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                  <text>ltX. MUNDO

NUEST RO GRABA.DO
ARBOL GENEALOGICO

Grátioamente representa el labo

J

f

rioeo desarrollo que debido á la iniciativa privada ha tenido la Institu·
ción de Seguros, desde loe m ,ts remo•

toe tiempos hasta nuestros días. Es•
ta elocuente demostración del poderío que da fo unió,i; esta mata villo1aa
prueba de que con el principio de la
solidaridad pueden )os hombree llegará remediar las más importantes
necesidades de la humanidad y á re•
solver loe problemas sociales más
complexos; loe uSeguros,8 en todo lugar y tiempo, lejos de recibir impulso y ayuda de los Gobiernos, han tenido que luchar contra la acción 06 ·
cial, que en muchos casos ha sido
perniciosa.
El &amp;guro sobre la rula es si.a duda
una de las co:::icepcíonee más hermosas del cerebro humano. De élha di•
cho con envidiable acierto Mr. Alfred
de Courcy que uel álgebra Je puso las
bases y la moral le forma el coronamiento» y así es en efecto, porqae e11
punto de partida son loe c.ilculos de
probabilidades y eu fl.o, asegurar be•
nt:1ficío á numerosas existencias. A la
vez se apoya en loe dos principales
resortes de las acciones humanas: conquista la inteligencia ye) corazón con
el lenguaje de la razón, solicita loe
eepíritusrefl.exivoscomo las naturalezas impresionables y concilia, de la
manera m,h prudente, el interé:1 con
el deber y las cifraa con los afecto3 y
el egoísmo. Pa.ra comprender la gran
importancia social que hoy tiene esta
rama de la Iaatitución, conviene saber que todas las compañlas del muado representan la enorme suma de
unos veil'IU' mil millone."I de previsión,
de ahorro y de eegurida i.
A pesar de que por largo tieinpo ea•
tuvo poco conocido el S1guro sobre la
vida, al fin ya está proclamado en el
mundo cientffbo como una de las
grandes conquistas de la economía
eocial. Encuentra indiferentes á. cada paso, pero no tiene verdaderos ene.
migoa, porque constituye una verdad
ineontrove::tible, y ai todo el mundo
no se aeegura iodavía1 todo el mundo
admite el seguro.
Poco se cultiva entre nosotros esta
clase de estudio especulativo, que en
verdad ee muy árido y requiere gran
dóeia de conabnoia y no poca foerza
de voluntad, porque el seguro ea e!
corolario ele varias ciencias combinaR
das. En la eegunda mitad del presea~
'te siglo ae ha enriquecido notableR
mente la bibliografía de los seguros
con muchas obras de reputados autoreei, relativas á la legislación y jurisprudencia especial de esta materia, á
las teorías y cálculos matemáticos en
que deecansa la Iaetitució!l, á. su fo.
tima relación y engrane con lae estadísticas, á las tablas de morlalidad y
de duración probable de la vida hu•
mana, á la formación, interpolación
~y aplicac:óo de éetae, á la consUtu•
ción, funcionamiento ·y contabilidad
de la&amp; empresas aseguradoras .. á la
necesidad de que éstas atemperen sus
act~e á. los verd_aderoa prioci,Pi~s de la economía política y l!Ocial positi \fde, ,t la moral
Y ef~~toe ~orahzadoree de la Iostitucióo; y para que nada falte á la riqueza de esta
novl8l~a. literatura, también se ha escrito y debatido sobre lrt/Ua;fofia de los seguros,
U~a btbho1ie~a ~e_eate género puede formarse hoy con centeoaree de volúmenes es•
cr1tos en vanos 1d1omaa y una memoria, un opúsculo, y una novela en espallol.
El célebre ~milio de Girardin, en un arranque de convencimieoto y entusiasmo,
a~rmó que ula idea de los s1y¡nro13 e&amp;á eii et fonda de toda,i la.&lt;J iu.'5tituf'iomes polüicrt3 y reli •
[JU&gt;Brl.\i&gt; Y_ deapuée de su en~oooee at-revi ,f o proyect,o de hacer obligatorio el seguro, mu•
ch os sabios economia~e, estadistas, legisladores.y gobernantes, Uan tratado de en•

DOMINGO

10

de OCTUBRE de 1897.

contrar en Isa aplicaciones de loe E:eguroa el medio de poder remediar
grandae conflictos y de resolver pavorosos problemas económico--sociales y, al efecto, han combinado
muchos y ·muy ingeniot1oa expedien•
tea que est,10 sometidos á la experimentación y discueión nni versales.
Hace mucho tiempo que el Sr. Arfe•
tide1:1 F. Pinto ee dedica con predilección á esta clase de el!tudioe, y ha logrado convencerse de que t&lt;"idae las
iniciativas ee han encaminado á utilizar la APLICA.CION de loe Seguros
como medio de neutralizar rf i:ctas, procedimiento quena puedeproducirtodo
el bien que la rnciedad apetece y necesita, sencillamente porque la exia•
tencia de efectrs siempre está. subordinada á lae causas que loe producen.
He.ce varios años que el Sr. Pinto
concibió la idea de APLICAR el Se·
guro sobre la vida, á manera de be•
neflcencia póstuma, ctlmo medio de
c1·rnr causas, ea drnir, á. fumentar y
difundir la instrucción y educación
de la niflez, fundándose en la eren•
cía que tiene de que la causa que principalmente produce loa eftctos sociales,
que se tratan de combatir y remediar,
u la ignorancia á que generalmente
están condenadas las claees proletarias por falta de elemental! pecuJ;!;iarios para inatruiree y educarse, y la
de que á. medida que máe se generalice esta instrncción y educación, paulatina, pero seguramente irá desapareciendo aquella causa ( la lgoorancia)
y con ella loe grandes ernoll&amp;a que
ahora encuentran las clases directoras al tratardemantenerelrquilibrio
y de buscar ~l bieneetarsocial general.
Mientras subsista la actual organización políLico-rncial, dice el Sr. Pin•
to, peco ó nada más de lo que hoy
hacen 1:ie puEde exigir de los Poderes
públicos respecto á impartimiento de
instrucción y educación, pcrque eE-te
mf'joramif'nto no ae puede alcanzar
sino á costa de dinero, de mucho dinero, de máa y más dinero, y como
que loe gobiernos sólo pueden obtenerlo por medio de tributacioneB,fü•
cales,.evidente es que éstas no Eerfao
aoportad11e por loa pueblos cuando se
impusieran en la extraordina1ia p10porción que demanOa el mayor au•
mento posible de establecimientoe de
instrucc 6n y educación gratuitas¡
pero si de los gobiernos cooetituidoa
no Ee puede racwnalmente eeperar
tanta suma de bien social, sí ea poe,ible qne l.a iniciatfra. prii-ada acometa
una giganteECa evolnción, que libre á
_la iaetrucción y educación de la de•
:ficiente tutela oficial [iodiepeneable
hoy] á que debe su acLual organización y mantenimiento, y éeto se puede reaEzar aprovechando metódica.,
mente la foi:midable p, t.encia acnmu•
ladorR que en manos de la bumaoidad pone la maravillosa Institución
del Seguro eobre la vida.
Basta conocer el esbozo de la idea
del Sr. Pinto para comprender qne
plantea é inte:iita 1ernlver un g,an
pro b)ema económico, juríd co y político social.
Mr. Georgee Hamon, proíéeor de
Sr guroe en el Instituto Cumercial y
en la Asociaclón Politécnica de Paría, autor de varias obras eotre seguros y notable
periodisba en esta especialidad, realizó la 10geniosa id~a da formar un árbol geneal?·
gico de loe l!!egutos, y el Sr. Pinto, completándolo, lo ha adoptado como l!fmbolo dPPU
peneamiento, para e1presargráfl.camente el cot anamiento que merece la A.PLICA CIO~
del Seguro sobre la vida.
No ee dt1doeo que esta nueva aplicación del Seguro está llamada á producir resultados comparables y aún sunerlores á los ya conocidoe, y hemos creído deber publicar
el Mbol para preparar su cultivo y la cosecha de ene frutos, cueelión, por todo extrdmo, de bien público y de mejoramiento eccial.

TOMO,11

MEXICO, OCTUBRE I7 DE I897,

•

$eñor 9osé rooría Sturralae.
G,bornaaor l)ntorino ao 'í'ucatán nombraao •s!a s,manct

•

NlJ'MERO 16.

�EL MUNDO

a66

'

1

EL 1'1VND0.''
Semanario tluatrado.

TeI6foao 434.-Callc de Tiburc:io num. ao.- Apartado S, b .
:r.ul:XJCO

Toda la correspondencia que ae relacion~ con la Re-ucción, debe eer dirigida al
Director, Lle. Rafael Re:,eA Hpindola.
Searetario de Redacción,
Amado Ner,·o.
Toda la ooI'reEpondencia que~ reh1cione con la edición
4ebe oer dirigida al
Gerente, Lle. Fau8tO Moguel.
La subscripción á EL MUNDO ,•ale $1.if&gt; ~ntavoe al
111.ee, y ee cobra por trimestres ad~hrnta&lt;loe.
Ndmeroa sueltos, 50 centav(Je.
Todo paco debe ecr precisamente adelantado.
Jl1tQIBTBAD0 COMO ARTÍCUU) ne: tO«-anm ... CLASE.

Un despacho trasmitido ÜILimaroente á la prensa diaria, nos hace saber que el CJneej•) Federal de la repÚ•
blica de Suiza, ha votado una ley establtciendo tl Bt&gt;guro oblig11i.orio contra las enfermedadel!'.
Eeta noticia revela como el socialismo de E:tad,&gt; ha
ido eneanchando su esfera de accióa hasta invadir tl
campo de la iniciativa individual. Cuando el p:&gt;der público se apodera de la voluntad del ciudadano y ejecuta ac
toe del dominio de cada conciencia, se cor,e el pel gro
de caer en la más opresora tiranía.
La doctrina de que hay qoe hacerlo todo en bien del
individuo, oficialmente, ha servido á los viejos partidos
coneerv11tdorea 'para llevar al &amp;errer.o de la práctica, las
medidas más opresoras. La religión de Estado, la ley de
pobres en Inglaterra y otros muchos ejemplos~ue pudiéramos citar, demuestran que un sentimiento de caridad hacia los &amp;eociadoa, informa el criterio de hechos
semejantes.
Dentro d&amp; este orden de ideae, ha podido demostrar
un pensador contemporáneo que Torquemada fué un
hombre profundamente moral, puesto que partía del
principio de que matando loe cuerpos, salvaba las almas. La ley de pobres fué inspirada por un principio de
alta filantropía, y loa hechos sin embargo, vioieron á de•
moetrar que esta legislación solo llevaba á aumentar el
número de loa miserables.
Y es que la filantroPía DO dete nunca servir de fundamento á ninguna ley. Cuidar de loe interesee y de la
vida de loa asociados es una función que debe tomar á
su cargo el Estado; pero legislar sobre la felicidad de cada individuo, sobre su bienestar, eobre BU previsión, sobre sus virtudes: solo es concebible en paíaee en que ee
considera librea á los ciudadanos y el gobierno se cree en
la obligación de apoderarse de la libertad de cada uno,
sometiéndola á ia reglamentación de un decreto.
Hacer que broten virt.udee particulares en un grupo
humano que no -las posee, equivale á prete'nder cultirar
frutos tropicales en aUae cimss nevadae; no se e&amp; previsor con un golpe de decreto, no se adquieren hábitos de
economía con la expedición de una ley: lo que únicamente se consigue es hacer odiosa una virtud y repulsiva una buena costumbre. Si loe hombres de trabajo de
Suiza, república que por lo demás se encuentra á muy
alto nivel, no han adquirido por su ilustración el deseo
de ponerse á cubierto contra las desgracias de la vida;
si el alto jornal de que disfrutan no lt&gt;s permite acudir
al ahorro, el seguro obligatorio no habrá servido de
otra cosa sino de,hacer desagradable cuando menos un acto voluntario, que deaempefia funciones importantes en
la conservación y concentramiento de las fortunas particulares.

&lt;!H arte en ,ffltrictr.
Vuélvese á hablar del pJcoéxito que obtienen en nuestra buena Capital las compafiías dramáticas y de ópera
que han funcionado últimamente.
Se cree que para hacer germinar en nuestro medio la
cimiente del arle 1 eerfa necerario apoyar de un modo o:6.-

cial á los empreearioe. Nosotros creernos qne el ar~ ha
menester ante todo un público que lo t-xalr.e y l: apoye.
Por deegracia en México carect;n todavla las mult.1tudee del gueto por este orden de eepectáculoa¡ es una
capital que parece muerta cuando caen sobre ella las
primeras sombras de la nocbP.
En otras ciudades loe grandes bazares abiP.rtoa gratui•
tamente al público, las eepacioeae avenida!!, loe cafés conciertos y loe teatros, ofrecen una compeoEación de las
laboree del día. Loe paseos se llenan de repreeentaJJ,&amp;ee
de todas las claeee que van á tonificar su'3 pulmones y
dar foeru á sus músculos¡ aquí, ni aun esa necesidad
higiénica ee hace eeo,ir, y caÜee y plaza@, teatros y pa·
eeoe, se ven generalmen1e en la más eepaoto.ea soledad,
La excelevte vida burgueea en Mlxico es uu poco abu•
rrida; el vecino ee levanta tarde, ee deeayuna mal y acude apresuradamente á sus quehaceres; á medio día se
derrocha una hora en la cant.ina, Be llega á. la caea y co•
mo falta tiempo, ee toma la comida con la misma preci•
pitación que el deeayuno: en la noche r-,ada ciudadano
se mete tranquilame'nte en su casa ein importarle averiguar si hay a lgún espectáculo digno de recrear su eepi·
rit.u.
Ni fisiológicamente ni intelectualmente presenta atrae•
tivoe esta existencia que fe gasta así en una inutilidad
inalM!rable. Cuando aparece cumo un cometa alguna
compaflía de ópera, ee acude á 1a sala siguiendo una vi1:::ja coet11mbre1 por rendir culto al amor, por espíritu de
im.itacióo, por algún pretex~o baladí que no respondti á
un sentimiento artietico.
Si no tenemos público que ame el arte ¿c6mo hemos
pues de tener ane? Si nos hemos encerrado dentro de
los cuatro muros de una vida vegetativa ¡cómo hemos de
explicarnos esa aspiración que lleva á. los espíritus á uo
mundo de eensacionee que no reeponde á nuestros deeeoe?
El arte en México, es por el momento una planta exó•
t:ca, que solo pnede vivir dentro del invernadero que le
han formado un grupo de inteligencias superiores y cuyo número reducido no permite :!:acer de él un negocio
product-ivo.

:J)alitic1t genentl.
RESUMEN.-Fin de la revolución de Ouatemala.Derrota de los Tt'bt:ldes y preponderancia del Oeneral Reyna Barrios.-El desarme de los cretenses.Una circular del Sultán,-Lapolitlca de contemplaciones.-Lasclate ogni speranza.-Creta esclava.Conclusl6n.
Fvrmidable y avasalladora levantábase la revolucíón
en la vecina Repóblica de Guatemala. Fuerte en sue
primeros pasos y arrolladora en sus primeros empujes,
amenazaba romper toda uoa situación y hundir para
siempre·en el abismo la obra de R ~yna BJrrios. Pero el
Presidente ha sido más fuertti que sus enemigoe; ha acudido viole.ato, coa fuerzas eacojidae, allí donde la tierra
palpitaba con estremecimien os de volcán; allí donde la
discordia civil prendía incendio más voraz¡ allí donde
el descontento había amontonado sus furias y encendido
sus iras y la revolución fué sofocada, sus caudillos dispereos y sus elementos lanzados al viento como frágiles
y desmenuzadas arietas.
Aun no se conoce la causa que ha hecho prevalecer al
General Barrios sobre la revuelta: no llegan todavía
hasta nosotros loe móvilee eecretoe que hayan podido
guiará loe caudillos revolucionarios que abandonan Quet•
zaltenango para ser derrotados después e.a sus fuertes
poeioionea de San Márcos.
¿Qué viento loe ha arrebatado? ¿qué se hicieron sus
cuantiosos elementos con tanto t.rabajo acumulados como
tan fácilmente aventados por un soplo?
Aun quedan algunas paveeae en loe departamentos
orientales, que el Gobierno sabrá apagar con mino cer•
tera. Las esperanzae de los que soflaban un cambio radi•
cal en Guatemala, posible de comuoicarae á. todo Centro•
América, han sido desvanecidas: solo perminece en pie
la figura de Reina Barrios imponiendo por la foerza el
principio de autoridad y ense.fl.ando á los centro-:ime•
ricanoe, cómo ae dominan las turbulencias y se calman
Jas inquietudes que han formado el fondo de su caracter
nacional.

D0 ■ 11111D 17

DD ■ IIIIO 17

do OCTUBRE de 1'97

¡Q 1é donoeamt!nte se dirige el S 1ltán de Tarquia á la&amp;
potencias europeas para dar con su ap'1yo pacífica eolución al conflicto de Creta! ¡Con qué candor colombino
solicita la intervención extralia, para que los insurrectoe-crie~ianos de la heroica lela depo, ,gan las arml\8 y ee entrt"guen atados de piés y manos á la clemencia augusta..
que ee llama crueldaa en el cai:fd d~ S,ambull
Y sin embargo, triekt es decirlo: no va descaminado en
eue intentos, no anda descarriado en sus aspiraciones.
La Europa cristiana que acudió con sus naves al bloque().
de Creta para evitar en nombre de la fuerza que los re·
beldes recibieran extratlos auxilios, no habría de ver con
malos ojof.l, y de buen grado daría eu asentimiento al
desarme de loe valien1es cretenses, que hace más de sesenta años luchan por su libertad y se ea::rifican por sacudirel ominoso yugo mueulmác,
La Europa monárquica que levantó noa cruzada anticristiana á favor rle Abdul Hamid, la que remachó las cadenas de Creta ansiosa de perrenecer a1 reino de loe helenos y vi6 ein compasión como c;_afa herida Grecia en loa.
desfiladeros de Tesalia al filo del alfanje mahometano,
bien pudiera consentir en lo qrie ahora med.ita el Sul~án 1
quitando toda eeperanz~ de libertad á Creta que con legítimo d~recho ha anhelado por tener un gobiernopropio.
¿Qué importa que en loe momentos de la lucha ee ha·
ya halagado á loe rebeldes con una mentida promesa deautonomfa?
¿Qué importa que aún se· baya pronunciado el nombre de algún principe cristiano, que se enca1gara del gobierno de la I:ila en nombre de sus odiadoe opresores,
pero casi con derechos de Soberano? Las promesas y loshalagos ee disipan, vencida Grecia q11e sigoifica la líber•
tad y la ruina y la miseria, sólo queda en pie el derecho
del más fuerte, cayendo con inmensa pesadumbre sobre
loa infelices que una vez más ven desvanecidos sus sue.fl.oe de Ji bertad.
Creta seguirá baj'l el dominio turco expuesta á lae rapacidades inagotables y á las inclemencias inauditas de
loe bajál:'B, seguirá gimiendo hasta qué un día Europa seapiade de su dPFgracia y la libre de la triste esclavitud
en que por tantos siglos ha gemido.
¡Re11fgnate pueblo heroico, reaígnate·y devora ensilenClO tu humillación y tu deuotal
Aun no ba llegado la hora en q •te la civilización europea, borre del mapa el imperio otom .r no que es una..
mancha de baldón. ¡ Espera!
X.X. X.
14 de Octubre de 1897.

Habiendo terminado la hermosa novela
"CORAZON DE SACERDOTE" que hasido del
general agrado de nuestros lectores, publicaremos á continuación otra no menos hermosa, moral y amena, con ilustraciones de
distinto género que las anteriores, pero tan
bien acabadas y bellas como esas.
OTRO PAOO
De $3,316.75 de "LB Mutua," en Acapulco.
R9cibí de uThe Mutnal Life Inenrance Company of
New York» la sumade$3 316. 75 (Tres mil t.rPPcientoe diez
y seis peeoe setenta y C1uco centavos,) aef $2,500.00 valor de la pólizP, $816. 75 devolución de ¡..,rawioe en pn¡zn
total de cuantos derechos se derivan de la póliza n? 545 392'
bajo la cual estuvo asegurada la finada eefiora Sola·
dad Miranda, y para la debida constancia, en mi caracter de padre y por derecho de patria potestad de los me•
noree Camerina y Juan Rodriguez como beneficiarios,.
nombra~oe en Ja póliza, extendiendo el presente recibo
en la misma póliza que se devuelve á la Compafi.fa oara.
et1 cancelación. en Acapulco á l ? de Octubre de 1897.Firmado, Ignacio Rodriguez.
El suscrito Juez que actúa como notario Público, cer•
tlfica: conocerá la persona del Sr. Ignacio RodrigUf'Zcomo esposo de la finada Soledad Miranda y madre de
loe menores Camerina y Juan. Certifica también, que la
:firma y rúbtica que constan al calce del recibo anterior,
son de puño y letra del Sr. Ignacio Rodriguez y es la que
usa en eue neeocios tanto pú blicos como privados. He·
cho ante loa de asistencia, Sr . .Toaquin Miranda y GuiUermo Adame que damos fe.
Firmado, E uis Fdipe Vera. - F irmado, A. Joaquin Mir andu.- Firmado, A. Guillermo Adame.

do OCTUBRE do 1a,7

&amp;L MUNDO

do ver, encerrada como estabas en esa gabeta ol vidada,
todo lo que ha sucedido en tu derredor!
Todo se ha ido; todo se ha muerto¡ ya DO hay armonías de :fiesta en el hogar ni fulgores de dicha en el alma.
Ya no encuentras á nadie de loe tuyos y solo yo he
quedado para recojerte y para besarte.
¡ Pobre y abandonada cruz gloriosa!
Quédate conmigo basta la muerte¡ bien sé que no te
puedo llevar sobre el pecho, pero te amo porque fuiste
un símbolo de honor para mi padre y porque hoy eres
emblema de la pesada eruz de mis iríatezas.
Quédate conmigo cruceeita 10ja¡ duerme en tu nf'gro
ataud, en eea olvidada gabeta basta el día en que una
mano fría y e.:i:trafia te venda como prenda in1til en algún bazar de antigüedades.
Entre tanto, quédate aqaí; nada es más grato que
guardar algón deepojo de la hermosa nave en que algún
día bcgamoa tranquilc&gt;e sobre el mar de la felicidad humana.
Ju.ANDE DIOS PEZA,

,

'

¡

PAGINAS VIEJAS-

UNA

RELIQUIA.

A mi primo el señor General Ignacio de la Pesa,

alumno del Colegio MIiitaren 1847.

Acabo de encontrar en un rincón de la más escondida
gabeta del antiguo bufet.e de mi abuelo, q11e guardo y
coneervo como tabernáculo de recuerdos, una cajita di·
minu&amp;a que no había visto nunca.
La abrí con curiosidad y me encontré en ella una con•
decoración que me era muy conocida desde hnce mu•
cbos afioe.
Es una cruz de aeplll:i de eamp,lte rojo, con el centro
blanco, y cefi.ida por un Jaurel de oro.
¿Qué mexicano no la conoce? ea el premio otorgado á
loe defenéoree de México elaño de 1847.
L&amp;guerra con el invasor norteamericano fué vel'daderamenteinicua.
Carecian nue1:troe soldados de elementos de todo género; pero les sobraban valor y patriotismo.
Loe más mimados hijos de familia abandonaron aue
lares y salieron á presentar el pecho á las balas del enemigo.
Mi padre fué á hacer eue primeras armas y á recibir eu
bauLhmo de fuego en aquel1as joroaiae gloriosa.e y
cuando alguna vez, le ví esta cruz sobre el pecho, le in·
terrogué mucho sobre loe acontecimientos de la campafia,

¡Como se enternecía hablándome de loe alomnoa del
Colegio Militar, nilios sublimes de loe cuales murieron
unos en su puesto, otros cayeron mortalmente heridos
y ha demás fueron hechos prisioneroe.
-Mira hijo mfo-me dijo-esta condecoración la llevamos todos los que concurrimos á la defensa del Valle
de Mé.:i:ico, pero ninguno la merece tanto como loealum·
nos que combat.ieron en Chapaltepecl Eeoe si fueron
dignos del amor, del aplauso y de las bendicio:::ies de la
Patria.
El Gene:·al Santa-Ann9i al ver amagado Chapultepec,
ordenó que los jóvenes alumnos se fueran á sus casas,
pero todos ellos se negaron t obecerlo y contestaron;
«Nos quedamos aunque no haya víveres, aunque no
nos den nada; si nos recogen nuestras armas nos quedarán nuestros brazos.
Eran cerca de cincuenta bisofioe. EJ General Monterde no estuvo con ellos por que tenía que deeempef'iar
una comisión como jefe de línea. Manuel .Azpilenera,
subdirector dd Colegio, eetaba enfermo, lo mismo que
Mariano Andrade.
El úoico jefe que allí se quedó con loe oficiales eubal'ternoe, Iué Domingo A l varado, Capitan de la primera
compa ílfa, hom bre muy pundouoroeo y que nunca lo
citan.
Los nombres de Melga¿•, de Saarez, de Barrera, de Montee de Oca, de Eecutia y de Marquez, son pronunciados

con veneración santa, por que nada debe de glorificaree
como á los mut"rtos en defen.ea de la bandera que simboliza el alma de una Nación librP.
¡Qué muchachos aquellos! St1 armamento era muy malo¡ eua años muy escaso!», pues frisaban entre Jc,s trece y
loe diez y siete; pero su arrc,jo, en fe en la causa que eoetenfan, eu deseo de recbazar al enemigo 6 morir maldi•
ciéndolo ...... eeo ....... .. no tenía límite ...... eso en todos
ellos era igual y eublime.
Arrollado, deshecho el batallón de San Bias, y muerto
su jf'fe1 el bravo Xicotencatl que tenia catorce heridas
en el cuerpo, en el cual se envolvió para salvarla, la ban•
dera á que hoy se le tributan honores; el ejército ame•
rica no Ee arrojó sobre los alumnos del colegio.
El encuentro fué terrible y desastroso. Los niños eucumbieron al empuje y eue enewigoe quedaron aeombradoe de tanto heroísmo. ¡Hubo chiquitín que al querer atraveear con la bayoneta á un soldado invasor, api;;naa le deegarró el uniforme, por que no tenía la fuerza
física neceearia para traepaearlol
Ya vencidos los alumnos, el General Scott, en la glorieta principal del Cerro, loe in-riló por medio del intérprete á que juraran no volverá tomar las armas contra
loe americanos. Esto produjo una griterla inmensa: to•
dos ee negaron, hasta el despensero Yantada y el criado
José María.
Scott, montado en un caballo nE"gro, contemplaba
conmovido la escena y llenó de elogios á loa alumnos.
A ellos corresponde por derecho y por justicia esta
cruz que mitas sobre la solapa de mi levita.
¡Y eea cruz ee la misma que acabo de encontrarme en
el rincón de la escondida gabeta!
En qué época tan diet.intA de aquella en que la vi por
vez primera ha vuelto á apartceue.
¡Ya ee polvo ~1 adorado viejecito mio que la llevó sobre su pecho! Ya ea polvo la eanta mujer que en lr s grandee días de la patria, lievada de amor, se la prendía en
la levita, regocijándoee ea mirarlo con ella!
Polvo son ya los amigos íotimoe que lo acompafiaban,
relatando como testigos oculares, loe hechos de aqueaa
tristísima epopeya!
Polvo es también el hermano, arrebatado en Ja flor de
su edad á los atractivos de la tierra!
Y solo tú, crucesita roja, dormiae escondida como en
ignorado ataud, en tu diminuta caja negra!
No quiero ni limpiar el polvo que empafl.a tus eemal•
tes, porque me parece que ea el mi.emo que tenías cuan•
do la mano de rui padre te guardó cariñoea después de
la óltima ceremonia en que lo acompafiaetel
Alguna vez sentirías las palpitaciones de su cora2.ón
generoso, algún día me habrás visto acercarme á besarlo
lleno de amor y creyendo que no se me moriría nunca.
¿Te acuerdas de mí, c1ucesita roja'! ¿Nunca me viste
andar cerca de tí en alguoa partt:? ¿No conociste á un
nin.o muy enamorado de tu dueftet?
Pues aquel iapaz travieso pero respetuoso, es el mia•
moque aquí miras ais lado, triste, solo, lleno de canas y
de desengaños y 4\\8 besa en tí, aquella mano, aquella
freate, aquel ·ser que tú conocietes y acompañae tee tan•
tas veces!
¡Oh crucesita rojal ¡Oh reliquia mía! Tú no has podi.

1
PATRICIA

Mi eeflora la Marquesa, débil y pálida porque tu sangre azul es ya tan vieja ......... Moradora callada de eee
caserón virreyoal, macizo y fuerte, rojo y esquivo, á cuyos muros prenden sus óvaloe irregulares loa escudo!!, de
cuarteles en que el león rampante, las calderas heráldicas y el ca~tillo deegarbado alternan; de esa caserón coa
visos de fortaleza, cuyas amplias ventanas vieron pa!!ar
la pompa de Jas audiencias, la macabratheorla de loa iuquisidorea hopados y rfgidps yde las hermandades silen•
ciosa.e, y :a caleza azul de la virrey o.a altiva .......... Niíla
del landau severo tir.1do por lustrosos corceles negros y
por enlutado automedonte conducido:
Te oe visto cuando la lluvia raya pertinaz el espacio y
aletéan toe paraguas sobre las aceras y guiílan eu ojo li·
vido loa focos, tras el balcón, entre el cristal y el damM•
corojo di:'! pesado portier, perdida en el ensueño ........ ..
Marqueea, tú estás triste ......... El domínico provecto
-vieja goloodrina de hábito negro y blanco que prendió
1:iu nido en el alero de un ideal ya muerto-el domínico
provecto que te confiesa y que te casará mañana en el
oratorio arzobispal, no sabe decirte la palabra que consuela ........ .
Ma1quesa, doo Juan no existe ya¡ marchó, claudican•
te y melancólico, pero soberbio aúo, en la barca baudel.eriana1 hacia el infierno de loe burladores olvidados. Y
hoy, soloJa yedra eecala los muros conveot.ualea .......... .
México es republicano, Marquesa, y en tu 8ecretaire
de ébano con incrustaciones de marfil amarillento, se os
cu;ece el pergamino que abooa tu derecho á permanecer
erguida ante la Majestad del rey que Dios guarde ..... ... .
Qué melancólico me torno cuando paaae-al tro~e de
los frisones del landau-hacia las sombras de las toscanas na vea de la catedral vetusta, anegado tu espfriiu eu
el ayer; pálida como todo lo ant •guo, frágil como las porcelanas de Sajonia ...... Me digo entonces: Ahí va el postrer pri v1legio, ahí va la distinción postrera ........ .
Tras tí queda el hormigueo trivial de las multitudes,
incomcieotee del balo de prestigio que te rodea.

II
CHATl!AlJBRIAND

Suena su nombre en mi oído como la nota errante de
un viejo lied sentimental.
Ya hace mucho de eeo. En la estrecha celda de micolfgio, á la luz viva de loa ponientes míchoaoanoe, recluido por enfermo, lela rns libro@, mientras los buenos padrea de boina negra y de efpejueloe cabalgant~a sobre
la pet filada nariz romana, paseaban por el jardin; loa
media nos y loe chicos alborotaban en el patio de recreo y
loe grandes, el'caramadoe en los pórticoe, las paralelas y
los caballos del gimnasio, se cuchicheaban é US prematuros amorEB de adoles~entes, dedloraban sus prietir:aa
curiosidades ó enviaban e l recuerdo á la tierra lejana.
El padre bibliotecaTio me prestaba los escritos deRené, juzgá.ndolos inofensirns y, ay! eEe altivo y eolitario
melancólico determin ó en mi espíritu una congestión
de euefios y me anegó en tristezas infini tas.

�DD ■ IIGO 17

,ea

LA SUERTE ENTRE LOS HOMBRES.
POR

EUSEBIO BLA.SCO

1,~-'·\

j-:l

1

Soñor &lt;!oronol (!orlos '0illogas
Nuevo Inspector General de Pollcia.

Contioente; Pn t=f'guida el Emperador Franci~co JOFé y
el EmperadorGoille-rmo vi11hawn Pnc@Pivameote al Czar
de Rusia e-n su palacio de P,-tt.f&gt;rh(lff. Yino dt&gt;Ppués el
viaje del Presidente F1rnre Á s~. Pdereburg'l, donde el
pueblo ruso hizo una entn~iaFta re~pción al jefe del gobierno francés, resultando, Eegúa se dice, uua alianza
formal entre loe dos pafeee.
0AMASMEX1.CANA~.

EL SEÑOR DON JOSE MARIA ITURRALOE
Gobernador Interino de Yucatin.

El telégrafo nos anuncio que el 14 del actual, por.renuncia del eefior don Carlos Pean, Gobernador de Yucatán, hecha ante la Cámara, eotr6 á sustituirlo, por
el~cción é interinamente el sefior don José ?IIaria Itu•
rralde, cuyo retrato damos en otro lugar siguiendo nuestro programa de formar una galería de todos aquellos
hombree á quienes el movimiento de loe sucesos coloque
en posición visible en el país.
Jd Jefior Iturralde es originario de Valladolid y persona muy recomendable por su honradez y buen criterio.

El 11 del mee actual tomó posesión de su elevado puesjo el Sr. Coronel Carlos Yillegae, nombrado por el Sr.
Presidente, Inepector General de Policía en sustitución
de D. Eduardo Velázquez 1 mueno por su. propia mano
en la cárcel de B.Jlen.
El Sr. ·•rmegae deeempefiaba 8ll Guadalajara-de donde fué llamado--el importante puesto de Jefe de Hacien
da y era además insaculado del Gobierno de Jalisco.
Yiejo amigo del Sr. Presidente, Militar ameritado y
hombre de prudente criterio y reconocidas energías, el
Sr. Villegas, llenará. sin duda cumplidamente el delica•
do cargo qne se le ha cooliado.
LAS GRANDlS MANIOBRAS.

El año de 1897 próximo á concluir, ha sido notable por
las numeroeas visitas cambiadas entre loe soberanos de
Europa.
Primero el Czar de Rusia Y la espiritual Czarina hi.
deron un viaje casi triunfal por la Gran Bretaila y el

269

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.

Nuest.ros Grabados.

EL SEÑOR INSPlCTOR GENERAL DE POLICIA.

&amp;L MUNDO

DOMINGO 17 de OCTUBRE de 1897.

&amp;L MUNDO

[Ahora que ya no soy romántico, ahora que ya t0mpf,
nifl.o levantisco que ee cree hombre, todos mia juguetea,
ahora que ya no auefio la vida, aun llevo :a Jibrea de toe
melancolías, oh taciturno¡ auo ......... ]
Deepuée, en un rincón de provincia, saturado de calma bucólica, en la obecc.ra sala de un:caeeron muy viejo,
lejanas ya las peredec~ivaede aqnelloe valles que redondea
han el horizon'8 opalino, donde ee perdía-ave incansable-mi mirada, en las tardee del colegio, torné, á leu al
aristócrata displicente, á leerlo con la bermoea matrona
qne foé mi aegonda madre, que palió la enfermedad de mis
euefloe y sofrenó los arranques da- mi imaginación inci.:ra
ble. Tornamos áasietir al de1 file de aquellae mujeres tristes: Ata la, Lucía, Celuta .... Madame de Beaumont: la di•
vi na tleica ......... Nos paseamos de nuevo al pie de los
agrios cmtilee de Saim Malo, por el ee-quivo y grietado
torrt-ón lleno de chirridos de murciélagos y de grazoidoa de coroE&gt;jal! y á través del boeque inculto donde se
arrullaron dos amores imposibles al susurrar del viento
nemoroeo ........ .
Y en tanto que leíamos, de el patio enclaurtrado de la
casa, nos llegaban los primeros perfumee-alma vfgetal
-de la Refoa de la noche, en loor de la cual defgranaban
á poco sus diatónicas vibrantes y sus Cromáticas mati~
zndae, loe melómanos zenzontlee.
Y caía la tardP, tristemente pomposa, y poco ,¡ poco el
traje enlutado de mi amiga dilufase en la sombra y surgían solo sus manos largas y pálidas y so roet.ro pálido
también, como en esos e:drafios retratos de Carriere, en
que las fisonomías parecen bafiadas por luz de luna.
¼aria, la muchacna de cofia blanca y blanco delantal,
desfloraba en el piano entonces una vieja romanza; mi
awiga y yo callábamos, yo pensaba, y el espíritu del
gran Triste, parecía mecerse blaodamente en la rhmica
hamaca de aquellas notas querellosas.
Oh,! qué lejos está eso: ya renovaron el caserón sefiorial; ya en lo.s campos antes impregnados de mansedumJe'- gritan los silbatos de las trilladoras americanas y
aullan al pasar, batiendo su cimera de vapor con entoiiaciooee de eepía, las locomotoras. Ya la nifia de cofia
blanca y delantal de lino, hermana de Inés la de Die•
kens, y de Carlota la de Goethe, ee casó con un hacendado bueno y le da un hijo cada afio con las primeras
rosas ó con las ernarchas de Octubre; y tú, amiga y ma•
dre tú que envolviste mi aislamiento en terourae, como
M' eni•uelt•t: á un nifto en Bus paffales, tu te fuiste para siem·
pre una maflana en que no había flores, resignada y
uanquila, con sonrisa apacible en los labios: aquella
sonrisa que alumbró mie melancolías: con palidez mate
en el rostro; aquella palidez que radió en mis sombras ....
Y amo aún á Chateaubriand porq ne tenía la distinción
suprema de la tristeza y le amo, sobre todo, por que tú
le amaste! tú que también eras triste!
AMADO N:imvo.

do OCTUBRE do 1. .T

Sríla. $!vira

ao

!raisóquílla

(DE JALAPA.)

Después de esto, el Rey Humberto de Italia hace una
visita al Emperador Goillermo, quien inviLa á su gran•
de y buen amigo á presenciar las grandes maniobras
del ej.'.ircito aleman, verificadas cerca de Hanan. El Rey
Humberto, que iba acom:&gt;afiado del Vizconde Venoeta
Ministro de Negocios Extranjeros en !Galia, estuvo durante su viaje coa muchos pereonsJee reales como el Du•
que de Cambridge, la viuda del Emperador Fedbrico, el
Rey de Sajonia, el Rey de "\Vurt.emberg yel Gran Duque
de Heese.
Había apenas terminado la visite de Humtierto á A..lem4.nia, cuando Guillermo ee dirigió violentamente á
Hungría, donde fué agazajado por el Emperador Fran.
oisco Joeé, quien diepuao también que se -verificaran
grandes maniobras mili&amp;aree.
Publicamos dos grabados representando al Emperador Guillermo en el campo de maniobras del ejército
alemán.

•

LG UN día me decía anoche un sujeto, que hace
Í
_ la vida del hombre malo, supuesto que juega y
~~ pierde, aigún día ee descubrirá lo que es la
,..
suerte, cómo se deecubrió la e/ecti icidad, ó el
vapor, ó el Hipnotismo ........ .
E:i indudable, que de las catorce personas que hay en
torno de la que tfra la's cartas en una mesa de Bacarat
hay siempre noa á la cual van derechas las precisada;
para ganar. Allí es;á la suerte. Aquel ea el que gana la
partida.
Del mismo modo, el soldado que entra eli acoión trein•
ta vt1cee y sale siempre iJeeo 1 es el marcado por el dedo
de la SuerM!. Millares de balas matan cen~nares de loe
demás¡ á él nó. Aqoel ee.
Con iguales coLdicionee de talento, de protección, de
relaciones, llega un eamdiante á Ministro, mientras que
su compafiero de e oivereidad muere en el hospital.
H\rmoea, virtuosa, inteligeme, la eefiorita de T1ll no
se caea. Se quedará para vestir 1wagenee, mientras vein•
lie amigas suyas que valen en todo mucho menos, encontrarán veio&amp;e partidos.
Inútil es que la enerfía, el eefuerzo individual, la acti•
vidad, 1ürva al hombre para ir haciendo su camino. T.t.l
vez al ll&lt;:'gar al colmo de aue deseos viene Ja mut1rte ó Ja
enfermedad á decirle: ro 110 lo permUQ.
Hay quien nace para pbrder pol'tamonedae, y quien
nact1 para t1ncontrárseloe. En la altUl'a como eu la más
humilde condición, á unos lee dice la Suene: «Aunque
todo lo puedas, no cuentes conmigo¡11 á otros les dice:
11 Aunque 1,ú hagJ.B mucho, yo haré aún más por U.» Unos
ee Jlaman .Mou\~eneier, y 01,ros Pola Vieja . .l!;esoa suben,
p~leaodo y venciendo, á la cumbre; loe otrue bajan, g 1•
w1endo y llorando.
No b1hta nacer Gallarre. Ea preciso que Ja euer,e le di•
ga al Iogeniero de la fundición navatra:-«Dile á ese
obrero que cante.11-No basta ser Ayala¡ es preciao que
Ja rnerte le diga á Hanz1:imbu3ch: «Anciano, ponte ele
pie en la butaca y griia: 1&lt;¡().i.lderón ha rdsucitado!11
La Soerte es un ioeliame; diez negros seguidos dobland~, en e~ 'l'refota y cuareulu; un pariente desconocido y
m1llonano que se muere; un admirador que en un roome.t1t(I de inspiración dlce: ((voy á darle al poe~a ó al ar•
tiata citin mil peaetae¡it un Angel que grita de Jo aito, en
el momen&amp;o en qutt chocando6 trenes: ,,.\que! que va dor°:1ido, sttrá el único que lo cuente.11 _U.na viuda joven y
rica, que se enamorad.e un buen mozo tronado; doscientas mu personas que en un momento dado ae ponen de
acoerdo para dejarse engallar y exclaman: ((Hay que comprar acciones dt! 1,al cosa,)) ouya cosa resulta después un
robo manifieeio; un quinto que saca el número ll.Jáe alto
siendo precisamente el mozo que hace más falta á sus pa~
drea: un duro que ee sale de todos loe bolsillos, para qoe
lo tenga uu vago, mientras que millones de 1orabajadores
ee mueren de hambre. Algo de todo eet.o ea la eut-rte.
u Y hay algo má.e raro aún, roe decia til sujeto pelado.
L'.i Suerte viene por eéries 1 por rachas, como las desdichas.
-¿Eh?
. -:s,, se~or, siem~re. ?uando hay un incendio, hay
orneo ó se1e en seguida¡ e1 ee deticarrila un tren, descarrilan diez ó doce:_ en la familia donde nunca hubo pe.::ias,
se muere la muJer, y deepués la bija mayor, y Juego Ja
pequeña, enferma el padre y pierde la fortuna. Un .eu.ici•
dio tcae siempre imita~oree. Y usted qoe buecará maña•
na el desquite perderá basta fin de afta.
Aquí debe haber ya algo dd la invención y el deecubnmiento que Y9 sueño. La suerte ordena que un hombre sin mérito alguno, ll!:!gue á los más altos cargos de un
pais, y que el público, el país, la nación lo crt!an muy
notable.
L~ Suerte desprecia al hijo del humilde labrador, que
pudiera ser un l\hr(!uée de la Ensenada¡ pero enriquece
á Lebauy, para que su hijo tire loe millones y eeaelhombre de moda para repreeeu1.ar todos loe vicios. La Suerte
es aún más humillante que la deegracia.
-¿Luego la moral de usted sería que vale más ser des•
gracrndc,?
-No1 eefi.or¡ mi moral e~ o&amp;rs. T.Jdos buscan la euer•
te; loe ~ue la tienen quieren tener más, y la fat gan¡ lo!
deegractados se revelan contra la deegracia, lloran, mal•
dicen, ae matan.
-¿D.)ude eat:.1 1 puee, la felicidad?
-En no ambicionar nada. Eu la resignación. Escrito
eatá y el DLvíno Maeatro lo dijo: &lt;180 os acongojéis por
vuestra vida, que habéis de cower y beber .......... Mirad
á las aves del cielo, que ni eiombran ni siegan; y sin em•
barg'l, ee alimer.tJu, viven y son libree y felicee,»

37,000 :rnlllo.s sobre Jo;;,i rn.•tres.

Vista de la Ciudad de Suez.

V

SEXTA PARTE.

EL MONTE SINAI. LA SIERRA DE lrAGABAH. J:L V.A.LLE DE LA E.-:iCR;TORA.

SUEZ.

La belleza de esa cordillera del Sinai no ee debe por cieno á la vegetación y á la
.allur" de eus cimae, lo bello, lo admirable, lo verdaderamente asombroso ea su conj t1nto.
Agrupamiento de montanas como un mar agit.ado, agudas, de perfiles bizarros y
múltiples colorido~: ya el rojo del pórfido, el rosa pálido del ft.delepato, el blaucog1ie
del gizo de la Creta, o el mal.e brillante del cuarzo, combinados en raegos m •eeuue,
eu contraett'S atrevido1.1, proyectando atrevidae eombrae 6 lanzando mil dt'etelloe de luz
que las asperezas de sus encrespadas guijas reflejan en el espacio; éstre conjunto de co•
l&lt;Jree, de formas, de times, ea lo que adorna cada cresta y cada pi caca,; es lo q11e dá fiara rhilvez á eaaa mou1,añas desnudas, escuetas y brillantea·donde Moisés arttugó á so
pueblo, le enseíló loe r11.os del antiguo testamento y los condujo deevués por el desierto en buECa de la tierra prometida.
¡Cuánto milagro en eea peregrinación! ¡cuintoe beneficios recibe el pueblo de I:i·
rael por conducto de su eablO maestro! ¡sedientos, brota de la roca, purísima agua que
l~e da vida¡ perseguidos, oc:ilta y sumerge á loe enemigos en las proíuodidadee del
oceano; hambriemoe, Jea da el maná del desierto, milagrosa planta que lee euat.en1.a y
iortifica.
Despuée, fija su efimera población entre aquellos valles profundos, á la falda del
monte (DJ1bel nakoe) donde pr.edica al pueblo de I~rael loe mandamieotoe de su. Dios,
muestra las tablas de la ley y cons~ruye el primer tabernáculo de oro macizo y precioeas maderaP; Juego siguiendo á la cabeza de su eJército, su hermano Araou, tia cooa•
tituido por Dos en su gran sacerdote. Allí también 1 f~atejoae el primer aniversario
del cordero paecual y aquel pueblo erranlit', vencido y miserable, rE'S\aura sus foerzae
y se encamioa por fin hlt.cfa 11 tierra prowesida, la tierra de Canaan
¡Cómo se deeiiztt en el penaam1ento, como el barco en el agua, todo aquel camino
de los israelitas! Alli en esas moo,ai'ias teníamos al treatro de aquellos Sittmpoe, mu·
do, eoberb101 pero completo¡ no faltaban sino loe artistas, loa protagonistas, aquella
mult.itud de ovejas, aquella romería de miles y miles de misioneros, sin máe g da que
un hombre astuto, ein mh esperanza que una l,lr0m"'"'ª y sin más fé q•1e el nuevo ca•
teciemo de una rellgión que haría fieles á fuerza de milagros eorpreudentee 1 esos no
existían ya.
Por ignorante de la biblia que eea el que presencie aquel paisaje del Sinai, mudo
ee:tigo de tantos acontecimientos que tuvieron Jugar hace miles d" ai'ioe¡ por 1ncré.d.u]o que aparezca, verá. retratado en cada picacbo, tm cada sombra, en cada hueco, de
esa misteriosa eierra un @'eroglífioo, un dato, una certidumbre del milagro, pe10 máe
explicito, máe íactib'.e, se toma á cuenta yseu:plica las cuinc1denciasque elevaroo á la
cattgoría de milagros aquel sorprendente paeo del pueblo de I~rael ¡,or el desierto y el
Mar Rojo.
Moi:1ée sale de Socot y acampa en Etano donde aparece la fantástica columna de
foego y humo, guia que les euseña el camino¡ llega á las playas del mar cerca de Mag·
dala y en una baja marea atraviesa de noche ,w et Mar Rojo sino el golfo de Suez muy
cerca de lo que hoy es esa población¡ ya en la margen opueesa, descubre el venero y
hace brotar el agua que calma la sed de su rebano; después se interna en las sienas y
Jlega por fin á e~a soberbia montañ.a, hoy asiento de un convenio de anacoretas, ver•
daderoe cartujos de todas nacionalidades.
Hoy todos squelloa caminos que la Biblia trazó, como las ciudades, han deeapare·
cido solo queda 1a adoración y el respeto de aquellos lugares, que muestran siempre
al vi'ajero, la sublimidad en cada silueta de las montafiae¡ el recogimiento en cada pre•
cipio, y el aeombro e~ ese poderoso y místico conjunto de la sierra roja, altiva, severa
y brillaoie como h•. et1a consagrada.

I
LA SIERRA,-EL YA LLE O~EO.-MO KATHAL Ó VALLE DE J,A ESCRITURc\,

Seguiamos en el trayecto de 9i milla:i de la,go que tiene el golfo de Suez ~ozando
de ese panorama expléudido de la sierra del~Sintií, que pc,co á poco iba haciéi' do•e m1h1
y más 1oterior y por coneecu:mc a wái leJaua de nut:stra vier.a; mitlouae taoto la coe1,a afr,cana, ein llüwar la atendói,, dibujaba eue lomeríos, romos, eecuetoe1 pj u historia1
falt• e de atrac1oivo y crm I inme,,f'oB 000 .. 1,unes del deeperdic10 de una mina.
Al Siaaí, o se Je abandonó baeta que gruE&gt;EO ttlóu de nubte ocultó por completo
eque~ tabernAculo, ean1.uatio del Aut.iguo tet-taweo\o, reliquia 1mpen cedna de nueet.ra
rt:lig1ó!'· _Pvco d.eepuéi! apar1::ce o ra sierra más ,baj1:1.¡ pero más cercana, también h1~tónca¡ _era una es~tcie de esLib6n deeprendicto de la anguloea sierra de Aje•
bel-el•Tth qne limita el dt&gt;s1er10 de la penrneula; ~rae d .. eea sierra, en un valle frecuen&amp;ado cada año por cri!manoe1 mue-u Imanes, judloe, en fin por todos los afctarioe de la
religión meeiaca: coneérvase ttún cavados 6 esculpidos sobre la roca aefálr.ica ó cretá·
cea de las momai'i.as 1 geroglíficc@ de la má~ re nota "n1,igü~dad 1 ouaodo aun el iJioma
n~ constaba de signu~ a.lfab_éticos para expreflar los sonido@, las fra~e~ y loa peosa~1entos de aquella c1v1hzac1ón ya grande apt'ear de PU era tan antigua. G.'.,mo me imaginaba ver al través de la dis\aocia á aqutl valle artíuico y reepetuoso, circundado de
perpendiculare~ relievPP de piedra, todue grabados con mil signos y pt"I files, como la
pared del t!BfUd10 de Miguel Auge!, pero tuUv coloeal, al aire 1ibre, defga}ando los con•
t.oroos y cubierto el deall.i del terreno con pedruscos angulosos deep1eod1do~ por el t.iem•
po, de la roca, CünBervandoann la.e huellas deun uerfil de ídolo óde rey¡ luego aislado en
un montículo de d1f 1cil acc~eo, e~bre una'euperficie plana y vertical dt' grande altura, repreeéntaee todo un e~1end10 bélico de aquel ~otoncee, 11 flecha lanza y piedra, y todo
esto con fig1uae mal crnc ~ladae, toecae, pero siempre uniformáodo Cíln car4.Ctt'r clásico
el perfil d~ las caras; y Juego pensar ¿cómo hicieron aquellas precioeidades y con qué?
¿c6m? aub1eroo á aquel acanr.ilado d~sl_iz y ¿cuanto 1.i~mpo duraría en concluirse y á.
q_ué 1o1empo 6 fecha ~emo_ntan? 6 dec1d1damente eetraa preguntas uo tieuen contesta•
0160? Siíbeee por h1etor1a que á ee3 ln~ar se le llamó y se Je llama el valle de la eecri·
tura por_ q?e todo el. Egipto, Arabia y T,1rquia, quid tambiéa los Héleooe de equel en•
toncee vm1eroo á deJar sus nombN&gt;e, au historia y Pue adelantoti, escritos allí como po•
dfa°:, en ese libro magno, en eat1 imperecedero t'{Llle de los siglo8 c ,mo es el valle de la
eecntura.
~or fin, á eete corto eslabón de moJ?,taflas hietoricas, efgneee una plaoicie, roja
también, donde se descubre o puntos ó llneas verde obscuro: son uasie en medio de esa.
playa deeierta; allí se. ven .tbb'&gt;lee y volar aves y correr egua crietalioa; allí hay vida;
á su df:'rredor deeolac16n y muerte; además té~ricoe recuerdos de aquella revolución
del cristianismo.

II
RECALAD.\

A

SuEz

Muy poco faltaba ya para avistar el puerto; la doblA línea ds costa africana y asiática parMtan unirse, el t-epacio de mar li_bre que res1.aba eu el fondo na meuoe y menos exieuso; comenzábane~ ya á ver los rnnu~erablee bajos que se hwantan del fondo;
en uno yace un barco perdLdo ......... ¡cuán tnete se ve! ......... eaca apenas un maatil y

•

�EL MUNDO

Una n: u,'er árabe.
por.Bu cofa militar demuestra ser un barco de guerra ......... Efectivamente, ea el abandonado casco de Mn acorazado chileno q11e ee perdió allí, apenas ealido de loe areena•
lee de Toulón y que iba á en país á prestar urgentes servicio@; pero la fort.una le fué
contraria y 1nnt:f,6 apenas aaba las primeras paletadas de sn hélict- ......... poco después,
como ei saliera del agua aoareció el blanco caeerío del puerto y el cemáforo á la entra·
da inciena del Canal de Suez.
Fon~eamos por fin, y saludamos á la bandera egipcia, blanca, ~on una estrella, y
una media luna azul obscuro en el cen!ro; ee izó &lt;leepuée la bandera de sanidad y se
esperó con ~aciencia !a llegada de loe miembro_&amp; del Consejo dP higiene de puertoll ...... ( 1)
La samdad se hizo esperar, ya nor la du;tancia á que fondeamos, como también
porque veníamos procedentes de la !odia y se tomaron en el puerto muchas precauciones rara aceptarnos en el fondeadero máe enea del muelle.
Nuestras patentes limpias y el Cbttificado del médico direck&gt;r de Ceylán, oos pro•
porcionaron libre plática, y acto continuo, ee procedió á arrt"giar la medida del barco
para atravesar el canal.
Cada barco paga PI paso, según su tonelaje¡ mientras tanto ......... á tierra ......... es•
taríamcs tres día! en Suez ......

DOMINGO '7 de OCTUBRE dcl8s17

DOMINGO 17 de OCTUBRE do 1897

cioLes de fondo plano basta la población árabe. El más eacropuloao rt&gt;glamento nor•
ma t-1 t.ráneito de la entrada del canal en donde ni los batee siquiera pueden ir sino
pegados á los costados fuera de la línea de las boyaP, aef el canal euá tan deepfjado
como la línea de un ferrocarril por donde ee espera próximo el paso de un tren.
Llegamos por fin en nuestro bote á la parte tuminal del eEcape, y entre uDa ver•
dade:-a nata de pangoe saltamos á tierra; ya sobre carbón de piedra que llenaba u11Qe,
ya sobre gualdrae ó fierros ó bultos de todas clases, briocando, auo1eodo ó bajando
paeamos esta capa compacta de embarcaciones hasta que llegamos á tierra.
Al pie de un alto muro de piedra sin enjarrar, bastante largo, que termina en un
corredor, alto tambiéo, formado por una eequina ojival, tosca, sobre unaeapeciedepór·
tico ancho obecuro y cerrado en aquel momento por pesados maderos con ~rueeas y
carcomida; molduras, se ve el singular edificio es un convento de jeauitae, al frente de
una playa irrtgular de donde part.en ocho encrucijados callejones formados por peea•
das y antiquísimas casas de mampostería y blanqueadae, ostentando en lo alto un f'B•
pecie de mirador saliente cubietto de celosías de madera verdes, una que otra veDtana chicas, cuadradas y eimétricamecte dispuestaa, como sumidas en el ancho muro,
y los techos sobresaliendo como aplastados carapachos de tortuga y de lae venta1;1as e r~
tinillas rojas, verdea, amarillas ó negras, colgando pesadas fuera dtl marco, mov1énd0Pe
con pesad&amp; ondulación por la brisa que refreeca la tarde; en la calle pulula un put-Llo
de turbantes multicoloree, boinas rojas y mantos negros, azulfe ó btancos 1 y al lado
de las puertas, bardas de poca altura están ooupada9 por musulmanes, turcos, árabes
bentadoeen la má.s indolen~ poetura,devotamente fumando sus enormes pipas de Hacb ic.
A nuestra presencia aquella multitud t;orpe, eílanciosa, automática, ee levan~a,
grita, y nos rodea1 hablándonos en nuestro idioma y en otros muchos; repenUnamen•
-r.e aparece por cada una de las 1:iete Callee un verdadero atajo de burros blancos, e1,si•
lladoe, 1:igiles y vivos que respingan y trotan guiados á todo corr~r por un tropel de
arrieros ejipcioP.
-Quere monta aiñ.ory ......... quere monta aifiory, yo eé castel la.no, tú eres eepatiol,
mi poney muy vivo. Yo te muestro la civita tuto la bona casa. Yo re moetro loe ho•
tele, mi poney curre curre comó Lu barco;• y otros nos hablaban en frarcei" 1 otros t-U
ingléa, otros en italiano, y mient.raa noe cerraban el paso formando un circulo de endiabladas caras y un concierto de voces á cual más gritona y todas mezcladas enr.re
aquellos poney [burroe] que esperaban aneioeoe su jicete para echarse á correr ágiles
por IM callea.
¡¡¡No hubo más remed:0111 Cada quien toma en a~no enjanado y vivo y, esto es·
correr por las callea cén1ricas de la población; n6 de curiosos¡ porque e~te es el único
medio de cabalgar en Suez, pero sí de cicerones solícito11, nos e1gue en l~s primeras
calles una mult.itud 1 después sin hacerles ceso quedamos á la hora tan mdtferentee
como el más viejo vecino de la ciudad.
En nueetro paseo encohtramrs varios n:trenjeros gozando como nosotros de eee
particular medio de locomoción verdaderamente raro para el tomista, pero como único
en Suez. Aprovechóe:e Ja tatdP, en pasear por las angostas calles de la población, ea•
peoie de callejones, torcidos, obecuros por loe balcones aalie~tee Y. cub1erroe por .un
enverjado de madera que permite ver basta afuera y no ser visto, sm lugar de elección
para las mujeres que andan f:iempre cubierhs de cara, costumbre inveterada por el
provPrvial celo del turco.
Cúbrelas de la cabeza á lo largo del cuerpo un manto casi siempre negro, que de•
jan euelt.o, colgante á los lados; un saco y falda ancba multicolora¡ al cuello f:iempre
un collar de cuentas grandes, de vidrio, ágata ó goma y el antifáz qu_e e rcund~ la cara inmediatamente abajo de loe ojos, se amarra trae de la nuca yen triángulo baJa hasta la cintura donde se encaja de la nariz hacia arriba de la fren1e; eoEtienen el antifáz
tres eslabones en formas de medios carretes embutidos uno en otro de met-al 6 de
cuerno; cabellos negros, tez morena ó blanca y. ojos grandes, nf'gros y_ expresivos resaltan de entre ese pfcaro antifáz que oculta la mayor parte de sus bien modelada,
facciones. Sa ven graciosas andar por las callee, erguidas, airoaae, altas y esbeltas y
á no dudarlo, hermosas la mayor parte.
Sus bien modelados brazos ostentan pulseras de cuenta ó metal y loa pies deacaJ.
zos alguoas veces con una especie de sandalia los adornan con anillos de plat.a y col•
gajitos qne manejan hábilmente á cada paso.
No obs~ante el agrupamienr.o de la geate en las estrechas callejuelas de la ciudad,
ea pueblo taciturno, holgada y dormilón; no ea extraño ver en todos loa zaguanes á
tipos de luenga barba, de mirada vaga, amonados y tendidos á lo largo de las aceras,
durmiendo ó en perezosas posturas; otros en grupo alrededor de un gran depó11:ito de
Hacbic de donde parlen de 10 á 12 tubos largos, fuman sin dernanso en es•ablecimien,
toe exprofeeo abiertos amp1iame1 te á la calle, casi siempre bajo un portal de madern
ó de peeadoe arcos ojivales¡ loe cafés abundan también¡ allí tómaee el café tos,ado y

En_ todo el trayfctode ambos lado!, hay uropefj con el
obJet.o de meterá uu ba1co cuando vieneu olirus en sentido conuario. Para atraveearlo, todo barco paga (si mal
no recuerdo) 6 fra1 coa por tonelada, y un riloto del ca•
D&amp;l guía y daige la embaJcación.
Todos 10s accidentes que sufra el canal los paga la compaflifa ó nacionalidad del barco que los produzca, y ei éste
llega á obstruir el canal, destruirán el barco á la mayor
brevedad, eiendo todos estos gaetos á expeneas también
de las compañías ó naciones del btnco perdido.
Para dar una idea de lo que produce á FraDcia eee importante canal, copio la estadíEtica correspondiente al
ano de 1895.
Barcos que paearon por
el canal....... ... ... ......
5,307
Tonelaje neto que pagó
derecho!!..................
8,,:ii5,860 toneladas
Suma en francos por pa•
go de id....................... 138.523.3-:1,5 francos.
ó lo que es lo mismo.....
.J.,H0,933 libras esterlinas
·
ee dech151 181 librae diarias.
~ medio canal está Iemailia, población de tránsito de
ca~1 todas las Hneae férrns del Egipto ) á la vez un puer•
to rnter1or del ca11al en el lago de 1.iu.shal.

SEPT.LMA PARTE.
EGIPTO.

I
IS)L\ILIA-EI:.

Fuente de Moisés.
molido en cocunvente y no en infusión, y el lodillo que deja es el que más aprecia el
gueto de loe egir,cios¡ el café es de muy buena calidad; viene de Moka.
Al oeste de Suez, ya á extramuros, vense las ruinas de un inmenso acuednoto
construido desde la época de los ptolomeos y hoy caei desaparece enterra,J.a y des•
quiciándo1.1e la soberbia arqueria que lo formaba; á un lado, como á. distancia de unas
3 millas adviértenee inmensos y profnndoe huecos, antiguos fosos casi escombrados
hoy y que fueron los primeros trabajos de un pretendido canal que hubiera unido el
Nilo con el mar Rojo; este proyecto se abandoaó por su mismo autor, tambiPn bace
millares de años. Nótase aún la magnífica obra, colosal como todas las antigüedades
del Egipto.

IV
LA FUE:\"TE DE MOJSÉS.

III
LA. Clt'DAD DE Sl:EZ. LA FUE:iTE DE

Mo1sts

La población árabe dista más de onatro millas del puerto propiamente dicho, don.
de están las oficinas de la compailía del canal; los bo~es atracan á lospequeftoe muelles
de éete á su entrada, y de allí tómaae nn tren que conduce á Suez en unos treinta
minutos.
O·. ra vfa marítima conduce también á la ciudad por el canal y á uno de sus ercapea
que sirve de puer~o para la caria que se hace eu lanchones y bo~ee.
El paisaje que ofrece el primer camino es frío: sólo Untas claras entre un árido
terreno plano, dibujan ya el canal ó los aren alee.
El segundo camino deja ver hacia PI lado izquierdo del canal un alineamiento de
casas de madera, de formas y estilos diferentes, adornando eus fachadas una calzada
d~ árboles, (acaciae) que le da magnífico aspecto, más aún, cuando ea el único punto
verde en medio de la aridez más completa.
Empieza éEta calzada en la punta saliente hacia el golfo y BE'I prolonga á media
mil!a canal adentro, recta, formando con bloca de piedra muck moc de los costados
del canal, el otro costado á 70 ú 80 metros, acaba la angosta entrada de eea obra, la
primera de.l mundo, por eu utilidad.
M~ bien triste que ac"ivo en movimiento. apénas ee ven uno que otro lanchón
atracado á los mnellecitoe y el reato de canal eíempre libre para de,jar expedito cami•
no al barco qne entra ó sale.
La vista en aquel extenso horizonte no percibe sino los inmensos arenales del de•
sierto, una que otra caea cuadrada y polvo11a, rodeada de un corral donde deEcaman
tres 6 cuatro camelloe, y hacia el l E.) la población de Suez sobre un terreno un ~oco
más elevado¡ en fin, el canal que pronto ee t-ierde entre las vueltas que dá en aquel
terrPno, dPjan::lo solo adivinar en dirección por los palos de loe ba1cos que de uno en
fondo marchan ó navPgan á poca máquina (3 millas por hora) ya en dirección del Me•
diterráneo, ya en la de el mar Rojo. Es curiosa y triste éat.a preepectiva· parfce que ¡08
barcos eetan enterrados hasta su casco, sobresaliendo apénae sus pal~e; eemeja aqueUo un cementerio de las flot.anres I.J.abitacionee marítimas.
Llegado al escape, Wma el bote nueva dirección por entre un eín fin de bajas dra•
gas, pangflS cargados de Jodo ó piedra, otros con inmensos gualdrones de madera que•
madoa, ouos llenos de cadenas 6 fierros de todos tamai'l.011, ya flotando cabom ó habitaciones tra!!portables de obreros, en fin centenares de botes liurcoa luciendo sus vela,
latinas de artístico corte, hechas de lona y pi atadas con una estrella, con otras figuras
á grandes ra 11gos y con varios coloree; todo es~ conjunto de material flotante atracado en el escape, especie de lago que se une al canal y que permite el paso de embarca•
[11 Un enorme tiburón nos rocleó, comoi:i tratara d&lt;.&gt; reeonD&lt;'or el barco. no at'eptó nlng\,n cebo que
se le pu..c;o. y después de dar tres vueltas oompletas se alejó mnjei;tuO!,O ha~tn perder-;e de ,·li;tn: medlña
tres metro~ r medio ae largo.

•

EL MUNDO

•

En la márgen [E] del golfo, á unas 6 millas por aguo. y,3 por tierra está, eohre el
camino del mon'8 clinai, la fuente de la tradición, la que Moieée hizo brotar d" la
pied.ra para dar de be;:er á los Israelitas sedientos en su peregrinación á la t-ierra de
Canaán.
En bote basta la -playa y de allí en camello, llégase á
la fnente; un tupido bosque de palma-datil crece expléndido á. la humedad que proporciona esa fuente de
agua cristalina. La roca de la tradición de donde nace
el venero está. encerrada bajo un departamento de mampostería y de allí por un angosto y corto canal hecho sobre el anelo depoeítase el agua en una pequeña alberca
al lado de un jacal de madera, habitación del guardián;
una gran parte de terreno cultivado y rico por el egua
que lo riPga aparece cubie;ro de algodones y café y hacia otra pane distingueee á corta díetanc:a la sierra de
Djebel Kabah á cuyas faldas está eitnada la fuent;e y
que aúa es el camino del desierto que conduce á la tie•
rra santa.
Sobre las rocas que forman la abertura del venero ee
encuentran esculpidas unas frasea en hebreo y sobre las
paredes una multitud de nombres de los visitantes¡ entre
ellos cuéntanee algunas ilustres firmas, de príncipes y
reyes, la de Zola, famoso escritor, la de Jul,io reme, la
de Alo.rcón y multitud ae firmas de ingleses; allí tambien
hoy día figuran firmas americanas; terminada la visita
á esta foeote histórica volvimos otra vez á montar nuestros apacibles caballos y de allí á bordo doode se preparaban ya á entrar al canal de Suez para continuar nuea•
tro camino hasta el Medi~rráneo.

De Suéz á Iemailia, a1raveeando la mitad del canal á
corta velocidad níamos deElizaree con euave lentitud las
potentfe d10gas que trabajan en diatintos tramos desa•
zolvando 81 fondo del gran canal y arrojando por grue•
aos tubos de fierro el lodo hacia lae riberaa: después las
eet.aciones: ~onde con eignos marcados por medio de
bolas de distrntos colore13 1 suependidas del cemáforo, indican ei está el camino libreó ai hay que eeperar el paeo
de algún otro vapor.
·
Loe lagos salados amargos Ee han paeado á gran vPlocidad, pero en tramos cortos df 5 á 6 millas: por fin llega•
moa al lago Trincbot, apartáDdonosde la hilera de b01as
rojas y nos dirigimos al foDdeadero, frente al boEque de palmeras que circunda á' Is·
mailia.
•
Habíamos gastado de Suez basta eea población 9 horas para navegar; 40 millas
anduvimos at&gt;í con la misma velocidnd de 4 m. 4-l pcr hera.
Fnera del oasis delsmailia, todo lo demás et1 desierta planicie y aridez, Jo que for~
roa PI horizonte que se estiende por todos ladoe.
Fondeado el barco, nuestro bote bogó como 1.1iem.pre, conduo1éndoaoR á la pobla•
ci6n. Un mnelle corto, la playa arenoea y baja, y de allí parr.1endo el agrupamiento
de esbeltas y ahfsimas palmeras, en cuyo intervalo veíaeeaparecu las ca~as de made•
ra y ladrillo.
Ismailía es el punto de unión de todos los caminos de fierro en el Egipto y por to
tanto frecnentado por toda clase de extranjeros.
'
Es la habitación eeoogida por la compailía del canal, y vénee familias franceHe:
qne predominan en la ciudad.
&gt;
.C_onstruidas en línea recta las callee y rodeadas las casas de palma que eombrean
y mitigan los calores que la mayor parte del año se eieDten en la ciudad 1 está irrigada
por un CBL&amp;I, que parUeodo del Nilo cerca de Zagazig es 1:l primhivo ui t-dio de comu•
nicacióD que 1.rojano deede bace miles de af'ioe construyó. con~¡ objeto de unir el .Mar
R~jo con el Me~1terráneo; la diferencia de nivPl ,y otras dific~l1aried de aquella é~oca,
deJaron á medms E!l proyecro.y ~º'' ese canal s_1rve de med10 de comur icaci6n 1 ara
pequeflae embsrcac1onee¡ lo pr10.;unal y más cunoao de eeta obrn ant.iquisima, son 188

V
ALGO SOBRE EL CANAL DE 8UEZ

Ballar/nas árabes.

El importan.te canal que une el Mediterráneo con el
Mar R ]'l, hacrnndo las comunicaciones de la Earopa con
el ~&lt;iia fácil.ea y cortaa, ~e inauguró ª"lemnementeen 1859
baJo el gobierno de E01m Pachá; t.iene una longitud de
80 milla~, una profundidad común de 30 piéa y una anchura que varía entre 70 y 90 metros. Hiendo un metro
más largo del lado del Mar R)jO eetablécese de Sur á
Nor,e una c~rriente que se acentúa más en Jas altas ma•
reas; el oootmuo deslave y la corriente tienden á azolvar!? por lo que hay un constante trabajo de Dragas que
arroJan á loa costados del canal la arcilla que le forma
un nuevo bord~, siendo bastante estrecho para que no
puedan pasar amo nn. solo barco, estoe caminan de uno
en uno con poca velocidad (3 millas á 5 millas por hora)

CAIRO.

C•lle de Kormar en Suez.

�DOMIIGO 17 do OCTUBRE de ,197

EL MUNDO

DOMIIGO 17 de OCTUBRE de

eeclueae, estanques esc·alonadoe sobre el mismo canal, que facilitan á las pequefl.as em•
barcaciones subir y bajar niveles de más de 60 meliroe.
El meca .ieooo es bien sencillo é ingenioso; cuéntese para ello con la corriente del
más alto nivel, que es constant.e, y el procedimiento es facil de comprender:
Si un barco p~quefio trata de tlllbir, evtra al primer t'BlB"que, ciuran en seguida
l:i. compuerta y lo llenan de agua h1t1~a el nivel del eet.anq•1e inmediato superior,
Mi el barco paea dtll primer al segundo estanque; la misma operación ee hace para el ter•
cero y el cu11rto, as1 ea que de estanque en eetanque va el barquito subiendo cierto nú•
wero de metr_os baeta que ee encuenira en la parte alta del canal y e1gue aai su ruta
hasta S11.ngaz1g 6 más allá.
Si u11a nubarcación baja, se evacuan loe eetanquee en vez de llenarlos. Eeta ope1 ación i:-t: hace en menos dt: media hora.
Cuando la eeclusa no funciona, el a.gua pasa libremente á loe costados, y si bajan
, mbarcacionf:'e se llenan primero todos loe ea,anquee y después se vacían, empezaudo
por el de arriba. Et dtn!Cenao ee más rápido que el aecenec.
En las callea y·plazaa nótaae esa algarabia 1 ese bullicio de toda población activa y
comercial donde ei:, mezclan loe tipos de tres continentes; Europeo, Asiático y Africano.
Turbantes blaucoe y rojos, terbouc,h rojo también con sus borlas negra.e, earacof
de corcho y lino, cubriendo las cabezas de loe europeos y egipcioe, y loe Df·groe de
Abisinia casi siempre descubierta la cabeza, l,levan collares de chillantee coloree, de•
jando lucir la_blal\ca hilera de sus dentaduras y de sus globos ocularee¡ allí empieza á
notarse el pollglottsmo, no hay pafe del mundo donde se hablen tantos idiomas, donde se vea máe variedac;l de mod;\e y de tipos como en el Egipto¡ como pueblo de trán!!ito, casi todo ea provisional en materia de edificios á eecepc,ón de las estaciones de
trenes, y maestranzas. Pero dejemos á hmailia.
Instalémonos en el tren para Sangazíg y el Cliro, ee nos eFpera grande impresión
al atravesar loe campos cubi\:!rtoa en otro tiempo por la sangre de mil razas, se.nbrad~s de pr-rtentoeas reliq11~as_ que han deja~o sobre el árido país generaciones que vimer?n antes de la era ~me ,rn~a. !dolo~ gigantea, momtruosoe Lemploe, pirámides y
obehecos qne tocan al cielo TOJO del Afnca, montaf'las de g-ranito áridas y abruptas ó
rnbterril.ot'CJB inmensos donde se ocultan las tumbas de los faraones, ptulomeos. kediYes de todas. he ~pocas lt&gt;gr,_ndari~~ _de eee p~ís eaoto ó infiel, cuna de Gleopatra y
de tantas mnJeres de la B blia. \ 1s1tar el Catro ó como ee dice en egipcio El Ka-

vistas oaletdoscópicae, unas veces como hundidas en el terreno 1 airas eobres.aliendo aiNsae sobre uoa loma 6 accide:1te del suelo.
.
Por fin el r.ren, arrojando sue últimas. bocanadas de _hu~o y d~jando ~ir sonoro
ailba,o anuncia nuestra llegada á la E':ltac1ón, hermoso edlfic10 al estilo mor1sc_o, mezclado europeo por eue bóvedas de fierro y crist&amp;.1 qua c~bren la grande ee~ac~ón; pa•
eados loe andenes amplios y resguardando el orden, erguidos gendarmes ,eg1pc1os, oon
su terbouch rojo, m cara de bronce, eu cuerpo atlénco cu~10rto con tumca blanca,
pantalón del mismo color, bota negra y la inaignia de autoridad, un palo corto Y ne•
gro que llevan en la mano.
.Pasada una arquería ojival, amplia y esbelta, éntraee al gran vestíbulo donde una
turba de cochee luJosoe, calezae 1 ómnibus, etc., arrastrados por troncos más 6 ?1~~os
bien cuidados y conducidos por cocheros árabes, turcos, egipcios, negros de AJ:na1ma,
cada uno en su traje y hablando todos los idiomas, oe invit.an con gritería ensordecedora á montar¡ no hay tiempo, se toma un coche de toldo de lienzo amplio, ventilado y bien dP.1:cubierto para curiosear las avenidas, hasta 1~ puerta ~el h_otel donde
se arreglarán loe bagajes para pasear de turistas el Cairo y visuar lae Ptrá1mdee.
.
Al trotar de nu~etroa jamelgos nos lleva el coche por lae amplias callee del barrio
:Europeo hasta el Hütel.
. .
El Cairo, Capital del Egipto, asiento del comercio del mundo entero, !adicamón
de todas lae razas de la Europa y del Asia interior¡ ·es un pueblo Ct)Bmopohta por ~xcelencia¡ reúnese y mezclase toaa uoa babilonia de ra1;aa, idiomas y costumbres¡ 10•
cluyeudo el cüpital extranjero y aun también su polític11; han traoeforroado á la población convirtitmdola en ciudad Europea por BU8 ed1füaoe, y aun ea lo íntimo de las
coetumbree á ese pueblo antiguo como el orbe, cuya sangre representa la mezcla m~s
variada de todos loe séree. Sm embargo, han sabido reepetar los amantes del renacimiento, á los grandes y suntuosos edificios de la primitiva edad africana, y. hoy ~u orgullosa mole se levanta más artfetica, más bella entre ese maremagnum de e1lD:etr1a, de
t.Btética, de adorno poco durable, de eecult.ura eudeble, comparada con la sólida cona·
trucción. de la maciza y vieja arquitecmra er..egr¿cida por el tiempo; respetada P&lt;?r loa
siglos, como infalibles reliquias de una era grand.ioea, como las pasadas generaciones
que repn-sen a.
.
LR ciudad se extiende A la margen derecha del Kilo, en el punto exacto de la b1•
furcación de su gran delta que proporoiolla 1 avanzando hacia el l\1"dituráoeo las bocas de Roseta y Damieta. Hacia el Sur, la vieja ciudad, el C~uro antiguc, be.fiado por
el Nilo, y en frente la inmortal Gizeh; á la otra margen del no, ofreciendo au pan~ra,
ma eterno, antiguo como loe siglos, soterbio como loe monumentos, rudos ealv~JeB,
cientlficos y magnos qlle lo adornan, las bíblias de piedra, las montafl.aa geomé~r1cae,
las grandes pirámidet1 ref!petadae por el impacable tiempo, prueba eficaz de eu 1mpe•
rec~dera, altiva y monstruosa presencia sobre el planetn. ........ .-serán quizá los ÚI~ic?B
1,estigoa que presencien y aguanten la destrucción en el fin del mundo como la b1bha
uos 10 pinta ...................................... .

;1

,ao,

EL MUNDO

173

lras ~rondes @,Maniobras J\llilitares de este ano, en -1\lemania.
[ Veanse

0

.Nueatro• Grabad.osº.]

ll
l,A POBLACION,-LAS

Vendedor de plátanos.

hiráh ó la victoriosa, era pisar las arenas que cubren el mausoleo aagrado de la l::.uma-

na hietoril\ rtspetada por loe eigloe; era abarcar de una sola mirada el circo de todas
las ha1:añas célicae del mundo entero.
Egipto tiene máe alrededores y ha ocupado máe la atención de loa sabios, que
Roma 6 Grecia.
Estudiar el Egipto es escudriñar las foentes del saber humano, ocultas allí como
lHCanoe insondables entre ese maremagnum de geroglíficof!, columnae, pórticos monstruos de granito, antros cavados á pica, todo coiosal. ........ todo sublime.
Allí todo es grandioso, lae creencias apaaion11.das son i!l vorágine que mata, son la
lucha ein cuartel ni tregua que des~ruye á lae razae.
La sangre humana ha llegado á. ser en épocas la eavia que alimerita á. la acacia,
palma y s:c)moro que crecían endebles y hoy prodigioeamente grandes dúule al árido terreno un aepl'c~o de vetustéz, de nobleza y arrogancia; las pirámidee, monrafi.as
de granito elevadas por la mano de aquellos hombrea, son la cana de deeafío que el
hombre envió á la natur.aleza ........ .
El hombre como ella, construyó montañas que el tiempo re.spetará, y el PPpacio
corona aquella Pempiterua obra de titanes, prueba magna de Je. energía ue la ilustración y de la actividad de aquellas razas, hoy convertidas en Eutil polvo.
A todo vapor cruzamos el tramo que lleva á Sangazi~, población hoy enriquecida
por la industria algodonera; media hora en eea población y al vuelo de tren, veismos
sobre el campo lae vetustas ciudades que blanquean ó hacen brillar al sol sus moriecae
cúpulas de mosaico ó Pus toree esbeltas como agujas que erguidas ee deetacau á die•
tancía, como inmensos pararrayof!.
Hacia la derecha, sobre·e:1lie;ndo de la planicie rf'jo-griR arcos 6 columnatas, desquiciadas unae, otras ergnidas y trüncae, se levantan en medio de un pl:.'dn gal pavoro·
1m donde crece la earza. Son ruinas de un templo, de una ciudad cuya vida se remonta á más de diez mil ai\01:1. Por fin, ya se acerca la gran ciudad.
El Kahfráh la t'ictoriosa, el Cairo ¡qué solemue aspecto! ¡qué magnificencia de estilo!
¡qa~ morbidi!z en lae eiluetae del pP.aorama! ¡qué altivéz en &amp;quPllaa manchas rojas de
arcilla ó verdea de palmas, 6 blancas plateadas de las aguas del Nilo, y ~quel laberin~
toé ioe:xplicable agrupamiento de torre!!, cúpulaP, almenas, colnmnae que eobreealen al
tivae, relucientes y gracioeae, de un f!ernbrado de caeaa aha~, irregulares, piotadas de
mil colores, combinadas con arte 1 ya formando cuaOro!, ya hermoeíeimas y variadas

1lEZQUiT..\.S,-EL

.ALCAZAR DXL KEDlYE,-LA CIUDADELA.

Lo más facil es conseguir uno ó varios cicerones, pero lo peligroso ee la especula•
aión que éstos ponen en planta para sacar dinero al tourista.
Loe hoteles poeeen un número de éstos que á. precio de tarifa arreglan las dife•
rentes uaveeías dentro de la ciudad, la visita al Corre:, antiguo, el paeo del Nilo para
Gizeh y la c::i.ravava de esa población á lae pirámides.
Aceptamoa á 2 Cicerones que nos pasearían el primerdíaporlae 2 ciudades y else~
gundo iriase á. visitar las pirán11dea,
En uuestro vehículo abierto paseamos en primer término por loe nmzki 6 boulevares, aeieuto del comercio, y cen~ro del movimiento más activo de la capital, ¿qué va•
riedad más h~rmoea ofrecían allí las escenas callejeras! eepléodidoe carruajes tirados
por soberbios uonooe de caballos árabee, sillas de manos sobre la jiba de dod camellos
enjaezados Cl n ricas mantillas de terciopelo y bordado de oro, conducían á damas
egipcias luciendo entre lose&amp;camados cojines de felpa y oro uaa verdadera expoeició'l
de Joyas y ,ela"B preciosas, ocultando eu cara trae de la red negra que la cubre y dejando vtr rnlamente ene ojos negros y hermosos¡ deepuée un gr11po de extranjeros 6 natura!ee, i;obre ~giles burros enjaezados con ancha a ~jlJaa negras trotaban en todas direc·
ciom•e¡ á. la eu&amp;rada de una ancha avenida un gigantesco carro de pesadas ruedas,
arraetrado por magnífico y corpulento elefante, lleva carga n.aeta una altura de cua\ro
metros, eCJportando en su gruesa cerviz al conductor; multitud de si!lad de mano todas cubintae de frllpa 1 6 t~•pidas cortinas ocultando á la viste. del onrioeo su carga
femenil á. no dudarlo, eostiénenee sobre los hombros de cuatro negros cubier¡os con
un dtdau~al de lienzo b!a•oco, collar de perlda falsas al cuello, y pulseras en el pullo y
brazo de metal relucient-e¡ en las anchas banquetas pulula toda una miecelanea de
un1formee rnilitaree, de moros, turcos, árabes, ephais, soldados ingleeee, mezclando á
la multiplicidad de formas y coloree el relucir de galonee dorados 6 de plata,yen lapoblac16n civil y extranjera mezclandoee también lae mil formas deeombreroP, cachuchas
boinas, parasoles de mil formas, ya simples hojas de palma, ya envarilladoe paraguas
de todoe colorea y tamafioe, ya grandes abanicos de pluma ó madera; de lae aceras ape·
nas puede darse un paso no t.amo por el número cuanto por el imrueo, lo estorboso
quti t'B el vendedor ambulante, el amansador de macacos, ó de loe solícitos é 1mper•
t,inentea cicerones que oe siguen con tenacidad, en las plazas¡ es aquello una reunión
de toda clase de an1malee, elefantes pegados á sus carros en espera de ca.rga ó solicitantes; 03mellos bien aparados en espera de Jinetee, burros en grupos bullicioeos y listos también para correr en romerías por donde loa llevan, coches de sitio de to~ae for•
mas, calesas, sillas de mano, todas en hilera, ya á la sombra de loe edificios, ya en ple•
no sol que reverbera sobre loe toldos y techos de tanta variedad de vehfculoP.
El palacio del Khedive, es un edificio euntuoao 1 agrupamiento de un incontable
número de cúpulas, ya lustroeas por el mosaico, ya opacas, negras y como torcidas,
marcando sus aristócrata~ siluetas en el azul del cielo¡ unas máe altas, otras bajas,
unas anchas comprimidas, las atrae alargadas; hermosas arquerías de estilo morisco,
ventanas largas, ojivales, cubiertas de vidrerfa de coloreP, vense en todas lae torres y
en todos los pesados muros de caníeria roja 6 gris de tierra; balaustradas de piedra
macisa circundan al palacio dejando un eepacioso parque de cesµed sombreado de ee•
beltae palmas, opulentos tamnindos y añejos sicomoros.
En las avenidas y iiórticoa, caminan á pa':lo firme y orgulloso loa soldados del
Khedive arrastrando como el moro de Carpio su alfanje uor la arena y f!U fusil Mau•
ser al hf)robro. Marcial ee el porte de esa guardia del Khedive. Veíamoe tambien
raros edificios como fortalezas, cerradas por todas partee á. la vista curiosa del traneeunte ¿serían acaso eeoa famoeísimoe hareme de loe grandes de Egipto, aunque con su
formidable apariencia de fortalezas, el militar brillaba por su aueei..cia y las odaliscas
bien gua¡dadae se ocultaron también á. nuestra curiosidad? solo en fotografías pudi~
mos com1ervar algnoas.
Paeábamoe de loe cuarteles comerciales de la capital y entrábamoe en la población
árabe 6 egipcia como queraie llamarle. .El tipo ee confunde, eue costumbres y su vida
eue ca~ae y eue ha.bito ae asemejan¡ callee ango~tae y tortuosas, balcones cerrados, eiem~
pre ocultne á. la vista de la calle, ealientescomo si quisieran reu:airEe uno con el de la
casa del frente, cordones con un ceeto ¾1ndíanse de uno á otro balcón, en prueba de
amistad entre dos familias, por que aquel gracioso ceeSo ee el que lleva y trae de balcón á balcón regalitos, cartas, fruta pasada, almendras, higos ó dá.tiles ......... ¿Cuántas
cositas no diria eee mercúrico cesto si hablara ...... De vez encuando una acera se junta
c.:n la otra por un puente que oscurece el paso como ei fuera túnel, después l!igue la
calle, siempre chueca, angosta, tortuosa; en ~a esqu!na de una encrucijada un grupo
de mujeres todas cubiertas lae caras con eu manto á lo largo del cuerpo, deecubreJÍ
eua brazos torneados que eoet.ienen á lo alto de su cabeza un jarrón de barro blanco
lleno con el agua que secan de un pozo profundo, cuyo brocal tosco y desg~etado por
el continuo roce de loe cántaroe que han dejado allí huecos redondeaaoe ó surcos, marcando la huella de la reata anudada y podrida, unida á. bota de cuero de camello que
sirve para sacar el agua de la profundidad.
'

l!a entraaa ael $mperaaor en Tu)urzburg.

•
•

(Continuará]

(arupo ae Oficiales e¡i!ranjeros.

1

�EL MUNDO

DOMINGO 17 de OCTUBRE de llg7

•14

SL MUNDJ

DOMINGO 17 de OCTUBRE de 1lg7.
EL JUBILEO DE UN REY

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Osear II, rey de Suecia y de Noruega, acaba de cele·
brar el 25? aniversario de eu advenimie~to al trono con
animadas fiestas en que han tomado participación tpd_as
las clal!ee sociales de Stokolmo.
El rey de Suecia es sin duda uno de los soberanos más
queridos y populares de nuestros tiempos y eeto con
mucha justicia. 0:1car ea reconocido como un monarca
liberal, eaamorado del progreso de au país, de hábitos
eencilloa y de gran ilustración.
Ee común verlo á pie en las calles de su capital, sin
acompaff.amiento alguno, dirigirse, ya á la bibliJteca, ya
á los museos que fomenta con especial esmero, deapren•
diéndoee frecuentemente para este fin de gruesas aun::.ae
de eu propio peculio. No hayempreea de alguna significación que no encuentre en él un apoyo decidido. Así
por ejemplo, cuaodo Name11 c_oncibió eu temerario via·
je f1e derivación al Polo Norte, Q.,:car II, se suscribió con
veinticinco mil francos de su propio teeoro, para. la ad·
quiaición del Fram y prestó ú. la empresa eu decidido
apoyo.
La reina de Suecia ea una dama hermosa aún, afable,
ilustrada y c~ritativa y tan popular como su esposo en
los do~ reinos unidos.
Al Jubileo de Oeoar II1 conc.urrieron numerosos príncipes de las casas reales de Europa.

Osear JI. Rey de Suecia y de NorÜega.

EL MUCHACHO ESPIA.
LAMABANLE 11niño Stenne.i) Era uno de estos muchachos pa-

rieienees páluloe, flacuchos y ente~?B; aparentaba unos. diez
años de edad, Ai bien tal vez h1bía cumplido ya loa qumce¡
pero ¿quién averigua la de estos mocoeueloe? Su madre ha•
bía muerto, y su padre, que fué mucho tiempo soldado de
marina, era guarda de un jardín en el barrio del Temple.
Loa muchachos, lae niñeras, las anciaoae pobres, las mnJeres desocupadas, en una palabra 1 todas las pa~eantes Y aco~pafiantea deniñoedeParís queeeponen á salv~ d~ loecarrull_JeB
metiéndoee en loe jardincitos del as plazas pubhcae, conoc1an
al padre de Steüne y le querían mucbíeimo. Sabian que bajo aqUE•lloe: bigotazos que tanto miedo daban á. loe: perros Y
á loa ni:fios traviesos, E.e ocultaba una sonrisa de booachón,
tierna, oasi maternal, -y que asomaría á sue labios en cuanto le preguntasen:-¿Qué tal, qué hace el niflo?-¡ Le qneria
tanto! Era tan feliz cuando al anochecer, concluida ya la clase, C('lmparecía el muchacho y daban los dos juntitoe un pase" por las calles del jardín, parándose en cada
banco para saludar y charlar un ooco con loe asiduos conc1~r.ren~es.
Desgraciadamente el sitio todo lo cambió. El jardín de Stenue fué cerrado Y .convertido en depósito de petróleo, y el pobre hombre, oblig~do á uoa contínua v•glian•
cia, pasaba el tiempo en aquellos desiertos y destrozados islotes de floree y arbustos,
eólo sin poder fumar ni verá su querido hijo basta ya muy tarde, cuando se re~iraba
1
á au casa. Por eeto era tan curioso observar su bigote cuando le hablaban de loe pru•
sianoa ......... A eu hijo, no obstante, no le desagradaba la nueva vida.
.
¡l:"n sitio! ¡Qué cosa tao divertida para los pilluelos! No hay eec11e.la1 se cierran
las clases hay vacaciones todo el año y las callea como el real de una fena ........ .
El m~chac1lo pasaba todo el día corriendo de una parte á otr~. Yda.sele d~lante
de los batallones del barrio cuando iban á laR forti:ficaciouea, ernog1endo siempre á los
que ttinh1n mejor handa de música¡ á decir verdad en esto estaba muy fuene el chiquillo y podía explicará cualquiera que la ddl 06 no valía .gra~ .cosa, pero q~~ la del
55 era excelente. O&amp;ras veces se entretenía viendo hacer el eJe1c1c10 Á los mov1hzadoe¡
además todas eetas coeae traían cola ........ .
Co~ el cesto debsjo del brazo, tomaba puesto en los grandes _corroe que Ee formaba en las oscuras mafianaa de invierno á las puertas de lae carnicerías y panaderías.
Allí, con loe pies metidos en agua, trabábanse amistades y se hablaba de política;
y como el chiquillo era hijo de :M. Stenne, todos pedían su parecer. Pero lo máe dL•
vertido eran las partidas de chito, aquel famoEO juego de galodia .Puesto en moda dunnte el @itio por Joa movilizados bretones¡ as( es que C1!,,,_1t.odo el n~ño no estaba en las
murallas ni en las panaderías, era eeguro encontrarle en las part1_daa de gal?cha d~ la
plaza del Cháreau d' Eau. Naturalmente, é) no jugaba; ee necesita demasiado dme•
ro para jugar. Limitábase tan sólo á. contemplará loa jagadores, ¡pero con qué gusto
lea miraba!
En particular uno, que llevaba blusa azul, y que eólo apostaba piezas de cien
1meldos, excitaba su admiración. ¡Cómo se oian scnar las monedas allá en el fondo de
sus bolsilloE!
Cierto día, al coger una moneda que rodando había llegado basta los pies del nifi.o Stenne, el muchacho le di Jo en voz baja:
·
-Te guata el dinero, ¿verdad? ......... Pues si quieres te dire dónde hallarás mucho.
Terminada la part.ida lo llevó á. un rincón de la plaza y le propuso que le acom,
pañara :í. vender periódicos á loa prusianos; pagaban 30 francos por cada viaje. De
pronto Stenne rechaz&amp; indignado tal proposición, y bacta, á cooeecuencia de ecto, ea\uvo tres días sin volver por allí. ¡Tres díae terribles! No comia, no podía dormir;
por la noche ir:Üaginábase ver montones de gal-Odws formando uoa inmeoEa columna

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La Reina de Suecia.

al pie de la cama y relucientes monedas que rodaban por el suelo. La emoción que
eEto le producía era extraordinaria; al cabo de cuatro días fué de nuevo al Ch,lteau
d' Eau, habló con el tentador y, se dejó Eeducir.
Una mañana de mucha nieve marcharon con un saco al hombro y loe periódicns
ocultos en las blusas, al rayar el alba llegaron á la puerta de Flandes. El movilizado
tomó á Stenne por la mano, y acercándose al centinela, que era un buvo eedemario
de nariz encarnada v aire bonachón, le dijo con voz humilde:·
-Déje1 os paear, buen hombre ......... Nuestra madre eetá enferma y el padre ha
muerto. Yo voy con éste, mi hermano, á. recoger en el campo algunas patatas.
Al pronunciar eetae palabras lloraba; Stenne, avergonzado bajó la cabeza, y el
ce:atinela, después de mirarles por un momento, dió un vistazo por la blanca y desierta ci rretera y
-Pasad corriendo, 102 dijo, apartándose j,e aquel sitio.
Siguieron por el camino de Aubervilliersi el movilizado iba riéndose descaradamente de lo ocurrido.
,El eepectác11lo que ante loe ojos del nif'ío S~enne aparecía, más tenía de sueño que
de realidad: Fábricas convertidas en cuartele@; desiertas barricadas llenas de húmedos harapos; largas cbitneneas vacías y descamiladaa, que atravesando la espeea nie•
bla, parecían remontarse al cielo; de vez en cuando, algunos centinelas, algunos ofi •
ci1ilea con el capuchón puesto y con loa gemelos en loe ojo¡i;, mirando á Jo lejoe: pequeñas tiendas de c:i.mpaña mojadas por la nieve derretida, delaute de las cuales veía.me
triete~ y moribund"e fogatas. El movilizado, que conocía los caminos, se apartaba
de ellos para evitar el encuentro de cuerpos de guardia, Con todo, no se libraron de
hallar una guardia avanzada de francotiradores. Los soldados estaban envueltos en
eue capotes y acurrucados allá en el fondo de un foso lleno de agua á lo largo del ferrockrril de Soieeons. El movilizado tuvo que repetir el embuste, pero esta vez no les
dPjaron paaar adelantf&gt;, y mientras se lamentaba, salió de la casa del guardabarrf'ra
un eargento ya viejo, lleno de cauas y muy arrugado, que ee parecía al padre de Sta·
nne, y lee dijo:
·
-¡Vamos rapazuelos, no lloreiel Ya os dejaremos recoger vuestras patatas; pero
antes entrad y os calentaréis un poco ......... eete pillín tiene cara de frío,
Pero ¡ay! no temblaba de fria el pobre Stenne, eíno de miedo y de vergüenza ...... .
Ea el cuerpo de guardia vieron algunos soldados que1 agachados alrededor de una pe•
queña hClguera, proc11raban desprender unas galletas clavadas en las p1111tas de las ba·
yonetae. Dieron CP.bida en el corro á los muchacho!, ofreciéndoles una copita y un
poco de café.
Mientras bebían apareció en el dintel de la puerta ·un oficia 1, llamó al sargento,
hablóle muy bajito é inmediatamente desa?areció.
-¡Chicos! dijo luego el sargento entrando con aire satisfecho en el cuerpo de
guardia¡ esta noche tendremos tabaco......... Han sorprendido el eanto y Eefl.a de los
prusianos ......... ¡Nada! me parece que recuperaremos ese maldito Bourget.
E5to produjo nna explosión de br.avos y de carcajadas: y en tanto loe francotira•
dores blandian sus sables-bayonetas, bailaban y cantaban, aprovechando esta algazara, los muchachos se largaron sin eer vistos.
Al otro lado de las trincheras había una gran llanura, y en el fondo de ella nn
largo y blanco muro lleno de aspilleras hacia el cual se dirigieron, parándose á cad \
inetante y fingiendo que recogían patatas.
• -Volvámonos ...... No vayamos allí, repetía el nii'io.
Pero el otro1 levantando las espaldas, avanzeba sin cesar; de pronto oyeron el ruido que hace un fusil cuando le arma,.
-¡ Ecbate!
Dió entonces un silbido, que fué contestado por otro entre la nieve, y arrastrándose por el suelo avanzaron algunos pasos ......... Delante del muro y al nivel del tfrreno aparecieron unos bigotes amarillos, y sobre ellos una grasienta y ancha gorra
militar.
El movilizado dió un salto y ee colocó al lado del prusiano.
-Es m1 hermano, dijo entonces seiialando á su compañero.
Como el nifio Stenne era tan peque!i.0 1 el prusiano, que se rió mucho al verle, vió•
se obligado á tomarle en sus brazos para subir la brecha.
Al otro lado del muro había grandes terraplenea 1 ál-bole3 cortaioe, negros aguje.

•

�EL MUNDO

DOMINGO 17 do OCTUBRE do 1897

ai6

EL MUNDO

roe entre la nieve, y en cada agujero las miemae gorras de cuane1, loe miemos bigotes
amarillos, que sonreían al ver pasar los dos muchachos.
En un e:rhemo una casita de jardinero, forfüicada por medio de tioneos de árbo•
lee. En el fondo gran número de soldados jugando á cartas y cociendo la sopa en vi•
víeima llama. ¡Qué buen olor despedían las coles y el tocino, y qué diferencia con
el vivaque de loa francotiradores!
Arriba, o6ciales que destapaban Champagne y tocaban el piano. Al entrar allí
loe parisienses fueron acogidos con hurras de alegría. Después de haber entregado
loe periódicoe, diéronlea de beber y lea hicieron hablar. El movilizado divertia, con
su chácba1a de arrabal y palabrotas de granuja, á loP oficiales que ee presentaban con
aire alianero y malicioso. Loe prusianos ee reían, celebraban y repeiían con delicia
aquellos dicharachos de Paria que salían de boca del grandullón.
El nii1o s~enne deseaba hablar, auoque sólo fuera para manifestar que no era
un adoquín; pero algo de que no ee daba cuenta le contenía. Delante de él, y algún
tanto apar1ado, halláb:1se un prusiano de avanzada edad, algo más serio que eus com
pañeros, que leia ó hacía como ei leyese, porque sus ojoe estaban fijos en el muchacho. Con su tierna mirada parecía echar en cara al mño Stenne Jo que estaba haciendo, como ei aquel hombre Luvieee en eu país un hijo de la edad de aquél y peneara
para eue adentroe:
-Aotes prtferiría la muerte, que verá mi hijo en un oficio como éste.
Desde aquel instante á s~enne le pareció qt1e una mano extrafia le oprimía el co•
razón y le impedía lai1r con desahogo. Para Jibrarae de esca terrible angustia ee echó
á beber¡ pronio todo le parecfa que daba vueltas á eu alrededor. Oyó, entre grandes
risas, que su camarada se burlaba de loe guardias nacionales, de su modo de hacer el
ejercicio, ya representando una alarmo eu el Maraie, ya simulando un alerta de no•
che eu las Ionificacionee. Luego bajó la voz, loe oficiales se acercaron y sus caras to•
maron un aspecto muy gravP. E:&amp;aba previniéndoles que iban á tener un ataque de
loa fraocoiiradores ........ .
Ea,a vez el niño S,enoe, vuelto en sí, levantóse furbeo y dijo:
-Esto no, camarada ......... no quiero.
Pero el otro 1 que no hacía más que ieir1 conLinuó: Antes que hubiese concluido,
todos los oficiales estaban de pié, y uno de ellos, enseñando la puerta áloe muchachos:
-Andad al diablo lea dijo.
Y hablaron entre si ea alemán.
El movilizado salió satidecho con aire de gran señor, haciendo sonar el dinero
qne llevaba. Stenne le eeguia con la cabeza baja, y cuando ee halló cerca del prusiano
cuya mirada tanio le babia mortificado, c.,yó que con voz muy iriete le decía:
-¡No está bien eeto, no eetá bien!
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Fuera ya de las trincheras, echaron á correr por el llano y regrel!aron muy proa•
$0. Llevaban en un saco las patatas que loe prusianos lea habían dado, y con este
embuste paearon las avanzadas de francoiiradoree etn obstáculo alguno. Allí se pre•
paraban para el ataque de la noche. Nuevos refuerzos liegaban con el mayor sigilo
agrupánao&amp;e detrás de las murallas. El viejo sargento euaba1 con aire eat.isfecho,
ocupado en colocar los soldados. Cuando pasart'n loe muchachos saludólee con•cari·
i'loea sonrisa ........ .
¡Oh! cuán horrible fué pna el niño S~onel Un instante iuvo ganaa de gritar:
-Xe valláis alli ....... .. os hemos vendido.
Pero el movilizado le había dicho:
-Si hablae, 1:oe íueilan.

CONFESION.

•

277

DO ■ l•Go 17 de Octubre de 1897

El miedo le deluvo y calló.
Ea la Courneuve entraron en una oaea abandonada con objeto de repartirse el di~
nero. La verdad nos obliga á hacer constar aquí que el reparto se hizo eon equidad.
Al oir sonar el dinero debajo de las blusas y al pensar en Jae magníficas partidas da
galocha que se preparaban, ya no halló el nifto Stenne tan horrible eu delito; pero
cuando quedó sólo, cuando pasada.e las puertas le abandonó el movilizado, entoncea
loa boleílloe le ueeaban, y aquella mano, que le apretaba el corazón, apretaba de un
modo horrible. Paría no era para él el París de siempre; las personas que pae11-banpor
eu lado le míraban indignadas, como ei adivinaran de donde venía. Parecíale oir la
palabra espía entre el ruido de loe carruajes, entre el redoble de loa tamboree que ha•
cían el ejercicio á lo largo del canal. Por U.o. llegó á su casa, y satisfecho de que su
padre no esta viese todavía en ella, subió á su cuarto para ocultar debajo de la al¡nohada aquellas monedee quo tanto le pesaban.
Nunca había entrado el oadre de Stenne ó. su casa tan contento y satisfecho como
aquella tarde. Según noticias que se acababan de recibir, los asuntos de Ja naoi6n
presentaban mejor aspecto. Durante la cena miraba el aniiguo eoldaao el fusil caiga.
do en In pared y decía á su hijo coa su habitual y tierna sonrisa:
-¡Ah! ¡cómo irias tú codra loe prusianos si fueras mayor!
A eso de las ocho de la noche oyéronae cañonazos.
S11enan en Aubervilliere ........ Ha empezado la lucha en el Bourge~, dijo el buen
hombre, que conocía perfectamente aquellas fortalezas.
El niiio Stenne palideció y se fué á la cama pretextando estar muy cansado: pero
al hallaree en ella no pudo pegar loe ojos. Coru:: loa catlonazoe no cesaban, el pobre
Stenne se figuraba verá loe francot.iradoree que llegaba o por la noche al campamen·
to prusiano cJn el objeto de dar una sorpresa y eran víctimas de una emboscada¡venfale
á la memoria aquel sargento que le sonrió, y vc1íale tindid1 al suelo al lado de muchos de eus compafferoa ......... El precio de tanta sangre ee escondía allí, debajo de la
almohada¡ y él, el hijo de un soldado, babia sido el_que ......... El llanto le aLogaba;oía
á su padre que andaba de una parte á otra· en el aposent.o comiguo y que en la plaza
\acaban llamada, un batallón de movilizados se.reunía para marchar¡ sin duda se daba una gran ba~alla; el desdichado St.enne no pudo ahogar un terrible sollozo.
-¿Qué tienes? le pregunt.ó su padre entrando en el aposento.
El nifio, que ya no podía más, levantóse de la cama y se echó áloe pies de su pa•
dre. C,&gt;n los movimientos que hizo rodaron por el suelo las monedas e1condidae.
¿Qué ea esto? ¿Has robado? dijo temblando el anciano.
Ent.oncea el ni.no refirió de un tirón que había estado en el campamento prusiano
y lo que allí habfa hecho. A medida que hablaba le parecía que ee aligeraba el corazón y sentía que le aliviaba el acusarse á aí mismo .......... Su padre le escuchaba con
aire terrible; cuando hubo concluido el relato, tapándose la cabeza con ambas manos,
rompió en llanio:
-1Padre! ¡padre ......... murmuró el nifl.o.
Rechazóle el viejo sin decir una palabra y recogió el dinero, diciendo:
-¿Ee,á todo aqui?
Et niño hizo un gesto afirmativo. Entonces Somó el fusil y la canana y se metió
el dinero en el bolsillo.
-Está bien, dijo, voy á devólvereeloe.
Y sin añadir una palabra, ni tan sólo volver la cabeza, bajó de su casa para mez•
claree con los movilizados que salían aquella misma noche. Desde aquel día no se I&amp;
ha vueliO á ver.
AU'ONSO DA.UDET.

GRIS.

La luz en el pincel, y la armonía
Ea el riimo triunfal de la palabra.

1Qué antigua es la sentencia de mi culpa!
La instituyó la ingratitud humana;
No me sorprAnden virgen, tus designios,
Sólo perdona Dtoe á loe que aman.

Al ejemplo de seres bien amados
Amé el augue,o nimbo de las canas,
Y al calor de loa astros de la his,oria
Amé la liberiad y amé á mi patria.

¿Adorar ea un mal? ¿acaso un crímen? ... ..... .
¡Oh angell ¡oh verdugo! ¡oh bien amada!
~o me defiendo ¡nól ya estoy vencido,
Ya eetoy ea el cadalso, pero aguarda!

En mi edad j11veníl, cuando mi espíritu
En la luz del amor su fé bañaba,
En el Hmpido espacio eonó el srueno
PceCureor de una próxima borra'3ca.

Escucha, como escuchan los verdugos
Dc1- loe reos las úliimas palabras¡
.Acopia ,u deedén 1 oye t.r&amp;.nqu1la
La coufoeión posuera de mi alma.

¡Temblél no pusilánime ni ahi,o
De miedo áloe reptiles que se arrastran:
Tuve el espasmo del candor que an,ea
De as::ender hasta el sol, plega sus alas.

Juro decir verdad, juro en el nombre
De Dios que ea el amor y la esperanza,
Y por la ,ierra húmeda y bendita
Que loe despojos de mie padree guarda.

La sombra 98 acercó como serpiente ....... ..
Pero al morir Ja madre de mi alma,
En el idioma dulce de loe ángeles
Su beso post.rimer me dijo: ¡ama!

Mi conciencia aquí. está, limpia de culpas:
De mi exietir en la primer mañana
Con el idioma dulce de los ángeles
El beso maternal me dijo: ¡ama!

Y en medio de las sombras miré al cielo
Y vi una sola estrella que brillaba;
El abismo medí y ¡era pequeño!
¡S1 eras estrella sú, yo ,enia alas!

Y amé, amé los senos que en loa labio9
Ponen la vida y el calor que falta,
Amé la mano que meció mi cuna,
Amé la boca que bebió m:e lágrimas.

Con esfuerzo potente, sobre humano1
Mti lancé á la conquista de t.u alma.
¡Cuán infail mi a1ái!I: Fu! pebetero
Ao$8 la imagen viva de una esta,ua.

Después, postrado c&amp;n la vista al cielo
Amé ti la virgen de la veste blanca,
Y nunca, nunca desde en'6ncea, nifia,
.En l!UB altares mi oración le falta.

Mi culpa ha sido .)mar, ya bien lo sabea;
Y aún me consume del amor la llama,
Por más que lleve cual pendón deshecho
El cadáver.de mi última esperanza.

Cuando mi frente juvenil á impulsos
De la secreta inspiración del alma,
Se irguió con fiebre de virt·1d sublime
Pidiendo al Ganio luminosas alas,

E!!ta ea mi confesión, esta mi culpa,
¡Oh, ángel! oh, verdugo, oh, bien amadal
Aqui en el fondo de mi pecho herido
Está mi oorazón¡b.iérelo! ¡mata!

Amé lo hermoso, lo radiante y puro;
La eeirella, el cielo, el marmol en la plásUoa,

Oclubre de 1897

Qué iristea se presentan los campos en Otofio,
No existe ni un capullo, no queda ni a.o retofio,
Y gris tornó.se el cielo,
El cielo antes azul.
Se fué la charlatana viajera golondrina,
Loa nidos están solos, y .flota la nebhna
Surgiendo de loe lagos como cendal de tul

Al fin murió la tarde¡ tras au fulgoi:. escaso,
La fúnebre tiniebla ensombreció el Ocaso,
Y el astro de la noche
Ya enciende eu fanal.
Crepita la hojarasca dispersa en la llannra1
Y gime la huilota temblando de ternura.
Echada entre los surcos resecos del maizal.
Naturaleza mustia, na,uraleza fría 1
Naturaleza triste, mi eola poesía,
Ea todo el U ni veeo
Tu vasto panteón.
No bien ,lega el Otofio, no bien se acerca O~tutre,
Te cubres de hojas aeca9 como también se cubre
De muer~e esperanzas mi enfermo corazón.
Cuando la Ptima vera despierte á los amores,
Y fecundice el suelo, y traiga aves y florea,
Ya te alzarás soberbia
Del lúgubre ataúd.
Maa ¡ay! que yo abatido por negros deeengan.oe,
No cobraré las floree de mis primeros aflos ......
¡Se fué mi prim&amp;vera, ae fué ini jnventudl

Quran..-o Oaou.

JUAN

Oclubre de 9i.

B. DELGA.DO.

Corazón de sacerdote. POR H.

s.

DE FORGE.

ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.
(coNCLUSION.)

de loe vitrales ......... No ee veían m:.í.'3 que toilettee femeninas, llenas de elegancia, aniformee militares de to•
nos variados, una confueión de coloree vivos y rientes,
un murmullo discreto ae vocea. cambiando saludos, rea•
puestos, obaervacioaes y, aun frecuentemente, crhicas
sobre loe que llegaban, cuyo nombre pasaba de boca en
boca.
Se produjo el silencio. La gran puerta acababa de
abrine, dejando entrar un alegre rayo de sol que se mez•
ció á la luz de loe cirios innumerables y á loe sonidos de
uaa marcha triunfal tocada por el órgano y acompañada
del golpe regular de loe bastonee de loe suizos re5pJandecieutea. Lucila y eu padre, Rager y su madre, avanzaron, seguidos de un grande cortejo replandeciente,
hacia el altar rodeado de verdura y de floree.
Los esposos, arrodilláronae y apareció el sacerdote
oficiante.
Muchas miradas se volvieron hacia él y no lo abando•
naron. Se sentía en la dignidad de su actitud, en la no•
bleza de su gesto, una fe tan ardiente, un tal fervor de
plegarias; cuando se volvía hacia la nave su rostro joven
teñido de una palidez mate, de facciones finas y distinguidas, leflejaba un piedad tao profunda¡ bajaba las mi•
rada.e sobre loe esposos con una exnreeión ian suave de
ternura, que·loe menos accecibles á la emoción, experi•
mentaban el encanto de una impresión io.enea, llena de
dulzura.
-Srbeis quien es este sacerdote? ae preguntaban del
uno al otro.
-Xo, no le he visto jamás ......... No debe ser de lapa·
rroquia.
-Es Monseñor de Beauval, primo de la señora de Sennevaux, quien debe dar la bendición nupcial; más en
•cunnto al o.ficiante ........ .
-Es un verdadero sacerdote en todo caso.
-Está muy bien.
- Decid que está conmovedor, querida mía.
- Yo no he visto j amáe una fisonomía tan pa\ética.
-Augusta, puede decirse!
Yó sé quien es, dijo uno de loe asistentes, mejor in•
formado ...... Es el preceptor del pequefio Jouvenot y un
íntimo del conde de Sennevaux.
-No ea posible!. ... .. un simple preceptor! ......... Tie•
.ne fieonomia de obispo.
-Lo será más tarde si lo quiere. P&lt;1rece que es un
hombre de gran mérito.
Sola, arrodillada t:n una capilla lateral, ignorada y
perdida en aquella multitud, una mujer de gran luto1
habria podido decir cual era la exteneió.a de e.ae mérito
y revelar el secreto del alma de ese aacerdot.e que consu•
maba su sacrificio.
Poco t.iempo antee 1 CharHer había sucumbido ti un
nuevo ataque, llorado einceramentt, por l\Iarta y por
Pablo. Fué él quien, consagrado todo á. sus santos deberes y dominaado eus angustiae filiales, dió á su padre los
supremos consuelos. En un postrer moment.o de lucidez,
Charlier babia enviado á en hijo un pliego conteniendo
sus voluntades y pagado con una mirada de inefat,le re•
conocimiento toda la deuda de su existencia purificada
y redimida.
A pesar de su luto recie.::ite, Marta, cediendo á las ine:tanciae de la señora de Sennevaux, había consentido en
asistir, oculta y deeconocida1 á la ceremonia que conea•
graba la dicha de Roger y el triunfo de Pablo. Ninfuua
súplica subió haoia Dios más conmovida, máe sincera,
que la que ee elevó de la capilla.
Estaba tambien entra loe asistentes un hombre que
parecía aislarse de la mul,itud, recorriendo lentamente
las navee y deteDiéndose de fila en fila como para pasar
una inspección minuciosa de las personas preeenteE.
Tendría cincuenta afias. Su rostro bronceado, quemado
caei1 surgía enérgico y vigoroso bajo sus cabellos ya
blancos. La dulzura un poco triste de sus ojos contrae.taba con la expresión de fuerza y de resolución impresa

en sus facciones y que acentuaba una arruga profunda,
entre sus dos cejas. Parecía ocuparse demasiado poco
del matrimonio y abeorverse en busca de alguien que
no encontraba ein duda. Porque antes del fin fuese al
pórtico, á la cola de loe curiosos, para asistir al deefile de
la salida¡ después, cuando esta terminó. apartase con ua
euapiro, sin notar á una muJer enlutada y á un aacerdo,
te, que salían de la iglesia por una puerta latera!.
Desde eu vuelta á Paría, Savinien de la Haye no teDía
más que un pensamiento: volver á eacontrar á Marta y
á Pablo, eeoe dos eeree confundidos en la misma predi•
lección, que habían llenado su vida. Jamás, desde el
día del drama de Ganneville, habí11loe vuelto á ver¡ ja•
más.hacía diez y seis afios 1 había oido hablar de elloe.
Después de la carta de Marta-la eola que recibió-habíase apartado obediente y fiel, para biempre, esparando,
según la palabra que ee le escribiera ......... la hora en
que sus cabellos emblanquecidos le permitiesen volver
como amigo. Su corazón desflorado apenas, no había ei•
do tocado por la corrupción, y vuelto ti sí mismo por el
soplo angélico de un ni~o, se había dado para siempre
á un amor único. Pero Marta le había dicho: No trateis
de volverme á ver!11 y temiendo su debilidad y queriendo permanecer digno de ella, valerosamente había abandonado la Francia y pedido á lejanos viajes la distrae•
ción, einó el consuelo, de la soledad.
Llegado á Africa como simple turista, sintió como una
revelación. Debía, pues, activo é inteligente como ee
sentía, pasar aAí su vida inútil y sin objeto?
No sería miis dtgao de la bien amada ausente, eano•
bleciendo eu exieLei:tcia y haciéndola productiva y glo•
rioea? Apoderase de él una fiebre de atravesar loe miste•
ríos de loe cuales el continente negro le ofrecía las pro•
fundida des ioeondablee¡ fué presa de la magia de lo des•
conocido. A plenas manos, gastó diaero oara organizar
viajes de exploración, desafiando las fatigas y los peligros sin contarloe1 penetrando entre los pueblos más eal•
vajea, á loe cuales domab1, no por las armas sino por
medio de la dulzura y de la lealtad.
Coa segunda expedición sucedió á la primera1 después
otra, después esa larga permanencia que acababa de ter•
minar, en que durante cinco años vivió en eeae regiones
incompletamente reveladas aún, amasando tesoros para
la ciencia y plantado loe primeros cimientos de la civili•
zación.
Y por donde quiera y siempre le seguía un recuerdo,
ornando su tienda en medio de loe desiertos: un cuadro
que contenía loe retratos de Marta y de Pablo con tres
florecillas disecadas.
Marta y Pablo! Vivían aúr:;, siquiera? Esta e•a la an•
gueiia que al volverá Francia le oprimía el corazón. Sus
primeras iuveatigacionee fueron vanas. Quién podía in•
formarle reeptlcto de una pobre mujer que vivíJt. modee·
tamente en una calle ignorada y de un sacerdote oculto
en eus humildes funciones de preceptor? Presentóse en
la casa de la seflora:de Seonevaux, pero cayó en medio de
loe preparativos inmediatoe del matrimonio de Roger, y
no habiendo dado su nombre, no fué recibido. Sin em•
bargo, aquella palabra matrimonio, le había inspirado
una idea. Mana y PAblo, sí vÍv1an, no podían menos que
asistirá la ceremonia. Fué á ella, buscó y no vió á aquellos á quienes buscaba desesperado.
Necel!it.6, sin embargo, interrumpir la investigación de
que tan impaciente estaba. Se le imponía un deber ur·
gente. La wciedad de geografía debía recibirlo en una sesión eelemne donde le seria entreg8da uua medalla de
ho.nor. Necesitaba reunir eue notas, clasifioar eue docu·
mentas. Anuncios fijados en todas partee anunciaban
que daría una conferencia sobre el Africa central. Debía
aún este servicio á la cieucia. Oh! en seguida ya no de•
bería nada á. nadfe y no tendría más que buscar á los
que amaba.
La sesión tuvo ve'I"ificat.ivo en el vasto local de la So·
ciedad, á fines de Diciembre de 1800. La entrada del va~
leroao explorador, fué saludada con aplausos entusiastas.

El presidente le deseó la bier venida; después el viaje•
ro comenzó au relato, pintando á grandes raegos la historia, corta aúo, pero llena de promeeae, del Congo fran•
cée; refiriendo sue viajes, diciendo, sin vanidad, pero
sin modestia tampoco, ene luchas, eus fatigas, eus peligros y loe ciento sesenta días pasados en atravesar un
bosque vírgen, con el hacha en la mano, ein distinguir
sino por una vaga luz el dfa de la noche, y loe desier,os
de arena roja, y loe pueblos bárbaros calmados con pre•
sentea y las tempeeta~ee de loe grandes lagos, bajo el
cielo de loe trópicos1 de una violencia deeconocida en las
regi1mee tetapladae.
Su oarracióo, que apasionaba á loe oyentes, estaba
mezclad¡, de anécdotas agradables ó conmovedoras y ei
á veces lo interrumpian era para cubrirlo de bravos frenéticos.
Terminó así:
-Heme aqur, se.fiores1 en el término de mi relato y
también en el término de mi tarea, que fué cuando me•
nos tarea de peon. En adelante mis fuerzas no me permiten ya intentar nuevos eefuerzos. Loe af'l:oa de loe ex•
ploradoree cuentan doble, como loe de loe soldados en
campana. Mi solo y último deseo ea poder escribir lo
que he visto, lo que he aprendido, lo que podrá servir
de guía á los que atraiga1 como me atrajo, la seducción
de aquella naturaleza desconocida y maravillosa, Is. san•
ta ambición de llevar la palabra de paz á esos aeree pri
mitivoe, frecuentemente mejores que muchos civilizados.
Puedan mis euceeoree encontrar en su ruda carrera lae
alegrías que yo be encontrado á la idea de que yo, frágil,
añadía empero algo á loe conocimientos humanos. Puedan ellos también, est.e ee el voto que les dirijo, ir ince•
eantemente acompaflados, como yo be ido, por un recuerdo querido y adorado, que les eoareía en medio de
loe desiertos, loa consuele en el día de los sufrimientos
y los aliente cuando desfallezcan! Perdonadme que ter•
mine con esta frase, homenaje de mi reconocimiento en•
ternecido1 al talismán íntimo y protector que me ha
guiado y sostenido.
Una tempee\ad de aplausos acogió las últimas palabras del viajero. Levantada la eesión, todo el mundo Ee
precipitó hacia él1 con ansia de honrarse eeleechándole
las manos.
En la última .fila, veía!!e un aacerdote1 sonriente y con•
mo,ido, que había seguido la conferencia con una ardiente
atención. Durante la per,...ración sus vecinos asombrados
le habían visto enjugarse los ojos. Dejó pasar frente á e!
la oleada de loR concurrentes; después, avanzando solo,
miró con eue ojos límpidos á Savinien súbhamente con•
movido.
-Amigo mío, le dijo con voz un poco temblorosa, ven•
dréie mafiana á tomar el te con noeotros? ......... mamá
oe espera.
-Pablo! exclamó el explorador levantándose de un
sa~to de su asiento y estrechando al eacerdote entre sus
brazos con el afecto y la efusión de un padre.

XVII
En su salón, donde penetraba la luz gris de una tarde
de invierno, Marta estaba sentada cerca del fuego, compañero único de su soledad. Meditaba, eoiladora y trie•
se. Sue peneamientoE tomaban el tinte melancólico de
aquel día lleno de las brumas de Diciembre 1 cuyos vapo
rea flotaban alrededor de loe grandes árboles del jardin
vecino, percibidca en la per:;umbra.
Savinien estaba en Paría ...... ... y, como Pablo, lo hn•
bía sabido ella por el periódico; la víspera debió él dar
una conferencia y referir á mil indiferentes toda la historia de eu vida ......... Ella lo había sabido como Pablo
por la vulgar publicidad de loa anuncios. Amarga irri•
siónl El que ee había adueflado de toda su alma estaba
á dos pasos de ella; respiraban el miemo aire, todos e90s
detalles de que ella tenía tanta avidéz, el último de los

�DO ■ IIIGO

BL MUNDO

curioeoe podia conocerloe ......... y ella no verla ni oiría al
amigo de eu coraz~nl
Deede el día de la separación, desde que ella había
voluntariamente .desterrado á Savinien, jamás Marta,
faltó á su propóeho de enunciamienta resignado. Ha•
bía marchado firme, inquebrantable, por la vía recta y
severa que ee trazara.
Pero ei el amor le estaba prohibido, si lealmente lo
había arr oncado-óccreído arraocarlo- de eu corazón, ni
el recuerdo ni la plegaria le eeiaban prohibidos y cada
día eu recuerdo volaba hacia el ausente, cada día au ple•
garia subís hacia Dios por él, sin que ella loe sintiese
abrazados dP ardien1e ternura, En vano ee quita de un
vaso el perfume que contiene: sus paredes quedan impregnadas y embalsamadas para siempre.
En eu absoluta honestidad, Matta estaba convencida
de que había triunfado, como lo prescribía su deber y
que todo germen de amor hab!a para siempre muerto
en su corazón. Hay plantas demasiado vivaces para mo•
rir nunca. En vano se las hunde debajo de la tierra; sus
raíces vigorosas auaviel!an el obstáculo que las recubre -y
viene de nuevo un día en que la flor se expande al aire
libre, radiosa y vivaz.
Porque, pues, pobre l\farta, pasabais veladas enteras
en la soledad, reconstruyendo detalle, palabra por palabra ciertas visitas que 0':1 hacía en otro tiempo Savinien? Porque frecuentemente dejabais errar vuestros
dedos por el piano, donde siempre volvían á encontrar
los aires que él amaba, en tanto que vuestro pensamiento se perdía en una vaguedad llena de encanki? De donde venía vuesno apego por loa objetos materiales que
poblaban vuestro salón, amigos discretos y fieles, testigos de 1011 rarop día:1 felices que parecían haber conaer•
vado su huella? ......... ~o loa había el visto? No loe había
el tocado?
Svbre este se habían encontrado las miradas de loe
dos¡ al otro le recordaba una palabra, sobre este otro,
se habían reunido sus manoe ...... ... Pero tal culto del
pasado no ahumaba la rectitud de Marta ...... ... No era
más que el recuerdo; el recuerdo purificado por el sacriflc'.o, rec11erdo no culpable, pues que ninguna pena se
mezclaba á él.
L1a ;-ensamientos de Marta iban tomando aquella tarde rumbos bien penosos, cuando Pablo se presentó ri·
sueño y alegre como pocas veces y acercándose á su madre, con tono confidencial Ie:dijo:
-Madre mía es neceeario que Francisca se ponga en
obra como en otros tiempos; he convidado á tomar el té
á M. Savinien de la Raye, y estará aquí dentro de breves minutos.
Marta palideció intensamente y quedoee viendo á su
hijo con una miradg, en que se leían todas las interroga•
cianea y todas las ansiedades. Cómo encontraría al amado de su alma? Ah! dieciseis afioe cambian de tal suerte
un corazón.
Pablo comprendió aqueUa interrogación muda y ee
apresuró á referir á su madre el encuentro con M. de
Sa.vinien en la sociedad de Geografía, insistiendo acerca
de la emoción de aquel al reconocerlo:
-Si vieras como me ha abrazado, madre! ai'i:adió para
concluir, y )!arta satisfecha ya y tranquilizada, segura
de que apesar de sus cabellos blancos aquel hombre, encanecido también por dieciseis ai'i:os de rudos trabajos
era el mismo, cayó en los brazos de P11blo vertiendo con
soladores lágrimas de júbilo.
Por fin la vid1t. iba á traerle un poquillo de ielicldad.
El día de eu vida, próximo á declinar tendría aún un rayito de luz para su cabeza fat~gada ......... .
Pabb, feliz con la dulce felicidad de su madre, reeer•
vaba por una coquetería del cariflo hacerle saber algo
más, que indudablemente tranquiHzaría su espíritu en
la posesión de la dicha que ee prometía. Ese algo era
una carta de Cbarlier, entregada á su hijo poco antes
de morir y en la cual decía:
uEs mi voluntad que, á mi muerte, Marta mi esposa
case con l\f. Savinien de la Haye. .Ambos son dignos
de comprenderse y en felicldad me regocijará más allá
de la tumba. Yo moriré dichoso debido á esa santa mujer q ne me tocó en suerte y merced á la cual he sido rehabi füado y redimido.•

e,

EPILOGO,

En un hermoso pueblecillo cercano á Joay: "QOeeeión
de la condesa de Sennevaux, en una sonriente casita
blanca anexa á la parroquia, anegada de paz y de sol,
vive Pablo dedicado á las santas laboree de su ministerio, rodeado de libros donde se ven as! loe santos Padres, como loe grandes maestros de la literatura antigua
y contemporanea.
Pablo ha re~lizado su viejo suefl.o de seminarista: til
refugio campestre y humilde desde d&lt;.onde quería llevar
á laa gentes de corazón sencillo la palabra de Dios. Ahí,
á eolas consigo mismo y con eus santas y tranquilas ta•
reas, aquel corazón heroico ha hallado por fin la paz que
es el premio de todos loe grandes sacrificios. Y su ven•
cimiento penoso que antes conturbara tan hondamente
su corazón, hoy lo invade y lo inunda de.una alegria t.oda
nueva y apacible.
No lejos de su curato, perdida entre la frondosa arbole•
da, en medio de un paisaje encantador, hay ·ma pose·
eión pequefl.a, rodeada por alr.a verja de fierro, que pro·
teje hermoso jardín.

r¡ de OCTUBRE de •'97

DO ■ IIIGO

Es el nido en que 8a.vinien y Marta viven felices, por
fin, gozando de un placentero reposo y de una unión tar·
día pero infinitamente dulce que ya solo romperá la
muerte.
Tarde por tarde, cuando el sol desciende t.rae loe azulee montee lejano@, el abate Cbarlier, concluidas laalabo·
rea de su ministerio, diríjese á ese nido oculto en el fo
llaje: Sivinien y Marta lo epperan para ii'Jmar el té, lo
reciben con efusión inmensa y lo rodean de solicitudes
delicadas. Francisca sirve aún á. loe treP, como en otro
tiempo ya muy lejano, pues no ha querido cederá nadie
ese privilegio, y asiste á la íntima tenulia en que Savi•
nien refiere sus largos viajes maravillosos.
En aquellas horas de expansión, re~rátaae en los roa•
troe de Mar~a y de Savinien la íntima alegría de su amor
sereno y en loe ojos de Pablo la definitiva y bella seguridad del que va ya confiado y amante, purificado por e~
sacrificio y la abnegación, hacia el que dijo:
u~Ii reino no es de eete mundo.»

17 de OCTUBIIE de ,. .,

'79

KL MUNDO

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11. S. de Forge.

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LA MODA

tones opacos. Corbata y cinturón de crespón. Ancho
velo de crespón inglés por único tocado.

GRUPO DOLIENTE

Traje para niña.

VJSITADEPA.NTEON,LUTOSI

Traje para jovencita de 14 ó Is años.

Este traje, lo mismo que loe o\roe del grupo, es de me.tino apaflado con dos alforzas de crespón. Ci~erpo blu@a
adornado con alforzas del mismo géner~. 9inturón de
crespón drapeado y con un lazo al lado 1zqmerdo. Sombrero de paja adornado co:i crespón.
Traje para señorita.

Este, como el anterior, tiene la enagua de campana con
ancha franja de crespón de Jan~. Cuerpa blusa, algo cru·
zadocon vueltas de crespón, phseé de lana Y grandes bo·

Se hace también de merino¡ pero en su borde no lleva
crespón sino eoJo dos alforzas. El talle blusa t.ambien
el!tá alforceado y con bolero de crespón. Cuello, cinturón
y sombrero también de crespón.
Traje para •cñora •

La enagua de este traje lleva el delantero liso, y en lae
coa\uraa laterales dos franjas de crespón, de cuyo e:x:tr~•
mo inferior parten otras tres que circ11ndan el vuelo.
Cuerpo blusa, abierto sobre un chaleco de crespón y cin•
tas de terciopelo. Cuello ancho de crespón y cintas, con
'Pliseé en el borde. Mangas eatrPcbas de crespón y cintas,
con globo de -merino. Toque de paja can largo velo de
crespón inglés.

EL LUTO

Así como los sonidos manifiestan loe afectos de que ee
halla el alma pOEeida¡ así loe coloree revelan á primera
vista el genio, loe afectos y aun el estado del alma. ¡Cuán
triste y qué disooante nos parecería una deepoeada con
luenga cola negra 6 azul marino. Por el contrario, el tra•
je blanco establecido, en bien de las jóvenes, las hace
mil veces más atractivas y encantadoras. Pero el luto!
el luto es un traje tan solemne, que por sí solo inspira
respeto y compasión : se supone que una persona que
porta luto, tiene incompletos loe afectoe, falta aJgo á eu
corazón. Si esta enlutada ea joven y bermoea, se siente
luego eAe algo por ella, y ee deses que con nuestro afee·
to mitigue un tanto su due 1o.
Una joven hu~rfana de mirada modeeta, pase grave y
largo velo, parece que nos dice: tendréis para mí una
palabra de consuelo? ......... acompai'i:adme á la ima de mi
adorada madre! ¡Visitemos las tumbaal y ()Ue nuestro
lúgubre atavio no disuene con un alegre eemblante, ni
una aonriaa festiva.

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Industria N acional.-Vistasde al¡¡:-q.nos departamentos de la Gran destilería de Alcoholellil "La Casa Colorada."

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 16, Octubre 17</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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