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                  <text>EL ~IPNDO.

326

Domi_ng-o 7 ele Nodcmbre de 1897.

,,

LA LOCOMOTORA ELECTRICA IIEILMAM.

:u. J. ,J. Heilmam, ha abordado l'l prohlema de la tracción elt'&gt;drica, de una manera cornph•tamcnte m1eYa.
La máquina com;truida por él·'" q1u• hoy pre~entarnoK
it nucstroR lectun•~ fue ensa.n1da por primera vez en
1is9;3- ~)-! en los caminos de fierro dl'l Oest&lt;•. Los l'n:-a"º~ fuC'ron satisfactorios 1wro sug·iril'ron sin t•mharg·o
~I inventor alg·unos ¡wrft•ctionarnil'ntos, &lt;ll' los cuales
ha surgido el tipo de la mwva locomotora eléctrica;(•-&lt;ta, de una pótcneia mu~- ,-up&lt;•rior ú la prece&lt;lentc, n't
á cnsavarse uno de P:-;tos días en lo,; ferroearrile~ lle!
Oeste.· En el fondo la idra ha pn•cedido 1Í la creaciún
d(• la,- dos locomotora$ e!(•é!ritas im·entadas por Heilm,1m es la misma. Deseribir la una es d('~trihir la ot1·a.
La ,·erdadera difcreni:ia &lt;'s qm· la nuíquina de 1~'\\;3 tenia por objPto rrmoltar un tren orclina rio de ,·iaj&lt;'ros
\' clrsarrollaba (iOO t·aballos de vapor; y la ck 1~7 &lt;ksa;Tolla 1.)J;""iO ,· P~tit destinada it Jo,; trl'IH'ti pesado~ de
gran Yeloci,dad. La loi:nmotora elé&gt;etrita ;;e cornpmw
11(&gt; nna maquinaria sobrad&lt;¡ c·omplic·ae}a, que seria "obrado té&gt;l'nic-o dt&gt;scribir; 111á, ,ep;ún todo lo que• dl' rila afirman los intrlig-rntPs. por ,m resisteuch1, por la intensidad ek su traci:ión ,. la faeilid,ul ele ,m manejo, e,tá llamada ¡'¡ un gTm1 pn1'.venir rn los ferrocarrilrs franee~es.
De ofrN·er las yentajas c¡ue se supone, de seguro la
adoptarán ot1 as nadon,&gt;s.
Dt·sde luego se dPbe precisar la diferencia fundamental que hay entre la loeomotora Heihnam .,· la loi:ornotora de vapor. El prnblema es este. Ha:v i:arbón;
rnús tt&gt;neis que sen·iros el&lt;' ~tL t•nerg-ia mecánica para
hacer eorrer un tren ,;obre los rieles. La~ do,; rná&lt;¡uina, toman este carl)ón, lo trasforman en calor~- en moYimiento. e,tc moYímfrnto en las antig·nas múquinas
se trasmite á las ruedas motriees :, el tren marcha. En
la nuíquina de Heihnam ah·ontrario, ele e~te moYimiento se hace electricidad y de esta electricidad ,;e haee
1n0Yimiento.
Nada es má, paradoja! en apari(•ncia, pero nada tampoco más sencillo en la práctita sin duela el primer
ensavo será un triunfo.
Co~no decimo,;, se efectuará en estos días y hay gran
interés entre los científico,; por n~r lo~ resultados.

TOM0.11

. MEXICO, NOVIEMBR!l 14 DE 1897,

•

NUMERO:to,

Locomotora eléctrica.
muestra con a~·uda ek dos pantallas, la Ullll blanca y
la otra negTa. mantenidas juntas en una mano, ele manera de dejar t\ntrP pilas un ,·ado triangular. Se coloca detrás de la pantalla m•gTa un p,tpel hlani:o, sohn• &lt;'l cual P~tít ¡wg·ada 1111a ohka roja.,· se dl'splazan
rápidamente las dos pantallas &lt;ll• nna man&lt;'J"a sucesiya
de izquierda it dl'rei:ha ~- ele- dcrc•cha ;\ izt¡nil•rda, ele
manera ele cll'st:ubrir 1111 im.. rnnte la obl&lt;•a .,· dt• ocultarla inmediatamente eon la pantalla blanc-a.
A la impresión roja sUC('(leril una i111presi(m d(•s,·anccedora de azul n~rdoso. Con m1tC'ha luz y una ,elociclad de dt•splazami&lt;'nto com·enir11tt• de las dos pantayas, el rojo desaparecerá y la obléa apan'cerá Ycrde.

r

prl'pnrar nue,·o,; ejemplares, con :\I. Félix. Faure en
Saint Prteshurgo.
E~o,; i:ristales eon apariciones han intrigado mucho
á los compradores y aún á los compradores cultos. Se
ha dicho qne ~,• producen por electricidad como lo hacia en otro tiempo el doctor Boudet en París. Se ha
pretencliclo q ne se las obtiene por presión. Otros que están más c&lt;'rea ele la n'rdad han admitido que se g'raban
ligeramente con :ícido fluorhídrico. En realidad se podían obtener alg·unos resultados por presión como en
las imágpnes ele :\Io;er. Basta frecuentemente aplicar
¡;obre un cri~tal bic•n lavado una medalla con cierta
presión, retirarla~- exhalar su aliento sobre el vidrio.
La 111edalla apan•ee. El Yidrio, como es higramétrico,
drja n'r, bajo la acción de la humedad, la huella del
ohjcto con el cual ha estado en contacto intimo.
Xo es a~[ em¡wro como se preparan industrialmente
los cristaleR de hn&lt;Íf/i'IIPs e.rhalodas. Se emplea un -ta
pún de cori:ho sohn• el i:ual se ha grabado en r elieve
un dibujo dado, que se dc,ee rPprodueir sobre el Yidrio ·
Se• ,-unier¡re el tapón, no en la tinta sino en una pasta demasiado fluida de flnorhiclrato ele amoniaco y de
ácido flnhorhidrieo; después se aplica sobre el Yidl'io.
Si~(• le apoya eierto tiempo, el vidrio qurdará grabado profuudmnente y ll&lt;•Yan\ la huella del dibujo. No se
debe apo~·ar sino ligeramente y algunos instantes y
después dejar secar. El grabado es imprr&lt;:eptible para
d ojo prro es suficiente para atraer y fijar la humedad
del aliento. Asi, de~de que se ~opla con la boca sobre
el cri,tal, la imagen ~e muestra distintamente.
Tal e,; el secreto de lo~ espejos mágicos.

Experlenc:iss sobre lss transformaciones subjetivas
de los c;olorea.

1

__ j

i\I. Shelfo~o Bidwel, ('l fü;ico inglés bien conocido por
un grau número de experimrntoH originale;; acaba de
preH•ntar á la Sociedad Real de Londre8. nuevo~ v cu-

rio,;o;; exprrirnento;; que e;; interesante hacer conocer.
El punto de partida Po Pl clásico diablo rojo que, obsE'rYado fijamente durante medio minuto, ,·a {1 pintar &lt;'n
!&lt;e.ptida su imagPn en verde sobre el tcrho cuando á
él se clirig-e la mirada.
Se sabe que e,,;_e efecto es debido á la fatiga rctinia11a, la retina se vuelve incapaz de resentir las ondas
roja;; de la luz blanca~- no Ps afectada ,in&lt;' por las hondas c·omplementarias, es drcir por la luz ,·erde. En ciertas condidones, este efecto de fatig·a purcle producirse
en un tiempo muy corto ;• hace tres aí1os el autor llannba la atención sobre e,;te h&lt;'cho: de que un corto periodo de obscuridad, comunicaba á los nervios retinianos una sensibilidad muy superior á la seu~ibilidacl
uormal, v que esta ~ensibilidad desaparecía mu,v rápidamente bajo la influencia de una nueva~, yj\·a impre;;ión lumino~a.
De hecho basta una fracción ele sC'gundo para obtem•r estas variaciones de sen~ibilidad. El autor lo de-

Transformación de los colores.

2(1

ue:da µasar.

Qué srrafín es ese que ha un instante
M:e irradió Plparaíso en su mirada?
Que umt celeste vida aun reflejada
Tiene en su rafaélico semblante ....
De sus ojos el rayo rutilante,
En pi&lt;&gt;lago de amor mi alma engolfada
La senda halló de su inmortal morada,
Cual con la Cruz Austral el navegante:
¡Pasó, la faz hacia el Empíreo vuelta,
La cabeJlcra de azabache suelta,
Y suelta al éter la bondulante falda ....
Y llevaba al pasar, resplandeciente,
La luz de las auroras en su frente,
La sombra .de las noches en·su espalda!

Espejos mágicos.
La acción de la luz clespues de un corto periodo de
intt•nsidad parece tener la propiedad de disminuir la
Rensibilidad de las fibras retinianas en un tiempo tan
corto que si la luz está coloreada, no tenemos conciencia de eRe C'Olor. Empleando un disco, giratorio
formado de una parte negra de• una parte blanca v de
un sector hendido, como la muestra la figura adjunta, el efecto de transformación ~ubjetiva de colores,
puede ser obtenido de una manera continua y dar
los resultados mas curioso,;.

NUlfA

P.

LLONA.

lmá&amp;cnea exhaladas

Cuando el ('zar estaba en París el aii.o
pasado. Y en el ia n ~ e
• es1wjos mág· i e o,;,•
pequeñas placa,; de
cristal rectang·ulares,
clP diez centímetro~
de long·itucl por unos
ciueo eeutímctros de
anchura, rneerrada,;
en un estnehe de cartón. Sobre el crista¡
no había nada apa reut&lt;,mente ..Mas si se
,;oplaba sobre el Yidrio, proyl'ctando e:
aliC'nt,1, inmediatamente ~e• Yeía al emperador de Rusia. Se
han variado mucho
csascimágenes exhaladas• y aún se han
hecho colecciones.
Ahora se empiezan á

IXORA
JABON ...... . .................
ESENCIA .....................
AGUA DE TOCADOR .......
POMADA .................... .
ACEITE PARA EL PELO •.•
POLVO DE ARROZ .........
COSM ETICO ............ .....
VINAGRE--·· .......-·--:,····

IXORA
IXÓRA
IXORA
IXORA
IXORA
IXORA
IXORA
QE IXORA

DE
DE
DE
DE
DE
DE
DE

.ED.PIN-AUD
Strasbourg

P.A1\I~

•

i!os primeros frios.

P&lt;?r Yllla ■ ana.

�328

EL MU~'DO.

LA SE:l.IANA
La curiosidad pública, esa eterna sedienta, se
prepara [I recorrer el epilogo de la tragedia del
1 i de Septiembre. Reclama la gran masa anónima una pñgina más del palpitante drama que tuvo por teatro la Inspección de Policía; desea nuevas sensaciones que agregará las ya empalidecidas por el tiempo, (¡dos meses! ¿no es una etern idad en esta época del má.~ aprisa!) y sucfia con
inesperadas peripecias, surgidas del fondo de este
burdo crimen de una brutal llaneza, árido y sin
accidentes.
Allá irñn [I c~mparecer ante la jsuticia popular, los protagonistas de la repugnante historia, y
rnsgarán las sombras que obscurecieron sus espíritus en aquella siniestra madrugada. ¿Qt1ésombras será dado vislumbr,ll' en lo pl'Ofundo de estas conciencias?
Si, como el personaje de una nov¡,Ja contemporánea, creyéramos que la virtud y el crimen,
el bien y el mal, no son más que etiquetas sociales, y q uc el vicio r la honradez son elementos necesarios al conjunto clel universo; si, como aquel
sabio del Disclpulo, pcnsárnmos que cambim· un
alma sería detener la rida; acaso nos pareciera
menos monstruosa la tranquilamente horrible confrsión de algunos de los rcsponsabtcs del homicidio de Arroyo.
Pero la socied ad no puede admitir este ciego
drtrrminismo, que reduce los actos del ser humano á los movimientos de una rueda en una gran
maquinaria. Podrá el hombre ser ó no íntegramente libre; al conjunto de los hombres le interesa conservarse, y todos los hechos que tiendan á
destruir esta conserTaciún son considerados como nocivos.
Claro es que no se demostraría nunca á una
víhoril-si fuese capaz de comprender un razonamiento,-que no debe destilar su veneno. Entonces ¿por qu é soy víbora? respondería. Mas sem ejante r egla de conducta no habría jamás servido para constituir una sociedad.
¿Tal hombre es delincuente por antecedentes
hereditar ios, antropológicos, psíquicos? . . . . . . Poco importa. Yo no discuto las causas del hecho,
sino el hecho mismo. ¿'.\Iat,l por necesidad de su
temperamento, por elementos de su propia constitución, como el imán atrae el hierro ó el perro
rabioso ataca al transeunte? Y bien, esto podrá
serme útil para mis lucubraciones especulativas,
pero como miembro de la colectividad, no me es
permitido cruzarme de brazos y dejar el paso libre al delito.
•
l•~s posible que en el fondo de cada crimen no
exista sino una gran dosis de ignorancia; el Código, sin embargo, no establece estas diferencias,
y el Código es un libro importante en las socicdalles civilizadas.

dantes de elocuencia tribunicia, inspirados en arengas parlamentarias, nrn encaminados á cegar á
las multitudes.
Un defensor es, en estos casos, un homb1·c que.
busca, ante todo, el éxito persofüll, sin importarle
hacer traición á la justicia. Su inconsciencia asomhra, y si seleacusara de inmoralidad,.se juzgaría
cu la obligación tle indignarse.
Y he aquí por qué parece que hay especial trabajo en rodear de cierta d(msa atm,hfera el jurado, á que deben comparecer los eompal1eros del
suicida V elázquez.

"'

El suicidio resulto. ser*'*
el término de esas triste11
lustorias de la ambición no refrenada por un sano
sentido moral. ·
Hay q u len se df'sligue voluntarimnente de los lazos que lo atan á la existencia, no por un sentimiento de pudor, sino por no resistil' 11! espectúculo
de su propia derrota.
El gent•r,11 Boulanger, bu;;cando en e' frío callón
ele una pistola el ultimo refugio del vencido, no es
el hombre que se va. ncomctido de laxitudes invencibles, no es el desencantado d&lt;' la vida; es el
ambicioso impotente á quien le falta el coro que lo
aplauda.
Xo siente la nostalgia de la patria aust&gt;nte, ni le
tortura el fracaso de un ,lito pens¡l!Üiento: echa de
menos sus éxitos de boulevard, las aclamaciones
al regreso de Longchamps, el vocerío de la masa
que cosquillea agradablemente su exagerado amor
propio.
Entonces, se da la muerte, porquc la vida para
él no es ya la embriaguez continua r persistente del
triunfo.

"'
*'*

Y que hay singular placer, una alegría nialsana y morbosa, en acoger cada moth-o de escán-

dalo lnnzado al _comú11 acerbo, lo prueba .la oucna voluntad con que se han acogido los rumores
respecto ele la 111u&lt;•rte del Padre 'rortolero.
La loca de la casa está siempre dispuesta á nceptar
cualquier explicación que se dédcun hecho, siempre que esta explicación revista los caracteres de
lo maravilloso. En un principio, cuando no se poseía ningún dato cierto que comprobara la muerte del padre, la imaginación aceptó la muerte; descubier to el cadáver, no faltó quien asegurara que
había visto al difunto en pleno estado de salud;
la autopsia demostró un fallecimiento repentino y
sotto vor·e se murmuró que había sido asesinado.
La bola de nieve se hizo montaña que sealzó enhiesta hasta cubrir el horizonte.
y· para que nada faltara, se mezclaron al mnnjar unos polvos blancos, destinadoi; á suprimir á
un inspector, y se sazonó el todo con un poco de
buena voluntad para digerir este alimento.
Decididamente no bar nada tan digno de ser
creído, como lo increíble.

***

El lunes próximo se efectuará c•n el oratorio
arzobispnl, la ceremonia religiosa en la que el Arzobispo de l\Iéxico bendecir,\, la unión del capiEl jurado, no obstante, iba á ser detenido, dícese, tán Don Porfirio Díaz con la señorita Luisa Raipor los cldensorcs de los procesados. Es una vie- gosa.
Forman· ambos una pareja simpíttica, hecha sin
ja táctica de que se valen las más de las veces los
que patrocinan causas desesperadas: dejar enfriar duda para. ser ungida por la folicida\l,, que, ¡ay!
es tan avara de sus dones.
el 1·1•imen.
Ella es hermosa y es buena-cualidad que
En todo defensor hay un psicólogo empírico: ·
sabe que el público, que comenzó c?)Jnpadec.icndo constituye un imán para la ventura; él es bueno
también y, apesnr de la alta po,;ición en que le
á la víctima, acabará apiadándose del culpable!
Esto es humanitario, y si no es humanitario es hu- fué dado nacer, ha llevado como muchos otros, en
Yirtud de la húbil é inquebrantable energía del Sr.
mano, cuando menos.
En el presente caso,-sigo inspirándome en la Presidente de la República, una vida de hibor y
opinión-se trata ele hacer uso de procedimif'ntos de estudio, obeteniendo rigurosamt&gt;nte sus gramús reprobados, poniendo la política al servicio dos y &lt;'frctuando escrupulosamente sus estudios
ele la defensa. Así como el jurisconsulto aquel del en el Colegio ::\Iilitar.
Hoy que los dos novios, jóvenes y deslumbracuento hito de un pobre diablo el tipo del delincunite idnil, montando una á una todas las piezas, dos ante c·l espejismo embelesador de una dicha
así también hay quien no vacila en ajusticiar á la próxima, nventúranse por el florido camino de
una unión por amor, ¿quien podrá dudar de que
justicia.
El crím&lt;•n común y corriente sale de entre las lrnbrú parn ellos siempre un pe1'fumc, una brisa
numos de un ddern;or eo1wertido c•n un hecho de y un rayo de sol?
misteriosos anteceden tés, rodeado de complicaciones y erizado de escollos. Se complace en cubrir
Ya comienzan esas largas Yeladas de invierno
el proceso con un espeso velo, en desfigurar sus de lentas horns fatigo~as, en que ncudis al libr¿
perfiles, en borrar sus lineamientos, tal como en nuevo para sah·nros del letal fastidio qtw os acoCti0S juguetes ele la caricatura, donde los rasgos sa. Pero ¡ay! las vitrinas de las librerías no son
ele un objeto inanimado ó de un animal domésti- muy tf'l1tadoras. Lf'S vw·anr·es han dejado caer lii
co, quedan tran,;fonnados en un rostro amigo.
pluma de los dedos de los puhlicbtas extranjeEl objeto de estas maniobras es hacer perder de ros, y en casa, ya se sabe que la lnbor intelectual
vista el tema á discus-ión. Los discursos, clesbor- es floja é intermitente.

,

Domino-o 14 de Noviembre de 1897.
Pod&lt;:is también refugiaros en los teatros, ~\
matar un par de horas, escuchando en Arbeu alguna comedia espaiiola. pasada de época, y que
os interesa poco, ó en su defecto dejándoos seducir por una zarzuclilla, de música fácil y espontánf'a, de las que forman el repertorio del Teatro Principnl.
De esos juguetes escénicos decía antai1o un cronista que tienen la inmensa ventnja de que se saben de memoria antes de haberlas oido. Basta
conocer Cádiz para haber escuchado anticipadamente Agua, .Azurm·illo11, ·y A9ua1·diente1 Cuadros
disolventei;, y no importa cuales otras piezas más.
Y sin embargo, hay mucho donaire en estos escarceos musical&lt;'s, áticas naderías, de fácil fragilidad, ágiles y espontflll&lt;'0S.
Parere como si bebierais excelente vino espa11ol, cada vez que oís una ele estas producciones.
¿:N'o se os antoja que se escancia una copa de Jerez en (ádiz? Y Xi1)a Pancha ¿no está rociada de
manzanilln? ¿Y no abunda el ¡,eleón en el Rey que
Rabió!
Y al trnYés de los arabescos de esa música, de

la que sc escapa una nota tiern,L y triste á la vez
¿no vislumbráis los brillantes flecos de~ mantón
de ::\Innila?
¡Oh handern triunfante de la alegria!
¡Oh manto dP la antigua ficstn espafiola!
¡Oh palio de las juergas de Antlnlucia!
¡Oh túnica radiante de la manola!
Raz(m tiene&gt; Camilo Saint Saens en preferir la
fresca musa d&lt;· las soleá.~ y las peteneras á la· rehecha r artificiosa de la vieja zarzuela, encanto
de nuestros padres.
Yo de mi sé deciros, que tolero á Jugar con
fuego como á uno de esos viejos retratos de familia, de alguna smlora ajamonada y bigotuda, de
quien se nos asegura que fué muy hermosa en
sus mocedades.
Es posible que así haya sido. Pero ¿qué culpa
tengo yo de haber nacido medio siglo JIJ,ás tarde?
0BERÓN.

Paliti.ca &lt;5tntrttl.
RESUMEX.-EL ARBITRAJE PERPETUO INTERNACIONAL. LA GESTIÓN POPULAR Y LA OFICIAL.LA ALIA'.l&lt;ZA FRANCO-RUSA Y LA TRIPLE ALIANZA-RECELOS Y RlYA.LIDADES.-LA llllSIÓN DE l\IR.
GOLUCH0WSI&lt;Y ANTE EL REY IlmrnERTO. - UN
TRIUXFO DE LA DIPLO~L\CIA.-]fíN DEL TE)IlDO
CONFLICTO HISPAXO-A)IERICAN0.-EL PROBLEMA
CUBANO EX PIE.
Uno de los actos con que se distinguió ventajosamente en la opinión pública el último periodo
de la adm inistración de Cleveland, fué sin duda
la conclusión del tratado por el que se estipulaba
e l nrbitrajc permanente entre la Gran Brctaiia y
los Estados Unidos, á fin cl&lt;1 dirimir todas las düicultades que putlieran presentarse en las relaciones de los dos grandes pueblos anglo-sajones.
La gestión de )[r. Olney por entonces secretario
de Estado en el gabinete americano, hasta esa
vez muy discutida entre las cf~rvescencias de los
partidos, recibió con este motivo justas alabanzas y g&lt;'ncral 11plauso, tanto más de notarse, cuanto que i,;c reconocfa su habilidad diplomátic11 después del conflicto anglo-vclezolano y de las solenmes declaraciones de monroísmo, que estuvieron ii punto de ocasionar un rompimiento entre
la &amp;'ran República del Norte y su antigua metrópoh.
Pero si la. prensa y el pueblo de los Estados
rnidos llegaron á reconocer la importancia del
t~·atado, y _su trnseendental influencia en las pacíficas relac10n&lt;'S rle los dos países y en la misión
que representan en la obra de la civilización· si
fa buena disposición del gobierno inglés se ha~ía
manifil'sta á los ojos de todos, no faltaron pretextos al Senado americnno para rechazar la convención co_ncluida en d~bida forma, y por encima ele los mtercses nacionales se vió prevalecer
el espíritu de partido, d&lt;'s&lt;•chando los republicanos una creación IUf:ritoria de lo~ demócratas.

*

•

* *
Poco ha significado esta especie de desaire internacional en el espíritu erninentCJUcnte prítctico del J)ll(•blo britúnico: firm~ en sus propósitos,constante en su,, aspiraciones, que representa po·r

Domin¡ro 14 de Noviembre de 1897.
modo admirable su gobierno, trata ahora, por
m edio de la iniciativa privada, de hacer patente
su voluntad expresa de que ese tratado se celebre de nuevo, procura por todos los medios, en
los que ni remotamente se ve la influencia oficial, demostrar q1w las clases todas de la sociedad desean el arbitraje permanente y la pcrpctua
paz, para bien de los dos países unidos íntimamente por la comunidad de origen, de tendencias
y de materiales intereses.
Las sociedades cooperativas, las trades unions,
tan poderosas en Inglaterra, los gremios agrícol as, todo lo que significa trabajo y producción en
el país, se agitan en pacífico movimiento parn lograr ese objeto, firmando calurosas protestas de
adhesión al tratado Olney-Pauncefortesin fundados
motivos desacreditado por un Sena.do republicano.
Y las• clases directoras, lns que toman activa
.inger encia en la marcha del Estado, dejan hacer
y ven con regocijo las manifestaciones popula1·es que cooperan de modo notable al logro de sus
d eseos, previniendo la opinión pública en los Estados Unidos, á favor del anhelado convenio de
a rbih·aje,
Es de esperarse que pronto comiencen las nue-vas gestiones diplomáticas, y que, preparados en
-ese sentido los pueblos y los gobiernos de los dos
países interesados, sen un hecho positivo la conq uista que se busca; y los que solo ven en la lu·cha, armada y la violencia los medios para salvar
las dificultades internacioúales, comprenderán como se puede avanzar en el camino de la paz general,teuando se o!Yidan rivalidades inmotivadas
y preocupaciones añejas, para atenderá los inter eses positivos de los grupos sociales.

***

Alarmadas siempre y recelosas las potencias
europeas, que hace btien tiempo constituyen la Trip e Alianza para hacer pesar su influencia en los
destinos del viejo mundo, no pueden ver indife1·entes que se consolide la poderosa unión franco-r usa, que ha transladado, mal que les pese, el centro ele gravedad de su trabnjoso equilibrio á los
palncios de San Pctersburgo.
J:\o se conforman con estar reducidos á contemplar tranquilamente cómo se engrandecen sus enemigos, y cómo la influencia moscovita, asociada á
la riqueza de !•'rancia que ha abierto las arcas donde guardaba sus t_esoros, se impone en todas partes, condecora á l\lenelik, triunfa en Corea, vence
las resistencias para la paz greco-turca, mantiene al emperador Guillermo á respetable distaneia, aunque acepta y se divierte con sus cortejos,
parece entenderse con el Emir de Afganistan en
l a insurrección de las belicosas tri bus indianas, favorece la inteligencia del llfahdi con el gabinete
de París, para detener la expedición anglo-egipcia
.á la alta Abisinia, y deja marcados con el sello de
su grandeza todos los asuntos en que por algún
motivo interesado se la hace inten·enir.
Con razón se preocupan los aliados antiguos de
dar mayor extensión á sus pactos, y se anuncia
la Yisita de Mr. Golucbowsky, gran canciller del
imperio austro-húngaro, al rey Ilumberto, para
r eforzar la alianza tripartita y escogitar los me-dios que la galvanicen, pues ya se la considera ina&lt;lecuada á las circunstancias que los recientes
acontecimientos han creado en la Europa monárquica.

***

Hay quienes afirman que el objeto del enYiado
extraordinario de Francisco José cerca del Rey
de- Italia es buscar el apoyo resuelto de la potencia meridional, para declarar el dominio absoluto
sobre la Bosnia y Herzegovina, de que solo es protector el soberano de Austria, en virtud del tratado de Berlín, que se las cedió en ~ompensnción de
los avances de Rusia sobre el territorio tllrco y
de la cesión de Chipre á la corona británica. Pero, aparte de que semejante aclaración no puede
hacerse sin el consentimiento de las potencias signatarias del tratado, no se comprende así la misión extr11ordinaria de l\[r. Goluchowsky, y se explica mejor asignándole el papel secreto de que
antes hemos hablado.
Prepárl'nse en buena horn para secretas resistencias; busq nen por cuantos medios les sugierasu astucia la mH1wra de contrarrestar la omnipotencia
rusa, qu e n o han podido acomodar ú sus designios;
el Czar continuarú en su espléndida política de
cngradccimil'nto, haciendo de su pueblo, donde
palpitan todavía para él las manifestaciones de

EL l\lUNDO,
idolátrica sumisión, propias de las tribus asiáticas, un pueblo grande, fuerte y poderoso, capaz
de intimidar á los Estados occidentales, carcomidos en parte por los productos morbosos de su
vieja civilización.

***

~ decir de una agencia cablegrúfica, yn es conocida la respuesta que el Sr. Sagasta, presidente del Consejo de llfüústros, dió al general Woodfforcl, rcpresentnnte del gobierno de ·washington
en la corte de .Madrid. Por instrucciones de su
gobiemo, cl ministro americano había remitido
en el mes de sc&gt;ptiembre una nota quejándose de
los perjuicios que ocasionaba al comercio de su
país la g'lcrra de Cuba, encarecía el interés con
que se vería su rerminación, y ofrecía sus buenos
oficiJs para intervenir como mediador euu·e los
insurrectos y el gobierno español.
Asegúrase que el Sr. Sa"'asta al contestar ha
ofrecido que en adelante 1~ tendrán motivo de
queja los ciudadano" americanos, residentes en
Cuba ó que tenga asuntos con la Ar.tilla; que agradece su ofrecida mediación, y que si llega el caso, sabrá aprovecharla ú f,tYor de la buena aP.1istad y cordiales relacio1ws que siempre han unido
á los dos pueblos; l!abl:l tnmbién de las expediciones fil:busteras, espernndo de la justificación·
del gabinete de W,íshington las evite en lo sucesivo, pues sólo á su amparo y por los medios suministrados por esas ex¡JCdiciones han podido mantenerse sobre las armas por tanto tiempo los inswTectos.
Una contestación tan nmistosa dejará satisfecho á ~le. Kinley, que, como antes se ha previsto,
práctico ante todo, y comprendiendo los perjuicios que pudiera acarrear á su patria un rompimiento con Espalla, sofocará sus simpatías personales por la causa de la independencia cubana, ,
continuará la buena armonía que siempre ha existido entre los gobiernos.
El pueblo americano, que 'en distintas ocasiones
ha manifestado su adhesión á la causa cubana,
seguirá prestándole su apoyo moral y material,
mientras el gobierno de Madrid encuentra la solución del complicado problema, ya que la proyectada autonomía no lo resuelve, pues ni él parece
muy dispuesto á concederla, ni los insurrectos
preparados á aceptarla.
Entre tanto-como dice un reputado periódico
inglés-hay que felicitar á la diplomacia americana, pues en esta vez ha alcanzado un verdadero triunfo.
X.X.X.
11 de Novbre. de 1897.

El Sr. Dr. Demetrio Mejia.
25 AÑOS DE MEDICO

Ayer cumplió veinticinco aiíos de ejercicio en su noble profe~ión,el Señor Dr.
D. Demetri? Mejía, cuyo
retrato publicamos hov.
El señor l\Iejía ha sido
en s~ profesión y en el largo tiempo de que hablamos, un apóstol; ahi donde
~e escucha el balido del
dolor, ah[ donde grita una
desventura, ah i do u de
muesta su faz horrible el
sufrimiento humano, ahi
se ha pr~sentado con el
auxilio p o d ero,; o de la
ciencia en las manos Y en
los ojos una llama de caridad.
La sintesis de RU vida, que él mi~mo hace en El
Mundo Diario corre8pondiente al Sábado último, podda servir de Amplia enseñanza parn los médicos jó,·ene~, que se aventuran por lo~ primeros azares de
la ardua carrera. Ella les dirá cómo con honradez, abnegación ~- continuo c•studio, ~e borda una existencia
meritoria y util. Em·iamos á nuestro~ lectores, á e~a autobiogTafia, v por nuestra parte felicitamos al Sr. Dr.
:\lejía de todo corazón.

DOS ERR ATAS

En la página 3:,:3 de e~te número, aparece al pie del
retrato de la señora cspo;,a de D. PróHpero Morales, el
apellido Grmi.~ que por error de! caja que no pudimos
evitar fué puesto así debiendo ser, Uorriz; y al calce
del articulo relativo, el apellido Btnltez en vez del de
BermÚl.lez que es el del autor. Conste asi.

329
ELFLI~T

COQUETERÍA DE SALONES.
UN

CURIOSO ESTUDH)

Cuando se pretende definir la palabra flirt parece
que se efectúa una tarea ociosa, porque todo el mundo
la.conoce y lo conoce porque lo ha prarticado. Me ¡¡.
m1taré pues solamente á lamentar c¡ue el "'enio de
nuestra lengua haya tenido necesidad de finexarse
una locución inglesa para expresar una cootumbre
que es _tan latina_ como esta de poner en juego las co&lt;Juetem!s femenmas frente á frente de las ma~culinas;
o mas bien para expresar un uso tan unh-ersalmente
humano, que cada pueblo debería caracterizarlo con
un término Hfl,Cional _que produj~se bien l'.1 imágen de
lo t¡UC' el fcuonwno tiene de particular baJo su propia
latitud.
El flirt es como tina floró una fruta ideal, como un
p_ájaro mar~v.illoso, que no 1mede Yolar, por lo demás,
1:nno en la tibia atmósfera de los rnlones elegantes.
Comienza á nacer en la mesa. una vez que se ha
apaciguado la l!ge_r3: y decente.ferocidad á la cual
obedecen al prmc1p10 los conndados vecinos v de
~exos diferentes, después continúa creciendo en el
curso de, la tertulia, bajo los soles de los salo1{e11. En
loR rinconc•s retirados y propicios, en el fondo de los
snnt_uo,as cámaras; protc&gt;g-ido por los mueble,; se ve
al -f(.n·t tom~r una consistencia en sus formas ,·aria.das;
se oye el discreto murmullo de su canto, cuando se
prende al alto re!lpaldo de un sillón gótico contra el
cual se apoya una cabeza blonda, ó se acurruca bajo
13:s palmas inmóviles y verdes de un jardín de inv1en10.
Y_ es una causa de estupor constante para mi en una
Rociedad, en que el amor, fuera del matrimonio e;;tá.
oficialmente reprobado por todas las le,-es v tod;s las
costumbres, la libertad pública de que goza el flirt
que es seg1m los casos, el itinerario, el preludio, el
pretexto, la confcsión intima, el testimonio manifiesto
de e~te amor fuera d!ll matrimonio.
Porque frecuentemente se siente uno llevado á.
cliscernir·el compromiso de deseos li&lt;reros v de ligeros abandonos,. que se agita bajo las "'apariencias res~rntda, _del-f{.irt, desde que se reflexiona en la potencia ~upenor por la cual los hombros bon im.¡nu~ados á
la socíedacl de las mujeres.
•
No tengo la intención de hacer de este un articulo
de filosofía trascendental, tanto mas cuanto que seria
inepto para ello; pero me. parece demostrado que la
ler del amor está oculta detras de todas las formulas
que nos la disimulan.
Los inst_antes homenages, las galanterías prolongad~s,. los -f{.i~·t.~ en u~1a palabra, no 1;011 mas que• procedim1ento_s mconsc1entes, .el?~aií&lt;~s leves, pero tahnent~ comphcados para la c1vil!zac1ón talmente perfecc10nados, que los que los empican 1ic,,.ansin pensarlo
á abusar de ellos.
"'
Cuando Ke admite esta. explicación se halla el verdadero ~entido de el agudo dcReo que lleva á lo~ hombres al mundo á conversar dl' preferencia con las mujeres ~· de la jovialidad excepcional que rodea esos
tf&gt;te-á-tétP- muy elegantes.
No me disimulo que desafio al ridiculo exponiendo
verdades en que algunos pensarán reconocer la tendencia it moralizar.. Pero de quien es la culpa si se
me preKenta la ocasión de hacer constar que en los
~al?ne? donde los solos nombres de coquetismo y de
mf1dehd~d, prOYO&lt;:an grandes exclamaciones, el flirt
e_n camb10 es acogido com? el .mas gentil de lo;; pasat\elllpOK y que i;e le penmten todas las independencias y todas las ostentaciones, es decir el cHcándalo
en la hipótesis, en que no se ha com•enido de clasifi~
car al {lid como escandaloso?
'
Frecuehtemente una señora joYen v aun una señorit'.1, sentada aparte c~rca de un hom'bre joven ó si se
qmere ~-a !naduro, recibe á un tercero, que llega, con
e~tos termmos:
-D~jcme ust~d tranquila, seño~ X, estan -f{.irteando
con m1go ......DcJenos usted, que flirteamos.
Y el tercero se a\eja, facihnente sugestionado.
Por otra parte, sm querer hablar mal de una mujer
la opinión gusta de decir que es mur fiirt.
·'
Y aun delante de ella se l1ace esta observación ante
la cual ella sonrie, sin enfadarse en modo al;,.uno
apenas picada. O hien aun, es un marido. Y es1o e~
Europa :' en Estados Gnidosacontcc·e con frecuencia
. que apaciblemente, con esa seguridad que mh; seme~
jan tes sab&lt;'n depositar en todo contrato que se ha puesto enlodcr de u!1 ~uen notario, emiteesta opinión:
•
. -:'fo le aconseJar1a á usted que molestatie á mi muJCr J.)Or el momento: .... anda por ahí en pleno f'lirt.
AJá! es pues el fl11'fde esencia divina? Tiene por atributos la ptu·eza, la justicia, la cordura y el don de no
tener consecuencias en toda la eternidad?
Yo lo niego y 1i:ic admiro de que el gran mundo se
conduzta como s1 He tratara de un t•stado definitivo
como si nnt&gt;stra imaginación no ei:;tu,·iese oro-anizad~
de manera de concebir sus probables eonse~uencias.
For ejl.'mplo, cuando en n1estra presencia alguno col?ca guantes, dispone _objetos en tnl maleta, t·alza patml.'s, prepara un rl.'c1bo, voHotros R\'ntis inmediatamente apuntar una idea más allá del hecho material é
i_nmediato: !a idea; de e¡~&lt;: el i)tdividuo va A salir, á viaJar, á patmar , a rec1b1r cimero. Jamás so satisfará vue,;tro espíritu creyl'udo que las gentes hacen preparatiYOll tales por ociosidad, sin fin alguno, por hacerlas.
Pero que se trate de flirt~' t&gt;ntonccs los testigos oculares ó auriculares, pensarán de otra manera.
Parecen sufieif'ntemente edificados con su persuarión de que se f'lirtea por flirtear. Perfectamente! Hace uno también su maleta por hacer su maleta.

�EL MUNDO.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.

331

EL MUNDO

Lo que puede. es cierto, excusar la
tolerancia del mundo para mantenerlo
en un intl'lio-ente érror cou rctipecto
del flirt, sonYos numerosos casos en que
las cin:unstancias circunscriben la acción de e~te último: Ha1· que tener en
cuenta, en efecto, los· impedimentos
morales y los obstáculos materiales que
hay para que la empresaUpg•ue hasta la•
falta. las repulsio11l'S iuspiraclati en lugar de la:-; simpatías, las fidelidadei; finalmente victoriosas, lo$ apeg·os al deber de viuda b :\. un e~poso.
Además el taclo masculino el&lt;\ la g·aJerla encuentra una fu&lt;•ntc de optimismo en &lt;•se cxceRo de vanidad egoísta
que, á pesar de los experimentos personales le impide prever éxito alguno
de otro. Sin embargo, el sexo debil Ye
l~stas cut&gt;:-&lt;tio1w,; con una clarividencia
meno,; favorable ó una memoria más
precisa.
De eualquier moclo que sea cuando
se sorpr&lt;'1Hle sin c¡uercr!o Uli poco dt'l
dialogo entre un par de buenos f'lirleadore.-&lt;, ó Fi se recibe alg·una confülencia. 11ea ingenua, ,:;ea poco delicada, ne0
cesitais una fe robusta para pcr,-istir en
creer que es esta una manera de pasar
el tirmpo pl'rdido.
Todos 108 e11fuerzos del hombre en el
flirt tiench-11 ti haeer sobre,:;alir el valor
de 11u~ cualidades, á hacer adiYinar corte~mrnte por su palabra~• pgr sus manera", imprudentes de,;eos. í la que lo
escucha dt&gt;slumbrada, p ro v o e a ti v a,
ave11tun\ndose por el tll1dalo de la conver,-aci(m, arrastra á su compadre en
os mil sendero~ qu&lt;' CC'11ch1cen todos á
a e~p&lt;'ra11:rn de la ccnquista.
El HIPNOTISMO
[VÉASE Nl'.ESTRO GRABADO]
\

Desde que los hombres ele cien&lt;,ia han
procurado desentrafiar lo que baya de
positivo en las manifestaciones del mesmerismo, que por mucho tiempo fueron
patrimonio exclusivo de explotadores
sin conciencia y charlatanes vul!l:ares,
las experiencias serias se han multiplicado y los estudios han sido frecuentes
sobre los hechos del magnetismo animal, que no han desdefiado los distinguidos Charcot y los sabios VuJpian.
Las academias y las universidades
han abierto concurs&lt;»&lt;, sobre temas de
este género, para levantar el velo que
cubre lbs fenómenos hipnóticos, objeto
de admiración para el ignorante y de
reflexión atenta para el sabio.
En las clínicas especiales de enfermedades nerviosas, fisiólogos experimentados y terapeutas prudentes han
ido á recoger hechos q_ue- después son
interpretados en- la soledad cleí gabinete, no con las preocupaciones clel iluso
i;ino con las salvedades de un racional
esceptici1,1110.
Algo ha adelantado la ciencia con estas pacientes investigaciones )' ya son
mu&lt;'hos los casos.de enfermedades rebeldes álos tratamientos ordinarios que
~e alivian, se mejoran ó encuentran per
fecta saniclad por la aplicación de los
procedimientos hipnóticos. ¡Cuántas
neu.ralg•fas pertinaces insomnios ao•udos, convulsiones coréicas, inveteradas,
ise han visto mejoradas desde la primera
sesión de hipnotismo!
Nuestro grabado representa una sellión de hipnotismo experimental en la
clinica delaSalpetriere, hospital de enfermedades nerviosas, de París, donde
se pueden ver á las eminencias de la
facultad, preguntando á la naturaleza
sobre nno de sus obscuros enigmas.

Otro Pago de 5. 000,00 de "La Mu.toa,"
Sr. D. Cárlos Sommer. Director General de "La

\Iutua," de Nueva York.-México.

•

Muy señor nuestro:

Los señores Ketelson &amp;. De&amp;'etau nos
entregaron según recibo debidamente
e~tampill!J-do y pu.esto en la póliza corrcspond1ente, la suma de Cinco mil pesos plata mexicana, importe del séguro
del finado Sr. D. Christiam Schugt. que
tP:1la en "La _Mutua" según la _póliza
numero 529,25-1¡ y cuyo valor recibimos
ante Notario Publico.
Heconocida la eficacia y prontitud
con que «La Mutua» cumple sus compromisos, nos es grato repetirnos de
usted attos. S. S.
Torreón, Octubre 18 de 1897.-C,m~
cepción F. de Schugt.-C. Juárez. Octubre de 1897.-Williani Bre:mme, como
tutor de los menores.-Pedro, Jcsefi110.
y Oristian Schiigt.

'
lblargarHa.

•

�I
Domingo 1-1 de Xoviembre de·1897.

EL MUNDO.

332

z~s Glmores

ae $an Glntonio

TRADICIÓN PERVAN .\ .

Gentil ami~·a, lo que h~r.te cuento
Se halla en 1111 cod1cc
Amarillento,
Por la polilla_ roído el fin, _
.
Escrito &lt;'11 Lima ya l!ate anos ciento,
Y en buen latín,
Por Frav Ful 0 ·encio Perlimpipin,
·1fo e~tt·o d e Súmulas
En el connmto
De nuestro padre San Agustín.

..

r

Claro! ¿QuP van u stccleR á saber dom!e está Cha11pi-Huarang·a?
Xo los haré penar en a,·eriguarlo.
.
. ..
Chanpi•Huaran"'ª e8 una alclC'huela en la c-1rcuu~c~11?c1on del de.part~mento.
de Jnnín· y ella hH~.~1llá por loti tiC'rnpos de las g·uerras e1v1l~s rntre p1zarnstas -yalrnag-rista,, tt-atro de la tradición p opulai· qui~ hoy echo a correr cortes.
l\fi abuela tiene un cabrito;
Dice que lo matará;
.
Del cuero hará un tamborc1to;
Lo que sucne ......... souará.
Matrimonio f&lt;•liz, Ri loH hubo, era el de Antonio Catari y Mag·dalena Huen&lt;·a, ambos descendientes de cacique$.
. .
•.
El o•allardo mozo de veinte y cinco niios, de ámmo lC'vantado, trabaJaclor más.
que
colmena V enamorado cie su mujcrdta hatit~ la pared. cl~l frente. .
El laboreo d~ ima mina le proporcionaba Jo preciso para v1v1r con relativa holg·u1'tl.
. .
1 hi
Cuando iba de paseo por las calles ele J auJa o Huanca;vo no era1) P?Cfü, a~ jas ele Eva que. corriendo ya pC'ligro de firmar contrato para ve~tn- a las ámmas
benditas, le cantaban.
Un canario precioso
Ya por mi barrio ..... .
¡Quién fuera la canaria
De ese 1:anario!
Ella, una linda muchacha, rle veinte prim1:1-veras muy lozanas, limpia como onza.
de oro reluciente, hacendosa como una hornuga. y hembra muy nrn~ho de su cas a ,. de su marido ít quien amaba con todas las entretelas y reconcomios de su alma~

m;a

.

( • MONUMENTO AL GENERAL RIVA PALACIO.-POR DON ANTONIO PERER.\.

.

'

~l !jtpnl!ra btl ®ttttrnl Riua Jalado-.
Acabad&lt;' ~er coloc-ado en la sacramental dt' San J1:1st9, ~n ::IIaclrid, Kol{re la _fosa
ele! Gciwral Riva Palacio, el monunu•1Jto que bo.Y pubhrn • EL 1ll'N?0·• l or d!sposíción &lt;•special de srn, piezas, fácilnwnte podrá ser tra~portado &lt;:'I cha !'n &lt;¡u~ ~e dé

cumplimiento al ac1wrdo de la Cámara de diputad_o':' ~¡ue ordena la tr~ns ar1011 ele
los restos de Ri,·a Palado á J\,I(,xic·o, para st•r dt&gt;f1~ut.1,·amente depos1ta~los Pn la.
Rotonda de los Homb1·eti llustrcs. E,., autor dt&gt; la art1st1ca. obra Don AnEomo Parera,
expensionado por la diputae.ión provincial de 9~~·011a,- J~!rado estt• ano,_por.8t~fragio de sus compañeros c:xpo~1t~re,,;, en la Expos1c1011 Nac1onal ele :\1adnd) di~cipulo pn•dilecto del niat&gt;stro Sunol.
El Sr Parera e,- autor del hermo,o monumento levantado en Gerona al heroico' Ge~eral .A.loores, qur en esta plana publira EL :\ll')&gt;;J&gt;O.
•
Pocas YCCCE&lt; se aunan,Pn trabajos como l'I que el Sr. Parera ha reahz.ado para la.
tumba de Riva Palacio, el simbolism? n~ús puro á l.a obr~ dt&gt;. ?rte, tan frl'.z11wnte. _
0
.
Ha,, hombrei; Pn los que la propia f1¡rura e, mah sugest11 a qu~ todas la~. ale"'orlaR. B:,-ron, por Pjemplo; ó.~lfrC'do d~l )Iu~sPt, cu.~·&lt;~ busto ~r1€,·1clo en~•!! t&gt;re }:~chaise l'S como una revelac1on ele ~u vida. :l\o era Rn a Pal.ac10 .«e estos se.1 P~ pu11lecriaclos por la Naturaleza. ¿Qué _podía c~empnclar PI .art1~ta a aquella f1sonomia,
m~zcla mínima de e,-pañol y máxnna d.e 1mh¡!;en11 su,n~no/
..
..
.
Más aún ·no Jlpo·ando su fealdad, a la fealdad trag1ca? El ~1 tu~ta bu~c o 0~1 os
caminos mejirdir(•1';0;;, nuevos cmninos y lo que c11c~1~tró, al fm, s.orp1:&lt;•ndc
la
vista mi;ma ele la obra: la originalidad, 1:sa )lusa fugmva. perseg·rn~a. mcen~atamente. por todoR; rata vt'z akanzada, un mstante, por muy poco8. ::11us1co", ~mtores escultore;;,·no,_•cli;;taR, poetas-es¡wcialmentc po&lt;'tas- y_emos caer dí.ª}· ch.a en
el ~hismo de lo extrambótico por la desatentada prr;;erucwn _dl' esa ori~maficlad,
que flota á los ojos impalpablr como los átomos en. la atmosfcra. ¡Que tr1~mfo,
cuando se lle"'a á toger entre loti dedos :ilgo c~el polnllo de oro ~le esa mariposa.
ideal! y entrilos i:;uvos nos ha traído Pf.to el Jo,·en e~cultor espanol.
Sobre basamentó rectangular de rnannol blanco, tallado en dos ~ren•s gradas
·y limitado en los áuo-ulos por cuatro macizos unido~ por gn!esa::1. yai·11las de br~nce-dcfeu8a el&lt;&gt; la obl·a-colocó el autor, sobre agria y lwnd1cla. pwdra. berroquc1~a,
recuerdo feliz ele la áspera tierruca de Ri,·a Palacio, euormt&gt; hbro ahwrto del mismo blanco mannol que lleYa en la una pág·ilrn el n o~br.e del General. Y la f&lt;•cha
de su nacimiento &lt;'1; )l(•xico, Y en la otra la de HU ~allecmJ1ento en M~d\·1cl: Rolmsta
rama ele laurel cubre á rneclüis la foja de la izquu•rd!1 en 1.a parte 111fer10r;_ en la
de la derecha por la superior apo,\'a su,; tentá~ulos hoJo,-a )11edra: doble beso ele la
o-loria v del recuerdo. en bronce decorado a fuego. Ba¡o el hbro monumen!al,
füagon'almP~te, r?ino que se envaina uua espada. Tal e~ el monumento de R1va
Palacio y m,1 deb10 ~t'r.
.
_
.
, . .
. .. . . .
Joven, progresista y p~tnota, empuna las arma" en Jo,- c,1so~ JH ec1~~~· .E» un
entuRiasta incansable, movido por la sang-re de ~u abu&lt;:'IO el G~!ne1 ~l Guen e1 o, puro entre las ¡rnras gloria~ de nuestra ~·nena ele Incleper1;deneia. ~ er~ e'.1 el .foud~
de aquel crenerMo espíntu. las letras a la~ armas se »obreponen, ~ . máR~l!lo,- en d
se perfilaii el hi~toriador. el novelista, el poeta, el obrero en las artes pac1f1ea~. Poy
e:;o Rh-11 Palacio es eribió libro~; por eso fué un gran c-olaboraclor de Tuxtepec triunfante, en la Secretari:t ele Fomento. . .
. .
._ .
.·
Cuando Rh-a Palac10 llt&gt;"Ó, como M11118tro de Mcx1co en Es.p,~ua, a ~I1:1-cl11d. no
han de haber tenido nue~trof pariente~ ibéritoR mu.v grande opm1ón e~t~t1ca de su
déscendencia mexicana; pero ¡que pronto! el talento, la cultura, el gratC'Jo-era e~ta uua frase admirable de ,m espíritu-~~ la bondad de nue:;t.ro. repre~t•n!~nte se
abrieron aneha sPncla en lo~ mejon·s tírenlo~ intelectualc•~, art1;,.t1ro.~ Y p~ht1cos de
la Corte. Rodeado de nnh·er¡;aJ í'impafü1, vivió lar~;os aüos en :\fad1~1d; ~- a su nrnerte acompañado de sinct~ro dueto, marchó il su última morada e~panola, con los hon~res ele Teniente G&lt;·uPral, ton mando en plaza, por real cfoc1:rto.
.
RamirC'z, Altamiraiw, Riva Palacio, Prieto, todos se hai~ 1~10, con. rllos tC'rmm.a
una jornada de 1mfs.tras letras. Sol? quedan, plegando !ª.s ult11~1M t.ienclah, \le~~e.ñosos pero mdantoheas, Juan de D10s Pe.za. )latl'O~ ~, f nas.y Soto., ,mt~ la Jln entud encalabrinada por extravagancias franc&lt;'sas ele bate mas de diez anos.
J. E. Y.

a

Domin~ d e Noviembre d e 1897.

Antonio tenia todas las supersticiones
de su raza, aumentadaR con las que el fanatismo de los conquistadores nos trajem.
Cuando un indio emprende viaje que lo
obliga á pasar más de veinticuatro horas
lejos de su hog·ar, forma á poca di stan cia
ele éste~' en sitio aparta&lt;lo del tráfico, un
monto,ncito de piedras. Si á su r egreso las
encuentra erparcidas, es para el articulo
de fe la creencia en una infidelidad de su
esposa.
- Antoni o tuvo que il:-por una semana á Huanca1·0.
Una noche tempestno~a prt&gt;sentóse en su ca~a un 'joven español pidiendo hospitalidad. Era un soldado almagrista que, derrotado en una escaramuza reciente,
venía muerto ele hambre y fa ti~:a, y con un ra~petón
de bala de arcabuz en el brazo. JJemandaba solo albergue contra la lluvia y el frío. de esa noche, y algo que
r estaurase un tanto ~us abatidas fuerzas.
Mucl!o variló Magdalena para en nusencia de su es•
poso, admitir en la casa it un desconocido. Si hubiera
existido ese triturador de palabras y pcn8amieutos que
llamamos telégrafo, de fijo que le habria hctho parte
consultando.
Al fin, el sen timiento de caridad cristiana ,e sobrepuso á 1ms e.scrúpulos. Además ¿que podría temer del
extranjero, acompañada como vivía, por otras tres mu·
jeres y por cinco indios trabajadores de la min a?
El huésped fué aten dido con solicitud, y Mag·dalena
misma aplicó una yerba medicinal sobre su herida. ~\.l
practicar el vt&gt;hdaje, le\'antó la joven los ojos, un temblor convubüvo agitó su cuerpo ~• cayó sin sentido.
El soldado español er a San Antonio, el santo que rn
su corazón luchaba con el amor á su marido. Los mjs.
mos ojos, la misma sonrisa, la misma cabell('r a.
Con el alba, el soldado abandonó la casa, y .s iguió
su peregrinación.
Pocas horas máR tarde Antonio llegaba á su hogar.
Había encontrado deshecho elmontoncito de piedraH.
De~dc ese día la: felicidad desapareció para los e~posos. El disimulaba sus eelos y espiaba las acciones de
su mujf'r.
i\IagdalPna, con el instinto maraYilloso ele que Dios
dotara á los séres de su sexo, y sin sombra ele rcmor•
dimiento en el cielo azul de su conciencia lin1pia adiYinó la borrascosa agitación de espíritu de su marido.
Desde los primeros momentos la había dado cuenta de
todo lo ocurrido en la casa, durante los elias de separación. Antonio sabia, pues, que en su hogar se habia
dado a~ilo á un a lma g-rista herido.
Y la mujer, sin mancilla en el cuerpo ni en el alma,
pasaba horas arrodillada ante San Antonio y fotogTa•
fiando, por decirlo así, en sus entrañas la imagen del
bienaventurado.
· ·
Y e'l esta situación anormal~, congojosa para el matrimo1Lo, los síntomas de la maternidad se presenta.mu
en i\Iag-dalena.
Sombrlo y cejigunto, esperaba Antonio el momento
supremo.

IV
OBRA DE JJO~ A:li:TONJO PERERA.

33.3

La casa del matrimonio era, valgan verdades, en cuanto á tranquilidad y ventur a, un rinconcito del Paraíso, sin la serpient e, se entiende.
Cristianos nuevos, habían aijurado la
r eligión de sus mayores y practicaban con
fervor los actos ele culto externo que el cristianismo impone. J amás faltaban á misa,
en los dias de precepto, ni ásermón ~· procesiones, Y mucho menos el confesionario
p or cuaresma. ¿Qué se habría ditho ele
ellos? ?,0 somos ó no somos? Pues, si lo somos, válganos la fé del carbonero.
El adorno principal de la casa era un
lienzo al óleo. obra de uno de los gran•
des artistas que Carlos Y. ocupara en pintar cuadros para América, r epresen tando
a l santo patrón del marido. Allí estaba S.
Antonio en la florescencia d e la juventurl,
h echo todo un buen mozo, con sus ojos de
azul marino, su carita sonrosada, su sonrisa apacible y su cabellei·a rubia y riza.
Por supuesto que nunca le faltaba la
mariposilla de aceite; y si carecía del obli·
p:ado ramo de flores, era porque la frígida serrania de Paseo no las produce.
Maidalena vivía tan apasion ada de su
San Antoniocomo del homónimo de carne
y hueso.
Como sobre la tierra no ha 1' felicidad
completa, al matrimonio le falta ha algo que
le esparciese alC'grla en el hogar;y esealgo
n o era fr uto ó fruta de bendición, que Dios
n o había tenido á bien acordarles en tred
años de conyugal exi~trncia.
Magdalena, en sus horas ele soledad, se
arrodillaba ante la imág·en del Santo pidicndole que así como á las muchachas casaderas proporcionaba novio, que fué San
Antonio casamentero v dado á meterse en
lios amatorios, hiciese· por ella el facil milagro de empeñarse con Dios para que la.
concediese los goces de la maternidad.
Y San Antonio erre que erre en hacerse
el sordo yremolon.
-

m

lfONUllENTO LEVANTADO EN GERONA EN HONOR DEL GRAL. ALOORES

EL MUNDO.

Magclaleua dió á luz un niño.
.
.
Cuando la r ecibidora (matrona u obstetri de aquellos tiempos) anunció á Antonio lo que ella estimaba
como fausto suceso, el marido se precipitó en la aleo-

Doña Natalia Gónis

ae

l.blorales

(DE (ffATE)IALA.)

ba de su mujer; tomó al infante y salió con el it la puerta para mirarlo al rayo sola r.
.
El niiío era blanco v rubio como San Antomo!
El indio, acometi do d e furioso delirio, echó á correr
en dirección al riaehuelo vecino y arrojó en él al recien nacido.
V
Es tradicional que 8e vió Pnton ces :í u n hombr&lt;• ele
tipo español lanzarse en la corriente, cojer al niiio y
subir con (,) al cerro.
DeHde entonces el viajero contempla en la cumbre
del cerro fronter izo á Chanpi-Huaraug·a una piedra ó
monolito que, i\ la distancia, semeja por tompleto un
San Antonio c-on un niiio en brazo,, tal tou10 en las estampa~ .v en lo~ altai es nos pn:"enta la Ig-Je:;ia al santo padnano.

DOI\A .NA T_ALIA üONIZ DE MORALES

Entre las damaH de la culta sociedad guatemaltt•ea descuella con todos los caracteres ele 1111a J)('r:&lt;onalidad ~ebresalit'nte la 8ra. Doiia :-;aralia Góniz de Morales, ron cuyo retrato ilustramos hoy la, páginas ele
•El Mu n do.•'
La Señ ora Góniz ele Mornles nació en Chimaltt&gt;nano-o v rlesde niña ful'.• dedieadn á los estudio, en (•I lnsfü{1io ¡i;acio11 al. de s&lt;'11oritaK de Belén. Dotada el&lt;' exc·elente, tualida&lt;l&lt;'s morales é intelec:tualcti, pronto se
clisti11o·uió entre snK compm1era, de coleg·io por ,ms
v irtuct"t'8 ,. por su8 adelanto" notorio,; en la m11teria ele
su aprC'ndizaje. En lo:~ ('.Xárn&lt;•ne~ ge1wrales ele fi.n. de
curso siempr e tuYo dlstmg·mda,; y honro~a, cahf1caciones ha~ta su recibi111ieuto dP h·ofcsora dr Instrucción P;'inrnria.
¡i;o ,nti»fet'11as todaYia por la sc•iíorita Oóniz sus a~piradones de cn~Tancletimiento .(11telect11al,_i,iguió los
estudios acacl(•m1eos de lo~ Jn,;t1tutos de v aronr~ y
pudo al cabo de ello,, obtc•ner t'.I titu l? ~C' Ba(;t1illcra
en Ciencias,. Letras, en el ln8t1tuto ;'lac1011al Central.
Se dedicó 'dt•spu('s al 1Jagistcrio, sirviendo en Guatemala cátPdras, rn los distintos e,tablecimi(•nto, de
instrucción de la capital. fué fund adora en Guntemala
de la Escuela l'omplenwntaria .v de una Sección Xorrnal qn&lt;' clió al país i\fae8tra~ tituladas 9ue han tt·abajado eficazmente en el sentido de meJorm· cada ,·ez
m áK la infitrucción de la mujer; luC' 0'o fu(; Dircc-torá
del In~tituto de señorit,1~ de Belén, cfonde ella se educó y en ese Establecimiento despleg·ó todas HUS ener·
o-ias v dió it conocer todas sus dotes rle imtitntriz
educadora, y por tiltimo,por los años de \)2 y 93, ejerció á sMisfacción del Gobierno y del público g·uatemalteco, las delicadas funciones ele Inspectora General ele Instrucción Pública.

t

En 189.3 contrajo matrimonio con el señor Lic. Don Pró¡;pero Morales, á la. sazón
Ministro de la Guerra en Guatemala; y desde entonces se ha constituido en sacerdotiza del J10~ar, en compañera fiel y cariñosa del homLJre que la eligió para esposa, y
en matrona distinguida de la principal sociedad 0 ·uatemalteca.
En mfi ochocientos noventa v dos escribió un folleto bellísimo titulaiio: «Vida y
viajes de Coló11,• el cual folleto mereció
honrosos conceptos y apreciaciones en un
concurso que se convocó en Guatemala,
relativo á la elaboración de un trabajo biográfico é histórico, acerca de la vida y hazañas del descubridor del Nuevo Mundo.
Después escribió la señora Gon.iz de ~forales un tratado completo de Grografüt
Universal, que contiene más de GOO páginas, cuajadas dC' datos importantes y ~lt1
noticias exactas sohrelas naciones de Ja tierra. Contiene tmnbien el tr.atado, leccionC'l:!
concienzudas~ biC'l1 razonadas de Geografia Fií,ica y Cosmografía, conforme las
prescripciones de la cic•ncia moderna; está.
escrito en elegante forma y con claridad
suma que la pone al alcance de todas laii
edades y de tocias las inteligencias.
Ese libro importantísimo. e.i;tá en pr&lt;•nsa
ahora y no es dificil que pronto se ponga
en circulación por todalla América Centra.!.
La señora Goniz de Morales se. ha dedicado también al cultivo de la~ bellas artes:
toca piano y arpa; canta y pinta con buen
gusto y propiedad, sabe moddar y traducir en formag plá;;ticas las bellezas qu e concibe r e8malta su imaginación de artista; y
por último, no ignora nada de lab&lt;:&gt;re.s de
mano ni de ofici08 puramente domésticos.
Conoce á fondo la marcha de los asuntos politicos d,el p~is, y no poco ha cola~o•
rado en la cosa publica, donde su mando
ha tenido iog-Prencia ó participación.
Ocupa pue¡¡;to disting1údo y por demás
brillante en la sociedad guatemalteca donde ella ha trabajado tanto por la educación
lle la juventud y sembrado muchas simpatías con las prácticas del bien.
Con motivo d e los sucesos políticos oeurridos últimamente en Guatemala, la scñ&lt;,ra Goniz de )forales, su tierna hija y sus ancianos padres fueron asilados en la Lcg·ación de México que, con autorización del
Gobierno ele ebta Repi1blica, se prestó para
prote¡rer y garantizar aquella familia dis,
tin 00 uida.
Vayan estas lineas como una muestra
de re·cono&lt;:imicnto por la nobleza de la acción,. corno un obsequ io para los apreciables propietarios'de EL ::11nmo. qu e hoy publican gustosos el retrato de la clisti ng1úcla matr ona guatemalteca.
.d.Ll!JJA..'WRO BESITEZ.

~léxico, Noviembre de l b'97.
TESTAS

¡Oh las rubias cabecitas ele lo,1 niños inocentes,
Qne ·dormidas en las c·rnias recibís en vuestras frentes
El bautismo sacro~anto de lo, besos matemalC's!
En vosotras, tabecitas de log niños inocentes,
Su dorado nido han hecho la~ blancuras celestiales.
¡Oh cabezas de azabache ele los pálidos poetas,
Que soñais en actitude~ melancólicas y quietas
O agitais con entusiasmo las melenas encrespadas!
Sois ¡oh jóvenes cabezas de :os pálidos poetas!
Liras negras por las manos del ensueño acariciadas.
Oh! las torvas testas grises de los Faustos incurables
Que olvidais enloquecidas por placeres detestables
En un vértigo de vicio vuestro hastio sempiterno!
. Desgraciadas testas grises de los Faustos incurables,
En vosotras hierven todas las torturas del infierno.
Oh! las testas plateadas de los sabios magestuosos,
Qué estudiais en los infolios·manuscritos y polvosos
Y os habeis encanecido deRposadas con la ciencia!
En vosotras blancas testas de los sabios magestuosos,
Ha nutrido sus raices--flor de invierno-- la experiencia.
¡Oh las clúllicas ceffices de los frailes macilentos,
Que sentís en Yue:;tros c1áneos de vejez amarillentos
Las huesosas manos Recas ele arrugado pergamino!
¡Oh! , osotras, calvas testas ele los frailes macilentos,
Caminais buscando tumbas en\.vuestro árido camino.
0

¡Oh! las rubias, negra~, g-riscs, blancas y aridas cabezas
Donde viven las blancuras, donde anidan las gTandezas,
Que os alzaisllenas de orgullo, Íl os rendís al sufrimiento,
Todas sois inmaculadas, santos templos, ¡oh cabezas!
Donde-lámpara divina-su luz vierte el pensamiento.
EFRÉN REBOLLEDO.

Noviembre de.1897.

�Domingo 14 de Noviembre de 1897.

EL ~HJNDO.

334

dó las alegrías de Israel ante el arca de la Alianza y cuando pulsan sus cuerdas querellosas unas
manos jóvenes y blancas, es más aun, es deliciosamente embelesador.
La Srita. Hirns J&lt;'ontecho, mucho ha que consagra sus ocios al dh•ü10 instttunento y que cnvuel,e en sus harmorúas delicadas sus puros anhelos
de doncella y sus ensueños jó,·eirns y sonrosados.
Y el aplauso la ha premiado de sobra. Un año
hace apenas que en el antiguo Colegio de ~Iascarones llevó 1:1 parte de arpa, en el precioso IntermPzzo de Cavallería Rusticana, entusiasmando á
sus orcntes.
'
Alguna vez la hemos escucha&lt;io, interpretando
trozos de Schumaen ~- Ifayden con acompm1amil'llto de armónico, violin y piano y viéndola
pa::;•1r sus dedos uiveos por las cuerdas y Yiéndola a•1egar sus ojos bl'llos &lt;'11 el azul, hemos pensado en aquellas e:;tátieas de la primitiva Iglesia
que cnvü1bnn á Jesús con &lt;&gt;l ritmo di,ino de la
música, el ritmo inmaterial de sus plegarias de
amor.

%ueotzaó ~ztiotao.

,.
MARIA RIVAS FONTECHO

La Sri ta. Rivns F~ntcd10, miembro' de una distinguida familia ele esta capital es otro de los f~orone1:; clr rsa delicada plant,l del arte que empieza il fructificar apeirns en nuestro país tan atoi·mentado por la brega.
Cultiva un instrumento que llm·a &lt;'ll su solo
nombre un caudal de porsía: el arpa. lnstnmH'llto deliciosamente arcaico, que ha pasado ele época en época, de raza en nlza, sin prrder nada de
su prestigio y ganando siempre en el espíritu dP
los homhrcs.
David elevó al eco ele efüt, el salmo pi·odigioso
v Ossian derramó con sus notas en las soledades
'del norte la triste magia de sus cantos de brnnw.
Y :;iempre es nuevo ese instrumento que acor-

NOCHE

DA-:\TAS MEXICANAS

¡Oh! va Yienr la noche! ...... tú la esp(&gt;rab
· con el ansia infinita
con que ao-uardan al cHiro laR flon,s
'Z:uando la tarde espira,
al céfiro que pasa dobleo-anclo
c-on amor, bUS corolas adormidas:
a,;i es1wra~ la sombra ..... .
Son flores las cahPza¡; pensativas,
flores también, que al paso de la noche
silenciosas ~e inclinan..... .

[RUNEBERG]

¡Oh! no llegue luciente, con fulgores
de luna y de luceros!
¡llegue oscura, borrosa ...... ¡llegue 01Jaca!
y con amante~ dedos
de brumas, cierre al punto
los ojos que en la sombra est~n abiertos..... .
Ya cerrará los tuvos, compasiva,
y asl, ciial pasa el céfiro
.arrancando á las flores sus perfume,;,
sus perfumes-que son sns. J?ensamicntosa~i la noche, de tu frente palida
tomará los recuerdos,
Y hácia el olvido irán, arrebatados
JJOr una ola de neg-ror inment&lt;o ........ .
¡Oh, las noches amantes y enlutadas!
¡oh, las noches oscm·aij
&lt;¡ne apartan de su anhelo á los ~ne viven
:,· que á los muerto~ Jtmtan!. ....... .
Ellas despiertan Jo que yace merte
, y lo que está despierto ellas lo arrullan;
~llas ::,on las que cierran nuestros ojos
y las que abren las tumbas.....
Ya no tarda la noche!. ..... Ya las aves
hacia sus nidos, presurosas vuelven;
.va el canto de la tarde es una nota
que con la luz de ocaso ~e hunde y muere...
Callad! ...... va pasa el céfiro
entre las flores que se inclinan, leves..... .
... ...¡Ha llegado la noche!.. .... ya su sombra
se enreda entre las nubes y desciende,
y pasa doblegando las cabezas;
llores cansadas que á su beso ¡duermen!.. ..
Y la miro ahuyentando, compasiva,
de todos los cerebros,
lo~ desencantos, el dolor, las penas,
los sombríos recuerdos,
todas las va perdidas esperanzas
'que se albergan en ellos,
todas las ilusiolies imposibles,
todos los pensamientos ........ .
,:,· así, cual un enjambre de h1~iérnagas,
los arrastra muy leJos ......
Allá vá...... ftu;tigándolos con ala
de ,·aporoso tul flotante y negro ..... .

•

MARIA ENRIQUETA.

Novbre. de 97.

INGENUA.

¿Sabes porqué te amaba? por bohemia.
Porque exótica flor, el. infort_unio
Ungió tu alma y tu e:x1stcnc1a abruma
Siempre inflexible y duro.
Porque en tu corazón hay sentimiento
T en tu frente de pálido relumbro
Ensueño,;, ilu~ioues, ideales;
Pero tambfon crepúsculos.
Crepúsculos á veces de alborada,
Vespertinos los más, en que confuso
Suro•e tu porvenir como una sombra
" Manchando .un cielo puro.

&lt;!t¡ritnfio 11e una jouen.

$eñorifct í!eonor J{iaalgo
DE LA PAZ (B. C.)

Porque una noche, en tu balcón, á solas,
"Una noche estiYal de ple11ilunío,
Yi arrasados tus ojos por las lágl'imas
De algun dolor oculto.
Y al in~tante reiste, mas tu ri~a,
Tu ri~a de amarg·ura, solo pudo
Hacer más infinita m itri~teza,
}Ji ha:;tfo 1:'.ás profundo.
So~· una loca me diji~te entonces,
No sé q11e es lo que siento, pero sufro.
Yo en vano quise consolar tu,: penas
Y ante ti quede mudo ..... .
Dcspu(·, tu indiferencia iuc,peracla
Ahogo mi amor, ,v triste ." taciturno
}le pu¡;e la &lt;'areta de la ri~a
Acaso por orgullo.
Torn(• á mi soledad. tomo á su nido
El deslumbrado pájaro nocturno.
1\lás núnca, nunca oh·idar(· tus l{tgrimas
:Ni esa noche t•sti\'al de plenilunio.
Jo,:;É 711. 0C'HOA.

l\Iexico, No\·iemhre de IK9'i.

De ver fl su amante, ~oht
Yuell-e la niila á :;u hog·ar;
Sus manos, ante•~ de• azahar,
Trae rojas c11al la amapola.
-¿Por qué á e"e color te inclinas?
La madre la dijo asi;
-Cogfrndo ro~a" me hPri
Con IM punzante,: e"pina~.
En su casa otra maliana
Entró alegi·e ~· sin enojo~,
Pero con los labio~ rojo¡;
Como el color ele la grana,
¿Por qué ese color advierto
En tu boca diminuta?
-Es el jugo de la fruta
Que me he comido en el huerto.
Otra vez cruzó la puerta
·ne su hogar, triste v llorosa:
1\fas sus mejillas de \·osa
Eran ralas de una muerta.
Y su madre, aquella vez
Al mirarla tan Rombria,
Así la dijo:-Hija mía,
¿Qué indica tu palidez?
¡Madre!-exclamó la doncella
Con la mayor amargura:
-Haz que abran mi sepultura,
Y que me acuesten en ella.
Y que pongas también quiero,
Cuando me falte la luz,
En mis manos una cruz,
Y en mi fosa este letre1·0:
«Con las bre,es manos rojas
«Un día á su hogar volvió,
&lt;Porque se las e;,trechó
«Su amante entre mil congojas.
«Otra vez sus labios gruesos
«En tinta roja teñía,
«Pues su amante los había
«Cubierto de ardientes besos.
•Y otra, con semblante huraño
«A su triste bogar volYió,
«Porque el amante pag·ó
«Su amor con un deseng·aíio.•

ILUSIONES.
Las azules, que en góndola de oro
Cual nereidas cruzaron el mal',
'
Las de rostro apacible v sonriente,
Se han ido muy lejos... ~ y no volverán!
Solo quedan las otras, las negras,
Las que bogan con prisa fatal
En el lago cubierto de somb\·as,
Las que callan y bogan nomás.
Mue, tecitos dejando los remos
En la orilla la barca atracad,
Que el marino de frente tostada
La faz de Aqueronte río quiere ver más,
Hadas blancas, que atabais listones
En el ramo oloroso de azahar,
Yeuid presto, Yenid á la alcoba
Y otra vez mis viajeras, cantad.
Imposible! que en góndola de oro
cual nereidas que cruzan el mar
Las azules ....... caminan de prisa'
No vueh·en la cara.... é ingratas; ¡se van!
ADALBERTO ÜARRIEDO.

Novbre. de 97.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.

EL MUNDO..
DAMAS l\IE.xICANAS

TOMOIJJ.
V&lt;Jfs•tu, m'ami, ce qui est beau. c'est
d'avolr viogt ans et de bien s'aimer.
·
Alph. Daudet.-Sapho.

r

Reinaba profundo silencio en la vasta
biblioteca. De tiempo en tiempo se escu-chaba el ruido s.eco de las hojas de un libro
que se consulta y el susp.iro de un hombre
•que trabaja con ahinco. De repente, empezó
monótono y febril, el susurro de la pluma
que corre sobre el papel, á manera de sumbido de mosco.
Era la hora vespertina; á tray(-z de los
cristales, se filtraban los rayos del sol moribundo y bañaba con luz dorada el barniz
de los estantes más próximos, mientras que
el resto de la pieza qu('daba envuelto en
discreta sombra. Surgía de enmedio de ella
una mesa, baja· y ancha; una me1,;a de sabio,
austera, simple, cargada de libros grandes
y pequeños, antiguos y modernos, r sobre
ella inclinado, un hombre escribía .....
Escribfa, escribía febrilmente, sin dar tiempo al pensamiento para bus~ar la idea, ui
al arte para esculpir la frase. Escribía como escriben los filósofos, períodos que Yen
ya escritos en su mente con sus puntos y
,sus comas: trasladaba al papel lo que á
costa de largas meditaciones lleYaba impreso en el cerebro. Pero esta yez, un malestar inexplicable lo trituraba, mi entor•
pecimiento físico y moral, de la cabeza y
•de la mano: palabras que sr saltan, cifras
que se olvidan, ideas que se entrechocan
y que hay que analizar de nuevo .....
Decididamente el trabajo no marchaba.

*

*
El filósofo fné á la* ventana.
Afuera espiraba la hermos11 tarde de Prima vera, el sol se había hundido, crecía la
1
.sombra. Y la ámplia. avenida, bordada de
alheñas y de faroles encendidos, aislados
primero, juntándose y prolongándose á lo
léjos cual gigante sierpe luminosa, hormi_gueaba de gente. Un soplo de satisfacción
ascendía de las aceras hasta la -ventana, El filósofo miraba ..... .
Estaba nervioso, como todo hombre que dá la
última mano á una obra largo tiempo soñada. Dos
tomos de su estudio-«EI llombre»-habían aparecido ya, habían sido leídos y aplaudidos por los
hombres de ciencia. Hoy ponía el último renglón
del último tomo, que en dos palabras, á modo de
condensación, resumiría la obra toda, esa obra que
era el fruto de sus largas lloras de meditación,
-de sus cngolfamientos en todas fas filosofías
.habidas y de su temperamento mismo, replegado,
hipocondríaco . ....
Una sonrisa de orgullo plegó sus labios delgados; pasóse la mano por los cahelios precozmente
escasos y pensó en su vida pasada. Pensó que él
á los treinta años, cuando sobre las sienes todavía florecen las rosas horacianas, ya ceñía el laurel inmarcesible de la gloria; á la edad en que los
hombres van á mitad de la selva de la vida, él la
había recorrido, repasado, descrito y analizado en
esa obra, cuya última plumada estaba á punto de
·dar. Su nombre volaba de boca en boca, de revista en revista, siempre encomi11do ...... .
Y la sonrisa se acentuó rn sus delgados labios.

$ra. Gnarea raarrera ae Gf r.!1'iño.
()lONTERR11Y)

bía sustraído ·á la Yida social, que había robado
1-ina unidad á la actividad humana. Porqué, sus
obras, ¿serían benéficas? .. . .
¿Si él hubiera Yivido otra vida? El amor....
El filósofo se engolfó, lai:go tiempo, en su pensamiento.

*

**

A la luz de un escaparate, en frente, vió dos
bocas que temerosas de la curiosidad pública, ftu-tivamente se besaban..... . .
Volvióse y miró la vasta biblioteca que ya 'la
sombra erwolvía enteramente; miró en ese fondo
oscuro, toda su ,ida pasada, toda su juYentud
igualmente obscura, transcurrida junto á un infoUo acru·iciando utopías, y febrilmente tomó las
cuartillas escritas y las desgarró .............. .

***

Los hombres de ciencia, a,un esperan, impacientes, el Tomo III de «El Hombre» ....

J. SANOREZ AZCONA.

MISERIA.

***
En las aceras, la gente pasaba, pasaba: transeuntes solos, grupos y sobre todo parejas, un
hombre y una mujer, ya ricos, ra pobres, pero
siempre muy cerca el uno de la otra.
Y al verlas, al ver la sonrisa que se cambiaban
el filósofo sentia nn anhelo indefinido, un vacío
profundo.
La mujer-madre, la mujer-esposa, la mujer-hija, era otros tantos títulos de los capítulos de su
obra. Así concebía á la mujer. Pero .... ¿la mu.
')
.
Jer amantr .... : ..
La brisa vespertina que sobre su frente soplal)a, parecía dar nuevo sesgo á sus ideas. Después
de todo, la humanidad no era tan mala .. , ... esas
gentes que, s'ltisfechas por el dehcr cumplido salían á sorber u119, bocmiadadc aire, eran felices ....
. después, Uegarfan al hogar.....se r.maría,~ ... , .
Y ¿é'.?.... Pensó por vez primera que lrn.bía si&lt;lo tan sólo un fantas::1a C:!l el r.11nél.o; que se ha-

(CUENTO A MI HERMANA)

ÁZARO se avergonzaba de su
fealdad.
Era jorobado y tuerto. Su
boca, que parecía la rasgadura de un vientre apuñalcado, le
llegaba por un lado de la cara
hasta crrca de la oreja.
Fué vendedor de números de lotería y los· pilluelos le robaban los números y corrían abusando de su defectuosa contextura. Las mujeres del
pueblo le soltaban la carcajada cuando le veían
pregonar. Pasában las señoritas y -las señoras,
elegantemente vestidas, y al mirarle sonreían con
una sonrisa más ofon c;iva, más insultante, más llena
de dcsprcciatiYa mofa y rcpugna:1te !ástima. que

3.'35

las carcajadas toscas, de las cocineras Y
verdtlleras. Los ojos se le llenaban entonces
de lágrimas .. , ... pero llorar era ponerse más
horrible, y para evaporar sus lágrimas pregonaba con to_d a la fuerza de sus pulmones
y su voz tenía ondulaciones angustiosas,
· resquebrajaduras de desesperación, por las
que se escapaba á copos el llanto contenido.
Un día, una niña de quince años pasó
junto á él. ¡Qué bella era! Parecía una de
esas vírgenes rosadas y frescas con que ador
nan sus oratorios los sacerdotes jóvenes.
Que dulce era la mirada rosada que se deslizaba entre sus largas pestañas desde sus
ojos rasgados de cierva pensativa! Oh! debía ser buena, y no se burlaria de su fealdad. Sería un mentís encantador al pesimismo de Schopenhahuer que encuentra el mal
en todas las manifestaciones drl sér. Lázaro se acercó a ella, trémulo y conmovido, y le dijo con voz en que quiso poner
todos los despertadores ele la simpatía:
-Señorita, tómemc usted un número.
La niña se Yolvió y dió nn lijero grito al
verle.
-¡Dios mío! Qué hombre tan feo, vállase usted!
Láz-aro. se quedó inmóvil, la miró con
una !nirada en que había un reproche á ella
por su crueldad y una quejaá Dios por haberle hecho tan infeliz. Un rubor quemante
se extendió por sus mejillas tostadas, como
una mancha de sangre, y el pobre desheredado hundió su cabeza en su joroba como
una tortuga en su caparazón, y despues de
un largo silencio cu que sintió como una
aureola ardiente de miseria y desprecio qne
le circundaba el rostro, gritó:
-El número gordo. ¿Quién quiere sacarse la. lotería?~Y continuó en su calvario
acumulando en la memoria toda su amargura, toda la befa que se le hacía, saltando
sobre las cai·cajadas, atravesando la espe.
sa maya de sátiras y burlas que le tendían
desde las aceras los pilluelos.
-El número gordol~gritaba con desesperadas
inl'lecciones de voz, como para ensordecerse ó
ahogar con sus propios gritos la insultante y burlona chacota de sus enemigos gratuitos.
Después la. estupidez y la maldad se confabularon para hacer creer entre la gente desengañada de la fortuna, que el infeliz jorobadito ahuyen•
taba la suerte. Desde entonces dejaron, los pocos
que lo hacian, de comprarle números de lotería.
Quiso vender periódicos por la noche. A la luz
de los farolés-pensó el desdichado-las fealdades y las oellezas se opacan; pero tanto se burlaban de él los muchachos, que aprovechaban la
obscuridad para ser más francos y crueles en sus
pasada-s que tnYo que renunciar .
Pidió limosna en los paseos, en el atrio del templo, en los cafés y en los teatros.
-¡Qué valor, exhibirse con ese cuerpo y esa cara!-decían las damas mi.randole con asco y con
sonrisas como bofetadas.
-Usted es un mocetón, hombre, por qué no .
trabaja? -decían los caballeros calzandose los
guantes. Otros ni siquiera le hablában: le. miraban, se reían y pasaban .... Alguna que otra vez,
algún Yiejo, y muchas veces pordioseros liciados
como él, ponían en sus manos escuetas y temblorosas alguna monedilla de cobre; compraba pan
en la bodega más próxima, y se metía en algún
soportal obscuro y devoraba y saboreaba su alimento con la voluptuosidad del hambt·e ....
En vano se ponía un barboquejo á media cara
con un lienzo inmundo olvidado ó despreciado
por los traperos, para ocultar en parte la fealdad
risible de su rostro. La media cara restante y su
joroba bastaban para. atraer sobre su cabeza la
afilada chacota popular., Oh! cómo lloraba en los
arrabales entre la maleza ó detrás de las tapias,
en donde dormía como un ladrón de campo.
Muchas veces pudo castigará los pilluelos que
le zarandeaban riéndose, arrojándoles una piedra
que los descalabraba, pero tenía un miedo inmenso, nn terror indecible á los gendarmes, y por eso
no lo hizo. Sufría y callaba.
Una noche tenía hambre, ¡qué liambre, Dios
Santo! No l1abia comido desde el día anterior. Nadie le había dado una limosna, entró á nn café

�336

EL MUNDO.

Domincro 14 de Noviembre de 1897.

lleno de gente; recorrió las mesas y nada. En una á adorar al Mesías, Redentor del mundo; pero ya
-Ko soy sabio respondió el viejo-He vivido,
de ellas había dos gendarmes con las caras rojas el bendecido recuerdo iba perdiéndose, v en el en el retiro, orando y haciendo penitencia.
de embriaguez. Al ver al muchacho tan deforme cielo Turqui cada día se borraba más ei rastro
-Desde hoy te conocerá d univt•rso por el mocon su andar defectuoso de alimafta de1Tengada, de la estrellita, así como su claridad celeste pali- nume.n to que ·vas á eregir-declaró Artasár, que
le llamaron:
decía en el corazón del descendiente de los Ma- en efecto, nrnndo poner á disposición del viejo sus.
-Hola, buena pieza, ven acá.
gos que fueron doctos por su arte de adivinar, y riquezas y una inmensa extención de territorio
Lázaro se acercó temblando de miedo.
santos porque les infundió gracia el haber a1:Joya- fértil, do11de hahía. selvas profundas y caudalosos
-Señores: dijo, una . limosna, por Dios; tengo do los labios sobre los tiemos piecesillos del re- ríos, llamu·as risueñas y lagos apasibles.
hambre ...... .
cién nacido Jesús). ¿Qué mucho que Artasár olAl caho de un m1o, plazo fijado por el arquitec-Ah, ladronazo; ¿limosna, no? Tu lo que ne- vidase las enseilanzas trasmitidas por los .Magos, to para terminar el palacio, .Artasár quiso ver las
cesitas es ir al cuartel á que te den una azotaina. si Salomón, híjo de David, autor de libros sagra- obras, y se trasladó al lugar donde creía qu.c ya
Vamos á ver tus gracias. Baila si quieres ganar dos, favorecido por el Señor éon el dón de la sa- se eleva su nueva vivienda.
esta moneda.
biduría, prevaricó de tan lastimosa manera, lleGrande fué su sorpresa, fuerte su cólera, al no
Y puso una pequeila moneda de plata sobre la gando á i11eensar á los ídolos? ~lientras el hombre advertir por ningmrn parte sefiales de jardines ni
mesa.
vi.e en esta tierra, sujeto está á la tentación.
de palacio. Notó, eso bÍ, que aquél territorio, an--Oh! no, seilores, yo no sé bailar-dijo el jo. Artasár se parecía al hijo de David en la mag- tes desierto estaba poblarlísimo, pues salían á .
robadito rojo de verguenza.
nificencia, en el ansia de rodearse de lo más pre- aclamarle tribus enteras, nilíos y mujeres que
-A bailar, digo!-insistió el soldado-y sacó cioso, raro y delicado traído de los confines del aguardaban el paso del rey y le bendecían; pero
una correa de su bolsillo.
orl,)e. Cada ·día galeras cargadas de riquezas abor- ni aún logró divisar lJi&lt;•dras y materiales esparciEl desgraciado lloró; fné en vano: tuvo al fin daban á los ptwrtos del reino de Artasár, trayen- dos por el suelo &lt;¡lle anunciasen trabajos de eclique bailar, como los osos de los zíngaros ambu-. do preces y joyas al monarca.
ficac1ón. Entonces Artasár, indignado, mandó
!antes; bailó al son de la ,::ambr&amp;,horriblemente toAlfombras blandas como el bellón ele la oveja; que trajC'ccn al arquitecto á su prcsPncia con procada en un acordeón por un filarmónico oficioso; cortinajes de seda cuyos bordados representaban pósito dC' hacerle clei-:ollar y colgar su piel, sanbailó en· medio del estruendo que hacían las car- batallas y lances ele amor; imágenes de marmol, grienta aún, á las puertas de la ciudad, para escajadas vinosas y las chuscadas de los espectado- de egregia desnudez; pebeteros ele oro que em- carmiento de prevaricadores. El víPjo se presenres. Acabó y recogió su moneda. Estaba muy pá- balsamaban el ambiente; jarrones y vasos de pla- tó, tan humilde, tan demacrado, tan modes:o colido y tenía fiebre, pero su hambre era muy gran- ta y ágata, pieles de tigre y plmnas de avestruz, mo el primer día; y cuando el rey le increpó, dió
de. ¡Qué llambre, Dios Santo! Compró panes y se -amontonaban en la regia mansión, estrecha ya esta respuesta extraña:
queso, y en la sombra del zaguan de una antigua para contener tantos tesoros.
-El palacio que deseabas es:á construido, oh,
casa nobiliaria, casi deshabitada, comió, comió,
rey,
y si quieres venir ~onmigo, tú solo, voy á .
Mas ¿quién podrá llenar el abismo de un coramucho ..... .
zón? Artasár, el mag1úfico, vivía inquieto y tris- mostrártelo en seguida.
Pobre Lázaro! 11il escenas de escarnio, de inSiguió Artasilr lleno de curiosidad al anciano,.
sultos y de befa formaron la crónica amarga de te. Ansiaba construir otro palacio, por ser ya el y juntos se internaron en lo más intrincado y resuyo mezquino y &lt;'Strecho para la innumerable
su vida de desheredado de la naturaleza. En cada
tirado de la •floresta. Pronto salieron de la espe-. calle, en cada esquina le asaltaban con brutal muchedumbre de gLiardias, esclavos, concubinas, sura, á las orillas de un inmenso lago natura1, y
tafiedores;
juglares,
bufones,
palafraneros
y cocifranqueza risotadas de burla, apodos, comparaneros que en él se albergahan. Y empezó ít sonar allí el viejo se detuvo. El sol se ponía: el firmaciones crueles, palabras que amorataban sus memento aparecía rojo, abrfündor, ~plendente. Y
jillas como si escuadrones de bofetadas pasaran con un palacio nunca visto, que eclipsase al que el arquitecto tomando de Ja mano á Artasár, leSalomón
edificó
en
u·cce
años,
sobre
columnas
de
sobre ellas.
bronce y con el inmenso mar de bronce, cuyo bor- dijo con grave voz:
Una vez se encontraba en uno de los puentes de imitaba pétalos de ,tzucena.
-Los tesoros que me has confiado, oh rey, los.
que cabalgan al río. Unos muchachos hicieron nna
he repartido entre los miser,1b!e ,, entre los que suEl palacio debía ser tal, que inmortalizase el frían hambre y sed, entre los que oían llorar al
pillería y huyeron á los denuestos y gritos del
perjudicado. Vinieron los gendatmes y cogieron nombre y el recuerdo de Artasárpor todos los ve- ni1ío recién nacido, por que el seno de la angusnideros siglos, y que la fantasía no pudiese con- tiada madre no daba leche. ~Iás no por eso he,
al jorobadito,
-No he sido yo, señores, les juro por la Vírgen cebir nada tan expléndido, 1ü tan delicioso. A es- dejado de alzarte el palacio que deseabas, y te lo.
te fin, Artasár acordándose de aquel Hirán que
que no!
alcé tan soberbio que ningún monarca de la tie-¿No? preciso. Ahora confesarás en el cuar- trazó el de Salomón, convocó á los más famosos rra podrá jactarse de µos1•er uno así. 1\[ira . .... .
tal cuando te den una felpa á calllÍsa y calzón arquitectos de su reino y de los vecinos, y ofre- ¿Xo le vesr Allí lo tienes. ¡En el cielo se levanta
ciéndoles grandes recompensas, ordenó que tra- ahora tu palacio!
quitado.
Oh! esto era lo que Lázaro tem,ía. ¡Dios S&lt;tnto! zasen los planos de una residencia cual él la queY .Artasár miró, y vió efectivamente de entreque le quitaran la ropa, que lo desnudaran y pu- ría, amplia, suntuosa, sin celada como una diadema las nubes de grana surgír un maravilloso edificio.
sieran á la Vista de todos su joroba, esa joroba ho- real. Los arquitectos foeron presentando sus pla- Sobre columnas de plata, bronce y alabastro, se·
rrible que parecía una enorme nariz boca-arriba nos; pero en los ojos de Artasár no encontraron erguían las bóvedas de dorado cedro, esculpidas
olfateándole el cogote. Todo su deforme cuerpe- gracia. Ninguno de ellos realizaba la quimera de con artificio tan hábil, que parecían un piélago
cillo de aborto, de monstruo, se estremecía á im- su imaginación; ninguno ele ellos correspondía al · de olas ele oro. Cúpulas de &lt;-smalte azul coronaideal que se había formadc, de un palacio n\mca
pulsos de un terror inexplicable.
ban el alcázar, y largas gal&lt;'rías ele diáfano cris-!No no! no!-repetía el muchacho, convulso, visto, sin igual en el mundo.
tal, con cornisas .de p11drcría y mo~aico, se proCuando ya Artasár clesC'speraba de conseguir
debatiéndose entre las manos de los gendarmes.
longaban hasta lo infinito, entre' el misterio de·
-Fray Chicote es muy buen confesor, ya ve- que le adfrinascn el loco ~lc..,eo y acomodasen á una v&lt;-gación fantástica, de hojas d&lt;&gt; esmeralda y
él la realidad, he aquí que lf' pide audiencia un
rás tunante.
flores de vivo rubí r oriental zafiro, cuyos cáli-En el rabo y en la joroba-ailadía el otro con hombre, anciano, demacrado, de luenga barba, ces exhalaban una fragancia que embriagaba y
de humilde aspecto, que traía bajo el brazo un rofiera crueldad.
calmaba los sentidos á la. vez.
De repente se escurrió Lázaro de entre las ma• .Xº ele papel, afirmando que aquél era: el proyecY Artasár, transportado, se arrodilló á los pies.
nos de los soldados y desapareció rápidamen- to del p,llacio qw3 el rey aprob,~ría . .No a.lionaban del arquitecto y los besó, con el alma inundada
mucho. las trazas al desconocido arquitecto; pero
te .... se había arrojado al río.
·
ele gozo.
el desalmciadq cualquipr remedio onsa~·a, y ArCLElfENTE P áL::.IA.
Cuando regresaban de la. sefra, . Artasár notótasár permitió al anciano que desPnrollase el pacon
sorpresa que el rastro casi extinguido de la
p&lt;'l. Apenas hubo el monarca fijado los ojos en el
estrella
ele los 1Iagos fulguraba aquella noche coplano, batió palmas, saltando de júbilo.
mo un collar de brillantes.
Glrfasar.
Aquello era su sueño, interpretado pbr un mágico, que leía en su mente. Aquellas soberbias coEMILIA p ARDO BAZÁN.
lumnatas, aquellos patios de magestuosos balaustres, aquella::; galerías ele mármoles y ágatas preEL COH ETE.
ciosos, aquellos techos de cedro ';/ oloroso pino,
aquellas estaciones cuyo bnníido pavimento te;nía reflejos de agua, aquellos bosques, aquellas
Lanzóse audaz á la región sombría
fuentes monumentales, aquellos miradores calay era, al hendir el céfiro sonante
. dos por mano de las hadas, aqueHos prnsilcs coluu surtidor de furgo palpitante
gados en el aire, aquellas torres que desafiaban
ESPUES de Salo- las nubes .... aquello era el idial, lo que ningún
que en las ondas del cielo se envolvía.
món, el rey más po- rey del mundo poseía; y Artasár, al verlo tendió
Viva su luz como la h1z del día
deroso y opulento de la regia mano cubierta de anillos, larga y fina y
resplandeció en los aires fulgurante,
latierrafué sin duda morena como el fruto de la palmera, y exclamó:
cuando la luna en f'I azul radiante
Artasar. descendien-Constrúyase Pl palacio como tú lo has procomo rosa de nieYc se -entreabría.
te directo de uno de yectado, oh varón sapientísimo; yo te daré cuanaquell?s. tres Magos to pidas, cuanto necesites. Para tí se abrirá mi teP&lt;;rdio un instante su esplendor rojizo,.
que vm1eron á pos- soro secreto, y en los subterráneos de mi morada
siguió después cual raudo meteóro
trarse en el establo y gruta de Beltleem guiados encontrarás oro, perlas, bezoares, diamantes y
y al fin surgió como c&lt;1ndente rizo,
por la luz de una estrella lllÍsteriosa, nueva, dife- rubies en cantidad suficiente para edificar, no uu.
rente de las demás, estrella que abría-en el azul palacio, una ciudad entera, con su caserío, sus
Paró de pronto su silbar sonoro,
del firmamento surco diamantino.
y, tronando potente, se deshizo
templos y su recinto fortificado. Y dime ¿donde
Artasár conservaba, entre otras gloriosas de su te ocultabas y por qué es tan miserable tu aspecen un raudal de lágrima~ de oro.
estirpe, la' tradición de la jornada de su antecesor· to siendo tú un sabio tan grande?
SALYADOR RcEDA.

&amp;l palado

lf.

ae

Domingo 14 ile Novie_!llbre ~e ~897.

EL MUNDO.

337

Ensueño de. niños.
POR JOSEPH L'IlOPITAL. -ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 4.
-Sois muy curioso cuando decís eso, exclamó militares que Yeo desde que estoy en Tours. Qui- sin embargo, como cuando me lo han dicho los
otros .... Sin embargo, es preciso que me vaya.
ella. Confesad que no estáis enfadado por el per- zá es por eso por lo que ....
. . No; dijo Jacobo, quedaos, no os lo he dicho
cance.
Y se interrumpió brnscamente.
todo.
Jacobo no supo que contestar. Y no sabiendo
-Por lo que .... qué?
-Vaya que hablais ya demasiado de cosas que
que contestar se echó también á reir!
-Oh! nada. Solo que los otros hablan demasiaEstaba encantado. Su buena estrella le servía do, y vos muy poco, esto es todo.
110 deb0 oir.
-Y de que hablar cuando es uno dichoso ....
á su antojo y el tete-á-téte que aquella mailana aún
-·Pues bien! Yoy á hablar! exclamó él.
-Dios mío como son los hombres.
no osaba esperar sino después de largos trabajos
Habían llegado al recodo que forma el bulevar
de aproximación acababa de obtenerla a1 primer para unirse al canal del Cher. El crepúsculo de-Seilorita Jacqul'iina, vos misma me censuragofpe. La tarde caía, los paseantes se hacían ra- clinaba y las líneas de grandes árboles parecían ríais si os hablara de la liuda y del buen tiemr os; el boulevar iba estando mús y más desierto. dos murallas negras, lanzándose hacia un cielo po, e11 lugar de ..... .
Y J acquelina marchaba cerca de él, riente y bra- lleno de color.
-)luv al contrario! No podcis acaso platictJr
va, con una desenvoltura que probaba en ella la
Voy á deciros lo que pienso de vos desde que conmigo corno amigo, sin decir palabras que no
ausencia de toda gazmoilería. La novela estaba os encontré: que jamás he visto nada más encan- le es permitido escuchará una cuando l'S honrada?
empezada y no había más que seguirla, saborean- tador que vos, que yo estaba triste, fastidiado,
- Qué he dicho, pues, para disgustaros?
do sus peripecias, novela un poco vulgar sin du- descorazonado de mi nuevo oficio cuando vos me
-Ah!
bastantes cosas! Es cierto que vuestras pada, y que en París el hubiera despreciado, pero aparecisteis y que ahora vos sois mi alegría, mi
estaba en Tom·s, era soldado y aquella muchacha sol! Y si no os he dicho todo esto luego, es porque labras son bonitas, ¡.,ero bien se sabe lo que quieren
decir, Yaya! Y'lt he oído hastr.nte de eso en donde
después de todo era tan linda como una parisiense. tenía miedo -de decirlo mal; pero tanto peor! vos
sirvo.
. . . . . Yo cnfa que vos no seríais como
Y aún más linda que muchas, pensaba él a1 mi- me habéis forzado á hablar; 110 me censurareis
los
otros.
Hablais mrjor, es cierto; pero en el fonr arla; en todo caso diferente de aquellas que su por haberlo hecho.
do
todo
es
lo mismo .. . . Vuestro consuelo, vuesprecocidad ele boulevardiere le babia hecho coLe había tomado la mano y la atraía hacia la
tro
sol
....
Es malo, ya lo veis, lisonjear así á una
nocer. Tenía ella en su persona toda algo de sombra ele los árboles. Ella se des.prendió dulcepobre
muchacha
con mal fin.
joven, de fresco, de nuevo, que le asombraba y mente y volvió á la medianía de la calzada.
- Os juro que no os he lisonjeado. Lo que he
aún le mortificaba y que cuadraba mal con sn
-Es curioso, pensó ella en vos alta. Yo bien
certidumbre de tener una buena fortuna.
sé que eso que drcís, es malo; pero no me enfada dicho lo pienso. En cuanto al mal motivo de que
Porque él no p.udaba de que ella tuviese una moral facil; en su cualidad de
vividor de veinte ai'los, tenía. respeto á
la virtud de las mujeres teorías que creía
implacables y la manera con que esta acababa de ayudaric á hallarse solo con ella,
le parecía mm prueba innegable de su
complicidad amplia.
Sin embargo, cuanto .más andaba con
ella, más se sentía ganado por una especie de timidez que no podía dominar, y
esta timidez no le dejaba hablar.
Cosa extraña, ·la.joven no parecía compartir este embarazo crecie11te. Parecía
sentir mucho placer en esfarcon Jacobo,
sin ningtma otra intención que la de la
plática y el paseo. Asi cuando él no respondió sino penosamente, tuvo ella como
un moviniiento de despecho y púsose it
caminar sin decir palabra.
Ante este silencio Jacoho acabó de
perder los estribos y se sintió turbado
hasta la confusion; trataba de reanudar
la conversación, pero no encontrando más
que necedades que decir se colmaba mentalmente de injurias, se reprochaba no
ser mús amable cuando no se trata ha miis
que de atreverse y el sudor le perlaba la
frente en tanto que el rostro de Jacquelina tomaba más y más una expresión de
ironía descontenta.
Ya habían pasado la estación, estaban
solos, &lt;'I día agonizaba y en la garganta
ele J acobo las palal,)ras seguían extrangurnndosC'. Ella se detuvo é hizo una especie de reyerencia.
-Es tarde dijo; los clientes me esperan, y como me parece que vos no tenéis
ya nada que decirme, estarémcjor encasa, en mi tarea. Adios, mi soldado.
Oh! no, no os vayais! quedaos, yo os lo
suplico, gimió Jacobo.
.
En sL1 angustia se le subieron las lágrimas itlos ojos y le suplicaba como un niño.
-No me abandonéis tan pronto ....
Si supieseis. . . . . . Hace un momento me
parecía que tenía cien cosas que contaros
y ahora .... Sin embargo yo no soy tí..:~ti, •
mido!
-Pero si yo no tengo necesidad de que
¡.
me contéis tantas eosasl Si respondieseis
.siquiera á lo que os digo.
- Desde esta mailana tengo ansia tal
---..., ~-J'.v' -~
de encontrarme con vos!
¡:.• Deverns? Pues bien no lo parece! Queréis
que os diga? S'ois todo lo contrario de los

�Domingo 14 de Novie mLre _de 1897.

EL :iIUNDO.

Domi11go 1! de Noviembre de 1897.

un día le pareci6 que los ojos de su tío se fijaban
en ella de una manera particular cuando no había
&lt;le una dulc&lt;'ría;' detrás del 11parado1· había una clientes; advirtió que le hablaba muy seguido, y
muchacha muy lindn; púseme á verln y en el 1110- . lo cncontmba á ::.u p,t~o en l!t cuéva q el pasillo;
nwnto en que mii.s distraído estaha, llega La Pcr- y cuando servía en la sala, sentía que llegaba hasta ella la mirada de Augcr, acurrucado en su des-cha r me atrrapa.
' ·
pacho. Xo se había que;ado; para quéi' Jamás por
¿Qué P&lt;'reha?
otra parce su tío le l1abia faltado al respeto, y
- El tambor mayqr, digo .
Me atap,t como te digo y t~xclanrn.:
,Hlcmás, qué.seria ele ella si él se enfadabai'
ContinUctba pues en su sen·icio; pero su actitttd
- Es que os bul'lais dl' mir
- Pero 111ijefe, ::.i yo no hago mas que mir ar los ctn resp&lt;•cto á Augl'r se hacía im·oluutariamente
hostil; soportaba l'lla impacientemente su compalHl:;teles.
,
- ¡facla, usted, escuchaba lo qU(• yo decia y va 11ía y su insistencia para (¡ue aceptase sus. galanteos burdas, le insptmba una especie de terror.
usted arn·stado ..... .
.\l á:; de una ve,:, sin embargo, pi•nsó en irse .
.Jacquot no concluró esta frase. Ahí ,·ie1w,. ahí
-vit•nc, exclamó y echó á col'rer como alma que se. Una prima lejana, &lt;',,tableeitla en J:-'. trís, y ele la
cual recordaoa· que :sus padrns hablaban siempr e
lleva el diab lo.
Jacobotornó á la calle Real y encontró en el con respeto, pon1ue había ascendido á oficütla de
cnfé á :;us camaradas de n1Plta d&lt;' Saint A, ertin. lH'imera en una c,tsa de modas, le hada cosquillas.
Se le hicieron r elatos pomposos dPl pas'eo y IP en la cabeza. Ptr q jamás la· h,tbía Yisto y 110 sa-.
füTastraron á una fouda de la calle· el&lt;' la Sclllleric hía qué acogida e~1H•rai·; ? además, París le daba
-donde la comida fné alegrP. Pero en medio de la mieoo y ¡,eu:;aba con espanto .en toi,la:, aquPllat
al(•gria g&lt;'lll'L'ál, par rcia aust•nte; habló poco, res- de su provincia, que au-,1ídas hacict la gnm ciupondió apenas y mostró el asi&gt;ecto clcl hombre dacl como por un vénigo db abismo habían tlesaque se fastjdia. La ,·cr dad es que se diYer tia por parec1do en él, y no osaba pr ecipitarse ella á Sil
dentro, repasando en sil menioria l':-ie día tan hicn vez. A lo menos en 'l'onrs teufa una buena muempleado, dPsde la Cateüral hasta aquella mesa jer, la tía .\.uger :,; 110 se i;entía embat:azad.a para
lJ0ller en onlen al tío; tenía asegurada la vida,
-Oc fonda, pasando por el bulevar llc&gt;uteloup.
Acababa de comer cuando la r etrt&gt;ta batió á lo una liber tad relati nt y no estaba sohl ni perdida
lejos. Corrieron ít su encuentro. .Jacobo vió pa- en medio de una multitud inilifer ente.
At1! :;i pudiese casarse. Si encontrase en su ca.sar al tambor mayor, rígido como i:;u bastón y de.trns de él, (•n primera fila á los clar ines, sonando mino á un hombre honrado que c,;m:sintiese en uo
Jacquot á pleno,; ¡mlmorn•s. Siguió mar chando, n•r en ella á la mujer sino á :su mujer; cómo unial paso sin pensar ya en nada, dejándose \·encer rían sus dos vigores .. .. Y en sus s uenos de mupor la cadencia d(• los tambores, y así ovl vió a l chacha hom ,tda, veíase protegida, amada y r odeada de lo que tanta falta le hacía en la actualidad~
patio de Uuisa.
Cuando el sue11o empezaba á YPnec·rlo, mur- de una fomilla: y esta familia seria suya, vivimuró:
·
,
11;
•
1fa por ella y para ella.... un marido .... hijos!
..1!;11 la sendllé/4 de su corazón, sin vanidad y
- P obre Jacquot! tiene ideas cl&lt;'plorables, se
,(•xprcsa como un pobre hombre. Pero es-si n em- sin coquecen a, esperaba al muchacho serio, enamor ado por la buena, que la sustraería á los pe.bargo un excelente muchacho.
lig ros que la rodeaban, y expiaba• todos los dias
Vlll
en los rostr os de los hombr es que diar iamente paT oda la seniana J acquelina estuvo preocupada, saban frente á ella, el rayo, la chispa, la re\lela1wrviosa, irritable, y Augcr sufrió_ las consecuen- ción de una alma capaz de corl'cspouder á la su•dus de su mal lnunor. E lla no amaba á ese tío cu- ya.... Ay! no la encontrnba.... Los comer ciantillos
Ylt mirada no la abandona ba jamas; y cuan do á } los ril.ilitctres que frecuentaban el café de los,
;u ,·uelta, el domingo en la noche, él bromeó con amigos emn ind!fcrent~:; ó g roser os y cuando sus
un tono un poco fo rzado y con una risita falsa reo- miradas se deteuían en elht, el brillo con que se
¡wcto á su paseo con el soldado,.clla sentía d_cseos encendían no er a el q ue ella soñaba. !i{uchos habían quer ido propas¡use y habían aYentw·ado,
d e abandonar el s&lt;•JTicio.
Auger empero .tenía com;ider acioues. para con durame el almuer¿o ó la bebida, alguna~ palasu sob rina ..Al p rincipio, cuando su mujer le pr o- brns, algunos gestos, pero habían sicto llamados
puso que la rPcogiera, él a divinó desde luego la al orden de U1l mod o rnl que nunca tuvieron más
boga que In pre:,,encia de una mujer tan hermósa deseos de volver; por que si ella no tenia la gaziba á dar il su establecim iento, sin contar con la molieria de las hipócmas 1ii la ignorancia de las
l'Conomiá, por que .Jacquclina, siend o de la fami- muchachas bien Yigiladas, sí estaba decidida á
lia no recihiÍ·ía salario. Y en efecto, pocos días aceptar un matrimonio como muchacha que sabe
después ele su llegad¡t, el cafe de los amigos cuya lo que eso es y lo que eso :;upone, su honestidad
clientela i:;~ había al&lt;'jado hasta el abandono, natural la apar taba de los peiigros de la coquete,tdquiría una vicia nueva, una multitud de comer- ría y su buen sentido le mostraba cuan poco deciantes en peqm·J1o, del cuartel, iban á almorzar be uno fiarse de los hombr es. Así pues enviaba
ó iL tomar d aperitivo rle la tarde, y d ejército muy lejos á los adorodares y esperaba siempr e ....
bn estas disposiciones estaba la primer a vez
francés se hacía rcpresentnr por una elite cada día
que vió á Jacobo y al principio lo recibió como á
mú s numPro~ü de guerrcr,:;.
Esta n•animación de comercio penetr aba á la un cliente ordiuan o. Sin embargo, Yiéndolc .entia Augcr de reconocimiento hacia la divina Pr o- coutrólc j0Vl'U y simpático; el ardor de su apetito
videncia que J¡i. recompensaba por haber acogido y la torpeza cólllica del soltlado novato la tlivirá su sobrina. Y sin darse bien cuenta del concur- tieron; y con toda sencillez, con el franco atreviso precioso que J aequelina fo babia prestado, la miento que le era propio, púsose á sonrcirlc r á
amaba como se ama á todos aquellos á quienes hablarle. El domingo siguien,tc lo reconoció luese cree haber sah' 1Hlo. Estaba además. pagada de go cuando lo vió en la mañana en misa, y ·cuanantemano; entre la tía y la sobrina había mm per- cto compr cuilió que la seguía, cuando lo vió enfecta inteligencia 1uc jamús había cc&amp;'ldo de rci- trar en fa fo nda, experimentó cierto calor en el
cor azón que la so1·prendió ); la hizo gozar. La
11/ll' y J acq\l&lt;:Jina tenía por la buena mujer una
1;umision, casi filial que contr astaba con su cL\s- pre::;encia de Jacquot le desagradó; ese clarín peconfianza respecto de su tío. Este la turbaba queño de figura ele mico, le recordada al hijo tlel
y le inspiraba. ulli\ invencible r epugnancia. Ella ab1llToter o que despr eció c•n otro tiempo, pero
habla ad ivinado im1wdiatamcnte que él la toma- aquella malaimpresiónfuéfugitiva. El buen aspecba como un instrumento de explotación, que no to de J acobo, sus visibles atenciones para ella y al
C'ra á sus ojos mas que un objeto de come1·cio, mismo tiempo, la discr eción que había te:;tiftcaque solo &lt;'l interes nuts sórdido le babia decidido do y á lacu,tl no estaba acol:itumbrada, la l'llcanú conservarla en su casa y que si hubiese sido fea, taron; cuando él ~afió ella se preguntó con an. \'.uger , verosimilnwnte la habría dej11do en l,t mi- gustia ah;grc si ac11so no sería d ..... .
~ riL
.
Una cosa la aton w·ntaba :sin embargo y era el
Poco á poco las solicitudes d~ todos aquellos desenfado de gr an señor con el cual Jacobo hahombr es, ::--tts palahi-as frecuen~en\eute mal ,·ig·ila- hht hecho destapar botellas de vino caro queraros clientes :;e· permitían iomai: muy de Yez en
das v ciertos cuchicheos con el patrón y cierta
mi n~das le había{l dacio cierta luz y su de:sprccio cuando :,;olame1íte, y con una especie de r espepor Auger !il' bahía acrecido á medida que S(' iba to ... . «Es fuerza que sea bien rico, se decfo ella,
·
ed ucando en i:,u oficio de sirvienta defoncla y que ó bi~n es tin pródigo»
p er-&lt;lia en &lt;·se medio, no su honestidad; pero :,;í
Y P,ensaba l1ue e1:a soldado condicional, (•s de.Sll S últimas ig·11or,mcü1s de doncella. Entonces,
cir, que tenía padres clemasia&lt;.lo ricos pa1·a pagar
1ní por mi puro! Ah! no! tú no sabes lo que memolió . . . . fui me de ahí, encontt·c•me en el aparador

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me hablais, os aseguro que me injuriai:s! Soy incapaz rle querer nada que os disguste.
- DI' veras?
-De veras!
-La prueba?
- Lll prueba? ...... pues bien . ..... pero .... .
mi silencio de hace un momento. Es mi respeto
el que lo originaba.
-Toma!. . .... Yo hubiera creído que eran mas
bien id(•ns ... .
- Oh! sin duda, pensaba en vos y es por eso
por lo que no quería hahlaros como á,todo el mundo, por que mi respeto ....
-Ah! pero eso es demasiado respeto. Tengo
diez y ocho años y medio y si eso continua vais
á veuernrme como á una abuela. Yo no os pedia
sino que platicásemos tranquilamente, en buena
amistad, que me contascb historias del r egimiento
que siempre me divierten, de Pnris, al cual no
conozco, y he ahí todo; en lugar de callaros para
contarme tonterins.
-Urni vez mas os digo que pensaba en vos.
- Y una vez mas tambien yo no puedo dejar
de repetiros: Dios mio, que picaros son los hombres!
-Que qucreis? Así son. Perdonadles ~- á mi
sobre todo. Hagamos las paces, qucreis?
-Bueno! las haremos; sois, simpático, ya la sab cis; no se puedP una largo tiempo enfadar con
vos. Si quisierai::; promct&lt;'nuc ....
- T odo lo que querais!
-~o S&lt;!r demasiado .. . . como los on·os!
No pupdo prometéroslo porque eso es culpa
vuestra. Si vos no fuerais tan linda ....
- Qucrris callaros?
- En fin, lo ensayaré . Os contaré historias de
París hasta que querais y del regimiento t1\mbicn.
.Mas á vuestra vez vos me r efcrircis tamhien algo.
-Que co·sa?
- Desde luego niestra historia.
-Oh! eso no será largo y no os hará r eir ..... .
- Bueno, si la comenzais luego! El tiempo es
tan hermoso que se creería uno en la prim1n-era.
~cntél:!1:&gt;•135 e1: e~tc b1mco: a~í, 1.:erca cid foco
de gas.
- No, mas me gusta anclar. Mi historia hcla
a qill.
Soy de Azay, m:. padre era Yiña&lt;J.or. Ya murió!
mi madre tamhien, cuando yo era nilia. Hay que
er cer que ,1ú; }&gt;a:lres estab'ln e:1 ar:.1 ;.nala po&amp;ición, puesto quP to~lo se v endió cuando murier on.
Sin m: t;o Auger que me ha r ecojido, creo que
habría mur rto de hambre. He aquí nú historia .

. 'y

~~.

""

"

Refcridme la vuestra ahora,
Vos deheis ser de la clase
alta ... .
- Xo ... .
.,.
-Oh! tantomejor.
- Por qué mejor?
-Por que nw habría dado pena que fueseis de la
alta. Yo soy una pobre muchacha ....
-Esplicaos, csl1orita JacqU(•lina, os lo suplico.
Y se r epresentaba In estupefacción y la envidia
- Pues bien, no! es dmuasiado tarde. Santa ele sus amigos, cuando muy pronto les contal'a su
Virgen! estamos en el canal! Que lejos va uno buena fortuna. ·
platicando! Estoy segura de que son mas de las
Y de antemano la decía en voz a.Ita;
cinco; que Yan á decir en la casa? Yo me escapo...
- Deliciosas, queridas, esas grisetas. Vosotros
Pero ya sabeis, la proxima vez será bueno que no conocéís eso, yo ya &lt;mcontré una!
me r cfirais ... .
Y pensaba q ur eso har ía ponerse bizco á su tío
. - Dejadme acompañaros.
el general que pret!;!ndía haber honrado con sus
- De ninguna manera. VolvCI·ilunos á ¡i&amp;der atenciones á la última :
al tiempo y el tiempo me urge.
Habla que ha bla, y gesticulando en medio de la
- P ero sí v oy á volverá comerá vuestra casa , noche, había dado v u&lt;'lta al muelle d &lt;'l Loire y
al café de los 11migos . . . . . .
·
veía levantar s&lt;' ante él la masa n('gra de la torre
- No mejor no.
de Guisa. Un instant(•, tuvo la idea de volverse
- Porqué?
luego y de comer en casa de la tfa Bidau, acosXo lo se, pero . .... m ejor no ... . . os lo suplico, tímdose en seguida par a rumiar en paz los penotro dia.....
samiento¡; ag radables que se acumulaban en su
-Entonces otro día .. ..
cer ebro. P er o a l llegar C&lt;'r ca del cuartel encontró
-Oh! si, todos los que gust!'is; pero ahora no. que nquello rra dem asiado fúnebre para sus rien- Os obedezco. Ya. ve is que soy hueno.
tes ideas. El snbría l'ncontrar camaradas en el
-Sí, sois muy simpático .... Aclios.
caf il del comer cio: se dirigió pues hacia la calle
Y partió con listo andar , casi corriend o, y se Real.
perdió Pn la somhra del huleYar ; ,Jacob o se quecl&lt;\
Cuando iba a dar nwlta á la plaza de las concer ca del canal. Cuando nt n o oyó el rumor de sistor iales, después d P haber se divertido un inssus pasos, fuese á su vez ientanw11 te, tratnndo d1• tante con los caballos d!' ma der a que voltrjeaban
poner orden en sus ideas. Estah a sorprendido de· b ajo sus linternas encQndidas con a compail.amicnuna man&lt;'ra cxtrnl1a y conmovi&lt;lo deli ciosnmcnt c: to ele aires triviales soplados á todo vapor , estuvo
Jacquclina era tan di!Prcnte el&lt;~ lo que S&lt;' había ú punto de que lo d c•rribar a un soldad o que, ansupuesto! destruia tan radicalmente sus teoría s! dancio, ú ruíts bien corriendo en sentido im·erso,
y era para él un enigma tan completo! Enigma vino á dar contra él y se puso inmediatamente ¡\
turbador , encantador. Enigma que fl se proponía jurar como un grana der o. Jaco bo r econoció ú J acquot,
dcscifrnr.
- Eh! pnrdirz! dijo dr pronto. Ya encontr é la
- Vaya! me g usta tu cólera! A d ónde diablos
solución. l a cle~p' .1mé al pájaro raro! Jaequelina vas con esos ímpetus?
,
r ., una griseta, t•~pcci&lt;' refugiada sin duda en pro- )fo escapo del grandote, déjame correr para
vincia, puesto que ya no se la halla en P arís. E s qui' no me vea.
honr1tdn ; &lt;'S dcsinten•sn.la ... . es preciso ser ama- Qüién h0mhre?
do de ella! Ahora bien, P 'e parece que yo no le
- El tambor may or te dio-o
0
disgusto . . . . Ento-rce,· . . . . P ·w ·11·1: no? Sclo cpe.
- Qu&lt;; te ha lwcho?
'
1101· que me he · prcgumatlo si era yo de la alta?
- l 'uatro dí.lS dn !lrresto que m ~ l~:i. .. ..
Yo he rPspondido al a¿,tr, po rq1w poJfo. d ecir q:ie
- Ah! mi pohrl' 'Jacquot, y por que?
sí: es claro que per : enl'zco á una clase ~ocinl muy
- P or qué. o:H! Cu:rnc!o te ek jé esta mafürna e:1
superior á la suya. Bah! este es un detalle des- la cal!P Colb&lt;•rt, no tardé mucho tiem po en lle6 a"
pués de todo .... Oh! mi novela, mi linda nov ela! 1\ la calle real, y ahí el vir jo se puso á bw'larsc de
(

EL MUNDO,

•

•

de un solo golpe mil quinic tos francos· al Estado.' « Yamos, vamos, concl ó, no hay que pensur en éh
Pero en la tarde, cuandi1 le vió lh•gai· por 'el bulevar, á 1a· hora de la mt'lliica, experimentó otra
vez el mismo calorcito. en ·l•l corazón y no pudo
d.cfcndersc de aquel semiluiento que se agrandaba en ella. Era cier to, ella le había seguido, ella
le había ayttdado ¡i perder al tío Aug&lt;'r y cuand.o,.
yR sola cott él, se d.eJó llevm· por el elespecho. q_11e
l" causaba su silencio, que ulegría indecible, üupe1"iosa, hecha de l uz súllita y de tl'iwúant~ aso1Q.hro cuando co1n.prcndió la cau:sa! Y en seguid.a,
ttué turbación, q_u(~ delicio;,.a defensa! ..... l' luego, cu.ando le preguntó .,i no era de wi.a. cl,1:;e alta. Y no lo er,t ... .. _ E11tonces... . Ciertamente
ern mucho 1nits rico, (lUe ella que no tenía nada;
pero ella no era laboriosa r económica? Sí.; sin
duda; por qué no t•ntonccs'.'.' . ... Acaso . _.. r el
en.suen o tornó á ag itarse en aquella cab.ec.ita inocente y euérgiM, ob.stinad.a en pcrm.anccer honesta. y d(•cid.t&lt;:Lt il librar ;-;in desfa ll&lt;'cer L1 batalla por Lt vid1t; SU('ÜO curas ttuinwrns no podian
aún aparccerle y cuyo foérico .espejismo la d cslwnbraba.
,
Hacia el fin. de la seill.allil., wia nw:ilarut,hermo:sa, vió entrará ,Jacquot acompmütdo de su mni- ·
go l&lt;'ricoceau, el trompera d ~ cazadores. El pc(1ue110 corneta estaba alegr e hru,m la locul'a; pidió de
al.morzar para los dos, lmcic11do orgulloso danz¡u· entre .s11s manos dos pie,:as d.c á cten céntimos
y luego púsose á r eferir a l tl'ompeta uuu·n\'illado,
q ue terna la fortu na de cc·pillar á un condiciorutl
cxtr,,, w1 buen muchacho que le h.ahía prometido
q uinc.e fnu1cos por mes y lllle aca bab.a e.le adelantal'le diez para que se di(•rtt gusto. ,b;ra, p11cs, necesario ClUnplir este progrmua y los 9-os estaban.
en la mejor clisposicion uel mtllldo para. ello. Sirviéndoles Jacquelina escuchaba y así supo q ue
los cor1cliciouales lutcian todos los días el ejercicio;
que los llevaban a ltora á ma.nobrü1r doti veces al
ctia al bulevar H ~urtcloup, cer ca d.el canal; que
a quello era delicioso para el clarín q_ue iba con
ellos porque no tenia 01rn cosa que hacer que ordenar los diverso:; .úl.oYimientos; pero que á los
pohres soldados se les hacía sufJ."ir m11cho sin conrnr con que no siempre poclfan salir en la tarde y
que se quedaban escudiando I.J.a:;ta el cubre fuego.
l'or lo &lt;1cmás era justo, pttesto que e:;os mucuacllos solo te1úan un ano ue servicio,
Y en tan to que l!'ricote,m:;e exhaltaba c~nta.nd~
esto y aqtlCllo, Jncquelimt pensaba con secréta
alcgna que si no le uabfa vud to á ver era por que
él uo había podido SH.lir.
Bien pr onto no pudo contener se y pr¾O'll.ntó con
un~mbarazo que no le er,t hahitual y que hizo.
guiñar el ojo maliciosamente á los d,os soldiidos
si el , pr óximo dollling o los condicionales no saldrían.
-Seguro que sí; respondió .Jacquot y creo q ue
él vendrá {L a1U1orziu· aqui. La malo par a vos mi
quetida niña. es que no vendrá con Jacquot que
estará de guar dia ....... .
J acquclma se ruborizó.
•
'fodo el resto de! día pensó que volvería á verle
el domingo y en eso sonó i,or 1a noche. Al dia siguiente, muy temprano sano é irresistiblemente,
sm tener la .fuerza de r eflexionar, se encaminó al
.b ulevar. Alo lejos, sobre !a pendiente que sube
al canal vió un g rupo ~le soldados q ue hacían
ejer cicio ...... ~ o p !).do contener,;c, quizo verle
de cerca y avanzó disimulándose tras !Ositrboles.
Quiso buscar á J acobo pero su turbación era de1m1sirtdo gmndc ..... ,¡\o le enconu·aba. , Se sentía cgm o desvanecida. bin embargo en PI otr o
lado de la a venida un clarín la habla reconocido;
era Jacql10t que se quedó viéndola con una especie de mudu bw·la, de asombro y de em·iclia.
1!:lla pensó en huir, per o no pudo hipnotizada por
aquella mirada que d uró algunos segundos que le
p,trecicr on muy largos .... Después, de pronto,.
con una iudc~ilúble :;onrisa, el clarín sin decir na•da, tendió su instrumento hacia un grupo; ella si~
guió la d\rccción del ademún y vió &lt;L .Jacobo forrnado y rígido aur~ el sargento :\luller .. . . .
.r he a quí que de pr omo sus ojos se volYieron
hacia ella v el rostro del condicional se trastornó
de elllt&gt;ció;1. Al mismo tiempo el snrgento mandó:
« Desc1:l.llsen armas!" y ,)acobQ tiilmndo al primer movimiento, dejó caer a.l &amp;u el~ la culata con.
uu r uido sor~o que hizo SlÜ~ll.X ~l subteniente.
• (Contin~l(l.r(I J

•

•

�340

•

p_í¡•itus celestes p:t~:tn l:i. ,·ida sin comer? y no por falta;
smo por sobra de necesidade~!
Estos desdichados á quienes abriga el ,:;ol y ampara
alguna puerta de caseron vetusto, en los tiempos templados, cuando asoma el Invierno sn faz rígida y se-.
vera, trémul(?s de terror pretenden refugiarse. ¿Cuál
será su guanda? donde encout¡:arári un riueoncito que
leH preste calor! ......¡Ali! ¡ya les halle refugio! habra almas bondadosas, señora~ de corazon que los cubran
con los en que sus robustos niiíos no tienen va cabida.
¿No seran esta8 las ilm;iones de Imierño de una
madre piadosa? No se regocijará desde ahora, imaji•
nandose el dulce bienestar que de su mano espera el
desgraciado?

LA MODA
Traj e para niño de 13 á 15 añoa.

He aquí un precioso modelo de futu ro caballero, con
traje d e-casimir inglés. El sombrero de paja, no se halla aún en la cabeza, sin duda para dejarnos ver el tipo
perfecto de distinción v aseo.
GRtJPO O~ NIÑA.8
Traje para n iña de II á la añoa.

Vestido de Cachemir azul. Cuerpo blusa con un bonito cuello bordado. Este cuello se hace de trencilla sobre punto.
Vestido de jovencita de 15 á 16 añoa.

Este trajecito es de franela roja, adornado con cintas
de terciopelo negro, y abierto sobre un camisolin de
cachemir blanco mu, fino. Cinturón de listón con me¿·
ños. · Botas de glasé.·
Trsjeclto para niña de a á 3 añ ia.

Es un vestido imperio de muselina moteada, con manga corta y encaje &lt;'n el escote.

&amp;l lenguaje

ae

(CONTI:-tA) .
Habiendo dicho Baco las anterioreo frases, exprimiú
sobre la piedra el violado jug·o de la uva y el diáfano
cristal se coloró:
•
La amatista es pues la piedra de la temp~ranciay lo
es también del pode1·, salndurw, fuerw y nrtwl; como
lo demuestra el uso de la Ig'lcsia que da á su:,; primeros
pastores una sortija de amatista.
hfÁN.-El imán es el emblema de la amistad.
Un pastor Je descubrió por casualidad, pues apasentando un dia su ganado en el monte Ida, apoyó 80brt•
la tierra su herrado bastón, el que se adhirió de talman!'ra, que .tuvo que emplear grandes esfuerzos para
arrancarlo.
A.,rnAR.-El ambar es una substancia sólida más ó mt&gt;nos amarilla, más ó menos transparent6 que se electriza por frotación; y es el emblPma de la f'ineza y dt\
la f'uerza, por lo que se dice: «Fino como el amúar.
A~uANTo ...,-El amianto que resiste á toda flama es l'l
emblema de la antipatfa.
·
BERILLO.-El berillo es una esmeralda mu~· puru;
se cree que· el anillo de Salomón era de esta piedra, y
que ahi veía lo pasado y lo futuro.
·
El berilio significa por eso la pre1:isi.ón.
CALCEUOKIA.-La calcedonia preserru de los 1,wleficios.
·
Qc.t!:LEDONIA.-La quele&lt;lonia (piedra de g·olondrina)
calma la cólera, mantiene en paz y en virtud, y asegura el buen té11nino á los negocios emprendido,;.
CoRAL.-El coral ,es un talismán CO'Tl.tra los malo:;
afres.
COR1'"ELINA.-Yénus encuentra un día al amor eu
grande apuro. Corriendo en un bosque había quebrado
las puntas de su arco ellredad9 en las breñas; no sabiendo corno reparar el accidente lloraba de despecho.
Vénus consuela á su hijo v r ecogiendo pedazos de cornelina compone las extre1t1idades del arco. La cornelina es considerada como la piedra de la pacien&lt;'ia y d&lt;'l
consuelo.
.
CRISTAL.-El cristal á causa de su transparencia simboliza, sagacidad v pureza.
D1.u1AXTE.-El ciiamante representa la fut'JT'za porque
no puede ser tallaüo sino con su propio poh"o. Losantiguos pretendían que se disoh-ia en la sangre del macho cabrio.
·
ESMEUALDA.-La e~meralda es la piedra de la.~ 1:i,·genes, los g riegos hacian de ella el anillo de las despo·
sadas, graciosa coBtumbre que ha re~ucitado.
GRANATE.-El gTanate simboliza la santidad y la alegría.

.

Por lo general la natm·aleza humana y más en los
41.lbores de la vida. ~e siente atraida por todo lo nuevo. Las' modas van.v vuelven con corta diferencia· per o siempre oireis á las jóvenes censurar la moda p~sada y elogiar la presente.
Sin duda por que suponen que asi como las ciencias
adelantan dia por ~fa; las artes y el buen gusto deberán adelantar también; (sobre esto habría mucho que
disentir) pero convendremos en que las mollas son una
esp.ecie. de pla~etas qu~ jirando en ór~itas cliptfoas se
aleJan o apro:xnnan hacia nosotros, disminuyendo su
esplendor en razón á la distancia.
El cuello Médicis nos da una prueba palpitante puesto que d~spue_s de pasado.s tantos años en queias damas del siglo XIU, los pusieron en auge, ha venido á,
ser en nuestros clias, de maravilloso encanto.
Hoy aparece en el cielo de la moda un nuevo planeta «las bicicletas•. Esta novedad excita en lajuv.entud
el sistema nervioso, atribuyéndosele un sin número de
cualidades al uso de las bicicletas, v hasta s,uponen
que ellas vendrán á morig·erar las costumbres y á re~
g enerarnos en la reciente generación.
Deténg·amonos: todo tiene su)pro y su contra. Yo
no niego á las bicicletas sus buenos servicios de rápido tra1}sp~rte; pe~·o no me ne~areii; á mi, que es~ caballo· maquina no tiene las cuaudades ni se puede captar el afecto, como un hermoso caballo de raza pura.
En tiempos no muy remotos, las jóvenes se enamoraban hasta perder el juicio, de un apuesto doncel que
cor\ traje de Jockey montaba un belicoso prieto de fab ulosa alzada.
Otras soñaban encantadas y esperaban ansio~as el
momento &lt;le Yer descender por ciertas colinas, al. amado de su corazón, sobre un brioso alazan con deslumb rante montura. El caballo reribla por simpatia una
parte de sus h.alag·os, demostrándole mue;ha gratitud
cuando su rápida carrera acortaba las distancias de
sus enamorados corazones.
P ero en nuestro~ día~, ¿será posible que haya jóve~es qu~ puE:dan enamorarse de un bi?icletista, que no
tiene OJOS, smo para ver la ruta que sigue su~ indómita cabalgadui-a? ¿que pasa cnmo visión aerea, que cru!
za col?.º flecha? que C?n el euerpoJeneorvado y la mir a da f1¡a,. suele pasar Junto á su amada sin dirigirle
u na sonnsa ......?
No quisiera vo volver la vista hacia las señoritas que
han sustituido' á sus domesticados corceles, que olfatea
ban el traje de la atrevida amazona, para tener con
ella incalculables atenciones, que tomaban cuídadosos
el azúcar ó pan de sus delicada$ manos, y sobre cuyo
lomo posábanse orgullosas como en viviente trono
por una máquina de correr.
'
¡Qué bien se sentaba Lola! la de los rubios cabellos,
la de mirada festiva y hechicera sonrisa. Con el correcto traje, que realzaba sus encantos por la estrechés de
cintura. Con su sombrero de seda tan serio, tan circunspecto, y el invisible velo, guardián de su blancura!.. .... y como ésta, habiamuchas, que destrozaban cor azones al compás de los cascos herrados de sus tordillos ligeros.
Pero ahora............ ¿estas mismas no tienen bicicleta? ¡imposible!..... La que caminaba gozoza admirando el panorama de una hermosa tarde; con las riendas
abandonadas sobre la crin de su noble animal; partiendo, en delicios~ con-yersación con el eaballerresco galan, segura y sm cwdado, no puede, no; convertirse
nunca en muñeca de cuerda.

Ilusiones de inviern·o

•

..

AMAZONAS Y BICICLETISTAS

Traje para n iño de 13 á 15 años.

Se aproxima el invierno! ¡La estación de las nieves!
Cuántos corazones jóvene;; palpitan de alegria con las
primeras ráfag•as del vien to helado que nos ofrece Noviembre! Parece que al azotar con sus gfaciales a las
nuestras mejiUas, nos dice mus quedito: •voy á madurar castañas, preparaos.&gt;
La púdica luna que hace poco ocultaba su faz bajo
&amp;ransparente velo, descuella ho~· radiante v galana
en el 1apislázuli del cielG. Pero parece que las 'humanas
beldades emtdiosas por el atractivo que pre$taba mostrándose á medias, le robaron -sus g·alas para cubrirse
con ellas; y pasan delante de no~otros deidades encantadoras envueltas entre nubes de blanquísima pluma.
Otr11,s, cual modernas Cleopatra~, entregan sumisas
su alabastrino cuello al contacto de gruesas, aunque
inofensivas vihoras.
Algunas, cubiertas el¡, hlancall pieles. parecen lampos
de J'! ieve con que la natu.raleza ha salpicado .nuestros
paseos.
Todo e.sto es atracth-o, encan taclo1·; pero lo es mucho
máR, sin duda, el mundo de ilusiones que se encierr an
detrás de esos abrigo~.
Un donoso conternporaneo pr eguntaba: ¿Qué esperan los vivos después de muertos? ............ Ahora vo
preguntaré: qué anhela la juventud despues que ha
mostrado sus aplaudidas galas en los iluminados ~alones, en las cenas e:xpléndidas y en loi; concurridos panteones? ................. .
Esperan, y no por largo tiempo, sin duda, las placenteras fiestas con que nos brindará Diciembre.
Desde hoy pensarnos va en las que corno premio i\.
la naciente juventud salida de los trabajos escolares,
g uar da el mes de lo,; hielos.
Una hermosísima criatura de duke mirada v blando
acento, delira por lo;; místicos encantos que o'frecer án
los templos en los dias 8, 12 y 24. .
Otras, de negros y retozones OJOS, solo recu erdan
que pr onto habrá posada~, y se cldeitan contemplando
los mil y m il juguetes de atractivo sin igual, qu e lucen
de~de ahora en los aparador es.
Esto es en la clase privileo-iada de la fortuna; pero entre los {&gt;Oh.res y desher ecla~os ¿habrá. tam~ién ilusiones de mVJerno? ......... ¡Av! todo lo coutrano: cuando
apar ecen lós primeros celajes rojos sobre el lhnpido
azul de los cielos en las postreras horas de la tarde,
palpita el corazón de una mujcr ;pero ese afan con que
se agita no es sin duela por que se prepara á ~·ozar,
sino tal vez por que e;;c mudo presagio del pro:ximo
frío le recuerda que la puerta de la obscura habitación
está entreabierta JJ0r lo,; azares de la fo1·tuna, y por allí
penetrará la muer te, llevando entre sus garras al tesoro de su casa; su decrépito padre.
,
Porque esta desdichada trabaja sin descanso y; sin
embargo, su s ropas son lijeras y en su pequeña ornilla
apenas si habr á luinbre en ciertas hor as!... ...
Y que.diremos de aquellos, angelitos que cual los es-

•

J ACINTO.~El jacinto es una piedra infinitamente preciosa por todas las ventajas que se le atribuyen. Preserva de los rayos y de las enfermedades; vuelve al
que la µeva: agradable, mode~to, gracioso, cortés, amable y rico.
¿(,),uién no se empeña11á. en hacerse de un Jacinto?
(Continuará)

las piearas preciosas ..

311

.

EL l\Iü:ÑDO.

Dom:ng-o Ü .dc N'ovic~1brc_de 18'J7.

Domingo 14 ne Novieml,¡¡re de, J!Sf\7.

EL }lUNDO.

..
[MUSSET]

•

Traje para niña de

II

á

u años.

Vest ido de jovencita de 15 á I6 años. T rajecíto para niña de 2 3 años,

•

Acuérdate cuand4 la fresca aurora
Franquea su palacio al sol, su amado;
Acuérdate cuando la noche llora
Envuelta entre su velo plateado.
En medio de placeres que te invitan,
Y de nocturnos suefios que te agitan,
Del bosque en la espesura
Oye, que ál~uien murmura
Con voz doJ.i.ente á fé:
•¡Acuérdate!•
. Acuérdate también, si la inclemencia
Del destino de ti me aparta un dia,
Cuando el dolor, los años y la ausencia
Herido hayan de muerte el alma mia.
No olvides nunca mi amo.rosa llama;
Nada es el tiempo para aquel que .a ma.
Mientras mi pecho aliente
Dirá asi tiernamente
Con amorosa fe:
«JAcuérdate!•
Aéuérdate cuando la tierra abrace
Mi cuerpo inerte con su brazo frío;
Cuando la flor que ~n los serulcros nace
Abra su fresco cáliz s"obre e mio.
'
Yo jamás te veré, pero á tu lado
Irá !,iempre la sombra de tu amado.
Oye, en la tenebrosa
Nocber la misteriosa
Voz con que yo diré:
«¡Acuérdate!•

Gl mis rivales.
¿Quién se llama mi juez? Amo y maldigo
No roe arredra la ley de los amores,
Y á mi audaz corazón á. nada obligo.
¡Yo doy espinas porque tengo flores!
Anhelo la caricia
De la mano que nunca se amedrente
Para borrar, haciéndome justicia,
Los baldones que caigan en mi frente,
1.Ii frente se alza pura
Y no la yerguen las pasiones malas;
Tiene un pálio que pende de la altura:
¡La luz de las estrellas y las alas!
Que se arrastran los viles
Que buscan el mercado de las almas;

..

Yo conozco una turba de r eptiles
Que en ~u camino les arrojan palmas.
Dejadme solo como fiel asceta
Vivir en mi cabaña:
Si quiero sol, me subo á la monta:!l.a,
Si anhelo un ruisc:flor ¡yo soy poeta!
¿Quién es el paladín? En el combate
No temo su asecbanza;
Cuando
amague con terrible embate
Contra mi escudo quebrará su lanza
· ¡Abrid! ... . abrid mi fosal
Y si morirm e quiero,
Pensando en los desdenes de mi hermosa.
. Me colgraré yo solo del made1:o.

me

Novbre. de 97.

Qumrno ÜRDAZ.

�342

EL MUNDO.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.
to. Este cárburador se lleva á la cint~u·a con ayu- ·
da de dos patas fijadasá su curva interior, sin que
sea necesario mantenerlo con. correa alguna.

¡....

PARA TI.

I
Ai:no los lirios blanco.; porque tienen
el color de tu téz, mi bien amada;
y en su caliz el cándido perfume
,
de tu alma.

CURIOSIDADES-La pesca del pulpo.
LA PESCA DE LOS PULPOS

animales que quiere sorprender al paso. Los indígenas sacan precisamente partido muy hábil,
pero también muy sencillamente, de esta necesi. cl.4-d que tiene él de encontrar escondites, y para
cogerlo no tienen necesidad de aparatos complicados, ni aún siquiera de canoa. Les basta con
una estaca con varias ramas, q de algunas piedras.
En la marca baja helos ahí que sobre fo playa
remanga.u sus calzonPs y su camisa y luego entran
al mar tocando los fondos que están recubiertos
por unos 80 centímetros de agua. Escojen los parajes herbosos y disponen en línea abrigos hechos
de piedra ó de palmc1:a. Dejan sus trampas tendidas y vuelven á la playa en el momento en que
la marea sube. El pulpo se pone entonces enacecho, todo admirado, pero también muy alegre de
estos abrigos que le han construido durante su
aúsencia. Penetra en ellos y se hace ahí un domicilio que aprecia en su justo valor y en su nuevo
escondite atrapa con suis brazos flexibles todas las
presas que han tenido la imprudencia de pasar á
su alcance.
El mar comienza á bajar, pero él no se inquieta de eso, encantado como está de gozar un refugio que amablemc11tc se le ha preparado; podíamos ciertamente'enterncccrnos de su candidez si
no fuese una bestia tan fea y tan voraz. El pescador se aproxima á medida que el mar se retira;
recorre la serie de trampas que ha dispuesto, y
generalmente la pesca es abtmdantc.

El pulpo debe una particul¡lr notorcidad á su aspecto horrible, á su consistencia blanduja yvizcosa,
ú sus grandes ojos rodeados de oro, profundos y
glau.cos, á sus ocho brazos guarnecidos de vento,;as y también á los relatos r á las leyendas que
ise refieren á la acción paralizadora ele esos brazos flexibles que enlazan como serpientes.
El pulpo, llamado ocho pies es poco temible en
nuestros -mares gracias á SLl débil talla, pero no
por eso deja de excitar la más viYa repulsión; a:sí
es que la nrn.~·or parte de nuestros lectores no se
.1dmiraní poco de sabrr que no faltan gentes que
,lprecian mucho á este.cefalópodo como artículo
alimenticio. A fin de satisfacer el apetito de esos
extraños golosos en muchos puntos se entregan
con asiduidad á la pesca del pulpo. Así se ve que
esta pesca es practicada con ardor en el Sur de1
la Regencia de Tunes y esto 'con más razón cuanto que la gente indígena también se alimeuta de
l'lia á precio muy módico al mismo tiempo que
es un importante objeto de exportación.
Puede decirse que se le encuentra por partes
en abundancin, más ó menos grande en los ribazo$ de Tunes; pero casi no se le persigue ~omo en la
parte del litoral comprendida entre :Monasti y
Mahres, ¡mes Gl tmimal parece escoger como sitio
de predilección el canal de Kcrkenuah. DjP1Ta ve
esta industria especial ejercerse en sus riberas,
pero sobre todo Sfax es el que se ha convertido
......,..
por decirlo así en el único mercado de este producto del mar. Los ribereños de las otras partes
EL PROYECT.)R LUMINOSO BRlNOT.
del Golfo de Gabés no parecen preocup,m.;e mucho de este molusco, reservando su actividad para la sola pesca de las esponjas.
El doctor Marechal, métlico militar francés, busDe una manera general y aunque se le coja to- cando un medio 1&gt;níctico para descubrir á los hedo el año, la 0&lt;1ptura del pulpo se practica princi- ridos en una noche de ba,nlla, ha encontrado un
palmente en Octubre, de Octubre á Marzo. Hcmps 1 nuevo sistema para proyectores luminosos que bajo
dicho que el indígena cons1lllte con mucho gusto una forma reducida.y muy p0rtútil proporcionan
al 'cl•falópodo en cuestión, J)ül1_l su alimentación una intensidad luminosa igual á la de un poderopersonal, pero sobre todo durante los al1os d0 se- so foco elcctrico.
quía. Cuando los Arabcs, Zh1ss Souássi, )Iekellitz,
Su funcionamiento es tan sencillo como rápido
~lchhda ú o'tros ,·en sus cosechas amenazadas por y permite utilizarlo en tres minutos.
la ausencia continua de lüs lluvias, un gran núDe una ligereza excesiYa, no · pesa mas de un
rnero de ellos abandona moment¡'.¡neamente sus kilo estando en funcion.
adt111res, desciende sobre la playa y pide á lit
l&lt;:n la caja, con todos sus accesorios reunidos
mar 01 sustento de cada día y aún van á llevará su peso no llega á tres kilos.
lo,; mcfrcados del literal el excedente de su pesca,
.1!.:ste proyector funciona con ayutla de un depósito
que no pueden consumir por sí mismos. Esta ma- deaireqtt(• se lleva á la espalda y atendida la debU
nera de obrar ha dado lugar á una creencia en la JH"(•sión qu(• necesita su funcionamiento, resulta que
regiói1 de Sfax: se figurn tocio el mundo y lo re- pueden l'fectuarse larguísimas marchas de noche,
pite que los pulpois son más abundantes durante sin cc:;,u• un instante de estar poderosamente almnlos ,ulos de sequía, cuando solo debiera decirse brado r sin fatiga para el manipulador del aparaque entonce:; se leis ~aptura.en mayor número ya to. Basta con maniobrar la palanca sin precipitaque los mercados están poco surtidos y que la mi- cüin para obtener la continuidad de la luz, esta
sqria ha hecho aumentar el número de los indige- puede ser movilizada en todos los sentidos.
n.1s que se dedican á esta pesca, ·
Tal movilidad es ~iertamcnte preciosa para las
Por lo demás, esta puede ser practicada muy tropas en marcha á travt\s de un bosque en la nofácilmente aun por los que no se dcdic,m á ella.
che.
El pulpo permanece mu~· cerca de la ribera; . La potencia lL1minoM pasa de 200 metros y alurarecorre lentamente el légamo de los fondos que se brn en amplitud en esta distancia más de 30 mcextienden delante del litoral y encuentra pres,t tro1S.
·
ah.undante en esas aguas tibias. Hace la caza solaEn este modelo un carburador conteniendo supadamente, de suerte que ancla siei~1pre cu busca ficientemente escnciaminernl para funcionar cuade un abrigo para disimularse á la vista de los tro ó cinco horas de seguido, puede unirse al apara-

-

TOM0.11

MEXICO, NOVIEMBRE 21 DE I897.

Jurado de Villavicencio y socios.

II
A orillas de nn torrente que se arroja
en salto que conmueYe la montaña,
mi.ré m,.ecerse un lirio sal pirado
•
por el agua.
En t¿rno viejos pinos pensativos,
leutamente, al fragor, cab_eceaban;
á lo l~jos la nieve de la cumbre
sou rosada
Por el último beso de la tarde;
y·mas allá la florescencia casta ·
de l¡i.s estrellas, que en el hondo cielo
comenzaba.
Entre enorme explosión de flores libtes,
salvajes por silvestres-sola y blanca,
aquella flor doblábase en su tallo
Y miraba
lrn:cia abajo, con ansias de arrojarse
en la enorme parábola del agua..... .
Y recordé tu amor, á las o•illas
de mi alma.
III
¡Oh! No&lt;;he, tu miraste que el torrente
bramó por p1·evenir el mal y .. . .; nada!
Se encabirtó gritando como loco,
en vano quiso detenerse; pálida
la flor cayó en sus brazos, él, rugiente,
lanzó hasta el cielo sus espumas blancas,
como huyendo de-sí; mientras los pinos.
los viejos pinos, pensativos, tristes,
lentamente, al ftagor, cahezeaban,
bm1ados por la luna que surgia,
como un sér sin a.mor, en lontananza'.

IV
Tengo sobre el torrente un privilegio:
lá palabra.
No inclines tu corola en el abismo
.. de mi alma.
JESÚS

E. VALENZUELÁ.

· Noviembre de 1897

.

'

..

El proyector luminoso 11 Brenot"

Gspedo ael salón ae auaiendas. [Por 60illasana.J

•

NUMEROH,

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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