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                  <text>~---------------------+¡
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Toda la correspondencia que ae relacione con la Reücoión, debe eer dirigida al

Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.

Toda la corre!J)Ondencia que se relacione con la edición
debe ■er dirigida al

Gerente, Lle. Fausto Moguel.
Lasubecripción á EL MUNDO vale $1.25 centsvoeal
mea, y ee cobra por trimestres adelantados.
Nllllleroe sueltos, 50 centavos.
Todo paco debe aer precisamente adelantado.
REGISTRADO COMO ABTÍCOLO DE SEGUNDA CLASE,

tiltJtas t~itDtialts.
fa Unión QI:cntro .lmcrirnna.
No nos ha extrañado el notable fracaso de la Rep1bli•
ca Mayor de Centro América: hemos a'.do loa primeros
en predecir el resultado de la proyectada unión entre
pueblos que teniendo el mismo origen se odian fratt:r·
Ealmente.
Si metéis en un saco un mono, no gato y uoa serpiente, con dificultad podréis encontrar la armonia.
Los habitantes de las repúblieae ceotro-amerieanas
se han eeforzado por convertir ene mue~ae trágicas en EOD ·
risas exquisitas y sus ademanes convuleiooarioa en eign)
de afectuosa cordialidad.
LP. biología nos enseña que no luchan eino loa anima·
lee de una misma especie; que jamás un tigre combate
contra un mosquito, ni un león se las entiende con una
pulga: loa individuos de una miijma raza, son loe que con
má.e ahinco se devoran, L'le grandes luchas de la humanidad se han realizado entre pueblos que han tenido el
mismo orfgen de sangre, iguales elementos constituL~rna
dejfinidad y tendencia.
Los pueblos centro-americanos han pretendido vana•
mente buscar un lazo que los reuna, un ideal que loa
redima, una aepiración que loe salve en medio de eu ee.·
tado convulaionario y angustioso: á la unidad de estos
pueblos se han opuesto constantemente las pasiones de
su polfüca bizantina, sus rivalidades y 1:ue recelos.
Guatemala ha conservado const,antemente viejas odio·
eidadea hacia el Salvador; el Salvador 1ecela de Guatemala; Honduras atizba la actitud de eetoe dos Estados
para trazaree su política; :N"icaragua y Costa Rica desconfiadas y ncilantee, procorao iospirarae en la conducta
de las atrae repúblicas para no ser una nota inarmónica
en este concierto diecordan\.e.
Así no se hace la hegemonía de un pueblo¡ así no ee
constituye la nacionalidad de varios grupos humanoe, quti
tienen en sí propios la tendencia á la dispersión, el 1mpuleo t desunirse loe uooe d1:, loe otros.
Aqui hemos predicho nosotros lo que había de pasar
con la proyectada 1:orifrat,eriiidad cen,ro-americana¡ aquí
hemos señalado loa obat.iic·1los que se oponen á su realización.
Para redimirse de estas tendencias de grupos, todavía
en estado de revolución permanente, ee necesario qne
una voluntad superior, apoderándose de loa elememoe
que pueden dar vida á una nacionalidad, los encauce y
los depure, por medio de actos de energía superiores á los
que actoalmenie informan á las sociedades latioo-americanae.

([01111111i5mo

r11

d helito.

Un ~riódico ha dicho, refiriéndose al crimen cometí·
do en la Ioepección Gen.eral de Policía: ojalá que este
delito no arroje uua maocba sobre la honra de México.
Entendemos que eeie delito y \.Odoe loe delitos que se
han cometido, se cometen y se cometerán en la RepúbliCH, en nada empanan la honra nacional. No admitimos

esta solidaridad en el crimen, porque deeee modo todas
las naciones resultarían manchadas.
Nadie ha puesto en duda la honra de Ioglaterra1 por el
hecho de haberse 11llí presentado un destripador. I_ncon•
movible es le honra de Francia á pei:;ar del crfmen de
Eyraud. Eapafia tiene honra á pel!ar de su Diego Co·
nientee; Halia, no obstante au Fradiávolo, eu Cal!erio
Santo, su Angiolillo.
Recordamos que cuando el inolvidable Presidente Sadi Cacnot, encontró la muerte bajo loe golpee de un aeeráno de origen italiano, eólo un grupo de d1alocadoe pudo pretender que el crimtin de un iudividuo recayera sobre una nación; contra estas exahaciooee y contra e1:toe
absurdos, se elevó el buen sen1ido de la R;_pública Francesa, externando este priLcipio d~ e.!t.a moralidad so·
cial: ¡El crimen no tiene patria!
Loe mexicanos no podemos admitir que loe yerr'Je y
loe delitos de una unidad .~vcial, repercutan en todos los
individuos que forman esta eociedad.
C,rnaados estamos de oirá loa gacet1lleroe, cuando 1:e
trata de una dietioción acordada á una personalidad de
origen nacional: ¡Honor á México! No etilores nuestros;
el honor es para el individuo, nunca para la colecuividad,
Debemos rechazar por lo tanto eee comunismo en la
gloria y en el crimeo que ee pretende imponen 0 1 , pro•
clamando este gran principio, q 11e ea la base de todas las
agrupaciones que ee r,ge!l por principios democrát,icos: ca
da hombre ea hijo de sue obras, y t.ieue la exclusiva res•
ponaabilidad de sus actos.

µtllítiCtl !JCltl'tttl.
RESUMEN.- La revolucl6n en Centro América.-La

unión del odio.-La alianza de las rivalidades.Una República Mayor que se empequeñece.-Sacudimlentos generalea.-OisoluciOn por todas par•
tes,-Mr, Woodfoord en la corte de Eapaña.-La
política americana y el conflicto cubano.-Coincidenciaa.-La caída del Ministerio Azcirraga.-¿Se
aproxima una solución satisfactoria?

A!!enLadas las repúblicas centro-americanas en suelo
movedizo y volcáoico, sacudido á las vt:cee por esos ea·
trewecimientos politicos, que arraocan de cuajo viejas
inetituciones y derriban idolos que ha consagrado el
tiempo y erigido la creencia popular, no es raro que
vuelvan de vez en cuando áeentir la enfermedad del pronunciamiento y á padecer la agitación morboea de la re•
vuelta.
Soilando en fantásticos ideale\!, impuleadaa por una aspiración noble de grandeza, pero perdiéndose al mismo
t.iempo en las n~buloaidadea de la fantasía, han preLendido en vano consolidar una unión fuerte y vigoroea,
aeociándoee en una pal-ria común; han querido ligarse
entre eí sin eetablecer previamente la solidaridad de intereses poe!~ivoe, y el fruto de esas aspiraciones ha sido
la constitución de una República Mayor, colocada frente
á frente de las otras entidades soberanas que no quisieron adher,ree al pacto de Amapala.
Dd esas disidencias internacionales, que no han podi•
do salvar las predicaciones de loa apóstoles y las enseftanzaa de loe demegogoa, bareeult.ado una rivalidad más
franca todavía que la que antes eeparaba las mintísculae
nacionalidades centro-americanas. Una agrfgación de
fuerzas que no se basa sobre el interés común, una
dirección de actividad que no se encauza en la vida na•
cional, es un movimiento sin objeLo, que en vez de producir agrf gacionee superiores para el perfeccionamiento,
excita loe odios tradicionales, y pone frente á frente y en
abierta oposición loe elementos que pretendía amalgamar.
Agregando ála zozobra de fuera la inquieLud tradicional de raza, loa vicios capitales de educación, las desviaciones patológicas de estructura y las excitaciones malsanas de circunstancias del momento, la revuelta ha estallado en diferentes puntos del territorio centro americano¡ eurje formidable y amenazadora eo tierra guatemalteca, donde la dictadura pretendía dar el efpectáculo
teatral de un cee«riemo caduco i brota \.erri ble en Nica
ragua, donde la reacción conservadora pretende sobre•
ponerse á la ti1aníajaoobina 1 ruje sorda en Hondura.a,
donde elementos semejantes pueden darle vida, 1 caldea

DOMINGO S de 0Cl UBRE de 1897

la atmóefera iai.vadonfla enbe las Uamaa del incendioque por todas par\.ee la rodea.
Coala Rica, que por privilegio especial parecía agena á
estas perturbaciones, si mira t.ranquila su paz interior
que nada altera, al saber ]a prisión de eu Cóneul General por las autoridadee. de una república hermana, parece disponerse á vengar tamafta afrenta.

•••

¿Qui~n ha podido creer en la eolidez y firmeza de esa
república Mayor, engendrada por el odio, amamantada por
las rivalidades y protegida en apariencia poi fingid&amp;
unión'{ ¿Q11ién ba podido pensar que prosperara una
agrupación eemr-jante?
La revolución ha estallado en un euelo fecundo para
las ambiciones personales y abiuto áloe apetiLoe de to•
dos loa part.ido!', y á medida que el tiempo pasa, crece y
ee ajigaota de un extremo á c.tro del terri\.Orio, y difícil
eerá que el vieoto huracanado de la tormenta, no derri•
be las personalidades y loa partidos que hoy ejercen el
poder en nombre de iutereeee egofetae.
Cuaudo la tempestad baya pasado, cuando un sol macilento alumbre las rnioaa y la desolación que eig:ien á
la guerra oivíl, ro~oe estarán /03 deleznables lazos que•
unían á las tres repúblicaP, y comeozará de nuevo la anguaua inagotable por la anh1:,lada unión¡ palpitarán ·1aa
tristezas de ll'B no eatiefecbaa aspire.e ooee, y así seguirán en su lucha intermioable loe pueblos fatigados, hasta que la ruda experiencia lee ensene la clave del pro
blema,. redivivo en sus intereses poeitivo1:1 ó que una ma
no fuerte y vigorosa reprima sus impulsos sin obje~o, en•
cauce sus energía1:11 aproveche todas eua ectividadef, y
funde la unidad de la patria centro americana sobre el
sepulcro de las preocupac:onea y las ruinas de un paQado deslumbrante de oropeles y carcomido de miseria.
Quieiéramoe poder prerlecir para un tiempo próximo.
ea~ dfa suspirado y ver .i nuestros vecinos unidos y fuertes, trabajando por su propio engrandEcimiento y por el
prestigio de la raza latino•americana, tan~aa veces, pero
¡ay! coa sobrado motivo calumniada.

•*•

Si alguna vez ha sido comentada y discutida la misión
de un enviado extraordinario con verdadero encarnizamiento, sin duda no lo había sido tanto como en la actualidad se comenta y ee discute en toda la prenea europea, el papel que va ú deaempefl.ar en la Corte de E,i,
paña el General Woodfor.i, Ministro de los Estados
Unidos.
Desde que se anunció su partida de ,vásbington, loa
órganos de la opinión que se creían mejor informado?
lanzaron á loa cuatro vientos de la publicidad las in/
trucoionee l!ecretaa recibidas de Me. Kinley. Se habló de
intimaciones temerarias para hacer cesar la insurrección
cubana; ee anunció la mediación oficiosa de la T; nión
americana entre el Gobierno eepafiol y loe ineurreccoede la manigua; se propaló la especie de que el nuevo di
plomát.ico hablaría de amenazas de intiervencióo violenta, para defender loe intereses americanos comprometi·
doa en la guerra de insurrección, y como M&gt;do esto se ha
afirmado y desmentido alternativamente, no sabemos
ahora á ciencia cierta, cuáles son las intenciones que
animan al gabinete de la Ül\88 Blanca ni cuál es el 08 •
mino que ee propone seguir en su política internacional
con España, en relación con el conflicto cubano.
Hay sin embargo una serie de hechos q-Je nos hacen
presumir que la p~esencia de Mr, \Voodford en la cort&amp;
eepañ&lt;Jla tiene una alta significación.
El Ministro americano á pesar de las etiquetas de la
Corte, ha sido 10cibido en San Sebaatían, y casi coexietiendo con su primera conferencia con el duque de Te,
toán ee ha preeentado la dimisión del gabinete coneer•
vador, que presidía el General Azcárraga. y tenía como
programa continuar la ¡,ofüica de la iluaLre vfcLima de
Santa Agueda,
Podr4. haber simple coexiateneia entre estos dos hechos¡ po~rá suceder que el ministerio que recojió la he•
rencia del Sr. Cánovas 1 se haya visto obligado á dimitir
por .(alta de apoyo en sus antiguos colegas loe silveliataa
6 por sobra de oposición en sus contrincantes loe Hber/
lee; acaso el Sr. Azcárraga se haya vi1:to obligado á descargarse de su alta investidura en el gobierno responsable de la monarquía española, por no encvntrar loe medios e.uflcientee para llevar adelante su programa: á pesar de todo debemos se.O.alar la extrafla coincidencia.
¿Quién sucederá é. loe conservadores en el poder? H-1.

EL MUNDO

DOMIIIGO S do OCTUBIIE do ,. .,

pasado la época de transición en que se imponía un gabinete mixto de conciliación, formado aun con elemen•
toe heterogéneos. Todo bas,e creer que el partido li berál
aecenderá al poder con su jefe reconocido el aeflor Sagaeta¡ y como el ilustre estadista ha manifestado máa de
una vez sus opiniones en la cueeLión cubana, no sería
difícil que el nuevo ministerio diera una solución al con
fücto, que eatiaf1ciera las aspiraciones de la rebelde co•
Jonia, en armonía ~on loe intereses de la patria eepeftola.
Con qué regocijo la anunciaríamos.

X. X. X.

29 de Sepliembre de 1897.
Obsequio• al Sr. Presidente y i su esposa.

El Sr. Presidente de la República y eu digna eepoea,
fueron objeto, en la Kermesse de Santa María, de ePpecialea BC1licitudee, aie.odo obeequiadoe en cada puesto
con hermosos objetos de arte.
Publicamos en c.,tro lugar fotografías de algunos de fl8·
Loe regalos sintiendo que la falta de espacio nos impida
reproducirlos todos en este númt:iro.
Notas de viaje del doctor GI•••·

Por exce.Bo de material de actualidad inmediata eu•
primimos poreeta vez 1,. eección relativa á loe Apuntes del Viaje de la Corbeta nZaragoza" recogidos i;or el
doctor Cárloe Glaaa.
NUESTRO CONCURSO.

Como decimo.i en otro lugar, loe periódicos de esta ca•
ea abrieron un concurso con el fin de premiar loe mfljorea puestos y las damas mejor ataviadas en la KermesEe
de Santa Maria.
El reeultado de este concurso lo saben ya nuea\roe lecLoree;
cuanto á los premios-modestos obeequioe de
ar~ que tenemos ya elegidoe, serán entregados próximamente á las eeborae. y eenoritae agraciadas Quienee,
esperamos, se servirá.o recibirl:e con benevoiencia.
Aeí mismo, en el próximo número publicaremos loe
retratos de las tres Senoritaa premiadas, que son: Matilde Alfara, Enriqueta Saochez y Luisa ~Iurillo.

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EL "MUNDO COlIICO"
Dificultades de organización con que siempre Ee tropieza en toda nueva empresa, nos
hacen transfer r para muy pronto el primer
número de el

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periódico ilustrado de humorismo y crítica,
que acompañaremos á los suscritores del
Mundo Semanario, como un suplemento gratuito.
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Recibimos de «The Mutual Life InauranceCompany of
New Yor k11 la suma de ($5,000.00) cinco mil pesos en pa•
go total '1e cuantos derechos se derivan de la póliza 11úmero 356,525 bajo la cual estovo asegurada la .finada senora dona Mercedes Velazquez, viuda de Castañeda, y
para la debida conetancia en noeetro caracter de benflfi•
ciarioe, Aureliano, Doroteo, Antonio Caetaneda por af y
el primero además como tutor legítimo del menor Salva•
dor Caataf'leda, beneficiario también, nombrados enJa póliza, ex~ndemoe el preeente recibo en la misma póliza
q,ue se devuelve á la Compaflla para su cancelación, en la
01udad de Sáncbez Román á 15 de Septiembre de mil
ochocient.os noventa y siete. Firmado.-Avreliano Casta,-.
fleda.-Dorot,eo CaitLLJ1eda.-Antonio Ow.a/T.eda.-Como \.ut.or de Salvador Caetafleds.-A11reliano Ca8lañeda.
En la Ciudad 8anchez Román á las cinco de la tarde
del día quince de Septiembre de 1897, Bartola Ramos
Arécbiga, Juez de primera instancia del partido de Tlal•
rietango arnciado de loe testigos inetrumenLalee que al
fin ee mencionarán certifico: que son autógrafas las fir·
mas de Aureliano, Doroteo y Antonio apelliaadce Casta•
fleda que ee veo al calce del recibo que antecede y además qne el primero eetuior legítimo del menor Salvador
de igual apellido. Fueron testigos ina&amp;rumentalee de eee
acLo Joe Ciudadanos Adrian y Apolonio Jiménez, el primero e,; eecribiente, de cuarenta y dos años de edad y el
segundo entJuadernador de treinLa y nueve af'ioe de edad,
ambos caeadoa, vecinos de este lugar y sin ninguna •acha legal. Damos fé.-Firmado.-Bartolo Ramoa Aréchiga.-Adrián Jtménez.-Apolonio Jiménez.-A,-Joaquln
.Muro.-A.-LuiB ralenzueta,

~

•'

,, ;\;&gt; ...

_..¡;....),,,

Amores precoces

:.~

AS pasiones humanae, como
las plantae, tienen, en loa cli•
mas cálidos y eo las zonas intertropicales, eflorescencias
euntumBB y fiuctiflcacionee
espléndidas yprematurae, dignas de estudio por eua trascendencias socialee.
En las ciéof'gaa holandeea 8
y en las llanurae dinaroarqueeae solo vejeta el pasto y eólo
:flortcen la awllita entre loe
trigos y la violeta bajo el zacate; no eeflncueutra un ari'.,ol
en una legua cuadrada, y solo
loe pinos secos, escuetos, des·
carnadoP, se yerguen en sus
boequee, faltoe de eavia y de
follaje, con espinas por hojn.s y guijarros por frutoe. La
fauna d8 esas regiones es tan apacible é insípida, aunque
más jugosa, que su flora¡ bueyes Je labor, enormes como torrea, pesados como fortalezas, lentos y dulces, ru•
mían mirando frente á ef, sin ver, inmó,-ilee y mudos,
lanzando al respirar vaporee tibios.
Perros vigoroaoe, lanudos, que no saben retozar ni ladrar, guardan como t.e citarnos centinelas de vista, rebaños de ovejas, blancos com.J copos de espuma; loa po\.roa ahí no eahan, como en nuestras llanuras, respirando fuego y cubiertos de espuma, loa gatos no ceean de
dormir y de ltüar jaoto al reecoldo. Todo ea Rilencio y
calma¡ aquella naturaleza, como el topo, parece in ver•
nar.
Ea eaoe climas del Norte, húmedos, frios y crepoeculare1:1, la vida ee desenvuelve como el hilo de la rueca,
m Jnótona, interminable, idéotica, sin sobresaltos, sin
eacudimientos, sin emociones. Allí las pasiones deFpier•
tan tarde, poco á peco, dulcemente1 con lentitudes de
crepúsculn polar. Loa niños nacen blancos, gordoe, albinos, sanos como manzanas, glotonea COILO lechoncilloe, dormilot,ea como marmotas¡ haEta loe aiete ú ocho
ailoe ee co, servan bellos¡ de repente e'.llpiezan á crecer,
1:e estiran, ee alargan de una manera desmesurada¡ loe
pies toman proporciones inaudit»e, las manos 1Pa empie·
zan en los codos, se enflaquecen haa\a la demacrac:ón,
se lee hunde el pecho, lea amaga la. tisis. Ningún contorno define el sexo; las muchscbitaatiradae ácordel notie•
nen forma femellioa y loe muchachitos, trazadoe áeecua•
dra, parecen recortados en carLon. Todavía á loa diez y
seis ó diPz y ocho a6oe, llevan ellas la falda y ellos el
pantalón á la rodilla, y asisten juntos á la miema e~cuela mix~a.
A este desarrollo en longitud no corresponde crecimiento alguno iotelectual ni desenvolvimiento pasional¡ nifloa y nil'ias ee veo á diario y á solas, salen juntos,
juFgm en el campo, en el fondo del bosque, eaHan Ja
cuerda, se cambian agilmente loe gallitos de la raqueta y
riilen por el eand wich ó el p'\n con miel, que constituye
su lunch. Dialog,¡n entre ei á loe quince afl.oe, como no•
eotroe á loa cinco y ni una palpitación nueva lee im·
portuna, ni un pemamiento extra no lea sobresalta, ni
una emoción desconocida lee atormenta. Prácticos y sen•
ea toe desde que nacen, tal parece que se afanan y se
esmeran por prolongar la época única feliz de la vida,
la infancia.

Sus felices padree, deedeel fondo del bogar, gozan inefables y prolongadas dichae.
No seí nosotros. Nuestro sol ea de Iuego; nuestra fau•
na, exhuberante y aromát·ca, ostenta ceybaa y palmeras ineolentee que tocan el cielo1 yolo.c6chiles gigantea
que embalsaman el ambiente, camelias, roeaa y claveles
que esmaltan la pradera; en nuestra fauna brillen, como
joyeles, loe colibríes, las guacamayas, las _cotorras; trinan oowo flautas loa zenzontlee, zumban como brisas las
abejas¡ todo bulle, se agita, crece, se muhiplica; todas
las garras eon aceradae, todos loe picos corvos, todos loe aguijonee venenosos; en la aLmódera se reapi•
ran miasmas mezclados con aromas; en la savia circula
veneno¡ de la tierra ee desprende vapor caliente como de
una estufa.
En eetoe climas la naturaleza parece padecer fiebre,

c;ue comunica al alma humana en forma de pasiones
precoces y volcánicas.
Nuestros hijos nacen difícilmente¡ diríase que destinados á la lucha homérica, al eufrlmiento dantesco, á la
tragedia e equiliana, se detienen y vacflan antes de trae•
pasar el dintel de la vida. Su primer vagido ea un berrinche y su primera manifestación biológica es una en•
fermedad¡ padecen en loaprimeroe siete afina t&lt;das .!na
fiebres eruptivas, cada diente que brota ea una crisis con•
vuh.iiva y febril¡ comienzan á' hablar al afio, á correr y
desbarrancarse á loe doe, van á la escuela á loe tree, SI\·
len de la primaria á los ocho, todo lo más á loa diez, y
llegan al uso de la razón con una enciclopedia en la ca·
beza.
Durante ese tiempo las ni nas adquieren ya formas femeninas, miden un metro de altura y otro de contornr,,
áloe niños lea piota el bozo, fuman, juran, jufgsn al bi•
llar, uean pantalón largo, y llevan un verduguillo en tl
bastón ó una pis\olita en la bolea americana.
A esa edad empiezan á amar; la nifia comienza á empirar y á no comer, una palidez amarillenta tille sus m~jillaa, eufre palpitaciones, vértigos, se la sorprende llnrando sin moLivo, lee con avidei Graziella de Lamartine
y María de Jorgé Ieaaa, y tiene una amiga íntima, de
cuarenta pulgadas, con quien se encierra á platicar horas enteras y á quien visita día á día. Se encapricha en
que le bajen el1:estido, compra· liatones de todos colore~,
riñe por el vestido, disputa por el calzado, hace llorar á
mamá por el sombrero; todo el día y parte de la nocbe
entran chYlorus por el balcón abierto.

Si en vieh de eetoe síntomas se explora la calle, 0·1
dfja de encontrarse en el quicio de una puerta frooter..t.
una criaturita de diez á doce afio e, de un metro veim e
centímetros de estatura, peinado de fleco, sombrero de
lado, cigarro en la boca, bastón y cuello parado, que lleva en la bolea una cartita, firmada: uQuien usted eabt ,1
y que comienza: 11Seflorita: Desde el piimer momento eu
que tuve la dicha de verá usted, etc.n
¡Ea el novio! Ddadeeete momento se disipó la tranquilidad del hogar y se acabó la paz de la familia. Aquellos
n1floe1 la nina, sobre todo, ama á su ruufieco y á veces
con pasión. Lo revela la decadencia de su salud, el aba·
timiento dts su espíritu, sus lágrimas candentes y ene ao•
llozoa comprimidos. La planta ha :florecido prematuramente¡ aquellos corazones infantilea palpitan ya, aquellos espíritus, incapaces de pensar, comienzan á sonar;
aquellas imaginaciones, á cargo aúo de Perrault y de
Scheherezada, comienzan á forJar idilios como loa de
Coaeta y Ma~it;e y á extremeceri:1e ante tragedi~s como
las de O~lo y Dee.démona; sienten ternura y celos, anhelos de ideal y ansias de infinito, no saben aún escribir y ya cvmienzao á concebir poemaa; eien~en conatos
de rapto, ambiciones de fuga á loe borquea; y si se les
dejara comprarían medio metro de gaea blauca é irían al
altar en el carretonci50 de las munecas.
Loe infelicee padree no saben qué hacer ni qué camino seguir. Tomarlo á lo serio, encararte con el ca.baller~te y \ÍI arle de las orejas ea ridículo; á veces el Lovelace
en mioia~ura se subleva y paran él y su futuro suegro
en la comisaría. Tomarlo á juego, ea, en la especie, jugar con fuego y dejarse manoeear las barbas. Ponerle
remedio ......... aerfa tanto como querer cambiar de raza
ó de nacionalidad.
El mal está en 1a sangre, no hay duda; pero también
lo está en la educación.
La vida sedentaria á que ee condena á loa niños y la
educación intensiva del e1:1pfritu y del corazón, á que Ee
les somete, y acaso basta la alimentación excitan1e cou
que se lee nutre cooperan á esa precocidad ridícula,
msleana y embarazosa, de que dan tan intempestivas
muestras.
Las razas del Norte educan.áloe niños y niñas al aiie
libre, en medio de excursiones, paeeoe y ejercicios fatigosos¡ les imparten un mínimum de instrucción y 011
máximum de educación¡ no dejan ai alcance de eu mano libros ocasionados, no les permiten lecturas excitan•
tes, no loe llevan prematuramente en sociedad; loe ali·
mentan con abundancia y con sencillez, y en suma, ale·
jan de sus ojos todo espectáculo, de eue oidoe toda fraEe
que pueda despertar eu sensibilidad en germen y sus
pasiones nacientes.
Nosotros, por el contrario y casi á pesar nuestro, apresuramos la evolución, nos adelantamos áloe aconteci ·

�DO ■ IHO

EL MUNDO

s de OCTUBRE de

EL MUNDO

OO ■ INGO 3 do OCTUBRE de 11117

,. .,

234

mien\oe· U.rde se nos hace porque nuestras
hijas se~n mujeres y nuestros hijos bom ..
bree; abreviamos la infancia, que es la felici•
d1d 1 por lleg'lr á 1a madurez, que es deeen•
gano y lucha, y cuando volvemos la cara
nos encontramos ti nuestra bija enamorada
de un adolescente ein poEición, sin aptitu•
des, ain carácter, lfin ilustración y ein bigote, y enamorada tt fondo, de verse, y tl vecea sin compensación y ein ~eperanza.
O bien, el día de loe premios de primer
af\o vemos á nuestro hijo deposi\ar sus diplomas á. loe pies de una mufteca que ape•
nas ei eabe decir papá: y mamá.
Loe inconvenientee? Son incontables y son
fravee: matrimonios prematuros y deegraciadoe, carreras troncadas por ir en busca de
sueldos de meritorios, educaoionee incom•
pletas y fruetradae por absorción del eepí•
ritll. y eeclavitud del peneamien\O; organi•
zaciones deterioradas por inteneidad y pre·
cocidad de emocionee y familiaa desorga•
nizadae dentro db la dieención perpétua
y la anarquia doméstica.
¡ Qué bien vendría una coalición de padres
de familia, aunque tácita, y una convergencia de eefaerzoe, para eviiaree unos á oiroe
el ridículo y loe inconvenientes de los
amores precoces!
DR. ~!. FLORES.
Sept.iembre de 1897.

-A.tentado contra el &amp;Sr. Wresidente de la República el 16 de &amp;Septiembre.

d{pendencc médir,ale loe fenómenos que pudo
observar y qne son loa eiguieut.ee:
Inmedia,amente después del paso de la
cuchilla, preeén\aee el cuello en la parte
c &gt;rtada y durant.e algunos inst.antee muy
cortos. con la coloración eemejanLe á la
de un salmón dividido en dos partee. Dos
chorros impe$nosoa del grueso de un dedo
próximament.e, asoman por las anchas abert,uras de laa dos car6tida81 y bro,an con ra•
pidez li la distancia de 50 y aún de 75 Mnt.í•
metros. Según la const.ituci6n del paciente
y acaso el grado de eu valor ante la muer~
ie, los chorro!! de sangre son más ó menos
voluminosos y la salida máe 6 meooe franca
Camo acro continuo ea puesto el cuerpo en
Ja ces,a de mimbre, forrada de zinc, y tapa•
da en eeg11ida, la pteei6n arterial á veces
fortísima, es causa de que el chorro de sangro levante la t.apa de la oeeia con inier•
m1ienciae é intervalos rítmicos en correla•
c1ón con lae cont.racuionee del corazón. E:a
complet.a la ilusión de que el tronco det
ttJu11uciado palpüa con _violencia y choca•
contra las paredes de la cesta.
Eo cuani.o á la cabeza, corlada al nivel
de ta tercera vén.ebra cervical, cae en una
como anel!IA oblonga eit.uada delame de la
guillotina. La faz se nota amarillenta, cobriza; las mejillas y los labioepresent.an una
corolación violácea muy intensa.
La congestión del rostro no ea siempre reeultant.e de la compresióo del cuello sobre
el orificio de la guillotina, supuesto que en
el caso particular que el sabio examinaba,
la media luna superior movible no había
sido ajustada, y loe músculos del c11ello y de
la nuca podían contraeree fácilmente.
D11rante medio minuto pudo observar M.
San Mart.in los movimientos eapa,módicoe
de loe músculos orbic11larea de loa párpados
y de los labios. Estos movimientos de loe
músculos del roet.ro, que pueden observarse
tªm bien en loe animales decapitados, duran
apenas-dos minutos.
Cuando loe restos del eupliciado son lle•
vados al Inetit.uto anatómico, lo que ee efectúa á los diez minutos próximament.e, el roa•
t,ro ha adquirido la C!t.lma y nat,uralidad or•
dinarias, los ojos y loa labios ee han cerrado, y la colo•
ración viol,cea ha sido reemplazada por la palidez cada•
vérica.
Entonces comienza el supremo reposo!

Atentado contrae! Sr. Presidente de la República el 16 de Septiembre.

~=Atentado contra el Sr. Presidente
DE LA REP'OBLICA.
(Véanse las dos fotograflas que pubUcamos]

Una casualidad ha proporcionado á nuee•
tro periódico la oportunidad de ofrecer á sue
abonados la reproducción fiel de la escena
que ee efectuó el 16 de Septiembre por la
mafiana ~niendo por teairo uno de loe coa•
c.ados de la Alameda y que ha eido objeto
de lae crónicas de eeioe úliimoe día,.
Regularmente loe numeroeoe turieiaeame•
ricanoe que visitan esta capital, se colocan
loe días de fieelaa nacionales en la avenida
de Pla~roe y San F,ancieco, con el fin
de tomar instantáneas al paso de la comitiva oficial
y de las tropas. Ahora bien, uno de eat.os fo~grafcs 11mo•
11:ur3 que afocabo eu objetivo hacia el Sr. Presiden\e cuan•
do éste con l!UB acompanantee llegaba á la Alameda, no•
..tando un movimienro anormal en quienes le rodeaban
tuvo la fonuna de fot.ografillJ'lo, aun cuando la distancia
y el tamafl.o de la placa hicieron que las figuras resultaran
muy pequefl.ae. como ee verá en la fot.ograffa original
que publicamos.
La propiedad de es\a foM&gt;grafía fué asegurada por eu
.aut.or conforme fila ley, pero EL Mu.Noo que no perdoua gaaioe cuando ee \rata de proporcionar algo impor•
ume á eue lectores, adquirió el derecho de reproduciún
é hizo una laboriosa amplificao16n de la escena, la cual
ee verá publicada eo plana preferente de eet.e número.

ul• nueba orto¡rafí.a rrazlon.al."

Hé aquí algunos pttrrafos de un prospeck,1 publicado
-en Madrid, qne tiende, abrirse campo entre loe literatos
eepai1olee, para modificar radicalmente la ort.ograffa
-cae\ellana, eliminando en abaolut.o varias leiras que pa1·ecen inút.iles como la h y las que pueden reemplazar•
se como la r y la c.
"No tiene eegorament.e una kampaf\a de rreforma or•
togr,fica, la brillant.éz de una campaf'la polfüca 6 mili•
tar¡ pero kid, i sin kizá, ea de reeult.adoe más poeitiboe
i duraderos, i aue beneflzioe se estienden a iodae las klaaee eozialee.
~
¿Para ké esa 1t sin balor, kon ke dekoramos mult.it.ud
de palabras, eo preteeto de ke en lat.in ó en griego t.enfan
de\.erminada aspirazión? P¡1ra ké esa engorrosa e inút.il
·1•, ke iuterkalamos deapuee da lag i la q, en la.e sílabas
,u gui, qw, qui? ¿Porké la e a de ekibaler a zen et, ci,
9 1
i a k e.a ra, co, cu! ¿Porké la g a de sonar suabe en ya, yo,
11«, i fuert.e en ge, gil ¿Porké la r ee a de pronunziBT ko1~10 eenzilla en oro, i komo doble en roho! ¿Para ke keremos la q, si podemos eekribir ke, ki 1 mucho mejór ke
.1¡1u, quil ¿Ké bamoe ganando kou dar a la y en unos kaeos el balór de la konaonante y ( ,110, ytt) i en ot.ros el de
la bok1U i (J11an !I Ptd,·o!) Si en rrealidad el berdadero
kastellano no diferenzia el eonido puramente labiál de
]a b del dent.ilabial de la 1.·1 ¿para ké koneerbár ambas
letras, si una de ellu sobra, komo no sea para Wrmen-

lnstantAnes tomada en la fotografía del "Jardín''
¡V!:n!'E el texto relativo.)

to de loe nitios i del bulgo o para alagar la banidad de
k e pseudo erudi toa?
E'3kribamoa komo hablamos, ke es lo naiural i lo rracional. Pensemos t.an solo en la ekonomil\ de tiempo i
de fat.iga ke lograrli la t,ierna juventud de las eskuelae,
kon la desaparizión de ese esteril flirrago de rreglae i
eezepzionee, jamás del todo bien kooozidaa i nunka eudzientemenLe komprendidaa, konke oi ee rrekarga inÚ·
tilmeote eu memoria¡ i no bazllemoe en akomet.er esta
empresa kontra la rrutina.
Eepana aformnadamente posee una Ortografía por to•
dos los extranjero!! envidiada, mui próksima al ideál del
fouetiamo; i bastará un pekefio esfuerzo para azerle to•
ká.r la ambizionada meta. Por nuestra parte, konbenzidoa de ke kon ello preeiamoe un po:ütibo eerbizio á la
Naz.ión, aremos tal esfuerzo. I así komo el mobimient.o
se prueba andando, no!lótroe probaremos las bentajaa de
la rrE:forma, imprimit!ndo estas línea! en Ortografía
rraztonal.»

MAS ALLA DE LA GUILLOTINA

¿Conserva la vida por algunos ioatantee el reo guillo•
t,inado? Es este uno de los problemas que más excitan la
curiosidad de algunos howbree de ciencia.
Cuando la cuchilla fulgurante hace preeent.ir eu caída
con el brillo que lleva el terror li loe espectadores, y eu
sonido sordo al caer nos anuncia que ha llegado al pun•
i-0 t.erminal de su carrera, nuestros ojos agrandados por
el espanto procuran ver, por entre la coufueión de bra·
zos y pie roas del verdugo y sus ayujant.es que se mueven aceleradamente, si la cabeza ó el tronco del ajust.i•
ciado conserva alguoaa eeilales de vida.
Loe que de cerca h1u presenciado una ejecución, eabeo
que aq11ella observ.t.ciün no ea facil pui:,:1 qui, de:1pué:1 de
haber caido la cucbilla1 loa movimiemoe confusos del
?8reonal ejt&gt;cutor ee suceden con tanta actividad, quesería necesario un ojo mny expezt.o para seguir 1a caida
del tronco en la cee,a y eu reunión con la cabdza.
Para hacer eemdios serios acerca de este particular se
hace indispensable un permiso especial parc1 ocupar un
sitio adecuado, como lo obtuvo el Docior San Mar~fo
que presenció cuatro ejecuciones y rela\6 lu""go, en la 111 .

•

TA

•

/

Con este número repartimos

95 PAGINAS
de la novela
"'Un Diputado Republicano••

con las cuales concluye la obra, y

Ciento cuarenta y cuatro
de la novela

"Por honor ael nombre.''

•

Esa novela de Emilio Gaboriau, es una ·
de las más hermosas é interesantea que haya publicado nuestro 8emanario. Hu extensión nos obligará á darla con varios números; pero oportunamente avisaremos cuando
se terminará.

Nuestra pro¡!ima no-oela
Estando para terminar la hermosa novela
"COll!ZUN DE SACERDOTE" que hasido del
general agrado de nuestros lectores, publicaremos á contimrnción otra no menos hermosa, moral y amena, con ilustraciones de
distinto género que las anteriores, pero tan
bien acabadas y bellas como esas.

(Glmplificaci6n ae la fotografía publicaaa en otra ¡:ágina.)

�·oo ■ INGO

EL MUNDO

l.ra ,Kermesse efectuada en 0 anta .Maria el domin90

3 de OCTUBRE de 1S1n

Ji)rimor premio ob!eniao •n nu•s!ro (!cncnrso.

26

de 0eptiembre .
brillantes de las serpentinas ni un solo instante tampocoen que no cayese sobre la tierra la menuda lluvia d&amp;
minúsculos papelillos.
*11,*
.•
Mencionaremos nombreE:? defCr1b1remoe pufetm?
Parécenoe que bue!ga la tarPa habiéndísenoe autici ·
pado ampliamente en eila El Mundo y El Imparcial y t:m
to más cuanto que nnestros grabados muestran casi to 4
dos esos puestos con las encantadoras damas que los Bl r·
vían.

UNA FIESTA QUE NO SE OLVIDARA.

Todo el mundo está de acuudo en qnf'I la kermeeee deo•
tlluda el domingo último en Santa Maria con motivo
de las fieetae nacionales sobrepasó en auiroacíón y en fX·
plendor á las que t,D años anttrior~~ se ban cE!ll'brado.
¿Por qué fué ae1? Loe organizadores de flettaa semt-j an ·
tts, hoy corno en afias anterio1es han lle,,ado, f'ea ]¡,¡bor
de júbilo toda su buena voluntad¡ loe elementos con que
se ha contado son poco más 6 menos loe mismoe¡ y sin

DO ■ IIIGO

3 de Octubre de 1lg1

f4"

•

1.

-

1

EL MONDO

muy bien y al que yo tenia gran carifto por que estaba muy ligado con nueebos
más dulces recuerdos.
U na ma:Oana en que había en la escuela reunión extraordir.aria, vino con un traje
blanco más largo que el de costumbre y con un abrigo ornuro que la daban cierto t.o•
no dP gravedad á ella que era l)Or confesión universal, la alegría de la caes. La sefiorita Directora, sus compaflerae y yo, la empezamos á abrumar con un aguacero de
bromaP, y conc lu imos por declarar que había venido con traJe de tfa.
Margarita ee defendió cuanto pudo; y cuando había .agotado eue recursos, se arra•
jó en mis brazos, oprimió su cabecita contra mi pecho y rompió á llorar.
¡Qué arrebato de amor por Margarita estalló en toda la eE:cuelal Me la quitaron,
la llevaron l,,Or toda la caea llenándola de besos y de caricias y no la abandonar&lt;n
hasta que la trajeron risuefia y feliz á darme uria rosa que desde que llegó traía entre
los labios más encendidos. y freecos que la rosa misma.
Allí en l~ e~cuela, am~ban á ?ifargarita lo mismo que yo, como se ama á un angel, con aent.1m1ento purísimo de afecto, con una especie de culto á. su belleza y á. eu
virtud. El lazo que nos unfa á ella y á mí, inocente y casto, no eorprendia á nadiP,
sino que por el contrario ineutraba eimpatíaP. Y corrió el tiempo, y creció nuestra
ternura y nos ee¡::ararnos al fin porque era preciso separamos.

........................... •··•·········· ........... ················ ··· ·····················

•

Habían papado ya dos afias; la ernuela, la Directora, las diecípula@, todo se babia
borrado del cuadro de mi vida, y una tarde que estaba yo en mi hotel de Londn·s,
sintiendo n.mcbofrío, enfermo dl:'l rebuma, agobiado por el peso de la niebla,,du 1ce
compafiera de la trísteza, recibí una carta de París que terminaba con eetas palabruf.':
De aquellos díaP, loa únicos de mi vida, ahora que ya no te veo á mi lado ni te
veré más nunca, solo me queda una coéa: mi vestido de tía. Ahora ea traje de viuda porque ¡ay! yo enviudé sin casarme y sin que te hayas muerto ..... .

1
~

Sept.iembre de 1897.

.T.AYIER

SANTA ?i-1.Anu..

EG'f',:f~

1

•

POETAS AMERICANOS .
Rubén Darío y su escuela.

I Zorrilla no hubiera sido el primer poeta de Espafia, ea deiir, si no hubiPra
sabido concentrar en sus ~er¡¡oi, todo lo más puro, sano, vigoroso y anejo dt-l
espíritu eecpafiol; si h~biera diluido en aguacbirl,e aquella eangre castiza que
llevaba en las venas, deJándr se arrastrar y eedoc1r por la sonoridad gáTTula
da 11,1 música matnial qut&gt; en loe oídos tenía, y que trasladaba al papel con facilidad
aeombrof.'a, Zorrilla ee hubiPfe psncido algo á Rubén Daría, que ea un Zorrilla ameri•
cano, como los diamantes ·idem.
"f-- , : ;

Mar ia V. de Per ez as/lardo.

Pro-Secretarla Srita. Trinidad Ortega Reyes.

Presidenta de la Junta. de &amp;!ñorns organizadora de la. Jamaica.,

Diremos solo sí, que los periódicos de esta caes tbriPron un concur.:0, con el fin de premiar el mejor puef:lo
y la veodeaora mf"jor ataviada.
Tuvieron á bien accederá nuestra petición, rara que
formasen el Jurado dictaminador en t&gt;Ste concurso, Jaa
estimables damas que lmgo ee expTE'f.'&amp;1,:
Presidente, Sra. Luz AcOf:ta de Gc,malez Codo¡ V cea
lee, Sra. Isabel Fiecher de ,vateon, Carmen Caetellot de
Laclaud, Josefina Caetil1o Negrete de Arrollo de Anda,
Dolores Hidalgo de Valleto, de LaviP, Camacho de Vm.
da y Sritae. Emil1a González Coeio, Eliea Corona_y Ana
Luif.'a Arrillaga.
Este distinguido Jurado dictaminó que debían otorgarse doe premios á loe puestos de helados y co:nfttti,
concediéndoeele acceeit a l puesto de n mate.
Respecto á los mejores atavíos,falló PI Jurado que df bia
concederse premio á las Sritae. Matilde Alfa.ro, Enriqueta Sanch.ez y Luisa Murillo, que lucían primorosos na.
jea de fantasía.
En nueetro próximo número tendremos el gueto de
publicar loe retratos de estas et ñoritae, con loe trajee
que llevaban en la kermeaFe, y en la próxima semana
El Mur,do lee enviará, asf áellae como á las e1-floras qne
dirigieron loe puestos premiados, los obefquioe que se
permite Lacerlee.

embargo el resultado de la fieet.e. sobrepasa hoy á todo lo
eEperado ........ .
Y ea que nadie puede contar·con lo imprevisto y lo im ·
T1revisto viene siemure á dar la última nota, la última
fisonomía, el encanto '1,efinitivo á las fiestas de. antemano
preparadas, ó biep á quitarles el brillo de un golpe.
En esta vPz lo imprevisto ba Pido benigno y coloreó con
una llamarada de vida nueva, de animación inexplicable
la encantadora kermesse.

•*•
empero, el entnsiasmo

En eeta vez
con que todo e l
m undo prestó su contingente, foJverdaderamente excep•
cional.
Desde muchos dfae antes de l9 fiesta. !a colon ia esta 'ba
en movimiento; ideábanse los proyectos más hermosos
vara loe puestos y para loe traje!!. Queríase sobre todo
huir de la rutina eo el ornato, rutina que, siendo ya entre nosotros ten frecuentes las kermeeees impera por des•
gracia en muchas de elJas.
Una v·z madurados eeoa proyectos, procedióae áeueje•
cución; invitóee al et flor Presidente y á su esposa para
que en presencia aumentara el brillo y ornato de la :fies•
ta, y el día en que eeta ee efectuó el ee()fctáculo bajo todoR aepectos no podía 1:er más cautivador.
Loe pnePtoe distribuidos armoniosamente en toda la
amplitud dPl parque, hacían vaciJar al gueto más eere•
no. Puede decirse que todos eran belloe, loe unos en medio de eu apacible ruet-icidad de paieaje, loe otros en en
euntuoeidad sobria. Mientras de un pabellón Luis XV
flotaban opulentos cortioajee, del techo de una encanta·

Secretaria, Carlota M. de Murphy.
dora cabafi.8 rústica colgaban loa rizos blancos del icvierno ...... Un invierno en quien nadie pudo creer, invierno de crrmo, al que daban un mentís delicioso aquellos ojoP, mares de ln1: y sombra tropicales, que llameaban en medio de la maneamafia.;a primaveral.
Y eran mnchoe esos ojoP ...... una bandada de aves de
luz que agitaban sus impalpables élitros bajo el azul del
:firmamento ..... .
Pocas veces ee habrán vieto reunidos grupos más nuS1eroeos de be1las mujereP. Si pare:,ía mentira que hubiese tantas en esta buena ciudad de Méxioo, por más
que se crfyese que abf se habían concentrado todae.
•
Su nombre era leaiónl
Y esa ;egión de la hermoe.ura y de la gracia, cuando
la oleada de la muchedumbre. a,,unció la presencia del
Sr. Presidente, formo le em beleeadora guardia de honor,
para rodearlo, para circundarlo dl:'epuée, y cubrirlo de
multicolores confetti-y de vi~toeas eerpentinae.
Y se libró Ja batalla, una batalla que ee dijera en un
reino mágico y ultra terrestre; caía en mtnnda lluvia polícroma por todas partes el aluvión de papelillos de colores y surcaban el aire como graoioeas serpientes .de luz
las serpentina!!.
Y aquella brega duró todo el día.
Las batalladoras eran incanllablee; no hubo un solo
instante en que no rasgasen el aire las cintas tenues y

•*•

En euma una encamadora fiesta eaa de Santa Marfo,
fiesta de la belleza, de la juventud y de la gracia, finta
de perfume, de armonía y de sol, que pneo un delicioPo
paréntieie á. loe afanes y á las anguetiae diarias de todt e.
loe que sentimos rudo el fardo de la vida.

. ,ft¡

J'
.[ ~r
l'

1.
11

Estátua de /llda/go
descubierta por el señor Oeneral Dlaz.

El Sr. Presidente de la República
[Instantánea tomada por los fotógrafos de "El Mundo."]

Banca.
E~ab11nal frente las Sra.•t Margarita K. de Cantón, Manuela N. deKofal, Virlrlnla. Wriht de Togno, Elena N. de C:icero y SrlhL~ lfllllU C•
la Kofa-1, Elena .Marln, Mari.a Teresa Gómez y Aurora Solana.

•*•

Confettl.
Yendian la señora. Maria V. de Perez Gallardo y la.sSei'i.orita.&lt;J Nela y Tri ni Ortega Reyes,
Aurora.é Isabel Uiazde la Vega, liarla. y Julia La.badle,
JQ5e.flna Nt1ñez y Prida, Aurora é Isabel Velazco y Maria Esperón.

C o n su traje de tía.

•

Rubén Daría, si no estoy equivocado 1 ea de Nicaragua, pero unos le tienen por
rioplatense, otroA por e olom biano, ·quién por chileno, y no falta quién le crea pata•
gón. Ea un bardo erra'll.te, como Zorrilla.
Yo me imagino que la América de verdad debe de parecerse á la de Rubén Darío
próximamente, lo que se parece á la de Los Sobrinos d,l Capitán Grant.
Rubén Dario, como el Doctor Mirabel, va cambiando sucesivamente de sitio, Pin
notar acaeo cómo los tramoyistas suben y bajan telones y bastidores, ba.rnbalinae y
!orillos.
Se ba construido su América, lo mismo que Chateaubriand, patriarca de la cur•
silería poética en el siglo x1x, y anda por ella, dietraido, vagabundo, pensando en la
Hélade.

$,gunao premio obloniao on nn•o!ro &lt;roncnroo.

.\ yo por aquellos días tn·ofE'eor de múeica y decla~ación de la escuela dR
S~fioritae del Distrito 12? y á. la verdad que llenaba mis deberes no por el
sueldo exiguo que me tenía eenaJado la Municipalidad, sino i,or amor al arte
como 101 artietae del Duo de la .Africana. Una tarde, el 31 de Octubre, la SP:fiorita
Directora del eetablecimiento, persona amable y buena si las hay, de esas que annqne
vivan ci ncuenta afioe conservan siempre la candidéz infantil, me trajo á una jovenzuela crecidita de cuerpo, ePbelta y gallaras, elegantemente vestida y me dijo:
- Aquí está una nueva discípula.. Levantó é~ta sus párpados, fijó rápidamente en
mis pu pilas las suyas brilladoras y apasionadas, y sin pronunciar una palabra me ,endió su manecita enguantada y suave y la df'jó algunos minutos entre rnis manoa. Luego, E.e sentó á. mi lado, inclinó obstinadamente la cabeza; y como si su imaginación
vagara por otros mundos muy disrantea, quedó absorta y muda durante todo el tiem•
pode la clase. Máe tarde, cuando su hermano vino á llevarla coneigb, Ee ePbemf'ció
como si la despertaran de un suefio, me vió con Ja expresión del qne corre un peligro
grave y ee fué sin despedida. Yo quedé muy mal impresionado sin Paber la canea de
m l dil!gaeto;· me abl!iuve esa noche d~ concurrir al teatro des Folie.e; Dramatiques donde
comun mente pasaba lae veladae, y soné en Ja noche, con indecible regocijo, que Mar•
¡;tarita (así ee llamaba la dircf'oula nueva) habla muerto de croup en medio de loe su·
frimie ntoe más horrorosos. Cuando desperté t la mai'ia11a eiguient.E', t-enfa el aspectg
-O.e quien ha llorado mucho y me dolía todl) el cuerpo. No fuí á la escuela efla tarde,
y después Pupe q"qe Margarita no fué tampoco; por la noche escribí un pliPgo en que
le presentaba al Ayuntamiento mi dimisión, y lo rompí apenas lo h°ab!a acabado de
escribi r.
Al otro día, media hora antes que la de costumbre concurrí á clase y ¡cofia extrafta! lo primero que vi fué á M:argants, ta..nbién llá.lida y ojerosa con huellas de higrí•
mas y una t,Xpreeión de profunda tristeza.
No nos ealudamoe, se vino á sentará mi lado y estuvo oyendo con mucha atención
las leccionf's.
Cuando le tocó ir al piano estaba muy temblorosa y más pálida que al principio:
la invité á que cantara y au voz dulce y vibrante me nenetró de un modo extrafio en
el corazón. Asf estuvimos muchos díáe, sin cruzar una pal.e,bra, dirigiéndonos mira4
das casi hostiles, pero siempre buacándonos para estar juntos.
En la.tarde del 6 de Noviembre hacía ~ucho frío y yo estaba sin guantee, me tom~ una mano entre las suyas, se een&amp;ó á mi lado y no volvió á soltarla hasta que termmó la clase.
Yo me sentía feliz. Sin embargo, cada día la odiaba más y era para m! su recuerdo lo más amargo de mi vida.
¿Cómo entramos en intimidad?
N~ ella ni yo _lo hemos aver~guado nunoa. Lo que recuerdo muy bien es que al
paco tiempo la Directora y las d1ecípu1ae me hablaban de Margarita como si fuera una
persona de mi familia, me esperaba ella en ~a ventana para verme desde que doblaba
la esquina; y después, terminada la clase, la acompafiaba yo á. su casa .
. Desde entóncee mi ~ida no tuvo más que un objeto : verá .M.arge.rit-a, y11na-oonpac1 6n : C!)ntar deeeeperado las horas en que no estábamos juntoP.
-Rema mía!
-Rey mío!
Esie era comunmente nuestro saludo, y luego el tiempo corría como un río eerefletados y Sodas.
no qMe no b_!ce rui~o pero quehva d~ príe~, muy de priEa. ····· ···
Vestldw, de blanco atenéllnn á. los parroquianos, la. directora. del puesto Eeñom rarlota Morales de Muriihy
~u¡¡u1 a veet1a con mue a e eganc1a y l!U! trajee, relacionados con su edad,
y ·sritas Iloffma.n, Enrlqueta Philiph~,
eran siempre cortos. Llevaba algnnaa veces un pale'6 de pafio crema que le estaba
Enriquet.a Mora.les Percirn, Carmen Ga.ra.y, Lola Da.rqul, Luz Barbedillo y .Maria. Murlllo.

�DO ■ 11111O

EL MUNDO

238

¿Quieren ustedes que lee diga la verdad? Pues eu mi
cvncepto, Rubén Dado no pienea en la Hélade cantada
por Homero, ni en la contada por Herodoto, ni en la pcn•
1,ada por el divino Platón, ni en la puesta en solfa por
Ariet.ófane~ 11ino en la dr.trrifq por Duruy,
Creo firmemente, y me alegaré de equivocarme, que
Rt1bén Darío no ea capaz de conjugar sin tropezones el
verbo eimi, ni de diet;ioguir, como lo hace cualquier diací~
pulo de Don Lázaro Bardón ( q. e. g. h.;, la conjugación
b11rítOT1a de la conju~ación en ,11í.
Y Ja verdad, estas coeas de la Hélade son para toma•
das en serio y á machamanillo. Con todo se puede enredar meaos con el clasicismo helénico, el cual suele dar
ferocíeimoe chascos á quienes lo cultivan por mero dile·
tantiemo, á quienes creen hallar loe motivos poéticos de
él en la superficie; y lo ricrte,1 1 ya en rapsodias, peores
ein duda que lae dti loe seudocláeicoe franceses del eiglo
pasado y del anterior, ya en meecolanzae incomprensi•
bles é ioeoportablefl cou o&amp;.roe elementos poétiooe.
Muchas obras de Rubén Dario, que no cito ahora porque no las tengo á la mano, me han hecho la miema trie•
te y extraíla impresión que loa batiburrillos arquitectónicos de que no se ha librado caei niogulla caledrnl espaftola. Loe pórticos grecoromanos de columnas y pilas&amp;.ra!I lisas,
de severas impoetae y de áticos desnudos,
incruetadoe t.iránicamen1e, entre la ficí•
eima labor de loe juPquilloa ojivales, ó al
revés, las arcada!I góHcas florecieotes de
yedras, ennda1eras, cardos y espinos,
cargadas de wéneulae, c!oat,le~e y !:orna•
c1nae de eanticoe con barba rizada y de
santioae con cara de monjas bobae, y co•
ronadae bárbaramente por rudoe pinácu•
loe piramidales, rematados en pel0tae de
bronce ó por achaparrados escudos bor·
bóoicoa con el borrrguito colgando, producen eierópreen el ánimo unadepreeión
dolorosa, el Hietleimo efecto que an toda
alma noble causa la unión de una patricia delicada y frágil, con un vil plebey-0
ad inerado y basto,e.
Para intentar mezclas de semejante índole, es necesario llamarse Goe~he, y xerlo, y ni aún á llamánelo de mote ba llegado aún ningún poeta americano. Con•
cederé que emre estos haya algunos, más
de loe que cree la gente vulgar, capacee,
como J.irfa aquel de quien hablando ea•
t.oy, de ensillar al Pe¡aeo. Pero un Goe.
the, un Zorrilla, un Campoamor, sin andarse en preparativos, Je montan en pelo,
y_ le conducen por donde ee les antoja.

hechos y am'lñarlos por los batee de la crietiandaq. Para
nuee~ros poetas, para loa franceses, para lm; amencanos,
todavía no suenan á. co11a grande, importantísima, de
primera magnitud, loa nombres de Abul-Bl•'ka el Ro~·
def\o, c1Jincidrn.te con nuestro grao elegiaco Jorge Mannque, y de Judá LAví, el Toledano, obje\o de la adora•
ción fetichista de Heine. Nos hemos empefiado en pro~f&gt;guir ó en df"jar en eu aér antiguo la ía1 taemagoría de
las z11rnbra1.1, de las huríes y de loe abencerrajes, como
si el Oriente no fuese una cosa tan seria y tan respeta•
blA como el clasicismo grit&gt;go, ef&gt;gún va dicho.
Y también parte de culpa de ello la tiene el redomado
ral!lrt de Chateaubriand.

s

de

OCTUBIIE de

,ao,

EL MUNDO

¡Cuánto hubfera dado por ser muchacho algunos instantes para lograr mi objet;ol
Después de in6'1l y prolong\da lucha, intenté derribarlo á pedradas; pero el nido eft4
taba muy alto, y yo no era ;nny diestro en el manejo de tal arma. SJlo me quedaba
un recurso: la escopeta. La tomé precipitadamente, y como Otelo nota&lt;1e lo quepaeaba, se puso en ac,irud de scf&gt;cbo. El tiro tenía que ser certero¡ hice fupg-1 ....... y el
nido cayó á. tierra. Más tardó en caer al suelo, que en ser llevado á mis manos por
el ágil lebrel. 1A.y! aq11el nido era una parihuela de heridos¡ ahí ee1,aban loe padree
con las alas roras, de@plumadae, goteando sangre, y viendo con aquellos ojitos Dfgroe
y brillantes á loe peq 11etlueloe implumes, que asombrados en su inocencia no se daban
cuenta de le que pasaba.
¡Oh, cuánto hubiera dado por salvar de la muerte aquellos gorriones c1ei espiran•
tes, que iban á deíar á eua hijos en la mi1e completa orfandad! Pero tenía qn~ auca,•
der; el corazón lee palpitaba con violenciA-como el m!o sgi,ado por el remorJimieato-y pocos m &gt;roeut.oe deep~ée, con eacudimien,oe epiléptico1.11 los pajarillos abrieron
el pico, exhalaron el úhimo suspiro, y cérraron loe ojoe para siempre.
¡Muertos!- -me dije-¡:\foerto~, por un capricho, por una travaeura ein gracía., por
una maldad mflil ¿Q tá hlicer abora con ea~e par de avecillas huérfana!!? ¿CL1mo proporciouarlee calor, siquiera eemejantd al de las alae maternas? ¡ l\Iuertoal-repetí-y
me eché á ll01ar cowo un rJifio, recordando lo felices que poco tiempo antt-s eraa en
aquella morada agreste, donde la madre con dulces gorgeoe lee arrnllaba á la hora de
loe euef5.oe.
En esos momentos la noche df'FCendió de loe mont.es, y laseetrellas-mariposas de
luz-temblarou con ane,as de náufrago en un mar de sombras. Ent.re los matorrales
eilbahau loe grillos monótona y destempladamente; aullaba el coyote alborotando ei
g.1llioero 1 y llllá h jos1 muy lejos, ee ,·eíao como cárdenas maocbas, lae lullJinarias que
en torno dts loe jacal~e h.1bían encendido loe campeeinoe, para precaverse del frío, y
llegaban á w1e oillte,en alas del viento helado y cortante, cantos ealvajee, impre~uados de iufioita melancolía.
Cubrí loe cadáveres con Un pufiado de tierra; eeotf hondo pavor, y Hhándome á
cuestas el arma 1a~al, y llevando en el hueco de las manos á loe pajarillos que milagrosamente habían escapado, me puse en marcha, camino de mi casa.

DOMINGO 3 do OCTUBRE de 1197

ginal en el arte: copiando con la mayor exaotitu~ inte!·1ia
po9ible '- la Naturaleza. Esto ó algo muy parecido vmo
á decir el eeflor de Ariatótelee. Y, de igual modo, no
hay máe que una manera de ser completamente libre en
el mundo: eiendo esclavo de la libertad. Eeto ó algo
muy semejante dijo el eeflor de Cicerón.

•••

Por eso á pesar df" todos loe pesare.~ que llevamos enumerados Ála ligera, Rllbén Darlo tiene. m1m~er1tos de poe•
ta, ráf.;gae, chispazos en loe que ea precteo fi.Jaree. ¿C~a~•
do ea poeta Rubén Darío, cuándo lo son loe que lo 1m!•
tan? Es natural: cuando no ee acuerdan de que ha habido arpas eólicas, guzlas moriscas, ó laud.ee trovadores•
*
• ee mucho más poeta que coa en el mundo: cuando hablan de América y procuran
Al hab1ar de Arcinif&gt;gae,•que
Rlll:lén Daría, aún cuando no lo ent.iendao así los ame• pintar la Naturaleza americana, sin üeevaríoe fa~tásti:
1icanos, me fijaba f&gt;n la tendencia medioewl de algunas coa ni dielocaciooes de lengoaje, sin rimbombancias, m
poesías de aquel, y al hablar de Rubén Daría, algo hay arcaismoe. Porque, hora es ya también dfl tomará. A~é•
rica en serio, como á Grecia, como al Orlent.e, Y qmen
quP decir tarnbién de esto.
¿Por qué rf&gt;gla de tres se habrán figurado estos apre- debe tomarla á serio, y estudiarla bien y presentarla á
loe ojos del mundo civilizado, por obligamón na,ural,
ciables poeul.B que se ptrmite hoy construir caetiUoe roson ene hijos. Hagan estos un eefuerzo arranquen loe retofioe de la retórica
pegadiza, adquieran personalidad, y no
4T'ercer premio obteniao en nuestro C!onc:urso.
se diga de ellos que habiendo llegad?,
por desdicha nueeua, á la indepe~dei:icia
polfüca, no han logrado aún n1 B1qu1era
la au\Onomía poética, Ja cual puad.e eer
ventajosa para la madre patria y para
ellos¡ porque lo má, triste es que la dependencia, la sumisión, que uo, eería
exagerado calificar de eerv1l 1 en que vi•
ven, no lo ee respecto de Eepafl.a, en la
mayor parte de loe casoe, y sobre todo,
en este particular, de Rubéo Daría, sino
respecto de Francia, de l&amp;alia y de A lema nía.
Rubén Daría, á quien t:-mo hoy como
ejemplo. pod1a ser uo buen, po_eta caete•
llano, y no es más que un media- no versificador, afrancesado bau,a la médula:
y un pervert.ido se halla el gu.eto en
América, que allí todo el mundo _le enco•
mia y le sigue, mientras apenas se habla
de loe autores que má~ modestamente y
con marcha más fija, prncuran no olvidar que soo hijos ó nietos de eapailo•
lee, y estudian nuestros '.Clásicos con fer•
voroaa aplicación.
'
Rubén Darto como dije an'8e,'- podría
perecerse á José Zorrilla, y de hecho algo se le parece, en la afioión de buscar
u.lee ó cuales onomat.opeyoe, ó mejor,
•
largas sonoridades deecrip,ivae, como lae
que \\'agner empleaba dé uo modo subliLira de b1"illante11 sqbre mullido cojin de
me: más para conseguir eso,. que Zorri·
t·aso azul, Hama el Sr. de la Barra al ine•
lla lograba facilmente, sin esfuerzo al,rumento de poesía que maneja el Se•
guno, R ubén Darío no se para en barra':',
ñor Darío.
sino que destroza la eintáxie y la analoDe esta frase, un poco ......... fantaeiogía, saca de su cabeza neologismos diepaea y abuRioo. pudiera inferirme que el
ratad:e ó arcaiemoa inconvementee, y
vate nicaragüense ea un· poefa oriental.
llega, como loe parnflcianos, á p:-eecinfür
También parece indicarlo su nombre
del a!!u:.ito ó á olvidarse de él, arrebata,
11emílico, de los que deseepera1.o y espeluzJo por la ruria de lae ua1abrae, por el tonan á. Drumoni.
rrente de loe sonidos eetra;ni:óticoe, uor
Ahora dicen loe eabioe que lo más del
lo que pudiera llamarse neumorrea ó flujo
Oriente conocido por nosotros, no tiéne
de aire vano y retumbón.
ni chiapa de semítico. Esos apreciables
No tiene tampoco ref)aro en quebran•
pereae tan decoratit-08, tan prestigiosos, con
tar y dislocar loehuesoe y loe músoulce á
1.1ue gluenas barbae de canelones, no eon
la versificación castellana, y aeí le vemos
{lo dico la ciencia y hay que creerlo],
resucitar en composiciones largas lo que
wáa que unos arios un poco más curete
Andrés Bello ingeniosamente llamó en•
que loe demás, y cuenta que también el
deoosílabo1J dactílicos, y alguien ha caJifiPº'Ml ario ha bajado mucho, según las
cado recientemente de versos de gai.l&amp;
ú lt;imae noticias.
gallega, dando eeto origen á larga é inútil
De esto, á declarar que
discusión.
lo11 pen~atit·os y dej03 califas
Los tales versos de Rubén Darío:
Alta la frente que el casco rehusa 1
de Rnbén Darío, no eoo sino vulgaríei•
toda desnuda en la gloria del dl.a
moa gobernadores de provincia, ó direcalza su tirso de rosas la MttBa '
ioree generales de cualquier ramo, no
ba.jo el gran sol de la eterna harmonía,
hay mucha· distancia, y esta ee salvar,
no eon otra cosa que -endecasílabos pr,pronto créanme ustedes.
rrafaélicos, como loe lirios, las azucenas
Para mí es indudable que lo son.
Remate.
y las BOta8 recorta.da.a del eef'Ior Rueifl.ol.
CriBtóbal Colon iba en busca del Orien•
Vendian lujosos objetos las señorita~ Matilde Aifaro, Feli"B._Sa.nchez, Enrii¡uet.a Sanchez
Versos de esa ex1,rafis acentuación, lee
te, y ee eoconiró con las Indias occideny
Esther
Pefiafiel.
'
saltan por casualidad al Marqués de San•
tales, con América, vamos. Los poetae
tillana y á Micer Francisco Imperial e.o.
americanos de la cuerda de Rubén Daría,
han salido tanbién hacia Oriente, claro ee, en dirección queroe, y llenar dA cienes Joe lagos azulee, y contra-ha• los primitivos balbuceos de la poeeía italiana en n~escontraria á la que llevó Colón, y han llegado á Europa ... cer endechas y éervPnte1.1íoe trovadorescos, y resucitar t.ra tierra:
]f}ra, en su vi.Bta benigno é süave
y han visto que es buena, y se han quedado allí, en lo pálidas 1.1eflorae feudales y torvos eeiloronee de horoa y
é en color era la su vestidura ..... .
cual les alabo el gueto.
cuchillo, ael, por gnetoN sin mosivo grave que jusiifique
Pero no por eso aan renunciado al Orien'8, lo cual ya semejantes desenJ.ierros!
Después se cayó eu la cuenta de que no debía ir por
no ee ta.o loable.
Excesos de ea a índole ee le tolerarían á D. Víctor Ba• ahí la acentuación del endecasílabo, y se abandonó por
Algunos, como Icaza, han tomado la parte de Oriente laguer, qlle ea anciano respetable, y que además, en 88· oompleto esa. Y no hay máe que discutir.
que aún se conserva en Europa: se han meiido en la .rio, ha sido el último trovador; pero no á la gente que
Alhambra. y no se han perdido en ella, antes han sabido debe baer la tao esperada é indispensable saria nue1:a.
Aquí, en Espada, también hay algunos admiradores
ealir honrosamen'8 del paso, aún siendo tan pelig1oea
Las pálidas tardes, las ozucenaa gentilei y loe cisnes blan• de Rubén Daría.
la aventura, después de Zorrilla.
coa ó negros. son coea de1:1aoreditada y mandada retirar
El mismo Salvador Rueda, que vale máe que él, le ha
Otros, como Rubén Daría, han inteiltado recoger y de la circulación poé~ica. En Madrid no quedaban más dedicado unos elogios at,erradores. Cosas de poet;aa. Mi
verter el espíritu oriental en sus rimas ......... y no han que dos CUJnea en cierto famoeo r~taurant, y hace ai'ioe se opinión personal ya está apunt;ada: para juzgar con berecogido cosa de provecho.
tronó el esr.ableciwiento. Claro, en eae berengenal de nevolencia á Rubén Darfo, serviría más ~ner en cuenta
No diré que Rubén Darío sea, como otros de por aquí loe cisnes y de loe lagos, casi ningún poeta de-jó de me- lo que ha podido eer, lo que puede eer toda vi&amp;, 'que lo
y de p~r all.á, u.n moro ~ /03 dá.tilu literario, pero sí que terse, pero basta ó debe bastar con una zambullida.
que ea en realidad.
t:n eus IDbptra01onee or1enialee se observa un convencioEa cuanto á las azuceoae y lirios dP qlle ,ambién ene•
F. NAVARRO y LBDES?alA.
nalismo retórico, no menos arbiirario que el imperante len abuear loe vatee de la manera de R11béo ÜJ\rfo, conen eue reminiacenciaa helénicas.
viene_ dejarlae todas para el consumo del Sr. Rusiflol y
No ienemoe idea del Oriente t"erdl.ulero, nosotros, loe de eue diecípoloe impresionista.,, prerrofaélicos, ó como
europeos, hallándonos mucho más cerca de él que loe quieran llamaref", e,oe Bf-ñuriioa que encuentran más CÓ•
americanos. No la \enían Víctor Hc.go, ni Zorrilla, que mbdo recortar floree y flgurae de baraja sobre un fondo
f"B cuanto hay que decir. El filosófico pensar y el hon- cualquiera, que salir en bueca del natural, y copiarle 6
díeimo sentir del árabe y del judío, estudiados y anali- imitarle ó inepiraree en él, cada cual según sil eenSir y
zados á mediaa todav1a, no han penetrade en nuestro su temperamenM&gt;.
caletre, desvanecido aún y deslum:brado con loe falsos
Porque, parece mentira que aea necesario repetirlo:
colorines de las leyendas y de loe romancea moriscos..... No hay más que una manera de aer comJletamen'8 ori•

••

•••

Uo af\o hace que ee verificó el tri-te auoeeo, y un aflo tambien que lucho inútil ..
mente por borrarlo de la memoria. Cuando anhelando loe castos goces del hogar honrado, las caricia1:1 de loe hijoe y loe beeoede la eepo@a, me estrello ante la realización
de mis eueños; cuando veo que comrarioe vientos, deshacen paja á paja, el empezado
nido de mis amflree, y no logro concluirlo 1 en~oncee ¡ay! pienso en lae desdichas de
aquellas aves, y eient.o que con vuelo invi1.1ible á míse acercao, murmurando á mi oído:
-Un capricho tuyo noe dió la muerte; noe hes privado de la dicha q11e ambicionas; y pues el cielo es justo, en castigo de ,u falia, nunca encontrará.s la íelicidad.
JUAN

B.

DELGADO,

México, Septiembre de 1897.

Pasteles y dulces .
Expendedora~: Seíioras Juana E."pejel de Lelo de Larrea,
HortemiaSequl de Limón y Sefiorlta.q carmen y Hortemle. Viola u te, Laura E.~pejtc!l y Carmen Morlet

El nido de gorriones.

QUELLA tarde salí como de costumbre á dar un paeeo por
loe alrrededoree piotoreecoe del pueblo, llevando al hombro mi eecoptta, y seguido de Otelo, perro negro y celoao,
que ha sido el fiel, el inseparable compañero de mi juvenrnd. Halágamf', después de mis laboree cuotidianas1 salir
al campo á sacudir mie trie:ezae nostálgicas, y á evocar re•
cuerdos á la hora melancólica del crepúsculo.
Había llovido; soplaba de la sierra viento húmedo y
•,olía á barro; se extremeciaa los árboles dejando caer algunas hojae, y en loe abiertos
•cllices ae desleían las gotas de la lluvia como salpique líquido de diamantes. En loe
aleros de las cabanas, que ya empezaban á coronarse cou penachos de humo, reque•
brándose las palomas, ei,poojaban el plumaje; garzas morenas y cienes de inmaculada
blancura, euendfan el ala como para secarla á. lae últimas ráfagas de1 aol 1 y en la llannra, el potro Pnarcando el cuello, sacudía con la cola lae evaporaciones de su piel,
dando relinchos de alf'grla.
¡Qué blanco se miraba el rebafl.o sobre la afelpada alfombra del gramall Di·
daee una nevada que había descendido eobre loe campos, fingiendo copos de cándido
vellón. EL río caudaloso ee re\orcía en el cauce-inmem1a sierpe de bruñidas esca•
mas-dejando filuar por sus grietas algunos hilillos de cristal, que corrían murmuran•
tee por loe surcos de los maizales.
¡Y qué agonía crepuacular tao bella! B1jo el portentoso arco triunfal que el frie
apoyó sobre las crear.a.e de loe volcanes, la iarde, la pálida tarde, fué pasando basta
perderse en 11 inmensidad ......... El Sol eDaangreot6 lae nubee, que impelidas por el
viento ee arremolinaba.o en O.::aso, y una que otra estrella empezó á parpadear en el
raso deeteftido del firmament;o,
Olvidé buecar perdices-mi caza favorita-por admirar absorto el espléndido pai
saje,. rico en coloree, que desplegaba ante .mis ojos la naturaleza. Me detuve bajo un
-fresno¡ apoyé en él miescopota; tomé asiento en una piedra musgosa, y me puse á obser•
var detemdamentt, loe cambios de luz y los juegos kileidoscopicoe que ee eíectúau cuan,
do el Sol eepiri\, mientras mi buen amigo, frente á mí, apoyada la cabeza en las manos, me miraba de hiw en bito, prest.o á correr en. busca de las piedreciilae, que yo de
cuando en cuando arrojaba á un estanque cercaoo.
Vino á interrumpir mi jueg ,, y á Sacarme súbitamente de mis contemplaciones el
piar de dos avel!. Alcé la vista al ramaje que me servía de doee~, y pude ver un nido
de gorriones. Aealtóme desde luego la idea de poseerlo, de aduenarme de él, y irepé
al arbol, apoyándome en eue aeperezae. ¡Empef\o vano! Ya próximo á cometer el
-asalto, á perpetrar el robo, caí resbalando pesadamen~ por el tronco.
4

Cantina.
Cantinern!ól:

~eñora11de Rabasa y de Balmon,
Mefü;a Lee Roby, Seíloritas ~ftU!qle.u, Victoria, 8ulnlla y Ernestlmi.
Gayosso, JuUa Ló~.z. Gahriela Eeguerise, Manuela Habasa ): Marta y Luz Florsse.

�DO ■ IIIGO 3 de OCTUBRE de 1'97

EL MUNDO

RECUERDOS

•

DEL BAILE. DE FANTASIA
EFXC'l'U.ADO EN EL FRONTÓN NACIONAL
EL

16 DE

SEPTIEMBRE

Ofrecimos á nueet.roa lectores continuar publicaDdo
loa retratos de loa niños que concurrieron al baile infan•
til de fantasía, del cual ampliamente aoa ocupamos en
nuestro número anterior y algunos de los cuales tuvimos
quedEijar por absoluta falta de es¡.,acio para este número,
cumplimos hoy .ouestra promesa; dedicándoles dos ~á•
ginaa del eeroauario.
DESEOS

Oh! virgencita de la trenza rubial
Oh! virgencita del ebúrneo cuello ..... .
Pa~a grabar mi nombre en tu memoria
Yo quia.ara violar tu pensamiento,
Como violan loe rayos de la luna
De tu alcoba de virgen el misterio!. ....... .
Como vierte sus lágrimas la aurora
Sobre. el áureo botón del crieanthemo,
Sobre la blonda caballera de oro

Prestas las golondrinas se eecondfan
En loe nidos colgados del alero,
Y la nifia, gozando,
Oía al errabundo cancionero.
Caniaba azaa el lieder de la ausencia,
¡La ausencia siempre ingrata!
Cuando vibró con lúgubre estridencia
De una ave ignota el lúgubre graznido,
Graznido que retrata
Del dolor y la mrierte el alaridu.
Callé, con(uao¡ dt!l balcón la reja.
La niña con recelo
Dejó, cuando volaba una corneja,
Que trae cernerse como mancha obscura
En el fondo del cielo,
Se eclipsó, circulando por la altura!
A poco, ante ioe muros del castillo
Arribó un mensajero;
Se abrió la puerta, descendió el rastrillo,
Y el llegado contó con voz abogada
Por el llanto, que 1,I joven caballero
Había muerto, pensando en su adoradB.
ESTÉBAN MAQ uxo

CA!:1-TEI LA NOS.

Sbre de 97.

Alicia aayosso
[Margarita de Valois.]

. ¡

,,.
Ostiones.

Rifa Tombola

Despachaban Jns Srltas. Lupe Collantc~, Refugio, Carmen y Dolores Cervantes,
LupeBola.ños. MarlaFonseca,
Dolore1; del Ca.1,tlllo Negrete, Luz &amp;!gaceta y Carlota. Callantes.

Movían la rueda é indicaban loii premios las seiloritas Clotilde y Ellsa Guenier,
Mllrla y A.ua Sanciprián y Josefina y Lupc Ochoa.

Obsequios hechos al Sr. Presidente y á su esporn, en la Kermesse de Santa Maria.

VISIBILJDAlJ

Creía~e que no habría máe f'x.pnienciae
que hacer acere.a de la visibilidad de loe
colorPe y. de loa fuegoe coloreados vistos á
distancia: mae no así pienf!an los oficialf'B
ingleses y alemanes que recientf'mente han
foncionarJo en oomieión para fijar la die·
tancia á que deja el ojo de percibir ciertPe
colorPa y el punto en donde se apaga el
brillo fü• u"a luz blanca ó de color.
En Inglaterra se t.rataba de examim1r
en qué se fundan las críticas formuladas
en todo tiempo contra el color eecarla1a
de loA uniformes del ejército inglés. Se dice que resaltan demasiado sobre el aepec•
to general ief terreno. Se han hecho1 pues,
ellf!ayoe, procPdiendo de esta manera:
Din hombrea ee viet.ieron de gris claro,
rojo eecarlar.a, gris oscuro, azul oecuro y
verde oecuro á razón de doa por color· y
'

alejaron progresivamente. La def!apari•
ción ee efectuó en el orden indicado; los,
últimos colorea visibles fueron el azul y el
verde oscuro.
La.a experiencias alemanas han indicado
de nuevo que la vif1ibilidad de la luz deuna vela es de 2 250 metros en las noches
claras, y dP 1,610 PO laA lluvioeae. Se eabfa ya que la vieibilided de la luz blanca
ea proporcional á la Taíz cnadrada de su
pode:- iluminante. La luz d~ una vela rodeada de un globo vPrde, ha podido die••
tinguiree á 6 kilómf'troe, límite exiremo.
Las luces verde oscura y amarilla oo han,
podido verse eino á una corta diatan'hia.
En cnanto al 1ojo1 eobrt" todo el rojo co•
brizo, sus matices.se d•FtinguPn de muy·
lf'joa. Eat.ae últimas irP•"f'Ptigaciooes han
tenido por objeto bue!'lar r.oál es el color·
que conviene dará las flf-fialf'B empleadasde noche á bordo de loa buques,
BP

DE LOS COLORES

'

.

Carrito con frascos de p•rfumei;, obllequlq, de la Rrn. Sancipr"án; ca}a de puros, obsequio de la Sra.
Benfleld de Onsteld; Floreros, obsequio de la Sra. llirschbt:rg.

...-• _.l_
f

I
1

l
1

•

VeaLidura undi vaga,
Arrebuja au cuerpo en bJ"eVdq ondae,
Blancae como la flor de la I uteza¡
Y por eua labios vaga
La sonrisa glacial de la tristeza.
Dicen qni desde niña, el alma entera,
Para eoftar creada,
La conquistó el amor con íraee ar'era,
Y que el doncel para lograr su mano
Eu hora malhadada,
Fué en pos de glorias á país lejano.
La conocí cuando al morir la tarde
De su balcón vefa
A. Venus blanca,.que en el véeper arde;
A.l verla en au dolor callada y aóla
Qaiae darla alegría,
Tañendo sl pie del muro mi bandola.
Canté la juventnd con eua amores¡
Las dulces remembrauzae
De sueños que pasaron eeductores,
Y con acentos hasta entonce hallados
Canté las eaperauzaa,
Pájaros en el alma aprisionados.
R.1diosos loe luceros se encendían¡
La noche iba avaozando,

María Luisa Perez de León.

l.rnesto Ve/asca

[Mariposa.]

[Caballero. Epoca Luis XVJ.J

Qniero verter mis lágrimas de duelo!." .....
Y quisiera en LU freote penl!ativa
Posar mis labios y dejar mis besos,
Como en la nieve de la excelsa cumbre
Tuija la tarde au postrer reflejo!. ....... .
Oh! virgencita de las crencha~ de oro1
Yo qniaiera violar tu pensamiento ........ .
B-&gt;ear tu blanca y pensativa freo te
Y ante tus plantas desflol'ar mie versos!.. ....
Oh! virgencita de la trenza rubial
Ob! virg,mcita del ebúrneo cuello!.. ....
Q11iero grabar mi nombre en tu mern01ia,
Atite tus plant,ae desflorar mis versos,
Y morir como muere la violeta,
Sobre tu blanco y perfumado seno!.. ..... ..
Septiembce de 1897.
PEmmR. ZAVALA.

FLORES MARCHITAS·

ME:JIOEVAL

Fra.c:co de vino. obsequio de las señoras Rabasa y Balmori. Vaso
de plata, obsequio de la. seftoI11. Morales de Mnrpby. -

Orn\equlo de la. Sra. Maria V. de Perez Gallardo y de"laa Sritu.
Ort&lt;&gt;ga Reyes.
·

Estatu11 Je 1a Fortuna, obsequio de 1~11 Sr!ta.&lt;1 Lame..-Vaws.
etru;,.ro!l, obsequio de la Sri ta. l!:sther Peñafiel.-Boks, obsequio de-·
la. Compañia de Ce veza de Tc,luC"a.

La niila ea bella cual si fuera un hada;
Su pálida mejilla
Ea de una viigeo en marfil tallada
Y eu mirada quieta y voluptuosa
Color de cielo, brilla,
Y parece que be3a donde posa.
Son rubias como el sol sus crenchas blondas

Rau/Arteaga.

Entra ...... no tardee ...... te eepenin
mis amados enfermitos
que vagan en la penumbra
llorosos y penaati vos
como huérfanos que gimen,
como tiernos desvalidos,
que sienten la noatalgía
de loa anhelos marchitos.
Es,án aoloe, olviJadoa
porque son mie pobres hijoe,
porque son mis e1:-pnanzas:
mis auefloa desvanecidos,
loe neuróücoe enfermoe,
loe huérfanos del cariüo
que deefallecen en mi alma.
por la anei;nia. consumidos.
jlnfelicesl en la eataucia
donde se hallau tieuen frío
y nadie se compadece
de estos tristes penaar. ivos
que vegsn en las penumbras
indecisas del olvido,
siempre pálidos y enfermos,
siempre trietea y afligidos

�•••

DOMINGO 3 de OCTUBRE de 1897

EL MUNDO

La.~ uvas ck ellos son uvas ponzoñosas: racimo¡¡ ~e amargura. tiemn.
Veneno de dragones es tu vino y ponzoña cruel de áfpides.
Pican y no matan. Tienen hasta la impotencia del

Orupo de niños tomado por nuestro fotógrafo.

ein un rayito de cielo,
ein un girón de cariflo
que irradie en las lobregueces
inmemae de su retiro.
Entra á la estancia ¡oh princeeal
ten cnfdado ......... no bagas 1 uido
y enciende auroras roeadae
en lc,e aim:lles sombríos
donde alzan eu voz doliente
mis su@fioe deevanecidoe,
mis lánguidas eeperamae
y mis a1.1belos marchi~os.
No tardee ..... . emra á la alcobá
donde están mis pobres hijos,
loa neuróticos enfermol',
los huérfanos del cariílo.
Entra y desteje callada
¡oh visión de lo infinito!
la guirnalda de tus besos
y el florón de t.u cari:fio.

Septiembre de 1897.

BENITO

F.ENT.ANXS.

PINACOTEA.
AL1\IA1&gt;

lJJ,;

FANGO.
(Frag.1D.entos)

El horror p~e~e ser sagrado. Ptiro la cólera ea santa.
La cólera ea d1v10a1 dice el Tdxto. Dios se indigna con
frecuencia y fulmina y ruge en el fondo de ese abism0
que se llama la Eeciitura.
La cólera es alta. Está en la cima. Se adivina en Jehová, se mira en Ieaías, se escucha en Prometeo Del
Cáucaso al Sinaí se apoya en el horror. E~tá ent~ do 8
fulminaciones. No envilezcamos la cólera,
Contemplemos la saturnal de loe histriones.
Escritorzuelos intonsos, ignorantes é ignorados asal' tan las columnas de loe diarios. Contorcionan vociferan, escupen el dicterio. Tienen de la serpien~ ~l vene•
no, y del mono la mueca y la impudencia.
Diaristas, que apenas pueden dt:!le&amp;rear sus diarios·
~r~fómanos ~stultos; calcógrafos chafallones; seres cuasi
~dlotae, á ~menes el microbio de la publicidad les trabaJI las men~nges¡ surgen como por encanto, para ser en
esa ~omedrn dolorosa, el triste espectáculo de Ja impoM:nc1~ d~~ente, ?e la torpeza en acción, de la ignoraneta pnm1t1 'i'a aspirando á balbucir a:guna frase, y seres
que apenas se esbozan de la animalidad, son en este templo del escándalo los doctores de la ley.
Y viene luego la cfmca y 01~cura turbamulta: los hambreados; perros de presa del honor ajeno. Los soldado8
del insulto. La p{dida legión de la calumnia. Homb
· h
h'º
res
s1~ onor, IJOB de. la audacia, trogloditas de la prensa,
tribu nómade y traidora, corsarios del periodismo que
dan la ca~a al honor en los mares tempestuosos de Iae
democracias.
Seres si~ _nombre p::-opio; fanáticos del mendrago, insectos fugmvos que pasan dejando su baba en las h ·
d
di .
b
o¡aa
e un ari~, o ~euros, deacuidadoa, senrmalee, que cru._u n p~r la vida sm saberlo, repitiendo el Carpe Diem da
Horac10.

Swinton fué Bu antecetior y lo harían enrojecerse. Pellepor les volvería la .espalda, y todos como Morande an·
te la espada desnuda de Lauregais, iserían capacee de .fi.r•
mar como aquel: Soy un infame.
Escribidores de albañal, llevan por todas partes el
olor de la cloaca. Se agitan en el faugo soberbios contra
el mérito y alzan uno como rumoroaü diálogo de insectos
contra el águila que pasa, majestuosa imponente 1 sober•
bia, en la imperturbable serenidad d~l hor~zonte.
Veget_ando en tan faagoea madrépora, inspirando el
desprec,o, explotando su bajeza, viven en el escá.ndalo y
m~eren en el sil_encio, teniendo una vida de me.riposaa
de. lodo, esta¡¡ l1bélulas de la infamia.
Sometidos á la horrible tortura de ver que el envi1eci•
miento no es infinito, deeesperan.
. Ver que el abismo tiene fondo, eso dafla la voluptuosidad de su bajeze..
Sus insuhos van á caer á los pies del insultado mlis
como un homenaje que como un agravio.
'
Diómedes lo dijo á P&amp;ris: no tiene fuerza el dardo del
cobarde.
. Ellos eab~~ bien que el infame ea invalnerable, y su
10vulnerab1hdad es más legítima que la de los heroee de
Ariosto.
Loe lau~eles de E~ost_rato no los dejan dormir, y sti agi·
tao en la tmpotencrn BID producir la catáa,rofe.
No hay leviatanes en el fango.
De sus palabras puede decirse con el Deuteronomio:

veoeDo.
Enanos que euefian con manejar el arco del rey de
Etiopía.
Bufones sin talento, á quienes Triboulet hubiera repu•
dfado de eu gremio.
Liliputienses del escándalo, que creen €\o au vanidad
de cal:iotin, que basta haber murmnrado sue infamias en
torno á uoa alta personalidad ó al pie de una grao repu·
taci ón, para que estas vacilen y vengan á tierra como los
muros de Jericó, al sonido de las trompeta!! bíblicas.
Oscuros mirmidonee de la prensa, que crtien manejar
la clava de HérculeB, embrazar el escudo de Aquilee,
golpear coa el martillo de Enc~lado, y esperan quetriun·
fe Uliees para insultará Polífemo vencido.
No sab1m, en su torpeza, que hay que reclamar para
ellos con Juan Crieóetomo para Eutropio: la inviolabilidad del menosprecio.
•
Loe dioses y los hombree, loe gritos de la fábula, y el
acento severo de la Hidtoria, ,odo lo remedan, todo lo
imitan, todo Jo envilecen en su mitologia salvaje loa
nómades titiriteros de la prensa.
La inmensa m~•eca del clown lo llena todo.
Y hablan de Libertad ........ .
¡El sagrado vocablosufre tamb¡én su violación!
¡Se dicen eus apóstoles!
No tia.ben estos desesperados del oprobio, que como
dijo D.rnglas Jerold: la locura de la prensa engendra la
locura de la espada.
Son loe zapadores del despotismo.
Sombrío momento que hace enrojecer la Hisioria. Ella
también tiene su pudor. Refiere la violación, no la sufre. Por eso es eternamente pura. Y, solloza á la vista.
de aquellos histriones iosur1ectoe.
El Paládium roto, ¿qué será de la Victoria?
Cuando en una democracia se ba corrompido el Poder
se puede aún salvar la Libertad. Cuando se ha corrom:
pido el Parlamento se puede aún salvar la Ley. Cuando
ee han corrompido los Jueces, ee puede aún salvar la
Justicia. Mas, cuando se ha corrompido la Prensa, ¿oó,
mo salvará un Pueblo?
Corruptio optimi pesimi.
Prostituida la Vestal, ¿qué vale el culto?
¡Máe, no! Las sacerdotisas verdaderas no sufren Ja
mancilla. El tumulto ocupa el templo, profana el atrium,
rompe loa vaeoa sagrados, lleva sus manos al altar. Las
vírgenes ~eladoras como parvada mística, envueltas t,n
sus velos rntocados, escapan á. la caricia del sicario.
Llevan consigo el fuego sagrado .
El culto cesa, no muere.
FALSIFICACION.

Hay de crietal de roca
brillantes, que cual sol, relampaguean
¡Cuantos hombres que brillan en el mundo
Son cristal de Bohemia!

.

~

--~

-

- -

1

::..'cí'
Corazón de sacerdote. POR H.

s. DE FORGE.

ILUISTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 10.
- ¿Y no me iré de aquí? preguntó tímidamente Ra-

Grupo de niños tomado por nuestro fotógrafo.

""Vaisson.
-¡Pardiez! ¿I rte t ú de aquí? ...... ... Se necesitaría para
eso que el castillo tu viese el tec ho muy bajo ...... .. Al
contrario, en lugar de eer uno sereie dos ¿y quién ea·
be? ........ . Acaso tres el aií o próximo ... ...... Entendido,
.¿no es verdad?...... ... Es mi voluntad y la voluutad de
...aquella que es ahora soberana aquí.
-O J aeeguro, eeñ rJr Ravaieson, aiiadió Lucila, que

aguellaqueos destinamos es un corazón de oro. Yo la co•
nozco y la amo desde hace quince afioe. Es cáei para mí lo
que voe sois para el se:fior de Sennevaux: la afección y la
solicitud enca rnadas. Sería yo tan feliz si la viese dicho·
ea y la conservase sin embargo á. mi lado!
- Señorita ...... ... desde el mpmeoto en que mi capitá n
y vos lo mandaia ... ... ... yo debo obedecer, ¿no es cierto?
Pero ¿podrla yo conocerla?
- E~ muy justo ..... .. .. Ya la conoces un poco ... ... Hela

ahí, que llega! Idos á pasear por el parque hasta la hora
del almuerzo .... .. ... Así os conocereis bien ......... Seilori•
ta Lariviere, Ravaieson tiene necesidad de hablaros. ...... .
os dejamos.
Loa pájaros del cielo fueron sólo testigos de la entretrevista del ayudante y de la aya. ~adie supo nada ja•
más. Rogei noió solamente, cuando volvió la pareja,
llamada al almuerzo por la campana, que la sefiorita Lariviere tenia una mejilla más roja que la otra y un buOlei

�DOMINGO 3 do OCTUBRE do 1897

Et- MUNDO

-~•4~4k=========================a:E;;,L~M;;;U;;N;;D;;;;O~==============º=º=M=l~N~G_0...:3'-----"'d• 0crUBRE do • • 9 ~

ligeramenta deshecha....... .. ¡Ah! loe coraceros no pier·
den BU tiempo en habladuríaeimltileel
-Mi capitán, todo está arreglado1 dijo el administrE.•
dor al llegar.
-Muy bien.
Al ponerse á la mees, R -gar levantó su vaso:

-Sef'loree y sefloras, el amor es contagioso, dijo. Tengo el honor de daros parte del matrimonio del eeBor Ra..
vaiseon, regidor del Jouy, y de la eeñ)rita Nuemi Larjviere ......... ¡.A. la salud de loe novios!
La eefiorita Lariviere bajó púdicamente los ojos y enrojeció esta vez de lae dos mejillas.

XIII

•

-Yo desearía ..... ... yo desearía hablar inmediatamente al señ.or abate Charlier ......... inmediatamente,
dijo con voz sofocada y enj11g1fodoee la Í"ente el abate
Chavasaieux al primer doméstico que encontró en el ves·
tíbulo de Jouy.
Pablo, adverddo, llegó inmediatamente. El vicario,
tomándolo por la mano, ~o arrastró, ein hablarle, hacia
un banco del jardín, y ahí, todo fatigado 1 le dijo con ea•
trecortada voz:
-S?ñor abate, mi querido colega ......... yo vengo ...... .
la caridad.siempre, anteaque todo, ya loeabeia, San Pa•
blo lo ha dicho.-........ la caridad .... .... . He aquí por qué
vengo .. ... .... vos podeia hacer un grao bien á una alma
que va bien pronto á abandonar este mundo ......... Os
conozco ......... est·oy bien cierto ..... .... Vos siempre habeis eido bueno ..... .... Ahora aoie sacerdote ........ . un dig·
no sacerdote! Yo oa suplico ... .. ... .
En nombre de la caridad, no me lo rehuseia!
-Señor Vicario, respondió P.1.blo, estoy presto, de an•
tema no, á hacer todo lo que des.eeis....... . Pero oe supiico
que os expliqueie, no sé de qué se trata.
-Ea cierto ...... ... Dios mfo ...... Estoy tan turbado .... . .
He venido muy april;!B, muy aprisa, porque el tiempo
urge ......... Tdmo tanto que sea ya tarde ......... Vamos,
voy á decíroslo todo. Mi cabeza envejec.:' un poco. No
querría olvidar nada. T~neia que la sefi.ora Deecordee ......
ya aabeia, ea la pariema ....... .. la prima de vuestro pa•
d.re. ¡Dios mio! No hay que ser demasiado severo.
Yo bien aé ...... ... ella ha tenido sus errores, grandes
errores con respecto á vuestro 'buen padre y á vuea,ra
digna madre ......... U na santa la aeH.ora vuestra madre!
Si, es ciel'to, y con respecto á vos también ha sido cul•
pable, muy culpable, lo reconozco ......... Pero en fin, la
caridad! Dios es misericordioso ....... .. Noeotroa rogare •
moa por ella ...... Y voe también, no ea verdad? Vos roga10ie por ella ......... olvidaréis el mal que oa ha hecho y
ha querido hacer á loe vuestros y á vos mismo? .. ....Decidmt, nada más sí y yo iré á decíreelo.
-Sí, cien veces y con todo mi corazón, interrumpió
Pablo que volvió á ver bruecamente todoa loe tristes
día1:i del pasado, pero que ignoraba los detalles del odio•
ao papel que había repreeentado la seliora Deecordee.
-Gracias! gracias! mi querido colega ......... Y@ estaba bien seguro ..... .... pero, ved, ea preciso que Jlene to•
da mi mieión .. .... ... La pobre mujer me ha hecho venir ..•
No noa veíamos ya desde que ......... desde que había yo
rehueado ayudarla en lo que ella quería ha.!er contra
vos. He ido inmediatamente ya comprendeia ........ . la caridad! Be tenido la dicha de reconciliarla con el buen
Dios y entonces ella me ha dicho ......... eon sus palabras:
uOe suplico id á pedir su pe"rdón y el de au madre ........ .
Recordadle todo el mal que le be hecho)) Os repito eus
mismas expresiones por que ella me lo ha recomendado
mucho ......... «Quiero que me perdone sabiéndolo todo.
Yo be calumniado á su madre ........ . su madre tan honrada ........ . yo he difundido malos rumoree relativos á
ella, por donde quiera ... .... .. Y fué entóncee cuando su
padre ...... SJy yo quien le ha impulsado, extraviado y sido
Ja autora de todo. Y adem1í.s eetoa últimos tiempoaea ella la que sigue habl ando-He querido de nuevo ha~
cerle el mal á el que es virtuoso, lo sé, y he easayado
deehonarlo, á él que ea sacerdote, acusándolo de cosas
abominables........ .. Yá esa eefiorita ......... uua señorita!
E3to ea eepantoeo ......... Ahl yo he sido muy culpable ..... .
pero conjúrele á que me perdone él que ea bueno ........ .
No moriré tranquila y Dios no me perdonará si no me
perdona Pablo.))
·
Pablo ee había extremecido ante toda.a estas infamia!!
reveladas. El abate Chavaseieux prosiguió:

-Ella se arrepiente, se -arrepiente einCE"ramente, mi
que,ido amigo ......... contrición perfecta ......... Et Sefior
ea bueno!. .. .... .
Así pues, como ella lo deFea le perdonareis, no ea eato1 por ves, por vueat,ra madre y vuestro padre ....... . .
puedo volverá decírselo?..... . ..
Vamos, dijo Pablo levantándose.
-Pero á donde queréis ír?
-A casa de la se.flora Daecordes con voa, para llevarle
ese perdón que pide y que le doy con toda mi alma e~
nombre de mis padrea y e.a. el mio.
-¡Ob! ¡vamos! ¡vamos pronto! Dios ee bueno Y vos
también mi querido colEga.
-Esperad ......... podríamos ganar tiempo ......... dijo
Pablo aproxirnándoseá la eeilora de Sennevaux á la cual
acabab3 de percibir.
Dijo rápidamente algunas palabras á la condesa 1 que
inroediat,amente llamó:
-Augusto, la victoria inmediatamente, sin perder un
minuto!
Cuando llegó el coche, algunos minutos después, la se•
flora de dennevaux reapareció, li@ta•aeimiemo para partir.
-Sefiora condesa ......... ¡Ah! D.oe mfo, balbuceó tl vi•
cario ....... .. No oe había visto, estoy tu-rba.do ..... .. ..
-.No perdamos tiemp0 ......... ~srtamoal dijo la eefiora
de Sennevaux subiendo al coche.
¿Cómo ......... sefiora condesa ......... vos venís tamb-éo.?
-Sí. ........ yo no tengo que perdonar, sto.o que h:teer
me perdonar por e@a pobre mujer á quien un día causé
una grnn humillación ......... un cruel dolor.
-¡Oh!.. .... .. Dios mío, exclamó el vicario: . .. ... loa ver •
daderoe santos ......... los verdaderos santos son como
vos ......... !
La Et:ñora Descordes estaba aún en su conocimiento y
eu rostro expreEÓ un Eentimiento de angustia, cuando
vió entrará su cámara á la eeilou de Sennevaux: y á Pa·
blo. Su espiritu fatigado por la fiebre creyó ver apare·
cer el caat.· g) y la venganza. Pero el terror h izo sitio á la
alegría cuando oyó J. Pablo decirle con una voz dulce y
lenta:
-Prima, vengo de parte de mi padre, de mi madre y
mía, para decirte Cl mo toma moa parte en tus eufrimien •
toe y desea.moa de todo corazón verlos term10aree pron •
to y feEzmeDle. No tenemos para 1i máe que senti•
mientas-de afección sincera y espero que bien prouio mi
madre podrá venir personalmente ... ... .. .
-Pablo mío, esto se acaba, dijo la moribunda, y con frasee entrecortadas empezó á. formular eu1:1 arrepentimien•
toa, llena de asombro cuando la señora de Sen.aevaux: la
interrumpió pidiéndole perión cuando ella ae cQnsideraba I ulpable.
-¡Dios mío! ¡Dios mío! exclamó ...... ... Ella me pide
perdón á mí que el otro día quise ....... ..
Y Marta ......... y Juan ......... y Pablo me perdonan!
¡Ahi mirad, Angélica, Dorotea. Jamás hemos comprendido nosotras la caridad ......... Esa ea ......... la car1dad
verdadtra!
Tales fueron sus últimas palabras.
Cuando Pablo y la señora de Seoevaux tornaban al
castillo, encontráronee con Adalberto que pasaba oon aepec~o !!obrado inquieto.
Adalberto se apresuró á preguntac:
-Venís de c'3sa de la aefiora Deecordee? ¿Cómo va?
-Acaba de exhalar el último suspiro, respondió Pablo. ¡Pobre mujer! ¡qué Dios tenga piedad de ella.
-¿Conocíais acaso á Ju seilqra Dascordesl St,ñor, Deruel? preguntó la eeftora de Senevaux admirada.

XIV
El mantel muy blanco, estaba extendido por tierra en
un p~raje arenoso desprovisto de hojarasca, cerca de la
linde del bosque. El maUre d 1 hotel acababa de alinear
loe cubiertos, loe vaso-::, las carnes fríae, las botellas, que
Herald y cinco pequeños Balamy de diversas edades,
iban, con una precipitación alegre y agitada buscando
en loe cofres del break, que se había quedado en el ca·
mino. Las dos madree, las dos noviaH y la pequefiita ee.fi.ora Belamy, siempre fresca, sonrosada y riente, hacían
con eua pañuelos desplegados, signos de bienvenida á
loe cazadores que se acercaban.
Roger y R1vaison, sin duda máeansiosoe que loe otros,
formaban la vanguardia¡ después venía todo un grupo :
El eeflor Jouvenot, triunfante porque ese día había ti•

rado como un angel, decía él á Pablo que ma.-ohaba adelante de loe Nr mrod11¡ el collla 1dame B fa.111y, cuyos
ojoa acariciaban de lejos á su ruujt,r y á sub b j E:; Leche3•
ne Jigerameute ruoltato con su Vt:!ibhio uu.. vu¡ vero encantado de eer admitido en 1a 1..timidad de1 ca1:1Lillo, y,
por último, Adalberto, pree,cupal.iu y caut.t"luliu.
¿Qué iba á hacer por fi,li? ¿H, ,mp~r tll Ll at111111,nio? Ya
veía bien que t:n eso no deb1a ui veuear. ¿P, 1 q ,é, puee,.
se quedaba en JtJuy, dondt:1 estaba fu1:-ra lle ~u centre,?·
.Ahí no ee hablaba máe que de arot,r, de amistad, de
bondad, de todas esaa coeae·que él ig1,oraba y despre·
ciaba. Se era con PI políticc1, ein dut1a 1 ptHO absoluta•
mente trivial. Se le había iuvitado como dt&gt; grao. utilidad para acompañar al señor Juuveuot a la Chza ó para
llevar laa uotas y ex E, licacio1,tis dt:1 ~u lJI 111i, ii )1 . Leobe,me, e11cargado de redactar el contra tu. ¿b..r, t-Btl un pa·
pel digno de su Yalol? Nadit:1 se t cu pal.in •n· t-, Rcger
parecia no percibir su prt1eellCH\. La a1:-ñ r.~ th s~nl.Le•
vaux le miraba con un aire exlirañu desu• l"I •.11u en que
se le hll.bía escapado que conocía H. la stdiur~ D •Cúrdea.
No había nadie, . ni Ravaisson, que tn ei i uu no era
mts que un doméstico, que no lt:1 faltase a1 ••·1:~1 ~o. ¿~o
hAbía teddo este últiruo la audacia de pncgu1Jt.. 1 a s:era..
la cinta de la legión de honor la que llevabh 1::u 1::1 uJal y eabien&lt;lo que era. la de Cambodge, regalo de u. uwi¡;o dtl
miniaLcrio; le había aconsejado que la US&lt;\i:,tl H r .• e, pues
no debía j ugarae con estas cosa6?
No, verdaderamente todo aquel mundo 1u..1t-1a 1:1n mun•
do, y tenia deseos de irse, de dejarlos á. tOd•-t:1 .,1&lt;lutados
ahí, de deJarlos enredarsa ó desenredarse cu·"" 1tg vlu•
guieee, sin él, súlo que para alejarse era prt:cii,u ,eUt 1· Ja.
energía de tomar un ¡)artido, y A.dalhertv, tt'Cu1daba,
por su carácter, á aquel poltrón de la COllltaua, que
cantaba :
Aun cuando no fuese más gHe pnm huir quki,:;ra tener el

LA MODA
TRAJES DE CAZA Y B,CICLETA.

Hoy ofrecemos á nuestras lectoras trajea de caza y bi~
cicleta. Estoa ejercicios prestan encanto y robuetée á la
juventu~, con tal motivo han tenido gran acepta:ción.
l. TraJe de cheviot gria. Enagua un tant·o corta 1 con
adorno de trencilla negra en las costuras delanterae.
Chaqueta estiJo sastre, con el mismo adorno . Camisa de
li.ºº roja, con las vueltas del cuello blancas. Corbata y
cmturón negro. Sombrero de paja con adornos de liatón
escocés.
2 . Este ea un tr~je de franela verde, adornado en el
borde de la falda con una franja de terciopelo más oacu•
ro. Cuerpo.blusa, ajustado con unae bandas que caen
del canesú: éste y el cinturón son del mismo terciopelo·
bandas iguales tiene la espalda. Carteras de terciopelo'
botones de concha quemada. Sombrero fieltro con liatón'.
3. Traje de pafio café. La enagua está plegada á gran •
des tablas. Chaqueta cerrada y adobleeada desde loe
hombros hasta eu borde. Cuello vuelto y bordado. Sombrero fieltro. Polaina blanca.
4 . Vestido de casimir inglés muy fino. Saco corto con
grandes botones oscuros. Corbata eacoceaa. Sombrero
fieltro adornado.
Mantel p ara té y servilletas anexas.

Nuestro grabado representa el bordado al tamaH.o na ·
tura!. Sobre la blanca tela se Oordan el borrego y las flo•
rea qu~ ee hallan á su derredor. Este es también trabajo
m uy hgero. El borrego se ejecuta á punto de cordón con

seda café claro, loe tallos y ~o"jaa de ver le pálido, y las
vi oietas con seda violeta Je¡preB tonos, sigtliendo las in·
dicacionea del dibujo. Tanto loa flores como la5 hojas se
hacen al pasador.
·\.- . ,
Uno de nuestros dibujos ~l'eeenta el manOOl y eervi•
lleta como deben quedar.
f,-~

---

Traje para nifi,a:de 6 á 7 años.
~

Es·t e precioso trajecito de cuadrilé roea, lleva el talle
formado á puras jaretas con lodo el ancho del \"est.ido y
montado sobre uo eanezú de encaje. Encima tiene uoa
chaquetita de vueltas plegadas, que ca An graciosamente
sobre las mangas, orlad8át'odas con encaje. Las mangas se
ejecutan como el talle y ae-teJminan como un liE!tón anu•
dado. Un ohou de lietói:i rosa, completa el adorno.
Cotrieéi_to para alhaj a s.

Esta cajita puede có10carse en la mesa de noche, para
depositar las alhajas ·q ue ee hao llevado en el dia, y vol•
verlas á tomar al día siguiente ó bien para guardar sola•
mente el relo"j.
Suscitase u,ria duda·entre Luia XIV y un caballero que
jugaban alpiq.uet,..en..preeancia de varios cortesauos que
permanecían calhidoB, cuando acertó á entrar en el salón el conde de Graínmont; al verle le dijo el rE'y:
-F111Iad 1 eonde, sobre una jugada en que no estamos
conformes este caballero y yo.
- Sefior, vos estaie Equivocado.
-Pero si aún no sabeia de qué se trata.
t,.~o importa¡ si vos tuvierais razón todos estos caba•
lleroe"'!e. habrían apreamado á deciroelo.

vafor 1mjic-ienle.

Y ademi;.a, ahí estaba el abate, el '.'\bate á quién eerfa
duro dejar triunfar sin vengarse de él, de una manera
cualquiera, sin plantarle cuaudo menos, comu una flecha de Pdrtho el relato de laa aventuras de t.U madre,
eiu haber cuando menos eneayado provocar eu desttedir
da. Podia llegar una 0caeión c11alquiera, un accidente
fortuito. Valía roáa esperar aún y soportará. pesar de
todo aquella fastidiosa temporada camptstre en que todo le disgustaba: las gentes, las cosas y ]os sentimitntoe.
El señor Jouvenot, terminada la aleg:e comida acaba•
ba de dar la señal de partida. Todos ee separaron, con
grnn dü;gusto de loa novios que se dijeron adiós co!Ilo
para una larga ausencia. Loa cazadores tornaron por la
carretera y las damas, loa niños y el abate se met.: eran
en el bosque para volver al caet;illo Q.ando un largo rodeo.
Nada era tan encantador como aquellos senderos bajo
las hojas en el hermoso tiempo de otofio. Loe matices
amarillentos de algunas hojas, formaban hermoso_contraEte con el verde lozano aún de otras. Bajo la alta b(veda de las grandes encinas, el musgo, manchado á trechos por hojas doradas, formaba un grueso tapfz en que
ae hu~dían loe pies. Todos caminaban ailencioeoe 1 caei
recojid('B 1 en medio de la calma imponente de lc.s grandes boequea, apenas turbada por el piar de una ave a1mstada1 ó por la precipitada carrera de una liebre eorpren•
dida.
Así llegaron por. una pendiente insensible á un pequeño valle perdido en medio de rocae, por las que corría el hilo delgado de un arroyuelo. En un aitio encontráronse algunas piedras enlamadas, que ofrecían un paso por el cual se aventuraron algunas de lae damas, no
sin un poco de míedo. La señora de Sennevaux dió valientemente el ejemplo. El abat8 en una de lae riberas y
Herald en la otra, prestaban á las paseantes el apoyo de
ene brazoe. La eefiora Jouvenot y la ee.ñora Belamy, pa•
saron felizmente. La señorita Lariviere hizo amplio u~o
del apoyo que ee 1e ofrecía y pasó dando algunos gritos.
En cuanto á. Lucila, picada en eu amor propio, quiso
pasar sin ayuda, pueo el pie en falso sobre una piedra,
resbaló sobre el muego búmeilo y se torció el pié. Pndo
levamarae y abordar la orilla ayudada por todos loe brazos; pero u»a vez ahf le- fué imposible dar un paso y ee
dejó caer desfallecida.

(

C?'onsejos h;9iénicos sobre el corse
Au?lque es mucho lo que se ha escrito eohre
el coreé, no creemos impertinente traducir lo
que sobre esta prenda del tocado femenino dice con fecha muy reciente un importante pe·
riódico de París.
1&lt;De todos los inconvenieritee y perjuicioei, y
podríamos decir qu~ bae!JI crímenes, que ee atribuyen al CorEé, debemo8 culpar so~amente á
sus propie1,ariae, que, abueando de su empleo,
ee lo ponen de.3de que sé levantan y se lo aprietan con exceso, sin reflexionar que por achicar
eu talle u.nos cuantos centfruetros, disminuyen
el volúmen del higado, oprimen los pulmones
y el estómsgo, y"-poco á poco at,rofian estos ór•
ganas, y ei bien consiguen una cintura invero.
eimi lmente eE!trecha, en cambio llegan á congeetionarae, preeentanJl() su rostro y sus manos ese color rojo subido, tan opuesto á la yer·
dadera finura del cut.is.
nSe puede y se debe usar el coreé ea todas
épocas, pero con las• condicbnes de que eE'a
bien hecho y se lleve Poco Oprimido y cerrado
por igual. Por lo de mas, todos loe escuHorea y
pintores, verdaderos jueces en lo relativo á la
belleza, declaran que el talle exageradamente
estrecho ea una anomalía, y para que resulte
verdaderamente esbelto y elegante, ha de eer
natural; oprimido forzosamente, no es otra co_
ea que una deformación que altera las líneas
y que no resulta más bella que 18 de loe pies de
las chinas, obtenida por análogos procedimien•
toe.

Continuará..

Traje de caza y bicicleta.

�DOIIINGO 3 de Octu_br• de 1&amp;97

EL MUNDO

»El coreé debe eer ligero y flexible, y
conviene quitárselo por algunas horae
durante el día, para dejar libre la reepi ·
ración, la circulación de la earigre y la
digestión. Es una gran locura, en la que
ocurren muchas eei\oraa, la de apretiir·
Eelo cuando se viften para irá comer fue·
a de au casa, debiendo, por el contrario,
dlojáraelo, pues casualmente en los con•
,·itee ee suelen cometer algunos ligeros
1 xceeoe, ó por Jo menee, ealir del régi•
men acostumbrado.
uLae que, malamente aconEejadae, per•
fi1:tnn en ese sistema, más promo 6 más
tarde tocarán su funestf\s consecuencia.

,. ,~:•

.

'
~
-~~

,m

.-~)~m111wa
,,.,..',
'

dre de auE1 hijos¡ que pretende
retener en !,U casa al jefe de la
familia; y que pide á loa canse·
joe del buen sentido, loe medios
de conservar para él solo, loe
encantos qi.:e le fueron concdi•
dos. Eat.a ea la que comprende
la sana coquetería¡ yo diría: l&amp;.
eanta coquetería, esta es la que
Dios miemo ha infiltrado al decir en eu oído: Hermosa te ha·
go: Hermoea te bago,permane·
ce bella para que seas la delicia
de los ojos y del corazón, _de
aquél que será el apoyo de tu
adorable debilidad, y con el cual
tú debes continuar esa larga cadena de loa antecesoreea. Tú tie•
nea la misión de agradar y encantar¡ tú eres el ideal en la ru•
da vida del boro bre: no caigas
del pedestal en donde yo te be
puesto.
La mujer que sabe estas cosas, que ha eecuchado la voz interior, hace de su gabine
te de tocador un saotuSrio donde nadie, ni el mismo eapoeo amado, eobre todo, el esposo amado, debe franquear los umbrales, cuando ella se ocupa en las prácticas
del culto de au hermosura, (prácticas duna algunas ve

TOMO.U

IIIIIXICO, OCTUBRE: I0 DE: I897.

•

NUMERO 15.

ce,.)

No por que tenga sPcretos fpoa que ocultar; ni porque
tema que descubiertos sus artificios Re le pierda el rea·
peto¡ muévela en esta severa ley de abstención; primero,
un eentimiento de exquisita decencia¡ y luego un ine•
tinto de coquetería bien ente.adido.

} t

Receta• útiles.

El dolor ciático (6 eea el de caderas prodocido por el
hueso cía) se cura casi instantáneamente colocá.ndoee el
paciente en el suelo, las piernas juntas y extendidas á
lo largo y la espalda apoyada en la pared; ea decir, formando un ángulo.
Cierto cortesano solicitaba del Cardenal de Richelien
le concediese la Orden del Esp!ritu &amp;mto; pero como dicho cortesano no había preetado ningúu servicio, ni ba•
jo el reinado de Enrique IV ni en el de Luis XIV el C.1,rdenal le dijo, tomando la cosa á brorr.a:
-~lucho me extrafia que no habiendo servido ni "al
Padre ni al Hijo, ahora penaeis en el Espíritu Santo.

t,.,,,f

r,¡¡p),

l\f antel para té y servilletas anexas.

EL GABINETE DE TOCADOR
POR

LA BARONESA STAFFE
[Traducido para EL )ft'NDO]

1897

J;;L SANTUARIO DE: LA MUJER

Hay eiempre una ó varias piezas en una casa, en don•
de la mujer imprime cierto sello en que se le asemeja
mo;al y físicamente.
Eilte es el salón'íntimo, donde ella vive de la vida in·
telectual y artiatica, donde goza de la v1da social en su
más alt.a expresión: afecciones distinguidas de amistad
y aimpada.
Es en su recámara donde se concentran loa recuerdos
de la felicidad familiar, ternuras maternales y conaide•
nckmea coayugalea. En fin: ea el 11Saneta Santorumu el

Cofrecito para alhaja s.

gobinete de tocador, en donde no se admiten profanos, de
donde se aleja ,t loa más q·1eridoa, donde las gentes su·
perficiales las suponen complaciéndose en admirar sus
perfecciones como una deidad del cielo indu. A donde
otros la juzgan entr( g.1da A prácticas y sortilfgioa para
perpetuar, de una manera sorprendente, su juventud y
hermosura; y en donde medita ciertamente el medio d!3
cautivar y retener el corazón de un hombre, cultivando
sus dones físicos.
Ella se arma allí para loa combates de vanidad, y lucha por la felicidad dffendiendo su hermosura contra loa
ataques del tiempo y las fatigas de la vida. Este ea el lugar donde se guarda todo.
Puede muy bien ser lujosa, y sin embargo tan casto
como el pensamiento de una niiia ó mudo testigo de una
coquetería infernal.
Es allí en donde la mujer ea verdaderamente mujer,
según su naturaleza aman1ie 6 dominadora; pero ea allí
donde toda.e demuestran cómo comprenden la importancia dada áloe cuídadoa que todo cuerpo humano recia•
ma¡ allí es donde ee ve que en fuerza de la voluntad llega la mujer á desvanecer ciertos defectos que le, son innatos y que p~CJcura atenuarlos al menos.
No hablaré de mujeres que sólo se cuidan de ser adu•
ladss por todos, que sueñan por hacer arrastrar su carro
por la muhitud de hombrea sin valor á q uienee una mirada provocativa subyuga; de las que atraidas por el deseo pervertido de agradar toman en empréstito todas sus
fuerzas á loa eecretoe de los empíricos; y caminan así eeguraroente como empujadas hacia una vejez, vejez pre•
matura y una cierta fea!dad.
No entraré en ese. santuario en donde reina un falso
ídolo y ]a atrevida mentira.
No me ocuparé sino de la mujer deseosa de coneervar
el amor de aquel que ha elegido por compaiiero de su
vida terrestre; de la mujer que justamente pretente aparecer seductora ante loa ojos del esposo amado, del pa·

•

Slmo. $r. Dr. D. Gfilemon Gfierro t' Terán,
Nu•vo Obispo

Traje para niña de

s a 6 años,

ae 'I'amaulipas,

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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          <name>Coverage</name>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Amores precoces</name>
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