebres que perpetúan tu
infancia, barniza tus mascarones, pinta eue ojos, colora
eue erijas con los coloree sin orden que preEcribe el rito;
aduérmelae en eus earcófagoe; murmurando las
letanías inintelegiblee que t·1e sacerdotes te enee•
fiaron! Silencio eobre:todo, y fuera la poesía, la
:6.losofia y la elocuencia; el último de loe sacrista•
nes de leie sabe más que ellas. Se habla tan bajo
ea el país de las tumbas! ......
La más chocante de todas las formas de la eecul•
tura es el embalsamamiento; esa torpe parodia de
la vida subleva á la intetigencia, por que eEa :ficticia
perpetuidad del cuerpo parece que niega la inmor·
talidad. Creo ver las alas del angel enrlldarse en
esa liga de aromas, creo verla oprimida por los nudos de las ligaduras. ¿Cómo cosa tan ligera ba de
dejar tras eí despojos tan pesadoe? Vale mil veces
más el anonadamiento aparente de la forma humana, que conservación tan artificial y tan ridícnla.
Comprendo que produzcan espanto las repugnantes imág~nee de la destrución; comprendo que
1oe ojoP del am!lnte ó del hijo vean con horror la
lenta disolución del eér querido, debajo de la tie•
rra que lo cubre. Envidio la llama de la bogue•
ra grieg\ qu3 q113m1b1 la c11rcel para libertar al
cautivo, y que le rob1b1 el cuerpo, cJmo un águi•
la del a?oteósis, antes qne la podredumbre tu•
viera tiempo de aproximarae áél. Eeho también
de menos los furrerales, crueles en la ap:uiencia~
de esa&lt;J tribus idólatra'!, qus adoran al fuego, y
que te'Iliendo manchar el seno de la tierra depositando en ella el cadáver, le exponen sobre una
roca, en donde sirve de pasto á las aves de rapifl.a.
-«Qué es, pregunta Z iroaetro á Ormnzd en e1ZendAvesta, la tercera cosa que desagrada á la tierra que
habitamos y que la impide sernos favorable?»Ormuzd.respondió: Construir en ella una tumba
después de ha berlacavado, y enterraren ella el ca•
daver de los hombree.»
-«Cuando un hombre muere, dice también el
Zend-Aresta, las aves se arrojan desde lo alto de
las montafiae áloe valles en que están situadas las ciu.la•
des, descienden hasta loe desfiladeros, y arrojándose eo•
bre el cuerpo del hombre muerto le devoran~on avidez.
Vuelan e.eas aves de rapiña desde loe dee:filaderoe á la
cumbre de loe montee. Su pico duro como la almendra,
lleva á esas montañas la carne muerta con eu~graaa. De
este modo el cadáver del hombre ea trasportado á lo alto
de los montes desde el fondo de loe valles. Esas exequias
' aéreas no carecen de grandeea ni de poesía. ¿Quién no
prefiere la devorante mordeduradelcuervo á la lenta pica•
dura de loe gusanos del sepulcro? Si exceptuamos la lla•
roa que disuelve y transfigura, no existe más rápida
transfiguración °de la vida. Dispersado el cuerpo, toma
las alas de las aves de alto vuelo, sube con ellas á las
cumbres, ee sumerge en en el éter y participa de la vida
de las regiones sublimes. El héroe de una canción grie•
ga se regocija de ser devorado por una águila:-«Come,
águila, aliméntate con mis fuerzas, aliméntate de mi va·
lor, y tu ala adquirirá la longitud de una anfi, y tu garra
la de un palmo.»
Deepuee de todo, la tierra concluye por purificar como
el fuego, como él á la larga lo reduce todo á cenizas.
La forma muerta- que la imagenación desenterraba con
espanto, se abrevia, ee aminora y ee desvanece por gra·

dos para el mundo visible; sustituyen pronto á las fac•
cionee dee:figuradae, las líneas ideales y loe contornos fu•
gitivos de la aparición ... y entra en las regiones de la
memoria y de la sombra! El espíritu la invoca como si
se tratase de una idea ó de un euefio. Atractiva y her.
moea ea esa metamórfoeie, y comparada con ella, apare•
~e groeéra la fijeza del embalsamamiento. ¿No es dar
pueril importancia á nuestra mortal efigie, restaurarla
penosamente cuando ha perdido ya su valor? La belleza
ee disipa, la juventud ee agosta, 111 vestidura de carne se
desgarra en todos los ángulos del camino, ¿y el hombre
ee ha de ct:bar disputando á la nada loe reatos de la en•
fermedad y de la· vejez, lo que no es mas que la más•
cara y el traje de vida? ... ¡Hermoso espectáculo para el
alma, que acaba de abordar al mundo eterno, será ver
como en la otra playa se deseca durante siglos el andra•
jo de que ee despojó!. ..
Asimismo esos mausoleos egipcios, que amontonan
pefiaecoe para enterrar una momia, indigna al eeníritu

DAMAS DISTlNGt:IDAS

95

DOMINGb 8 de AGOSTO de ,897
EL COMETA DE HALLEY

El cometa, que en el año de 1,066 arrojó un esplendor
celestial sobre la conquista de la Inglaterra por los Normandos comaudados por Guillermo el C,rnquistador, y
cuya visita aterradora fué conmemorada por la mano
misma de la Reina Matilde en la tapicería Bayeaux; que
en 1,456, afio de la gran batalla de Belgrade, llenó depa•
vor igualmente á Turcoa y Crietianoe, y fué anatemati•
zado, eegó.n ee ha hecho constar, por una bula del Papa
-ese cometa, cuya extrafl.a forma de cimitarra, todavía
hizo helar hasta la médula de los huesos de loa ignoran•
tea y euperaticiosos, en la última visita que nos hizo en
1832', ae halla actualmente en camino con dirección á
nuestro planeta. Está bastante lejos todavía, pero el oj9
avieor de la ciencia, lo ve ya en la órt&gt;ita de Neptuno; co·
rriendo hacia el sol y la tierra con una velocidad que
constantemente va en aumento al descender por la curva
pendiente de su órbita. S.i ha daio ya la voz de alarma
desde una de las principales atalayas de la Astro•
nomía. El profesor Glasenapp anuncia que la ofici•
na establecida por la Sociedad Astronómica de
Rusia, ha emprendido hacer el cálculo de ia senda
verdadera del cometa de Halley, con la mira de de•
cirnoe anticipadamenti; la fecha e:i:acta de eu lle·
gada.
Conffa el señor Glaeenapp en que loe astróno·
moa que tienen conocimiento de las observacio·
nes del cometa, que no hayan sido publicadas, las
comunicarán á aquella ciudad. Después de eu pe·
ribelio, se observó al cometa rdirándoee al espacio,
hasta Mayo de 1836, y al fin habiéndoselo tragado aquel, se perdió de vie5a. Estará en perihelio
otra vez por el año 1911; pero en los poderosos
telescopios que hoy existen, y con loe más fuertes
que tal vez se hayan hecho para entonces, es pro·
bable que ee descubra el cometa corriendo hacia
el sol, un afioó más, antes de ese tiempo. El hecho
de que la tarea de computar el tiempo justo de su
vuelta, está ya á punto de comenzaree, inspira la
confianza de que la siguiente visita no eerá cuee•
tión de cuantos días, sino más bien de cuantas horas, ó tal vez minutos, que andarán errados de
cálculos.

APUNTES SOBRE EL

VIAJE ALREDEDOR del MUNDO
DE LA CORBETA

,,ZARAG-OZ~~/'

RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO ~DE LA MARINA MEXICANA.

37,ooo MILLAS SOBRE LOS MARES
........... +

PRIM!tRA PARTE
DE GUAYMAS A HONOLULU

I
SALIDA DE GUAYMAS.-ADIÓS Á LA PATRIA.

En el puerto de Guaymas, el 23 de Abril de 1896, notábase un m&lt;lvimiento e:x' traordinario en todos loa barcos que allí fondeaban.
El transporte Oaxaca y el cafl.onero Dem6crata, enviaban constantemente sus botes,
llevando oficia les y paisanos á bordo del Zaragoza; centenares delJ!,nchaa, cayucos y
botes particularee:rebullían á_fuerza de golpes de paleta la verdosa superficie de las
aguas, manteniéndose á flote á los costados de la corbeta ó bogando á toda fuerza para
aligerar la distancia que los separaba de la playa.
Cerca del Almagre, fondeada aún, veíase la eebel ta :figur"a del Zaragoza; por eu chimenea salían negruecoa penachos de humo; en la cubierta, todo el ;equipaje trabajaba
con actividad, y en los portalones, cual un interminable cordón de hormigas, subían y
bajaban paisanos, oficiales, y una t,·oupe de cargadores embarcando víveres.
En la playa un compacto grupo de gente observaba con ansiedad., sin perder un de•
talle, todos aquellos preparativos que ee hacían á,bordo.
A las dos de la tarde ee levaron y trincaron escalas, se aferró el aparejo, y loe winch
con eu estridente ruido izaron anclas, hasta que, puestas á pique, ee mandó largar fo•
· iui, y libre ya de eue amarras, em pujado por el viento, el barco viró poniendo proa al
l,[orro Inglés.

cana, la población primero, los muelles después, hasta que, solitario, en las tranquilas
aguas del Golfo que dividía con la cortante proa, seguimos adelante, marcando vaporosa estela, efímera huella de nuestro paso. Una brisa ligera y favorable hace largar todo el velámen ·y ya en la noche, solitarios en ..oedio del Golfo, distinguíaee apenas la
montañosa costa de la Baja California, bafl.ada por bruma ligera, dorada con loe primeros rayos de una luna deliciosa.
Blancas y tenacee gaviotas con eu ágil y silencioso vuelo, dejando de vez en vez
eecapar sus plafl.ideroe gritos, nos acompañaron, deeeoeae :ie rtcoger los desperdicios
del rancho, que arrojados al rr.ar forman su codiciado alimento.
Un cielo de buen cariz, con horizontes despejados, fué signo de regular anoche•
cer, y al alba del siguiente día, á la descubierta, ni un sólo barco en el horizonte y,
siempre á estribor, la costa oriental de la península californiana.
La derrota era, doblar el cabo San Lucae, cambiar rumbo, doblar el cabo Pulmo,
seguir después hacia el Norte, dejando un poco abierta la costa, y fondear en San Francisco Caijfornia, donde el barco ee aperaría bien para seguirá las islas Hawaii, Japón,
etc., ea decir para empezar realmente el viaje de circunnavegación de E. á O. pasando por el Canal de Suez.
Fuera de contratiempos, eeñaláronseSdías de Guaymas á San Francisco, pero al doblar el cabo San Lucaa anuncióee rudo un viento Noroeste de fuerza regúlar, que ee
hizo más violento cuando, fuera del socaire de la costa y al doblar el cabo Pulmo, re•
cibimos el¡ viento y la mar de proa con toda eu intensidad.
Entonces varió la situación: el balanceo y cucharéo de la corbeta provocaron el mal
· de mar en loa novicios; los golpea de agua embarcábanee frecuentemente por la proa,

La vida del avariento y egoísta ea solidaria, y su
vejez es triste; no tiene compañero, suceso, abigo
ni esperanza; ocupa deeapaaiblemente au estrecho
círculo, como el caracol su concha. La fiebre del
dinero lo consume; el cobarde orgullo lo degrada,
y la envidia lo petrifica. Lo pasado es para él un
vacío; lo presente, un desierto; lo venidero, nada.
Ni dignidad, ni honor, ni ilustración...... Oro, y
1.0áe oro.

***

Una borrasca sucediendo á otra, una oleada
reemplazando á otra, van endureciendo la concha
que guarda la perla; de_ignal manera las oteadas
SerÍorita Leonor. Murúa, de México.
y borrascas de la vida dan nueva fuerza y ener•
gía al carácter del hombre que muchas v.icaJ ule co•
p?r eu hipérbole. La tumba no debe ser desmesurada,
·
meute más grande que la tall¡¡. humana; el cuerpo ea Ji. mo las perlas escogidas.
*eu corazón eeM la cabeza de
mitado si el alma es infinita. El mundo no es bastante
Influenciada siempre por**
estenso para contener la memoria de un héroe, pero ea la mujer; influenciado siempre por la cabeza está el codemasiado una montafl.a para encerrar eu cadáver. ¿En·
razón del hombre.
cie~ra la gran pirámide el esqueleto de· Leviatán ó la osa•
*** amp1·1amente á 1a muJer,
.
Si educamos é instruimos
menta il.e un Faraon?... ¿Quot libras in Alexandrof Una
urna, una cruz negra ó un turbinte esculpido basta pa- preparamos facilmente la educación é instrucción de la
familia y la sociedad.
ra el que vivió algunos días.
Yi en el cementerio ile Nuremberg una tumba más
OTRO PAGO OE $3,000.00 DE "LA MUTUA"
grande, á mi modo de ver. que todos loe hypogeoe del
EN LEON.
Egipto con los colosos que los guardan y con los pane•
gíricoe en letras de diez codos grabadas en sus paredes
León, 29 de Julio je 1897.-.Sr. D. Carlos Sommer, Di•
Cort.eietía en una sencilla piedra, en la que solo estaba rector General de «La Mutua» en Méx1co.-.Muy tiatim.i.•
señor:
escrita esta palabra: ¡Res1uga1n! «Me levantaré.» Lanza doEl
B.i.nquero en esta ciudad de la H,moral&gt;le C.&gt;mpa•
fl.ía
de Seguros sobre la vida «La Mutua» de Nueva York,
ese grito sublime una piedra desnuda, un féretro hecho
giro nea, una osamenta en poi vo, pero él babia mas alto de la que ea Vd. digno Director en esta Rdpública, me
ha en1iregado la suma de(3.000 00) tres m1l pesos, como
y afirma más la inmortalidad que las pirámides, los ear• volor de ta póliza núm. 578.505, úe mi finado esposo el
Sr. D. Jus,ino Horner.
cófag-:ie y laa momias indelebles del antiguo Egipto.
Reconozco agradecida la suma eficacia con que Vd. ha
p AUL DE S.a.INT-VICTOR
prooedido en la liquidación de este siniestro, aumdn,an·
do con esta máe, IIM! numerosas pruebas 41111 ya ha dado
aLa 1'.11utuan d&lt;!I empeño con que acostuwor&lt;1 lltinar loil
o ,mpromtsoe conm,1dos con dUt! asegura.Jos. -~oy de
VJ. afw.i.., atentíoima y S. S. -ELL'&lt;A I:'. J).E Hom,.&amp;R.

Buque escuela "Zara¡oza."

A la voz del eefl.or comandante suena el timbre de las máquinas ordenando avante,
;y un torbellino de agua espumosa y enrojecida por el lodo del bajo fondo, anuncia que
,la hélice puesta en movimientoem pujaba, ya libre, el airoso casco del Zaragoza.
Bien pronto los cafl.onee Nordenfel:it, á babor y estribor del puente, dejaron oir
veintiún disparo!! cuyo eco se perdió en las lejanas eerraníae del Bacaúite, En la jarcia y
palos del Oa.'Vaca y Dem6crata., cubiertos por eue respectivas dotaciones, respondían és.
·tas con un «viva México," sonoro, prolongado, á. la vez de los comandantes.
En loe muelles, grupos del pueblo y de la simpática sociedad guaymen!!e, movían
eue pafl.uelos de mil coloree, y loe gritos y llantos que se perdían por la distancia nos
llegaban hasta á bordo, débiles, pero expresivos, llenos de cariño, de amor y simpatía.
El 23 de Abril d.e 1896 marcará indeleble fecha en la vida de 153 individuos que
,J:oqnimos la dotacióndel Zatagoza. 153 seres que dejamos patr-ia, amistades y afectos

íntimos del corazón, á trueque de ilustración y de gloria. Abandonábamos México
para emprender un viaje extraorctinario, el primero en su género: se trataba de dar
una vuelta al mundo por maree dificiles y peligrosos, y eneefl.ar á nuestra gE"nte las
rudas bregas de marina, presumiendo que al lado del entusiasmo por el viaje, no fallarían loe hondos temores de no volver jamás á pisar el país natal.
Ua instruido y valiente marino, el sefl.or brigadier Monasterio, secundado por inteligente y atrevida oficialidad; una tripulación, la mayor parte avezada á las fatigaa
del mar, y el que estas líneas eecribe, como médico cirujano, formábamos la dotación
elegida para hacer el viaje de circunnavegación,
A las tres y media p. m. trincábanee ea sus varaderos las anclas, y el barco á media máquina pass ba majestuoso, dejando perderse por la popa, en lae vueltas de la bomojando el caefülo y combés y deteniendo así la marcha, hasta entonces regull\l' de

�DOMINGO 8 de AGOSTO DE 1897

EL MUNDO

96

,

r

Panorama de la ciudad y Puerto de Guaymas.

nueeiro andar. Sin embargo, navegll.bamoe á eepeneas del carbón que se consumía á
manos llenas.
II
EN LUCHA CON LA TOH~IEIS'l'A.

El temporal persiste; la gente fatigada demuestra no obstante alegría y buena vountad en la, pe,ada~ faena@; el viento húmedo y fr(o castiga los pulmones de algunos
que forman lista en la enfermería, y las singladuras a1;uean diariam,mte nuestro leuw y difícil andar.
A la altura de la Isla de Cerros se ordenó cambio de rumbo y crnzamoe por ei
canal, penetrando eo la bahía de Sebaetíao Vizcaino, eocareándonoe con la inmensa
pantalla que al viento ofrecía la montaf\oea isla.
Lárgaoee las cangrejas del palo mayor y del trinquete, y virando á eetribor unos
20 grados, tnvim1;s el viento por la mura de babor; el fnerte empuje de viento y marejada ocasionó violentos balanceo@; llegando uno de ellos á -!O gradOI'; en cambio con
eólo las velas, obtuvimos una velocidad de 12 millas por hora, ad fué que en poco
,iempo e9tuvimoe eo la bahía fuera del alcance de la tempes,ad.
un·cielo rojo, ceniciento, sin nubes, y la mar grneea dábanle un aspecto sublime al
espectáculo; eobre la isla, inmensas parvadas de avel! marinas rebullían flotando en el
cielo, y sobre el agua grandes masas de a!gas marinas deepre11didae de sus fuentes eo·
brenadaban llevando en su ineetricable ramaje amarillo obscuro, cadll.veree de jai va y
otros moluscos magullados por el empuje de las olas, futuro paet.o de la voraz ga•
viota.
En\re loe valles y colinas que forman loe accidentados precipicios de la isla, distinguíanse, sslteadae y miserables casucas, que blanqueaban eo medio del rojo obe•
curo ó verde del terrer&gt;o.
Bordeábamos la isla eo plena calma, y uo tanto restaurados, veíamos poco 11. poco
aparecer al norte una franja de mar libre y agitado, y eentíamos nuevamente con
igual intensidad, el viento que nos habla acompaf\ado hacía ocho días.
Había ya concluido el me! de Abril y aun dietábamos más de 900 millas de nuestro
punto de arribada. El temporal continúa y el carbón y víveres escasean 11. bordo; roo·
déranse un poco las raciones, pero no era posible economizar también el carbón,
con que para sostener la marcha contrarrestando la marea, se necesitaba cargar las

Avistado por el vigía del cemáforo, nuestro barco, caneado del temporal, pronto izó sobre el pico de la cangre•
j~ de mesa o a n ueetra bandera, y poco después, fatigados to·
dos pero siempre alegres, dejáronse ir 11. pique las anclae en
uo ,fondo rocalloso y profundo. Olas gigantes rompiánee
con estrépito eobre el sinnúmero de arrecifes esparcidos
en la bocana, y el viento oo siempre fuerte gemía escanda loso al tocar las desoladas rocas de la costa.
A otee de llegar al puerto, ¡con qué avidez pasaban loe
catalejos de mano en mano, buscando en las playas un
abrigo y un auxilio á nues•rae fatigas y neceeidadee!
¿En tan desolado puerto íbamos á buscar abrigo y pro·
visiones ...? Por fin, un grito de entusiasmo brota de todos loe labios: era que se habían descubierto plataformas con carbón, había ferrocarriles, y quizll. tráe la mon•
tafia un pueblo amigo y hospitalario nos proporcionaría
loe víveres que urgían.
¡Catorce días de temporal deshecho al principiar el
viaje, era instrucción oportuna, era despertar en todos la
idea de las dificultades en noa tarea ardua y peligros
sal pero ¿qué importaba? no había qne desmayar y debía
seguirse adelante; teníamos el atractivo de lo desconocido
y esto era suficiente para calmar el ánimo á todo el
mundo, á bordo de nuestro ~scarón de fierro.
DeECanea por fin sobre sue anclas el barco, e'1Hlaee al
viento, y el bote de servicio parte, conduciendo al ma·
qui nieta, pagadores y médico al muelle. Loe informes ooi
indican que á las 2 p. m. salía el tren para San Luis
Obiepo, donde podíamos arreglar precio de carbón, cam•
bio de moneda y provisión de víveres. Por fin ya en el
treo camináb11moe contentos del cambio brusco é ioee•
perado de la traveeia. Viajábamos en tren en bueca de
alimentos para el barco y para nosotrog, libree ya de
una tempestad y teniendo á nuestra vista una continuae
da serie de llanos cnltivadoe y divididos en lotee regulares, donde el maíz, la vid, el
baba y el trébol crecían impulsados por la mano trabajadora del horticultor¡ donde loe
ganados, á la calma de una tarde cálida, tranquilos rumiaban, echados á su antojo;
donde se advertía con sorpresa la vida tranquila de loe hogares aislados del mundo
er&gt; medio de colinas siempre verdee; donde,en fin, nuestro ánimo, cargado de impre•
sionee contrarias, pero siempre bellas, diepon!ase á gozar del nuevo escenario que nos
presentaba nuestro efímero paso por aquel paraíso californiano.
Por fin, media hora de camino á gran velocidad nos condujo al pintoresco pueblecillo de Sao Luis; eus calles rectas, ene casas de madera imitando todos ioe eatiloe, orladas de marcos de enredaderas y mil floree, desprendiendo un ambiente perfumado,
y sus mil lordi11g ¡¡owig ladieA artística y sencillamente vestidas con vaporosas y blancas telas, todoreepirab11 alegría, todo movimiento.
¡Qué comparación con el golpe de mar sobre cubierta, con el zumbido eetriden·
te de la jarcia,· con el guzniAr de la gaviota, caneado, abrumador, pertinaz! ¡Oh con•
traste que el viajero contempla con felicidad, al ver bruscamente cambiar ja escena de
nuestra misera existencial
Uo barco de guerra mexicano, arribado á un puerw:extranjero, nunca visitado
sino por loe de su país, en malas condiciones, después de un temporal fuerte, anunciado por loe obeervatorios del Canadá. y de Lick, debía llamar la atención de un
pueblo corto, 11.vido siempre de conjeturas, chisme~ y noticias; que busca sediento en
loe marinos al amigo, al conocido, al aventurero, y hasta al asombro de lo humano..... .
Y todo por qué?...... porque ha llegado de improviso, como caído del cielo, ó máe bien
como despojo de la inmensidad, á un puerto poco frecuentado.
Después, nada hay e:rlrafto: hablamos eu idioma, pensamos como ellos y tenemos
loe miemos defectos y cualidades; nos quedó sólo el atractivo barniz del recim llegado,
ya no éramos ni monstruos, ni genios, ni personajes raros, sino mefica nos llegados
ahí por la casualidad en busca de amparo que la tempestad nos orilló á implorar; pero
había allá en el fondo uoa simpatía especial que inspirábamos como wdo el que expone su vida por una buena causa, y que noe proporcionó felices días. En las mafianas pasell.bamoe por loe pintorescos alrededores de la ciudad, y en las noches, aeie•
timos á alegres bailes, donde se daban cita en el Hotel Romano las mil.e eimpll.ticae y
encumbradas familias de la población.
El dia 8 de )layo, por el tren de las diez, un verdadero muting atesta loe carros, y

calderas.
Así pasamos el canal de Santa Bárbara, las islas Santa Roea y Santa Cruz, baeta
que por fin, ya sin víveres ni combustible, el seis de :Mayo se convino atracar al puerw más próximo de F,etados Unidos para sslvar nuestras dificultades.
A las dos de la mañana se cambió rumbo, y poco deepuée teníamos á la vista el faro
de puerw Hardford.

III
BREVE PER~IANENCIA E:', PUERTO 11.\ROFORD,-VISITA .\ :;A:-, LUIS OBISl'O,

Puerto Hardford está. recientemente 11bierio al tráfico mercantil de la costa californiana; un magnifico muelle de madera, bodegas para carga, un hotel sobre la playa
y el faro, son loe únicas cont, uccionee ó edificios que ee levantao eobre las abruptas y
rocallosas costas de la ensenada, sembrada de bajos arrecifes, y donde la ola se encrespa y estalla con violento empuje, y abierta un poco 11 loe vientos del sud y sud·
oeste, hacen la entrada muy peligrosa.
A las cinco de la mañana, envuelta entre la bruma, la costa anunciaba vagamente
una colina poco elevada, cubierta de vegetación exhuberante; caminos carreteros
serpenteando desde lo alto de la montaf\a descendlan á loe valles, desapareciendo
á veces entre bosques de pinos y algarrobas; grandes cuadros de verdura descubrían•
sembrados de Higo, avena (1 hortaliza; en medio de ese campo sonriente y cultivado,
88
destacll.baee una que otra casita con tejados rojos y blancos muros, de donde se erguía
una torrecilla esbelta, graciosa y reluciente, á la luz crep:.1ecular del aol que nacía or•
gulloeo.

Está kltu&amp;do oobre el

Observatorio de Llck ( exterlór.)

monte Hnmllton, ll.M m!1111• al Norte de San Francisco-Figura como el tercero
del mundo, :La eti pula ¡,rlnc\¡,al sirve 1:xp1ofe.so para el gran Telesco¡,lo Exterior.

DO.IIIGO

a

ltL MUNDO

de AGOSTO de ...,

nuestro barco, bien surtido de carbón, sos•
tiene en su cubierta 11. guapas miut&amp; y á bur•
dos yrrnk,.es, felices de visitar por primera
VPZ un barco mexicano.

ADEL.\:-.TE

El día 9 á buena hora, limpio ya el barco
de sus pesadas faenas, y animosos siempre,
levamos anclas y al nuevo trepidar de la
hélice perdimos poco á poco de vista el
hospitalario Hardford, dirigiéndonos por
una mar tranquila al famoso y deseado
pul:lrto de San Francisco.
El día 11 de :\layo, á la madrugada, cual
mole flotante, como un castillo feudal en el
Océano, movido pesadamente por e1 em pnje de la tarda ola, ee balanceaba el acorazado de J~ Orcyo11, qne ealía de loe arsenales
11. hacer eue pruebas de velocidad.
La rayada insignia americana mny pron•
to flameó en la popa sobre en aeta, ) nosotros izando la nuestriA, saludamos al recién
nacido coloso de loe maree. Poco después
velamos á babor Punta Bonit,, y á estribor
Cliff Ilouu con eue rocas salientes cu bierObservatorio Lick. ll nterior ).
tae de focas y moreae; entrábamos en la in[Gran wlescoplo ecuttlorialJ.
mensa babia de Sao Franeieco. ·
Todas las flotas mercantes del mundo entero repreeeatadae por barcos de todos Ch•
lores, formas y tamaños, ostentaban aobre sus drizas las caprichosas banderas de todos loe
países, mezclando unos con otros la ineetricable marafta de sus aparejos; fondeados
aquí y allá y atracados á loe muelles, era o un laberinto de palos, cuerdas, chimeneas
y relumbrones de todos loe metales de cubierta; luego loajerriz moviendo ene palancas.
de acero y llevando á las mnltitudee, bogaban en linea recta á sus destinos; más allá bo·
'88 á la vela, ceñían ágiles el viento cowo parvadas de gaviotas; del lado de la población, penachos de humo, desprendidos por mil chimeneas, ennegrecían la atmósfera,
y las callee empinadas delineaban grandes cuadros donde 88 notaba el relumbrar de
loe tiesto&amp; de cristal, láminas de zinc ó dorado fierro, y en loe intervalos, eo las callee
subían y bajaban trenes eléctricos y de cable.
A medida que avanzamos internándonos en la bahía, pasaban á loe costados sio•
número de objetos: fruta, pan, legumbres, tabacos, cerveza, pescado y has\&amp; ropa; ac11dlan todos en tumulto esperando nuestro paso, y loe comerciantes arrojando garfios
adheridos (L resistentes cabos, sobre cualquier punw de nuestro barco, deJábaoee llevar
remolcándoee unos á los otros, y con gritos de todos calibres nos aturdían al ofrecernos
ene mercancías......... Era un baratillo flotante, donde el dialecto yankee mate, gaogcso, áeperv, ininteligible, predominaba. Por fin á las 10 y 20 minutos fondeamos eiu novedad cerca del arsenal r,1ioll Jro,¡ Jrorks, ealudando á la plaza con veintiún caftonazoe,
que noa fueron contestados inmediatamente.
y

vense tardíos y pesados en todas direcciones: ya deecargando aefalto, modera, la·
tón, plomo, nafta, alqultrll.n¡ ya acumulando en altas pirámides ladrillo refractario, Y
levantando 11. eu paso nubes de un polvo acre, rojizo, nauseabundo. Entre todo esto, mil•
quinas de tren pitando y moviéndose de aquí para allá, eolawó arrastrando furgones que
dejan empujándolos, desechándolos, en ml:ldio de tanlo vehículo, de tanto movimien•
to, sin que se registre ni un choque, ni uo accidente, ni una desgracia. Oliendo
á humo y á tabaco americano, respirando vaporee de aceite, de 11.ciáoe, de bronce y de
polvo, 11.:vaado aturdidos loe oídos y la vis,a caneada, eali por fin je la Babilonia industrial, para tomar el primer tren eléctrico que me condnjera al Cdotro de la población.
VI
1 :S L.\ ('l l ' DA ll

Del Sur al Sorte de Sm Francisco, e3 decir, dul Arsenal á la CJlle 3\ el carro eléctrico sigue una vía rectilínea, dejando del lado del mar corpulentos jecalonee, muelles
y depósitos, sobresaliendo todo esto, gigantea b¡¡rreiaa de m 1e,ilee y jarcias donde col·

gadae flamean las banderas de ·todas las nacioneF;
del otro lado pantanos y
depósitos abundantes de
tablones y durmientt-e;
después sigue la pobla
ción de madera y hierre,
callee amplias y pendien•
tes arrattr.iodoee en todas direcciones¡ trenes
eléctricos y de cable y
ómnibus; carros de trans•
porte y carga, entrand•l
y saliendo de todas par
tes¡ bicicletas, traoseuntee pasando ii toda priea,
siempre corriendo.
Loe treaes abundan en
eolichantee, que oi sentados descansan, porqus ee
nota en ellos un continuo
masticar, loe hombree ta•
Calz•d• que conduce á Cllff House.
baco y las señoras tuti Siguiendo la playa libre hacia la Izquierda está el oceauo libre. Las
/011/li. Es desesperante ver
1'0&lt;·11• son los asolcaderos de las Inca,.]
á simpáticas mil/8 ricamente ataviada11, mover sus delicadas mandíbulas sin ce~ar.
Descendí por fin d3 mi carro eléctrico qne con toda velocidad me condujo has•
ta loe más frecuentados centros de la población, y me dediqué á pa'lear en todos loe
puntos y direcciones de la ciudad.
. Sao Francieco e~ uno de loe_ primeros puertos de Estad()@ Uoidoe, erigido en gran
cmda~; su foco de riqueza ha sido el ampli_o comercio con el Asia, y la comunicación
con Nueva York, por el extenso ferrocarril del Pacífico que atraviesa de Oeste á E 6te
una longitud de 1800 millas. ~in ser fabril, es un iomeneo depósito de mercancías y como lugar coemopofüa, eetll. dividida la población en barrios, notable entre ellos ~l chino, por ser una pequef\a población del celeste Imperio, fundada allí con todos loe defectos y curiosidades que encontrarse pu1:daa en eu propio país.
Veintiocbo teatros, conetaotemer.te abiertos y de más ó menos categoría demuee•
tran el carácter bullicioso y alegre del pueblo.
'
Terminadas ya las faenas de la fondeada, y como sucedió, siempre que conté con
El parque Goldeii_ Gatlte, loe baños de Rlllroeooel paseo de moda; allíee da cita todo
el pe1m1eo de bajará tierra, aproveché la primera oportunidad, y en el bote de serviel mundo que, repartiéndose por lile laberínticas avenidas del bosque, ee pierden unos
cio bien aperado, saltamos á loe muelles del arsenal.
y se eoc?entran otros en las treinta estaciones de distintas vlae que conducen y lleSobre uo vasto terraplén artificialmente construido, robándole espacio al mar,
levántanse loe talleres, icmeoeoe jacalonee de ladrillo y fierro, ennegrecidos y humean· van paea¡eroe por todas partee.
Un lago artificial 8irawbcrry JJ,ll cates. Ioestricable madeja de alambree, calabrotee de acero, postes de todas formas y
vado en la cima de una montaña, fortamaf\oe, chimeneas, macizos andamios de gualdras sosteniendo guías, carritos trama uno de loe atractivos del bosque
gineroe de carbón, cadenas de acero, etc., cubren en el aire un grao espacio como el es
donde mil parejas eo falúas, botes 11. re'.
queleto deecomuoal de una obra de romanos; más allá, brotando del agua, jaulas de
mo ó á la vela, pasean alegres; el par•
acero sostienen barcos eo construcción, que semejan inmensos baulee de fierro oxida•
que, que tiene más de tres millas de lar•
do. En loe diques, eostenidoe por cunas de madera y palizadas de gruesos troncos,
go, imita natural ó artificiosamente toálzanse, descubriendo to:il'S sus formas, loe trasatlánticos que limpian y carenan sus
da clase de paisajes, desde el árido de la
fondos.
península Pétrea hasta la portentoea
En loe revueltos pasadizos de la fábrica, rieles, anclas, piezas modeladas, planchas
vegetación de Lamdia. Camellos, ele•
de coraza, ruedas de acero de todos tamaños, cilindros y láminas de fierro carcomidas,
fantee, bizontee, cocodrilos y otros ani•
calderas á medio enterrar, tuberías derramando agua, lodo ó vapor, formaban un sem·
malee divierten al curioso que gasta tobrado en desorden sobre aquel terreno mojado, desigual, negro por la ceniza, rojo
da eu tarde en el bosque, ora en la plapor el detritus del fierro y cobre, 6 amuillo por el cerrin de la madera, y entre todo ese
ya donde á dielancia, eo el mar, se des•
mart11wg1111m, agitábase activa y sudorosa uoa multitud de obreros, vestidos de azul
cubren las caprichosas formas del apa•
obscuro, relumbrando por la graga y moho, ennegrecidos por el carbón y el polvo,
rejo de pailebote ó barcas, ó ya tamenrojecidos por el calor de las fraguas.
bién gozando con la curiosa vista q11e
Un ruido ensordecedor ee desprendía de esa vorágine de la industria: loe pitoE del
La&amp;o artificial
sobre las rocas de Cliff-llm1se ofrecen
vapor, loe crujidos de sierras, chirridos de las potentes cadenas de lae dragas, el golpe
en el parque, tJli~~~!'\.;":'~~~~s'.livel del mar. las tardas focas, coa su aplanchada pitl
eeco del martillo hidráuli•
co, el zumbar de las ban• Los domingo, se llenarte botes que manejan mil gua~ Y sus rugidos de león, formando orqueamerkanas.
ta imponente con el brusco choques de
das, el rodar de las plataformas, el bufar de loe las olas que al romperse se deshacen en soberbios penachos ele blanca espuma.
A la oración de la tarde la más romántica se acerca á la playa para ver extasiada
fuelles, el agudo martilleo
de loe obreros, y anádan- como ee oculta el sol y cuando el último contacto del aetro rey, con la líquida faja
se loe gritoe, imprecaciones del horizonte 1eepreude el faotll.etico rayo verde, exclama: Oh th,rt ia lovcling; y des•
y rugidos de todos en la puée, satisfecha de la tarde, regreea en toda clase de vehículos á la ciudad donde loe
maestranza, y apeoae ee teatros Baldtd,1 y owm Jlouse la esperan.
tendrá una idea de ese in•
VII
íeroal movimientode t 'nion
El, OBSBJt\. ATORIO Df: LICK
Iron Works.
Después sigue la Plaza
Nada se quedó sin visitar; de preferencia fuimos al ob3ervatorio de Lick, uno
de descarga, y allí, carros
de
loe
primeros del mundo, conetrnido sobre el monte Hamilton, á unas 20 millas al
de todce coloree y_tamanoe,
arrastrados por soberbios norte sobre In costa ilel Pacifico, notable tanto por su historia como por loe a:lelantoe
troncos normandos, mué- que le debe la met.eorología y Astronomía,
Rocas cerca de Li&amp;ht- House, punta de San Luis.

�98

DOMINGO 8 de AGOSTO de •197

EL MUNDO

En medio de una colina piatorerca dorada por la mies y exuberante en vegetación,
riachuelos de parlera agua zarca, corren rumorosos en el fondo de sus cauces quebrándose aquí y allá y prodigando su fuerza á una serie de molinos que alegres con sus esbeltas formas, sembrados en todas direcciones, ya medio ocultos entre la arboleda, ya
claros, albeantes y rieueilos en el valle, daban al paieaje ese realce de hermosura
tan común en est • país. Allí en esa colina á la falda del Monte Hamilton, al abrigo
de humilde choza vivió hace muchos años un carpintero de apellido Lick, que á fuerza de constantes trabajos reunió colosal fortuna; sin hijos ni mujer, ea decir sin esos
goces que proporciona el hogar, dedicábaee á la contemplación de loe astros y fenómenos meteorológicos, muy dif.,rente ocupación de la que le competía, por cierto, y obtuvo por este medio agradabilfsimas distracciones, poetizando y haciendo fecunda su
ignorada vida.
Dejó al morir su inmensa fortuna para la edificación de un observatorio meteorológico sobre el monte Hamiltón, observatorio que hoy lleva su nombre y en el que
se han hecho y.i notables descubrimientos; tal es la historia y nombre dé eee importante edificio considerado hoy día como el tercer observatorio del mundo.
Con el capital y réditos de la herencia sostiénese, no sólo acumulando toda la nueva instrumentación, sino también eatisfaciendo los poderosos gastoe que origina su sostenimiento.

elementos atmosféricos, se debe á un humilde artesano cuyo nombre inmortalizado
está ya con su obra magna.

VIII
EN EL TKATRO.-LA PROPAGANDA.-LOS INCENDIOS.

Repreeentábase un día La Cabaña del Tío Tom, pieza para mí conocida¡ asisto gustoso para formar uo·a personal comparación entre el teatro latino Y eleajón.-10hlqué
diferencia, la pieza en español tan aplaudida, tan llena de elegantes rasgos y de patéticas escenas, sufre la rígida violencia del carácter americano, que la acomoda á su
antojo que resuelve lo conmovedor, lo pasional, lo clásico del drama á balazos, actos
de fue'rza, extrangulamientos; en una palabra, no hay tiempo para adve,tir y apreciar
las e¡cenae notables; todo concluye muy de prisa, el drama ha hecho llorará los concurrente&amp;, allí no se lee da tiempo de pensar que es drama sensacional. P1.1r lo demás,
hay elegancia en trajes y decoraciones, y loe entreactos cubriéronse con canciones, bailes, equilibríos ejecutados por troupes de bailarinas, que haciendo mil contorsiones
divierten la siempre sencilla y fácilmente contentadiza animación del público ame,
ricauo.
Loe sábados veíase de notable en todas las calles, á grupos de hombres y mujeres, uniformados con traje azul y vivos rojos, llevando pit.os y tambores que hacían

CIUDAD DE SAN FRANCISCO CALIFORNIA
Los lll!trónomo~, verdaderos sabios de- veinte á treinta años de ela l, dedican su
vida á la observación de los espacios y ea constante trabajo pasan loe meses sin ver
m~ que los astros, haciendo sus cálculos, investigando los arcanos del infinito y fo\Ografiando loe cuerpos y los fenómenos que Ee efectúan á millones de millones de le•
guas más allá........ .
Eu la noche, bajo la cúpula del Ttileecopio ecuatorial que gira sobre mil rueditae
movidas por ejes de sorprendente combinación, oblicuamente montado sobre un soporte gigante de fierro, destácaee el monstruoso aparato que acerca á la tierra los más
lejanos aetros del infinito; allí posados en la escalinata vimos al planeta saturno, cuya
imágen clara ein irizscionee contemplamos caei del tamaño aparente de la luna, después, las hermosísimas fotografías del Sol, del paso de Vénus por su diEco y de un
sin fin de fenómenos que hoy son verdades en la inagotable ciencia de la astronomía.
Que portento de exacfü·1dee, de genio, de ciencia, de limpieza, de solidez se presiente al pisar el dintel de ese santuario de lo desconocido, de ese punto de contacto
de lo finito con lo infinito, de ese portentoso vínculo que alll une la costra de nuestro
planeta con loe insondables arcanos de la inmensidad. Y ese claustro del genio, ese
foco de donde divergen tantas noticias que cimentan la ilustración y que ayudan al
progreso de la humanidad, así como protegen la viJ.a dtil mundo que lucha con l9s

sonar, produciendo estrepitoso ruido. Una miss vieja ó joven, bonita ó fea, carga una
bandera blanca con inscripción azul, que dice: Salvation Army; se ven otras banderas
americanas de todostamafios; y hacinados, siempre juntos y caminando por el centro
de las vías públicas, van dejando sordos á loe transeuntee estos batallones de salvación, predicando máximas religioaas en todos los shios donlleel vicio cong1ega á aua
parroquianos.
D.sde las cuatro de la tarde hasta las diez, comparsas de éstas nevándose conei•
go á la mulLitud degenerada ó traviesa, que abunda en toda población donde la vida
camina á vuelo de t1en expreso, recorren la ciudad; se detienen formando circulo
en las plazas ó sitios concurridos, fJ¡.era de loe hoteles, cantinas y teatros, y durante un
corto silencio, ee oye la monótona y estentórn voz del sacerdote, que sobre una
billa ó encaramado en tribuna portáLil, arenga al pueblo, propagando las más san$aa
máximas de la Biblia.
Tal es una de las formas de propaganda religio3a en Fstados Unidos, costumbre
de acuerdo perfdctamente con la proverbial rareza estrambótica de nuestros poderosos vecinos.
Continuará.

DOMINGO

a

de AGOSTO de

••sn

PO:E;SIA

Del señor Juan de Dios Peza, leída por el señor don Hi'larión Frias y Soto en la Inauguración de la Exposición de Flores en San Angel el 25 de Julio de 1897.
Me acercais al emporio de la dulzura
A mí que siempre be sido todo amargura!
Me acercais á la dicha y á la belleza

A mí que siempre he sido todo tristeza!
Agradezco y perdono vuestros antojos;
Algo de amor y vida queda en mis ojos,
Perq en el alma enferma y atribulada
Bien lo sabéis vosotros, no queda nada!
Muerta la fe que alienta, la fe que inspira,
No busquéis ilusiones sobre mi lira:
La nieve apaga ensuefíoe dulces y bellos
Y emblanquece las almas y los cabellos,
Y mal sienta á la triste cabeza cana
Un nimbo de fulgores de la mañana;
Sobre la eterna duda y el desconsuelo
Bien están las tinie bias, bien está el hielo;
La tempestad ee gérmen de obscuridades
Y obecuras eon del alma las tempestades!
Mas quien cantó á la gloria y á loe amores
Bien puede, estando triste, cantar las flon s;
Po1que si bien se mira, juzgando en calma,
Las liares son mujeres aunque sin alma:
Mejor que no la te1Jgan, si la tuvieran
Entre aí se engañaran y se vendieran!
¡Las flores! sus aromas y sus matices
Viven lo que los sueños de loe felices!
Nos dejan sus espinas pues lo que hiere,
Lo que propaga daiío, eso no muere!
Todo al eterno abismo rápido rueda!
Cáliz, corola, pétalos ...... la espina queda!
Así en la eterna lucha del mundo hurano,
Quedan tras loe ensuefioe el desengaño,
Y hay que llevar doquiera la espina aguda
Cla rada en la conciencia como la duda.
Adalid de secrttos grandes dolores,
Me encanto con los niflos y con las flores;
Por que alivia loe duelos de la existencia
Descansar en el seno de la inocencia.
Y no hay otra ternura ni otro cariño
J nmaculado y puro como el de un niño,
Ni símbolo más vivo, de más valía
Que la flor hechicera que el cielo cría:
lrna flor en el pecho del eér !\mado
Ee la llave de un cielo siempre soñado!
Allí encuentra la vida que el alma quiere
Y al fuego de esa vida marchita muere.
Que ael en amores miran los corazones
Morir como las rosas las ilusiones!
En la iglesia más pobre, más solitaria,
Es un ramo de floree una plegaria;
Que BU9 hojaij que adornan el templo santo
La fé las humedece con tierno llanto;
y la fe con SUB alas de raudo vuelo
Oración y perfume levanta al cielo.
Cual. corona de estrellas loe azahares
Brillan en blancas frentes en loe altares.
¿Qué diadema más digna de la belleza?
¿Qué eímbolo más tierno de la pureza?
!Ay! también en las tumba9 las flores crecen;
No se canean Li olviJan ni dedallecen.
Allí, lejos del bril lo del mundo vano,
Crecen sobre la madrP, sobre el hermano.
Q1e el manto del olvido la tL1mba eavuelva:
Allí tiende sus ti.:,ree la madreeell'a.
La memoria de un muerto queda perdida,
La flor es una hermana que nunca olvida.
Y de la helada tumba bajo el abrigo
Dice al que duerme solo «y&lt;, estoy contigo.n
Ahl son flores hermo~as las ilusiones,
Que embriagan y adormecen los corazones.
Allá en la Primavera, cuantas nacieron,
Unas·se marchitaron, otras se fueron!
Y sobre el campo estéril de loe dolores
Son caídos loe recuerdos, qué tristes florea!
El campo que hoy alegra la luz del día
Lo secará Diciembre con mano fría;
Pero pronto á los besos del sol ardiente,
Tornará su belleza más esplendente,
Y abrirán sus nectários en la3 corolas
Loe lirioe, las vicletas, las amapolas;
Tendrá rumor la fuente, arom'.l el prado,
El jardin mariposas, fruta el granado
Y sonarán los cantos, dulces, sentidoe,
De avecillas que pueblen los ouev.:,s oidoe.
Así también el alma que ,¡ufre y llora,
Tras de la negra noche tendrá su aurora.
A cuantos bellos nombres su luz alcanza:

EL MUNO

99

Se llama fe, ventura, gloria, esperanza1
Que si son cual invierno las decepciones
Tienen su primavera las ilusiones!
8e llora una esperanza que se derrumba
Y luego crecen flores sobre su tumba!
Fecunda el alma humana como la tierra,
Gérmenes de ventura tan solo encierra,
Y baila para consuelo de sus dolores:
La mujer! la más bella tlc&gt;r de las flores!

------

:E;L JUGU:E;T:E; K:E;GENEKADOK

U E edad tie... ~

el pequeñuelo, eeñora?
A esta pregunta lamadre miró al
niño cómo
quien mira al
tele j para ver
la !tora, y
contestó:
-¿l'ept'!...
Yeintinuevti
meses.
Bien podía
ella decir dos
afioe y medie,; pero como Pepe demuestra gran precocidad de inteligencia y pueden contarse de él muchas cosas admirables para un niño de su edad, }a madre no
!¡uiere ponerle ni un solo mee encima, no fuera que el
chiquillo resultara un poco menos prodigioso ó que las
otras madres sintieran u11a miajita menoit de envidia.
Tiene también otro motivo para no enHjecer á su hijito
ni un sólo día, y es que ella le querría eitmprepequeflín,
siempre bebé, pues á medida que vaya Eiendo mayor irá
siendo todavía menos suyo. Ahora mismo ya le parece
como si se Je fuera escapando poco á poco, porque esos
ingratueloe van desligándose de su mamá día trae día.
¡Cómo no, si el acto del nacimiento puede decirse que es
ya una primera separación!
He aquí, pues, explicado el porqué Pepe cuenta precisamente veintinueve meses. ¡Buena edad! A mí, al menos, me inspira gran consideración, ea la que cuentan
muchos de mis amiguitos,· que se portan conmigo de una
mane1a excelente. Pero ninguno de ellos tiene la imagiuac1ón que tiene Pepe.
Pepe asocia las ideas con gran facilidad, aunque de
una manera algo caprichosa. Sti acuerda de las cosas por
mucho tiempo y reconoce una fisonomía al cabo de más.
de un mes de no haberla visto. En las Jáminag iluminadas que le dan para jugar descubre mil particularidades.
que Je encantan á la vez y le agitan vívamente. Cuando
hojea cierto libro ilustrado con el cual se ha encarifiado
muchó ( no ha rasgado más que la mitad de sus bojas"),
áe exita basta el punto de aparecer en sus mejillas man·
chas encarnadas, y de que eus ojos brillen demasiado.
Esas mejillas y esos ojos asustan mucho á la madre,
que teme por aquella cabecita, demasiado tierna aún para tanta actividad; teme la calentura, todo lo teme. Cree.
á veces con remordimiento que el orgullo que siente á
menudo por tal precocidad de su nifio ha de )levar desgracia á la criatura, y caoi llega á desear que su hijo sea
como el chico del pa11adero, que ella ve todos los diae en
el umbral de la tienda, con su cara gordiflona y chata,
sus ojos azules sin expresión, su boca perdida entre las
mejillas y su aspecto bestial de· salud. Aquel no debe dar
ningún cuidado á sus padres, mientras que Pepe cambia
de color á cada momento, eue manedtas arden constantemente, y su sueño es siempre muy agitado.
Al médico no le gusta que el niflo tenga tanta afición á
mirar láminas y grabados y recomienda que se imponga
calma á sus ideas.
-Es muy sencillo, dice, hay que criarle como un perrito.
Sin embargo, eso no es tan sencillo como se figura el
Doctor, quien sin duda no t:ene idea de la psicología de
un niño de veintinueve meses. Pepe lleva en sí ricos
gérmenes de vida y no tiene afectado ningún órgano
esencial; pero, no cabe duda, está demasiado flaco y de•
masiado pálido.
Es un pequeño pariüenee al que no con.\'iene el aire de
Paríe, á pesar de lo mucho que París le gusta, precisanrente por eeo le conviene menos; porque le gusta deruaeiado, porque t&lt;1ntas formas, tantos col. res, tantó movi•
miento lo agitan y le trastornan; porque siente y comprende en demasía; porque, en una palabra, se fatiga;-

Pálido y enteco se lo llevó su madre en el mee de ,Tulio
á un rincón de Suiza, á un tibio valle donde no veía más
que hierba y vacas; las vacas cuya espumosa leche bebía,
y la aromática hierba de que se nuttían las vacas.
·
Aquel sencillo espectáculo no podía menos de hacerle
bien: aquel reposo en el tranquilo seno de la Madre Naturaleza duró tres meses, tres meses de risuefia eerenidad
y de comer mucho pan moreno.
Eu los primeros días de Octubre ví regresar á París á
mi amiguito regenerado:_·era un Pepe enteramente moreno, tostado, dorado, curtido, casi mofletudo, con las
manos rusticas y callosas, y la voz y el reír broncos y
fuertes.
-¡Miren qué horrible está mi Pepe! decía su mamá
muy contenta; tiene los colores de una muñeca de sesen·
ta céntimos.
Pero ¡ayl esos coloree duraron poco, Pepe volvió á
palidecer, volvió á la nerviosidad y delicadeza de nito
excesivamente refinado. Y era que París recobraba su
ascendiente sobre él; aquel París que no se sabe en quu
consiste y está en el aire que inspir11 agudeza de eensi-bilidad y de entendimien'to, que perturba y que hast3 á
los niiíos dael genio de movilidad y de inventiva. Y he
ahí á Pepe poniéndose pálido ó colorado sobre loe libros
iluskadoe.
Hacia fin dé Diciembre le ví nervioso, con sus ojos
enormes de grandes, y sus maoecitas resecas y ardientes¡
ilo quería comer ni podía dormir. El médico se contentaba con decir:
· -Que coma, que coma mucho; no tiene nada.
Que coma! su madre lo había probado ya todo, pero
el nifio no comía; y ella ahora nü hacía más que llorar
Con la noche de Navidad vinieron para Pepe multitud
de juguetes, caballitos, polichinelas, soldados, etc., etc.;
y á la mañana siguiente su madre, de pie delante de la
chimenea, contemplaba pre~cupada y con desconfianza
tantísimo juguete haciendo tantísimo visaje.
Y muy quedíto, para que Pepe no despertara, tomó el
polichinela, que tenía una expresión maligna; loe soldados de plomo, áloe cuales creía muy capaces de llevane
más adelante á su niño á la guerr.i, y hasta el pobre caballo rojo, y ee fué de puntillas á escondu todos ectos
¡uguetes en un armario, sin dejar sobre la chimenea más
que una c~ja de madera blanca que contenía un establo
en miniatura, juguete de siet1 reales que regalaba al niño un amigo pobre de la familia.
Después se acercó á la camita y se puso á contemplar
al niño dormido. Mujer al fin, el bien int.encionado engafio que acababa de realizar la hacia sonreír. Pero fiján·
dose luego en los azulados párpados del niño, pensó de
nuevo:
-¡Es atroz eso de no poder hacer comer nada á esa
criatura!
Apenas acabaron de vestirlo, Pepe abrió la caja y vió
los carneros, Ja3 vacas, los caballos, los árboles ( unos árboles muy rizaditos) y además el aldeano y la aldeana,
él con la hoz y ella con el .rastrillo (porque bien mirado,
aquello más que un establo era una granja). Se conocía
que iban al prado por hierba, á pesar de que su actitud
no era de andar. La aldeana llevaba un vestido rojo y
i,ombrero de paja. Pepe le dió un beso y ella en cambio
le embadurnó la cara. La casa era muy pequefüta y tan
baja que la aldeirna no hubiera cabido en ella; pero tenía una puerta y en eso conoció Pepe que aquello era
una casa.
¿Qué vieron en todas aquellas figuras los infantiles ojos
del niño?• Las apretaba fervorosamente con eus maneci
tas ( que quedaban todas empegadas), las ponia todas
en fila sobre su mesita, y llamaba apasionadmente á 103
carner )B, á loe caballos, por sus nombres: ¡nero! ¡bu.yo! y
después al cojer uno de los arbolitos: ¡ino!
-¡Reyl ¡tesoro! dijo la madre abrazando y besando al
niilo con tal impetu que la mayor parte de las figuritas
rodaron por el suelo
Sí, el niño descubría en aquellos arbolitos de juguete
una semejanza con aquellos otros árboles que había vis•
to allí, allí en el país de la hierba espesa y del aire sano;
y descubría además muchas otras cosas que su madre no
sospechaba; todos aquellos pedacitos de madera pintada
evocaban en él imágenes vivas que le hacían vivir
también áél otra vez en medio de aquella naturaleza alpestre, de aquella Suiza que le había engordado y robustecido. Entonces sus ideas fueron asociándose y quiso
comer.
-¡Leche! 1Panl Y empezó á comer y á beber, y el
apetito no cesó y cenó por la noche con el mismo afán con
que almorzara por la mañana. Y al día siguiente con sólo ver el juguete, voldó á tener igual apetito. ¡Lo que es
la imaginación!
-¡l\Iiren que mofletes¡ parece una muñeca de sesenta
céntimos! ¡Y pensar que todo esto no lo debemos más
que al establo que le regaló este pobre eeiíor Fulano!
.

.ANA.TOLE FMNCE.

�&amp;L MUNDO

loo

-¡Uh! ¡el grandMmo plllol

AllTtJllO

ACE ya algu-

nos años
que vivfa
yo en un
pabelloncito de los
('ampos
Rliseos, en
el pasaje de
JasD oce
Casas. Figurense usted e a un
.l
. .
,.,,. .
apartado
:wllllt'~'IIÍÍ!......
~
rincón •del
. . ..e u burbio,
'
metido en•
tre aquellas grandes y aristócrntas avenidas tan frías Y
desanimadas, que no parece sino que sólo deben atrave•
earse en coche. No sé ei era por raro capricho del propietario ó por manía de algún avaro ó viejo extravagante pero el caso es que, á pesar de. que aquellos terrenos
Iomaban centro, el corazón, como si dii&lt;'ramos del barrio, permanecían en tau deplorable estado, con sus jardincitos enmohecidos por el tiempo, sus casas bajas edificadas 'en linea irregular, con las escaleras en la parte
exterior y las galerías llenas de ropa blanca puesta á secar, de las jaulas con los conejas, de miserables gatos y
de cuervos domestica1.os.
Allí habitaban muchas familisa de obreros, pequeños
propietarios, algunos artistas ( á estos se les encuentra
en todo sitio donde quedan en pié algunos árboles), y
·por último, había también dos ó tres casas de huéspedes
de aspecto ruin, llenas de mugre de varias generaciones
de gente pobre y mieerable. Al rededor el bullicio y el
esplendor de los Campos Eliseos, el ruido sordo y continuo de los coches, el choque de los arreos de las caballerías y de loe pasos de los transeuntes, las puertas de
los carruajes cerrándose majestuosas, las carretelas ha·
ciando retemblar los pórticos de los palacios, los con
fusos sonidos de algún piano, los violines de .Mal,it/e. y
en el fondo, perdiéndose en el horizonte, las grandes y
silenciosas viviendas de los ricos, con sus redondeadas
erquinas, sus cristales nublados por cortinitas de transparente seda y sus inmensos espejo~ por donde asoman
dorados adornos de eandelabros y las flores raras de las
jardineras ......
La obscura callejuela de las Doce Casas, tan sólo iluminada por un farol que en su extremo había, semejaba
un bastidor de magnífica decoración que la rodeaba.
Todo aparente, lo falso de aquel lujo deslumbrador venía á refugiarse en aquel sítio: por eso se veían allí libreas con entorchados, calzoncillos de clown, palafraneroa inglesee que formaban una clase aparente; caballerizos del Circo, los dos pequeños postillones del Hipódromo con las jacas gemelas y sus anuncios; el carruaje ti•
rado por cabras, los polichinelas, los vendedores de barquillos, y por último, las tribus de ciegos que por la noche regresaban con sus sillas de tijera, acordeones y
rastras. :Mientras yo habitaba en aquel paraje, uno de
estos ciegos, celebrando sus bodas nos proporcionó, durante toda la noche un fantástico concierto de clarinete,
oboes, órganos y acordeones. Aquello parecía el desfile de
todos los puentee de París con todas sus distintas salmo•
dias....Y sin embar¿o, la callejuela era de suyo tranquila,
por que los que vagaban por las calles no regresaban fati•
gados hasta el anochecer; tan sólo los sábados, cuando
Arturo cobraba el salario, se metía algún ruido.
Arturo era mi vecino. Cna pequeña pared terminada
por un enrejado separaba mi pabelloncito del cuarto que
junto con su esposa aquél habitaba. Así es que, muy á
pesar mío, la vida de Arturo estaba en íntima relación
con la mía, y cada sábado no tenía más remedio que oir,
sin perder una palabra, el terrible drama, mny pari!;iense por cierto, que se desarrollaba en aquella familia de
obreros. Siempre empezaba de la misma manera; la mujer andaba atareada por la casa, con los niños agrupados
á su alrededor, y preparaba la comida cariñosamente con
ellos. Daban las siete, las ocho, nadie llegaba...... .A medida que se iba haciendo tarde, el tono de su voz cambiaba, se ponía nerviosa y el llanto anegaba sus ojos.
Los niños, acosados por el frío y por el hambre, chillaban. Por fin. como el marido no solía comparecer, cenaban solos. Al cabo de un rato, acostados ya los chiquillos,
silencioso aquel gallinero, se asomaba al balcón de ma •
4e1a y la oía murmurar entre sollozo¡¡·

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Al retirarse á sn casa encontrábanla loa vecinos y ~e
compadecían de
infeliz.
-Váyase usted á la cama, señora. Ya ealle usted que
no vendrá esta noche, puesto que es dfa de cobro.
Luego venfan los consejos y habladurfaa de comadrea:
-Yo, en su lugar, baría esto ...... ¿Por qué no Ee lo
avisa usted á su amo?
Cuanta más lástima inspiraba á las buenas gentes, tanto más copioso era su llanto; pero, con todo, pereiftfa en
su esperanza, se consumía aguardando con tenacidad, y
á pesar de que las puertas continuaban cerradas y de que
no ignoraba que estaba sola, permanecía allí, la mente
fija en una idea, hablando en alta voz consigo misma de
sus amarguras, con aquella sencillez propia del pueblo
que se pasa siempre la mitad de la vida en la calle. Fa·
cil era averiguar las causas de sus pesares; loa alquileres
a trazados, loe tenderos que fa asediaban, el panadero quo
ya no quería fiarle el pan...... 1Y cómo salir del paso, si
el marido volvía sin un cuarto! Por fin, cansada de acechar los pasos retardados de los trasnochadoi-es y de con•
tar horas se metía dentro. Al cabo de mucho rato y cuando ya pensaba yo que la cosa había concluido, oía toser
muy cerca de mí, en la galeria; la infeliz estaba otra vez
en el mismo sitio, atraida por la inquietud, no cesando
de mirar y remirar en la obscura callejuela, no viendo en
todas partes más que en aflicción.
Cerca de la una ó las dos, á veces más tarde todavía,
oíase cantar en el extremo del pasaje, sel'ial evidente de
que llegaba Arturo. La mayor parte de las veces se hacía acompañar por algún· camarada suyo hastapuerta. la
-Ven, hombre, von, solía decirle.
Y hasta en el umbral, vagaba indeciso, como si una fuer•
zn superior le impidiera retirarse, sabibndo bien lo que
le esperaba. Al subir la escalera, el silencio que en aquella reinaba en aquellas horas .hacía sus pisadas más rui•
dosas; esto le causaba cierto.disgusto, una especie de re•
mordimiento. l I ablaba solo y en voz alta, parándose delante de cada nao dti aquello3 escondridijoa, diciendo:
-Buenas noches, señora \\' eber......... .Buenas noches,
señora Mathieu.
Y si por desgracia no le contestaban, soltaba una re•
tahila de palabrotas injuriosas que duraba hasta q•1e to•
das las puertas y ventanas se abrían para devolverle sus
maldiciones. Y esto era precisamente lo que él quería,
porque cuando estaba borracho movía mucho alboroto.
Además, como estas pendencias le enardecían, montaba
en cólera y no temia ianto la entrada en caea.
Su regreso era terrible.
-Abre, soy yo ......... gritaba.
Y desde mi aposento sentía las pisafas de su pobre
mujer, que andaba deECalza sobre el frfo suelo, y el frote
de los fósforos. Nuestro hombre desde que entraba tartamudeaba siempre la misma excuia: cclos amigos, el dejarse arrastrar por sus flaquezas ........ Fulano, sabee... ....
.Fulano ......... aquel que trabaja en el ferrocarri!. 11 Lamu•
jer no le prestaba ninguna atención.
-¿Y el dinero? le preguntaba.
-No tengo, decía Arturo.
- ¡Mientes! ........ .
Y en efecto, no decfa la verdad, pues con todo y estar
borracho eiempre se guardaba algunos cuartos, previendo la necesidad de beber que el Lúnes tendría. Se trataba, pues, de quitarle de encima tan sólo el resto de la
paga, y el hombre se resistía diciendo:
-¿Pues no te digo que 111e lo h, u1"bid1,? decía á gritos
Y su mujer, sin contestarle, indigaada, le asía con todas sus fuerzas, le sacudía, le registraba y vol vía los bolsillos. Al cabo de un breve instante rodaba el dinero
por el suelo y la mujer se arrojaba sobre él riéndose con
aire de triunfo.
-¡Ah! ¿ves cómo tienes? .........
Al poco rato oíanse blasfemias y un sordo ruido de
golpes...... el borracho tomaba su venganza, y una vez
comenzada la paliza, ya no Ee contenia. Lo más perver•
eo y destructor que pueden contener loa asquerosos vinos de las tabernas se le subía á la cabeza y pugnaba por
ealir. La mujer gritaba; los muebles de aquella zahurda,
hechos astillas, volaban por el aire; loe niftos despertaban sobresaltados y lloraban de miedo. L:1~ °\"entanas
del callejón so abrían y todo el mun:i&lt;', decía:
- ¡Ee Arturo, es Arturo! ... .
Algunas veces el suegro, que era un viejo trapero del
cuarto vecino, venía en socorro de su hija; pero Arturo
se cerraba con llave para que no le estorbasen en su tarea. Cn repugnante diálogo se entablaba entónces al
través del cerrojo, entre suegro y yerno: oíamos cosas
horripilantes:
-¿Aún no tienes bastante con loe dos años de cárcel.
bandido? prorrumpía el viejo. .
Y el borracho, en tono altanero, replicaba:
-Sí, estuve dos afios en la cárcel ...... ¿Y qué?...... Por

DOMINGO l 'de
AGOSTO de ~
1197
'
lo ru f:lno! yo he pngado mi deuda á la sociedad...... Pro•
cura pagar la tuya.
Esto era para él la cosa más sencilla; he robado y se
me ha metido en la cárcel, estamos en paz ...... Pero si
el viejo insistía mucho sobre este punto, Arturo, perdiendo por fin la paciencia, abría la puerta, y como Pollchinela, se arrojaba sobre el suegro, la rnegra, los vecinos y zurraba á todo bicho viviente.
Y con todo no era un mal sujeto. Cuántas veces al
llegar el domingo, ó sea el día siguiente de una de estas
tremendas peloteras, apaciguado y sin el dinero col' que
irá la taberna, se pasaba todo el día en caea. Sacábanee
eillas al bolcón y en él se instalaban la señora Weber,
la señora :Mathieu y todos les huéspedes, charlando
amigablemente. Arturo entor.ces se esforzaba por parecer amable y culto. No parecía sino uno de estos obreros modelos que Misten á las claEea de noche. Ponía la
voz dulce y meloea y hablaba en tono declamatorio, expresando ideas incompletaEi nccgidaa en todas parte3
sobre los derechos del obrero y la tiranía del capital. Su
infeliz mujer, ablandada por la paliza del día anterior,
no era la única que Je cont(mplaba llena de admiración.
-cc¡Oh, lo que es Arturo si quisiera!11 murmuraba entre suspiros la señora ,,·eber. De&amp;pués aquellas mujtre3
le hacím cantar...... Cantaba Las C:olo11drinas de M. de
B éranger, con voz de garganta, extraf!a afect,ación y el
ridículo sentimentalitmo de los obreros...... En aquella
única galería cubierta de papel embreado y de andrajos
tendidos, por entre los cuales brillaba el puro azul del
celaje, toda aquella repugnante gentuza, ávida del ideal
á su modo, volvía emocionada los ojos al cielo.
Todo lo cual no impedía que el sábado siguiente Arturo tirase su salario, pegase á su mujer, y que e:::i aquella zaborda existieee un rimero de Arturltos que sólo ezperan llegar á hombres para malbaratar, al igual que
sus padres, el salario, y pegar á sus respectivas mujeres...... 1Y es esta la raza que quiere dominar el mun•
do! ...... ¡Ah! ¡qué locura!
Au-o~ao DAUDJ,."J',
EL CORAZON DE UNA MADRE
Balada Catalana

Rugiente pasión ardía
En el alma del doncel;
Fuera de ella nada !.aabía
En el mundo para él.
-Lo que á tu capricho cuadre,
Dijo á su amada, lo haré;
Si las joyas de mi madre
Me pides, te las daré.
Y ella, infame, como hermosa,
Dijo en horrible fruición:
-Sus joyas ......... son poca cosa,
Yo quiero su corazón,
En fuego impuro él ardiendo
Hacia su madre corrió;
Y al punto su pecho s.briendo
El corazón le arrancó.
'l'an presuroso vol vía,
La horrible 11lrenda á llevar,
l¿ué, tropesando en la vla,
:Fué por el suelo á rodar.
Y brotó un acento blando
Del corazón maternal,
Al ingrato preguntando:
-llij", ¿no te has hecho mal?
VwroR

BALAG OEH.

TEDIO,
Yo era feliz, pero un cruel invierno
Virtió eu frío en mi pasión ardiente,
Y quién sabe qué nube del infierno
Trajo sus negras sombras á mi frente.
Mi ternura-ave blanca que á tí vuela .A un soplo extraflo de frialdad se entume..
Y-mustia flor-mi corazón se hiela
Sin que hayas recibido su perfume.
No sé en que golfo gélido y sombrío
Sus bellas formas mi ilusión sepulta,
Y envue lto entre las sombras del hastío
El sol mu riente de tu amor se oculta. ·
El ascua viva de tus labios rojos
Se apagaría al roce de mi hielo,
Y el ténue brillo de tus dulces ojos
Sólo hace gris el ónix de mi cielo.
EFRÉN REBOLLEDO,

.Agosto de 1807.

DOtllllGO a de AGOSTO d•

1lt,

ESPIRITA

S quiero habl~r, se•
fi&lt;1rita, de un libro
viejo que, á peear de
haber rozado sus pá
ginas, con sus alas muchos añoe, se conser•
va nuevo, lleno de novedad siempre, lindo
y cautivan te, oloroso
como un ramillete de
jazmines; de color de
rosa, como un cielo primaveral á la puesta del sol. Es la
eterna «nueva primavera11 del poeta alemán.
Hablo de la «Espfrita de Teófilo Gauthier.
Y hablar de ella y de él, es echar cartas sobre mesa de
mármol, es jugar al ecarté con el idealismo refinado y sutilmente de licioso .........
.A.cerquemos las sillas al balcón abierto y mientras contemplamos el paisaje hechicero que forma el jardín que
renace, departamos un poco.

***

Espírita es la pereonilicación del más puro, del más intenso amor. Espírita es la vestal que oficia en el altar de
Eros y Psiquis, en el sagrado y solemne templo de una
selva vasta y virgen. Camina entre nubes de mirra oriental y lleva ceñida en su frente :ntacta, enredada entrn sus
espesos cabellos rubios, una guirnalda de roeas blancas y
hojas de acanto. Es idealmente hermosa. Su cuerpo, que
pasa á través de las páginas del libro, entre oleadas de
e.etilo rico y maravilloso, parece tallado en marmol rosa·
do, ;palpitante, de curvas fugitivas y contornos opulentos! ¡Oh, Eapírital Los senos núbiles, ruborosos, palpi•
tan bajo el corpiño de lino, al impulso de extraí'io fuego
interior y los ojos de un azal obscuro, azul de cielo oto·
ñal en la hora del crepúsculo, tienen:unas miraias vagae,
indecisas, que buscan algo que nunca encuentran, algo
que no está en este mundo. Ea ella una musa de luz. Su
labio no sintió mís besos que los de sus padrea, y 8.18 mejillas jamás se sonrosaron al oír palabras de amo1.
Cuando Malibert ve retratada la imagen de una novia
desconocida en la luna del espejo veneciano, le sobr,coje
una paBión mística; su alma se refugia en sí misma. Reza
á la Venus sagrada, á la ingota dea, que habita un paraí•
so luminoso.
¡Ser amado por un espíritu! ¡Qué cosa más hermosa!
¡Qué amor más purol No lo es más un arroyuelo que ha
vivido sumido en la verdura de un bosque, in tactas sus
aguas, sa.s arenas tocadas, muy levemente, por el ala breve
de un pájaro ó el pétalo seco de una flor, que va rodando.
Debe ser hermoso amar así: vivir queriendo una cosa
imposible. Ver su cara risueña, sus ojos bellos, sus lábios
que reclaman besos, sus mejillas frescas y no poder hacer nuestro, ~olo nuestro, todo aquel encanto. Besar una
sombra ...... ...~(ello os lo puede decir :Malibert) ......... Es
un imposible. Sediento buscáis la copa del placer para
saciar vuestra sed, y aquel vaso se esfuma, os deja burlado¡ pensáis cautivar con vuestras manos aquella cintura
de avispa; y la visión se desvaneco, como bruma sutil
que rompen loE rayos del sol.
Est;&gt;írital--Después de leer ese corto volúmen, esas pocas páginas bellae, quedáis como sumido en un quietismo
amoroso, inexplicable. S3ntís que amais vos también;
que hay un espíritn, todo luz, que tiene fijos en voz ioe
ojos; que tenéis ansias indecibles de besar algo que no es
de este mundo, de acariciar una cabellera que brilla como madeja de débiles rayos solares. Y leéis una, dos ve·
ces. Y luego,:Sintiendo una honda nostalgia, más deseos,
refrescáis vuestros labios en esa agua fresca y cristalina,
apagáis, á soplos, esa hoguera que arde y que amenaza
consumiros.
El dbtado de Espírita es conmovedor, lleno de da.Ice
tneteza. Ella Je dicti á su amor: 11Ea preciso que conozcáis
al sér indefinible para vos que se ha deslizado en vuestra
existencia. Cualquiera que sea vueetra penetración no
llegaréis á analizar rn verdadera naturaleza, y aeí como
en una tragedia malhecha, loa héroes dan sus nombres,
sos cualidades, referencias, me veo obligada á exp licarme yo misma; pero con la excusa de que nadie puede ha·
cerio por mí.. ...... » Tras este preámbulo, breve, sigue el
relato de su amor solitario y puro, de sus primeras ale ·
grías y sos primeros dolores, de proyectos frustrados, la
desilusión, el desengafio, -y luego. poco á poco, el final.
La entrada en un couvento, el dolor secreto, querido
arrojar del alma, pero nun~a conseguido; la enfe•me·
drd, la agonía, y Juego, la muerte, el alma que deja su
caree! terrena y se va, volando, volando, al espacio.
ccLa primera vez que os ví,-dice Espírita,- fué en el

lol

SL MUNDO

locutorio del convento de los p ~jaroa, 11 donde fuisteis d.
verá vuestra hermana que estaba de pensionista como
yo, pero en clase superior, porque yo solo tenía trece ó
catorce años á Jo más, y aún no lo parecía por Jo pequeña, delgada y rubia. No paraeteis mientes en aquella niña que á la vez que roía el chocolate escarchado de la
Ca.,a MarqtliM, que le había llevado su_madre, os lanzaba
una milada fur tiva.
Y así, sencillamente, como una rosa temprana que rompe su cárcel de verdura, nació ese amor. Bellos trece aüos
que aman! La niña que roía chocolate y sentia ya en su
pecho el roce del amor! Es lindo principio. Y sigue uno
leyendo y va de belleza en belleza. Para este párr.1fo,
uua sonrisa; hay esperanza en el proyecto de Espírita pa,
ra encontrarse con el esqu:vo objeto de su viva pasión.
Y lu':'go: para aquel otro párrafo, una lágrima; al ver como llora Espírita al frustaree su proyecto. Lo subuyuga
de tal modo á uno la lectura, que no suelta ni un momento el libro de las manos.
La descripción de su agonía que ha,::e Eipírita, es hermoeíeima. Dice: «Cuando empezó mi agonía me acosta•
ron e.a el suelo, con un saco de ceniza por almohaia,
única actitud propi11, de una sierva de Dios que ent rega
su polvo al polvo. Cada momento me faltaba más el aire.
me abogaba; una angcrstia extraordinaria me oprimía el
pecho; el instinto de la naturaleza luchaba aún contra la
destrucción; pero muy pronto aquella lucha inútil cesó,
y con un debil suspiro se exhaló el alma de mis labios, n
Este es el fina! de Espirita, descrito con tanta verda i.
Y luego: el espacio, la región luminosa, el imperio
vasto del rey Sol. El viaje de una alma, una paloma eucarística, que va al cielo, que busca á Dios.
«No hay palabras humanas que puedan expresar la
sensación de un alma que, libre de su cárcel corporal,
pasa de una vida á la otra, del tiempo á la eternidad, y
de lo finito á lo infinito. Mi cuerpo inmóvil y ya cubierto de esa blancura mate que es la librea de la muerte,
yacía en.su fúnebre lecho, rodeado de monjas que reza ban, pere estaba libre de él, como la mariposa de la crisálida, cascarón vacío, despojo informe que había abandonado para abrir mis alas á la luz desconocida y súbitamente revelada. A una intermitencia de sombra profunda había sucedido un deslumbramiento de esplendores, un ensanche de horizontes, desaparición de toda
suerte de límites y obstáculos, que me empapaba de indecible alegría. La explosión de nuevos sentimientos
me hacía comprender misterios impenetrables al pensamiento y á los órganos terrestres. Libre de aquella arcilla sometida á las leyes de la atracción, me lancé, con
loca velocidad, en el éther insondable. Las distanc:aa
ya no existían para mí y el simple deseo me llevaba donde quería ir. Tracé grandes círculos volando más rápidamente que 1,-, luz, á través del vago azul de los espacios, como el que toma posesión de la inmensidad, cruzándome con enjambres de almas y espíritus.
«Un raudal de luz brillante, como polvo de diamantes,
constituía la atmósfera, y cada grano de aquel polvo lumínico era una alr.oa ........ »
Pero basta. No nos adelantemos tanto. Mi única in•
tención ha sido tomar algo del principio y algo del fin
del manuscrito de Espirita para mostrároslos.
Después de muerta, amaba aún, tanto como en este
m111ndo, á Guy de :Malibert. Velaba por él, como nna
madre solícita; estaba constantemente á su lado, sin que
él lo notara ni sospechara Bi(luiera. Cuando el dichoso
Guy dormía, el espíritu luminoso de Espitita velaba eu
sueño. Iba con él al B osque, en su mismo carruaje, recostada en los mismos almohadones, al lado suyo; leía
en el libro que Malibert leía.
Recuerdo un pasaje. Guy se preparaba para ir á un
baile, una noche, y Espírita, sin que él lo advirtiera, le
observaba sonriente. Listo ya, envuelto en su gabán de
pieles, Guy iba á salir. El carruaje esperaba abajo, frente á la verja del jardín. Ya en el dintel de la puerta, se
siente un ruido vago. Una mano timida y suave que 88
apoya en el teclado del piano abierto y produce una nota que se queda vibrando, aleteando como una paloma.
Guy vió á E3pirita qne le sonreía y que con voz suplicante, le dijo: ccNo salgas.» Y Guy no salió ya. Se quedó con su sombra amada.
El final del libro es triste; pero uno que ha seguido
paso á paso á Guy, sus deseos de morirse para ir en busca de E3pirita, sus ansias y sufrimientos, suspira satisfecho al imponerse del final. Guy murió en Grecia, á
lancetazos, en una montal'ia. Cuando moría, su cicerone,
eecapado por milagro del poder de los ealteadores, vió
deede su escondrijo una aparición luminosa, una her•
mosa mujer, que ponía sus manos sobre las heridas de
Guy, como un leniti;o, y que al morir se llevó su alma
al cielo.
Dejemos á Gauthier la palabra. E l nos contará como
Guy y Espirita fueron felices en el e3pacio. Un amigo
de:\Ialibert, el Barón de Feroe tuvo la visión, en mo-

111entos que sucedia en Grecia lo arriba apuntado.
ccEn el centro de una fosforescencia de luz que parecía
nacer del fondo del infinito, dos puntos de mucho más
intenso esplendor, parecidos á diamantes en la llama,
t itilaban, palpitaban y se aproximaban, tomando la apa•
riencia de :Malibert y de Espirita. Volaban el uno al lado del otro, con celeste y radiante alegría, acariciándose con las puntas de sus alas y gastándose divinas bromas.
ccFueron acercándose más y más y como dos gotas de
rocío que ruedan por la misma hoja de azucena, acabaron por confundirse en una perla única.»
Y hay una hermosa resignación, un deseo ardiente,
en esta última frase del libro, que Gauthier pone en boca
del Barón de Feme; «Y yo cuánto tiempo habré de espera1?n
¡Qué fiaall ¡Que puesta de amores imposibles, tan envidiable!
Eeperar! ......... Esa es la palabra. Esperar que la Páli·
da tcq ue á los cristales de nuestro balcón y no¡, llame.
Gauthier en todo el roman se mantiene á una altura
digna de su inmensa reputación de artista refinado y
exquisitamente sutil. Sabe llevar, á mil maravillas, la
atención del lector por todo el libro, con suavidad, en•
seüándole iodo; procurando no cansar el á11imo ni hacer decaer el interés. Os arrastra de la mano y os sonríeamablemente. Y salió victorioso. «Espirita» es para mí
una do las novelas más queridas, de las que leo siempre
que tengo ocasión y la que siempre me prc,duce sensaciones nuevas. Es de lo mejor que escribió el gran ar•
tieta.
ARTUIIO A. AMBROGI.

EN EL TEMPLO.

Me agobiaba tan honda pesadumbre
Y te vi tan risueña y tan hermosa,
Que esa vez, contrariando mi costumbre,
Te seguí hasta la nave esplendorosa.
Jamás me viste, aunque te quiero tanto,
Profanar el recinto donde rezas,
Y es por que sé que á lo divino y santo
Xo se deben mezclar las impurezas.
¡Cómo se han de juntar, amada mía,
En el santuario de tu Dios bendito,
La canción empapada de alegría
Y la queja doliente del proscrito!
Pero tanto se alivian mis dolores
Cuando mudo y absorto te contemplo,
Que impulsado por fuerzas superiores
La vez aquella te seguí hasta el templo.
El órgano elevaba los unciosos
Y fugitivos cánticos que encierra,
E imitaban sus notas los sollozos
De los infortunados de la tierra.!
Como sube la estrofa que me arrancas
Para besar el solio en que fulguras,
Buscando el cielo en espirales blancas
Escalaba el incienso las alturas.
Y lo mismo que alumbras desde lejos
Mi negra ruta en la tormenta grave,
Los cirio¡¡ con sus múltiples reflejos
Alumbraban las sombras de la nave.
En medio de esa atmósfera impregnada
De esple.1.,,dores, aromas y armonías,
Más hermosa que nunca, arrodillada
'fe ví esa vez en las baldosas frías.
Cuando elevó la hostia el oficiante
Con ademán solemne y majestuoso,
Y el altar fulguraba más brillante
Y el salmo resonaba más grandioso¡
Cuando aquellas cadencias inmortales
Huyeron por los altos ajimeces,
Y agitaron sus alas virginales,
Cual maripos~a de cristal, las preces;
Cuando al fin conturbaron los sentidos
Con sus nimbos de luz tantas gradezas,
Y, golpeandose el pecho, arrepentidos
.A.batieron los fieles sus cabezas;
Yo que sólo me rindo con tu arrullo,
Pues sólo tú por tu bondod me h umillas,
En ese instante decliné mi orgullo
Y estuve como todos, de rodillas.
Y aún me miras pensar con desconsuelo
En esta duda que turbó mi calma:
¡No sé si lo hice por el Dios d el cielo
O,si fué por la Diosa de mi alma!
R ODULFO F IGUEROA

Julio de 1897.

�EL MUNDO
LOS FUEGOS DE ARTIFICIO MONSTRUOS

DOMINGO a de AGOSTO de 18fn

EL MUNDO

ºDOMINGO 8 de AGOSTO de ,ao~

tener su habitación. "Yo conocí una persona, dice Madama Campan, que para fi¡ar eu
opinión sobre las mujeres de su conocimien•
to, siempre que ee bailaba sola en casa de
ellas, no dejaba de levantar los cojines de
los canapés Si encontraba allí un festón comenzado y sin concluir, un pañuelo, una
cinta, decía: "Estoy en casa deuna mujer
dePcuidada, sin orden y sin limpieza.
La elegancia y el lujo no pueden existir
sin la limpieza, mtentras que la limpieza
que, como lo decimos en otra parte, (Peque•
ñas virtudes. de la j oven), «mantiene la salud,
da más frescura al color de la tez, conserva
los vestidos,» puede estar perfectamente sin
los ruinosos recursos de la coquetería.

ta fantasía que creen aü n en esos bellos monstruos m
rinoa cuyo canto delicioso retenía á los navegantes para
hundirlos en ignorados vórtices. Y esta demand3 se remonta á muchos años.
Mas be aquí que los rayos Roentgen, esos ma g l3 dt'l
siglo diez y nueve, a€aban de poner de ruanifie~to la
más completa y chusca mistificación de que Layan tido
víctimas los humanoP.
La imagen radiográfica de las sirenas ..... . LO mueElra
eEqueleto alguno ...... Las mooias son fabr icada!",
Ilayen el Japón probablemente, una fábrica de momia3
manufacturadas con una habi1idad del todo japoceea.

La fiesta nacional y los rego::ijos que la acompañan
son siempre en México motivo para fuegos de artificio
más ó menos brillantes; es este un atractivo que encanta
siempre, y con razón á la multitud.
Nosotros no tenemos aquí la intención de explicar co·
mo se prepara un fuego de artificio, sin@ que querríamos
dar algunos ejemplos de los fuegos de artificio monstruos,
prendidos en el extranjero y que nos parecen muy superiores, como composición y como complicación á lo~ que
se ven en nuestras :fiestas públicas.
Los chinos tienen pasión por
la pirotecnia, pero los ingleres·
y la gente de raza inglesa, los
superan en esto de una mane
ra especial. En Estados Unidos poi ejemplo, si visitamos
los parques establecidos pcr
las compañías dti tranvías como térmmo de sus líneas, con
el fin de crear artificialmente
un gran movimiento de tcans
porte, :idvertimos que todas
las fiestas que dan para atraer
al público, van neceEariamen
te seguidas por un admirable
El trabajador 5ubmarino. ( Figura l.)
fuego de artificio: esto es una
verdadera representación so·
CURIOSIDADES
bre un inmenso terreno dispuesto ad huc, ante tribuna~,
ú más exactamente ante graEL TRABAJADOR SUBMARINO
das que pueden contener vein ·
te mil espectadores. Y si vais
En Choisy-le-Roy-:Francia- tuvo lugar ultimamente á Londres y al famoso Palacio
una experiencia acuática que marca un paso importante de Cri~tal, durante una fiesta,
en el progreso científico, cuya primera idea se encuentra asistiréis probablemente tamen una novela del fecundo novelista Julio Veme.
bién á un firework de admiraEs el ingeniero Delisle quien construyó este aparato ble vista.
imagiMdo por M. Piatti del Pozzo, bajo el nombre de
En los jardines del Palacio
«trabajador submarino.»
de Cri.,tal han sido prendidos
Imagínese una esfera de fundición coronada por una esos monstruosos fuegos de
guarda en el centro, de la cual una perforación redonda artificio, representando pri•
deja paso á un hombre. En tanto que las campanas de morosas eEcenas, de las cuales
inmersión no pueden descender á más de 40 metros, el dan idea las ilustracione3 que
aparato nuevo descenderá haeta quinientos.
acompañan á estas lfneae.
El revestimiento de palastro, alcanza un espesor de
En Francia también se han
ocho centímetro, y todo el aparato mide tres metros de dado fuegos de artificio monsdiámatro y pesa 10 toneladas.
truo, y uno de ellos que auó
En el interior se encuentra el alojamiento de los hom· se recuerda, figuró el lanzabrea al rededor de una escala de madera que da acceso miento de un navío de galva·
al agujero de rnlida herméticamente cerrado.
mento en un puerto. Tenla
Enfrente está el potente cristal por el que se explora nada menos de 210 metroe de
El trabajador submarino. ( Figura 2. )
con la mirada el fondo y las profundidades de agua que longitud y cubría una superfilos rodéan.
¡Crea usted ahora en las momias!
cie de 46.40 metros. Era este cuadrado un espectáculo
A un lado, en una estiecie de avanzada son colocados muy animado. Un mecanismo complicadísimo y que no
Cualquier dia nos resulta un Rameés de papier maché y
el aparato telefónico y los acumuladores eléctricos. A la dt!hía funcionar más que unos cortos inEtantes, aEegu· una Semíramis de pasta de arroz ......
derecha y á la izquierda los movimientos de transmisión raba especialmente la revolución de la lámpara de un fa.
Ya ni en la paz de los sepulcros c1·eo!
para las hélices y el mecanismo que dirije el timón.
ro cuya silueta luminosa se dibujaba en la noche. Al pié
Porque el «Trabajador submarino» se mueve fácilmen• se agitaba un mar de fuego y se percibía un buque per•
Si quieres conservar un amigo, hónralo ·cuando fsté
te, se desplaza, puede dar vuelta al rededor de un arre- diéndose, y por fin el buque de sal va mento se deslizaba presente, elogiálo ausente, y ayúdale en sus necesi•
cife y reconocer el emplazamiento exacto en que se en- por la superfir,ie de las olas luminoeas.
dadee.
cuentra.
La gratitud es la memnia del corázón.
Ya se imaginarán nuestros lectores lo que se ha die•
currido en asunto de fue ·
***
gos de artificio. Las fotoNo es la abundancia de las riq•1ezas lo que nc,s puede
grafías que damos repre- hacer felices, sino el uso que hacemos de ellas.
sentan u1.c-s de los más curiosof.
LUZ C}JLESTE
Dijo la tarde al morir
Los rayo5 X y las sirenas
á la mañana siguiente:
-«Dame un ósculo en la frente
Hace algunas semanae,
y me verás revivir,,,
lússeñoresFlameng y l\IauCubriéndose de rubor,
ricio Farman, sabios fran•
y la faz teñida en grana
ceses, exhibían en la Sal·
dióle el beso la mañana,
Lo5 grandes fuegQs de artificio.
petricre un animal diseca•
que tanto puede el amor.
Explosión
del
carro.
Un comerciante en su carro.
do y momificado que lea
La bóveda sideral
había sido enviado del Japón. Esta extraña pieza repre•
se extremeció de alegría,
El apara,o se desplaza y mueve por medio de sus tres eentada en la figura número 1, ofrece el aspecto de una
y en vez de noche, aquel día
hélices cuyas evoluciones están arregladas por el timón. sirena. A lo que parece en el Japón estas momias tenían
hubo una aurora boreal.
Todas estas mnovaciones son ya de suyo tan [importan- y tienen-mucha demanda, sobre todo por gentes de cier•
J. A. CARRILLO y NAVA.
tes, que bastarían á hacer de la invención de Piatti una
obra del todo notable.
Sin embargo, hay más. El aparato, en principio, per·
manece en relación con el mundo exterior por el cable
de suspension á lo. largo del cual corren los hilos teleíónicos que sirven para remontarlo. Pero si se admite un
accidente, si el cable se rompe, s.i perdería el aparato y
les hombres que se encontraran encerrados ahí no tardarían en morir de asfi::s:ia? No por cierto. Gracias .i un
mecanismo ingenioso, ese cable puede romperse sin comprometer la vida de los que están en su \nterlor; pues
Animal Japonés. (Radiografía nagativa . l
Animal japonés. (Fotografía.)
flot.l merced á una sencilla maniobra.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA EL ASEO DE LA CASA,

Corsés con tirantes.
NOTAS DE LA MODA
. Jilquette de abrigo para niñas de 8 á

10

años. { Fig ,. )

Se hace de franela rayada. El cuello abotonado se pue•
de poner también como representa nuestro dibujo de
piqué con cintas de color.
'
Traje para niñas de ,o á 12 años. (Figura 2.)

Se hace de cachemir azul con cintas blanoas. Chllque•
ta cruzada con botones de concha quemada. Chaleco de
piqué, recogido en la cintura.
Sombrero de paja. ( Figura 3.)

Este sombrero á bucles, está adornado con acordeón de
· seda violeta y cintas de terciopelo negro, y al lado izquier·
•do cuatro cuchillas de pluma.

Sombrero sencillo.
LECTURA PARA. LAS DAMAS,
LIMPIEZA

La ornamentación de la casa consiste en la limp;eza
-en todo y por todo, para los objetos principalmente que
se unen más á nuestra persona, al alimeto y la ropa.
No sólo la salud depende de la limpieza, sino, no lo
olvidemos, la actividad, el buen humor, la satisfacción
interior, y aun bajo cierto respecto, la moralidad depende también de ella.
En las casas sin limpieza, habita de preferencia la pereza, el fastidio, el descontento de todo y de todos.
Los muebles limpios y lucientes atraen 10s rayos del
sol y parecen multiplicarlos al reflejarlo.
Los aposentos limpios y bien arreglados con cuidado,
reflejaa una alma contenta, irradian la alegría y parecen
-decir: Permaneced, aquí se está bien.
·
Una mujer es desde luego juzgada por la manera de

He aquí algunos consejos prácticos dados
por un hombre de buen sentir, á una joven
al entrar ésta en el gobierno de su casa.
«Ocúpate del interior de tu habitación;
vela -por las piedras de la cocina, los pisos de
los aposentos, y los p.ltios sean barridos varias veces en el día y lavados muchas veces
por semana.
«Procura con empeño que el hierro, el brónce y
l
Cuello de encaje bordado. ( Delantero y espalda. )
el cobre reluzcan eiempre. y los muebles tslmbién;
que la ba jilla de barro ó de porcelana espejee en
el trastero ó aparador.
queriendo persuadirá todo el mundo por su compostura
«No permitas á la araña hilar en paz su tela en los án- y su modo de ponerse, fuera de tiempo, que siempre tiegulos de las vigas y de las paredes.
nen .veinte años, y nada más que veinte años.
«No dejes el aceite de las lámparas gotear y arranciar¿No os acordais de las sonrisas malignas, de las pala•
se sobre la cubierta de la chimenea ó de las mesas.
brillas cambiadas con vuestras compañeras, á la vista de
«Después de los consejos, los medios.
un .estido ó adornos color de rosa 6 11marillo pálido, di«Harás relucir el cobre, el hierro y otros metales, fro- bujando con afectación, un talle comprimido, por pare·
tándolos con un puñado de hojas de acedera, ó con are• cer esbelto, bajo los resortes de un coreé demasiado vina finísima, ó con greda.
sible, y eobre él un rostro cuyas arruga~, á despecho del
_ «Harás reluoir la plata, aun citando esté ennegrecida abundante polvo blanco, atestiguaban los largos años de
por el contacto con el huevo, frotándola también con su servicio?
acedera y con agua de jabón.
Se reirán de vosotras tamtién; no siempre
tendréis die:;i y ocho años, y un d1a vendrá en
que llegaréis á.. ....
Procurad siempre tener vuestra edad, hijas
mías.
No queremos ocuparnos directamente del to•
cador; pero sí quisiéramos bien persuadiros, de
que además de ese tocador de por fuera en el
que os adornais para agradar, hay también otro
tocador y otros adornos interiores, de los que
deberíais siempre estar cuidadosas para haceros
amar de vuestra familia.
Para esto el buen gusto y el afecto bastan
siempre.
Poneos de manera que p:idáis presentaros
ante los extraños, sin tener que ruborizaros de
vuestra negligencia. ¿No será ridículo que una
mujer ee vea obligada á huir y á ocultarse luego que perciba que Ilegan visitas?
Un vestido limpio, sencillo, pero de buen gus•
to, sobre el que se muestre un delantal de coci•
na, no es vergüenza, sino una recomendación.
Por lo demás, nada hace perder á los iníerio•
res el respeto que nos deben, como un traje des•
preciable que parece igualarnos á ellos.
Aun en medio del trabajo entre las obreras,
el ama de la casa debe ser distinguida, como ee
de costumbre.
No sólo debe eer la que mejor sepa llevar un
vestido, sino también debe saber ensuciarlo
menos.
Debe también acostumbrarse á mudarse vestido, si fuere necesario, varias veces al día, con
bastante actividad, para que no se aperciban de
su ausencia.
Una mujer que tiene el sentimiento del buen
gusto y de las conveniencias, improvisa fácil•
mente un traje siempre elegante y en relación
Figura 2.
con tquellos á quienes tiene que recibir; y no.
«Harás relucir el caballete de la chimenea, la sartén y
otros utensilios, frotándolos primero con una cebolla ~ruda, después con un pedazo de género de lana.
«Darás una especie de barniz á tus muebles, por viejos
que sean, con cera amarilla derretida en agua de lejía y
los frotarás vigorosamente.
«Se te dirá tal vez: ¿Para qué perder el tiempo y darse
tanta pena en esas bagatelas? Dejarás que digan y continuarás.
Nada es -:nás atractivo que una cocina donde el cobre
está cambiado en oro y el estaño en plata, por las órdenes
de una ama activa y diligente.
- La cocina, dice una mujer de mundo, es el espejo de
la casa. Entrad allí para j·1zgar. Paredes sucia&amp; por la
muliitud de moscas ó ennegrecidas por el humo. Ven\a•
nas sin bastidores durante el estío, los utensilios disemi•
nados y en desorden por todas partes, el suelo desigual
y húmedo, cenizas y desperdicios amontonados en un
rincón, todo esto indica el desorden, el despilfarro y ha•
ce presentir frecuentes momentos de mal humor.
Concluyámos: en la limpieza es donde puede permitirse la exageración; lo bastante en este caso es muy
poco.
Pero la limpieza habitual exige una fuerza de voluntad y una constancia poco ordinarias.
Las almas cobardes y débiles no son propias para el
caso.
CONVENIENCIA EN LOS VEbTIDOS

Figura

1.

La ornamentación de la casa consiste, en la conve•
niencia de los vestidoe, que deben ser, no sólo aseados
sino en relación con la fortuna y con la edad.
'
. No queremos fijamos en la última palabra que parece
1mpor1aroa poco á estas horas; cierto es, Ein embargo
que un gran número de mujeres se hacen muy ridículas:

Figura 3.

�DOMINGO 8 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

.,.,

es de ella de quien podía decirse: Su día está compuesto
de tres acciones, vestir, charlar y desnudarse.

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DE DÓNDE VIENE EL ARTE DE SABER ARREGLAR SU CASA

El arreglo de una casa depende sin duda de la educación recibida, pero principalmente es el resultado de
cierto tino que comprende y casi adivina Jo que sienta
mejor y lo que agrada más.
El orden .y la limpieza pueden venir á ser puramente
materiales; posible es ensefiar á ona criada á poner cada
cosa en su lugar y á nunca dejar que se acumule el polvo; pero el arreglo ve al alma y aun á la virtud.
Se dice de algunos personas que tienen la belleza en
la mirada. Esto es cierto; sólo que la belleza no está en
loe ojos sino en el alma.
Bajo su mano todo se transforma; la cortina que ellas
han colocado adquiere pliegues más graciosos, la tapicería que han escogido tiene más hermosura. los muebles
que ella coloca tienen más brillo, las flores arregladas
por ella tienen más vista y gallardía.
Esas personas son más que un tesoro, son la dicha para la familia.
Vuestras lecturas del colegio, vuestros estudios, el
ejemplo de vuestras maestras, el cuidado q11e prestabais
á vuestra ropa, á vuestros libros, á la capilla, os habían
iniciado en esos graciosos secretos que tanto debéis desear conocer, y que tran.sforman en deliciosa mansión
las caeas que parecerían apenas habitables.

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.A QUB TIENDE ESE .ARREGLO

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Tamaño medio del delantal para niños.

Ese arreglo depende de tan poco y de tantas cosas!
No ea tal mueble, tal cuadro, tal vaso de flores, ó tal
manera de poner el aposento lo que lo produce; es todo
eso y algo más. Es la mano que dispone los objetos; es
un no sé qué que va bien al gusto de las personas de la
casa.
¿Se trata de un salón? No consultéis más que vuestro
buen gusto y algo á vuestros recuerdos. Sabréis inme·
diatamente el arte de adornar una chimenea, de colo•
car los cuadros, de armonizar el color de los sillones con
el de la tapicería, de quitar todo aquello que chocaría á
la vista de un extrafio, de colocar sobre la mesa de en·
medio un álbum elegante.
¿Se trata del aposento de aquellos que amáis, de vuestro padre, de vuestra anciana abuela, que no puede por
sí misma procurarse alguna comodidad ó gueto? consul·
tad vuestro corazón y sus gustos particulares qne V03 le
conocé:s.
Qa~ vuestro padre tenga siempre su ropa muv blanca
y que sepa que sois vos quien se la preparaie. La ropa
blanca es casi el único lujo de nn hombre, y se fija máa
en él, cuando la mano que cuida de ella, le es querida.
Asead vos misma su gabinete de trabajo, por temor de
que la criada vaya á desarreglarle sus papelee ó sus
libros.

una manera inconveniente ó repugnante, respetad su
máno.
Si imagina ella que aún es útil para algo, suministradle todo lo que pida; manifestad y elogiad su actividad y
su buen éxito; pedidle consejo sobre todo.
.
Su habitación debería ser la más cómoda y la más
bien puesta.
VUESTRO APOSENTO

¿Se trata Je vuestro aposento? consultad vuelltra alma,
y que ella refleje allí su candor, su inocencia y su bella
sencillez.
Tapicería nueva y de un tinte delicado, cortinas siempre blancas en las ventanas y en la cama, pocos cuadros
de valor, pero muchos de recuerdos: la imagen de la primera comunión, el diplou¡.a de congregante, un vasto
cuadro que eacierre todos los grabados obtenidos en
premio, ó recibidos en prenda de amistad, y que cad¿ uno
lleva el nombre de una maestra ó de una amiga.
Sobre la chiminea ó sobre la mesa, pocas flores; algunas
solamente, renovadas con frecuencia, en el pequefio al•
tarde una estatua de la Santísima Vírgen.

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VENT.A,JAS DEL ARREGLO
DE UN.A CASA,

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La primera ventaja
del arreglo de una casa es, acabamos de de·
cirio, el hacerla ama·
ble; la eegunda es Vil•
nir en auxilio de la economía.
Nuestro plan no nos permite mas que indicar aqu_í:
1? El arreglo del.as provisiones. Tal cosa demanda serco•
locada en un lugar seco, tal otra ·quiere sol. Esta~ provisiones tienen necesidad de sombra l)ara no deteriorarse,
y adquieren con el tiempo un valor que no teníaa al
principio. Estos otros objetos de frecuente uso deben ser
puestos al alcance.
'l!! El arreglo de la ropa. Es necesario saber cc:ilocar las
piezas de ropa, de manera que se las tenga fácilmente y
no se las ponga todas en desorden cuande se necesiteuna de ellas; dobl!irlas de manera que no se desgobiernen ó se arruguen; acondicionarlas con cierto orden que
agrade á la vista.
En una casa de educación se obliga cada mee á las edu-

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Delantal para niños...,.-Este trabajo puede ejecutarse con hilo de algodón.

Que vea algunas flores sobre su chimenea, y que el
Que todos loa bordados y tejidos sean hechos por vos
fuego, en el invierno, nunca se apague.
misma, ó por vuestras amigas de colegio que os los han
Que su diario esté siempre en su lugar, y que encuen- dejado como un recuerdo; que algunos lienzos blancos
tre siempre en el mismo sitio sus vestidos de cambio y ligeros oculten, cubriendo graciosamente todo lo que
listos para ponérselos.
airve.á vuestro tocador y á vuestro adorno personal.
Rodead á vuestra abuela de esas delicadas atenciones
Sobre el escritorio en que generalmente os poniés á rede que tanto necesitan los ancianos y que no se atreven cibir, colocad vuestra pequefia biblioteca: la vuestra forá pedir.
mada de libros comprados por vos, de algunos obsequios
Apartad de su aposento todo .aquello que pudiera es- recibidos, y de algunos deeaoa libros piadosos que ah·
torbarle el paso, y todo lo que pudiera dejar algunos mentan el alma y sostienen el corazón.
miasmas nocivos á su salud; pero tenedla allí con abunYa lo hemos dicho en la primera parte, vuestros apodancia aquellas provisiones ligeras y antojillos que sa- sento ea un santuario; no lo dejéis despojado de lo que
béis le agradan.
hace amable un santuario, el recogimiento, el orden, la
Loe ancianos aman mucho aquellas cosas antiguas que piedad. Dadle hermosura, el os dará pensamientos ino•
lee han servido por mucho tiempo; poned á su alcance cantes.
sus libros de otro tiempo, no cambiéie nada de su lugar
sin que ella lo consienta, y si ella coloca un objeto de

....=

))~

candas á sacar de sus roperos toda la ropa que hay en
ellos: esto al principio para limpiar las cajas, después
principalmente para acostumbrar á las jóvenes á colocar
bien su ropa sin amantonarla y á doblarla con presteza;·
regularmente se les fija un tiempo bastante corto para
este trabajo.
3? El arreglo de los muebles. Estos que de ben estar cu•
biertos con fundas, mientras que el hogar está encendido, porque el humo pudiera deteriorarlos; aquellos que
demandan cuidados más frecuentes por su delicadeza ó
por la finura de su trabajo.
La experiencia que ensefia todas estas cosas, exige que
no se retarde ni un solo día el arreglo de cada objeto, según su destino.
¡Cuántas pérdidas, cuántos gastos se han originado por·
esta palabra tan amada de la pereza: maii;,;mat

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�Vnalida~ -Debilitada,
LA
Sangre Empobrecida.
Léase lo que la Zarzaparrilla del
Dr. Ayer ha hecho por el revnendo
padre L. P. Wilds, muy conocido
misionero de la ciudad de Nueva
York y hermano del difunto y eminente juez Wilus:
"Por muchos años padec1 de divie.
sos y otras erupciones de caráct&lt;.&gt;r
semejante causadas por sangre empobrecida. 11i apetito era escaso y
la extenuación se babia apoderado
del sistema. Conociendo las propiedades valiosas de la Zarzaparrilla
del Dr. Ayer por Ja experiencia del
bien que habla producido en otros,
procurémela y empecé á tomarla.
Mi apetito mejoró desde la primera
dosis y· la mejoria se extendió á mi
salud en general, que la actualidad
es excelente. :Me siento un ciento
por ciento más fuerte, cuyo resultado
lo atribuyo á la Zarzaparrilla dei
Dr. Ayer, medicina que recomiendo
con toda confianza como la mejor
que jamás se haya preparado para
la sangre."
Para todos los desarreglos originados de sangre empobrecida ó viciada
y debilidad general, tómese la

Zarzaparrilla

~-····J!!Utr~OM~1~
:PREPARADA POR

Dr. J. C. Ayer yCa., Lowell, Mass., E. U. A.

DOMINGO 8 DE AGOSTO DIE 18s17

HARINAnE "WAGGNER

EL MUNDO

Corazón de sacerdote.

CI.N FOSFATO DE CAL l'URI, es unirersalmente edmitida como •·EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

,__,,.,,U,L

• •

hace crecer los niiios robustos

se incorpora con la misma facilidad

y

contentos. Tomada en las dósis que

que la leche de la madre, y lo pue-

se prescribe en cada tnsíta no se

de tomar la criatura más tierna con

aceda nunca en el estómago. Es a l-

grandes beneficios. Se garantiza su

tamente recomendada por la Facul-

completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletérea.

Número 2

La Harina de Wagg ne,

ti

POR 11. S. DE FORGE.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

para NIÑOS ENFERMOS, CONVALECIENTES, ANCIANOS Ypara las MADRES que estan CRIANDO
La Harina de W aggner

107

tad Médica y en los muchos años

Es de un

que tiene de éxito ha resultado ser

sabor muy agradable. No es una me-

por el testimonio de todas las ma-

dicina bajo ningún concepto y síobra

:,. . .

dres que lo han usado

en todo cuerpo endeble como un

\

"El Blimenta mai pe~fecto"

Tónico da la NatuPaleza

D• wenta en tod;• laa Tiendas, Drogueriaa y Botloaa

UN/CDS AGENTES: /IOVARO &amp; GfESTCHEL, CAL.LEJON DEL ESP/R/TU SANTO IUM.

Las enfermedades de LA CINTURA.
SE CURAN SIX OPERACION

CREMA RosADA

t. MEX/CO

"A DELINA pATTI."

POR EL DR. LUIS CLEMENT.
Especirli~ta para las enfermedades
de las señoras, acecclones de la MATRIZ, de las
MAMAS, etc.
Se trata con ~xito las enfermedades que se dicen
incurables 6 de mala naturaleza, de la cara, boca,
lengua, garganta, oidos, cabeza, llagas varicosas, y
en ger.eml, todos los tumores provenientes de la co_
rrupctón de la sangre.
Violenta y ra-tical curación &lt;le enfermedades secretas, en todos sus grados.

Compuesta de sustancias tónicas y saludables,
evita las arrugas, refresca el cútis y conserTa 1
hermosura de la cara hasta la vejez, comunica un
perfume delicioso y con su uso dia~io las Sefioras
tienen la seguridad de conservar siemp~e l.;s en
cantos de la belleza y la frescura de la Juventud.
Tanto en Europa como en América, la usan l
damas más aristocráticas.

CALLE SANTA CLARA 19,

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",
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Es el tónico más enérgico.

-Es usted libre, aei'i.ora ...... Pero nos permitirá eolamente qne no participemos de esa piedad que ee aaeme;ja singularmente á una aprobación de la mala conducta.
Amenazaba agriarse la conversación cuando intervino
el cielo por medio del abate Chavassieux que, como en
esta oca1ión, venía algunas veces á sorprender y alentar
á las santas trabajadoras.
- El aefior primer vicario, prorrumpieron las damas
levantándose.
-Ruego á ustedes, eefíorae ...... nada de molestias ......
Prosigan su piadosa tarea...... ¡Vaya! ¡Vaya! ...... Está
bien ...... Dios las bendecirá! ...... La caridad; siempre la
•caridad...... San Pablo lo ha dicho: «Sin la caridad no
soy nadan ...... Sí, señoras, sí.. .... la caridad. ¿Qué es lo
que está usted cosiendo, Doi'i.a Angélica? ¿Un saco para
algún anciano?
-No, sefior vicario, ea un caracol para mujer.
-¡Ah, un caracol para mujer. ¡Vaya! ¡Vaya! Está
bueno.
Y de esta manera siguió interrogando á las preeent~,
•examinando sus labores, equivocando un corpiño con
una falda; una bata con ua sobretodo; dirigiendo una
frase de benevolencia á cada quien, sonriente siempre y
con las manos sobre el abultado vientre, repitiendo cona•
tantemeate su estribillo:
-¡Vaya, vaya!.. .... la caridad!
Se acercó á la señora Belamy.
-¡A.h! ...... señora Belamy! ... ¡Siempre trabajando!... ..
¡Está bueno! ...... ¿Qué tal ee encuentra el comandante ...
¿Es también un corpii'i.o el que está usted haciendo?
-No, señor vicario, respondió la joven haciendo chistoso gesto. Son unos pantalones.
-¡Vaya! ¡vaya! ...... ¡Está bueno! murmuró el abate,
en tanto que la señora Deacordea cuchicheaba á su vecina:
-¡Qué veetidt 1 ¡Qué lenguaje: Pero qué se puede esperar de una mujer que se atreve á descotarse, si coa esto ee dice todo!
Marchóae el vicario entre las demoa~racionea de agra•
decimiento y testimonios de respeto.
Van á dar las cinco: vuelven á doblar sus paquetea las

señoras, toman sus sombreros y se desgranan en pequel'íoe grupos.
En cuanto se hubo alejado la aefiora Beiamy, la Deacordea dejó desbordar su indignación contra la graciosa
rubita.
- Ya verán ustedes, exclamó al acompañar hacia la
puerta á las últimas asociadas¡ ya verán como ésta también se vuelve mala...... está descotada!
Y el coro de risas algo contenido dur!l,nte la visita del
abate estalló á cual mejor, entre tanto que las santas damas se estrellaban las manos en la puerta, convencidas
de que acababan de consagrar un buen día más á la caridad.
II
La eei'i.ora Belamy hab(11, dicho la verdad calificando
de muy deegraciada la vida de la sefl.ora Charlier.
Marta Charlier era la hija única del Marqués de Mouthiers. Educada en París, en medio de todas las delicadezas de un lujo aristocrático; entre su padre, hombre
elegante, tierno y seductor y su madre, dulce y encanta•
dora; adorada por loe dos, parecía reservada para una
existencia feliz.
Como por un rayo fué destruido tan halagüefio porvenir. Marta de Mouthiers acababa de cumplir los diez y
ocho al'íoa, cuando murió repentinamente su padre, y en
el mismo día de loa funerales, en medio de las más amargas lágrimas, la viuda y la huérfana miraron una nube
de ejecutores de Ja justicia caer sobre cuanto ellas poseían,
abriendo á su vista un abismo deac0nocido é insondable.
Desde que se casó, M. de Mouthiers, por vanidad tal
vez, y más bien por carifio mal fundado pero muy vivo
hacia su mujer, había organizado su modo de vivir so•
bre una base completamente desproporcionada con su
fortuna. Cometida la primera falta, no pudo tener jamás
el valor de detenerse en la fatal pendiente. Parecíale un
sacrificio imposible disminuir cualquiera de las dulzuras
con que rodeaba la vida de sus amadas. Cuando las _rentas ya no bastaron, atacó el capital; en seguida fué devorada la dote de la marquesa, y de caída en caída, asiénd0ae á tolas las ranas, esperanio siempre algún mila

groso apoyo, M. de Mouthiers se precipitó de loe préstamos primeramente fáciles de cubrir á loa expedientes
ruinos0e y envilecedores de la usura.
Agotaba su dignidad, su inteligencia, y finalmente, su
vida en eetae luchas incesantes, y sin embargo, los dos
seres por quienes moría, no lo vieron llegar jamás cerca
de ellos sino con la sonrisa en loa labios.
El despertar fué terrible para Marta y su madre; pero
ni una queja salió de sus labios; ni la sombra de un reproche pasó por su mente. La memoria del vencido de
la vida no fué para ellas sino más caril'íosa y tierna,
cuando se les revelaron aquellos secretos que él había
exacerbado, ocultándoselos.
Terminada la dolorosll liquidación, fueron ellas á refugiarse á Gannevil le, en una vieja y modesta casa que
pudo escapar del desaEtre, y contando con recursos suficientes apenas para no morir de hambre. Entonces comenzó para ellas una de esas vidas ignoradas, de amargura y esc11eez, en que todos loe esfuerzos de la inteligencia se encaminan á obtener una economía de algunos
centavos; en que se abeorve el espíritu para buscar algu•
nas combinaciones que permitan ofrecer aun la apariencia de lo que ya no se ea; en que se reduce uno á comer
pan solo durante dos días, para corresponder una comida á alguna familia amiga; en que bajo un traje de seda,
cuidadosamente conservado, ee oculta la ropa blanca remendada y lavada por su propia dueña para no revelar
su miseria: pobreza humillante y verg0nzosa, más abrumadora aún que la de loa indigentes declarados.
Durante esos dolorosos días, Marta contó con el fiel
apoyo de Carlota de Branville, cuyos parientes habita•
ban el castillo de Jouy, á dos kilómetros de Ganneville
Amigas desde su infancia, igualmente feliz, las dos jóvenes, tan nobles de corazón como de cuna, permanecieron íntimamente unidas, á pesar de su posición, tan di"ferente después. Marta, sin mezquinas envidia3, gozaba
de todo corazón con la felicidad estable de Carlota, que
ésta, con un tacto exquisito, lograba que no ofendiera
jamás y que fuese con frecuencia delicadamente generosa. ¡Cuántas ingeniosas supercherías, siempre encubier·tas, por la santa diplomacia de una caridad-¡eata sílnoble, silenciosa y verdadera!
Llegó una hora en que casi avergonzada de su dicha
tuvo Carlota que anunciará Marta su matrimonio. Iba
á casarse con el conde de Sennevaux, brillante oficial,
digno de ella, bajo todos conceptos. Fué esto para Marta una gran alegría y un gran dolor. Solamente la ale•
gría apareció durante las fiestas de la b~da en las cua1ea Marta fi~uró en primera fila. Pero llegó el dolor á su
·vez cuando alejándose Carlota entre el resplandor de su
felicidad, quedó Marta abandona1a á su vida de miseria
y desesperación.
En eda época la aefiora Descordes comenzó á ejercer
las altas virtudes que debían valer1e más tarde la bula
de canonización anticipadamente exped~da por el buen
abate Chavaeaieux. No se limitaba ella á reinar en la
iglesia y en las obras piadosas: para su espiritu inquieto,
cuyas agitaciones creía efecto de un santo celo, érale preciso un dominio más vasto aún. O~upábase de todo y de
todos, aun de aquellos qne no se lo pedían. Un acontecimiento ocurrido en el seno de alguna fam,ilia del país,
sin que ella no hubiese tenido en él cualquiera participación, parecíale que impedía la misión que la Providencia le había confiado. ¡Oh, y nnnca hacía ella nada que
no fuese para bien del prójimo! Pero en este apasionado amor hacia loa otros, en esta intervención frecuentemente indiscreta, un observador algo sagaz, habría fa.
cilmente distinguido el deseo de figurar siempre y en
todas partee, junto á una h1eaciable curiosidad.
La animosidad de la ael'íora Descordes contra la eefio•
ra Sennevawr se remontaba al tiempo en que dejamos
nuestro relato. La primera no deeempello ningún papel
en el matrimonio; apenas fué invitada, y esto había sido
una cruel herida á su vanidad que nunca pudo olvidar.
Ocurrióeele entonces diabólica idea de revancha. Necesitaban comprender esas nobles, que no hab!an contado con ella, cuán necesaria y ·poierosa era. Y:p.;ra tal
objet◊, imaginó casar á Mada, la arruinada hija del

,,,.

�lc8

marquéa de Mouthiere, con EU primo, rico y fuerte ple•
beyo, Juan Cbarlier, negocia...te en azafranes. ¡Empresa
audaz y digna de en talento! Tuvo que recurrir á la más
sabia diplomacia. Primero inició el ataque, lento y pru•
dente, con su primo algo reacio al principio; luego se
esforzó en pulir y hacer de él un candidato presentable
en yez del 1ústico que era. Al fin, valiéndose de la con•
fianza que Cbarlier le tenía, últimos restos de ciertos
amorcillos de. su adolescencia, maniobró el la tan bien,
que él de buena fé se creyó enamorado de Marta, por
haberla mirado de cuando en cuando, ein haberle ni aun
hablado; y no sbbtante que hacía alarde de sentimientos
declaradamente plebeyos, experimentó un coequilleo de
orgullo al :pensar que podría casarse con la hija de un
marqués.
'
Marta fué más difícil de convencer y decidir. Todos
sus instintos de nacimiento y educación subleváronse á
la primera ineiIIuación que le fué hecha. Sin embargo,
poco á poco la idea fué echando raíces. Charlier, desde
que la fué presentado se mostró solícito con ella, y lo
que le agradó más, con su madre. Sin duda que ni remo·
tamente podía él tener ni en los modales, ni en el len·
guaje, las costumbres de la sociedad, en medio de la
cual Sil había ella educado. Pero ¿tenía ella el derecho
de ser tan exigente? Charlier no era un joven; pero tenía
una edad aun aceptable; era conocido como comerciante
honrado y disfrutaba de esa vaga reputación que consa•
gra el cliieico calificativo de «buen chico.» Por otra
parle, el matrimonio Je permitiría proporcionará suma•
dre mayor tranquilidad en los últimos días de su vida,
rodeándola de ciertas comodidades, de que más carecía
la marqueea que su hija. Marta, pues, despidióse 'vale·
rosamente de todos los ensuefioe de su juventud, de to•
das las aspiraciones de su ardiente corazón, y resuelta,
únicamente á tomar la vida como un deber, depositó
lealmente su delicada mano sobre la mano burda del co·
merciante de azafrán.
La sefiora Doecordes hizo sin modestia, alar,le de su
triunfo, Nadie, en Ganneville, ni en su alrededores, ig·
noró que eaa unión había sido el resultado de sus gestiones ca1itativae.
-¡Por fin! decía á todo el que llegaba cerca de ella;
gracias á Dios, á quien tanto recé para ello, que he logrado libertar de la miseria á esa pobre sefiorita Marta.
Marta llegó á ser su trofeo. La se.l'iora Deeco¡:dee hacia
su negocio abrumándola con su excesiva ternura y sus
perpetuos consejos; queriendo reinar comoduena abeolu•
ta en ese hogar fabricado por sus manos; mezclándose á
todo con esa indiscreción preguntona y charlatana que á
se creía autorizada por cierta especie de derecho de autor.
Fastidiada la eefiora Charlier cometió un día la grave
imprudencia de reclamar su libertad. Sin haber coneultaao con su absorbente prima, fué á París á vivir con la
eefiora Sennevau, y cuando á su vuelta fué asediada
con curiosas preguntas, mezcladas á ciertas observaciones agridulces, hizo ella comprender con energía á la se•
fiora Deecordee que mucho le agradecería que para lo
sucesivo no se ocupara tanto en sus asuntos.
Acabó todo. Se desplomó el edificio de la ternura y
fué reemplazado por uno de esos odios de provincia, sordos é implacables.
Llevaba )Iarta apénas dos at'loe de casada, cuando la
eeíiora Dé~cordee, hablando de ella, daba esta amarga
c"&gt;nc\usióu al interminable relatG de minúsculos incidentes eugerados con gueto por su malevolencia.
-¡L1 ingrata......! ¡Y yo que la saqué de la pobreza y
que labré su felicidad .........

III
¡Extraíia felicidad la de la pobre Marta! Al princi•
pío caminó todo casi bien. El carácter de Charlier, de
por si violento y falto de cultura, cedió al encanto de la
novedad y al dulce aecendiente de Marta. La joven se
había consagrado con tanta energía como prudente ha•
bilidad, á la tarea de educación moral y eccial que le correspondía en su casa. Rabiase entregado á ella por com
pleto y no desesperaba de obtener buen éxito, sabiendo
como supo soportar alegremente algunos fracasos parcia
lee; reprimir las revueltas instintivas de su delicada
za, á menudo herida, y sujetarse sin resistencia inúti1 á
ciertos sacrificios neceearios para k grar el fin deseado.
Pudiera haberlo conseguido si no hubiese luchado mye
que con su marido. Su conetante dulzura habría al fin
triu!lfado sobre esa naturaleza frustrada más quemaligna. Pero tenía que chocar contra una doble y temible

DOMINGb 8 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

infinencia que destruía en un instante todo el resultado
de su paciente labor.
Eran loe amigos de Charlier, que sin ningún mal pen•
samiento, pero lastimados sin embargo, por su deser•
ción, le decían riendo cuando lo encontraban en la calle:
-Ah, pobre v~ejol... ... Esto acabó...... Estás ya per•
fectamente amarqueaado. Abandonas á tus camaradas.
No te dejas ver en el café...... En tin, hay que esperar
que esto sólo dure cierto tiempo: ...... el de la luna de
miel. Cuando te canses, no olvides que te guardamos tu
lugar......
Además, la senora Deecordes, disgustada por loe ímpe·
tus de independencia de Marta, deslizaba al oído de su
primo este caritativo consejo:
,-Ten cuidado, Juan!. ..... Te encuentras en una pen·
diente peligroea...... Te dejas dominar...... Esto es contrario al orden de las cosas...... El marido debe ser el
jefe de la casa ......
A menudo, al regresar Charlier, la joven, sin saber la
causa, advertía que su obra había sido destruida y que
le era preciso renovar sus esfuerzos.
Tuvo Marta un hijo. E'!te placer debía pagarlo con
nuevas amarguras. Concentró en ese niño toda la ternu•
ra acumulada y frecuentemente reprimida dentro de su
corazón; todas sus esperanzas destruida9, todas las aspi··
raciones de su juventud nunca satisfechas.
Charlier, relegado á un lugar secundario, un poco ol•
vidado quizá, experimentó una especie de celos extrafioa, un extremecimiento de orgullo, sintiendo que ya no
era el primero en su casa. Objeto de menos atenciones
en su matrimonio, púsose á echar de menos su antigua
vida. Loe pocos sacrificios que hacia para complacer á su
mujer, pareciéronle más pesados.
-Tienes razón en enfadarte, le dijo su piadosa prima,
á quien él confesó la contrariedad en que vi vía. ¿Acaso
esas damas no te lo deben todo? Vive, pues, á tu anto•
jo...... Ella es la que debe someterse á tus gustos ...... La
mujer debe obediencia á su marido...... Así lo quiere la
ley de Dios.
Fortificado con ese consejo, Cbarlier arrojó su másca•
ra de hombre semi-civilizado. La pipa reapareció en el
salón. Volvieron los juramentos áloe labios. Los viejos
amigos «bona gas,» apartados por un tiempo demasiado
largo, fueron llamados de nuevo, y no teniendo necesi•
dad de contenerse, llevaron ante Marta, y su madre asom•
bradas y heridas, la crudeza de su lenguaje y la grosería
de sus bromas.
La reacción fué tanto más violenta cuanto la sumisión
babia sido más pesada. Charlier volvió pronto á sus antiguos h~bit.oe de vida, acentuándolos aun con un verda•
dero goce de represalia, como vengándose de haber sido
nn momento mejor.
Todos loe sentimientos nobles que Marta profesaba, todas las cosas que amaba, todos loe nombres que veneraba, fueron 'befad()s é insultados.
Un día habló con emoción de su padre.
-¡Ah! síl exclamó Charlier, un lindo eefior, ese tu padre que se comió todo lo q11e tenía y lo que no tenía, y os
dejó sin un centavo por haberse festejado de sobra!.. ....
Qué eería de vosotros, dime, de ti y de la marquesa de tu
madre, si ese buen muchacho Charlier no se hubiera en•
econtrado ahí para eacaroe del atolladero?
Cada día trajo su dolor.
Segura del apoyo de Charlier, la eeflora Deecordea '.se
impuso más que nunca en la caaa de Marta, llevando á
todo su afán de investigación y e11e críticas llenas de
acrimonia.
-Yo llegaré á poner en este matrimonio lai cosas en
el orden en que la Providencia quiere que estén.
Y sus relatos, llenos de caridad-para su primoacreditaban en toda la ciudad que Charlier era la vícti•
ma y MBita el verdugo. Todo el mundo se apartó del
verdugo.
La eefiora de Moufüiers murió de pena.
Algún tiempo después, la eenora de Sennevaux, estando de paso en Jouy, fué á ver á su amiga con su marido,
cuyo primer aspecto hablaba de la nobleza de su vida y
la elegancia de sus maneras.
Sorprendieron á Charlier en pechos de camiaa, con su
pipa, cerca de un l:ock de cerveza en el salón, y abreviaron su visita.
,
-Adiós, mi pobre Marta...... dijo tristemente la seflora de Sennevaux oprimiéndole las manos.
Marta comprendió: en adela:i.te estaba sola,

Y todos esos dolores aun no eran nada en comparación.
de la aneiedad' punzante que la oprimía. Su hijo! Q•1&amp;
sería de Pablo educado en un medio semejante! Jamás su
preée~cia detendría á Charlier; al contrario, parecía.
excitarle.
Cuando el nifio tuvo ocho afioe, su madre pensó, par.i.
salvarlo, en realizar el más amargo de loa sacrificios sepa•
rándosede él. Propúaose ponerlo en un colegio de París.
l!as cuando Charliereupoque ella proyectaba ponerlo en
una casa dirigida por sacerdotes y donde se había edu•
cado el pequefio Sennevaux:, fué presa de una cólera es•
pantosa.
-Jamás en la vida! exclamó ...... En un colegio de cu·
rae! Con noblecillos! ...... El hijo de Charlier!... ... No, no!
Irá á la escuela aquí co¡no loa otros...... Yo no quiero,
entiendes? Yo no quiero que ee baga de ese chico un
clerizonte ni un marquesillo!
Y el nil'lo creció triste, pensativo, repugnando por ins•
tinto mezclarse en loa bullicioso!'juegos de sus cam3l'das
forzosos, ignorante de eeaa alegrías primeras de la infan •
cia feliz en que nada altera la frescura de los sentimientos.
Desle sus primeros pasos en la vida, Pablo no veía.
más que sarcasmos y violencias de una parte, de la otra,
más que tristezas y penas, adquiriendo esa experiencia
prematura tan penosa cuando se encuentra en un corazón joven.
Mostraba á su madre una ternura ardiente. Pt1ro en
vano ensayaba ella misma penetrar el secreto de aquella
almita silenciosa, de aquel espíritu reflexivo y observa·
dor. Las eanaacionee se acumulaban, fijábanse los recuerdos, las impresiones se concentraban en una mezcla
informe de donde no se desprendía aún la idea qua de\Je.
dar al carácter su signo dominante é imborrable.
La aei'iora Descordee confió sus inquietudes á su ma•
rido.
-Este nil'lo está sombrío siempre, dijo, yo creo quealgo oculta. Me ocuparé de él.
Y bien pronto fué recompensada de su r,elo bondadoso;
ella recibió la primera revelación del pensamiento ·dePablo.
-Por qué huyes? le dijo, un día en que entrando á la.
casa de Marta vió al nifio escaparse á su vista...... .A.case&gt;
no me quieres?
-No, prima, respodió Pabio con firmeza.
-Ah! no me quieres! replicó ella soriendo con la punta de los labios, pues eso está muy mal hecho. Xo sab3s
que el buen Dios quiere que ee ame 1\1 prójim9?
-El buen Dios quiere que sea uno bue~o, y vos no
sois buena: porque frecuentemente, cuando habéis hablado á mi mamá, ella llora luégo que os vais.
- Impertinentillo I exc Jamó la senora Deecordes cerra n-·
do violentamente la puerta...... Que yo no soy buena!
aquí lo que le ensefia tiaa hija de marqUE!Bal Que no
soy buena! Yo que estoy al frente de todas ·1as socieda•
des de caridad! Ah! este muchacho será una lind·a aihajar
Ser bueno! Pablo acababa de dejar escapar su secretoy de darse él mismo cuénta de él.
Ese grito de nifio debía ser la di visa de toda su vida dehombre. Hasta ahí incierto y turbado, para lo de add·
!ante había encontri.do el camino y visto la luz. Ser bud·
no...... he ahí todo·! · ·
De!!bar, busca1, procurar el bien de loe otros aunqu~
fuese al precio de sacrificios ó de su proQio sufrimiento;
jamás pensar mal de loe otros y saber perdonar cuando,
el mal es patente, vencerlo con la dulzura, llorar con los
que lloran, sostener áloe que vacilan, levantar á los quJ
caen y poner en su acción generosa siempre modesta y:
sin ostentación una ligereza tal de procedimiento, una.
tal abnegación poreonal, que el que reciba el beneficiose perciba del resultado y jamás del esfuerzo; caridad di·
vina de la cual las vocingleras agitaciones de la eefiora
Deecordee no eran más que una grosera parodia, y cuya
ley filosófica y santa aparecía en el corazón ingenuo dé
ese nifi.o infortunado. Al pricipio hubo en Pablo un ins·
tinto no definido. Toda su vida fué, después, una necesidad, necesidad inmensa de abnegación y amor.
Le religión le atrajo como una víctima. Viéndo'a.
atacada incesantemente por su padre y sus amigos, foJ.!
hacia ella con ardor, como se va al socorro de un op1imido; la amó por que la sentía maltratada, como amaba.
á su madre, más aún cuando viéndola llorar, la tomaba
en sus brazos para enjugar sus lágrimas. Su espfritu infantil confundía estas dos ternuras y personificaba la re-

DOMIIIGO

a

de AGOSTO de 1897

BL MUNDO

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el embrutecimiento fatal de un pesado suefio, loe doe
caían de rodillas y confundían sus lágrimas y sus plega•
riae desea peradas.
_:Pobre Cbarlier! gemía la aefiora Descordee...... Sin
duda es bien digno de censora, pero también de lástima...... He aquí á lo que se le ha reducido! He aqní la
cbra de una mujer sin religión!. ..... ¡Cuando se piensa
que jamás ha querido formar parte de alguna de nuee•
trae obras!

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~~¿" -~~'z.,
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...... - -.··· ...

Ji

ir·.,,!.;.

ligión en un eér ideal que tenía el rostro de Marta y á.
quien quería consolar como á ella la consolaba.
Forzado al secreto, aprendió el catecismo á hurtadillas
Habiendo prohibido su padre que se _le llevara á la igleeia, se arrodilló en la soledad ante una ventana desde la
cttal ee percibía un pedazo del campanario vecino. Un
día Charlier arrojó al fuego con rabia un libro de oraciones que halló entre sus libros. Deed~ entóncea el niflo
compuso plegarias de una ingenuidad melancólica, que
por la noche recitaba·muy bajito á su madre.
Sobrevino la guerra, llevando á cada familia su pord6n de desgracias.
El sefior de Sennevaux, teniente coronel de coraceros,
c;i yó, con la espada levantada, á la cabeza de sus eecuad ras en la carga inmortal de Morebronn.
Por la primera vez Marta envidió á su amiga. Su dolnr c11ando menos era noble y digno de una alma grande.
L'\ parte que á ella le tocó fué pesada de otro modo.
Loe almacenes de Charlier fueron saqueados por loe

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_,.

alemanes. El ensayó reparar esta pérdida enorme por
una operación de especulación que fné desgraciada, y se
encontró casi completamente arruinado.
La vida de Marta fué entonces espantosa. Su pasado
ya tan cruel, podía creerse feliz en comparación de
loe días que comenzaron. Charlier, ocioso, y furioso de su
fracaso, se lanzó á ciegas en la política más violenta y se
convirtió en el Jefe de todos loe ganapanes del país. Loe
llevaba á su caaa dizque á ~onciliábuloe misteriosos que
terminaban en medio de jarros de cerveza y de nubes
de humo y cantos báquicos. El reato de su tiempo paeábalo en las tabernas, y un día le llevaron á su casa completamente ebrio.
Pronto aquello fué un hábito. Día á día, desde entóncee, ya no volvió á su casa sino en un estado lastimoso,
aullando, vociferando, pateando, en medio de escenas
odiosas á las cuales asistía Pablo, asustado, loco de dolor, obligado algunas veces á defender á su madre con
sus débiles brazos; después, cuando el borracho caía en

IV
Ganneville posee una plaza irregular, pero basta, sombreada de árboles. Ahí se concentra la animación de la
ciudad. La «Lira de Plata» hace ciertos domingos oir
sus acordes. Las elegancias locales muestran sus esplen•
_dores. El subprefecto pasa cada afio revista de bombe•
roe, el día de la fiesta nacional, en medio de un entnsiaemo igual, ya en esta fiesta, el 15 de Agosto, ó el 14 de Julio. Se ven dos cafés, muchos depósitos de azafrán y tres
ó cuatro tiendas entre las cuales brilla la de la eefioritas
Juglan.
Menos frecuentada entre semana, esta plaza sirve de
punto de cita á un grupo apacible que se reune todos loe
días á las mismas horas, recorre el terreno un miemo
número de veces, siempre al mismo paso, y cambia Ja,e
mismas palabras.
Hay en esta pacifica reunión, dos oficiales en depósito,
un inspector primario retirado y tres honestos propie•
tarillos que jamás han conocido otro horizonte. Es eee el
periódico viviente de la ciudad. Cada uno lleva al fon•
do común su contingente de noticias qne convierten

�llo

en el tema de comentarios indefinidos y que ee difunden
en aeguida por medio de esas eeie bocas autorizadas, de
café en eafé, de casa en casa y hasta loe más extremos límites de los barrios.
Loe asuntos más ineignificantee alimentan de ordinario
esae inocentes convereacionee. Aeí puee, debe compren·
deree la emoción que se apoderó del grupo, cuando el
capitán Beenerain )legó con un periódico de Paría en
la mano, y exclamó:
-Ha eido removido el subprefecto!
De un golpe loe paseantes se detuvieron. Un aconte•
cimiento t;l, bien merecfa una estación.
-El subprefecto removido! repitieron con mudulacionee diversas loe cinco paeeantes heridos de estupor.
-Leed!
Cdda uno ee inclinó y leyó con ojos asombrados la siguiente noticia:
•El senor Savinien de la Haye, consejero de prefectura
de la Creuse, ha sido nombrado subprefecto de la jurie•
dición de Ganneville, en substitución del señor J ero me,
nombrado subprefecto da Pontoiee.»
El señor Jerome administraba la prefectura de Ganneville desde hacía diez aflos. Era un hombre tan honrado, con su voluminoso vientre, eus lentes de oro, su fisonomía de canónigo con levitón, y ee ocupaba tan poco de
eu misión-lo cual constituye inconteetablemente el mejor medio de eer un excelente subprefecto-cuhivando
con tanto amor las floree de su jardtn en medio de eus
eeie hijos, que loe régimenee euceeivoe lo hablan olvidado ó reepetado. Servía á la República con una devoción
igual á la que había testificado al Imperio, hablando con
una convicción siempre sincera del •liobierno del país••
é inquietándose mucho menos de los cambio!! ministeriales que de la floración de un tulipán multicolor, objeto de
sus más sabias combinaciones.
Se le consideraba en la comarca como un inmueble
que formaba parte de Ganneville, y los habitantes no ee
habrían eorprendido tanto de saber el desplazamiento
del campanario de la iglesia parroquial como del del eeflor Jerome. Fué preciso, sin embargo, creerlo, cuando
el eefior Jerome se dirigió á la estación acompañado de
EU mujer, de sus eeie hij,,s y de numerosos cacbi vacl.uie,
enue loscualee ee contaban cajas con cubiertas de vidrio
en que se balanceaban las plantaa preferidas del funcionario horyicultor.
Los adioees fueron conmovedores. La señora Jerome,
en el embarcadero, lloraba como una fuente. Las damas
de la ciudad sollozaban. Cuando el tren ee movió, dos ó
tres voces gritaron: 11Viva Jerome.• El comisario de policía las hizo callar, por que los visjeros extranjt!ros podían creer en una manifestación bonapa1tiet11 y sedicioea.
Después de lo cual, cada uno, yéndose por su lado, se
frotó las manoa. El senor J érome en su wagon gozaba
á la idea de que habiendo sido promovido á la segunda
clase, iba á tener mil quiuientoe francos más que consagrará sus hijos y á sus floree, y eue antiguos administra•
doe no pensaban más que en e1 medio de ponerse en la
mejor buena inteligencia posible con el nuevo subpreftcto.
¿Cómo era éste? ¿Quó edad tenía? ¿Era casado? Tenía
hijos?
Todas estas preguntas se agitaban en cada matrimonio
y en el grupo de paseantes, abriendo á las eupoeicionee
un vasto campo donde la imaginación se ejercitaba.
Se acabó ein embargo por saber, gracias al teniente de
gendarmería que escribió confidenc:almente á su colega
de Gueret, que el eeflor Savinien de la H,1ye tenía cowo
treinta y dos anos, era guapo mozo, célibe y muy eJo.'
cuente.
Las tres primeras cualidades hicieron palphar el corazón de mucbas jóvenes. L1 señora D,¡scordeB mandó hacer trajee nuevos para Diosdada y Angélica y se los hizo
confeccionar por las senorita, Juglan, las de loe sombreroe á la moda de Parle. ·
El eeflor Savinien de la llaye puso á prueba la paciencia de eue adminietradoe. Sólo deepuée de eeie eemanae
se vió llegar primero á un gran doméstico, al cual muchos
tomaron por el subpreíecw mismo, tan buen aspecto tenía; después un dog-car, después numerosas maletas y
por fio, un día, un hombre joven, muy bien parecido, de
flor en el ojal, un monoclo en el ojo y una varita en la
mano, bajó ai pi" de la estación y encontrando el'I la pla-

EL MUNDO

za al grupo habitual de loe paseantes, lee preguntó con
la mayor polfüca el camino de la subprefectura.
El Capitán Reaurian tuvo una inspiración de genio y
respondió descubriéndose.
- Vamos á conduciros, seilor subprefecto.
Aeí fué como Savinien tomó posesión de la subprefec·
tura, escoltado por eeie de loe paeean'88 que inmediata•
mente ee repartieron l)Or la población repitiendo por todas partes:
-Ha llegado el subprefecto. Noeotroe le condujimos á •
la subprefectura. Es encantador, y si supiééeis que bien
babia!
·
L-:ie comienzos de Savinien no pudieron eer máe felices.
Obtuvo desde el primer momento el extraordinario re·
eultado de agradará la vez á loe hombres y á las mujeres.
A los primeros lee habló con una gravedad tal de los
asuntoe administrati voe, q 11e olvida ron eu monoclo, que al
principio les había chocado un poquillo.
Con cada uno ueó el lenguaje debido. El agente inspector se quedó encantado del interée que tomó en el empedrado de loe caminos. El inspecwr primario se desbordó
de orgullo cuando él le dijo no sin alguna fatuidad:
-Nosotros tenemos hijos, aenor...... Vosotros los hacéis
ciuiadanos. Suestra tarea es agradable.......... la vuestra
ee gloriosa!
Recordó á los miembros del tribunal las viejas tradiciones de la magistratura francesa, ab3olutamente como
ei existieran aún. El clero ee regocijó de eus declaraciones religioeae, la gendarmería de eus elogios por el ejército. Pero los más satisfechos fueron los bomberos.
-¿Cuántos incendios habl-ie tenido el año paeado?
preguntó al comandante.
-U no sólo, seflor eubprefecto, y tres de chimenea ......
Cuatro por todo.
-Cuatro! ee poco, comandante, es poco, respondió Savinien con un tono bondadoso, que era un aliento para
trabajar mejor.
Todo el mund&lt;.t quedó encantado, los republicano~ de
sue afirmaciones democráticas, loe reaccionarios de eue
eentimientos conservadores: no ee este el triunfo de un
espíritu verdaderamente político?
.t:n cuanto á las mujeres, bastó una palabra para conquistarlas. Anunció que una parienta vendría pronto á
reuníl'éele y que esperaba entonces dar un baile. Un baile, querida! li a baile en la subprefectura!
Puso el colmo al entusiasmo de esae damas, yendo á
visitará cada una de ellas y pidió á todas permiso para
volver. J~w1is el seilllr Jerome, en diez afloe, babia he•
cbo otro tanto.
·
En menos de dos meses Saviniea se había convertido
en un dios para sus administrado.e de ambos sexos. Cuando pasaba en su elegante dog-car, todos loe hombree respondlau con un saludo profundo á sus eonrisae amables,
y más de llna cortina levantada á medias dejaba percibir un rostro famenino lleno de simpatía, y algunas veces de esperanza.
-Al fin, tenemos un subprefecto! decían las mismas
voces que antaflo habían aclamado al seflor J erome á su
partida. El otro ao era más que un jardinero.
V

Una tarde, después de la comida, el seflor subprefecto
dijo á su criado:
-No ebtoy en casa para nadie...... tengo que redactar
un informe muy importan~.
Y se encerró, en efecto, en su cuarto, encendió un puro, escogido de una caja especialmente reEervada para eu
uso po!reonal, tomó uua hermosa hoja de papel oficial y
escribió:
Gannevillt!; 12 de Agosto de 18i3.
Gabinete
del
Subpre[~cto
Al seflor Octavio Legagneur.
C,1lle CJmbón-Parie.
Mi viejo Oitavio:
l\1e arrojo á tus pies para suplicarte me perdones mi
largo silencio. Yo te había prometido darte cuenta de
m1e primeras impresiones en mi deliciosa residencia, y
desde hace dos meses que estoy aquí, no lo he hecho.
Necesitaría ofrecerte tales sumas de excusas que lo máe
sencillo acaeo ee no darte ninguna y entrar sin preám,
bulos al meollo. Entro pues.
Si se ha de creer á los diccionarios de geografía, la
ciudad de Ganneville, cabecera de la jurisdicción que

DOMINGO

a da AGOSTO

Dl 1897

tengo el honor de administrar-ya vee que tomo el esfü,..
del empleo-Ganneville est, situada , ochenta y cinco
kilómetros y tres horas de camino de fierro de la capital,
Desde mi llegada aquí he adquirido la convicción de
que los geógrafos son muy ligeros y verdaderamen\e
culpables de engafiar así á la juventud. Ganneville ee~
de seguro á dos mil millas del bulevar. La fisonomía.
las costumbres, el lenguaje de 101 habitantes, demuestran de una manera no dudosa esta incuestioaable verdad.
Un hecho entre mil:
Pasé recieniemente por una aldea, casi un barrio de
mi juriedición. Dos mujeres conversaban, un nilio aullaba. Oí estas palabras pronunciadas por una de la mujeres:
-Qu'a qu'a qu'al cri! (1)
-Al a qu'al a chu!
Aprendí después de un sabio lingiiieta que eeas dos frases trJ1ducidas al francés, significaban: uQué le ha pasado, que la hace gritar?• ...... Se ha caído?» Ya ves por esta simple cita del idioma local, que hay entre Ganneville y París tanta distancia como entre tí, vulgar ciudadano y yo, representante del Gobierno.
Ganneville está, ein embargo, le¡os de carecer de meritos y curiosidades. Loe méritos consisten en que se fabrican pasteles de almendra, untuosos y exquisitos y trufa•
dos de alondra que s.erían perfectos ei no costasen tan
caros. Se vende también mucho azafrán, lo cual me im•
porta menos puesto que. no lo ueo.
En cuanto á las curiosidades, la principal ee el río que
riega la ciudad, y digo l'icga, por costumbre que se tiene
de asociar este verbo á la palabra río, porque, preci3a•
mente la especialidad de este rio es que no riega nada.
Se seca hasta dar envidia al l!anzanaree, que también
tiene la reputación de regará )1adrid, y al cual, Alejan•
dro Dumas l?, siempre pródigo, envió un vaso de agua,
diciendo: •Llevádaelo al Manzanares, lo agradecerá!11
El arroyo de Ganneville, tiene, empero, una superioridan notable respecto del de Madrid. Acontecimiento del
todo extraordinario, el fuego estalló un día en su lecho
desecado y todas las malezas ardieron á pesar de loe heróicos esfuerzos de los bomberos.
Para qué in.fl.girte la relación detallada de mi existencia administrativa? Sería cosa de morirse de tedio ei la
monotonía de loe días en blanco, no fuese alegrada de
cuando en cuando por una nota cómica.
Lo peor es que yo me siento contagiado poco á poco
de la mediocridad que me rodea. Hay momentos en que
me tomo á lo serio. Me «mistifico• amigo mio, á fuerza
de mistificará loe otros. Tú no tienes idea del aire imponente que tomo cuando digo: el Gobierno de la República, eeflores! Esto es para loe puros, para los otros: el
gobierno...... simplemente. ~o tiene duda, me contagio.
Por lo demáe todo el mundo me adora aqul. He pro•
metido ua baile éste invierno, dentro de cuatro meses ...
y ya se preparan ...... He ido aún más lejos, porque he
anunciado la presencia de una •parienta» lo cual es para
mi mismo un personaje problemático.
Y ahora mi querido Octavio, hablemos de mujeres.
Tres he descubierto aquí de las que valen. La primera
de esas tree gracias, la condesa de Sennevaux, á la que
has visto ciertamente en Pllrfe, está de luto de su marido que murió en Reiechoffen. La segunda ee esposa de
un hombre muy vivaz, coracero de orígen, preceptor de
oficio, que tiene formidables bigotes y no parece dispuesto á bromas. La eeilora por su parte es linda, una
joyita toda rosa, una de esas coquetas figurillas de Sajonia, cuya sonrisa tentadora jamás abandona su boqui•
ta. En cuanto á la tercera, me ha sido designada de una
manera demaeiado extraña.
Es preci110 que sepas desde luego que lianneville tiene
la dicha de poeeer una santa, no en :-eliquiae, sino en
carne y hufso. Eita santa tiene dos hijas, atrae mucho
á los subprefecto~ jóvenes y platica enormemente, en ·
general para comeree al prójimo. Me ha hablado tan
mal de una prima suya que nie ha inepirado un irresistible deseo de v.. r á tlBa crea~ura perversa. La he visto y
he encontr.ido una mujer de unos ;¡.3 ai\oe-hermosa
.edadl-amable, distinguida, hecba para vivir en Ganneville como una planta de los trópicos en Siberia, parisiense de pura raza, y de gran raza ........ .
( Contillu.ará. )
[11 DeJamo, en su original e,ta,1 frawa porque de otra suerte perderian ,u estructur&amp; y sabor.

•
TOMO.JI

.MEXICO, AGOSTO 15 DE 1897.

•

•

&amp;~ce lentísimo $eñor

Don

Gntonio

&lt;lánoi,as

(l astillo

x~nES[DENTE DEL CONSEJO D.I!? MINJeTilO~ DE ESPAÑA.

Asesinado en Santa A¡ued .. el día 8 del actual.

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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