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EL MUNDO.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.
to. Este cárburador se lleva á la cint~u·a con ayu- ·
da de dos patas fijadasá su curva interior, sin que
sea necesario mantenerlo con. correa alguna.

¡....

PARA TI.

I
Ai:no los lirios blanco.; porque tienen
el color de tu téz, mi bien amada;
y en su caliz el cándido perfume
,
de tu alma.

CURIOSIDADES-La pesca del pulpo.
LA PESCA DE LOS PULPOS

animales que quiere sorprender al paso. Los indígenas sacan precisamente partido muy hábil,
pero también muy sencillamente, de esta necesi. cl.4-d que tiene él de encontrar escondites, y para
cogerlo no tienen necesidad de aparatos complicados, ni aún siquiera de canoa. Les basta con
una estaca con varias ramas, q de algunas piedras.
En la marca baja helos ahí que sobre fo playa
remanga.u sus calzonPs y su camisa y luego entran
al mar tocando los fondos que están recubiertos
por unos 80 centímetros de agua. Escojen los parajes herbosos y disponen en línea abrigos hechos
de piedra ó de palmc1:a. Dejan sus trampas tendidas y vuelven á la playa en el momento en que
la marea sube. El pulpo se pone entonces enacecho, todo admirado, pero también muy alegre de
estos abrigos que le han construido durante su
aúsencia. Penetra en ellos y se hace ahí un domicilio que aprecia en su justo valor y en su nuevo
escondite atrapa con suis brazos flexibles todas las
presas que han tenido la imprudencia de pasar á
su alcance.
El mar comienza á bajar, pero él no se inquieta de eso, encantado como está de gozar un refugio que amablemc11tc se le ha preparado; podíamos ciertamente'enterncccrnos de su candidez si
no fuese una bestia tan fea y tan voraz. El pescador se aproxima á medida que el mar se retira;
recorre la serie de trampas que ha dispuesto, y
generalmente la pesca es abtmdantc.

El pulpo debe una particul¡lr notorcidad á su aspecto horrible, á su consistencia blanduja yvizcosa,
ú sus grandes ojos rodeados de oro, profundos y
glau.cos, á sus ocho brazos guarnecidos de vento,;as y también á los relatos r á las leyendas que
ise refieren á la acción paralizadora ele esos brazos flexibles que enlazan como serpientes.
El pulpo, llamado ocho pies es poco temible en
nuestros -mares gracias á SLl débil talla, pero no
por eso deja de excitar la más viYa repulsión; a:sí
es que la nrn.~·or parte de nuestros lectores no se
.1dmiraní poco de sabrr que no faltan gentes que
,lprecian mucho á este.cefalópodo como artículo
alimenticio. A fin de satisfacer el apetito de esos
extraños golosos en muchos puntos se entregan
con asiduidad á la pesca del pulpo. Así se ve que
esta pesca es practicada con ardor en el Sur de1
la Regencia de Tunes y esto 'con más razón cuanto que la gente indígena también se alimeuta de
l'lia á precio muy módico al mismo tiempo que
es un importante objeto de exportación.
Puede decirse que se le encuentra por partes
en abundancin, más ó menos grande en los ribazo$ de Tunes; pero casi no se le persigue ~omo en la
parte del litoral comprendida entre :Monasti y
Mahres, ¡mes Gl tmimal parece escoger como sitio
de predilección el canal de Kcrkenuah. DjP1Ta ve
esta industria especial ejercerse en sus riberas,
pero sobre todo Sfax es el que se ha convertido
......,..
por decirlo así en el único mercado de este producto del mar. Los ribereños de las otras partes
EL PROYECT.)R LUMINOSO BRlNOT.
del Golfo de Gabés no parecen preocup,m.;e mucho de este molusco, reservando su actividad para la sola pesca de las esponjas.
El doctor Marechal, métlico militar francés, busDe una manera general y aunque se le coja to- cando un medio 1&gt;níctico para descubrir á los hedo el año, la 0&lt;1ptura del pulpo se practica princi- ridos en una noche de ba,nlla, ha encontrado un
palmente en Octubre, de Octubre á Marzo. Hcmps 1 nuevo sistema para proyectores luminosos que bajo
dicho que el indígena cons1lllte con mucho gusto una forma reducida.y muy p0rtútil proporcionan
al 'cl•falópodo en cuestión, J)ül1_l su alimentación una intensidad luminosa igual á la de un poderopersonal, pero sobre todo durante los al1os d0 se- so foco elcctrico.
quía. Cuando los Arabcs, Zh1ss Souássi, )Iekellitz,
Su funcionamiento es tan sencillo como rápido
~lchhda ú o'tros ,·en sus cosechas amenazadas por y permite utilizarlo en tres minutos.
la ausencia continua de lüs lluvias, un gran núDe una ligereza excesiYa, no · pesa mas de un
rnero de ellos abandona moment¡'.¡neamente sus kilo estando en funcion.
adt111res, desciende sobre la playa y pide á lit
l&lt;:n la caja, con todos sus accesorios reunidos
mar 01 sustento de cada día y aún van á llevará su peso no llega á tres kilos.
lo,; mcfrcados del literal el excedente de su pesca,
.1!.:ste proyector funciona con ayutla de un depósito
que no pueden consumir por sí mismos. Esta ma- deaireqtt(• se lleva á la espalda y atendida la debU
nera de obrar ha dado lugar á una creencia en la JH"(•sión qu(• necesita su funcionamiento, resulta que
regiói1 de Sfax: se figurn tocio el mundo y lo re- pueden l'fectuarse larguísimas marchas de noche,
pite que los pulpois son más abundantes durante sin cc:;,u• un instante de estar poderosamente almnlos ,ulos de sequía, cuando solo debiera decirse brado r sin fatiga para el manipulador del aparaque entonce:; se leis ~aptura.en mayor número ya to. Basta con maniobrar la palanca sin precipitaque los mercados están poco surtidos y que la mi- cüin para obtener la continuidad de la luz, esta
sqria ha hecho aumentar el número de los indige- puede ser movilizada en todos los sentidos.
n.1s que se dedican á esta pesca, ·
Tal movilidad es ~iertamcnte preciosa para las
Por lo demás, esta puede ser practicada muy tropas en marcha á travt\s de un bosque en la nofácilmente aun por los que no se dcdic,m á ella.
che.
El pulpo permanece mu~· cerca de la ribera; . La potencia lL1minoM pasa de 200 metros y alurarecorre lentamente el légamo de los fondos que se brn en amplitud en esta distancia más de 30 mcextienden delante del litoral y encuentra pres,t tro1S.
·
ah.undante en esas aguas tibias. Hace la caza solaEn este modelo un carburador conteniendo supadamente, de suerte que ancla siei~1pre cu busca ficientemente escnciaminernl para funcionar cuade un abrigo para disimularse á la vista de los tro ó cinco horas de seguido, puede unirse al apara-

-

TOM0.11

MEXICO, NOVIEMBRE 21 DE I897.

Jurado de Villavicencio y socios.

II
A orillas de nn torrente que se arroja
en salto que conmueYe la montaña,
mi.ré m,.ecerse un lirio sal pirado
•
por el agua.
En t¿rno viejos pinos pensativos,
leutamente, al fragor, cab_eceaban;
á lo l~jos la nieve de la cumbre
sou rosada
Por el último beso de la tarde;
y·mas allá la florescencia casta ·
de l¡i.s estrellas, que en el hondo cielo
comenzaba.
Entre enorme explosión de flores libtes,
salvajes por silvestres-sola y blanca,
aquella flor doblábase en su tallo
Y miraba
lrn:cia abajo, con ansias de arrojarse
en la enorme parábola del agua..... .
Y recordé tu amor, á las o•illas
de mi alma.
III
¡Oh! No&lt;;he, tu miraste que el torrente
bramó por p1·evenir el mal y .. . .; nada!
Se encabirtó gritando como loco,
en vano quiso detenerse; pálida
la flor cayó en sus brazos, él, rugiente,
lanzó hasta el cielo sus espumas blancas,
como huyendo de-sí; mientras los pinos.
los viejos pinos, pensativos, tristes,
lentamente, al ftagor, cahezeaban,
bm1ados por la luna que surgia,
como un sér sin a.mor, en lontananza'.

IV
Tengo sobre el torrente un privilegio:
lá palabra.
No inclines tu corola en el abismo
.. de mi alma.
JESÚS

E. VALENZUELÁ.

· Noviembre de 1897

.

'

..

El proyector luminoso 11 Brenot"

Gspedo ael salón ae auaiendas. [Por 60illasana.J

•

NUMEROH,

�M4

EL Ml.JXDO.

LA SE~IANA
Todavía, al trazarse estas líneas, no se desenlaza ese sombrío drama que arrojó tan profunda
eonmoci0n en el seno de la sociedad nwxicana, en
las medianías del mes de Septiembre último. Aún
no resuena en el salón ele jurados del Palacio del
Justicia la postrer p11labrn, que ha de dejar irremisiblemente cerrada la t~rrible historia de aquella n0d1e sangriema.
Peuetnrndo 1;n el revuelto torbellino de las declaracion&lt;'s ~- los canos; ahondando en el ag·itado
mar de las inculpaciones lauzadas mutuHmentc
por los procesauos, especie de «sálvese el que
pueda,» á que han acudido los protagonbtas del
homicidio, 'se descubren los hilillos con que fué tejillo el dclitO. En vano es que el lnspectol' Yelitzquez pretenda por un momento ocultar el crimen
tras la pedantería de su declaración primera; Villavicencio se decide por fin á liablar, y puesto
en frente de las confesiones de su segundo, el forjador del atentado se siente vencido, y solo tiene
una frase para afront'lr la situación: «Estoy conforme.»
Con estas dos palabras quiso tal vez ahorrarse
el bochorno de una confesión terminante, que formara contraste con las huecas altisonanciar; de
sur; prirnitivar; declaraciones, como más tarde buscó en el suicidio la imica salída que su orgullo le
ofrecía á la vrrgüenza de su caída. Pero si la
muerte lo eliminó de la causa, de la muerle han
pretendido valerse los demás inculpados para
echar sobre de t\l las tremendas responsabilidades
que surgen del procrso.
Xo siempre sucede que los muertos tengan razón, según ht frase de Bourget. A menudo, estos
eternos inrnó,·iles son la salvagual'dia de los
errores dr los vivos. Allá se llevaron su secreto á
ese país misterioso del que uo se regresa nunca,
constantes viajel'OS de regiones desconocidas. Ellos
soportan, un poco desdefiosamente acaso, las inculpaciones que se les arrojan , y deben mostrarse,
á ratos benévolos, á trechos despreciativos, hacia
estas rencillas en que se escatiman culpas y se
regatean yerros corno en un mercado los productos del trabajo humano.

x*~
Humana es también esa oleada de multitud que
sigue, tarde á tarde, al Diablo, el carro típico que
arrastra áloe reos de la carcel de Belén al Palacio
de Justicia. El cuadro es en alto grado Sligestivo. El
pesado vehículo, prisión ambulante, pónese en mo. vimicnto, en medio del vocerío popular que increpa duramente á los procesados. Las multitudes
tienen una extraila lógica: se indignan contra
quien las supone capaces de cometer un delito, y
en un empuje de ira, están dispuestas á ejecutar
actos semejantes á los que se las imputa.
Y es que si el individuo, aisladamente, razona,
el número, fuerza colectiva, sólo siente. Una pasión moverá constantemente á las masas; un silogismo nunca.
Las turbas persig1:en al Diablo con amenazante algarabía, y es un curioso espectáculo el que
presenta, al caer de la tarde, cuando las estrellas comienzan á temblar sobre el esqueleto de
la ciudad, esta abigarrada cohorte que avanza
fantástica en alborotado rumor, que tiene de lejus algo del ruido del Océano, ese gigante ato1·mentado, como lo llamó ...... no recuerdo quien.

::: **

El espil'itu es tambiéÍl un m•tr, que guarda en
el fondo ignorados secretos. Bajar á esta sima y
extraer de ella puñados de perlas, &lt;'S el arte, decía el viejo Hugo.- Pero no siempre se regresa
con tesoros en la mano; á veces hay impurezas
bajo la morndiza superficie, lodazales tras el velo diáfano de las onóas, monstruos devoradores
en esos palacios de cristal.
Y así en lo profundo de la conciencia.
Be ,·islumbran existencias tranquilas que corren como arrovuelos entre un domo de verdura,
y que no :¡rastr.an granos de oro arrancados de
un terreno de aluvión, sino sedimentos de enven enadas raíces, detritus de una gran descomposición que baiiú con su frescura la. corriente líquida.
El g ermen está allí, á travJs d e la transparenciti de esa s vidas; un día. se acerca la imágen al
cristal de las aguas, como el Rip-Rip de la leyenda al emana, y se retrocede es pantado. ¿Es d erto
que ese semblante que apa r ece es mi propio sembla nte?

Llevamos dentro de nosotros mismos otros muchos yo de los que n o nos damos cuenta. Una bella mafiana hace su aparición un personaje nuevo
á quien nos parec&lt;:rnos. Ese es el oti-u. El ot,·o
que nos impulsa it couwter actos y á ejecutar ~eeiones que jamás nos hnbiérmnos imaginado.
Ese desconocido .se uos pan•ce conw «un hermano vestido ele negro;&gt; y vela invisible nu&lt;:stro sueno y nos acampana en todas nuestras crisi!:'.-¿Xo
es verdad que os sucede preguntaros amenudo:
pero he sido yo quien realm crrn' ha hecho estor
¿no ha hahido una inconsicntc sus,itución de mi
p~rsonalidad r
Pues ese otro yo fl::é quien puso una pistola en
la mano de Don Carlos Sonuuer é hizo partir el
tiro.
¿De qué otro modo seexplicarfa esta súbita resolución de álguien que llabfa reunido roélos los elementos de una imperturbable felicidad? Los afectos se agrupan en torno de esta fosa voluntariamente abierta y se pregunt,m cuál ha sido la razón de esta sinrazón, cruel y d olorosa.
Pero ¿tienen razones acaso que exponer los desertores de h, vida?
Un sociólogo ele nuestros días ha llegado á examinar -i,595 casos de suicidio, y al final de sus investigaciones, se ha visto precisado á confesm'
que la más densa tiniebla envuelve estas resoluciones. Las cifras están allí, entre irónicas y
expresivas, como una ilusión de óptica. Se acerca uno al borde de cáda conciencia y el mfraje se
desvanece.
No es posible convertirá cada hombreen un guarismo, cerno en el cuento de B offmann, _porque el
hombre es el resultado de varias cantidades, algunas de ellas vc.rdaderas incógnitas.
Por eso el psicólogo moderno, que pretende reunir una gran serie ele obse1-¡;aci011es, no ha llrgado
.:'t explicamos todavia esos procesos como E:l que
impulsó hace pocos dins á un joven, casi un niño,
á arrebatar la vida ú una amada infantil, arrebatándose después la propia existencia.
¿De donde, pues, provienen estos desalientos
súbitos, estos cansancios prematuros qüc _punzan
dolorosamente en los primeros al boresi'
¿Los niños modernos son hombres chicos, y así
como el individuo compendia el universo, el pequefiuelo resume los dolores y las desesperanzas
de una humanidad cansada y abatida?
Entonces, nuestros hijos son los hijos de Don
Juan, pobre herencia de las luchas pasadas;
sobre sus bucles de oro han rozado todos los
grandes problemas irresolutos, todas las angustias y los sufrimientos que han conmovido á la
especie humana, y en sus miradas suplicantes
hay rastros de nuestras lágrimas y huellas de
nuestros estravíos.
Entonces, como el trágico Osvaldo de Ibsen,
esos retoños del árbol de nuestra vida están
destinados á morir tempranamente, condenados
por nosotros mismos, fn1giles responsables de
todas nuestras culpas. .
¿Será cierto q:ie ya :e.o hay niños en este crepúsculo de los hombres?

*
**
:N'o, la vida tiene aún sus radiosas alegrías y
sus páginas de suprema esperanza, y una de éstas ha sido, en esta semana de sangre, el casamiento clcl jóven capitán Porfirio Díaz con la
Srita. Raigosa, ya anunciado en nuestro número
anterior.
Reconforta el espfritu esta buena leyenda del
amor, rasgando el velo de neblinas que cubre en
demasía la afanosa existencia moderna. Es sano
acercarse á esos poemas sencillos del sentimiento, como después de la lectura d e una de esas
obras contemporáneas, que alguien llamó venenos literarios, sutiles y esqubilos, pero alca bo
venenos, se experimenta un placer de&gt; c on vale-.
ciente en releer esos cuentos de hadas que arrullaron nuestros primeros suei\o:s.
¿Quien no yuelve á recorrer, ya á la mit:td de
la jornada, cuando el r eenel'clo va formando
parte .del bagaje del viaj ero, aquel florido send erillo, en do11de so escucha el 1·uii1e1101• que cantrt ni el granado?
La juventud es l1ermosa p orque arna y espera.
Amnr, esperar. ¿Acaso no es lo mismor
Y el amor y la esp eranza han t endido sus alas
diáfanas para cobijar bajo su sombra el nuevo
hogar de la simpática pareja.

Domingo 21 de Noviembre de 1897.

:Qomingo 21 de Xoviembre de 1897
S:*:::
. Una no ta de arte : La s·rita: María Lui,,a Ritt er,..
esa drtuosa ele veinte años, para la cual el pianojamás tuvo secl'etos, r evelúndolc d esde temprano.
toda fa magia de sus harmonías r ecónditas, tod,1,
1H ,tlegría fugiriva de sus scher sos y todct la eleg ante tristeza de su;, n octm·nos, inició el miércok s últim o, en el elegante salón de los srlio res
Wagner y L evien, :sim ado en Ja calle de Zuleta,
la serie de tres conciertos que se pl'opone ofrecer
al dilettantismo mexicano.
Contm las presanciones que ella abrigaba en su
modcsda, esa audición primera estuvo d e ta l suerte favorecida, que faltaron asien tos en el interior ·
d el salón, viéndose ob ligados muchos de los concurrentes á pernrnnccer en los pasillos.
Había singular avidez p or escuchará la artista
y cuando se presentó acogiéronla con scfia l11d:-1s
muestras de apro bación. Y eso que aun n o se
abrfa la urna negra y luciente del Steinway pa1·a
inund'ar todos los ámbitos del oro de sus n ot11s poderosas .... . . Cuando hubo derra ma do sus tesoros, el entusiasmo agitó sus cascabeles ele platn.
Al progrctma agregó graciosamente la Sri ta Ritter la Pasquinade de Gottsehalk, que fué digno y
embelesador coronamiento de aquel ramillere mu
si cal.
Los inteligentes hallan que la joven pianis'.a se
distinguió mucho en el T'l"io de B&lt;•ethoYen , t·n le
sonata del mismo y en la Polonesa brillante de
Chapín, alcanzando también entusiastas aplausos
en la t ~ Rapsodia Húngara ele Liszt.
Secundaronlaha bilmen te en la primera parte los
seilores Wenceslao Villalpando en el violon cdloy Arturo Aguirre en el violín.
(.¿ue el éxito siga premiando á la Srita. Ritter
con todas las magias de los triunfos.

*
Ha hecho su apariciói1 '~1 caballero Frío, acompafiaclo de su hijo el Sr. Constipado y de s u hija.
la Sefiorita Pulmonía.
El sol, la estufa de los pobres, se levanta tardecito y se acuesta tempr"no, como temeroso de
exponerse á este airecillo cortante que pen etra
en las carnes como un puñal dama~quino.
En las primeras horas de la noche la principal
arteria ele la Capital ofrece perfiles de una gran
ciudad populosa.
Pero muy pronto el rosario de los carruajes se
desgrana, los establecimientos apagan sus focos,
la multitud se evade y ya no queda sino el silencio y la soledad de 1mestras veladas invernnJes,
en las que los astros arrojan más luz á los.
espacios.
0BEROX,

JURADO DE VILLAVICENCIO Y SOCIOS.
Hace poco más de dos meses, un hombre de malos antecedentes-loco,-dicen unos; a lcohólico, a fir1:-:an otros; en los momentos en que ei se11or Presidente de la Rep ública se dirigía á la Alameda con d objeto ele prt'sidir el ac:to oficial conque iba á celebrarse
el octogésimo siltimo aniYe1 $ario de nuestra independencia , rompi endo la va lla de honor que ;\, uno Y
ti otro la do de la principal arteria de la metrópoli s'e
formara l'0mo de co~tumhre, rápido como el ra,vo lan1.óse hacia el Gene~al Díaz, agrediéndole con inopinado golpe en la cabeza.
La rstupefacción y el asombro producido por acto
semejante. impi dieron por breves instantes á quienes
rodeaban al señor Presidente, la acción; más vueltos
Juego sobre si y ejercie11do sin más tardanza el acto
que se imponia. evitaron que el airesor llevara á cal.Jo
1m nuevo intent o y capturáronto en el mismo lugar
del delito.
El Señor Presidente l'Ontinuó con absoluta tranquilidad su camino ~, fué el primero en ordenar que se
o·arantizara desde luego la vida de aquel hombre.
0
La noticia del atentado, desfigurada por
unos y otros, voló por la ciudad poniendo en
conmoción á todos los espíritus y cuando
el primer Magistrado tornaba de la Alameda cuando todos pudieron verle ileso y sere~o, el entu siasmo po,pul;i,r se manifestó
con ruidosas demostraciones.
Ahí debió terminar todo; aquel hombre,
r esponsable de un deli~9 que l eva_ntó unánime protesta en laNac1on cu vos OJOS están
fijos en el General Diaz como en la única
salvaguardia v en el regenerador único del
país; entregado al brazo sereno é inflexible
de la jl1gticia habría purgado debidamente
sn culpa ó debido acaso una remisión cmnpleta Ala magnanimidad del Señor Presidente mas se efectuó un de~enlase inesperado.
Nuestros lectores Raben lo que aconteció
después, hasta en sus menores detalles va
que la prensa diaria ha circulado en profu~ión tal que solo lo~ periódicos de esta casa
han a lcanzado tiradas de más de cien mil
ejemplarP$j acaso pues, cansado é inútil sería repetirlo. P ero el suceso á que nos referimos es de magnitud tal que hace luengos
aiios no se re~istraba ,~no que pudiera C0J!lparársel e en e1 paíe y El Jfundo Semanarw,,
que es un periódico ele cole cción en el cual
-va lo h&lt;•mos dicho,-procuramos fijar la
fisonomia de todos los acontecimien tos, no
podía prescindir de dar nn resumen completo v ampliamente ilustrado de ese drama
cnyo desenlace acaba de fijarse en el Palacio de Justicia;&gt; ningún resumen mej?r .que
la Requisioria del señor Agente. del M101sterio Público Lic. Azpe, que constituye la mas
idónea síntesis que puede desearse.
La reproducirnos pues, en todas ~q~ellas
de sus partes que son por sus aprec1ac10nes
v labor de condenf\ación las componentPs
de la total fisonomía del suceso v á continuación, damof\ el ve redict o que.· cierra la
historia le o-al de los SU&lt;'C'~os que han removido rle ta~ honda manera la atencion de la
metrópoli y del país.

Si señor rs: un ju er., un solo juez. sin más auxiliar
que la acción del :Ministerio Pú blico, siempre augusto
func:ionario por más que en e,ta vez lo r .. prc•sente person alidad tan hmnillle como la mía: por u11 Ja bonoso
Secrc•tario y por uu modesto c•scribieutc de bu enos
méritos, el persona l, en suma riel Jm:g-ado que representa la ley y que obra por la le,v ,\· sólo por la ley, emprendió la árdua tar t&gt;a de dese11tra11ar loH hechos criminosos d e que está:s siendo digno~ jueces.
Dura fu é la labor; amargo, muy amargo el pan romielo durante todos esos d1as; pero 110 resultaron estérilPs sus esfuerzo~; hoy puedo presentaros claro, or dem1do, completo, un 1)l'oceso, sefiores jurados, que os
traía desde los rumores de la vibración de una idea al
g·rr1Piluu· en el cerebro dl• un insen,ato. hasta el r uido
de los pufütlcs ele sus esbínos al de"g·arrar la carne.
Y un co11junto de prot C'saclo~; 110 solo convidos sino
tambi(•n confesos.
No cree el Mil iii,.tedo Públko qu e teng·áis que extorsionar vueo,tra conciencia ,\, hl hora ele pronun ciar
vuestro fallo; por&lt;¡l,e la par ticlpa d ón que cada uno de

*
Las cabezas de ciert~sl1ombres de elevada estatura se parecen á la s casas: el pisu alto es el
peor amueblado.
Anónimo.
Los tontos que no ~ablan sen anuarios vacíos
cerrados con llave.
Anónimo.
En la casa del fav or todo es grande· menos las
puertas: hay que entrar arrastrándose.

:oTRO PAOO
De $5.000,00 de "LB Mutua," en Torreón,

..

Sr. D. c~1rlos Sommcr, Director General de " L a
:Mutua" de N'ueva York.-:\léxieo.
:\Iuy seilor nuestro:
L os sefiores Ketelsen &amp;. Degetau nos c-11 trco-a
ro nsegún ~·ecibo clebiclam.ente estcUnpillado &gt;' pu;stoen la póllza conesponcl1entc, la suma d e Cinco
mil pesos plat a mexicana. import e d el secrur o clel
finado Sr. D. Chrisjan Sclnwt,
que tenía en la
0
'"I
. 1a po· 1iza
• numer
•
., u t ua " _s~gun
o 5:ZH,:25-!; y cuy o
valor r ec1b1mosant e Xotnri o Público.
Rec?,nocidala eficacia ~· prontitud con q ue " La
?IIu~ua cumple sus compromisos, n os es g r a to r ep etirnos de usted attos. S. S.
Torreón Octubre 18 18!)7.- 0oncl'peiún P. el&amp;
Sclmgt. - C. Juárez. Octubre de 1897. - HWiam
B1·~mme. eo~no tutor de los m enor es.- I'ecl,·o, J osefina y fYristian Schut.

un

Dd Sr. Lic..To~é R. Aspe.

:.:*x

Si. seüores jurados, bendito de~e !&lt;er el hecho i_n.pensado caprichoso, ab surdo, de un m fcliz deseqrn librarlo, que puso en de~cubierto una llaga. Bendito sea
por que ha Yenido ¡\ mostrar á la vez que la ll;1g_a, ei
n·medio eficaz )' seg·uro pa1:a que una YeZ Y, ror SICfT!pre, pt1eda exti rpars~. Beu~1~0 ~ea, P?rque e l)a vemclo il desenmascara r a los h1pocn tas, a descubrir á los
malntd◊s, á marear con rojo sello íi los criminal~s, á
J)0nC'r Ap rneba la ha? ilidact de alg·m~os ~- la C)1erg1a y
Yalo r ele otros. Bendito sea, porque el ha vemclo á demostrar que la base de una vi da honrada nacion~I es
la conciencia pública, que vale, pu ede y se refleJa en
la Admi nistración de J usticia.

*

Transcurrieron unas h¿;.fs sin más incidentes que
maiúfe~taciones más ó meHos espontáneas en loor del
Primer lllagi~traclo, por haberse'salvado del
ultraje, que felizmente no tuvo consecu encia
alguna. De pronto u n personaje eutró en
escena: era un J uez Militar, seiíor.-s Jurado~; quien di spuso que aquel acto ele a Tesión, hecho al P residente de la República
fr C'nte á las filas del ejército á la cabeza de
ese mismo ejército v en su s fu neiones de
Primer llfagistrado,'era un delito de orden
milita r y le competía conocer del mismo.
¡Cosa extraiia, que pasma! el Ins pector
Eduardo \' elá;,:quez que tan honda n•pu
nancia sentía ." aYersión tan inquebrantable
por entn ·g·arlo á nosotros, á la desarmada
Justicia civil; 11 0 tu Yo ningún inconvE&gt;nic·nte
en ponerlo á di, posició11 de la justicia militar, y lo l'ntn •g ó en el acto. El Juez pl'ac:ticó
diligen~ias de u n P:a.tonismo juriclico, que
no consig nan por cierto nuestros Cócliu•os
P enal&lt;'ª: ,, al ac:aso, tra_nqu.ilo y satisfecl10,
promet10se Y0l\'er al d1a ~1guiente. v dejó
abandonado~ a qu el preso. Dispuso se que~ai:a l'.n ~l. mismo lugar, l'n el cual no t&lt;'nía
Jun sd1cc10u, v a l nudado de miembros de
esa poli cía, qtte no (•~taba en el deber de reconocerlo como jefe.
¿Por qué ésta nueva trasgr esión á la Icv?
¿IJor qué este proceder anóm alo? :Era
proeesado del ord en común el infeÍiz desequilib_rado?......_¿Por qué ingerirse.en ~u causa? ¿Era un delmcu eute del orden militar? ....
~ 1itonces ¿por qu é se le retien~ en m 1a p ris_1on que no ~e conot e como ta l? :Por qué
lo custodian gen~~n~1es municipal es y no
genda1:mes del E~~rc1to? ¿Por qué no se ha ce vemr una secc10n, una compañia que lo
i;aqu e ?t': ~lli r bi t•n escoltado lo conduzca
á la pns10n ele Santiag o?
Ah, se1'íores! qu e felicidad ~i tal se hubi ese
hecho,_ pues se hubi.,~c obe.de~ido á la ley,
que es en todos c;isos y pr mcJpalmen te en ·
lo~ casos qe apuro, la eterna salvadora.
PPro no, el Juez no sabe ele eso· el J uez
mílitar se retira, el procesado con'tinúa e~
mano.s extrañas, .v aquel error, error impane
p ero imperdonable, vi ene á decidir, a eompletar l'l plan fr~ g.ua.do 'horas antes, por un
lnspector de Pohc1a mscnsato hasta el delirio .,· por sus esbirros, seniles basta el crimen!
¿Cuál fue el plan fragu ado? ¿Cuáles esos
malvados, cuál e~e crimen?
0·-

REQUISITORIA

Rr. PrP.sidente: Sres. Jurados:
Durante todos estos sesenta días, sesenta
días de fi ebre para la sociedad, ele abstra('cionPs y de estudio para el :\Iinisterio Público. ha venido á mi memoria con poderosa
insistencia una de las luchas científü:as mAs
brilosam cnte empei1adas años ha por los
más sábioi¡ criminalistas sobre el culto qu e
profesan los puristas á los locos, y el místico, eterno loor qu e entonan en teoría á la
..
piilida sangTe, qu e recuerda cada paso, cada acc1on
Yiolenta de esos ausentados vivientes de e, te mundo y
que traducen en una frase va ga: A11a11ké (fatalidad):
seria sin fin referir las raras supersticiones que. ha
abrig·ado la humanidad respecto á los loco!\: pe ro no
puedo atribuir esas raras supersticiones, sino á raras
coincidencias, ho,y que comprendo toda la trai;cendentia del hPcho de Arnulfo Arrovo.
Son tantas las enseñanzas qu e un JJObre loco ha venido á sembrar en nu estra sociedad, en nuestra patria; son tan fecundos los ejemplos que nos proporcionan; rcKpiandecer miro tanto y ta.1~ de lejos los .respl:1ndores de un hori ze&gt;nte dP r edenc1on. que me siento 11n1mlsaclo á tributar desde e; ta tribuna un po~itivo c:mto en loor de aqul'l acto, por lM consecu.encia; verdaderamente fe lices que cünsig o ha traído.

-

que aprehendido infraganti en el lugar mismo del su_
ce~o. cuando la mano de los bn&lt;'nos ciudadanos lo ~o
li c.taba para castigarle en su iudignación,fué sah-ado
po r el mismo ofendido: por el Presidente ele la Repúulica, qu e uo Yió en ese hecho un acto personal, sino
una trasgresión á la ley, y puso al infractor en manos
de un ayudante para que euídase de su Yida.
En Ht oportu111dad, el entonces In~pector de Poli ria,
Eduardo \' elázqucz, recibió á tal infractor; y ruand!)
hubo con t\l ter111i11ado las di lig encias uec: esarias y consiguientes para instruir un proceso, y cumplir con ~u
debe.r, no quiso cumplir con el, Y no le consiinó á un
juez. sino que se abrogó facultades que no Je c:orrcspondian; dispuso de aquel hombre, á quien retuYo
prestándole por p~-i~ió1Y su propia ofieina. y aseguró su
persona por un oficial. cuatro gendarmes v una camiRa de fut•rza, que rudamente ajustada á si1 cuerpo le
imposibilitaba sus movi!llientos.
'

0

NOTAS É Dll'RESIOXES.

Los malvados hacen más ruido que los buenos.
y parecen tener más sitio en el drama de la vida.
~llon:;dior Berraud.

345

EL MUNDO,

!,!ic. &lt;rcirlos Gf !ores.
Juez Instructor ·a e la causa de Vlllavicencio y socios.

los actores tomó en este drama, está marcada en el
proceso con tocia ctaridacl y perfectamente determinada. Surgen como consecuC'ncias claras y evidentes las
responsabilidad,·s que ú cada uno resultan.
~adie tampoco no~ falta de los actores, porque si
bien hubo alg-uuo que. se cortó la Yida con su JJropia
mano, RU persorn1lí ctacl no nos hace falta para la averi
g uaclón ele lo; hl:lchos.
*
Grandes diferencias ha~\~rgido en e~tas audiencias,
vari.1cione8 ele más ó menos i111portancia. pero esto es
natura l. l'na de la, personas proce,adas ha llegado
hasta á nrgar la ami~ta d que le unía con el suicida.
¡P erdonadlo, seiiorc•s juraclu:;! r , ta ('s la vieja hibtoria,
Ja antigua kvcnda el&lt;, In ingTatitncl liumana; el viejo
Pedro 111.•g·an"..10 al Dh·i110 lllae:.;tro.
E11trernos st&gt;1'lore, jurados, al c•,tuclio del p roceso, y
veamos cual fue extencli(•nclo el in bol ele Lupas su sontbra mortal sobre tanta v tanta ca bl'Y- a.
Todos sabéis muy bíl:n, se11on'" JnradpR, que en la
maiiana del 16 de S\'ptiC'mbre fue ultrajado de hec·ho
(' n la via públiea un pernonaje para nosotros i11Yiolab!t•, inviolable• por ser d Primer :\lagbtrado dc1 la l\ación, inviolabll· por ir pr esidiendo eu esos momentos
la comiti,-a que iha ft celebra r nuestras g-lorias nac:ionale,; inviolable por ll&lt;'var com:igo r n su pecho las
eondc·coracione, &lt;¡ue indican d Yiac-rucis tle sus g-Joria;; milita res, de sus ,erdcíos bien fecundos, prestados
á la patria.
Acgiel ultraje, aquella agTesión, partió de un loco,

*** dos, don,le mi rarea
Ac¡,ui es. seií?res jura
com!~nza1 _aqm es donde vais á ver 1·11 la
1·\~s1flrac:10n de los capitulos la participac1on. de todos y cada uno de los acusados;
11:qm es donde 1:cclamo vue~tro Yalor para
fmnat· el veredicto condenatorio; aquí es
don~e o~ reclama tocia vuestra atención ,.
conciencia.
•
~s un~ ,:erda.cl ineludible, qu e el primero qUt-' albergo la crnmnal idea de hacer desaparecer á Arnulfo
Arroyo, fué el .cerebro de Eduardo VelAzquez. •Qué
fuerzas lo prec1p1taron, q ué causas lo movieron&lt;\ qué
razones lo:rnd u¡eron á ese paso? Las fuerzas las ;·azones, sur~·en de ~sa, declaracio11es, ele esos careos, que
aun qu e oosqueJaclos u nos y otros, nos iluminan al quere.r _descender á las sinuosi~;i des de ese cerebro ho,·
extmto; al querer penetra r a esa conciencia entoncé-;;
ne~T!l, pero que aho:a le es dado al MinisterioPúblko
cu or1rla con el perdony. el o!l·itlo, necesarios para lo,;
hombre~ mu~rt?~ y co ns1~·nado- también en la l&lt;'v que
ma~ca. la ex tmc1on de tocia acción penal de todo'proc-ednmento poi: la ~rnerte; y muer to, bien muer to csh
aquel hombre mfeliz.
·
BáRtenos s.a ber, v esto P.S todo, qne el primero que albergara la idea del cri men ftté Edua rdo Velázquc·
Ve~!nos ahorn cómo s.e fm, .clc:sa no liando y á ma11 l,/~
de Jiltro venenoso, fu e conY1rt1endo en asesinos á tantos y a tanto;; hombr es.
La., primeras man.ifcstacioncs extern as de esta idea
er1~1111osa nos la refiere el procesado .Miguel Cabn•ra·
qmcn E:Stando de sobremesa en .la casa de su J eft, don:
de hab1a to!n~clo el pan y el vmo, &lt;-ste, llanúindolo íi
sola.ii, con s1g1lo, co.n secr eto,. le ordenó que se cortase
el _bigote,_ porque 1.ba á con fiarle una comisión de la
ma~ ª.ªª unportª!!cia r ~e C0l)l~leta reserva. Cahreni
nos chce que se 1es1st10 a aquel mtento v que en áqn&lt;'llos momentos, no pudo tener tiempo para saber la na-

�346

turaleza de la comisión que se le encargara. Creamos
esto!
Horas después vuelve á manifestarse en el ex~erior
aquella misma idea sombría, con otro hecho cons1~tente en haber recurrido el Inspertor General á Cándido
Cuellar para qne hiciera la compra de los cuchillos que
debian servir en el crimen. Le recomendó que los comprara en distintas partes y con todas las precauciones
para no ser de nadie conocido. Tampoco Cándido CueIlar sabe el objeto á que se destinaban esas armas,
También quiero creerlo.
Nada vuelve á saberse de las intenciones de Velázquez. Hasta las ocho de la noche no se manifiestan de
ningún modo; por fin, á esta hora toman nueva forma.
¿Cuál es ésta? La de una confidencia hecha al procesado Bellido. El Inspector General solicita de él su contingente, su ayuda de habilidad y experi~ncia.. .
¿Qué hace Bellido al escuchar esta conf1denc1a infame il'reflexiva torpe, cie"'a?
¿Por qué no 1'e opone toila la fuerza de su Yieja experiencia de cuarenta y tres años de servicios honrados en la policia? ¿.Cómo pudo olYidar en un momento
su brillante hoja de servicios, su vida, en la que siempre cumplió con los deberes de ciudadano, de padre,
de amigo?
Y hubo quien se lo recordara, señores jurados; hubo
uno que es la única nota blanca en este conjunto de
servilismo y de perversión moral. Ese hombre fu{¡ Guadalupe Monroy, el hombre distinguido en virtud de sm;
notables servicios, por Velázquez. ¿Qué hace al ser requerido para coadyuvar al crimen? lo que
hace cuafquier hombre honrado, lo que hace
cualquieia que siente en su pecho el sentimiento de la dignidad personal, sentimiento
por el cual nos elevamos sobre las bestias,
por él no tiramos de los carros, por él rompemos las montañas, mandamos los elementos
de la naturaleza, por él nos apoderamos de
todas las fuerzas de la creación. Monrov tiene el instinto de la dig·nidad, y manifiesta á
Bellido que recorriendo la larga lista de sus
antepasados, uo ha encontrado entre ellos
ning·ún asesino, r que ese ~?nor es el mismo
que quiere legarles á sus h1Jos.
No consiente, por tanto, en volverse criminal; Bellido le dice que hace bien pero á pesar ele ello, se pasa á la banda del gran asesino Eduardo Velázquez.
*
Bellido ,v Eduardo ,-;lázqez se ocupan en
las tareaspropias de la oficina, de ocho á nueve de la noche; á esta hora han comenzado á
lleo-ar familias de nuestra buena sociedad al
Pafacio Municipal, para presenciar las fiestas
nacionales: y la ma~o honrada de los caballeros que las acompanan, estrechan con aprecio la mano del que en breves momentos se
convertirá en terrible criminal. Concluyen las
fiestas .v las sombras vuelven á apoderarse
de aquella conciencia.
Fatalidad! Un nuevo personaje entra en
escena: es un hombre alto, vigoroso, robusto,
de semblante simpático: se llama Antonio Villavicencio, es el Jefe de la se"'unda Demarcación de Policía. Viene á dai1e parte según
nos dijo en su se¡:¡-unda declaración; después
se retractó de ella en la audiencia de ayer,
de alguna comisión del servicio; pero es extraño á,la idea criminosa 4.ue allí_ se tramaba, y
no solo no conocía esa idea, smo que tampoco conocía el acto que había con~ternado á todos los habitantes de la Nación y que se había
tra::;mitido ya, J)or medio de esos nervios del
mundo, que se lama el cable, también al viejo continente: á la Europa.
Nada sabia, habla estado desempeñando comisiones del servicio de su Demarcación, que
es la de los pelados: la Demarcación donde
viven esos pobres que durante su vida nunca
atraviesan las elegantE&gt;s calles de Plate.¡-os.
Villavicencio es detenido por Velázquez,
quien sale acompañado del Srio. Sr.Liceága,
que lleva á dos de sus pequeños hijos, de una
larga cauda de sus ayudantes; del ~fayor Bellido, de Cabrera, según dijo,y no ha querido
decir ahora. Al llegar á la, esquina del Portal
de la Diputación se despidió Licéaga y V elázquez, Villavicencio y Bellido, toman un carruaje v
mientras rueda, al trotar de los escuálidos cabau'o·s
que de él tiran, Velázquez expone sus propósitos ya
con toda franqueza: trata de hacer desaparecer á
Arroyo, y aquel auditorio formaq.o por dos hombres
más vigorosos, más experimentados, más duchos que
Velázquez, agacha su cabeza servilmente como
agachaban la suya los guardias pretorianos que cabalgaban al derredor del carro de Calígula discurriendo en derredor de las calles ele Roma.
'
No hay ni réplicas ni observaciones; lo único que
á V~l\a,·icencio uisgusta, es la forma; esa le repul$na
})os1t1vamente, como hombre observador v practico
y propone otra que nos pinta la fisonomía moral de
éste procesado, incapáz de temblar ante nada por
servirá su soberano. Que se envie á Arroyo á su'Demarcaciól'! y ~n el\a, sin grit_os ni escándaios, sin peli&amp;'ros de mngt)n gene1:o, se mYentará una riña dentro
ae un~ bartolma, se du:á que el pr~so se arrojó á la
guard1a...... por cualqmer otro medio se consumara
el atentado, se matará á Arróvo.
'
El plan de Velázquez tendrá como auxiliar á un
hombre _bastante deprav~d? para no espantarse ante el caliente cuerpo ac~1billado de heridas de un infeliz loco, que ningún mal le_ .ha hecho, y que tiene
hombres alli en su Demarcac10n, que una vez resuelto por Vel_ázquez cumplir ~on su proyecto, tal como,
lo ha meditado, den una punalada: Uribe uno dos Noriega y otros tres, cuatro, cinco, seis, siete, hasta once,

EL MUNDO.
número de heridas que mo;;traba aquel mfelíz. Esa
es su gente de confianza dispuestaá todo; descienden
del carruaje que se detiene para que bajen el Inspector v Bellido. ¿A donde Yan esas dos sombras? Ambas
cau:iinan por la calle de la Monterilla, dan vttelta al
Portal de la Diputación; gravitan por la escalt:ra del
Palacio de Gobierno: van á determinar de la vida de
An·o)'o, van á dar el último toque á aquel cuadro
neo•ro.
9
'1 elázquez fué ,ií asegurarse . de la calidad ~e los
cuchillos, de su numero, peso, fllo, punta; termmando este examen se reunió con Miguel Cabrera; bajó á
los portales de la Diputación segtlÍdo de otra sombra
que llevaba una especie de bulto siniestro debajo del
brazo: eran los cuchillos que próximamente serían
repartidos; los llevaba Cuéllar. Velázquez ordena á
Bellido que vaya á. ver si Villavicencio ha llegado,
porque él está impaciente.
¿Que ha hecho entretanto Vila,icencio? Ha llamado
á dos hombres de su confianza: á Antonio Cervántes,
Vazquez Sepúlveda, Noriega, Uribe y Huinzardt.
porqtte con urgencia los necesita; ordénales que despojando á alguno do los deteiiidos se diRfracen de
paisanos; pero este despojo significa una pecata minuta en aquella Demarcaciqn, entre aquella gente, y
ante aquel supremo jefe. Esos hombres;·eciben orden
de irá 1a Callejuela, donde poco después lle"'ará en
la litera de Calígula el hombre alto, robusto, ae sem-

Doming-o 21 de Novif&gt;mbre rli, 1AA7.

Domingo21 de Noviembre de 18!l7.

sin embargo, á subir con B~lli~o, quien le señala la
puerta de aquella cámara trag-1ca. .
.
. .
Detalle horrible peo·ado á 1a. conciencia del Mm1sterio Público, y 'que"' no expresará, sin esa consideración:
En momentos en que Bellido ~- Pardavé se ~cercan
á la puerta para identificar á la futura Yicttma, el
oficial de guardia Mauro- Sánchez, ~qu~I hombre que
debía responder del reo con su propia v:1da, se acerca
al detenido, le corre el nudo de la camisa de fuerza,
le reclina la cabeza sobre un rollo de alfombr3: y def\empeña asi el papel de los sacerdotes tlascuisques,
en sus consagraciones al Dios Huitzilopoxtli.
Pardavé recibe orden de guiar á la leg·ión de cuchilleros hasta el punto donde está preparado Arroyo
para que se le sacrifique; 'l'illavicencio se retira y (;abrera recibe orden de irse á dormir á su despacho y
no salir de él sino cuando lo crea conveniente. Llega
y se duerme. en el acto; sin embargo, llega el momento convenido cuando el pobre Arro:vo estará muerto,
y sale en St:'"'uida á aprehender inocentes.
Los· cuchifios están dados; Yelázquez los ha pue_sto
en manos de Villavicencio, éste en manos de Ur1be
pone uno ancho, grande y filoso. no menos que el que
tambien recibe Norieo-a.
-¿Están listos to8os para cumplir_ su comi~ión?
¿]!:stán disput:'stos todos para la realización ínmed1ata?
S11,...responden.
.
.
~ntonces Yillavicencio confia el éxito de matar, de
dar el golpe certero con man? fin~~' á Noriega; porque este. hombre de d1sposi~1ones tan extrafias v de tan poca moralidad, es el más apropósito. ¡Oh eterno Dios! ¡oh moralidad! ¿En
donde estás"?

3l7

JURADO DE VILLAVICENCIO Y SOCIOS.
,

La víctirna y los cornpllcados.

•

Eduardo Velázquez.

***

Pardavé está instruido en la topografía
de lu o-ar él debe marcar el camino; recibe orden d'e lanzar gritos profanando el nombre
del General Diaz, de 1a libertad y de la Patria ,, mueras á la anarquía, una secta que
jam~\s' prosperará en nuestra patria, porque
tiene por credo la negación de la patria y
nunca podrá prosperar en esta tierra. Al oir
aquellos gTitos, aquel ruido, aquella alharaca,
como en lenguaje vulgar exprnsara Norieo-a, los gendarmes custodios se apresuran á
fievar su mano á los revolvers y éstos han
volado, Y se acuerdan de que el Mayor Bellido los' desarmó.
l\Iauro Sánehez acude á la puerta, va á
cerrarla v lo que hace el traidor es abrirla para que los hombres penetren. El loco, el infeliz loco, aquel que estaba tan ajeno, impulsado por una impresión más violenta, más vigorosa sin duda que la fuerza eléctrica, se
pone de pié y aguard~ á los asesinos; ¿pero
que aguarda? los asesmos están allí: Nonega
dá dos puñaladas, Uribe otra, y los demás dan
tres, cuatro, las siete las once que figuran
en el certificado de autopsia del acribillado
cadáYer.
No quiero pintaros con más ó menos elocuencia, el sangriento y aterrador drama;
que estos efectismos se queden para los defensores que necesitan de las galas de la imaginación para cautivaros. El Ministerio Público quiere fria ~- serenamente exponer la
verdad, que es la paz y la justicia. Basta decir que el hombre aquel agoniza y muere.
Los a.i;esinos se precipitan á la salida y huven, y Miguel Cabrera, que ha dormido mientras se consumá el feroz asesinato, se levanta, corre á las puertas y al llegar encuentra á
Rojas y á Sánchez que en cumplimiento de
su deber tratan de cerrarlas para detener y
aprisionar á los que huyen, á los que van corriendo, pero Cabrera les franquea el paso y
luego sale á la calle á aprehender á los verdugos mitológicos creados por el previo concierto del crimen.
El Inspector General lle¡p á practicar las
diligencias consiguientes ael caso, y en ellas
s:!ic. 9osé R. Gtzpe.
trata de presentar á la sociedad una novela,
.Agente del ~Unist.erio Pl1blico adscrito al Juzgado 5:::, de Jo Criminal
refiriendo haber sido aquel un lynchamiento
ejecutado por el pueblo, por el noble pueblo
que conoció de la causa de Villavlcencio y socios.
mexicano; novela que d1ó un periódico de
de más circulación en la República: noblante simpático, que es el augusto jefe de aquel Es- vela paralos
la que.la conciencia pública tiene un califitado Mavor de cuchilleros.
cativo cuando con su estentórea voz, dice: ¡MéntiAlli ericuentra á Bellido que está agitado, nervioso, ra ...... !
que le ruega interponga su influencia para disuadir,
El pueblo, en efecto, no habla lynchado; los lyná Velázquez, no de que se asesiue á Arroyo, no de chadores, los asesinos ya e3tán aquí para responder
que se sacrifique al desgraciado loco, sino para que de sus actos, y el pueblo, re_presentado por vosotros,
trate de que el asunto no se verifique en aquella está pa!·a decidir de sus d~stmos.
forma. Yelázquez á nada accede; si tan decidido esta*
ba á cometer su crimen cuando le faltaban los auxi* de los penalistas, de los
No creo necesarias las *citas
liares, los hombres que debían de privar de la Yida sociólogosv
moralistas para designar la culpabílidad
al preso, era imposible que desistiera cuando todos de cada cual
analizar las conciencias. Bastan los
esos elementos lo rodeaban; ¿cómo disuadirlo ahora preceptos de losy códigos
penales, que ninguna razón,
que todos obedecen á su voz?
por menguada que sea, deja de comprender para filegal de los hechos que paso á exponer.
***
El cuadro que va á realizar,se
es el siguiente: el Jar el nombre
habido previo concierto entre todos, puesdesgraciado Árrov-0 dormita allí, en una de las piezas Habiendo
to que previo quiere decir antes y antes de cometer
de la Inspección· de Policía, enteramente ageno á la el
crimen todos lo supieron, á todos atañe una responnegra tormenta que poco á poco va estrechando sus sabilidad 1feneral. Veamos ahora el grado de responhorizontl•s. Dos gendarmes tan sólo están custodián- sabilidad ae cada uno.
dolo, débiles v flacos.
No necesitarnos referirnos á remotas legislaciones;
Los otros, los de allá abajo, los asesinos, los cuchimismo en ellas que en las de nuestros dias, h1t
lleros Vázquez y Sepúlveda, Huinzardt y Cervantes, lo
existido y existe la asimilación de los autores princison fuertes: Villavicencio los conoce bien y por eso pales
de un delito con los de las causas próximas de
les encomienda que sujeten á los guardianes, y á No- su ejecución
nuestros códigos les
riega y Uribe v Pardavé que peguen con mano firme llaman autoresy ycumplimiento;
coautores y entienden por estos
un golpe certero. ¿Donde está el reo? En una pieza nombres á todos los
que toman participación inmeque va á enseñarles Pardavé, quien según dice, ha
llegado casualmente. pero que sin embargo ya tiene diata en un atentado, ya sea á los autores intelectuacuchillo. Ignorante de todo lo que pasa, se apresta,
[Sigue en la página 351]

EL MUNDO.

Manuel Bellido_

Genovevo Urlbe.

Arnulfo Arroyo.

Miguel Cabrera.

Vicente Norlega.

Antonio Vlllavlcenclo.

Mauro Sánc:hez.

Antonio

&lt;.:ervante■.

Ignacio Pardavé.

Cándido Cuellar.

.,.

l&amp;naclo Sepúlveda.

Francisco de P. Hulntzardt.

Lula G. Bravo.

Sabino Váz:¡uez,

�348

EL MUNDO.

Lic. Eduardo F. del Castillo

Doming:_o 21 de Noviembre ce 1897·

Lic. enrique Piña y A guayo.

Defensor de Vázquez.

-==D=om=in~g::ao=2l=d=e=N=o="=i'""e=m=b=r=ei=d=e=l=897~.==============--===EL==MUND====º===========================~

Alberto Cervante.~.

Secreturio del Juzgado 5 o de lo Criminal Escribiente del Juzgado 5 o de lo Criminal.

Victor de Oranda.

Pedro Fernández.

Manuel de Is Torre.

Miembro del Jurado.

Miembro del Jurado.

M iembro del Jurado.

Coronel Pedro Muñoz Csmpuzano

Perito Médico legista.

.

Doctor Osbrlel Silva y Vs:encis

Alcaide de la cárcel de Belén.

Perito Médico Legista

Cervantes st:ñsla el cuch/llo con el que afirma hirió Pardsvé á A rr.Jyo

Benjamin Barrios
[Pasante de derecho ).Defensor de
Caellar.

Andrés Crespo.
~iembro del Jurado .

.

.__________·.______l.
Doctor Máximo Silva

Fernando Silva.
.Miembro del Jurado.

Lic. Maxlmlll•no Baz

Miguel Oómez

Defensor .de Bravo y Cervantes.

Defensor de Villavicencio.

El púbflco en las audiencias.

Lic. José R. del Csstlllo

.

Defensor de Noriega.

•

Lic. Emeterio de la Oarza
Defensor de Cabrera.

Lic. Manuel Roa
Defensor de Bellido ySánche:,.

Lic. Ramón Prlda
Defensor de Uribe.

Lic. José Maria Pavón
Defensor de Cabrera y Cuellar.

Eugenio .,u bien

Manuel Oarcia

Miembro del Jurado.

Miembro del Jurado.

Francisco Sainz
Miembro deljurado .

Juan .M. Leoq

Eugenio Tállerf

Miembro del Jurado.

Miembro del Jurado.

�Domin'!'o 21 de Noviembre de 1897.
D_omingo 21 de Ncwiembre de 1ffi7.

3!&gt;1

F.L ~fU~'TIO.

Perdón, st&gt;ilor Presicl(•nte. Apron•c-hando las constancias &lt;ll•l prm•&lt;•sn, r!'sulta qtw (•l g11ió á hombrPs c¡ne
&lt;le,.l'onocian el lu;.rar do11de l'staha el prt&gt;,o, 110 hasta índicArselos sino hasta pouc•rlo8 en su pr!'SP1H·ia para que
lo a,l'sinaran: p&lt;tc homhn• pe;.rú ~- no pegó al homhre vin1, ,-ino tarnhién nl hombn! mm•rto. ~o s,•riLn estos actos l'ncaminaclos clfr,•l•tamentc ú la 1•jeu11ción del
delito':'
l\1anro Sánchez, ¡ron qu&lt;' penn me oe·upo de (•ste
homhn•! Todo l'nanto e, y to,Jn &lt;'IHlllt•&gt; valt•. poco sí lo
guzg-ais tlPsdP nltit11d1•s. mndw ,,¡ rPcortlais su nacimit&gt;11to humildt•; todo cuanto nlll•, Íl 1·1 y á el solo ;;e lo

r

uelw.
Dt• tt-mperanwnto vi;.roroso, hronl'ineo. l&lt;•al, sumiso,
respptnn,o, apto para prosperar~- triunfar. para subir
ú las 1111is altas t•xc1•l~it1Hit•&gt;- Pn Pstas tre11u•n1lns luehas
por l;i \'ida, lu v1•111os con,·Prtido &lt;'11 111i1q11ína. 1·11 aset-ino, al i1in•I mismo cll• ,-ns 1·0111pa1H•ros: instnmH•.nto
scn·il dt·I g-r:111 i'h1•siuo; 111alns. 111uy malos ~&lt;&gt;n ,-ns actos. Si i·l se oponl', ci1•1Ta la p1wrta, lo, ast•sinos no 1•11tran ,· nada s1• n•aliza: flPl'O (•l todo lo fillg'l'. y lc·jos dt&gt;
i&gt;,to,'la ahrC': (•l sujeta 111i'ts las manos dl' la \'il'tinrn;
totlo asust,ulo cprrl' ~· "e alPja: sus ados. &lt;·01110 Jo,, ele
lo~ dc111i1,, son cncaminados á la n•alizaciún &lt;h-1 crimen.
A )lig1H'l Cabn•ra lo considero culpable dt• hab1•rse
. oblig·a,lo c•o11 uno 1le los dPli11t·11entPs. t·on \ t•láz,lut&gt;z,
á no (•,turbar qu(• se prini,P de la Y1tla á \rnulfo. rrovo l'Ul!ll()O ('nl su oblig:wiún hatl'l'IO.
• ¿llu(• dasi• de ohligaciún ,., la qul' &lt;'Ontrat• un Hg'{'nte con otro, cuando los lig·a u11a sola id(•n: la p •rpr&lt;•ta•
cióu ele un crí11wn? ;,Tt•ndni que• C'Ontnr con obligación
t•,,criturada ." sPllada por notario:' 1.Tenclri1 ,¡ne b('I' 1•1
aprt•tón ,le' mnnos. C'l brillnntc de Rol'amhol!•, ú la fra~1• dt•l jorobado Lagartl(·r&lt;•l' ~ o: t•l pacto consiste cn la
ohlig1ll'iim natnral; maiiana
e,;ppro &lt;'11 t•l Palacio de
Justicia. v o, encn11tran.¡.., Y&lt;•stido~ dl• nl';:rro: al ,i~nicnl&lt;• i1s encu1•11tro vestido de ,wgro &lt;'11 el J&gt;¡¡Jacio de
J ustlcia, rl pacto se ha cumplido. ,\si es tamhi(•n como
se ¡&gt;at'ta el crinH•n, callado, silcncíoso, sin d,•jar huc•Como está actualmente /11 pieza dondt: se sulc/d6 Vel11zquez.
llas ¡como ~i el crimen dejara alguna vez de dejar h uclla~! ¿l:ahrc•ra no estorbó:'
sl'CUl'lll'ia, su responsabilidad no es ele ponerse en duSi ,:E~taha en 1a• ohlig-ación de pstorhar !'l crimrn?
[Sigue de la página 3-16}
da.
Si, y asl lo ha confesado. J,;&lt;; por tanto l'Oautnr del deParda vt~ á quien un sac1•rdote dP la drfc•nsa lo ha lito; en la gerarqnla del crím1•11, ~l:turo Snuc·lwz y BeJr,. va :\ los int!'rmedia!·io~, va á Jo, que mat&lt;•rial olimpicamente ungido con los ole, s de la inocencia, llido ,·iolaron la guardia, Yiolaron PI pacto honrado
v fi;kamente lo 1•j1•cutan; touo·, son r1•,pon:,ahle, del
que tcnlan con la justicia y con la socil•clad, l'Oll qttien
inismo 1klito v soportan 1•11 cousr1:uenda la mi~111a
se hahian comprmnetido á g-uardar al preso aun á cos• ¡wmt. ~inµ;ú1i lwd10 se ejN·uta sin estos ell•mento~;
ta de su vida.
a t'alwza ,1ue pi1•n,a, el corazón quP lo rebueh·c y los
Si el puel&gt;lo ha cometido el atl'ntado positiYamentl',
brazos qut• Jo ejecutan.
la ju~tieia tendria que ent'&lt;mtrar para Yindknr á :\lauLa cahl•za comete una inmoraliJad pensando un
ro Si\nt'hez, su cadán•r como 1'1 lh-1 Pdnl'iJW Faria~:
acto malo; pero e,l'- pensamiento no cae b¡¡ja l'l domicon la c•,pada Jrn,·ia arriha ~· la cara destrozada á banio de h~ le,,·; tampoco la voluntad que resuelve; la
lazo~. c•o11 t&gt;l cuerpo henchido rle ¡nuialadas.
1?unión de los tres el&lt;•nwutos, la idea que Rurg·e en
Cabr&lt;•ra 11uc no r,·itó &lt;•l dt&gt;lito, sil'ndo sc•g-undo jefe
(•I cerebro, Jo,; brazo~ que i•jec·utan el acto y el coraele las comi~ioneo de bcgnridacl, es ígualnH'nte culpazón que los pxaltl•, esto forma la personalidad del deble.
lim·uentr. la verdadera personali&lt;lad penal. ~· los que
1·ou 1:ual,1uiera de tlithos &lt;'lementos han contribuido
ú la realización de un fin sinil•stro, ~on igualmente
El s&lt;&gt;ilor A;:rt•ntl' del :'IIinbtt'rio Público t·omprohó
rr,ponsables, to1los son autores. todo,; mt•recen el
ampliamente la respon~abilidad c1,, Yillavit·Pncio y do
mismo t·astig-o. Annlicc•mo, .,·a nm•stro easo, dividaBt•lliclo por el segundo t·apltulo de acus:l&lt;'ión á qnt1
mos va ú los culpables. Todm,, con t•xcepciún lwchade
hemos hecho rden•ncia: l'~ tit•cír, d abuso de autoriCahr·ern. dé Bravo r de Cm~llar, son autore~ del bomirlacl qm• cometh•ron t·on su!&lt; subordinado", ordenánddio de ..\rroyo. Jfablaremo,; de \'ill1l\'icencio.
doles la comisiim e\(• delitos.
Huinzardt qm• \'o ilu,trado. mt'. ha dicho aquí ante
vo;;otros,
11nc (•l había cumplido con ~u delH'r, obede¿,Cual&lt;'s ,;on lo,; a\'los de !'ste homl&gt;rc? ¿Que esplritu
ciendo la~ órdl'n\''&lt; de ~u sup&lt;•rior. C.:01110 su re~ponsai,;cr&lt;•no pn&lt;'rle m"'ªr su participación diret·ta en el
hilidad es mtnamente iMntica :\ la de \':\z11uez y
as p,-inato? El prnporl'ionó la ¡rente 11uc habla di' t,jela de Sepúlvecla, me parece inútil repPtir las pnrnc\\ tar el a,w,imito, él &lt;listribuvó las combimH•s entre
lias &lt;lc• qut- 1•1 cargo de mis conclm;ionei- 1•,enteramente
los que habían dl• sujetar á fos g·uardianes y hablan Bel/ído da explicaciones á S11nchez, á V/llavlcem;Jo
aplicahlt&gt; á (&gt;l.
•
de de:il':lrgar el ¡rol¡w; él repa tió lo;; cuchillos y dey á Cabrera.
Cuando &gt;&lt;e pructicaha la vista dt• ojo'&lt;, en In In~pecsi&lt;&gt;·na wn toda perfecciún, porque los conoce muy
ción G ..n&lt;&gt;ral dl• Policia, ,. elúzqm•z dijo al Mr. Juez
bi;n, ú Jo,; fut•rt&lt;&gt;,; para que sujt•tar:m, para que aga• eomo un ~acerdote, sin ,hHla, rie la impudrm·ia, ¿de entonc1•, v que ho,· preside clig-nam&lt;\nte los debate&gt;1,
rraran, .,· il :\01fr¡ra, á e~t• homhrP de tcmp1•ramento
qué ados quíl'rt• ,¡iu• Ir h11.~amoti rc•,,ponsahl&lt;'i»
que alli había un tebtigo que tenía obligación de estan hemofilico por no dPtir otra palahra.
(El Juez tocó la campauilla).
¿\'illadcencio t·omctió actos encaminados dirPcta é
ndirectauwnte ú la ejecul'iún dl•l cielito:&gt; :-.:adie st•
ntn•,·erin ú ne¡rnrlo. Bl•llido hizo mal, muc:ho mal;
él fué &lt;•I comisionado para poner al tanto dl•l terrible
pl.\n á :'llamo SiuH'hes; él guié, á Pardan!; el fné quien
dC'sa• mú á los g&lt;&gt;ndarme~; ,;1 fu(• quil'n n•dujo la g-uar&lt;lia dli esto,. ,.:Y quien &lt;Inda que ,¡ lo~ guardianes
hubieran t&lt;,nido sus armas, ~i hul&gt;iPran estado compktos hahrian evitado el a,e,inato, t·omo lo procuró
sin co;1,,&lt;•g·uirlo, :irnan(•s, que despll•g·ó Yerda&lt;lero heroís11w oponiendo débil n•sbtn1cia al crime11, porqut•
c,taba (\t'"armado '" ,ólo?
¡,Bellido 1•jecutú :H'tos &lt;&gt;ncmninados tlirecta (• indir&lt;·ctarnl•ntl• á la &lt;•jccución del homic:idioi» Esto es evidPnte.
Tamhit•n hay otros capítulos dt• aC'usaríim contra
\'illaYi&lt;-l'lll'Íll v Bl•llido; consii;ten l'll esto:Haht•r a,¡uel
ahn~adu tk ,ti. autoridad t·omo Inspector clt&gt; Policía
"l'l otro como jPfe de ella, inducit"n!loá \'ario~ agt•nte~
',tp la mi,-ma p.,Jicia ít que prfraran de la la ,·ida,\
.Arnulfo Arro,·o.
lluinzar,tt: \'úzqm•z. Sepúh·e&lt;la ~- CervantPs rran
&gt;&lt;nhordinado~ dl' \'íll:t,·iccncio, :\lauro Sánch(•z lo era
dl• Bellido; ¿,d!'jaron 1•stos hombre~ de tomar partici1 ación 1lin·da i.· im1wdiata en la t·ombiún ,lt•l dt•litn?
::S.o, evidt-ntt•nwnte: ¡,~· porqn&lt;• obraron:' por in,inuadún, por mandato de sus Jef,•s. y como l'.&gt;,tos no tenlan fal'nltade~ para orde11arh\~ comet&lt;'r dl•litos, abu;.aron dl' su autoridad.

º"

Salida de los reos de la Caree/ Municipal

*"'"'

.*..

La galera deB::léndond•esUn Josgend11rm::s

La respon~abilidad de lo~ cuatro g&lt;'ndarmr~ que
acabo de nombrar, c•s tamhit'll 1•,·ident(': ellos detuvieron de• los brazos á los g-uardiane, de .\rroyo, mien. tras otros &lt;•-tnvicron destrozándolo. Estos c iatro hombres fllcron los que• neutraliznro11 la fuerza que para su R('guridad ,-e hahla plll•sto á Arroyo.
Norie•ga y Uribe C'jecutaron materialmente t&gt;l homieidio, lo confesaron 1·on cínico detiplant&lt;': ellos hideron
friamente, con crueldad, de una manern atroz. En con-

S11/ld• de los reos del P11/11clo de Justlcl•

�352

EL MUNDO.

tar constantemente á la puerta, y por tanto podría
darle al ·unos detalles dt:&gt;l ascsmato de .Arroyo.
Fu&lt;'~ cit1do Bravo para el d1asiguie11te al Juzgado; el se
ñor Juez, por ;;us ocupaciones, 110 pudo recibirlo; lo
citó para el ,-iguientc día y tampoco lo recibió por las
ardua~ laborcK que nos imponiau las diligencias para
el esclarecimieuto de lo.s hecho~; en la tarde del siguiente día ya todos los procesados c~taban convictos ,. confe:;o:; del crimen, cuando se presentó Bravo,
v ei Juez, cou esa berwvolencia, cun esa generosidad
oliuapiea que acu~tumbra en todos sus actos, crevó de
su deber fJJ'('Vcnir á Bravo y le dijo: Creo que v'a usted a dec arar mentiras, ¿por qué se va usted á comprometer en e.,te asuntoi' no vitne usted procesado,
no está usted acusado por ningún delito; recapacite
antes de declarar, y si no quiere declara!', retírtse.
!'ero Bravo, este embustero, este eharlat1ín, con tal
ele hablar, ó por otras causas dignas del estudio de un
psícologo, contó la misma fábula que consignara el
periódico, en que ~e hacia aparecer li. Arroyo lynchado por el puehlo. El Juez, ttlYO necesidad de mandarle abrir partida y el 11iuisterio Público que corroborar en sus conclusiones el motiYo del auto de formal
prisión. Lo acltsó de encubridor: él dice que fué engañado, yo comprendo que e., un servil.
0

***
A Cándido Cuellar el :Ministerio Público lo acusa de
la mas debil falta: de no haber procurado por los medios lícitos que estaban A su alcance, impedir que se
consumara el cielito ele homicidio en la persona deArnulfo Arroyo.
·
El sabia muv bien que se iba á cometer ese crimen,
no en el momento en que por instrucciones ele su patrón compró los cuchillos, sino desde que asistió al reparto de ~llos y lo supo después ~01: su mismo jefe, el
g ran• asesmo, del que no se separo m un momento. 1 an
es cierto que tiene conciencia de ~u lesponsahiliclad,
que tres clias cles1rnés del delito decla a alguien:
¿Que tal~ si no me escondo el bigote metiéndomelo
á la boca v no me hundo el sombrero, á estas horas no
me estaría riendo.• Horas después meditaba su falta
v su responsabilidad en una bartolina, y por esta falta
io trae el Minbterio Público. Su culpabilidad es bien
leve.

"'

*'*
Señores jurados:
Al resolver el veredicto y al pronunciar su fallo, su

lblemorias

ae un libro.

fallo siempre inapelable y augusto, tendrán en consideración e~t¡t tremenda pregunta que se hace todo
hombre honrado, que hace viril á la h•gislación, que
r,o pueden resolver Jus filósofos y que embrollan siempre en sus contestacionei,: ¿t.¿uién es más culpable, el
(1ue induce al crimen ó el i11ducidol' El i11ductor-dicen unos-por que be convit',rte en la serpiente blblica. Duble delito cornete: no sólo el ele faltar á sus deberes, sino el de ir á inducir fi. otro.
¿Pero qué será más perverso ir á matar impulsado
por una causa por criminal que esa eausa sea, Jhíntese
ódiu, ira, avaricia, que irá matar friameute y s:n razón ninguna?
Hay mucha distancia entre la palabra y el crimen
para realizarlo, ~e necesita mucho, y el ct:iml•n quedaría (•n suspenso, el crimen quedana sin realización
niuguna smo hubiera á Yeces estos cbacales, t'Stos tigre~, que, como los carrnajes de al'-.luiler, e¡.tán dispues
tos para todo el mundo.
Pero fallad siempre con la amplitud y honradez de
vuestras conciencia!,; el :IIinisierio Público qué os puede decir, si su respo11sabilidad e., tan graYe, tan tremenda.
Seiiores jurados: Soy el primero que deseara poseer una fuerza superior y gTandiosa para trasmitirosh á todos y á mi mismo.
Por temperamento, por familia, por grandes penas,
también de familia que me tienen agobiado, 110 quisiera pronunciar palabra que la8timara á ninguno;
cumplo solo con mi deber y quedo tranquilo, porque
el cumplimiento del deber es en todos los casos motivo de satisfacción.
Hace cien años, precisamente cien años, en las postrimerías del siglo que acabó con las monarquías y
empezó con las repúblicas, un fanático de estas decía:
«Los reyes nos parecen grandes l)Or que los vemos de
rodillas; leYantémonos hasta ellos.• Y bo~', cien años
des1;&gt;ués, precisamente en las postrimerías del siglo
XIX, del l:'ig'lo de las luces, yo, pequeiia oruga que no
reconozco más que á la ley, la veo tan grande, tan majestuosa, y tan majestuosa v tan grande quiero verla,
que no de pie, de rodillas me pougo para implorarla
y que os de acierto, que os de luces para que seais
justos en vuestro veredicto.
¡::;;;J

cuentemente con sus consultas ~- más ele una gota de
sebo que cayó sobre mis hojas fu(• testigo de las malas
noches que pasé en manos de aquel aspirante A sabio;
todo esto sin soltar una queja, Slll formular una protesta. Apesar de tan heroico comportamiento solía ponerme defectos sin recordar que uacla le había costado y que á caballo dado no se le ve el colmillo; si le
hablaba con claridad me tachalia de difuso, cuando no
me entendía cle_¡:ía que era oscuro v aun con frecuencia me arojaba al suelo lleno de co'i·aje como si yo tuviera la culpa rle la esca;rns de su sustancia gris. Cierto día se encaprichó mi amo 1•n a~i~tir á no se que
fiesta y para proporcionarse clinero me empeñó ¡horror! por la mezquina suma ele veinticinco centavos: y
eso despué,; ele andar mucho y renegar no poco, porque en ningún c·mpeño me querían. Aquello fué el
colmo de la humiUadón: protesté no dejándome coger
por las manos toscas del empeiíero ,v la protesta me
valió un aventón sobre mil olijetos heterogéneosarnontomados en el suelo, acompañado de una exclmnación
soez que, cle;;pués supe era la favorita de aquellos hombres. ¡Cuanto infortunado compm1ero encontré en
aquella casa! Y corno de:;garraban el alma las historias
de cada uno.
Pasé allí muchos años, pues el estudiante no volvió
!t acordarse de mi y nadie quería comprarme: la verdad es que la polilla me tenía punto menos que inservible y el mal trato de aquella gente me había puesto
en un estado en que no me conocería ni mi propio padre: me enseñaban á todo el mundo y en cada exhibición me obsequiaban tma tanela ele estrujones que
abreviaron, rápicfamente los ~·a contados ellas de mi
existencia Salí un dia con otros muchos en hombros
de un cargador hasta 1m lugar solitario y saturado de
inmundicias: callaba, temeroso de mi suerte, pero con
la esperanza de que aJ fin se tendrían en cuenta mis
importantt:&gt;s servicios, que se me jubilaría honrosamente y se me dejaría acabar tranquilamente mi existencia ...... Iluciones! ¡No hay animal mas ingrato que
el hombre! El cargador hizo una fogata con no1,otros
empapanclonos de petroleo ,v acercandonos un cerillo
ardiendo: contempló la destrucción con crueldad inquisitorial y no se retiró ha!&lt;ta vernos convertidos en
cenisas. (.Jue ellas cai&amp;·an sobre el ingrato estudiante,
el mas culpable ele toaos mis Ycrdugos, ,Y sobre su,;
descendientes hasta la quinta generación, como las
bendiciones pontificias.

Venido al mundo por obra y gracia de un sabio cuyo
nombre no hace al caso, ocupé primero los estantes de
uua librería de dou.de salí para la casa de un letrado
viejo v flaco que me cuidaba con esmero: como que
decia'que era yo una joya. Y debo haberlo sido, pues
el día de mi llegada al estudio de mi amo, asi lo proclamaron varios seiiores ele aspecto venerable y ancha
frente que seg·únmis noticias tenían en el mundo científico el honroso mote de lmn breras y se pintaban solos
para juzgar.con la seyericlad desapasionada ele la ciencia á los nieJO'l '€S mnigos como nos llaman los que nos
tratan con fre.ct~encia y saben apro,·echar y agradecer
nuestros servicios.
Una criada me sacudía diariamente con un plumero
muv fino v depositaba entre mis hojas un polvito de
olor fuerte, alcanfor, que según oi decir, servía para
librarme del terrible enemi&amp;"o de los dos de mi especie:
la polilla: es virtud-me obügó á aguantarlo. Mi amo
me abría poco: casi siempre me tenía encerrado en un
lujoso estante de cedro. A través de limpios crista:es
franceses podía yo observar todb lo que pasaba por
fuera, sin sufrir los rig-ores de la intemperie, y ostentarmi título que llevaba escrito en el lomo con letras
de oro. Aquella vida me agradaba.
Pero murió el buen letrado y entonces comenzaron
mis sufrimientos. Permanecí los nueve días del duelo
sin ver la luz, pues la biblioteca no vofrió á abrirse, y
temblando por mi suerte ulterior. Quedé a dispoeicion
de los herederos, gente vana é ignorante, que sin meterse á di~cutir un .~érito qu~ estaba muy lejos de poder apreciar, me h1c1eron salir con otros compañeros
de mi elegante mansión de cristales para ser vendido
por cualquier cosa en una casa de remates. No sé si
por desgracia ó por fortuna escapé de aquel primer
atentado que quibo cometerse en mi persona, contra la
ciencia de que era yo fiel y seguro depositario, tratándome como mercancía depreciada: volví á la casa de
mi amo donde me hicieron pasar largos años encerrado
en un cajon en una bodega húmeda y obscura; allí no
había plumero ni alcanfor ni cuidados ele ninguna especie v la solilla comenzó á hacer sus estragos en mi
taladran dome horriblemente. ¡Cuántos dolores me causaron aquellos infames animalejos!
Por fin un día oigo que abren el cajón y saltó de g·ou~o.
zo al considerar que iba á salir ele aquella obstura
cárcel. Pero ¡oh suerte impía! mejor hubiera sido
aguardar allí, victima ele la polilla, una suerte menos
cruel que la que me esperaba. Dos terribles manazos,
una brus.ca frotada con un trapo y paso á manos de
LA CAIDA DEL DIOS PAN.
un ebtud1.ante pobre, corno la mayoría ele los del gremio, á quien me regalaron. Cuanto renegué de aquel
SEGt:N ORFEO.
desalmado ~, como suspiré por el cariño v buen trato
&lt;le de mi primer amo. .Pasaba muchas horas tirado al
Tiemj)os de estio. La selva centuplica su vida
dl'scuiclo sobre una mesa sucia que con petate y una aguijoneada por los punzantes rayos del sol merisilla coja coi1stituia el ajuar del infeliz estudiante: ser- diano. El calor muerde los duros troncos vetustos
via de cabecera tmas veces, de candelero otras, sufría de la arboleda y la savia hierve y asciende-sangre
~olpes, malos tratos y no pocas vecea soporté el olor secular-hasta las ramas más encopetadas y secas.
cte las axilas de mi amo, tanto más insufrible que el
La. enredadera se enrosca y tiembla, atando sus
del alcanfor cuanto que nunca oí decir que sirviera arabescos vivientes y baílando sus singulares faranpara naua bueno. Mi nuevo amo me importunaba fre- dolas en esa atmosfera de homo.

Domingo 21 de Noviembre de 1897.
PENA PEDIDA
POR EL ~IJNISTERIO PÚBLICO PARA LOS At;TORES
Y COAUTORES DEL ATENTADO.

El Ministerio Público consideró de la manera siguiente á los reos.
.A _Antonio Villavicencio como autor y pidió para él
la pena de muerte.
A Manuel BeJJido como coautor-Pidió también la.
pena ele muerte.
A Miguel Cabrera como coautor-Pena de muerte.
A ~fauro Simchez como coautor--Pena de muerte
A Ignacio Pardavó como coautor-Pena ele muerte
A Antonio Cen•ante~ como autor-Pena de rnlterte
.A Genovevo Urihe como autor-Pena ele muerte.
A Sabino Vazquez como coautor pena de mtierte.
A Arcadio Sepúlveda como autor-Pena de muerte,
A Luis G. Bravo corno encl1bridor--Pena temporal.
A Cándido Cuellar eomo encubridor-Pena temporal.
A Francisco Huinzarclt como autor pena de muerte y
por último á Vicente Noriega como autor-Pena ele•
muerte.

SENTENCIA
El Jurado votó la culpabilidad de todos los acusados.
con excepción de Cuellar y de Bravo y la sentencia
pronunciada por el Juez 5° de lo criminal !uf como,
sig·ue:
Antonio Villavlcencio·-Pena ele muerte.
Manuel Bellido-Once meses de prisión,
l\Iauro Sánchez-Pena de muerte:
Miguel Cabrera-l'ena de muerte.
Ignacio Parclavé-Pena de muerte.
Antonio Cervantes-Pena ele muerte.
Genovevo Uribe-Pena de muerte.
Sabino Yazquez-Pena ele muerte,
Arcadio Sepúlveda-Pena de muerte.
Vicente Noriega-Pena de muerte.
Francisco ele P. Huíndzart-Pena de muerte.
Cándido Cuellar-En libertad.
Luis G. Bravo-En libertad.
He aquí el comiem·.P del desenlace de la tragedia.
que tuvo pQr teatro la Inspección General ele Policía.
y que de tal manera conmovió al pais.

Las aYes enmudecen en sus nidos, sofocadas; el
sol tuesta las plumas del ala v quema la recina ele los.
pinos: las aves duermen tranquilas: se amarán por
la tarde.
Los ciervo, buscan la frescura líquida de los manantiales y las fieras la sombra de las cavernas.
Zu~nban los insectos ruidosamente y su zumbido.
monotono y ensordecedor es como :murmullo de las
burbujas del gigantesco hervor selvático.
Derrepente se escucha una aguda escala de a o-reste siringa: es Pan, el diabólico dios capripede° que
saltando se aserca. Brillan los pelos de su pech~ bañados P.or el sudor, y sopla la sinnga con torpeza, falto de ahento.
Llega hasta el pié de un ái-llOl de ancha copa, interrumpe su canto floresta! v prueba con su pezuña de
cabro, ágil y nerviosa, la blandura del césped. Esta
le place, sonríe y prepárase á sestear. Eructa con
satisfacción, se rasca el vientre y se recuesta.
En seguida se duerme, con la siringii guardada en
su accila velluda v lacia.
Por detTás del i\rbol s~ acerca sonriente y picaresca una mnfa casta ~· Joyen, desnuda y fresca, que
adrede allí esperaba al citos barbudo. Ao-uarda á que
éste ronque en profundo sueño v luego"
con un o-ui1
jarro que con tino lanza, da en el rostro del durn1iente. Pan se estremece y lle,·a las manos it la parte herida. Lo halla ileso v vueh-e á sueño.
La ninfa ríe más y un segundo guijarro arranca de
la acc1la del Cabro Divino la siringa de caiia ,. la
despedaza......
'•
Pan se incorpora v g-rita...... Descubre á su frente
un Centauro que á francos se aserca en busca tambicn de quietud.
'
El dios de la selYa quiere saciar en él sus ímpetuog,
de ira se desahoga, ~· le increpa:
«¿Es un vil y maldito Centauro quien osa turbar·
con sus chanza~ el sueño 8agrado de Pan?, ......
Y se lanza sobre él á castigarle.
El viejo Centauro sonríe con desprecio:
Para él han pasado los tiempos del Dios......
Y con sus nervudos brazos toma á Pan, le sube sobre sus ancas, y Je azota contra el sttelo ......
Pan ~-ime, el Centauro se ríe y la uinfa se estrem~ce cte gozo! por haber sido causa del destrona~
miento de un d10s.
E~ 9entauro fa mira y se mira á simismo. El es fuerte
y nnl, ella delicada y femenina ......
A~1b?s se sonríen t?utuamente cuanclomiran alejarse g1m1end~ y suspJrando al mal ferido Dios Pan el
capripecle sm org·ulJo va ni siringa.........
'
. Y á la ca1:cajacta rud~ del Centauro se mezcla Ja
risa argentina de la mnfa ... ..... Ríen, ríen rien v seacercan el uno á la otra.
'
·
En tanto la selva hien-e de calor.
Quien cuenta diez amigos no tiene ninguno.

1'1Ialeshe1·bes.
El amor es como las montail.as cuya cima es.
un pico; no hay lugar de reposo: al ·llegar á lo
más alto es preciso descender.

La B1·uyére

EL MUNDO.

Domingo 21 de~oviembre de 1897.

SUEGRAS Y SUEGROS

•

La literatura y el arte, han inmortalizado el tipo,
ya de por sí inmortal, de la suegra. Síntesis de
todos los defectos, hacinamiento de todas las fealdades, máquina productora de toda clase de males, la suegra anda en todas las bocas, brota de
t odas las plumas, emerge de todos los lápices, surge en todas las conversaciones, interviene en todas las polémicas y constituye una obsesión para
todos los hombres y una perpetua aprellensión
para todas las mujeres.
La literatura la pinta irascible, entrometich1,
enredadora, derramando hiel y haciendo derramar bilis y lágrimas doquier que pasa; espada de
Damóeles de la felicidad conyugal, abismo sin
fondo dispuesto á tragarse todos los goces del hogar , amago perpetuo de la paz doméstica, especie
de Gran Bretail.a en las relaciones de familia, inter viniendo en todo, sacando parLido de todo y
echándolo á perder todo.
L a carieatma y la anécdota picante tienen un
protagonista permanente y un tema inagotable de
eAtiras sangrientas y de chistes espirituales. Ya
es un marido á quien sus amigos colman de felicitaciones calurosas el día de la inhumación de
su mamá política; ya otro que ha aumentado diez
kilos durante su ausencia; ya otro más á quien el
m édico de la familia dice: «Valor, entereza, resignación; la señora salvará de esta crbis. » Tal
parece; á juzgar por la conversación corriente y
por las tenebrosas descripciones literarias, que el
día que se acabaran las suegras la humanidad enter a lanzaría ese profondo suspiro de alivio y de
satisfacción que Napoleón l. preveía había de escaparse, á su muerte, de todos los pechos.
L o que verdaderamente maravilla es que no
par ticipe el suegro de ese odio universal, de esa
unánime reprobación que inspira la suegra y que
ni en la vida ordinaria, ni en la literatura, ni en el
ar te se le vea denigrado, vilipendiado ni escarnecido. Si la suegra es una harpía, neminedisc1·epante; nemine discrepante también, el suegro es una
paloma. Las raras ocasiones en que oímos apreciaciones á él referentes, aparece como un tipo
dulce, afectuoso, amante, conciliador. Cada vez
que en la realidad ó en la novela se confia á la
suegra la solución de un conflicto doméstico, el
desenlace es dramático y hasta trágico; la suegra
no entiende de mitigar arrebatos, de moderar pasiones, de calmar ánimos, de conciliar voluntades,
todo lo lleva á sangre y fuego; su talento supremo es tomar el átomo imperceptible y á fuerza de
hacerlo rodar convertirlo en montail.a. Punto de
p artida: el marido llegó á lar siete y media en vez
de á las siete; pues la suegra halla modo de prob ar con ese sólo dato y los recursos de su fecunda dialéctica que hay adulterio y que debe haber
dívorcio. Si el marido es obsequioso y galante es,
á su juicio, para mejor engañar á su esposa; la
divagación y la preocupación son á sus ojos frialdad; el silencio, desvío. Si el hombre trabaja mucho es que ¡ya se acabó aquel cariño! si no trabaja, es un perdulario que vive á expensas de su esp osa; si sale, es un disipado; si se queda, un posma.
Nada de eso se dice del suegro; todo el mundo
r econoce que cuando no practica la abstensión
más completa, acude siempre con un consejo útil,
con una recomendación sensata, con su ramo de
flores ó su gota de miel; con su placidez y su buena voluntad disipa brumas, calma tempestades,
tranquiliza espíritus y alienta corazones. Predicador eterno de la concordia, respetuoso siempre
de los fueros conyugales, es sostén y apoyo de la
autoridad del marido, protector discreto de la
d ebilidad de la mujer y elemento de equilibrio y
de paz en el hogar. Lo peor que puede decirse
de él es que es una cataplasma, pero nunca que
es un sinapismo.
Salvo cierto abultamiento y cierta exageración,
los tipos de la suegra y el suegro corresponden á
le realidad, y el papel que se les atribuye, es con
rar as excepciones el que asumen realmente en la
vida.
¿Porqué esas diferencias? ¿Cómo explicarse que
la mejor de las esposas llegue ,í ser la peor de las
suegras, y el peor de los maridos el mejor de los
suegros? Porqué, no hay que hacerse ilusiones,
los vicios de la suegra y las virtudes del suegro
son, respectivamente, vicios y virtudes de estad o, emanadas del cargo que se desempeña, independientes del caracter personal, como la aparen•

te humildad del sacerdote, la sokmnidad del médíeo y la petulancia del abogado.
El hecho, por cxLraordinario que parezca, tiene explicación satisfactol'ia y oh dicha! tiene ó
puede terlertambién remedio. Una superstición, un
vicio de educación y una necesidad social, que puede ser temporal, explican los procederes tortuosos,
violentos, agresivos de la suegra y sugieren un
posible, ya que no un pronto remedio.
La suegra parte de este principio incontrovertible; que nadie en el mundo puede amar á sus hijo¡; más que ella; de aquí infiere que nadie puede
hacerlos tan felices como ella. Siendo esto así, es
claro que ningún halag·o, ninguna, satisfacción,
ningún sacrificio que en pro de ellos se h&lt;t.ga, leparecen\, nunca bastante; de ahi su eterno deseqntento y su continua desazón, y de ahí también su
intervención oficiosaé incesante, su irascibilidad,
su enérgica protesta, sus malos consejos.
Si la premisa del razonamiento es cierta, puede no serlo la conclusión. No hay como una madre para amar á sus hijos, pero puede muy bien
haber quien amándolos menos los haga tanto ó más
felices. La felicidad conyugal, como la filial, como todas, no dependeúnicamente de la intensidad del amor que profesamos ó se nos profesa, sino también del tactc-, dela mesm·a, del talento, en
fin que se emplee en amar. Hay amig·os que nos
hacen desgraciados á fuerza de cariño; hay mujeres, como Medea, que horrorizan con su amory
madres que labran la desgracia de sus hijos con
la filigrana de su intenso cariño.
Casi puede afirmarse que para hacer feliz á un
ser que se ama, lo que primero estorba es el exceso del amor, y lo que primero se necesita es una
dosis inmensa de tacto y de prudencia. Este tacto y esa prudencia faltan á la mujer, en general, y á la suegra en particular y le faltan por que
quiere perpetuar dentro del matrimonio de sus hijos, el mismo despotismo maternal que ha ejercido fuera de él y por que á mayor abundamiento
quiere ejercerlo sobre un ser que no es su hijo,
sob1·e el yerno ó la nuera.
Educada en la obediencia á sus padres, la esposa no sufre desmesuradamente por la necesaria autoridad del marido; pero una vez que 0s
suegra, no concibe, ni se explica, ni tolera que nadie gobierne á sus hijos, que brote de otro manantial su dicha, y vive en perenne estado de
rebelión.
Otra razón: está probado que no hay peor déspota que el que ha sido esclavo; la mujer lo ha sido antes y después del matrimonio y cuando llega á suegra, envanecida. de su posición, de un
poder á que no está habituada inevitablemente
abusa de. él.
Si la educación de la mujer fuera más liberal,
si se mitigaran sus tendencias pasionales, si se le
dejara disfrutar de mayor libertad, y adquirir,
por consiguiente, mayor experiencia; si por la
elevación de su nivel intelectual, de su dignidad
social, y de su posición jurídica, la suegra se aproximaría al suegro, se mitigarían sus defectos y se
elevaría su prestigio social. El enemigo se convertiría en aliado, el adversario en colaborador,
la hostilidad en tolerancia, y la animadversión en
respeto recíproco.
Tal pasa en los países anglo-sajones y germanos en donde la suegra es en general respetada y
estimada. En verdad el tipo de la suegra, la suegra-harpía, la suegra-vampiro, es un pro~ucto latino, es fruto maduro y sazonado de la ignorancia, de la servidumbre y de la sensibilidad pasional casi enfermiza de la mujer.
DR. ,MANUEL FLORES.

Novbre de 1897.

CELOS DE ULTRATUMBA¿Puedo llorar, llorar poi: los que fueron,
Por los que ausentes en el gran vacío
Miran rodeados de tristeza y frio
Los sagrarios de came, en que vivieron?
¿Pueden, los besos que iamás salieron
De su nielo á posarse en el sombrío
Mármol de tus mejillas, amor mio:
Pueden besar á los que ya existieron?
Mi pensamiento que orgulloso ostenta
Tu alma virgen, como uiveo cielo,
¿Puede romper el misterioso velo
Que o&lt;;ulta á los que huyeron la tormenta,
Sin que en tu puro corazón se sienta
La sonrisa satánica de Otelo ...... ?
Puebla, Noviembre de 1897.
JESÚS VILLALPANDO,

SATAN lMBOTELlADO.

Caviloso Y meditabundo tl'nianme una de estas noches, ciei-ta';; diabólicas irlc,is que por los mús recónditos é intrincado~ rinconcillo,, de iui cerebro andaban
agitadas Y revuelta~.
Y no 1í !Jumo ele pajas, sino con harta razón, como
que trataba ~·o nada wenos que de averiguar qué.ha
sido de la promineute, terrible, malig-ua y nunca bien
excecrada personalidad del diablo, IJámesele Hatanás,
l\Ioloch, \ itra, Shiva. Ahrimán ó ~imple y más acertadamente, sel-\·ún sutiles filósufus, el Espíritu del mal,
&amp;mna y compendio de todas las debilidades, de todas
las mi;erias y de las maldades tuda,; del humano eorazon.
lJorque sin sabervo la causa, dícese entre las gentes
que, al ser clausura.do el infierno P.or obra y gracia de
los racionalistas el diablo, arroJado ele su natural
feudo, si 110 se s1{icidó como el má, simple romántico
desc('pcionaclo en amores, se pe1 dió ó, por lo menos anda extraviaclisimo.
Otros afirman triunfalmente que su mag-estad infernal está escondida ó hm·e de un mundo á otro, disfrazada, mas bien que por'vergiieuza de su derrota por
temor de las persecuciones, no tanto de la cruz y el
agua bendita, cuanto de la filosofia moderna que, e!1
poquísimo tiempo y por tremenda n~anera, hále humillado más que aquellas en luengos siglos.
Por tan encontrados pareceres aturdido, hallábame
confuso y vacilante, dese,per~n.do ya de acertar con
la solución del emedado v sutil problema, cnando
cierto ruido extraiio, como 'á modo de silbo ele serpiente, hízome fijar la atención en una dora~a botella de
oloroso v aiiejo cognac que cerca de rn1 e:;taba y ele
cuya bo'ca parecía salir el silbo.
Nada extraordinario pude advertir de pronto e.~ la
botella si no fué una miríada de brillantes burbuJ1tas
que en' el seno del tra.n~parente lic~r clanz~ban y se
arremolinaban en vert1gmoso torbelhno, fmg1endo áurea polvareda, v chocaban después y se funclian en
una sóla para sttbir á ht superficie, como dos .almas
que subieran unidas por un beso hasta el soho del
Ureador.
Mas á poco tomose el silbo en tenue Yocesilla que P.ºseído de profundísimo espanto escuché y que Die d1Jo;
-El espíritu del mal 4ue bus&lt;:as imprudente, está
aqui, cerca de ti, al ale-anee de tu ruan?, encarcelado
en esta dom.da botella tan brillante y rica en halagadoras promesa&gt;&lt; de placer.
Cansado ele lidiar con la impertinente y sacrílega
incredulidad de los hombres de tu siglo, renuncié ya á
seo•uir atormentando los espíritus tímidos y extáticos
bajo la forma ele sátiro, por el asc~tis"!o .11~edio•eval
concebida. Jguahuente abandoné m1 pr1m1tiva y tradicional fig•ura de ángel luminoso y hermosísimo, surcado de la frente al talón por la marca del azulado
fuego de la cólera celestial, forma bajo la cual ~.ent~
al Divino Nazareno en la cumbre del DahwaladJiré o
del Ganrisaukar. ll!enos aún he vuelto á encarnar en
las cteaciones monstruosos del Apocalipsis . .Ahora soy
lio-ero casi intangible, un g·as, un espíritu, una fórmula"qui~üca y anido bajo el manto soberano de la Ciencia que me busca llle estudia y me apetece: soy el
alcohol!
Y a no me llamo Leviathan, Asmodeo ó Mammón:
me llamo cognac, agenjo. ron, lo que enciende, lo que
enardece, lo que explota; lo que anonada las conciencia é inflama las pa~iones hasta hacerlas estallar, destrozando honras, vidas y ~aciendas. .
.
Yo río y canto en el festm como las sll'enas á Ulise~,
para concluir rugiendo, asesinando y bebiendo sangre de hermanos en fer_oz riñ~ vertida.
.
Convierto la prudencia en ligereza y en vértigo, el
pudor en descoco, el amor en lascivia y la lascivia en
furor; el odio en ira, la ira en muerte.
Yo robo, vo asesino, yo mancho la pureza de las vírgenes revelo el secreto con estúpida carcajada y muevo la i'engua para lanzar la calumnia que tizna y no
i;,e lava.
En el seno de cada copa de espumoso champagne,
de real tockav ó de opalmo agenJo, pongo odios frenéticos y deseos asquerosos, crímenes de fiera y brutalidades de bestia, borrores y ruinas que en el bello
licor duermen como en el seno del mar tranquilo las
tempestades.
Por mi no hav paz, ni bienestar, ni honor en los
hog·are~, asolados por el hambre, la desesperación y
la muerte.
Soy la parálisis que invade y mata la industria y
Pl trabajo. la clegenerescencia que esternünará la raza humana con mil -vicios, aberraciones y asquerosas
enfermedades.
La inteli~_encia misma del hombre destello dP.I espíritu de uios y reina del mundo, es mi presa y la
veo á mis piés esclavizada, sin energías y he.cha al
fin reina ele burlas, cuando me busca como inspirador
de sus atrevidas concepciones.
¿t,Jué más puedo desear, ni cuándo el espíritu del
mal fué más poderoso que ahora1 viviendo aprisionada en una cárcel de cristal y oro?
Así habló la tenue vocécilla, parecida al silbo de
una serpiente, ~- yo, aterrado, sin voz v sin aliento, á
duras pénas pude escribir con temblorosa mano ésta
frase de universal ale,rta:
¡¡El Diablo anda embotellado!!
Y después, para olYidar la horrísona impresión recibida del diabólico discurso, bebíme apresuradaqiente clos ......... cinco ......... muchas .........muchas copas del
oloroso licor dorado ....... ..
llfAXUEL Rmrnno IBA::&lt;;EZ.

Noviembre de 1897.

�21 ,lP NnviP.mh1·P rlP 1~7.
EL ;\IUNDO
· 355
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EL MUNDO.

Domingo 21 de Nonembre_de 1897

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ELLA ,, también artista.
Fué ~n una Kermesse
memora ble cuando la co~
nocímos, ataviada su belleza llena de vigores y lozanías, con un traje oriental. Sin él sus ojo::¡ hablaban del tórrido paisaje en
que el desierto rojo se tiénclc bajo el cielo azul y el mar, de un blanco uniforme, brilla al sol como ustorio espejo inmóYil. Sns ojos venfan de allá, de donde la palmera expande su abanieo, verde y oro, lira cu

que el manso viento de la siC'sta ejecuta sus trémolos divinos; n-nía de allá, de donde el datilero .se c:;unja dP frutos de oro y el sauz querelloso
se inclina lado hacia la corrin1te su eterna enamorada; venía d1' allá, de donde la tarda caraYana se pi,crdr 1·11 PI inmenso páramo fuliginoso .... Ko, no necesitaba aquel ,ltavío oriental para hablarnos de•! minarete donde canta rl muezzin y de la celosía., quP encubre las lágrimas de
la favorit,l prrpctuanwnte recluida .... Y al yerla so11amos en ese país de donde la fantasía ha
extraído todas las g&lt;•mas de los cuentos maravillosos.
Despues la oirnos cantHr y su voz de contralto,
notablemcntr timbrada, pomposamente florida,
blanda y acariciadora en el rcgisn•o bajo, deliciosamente vibr,mtr a 1 el&lt;'vm·s1• como la alondra que
_interrnmpió el duo de amor dr Romeo y de Julieta,
110s llevó mits h-jos aun que sus ojos . . . . muy lejos .... tan lejos .... ú donde van las golondrinas
cuando emigrnn . . .. mas lejos aun, á donde ascienden los con dores americanos, todaYía mas lejos..... á donclP nrnl11n los e:,sueños.
Bien aventuracla ln que como ella sabe desatar
ante el oído las piedras prrciosas de su garganta
harmoniosa; por que de ella serú el santo reino
del arte! ......

,
,

..

Si mr prestas la luz de tu mirada
Para dar ít mis versos colorido,
Te ofreceré la estrofa inmaculada
Que yace entre mi lira, acurrucada,
Como el implume pájaro en su nido.
Quieres cambiar sin pena y sin enojos
1\[is pobres ver sos por tus lindos ojos?

E.

ToRREs ToRIJA.

Cuando te amé tu alma quiso
Darme en su amor puro y tierno
Los suplicio~ del infierno
En nwdio del paraiso.

*

**
Cuando intentó la maldad
Herir nue~tro~ sentimientos,
J\ ue~tra pasión tuvo acentos
De :in11lw y cll' templ•stad.
Muc:ho te qui~e. Y al Yerte
Por el amor á mi unida,
Hirió mis ,;uet1os de Yida
La sensación ele la mu(•rte. ·
¡Cuánta, YCCl'~ el quebranto
Sub,-titlt1·ó en sus exce,os
. El idilio 'de los bc,o,
Con la amargura del llanto!
i9uántas veces tri$t!' v muela
Tra~ de noche, intnuiqnilas
Temhlaron en tu,; pupila~,.
Los e~1wctros de la Duda!
*
* *
Y yo, embriagado de amor
Nunc,~ lkgué ít comprender
Que siempre en todo placer
Late d germen dl&gt;l dolor;

***

Que ante el m1helo que rncumbra
Se yerg·ue el mal qu\' mancilla,
Y surg:e antr lo qu(• brilla
El genio de la penumbra
Mas ho~- q1ie ***
pa~ú (',;a historia,
La dicha canta en bUs palma~
La eonjunl'ión de dos almas
En el zenit ele la gloria.

*

* *

Nue4ra unión qm• repr&lt;•senta
La ,-intesis de un anhelo,
Es el iris que en el cielo
Arde al fin de la tormenta.
BEN'ITO l&lt;'ENTANES.

PARA. TI.

Yo te quiero por fugaz, por maripo~a,
Porque olvidas toda tJor, amada nua,
Porque rasgas, meteoro de poe8ia,
Las tinieblas infinitas de mi prosa.
Porque brillas en la pla~·a luminosa
De 1m crepúsculo, v no vives sino un día ......
Yo te quiero por fu'gáz, por mariposa,
Porqu e olvidas toda la flor, amada rnía.
Mas, sin alas ¿tu existencia qué sería?
Sobre mi alma volteando presurosa,
l\Ie enloqueces, y e11 mi rápida alegria,
Porque olvidas toda flor amada mia,
Yo te quiero .... . por fugaz, por mariposa.
-Noviembre de 1897.
F JUNCISCO

T ABO ADA,

-------·------VERSOS

A DON LEOPOLDO GOCT.

I

,·

t

Tentath,a

ae

et1asíon.--&lt;ruaaro

ae ro. ,9.oseplt &lt;raraua.

Aun no asoma11 las primeras
Tenues luces de la aurora, y ya mandan fas calderas,
Con sn válvula sonora,
Yibraciones mensajeras,
Anunciando que es la hora
De cumplir con los 1leberes que nos ligan ar¡ui abajo,
Acudiendo A los talleres
Del santuario del trabajo.
Y se acerca presuroso, con rumor que desconcierta,
Gn concurso bullicio:;o
Que á la fábrica desierta ,·a llenanclo de alborozo,
Y que súbito despierta
l)e la máquina el reposo;
Entre tanto, fatigadas
Las c.alderas palpitantes,
Con las roja~ llamaradas de 8US senos calcinantes,
Forman uubc8 de vapores
Que dan vida á los motores y á sus círculos gigantes.
A los vivos resplandores
De igneas fauces humeantes,
Se ha&lt;·e extrat1o y portentoso
Yer al lwmbre sudoro,o irobernar, firme y certero,
Los impulsos del colo,;o
Que brutal, potente y fiero,
Bate lento " cadencioso su ámplio musculo de acero,
(~ue e11 la fuerza que le imprime
De las band'ls al cordaje,
Todo aquello grita y g·ime con tal furia v tal coraje,
Ciue aulla~· ruje la polea
•
Y la miir¡nina jadea
Y retiembla el andamiaje!
-Y al llegar la luz febea á bañar aquel santuario,
Ya la e:;belta chimenea,
Convertida en incensario,
. A las límpidas reg·ionet- lleva el cantico sereno
(~ne ha entonado el operario,

Por ganar las bendiciones con que el Dios excelso v
(bueno·
Reco.mpensa al emisario
De tan dnlces oraciones!

l\1éxico, Xoviembre de 1~7.

MIS VERSOS

II
¡Oh, bien haya el alma pnra que solicita nos trajo
Tanto amor, tanta ventura,
Con el dogma del trabajo que es el solo que fulg'ura
En la triste ruta obscura
'De los vermos de aquí abajo!
El mortal que en "fausto dia ít la santa ley se acoge,
Esperanza y alegria
Y consuelo ~- paz recoge;
Porque ,·iendo la armonía
Que inmutable ha perdurado de sus reinos en el ~eno,
Se hace humilde y abnegado
Y sencillo y noble Y bueno;
Y el sudor que en la ¡&gt;endcncia su ardorosa frente
[baña
Fortalece su conciencia,
Y en la oculta casa huraña que á alegrar va suprcsencia
La abundancia salvadora
Con sus goces lo acompaña.
¡Cómo no, si á toda hora palpitantes las calderas,
• Con sn válvula sonora,
Son alegres vocing-leras
De las dichas dmadcras que la fábrica atesora!
¡Cómo no, si. cual cimera,
A los cidos se alza diario de la esbelta chimenea
La espiral del incensario,
Que á las !impidas regiones lleva el cánt\CO sereno
Que ha entonado el operario,
Por ganar las bendiciones con que el Dios excelso y
(bueno .
· Recompensa al emisario
De tan dulces oraciones!
RODUU'O FIGt:EROA

Novbre. de 97.

(Primera página de un llbro.)

l\lis Yerso,, son la historia de mi vida,
hablan de mis tristezas;
En ellos ha.,· sollozos comprimidos
Y lag-rimas y quejas.

*

* * de mi alma,
l\li versos, son pedazos
Fragmentos dé un poema;
De aquel poema de mi amor primero
Que arrancó mis creencias.
*
* * que brotaron
l\Iis versos, !'On las flores
A un sol de primaYera ........ .
Llegó el invierno del_ dolor, y ahora
Ruedan sus hoJas secas.
,;:

* engendrados
1\Iis versos, son los *hijos
En lecho de miseria;
Los niiiitos enfermos que sin madre
En la cuna se queja11.

"'

* * ignorados
l\lis yersos, son ¡:apeles
Que guardo en n}i cartera;
J&gt;oco salen ,\ luz, buscan la sombra
Go1;~0 las a,·es negras.
*

l\Iis versos, tú lo sa"'ois, son mi historia,

Mis e~peranzas, muertas....... ..
Si no han llorado aún tus negros ojos,
Oveme: no los leas!
•

JrAN B. DELGADO.

N0Yl.1re. de 97.

ECOS.
ILUSIONES

El amor es un combate
De lo abyecto y Jo sublime,
Es el lampo que redime·
Y la pen wnbra que abate.

*

* * el empuje
1'icne en su aliento
De aquello que impreca. y llora,
Es la plegaria que implora
Y la blasfemia que ruge.

*

* *fulgor
Es el llameante

C!ne arrastra en su tra.1·ectoria
Tintes de armii1o y de escoria,
Soplos de oruga y de flor.

*

* *expresión,
En su más alta
El amor á. un tiempo mi~mo
'Es la cumbre y el abismo,
La té.a y el nubarrón.

(De Paul Verlaloe.)
Beso, rosa. perlumada del jardln de las caricias,
Armonía vagorosa, en las teclas de los dientes,
De dos himnos que amor canta en los pechos fervientes
&lt;:;ou su
de arángel, llena de seráficas delicias;
Beso, blanco Beso, sal 1·e ¡oh sonoro Y. santo .Beso!
Eucarlstlco deleite, embriaguez Inenarrable;
Inclinado ,obre el borde d" tú cilliz adorable,
Tu licor el hombre liba, espirando de embeleso.
· · cual la mllsic:&gt; y el vino, melodioso y embriagante,
Ti\ cot\Suelas y adormeces, y la pena mds oculta,
Cuando vibrag ,en tu pliegue purpurino se sepulta.........
Que un artista de mAs ge1úo que yo: Grethe 6 Will, te cante,
Iniellz bardo de musa m~lancólica y mezquina,
RI bouquet yo te dedico de mis versos candorosos;
Se l&gt;enlgno, y como premio, (I Jos labios desdeñosos
De la virgen que yb amo, ¡dulce Beso! baja y trina.
E~•HEN REUOLI,EDO .

'"º'

Novbrc. de 97.

�356

· EL l\IUNDO.

Domingo 21 de Noviembre de 1897.

Domingo 21 de Noviembr~e 1897.

-==~

Ensueño de niños.
POR JOS}!PII L'IIOPIT.AL.-ILUSTR.ACJONES GR.AD.AD.AS EN NUESTROS T.ALLERES.

Número 5.
-Varanville, será usted arrestndo dos días.
Extcndíóse un velo sobre los ojos de J acquelina y, á despecho del frio, sintió que el sudor
perlaba su frente y se quedó ahí como entontecida, luchando con esa. iden atroz de que iban á
castigará Jacobo, cuandoJacquot pasó cerca de
ella y rápidamente, aprovechándose de que el oficial le daba la espalda:
-En dos dias no se mucre uno, dijo, pero tened
cuidado de que no vuelva ú empezar.
Ella se irguió de una pieza y descendió el bulevar corriendo, con los ojos llenos ele lágrimas
y el corazón queriéndole estallar. Así pues. debido á ella, él no saldría al día siguiente; ella no
le vería y él iba á censurarla. Cuanta razón tendría! Y se repetía: "Oh! qué necia soy!''
El tío Auger no obtuvo ese día de ella mas que
malos modos con los clientes.
Comenzó muy triste por cierto aquel domingo
• tan impacientemente esperado! Ella se arrastraba
enervada y distraída por la sala aún vacía, cuando se abrió la puerta r J acquot apareció.
-Soy yo otra vez, dijo, pno no por largo tiempo, estad, tranquila; tengo que volver il la guardia. :'\fe han dado una carta para vos; ~xcusaclmc
sino os proporciona más gusto que la del abal'!'otero del año pasado.
Ella se arrojó sobre la carta y la abrió con mano temblorosa, en tanto que el elarín, sentándose
en un banco, éncendía un cigarrillo~- :umaba con
los codos sobre la mesa, mirándola fijamente. Y
se ruborizn ba leyendo:
«Qué bien lo habeis hecho, mi querida Jacquelina, siendo causa de que por vos me arrestaran
ayer! Jamás un castigo habrá sido tan agradable
para alguien. So os veré ahora, es cierto; pero me
habeis dado de tal manera el·derecho de pensar
en vos!
«Porque es claro que por mi (oh! no digais que
no) estabais a~:er · en el bulevar durante el ejercicio. Dejadme creerlo, os lo suplico, eso me proporciona tanto bi~n! Y las horas pasan tan pronto con ese pensamiento! :Me parcec que os véo
aun sobre el bánco .... Oh! si nríais que. grande
fué mi alegría! 11c hizo olvidar mi fusil! Soy un
torpe. Más, bah! ,os me perdonais, no es verdad?
Vos decís de seguro: Es por que se puso contento, de verme por lo que ya no le fué posible
pensar en.otra cosa. Reflexionad en eso y ya no
me censm·areis mi necedad. Sabed además una
noticia. que me llena de ventma. A partir de esta
semana me ván á permitir salir todas las tardes de
cinco á ocho ..... Todas hs tardes. Que felicidad!
Todas las tardes!
Vuestro Jacobo»
Cuando hubo acabado su lectura, Ja.cquelina
batió palmas y saltó .de alegria. Y de pronto exc1amó dirigí énclose á J aequot.
-Si os diese w1n respuesta!
-.Ah! ah! contestó éste rebtúanclo, parece que·
no pasará lo mismo que con el a barrotcro, decididamente. Bien, hacedla.
Ella se instaló en el escritorio de Auger y se
puso á garrapatear penosamente:
«Es verdad, seiior Jacobo; yo pasaba; entonces,
ya comprendereis, qtúse ver como hacíais el ejercicio; entonces vos me visteis ele pronto; eso os
sorprendió; soy yo la bestia y os pido perc.lón.
Cuando vengais me dareis mucho gusto.»
Se detuvo, agotada ·por aquel esfuerzo epistolai·; después, no sabiendo bien ni osando decir
más, firmó y puso la carta en manos de Jacquot,
que esperaba siempre.
Y de pronto advirtió ella que no se había preocupado de él.
-Ob! pobre Jacquot! dijo, yo que con todo esto os olvidaba! Queréis café? cerveza? .... Si tuviese siquiera las llaves ele la cueva ..... .
-No os atormenteis por eso, dijo ,Jacquot con
vo:.1 alterada. Yo no quiero nada.
En negocios como este 119 se me paga, entendeis?
•
-Pero ...... .

-Vaya; vaya!lodicho! cada uno tiene sus ideas
y no quiero, no.
-011! mi pequeño Jacquot: pero que es lo que
os incomoda?
-A mi? nada. Yo no soy un aristócrata ni un
hurgues ... Adiós, hermosa: bien pronto será la hora de la guardia. Xo tiene uno mas que una palabra. Llegará esto á su destino, buenas tardes!
-Yo os suplico, un minuto aún. Yo quería ....
yo quería -saber si es muy dura la consigna.
-So, nada de eso.
-¿Qué hace uno cuando está arrestado?
- :Xo hace uno nada.
- Duerme uno en el suelo?
---So, no! Yo soy el qui! voy á dormir en el
suelo esta noche,
-Ah! tanto mejor!
---Gracias por los buf'nos deseos!
Y Jacquot salió precipitadamente.
-Que tendrá? .... pero que es lo que tendrá?
pensaba Jacquelina ... .
Y no pensó mucho tiempo en eso. Radiosa, púsose á leer y releer la carta de Jacobo. Y entregada pvr completo á las ilusiones de su ingenuo
romance, saboreó largamente sus sensaciones.

Sin gasmofiería tomó su brnzo.
-Andemos, quereis? Hace frío.
-Y vuestro tío?
-Salí por el pasillo; no tiene necesidad de mí
puesto que no hay 11adie.
-No os dirá nada?
-Y que quereis que me diga?
Jacobo miró á la joven con aire asombrado.
Después, como ella se callase:
-Es verdad, dijo, nada tiene que decir.
-Ah! seiior soldado, replicó Jacquclinaabandonándose en su brazo y caminando con él por el
muelle desierto, qué pena tuve el sábado cuando
por mi culpa os castigaron!
_
.
-¿De veras? elijo Jacobo, cuyo corazón palpitó
de nuevo.
-Es claro! era una tontería en mí venir á veros hacer el ejercicio. CiertanIPnte, no esreraba
ver á ese oficial. ¡Dios mío! y que mal aspecto
tiene.
-No es tan malo como creeis, os lo a.seguro.
Entonces, 1,Por qué os castigó?
-Porque yo no le presta.ha atención.
-O~ aseguro que me ha mirado con mi aire
muy maligno.
Oh! no lo crcais, ¿cómo se puede tener aire así
cuando se os mira?
IX
Un torbellino de viento les sorprendió, haciendo
girar al rededor de ellos las hojas muertas. J acCuandoJacobo leyó la respuesta deJacquclina q .1elina se estremeció y se apretó contra Jacobo.
experimentó un verdadero deslumbramiento. No
-Tenéis frío! dijo Ja.cobo .... Si yo me atrese tiene veinte aiios sin amar los sueños; no se viera estaríamos muy cerca del fucg·o.
tiene veinte afios sin creerlos realizables; y cuan-Es cierto, pero volveríamos á encontrará mi
do se tiene veinte afios y se imagina uno tocar al tío Auger que comenzaría de nuevo á escucha1·
puerto, se resiente un género de v~midad muy es- todo k que dijéramos; prefiero pasu1rme, no tenpecial, que ya no se vuelveá encontrar en todo el go frío, sigamos,
curso de la vida: la vanidad del niflo que descu-Sin embargo, si quisiesei$ .... yo no peu::;aba,
bre que es un hombre.
en volver á la casa de vuestro :ío ...... :,;i qui::;ieY Jacobo no era ni más ni menos que un niño; seis visitar mis departamentos ..... .
un poco corrompido ya, pero no enfermo del todo
-¿Dónde? En el cuartclr me han dicho que las
y que conservaba las ilusiones que la primera ju- mujeres no entran allí.
ventud asegura á todos aquellos que no son por
-Brornc11is, si quiero hablar de mi departamencompleto indignos. Es decir que ú su pasión se to rn la ciudad . ....
mezclaba una especie ele respeto y que al recibir
Jacquelina se echó á reir.
el imprudente billete de Jacquelina no sintió la.
¿Teúéis un departamento en la ciudad, vos, solal\'gría brutal de un vividor de profesión. Su pa- dado?
sión era absoluta.mente sincera, incapaz de un des-Oh! sí un departam_euto, una pieza, he ahí toprecio; y sin pensar en las consecuencias que pu- do; pero puede uno estar cali&lt;&gt;n,e ¿queréis verla?
diera. tener, se propuso ser fiel. Sin eluda es.taba
- Y ¡,donde estár
lejos del platonismo y no se imaginaba que se pu-I~n ht calle de C'olbcrt, en casa de la st-11ora
diese resistirle; pero encontraba glorioso y hono- Loehf'te.
rable que ante él se cediese.
-¿La planclrnclora? ¡Toma! &lt;'S extrailo c¡uc no
Los dos días de consigna le parecieron inter- me ha.y,t dicho nadii ...... Oh! no, yo no puedo
minables y el martes en la tarde, cuando pudo ir allí. Ya comprenderéis ...... si me viesen con
salir, corrió al café de los amigos. Desde luego vos, dirían unas cosas ..... .
vió que le esperaban; la alegría con la cual fué
-Bah! está tan obscuro que nadie os verit.
acogido nada tenia de. disimulada, y ella era entrar.
tan franca que creía próximo el desenlace y cier-Se ve bien que no conoccis á hts mujer"", elita su ventm•a. El se ser:tó con el corazón palpi- jo ,Jacquelina en tono serio.
tante, todo lleno de fiebre por las promesas que
-¿Porqué decis eso?
creía leer en los ojos de Jacquelina y como Au-Porque si las conocierais sabríais que rs mur
ger se precipitase hacia él, lleilo de obsequiosi- dificil ocultarse de ellas. En cuanto á evitar á
dades, pidió de comer.
una planchadora y ,, tres obreras, es impl)sible,
.... Sin embargo Auger no Je perdía de vista; sin contar con que tienen unas lenguas .... Yo no
daba vueltas alrededor de él, destapaba botellas, quiero que se digan mentiras de mí.
enviaba á su sobrina á la cocinaá buscar los pla-Os a!:lcguro que nadie os verff, [t. esa hora totos, corría con volubilidad haciéndose el amable, do el mundo está comiendo, las puertas del estaé impedía entre los dos jóvenes toda confidencia blecimiento están cerradas.
v toda conversación. Al cabo de pocos instantes
El viPnto se elevaba más y más itspero, las nu}acobo se exasperó; miraba con impaciencia la bes desgarradas por la torment,, eorrian ocultanpuerta, esperando que entrase algún cliente y le do y descubriendo las estrellas.
desembarazase de su huésped; pero la puerta no
- Venid pronto ¿queréis?
se movía.
Jacquelina vacilaba..
Al fin, no pudiendo más, se levantó, arrojando
-Si estuviese segura, dijo:
un escudo sobre la mesa; y en tanto que Auger
Y dulcemente se dejaba. arrastrar. Pero á alguiba á su escritorio á buscar cambio, dijo á Jac- nos metros de la cal le Colbert se detuvo de pronto.
quelina:
-DeciclidamentP no, prefiero no ír.
-Qué no será posible, pues que hablemo~
-Os lo suplico.
E:la sonrió y respondió rápidamente:
-No, no, no debo hacer eso.
-Salid, id hasta el Loire y esperadme.
-Pero hace un momento sí queríais.
En el muelle no tuvo que esperar largo tiempo.
-Es cierto, si no oyese más que á mi¡voluntad,
Alcabo de alugnos minutos son.'lron pasos rápidos pero desde que estoy en Tours he aprendido tansobre el piso desigual de la calle, y Jacquelina tas cosas .... no sé como decirlo, sigamos paséanse unió á él.
clonos mejor.

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Jacobo no pudo disimularun movimiento de
despecho:
-De $uerte que volveremos á helarnos al muelle? preguntó con voz n.erviosa..
-Atravesaremos meJor la ciudad, si quereis,
estaremos más al abrigo del viento en los bulevares.
Jacobo la siguió sin decir nada.
-¿Os causo pena? interrogó ella.
Se apretó de nuevo zalamera contra él y
añadió:
-Lo sentiría porque os quiero mucho.. .
Jacobo se sentía presa de un enterne~imien~o
que no podía definir, se encon~raba necio y sm
b . 0 le parecía que era fellz.
em~~tvieron en silencio hasta la plaza del Arzobispado y entraron en ella.
Alumbrada por un rayo de luna, la estátua del

Doctor Breton{'au los vió pasar, después volver,
paseando en el circulo estrecho del jardín.
Jacquelina había vuelt~ á to~ar la palabra Y
.ahora se difundia en confidencias.
_ Vcd; yo, yo no soy una muchacha como hay
muchas, á lo que parece. ~ay alg~as que• • • Vos compr emleis lo que quiero decir ..... .
Desde que sirvo á los h?mbre~ he ,,aprendido
unas cosas .... Pero es meJor; as1 se &lt;L. qué aterenne; además, si no sirviese ahí qu~ baria yo qu~
no tengo ni un céntimo y que no qmero tener vc1güenza de mí misma?
.
Acaso os parezca nécio lo que os dlgo .... Los
hombres son tan malos! No comprenden más que
una cosa; y eso es horrible! Pero vos me ha pare:
cid o que no erais como los otros; por eso me acogi
á vos como un pobre perro q1;e s~ aho~~- ._.·.Ah!
si supieseis .... nadie me qmerc .... s1,_m1 tia tal

vez .... pero los otros .... bien sé lo que quieren
de mí. ... bic1í lo sé . ... demasiado!
La vozseleentcrnecíay Jacobo,de una manera
extraiia trastornado y no sabiendo que responder, la dejaba hablar, presa de una. especie de ~-cmordimiento. Cayeron sentados en un banco, mconscientes del frío, en tanto que del cielo donde
las estrellas va no brillaban, caían voltejeando algunos copos·de nieve. Ella continuó:
-Estoy segma de que no me censuraréis por
que no subí á vuestra casa hace un rato. Yo lo
deseaba, ay! Pero algo me elijo que no me saldría bien y que vos ya notendriais para conmigo
las mismas consideraciones si aceptara; y yo, ya
veis, yo quiero que se me estime, sobre todo vos....
Pero vos no decís llilda.
-Yo -0s estimo y os amo, dijo Jacobo con voz
temblorosa.

�EL llfUNDO.
Ella se pegó ú él y él la estrechó entre sus l)razos
sin que ella tratase de csca1rnr. r muy bajito, tan
cerca ele (·1 t¡ue le rozaba &lt;'l soplo de su aliento:
-Gracias, yo cuando menos os habría amado
por nada.
-Por nada, ¿por qué por nadii? exclamó él.
-L\.:,! porque vo~ soi:; rico y yo soy polm•. Yo
lo dudé al principio r después creí que no. J'l'rn
Yeo bien qull si. ... Tenéis alojamiento t•11 la cinclad y vuestra bolsa está llcnil de dinero. Cuando
termine el año voh·t•reis ú Parí::; ,. encontrn1·éh;
herm::,sas scfioritas; ltab1•ú alguna q1w se c,1sc con
vos .... Y la pohre .Jacqurlina, en quiP11 :nt l l )
pensaréis no ¡.,udrá más que amaro,, de kjos.
-Y de qué me c!·er1·1;is culpable, Jncqucli11a'.-'
01vida ros vo ..... .
-Ay! sí; YOS me olviclar ris, ser.í preci~o. Se
encucutra uno por azar pero 110 toma el mismo
camino. Eso (•s inevitahlc, nn pensará; ~·nen
mí; quizá ni á c&gt;sta hora pensai,; mucho ....
-Oh! ,focquelina!
-Respondl'dme, dijo ell,1 retrocediendo bruscamcJ1te:
·Podeis danne· vuc&gt;'tra palabra de que en e,;t&lt;·
momento, cuando me mostra hais Yuestra casa
ha blándonw del calorcito de nllá arriba, no trnínis
la iclea &lt;le calentaros. conversando conmigo'!
-,Jacquelinn .....
-Os embarnza respond1·rme por que no o:;ai,;
mentir .... Vamos, no os censuro por ('SO. Xo me •
conocíais bien, he ahi todo. Ahora si dehcb cor.1prender ..... .
-Comprendo que os amo como un locJ, qur
nada put:dl' separarnos en lo succ»ivo!
-Yo os juro!
-No jureis, el buen Dios os castigaría sinó
mantuvieseis vuestra P,alabrr..
-Y porque no la habia yo de mantener, exclamó Jacobo con exaltación. Xo soy yo el amo d1'
mi dicha? Ahora os toca á vos es¿u~lrnrnw. Acabando mi año no volveré á París, srguiré de :;oldndo, y un día seré oficial. Algunos m1o,; se necesitarán para eso, bien lo sé; pero que me importa eso si vos me esperais? si tengo la seguridad de que alguna vez sereis mi mujt'r:'
-Vuestra inujer! .dijo ella con YOZ querellosa
que se sofocó en un sollozo: después repitió loca,
1mplic.mt&lt;', «nwstra mujer!»
-Lo he llicho r lo repito. Seréis mi mujer'. Todos los truenos del diablo no impedirán que sé11is
mi mujer.
-Oh! vue;:;trn mujer, vncstrn mujer!
Locos se abrazaron ~- rn la fría noche, largament\' sabor('aron las délichts de ;;us besos. A la
sazón la nieve rspesa caía crudanwntc, cubriendo
á aquellos niños con su manto blanco, como si sabiendo que ella tt&gt;11ía di&lt;&gt;z y ocho años~- que el
tenía, ,·cinte, hubiese qurrido arrojar de antemano
su helado sudario sobre la locura de su amor!

r

X
Jacobo tornó al cuartel en un estado ele emoción extraordinaria.
Era. un c•ntusiasmo tumultuoso, un enternecimiento apasionado, una embriaguez alegre que
suprimía en él el pensamiento y volYüt imposible
toda reflexión.
Lns impresiones que aeahaba de experimentar
se habían sucedido con demasiada rapidez para
que pudirse clasificarlas en s11 alma transformada; uno después de otro, el deseo, el asombro, PI
despecho, la admiración y el amor habían vibrado cu lo más íntimo de su ser r el grito con el que
había. comprometido su vida, sonaba r,ún en ::ms
oídos como una campanada triunfal. Si, era sincero, tanto cuanto puede serlo un ser lnunano: lct
idea de que sus promesas pudiesen un dia cmbarazarle, ni aun siquiera asomaba. en su cerebro y
habría. mirado toda duda, toda desconfianza il e,;te respecto como una. injuria. ~o pensaba ni en
el ti~mpo que hace olvidar ni Pu ht edad que hace rrflexionar, ni en las dificultades que surgen
en la ruta espinosa de la vida para calmar los entusiasmos del primer momento, ni en los obstáculos que, casi siempre, frente i1 las resoluciones dictadas por la pasión, hacen surgir la razón y el
egoísmo.
No veía mas que el ,Jacqtwlina, no pensaba mas
que en ella.; estaba lleno dP su imagen y ella lo
ocupaba tan por entero, que no había ya lugar
en él para nadie mas en el mundo. Y en este carfüo exclusivo y dominante, todo era laudable;-

todo lo que había. en (11 de b ueno, era sobreexcitado. por ella y los a rdores del deseo puramente físico que lo lnbían agitado al principio, hicieron
»itio á sentimientos míts nobles. J acquelina, no
ern ya para él, e n ese momento, la griseta ú q uicn
S&lt;' ama más ~· mis que á la muchacha Yulgar, pero á quien tardeó temprano se debe abandonar;
dla era la mujer ú quien se espera, la. prnmetida.
it quien se aguarda, aquella cuya pureza es tan
preciosa como la vida, tan sagrada como el honor.
Por su parte la joven le había d ejado turbado
de una manera extrm1a y deliciosa. Su cor&lt;1zón
había saltado hacia él con 1m ímpetu irresistible;
r cuando el d ijo· aquellas palahras quemantes que
parel'ian unirl e á ella ]Jara siempre, ella no pudo
&lt;·tmte1wr la expresión de su r econocimiento. En
t'lla no hahia ningún cálculo, ningún pensamiento d udoso. Se había. fo rmado un ideal, ert'ía lwbcrlo r~alizado; :,,, &lt;'n la íntima expansión de su
alma. cándida, &lt;lió lns gracias ú la santa Yil'gen y
á su buen angel.
8il1 embargo, no conservó largo tiempo esta certidumbre ele dicha. La muj&lt;'r, ::;ér de debilidad y
de sufrimiento, dbcierne más pronto que el hombre l a ilmión , de los &lt;:ntusiasmos, ~- el engafio de
los en:;trcllos hermosos. Desd&lt;· en la noche de ese
di,t tle encanto, ou1tncl0 acostada en s11 pobre cuar-·
ro, q ubo adormecerse con los pensamientos que
hacfa un momento la deslumbraban, sintió que estos a bandonaban su espíritu uno á uno como páj,tros qm· hu:ven dPlante de la tempestad; y en tanto qur se esforzab:t &lt;"n atraerlos&gt;' unirlos de nueYO, y volYer á encontrar 1$- paz que le habían dado,
una duda dolorosa, una intenogación punzante,
vinieron á arrojarlo::; del todo t á cambiar en ve1,tda llena de a ngustias a tn.arg,ts el ·dulce sueüo
confiado que ya se pr ometía.
Sí, estaban llenas de seducción y de caricias,
c1·m1 sincerns las palabras oítlas aquella tarde bajo la niPve qur c,1fa finamente. Pero, qué queda
de esas caricias, de esos juramentos, hijos ele la
pasión de un instante, cuando ante ellos se levanta la lógica de la implacable vicla? De ella misma
estaba segura; 1,t fe que ha bía jurado no la traicionaría; pero él:' El era bueno, él la amaba, &lt;;l quel'l'Ía ser fiel á una palabra tan tiernamente dada;
pero lo podría? Podría él sacrificar á una pobre
muchacha 'tantas cosas en las cuales no había pensado, pero en qué prnsaría después: su juventud,
s11 fortuna, su bienestar, su familia? Oh! su fmniJia no consentiría jamás! ....
El tambicn era hombre como los otros; ella lo
había visto bien r nada dijo él cuando ella se lo
hizo comprende.r. Cuantas mujeres no encontrnría mas bellas, mas seductoras; mas dignas de
agradarle! El ha1Jía obedecido á un primer movimil'nto, pero despucs .... Ko er a ella muy cul1Mbler Porqut• autorizaba esos compromisos quilll&lt;;ricos, esas protestas sin mañana, ese amor sin
esperanza puesto que era honrada? y daba Yuelt,1s r mas vueltas en su lecho, torturada por esa
pregunta que le martilleaba la cabeza: porque?
porque?
RPpentinamcnte se echó á llorar. Porque? Ah!
porque amaba á ese Jacobo, á ese lindo soldado
al cual no había podido ver sin extremeccrse. Y
se lo representaba entrando por })rimera yez á
casa de Auger, con su torpeza ele soldüdo novato
que '.e cayó tanto &lt;&gt;n gracia. Y como refa mostrando sus dientes blancos! Y sus otras visitas,
aquel paseo de la música, y su embarazo, y su
clnlce hablar .... porque nallie hablaba tan dulcemente como él ......Era hombre sin duda, como
todos! .... liero ella .... corno se sentía mujer! ....
Ah, mísera, como le amaha.
Acabó por dormirse pensando en él; pero ya
1a paz no existía para ella. La duda volYió á cogerla. en el sue11o con sus tenazas malditas y al
día siguiente del cu que experimentó la mayor alegria de su ,ida, bajó á su trabajo pálida v con los
OJOS enrojecidos por la:s lágrimas.
•
Jacobo fué á almorzar y su vista la. tranquilizó.
El restaurant estaba lleno de . consumidor es v
Augcr se mostró mits ¡¡¡olícito, más atento q1{e
nunca ...... Apelli1s si pudieron dec'irse algunas
palabras en voz haja, pero sí se hablaron todo el
tiempo con lo:; ojos y no dejaron de darse una cita para en la tarde.
El vokió á la hora de co:ner, después salieron.
Jacobo no le propuso como ht víspera subirá su•
cua1·to y no e~1sayó _hacer cesar el paseo; estaba

Domingo 21 de Noviembre de lf.97.
aún bajo el rncanto de las promesa~ jtll'adas. La
tarde se pasó en proyectos para el porvenir, en
cnsue11os de ternuras eternas, en combinaciones
infantiles, cuyo arreglo laborioso los absorvía, en
juramentos y en protestas que les daban como
una ilusión ele dicha. Y en ttmto que el le hablaba de su familia, demasiado rica para que se 1~
permitiese cscog·er una mujrr á su gusto, de la
carrera militar, que más que rnmca cstal)a decidido á seguir porque el honor debe ser más alto
que el dinero, y que en su exaltación creciente le
dec.ía su iuquebran~able amor, ella le escuchaba
toda palpitante, tratando ele pmwtrárse ele &lt;•sas hermosas frasrs y de esos grandes sentimientos. Ay!
l,t pobrecita no necesitaba ele tanta elocuencia.
Amar, ::;cr amad,1 r permanecrr honesti_l, he ahí
todo lo que pretendía. Y poco á poco al oírlo hablar de tant,ts cosas, sentía crecer entre ella y él
el obstúculo que temía; tenía la percepción confusa de un abismo que los separaba. y que él no
franquearía. apesnr del ímpetu fogoso que trataba
de dar á su voluntad; sentía que en presencia de
las realidades que le reservaba el porvenir, ahauclonaría el pobre suefio al cual ella ataba su viua.
Y sin embargo como le amaba, cmbriagábase, á
despecho de sus eludas y de sus temores con sus
palabr,ts ardientes.
Se despidieron lo mús tarde que pudieron,
cuando ya en el patio de Guisa la retreta batía á
pie firme y la gran puerta se cerraba, y regresaron, él un póco enerYado ya por aquel exces0 de
efusiones platónicas; ella incapaz ele desenredar
la contrnclicción de sus pt·nsamicntos, á la vez inquieta y embelesada., feliz y de::;coufotda, experimentando en su ser una especie de entorpecimiento lleno de tcrrnr y de dulzura.

EL .mn·U)O,

Domingo _21 de Noviembre de 1897.
CKONICA DE LA MODA

La moda no se cansa: infatigable quizá siempre con mo,·imiento rápi&lt;l~, &lt;le~pleg·ando en cada estación deslumbradoras galas; á vece:; enteramente desconocidas, otras sacada,; del olvidado océano en que
hai~ ido ca vendo st1s primorc,, pero r¡ ue una constante el)llllición las
saca sobre-la superficie, dejándolas \t1cinn~s o\vidados encantos. En·
ronces la mano maestra ~e esa he!!h•cera sm nval, nos muestra sus
ventajas y vuelven ¡\. lucir ante nosotras con mayores aplausos.
Hov no·s dicen las crónicas de grandes re~tyciones, que. Jo m_ás
aceptado en el gran tono para la presente estac1on, son los traJes pn,n,:e.fü, estos sin sufrir gTancles modificaciones han recihi&lt;lo nuevo encanto pues unas las llevan con los paños de atrás enteramente tendidos\ los delanteros tro;i,ados en forma de bolero. En otra_s, delante
fonna"trn a ligera blusa y de la espalda se desprenden lo,- pano~ larg·os
Jiasta el borde, e,tos paños put•d~n aclo_n~arse c?n r\tches. Los ))utones hacen gTan ju&lt;.'g·o en los traJe~ prmcesa. 'Cno a. que ~e refieren
nue~tros co1-responsale~, era ele pano ne[.aTO, corte prmce,-;a; peto delante como un vestido aJnstarLo con grandes Yneltas de muselina de
Jieda blanca,~- dobl_c l.li1~1:a de botoue" de amatista lo que le daba un
.caracter ele gran d1iit11rc10n.
'Se compren di'. que 110 es indispensable que los b_ot01ws sean de pie-dras, pues se ponen de to~a~ clase~ha,ta de la m1.,ma tela, lo que en
ciertos casos es mucho meJot·.
_
I os terciopelos son hov los que. adoptan má~ las ¡i;randcs sen oras.
au:nentando 8LL clásica· elegan_cia con la ?iversidad_de sus colores.
Para collets se usan una varicdad de pieles que iremos dando á
-conocer.
Trajes oe teatro.

El rimero de estos traj es de !ondo hlan_co, una red de_ dib_ujos
-de cglores la enag·ua emc-:·a recogida en la cm tura por '~!'las Jaret·~s que Je f6rman bullones p.-queño,. La blusa y mang'as estan hechas
de la misma manera. En el e-cote y horde de la,-; mang·as ,e adorna con
uua serie de menudas floue5 color de rosa, que se agrupan en ,ma·or caJJticlacl c&lt;.'rca dd hombro; sobre estos se colocan unos Y1sto~os la;i,os de li~t{rn v&lt;·rdt•, ag·ua, el mismo listón se emplea parn_ Pl
~inturón dejándole largas puntas por detrás. Como la tela del Ye,t.d)
0

;:

Xl
Hay nn tipo, de aspecto nada vulgar, que pregunta por tí en la puerta. Anda á ver y déjame
embetunar las botas; tú no sabes darles lustre.
Y Jacquot se apoderó de las botas de Jacobo,
que se obstinaba en frotar.
Este salió y volvió poco después con la cara
alegre y el andar rápido.
-Oepíllame mi capote; ponme mis charreteras
número uno. Has embetunado mi cinturón? Sí. ...
Magnífico! tengo permiso para todo el día!
Hubo en la cámara un murmullo de asombro y
de envidia. Los enmaradas que se cepillaban para la llama.cl,t de las once, dejaron sus tareas é hicieron rueda alrededor ele Jacobo.
El caporal Tranchard mismo se unió á los otl'os.
Jacobo hizo una mueca y púsose á bromear.
-Con que el niño se va de paseo?
-Sí, mi tío le ha pedido permiso al coronel.
-Ah! muy bien nosotros no tenemos tíos.
-El mio es general; ya compren~eréis.
-Eso no nos lo habías dicho! exclamóJacquot
haciendo el saludo militar. Desde el momento en
que el señor tiene genera les en la familia, no es
asombroso que falte al ejercicio ...... El señor
va á tomar un almuerzo de los de gran precio y
á ofrecerse en seguida un paseo en coche par,t
hacer su digestión fumando un puro de primera ...... Durante ese tiempo, vosotros, los que no
teneis tios que sean generales, preparaos al ejercio, no hay remedio!
Al mismo tiempo que hablaba, el pequcüo clarín limpiaba los botones del capote, pasaba un
pedazo de trapo por el cinturón, soplaba la placa y frota.ha con su cepillo hasta hacerla relucir.
-Eso no me sorprende, dijo gravemente el cocinerolllouter, Yí cnlapuerta uncab¡¡llcroelegante
hablar con el sargento de Guardía, el este partir
á paso de gimnasta. Luego salir al coronel que.
bajó vivamente las escaleras y que se llegó al civil haciéndole saludos .... Yo vi bien todo eso y
comprendí que aquel señor era algo gordo.
Sin embargo, Jacobo, muy de prisa, se lanzó á
su pantalón de gran lujo y se puso el capote.
-Espera un poco el que se cepille bien, dijo
.Tacquot. X o te muevas, no diga el general que no
. te se arreglar. Y púsose á ordenar bien los pliegues del traje.
-Encuentran ustedes bien al señor? dijo entonces dirigiéndose á los otros.
.
Los camaradas pasaron una espocie de inspección.

Trajes de teatro.

•

es muy d1~l¡rada, se pone sobre otra de tafetán verde. Un hilo de perlasengar_
zuelas adoman ,;u g·arganta. Guante muy largo blanco.
,
El se(J'uudo es todo color de rosa, la enagua plegada en acordeon, con un
entredos cr&lt;•rna que lleva un _m?,·imiento acE&gt;udente para atrás Chaleco de
encaje crema con un lazo d!3 l1ston cerca del hombro, que ~ae sobre la ~lusa
pleg·aclotambiéu de acordeon. Larg·as mangas. Corbata y cmtur6n de hstóu.
Veatldo psra comida.

~-=~i" "'

,·

.••t,

Este es un traje último, que seo-ún nos ~ucntan las crónieas europeas ha
hecho gran furor. La enagua es 'a.e muselma bla_n.c,i eon anchos entredos,
y con un YOlante en el borde t~1111 11:,,,., pm encaJe La blusa eswta.da; pero
de mang·a larg-a, está hecha de la mi~ma manera, y todo sobro uu fondo de
tafetán color de rosa. Guante blauco.

Lenguaje de las 11ierlras preciosas.
(CONTJNUA)

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o-:,{f¡J'~r~~,

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-··--? ....

(lontinuaráJ

CRJSOLITA.-Crisolita l'ra lit amante ele Jacinto;~· murió de dolor quedando petrificada cuando su amantt:1 fué muerto, en juego, por Apolo.
Cuando esta pi'¡,dra tiene un hermo,;o vE'nle, preserva de las penas d-el
amor y cuando es ele Yerde amarillento, simboliza la co,1.,tancia.
CR;i,onJNA.-La crapoclina se t•ncuentra en la cabeza. de los sapos. Se
le empica contra los sortilegio.~.
.
CARBVNCLO.-EI carbunclo es la piedra del amor.
.
bus y OPALO.-La iris es el emble111a del aprovechairuento y fervor en e1
amor. Opalo sio·nifica el anw1· desgraciado.
• Iris la pinto1~·oteada, hablando seg·ún la tradición antig·ua; amaba á Opalo, pa;tor de los reb3:ñ.o_s ele Neptuno. Cuancl? Juno. enrargaba á ~u bella
mensajera alg·una 1"!11swn, la coquetona l_a olndaba ~m volver ~l Ohmpo en
Jaro-o tiempo. Un d1a. sospecha11do la diosa, se decide á segmr á Iris, y la.
so11&gt;rende al lado ele 'üpalo; aprisiona á entrambos bajo una densa nube, y
alli mueren. Los encantadores pintarrajos de Iris, trasparentáronse á través de las lá ºTimas que su bien amado derramó sobre ella:
Ved aquí, porqué se pret~nde que el opalo lleva la desgracia
JASPE.-El jaHpe se formo con la sanf0 Te del amor; y es el emblema del
ho11or· y ele la virtud; Rim~olisa también ~ esplendw.
JADE.-La jade es la piedra de la sencillez.
AzABACHE.--El Azabache por su color se ba destinado para alhajas funebres.
MALAQVJTA.-La malaquita de un_ ':erde. hermoso y no trasparente, se
talla como madera. v represt'nta la vn"l.ltdad.
OJO DE HA.TO &amp;.-'Las piedras llamadas Ojo de gato, de ti~re &amp;. si son cuadradas se hallan en la cabeza de los ~apos, y si serpentmas en la de las
~erpientes, y si tienen como talisman contra la mala .~uerte.
ONYX.-l'na tarde que Vénus dormía, su hijo el amor se acerca á ella,
\' sin despertm-Ia, le corta las uñas, ~an blancas y rosadas ?º!1!0 pétalos
iJe eo-lantina (flor de durazno). La diosa al despertar se afh&lt;&gt;'tO de verse
¡¡si 1iutilada en su hérmosma; ~- t·om,-irtienclo ~us uñas en pie'a.ras precioas, les otorg·a el don de prese1•va,· de la.~ perfidias del amor.
.
i•EHLA.-Se cree comunmente que l!ls peri.as llevan la desg-rac_1a; ? en el
,•1,n•uaje simbólico es todo lo coutrano; nacidas en la rosa (1ágr1mas de la
•1,1iora) c.u ran de la melancolía. Una gTaciosa \eyenda cuenta que, la. au,. ,ra disputándose con la noche poAne no quer1a cederle el paso, lloro de
e•JH•cho; pero Thétis ordena á l~s na_Wa~as (\_Onchas del . Oceano, qu._e se
nrnn "])ara recojer aquellas prec1osas7ágr1ma~. á ITn de que erras sean el
.i •·no de aleo·ría para aquellos que las encuentren.
St' asegur~ que la, perlas no viven sino un si~Jo, poca más ó menos; des.
µués se oscurE&gt;i.:e su oriente, se ablandan y terminan.
(Continuará).

Vestido para comida.

�EL MUNDO.

CICLISMO
Teng10 para mi que las PatQlogias, en cu&lt;'stión de fiebre.Ji no ;wdan muy adelantadas que digamos.
Y l'SO 911&lt;' la hnmanidad eR todo fiebre.~. Y aqni en
.México, .La fit-brr del ciclismo nos devora, nos aniquila. Por qne no ha~· duda c¡ue, aunque los libros no lo
digan, e;;tamos padc•ciendo la fiebre de bicicletas.
.í\ver en la tarde pasé un buen rato. Desde las veµtanii.la.. de mi cuarto observaba la escena graciosísima que ,w dc'sarrollaba en el patio de la c/\Sa.
Eran dos respetable~ ancianos, un frliz matrimonio.
El marido daba una lección de bicicleta á RU señora.
Dos pilluelos de la vecindad, con RUS ojillos rebozando de entusiasmo, ,;ostenlan el aparato.
El vi&lt;'jecillo, eon lai, pocas fuerzas que aun le quedaban tomo resto de E-u jm·enil Yigor, cargaba en brazos á la bulliciosa anciana, r todo temblando· con la
calma de, sus añoR, la colocaba en el asiento.
-Agárrate bien, afloja los brazos, mueve las piernas ........ , ¡anda!......... por ac¡ui te doy impulso.
Y l'lla, sonriendo, hacia e~fuerzos, y á los cuantos
pasos .........
-¡JebÚS, Jesús, que me caigo!
La hiciclcta se ladeaba, la señora levantaba los brar.os al ciclo, y el vic•jito, riendo á carcajada¡;, exclamaba:
-Eh! eh! MiedoRa, a~ustacliza, qué te vas á caer!..... .
Aver otra vez, agánate bien Una ...... dos, tr&lt;'s!........ .
- J&lt;'sú,;, JesúR, ~orazón ele Maria! ...... Chmdo, agárrame que me caigo.
Y ei:;ta vez sifué ele veras.
El buen ele Don Chindo la había dejado sola; bicicleta y Doña Tomasa v3:cilaron y la entnsia8ta señora tuvo que ciar una machmcuepa por todo lo alto con g·rande complacencia de los doi; p1ilue10,;.

LA FLOR DE TABASCO.

TOMEN

~

~

de ~'af~

Y

eAMPANA."

~

~-~

~

~

~

LA MAS ANTIGUA EN LA REP UBLICA,

11

Fundada ~or el ~enor Don Ignacio K. -Kerrer en 1~ij1.
ACTUAL PROPIETARIO:

~Flaviano Munguia~
Fara centupliear el c1édito de esta antigua Fab1ica, se·
nan nenno 1eto1mas de importancia para Ia buena tanricacion de sus CHOCOLATES SIN RIVAL; tanto las clases
unas como tas meGiana,, nan sido notablemente meioradas.
~
~

***

Pero policías ó nó, suceda lo que 1mceda, lo cierto es
que todos quisiéramoe. anclar en bicicletas. Estamos
asolados por una epidemia, tenemos fiebre de lYicicletaR ¿Qué remedio poner al mal que nos abruma? .....•
Repito que tengo para mí que las Patologias no andan muy adelantadas en cuestión de fitbres.

"FLOR

.

i

GRANFARRICA DE CHOCOLATE

:::*:~

**:::i

MARCA:

~-~

Pero esto no es nada. Don Chinela v Doña Tomasa
110 desmayan.
•
Un porrazo no vale la pena, ni dos ni treR; trabajando v sufriendo se aprende. Además ¿porqué nada más
las "mi~ses han de ~arse vuelo en la Refclrma? ¿Son más
acaso que las mexicanas?......... Por otra parte, como
bien les decía Doña Tomasa á sus vecinas, ellas también, las misses han dad~su vuelta al aire.
-Y si no, continuaba sonriendo cascaclamente, van
á ver lo que.sucedió la otra tarde. Andábamos tomando el fresco en la Reforma. ¡Cuántas misses babia! Iba
una ...... ¡uf! que volaba, como flecha, curu1do de repende sale de la escueln de bicicletas un aprendiz nada menos que oficial de policía, v como el pobre iba
tan de prisa y no sabia dirigir, no :pudo cletene rse, v
que se encu~ntra con la miss; qué chistoso estuvo aquello! La mis dió uu ~alto mortal, el oficial cavó bocabajo y la miss quedó montada en él; je! je! ¡Como nos hizo 'reír la ocurrencia! .........
Y la buena de Doña Tomasa se entregaba inocentemente á las alegrías de su risa.
Y á propósito de policía, el otro dia estuve conversando con uno de sus más celosos agentes, botijón y
coloradote como pocos.
-Ah! me decía con tono $olemne: otros tiempos nos
aguardan. ¡Ay ahora de los rateros! ¡Qué bien ha hecho el gobierno con darnos bicicleta! Ya nadie podrá.
escapar. ¿Quién puede tener en los pies más velocidad que una bicicleta? ..... Por mi parte nm tres rateros que pesco. Es verdad que va uno con tal velocidad
que hasta la vista se opaca; nada menos la otra noche
tuve 9.ue sufrir un chasco. Pasando por las calles ele
San Francisco. veo salir de una cantma á un hombre
de malísimas trazaR, que apenas sale emprende veloz
carrera. Tras él el cantinero sale y apenas me distingue:-Señor Oficial que se escapa! me grita. ¡Un ratero! me chilla en mis adentro11 el policiaco instinto v
bicicleta para que tequierol' La noche estaba obscu~·a·
yo seguía al bulto que en rn fuga se habia internad¿
en la Alameda, y el bulto corría y corría. sin que yo
lo pudiera alcanzar; pero cosa que me extrañó: en v'ez
de huir por las calles comenzó á rondar el paseo. Ya
estaba yo fati~ado, jadeante y sin poder darle car.a
hasta c¡ue haciendo el último esfuerzo, logré poner~~
á su alcance y echarle mano ,\. la chaqueta. El bulto rodó por el suelo y yo me limpié el sudor de la frente
con gran satisfacción. Pero cual no serla mi sorpresa
y pavor cuando distinguí á una miss que me decía con
airado tono:
-¡Oh, Siñor policla, -mi no gustar bromitas! Osté habenne roto el bicicleta!
i\le quedé atolondrado y apenas si pude contestar ii
la encolerizada miss ya dispuesta á arremet&lt;'rme á puñetazos.
-Perdóneme señorita, fué una equivocación· perseo•uia un ratero.
'
Yal fin el ratero se me escapó.

♦♦"- ♦♦♦♦♦~~~~'1

Domingo 21 de Noviembre de 1897.

JOSt WOLF,

JULES ROBIN &amp;

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El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.
•••

sano, la naturaleza cumpliendo Jo
demás.
Esa pcsadura que Je obliga nrrastrnrse, esos e.taques b1liosus dolor de
cabeza, neryiosidad, apetJto camhlablc
to&lt;tos cuusudos por la sanirre envenel)uda desapareccráu cúando los
liltlones func ionen bién.
No hay dudadcesto. Millares lo han
test11icado. La téori~ es buena, 1,1
Cura e~ buena y la s.ilud resulta como
"e natural.

37.~~s~~u~lJs

Sea Ud convencido por una prueba
personal.

MEXICO, NOVI E MBRE :Z8 DE I 897.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 21, Noviembre 21</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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