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                  <text>EL MUNDO

DOMINGO 22 D[ AGOSTO DE 1897

Gorra Vlzca1na.

1Ie aquí un lindo toques de crin de en·
caje gris plata, coquetamente alzado del
lado izquierdo por medio de tres choUI
de punto blanco bordado de lentejuela.
Aigrette gris perla, de plumas flexibles.

•

Sombrero Lueette.
TOMO.JI

MEXICO 1 AGOSTO 39 DE I897.

NUMERO 9.

Este precioso sombrero es de paja negra, formando su ala UL zig- zag. Lleva .
un graJl chou de punto oegro, seguido de
una bonita pi uma negra en aigrette1 bajo
el ala en el lado izquierdo, luego otro
chou de punto negro, seguido de otra plu ·
maque rodea la formá y cae sobre el ca·
bello.
Sombrero Bianea.

Este sombrero es de paja de seda oro y
gris claro, ala levantada por detrás, y
cubierta con adormideras tris. Sobre el
frente un pájaro de fantasía, todo blanco, y con una cabeza de gallo y cuernecilloa de pluma negros. Eete pájaro suje·
ta el gran abullonado de crespón gris perla, acabezado, que circunda 1:;l sombrero,
formando cocas dobles.

Sombrero Rembrandt.
NOTAS DE LA MODA.
Sombrero Rembrandt.

Este gran sombrero drapeado á la Rembrandt, va todo
bordado de lenttjuelae negra@. A la derecha están recojidos los pliegues por un broche de azabache.
Al lado izquierdo, sobre el ala levantada, un prolongado chou de terciopelo alvaricoque rosado¡ y en el centro un enormeptendedordepunta•de diamante y perlas.
Detrae Ee levanta un penacho de tres hermosas plumas negras.

Sombrero Bianca.

Todos estos sombreros muy elegantss
encantan¡ pero parn negocios de uso frecuente, paseos de mañana, viajes, excursiones, bicicleta, y en general para labores E!tl usan mucho máe los de bolerc;
algunos tienen por todo adorno una liga de cinta; otros están drapeados de se •
da, gasa 6 de rouches y cocas de listón,
y algunos eombreros de charola con
la copa crespa de pliase y cuchillos
de pluma de pavo. Después de estos, loe sombreros de
:fieltro gris, de alas anchas semejantes al búfalo: la copa
está aplastada, toda redonda, cowo los sombreros llainadoe ,,Mascotan hace algunos años: siempre con una senci•
lla cinta gris en torno de la copa. Algunos tienen al lado
izquierdo dos plumas de alas. Pero el sombrero más moderno el uPanamá, n de forma tirolés, galoneado con
terciopelo negro y con liga de la misma cinta. Este ea ligero, cómodo y muy útil para el sol. U nicamente que la
paja blanca no está bien á todo cutis, y por eso prefieren
el fieltro gris que da mejor aire.

ea

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.

;~··

,-,. _ ..

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..

Gorra vizcaina.

la familia en el hogar¡ que cada cosa en su lugar, aseada
y en orden, eacanta la mirada, compla~e al corazón, Y
que con el espíritu y el corazón tranqmloe las. horas se
deslizan embalsamadas, haciendo siempre sentir con pe •
ear su tan rápida desaparición.
uLoa bonitos cuadros y deliciosos paisajes acortan las
largas distancias, loe interiores graciosos retienen á las
gentes.en Ja habitación. n
.
Hay un justo medio que es necesario saber conserv.s r.
Lo3 extremos son viciosos, n!\da ·valen; torturar la vida
es tan ridículo como nbandonarla. Así, hay algunas, que
por pequefl.ez de et=píritu 6 por mania de arreglo 6 de aseo
están siempre temerosas de que se manchen eue mue~lee
LlCTURA PARA LAS DAMAS.
limpios y brillsntee, que siempre está.o en observación
de que loe visitantes no ensucien el pavimento del salón,
RES ULTADOS DE LA CIENCI A DE LOS DETALLES,
tan cuidadornmente conservado¡ que se conmueven Y
se in1,uietan por la pérdida de un alfiler. EaW ea una
Esta ciencia contribuye al bienestar tonteria.
más de lo que se cree ordinariamente.
Nada atorme11.ta como esas pequefiaa
cosas hechas de otro modo que como qui·
Eiéremve, como esos pequeiios vacios que
recordándonos á cada inetante que algo
nos falta, impacientan tanto más, cuanto
que no se atreve uno á quejarse¡ poco á.
poóo el diegusto de la vida de familia,
nace en el corazón, crece excitado por la
imaginación, y se va uno á buscar en otra
parte, un bienestar que no se encuentra
en la caea.
·
¿Queréis fijar á alguno cerca de vos?
que encuentre á la mano todos loe menudos objetos de que puede tener neceeidad,
todos esos pequeños antojos que vos le
conocéis, y que él nunca os manifestará
por temor de parecer ridículo.
¿Queréis vos misma no perder vuestro
tiempo, .ni sentir tan frecuentemente accesos de mal humor? rodeaos de todas
aquellas cosas qne oe son necesarias, prestaos todos los pequefioe servicios posibles.
Ciertamente, no queremos tral:'formar
en servidora á una ama de casa y hacerJa insoportable á todo el mundo, acom~e•
jándolt todas esas minuciosidades¡ pero
sf quisiéramos que ni ella pensase, m na•
die en su derredor creyese que estaba
mejor en otra parte que en la casa.
Quisiéramos que eet.uvieee convencida
de que el aseo, el arreglo, el lujo que no
demande más cuidado, todo esto ea el Ja;.
Sombrero Lucette.
zo que estrecha, el amante que retiene á

$n !J}tapuliepec.
Dlbulo de Josó M. Vllla~ana •.

�DOMINGO 29 de AGOSTO de 119_7,

EL MUNDO

••EL M'UNJJO,,
Semanario Ilustrado.

l'e16fono 434,-Calle de Tiburcio nüm. ao.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re4acci6n, debe aer dirigida al

Director, Lle. Raf"ael Reyes Spindola.

,Dlítka ®ttttral.
RlSUMEN -El Presidente hure en Rusla.-Pomposa recepc1ón,-EI elemento oficial y el sentimlen•
to público.- El Czar en París y M. Faurcen Peterhof.
-Paradojas.-Poslbllldad ae la alianza francorusa.-Como se dlacutc.-La lnaurrecclón ae los
afridaa.-EI Imperio de las Indias y el Afa;aniatán.
-Laadisputaa en Aala.-Probables complicaclonea.-La perfidia mahometana.-Muertc del Presidente de Uru1uay.-EI anarquismo en América.
-Conclusión.

Secretario de Redacción,
Amado Nervo.

Toda la qorrespondencia que ee relacione con la edición
&lt;debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto Moguet.
La aubacripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al

mes, y se cobra por trimestres adelantados.
Números sueltos, 60 cent&amp;vos.
To do paco debe ser precisamente adelantado,
REGIBTBA.DO COMO ARTÍCULO DX BBOUNDA CLASB.

tn,gta5 tbitt1rialt5.
Q;l tl!illltill bel bía.
¡Imposible hablar de otra cosa que de la inesperada al•
za del cambio eobre el ext.raujero! La crisis que peea sobre el valor de !tl plata ha alcanzado un periodo de ex•
traordinaria agudeza, y es creencia general que esta vio•
lencia de la t:iituación deierminará necesariamente un
equilibrio. En los bechos económicos como en los socialee, el remedio de una enfermedad se encuentra en loe
caracteres de la misma dolencia.
La depreciación de la plata no ea, sin embargo, un fenómeno económico que nos sorprenda por vez primera:
hace más de diez años que venimos apreciando sus efectos, ydeede entonce&amp;, el paia aeha provisrodesuficienteserenidad para afrontar con juicio y recto criterio el que
antafio nos parecia un golpe de muerte asestado á la riqueza micional. Loe hechos deearrolladoeen este espacio
de tiempo nos ban dado á entender, que en el problema
monetario México ha encontrado elementos para afianzar
su prosperidad y dotar el trabajo del país de nuevos úti•
lee, interesantes para el progreso económico.
Demasiado se ha ineietido acerca del aliciente ofrecido
li las industrias por la baja del metal blanco, para apoderaree de un tema que no está á discusión¡ pero eí convie•
ne hacer observar cómo se ajustan loa hechos á la enunciación de la teoría. En loa momentos en que el boletín
de la Bolea nos presenta un tipo de cambio de 145 por
ciento, la prensa diaria sen.ala reuniones de hombrea de
negocios y capitalistas, agrupad( a con objeto de acame•
tier empresas i1.i,duatrialea y explot:icionee agrícolas, im·
pulsadas por la crisis. Loa paieea de talón oro eeilin, de
tal sb.erte, ejerciendo una especie de proteccionismo en fa.
vor de loe 9,ue tienen la plata como base monetiaria.
Nuestra unica preocupación gira puramenMl en el or•
den :fiaoal, y aun dentro deeate círculo, el eneanche de la
riqueza pública ea la mejo_r garantía de la resolución del
problema.

QH anarqni!intll 1J la baia be la plata.
Mientras del otro lado del Océano la fiebre de la deat;rucción hace sus víctimas y amenaza el orden y el bien•
estar sociales con las explosiones de su ierrib!e programa, nueetra República, de formación reciente, coniem·
pla sin a¡,rensionee ni temores estos lúgubres dramas.
Ni una vaga sospecha se ha despertado sobre la poai•
bilidad del anarquismo en México; y ea que las condiciones para que brote esta planta de floree sangrientas
reclaman un terreno regado por el 1lanto de la miseria y
abonado por el humus del hambre. Para llegar á eat;e
grado de desesperación sombría :culintaa víctimas aplastadas! ¡qué enorme masa humana triturada!
A. :a cu11q11i81.n del pan corren esos desesperados, retratados de mano maestra por el ruso Kropotkin, y el pcm
B'3 evade de sus manos, cuando loe cardenales del látigo
descargado sobre muchas generaciones aun no desaparecen. Entonces el hombre ·acorralado se vYelve fiera,
que ea necesario cazar como al oso y perseguir como al
lobo.
En el fondo de eat.aa tragedias clava eu garra el pro•
blema económico.: días sin alimentación, lúgubres no•
ches glaciales1 cuerpos inanimados ......... la lucha por la
vida, cada vez más ruda, cada día más einieaira.
Y en tanto, loe que de lejos presenciamos loa acontecí•
mientoa yernos inaugurarse para nuestra patria una épo•
ca de gran impulso industrial, vislumbramos u.na activa
demanda de brazoa1 la elevación de loe salarios, el ensanche del bienestar ent.re todas las clases.
Se tiene razón al aeeniar que el anarquismo no vendrá
á hacer su aparición eombrla en el territorio mexicano.
A.caso se encuenire en lo justo un pensador ilustre,
cuandopresenia á los pueblos americanos como los sal·
vadores de la civilización.

Con toda la pompa de la fastuosa corte moscovita, y
en medio del 1't-gomjo de todo bl pueblo ruso, ha sido re·
cibido el Pre1üd1;mte de la R~pública Francesa en el cas·
t.illo de Peterhof.
Así como llamaba la atenci6n en el pasado Octubre, ver
al pueblo francés eniueiasmado hasta el.delirio, para aga·
sajar dignamente á. loa .l:!:mperadores de Rusia que se
dignarou visitar Ja ciudad de la Comuna; aei como era de
e:urañaree ver esos hom~najes en loe.buenos parisien&amp;ee.
01gu1loeos con su tradición ,epublicana, encantados de
eu historia democrát.ica, que comienza en la sangrienta
soma de la Baaiilla, St, cónünúa en las barricadas de 1830,
toigue en las poéLicaa peroraciones de Lamartine que acau•
dllla la revolución dt, 1848, y de eslabón eneelaoón llega
haaia loe faudicoa rnccudios que envuelven en llamad
destructoras, lo mismo el Monte A ventino-el,Hotel-dti·Ville-q ue el Capitolio-las Tulleríaa;-aaítambién causa
extrañ~za ver á. loa rusos actictoa db iodo corazón á la
monarqu1a, devo1,os abnegados de su st-ñor li quien ape·
lhdan padre, servidores leales del trono y adwiradores
de su glorioea dinastía, rendir loa tribusoa de su respeto
y ofrecer homenajes de alia consideración el repreeen tante de uoa democracia, al que tremola en sus manos la
ensena tricolor de Francia, que significa la revolución. al
humilde cmdadano elevado á la primera magist.rat.ura no
por derecho divino ni por pragmti.,icas reales ó abolengos
lt!gendarioa, sino por el voso dt:l 1aa mayorías abrumado·
ras, emit,ido por la representación naciooal.

•*•
Sea como fuere: las fiestas celebradas en San Petersburgo y en PeterB.of para honrar á. M. Faure, son la prencta
segura de una unión real, de una alianza efdc~i va entre
las dos poderosas naoi•Jnes -que tratan de equilibrar y
formar contrapeso de aha significación á la iotiueocia que
ejerce en loa destines de Europa la Triple Alianza.
Podrá discuiirse la ex1ar.encia de uaiado:J formales que
aarcioneu la alianza franco-rusa; acaso en el seno de 10a
gabineies y en l&lt;Js misterios obscuros de la diplomacia no
haya más que cordial eimpaifa, que buena voluntad, que
inteligencia franca, preparando t-1 camino á una. futura
convención¡ Sal vez tengan razón loa que ponen en duda
esos tratadoe, y quienes loe critican desde antes de cJnocerloa, alegando que la omnipotente Rusia tr.i.ta de ex•
plohr el temperamento lasino, fácil de ensrar en eíerves•
cencia y el ingente patriotismo de loe franceses, guiada
por miras egoisticas.
Pero al ver las corrientes de fraternidad que pasan de
uno á otro pueblo, al ver el creciente amor y la mutua
admiración 4110 ee manifiestan entre loa dos países, entre
el imperio ausocrático y la república popular; al ver có~
mo aumentan loe intereses que atan con lazos estrechos
á. las dos naciones, y al palpar que las manifesiaciones de
simpatía y de adheaion no se hmitan á las esferas oficiales, sino que arraigan profundamente en las diversas capas de la sociedad, lo mismo en Rusia que en Francia,
igual entre los pueblos eeclavonea, fríos y calculadores
como todas las razas del Norte, que entre los de origen
latino, entnaiaetaa é impresionables sobre t.oda ponderación, no podemos menos de cr~er en la exietenc~a efecti·
va de la diacu,ida alianza.
No importa que con demostraciones semejantes á las
que ha recibido M. Faure se haya festejado hace muy
poco al arrebatado Emperador de Alemania. En lo que
se relaciona con el elemento oficial, con la alta correccion,
con la rígida etiqueta que debe haber en la corte impe•
rial de Peiersburgo, puede afirmarse que iguales demost;racionea ee han hecho al monarca teutón que al preai•
dente francés.
Pero lo que forma parte del sent.imíento público y se
adivina en las informaciones que hasta hoy se han comunicado, nadie negará que hi partida se ha decidido
en favor de Francia.
La entente que comeuz6 por la espléndida recepción de
la escuadra francesa en aguas de CronatadL ha tenido un
digno coronamiento en loa pomposos festivales de Pe•
ierhof.

*
**

Una nube negra prenada de tormenta se levanta ame·
nazadora para el gran Imperio Británico en el cielo azul
de sus vastas posesiones indianas.
Sea que algunas tribus feroces ó remontadas en la fron•
tera afgana hayan sentido el ac!cate del hambre y la miseria que han asolado la península indostánica, sea qhe
á su interior hayan llegado loa ecos del fanatismo rebelde cont.ra la higiene inglesa, en medio de loe horrores de
la peste, ello es que la ineurrecoión, que había estallado en puntos aislados y fácilmente accesiblea1 acaba de
comunicarse á loa belicosos afrldaa, que en formidables
masas se levantan contra el gobierno inglés del que apenas eran simples tributarioe.
Si .la presente .rebelib.n ha sido provocada por las condiciones especiales en que ee encuentra la India Británica, con alguna d:ficultad, luchando contra las asperezas
de las montaf'ias, contra las agrias pendien~es de ioe valles escondidos, en que habitan loe rebelde..i, será poei•
ble en plazo más ó menos remoto dominar la insurrecclón.
Pero puede haber algo más que el consejo torpe del

fanatismo ó la ineinurción aviesa de la miseria en la pre•
Bdnle,inaurrección. Acaso el Emir de Afganistán. pérfi.t
do como todos loa mahomesanoe y frío Cblculador como.
t,odoa loe sectarios del Corán, sea el instigador de last,ribua rebeldes, el agitador de las masas que las empuja
y lanza contra la Gran Bretafia, por más que ee le oiga
jurar como buen musulmán, protestando de eu inocencia
Dos son las grandefl naciones que se dividen el tenit.o"
ria y sordamente se disputan la preponderancia y el dominio en el continente asiático: Rusia é Ioglaterra.
Apartadas por altas cordilleras, divididas por csmdalosoB-,.
ríos, las vaetae posesiones de loa dos imperios, están unidas por una serie de pueblos informes y mal de:6.nidoe, _
por una cadena de movedizas agrupaciones sociales, fáciles de someter por la aaiucia y dificilee de dominar por
la futrza. Centro de esas agrupaciones ea el Afganistán:
su omnipotente Emires alternativamente lisonjeado por.·
loa gobiernos de Londres y San Peieebur,o.
¿Quién pudiera afirmar que la actual 1n1mrrección de .
loa afridaa no es provocada por una perfidia de Abderrhaman para adulará Nicolae II en contra de loa ingleses? Si así fuera, aparte de las dificultades que consigo
mismo trae aparejado el actual levantamiento de esas~
tribus guerrerae, habría que pensar en serias complicaciones para un porvenir no remoto, entre las dos grandes
potencias que se disputan el imperio del Asia.
Entonces el gobierno ingles tendría delante de si, no
solo las bordas indisciplinadas y f,..rocee, indomables y
valientes de la frontera afgano-indica, sino también loa~
innúmeros ejércitos del Czar Nicolás II.
¿No sería ésta la primera aplicación práctica de loa
grandes ferrocarriles estratéjicoa que tan costosos han
sido al Imperio ruso·?

*
**

Aun no pasaba la dolorosa impreeión que produjo en
el mundo civilizado el crimen de Smt.a Agueda, t.odavía
no ae extinguían en el espacio las protestas enérgicas
que brotaron de todos loe labios por la trágica deaapari·
cion del señor Cánovae del CaEtillo, cuando eJ telégrafo
nos comunica la muer~ violenta y en circunstancias
idénticas, de Don Juan Idiarte BJrda, Presidente de la.
República del Uruguay.
Si nos explicamC'a y encontramos ó pre~n.demos hallar la tenebrosa filiación del 11,narq uiemo en las naciones
'Europeae, nos parece muy extrat'io1 contradictorio, anti-.
t;é1,ico, y hasta sobrenatural que fonómenoa semejaniee
se produzcan en el seno de la libre América.
No podemcs creer en la realidad de esos hechos eom•
bríos, loa rechazamos como absurdos y contrarios li la
naturaleza de las cosas, y sin ninguna relación con el
medio en que 1:ie producen.
Que loa pueblos, abrumados por el complicado anda•
miage de un aparato gubernamental, extraordinario,
lancen quejas doloroeae; que loe países, agoviados por
el inIQ.enao peso de la paz armada, se lamenten con tris•
teza¡ que las agrupaciones industriales y agrícolas, explotadas por loa grandes sindicatos y loe omnipotentes
capitales. giman en su miseria; que en las sombras de su,
i~norancia y en las tinieblas de ~u dol!)r hagan explosión, á veces, en tremendas mamíeitac1onea de salvajismo extraordinario: no loe disculpamos, eterna maldición
sobre ellos; pero al fin sus angustias tienen una causa.
Pero entre nosotros ¿qué puede da1 pábulo al anarquismo? ¿dónde está el suelo empobrecido, la civilización
caduca propicia al desarrollo de esa planta envenenada?
¿dónde loa antros infectos que den abrigo á loe RJVa•
cho!? ........ .

Fruto de la importación de contrabando, el anarquismo
-lo decimos con todo nuestro orgullo de americanosno podrá desarrollarse en nuestra tierra virgen: en nuestras sociedades de ayer pero encaminadas con entusiasmo juvenil bacía un hermoso porvenir.
Que esta satisfacción no nos aparte sin embargo, de
sentir hondo pesar, por lo tragica muerte del PreeitlenteBorda.
X. X. X,
Agosto 26 de 1897.

LA BELLEZA FEMENINA Y LA MODA ..
Cuando se estudia la moda, eepeCialmente en el transcurso del último siglo, para tratar de descubrir la ley·
que la rige, los principios que la norman 1 loe impulsos.
á cuya virtud evoluciona y se traneforma1 no tarda en,
descubrirse que su tendencia predominante, su aspiración suprema y su norte invar(able son la variedad y la.
profusión.
La_ caprich~ea rein~ que tiene sometida á perpetuo vaeallaJe á la mitad meJor y más bella de la huma!lidad y·
á una parte no despreciable de Ja oira mitad, no parece
preocuQarae ya, poco ni mucho, de embellecer á la mujer
de realzar sus naturalfla encantos, de hacerla m,a magea:·
tuoaa ó más graciosa, más seductora y más digoa de ser
contemplada¡ menos aún se preocupa de protegerla contra la i_nt.emperie, de vestirla y ata viaria co~ desahogo y
comodidad, de proteger su cuerpo contra la rnclemencia
de precaver eua formas contra la deformación ó de BSt,:
gurar el funcionamiento expedito de eue miembros y de.
sus órganos; no: sedienta de novedad y de variedad deja á un lado la estética por elcanzar la extravagancia y
menosprecia la higiene pg,ra llegar á la variedad.
Una vez vestida, la primera preocupación de una mujer ea desnudarse. No_ bien !egresa de la calle, del paseo,.
del eepectáculo 1 su pnmer impulso ea desceñirse el coreé que la.ae.fh:ía, desabrochar el c~ello que la extran¡ula, desp?J~r el calzado que la mortifica, y suelta, deaceñi•
da, el pté Jugueteando dentro de la pantufla, reclinarse
en el canapé, columpiarse en la mecedora, descansar un
poco de tanta ruoleat.ia y de tania tortura y dejar tirado
el fardo de elegancia que llevaba á cuestas.
Con su c~mi~ta, su camisón, su corsé, !U cubre-coreé.
su enagua mterior, su sobre enagua 1 su falda, su corpi•

DD ■ IIGO 20 do AGOSTO do 1897

no, su manteleta, su sombrero, sus guantes, su sombrilla, su bolea de mano, su tarJetero, su bombonera¡ con
aue sortijas, pendientes, prendedoree,collaree, reloj¡ y eu
frasco de salea, una muJer vestida pesa veint~ ó trem~
quilos más que desnuda, ein contar el ouat.e, loa poeii•
zoe, ooinetaa, horquillas y demás perendengues indiapenaablee. Cuando una mujer dice voy á vestirme ee sabe bien cuando empieza, pero no cuando acabará y para
desnudarse necesita siempre alguieu que la ayude.
La misma profusión se obrnrva en el ornato y decorado de cada prenda de uso¡ en:e1 sombrero se dan cita todas
las floree de loa campos y todas las plumas de las aves;
en las faldas y corpiflos espuman todos los encajes, ondean todos loe volantes, flamean todoe loa liatones; en las
orejas y en la cabellera chispean constelaciones, en loa
brazos ee enroscan víboras de oro con ojos de esmeralda, en el seno descanean lagartija.a y escarabajos de ea•
ma lte, al cuello ee ciñen apretados y múltiples loa hilos
de perlas, loe dedos se adelgazan· bajo la presión de las
1ortijas y las ligas se cierran con medias lunas de brillantes.
La Moda parece que aspira á acumular en cada mujer
todas las bellezas naturales, toda la flora de loa prados,
toda la fauna de loa boeques, todos loa celajes del ere•
púeculo, todos loa iris y todas las nubes y todos loa
astros.
.
En punto á variedad no le deja jamás punto de reposo. Hace todavía cincuenta afl.oa una señora decía: mi
vestido de moaré, mi mantilla eapafiola, mi gorro de paja y lo decía diez afias seguidos, como boy decimos: mi
ca ea, mi rancho ó mi familia. Aquellas prendas eran ~ei Biempre las mismas¡ el vestido negro de moaré que fi.
guraba en la canastilla de donas, acompaflaba á la da •
ma li todas las funciones de iglesia, á todas las procesiones del Corpus, á todos loe péeames del Viérnee Santo y
la seguía :fielmente hast.a la tumba. Había faldas solariegas y mantillas tradicionales y hereditarias como loe
pergaminos nobiliarios. Como ni el corte ni la confección variaban y como la industria inveniaba pocas varíedade« de telas, un traje podía llevarse anos enteros
con propiedad y elt'gancia.
Hoy t.odo ha cambiado: en las telas giran todos los coloree como en el disco de Newton¡ la tistructura, la tez y
la consistencia de los tejidos cambian veinte veces por
afio : el catálogo de las telas ea más voluminoso que el de
una biblioteca pública; el corte y la confección aníren
metamórfoaia sin cuent.o, que parecen más bien, por lo
rápidas, lo bruscas, lo inesperadas y lo incoherentes,
convuli,iones epilépticas¡ las faldas ee alargan ó ee acor•
tan de un mee para el mea siguiente; loe talles se ahuecan
ó ee eakecban de una semana á. la oira; la manga ajustada
de antier fué ayer un globo de Cantoya y boyuna cabeza
de elefante. Loa sombreros pasan casi sin transición de la
caiegoría de solideo á la de tienda de campaila¡ unas
veces el calzado sube hasta media pierna como bota de
h úsar y osraa desciende, en equilibrio inestable, hasta abajo del tobillo; ei eu primavera privan loa coloree
vivoe1 en estío imperan loa pálidos, en oioflo loe gri·
saceoa y en invierno los obscuros.
Nada permanece fijo, estable, permanente; ee gasta u,na
eenora cienó doscientos pesos en un abrigo, lo usa dos ó
tres veces durante el invierno; al afio vellldero la moda
ha cambiado: tela, corte, adorno, todo ha pai.ado dt: 1110•
da y hay que abandon&amp;r intacta la prenaa ·y adquirir
otra.
Todo esto, estando muy mal, estaría muy bien, si en
medio de eea variación incesante y de eaa profusión inaudita, la moda l!e preocupara un poco siquiera de la comodidad, da la higiene de la mujer ó por lo menos se ina·
pirara en loe principios de una estética racional¡ pero Jejas de eso, lll capricboi:a deidad parece haberse encnado
con la higiene y con la estética Y habetlee lanzado un
reto altanero y brutal.
A la higiene, desde luego, porque ¿de dónde ha eaca•
do la moaa que el pie acaba en punta? y que el talón La
de reposar más al\O que los dedos? Consultemos con la
anatomía y la estatuaria y ellliB noE dirán que el pie es
más estrecho del lado del talón y que éste descansa á nt·
vel con la planta. No ha nece,ütiado más la moda para
p rescribir el tacón aho y la punta del calzado estrecha.
Se concibe que el calzado Minga hebillas 6 moños, que
ae confeccione con pieles más ó menos ricas, pero siempre flexibles y permeables; pero la moda no debió meserse á enmendar la plana á la naturaleza, enmienda que
tortura, deforma y enferma á quienes la aceptan. Hay
a lgo meJor que un pie pequeilo, y es un andar airoso, y
este andar airoso es imposible con el calzado ce.flido, de
tacón alto y acabado en punta.
Cuando de la forma del buaio se trata, la moda se vuel•
ve á la vez ioquiaiiorial y sofística; inquiait.orial, porque
comprime1 atormenta y atrofia contornos y órganos que
debiera prottger, d.ieefiar y conservar sanos y vig,)roeoa¡ y sofistica, porque para dará la mujer la apariencia
de una cadera amplia y robusta, condición necesaria de
belleza femenina, comprime y reduce á su más simple
t-xpreaión la cintura. La cintura de avispa, el talle de
junco no son bellos ni embellecen á la mujer, díganlo
ei no las Venus de Milo, de Médicie y todas las creacio•
nea escultóricas que encarnan y perpetúan el concepto
real de la hermoeura femenina.
l::H pasamos del boato á la cabeza, vemos á la moda per~
der todo norte y toda brújula. El peinado y el sombrero
ilenen como razón de ser el embellecer, protegiendo y
preservando ios órganos importantes contenidos en la ca
ja craneana y en parte también la cara. Ahora bien: ni el
peinad~, en general, es adecuado para embellecer, ni el
eombrero para aoiobrear ni abrigar. La trenza de Margarita y de Ofelía permiten s.dmirar la profusión y la
fineza def pelo; indicio, la primera de vigor y salud y la
segunda, de las cualidades superiores de una raza fina
Y bien cuidaúa; las monumentales construcciones que
la modl\ ha impuesto, fingen esa abundancia pero hacen
desconfiar de ella y d'a n faleo concept.o de la fineza; sabeo tlar á la mujer aspecto de hidrocéfala, hacen perder
ioda proporción y .ada relación entre el iamaflo de la

B:L MUNDO

cara y el de la cabeza y suelen acentuar las imperfecciones del óvalo del aemblant.e. Así, en vez de adecuar
el peinado á la fisonomía, obliga á usar tupé á las mujeres que tienen la frente chica, á alisar y levantar el copete á las que la tienen grande, pone castafia y molote
á las cabezonas •Y ~je interminables trenzas a las que
Sienen la cara larga.
Con el sombrero pasa lo mismo¡ it veces se dan cita y
entran en íntima relación una nariz r-,mangada y una
falda descendente de sombrero; otras veces ee ven chaparritaa coronadas de canastas de panaderos, ó paloe de
teléfono superados y decorados con cajas de pildorae ú
ollas tamaleras cubiertas con comalee.
·
La Moda lo ha sacrificado todo li la variedad y á la
profusión y ha paeado un rasero nivelador por todos loa
tipos de la belleza y todas las variedades del encanto¡
impone el talle largo á la mujer obeea ó el corto á. la al•
ta y arrogante¡ menosprecia tomar en cuenta las peculiaridades de cada persona para vestir á todas en forma y
~odo que sólo conviene á algunas, y olvida que las coudicíones de eeta,ura 1 robustez, proporción de las faccioº!lª, de los miembros, del cuerpo en general, deben ser•
v1r de base al culor, al corte, á Ja confecoión del sraje y
á la naturaleza del adorno. La crinolina convirtió en
ollas de pifiata á todas las mujeres de eeiatura media y
baja, y el traje de medio paaoen sombrillas á medio abrir
átodaslas mujeres altas y esbeltas, y ahora ee dibujan ojeras debajo de ojos saltones y se pinta de bermellón las
mejillas huecas de las caecadas de pecho.
~i la Mo~a quiei.era ser un poco racional y la mujer.
cmdara meJor sus rntereses en esta materia debería comenzar por preguntarse en qué consiste la belleza femenina1 por definir bien las ley~a de forma proporción y
armonía que hacen bella á una mujer y tra'~aria de sorne
t~r~e 4. ella. Si ae( procediera, la Moda sabría que su misión es velar la forma dejándola adivinar y queau fío supremo ea enmendará la Naturaleza, retocarla, disimularla, y aienuar sus errores y sus imperfecciones y 'lo
deefigurar y deformar el cuerpo humano.
Partiendo de .esta idea fundamental, comprender!a que
así como no se un ponen muletas á un manco. ni lentes á
un cojo, debe dejará cada mujer latituJ suficiente para
crear Is. moda personal, la que más conviene á sui:, candi,
~iones propias, la que más Ja embellece ó ador1..1a; dejaJaría envueltos en ancbaa corbatas 6 circuidos de hiIQB
de perlas loe cuellos de cisne y redimiría de loa cuellos
ingleses á las gargantas cortas y robustas· abullonaría el
talle de la mujt,r delg.t.da y aJustaria eÍ de la robusta·
abuecar!a la falda de. la mujer gracil y ent;allaría la d~
la mórbida; proporc1ona1fa el tamaiio del sombrero al
volumen de la cabeza y tirazarfa eue lineamientos en armon1a con el tamaño, dirección y forma de las faccio•
nes¡ crearía peinados altos y pequef'íoa, para las mujeres
gordas y bajas y dejaría ondular loa rizos y pender las
,renzaa da las arrcgantea y esbeltas¡ toleraría la cauda
solo á. la mujer magt:etuoaa y la falda corta á la graciosa
y bisbirinda¡ subrayaría con sombras la doliente ó t.étri•
ca expresión de lo_a ojos hundidos y acentuaría con carmín la salud y la vida que emana de las mejillas robustas
Las mujertis serían at-i, ó parecerían al menos1 más be:
l!aa y su belleza se oaten.tar1a mas armónica y mas auges•
t1va y no como hoy d?eparatada á v~cea, contradictoria otras y afeada las m6.s.
H~b~l'.a, bi~n ent.endi~o, leyes ó principios generales,
coud1c1onea 1ndumensar1aa de observancia forzoea corree•
pondieotea á leyes ge!leralea de la belreza femenina· to•
dos los ojos procurarían ser grandes, todas las bocas· pe•
queñae, rojas y frescas, todas las mano3 finas, iodos los
pechos levantados, todae la~ c~deraa voladas y todos los
bustos torneados; pero habr1a igualmente prescripciones
de observancia facultativa, mod.1ficacionea personales de
ciertos principios, notas propias y adaptaciones, de las re•
glas á. laa condiciones iodi viduales de ciertas personas convergieotee al fin supremo de la moda: aquil.1~ar la b~lleza
femenina.
l!:a aeneata le. idea ? ea sana y conducente? daría como
resultado el mul,iplicar el núwero de las hermosas y hacer más estimable cada tipo y cada género de belleza? Iucueationablemente si. Se llegará á hacer la reforma? Por
qué no? 3i en apariencia la Moda hace á la muJer en realtdad, la mujer hace la Moda, y bassará un poc~ de eeneatez para que cada bellt-za se estudie y, ee analice y se
componga ~1 surtido de figurines que mas convengan á
la naturaleza de sus encantos.
:Mas convien~ á la mGg~r ser bella que ser gomow. y
mRs cuenta le tiene esclavizarse á sus propios encantos
que á loa figurines de la Moda Elegante.
Agosto de 97.
DR. M. FLORES.
LA MUTUA

Otro pago de $2,000 oro • merlcano que con el
cambio sobre Nueva York, aon $4,790

Recibí de •The Mutual Life Ineurance Company of
New-.Yorh la suma de {$2,000.00) dos míl pesos oro
americano, en pag total de cuantos derechos se derivan
de la póliza número 565,~l, bajo Ja cual estuvo aseguf!'odO el S_r. D. Ernesto Z1egler, y para la debida constancia en m1 caracter de apoderado del albacea teatamenta•
rio, extiendo el present.e recibo en la misma póliza que
se devuelve á la Compafiía para su cancelación, en México, á 18 de Agosto de 1897.
Firmado,-J. GRt.ESHABER.
Certifico y hago constar que la firma puesta al calce
del documento anterior, ea de puilo y letra del Sr Jor•
ge Grieahaber, quien recibió ante m( la suma de $2 ooo
dos mil pesos oro americano, á.que se refiere el ex(¡)leaad~ documento. Doy fé. - M;éx1co, Agoaio dieciocno de
mll ochocienios novenia y siete.
Firmado, -D18Go BAz.
Un sello que dice Diego Baz.
Notario Público

NUESTROS GRABADOS
GIACOMO PUCCINI

"La Bohcme••

Creemos de gran oportunidad hoy que La Boheme obtiene éxiioe tan ruidosos en el Teatro Nacional, dar co•
mo nota complementaria al retraro que en otro lugar pu ..
blicamoa, algunos datos relativos al joven Maestro Pu•
ccini y á sae principales apartitoa; terminando con el
que inspira las crónicas de estos días.
Jaime Puccini, célebre compositor modnno italiano
nació en la antigua ciudad de Lucca, (Italia), el aflo d~
1864; es hijo del célebre compositor Puccini, autor de
varias composiciones aagradaa. En el · •1Inatituto Puccini," {* ) existe un busto de dicho compositor. Jaime
Puccini principió sus estudios en el Instituto Mueical
11Puccini.». Terminados, compuso una misa que fué
caniada en la Iglesia de San Paulino, de Lucca· después
siguieron las óperas «Le Ville)J y ccEngardo1&gt; p~ro la que
más fama le diera, fuá en ManonLe¡¡caut. estrenada en el
gran Teatro Regio de Turl'.n, el 1? de Febrero de 1803
y no en Milán, como se ha dicho. Poco después se repre:
sentó en Milán con gran éxito1 en el mismo mes y año.
La ópera mencionada ya ha sido representada en Ioglaterra, Eetados Unidos, etc. A.l principio de su carrera
musical, Puccini fué á ocupar el puedo de maellt.ro de
capilla de San Giorlamo y de otras iglesias de Lucca
hasta que fué contratado por la Casa uR1cordin para arre:
glar partituras de ópera á reducción de piano. En segui~
da compuso las óperas ya citadae, de las cuales es supremo broche La .ioherne.
La Boheme fué estrenada con bastanie Pxito en Tarín el l? de Febrero de 1896, y en Roma el 26 del mismo
mea; en el Rfgio de Turín fueron llamados qtiince veces
á la escena tanto P_uccini como los ~rtietas que deeempe •
ñaban la obra¡ á dicha representación concurrió Jo más
selecto de la arhiiocracia italiana, encontrándoFe ia du •
queaa Letizia, Isabel Verdi, Maecagni, Verga Costa Ca•
rrugati, Tedeacbi, Marcheiii, D 1 CuneviJle, Ci~chi 1• 1~ que
más llamó la atención en el estreno Jué el cuart Pto del
tercer acto, e.l quint.eto y el dúo final; los números que
fueron repetidos fueron la romanza de HChi ion &gt; acto
primero; el dúo de Rodolro y Mimí en el tercer acio. La
ejecución nada dejó que desear. El maestro Puccini fué
presentado á la duqueea Letizia durante el intermedio
del segundo al tercer act-o.
La mayoría de los críticos italianos creen que es inferior á Mauon, pero más hermosa lea parece La Boheme·
An Italia hay la creencia de que Puccini ea el suct-sor
Verdi.
Antes de terminar estos lijeros datos biográficos ma•
nifeetaré lo qne se cuenia q ,.1e dijo el inmor,al Verd.i al
autor de la Manon Lescaiit.
-"Os felicito por vueeira notable fipern y oa aseguro
que tenéis al frente un gran porvenir." Puccini ha lla•
madl.l la atención en Lucca por ene amores con la más
hermosa italiana que reside en aqt1el lugar1 llamada
El vira.
·
Para concluir esta anecinta biografía, diré que tenfa
un hermanú llamado CarloP1 muerto hace pocos afioe de
fiebre amarilla en el Brasil, también notable filarmónico.

d;

Ltrrs

ECHEG.ABAY ARAGON.

[•l Ko hay que oonrundirlo &lt;'Oll Juan Puccinf, comprndtor Italin.no
nncfdoen Cata11ia en li96 r mucrt:.oen 181',/,;; es decir, cuando PuNilni
:D:tucl\6 en Roma y luego en .Bolonia. CQmpm:;o sin éxito la
músk a religlo.c;a v de.-&lt;pu(ls operas escritas con gran facilidad que
agradaron al plH)IIC'o Ita.llano v le die ron Yerdadera popularidad
Ant.es de la edad de treinta anos habla hed10 representar má.~ de
treinta óperas entre las cunle~se eitan "Alejandro en la India"
·'Nlobc." ..El eru1..adn," "Los .\rabes en la Galin," ';Juana.de Ca.In is"
"Juana de Ar&lt;:o," •·La. novia Corsa." " Mah,Jna de E.-;eocia " " La
Reina de Ch ipre," "La Estrella de Xl\poles" y "Salio," tan Conocida en México.

nncta.

Con el próximo número de nuestro ::Semanario repartiremos á nuesrros abonados el
folletín correspondiente al mes de Septiembre: una novela tan amena y atractiva como
las anteriores.
Preparamos con toda diligencia un exp_lé.~dido_ ní~m_e1:o extraorc~inario cuya apar1c10n commchra con las fiestas de Septiembre
EL CASTILLO DE PETERHOF,
RESIDENCIA DE VERANO DEL CZAR al TODAS LAS RUSIAS

Con motivo de la actu'\I ¡,erm.anencia del Presidente
de la República :F'rancesa, M. Félix Faure, en el cas tillo
de Peterhof, creemos oponuno dar á conocer algunos
detalles de esta real residencia, á la cual están dirijida~
hoy día las miradas de todo el mundo.
. ~eterhof f'S,. sin duda alguna, uno de loa castillos más
hn~os d.el Umvereo, tanto por su arquitectura como por
au_a!tuac1ón topográfica. Casi todos loa miembros de Ja fam,harealr11aa, deede varias ~eneracioneaatrás bao puesto
todo em~flo y no han omitido gaeto alg11no para que
este ca~t1llo sea el más pomposo y bello que puede verse, y ciertamente han lo..,rado su objeto.
Desde hace dos siglos ésia ha sido 1a residencia de todos
loa gran.des peraonaJea que ee han dirijido á Rusia con el
fin_ de v~sitar á_la familia imperial. Pedro el Grande fué
qmen d1ó c_om1enzo al grandioso edificio. Catalina la eegunda y N1colás I cont.ribuyeron mucho parJ que Ja
?bra ee llevase á cabo. Otro tanto puede decirse de ta hi •
J&amp; de Pedro, la emperatriz Isabel, quien no omiUó ea-

•

�l!:L MUNDO

D0 ■ 1110

OOMUIGO 29 de AGOSTO de 1197

a9 de AGOSTO de 1&amp;o1

11:L MUNDO

-====-

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA,
37',000 :a:u.illas sobre lo@ Ill.ares.

Figuraos un jacalón cuyo piso se levanta del suelo como media vara y llega á corta
distancia de la puerta, ein mostrador, sin nada más que esa plataforma; Entráis á
comprar cualquier objeto, tomáis asiento sobre el borde de la tarima y así podréis ver
sobre el piso, tendidas todae las mercanciae que buecáie.
Sin apariencias lujosas, los establecimientos tienen toda clase de artículos, abani•
coa, sombrillas, pañuelos, eedae de espléndidas comhinacioneli de coloree; por cada
objeto pid~n precio e fabulosos y concluyen por darlo, en la tercera ó cuarta parte
del precio que pedían.
Después, si queréis visitare! centro del almacén, ee necesario dejar los zapatos, y
ya en el interior calcetín al ~neto y amonado sobre u·nos cojinetea os sentáis en el piso
acolchonado de esrerJ. y allí eeguireie viendo todo lo que ee oe antoje.

LAS CASAS DE TE.

toda de madera de roble, ha•
biendo tomado algulla par'8
en este trabajo ei l!.imverador.
A la entrada del castillo ee
t-ncuenna una gran sala con
viEta al mar y t,D ella venee
trescientos veintiocho cuad roe pintados por el conde,
Rotari, á quien C11hhna la
l::it'gunda lh1.w6 á su lado, A.
la izquierda hállase un pabellón cl.iineeco y á coot1nuación de este un ealón com•
plt'tiamente blanco en el que
se admira el retrato de Pedro
el Grande¡ sigue luego un 8&amp;•
Ión más, que es complew.mente azul. ~n el mü,mo pa•
lacio se levanta una esplé ndida iglesia, situada en el ee•
gundo piso y que tiene cinco
cúpulas. Beta iglee:a posee
muchas riquezas y está ee•
pléndidamt:,uie exorna da.
Detrás del caetilJo hay un
parquehermosíeimo, que t ie-ue una t-xwneión de varioa
kilómetros, en donde el via •
jera encuentra todo Jo que
1mede necesitar.
Tal es E.- l gran palacio en
donde reside actua1wen&amp;e el

fueno paracontinnar la obra
y contraW, al efecto, al gNn
arq1litecto Leblond para q11e
se i;,ncargaee de ella. Un ~x•
tranjero que se ene ,ntr.sba al
servicio ael gobierno ruso,
apellidado condt, de R letreli,
fué quien dió la forllla definitiva á la construcción. La
vieta que disfruta'el eap~cta·
dor que titme la Cortina ~10
penetrará e.ee grao palacio,
desie la parte alta del ed,ifi•
cío ea encantadora. Un canal anchuroeo, abierto desde
el mar hasta el cas¡illo, permite que loe barcos puedan
llegar á este. L':t.s caacadJe
formadas artificialmente en
el parque ofrecen un aapec~o
tan hermoso, que no hay pa·
labras con q•1e describir la
impresión que producen.
Esta ha sido obra exclm•iva del eecultor Koeloneki,
.quien presentó eu obra primero en plomo, y máe tarde,
cuando Pablo I se encontra ·
ba en el podei 1 cambió el
plomo por bronca. Además,
-en el jar1ín hay muchísimas
fuentee, que holgaría ennm'!rar. En la pJanta alta del
edificio hállase el cuarto d~l
c~ar Pedro. E:itá construido

i•f• de la R,pública France•

1:a, cornepondiendo t!U v1el•
ta al C,ar de t.odae la.e R ueiae y 11. la Emperat.riz.

7

1

)

$1 &lt;tastillo ae Peter}ior.-(;tctual resiaenda ae lb). ,:Z:eli¡i ,:Z:aure.
l. Pabellón de las Rosas.-2./slote del Emperador.-3. Oran Fuente en el Jardln.-4. Capilla real.-5. Belvedere.

Entrada la tarde, una casa de te es el lagar elt&gt;gi•
do para descanear y tomar un refresco.
El kuruma me conduce á. todo correr por entre el
pueblo gritando au.1 au.l au.l con voz chillona, capaz de
asustará cualquiera, se abre paso entre la multitud y ú
los colegas que encuentra en el camino Jc,s ealuda ama•
ble con su usual Ojall6 que quiere decir buenos diae,
buenas nochea 1 y cuanto puede expreearee en un ealudo.
Mientras tanto deefi 'an ante la vista inumerables casas, todas iguales de aspecto, negras por fuera 1 albeando
de limpieza por rlentro; unas má.e chicas que otras pero
eiempre idénticas.
Ya se va dejando la ciudad y empieza el campo, todo cultivado 1 dividido en lotes pequef'ioe donde crece
hortaliza siempre freeca¡ más allá la montaña y por entre los e6beltos pinoe, destácanee loe arcos de piedra, arcos eagrados, las escalinatas interminables, hasta llegar
á lo alto de la cima donde ee sitúa el templo. Por otro la•
do deecúbreee el terreno siempre montanoeo de la co1:ta
hasta perderse en el mar que la besa y acaricia.
Allí, bafiada por las olas, parte sobre tierra firme,
parte sostenida por ineetricable eequeleto de madera,
asiéntaee la alegre 1ea house.l De un lado tenéis eiempre
el hermoso pauorama de tierra; del otro la babia eem•
brada de sumpans pescadores, de juncos con velas de
bambú, ó de manta, de lanchas de vapor, remolcadoras
conduciendo á todas partee pueblos enteros 1 grupos chillones de mujeres trabajadoras, montones de ohiquil loe
·desarrapados 6 casi desnudoe, representantes de la última claee social, enegreoidoe por el carbón, que ban trasbordado á. loa vaporee.
Por donde quiera azulean loe kimonos y se mueven loe
juncos al golpe de las singa, remos deecomunalea batien•
do por la popa las eguas y en medio de todo esto una gri,eria terribl~ porque solo en el pueblo chino puede encontrarse otro tan ruidoeo y ensordecedor.
Este bullicio de la bahía ee observa desde loa varandales de la caea de té. Allí en amplio mirador abierto á
la playa alrededor de meeitsa de lacas rojas y sentado en
sillas de bambtí tenéis que esperar la at alancha de la casa
antes de poder tomar uua eoda, una cerveza do Tukio 6
una taza de té. Al entrar á. la casa de té un clac clac en
dietintoe tonos anuocia á. eus duefioe la llegada de parroquianos de cualquier ee:x:o edad ó condición qne eean.
Primero eale la mujer de má.sedadcon eu negra denta•
Una hermosura Japones.a
dura, deepués las más jóvenes, también con dentaduras
obscuras que las da un peor aspecto¡ en eeguida las
muzmés rieuefias y ágiles con eue altos peinados negros, loe pedazos de eu frente estrecha, eu1:1 ojo,&lt;:1 más pequefioe todavía, entran una por una, dejando sus zapatos á. la
puerta¡ luego toman.el sombrero, el bastón, la corbata, el cuello de la camiea del vi·
eitante, le registran loe bolsillos, le rf'g.-.lan uno q11e o~ro beso desabrido y por fin llega
una verdadera avalancha de muchachos tonauradoe, todos en distinto grado, unos con
.coronilla pequef'ía 1 otros con unas más grandes basta dejarles apenas un cerquillo de
cabellos de la frente á la nuca, ( la edad de cada muchacho se conoce por el grado de
la tonsura) al último traen el Chami.~en (especie de g11itarra) unos tamborcilloe de
madera y cuero, y unos palos que al golpear uno con otro producen un ruido metálico,
-constituyendo la orquesta japonesa y, en un cesto de bambú máscaras de la forma
más rara.
Veis desfilar todos eetoe reraonajes en ceremonioea proceeión antes de obtener el
refresco aolicitaelo, viene á la postre el refresco, pero ¡Oh sorpresa! véis un sifón de
,agua gaeeoea, otro de cuveza, la boteJla de wiekey y una bandeja con pastelee y ta.zas de té¡ entonces llega á en colmo la algazara de toda la familia: destapan la soda, se
·a rrojan sobre los paatelee 1 devQrá.ndoloa, y concluidos, piden más y más¡ deepnée to,can el rltamisén, bailan haciendo mil contorsiones caprichosas, manejan la careta con
maeetna, v todo esto acampa.fiado de una música contundente que hiere los oídos y os
divierte hasta cierto punto, pero os canea muy pronto.
Después viene la cuenta y entonces ......... cuidado futuros viajeros: en el país del
-criaantemum¡ fácilmente Ol dejarían sin ~n solo centavo¡ ea gente que pide diez cen •

•

tavoe, Y si teneis la fllaqueza de darlo.e, os molestarán tanto más cuanto más ·dinero les
proporcionéis¡ cuidado einó moderáis ene manifeetaciooee de aprecio y no evitáis que
ee apoderen de lo vuestro: volveréis muy pronto á. vuestro hotel 6 barco con loe bolsillos vacíos.

YII
LAS COMJDA~ EN LA FONDA

lü llegado la hora de hablar de 103 alimentos. He cenado en lbs hoteles y rei!tau •
rants del barrio exLranjero, elegantes y euutuosoe, donde teneis la etiqueta más rigurosa de loe dinil,g rooms, y ee necesario irá las ca~ae japonesas á tomar el chau-rhau, nom•
breque dan al acto de comer, sea en la mañana, al medio día 6 en la noche.
Pues bien, F11k11san me conduce á una elegante fonda
japoneea para turopeos, donde hay espejos, mesas de mar•
mol, eervicio á nuestra ueanza, comida bien preparada
Y. abundante; pero pronto advertís que no coméis solos,
s100 muy acompaDadoe: una muzm.é trae el trinche, otra
el cuchillo, otra la cuchara, otra la mantequilla, otra el
vino, pan 1 etc.; llega el primer platillo y toda la eervi.
dumbre ee sienta, rodeandooe y empizan á. comer como el
anfitrión, y en el mismo platillo¡ en un momento coneu
meo el pan y la mantequilla, meten la cucbara que pasan
de mano en man_o en el plato de consomé, y hablando su
í~oma como ei lo escupieran, eotran en alegre ¡:.!ática,
hasta que cansado de esperar bav que decirles ttoy6 ?,a•
du, q 1re quiere decir, vá.yanee! porque de lo contrario no
llegaría á vueetra boca un sólo bocado.
Esto es común en la vida de los hoteles japoneses; á
las pobres mimnht parece que lee agrada la condimentación nuestra, y por tal moLivo devoran cuanto ven, cada
,·ez que tienen la más leve oportunidad de eervir suco•
mida á loe extrangeros.
•

vm
POR LA NOCHE

Termioada la cena en el restaurant japonés fuime al
boulevar(l, la calle de loa teatro1:1, más ancha que Jaa de.

más y tan larga que se extiende del parque central áloe
Yoehivaraa, iluminada profusamente por variedad infini.
ta de farolee de todas formas y colores, que lleva 1 cada
cual, un signo para indicar el nombre de la casa.
A una y otra acera, sin límite marcado, ee ostentan laR
casas de comercio, pero especialmente jugueterías, donde ee agolpan loe padree de familia á proveerse de loa
juguetee má.e raros é incomprensiblea.
Las puertas de loe teatros se ven llenas de gente que
enLra y eale 1 y por donde quiera se oye música japone
ea, con paloe 1 tambores y cltmnisen. En la calle, el craccrac de loe zapatos 1 el grito incesante de loe kurumfls, el
pito plafiidero de loa ciegos que hacen el maaage al aire
libre, el arrastrar de las rondelaa de lata de los policiaa, ee
mezcla confueamente, produciendo en loa sentidos la im•·
presión de algo desconocido y con remedos mitológicoP.
¡Qué variedad de colores en los vestidos, auo. cuando
todos tienen una sólaformal ¡Cómo brilla el negro 'y fe.
nomenal peinado de las japonesas ó las calvas de loa ancianos que paeean aleg1eel ¡cómo ee perciben á distancia
las jícaras invertidas que llevan á fuer de sombreros Jos
kurumasl y ¡cómo resalta en ese baTatillo el albeante traje
de loe europeos radicados ó de paso en el Japón!
Al pasar frente á un teatro ee levanta un telón del Ja.
-Muzmé con chamisén.
do de la calle, dejando ver primerq el eecenario y en el
fondo la concurrencia en graderíae.
Suspéndese un momento el telón y rato después ee abate: este ee el anuncio vivo
ele la3 repreirentaciones.

Er; TEATRO

Df'jemos .i. Fukusán y entremos al teatro japonés. BJjo un portal de madera enverjado en toda eu ext.eneión con varillas de junco, ee abren á los lados dos puertas estrechas que marcan la entrada y salida del escenario; sobre el portal, que ea bajo y
achaparrado, está el foro 6 circo separado de la calle por el telón que ya dejo mencionado¡ al lado izquierdo de la puerta, tras un mostralor, apenas se dietingue la silueta de
un rapado boletero que coa asombrosa rapidéz despacha á los concurrentes, dándoles
en cambio de sus centavos unas láminas cuadradas de madera coa signos que indica1'
la localidad: son loe boletos .
Súbanse dos escalones y á la derecha, en el intervalo que sirve de corredor, la concurrencia deposita sus zapatos de palo q11e cuelgan por orden riguroso en una estacada sobre la pared, ó ee amontonan en filas sobre el piso¡ los zapatos, siempre 103 za.pa•
tos, dejadoe á la pllerta de todo&amp; las habHaoionee! Yo tuve que pagar cincuenta centavos por no querer abandonar loe mfos. Da3puée de este incidente me instalé en el
departamento mejor, en cuclillas sobre una estera, y mi primera impresión fué el re•
parlio de lo:,alida,les¡ un patio sin aillas don le aentadJl 6 acostados en todaa las poit-,

�_..;D,;o=•='="=G¿0_•...:9=--•-•~A--'G_o_cs_cT_c0---=-º--''--''ª:::9:c7'============== dE:::L'.'dM~U'.:N:'.:D~O~===== ============ === = = ==~•s~
también japoneses, uno educado en Inglaterra y otro en Francia. Entre loe barco&amp;
qne vimos figuraba el ccEsmeralda, » antiguo acorazado chileno que estuvo en aguas de
Acapulco, pere:eguido por los americanos cuando la revolución de Chile, y vendido
deepuée por este paie al Japón para eu guerra con Cb.ina: de' feliz memoria y de elegantes fo rmas, el aguerrido barco descansaba sobre sus an cla9 1 atracado á uno de l!IUS
muelles. Bajo grandes pabellones de ladrillo y láminas de zinc, repartidos con el mayor orden y acierto, estaban los talleres, fragua9 1 fundiciones, carpintería, eolderiae,
t.oroería de piezas deact&gt;ro, arm!ldores, y después las in meneas jaulas de fierro donde e&amp;
construyen loe cascos de loe buquee, militar y estrictamente reglamentado todo: notába•
s1 orden, aseo, actividad, regido todo por avezados matinoey por ingenieros japoneees.:
no ee advertía la mano del extranjero sino en 18 instalación, en la idea primitiva y nada.
más. El resto lo hacía ese gran pueblo, á quien en mucbo tiempo se creyó por eu roo•
deetia, humilde apariencia y tipo étnico, incJpaz de la eiviliz&amp;oión. En 111 playa di·
ques fecoe, ocapados por barcos en carena, aumentaban á tal grado el trabajo, que no
pudo arrE&gt;glarse allí la limpia de nuestra corbeta.
Después de naestra util y recreativa vi!1ita pasamos al edifüio del Almiranta1go,
donde ee nos sirvió magnífico luncb. Sobre una loma artísticamente cortada. parecía
como inc1 ustado el gran palacio. En su ancho pórtico y vestíbulo fiiuraban honrosos
trofeos y reliquias de la guerra. E l palo mayor de un barco cortado en dos por una
granada china, una plancha de protección aboyada por un proyectil, etc. Al terminar
la soberbia escalinata de magnífica cantera, destacábaee un gran cuadro representando la toma de Puerto Arturo, y deepuéssE'gt1ían amplios y serios· corrddores que daban ac:eso á loe ealones adornados á la europea. Eu el salón de recepciones se nos
sirvió antes de comer espléndida taza de té verde, costumbre japonesa qu~ noa agradó mucho, aun á los que hubi éramos deseado algún aperitivo espirituoso.
Después, con lodos los honores íuimoe ocupando nuestros lugares en la mesa, y
al terminar, el secretario, en correcto inglé11, pronunció una alocución en la que no&amp;
dió la bienvenida y brindó por nuestro Gobierno y por las simpatías que loe mexicanos inepiraban á su paíe.
Siguieron algunas libaciones que pusieron regocijados á nuestros amables huéspedt e, quienes nos acompailaron basta el bote que debía conducirnos á nuestra.
correría.
Pescadería en Yokoh•rr1•.

XII
turas, vefaee á. mil tipo'! japoneses de los dos sexos; on barandal de medio metro deal·
tura dividiendo eEtp. lccalidad de una s1gnr:da que en p lanoiliclinado Eube hasta tocar
el piso del tercer departamento, en forma de palco corrido en comunicación con el forn;
á no lado de é~ce, y oculta á las miradas del público1 está la di1ecordante múeica que de·
leita continuamente loe acostumbrados oídos de loe naturales f martiriza loe del re•
cién llegado extranjero. En el bn lo otro plano inclinado une todas las localidadeP¡
desde el patio á la última que me be atrevido á. llamar palco; todo lleno: apit'iado, de
gente que fuma, ríe, duerme, grita ó pelea, hace de aquel lugarpllblico un sitio de confianza familiar, ein miramient,oe ni preocupacioneti.
El telón siempre levantado, deja ver continuamente juE&gt;gos acrobáticos, E'quilibrie·
iae, domadores de fieras y comediantes. Las repreeentacione5 duran en las festividades hasta tres días con sus noches; en lm días comunes, toda la nocbe. De buena gana
dieponfame á atender la representación, tratábase de equilibristas que con limpieza
suma ejecutaban loe más delicados ejercicios; siguieron loe domadores de elefantes y
tigres, también dig::io de verse en lJs mejores circo3 del mundo, tirabajoe tofos admi•
rablee y perfectamente ejecutados.
Gúetale también al pueblo japonés el drama y la comedia euigénerifl, no copia para ello nada del extranjero, tiene sus autores y poetas dramáticos que interpretan tan
bien el idilio c mo el sp,inete y la trsgedia. Hay una cosa extrana: la mujer nunca
repreeen'8 eus papelee; los hacen en su lugl\r hombres disfrazados con trajes de carlc•
ter. Acompaiiadoe cierta ocasión de un inteligente intérprete 1 nos tradujo una mag·
nífioa comedia Japonesa que gozaba de gran prestigio y fama en todos loe dominios del
Mikado.

X
lDli:AS Gli::SEBALES

Paeaban los días y nuestra permanencia siempre halagadora en ese país, noe llevaba á curiosear todas sus costumbres¡ visitábamos loe templos buhdietae, asistíamos á las
cereQJ.oniae religiosas, presenciábam'Js loe entierros, recorrfamol!I loe cementerios 1 loe
hospitales y las cárceles. Daspués entré á. las aulas científicas, á loa areenalea, etc.
Allí se palpa el contraste extraordinario, el empuje soberano de una raza disímbola, antitética y contradictoria, pero en via de un progreso tan eficáz, que camina rá.•
pidamente á su engrandecimienio y alcanza en la actualidad el primer lugar antre todos loe pueblos del Asia.
La primera impresión que produce el Japón, es la de un -pueblo de monigotes in·
civilizados¡ se estudia y éntoncee aparece ,al como es: grande, ilustrado1 inteligente,
trabajador, virtuoso, valiente y susceptible de abarcar en todo tiempo la ci viliaacióu
más grande y el adelanto más notable en todos los ramos del eaber humano.
Si al lado de costumbres que causan risa se ven obras qne producon reep"to y admiración, y al lado de un fantoche que despreciaríamos con un puntapié ó á bastonazos, encontramos personajes dignos de reept,io, pero loe dos confundidos en el mismo
aspecto de cara, facciones, modales y trajee, es diHcil apreciar la diferencia de las clases. Solo un trato íntimo las hace distinguir.

KAMAKURA.. - LA CIUDAD DE LOS TE:\IPl.OS.

Esta población es pintoresca y graciosa sobre toia ponderación. Está situRda en.
una llanura, tiene avenidas anchas, y entre sembrados de arroz y loto gigante se destaca pomposa; álzanse aue soberbios templos siempre en lo alto, al terminar de hermosas escalinata!:', donde puede marchar ampliamente un batallón. Sobre una esplanada.
_evántase el templo al dios de la Guer,a, en forma de arco, ,eoordando el es tilo pom.
pe vano por la variedad de coloree vi vos y mezclados que lo adornan; una vez dentro.
del grande arco sagrado, unos cuantos escalones conducen al altar, donde la diosa.
madre de Bubda, en madera, bronce y cobre, sentada con los ojos bajos y ostentando
un botón en la frente, como insignia de la eabidurfa, ocupa lo alto de un dosel; abajoy un poco adelante está el arco de laca roja sobre mesa amplia de madera lacada con
patas artíetic1s en figura de dragones, Moliuras dora1ae de estilo churigueresco cu•
bren las paredes, y grandes pila~tras de bronce, terminadas en encarrujados pabello•
neP, llevan en su interior una lámpar.1 encendida, símbolo de perpetua adoración. A)
lado de la diosa y en el altar, un cuadro tosco de marfil fiiura. á un eer mitológico
arrojando chispas por la boca, ojos y narices, y asolando al pueblo enemigo; en actitud curioea descarga•su cólera, mient,ae que ampara con la diestra mano á un gue•
rreJo japonés, que lanza en ristre y cubierto de acerada cota de malla, de1eafía al in...
v~so_r. Limpia eetera de bambú acolchonada cubre todo el desmanrelado piso, y una.
v1dnera de papel formando puertas corredizas ó paredes traelúcidae, eegún se quiere,_
separaódaacceso á uncorredor obscuro, bajo, donde figuran coleccionadas comoenun,
museo, toda clase de armas antiguas y otras muchas que en la guerra con China quitaron al CólE:ste Imperio. ¡Qaé envidia hubiera despertado en un arqueól0go una visita á eee museo!
'
Descendimos la escalinata amplia y empinada del templo; en el primer descanso,.
á la derecha y á. la sombra de corpulentas palmeras, dos grandes piedras simulando en
mal acabada forma dos seres humanos de uno y otro sexo, representan los dioses de
la procreación, cuyo culto es proverbial en loe matrimonios del Japón; allí depositan
loe casados ofrendas consistentes en ramos de loto y botones de crieantemum. Dicho&amp;
dioses parecen ídolos no acabados de modelar por el cincel del artista.

XI
EL .ARSENAL DE YOKOSAKA.

Invitado para ir a Yúkoaaka, donde existe uno de los arsenales del Gobierno y es
á. la vez residencia del primer almirante, tomamos en Yokohama un tren, al estilo in•
glés por sus máquinas Y disl,ribución de carros. Cuatro horas á través de un camino
pint.oreeco, entre sembrados de té, algodón, viñas, moreras para la cría del gurnno de
eeda1 arrozales y bosques de pinos y mil otras plantas que adornan y sombrean todo
el terreno cultivado 1 cruzando túneles y atrevidos puentes, nos bastaron para llegará.
Yoko_hama. Para entrar al arsenal nos embarcamos en magnifica lancha, movida por
ga9ohna. Atraveeamoe un estrecho paso de mar, y ya del lado de la nlanicie noe dirigimos por una avenida limitada á. loe lados por jardines, hasta la Di~ección. Fondea•
ban en la bahía diez acorazados japoneses, construían se tres y reparábanee otros mu .
cbos capturados á los chinos en la última guerra contra el Imperio de Confucio. Nos
sirvieron de amables cicerones los oficiales de la marina japonesa y dos ingenieros,

Gran Hotel en Yokohama. - Un aampan á toda vela.

Volean del Fuji-Yama, vista de

Descendimos mtis y más hasta JIE"gar á. la eeplanada y una doble 61a de lámparas
de bronce completan la viPta artísticamente rara del templo. Por fín 1 nuevamente eobre !oe rinkicbá.e, avanza la columna de la oficialidad del «Zaragoza)) basta llegar al
pórtico del templo de Daibritzu, uno de los m:is notables del Japón. L~ distancia reco •
rrida ea de tres millae 1 y el camino en ascensión poco violeata. Acompafiábanos esta
vez, el electricista de á. bordo Wood, cuya humanidad peea cerca de ciento cincuenta
kilos. Sudoroeo el kuruma que lo arrastra, pide suplicante un ayudante, no podía con
Un enorme mol'"· Sugeto á. lae bromas de todos nosotros, le ayudan cuatro hombree,
Y solo así, en triunfal columna con el voluminoso señor á. la cabeza1 llegamos al pórtico del templo.
A uno y otro lado, delante de artística balaustrada de mampostería, las atléticas
figuras de dos genios desollados encerrados en jaulas de alambre, ostentaban su enro•
jecida mneculatnra, anatómicamente bien representada. U no era el genio del terror,
otro el de la ira; cubrían los como asquerosa lepra, bagazos de papel mascado que los
fieles arrojan desde fnna con objeto de obtener las g,acias de Daibritzu. Tienen esta
tmperstición: ei la bola de papel mascado se pega en el tronco, serán favorecidos, si en
loe brazos serán forzados á. grandes trabajos antes de conseguir gracia: si en las -piernas se verán obligados á repetidos viajes ant.ee de lograr ser atendidos por la diosa:
por ffn, si en la cara, sufrirán el peor de los castigos, porque entonces Buhda . no atenderá. á las súplicas del creyente hasta que hayan lavado su cara con la primera ag11a
del cielo que caiga al prim r día de lluvia, D:1 suponerse ea que el tronco del ídolo será la parte más llena de las milagrosas bolitas, y que la verja de alambre ter:.ga que
limpiare:e diariamente para dejar expedito el camino á. los ensaliva-loe proyectiles de
papel de arroz.
Dejemos á. los iTaonnd.os y desollados dioaee de madera y laca y de colosal altura,
Y penetl'emoe al recinto donde la gran estátua de bronce de la Deidad Japonesa contempla en el Nipón, como las pirámides en Egip,o, rodar Jo3 siglos y las g:1neracionee.
En uno de loe grabados que hemos publicado, figura la eEtá.tua distante unas cien va•
rae detrás de nuestro g1upo. Sobre pedestal de granito que el tiempo ha ennegrecido,
eoatiéneee la diosa sentada con las piernas cruzadas, los brazos á lo largo del cuerpo
Y las manos entrelazando eue dedos, de tal suerte que tocan las extremidades de los
pulgares. La paciencia, la concentracción del alma, la bondad y el sacrificio, resaltan
de la actitud de eeta figura gigantesca de bronce, forjada á favor de titánicos eefuer•
zoe. Las dimensiones de la f'ahltua son tales, que en las palmas de laa manos pueden
caber perfectamente diez hombree sentados¡ el botón que lleva en la frente como eítn•
bolo de sabiduría, 1.iene las dimensiones de la cabeza de un nifio. Hueca la colosal
figura, tiene en su interior e l templo, donde ampliamente caben cerca de treima individuos; en la cavidad que corresponde por fuera á la saliente de las manos y rodillas, está el arca del diluvio, según las tradiciones del buhdiemo. El arca es la gran in•
signia, después de la diosa misma, en ~a religión buhdieta. Ahora se trata de levantar
un t.emploque cubra á la diosa, para cuyo objeto dejamos nuestra limosna y apuntados loe nombres de loe ofi ciales y médico del primer barco de guerra mexicano que
en aquellos remotos mares hacía flamear la tricolor insignia del Anáhuac.
Pardeaba ia tarde y nuevamente nuestra columna de rin kichás emprendía el ca,
mino de bajada á. la estación. )Ir. Wuod 1 te meroso de que el descenso hiciera rod1r á.
su kuruma 1 pide esta vez á los otros que moderen la velocidad d~ la marcha, de suerte ea que á la ida empujado y al regreso atrancado, llegó eano y salvo el humorista
mecánico y con todos nosotroa1 al tren primero y después á Yokohama.
0

Yo■ uvara.

XllI
\'IA.JE

Á.. TOK[O,

A unas treinta y cinco millas por tren hacia el Norte .ie Yokobama queda la gran
ciudad capital del Imperio.
Hace treintaaiics era asiento del pontificado bubdista, unido hasta entonces al Mikado que residía en Kioto¡ de allí el significado de Tokio y Kioto, que quieren decir,
la primera 1 ciudad capital del Este, y la segunda ciu::lad capital del Oeste.
Dasde esa época el Mikado sep!Lró de su g,1bierno al b11hdisrno y corno soberano ab.
eoluto instaló sus reales en Tokio, el antiguo Yedo. Da en,oncee data el positivo adelanto en el remoto pa(s de Oriente, que favoreció industrias, instrucción pública, arkis
y ciencias, alcamando hoy pasmosos progresos. aunque como incomprensible país de
los contrastes, encaéntranee á. cada p3eo allí las aberraciones máe: sorprendentes y chuecas qne pueden caber eo la imaginación.
Tvkio es más extenso que París y un poco menos que Londres, pero la de@propor•
ción, el estilo artifi..:ioeo y raro con que esti repartiJ.a la població'n, la hacen única en
su género, y la eingularitan entre todas las populosas ciudades del mundo.
Si~ ve el plano 1 aparecen tres gr~ndee clrculos que figuran un triángulo; uncir•
culo hacia el Sur y los otros dos hacia el E9te y el Oaete, cnresponden á. elevaciones no•
tablee del terreno, el del Sur ea palacio del Mi ka.do¡ el del Este, la Universidad y &amp;cuela de instrucción superior, y el del Oeste, el Museo y Jardín B:&gt;tánico; lo demás es
la población japonesa, que 19-ueetraall{ como en todas parces, sus angostas callee y sus casas achaparradas de il:'jas negras, limpias con apariencia de sucias, ,ristes como atau.
des, curioeae como todo lo del Japón.
El palacio del Mikado, suntuoso castillo de cantera, se levanta airoso en la cúspide
de ~l.!l.a boscoea colina diez veces más grande que la de Chapultepec; rampas medio
cultivadas y parques de ceeped, conducen del castillo á. la falda de la colina circundada por una espesa muralla de granito, que se eleva á unos veinte metros sobre un
foso profundo que tiene unos cincuenta metros de anchura. Síguese después al derredor de este foso una extensa explanada, donde repartidas en magníficos cuarteles se
instalan las tropas del Mikado de las tres armas, caballería, infantería y artillería; á
esta eeplanada rodea otra muralla doble de granito y otro foso de esta segunda mura•
lis y del foso hay otra esplanada donde se levantan los M:inisffiriosc &gt;Dstruidos de cantería también, y ostentando los más soberbios estilos de arquitectura. Todi\VÍS circundando esta nueva zona de edificios, hay otro foso y otra muralla igual á las anteriores. Síguenee loe edificios del kencho (gobierno local, municipio, policía, etc ) y los
de los representantes de las naciones, como el suntuoso hotel imperial, y por fin rodea á toda esta serie de fosos y murallas, la gran muralla doble con puentes levadizos
Y espesas y toscas puertas que cierran á las seis de la tarde, dejando solo abierta una
para entrada comun. La gran muralla tiem; de diez á doce millas de circunferencia.
. Fuera de e~ta gran °:1u, alla está la población pur~mente japonesa que pulula y ee divierte, que gnta 1 que vive en fin como un pueblecito de locos ó desquilibradoe con
a11 aspecto de miseria y eu caracter aparentemente imbécil.
( Cl;ntinuará )

�Isa

EL MUNDO

DOMINGO a9 de AGOSTO de ,89-,

DOMINGO a9 de AGOSTO de 11197

,

EL MUNDO

por el jóven maeetro, y no ví eu ópera el sábado. El domingo, la opinión, la barbulla entusiasta, el diálogo callejero, decían el triunfo del epartito en México. Concurrí en la noche, y adoré con todos.
Las anteriores frasee dicen más que mucho que se pudiera expresar acerca de la obra.
Conocíamos ya al autor de Manon. Habíamos oído,
en esa filigrana, en la que no podemos olvidar á Libia
Drog, algunos gritos realistas. Ahí estaba el maestro
.nuevo, el músico de veinte af'ios, con su preocupación
por las combinaciones y loe artificios; ahí estaba ofreciéndonos un arduo bordado de notas. P.iro á veces cala
sobre aquello el sol y surgía de aquello el alma; á veces
triunfaba la vida ........ .
En la B ohemia el triunfo fué completo. La vida surge, aterida y blanda al principio, al rayo ictérico de un
sol vernal; despuée, en su manifestación única y suprema: el amor, florece intensa, y por último, en eu aspecto más tremendamente natural: la angustia, gime, solloza, grita...... con gemidQB y sollozos y gritoe do inmensa b umanidad ........ .

***

El idilio ea sencillo. La poe~fa anda por ahí. Hay una
b11bardilla llena de versos, y loe versos llaman al amor
en una de sus forinae más embeleeadoras. Una muchacha del arroyo; una muchacha del taller. Corre y canta
cuando hay sol, y una noche, en la sombra, ee encaen•
tra con el poeta. Se aman porque sí: son •loe almas infantiles y á las almas infantiles ee cuela s:empre el
amor...... Pero Mimí ea coqueta: gusta deque ee abra an-

te loe otros el caliz bermejo de su boca; ríe mucho ...... y
el poeta siente celo@ ...... Ya van á llorar...... muy pronto, cuando el frío clave en el pecho de la chiquilla sus
agnijonee de hielo y la muerda y la destroce ...... Ya viene la toe...... Sí, Mimí ea coqueta, es cierto; pero está
malita. Dejó el nido del poeta y afuera la aealtó el cierzo, tan ruda, tan rudamente, que al fin torna á la buhar•
dilla ...... Ahí no hay estufa, pero hay calor, porque 1'8•
volotean muchos euefioe de artista... .. . Solo que el amor
va á lanzar su postrera llamarada. El poeta perdona,
pero Mimí ee muere. La mata la nieve. C.Smo tose y quá
pálida está Dios mío! ...... No, ese leve rojo de loe pl·
mulos no tranquiliza. Antes no lo tenía así, tan einies·
tro por su contraste con el bietre de sus ojeras ..... . Cuan
otro aquel sonrosado que llenaba eu cara, su carita de
princesa de bisc·1it, cuanio reía ante el redoble loco de
loe besos del poeta ........ .
Que fué á hacer al arroyo ......... No estaba bien ahí...
con el pintor que arrojaba loe pinceles para bailar, cc1n
el filósofo que decía absurdas cosas con tanta gracia..... .
con su poe~a que la amaba tanto y le recitaba tantos
versos? ......... Estaban pobree: pero muy alegres....... Que
ferias aquellas! Te acuerdas Mimí cuando paseabas tu
terso fragil mal envuelto en el usado chal, por el estruendo de aquellas feria1,? No había con que pagar el almuerzo......... pero qué. No por eso se callaban las risas........ .
P.igab11 alguno al fin. C.:imo? QJien eabe ......... ~ra lo de
menos ........ Y para postra besos.
Pero Mimí se muere, se muere de tos. . Dios mío que
vidriosoidad de aquellos ojos q•te siempre cantaban diana;

Glacomo Pucclnl.

"La Bobeme" de Pnccini
Acontecimiento artístico.
Los Impresarioi que traen de cuando en cuando al Na·cional compafíias de ópera italiana, hacen regularmente
lo contrario de lo que deberían hacer para el éxito de
sus esfuerzos y el logro de sus intereses. Dejan la parte
más sabrosa del bollo, la crema del pastel, los estrenos
de porvenir, en una palabra, para el fin de la temporada
teatral, una temporada valetudinaria y triste que ya no
t iene remedio. El procedimiento contrario es sia duda
el prudente y recomendable: cautivar al público desde
la primera representación, embelesarlo, domef'iarlo, deslumbrarlo. El querido monstruo veleidoso acudirá después á la cita, lleno de avidez y de complacencia; eerá
indulgente y no escatimará el aplauso.
Oh! ei el empresario de la acmal compafiia italiana hubiese comprendido esto, cuan otro sería el éxito de su
temporada artística. La compafifa franceea que precedió á la del Sefior del Conte le era á todas luces inferior.
.Ko había pues que luchl\r con su recuerdo demasiado p1óximo. Los artietae de que hoy dispone nueetro
antiguo conocido el ex-representante de la empreea Ma•
ggi, valen mucho y no porque sean grandes artistas: ninguno eobrepasa los límites del talento para entrar á las
amplias y azules esferas del genio, 1Lno porque son todos
jóvenes de buena voluntad, pletóricos de entusiasmo,
estudiosos y pródigos de eu tesoro. Les ea desconocida
aún la matrería, que escatima cuanto puede el esfuerzo.
Porqué pues, con elementos y antecedentes tales, y conocida la firme afición de la gente acomodada de Mé.xico á la ópera, la actual temporada del Nacional hase
visto tan poco favorecida? L a B oheme ha venido, con
sus éxitos ruidosos y continuados, á responder á la pregunta, de acuerdo con lo que decíamos al principio: por
que se dejó para el fin lo que antes hubiera embelesado y conquistado de una vez por todas nuestro dilettantismo y hecho fructífera la etapa teatral.

..

**

(! abeza ae estuaio.

Pocas, muy pocas veces, la aprobación de º!.!-estro público ha sido tan uná nime y ruidosa como ahora. Entre
los inteligentes habría cierto Parti pris con respecto al
1lStr~no y un amigo nuestro, muy inteligente en verdad,
nos decía: De intento y á pesar de mi pasión por la mú11ica nueva no quise acudirá la primera representación.
•Sé de sobra que esta música no encaja en ciertos
moldee y no era en mi concepto apropiado el que escogió Puccini para su nuevo epartito. Escenas más ó menos triviales de Henri Murger, autor de una obra
muy discutida, en que lo cómico es escollo formidable,
no me parecieron idóneas para encuadrar la obra. Temí

Escenas de •'La Boheme."

�DOMIIIGfJ 29 de AGOSTO de 1&amp;97

EL MUNDO

154

qne flacura la de aquellos brazos que tan bién se enreda•
bnn al cuello del cantor!
Mimí se va ....... ,. Rodolío, es en vano que veles la vi•
driera para que no entre el sol. Mientras tu solicitud ha
ido á. procurar la sombra, la sombra que cobija Jae agoniaa, Mimí ha partido, Mimí ha muerto ......... Ya solo
su cadaver aguarda tus besos. Adios cancüonee, adioa
bai les locos, , adioe b ellos versos, adioa madonae, adioe
paradojas ......... Loe artistas lloran. Va jaula de pajaroe
yu no se extremece con el crujir de las joyantes alas.

Y todo eso va diciendo la múeicai cuchichea en sus
primeras escenas las palabras de amor, mientras se bue-•
ea la llave perdida -pícara llave- q11e abre dos corazones en medio de la sombra -Dtspuea grita, rié, parlo-

tea, ee empolva del oro del B&lt;'l, en lae callee del viejo París, ee disloca de risa en la verbena, gime dulcemente
amonestadora al oído de loe nifi.oe malcriados que en la
feria quieren robar juguetee; tiene arranques infinitamente humanos en los duoe apasionados de la florista
y del poeta, y siempre ineiouante, siempre ductil, siem•
pre autil, va, viene, gira con el vértigo de aquellos corazones locos, se querella con la angustia de Mimí que se
sabe censurada, por que es coqueta;canta triunfal cuando las nubes de los celos ee disipan un poco y torna el
amplio cielo azul¡ se queja del fria qlle entume, después, de la toa que sacude el cuerpecillo fragil, y por fin
rompe ell el sollozo desesperado del supremo duelo.
Y la vida pasa, pasa á traves de todo aquello, palpitante y diáfana.
Oh Maestro!

Para la Srita. Elisa Best.

SONETO.

¡Querer ó nó! ¡La alternativa ea esa!
Para smmentar quizá mi desVarío,
A veces, dando tregua á tu desvío,
Fijas en mí tus ojos de turquesa.
¡Y tanto, tanto tu mirada expresa
Que á un mismo tiempo creo y desconfío!
¡Si yo bien sé por infortunio mío,
Que cuando vende Judas también bésa!
Hace tiempo que agua1do con zozobra,
Soportando esta fiebre en que me inflamas,
La gran rebelación á que yo aspiro.
¡Habla! ¡no temblaré! ¡completa tu obra!
Tu no querrás que sufra yo 'si me amas
Ni que euefie en tu amor si odio te inspiro!
Agosto de 97.
B. Rnts (h)

EL CULTO DE LOS OJOS

LindaMontanari, se ha excedido á si misma e.n esa embelesadora obra de Pucoini. No eoí'iaríamos de otra suerte á Mimí. Que bien ha sabido arrullar, que bien ha sabido reir, que bien sobre todo ha sabido llorar.
Vuestra muerte, señorita, puso muchas Ugiimae en loe,
ojos ......... Encantadora siempre, particularmente encan•
tadora hoy, ya no pensaremos en la amable muchacha
de Henri 1\Iurger sin veros á vos con vuestros radíantee
ojos negros, sin oir el timbre blando de vuestra canto.
Habeie creado para nosotros á Mimí. Que el arte OE ·
bendiga!
RIP-RIP.

1

NOX.

CANCION DEL AIRE

¿Estás tristt? ¿Porqué hay en tu frente.
Doloroea 1 ideal palidez?
¿Porqué abates tus ojos do tiembla,
Una lágrima lenta, porqul!:?

[Versión del francés por J osé Garcia Rodrigue?,.)

MARGARITAS.

Margaritas que fuisteis lozanas,
Aunque muertas eet.eie, siempre os guardo ..... .
¿No te acuerdas, oh nifia? una noche
lfo las diete, y pensé en las que Fausto
Contempló deshojará su amada,
Quien, incierta, medrosa v temblando,
Del amor infinito el secreto
Pudo hallar en loe péf.aloe blancos.
Trasponiendo el dintel de tu puerta
Yo pensé interrogarlos, acaso
Revelarme el misterio podrían,
De tu alma escondido en lo arcano.
Cuántas veces me engaña el deseo,
Cuando estoy silencioso á tu lado,
En tua ojos radiantes que eueñ.au
Un destello de amor esperando!
Y, perdona, paréceme entóncee
Que sus luces me dicen: Te amo ..... .
Si no ea cierto, jamás me lo digas,
Preferible ea por siempre ignorarlo.
Y llegué á mi aposento, ya solo,
Da la luna al reflejo azulado,
L 11ego quise arrancar á tus floree
El siniestro ó dichoso presagio.
¡Qué emoción tan profunda y qué miedo
Dominóme al instante; á mis labios
Las llevé hasta dejarlas marchitas,
Y aunque muertas están, yo las guardo!
¡Cómo no he de guardar esas floree
Que tomé, con dulcísimo halago,
De tu mano aristócrata y blanca
Cual las nítidas flores del nardo!
J osÉ }I. Ocao.4..
México Agosto de 1897.

•••

¿Te torturan las grises noetalgias?
¿Resucitas recuerdos de ayer?
¿O te amar!{a pensar en ternuras,
Ternuras pasadas, que no han de volver?
Maa ...... no llores, apoyaen mi hombro
¡Oh, pálido lirio tu pálida sien
Y palabras que sean en tu oido
Ternura y consuelo, muy bajo diré;
Mira el cielo, la luna ha surgido.
Como flor solHaria, ella es
Una novia que riega azahares,
Por do pasa: los astros ¿uo ves?
Cuando riee cariñosa y tranquila
Es el alma, por ti, azul edén ......
Vuelve á mí tus pupilas en ellas
Loa luceros que pasan veré.
¿Porqae esquivas tu boca? En un breve
Suspiro callado, tu nombre diré;
Dáme el alma en la flor de tus labios,
Dame un beso mi amor, tengo sed!
En tus ojos sorprendo ternuras
Del idilio que ha tiempo eofié,
Y me dicen que es eierta mi dicha
Y me dicen que me amas tarr.bien.
Son crepúsculos de oro y tristeza
Por do pasan loa euefios de ayer,
Son la luz que acaricia y consuela
Desventuras del tiempo que fué.

Más no llores, apoya en mi pecho
¡Oh, pálido lirio, t.u pálida sien ........ .
¿Estás triste? ¿No me amas? Entonces,
¿Porqué aufree, mi vida, porqué?
Bolivia Valle.

Agosto de 1897.
PROXIMIDAD DE SER AMADO,
(De Goethe) .

En tí pienso, bien mío, si el sol al nacer dora
Las olas de la mar,
Si miro de la luna la lumbre tembladora
sobre ellas rebalar.

¡ Al aire, dios potente que encrespa el oleaje

y azota los inviernos,
alado dios qlle torna fecundas las florestas
y armónicos loe versos,
salud! ea el gran numen que viste loa espacios
con su celeste velo;
él es 81 dios furtivo que dice á los amantes
((He ahí tu dulce sueflo. ,,
El es quien flotar hace loe rojos oriflam89
que empufian loa guerreroa,
y revolver en torno del cuello de la hermosa
la mata de cabellos.
Por él las aguas vienen en bienhechoras nubes
á fecundar el suelo¡
por él á loe sentidos del eof\ador levanta
su olor el campo entero.
El mece, de igual modo, la hierba en las colinas,_
la flola en mar incierto¡
es hálito que envía la selva á los pulmones¡
es sér dtll universo.
Está de sus dominios, en las regiones todas,
presente á un mismo tiempo,
á renovar la vida de bestias, hombree, oosqutie,
de cuanto tiene aliento.
¡Y sólo, alegre canta de las perennes fuerzas
en el glacial concierto,
errante como el alma, como las alas, libre,
como loe ojos, bello!
Agosto de 97.
SuLLY PRUDHOMKENEGRO

Estoy triste, verdad¡ vano es tu esfuerzo
Cuando llena de afecto y de ternura1:1
De mi existencia el mal curar procuras,
Porque, á pesar del sol, el universo
Tiene noches obscuras, muy obscura!!.
Pero no pienses nunca que al olvido
Puedo llegar porque su luz irradie
Otro amor en mi pecho dolorido:
¡Cuando tú consolarme no has podido
Ea que no puede consolarme nadie!
Mas no eufra9, mi bien, por mi amargura.
Esta angustia, esta pena indefinible,
Ea ley de Dios, que me formó sensible.
1W tristeza ea un mal que no se cural ......
¡Estoy triste por todo lo imposible!
F. RIVAS FRADE..
PAX ANIMAE

SONETO.

Hazme llorar! que importa! Ya amanece
En mi alma sin goces y sombría;
La noche del pesar desaparece
Y lleno de esplendor se anuncia el día.
Tornan las ilusiones, y florece
El árbol de la mágica poesía,
Do entre sus brazos, lánguida se mece
En un nido de amor, el alma mía.
¡Hazme llorar con tu último reproche!
Ya de nuestra pasión llegó la hora
De que ee cierre para siempre el broche.
Otra alma, de la mía redentora,
Hace surgir del fondo de mi noche
:Las luces sonroj:jadae de la aurora.
Agosto de 97.
QuJRINO ÜRDAZ.

Te veo, cuando el polvo levanta en el camino
Nube que huye veloz¡
Y cuande en noche obscura perdido el peregrino
Al viento da la voz.
Te escucho cuando espiran con bullicioso eairuendo
Las ondas á mis pies,
Y cuando calla el bosque y su silencio atiendo
Con ávido interés.
Contigo estoy, conmigo estás, aunque muy lejos
Te encuentras ¡ay! de mi,
Del eol de ocaso mueren los últimos reflejos ..... .
Si estuvieras aquí!

DOMINGO 29 do AGOSTO DE ,a97

No me hableie más de dichas terrenales
Que no ansío gustar. Está ya muerto
Mi corazón, y en su recinto abierto
Sólo entrarán loe cuervos eepuicralee.
Del P-'Bado no llevo las seflalee
Y á veces de que existo no eatoy cierto,
Porque ea la vida para mí un desierto
Poblado de figuras espectrales.
No veo más que un astro obscurecido•
Por brumas de crepúsculo lluvioso,
Y, entre el silencio de sopor profundo,
Tan solo llega á percibir mi oído
Algo extraño y confuso y misttrioso
Que me arrastra muy lejos de este mundo.
JuuA~ DEL CA.SAL.

- «Sabéis, me dijo, qué sentido nuevo pueden dar á
nuestra vida una mirada ó un gesto? Somos semejantes á
nifios que trazan sobre la arena figuras inconsistentes y
frágiles, más un sólo movimiento de nuestra alma puede
dará. esas figuras la vida eterna que eofíamos.n
Marchábamos por la avenida de árboles, donde la som·
bra del atardecer parecía acompañarnos con una risita
de vieja, y en medio del día que declinaba, él hacía grandes gestos, como para evocar las cosas desconocidas, en
tanto que sus dedos se agitaban con fiebre y buscaban so•
bre cuerdas imaginarias el ritmo de sus palabras.
- 11Habéis leído alguna vez en el fondo de toe ojos que os
han mirado? Las tardee saben decir muchas cosas miste•
rioeas, pero en loe ojos es donde buscarse debe la filosoffa y la harmonía del mundo. Una mirada habla más ampliamente que todas las meditaciones de loe poetas, y no
sabréis vivir sino cuando bayaie aprendido á bu!!car esa
revelación qne loa ojos ext.eriorea pueden d~roa, mas solo
que esté vueAtra alma atenta á las palabras que ee pronunciaráL.
«Yo qne os hablo he visto muchas veces en ojos de mu•
jer el reflejo de mi pensamiento todo y de todo mi dolor,
h e vi!!to un infinito en qne pasaban, en caravana, mis
ensuefioa, y cada vez, de ese más allá he vuelto más pensati vo y más espantado de las cosas que no sabemos. Loe
ojos de mujer son como luces que .se tifien de loa coloree
de nuestra vida de mafiana 1 y en ellos podemos ver to•
dos nuestros duelos y todas nuestras alegrías.
uPensaie acaso que estoy loco y que mi i.naginación dibuja en mí formas semejantes á aquellas que loe niños tra•
zan sobre la arena y de las cuales os hablaba hace un momento. Pero vos mismo, ¿no habéis ido nunca más lejos
que esta existencia superficial y vulgar de vuestro cuerpo, para no haber sentido alguna vez todo eso que de irevelado misterioso se esconde en cada sensación de vues·
ira carne? Habéis compreodi1o todae. las sutilezas del
f!ilencio, habéis visto vuestro rostro y sabéis que forma da
á vuestro espíri~u cada uno de vuestros gestos? No ríaie
de las cosas superiores que no comprendéis sino á me•
días, 9ntee bien mirad en vos mismo para descubrir ahí
el pensamiento humilde que tal vez revele vuestra vida.
Preciso ea buscar con dolor la palabra suprema de donde
la verdad surgirá inmutable. Está ahí esta palabra, en la intimi dad de nosotros mismos. Ahí está como mendiga que
no osa mostrar:1e, y es preciso que alg" exterior nos coja
de la mano para llevarnos hacia ella. Nuestra ignorancia
y nuestra debilidad ponen trabas á nuestros pasos¡ ea
preciso qne una fuerza de lo alto nos impulse á través de
las tinieblas. Y loe ojos esMn ahí para guiarnos y no loa
vemos. Nos lamentamos como nifi.os extraviados, en tan •
to que en el fondo del cielo brilla la divina e~trella de la
esperanza y del amor. Una sola mirada iluminar podría
nuestro destino, más inclinamos la cabeza hacfo el polvo
de la ruta donde se arraEtra la sombra de nuestros pecados.u

Y prosiguió en voz más baja:
- uOonservo con pasión como un amante, todas las mi·
radas que he podido sorprender y que tenían en sí algo
de esos i)aísee sobrenaturales á que querríamos todos
á ciertas horas llevar nuestros deseos y nuestros amores,
para abrevarloe de sol. Loe conservo, cuidadosamente
los guardo, muy en el fondo de mí mismo, y en los mo•
mentoa de lasitud, loe consulto y me repiten las palabras
que ya me han dicho, las buenas palabras de recogimien·
M&gt; y de paz.
uNo debemos engastar los ojos como joyae, ee preciso
amarlos como mujeres á. las cuales se contarían todas las
aoguetiae.
uEs necesario amarlos porqne rnlo ellos pueden condu•
cimas á través de la noche y cuando nos detenemos en
las encrucijadas de nuestras dudae y nos preguntamos
con lágrimas por cual camino arribaremos á la luz, en
ellos solos es donde podemos leer nuestro porvenir y la
certidumbre de nuestras vía1.1.
uLos ojos! Cuántas veces he llorado pensando en toda
su piedad desconocida, en su inmensidad de tristeza ante nuea,ra fragilidad y nuestra inquietud! Ellos nos
alientan, ellos nos fortifican. Ellos nos ensefian todos los
misterios del amor. Porque el amor no está ni en -la car•
ne ni el alma, el amor eat.á en loa ojos, ~n loa ojos que ro•
zan, que acarician, que resienten todos los matices de las
sensaciones y de loe éxtasis, en loe ojos donde loa deseos
se magnifican y ee idealizan. Oh! vivir la vida de loe
ojos, donde todas las formas terrestres se borrran y se
anu lan; reir, cantar, llorar con los ojos, mirarse en los
oj o1:1, ahogarse en ellos, como . Narciso, en la fontana! n
Lloraba al decir esto, con todo el sufrimiento de sus de·
seos erctízados lloraba dulcemente, con un aire de resignación dolorosa y su cara flaca se divinizaba de pasión.
-11Ohl prosiguió, ya soy un viejo y nunca he conocido
el amor tal cual loe hombree lo comprenden. Y bien, sien•

155

EL MUNDO

to ahora que algo me falta; y si lloro es porque toda la
miseria de mi vida se me sube al corazón, es que me siento incompleto y muerto y ya más allá de la vida! No he
conocido el amor, no be querido, no he osado. He guardado fielmente el culto de los ojos y eso me ha bastado
en toda la extensión de mi juventud. He conocido todo
el amor de loe ojos, más nada he sabido del amor de la
carne. Por esto lloro algunas veces, mas por es~ también,
ver he podido más lejos y más alto que muchos otros y
he conocido en todos sus matices las ternuras y las be·
llezas misteriosas de la vida interior. Esta vida interior
la he observado, la he contemplado, la he recogido en
loe ojva y torno á ver ahora con el recuerdo de esas miradab y de esos amores purísimos que han santificado todos mis deseos.
u He pa!!ado mis afioa en buscar en loe ojos, todo eso
que loe otroa hombree no pueden ver,
•
uLentamente, doloroeamente he descubierto todos loe
iir:1 rcmecim ientoe iofinitos que en ias pupilas ee eternizan. He envejecido, he usado mi alma en la persecución
del misterio, •y ahora mis propios ujos se han apagado;
han arrebatado poco á poco todas las miradas de loa otros
ojos y no sfln ahora ya mas que un espejo que refleja to ·
das esas muadaa que volaron, que se anima solamente de
una vida múltiple y agitada de tentaciones desconocidas.
Y esta es mi inmortalidad, Porque yo no moriré y vivirán mis ojos, porque no son míos, porque loa he formado
de todos loa ojos, con todas sus lágrimas y todas sus ri·
sae porque cada una de sus palabras es la palabra de otro
ojo, de otra alma. Yo sé muchas cosas: Tengo todas las
almas en mis ojos. Y aobrevi viré al despojo de mi cuer•
po, por que roe abaorveré, me desvaneceré en mis ojos
que son inmortalee.n
Yo miraba eeoa ojos, donde, en efecto, pareclan chocarse los deseos, combinarse las almas. Pnecían vivir de
una vida extraordinaria, en ese rostro pálido y marcado
con I.11 esperanza de la m'lerte. Se hubiese dicho un juego de luces, uoa feería de colorea diverso.e y mezclados
en una radiación única, y comprendí, viendo la inmor•
talidad que !!e desbordaba de ellos, que eran verdadera·
mente el a!!ilo supremo de la vida, donde dormitaban todo dolor y toda alegría.
CARLOS VELLA.Y.
Versión de A mado Nervo.

EL ESPt;:JO
I.
Etaee un reino en el que no había eept-joe, pues todos
los que en otro tiempo figuraban en las casas df'l país,
habian sido rotos y hechos afiicoa por órden de la reina,
La persona que hubiese poseído uno de estos objetos,
podía tener por segura la pérdida de la existencia.
La reina era monstruosamente fea, y no quería exponeree, cuando paseaba por la ciudad ó hacia una visita,
á ver reflejada su imágen en parte alguna, consolándose
con la idea de que las demás mujeres no podían contemplarse y admirar su propia belleza.
Esto, como era natural, causaba profundo di!!guato á
las hembras del pais, las cuales tenían también prohibido el mirarse en el cristal de loe ríos y de loe lagos.

II
En un barrio, extramuros de la ciudad, vivía una joven llamada Jacinta, que eetaba menos triste que las de•
más porque tenía un novio que la adoraba con delirio.
La persona q ne os encuentra hermosa y no se canea
de decíroslo, puede hacer las veces de un ee¡:Jejo.
-¿De veras-pregu•taba Jacinta-que mis ojos son admirables?
-NO los nay más sorprendentes en el mundo.
-¿Y de qué color es mi cutis?
-Más blanco que la nieve.
-¿Y qué dices de mis labios?
-Que parecen una cereza partida.
-¿ Y mis dienteé?
-Son tan finos y tan blancos como el grano de arroz•
Así hablaban loe enamorados, teniendo Jacinta la dicha de oír elogiar lo que el galán tenia la fortuna de ver.
Ooncertose al fío la boda; pero cuando la noticia del
enlace llegó á oídos de la reina, propúsose ésta destruir
la felicidad de Jacinta, á la que detestaba cordialmente,
por ser la criatura más hermosa de la comarca.
'
III
La víspera del matrimonio paaeábase Jacinta por un
prado, cuando de repente se le presentó. una anciana en
demanda de una limosna.
De pronto la vieja lanzó un grito de espanto, y exclamó:
-¡Cielos! ¡Qué horror!
-¿Qué os pusa 1 buena mujer? ¿Qué habéis viaOO en mí?
-El ser más feo que hay en el mundo.
-¿Soy lea? .. ..... ..
-No hay palabras con que ponderar· vuestra Iealdad·

-Pero mis ojos .. ..... ..
-Son borribies.
-¿Y mi cutis?
-Negro como el carbón.
-¿Y mi boca?
- Verdaderamente repugnante.
¿Y mis dientes?
-Largos, desiguales y amarillentos.
Acto continuo, la vieja que, debía ser una bada milagroea, amiga de la reina, se alejó presurosa, lanzando una
carcajada, mientras Jacinta caía en tierra con loe ojos
inundadoe de lágrimas.

IV
No era poeible calmar la aflicción de Jacinta.
-¡Soy feal-exclamaba á ~ada inatante-¡soy remata..
damente fea 1
Era inútil que su prometido le asegurase lo contrario.
~Déjam~ en paz-le decía¡-mientes porque me tienes lástima¡ pero no me amas ni me has amado nunca.
Para deseagañarla, apeló al testimonio de varias per•
sonas, las cuales declararon que Jacinta era en verdad un
prodigio de hermo:1ura. Pero la doncella creyó que loa
testigos habían sido comprados por su amante, é insistió
en dar únicamente ciédito á las palabras de la anciana.
No hay frasea con que pintar la desesperación del mancebo, tan ardientemente enamoradc;&gt; de Jacinta, la cual
había llegado á renunciar á su proyectado matrimonio.
-¡Soy demasiado fea para casarrue l-repetía la doncella á cada instante, ein que hubiera medio de convencer•
la de que estaba en un error lamentable.
La única mflnera de deementir á ia vieja, habría sido
poner un espejo ante loa ojos de Jacinta. Pero ¿dónde
encootrarlo?
-Piles bien, iré á la corte-dijo el novio- y por bárba•
raque aea nuestra soberana, no dejarán de conmoverla
mis lágrimas y la belleza de mi amada ..
Gran trabajo costó llevará Jadnm á Palacio, donde no
quería mostrar su horrible fealdad. Sin embargo, acabó
por consentir accediendo á. las súplicas de su amigo.
V
-¿Qué gente es esa? ¿Qué desea?
-Majestad, soy el amante más iafortunado de la tie•
rra.
-¿Y á mí qué me importan vestrae penas?
-Apiadáos de mi dolor y permitidme que me procure un espejo .... ... . .
La reina se levantó furiosa y le dijo:
-Quién se atreve á babJar de ei:3pejoe en mi preeen~
ciJ?
-¡Tranquilizáos, Majeetadl Esta jóven tan fresca y
tan hermosa que me acomtafia, tiene la manía de que
es horriblemente fea ........ .
-Y e,ná.en lo cierto-contestó la reina-porque jamás he visto más espantoso rostro.
Jacinta creyó que iba á morir de tristeza, La duda no
era posible, puesto que a loa ojos de la reina, lo IU.ismo
que á los de la mendiga, era un Eer á todas luces repugnante.
El amante al oír la terrible opinión de la soberana, dijo en aha voz que la reina se había vuelto loca, á menos que hubiese mentido.
No pudo añadir ni una palabra más.
Los guardias se apoderaron de su perbona, y la reina
dió 6rden de que cortaran inmediatamente la cabeza al
prometido esposo de Jacinta.
El verdugo levan$ó un ancho y reluciente alfanje y á
un mismo tiempo se oyeron dos agudos gritos: uno de
alegría, porque en el deenud,.:, acero se había contemplado Jacinta en todo el esplendor de su hermosura, y otro
de angustia, por que la infame reina exhalaba el último
suspiro á causa de la. indignación que le había producido el ver reflejada su fealdad en el improvisado espejo.
CÁTULO MÉNDEZ.

CURJ.OSIDADES.
EXPOSICION CANINA
PERROS CHIHUAHUEÑOS PREMIADOS EN LONDRES

Existe en Londres una curiosa asociación llamada nLadies Kennel Aeociationn que anualmente organiza exposiciones de perros, dedicando loe productos de la feria á
obras de beneficencia.
La expoeicióa del presente año se verificó á mediados
del mee próximo pasado en el real jardín Botánico de
Londres y la Junta Directiva Organizadora estaba formada por seí'i0raa dea !alta aristocracia inglesa.
Llamaron notablemente la atención algunos perritos
chihuahueñoe, y uno de ellos llamado Yorky obtuvo primer premio. La princesa de Gales presentó un hermoso
galgo llamado Alex, que obtuvo dos primeros premios y

�EL PERRO COMESTIBLE,
Cuando mas ee aprende á conocer al hombre, mas ee
es,ima el perro 1(escribía m isantrópk amente ese gran amigo de las bestias llamado A. Toueenel))
Acaeo, porque los habitantes del Celeste imperio no
conocen suficientemente al hombre es por lo que consi•
deran aún al perro como á un animal comestible y ua
manjar de loe mas Sabrosos. Pero hay que esperar que
ayudando el progreso de la civización, vendrá un día en
que no figuren ya en loa menue de las comidas de gala
de la corte de Pt:kin, loe bravos perros, 11eeoe candidatos á. la humanidadn, segun la pintoresca expre1:ión de
Michelet.
Darwin refiere en alguna parte que cuando loe habitantes de la Tierra dd fuego se . ven
acosados
por. el
.
.
hambre, matan y ee comen á sus v1eJas muJeree meJor
que á. sus perros y que en AuBtralia ae han visto padres
sacrificará. sus hijos pera que la madre pudiese dar leche
á este útil auxiliar.
Loa chinos por su parte cuidan y engrasan cuidadoeamente á l!UB perros, para ...... comereelos. Hacen por lo
demás un platillo que es tambien de lujo; el abate Le
Noir, en sus relaciones de viaje en extremo Oriente refiere que en las casas de los comerciantes de comestibles y
la mayor parte de las graojae, se encuentra u esos animales en pequeños separes muy semejantes á los que se
usan en Europa para engrasar los volátiles. Álli perma•
neceo de quince días á tres semanas condenados á una
inmovilidad caBi completa y no tt.ciben como alimento
mas que una mezcla de arroz y de l!al vado.

.

PP-rrito chihuahueño dela Han. Mrs. Aigernon Bour•

ke, llamado "Mousie," ( Premiado en Londres.)

mención honorífica; presentó también un perro chato
negro, que obtuvo tres primeros premios y mención honorífica; un perro danés que obtuvo dos segundos pre•
mios y dos perros deTerranova que también salieron pre•
miados.
Loe perros ratoneros de la duquesa de Southerland
también llamaron la atención, así como otros dos perros
chihuahueños de la condesa de Gry.
Pero el gran premio fué otorgado al cLampion H an'tbal,
hermoso perro danés de la seflora Horafall.
Los perros chibuahueños son muy estimados en Londres alcanzando precios elevados.
Recordamos á este propósito que cuando Adelina Patti
eetuvo en México, quedó materialrnent.e encantada de un
diminuto chihuabueño que le obsequió el conocido sport•
man coronel Antonio Lozano. La dtva no emprendia viaje a 1gllnO sin ir acompañada de su perro, y cuando .estuvo en Nueva York en el invierno de 1891, tuvo la deegra•
cia de perderá. BU ineeparable compañero, causándole esto el más profundo pesar. En aquella época encontrábase casualmente en Nueva York, el Coronel Lozano, quien
pidió inmediatamente por telégrafo un perrito de la mis·
roa raza, y una noche que la celebre diva cantaba Semí·
ramUl en el Metropolitan Opera Housede aquella ciudad,
un mozo de librea le entregó en el escenario el perrito
chihuahue:tlo, dentro de una preciosa ::anastilla_de flores.
Adelina no pudo contener su emoción y sacando al anima.lito de la cesta lo besó á la vist&amp; del público.

Corazón de sacerdote. POR H.

negras¡ en el paf a de loe Ochantes ee lea come igualmente, sea frescos, sea secos. Y costumbre que hace extremecer de indignación á los amigos de las bestias, parece que en el Bajo Congo, entre loe batekés antes de
matar á un perro destinado al consumo para hacer la
oarne más tierna, se le maltrata, se le tortura. He aquí
lo que dice á este respecto un diario colonial, El Congo

XII
Por una circunstancia verdaderamente providencial,
i:ni Marta ni Charlier habían muerto.
El proyectil había tocado á Marta en el hombro, que
-había atravesado sin causar graves lesiones. En cuanto
á Charlier, la bala disparada de muy cerca, le había con•
k&gt;rneado el hueso frontat, siguiéndolo en toda su longi-tud y trazando en él una huella sangrienta. FranciBca,
-que se había lanzado vuelta loca á. la calle, pidiendo so•
•corro, trajo á. un médico cuyas declaraciones tranquili..zadorae calmaron t,l espanto de Pablo. En tanto que Marta volvia en sí, Charlier, transportado á su lecho, cayó en
iun sueílo de plomo que duró veinticuatro horas y le
•salvó.
Ya se adivinará. la emoción de la ciudad.
En tanto que en sus cámaras los heridoe recibían loe
¡primeros cuidados, la plan'8 baja se había llenado de vi-

taba, visiblemente poco simpática para ella. Al franquear
el zaguan, ee cruzó con el procurador de la Republica.
Una luz terrible atravesó por su espíritu. Charlier ha•
bfa cometido una tentativa de asesinato en la persona de
su mujer.
Era inevitable un proceso y á ella la mezclarían!
Todas las palabras que su primo le había dirigido en
su amenazadora visita, zumbaban en su.s oidos. El las
repetiría en público ......... Ella sería moralmente la acusada ........ .
Batían sus sienes¡ fiaqneabai. sua piernas; habría caí•
do sin el sostén de sus hijas. En el camino encontró al
abate Cbavassieux, que se llegó á. ella lleno de interés.
-Vamos, vamos, querida y buena seflora ........ no de•
bemos ponernos en eBe estado ......... Yo comprendo perfectamente ...... vuestro Primo........ vuestro primo ....... .
pero en fin ...... Tened valor, vamos!

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ALEMANIA

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nnevaux repetida donde quiera, volvió el valor á. loe más
tímidos.
Francisca no eecatim6 loe relatos. Todos vieron clara
la perfecta inocencia de Marta y aún excul!aron á Charlier, haciendo ver toda la trama urdida por la malicia
bajo Ja máscara de la caridad. No había mas que una
frase en Ganneville: 1&lt;Ahl eea se:tlora Dee:cordes.ii ·

· Se apartaron de ella. A la vez ella conoció las mordeduras de la maledicencia y laa tristezas del aislamiento.
La eeñora Valier, en casa de la cual compraba pocasconfiturae, las sefioritas J uglan á quienes rara vez mandaba
hacer sombreros, fueron las primeras en retirarse de eus
obras. El primer miércoles que siguió, la eefiora AuffryMignoz fué la sola trabajadora que se presentó toda inti•
midada. Pero tampoco ella volvió. Todas las piadorns
fundaciunes de la se:tlora Descordee cayeron una á. una,
y, dolor supremo! muchas fueron reconstituidas á. sus
propios ojos, sin que ella tomara parte. U oicamente el
abate Chavaseieu·x permaneció fiel á. eue
comidas y á sus viEitae de loe domingos, con
tinuando sin comprender y dando vueltas
al puñal en la llaga, al repetir sin cesar:
-Ciertamente, ese pobre Charlier ha sido
impul1:8do ...... Qué peso debe haber sobre
la conciencia del verdadero culpable: Va•
moa....... vamos....... que el buen Dios le
perdone.
La señora Descordes debió reducirse en
adelante á envejecer en su rincón, con el corazón lleno de amargura, entre sus hijas,
que acabaron de marchitarse en eu vida mezquina, rabiosa y celosa, yel deegraciado abogado, entregado sin tregua á laa ociosas garras de rns trea harpías.
El proceso de Charlier era inevitable. Tu•
vo lugar dos meses después, una vez que los
heridos se restablecieron.

,:

-:-:..~:::~' ~ . s./·'

r:•·

El globo cautívo del Capitán Parseval.

No se conocsn ni en Europa, ni en América el perro y manjar de ricos], la otra, de pelo corto pero muy nu•
el gato comestibles, salvo Pn los grandes eitioe. En Pe- trido,
Como color, ee cuentan tres variedades: loe unos son
kin por el contrario y en todos loa paiaos de leagua china,
no hay comida suculenta sin un filete ó un jamón de enteramente de un rojo vivo: esta es la variedad arieto·
perro, el gato es mas bien un platillo de la clase pobre. crática; loE otros son de un leonado negruzco con el bo•
Estos hábitos que nos repugnan como una especie de cica negro; 11or último, hay un chovv-chovv leonado pálisemi.antropofagia, existían sin embargo entre loe pue- do con el hocico claro: esta ea la especie más común. El
blos de nuestra antiguedad clásica. La historia nos re• caractér general de esta raza es tener la lengua y los la•
fiere, en efecto, que al principio el perro figuraba entre bias de un negro azuloso. Este color no es nativo; en to•
dos loe perros jóvenes la lengua es roja y se ennegrece
las especies alimenticias.
Los salvajes de América del Norte, por penuria de progresivaJnente al cabo de tres semanas; ee cuentan co•
caza, sacrificaban algunas veces á. loe perros; sin embargo, roo rareza ejemplares que nacen con la len¡ua negra.
En cuanto á la manera de preparar al perro para el
si debe creerse .1 las relaciones de viaje del capitán Frecocimiento
es en todo semejante á la que se emplea para
mont, que describe una comida de perroan (dog jew,,t ) 1
ese maojar es muy natural á ' los Sioux. Se asegura el cerdo de leche. En China no hay gr.andes comidae;
tambieo que antes de la introduccion de las bestias cor• pero en las comidas oficiales jamá.s falta un chow·chow
nudas, loe Eepañl)les esta blecidoe en México hicieron preparado de la manera más sabia.
El perro no tardará en desaparecer de loe menús de
un consumo tal de perros indígenas que la especie desapareció por completo; segun Cook los nuevos irlandetes loe celestes, y el chow. f/ww será entonces lo que debiera
se comían sus perros y se vestían sus pielea. Fol!ter aiht.• haber sido siempre: el pequeño campa.ñero de salón de
de: ((!man apasionadamente esta carne y la prefieren á las uMadame Chrysantheme)1 de los bordes del río Azul
la de puerco&gt;, Loe Groenlandeses y los habitantes del 6 R ojo.
Kamscbatka comen taro bien algunas veces sus perros,
pero solo impulsados por el hambre se reducen á. esta
cruel extremidad.
En Africa loa perros son el regalo de las poblaciones
Chow•Chow en el Jardín de Aclimat.lción de Parls.

DE FORGE.

Número 5.

lL GLOBO CAUTIVO DEL CAPITAN PARSEVAL.

La forma del .globo generalmente usada por loa princi•
pales ejércHoB ea la de pera; sujetándose á. la tierra el
globo cautivo por un ca.ble de acero; pero en realidad,
esta conocida forma no era de gran aplicación para las
op:nacionee militares, porque frecuentemente la fuerza
del viento impedía practicar las observaciones opor•
tunas.
En la ac\ualidad se ensaya en Berlin, con muy lison,
jero éxito, el nuevo globo cautivo que ha inventado el
capitán del ejército alemán Paree val. Nuestro grabado
da clara idea de la forma particular de este globo, cilíndrico y esférico en sus extremos y que lleva un apéndi·
ce en uno de ellas, así como del modo que va suspendi·
da la barquilla y están dispuestos los cablee que le sujetan. Se asegura que así Be ha logrado que el globo tenga
una gran eBtabilidad, que era precisamente de lo que carecían loe usados hasta aquí.

s.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

llwtrado:

uAntes de comerse el r;,erro ea sometido á un verdadero suplicio. Cuando ha llegado á. la gordura necesaria se
le rompen los cuatro miembros y se le deja yacente y
gimiendo durante largaa horas. Esta práctica es usada
para otros animales domésticos y aun para el hombre
destinado á ser comido. Los oegros pretenden que el do•
lor vuelve la carne más tierna. El perro es ssí frecuentemente, después de largos eufrimientoe, puesto sobre el
fuego, eobre el cual Ee le da vueltas para quemar todos
loe pelos.
Sin embargo, M. Meulemans, un veterinario militar,
belga, cree poder afirinar que las coeae no pasan en todae
partea con el mismo refinamiento de crueldad.
«En el Congo, generalmente, dice él, se degüella al pe..
rro antes de quemar eus pelos y de despellejarlo.11
Entre los chinos el perro es aun ahora un manja'r habitual y un regalo de goloso.
Su chow clww ó perro comestible puede verse en el adjunto grabadci que publicamos y que nos evitará la des•
cripción. Sólo diremos, que en cuestión de pelo y de co•
lor hay numerol!aB variedades. En cuestión de pelo hay
dos varianteB: una de pelos Jugos (la má.a estimada,

,57

EL MUNDO

DOMINGO 29 de AGOSTO DE ,&amp;97

DOMINGO 29 DE AGOSTO DE 0897

EL MUNDO

156

'11itantee, loEI unos einceraniente ansioeoe, los otros eim·
..plemente curiosos. La eefiora de Sennevaux, preveni la
.por un exoreao que Savinien le había enviado á todapri116, llegó de las primeras, aún antes que la señora Descordee, que habiéndose copfinado en su casa no supo la ca-táMrofe sino por el inu&amp;itado movimiento percibido des-,
de su ventana, que daha á la gran plaza.
Acudió con sus hijas, turbada, egitada, comenzando á
comprender su terrible responsabilidad.
En el vestíbulo, invadido, e:ricontró á la sef'iora de Se..nnevau.x, que marchó recta á ella y le dijo en alta voz,
en medio de todos, mirándola bien á la cara:
-Vuestro puesto no está. aquí, seflora.
Y como hl. eefiora Descordee, muy sonrojada bal:t,ucea•
·ra algunas palabra1;1, la éondesa, con un gesto de irresis•
tible autoridad le mostró la puerta, a:tladiendo:
-Id á. dar gracias á. Dios por que os ha ahorrado el re,mordimiento de haber hecho dos víctimas inocen~e.
La se.flora Deecordes atravesó la multitud, que se apar•

Yo lo sé, vos que sois tan buena ........ los sufrimientos
de loe otros destrozan el corazón. Pero el buen Dios está
ahí.. ....... El ha impedido grandes deegracias; tranquilizaos ...... el permitirá que se descubra á loe culpables, á.
los verdaderos culpables ......... Porque sin dllda ese pobre Charlier ha sido impulsado ..... .
Este fué el último golpe. La eefiora Descordee tuvo
justamente la suficiente fuerza para volver á. su casa,
donde cayó desvanecida.
Su reino había concluido.
La provincia, á pesar de que las sufre. ama poco esas
dominaciones invasoras y absorventea. Nadie enlama•
aa se atreve á. dar la seilal de rebelión; pero si una mano
más enérgica levanta la bandera, todo el mundo sigue t,l
movimiento y loe más ardientes por la independencia
son aquellos que más ee han humillado bajo el yugo.

La vida de la caaa de Marta, tan sencilla, y que se había calific8.do de lujosa, quitó todo crédito á los otros ruidos que hablan corrido. ~ palabra de la eefiora de Se-

Tods. la población asiBti6 ~ la audiencia,
ávida de escándalo. Pero su esperanza que•
d6 frustrada.
Charlier llegó apoyado en el brazo de Pablo. Su actitud y su tacto fueroa perfectoP,
no acusando á nadie más que á sí mismo, de
eu deplorable conducta y no buscando excuea alguna.
Cuando el presidente, que ponía e• eus
preguntas una delicada reserva, le pregunté
á qué movil había obedecido, él respondió.
-Lo ignoro. Es vergonzoso decirlo, pero
esta vergüenza pública ea un castigo que he
merecido ......... Yo no tenía conciencia de
mis accionee.
-Teníais algún motivo para odiar á la
eenora Charlier?
--Ninguno, respondió él prevenido con voz
fuerte ....... mi mujeres la más noble y la más
honesta de las criaturas.
-Nadie os excitó contra ella?
Esta era la pregunta esperada. Todas las orejas ee
abrieron.
Charlier sin responder directamente, se limitó á decir:
-Os repito que yo soy el único culpable.
-No eetábais en estado de embriaguez? preguntó uno
de los jurados.
-8!, estaba ebrio.
El presidente no insistió.
Marta, interrogada, dijo:
-Juro ante Dios que jamás he te:aido nada que repro•
obar me, nadaquepudiera sonrojarme ante mi marido y ar.•
te mi hijo. Juro que jamás he faltado á. •inguno de los de·
beres ni hacia el uno, ni hacia el otro. Perdono á. mimarido, y le he perdonado desde hace la.go tiempo en mi
corazón. No tengo para 41 más que estimación y afecto, y
pasaré el reato de mi vida en probárselo.
El procurador puso una extrema mederación en eu re-

�DO ■ IIIGO

quiaitoria. Ni e1 nombre de Savinien ni el de Ja aefiora
Oescordee fuero.u pronunciados. Cha.rlier, reconocido cul
pable, fué condenado á una simple multa y salió libre del

tribunal entre Marta y Pablo. Desde el día del drama
hasta eea audiencia, casi nadie le habia vuelto á ver. To•
dos notaron en transformación: no era yael mismo hombre. Su rostro pálido, enflaquecido, con una gran cicatriz
que le bollaba la frente, tenía una fisonomía triste, gra•
ve, pero digna, con una humildad que ee sentía dncera.
Había hablado sin énfasis, eóbriamente, con una voz
muy conmovida por_ momentpa, bajo el imperio de un

sentimiento que nada tenía de :ficticio.
Cuando al retirarse, pasó entre su mujer y su hijo, instintivamente las cabezas se descubrieron ante aquella fa•
milia tan larga y violentamente turbada, ahora reconet,ituida y reunida.
Muchos ee preguntaban quién había hecho ese milagro,
quién había servido de lazo de unión, entre ese hombre
grosero y malvado, hasta entonces incapaz de un senti ·
miento ó de una ternura, y aquella mujer dulce y buena¡
toda delicadeza y corazón, quién, en fin, había venido,
pues, ein quererlo á romper la unión pura, honesta, pero
terriblemente :peligrosa por eu miema honestidad, de
Marta y de Savinien.
Esta era la obra de una criaturita tímida y silenciosa
basta entonces, alma frágil, á. la cual no babian alcanza·
do ni los necios prejuicios nj las malignas costumbres de
aquella vida de provincia y que, en la sombra de aquella
casa tristísima, había .crecido pronto, inetruídoae prematuramente y vuéltoee serio anteB de la t.xperiencia, no
habiendo sabido acaso nunca lo que era reir, sino madu•
rado por todas las lágrimas que había visto correr.
La transformación de Mana y de Charlier era la obra
de un niño de quince afias.

XIII
La noche misma. del día terrible, Pablo se había in3·
talado á la cabecera de su padre, haciéndose su enferme•
ro, asustado, inconsciente aún 1 sin otro proyecto que el
de ayudar áloe cuidados materiales del médico. Durante la noche, que pasó sólo cerca del herido, no dej,ndo•
lo más que para ir de puntillas á informarse del estado
de eu .madre, cerca de la cual velaban la Sra. de Senne•
vaux y Francisca: efectuase un trabajo intimo y miste•
rioso en aquella almita.
Su candor ingcente no le permit.ia comprender la causa precisa del einieeti'o acontecimiento. No veía en él
más que la crisis suprema de la vida de violencias de que
tanto tiempo había sido testigo, y entonces ee levantó
ante su pensamiento todo un plan, que maduró con tanta sangre fría como precoz inteligencia bajo la inspira•
ción de la piedad mas alta.
Borrar para siempre el pasado¡ á fuerza de paciencia
y de dulzura hacer de su padre otro homb1e, traerlo al
deber y al bien¡ volverle el sentimiento de las afecciones
de familia, la elevación de espíritu, la nobleza de corazón y rodearlo de una purifiéante atmósfera de ternuras;
apartarlo para siempre de los hombres y de las cosas que
le habían sido funestas: obra sublime en que el hijo dada la vida al alma de su padre; obra laboriosa: ninguna
dificultad de la cual escapaba á su perspicacia, pero que
eu ardor entusiasta y confiado iluminaba con un rayo
triunfal.
Loe niflos que han eufrídomuchotieneneeoaentueias•
moa generosos. Su corazón encuentra acentos que no tienen loe otros; sus grandes ojos, dulcísimos, tienen miradas profundas que fascinan, su pequefia mano, puesta
sobre la frente del que sufre, proporciona una calma ex•
trafia. Tienen armas muy de ellos, hechas de mieteiio y
de ternura.
Prosternado en la soledad y el silencio, con la cabeza
apoyada sobre el lecho mismo del enfermo, largo tiem•
po se desahogó Pablo en una de esae plegarias conmovividas, ardientes, irresistibles, que la boca no pronuncia
pero donde el corazón se funde todo entero. Pidió á. Dios
la fuerza, la prudencia, ia habilidad, y en cambio de la
victoria esperada le prometió eu vida.
Fué aquel desde entonces un trabajo de todas las ho•
rae. Los primeros diaa fueron crueles y rudos. La inteligencia de Charlier, obscurecida aún, parecía ofrecer invencibles obstáculos. Su carácter, cuyas violencias nadie
había refrenado jamás, reaparecía á medida que sus

fuerzas físicas se reanimaban. Pablo respondía á todo
con una calma inalterable y una mansedumbre que nada
desalentaba.
- ¡Quiero beber! gritaba el herido.
Y de acuerdo con el doctor, que había aconsejado evi•
\ar toda supresión demasiado brusca, Pablo llevaba, con
la sonrisa en loe labios, las bebidas favoritas de su padre; pero disminuía cada vez insensiblemente la dosis
de loe elementos perniciosos.
-Leeme el periódico, dijo otra vez Charlíer.
Y Pablo hizo buscar inmediatamente la boja del más
vivo matiz político y la leyó sin pestañear, limitándose,
respecto á. loe hechos que el podia apreciar, á algunas re·

flexiones muy sencillas, que demolieron de un golpe el
fárrago grosero de esas lucubraciones de taberna. Las
palabras eran siempre tan aencillae 1 tan medidas, tan
justas, que al cabo de dos semanas Charlíer dijo expon•
táneamente:
-Ese periódico ea estúpido! Ya no lo mandes comprar.
Se había dado un paso.
Entóncee, Pablo se volvió comunicativo. Era él quien
cada día contaba á an padre las noticias de la ciudad,
que se hacia resumir en la noche, rápidamente, porFrancisca; ó bien sacaba de los recuerdos de sus cortos eetu•
dios el relato de alguna anécdota poniendo en eue palabras la animación atractiva y juvenil de su alegría, sabiendo aai mismo dirigir la conversación con destreza
en el sentido del fín incesantemente perrnguido y sacar
de él alguna lección, prudentemente, impercepr.iblemen·
te deslizada, sin caer jamás en una alusión que pudiera
herir al enfermo.
Siempre estaba ahi cuando era preciso, pasándose las
horas en una pie~a vecina, dispuesto á responder al menor llamamiento, pero dejando tiempo para que germinase el grano que había sembrado de un modo inteli•
gente.
-Donde está Pablo? preguntó bruscamente Charlier
una maf'lana. Por que te vás? Quéda~ aquí.
El nifio bendijo á Dios.
Eea eJi\ su primera victoria.
Desde entónces la intimidad creció! Charlier, apartado
así de las malas intluenciae morales como de las excitaciones materiales se ablandaba poco á poco, cuidado, mimado, rodeado de solicir.udes, sensible en su inteligencia que renacía, al encanto que se desprendía del nifio,
cuya presencia se le volvía indespeneable.
En el día, en la noche, al menor movimiento, veía
surgir aquella cara tierna, atenta, sonriente como una
aparición angélica. Pero Cbarlier tenía á veces largos
extravíos, especie de crísis nerviosas y parecía ya no
comprender. Hacían de nuevo presa en él sus malos recuerdos y eua hábitos de borracho. Operábase en éi una
transformación. La bestia bruta se callaba después como
fascinada, y volvían uno á uno loa sentim:entosi encon•
trados á veces, de su infancia en otro tiempo dulce y regular, revestidos tal y cual vez de tan encantadora no•
vedad que lo seducían, como todo aquello que no seconoce. Acontecíale permanecer largo tiempo sin decir
nada, con los ojoe fijos en Plablo cuyo corazón palpitaba entonces con una emoción deslumbrada, adivinando
el trabajo )atente que se operaba.
Ah! no todas las hora3 eran igualmente dulces! Algu•
nas veces la vieja naturaleza se le subía encima con
bruscos sobresaltos. Pero Pablo comenzaba á sentir su
fuerza y envalentonado, despreciaba esas crisis que se
hacían más y más raras y fué un nuevo triunfo el día en
que forzó á su padre á. reír también de su irrhación, re·conocida sin causa.
El mejoramiento moral progresaba al mismo tiempo
que la curación física, merced á los constantes esfuerzos
de Pablo. Sin embargo Charlier se quedaba sumergido
algunas veces en silencios profundos y contrísiados.
Abría la boca para formular una pregunta y la pregunta espiraba en sus labios ......... Marta? Por el aspecto
de Pablo había adivinado que en crimen no había sido,
por fortuna completo. :Marta vivía. pero donde estaba,
en que estado f cuales eran sus sent.ímientoa de resentimiento legítimo?
Y Charlier comprendia que jamás la había amado y
sentía ahora todo lo que había perdido. Marta ee le aparecía aureolada de todo un nimbo de juventud y de be•
lleza, que él, imbécil, había despreciado. Habría querido recomenzar la vida y rehacer, en su unión con Mar-

ta, afios de dicha en lugar del infierno que le había dado. Pero esos afias de infierno terminados por un drama sangriento, eran para siempre el pasado, lo irrepa•
rabie, terrorífico como una pesadilla.
El sabía bien que Savinien no 8!3 el amante de Marta, pero la había amado y sin duda ella le había amade
también. Esta unión de dos coraiones enloquecía al desventurado más que cualquiera otra cosa hubiera podido
enloquecerlo. No podía despreciar más que así mismo y
esto lo sofocaba, lo extrangulaba de rabia. El también
hubiera podido amará Marca. Siendo bueno y tierno,
se decía que acaso llegara á hacerse amar ...... Pero era
demasiado tarde sin duda.
Algunas veces le volvía la esperanza y tenía como crtsis de alegría. Y de codos sobre la almohada en la sÓm•
bra de las cortinas sombrías, contemplaha largamente á
su hijo, fijando en él sus ojos de pobre bestia herida.
El nifio se aproximaba un poco bajo la lámpara y sus
miradas se cruzaban, la una toda de terneza y de amor
y la otra toda de angustia y de amargura.
Pablo vigilaba, atento, el desarrollo visible y deseado
de esas angustias inconfesas y cuando le pareció llegado
el momento de obrar, entró en la cámara llevando en su
diestra una rosa fresca y embaleamada que tendió á su
padre, diciéndole sencillamente:
-Mira, ;o que maniá me ha encargado que te traiga.
Cbarlier tomó la flor ein decir una palabra. Largo
tiempo su pensamiento permaneció mudo ante este men•
saje perfumado, gage de olvido y de perdón. Sus ojos
iban de la rosa al rostro del nifio. De pronto dos gruesas lágrimas corrieron á lo largo de sus mej illae enflaquecidas.
-Ven á besarme! dijo á Pablo.
Y eu corazón se fundió en los brazos de su hijo: la
obra de regeneración estaba cumplida.
Entóncee empezaron entre el padre y el hijo largas
conversaciones en que cada dia sus a\ma9 se aproxima•
ban en expansión más y más intima. Pablo, dueño del
terreno ahora, iba francamente hacia adelante, revelando á su padre todo un mundo de sentimientos desconocidos, no temiendo ya abordar loa asuntos más delicados con esa sinceridad sencilla que impone la fé, con ese
tacto que no se adqu~ere y que el corazón solo sabe inspirar, alumbrando los últimos rincones sombríos del pasado con la luz límpida de su propia pureza.
Marta solo recibía las confidencias de loe esfuerzos, de •
las esperanzas y de loa éxitos de Pablo. Cada día se escapaba él algunosinatantes1 se encerraba con ella y le decía alegremente loa progresos realizados y el triunfo final que se aproximaba. Su madre lo escuchaba conmo•
vida, recompensando con una sonrisa y con una caricia
al noble nifie. Y sin embargo, algunas veces, cuando el
había partido, escapábase un suspiro de sus Jabioe, sus
ojos se mojaban, perdidos en nn ensueño melancólico y
profu11do. Se ponía largamente de codos en la ventana. :Bajoeus ojos, de un techo vecino aubfa á.la hora
del almuerzo un humillo blanco y su mirada seguía ese
humillo, en los aires hacia las nubes. Ella también pen·
eaba en el paeaio, en toda la vida frustrada, en toda esa
dicha que no había tenido. Después ponfaee de nuevo
á esperar. Y en la penu..nbra de las largas veladas del
crepúsculo, l)aeabd su mano pálida alrededor del cuello
de su hijo! Y loe últimos rayos del eol venían á reflejarse en los ojos de. la madre y del hijo.
Como Charlier c.Jmenzaba á levantarse, Pablo le propuso que comiese con él cerca de la ventana abierta, qu&amp;
dejaba entrar loe perfumee de la primavera que volvía.
Llevó con Francisca una mesa completamente servida
-y Charlier percibió un gran ramo de rosas, alredetlor dei
cual había tres cubiertos.
En ese mooiento Marta, con el brazo en cabrestillo y
el rostro pálido, pero sonriente, entró y tendió á su marido su mano libre ......... Ante ellos entonces Pablo lloró lágrimas de alegría, lágrimas santas q1:1e los ángeles
d~l cielo debieron recoger.
Fué aquella tarde, cuando convertido por eu victoria
en amor de todos, Pablo expuso el programa de vida que
había meditado. Se reunirían todos loa recursos; se vendería el viejo hotel, testigo de tristezas que debían olvidarb8¡ irían á.instalarse á. Paría eLL algún nido modesto, y·
en medio de la paz y de la intimidad cerca de sus padres1
él proseguiría sus estudios, demasiado turbados por lo.3 .
acontecimientos.

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-Es cierto, dijo Charlier, el tiempo vasa ........ .
Bien pronto habrá que pensar en elegirte una carrera.
-La elección está hecha desde hace largo tiempo en
mi pensamiento, respondió gravemente Pablo. Seré sa·
cerdote.
XIV
La mafiana del día en que la familia Charlier debía
abandonar Ganneville, Francisca, por la última vez con·
,.fi4enie, -puso en el correo una carta, cuya dirección era
éeta: Señor Saviniende la H aye, ar,tiguo subpref ecto; calle

La Boetie, en ParUJ.
La carta esta.ha concebida así:
uOa escribo, amigo mío, algunas horas antes de partir
de Ganneville para no volver :,robablementejamá.e. Voy
, decir adiós, no sin un profundo desgarramiento de co·

razón, l1 estos muros que durante tantos afios han sido
loe testigos de mis numerpeoe dolores y de mis raras alegrías, y he querido que mi último acto fuese ee:ribiros.
ciNo he podido hacerlo desde que después del terrible
día presentasteis vuestra dimisión y os habeie alejado.
Habeie podido, sin embargo, eegoir m1 convalescencia
por emigoe buenos y seguros. Yo os confirmo al.ora mi
completa curación, y tendreia la prueba de ella por es·
tas miEmae líneas, aun cuando mi letra no sea muy firme. Pero estoy enteramente restablecida 1 y salvo un poco de adormecimiento aún, en el brazo, he adquirido to•
dami ealud.
«Acaso el temblor de mi mano en este instante no ea un
postrer efecto de mi herida: la emocioo es su verdadera
causa. Porque lo que os tengo que decir me es cruel y lo
será para vos, y sufro con el dolor que voy á. causaros
tanto como de1 mío propio.

«Es preciso, amigo mío, que nos digamos adiós para
siempre. Es pre~iso que vos hagais vuestro sacrificio como yo hago el mío, con una tristeza profunda pero con
resignación y rewlución. El deber está ahí. Su ley aus•
tera, pero sagrada, me ha aparecido durante mis largas
horas de reclusión.
11Hemos hecho un hermoso sueño, lleno de dulzura,
de poesía y de pureza. Pero aún dentro de esos inocen-·
\es limites me era prohibido entregarme á él. Oa he dado lo que no tenía el derecho de daros. Yo ILO podía die•
poner de mi corazón, y materialmente virtuosa era moralmente culpable. He mentido á la Justicia cuando en
aq·1ella t.riete audiencia del Tribunal juré no haber faltado nunca á mis deberes de esposa.
11Ciertamente, si noeotroe no hubiésemos sido más
que amigos, como todo el mundo lo cree y lo dice aquí,
al presente, nada se opondría á que conservásemos fran-

�160

cae relaciones de amistad. Pero vos erais para mi algo
más que amigo. Puedo confesarlo ahora que mi confe•
eión va aeompaf!ada de un adiós eterno: os he amado
con todas las fuerzas de mi alma, como creía que me
amabais. Y eso es lo que yo no tenía el derecho de ha•
cer, y eso ee lo que exije que pongamos entre nosotros
una barrera infranqueable.
«Comprended la fuerza de mi resolución. Hace tres
dias el Sr. Charlier, para mostrarme, con la delicadeza
de sentimientos que mi bien amado Pablo ha puesto en
eu corazón, su confianza en mi lealtad preeante y futura,
me ha ofrecido llamaros cerca de nosotros, allá donde
vamos ......... Yo he tenido el doloroso valor de rehu~ár.
¡Ah! si he C'lmetido faltas Dios me será indulgente, pen·
eando lo que h.i sufrido en ese momento. Pero el dolor
mismo que experimentaba me demostraba que debía
obrar así.
«Lo debo á mi honor mejor comprendido, lo debo á mi
marido, vuelto al bien; lo debo á nuestra afección mis·
ma, cuyo recuerdo.podrá así permanecer para nosotros
querido y puro, en tanto que cesaría de ser tal en el mo•
mento en que comprendo que mi ternura era culpable;
lo debo, en fin, y sobre todo á mi querido Pllblo, ante el
cual no podría aparecer ya sin ruborizarme, si conein•
tiese en volverá veros, aun cuanJo fuese como en otro
tiempo.
«Es él ese aposto! naciente, cuya bien dichosa influencia
-vos me lo habeie dicho un día-os ha llevado de una
juventud un poco agitada á la cordura, á la razón, á las
afecciones nobles y altas, es el quien, cumpliendo una
obra muy difícil, ha transformado á su padre, y esta
natur.;leza árida y violenta edtá en vías de ser una alma
accesible á la bondad y á la dulzura; es él, cuya acción
angélica se ha ejercido sobre mí misma á su antojo, para hacerme comprender mi deber en toda su extensión.
«Un aposto!! Ese será bien pronto el titulo real de mi
Pablo. Oa acordais de un dja en que tuvo un arranque
casi elocuente con respecto á las dos maneras de euten•
der y de practicar la religión. Vos le dijísteie entonces
riendo, que haría un buen predicador, y él os reependió
gravemente: «¿Quién sabe?• Su pensamiento estaba fija·
do y su resolución tomada. El nos lo ha declarado el
otro día á BU padre y á mí: Quiere ser sacerdote y lo se•
rá: porque ni el eef!or Charlier ni yo nos oponemos, yes•
to solo bastará para mostraros el cambio realizado por el
querido niño en el espíritu de su padre.
«Vamos á partir para Paría. Yo estaré ahí cuando oe
llegue esta carta. No temo decíroslo porque estoy segura
de vos, y os conocería muy mal si después de una carta
como esta intentarais aproximaros á mí. Permanezcamos
dignos el uno del otro. Un día quizá, cuando la edad ha·
ya blanqueado nuestros cabellos, cuando podamos sinceramente tendernos la mano como amigos, nos se~á per•
mitiJo encontrarnos y si Dios permite que llegue eee día
yo lo bendeciré.
«Vos sois joven, Savinien; llegais apenas á la llora en
que la vida del hombre adquiere su pleno desarrollo. Loe
afl.oe para mí han contado doble y comienzo á descender ·
la pendiente de la colina. Guardad mi recuerdo en el
fondo de vuestro corazón, como el de una hermana mayor; que jamás haya una turbación ó un obstáculo en
vuestra existencia que deseo feliz.
«Experimento aquí un embaraze y, habrá que confesarlo? una emoción censurable aun al expresaros el voto que
formo: es que encontréis una mujer digna de vos, á la
cual ameie de todo corazón. La mas grande pena de mi
vida tan cruelmente probada, sería veros, por haberme
hallado en vuestro camino, faltar á un destino de legítima ventura. La primera, la sola carta que quiero recibir
de vos será aquella que me anuncie vuestra unión.
«Y ahora adioe, amigo mío. Perdonadme todo el mal
que os hago. Vos maldl'-ciréie estos deberes áloe cuales
sacrifico mi ventura y acaso me censurareis. Yo también
los he maldecido algunas veces en las horas de debilidad.
Pero pienso en este niño para quien debo vivir, por quien
debo olvidarlo todo á loe ojos del mundo.
«Guardo en mí, como en el fondo de un relicario el recuerdo de las santas horas pasadas, puras y dulces, y en
el silencio de este santuario íntimo, iré, en piadeea peregrinación, ignorada de todos, salvo de vos, á revivir oon
el pensamiento tcdoe esos recuerdos, todos nuestros re-

EL MUNDO

de loe tilos, donde frecuentemente en loa dfae hermosos,
íbamos loe tres á sentarnos ......... .A.dios! No tengo el de•
recho de ceder al enternecimiento que me domina. Si esas
floree os revelan toda mi alma, ellas oe ilirán que no he
amado verdaderamente más que una vez en m1 vida.
Marta.
F IN D E LA PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE
EL HOMBRE

I
En medio de loe valles verdegueantee del parque de
liBY, los seminaristas que llegaban de paseo á aquella eu·
cursa! de San Sulpicio, entregábanee á sus pasatiempos
con la alegría de su juvent11d temperada por la gravedad
de su carrera naciente.
.Algunos se entregaban á juegos conservados del cole•
gio, muy próximo aún. Otros, jugaban con animación
una partida de tioloe, teniendo con una mano loe pliegues
flotantes de eu pesada sotana de merino. Algunos penea•
dores se aislaban en loe lugares solitarios con un libro en
la mano. En la gran avenida de loe tilos, llamada «la
Cuarentena,» algunos grupos iban y venían con paso alerta, cruzándose en el movimiento regular del paseo, animados por conversaciones má9 ó roen &gt;e serias.
Pablo Charlier formaba piute de uno de estos grupos.
.Ahí, cada uno exponía, en la expansión de la camarada•
ría íntima, su vocación especial para el día en que, después de los largos y austeros estudios del Seminario, llegado al presbiterado, entrara definitivamente en la vide.
sacerdotal. Este, meridional, de voz ardiente, de acento
vibrante, se veía ya llenando las grandes naves con las
sonoridades de su elocuencia y levantando las masas al
soplo de su palabra inspirada. El otro, enérgico y emprendedor, contaba las lejanas aventuras de loe misioneros, que le esperaban en eue filas,
Aquel, más tranquilo, ocupaba el lugar de eue maee•
tros y de educando se con verde en profesor, teólogo au•
torizado cuyas opiniones harían ley.
Un rubito, de ojos vivos y profundos, dejaba entrever
sus ambiciones de hijo de familia y sonreía Cl)mplacido
cuando eue camaradas le daban el título de «Monseñor»
como á su tío abuelo. Todos, por lo demás, tenían en la
expresión de sus secretos deseos la piadosa reserva de
una sincera sumisión religiosa.
- Y tú Pllhlo, dijo uno de loe seminaristas, confianoe
tu sueño.
- Mi sueño, mis queridos amigos? Tomal vedlo allá lejos, en medie de loe campos, una casita blanca con ale•
roe verdee: pureza y esperanza......... Al rededor un jar•
dincillo_lleno de flores, cada una de las cuales es una amiga, cuidada y querida, que está destinada á perfumar el
altar; cerca, la modesta iglesia de la aldea, tan tranquila
que Ee creería uno fuera del mundo, en la casa buenos
libros religiosos y algunos viejos amigos de colegio, prosadores y poetas, para encantar las recreaciones del eepí•
ritu; por donde quiera la paz y el recogimiento muy cerca de Dios, del humilde rebaño confiado á la custodia del
pastor. He aquí el fin de mis· votos más caros.
Y en tanto que eue condiscípulos volvían alegres á su
partida de bolos ó á su conversación, Pablo se quedó so·
lo, sentado sobre un viejo banco de piedra, mirando el
horizonte.
Allá, lejos, París, se entreveía en medio de una especie
de bruma, París, al que nunca habia amado.
Alrededor de él las avenidas solitarias y tristes de Ieey
tenían un aire de provincia y le recordaban á Gannevi•
lle, recuerdo más doloroso aún. En vano buscaba en la
línea azul de las colinas, más lejos, el rinconcito donde
habría deseado tener su presbiterio de cura de aldea.
Y por momentos le venía de la gran ciudad como un
inmenso desaliento, rompiendo su corazón, rompiendo
su eneuefio ................ ................................... _............ .
No era más que un ensuefio, en efecto. Cuando loe pa•
dree de Pablo abandonaron Ganneville, siguiendo el programa trazado por él mismo, se instalaron en una de
esas apaeiblee callee del barrio de San Sulpicio, ingora•
das del Paría brillante de la ribera derecha. A.hí se había vivido con la fiel Francisca, muy modestamente pero en una calma delicie3a después de las tempestades
del pasado. Charlier, inconocible y convertido en hom•
euerdoe.
Compadecedme! E ncierro en e8'0 papel tres pobreeflo• bre de fam:lia, había encontrado un pequeño empleo en
res cogidas en ese jardín que vos amaie, allá, lejos, cerca una casa de comercio.

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1807

DOMINGO 29 DE AGOSTO DE 1897

Sus emolumentos, unidos á loe otros recursos del ma
trimonio, habían proporcionado ciertas comodidades, l&amp;
principal ventaja de las cuales fué asegurar á Pabio una
educación larga y completa. Pero loe af!oe de colegio y
de seminario eran pesados. Si podía proveerse á ellos,
no se economizaba nada, en cambio, para la vuelta probable de loe malos días.
Y loe malos días volvieron en el momento en que, en
1885, Pablo era ordenado sacerdote.
Una parte del pequeño haber de sus padree fué engullido en el desastre de un establecimiento de crédito.
Este golpe inesperado abrumó á Oharlier. Su temperamento usado no estaba hecho ya para la lucha y la re•
eietencia. Fué herido de parálisis, y clsvado, lúcido aún
en el sillón rodante, entre las dos mujeres que agotaban
eue cuidados por él y sus esfuerzos para sostener la vida
común.
El superior de 1 seminario, supo estas miserias. Tenía
por Pablo una afección muy vi va, habiendo podido apreciar sus cualidades serias y amiblee, y conociendo su
piedad tan dulce como sólida, le propuso un empleo am•
pliamente retribuido de preceptor en casa de M. Jouve•
not, uno de loe principales notarios de París, donde debía dedicarse á la educación de un nif!o de nueve af!oe.
No había vacilación posible. Pablo acepta Su vida de
sacerdote comenzaba por et abandono ele su esperanza
íntima, largo tiempo acariciada. ¡Adiós, querida casita
blanco! ¡adiós las floree, la iglesia de la aldea, la poesía
y la paz de loe campos! Si la decepción fué cruel, nadie,
más que Dios, conoció el sacrificio del joven sacerdote.
Con la sonrisa en loe labios anunció á sus padree la bue•
na nueva.
¡Preceptor! es decir, la dependencia, la abdicación de
eí mismo, la renunciación á todos eue guetos persona•
lee, la obligación de plegarse á loe de loe otros, ia nece•
eidad de obede&lt;}er áloe padree y aún frecuentemente al
niño, la situación subalterna que algunas veces la falta
de delicadeza hace humillante; una especie de domeeti•
cidad, un poco más elevada tal vez que las otras; pero
más pesada también para las naturalezas más sensibles
que deben experimentarla.
Pero es también una tarea noble y grande para el que
sabe emprenderla con un pensamiento alto. Formar un
eepiritu y un corazón, verter en un niflo no solamente
la insl;rucoión que él encontraría donde quiera, sino la
educación moral que hará de él un hombre; ser también,
en medio de una fa.milia, como un aposto! íntimo, y lle•
var, si es posible, una influencia discreta y saludable,
este es el papel elevado del preceptor tal cual apareció á
Pablo, llenándolo de generosos ardores y consolándolo
de la pérdida de su eneuef!o huido,
Desde ei día siguiente llegó á casa de ~. J ouvenot,
todo inflamado de un celo de neófito por eu obra, impaciente por comenzarla, imaginando planee de estudios
seguidos y recogidos, bien seguro de encontrar en loa
padree el concurso eerio de una autoridad que secunda•
ría sus esfuerzos, puesto que ellos habían ido á pedir un
profesor á San Sulpicio.
Un momento vaciló antes de entrar á la casa del boulevard San German que se le babia indicado, de tal suerte
aquella mansión lujosa trastornaba la idea que el se for•
mara de la morada de un notario. Excusándose casi, penetró en un ealoncito en que majestuoso y cortés, un eui•
zo-jamáe hubiera el oeailo, ni aún en voz baja, llamar•
le coneerje,-le dijo como sorprendido de su ignorancia,
que ahí era en efecto donde habitaba el señor Jouvenot.
- Deeeaie hablarle á él personalmente, eell.or abaie?
preguntó el importante personaje.
-A el mismo.
-Entonces ......... permitid me ....... .. voy á asegurarme
de si el sell.or eetá en sus habitaciones ó en el estudio.
El suizo sopló en un tubo acústico, habló, oyó la res•
puesta, é inclinándose ligeramente ante Pablo, dijo:
- El eef!or está en su gabinete ...... ... Si el señor aba•
te tiene á bien tomar el vestíbulo á mano derecha, el es•
tudio está en el fondo.
Y recondujo al padre con la buena gracia y la salud
sonriente de un marqués de los tiempos pasados.
Pablo entró á un vestíbulo pavimen\ado de largas losas
negras y blancas que atravesaba un blando tapíz y que
ornaban cofres de vieja encina y enormes macetones de
donde surgían plantas verdee. Al cabo de esta antecáma•
ra, sobre una puerta, la palabra: E 8tudio, se destacaba
en medio de una placa de cobre brillante.
( Continuará),

161

EL MUNDO

LA MODA
Traje de rec:epelón.
Traje de boda .

,.

H o y ofrecemos á
nuestras lindas y sofla•
do ra s lectora a, otro
grabado del emblemático y fascinador tra¡e
de boda. Este, cuyo lí ·
gero velo en vuelve sin
ocultar; cuya inmensa
cola hace á la portadora vol ver la vista hacia
atrás, temiendo q ue
eualquier impertinen·
te pueda mancháreela;
cuyas odoríferas !lores
de azahar, reclaman
tanta pureza y pronos•
tican con sus agudas
espina~, lo azaroso de
la paz conyugal; cuyo
blanquísimo engarce
pide blancura en el alma; que todo t:n él es
simbólico; este el!I el
que hoy preeentamoe.
Si mano extraña le.
vanta elte atavío, ee
rendirá bejo eu peso;.
pero vosotras, que te·
neis por camaristas á
loe dorados ensueños,
no imaginais, sin du·
da, que el cuerpo pueda doblegarse bajo el
dulce peso de la seda,
que tiene tan confor·
iable calor, tan voluptuoso crujir.Y sinem·
bargo, hay temperamentos nerviosos que
se txtremecen al con•
tacto de la sedal
Pasemos ahora á examinar su construcción
material.
El dibujo que nos
ocupa es un traje de
raso blanco leche, de
gran cola, que lleva
por todo adorno en la
enagua dos golpes de
acabezadoe de museli·
na de seda, que tienen
en sus ex &amp;remidadee
unas ramas de azahar.
E l talle es también
de muselina, llevando
un delantero de encaje bordado, y tres ca•
becitae como la ena•
gua.

... 1

)

I··

• T

I
..s: &lt;

Mangas ajaretadas Y
dos volantes en forma
de jokeye; pero prolongándose en el de•
lantero basta el cin tu• ·
rón, que es de raso d mpeado. En el peinado
un pequef!o ramo de
azahares.

•.

.

'

El traje de recepción es bastante rice&gt;,
de moirée azul pálid &lt;',
con adornos de fantasía, y abierto sobre un
delantero de piel de
seda azul, cuerpo cruzado con peto de encaje blanco, volera, sin wa11gas de encaje blanco sobre fondo azu l, sujeta en el cuello, por un lin·
do broche de perlas.
El amor es el alil que Dios ha dado á las almas para subir hasta El.
- Mi[luel Ang1l.

No hay corazón que no tenga algún secreto ....... ..
Si quieres ser feliz, no intentes nunca regiEtrar la cartera de la
persona á quien amae.- j acinto B e11aM.te.
El amor es el ml'- jor y más dulce de loe moralist as.- Bacon.
E l lt brador es el rey de la naturaleza, pero el e1:cla vo de la sociedad.- l 11,i/io Ca~tdar.

�!!:L MUNl&gt;O

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1897

·'

TOMO.JI

'

~

MEXICO, Sl!PTIEMBRE 5 DE I897.

•

NUMEHOxo.

.

Dosel fabricado por la casa de Jorge Unna ~
EN SAN LUIS POTOSI
P.ara el linio.

iE ñor

~on l~nacio @Montes de ©ca.

&amp;n el Frincipal.
Dlbulo ele José M:. Vlllae ana.

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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