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                  <text>!!:L MUNl&gt;O

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1897

·'

TOMO.JI

'

~

MEXICO, Sl!PTIEMBRE 5 DE I897.

•

NUMEHOxo.

.

Dosel fabricado por la casa de Jorge Unna ~
EN SAN LUIS POTOSI
P.ara el linio.

iE ñor

~on l~nacio @Montes de ©ca.

&amp;n el Frincipal.
Dlbulo ele José M:. Vlllae ana.

�EL MUNDO

"EL M1J'ND0"
Semanario lluatrado.
Te16fono 434 .-Calle de Tibureio núm. 20.-Apartado 87 b.

El eeniimiento y la reflexión, los dos elementol!,'entran
como componentes, pero ni uno ni otro coneiituyen la
base fundamental de la dirección de las sociedades.

MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re--

DOMINGOS do SEPTIEMBRE DE •lg7

reserva insidiosa de los órganos de la opinión en A.uetria.
Acaso será que, vi!!ta con prevención desde sus comienzos la potente alianza, no pueden ocultar su despecho ,
los jurados enemigos de Francia, al verla recobrar, despu és de veinticinco afias de paz repuhlicana , el alto pues•
to que tenía en el concierto de las naciones.

UCQión, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.

El Concureo científico acaba de poner á discusión uno
Durante todo el prt&gt;sente siglo, .envidiada unas veces,
de loe asuntos que má.a hondamente han preocupado en lisonjeada otras, pero siempre respetada, la palabra de
A.Diado Nervo.
estos úl timos afioe á los pensadores y hombree de Estado:
Francia, su influencia en loe destinos de Europa, han pa ·
Toda la correapoñctencia que se relacione con la edición ¿Debe enprimirse 1~ pena de muerte?
sado por varias y opuestas peripecias.
Todavía no hace un c11arto de siglo, en pleno ?eriodo
Bajo el impPriodel primer Napoleón, que con férrea~
debe ser dirigida al
deeentimentalismoindividualieta, la pregunta habría cau· mano quiso sujetará su voluntad omnipotente toda la vi•
Gerente, Lle. Fausto Moguet.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al eadO una esgrada indignación entre legisladores y crimi· da política y social de la Europa monárquica, pesó de tal
nalista~. Ahora se sabe que antea que la unidad está la es- manera. la influenc:a francesa en los destinos del mundo,
mee, y ee cobra por trimestres adelantados.
pecie y por encima del individuo la sociedad; nos permi· que hubo db provocar la más grande reaceión que hayan
Ntuneroe sueltos, 50 centavos.
timos nuElstrae dudBE1 acerca de la poEible redención de presenciado los siglos. Los pueblos vencidos, los reyes .
Todo paco debe ser precisamente adelantado.
cierto tipo de criminalee, y en materia de sentililientos hnmillados, las naciones destrozadas se cobijaron baj o .
BEGISTRADO COMO ARTÍCULO Dli: SEOU_NDA CLASE,
humanitarios, nuestra compasión se dirige preferente· la bandera de la Santa Alianza que en su sagrado rencor ·
mente á las víctimas y no á loe delincuentes.
apocaliptico, de buena gana habr.(a borrado con las
L'l pena de muerte ha sido muy d'.ecutida, y ee han he• huellas todas de la Rwolución, hasta el no.obre francé~,
cho ensayos práctieoe para averiguar la influencia que
que palpitaba en todos los labios y había s do grito de litiene en las sociedades. Los resultados no pueden menos
Uo sr gobimin con In rcflrrión ni ron el
bertad para todos los oprimidos.
de apoyarla, puesto que su acción favorable se encuentra
Prudente la Restauración, teniendo á su eervicioalpro•
scntimirnto.
bien comprobada en las observaciones y las estadísticas teo de la política, al duende de todos lo8 gabinetes, al
príncipe· de Ti!.yllerand, pudo recobrar poco poco algo .
En un reciente debate se han encontrado dos ideas que recogidas por loe criminólogos contemporáneos.
La
proposición
de
que
esta
pena
constituye
una
medida
del perdido prestigio, hasta que la snprend16 en sus de•
en la forma, más bien que en el fondo. parecen inspitapreventiva,
contra
cierto
grupo
de
criminales,
no
ea
una
lirios de grandeza la revolución de 1830. Otra vez las
das por criterios perfectamente antagónicos en lainterpre•
simple
teoría:
los
hechos
nos
están
den:1,oetrando
que
si
testae
coronadas vieron con espanto levantarse la Revolu-tación de los fenómenos eocialee:-11\os pueblos nose go·
no
asusta
á
todos loe malbechoree, acobarda cuando meción
y
lanzaron
su anatema sobre el p1o1eblo inquieto que EB·
biernan por refit-xiooes sino por sentimientos¡11-ulos
transfiguraba en las barricadas, con tanta sublimidad.
pueblos se gobiernan por reflexiones y no por senti · nos á un gr11n número de ellos.
Un Procurador General ha dicho en Bélgica que deEde como habla llevado sus águilas triunfantes más allá del
mientoe.11
1850, en que la práctica de algunos años había dado á las
Elba y el Beresins.
Si fuera po~ible separar dos facultades del espíritu y
masas la conviccion de que ya no volvería á levantarse el
Pero apartada de su curso natural que la llevaba á la~
crear entre ellas un abismo infranqueable, se explicaría
cadalso, se ha acrecentado el número de los grandes democracia, la R:;1volución cayó enjoder del descendiente
la necesaria condición antitética en que se relacionan
crímenes. ( Garofalo, {( Oriminologi,a.,, )
de FeliÍ&gt;e Igualdad; calmáronse los ánimos asustadizo@,
ambos concept.os; pero como en hechos tan complfxos
El terrible bandolerismo de I~alia no La podido eer do• squieitáronee las zozobras de los reyes, y vieron con reh'ln de entrar indispensablemente todos loe elementos
minado sino por medio del fusilamiento. En Inglaterra, gocijo eentarse un Orleane, hijo de la Convención, en el,
del orden psicológico, no vemos nosotro1:.1 1 y lo decimos
en donde existe la pena de muerte, la criminalidad de- trono conesgrado por San Luie.
con entera it1genuidad, ese antagonismo que se pretende
crece de un modo sensible. Mientras en Prusia ha estado
La política caballeresca del rey-ciudadann que por un laelevar entre una y otra proposición.
suspendida esta pena, la cantidad de criminales ee acte • do empleaba las actividades de su pueblo en la conquista.
La reflexión puede estar inspirada enel sentimiento, ó
centó úOtablemente. En Suiza ( habla un criminalista de Argel y por otro se complacía en reconquistar para
para hablar con mayor rigorismo científico, en un grupo de
de aquella República), después de abolirse las ejecucio• su corona el prestigio de mejores tiempos, poco á poco
sentimientos queexiEtente en una sociedad en determinanes en 1874, ee observó constantemente un aumento de fué resultando en beneficio de Frimcia y en la considedo momento. Entonces el legislador y el filósofo no hacen
homicidioe, evaluado en un 75 por cienM&gt;, en cinc~ afias. ración con que era vista por las potencias europeas.
sino dar forma al sentimiento popular. No de otro modo
. uEn Francia-seguimos espigando;en la obra de Garo •
Pero de nuevo ruge la revuelta, la revolución de Febre•
fué creada la Constitución americana, para no reft!rirnos
falo-los grandes crímenes habían disminuido _e n tanto ro, eminentemente republicana, derriba á los Orleane; elJ
más que á un solo hecho de los que abundan en la bisto•
que existió la pena de muerte. En 1877, hubo 31 conde• pueblo se da el gobierno que ambiciona; en su brillante
ria de la especie humana.
nas ~apitales; el setlor. Grévy quiso hacer una experien• triunfo es arrullado por los cantos de la Marsellesa, las
Pt:ro socede también que el Eentimiento puede inepi•
cia in anima víle; no dejó ejecutar sino 7 criminales en estrofas de sus poetas y las arengas de sus apóstoles, hasrarae en la reflexión, servirse de ella, uti1izarla como ma1878, 2 en 1880 y uno en 1881. Cuando el núcleo crimi • ta que sorprendido en su delirio, despierta al estruendo
teria prima de la industria di;'! gobierno.
nal advirtió este.hecho, los asesinatos ee hicieron más fre· del 2 de Diciembre, muy tarde para recobrar loa fueros
Al referirnos 11 un acontecimiento que ha tenido la
cuentes. En 1882 se elevaron á 35 las ejecuciones y la que con perfidia le había arrebatado el último de los Namayor resonancia en los destinos de las nacionalidades mo·
criminalidad comenzó á decrecer.»
poleones.
dernas-la Revolu~ión Francesa-vemos que las dos faeul•
¿Pero para qué hemos de buscar pruebas'fuera del país,
Vuelven loe servidores de la realeza á rugir contra el
tadesdelespfritu se entremezclan y confunde,n para dar un
cuando la República nos las ofrece demasiado patentes? inquieto pueblo francée, que no encuadra por sus subliresultado. El enciclopedismo del siglo X VIII pudo haber
¿De qué otro modo se logró extirpar de México el plagio, mes ambiciones con las tendencias de la Eoropa monár·
encendido las primeras hogueras, pero sin el sentimien •
sino en virtud d!I la suspensión de garant1as individuales? quica. Entonces Luis Bonaparte, que si no había hereda- .
to del pueblo francés, la gran conmoción no se habría proLos partidarios del eidema espiritiuúista, como el seflor do la grandeza de su ilustre tío, sí supo apoderarse de
ducido. ¿Cuál de estos dos factores es el más importante?
Verdugo, podran conmoverse ante una necesidad social.
todo el prestigio deslumbrador que rodeaba la leyenda
¿cuál de ellos predomina sobre el otro? Tanto equivalA nosotros nos conmueve monos que se mate á los aeesi_ imperial, hizo pesar su voz autoritaria en los concejos eu•
dria á preguntar qué elemento ea el principal y decisivo
nos que el que los aseainoa maten á. loe hombree honrados.
ropeos, fuéelalma de la guerra contra Rusia, contribuyó
en la formación de la familia: ¿el hombreó la mujer?
E spirü:ualismo por espiritualismo: el nuestro es preferi • poderosamenteá la creación del reino de Italia, Y, cuan- •
Estos acontecimientos no se estudian separando la
ble al de estos corazones dispuestos siempre á o.fieiar do se soflaba iluso, el árbitro supremo de Europa, tropezó
profusión de materiales, y es m11y extrafio que, personas
como protectores del crímen.
enMéxico, resbaló en Sedá.n, y fué á ocultar á Londres
refiidae con el método metafísico, ee preocupen basta el
la triste humillación de Bellevue.
grado de olvidar que la diversidad y complicación de
caueae es una de las condiciones, que deben tenerse en
•••
Desencantada entonces Francia de toda.e sus tradiciones.
cuenta en el estudio de los fenómenos sociol6gicoa.
y Ie1endaa monárquicas, sintiendo sobre sus hombros el
Por lo demás, los pueblos no se gobiernan con el sen•
peso
de veinte años de cesarismo, sintiendo dentro de ea
timient.o ni con la reflexión, puesto que la rt:.fiexión y el RESUMEN.---La alianza franco-rusa confirmada.corazón
los impulsos de la venganza por las denotas re•
Franela recobrando au pueato,-Un poco de hi•Eentimiento son á su vez dos.efectos de una causa superior,
cibidae
entra de firme en el camino de la democracia,.
iorla.-Apoteoala
de
la
Rcpúbllca
.
-Conelual6n.
que loe genera á ambos: los in teresee, sin el equilibrio
funda ;obre eólidoe fundamenWB la t;ercera República ,_
de los cuales no ha habido, hay, ni habrá, gobierno po•
siblé.
Sin re1iicencia alguna, sin dar lugar á dudas, puede y abjurando de sus errores, renegando de sus extravíos,
Así, en el ejemplo arriba expresado, ni el libro de
afirmarse ahora que la visita del presiden1ie Faure al traia por medio del trabajo de recobrar su antiguo pues•
Emperador de ~usía, ha servido para concluir y perfec• to, por defflcho propio, no por los vanos oropeles, no.
Juan Jacobo, ni la obra de Montesquieu, ni las páginas
de D' Alembert y de Diderot, ni las arengas de Mira• cionar la alianza diecutida tantas vecee, y de tan diverso por los falsos resplandores de historias viejas y olvida•
beau, ni las explosiones de Robespierre, ni las sagradas
modo comentada por todos, ent;re .e l gran imperio del dos triunfos.
y lo ha conseguido. Inamovible ha permanecido la..
Norte y la .floreciente república del Centro de Europa.
iras de.Marat, determinaron la Revolución. La Revolu•
República
á pesar de la tentativa fracasada del Conde de
No se conocen todavia loe 1iérminos precisos del tra•
·ción fué creada por una gran cantidad de intereses laeti•
Chambord,
de los delirios orleanistas, de loe euetlos na•
madoa, de que el sentimiento y la reflexión se apodera• tado, y por lo mismo apenas podemoe explicarnos en qué
poleónicoe,
de
lae agitacionee vau deuillescas del general
ron para crear fórmulas de Gobierno é impulsar mufü.. se fundan loe apaeionamientoa de la prensa alemana, las
tudes.
dudas casi despreciativas de los periódicos de Italia, la Boulanger, y á. pesar también de las c&amp;idae que han BU·
Secretario de Redacción,

lilotas tbttorialts.

a

,Dlítica Oitntral.

DOMINGO

s do SEPTIEMBRE de 0897

165

EL MUNDO

hido algunos políticos, t:nlodándose en los arroyos de
las condecoraciones y en las cloacas del Panamá.
Y cuando llegada á su mayor edad ha alcanzado la
época del razonamiento frío y del cálculo sensato, logra
ponerse al lado del poderoso imperio moscovita y unida
en poderosa alianza, pesa con influencia decisiva en loe
destinos de Europa:
Si ha podido olvidar suadeseos de venganza, y en el
tratado que acaba de firmarse no entra para nada el deseo de recuperar la Alaacia y la Lorena, ea su misión de
paz y habrán de bendeci r la loe pueblos, por que ba de
fa vo1ecer de modo directo el general desarme; pero si
todavía palpita BJl su corazón la tremenda revancha, en•
tonces la unión de la República con Rusia es sólo el prólogo de la temida conflagración europea.

•••

Entre tanto, saludemos á la República transfigurada,
qne ha ea bido devolverá la patria francesa su antiguo
prestigio; saludémosla al verla fuerte y unida. Aparece ante el mundo como mensajera de paz, reconozcamos
su grandeza.
Nada importa que en medio de la apoteoeis general y del
p úblico ngocijo Ee hayan lanzado en las calle!! de París
algunos gritos subversivos centra Ioglaterra y el emperador Guillermo: el pueblo, el verdadero pueblo !rancé~,
no estará con los que ahullan sino con los que cantan.

X.X.X.

PAPELES VIEJOS

*

(De mis " Memoria s de treinta
lHi OS) "

2 de Septiembre de 1897.

La Serenata de Schubert.
A mi padre.-Homcnajc.

i&lt;Q 1e tienen esas notas, por qué lloran?
Parecen iluEionee que se alejan"?.
La divina melodía surge dolien\e, ya como un lamento que ee elevara de las tumbas y vibrara suspirando ent re loe eauces, ya como una queja que se alzara del fondo de la tierra, envuelta toda en brumas irisadas de
llanto.
Se diría que el artifta aprisionó esas notas entre loe
hilos de oro del pentágrama, en un momento en que incubaba en su espíritu el germen de o.na aspiración ultra•
terrena. Sus ritmos arrulladores van cantando la quimérica leyenda de los ideales imposibles: tienen la dolorosa melancolía de una lágrima deslizá.ndose sobre una
mejilla demacrada por la.e vigilias y los pesares.
Eea lamentación sublime, esa oleada de nostalgia dispersándose en efluvios vagorosoe, como una humareda
de harmonía, lastima hondamente el corazón, por que
su tristeza es infinita¡ es la conmovedora elegía de I~s
esperanzas desvanP.Cidas ..... .
Su música es el salmo de los que llevan el alma rebosante de pena, es la plegaria de los que han visto hundirse una á una todas sus il~eiones en el vórtice neg1:o
del desenguOo y en la vorágine arrolladora del olvido....
La dulcísima estrofa eurge prodigando consuelos · á
laa tristezas incurables les murmura muy quedo: «Es~eranza!» y sus acordes adormecedores, que vagan trémulos deegranli.ndose en perlas luminoaas, van á deJar sus
beEos apacibles, sin ansias y sin fiebres, en las frentes
abatidas que jamás sintieron la impresión de una caricia ...... .. .
Cuando se escucha esa canción plafiidera que solloza
como un niño que llama á su madre muerta, el espíritu
se siente transportado al infinito, la cabeza se inclina
y se llora de emoción y de ternura.
Pero el llanto que ent6nces se derrama no hace daiio
-es bienhechor como el rocío que vier~ la noche sob,;
las corolas marchitas: mitiga los dolores y dulcifica las
amarguras.
Oh maestro! Salve á tí que eupist.e llorar en cadencias
su blimes la huida temprana de los suefios, que pudiste
con encanto mágico entreteger y haeer palpitar entre
las redes de oro de tu maravillosa Serenata, los s.upre•
moa anhelos de las almas que sufren 1
.

UAN cierto es que vivires caminar entre lápi·
dae! Los años van deshojando los árboles del
huerto de nuee troe cariños y cada hoja vuela, lle·
vándoee con un nombre
querido, una dicha ó una esperanza qne nos per·
teneció en días mejores!
Ayer me quedé en casa decidido á quemar papelee inútiles ó indiscretos, y nunca he st-ntido en
mi ánimo impresiones tan hondas y tan extranae.
. No son pocos loe amigos íntimos que se me han
muert0 y al ver y repasar sus cartas, sus versos
y sus retratos, acabé por decir para mis adentros:
¡qué contento y que acompafiado voy á estar en
el otro mundo!
En ni1.1guna labor como en la literaria ee adquieren
tantos hermanos que al correr de loa años constituyen
familia y nos son tao amados como si en sus venas circulara nuestra propia sangre.
Abrí una gaveta y eaqué un papel amarillento con letras borradas y parduzcas, puo que pueden aún descifrarse claramente:
Hermano Juan:
-No faltes al ensayo de mi drama. Don José le ha ofrecido al mae8lro poner sus cinco sentidos en la ejecución
de cada escena.-El Doctor, segun me dijo Facundo, hará.
la crónica del estreno y Agusltn leerá uuoe vereos-¡0Jalá
que te llevaras al teatro á Calibán y que le pidiuac su
opinión en reserva para luego deECubrirme el secret.ol Es•
toy nervioso y sin embargo, no teogo miedo porque Salvadora y Juan han de salvar la obra.
He buscado á Javier y á Ramón y no los encuentro;
uno anda en sus dev:aneos y el otro se hlé á Cvrdoba.Te espero á las siet.e en el Tciatro y cuando salgamos
irémos á ~uar frenie á Francesca de R 1mini. Tuyo siem•
pre-Manuel.

"UN. DIPUTADO REPUBLICANO"

Esta carta es un panteón me dije; la escribió Acuf'ía y
casi todos los personajes que en ella figuran, han r.ras•
puesto ya el horizont,e de la vida.
El Don José á que se refiere, es el eminente actor Don
Joeé Valero; el maestro, ¡Altamirano! (que con d~cir su
nombre basta ), el Doctor ...... el inolvidable Manuel Pereda; Facundo ... ... J osé de T. Cuellar, el popular novelista;
¿Agustín? ...... · cuenca, el admirabl(:! poeta-¿SaJ.,adora y
Juan? Salvadora Cairón y Juan Reig ...... ¿Javier? Sama
María que vive én Yucatándesde hace afios ...... ¿R.t.món?
. .. ... ¡Ah! ¡pobreci1iol Ramón R &lt;Jdrfguez Rivera, todo corazón, delicadeza y ternura!
¿Y esa Francesca de Rimini? Ah! esta es una historia
muy sencilla, que os contaré en un minuto.
In illo temporre, digo, en 2.quel tiempo de miserias estu•
diantilee, había en el mismo lugar que hoy ocupa el el'egante palacio de Mr. Sane, en la Call~ del Cinco de :rifa.
yo, una fonda muy concurrida por la sencilla razón de
que era el almuerzo muy barato.

que sin duda hará las delicias de nuestros
lectores.

(*) El retrato que ilustra estas Uneas es el 1.'iltimo, hecho el mes
de .Agosto, del popular autor de I:s·cantos del Hogar.
-

MARGAFI TA.

8-30-97.

Repartimos con el número de hoy el fofütín correspondiente á Septiembre. Es una
hermosa novela intitulada

Y fijen se ustedes en el menú para que lo admiren: sopa,
tres platillos, frijoles, fruta, dulce, café ó thé y una botede pulque ...... dos reales!
Se guisaba con limpieza, se atendía á los parroquianos
con actividad; lC's manteles estáPan siempre albeando y
claro es que los estudiantes acudíamos allí como al pa•
nal las abejas.
En uno de los salones, decoraba el muro un cuadro
representando á Francesca y á Paolo, como los pinta ~l
Dante, flotando en el infierno, abrazados, y mirándo:Je
con tanta pasión, quti ante el fuego de sus ojos nada era
el de las llamas que lamían con lenguas de oro sus cuerpos desnudoe:.
Aquel cuadro era el encanto de Manuel Acufia y le
comrariaba cuando ibamos á comer ó á cenar no encontrar asientos en la meei1.1 desde donde podia á todo su
eabor contemplarlo.
Alguna vez me dljo: pregúntale al duefio de la fonda
si vende esa pintura.
¿Pero qué-le respondí con asombro- ya tienes con que
comprarla?
- Sería yo capaz de vender ó empeñar la Patologia en
qne estudio y mira que no es mía.
Obediente á su deseo, alguna vez me acerqué al hom,
bre, que sent:ado en un mostrador semicircular recojía el
dinero que alli dejában los parroquianos, y le interrogué
con respeto:
- Se.fiar: ¿usted no quiere vender ese cuadro?
-No puedo venderlo por que me trae á muchos á co•
mer á mi casa. Si usted viera cuantos vienen á verlo.
Yo uo ee lo que repreeenh, pero creo que es el martírio
de un santo y &lt;l.e una santa y lo creo así porque eatán
traspasados.por una gran flecha como las que tiene S,m
Sebaetián ¿~o se ha fijado usted?
-Si, sefior; á mi me gusta el cuadrito., ....
- Usted si sabrá lo que repreeenta ...... ?
-No señor!
-Es muy difioil saberlo; eso ha de estar en el Año
Cristiano.
-Probablemente seilor ..... .
.A.cufta babia oído la conversación y me dijo con aquel
tono de eterna guasa, tan característico en él;- ¿Tci has
convencido? Los analfabétlcos son los duefioe de los
mejores libros¡ al que le falta un pié le regalan el m1:jor
par de botas y á este eefior fondista le ha tocado Eer
dueño de eete-cuadro. ¡Y yo que pensaba comprareelo,
llevarlo á mi cuarto, colgarlo frente á mi cama, y verlo!
á todas horas!
-Dice que son dos santos.
- · Ya lo oi; le hubieras dicho que él se llama Pablo y
ella ...... Pancha!
Eea Pancha era la Franceeca frente á la cual fuimos á
cenar de1:.1pues del ensayo!
Cuantos recuerdos despierta un papel que amarillea
de viejo! Con razón amarillea ¡eee ea el color de los
craneos deeenterradoe.
¡Y á eeto llamo papeles inútiles!
No puede ser inótil lo que nos habla de un pasado lleno de ilusiones, de fe, de esperanzae y soPre todo de juventud, de aquella edad en que no teníamos hijoe, ni
canas, oi orfandad, ni ese hastío incurable que produce
el conocimiento hoHible de los hombr,•s y de las cosas.
Y ¿Ca.libán? Este Calibán á que Acufia ee refería n·o
83 otro que Gustavo Baz, el erudito, el elegante, el juicioso escritor, poeta, autor dramático y periodista que hoy
en París vive lleno de recuerdos honrando á su patria.
¿Y á esto llamo papeles inútiles?
Decididamente no rompo ninguno; que loa queme ó
los rompa quien tenga corazón para hacerlo, cuando yJ.
no palpite este corazón que vive. mas en el ayer que en
el hoy y 4 110 goza con imajinarae que habla con loe muer•
toe y con los vi vos ausentes.
El recuerdo engendra el placer mas e-anto cuando no
arranca lágrimas de verguenza ó de remordimiento!
Septiembre de 1897.
J U.AN

DE DIOS

PEZA.

El número extraordinario de El Mundo,
que preparamos con todo esmero para las próximas fiestas nacionales, ofrecerá entre sus
principales atractivos el de un expléndido
obsequio musical: Seis páginas conteniendo lo
más selecto del spartito de La Bohemia,
. obra que ha alcanzado en México un éxito
casi sin precedentes.

�_,:!•~66~========================&amp;::;;;L;,,;M~U~N;;D;;;,;;;O:..::============,::;,D,,;O,;;■=l=•=I0~5:'..=d=•=S=l=PT=l=l=M=l-=R=E=d=•=•~

Manón y Mimí.
Por ser dos bijas harmoniosas del mismo maestro; porque, él: Puccini, las engendró de nuevo para el arte, estos
uhiwos días ambas bau ido de la mano por la escena, en
medio d1:1 un cristalino diluvio de notas y un excelso
marco de divinos motivos orquestales.
Y surge y se impone el p,ualelo entre lae doe buenas
mucbacllas, y la imaginacióolae bermanaafectuoeamente.
B.1eoae muchachlls be dicho, sí, las dos son buenas:
bueuae como el amor sincero, á plella luz, á pleno cielo;
l,¡¡Jellll8 como los veinte alloe, no refiuadoe, no abrevados
ya de todas las dudas: como loe veinte alloe de las pa•
risienees de entonces, de lae espallolae de hoy, de nuee·
iras mujeres de mafiana ........ .
¿Quién dice que Manon es mal&amp;? Oh, no, Dios mío,
lbuvn es una «xcelentt&gt; personita. No tiene juicio, es
cierto, ni pizca dtl Juicio, por eso le acontecen tao tas co•
aas ......... J:'ero ama á su Deegrieux; cómo no b11 de que·
rer al taraw11ana quti por ella Htl ha vuelto pródigo y pas•
io1e.. lile piaras del camine,? Y mucho que le ama! vaya
1,i i.ó; Wlld, t1tne ella la culpa de ser una mariposilla in·
quiua, enaworada de todll8 las luces? Abultar el tontillo
cruj ,ellte para qu11 surja el talle gracil, acortar la saya
par.. que t:l escarpín de raso m 11ebtre el pie de C&lt;1neren·
,olb; 1:nredar al cuello, cowo bandada de luciérnag"8 pre•
sas loe d1amautes, erigir, pomposo y luciente, el arduo
monumento del pe1naáo........ lJios wio, puPs que eso no
~e htirmoso, no eH embelesador, no es deelu obran~?.. ....
.IWo puede mlis que l\fanoo, ello la vence, 1a domina y la
pobrec11Ja et1 infiel .........
Pt1ro que eurja lleno de reproches el pi!.lido rostro del
v,w11t.10, 4.ue la miren aqueJIJs ojos bohemios, y el grito
~teruo dti la vida animaáa, la voz poderosa de la entr.illa
fomenina, gritará muy fuene. Manoo es, ante todo, mu·
Jer. 0111 no demaode1s coastanc1a al páJaro, á la maripo·
"ª• al viento, al aroma y a la nota; po1que la nota y el
aroma y el viento y la mariposa y el paJaro, y sodo lo
iocoll81t1tente, y sudo lo téuut:; Jo que cantil y Jo que vue•
Ja, Jo que perfuma y Jo que expleude, no tienen más ra•
zón d1&gt; ber que su bello:za. Q.ie oe aman un poqurllo?
pues ya h11n necho bastaDlel La golondrina alegró desde
-t,J convexo nido de argamasa tiJado al viejo alero lepro•
so, vueat1as horas áe «studio y vuestras horas de eoaue·
fio: luego, se fué. La mariposa basió loe élisros empolvados tte oro mus1 vo ante vuestrot1 o¡os y Juego huyó; el hr10, urna átl nieve, desprendió para voeutroe algunas
moléculas ae su nerfuwtl, y luego murió; el aura fresca,
agito plácidame11'8 vueaSros cabellos y luego batió el
a,a......... V uesua novia os dijo: ""' quiero," encollaró
vuee,ro cuello de besos y luego fué en poR dtl otros cari ·
flus; 0Lra cabeza pálida que besar........ .
Y Maooo y M1m1 era1.1 eso: perfume, ave, lirio, mari•
poea, aura......... mujer...... Como ellas se iban y volvían
como ellas, á iuaugurar la nueva primavera: goiondrina,
111 mismo alero, hr10 al mismo tiesto, mariposa al mismo
-0aliz......... y por E:Bo, y porque ameban, eran buenas.
Loe que aman jamáe son ll!alos.
.t.sae almas atecsuoeas, tienen siempre un rinconcito
para el iaeal. No lo comprenden pero Jo Bieoten, y en la
1iocbe de la vida, cuando el divino esposo llega retardaao, sollc1tas le bguardan y no falta aceite en sus IAmpa•
rae, y el tálamo está velado pJr n1 veos cortinajes de
hoo.
Manon muere amando; amando muere :Mimí. ...... y es
1,r, ciosa ante lo~ ojos del Ideal la muertf. de las 'JIU se e.1:linguen
así.
Mimí es empero mi!.s buena que ~!anón. No veis que
advra á un pobr11? Que usado 8d ese chal, qut:1 deetefilda
tetá esa fataa, que awarillemo t:se sombrerulo de paja. ...
-Los vt:rsoe se pagan mal y también las flores aruticia•
1es.-Qué helada e11 Ja buh11rállla, las vidritlras áe crista•
lt,s rotos dejan que se cuele el fr10 ......... qué duro y qué
~acaso el pan ......... Mas la juventud y el amor qué ale•
gres) ......... Cuando venga la primavera, serán dos prima•
veras las que revoloteen en aquel desvan tan alto; cuan•
do reina 11! invieruo, siempre queda una, la del cariilo
joven y confiado.
Mimí también ama las joyas y los trajes: cuando ya
agonizante la conducen al hospital, hace que el fiacre se
&lt;1t11enga frente á los almacenea; quiere bafiar BUd ojoe en
el matiz cambiante de las sedad: pero amando y toáo esas
riquezas, eu corazón se ha desposado con el poeta y ese
aruor la eublimiza.
l'obre chiquilla del arroyo, fragil corola que eeponjae
t.ue pistilos en loe días asolt:ados, 10genua muchacha apa•
bionada de la primavera y áel geUJo, cuántas vecee ra•
diaste en las fantasías de wi adolescencia, cuantas veces
me amparaste en mis noches pensativas; entonces:
Xotu diorl8 seuld, ptnsijs et nowi uvioM quüize armé.,;
enton&lt;lt's, te cowprtlndf lllejor que ahora, porque yo tam•
bién am&amp; ba y taru bién era bueno!
R1P R1r.
Sepfümbre de 1897.

LA POSEI.DA
- Yo la vl nacer - me decía-creí que volaba al c!elo
- antes de cumplir el año, tan enferma y débil estaba. De
manera que te un milagro mirarla becna una mujer her•
moea, Jpob1e criatura! ¡Cuánto suf11ó la inocente y cuánto nos bizo sufrir la eefiora, años en cama, el eefior preo•
-0upado p'lr las cosas del gobierno: un continuo cambio
de médicos; aeí ee que aunque me esté mal el decirlo, si
ll0 es por mí ,e muere; la consideraba como mi hija, me
pasaba las noches en claro porque no ceeaba de llorar,
no había mQdode que lahicitra usted tomare! pecho: se
retorcía, se amorataba, Ee enfriaba de la cabeza á loe
piee, y después de un grito quedaba inmóvil, sin respi•
rar, desmayada. Y abí me tiene usted pasei!.ndola á
.mt.dia noche, distrayéndola con un mufl.eco, tocándole

una caja de música, inútil, todo inútil. A fuerza de tan• zoe...... se desacía de ellos, y con movimiento brutal me
to eufr1rla llegué á quererla. Usted no eabe lo que ea TÍ• miraba el fondo de loe ojos preguntándome: ¿no me f'nvir junto á Ull nifto que no babia, que no puede expre• gatlas? y despuPs desolada, aniquilada, cobartte como un
saree ni por sellas, que no indica que algo le duele sino nillo se refugiaba en mi pecho llorando y diciéndome
llorandc&gt;, que ian pronto se ríe cowo se priva de cólera; con voz doliente: ...... Nuoca me engalles, mira que tu eres
usted no l!llbe cómo se aquerencia uno con la criatura lo único que tengo)
. Me eeplicaba entonces porqué una vez, una vez en que
que sólo con usted se calma, ee deja bañar y vestir, se
111egra cuando lo ve, grha cuando no lo tiene cerca. ¡Po· el odio! nos cegaba, y el odio de un mom~mo se deshizo
brt:1 Magdalena! Aún en la época en que pudo hablar te• en cariciae, me explicaba porque me d1Jo, mirándome
nía uo 111re tristec1to, no jugaba, no li, llamaban la aten· con aquella sinceridad celeste de sus ojos azules-No eé
ción los mufl.ecoe, se asustaba con los juguetes de cuerda de mí á ratos, hay en mi dos Meoenas; tu Meneoa buey su única afición fueron los conejos ......... ¡ me da riea na y tu Meneoa mala; quiero decirte, siento la terneza,
cada vez que we acuerdo! dormía con ellos, comía con pienso la palabra carilloea y nó ee qué diabólico poder
expulsa la frase que te insulta y que te hiere. ¿Si no tú
ellos, loe vestf11, los arrullaba y á uno le sacó loe ojos!
¡có100 son los muchachos!
quién me comprendt?
Me esplicaba entonces porque hacia unas cuantas hoLa buena mujer, en tanto, rodeaba de violetas un capullo de rosa. Es ábamos bajo un cobertizo; un sol ras, pisoteaba mis cartas, escupía mi efigie, y en un
blondo, de Juoio, se filtraba por lle interstic1os y ze paroxismo me lanzaba este latigazo: ten por mentira
braba con bandas de oro loa llacioamientos de muego cuanto te he jurado, te aborrezco, te quiero matar! .
donde exbalabao su alma de perfume las floree recien
corsadas. Elld era el aya de esa idolatrada Magdalena,
tan cruel y tan dulce para conmigo un tiempo; era la
· ¡Dios mio! el abismo entre ambos, la azucena delicamujer más ilustrada que uoa simple sirviente, y espera• da poeeida por uno de esos miHeJiosos walee que dallan
ba el fln de sus modt:ijSOB días en un pneblt'cillo fertil, las mi!.s puras raices del alma; el blanco lino, la roea
alejado de los cuidados urbanos, viviendo la vida ca1n
mística, con una gota de veneno en el fondo; la infeliz
¡e,wa, llevader.i con el escaso producto de las floreH, irresponsable, empu¡ada por sus nervios beridoP, sonáminagosables, i&lt;:cundísimas, en aquel Jugar.
bula del amor, á un paso del abismo. Y yo, el dispuesto
-Y no era mala-proseguía regaoáo un manojo de á insultarla, yo, el decidido á lanzarle a la faz enantes
margaritas-perv tenia sus capricnos. No le compren· rencores i,reparablee aconst-ja la rabia de un carillo piso•
dlan su mofo: la golpeaban inJustameote un día, la de• teado, yo towé el ramillete de la florista como si fuera fl
jabdn hacer otro su eaota volumad, así fuese d1sparat11• ponerlo en un lecho de muerte. Anegado en piedad por
,1a. Si se enfermaba la creían hipócrna, ei corría la lla- la martir, se lo llevaba.
maban traviesa, po1que la sellora tenia sus cusas, no
~le recibió en el quicio de su puerta, que traspuse siemandaba bien dtl su cabeza; el padre, como wdos loe se• pre con una caricia en loe labios: me esperaba adusta y
flores, no era padre sino á 1a hora de desayunar, comer y fría, le entregué mi ofrenda de floree, la destrozó con
dormir. Antes tenia más w1edo que carillo: pasado tll furia me la lanzó al rostro.......... ..
tiempo era capaz de morirse, pew no decia una pala·
-¿ o ves? ¿lo vee? me dijo......... no puedo ......... no
bra......... Vez nubo que le mandaran una cosa, que no pueáo ......... bésame, oprímeme, mátame, quiero amarce
obedtc1era, que la golpearan, que le rompieran la boca,
y te odio, ahora soy la Menena mata. ¿por qué ...... por
que la encerraran en un cuarto sin comer ......... ella coqué Dloe no me convierte en la \uya ó en la buena?
mo de piedra. Despu~s lloraba: en llorando dijera usted
Y no me atreví á decirle que al confundirnos en estre•
que el diablo se le salla del cuerpo, y abrazándome me cho abrazo sobre nuestras cabezas pasaba un soplo de
decía, entre suspiros y sollozos-quit1ro morirme ......... ! infortunio y de agonía.
¿ÜdSed sabe! Tudas Jas tías han sido de carácteree muy
No me atrevía á decirle que mi lucha era la lucha de
raros: una se h1io monja, otra turnaba láudano ......... su Jacob con el aogel, un angel triite y cruel, un angel de
misma mamá padecía con un pesar ataques de risa ..... . sombras, un aogel invencible, el espíritu sarci!.stico que
Qu1tate de allí, Clavel, ¿qué andas oliendo?
posee á tantas desventuradas y misteriosas prometidas
Uo perro SU8l'50 y encauijaio buoJia el hocico en los
de la muerte)
mazos de heliotropo, indiferente al apasionado aroma;
Septiembre de 97.
M1cnós.
las gallinas e&amp;tirab,m el p81!cuezo y avanzaban sigilosas
v1g1Jaodo á su cna, y sobre el plaot10 nevado de las moa·
quecae, dos, Srt1s, una nube de avispas rotelaba al sol.
Yo miraba á la bien amada, adolorido el corazon; la
miraba de nifia sacándole los OJOS á un conejo, y con la
·boca rota, pálida, ho~ca, contumaz, sin arrepentirse, y
la miraba después- y mis ojos ee humedeclan - abra·
zándoee convulsa dtt una criada para decirle entre lá·
grimas y jadeos de fatiga dolorosa: ¡quiero morirme!
Nos permitimos recordará nuei,;tros amaVerá UJ. vivía en la casa de junto, un niño ioglée, lindo como un angel del cielo, mas chico que Magdalena
pero inteligenie como una pereona grande. Jugaban á bles colaboradores, que según repet' das adloe muertos, el era el médico y la niña la euferma, le re•
cetaba hoJas de árbol, botones, piedras, i vámoe, hasta vertencias que hemos tenido el honor de hacabezas de cerill.&gt;J ...... todo lo tomaba ella sin hacer nin- cerles, el Mundo Ilustrado no devuelve
gun gesto y ee moría, ó hacía la muerta; ¡que coeas inven•
tan loe mil.os! la veetla, la llenaba de floree, le encendta originales literarios ni fotografías, publívelas y la lloraba. Hacía la cnatura un papel tan á lo
serio que trabajo costaba volverla en sí, puee aquello no quense 0 no.
era fiugimieoto, se estiraba lo mismo que un difunto.
Daba horror. No vi vía sin su Carlhos, 10 vestía, lo pei•
La razón fundamental de esta deternaba, Je guardaba dulces, le cosía la ropa, hicieron juntos sus primeros tstudios de silabario y eran capacee de minación, es hien ohYia: K ecesit arían10s
dejaree matar el uno por el otro. Pero Carlitos dejó de
ir y reeuhó más amigo de una prima suya. Ud. cree que crear dos departamento:; &lt;le archivo y pagar
Magdalena se dió por entendida? l:!ufriría ó uó pero se
dowioaba; le cojió un odio feróz, no quiso de él ni un sa- dos empleados que los vigilasen, úuicamente
ludo, ni por la buena ni por la mala pudieron conseguir
para rl'stituir artículos, vistas y retratos.
que volviera á su casa .... nó!-decía, y nó y nó, así rodara el mundo. Carlitos se enfermó, en su media lengua
Demás es á decir &lt;1ue en tratándose de orino pedía sino á .Mene,;a, bonúa Menena; pero l,fmma afe•
rraáa en su capricho; la madre del inglesito con las lá• ginales artísticos va!iusos y previa prome a
grimas en las ojos le decía-llira no saae mala, está ma•
mo, se puede 10orir, vé con él, el gusto de mirarte lo de depósito y devolución, esta se efectuará;
aliviará, vé mi vida, no te dejes dominar por el rencor,
no quiere tomar medicinas sino dtl tu mano ...... ¿vas'/ pero eu general conste una vez más que no
¿verdad que va&amp;? Xo voy, contestaba con un tono, Seilor,
que daba miedo oírlo.
devol veinos origi ual es.
Carli tos se murió, todos los nif!os de la escuela le llevaron flores, l1eneoa no le Levó nada...... ni quiso verlo.
Se encerró en una pieza, no miró pasar el ·entierro, can•
taba y se reia como si tal cosa, y uo año, basta un afio
UN DIVIDENDO SATISFACTORIO DE
despues, lo sof\ó y me dijo estas palabras que recuerdo
LA.MUTUA
como ei las estuviera oyeodo:-Xaoa, ya me contenté con
él, lo vi anoche, más vale que ee haya muerto, asl no JU·
gará con nadie, ni conruigo. Se lo dije y él me juró
Mé:i:ico, Agosto 29 de 1807.-Sr. D. Carlos Sommer,
que sí...... yo quiero .morirweJ-Lv, Sefl.ora se reía de estas Director General dtl 11La .:\lutua». -Presente.
cosas pero á w1 me daban miedo ¡saben tanto los nilloel
Mi estimado y apreciable amigo:
¿Qué tal estL ""li ronco? Se Jo dá Ud. de mi parte...... Por
tortuna ha cambiado verdad? A usted la quiere wucho,
He tenido el gusto de recibir la grata de usted del 2i
y cuando quiere es mejor que la miel. JPobre hija, como del corriente, en qne ee sirve aviearme qne el dividendo
yo le digo! Jlo que ha padt:cidol
correspondiente á mi póliza núm. 305,823 de $25,000 00
En tanto loa palomos revoloteaban golpeando con oro americano, bajo el plan de distribución de áiez allos,
sus alas las panojas del maíz; las maripoeas dibujaban que se cumplen el l? del entrante' mes de Septiembre,
en el cielo un bailable de incoherentes curvas y una Ji. importa:
bélula se mecía en el estanque de aguas verdosas ...... y la
$i,313 50 oro americano, valor en efectivo ó
miraba otra vez, la miraba niila celosa, nifl.a cruel, nifla
$9,201 00 oro americano, valor acumulable á la póliza
movida por el rencor, oyendo el funeral de un nillo in• referida, áebiendo yo optar por una de las dos propoai
glée y riendo y caotánao; la miraba reconcentrada é im- 'ciones de su acreditada Compafl.ía, como se lo participa•
penetrable llori!.ndolo en sus noches de pavura infantil ré oportubamente.
ó evocándole en la telepatía ultraterrestre de los euellos,
Entre tanto me es grato expresar i!. usted mi satisfacpiadoso magnánimo, fiel, prometiéndole perpetua cona• ción por el resultado que ba obtenido mi póliza, pues el
t11Dcial
valor acumulable asciende i!. casi el treinb por ciento
Y me explicaba entonces el porqué de sus monstruosas (30 P8) de lo que pagué por premios en los diez af!oa.
crueldades y el porqué de sus pa~ticos arrepentimientos;
D!ndole laa máa debidas gracias, quedo de usted siemme explicaba porqué 4bri: de mis besos y en mi bra•
pre muy affmo. amigo. auo. S. S.-M. n:s CASTILLO.

DOMINGO

'§

de SEPTIEMBRE de ,. ..,

ltL MUNDO

167

l

No se devuelven originales.

LA UNIVERSIDAD -Orupo de bonzos•

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS. MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
37,000 llllllas sobre loi;, lll.ares.

XIV
LA UNI\'Ef!SIDAD.

Alejado en el Hotel Imperial, suntuoso edificio con todas laa comodidadfs y lujo
•que requerir pueda el más exigente, sostenido por el gobierno para dar al extranjero
atnjamiento digno de su catego1ía, y que cuenta con todo lo necesario y satisface el gns•
·t-0 ó el capricho.
En los primeros días nos tocó hacer una visita á la Univereidad; nuestros kuru ·
mo.~, lietos i!. buena h ora, nos condujeron por las encrucijadas y callee de la población:
pasamos primero los muros, después los fosos, y ya fuera del recinto real entrarnos
de lleno en la tortuosa cindad de los abanicos, de las garzas, de los biombos y de loe
animales sagrados, poFqne allí la tortuga, el caballo, el buey, el elefante y la garza
son eagrados: dos horas y media al recio trotar de nuestros boyponeyd, como los llaman
los ingleees, fügamos á la Universidad.
•
Amante y cur:oso por mi profesión, .oe dirijo primero fl la Eicuela de Medicina:
el edificio, aún en coostrucJióo, será den~ro de poco un local digno de su elevaio ob_j~to. H ,y es de maiera tolo el an1iguo edifbio; el profesorado es alemán y ese idioma
es el que ee habla en el interior de la escuela; el número anual de alumnos no dece pa•
ear, por orden superior, de cien, y el plan de es~ndios es, con muy corta diferencia,
igual al ouPstro; existen los museos y laboratorios necesarios para el estudiv de las
ciencias médic1s.
Por b tanto, puede asegurarse que la meiicioa en el Japón está i!. la altura de los
países ci vi!lzados y cueuta con todos los elementos q 1e la ciencia exija para sus investigacione~.
En el recinto de la escuela hay anexo un hospihl de casos puramente escogidos
para la clínica.
.
.
Satidécho de mi visita fu( invitado por el Dr. B1elz i!. comer y me informó de la di•
fícil tarea que tenía el profesorado: «figure usted, me decía, que antes de entrar á la
•ensefl.anza de materia médica, hay necesidad de enseñará vestirá oueetroe alumnos,
i!. hablar y á convencerlos de que es incompatible su idioma y coe,umbree con el prácti•
co ejercicio de l11 profesión.
"Cuando ingresé como profesor á la Univereidad, en el acto de inaugurar mi clase
me encontré en un vasto departamento sin un sólo mueble y fl mis futuros alumoos
'()()D los p~e sin calzado, cubiertos de batas de todos coloree, medio ó casi desnudos y
0

Eer.tadoe en cuclilla,; á mi ~otraia todos se inclinaron para besar el suelo, y yo, quedá
eio ~aber qué pudie1s indicar ceremonia tao rara, admirad0 de tener que enijeflar medí•
cina á aqnellos seres que me parecían una turba de rorro8 mal hecb.os; ni una sóla pala•
bra se oía; eólo una serie de suspiros ó respiraci9oes fatigosas, corno ei todos se eeluvieran quemando la boca; y ante aquel grupo de pelones abriendo la boca y alzando ia
cabeza mi situación era extravagante y rara.
tcPor fin, nerviorn con semejante mlmic a, me dirijo á un médico japonés conocido en Bellúe, y eirviéoé!.ome de intérprete dije una pequeüa alocución á aquel pueblo
que me parecía bárbaro; ¡como m~ desilusioné de mi papel de profesor)
«La costumbre me hizo poco á poco sobrellevar y después prohibir tales manifestaciones de respeto; eoseilalee á vestir y á usar zapatos, á poner i!. los enfermos en cama y no en el suelo, y en varios aftos he logrado, en cooperación con mis cornpatleros, que los alumnos se acom1den á nue3tr.,s U303, siquiera en el interior del esta•
b~cim~o~
·
Hay otros departa'llentoe de la Universidad q11e parecen estrambóticos, como la
escuela de cocineros ó de g11echú., (cantatrices). Un cocinero japonés os prtidenta con
todo garbo rn titulo uoi\·eraitario, concebido en estos términos:
«Yo, el l\Iinistro de lustruccióo Pública, coa lic~ocia y perdón de su intachable
Majestad el Mikado, concedo al súb lito X. el título de doctor en arte culinario, como
premio á las habilidades q11e demostró en su examen profesion11I.»
No hay en esto niag,1oa exageración, el ejemplo se tiene en un cocinero que embarcado en Yokohama á bordo del uZ ,ragoza," está radicado hoy en Veracrnz.
El título de las guech1s dice asi: "Yo por la gracia de Buda, directora en el Imperial Conservatorio del Tvkddo, con la venia de su ~IijestJ.d absoluta el 1Iika1o, con•
cedo i!. Kcrmasa11 (sefiorita Risa) el título de guechá, alta cantatriz, profeso•a·en baile
y en laeJecución del cbamisen. D~stioada á mantener vivo el clásico baile y canto de
nuestro celestial Imperio. Sdri!. resp~tada y favorecida por nuestro pueblo, que el gran
Buhda guarda yengraodece.»
A.ú veis á las guechás respetadas del pueblo, llam1das i!. sus festines desde el encumbrado ealóo basta la casa de lt\ confundidas entre todos, eencillas y cándidas como
las muzméR; pero no las toquéis, porque admiradas oe dicen: Ob, ou, nu, nu, guecbi!.l
como quien dice: Obl no cometais esa falta, es una cantatriz inviolable, ee una con•
sentida de Buda y del Mikado.
Por fortuna la negativa es tomada por el viajsro con estoica serenidad .

�11:L MUNDO

168

DO ■ INGO

5 de SEPTIEMBRE de •197

DO ■ INGO

5 de SlPTIEMBAE de 1Sg7

11:L MUNDO

laa cornizae, loe focos incandecentes dan á. la casa el aepec t.o más fantástico. En el salón enverjado y lleno de luz, estát sentadas en el suelo, al frente de diminutos tocadores,
laa moradoras del Yoshibara. Hermoso espectáculo el que
ofrecen esiae mujeres, si puede llamarse así á estos eéres pequeOitoa, menudos, con aua cuerpecitoe infantiles, eue labios
pint.ados de rojo, aue agujetas mil en el cabello, sus vest.idoa sueltos de coloree chillantee: el golpe de vista ea curio•
eo. Si llegais á penetrará la casa, veréis que 88 forman en
el salón, en filas deaigaalee, como mu flecos colocados en un
~parador. Deepués se adelantan alegres y bulliciosas, y pi·
den cigarros, fruta, y como la mayor parte no saben hablar
más que su idioILa, rien co o. tarcajadas alegres¡ y sobre todo comen, comen sin deecaneo.
Hasta llegaia á. experimentar cierta lástima, viendo aquellas mujercitas risueñas, ·c oa sus caritas alegres pero raras¡
pero de facciones verdaderamente agradables.
Cualquiera creerá que en Yohiebara es posible hallar los
perfumee que se nos ofrecen en el cJmercio, como originarios
del Japón : el desencanto ea formal: allí no se conocen los
perfumee qne llamamos japoneeee. El olor que resalta en
todas partea ea el del ta,baco.
Extraña impresión la que produce la mujer japonesa, en ·
fática, sin pasiones, ein amor, sin las voluptuosidades de las
otras razas. La poeefa en la t.ierra del crieantemum, se siente en el aire, en el mar, en su cielo azul, en eue paieajee h~rmoeoe, en los cantos raros y en la música del chamisen¡
pero no en el trato de las personas ni en au carácter. losen•
aible la mujer niponeea áloe arrebatos de la pasión, no siente ni el odio ni el cariño, ni la admiraoión ni el desprecio,
ea una especie de autómata, sene lla1 cándida, sin ideas del
pudor, pero sin embargo, dócil y blanda á la dirección que
ee le dá. Será fiel si se le manda la fidelidadi cometerá
loe mayores delitos si ee le infunden ideas pervereaa, cuida•
rá de ene hijos ó loe dejará morir sin que una légrima nu•
ble sus ojos, según sean las órdenes de su dueño. ¡Raro y
extraordinario tipo el de la mujer japonesa!

XV
PASEO NOCTURNO

Ha entrado la noche y hace tiempo que han encendido loa
millones de farolea de papel que alumbrat la ciudad; tam·
bién se distinguen focos de luz eléctrica más y más frecuen•
tee, á medida qae se avanza hacia el centro de la población.
Ligera contrariedad experimentamos, nuestros kurumae
ectán caneados .i pesar de que en nuestros grande e- ocios han
engullido buenos platos de arroz con peecado crudo y tazas de
gengibre y de eaki ( v:no de arroz; ) apenas tienen razón: salieron del hotel en la manana!y regresan en la noche; lea da·
móe yen y medio y contentieimoe nos abandonan á dos mi•
11ae del hotel.

Tomamos un tranvía que nos conduce basta la puerta de
·a muralla. Ya eetamob en el carrito: el tren va casi lleno,
porque empieza á caer lluvia menuda, la dificultad ea tomar asiento¡ las plataformas están llenas y en el interior
acurrucados sobre loe asientos ó sentados en el piso como
gatos, van loa pasajeros. Con trabajo m9 abro paso y me
siento como Dios manda.
Entonces ví que todos eacaban su pipa y le ponían una
bolita de tabaco. Fumaban de p1iaa: pero como era muy
(leque.fla la capacidad de las pipas, á poco te!lian que re·
frendarla, y con gran habilidad eacaban una bolita de fuegd
que sostenían en la mano, mientras curtían la pipa de
nuevo.
R~pentinamente ee para el tren, y unas vocea argentinas,
hablando un inglés puro, nos anuncian la presencia de algunas excursionistae. Efectiva mente, suben al tren dos ele·
gantes señoritas, contemplan el grupo de pasajeros, su des•
nudez, sus poe~uraa símicas sobre loa asientos y en el piso,
y un gracioso gesto manifiesta su repugnancia. Por fin, se
1:iientan mientras loe otros concurrentes se agrupan en el rincón opuesto y con sus miradas de gato y las bocaa abierlae,
contemplan coa expresión singular a las eimpálicae hijas
de Albión, que por eu parte ríen de buena gana.
XVI
Llegamos por fin al hotel y nos veatimoedeetiqueta, guardando hie reglas de la casa. T,aminada la cena, y como bue•
LOS JARDINE&amp; IMPERIALES .
.noe tourietas, vamos á visitar uno de loe barrios más admiAl día siguiente nos propueiwoe hacer una visita al muTablee del Japón: loe Yoehibara.
seo y á los jardines im¡::erialee.
Hora y cuarto de rinkicbá 1 á buen paso, basta para lleTres sen cuesta la entrada, y un sen ó centavo máf', cogará eee barrio pi::itoreeco cantado por loe poetas del munbran por el depósito á la entrada del estableCimiento, del
do entero. ¡Cuáot.ae ideas deepiert.a, cómo se prest.a para
baat.ón, paraguae, sombrero y abrigo.
desleir en un cuadro ioe mil colores que ofrecen eetoa sitios
El mu.!!eo e!!tá construido á la europea, con ea!onea y de
hermosos, edénea del Asia, lugares encantados del idilio, de
partament.oe bien arreglados y el conjunio del edificio, es
lo soñado, paraísos no cc.mprendidoe de este país apacible,
soberbio. La sección de zoología es muy rica en ejemplahermoso, contradictorio, que luce todos eus encantos, en la
Muzmé de paseo.
res clasificados por naturalistas extranjeros¡ lo más notable
tranquilidad de la noche!
Yo t.ambién, como los poetas, he sonado, como ellos be Eent.ido oleadad de seo• que ví fueron unos gallos japoaeees con una cola de más de tres meiroe de largo.
Sigue después el salón de pinturas, el de armas con Pjemplares muy raros de las
timiento.
Asomado á una baranda, viendo rielar la luz de la luna sobre las mansas aguas d~ primitivas usadas en el Japón; después el departamento de objetos de arte: iacaa finíla ria, he sentido la magia del ensuet\o¡ y aspirando una at.móefera embalsamada, simas. porcelanae, y caneando extrafieza entre las be!Haimae porcelanas, entre aquel
be viet.o deslizarse como fantasmas, los cuerpos de ninfas raras vestidos de seda, cruza1 llos admirables objetos, contemplé proyectiles de la guerra de China, y alln me at.revocomo sombras adoradas, como si algo inmaterial y divino, alentase aquellos genios del á asegurar que babia también material de guerra que se atribuye áloe triunfos del
·
Yoabibara sat.urado de perfumee. He palpado después la realidad y procuraré dar Japón 1mbre el celeste Imperio.
Se ve que hay una especie de prurito de preocupación nacional, en clasificar araquí mis impresiones, lejos de loe arrebatos idealista~.
Figuraos un barrio aislado de agradable aspecto, lujoso, con callee rectas, caeas ruas y proyectiles aún cuando sean japoneaee. entre loe objetos recogidos como b otín
con amplios corredores, limitadas por celada, verdes de madera, agujeradas de mil en la última guerra.
En el jardín botáoico, figuran magníficos ejemplares de la fauna asiática muy~eut.anillae de papel por donde se puede ver el interior de loe departamentos, de color
bien cuidado@.
rljO subido.
En este jardín encont.ramos un elefante de coloBalea dimensiones y como una.
U ua ancha puerta da acceso á un fondo obscuro, donde se mira la repugnante figu•
ra de un viejo calvo que hace de portero, A interval.oa de media vara en los techos y muestra de la inteligencia de este animal, referiré un anécdota que me oc1irrió yendo

El golpe de vista que presentaba la cubierta del «Zaragoza ,
era :espléndido, y la animaeióo, el regocijo y el orden qut, reí•
naron, dejaron muy complacidos á. loe invitados, quienes al
despedirse, llevados en unos cuarenta ó cincuenta botes, meci•
dos por el suave oleaje de la bahía y alumbrados por poderosos focos eJéctiicoe, tUvieron la galanteria de entonar en coro
nuestro hermoso Himno Nacional.
Imaginaos una playa envuelta entre la bruma que deetaca
aue borradas siluetas á la hermosa claridad de mil focos incandescentes y otros mil más de luz de arco, reflejándoee en la
t.ranquila superficie• de las aguas, que multiplican en efec,o;
figuraos nueat.ra corbeta literalmente llena de focos de todos colorea en medio de aquel cuadro ll'deecrip,ible, como un barco
encantado¡ figuraos que oía los acordu de una magnifica orquesta y que ernucbaie a'egrea carcajadas, que veis una eocie•
dad coemopolita donde hay rusas y turcas, portugubeae y ame·
ricanas, alemanas y japoneeas, austriacas y espafíolas, osteLtando cada cual las galas y loa encantos carac,eríeticos de su
paíe. Pensad que oe hablan de las maravillas de un munJ.o entero, que oa sentía ea,uradoe de perfume.e, embriagados de son·
risas, arrullados de conversación; y cuando bayaie peneado
todo eso, casi estoy seguro de que experimentareis un amargo
dejo de dolor por no haber aeist.ido á esa feérica solemnidad 1::n
celebración de la Independencia de México.
Y sin embargo, ¡oh paiE:anaa miael también asi1:tisteis algu
nae, en eepíri,11 1 á ern fiet:ta. Salieron á relucir vuestros re,ra•
toe, ee habló de vuestros encaotoe, 1:e comentaron vueelrae gra•
ciae, pues todoe, á pc,rfía, querían conocer, eiquiera por me•
dto de nuestra palabra inrnficiente, á las hermosas mexicanaP.
Y ya podréis comprender d~ qué manera noeotrof, mexicanoe,
con tantos ncuerdos de la patria en el corazón, hablarfamos
del terrufio; con qué en,uaiaamo dariamosá conoct!r á nuutro
querido México en llquel_laa apartadas regionel!.
Faltasteis allí, paieanaa míae¡ pero os aseguro que ya oa cono·
cen, que hemos procurado lle-var la fama de ,utsnoa 1.:ncanto
al univer~o mundo y ea ben en i.odae panes, en todas las zonas,
cuán ardiente ea el corazón y cuán sofladora td alma de las
hijas de )léxico.
XIV
.XAGABAKI.

Dos peregrinos.
con el segundo pagador del barco. Pusíroonoe á contemplar el hermoso proboeidio
que con ,oda calooa separaba por medio de su flexible ,rompa, el zacate verde del
seco que tiene á au disposición. Mi acompafl.ank, llevaba en la mano su sombrero de
paja, y ee quedó mirando :fij!lmente al animal; éste le lanzó miradas ex,rañaa, y como
parecía que se le oírecia el sombrero como manjar, en un momento recogió gran canlidad de zacat.e S€Co y lanzándolo con habilidad euooa, cubrió al buen pagador de
basura.
Todos celebraron el incidente, inclusive al pegador burlado por la susceptibilidad
del elefante que no quiso aceptar un sombrero de paja en au menú .. ..... ..

:Muy pronto levaremos anclas e iremos á Nagasaki, en la isla
de Kiueiú, visitaremos el puerto m6e meridional del gran Im·
perlo, cruzaremos el mar interior, formRdo, tal vez, por eacudimientoe volcánicos y t-s•
pant.oeoa t.erremotoe que deegajaron el terreno, formando numeroe·as islas y canales en
una extensión de mil quinien,as millae.
¡Qué hermoso espectáculo! La luna Ee oculta á veces iras de negras nubes y ot.ras
brilla en todo su eeplendor. Loa canales son verdaderos estrechos que se ligan, ee ae•
paran, ee apartan para unirse de nuevo: las islas son como los picachos de cordilleras
ioundadas.

XVII
LA INCINERACIÓN

Dábamos los últimos paseos en la imperial Tokio y ya preparábamos nuestros
equipajes para volverá Yokohama, pero nos faltaba conocerua panlieón y presenciar,
ei era posible, un entierro con todas las ceremonias de la religión del país.
Nada más fácil en una poblacióo de más de dos millones dt, habitantes.
La cremación está en uso desde hace mucb~ tiempo¡ t.ienen magníficos horno@,
pero en ésto, como en todo, al lado de la cultura ee encuentran mue atrae de la ~arbarie.
Colocan el cadáver como acurrucado en un cajón de madera cuadrado llenan, los
intersticios con serrin impregnado de trementina; ponen el cajón de tablas sin pulir
ni pintar, en un hueco formado en el piso de un cuarto provisto de una chimenea 1 It,
prenden fuego y dejan que el cadá;,er se consuma de ee\a suerte., lo que nunca 110 con•
sigue completamente, de donde reeultn primero un hedor insoportable y luego una in•
cineración imperfecta que deja loe huesos con colgajos de carne mal t.oetadoe.
Loa hornos moderQoa se u,iHzan poco, aunqlle están provistos y construidos de
cuanto exige la higiene.
Listos ya para levar ancla, y hacer la travesia por el mar interior y recalar en Na•
gaeaki, donde el barco duraría algún ,iempo en dique p~ra pone.rae quillas de balance.
XVIII
LA FIESTA DE LA INDEPB:\"DENCIA.

Allí pasamos la fiesta del 16 de Septiembre; nuestro barco empabezado y alumbrabrado con profusión de focos eléctricos y millares de farolea japoneses, presentaba un
boníio aspecto. Loa barcos de guerra aunoa en el puerto, se engalanaron también y
á la.e doce del día saludaron c:&gt;n veintiun caftonazoe á nuestra nacionalidad, repre-eentada en aquellos remotos mares por aquel caecarón de hierro.
Coqueta y engalanada ee veía nueet.ra Corbeta cubierta de floree: se organizaba
una reunión en quelbamoa á festejar el aniversario de la independencia y el dia onomástico del Presidente de la República, General Porfirio Díaz.
Entre loa per1.1on&amp;j es invitados que estuvieron á bordo con mot.ivo de la fieat.a, po·
demos citará. loe Ministros de Francia, Inglaterra, Espafía, Alemania y Estados Unidos, con sus familias reepectina. El Gobernador de Tokio en representación del Mikado, el Ministro de relaciones del Imperio, el Gobernador de Yokohama¡ un Almi•
rante, Americano, el Almiran,e japonéa y la mayor parte de las principales familias
tit.ranjeras residentes en -la capital.

Muzmé descansando y leyendo.

Matsushima.-Arto natural.

�OOMINCO 5 di! SfPTIEMBA'I! de • ■ o'T

EL MUNDO

DOMINGOS de SEPTIEMBRE de 1897

171

EL MUNDO

170

La Alacena.

rice con el olea.je; se camina como en un lago cerradº·
El estrecho de Shimonoseki .sirve de comunicación entre el mar Interior y el de Korea: tortµoso, quebrado,
angosto, pere lleno de referencias; entrábamos ya en el
mar de la China, eee mar traidor como su nombre, Y ~l
penetrar ea él nos recibió con una andanada de olas gt ·
ganteecaa que nos hicieron balancear de lo lindo. ~n temporal en esas latitudes es terrible: noeotroa tuvimos _1~
fortuna de paearlo con tiempo magnífico, y nos mov1a
moa como si hubiera tempastad deshecha.
Por fin pudimos entrará Nagasaki á la~ cuatro de la
tarde, y antes de abordarnos vimos sorprendidos por una
eatva de un yatch inglés que saludaba nuee~ra bandera.
Fué una sorpresa que obligó á todos á eubir sobre cuber·
ta: detuvimos la marcha, se .contestó el saludo Y á poco
entrábamos á las desquiciadas mont&amp;ñas del caluroso
puerto de N agp.saki.
Larga fué nueetra permaneTJcia en aquel pilerto. Un
mes estuvo el «Zaragozan sostenido por la palizada del
varadero. Se le ponían quillas de balance para aligerar

KIOTO.-Un bosque de bambut·s.

El terreno es de formas capricho3as, los paisajes hermorn:: casi se tocan Con la mano. .Aq\lÍ @e mira un man•
to de carbón, en medio de boEques aecularee; allá una
rampa blanquecina, por donde euben y bajan mil carretillas conduciendo material de construcción;allá. un pueblo di:, Pf'!!cadores, que refl.t&gt;ja en el agua el sagrado color
r0j'l como las llamas del lüfierno; allá las oscuras bocas

el movimiento.
Su -población, semejante á la.e otras del país, J~stín•
gueee princi-palmente por .ser el logar donde abierta•
mente se favorecen los matrimo.nios de mujeres japoneEas con extranjeros.
Leed, "Me.dame Crirnntemi" de Pierre Loti y hallareis
una prueba fiel de lo que son en esa tierra singular las ceremonias de la boda. Vereia las descripciones hechas
por mano maestra, del templo de Usua, el juego de la
flecha, loa teatros, los campos cubiertos de crisantemas.
Todo igual; invariable.
,;mpezamos á sentir tedio por este país; ya hay enire la oficialidad algunos que han coutraído matrimo•
nio, pero se divorcian luego. Es difícil acostumbraree á.
la vida monótona é interminable al lado de una muzmé
que rie mucho, babia poco y se la entiende ·menos.
Además, ae anuncia ya nuestra próxima salida para
Chinai pero nuestro barco no está listo. El, qu_e se había
paeeado garboso en toda la bahía, tuvo pnmero que
estar en el varadero y de allí pasó al arsenal, luego á
los diques secos, basta que por fin lo volvimos á ver
airoeo con sus palos cruzados, sus velas albeantes :y aferradas, sus quillas bien puestas, los costados limpios Y
pintados de color claro que le agracia: y basta creemos
que ha cimbiado y llegamos á imaginarnos que con tantas composturas ee siente reanimado y contento para
seguir adelante en carrera.
Aún le faltan dos terceras partes del camiao, lleva
reconidaa diecinueve mil millas, peroadelan'8, adelante.
Hemos gastado cuat.ro meses en el país del crieantemum.
Aun resuenan en nueEtros oídos los gritos de la mul•
titud desárrapada, loa alaridos argentinos de las muzméa que se deepiden desde sus caeitas haciéndonos eefiae
con sábanas patluelos y kimonos. Anatá, México, Surbá,
Anatá, México, fueron las últimas destempladas fra~es
que nos llegaban á bordo coando nuestro barco daba
proa á la interminable Bahía de Nsgaeaki.

KAMEIDO, TOKIO, Flores de Wistaria.

apenas vemos de tu tierra las íelf&gt;taft del Sur. El mar de
la China, eetá. como aceite, el cielo brumoso, el baróme•
tro bsja más y más, quie_n sabe si nueeliro barco tenga
qu~ probar eus quillas.
·
Por hoy-adiós-adiós-Japón ya no te dejas ver-Sa,y6! nada Tlip611!
Son las cuatro de una tarde del mes de Noviembre, en
el mar de China, cielo y agua, _nor donde quiera barómetro bajo, bruma espesa, ola boba y gigante, mar color
aceite verdoso r,ucio, se teme una tempestad, un silencio absoluto nos rodea, se hl'cen preparativos. Eape•
remos.
Ser literato es formar parte de una ariEtocracia que repres~ota en el mundo de la inteligencia lo qnf::\ la gente
de buen tono en la vida familiar y pública. El literato
ha de ser. an~ todo, unespfritn distinguido y culto, qne
bable y efcriba con suprema delicadf'z», y eón guste;&gt; ex·
qui sito sepa dar forma a~radable .i l.aa cos_ae má.'I ánda@,
y no olvide q11.e lo eeeocrnl ee tener rngemo y saber moa•
trarlo.
El poeta ea el eér qne idealiza la realidad.
El poeta de hoy no ha de tener idf&gt;al, porque su siglo
tampoco lo tiene: su canto ha de _eer. desconsolador Y
nPgati vo, amargo y desesperado, é indiferente y frío ee•
gún su temperamento.
MANUEL DE LA REVILLA.

XX
DESPEDIDA,

Vendedor ambulante de té.

&lt;le profundas canrna9, que dilatan eus fauces como
monstruol!J apocalípticoe; máe allá deegarradae montaí'ias
de lava y de granito ó maciaos baEálticos, simulaodo ji~
ganWecas eiluetaa de e metrucciouts titánicas, y en los
canales, y volviendo Ein cesar en laberintos ein salida,
parece uno tetar en el centro de un gran panorama que
.gira Ein deEcanso, ofreciendo á la vieta un caleidoecopio
mágico y arrobador.
Aei paE:an tree días con eus nochee, Ein que el agua se

Adios quizá para siempre, '(lBÍB tantas veces eoñado!
nunca jamás volveré á pisar tu fértil suelo¡ ya no volveré á descanl!ar bajo el umbroeo a1c:anfor, :saboreando en
taza cincelada tu bebida favoraa, el té; ya no veré ,us
alegres campos, tu sencilla y curiosa muzmé, tus ídolos,
tus temploP, tus curiosidades, contrastes y aberracionee,
tus rinkirhá.s y sampam ni me impresionarán tus bailee, Y
tus músicas: Pero te veré á. traves _del espacio, y sentado
· en mi bogar, rodeado de mi familia en las tardea largas,
evocaré con el album al frente mia recuerdos, v se rei•
rán da tí algunas veces, pero otras también te admira•
rán. Tienes todo mezclado pero bruscamente, sin medias tintas, sin penumbras ni claro obscuro; eres ealvaje puro 6 civilizado franco, y todo bajo el mismo tono,
la misma apar.iencia, bajo una sola capa, tu país es la
Babilonia de lo raro y de lo nunca visto; en tu carácter
es donde está la poeeía de tu vida, la clave de tu historia y de tu porvenir.
Deseo que te engrandezcas, pueblo japonee, pero, qué•
date en tu territorio que es donde vi vea, no salgas de
él porque.perderías el encanto que ·poeees.
Adiós país del lejá.no Oriente, vamos á dejarte ya,

hubo Lucas percibido el ruido de las muletas cuando sus grandes ojos alterados y ardientes se vol vieron hacia la puerta en la cual no tardaría en preaeataree su hermano¡ y su fü.onomía toda desencajada por el sufrimiento, devorada por la fi, bre, eem brada á trechos de barros
inflamados, tomó eúbiramente cierto aspecto de dureza y
caei de furor.
Tomó convuleivamente las manos de su madre y con
voz entrecortada y ronca gritó:
-Echa lo! Ecbalol No quiero ,erlo. Lo oyes? No quiero verlo jamás! C1..1mprendes? Jamás! Y la palabra se extrangnló en eu garganta. Sofocado por un acceso de
to:1, estrechaba convubivamente las mao.os de eu madre.
A cada esfuerzo de eu respiración la camisa palpitaba sobre su pecho y ee entreabría á cada instante. Temía hinchada la boca, en el extremo de la barba las pústulas
desecadas formaban costras que á cada esfuerzo ee rompían y sangraban.
So roadre tmtaba de coneolnrlo.
-No, Lijo mío: no lo verás. Haré lo que tú quieras; lo echaré de esta casa que es
tuya, me comprendes?: completamente tuya, hijo mio! L'l tos de Lucas le azotaba la
cara.
-Sí, pero inmediatamente! repf-tía con íucz inEistencia, incorporándoée en el lecho y empujando á su madre hacia la puerta.
-Sf, hijo mfo, ahora mismo, inmediatamente ........ .
Daniel se presentó en la puerta EOBtenido por ene muletas. Era un pobre desbere•
dado de la fortuna, de et..orme y peEada cabeza cuyos cabelÍ~e eran tan rubi&lt;1s que casi parecían blancos y cuyos ojos azulee bf;jo las largas pestafíaa claras eran tan dulces
como loe del carnero.
Entró sin dfcir nada porque una parálisis lo había eninudecido. Pero apénas distinguió loe ojos del enfermo que lo miraban con energia cruel, se detuvo en medio de
la pie.rn, apoyado EObre sus muletas, irresoluto, sin atreverse á avaozar un paEO más,
Su piefna derecha acortada y torcida se agitaba por un temblor visible,
Lucas dijo á su madre:
-Qué viene á hacer aquí este deeaetrado? Echa.lo de aquí! Quiero que lo arrojes
inmediata.mente de e:ta caea!
Daniel comprendió todo; vió que la madrastra se levantaba y con tan suplicantes
ojos la miró, que ella casi no tuvo valor para reaietir. Entonces, sosteniéndose con
una de las muletas, hizo con la mano que le quedaba libre un signo de desesperación
y arrojó una mirada voraz sobre la fllacena colocada en uno de los ángulos de la pieza.
Aquella mirada quería decir:
- Y o tengo baro bre.
-Nó! nó; no le des nada! gritó Lucas agitándose en su lecho, imponiendo á la mu·
jer su odioso capricho. Arrójalo fuera!
Daniel inclinó la pesada cabeza sobre el pecho, tembloros@, anegados en llanto
Jea ojos. Y cuando la madrastra poniéndole una mano sobre la eepalda lo empujó hacia la puerta, prorrumpió en sollozos sin hacer la más leve protesta. Ea eeguida oyó
que la puerta ee cerraba, y se quedó en el deecanao de la escalera, siempre sollozando,
con un sollozo violento y continuo.
Lucae, con geeto de ira dijo á su madre: ·
-Tu sabes? eso lo hace él exJ?resamente para hacerte mal.
Ea tantQ el sollozo fraternal se prolongaba, de tiempo en tiempo, entrecortado
por extraflo lamento, triste como el mugido estertoroso da la bestia que muere.
-Pero óyelo todavía!: Ecbalo á rodar por la escalera. Pronto!
La mojer se levantó de un salto, corrió hacia la puerta y levantó sobre el mudo
aquellas manos fieras habituadas á golpear y maltratar
Lacas, apoyado sobre loa codos, exclamaba:
-)Iásl Todavía más!
Daniel recibía los golpes siempre mudo. Comprimiendo su dolor bajó á la calle.
Estaba hambriento; bacía dos días que no comía, y apénas tenía fuerza.a para arras•
trar. las muletas.
Paeó un grupo de pilluelos corriendo rletráa de un pa_?alote que se remontaba en
el aire,
Unos empujándole le gritaban:
-Ahí va el deeastrado.
Otros cou irónico earcaamo le provocaban:
-Vamos, cojuelo, da una carrerita.
Otros, en fin, haciendo alusión á su enorme cabeza, te preguntaban en tono burlesco:
-A cómo vendes la libra de sesos, mal traído?
Hubo uno, máa cruel que los demáe, que le tumbó al suelo una de las muletas y
echó en seguida á correr. El mudo tambaleó, lo.g ró penosamente recoger su muleta y
ee puso en marcha de nuevo. La gritería de los pilluelos se fue extinguiendo lentamente hacia el lado del río¡ el papalote, semejante á un ave de país iabuloao1 ee ele•
vaba en un cielo de suave color roH; las bandas mili tares cantaban en ooro á la orilla
de los muelles; estaba en su plenitud la bella estación radiante ........ .
Daniel, que eentía que el hambre le devoraba lae entrai:1as, dijo para sí:
-Voy á. pedir limosna.
El horno del panadero, esparcía en el ambieLte primaveral un olor .'\gradable de
-pan freeco. Pasó un hombre veetido de blaoco llevando en la caben un gran azafaLe
lleno de panes doradoe, todavía calientes y humeantes; des perros segnían al hombre,
olfateando el aire y agitando las cohi,e.
..
Creyó Daniel que iba á perecer de inanición. y se dij o:
~Ea necesario que pida limoena¡ de lo contrario moriré de hambre.
Caía lentamente el crepúeculo; el cielo diáfano se vefa sembrado de papalotes que
ee balanceaban; loe campanarios difundían en la sonora atmósfera una ronca vibra-ción profunda y continua.
Daniel se dijo:
-Voy á colocarme á la puerta de la Iglesia; y hacia allí se arrastró penosamente.
J.a igleeia estaba abierta. En el fo ndo, el altar iluminado por llamas terublorosae,
--parecía ona conelelación; lapue1ta dejaba pasar un débil perfume de incienE.e y mirra, y ]órgano derramaba por iDE.tantes su caecad.a pe)on!doe.
PENAS

Cast:ada sagrada en Kamakura

Súbi!amente sintió Daniel que nuevas láglimrs velaban sus ojos; :y en lo más íntimo de su corazón prorrumpió en esta E:Úplica ferviente:
-1:iocorredme, Dios mío!
El órgano íormu.ó un acorde que hizo vibrar · como · instrumentos los pilares del
templo¡ lavantóse la voz de loe chantres; y devotos y devotas, comenzaron a e~trar dedua en doe y de tres en tref, por la única puert.a, sin que Daniel osara todavía exten•
dE:T la ruano.
Uu mendigo que eEtaba á eu lado empezó á gemir:
U oa limosna por amor de Dios!
El mudo, entonc~s. tuvo verguenza ........ .
En un grau mantón negro envuelta vio entrar en la Iglesia•á su madrastra y
peueó:
-Si yo fuera á la caea, ahora que está aueente de ella mi madrastra? ........ .
Y era tal y tan imperiosa la tortura del hambre que aentía, que sin esperar más
voló con sus muleta~, á buscar el pan. En el trayecto una m1jerzuela le gritó rienio:
Cómo, que quieres ganarte el premio gordo de J3s carreras!
En un abrir y cerrar de ojos lleg6 á la casa, eofocado, palpitante. C.&gt;n extraordinarias precauciones subió !ns escaleras sin hacer el menor ruido; buscó á tientas en un
agujero del muro la llave, donde su madrastra la ponía habitualmente cuando salía. y
ballóla; pero antes de abrir miró por el agujero de la llave y vió á Lucas que parecía.
dormir sobre su lecho.
Daniel entónces pensó en tomar el pan sin despertarlo.
H izo girar suavemente, muy suavemente la llave, conteniendo la rijspirac.ión por
temor de despertará su ~ermaao coa los latidos de su corazón que le parecia que lle~
naban la casa con un ruido ensordecedor.
- Y si despierta? pensó Daniel sintiendo un intenso escalofrío que le invadía la
médula al ver que la puerta se abría.
Pero el hambre le daba audacia. En la punta de sus muletu penetró con precaución sin quitar la vista de en hermano,
~
-Y i:,i ae despierta? ........ .
El hermano dormía boca arriba y respiraba _penosamente; de tiempo en tiempo
un ligero Silbido Ee eeca~abade sus labios, y la única luz que ardía sObre la mesa pro•
yectaba en las pared.es anchas sombras movibles.
Al llegará la ala~ena D.tnfot, co:no pira dominar su turb1ción, se detuvo, miró
al que dormía y luego 1 suspendiendo bajo sus axilas las dos muletas, trató de levantar la tapadera que produjo un craquido seco.
Lucas sobresaltado abrió los ojua, observó lo que hacía su hermano y púsose á
gritar agitando los brazos como un energúmeno:
-Svcorrol 8.Jcorro! Un ladrón!
Pero el furor lo ahogaba. Y mientras su hermano, inclinado sobre la alacena, devorado por_el hambre, buscaba con mano tembloroea un pedazo de pan, saltó del Je·
cho y ee arrojó sobre él para impedirle que tomara nada.
Ladrón, ladrón! gritábale como un deses.;&gt;erado. Y como un de.'lesperalo forzó
basta el cuello la cabeza de D,miel en el pesado aro metálico de la tapadera, mtentras
ést.e ee agitaba desesperadamente, como una víctima sorprendida en la trampa. Pdro
Lucaa que había perdido la conciencia de lo q 11e hacía, dominaba los esfuerzos del cau ·
tivo, comprimiendo con toda eu fuerza como para decapitará au hermano.
El anillo metál:co cruj la, penetraba en la carne vi va, destrozaodo las arterias,
rompieo.do las venas y los nervios, basta que al fin quedó pendiente de la alacena un
cuerpo inerte que no volvió á. dar sefiales de vida.
Entonces á la vista del pobre mendig,:, asesinado, un p1vor inu ,! itaio inva.iió el
alma del fatricida.
Por dos ó tres veces cruzó tambaleando la pieza que los resplandores de luz llena bao de espanto, agarró convulso las sábanas del lecho, ae envolvió en ellas de pies
á cabeza, cubriéndose también la cara y se acostó ...... E.a el silencio de la pieza sua..
dientes crujían como la lima en el hierro.
GABRTEL D' AN}HJNZIO.

.,;.-?!\---h.

HIMNO A GRECIA.
¡Oh qrecia! recuerda los épicos triunfos de l\farco B&gt;tzaris!
¡Oh Grecia! ~ontempla la antorcha llameante que agita K1narii3!
La sombra gigante de Byron conduce tus bues.Les famoeas·
Tus héroes levantan la frente ceñida de bélicos lauros
'
Y blan?en ~on furia sus manos sangrientas espadas gl~riosas;
Y arroJan vibrantes sus flechas terribles loa viejos Centauros.
¡Qh ~recia! recuerda loa épicos triunfos de Marco B&gt;tzaris!
jÜh .Grec1al C?ntempla la antorcha llameante que agita Kimaris!
Morir combatiendo por tí, por t113 diosas ¡que muerGs má3 bella!
Luchar, desafiando las iras del fuerte como Ayax de O:Jeo·
·
Ahogar como H~rak.les las hidras del Olio que minchan t~ huella·
De corvos alfanges y de medias lunas formar nn trofeo!
'
, ¡Oh ~recia! recuei:da los épicos triunfos de Mucas B1tzarie!
¡Oa Grecia! contempla la antorcha llameante que agita K1naris!
Op~n á loa b.irbaros el pecho desnudo como tus atletas!
FórJate un eac:.ido con el herofsma de cuatro mil años!
Y entonanrl;o el. yambo vengador que cantan tus altos poetae,
A tus enellllgos arrolla lo mismo que á inmensos rebafiosl
¡Oh ~ recia! recuerda los épicos triunfos de Marco B 1tzaris!
¡Oh ~rema! co_ntempla la aatorcha llameante que agita K maria!
T endidos al viento, como cabelleras, tu3 librea pendones,
Que surquen gallardas las ondas azules tu3 nav-,s serenas•
Y forma una pira con el entusiasm'&gt; de los corazones
'
Y temp_la tus armas como los antiguos guerreros de Athena~I
¡Oh ~r~cia! recuerda los épicos triunfos de Marco B 1tzaris!
iÜh Gr_ec1a. contempla la ª!ltorcba llameante q •1e agita K-rnarisl
¡ResurJan tus héroes! 1R1v1van tus glorias! ¡Td sangre es divina!
!us J:J?árm?les rotos de nuevo corvnen el dórico plinto!
1Desp1er_ta....... Las almas, ~u Númen 6agrado fulgente ilumina!
Y hay hras que rugen, y vrno de S1mos, y bronc3 en Corin to!
¡Oh ~recia! recuerd,1 los é,&gt;lcos triu:ifos de JI ,reo B ,t;,;aris!
¡Oh G recia! contempla la an t')rcha llameante que agita Kanarisf
( Buenos Airee. )

LEOPOLDO

DIAZ.

�&amp;L MUNDO
COMO IIURIO MIMI

DAMA.~ lU:EXlCAN AS

De las " E.,c~nns ele la \"Ida B,,hcmia·•
de Henry M ürg~r.

......... En el miemo iutante
en que Rodolio iba á entrar
en en cámara para acoetarEe,
ee cyeron dce golpecitoe en la
puerta de l\Jarcelo.
-¿Quién diablos.puede ye•
nir a esta bora?-di¡o el pintor dieponiéndoEe á abrir.
Un grito de admiración ee
le eecapó, cuando hubo abier·
to la puerta.
Era :Mimf.
Como la habitación eetaba
muy obEcura, Rodolfo, no re•
conoció, al principio á Eu ama•
da· y, dietinguieudo única•
m~nte una mujer, peneó que
era una de las paeajeras con·
quietas de eu &amp;llligo, y pordia·
creción ee diepueo á rPtiraree.
-Si oe molesto ...... dijo )Ii ·
mí que se había quedado en el
umbral.
.A I oír squella voz, Rodolfo
cavó eobrn rn silla como herido por un rayo.
- Bueua·e nocbee-le dijo
?,Iimí que ee había aproxima
do á ét y que le eetn,cbaba h.•
mano que él Ee dejó tomar
maquinalmente.
-¿Quién diablos os trae
aquí-preguntó )Iarcelo-y á
esta hora?
-Tengo frío- conteetó )Iiml temblando · be visto luz
en vufetro cuarto, al paear
por la calle, y aunque era tarde he subido.
Y temblaba siempre; su vez
~nía sonoridades cristalii:ae
que penetraban en el corazón
de Rodolfo como un Lielo fúnebre y lo llenaban de un lú·
gubre espanto. Y la miró, aun·
que de reojo, más ate::itamen·
~- :Xo era Jª )Iimí; era eu es•
pectro.
.
Marcelo la bizo eentar al la•
do de la chimenea.
Mimí sonreía viendo la her·
moea :nama que danzaba alegremente eobre el fuego.
- Eeto es muv bueno- dijo
aproximando á ·1a lumbre ~ue
manos violadae. o\ propósito,
eef\or llarcelo ¿no eaben por
qué he venido {l vuestra caea?
- A fe mía que no- reepon·
dió él.
-Pues bien-replicó )limí
-venía simplemente á pedí
• roe si es poeible una babitación;en vneetra caFa. Acaban
de aeepedirme de la mía por·
que debo dos quincenas y oo
$rita. Gtngcla J{arpcr
eé á donde ir.
-¡Diablo!-dijo )Iarcelo, DE ~IA/.A I L \.N]
moviendo la cabeza.-no es·
.
umoe bien con nuestro casero, y nuestra recomendación y por las manos. Tengo mucho traba¡o y ee me debe_dinero en dos ó tres partee; lo recibiré dentro de dos d1ae;
eería deplorable, mi pobre nina.
haeta entonces únicamente es cuando quiero hallar alo·
- ¿Qué hacer pues-diju Mimí no eé á dónde ir!
-¡Ab!- pregunt6 )larcelo-¿no eoie ya vizcondesa?
jamiento. Cuando tenga dinero volveré á mi casa. Pero
-¡A.b, Dios mío! No, ya no.
según veo - dijo mirando loe preparativos. del m?d~~to
festín que apenas habían tocado loe am1goe-¿1ba1e á
-¿Y desde cuando?
-Desde hace dos meses ya.
cenar?
- ;.Habéie hecho alguna mala p~da al jo.ven vizconde?
- Xc-:lijo )Iarcelo-no tenemos hambre.
- So-dijo ella echando una mirada furtiva á R'ldolfo,
-Felices vosotros - dijo ingenuamente )Iimí.
que ee habla metido al ángulo más obscuro de la piezaA estas palabras, Rodolfo sintió que ee le deegarraba
el vizconde ae incomodó por unos vereoa que me compu · horriblemente el cornzón, é hizo á )Iarcelo una eef\a que
eieron. Disputamos y le mandé á paseo; ea muy orgullo· éste comprendió.
so y muy avaro, vamoe.
-Al caso-dijo el artista-puesto que eetaie aquí, )Ii-Sin embargo-dijo )larcelo-ibaia muy bien vestida, mí, participareis de nue!tra comida. Noe habíamos prosegún ví cuando os encontré.
puesto Rodollo y yo hacer juntos la fiesta, pero depuée
- Pues bien-dijo 1\Iimí-figuraoe que me lo quitó todo hemos pensado en otra cosa.
cnando nos separamos; y he Bllbido que ha rifado tod~s
-Entonce~, llfgo á tiempo-iijo Mimí-arrojando somis objetos en una fonda donde me llevaba 11. comer. ':t, bre
la mesa donde estaban lae provisiones una mirada
no obstante es rico eete muchacho, r con toda eu fortu· hambrienta.
be comido, amigo mío,-dijo ella hana, es avard como él solo, y bruto como un ganso; no que- blando bajo al Xo
de manera que no lo oyese Rodal•
ría que yo bebieEe vino puro y l.oe viernes me. hacía a~el · .fo, que mordía artista
su pafiuelo para no estallar en eollozoe.
gazar. ¿Queréis creer que quena que me pusiese medias
-Aproxímate pues, Rodolfo, dijo ::Uucelo á su amigo,
de lana negra con el pretexto de que eran menos llama•
tivas que lae blancas? Sada da idea de lo que es;. me ha vamos á comer loe tres.
- Xn-dijo to! p)ela permaneciendo en su !incón.
fastidiado. Puede decirse que he pasado con él m1 purga- ¿03 incomoda, Rodolfo, q_ue haya vemdo aquí-le
torio.
- •Y sabe cuál es vuestra posición? preguntó )!arcelo. preguntó )Iimí con dnlzura. ¿Queréis que me vaya?
-~o. :'.llimi-reepondió Rodolfo-solamente que me
-:\"o lo be visto ni quiero verlo más-rtlplicó )Iimí. ]'..!e hace daf\o pensar en él, y antes me moriría de ham- diegueta veros as!.
-E:s culpa mía, Rodolfo, y no me quejo; lo pasado, Pl:'·
bre que pedirle un sueldo.
.
.
-Pero-continuó )!arcelo-deede que le habe1s de¡&amp;do eado; no penaeie en ello mM que yo ;,.-\.caso no _pode1e
ser ya mi amigo por qne babeis sido o~ra cosa? Si es l_o
no habreie estado eola.
-¡ A.h!-gritó )Iimícon vivacid~d-;-os a~eguro queeí,. e~- mismo ¿no es cierto? Pues bien, entonces no me ponga1a
flo, )Iatcelo; he trabajado para vivir; pero como el otic10 mala cara v veni ,i á la mesa con nosotros.
Y se levantó para irá cogerlo de la_ mano, pero h P&lt;?~re
de florista no anda bien, be tomado otro; sirvo de mod~lo á los pintoree. Si teneie obra que darme ......... af\ad1ó estaba tan debil que n~ pudo dar m un paso y volv10 á
caer sobre la silla.
alegremente.
El calor me ha trastornado-dijo-no puedo eoste·
Y notando un movimiento que ee había escapado á ltodolfo que no le quitaba de encima la vista, mientras ba- nerme.
- Vamos- dijo )breelo á lbdolfo,- ven á hacernos com ·
blab~ con su amigo ::'llimí continuó:
- ¡Ah! pero no sirvo de modelo más que por la cabeza pal\ía.

OOMIIGO 5 d• SlPTIEMBRE d• 1&amp;n

El poeta ee acercó á la meea y se poeo á comer con ellos.
}1imí estaba muy alegre.
C&amp;ando la frugal comida ter•
minó, )Iarcelo dijo á Mimf.
- )Ii querida nina no nos
es posible haceros dar una recámara en la caEa.
Entonces, eerá preciso que
me marche dijo ella tratando
de levantarse.
-No, no,-exclamó )!arce·
lo,-hay otra manera de arre•
glar el asunto; vos os quedais
en mi alcoba, y Rodollo y yo
nos vamos á la suya.
- Yoy á molestaros bastante,-di¡o Mimí-pero eeo no
durará mucho tiempo: dos
días.
- No hay tal molestia para
noeotroa-reepondió )Iarcelo;
-queda convenido que os que
daréis aquí y que nosotros noe
vamos {l acoetar en la alcoba
de Rodolfo. Buenas nocbee,
Mimí, dormid bien.
- Gracias-dijo ella-alarllªndo la mano á l\larcelo y á
Rodolfo que ae alejaban.
-Queréis encerraros't-pre•
guntó 1\1arcelo cuando estuvo
junto á la puerta.
-Para qué?-dijo )Iimí, mirando á Rodolfo-no tengo
miedo.
Cuando loe dos amigoeeetu·
vieron solos en la cámaril vecina, que estaba en el mismo
piso. }farcelo, dijo bruscamen•
te á Rodolfo:
- Y bien, ¿qué ee lo que vas
á hacer ahora?
-No lo eé, balbuceó Rod&lt;'lfo.
Vamos, vamos; no te con•
trariee por mí; ,ete con )limf!
Si vuelves te predigo quemafiana volveréis á estar juntos.
-Si fuera )Iueette la que hu•
biese vuelto, ¿qué harías tú?
preguntó Rodolfo á su amigo.
-:-:-i )lusette fuera la que estuviese en la pieza vecina res•
pondió 1\Iarcelo - francamen·
te, creo que haría un cuarto de
hora que yo no estaría en ésta.
-Pues bien-dijo Rodolfo
-yo eeré más valiente que tú;
me quedo.
-Lo veremos ¡pardiez!óijo )Iarcelo que ya ee habla
metido en la cama- ¿oo vas :í.
acostarte?
-Sí por cierto- reepondió
Rodolfo.
Pero á media noche, }Iarcelo ee despertó y notó que
va no estaba allí Uodolfo.
· Por la maf!ana llamó diecre·
tamente en la puerta de la
alcoba donde estaba Mimf.
-Entrad- dijo ella, y, al
verlo, le hizo sef!a de que ha·
blara bajo para no despertar á Rodolfo que dormía. El estaba seniado en un sillón, próximo al lecho, y su cabeza
descansaba sobrl' la almohada al lado de la de l\Iimf.
- ¿Es neí como hab6is pasado la nocbe?-pregunt6 Mar·
celo admirado.
-Sí; reepondió la jo,en.
Rodolfo de3pertó súbitamente, y después de haber
abrazado á Mimí, le tendió la mano á Marcelo que parecía muy preccupado.
..
.
- Yoy á buscar dinero para almorzar-dl¡o al pintorhaz tú, mientras, companía á )Iimf.
- Y bien, preguntó )Iarcelo á la joven cuando eetuvie·
ron solos - ¿qué á sucedido anocbt,?
-Cosas muy triEtes dijo Mimí. - Rodolfo me ama
siempre.
-Lo el&gt;.- ~í· habeie querido alejarle de mi; no os odio por
eeo, )I~rcelo; teníais r'lZón; le he hecho mal á este pobre
muchacho.
-¿Y vos?- preguntó )larcelo - le amaie todavía?
- Ah! que si le amo! dijo ella juntando la~ man?e- ee
lo que causa mi tormento. Estoy muy cambiada m1 buen
a~igo, y prco tiempo se ha necesitado para ello.
.
- Y bien! puesto que le amaie, y os ama y no pode1a
pasaros el uno din el otro, volved á uniros, y tratad de
no se-pararos nunca.
-Es imposible, dijo )Iimí.
- ¿Por qué?-preguntó Marcel~- Ciertamente que eeria más razonable que os separaseis; pero para no voh-e·
roe á ver era preciso que estuvierais á mil leguas, uno del
otro.
-Dentro de poco estaré más lejos aún.
- ¿Eb? ¿Qué queréis decir?
- So bableis de esto á Rodolfo-porque le va á causar
mucho diegueto; yo me voy para siempre.
- ¿Pero á dónd~?
- :mrad, pobre )Iarcelo- dijo )Iimí sollozando, miryid.
Y levantando un poco la Eábana de su lecho moetro al
artista sus espaldas, su cuello y eus brazoe.
-¡A.b! Dios mío-exclamó dolorosamente Marcelo, ¡pobre:ni~a!

DOMINGO S d• SEPTIEMBRE d• 1897

-¿No e~ verdad, amigo mío, que no me engaf!o, y que
voy á monr muy pronto?
-Pero ¿cómo os habéis pueEto así en tan poco tiempo?
-Abl- 1eplicó Miml-con la vida que llevo desde
hace dos meses, esto no es admirable; tantas noches pa•
eadae en llorar; tantos días de modelo en talleres sin
fuego; la mala alimentacion, el disgusto que tenía; y,
además, vos no Je, sabéis todo; he querido envenenar•
me con agua de .Tavel, se me ha salvado, pero no por
mucho tiempo, como veis. Con ésto y con que yo no be
sido 11unca robusta...... , en fin, ee mía la culpa, si me
hubiese quedado tranquila C&lt;'n Rodolfo no estaría así!
¡Pobre amigo mío! Y be aquí que aún vuelvo á caer en
sus brazo~, pero no eerá por largo tiempo. El último
traje que we regalará Eerá todo blanco, mi buen :Marcelo, y se rue enterrará con él. Ah! si supiesen cuanto sufro al eaber que voy á morir! Rodolfo sabe que estoy
enferma. Anoche ha eetado una hora sin hablar: cuando ha visto mis brazos y mis espaldas tan delgados, no
reconocía á su )Iimf, Ay!. ..... mi mismo espejo no me
reconccería. Bah! EA igoal; be sido linda y él me ha
nmado mucho. Ah! D10e m!o--exclamó escondiendo su
rostro en las manos de Marcelo-mi pobre amigo, voy
á dejaros y también á Rodolfo. Ah! Dios mío!. ..... Y loe
sollozos ahogaron rn voz.
Yamoe ::\Iimí-dijo )larcelo-no oe aflijaie así, que oa
hace daf\o; neceeitaie solamtnte, muchos cuidados v
mucha tratquilidad.
•
-A.h! no,- dijo ~Iimí,-todo ha acabado, lo eiento,
no tengo fuerzas ya, cuando vine aquí anoche he tardado más de una hora en subir las efcalerae. Si hubiera
enconirado á una mujer 2quf hubiera bajado heroica•
mente por la ventana. Sin eU1bargo, él era libre puesto
que no estábamos junios: y, mirad, )Iarcelo, yo estaba
segura de que él rue amaba todavía. Por eeo·-dijo prorrumpiendo en lágriruae-ee por lo que yo no querría
morir tan pronto; pero todo ha conctuido ya; mirad,
?,Iarcelo, preciso ee que sea muy bueno este pobre amigo, para haberme recibido después de todo el mal que
le be hecho. Ah! el Buen Dios no ee justo puesto que
no me deja tiempo p.ira hacer olvidar á Rodolfo el disgusto que le be cau-ado. Xo he querido que él ee acostara cerca de mí po,que me pensé que loe gneanoe de la
iierra comienzan á iJacer presa de mi cuerpo. Xoe hemos pasado la noche llorando y hablando de otro
tiempo. Ah! Cómo ee triste, amigo mio, ver detrás de
ei la felicidad de la cual se ha pasado 1an cerca sin tocarla! T,rngo iuego en el pecho, y cuando muevo mis
miembros me parece que ee van á quebrar; oíd-anadió-traedme mi vestido. Yoy á echar las cartas para
aaber ei Rodolfo traerá dinero. Quisiera hacer un buen
almuerzo con voaotroe, como en otro tiempo; eso no me
hará dano. Dios no puede ponerme más mala de lo que
estoy. Yed-dijo á )larcelo mostrándole el juego de carias que acababa de cortar-he aquí las eepad11s. :::on el
signo de la muerte. Y he aqu, loe oros-añadió más
al~gremente-SI, tendremos dinero.
)Iarcelo no sabía qué decir delante del delirio hícido
de esta criatura, que tenía, según ella, los gusanos de Ja
tierra tan cerca.
Al cabo de una hora entró Rodolfo. lba acompaf!ado
de Schaunard y de Gustavo Colline. El .núeico llevaba
un paletó de verano. Había vendido sus levitas de pafio
para preetar diner:&gt; á Rodolfo al saber que :\Iimí ee,aba
euferma. Colline, por su parte, había vendido ,arios Ji.
broa. S1 hubieran querido comprarle un brazo ó una
pierna, mejor hubiera coneentido en ello que deshacerse de eue queridos librazos. Pdro Scbaunard le hizo obeervar que de nada te servirían su brazo ni eu pierna.
:mm1 se t~forzó en recobrar su alegría para acogerá
6US viejos amigos.
-:~fo soy mala-lee dijo-y Rodolfo me ha perdonado.
S: quiere tenerme consigo me pondré suecos y una mar
mota. Tvdo me es igual. Decididamente la eeda no es
buena para mi salud, afladió con una asombrosa sonrisa.
Conforme á las indicaciones de llarcelo, Rodolfo ha
bía enviado á buscar á uno de sus amigos que acababa
de recibirHe de médico. Cuando llegó, se le dejó sólo con
Mimf.
Rodolfo, prevenido de antemano por 1\[arcelo, sabía
ya el peligro que corda au nmada. Cuando el médicJ
hubo consultado á )limí, le d:jo :í Rodolfo:
-Xo podeie conservarla. Sólo un milagro la puede
salvar: está perdida. Es necesario enviarla al hospital.
Y oy á da roe una carta para la Piedad; conozco allf nn interno que tomará cuidado por ella. ::-i llega basta la primavera tal vez podremos salvarla; pero ai se queda aquí
se muere antes de ocho días.
-No me atreveré nunca á proponerle eso-dijo Rodolfo.
-Se lo be dicho-respondió el médico-y consiente.
Maf\ana os enviaré el billete de admisión á la Piedad.
-Amigo mío-dijo .:\ Iimí á Rodolfo-el médico tiene
razón: oo podríais cuidarme aquí. En el hospital quizá
ee me cure; ea preciso conducirme allá. ¡Abl Mira, tengo tantos deseos de vivir ahora, que consentiría en acabar mis días con una mano en el fuego y otra entre las
tuyae. Además, tú vendrás á verme. Eso no te causará
diegusto, porqne estaré muy bien cuidadll'; ese joven me
lo ha dicho. En el h1Jepital se da gallina y hay fuego.
)íientrae que yo me ali vio tú trabajarás para ti&gt;ner dinero, y cuando ya esté sana volveré á vivir contigo. Tengo
mucha eeperanza. Yolveré linda como en otro tiempo.
He estado enferma, como ahora, cuando no te conocía,
y me han salvado. Sin embargo, yo no era feliz en aquel
tiempo y hubiera debido morirme. Ahora que ie be
vuelto á encontrar y podemos ser dichosos, se me salva•
rá también porque me defenderé heroicamente contra la
en.íermedad. Btiberé todos loe brebajes que me den, y ei
la muerte me lleva será por fuerza. Dame el espejo; me
parece que debo estar de buen color Sí- dijo mirándose en el cristal-me vuelven mis colorde; mis manos, mira-anadió-todavía son bonitas; bésalas otra vez, no
será la última, mi pobre amigo-dijo abrazándose á Rodolfo por el cuello y anegándole el rostro con eue cabellos deeirenzadoa.

ns

EL MUNDO

Antes de pa,iir para el hospital quiso que sus amigos
loe bobtlruioe pasaran con ella una noche.
-Hacedme reir-lee dijo-la alegria ea mi e3Jud. El
gorro de noche del vizconde es el que me ba puesto mala. Figuraos que quería eneef!arme ortografía. ¿Qué queríais que bic1tlee? Y eue amigos ¡qué ~ociedad! Una ver•
dadera baj11 corte, cuyo pavo era el vizconde. El wiemo
marcaba su ropa blanca. Si llega ácasarae, estoy segura
de que él cria,á á ~ue nif\oe.
Xada más ingenuo que la alegría, casi póstuma de eEta
deegraciada wucbacha. Todos loe bohemios hacían penosos e1:fut:rzoe para disimular sus lágrimas y man,ener
la eonvereacióo en el tono placentero que le babia impreso la pobre chica, para la cual la suerte hilaba tan
apriea el lino ae su último vestido.
A la mal1ana siguiente, Hodolfo recibió la papeleta del
hoephal. Mimf no podía tenerse sobre las piernas. Fué
preciEO bajarla al coche. lJurante el trayecto, sufría
horriblemente con los vaivenes del fiacre. En medio de
aquellos sufrimientos, la última coea que muere en las
mujeres, la coquetería, eobrevivla aún; dos ó nea veces hizo detemr el coche delante de loe almacenes d,:,
novedades para mirar loe aparadores.
~\I entrar en la eala que indicaba su papeleta, )Iimí
sintió un g~an golpe en el corazón; algo Je dijo interiormente, que entre aquellos muros leprosos y desolados
terminarra su vida. Empleó en aquel momento coda su
voluntad para disimular la impree1on lúgubre que la babia helado.
Cuando la acostaron en eu lecho, abrazó á Rodolfo
una úllirua vez y le dijo adioe, recomendándole que
fuera á ver.a el domingo siguiente que era dia de entrada.
-Huele muy mal aquí-dijo ella-traedme tlorea, violetas; hay todavía.
-8i,-dijo Rodolfo-adioe; hasta el domingo.
Y cc•rrió IBb cortinas del lecho. AJ oír sobre el pavimeDI0 loe pasos de su amante que se alejaba, Mim! fué
presa repentinamente de un acceso de fiebre casi delirante. Descorrió bruscamente las cortinas y medio saliéndose del lecho: gritó con voz entrecortada por las
lágrimas:
-¡Roeolfo! ¡Lle,adme; quiero irme!
La religiosa, acudió y trató de calmarla
-¡Ob!-dijo lllimí; me voy á morir aquí!
El domingo por la maf!ana que era et d1a en que de·
bía irá ,er á )limf, Rodolfo se acordó que la habra promeiido violetas. Por una superstición poética y amoroea,
fué á pié y con un tiempo horrible á buscar las tlores que
le babia pedido su amiga, en esos bofquee d·Aulnay y de
Fonten ay, donde tan1as veces había estado con ella. En
contró triste y nelada, aquella natura,eza tan alegre y
tan gozosa, bajo el sol de Iue bellos di11e de Junio y Agosto. Durante dos horas, golpeó loe zarsales cubiertos de
nieve, con un pequef\o baston y acabó por reunir algunos ramilletes de violetas, justamente en una parte del
boeque vecina al estanque del Pleeeia, y en cuyo lugar
bac1an loe dos eu retrettl favorito cuando iban al campo.
Al atravesar la aldea de Cha,illón para volverá Paris,
Rodolfo encontró cerca de la Iglesia, el cortejo de un
bautizo, en l!I cual rezonoció á uno de sus amigos, que era
padrino, con una arlieta de la ópera.
-¡Qué diablos hacéis por aquí-preguntó el amigo muy
ecrprendido de ver á Rodolfo por aquellos sitios.
Al poeta le contó lo que sucedía.
El ¡óven, que había conocido á lliimí, ee quedó muy
triste con aquella narración. y, buscando en sus bolsillos,
sacó un paquete de bombones de bautismo, que entregó
á Rodolfo.
-Dad á la pobre l\Iimí, ésto de mi parte, y decidle que
iré á verla.
-Id pronto e1 quereie llegar á tiempo-le dijo Rodolfo, separándose.
Cuando Rodolfo llegó al hospital, l\Iimí que no podía
moverse salto á su cuello con la vista.
-.\b! lle aquí mia florea!-exclamó con la sonrisa del
deseo satiEfecuo.
Rodolfo le contó su peregrinación por el campo, qu'3
había sido el paraíso de sus amores.
-¡Queridas floree!-dijo la pobre muchacha besando
las violetae.-Los bombones la hicieron también muy
dicho~a. ¿Conque no me han olvídado? Tus amigos
son todos muy buenJe y yo loe quiero mucho - dijo á
Rodolfo.
Aquella entrevista fué casi alegre. Scbanard y Colline se habían unido á Rodolfo. Fué necesario que los enfermeros loe hubiesen hecho salir, por que había pasado
la hora de la visita.
- Adioe-dijo Miml-baeta el jueves, sin falta y venid temprano.
Ai siguiente día, al entrar por la noche en au casa,
Rodolfo recibió una carta de un alumno de medicina,
interno en el hospital y á quien había sido recomendada su enferma. La carca no contenía más que estas palabras:
.-\.migo mío: Tengo que comunicaros una mala nueva.
El número S ha muerto. E3tB mañana al entrar en la
sala he encontrado el lecho vacío.
Rod, !fo cayó sobre una silla y no vertió ni un;, lágrima. Cuando )Iarcelo entró por la noche encontró á eu
amigo en la misma enbrutecida actitud. Con un gest-0,
el poeta le mostró la carra.
-Pobre criatura! dijo Marcelo. .
-Ee extral1o - dijo Rodolfo-no siento nada aquí!
¿Es que mi amor estaba muerto, al eaber que :Mim(
debla morir?
-¡Quién eabe!- murmuró el pintor.
La muerte de l\Iimí causó un gran pesar en el cenáculo de la bohemia.
Ocho días después Rodolfo encontró en la Calle al interno que le había anunciado la muerte de su amado.
¡Ah! mi querido Rodolfo-dijo éste corriendo al encuentro del poeta-perdonadme el mal que oe be hecho
con mi aturdimiento.
-¿Qué me queréis decir?-preguntó Rodolfo admirado.

-¿Cómo?-replicó el interno- ¿no lo sabéis? ¿No ha·
béis vuelto á verla?
-¿A quién?-exclawó Hodolfo.
-A ella, á Mimí.
¿Qué?-dijo el poeta que ee quedó inteneament~ pálido.
-Me babia equivocado. Cuando os e1:crib( aquella
endiablada noticia, fui victima de un error: he aquí de
qué modo. Estuve ausente del hospital durante doe diaa.
(Juando ,·olvf, al hacer la visHa, encontré ,acío el lecho
de vuestra enferma. Pregunté á la hermana dónde esta•
ba la enferma, y me respondió que había muerto en la
noche. Be aquí lo que había sucedido. Durante miaueencil, )Iim1 había eido cambiada de sala y de lecho.
En el número 8 que había dejado, se había puesto una
mujer que murió el mismo día. Esto os explicará el error en que he caído. Al día 3iguiente de aquel en que
os escribí encontré á l\liml en una sala vecina. Vuestra
ausencia la había puesto en un e1:tado horrible; y me
dió una carca para voe, c1ue llevé en aquel mismo instan•
te á vuestra casa.
Ah! Diob mío exclamó Rodolfo!, desde que creía que
)Iimí había muerto no be vuelto á mi casa. :Me he acostado, de aquí para allá, en casa de mis amigos. Mimí esta viva! ¡On Dios mio! ¡Qué pen~ará de mi ausencia!
Pobre n1f!a! ¡Pobre nifía! ¡Cómo está! ¡Cuándo la habéis visto!
-Antes de ayer en la manana, no seguía ni mejor
ni peor; y eetaba muy inquieta por que os creía enfermo.
-Conducidme á la Piedad-dijo Rodolfo-que la vea ...
Eaperadme un instante-dijo el practicante cuando
estuvieron en la puerta del hospital; voy á pedir al Di•
rector permiso para haceros entrar.
Rodolfo esperó un cuarto de hora en el vestíbulo.
Cuando el practicante volvió á buecarle, le tomó lamano y no le dijo más que eetaa palabras:
-Amigo mio; suponed que la carta que os he escrito
hace ocho días es verdadera.
-¡Qué! -dijo Rodolfo apoyándose contra·la pared,
:\Iimí ........ .
-Esta mafíana; á las cuatro.
-Llevadme a; anfiteatro-dijo Rodolfa-que la vea...
-Ya no está allí-dijo el interno, mostrando al poe•
ta un gnn carro que se encontraba en el patio -detenido
delante de un pabellón sobre cuya puerta se leia: An¡i·/t 11/l'o. y ailadió: allí está!
Era, en efecto, el carro, en el cual se trasporta á la
fosa comün áloe cadliveree que no han sido reclamados.
-Adiós-dijo Rodolfo al interno.
-¿Queréis que os acompaf\e?-propueo éste.
--No, dijo Rodolfo marchándose. Tengo necPeidad de
estar eolo.
Lns G.

URSINA.

(Trad).

SEMPER

Cuan iugaz la ilusión con que supiste
Por un momento reanimar mi vida......
Ya se fué, me ha dejado en su partida
Herido el corazón y el alma triste.
Cuando se oculta el sol, el cielo viste
La sombra que al descanso nos convida;
Yo al mirar mi ilusión desvanecida
Lo busco en vano: para mí no existe.
Xo esperes que por esto te reproche:
Amo, ea verdad, loe rayos de la aurora,
)las también las tristezas de la noche.
Y en mi mente que invade el desacuerdo
Con eu negror, iu imagen seductora
Será un astro, el máe puro: el del recuerdo.
Jo,t )!, ÜCIIOA.
:México, .Agosto de 100,.
¡JUVENTf!Dl

Llenos de luz tus ojos eofíadoree,
y en tu desierto corazón el frío,
ahora es tu pecho como altar vacío,
sin ídolos, sin luces y ein floree.
Cuando renazca la serena calma
y el ansia dulce del amor te ciegue,
cuando el invierno á tus mejillas llegue,
la primavera bajaráá tu alma.
Yo, que sin Dios, ni norte y sin aliento,
mord:éndome en el pecho la eelc)eranza,
te miro como nave que se lanza
favorecida por el mar y el viento ........ .
Si á mi roca vinieres, ¡bien venida!
diré al verte .ie lejos un ineiante,
que al fin llegaste espléndida y triunfante
á las desiertas playas de la vida.
~fa:.l' EL PASO.

PAX ''OBIS

¡Qué gran cosa ea la guerra! Y ¡qué precisa
para purgar de virus las nacione,!
Al surgir vigorosos corazones
con un «¡Viva la patria!. .....• por divisa
acuden á las armas toda risa
y múeicae y palmas y canciones.
¡Qué entusiasmo el de aquellos pelotones
de muchachos en mangas de camisa!
Loe visten, los instru,·en, y al combate:
ni piensan que baya bala que los mate,
ni brazo de enemigo que loe venza,
!Y salvan á un país que es por entero
de loe largos de ropa y de dinero
y loe cortos de talla y de vergüenza!
A }!o:-"TILLA.

,

�174

EL MUNDO

DOMINGO

s de

SE.PTIEMBRE DE 1897

175

EL MUNDO

-==DOMINGO s de SEPTIEMBRE de 1897

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Corazón ·de sacerdote. POR H.

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OE FO.HGE.

ILUbTRACIONES BECIH.S EN NUESTROS TALLERE8.

Número 6.

Glurora.==•&lt;r uaaro ae Gabriel War.

Un poco turbado, el joven abate penetró en una pieza
,que respondía por fin á. la idea de uua oficina ministerial. Cuatro ó cinco jóvenes escribían en papel timbrado. Estos enviaron á Pablo al eegundo dependiente ioetalado en un gabinetito, y el le envió al primer dependiente instalado en un gabinete grande. Muy fino, el
primer depen diente se inclinó, é informado de que se
trataba de un asunto particular, suplicó al eacerdote que
llamase á la puerta de eafrente que era la de M. Adal•bert Deruel, Secretario íntimo de M. J ou venot y su primo.
-He aquí demaeiadas ceremonias, pensaea Pablo.

Cuando fuí un día á la _c1sa del cardenal-arzobiepo, no
se necesitaba tanto. Dudo de que esta casa sea la mora•
da de la sencillez.
Entrad, gritó con voz fuerte el SJcretario al oír el golpe tímido dado á la puerta por Pablo.
El Secretario íntimo, era un joven casi de la misma
edad que el. Ante un escritorio, cuyo e:xtremo orden demostraba más gueto por la ai~etría que por el trabajo,
leía el Gil Blas, fumando un cigarrillo.
-El sefior Jounevot? preg110tó Pablo muy corrido.
El joven se había apenas levaniado y sus ojos habían

tllnido una mirafa bastant~ desdeñosa á la vista de la
eotana.
-Qué deseais, seiíor?
- IJeeeJ hablarle.
-A él personalmente?
-Sí, señor.
-Mi primo ea~á muy ocupado.......... Si quisieseis de•
cirme lo que os trae, eso os evitaría esperar.
-Esperaré, dijo dulcemente Pablo.
-Entonces sentaos, respondió el joven con un tono pi•
cado, continuando con su lectura y su cigarrillo.

�'

EL MUNDO

DOMINGO 5 de SEPTIEMBRE de 1897

En el hotel, caya planta baja ocupaba ~leetudio 1 todos calcetines ealidoe de tono y zapatos de charol. Era elegente sin duda, pero afectado. Nada habla en aquel pe,
que Je panció poco eimpático. Rostro vulgar, largo y loa pisos estaban compuestos de departament.os comuni- queflo personaje que indicase la ingenua liberlad de Bll.
1
cados. Pero en el fondo del patio enarenado se elevaba
plano, cortado por un mostacho preteneioeamen'8 enceedad. Pablo lo hubiera preferido más inculto y meno
un
vasto
-pabellón,
habitación
particular
de
la
familia
rrado en puntas, cabellera luciente de brillantina, cayen·
lindo.
do Eobre la frente en una banda arUeticamente ondula• Jouvenoi. Una veranda llena de verdura abrigaba la ea·
Herald, un instante sorprendido, ee avanzó atrevida
da, Eonrisa perpetua de contento de sí mismo y de des- calera de marmol que ahí conducía, y desde la entrada
mente.
precio para loa otro!:!, exacta fisonomía de un figurín de ee eentía uno envuelto en todas Jas elegancias del lujo
-Entonces,¿ sois vos quien vals á ser mi maestro, eo•
más rebuscado, acumuladas quizá con más profusión que
grabado de modas para sastre, con menos elegancia de
flor abate?
fol'mas á causa de una gordura precoz, vecina de la obe· buen guata.
-Sí, hijo mío.
De el primer salón donde fué introdu'3ido Pablo, pasó
Eidad.
-Pues bien, me guetaie1 os lo digo desde luego, y si
EEte primer ejemplar de la familia en suyo seno dt bla !l un segundo, después oyó en el buioir vecino una voz
quereie
eer bueno conmigo, yo seré bueno con vos.
vivir, eslaba lejos de embelf&gt;sar á Pablo, y se dejaba llevar un poco aguda, que al anuncio del ayuda de cámara, ex •
Esto fné dicho con un aplomo y una enficienoia, qu&amp;
por rt fle:s iones demasiado eomb,fae, cuandosonóruidoea- clamó:
-Oh! sef\or abate! eae querido seflor abate!.. ....... Que denotaba un pequefl.o Bo b, lleno de sí mismo, habituado
meLte un timbre eléctrico.
á hablará tuerto y á derecho y á ver admirar todas eus
enhe luegol Se encontró en frente de una mujer de trein·
-Podéis entrar dijo el Secretario Ein morerse, indita y ocho á. cuarenta anos, muy agradable einó linda, ves- palabras.
cando con el gesto una gran puerta.
El a bate, poco conmovido do la declaración, hizo al ni·
tida de una toilette interior, de una sencillez refinada.
no algunas preguntae, que demostraron eu perfecta ignoElla
le
tendió
la
mano
con
un
gesto
mundano.
JI
rancia. Dt&gt;jó la casa deeolado, presa de terror, al penear·
-Oa esperaba, eeiior abate, dijo; me moría de deseos
en
esta familia que de tal suerte iba á cambiar sus caras
El 11eflor Joovenoi, tan accesible cuanto eu secretario lo de veroe, y ein embargo, vuestra vieta me deegarra el co,
costumbree, á la idea de eea vida que iba!l llevar, tan di•
razón
.........
Sacumbo
á
la
idea
de
separarme
de
mi
Be•
era pooo, ee levantó inmediatamente y avanzando hacia
ferent.e de su eueiio .t la idea de la tarea que debía cum•
rald.
Pablo:
plir sin ayuda algu~a y quij le pare~:ía por encima de sus
Pero,
Eeflora,
reflpondió
Pablo
sorprendido,
vuestro
-El Eefior Abate Charlier? preguntó.
hijo no va á abandonaros.
fuerzae.
-Sí, eenor.
El superior á quien fué li referir eu turbación le rea•
1\faterialmente, no ......... Permaneceremos cerca el uno
-~J.i bien venido, eefior abate.
del
otro
.........
Pero
yo
os
lo
doy
os
lo
abandono
......
Oh!
1
pondió:
Y t.eodiendo la mano al joven padre, el notario lo lle•
-Yo sabía todo eso. Precisamente porque hay que
con roda coofianza. El señor superior dal Seminario me
l"Ó á flU gabinete y le hizo sentar en un vasto sillón.
realizar
una obra es por lo que, conociendooe, oe be ele•
ha
dicho
todo
lo
que
vos
sabeia
........
Yo,
desde
Juego
Tranquilizado por esta simpática acogida de tan buen
tono, Pi1blo volvió á eent.ir t.odo eu ardor enfriado un no quería para llerald má.'I que un precepSOr eclesiásti- gido ......... Tened confianza y marchad, mi qu.erido hijo.
Pablo qu.edó un poco reconfortado. Pdro cuando fué-instante, y olvidando al suizo, áloe dependientes y alee· co ......... Me moriría ei fuese preciso poner á mi hijo en
por
la tarde !l comer, su impresión dolorosa reaparecióun
colegio
ó
tomar
para
el
un
preceptor
laico
.........
En
cretario, púsose á exponer en un lenguaje, convencido y
mas
intenea1 aumentada por eee maleetar, conocido aún
nuestro
mundo,
en
nuestra
situación,
un
eclesiástico
ee
vi orante, sus opiniones elevadas reepeoto á la educación,
por
loa
menos tímidos, que se experimenta cuando ee er.impone
.........
Felizmente
mi
marido
me
ha
dejarlo
libre.
la tierna devoción que le abrasaba ya por el niño que iba
cuentra uno en un medio del cual ignora loe hábitos, las
á ser confiado á. eu solicitud y eu esperanza de hacer de No ee que él eea irreligioso, no lo creaie ........ Pero eeco·
mo todo'I eeoe aefloree, no ea verdad? ocupado ......... No relaciones y el idioma. Ese lujo de que iba á verse roél un hombre con ayuda de Dio!:'.
Todo esto íué dicho con ímpetu y calor, con la sinceri- tiene tiempo de pensar más que en eue negocios ...... Pero deado ofoecaba la eensillez de su vida tan modeeta. Al
través de estas elegancias eu pensamiento se dirigía ha•
dad de un espíritu recto y de un corazón sencillo que no el eeflor Superior me ha dicho:
cía
el humilde hogar de sus padree. ~u espirito sufría
El
abate
Cbarlier
es
un
t.esoro
del
que
os
hago
obee•
supone que, en el mundo, la franqueza y el entusiasmo
quio, eenora ......... Sí, el ha dicho eso ......... ó algo pare- con las trivialidades que estaba obligado á. eEcuchar.
toman á. veces el nombre de candidez.
El eefior Jou\"enot babia prestado á esta arenga una cido ........ Pero, sin embargo babeie de eaber que mi He- A.divinaba en el joven secretario, de sonrisa deedeff.o!!a,
disposiciones maligoae y hoetilee.
atención sonriente, acariciando con mano blanca y cuida• rald basta aquí nunca se ha aeparaio de mi lado ........ .
Yo
lo
llevaba
conmigo
á.
donde
quiera
.........
al
Bosque,
Poco á poco lo invadía la angu:1tia; hibría deseado huir
da en hermosa barba rubia que veteaban apenas alga.nos
á
la
iglesia,
áloe
almacenes.
Yo
adoro
á
ese
nifto,
lo
ido•
muy
lejoe1 al fondo de su celda del seminario. Presa de
hilos blancos.
-Yoe eois joven eefl.or abate ......... Esta es una grandí- latro ......... Permitidme ofreceros un dulce! No? Hacéis una desesperación profooda t'e sentía com1&gt;letamente
sima cualidad, la máe preciosa ......... de todas las que po- mal.. ....... E3 una novedad de Boieeier ......... Son divinos! desamparado, cuando levantándose el portier Luc 1\entró.
En tanSOqueellamaacaba el bombondivinodeBoiesier,
eeia ......... o~ felicito y os envidio ......... He sido muy feal salón.
tomaba
aliento, sin que Pdblo, aturdido de eee torbe1li·
liz al oiroe ......... La fe siempre ea agradable de veree, aun
III
para aquellos que han dejado la suya hecha gironee en no, encontráee una palabra que responder.
-Un angel de candor mi Herald, sefior abate ........ .
lae espinas de la ruta. En lo que concierne á mi hijo no
La eeflorita Jouveoot iba á cumplir diecisiete aflo3: la
oe ccultaré que vuestra tarea sea laboriosa. Es un pillue· una inocencia ......... una pureza, é inteligente!.. ...... Vos edad ideal en que la aeilorHa comienza á. florecer.
1.10 os imaginaie que bien monta ya á caballo ......... Velo qne á. loa nueve afl.os no sabe casi nada de lo que debe•
¿Era linda, rub:a ó morena, pequeih ó grande? PJ.blo
ría saber y qtte conoce en cambio muchas coeae que de• lad bien por eue sentimientos religioeoa, os conjuro á
no hubiera sabido noLarlo ni decirl0. Era la joven lo que
ello
......
Todo
depende
de
eso!..
....
Nosotros
almorzamos
bería ignorar ......... Ad lo quiere la vida de Paria donde
á. eeo de las once y media, según loe negocios de M. Jou · hay de má.s adorable en el mundo, con su gracia un poloe nin.os ya no tienen infancia ......... Si vos llegais á hnvenot. Comemos á. lae ocho, salvo el miércoles que ea mi co ingenua aún en eu caetidad aogélica. Era la primavecer algo de bueno, os quedaré reconocido y os admira·
día de ópera en que avanzamos un poco la hora. Yo en· ra, la sonrisa, el ravo de eol. Pa.blo la miraba con una
ré ......... Si fracaeaie no os censuraré en modo alguno.
loquezco por la mútica. Nada en el mando podrá hacer• sonrisa religiosa y enternecir\a, con una impresión inde·
O 1 dejo para él carta blanca: Obrad como lo creaie prufinible, exquisita, no experimentada aún.
me faltar á la ópera ...... en invierno, bien entendido ......
dente. Yo no oe molestaré en nada, pero no debo dejaros
Con su sola presencia difundía ella alrededor de ei
porque
desde
el
mee
de
Mayo,
la
sala
se
vuelve
imposi•
esperar gran ayuda de mi pane. Estoy demasiado ocuuna
claridad serena, tal como una de esas apariciones
pado para consagrar una partfcula de mi tiempo á una ble ......... Ya no ea la misma gente!. ..... En cuanto á He• celestes que Pablo había percibido algunas veces en sus
obra que os entrego toda entera. En adelante formaréis raid, loe días en que tenemos grandes comidas se os ser•
borae de éx~eie místico; y bajo la influencia de esta ra•
parte de 1a familia y mi casa ea la vuestra ......... Para co- virá. en vuestro departamento á. loe dos si aeí lo de- diación, todo, á loe ojos del sacerdote tomó un aspecto
eeaie ......... aún cuando á mí me agrada mucho que venga
menzar contamos con vos á. comer esta tarde ........ .
al salón ......... Eso lo forma, y además brilla ......... Algu• nuevo, como !l través de u.o prisma, sin que pensaee, por
El notario ee había expresado con un tono amable,
nas veces tiene respuestas que canean estupefacción!.. .. otra parte, en analizar las caneas de esta súbita metabondadoso, pero en que el espíritu del padre eolo pe1ei•
Cuando mi hija Lucib era peqoefl.a, comía también aeí en mórfosie. El padre da Lucila le parecía más serio de Jo.
bió de eobra la deeenvoltura escépLica del hombre de necaaa de Mlle Lariviere ......... una persona excelente co• que al principia había peneadc,. La madre de Lucila degocios abe.orlo en cuidad.os muy distintos de sus deberes
mo lo veréis ......... Sobre sodo, lo que más oe recomien• jaba entrever, bajo una exaltación frívola, un fondo real
paternalee. Experimentó una trieteia ~oto más viva
de bondad; el hermano de Lucila no era más que un ar·
cuanto que la ¡;tereona de M. Jouvenot le inspiraba sim· do para mi Herald, ea la sencillez, jamás la exagerabuflto \ieroo que enderezaría fácilmente un tutor firme.
ción!. ..... Tengo horror á la exageración!
patíae.
Hasta Adalberto Deruel, primo de Lucila, le pareció
-A.yl pensaba Pablo, qué tareamevaá incumbir! Qué
El notario abordó en seguida con una precisión, nece
más digno de pie.iad qae de cólera.
será
de) nin.o en un matrimonio semejante?
earia sin duda, pero un poco hiriente para una naturale~_
Pero al mismo tiempo algo oprimió el corazón de Pa•
Llamad
li
Bebé,-dijo
la
eeflora
Jouvenot
!l
un
criado
za delicada como la del joven eacerdo&amp;e, el arreglo de lae
blo.
Otro horizonte nuevo acababa de abrirse ante él.
cuestiones materiales; las trató con una largueza que pro- á quien había 1lamado ......... Yo le llamo aun Bebé!. ....• Sentía como un extremecimiento inexplicable, una esEat.o ea ridículo á mi edad y 4 la suya: ......• pero qué que•
vocó la:t protestas del futuro preceptor.
pecie de melancolía que lo invadía. Jamás en eu ju ven·
Ouando el abate ee levantó, el notario le puso en la réie? El corazón de una madre ea un abismo de ternuul
tud
había visto !l una joven. Las eefl.oritas Deecordea,
mano un cbeque preparado de antemano y que repre- Ven, amor mío! afl.adió viendo entrará eu hijo ......... He
con sus cara.a groteEcaP, lo babian hecho reir. Y be aquí
aquí
al
Eef'ior
abate,
que
va
á eer tu preceptor ........ .
~entaba el primer trimeE:tre de eu sueldo. Aquella ma·
Pablo examinaba áHerald tratando de adivinarlo. Era que de pronto eu vida cuotidiana iba á encontrarse mezno tembló un poco al recibir ese ealario anticipado. El
clada lila vida de Lucila, cuya aparición le había enprocedimiento del hombre de negocios denunciaba me- un niño de facciones reguJaree y agradables. Su act.itud
cantado.
11oe aún su generoridad confiada que el hábito de mane- era correcU, demaeiado correcta, con eu vestido de ter·
El no había pensado en eetJ. D.~ antem1no hlb la re •
j ,r dinero y de considerarlo como preliminar de todo. ciopelo negro, con un gran cuello blanco que cubría sus
nunciado á todas las alegrías de este mundo; pero no co·
hombros y de donde emergía el nulo desmesurado da
Pablo resintió una impresión penosa.
nocía ninguna, sobre todo eea, y en su corazón, repenti ·
-En fi :i, pensó al deepedirte 1 aún me queda la madre! una corbata ponceau, las piernas desnudas terminadas por

El abate empleó su tiempo en examinar al Secretario

DDMIHO S de SEPTIEMBRE de 1&amp;97

n amente, en un minuto, rnrgfa una terrible pregunta:
¿Tendría él la fuerza? Lucila ó cualquiera otra ¿no ven•
dría en una hora dada !l tomar eitio en eu corazón?
Y en aquel minuto supremo entrevió todo esto, comprendió todo esto, y dominií.ndoee, irguiéndoee por decirlo así, ante la vida, hizo en el fondo de su alma, con toda
la fuerza de en ardor de joven eacerdotf', como un segundo juramento que completaba el juramento de orde·
nación.
No era ya la vaga fórmula de la palab1a la\ina dicha
en un eecenario de renunciación y de plegaria. Fué en
EU intimo peneamiento la promeea eagrada y reflexiva,
á la vez punzante y dulce.
Su rostro palidecio un inebnte, pero eeo fué todo. Se
aduellaba otra vez de eí mismo, y aupo agradará todos
aalvo al eecretario, que no apreciaba más que eua pro•
¡,ioe méritos, T"mó parte en la coovereacióo con re
eerva y tacto, pero sin embargo, con una verba de bue•
na ley. La Eei'iorita Lariviere no fué la última en encontrarlo encantador y en dejarse conquistar.
Esta excelente persona que coníeEaba treinta y cinco
afloe, era, hacía diez afloa, el aya de Lucila. Su rostro,
de raFgoe borbón:coe, digno y severo, fresco aún y basta
un poco rubicundo, encuadrado de bucles de un matiz
indecieo, de una forma desusada, y eu eah,d, desbordante, casi no habían permitido adivinar en ella una natura·
leza esencialmente eenLimental.
La .u•fiorita Lariviere estaba incesantemente perdida
en lo azul de aspiraciones ideale!', que contraetaban mucho con su aspecto físico y eu apeLito robusto.
Se, sin,ió muy halagada cuando Pablo se aproximó á
ella deepuéa de la comida y se deeabogó inmecliatamen•
~ en uu lirie~o romancesco, alentada por la indulgencia conée del Joven padre, y persuadida de que acáso
~ab1a encootrado ya al alma hermana desde hacía tanto
\tempo buE::cada.
La t.ertulia íué del todo intiarn. El abate acampanó al
~fl.or Jouve.not al Ju.moir, donde le hizo compañía, y tan
bien ee la hizo, que el notario olvidó su cí1culo, intereeado ea una discusión que Adalberc.o impruden emente
inició y de la cual no obtuvo lee bororee.
. Agreei vo desde el primer momento, eeuba bajo el imperio de esos celos inelinbi vos que un espirito mezquino con•
cibe con respect.o á todas las naturalezas que adivina 80 •
periore@.
P.sblo empero tenía conciencia de la impresión favora•
ble que había producido y la humildad crisliana 00 Je
impedía resantir legítimo eentimienk) de eatiefacción,
En el éxito mismo de esta primer prueba 00 veía por
lo .d~má':I más que una fuerza nueva y poderoea para au
m181ón de educador. Solo al niflo dirigía todos Joeardoree
de que ee eemía penetrajo; agrnpaba al rededor de él
como _auxiliares preet.m á ayudarle en eu tarea, á. todos
loe m1embrc,s de eta familia á la cual el deadno acabab 8
de ligarlo.
No se fijaba en que un rostro úni·co, g rac1oeo
·
.
y eonr1eote 1 dominaba todo este grnpo.
Marta eeper.iba á eu hijo un pocoinquietade los terro•
rea~~ que le habfa visto turbado 1 después de su primera v1e1ta, impaciente por conocer el resultado de la 88•
gunda entrevista, m1h importante y más decisiva.
Cuando volvió él al modesto departament•') de eue pa•
dres.dond~ debía pasar una noche aún, ee Lranquilizó
ella 10med1a~ameote por la expresión de en fisonomía.
Obl no había necesidad de interrc garle, Pablo locuaz
con\ra eu costumbre, le refirió \odo en un flujo exhuberante. de palabras. de
. . iae cuales ella ee asombró ,yem
emoc10nee del pr10c1p10 Y el cambio que ee había opera•
do de pronw en él, cambio que él atribuía piado~amente
á eea g~ac1a de estado cuyo3 sorprendentes efectos había
apren~do en el seminario ...... y las conversaciones de
:. ~amida, ~a peqaena disensión con el SecreLario, la au •
1c16n musical ......... Repitió hasta las menores pal b
b. d
.
a rae
cam ia ae, a10 notar que en madre, más Y máe ale 1
fi'b
na,
J&amp; a por momentos en él eue ojos un poco tristes, cuan•
do repetía en eu conversación con una frecuencia d
n0
.b. 1
eque
ee perc1 ,a e notnbre de Kia E€florita Lucila. »
Cuando al fin iban á eeparar8f", Pablo, un poco turbado
por no ver á su madre alegre, le preguntó:
-Qué \ienee1 madre querida? se diría que no eetáe plenamente satisíecba.
Sí, Sil respondió llarta, eetoy contenta, muy contenta
puesto que tú estás contenro.......
·
'
Se in~rrumpió bruscamente, Lomó entre eue manos la
cabeza de su hijo Y pu!!o en su frente un largo bes,, murmurando como •ma plegaria.

&amp;L MUNDO

-Que Dios te guarde y te proteja, hijo mío bien
amado.
Y, en tanto que él ee iba tranquilo y Eereno por aquel
beeo de madre, no pemando en nada mlle que en eee
porvenir que Ee abrfa luminoso ante él, el abate Cbarlier no la oyó que lloraba.

IV
Pabló tomó al día siguiente poeeEión de eu empleo.
Inetalóeele en un pequefio departamento en el ePgltndo
piso del pabellón que habitaba la familia JouvenoL.
Lae ventanas daban sobre grandes jardines vigiladoe 1
en ese barrio privilegiado de la invasión de las conetruc•
cionee: babia también bajo los ojos un eepeeo lote de
verdura fresco y odoríforo, que parecía separarlo de la
agitación parisiense y le recordaba las queridas eombrae
del parque de Iesy. So cámara, la de Herald y un pequef'l.o salón, componían aquel alojamiento completado por
una biblio~ca abundantemente provista de libros.
El Sr. Jouvenot, amateur delicado y experto, había
reunido ahí lae mejores ediciones de los grandes autores
de todos loe países, dispuestos en vitrinas cuidadosamente cerradas cuyas llaves se entregaron al abate.
Esta pieza alumbrada por tres grandes ventanas que
difundían una luz dulce !l través de las cortinas, era un
retiro deeeable para el trabajo y se convirtió en lugar de
predilección de Pablo. El estableció ahí eu centro de eetudioe, encontrando bajo eu mano todos loe libros de
que tenía necesidad.
Como el Sr. Jouvenot ee lo había anunciado, la dirección de IIerald íué enteramente puesta en las manos d~l
joven maestro. Pablo arrl:'gló con cuidado un programa
de trabajo,, de t&gt;jercicioe Ueicoe, de paseo, que fué fielmente observado. y aupo mezclar demasiada dulzura en
au au•oridad, demasiado encanto en sus converuciones
Y sus lecciones para triunfar de lae reeiaten::iiae de Herald un poco rt&gt;calcitran&amp;.e al principio, cautivar su aten•
cióo y conqllietar su afecto.
Solamente á la hora del almuerzo maestro y dicípulo
eaUan de su estudioso retraimiento y ee n!unían á la fa.
milia, pero tarde por t.arde, en el momenLo marcado por
su. reglament.o, el abate abandonaba el ea Ión con Herald
apeear de las vivas iost.anciae de la Sra. Jouvenot que,
vanamente, ee e!!forzaba en retenerlos. No era pués sino
durante estos cortos inetaotee y en condiciones triviales
cuaado Pablo se encontraba en presencia de Lucila.
Esta organización de vida, conocida de Marta, había
calmado no poco loe temores que ella babia concebido
sin expre:earloa. cuando su hijo le hizo el relato de su
primer S &gt;irée. Veia por lo demás á Pablo tan absorto en
eu obra de educación, tao enteramente dado al trabajo,
tan fnmcament.e dichoso, que había acabado por tranquilizarse.
La situación no tardó en cambiar.
Lucila era un espíritu muy terio. De la vida mundana de su madre no tomaba máe que eu parte indiapemable y, lu,g.1 que ee vefa libre, cor:ía á encerrarse en el
departamento qne ocupaba, eitnado enoima del de eu
hermano. Ahí en compafHa de la SrHa. Lariviere dedi•
cada á algll.u trabajo de tapicería complicado, paeaba
las horas entre su piano, eua pinCPlee y eua libroe. Sabía
justamente lo necesario para percibirse de la deficiencia
de la ins:,rocci6n qne le había dado eu aya y poa•dda del
deeeo de aprender bahía emprendido rehacer de algun
modo eu educación literaria. Pero bien se daba cuenta
de que entregada .t aí miema, sin guía, pondría en rne
esfuerzos m,e buena voluntad que método y no recogería más que un flaco beneficio.
Una vez ee encontró detenida por grave dificu1'ad.
L1 et-flori,a Luiviere se dt&gt;claró ing,nuament.e iccapfz
de resolverla y aprovechando esta ocasión, prot)ueo BU•
bir á la biblioteca á coneul,ar al abate. Desde hacia Jargo tiempo meditaba esta aecención. Verá Pablo eolamente en las horas del almuerzo y en medio de las convereacionee generales no bastaba li laa aspiraciones de
la Eentimental institutriz. Sin cenr su pensamiento
franqueab:. la dista ocia é iba á vieitar al amigo tao pró•
ximo y ein embargo tan separado.
Lucila acePtó con tanb más a vide~ cuanto que también ella lo deseaba aunque por otro motivo, No oeaba
pedirlo pero ansiaba ávidamente que el aba;e tomáee la
dirección de sus trabajoe.
El aba\e reepon1.ió Ucilmente á la cJneulta pedida y
aiiadió explicaciones lúcidas y "erúditaa que eeclarecie-

171

ron con una luz nueva el espíritu de la jóven. El camino era conocido en lo de adelante. Dos dfae defl1&gt;0ée se
impuso una o neva consulta y laa dos mujerea vol vieron
ti solicitar las luces del precepU&gt;r.
Finalmente CRda mafl.ana subían á la biblioteca y Pa•
blo tuvo doe educandos en lugar de uno. Daba á Lucila
un verdadero curao de literatura, escogiendo sue lectu•
rae, comenUndolae con eu guaLo muy eeguro, eu espíritu amplio y su ardiente palabra, sintiéndose verdaderamente inepirado1 experimentando un inexpresable placer en cultivar eea intE::ligencia joven, delicada y enamo•
rada de lo hermoeo.
lloras encantadoras qu0 tranEcurrfan dema•iado pronto en aquel santuario del trabajo Po medio de un tranquilo recogimiento y en el culto de las obras maestras
del ingenio! Cuán precioEas eran para la educ;:1nda a,ent.a y embelesada, para la institutriz que, bordando eus
t~picerfae, escuchaba ávidamente lae: lecciones 1 acaso
sin comprenderlas siempre1 y pata el profesor sinceramente convencido al cual solo la paeión de lae letras ina•
piraba en eu celo!
Y en el corazón de Pablo se precisaba un F.entimiento
nuevo para él, algo profundo, de una manera eurafla
.
'
una simpatía invencible para aquella bermo11a atflorita
que le escuchaba ahí, atenta, mir.índole con su htmnosa
mirada di4fe..na.
Frecuenti,mente al volverá eu cuarto, pif:ceeita aenci•
llamente amueblada, el abate al trabajar bajo la dulce
luz de su lámpara ténue, poníaes á pensar en Lucila. La
graciosa imllgen que su memoria le traía, habíale aeua•
\ado un poco al principio. Después había eEcrutado 11u
corazón, eEcuchado las ideas que 6e oprimían en su cerebro Y en lugar de este temor, de este miedo de amar
que babia tenido1 no encooliraba, concienzudameot.e,
más que un sentimien\O muy sencillo, llecl.10 de respetuosa devocion para la educanda, de real simpar.fa para
la camarada, de admiración para la joven.
Y algunas veces era para él como la vaga aparición de
una bermana en su vida. Jamás la había t.enido y 88
decía que Dios se la enviaba!
La época de la in&amp;\alación en el campo había llegado.
El Sr. Jouveuot poseía en loe alrededores de Corbeil,
al borde-del Sena, un viejo castillo de orígen nobtliario
que hab.a artísticamente restaurado y donde su familia
pasaba la estación de Julio á Noviembre. Loe estudios
literarios cominuaron bajo los grdndej árboleP, interme•
diados de largos paseos en el bojqu!, muy p ,6.1:imo, y
de alegres partidas que organizaba la Senora Jouvenot,
co:i el espíritu eiempre en movimiento,
Deepues venían 1as tertulias en que las coovereacionea
erraban de un asunto á otro, enoblecidae y protegidas
por la impresión intima de la naturaleza que loa rodea•
ba. Cdda uno entregaba sus peneamientos con una espontaneidad suetraida del convencionalismo rr.undano y
el abate podía aeí penetrar el alma cándida y tdevad&amp;
de L:1cila. Sin cesar descubría en ella nuevos ~soros,
cuya riqueza admiraba eu piedad de eacerdote y el mismo se admiraba del soplo ardiente de sus pre pia:S ¡.,a labras que surgían de pronto en amplio vuelo.
Un día le vino la idea de mostrará Herald, babicuado
á todas lae alegrías, á t.odoe loa Jujoe, loa lados Eevt!ros
de la vidn, conduciéudale oerca de la miseria y del sufrí•
miento. Cuando dió parte de este proyecto á la Sra. Jouvenot, la Sefioriia La1 i viere ee entusiasmó y quiM dar
tambien á Lucila las miEmaa saludables euseBanzae. EnWnces vinieron las excutEionee de caridad á la cabafiaa
perd1daP1 y Herald, t:l aya y la joven, ibau en coma.n á
llevar un poco de bienestar y de r1::confortamieoto moral.
Loe domingos ee iban á la miea de la Aldea. Ahí la1
plegarias surgian de loe labios de Pablo instantes, caluroEae, entncortadna, áloe tcoe del órgano qu~ c:.1.uliaba
bajo loe dedos de Lucila, ó bien eue , oces ee mezclaban
himnos religiOEOfl 1 la una profuoda y grave, gracioea y
dulce, las dos imprfgoadaa de un m1Emo acenr.o de fer•
vor y de íé.
Así todos los deLallea de la vida comun, el trabajo y
el placer la cariJad y la piedad, aprisionaban inc1meantemente á. la joven y al abate. Buecabanae voluot.aria•
mente el uno al otro, con sencillez, con franqueza, á ple•
na luz. Ella iba á él como al maei:tro simpático que
formaba EU espíritu. Ei veía en ella una di:Sípula de
elección que respondía maravillosamente á eue eafner•
zoe. Nada mas.
A la \"uelta de esta tempora:la campestre que lo babia.

�EL MUNDO
DOMINGO S de SEPTIEMBRE de 1197

.Algunas rápidas vacaciones habían interrumpido uni- En aquel medio, estragado y escéptico de burgesía lnjoembelesado, Pablo ee sorprendió mucho de oirá su ma•
ea en aquella cabecita de Joven ee habla formado una condre á quien sus numerosas canas habían hecho eu rela· camente esta larga separacion de la madre y del hijo..Ta· cepción propia del amor, había comprendido que no era
ción datallada de todo, hablarle de pronto de eu enaueflo más la Sra. de Sennevaux había parecido turbada, ja• la buena armonía mun:1.ana y ruidosa de sus padree; no
de otro tiempo, del pequeno curato de aldea, de la caea máa loa sufrimientos de su aislamiento ó eu, ansiedades veia en su ideal nada de complexo y extraordinario; era
blanca ¡;erdida en la caJDpafla. Incitábale á volver á íntimas se tradncian en Jo exterior. Si algun amigo se para ella una cosa del todo eencilla, del todo verdadera,
eua primitivos deseos con una incomprensible ineieten- admiraba de las largas y peligrcsas ausencias de Roger, qne esperaría y que era sin duda preciso esperar scaeo
tencia, llegando hasta ofrecerle dar ella misma loe pasos ella respondía con calma:
largo tiempo, acaso siempre, segun la vololltad de Dioe.
nfcefarios, enamorada súbitamente de un proyecto que -Hace lo que habría hecho su padre ... Todo está bien.
Su madre, aunque deseosa de casarla, no había insisPero como esperaba ese día que debía traerle á su hijo tido ......... Todos loe pretendientes que basta ahí se ha•
ea ambición maternal desaprobó en otro tiempo.
El abate respondió con justicia, que loa miamos moti• ya glorioso.! Q11e conmovidas esperanzas se le subían al bían presentado, llevaban nombres honorables sin duda,
vos q•1e en otro tiempo Je habían forzado á renunciar á corazón para el momento en que, vuelto por fin al lado pero burgueses y la eefioraJouvenot tenía por los tltulos
de el!a, podrían cimentar su vida en una paz bien gana· aun por la simple partícula de un respeto que iba Lasta
sus proyectos, existían aún tan imperiosos como antes.
Además, habían nacido para él, decía, nuevos deberee, da por él y por ella tambienl Que dulces eueiios acaricia- el deslumbramiento. La deseeperación de su vida era la
á los cuales no tenía el derecho de sustraerse. T,mía ba, todos llenos de niñitos sonrosados que rodearían su fisonomía vulgar de su nombre. Felizmente, sus padres,
ahora el cargo de las almas en la familia donde aenUa vejéz y barian¡evivir. al rededor de ella, á su pequeño previsores, le habían dado el nombre de Matilde y ja•
bien que ejercía una influencia saludable, y con toda la Roger de otro tiempo! Legítima recompensa de todos más dfjaba ella de anunciarse en los ~alones: Matilrle
franqueza de su ingenuidad enumeuba los progresos ya sus esfuerzos. de su solicitud tan valientemente soporta- Jouvenotl !1;1 cual encantaba su oído con una sens11ción
realizados y los que entrevela necesarios, posibles ó da; de eue largos sacrificios, de su existencia consagra· deliciosa. Por la misma razón había llamado á su hijo
da toda entera al deber con tanta simplicidad.
Ilerald y si Lucila no se había beneficiado de esta ingepróximos.
Pablo era uno de sus asíduta. Tvdos loa momentos de
¿T,rnía el derecho de abandonar á Herald, á q•1ien ha•
.aiosa estratagema, era por que no estaba destinada á eer
libertad que no daba á sus padres, pasábalos cerca de la sino momentáneamente una Jouvenot. Aun cuando no
bia realmente utransformado?u El pequeno fatuo que él
había recibido, ignorar,te, perezoso, lleno de si mismo, seilora de s~nnevaux. ¡La comprendía tan bien con su hubiera tenido todas las cualidades que Pablo le atribuía,
comenzaba á volverse un niño amable, sencillo, trabaja- sentido elevado de todo lo que era delicado y grande! Roger, á loa ojos de esta nieta de M. J ourdain, tenía una
dor, cuyas buenas disposiciones naturales, comprimidas Ella, por su pan.e, volvía á encontrar en el joven aba- que suplía á las otras: er.i conde...... Lucila, condesa de
basta entonces, se desarrollaban cada día. La seflorita te el querido recuerdo del aueente: su infancia en Gan• Sennevaux!.. ....... La seflora .J ,mvenot habría dado, so•
Lucía, con su inteligencia excepcional, hacía incesantes neville, eue estudios comunt~ en ~tanielas, au conmo• . bre la marcha, á Pablo para su amigo la mano de Lucila
progreeos y no estaba aun más que al principio del pro· vedora intimidad de loa domingos, cuando el alegre
si él se la hubiera pedido.
grama que él habla trazado. La seflora Jouvenot comen• uniforme de Saint Cyr ita durante horas á animar loa
Lo que encantaba á la madre era precssamente lo q11e
zaba á comprender que hay coeas máe divinas que los pórticos severos del seminario y su ardor igual en los
inquietaba al Secretario.
bowbo11es dti BJissii:r y wás deliciosas que la ópera; su nobles tntu~iumoe de loa ,·ernte añoe, rn fe, semejante
Adalberto vivia de dos esperanzas: «realizar" según eu
lengua se temp~rab.1 de día en día, hacía verdaderos es• en lo hermoso y Jo bueno; su voluntad, idéntica, de una expresión cínica, á su padre, q11e en la soledad de algún
fuerzas por huir de las exageraciones que se limilaba en vida recta y generosa.
rincón de provincia, se obstinabl en vivir, y casarse con
otro tiempo á eensurar en loa otros. ¿Pod!a él interrum·
¡El abate le contaba también su existencia, sus eeíuer• su prima ...... No ciertamente porque la amara! El amor
pir esta segunda educación que era tan feliz en dará la zos, sus luchae, sus éxitos! Desahogándose con toda li- como cualquier otro sentimiento· noble, era eurat1o á
joven, eea acción favorable que ejercía en la madré?
bertad ante esta segunda madre, le describla la familia ese corazón únicamente lleno de sí mismo y que se en•
El ~ell.or Jo1,1venot mi,mo, el parisiense escéptico y á la cual se había coneagrado, y el nombre de Lucila ea• vanec!a de no creer en nada. Péro si la señora Jouve•
frivolo, ola de su boca palabras serias que lo iniciaban Jia tan frecuentemente en suo relatos, el retrato que de not descendía del Bnguéa gentil•-hombre, él descend1a
tn más ahos pensamientos.
ella hacía era tan atrayente, que una idea, al principio en linea resta de Harpagon. Yicio raro en la juventu:i,
Frecuentemente, cuando las ocupaciones del nota1io un poco vaga, vino un día al tepiritu de la señora de
pero que él tenía en supremo grado: En Lucila no ha•
le permitían pasar Ell día entero en el campo, el abate y s~i,nevaux.
b(a visto má,; que un atractivo: el de su dote.
él se aislaban bajo los grandes árb,les, y era visible que
Con su habilidad mundana, llena de diplomacía ma·
Si no se babia declarado aún, era únicamente por q,ie
aquel hombre distinguido, de talento y de corazón, pe1 o ternal, hizo sufrir al entu.iaeta preceptor un interrogaen el caso de rebuear que le parec!a seguramente poco
~xcluaivamente ocupado hasta entonces de sus negocios torio, en que gradualmente las preguntas se precisaban
v~rosímil, pero q11e no era imposiblti, temía perder el
ó de sus placeres, tomaba gueto m,í,1 y más grande á eeas más y máe ......... y éste se quedó una tarde siogularmen·
lucrativo empleo debido á la generosidad de M. Jouve•
conversaciones elevadas sin sereeverae, que le revelaban te admirado cuando la señora Jouvenot le dijo:
not. Hasta ah! ninguno de lo3 candidatos á la mano de
un mundo de ideas desconocidas.
-Hemos visto hoy una dama que os 11dora......... quie• Lucila le había inquietado mucho, precisamente por•
Ahí también Pablo cumplía una tarea buena y útil.
ro decir que os ama tiernamente ......... la condesa de que conccía loe apetitos nobiliarios de la seflora .Touve•
¿~o eerfa culpable en renunciar?
Sennevaux. La hemos encontrado por casualidad en una not. Pero esta vez, el peligro era grave y el secretario
Todo esto era justificado y ~!arta ee vió obligada á re•
visita ......... Es exquisita ......... ideal. ........ es decir, ea concibió una violenta irritación contra ese maldito abaconocerlo. Se calló, pero suspirando, porque eu perspiencantadora. Yo le hecho que nos ¡,rometa v1mir á ver- te que acababa de hacer sur6ir la temible candidatura
cacia maternal Je descubría un peligro que Pablo no
nos. Seremos amigas.
de eu amig0.
percibía.
P.iblo y Aialberto vivían hacía cuatro aiios uno al laPablo respondió dejando desbordarse toda su afección
......... Y pasaron cuatro aflos así, en una vida dulce, caei filial por l.1 señora de Sennevaux. Después hizo un do del otro, sin que ee estableciese entre ellos lazo algu•
sin turbación aparente, sin que jamás el padre se creye• elogio de R,ger, que provocó una desdeñoea sonnea en no de eimpatfa. Las burletas tontas de 1\1. Deruel, fre•
1!8 animado de otro amor que el del deber, inepirado por
el :s~cretano A.dalberto Déruel y un sincero enternecí• cuentes al principio, hablan dejado al abate perfec\a·
-0tra pasión que la de su obra.
mente insensible; pero él babia COl))prendido la nulidad
miento en la sei'\ora J ou venot.
vacía y pretensioea dd jóven, y desesperando de sacar
-Qué
oficio
tiene
ese
señor
maravilloso?
preguntó
iróV
nunca de ahí algJ bueno, se limitaba con respecto á él á
nicamente Adalberto.
La Sra. de Sennevaux era una mujer verdaderamente
una completa indiferencia. Adalberto había acabado,
-¿Qué edad tiene? interrumpió la seflora J ouve not:
-encantadora, encantadora de todas las maneras; sencilla;
por su parte, por cansarse de ataques quü nada logra·
-Tiene treinta anos, respondió Pablo, y es oficial.
graciosápara todos, afectuosa siempre,teniendo horror de
-Ah! un soldado! replicó el Secretario con la punta ban, y así se había hecho entre ellos uua especie de paz
la maledicencia, no viendo jamás en otro mas que las
en que sus relaciones se limitaban á una política estricta.
de los labios.
cualidades y buscando entre los defectos innegables la
Pero amenazado en sus esperanzas y sus intereses, el
-Sí, un soldado........ un glorioso soldado, que desde
menor circuetancia atenuante que le permitiese ejercer hace diez all.oe sirve á Francia en Argel, en el Senegal, secretario se despertó violentamente rabioso, y tanto
su indulgente bondad; era bella aun á pesar de sus cin• en el Tonkin, una de las wás perfectas naturalezas y uno más irritado, cuanto que el peligro fué con 1apidez in•
cuen\a afloe cumplidos y sus cabellos de plata.
minente.
de los miis nobles corazones que puedan encontrarse.
Desde su viudez, to:la su vida había sido consagrada á
La seflora de S,mnevaux había ido á baca una visita
Este ditirambo entusiasta agradó á la eefiora de Jousu hijo Roger que quería hacer digno de su padre. Había
venot tanto como desagradó á Adalberto. El uno y la que se Je pagó intnedia\aruellle. Después cor.aenzaron las
entrado al mundo á la hora conveniente, no queriendo
otra, oyendo hablar de Roger en esos términos, hab fan invitaciones, eetableció,e uua verda:lera intimidni. Las
ni entri5tecer la ju ventad de su hijo ni fatigar á naconcebido repentinamente bajo la impresión de senti- dos madrea parecían Y" da acuerJo. Sua ro moa se !eatre•
die con las egoietaa demostraciones de duelo eterno inti•
mientos muy diveraos, una preocupación idéntica. Pa- chaban en una especie de mis\eriota inteligencia. Cuan·
mamente encerrado en su c,razón, rodeanio á su hijo de
blo, el ínti1110 amigo de la sell.ora de Sennevaux y de R,, do la seilora de S!nnevaux anunció que HJger nombra:lo
,odoe los cuidados que su eolicitud maternal le sugería á
capitán acabab.i dd abauJonar Daku para d1rigirde á
ger, acababa evidentemente de llenar una misión de
fin de hacer con su now !&gt;re, eu fortuna y sus tradiciones
que ee le habla encargado y de proponer ia candidatura Francia, la eeli•)ra .J.iuveuot Stl arrujó en sus brazos, ex,
un hombre cumplido.
clamando:
Y.había tenido pleno (xito. R,ger despuee de excelen- del oficial á la mano da Lucila.
-.lh! querid1 eeñ ,ra, qu6 f,lit soy!
Muchos partidos ee hablan presentado ya para la jo·
tes estudios en Stanielas, había entrado á Saint Cyr y
( Cuntinmirá).
ven. Ella había rehusado siempre.
salido en los primeros número~, había ido inmediataAunque rodeada de pldres que contaban con casarla
mente á combatir como capitan de epahia al Tonkin don•
ellos mismos para alinear las cifras de fortuna y calcular
de conquistó su eegundo galon por una accion brillante
la dicha futura con la necia experiencia de su unión
que había probado no solo su valor sino su espíritu de
personal, Lucila se había dicho que ella guardaría su
iniciativa. Por fin desde hacía dos afioe estaba en el Se·
corazón para aquel que la amara. Y llevaba á esta idea
negal, esperando la hora de un ascenso bien merecido
una verdadera obstinación de que nadie sabía triunfar.
,que debía llevarlo á Francia.

179

EL MUNDO

LA MODA
Caballete para retratoa.

Las figuras 1, 2 y 3 representan, con
detalle del trabajo, un pequefio caballete porta-fotografías. El caballete está
cubierto de peluche con un h1,rmoso
nudo de listón de raso en el ángulo derecho. Tres bandas están puestas en
forma de Z sobre el caballete y eostie•
nen las fotografías. El núm. 1 repre•
aenta el caballete terminado; 2 y :!
manifiestan el dibujo de las bandas al
tamaflo natural. La banda núm. 2 ee
duplica y se ba1en de listón de ro@a
blanco, bordado con listoncito angoeto
de dos tintas: rosa para las flores abiertas y rosa más pálido para los botones.
Loe tallos ee hacen de seda cordoneta
color madera, cogida con puntadas color de oro japonés. La mariposa va sobre la banda larga núm. 3, que atraviesa en diagonal el caballete. La flor del
pie de esta banda está hecha con list-ón
rojo de tres tonos, fruncidos. Las floree
r.-Caballete para retratos.
y los botones son oro, rosa y azul. La
mariposa está bordada á punto tendido
de seda café, gris y fuego. El cuerpo es café, loe ojos de las alas son fuego y loa contornos
grises. Las bandas ee colocan sobre el peluche, antes de.doblarlo, sobre el caballete. Las hojas del bordado se hacen de seda verde de varios colorea.
Recomendamos este trabajo, cuyo encanto no pue,le concebirse sino después de con•
cluido.
Presentamos hoy unos bonitos modelos para ropa blanca y dos matinéee. El núm. 4 ee
una jaqueUe para seflora comvaleciente, y ee hace de fular color de cereza adornado con finí·
simos encajes.
El núm. 5 es unamatinée de piqué blanco con grandes mangas per•
didas y adornada con bordados y cintas negras muy angostas. Va
recogida en la cintura con un listón negro: igual liatón adortla el
cuello.

perdido su novio expresa su voluntad de que se la considere viuda á perpetuidad.
Pero, infortunadamente, las grandes desesperaciones duran poco y la carne es débil. Se pretende que, en la generalidad de los casos, el vaso de fiored rojas no basta á llenar el lugar dejado vacío en el corazón de aqoeJlas pobres jóvenes por la
muerte del que debía ser su marido. Aquellas se retractan de sus votos y unen an
suerte á la de algún otro celeste que les ha gustado. Las que durante toda su 'fida
han guardado fidelidad al vaso rojo, son objeto, después de su muerte, de honores excepcionales. A su memoria se leva~\a, por orden especial del emperador,
un inmenso frontispicio de piedra, á la vera de alguna vía pública.
LAS ACTUALES ASPIRACIONES FEMENINAS.

Indudablemente, es una necesidad reconocida en
todoe loa pueblos. la amplitud de esfl'ra para que In
mujer desarrolle eus iniciativas y recursos. Nadn
menos que ri11ctrmla y rwn,e solicitudes de admieió11
han eido ¡:usentadas á la .Escuela de Bel/&lt;J,IJ Artri,
francesa por otras tantas mujeres que desean cu'ti·
var el arte; el número no es pequelio y demuestra.
hasta donde alcanzan las aspiraciones femeninds ,í
finales del siglo. Sin embargo, mayor hubiera sido,
á no figurar en las condiciones para ser admitida~.
algunas que sin obedecer á un verdadero espíritu dt•
jus,icia, coartan loa vuelos de las que á la noble cá•
rrera del arte tenían resuelto dedicarse. Y pasemos
en eilencio además, algunas manifestaciones hoeti
lea, llevadas á cabo por alumnos contra alumnas· no
es de desear que la mujer se abrogue varoniles a~\i•
tudee que mucho mermarían sus delicados atracti.
vos, pero la mujer que lo necesita, tiene derecho á
abrirse paso y á conquistarse una posición con auxi•
lio de su talento y de su estudio. Loa que esto com·
baten, deeconocen las m.ís elementales bases en
que eefunda la libertad humana y olvidan que co ,
mo nadie la mujer ha de ponerse á cubierto de las
crueldades del destino.
Hungría no se queda atrás en lo que al progreso
femenino concierne, pues aparte de los eefuerzc 11
realizados en aquel paíe, para la perfecta educación
del sexo débil, recientemente la t: ni versidad de Pe~t,
ha concedido á una ilustre dama, ~a condesa de
Hugonay, el grado de doctora en medicina, no por•
que la agraciada ostente el titulo, tan sólo á modo
de galardón rendido á su talento, sino porque fjer•
cite la noble profesión elegida, dedicándose á la curació~ de l~s enfermedades propias de la mujer y
del n1fto. Bien merece el aplauso incondicional de
su eexo la nueva doctora húngara y eerfa de deeear
que en todos loe países tuviera muchas imi\adorae,
porque la medicina ejercida por una mujer orilla
infinitas elificuliadee, en relación á las demás mu•
jeres y á los nifioa.

LECTURA PARA LAS DAMAS
EL MATRIMONIO BLANCO EN CHINA

Una hoja alemana publica la siguiente singular relación de una ce•
remonia nupcial, de que ha sido testigo su corresponsal, en una al•
dea de los alrededores de Shanghai'. Una joven de aquella localidad
debía casarse con un hijo del Vicecanciller de la Academia de Pekín.
Deigraciadamente el novio murió días .;ntee de la fecha fijada para
el matrimonio. La deses¡:eració n de la joven fué terrible; juró no
pertenecer nunca á otro y dfas después se desposó con un u vaso de
'flores rojas.u Ceremonia simbólica, por la cual la prometida que ha

Figura

2.

Figura 3.

Jaquette para señ:,ra comvalecientes.

'Sobre corset.

Matinée de piqué.

�EL MUNDO

180

DOMINGD

s de SEPTIEMBRE de ,897

está derramando lágrimas, la fortaleza de continuar ha ._
ciendo el bien cullndo continuamente se estáo reoibien ....
do ofensas y contradicciones1 no se encuentran sino á
los piéB del Crucifijo.

TOM0,11

MEXICO, SEPTIEMBRE

I2

DE •897,

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Tres camisas de dormir.

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¡

S61o se consigue no ol\\idar nada, por el hábito de no
hacer una cosa sino deE!pués de otra, de no pensar sino ea
La ciencia de loe detalles, tal como no&amp;otroa la enten- .la cosa que se tiene que hacer, y por la obligación que se
demos, ee compone de las cualidades siguientes: tener me· impone uno de apuntar en una cartera que se lleva eiem.
pre consigo, 'todo lo que se tiene que hacer.
.
moria, len~ reflea:i6n, tmer un humo-r igual.
Otra regla muy importante serfa la de llena; un deber
1'ener memoria. La .nemoria ea esencial en los detalles
ele la vida, el olvido destruye las más cordiales é íntimas inmediatamente que el momento de llenarlo ha llegado.
Tener reflexión. Esto ea, no dejarse dominar y turbar
relaciones.
El olvido hace que no se proporcione á las personas de por loe acontecimientos impr0vistoe, sino considerarlos
algunos mome'ntos al menos, con sangre fría, y después
la casa las cosas de que tienen necesidad.
Es una friolera algunas veces: un objeto pequefl.o é in- obrar¡ es raro que no i;e vea claro lo que debe hacerse,
cuando se está tranquilo .
.Así, por ejemplo, si á la hora de córner llegan de impro
viso uno 6 dos amigos. Procurad estar desde luego ama
Pieza entera de vestir.
bl"', disimulad vuestro embarazo, con un aire alegre, y
durante algunos mjnutoe, pensad si tenéis algo de reeer•
Espero con gran fe, Pepita bella
va, si no hay nada en la bodega para improvisar~ ó algo
que el hombre fiel que ha de llamarte e aposa
que mandar comprar en la fonda vecina; después id á dar
haciéndote dichosa,
vuestras órdenes, sin precipitación, sin turbación.
en t[ desmentirá la frase aquella
Si alguna·deegracia ha sucedido: un incendio, un ata4ue
de-u¡A.y infeliz de la que nace hermosa!&gt;)
repentino que ha herido á un miembro de la familia
ÜAMPOA.?itoR.
procurad contener vuestro susto, qQ.e no serviría más
que para aumentar el
mal¡ antes de dar orden
alguna, ved, ex.aminad:
esto es obra de algunos
eegundoa¡ después obrad
prontamente. Multiplíca•
OE!, pero sin embarazaros.
Si todo está en la casa
en el orden que hemos in·
- Caracol ó cbainbra.
dicado, encontraréis á la
mano todo lo que os es
significante que se os ha encargado, un gasto de algunos necesario.
centavos .......... Y porque habéis olvidado esa friolera, el
El orden ea un gran re•
qud os la ha encargado ya no se atreve á. reiterar su encurso
en esos momentos
cario 6 su pedido; se cree despreciado y la frialdad code turbación.
mienza á introducirse.
La presencia de ánimo
Y voe misma os preguntáis tal vez, por qué vuestro
pr,dre, vuestro hermano, vuestra amiga tienen eee aire es una de las cualidades
de embarazo que notaie en ellos y aun os comunican á más neceearias á toda per·
vos ...... ... Un nuevo olvido al día siguiente determina el sana que está obligada á
mandar¡ depende mucho
malestar.
del carácter1 p0l"o puede
El olvido es el que impide que paguéis á un obrero que
también adquiriree por el
Cuatro camisas de vestir.
tiene neceeidaél de eu salario, y que varias veces ha traí•
hábito.
do BU cuenta que siempre habéis olvidado. Durante este
La confianza filial en
ti 1mpo sufre él y BU familia, habla mal de vos, se os
Dios, la fe en un socorro extraordinario del cielo, que no faltará
acuea.
nunca á. la hora del peligro, fortalecen el espíritu más tímido.
El olvido de una cita dada á una obrera, la hace ir y
Ten-er un humor igual. El humor igual qne supone una gran
venir varias veces, y la hace perder lo menos un cuarto virtud, es la consE!cuencia de una vida regular, reflexiva y piadel día, tiempo de que tanta necesidad tiene para vivir y dosa. Se encuentra rara vez en lae jóvenes acostumbradas á ver
trabajar.
realizados todos .aus antojos; así, necesario es decirlo, su
servicio ee más temido de una criada que el servicio de
la casa entera.
Esperad, pueA, siempre ser contrariadas, aprended á
serlo, y que nunca el fastidio 6 el despecho, os haga omi·
tir el más pequefio de vuestros deberes.
Tener el humor igual es no impacientarse por las pequeñas faltas 6 loa ligeros olvidos en una familia. No te.do puede marchar diariameLte á medida del deseo de la
cabeza de casa: habrá en torno suyo falt!LB cometidas; oi ·
rá palabras desagradables; se verá mal atendida, mal
comprendida¡ algunas veces malignamente contrariada;
con frecuencia experimentará eea.s decepciones que resfrían; sentirá su buena voluLtad, su abnegación, despre·
ciadas, desconocidas, olvidadas. ¡Ohl que levante los
ojos al cielo¡ si no es profundamente piadosa, no podrá
contener ni las lágrimas ni el despecho .
• ,..¡:;,,.
Y neceeario es, ein embargo, que todo esto quede en el
~
interior¡ sólo con la sonrisa y la afabilidad puede cum Enagua blanca y de color.
.
.
plir su misión, Y el valor de sonreir cuando el corazón
CUALIDADES DE LA CIENCIA DE LOS DETALLES

Tji

,.

~.,,:;r,t.r. .

Calzoncillos para señora.

Smpertinencia.
DlbU)O de José M:. Vllla1,1ana.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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