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                  <text>• DOMINGO.st de OCTUB!JE d• 1897.

SL MONDO

LA COQUETONA

"CUENTO DE HADAS"
La noche llnvioea y negra, la maga de clámide de sombras que recordaba las mieLerioeas eolntadas medio evalee; que sin duena ni paje se en,rometían por callejas y
encrucijadas sorprendiendo ocultos amoríos, sin perdonar ignorados rincones, ni respetar Jegendar1os temores:
una noche trágica, sorprendió á la nifla en mitad de la
i,elva. H11bfa ella dejadg la carretera para alcanzar más
pronto, á campo travitea, las c9:sas de la aldea; se guia.
ba por las luces que, como fuegos fatuos, se aparecían á
lo lfjoe brillando un momenw, spagándose y volviendo
á lucir. Eran rojas fogatas de establoe ó tímidas y amarillentas luce&amp; de ventorrillos. De pron\o todo se extin•
guió, los paetoree no temían á loe lobos; la eombra loe
dejaba en eus malrigoeras, y los venteros sabían bien
q·1e los parroquianos pref.,rian el fuego de la chimenea
y la tranquilidad de la ca,a al frío de fuera y á lo pavo•
roso del barrio desierw.
La nifta se detuvo para limpiar sus zuecos del barro
que loe bacrn peda3os y dejare! haz de letla y el biicha
que cruelmente lastiwaba su espalda. Seir¡11ió esbeha y
ligdr:i, como gacela joven, y deeaüo la sombra, la in menea, la interminable sombra.
El boEqoe era en amigo, sabía que al levantar los ojos
-que en las hrdee de sol irradiaban con resplandores
de gotas de lluvia-iba á encontrar flores conocidas y
ramas que se tenderían para estrechar sus casias desnudeces. Pero esa noche tenía miedo, creía oír en los roí•
dos de los ovarios qte se rompen, algo como loe lamen•
toe de nifloe qµe se mueren, y cada rama que besaba su
cabello le parecla brazo de púgil que iba á rodear en ta•
lle, y después, con constricciones de boa, á destrozarla.
Confundla loe balidos lejanos con gritos de lobos y el
piar de loe pájaros que euefian con loe silbidos de eerpienLee que acechan.
Tdnia quince aflos-la eea i florida...!.hacía diez que
tJa'l'el&amp;ba el bosque día por dta, y sin ewb11rgo e~a noche, la primtlra en que no llegaba al la lo d11 la a bue la al
caer el sol, temblaba al enco1urarse sola.
En vano buecó la salida de aquella trama hecha con
ramajes de encina, tallos de lfrios y ma,as de f.ores. Era
la barricada que la ponía el geuio uel bJeq11tl, su único
noYio, para cerrarb el paso.
Alguna vez le vió ella, ralia 1te y feliz, cruzar como
aaeta 103 olaroa d11l bosque.con el cabello dorado tenien.
do como cauda de as\ro y deahojando myoso\is y viole•
tas; llevab1 alas muy bla-icas como los ángeles que ella
había visto en los al,area de laa ermitas en\re el humo
del incien30, y sue ojos brillaban CJmo las estrellas de
las noches dt, Mayo.
Se amaban hacia mucho tiempo, él Is regalaba con la
mitil de las abejaa doradas y con las fi &gt;res de pétalos azu•
leJ y ells, en ca-nbio, dejaba á su paso los ecos de suscan•
oiones, que unidos á los ruidos del boeque eran la gran•
dioea sonata que el genio en sna hora, de soledad lanzaba al aire, para no olvidarla, guardándola en las corta•
duras de la~ rocas ; en ·1oá cálices de las flores. Cuando
el viento ia;udia loe tallos y extremecía el bosque, aquella salmodia eemejaba al repetirse una y mil veces, notas iameneas y solemnes como lejaoai voces de órgano
de monasterio ......
¿A quien llamar? La nifia sabía que la selva después
de la puesta del eol era eombría y desierta como crugía
de claustro y que loe guarda bosques envueltos en ene
pieles y en ~1 humo de sus pipas, se juntaban todos del
lado de la aldea y encerru ios en la caseta del jefe no oirían :us grito~, ocupados de su cerveza y de su tabaco.
La abuela, allá en la aldea, bal~ada por sus anos, ape•
nas podría mamener el íuego del hogar, pensarla en la
•nieta, Horaria eo ausencia y nada máe. ¡Pobre abuefüal

El euefio venció á la nifla, dormía sobre la hojarasca y
apoyaba la cabeza-oca cabe2a rubi:i y bella-en el bra•
zo de1sundo. El hai de lttia la protegfa un poco de la llu•
via ~ue el viemo empuja ta de un solo laio.

·················································································
De pronto, como si despertara al contacto de un beso
abrió lo~ ojos que brillaron al fulgor de una luz 'tenue y
suave como último refle¡o de ocaso, creyóse engaflada
l)or un eneueflo y ee levantó prern de lo que creía una
alucinazión. Erguida, sobre el pedestal de hojas y floree
ee hubiera wroado por fantaema de sueflo si no hubiera
re alidadee más bellas.
·
......... Sa iluminó el bosque con resplandores de incen•
dio y desgarrn.'ldo la sombra surgió bella y sonriente la
figura del genio corona fo de roeas y seguido de una tnr•

Por-Antonio Cuyás.

TOM0.11

MEXICO, NOVIEl.tIDRll: 7 DIH 1897.

PIANO.

ba brillante y alegre de sátiros y faunos, que lnnzaban con
sus gritos loe a1ordee de sus flautas y los ruidos de dUS
panderos, llegaba á la niiln. s~ de,uvo nnoJ r:nos anLee
de acercarse á ella y esperó que formase el cortejo. Ye•
nfan loe genios buenos y loe malos, loe unos con la frente ceflida de pámpanos y ros&gt;1s, tos otros á manem de
diadema ostentaban luces de tum b,i J. Los buenos venían
dando al aire sus carcajadas que eran como gritos de
campanas ó alegre estrépho de cascabeles de polic:h inela,
los malos eneeflatan sus mandíbulas vacías y negras ;o.
mo entradas de cavernas: En el aquelarre hablan hecho
el programa de la fieela. Eran las bodas del genio y de
la nifta de los cabellos rubios, de la reina del boeque.
Las brujas dejando las escobas sobre las que cabal•
gan en las noches de luna traían en sus manos arnari·
llas teas de radioeas fulguracionee que ilomiuaban el
boeqne con resplandor de fragua. Habla arpías que ve
nían á horcajadas sobre cabras blancas de cuernos dora•
doa y faunos que rodeaban con EUB brazos vellosos los
talles de ninfas bellas como solee.
Todo era alegre y M&gt;do brillaba.

Una de lai ninfa,, f:, más bella de wda~, aquella de
quien los trasgos decían ante, de conocerá la ni11a que
eerfa la reina del bosque, fué la sacerdotisa. Unió con
una guirnalda hecha de campánulas y violeta, al Genio
y á la nifla y puso en sus dedos el tiímbolo de amoroea
alianza.
......... ~e oyó un beso, largo, suave, como eco de onda
que se rompe ó nota que se exiingue y entonces surgie•
ron de aquel claro de bosque envueltoben llamnrad.i, de
incendio, duende;; y trasgos, ha1as y genio,, al mismo
tiempo que la selva toda se estremecía con la, nota,
triunfaleb de una marcha brillante.

NUEVO GOBERNADOR DEL ESTADO DE HIDALGO.

***

Cuando los primeros cantos de los páj:1.roe despertaban
al bosque y se oía el cencerro de las cabras de la aldea,
la niña pensaba qué decir á la abuelita de su sortija en
el dedo y de so pérdida en el bosque. No podía decirla.
que ya habfa pasado eu noche de bodas.
1'1.n,CEL PARDO.

México, Julio 28 de 1S97.

$r. Pearo ~- Noaríguez,
TOMÓ POSESIÓ!'i DEI, POl&gt;EU EL HIÉH('OLES ;} J&gt;EI, ACTUAL.

•

NUMERO I9;,_

�EL l\nJNDO.

312

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

ra muy distinta de la de los demás hombres; poseen
ameno en el que á trechos, entre el frou-frou de grandes reservas de vida, abundantes arsenales
los trajes y susurro de las conversaciones, se escu- de armas c0n que toman parte en el combate.
cha un trozo de música.
.Por cansancio acaba de a,bandonar el general
Acaso á través de este caleidoscopio femenino,
Son bellas las puestas de sol de nu_estro triun- en el vaivén de esta marejada de cabecitas juve- Cravioto el gobierno del E~tado de ~idalgo. La
fante invierno.-El astro pasea sus roJizos dardos niles, en el choque de las miradas y el cemelleo noticia se sabía en esta capital de días atrás; la
sobre el verdoso tapiz de nuestros prado~; hay de las sonrisas, podáis saludar el fragme~to _de prensa de información se enQargó de propagarla,
un tinte de primav(!ra, un vago remedo de Juven- una obertura conocida, d girón de un vals am~go haciendo, entre paréntesis, correr los más extratud en el velo de brumas que_ envuelve el callado vuestro. Entonces os diréis: ¿eu donde lle 01do nos rwuores á este respecto.
Cierco que tratándose de la extinta administr~valle, la ciudad adormecida-como at~tosu: yo esto? Y pasáis de largo, co11fundiendo en vuesción de aquel Estado, todo era extrailo. Parecia
gestionada en un éxtasis vagoroso. ?abnel d
tros recuerdos una silncia atracLiva con la pos- como que los actos más sencillos estaban envuelAnunzzio ha tenido razón cuando ha dicho que el trer vibración ele una púgina musical.
ototlo es una primavera vista en sueños. A. través
en brumas.
Y allá lleváis las dos impresiones en una: el úl- tosLa
nueva administración ha sido acogida con
de las ráfagas empapadas de _escarc~1a-¿no_ 11?- timo sollozo de un compositor favoricO y el dardo
rco-ocijo y hav en ella cifradas bellas esperanzas.
ra así la naturaleza cuando tiene fno?-sc mfllt,
, ..
.,
*
luz de unas pupilas amadas.
.
tra un buen flechazo de esa inmensa hog~&lt;'ra ~n- dePor
eso el salón de la ..Alameda ha desafiado toLa
chispa
revolucion;ria
se ha eX;tinguido en
cendida enlo alto, como una antorchaque1hunma dos los años la crudeza de las primeras heladas
Guateruala, no sin que la sangre cornera en abunel mundo.
invernales, de esas heladas en que las est.rellas
El sol es el hogar de los pobr&lt;'s; á su rcspla~- arrojan ex_trañas fosforescencias y la luna cubr~ dancia.
Las tristes páginas de las contie1:das civi~es la•
dor de hornaza las miserias se caldeit11 y ~e forti- la ciudad con un lienzo blanco, que la da la semetino-americanas
cuentan cuatro ó cmco capitulos
fican. ¿Quién ha dicho que cuando ~l bnll~ has- janza ele unll. es..atua yacente, de una escultura
más; hay un nuevo episodio qu~ agr~gar á la p~ta el lodo r&lt;'splandece?-En la ampl_ia avcruda la
mármol.
nosa serie de fermentos revoluc1onanos que se agivida se precipita á borbotones; se siente la ncce- de¡Qué
raro placer se experimenta entonces en
sicad de beber ese licor rojizo que se esparce por perderse en esas alternativas d_e luz y son~bra que tan en la historia de estas nacientes nacionalidades.
Y por cierto que sorprende la noticia de_ q~e la
las arterias del univC'rso.
.
· tachonan las calles. Como la piel de una mmensa
Ha habido razón para cantar á ese sangun~o- serpiente! cuadro rem/Jrandtnes&lt;'o, sepia abiga- familia del Sr. Morales, el alma del movumento
lento monarca del cif&gt;lo, para hacer de.él un_ dios :rrada que encanta y atemoriza, mientras todavin revolt1cionario, haya tenido necesidad de refuresplandeciente, un vf'ncedor de ~os espacios-:- pasan y repasan por· vue¡¡t.ro espíritu los- hilillos giar;;e en nuestra legación, para escapar á la_ venEnrique Beyle no ha estado Pn lo Justo ~l cscn- flotantes del concierto, de matices de palabras, de ganza del poder público. ¿Cómo? ¿Una muJer y
bir: lo bueno que tiene Dios es que no ex~ste .. El notas, de cuchicheos y de sonrisas que habéis re- un niño no son inviolables, ante la ley y ante la
conciencia, ante el derecho de gentes y los sentiespíritu humano, impregnado de du~as, mquieto
mientos de humanidad?
y afanoso ha habido menestf'l' refugiarse en algo cogido al paso.
*
Jamás 1 en nuestro pasado nacional de pasiones
más perro~nente y etf'mO que esta vida comú~1 Y
**
Del salón de la Alameda á las fiestas de Tolu- caldeadas al rojo blanco, de rencores llevados al
corriente; entonces fabricamos un héroe, u1: d~os,
un ideal, y en él nos refugiamos como en el ultuno ca media un abismo, que el Ferrocarril Nacional paroxismo, se ha registrado el caso de lo que ~erecorre en pocas horas. Las recorrió el tren es- ría en Guatemala muestra de inaudita barbarie.
santuario.
pecial que el generll.l Villada, gobernadord_el ~s- Es preferible imaginar que la familia del Sr. Mo***
Por eso acaso vive todavía, á pes_ar ele_ los es- tado de México, puso á disposición de los mv1ta- rales ha procurado huir de comentarios que habrían lastimado sus afectos más caros, que buscar
tragos causados por el tiempo, ese simbóllco _pon dos á la inauguración de importantes obras 111:1.un
asilo para sus vidas amenazadas.
teriales
en
aquella
capital.
Juan Tenorio que año tras afio hace su apanc1ón
Tendríamos, de lo contrario, el derecho de caEl
general
Villada
ha
adoptado
en
su
prografantástica en nuestros escenarios.-Es. que Don
Juan Tenorio es usted, soy yo, es el _vecmo de en- ma un excelente principio financiero: emplear los ta.loo-ar un nuevo atentado en la lista de los sinies~ros dramas que han tenido por protagonista
frente, somos todos los que-al de~ir del poeta- fondos sobrantes del presupuesto en nuevas rue- tiranuelos de la talla del doctor Francia, en el Pasomos dignos de ser morenos y sevillanos: es una decillas de la maquinaria administrativa, antes
raguay, espamoso ejemplar de ferocidad humana.
raza entera encarnada en un hombre, que ora Y que almacenar infructuos~s monedas en la~ arcas .
.l!}l terrible anciano había llegado á hacerse teblasfema, mata y se arrepiente, observa mala con- de una tesorería. Econonnzar no resulta siempre
económico; los capitales que no se mueven, van mer de todo un pueblo; su solo nombre era objeducta y se va al cielo.
¿Cómo no lo hemos de aplaudir, si sus hazañas y vienen, bregan y ~e agitan, son capitales ue~a- to de pavor y su presencia aterraba á las multison nuestras hazañas? Excelente matón andaluz, tivos. Pasa con el dmero lo que con el agua: cir- tudes.
Un día, penetra el doctor Francia en el fondo
tus bravatas forman parte de nuestro arsenal de culante, fecundiza la tierra, sirve de m_otor á la
de
uu bosque, seguido de los suyos. Allí se alza
industria,
de
vehículo
al
comercio;
estancada,
encaballeros andantes; tus vociferaciones encuenuna icrnorada cabaiia: á la puerta están los que
tran eco en nuestros espú-itus rebosantes de poe- venena al que se acerca á ella.
Decid á un hombre: «Eres rico,» y rntregadle la habitan: una mujer, un hombre y dos niños.sía medioeval, apasionada y rítmica. Todos estamos dispuestos á arrepe~tirnos, después de ro- un puñado de monedas con la precisa condición La fiera se detiene sonriente; ha olfateado á su
bar la novia de algun amigo, de burlar al Come~- de que no ha de gastar ninguna; será más pobre víctima.
-¿No meconocéis?preguntó álos desgraciados.
dador y de darnos de mandobles coi:i- Don Luis que el mendigo á quien le arrojáis una limosna y
Y á una negativa de éstos:
que
puede
hacer
de
ella
lo
que
gu?te,--;--~ues
admiMejia sobre todo, cuando estas fechonas se come- Soy el doctor Francia, repone.
.
.
ten e~ verso. En verso, cualquier latino es capaz nistrativamente, esas grandes existencias que los
En vano es decirles este nombre odioso; ru el.
gobiernos de los Estados se complacen en exhibir
de hacer la mayor atrocidad.
.
y luego este Don Gonzalo de Ulloa, este rect1- en los cortes de caja de los periódicos oficiales, hombre ni la mujer, perdidos en el interior de la
lineo de l¡ virtud, se nos antoja demasiado renco- representan aguas estancadas. Porque, ó esa:s su- selva, conocen al cacique.
Entonces, sucede un hecho horrible: Francia
roso. Su odio, como el de Hamlet, va más allá de mas están destinadas á un objeto útil, y en ese·
ordena
á su gente que se apodere de una de las
caso
han
sido
distraídas
del
fin
con
que
fueron,
la. tumba, no abandona su presa, desea que se
dos
criaturas,
y allí, ante las horrorizadas pupirecaudadas,
ó
no
fueron
obtenidas
con
objeto
alprolongue en ese obscuro hueco del no sér, que
guno, y en ese supue_sto constituyen sac1ificios las de los padres se da m\ierte al uifio.
persista. á través del tiempo y del espacio.
-Ya conocéis al doctor Francia-exclama él,
En un cuadro de Goya_h ay un esqueleto que alza estériles para el contribuyente.
Los gobiernos no tienen derecho para mostrar- al alejarse. Cuando lo hayáis olvidado volveré
la loza de su sepulcro, para escribir en ella: ¡Nada! No hay nada detrás de esa misterio~a J?Uerta. se pródigos, pero tampoco lo tienen para ser ava- por el otro cachorro.
Y esta amenaza de muerte,suspendida sobre la
Para el alma del Comendador no hay ~xpiación, n~ ros. El progreso cuesta caro y es necesario pacabeza
de una criatura de meses y una mujer ¿no
garlo;
un
particular
puede
pasarse
s!n
w1a
levihay muerte, no es el descanso del m~r.édulo, m
la salvación del creyente: es un martmo eterno, ta· esto no influirá nada en el porvemr de w1a so• equivaldría á la hazaña que de referirse acaba?
*
incansable, de duración infinita, que causa es- ci~dad. Una administración no puede dejar de
*
Han aparecido en las*esquinas
grandes carteloabrir escuelas, porque en ellas está fundado el
panto.
.
nes
reclutando
braceros
para
las
siembras de la
porvenir
de
un
pueblo.
Por fortuna de la obra de Zornlla-y él lo ha
Se quejan algunos economistas del considera- Costa.
dicho por inco;nparable modo-irradia una luz q?e
¡Se necesitan mil homb1·es! escriben los empreilumina todas estas negruras: la fe de 1~ muJer ble aumento que se observa de hace buenos atlos
cristiana que redime al que ama. Las muJeres de á esta parte en los presupuestos de las principa- sarios, y ofrecen por jornal 37 centavos y alimenlos otros Don Juanes son escultutas paganas, Ve- les naciones europeas; pero no toman en cuenta tación pagada. ¡Brazos! e.s un grito que se eleva
nus caidas de sus pedestales. En este Don Juan, el el aumento de la educación en las masas. Nada de todas las comarcas del país, de Oaxaca y de Veamor es más poderoso que el vicio y purifica al que más fácil que volver á los antiguos gastos admi- racruz, de Chiapas y de Tabasco.
La tierra espera que el hombre se incline hasta
nistrativos: para ello bastaría con que cada país
roza con sus alas.
ella y le arranque su riqueza latente. Pero el
'
y esta apoteosis que preside á la muerte del hé- retrocediera medio sig-lo de civilización.
Y nó, las naciones modernas no desean hacrr hombre es un producto escaso, un artículo de priroe de Sevilla la encontramos lógica, y hace1:1os
repetir el bailable final, en el que el protagomsta. un alto en mitad del viaje, sino seguir adelante, mera necesidad poco abundante en nuestros meravanzando siempre. Maquinista, más aprisa.
cados. Es preciso acudir á la vía pública y solise salva en medio de luces de Bengala.
Y he aquí como el general Villada ha realiza- citarlo en cada esquina.
*
.
do este programa: los gobiernos no son los que¿Obtendrán los empresarios de la Costa las mil
* *
La verdad es que sin Don Juan Tenorio Y sin deben ser ricos; ricos deben ser los pueblos.
unidades humanas que solicitan? Antaño dijo un
el salón de la Alameda, el vecindario de la _bue~a
colega que babia veinte mil disponibles en la ciu***
ciudad de México, habría arrastrado una vida mTal vez esta tarea desgatte fuerzas y debilite dad de l-iéxico.
comparablemente monótona. Es agradable ~ste energías. Gobernar es un trabajo rudo; reclama
Verdad es que, para resolverse á aceptar esta~
salón que el mago Valleto, heredero del Buckmgmúsculos de bronce, resistencias de titán; hom- proposiciones, haría falta algo que no siempre esbam Bejarano, ha improvisado de la noc~e á la bres como Bismarck, como el general Díaz, como tamos dispúestos á llevar á efecto los interesados:
roa.nana. Han bastado unos cuantos canastillos de
¡trabajar!
ÜBERON,
nores para. convertir aquella rotonda en un lugar· Leon XIII, como el mismo Sagasta, son de made'

LA

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

313

EL MUNDO.

,auti!a grnrral.

hambre ha levantado sus fatídicos espectros, la
EL RECUERDO DELA FUNDACION
peste ha derramado sus gérmenes de muerte y la
DE LOS
miseria ha llamado á todas las puertas con su e:oEp;;TADOS UNI.DOS.
RESUMEN.-¡AVE GRECIA!-LA PAZ CON TURQUÍ.A . horte de desolación y de luto.
-LA liÉLADE ANTIGUA Y LA GRECIA MODERNA.Y ese e.sfucrzo no ha sido coronado de éxito tan
Estados Unidos acaban de entrar en posesión ae
TODA UNA PATRIA Q,UE RECONS'l'RUIR.-·LA INSG- pronto como deseara el gobierno británico; indo- unLos
documento precioso para su hii-toria: es el registro
RRECCIÓN EN LA lNDIA.-LAi;; TRlBUS REBELDES mables en su empuje los afridas y arrebatados en de á Bordo llevado por los Pereg1-i,1ws ~os «Pilg·rim FaY EL GOBIER~O BRITÁNICO.-QUIEN TIENE Q,UE
si¡ violencia los orksais, han resistido por buen therR• que llegaron á las costas americanas á bordo
VENOER.-LA PREPONDERANCIA RUSA.-EL REINO tiempo á las tropas inglesas y rechazado toda pro- del buque ,llayflou·Pr, en 1620. Este libro curioso llevapor Wadford contienf' lalistadepasajeros quedebian
DE ÜuREA Y EL lMPERIO.-LAl:l DOSRlYALES I.N positión de avenimiento acomodatício, que no do
Her los primeros colonos de los Estados Unidos; Juego Jo,;
ASIA.
incidentes del viaje; también están escritos los detall('S
condujera nl logro ele sus aspiraciones.
cuotidianos de la fundación de New-Plymouth, duran•
¿Pero cuáles son éstas? ¿qué buscan en la lucha te-20 años; por fin sirvió de registro del Estado Civil
¡Ave Grecia! Por, fin tras la porfiada lucha, tras
clf' esta época. He aquí porqué fué enviado á la bibliola humillante derrota, vas á ver tus campos libres esos fanálicos que se dejan ma:tar con heroísmo y teca
de la diócesis de Londres, de donde dependía eijp&lt;'recen
con
la
sonrisa
de
los
mártires
en
los
lade invasores y ya no mancillará tu cielo la sombra
ta colonia lejaua.
bios, durante los horrores de la derrota·?
Lm, ingleses acaban de obsequiárselo á sus primos
de la odiada Media Luna.
Cualesquif'm que sean sus ideales, tienen que pe- de América.
Tus bosques vírgenes, donde resuenan arrullos
de silfos y carcajadas de ninfas, 110 se sentirán ya recer en la demanda, porque no van como Inglaprofanados por la blasfemia &lt;le) vivac, ni enturbia- terrll á un objeto definido y con un fin determinllrá tu cielo siempre azul el hwno de la fogata ó el do. Ruda será la faena y correrá á torrentes la
XUEVO TRATAMIENTO
sangre britana, pero al fin habrá de prevalecer la
fogonazo del cañón.
Tus claras fuentes y corrientes ríos, donde re- idea inglesa, ~· las tribus insurrectas lo mismo que PARA HACER LA MADERA INCOMBUSTIBLE
tozan en confusa y alegre fiesta las impúdicas todos los pueblos de la región tendrán que someEn el último Congreso de los Arquitectos Navales,
driadas y las inocentes uáyades, no serviráu de terse al rumbo señalado, que es el de los nuevos
Ellis dió cuenta de los experimentos efectuado~
abrevadero á los caballos tártaros, ni ofrecerán horizontes de la civilización occidental, rasgando ;\fr.
con el fin de volver incombustible la madera.
sus linfas cristalinas á la sed del turcomán, que Sú sombras y alumbrando obscuros antros.
La madera así tratada toma el nombre de 1W inflamable; se coloca en un cilindro donde se hace el vacio;
apaga con sangre como con cieno ht sed de los
después se introduce el vapor que vaporiza la humereptiles.
de la madera. Se hace de nuevo el vacio, Jo cual
Tus montañas sagradas, donde aun resuena la
Pero si la políticn inglesa nada tiene que temer dad
arrastra hacia afuera todos los vapores, y se proyecta
voz de las inspiradas sibilas y se escuchan los por esa parle, y es asunto de chelines la sofo- en el cilindro un líquido conteniendo ciertas sales; eshoróscopos de sagradas pitonisas, no servirán ya cadón de los dementos inquic tos que perturban te&gt; llrga en gotitas mezclado al vapor,. y se le deja en
de refugio á tus despiadados enemigos, ni verás las fronteras del noroeste en su poderoso imperio contacto con la madera hasta que se impregna de él.
no queda mas que secarla. Parece que 10&gt;1
caer de la empinada cumbre hordas fanáticas con índico, no sucede lo mismo en el remoto país del Entonces
productos tratados así, pesan de 8 á 15 por 100 más que
el sarcasmo en los labios y el odio en el corazón, sol naciente, donde paso á paso va perdiendo antes de pasar por el cilindro, pero no cambian casi do
p13:ra borrar el aborrecido nombre cristiano ele la su anligua influencia y su omnímodo poder que se apariencia, y se dejan trabajar sin dificultad alguna.
Se asegura también quf' este método preserva á la
tierra que fué cuna de la civilización occidental. susbtitu re lentamente y muy contra su voluntad
Ya cedieron los mahometanos á la presión que con la influencia moscovita, cada vez más predo- mad&lt;'ra de 101:, perjuicios de los insectos.
sobre ellos ejercieran las grandes potencias, que minante en aquellos reinos no explotados por la
por fin se dolieron de tus cuitas yseapiadaron de rapacidad europea.
El ministro ruso ·e n la capital de Corea acaba
tus desventw·as. Ya la paz es un hecho, y puedes
SOMBRAS Y LUZ
dedicarte á. cicatrizar las heridas que te causó el de destituir á su mandato al empleado inglés que
Sollozando á lo lejos el Pasado:
hierro musulmán en los desfiladeros de Volos y en vijilaba las aduanas del reino mogol, y ha nombrado por su voluntad á un agente ruso enteramente
Cubierto de amarguras el Presénte;
los campos de Doiñokos.
Aparta los oídos de las sirenas engañosas que á devoción del gabinete de San Pctersburgo.
Cual esfinge fatal, se alzaba al frente
El sobcra110 de Seoul que por mucho tiempo
te apunciaban triunfos allí donde la razón te mosEl Futuro de brumas circundado:
Ante el grande misterio anonadado,
traba la derrota; no hagas caso de estrofas demagó- estuvo sujeto al arbitrio del Celeste Imperio, y )
gicas, que caldearon tu sangre, encendieron tus después dr los triunfos del Mikado quedó someQuedó en silencio el corazón doliente,
deseos, y te lisonjearon con sueños de grandeza. tido al antojo de los mandarines de Tokio, nunca
Cuando sonó en los cielos, de rf'pente,
La pérfida Albión que por mucho tiempo alentó duc&gt;ño dr sus acciones, es hoy juguete de las maEl instante por Dios apar&lt;.'jado:
Rasgándose los velos de la niebla, ·
tus rebeldías y fomentó tus aspirªciones, asustada quinaciones rusas. El Czar que se opuso con aude su obra y temiendo los horrores de general tocrática intervención á que el Japón se aproveSurgió en el fondo incógnita hermosw·a,
conflagración, te dejó sola y abandonada á tu suer- chara de sus legítimos triunks sobre China, ha
··Sublime encarnación de la esperanza;
te y desventura, y no pudiste salvar de la refriega tomado parte ac.iva en los asuntos coreanos, y na¡Y entre el himno de amor que el orbe puebla
.
Divisa t&gt;l alma edenes de ventw·a,
ni el nombre inmaculado que te legaron Filopemén da ha podido rnsistir á. su onroipotencia.
La Gran Bretaña misma tiene que ceder ante
En radiosa infinita lontananza! ..... .
y Canarís.
Deja ya los falsos espejismos y los engaftosos rsos a,·ances y ve con pena que se le ~capa su
NOMA p LLONA . .
mirajes que te fascinaron. Busca en el trab!ljO y influencia, que se menoscaban sus intereses y que
la virtud la restañaci9n de tu sangre, el bálsamo Pl águila bicápite tiende sus robustas alas desde
de tus heridas. Vuelve en tí para luchar con brío Vladivostok para afianzar en sus férreas garras
Repartimos con este número
contra los enemigos que asedian en su propio seno. nuevos territorios al poderorn imperio de los
Emprende con entereza la tarea de tu regene- Czares.
ración, y como el personaje de Zola, qur con firSiempre y en todas partes la preponderancia &lt;le folletín, continuación de la hermosa nome paso y á la vista de todo un mundo derrumbado r~sa.
vela
entre las llamas de la Comuna y las ruinas de las
X.X.X.
Tullerfas, se yergue altivo y sereno, marcha con
5 de Noviembre de 1897.
fé inquebrantable á la ardua empresa ele reconstruir una· patria.
Es,t es tu misión, si quieres siempre merecer el
que dede el mes plisado empezamos á obsetítulo de madre de pueblos y faro inextinguible
quiar á nuestros lectores.
de la belleza eterna.
El nntvo Gobernador del Estado de Hidalgo.
¡Ave, Grecia! Ya estás libre de la garra otomana, ya tienes paz; comienza con robusta energía la
OTRO PAOO
Acabn de tomar posesión del elevado c11.rgQ de Goempresa de tu reconstrucción.
De
$5.000,00
de
"La Mutua," en Torreón.
bernador Constitucional del Estado de Hidalgo, el Sr.
***
.
D.
Pedro
L.
Rodriguev.,
que
sustitu~•e
en
virtud
de
la
No ha sido fácil para la Gran Bretaña. domeñar
las belicosas tribus, que en la frontera afgana se elección hecha por la Legislatura local, al Sr. Rafael
Sr. D. Carlos Sommer, Director General de "La
alzaron en at·mas contra su secular dominación. Cravioto.
Mutua" de Nueva York.
Con e;;te motivo publicamos el retrato del Sr. RodriSea que reciban ·10s elementos de guerra de los
México.
poderosos moscovitas, que en secreto pueden fo- guez en lugar preferente.
Muy
señor
nuestro:
El nuevo gobernador, con\O lo ha expresado en el
mentnr la insurrección para debilitar el poderoso
Los señores Ketelsen &amp;. Degetau nos entregaron,
imperio indiano, y más fácilmente prevalecer en cliscun;o que pronunció ante la Leg·islatura al tomar
sogún
recibo debidamente estampillada y puesto
el vasto continente asiático, que llena sus princi- po8f'!&lt;ión de su alto cargo, llega al Gobierno con laR
Pn la póliza correspondiente, la suma de Cinco
intenciones
más
progres1stas
y
los
mejores
deseos
propales ambiciones; sea que los triunfos del Ishlm en
mil pesos plata mexicana, importe del seguro del
las llanuras de Tesalia hallan resonado con ecos poniéndose por tuantos medios esten á su alcance y finado Sr. D. Christian Schugt, que tenía en "La
poniendo
en
juego
todas
sus
energías,
impulsar
al
Esguerreros en las apartadas vertientes de Afganistán, y por ende hayan despertado los instintos bé- tado por la amplia vía de la prosperidad, basada en el Mutua" según la póliza número 529,254, y cuyo
valor recibimos ante Notario Público.
licos ele las tríbus creyentes, contra los enemigos trabajo~- en la honradez.
Reconocida la eficacia y prontitud con que "La
La biografia clel Sr. Rodríguez puede expresai·se en
del estnndarte verde del Profeta: ello es que, lo
Mutua" cumple sus compromisos, nos es grato reesta
Hola
fraR&lt;'
que
nos
holgaríamos
de
consagrar
siemque parecía primero un movimiento aislado y sin
importancia. fácil d-e sofocar con los elementos pro- pre á las cabezas visibles del país: es un hombre hon- prtirnos de usted attos. SS. SS.
Torreón, Octubre 18 de 1897.-Concepción F.
pios del gobierno de Kalkuta, ha necesitado l.a coo- rado; por lo demás, su biografía' mejor y más intereperación activa de la Metrópoli, y la concentración sante para sus gobernados, está en el porvenir. Que de Schugt.- C. Juárez, Octubre de 1897.- Vt'lliam
Bremme, como tutor de los menores, Pedro, Josede fuerzas considerables, para evitar que el incen- él justifique ampliamente las halagadoras esperanzas
dio se propague á toda aquella comarca, donde el que el Estado de Hidalg·o ha puesto en su uuevo jefe. fina y Cristian Schugt.

384 PAGINAS

•

�Domingo 7 de Noviembre de 1897.

314

EL l\füNDO.

lll5

EL MUNDO.

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

RECUERDOS DEL DIA DE MUERTOS.
EL ARTE EN EL PRI:~{ER P ANTEON DEL. MUNDO.

CAMPOSANTO DE GENOVA.
[Fotograflas de Va.lleto]

SR, JUAN APARICIO.

Fusilado por las fuerzas federales

,

ORAJ,, DAllIEL FUENTES BABRIOS

ler. Jefe dela revolucióu de Guat.ema.la.

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Gral. Reina filarrios.
Presldent.e de

a Repll.bllca. de Guat.ema.la.

i!.a re~oludón

ae Guatemala.

LoocadAvercs de Juan Aparicio y del Alcalde l "! SinforosoAguilar.-QCI,.'TZALTE.:S-A..,..GO.

AnteH de que los rebeldes entraran á Quetzaltenang·o, todavía en poder del Gobierno, los jefes militares de la población, se cebaron en ciudadanoH pacíficos poi·
creerlos complicados en el movimiento de rebelili11 y en comunicaeión activa con
los caudillos pronunciados. Una de las victimas de estas escenas poeo edificantes
de las guerras intestinas fué el rico banquero D. Juan Aparieio, dtwiio de más de
dos millones ele pesos, hombre progresista y empr&lt;&gt;ndedor. á quic•n la ciudad debía
entre otras mejoras, la de• la implantación de la luz eléctrica. costeada de su peculio particular. i"li ,;us méritos, ni su poHición social, ni sus inmensa;, riquezas le
valieron; inocente ó culpable del delito de rebelión, pagó con su vida los odios que
provocan las discordias ch·iles.
Su cadáver abandonaclo su las calles, fué r.ecogido por los rebeldes triunfantes
v recibió hourosa sepultura.
• :Nuestros grabados tomados de fotografias directa,;, representan, además de los
retrato;; de alg-unos personajes principales en la contienda, las escena::; más salientes v la~ vistaR más interesantes de la ciudad de (.¿uetzaltenang-o, lugar donde puede clecirRe ha tenido comienzo r desenlace la pre;;ente revolución que ha serY,do
para afirmar en el poder al presidente Barrio::;.

Sin duda nuestros lectores sabrán por lo que llevan publicado los diarios de qué
manera.ha tenido fin r remate la revolución iniciada contra el gobierno del presidente Reyna Rarrios en los departamentos occidentales de la vecina republica de
Guatemala.
Fuerte en un principio el movimiento que acaudillab·an los generales Próspero
Morales, Fuentes, r otros jefes descontentos del actual ordert g.e cosas, tomaron pose~ión de Quetzaltenango, la ciudad segunda del raís, donde hallaron tenaz resist&lt;&gt;ncia poi· parte de las tropas del gobierno; ~e apoderaron del ruerto de Ocós en el
Océano Pacífico, ? llegaton á dominar desde la Costa hasta la Ciifdad de San MarCOH, donde habla estallado la revolución.
Pero repuesto de la p1·imera sorpresa.el presidente Ban·ios, concentró sobre los
in~urrcctos numerosas fuerzas, dotadas de armamento moderno y con artillería de
batalla con los últimos adelantos v no sintiéndose capaces de resistir las tropaR
rnbeldes, deRpués de sangTientas ~scarmnuza,;, abandonaron Quetzalteuango, se
hicieron fuerte¡; en los alrededores de San Marcos, donde fueron derrotadas, y se
dispersaron despué,; internándose en territoi-io mexicano, dejando todos suR element )S de guerra en poder de las tropas fieles al orden constituido.

•

Calle de S. Nicolás. Lugar que ocupaba una metralla.dora..

[QUETZALTENANGOJ

"El Palacio," Lugar que ocupen los !efes re,olucic narios

•

Vit•ne muy á-cuento, ]retor ó loctora, quienqu,ie1·~uefuer~s, ahora q~e
acabas de depositar tus coronas de rosas blancas, de s1PmpreY1 vas Y de no1,)tas sobre las lozas húmedas de rocío, ,wbre las lizas blancas ó neg~·as do : de el epitafio de oro relampaguea á la luz del sol; Yiene á cµ&lt;'nto digo, hablar del «Arte fúnebre» del arte que se aplica especialmente al culto de los
que han partido para siempre, drl arte que busc~ en l~s rostros m·1rmorcos
la ~xpresión doliente de la Niobe y no la expresión tnunfal del A polo .......
&lt;lel arte, ques&lt;&gt;refugia, enfin, en los panteones y que labra la suprema ofrenda para el recuerdo .....
y cómo si de esto hablamos, no hacer especial refcrmcia, dl'l primer
panteón a~·tístico qu&lt;' 1'xiste :-in duda sobr~ el haz de la ~i&lt;'rra? D&lt;&gt;I P,l1~kón
de GénoYa, la linda ciudad ática que se_mira en agLrns s1em1n·e azulPs? Cómo no hablar de es&lt;&gt; conjunto de marav1llas en que se muesn·a todo el prodigio de la ei,tatuaria en las formas más cautivadoras?
Los faraones para &lt;&gt;t(•rnizar su memoria constr_uyeron ~i~n'.1tc·scos vértices de piedra que 1wrforan des~e bace cuarenta siglos el rnf1mto ..... !-'os
italianos: ese pueblo artbta, som·1&lt;&gt;nte, enamorado de&gt; la curn1. J~o_co cmchtdoso del hit'ratismo &lt;'11 la cxpr&lt;'sión, buscó en el mannol bh111qu1,mno «carne de los dioses» y «mansión de los inmortal0s», 1:1 repres1•ntación de su
recuerdo y el emblema de su cariüo á los desaparecidos.
y surgió poco á poco ese prodigio. mm·moreo que se llama el panteón
de Génova.
Fué formándos&lt;' rsc artístico criadero de estatuas qur embargan la admii-ación, esa galerfafúnebre de grupos escultóricos, algunos de lo::; cuales,

tomados de fotografías que se sirvió proporcionarnos el distinguido artista
sefior Valleto, reproducimos en dos páginas de nues~ro semanario.
Quien penetra l'll panteón de Génova, la ciudad patricia, la gran Metrópoli de la antigua República conquistadora, se siente desde luégo nnbelosado por la fisonomía augusta, á la vez que somientr, que muestra el seYero recinto. Y cuando empieza á recorrer con la mirada ávida del ritmo de
la linea, los diversos grupos, pierde toda noción de tim1po y de lugar para
vivir en el lejano y misterioso país del arte. Levántase aquí, sobre sencillo
mausoleo la representación más cándida y más gentil de un alma que se va
al ciclo. Sus manos i::e elevan inmaculadas y e11 su rostro se lee la espectatíva inefable del próximo paraíso.
Ahí, una viuda eleva en sus brazos á un pequeñuelo huerfanito para.
que bese el medallón del padre muerto.
Allá, un ascet&lt;t idealizado por la maceración f el amor divino, medita.
Acullá una dívina mujer desolada, se apoya silenciosa sobre una tumba.
Y por donde quiera el dolor, por donde quiern el recuerdo hecho marmol, la hermosura doliente mas ancbatadora aún que cuando rie; ángeles
en cuyas alas se sient&lt;' ca&lt;ii la palpitación del vuelo raudo, huérfanos que
se arrodillan ante la urna donde torna al polvo el que fué protección y fuet·za, la que fué abrigo y ternura.
Es una inundación de arte augusto, sí vale la palabra, la que invade
el espíritu.
Es un himno fúnebre, pero sereno, infinitamente sereno, el que llega
por medios misteriosos al oído del espíritu.
(Sigue en la página 318.)

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Domingo 7 rle ~oviemhr&lt;&gt; rl&lt;&gt; 1897.

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EL MUNDO.

l'omingo 7 de Noviembre de 1897.

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MAPA DEL CRIAI ERO DE YUKCN.

EL ORO BAJO EL CIRCULO POLAR.
LA PISTA Á TRAVÉS DEL VALLE DE DYEA.

1

El nombre de Eldorado evocaba en otro tiempo infaliblemente la imág·e11 de un 1iais tn pical en que el
oro flameaba al sol. El &lt;l&lt;•i;cubrimie11to &lt;le los importantes yacimientoR audfrros dt&gt; Sillería, ahora ngularmcnte explotadoH, ha &lt;lado el pr mer golpe á etita.
levcnda v á e~ta ilusión. Y he aqni que t,n Yerdadc•
ro Eldorado de hielo arnhn. de s&lt;•r d!'seubim to por los
gambusinos del oro, bajo el cin:u o polarártil:o. Cuando el a&lt;'reonauta André1.1 nwh·a dl•I l olo :t'-.orte se le
preguntará sinó ha encontrado pepitas.
La región hacia la cual se dirijen cksdH el aiío último los aventurero~ dd nUlWO mundo, mineros de profesión ó vencidos e11 todas las ea.rreras y en todo~ los
oficios, es ta de Alaska, regada por el río Yukou (ó río
de tos Renos) mas grnnde que el Danubio, dos veces
grande como el Rhin, de un caudal superior al del
Mississipi y cuyo curso mide 3,500 Kilometros. Politicamente, el canal del Ynkin está dividido t&gt;ntre el territorio de Alaska, cedido en 11:169 á los Estados Uuidos
por el gobierno ruso, .''. la Co\ombiá británi_ca, parte
inteo-rante del Canada: la lmea co1wenc1011al del
141 grados de longitud oeste, sirve de frontera comun.
Es precisamente sobn• esta linea fronteriza donde estan situados los placeres, sin que se hay a determinado
aun exactamente si pertenecen á los Estados Unidos
ó al Canadá: esperando una delimitación precisa, el
gobierno del Canadá, con una prontitud del todo inglesa, no _ha vacilado eu tomar posesión de los Distritos mas neos.
La pesca y las pieles parecían constituir las solas riquezas de Alaska. Raros mineros se habían mezclado
á los cazadores que reconen sus solf\dadas heladas;
hablan descubierto el oro, pero no habían explotado
su descubrimiento, del eual, por lo demás, 110 suponían
la importancia.
En 1892 ae contaban como 250 diseminados por las
riberas de los afluente,;, de la derecha ó de la izquierda del Yukon.
Fné solamente en 1896 cuando Jorge Mac Cormack
v Roberto Henclcrson, habiendo visitado juntos los pequeños tributarios del río Klondike encontraron oro
en porciones inesperadas. Los mineros ele los valles
vecinos sorpecliaron de lo que se trataba v afluyeron
á los bordes del nuevo Partolo. Ya un iuteniero canadensc, M. \Yill;~m O~ilere, había repartido los terre-

de ahí, rn lanc·has ó sobre el hielo se c!irigrn á la err.bocadura del Yukon, para subirla haF-ta Circle-City, el
antig·uo centro minero de AlaF-ka. Cuando ll&lt;•g·a la &lt;'l"tación favorable al trabajo ele los plar&lt;•res egtá casi
termina.da, y eR preciso invt&gt;rnar enJos lug·ar&lt;•s mismos
para es1wrar, en la inaceiún, la priman•ra R:g-uiente.
l\fás corto &lt;•s el camino por tiena, pero entm1cPs resulta que f\e emprende 1,na verdacl1•ra peregrinación
polar. Se degembarca ('n Ju¡wan de donde se dirig•pn
á Dvea, al pie ele las montaña$ que se ckhe franquear para p&lt;•netrar en el depós:to del Yukon. El paso ChiU,oot Ps el más ordinariamente utilizado. Su pur.ta culmiuante está á l,::(,'O metros sobre el nivel del

~

LA CIMA DEL PASO CHILKOOT.

nos auríferos en a clains, para la propiedad de loscualcs eran aplicauas las 1eylaS canaúeuses. ): lJ~wsonUity fué .tuudada á la embocadura del Klond1ke por
M, Joe Ladue, uno de los rnás avisados g·ambusinos
de Alaska.
A fmes del estío de lb'96, cierto número de mineros
volvió á los Estados Unidos, llevando cada uno una
fortuna &lt;ranada. á golpes de a,,.adón. Los periódicos se
llenaron°de detalles, propios para encencter las avideces, y la fiebre del 01y Cbtalló en toda la América. .
Sin embai·~·o, al mismo tiempo que alababan la n-

queza de los campos de oro de Klondike, periúditos ~revistas, abundaban en informe¡; iuquietantls sob1 e J¡,,
dificu1tadéi¡ ele! viaje, el rigor del tnma, lasfati~a8 qu&lt;·
hahia que sufrir, la,; privaciones que soportar. l'0r n&lt;:·
gTo que fuese este cuadro, lo era menos que la realidad. Los que partieron, al ·principio de ese afio, in~uficientemente preparados Y. provistos, experimt•11tanm
duramente en cabeza propia.
l\a hay más que dos caminos para alcanzar el Klondike. Los que quieren seguir el primero ganan &lt;in hLques, el puerto de San l\iiguel eu el mar de Bd1ri11~;
t;N PASO DlfÍ(;. L.

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mar~· el asrenso ~· PI d&lt;•sc·C'nso son izualmentP peligro·
sos. Los imlioK hacen ofieio de bPst1as al mismo tiempo que de g•uias, porque los bag·ajes de los minero~
son 1·011siderahles; cada uno debe llevar comigo, :i_ través cl&lt;&gt;l deRierto de hielo y de nieve, lo que nccesila para oeho m&lt;•Res euando 111&lt;:nos.
Fra11qucado t&gt;l paso, del otro lado del desfile, corni&lt;'n7a, una rcg-ión de lag·os unidos por J)equeñas cm-rie11t, ~
de agua. Eutonc&lt;&gt;s Re provee uno ele canoas; y como hL
nav&lt;•g·ación se int&lt;,rrnmpc, las canoas no son duran! ·
la mitad del viaje más que nuevos motivos de embar: ·
zo. Las larg-as caravmi::1s de mineros sig-i:en la pis! t
de los &lt;·azactoreR de pieles, Pn el fo11do de los , canyorn •
profundos, ])pnos de nieve durante el invierno, dcHpu("
dura11te el deshielo, llt&gt;nos de un lodo espeso, acn·cid •
sin resar por las lluvias diluvianas, y donde se atasea11
loR canornatoi:: ele mano.
Ha~· tantas provinciones ab:mdonadasálolargodela
ruta del Klon dike, que r('cientemente han pa1 tido
aventureros deRprovistos ele todo, contando con proveen-e en el c::amino.
La distancia ele Dyea á Dawson-City es de 575 milla¡,,
(9;:.5 kiloua'tros), y casi no se emplean meno~. de. ríen
dias ei1 reconerla. Para abreviar y facilitar &lt;'SP
larg·o y duro trayet to, se b11sca actualínente en los l'.:stado;; l;ni&lt;los to&lt;los loR medios practicables. Un inge,
niero audaz U:imado Leo ~tevens, acaba de hater
c.9nstruir 1m globo para transportar los viajeros de
Silko-P:itt á las riberas del Klonclike.
Ha encontrado comandita1;ios y no es dudoso que
en&lt;'ontrará pa11ajero~; se prop_one transportar de ·ol'ho
á diez pergonas c011 tres ó cuatro toneladas de la!-tre,
para ascrnder. La distancia que debe franquearse es
de 187 millas v M SteYens cuenta con efectuar el travecto con bri'sa favorable, en menos de si&lt;,te horas.
La soticdad de transporte aero que ha fundado lleva
el nombre de The Jacobs Tran.-portaticn Com¡/((ny.
Es la primera empresa i11iciada con ocasión de los descuhrimientos auríferos ele la Alaska v de la Colombi:t
britanica v no trata, que sepamos, de colocar sus accionC's en los mereados del viejo mundo. Cuant,,s otros
seguirán, menos di~cretm;, cmmdo en la r&lt;&gt;gión del
Yukon, los gambusinos hayan abierto la via a los &lt;•11.ploradores!
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Lu!o ~UNEROS HACJE:0-DO ALTO EN LA CIMA DEL PASO DE CH!LKOO'l',

A LA ENTRADA DEL PAf.0 CRILKOOT.

�EL MUNDO.

318

&lt;! amposanto

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

ae Génoua.-Principales mausoleos.

Domingo 7 de N'o,-iemhr&lt;.&gt; &lt;le&gt; 1897. ' ·
[Fotograflas de Valleto.J

Nuestras Artistas
ELENA LICEAGA Y JAUREGUI.

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(Sigu,e de la página 315.)

En los zócalos de las estátuas se leen todos los nombras de los ar~is~as
ilustres de la moderna Italia: el que sabe dar á los grandes m in tos de luto el b1·illo de la seda y á los grandes almohadones en que ro posan las mirlnoreas cabezas de algunas estátuas yacentes, la blandura de la plum:1; el
que sorprende las ex.presiones de la angustia resignada en los roscros de
las vírg-enes y de las viudas; el que da la suprema fisonomia de la inocencia á los infantes que inc:mscientes somieu al pie del mausoleo de los que

los amaron y que recuerdan las sublimes palabras de Jesús, impregnadas
de infinitas ternuras: Scinite parvülus venire adme; los que dejan que se
adivine á través del ropaje de la Niobe desolada la curva excelsa, la curva
sacra, la curva que canta el himno del placer, ahí mismo ...... Ahí donde
impera la muerte ....
Y es un deslumbramiento de obras maestras aquel, y cuando el viajero
deJa las lindes del cementerio único, exclama acaso, conmovido:
\
Bendita sea la muerte que s1be inspirar estas maravillas!

ij

.

319

EL MUNDO,

Una flor más en &lt;'Sta .~r,1·1·,, embeleF-adora que nos proponemos
mostrar al dilcttanti,,mo mexicano. Una flor más, arbtócrata
como las orquideas y lwl la como &lt;'l crisaut&lt;'mo.
Enamornda del arte cuando n¡wnas clcstrllaba en su vicla rl
sonrojo de las albas juvPnfü,s, lo culliYa &lt;lesdP &lt;•ntonces en una
lk sus fonnas mús lwllas: la pintura al óko. Para t's&lt;' génrro
tiene su pinc0l mágicos atrpvirnicntos y encantadora¡, virilidades; es un ddieioso gnomo quC' salta sobrr el li&lt;'nzo, r&lt;'gando en
él todas las g,•mas del color.
Lo qui:' (11:'sde Juego se ad dcrt1' al pcnetrnr &lt;'11 su estudio:
mi coquctbimo atr,lfr1· dispul'sto &lt;•n la t&lt;•n1\za d&lt;' su morada, &lt;•s
l¡l predileceión dr la li11cl11 pintora por las 1wvadas ~· los crf'púsculos..... ;'\'cn1clas qu&lt;' cantan la Si11f'n11ía e11 úla11co mayor
de Gautier: que ya arropan In cumbre de un montP h•jano, ya
sf' ti&lt;•nd&lt;•n sobre una Yega como desJumlm:mtP jniqm·, ya inYadrn las tortuosas calles de una al&lt;ldm&lt;·la ült&gt;al. ....
Crepúsculos retador1,::;. 1•11 que• gritnn todo,- los tonos vigorü,-os de las tardt•s agqliizantN; dd trópico: amarillos qu&lt;• (•:;tallan. rojos qur fJorcce:n ig11íYomos. Jilns qu&lt;' parccrn nnimarse
d&lt;' toda:; las almas de todas las violrtas .....
Crepúsculos y nentdas .. . .. ¿110 sim boJiznn acaso esa:; dos
predilecciones los excdso::; anhelos de una alma nilla y ya dulcenwnte soñadora?
·
Crepúsculos ~· nevadas: Lo que agoniza y lo que allwa!
Dos majestades: la august,1 d&lt;'I i:-ol que se lrnnck como un monarc,\ as~Tio qn&lt;' se mu&lt;'rf•, r la inocente, In 11ítida, la pura de
una nieve que cubre con su plumón las secas ramas y las mustias Yc-gas .....

Mientras tanto, allá Yan .... Fw1esto velo
Ilá formado en su torno la neblina,
Y en trance tal Jos abandona el ciclo
Porque ven con profundo desconsuelo
Que hasta la mi,mia brújula declina.
Y ¡;in embargo, á eontinuar el viaje
Todos se alistau mientras tengan velas,
Y aunque Pl mar cncrt'spado los ultraje,
Prosigu0n nav&lt;'gaudo con coraje
Y ali;\. nm ::;anto Dios, las carabrh1s! ....

II.
V,•dlos, v;1cilnn y11; surg&lt;' &lt;·n su mente
DPl santo anhclú d&lt;' guardar la vida
El. impuI,;o instintiYO é incon:;ciente,
Y al cleciclirs1• la mort,11 pc\l·ti&lt;la
.Aquellos füt,·&lt;'gantes qn&lt;· otra;; yeces
Asomhrnron al mnndo con ,-u:; hechos,
A Dios dil·igPn sus frn·i&lt;'nt&lt;'" prect•::;
Porque retin• t&gt;I miedo el&lt;- sn,; jJ('Chos.
Yc•dlos cual Re amotinan, cómo &lt;'scuchan,
T,,mbJal\(lo. el grito &lt;I&lt;' los hondos mares,
Y cómó todos luchan
Por voh·c•r otra vez á ,m::; hogi\l'&lt;'S,
¿Por quc·-Rr clicC'n con pan)r creciente,
Por qné dimos oídos
A esP pobre dt•mPnt&lt;'
Que e11 esta,; aguas nos dt&gt;jú perdidos?
Ob! ,-ale mils retroc&lt;'dt·r la,; proras
Y si es n•rch1d que nos perdona el ciclo
Aun podr&lt;'mos pisar las salvadorns
Rifüc'fins plnra::; del natiYo sm•lo!

. La Srita. Lic&lt;'aga, acomp;11lnndo [1 :;u padre, el di::;tinguido
facultativo Don Eduardo, que, con motivo d&lt;' . los diver;;os congresos médicos á qu&lt;' h,t sido conYocaclo, viaja frecu&lt;'nt&lt;'rncnte,
l1a r&lt;'corrido las principal&lt;'s ciudades europeils y norté,rn1ericanas visitado los museos Y nutridos&lt;· d&lt;' la varia Y h&lt;'l'mosa enS&lt;'ñ;rnza de las buenas &lt;'Scuelas..... Después, ;;idmpr&lt;' mi'ts rica
de in::;pirnción, ha torn11do á su &lt;•studio, ít d&lt;·dicar sus ocios á la
pintura y á la nnbica, en la cual también d&lt;•::;ctwlla, dejando
que inYadan su alma la pl&lt;'nitud del color ~· la pJt,nitud del ritmo.
De allá, lejos, ha traído nueYos toqu&lt;&gt;s, poéticos y vigorosos
[1 la yez, para sus cuadros: nuevas llmnaradas y oros para sus
poni&lt;'ntes; nuevas tonalidades t&lt;'nues para sus neq1das ... ,
·
Nevadas y crepúsculos..... Así tcUnbién e:; ella: sus ojos
nPgros y aterciopelados tienen la pompa de los occidentes y en
su alma se acurrucan todas la:; blanem·as..... .

Gt &lt;! rístóbal &lt;Tolón.
l.
¡Allá van! .... hac&lt;' til'mpo que las velas
Se hincharon al soplar vi&lt;'ntos de popa,
Y d~jaron aquellas carahrlas
Atri1s las playas de la vi&lt;'j,t Europa.
Lejos, lejos quedaron las orillas
Risueñas si&lt;'mpr&lt;' de !ns patrios lares,
Y, mientras. tanto, sin c&lt;•sar la quillas
Rompiendo van los procrlosos marrs.
Miradlos, aJl:.í vi111! .... y,1 el Rol naciente
Disipó muchas Y&lt;'C&lt;'s t1mtns hrurnas,
Y de nuevo al ponerse &lt;'11 Occidente
Hundió &lt;'11 C'I mar su t•m·oj&lt;•cicla frrnte
E incendió solo .sábanas d&lt;' espumas!
De blancas nulws cual. np,•aclos montes
Vrn los marinos h1 siltwta inci&lt;•rta
Y al traspon('r aquc-llo::; horizont(•s
Hallan la misma inml:'nsidad desierta;
La misma solNlad ahrumadon1
El e::;pncio infinito
Donde se alza la honda hrnrnadorn,
Y en donde rsparce C'l huracr111 Bn grito.
Y al continuar la prora
Surcando rl agu11 quP volubl&lt;' ondula,
Solo &lt;'ncuentrnn la:; nav&lt;'s atrc•vidas
Ese piélago inmenso qul' sr azula
Cuando á trniciú1i sorprenderft la:; ,·idas.
¡AJlil Yan! .... &lt;'n l'I límit(' blanquean
Donde se mwn Jos cit'lo,; y los mares,
(:un! náufrag¿u; g,n-iota,- que alctPan! ....
Allft Y,\Jl d&lt;'s11fiando las azare:;
De e:;a &lt;'mrn·e::;a inaudita
Que &lt;'11 el d\'lirio y la &lt;ll·nwncia toca,
En que cada marino necesita,
Parn afrontar las iras que provoca
Y al&lt;•ntarse en su f'é dura y rehaci,1,
Tenrr de una alma desquiciada y loca.
Ln. misma ciega audacia.

III

l'(•ro, quien &lt;'S &lt;'se hombre qu&lt;' aparece
Con noble maj&lt;'stad de soberano,
De vibrador acen:o q ne extrc-mc•ce,
De faz augusta y &lt;l&lt;' cab&lt;'JIO cano?
¿Quien es es\' quc- ll&lt;·Ya fll la mirada
El fulgor de las raudas t(•m1,c•::;tadc,;
Y L'n la frt&gt;nte Pspuciosn cond&lt;'nsada
Toda Ufül imn~nsidcHl dl· claridades?
¿Quien t•::;? .... )linHllo, su ncl&lt;•rnau sereno
l~l dt•scoiicierto ele· lit turha acalla,
E hiniendo en ira que brotú del seno
Dt&gt; la tormenta que en su p&lt;'cho estalJa,
Así les dice con su voz de trueno:
¿Con que al fin me dPjaisr ¿Con que á Ja postre
Os sentís con las ansia:; del cobarde
Y no har ninguno qur el pf'ligro arrostre
Después de tanto fanfarron alal'de?
¿Qué buscan? A creer en las promesas
¿Con qué es verchld qu&lt;' se at&lt;'rró el marino
De un insensato de palabra ardiente,
Que su prez extendió por ancha zona,
·
V nn en pos de fantásticas riquezas
Y en el-término mismo del camino
De una tierra que estú vor Occidente;
..,,.,
Pitlido ,- tt•mhloroso lll&lt;' abandona?
Ván siguiendo las rutas virginales
¿Qué s&lt;: hicieron las huestes que á las luces
De una lwrmosa región que es un tesoro,
De remotos espacios extendieron
Que arruJJada por cantos inmortaks
Sus castillos, sus leones y sus cruces? ..... .
'Cn oceano de perlas y corales
Decidme, ¿qu&lt;' se hicieron?
La tiene presa entre sus ondas de oro.
Sé que poco uos rPsta
Yan á abi·ir en d libro de la historia
Para concluir mwstra g-Joriosa hazaña,
Un poema grandioso de enffgía,
Pero si tantas h\g rimas os Cll&lt;.'Sta
A arrnncar unos cúuticos de gloria
Seguir luchando contra la onda enhiesta,
Dt&lt;l seno mismo de la mar hraYfa,
Pockis YolYer á nwstra YÍ&lt;'ja Espafia.
Y adormecidos por el du.lcP arrullo
"¡Idos! ...... DPjndrnc con mi suefio á solas,
Que esa, esperanza irrealizable encierra,
Pu&lt;'s t&lt;'ngo fe para ('Scalar sus cimas,
Dicen, h&lt;'nchiclo::; ele pPdantc orgullo,
Dejad en tanto qu&lt;' Jns roncas olas
Que van también á redondear la tierra!
1\!ientras tanto. allá vm1 .... Ya el sol naciente Vayan y cuent&lt;'n &lt;'n !'&lt;'motos climas
Que temblaron ti·c•s nnY&lt;•:; esp,1fiolas!
Disipó con sus luc&lt;'S nuevns hruma::;.
To á seguir navPgando m&lt;' d&lt;'cido,
Y otra YPZ al vmwrs&lt;' en Occidente
Puestos mis ojos c•n d Dios Suyremo,
Hundió en el mar :;u rnrojccid,\ frente
Yo seguiré aclrlante, y sólo os pido
E inc&lt;'ndió siempre sú banas de espumas! ....
Una tnbla y un remo."
Y al seguir confiados en su sino
''¡ Dcjad1;1e! .... 'rc11go mi Pxistencia el\ poco,
Los df&gt;rroteros de su marcha inci&lt;'rta,
Y ya que el ci.Plo im.fanw lll&lt;' niPga,
Siempre&gt; yuelYen ú hallar en su camino,
Será la tumba el&lt;' Colón ('] loco,
La rni,;ma vasta inmen;;idad desierta,
Este' Jfü\r insondable 1•11 qn&lt;' navega;
El mismo azul y atc•rn1do1; paüsajc,
El será quic&gt;n n'coja mi-; dolores
Los mismos dilatados horizontes ·
Porqu&lt;' mi:; quejas l1li:l o~-ó &lt;;I primero,
Y allí al fin~1l dd viaje,
Y él dirá ií las edadPf- po~teriol'es,
Las mismas nubes que s&lt;'m&lt;'jan montes.
Cada VPZ qu&lt;' os maldiga &lt;'11 sus clamores,
¡Oh Dios! si sigul·n tan solwrbia empresa,
Que cl, jástPis morir [t un compafü'ro!"
Si la Y1'llCl'll por fin sin que te asombres,
Dijo, y en P;;e majestuo,-o instante ·
Lkvm·ún l'n sus alnrns tu grandeza
Que en su locura á p&lt;·rt•cc·r se aferrra,
Y 110 serán como los otros hombres!
Se alzó una voz vibranw
Llevarán algo grnnd&lt;' y mHje:;;tuoso
Qu&lt;' n•cmTió glorios,t r rc-sonante
que en mis esfrofas dC'scribir 110 puedo,
Aqu&lt;'llos vastos borizont&lt;'s: ¡¡TIERRA!! ..... .
I'orque todo mortal, Dios poderoso,
Lleva en la carne Pl miedo!
RODULFO FIGUEROA,
¿,Qué ser[~ de &lt;'so:; uautas si resuena
Octubre de ~,.
Atronadora la tormenta grave,
Si el huracán destrenza su melena
Y hace trizas la nave? ..•...
0

�EL MUNDO.

320

Domingo 7 de Noviembre de 1E97.

Domingo 7 de Noviembre de. 1897.

EL :MUNDO. ·

321

Se habla deslizado
hasta el suelo y apo)' aba su frente abra•
zadora contra la mano de Jaeques. Dulce.mente estelalrvantó v la hizo sentar á.
&gt;IU °l;1do.
«¿Como t(•n¡:ro C'I valor de deciros todo e"to? suspiró ella. El
otro día ('rais '"º" ur1
extnmjero u u poco
inti111idru1t&lt;•; o~ vi tres
veces. durante alg·uno, n11n11to,;, pero he
Yiddo e011
en la
iuti111idad de mi alma
y me parece que o.
he co11ocido Hiemprr ......... •
S&lt;&gt; apr(•taua c-c;ntra
él Ja&lt;:qm•s n'"piraha
sus perfúnH'K rozaba
sus cabellos, bebía ,u
alie11to.
Sentia con precisión que su &lt;l~8tit10
estaba entre las 111anos dr aquella niña. Podía abandonarla, podía co1-r&lt;•.r
e11 pos d(' otros amores, construirse un hogar......... .
Qué importaba? Siempre d rc•cm•rdode la ]lfqueña rebelde vpndria á colocar~e entre él v las amadas del
porvenir. El coraz&lt;Ín tiene prcsentirni(•ntos, Jacques no
re;.i,tió.
«Roxana, dijo, no sc•n1i$ rni sierva-se detuvo un instantP- sc•r(•is mi mujer.
Al oir rstas palabras, prodújose en ella una explosión. Todas sus lecturas. todos sus sueños. ge1me11es
latentes, R1irg·ieron ce mo una súbita floración.
Comprendió quP ama ha á Jacqu('S de YalgreYe. ccmprc•11clió quP el harem le parecia más temihlC' porque la
~eparaba ele él. Su rorazón palpitaba con ¡:rolpes tan
violentos que le pa1·ecia demasiado e,trecho para la
in-updón nue,·a. Su mujer! Ella perrnanc•cía con las
manos cruzadas sobre el pechó, respirando con pE&gt;na,
no osando va aproximarse. no oi;anao ,·a ha11lar. Los
sollozos ~e \,ofocabau en RU garganta, se ~en tia morir.
YalgreYe inquieto, la miró.
«Lloráis, elijo, os he causado })rna?•
Eiitonces, co:q una e~pecie de violencia, Re arrojó en
sus brazos y se ocultó en el seno del joven. El tomó con
sus dos mai10s el rostro cubierto de• ];\/!;rimas, miró los
ojos sombrl~s, y religiosameute besó'los párpa&lt;los, que
se extremec1eron.
Subia una gran calma. La canción del Bósforo, lle•
gaba, d"ebilitada. Allá lejoR, semejantes á fuegofi fa.
tuos los caiqu,s SE' dE'~lizaban sobre el Cwrrio &lt;Je oro.
Los domos ele las mezquitas se perfilaban, blancos, en
la peuumbra; las acacias difundian sus aromas; E'I alma
de aquella noche ele primavera ,;e evaporaba en perfumes y E'n languidete~ hacia las tranquilas constelaciones .....

"º~

EL LAZO DE ORO
Jacobo de Valgreve tendió al sub-jefe la carta que
acababa de llevar el ugfor.
Mohamed Offandi, conocéis vos á ést&lt;&gt;?
-Sí, es uno de los personajes de Constantinopla.
El sub-jefe añadió:
«Viene ¡;on frecuencia á la embajada y le acordamos
todo lo que pide•
•
Pues bien, dijo Yalgreve volviéndose hacia el ug·ier,
hacedlo entrar.
Offandi Pachá era un hombrecillo de buen color, bi&lt;&gt;n
acondicionado, ele ojoR dulc&lt;'s y labios imperiosos. Ha•
bía ido frecuent!'ment!' á ParíR v conservaba de ahí un
recuerdo agradable.. De pronto la conversación Yersó
acerca de un asun to conmn.
Lleg·~is de París? dijo él á Jacques de ValgreYe; hermosa cmdacl, y en cuanto......
·
Despues, buscando un poco las palabras se puso á
diserta!' sobre los monumentos, las pi(•zas de teatro, las
modas. Yenianle algunos nombres á los labios.
•Conocéis al doctor Bouradelle? Es un hombre en·
cantador. Y loR Coquelín? ......... Honnat, sig·ue pintando? ......... ¿Qué hermosos retratos! Y la señora 1IichelR,
la americana, se divorcia ó nó?•
Valgreve ckjó correr e~ta oleada dP prE' 0 ·trntas; rrsponclió con una indiferencia política Y prE'g·~ntó en qué
podía ser útil.
·
·
Entonces el turco abordó la cuestión de negocio~:
puso en manos de Valgr&lt;•vc una pequeña nota mam1sc-rita y le dió multitud dP explicaciones. Concluyó con
la esperanza de que el joven aceptaría un almuerzo en
su casa.
«No os sentireis fuera de vueRh'o centro, añadió; mis
dos hijitas hablan francés y están al corriente de vue,;•
tras costumbres ......&gt;
El diplomático se inclinó y acompañó á Offaudi hasta la puerta.
Algunos días después Jacqu('R dr Yalgrcye recibió la
invitación anunciada:,.· se clirijió á cai;a ele Mohamm&lt;&gt;cl
Offandi, cle&gt;1e0Ro ele ver un interior musulmán. Jamás
había franquraclo el dintel clr una ele e~as caRas enrejadas: algunas veces. detrá~ deJos banotrs, algunos
ojos soñacloreR y ne~!,T0S le habían Re¡¡;uido por la calle,
más la casa inaccesible había guardado el misterio y
el Ri!cncio.
Valgrcve fué introducirlo á un salón elegante. Los
oroR, las lacas, los. verdes t!P ja~pe, c-antaban una gama deslumbradora; una piel el&lt;' tigre sP Pxtenclia sobre los mosaicos del sucio. En la,; YCntanas, cortinajes
de seda tamizaban el dia. En un irng·ulo una fueu•
te murmuraba dulcemente; el(, una cabeza de quimera
corria un hilito de agua que caia sobre una taza de
marmol y la taza estaba llena de pétalos.
Offandi Pachá no tardó en u11irse it su huéRped, co11versaron un rato y después un portier levantado dejó
aparecerá dos jovencitas teniéndose ele la ma110. La
mayor de las señoritas Offandi podria tener catorce ó
t1ince años. En su fino rostro abrían se dos ojos extraq,

iios, dos ojos tristes, limpidos, acariciadores, obscuro&gt;\,
sembrados de puntos ele oro. Los párpados Re abatían
frecuentemente, como entorpecidos por las cejas. Roxa•
na no era ya una niña; todas las g-racia,; ele la mujer
despertaban ya en aquel cuerpo prrcoz desarrollado
al sol de Oriente. que recipita1aH floraciones; llevaba
un traje de sarga azn marino; ('] corpiño ele bordes
volteados, se abría sobre una camiseta blanca,. dejaba
adivinar la redondez turbadora del busto, el tállP v las
cade.ras gráciles. Una flor de granado encima de la camiseta, parecía reflejar E'l carmín de los labios,. animaba con t¡.n tono tibio la barba y las mejillas. ·
La pequeña AYcha con sus pupilas brillantes, su ale gre sonrisa, sus dientes siemprt&gt; al aire, formaba un encantador contraste con su hermana.
Esta preguntó:
«Hace mucho tiempo, sefior, que habei:; llegado á
Constantinopla?»
El timbre era profundo, el acento de un exotismo ligero, lar muy sonora.
Vino en sE&gt;g-nida Mademoi$elle Rabley, la institutriz
francesa, y pasaron al comedor.
Offancli Pachá estaba orgulloso de la educación bria
lla11tc que daba á sus hijas, y se sintió mu.,· halag·ado
cuando oyó á Roxana y Valgreve platicar de los últi·
mos acontecimientos parisienses.
«Ya Yeis, mi querido señor, 110 somos tan salvajes co·
mo se tiene á bi&lt;'n decirlo. Mi~ hijaH hablan el inglés
como el francés: me c-ensuran un poco porq1temc salo·o
ele la rutina local. Pero es preciso que sea uno de ~u
sigfo .. ...... Además, el ef;tudio las diRtrarrá, ellas se
sienten feliees de conocer la música. el dibujo, por que•,
vos lo sabéis, las mujeres turca~ lli&gt;vai1 una vida un
poco ......... monótona. Roxana se aprOYPcha dP la libE'r.tad que le resta; dentro ele poco tomará el Yelo v será.
confinada al harem......... •
"
Valgreve cesó de escuchar, haliia mirado á Roxana,
cuyo rostro se• había alterado. Los p&lt;&gt;;;adm, párpado,;
cayeron é invadió la palidez ~n rostro. En la mirada que
la musulmana le arrojó, JacqueHvió pasar la relwlión
de las mujerPs de oriente, fatigadas vabatidas del vu•
go: .No fu.é empero nuis qu.e un r&lt;;líunp!lgo. Rox:ma
baJo los OJOS, los h&lt;&gt;rmosos OJOS sumisos que había turbado u11 relámpago de rebelión. Ya no comía, volvic•ndo maquinalmente el círculo ele oro 4ne rodeaba.su puño. A caso veía en ese lazo un símbolo.
Concluida la comida, entraron á una espE'ciP dt&gt; veranda donde llameaba todo un jueg·o ele casoleta8 de
cobre. Roxana pr&lt;'paró el café. E&gt;&lt;taba ele pie, e8prrando que el liquido n&lt;&gt;gro se vi&lt;'R&lt;' en una súbit:1 v ruidosa ebullición. La p(~{¡uc-ña AYcha srguia &lt;&gt;se · manejo
con risas y gritos de pájaro.
Offa11di se dirig'ió al jov_c-n:
«Amáis vos las orquideas? ío te11go una hermosa eo•
lecció11. Os la mostraremos Juego.•
El musulmán saboreó lenfament(• su café. Hablaba
menos, invadido por un dulce entorpecimiento; sus ojos
se envolvían más vagos; bien pronto se cerraron y nn
soplo rítmico pasó entre sus labios.
Roxana miTó al extranjero.

f

• Vos excusareis á mi p'ldre, seüor. todo, lo dias clue
me la i;iesta, pero no g·usta de que lo aclv· erta nadie. ►
Somió v añadió:
«¿Quereis ver la flon•s?•
Val13Tcve ~e levantó: nn paseo con Roxaha entre lal&gt;orq1úCLeas 110 podia &lt;lisguHt:trlc por cierto.
AtraveHaron el salón.
Sobre una mei;ita e,-taba ahi&lt;'rtoun libro. Jacques les.
vó el titulo: .l&gt;Llia de 1.',frreur.
" Roxana elijo:
«E!! Mademoisclle Ra bit&gt;~· quien me ha dado ese libro.
Le g·uRta11 mucho laH novelas.
-¡Ah!. ..... y á vos también?
Roxana movió lig·erarnente lo,.; homhros:
«¿Qué ha~· de comun entre la:, mnjt&gt;res de vuestros.
libros v yo?
-Os' salís de la cuest1011• dijo Valgreve sonriendo.
Entonces ella, 0 -rave, designo u1 muro sin ventana,
contra fl .cual .subían plantaH escaladoras; &lt;&gt;ra el muro
del patw mtenor, donde "u madre comia confituras de
rosas, guardada por carce'.eros PllllU('O~.
«Señor de Valg-revr, dentro d&lt;&gt; !)0\"0 tiempo vo esta·
ré también enclau"t1'acla detrá~ &lt;le &lt;'se 1111u·o.To'do !oque
h:tc.e el encanto y la gTandeza de la vida. me será prol11b1clo. Despu(•R, cuando venga el momento de casarme, me entr&lt;&gt;garitn á un homhre para adornar ~u harem, como se enriquece un establo con un animal .ele
precio•
Y conmovida a11adió:
«Qué tengo pues que Yi:n- Yó con la~ no,·chs en que
voso!ros exa.l~ai,- el amor escog·ido, único y celoso?
-FJs cuest10n de costmnbrr,-..... .
:-No cli~·ais rso, decid 1.nás 1?ien .que es p(•lig-roso 1•n
,se1~ar la hlH\rtad a un páJ.liO a qmen se 1' ,t á poner &lt;'ll
la Jaula•
Val 0 -reve la miró.
. «EIÍ\1jaro s_e qu&lt;'jilrá el? q,~e luw;m ampliado su I orizontc•? Y la Jaula 110 sera 111,ts lw)la ~i á falta de libl'rtad ha_v más aire·" m·is luz?•
Ella. reflexionó un momento.
•E:s vndad ..... jamá,; :-:t' lanwnta lo poco que se sabe;
adE&gt;más para qué murmurar? La crisi,- es fatal vendrái
pero 110,;otras no pod(•mo:; avanzar la hora: la' emanl"i
pación de nuei\tras hijas HPni hecha de 11ue.,tros dolores y de nne,-tra pac-ienria. »
El le• arrojb una mirada dt• piedad que hizo ence11cforRe aquella,; mejilla~ mat(•. ·
Ella. ,;e vo 1vi? ~· dijo con rapidez:
•¿Que pe11smi; de 11\H'Rt1·as on¡uid&lt;'aR? Yo la~ encuentr~ más raras &lt;JlH' lindas. Tienen asp(•cto ele reinas capnchosas.
-Sí, dijo Yalg'rev&lt;\ par('C&lt;'n cl&lt;'"prrciar á las rosas
que valen l)lás que l'!la,; &lt;'! t rni opiniún. Yed , por rjemplo, ¿es po~1blc.".er algo ma~ bdlo que est¡i rosa pálida?
Roxana so11no.
«Hab&lt;•is a.cliyinado un.a compatriota; l'R una Francia
blanca. Yo adoro ese genero 1le rosas: tienen el airo
de sentir y de sufrir. No sediria RU palidez una palidez.
humana?•

Quizo cortarla, pero arrojó·un g-rito v rcti1ó su dedo,
de donde habia salido una g-ota bl'rnleja.
Yalg-re~'.e r?mJJió el tallo y presentó la flor íi la joYcn.
Esta le d1Jo sm1pl••me11te:
«Era para vos para el que la cortaba. Guardadla.•
El la colocó en su ojal. 1&lt;:1 aire c•staba saturado de
perfumes; una sutil humedad subía del suelo y de las
plantas; lo,- pequefio,- golpes de ag·ua hadan ruidos
de fuentel4; hasta perderse de vista se extc-ndia 1111 océano ele floreR; iumen~as palmas ondeaban v alg·unm, pá·
jaros voltejeaban bajo la¡. bóvedas tranHpan•1üc•,.
JacqueR de Yalg-r&lt;&gt;ve p&lt;'nsaba. E,-as plantaH :&lt;urg·idas
de los trópicos, estan hechas para abrigar la vida libre
v los amores plácidol&lt;, los be"os dados bajo la mirada
bo11clado,-a ele la naturaleza. l)p un salto su pensamiPnto huia al Occideutc, hacia los amores complicado:&lt;, hacia las sutiles Y sabias caricias ,: volvía en fin comno•
vido, casi tienio, hacia la niña que estaba ahl, de pie
en tre las flores, la n iña creada para toda;; las alE&gt;gría.s
v que no esperaba ning·mia.
" Estos pensamfontoR, formulados en (&gt;J, se eRbor.aban
en ella v loR dos se miraron mudos. •Hoxana levantó
su s pupilas de reflejos de oro, hacia Jacques de \'algreve.
«¿Volvemos?• dijo.
Sobre la terraza, Offandi Pachá, ron im mano abierta se abrigaba los ojos ~· su fez po11ia á la piedra blanca como una mancha de sangre.
«Roxana• dijo, ¿,enis de ver las flores? ¿Le has mostrado al señor las orquideas?
-Si. padre mio!
-Bueno, hija, ahora vete con .AYtha. El Sr. Valgreve
y vo tenemos que tratar algunos asuntos.
Ella tendió la mano al extranjero. El circulo ele oro,
e l circulo E&gt;mblemático, arrojó un chispazo. Ella fijó
por un iustante sus ojos en Jaeques. De&gt; nuevo vió él
en ellos el rniraje infi11ito ele loi&lt; paraísos perdidos.
«Adios• elijo ella y se fué.

***
De~de entonces Valgre,e 110 p&lt;&gt;nsó más que e11 ':Rox ana. Cada uno de sus gesto", cada u11a ele las pala•
bras de la niña, había11 dejado en él una huella. No podía definir bien aquello que le eautivaba. Era acaso
la forma adorable, el de!&lt;pertar turbador de la mujer
tan ignorante aún ó bien Roxana. había entrado en su
corazón por el sendero divino de la piedad?
Volvió á verla muchas veces y en su pálido rostro
leía siempre con más claridades E'l horror al pon-cnir.
Una noche se le acercó una mujer cubierta con un
velo, una vieja, que deslizó en su mano un billctE' ~• una
llave. El billete contenía estas simples palahras: Maña•
na por la 11oche en el jardín de mi padre. Entrad por
la puert'ecita de la calle Santa Sofia. Tengo necesidad
d e vo~.
.
Una emoción cle~conocida se habla apoderado de
Val~-reY('. Temhlaba manejando aquP11a pequefla llave, 1a llave de las próximas delicias, la llave cid Eden
siempre deseado, donde, surge la fuente de los puros
amores.
Contaba con impaci(•ncia las horas, dc-masiado lentas, que ll' separaban de la amada .
La noche vino empero; .Jacqu('S abrió la puertecita
de la calle Santa Sofia y la dPlitada silueta apareció.
"Os doy las gra(•ias ..... Tenia tanto miedo de diRgustarosf.No habeis Rentido la tentación de desg·arrar
mi biHete v clP tratarme como á una niña loca?
-No, diJo con fervor.
-Venid, vamoR al jardín.
-De nuevo se encuentran bajo las grandes palmas.
Una bruma de plata vela todo y la luz ne las estrellas
vacila. En los nido,: loo pájaros se duermen. Y Jacques
m trmm·a:
«1.Roxana que dc•~eaiR YOH el(' mi?•
Ella se vuelve h;wia t•I, súbitamente embelesada de
oir fiU nombre en los labio,1 d&lt;'l jovru.
c¡Ay! Yo no pm•clo oponerme á la suerte q.ue me
aguarda. Mi re,ignadón está cansada. ¿Vos so1~ acaso quien la hizo á huir ......_. .. ¡.Ah1 tomacl~e, defondeclm&lt;&gt;, salvadme!. ........ l\Je han, muy pequernta, no os molestar(&gt;, seré vuestra m,c-lava. Habeis ve11iclo y ya no
pil'nso más que en la dicha de serviros. ele serviros de
rodillas. No cligais que no: moriría ...... ¿,No es verdad
que no quereis•abandonar á la pobre Roxana?•

con él7 conversó largamente. Prometió na.da ocult:.r
á su h1Ja ele e,.;ta conversación pero el insistió para que

el joven partiei;e sin demoua. ' •
• Vol veréi,; pronto, mi querido se1'\or si es que te1wo
alguna bu&lt;&gt;na noticia que.a111mciaros.;
"'
. Ja.&lt;·quei; no obtuvo nada más. Erró al rededor del
Jarclm, rsc paraiso cuya Eva conmon•dora v fríio-il no
habia sido arrojada con él. Pasó laro'as horas en la calle de Santa S-o!ia, esperando Yer. laJJUE'rta oculta por
las ramas ahrll"He ante Roxana. Y viniéronle amarg'os remordimientos poi· no haberla escuchado, pol' 110
hab~r huido con ella.
Heso~1~ba en (-! conió uu eco la inútil plegaria de Ro:1-ana: « l omachne, ~alvadme! ..... •
_Yal~TPve partió ~a~·~ Roma ~· desputls de algunoH
cl1as cte. e,;pera, rec1lno una carta at·umpaiíada de un
bulto postal.
•
De,;g·arró el sobre:
«Seiíor,
«Esto_v (•ncarg·ada ele una miHión ,]olorosa.
Según las últimas voluntade~ d&lt;&gt; Roxana Offandi e,;
e11Yío u!~ª flor n~archita, la flor de g·ranado que oru;ba
su corpmo la p1 mwra YCZ que os viú. )!E' ha pc•dido qtw
una á &lt;'lla d circulo de oro c¡ue llevaba en su brazo.
Es: un objeto antiguo un precioso trabajo turco. Hoxa•
na le llamaba tiU auillo de esclavitud.
. , Cna11do c•Ua supo ciuc partíais, que la ahanclorníhai,;
8111 una palabra. sm una queja, ,;in uua alusión siqufrra á lo que le habiais prom&lt;&gt;ti&lt;lo, sc&gt; matú:
«La encontramos toda rode&gt;ada de rosaH ele Francia
l¡lancas, con lo,- ca bello,; desatados ck una extraordi~
naria belleza.
·
'
«La pequeiia Aicha tuvo Ull}\ terrihl&lt;' pc&gt;na. Cuando
R~ ha~·a co1~solado llll.PO~o-:-lo, niños ti!'nen laR imprP~rnnes 1110\'lles-Ja de¡are. S1c-nto que hl' lwcho un mal
a Hoxana: esto.,· desesperada. AYcha no sufrirá como Pila:
e~ un c-arádl'.1" di.stinto; pero yi~ no quü•ro tm1er más
sohrE' la couc1ene1a. Me v11elvo a París.
. Adios, sefüH-, pl'nsacl alguna V&lt;'z l'll la pobre nrnprtl'·
cita que os amaba y cuyo amor ha bi•i:- tratado tan li •
gcramente.
:\Ille. Habl&lt;•y,

.Jacque~ ele Yalg-re,:e lryó ? releyó l'sa tarta como ~i
R&lt;' le escnpase el !sentido. Dei&lt;pUéR la colocó delantP d1•
si sobre In mesa. Cogióse la frente y la oprimió entrn
las manos.
«Roxana, murmuraba, pequeña Hoxana .... » Y RU
C?n1zón se abismab_a en las: tres silabas del nombre qm•ndo. Era pues: posible esa cosa e~pantosa: Hoxana. ~u
Roxana, á la eual evocaba si!'mpr&lt;&gt; t•ntre la;; orquídea,-,
lai; palma~~· los nidoH, Roxana, sobre lo,- mal"izos de rosas, ha.bia murrto? Su sueño! .... ,JacqnP~ ,e lcvantú
púsose dE' codos en la ventana, el poni&lt;&gt;ntt' se Pmpurpu~
raba eon la agonía ele la tarde; el 01·i(•11te estaba va pá·
Jido y frío. Caia un lig·ero rocío sobre la tierra. •
Arrojando su mirada sobre el vasto hoi:izonte que
s?mbreaba11 ya las tiniebl:ts, !acqueg, penetró ang·u:;twsamenU• en el fondo de s1 m1s1110. lnnuliólo tma. ))('na tal que s:e t&gt;chó á llorar. Besaba ,in tre 0 ·ua el lazo
de oro, la flo~· de granado, 1?uscaba un rPsto lfe. perfnm&lt;',
un rrsto de vida en esos obJrtoR que E'lla había ll&lt;&gt;Yado....
JacqueB ele Val&amp;·revé eRcribió á M:ohammed Offandi ·
U11a á una se encE'ndlan las estrellas, l'&gt;3S mismas es•
una carta por rneaio de la cual solicitaba la mano de trE'IJa;, te~tigos ele Hu beso.
Roxana. Le fué d;ida una respuesta vaga. Offandi no
Jacques mm·m1iró:
qurría comprometer d porvenir de su hija; la dejaría
. «Perdoname Roxana; ahora Ya sabe~ que te amo.•
en libertad cuando llegase la hora ele elegir.
Y con un vuelo loco HU cle~eo le llevó hacia la reAlgunos días después, Valgreve fué designado para gión misteriosa donde, acaHo, lo~ mártirPS dl•l amor\· los
la embajada de Roma. Se le dio la orden de dirigirse mártires ele la Idea, se esperan....
··
á su destino á la mayor brevedad posible. Hizo una.
tentatiYa para verá Offandi. El musulman había ce:MARÍA Grn.ARDET.
rrado para él sus puertas. ValgTeve le suplicó que le
acordase una entreviHta. Offancli, de buen grado, fué (Traducido para «El Mundo.•)

�Domingo 7 &lt;le NoYi(•mbre &lt;le 1897.

EL )11,'NDO.

322

D omin "'o 7 &lt;le NoYiemh rC' .&lt;le 1897.

EL l\lUNDO.

Ensueño de niños.
POR JOS:HPII L'HOPITAL.-TLUbTRACIONKEI GRARAOA~ Jl:N NUESTROS TALLERF.8.

Número 8.
En :-;pguida .J11coho sacó dl' :-;u bolsa un saco l'Pp!Ptn ck tabaco y lo pasó ít unn pnr uno &lt;l&lt;&gt; lm,
amigos. Las pipa,- st• ]lp11;11·011 y un murmullo clP
sati,;facción cnrriú por h1 mesa. Hahfa rf'conocimientu y alPgTíH. &lt;'ll torlo,-; lo,-; ro;;tros. Cuan&lt;lu sali(i d&lt;· la cantin1\ ..Jn-cobo ,-;p lrn hí11 a,-;&lt;'gurnclo una
popularidnd dnnthlP.
t-lin 1•mbargo. &lt;•ncontró qut&gt; d&lt;•hía hacPr nn poco
mits por .Jacquot que tün hh•n ,-;t• había por:,uln
~·on (&gt;1 _\' Jp ·nfrPl'io un puro ..Jaequot hizo una piruc·ta d&lt;· júbilo.
-¡Bn&lt;'na snngn•! tlijo, p,-;t&lt;' &lt;•s un Londr&lt;•s dl·
rParÍ:-i ..... .
¡Ah! 1¡uc• hi&lt;&gt;n p,-;tarfamo,; ;;i no huhi&lt;•ra rnit,-; qur
hurgc,;1•s como tú. Yo conozco 1ll¡a1;uno qn&lt;' liac&lt;'
Ull lll!Jlll('lltO M' Íl1&lt;1 á COIUC'I' ,· no llll' hn ('()JIYiclndo.
.
,facobo estaba tlt- YC'Jlll ck g·pnc•ro,;iclad.
-lll;jalo, dijo. )·o tP inYito.
-¡.\h! bien. hü·n, cntoncPs ...... dí . .... que haCC'lllos niicntras'.J
·
- \'amos ú misa.
Un:1 l',-;tupefacciún dolorosa se pi11tó c·n l'l rostro
ck .Jacquot.
-¿Qu(' tu v;1,; ú misa?
-EH clnro .... .¿Y túr
-Yo..... no hay pdignl. yo I o amo it lo,; curas.
-¿(~u&lt;' te han hecho?
-~o lo sé, pero no lo:; nmo. Se Ye bien que tu
ere:; hurg-ucs . . ... .
Habían llegado ú la plaza clP la Catedral. J ücobo sP detm·o.
-Y bil'll, ¡,no entras?
Jacquot se rascó la nariz.
- Y o jamás he puesto los pies ahí.
-¿Entonces Yas á drjnrrnc solo?
-¡Dfablo! Es eirrto! tu me ha:; ilwitado ú comer ~- eso Yale bien una política .... . Pero si voy
es por obediencia.
-Entoncws V('ll bestia. Dl' otra suerte no te
Yoln•ría ú encontrar.
-Y o por mi parte tC' encontno:ía en todas par•
teb ..... Con ese palmito .....
Entr11ron. En la nave sombría sr escuchaba el
canto d(•l órgano, muy dulce. .Jacobo ofreció d
agua lw11dita á Jacquot, que se persignó torpcmPnt&lt;', impresionado por el respeto que saturaba
las na Yes. Siguieron por una nave lateral y se encontraron ante el ;suizo, de pie, cerca de la pul'I'tl\ dr la sacristía, con su g1•a11 sombrero y su alabardn ú la espalda. Un padre, con Mbitos sacerdotal&lt;'::;, salió; el i-uizo golpeó sobre el pavimento
con un golpe de su grueso bastón de puño de· cobre.
-Xo tiene mala facha, dijo á media YOZ Jacquot; cuando m&lt;'nos es del batallón de coraceros.
Siguieron ül sacerdote, que entró en m1a capillH lat1·ral, .Jacobo se arodilló, .Jacquot permaneció de pie dando vueltas entre sus manos al shakó,
con aÍl'&lt;' de cml&gt;arazo. Dc&gt; pronto una mujer jovt•n, cuyo modesto trnje dominguero hacía valer
Pl t;1IIP elegante y la flexibilidad, fué á apoyarse
&lt;'11 un n•clinatoi:io no lPjos ele ellos. Jacobo que
habín nielto la cabeza, se extremcció; .Jacquot le
dió nn eodazo.
-F_.,; la Jacquclina del café de los .\migos, ele
la plaza .F'oirc -le - Roy.
-¡,La conooes?
- ¡\'aya si la conozco! ..... un poco ... . Ya sabes ...... sc&gt; puede almorzar ahí. ..... Cuando yo
daba bola á los zapatos dd condicional tu antecesor ...... que no Yalía lo que tú, íbamos ..... .
-Blwno ...... ya me lo contarás luego. Cállate . .. . .
-Bueno ...... ck suPrte que ui platicar puede
uno .....
Un poco ant&lt;•f:\ de que ae¡_¡hara la misa, la jo,·en
se Jcya11tó y fuese con pa,;o ligero. Ellos saliercm
dctnh;.
- Y ahorn ¿ya se puede liahlar? dijo Jacquot.
Pues l&gt;ien, la Jacqnelina t·s el palmito Jfüís orondo qtu• pueda n•r,;e ~n la ciudad &lt;le Tom·s. Y su

tío .\ug&lt;'r lo sah,• hiPn: A Pila d&lt;'lw los Cl·ntavo,;
qn&lt;• g-ana. Ant1·s aquPlla &lt;•ra unn mala fonclucha:
ahora c&gt;s raro qu&lt;' no lrnyn gt•nt(•. Lústima qu&lt;'
la taritt sea un poco carn ¡&gt;M'a los clari1ws qu&lt;'
no ti&lt;·1wn rnits qtw su suPltlo . ... ¿)i&lt;' ll&lt;•varús ahí'.J
- 'r&lt;• ll(•n1r&lt;-. . .P1·ro q1H' t·s lo qu&lt;· lllt' contah;1s cl1· c•s&lt;• condieional rni a11l1·ce:;or'.J
- ,.;Tu amee1•sorr ¡Ah! l'SP 110 t"&lt;•nín mil,; (JlH' sn
stwldo. Era hijo ck un ,\barrot&lt;•ro d&lt;• Bonrg-ival;
y rnú:; he!$tÜ1 . . . ¡Ah'. ¡wro l'HC' 110 había twligro
el&lt;· qu,• lll&lt;' in,·irnra ... _¡\o es por ch-cirio ddantc
dP tí. ... Xo por qm• 11nws tú los cura,-;, ...
,.;Y .Jacqu&lt;·li1rnr
- Ya llPg-amos ít PIio ... . .. El condicional la
1·namoraha pero parf•cc qu&lt;' &lt;·11,l no lo hall,1h11 di·
:;u gusto . . .
,:,Como lo sabías?
-Xo es uno tan animal ...... ti&lt;'ne uno mnig-o,; _ . . . .

· Hacía h1rg-o tic1111 o qnl' yo Pstaha al C'OJTiPnt&lt;'
ele eso, cuando mi almrrot1•ro me• encnrgó qu&lt;' lP
ll&lt;·Yase uua carta para su princi,,;a.
- ¡Oh! muy chic! 0xact.11nent&lt;' como en la,; noY1•las.
-Tu lo dicPs ... . pero hubo "Qna &lt;'SCPJHl . . .. La
.Jacquelina me arrojó la carta á las narices, gritúmlomc:
·
- Anda dile á tu ultramarino qno no nwh-a ú
pouPr los pies aquí . .... .
-Y CoO con un modo .. . . . .
- ¡Diablo! .... y el. .. . ¿,YolYió?
- Lo ensayó [)ffO lo pusieron ii la puerta. Entoncrs sc&gt; resignó.
A nwdida qu&lt;' hablaban íbanse acercando á la
fonda. Cuando llegaron .Jacobo se detuvo ..... .
-Bueno, dijo, como d('beré portarme con esa
joven .....
- Y no habías tu d0 saber el modo .....
Entraron rirndo á la sala, donde dos militares
almorzaban ya. El patrón iba y venía alrededor
de las mesas, con una se1Tilleta debajo del brazo, r ,Jacquelina con un dMantal sobrc&gt; el traj0
del domingo, hacía el senicio de los platos, de la
sala á la cocina, donde la pa.trornt se entregaha al
esgrima de la cacerola.
Cuando la jo,-cn Yió entrar á ,Jacobo se sonrió
con un aire de conocimiento, pero frunció ligeramente las cejaR al distinguir ú Jacquot. Pusiéronse á la mesa después de haber saludado r esprtuosamcnte al tambor mayor del regimiento, st'ntado
frente á un sargento de cazadores de á pie que
t('Uía el aspecto de salir de su bolsa.
El patrón se precipitó hacia ellos, con el recuerdo de los elfttrenta céntimos de Jacobo en los ojos
y friccionó la mesa con la servilleta, con el ardor más obsequioso. Jacquelina llevó con un lindo y ligero movimiento, los vasos y los cubiertos.
- Qué desean los señores? preguntó.
- Comer! señorita Jacquclina ...... El Sr. Jacquot, que os presento, no ha almorzado todaYía.
-Entónces, dos almuerzos? .... Y corrió á la
cocina.
-Y ahora patrón, preguntó .Jücobo, que clases
de vinos tenéis?
La cara dt&gt; Auger se iluminó, los pequefios ojos
de Jacquot flamearon, el tambor mayor l1•vantó
la nariz y miró á J ocobo de lo alto d e su cuello;
el sargento de cazadores que se scl'\-ia un vaso de
piccolo, abrió la boca.
- Tenéis buen borgoña y buen sauterne?
- Creo q ne sí.
-Bien, dadnos borgoúa; dejaremos el snutcrne
para d espués . .Xo es esto, Jacquot?
-Oh! yo, dijo el clarín, ya ~abes .. . . con tal
que yo beba hién ....
Jacquelina vohió llcnmdo una costilla de carnero; rl patrón despareció por PI hueco dP la cueva, como un diablo por una caja. El tambor mayor arrojó á .J ncobo una mirada d e desprecio y
elijo con voz impacic1Íte:
·
-Y á nosotros q ne nos traen? .... Estoy esperando mi café desde antes que llegaran esos tipos
de segunda clase .... Con diez mil biltcrías!

En aqtwl rnoml'nto snrgió d0l suht&lt;'tTáneolacah&lt;'za d(' .\ug1:r.
-Ya van, ,_,~1íorl's, ~-a ,•;rn . ...
Y colocando con rt•spl'to ;:obre la mesa las dos
hot{'.llas &lt;•ntl'!arnñndas. corrió ú traPr Hcafé.
Los dQs jóY&lt;•np,; ll1•11,1ron su,- Yasos r .Jacquot
alz;lmlo l'I sn)·o y dirigi&lt;·nclosl' ú JacquPlina:
- A YUP:-\tra sHlud, lwlla ni1la, exclamó.
,foequ01ina cli&lt;í un i;alto hacia atrús.
- En prim&lt;•r lug·;1I', yo no 01- hablo, exclamó con
agrio tOllO.
.Jacoho ,-;(' l'('h rí Íl l'('Ír.
-Porqu&lt;' qu&lt;'l'\;is tan mal al Sr. Jacquot, señoritn ,) aequ&lt;'linn'.J fü, por lo dP la carta?
Ella s&lt;· ruborizó.
- Xo ptwd&lt;· sPr sino por eso, dijo Jacquot,
p or que ni ant&lt;'S 11i ckspu(&gt;s he hablada á la señora.
- Como, Psc pícaro os lo ha contado?
- \'amos sí, é hizo hit'n porque quería prevenirnw el&lt;' vn&lt;•stro g-c·n io.
-.\h! bien acliYirn• &lt;'l otro elfo que no erais un
condicional ....
- .\h! ¡wrdón, r0plicó .Jaequot, el señor es un
soldado hecho y clerPcho .... mejor que el otro ..
quinientas balas m&lt;'jor ... .
Jacobo vació su ,·aso y tomó de nuevo, vivanwnte. su hot,•lla.
-Es nu,•stro mejor Yiuo ele Tmena, proclamó
d patrón con énfo::;is.
- Entonces habrá que beberlo con YOS 'Y con la
señorita .J acquelina también.
Id il tnwr otra, hott•lla!
·. -Ah! cuando yo decía que era un tipo chic. . .
El patrón, cmit&lt;'ntísimo, Yolvió á F-Umergirse
011 su cueva. La joven sr excusó; no qu&lt;·rfa beber,
y como Jacobo insistía, tuvo ll1l movimiento de
cejas SPmejante á aquel con que había acogido
ht entrada de Jacquot. J acoho sP batió en retimda.
- Eso que yo os decía señorita Jacquelina, era
con el deseo de seros agradable.
Pero tenéis razón sinó descais beber ....
-Pues bien, yo digo qu&lt;• no la tiene, dijo el
clarín apurando otro vaso. Este si es vino. Si estuviese yo en casa de la tía Biclaud que nos emponzoña con su vinagre .... diría.
Pero eh! llegad pronto, farsante, pues que s&amp;.
quiere brindar con vos ....

J

.,,

l n c&lt;•na h1 tPrrihkpuerta, con el k epí sobre la ore
ja &lt;·l cigarrillo en los labios; en tonces, si n o se

r

L a cabeza d el patrón emergió de nueYo de la
~U'.lVa:
-Ya v an, y a van!
Chocaron los tr es sus vasos; .J acq uelina, sonriente, como admirada, mira ba á Jacob o.
- De este se puede d ecir, r eplicó Auger haciendo sonar la lengua contra el paladar , que ha sido
cosechado en el jardín de Francia !
- Dicen sin embargo, insinuó J acoho, que lo
hay mejor en Saint-Avertin, en casa de la tía Baleuil.
- Me atr evo á d ecir, joven, que eso no es posible.
-Tengo deseos d e ir mu~· pron to.
-Id, n o temo la compar ación.
Y de nuevo se vaciar on los vasos.
A la sazón la puerta r echinó y en traron dos
nuevos clientes. El patrón se precipitó con la
servilleta en la m ano, listo á limpiar una mesa, :v
Jacquelina corrió á buscar la vajilla. Después,
·en tan to qu e los recien venidos consultaban el
menú, colocó an te Jacobo un queso d e cabra y
un r amo de uvas. La puerta se abrió d e n uevo.
Era la hora d e los clientes. La sala se llenó y
bien pr onto todas las m esas quedar on ocupadas.
Auger y su sobrina se movían sin d es canso )' d e
la cocina venían rumores sig nificatiYos, i ndicando que la tía Auger no perdía el tiempo.
J acobo y J acquot tragaron su café sin hablar·se más, pero muchas veces sus ojos se encontrar on ,
;;e cr uzar on sobr e la jon'n cuyos movünientos seguían , y en c&gt;sos encuPntr os rlP mi radas, á despecho !le la sonrisa quC' los subnt)'aha, había algo
•de violento, el e i1woluntar iamente hostil: ht mujer
había sur gido entr e ellos.
Cuand o se encontrar on en la cnll&lt;', aquella esp&lt;'cie de embarazo cesó. J acquot, según su costumbr e, se puso á br omear , á tiempo que descC'ndía la calle ColbeJ"t.
J acobo se despidió pronto y S&lt;' d irig ió il la calle Real, sacand o á su pm o g ruesas bocanadas d e
lrnmo y tratando d e m ostrar el aspecto plácid o
&lt;lcl que ha tomado b uen vino.

YU
A ti empo que bacía su toilette, Jacobo pensaba
en J acquelina. Demasiado joYcn aún para analizar sus SPn timientos y para disecarlos á la mod erna, per o parisiense sohraclo viejo ya para te1)e1· los sentidos muy d t&gt;spier tos y la conciencia
pron ta al ::;ucño, en tr eg-úbase por completo al plaeer de haber encontrad o esa linda muchacha y se
esbozaba una nov ela en su pensamiento.
Qu&lt;' jovr n no es un poco fatuo? Et había cr eid o notar qu e sus nrnnerns y su aspecto habían
ag rad ado y se decía ment;1lmente que las frases
solda&lt;lescas d e J acquot y sus m odales d e cuartel habían d ebido ser vir!&lt;' par a dar pleno valor á
sus gracias, qu e no estaba m uy lejos d e cr eer irresistibles. Sí ella Je ha bía sonreído m uchas veces;
aún se había r uborizado cuando éJ brindó á su
salud. De seguro había hecho con el abarroter o
a l cual c&lt;'pillaha J acquot el año anter ior , u na comparación de la que él no podía men os que sacar
provecho .. . . . . Y recordaba las historias d e guarnición r eferidas á la hor a d el café por su tío el
g eneral, un Yiejo husar que, después d e hebcr ,
g ustaba d e contar sus conq uistas y de narrar lo
que• ha bía h rcho para ol\'idar un p oco que ya no
podfa, hacer nada . . . .
Vamos! PSe voluntariado no comenzaba mal.
T enía á veces algo d &lt;' fastidioso, pero nada de
difícil; los primer os días eran d tu-os, per o huyer on pr on to; poco á poco la vid a militar se suavizaba, s&lt;' haría soportable r aún inter esante. Además, no había algo en el corazón qu e podía ocupar la?
Que importaban los ejercicios y las incons&lt;'cucncias de los snpcrior esi' Siempr e habría un campito para correr á aquella plazuela que ahor a encontraba encantadora, con su fuen te, la do ble hilera de sus hilos a ,,1gados y sus viejas casas de
grandPs aler os. Ahí encontrar ía una personita alerta., gentíl, coquetamente ligera, y cuán linda!
Y cuando ya no se le tuviese en el cuartel desd e la m añana hasta la noche, cuando tuviese sus
soirées Wn·es como esos solda dos á quienes veía
diariamente coa deseos d e franquear después de

lrnhía c&gt;ngañad o-;Y no se había enganad o, aquel la muchacha era dl•masiado franca ... . Entonces
oh! entonces .. .. Y .Jacobo, en el entusiasmo de
sus sueños d onjuanescos, cepillaha con frenesí su
calwzü rpgad a de agua dC' Colonia.
Descendió la escaler a con aire de vencedor,
haciendo sonar contra la baranda d e la escaler a
su C'spadín ; pero, cuando pasó ante el establecimiento d e la señ ora L ochet, no tuvo ni una mirad a para las obr eras que, sin embárgo, á,su vista,
habían cesado d e d oblar y planchar y que reanudaron su tarea con despecho cuando él hubo
salido.
En la calle vaciló. ¿,Iría á Saint Aver tin donde
unos camarad as le habían dado cita? El tiempo
estaba hermoso, el estío de San Mar tín r a diaba
como par a festejar al gran patrono de la Tm·ena;
la cena, a llá con ellos, ser ía muy alegre. Pero
tenía sobrado júbilo en el corazón para n o desear disfrutar lo á solas; su novela Je palpitaba en
la cabeza ; quiso pasearse á solas consigo mismo.
Dirigióse al muelle, flaneando, y púsose á seguir el L oire, con las miradas perdidas sobre la
linea blanca d e las riber as, d ejando sus pensamientos color d e sol perder se con las volutas azules de su puro, en el aire fresco y dulce.
No dP otra suer te, en aquella siesta r adiosa,
T our s, la blanca ciudad, ei-a un maravilloso cua•
dr o pan1 su alegr e ensueño. A lo largo d el muelle y sobr e las colinas, más allá del r ío, las casas
de piedra r espland ecían bañadas de luz. Una a mplia alegría r espland eciente, cerníase sobre el
g ran valle y el Loire d ormía tod o azul en sus banquisas de ar ena. Numer osos paseantes circulaban
con aspecto feliz é indolente, y, sobre el g r an
puente d e piedrn era un vaiven incesante d e peatones y d e coches; frente á las consistoriales, una
inmensa barraca de m adera, accionada por una
máquina de vapor daba vuPltas con resoplidos de
órg ano. Más adelante algunos buhoneros habían
levantad o sus tiendas, aprovechándose de los últimos días hermosos. Sentíase por donde quiera
la alegría de vivir, u na voluptuosidad difundida por todas partes, una sonrisa resplandeciente
de las cosas; uno de esos dias en que; cuando se
es joven, S&lt;' cree en la rternidad drl placer.
En tr e tanto, d escendiendo por et muen e, había
llegado al campo ele Marte y se paseaba bajo los
grnnd rs ár boles desnudos que bordeaban el L oir e. A su der echa, la graciosa ig-Iesia de Saint
Cyr y el domo, se miraban en el río; á su izquierda las g r,mdes construccio1ws paralelas y r egular &lt;'s d&lt;'l cuar tel d e los cazadon's de á caballo,
tenían en. aquel día hermooo como un aire cl.e
fiesta.
J acoho se sentó sobre una banca, f wnando un
nueyo puro; per o más ner viosamente y con una
especie d e despecho en la mir ada.
El había quer ido engancharse en la caballería;
er a su tío el g ener al quien le había impedido ha•

�EL MUNDO.

324

cfflo y recordaba en aquellos momentos, no sin
rencor, los argumentos del viejo guerrero.
-¿Quit•rc•s tu sc•r oficial? Xo e::; la caballería la
que necesitas. Tu has sido un estudiante mediocre, 1,erc&gt;zoso. Has hecho tu curso pPnosanwnte,
tendrás mucho trabajo para llegar. En la caballería hay además notas rPlativns ú la HU\lll'l'a ele
monti1r y tú monta.: pésimamente'. X o l'S pues PSC
tu 1wgocio. Si ful'se por un año, btwno, p¡•ro si
es para hacer tu carrera, c•ntra á la infantería; c::;o
es lo que t(' COllYiPne.
Y &lt;•ntró. Y vor que hahfa sido preciso seguir los
consPjos de su tío, consi&lt;l&lt;'rado como un orúculo
en la familia, era un simplP condicional que llevaba una grue,m túnica con un cuello amarillo
qtw lo extrangnlaha y un pícaro shakó. Qué litstima .... como si montas&lt;• más mal á caballo que
cualquier otro. ¡Vaya! ...... Y ¡iensaha qu&lt;' habría podido llevar el dolmán azul de alhaman•s
nrgrm;, hacer sonar las &lt;'t:;puelm;; arrastrar un sable y habitar aqtwl gran ctiartel IIPno el&lt;• clariclad,
rn lugiu- dPl vi&lt;·jo castillo de (:iuisa, ele patio &lt;'strecho, de torres -sombrías ....
Sí, pero ...... y la plazoleta que S&lt;' abre sobre
In, calle Colbert:.&gt; ¿Y las viPjas casas:.&gt; l'na sobre
todo .. . ... Halnfo entrndo en ln;;alaol&gt;longaclonde cuando cstu,·o franco por vez prinwra, dormit·iba un viejo turenés sobre el mostrador y donde
alguien paseaba con esbl'ltez (k at1uí para Hhí?
No de seguro, no tendríu es(' r&lt;·cuerclo ...... Decididamente la infantería era buena.
Cuando se levantaba todo reconfortado, le llamó una voz por su nombre y st&gt; encontró cara á
cara con uno de sus camarada,; del licéo, Pedro
Lava!. Este llevaba el lindo dolmán azul, pero
arrastraba su sable tan torpenwnte y sonaba de
una mant&gt;ra tan dc•sastroM sus espuelas q ne.Jacobo no pudo cont&lt;&gt;n&lt;'r una sonrisa. Recordaba el
embarazo y la po::-csión de ese Pierre Lava], orgulloso como Artahan por qUt· entraba á los cazadores.
Ahóra estaba ele soldado. Confesaba que aquella era una vida imposible; que tenía que levantarse al albH, qUt' trotaba.como un saco de trigo
sobre un caballo atrozmente duro: que tenía fiebre, sabañones; que ya había dormido en la sala
de policía por haber descuidado una obligación
cualquiera; Pn fin, que aquel era un oficio de infierno. Jacobo para comsolarlo pintaba su oficio
ele soldado de infnntería con los colores más negros; insistió sobn• las sc&gt;veridades del t'jercicio,
sobre las inmo,·ili&lt;lades glaciales de la guardia.
etc,. etc. Pt•ro tuvo buen cuidado ele no hablar de
Jacquelina, cuyo recUt•rdo, á dP:;pccho de sus
palabras, iluminahn su rostro ,. lo hacía contrastar peregrinamente con el aspecto d1· fatiga y
desencanto el&lt;•! de• caball&lt;&gt;ría.
Conversa convn·sando se encmninaron á una.
fonda que Pedro Lava! frrcu('ntaba á la entrada
de la call&lt;' de las Acacias: pero al entrar Jacoho
tuvo una sonrisa d&lt;' triunfante ¡,iPdad. Era un café dP segundo ord&lt;•n con mal piso y d&lt;&gt;sven&lt;:ijadas mcsa:-1, :v cuando pidi&lt;•ron bocks, fué un mozo
grasi&lt;'nto quien se los sin·ió.
PPrmanecieron largo tie•mpo ahí, felicPs de volver ít vers&lt;•, como pi1jc1ro:-1 a::mstados que se encuentran fu&lt;&gt;ra del nido, y no tardaron en platicar~
alc•grcmentC' diciendo naturalmente algo malo de
los superion•s.
Empero, de pronto un sonido cl1· trom1wta, debilitado por las puc·t'tas cerrada:-;, llegó á sus oídos. Pedro Lan1l clió un salto, trastornado.
- ¡A.h! Dios mío! Pxclamó, ¡ya nos 11,unan! con
t11l que llegue yo á tirmpo.
Y saltó sobre• su sabl&lt;•, que fijó al cinto nerviosamente.
- Adios, hermano; echo .1 correr .... á ver si alcnnzo.
Y salió del café.
Jacobo salió rnús tranquilament&lt;&gt;, encendiendo
un cigarrillo con filosofía y pensando que si la eaballería ti&lt;'ne brillantes vrntajas, no siempre está
excenta de algunos inconvenientes.

VIII
Entregado á estas reflexiones consoladoras siguió la calle de las Acacias haRta el bulevar Beren~e1:. A lo lrj_os, bajos los grandes árboles, s1•
oprnma la multitud, el tf'cho puntiagudo del kiosko ele la música abrigaba rclampnguéos de cobre
y el ruido de los instrumentos nwzclado al burnbum cadencioso de la tambora, sofocado y moribundo, por la distancia, llrgnba Jrnsta rJ. •

Aprrtó el paso y se encontró bien pronto en
medio dP los paseantes qu&lt;' rondaban alr1·dedor
del kio::-ko ó que escuchahan sentados. El sol ya
bajo sobre el horizonte• e::;taba aun hrillmHP, sut,;
rayos oblicuos habíau guardado una tihkza deliciosa.
La música del 230 tocaha un vals qu&lt;· .Jncobo
rc·cordó haber danzado en l'Hrís: &lt;•ste n•cu&lt;•rdo
de cotillón lo puso alPgre y púso;;&lt;• ú canturrear;
después marchó ú compás, cont&lt;&gt;lli('nclo á duras
p&lt;•nas l'l des1•0 de bailar que S&lt;' apod&lt;•ra ha de sus
piernas. De pronto se cxtr1•nieciú: acab11ha di'
encontrnr, apoyado contra un úrhol, it •.\ngc•r, &lt;·l
patrón &lt;lPl café &lt;le los Amig-01-,, y C&lt;•rcn el&lt;• él, halanceándo,;e sobre su :silla. ;\" con los ojos 1wrdiclos en las nubes. á su lwrmo:--a sobrina .Jacqu&lt;'lifül. P;lrf'cía, por la l~-xpresi(i11 d!' su rostro, faRtidhu·i:;c• dP lo lindo, en tanto que Aug1°r. -vc•srido d1·
gris, enviaba al aire bocanadas cl1• humo ) dibujaba con un gruPso bastón, arahPscns &lt;'11 la an•mt.
Xi el uno ni la otra hahían vi:sro ú ,Jacobo que
pasaba y repasaba confundido con la muftitud y
disimulado por l'lla.
El vaciló un instantP en abordarlos, rPt1·nido
por PI re:;peto hwnano y cuidadoso ti&lt;• juntar:iP
con un patrón el&lt;' fonda. P&lt;·ro luego rPrlcxionó
que uadit• Je conocía f'll Tours )' quf' nadie en
consecuencia fijaría la atenci(m &lt;'n él; que era
soldado ele segunda clase y que &lt;'ra justo qU&lt;• i:;acase el&lt;· esta condición i;ocial todas laR Y&lt;·ntajas
que podía tener; que la prinwra dP todas &lt;'ra la
ele pas11r desaper cibido; en fin, y sohre tocio, que•
aquella peqtH'ila J acqu&lt;'lina c•ra mu;\· linda, que
se presentaba una ocasión dP b&lt;'r dichoso y que•
no dehía dejarla escapar.
Aproximós&lt;" ptws y saludó al tío r il la.sohrina.
Auger se confundía &lt;'11 aprPtones d&lt;' mano que
probah,lll en qui' estima tenía ú un mi litar qu&lt;&gt; bchía en su establecimi&lt;'nto bue•nos Yinos: y 1,, pareció á ,Jacobo qu&lt;' la st•ñorita .JacquPlina Pnrojecía ligl'l'mnent&lt;' H I dl'volverl&lt;' su saludo; &lt;•n todo
caso ella sonrió y l'l asp&lt;•cto de tedio que Pnsomhreció su rostro se trnm;formó &lt;'n una satü,facción
no disimulada.

Domingo 7 de ~oviembre de 1897.

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

EL ::\IlT);DO.

325

Auger, inmediatamente después de haber ofrecido una silla á Jacobo, púsose á conv(•rsar con
esa elocuencia !Proz de los conwrciant(•,; en vinos. Explicó que e•l domingo es el domingo; que
bien i;&lt;• ptH'de cuando se lm trabnjnclo toda la 1:w-.
mana ofrcct&gt;rse una t,trdf' &lt;le buc•n tiempo PtC. Ne.
Jacobo e•mpezaha ú Pncontrar ú Augn· :-oporífero; hizo ohsl•rvur &lt;1ne la tarde avanzaba, quest'
ekYaha un vknto frío y propuso un paseo e,;peranclo dejar al fondh;ta Pntre la mnlticucl y quedarse• solo con ta muchacha.
E::-ta nrnniohra mdistofélica no tuvo exito al principio. Aug&lt;·r C'stah11 em¡H'ñado 1•11 agotar todnt,;
los t&lt;'S0l'OS ele su ('l'Udición y ele :;u ( IOCU( llcia; siguió ]lll&lt;'S COllV('l'SHlHlo con Clll'l'g-ía, a¡,&lt;·:s11r el, 1
mutismo clPsalC'ntaclor de su intl'l'locutor. } U&lt;' &lt;·11
vano que J acobo hiciese zig-zags &lt;•ntrc la multitud, ;\. diese• vueltas alrNl1•dor de lo::; gntpos. T1•11ía t·l gusto de ver á Jacqu&lt;'lina ohf'&lt;l1•c1•r á todos sus movimientos pero dPtrás, al lado de Pila,
surgfo infaliblPment&lt;' la gorda silul'ta clP Aug&lt;•r.
Ya JJ('rdfa toda es¡wranza dt• el1·&gt;-&lt;•mbarnzarst• &lt;IP
PI, cuando ú la altur11, de la plaz,l del Palacio; l'i
fond&lt;•ro fué abordado por un amigo. ,\l misnH~
tiempo, la música dl'l 2;m, apan•ció marclrnndo
por l'l fla.nco.
-Alinéaos, S(•11orita Jacquelina, elijo Jacoho
precipitadamentP.
Y con hahil rodeo la arrastró ponif'tHlo la tropa entre ellos y el tío. Después av1•nturotw como
al azar por la plaza, teniPndo cuidado d&lt;· t'stm·
disimulado por los músicos, &lt;lió vul'lta it un tranvía detenido á la c•ntrada d&lt;' la calle R&lt;•al, fingió
estará punta de que lo aplastara Ull fiacn·, r siempre seguido por la jo,•pn, no se dl'tuvo sino bajo
los primeros árhol&lt;'s clcl bulevar IIcurtcloup.
-Oh! Dios mío, t&gt;xclamó entone&lt; s en tono cómico, hemos perdido á vu(•stro tío .... .
Jacquelina se echó á rdr.
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(Continuaní.)

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LA MODA
Jaquette de Otoffo, delantero y espalda.

Este ei; un Jaquette entPramente nuevo, pue~ tiene
la espalda de bol Pro; pPro la prolongación de sus delanteros le da un aire diHtinto. Se hace de terciopelo con
pasamanerlas. Cuello Médicis. Manga de una pieza.
Cinturón ancho drapeado, del cual se desprende por detrás, una e~pecie de aldeta con tres pliegues huecos. El

cuello rl&lt;• viHta, se hace ele nípis crema chiffoné; enteranwnt&lt;&gt;. indt•p1•ndiente, sujetándolo al jaquette por botonet1 invh,ibles \" se abre sobre un camisolin ig·ual. Sombrero fieltro adornado con muselina de Reda y grandes
plumas crespas.

Admirad la generosidad del mundo: da todo á. aquellos
que no neceHitan nada.
G. M. Valtour.

Dentro dt&gt; poco tiempo solo nuestros sirvientes serán
polftÍ&lt;'OS.
.Marquesa de Blocquei-ille.

*

* * el hombrP perfecciona
Por un movimiento reciproco
á Dios y Dios perfecciona al hombre.
G. •lL Yaltour.
***

El francés eleva estátuas para tener PI placer de derribarlas.
Voltaire.

•

�EL ~IPNDO.

326

Domi_ng-o 7 ele Nodcmbre de 1897.

,,

LA LOCOMOTORA ELECTRICA IIEILMAM.

:u. J. ,J. Heilmam, ha abordado l'l prohlema de la tracción elt'&gt;drica, de una manera cornph•tamcnte m1eYa.
La máquina com;truida por él·'" q1u• hoy pre~entarnoK
it nucstroR lectun•~ fue ensa.n1da por primera vez en
1is9;3- ~)-! en los caminos de fierro dl'l Oest&lt;•. Los l'n:-a"º~ fuC'ron satisfactorios 1wro sug·iril'ron sin t•mharg·o
~I inventor alg·unos ¡wrft•ctionarnil'ntos, &lt;ll' los cuales
ha surgido el tipo de la mwva locomotora eléctrica;(•-&lt;ta, de una pótcneia mu~- ,-up&lt;•rior ú la prece&lt;lentc, n't
á cnsavarse uno de P:-;tos días en lo,; ferroearrile~ lle!
Oeste.· En el fondo la idra ha pn•cedido 1Í la creaciún
d(• la,- dos locomotora$ e!(•é!ritas im·entadas por Heilm,1m es la misma. Deseribir la una es d('~trihir la ot1·a.
La ,·erdadera difcreni:ia &lt;'s qm· la nuíquina de 1~'\\;3 tenia por objPto rrmoltar un tren orclina rio de ,·iaj&lt;'ros
\' clrsarrollaba (iOO t·aballos de vapor; y la ck 1~7 &lt;ksa;Tolla 1.)J;""iO ,· P~tit destinada it Jo,; trl'IH'ti pesado~ de
gran Yeloci,dad. La loi:nmotora elé&gt;etrita ;;e cornpmw
11(&gt; nna maquinaria sobrad&lt;¡ c·omplic·ae}a, que seria "obrado té&gt;l'nic-o dt&gt;scribir; 111á, ,ep;ún todo lo que• dl' rila afirman los intrlig-rntPs. por ,m resisteuch1, por la intensidad ek su traci:ión ,. la faeilid,ul ele ,m manejo, e,tá llamada ¡'¡ un gTm1 pn1'.venir rn los ferrocarrilrs franee~es.
De ofrN·er las yentajas c¡ue se supone, de seguro la
adoptarán ot1 as nadon,&gt;s.
Dt·sde luego se dPbe precisar la diferencia fundamental que hay entre la loeomotora Heihnam .,· la loi:ornotora de vapor. El prnblema es este. Ha:v i:arbón;
rnús tt&gt;neis que sen·iros el&lt;' ~tL t•nerg-ia mecánica para
hacer eorrer un tren ,;obre los rieles. La~ do,; rná&lt;¡uina, toman este carl)ón, lo trasforman en calor~- en moYimiento. e,tc moYímfrnto en las antig·nas múquinas
se trasmite á las ruedas motriees :, el tren marcha. En
la nuíquina de Heihnam ah·ontrario, ele e~te moYimiento se hace electricidad y de esta electricidad ,;e haee
1n0Yimiento.
Nada es má, paradoja! en apari(•ncia, pero nada tampoco más sencillo en la práctita sin duela el primer
ensavo será un triunfo.
Co~no decimo,;, se efectuará en estos días y hay gran
interés entre los científico,; por n~r lo~ resultados.

TOM0.11

. MEXICO, NOVIEMBR!l 14 DE 1897,

•

NUMERO:to,

Locomotora eléctrica.
muestra con a~·uda ek dos pantallas, la Ullll blanca y
la otra negTa. mantenidas juntas en una mano, ele manera de dejar t\ntrP pilas un ,·ado triangular. Se coloca detrás de la pantalla m•gTa un p,tpel hlani:o, sohn• &lt;'l cual P~tít ¡wg·ada 1111a ohka roja.,· se dl'splazan
rápidamente las dos pantallas &lt;ll• nna man&lt;'J"a sucesiya
de izquierda it dl'rei:ha ~- ele- dcrc•cha ;\ izt¡nil•rda, ele
manera ele cll'st:ubrir 1111 im.. rnnte la obl&lt;•a .,· dt• ocultarla inmediatamente eon la pantalla blanc-a.
A la impresión roja sUC('(leril una i111presi(m d(•s,·anccedora de azul n~rdoso. Con m1tC'ha luz y una ,elociclad de dt•splazami&lt;'nto com·enir11tt• de las dos pantayas, el rojo desaparecerá y la obléa apan'cerá Ycrde.

r

prl'pnrar nue,·o,; ejemplares, con :\I. Félix. Faure en
Saint Prteshurgo.
E~o,; i:ristales eon apariciones han intrigado mucho
á los compradores y aún á los compradores cultos. Se
ha dicho qne ~,• producen por electricidad como lo hacia en otro tiempo el doctor Boudet en París. Se ha
pretencliclo q ne se las obtiene por presión. Otros que están más c&lt;'rea ele la n'rdad han admitido que se g'raban
ligeramente con :ícido fluorhídrico. En realidad se podían obtener alg·unos resultados por presión como en
las imágpnes ele :\Io;er. Basta frecuentemente aplicar
¡;obre un cri~tal bic•n lavado una medalla con cierta
presión, retirarla~- exhalar su aliento sobre el vidrio.
La 111edalla apan•ee. El Yidrio, como es higramétrico,
drja n'r, bajo la acción de la humedad, la huella del
ohjcto con el cual ha estado en contacto intimo.
Xo es a~[ em¡wro como se preparan industrialmente
los cristaleR de hn&lt;Íf/i'IIPs e.rhalodas. Se emplea un -ta
pún de cori:ho sohn• el i:ual se ha grabado en r elieve
un dibujo dado, que se dc,ee rPprodueir sobre el Yidrio ·
Se• ,-unier¡re el tapón, no en la tinta sino en una pasta demasiado fluida de flnorhiclrato ele amoniaco y de
ácido flnhorhidrieo; después se aplica sobre el Yidl'io.
Si~(• le apoya eierto tiempo, el vidrio qurdará grabado profuudmnente y ll&lt;•Yan\ la huella del dibujo. No se
debe apo~·ar sino ligeramente y algunos instantes y
después dejar secar. El grabado es imprr&lt;:eptible para
d ojo prro es suficiente para atraer y fijar la humedad
del aliento. Asi, de~de que se ~opla con la boca sobre
el cri,tal, la imagen ~e muestra distintamente.
Tal e,; el secreto de lo~ espejos mágicos.

Experlenc:iss sobre lss transformaciones subjetivas
de los c;olorea.

1

__ j

i\I. Shelfo~o Bidwel, ('l fü;ico inglés bien conocido por
un grau número de experimrntoH originale;; acaba de
preH•ntar á la Sociedad Real de Londre8. nuevo~ v cu-

rio,;o;; exprrirnento;; que e;; interesante hacer conocer.
El punto de partida Po Pl clásico diablo rojo que, obsE'rYado fijamente durante medio minuto, ,·a {1 pintar &lt;'n
!&lt;e.ptida su imagPn en verde sobre el tcrho cuando á
él se clirig-e la mirada.
Se sabe que e,,;_e efecto es debido á la fatiga rctinia11a, la retina se vuelve incapaz de resentir las ondas
roja;; de la luz blanca~- no Ps afectada ,in&lt;' por las hondas c·omplementarias, es drcir por la luz ,·erde. En ciertas condidones, este efecto de fatig·a purcle producirse
en un tiempo muy corto ;• hace tres aí1os el autor llannba la atención sobre e,;te h&lt;'cho: de que un corto periodo de obscuridad, comunicaba á los nervios retinianos una sensibilidad muy superior á la seu~ibilidacl
uormal, v que esta ~ensibilidad desaparecía mu,v rápidamente bajo la influencia de una nueva~, yj\·a impre;;ión lumino~a.
De hecho basta una fracción ele sC'gundo para obtem•r estas variaciones de sen~ibilidad. El autor lo de-

Transformación de los colores.

2(1

ue:da µasar.

Qué srrafín es ese que ha un instante
M:e irradió Plparaíso en su mirada?
Que umt celeste vida aun reflejada
Tiene en su rafaélico semblante ....
De sus ojos el rayo rutilante,
En pi&lt;&gt;lago de amor mi alma engolfada
La senda halló de su inmortal morada,
Cual con la Cruz Austral el navegante:
¡Pasó, la faz hacia el Empíreo vuelta,
La cabeJlcra de azabache suelta,
Y suelta al éter la bondulante falda ....
Y llevaba al pasar, resplandeciente,
La luz de las auroras en su frente,
La sombra .de las noches en·su espalda!

Espejos mágicos.
La acción de la luz clespues de un corto periodo de
intt•nsidad parece tener la propiedad de disminuir la
Rensibilidad de las fibras retinianas en un tiempo tan
corto que si la luz está coloreada, no tenemos conciencia de eRe C'Olor. Empleando un disco, giratorio
formado de una parte negra de• una parte blanca v de
un sector hendido, como la muestra la figura adjunta, el efecto de transformación ~ubjetiva de colores,
puede ser obtenido de una manera continua y dar
los resultados mas curioso,;.

NUlfA

P.

LLONA.

lmá&amp;cnea exhaladas

Cuando el ('zar estaba en París el aii.o
pasado. Y en el ia n ~ e
• es1wjos mág· i e o,;,•
pequeñas placa,; de
cristal rectang·ulares,
clP diez centímetro~
de long·itucl por unos
ciueo eeutímctros de
anchura, rneerrada,;
en un estnehe de cartón. Sobre el crista¡
no había nada apa reut&lt;,mente ..Mas si se
,;oplaba sobre el Yidrio, proyl'ctando e:
aliC'nt,1, inmediatamente ~e• Yeía al emperador de Rusia. Se
han variado mucho
csascimágenes exhaladas• y aún se han
hecho colecciones.
Ahora se empiezan á

IXORA
JABON ...... . .................
ESENCIA .....................
AGUA DE TOCADOR .......
POMADA .................... .
ACEITE PARA EL PELO •.•
POLVO DE ARROZ .........
COSM ETICO ............ .....
VINAGRE--·· .......-·--:,····

IXORA
IXÓRA
IXORA
IXORA
IXORA
IXORA
IXORA
QE IXORA

DE
DE
DE
DE
DE
DE
DE

.ED.PIN-AUD
Strasbourg

P.A1\I~

•

i!os primeros frios.

P&lt;?r Yllla ■ ana.

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 19, Noviembre 7</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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