<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="3557" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/3557?output=omeka-xml" accessDate="2026-06-10T18:59:02-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="2199">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3557/El_Mundo._1897._Tomo_2._No._8._Agosto_22..pdf</src>
      <authentication>c72734cf5194dbab54c7fdec79b59b27</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="117379">
                  <text>LA

HARINAnE W AGGNER
CO.N FOSFATO DE CAL ~URI, u U11irersa/ment1 admitida como "EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

.,

•

•

para NIÑOS ENFERMOS, CON~ALECIENTES, ANCIANOS J para las MADRES que están CRIANDO

En un ...
Aguacero
el hombre se ca16 hasta los huesos.
Y esta moja.rtnra le dió un resfriado.
Descuidado éste se le pn•sentó la
tus. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomar una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese ntajado el
resfriado, impedido la. subsiguiente
enfermedad y padecimiento, y econo-

mizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, toses, mal de garganta y todas las afecciones pulmonales es el

Pectoral de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr.J. C.Ayery Ca., Lowell, Mass., i::. U.A.
Medallas de Oro en las Pi mcípales
Exposiciones Universales.
~~

w-

P611•'.;1St' en ~n,rclia. coutrn las imita.Cl 111es harat;1s.
El nombre !e- Ayer's
Cherry Pectoral-;1p,1rece en la. envoltma
v :le realce t:11 el cristal oe cada frasco.

grandes beneficios. Se garantiza su
completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletéreA.. Es de un
sabor muy agradahle. No es una medicina bajo ningún concepto y síobra
en Lodo cuerpo endeble como un

se prescribe en cada tasita no se
aceda nunca en el estómage. Es al:
Lamente recomendada por la Fa_cul
1.a&lt;l Médica y en los muchos ·años
que tiene de éxito hli resultado ser
por el testimonio de todas las madres que lo han uslido

Tónico de la NatnPaleza

"El alimenta me~ pe~fecto"

SECURANSINOPERACION

•

etc.

•

Se trata con ~x!to las enf!!rmedrutes que se dicen
incurablesó de mala naturaleza, d~ lll. cara., boca,
lengua, garganta; oidos, cabeza, lla¡i;us vitricHeas, y
en ger,eral, todos los tumores i,rvvenientesd~ la corruJ)C'lón de la sangre.
Violentar ra.1ical curación '1.e enfermedades secretas, eu todos sus grados.

♦
•
♦

•

♦

CA.LLR SANTA CLAHA 19.

I

•

♦

a

Gran almacén y Exposición de camas inglesas de latón.

Z

La casa que en esta Capital tiene el mayor surtido y la queven:ie más ba
"
ra t o . - s u 1ema es: Venuier
mue h o y ganar poco.

~

.
=•
.

•

=•
1 •

►
1
•

=♦

GRAO FABRICA DE CAMAS, CATRES, CAMITAS V CUNAS de Latón y"'•"º

ESTILO INGLÉS, GARANTIZANDO S~CONSTRcCCION.-vE;-;TAs POR MAYOR y MENOR

EL DIGESTIVO ANDREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVODIG&amp;STIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO

ANDREW
ANDREW
ANDREW
ANDREW

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO
OIGESTIVQ

ANDREW
ANDREW
ANDREW
A.NDREW

"'

~

1

•

♦
♦

•

cura la ictericia y los derrames de J:?ilis.
impide la formación de lc,s gases en el Estómago
alivia la náusea en las embarazadas.
no contietle substancias dañinas á la salud.
está recetado por los mejores médicos:
ft.i:: aprob:¡dn por la Academia de :\IeCcina de París.

•
• ·
♦
♦

♦

preserva de enfermedades infecciosas.
no contiene substancias nocivas á la salud.
EL DIGESTIVO ANDREW alivia SJDIPRE que se toma conforme á las instruc·
ciones que acompaí1an cada tubo.
EL DIGESTIVO ANDREW al contrncio de otros digestivos, alivia radicalmente

•

•

EL DIGESTIVO ANDREW

para toda la vida.
alivia con g_ asto muy reducido, pues bastan seis tubos
para la curación de la enfermedad d\;:l Estómago más

•

EL DIGESTIVO ANDREW

rebeldl·
fué inventardo en 1820
"'ríeccionado por los legítilll.os
herederos del célebre l., Andrew en 1886

♦

y •

♦

♦

♦
•

es :tpcritivo y estimnlnnte.
tiene famn universal.
cura las malas ó lentas digestiones.
cura ]a Gastralgia reciente ó ·crónica.
cura Ja Acidez del Estómago y los cólicos.

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW

~ ♦

DE VENTA EN TODAS LAS 'oROGUERIAS

♦~
•

♦
♦

.•

¡ ••••••••••••••••••••••••••••••

. Hay grnn va,iednd de d,cujos, tanto en Camas Inglesas, como en las fa- Z

~ bricadas en los talleres de esta Casa, y los interesados pueden conocerlos pi- ir,
diendo catalogas á los s~ilores
►

•:
••

•
♦

:

FABllY&lt;1A. nJ.&lt;;ocoLC-ITONF.-'
ALA1'.1BRE DE ACERO TEJIDO DL'PLO cox RESTIRADOR DE PATENTE.-LOS L'NICOS ~
QUE TIENEN A.(:EPTACIO.K POR SU BUENA CLASE
,...,,

=
~

I

♦

Especialista para las enfermedades
de las señoras, a' .. cciones de la M-1.Ttuz, de las
MAMA~,

o·,•gest;vo Andre·w :.

:.

POR EL DR. LUIS CLl!l\lENT.

•

f~

~ectterbo_z be ra función be caribab efectuaba er ~omingo 15 be!'. actuar

Las enfermedades de LAUINTUiA. . . . . . . . . . . . ,,...~~♦♦♦♦♦$♦♦.., ♦.;, ♦♦♦♦♦♦• •

•=•: •••LA NuEVA NDusTRI A• •••• •
111
'"

•

De ••nta •n toda ■••• Tiendaa, O,ogu•rla ■ y Botlo ■■

♦

14

NUMERO 8.

UN/COS AGfNTES: NO'IARO &amp; GfESTCHEL, CALLEJON DEL ESPIR/TU SAIITD IIUM. 1. MEXICO

r.:.~=====~==~========~-~===~-~=~.:-71 ♦

••

MEXICO, AGOSTO '21 DE 1897.

TOMO,11

La Harina de Waggne r
hace crecer los niños robustos y
contentos. Tomada en 111s d&amp;sis que

La Harina de Waggner
se incorpora con la misma facilidad
que la leche de la madre, y lo puede tomar la criatura más tierna con

Gnastasio lbJestas 1? (!ompañia,
2~

;

•

DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 957. :•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES--

AGENTtS GENERALES

:

:

EL VINO SAN GERMAN
Es el tón.ico Inás e•1.érgico.

de este periódico en Centro
América, Sres. J. M.. Larduábal y Compaflía, Guatem~la.
Están autorizados pa1a arreglar contratos

y euecri pcionea.

para auuneioe

l
•'

1

1
'

LS&gt;s reinas de la fiesta

áieñoritaJZS @&lt;trtcta §isJZSemma1111, ¿lomifil'a J~ióafgo, J:upe ~it&gt;a t? @erva11teJZS, ~uCia ¿bióafgo,
Jhneria ~isJZSemmann, ,$ara @'.6ai&gt;ero.

�EL MUNDO

"JtL MUNDO "
Semanario Ilustrado.

·ToJ6fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
KÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re·4acción, debe eer dirigida al
Director, Lic. Rafael Re;,-ea 8pindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Toda la correspondencia que ee relacione con la edición
debe eer dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Mo&amp;"Uel.
La subscripción á EL MUNDO vale fl.25 centavos al
mee, y ee cobra por trimestes adelantados.
Ndmeroe sueltos, 60 centavos.
A.visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa10 debe ser precisamente adelantado.
BBG18TBADO COKO A.JITÍCOLO DB Sl!IGUNDA CLABB.

Motas tbitorialts.
Duputs be mebitJ siglo.

der presentar lin instructivo cuadro referente al eetado
actual de esta industria. Del atento examen de las cifras
que pasamos á exponer, se desprenden las conclusiones.
He aquí loe datos á que nos referimos:
La industria periodística del.a ciudad de Me.rico tiene un
dE:eemboleo an11al (aproximativo) de$ 576,000, distribuidos en eeta forma:
Jornalee á cajistas....................... $ 216,000
Id. á prensistas.................. ,, 36,000
Redacción ................................. ,, 72,000
Papel ....................................... ,, 180,000
Gastos ~eneralee (A:lministracióa,
Correo, etc............................. $ 72,000
Suma....... $ 576,000

Alemania, que pudiera considerarse segura por la or-ganización militar en que ee asienta el imperio, conver-.
tido en vasto campamento, busca en el ensanche y deea•
rrollo de su marina de guerra, puertas por donde ee ea-.
cape su riqueza.
Francia, con un presupuesto de cerca de tres mil quinientos millones de francos, dedica casi las dos terceras ,
partes á loe gastos del ejército y de la marina, y no satisfecha coa ese inmenso sacrificio que gravita sobre la.
producción del pa!e, aun pretende emplear nuevas cantidades, y á ese efecto, las cámaras han autorizado loe
créditos solicitados por el Gobierno.

***

Esta cifra representa el gasto total de loe editores, die•
tribuida entre loe varios elementos de trabajo que entran
á formar en la negociación. U na industria que paga
anualmente jornalee por valor de 252,000 pesos, que proporciona al trabajo intelectual mlie de 150,000 pesos; y
que contribuye al sostenimiento de otra industria con la
suma de 180,000 pesos, ocupa-dentro de las condiciones
económicas del país-un puesto de importancia.
Pero estos 576,000 peeoe representan solamente loe des•
embolsos anuales de las empresas editoriales; no es la
cantidad satisfecha por el público para el sostenimiento
del periodismo. Para obtener esta cantidad es preciso
agregará la suma desembolsada las nfüidadee realizadas
por las segundas manos (agentes y papeleros) al poner
en venta las publicaciones.
Según cálculos que concienzudamente hemos hecho,
dichas uUlidadee no bajan de unos 300,000 peeoe al ano,
que agregados á la cifra citada, arrojan un total de 036,000
pesos
Esta ee en realidad la suma satisfecha anualmente por
el público, lectores y anunciantes.
Y esto solamente para la prensa de la ciudad de Mé•
xico.
Renunciamos á comparar estas cifra&amp; con las que nos
pudier.i proporcionar la prensa de otras naciones, por
querer conservar la ilusión á nuestros lectores.
Pero de todos modos creemos eEtar en lo justo, al aeig•
narle un p:rnto de importancia y considerar arraigada,
una industria, para cuya subsistencia necesita derramar
el coaeumidor cerca d~ u,¡ millon de pe.sos todos loe años.

Iniciadaeen ese camino las naciones europeas, no quie•
ren ver el problema formidable del hambre, que se Je.
vanta como un espectro en medio de su grandeza.
Si como en loe tiempos antiguos, el mundo civilizado
estuviera reducido al continente europeo, y no existiera.
esa solidaridad que ata á loe pueblos todos de la tierra
por medio de las corrientes mercantilée, que transportan
loe frutos naturales y loe productos de la industria de
zona en zona y de continente en continente; si loe asombrosos progresos modernos no hubieran suprimido las.
distancias, haciendo que las eecenae que se desarrolla.
ban antes en la estrecha cuenca del Mediterráneo, ten•
gan ahora por teatro la inmensidad de loe maree, ee
comprende que la vieja Europa se concentrara en sí misma, atendiera excluei va mente á la sinfonía de su política,
y no advirtiera el peligro que puede hallar en el gran
desperdicio de funzae, en el despilfarro de energías á
que la conducen sus odios fanáticos y sus añejas preo•
cupacionee.
Pero hay algo más que la monárquica Europa: como.
lae pertnrbaciones atmosféricas se comunican de un
punto á otro en la euperficie de la tierra, loe estremecimientos de la familia humana repercuten del uno al otro
continente. Ya no existen las murallas chinescas que aislaban pueblos y naciones de la comunidad; no son va• •
liadares suficientes las altas cordilleras ni loe anchoe mares para niarcar fronteras en la unidad de loe pueblos.
Desequilibrios fiaancieroe, sacudimientos mercantiles
verificados en Sidney ó en H•rng•kong, repercuten con
precisión en loe mercados de Nueva York ó de Londres;.
una quiebra ruidosa en Buenos Aires hace vacilar esta•
blecimientos de crédito secular en Berlín y San Pd•
tereburgo.

,Dlttica ®.entrttl.

***

El vienes·de la anterior semana ee ha conmemorado el
quincuagésimo aniversario de la acción de Churubueco.
Cincuenta af!.oe van transcurridos desde la dolorosa jorna•
&lt;la en que el heroiemo nacional, encarnado en un pufiado
ue valientes, ee estrelló contra la imponente masa del
&lt;·jército invasor americano. El tiempo, tribunal inapela•
b!e en la vida de loe pueb!oe, ee ha encargadode restaf!.ar
la E&amp;ngre de las heridas y cicatrizar las llagas: medio eiKlo de informaciones extraidas del más alto sentimiento
ue justicia, han ba9taio para dar otra orientación áloe
eepírhue, y fi¡ar sobre baees más sólidas loe sentimientos
recíprocos entre las dos Repúblicas.
En eetaa páginas aganas á las paeio!lee de la política,
extraflae á loe prejuicios de banderías, en las que hemos
procurado siempre permanecer impa11iblemente serenos
y correctamente fríos, es donde acaeo puedan sólo expre•
earee ideas de tal naturaleza, y ser ellas escuchadas sin do•
losas tergi vereacionee.
México, durante eu largo período de gestación nacional.
ba tropezado con más de un país dispuesto á ejercitar
contra la naciente R3pública actos de fuerza opresora.
¿Cuál es el pueblo en el mundo que no ha tenido que
combatir contra otros pueblos? ¿Cuál la nación que no
lleva eo su historia la sangrienta cicatriz producida por
nn viejo adversario, hoy amigo y camarada? Y estos re·
cuerdos empalidecen, estos actos acaban por desvanecerse,
cuando loe agresores de ayer procuran buscar en otro RE.SUMEN -La enfermedad de Europa.-Preocupaurden de hechos eu lfaea de conducta.
clonea hlatórlcaa.-La paz armada y el equilibrio
No sería posible que las naciones vivieran en agresión
europeo.-Fuerzaa lnútilea.-EI problema político
constante con los Estados con loe que antaf!.o sostuvieron
y el problema económlco.-Loa pueblos viejos y
1impefloea11 luchas. Esto sería sencillamente declarar á la
loa jóvene■ .-La lucha de lntereaea.-Conclualón.
humanidad tln estado de guerra permanen\e. Por eso ve•
,nos que en aniversarios semejantes al del viernes, las mo•
No es envidiable por cierto la situación de la vieja Eu•
dernae nacionahdadee evocan desgracias patrias imborra- ropa. Al considerarla en conjunto, nótase un malestar ge•
bles, episodios de elevado heroiemo, pero jamás pretea- neral que se traduce al exterior en movimientos doloro•
,l~n la conservación de un rencor inextinguible. Eepafia sos, que revelan sus hondos padecimientos.
conmemora su e de Mayo, no por reavivaren olvidada ene•
Dedicadas las agregaciones sociales que la conefünyen
111istad á Francia, sino por rendir homenaje á amadas á la observación de ene vecinos, en quienes miran rivales
sombras.
aborrecidos, preocupadas con alianzas y coalieionee que
Y aei vamos también nosotros á Churubusco: no en las proporcionen la maner1 de preponderar en su trabason de proteatae contra pasadas injusticias; no á encen- • joso equilibrio, excitadas solo por odios tradicionales y
,ler hogueras extintas; vamos con el espíritu tranquilo y
rencillas históricas que las apartan, no ven el abismo que
1.1 conciencia serena, ante la idea de que frente al trágico
han abierto á euepies las exigencias inagotables dela paz
, ecuerdo del pasado ee alza la consoladora realidad del armada.
vreeente. •
La deeconfianaa de unos pueblos ha engendrado las
Las épocas tienen sus crueldades y sus sacrificios; pero aprensiones de otros, la envidia de éstos ha despertado
, 1 senUmiento de la justicia ea un ideal eterno hacia el
las ambiciones de aquéllos, las amenazas de una parte
que la humanidad se encamina infatigablemente.
han provocado necesariamente loe recelos de la otra, y
en círculo de hierro estrechadas, han ido cavando i;ioco á
poco la obscura fosa donde entierran sus energias, eepul•
tan sus activiáadee, agotan sus fuerzas, que se consumen
Un millón ile ¡,esos atmaie5 inuertiilo5 en d
en ejércitos ii.númeroe y formidables eecuadras.
¡mioilismo.
La Gran BreL&amp;f!.a misma que por su admirable coneti•
.N"o se tiene en el público u na idea aproximada del pro- tución, fruto de numerosos factores históricos y polítigreso alcanzado por el periodismo en estos últimos diez cos, pareclaen eu espléndido aislamiento apartada y agena
"1ios. SJlamente el conocimiento de loe datos que ema• á esos deeafioeintemacionalee, y por en es~rucmra social,
uan de esta industria, pone de relieve el avance obtenido se consideraba libre del peso abrumador de loe grandes
ejércitos permanentes, ya ee ve constreñida por las ciren ella.
Un estudio largo y meditado, aceros del desarrollo de cunstancias á seguir la corriente general que á todos
las empresas periodísticas, nos coloca en situación de po- arrastra.

Una inbtt5ttia que progrestt.

DOMIIIGO a:a de AGOSTO de 1897

Por eso un ilustre publicista francés, que se ha puestoá estudiar con sano criterio y abundante ciencia el esta•
do patológico de Europa, y ha anal:zado con ojo preví•
sor los alarmantes síntomas que se ofrecen á l~ consideración del sociólogo, expoae con toda claridad loe funda•
mentoe de su diagnósticC', y llega á conclusiones pesimistas y desoladorae.
En el estado de paz armada, que casi es un estado
de sitio y por sus gastos equivale á una guerra perma•
nente, la Europa ee enerva; no corresponden sus inmen•
sos gastos al tributo racional que puede exigir de los,
pueblos, como tampoco está en relación el eneanci.ie in•
definido de los presupuestos con el aumento de la pro•
ducción.
De este deeequilibrio fundamental, de esta divergen•
cia palpable ent, e las fuerzas vivas de las naciones y su ,
trabajo útil en bien de loe asociados, es de donde nace,
según opinión autorizada, ese malestar general, ese descontento que brota en todas partes y á veces tiene mani•
testaciones salvajes, explosiones fanliticae, que ee revelan,
en las utopías de los Búcialietas y en los atentados bruta•
les del anarquismo.
Más que un producto del descreimiento, más que un
engendro de la desilusión política, más que un resu1'ado .
del desencanto de las Dlaeae, al mirar vacfos sus taber•
náouloe y derribados sus tdolos, el estado presente es la.
consecuencia de un fonómeno puramente económico.

***
Loe pueblos viPjoe se dedican á levantar ejércitos y á .
armar escuadras formidables; gran parte de su actividad
ee consume en esta tarea improductiva; hay millaree de•
millares de brazos que se quitan al campo y al taller pa•
ra emplearlos e~ el cuartel, y hay millares de millares.
de pesos que se apartan de lae empresas productiv!lB pa·•
ra utilizarlos en armamentos y acorazados.

DOMIIIGO u

de AGOSTO de 1'97

EL MUNDO

En tanto, loe pueblos jóvenes gastan todo su vigor en
•u progreso y e11grandecimiento, aplican todas sus energías al bienestar individual que es el bienestar de la co•
munidad, y libres de tradiciones esplendorosas y agenos
4 la grandeza hietóri:a que se funda en las coaquietae
1nerrerae, caminan por la ancha vía del positivo ade•
lanto.
Asombra la inmensa actividad desplegada por loe Ei. tadoe Unidos en su fabuloso industrialismo. que amenaza
inundar loe mercados europeos con sus variados produc•
wa baratos, duraderoe, y por lo mismo capaces de com.
petlr ventajosamente con las antiguas induetriae. Pasma
la multiplicada producción de las colonias anetralianae,
de las semi-naciones di~ Africa, de las Repúblicas endamericanae, que inundan todas las plazas de aquende y
allende el Atlántico, coa sus ~ariadoe frutoe. Admiran
Jaa grandes eDergfae de que ha dado muestras el Japón,
pueblo venido apenas ayer al concierto de la civilización,
admiran las energías desplegadas en tan corto tiempo,
para colocar los numerosos productos de su industria, á
altura envidiable, y en capacidad de competir con loe similares de cualquiera otra parte.
Quéjanee los aldeanos del centro de Europa, de que
ya no puede'n vender su mantequilla, que ha sido derro•
uda por la margarina; laméntanee loe metalurgistas de

LA CUADR1LLA.-Lui8

Leal, El Sordo, Boto, Naranjito, Cualro Dedos, Pipo, Llal'erito, Torerín, Madrileíío.
huantepec, corrida que debido á loe esfuerzos incansables de loe eefioree organizadores, D. Apolinar Castillo,
D. Ramón Prida y D. Juan Dubláa, m 0 recedoree en es•
ta vez de todos loe elogios, tuvo un lustre inusitado. No
sería, empero, esta circunesancia la eóla que nos impul·
eara á dedicar unas páginas al espectáculo, puee atendi•
do el carácter de nuestro semanario no encuadraría él
del todo en nuestras columnas, si al éxito completo de
la corrida no ee unieee la consideración del a1'o fin á
que estuvo destinada y-como nota artística-la oportu•
nidad de ofrecer á loe lectores una colección de fotogra•
fías perfectamente detalladas, al f1ente de las cuales fi·
guran loe retratos de las distinguidas eefioritae que graciosamente fungieron de reinas.
Fueron estas las Sritae. Sara Chavero, que veet!a es·
pléndido traje azul obecuro y llevaba sombrero adorna•
do de hermoeas plumas negras; Guadalupe Riva y Cervantes, que lucia un traje plomo con guarnición blanca;
Srita. Eisemann, que veeUa bien acabado traje azul y
llevaba sombrero con plumas blancas; y Sritae. Hidalgo,
elegantemente vestidas de eatfo crema y blanco.
A estas reinas, que de hecho lo son por su elegancia y
hermosura, hicieron loe honores loe Sres. Lic. Ramón
Prida, Apolinar Castillo, Juan Hidalgo y J. Lemmene.
La concurrencia fué extraordinariamente numeroea,
como lo muestran nuestras fotografiae, y . la animación
:ndeecriptible.
No podían esperarse quienes con loable afán han procurado aliviar el infortunio de nueEtroe hermanos de Te•
huantepec, más lisonjero resul~_do.
Ello merece felicitacionee';y son muy cordiales las que
lee enviamos.

El Boto citando á paaar.-[a !&gt; toro]

que no pueden resistirá la baratura del hierro americano,
y duélenee loe tejedores de que no pueden fabricar telas
tan baratas como las japoneeae.
Y en eee estafo los presupuestos crecen, loe ejércitos
se multiplican, las escuadras tardan más en construirse
que en exigir nuevas reformas, y los gastos que di;iman•
dan estos cambios y estos desarrollos gravitan indefecti•
blemente, sobre las fuerzas vi,ae de los palees. ¿Qué re•
medio para esta enfermedad? ¿cuál tratamiento será ade•
cuado para combatir el fenómeno que arranca de tan hon•
das raíces?..... .
El publicista á que nos referimos, no lo indica; pero
mucho es hliber eefialado con tanta claridad, las causas
que provocan la dolencia social. Ellas mismas están di ·
-ciendo cuáles son loe medios para combatirlas.

..

X. X. X.
10 de Agosto de 189i.
UNA CORRIDA DE BENt.FICENCIA.

NUESTROS GRABADOS

Loe diarios, en el argot de usanza, dieron oportuna·
mente cuenta de la corrida que el domingo último se
efectuó en Bucareli á beneficio de las víctimas de Te•

Suerte de vara, (Arriero chico )

�EL MUNDO

l.sa

DOMINGO

22

de AGOSTO de 1197

vigor, en una palabra, tan semejantes entre sí cuanto es
poaibli, y las ha plantado la una al lado de la otra, pero
de tal manera que seis de ellas estuviesen ampliamente
alumb:-adae por el sol, en tanto que las otras eeie estuviesen abrigadas por una pantalla de madera.
Las habichuelas han florecido y han dado sus legumbres. Pero luego pudo hacerse una advert.encia: en tanto
que el peso de las vainas frescas era de 09 para loe frutos de h1e plantas asoleadas, no era máe que de 29 para
loe de las l)lantae abrigadae. Después de secos, loe grano&amp; alumbrados peeaban todavía tres veces el peso de
los gra.ooe lliadu1adoe á la sombra. Pero esto era de
preverse.
Lo que fué más inesperado, es que al afio siguiente,
habiéndOEe sembrado loe granos y habiendo eetado to•
das las plantas nuevas expuestas al sol, la recolección proporcionada por las obtenidas de loe granos formados al.
la sombra, fué aún inferior en una mitad á la propor•
cionada, por las plantas surgidas de loe granos aeoleadoa.
Et experimento ee proeiguió y en el cuarto afio, laa
plantas nacidas de granos formados á la sombra cultiva·
doe durante ~rea generacionee, pudieron aún formar florea
pero no llegaro.o á dar frutos.
Faltando el sol la raza se había extinguido.
Nuwerosae observaciones del dominio de la medicina
prueban que casi otro tanto pasa con las generaciones
humanas.

Eduardo Leal ( llave rito) colocando una estocada.

INFOR~ACIONES
La juventud criminal

Es muy importante inveEtigar eu que medida la cril!linalidad, y también el suicidio, han invadido en ee'e
ú!Umo medio siglo, el dominio de la :nfancia. Tal investigación conduce por lo demás á obllt'rvacionee dema•
aiado d1-sconeoladoras.
De 1s:m á 1880, en tanto q11e la criminalidad de loe
adultos se triplicaba, la de loe menores de l6 á 20 ee cuadruplicaba cuando menos en lo que concierne á loe va•
ronee.
En cifras ab90lut.ae, el aumento ha sido, para estos
• úl\imoa de 5 933 prevenidos á 20,480, para lae hembras
de 1.046 á 2,8.~9.
En 1894 el número de delincuentes menoree, ee elevó
á 28,701 y el de lae menores á 3.616. La pro1reeión ha
. sido, es cforto, relativa á la vagancia y al robo, pero loe
. crimene·i1 propiamente dichos, han progresado igualmente.
Si ee considera exclueivamente los aeesioatos, ee encuentra, de 1856 á 18H0, en Francia eólo 20 acueadoe de
16 á 21 años, se encuentran 30 en 187H-1880, y 39 en
1890-94. El núm,:,ro se ha doblado pues en cuatro años,
en t.anto que el número de asesinatos imputados á loe
adultos, aumentaba apenas.
La marcha del suicidio, entre los niños no ha sido
menos desoladora en Francia. De 1,~3U á 18-10, se cuen•
tan 19 suicidios en niños menores de 16 añoe. En loe
periodos quinquenales siguientes, el número de caeos ha
progreeado como sigue hasta 1891-9!- 20, 24, 29, 26,
2S, 31, 51, 61, 70, 75.
Para loe menores de edad de 16 á 21 años, la cifra ha
crecido más pronto aún.
De 128 en 1,836-40, se convierte
en 1881-S5- :J09.
« 18S!l-90- 366.
« ISHl-94- 450.
entanto que el suicidio entre los adultoe, de 1831 á 94,
pasaba de 6, 7-11 á !l, 703, es decir, aumentaba en la relación de 153 á 100 (en catorce afios solamente), el de los
menores crecía en la de 176 á 100.
Este mal no es, por lo demás, propio de Francia: es ge.
neral. En México, en estos últimos ai'ioe, la cifra del sui•
&lt;lidio y otros delitos, entre loe menores se vuelve alarmante; sólo que observación tal no puede consolar ni á
loe franceses ni á noeotroe,
En Alemania, de !H8S á 1S93, el número de penados
-de doce á dieciocho años ha aumenta-lo en treinta y dos
por cien.
En Inglaterra, la categorí11 de loe menores de diecieeia
años condenados á azole8 ofrece un aumento lamentable
-de 585 á 3,192, de 1864 á 18!14.
Todas estas cifras eon dadas por M. Sarde, jefe de la
~atadística criminal en el Ministerio de J uaticia de Frao.
~ia, en una carta abierta dirigida á M. Bueeson, antiguo
director de instrucción primaria.

El eabio escritor y psicológico encnentra absurdo acu•
ear á la escuela de tofo este mal. Ye en él loe signos de
una época de traneición, en que el escepticismo no ea·
be ya en qué apoyar la noción dt!l deber.
Un nido de papel.

Se puede ver actualmente en el 1\Iue1-o de historia natural de Mona, mucooe ejemplos dt, singular modifica•
ción, entre otros un nido de papel.
Eote nido está hecho exteriormente con tiritas de pa•
pel, soldadas con briznillae, fibras, telas de araña, etc.
y el interior está guarnecido dP plnmae eobre loe bordes. M. E. Hublard que describe 1&gt;ate nido singular nos
dice en que circunetanciae, el pájaro utilizó las tiritas de
papel.
En el mes de Mayo, en el momento de la construcción de esté nido, fué corrido un Paper Hur,t en loe alrededores. Siguiendo el uso de este juego, el caballero que
figuraba la bestia, eem br6 á su paso para rr,arcar la pista, t.iritae de papel, que rec&lt;'gidas por el pájaro y diee•
tramente entrelazadas, constilllyeron entonces la envoltura del nido.
Los efectos de la Sombra y de la luz en la vida
de las plantas.

M. Jbon Clayton ba tomado doce plantas de habichuelas de la misma variedad, de la misma edad, del mismo

DOMINGO u de AGOSTO Dl •1~17

EL MUNDO

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
3?',000 Inlllas &amp;obre lo@ D1are11.

Otras ocasiones, montados en buggy, paeeábamoe contentos alrededor del lago, in·
'llleneo vivero donde ee perna en coche por los bordes, ó en ligeros cayucoe, sobre las
·ondas rizadas, emtiriagadoa con un ambiente perlumaJo por el aroma de mil floref, y
regresábamos á la población, alumbrados por la luz fugaz de millones de coc11yos que
· con eu fosforescencia iluminaban faniáeticamente las boecoeae avenidas de Honolulu.
El dla 3 de Julio entraba majeetu&lt;'ea al puerto la fragata auetriaca S11ida·, que ha•
•cía como nóeotroe un viaje de circunnavegación; cambiadas lae visitas oficiales,
•eetrechóee amistad muy áa:iplia entre ambas dotaciones y en repetidos reuniones á bor·do de ambos vaporee tuvimos la satisfacción de haber lsmiliarizado con la simpática
•sociedad Hawayana que nos llegó á ver con fraternal confianza.

XIV
ADlO~ AL PARAI80 DEL PACÍFICO,

Era el 12 de J11lio y seguíamos en nueet.roe agradables pasatiempos; por las tardee
•cuando la briea refrefCaba el caluroso día. á la eombra ,1e c orpnlent-aa mimoeae qne á
uno y otro lado de las avenidas, formaban hermoefeima bóveda, llevados en coche ó
·montados en bicicleta veíamos desfilar á la multitud, verdadera coleccióu de tipos
:asiáticos en eus originales atavloe, contraelando con el arrogante traje europf'o.

poético y fosforescente cocuyo, y enti'e tanta beldad hawayana, os garantizo que no
saldríais del Hawaii, y si por obligación lo abandonarais, siempre, por siempre, man•
darfaie vuestoa recuerdos y suspiros.
Por fin era tiempo de abandonar el Hawaii, dejarlo, quizá, para siempre: seguir
avante, avante, haeta llegar al punto de partida.
Ya todo estaba listo. El d(a 12 salió la fragata S .lida á la vela rumbl al Japón: al
despedirse, eu música tocó nuestro Himno Nacional.
Nos citamos para Yokobama y nos quedamos ultim1ndo nuestros preparativo3.
Por fin el día 14, á las tres de la tarde, soltaron los cabías de popa, levam?s an•
clae, y un centenar de botes, con nuestras amigas carii'iosae, ee de3pidió, hasta que
el ba·co nuevamente agitaba las aguas del puerto, triste, deecontento de dejará Ho·
nol11lu.
1Adiós para siempre paraíso del Pacífico!

Preparamos con todo cuidado el folletín
correspondiente al mes de t:-ieptiembre, procuranao que sea tan ameno como loa anteriores, y que Hegue con Ja opormnidad acostumbiada á manos de nue:,,;tros abonados.
1-i uestros lectores se habrán fijado en que
la novela i1rnnrada que publicamos actualmente, reune las condiciones que nos propusimos lleo11r para hacerla aceptable del
todo: moralidad, belleza é inter('S.
Tales serán 11sí mismo las condicionffi de
todas las obras literarias que publique nuestro stmanario.
OTRO PAGO DE $8,000.00 DE LA MUTUA
EN LlON.

León, 29 de Julio de 1897.-Sr. D. Carlos Sommer, Di•
nctor General de «La 1\lu,ua" en México. - Muy estima•
do Bt'flor:
El Banquero en esta ciudad de la Honorable Compa•
fila de s~guroe sobre la vida «La MuLua" di' Nueva York,
de la qne es Vd. digno Director en esta República, me
ha enLregado la enwa de (3 000 00) tres mil pesos, como
valor de la póli "ª núm. 578 505, de mi finado eepoeo el
Sr D. J uetiuo Hüroer.
R~conozco agradecida la rnma eficacia con que Vd. ha
procedido en la liquidación de este siniestro, aumentan•
áo con eeta má•, las numeroeae pruebas que ya ha dado
«La Mutua" del emptflo con que acoetuwbra llenar loa
compromisos co::itraídos con sue aeeguradoP.-Soy de
Yd. 11fma., atentíeiwa y 3. S.-.ELE:u P. DE HüRNER.

Estaeión del ferrocarril á Tokio en Yokohama.

1\fezcladoe entre tanta variedad de 6eonomíae y moda~, oyendo lenguajes diatio•
"toe, saludando por todas parte •, amigos del muodo entero, deteniéndonos aq uí y acu•
lJá, nos dirigíamos por fin al lugar de cita: al boeque del \\'aikiki.
Pasábamos por la calle de la Reyna, cuajada de elegantes B unga1ou.8 con jardines
•floridos y parques tapiza1oede ceeped; contiouábamoe después por laA,venida del }lar
y luego por la interminable galería de copudas grevillae y atmosféricas, basta llegar
al cabo de tres millas al curioso boeque del Waikiki.
La montaiia sagrada, volcán extinguido, dejó en la remota época de eu actividad,
multitud de promontorios separados naturalmente pc,r el m&gt;lr, que penetrando en e l
espacio libre, formó canales, sobre loe que se han colocado riísticoe puentee que dan
al local el más pintoresco aspecto; una abra del mar llena por un banco de coral y
· convertida en lago, forma un expléndidu vivero que han sabido aprovechar muy bien.
Hay algunos puntos del lago, donde el fondo, á ci ocuenta ó sesenta centímetros, es
plano y transparente, y fácil ea atravezarlo en buggy sin peligro; figuraos q11eridaa lec·M&gt;ras, que después de un paseo en vuestro bermorn carruaje por parques y playae, lle•
· pie á la margen de un lago que tiene cinco ...oillas de largo y penetraie á pescar en
vuestro propio coche; después seguís dentro del agua basta que paeado el l11go llegaia
al hotel.
.
Al descender os espera un mirador lujoso y cómodo donde os sirven lo que gustéis
y oe proporcionan ropas á propósito para un baño de mar, que invita con 11ue frescas
-ondae, y eatiefecbae del paseo, en las varandae de magnifica caea veraniega, halagan
vuestro oido con música esplé ndida y con cancioncitas nacionales de aquí, de )!éxico,
como La Paloma, el wala de Dolores, La Mamá Carlot11, y todo esto en un pala eituado
á millares de leguas de la querida patria, en medio del Océano.
Allí, coa amistades que os tratan á cuerpo de rey, con la diqueta de la alta eocie-dad, respirando una atmósfera tibia y perfumada, á la luz de una luna brillante que
-quiebra eue rayos en el desordenado follaje de las frondas, embriagada la ,vieta c on el
0

Las R!lnas ¡:1remiando á Eduardo Leal ( a )' Llave rito.

SEGUNDA PAH.T~.
EL PAIS DEL "SOL NACIENTE'' Y EL CllESTE IMPERIO

I
DE HONOLULU A YOKOHAMA
4,900 MILLAS.

Eran lae eeis de la tarde; el sol se ocultaba como siempre, hermoso, reflejando euA
últimos rayos sobre las hermosas ealientee que las islas Sandwich formaban por el NE
El P8incbuta11 apenas ee notaba como un ligero picacho cubierto de nubecitas; todo ee 'l'efa como jngnete, se necesitaba aguzar la vista para distioguir aqnelloe sitios
que 24· horas ántea pisábamos contentos. Al anochecer todo se perdió con la luz y q 11edamos otra vez como uo punto en el océano.
Al día siguiente el mismo horizonte sin límitPe, en el mar tranq11ilo, que de vez
en cuando se eng•ueeaba por loe cbubaecoP, se ennegrecía el cielo á grao distancia,
arreciaba el viento y luego lluvia temptemcea caía á torrentes sobre nosotros, cubriéndonos enteramente.
Deepués todo pasaba, salía resplandeciente el eol para ocultaras nuevamente y llo
ver, lloverá torrentes; las temperaturas demseiado cálidas refrescaban y aprovechábamos loe chubascos para baflarnoe con agua dulce.
No puede imaginarse la buena impresión que produce una lluvia en alta mar, don•
de es absoluta la falta de agua potable, adee que la gema recoge en baldes el agua que
eecurre de loe toldos, de la jarcia, y en fin de donde puede y en primera oportunidad
la utiliza para el aeeo de su ropa y de su perrnna.
Seguimos el paralelo 21, que no abandonamos sino tresdiae llntee de llegar al Ja
¡:ón.

�_ _:•~S!,l4~==========================,;;"';;1;,-~M;;,;:U;;N,;,D;;;;;O~==,=============;O;;;O;•;;;:l■::G;O=•;•;;;;•;•;A:;;G;;;O;S~T;O=d;•;,;.1~

&amp;L MUNDO

DO M IIIGO aa de AGOSTO d• 1&amp;97

135

•

)

Muzrriés, Kuruma y Ri nk icha.

Dos días después de nuestra partida de Honolulu, por 16 mura de babor, á cosa
de diez 6 doce millas al Sudeew, deetacáronee como á Ju cuatro de la tarde las extremidades de ios palos de un barco¡ todos creímos ver la Saida, nuestro compañero y ami~
go en el Ha waii.

Golpee de mar rugiendo se embarcaban por el combé;, llenando de agua los cafionee .y haciendo perecet hasta las gallinas que eran nueetro alimento en la travesía;
de las cocinas llenas de agua salían como ratas Johu-,ian y Lui,ye, cocineros chinos
qué nos eervhn á bordo.
La noche avanzaba y el temporal pereistía; rolando el viento al Norte primero, y
después al Este, fué un tifón que á corta distancia nueet,ra debió haber rodado con soda su intensidad
Aquella noche no pudo dormirse á bordo¡ }os cajon~s ea.Han de las cómodas, y todo lo no trincado caía, caía, produciendo ruidos y estruendos que ensordecían; nadie
podía sostenerse en pie y sobre la cubierta todo estaba ~mpapado. Entretanto, l&amp;
máquina y el t,imón funcionaban admirablemente; temíiiee un percance á cada momento; pero la confianza era inquebrantable¡ quizá no entraríamos al Japón al día si~
gu:ente; pero no debíamos estar muy distantes de la anhelada costa.
Por fin; á las tres de la maiiana del 2 de Agosto1 el viento amaina¡ la noche obscura, con una obscuridad caótica, nos rodea por todas partes y todos nos sentimos,
rendidos.
Descansamos después de tantas fatigas con la esperanza de arribar en breve á las.
playas hospitalarias del remotísimo país del lejano Oriente.

Llegó la noche y á la hora previamente convenida1 !e lanzaron de á bordo cohetes luminosos que fueron contestados por el barco¡ era la Saida que habíamos alean•
zado y que en plena mar contestaba nuestro saludo; él como nosotros no veía si•
no la luz de los cohetes y esa comunicación á distancia en medio dé la noche, bastaba
para producir íntima satisfacción¡ solo esperimentándola puede comprenderse la agra·
dable impresión qu8'se siente cuando perdidos en lai.ameneidad del oceáno, sabemos
que un barco amigo y conocido está navegando en las mismas aguas que nosotros y es
nuestro acompaflante invisible.
Como los QJares por los que. nave-gábamos son poco conocidos y sembrados de bajos,
cuya situación no está bien precisada, fué preciso redoblar la vigilancia, especialmente
de noche; !!e tomaba contínuamEnte la temperatura del agua y se largaba la sonda, con
frecuencia, para tener la seguridad de caminar en mar libre sin escollos.
Al pasar loe 180 grados del meridiano de GreenWich, tuvo que aumentarse un día
al mee de Julio, que fué para nosotros de 32 días.
La marinería no comprendió la determinación, que creyeron inaudita, hasta es ue
explicaciones reiteradas, la convencieron de que caminando nosotros de Oriente á OcII
cidente, en aentido opuesto al movimiento de la tierra, por cada 15 grados perdíamos
ENTRADA AL PUERTO,
una hora, así esqueal pasar el 180gradoe de Greenwichhabíamos perdido 12 horae v tendríamos que recuperar lo perdido, aumentando u.a día para llegar al puerto próximo
Al toque de diana, siguió el imperioso M&gt;que de babor y estribor de guardia, quecon la fecha que ellos llevaban.
De los veintitrés días que duró el viaje al Japón, no hubo uno en que no nos mo- es el llamamiento de t.odo el mundo á prestar sus servicios, y colocarse en el puesto,
jaran loa terribles chubascos propios de aquellas latitudes y de la época del año en que que le corresponde: teníamos ya á la vista la poédca y fabulosa tierra del Crieanibemum.
estábamos.
El día último de Julio ee cambió rumbo1 y abandonando el paralelo 21, ascenA estribor, un cono elevado hasta perderse en las nubes, eobreealía majestuoso dedíamos hacia el Norte, en línea oblfcua 1igeramente al Oeste1 para dirigir la proa el una cordillera alta é irregular, sombreada de verde obscuro, dea~acando ene desgarra-.
gran punto de referencia de Yokohama: el volcán del Fuei yama, que elevado á once das siluetas sobre el cielo teñido de gris; era el sagrado volcán del Fusi-Yama.
mil pies sobre el nivel del mar1 deja verse á distancia de cien millas mar adentro.
A babor,'.á más corta distancia distinguíaee una de las costal! del mar de Tokio, alb,
El cambio de rumbo no modificó sino la dirección de la marejadilla con relación montafiosa también, cubierta de vegetación rarl\, pero abundante, tupida, grupos,.
al barco, que, recibiéndola por las muras, balanceaba más que ántee.
campos esbeltos, bambúes con eu delicado follaje,mezclábanse. contrastando con el nu.
Por fin, á las cuatro de la tarde del día l? de Agoeto ee dejó sentir un viento ruda doeo yeequeleteadopino; entre las manchas de verdura destacábanse loe macizos de mil
al Noroeste que levantaba la mar gruesa·; la puesta del sol fué de mal cariz y el baró· coloree, plantas trepadoras enredándose hasta las últimas ramas del Kaki, arbol frut.al,
metro bajó muy notablemente; todo lo que presagiaba mal tiempo. Efectivamente, al• cuyos rojos frutos parecían bolita.e de fuego engarzadas en las frondas por manos deobscurecer, el mar, negro, eepumante y rugiendo como un coloso, movía el caeco le- las hadas.
vantándolo hasta la cresta de laa o1as gigantescas.
En el mar ya tranquilo, veíanse estrambóticas lanchas de junco con velas de bam•
Tomáronee las precauciones debida.e, se aviaron sobres, juanetes y maetilerilloa,
bú, donde se a~itaban algunos japoneses casi desnudos que nos miraban azorados, al
se aferraron las velas, poniendo los palos en la dirección del viento. Toda esta manio- travéa de sus OJOS de gato.
bra hacíase ya con el temporal l n::ima; terminada que fué se rompen las amarras de
Había millares de esas embarcaciones con numerosa población flotante¡ cada junla funda del mayor y suelta al vient.o, que azota, prodúcese con el zumbar de la co tenía á lo menos seis ú ocho individuos, unos completamente desnudos, otros cujarcia y bramar del oceáno, un estridente tlaqueteo. Un marineN que aferraba lama• . biertoa con eu kimono, especie de baia azul con signos cabalísticos dibujados en Ja esyor fué sacado de su sitio en un chacoteo de la funda, y solo su instinto pudo eal- palda; pelones todos y amarillos, amarillos como la icteria.
varlo de una muerte segura perdido en el rt)vuelto oceáno destrozado sobre la cubier•
Caminábamos á t.oda maquina1 y entre el paisaje siempre encantador, á veces se
ta del barco.
ostentaban á descubierto loe faros con sus pilastras de mampostería, bien labrada, y al

Estatua de Daibrits u en Kamákura.-Grupo de Oficiales del "Zaraa¡oza"'

lado una casita de madera con t .. jado nf'gro !" pue be de papel; de allí @alían también
una serie de indígenas con sus batas azules y una serie de muchachos tQnSuradoa.
Dd vez en cuando un b ,reo mercante, izaba una bandera blanca con un sol rojo en
el centro, y vimos multiplicaree e~t.a in'3ignia japonesa en todas partee: en loe faros,
en las casas, en lue botes1 en donde quiera.
La población no se destacaba aún y á nuestros ojos anhelantPB parecía inabordable.
Por fin á las nueve y wedia dütirguiéronee loa primeros palos de los barcos sur•
tos en la bahía y los dos m0gníficos rompeolas que forman el puerto de Yokobam0.
Al entrar, como hormigw.ero, como enjambre de abejas humanas, déjaee venir'un
Compacto grupo de sampam (botes) tripulados por una endiablada turba de desharrapados, gritando, ahuyando y queriendo subir al barco por todas partee; hubo ne cesidad de armar las bombas de agua para ahuyentar á aquel verdadero tumulto ja•
poné2¡ ofrecían articulo:1 de laca y de bambú 1 juegos de té, farolea, cest.os, baratijas de
todos tamaño!:', y otros mil presentaban tarjetas, que en inglés y lengua japonesa decían su nombre, domicilio y ocupación; pasábanee de un bote al otro, pisándoee, em•
puj ándose y armando una alguara infernal: era una p 1aga que caía sobre el barco.
El agua de las bombas pado mantenerlos á regular distancia; pero incansables en
sus tentativas, mfriendo los ardores de un sol que abrasaba, resistieron todo el día,
hasta que la noche loa vino á dispersar.
Entretenían se en comer arroz, que devoraban, empujá.ndolo en la boca con unos
palitos que llevaban con la mano, y con euma habilidad hasta la garganta.
Hicimos el saludo de ordenanza, y una voz fondeado el barco pudimos contero•
pla1· á nuestro antojo el especticulo que se ofrecia á nuestro:1 ojo:1 y formarnos cabal
idea del puerto japonés.
Barcos mercantes de todae nacionalidades descargaban 6 embarcaban mercancías ¡ otros, ya listos, salían á su destino 1 mientras que algunos entraban á descansar
de su larga traveeia. Era un movimiento comparable al de San Francieco ó quizá superior; en la playa, elegantes y suntuosos edificios europeos en medio de arboledas
@
ombrías, dábanle un aspecto hermoso¡ y en las únicas callee que se podían distinguir
rodaban carretelitas arrastradas por un hombre, cubierto con sombrero blanco 6 negro, en forma de jícara invertida. Por fin, eguijoneado por la curiosidad de pisar tie•
rra japonesa quería yo dejar la corbeta para conocer de cerca ese extraordinMio pueblo
III.
VISITA Á YOXOIUMA,

Yokohama, el puerto de mayor comercio del Japón es algo cosmopolita, sin embargo de ello sus habitantes indígenas guardan sus costumbres de hace cien afias y
aún cllando se mezclan con los extranjeros, se sirven de ellos y copian de ellos lo mejor y lo más útil, dejan en el dintel de sus casas t.odo lo exótico y aceptan lo propio
de su país en habitaciones, a)imentación, vestuario, religión y vida interior.
Pueblo de loe contrastes más raros, de lee costumbres más estrambóticas, le ha valido el nombre del Mundo al revé$. El Japón )la sido y seri para el mundo entero la

rnrpreea más grande, la maravilla más curiosa. Divídase la ciudad de Yokohama en
dos grandes cantonee: el barrio Europeo, y la ciudad japonesa.
Bien delineada la población, háceee la división palpable por Ja naturaleza misma
de los edificios: en el barrio Europeo todos son de mampostería y se elevan magestuo•
ea~ las grandes construcciones; en la ciudad japonesa todo es madera, tejas de papel,
calle~ angoata:1, puertas achaparradas, pisos de acolchonada estera de bamubú1 encrucijadas inextricables, sube y baja de callejones, árboles de formas artificiales figurando monstruos y animales abortados, sorprendidos en su desarrollo, enanos por la
fuerza inteligente y produciendo sin embargo hermosas floree y sazonados frutoi!,
Cruzada en todas direcciones, por canales anchoe en comunicación ~con el mar, se
hace el movimiento comercial exclueivamePte facil¡ por todas eartes ae ven puentee
de,fierro 6 de granito y por lo tanto el tráfi.:o de tierra y agua no se interrumpe nunca, siendo tan activo el movimiento que ee ad vierten los canales llenos de sampans (bo,
tea) mientras que los puentes soportan interminable procesión de traneeuntea y rinquichás (carretelas de un asiento arrastradas por un hombre.)
Alumbrada la población por luz eléctrica y por innumerable multitud de farolea
de papel de todos loe colore&amp;, formas y tamat'ios1 toma de noche un aspecto gracioso,
y si á eeto ee agrega el modo de vestir de los japoneses y sus zapatos de palo, que arrastrándolos al andar producen un ruido especial, se comprenderá la magia y el encanto que á. primera vista proporciona todo un pueblo raro, deecomunal1 artístico, suigeneris.

Amante de la diversión, gasta su tiempo en loalwulevardsy yoshivaras, y hasta muy
entrada la noche ee retira al descanso para entregarse desde muy temprano al trabajo.
Pero describiré con detalles mi vida y las impresiones recibidas de ese pueblo; re·
co'{lilaré mis recuerdos, volveré nuevamente, aunque sea con la imaginación, li eentarm~ en mi rinquWhá y ordenaré á mi J..-uruma (conductor) que me pasee por todos lados¡ tengo en él un cicerone que á la vez me sirve de caballo y de cochero y emprende•
moa el viaje.
Hace un calor sofocante y el sol brilla en todo su esplendor, sin que una nube in•
tercept,e eus rayos. Son las nueve de la mat'iana y el bo\8 Ghinehorro de á bordo me
conduce al puente del Gran Hotel; allí mi kuruma jukusaie, con su rinquichá limpio y
bien untado 1 está listo para correr; acostumbrado ya á mis largos paseos, tiene también
su itinerario.
Primero subimos al Hospital Naval Americano, donde encontramos deeauciado al
primer enfermo grave de nuestra tripulación, que quizá no volverá á pisar México: ea
el mayordomo Hernández, herido mortalmente de tuberculosis aguda; está tan débil
y demacra-lo, que espero su fin no tarde muchos días á pesar de las espléndidas con•
diciones en que está colocado.
Al ascender la cuesta, otros desocupados kurumas se ofrecen para ayudar al que
me lleva; la cuesta es muy empinada y se necesita de otro que empuje el rinquichá;
para pregonar sus servicios gritan una palabra que no es japonesa: siempre la creí
francesa, aunque la dicen en todas partee del Japón¡ es pus! que pudiera ser la segunda persona del imperativo del verbo potuée,

�EL MUNDO

DOMINGO

22

H

AGOSTO DE 1197

Después de una reverencia que la biso
Pues bien, os siguen veinte, treinta kv.·
inclinar casi hasta besar el suelo, me pre•
rumas, grHando tras de vuestra carrete•
guntó en mal inglés ba~! en lugar de bath;
Jita, pus! p11~! p11s! hasta qull por fin algu·
conteetéle afirmativamente, v ac10 con\1·
no de ellos empuja el carrito y así cm
nuo con habilidad extraordinaria, ;toma
má~ facilidad se llega á la cima del barrio
como con pfnza9 entre el dedo grueeo de
extranjero; le aohaie un niquel de cinco
eue piéa y loe otros sue zapatos de palo.
centavos, y seguís con vues1ro hombre8e compone cada uno de una~lámina de
C(lballo, que á todo trote y :sudando á ma·
madera ovalada, de una doble cinta uni,
res va solícito á donde queraie.
da á ,a fXtremidad anterior, terminando
El barrio extranjero, donde están ei·
pegads, á los costados de la misma láml•
tnadoe loe principales edificioP, ea muy
na; en la planta llevan dos paralelas y
pintoreEco: avenidas a¡,gc etas en pro·
p •rpendicularee á la primera, nna hacia
nunciados declives, eerpentean en medio
la punta del pie y otra al nivel del talon;
de boeqnes y jardinee, donde ee levan1an
estos zapatos los usan de la puena de su■
po~ticos castillos de madera y mampoe•
habitaciones afuera y Ee dejan siempre
terfa; pero loe jardines son dignos de co-·
en los dinteles; de modo que cuando que,
noceree.
rái~ saber cuantas personas hay en el
Sólo en el Japón se ve cosa Femejante:
interior de una .:asa, lo podéis averiguar
allí todos loe árbóles y plantas reciben y
por el número de zapatos que baya á la
oetentan formas capricboEas á volnntad
puerta.
de loe horticultores; hacen con el follaje
ProviEta ya de sue zapatos empezó la
rombos, eeferae, fignras de todas claees,
muzmé su tarea de preparar el bafio con
1rnimales, entre los que prPdominael dra•
paso corto, dirigiendo la pu tita de loe piée
¡zón. Para eimular esta fiera cláeica del
hacia dentro, y haciendo un cric-crac ee•
Japón se valen de las plan1as trPpadoUn plantio de té.
pecial con el calzado á cada movimienM&gt;.
ras; así es que la tenei, de todas formas
Remangado el kinano y luciendo unoe
y adornada de todos los colores que la
prestan h variedad de floreP, que al brotar de la mrzcla de rspecieE que concurren á brazos torneados y unas manoscotrl'ctamente artísticas, disponía el agua, traía la jícaeu formación cubren el cuerpo del monstruo con caprich•JEas manchas multicoloree, ra de laca, el jabón y un cubo de bambú; por ser extranjero, fu( favorecido con una
silla.
que sólo el arte japonés conoce.
Listo ya el bal'lo, y eiempre riendo me dice en eu escaso inglés: gude por good o
No hay planta, por pequefia que sea, q 11e no sea cuidada con todo esmero; el cri·
eantemum, con sus variedades infinitas de flores diseminadas en lotes, se ve en todas ready; apréetome á tomar mi deseada alusión, previtindo la incomodidad de meter,
me en una tan improvieada tina, pero como no podía encontrarse cosa mejor, la aceppartes salpicando de vivos tintes el vergel extranjero en tierra japoneea.
Sólo allí, á los cálidos rayos del eol de la mañana, puede andarse á la sombra de\ to y sin más me introduzco empaquetado á mi dificil baflo; la muzmé no daba mue■•
tras de marcbaree; por lo contrario veía con ein igual eJ'trañeza las diferente! pieza■
bambú, del kakí y del pino.
de mi ropa y con admirables geEtoa decía anatá y con ademanes y palabras de aeom•
IY
bro me indicaba que era mucha la ropa de los europeos, como llaman á todo exE:, BA~O.
tranjer0.
A lae once deeciendo á la playa para tomar un baño al estilo japonés.
V
Bajo un aplastado techo de madera y teja negra se ve un cuarto, separado de la
vista del transeunte por una verja cnadrafa cubierta de papel de arroz; sobre el pieo
LAS TrEND.~S
&lt;le ladrillo, húmedo ei!lmpre, encuéntranee varias tinas cilíndricas como barricas de vino, rebozando agua que caei hierve. De una puerta achaparrada que comunica con las
Repetidas veces solfa pasear por el bent,ndori, calle del comercio; allí pueden veree
piene interiores, deeliundose sobre la estera del bambú sin hacer el más leve ruido,
bajo los miemos acbaparados techos, grandes rótulos negros, con caracteres blancoe
sale una ,mamé (muchacha) peq•1eñita como una criatura de diez á once año~, gor- colgados como gallardetes; solo el japonés comprende su significado, y nosotros guia•
da, con la proverbial sonrisa que hace desaparecer eus inclinados ojos en los redondos dos por loe objetos mismos, entrábamos á curiosear y comprar lo que á nuestros alean•
promontorios de sus mejillas pálidas; llama la atención su alto y extrambótico peina- ces estuviera, eedae, cloi8sonh; lacas trabajos en bronce, madera y marfil; bordados, ob,
do de azabache, lustroso como una pieza recién barnizada; su kimano (vestido) verde,
jetos de cristalería, relojería, etc., otc., etc.
con grandes florea azul y rosa.; eu obi, y eus enguantados calcetines de inmaculada
( C"ntinuará)
blancura.

r---~~----- ------- ----------------- - - -- - - --- -- --

Viata general

de Kobé.

DOMINGO

22

de AGOSTO de 1197

137

EL MUNDO

EL ASltSINATO Dlt PALMA•SOLA
( H iatórico.)

'

UANDO el Juez se disponía á tomar el portante y sombrero en mano buscaba por loe rincones el baeton de carey y pafio de oro el Secretario-un viejo
larguilucbo, amojamado y cetrino, de naríz aguilefia,' cejas increíbles, luenga
barba y bigote dorado porel humo del tabaco--dejó su asiento, y con la pluma en la
oreja y las gafas subidas en la frente, ee acercó trayendo un legajo.
-Hágame usted favor ...... 1Un momentito! .....: ¡Unas firmitasl
-¿Qué ee ello?- respondió contrariado el jurie-perito.
-Lae diligencias aquellas del asesinato de Palma-Sola. Hay que sobreseer por
falta de datos ........ .
-Dios me lo perdone, amigo don Coeme; pero ese mozo á quien echamos á la
calle tiene mala cara, muy mala cara! La viudita no es de malos bigotes, y ........ .
-Sin embargo ......... ya usted viól
-Si, ei! Yamoa......... deme usted una pluma.
Y el Juez tomó asiento, y lenta y paueadamente puso su muy respetable nombre
y eu elegante firma-un raego juvenil é imperioso-en la última foja del mamotreto,
y en sendas tirillas que eran otras tantas órdenes de libenad diciendo mientras el
viejo aplanaba sobre ellas una hoja de papel secante:
'
'
-Ese crímen, cJmo otros mucho3, quedará sin castigo. Xuestra actividad ha sido
inútil. En fín ...... ¿oo dicen por ahí que donde la humana justicia queda burlada,
otra más alta, para la cual no hay nada oculto, acusa, condena y castiga?
Don Coeme contestó con un gesto de duda y levantó loa hombros como si dijera:
-¡Eso dicen!
-¿Hay algo más?
-:~fo, sefior.
-Puee, abur.
El Secretario reco, ió tirillas y expediente, arellanóse en la poltrona y encendió
un tuxteco.
II
En Agosto, en plena temporada de lluvias, entrada la noche, una noche muy negra y pavorosa, va C.1simiro, el honrado y laborioso arrendatario, camino de su rancho Palma Sola, jinete en la Diabfo, una excelente mula de muchos codiciada, y por
la cual le ofrecían hasta ciento cincuenta duros loe duefloa del Ceibo, ciento cincuenta del águila, en platita sonante y contante, á la hora que loe quisiera, peso sobre peso!
Pero ¡quia! Caeimiro contestaba:
-~o, amo! ¿\·ender mi Diabla? ¡Nones! Si sólo el nombre ea lo que le afea! Primero vendo la punta y malbarato el cafetalito...... Yamoe, eefior amo: ántee empeflo
la camiea que vender la bestia; y luego que mi mujer está que no cabe con eu mula.
Y la verdá, señc,r: cuando va uno en ella, va uno mejor que en el trenl ~fargarita le
tiene un cariño y una ley, que ...... no ea capáz! JNi aunque me ofrecieran por ella las
perlas de la Yírgenl 3i quiere la otra, mi amo, la Zapa ...... mañana se la traigo. No
le recele, patron ...... También la Zapa ee buena; cásique como esta. ',l'iene buen paso;
ni psjarera ni mafiosa. De deverae, no le desconfíe, aunque la vea caidita de agujas....
,Se la arrearé pa acá, pa que la vea. P-.&gt;r la vbta entra el gueto. JYa verá qué rienda!
l:!e la merqué 111 cotijefio ti afio pasado. Le dí cuarenta. i Es barata! Cuarenta me dan:
ni medio más ni medio menos. Ei pa loa amos, y nada lee gano!
¡Qué caminos aquellos, Dios eanto! D~sde más acá del barreal comenzaba lo bue•
no. Z.uzaa y acahualeras cerrab,rn el paso y en algunos puntos eran tales los zoquiteroe que las bestias se hundían basta loe encuentros; pero ¡allí de la Diabla! No perdía
momento, y libre, ligerita, suelta la brida, subía, bajaba, costeaba el lodazal, y ee colaba entre loe matorrales como Pédro por ea caea.
Iba Casimiro cabizbajo y 1riste. No había motivo para ello, y ein embargo estaba asustadizo y de cuando en cuando le daba un vuelco el corazón, como si le amenazara la mayor desgracia. Ganas le daban de volverse al Ceibo y allí pasar la noche.
De un lado el llano: del otro el boeque sombrío, negro, pavoroso, lleno de eepan\abl~s rumoree: eilbidos de serpientes, estruendos de árboles viejo11 que ee caían; roncar de sapos en zanjas y lagunetas; en loe pocbatee máe altos ulular de buhoe, y allá,
al fín de la selva, el estrépito del torrente y el ruido creciente del aguacero que venia
que volaba con un tropel de cien eecuadronte á galope.
En la serranía, desatada tempestad; la t•nmenta estacionada en las cimas; un re•
lámpago, y otro, y otro, y truenos, y más truenos, como si las legiones infernales ba·
tallaran allí en combate definitivo. En los picachos, en loe crestones, en las ct'iepides
rnpremae, loe fulgores del rayo ee difundían á través de lae nubes, iluminándolas á
cada instante con variadas coloraciones fugitivas, rojas, áureaS', cerúleas, que deja•
ban ver el sinuoso perfil de loe montes y la negra mole de fuliginosa cordillera.
En el llano, reeee medrosas y ateridas que refugiadas al pié de loe huizacbes ra•
moneaban en las yerbas húmedas y en loa matorrales y en lae orillas del arroyuelo,
entre las mafafas resonantee, el centellear de lae luciérnagas.
-iA llegar!-se di¡o el ranchero, componiéndose la manga de hule.-¡ A. llegarlque el agua está encima! ¡Anda «Diabla," que ya poco te falta!
Como si adivinara los deseos de eu dueño, el noble animal, alargó el paso, y..... .
taca, taca, tacal
El aguacero. Primero rachas de viento húmedo y frío; luego gruesos goterones,
que caían con estrépito en la :11·boleda, y en seguida, la lluvia torrencial.
Avanzaba el jinete á la vera del fangoso camino. TJrmino de éste era el maizal,
una milpa msgnífica, ya en jilote, cuyas cañas estremecidas por el agua y el viento re·
medaban rumorea de crugiente seda. De allí partía una vereda, ancha y ascendente,
al fin de la coal estaba la casa. A través de las plantas se veia el fuego del hogar que
ardía con llama titilaote y rojiza.
Por aquel rumbo dirigió C.1&amp;imiro eu caballería. En vano: la Diabla se detuvo ale·
breatada, renuente, erguida la cabeza, altas las orejas.
-¡Epa! ¿qué te sucedt?-uclamó el ¡inete.-¡Epal-repitió.
La Diabh1, rebelde al lr,rno, pugnaba pur volverse. Casimiro gruñó entre dientes
,un terno, y azuzó al a11imal, hincándole las espuelas; pero éste re3ietía encabritándose.
-¿No quiere~? Puee ......... Jtom11l
Y ¡zásl un par de laiigazos; uno por cada lado.
La mula arrancó al 1-rote.
Entre la milpa quedaba un hombre escondido, envuelto en negra manga, apoya
•das las manos en el c11ñjn de una escopeta.

1Qué alegremente ardían loa lefioe en el hogar) Tronaban los tizones, y las llamas se
retorcían trémulas en torno del tronco ennegrecido, proyectando en los muros danza•
rinaa y quebradas sombras.
Cuando Caaimiro llegó, Margarita le esperaba en la puerta.
Era una linda campesina, de-apifionado rostro, esbelto talle y grandes ojos negros.
Sonreía afable y carifioes. Aquella sonrisa era la sonrisa de la traición, encubridor halago de una emoción profunda y horrible.
:...creí que no venías. ¡Jesús) ¡Si vienes hecho un patol Quítate la manga, que
encharcas esto.
-No me pasó el agua. Luego; voy á desensillar, y á persogar á esta mafiosa que
en la milpa se me armó tanto que por nada quería andar. ¡Si no le arrimo! .........
Sintió Margarita que el corazón se le subía á la garganta, y tragando saliva y do•
ruinándose murmuró:
-¡A.dióel ¡Vaya) ¿Y por que?
-Se aeustaría...... Loe animales á veces ven visiones. Si sigue con esas mafias, aun•
que á tí no te cuadre se la vendo al amo. Yo no sé lo que fué.
-El mapachín ........ .
-¡Paedel El cuento ea que paró lae orejas, y que ni á cuartazos quería andar.
Aflojaba la lluvia y la tormenta se alejaba ......... Uno que otro relámpago allá en
la sierra.
Casi miro desenjaezó en el portalón, fué á pers &gt;gar la bestia. A p:&gt;co entraba en la
caea.
-¡Caramba! Si vieras: ahora echo de ver q11e no traigo la pistola. No le hace.
1Pa la falta que me bacel
Margarita ee puso lívida al oir esto.
-¿No bebes?
-Ecbate el café y traite la limeta. Estoy caneldo y quiero dormir.

IV
Media noche pasada, porque el gallo había cantado dos veces, o yóse en el techo un
golpe, como el de una piedra chiquita, lanzaia ein fuerza. Casimiro roncaba. Mar•
garita no dormía,-no había querido dormir.
-¡Caeimirol JCaeimirol
-¿Q11é cosa?-conteató medio dormido.
-¡Caaimiro!
- iObl ¿qué quieres?
-¿Oiete?
-No.
-Alguno anda allá afuera.
-¿Por qué?
-Ol ruido.
- ¡Déjame dormir!. ....... .
-No; ei clarito oí el ruido. Los animales estan inquieto8. Oi ruido como de gente
que ee acerca. Si vendrán á robarse las bestias.
-No, mujer, ei el perro D\l ladra........ .
-Porque no está. Desde ayer no parece.
-1Voy!-rezor.gó el ranchero, saltando de la cama.-¡Y luego que no tengo la pietolal
-Cvge el machete.
El ranchero ee embrocó el zarape, toDó el machete y salió al portalón
El cielo ee había despejado. L?. luna iluminaba con triste claridad arboledas y
maizales; ligera brisa susurraba en las palmas, y los charcos reproducían aquí y allá
el menguante disco del pálido satélite.
Las mulas se revolvían inquietas. La Diabla, al sentirá eu amo, relinchó de ale•
grúi.
Margarita dejó el lecho, Y quedo, muy quedo, de puntillas, conteniendo el aliento, fría de terror, erizado el cabello, se fué ha,ta la puerta. Allí, en espera de algo te•
rrible, se detuvo á escuchar ........ .
De repente sonó un disparo. ~e oyó un grito; después un ¡ay! lastimero; en se•
guida un q ut&gt;j ido, y luego el aterrador silencio del campo adormecido.
DP entre la espesura del cafetal se destacó •1n bulto. Un hombre que con el arma
en la mano llegó basta el portalón, y que en voz muy baja, como ei tuviera miedo de
ei míemo, como si temiera escuchar sus propias palabras, dijo:
-JYa!. ....... .
V
OJho años después, cierto día del mes de Mayo, converaaban muy alegres y entretenidos el Juez que ya conocemos y su secretario don C.&gt;sme.
-¿Se acuerda usted, amigo,-dijo el primero-del asesinato aquel de Palma-Sola?
-¡Vaya ei me acuerdol-reepondió el viejo, echando una bocanada de humo.-Ua·
ted creía que la mujer, que, por cierto, no era de malos bigotes, y el muchacho que
pusimos en libertad ........ .
-¡Y sigo en l.a mía, seffor don Cosme!
En aquel momento entró una mujer que llevaba de la mano á un muchacbillo como
de siete afios, muy raquítico Y enclenque. La mujer parecía más enferma que la infeliz
criatura. Pálida, exangüe, encanecida, aparentaba doble edad de la que tenía· pero en
sus ojos brillaba aún vivíaimo rayo de hermosura.
'
El Juez y el Secretario la reconocieron al momeo to, viéronla de piée á cabeza y
luego se miraron asombrados. Era Margarita.
'
-¿Qué quería usted, señora?-pregun$6 el Juez.
La mujer permaneció muda algunos instantes.
-¿Qué deseaba ueted?-repitió don Cosme.
-Sefior Juez:-dijo al fio-¿~e acuerda usted de Casimiro Gonzále:i, aquel que ......
mataron en Palma-Sola?
-Sí, ¿por qué?
-Porque, a11fiorl ¡Ya no puedo máel ...... ¡Ya esto no es vivir!. ..... 1Y vengol.. ....
vengo á decirlo todo, á decir quienes lo mataron!. ...... .
-Y ......... ¿quiénes lo mataron? replicó el magiitrado con imponente Eeveridad.
-La verdá, eeflor: ¡yo!. ........ y el que ahora e3 mi waridol
La desdichada mujer cayó de rodillas, y presa d11 wJrU,1 cong ija, ahogándo 3e, se
echó á llorar.
RAFAEL DELGADO,

�EL MUNDO
CANTOS DEL NORTE.

I
¡El monarca lo manda!-le dicen
al pobre muchacho,
cuando inflama la nieve un destello
del sol ael ocaso.
El monarca lo manda: e~ preciso
marchar á Siberia,
á llorar, mientras miren absortas
las blancas estrellas.
¡Es preciso...... ! la madre y la amada,
sollozan, sollozan......
marchará cuando raegue la bruma
la luz de la aurora.
Ya jamás lo verán, eonri:ente
dejar su capote,
y arrimarse á la lumbre, narrando
sus euefios de amores.
II
¡El monarca lo mandal-impacientee
rondando murmuran,
cuando deja en la escarcha un destello
la pálida luna.
El monarca lo manda y el siervo
no irá á la Siberia,
ni verán sus pesares, absortas,
las blancas estrellas.
En la sombra dibuja su encaje
de piedra la torre,
que en la obscura calleja recorta
medrosas visiones.
En la nieve, una mancha de sangre
de tonos ext1 afios,
y en la sangre, espirando en un beso
amada y amado.
En el cielo, la luna semeja
con eu arco de plata,
hoz que hiriera la flor de la vida
de amado y amada.
III
¡El monarca lo manda!-L!l madre
murmura llorando,
cuando inflama la nieve un destello
del sol del ocaso.
FEDERICO UHRBACH.
MINIA.TURA..

¿Quién habla de morir? ¡Que tontería!
Considero el error de los errores
buscar como remedio á los dolores
el último eetertor de la agonía.
Verdad que no es completa la alegria
y abundan las espinas en las floree,
y no hay cariflo, ni amistad, ni amores,
sin traición, ni perjuicio, ni falsía.
Pero eeo ¿qué más dá? Cuando ee sabe
que el .mundo peca de malvado ó necio
se compadece la maldad ajena.
Sobre la herida que oe parezca grave,
poned la cataplasma del desprecio.
Sabiendo despreciar, la vida ee buena.
SINESIO DELGADO.
HOJAS

¿Ves aquel sauce, bien mio,
Que en doliente languidez,
20 inclina al cauce sombrío,
Enamorado tal vez
De las espumas del río?
¿Oyes el roce constante
De su ramaje sediento
Y aquel suspiro in~esante
Que de su copa oecilan;e
.Arranca tímido el viento?
)Iafiana, cuando ms rojas
.Auroras pierda el estío,
Lo verás húmedo y frío,
Ir arrojando sus hojas
Sobre la eepuma del río.
Y que ella en rizos livianos
Llevando la hoja caída,
Las eelvae cruza y los llanos
Para dejarla sin vida
En los recodos lejanos!
¡Ah! ¡cuán ingrata serías,
Y cuán hondo mi dolor,
si estas hojas que son mías,
Abandonara, ya frías,
Como la espuma, tu amor.
RAFAEL OBLIGADO.

DOIIIIIGO u

de AGOSTO de 1197

DOIIIINGO u

de AGOSTO de 1'97

LA. NUBE
DAMAS MEXICANA.IS

¿Donde vas, giron de gasa,
nube aérea, nube errante?
¿Entrafiss borrasca fiera,
ó vendaba! insondable?
. ¿Te empuja, acaso, el encono,
ligero vapor suave,
y el sol y el cielo infinito
¡ay! pretendes ocultarme?
¿Quizás eres leve mancha
que ,e borrará en el aire?
¿Eres, tal vez, tenue sombra
que un beso de luz deshace?
Libre vas por el espacio
huyendo, huyendo incansable,
más nacarada y mlfs pura
cuanto más alta y distante.
Dí si el trueno, dí si el rayo
han de vomitar tus fauces.
Dí si formas vago eoplo
del firmamento insondable ......
-Escucha. Soy un espíritu
que del triste mundo parte,
y que, al ir á Dios, sin nieblas,
ha de conve1tiree en áJ:Jgel.
EMruo ZoLÁ.
El., MIRI.,O Y El., GUSANO

Señorita Concepción Gonzalez, de Monterrey.

De 9.uan ae Dios Peza.
La rasa aquella donde vivía
La que en la tierra siempre fué mía
Y hoy en los cielos vive con Dios,
Está lo mismo que en aquel dfa
En que á ocuparla fuimos los dos.
Ah! cuan alegres los corredues!
Enredaderas llenas de flores
En el alero y el barandal. ..
Como en los tiempos -de mis amores,
Todo es risueño, todo está igual.
En las hojosas verdes cortinas
Han vuelto á abrirae las camelinas,
.La antigua higuera reverdeció,
Han regresado las golondrinas
Y hasta yo he vuelto, pero ella nó!
Gira en sus gonces la misma puerta
Que á ·nuestras citas facil y abierta
Puerta del cielo llegué á llamar;
Cuando mi niña la cruzó muerta,
La abrió el infierno de par en par!
Decora el patio la misma fuente
Y en el marmoreo tazón luciente
Resuena el chorro borbotador ...
Ay! como el eco dulce y doliente
De sus postreras frases de amor.
No se me olvida que una mañana
Como á una nueva Samaritana,
Junto á esa fuente la sorprendí,
· Desnudo el seno de nieve y grana
Que arropó al punto que yo la ví.
Soltó el cabello sobre la espalda,
Con una mano cojió la falda,
Con la otra mano su faz cubrió
Y entre la clámide de esmeralda,
De mirto y yedras, despáreció.
15 de Julio de 1897.

Dijo á su mirla querida
el mirlo de sus amores:
-¡Si no hubiera cazadores,
cuán dichosa nuestra vida!
Un gusano que esto oyó
dijo con voz lastimera:
-¡Si gusanos no comiera
el mirlo, cuán feliz yo!
Claro uctar, hallarás
del ap6logo el sentido:
no se queje, si es comido,
quien se come á los demás.
M.ANUEL FERNÁ]),'DEZ Y GoNZALEZCUATRO TABl.,AS

Lujosa ó pobre, ligera ó grave,
Desde que naces hasta que mueres,
De cuatro tablas consta la nave
Donde te embarca~ sin inquietud:
Una es el timbre de tus honores,
Otra es la mesa de tus placeres,
Otra es el lecho de tus amores,y otra la tapa de tu ataud.
FEDERICO BALART.
LA. MUJER

Por ella al mundo venimos,
y el mundo ciego corremos,
amamos y aborrecemos,
y matamos y morimos.
Somos, seremos y fuimos
siempre esclavos de eu fe.
¡Ay, mano oculta!, ya sé
tor qué mi vida consumes,
que en tus misterios resumes
cuanto será y es y fué.
Humana forma aquel día
te juzgó el loco deseo,
y ora cual eres te veo,
misteriosa alegoría.
Sin razón te suponía
realidad de ser humano,
y eres, misteriosa mano,
con tu secreto profur.do,
la oculta fe que en el mundo
mueve al sentimiento humano.
Dicha, dolor, y placer,
cuanto se pie nea y ee siente:
todo lo inspira el ambiente
del amor de una mujer.
Gloria, ambición y poder,
inquietud, zozobra, calma,
áureo laurel, aeca palma,
ella ea la fuerza del sino:
mano ocuUa que el camino
le va sefialando al alma.

···············································································EusEBIO Busco~

Herr Andreé
Tefe de la expedición aerea al Polo Norte.

EN GLOBO AL POLO.
V~ lverá el Profesor Andreé?
H ace apenas un mes que la primera expedición.que

ee haya hecho jamás por. la vía aerea, con el profesor
Andree-un sueco de inmensa audacia- como jefe, par•
iió del Spitzberg á la conquista del Polo. Por todas par•
tee se ésperan ansioeamente noticias, y se discuten con
pasión las probabilidades del retorno.
Como se recordará el afio paea1o, el profesor sueco,
que abrigaba y meditaba hacia mucho tiempo su formi•
dable aventura, se dirigió al Spiztberg en pleno verano,
plantó su hangar, gran edificio de madera que debía pro•
teger al globo durante su inflamiento, y esperó que rei•
nasen vientos favorables para dirigirse a! Polo. Solo que
los vientos fueron contrarios y el profesor debió tor·
nar á Suecia á eeperar un sfio más, por si obtenía mejores
vientoe. Realizóse su eeperanza y en los primeros días
de Julio pasado, en compafiía de dos amigos audaces,
emprendió su excursión aerea.
Desde entónces no se ha tenido noticia cierta de él;
algunas palomas viajeras soltadas en diversos puntos
del trayecto, llevaron-se dice- al mundo civilizadofelices nuevas del profesor. Uno de los mensajeros ala•
dos traía una nota en que Andree afirmaba haber llega•
do al polo y pasádolo. Mas últimamente ha habido siniestros rumoree y quien afirme haber visto un globo
deegarrado flotando sobre loe maree del norte ......
La gran pregunta formulada en Europa es esta:
Volverá Andree?
Los menos pesimistas, entre los cuales se encuentran
el profesor Neumayer, agregado á las oñcinas del Almirantazgo en Berlín y el geógrafo bien conocido Richto •
fen, concluyen diciendo que la tentativa de Andree no
ee absolutamente un simple acto de suicidio, es de creerse
que en virtud de una gran casualidad, es posible que
vuelva sano y salvo.
El público discute, por su parte, lae diversas opiniones; pero caei no conocen las razones que hacen suponer,
primero: que Andree no llegará muy probablemente al
punto deseado, y segundo, que no vol verá.
Y estas razones son precisamente las gue vamos á tra•
tar de explicar.
Cada uno sabe que en las regiones polares, durante el
estío, el sol permanece constantemente por encima del
horizonte y por consecuencia las variaciones de tempera•
iura son muy débiles. El gas del globo no experimenta·
rá, pues, grandes variaciones de volumen y 1ae pérdidas
por dilatación serán muy débiles.
Es esta uniformidad de temperatura la que hace que
algunos sabios concedan á .A.ndrée algunas probabilidades de retorno.
Aun cuando este estado de la atmósfera sea una gran
ventaja, hay aún otro elemento más importante, que estodos nuestros lectores lo han adivinado-el viento.
Ahora bien, en esta parte del globo, lo mismo que en
las regiones calientes, se admite la existencia de corrien·
~ e regulares, eiguiendo la teoría general de la circulación atmosférica alrededor del globo, que se resume en
esto:
En el Ecuador, bajo la influencia de los ardientes ra yoe del sol, se produce un violento llamamiento de aires,
que da nacimiento al alicio en la superficie del suelo, y
al contralicio, que viene del Suroeste en las regiones
superiores. Esta última coiriente, cuya exietenci,i está
demostrada por las cenizas proyectadas á grandes altu•
ras por loe volcanes de loe trópicos y por las nubes ele·
-vadas-se extiende, apro:imándose al suelo, casi haeta

EL MUNDO

el Polo Norte. Ahí desciende á tierra y vuelve hacia las
regiones templadas, sig11iendo una dirección opuesta á
la de su ida. El viento reinante en tierra sería, pues, del
Noreste en el Hemisferio Bcreal si no encontrase, á me•
dida que se aproxima á los trópicos, la corriente infe•
rior del Suroeste.
Este encuentro determina la zona de los vientos irre·
guiares, zona que está comprendida entre los 40º y los
60º Norte. .Al Sur de esta zona el viento dominante vie·
ne del Suroeste, y al Norte, del Noroeste. El Spitzberg,
punto de partida de la expedición Andrée, se encuentra
en esta última región, y se eigue, por lo mismo, la con·
secuencia de que el viento debe ser contrario.
Mas aun admitiendo que sgple en una direcoión favo·
rabie, no se sigue de 2quí que Andrée tenga üito en su
empresa, á causa de la debilísima intensidad del viento
en las regiones boreales.
Su velocidad media en el Spitzberg durante el mes de
Julio es de 15 kilómetros por hora, velocidad que representaría la de la marcha del globo si Andrée no tuviese
la precaución de servirse de aparatos de contrapeso para
no pasar de 150 metros de altura; el frotamiento contra
el suelo ó en el mar, resultante de este sistema, reduce
la velocidad casi á sus dos terceras partee ó sea á unos 6
kilómetros por hora.
En consecuencia necesitar!l. para recorrer la distancia
de 3,600 kilómetros en linea recta que separa el Spitzberg
de la punta extrema de la Alaeka, pasando por el Polo,
veinticinco dias de marcha consecutiva.

El mayor viaje aéreo efectuado hasta hoy, no ha paeado de 24 horae !
T11les son las razones que hacen que teóricamente, An•
dreé no deba tener éxi'o en su empresa, pero felizmente, como todo el mundo lo sabe, la práctica viene fre•
cuentemente al encuentro de 11:1 teoria, lo que nos permite conservar la esperanza de saber muy pronto que
M. Andreé y sus dos compañeros han salido sanos y sal•
vos de su peligrosa tentativa.

***
Parécenos oportuno para concluir estas breves notas
reproducir á continuación la siguiente impree:onadora
página del «diario,, de M. Ml:lchurin, joven y distinguido
aereonauta que dirigió los trabajos de inflamiento del
«Ornen11 ( este es el nombre del globo del profesor Andreé )
y que no abandonó á éste último sino en el momento
preciso en que embarcados él y sus compañeros en la
canastilla, el globo se lanzó al espacio.
Hé aquí esa interesantísima página recientemente pu•
blicada en París:
«11 de Julio.-Viento sur muy pronunciado; Andreé y
sus compañeros consultan los divereos instrumentos en
cada puesto de observaciones. Las condiciones atmosféricas parecen favorables y la partida se decide.
«A las once todo el mundo se pone en obra; los carpinteros ayudados de los marinos demuelen con sorpren•
dente rapidez la parte Norte del hangar, en tanto que se
cierra la parte Sur tan alto cuanto es posible con ayuda

...

, .. t1t'!'-~"-· r'""...

ll "Ornen" ¡;lobo expedicionario dei Pr.:,fesor Andreé.

�gL MUNDO

DOMINGO 22 de AGOSTO do

,a, 7
DOMINGO 22 do AGOSTO Dl •197

•

tracción y de instalación hechos por la Ciudad, en tanto
que Nueva York ha recurrido á. siete companfae diíeren•
rea para Per alumbrado. Chioago no gasta anualmente
más que cuatrocientos mil pesos para el alumbrado de
gas¡ pero un gran número de callee que no están pavim?ntad_as, no están alumbradas tampoco. Boston ea al
contrario, una de las ciudades mPjor alumbradas·1 consagra tre~~ientos mil peaoe á. su alumbrado de gas y cerca
de doac1entos ochenta mil á su alumbrado eléctrico .
. !ºr últ~mo, Buffalo gasta anualmente doscientos veint1?rnco m1! 1 en ra~ón de su reducida superficie, y es también una de las cmdadea amnicanas mejor alumbradas.

EL MUNDO

Corazón de sacerdote.
POR H. S. DE FOAGE.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 4.

Un globo terrestre &amp;igantesco.

S1bemos por loe periódicos parisienses que M. Eliaée
Reclua ha emprendido, para figurar en la exposición de
19001 la construcción de un globo tenee.tre al 3201 000.
Este globo, ademáil de sna di rnensiones colosales-ten•
drá exactamente 12'&gt; m., 24 de circunferencia ecuatorial
~presentará. t~mbíén esto de notable, que, conforme al
sistema de dec1malfzación de la hora y de la eirc1mferencia, preconizado por M. de Sarrauton, estará dividido en
2-10 grados, di vid idos estos á su vez en diez partes.
Esw, enorme globo terrestre, será ciertamente una de
l~s. mayores cur~oaidadee científicas de la próxima expo•
ElCIÓn.

~

-

--9

r1'

Preparativo• de partida del "Ornen"

de telas para protegerae contra la acción del viento cuya fnerza va aumentando.
ccLa mayor dificnltad era sacar el globo sin averiar el
tegid~ contra las maderas del hangar, Todas las partee
promrnAn~e se c11bren con una espesa capa de fie1'ro y
queia con1urado el peligro.
it~ar.a impedir al aereóetato qne ruede mientras duran
las ultimas maniobras, ~e h:1 rodea á la altura del ecua-dor de tree grandes cinchas que se fijan á la paria restan! e del ha ngar.
((Loe.preparativos '\!BD aprisa¡ á las dos, la canastiila
se dee.hza á su sitio y se ata al círculo que está amarrado aóhdarr..ente á tierra por tres cablea. Todo está lieto y
arreglado.
11 Los exploradores dan sus adioses, rápidos y conmo•
ved.oree. Pocas palabras se cambian. pero hay ira.neos
apretones de m1noa, ea que loa corazones se compren·
&lt;len. Después, Andreé, entrando á la canastilla, llama
con una voz firme:
- uStrindberg ......... F1aeokel. ........ Vámonos'
t&lt;lnmediatamente sus dos compalieros toma~ siUo á
su lado ........ .
11 El comandante Ehrenevard transmite á eus marinos
las órdenes, que son ejecutadas puntualmente; las cin•
chas rnuatoriales caen; el globo desembarazado rueda un
poco apesar de su abrigo¡ es fuerza esperar algunos segundos y a~rovecharse de una calma para partir.
• u Tres man nos, armados de un :mcbillo, se mantienen
l~etos para cortará la primer señal loa tres cables que retienen solamente cautivo al globo.
c(Llega el momento oportuno. .A.ndreé exclama:
-nCortadl
11 Un segundo apenas ...... el navío aereo se lanza al eeJ&gt;acio, saludado por nuestros máe vivos hurras.
uCargado ~on loe cordajes que levanta, el aereo.stato
no alcanza Ciea metros de altura. El viento lo arrastra.
~os contrapesos alargados á lo largo de la coeta1 se deehzan sobre el mar. Todo parece ir bien á bordo¡ noao•
trcf!, espectadores ansiosos, seguimos las fases rápidas
de esta conmovedora y única partida.
«Llevado por un viento violento, el globo uOrnen11 se
..aleja c0n gran v~looidad, dirigiéndose recto al fin y deea•
])ar~ce en el horizonte al cabo de algunos instantes.
11 D.Js días después abandonamos el Spitzberg y más

j
,f;jf! ,, "' ,J

tarde el viento Sur ba flPguido siendo favorab!e, Jo (pe
nos hace esperar un éxito completo.
~Dcaeemoslo Y que próximas noticias nns hagan saber
bien pronto el feliz resultado de ee~a audaz tentativa!

··"":

:~

1NFORMAClONES
Las asociaciones femeninas en China.

Un país en queelf~ini,ú!lmo tendría much'J q11ehacer
ea BPguramente Chinau
'
0.Jnfucio no reconocía á las rnnjeres derecho algunfl,
Y se !!ab~ que poco ro.is ó m9a03 Cri.iua sig\le siendo de
Confucio.
Resulta de esto que la situación de las mujeres ea ahí
tan poco envi_dia~le, que muchas de ellas se suicidan 'Pºr
escapará la t1ran1a de sus esposos-motivo de suicidio
qne e~ c~ai desclnocido entre loa occidentales y que lo
era as1m1smo antes de la institución del divorcio.
Así, no ea raro ver jóvenes chinas agruparse en asociaciones, que tienen por únic,:, progrd.ma reeisr.ir tenazmente al matrimonio.
Estos clubs origina ea cuentan generalmente una decona de miembros, y toda señorita que desee tomar parte en elhi previam~ute debe compromeierae, con jura•
mento, á 11morir antes qne caaarse,i.
·
~Iiis he aquí que laa polnes muchachas van á vnee
privadas has~a de ee~a úhima ;ibertad, porque muchas
de ellas se han arrojado últimamente al agua para evi·
tare! matrimonio, y una ordenanza de policía intervino, ?r?hibiendo eu lo de alelanr.e las asociaciones de stüontas.

TJna tarde Francieca llevó el té en el momento en que
el nombre de la señora Descordee era incidentalmente
pronunciado.
-Oh! la mala peste! exclamó la nodriza que tenía un
hablar muy francn.
-Francisca1 dijo Marta esforzándose eu tomar un aire
severo.
-Francieca, tauto como queráis señora, no me impediréis por eso decir q •te esa santa devota es la llaga del
país no pene.ando más qne en defgarrar á loa otros con el
pico, como si ella no hiciese males. Sa.beis vos sellor Sa·
vinien que el otro día me ha acosado en la calle para saber si vos habeiil venido á nuestra casa ...... Lo que me di·
,·ertí con ella ..... Busca, niña, busca. Si cuentas con la
vieja. Francisca, para conducirte, ouenta con que llegarás ...... Esto no impide vigilar bien á esa aerpiente con

El alumbrado del.as ciudades americanas.

El Scientijic AmPrican da loa informes siguientee reapec
to al alumbrafo de las principales ciudades americanas.
En Nueva York, en 1807, el alumbrado público coetartí.
ce;ca de millón y cuarto de pesos, Filadelfia gaa~a más
a~~: eu ga~ 1~ cueet.a cuatro cientos mil pesos y bU electric1dad. ee1ec1entos mil, que hay que aumentar en uo'a
proporción notable, para tener en cuenta la amoriízación
de loa capitale3 compr0m.!tidos ea loa trabajo 3 de coas-

El uornen" e" camino hacia el Polo.

.eua serpentinas!
. Y al retirarse en medio de las risas, Prancisca excla•
mó cómicamente:

-Ah! mi buen Dios, si habeis de ponerla en vuestro
santo paraíso con sus dos bijas, enviadme al infierno ......
Estaré mejor ah{ que con ellas.
Este incidente llevó la conversación á. la cneetión religíoea. Pablo reprochaba algunas veces á Savinien su
indiferencia, ya que no !!U hostilidad con reepec~o á. est.o.
-Toma, dijo este, precisamente ejemplos como los de
1a aellora Deecordes 1 son loa que alejan á. muchas gentes
de la religión. Cuando se ven esos seres proclamados
santos, dueños de la lgleeia y también de la opinión,
llenando el muado con ens aedicentes virt.udee, no se
puede menoa que sentirse deslumbrado como cie,tos ingenuos, 6 desconsolado si se ve claro. EntonC&lt;' B dice uoo
como Francisca «No quiero irá. un p1naíso donde los encontraría.11
-Sil respondió Pablo, levantándose con los ojos bri·
llantes y la palabra animada. Teneia razón en lo que toca á la sei'iora Deecordes. Pero hay dos religioaea, ó mejor dicho la que profesa la sellora Deacordea no es reli·

gión ......... Es una especie de idolatria en que lascarantonas reemplazan á las plegarias que surgen del corazón,
en que el amor propio sofoca el amor de loa otros, en que
ee mide la virtud de las gentes por el número de sus ge•
nuflexiones y el de sus caridade3 públicas y rumbosas ....
Pero hay otra religión, la sencilla, la verdadera, la re·
ligión del Buen Dios ......... La que se encierra en una
palabra: amar y ser bm•no.
Esa ea la vuestra ein que vos lo sepaia, eeiior Savinien, y veis sois un religioso, en verdad 1 vos que amaia
en eilendo á pobres abandonados como nosotros, más
que á. toda la familia Descordee reunida!
Harta miró á su hiju con aire de aeombro y de embeleso.
-Sabeia que haríais un excelente predicador? dijo Sa·
vinien riendo, pero conmovido en realidad.
-Quién eate? ...... respondió Pablo con una voz grave
y la mirada pensativa .

�&amp;L MUNDO

DO ■ IAGO

aade AGOSTO de 1ag7

DO ■ IHO

-~··~·~============================;;;;,,;;;;;;;~;;.======================-~---~-=~

IX
En el ealón, Diosdada y Angélica i,.cab&amp;ban de repetir
un cántico nuevC', que debían cantare! domingo eiguieo•
te en la reu1.1ión de la Cofradía de loe njil.oe de Santa
Ureula.
En tanto qne eue cuatro manoe tc;cabap loe acordes del
acompaft.amit:r.1w, eue vocee, un pociJ agrias, ee elev11.ban, repitiendo con ardor el refrán:

Irime11110 fu.ego me irifla11ia
E i1tut,da de claridad,
Sitt,to e,~ ,nt dfrina llama,
Me impulsa la caridad.
Me únptúsa, me impulsa, la caridad,
El Sr. Deecordee, tendido en no sillón leía, con enternecida eonriBa, La l:id,i y las religiosas acciones de la bien·
aventurada Virgiuia J&lt;..'sett!fer, interesante obra que le había preetado aquella mh1ma mañana el abate Chavaeieux.
Eee ealón revelaba, al primer golpe de vista, el e6pfri·
tu de loe habitantee, y también hay que confesarlo, cier·
to prosaismo bur¡i:uée.
Loe eillonee y lae eilla9, simétricamente enfilados á. lo
largo de lee murof.l, se alineaban, cubiertos de fondas
blancae, teniendo cada uno de elloe, al pie, un pequtfio
tapete, destinado á prot.eger la alfombra. Cerca de un
canapé, igualment~ cubierto, una mesa de caoba muy lu·
ciense, soportaba un vaso de asas doradas, lleno de mue•
go artificial y flanqueado de all&gt;uma de fotografíae 1 de
un grueso volumen de rica pasta, regalo de ea:rito: La rida
delos santos ilutdrada, y de algunos li bros á. la rústica, sobre
loe cuales se leia: Jlomilta3para el santo tiempo de Cuaresnui,
(x¡r13ejOA á los almas 1nadows para ,uivegar entri' los eacollos
dtl mundo. Loa aliados de Sntán (primt'T"{L parte: La Fracmasonería ).
En loe muros estaban fijas litografías amarillentas:
Un cristo marcbe.ndo sobre lae olas frente á. un milagro
de la Saleta, un Sagrado Corazón haciendo ptridmd á. una
Madre de loe eiete Dolores. Cerca de la chimenea un me•
d11.llón, en yeso, del Papa, coronaba un retrato, grabado,
de un misionero de gran barba, oon una dedicatoria
firmada.
Los sólos objeioe profanos, fuera del piano, eran dos
telas al aceite, obra de un artista del género. La una re•
presentaba á la Sra. Deecordee, que eonreia, en medio
de un traje negro, y la otra al Sr. Deecordee, que sonreía, en medio de un chaleco blanco. Sin eet.os eepéci•
mene del arte, esa pieza habría tenido ,completamente el
aspecto de un locutorio de convento, en que se sentfa 1 alrededor de sí, la atmósfera glacial.
Y sin embargo la Sra. Deecordee no tenía frío, cuando
precipitándose como un huracán, sin quitarse siquiera el
sombrero, se arrojó en un eillóu y exclamó trémula:
-¡ Por fin lo eé todo!
-¿Qué ea? ¿qué e€!? interrogaron las dos sefioritae,
abandonando precipitadamente el piano.
-¿De qué se trata? preguntó el Sr. Del!cordea, máe
tranquilo, levantando ene ojos anegados en la interesante lectura.
-¡Vengo de allá! ¡Qué escándalo! :Qué vergüenza!
¿Adivinais á quien he encontrado? Al eefior Subprefecto.
-¡No es posible! exclamó Angélica con una carcajada
q ne esta vez no tn vo eco.
-Bien lo babia yo dicho, añadió Díoedada, que palideció ligeramente.
- Pero de donde vienes tú entonces? preguntó ingenua.mente el set',or Deecordee.
-Vengo de casa del sef'ior Charlierl Ya me sospecha•
ba algo. He querido ver ......... Be vieto ....... .. He visto!
Eee subprefecto! Después de t.odo lo que le hemos dicho!
-El hecho es1 declaró el buen abogado que no dejaba
de tomar en cuenta las opiniones de Charlier, que no ee
en eu e&amp;lón donde se encuentra el puesto de un subprefecto conservador.
-A.já.l política tenemos! replicó la señora Deecordee
con despectivo tono ..... .... Tu no entiebdee nada ........ .
Hay cose.e que yo no puedo ein embargo decir ante estas
niñael El subprefecto e9taba instalado ahí.. ....... como en
su caea .... ..... tomando té ......... té en Cuaresma!!! con
tostadas de pan, enmantequilladael
-Enmantequilladael!I
-Sí! Y bacía que hojeaba el diccionario de Pablo, CO·
mo ayudándole en su trabajo.
-Y ella?
-Oh! ella ee muy astuta ......... tocaba el piano para

disimular. Yo creo que se puso á tocar cuando ':lle vió
venir.
-Pero, dijo el eefior Deacordes, que continuaba sin
compre1.tder; el subprefecto después de todo tiene el derecho de visitar á la eeftora Charlier. No viene acaso á vi·
Eitarnos también?
- Y osas comparai !. .... En primer lugar viene aquí....
ee dt:cir venía ......... porque sus visitas son cada diamó.e
nrae ...... ... Ya van doa·veces que declina nuestras invitaciones á comer ......... Esto no me sorprende; se ruborizaría de aparecer ante ee,oe ángeles, eaiiendo de don•
de sale.
- Vas quizá un poco )Pjoe, bija, dijo el abogado, cuya
inteligencia 1!8 dtepertaba por fin.
-Cállate! cá.llate Edmundo, ocú:,ate de tus negocios,
de tus est.udios ......... y no te mezcles en loe míos.
-Estás segura de que sean loe tuyos? murmuró tímidamente Edmundo.
-Loa mios! Acaso el deber de una buena cristiana no
ee velar no solamente en su ealud propia, 1:ino tanto
cuaoto le eea posible en la ealud de eu prójimo? Hace
largo tiempo que yo sospechaba esta intriga ......... pre•
gúntalo si nó é. tus hijas,
-Ohl eí, hace largo tiempo que mamá ve claro\
-No ee verdad? ......... Yo en primer lugu nunca me
engafl.o ......... Qué querían decir eeoe gas\os ineeneat.os
que hac.ia en su casa tst-a marqueea? Esos arr gloe de su
casa .... ..... eeae compras de muebles donde ee comen el
dinero del pobre Char'1er?
- Oh! dijo el abogado ..... .... lo que ella ee coma no ha
de ser tanto como lo que Charlier se beba.
-Jlccididamente tú comas su partido.
-No, no, no!. ....... . Tú debes tener razón ...... tó. tienes ciertament.e razón......... Es evidente que si el Sr.
de la Haye buecaba palabras en un diccionario, no eeeea
la natural ocupación de un subprefecto.
-Qué caras pueieron al vert.e, mamá?
-Oh!. ..... tienen un aplomo ...... No parecieron turbaree en moElo alguno .... .. El eenor de la Haye me preguntó por ua1edes y la et:fiora Charlier me ofreció té. Yo
respondí con un tono que ella debió comprender:
-Ya eabeie pricna que yo observo laereglae de nue1:tra ean•
ta religión y que comer ó beberentlecomidae, interrumpe
el ayuno obligatorio de Cuaresma. E ineie~í mucho en la
palabra:pbligatorio. Deepuésme quedé poco tiempo .. Estaba eofocada ..... . Me dijeron adiós con mucha polít.1ca. ••·
salvo Pab!oque tenía el aspecto furiorn y que no dijo
nada.
-Pero, observó el sefior Deecordee, si Pablo eetáb~ ahí
entonces nada tiene de particular.
-Sí estaba; ei eetaba eeta vez ..... . pero no siempre está ahí.. .... Pobre nifio! Qué e:!ucación! qué ejemplos!
-Entonces, tú supones?
- Yo lo supongo todo ...... todo.... .. Yo no puedo de•
cir más en este momento ...... Pero aun ea tiempo de pre-venir ... ... Si no es demasiado tarde ..... . El primer deber
que me incumbe ee prevenir á Charlier .. .... lo veré ma•
ñana e!l la mailana.
-SL. .... en la noche no siempre está. muy lucido ..... .
Pero acaso no valdría mas ........ .
-Qué!
-!fo meterse en nada
-Pobre hombre! he ahí su apatía ...... no meterse en
nada! Ah! si no estuvieees mae que tú para defender la
religión!.. .... Y no ves que hay doe almae que salvar....
tres acaso ...... Porque ahi. eetá ese desgraciado nifio que
ea preciso preservar de la gangrena ...... No, no, yo no
cejaré en eeta tarea ...... Puesto que Dios ha permitido
quedernubra esos horroree, ee este un signo de la misión
que me da de ponerles término. Yo eabré llenarla.
-Como quierae1 hija, dijo filosóficamente el abogado,
prosiguiendo e11 lectura.
- Vamos Diosdada .... .. Repitamos una nz más en tanto que mamá se quita el sombrero. No tenemoamáeque
dos dias antes de la l!eaión de la conferencia.
y piadosamente á loa acordes del piano las vocee de
loe doe ángeles tornaron á. cantar al unísono:

Inmenso Juego me inflama,
E inunda de claridr.id,

8ie11lo en mí dirina llama,
Me impulsa lara.ri&lt;lad!
Me impul&amp;at me impulóa la caridad.

X
Ohl cuan difícil ea hacer el bien! Cuantoedeberes 9ne
llenar! CaanM&gt;e obstáculos surgen y de loe más impre·
vistos! como por ejemplo, la ob&amp;Unación misma deaque•
Jloe á. quienes se presta el servicio!
Y ein embargo, no hay que deealentarsa jamás. La
perseverancia es el cumplimiento de la virtud. Solo por·
ella se adquieren verdaderos méritos.
Estas reflexiones, amargas y alentadoras á. la vez, eran
hechas por la eefl.ora Deecordee, después de una convereación donde había ensayado aunque en vano infundir
eoepechae á. Charlier.
Este, justamente de buen humor el di.a de la conver•
eación, comenzó por 1eir de las advertencias, y final·
mente movió los hombroe. Su orgullo ni siquiera Je permitía la sospt cha.
-Nada me dices que yo no eepa, respondió. Loe famosos gaetoe de que me hablas, consisten en doe luises
que dí á.Ma1ta y ea el precio de un brazale'-8 que ella.
vendió, con lo cual se arrt-gla ptira componer la caea. Por
lo demás, no mt disgusta, cuando tntro, en.l(.ntrar nuestro viejo rincón embe1Jec1do.
«En cuanto al eubprdecto, he autorizado á Marta para recibirlo.
«Eeo di vierte á. eetoe noble:ii, brabatear entre ellos. Ca.·
da uno tiene su leogua, no ea verdad? y guata de hablar
algunas veces. E~ como vosotros que teneis vuestra ger •
ga de iglesia y yo que tengo mis diecureoe de taberna.
11Crees que un pico blauco como ese iba á. inquietará..
un horubre como y(l'l.. ....... Vamoe, cálmat~ ... ...... Déja•
los tranquilos y á mí también ......... Ocúpate de tus cuus ..... . Si quieres vigilar, ya te cayó quehacer ...... Toma,.
y yo sé una hietoria sobre el padrecito Chavasieux ... ..,.
Quieres que te la cuentt? ........ .
La Sra. Deecordee hubo de escaparse perdigoá.ndo9e.
-Ptiro deepuéE de t.odo ee dijo¡ yo no combato por
eal var el honor de Charlier ... .. .... No hace caso, allá E&amp;
lo haya ..... . Yo combato por caridad, por ealvar dos al·
mae, y debo continuar.
Acaso habría podido añadir que la animosidad nutrida desde hacía largo tiempo contra aquella uhija de mar•
quée,» demasiado audaz para escapar á eu dominio, no
era extraña á. eu celo ....... . .
A pesar de su seguridad aparente,~Charlier, aun cuan•
do no fueee más que para quitarse la máe mínima preocupación, vigiló algún tiempo. Nada de eoepechoeo notó.
Jamás, á ninguna hora, encont.ró al subprefecto en su
casa. Al día eig11iente de la aparición de la Sra. Descordee, Savinien t.omó unas vacacion~s de un mee, y sólo el
mensajero que llevaba sus cart.ae á. Marta ó á Pablo, y
Francisca que ponían las respuestas en el buzón, y el re·
ceptor de correos hubieran podido revelar el lugar de su re•
eidenoia. Charlier, perfectamente tranquilizado, continuó
tranquilamente eue coetumbre9 de taberna, declarándo·
se á sí mismo qae su prima estaba loca~
La Sra. Deecordee reconoció que se había equivocado.
No se toma una plaza fuerte, por asalto, al primer gol·
pe. Ee preciso rodearla de líneas de citeunvalación,.
aproximarse peco á poco con inteligentes tanteos, hacer
una brecha, y solamente entonces ee logra el ataque 11.
vi va fuerza.
Tal como un general que no considera la campaiia perdida, por un fracaso de la vanguardia, la Sra. Deecordee púsoi:e en obra con nuevo aliento, después de haber
prendido un cirio por el éxit.o de eue esfuerzos. Sus dos.
ángeles tomaron cerca de ella sus dos puestos de bata·
lla. Dioedada, sobre todo, se distinguía por el ardor de
su celo, llen{J de lt1 amargura de una esperanza deevanenecida.
Una palabra dicha á propósito, una confidencia b,í.bilmente cuchicheada al oido da una persona conocida.
por su indiecreción, un eubentendidoacentuado con una..
fina sonrisa, un silencio oportuno ......... no se necesitó.
má.e para que al cabo de quince díajtodo Ganneville es•
t.uvieee convencido. Quedaba establecido, sin duda po•
sible, que el eubprefecto \enía relaciones con la Sra.
Charlier y que ésta arruinaba á. su marido con tme locos
gastos de toilette y de moviliario.
La Sra. Valier aseguraba que ya más de diez mil francos habían sido engullidos. La Sra. Leautaud encontraba esta cifra exajerada ...... Según eue cálculos precisos,
no se elevaba más que á. siete mil quinientos francos.
Cada una de estas damas creía haber descubierto algo.
El mayor éxito fué para la Sra. Bouchard, la mujer

J

•• do AGOSTO d• ,. . 7

d el veterinario¡ esta afirmó que su marido, que había
madrugado cie1to día, percibió un hombre que deseen •
d ía á. lo largo de la casa por una escala de cuerdas. Este
h ombre no podía menos que ser el Sr. de la Haye. La
fea Belamy ensayó hacer notar que la dicha escala esta·
ba todavía en el día sirviendo á. un albaftil que arreglaba loe techos. Iudu-Jgencia inútil y casi sospechosa.
Era 110 axioma que el eubprefect.o escalaba por la noche
el balcón y no lo dejaba sino al canto de la alondra.
La popularidad ee efimera. La que había rodeado loe
comienzos de S:1vinien habíase disipado como el humo.
Desde hacía largo tiempo, absorto en su fraternal y san•
la ternura, había descuidado sus visitas, objeto, en otro
liempo de t8ntas ambiciones. I.a ¡:arienta anunciada
no habfa llegado. El famoso baile no ee había efoctua•
do. Las toilettee preparadas ee marchitaban en los armarios. Loe cajones y loe cartones de la9 Sritll9. Juglan
reventaban de adornos prematuros. Las seftoritae habían v11elt.o á. e9conder sus sonrisas y las madres eu be·
nevolencia. Loe gármenee que arrojaba la Sra. Daecordee
no podían menoe, e0bre un terreno propicio, que genni•
nar con rapidez: su nueva obu de caridad lograba un
éxito superior á toda esperanza.
De lae mujeres el movimiento ee extendía áloe hombree. Sa comenzó á. bromear en los cafés sobre loe amo•
ree del subprefecto. En el grupo de los paeeantee de la
gran plaza no había casi otro asunto de converaación.
Al gunos encontrabln esto muy divertido. O.Jmunicábanee un epigrama anónimo, tan necio como maligno, y
que lae gentes bien informadas, atribuían al inspector
prim ario, retirado, grueso y buen hombre, ventdpoten,e, cuyo ingenio igualaba á eu prosodia. El misterioso
papel iba de mano en mAno. Alguno aseguraba que ha•
bía sido puesto en mú~ica y se decía también que las se·
fl.oritae Deecordee lo cantaban al piano entre dos oá.ntieoe
religiosos.
Otros máe pudibundos, graves funcionario3 1 eepecial·
mente el conservador de las hipotecas y el eet.:lribano del
tribunal, gemían de que el representante del gobierno
perdiese así en placeres culpables el tiempo que debiera
consagrar á. loe asuntos del paie.
Cuando Sa.vinien volvió de sus vacaciones, la menor
perspicacia le habría perm:tido testificar los eignoe pre•
oureoree de una tempestad terrible. Pero su preocupación única era encontrar de nuevo la dulce intimidad en
que vivía entre Marta y P.ablo. Las reuniones tornaron
á. ser como en otro tiempo, tan eencil1aa, tan dulces y tan
puras.
Dos veces solamente se vió obligado á faltar. A la .entrada de la calleja que conducía á. la casa de Marta, ee
encontró paseantes ob:tioadoe que le salu'.laron sin que
é l notase eue sonrisa!:,, y deshizo el camino.
Se abrió entonces la puerta del jardín y en adelante
Savi nien entró por aquel camino discreto é ignorado.
Ignorado! acaso podía escapar alguna cosa' al ojo vigilante de la sen.ora DescNdee?
Caneada de vigilar y de hacer vigilar la cslleja donde
jamás ee percibía ya á. Saviníen, fué presa súbitamente
de un celo ardiente por un orfanatorio un paco deecui•
dado que ee encontraba situado precisamente en la calle
á la cual daba el jardín da Marta.
Esta nueva caridad fué bien pronto recompensada,
cuando vol vfa una noche con eue hijas de una visita á
eete establecimiento, rechinó una llave, se abrió una
puerta y las damas se encontraron frente á. frente de Savinien que salia del jardín. D~stanteado él lee saludó con
poca destreza.

XI
Cnando una mosca se posa en la frente, se la arroja die•
i raidamente. Pero la paciencia má9 experimentada, no
resiste á. la insistencia persiete,nte de su tenacidad. Rechazada de na lado, vuelve del otro, siempre, incesante·
mente, ein tregua, infatigable en eu zumbido, implaca•
ble en su cuchicheo, y eete enplicio continuo acaba por
exasperar al eer menos nervioso.
La primera vez que, en uno de sus cafés habituales, un
amigo un poco exc:tado hizo á Charlier una alusión á lae
aeiduidades del subprefecto, él se contentó con reir. La
Eegunda· vez se enfadó. La tercer.; se quedó silencioso y
t urbado.
El personal de loe establecimientos donde se pasaba su
vida, no busca ni la delicadeza ni la variedad de lae bro.Dl.ae. Cuando ha eucontrado una vena la explota sin tre-

IEL MUNDO

gua ni reposo. Cbarlier era acogido todoe loe diae con loa
mismoe chietee, seguidos de las mismas risas.
-Buenos días Babieca le gritaba el veterinario B0u •
chard desde que entraba.
En apariencia Charlier no ee irritaba fingiendo aún algunas veces, compartir la hilaridad general ó respondiendo con una grosería. P~ro la cólera se amasaba poco á. po·
co en eu corazón.
Se notó que bebía má.e aún . Sue ojos ee extraviaban,
eue manos temblaban con un movimiento convnleivo, su
voz se volvía ronca, eu roetropaeaba súbitamente de una
rubicundez inflamada á. una palidez de muerte. Cuando
volvía á. su CHa no se exaltaba ya pero ee encerraba en
un silencio profundo, con la mirada fija, como obeeeiol'..!a·
do por pensamiento único. Inmediatamente que tomaba
su almuerzo, ealfa, errando al azar con un paso mecáni•
co, después volvía á eu café donde lae mismas bromaeJa•
mas caneadas, ealudaban eu entrada. Un médico habría
reconocido pronto el delirio alcohólico que se desarrolla•
bacada día más en el infeliz.
Un día á la siesta, llamó á la puerta de la Sra. Deecordea. Toda la familia ee enc0t1traba reunida en el salón,
eu entrada produjo asombro: jamás la visita.ha. Con la
mirada extraviada y vidriosa, ee había detenido bajo el
din.te}, y daba miedo verle.
El Sr. Deecordee muy conmovido, le ofreció asiento.
No vale la pena, respondió él con una voz seca, a van•
zando con la fealdad de una momia hasta la median fa
del salón donde apoyó una maro sobre la mesa. Para lo
que voy á deoir no se gastará mucbo tiempo.
Fijó en la Sra. Deecordes una mirada y continuó:
-Tn me hae dicho que hace dos meses encontraste al
Sr. de la Haye inetalado en el ealón de Marta. ¿Qué has
peneado de eso?
-Pero ..... .... amigo mío ......... Juan ...... veamos .... . .
siéntate ........ . platicaremos ........ .
-No vale la pena ...... por última vez, respóndeme.
-Dios mío! Yo he pensado, oh! nada, nada malo. Solo que por tu interée1 y por el de Marta, he creído que
valdría me.e .... ..... ya sabea, hay lenguas viperinas ..... .
frecuentemente las coeae máe honestaf.l ..... .
-B1eta de charla ...... con esto no acabaríamos mana.
na...... En una palabra, tú has pensado que el eefior de
la Haye tenía algo que ver con Marta.
-Oh! Juan! protestó el Eeíior Detcordee que se había
atrincherado detrás de la mesa.
-Delante de eetae ninael ......... ai'ladió la eef'íora Deecordee.
-Pardiez! se diría que salen tus hijas de la falda de la
nodriza! Tu les has dicho la cosa y yo les digo las palabras que la expreean! Aeí pues, tú piensas que el eenor
de la IIaye tiene algo con mi mujer.
-No ......... no!
-Entonces porqué lo has contado por toda la población?
-Yo, jamás! jamás!
-Tú lo t~ae dicho á las beatas de tus amigas que Jo han
dicho á otras, que lo han repetido. Ea la actualidad eso
corre por lae callee ...... Marta está deshonrada y yo, soy
objeto de riea. Y eres t,í la que bae hecho eeo, tú, tú eo•
la, lo entiendee? Oh! yo eé bien que no hae de haber di.
cho la cosa aeí, crudamente como yo. Vosotras encont.raie medio üe serviros de palabras muy meloeae, muy
azucaradas ......... pero dentro está. el veneno. Aeí pues
¡ú lo he.e hecho. Escúchame bien: tengo doe cosas que
declararte: la primera ee que te desprecio como á 1a última de lae últimas ... ..... .
-Oh! Juan! exclamó el señor Descordee incapaz de
máe energía.
-Y vos también polla moj.1da! Yo no soy gran cosa,
lo sé. Pero, óyelo bien, prima, valgo máe con mi dedo
mefíique que tú con todas tue virtudee ...... Yo no hablo
mal de las gentes detrae de ellas ...... ... Si tengo algo ma•
lo que decir de alguien, ee lo digo en la cara, y ei tengo
las pruebas ......... ya está.!
Ahora oye la otra coea ........ .
Tan cierto como que me llamo Charlier y que eetoy
en mis cinco sentidos aunque me creehr ebrio, verdad?
si Marta ee culpable, la mataré ......... si ea inocente, llt.
mataré I En todo caso correrá. la sangre y tú eeráe la cul•
pable ......... Bé aquí lo que tenía que decirte, adiós!
Alejá.base en medio del silencio espantado de todos,
cuando Dioedada, lanzándose del rincón donde se había
reíugiado, se arrojó ante él con un aspecto extraviado.

-¡Vuestra Marta inocente! exclamó ......... Id, puee, á
la callejuela que está á. la espalda de vueelro jardín, en
la tarde, á las cuatro y ved si mire.is entrar al Sr. de la
Haye por la puertecilla ....... . de cuatro á Eeie ......... ¿en•
tendeiE.? ......... c1n su llave ......... Sabreis así ei mamli ha
mentido y si no hay algo entre él y vuestra mujer ... ..... .
¡sí, y desde hace largo tiempo!
Cbarlier, sin responder, hirió de un pufietai:o el vaso
de musgo artificial, que se hundió hecho pedazos en i&amp;¡
alfombra. Después salió la Sra. Deecordee casi orgullo•
ea: admiraba á. eu bij:I en tanto q11e el abogado, con la
cabeza entre lae n:.anoe, gemía:
-¡Oh Juan ......... Diosdada! ......... Dios mío....... Dios
mfo ....... .. l
Cuando, levantando la cabeza, y esiuvo cierte de que
Charlier había partido, Je volvió el valor.
-No queda má.e que una coea que hacer, exclamó ..... .
Angélica ........ . pronto ..... .... mi sombrero ........ .
-Tu te quedas dapá, ordenó Deosdada con todo aute·ritario ....... Que ellos se arreglen ...... Nosotros no noe
metamos en nada.
-Pero hae ofdo. ·
-Si, he oído que si no tiene pruebas amenaza con matará. mi mámá, Pues bien! IM tendrá viendo al Sr. de
la Raye entrar á su caea como un ladrón por una puerta secreta ......... Eoióncee que suceda lo que haya de
suceder ... ..... .
-Oh! Dios mío, Dios mío, que va á. acóntecer? balbu•
ceó el abrgado. volviendo á caer en eu sillón.
SJna;on lae cuatro en la igleeia. La cuarta campanada
vibraba aún cuando Sa ~inien apareció en la ex~remidad
de la calle.
Charlier, oculto en el nnrco de una puerta, le ob•
servaba.
Con paso rápido Savinien rndirigió hacia Ja puerta del
jardín, la abrió y deeapareció.
Cbarlier df'jó ent.onces su el!condite, muy pá.lido. Sa•
lió de la calleja, eotró á. Ja gran plaza y ee dirigió á eu
café. Ahi se hizo eavir. copa trae copa, ajenjo, que
tragó puro, cognac y ruh m. Sus amigos lo habían interpelado, sin recibir respuesta. Con movimiento automá•
t.ico se levantó, arrojó cinco francos sobre la mesa y se fué.
-Diablo!. ..... dijo uno de loe bebedores. No tiene
buen aspecto.
-¿Qué ee lo que tiene?
- Yo me cuidaría de saberlo.
-Se diría que va á hacer alguna barbaridad.
•-Si le E-iguiéeemoe ... .. .
-Sigámoele.
Dos ó tres se levantaron y volvieron bien pronto
riendo.
-Bah! ee ha vuelto tranquilamente á su casa. Dentro
de un cuarto de hora roncará.
Charlier en efecto Uabfa vuelto á su casa. Por dueflo
que pareciese de eue movimientos, dejó caer bruecamente el martillo del zsguá.n.
Francisca, admirada, le vió que atravesaba el patio y
antes que t.uviese tiempo de llegar ella de un salto llegó al rnlón 1 donde apacibles como de ordinario, Marta,
Savinien y Pablo tomaban el té.
-Señora! eeíiora!. ..... ahí está el eefl.or!. ..... y con un
aspecto ...... Loe tres se levantaron.
Marta se lanzó hacia Savinien.
-Idos, exclamó asustada.
Pablo eepantadó de un desconocido peligro, tomó la
mano del subprefecto y lo arraetró al jardín.
Charlier se había detenido en la p:eza de Francisca,
donde se encontraba la panoplia. Tomó el revólver, hizo jugar la batería y entró al salón.
Marta estaba sola con Francisca.
Charlier lae miró un instante, vacilando. Pero eue
ojos se inclinaron sobre la mesa y vieron tres tazas de
té Y cerca de una medio llena, un par de guantee de
hombre.
Entonces bruEcamente levantó la mano, ee oyó una
detonacióu y Marta cayó lanzando un gran grito.
En tanto que Franciecaee precipitaba bacía ella, Charlier con los ojos desmesuradamente abiertos, aplicó el
revolver sob, e sus sienes, apretó el JJamador, salió el
tiro y cayó pesadamente.

( Cvntilrnará)

�EL MUNDO

DOMINGO 22 D[ AGOSTO DE 1897

Gorra Vlzca1na.

1Ie aquí un lindo toques de crin de en·
caje gris plata, coquetamente alzado del
lado izquierdo por medio de tres choUI
de punto blanco bordado de lentejuela.
Aigrette gris perla, de plumas flexibles.

•

Sombrero Lueette.
TOMO.JI

MEXICO 1 AGOSTO 39 DE I897.

NUMERO 9.

Este precioso sombrero es de paja negra, formando su ala UL zig- zag. Lleva .
un graJl chou de punto oegro, seguido de
una bonita pi uma negra en aigrette1 bajo
el ala en el lado izquierdo, luego otro
chou de punto negro, seguido de otra plu ·
maque rodea la formá y cae sobre el ca·
bello.
Sombrero Bianea.

Este sombrero es de paja de seda oro y
gris claro, ala levantada por detrás, y
cubierta con adormideras tris. Sobre el
frente un pájaro de fantasía, todo blanco, y con una cabeza de gallo y cuernecilloa de pluma negros. Eete pájaro suje·
ta el gran abullonado de crespón gris perla, acabezado, que circunda 1:;l sombrero,
formando cocas dobles.

Sombrero Rembrandt.
NOTAS DE LA MODA.
Sombrero Rembrandt.

Este gran sombrero drapeado á la Rembrandt, va todo
bordado de lenttjuelae negra@. A la derecha están recojidos los pliegues por un broche de azabache.
Al lado izquierdo, sobre el ala levantada, un prolongado chou de terciopelo alvaricoque rosado¡ y en el centro un enormeptendedordepunta•de diamante y perlas.
Detrae Ee levanta un penacho de tres hermosas plumas negras.

Sombrero Bianca.

Todos estos sombreros muy elegantss
encantan¡ pero parn negocios de uso frecuente, paseos de mañana, viajes, excursiones, bicicleta, y en general para labores E!tl usan mucho máe los de bolerc;
algunos tienen por todo adorno una liga de cinta; otros están drapeados de se •
da, gasa 6 de rouches y cocas de listón,
y algunos eombreros de charola con
la copa crespa de pliase y cuchillos
de pluma de pavo. Después de estos, loe sombreros de
:fieltro gris, de alas anchas semejantes al búfalo: la copa
está aplastada, toda redonda, cowo los sombreros llainadoe ,,Mascotan hace algunos años: siempre con una senci•
lla cinta gris en torno de la copa. Algunos tienen al lado
izquierdo dos plumas de alas. Pero el sombrero más moderno el uPanamá, n de forma tirolés, galoneado con
terciopelo negro y con liga de la misma cinta. Este ea ligero, cómodo y muy útil para el sol. U nicamente que la
paja blanca no está bien á todo cutis, y por eso prefieren
el fieltro gris que da mejor aire.

ea

/J

.

;~··

,-,. _ ..

,'\'

..

Gorra vizcaina.

la familia en el hogar¡ que cada cosa en su lugar, aseada
y en orden, eacanta la mirada, compla~e al corazón, Y
que con el espíritu y el corazón tranqmloe las. horas se
deslizan embalsamadas, haciendo siempre sentir con pe •
ear su tan rápida desaparición.
uLoa bonitos cuadros y deliciosos paisajes acortan las
largas distancias, loe interiores graciosos retienen á las
gentes.en Ja habitación. n
.
Hay un justo medio que es necesario saber conserv.s r.
Lo3 extremos son viciosos, n!\da ·valen; torturar la vida
es tan ridículo como nbandonarla. Así, hay algunas, que
por pequefl.ez de et=píritu 6 por mania de arreglo 6 de aseo
están siempre temerosas de que se manchen eue mue~lee
LlCTURA PARA LAS DAMAS.
limpios y brillsntee, que siempre está.o en observación
de que loe visitantes no ensucien el pavimento del salón,
RES ULTADOS DE LA CIENCI A DE LOS DETALLES,
tan cuidadornmente conservado¡ que se conmueven Y
se in1,uietan por la pérdida de un alfiler. EaW ea una
Esta ciencia contribuye al bienestar tonteria.
más de lo que se cree ordinariamente.
Nada atorme11.ta como esas pequefiaa
cosas hechas de otro modo que como qui·
Eiéremve, como esos pequeiios vacios que
recordándonos á cada inetante que algo
nos falta, impacientan tanto más, cuanto
que no se atreve uno á quejarse¡ poco á.
poóo el diegusto de la vida de familia,
nace en el corazón, crece excitado por la
imaginación, y se va uno á buscar en otra
parte, un bienestar que no se encuentra
en la caea.
·
¿Queréis fijar á alguno cerca de vos?
que encuentre á la mano todos loe menudos objetos de que puede tener neceeidad,
todos esos pequeños antojos que vos le
conocéis, y que él nunca os manifestará
por temor de parecer ridículo.
¿Queréis vos misma no perder vuestro
tiempo, .ni sentir tan frecuentemente accesos de mal humor? rodeaos de todas
aquellas cosas qne oe son necesarias, prestaos todos los pequefioe servicios posibles.
Ciertamente, no queremos tral:'formar
en servidora á una ama de casa y hacerJa insoportable á todo el mundo, acom~e•
jándolt todas esas minuciosidades¡ pero
sf quisiéramos que ni ella pensase, m na•
die en su derredor creyese que estaba
mejor en otra parte que en la casa.
Quisiéramos que eet.uvieee convencida
de que el aseo, el arreglo, el lujo que no
demande más cuidado, todo esto ea el Ja;.
Sombrero Lucette.
zo que estrecha, el amante que retiene á

$n !J}tapuliepec.
Dlbulo de Josó M. Vllla~ana •.

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="1">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1">
                <text>El Mundo Ilustrado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92780">
            <text>El Mundo Ilustrado</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92782">
            <text>1897</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="55">
        <name>Tomo</name>
        <description>Tomo al que pertenece</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92783">
            <text>2</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92784">
            <text>8</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92785">
            <text>Agosto</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92786">
            <text>22</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="92803">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92781">
              <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 8, Agosto 22</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92787">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92788">
              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92789">
              <text>Miscelánea</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92790">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92791">
              <text>México Ciudad</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92792">
              <text>Periódicos</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92793">
              <text>Siglo XVIII</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="92794">
              <text>Siglo XIX</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92795">
              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92796">
              <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92797">
              <text>1897-08-22</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92798">
              <text>Periódico</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92799">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92800">
              <text>2017492</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92801">
              <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92802">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92804">
              <text>México, D.F. (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92805">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92806">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="1085">
      <name>Corazón de sacerdote</name>
    </tag>
    <tag tagId="990">
      <name>Damas mexicanas</name>
    </tag>
    <tag tagId="1096">
      <name>Doctor Carlos Glass</name>
    </tag>
    <tag tagId="1101">
      <name>El asesinato de palma-sola</name>
    </tag>
    <tag tagId="1103">
      <name>Globo terrestre</name>
    </tag>
    <tag tagId="1102">
      <name>Herr Andreé</name>
    </tag>
    <tag tagId="1100">
      <name>Juventud criminal</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
