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                  <text>TOM0.11

MEXICO, DICIEMBRE 12 DE I897.

Estreñimiento,
Jaqueca y Desarreglos
-DeL-

• Jes
AgeIlte8genera

ESTÓMAG01

de este periódico en Centro
America, Sefiores J M. iardizábai .Y Compafiía en Guatemala.
Están autorizados para
arreglar contratos para anuncios y suscriciones.

HÍCADO y VI.ENTRE .

·-

Son puramente vegetales,
Son aiucaradas,
Son purgantes.
Xadic debe rstar sin nn pomito el&amp;
Píldoras Catárticas ciel Dr. Ayer,
para poder tomar u11a prquefol
closi~, :i los primeros i;t11tomas de in• rligesti&lt;in, y eYitar a si 1111 sinnúmero
de enfermedades.

· ~ c.ORBEILLE Ple,

~"'
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(Jlr1e
Perfumería Etxtra-Bina

.ED.PINAUD

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EJ!jl~~.::» PARIS, 37, boulevard de Strasbourg, PARIS

Pre¡&gt;arrulaJ por 4'1 Dr. J. C. Ayer y Ca.,
l.owell. ~lasa., E. C, A.
PRIMER PREMIO EN LAS

~!lOsicio~es UnimsalAs de Barcelona JChicaRQ

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Ultiinfl4 Noved([/jcJ

E~TRACTO VEGETAL

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NO TIENE Rl\"AL POR LO

T6nlco, Agradabley Reconstltuyeate,

Reeomendalla su firma

Por todas las Eminencias Médicas del Pats
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del E.xtranjero.

....,.,,,.•. "',v con. la. :n.u.eva. embocadura perfeccio:n.ada

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débil, a11émica y cor,t·alfcienle.

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suprime el derrame darame el transporte , ha
unpos1ble en~bezar el frasco ó llenarle después de vacio.
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~RISA de las PAMPAS -

BRISAS del MONTE
IXORA - THEODORA - AIDA
PORTE-VEINE

'

Con el •¡,rei-entc número repartimos á nuestros lectores 'l
~
de folletín, correspondiente al principio del segundo
~ 2 5 5 P A GIN AS~
!0 m~ de 1la novela ---f'poR HU NOK U.tL NUMBRl!i~ Hay que aadvertir que esta novela e:s la meJOr que iemos
~---------tf--publicado. Vale $7 enlaslibrerias.
.

Gmigos íntimos.

�39G

EL l\fll.DO

LA SEMANA
Es agradable, en estos dins claros y transparentes, encaminar los pasos hacia el viejo bosque de
Chapultcpec, último manchón de verdura de la antigua vegetación del Valle tic )féxico.-I,a ciudad
ha marchado por este rumbo; no ha ido como el
«Lord Bvron» de Kúliez de~\rce, «de cara ni sol;»
antes bien, parece como que ha querido huir de
los flechazos roji:rns del Yictorioso astro.
La barrinrln, alegre y pintoresca, carnina rftpidamentc y SI' os antoja que tiene prisa por abandonar la población. 1\penas hace algunos m('ses
que hnbéis p&lt;•rdi&lt;lo de vista aquel rincón eitndino,
y ya i:'1tlud:íis ntlt'vas construcciones, basamentos
de ruturas-cvillas,» muros dcnacicntes moradas, columnas alzn&lt;\as en un abrir y cerrar de ojos, arcos y capiteles ::-urgidos de la noche ú la mañana.
Todos los estilos hnn tomado allí puesto, todos
se confunden y barajan en caótko desorden. J uuto al home inglés, de simétricas líneas, sobrio y
severo, se e'it&gt;va &lt;'I ¡1alr1Z1·tf1• italinno, de airosas escalinatas r amplios pórticos: por Pncima de aquel
{trbol, asoma su 11gu&lt;l11 m,;mterilla el gótico-francés, y ni cksemhocar en una glorieta tropezi1is
con un chald que os trne :\ In memoria el frngmento de un pabaj,1 suizo, adivinado A la lectura
del Guilltrnw 1Hl de Scbillcr.
Y aquel hacinamiento de encontrados gustos,
aquellamar&lt;&gt;jada de dbtint11s corrientes, no rompe
la harmonía ele! conjunto que os complacéis en
enc(}ntrar atractivo. Xo recuerdo quién dijo que
«el fastidio naciú el din de la uniformidad.» De es•
te nuevo ~léxico, de este Méxit•o feérico y caprichoso, voluble y tornadizo. del que su poilria decir
,.o que de :'.\leyerbcer han_dicho lo,- franceses: tiene
tantos e&amp;1ilos que no tiene ningún estilo, lo que
seduce precisamente es su falta de programa, su
radical rompimiento con los e:ínones.
Los dueños &lt;iP nqudlos &lt;·&lt;lificios han proclamado su lG de Septiembre arquitectónico.
,

I

**•
Por eso no extrafü\is el corte ele parterre inglés
que se ha dado il la entrada del bosque, en las rcfonnas emprendidas en el renaciente paseo. 'Ko
os desconcierta que por encim11 de los prnclillos
de césped, recortados en figuras geométricas,
agiten su melena de titán los viejos ahuehuetes, los
decanos del Valle, los sup&lt;'1"vivientrs de una raza
heroica y abatida al propio tiempo, que llcvuba.
en su espíritu la tristeza profunda de los que, sintiéndose vencidos, hacen de su derrota un poema
trágico.
Ah! si las cosas sin alma, de las que habla el
poeta, pudieran comunicarse! ¡(Jué diálogo sin palabras se entablaría entre los vetustos ítrbolcs v
esa altiva cstatufi de Cuauhtcmoc! ¿(Jué se dirían
las ramas y el bronce, cuando, en la alta noche,
un soplo bajado de las nevadas cimas agita el
blanco penacho de los gigantes del bosque, y baila
de impalpable escarcha la atezada cabeza del impávido monarca?
Paul Bourget acaba de consagrar en las columnas del Flgaro un artículo al árbol de Taine, alzado en un rincón del Jardín Botánico de París, y
ante cuva robusta silueta se detenía todas las maftanas el autor de «Los orlgenes de la Francia contemporánea,&gt; en mudo recogimiento. ¿Qué ideas
evocarin en aquel alto espíritu la obscura existencia del invariable amigo de este sabio solitario?
Acaso, esta alma serena, A la que la contemplación de la impasiblenaturalt&gt;za no causaba, como
á Chateaubriand, un desconsuelo infinito, encontró allí el misterioso enlace que une á todos los
agregados de la vida, la ley eterna en virtud de
la cual todo nace, todo muere y todo se reprod11cc
en la necesaria harmonía de lo creado.
Los viejos «ahuehuetes» de Chapultepec son
también para nosotros.buenos amigos invarhbles,
que nos hablan en ese idioma del recuerdo, de las
cosas idas, de las esperanzas dcjadllS en. mitad del
camino, de los cnsuelios juveniles, de las primeras
estrofas ya olvidadas, de las promesas de la mujer amada,dc toda esa inmensa cohorte que arrastran consigo los rulos, y que hemos enterrado en el
panteón del pasado, para volverla. 1\ resucitar con
la nueva floración de la primavera.

•*•

•

Y allí, en el antiguo bosque, bajo las canas tutelares de esos colosos, se efectuó Ja otra matiana una

Domingo 12 de Di&lt;-lembre de 1897.

ceremonia sugestiva: la repartición de premios á
m derecho de cada ciudadnno c,staba t·ntonces
los alumnos del Colegio ~lilitllr.
esc·rito con las letras trazadas en los cuadros con
Es uu espectáculo saludable el que presenta expre,-.i\·as dedicatorias ele la:; salas ele tiro.
anualmente este grnpo de jóvenes cadetes, hacienPara salir clt&gt; esta forma social, muy semedo un alto ·en medio de sus esturlios para recibir jante :i la llUC ear11ct&lt;'riz11 ú las naciones b.irbael libro recordativo, el diploma honorífico, y, lo ras, ha si,lo 1wc(',.;ario q,ue la colPctivirlad haya.
que tal vez, sea superior aliciente piu'a sus (;spíri- dicho: ¡Xo quiero hombrPs valientes! Quiero homtus empapados de las glorias patrias: el apretón bres que trabajen; no qui· hag11ndr!Jagls, sino que
de manos y el sabio consPjo de ht&gt;roicos vetcra- hagnn hogares; excelentes hurguescs, de los que
nos, cuyas· vidas lt&gt;S preceden como un estimulo y hablab,1 1•! otro clía El Imparcial, que :se acuesles acompaflan como un ejemplo.
tan temprano, acostumbran pngar al sastre y van
A este contacto se t'.emplan las almas de los al teatro los domingos ¡,or la tarde.
que todavía hoy no han t&lt;'niclo ocasión para ~alir
l'iu·e1•c, ~in emb1U·g-o, que exi~ten recaloitrantes
de las modestas filas de los rezngados en la vida. • á estn mtcva Caz de las agrupaciones modernas.
-Xapolcón sabía bien est/\ influencia dCl! capitán Hay quiPn hu tomado por divisa la fórmula de
quo se mezcla dcmo.cr:lticmncntc i\ sus solcla(los: Spínoza: ' 'mi derecho llega hasta donde alcanza
acaso á este comercio &lt;•ntrc el superior y el subor- mi podcr.''-El medioevalismo- que diría un intelidinado, á este alegre compaflerismo que él se com- gente amigo mío-esti1 iucrustrado en nuestras
placía en establecer, deberíase la adhesión do las costumbres, como una de tantas capas históricas
tropas al vencedor; quizás allí c•staba el secreto de las que su ha formado nu&lt;'stra socicd,td.
de esa suerte de idolatrfa dl'l soldado })Or el homBuena prueba el(• ello hn sido el desitfío efecbre del pequen.o sombrero del águila, género de tuado 1•11 las medianías ele la pasada. Sl'lllana, en
sugestión que aún conmovía i\ la Europa, cunndo Talpa y &lt;·u t'l que &lt;los jóvenes de aquella ciuya la Isla de Santa Elena no era más que un se- dad decidieron re:solver el ¡1roblnna del honor
pulcrn, y el viejo batal_lador arrojaba {t los viCJ_1- -vinculado en una polémica baladí-encaminántos estas orgullosas palabras, de las quo él qnona dose al ('ampo, donde uno de Pilos que,16 sin vihacer un porta-estandarte de la victoria: « Yp he da á consecu&lt;'ncia de un balazo que le disparó stt
estado en Austerlitz! ¡Yo he estado rn ,J ena! •
adversario. '·Ambos-dice el telegrama publicaPero todavía. h11y en los actos del jefe un de- do por In prensa diari:1--eran jóv11 ncs honrados,
mento que entra :\ formar parte del afecto del sol- Iaboricsos é iban á cnsnr:se.''
dado, y este&gt; elenwnto lo hizo pcnetrnr enérgicaY sin embargo, en e!'lte duelo se observa un pomente el Gt&gt;nl'ral Díaz en la conciencia d~ los jó• sitivo a,·ancc sobre los que antaño han ensanvenes nlumnos del Colegio, en el brindis pronun- grentado las pi\ginas del honor nacional: no hubo
ciado con Ol'asión de la solemnidad i\ que nos padrinos.
·
referimos-El repórter, que es el cronista esponDecididamente, ¡progresamos!
táneo de tocios los hechos de la vida moderna, ha
*
recogido las pa1a!iras del Sr. Presidente de la Re* "'
El mejor testimonio de P:sta afirmaci{m, de la.
públicn:
«Tendrfa que refc,rir algunos episodios de mi que Pellctán no tendrfo motivo par/\ arrepentirse,
vida militar, cuando joven, pues ya soy vit&gt;jo, y se encuentra en e,! hecho de alta y trascendental
me considero en el deber ele que la juventud vea tauromaquill de hnbersc agotado los billetes para
expL•rimentalmcnte Los motivos de éxitos qul' han las corridas ,¡ue darú en esta Capital Luis ~Iazzantini.
sido mi recompensa.
Yo no sé si el público se ha precipitado á to«Xo me rc·frriré á nada concretamente, pero sí
debo dccit· que me he hallado en compromisos ta- mar un puesto en los torneos del diestro espafl.ol,.
les, qU(' llegué ;1 per&lt;ll•r toda esperanza de cou- o si las localidades para. el, palpitante cspectúcuSl•rvar la existencia; y sin Pmbargo he podido sa- lo estar.in en reht&gt;nes de algún traficante ele la.
lir de ellos, porque los soldados que militaban Yin pública: pero lo que 1&lt;sí puedo asc·gurar cs.
conmigo me amaban y estaban dispuestos á dar que por el momento la great attraction de la temporada la constituye In llega.da del intrépido tosu vida por mi ,·ida.
«¿Qué había yo hecho para obtener aquel sa- rero r !:-u rt•aparición ante el buen vecindario decrificio generoso, abnegado, aquel sacrificio vo- la buena ciudad de lléxico.
Por algunos anos el amor al 1·spectáculo 1·ojo seluptuoso de derramar su sangre por la mía? Era solamente esto: todos abrigaban la convicción de que había eomo adormecido. Yn no se sentia palpitar·
en el fondo de esta sociedad anónima, qu~ sellayo 110 In, habla 1•sfafado su hab¡,1•»
mn el público, el entu~iasmo de los excelentes vie¡El haber del soldado!
He ac¡uí algo invi9lable, algo como un tesoro jos tiempos. "{)alipso ne poumit se rm18oler du,,
sagrado. ¡La vida de los que dan su vida! ¿Xo es dPpart el' Ulyse.• Los aficionados se habían entreverdad que es éste como un depósito que la gra- gado á los recuerdos, y solo se consolaban pentitud nacional confía en las manos de los inten- sando en días mas felices para el arte. Hasta mii
amigo Tres Picos-ático revistero taurino-dordentes militares?
Xosotros reclamamos de estos ignorados hé- mitaba, como el viejo Homero, sobre sus laurelesh
-¡Ya no hay toreros! oía yo decir amenudo;..
roes el sacrificio de todas las horas, de todos los
minutos, de todos los momentos, y cuando la pe- y confieso que en la noticia sólo veía un motivo.
qucfla moneda que constituye su fortuna única, de felicitación para los toros. Purccc, no obstanes misteriosamente sustraída, el héroe se con- te, que este era casi un problema social, puesto,
vierte en un mendigo,· y la mano que no . puede que la prensa de Espatla se lamentaba de lo misafianzar un fusil, se tiende trémula en solicitud mo. Dedicado al ostracismo el incomparable Ra-.
de un socorro!
fael (Lagartijo) y c9nsagrado :\ la vida privada.
El General Díaz ha tenido razón: el haber del el divin.o Salrndo,· (Frascuelo), Guerrita y }fa.zzansoldado responde del sacrificio voluptuoso de su tina son en el actual momento .... (iba yo á decir
ssmgre.-Solamcnte así podr:_á él repetir las épi- histórico) en el actual momento taurómaco 101&gt;
cas palabras del diputado francés cuando la mul- herederos de las glorias de Pepe-Hillo y Cúchares.
titud le invitaba al ejemplo:
. . .. ¿Pero es verdad que las corridas de toroS-¡Venid á. ver cómo se muere por un pufl.ado
de monedas!
resisten á la civilización? Y bien, sí! Hay en este género de espectáculo una faz casi épica, que*
**
escapa al experimentador de gabinete, al que•
Pero si morir a!lí, en defensa de un derecho co- ha convertido al hombre en figura. de movimien-.
lectivo, ele un interés común, por una p~tria ó por to. Raspando al hombre, se descubre siempre un,
una idea, es un acto de hcroismo; dejar la exis- perfil de la bestia humana.
tencia en uno dP esos encuentros que nosotros los
Preciso es leer· aquella apología de las corridas.
civilizados fin de siglo hemos conyenido en lla- de toros, escrita por el_ingeniosísimo. D. Pe_&lt;lro,
mar lam·,·s dP Tumor, es scncillmuentc salvaje.
Antonio de Alarcón, parn explicarse el arraigo.
Hace tres afl.os la sociedad se conmovió hon- de una pasión que cncnta entre sus defensores un,
damente por una de ostas tragedias, de cuyo de- tan cultivado espíritu.-Scrá cierto ó no que miensenlace no resultó beneficio ni ventaja para los tras la Roma vencedora conservó sus luchas de•
fines de la humanidad. Creíamos todos que el últi- circo, fué una nación pujante y nerviosa, y quemo duelo marcaba la terminaciún de wia épocn, cuando d~sapareció este cuadro de sus costumen la ºque la justicia y la razón estaban á merced bres, aquel pueblo entró r,\pidmuente en su dedel primer ciudadano, que disponía del poderoso cadencia; no quiero indagar si los grupos humaargumento de hacer pedazos un huevo á. veinte
nos para conservar su energía necesitan de la visy cinco pasos y al mando.
ta de In sangre. Fenómeno de coexistencia 6 fe-

Domingo 12 de Diciembre de 1897.

•

397

n ómeno de causalidad, el pensador no puc•
d e menos de reflexionar que mientras los
h ombres no sPan antorchas, habrá muchos
tachones negros que eliminar de la conciencia humana.
y en tanto que el filósofo medita en el
fondo de su estudio dr, viejo Fausto, C'l público se des&lt;&gt;spera pensando qne no hay
asientos para las corridnr, de Luis :'.\fazzantini.- «El sabio tiene algo de cadáver» hn
d icho Victor Jlugo, y las multitudes aman
la vida..
Pero, sobre todo, ain~n ver exponer la
vida.
*
,!t *
¿Xo has asistido, mi bella de;;e.onocidn,
A la. representación de La 1·ueda dr. la {&lt;wtuna animndo sainete, que se repre,-entn
n och~ ú noche en el Teatro 'Principal? l◄:s
este un juguete escénico de la alegre musa
popular que inspiró ít Don Ramón de la
Cruz sus incisivos cuadros populares. De
Ja pintoresca nación de manolas y chis~cros, majas y currutacos, sólo restan en tierra espnilola los cuadros de Gova y Don
Ramón de la Cruz: Goya en el lienzo y Cruz
en el teatro procuraron conservar el carácter de una nacionalidad que iba perdiendo su fisonomía propin, que se afranCPsaba, para usar de una expresión corriente
en aque1la época.
.
A veces el pincel del pintor espatiol se
convertía en un nguclo pufial con el que
raso-aba el lienzo; ent,mces sus brochazos
acu~aban una mano celérica; derramaba
el color como hubiera podido derramar la
sangre· llenaba de sombras sus escenas y
r etrataba el terror en las fisonomías de sus
personajes.
Su Dos de Mayo es una provocación al _invasor
de su patria. Solitario y achacoso, el terrible a~ciano se abandonaba á extrafios furores transmitidos por maravilloso modo á sus agu?--f~e~tes Y
sus óleos. Mientras vivió, España scgma viviendo
como una nacionalidad propia y exclusiva.
Don Ramón de la Cruz era de humor ID;enos
agresi-...o. Su sútira fina y punzante no destilabR.
nunca venPno. A las veces hasta se volvía contr'.1
aquellos que el pintor '.exaltaba en brochazos celebres. Gustaba cqmo ~Iirabeau dcsempefi.ar alegremente su oficio, y si ironíat; hay en aquel teatro de abio-arrados colores, que os recuerdan la
«Corte de° los milagros• de Nuestra Señm·a, se
d ebe á la misma naturaleza del medio en que fu,!r on sorprendidos.
De estos fotógrafos de costumbres. de tales haced ores de instantáneas, es Ricardo de la Vega, e~ ~utor de «La Verbena de la Paloma,» el más cxqms1to
de los sainetes contcmparáneos. Y d~spués ,de la
:.verbena,» ninguna on·a de estasobr1lla~ mas ~abrosa que «La Rueda de la fortuna,» naderiacóm1ca
A la que un compositor dcmérito-l◄'ernándes C~b allero-ha puesto dos ó tres números de fácil
m úsica.
. •
d 1
Id á escucharla en tanto que_Jos pcn~iomstas e
Signor del Conte tornen t'L hacernos oir la «Bohemia&gt; de Puccini.
ó
ÜBER X,

,outt,~Qitntral.
EL MENSAJE PRJiJSIDENCIAL DE MC KDiLEY,

Ni la aparatosa oste~tación de fu~rza h~cha por
el imperio alemán contra la rcpú bhc~ m1cros~ópica de Jlaití para reclamar una miserable mdemnización
"tres mil pesos," por_ sup~es~os
y pretendidos ultrajes á un problc~átJ~o subdit~
d el emperador Guillermo; 111 ~a.s agit~clúnes 3:us_
triacas y las rebeldías bohem1anas,.) las. asp1r~
e ioncs húngaras que amena~a n-de mmediata disolución el heterogéneo imperio dP, los Hapsburgo, y hacen pensar á los políticos europeo~ en el
r emedio eficaz que necesita esa agrcg3:ción de
pueblos para evitar un disloq~e que p~diera per:
turbar el equilibrio de las naciones; 111 la avcn
tura romanesca del altivo Hohenzollern, que toma posesión de la bahía de K iao-Ohan ~n el nombre de Dios Y su derecho, y para afirmar _sus
triunfos en las remotas tierras del extremo Oriente, manda á su hermano Enrique, como caballe-

de

sufragios en favor ele la plata, hast~ que el
esfuerzo mancomunado ele todas sn-va para rehabilitar el metal depreciado. Ilay
que esperar todavía esa anhelada reacción.
***
Ya otras nces 8C había hablado de lo
poco que podrían esperar los insurr?ctos
cubanos de la acci ún directa del Cob1crno
amc&gt;l'icano, c&gt;n favor de los que luchan en
la manigua por su libertad é independencia ..\ pesar de la mnnifiesta simpatía que
i;icmprc ha manifestado el pueblo de los
Estados Gni&lt;los por In causa cuhana, no
obstante el H!)O\'O moral que la prensa del
país ha prcstÜdo siempre :\ la insurrecciún, siguióndola ('11 todas sus fosos, alentitndola en sus triunfos, lamentando sus
1lesc11!11hros y siendo vehículo seguro para
la propagfüHla de las ideas scparatista_s, el
nabinctc de la Casa Blancasc ha mamfestado cauto en extremo, lo mismo bajo la
administraci in dl· Cl&lt;'velaml &lt;¡ue blljo la
actual de ~le Kinley. En vnno los fogosos
St.'nadorcs han le\'Hntaclo su voz ('locuentc
l'n la Cinnarn 1:&lt;'cdcral, pidiendo unos el reconocimiento de la bl'ligernncia ú los insurrectos y otros el de la indc,pcndencia
de 11\ Hepüblica cubana; en vano en la Cámam de representantes se han oído tremendos discursos, denunciando la triste
condición de los rcbel5lcs que sueñan con
una patria libre, levantada aunque sea_ sobre las ruinas de la hermosa perla antillana: sus voces se han perdido en el vacío
v sus solicitudes se han desva1wcido ante
ia fría corrección de la diplomacüi ame)IR. WILLL\)I JE:,;J:rn JJUYAX.
ricana..
.\.si lo ha manifestado en su último menro de extrafia cruzada al frente de sus mesnadas; saje Me Kinley, que con~idcra. i~prudcnt~ éinsosni las crisis parciales en Francia y en l_talia que tenible reconocer la behgeranc1a, y cree improcehnn provocado la renovación del gi~bmet&lt;', de- dente intervenir de algún modo, hoy guc el Sr. Sajando intactn. l.t gesti6n ele ~Ir. -'[~!me c_¡n_e se gasta ha resuelto conceder verdadera autonomía.
honra con la alianza franco-rusa, y la admm1~tra- . á la rebelde colonia.
ciún de Rudini que se enorgullece de 1'.abcr coi:iX o pretendemos discutir los fun&lt;h~meutos de s~s
jurado los malos efectos que ei:i el pais pro~uJo afirmaciones ni criticar las tcndcnc1as de su políel desastre de Baratieri en Afnca;"nada nos mtc- tica; solo queremos hacer notará los qu? soña~an
resa tanto á nosotros los latino-amcrieanos, como en una intervención posible, cuan frágiles é mel mensaje presentado por c•l presidente Me Ki- consistentes eran sus esperanzas.
lcy al Congreso de los Estados Unidos.
Prácticos ante todo, los directores nctualcs de
Con gran ansiedad era esperado e~te documen- la. política americana no se dejan llev111· por sento de este y de ,tquel lado del Atlántico, en aten- timentalismo patriótico; van derecho a~ Asunto,
ción á las o-ravcs cuPsticmcs que tenía que tratar y si en lo peri;onal pueden tener alguna simpatí~
por los separatistas que hace tres afios se sacriy á. los arl'uos problc,mas (1 ue debía resolver.
Dos puntos son los princi~alcs sujetos á _la con- fican en aras de la libertad, no son capaces de
sideración de los sesudos IPg1sladores amencanos: comprometerse en .una avcntuni internacional,
el que se refiere á la cuestión _monetaria, ~ase por ahorrar una ,lágrima, sí esto puede desa.:,&lt;Tl'ade las diferencias entre los partidos contendien- dar á un gobierno amigo.
X.X.X.
tes en las elecciones pasadas, y objeto de las reDbre.
!)
de
1897.
soluciones impuestas á los candidatos en las convenciones de Chicao-o
y de ot. Louis, y la cues0
tión cubana, que se sigue con altísimo interés en
NUl!STROS GRADADOS
todo el continente.
La rehabilitación dela plata, por medio deun conMr. William Jenning Bryan.
venio internacional qne le devuelva sn antiguo
poder liberatorio en las transaciones merc1tntiles,
ha sido el ideal perseguido por los políticos de
Para los lectores del :\fundo Ilustrado, no es un des~ortc-América muy principalmente, después de conocido el gran estadista americano. qu11 ~yer en la
Ja última campafla electoral en que los mtere~es mañana debe habtir llegado á e,;ta Capital. 1' a conocen
más altos se pusieron en juego, y las agrupacio- la empeñada y palpitante lucha que las cla~e;,. populares del Ü(·cidente v Sur de la Gran Repubhca sosnes más importantes del Estado dcspleg8:1'on ~us tuvleron para elevaifo á la primera magistratura del
potentes energías p:u:a aduefta~•se de la direce1~n pats y saben porqué estos elementos y lot1 muy nupolítica de la Repúbhca, para imponer su propio mer~t;OS conque los dem?cratati contaban en el ~esto
bienestar aun por encima de las necesidades y as- de la nación fueron vencidos, quedando derrota.na la
c1mdidatura de ~Ir. Bryan, y _trmnfanre 13: del actu':1
piraciones de la comunidad.
Presidtinte :Mr. :\le Kinley, Jefe del partido republiPara procurar ese acomod~miento que no_ pue- cano.
.
En el pro"'rama de gobiérno de )Ir. Bryan figuraba
de obtenerse sin la cooperación de las nac10nes
comcrcialcs, Me Kinley mandó á Europa una ·co- la acuñació'ñ ilimitada de la plata c&gt;n las casas ele monorte americanaR, y su ~irculación en la promisión especial con el encargo de obtener su ad- neda
porción respecto del oro de 16 por l. Fracasada su
hesión á la conferencia monetaria en favor del elección subsiste en pié el problema monetario que
bimetalismo. Aun no rinden t;U informe_los.envi.A- tiene alarmados A 1011 mineros v agricultores de la
dos especiales, pero se sabe ya, y así lo ha ~ecla- gran República, siendo motivo &lt;le verdadera preocupara sus C!ltadi~tas.
.
rado el Pt'C'sidcnte ante el Congreso amencano, pación
El viaje de ~Ir. Bryan no e_s 111mplemente de r~creo:
que Francia está dispuesta 1\ secundar la inicia- su objeto al visitarnos, es prmclpalmente estudiar en
tiva, en tanto que la Gmn Brctafla rehusa por aho- el terreno los efectos de l.a. libre acuiiaci6n en un pala
ra suscri1.,irse á ella, bien que ofrece aceptar me- que tiene el talón de plata como_base de su vida eco. .
dios más prácticos que en adelante fueren pro- nómica.
Muy lab_oriosa es la tarea que s~ impo!le el distmpuestos.
__
guido via3ero, porque para apreciar deb_1damente las
Semejantes resultados prov1S1onales no hacen condiciones de nu11stro sistema económico, hay qu~
desmayar al Gobierno americano en sus intento~, penetrar en todas las ramificaciones con que la actl•
humana se agita en )léxico; pero segurameny se prepone continuar la tarea hasta consegmr vidad
te que Mr. Bryan sabrá salir victorioso de su empreentre las potencias europeas el may~r número de sa, formándose un criterio exacto de si á. su pata con-

�Domingo 12 de Diciembre de 1897.
P&lt;1mingo 12 de Diciembre df' 1897.

EL MUNDO

398

399

EL MUNDO.

7

'

YISTA f:E'.\ERAL DEL ('A)ll'.UlE:NTO DEL,\ GA\"IA.
0

Hav paisajes helli~imos á lo largo de la linea, sobre
todo· lo:; i.¡ue ;e admiran en Ajllsco, Tre,; ;\!arias y
Alarcón Las curva~ de Ja Yia son en geueral poco pronunci~ d1t,; ht mavor, cerca de Tres J){arí,.s, tiene ~eis
Lo que significa para el Ejército
grado~. De Tres ~ladas para adelante, la construcción.
Y PAR.A. E L P.A.l.S.
fué muv dificil, por.,¡ terreno rocalloso.
Un hechQ digno de llamar la atención es que nada
Como $0 acostumbra anualmente, los alitmnos del
hay provisional en la liuea;- pttt'nte,, alcantarillas. te•
Colilgio "i\lilitar emprendieron durante quince di3:s uua.
rrap1enes. tudo, e~ de COlltitl'UcCJÓU definí ti''ª y sólida,
excursión técnica después de los exámenes, saliendo
no pasánclo,e en las pendientes de u, trú:; por ciento,
de esta éapital el día lo del wes próximo pasado.
lo cual da á la marcha de lub Lrenei; g·arantias de seEsta excun;ión y la solemnidad con que acaba de
g·uridad y rapidi.:z.
. .
darse rewate a las tart:as escolares, distribuyendo á
Hasta trf's mil ho1,1bres han lleg·ado á. trabaJar a ht
:os alumnos los premios á que se hicieron acreedoreti,
Yez, cuando la construcción ha esLado en t, da ,;u acti·
hace de grande é inmediata responsabilidad, algunas
vídad. Ahora, termin,,da la linea en Cuerna,·aca, su
considera.ciones relath·as á nuestro Plantel de InsRiguen los trabajo~ entre Puente de lxtla é Iguala y
trucción :i\lilitar muy dignas de conocerse y de toentre Cuerna,·nca ,. .Puente de lxtla, simultáneamenmarse en cuenta.
te. Hav un tramo
explotación de este ultimo punto
El Coieg·io Mil!tar, único en su género en el país, ha
á Los A.matos, v presentan un aHpecto muy intere~anmerecido ::;iempre la especialísima atención. del -~:jecnte y hermoso e'i1 tuda la extensión de la. vía que se
tivo que, cuidado~o de la perfecta urgamzac10n de
está con~tru,·endo. los numerosos campamentos de innue~tro ejército, vigila consta11temente-sus progresos,
genieros v con8tructores. El tráfico está va estableciestudiando Jo:, que se llevan á cabo constamemente en
do con trenes, unos de carga y otros de pasajeros, que
la técnica extraujera.
salen dktriamente de;\kxico y Cuernavaca, rigiéndose
8ituado en el precíoso alcazar de Chapultepec, en la
todo el movimiento por la hora de esta Capital. L.as
placida colina dunde se a;entó en lo,; tiempos .de la
estaciones estan unidas entre si por medio de apara"'entilidad el palacio de recreo de los soberanos az.tos tdegráficos. La velocidad de los trenes de pas,t•
tecas v donde hoy se erije la man~ión gentil, que
jeros t&gt;S de 2 kilómetros cada tres ú1inutos y la de los·
habit~Ü gran parte del año los presidentes de ~a :1-{ede carg·a 1 kilómetro cada dos minutos.
pti.blica de,;de él la vista se extiende por el ubernmo
La inauguración oficial estaba anunciada para el
Yalle·dJ México, salpicado de caseríos coqu eto:¡ y de
dia de a ver, Y á. ella debe haber asistido el Si-. Pre,:eo-as cautivadoras. Esta. disposición hace del cole·
sidente ele la.República, estrenando en este viaje los.
g·i:l un edificio sano, y su aislamiento vuélvdo muy
dos carros vest1 bulos que fueron construi dos exprea propósito para la pa.z d tll estudio y la perfecta orgasamente pa.ra él en los Estadod Unidos, y que se u·a•
nización del ejercicio.
. .
jeron á esta Capital hace pocos días.
LA LLEGADA DEL PRIMER TREN.
Están sometidos los alumnos á la ngidez de un reEn el programa de las fiestas que se han organi,;:i.o·lamento militar, que es una ordenanza c~mpleta,. y
do para recibir a_! Sr. Gral. Diaz se cuentan, ademas
que inflexible y austera siempre, h!,tce del míi.u qu e m ·
La locomotora ha llegado por fin á la antigua resi· de la inaug·uración del Ft'rrocarril, la del local que se
o-resa al e~tudio, y esto en breve t!empo, un hombr_e
ha destinado para las sesiones del Congre~o en el antompleto, sufrido en las fatigas, dispnesto á los sa?n- deucia de Cortés, á la ciudad .donde floreeen los na· tígQ.o Palacio de Cortés y la de la Escuela Central.
ficios v que adquiere por alto modo ~se va~or pasivo ranjos_y murmuran las palmas.
Los viajes del Sr. Presidente á los Estados, dejan
Ya Cueruavaca no es la o1eshereda,1a del destino
v nor'mal característico dl'l soldado mexicano, que
siempre una grata memoria en mejoras de irnp,ortanalejada
de
todos
eumedio
de
sus
bosques
calientes
y
forma la ~e.,.ura base de la disciplina y que ayuda macia, reveladoras del adelanto notable que está alcanravillosaminte á despleg~r más tarde ~n los momen• sombrlos; ya entró al con cierto a.el progreso, llena de zando el país.
esperanzas
y
de
entusiasmo;
ya
está
ligada
con
vlncu·
tos decisivos, el valor activo que constituye el he1oislo de hierro á la red ferro-carrilera de la Nación.
mo v el arrojo.
La concesión '.)rimitiva que otorgó el Gobierno naErrado andaría quien creyese que la calidad de estudiante coloca al \llumno del Colegio _;\lilitar1 e_n cues- cional para construir el que ahora se llama Ferro-carril
tión de comodidades y ~ustos, por encuna del m vel del de México á Cuernavaca v el Pacifico,fué en favor de
un euipresario americano confechá~O del\layo del~JO
•
oficial en activo servic10.
Aquello es un aprendizaje no solo. ~écni~o, si que reformándos11 á principios de 1891.
La época actual presenta caracteres bastante extra•
El jQ cl'e Enero de lb'93 se traRpasó dicha concesión y
tambien de las virtudes que deben chstmg·un·. al sol·
y de apariencia contradictoria: se glorifica á la
dado y que constituyen la moralidad del e¡érc1t~ Y. por sufri ·, varias réformas en mf;ses subsiguientes hasta ños
ciencia, se cultiva el ocultisimo y lo sobrenatural, v
ende se educa á los cadetes con la prudente r1g-1dez que en definitiva quedó consolida la e11 18 dei\larz&lt;1 de se
arna mucho la plata, aunque ádecir verdad, yo ereo
Jti97, siendo Acapulco el punto de término de la vía.
n ecesaria.
En 18H2 dió pnncipio la constrnct.:ión, herránd,)se en que este amo-- ha existido siempre y no más su poder
A\ apuntar el alba, al toque del clarín _los alum:nos
el que va. creciendo y volviéndose más despótico
dejan el Jecho, proceden á asearse y empiezan á l!-J~S- ..1 año siguiente el primer tramo á Tacubaya; luego se es
cada día. Apesar de tan inmoderada ternura se pretarse ála hábil distribución del día, con una preci~10n inauglll'ó hast L Coutreras, después á Tres Marias y fiere
el oro lo cual no tiene nada de ilógico; y de conahorn á Cuernavaca.
netamente militar.
LaR eotacione~ del tránsito son Santa Julia, Tacuba· guiente el terreno se ha venido preparando couve·
La enseñanza técnica en la que se sigue un ~ét?do
para el renacimlento de la alquimia al
en que b~y mucho de lo adoptado para e~tablec1mien- YJJ., MixcoiLc, El Olivas. Contreras, l!:slava. Ajusco, La nientemente
estamos asistiendo, y que comienza á hacer ciertos del mi::;mo g·énero y desp_nes d~ con~~enzudos es- Cima Tres Marías, El Yarque y Alarcón, y los puntos cual
to ruido. cuyos ecos persistentes parten de los Estados
tudios, en Alemania y Francia, es 1~pa1t1da J.&gt;Or pro· extremos ;\léxico v Cuerna,·aca.
La dibtancia entre estos puntos es de 120 kilómetros. Unidos deNorteAméricay reper~ut1:mpor ambos confesores expei·imentados, cuya idoneidad_ nadie puede
El material rodante fué comprad l todo en los Esta- tinentes.
poner en duda. La enseüanza de la tác_t1ca es P!'lrfecTodo el mundo sabe de memoria en qué consistía el
ta v los frutos obtenidos en su exper1mentac10n, se dos UnidoRi. os rieles, planchuelas, clavos y accesorios
de la piedra filosofal, cuyo ori&amp;'en se pierde
acrisolan eu esos ejercicios anuales coronad_!?s gene- de materia fijo, en Inglaterra; los durmientes en el problema
en la noche de los tieu¡pos y que llena e1 periodo ele
pais.
•
ralmente por un rellido si1:0ulacro de ca~pana.
Et costo aproximado de la vía de México á Cuerna• la edad medía: se trataba de operar la transmuiación
Elijense para las excm:s1ones, puntos situados á re-.
de los meta!e,,, es decir convertir en oro ó plata algti.n
guiar distancia de la capital y que ofrezcan campo_ vaca, es de seis millones de pesos.
La autorización del Gobierno para poner en uso las metal abundante como el plomo ó el estaño por ejem·
adecuado á la índole de las operaciones que vaná efectuarse. La mo,·ilización de los a,lumnos, se_ hace no tarifas de pasajes y carga, está fechada el 1° del pre- plo. Las innumerables tentath·as encaminadas á este
fin contribuyeron, aunque de un modo indirecto, á, la.
de otro modo que la de un batallon de mfanteria, es sente mes.
Ese mismo día llegó á Cuernavaca el primer tren.
creación de la química moderna.
decir, aprovechando las vias férreas y franqueando el

EL COLEGIO MILITAR.

LA ML'EVA ESTACIÓN DE_L FERROCARRIL INREROCEÁNICO EN PUEBLA.

viene lo que a. :\-léxico hasta ahora ha eido beneficioso
y com·enientt-1.
Damos á Mr. Bn·an nuestro saludo de biem·enida "
Jp. deseamos g-rata permanencia en el seno de la sociedad mexicana que le estirru.. en lo que v ..le.
OTRA. MEJORA. EN PUEBLA..

~e llena e~ espirit~ de satisfac~ión y de_ orgullo patrio, al consignar d1a por dia IDt'Joras de importancia
que se realizan en el pais
Puebla, laeiudad heroica de Zaragoza, la que presenqió el a~al~o.1$'lorioso del 2 de Abril de 1867, la que
segun la trad1c1on popular fué trazada por los· ángeles, acaba de vestir,e de gala para inaugurar la esti·
ción del Ferro-Carril Interoceáni co.
El amplio, elegante y bello edificio que copia nuestro grabado y que acaba de ina11gurarse. se construyó en el breve espacio de un año, bajo la dirección
del Ingeniero "i\fr. J. E. Campbell, Y su costo fué de se·
tenta y cinco mil pesos. Es rle lad'í·illo y piedra techado con láminas de hierro, y sus extensas galt&gt;1!ias e,;tan sostenidas por columnas de.! mismo metal. Tiene
una sala de espera, oficinas telegrMicas de la linea y
del pti.blico.despacno del jefe de movimiento y tráfico
despacho 1fe boleto~, deepacho de equipajes, expres'
restau,r~nt, cantina, tallei es, galerones administració~
y depositos.
El acto de la inauguración al que asistió el Sr. Gobernador del Estado, est11vo muv solemne. Lueo-ci hubo un baile ,y un banquete honrado por escogid'it concurrencia, siendo estas fiestas motivo de verdadero
rogocijo en .Puebla.

ta~l~s, "i\lazzantini es esperado con ansiedad por los
afJc1onados, hasta el extremo dfl l]Ue las localidades de
hi plaza de toros se han ,.vendido en muy numerosa
cantidad.
De Don Luis, como le llaman afectnosamente los españoles, se hace el elog·io de que á diferencia de sus
compañeros de arte que generalmente ~o u afectos ;\.
la vida alegre y di,dpada, el és persomi séria que procura v,vir tranquilamente, lo cual la ha conquistado
en la península ibérica particular e~timal'Íón.
J:,a temporada de funciones taurinas será aquí seg·un parece sumamente corta.

Uno de los cuadros que en el mundo del arte se han
elog iado más al notable píutor Barran, es la cabeza ne
estudio qu~ (1~y aparee~ Pn 1rnestril pág·.40:3. l luminado
por.luz art1flc1al que v1en_e de arnba. realiza tanto en
la f1gu_ra como en el ropaJl', efectos de luz extraños y
m3:ranllosos, que producen honda impresión á los intehgentes. Pero sorprende mll.s te.da vía lo bien interpretado que está por el ar i~ta el momento de inmovilidad y dú atonía que producen los grandes sufrimien •
tos en las organizaciones nnviosas
La mira la fija, el ent1·ecf'jo contraído. los labios apretados para no dejar fll&lt;caparse al ~ollozo rebelde todo
detalles r conjunto, revelan en este cuadro inspi/ación
y verdad.
No es el encanto de los contornos, ni una morbidez
convenci?!ial t estudiada lo que bui&lt;có el artista, sino
la expre~1on vira del dolor profundo que ni se queja
ni llora; la que si se fija tenaz en el alma. acaba por
arrancar la razón ó la vida. Y logró su objeio.

Con este número obsequiarnos un hermoso
$uplemenlo rouskal
destinado á las Posadas,y pr6ximan1ente obsequiaremos otro

Don Luis Mazzanfin/.

Por seo-unda Yez ,·iene á esta capital el afamado
matador 'bon Luis i\Iazzantini, que fi~·ura en Espaúa
en elevado pue~to corno uno de los mas notables campeones en el arte de la lidia.
Cuando hace algunos años visitó á l\Iéxico, va había
!~grado formar con los prodoctos de s u peligroso ejerc1~ una ~eg_ular fortnna que algunos haclan subirá
nias. d,e dvsc1entos _mil pesos. RegrP.sado á Em·opa se
dedico á cmpre~ano de corridas de toros en la Península,)' par~~e que en_ est~ negocio sufrió pérdidas de
cons1derac1on que lo mclmaron á volver á contratarse como matador y jefe de cuadrilla.
Aqui, donde ha,v tanta afición por esta clase de espectáculos y donde rara vez se han visto toreros acep-

HERIDA EN EL ALMA

é1

nueótroó abonaéJorJ.

Les suplicamos se sirvan fijar su atención
en el próximo número de
"EL MUNDO ILUSTRAD O"

l.UIS )lAZZANTINl.

el cual servirá de muestra para formarse idea
de cómo será este periódico en el año venidero de 1898.

retito de las di,tancias en formación rig·urosa. Llegados al campo de operaciones, establécese uu campa•
mento en toda fo1ana, con sus aYanzttda,; fijadas rig·urosamente, sus turnos de guardia, rle vijilaucia etc., y
alumno hay &lt;iue vela á gran distancia del campamento, puesto el rifle y el ojo 1wisor (si no pOl presunción
de una sorpresa del eue1uigo si por la de una sorpresa del vi~·ilaute.] ú la intemperie en lo más crnclo de
la estaC'ion. El simulacro se efectúa con todo el rig·orismo de la táctica; ~imúlanse reñidos ataques en todas las formas ,. hábiles defensa:;; entran en ju~go to-das las arma~. el.clarin hace reperct).tir por vaU,•s y
montes 8U marcial toque de órdenes y reina en el
crunpo de batol/a la animación de los combates y se
desanollau todas la:; peripecias de una batalla.
Al simulacro anteceden ó siguen diver~os ejercicios
en los ,-arios días cle,tinaclos á la excursión; .'' al regreso de los alumnos efectúanse en el bosque los premios prt'sididos siempre por el Supremo Jefe de la
República. .
:'lluchos aüos ha que los ojos fijan en ese plantel miradas de i11tPrés ." de simpatía. La instrncción
que ahí 1:,e dá, la vigilancia de que e-; objeto, los elemenios de que está dotado, y qne lo ponen á la altura
de un Saint Cn- por ejemplo, han sido factores poderosí~imos para la consecución del r.ompleto mejoramiento v la completa moralización del Ejército mexicano, llamado sm duda á un honroso y brillante porvenir.
Esos jóvenes serán los próximos paladines de nuestras instítucion1::s. (.,!ue Oios esté con ellos!

en

ALQUIMIA FIN DE SIGLO.

0

�400

EL MUNDO.

VIA DE ESCAPE EX EL CA~IIXO DEL FERROCARRIL DE CUER~AVACA.

Una vez que se hubieron alcanzado en este ramo todos ~os laboratorios y á ello se consagró con toda su
de la ciencia progresos reales, brotq la costumbre de energia.
relegará los buscadores de la piedra filosofal entre los . No es así corno ha procedido el Dr. Emrnens; l\Ir. Roque se p1·oponen descubrir el movimiento continuo ó chas_ha publicado varias ca1;tas de este alquimista que
arroJan una luz bastante cunosa sobre el método cienti•
la cuadratura del circulo.
Asi pues, no sin sorpresa se acaba de ver aparecer f!?º. en que se inspiró. En una de epi1;s, dirigida á Mr.
como gran maestro de la alquimia moderna y padre \ilhams Crookes en g1 de Mayo ultimo, hay pasajes
del argenfauM al Do_ctor Stephen Emmens, ñüembro que merecen ser recoJidos.
-.La producción del orn-dice-en nuestro Argentaude la Soctedad amencana de Quimica1 del Instituto
Ameri~ano de Ingen01•~s de Minas, de Ja Sociedad in· rmn laporator:y_, tiene cierto p~recido con I aconquista
ternacwnal de electricistas, inventor de la emmensita del To1son de Oro. No se prosigue ¡í,favor de la ciennotable_explosivo y de un método para el tratamiento cia ó del proselitismo; no se tiende á buscar discípulos
dt; los zmcs ~!ll~uro~os. Pues el Director Emmens, pu• n! á fo:rmar creyentes, y sin embargo estoy bastante
bhca un penod1co t~tulado Argentauro papers y es di- bien dispuesto con relación al compañerismo, para prirector. del laboratorio del Argentaurun Syndicate es- varme del placer de contestará las preguntas de mis
tableci.do en Nueva York. Las ambiciones del Doctor hermanos en ciencia, pero solo hasta un punto en que
Emmens son menos elevadas que las de sus anteceijo- no puedan perjudicarse los intereses que represento.•
En la _mi_sma.carta el autor. indica á su corresponsal
res _quienes retorciendo el famoso verso: ·
¡Cómo m vil plo:mo el oro se ha cambiado! antes que un medio mfahble de producir oro pero á un precio sueste ver~o se hubiera compuesto, qu~rian cambiar el mamente elevado: He aquí la receta textual.
«Tomad un peso mexicano y ponedlo en un aparato
plomo vil en oro puro. ~fr. Emmens se limita á hacer
que impida á sus párticulas esparcirse fuera cuando
con plata una cosa que llama Argentauro.
El Argentauro es un metal que acaso no sea oro pero se 1~ divida y sometedlo á U!lll; tritur3:ción poderosa
que tiene todas las apariencias de tal y todas su; pro- rápida, continua, v en condiciones fngorificas tales
piedades. En todo caso, la Casa de lfoneda de los Es• que los repetidos g·olpes no puedan producir una eletados Unidos lo compra como oro v esto parece bastar vaci~n momentánea de temperatura, haced el ensayo
á la dicha de los accionistas delSínclicato y también del repitiendolo de hora en hora y al fín encontraréis algo más que huellas de oro.,
Director de su laboratorio.
Un poco más adelante, el Doctor lleno de aparente
Mr. A. d~Rochas ha publicado sobre este asunto del
A1·gentauro varios estudios mu_y interesantes delos que reserva, no quiere asegura1· que el metal obtenido en
tomamos algunos datos añadiéndoles las reflexiones su laboratorio sea realmente oro, v añade:
«Por mí, me alegraría de considerarlo como tal, pede ordrn general que nos sugieren.
'
ro me guardo bien de pretender obligaros á otros á
E~ _e\ fondo y bajo un aspecto puramente teórico, la acept!1r l!Ji opinión. Lo que interesa a los miembros
pos1b1hdad de eso que se llama la transmutación, no del Sindicato es saber si la Casa de Moneda de los Espresenta nada que repugne al espíritu en las condicio- ta~os Unidos compraría el met&amp;l á precio de oro cualnes generales de la ciencia actual. Muchos físicos v quiera que pueda ser este metal. Nada tienen ya que
filósofo~ t!ent;n una ten~encia á admitir como plausi- desear sobre el particular, puesto que dicha casa de
ble la hipotes1s de la umdad de la materia. Esta se nos Moneda ha comprado tres lingotes y estamos en camirevela en una infinidad de formas y de apariencias di- no d'3 preparar el cuarto.•
versas; pero las diferencias no se contraen sino á la
Ot:ro alquimista frances es el Sr. Tiffereau que en.
comfünación molecular y los cuerposquellamamos,,'Ím· i\Iéx1co (parece que para esto de las riquezas es -pais
ples no ~ºI\ e!1 realidad más que manifestaciones de la prP.destinado) hizo oro con limava de plata bajo la acsustancia umca de que se compone la materia.
ción del ácido azótico y ...... del sol. Pero una vez vuelAlgunos hechos bien conocidos de todo el mundo
vienen á dar su apoyo á esta teoría de la unidad de la
materia. El ~zuf_re ordinario y el azufre fusible, no se
parecen casi y sm embargo los dos son azufre Jo mismo que sucede con el fósforo rojo y el fósforo'blanco
y en fin, ¿qué cosa más_ distante de parecerse que ur:
pedazo de huJla y un diamante de gran pureza,' Y sin
e1nbargo es carbono lo que hay en uno y en otro caso.
Si se hiciera posible industrialmente hacer diamantes de regular tamaño, por medio del carbón de madera, la hulla ó el grafito. el inventor realizaría seo-ura•
mente una incalculable fortuna, J¡&gt;ero nadie to:Uaria
este re;;ultado por fm arte de magia ó brnjeria.
Pues la transformación de la plata en oro ó Argentaw·o, del_ oro en plomo, y ~el ~lomo en no importa que
cosa1 no tlen~ nada de qmménco. Pero en lo práctico
hay igualdad? Eso es otro asunto. Se han triturado
tantas s~b.stancias en los laboratorios desde la época
ele Lavo1sier, empleado tantos procedimieutos verificado tan gran número de experiencias v todo ~sto sin
entrever nada en el orden de ideas de que hablamos
que se siente uno natmalmente inducido á creer qu~
existe una imposibilidad de hecho, álo menos en la actualidad.
Otro tanto e!1 :erdad puede dee;irse á la aparición de
cada _descu~1;im1ento nuevo destmado á producir una
gran 1mpres1on, pero entonces es cuando intervienen
los métodos y en honor ele la ciencia moderna se hacen
conocer los procedimientos experimentales empleados
se indican las precauciones que deben tomarse y s~
ponel?-)os sabi?s de todo el mundo á comprobar las
aserc1orn s del mventor.
Cuando el profesor Roentgen descubrió no hace mu•
cho tiempo los rayos que han hecho ilustre su nombre
SOBRE LAS LO:MAS
y que ocupan ~a!1to á los físicos codavia, su primer .cuidado fué permitir_que su experiencia se repitiera en

Domina-o 12 de Diciembre de 1897
to á Francia sus experiencias no le produjeron los mismos resultados. Viejo y pobre hoy, habiendo pasado
casi toda su vida por un loco, la única recompensa de
sus afanes ha sido el honor de recibir también una carta del Dr. Emmens en que le asegura su g-randísima
estimación, pero sin acompañarlt, como era regular algunad acciones del Argentau,.um Syndicate.
Apesar de todos los titulos del Doctor alquimista,
apesar del ruido que se ha hecho en torno de su gTan
obra, hay que permanecer en cuanto al presente en
una desconfianza previsora:, que. es principio de sabiduría.
Yo no conozco del Dr Emmens mas que por lo que
acabo de relatar; pero el papel que por su voluntad ha
asumido, le priva de toda autoridad cieutífi&lt;:a y del
derecho de hablar de sus hermanos en ciencia, puesto que en él el químico se ha eclipsado para hacer
plaza al financiero, y por eso toda• las suposiciones
son permitidas, sin que deba echarse en olvido el caso de la llamada piedra molar de París con que se hizo
tanto alboroto hace pocos años, aunque resultó luego
que lá dicha piedra no con tenla ni la menor partícula
de oro.
·
Es necesario e]P,gir entre ser eabio ó industrial. Si
~l p1·ofesor Roentgen hubiera contestado á los físico:;
al día siguiente de su descubrimiento: "No puedo deciros nada de preciso porque un Sindicato acaba de
formarse par~ la explotación de la visión al traves de
los cuerpos opacos y se me ha ordenado el secreto",
habría tal vez adquirido una gran fortnrna pero habría abdicado el derecho de contarse e1 t:e los sab os,.
aunque le quedara el de figurar entre lo,; ricos.
El Dr. Emmens se hallaba en este caso. Si su descubrimiento es exacto, poner los beneficios al servicio
de una empresa financiera priYada, es un verdadero
crimen científico y tal vez hasta crimen social· pm·o
si la empresa consiste en fabricar oro á fuerza de oro,
tiene que ser problemáticamente productiva y sin mas
consecuencia que realizar la ti&gt;ansriwtación de los accionistas del Sindicato en gentes arruinadas. Sería
penoso pensar que el ex-químico que se llama Dr.
Emmens, fuese capaz de prestarse á semejante especculación.
Queda una última hipótesis posible: tal vez el Doctor, ya de cierta edad, creyendo sinceramente en su
descubrimiento, pero enfermo y debil, sea instrumento y victima de un &amp;'rupo ele fma1,cieros que hallan
sabido apoderarse ae su espíritu.
De todos modos, lo mejor es esperar. Tarde ó temprano, si la nueva piedra filosafal n J es un humJmq
se conocerá el gran secreto y la ciencia le sacará p,u:.
tido. Pero lo que n-0 deja de ser punzante es esta asociación del ocultismo y las finanzas con su Raimundo
LuJlío entreba¡;tidores. ¡Los mágicos á la alza ó á la baja, traídos y llevados! Antiguamente se les quemaba
vivos. pero es mucho mejor el método nuevo, y elloi;
tambien lo creen así seguramente.
C. A. L.

De amores.
Quisie1 a ser la perla transparente
Que se cuaja en el fondo dP. los mares,
Por ver celajes de esmeralda y rosa
En imposible cielo deeplegarse.

*

* * de luz pura
Quisiera ser la chispa
Que se prende en la nieve de las cimaF,
Por ver cómo distiende sus banderas
Triunfante el sol al despertar el día.
:.:e*:;:

Y quisiera en la.luz de una mirada
Descender al ilbismo de tus sueños,
Por ver si-mústia y palida orquideaArraiga en tu memoria mi recuerdo! ........ .
RAFAEL MARTÍ.'!EZ RUBIO.

Diciembre de 1896.

Domingo 12 d~_piciembre de 1897.

•

401

EL MUNDO.

CREPU~CULO

EL TAJO EN SAN JUA}o;lCO,

mol pharistino, á la criatura que duerrne ...... á la vil'•
gen......... á Gliffnéh graciosisima, dormida!

ACUARELA.

EDUARDO l\IELO Y ANDRADE.
EN

«Los BERROS.•

Jalapa.

Brisas perfumadas que acabáis de abandonar vuestro Jecho de azucenas: seguid jugando entre las flores del parqut&gt;.
J l genio de la tarde, escoltado por gnomos, contempla estático desde la cima del Cofre, donde tiene su
palacio de nac·ar, la esplendidéz de Natura, y detiene
su mirada lánguida sobre Gliffnéh dormida á la sombra de tuyas y arrayanes......
¡Hermoso cuadro! En la gasa turqui de· la techum·
bre ignota, como pabellones albos, flotan al acaso Ji.
geras nubecillas que ostentan bellísimas cenefas ya
de oro, ya de rosa, vade violeta pálida. Y en lontananza, aJlá por ddlnde el almo Febo-rubio paje de Ja
Aurora -anuncia el nuevo día, se d~visan apenas, con·
fundidas con la inmensidad, la~ olas encrespadas del
Seno mexican,i. Más cerca, en poética confusión y ha·
ciendo encantador contraste, cañas tembladoras ·que
acarician con sus aterciopelados flecos los flecos de
esmeralda de la palmera coqueta; inmensos platanares donde el pardo chachalaco lanza al aire sus notas
destempladaR; colinas esbeltas que se empinan buscando lo infinito; cafetos verdine15ros con diminutas
pomas matizadas de carmín; tupiaos &amp;'ramales lindaaos por frondosos limonéros que salpican de azahar
cornentes bullidoras que ocultan sus cristales en el
misterio de la selva umbrosa ...... Después más cerca
aun, un bosquecito con fina alfombra de mullido cés·
ped luciendo artística corona de lirios y gardenias y
ali!, bajo el pei,ado cortinaje que simulan los copos de
tuyas y arraya,1es, y envuelta en vaporosa veste color de nardo, una criatura. una viro-en de apiñona~o
rostro oval, ojos garzos v destrenza8a cabellera rubia,
que duerme con la trañquilidad del justo, arrullada
por los pájaros qµe cantan en celestial concierto al
contemplarla tani:Jella, tan sublimemente bella ......
¡Oh Praxlsteles,incomparable Práxisteles! Dame tu
inspiración y tu cincel para esculpir, en soberbio már·

Ya van dejando las sombras
la cumbre de las montañas,
bajándose lentamente
al fondo de las cañadas.
Ya no brillan lás estrellas,
ya amanece; la mañana
va ciliendo el horizonte
con una dnta de plata,
que el sol con sus ígneos besos
enciende e11 tintes de grana.
que son en frente de nieve
rubores de despo.ad:i.
El céfiro entre las frondas
empieza á batir sus alas,
v se oven corno ru,nores
de misteriosas palabras.
Se mecen blando los árboles,
Y trinan entre sus ramas
las aves que se despiertan
besándose enamoradas.
En sus nidos las alondras
ven aparecer el alba,
se sacuden el rocío,
abren las alas v cantan.
La natmaleza toda
animase v embal.ama;
v ál dar ,;ida á lo que vuela
y vida á lo que anastra,
sus quejas á los saúces
v sus rumores al agua,
inuestra ít las ardientes rayos
sus esplendores de maga!
!\las ¡ay! que entre esos colores
con que los prados se esmaltan,
y entre esos trinos y arrullos
que con el sol se levantan,
callada y sola, suspira
llena de dolor el alma,
•
que son mis tristezas hondas
como infinitas mis ansias!
M. VIESCA y ARIZPE.

PANORAMA DE ÜUERNAVACA,

AMI MADRE.
Sabes? Un Silfo soy ...... y dejo el cielo,
Y en tu abanico con temor me ~uardo,
Y acechando tus ojos con anhelo,
Cuando me miran amorosos, ardo ......
Cuando me dejan de mirar, me hielo.

Indómito el ciclón de los dolores
Con implacable furia me extrernece:
Soy un árbol sin hojas y sin flores
Que de la vida en el desierto crece.

***

ALPHA.

Mas ten¡g-o una mujer, toda ternura,
Unica fé ael corazón ateo;
Dulcifica mis horas de amargura,
Y me siento feliz cuando la veo.
Es el sol que ilumina mi existencia,
De dulce inspiración, nota sentida,
Es mi sangre, mi dios, mi inteligencia .... , ....
Es mí madre, la vida de tui vida.
Diciembre de 1897.
RUPERTO G. LÓPEZ,

¡(Qué lunar!
Bendito ese lunar, líncla chiquilla,
donde mi vista sin querer tropieza;
¡mancha que puso Dios en tu mejilla
como punto final de tu belleza!
Bendito ese lunar, que enciende antojos,
aumenta de tu rostro la hermon.ra
y te hace la más bella criatura
que han consegilido contemplar mis ojos.
Si en tu rostro intentamo·s
encontrar un defecto, no logramos
conse~uir nuestro empeño y-¡qué rareza!iel úmco lunar que te encontramos
es el major pregón de tu belleza!
DE CUERNAVACA.

JOSE RODAO.
HACIA SA.'-1 J UANlCO,

�402

F.L MFNDO.

•

Oomingo 12 de Diciembre de lR!l?·

Domingo 12 de Diciembre de 1897.

EL MUNDO

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�404

Domingo 12 de Diciembre de 1897.

Domino-o 12 de Diciembre dé 1897

EL MUNDO.

4')j.

EL MUNDO.

•
so que apenas había visto desde el otro lado ~el
río. Muchas gel!-tes at!lreadas entrabEl.;11 y sahan
por varias puertas grandes. Más perpleJ"- que nun,. ·•
ca, se atrevió á preguntar su camino á _?-na e~pecie de obrero de blusa y gorra, que saha hame~do chispas con el eslabón para encender un cigarro.
.
. .
._
-¿Si me hiciera usted el favor de md1carme
por donde debo ír para llegar á Santa Ana?
El boml)re la contempló unos instantes, hizo
una mueca de bm·la y le dijo:
-Entre usted allí al despa~ho y le indicarán.
Y se fué sonriendo no sin volver la cara varias
veces para observar si Jacquelina entraba. Jacquelina entró, pasó tras de un cancel ele madcrn
que cubría la puerta y se encontró frente á una
vidriera alta á la que todos los entrantes se acercaban. Avanzó también creyendo encontrar quien
la atendiera, y arrojó un grito de horror. Sepai:ndas qel público por 14 Yidriera había unas losas
sobre las cuales el agua corría, y en varias de
esas losas estaban tendidas formas humanas rígidas, inmóviles siniestras: eran cadáveres.
J acquelina experimentó tal sensación de terror

Ensueño de ninos.
POR JOSEPH L'HOPITAL.-ILUbTRACJONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES:

Número 8.
Esto no duró más que un segundo; el regimiento se alejaba, menos á compás, con la indecisión que produce á las retaguardias de columna la cadencia demasiado alejada de los tambores, y Jacquelina se quedó ahí sin ver nada más.
Cuando el último soldado hubo pasado, pareció salir de un sueño, enjugó sus ojos y resueltamente se dirijió hacia la estación.
Un cuarto de hora después _su sacrificio estaba
consumado: el tren partía con ella.
XV
Vuelto al cuartel, Jaco bo se preguntó 'li iría como
todos los· días á almorzar al café de los amigos.
Qué acogida iba á darle Jacquelina y qué actitud iba á tomar respecto de ella? A estas preguntas que él se proponía con un poco de remordimiento y mucho de despecho, no encontraba respuesta. La hora se aproximaba sin embargo: era
preciso decidirse. Se sentía cobarde y no osaba.
Entró á la pieza del sargento y escribió una
carta implorando su perdón, la desgarró, volvió á
comenzarla, estuvo á punto de desgarrarla aun .....
No valía más irá defender su causa por sí mismo?
Afuera el clarín de guardia llamó á la cena. .
Si iba, aquel era el momento de partir .... Decididamente no, no podía.
En el comedor encontró á Jacquot erguido y radiante.
-Sales? dijo Jacobo.
-Me pa:rece, dijo el otro contoneándose. Hoy
faltaré al ejercicio; no te agrada? :N'o tiene uno
tíos generales; pero de cuando en cuando se ofrece uno sus distracciones sin embargo.
Quieres venir á almorzar? Tricoteu me espera;
su padre le ha enviado dinero; el viejo, es un padre modelo.
Vamos, ven conmigo; estaremos entre amigos!
-Gracias, dijo Jacobo, yo no puedo salir.
- El sellor teme comprometerse con un clarin
y un trompeta de segunda clase?
.
-Bien sabes que no .... Pero .... no tengo twmpo .... el ejercicio .... Voy á comer ir la cantina.
Quieres tú•llevar esta carta?
.
-Ah! dijo Jacquot cuyo rostro se obscureció•,
es para la princesa? Bueno; dámela. Tomó la carta,
giró sobre sus talones y desapareci~, sin decir
riada.
Jacobo movió los hombros pensando: «Siempre
celoso ese imbécil! Si supiera! ....
Y fué tristemente á comer á la casa de la tía
Bidaud.
Cuando acababa su porción de carne, se e~'tremeció viendo reaparecer á Jacquot. El pequello
clarín tenía el rostro trastornado, y Jacobo tuvo
el presentimiento de una desgracia.
-Que hay de nuevo? gritó echando á correr
hácia el patio.
- Hay, dijo Jacquot, que el pájaro ha escapado ..... .
-Como! Jacquelina ..... .
-Se fné, viejo, se fué para París .... Ah! á mi,
por cierto, lo mismo me dá.
- Veamos, veamos, tu broméas ....
-De ninguna manera. Oye un poco y lo sabrás todo.
Llego al café Auger con Tricoteau para dar la
carta y para tomar alguna cosa puesto que se
presentaba la ocasión.
· Y que es lQ que veo? Al patrón con una cara
de todos los diablos y le digo: «Xo está ahi vuestra sobrína?-No! responde con un aire semejante al del tambor mayor cuando está malhumorado-Pero hombre, podía usted ser más educado ...
Qué mal hay en que le pregunten á usted por la
seflorita J acquelina?
lle abfun hombre colérico!
-«Qué os importa? me dijo.»
-Ya comprenderús que yo hice una mueca y
lo dejé que se entendiera con ese tipo de Tricoteau, que se puso á hacerlo desesperar y yo entré á la cocina di;mde encontré á la tia Auger á
punto de llorar sobre una cacerola. Le hago la

misma pregunta, y llorandome responde: «Se há
ido á Paris,»-A mi me causa eso una impresión
terrible. Dejo en el café á Tricoteau el cual por
fin sé ha entendido con Auger que le promete
prepararle un almuerzo de primera y corrió á paso de carga para contarte eso .... Por mi parte,
ya tt; lo he dicho, me ha dolido esto; yo te ce~suraba sin embargo ... Pero ahora fuera cobard1a...
Y a ves como son las mujeres .... Apostaría á que
te ha dejado por el condicional del afio pasado ...
Y todo por el dinero .. . . Vamos, · consuélate viejo. Lástima que no puedas faltar al ejercicio! Yo
te refrescaría los sentimientos ... Vaya ¡basta la
noche! Beberé sin embargo á su salud.
Aquí tienes tu carta.
Y Jacquot después de haber sacudido vigorosamente la mano inerte de Jacobo, se fué como
con pena, de tal suerte el camarada: descepcionado inspiraba piedad. Jaco bo desgarró la carta en
mil pedazos y volvió á la cámara sofocado de pena. Ko había nadíe ahí; se dejó caer sobre su lecho presa de desesperación. Su dolor aumentaba á
medida que comprendia mejor la causa de aquella partida: El se acusaba repitiendo:
-La he perdido! la he perdido!
XVI
Cuando el tren salióde la estación, Jacquelina,
sentada en un departamento de tercera sintió una
especie de abatimiento que no carecía de encanto . Oía vagamente el ruido de los wagones pasando sobre los rieles, lento primero, apresurado después; y sus pensamientos indecisos se fija~an ~n
el rumor sordo de las ruedas, en el forceJeo Jadeante de la locomotora en tanto que sus ojos veían
sin verlas, las torres de la Cateclntl que parecían
correr hacia el horizonte.
Tours, se alejaba ..... poco á poco Jacquelina
fué sacudiendo el sopor y comenzó á sentir en torno suyo el vacío, el aislamiento. l&lt;}staba sola. En
el compartimiento vecino algunos hombres fumaban, y Jacquelina veía ascender hacia el t~cho
pintado de blanco el humo azulado de las p1pas.
Lleo-ado á cierta altura se balanceaba como indecis;, se retorcía en lentos espirales, flotaba un
instante como n1be ligera y Juego se debilitaba,
se fundia basta desaparecer d~svanecido en el aire.
Jacquelina contemplaba esto con creciente tristeza. ¿Por qué? No habría sabido explicarlo. Tal
vez este humo le recordaba su ensuello que al
principio había subido, confiado y puro hacia un
ideal inaccesible, luego se había detenido en la
ansiedad y la dt~da, se había retorcido con angustias de pesadilla y había desaparecido finalmente arrebatado por la desconsoladora realidad.
En esos momentos, Jacquelina sentía sin darse
cuenta de ello una de esas impresiones perturbadoras que para torturar nuestras pobres almas se
desprenden de la indiferencia ambiente de las cosas, y ese dolor loco, ese vago y atroz espanto que
hace llorar á los niños cuando creen que se han
perdido
De tiempo en tiempo el tren se detenía y corrían por el muelle de una estación desconocida,
viajeros atareados que luego cerraban las portezuelas del wagón con golpe estrepitoso. A una señal del Jefe de movimiento la locomotora respondía con un ahuJlido rabioso de su silbato y recomenzaba la carrera haciendo desfilar ante los ojos
de Jacquelina un paisaje que nada le recordaba y
le causaba por eso la impresión de la soledad y
del abandono más y más hondos á medida que se
alejaban los horizontes habituales de su vida.
Jacquelina pensó en su viaje, y la espantó el
porvenir. Cuando salió de Tours, no había cuidado sino de evitar un peligro huyendo ar.te todo
de sí misma; pero ahora una multitud ele riesgos
que no podía precisar pero que de antemano le
inspiraban horror, surgían en su espíritu. Oh! volver á Tours, r ecomenzar su antigua vida, .ver caras conocidas, no seguir lanzada en el vacío! ....
París? qué cosa era París? qué sería París para

ella? Al principio no dudaba de la aco_jida que le
haría su parienta; y en la bondad de su coraz?u
no había concebido á ese respecto la menor mquietud, juzgando á los d~más por sus propios
sentimientos; pero ahora, v1endose sóla proba~a
una creciente ansiedad. Si su prima no la qucrJ¡t
recibir, si la veía con ·el mismo aire de indiferencia que los pasajeros del t1:enl
.
Al llegar á Blois, subieron al wagón una muJer
gorda y un sefior flaco y se instalaron un? frente
á otro en el extremo opuesto del comparmuento.
La mujer destapó un cesto, sacó provisiones _Y ambos se pusieron á comer. Entonces Jacqu.e!ma se
acordó que nada había tomado desde la vispenl;
vió que eran ya las once y sintió hambre.
Entre tanto el sellor flaco se encarnizaba con
un pollo frio despedazándolo con un cuchillo en
parte, y en parte con los ded?s· Consig?-ió al fin
arrancarle una ala y la ofreció á la muJer gorda,
comiéndose ferozmente una pierna. La mujer de.spués de haber extendido sobre sus.rodillas u~ pe:
rióclico, colocó allí carne y pan, desató las cmtas
del sombrero para dejar juego libre á las quijad,ls
y se puso á engullir grandes bocados y á morder
ia ala del pollo con muestras de viva satisfacción.
La mujer que tenía la boca llena, lanzó derrepente una especie de grufiido y el flaco entonces
destapó una botella, sirvió vino, tomó, ofreció á
su compañera y siguió así el festín.
Atenaceada por su estómago de veinte afios
J acquelína no podía apartar los ojos de ese espectáculo repugnante y veía con ansia el capa1:azon
del pollo que asomaba por el cesto_ entreab1~rto.
Exhaló un suspiro cuando lahamJ:menta pareJa h.i
tomó para devorarlo y 1~ parec(ó que si ella r_stuviera almorzando habna ofremdo á s::is vecmos
un pedazo de pollo. Sintió ento~ces más opreso·
ra que nunca la dolorosa angusna de estar sola en
el mundo, sola entre los egoístas y los exti'míos y
tuvo impulsos de llorar.
.
1
Cuando eltrenllegó áOrle.ans, Jacquelma desfallecía ele tristeza y debilidad. Bajó, comió brevemente y volvió á su puesto más animada. _El lugar ahora estaba lleno. Al lado de la pareJa que
dije-i·ía, durmiendo la gorda y leyendo el flaco, se
había colocado un artillero robusto de cara larga
y ojos claros de nillo, perdido _en el azul üe l~ li:
cencia comenzada; más allá una Joven con un cluqm
llo de pecho que escandalizaba llorando; hacia
muecas á Jacquelína, se detenía espantado ante
la o-orda. que roncaba, contemplaba con admimció~ el sable del artillero, se arrojaba. sobre el periódico del sellor flaco y recibía de la madre algún regaflo seguido de un beso estrepitoso.
El tren roqaba atravesando la vasta planicie ele
Beauce, y Jacquelina contemplaba de tiempo en
tiempo las casas que extendían á lo lejos sus verdes campiñas recortadas aquí y allá vor secciones
de labores en que trabajaban vigorosos caballo::;.
- Vamos, dijo de improviso, hice bicri, era necesario partil': la Virgen me protejerá.
Entonces recordó que era rica, que tenía trescientos francos consigo en billetes, y por lo 1"'enos ocho francos de moneda menuda en el bolsillo·&gt; con esto se podía ir bastante lejos . .... D.
Sin embargo, cuando después de pasar .t&lt;,tampes, se aproximó París, las palpitaciones d~ su
corazón la ahogaban, el pavor de lo desconoc1rlo,
el misterio alarmante ele la gran ciudad, la acogida problemática de su prima y sobr~ todo _rl
pensamiento tentador del amor que motivó su foga, vinieron á renovar sus angustias y sus il1quietudes.
•
XVII
Salió ele la estación y dirijiéndose al empleado
que examinaba su equipaje le preg·untó sí estaba
muy,Lejos la calle ele Santa Ana. Este hombre Pr,t
normando y le elijo que estaba lejo11 sin saberlo
y le volvió la espalda para ocuparse de otra cosa.
Otro empleado conmovido por su belleza, le ex-

. ,,

--.J.- ·- -

plicó debidamente 61 s1stema de tranv~as con correspondencia que debía utilizar para u· á su destino.
Ella renunció al proyecto reteniendo solamente que era necesario descenderá la orilla d_el Sena y luego atravesarlo, y partió re$ueltamcnte á
pie.
Llegada al muelle hizo una mueca de desprecio al río parisiense, exclamando caoi en voz alta:
-:A.penas la mitad del Loire.
.
.
Y se puso á caminar ·con paso rápkl~ viendo el
Sena con una actitud desdeñosa y haciendo comparaciones mentales entre Tours y París, en las
que todas las ventajas eran para Tours..
. .
Orillando el embarcadero d(;l los vmos, smtió
una primera-impresión de respeto á_ la vista d;l
imponente amontonamiento de barnles quesub1a
detrás de las rejas.
-¡Cuantos barriles! pensó con asombro, y. luego se detuvo sorprendida á la entrada del bulevar de San German.
La tarde era radiosa y el sol, ya poniéndose,
rodeaba como de una aureola el contorno magestuoso de Nuestra Señora. Al otro lado del río los

altos edificios ele la Isla de San Luis,
levantaban sus paredes blancas taladradas por inn 1merables ventanasDe todos lados, viniendo del muelle
de la Tounwll,1, desembocando del
Puente de Sullv, envolviéndose en la
pt&gt;r:,pectiva d&lt;'l bulevar corría una
ola de transeuntes y de coches que
se entrecnnaban con espantoso rumor de rned·u; y un gran t:umulto de
voces de trompeteros y de cascabeles.
-Decididamrnte, pensó Jacquelina,
e,to es dif,•rcnte de Tom-s: y permaneció alg·ún tiempo retlinada ·cont!·a e~ parapet?
del 1mwlle. considrrando con una mqu1eta admiración PSt&lt;• movimiento formidable.
Lu.. cr~ vi,i eon temor el Puente de Sully recordando\un le hHbían it1di0Hdo que atravesara el
río y d udirndo si sería por ese puente ó por el que
se d istinguía más abajo.
.
R&lt;'solvió avanzar hasta el de las Tullcnas y
allí ruvo menos vacil,tciones contemplando la Isla de la CL é, el brizo de río que la separa de San
Luis v allá á lo lPjos el r, rlejo reverberante de
los techos dl'l P,ilacio 11unicipal.
¡Dios mio qt1e gr11nde es ,,s~o! Dijo Jacquelina.
¿Cómo pueden encontrar,:;e_ las gc1:tes cuando
se busc,.n en unn ciudad semeJante? S1 atravesara
yo .... B 1h! pucl?:o que háy un puen.te! á pasarlo.
Pero al llegar al Puente del Arzob1;;pado, por
poco rompe á llorar. Después ~e este P_?-en:e h!'bía otros muchos todavía. Parec1a cosa s1 n frn. :No
sabiendo por cual dec.ídir. se estaba incliuando
á retroceder .... .
-A fe mfa qÚe ya no debo vacilar; atravieso
por aquí y ya verem0s de~pué3.
Así llegó á un edificio amplio y de un solo pi0

que estuvo á punto de desvanecerse: retrocedió
de uu salto, se apoyó contra el mm-o para no cae1·
y p.ejó escapar su maleta que dió en el suelo próduciendo un ruido sordo.
.
Al instante la rodeó una multitud de ouriosos
que hablaban todos á la vez.
-Acaba de reconocerle.
-A quién?
Al ahogado chico, al de enmedio, debió ser su
amante.
-Pobre n' 1l.a!
•
-Pero no! debe ser el gordo aplastado que está á la izquierda. Fué al verlo cuando gritó.
Jacquelina seguía llorando presa de una conmoción nerviosa. Una mujer se le aproximó.
-Yamos, gatita, no hay que desolarse así cuando no se puede nada contra la muerte. Yo te acompallaré para que declares en la Administración.
Pero Jacquelina se había ya recobrado y repulsó vivamente á la muger diciéndo con cólera:
-Xo quiero que se sigan burlando de mí.
Y refirió con volubilidad, en frases entrecortadas por los últimos sollozos, la broma macabra
que acababa. de sufrir.
Ailadió que eso era abominable, que en Tours
no se trataba así á las gentes, y que si no podía
uno preguntar por su camino, entonces, ¿quét'
¡Xo había más ~ino dejarse morir!
Entonces se levantaron exclamaciones de indignación y de piedad.
-Dar á una nifia susto semejante!
-Se necesita ser un miserable!
-Xo ha sido mala la sorpresa.
- Por fortuna no se desmayó.
-Son insoportables esas majaderías.
·
Entre tanto, la multitud se apiñaba y llenaba
toda la ltlo1·gue empujándose contra la vidriera á
riesgo de romperla. Los gendarmes se lanzaron

�Domingo 12 de Diciembre de 1897·

EL MUNDO.

. á procurar la circulación; y arrebatada Jacquefüta por un.a.. ola.. lull™I-DL &amp;e vió rlerr-epeme-en-la
acera, donde se formó un nuevo grupo en torno de
l'!la. Todos querían ahora em;eüarle el camino y
no había a quién preteril'. Pero d grupo se disuelve por una nueva indicación del gendarme y
el caballo de un fiacre que acababa de c11e1· concentró la atención de los bobos y pronto .Jacquclina se vió síu mits compallía que dos viejas c!Jarh,tmrns que se la disputaban.
-Yo os conduciré ít Santa Ana, señorita; casualmente so\· de ese rumbo.
-Yo también, se:ilora, pues debo pasar por esa
calle.
-Xo digo lo contrario, pero yo me propuse primero.
-Bueno, pero quien sabe con qué intenciones.
-Qué quereis decir?
-Dios mío, dijo Jacquclina, indicadme solamente el camino y me iré sola.
-No, niña, es fácil perderse. Dadme la maleta
que ya os fatiga y si la señora quiere acompafiarnos también, no me opongo; así podrá darse caenta de mis intenciones.
-¿)le tomáis por policía secreta?
-Oh! no, sen.ora, y no trato de deteneros.
Y tomando del brazo ú la nifta la hizo atravesar rápidamente la calzada, sin oír á la otra que
después de un último apóstrofe se'perdió entrela
multitud amenazando al ciclo con su paraguas.
Jacquelina y su compm1era descendieron por
el muelle de las flo~es, y desde luego se puso la
Yieja ít charlar con rnlubilidad.
-¿Qué mfodo habréis tenido querida? ¿Verdad?
A vuestra edad, me hubiera yo desmayado. ¿Y
Yenís 1\ París por la primera vez? Felizmente váis
:'L casa. d1~ una parienta. Válgame Dios! Mirad la
casa de l!:loisa y Abelardo. Eran dos. enamorados
que tuvieron muchas desazones. Lástima que no sea
hoy dí,t de mercado pues os habría adornado con
un ramo de flores. Eso habría distraído vuesn·os
pensamientos.
Jacquelina escuchaba enmedio de un silencio
impaciente este flujo de palabras. Por un instante pensó er. la fuga y en dos saltos se habría puesto lejos de aquella charla insustancial, pero de
nuevo se habría extraviado; y tenía tau poca i;uerte cuando trataba de averiguar el camino! Resignose pues á seguir á la vieja, pero había separado
su mano y trataba de recobrar•la maleta. Su compañera se opuso.
-Nada de eso. Ya estáis cansada, entanto qua
yo estoy acostmnbrada á cargar maletas. Sabéis
que sois muy bella! Atendedme, loquilla, sin mí,
los ómnibus habrían hecho una barbaridad. Es
preciso desconfiar de los c::&gt;ches. Habéis enrojeeido como un pimiento: tanto mejor, pues eso prueba que les tenéis miedo y os cuidnréis.
No de miedo sino de cólera se le había encendido el ¡-ostro á Jaquelina y sin los omnibus, había prescindido de tan locuaz co.mpaüía; tuvo pues
paciencia y siguió, con la esperanza de llegar
pronto á Santa Ana.
Derrepente la vieja se detiene en la desembocadura de una gran a,·enida y extendió la mano con
un g~sto imponente.
Mirad, allí está el Teatro de la Opera! Ah! si
Virginia me hubiera queri.do escuchar, habría durado allí largo tiempo, pero pretendió avanzar demasiado pronto. Sn padre y yo le teníamos·dicho:
hija mía, más vAle ser la última en la Opera que
la primera en Teatros de segundo órden. La ambición la tentó sin embargo como á César. Gracias
á que su Barón está allí y me dijo el otro día en
el 2° acto durante el baile de las Cucarachas:· Señora Juponette vuestra hija no permanecerá en el
&lt;.,hatelet; eso es indigno de mí .... La calle que sigue es la de Santa Ana.
-Entonces, Sc:dora, solo me resta dar á Ud. las
gracias, dijo Jaquelina intentando de nuevo rec;:ilJrar su maleta, es inútil desviar á U d. de su camino.
·
-Si no me desvío, querubín, vor á la calle de
Lafitte que está mas allft. ¿A que número vamos?
-No lo sé, contestó la nil1a turbada. La parienta que busco es costurera y se llama, la Señora de
Bardonel.
-La conozco; vive en la esquina de la Calle de
Lubols; buena casa. Cuando Virginia quierr hacei:se un traje chic allí lo encarga para que su baron
Ll. encuentre graciosa. ¿Con que sois prima de
la Sra. Bardonel? l\1is felicitaciones .... Tened sin
embargo presente á mi Virginia. Puede ser que

alguna vez os convenga entrar al Teatro y como
sois bella ....
Llegaban ya al fin ele la Call&lt;' de Sn.nta Ana. J11cobina sintió que recomenzaban sus angustias y
caminaba como á pesar su?º· Despues de haber
deseado tanto llegar, probaba, al tocar el término
de su viaje un cn•ciente terror y habría querid0
retardar el momento que se aproximaba. De pronto la vieja se detiene frente á una casa •Y esefü\nclole las ventanas del tercer piso le dijo:
-Allí es, donde dictl ")!odas :.\Iad. Bardonel, Donas." Aclios, trsoro mío, buena suerte y cuidado
con los hombres! Tomad vuestra maleta. Acaso os
vea yo otra vez; vivo en la Calle Lafitte número
150. Adios, linda, otro beso, adios!
XVIII.
Jaquelina quedó sola, vacilante, con el corazón
latiéndole apresurado, en el dintel de la puerta co•
chera. Los mil rumores de la calle, el espectáculo
asombroso del hormiguero parisiense la aturdían;
enervada por la greguería de la vieja, le parecía
que aun escuchaba su charla n•pulsiva.
Durante unos minutos permaneció inmóvil contemplando en el centr~ del patio una estatua de
yeso que representaba una diosa cualquiera, y servía de centro :\ una fuente. Luego comprendió
que la observaban, pues ya dos ó tres transeuntes se habían detenido á verla sorprendidos de su
aspecto de pena é indecisión. Entonces se pasó vivame_nte la mano por los ojos con un lindo gesto
ele resolución como para apartar la imagen de sus
inquietudes; y entró resueltamente y ya subía las
primeras gradas ele la escalera, cuando la detuYo
una voz.
-¿Dónde va Ud. se:ilorita?
Ella se volvió y vió surgir de una especie de
ratonera que daba al vestíbulo, la hirsuta cabeza
de un conserje.
-¿La señora BardonPI? preguntó Jacquelina:
Sois una.cliente? preguntó el Conserje con ,una
entonación de incredulidad humillante.
-:No, respondió intimidada, pero desearía ver
á la seftora.
_: Y para qué?
-Pam pedirtrabajo.
-Entonces no se detenga usted sefiorita, pero
hágame favor de subir como las otras por la escolera de servicio.
La cabeza hirsuta se retiró y la ratonera se cerró con estrépito.
·
Avergonzada, retrocedió dócilmente y se encontró en el patio al Pipelet todo entero apoyado
en una escoba y mostrándola con ac.t itud imperiosa la puerta de la escalera de servicio.
Atravesó el patio tristemente, descorazonada por
tan desfavorable acogida, y arrojó al pasar una mirada melancólica á la estatua de la Diosa que le
había parecido como aburl'idaen su pedestal, y vió
que tenía bellísimo rostro y una sonrisa piadosa
y dulce que la consoló un tanto.
En la escalera de servicio con pasamanos grasiento, ¡ntraba pasando penosamente á traves de
vidrio:rnpagados, unaluz sucia; y el olor de las cocinas se mezclaba á otros muchos en cada piso á
donde llegaba la escalera. Fatigada por el "\-iaje y
la emoción, Jaquelinasubía lentamente, sintiendo
en cada escalón flaquear sus piernas y respirando
con esfuerzo esa atmósfera apestada.

Llegaba ya al tercer piso ,mando oyó que abrían
una puerta con estrépito y al mismo ~stal)_te_vió :!,
mía muchacha rubia y desmedrada, con cara de---.:...
susto, que llevaba m1a caja de cartón en la mano
derecha y que bajaba á grandes saltos. Jaquelina
tuvo apenas tiempo de dejarle.paso y la muchacha
siguió resbalando junto·al pasamano. De arriba
le gritó una voz.
Despáchese pronto se-n.orita .Juana, y que no se
pollga usted á charlar en las tiendas como ayer.
Jacquelina siguió subiendo hasta llegar á la
puerta que decía «i\lad Bardonel» y dando vuel•
ta al botón del picaporte, hizo resonar un timbre
y apareció enton~cs una mujer gruñona en el.dintel.
·
-La seftora Bardonel?
-En el taller, á la derecha, en el fondo del corredor. Pero deje aquí la maleta, que no se necesita para hablar. ¡Venir aquí con equipaje como
si fuera hotel! Déjelo aquí. No hay ladrones.
Bueno, ahora, al taller; allí está la se:ñora.
En una gran pieza, alumbrada por tres ventanas las obreras cosían y charlaban y se volvieron
todas á la vez para ver á la recien venida; y CO·
mo ella se turbara ante este examen, una morena
alta se levantó y dijo con tono impertinente:
¿La señorita. quiere ..... :?
Pero en el mismo instante se abrió una puerta
y una persona imponente entró como un torbelli-.
no, gritando con una voz que Jacquelina reconoció ser de la misma persona que había apostrafado á la muchacha de la escalera.
-Es insoportable, scftoritas. La seiiora baronesa está allí furiosa por que 110 se ha terminado
su traje. Qué hace usted allí, Delfina, de pie en
lugar de estnr trabajando? Y ¿quien es esta . ....
chica?
Delfina se sentó; todo el taller se puso á la labor y Jacquelina quedó frente á la temible sen.ora Chausonier, que rewúa las funciones deprime?'a y de vende(j,ora.
.
-¿Qué desea usted, señorita? Debiera usted
haber permanecido en la puerta en vez de entrar
á distraer á mis obreras.
-Perdone usted, se:ilora, pero se me indicó que
pasara. Quiero hablar á la señora Bardonel.
-Está ocupada y no puede recibir. Vuelva usted mañana, y eso según. ¿Qué le quiere usted?
:-Quisiera trabajar aquí.
-El taller está completo se:ilorita, y no queda
sitio para una obrera más. Y luego ¿sabe usted
trabajar? Dónde fué el aprendizaje? ¿Hace usted
corpiños, faldas, mangasi&gt;
Este diluvio de preguntas llevó al colmo el embarazo de Jacquelina que .aventuró con la boca
seca esta contestación:
-Sé coser.
~Vamos, ah! pegar un botón . ..pues si no sabe
usted mas que eso!
Entonces empezaron á circular las burle.tas por
el taller, y Jacquelina, ruborosa, con los ojos llenos de lágrimas, murmuró sollozando:
-Llego de Tom·s.
-Pues lo mejor que puede usted hacer, es regresarse.
Y le hizo un gesto despreciativo, volviéndole
la espalda. Las obreras, crueles como los escolares cuando el profesor atormenta al nuevo, se pusieron á secretearse y á sonreír mirando á la viajera.
Esto era demasiado; J acquelina no estaba acostumbrada á ser humillada de esta suerte y su naturaleza altiva se sobrepuso á su timidez, y con
un acento que hizo volverse á la Sra. Chausonier
le dijo:
- Es posible mi regreso á Tours, pero no lo haría siP hablar antes á la se:llora. Dígale usted si
gusta que Jacquelina. Dwnont. su prima, desea
verla.
La primera, sospechó de pronto que sería un
ardid y ya fruncía su temible entrecejo, cuando
vió el aspecto digno y resuelto de la nifl.a, é impresionada por sus ojos altivos, se calmó.
-Lo hubiera usted dicho antes, señorita. Si es
verdad que es usted prima de la seilora ciertamente que la recibirá; pero en este momento está
muy ocupada probándole un vestido á la sefl.ora
Baronesa de Goldman l tendrá usted que esperar. Siéntese usted, voy á prevenirla. Y bien sefl.oritas, no hablaba yo con vosotras; esto es irritante!

,

(Qontinuará)

TOMO.JI

llIEXICO, DICIEitlBRE 19 DE 1897.

•

Nt111IERO •S•

I

,ij

&amp;n las Posaaas--·Glprot1ecqanao la ocasión.
(Dibujo d e Ruel.as)

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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