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                  <text>llo

en el tema de comentarios indefinidos y que ee difunden
en aeguida por medio de esas eeie bocas autorizadas, de
café en eafé, de casa en casa y hasta loe más extremos límites de los barrios.
Loe asuntos más ineignificantee alimentan de ordinario
esae inocentes convereacionee. Aeí puee, debe compren·
deree la emoción que se apoderó del grupo, cuando el
capitán Beenerain )legó con un periódico de Paría en
la mano, y exclamó:
-Ha eido removido el subprefecto!
De un golpe loe paseantes se detuvieron. Un aconte•
cimiento t;l, bien merecfa una estación.
-El subprefecto removido! repitieron con mudulacionee diversas loe cinco paeeantes heridos de estupor.
-Leed!
Cdda uno ee inclinó y leyó con ojos asombrados la siguiente noticia:
•El senor Savinien de la Haye, consejero de prefectura
de la Creuse, ha sido nombrado subprefecto de la jurie•
dición de Ganneville, en substitución del señor J ero me,
nombrado subprefecto da Pontoiee.»
El señor Jerome administraba la prefectura de Ganneville desde hacía diez aflos. Era un hombre tan honrado, con su voluminoso vientre, eus lentes de oro, su fisonomía de canónigo con levitón, y ee ocupaba tan poco de
eu misión-lo cual constituye inconteetablemente el mejor medio de eer un excelente subprefecto-cuhivando
con tanto amor las floree de su jardtn en medio de eus
eeie hijos, que loe régimenee euceeivoe lo hablan olvidado ó reepetado. Servía á la República con una devoción
igual á la que había testificado al Imperio, hablando con
una convicción siempre sincera del •liobierno del país••
é inquietándose mucho menos de los cambio!! ministeriales que de la floración de un tulipán multicolor, objeto de
sus más sabias combinaciones.
Se le consideraba en la comarca como un inmueble
que formaba parte de Ganneville, y los habitantes no ee
habrían eorprendido tanto de saber el desplazamiento
del campanario de la iglesia parroquial como del del eeflor Jerome. Fué preciso, sin embargo, creerlo, cuando
el eefior Jerome se dirigió á la estación acompañado de
EU mujer, de sus eeie hij,,s y de numerosos cacbi vacl.uie,
enue loscualee ee contaban cajas con cubiertas de vidrio
en que se balanceaban las plantaa preferidas del funcionario horyicultor.
Los adioees fueron conmovedores. La señora Jerome,
en el embarcadero, lloraba como una fuente. Las damas
de la ciudad sollozaban. Cuando el tren ee movió, dos ó
tres voces gritaron: 11Viva Jerome.• El comisario de policía las hizo callar, por que los visjeros extranjt!ros podían creer en una manifestación bonapa1tiet11 y sedicioea.
Después de lo cual, cada uno, yéndose por su lado, se
frotó las manoa. El senor J érome en su wagon gozaba
á la idea de que habiendo sido promovido á la segunda
clase, iba á tener mil quiuientoe francos más que consagrará sus hijos y á sus floree, y eue antiguos administra•
doe no pensaban más que en e1 medio de ponerse en la
mejor buena inteligencia posible con el nuevo subpreftcto.
¿Cómo era éste? ¿Quó edad tenía? ¿Era casado? Tenía
hijos?
Todas estas preguntas se agitaban en cada matrimonio
y en el grupo de paseantes, abriendo á las eupoeicionee
un vasto campo donde la imaginación se ejercitaba.
Se acabó ein embargo por saber, gracias al teniente de
gendarmería que escribió confidenc:almente á su colega
de Gueret, que el eeflor Savinien de la H,1ye tenía cowo
treinta y dos anos, era guapo mozo, célibe y muy eJo.'
cuente.
Las tres primeras cualidades hicieron palphar el corazón de mucbas jóvenes. L1 señora D,¡scordeB mandó hacer trajee nuevos para Diosdada y Angélica y se los hizo
confeccionar por las senorita, Juglan, las de loe sombreroe á la moda de Parle. ·
El eeflor Savinien de la llaye puso á prueba la paciencia de eue adminietradoe. Sólo deepuée de eeie eemanae
se vió llegar primero á un gran doméstico, al cual muchos
tomaron por el subpreíecw mismo, tan buen aspecto tenía; después un dog-car, después numerosas maletas y
por fio, un día, un hombre joven, muy bien parecido, de
flor en el ojal, un monoclo en el ojo y una varita en la
mano, bajó ai pi" de la estación y encontrando el'I la pla-

EL MUNDO

za al grupo habitual de loe paseantes, lee preguntó con
la mayor polfüca el camino de la subprefectura.
El Capitán Reaurian tuvo una inspiración de genio y
respondió descubriéndose.
- Vamos á conduciros, seilor subprefecto.
Aeí fué como Savinien tomó posesión de la subprefec·
tura, escoltado por eeie de loe paeean'88 que inmediata•
mente ee repartieron l)Or la población repitiendo por todas partes:
-Ha llegado el subprefecto. Noeotroe le condujimos á •
la subprefectura. Es encantador, y si supiééeis que bien
babia!
·
L-:ie comienzos de Savinien no pudieron eer máe felices.
Obtuvo desde el primer momento el extraordinario re·
eultado de agradará la vez á loe hombres y á las mujeres.
A los primeros lee habló con una gravedad tal de los
asuntoe administrati voe, q 11e olvida ron eu monoclo, que al
principio les había chocado un poquillo.
Con cada uno ueó el lenguaje debido. El agente inspector se quedó encantado del interée que tomó en el empedrado de loe caminos. El inspecwr primario se desbordó
de orgullo cuando él le dijo no sin alguna fatuidad:
-Nosotros tenemos hijos, aenor...... Vosotros los hacéis
ciuiadanos. Suestra tarea es agradable.......... la vuestra
ee gloriosa!
Recordó á los miembros del tribunal las viejas tradiciones de la magistratura francesa, ab3olutamente como
ei existieran aún. El clero ee regocijó de eus declaraciones religioeae, la gendarmería de eus elogios por el ejército. Pero los más satisfechos fueron los bomberos.
-¿Cuántos incendios habl-ie tenido el año paeado?
preguntó al comandante.
-U no sólo, seflor eubprefecto, y tres de chimenea ......
Cuatro por todo.
-Cuatro! ee poco, comandante, es poco, respondió Savinien con un tono bondadoso, que era un aliento para
trabajar mejor.
Todo el mund&lt;.t quedó encantado, los republicano~ de
sue afirmaciones democráticas, loe reaccionarios de eue
eentimientos conservadores: no ee este el triunfo de un
espíritu verdaderamente político?
.t:n cuanto á las mujeres, bastó una palabra para conquistarlas. Anunció que una parienta vendría pronto á
reuníl'éele y que esperaba entonces dar un baile. Un baile, querida! li a baile en la subprefectura!
Puso el colmo al entusiasmo de esae damas, yendo á
visitará cada una de ellas y pidió á todas permiso para
volver. J~w1is el seilllr Jerome, en diez afloe, babia he•
cbo otro tanto.
·
En menos de dos meses Saviniea se había convertido
en un dios para sus administrado.e de ambos sexos. Cuando pasaba en su elegante dog-car, todos loe hombree respondlau con un saludo profundo á sus eonrisae amables,
y más de llna cortina levantada á medias dejaba percibir un rostro famenino lleno de simpatía, y algunas veces de esperanza.
-Al fin, tenemos un subprefecto! decían las mismas
voces que antaflo habían aclamado al seflor J erome á su
partida. El otro ao era más que un jardinero.
V

Una tarde, después de la comida, el seflor subprefecto
dijo á su criado:
-No ebtoy en casa para nadie...... tengo que redactar
un informe muy importan~.
Y se encerró, en efecto, en su cuarto, encendió un puro, escogido de una caja especialmente reEervada para eu
uso po!reonal, tomó uua hermosa hoja de papel oficial y
escribió:
Gannevillt!; 12 de Agosto de 18i3.
Gabinete
del
Subpre[~cto
Al seflor Octavio Legagneur.
C,1lle CJmbón-Parie.
Mi viejo Oitavio:
l\1e arrojo á tus pies para suplicarte me perdones mi
largo silencio. Yo te había prometido darte cuenta de
m1e primeras impresiones en mi deliciosa residencia, y
desde hace dos meses que estoy aquí, no lo he hecho.
Necesitaría ofrecerte tales sumas de excusas que lo máe
sencillo acaeo ee no darte ninguna y entrar sin preám,
bulos al meollo. Entro pues.
Si se ha de creer á los diccionarios de geografía, la
ciudad de Ganneville, cabecera de la jurisdicción que

DOMINGO

a da AGOSTO

Dl 1897

tengo el honor de administrar-ya vee que tomo el esfü,..
del empleo-Ganneville est, situada , ochenta y cinco
kilómetros y tres horas de camino de fierro de la capital,
Desde mi llegada aquí he adquirido la convicción de
que los geógrafos son muy ligeros y verdaderamen\e
culpables de engafiar así á la juventud. Ganneville ee~
de seguro á dos mil millas del bulevar. La fisonomía.
las costumbres, el lenguaje de 101 habitantes, demuestran de una manera no dudosa esta incuestioaable verdad.
Un hecho entre mil:
Pasé recieniemente por una aldea, casi un barrio de
mi juriedición. Dos mujeres conversaban, un nilio aullaba. Oí estas palabras pronunciadas por una de la mujeres:
-Qu'a qu'a qu'al cri! (1)
-Al a qu'al a chu!
Aprendí después de un sabio lingiiieta que eeas dos frases trJ1ducidas al francés, significaban: uQué le ha pasado, que la hace gritar?• ...... Se ha caído?» Ya ves por esta simple cita del idioma local, que hay entre Ganneville y París tanta distancia como entre tí, vulgar ciudadano y yo, representante del Gobierno.
Ganneville está, ein embargo, le¡os de carecer de meritos y curiosidades. Loe méritos consisten en que se fabrican pasteles de almendra, untuosos y exquisitos y trufa•
dos de alondra que s.erían perfectos ei no costasen tan
caros. Se vende también mucho azafrán, lo cual me im•
porta menos puesto que. no lo ueo.
En cuanto á las curiosidades, la principal ee el río que
riega la ciudad, y digo l'icga, por costumbre que se tiene
de asociar este verbo á la palabra río, porque, preci3a•
mente la especialidad de este rio es que no riega nada.
Se seca hasta dar envidia al l!anzanaree, que también
tiene la reputación de regará )1adrid, y al cual, Alejan•
dro Dumas l?, siempre pródigo, envió un vaso de agua,
diciendo: •Llevádaelo al Manzanares, lo agradecerá!11
El arroyo de Ganneville, tiene, empero, una superioridan notable respecto del de Madrid. Acontecimiento del
todo extraordinario, el fuego estalló un día en su lecho
desecado y todas las malezas ardieron á pesar de loe heróicos esfuerzos de los bomberos.
Para qué in.fl.girte la relación detallada de mi existencia administrativa? Sería cosa de morirse de tedio ei la
monotonía de loe días en blanco, no fuese alegrada de
cuando en cuando por una nota cómica.
Lo peor es que yo me siento contagiado poco á poco
de la mediocridad que me rodea. Hay momentos en que
me tomo á lo serio. Me «mistifico• amigo mio, á fuerza
de mistificará loe otros. Tú no tienes idea del aire imponente que tomo cuando digo: el Gobierno de la República, eeflores! Esto es para loe puros, para los otros: el
gobierno...... simplemente. ~o tiene duda, me contagio.
Por lo demáe todo el mundo me adora aqul. He pro•
metido ua baile éste invierno, dentro de cuatro meses ...
y ya se preparan ...... He ido aún más lejos, porque he
anunciado la presencia de una •parienta» lo cual es para
mi mismo un personaje problemático.
Y ahora mi querido Octavio, hablemos de mujeres.
Tres he descubierto aquí de las que valen. La primera
de esas tree gracias, la condesa de Sennevaux, á la que
has visto ciertamente en Pllrfe, está de luto de su marido que murió en Reiechoffen. La segunda ee esposa de
un hombre muy vivaz, coracero de orígen, preceptor de
oficio, que tiene formidables bigotes y no parece dispuesto á bromas. La eeilora por su parte es linda, una
joyita toda rosa, una de esas coquetas figurillas de Sajonia, cuya sonrisa tentadora jamás abandona su boqui•
ta. En cuanto á la tercera, me ha sido designada de una
manera demaeiado extraña.
Es preci110 que sepas desde luego que lianneville tiene
la dicha de poeeer una santa, no en :-eliquiae, sino en
carne y hufso. Eita santa tiene dos hijas, atrae mucho
á los subprefecto~ jóvenes y platica enormemente, en ·
general para comeree al prójimo. Me ha hablado tan
mal de una prima suya que nie ha inepirado un irresistible deseo de v.. r á tlBa crea~ura perversa. La he visto y
he encontr.ido una mujer de unos ;¡.3 ai\oe-hermosa
.edadl-amable, distinguida, hecba para vivir en Ganneville como una planta de los trópicos en Siberia, parisiense de pura raza, y de gran raza ........ .
( Contillu.ará. )
[11 DeJamo, en su original e,ta,1 frawa porque de otra suerte perderian ,u estructur&amp; y sabor.

•
TOMO.JI

.MEXICO, AGOSTO 15 DE 1897.

•

•

&amp;~ce lentísimo $eñor

Don

Gntonio

&lt;lánoi,as

(l astillo

x~nES[DENTE DEL CONSEJO D.I!? MINJeTilO~ DE ESPAÑA.

Asesinado en Santa A¡ued .. el día 8 del actual.

�•

EL ,MUNDO

DOMINGO 15 DE AGOSTO DE 1897

el libro, en el Ateneo, en las academia~, su palabra autoritaria dejaba las huellas de su influencia y inarca~a con
el sello de su grandeza la idea que encarnaba, en bien dela monarquía confiada á su cuidado.
Te16fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
Cánovas no era de .la talla de taatoe hombres como
MÉXICO
han pasado por loa escaños del poder, elevado_s por el
Toda la correspondencia que se relacione con la Re- defensa social.
oleaje de la revuelta.,política, sin dejar memoria de su
Perseguir al lobo en su guarida, sin tregua, sin reposo,
•aoci6n1 debe ser dirigida al
paso; parece como que había aecendido al alt~ puesto
sin un momento de reprochable vacilación, sin un asomo
que ocupó por drrecho propio, por la fuerza misma da.
Director, Lle. Rafael Reyes Spindota.
de falso remordimiento, y· exterminarlo allí en donde se
las cosas y de las person'\i:, como producto natural d~l
encuentre1 ea sana tarea de cirujfa social, que. han emSecretario de Redacción,
medio que lo rodeaba, como la' síntesis de las aap~prendido todos lbs gobi~rnoa. Sólo moetráo~oa~ _fríaAmado Nervo.
mente inflexible se logrará. ser benéficamente JUSt1c1ero. raciones naciooalee, como la cristalización del pensil·
miento ibérico, como la últiwa expresión del alma de toToda la correspondencia que se relacione con la edición"
do un pueblo.
debe ser dirigida al
Por eso es tan hondo el sentimiento público de la
Gerente, Lle. Fausto Moguel.
Qfo
nación hispánica, al ver desapart&gt;cer al eximio estadista,
no por ley ineludible de )a naturnlt&gt;za, no como el roble
La enbscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
que
se inclina al peso de los aiiue de3pués de haber da~o
En
el
último
contrato
celebrado
por
remate
entre
la
mee, y se cobra por trimestea adelantadoe.
Secretaría de Guerra y ltJs fab1icantes por mayor del vea· su sombra prorectora, sino como la t:lncina que deegaJ_a
Números sueltos, 50 centavos.
t!lario pa"ael Ejército, se establece la cláusula de que la el rayo} como la roca qoe arrauca de cuajo ~n eacudi•
A.visos: á razón de $30 plana()Of cada publicación.
empresa no podrá disminuir el jornal pagado á las obre· miento plutónico del globo. Por eso es tan íntimo el doTodo pago debe su precisamente adelantado.
lor del pueblo ibero y de sus bijus esparcidos en el nue•
ras utilizadas en el!!ta labor.
vo continente, al ver cat:ir al insigne político cuando en
La
idea
es
digna
de
encomio,
porque
viene-á
favorecer
RE.HB't'RADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CU.BX,
el trabajo de las obreras nacionales, razón en que ee fun- él estaban fiJae todas las miradas y de él se esperaban
dó la censura que pocos ~eses ha dirigió algún perió· loa consuelos en las anguEtiaa de la patria.
Por eso también loe que siguen con interés la lucha
dico á la mencionada Secretaría, al encargar a.l extran•
en que está empefíada Espafia} quieren invesl.igar su por·
jera algunas piezas de ropa destinadas al Ejército.
El argumento del trabajo nacional debe apoyarse en venir, y loa que ob6ervan con ansia la contiend~ de la
Qfl
algo más sólido que las declamaciones y las promesas de monarquía constitucional, se preguntan el camino que
las operarias. El proteccionismo ha invocado siempre seguirán á la muerte de Cánovas, al verla amenazada p~r
El asesinato de! sefíor C.inovas del Castillo, el eminen- en apoyo suyo el argumento de que el sistema sirve pa- dentro con los.rugidos del abeolutiamo que como bestia
te político español, ha provocado un movimiento de es- • ra desarrollar el trabajo ñacional y elevar el tipo de loa hirsuta congrega á. las huestes carlistas invitándolas á la
sangre y á la matanza, y por las caociones incendiarias
tupor en la concienc!a de loe pueblos civilizadce. T~da- jornalee.
La verdad es que los partidarios de 1a política protec- de 10.:1 republicanos que, aunque divididos y faltos de orvía el lierrible monstruo anarquista se agita convuls1vamente en el fondo de e~ta tragedia formada por la ira Y cionista no han podido todavía demostrar eua asertos ganiiación, aun eueñaii en la posibilidad de hacer prtivaet hambre; aun el microbio se revuelve en los cbarcales hasta ahora1 y en loa diversos trabajos empr'eodidos en lecer sus ideas sobre el sentimiento público que ilustra
de un grupo humano en el que vibran depresiones Y fe. el extranjero, para apreciar el nivel de loe salarios, no _se una tradición gloriosa y engrandtce la hhitoria resplanrocidades, cóleras y cobardías, miserias y protestas, Y que ha logrado establecerél princip~o á que ee hace referencia. decierite de la realeza; acosada en sus posesiones de Ulal estallar en los eepíritus sombríos, (leterminan esos Los salarios se han elevado en estoe últimos tiempoe, Y tramar po1 las violencias separatistas, que en su anhelo
repugnantes attintadoe contra lo más eagr.i.do de la vida .Ql.UY principalmente en los países que se desarrollan,_ en de independencia han convertido el paraíso antillano en
virtud de una ley económica indeclinable, que qmere yermo infecundo y loa campos filipinos en desiertos essocial: la vida humana.
¿De dónde vienen estos hombrea?. De ellos_ podría de- que una mercancía, cualquiera que ella sea, aumente su tériles cubiertQs de desoladas ruinas; y ocasionada en el
exterior á conflictos graves y á serias colisiones por la
cirse lo que del inmortal poeta, los florentinos: vienen valor en relación con la demanda que de ella se hace.
del Infierno,-¿A dónde van? Marchan á ciegas, camiEn México el impulso de la agricultura ha hecho que razón misma de las guerras separatistas.
Nada nos autoriza, sin embatgu, á hP.cer predicciones
nan á. tientas, sin guía que les sirva de faro á. través de el jornal haya subido proporcionalmente, y en la actuaJas espesas tiuieblaa que los rodean, sin Beatriz que les lidad en zonaa como las de Oaxaca y otras, en las que el pesimistas por la muerte de Ciinovas del Castillo: grande
abra las puertas del ideal, al final de su peregrinación. cultivo del rafé ha tomado grande incremento, se paga á. era la significación del grande estadista, inmensos los
y si tienen ideal, ea un ideal negativo y disolvente, re- peso y más el trabajo del bracero, que· no hace mucho servicioJ que prestó á la monarquía, fundadíeimas las
fiido con los intereses de la comunidad y contrario á las ee cotizaba á dieciocho y veinticinco centavos.
esperanzas del pueb~o que en él confiaba, altísima la sigLa estipulación contenida en el contrato á que aludi- nificación de su personalidad en el actual período de
leyes del progreso.
El revolucionario tiene en descargo suyo un programa mos ee basa en algo mfts sólido que en simpltis asertos, Y crisis por que atraviesa la 11ación1 pero si él encarnade enfermedades que remediar, de doilos que reprimir, en virtud,de ella, el viejo argumento del trabajo nacional ba las aspiraciones patrióticas del paíe, no era el pa1s.
emanados de una e,ituación política. El anarquista no no será. letra muerta en la especulación de loe empresa· mismo; 8i él era el apoyo del trono y el defensor más ab•
dispone de material para llenar los profundos huEco"s que rioa.
~egaao de la real familia, no era la idea monárquica1 con
produce en el aparato social; esa sangre que extrae de
hondas raíces en el pueblo español.
!as arterias no será reemplazada por otra sangre, las
Aun vive el heroico pueblo ibero con todas sus gran•
energías que suprime no 1:erán sub~tituidas por otras
dezas, auu palpüan en t!U seno sus pujant~s energías: si
energías. En la lucha por la existencia persiste el más apse ac~i Cdo adolorido á la fo!!a recien abieita que hade ª'uarto, porque en esta aptitud se encuentra radicada la cividar los despojos mortales del gran eatad.ista, y deshoja las
DON ANTONIO CANOVAS DEL CASTILLO.
lización; pero en la terrible batalla que se libra del otro
florea de su gra1,irnd en esa tumba que ha abieno el odialado del mar, el triunfo del anarquiemo eería un paso
do anarquismo, product.o morboso de la civilización mo•
Con la rapidez de la electricidad con que fue comuni- derna, 1:11 bieme hondo pesar por el vacío que deja el Je•
a~rás en la historia de la humanidad.
Sociológicamente, el mal momentáneo puede traducir- cada al mundo la infausta nueva del hor1endo crímen de fo del panido com.ervador en su repentina y tr1ete desa·
se en un bien colectivo: la guerra y la ernlavitud consti- Santa Agueda, ae La eentido también el estremecimiento paricion 1 puede esperar tiodavfa¡ hay situaciont!s políticas
tuyen dos progresos, han sido un avance en la vida de loa con que los pueblos civilizados de éste y aquel lado del que engendran hombree de Eotado, los modelan según
pueblos. Pero el anarquismo no posee esta faz redentora Atlántico han visto la desaparición del eefíor CJ:novas su necesidad y los per.ti.lan según las leyes naturales.
de su obra destructiva: es un mal sin compensación, una del Castillo, que era para la monarqufaeepañola, no sólo
.l:!:n el momento histórico acmal de la E~pafia monárpérdida sin contrapartida en el libro mayor de la moral el prestigiado minis~ro ni el meritíaimo piloto de la Re- quica, á nadie se ocul(a quee~tá erizada de dificultades
gencia, sino la t'lncarnación misma del sentimiento nasocial.
y llenad~ sombras que enlutan el tiempo porvenir: el pue•
Se ha admitido que las condiciones económicas de este cional, que babia restaurado á. loe Borbonee en el trono
blo espai\ol, en su i1Jgente patriotismo, hará. por vencer•
triste fin de siglo no responden á las necesidades de todos de sus mayores, después de las convulsiones volcánicas
las todas y por encontrar 'al diestro piloto que conduzlos grupos; que en torn·o de la mesa en la que los pode- que produjeron la República y las agitaciones tempea•
ca á puerto feliz la nave de la monarquía COllBtitucional,
rosos de la tierra han tomado asiento, se revuelve una tuoaas que engendraron loa carlistas.
azotada por vientos tempescuoaoa1 entre los arrecifes de
El ilustre hombre de estado que acaba de caer á los
multitud barobrienta que vive con las migajas del festín;
la revolución y los escollos de los reaccionarios.
que al lado de los politicastros y los aefíores feudalee de golpes fieros del anarquismo vengativo, era la columna
¡Feliz si puede encontrar un digno sucesor del hombre
la riqueza pública, se alzan en el viejo mundo, loe dra• firmís~ma en que se apoyaba la admistración reinante.
il uetre que acaba de perder 1
mátiuos espectros de los abatidos y loa desesperanzados. Modelado en gigantesco bloc de granito, como los héX. X. X.
¡Y bien! ¿Qué otra forma de repartición, qué otro pro- roes legendarios espafiolee_que se yerguen bajo las arcacedimiento de justicia, qué otros derroteros de prosperi- das inmensas de sus catedrales, ó reposan como centine•
Agosto 12 de 1897.
dad proponen los adeptos de la negra banda? ¡ La igual- laB eternos á. la sombra de las sagradas criptas, veía roro•
dad en la deegracia! la jusücia en el aniquilamiento! la perse sobre su pedestal las olas encrespadas de las tormentas polfücas y estrellarse los vientos huracanados de
felicidad en la nada\
y al sentir este soplo de tumba, este impulso de des. la revolución.
En la tribuna, en la cátedra, en la prensa militante, en
trucción, esta amenaza á lo que consthuye la gloria dtl
".EL M 'UNDO"
Semanar1o llu•trado.

hombre1 familia, bienestar, actos heroicos, esperanzas
redentoras, ideales perseguidos, toda esa cohorte que for
ma au patrimonio, el anhelo de persistencia, la fe en lo
porvenir: la humanidad retrocede como si sintiera mordeduras de eerpíentee, y reclama el gran derecho de la

fau11r ~e la mujer

tlatiu; rbitllrialrs.
lHtint11 11tenta~11.

:¡9a\ítica &lt;fürttrral.

113

EL MUNO

DOMINGO 15 de AGOSTO de 1897

EL AMOR V EL MATRIMONIO

la forma de afecto adecuada para el matrimonio? No evi•
dentemente; si ella fuera compatible con la felicidad do•
méstica, con la paz conyugal, con la prosperidad de _la
familia ¿por qué los poetas que la pintan, y los novehstas que la prefieren, d6een1azan sus ficciones con el suicidio como en Werther ó con la muerte como en María? ¿Porqué ai llevan á loe enamorados hasta el altar los dtijan y cierran el poema en cuanto ee entreabre el hogar? Porque saben muy bíen que esa forma del
amor ni es_poética ni os dulce, ni es bella. sino en el
alfeizar de la ventana de Julieta¡ pero que extinguido el
canto de la alondra y comenzada la alegre gritería de los
niños en la nursery, esa furma de amor es ridícula, antipatriótica, inadecuada, incompatible con la felicidad de
la familia. Mientras el hombre no se presenta á la mujer en pantuflas y gorra griega la mujer puede amarlo á
la romántica¡ después ese género resulta anacrónico, extemporán1:,o é imposible.
Menos aún es cowpatible con la paz conyugal el amor
puramente sensual, fundado en la belleza fisica, en la
ilusión de los sentidos, l'óln las propensiones &lt;le la natura•
leza animal. Son loa matrimonios creados al calor de es·
te género de pasiones los que más Prontamente se disuelven, los que dan úcasión á mát1 frecuenres catástrofes, loa
que con mejor seguridad labran las de1?graciae de las familias. Ese género de ilusiones son frágiles como e. cristal, inconeistentts como la noche, cambiajizaa como el
celaje, efímeras como la flor.
Para casarse, para realizar una unión duradera, feliz,
fecunda y próspera, es forzoso gue la forma del amor Ct&gt;•
rresponda á las exigencias del matrimonio. El marido y
la mujer no sieben ser tao sólo dos amantes, deben ser
igualmente dos amigos. Fuerza ea, no solo que ee amen,
sino que aimpaticeni la forma de su afecto ha d.e ser expanai va sin ser volcánica} tierna, sin ser romántica; han
de ser camaradas capaces de vivir contentos ~l uno al la•
do del otro, como dos compañeros de colegio, bao de reir
más que suspirar, conversar más que gritar, pasear más
que llorar. Amor intolerante no ea amor conyugal, CODlO
no lo ea tampoco el amor exigente.
Un amor de intensida•j moderada, á la vez de cuerpo
y de espiritu, que se parezca mucho á la awietad 1 que esté impregnado de ei.tr!patía y de tolerancia, que sea compatible con el ti abajo, con t•! estudio, que no abstraiga
todo el espiritu, ni absorba toja la actividad, que no baga sufrir sino gozar, que no impida sino que ayude á
proeperar, que no pri,,e de la nfltxión, que no tuerza
el criterio, que no se oponga ni á la justicia, es, por excelencia la forma de aftctp que debe presidir al matrimonio.
En resúmen, para el hombre, la mujer debe será la
vez amante, hermana y awiga, para la mujer el hombre
debe ser amante, hermano y amigo.
Tl}do lo dt más es faena, drama ó tragedia; pero no et1
vida, ni es felicidad,
Dr. Manuel Flores.

Entre nosotros parece convenido que hay problemas, y
de los más graves, cuyn solución debe confiarse pura•
mente al sentimiento sin que intuvenga poco ni mpcho
la reflexión. Todo el mundo conviene en que para emprender un negocio, invert.ir un capital, elegir una carrerra, debe previamente meditarse y calcularse lo que se va
á hacer y pesar y medir las probabilidades de éxito¡ pero cuando ee trata del matrimonio, de la fundación del
hogar y de la familia, de la elt cción de eompafi.ero de
penas y de goces y de hacer á. otro sér partícipe de la
buena ó de la mala fortuna que pueda tocarnos en suerte,
entonces la.nfü,xión dtbe callar, el cálculo enmudecer
vendaree loe ojosá la previeión y lanzaree la nave al mar,
sin más propuleor que el cip1icho del oleaje y sin más
norte que lo deaconccido.
Acostumbramos aconsejar, en caso de matrimonio,
consultar única y e:xclmivamente al corazón, sondear la
profundidad del eentimiento que nos anima, medir la
amplitud y el empuje que nos arrastra. Para casarse lo
que interesa saber, es si se ama y cuánto se amo, todo lo
demás es bajo, es mezquino, es indigno de un corazón
noble y á mayor abundamiento ea antipoético1 burgués,
bajamente práctico.; proceder de tendajonero ó de agente de cambio.
La literatura y la poesía, por una parte, loe instintos
de la raza y las costumbres por la otra, consolidan en
nuestro ánimo la convicción de que basta amar para casaree y de que mientras más se ama mejor resulta et matrimonio y nada. más poético, Di más grande que ver cómo dos volcanes cu u funden eus l~vas á riesgo de no pro•
ducir en su derredor más que catástrofes y de no dejar tras
de sí eino cenizas.
Muy lejos de nuestro ánimo el negar que el amor haya
de ser la condición fundamf:ntal del matrimonio, su sanción y su razón de ser y el aceptar las uniones de mera
con veniem~ia 1 de puro cálculo, de aparato y de interes á las que no presiden el afecto, la ternura, los
máe vi vos .y loa más puros sentimientos; pero entre casarse por cálculo y casarse por locura, entre que el matrimonio lo determine la ariLmética ó lo sugiera el frenesí media diferencia y en este estudio no aspiramos á. extinguir hogueras siao á refrescarlas, ni pretendemos suprimir el calor fecundante del afecto sino calentar la
temperatiura que más conviene para confeccionar, digámoslo aeí, un buen matrimonio, Se puede ser un gran
gastrónomo y un excelente cocinero sin dejar de 1ecomendar pata ciertos platos el bailo maría.
En una palabra, el matrimonio no es, á nuestro juicio,
cu1::sti6n de cantidad de amor, sino de calidad ó naturaleza del afecto. La experiencia y el razonamiento comprueban á. una que no son los amores ciegos, volcánicoe,
los que producen los matrimonie.a felices, tranquilos y
fecundos; y que realizan uniones mejor avenidas, más
duraderas y mejores los temperamentos apacibles, que
los corazones arrebatadoe. En efecto, el amor ea una función animal con instintos poderosos que la estimulan,
IMP.R.ESLUN c;S
con paeiones ciegas que la aseguran, con arrebatos brutales que la garantizan; pero el matrimonio es una funI
ción social, una instit\ición humana, de orden 1 de paz,
DOCUMENTOS HUMANOS
de tranquilidad. Con el matrimonio se funda la familia
y hay que velar por su educación, por su sarnd por su
¡ ih, no! Es un extrañ,&lt;t monstruo e~ta mariposa que
bienestar y por su porvenir. La ley de la familia no es el se llama el arte. Es egoísta y absorbe demasiad~ aensiéxtasis sino el trnbajo; la ,explosión, la tempestad, la bEidad.-Arnar ea sano, amu.r es una dicha vulgar, ex•
convulsión, son impropias l)llra guiar á loe hijos, para quieita,al alcance de todo el mundo, funcióu fiaiológica;darles ejemplo, para asegurarles un porvenir. Con el y el arte es un caEO de patología psíquica.
amor furioso de Byron por la condesa Guicciolli se esLos hogares de loa artistas son hogares fríos; no revc,·
criben poemas y se representan dramas, pero no se fun• lotea el sol alegremente dentro de aquella aemi-obrnu•
dan familias, ni se educan hijos, ni se elaboran fortunae. ridad, en la que sólo se enciendeü luces al rededor del
Jasan, y eeo que era un aoldadón brutal, no pudo sopor~ altar. sereno de la inmortal belleza. Todo palidece y se
tar á Medt:a y acabó por buscar una esposa menos pan• esfuma ante la sagrada imágen y ella reina única y sobe•
tera y más mujer; ese amor volcánico y ardiente, tipo de rana.
los que- gustamos sentir y modelo del que recomenda•
El eepíritu femenino se asoma al alma del compai\ero
mos á. loa novios, dió como resultado siniestro el aban- de la vida como á un espejo_ que no reflejara su imágen.
dono de la amante y el t-xtraogulamientode los hijos por No es nada suyo aquel hombre, absorto míaticJ en la
mano de su propio padre. Con el amor de Otelo no se contemplación de espectácuios interiores: hay allí poco
llega más que al ast-sinato de Desdémona.
espacio para este hacinamiento de menudencias esquisiLa leyenda} la historia y !a sociedad están llenas de ·tas de que se nutre el corazón de la mujer.
ejemplos análogos, de trajedias conyugales, de ruinas de
Por demasiado alto no se llega á ese cielo; ángeles de
familias y de catástrofe.e domésticas cuyo origen es el rosadas alas impiden eecalarlo; sólo los iniciados en aqueamor ciego, brutal arrebatado, loco. ¿Será acaso el amor llos secretos, los que coronados de freEcas rosas ascienromántico, enfermizo, suspiran te, dolorido y triste, el de den por gradaciones sucesivas á la elevada región de la
Rafael, el de Graziella, el de la María de Jorge Iaaacs, idea, pueden permanecer en las albas cú11pidee . .Allí vi
0

4

ven solitarios, como esas aves vencedoras del eepacío en
lo enhiesto de un picacho inexpugnable.
Vivir así, en extásis perenne, arrodillada el alma y
fijos loe ojos en lo pr'ofundo desconocido, es perder de
vista 1as coeaa humanas. Lohengrin baja del Santo Graal
en un rayo de luna, y q_uando Elsa--el eterno femenino
-reclama su puesto en el corazón del heroe1 la visión se
desvanece y el ideal retorna al impalpable mundo del
ensueño, de donde brotó.
Y el arfüta ea un Lohengrin perpetuo; llena está su
conciencia del ealmc, santo de esa vida irrealizable de
la quimera; vibrante su eangre de la sublime calentura
del pensamiento; cerrado el santuario de eu espíritu á
la3 cosas humanas, á esas pequefi.as cosas que rnn loa hi·
lillos de estambre con que se borda el madrigal sutil y
transparente de la ¡¡aeión.
El amor ea un gran inconrniente; no ha menester coa•
dros maravillosoe, y la naturaleza es para él una esfinje
siler;cioi:a y sombría. Báatale con la contemplación del
objeto amado, y la creación es un ataud que flota en el
espacio. -El suei'io de ser la espoea de un poeta, es un
sueño atroz de martirio¡ es tener á su lado un cuerpo· sin
alma, una vída que no nos pertenece, ei;tar desposada
con un cada ver.
No hay sitio en aquel inmenso templo para el rezo su~
surrante y vago del ardoroso apasionado de aquella re•
ligión. Penetrar bajo las soberbias naves y hallarlas tristes y solitarias; aproximarse al tabernáculo y encontrar•
ee con un sepulcro, y cuando la igle1:iia re~plandece de
luces)' se cubre de flores, eer arrojada despiad1damen•
te ...... ¡Ab, sueño de unión mística con una alma-vestal,
con un espíritu de eremita, cuántas noches has golpea•
do en la tibia alcoba abandonada, mientras en el gran
silencio del reposo, las estrellae, como lágrimas de plata,
han caído en lluvia lumit:.oea sobre la frente del poela!
Y de puntillas, desceñida la flotante t_llnica, entre•
abiertos loe abraeados labioa--nido de besos en floración-acercarse al altar del dios y reclamar de él un rayo
de luz que ilumine á criaturas humanas.
¡Ah, hijos que Surgís el.l las treguas de dos nubes al
chocarse, osescapáateis por acaso, sois los parvenus de una
vida que no os fué dada voluntaria..nente; sois huérfanos
de la conciencia, abandonados del alma: nacisteis de la
caricia de una rosa y de un bloc de mármol! Y al lado
de vuestra cama vereia siempre á. una mujer pálida y
re!!:ignada y á. un sonámbulo que vaga inquieto y silencioso.
Amar es sano} demasiado sano, y el artista-enfermo
sublime-ea un ser poco sensible-acaso por exceso de
sensjbilidad,-un anestesiado ·de la pasión.
II
¿AMAN LOS POETAS?

Lefa yo la otra tarde en un último libro de Max Nordau ( 11Paradojae peicológicas11): 1&lt;De noventa y nueve sobre ciento, en las clases cultivadas, particularmente en
las grandes ciudades, lo que se tiene _por amor no es un
sentimiento nacido en el organismo1 sino el efecto de una
sugestión poética. Si los amantes de esta categoría no
hubiesen ltido nunca una novela ó visto una obra dramática sentimental, no se encontrarían en el estado de
áaimo que atraviesan, ó si estuvieran realmente enamorados, su sentimiento se man:festaría, en todo caso, por
otros sentimientoe, palabras y actos.-Consciente ó incomcientemente, representan una comedia de salón ó de
tocador, y repiten con todo entusiasmo y seriedad las escenas cuya descripción en los libros y repesentación en
e! teatro se ha apoderado de su imag:nación .
¿Es, pues, cierto que los poetas, esos ¡;randes augestio•
nados del arte, esos Robinzonea que tienen su isla aislada de los demás m'ortalee, su mundo aparte, en el que viven una vida refinada y complexa, su santuario oculto en
el interior de sagrados boeques, ea cierto que esos exqui•
sitos de la sensibilida1 no son otra cosa sino loa fieles
evocadores del recuerdo, el fonógrafo que guarda la impresión rncibida y la trasmite fielmente como un eco devuelve lue sonidoa•ó como la piedra que cae en un lago
esparce su choque en ondas ténues hasta las rientes orillas que limitan la movible superficie? ¿Hay en el fondo
de sus sensaciones un espíritu oculto que todo lo d_lrige
y lo encauza, una energfa que preside á.!sua accion~o(y
que se apodera de su conciencia y la nulifica y la anula,
un yo externo que arroja otro yo interno, y la!! voliciones
no son eino la suma de todas las voluntades ajenas?...... .

�EL MUNDO

DOMINGO Is de AGOSTO DE 1897
DOMINGO 15 de AGOSTO de 1107

EL MUNDO

-~¿A veces, dice un maestro, he peneado en la existencia de un entozoarío que ocupa la región de nuestro
cerebro, que vive aq,1í dentro, alimentándose con nue,tro pensamiento.• Y entonces nosotros no somos nosotros; somos el producto de tnuchoe hombree. de muchos
eEpíritnP, de fragmentos dispersos, de átomos diFgregadoe, de impresiones esparcidas, de fuerzas diseminada•;
entonces, como decía el poeta, •n'lda ea nuestro», vivimos en un mundo aj~no, nuei;tra existencia eetii forma•
da de extranas t'xistencias; nuestros dolores, nuestras
alegrías, no nos pertenecen; la lágrima que nos arranca
un acerbo sufrimiento, fué vert.ida hace anos, siglos aca
eo, por un loco ideal que conservamos adherido en no
importa r.uál celdilla de nuestro cerebro; somos sombras
de cuerpos muertos, satelitee q '18 reflejan luz cenicienta
de un astro lejano, espectros de cosas idas, remembranzas de hechos pasados, polvo de estátuas
denibadae, reguero de esa roeada arena
de que habla Pierre Loti en su peregrinación á través del /Jcsi;,rto y que &amp;e forma
de altivas, de resplandecientes huettes,
de aguerridas multitud~s que han ido
aglomerando sus despcsjoe, desmoronamiento de generaciones qoe se suceden
á las generaciones y que arrc,jan al paPo
del viajerv una tornasolada nube de ceni•
zas, rndario impalpable de fant&amp;smas que
han rozado el planeta y que se alejan en
el penacho blanco de una uube.

ea un gran delincuente. Crimen de amor! delito de pasión! Como el personaje de la novela de D'Annanzio,
busca en loe labios de la mujer vencida loe besos de la
mujer anhelada, nueva forma de adulterio no prevista
todavía en ias páginas del Código Penal.
Carlos Oiu: Dufóo.

IAGO.
( r.r, •On:1.011 nr.

YKllDI )

l~go, dice una vieja edición de Ottllo, fago ,un· malvado. n
Tal se define y analiza á eí mismo en el Credo: comen•
tario musical al que conc,¡rren la, m ,!odias, las harmo•

Así, el poeta es un sugeHionado que
repite y hace lo que otroe ban hecho y
dicho antes que él? ¿A.sí, éste que él llama
su amor no ea euyo; lo aprendió en eue
lecturas, Jo traefundió en en sangre-que
tampoco ea suya, puesto que la elabo,a
su organismo con componentes exteriores-un eu autor favoriu,? Cree amar, pero en re11.lidad no ama; ea un ruiraje de
eue recuerdos: la amada idtal eubstiLuye
á Id amada de carne y hue~o. ~1arga,ita,
)lignon, Julieta, Eisa ... Laura., Eloiea ...
¿qué importa el noJ1 bn:? :S1tlmpre •·oiti la
deepoeada del poeta. •¿Acaso deJaría de
amarte porque te llam1ras de otro modo?» p•egunta á H.:&gt;meo la heroína dl ::::iakespeare. Amar aef, ea amar J?Or iuterpó•
sita voluntad; es representar un papt!l en
un viejo poema que no es nuestro; seguir
la voz de un apuntador invisible que nos
va deslizando enel oído palabras que no
nacen de lo pro[undo de nuestro Eér.
¿Q11ién nos inspiró eea hermosa eetrc,f.,
cuya música nos remueve íntimameLtt ?
No lo eé, pero yo la he tcecuchado antts
de ahora. ¿Xo fué Museet quien os hito
amará la «hija del Tí.ianc,?• Y aquel otro
que «viene del lLfierno" no encendió en
nuestra alma la pa,ión de B~atri;,.? Y todos vuestros amores ¿no son un tra,unto
de loe que sorprendisteis en esas páginas
que habéis leido y releído y á las que debéis la primera iniciación en ese gran
templo del dolor humane,?
Dolorosamente ama el poet¡¡, po1que el arte ea el do•
Jor, y poi eso ee le ama:
Aimeraie-tu l~s fleure, lee prée et la ved u re, Lee ~onnets de Petrarque el 113 chant des oiseaux, Michel Ange
et lee arta, Shakespeare et la nature Si tu n' y retrouvais
quelquee anciene sanglot1:?
Se busca este supremo deleite que hay en el fondo del
sufrimiento y que nos aproxima á loe bérces de antiguas leyendas, á esos otros yo que han anidado en nuestra conciencia; se sumerge el eer,iritu en este mar de recuudo, porque como Lenpardi «ove es dulce naufragar
en este nur¡11 se convierte atrás la mirada para aha,car
el camino recorrido, y repoear bajo Jae frt:ecae sombras
de enareuadae alamedas, formando, con las flores del
verjel ajeno, aromosos ramilletes que depositar en la
ventana de una :\Isrgarita creada al conjuro del libro del
poeta alewáu. Ptiro el amor que no se aiorna con las
sutlltle alas de la imaginación, el que se alimenta de la
realiJad, el que no ha menester nutrirse de otras iwpres ionee que lae propias, no es patrimonio del pceta. Este

Apuntes sobre el
eión, an contraste, cuya fuerza y hermornra expresa la.
música con mayor vivacidad que !a tragedia. É~ emi.
nentemente del dominio musical la atroz reacción -en•
tiendo casi la palabra en el sentido químic &gt;-del alma
envenenadora sobre el alma envenenada,
Recuerdo que Roesi, representando O' ello, pa9ab:i
constantemente, y con un ademán circular, la mano eo•
bre el pecho, como para seguir á través de eu earne el
horrible centro del dolor. De igual modo deecubro en es$08 pasajes de la obra de Verdi, un motivo orqnestal que
se revuelve sobre sí mismo y que al revolverse profundi•
za y desgarra.
A la menor frase de lago, aparecen en Otello loe eobresaltos; los ímpetus de eufrirviento y de cólera; en menos
tiempo del que ea indispensable para escribirlo, la voz
escala las altas cimas y se desploma en
loa abismos; el alma se ve presa de todos
los transportes de la duda, de todas las
contradicciones de la locura.
Y basta el final del etgundo acto las
dos fuerzas, una enfrente de :otra, conti.
núan lucbando a1,1í¡ una, oculta tln una
música impasible; la otra, abandonada en
una Ulúsica delirante: y como una ha en.
contrado en el relató del sueno de Caseio
la última atenuación je sí misma, la otra
encuentra también en eí misma, laexal·
tación extrema y el paroxismo, en las
páginas magnificas, punzautee con que
\ermina el adiós lírico á las banderas.
Estas son aquellas sacudidas, aquellos
rompimientos de sentimiento interior de
que habla Taine, apropósito de loM heroes
de Shakespeare. A esto se refüre cuando habla de •la imaginación terrible, la
,·elocidad furiosa de lae ideas multiplica•
da.e y exuberantes.•
Hay que lamentar que estas ideasme refiero á las ideas mueicalte-sean
demasiado cortas y demasiado precipitadas, qne paeen con tal prontitud ó que
e¡,te segundo acto eeté formado enteramente de detalles. Desborda vida, y si,
como se ha dicho, no hay ciencia más
que de lo general, no hay vida, ,Mvbre todo en '3hakeepeare, sino eu ti detalle y
en lo particular.

C,nm.o BEr.t,AIGVK.

. .._,,..._.,Lls jSvenee lt'ticm coquetería como ha•
cen escalas: para ejercitarse.
Jorge de J&gt;eyrcl,rune.

***á las mujeres ser saLa viudez permite
biamente coquetas.
A. C:er,11euaye.

*

* * de la joven co::i
C.&gt;nocer el caracter
qnien uno se caaa! no lo titLe 11ún ó se la
tlusd\a á diijiwular el que tiene.
Maria A na de J:Joi-fl.
Señorita Clara Cordero, de Jalapa.

nfas, loe ritmos y ICle timbrea. Comentario admirable,
al principio, de pod~r y de f tror, impra y lírica mente
arrojad') á trav~e de las 11menaza9 de loe cobres y de las
carcajadas de loa trinns; despu{,s, admirable también
cuando todo ~ste lirismo deeapare: e, cuando la oia c(ni•
ca termina en cínica meditación, la cólera en disgusto,
y, cada vez más lentas, más profundas y máedeadenoeae,
las notas del motivo principal ee desgranan y se deevan~cen en la nada.
Fuera de esta explosión casi toda la parte de lag&gt; no
está compuesto sino de in&amp;inuacionee musicales, i01pul·
sos, por decirlo aef, tan pronto tu 1pendidos como osa·
d s, veleidades y ten1ativas.
Desde este punto de vistJ, el relato del sueño de Cassio
me parecd una obra maestra de expresión; obra maestra
por la melod1a insidiosa, por el cromatismo eu,il, por ¡¡
instrumentación atenuada, ahogaJa, sordamente pereuaei va y elocuente por lo bajo.
Y estos ligeros razonamie ntos, estos toques tan delicados determinan en Otello espantosos transportes, crean•
do entre el efecto y la causa, entre la chiapa y la explo-

*

* * cJn la dificul •
S~ eicusa uno de engafiar á sus atn1gos
tad de engal'lar á eue enemigos.
Archille .Jfagn ier.

*

* m,ís
* ó menos poetas y to•
Todos los ena~orados son
dos los voetae se creen enamorados.
G. .lf. r,1lto11r.
OTRO PAGO OE $3,000.00 DE "LA MUTUA'' •

EN LEON.

'

León, 29 de Julio Je 1897. -,-~r. O. Culos s,mmer, Direcoor Gdneral de «L1 )1.1'Uli•• tin .\Ox1co. - .\11y tldGunado eeilor:
El B 1nqaero en esta ciuiai de la lI 10,uf-ile C l'n¡&gt;aflía de Seguros eobr~ la vida «La )Iutu.A•• d-, ~,uwa ívrk,
de la que ed Vd. d1gao D irector tlu edGa R ,públic.1 me
ha entregado 1~ suma de(3 000 00) \rea mtl ¡.,1: 1od d,mo
volor de 1a_póliz~. núm. óiS.505, de mi !Liad.&gt; espodo el
Sr. O. Juet1no Horner.
Reco,nozco ag~de~ida _la eum1 efi~a,ia con q 1e Y J. ha
procedido en la hqu1dactóo de este stniei\ro,· .. ,1rn i n.an·
do con esta más, las numerosa! pruebad qud ya b.i. dado
«La Mutu_a" del empano con que ac,stuwor~ llenar loa
c 1mprom\soe con~r.&amp;idos con 11us a~egur,d ••. -·foy da
Vd. a[ma., atent1s1ma y S. S.- ELE).'.~ P. DE II i11sEa.

VIAJE ALREDEDOR DEL .llUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS 'POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
!17,000 n:a.lllas sobre loe ·n-1.are.,;.

YIII
EN EL TEATRO.-LA PROl'AGA:-OA,-LOS 1).'CElH&gt;IOS,

·

r_or lo común las horas de huelga laa pasaban en tierra, y los ratos de cansancio
loe distraían á bordo en la toldilla, viendo el incesante mover de loe ferrie, lanchas
de vapor, pangos de carga y mil botes, ya luchando al remo con la fuerza de la corrien•
·te, ya á la vela cinendo graciosos el huracanado y frío vie1.oto que allí reina, hacia la
playa.
Xo era muy raro observar incendios. una serie de pitazos de vapor, sonoros unos,
agudos otros, anunciaban el incendio, indicando la manzana, y aun el número de la casa
incendiada; poco después de advertido el incendio y loe pitazos las llamas cesaban por
la asistencia siempre oportuna del cuerpo de bomberos.
'
::S-i en Londr2e ni en
Parle se encuentran cuer•
pos de i&gt;Clmberoe tan ex·
peditoe como en Estados
Unidos.
La lucha incesante que
se nota entre el comer·
ciante y las sociedades de
eegnroe contra incendio,
hace que estas últimas fo·
mPnten con &amp;randee can•
iídadea de oro loa ga,tos
originados por una corpo·
ración que pre eta á todo el
mundo utilidades sin
cuento.
Tres minutos después
de anunciado un incen·
dio, están funcionando ya
las bombas, sea cual fue•
re la distancia del einiee•
tro, y diez eegundoe tarda
todo un cuartel en ponerse listo para pre:;tar auxi·
lio.
Loe caballos de servicio
hacen guardia sueltos al
lado de los carros que tienen que arrastrar, y al eo·
nar el timbre de alarma,
Lilluokalani ex-reina de tiawaii.
ellos solos ee ponen bajo
las varillas para ser enjaeiadoe: tal ea In velocidad en esta maniobra, que más tarda el
timbre de alarma en funcionar que toda la balumba de bombas en salir de su cuartel.
Todos los dia,, al sonar la primer campanada de las doce, hay eafarran:ho en to·
dos los cuarteles de la ciudad.

1

IX
t;N

El, PACÍFl("O,-DE SAX

FJIANl' IS('O ,\

IIONOl,ULU,-20:3() MIU.Ab

~I.\RIX.Ati DK

TRA\.ESÍA,

A las nueve de la mafiana del Z9 de Junio entraba la marea; una bruma espesa,
,que se deshacía en lluvia menuda y fría, abarcaba todo el horizante, dejando apenas
percibir en la playa el cúmulo de casas y en la bahía loe barcos.
A media máquina y
con el mayor .orden bor·deamoe de Sur á Xorte la
•costa occidental de la pe·
ninsula, dejando á estribor la lela del Alcatraz y
un poco deepuée Punta
Bonita, y á babor Clifíllouee.
Cuatro horas más tar·
de, apenas se distinguía
la costa americana por la
popa, y solitarios en e.l in·
meneo Océano, con viento, marea y corriente fa·
vorablee, ecgu!amoe el tra·
zo marcado por la de•
rrota.
Nada más feliz que esa
travesía. L!U! eingladurae
acuearon velocidad muy
regular con solo una cal·
dera; el mar siempre azul
y ligeramente rizado pQr
loe flojos vientos, nos em ·
pujaba acelerando la marcha; el mareo generali·
zado el primer día desapareció pronto, y al siguiente dla ee vió á toda la
Prince■a Kawilani. Hija de un escocé■ y de like-Like
gente sobre cubierta.
hermana de la ex-reina Llliuokalanl.
A medida q·1e deseen•

d{amoe en latitud, la temperatura se hacía máa cálida y al cuarto día de navegación
se hizo necesario cambiar el tuje de invierno por el de verano, pues los ardores del sol
abrasador se nfreecaban apenas por loe alicioe en cuyo imperio habíamos penetrado.
Xi un solo barco, nada que llamara la siempre ávida curiosidad del marino; la
mar monótona, el viento soplando siempre del miemo punto y en rededor nuestro, so·
Jedad ein límites.
Por las tardee, á la pue9ta del sol, siempre hermosa, iba sobre cubierta todo el
mundo á presenciar ese espectáculo que no canea nunca y que interesa al marino por·
que sirve de pr.:eagio para los buenos y para los malos tiempos.
Loe marineros reunidos en grupos ::1obre la jarcia, el combés y el castillo; eobre las
bordae, provistos de acordeones y guítarrae, echando bocanadas de humo de sus pipas,
entonaban canciones entimentalee, de su paie, nacidas entre bosques de palmeras Y
frondas de helechos, y llevando en sue notas plal\iderae la dulce melanco1ía de lasco·
marcas tropicales.
Ae~ mecidos por el oleaJt&gt; del grande oceano, á merced de la providencia, Y con el
corazón lleno de esperanza, perdíase esa tranquila algarabía, mez&lt;:landose con el ruido
de la hélice y el rumor del oleaje, en la inmensidad de un horizonie sin límites.
En la noche el toque de rancho siempre esperado, hace cambiar la decoración á
bordo; enciéndense las luces de situación, los reposteros acuden con eue portaviandas
á las cocinas, y el resto de la gente en algazara constante baja el sollado y espera BC'nriendo apresurada, la dura galleta, como un aperitivo á su apetito eiempre voraz.
.\. las 9 de la noche, al toque de silencio, todo se aquieta á bordo, sólo el rechinar
de la jarcia, el zumbido del dinamo, el golpe del oleaje que se quiebra en el costado,
produciendo un ruido seco, forman un monótono é imperturbable conciert.o.
En el mar, la azul fosforescencia producida por millones de salpas é infueorios dibuja la estela q11e deja nuestro barco, y ti loe lados, como pálidos y fugaces fuegos fa.
tuos, corren deslizándose los rizos de espuma; de vez en cuando loe peces voladores,
como cen tellae brillan•
tes ó penachos movedi·
zoe de fuegos artificia•
lee, dejan ver sus iluminadas siluetas que rápidas detaparecenen todas direcciones marcando en la rttina l&amp;. huella
que en el agua han ee·
guido.
A las diez de la noche
todo ea silencio, eólo el
acompasado y tardo paso del oficial de guardia
y el parpadeo del farol
que lleva el rondín á todos los sitios de la cubierta, despertando al
relevo, forman con la
jarcia, la mar y el vien•
\O el único movimienw
perceptible en la inmen•
ea soledad de la noche,
Iglesia Kawayah.-La primera iglesia cristiana erigida en la espaciosa superfien tionolulu.
cie liquida del océano.
Eldfa 30 de Junio dietábamos eolo:!50 millas de las islas Hawaii, y el día 1? de Julio
deberíamos fondear en el puerto de Honolulu ciudad y puerto principal del Archipielago y capital de la modernieima república hawayana.
:X

ARRIBO .\ IIO~OLULt:.
Auúnciase el l? de Julio; el mar rizado por un viento del S. O. quebraba sus aguas
dejando ver fugaces arcoirie que chispeaban. sobre la nívea cresta de las olas.
'
Por la proa, sobre el horizonte, destacábaee ya distintamente una elevada y montanoea costa, negra, imponente hacia la playa donde un grupo de peflaecoe abruptoe
de granito resistía el incesante golpear seco del oleaje que se deshacía en cristales lfquidoe azul turqul.
Más sobre el pabellón del cielo elevábanee soberbios volcanes mezclándo y con•
fundiendo eue altos y desgarrados picachoe'..con un afelpado y negro manto de expléndidae nubes plateadas en eue cimas por loe oblicuos rayos del sol naciente.
Sobre _las montai'l_as bosques inmen~os de ve_rdura; hacia la cnsta agria y desigual,
la tosca andez de antiguas lavas volcánicas reflt&gt;¡ando en su superficie y rompiendo en
eue arietas, como diamante gigantesco, la luz que difundida en matices extrañoe y en
o, !oraciones exóticas iba á perdene en el espacio transparente ó en la enperficie movediza de las aguas, produciéntio singular espectáculo.
¡QtJé hermoeo contraste el ofrecido por aquel resto sublime de cataclismos espantosos en las edades primitivas!
Difícil pintár el entusiasmo d~ ii b"&gt;rdo al co11templar lae3peraia tie1ra de Hawaii
después de tan foliz travesía ó al saber q 11e muy pocas horas nos faltaban para descansar en la primera etapa de nuestra viaje; al im~ginar lo'.desconozido y creer que a cor·
ta distancia se nos ofrecía el goce de las primeras novedades, sentíamos un indecible
placer que animaba á todos en el Zarogoza.
Poco deepu~e, bordeando la costa de Dahu de norte á sur para llegará Honolulu
pasábamos á lo largo del canal que separa esta isla de Molokvi hasta que por fin á ¡~
descubierta ee preeeotó á nuestra vista el P,1rai80 del P,,cÍju-o, el expié ndido puerto de
llonolulu, en medio de un bosque de caftas palmeras y tarro.
_A la a~ru~adora claridad de un sol tropical, vense eeparc~doe aquí y allá aristooráttcoe ed1fiJ1os e~beltos, ó negras y pesadaJ construc-::iones con lechos y muros de

�oo ■ UIGO 15 de AG~STO de_ •~J==

EL MUNDO

1,6

granito, en loe flancos de lee montañas entre mac~oa bosques. de. K~ila-Kala,
Cimborrio de fuego 1eeplandeciente al sol del medio día, la soberbia allueta del
Waikiki, viejo volcán eacudido en otro tiempo por catacliemm1 plutónic~e, amparaba
como docel inmenso orla•
do de sempiterna verduraeraaquelmajestuoao ¡¡,aEaje erigido por Dios en

medio del oceano, y como
brotando de las olas y en•
tre las fJOndae de las palmeras, ergufanee loe cruzados palos de )os barcos.
A la voz del comandan-

niu á Kihokalani, y M. "William Dole con su consejo
de ministros ee instaló como presidente.
Hoy día el pueblo se compone en su mayor parte de
japoneses y chinos que han importado Jamás terrible de
las plagas, la lepra.
Aemtado el pueblo de tan terrible mal, funda hoflpita·
les donde se aeieten dti dos á ciDco mil leprosos cuyo nú·
mero disminuye sólo con las enérgicas leyes que obligan
á todo enfermo á vivir segregrdo en los hospitales ó á
salir del territorio tenga ó nó bienes raíces en el país.
Por otra pal te, los aborígenes eon hermosos; principal•
mente las mujeres á quienei:. Vancouver dio el nombrn
de &lt;1renue nPg1as.»

XI.

El 4 de Julio, doble aniversario de la lude pendencia de E~tados Unidos y de Ha•
waii, los pabellones flotando sobre todos los astabandera3 eo. tieri::a y engalanando los.
barcos, formabai:i un pintoresco y animado golpe de viste.
En el expalacio del Rey, suntuoso edificio al estilo bizantino, erguido en medi0,
de un parque bae.to, frente á la arrogante estátua del rey Kamehameha 11!, desfilaron
en columna de honor la guarnición y 103 navales, en presencia del seí\or DJle, Presidente de la República de Hawaii y del cuerpo diplomático extranjero.
Sobre la escalinata de
mármol negro del pórti·
co, bajo el grandioso arco
de entrada, levantábase
soberbio docei y en el cen•
tro eentadoa en Illagnl :ficoa sillones Luis X V
A
veíanse el presidente Dole y á su derecha nuestro
Residencia de un american o en Honolulu.
Brigadier y oficialidad, á
la izquierdaelcomandanAltOs, fornidos, de tez morena y de nariz aguilefia, prognatos y con pómulos aate y oficialidaddel.Adamslientea1 veetidos de lienzo y con sombrerillo de paja 8!1 la cabeza, tenían un parecido
y el cuerpo diplomático,
muy notable con nueetros indígenas, y eeta circunstancia ocasionó entre el equipaje la
y en el reato del amplio
explosión de algunas chispas humorísticas de su csracter.
corredor lo más distinguiGuiados por el piloto, atravesábamos el estrecho canal que conduce al ¡;ue1to, ee
do de la eimpática societialado unicamente por boyas rojas á uno y otro lado, después el fondeadero donde con
dad de Honolulu, donde
cuatro amarras fondeaban los barcos allí surtos.
:figuraban tanto he1moeas
Muy cerca de la playa veíanse bien grupos del pueblo que concurrían á preEenciar
señoritas como elegantes
la entrada de un barco de guerra cuya bandera desconocida para ellos dió lugar á miles
daros.e.
de comentarios que más tarde conocimos.
Por 1a noche se dió un
Nunca basta entonces había flameado nuestra insignia t,ricolor en aquellos remobaile donde fuimos coltos y perdidos sitios del oceano; á. distancia el color verde confundíase fácilmente coa
mados de atenciones y
el azul y euponíase al nuestro un barco francés¡ más tarde Ee le creyó italiano, pero
donde vimos con sorpresa
una vez foúdeado el buque-escuela ee distinguió nuestra libertadora águila, nunca
desaparecer de nuestros
vieta y comenzó entonces á manifeetarse inmensa curioeidad que hizo que al rededor
fracs, todos los botones
nuestro, vinieran infioidad de botes con gente de todo el mundo, cbinoE', japoneses,
dorados que llevaban
kanacos, indos, árabes, portugueses, americanos,,etc., todos abeortos y hablando in•
nuestra insignia, porqu&amp;
tensamente cada cual en su propio idioma.
l~e sefioritas del puerto
Gritos intraducibles suce::lieron á la eopresa cundo el e:aludo á la bandera de Ha•
tienen la peregrina coa•
waii con todas las reglas de la marina1 eaÚó de las bocas de nuestros csñonef!; la con
El manto real de Hawail. Vieja inalgnfa de la realeza.
tambre de ponerse como.
testación se hizo esperar, basta que vinieron á pedir al barco una bandera mexicana
adornos, botones y cintas
porque no había en todo Hawaii una insignia nuestra, y el iris tricolor de nueGtra pa- que por decirlo así escamotean á. loe oficiales y tripulantes de todos los barcos que allí
tria les emefió de lo que eramos capacee y presentamos por decirlo así, la gran targeta arriban.
de la República, la insignia nacional que flameó por primera vez en el ignorado país.paCitaré, con licencia del aludido, á uno de nueetroe guardias mariaoe, que sin hara nosotros mal conocido desde que el mundo americano brotó de entre las olas, á los blar una palabra de inglés y sin haber bailado, perdió todos loe botones, ar:ancados
conjuros de Colón, y el mundo australiano surgió del oceano á la mágica voz de Sebas- uno después de otro por dietintae señoritas, y al día siguiente lamentaba el forzoso.
tián Delcano y de Cook.
gasto á que se le obligaba por una costumbre tan extraña.
No estuvimos un momento solos; había fondeado, además de varios barcos mercanNo lo consolaban de su pena los recuerdos de aquellos instantes .de expansión en
tes, uno de guerra americano dando proa á tierra¡ este nos hizo cortesmente la visita que muchas manecitas delicadas lo tocaban á porfía hasta desprender del uniform'e la
codiciada presa.
de ordenanza y contestada que fué, dió lugar
á un a[ecto entre la ofiXII.
cialidad, nacido por ser
ELHAWAIL
del mismo con~inente
•(,'
aunque de distintos paí.
~·e_,
ses.
IllSTORI.A, POLITICA .ACTUAL, INDUSTRIA, COMERciO 1· &amp;ANIDAD.
Después tuvimos nu,,
merosas invitaciones, y
Nada más miginal que la historia de esas islas descubiertas por loe grandes e ¡ .
cordialmeote recibidos
radares eepaíl~lee del siglo XVI y estudiadas mucho después por Cook, navegan~Pi:~
por el presidente de la
glés que Jae dio á conocer al mundo en 1750.
república hawayana Y
~abitadas por ind!gena~ pescadores, simplemente, raza eebelta, agil yfrcbmta,
por el diplomático acremannera por exce 1encia y em parentescos cronológicos con loe pobladores de la A _
ditado en Honolulu Y
tralia ó de las islas Figi son bellas las islas Sandwich.
us
las principales autoridaCook
ambicioso
estorcionab,i
al
pueblo
y
murió
en
Hilo
asesinado
por
las
manos
des de la localidad, paalevoeae de los ñatu~ales.
samos la temporada quiEn grande actividai por aquel entonces, los numerosos volcanes de su suelo
zá más agradable del
fuera de toda comunicación con el mundo, cubría las islas vPgetación raquítica p~ry
viaje.
descubríase el fe_rtil y privilegiado suelo, que más tarde, Vancouver engalanó con lo:
EL~ HAWAll
productos más ricos de la flora de Europa, Asia y América.
Por aquel tiempo despertábanee las rivalidades entre los distintos reyesueloe de
cada isla y un organizador activo, el prohombre bawayano, Kamehameha r sometió
Llegábamos por fin á
por la conquista, todo el archipiélago, que convirtió en Imperio despótico !andando
un país isleño, repúbli.
la capital en Ilonulnlu que quiere decir ciudad imperial.
ca hacía tres atioe, m&lt; narquía desde épocas re.
El monte _H_ai_kiki á coneec~uencia de un tnremoto abrióee en todo su espesor de•
motas, antig110 como
Jando un prec1p1ct0 que hoy mide 300 metros de profundidad, y en la parte superior
:México, codiciado cvmo
ha,sta 100 metros de anchura, arrojó en ese abismo el Tey Kamehamelta I á más de
joya valiosa, rico como O.ama hawayana á eaballo (montada á la manera
5,000 guerreros y esa hazafia horrible fué la piedra fundamental de su conquista que)&amp;
loe vergeles del trópico¡
masculina).
valió el nombre deGrán Guerrero.

·::: ~-

•

XIII.

FIESTA NACIONAL

ra del código marítimo in•
ternacional pidiendo práético, y media hora des-

"

lf:L MUNDO

agreste y selvático como las tierras virgenes, ilustrado y comercial por eu contacto con.
los pueblos cultüs poblado por el genio y desposeido por la incuria, eano como un oasis y enfermizo c~mo un Lourdes tanto como las catacumbas de Roma en la era inci' del crieFaniemo, .Y vicioso como
'
'
piente
la Pentápolis e~mita; amante del opio y del
nfr-.
i·anah, y bruto, infeliz como un pollino, país de hero1cos magnates y de cobardes reyes¡ raza que brilló como la de Cuauhtemoc y ee extingue en la conquiEta cosmopolita.
Tal es, en conjunto, el archipiélago perdido en la inmensidad del Océano que pasábamos por primera vez, henchidos de orgullo naciona..1, grande, muy grande, como el amorde la patria lejana.
Portentosoe,·espléndidos, eran los comentaxios que se hacían en la cáma1a de po•
pa según se iban recibiendo impresiones en nneetras reiteradas visitas á tierra; pero
unánime y caei uniforme fué la última impresión, al separarnos de ese país hoy tan
en boga en la política universal.

te aparece sobre Ja punta
del palo mayor la bande-

pués, una lancha tripulada por seis kanarns nativos del pala, atracaba á.
los costados, conduciendo á bordo al piloto del
puerto, un americano de
formidable estatura y
fuerza hercúlea.
La maquina avanza nuevamente, llevando á remolque la lancha y ya á
nuestro sabor contemplamoa detenidamente á loe
primeros habitantes de
las islas que se ofrecen á
nuestra vista.

DO ■ INGO 15 de AGOSTO de 1&amp;97

COSTüMBTES IIA WA YA.NAS. EL POI, EL ALOKA. ROE.

~---. =-~-

Casa de Correos en Honolulu.
Hoy día, para perpetuar su memoria, figura sobre rico pedestal la eetátua del genio
hawayano, cubierto con su real capa de plumas amarillaf.l.
El reinado de Kamebameha íué el más floreciente. llegando á medio millón el número de habitantes. Más tarde, entregados al vicio y la depravación, erigido en virtud
el repugnante y contranatnral infanticidio, y viviendo las mujeres en el oprobiJ, ne·
cesitáronee las frecueutes inmigracim¡ee del mundo entero, y desapareció aquel breve
apogeo de una raza basta entonces iiuetre.
Dedicados al politeismo C')nsideraban los volcanes Maona-loa y Kaela como el
palacio del sol, siendo eu cráter el horno donde fundió eus ardorosos rayos llamados
entre loe kanakos cabellos del Sol.
La inmigración de mh,ioneroe cristianos prop1Jgó una religión más dulce, pero resistiendo el pueblo á la nueva dutrina apela á la conversión de la R~ina Kapiola •
ni, m ujer de altas dotes y de inteligencia superior, la cual no enteramente converti
da á la nneva fe sujeta á los sacerdotes á una prueba al alcance de su inteligencia, an
tes de abrazar el cristianieino: desafiar á sus dioses, insultarlos y encomendándm:e al
Cristo, buscar el poder superior de cualquiera de elloe.
En real embarcación emprende la reina el viaje a Hilo y de allí asciende á los
volcanes, has:a su encendido cráter, donde á ningún ser humano le era perm itido Eeatar su planta profana, so pena de ser aniquilado por la
venganza del dios irritado.
Maravillado el pueblo de su Reina, la sigue en turbas
descompuestas y y;a en lo alto de la montafia, Kapiolani
manifiesta públicamente sus intenciones; con paso firme avanza hasta el borde del turbulento cráter y co'n so·
lemne actitud y entre enérgicas imprecaciones, arroja
piedr.:ae á la candente lava en fusión é insultando á. su
dios le dice: uhasta hoy he creído en tu poder, pero tengo otro dios superior á tr. Si eres capaz de vencerk, con·
fú ndeme entre t,u hirviente lava; si nó, aconsejaré á mi
pueblo, que te abandone, porque no eres tan terrible co•
mote hemos creído!n
. Aeor~da la multitud. sin atreveree á hablar, en Pilen·
e10 ternble, esperaba ver desatarse sobre ella las furias
del coloso, y cuando el volcán mndo, parecía humillado
ante el anatema lanzado por la reina, el pueblo Ja sigue1
la adora y se convierte gustoso al cristianismo.
Tal es la tradición legendaria de la propagación de
las nuevas creencias de eEe puta blo.
Pocos añ.os· máe tarde una terrible.erupción asuela
loe pueblo(y hace vacilar las conciencias de loe neófik&gt;s, por eso aun en la actualidad se encuentran restos
de sus viejas supersticiones, mt-zclado1:1: á la religión do
minante en las Islas Sandwichólfawaii.
E ntre loe dernendientes no tablee también de la dinastía conquistadora encuéntraee la Reina Emana que al
morir dejó cuantioso capital para el soetenimiento de
una eEcuela cuyo edificio está. valuado en $300 000 oro y
un hospital que hoy lleva el nombre de la augusta dama;
por fin la última reina dest.ronada Liliuokalani sufrió en
su palacio el retiro melancólicos deu derrota.
Su hija, hermosa criolla que reside en Londrea, recibe
aún de. gobierno 300 libras esterlinas para su educación.
Aceptadas que fueron las nuevas bases de un Gobierno Repu~licano estando en minoría el pueblo kaPaka,
no hubo necesidad de disparar un sólo tiro para destro•

•

El pueblo, H1w1yano, como el nuestro, es amante d0
la música, eensiblero, apasionado: usa lengua mny parecida al mexicano, que va dernpareciendo poco á poco por
Ja mezcla del chino, japonés é inglés.
S:i comprende tanto EU idioma como su raza, y dentro de poco tiempo se verá desapartcer el tipo primitivo de ella.
Viven en cabaflaa de. palma y bambtí, y su principal alimento es un atole llamado poi que se hace con el tubo de
una planta acuática, el tarro, de poder ali.roenticio muy
elevado; prescindirían de todo, menos de esepd univer•
!!almeate aceptado por ellos.
Amantes del baile, tienen una danza de vientre graciorn, atractiva, aunque un poco deshonesta, pero que agra.
da y es la indiepeasable en todas las fiestas.
Las mujeres kanakas usan como vestidos una gran bata eaelta, y se adornan con profusión de floree y de plumas vistoeas.
Hábiles .oadadoras, viven la mayor parte en el agua,
donde arrogantes se desafían los más ágiles.
Otra de sus recreaciones ea el caballo; montan como hombre y manejan loe más
briosos potros de la comarca¡ ardientes y fcgosaa, son sin embargo, madres criminales
que vendeo, 1egalan 6 matan á rns hijos.
Deeconfiadaa para tratar al extrangero tienen en las presentaciones costumbres
muy estrictas y curiosas que proporcionan, pasada la ritual ceremonia, ratos muy
agraitables en rn cornpaflfa, porque eon alegrefl1 bulliciosas y de cierto ingenio.
PJra contraer amistad con las Hawayanas, se compra una guirnalda de flores
qnf' Pn cualquier parte ee consigue, y presentándoEe ceremoniosamente delante de la ó
las t-lf'gidas, se lee cueiga la guirnaldll al cuello, y ellas á su vez cut&gt;ren á uno de flo rea, al grado de perderse el cuerpo entre eu multitud; así queda concluido el pacto de
amietad, que Ee bare franca y abierta, acto continuo.
Cómo pafábarnoe alegres nueetro tiempo con eeae costumbres, en medio de bosques frondoefsimoe y hermosoE', junto á la-playa azul, en Ja rústica cabaña ó el aeiático
y lujoso Bingalou y entre músicas melancólicas cuyas notas multit¡,ud de veces nos recorúaban al país ausente.
(Continuará.)

P,uque en una residencl• privada

�DOMINGO 15 de AGOSTO de

1197

119

EL MUNDO

DOMINGO 15 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO
111
LA ULTIMA NOVELA DE GALGOS

Por largo tiempo al fuego,
y cuando queden sólo lae cenizas
Qne las esparza al viento......
Xo vaya á aucedllr que todavía
Del eepuÍcro en el seno,
.
Preea de Jae miserias de esta vida,
Perdure trabajando el pensamiento;
y yo me llevaré tantas tristezas,
Tan ingratos recuerdos,
Que al llegar á. rendir ésta jornad~
Emprender otra igual me causa miedo,
y olvidar, olvidar es lo que ansío, .
D.:ecanaar para siempre es lo que qmerol

DAMAS MEXICANAS

El gran novelador espafiol acaba de !anzar á la publicidad una nueva creación,
potente, genial, expontanea, llena deob
servación exacta y concienzuda, profundamente vivida, como todas las suyas.
cc',lisericordia»-tal es el título del ooevo ·libro-no es obra tendencioea, que
contenga la raaolucióo ó eiquie~ la exposicióo de algún problema palpitante de
actualidad; no está destinada á mostrar
estados de alma excepcionales; ni á pro·
poner el misticiemo, la caridad? el amor
como fin á las intrincadas cueEt1ones que
ee debaten; ee, ¡imple y eencillamente, la
narración de una vida humilde al rede•
dor de la cual giran y se mueven las de
las otras figuras del Ji bro como atraídas
por el imán irresistible que ejerce la bondad sobre las almas todas.
Una familia venida ámenos; una criada abnegada y generoea que ein conocer
su abnegación y generoeidad se de_dica á
subetentar á sus antiguos amos valiéndose de trampas y rodeos y aun pidiendo
limosna¡ un moro ciego dotado de rara
clarividencia interna que adora á l_a bondadosa maritoruee, y un~ herencia_ que
hace olvidar á loa favorecidos el canfto á
su bienhechora, constit~yen la trama del
libro.
Pero con tan pobres materiales ¡que
hermoso romance de penas, de amor, de
pláceres, de dolores, de conmieceración,
de colera y de ironía elabora el maestro
canario!
En Galdós, por rara y singular coinci·
dencia Fe han adunado la eavia eepa!io•
Ja la que nutrió el árbol de que brotaron
Jo~ Quevedos, loe Hurtados y los Yélez
de Guevara, con el genio eajón que dió
aliento á loa Dickena y á loa Ttiackeray.
Loa mendigos que ahora describe, atrevidilloa, insolentes, vicioeos, llenos de
llagas materiales y morales, parecen evo•
cación al mismo tiem:,o de aquellos otros
torpes, disolutos y canallescos que habfan pintado ;\!ateo Alemán y Cervántea
i!l Grande; y de loe qne nos dejó el insigne britano autor de David Copperfield.
Señorita Elvlra de la"Torre, de.Jalapa.
Sobre todo, aquel Dvn Carlos bendito,
socorredor de pobres, que piensa al d11r
Hay en Mi~ericorrli11 -aparte por supuesto de la Bmi1111
una perra á loe mendigoe, que van á bajar ángeles tañen• que es el principal-dos tipos que bastaría~ para dar t~·
do arpas y guitarras á conducirlo á la celestial mansión, tulo dP gran observador de car;,cteree á qmen los concies figura esencialmente clásica y digna del glorioso pin- bió: Obdulia la hermosa, y el insigne hidalgo ~ondeM,
-ce! del genio de Poretmoutb.
flor y espejo de la andante pobretería, D. Franc1sco PonSin embargo, por más que cause asombro, Galdóe, que
Delgado.
.
tan bien sabe pintar cuadros murales á lo Miguel Angel, te Qué
diálogos te.n sabrosos pasan entre esa pare¡a_ayu•
se vuelve deemafiado al tratarse de cuadritoe de caballe- na de sentido común, qué cosas dicen tan entretemda~.
te á lo Meieeoder.
como se reconoce en ellos á esas pe1 sJ~aa !1º t,~es, pero
Aquella aglomeración de curas, frailee, monjas, sacri~- decenll',,, que primero cometerían una acc1~n md1gna qu_e
tanee, mendigos, ciegoe. monetruoe é iluminados, de An- rebajarae vamos al decir, á aceptar uaba¡oe qne mancigel Guerra, ee tratada con ,al primor que no hay contor• llaran el :Oáe imignificaote de sus treinta y dos cuarteles.
no que no quede seflalado, ni raego que permanezca en
No sé que crítico de los de patente ~a dic~o q~e las
vago, ni acto, palabia ó pensamiento suyo que no cons- novelas de Galdós no están esct11!.z.1. Quien q 111era (1ncl~pire al fin principal.
eive el tal censor) leer algo en que se h_ rmanen_ el priEn «Fortunata y J aci ntan ( para mí la mejor de sus mor del habla castellana dásica, terea, ¡ugosa, nca. Y ea•
obras) baja de loe salones de la mesocracia á los tal:¡ucos broea y las modificaciones que de ella ha i~trodu_c1do el
de loe infelices, de la farmacia al taller, del ministerio tiempo, que lea Mi8t'Tico,.din , la obra _qt1e e1mbJhza loe
al café, con planta segura, sin eavilecer el númen, eiem ·
deepo3orios de G.üdós con 1-' A.c1de1m~pre fiirme, Eiempre alerta, siempre expedito y llt!no de
y que también la lean todos loe a1LDiradores ~e la verlucidez.
dad y de la ftu mosura, la 111_1/11,-,1/eza y el arte, de1dade~ á
y en loe To rquemada y en Nozarín y siempre que ha quien siempre ba eacrificado el gran poeta de los «Ep1eotenido una gran eupe1ficie que manchar ha sido artista dióe Xacionalee "
inimitable y felicíeimo.
Agosto de 1807.
Y1croR1AN0 SA1,Aoo AL,.AREZ.
En cambio cuando lll espacio es reducido, lo&amp; persona•
jee aparecen y desaparecen como figura e de cinematógra ·
FUGA..CEIS
1
fo, basta que la acción ee reconcentra en unos cuantos
Cuando el término llegue de este viaje
que dan el tono á la obra y la constituyen.
.
Que en la ari,lez de mi existencia emprt!ndo
Así pasa en Jfüericordia, en que se esbozan figurillas
Y al fin mis tristes y caneados ojos
que acabadas serian deliciosas; pero que como ee hallaa
Duermau
el meno eterno;
no tienen vigor ni potencia. Esto siu concar la introduc•
Antes de que á llevar~e mi cadáver
-ción de incidentes que meten al lector en ahogos. ¿Por
Llegue el sepulturero,
qué aquella fuerte y saludable Juliana, personera autoriAntes de q11e la tierra genere ea
zada de la cordura, de la circunspección, de la economía
Me recoja lln su seno,
v de la aritmética, se conviH'6 de pronto en histérica
Antes de abandonarLDe para siempre ......
desenfrenada, llena de fantasías y de terrores, que habla
¡Lamad, llamad, por compa~ión al médico!
de pecados que ha cometido y que no nos descubre?
Decidle entonces que me rompa el cráneo,
Quizá (quiera Dios) nos explique el autor tales enigQue me arranque el cerebro,
mas en obra p1óxima; pero de todos modos probaran es·
Que tome la cuchilla y lo reduzca
toe que al creador de Fortunata y de Isidora Rufeta le
A menuioe fragmentos;
falta e,a hermosa ponderación de cualidades que tanto
Qua someta loe últim'&gt;e pedazos
~adiría á eue méritos indudables.

11

Del tiempo y Ja distancia me reía
Al darle a Jo que ofreces importancia¡
Para amor tan profundo me decía,
Xada valen el tiempo y la distancia.
• Cuando 008 ,¡epa1amos nóche y día,
Fué tu olvido borrando mi constancia,
y heme aquí meditando her°;lofa ~fa,
En el valor del tiempo y la d1etanc1al
llI

Cuando cruzas por mi árido camino
Sonriente y hermosa sin mirarm~,
Olvidando que ayer, entre eonro¡oe
Ser mía para siempre me juraste,
Cuando á mi lado pasas distraída
Despertando calmadas tempestade~,
Cuántas veces me he dicho conteniendo
Un suspiro ahogador como loe maree:
-«Para borrar como por fin lo hiciste
De tus recuerdos nuestro amor tan grande,
Cuán honda debe ser la sepultu:-a
que en tu desierto corazón c~vaete,
Qué solitario y lóbrego el abismo
Donde mi cuerpo ensangretado yace,
y cuánta tierra le echarías, por miedo
De que sepan que llevas mi cadáver!»
VI
¡Cómo eon lae mujereel ~oda~ía
No ee borraba la reciente h1stor1a,
Cuando pasé por su camino un dí&amp;.
.
D~aptirtando un recuerdo en eu memona.
)lll miró largo rato, interrogando
Algo á su corazón que no responde,
Tal pareció que dijo: -«No sé cuando
\'i uua cara como eea no sé donde.»
V

¡Un beao! ......por recibirlo
De tus labios _entreabiertos,
Todos loe hombree darían
El mar, la tierra y el cielo¡
El aire que loe rodea,
Su sangre y su pensamiento,
La salvación de eus almas......
iTodo to grande y lo eterno!
y 0 que eoy pobre y que sabes
Que cual ninguno te quiero,
Por recibir de tu boca
Una caricia de fuego,
Por aspirar tus perfomes,
Por envolverme en tu aliento,
Por un beso que me dieras
¡Te daba en cambio otro beeol
YI
¿Sabes Jo que peneé la vez primera
Que te ví tan hermosa y esplendente?
Que eras una visión, una quimera,
Un delirio de tantos de mi mente!
y á pesar de que muchas, ronchas horas
Te he vuelto á ver desde tan faueto día,
De que en la tiera con nosotros moras
No puedo convencerme todavía!
RooULFo F10UEROA.
Agosto de 18!l7
Hay en la historia días tristes, pero no hay días eeté•
riles.

Ernesto Renán.

La mujer ha sido puesta en el mundo para conciliarse
con todo y para conciliarlo todo.
G. Valbert.

La ira contra todas las mujeres n~ ee frecuentemenw
más que el reverso de un amor ulcerado por una sola.
7h. B entZ&lt;m.

Las llaves perdidas.
TRAOICION POPULAR

ON la cabeza, con la cabeza, y no
dar, tan fuerte! ¡Vaya una mane•
ra de llamar! diríase que quieren
echar la puerta abajo. Espere quien
sea, que con un gris que corta como
una espada no he de salir deenu·
do..... ¡Esta es otra! ¡pues con la
prisa y la obscuridad no me po·
nía loe gregüeecos al revés l. ........ .
¡Que se esperen, digo, que no soy
sordo, ó juro por una legión de á
caballo dejar al que llama, á. la luna
de esta noche, aunque sea el sur•
xw,1 corda!

-¡Por Dios, Couo: no hables aaf, que ni de fuera pueden oírte, ai con jurar adelan•tae nada, dijo el suave acento de:una mujer contestando á las destempladas voces dalque
:primero hablara.
Este, murmurando palabras no de hi mejor escuela, tiró loe calzones, cuya embocadura en aquel momento no hallaba, y embozándose en una manta jerezana que á
loe pies de la cama tenía, pasó á otro aposento, palpó en la sombra, encaramóee en un
banco de madera, y mirando por un postiguillo que sobre una puerta abría, exclamó:
-¡Pneel ¿quién otro habfa de ser sino el compadre?......... ¡Por vida de un alijo.de
tabaco, que si no nos uniera el sacramento, rompo á eu merced el del bautismo!.. .......
.¿Conque se olvidó sus llaves sobre la tarima del brasero, al sacar con ellas las castañas
del rescoldo? ¡Qué no fueran las tales Jlavee toros de ocho af\oe á ver si su merced las
.guardaba mejor!. ........ Y en qué huronera, santo varón, ha estado metido hasta ahora,
que llevarr.oe un siglo de suefio?......... ¡Con la vecina de arriba desollando á todo
Dioel... ... - ¡B.ihl su merced no apedrea; pero guarda las capas, como dicen que hacía
san Sebaetián ó san Jerónimo, ello fué uno de loe doce.
En tanto que desde el ventanillo así desbarraba el llamado Corro, su mujer, en el
-cuarto inmediato, golpeaba el pedernal con el eslabón para encender luz.
-No encien:iae, Fina, que el olor de la pajuela te daña; si están lae llaves donde dice
ese bendito ya las encontraré. ¡Cuidado que para ser grandes, cual serán las de la puer·
ta otomana, siempre las tiene perdidas! dijo el hombre, bajando el banco y buscando á
tientas sobre la copa del brasero.
-JUBto, aquí están, afladió luego, y volviendo á su atalaya prosiguió: Poaga eu
merced el tabardo y recoja eue llaves......... Vaya que si san Pedro descuida las suyas
-como su merced, le quitan el oficio! ......... ¡Eh, eh, no se vaya tan abina, que tengo que
decirlel. ........ Oigame bien, compadrito de todos los diablos, y no eche mis palabras
-en saco roto ......... Esta es la segunda vez que olvida el abriderv de su puerta; á la tercera dejo á su merced así donde está, tomando el fresco com J las veletas de la torre,
aunque se convierta en carámbano y con el viento se petrifique.
Y cerrando de golpe el ventanillo, saltó del banco y se dirigió al lecho, diciendo
-con toda claridad;
-¡Juro por todos loe demonios del rtleguardo, q 11e á otro olvido del compadre le
mando al infierno!
-¡Corro, por Dios, no jures!
-No te enojes, mujer, qae te juro por mi alma no jurar más.
Y tirando la manta metióee en el lecho, tapándose basta las narices.
Era este hombre como de sesenta anos, aunque plantado, tiempo hacía, en el medi()
eiglo. Cuando de edades se trataba, decía á una vecina que tenfa al dediJlo la de todo
i!l mundo:
-Cincuenta años tengo, tía Marizápalos, y no me saque más. ¡Caracoles! diríase que
-de diezmos se trata y para pagar menos ameaguo la cose&lt;Jha. Su merced, como es del
-tiempo del rey Wamba, quiere hacerme su contemporáneo. Pues yo le juro ........ .
La sen.ora l!'ina se interponía y el juramento no pasaba delante.
Sin embargo, como el tío Corro no poseía gran estatura y era delgado como el
alambre y como él resistente y duro, doblándose y retorciéndose según las circunetan·
cias, y tenia además una fisonomía graci9ea y de facciones aninadae, con unos ojillos
negros picarescos y retozones, podía pasar, á pesar de sus cabellos grisee y eu malicia
de Matusalén marrullero, por un joven de cincuenta, que respetabilidades hay de más
edad y peso que no consienten llegará tanto.
En el barrio no se Je conocía por eu nombre de pila, sino por el apodo de Conejil.o,
llevándole desde la infancia, época en que, aleccionado por su padre, oomenzó el con-trabando, oficio en el que balió consumado.
El aP')dú le cuadraba á lae mil mara villas, pues nadie cual él sabia agazaparse y
-agazapar trae peñón ó cañlda una ó m!le acémilas cargadas hasta las orejas, burlando
así á loe sabuesos del resguardo. Y como conocía, cual loe rincones de su casa, todos loe
eecondridijoe del monte, desde C.dpe hasta Sierra Morena, y las grutas y ensenadas
de la costa desde Algecirae basta Almería, aunque retirado de tan aporreado vivir; era
buscado con frecuencia para algún alijo de importancia; ca3os de em,&gt;eno, en que ya
.fuese por mar ó por tierra, siempre quedaba airoso el lío Conejito.
Su verdadero ::iombre era el de Francieoo Sánchez, ó tío CJrro S.íncb.ez; así le llamaban loe más corteses, pues en loe tiempos de esta historia al que no tenia eedoría ó
don no se le daba, honrándole, cuando más, con el tnulo de maese, si de maestro en
algo servía, ó de tío, si la edad era provecta, aunque el parentesco datase de Adán.
Hoy que todo se ha democratizado no sucede lo mismo, y por u·na de esas anomalías propias de la igualdad que atravesamos, no hayeirviente ó sirvienta que no quiera
llamarse donó doña, poniendo pleito al amo si no le da el tratamiento.
Pues como decía, y perdóneseme la digresión, eltfo CJrro S..íncb.ez sin poseer grandes estudios, wnfa más le,ra menuda que un breviario. Nacido en el último ano del
siglo XVII precedió en escepticismo á los enciclopedistas que dieron nombre y algo
más que nombre al siglo XVIU; aunque temeroso el tio Conejito de loa eefioree de la
~ruz verde, se guardaba muy bien de decirlo. Sólo se franqueaba alguna vez y podía
hacerlo sin miedo de delación, con su mujer la sen.ora Fina.

Esta no se le parecía. Huérfana desde nifia, educada por un tío materno, cura de
un pueblo de la sierra de Ronda, habfa crecido al amparo del sacerdote, que con su
digna sombra y buenos ejemplos abriJlantó, ein hacerla fanática, las facetas de aquella naturaleza privilegiada por la sencillez, bondad y virtudes.
Aunque con una figura en e:xtremo agradable. é infinidad de pretendientes, Serafina no se casó. El sacerdote no le en:ontraba partido á propósito; el carifio y el egoiemo se hermanaban en él para retenerla, y el agradecimiento y la docilidad en ella para bajar la frente y encadenarse al lado del anciano que de padre le servía. Cuarenta
afioe tenía la señora Fina cuando murió el eacerdote, á quien por eu largueza para con
loe pobres hubiera debido pintársela, como á la caridad, con el corazón en la mano.
Serafina quedó de nuevo sola y en la más solemne pobreza, que ea lo peor de todas las
soledades, y con una salud delicada, inconveniente grande para ganarse l_)or sí sola la
subsistencia.
El tío Conejito que de tiempo inmemorial proveía de tabaco al sacerdote, única é
inocente distracción del anciano, pues con ser andaluz y de la serranía, ni cazador ni
caballista era, prendado de la eeilora Fina y compadecido de eu aislamiento, ofrecióle
su morena diestra, que ella aceptó con la condición precisa de dejar el contrabando.
El pretendiente, que tenfa ya, como suele decirse, cubierto el riñón, accedió á
ello, buscó entre eue influencias, que no le faltaban poderosas, colocación en Málaga,
y eetablecióee de casero, con habitación franca, en una de esas casas de vecindad denomiaadae corrales.
S.:in éatoe, edificios destartalados, inmensos caserones á modo de convento, donde en distintas celdillas estrechas, buenas ó malas, se encierran como en colmena infinidad de familias de trabajadores pobres, pero honrados, que de eso cuida de
informarse el casero. Tiene, además, éste ia obligación de cobrar loe alquileres, lo que no deJa de
coetarle trabajo, que el número de loe morosos
sobrepuja 111 de loe puntuales; debiendo, á semejanza del alcaide ó gobernador de una fortaleza,
mantener la más estricta disciplina entre aquella
heterogénea multitud, mosaico vi viente y eurafio
encerrado en el radio mismo de la población, si
bieri en alguno de sus arrabales.
La casa ó corral en qne imperaba el tío Conejito
,,,

eetaba en la parte alta de Ja ciudad á la derecha

del Guadalmedina y cercana al con vento de la Trinidad, del que tomaba nombre el barrio.
La habitación del ca9tlro, frontera á la puerta de
la calle y con ventanas á Ún granpatio, era, aunqun
baja, como la torre del vigía en el c5stillo; desde
allá se veía quien entraba y salía en el corral y
quien subía y bajaba por loe dos ramales de la escalera que conducían á loe pisos altos. Cuando el tío Conejito no estaba sentado á la puertade su vivienda, estaba la eefiol'l' Fina tras loe cristales y" visillos de una reja, desde
donde Jo atisbaba todo, haciéndose presente, cuando comenzaba alguna disputa, para
cortarla con eu autoridad.
Era el patio especie de ejido, en cuya limpieza alternaban las inquilinas de la casa y en el cual tenían derecho de tomar el eol en invierno y el fresco en verano. Allí
jugaban loe chiq11illoe, y c&lt;Jmo gallinas que escarban la tierra, se revolcaban cuando
refl.ían; alli cosían las jóvenes, hilaban ó hacían calcetas las ancianas; los que estaban
delicados 6 convalecientes de alguna enfermedad, jugaban á la brisca ó al tute; las madres peinaban á eue hijos, y las mozas que deseaban lucir sus caballerae también las
desataban en el patio sin miedo de los curiosos. Era, en fin, aquel sitio el punto de
reunión, el gran mentidero de los de la casa, donde se desollaba al prójimo como la
cosa más natural del mundo. Cuando el frío arreciaba, la ariEtocracia del corral ee
reunía desde las ánimas á la qu.eda, en la habitación del casero; donde ni de la casa, ni
del barrio, ni del casco mismo de la ciudad ee dejaba hoara á vida.
Fácilmente se comprenderá que á la llegada de la seilora Fina aquel foco de hablillas y murmuraciones sufrió notable cambio.
Sin herir la euceptibilidad de nadie y defendiendo siempre á la per3ona atacada,
demostró desde el primer momento la casera que aquella especie de solaz estaba en
completa contradicción con sue sentimientos. E:i cJnieJoencia, 103 maldicientes comenzaron á retirarse, acabando por fraccionarse la tertulia, convirtiéndose de uno
en varios cfrculoe, instalados en distintas vivieniilll, donde sin veto alguno ee podía
murmurar libremente.
Sin embargo, eran tan innatos en la señora Fina el agrado, la bondad y la cortesía, que nadie se atrevió á murmurar de su rigidez de principios, respetándola hasta
el punto de no calificarla, ni aun loa más mord11ces, con el apodo del marido. Verdad
era que la senora Fina, sobre hacer favores á todo el mundo, tenía en sí ianta dignidad y eefiorío que, ein saber cómo, cautivaba,lae voluntades. A pesar de sus caracolee
sobre las sienes, peinado poco distinguido, bastaba verla con su saya morada (gas,ahábito de Jesú3), su ¡ubón negro, eu pañuelo de linón bordado al cuello y su mantilla de sarga negra, corta hasta la cintura, guarnecida de ancho felpón con escaroladillo de encaje hacia el rostro, para tomarla, aunque de pueblo, por una verda:iera 88 •
ñora. Al principio de estar en la ciudad no había vez en que, al salir á la calle, no 18 dijera algún majo:
-¡Viva nuestro padre Jesús y la mantilla serrana con que lo cobija!
Después, más cono&lt;Jida, se limitaban á saludarla por su nombre, bajando la montera hasta el suelo.
Bien conoció la señora Fina que había descendido con su caeamiento; pero peor
era morirse de hambre. A.demás, no dejaba de ser meritorio á loe ojos de Dios apartar
á un hombre del mal camino, donde pudiera alcanzarle alguna bala perdida ó algún
cierto y largo proceso. En loe tres primeros anos de su matrimonio tuvo la sen.ora Fina doe nifioe, y áloe cuales sacó de pila el compadre de las llaves olvidadas.
Era éste antiguo amigo del tío Conejito, á quien el coutrabandista llenaba de improperios, cuando no tenía otro á quien prodigarlos, queriéndole, sin embargo, con el
alma, á pesar de la diversidad de sus guetos y caracteres. El tío Pedro Robles era impoaente como un entierro y triste y grave como un miserere, mientras el compadre
Conejito pudiera compararse por lo alegre á una pandereta en movimiento. Conejito
se había criado en buenos pafl.ales, con sobra de pan y al abrigo paterno; el otro......
He aquí cual habla sido su vida:

�lal
EL MUNDO

DOMIIIGCI 15 de AGOSTO de •19]

120

Huérfano desde la infancia 1 mendigaba de día, guareciéndose de noche en el atrio
de alguna iglesia. Su sueiio dorado era junbr dinero para dejar aquel oficio poco en
armonía con ene inclinaciones, A los diez afloe de edad pudo realizar eu proyecto.
Reunió unos ouanM&gt;B reales con loe cualee compró siete cenachos, tres '{)&amp;rea de ellos
de mayor á menor, y el séptimo, como el padre de todos. Cuando loe tuvo, hizo su
toilette compuesta de dos solas prendas: camiea y pantalón. La primera de cregüeta
basta, de cuello del!abrochado que dtjaba al aire libre una garganta robusta y el comienzo de un pecho de atleta; el segundo, de color indefinible, auje\O á. la cintura, por
falta de bot.ooee, con una tomiza, y arrollado por abajo basta media pierna. tstas, co•
mo los piel!, eetaban completamente desnudas. Del!pués cogió el cenacho grande, cuya
ata la1gs y flE'xible, aunque no amoroea, pas6 por cima de la frente á. modo de diadema, bsjándole por '1etrás de las orejas, no hacia el pecho como tocado de eefinge, sino
por la espalda, hasta dar con el cenacho en las corvas. De los otros seis colocó tres en
cada brazo: primero el más pE&gt;quef5.o, y eobre el aea de éste, la de los otros, quedando
entre cenacho y cenacho espacio bastante para no chafar 6 deslucir cuanto en ella se
colocara.
Armado con esos ótileP 1 la cabeza erguida como un vencedor, las manos en las caderas y los brazos en arco cual aeas Ce jarra morisca, comenzó á paeear manana Y tarde la alhóndiga carnecería, plaza de la Yerdura y demás eitioe públicos donde ee ven1
día y compraba, ali11eándoee con otros chicos de su claee, cual 61 ataviados, al paso de
los traneeuntee, espersudo á que alguno le llamara para llevarles por la mai\ana la
compra ó d ario y por la noche el pernada para la cena. Como era eervicial en edre•
mo y se contentaba con lo que darle querían, pronto tuvo clientela, pasando cinco ailoe

deeempefiado su cometido á aatiiefacoión propia y de sus clientee, entiró en su calle em·
bozado hasta las narices, cual galan enamorado que no quire ser conocido
La calle estaba silenciosa como un sepulcro y obscura como boca de lobo: sin em·
bargo, loe ojos de Conejito, avezados á sondear la lobreguez, creyeron descubrir algo
que ee movfa en la puerta de su casa. Paróee en su camino, requirió una de dos pistolas que cargadas de eal en el cinto llevaba, más bien con idea de inu\ilizar por el pronto, que de herir mor1ialmen1ie al que le atacase, y con voz firme é imperiosa preguntó:
-¿Quién va?
-Ni van ni vienen; vecino de esta cBl!a que espera en calma chicha racha favor&amp;·
ble para entrar en ella; respondió una voz de hombre algo enronquecida.
-¡Por vida de cien corachas del BrP.efl, que si no habla pronto au merced, le envío una andanada qoe le impida salir á. la mar por tiempo largo! ¿Qu6 hacía á. estas
horas en la calle? ¿no fué á dormir en eu cuarto? dijo el casero abriendo la puerta.
-Compadre, replico el patrón, me pasa un caso raro¡ si á mal no lo iiene, entrar6
en eu estancia y lo sabrá todo.
La eef\ora Fina esperaba levaotada á su esposo; al verle con el compadre sobresal•
tóee; más \ranquilizóla luego la cara de pascua de Confjito y la maliciosa sonrisa con
que dijo:
-No sé lo que pasa al compadre; de seguro que al salir de aquí se fu6 á picos par·
dos, y en algún garito perdió sus llaves.
-Perdidas las tengo pero no en mal lugar, sino muy santo, dijo el patrón seo.iándose y exhalando un gemido.
ConejHo y Fina Eentáronee á par suya, é instándole para que eomenzaee, prestaron

atención.
Volvió á suspirar el ant.iguo marinero, y pasándose las manos por la frente, dijo, á
en el oficio de chananzuelo.
Aquí es menester hacer una advertencia. Aunque en aquellos puntos de la costa corta diferencia, de este modo:
-Me fuí de aquí, entré en mi coarto, y como cada noche, me entregué, al auef'io.
ee Jlama charranzuelo al cbiquiJlo desarrapado, haragán y de mal vivir, y del mismo
modo al que armado de eue cenachos se gana la eubeistiencia haciendo mai;dadoe ó No sé el t,iempo que dormiría; ello es que al deapl!rtarme creí Jlevar un eiglo de des•
vendiendo por las callee peecado, fruta ú hortalizas, hay entre uno y otro la distancia canPO Vestime á oscuras y abrí la ventana para conocer por las estrellas la horai pero
el cielo tenía un cariz más oscuro y sini~etro que el horizonte en tiempo de tempestad.
que media entre la pobreza laborioea y honrada y la truhanesca y repugnante ociosi•
Sospechando que las nubes retardaban el día y debiendo estar temprano á bordo, cogí
dad. El uno inspira confianza 1 el otro baetlo. A.robos han tenido por lecho la dura
tiierra, por pabellón el eepacio, hollando con pie desnudo el fango de las calles¡ pero el mis llaves, cerré mi cuar~o, baje á \ientas la escalera, abrí la puerta de la calle y me
uno eieote en eí la inephación del bien, paeando á fuerza de trabajos y privaciones
lancé á ella como bote á la mar.
No había camin~do cien pasos cuando eenií cánticos religiosos, y vi venir de la
por extrafiae fases hasta acabar á veces como la crisálida, por deeplegar el vuelo en
ciudad hacia este fado resplandor de luces; eran acbae y cirios, con que multitud de
más altas esferas. El otro1 eEclavo de la holganza á. que le induce la blandura del clima, ama como el reptil el cieno en que mora 1 de donde sale sólo para ser, por el vicio,
gentes acompaflaba las efigies de plata de loe Santos Mán;ires. Cómo hacia mí se dirigian, lleno yo de sorpresa y respeio, apretéme contra la pared para verlos pasar. ¡Yirescoria de la sociedad, ó por el criinen, carne de grillete.
gen eantieimal Jamás verá el mundo procesión mejor ordenada. Delante iban los
A. loe quince afi.oe el cha•
chicuelos, después las muJeres ......
rranzuelo honrado, ~eetido
-Trse la inocencia, la tentación; luego l!leguirá el pecado, exclamó Conejito.
con dececcia, era marinero
-Calla, dijo con firmeza y autoridad la senara Fina.
en una barca pescadora, y á
El tío Pedro, como si no les oyua, prosiguió:
los cuarenta patrón de un fa.
-Entre las jóvenes, divisé una alta, pálida, vestida de negro, con un nifio en los
lucho de aguda y estrecha
brazos; la cabeza de aquel ángel reposaba en el hombro de la que le eostenía; yo quise
quilla, que le bacía ligero
gritar: ¡Paula! ¡Paula! y correr hacia ella¡ pero mi lengua permaneció muda y yo sin
cual nave de pirata.
movimiento como buque varado. Seguían á las mujetts hombree de todas clases, muDesde aquella época data•
cha pane de los gremios, cruces y pendones, curas y frailes; todos con la cabeza baja
bala amistad de ambos coro·
el rezo en loe labios y la luz en la mano. Cuando callaba el canto, que unas veces pa•
padree.
recia de serafiuee, otras de suplicas y lloro, empezaba el rezo, levantándose con él, un
Aun eiendo Robles pobre
murmullo acompasado y monótono como el de las olas rompiendo sin fuerza en risco•
marinero, caeóse, ganoso del
ea orilla. Yo estaba atónito, al pasar el gremio de los míos, uno de los jóvenes que
cariño de que estaba sedienta
su alma, con una joven co•
llevaban los cordones del ee\andart-9 me pareció mi hijo, aunqne éste era eonroaado y el
mo él, pobre y honrada, la
otro tenía el colorde:ladifunta. Con todo, ibaá. lanzarme á 61, cuando no sé quién me pu•
cual murió á loe cinco aftas
so un cirio en la mano, y cogiéndome por el brazo me ingirió en la fila. Aei unos tras
de matrimonio, dejándole un
otros, salimos al campo, tomando hacia el arroyo de loe Angeles.
sólo hijo. Otro menor que el
No eé lo que por mí pasaba; no podía rezar, ni hablar, ni exhalar uo suat)iro¡ paprimogénito había precedido
recía que una losa me apretat&gt;B el corazón, y sin embargo, caminaba erguido como el
á su madre en eternidad. El
pa10 mayor de la nave en mar tranquila. De pronto miré á uno y otro lado y me estremarinero, al vere:e viudo y
mecí: mi sombra era la sola que se extendía por la campiña como la luz del faro sobre
con un tierno nif5.o caneen·
- - - - - _ , , , ._ __
el mar, loe demás no ienían sombra ...... Este prodigio me espantó, y un sudor fríQ re·
tr6, como no hacen mucho!!,
corrió mi cuerpo. Sin embargo, las ;mágenesde loe santos y la cruz redentora estaban
en él todo su amor, criándoallí y deseché todc.temor. Así Hegamoe al arrollo, y las palmas cuyo nacimiento nale á so lado en la barca 1 á la que ee apegó el chicuelo como el marisco á. la roca.
Pedro Robles t.enfa un. lustro menos que su compadre¡ era alto; vigoroso y fuerte¡ die recuerda, las palmas, á semejanza del sol, resplanaecían con luz propia, llenando
con manos poderosas, pecho de bronce, cuello de toro y unas facciones bastas; pero el contorno de una claridad blanca y rosada parecida á. laa auroras del estío. Allí bici•
con hermosos ojos negros y fisonomia abierta y franca, aunque sombreada por una tez moa alio y hubo un canto de gloria. Luego entramos todos en la ermita permanecién·
do de pi6 y en dos filas hasta pasar las andas llenas de luces y de floree donde se llemorena de snyo, y cu1tida, además, por loe soles y vientos de los maree.
Era de ver, cuando algún día festivo salían de paseo ambos compadres, el t.ío Co- vaba a loe Mártires.
nejito, perfilado como nn abat.e joven, con zapatos de hebilla, media como la nieve,
La capilla parecía una ascua de oro;
calzón negro sujeto bajo las rodillas con cenojilee bordados, chupa como el calzón, y los nimbos de los santoE centellaban
la larga coleta gris enjaulada en redecilla de fino torzalete, rematando el traje con con los reflejos temblorosos y diamantimont,era acairelada y capa de seda.
nos que despiden los astros en las noEt tío Pedro llevaba pantalón y larga cbaqoe\a de patio azul¡ al cue11o paftuelo ne- ches de invierno serenas y obscuras. Hugro pasado por una sortija de similor, que fue de su esposa¡ sombrero de hule, recio bo un instante en que creí perder el een·
tabardo de pano burdo en invierno, y en todas épocas un arete de oro en la oreja iz• tido: loa clérigos con sus rizadas sobrepellices; los frailes con sus hábitos de
quierda.
Comía á bordo, cenaba en algún bodegón, y tenía para pasar la noche un cuartito
distio\as órdenes; la.a damas principales
en el piso alto de la casa. La bija de una vecina que al lado vivía, le cuidaba la ropa,
con sus faldellines de seda, sus mantos
y su amor y eolaz eran el falucho y loe compe.dree, pues al hijo de su corazón le perdió con blondas; loa grandes eefl.ores con
en una borrasca.
sus placas y cruces y loe pobres con sus
Trazado aunque imperfectamente el boceto de estas tres figuras, entremos en trajes humildes, formaban un todo im•
materia.
ponent,e y maravilloso que ofuscaba la
L\J. noche estaba, aunque tranquila, anubarrada.
vista y conturbaba el pensamiento.
En aquel entonces ei alumbrado de la población reducíase á pocos farolee en las princi•
El abar, las floree que lo coronaban,
pales callee y plazas, y alguno que otro en los arrabales, donde sin loe retablos y ni·
las luces que en él resplandecían y las
chas de loe santos, ante loe que ardía por algunos horas amarillento cabo de cera, ó fa·
imágenes de ángeles y santos, veíalo yo
rolillo de luz mortecina, hubiera permanecido todo en la más completa obscuridad.
al través de ligera neblina. Formábala
Así se encontraban antes de la queda ciudad y barrios, muy á gusto de loe que ma3caban
el humo del incienso. Y m~raba cómo
hierro ante las rejas de sus novias y de los truhanes que, ganoaosde aligerar de capa y
al columpiarse loe incensarios dejaban,
dinero á algún desdichado y solitario transeunte, 1!18 apoe\aban en los esquinazos y reya á un lado, ya á otro, blancos borbocodos de estrechos y tortuosos callejones, escollos y bajios de aquel mar de tinieblas
tones de vapor, loe cuales, como indeci•
de los cuales se ven restos en la árabe Toledo, la morisca y oriental Granada y alguno
eoe en el camino que eeguir deblan, pa•
que otro pu[lto de Andalucla.
A\lnque en Junio amanece temprano, aun no alboreaba cuando el tío Corro, sabo- rábanse un instante, levantándose lue•
go á. modo de culebrinas que suten,
reando eu triunfo por haber burlado la vigilancia de ciertos sAbueeoe del resguardo, y

DO MINGO 15 de AGOSTO de 1197

EL MUNO

fueron loe primeros en entrar. El tío Pedro, acercindose á un leg;,i q·B con un m1nojo
rompiéndoee unas veces para formar gropos, cual las nubes qoe se fraccionan, y dilade llaves en la mano se dirigía á otro lado, díjole:
tándose otras como su\il celaje sobre la cabeza de aquellos fieles, remon\ándoee al fin
-¿Quiere su merced hacerme el favor de llamar al hermane) P6rei?
la altura como Ja oración y el espíritu de los buenos.
80
El lego obedeció.
Recobréme al '°marme un lego trinitario el cirio que en la mano tenia.
-Hermano Péres, dijo al divisarle el patrón, en 103 Mu~iricos, en el banco fron•
Entonces repar6 que el oficio había empezado y predicaban. Corrido de mi distero al púlpito, be dejado dos llaves, una mft&amp; recia que otra, ambae unidas por una catracción, me sen\é en un eecatio que á mi espalda tenía y fijé la viata en el púlpito
denita de hierro: si su merced oo lo tiiene á. mil, podría darme la ll&amp;ve de la ermita, ó
que es\aba front.ero y en el religioeo que lo ocupaba. Era el padre fray Diego Andra•
venir coomigo para recogerlas.
de de la Trioidad. Aunque muy desfigurado, conocile luego por su color macilento,
El lego conlee\6:
sus mejillas hundidas y su frente calva, con loe dos blancos copos en las sienes.
-Ayer tarde se limpió toda la capilla y nada vimos.
Desde joven me había confesado con él hasta que lo mandaron á Cádiz. Un si-No las perdi ayer tarde, sino en la función de esta noc8e, at'iadió el tio Pedro.
glo hubiera estado escuchándole.
Abarcóle el lego de pies á cabeza C'lD la m ts imperUnente curiosidad, y apartando
Conluídoel sermón y rezadas lastres Avemarías, terminó el oficio; lagent.e c&lt;.menzó
luego del patrón la vista, dijóle con desden:
á salir y loe legos de la Trinidad á apagar las luces.
Desde ayer tarde t.engo las llaves de la ermita: si el aguardiente con que habréis
En un remolino que formaban en la puerta los que salían, creí ver á. la mujer del
matado el gusanillo se os ha subido á la cabeza, dormid la mona y dejad me en paz.
niiio y el mancebo del estandarte; quise acercarme á. ellos, pero otra oleada de gente
-¡Aguardiente éll exclamó Conejito; si se desayuna con galle~a mojada en el mar.
me volvió a\ras, y cuando llegu6 á salir todo había desaparecido.
-Pues si no está. bebido estará loco, dijo el lego.
Fuera de la ermita, miré á uno y otro lado con Hombro.
-El bebido ó el loco será su merced, respondió indignado el tío Pedro.
¿Dónde estaba aquella multitud? Hubiérase dicho que instantáneamente ee la
El hermano Pérez cteCióse y con aire altanero repuso:
babfa tragado la tierra, como la mar á. la barca con mi hijo! Acaso me loe ee"Jondía
-Ea, largo de aquí ó le arrojo del tem?ln com) J e~ú~ arrojó á los me roaderee:
la lobreguez de la noche¡ ¿pero, y el rumor de sus pisadas no hubiera dicho, por ahí
Y el lego alzó el brazo con aire de amenaza.
van? Y luego, ¿cómo dama, de tanto porte y aef5.orea de pro, iban sin criados y laca-¿A mf? exclamó el Patrón. ¡Una andanada qug m~ echase á pique! Lo veríamos.
yos que con hachas ó linternas les alumbrasen el camino?
El lego fué á descargar el golpe; más Conejito, con la rapidez del pensamiento, le
Así discurría yo avanzando asaz confuso, cuando el reloj del convento de loe Andetuvo el brazo diciendo con brio:
geles de Mirafloree dió la una, repitiéndola momentos después los relojes de la Trini-¡Vaya, hermano, que para aspirar su merced al sacerdocio tiene poca paciencia
dad y Santo Domingo. ¿Adónde iba yo á aquella hora? Lo mejor era volverme á
y menos cortesía! Calma, calma, y no bagamos de la casa de Dios campo de pelea.
Eet.ae palabras llegaron á oídos de un trinitario que desde lejos viera Ja acción del
m: casa.
En aquel momento recordé que había olvidado las llaves sobre el banco en que
lego
Este, al sentirse aislado, volvióse colérico; más deteniéndose de súbito bajó los
sentado estuve.
Era pr~ciso volverá la ermita, y volví.
ojos avergonzado. Acababa de divisar al religioso. Ers'nada menos que el guardián,
La puerta estaba cerrada; cogí una piedra y comencé á llamar. Yo mismo tenía anciano de cerq11i\lo blanco como su hábito y de mejillas frescas y sonrosadas como Ja,9
miedo del ruido de loe golpes, cuyos ecos resonaban po, las caf5.adas de la sierra como de un oifl.o. Acercóse al grupo y poniendo la mano sobrd el hombro de Conejillo pre~
debe resonar el último día la trompeta del juicio final en el fondo de loe panteones.
guntó sonriendo:
Pero, ó la capilla estaba desierta, ó á. loe legos que en ella vf los había ensordecido
- ¿Qu6 pasa aqui?
el Senor para probar mi paciencia.
&amp;.rprendido el tío Corro tardó en responder, y adelan\á.ndosele el lego dijo:
Caneado de alborotar en vano, me vine á casa y me senté en el umbral esperando
-Sepa su paternidad que este hombre, y sei'ialó al patrón, ebrio ó demente, porá alguno de loe que se recojen tarde para entrar con él
fía haber estado ea,a noche en los Martíricos donde dice haber perdido las llaves de
-Compadrito, d:jo el tio C.1rro, á.eetar menos seguro de que prefiere su merced la
,alobre del mar á la sangre de Jesucristo, diría que ha empinado el codo, tomando su casa.
-¿ Y querías convencerle de lo centrario á bofeionee? observó el religioeo.
una qua ni la de Joeué.
Y volviéndose al patrón preguntóle con qui6n y como había entrado eo la capilla.
-Noé querrás decir, apuntó Fina.
-Con la procesión que venía de la ciudad. Divisé de lejos el resplandor de las
Conejito prosiguió:
luces, paréme sorprendido, la vi atravesar el GuadalmE"dina y cuando ee dirigía ha-¡Crietianol ¿qué proce~ión había de haber á media noche, sin qoe ee supiera y alcia
......
borotase con ello al mundo? ¿:Ni cómo babia de caber ea la ermita tanta gente ... ?
-Ya me lo contaréis despacio, dijo el guardián interrumpiéndole y mandando al
811 .nerced despertaría como dice, se lanzó á. la calle, y con la manía de me'8rse las lla- lego que trajese las llaves de la ermita.
ves en el bolsillo, de donrle se le han salido cien veces, se le salieron una mas, ó JleCuando las tnvo llamó á. otro hermano de piernas largas com1 los cigarrones, y
vándolasen la mano para evitar lo primero, las dejó caer, se percató de q□e no las tenía, entregándoselas mandóle ir y volver ein pérlida de tiempo lf. los l[utirico s, recorrer
y volvió á 011ea por ei las había dejado puestas; no encontrándolas, ae sentó aguardan· toda la capilla y traer dos llaves que ali( debían haber qut,daio.
do á que pasasen 1 como aquel borracho, que viendo dar vueltas á la calles esperaba á.
El lego zanco lo pntió de prisa, alzándo3e el hábito para correr míe; el hermano
que llegase rn cal!a para meterse en ella. Y esperando, eeperando1 se durmió au mer- Pérez se retiró mohino y el padre guardián se ltevó á la sacristía al patrón seguido del
ced y solió todo eso.
tfo Corro y la sef5.ora Fina, que llegara en aquel momento.
El patrón, algo amostazado, repuso:
En la sacristía, sentado el religioso en un escalla y á. su lado el t,ío Pedro. repitió
-No eoy amigo de porfías. Apenas amanezca, iré á la Trinidad y veré ......
éste, sin pasarse en un ápic~, cuanto contado l1abía en la habitación del casero. Al ter-¿A qniéa? interrogó Conejito.
minar su relato llegó el lego enviado á los M,rtirico3, segu(anle la tía Muía y alguoo.:1
-Al hermano Pérez, para que venga conmigo á la ermita, y einó al lego que reotros curiosos.
cogió mi luz y si que reconocería entre mil: un mozo largo y delgado á. manera de
Al divisar al lego, preguntóle sencillamente el guardián:
mástil, el cerquillo más negro que la tempesffld1 la cara triste como día sin sol y la
-¿Se encontraron!
cruz azul y roja sobre el pecho como santa esperanza en el corazón. Si loe legos no
-En el brazal derecho del banco que mira al púlpito. Aquí las tiene su paterni•
quieren oirme, acudiré á Fray Diego Andrad~, y sino al mísmo guardián.
dad, replicó el lego preeentándote:doe llaves.
Al toque de una campana levantóse de improviso el patrón exclamando:
¡Si yo no so fiaba! exclamó el patrón vivamente conmovido.
-¡La mies de alba¡ allá voy!
La punzante sonrisa que durant.e la relación del tío Pedro vagua p::&gt;r loe labios de
La señ.ora Fina abrió la ventana y apagó la luz del velón, comeozaba á amanecer. Conejit.o belóse al o(r al lego y ver las llaves qu.:, tan conocidis le eran. PJ.lido y mu•
-Corro, dijo }Jamando aparte á su esposo, no dejes solo al compadre¡ hay algo en do, apoyóee en la pared, porque Ja,;i rodillas le flaqueaban.
su cara que me da miedo; acompefi.ale á la Trinidad, que allá me ir6 tras de vosotros.
-No, no mentís, dijo el guardián al patroq; pero tampoco mentía el hermano Pe-Te juro por cien corachas del habano que si el compadre no es\á loco, ee halla
rez negando esos hechos.
en camino. ¡Poquito se reirán loe legos con el relato de la procesión y las llaves per•
El antiguo marinero se irguió súbito para protestar de lo que oía.
didae1 Ya estoy viéndole en romance como á. Go.azalo del Carpio ó al moro Muza.
-Habeie visto lo que decfe, má.'! no eeres vivientes¡ sino sombras... ~\.dorad loe
-Basta de dislates y acompáfl.ale á la Trinidad, murmuró Fina con impaciencia.
designios de la Providencia que os ha hecho eepect.ador de tll mua villa, permitien•
El marido, mirándola serio, repuso:
dooe orar al par de los que por un decreto de su sabiduría han traído al mundo la
-Ya voy, caracolee, que está su merced más grave que un mnerto y más inflama•
querella de su ruego ex,rahumano y el incienso de su oración de ultratumba.
ble que pólvora seca.
El tio Pedro, no concluídae áun las palabras del monje, cayó rígido sobre el pa·
-Perdona, Corro, no quise ofenderte¡ pero te suplico que vayas, dijo Fina con
vimento.
blandura.
No se puede contemplar lo extraterreno sin morir .........
-Si ya voy, mujer, si ya voy, murmuró Conejito poniéndose la capa y alcanzan•
lú.BIA MxxooZA DE V1ns.
do al patirón en el patio.
Cuando ambos compadres llegaron al conventJ acababan de abrir la iglesia. Ellos
PROFANACION

A UN HEROE.

Como galeón de izadas bande1olae
Que arrastra de la mar por loe eriales
Su vientre hinchado de oro y de corales
Con rumbo hacia las playas espan.olae,
Y al arrojar el áncora en las olas
Del puerto ansiado, ve plagas mortales
Despoblar lne ve\uatos arrabales,
Vacío el muelle y las orilla11 solas¡
Así al tornar de costas extranjeras,
Cargado de magná.nimae quimeras,
A enardecer tus compafl.eros bravos,
Hallas sólo que lucbao sin decoro,
Espíritus famélicos de oro
Imperando entre miseros esclavos.

En tenebrosa cripta, donde solloza el viento
Como león herido en selvas atricanas,
Rodeado por los cuerpos de bermoaas cortesanas
Que sangran en las losas del frío pavimento 1
Véee un monarca anciano de paso tremulento
Luchar porque revivan sus vírgenes livianas
Mas, al sentir que mueren sus ilusiones vanas,
Demanda áloe cadáveres el goce de un moment\J,
Tal como el alma mía que, si en nefasta hora 1
Siente de humana dicha la sed abrasadora,
Tiene de lo pasado que trasponer las puertas,
Alzar de sus ensueños el mármol funerario.
Y, en medio de las eombras que pueblan el osario,
Asirse áloe d~epojos de sus venturas muertas.

¡OH ALTITUD!

Joven, desde el azul de tu idealis:no
Viste al cieno bajar iue ilusiones.
Como se ve en bandada á los alciones
Caer ensangrent,adae al abismo.
:Nadie sabe tu mal, porque tú mismo
Ahogando dolorosas sensaciones,
Vivir en la tiniebla te propones,
Como un dios condenado al ostracismo.
Mas yo veo que, aislado en tu grandeza,
Cual sol poniente en sus vapores rojos,
Huyes de los que el mundo llama sabios,
Y llevas una sombra de tristeza
Que, humedeciendo el brillo de tus ojos,
Destierra la sonrisa de tus labios.
J OLI.ÁN DEL CASJ.L,

�122

EL MUNDO

DOMINGO Is de AGOSTO DE •8~&gt;7
DO■ IRGO Is

EL MUNDO

de AGOSTO de 1897

Corazón de sacerdote.

POR H. S. DE FORGE.

ILUSTRACIONES HECIIAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 3
hubiese mezclado alguna intriga á su nueva existencia.
Su primer trabajo adminietrati vo fué buecar á la afortunada mortal á quien debería atrojar su pafiuelo subpre•
fectoral.

Tiene un marido radical, comunista, ateo, borracho,
que le pega, según dicen, y la tortura de mil manerae....
He ido á verla una vez...... doe veces...... tres veces, y
be recibido la confidencia de eue dolores. En mi última
visita, conmovido de sus penas, exclamé: «¡Pobre mujer!» y este pobre mujer fue un grito del corazón que al•
_go me ha valer.
El marido pasa su vida en la taberna; tienen un hijo,
lindo, ciertamente lindo, pero molesto. Siempre eEtá
con su mamá á cuyo lado llega inopinadamenta. El
otro día eu presencia me impidió dar al ¡pobre mujal to•
da la ioflexión que requería el caso. Ese muchacho q1e
va eobre loa catorce añoe, me mira de una manera que
me paraliza horriblemente. Tiene grandes ojos claros,
dulces, embeleaadoi;es.-los mismos de su madre.- Se
diría verdaderamente que t-eme algo de mí y vel/1 como
centinela para detener al enemigo.
Pero, basta por esta vez de confidencias. Suenan las
-once en el campanario, hora indebida en Ganneville.
Adioa puee mi viejo O~tlvio. Recuérdame á mis amigoe. Y o ire uno de estos días á sorprenderos y podreis
testificar, con rubor de mi parte, á que grado de provincialismo ha llegado el pobre proscrigo,
Tuyo de corazón.- Savinien.

VI

~onsuelos.

•

Habiendo terI11inado su carta, Savioien la releyó. po•
niendo en eeta tarea tanta más lentitud cuanto más se
aproximaba al fin. Después se quedó largo tiempo pensativo, siguiendo con ojos distraídos las coronas azuladas
de humo que asceodian de su cigarro.
Luego plegó cuidadosamente el papel que acababa de
escribir, lo deegarró ea cuatro partes, lo inflamó en la
lámpara y lo arrojó en la chimenea.
Evidentemente no sabhl lo que deseaba, de una mane•
ra muy precisa. Porque complido su sacrificio, exclamó
,sin respeto para su propia dignidad:
-Soy un bestial
Sin embargo, no volvió á cojer la pluma y fué á pa•

eearse, vagamente so fiador, bajo la noche estrellada, en
el jardín lleno todo aun de las producciones florales del
señor Jerome.
No era por cierto un mal muchacho ese Savinien de la
Haye.
Rico, amable, bieo parecido, su historia había sido la
de todos sus congéneres ricos, amables y bien parecidos;
historia que ee desarrolla uniforme entre los bastidores
de loa teatros, loe tapetes verdes de loe círouloe, los budoir~ facilmente accesibles y algunos salones del mundo
donde no ee adquieren probablemente mejores costumbres, pero donde, á lo menos, se mantienen loe hábitos
del buen tono.
Había llevado eea vida alegre y vacía durante los últi•
moe añoe del Imperio, fanfarrón del vicio más bien que
vicioso, arrastrado máe bien que corrompido, vanidoso
sobre todo de los placeres que por eu clase ee creía obli•
gado á buecar ruidosamente y de los cuales estaba absolutamente caneado. En loe seis meses del afio terrible
cumplió con su deber como buen francés y cuando,
después de la paz, ensayó volverá su existencia de boule•
¡,ardier ccioso, vió tan claramtlnte la perfecta imbecilidad de ella que ein decir nada á eus compafieroe de alegrías, se aprovechó del corto paso por el ministerio de
eu viejo primo de ~Iarcy para pedir un empleo en provincia. Iamediatamente fué expedido á Gueret de donde
le enviaron á Ganne,ille.
Ahí llevó-reato de en primer modo de eer-eae tono
burlesco que ee cree prerrogativa del e.,prü, ese voluntario desprecio de la población sencilla que le parecía de
buen gueto en un parisiense y la afirmación repetida sinó con vencida, de que sufría el máe lamentable destierro.
En realidad era perfectamente feliz y cuando, al sol de
la maftana, galopaba solitario por los caminos sombroeoe,
en m~io de los efluvios ealudablee de los campos, eu
pensamiento lleno de un encanto vago y desconocido, no
evocaba sino mny rara vez el recuerdo del bo,llet'ard.
Pero el viejo vividor ee hab1ía creido deshonrado si no

La señora Deecordee había hecho á Savinien anticipos
que habrían parecido demasiado comprometedores ei su
edad, su virtud y su flacura no la hubiesen puesto por encima de toda suposición. Ya le invitaba ácomidae demasiado íntimas, demasiado sencillas-muy sencillas por cierto-pensaba él. Ya se aventuraba en interés de sus aeo•
ciaciones piadoeae, á ir en persona á la eubprefectura.
Dominada por una necesidad de intrusión que le parecía
casi un derecho, obsesionaba al infortunado funcionario,
demasiado cortés para hacerle comprender su molestia
y demasiado político para arriesgarse á haceree un ene•
migo de esta devota agitadora.
Ella se proponía un doble fin: Ardía en deseos de obtener para eu marido las palmas de oficial de la Academia. Parecfala que él tenía todos los merecimientos ..... .
Se le habían dado á eu colega el otro adjunto, que no ha•
bla pres1ú111o más que una vez la distribución de los premios de 111 escuela comunal, y el eefior Descordes Labía
presidido dos veces la misma ceremonial Tenía, pues,
máe derechos!
Pero la madre, sobre todo, perseguía unsutño y bacía
alusiones de tal suerte transparentes que se necesitaba
que Savinien fuese verdaderamente distraído para no
parecer percibirse de ellas. El ingrato no advirtió más
que una cosa en la oleada de esa fastidiosa palabrería
que no terminaba jamás, y fué que la_señora Deecordee
pronunciaba frecuentemente el nombre de su prima la
eef\ora Charlier. Un día estalló:
-Hija de un marqués arruinado, Dios sabe en qué!
Soy yo quien la he sacado de la miseria, sí, señor, de la
verdadera miseria...... Apenas tenla qué comer! Y ahora
lo ha olvidado! Tengo que sufrir lae arrogancias aristocráticas y la altivez de la que me lo debe todo ...... Oh! si
no se hiciese el bien sino en vista de lae recompensas
humanas! Y todo eeto porque eu padre tenia un título y
porque ella fué educada en París. Ea que nuestra educación vale menos que la suya, porque se hizo sencilla y
honestamente en Gannevillti?
-¿Ea que somos salvajes? exclamó Dioedada lanzando
su gama de risa.
-Nuestros padres al menos no han muerto acribillados de deudas...... Y su casa. Si vieseis su vida íntima,
sef\or subprefecto.
-¡Un infierno! exclamó Angélica.
-l.\li hija tiene razón, un infierno! Yo sé todos loe de•
talles, ya comprenderéis ...... Mi pobre primo á veces me
confía sus penas de lae cuales procuro consolarlo, como
lo manda la caridad.
-¡Y Pablo! dijo una de lae muchachas con conmisce,
ración.
-¡Ah, eíl ¡Poh,e peqnefiol ¿q·1é será de él? Es ya insolente como su mad:e. Ha osado decirme en mi cara
que yo no era buena.
-¡}Iawá que pasa su vida ocupándose de los otros:
-En fin, una faruilia perdida, ee la palabra. Si yo no
me mezclase en eso por la piedad que tengo á mi primo,
y ofreciese al cielo todos los choq uea que me cuesta..... .
• -¿Qué no ee el señor Charlier co!lsejero municipal?
interr0gó Savinién que rumiaba un proyecto.
- S1, señor...... Ohl yo no os lo presento como un modelo...... Tiene sus errores, muchos errores, y sobre todo, muy frecuentemente el de atacar la religión ...... Pero en fin, es de buen natural.. .... Lo han agriado, exasperado, llevado hasta el fin, porque no tiene las maneras
de un marqués, y entonces...... Pero estoy bien segura
de que Dios tendrá para él gran indulgencia, en tanto
que..... .
-Una mujer que apenas oye una misa el domingo y de
carrera! interrumpió Angelica.
-Jamás va á la misa mayorl_añadió Diosdada.
-Yo le he abierto todas lae puertas de nuestras reuniones piadosas, concluyó la señora Descordee...... y ja•
más ha pues~o los piee en ellael

�oo•••GO 15 de AGOSTO de 1'97

EL MUNDO

DOMINGO Is DE AGOSTO DE. 181n

El recuerdo de esta exclamación le volvió cuando terminaba la cartapara Legagneur, en la que exponía sus proyectos, y se conmovió y turbó más aun quizá que si en
aquel momento hubiese sido pronunciada. El arranque verdadero de Pablo, reconocido á una compasión
que se dispensaba á su madre, le conmovió profunda.
mente. Un extraño sentimiento, nuevo, desconocido,
muy dulce, se le subió al corazon al mismo tiempo que
un remordimiento ligero. pero sincero, de su come·
dia de simpatía, frente á esta franq11eza, una especie de
verguenza vaga de sus proyectos inconfesables, frente á
aquella pureza. La simplicidad del nifio hizo ruborizarse á aquel don Juan, vacilante.
Desgarró s11 carta, y en tanto que erraba en su jardín,
en medio de la brisa tibia de una noche de Agosto, el cie•
lo le pareció más limpio, las estrellas brillaban con resplandor no acostumbrado, las flores difundían un perfu·
me suave, y en ensueflo aún incierto, Savinien vió aparecer, rodeados de una luz dulce, discreta, exquisita, loa
rostros unidos y sonrientes de Marta y de Pablo.

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En tanto que se desbordaba este torrente, Savinien reflexionaba.
«Una mujer de mundo-se decía él-casada ...... Un
matrimonio que se pierde ...... El marido bonacho........ .
bueno, bueno! Esta seflora Descordes es verdaderamen·
te caritati val
-Lo que yo amo eobre todo en ese joven subprefecto,
dijo la seflora Descordes después de la partida de ':!avi•
nien, es que presta atención á todo lo que uno le dice.
Cll.ando al día siguiente la única recamarera de Marta
le anunció que el subprefecto estaba en el salón, esa visita le pareció inoportuna. En su triste vida la llegada
de un !)Xtranjero le causaba un terror instintivo: era un
testigo más de sus miserias!
Encontró un hombre político, bien educado, que lleva•
ba en medio de sus decadencias, la corrección de la buena sociedad. La visita de Savinien fué necesariamel/.lte
insignificante, ni demasiado larga ni demaeiado corta.
Tuvo un tacto perfecto, fingiendo ignorar la vergonzo•
ea existencia de Cbarlier.
Esa conversación de un cuarto de hora, fué para lapobre aislada como un esclaercimiento en su cielo sombrío.
Por un instante había oído el lenguaje á que en otro

tiempo estaba habituada. Había pues aun hombres que
podían hablar sin esmaltar su conversación de juramen·
ios y groserías!
Esa breve aparición, á posar de la trivialidad de la
conversación, le dejó una impresión reconfortante: los
pobres son tan poco exigentes!
Cuando dos semanas después, Savinien se presentó de
nuevo, la impresión de Marta fué el asombro.
-El otro dfa, seflora, dijo él, el subprefecto vino á saludará la mujer de un consejero municipal. Ahora, es el
seflor de la Baye quien viene á presentar sus homenajes
á la seflora Cbarlier.
La conversación fué desde luego menos solemne quG
la precedente. Se habló de París, Savinien citó los nombres que Marta conocía. Lanzó sobre la vida de Ganneville algunos ra~g~s ligeros que quitaron el ceflo á !'que\
rostro no acostumbrado ya á sonreír. Hizo un entusiasta
elogio del aeflor Sennevaux al cual sabía que Marta había amado. Fué particularmente amable .con Pablo, que
llegó durante la visita. Cuando partió, el niño notó que
su madre tenía la fisonomía caei alegre. El mismo se sentía recalentado por ese fugítivo rayo de sol, y le vino un
vago reconocimiento por aquel que lo había hecho lucir.

,/
J '

CharliEI llegó, por excepción, lúcido eee·
día y fué presa úe la cólera cu;,ndo su mujer·
le pidió que fuese á casa del subprefecto á
devolverle sus dos visitas.
-Yo!. ..... Irá casa de ese sefior...... un
noble ...... un reaccionario ...... un amigo de
loa curas! Jamás de la vida ...... Jamás! No •
ee dirá que Charlier arrastra sus botas de hi•
jo del pueblo sobre los encerados de un mequetrefe de oficina.
Esta frase lo calmó un poco: la encontró•
muy buena y ee prometió repetirla al día siguiente á sus amigos.
-E3 muy probab;e, objetó dulcemente
Marta, que si no le devolveis su11 visitas, el aubprefeto
no vuelva. Pero si vuelve, debo yo cerrarle la puerta,
amigo mio, 6 recibirle?
-Eh! demonio...... recíbelo si eso te divierte ...... De
hecho un lindo corazón ornado de un de, ea hecho para
agradar á una hija de Marques! Recibidle y bravatead,..
hablad mal del pueblo si os place. No ea eso lo que detendrá el torrente q11e avanza.
Marta había hecho su pregunta por exceso de prudencia, pues estaba convencida de que Savinien no vol ve•
ría.
Pero Savinien volvió.
Fué recibido con visibles muestras de simpatía y desde
que supo que estaba ahí, Pablo corrió hacia él, feliztam·
bién. La conversación tomó esta vez un aspecto más fu•
timo. Marta habló de su padre, de su juventud, y dejó
escapar elgunas alusiones á Ja3 terribles tristezas de su
vida. Fué entonces cuanio Savinien con un movimiento sabiamente combinado, le estrechó la mana murmu·
rando aquel «Pobre mujer!"
-Cuando ee retiraba, Pablo avanzó hacia él gravemen.•
te y tomandole la mano á su vez, le dijo:
-Gracias, sefior, voJ si sois hueno!

EL MUNDO

las escenas de dolores y de violencias de que frecuente•
mente eran loe testigos.
-¡Oh Dios mío! querida, dijo la sefiora Deecordea en
una de sus v~sitas, demasiado frecuentes para el gusto de
Marta, esperáis acaso á algún príncipe ó marqués? · He
ahí á Pablo que ee encarniza en emparejar las piedras
del vestibulo....... Acabo de verá Francisca que lava su
chiribitil. Y he ahí sobre el piano un vaso de Gien lleno
de flores. que yo no conocía.
-Vuestra inepección no es completa, prima, respondió Marta ...... Ved...... aquí hay también un siilón cuya
tapiceria he bordado yo ......... lle aquí además Ün servi •
cio de té que Pablo me ha comprado con sus economías......... el pobre nifio de mi alma! Todo esto no quie•
re decir, que yo espere á un marqués ó á un príncipe, sino simplemente que deseo hacer un poco ...aás agradable
el pobre rincón donde paw mi vida.
-Vamos, ya veo pues, que tenéis dinero para rodearos
de ese lujo ......... Si vuestras tareas de ornato no lo ab sorven todo, pensad en mis obras. Los dones ofrecidos
á Nuestro Seflor hacen perdonar muchas cosas y quien no
VII
El hotel que Martn habitaba, era una de esas viejas tiene necesidad de que se le perdone algo!
-Muchos dones necesitas tú ·por cierto para que te
moradas semieefíoriales, colocadas en otro tiempo en la
perdonen,
lengua de vibora, gruñía Francisca que, desde
extremidad de los barrios, y que el crecimiento sucesivo
su
cuarto,
oía
las observaciones de la caritativa dama.
de las ciudades ha englobado con el tiempo en el centro
-Estas
innovaciones
son singulares, dijo al volver á
Estaba aislada, en el fondo de un callejón sin salida, Ji·
mítada por cuatro grandes muros de jardín, que termi· su casa la señora Descordes á sus hijas, ......... Algo pasa
naba su portón macizo de burdo martillo herrumboso, de ahi ......... Eso no tiene duda.
-Acaso quiere dar una comida, dijo Angélica.
madera cuya pintura ee desc'lstraba en grandes partes.
-O
espera la visita del subprefecto, añadió Diosdada
Un patio en que las baldosas deegregadas dejaban crecer
que
pensaba
mucho en Savinien.
hierbajoe, precedía á una escalinata deelabrada, una de
- Ob ! en cuanto á eso, puede esperarla!. ........ Después
cuyas gradas estaba rota en doe y las otras despostillade lo que yo he dicho al sefior de la Raye, como debía
das en los ánguloe.
hacerlo,
él se pondrá en guardia; no se arriesgará. Pero
Se llegaba por ahí á un ve8tíbulo. De una percha i¡ni•
en
fin,
ahí
hay algo......... yo velaré.
ca pendía el impermeable que Cnarlier tomaba loa días
La
vigilancia
de la seflora Descordes fué larga, muy
de lluvia para irá su café. A la derecha se abría una pieza sin nombre y sin destino preciso, que servía para to- larga, y durante muchos meees ineficaz. Ella la repardo. En medio, sobre banquillos, había una tabla con cu- tió hábilmente en loe diferentes-días de la semana y en
bierta de lana desgarrada, sobre la cual se planchaba la laa diferentes horas del día, llegando de un modo imropa blanca. En el h11eco de la ventana, la silla media prev:sto, no advirtiendo nada de insólito, si no es que
rota donde se sentaba para surcir, Francisca, la fiel no- cada vez encontraba una nueva mejora en la casa.
Ahora el ve8tlbulo tenía seis sillas recubiertas de mandriza de Marta, Caleb femenino que jamás la había abandonado y que acumulaba ahora todos los empleos doméa• tillas de ouU bordadas de un gran galón rojo. Las sillas
ticos de la casa; en los rincones yacían amontonados sin habrían costado á veinte céntimos la pieza con el reven•
objeto toda especie de objetos, paraguas, bastones, útiles dedor...... E l cafarnaum de Francisca, vaciado de sus
de jardín, una cuna del niño Pablo, un juego de bolos trebejos estaba cubierto de una sencilla tela á rayas gridisparej0s, una regadera sin fondo; sobre el muro cuyo ses y azules, que daba á la pieza el aire alegre y coqueto
papel estaba en sitios podrido de humedad, estaba fija de una tienda. El piano había aido afinado; los artesouna vieja panoplia medio vacía, de donde pendían aún, nes limpiados por Francisca. Colocados sobrd troncos de
sobre los terciopelos de tono marchito, fusiles de caza árboles en bruto, había dos grandes floreros que Marta
mohosos, dos pistolas de tiro de viejo estilo y un revolver. había pintado de arabescos, formando al salón un vestí•
La impresión era desoladora cuando al entrar en el ves. bulo alegre y perfumado. La casa parecía rejuvenecerse
tíbulo se percibía esta pieza en desorden por la puer&amp;a y revivir.
- Y bien? decfan Diosdada y Angélica,, ansiosas á eu
siempre abierta. Se sentía el abandono de la casa y so•
madre,
cuando eEta volvía de una de sus visitas inquisibre todo ese desaliento que no busca ya en la simetría y
toriales.
la limpieza una postrer apariencia de bieneetar.
-Siempre nada!. ..... Y sin embargo, mi instinto no se
Una segunda puerta daba acceso á un salón un poco
mejor provisto. Era la pieza que Marta habitaba de or· engaña ...... Hay algo ...... yo debo saberlo é iré hasta el
dinario. Las cortinas habían perdido su frescura, el alto fin; acaso me toca intervenir.
El solo descubrimiento que hizo la sefiora Descordes
plafond estaba amarillento por el humo, los muebles
eran raros y nada harmónicos; faltaban ahí esas mil mo- fue encontrar un día á la seflora de Sennevaux sumernadas que dan á un departamento el sello de la vida ín• gida con Marta en una conversación animada que se detuvo bruscamente á su llegada.
tima y feliz.
-Os molesto, eefloras? dijo ella picada.
Pero, sin embargo, se adivinaba, por mil detalles la
-De
ninguna manera prima, respondió Marta que
presencia de la mujer de guetos elegantes y distinguidos.
Los dos grandes vasos de cristal sencillo, sobre la chime- tambien parecía rejuvenecerse y revivir como su casa
nea, estaban llenos de florea. En medio de esos viejos Y había adquirido de nuevo su franco hablar un poco
muebles usados, algunas sillas bajas, un pouf, taburetes altivo. Si hubiésemos temido que nos moleslarfais hacon tapicería de colores vivos y claros, indicaban la La- bría hecho condenar mi puerta ..... ... .
La seflora Descordes enrojeció, herida y furiosa.
bilidad de los dedos del ama de la casa, y su instinto arLa sefiora de Sennevaux abandonó su sitio viendo que
tístico se revelaba por la harmoniosa elección de loe matices. Sobze un piano, que casi no ee abría, algunos bi- no podía luchar con aquella indiscreción que se entrometía.
. belots antiguos recordaban tiempos más prósperos.
-Te volveré á ver bien pronto, dijo al partir y traeEn el ángulo, cerca de una puerta ventana que daba
ré á Jorge para que juegue con Pablo.
al jardín, una mesa bien arreglada servía á Pablo que
-Si, si, te lo suplico, insistió !\Iarta. .. ... Bien pronto!
trabajaba cerca de su madre, sin temor de ser turbado
Tengo tanta nececidad de hablarte!
por Jlumerosoe visitantes.
Las suposiciones indeterminadas de la señora DescorCuando, en un hermoso día de verano, el sol lle ,aba su des, no hicieron más que acrecerse. Decididamente haeenrisa sobre Marta y Pablo, laboriosos y silenciosos, y bla algo Y la señora de Sennevaux estaba en el secreto.
las ventanas abiertas dejaban entrar los dulces efluvios
Como encontrase á Francisca en la calle, la hizo hadel jardín y la barbulla de los pájaros que se movían en- blar Y llevó la conversación al capítulo del embellecitre los tilos, el reoien llegado, ol vidandv la tristeza de la miento de la casa; pero nada sacó en limpio.
entrada, habría podido creer que penetraba en el asilo
-Es usted demasiado lista para haber notado eso! resde la ventura y de la paz. Los muros no referían todas
pondió ella. Pero no lo sabe todo, mi q•1erida sefiora

las

y aun verá algo mas ...... Vengo justamente de casa del
tío Frenaut, de encargarle dos carretadas de arena para
el jardín. Voy á hacerme jardinera.
-Es que el subprefecto ha venido recientemente?
- El subprefecto ...... aquel señor gordo de lentes de
oro?
-No, ese ya se fué ... :.. Un joven ........ .
-Ah! el sefior gordo se fué l.no lo sabía.
-No es eso, pensó la seflora Deacordes en tanto que
Francisca, al irse, murmuraba grufíendo:
-Anda hija! No eres aun demasiado firme para embrollar á la vieja Francisca si ella no quiere!
Estos destanteos excitaban la cusiosidad de las tres
señoras Descordes. Casi no tenían otra conversación.
En Ganneville pasaba algo que ellas ignoraban ... ... y
ese misterio se realizaba ·precisamente en la casa donde
ellas debían ver más claro!
Pensando en esto, la sefiora Descordes calculó que habia estado en casa de Marta á todas ho'ras, salvo de cuatro á seis, momento que se daba todos los días á la música con sus hijas. Inmediatamente, como inspirada, pú sose precipitadamente su sombrero y se dirigió á casa de
su prima. Eran las cinco.
Justamente el portón estaba abierto, Francisca que
bahía salido para algún mandado rápido, no lo cerró.
Esto agradó á la visitaute, por que no tuvo necesidad
de llamar. Si había algo que sorprender ella lo eorpren•
dería. 11Iarchando sobre la punta del pie llegó á la
puerta del salón, oyó loa ecos del piano y entró bruscamente.
Marta tocaba á ia sordina una sonata de B~ethoven,
Savinien, sentado cerca de Pablo, buscaba en el diccionario las palabras necesarias á su versión. El té cantaba
hirviendo en la tetera. Era aquello una como reunión de
familia, dulce, intima, casi austera.
El instinto d&amp; la sefiora Descordes no la había enga•
liado. Ilabía algo de nuevo...... El amor entraba á la
casa de }farta.
VIII.
Desde hacía seis meses, Savinien iba así cada día, á
casa de Marta y era milagro que en una ciudad de vidrio y bajo la mirada incansable de la sefiora Descordes,
aquellas entrevistas hubiesen permanecido ignoradas.
Ah! cuando, por las indicaciones que ella le había dado seguratoente con intención muy distinta, Savinien
concibió sus planes de conquista, cuando comenzó la
ejecución de ellos, con una habil estrategia, regocijándose ya de sus primeros éxitos: cuán poco pensaba que ·
la palabra ingenua de un nifl.o bastaría á desconcertar
todos sus proyectos de don Juan que iba en pos de una
nneva intriga! cuan poco suponía que en eee rincón perdido de provincia, del cual se burlaba con tanta desenvoltura, iba á levantarse una luz súbita y exquisita sobre él, cambiando todos los horizontes de su vida y sustituyendo el cariflo, el cariño verdadero, absoluto, respetuoso y casto, á la novela de crimen sofiado en su ociosidad, como una distracción pasajera!
. Ciertamente se habrían admirado mucho, y habrían
alzado los hombros con desprecio, sus compañeros de
París, si hubieren podido percibir al alegre vividor de
antafio, siempre en busca de locas aventuras, esperando
impacientemente la hora en que iría á sentarse, cada
día más embeleeado, eutre un nifio y su madre.
Las visitas de Savinien se hicieron poco á poco más
frecuentes. A Marta como al mismo Pablo, eso les parecía muy natural. No había necesidad de llamamiento
ni de explicación: se le esperaba y él iba. Si por acaso
tardaba tres 6 cuatro días, Pablo decía á su madre:
-Hace largo tiempo que no viene
- Es cierto, respondra sencillamente Marta, hace muy
largo tiempo.
Ni aun pronunciaban su nombre: era inútil.
Un día, cuando se iba, Pablo le di¡o dulceme_nte:
-Hasta mafianal
Savinien miró á :\!arta, que sonrió, y repitió:
-Hasta maBanal
Cada día, en lo de adelante, sin tener necesidad de
instrucciones, Francisca iba á entreabrir un poco antes
de las cuatro el portón, para evitar el martillazo indiscreto. Cuando Savinien entraba, su primer mirada bu&amp;caba á Pablo no como á un obstáculo temido, sino como á
un apoyo deseado que le tranquilizaba respecto á sí
mismo y mantenía en · su ternura esa serenidad que
constituía eu más delicioso encanto.
Continuará.

�DOMINGO Is de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

la6

~oMIIIGO 15 de AGOSTO de 1697

dos lóbulos, las finas piedras de Golconda.
Se había casado con algún Creso? Aque•
lla dama que pasaba, era la nifía hija de
padree pobres, á quién compré tantas mu•
fíeoae y bombones?
Todo lo aupe al poco tiempo. Un vie·
jo verde, cojo y corcovado, la deelu~bró
con su dinero, y desde entonces su a.roa
blanca y transparente, se m~nchó con
salpicaduras de fango ...... Aquella alma
buena!
y cómo fué? Qué mano invisible y nervuda de monstruo, la asió con fiereza y la
eqipujó á un matrimonio sin amor? El
hambre! En su hogar faltaban pan y luz ...
y el usurero de laeEquina inmediata le ten·
dió la red, dándole, no solamente luz y
pan sino vestidos, joyas ...... qué ee yol
Nu~vo Fausto, deslumbró á Margarita
con el eeplendor de su riqueza, y ella fué
despreciando las humildes, pero castas
floree de Siebel, del joven hermoso Y romántico como Byron, que en cada verso
deja un pedazo de corazón, un girón de
alma, pe10 que vive pobre, muy pobre,
allá en el destartalado cuartucho de una
casa de vecindad.
y entre tanto, Margarita, apoyada en
el brazo del prestamista claudicante Y gi•
boeo, alardea en teatros y salones de su
soberbio lujo, sin comprender que cada
diamante que ostenta, eimt-oliza no una,
sino muchas lágrimas cuajadas.

MINIATURA
LA SEÑORITA BEATRIZ FRANCO

......Y el Teatro Nacional, nuestra solitaria basílica de arte, ee llenó aquella no•
che de una voz apasionada y triunfal, de
una onda rítmica, suave y exquisita, voz
de perfume de violeta, de susurrantes plega~iae, de cuchicheos de hadas, de frúfrú de alas de aves, de rumoree de fron•
dae lejanas. Viejas impresiones dormí•
das recuerdos de comarcas ignoradas,
pálidas evocaciones juveniles que yacéis
en el fondo del espíritu como esos listones descoloridos de la primera novia, fué
vuestra fiesta aquella noche, viejas im•
presiones dormidas. Evocar eeae eenea•
cionee, unir con el hilo de oro del eenti•
miento lae perlas deegranadaa de loe re•
cuerdos, bajar al fondo del alma y sor•
prender en ella rastros de ideales ?~eva•
necidoe, huellas de anhelos fug1t1voe,
estela de esperanzas olvidadas ...... ee eer
artista.
La señorita Franco, ee muy joven Y
muy bella-de una hermosura que no se
concibe contemplar sino como Fra Ange•
lico pintaba sus madonae: de rodillas-es
una artista.
Id á escuchar la voz suave y apasiona•
que llena el Teatro Nacional con eu onda
rítmica.
MARGARITA
I
Cuando era nifía, qué alma tan blanca y tan diáfana encerraba en aquel cuerpecillo delicado y frágil como una chu•
cheríajaponeeal Nopuedoolvidarla. Loe ·
ojos profundamente azules y humedecidos; la cabellera opulenta y dorada; las
mejillas frescas-dos pomas de OtofíoY la boca carmínea, breve como apretado
botón de rosa.
La mañana era espléndida. En el Oriente-orgía de coloree-la luz desplegaba sus
estandartes victoriosos; en loe nidos loe
pájaros se empinaban asperjando trinos;
el aire soplaba suave, bien oliente, como
el vientecillo producido por aristocrático abanico.
¡Oh mafíana aquella, toda luz, toda aromas, toda vida!
Margarita ee preparaba á hacer eu primera comunión.
En la parroquia, llena de blancas floree, ardía loe cirios en el altar mayor, ascendían las espirales del incien•
so, y, grave y místico, dejaba el órgano oir las notas de
sus trompetas.
Allí estaba la blonda criatura, en glorioso apoteosis,
de rodillas, con la frente baja y loe bracitos cruzados devotamente, á la manera de esos ángeles pintados por Doré !!n las maravillosas páginas del poema dantesco·

Señorita Beatriz Franco.

II
Más tarde, cuando fué joven, cuando la pubertad la hi•
zo núbi y amplió sus caderas, y redondeó eue formas, la
ví pasar, desde el balcón del últimó piso. de un hotel, en
elegante «duquesa« tirada por corceles p1afantee, que, en
su pausado trote sobre el asfalto, hacían cascabelear las
cadenas de plata.
Su aspecto era altivo y regio: el traje de seda flordelisado dejaba adivinar eue exúberas formas olímpicas, y chispeaban ea sus dedos gráciles y en sus rosa

Anoche, al salir del teatro, sentí que
me tiraban del abrigo, y oí frasee dulces
y seduétorae de mujer. Volví la cara y
me encontré con ella, con Margarita,
quien al reconocerme dió un grito de
sC'rpreea y huyó precipitadamente, avergonzada de la equivocación, entre la hot•
mfgueante multitud. Con quién me .confundió? Quizá con alguno de sus amigos.
Y un enjambre de recuerdos punzó do•
loroeamente mi cráneo: surgió en mi me·
moria aquella mafíana toda luz, toda aromas, toda vida, en que la ví, camino del templo, ha•
ciendo aletear su falda nívea; en que sentados á la
Il}eea saboreamos el desayuno de aquella fiesta de un
blan~o triunfal. Pensé en Alberto, el bohemio eofiador,
que en cada verso le mandaba un pedazo de corazón, un
girón de alma ...... en el muchacho hermoso y melenudo
de segundo patio; y entonces comprendí por que, puesto de codos en la mesa de un café de barrio, gritaba con
voz de ebrio mirando atentamente las heces de su copa
-Eh, mozo! vino, más vino........ .
Jt'AN B. DKLGADO.

-------------~-------

EXPLOSION DE UNA CALDERA EN UON

La mafíana del 5 del actual, prodújoee en la ciudad de
León, una catástrofe del todo semejante á la que en Pue·
bla causó no ha muchos días la mayor consternación,
Runque esta vez, por fortuna magna, sin consecuencias tan
lamentables. Nos referimos á la explosión de una calde•
ra, acaecida en el taller de fundición de la Huerta de
U raga.
El espectáculo que se presentó á la vista de loe que ocu•
rrier@n al lugar del siniestro, atraídos por el estruendo,
fué el de un montón de escombros hacinados aquí y aní
sobre los diversos productos trabajados en el taller, tales
como ruedas de cochee, cajas, catres, herramientas, etc.
Loe techos fueron volados, y sue eoetenea diseminados
en todas • direcciones y contraht,choe, así como los frag ·
mantos de la caldera que se veían en todas partee, y que,
· con la enorme trepidación, causaron eerioa perjuicios materiales.
El orfgen del siniestro fué el deECuido del maquinista,
quien dejó encargado de la caldera al velador y éste, absolutamente ignorante del manejo, encendió el fuego sin
poner préviamente el agua necesaria.
E etímanee las pérdidas en $3,000, máe no hubo desgra
cías personales.
El activo fotógrafo Sr. Mathey nos envió con laudable
oportunidad, la fotografía que como ilusrtación de estas
líneas publicamos, y que dará del siniestro mejor idea
que todas las descripciones que pudiéramos hacer.

Exp1osión de una caldera en león.

(Fotografia de Mathey.)

l!L MUNUO

LA CIUDAD DE ZACATECAS.
LAS OBI~ . . ~S D~ SU CA.'1...,EDRAL.
•

bizantino, loe fondos de todos son color de
La ciudad de Z 1catecas, de la cual ya al•
cantera y lae columnas imitación de gra•
guua vez se ha ocupado nuestro semanario
nito: loe capiteles y basas color de piedra
con positiva compla,encia, constituye un@
verde azulado y en las tallas una combi•
de loe cantroe más importantes de nuestra
nación de coloree y oro.
R pública y une á lae valiosas condiciones
«En el fondo de la nave principal está pin•
de propiedad minera y agrícola, la belleza
tada al oleo La Asunción de la Santísima
de su especial topografía.
Virgen. La Madre de Dios se eleva al cielo
En el orden religioso y digámoslo también
entre multitud de alados querubines y loe
art1dtico, Z ic1tecas acaba empero de]a1qui•
apóstoles contemplan el sepulcro. El cuadro
rir 1rn atractivo más, merced al celo decidi•
es obra del eefior don Manuel Pa~trana. En
do del virtuoso !prelado que rige la Diócesis
loe fondos de las dos naves laterales y al la•
y q 1e vió no ha mucho el feliz remate de]lae
do de la puerta principal hay dos grandes
obr.1e emprandidae en la Iglesia C.Hedral..De
cuadros, La Anunciacion y la Oración del
ellas intentamos ocuparnos en eatas páginae,
Huerto, obras respectivamente del eefíor D.
con tal fin transcribimos lacompleta relación
Cleofas Almanza y de don Candelario Rivas,
de:nn cronista zacateoano, acompañándo·
joven zacatecano, de veinte años y cuyas
la de excelentes fotografías, verdadaramendotes para el arte de Apeles son notables.
tP artíetbae, debidas al inteligente fotógrafo
«La pintura y decorado de la Catedral ea
Jo~é i\P.- Agular.
obra del modesto artista don Rafael de
G&gt;n motivo de la inanguracion de las obras
León, hijo de Cuernavaca. Enviamos aleede que nos ocupamos, ef&lt;Jctuóse en la catefíor León, nuestras máe ccrdia!es felicitadral eolemníeima función religiosa á la que
ciones.
aeietió, previas invitaciones, lo más granado
«El Iluetrfeimo señor Vera dignísimo Obie•
de l.1 sociedad.
pode Ct1ernavaca que tan bondadosamente
R ispecto á la decoración y forma de las
aceptó la invitación que le hizo, nuestro digobras del templo, oigamos al cronista:
nfaimo Prelado, para asistirá la función re« La pintura y decorado de la Smta Igleligiosa, ofició de Pontifical y asistió el Ilussia Catedral presenta un golpe de vista
trísimo BE'ñor Portillo y la mayor parte del
magnifico. La cúpula está pintada dd color
clero de la diócesis.
de aurora dividida en ocho gajos por fa.
«la música dirigida por el hábil maestro
jas rojas con guarda de oro realzada á pinDon Aurelio Ellas, estuvo como siempre,
cel; en loa centros de cada gsj ') se destacan
manífica. El sermón estuvo encomendado
monograma&amp; de María y un rosetón á la
al eefl.or Canónigo Don Domingo de la T.
ori1::ntal en la linternilla. La cornisa, á dos
Romero, quien habló del culto divino, según
tintas gris y filetee dorados; la columnata
se nos informa, pues en el lugar en que noe
de color de piedra de jaspe rosa al oleo, la
colocamos, no era á propóeito para oír la
corniza del anillo dela cúpula con molduvoz del orador sagrado.
ras gris, filetee dorados y adornos de ciar,&gt;
Nuestro amante Pastor y Padre debe estar
obrnuro en el frizo; pechi1,as con loe símsatisfecho. Bue hijos aprecian en lo mucho
bolos de Evangeli3tae, de alto relieve y en
que valen sus apvstólico3 eefuerzoe para enyeso y dorado mate con marc0 y aiornoe
bellecer la catedral de Z1catecae, y con él se
de.yeao en loa áuguloP.
regocijan y dan gracias á la Providencia
uEI fondo general de l&lt;1s b ·,vP, hs P.~ color
porque esos esfuerzos han sido coronados
de aurora, aristas gris 'e con fi let"s dorados
con el más completo éxito.
y en loe fondos adornos aZ11lee levantados á
pincel. Los lupttoe de lv, parte superior de
loe muros son de fondo vntlt&gt; gri~ y el decoHuye de loa traidores á la patria como
rado á dos tintas y oro imit,ndo papel tahuían los juatoedelfuegode Sodoma. Aquepi7,. Loe capi1tif"B y curnisa general son de Fachada prl ,cipal de la Catedral de Z•catecas. fFotogrnfía de José M~ Aguilflr.) llos ab,,fetean á la madre, y después le piden
,col &gt;r grid v filetes d•ira i,1s con frío á la
pan, abrigo y hospitalidad.
or.ental. Las caras laterales de loe farcos ta m b;.Sn rle o'eo y de do~ e•tilos div,rsoq_ El alt,ar m 'ynr es al eeti•
color gris y filttee de oro y la cara inferior con guarda In romsmn, ornamPnto cnn talles de yeso y fondo de mar•
á tres ti utas y oro, al estilo Romano. Las pechina• ct.. 1..a mol art fi ,ial, 6 sea eicayola. Los dl e bonitos altares
DON~E NACIO BUDDHA
arcos tienen el fondo verde gris con adornos al capri- en los fuud,,~ de las naves laterales son de orden com•
cho, color de oro levantados á pincel.
pnesto, con frizos y demás adornos de yeso; á los lados
El lngar en q11e nació el célebre fundador de la religión
«La parte cilíndrica de la C'llumnata es imita~ión de dos tablHos angostos decorados al estilo bizantino. Loe ·
de Buddba ( Buddha Sakia Munia) era ignorado, pero
granHo ruorado y la parte recta imitación de marmol de tres altares de ca la uno de ](le wurvs lat~rales son de
acaba de ser deecul:ierto accidf'ntalmente por una expejaepe, todo al oleo. El decorado de loe muros lat•ralts orden compuesto con adornc,e de y;,eo, doe de ellos titi·
dición arqueológica del gobierno de la India, en Nepaul.
imita papel tapiz á seis tintas y oro, el frizo geueral al nen á los lados tableros angostOd dtcurad, s a1 edti,o
Por una eqnivocación, loe expedicionai-ios se vieron con
las autoridades Nepaulesae á unas quince millas del punto q11e debían explorar cerca del tahsil de Bbagwampur,
en el dietrito de Butsuk. Estando acampados .,Jlí, les llamó la atención un monolito del Emperador As&lt;'ka, de 10
pies sobre el nivel d~I suelo. En ese mono ito había una
inecripción pt1eeta en él por nn peregrino del siglo nono,
que indujo á la expedición á cavar al rededor de la piedra hasta la profundidad de catorce pies, y se halló en•
t onces una inscripción del lfo1rerador, en la cual consta
qne en el año vigésimo de, en remad&lt;•, enea de 239 años
antes de la venida de Cristo, él había brnho erigir esta
cnlumna en el miemo lugar donde nació el sefior Buddba.
(Hay que tener presente 4111: B11ddha era hijo y heredero presunto de un príncipe soberano y que renunció to·
das las grandezas de su posición.) A dieciocho millas al
N. O. de la columna, la expedición encontró extensas
ruinas de .&lt;tupa~, monasterios y palacios cubiertos de boa
que ó mon e, y que se extendlan por cinco millas basta
el río Banganga, siendo la circunferencia como de siete
millas. Este es el Ritio que ocupaba Kapilavaetu, capital
de loe dominios del padre de B~ddha, y que probablemente rendirá imcripciones anteriores á laedel Emperador .A.eoka. Tan pronto como cese la calamidad del ham.
bre y plaga que aflige aquellos puebloe, se harán excavaciones, lo cual será probablemente en el p1óximo in•
vierno.
Panorama de la ciudad de Zacatecas, tomado del cerro histórico de la Bufa.

�OPINIONES MEDICAS SOBRE LAS CONDICIONES TERAPEUTICAS
DEL

Muy señor mio:
Cuando recibí la primera muestra del
e Vino de Saint Germain, que se sirvió
usted remitirmeJ juzgué que sería una de
tantas preparaciones que con títulos al.
tisonantes y recomendaciones pomposas
se nos ofrecen como maravillas terapéuticas.
Debo confesar qui:! después de haberlo
e.i:perimentado en mi práctica diaria, especialmente en los niños,. be cambiado
completamente de opinión, respecto á su
elixir.
Siempre que he empleado el ,\'1xo DK
SA1ST GERMuN, he obtenido los más Ji.
son je ros resultados como tónico y recons-

nn.

)lé.i:ico, Mayo 21 de 1897.
Muy señor mío:
Creo que laíeliz asociación de las sus•
tancias que entran en la composición del
Viso DE SAii-T GEuu1x le aseguran un
lugar preferente en la terapéutica.
Lo be experimentado perfectamente
en las convalecencias y he quedado sa•
tisfecho.
De vd. atto. y S. S.
LEOPOLDO CASTRO,

Cirujano e,i Jefe del Ferrocarril Interoceánico y .Médico del Hospital de
San Amfrés

DR. BA..'iDERA .

LA VISTA.

México, 3 de Abril de 1897.
1\Iuy señor mío: Habiendo experimentado en algunos enfermos el VtNO DE
SAU.T GERMAIS cuya muestra me mandaron, lo recomiendo como un buen tónico
y reconstituyente.
Quedo de \"d. afmo y S. S .
DR- RAFA.EL LAVISTA,
México, 12 de Febrero de 1897.

Interior de la Catedral de Zacateca•. lnau¡urada su nueva pintura y decoración el 9 de M¡,yo de 1897. (Fotogrnfía de José María Aguilar.)
VARIEDADES

Un periódico inglés ha afirmado que los chinos conocieron la bicicleta 2,300 años anies de la venida de Je3ucris\O, y que la rueda estuvo muy en boga hace cosa de
100 atlos. A la máquina daban un nombre equivalente á
Drag6n Dichoso.
El modelo conservado en Pekín tiene la cadena engra•
nada en la rueda delaoiera.
Las mujeres ee aficionaron á la bicicleta basta el puuto de deeat.ender las obligaciones domésticas¡ por cuyo
motivo el gobierno prohibió enteramente el uso de
&amp;qnella.
J.,os joyeros están haciendo uso de la electricidad para
distinguir loe diamantes buenos de los faleoe. Todo lo que
para esto se neceeit.a, ea un pequeilo motor que lle,:e en
uno de los extremos del eje uo disco de aluminio. Un cepo

debidamente eitllado, sirve para eujecar el diamante y
mantenerlo en contacto con el disco de alumio. Para
probar el diamante aeí dispuesto, basta mojarlo y echar
á andar el motor. Al cabo de pocos minutos se l!aca la
piedra, si es legitima se verá que está limpia, mientras
que si es falcificada, ee abrá cubierto de UDa capa metálica debido al roce con el aluminio

La superficie total cubierta de boFques en loe E9tadoa
Unidos, se estima en 2 000,000 de kilómetros cuadrados,
ó SE\ 26 por ciento de la superticie total. El consumo
acíual se deacompone de la manera siguiente: madera
para construcción de obras, 140 000,000 de esteros: id.
para durmientes 170,000,000; id. para carbón, 7 000.000;
id. para fraguas, 504.000,000; id. para establecimientos
induetrialee, 4.000,000. El consumo total es de 680,000.

Un periódico ruso, el Diario dt San PeterslJurgo, publica el anuncio de un museo de aquella capital, en donde
se exhiben varios fenómenos muy curiosos, entre ellos
tres ninoP, á l!aber: una criatnra de cuatro af'ioe que pesa 161 libras, llamada Ana¡ un varón de eeis af'ioe llamado Germano, que pesa 153 libras y otra niña de doce
primaveras con 283 libras de peeo.

Muy señor mío:
En vista de las componentes de la preparacif'ín SAINT GEuuiN, no tengo inconveniente en recomendarlo como útil y eficaz en l11s enfermedades que causan profunda debilidad en la economía; de manera que se puede usar con éxito en la convalecencia de las fiebres en general, así
como en las anemias, tuberculosis pulmonar, escrófulas, atrepsis, etc, etc., etc.
Qu~do de usted aftmo., atto. y S. S.
CARLOS TEJHDA,
Métlico Ciruja110 de la Fawllad de
},[é~ico, Profesor de Clínica Iufautil
en la Eswela Nacío,ial de Medicina de
México.

.·~

De los inumerables vinos tónicos de
que se sirve la teupéutica modernn, el
mejor es sin duda el SAx GERMÁS. En casos de linfatismo, tuberculosis y anemia,
me ha dada siempre en los enfermos sorprendentes resultad'&gt;s.
DocTOR CLE!t!ENT.
De la facultad de Mo11pe11sier (Fraucia). Especialista para las enfermedades de la ciutura.

Hace algtín tiempo qi:.e empleo el V1No
tónico de SAINT GER."IIAJS y siempre me ha
dado el mejor resultado, tanto en las
personas agotadas por largas enfermedades, como en los que padecen enfermedades palmonares crónicas. Por lo mis•
mo, no tengo ir,conveniente en recomendarlo
:\f. AVELEYRA 1
Médico del Hospital de la Beneficeucia espai'iola.

SAN GERMAN

Yo creo que en este mundo
No existen penas más hondas!
Como las penas de un buzo.
\"iTAL !.ZA..

DR. GARAY.

Panorama de Zacatecaa, tomado de norte á sur.

tituyente, perfectamente acomodado á
personas débiles, á los convalecientes, á
los niños raquíticos ó escrofulosos, y en
general á todos aque11os que por e.i:cesos
de trabajo ó enfermedades prolongadas
han visto agotado 5u organismo.
Por eso no vacilo en recomendado, y
me atrevería á llamarlo EL1.i:1R DH VIDA.
De usted afmo. S. S.
Dr. CoNSTANCJO PRS°A luiAQUEZ.
del Ou,rpo d, Sonidad militar.

DR. CLEMENT.

EL VINO

Lo más difícil del mundo
__Es regalar á una fea
Un espejo de en gueto.

He usado en varios de mis enfermos el
vino de San Germán y lo considero una
medicino exelente¡ es un tónico poderoso,
de sabor agradable y muy eficaz para
los anémicOs, linfáticos, tuberculosos,
convalecientes y enfermos del corazón
en general.
A. Df GARAY.
Profesor de Auatomia Quirúrgica
e11 la Escuela A"acional de Medicina,
Cirujano de los Hospitales Juárez y
Espa,iol.
Cerro de la Buf,1, Z•catccas.

DR PE...,qA IDIÁQüEZ,

,He usado con excelentse resuitndos el
\'1so DE SAN GER.M,\X en casos de tísispulmonar, de anemia y de enfermedades crónicas de la piel.
No conozco otrn preparación que con•
tenga iehthiol, en la que el color y sabor tan desagradables de este precioso
medicamento estén tan bien encubiertos.
Las propiedades terapéuticas del icl,thiol
pueden ya ser utilizadas como medicina.
interna.
Los enfermos toman este vino sin repugnancia, y al cabo de algunos días e.i:•
perimentan sus provechosos efectos.
A las dosis de una cucharada, una hora antes de las comidas, la administración de este vino no tiene peligro.
DOCTOR 8A..'.0ERA.

que tanto éxito y fama ha obtenido de.de su presentación en el
mercado mexicano, no necesita para que el público se convenza de sus maravillosos efectos, publicar certificados de curaciones obtenidas en Rusia ó en el Japón, ni opiniones ele ~fédicos
conocidos en China ó en el Brasil, que, como pueden ser ciertas y auténticas, también es facil sean inPxactas y apóc1·ifas. La
conpañía fabricadora del VI.NO SAN GEIUIAN, convencida de los
mamvillosos medios curativos, de los componentes de su preparación y de los beneficios inmensos de su uso, lo ha sometido al
aniílieis ele los m~s afamados químicos, al e,tudio de los facultativos de más renombre, al experimento en los hospitales y
clínicas, y, cuando recogida la opinión ele todos, una sola es la
contestal'ión: PRODIGlOSO, se decide á dará conocer al ilustrado público mexicano

LA OPINION DE LA CIENCIA

SOBRE EL VINO SAN GERMAh

nn. MÁcl1is.

Recibí la muestra del V1~0 DE SAn GERMÁN que se sirvieron ustedes mandarme.
Su composición garnntiza sus buenos
efectos y aquí en donde tanto abundan
lns enfermedades por debildad en la nutrición, espero que será de positiva utilidad para el público.
:\léxico, Mayo 13 de 1897.
R.

MACIAS.

�LA

HARINAnE W AGGNER
CO.N FOSFATO DE CAL ~URI, u U11irersa/ment1 admitida como "EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

.,

•

•

para NIÑOS ENFERMOS, CON~ALECIENTES, ANCIANOS J para las MADRES que están CRIANDO

En un ...
Aguacero
el hombre se ca16 hasta los huesos.
Y esta moja.rtnra le dió un resfriado.
Descuidado éste se le pn•sentó la
tus. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomar una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese ntajado el
resfriado, impedido la. subsiguiente
enfermedad y padecimiento, y econo-

mizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, toses, mal de garganta y todas las afecciones pulmonales es el

Pectoral de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr.J. C.Ayery Ca., Lowell, Mass., i::. U.A.
Medallas de Oro en las Pi mcípales
Exposiciones Universales.
~~

w-

P611•'.;1St' en ~n,rclia. coutrn las imita.Cl 111es harat;1s.
El nombre !e- Ayer's
Cherry Pectoral-;1p,1rece en la. envoltma
v :le realce t:11 el cristal oe cada frasco.

grandes beneficios. Se garantiza su
completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletéreA.. Es de un
sabor muy agradahle. No es una medicina bajo ningún concepto y síobra
en Lodo cuerpo endeble como un

se prescribe en cada tasita no se
aceda nunca en el estómage. Es al:
Lamente recomendada por la Fa_cul
1.a&lt;l Médica y en los muchos ·años
que tiene de éxito hli resultado ser
por el testimonio de todas las madres que lo han uslido

Tónico de la NatnPaleza

"El alimenta me~ pe~fecto"

SECURANSINOPERACION

•

etc.

•

Se trata con ~x!to las enf!!rmedrutes que se dicen
incurablesó de mala naturaleza, d~ lll. cara., boca,
lengua, garganta; oidos, cabeza, lla¡i;us vitricHeas, y
en ger,eral, todos los tumores i,rvvenientesd~ la corruJ)C'lón de la sangre.
Violentar ra.1ical curación '1.e enfermedades secretas, eu todos sus grados.

♦
•
♦

•

♦

CA.LLR SANTA CLAHA 19.

I

•

♦

a

Gran almacén y Exposición de camas inglesas de latón.

Z

La casa que en esta Capital tiene el mayor surtido y la queven:ie más ba
"
ra t o . - s u 1ema es: Venuier
mue h o y ganar poco.

~

.
=•
.

•

=•
1 •

►
1
•

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GRAO FABRICA DE CAMAS, CATRES, CAMITAS V CUNAS de Latón y"'•"º

ESTILO INGLÉS, GARANTIZANDO S~CONSTRcCCION.-vE;-;TAs POR MAYOR y MENOR

EL DIGESTIVO ANDREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVODIG&amp;STIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO

ANDREW
ANDREW
ANDREW
ANDREW

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO
OIGESTIVQ

ANDREW
ANDREW
ANDREW
A.NDREW

"'

~

1

•

♦
♦

•

cura la ictericia y los derrames de J:?ilis.
impide la formación de lc,s gases en el Estómago
alivia la náusea en las embarazadas.
no contietle substancias dañinas á la salud.
está recetado por los mejores médicos:
ft.i:: aprob:¡dn por la Academia de :\IeCcina de París.

•
• ·
♦
♦

♦

preserva de enfermedades infecciosas.
no contiene substancias nocivas á la salud.
EL DIGESTIVO ANDREW alivia SJDIPRE que se toma conforme á las instruc·
ciones que acompaí1an cada tubo.
EL DIGESTIVO ANDREW al contrncio de otros digestivos, alivia radicalmente

•

•

EL DIGESTIVO ANDREW

para toda la vida.
alivia con g_ asto muy reducido, pues bastan seis tubos
para la curación de la enfermedad d\;:l Estómago más

•

EL DIGESTIVO ANDREW

rebeldl·
fué inventardo en 1820
"'ríeccionado por los legítilll.os
herederos del célebre l., Andrew en 1886

♦

y •

♦

♦

♦
•

es :tpcritivo y estimnlnnte.
tiene famn universal.
cura las malas ó lentas digestiones.
cura ]a Gastralgia reciente ó ·crónica.
cura Ja Acidez del Estómago y los cólicos.

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW

~ ♦

DE VENTA EN TODAS LAS 'oROGUERIAS

♦~
•

♦
♦

.•

¡ ••••••••••••••••••••••••••••••

. Hay grnn va,iednd de d,cujos, tanto en Camas Inglesas, como en las fa- Z

~ bricadas en los talleres de esta Casa, y los interesados pueden conocerlos pi- ir,
diendo catalogas á los s~ilores
►

•:
••

•
♦

:

FABllY&lt;1A. nJ.&lt;;ocoLC-ITONF.-'
ALA1'.1BRE DE ACERO TEJIDO DL'PLO cox RESTIRADOR DE PATENTE.-LOS L'NICOS ~
QUE TIENEN A.(:EPTACIO.K POR SU BUENA CLASE
,...,,

=
~

I

♦

Especialista para las enfermedades
de las señoras, a' .. cciones de la M-1.Ttuz, de las
MAMA~,

o·,•gest;vo Andre·w :.

:.

POR EL DR. LUIS CLl!l\lENT.

•

f~

~ectterbo_z be ra función be caribab efectuaba er ~omingo 15 be!'. actuar

Las enfermedades de LAUINTUiA. . . . . . . . . . . . ,,...~~♦♦♦♦♦$♦♦.., ♦.;, ♦♦♦♦♦♦• •

•=•: •••LA NuEVA NDusTRI A• •••• •
111
'"

•

De ••nta •n toda ■••• Tiendaa, O,ogu•rla ■ y Botlo ■■

♦

14

NUMERO 8.

UN/COS AGfNTES: NO'IARO &amp; GfESTCHEL, CALLEJON DEL ESPIR/TU SAIITD IIUM. 1. MEXICO

r.:.~=====~==~========~-~===~-~=~.:-71 ♦

••

MEXICO, AGOSTO '21 DE 1897.

TOMO,11

La Harina de Waggne r
hace crecer los niños robustos y
contentos. Tomada en 111s d&amp;sis que

La Harina de Waggner
se incorpora con la misma facilidad
que la leche de la madre, y lo puede tomar la criatura más tierna con

Gnastasio lbJestas 1? (!ompañia,
2~

;

•

DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 957. :•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES--

AGENTtS GENERALES

:

:

EL VINO SAN GERMAN
Es el tón.ico Inás e•1.érgico.

de este periódico en Centro
América, Sres. J. M.. Larduábal y Compaflía, Guatem~la.
Están autorizados pa1a arreglar contratos

y euecri pcionea.

para auuneioe

l
•'

1

1
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LS&gt;s reinas de la fiesta

áieñoritaJZS @&lt;trtcta §isJZSemma1111, ¿lomifil'a J~ióafgo, J:upe ~it&gt;a t? @erva11teJZS, ~uCia ¿bióafgo,
Jhneria ~isJZSemmann, ,$ara @'.6ai&gt;ero.

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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