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                  <text>Domine-~ 10

EL MUNDO

40

-

o, Julio de 1898

Nuestros 5irrabados
FIG. 1.-GRUPC DE TOILETTES PARA LA RoTACIÓN.

••••

Nuestras lecturas pueden escoger un bonito modelo entre esos cuatro que les ofrecemos y que están en
gran boga en la actualidad.
El primer modelo es de un entero estilo sastre, con
jacquet de primorosa hechura.
Los otros tres constituyen variaciones más ó menos
originales de los figurines que damos al principio.

TOlllOII,

:NVJIBao 3.

IIIBXICO, JIJLIO 17 DE I898,

FIG. 2-TRAJE DE FJULARD,
La falda es de Foulard completamente Jis,i, gris
acero, sin otro adorno que una c.nta de tafetán que
forma ángulo en el frentt, de la blusa y rodea toda la
parte posterior de la misma.
El cuerpo es de g11ipure con las mangas y basquiña
de seda del mismo color que la falda.
Elegante corbata, última novedad.
FIG. 3-ELEGANTE MODELO DE ESTÍO.
Todo el adorno consiste en cadenilla sobre seda
acordonad.a azul pálido.
Cuerpo blusa con draperla de satin azul obscuro.
Plastrón muselina de seda blanca acordeón.
FIG. 4-TRAJE DE FOULAR PARA CALLE,
•El efecto de este modelo es de que tiene doble falda
gra ciaij á la disposición de los volantes
El cuerpo tiene un yoke y mangas de guipure en
tanto que el corpiño es de seda plissé.

FIG, 5-TRAJE NEGRO DE PASEO.
De seda negra con gran aplicación de muselina de
seda, á tres grandes volantes. Aplicación segunda de
bordado.
Bolero ligeramente figurado por la propia aplicación dt, muselina de seda.
FIG. 6-TOILETTE DE DIAB DE CAMPO.
La falda es completamente lisa, dd satin.
La especialidad está sólo en el cuerpo que tiene una
gran aplicación de must,Jina de seda acordión, con
cinto y collar ele blina.
FIGURAS DEL 7 AL 15.
Una plana de trajes para bebés, para niflos de 3 á. 5
años, y un encantador traje tle primavera para señorita, hecho de must'lina, figurada con hermosas aplicaciones de doble volante y plastrón de guipure.
Nuestras lectoras podrán ballar en esa plana, algu•
nas muestras de labores para casa.

FIG 6-TOJLll:TTE DFJ DIAS DE CAMPO

LA ··CARICATURA EN EL EXTRANJERO
(VEASE

LA EXPLICACIÓN DE NUESTROS GRARAD&lt;'S.)

,,. l ~... ,-

.\

;i~;· =-;: '\CL
,::

EsPAÑA (dlrigi,\ndose á. Francia) Caramba! Al fin y al .
cabo, y al paso que vas, te quedarás como yo.
(D er Floh, Viena.)

.

"

EL J APON.-Pobre gente esa! ·Qué trabajo~ se están to.
mando para p1 epararme ia conquista de las Filip1naP,

Fi,schieti.

EL PKURITO SA!,ISBCJ'lY,-God-

EL GATO AMERICANO Y EL RATÓN
lilSPAÑOL,
(Der Floh.)

EL GRAN_TURco Y C&lt;tE rA.-EL TORCO: La viej11o Europa está muy
entretemda y puedo darme gusto con eatos cristianos.
(Dffl" Floh.)

dam! moldita !Hg-racia qu • m~
hacti esto delleval' sobr" el omo
nn loe? cofl'lo Chambe la in .. . .
tan umversal.

&amp;1 roariscal !@lanco, &lt;rapitán General

J

ae

la 9s1a

ae (r uba-

�LASEMANA
14 ele Julio.- Festividad democrática.- Regocijos público,.,-Una mujer abogado.-E'iperanzas de emancipaeión.-La mujer libre.
La Colonia Francesa ha conmemorado con la
pompa usual y el regocijo y entusiasmo que le
son caracterís1icos. el aniversario de la toma y
destrucción de la Bastilla.
Todo México se ha a1mciado á esa conmemo·
ración. Hay para ello razones de orden frívolo,
pero las hay también de orden elevado y serio.
Celebramos con los franceses el 14 de Julio, como con los espaftoles á la virgen de Covadonga,
desde luego, porque es una fiesta, una ocasión,
siempre bien venida para nosotros, de echar una
cana al aire, de abandonar el trabajo y los negocios, de olvidar las preocupaciones y enojos cuotidianos.
Si es cierto, como lo affrma Stuart .Míll, que la
mejor manera de ser feliz es · no preocuparse de
la felicidad y que los goces más delicados son
no los que deliberadamente se buscan y preparan, sino los que sobrevienen inesperadamente,
l os que se cosechan al paso sin haber salido á su
encuentro; nosotros somos unos de !os pueblos
menos felices de la tierra, porque nuestra preocupación dominante es buscar los placeres y alcanzar la felicidad. Gozar! buscar afanosamente
en los arenales de la vida la pepita brillante y
valiosa; atr11par al paso la brizna fugitivadel placer ;- y una vez atrapada, gozarla en el presente
a u n cuando se haya de llorarlamaftana; divagarse
con el goce frívolo del momento, descuidaPdo la
previsión del porvenir; gastar en las tandas hoy
el peso del gasto de maftana; pintm· i·enado para
no desaprovechar la ocasión de pescar juiles en
una zanja; hacer San Lunes, A trueque de perder
el jornal y el em pleo de que se sub~iste; faltar á
u na cita de importancia por dormir una siesta reparadora; rom per la alcancía para improvisar
una tamalada, y empeliar el jorongo para preparar mole y pulque curado, tal es nuestro modo
de ser y la fórmula abreviada en que condensamos la vida.
Por eso somos capaces de asociarnos á cualquier conmemor ación, lo mismo á la de la caída
del Imperio Romano, que á la de la toma de
Constantinopla. Pero tratándose del 14 de Jul:o,
h ay, ya lo decíamos, razones de carácter superior, qu e nos instigan y estimu lan á celebrar ese
aniversario al igual de los franceses miswos.
E l 14 de Julio es una conmemoración no francesa, sino human a . La toma y destrncción de
la Bastilla simbolizan la conquista de todos los
privilegios por el pueblo y el derrumbamiento de
todo un régimen abusivo é injusto.
La humanidad entera ha recibido el contra
golpe de una revolución, sangrienta y cruel, asoladora y arrasadora; pero ha cosechado los bienes inapreciables que derivan de sus principios.
No sólo Francia, sino el resto de Europa y toda
América, es decir, e1 mundo civilizado, han recibido de aquella revolución una orientación nueva y mejor hacia la libertad, la democracia y la
justicia. Nuevos horizontes se han abierto, grandes emancipaciones se han realizado; el hombre
puede hoy ser más grande y mAs feliz, el progreso
social más rápido y más sólido, y especialmente en
el orden económico, el principio de libertad del
trabajo, el derecho de todos á todo género de
propiedad, la abolición casi completa de los monopolios y la de los gremios, han regenerado al
mundo y permitido el colosal desenvolvimiento
industrial moderno.
Más ó menos claramente, frauceses y extranjeros comprenden estas grandes cosas, tienen la intuición de estos grandes principios y perciben
su fecundidad, y cuando se trata de festejar, de
solemnizar simbólicamente su eclosión y su difusión, las ceremonias y _regocijos encuentran eco
en todos los espíritus y simpatías en todos los
corazones.
Además; el colmo del plac.er es divertirse entre
franceses. El francés es por excelencia sociable·
la forma habitual de su humor es la alegría la d¿
su trato la finura y la pulcritud, la de su ca;ácter
la. expansibilidad. El inglés se divierte, si es que
los ingleses se divierten, fríamente, con circunspección, en silencio, cada cual para sí· el francés se divierte en voz alta, su alegría n'o se concentra como en el foco de una linterna Rorda,
sino que ir:-adia, se espa1 ce, lo inunda y lo ilu-

Domingc 17 de Julio de lb'98

EL MUNDO

42

mina todo como una lámpara de f;liemens; el italiano; el espall.ol, el mexicano, son también ent!1siastas, pero sin freno; turbulentos, pero un
mesura; halaraquientos, pero sin moderación;
pasan fá.cHmente de la chanza á la ofensa; del
entusiasmo á la agresión; de la anécdota salada
al cuento verde; del desparpajo á la licencia. Si
melosos empalagan; si asiduos importunan, si
obsequiosos hastían; se empelian en hartarnos y
nos importunan; son exigentes, nos fuerzan á
imitar sus locuras, y antes -nos piden placer para
ellos, que nos comunican el suyo. El fl'ancés, por
el contrario, pareC\e preocuparse exclusivamente
de nuestra comodidad y no de la suya, de nuestra satisfacción y no de sus goces; sabe conservarse en límites razonables de expansión, refrena
sus impulsos; cuando se prodiga se está vigilando y nunca es más dueiio de su razón que cuan•
do parece haber perdido el ju!.cio. Ademá.s, el
francés bebe, pero no se embriaga; chancea, pero
no insulta; retoza, pero no maltrata. De ahí que
todo el mundo esté contento entre franceses, que
en sns fiestas reinen no sólo la alegria y la cordialidad, sino la más absoluta corrección y que
se pueda confiadamente á su lado pasar horas
gratas y momentos de placer sin mezcla.
Esa mesura, esa expansión contenida, esa putc1itud sin mogigatería y esa desenvoltura sin Ji.
cencia, constituven el secreto de sus fiestas siempre animadas
siempre brillantes y á la vez
pacificas y tranquilas.

y

Tenemos el gusto de participar á nue-;tras lectoras litigantas que ya tienen á su disposición
una abogada á quit'n encomendar sus pleitos. María Asuución Sandoval es la 1fatilde Montc1ya de
la Jurisprudencia, la primera dama mexicana titulada de abogado. Ya veo desde aquí el gestito
de disgusto de muchas lectoras al recibir la est upenda noticia: 1Por manera, se dirán, que esa
mujer prefiere bojear el Digesto en vez del libro
de 1:o..:10a; ensartar argumentos y no agujas, coser latinajos y no remiendos, y enredar intrigas
en lug11r de ovillar madejas! ¡Bonita andará la
casa de esa licenciada: los trastos rotos, los muebles empolvados, las ropas deshilachadas, los
nilios enmaraiiados y el marido probablemente
tegiendo frivolíté. ¡Pero eso si, la jw·isconsulta,
con las enaguas sucias, sin chinos en la frente,
mal f&lt;tjada y mal forjada, alega1·á de buena prueba ante los tribunales, mientrl!.S los hijos, en poder de la servidumbre, comerán crudo ó quemado, y vestirá.n manchado ó roto!
Un poco de c11.lma seftoras mías; no se necesita
ser abogada para no ocuparse de la casa, ni asistir al marido, ni descuidar á los nilios; por millares las conozco yo que se pasan la vida en P la teros, en visitas y en las tiendas de ropa; que no
se paran en la cocina ni se preocupan de la recamarera; que ponen su bogar en manos de la ama
de llaves, sus hijos en manos de la institutriz ó
más radicalmente en el «Colegio Baz» ó en «El
Sagrado Corazón~ y que no tienen la disculpa de
asistir á sus enfermos ó de ir á iitigar á los tribunales.
Ya sé que todo puede ser motivo de caricatura y que pocas cosas se prestan á ello tanto
como la emancipación de la mujer; pero de que
una cosa sea ridícula ó lo parezca, no se infiere
que sea mala, y entre nosotros es más racional
inferir lo contrario. Nosotros encontramos ridículo al hombre económico, al prudente y cauto,
al entusiasta por sus convicciones, al trabajador
rudo, al apóstol entusiasta. En ciertas categorías
rnciales, parece ridícula la mujer que guisa, cose,
se encierra á cuidar de sus hijos, ama y es liel á
su marido, se cubre los hombros para ir al baile
y al teatro, y nadie puede poner en duda que todo eso es bueno aunque sea reputado ridículo.
En nuestra raza y en nuestro país encontramos
siempre vituperable ó ridículo aquello que no nos
agrada ó qut- no podemos realizar; tiránicos y
des1;&gt;óticos por naturaleza y murmuradores por
hábito y mala educación, tenemos una medida
fá.cil para estimar los vicios y las ridiculeces agenas: llamamos vicios A las virtudes que no poseemos y calificamos de ridiculeces nuestras incapacidades. En nuestras clases populares quien no
es _ebrio y refl.idor, despilfarrndo é imprevisor,
qruen no golpea y sacrifica á su mujer, quien no
hace San Lunes, es un ser despreciable ó ridfou1~ á los ojos de los borrachos y de los perdula-

nos.

Pero si pre,;cindimos momentáneamente de

nuestra manía de criticarlo y opacarlo todo, y nos.
hacemos el ánimo de ver la cuestión seriamente,.
no podremos menos de reconocer que se necesitan
una energía escepcional. un gran amor al estudio,
una noble aspiración y una inteligencia privilegiada, para, siendo mujer, afrontar la opinión,
desafiar las preocupaciones, vencer la vergüenza,
y el escrúpulo é i1?.scl'ibirse, seguir cursos, estudiar, aprender y conquistar un título profesionalEn Norte América nada más llano; ahí respetopor las convicciones 11genas, acatamiento de la li•
bre voluntad de los demás, aplauso para el éxito,
lauros para el triunfo; en México nada más escabroso, todo se opone, todo conspira á mantenerá cada cual en esfera humilde; tvdo lo que brilla
nos irrita, todo lo que descuella suscit&lt;l. envidias
y odioR; entre nosotros hay un crímen que nadie,
perdona, una culpa que no tiene redención, lade
singularizarse, la de abandonar el camino trillado de la rutina, la de rebdarse contra la inferioridad injusta y contra la opresión inmotivada. y ·
si la rebelde es una mujer, en,onces Anatema sitr
y ese anatema lo lanzan precisamente las mujeres,
Hay. en el caso que analizamos, la más notoria injusticia y la má.s incomprensible inconveniencia en hacer caricatura y en formular vituperio.
María Asunción Sandoval, como Matilde Mon•
to ya, como todas las muieres de su clase, trabajan,
por ennoblecer á la mujer, por sacarla de u na
indebida servidumbre, por redimirla de la ignorancia y de la miseria, por conquistar las posiciones distinguidas, por hacerlas figurar no como,
mufl.ecas, ni como joyas, ni como instrumentos
de placer, sino como coll\bcradoras efectivas del
progreso humano, como asociadas al movimiento
intelectual del mundo y como factores reales &amp;
importantes del bienestar, no sólo material, sino
intelectual y moral de la humanidad y de la Patria.
Son precisamente voces y manos femeninas las.
que deben aclamar y aplaudir á esas pr cursoras y á esas apóstoles de una regener11ción tan
justa como necesaria. La mujer, hasta aquí, ha..
sido un mueble de luio, fuerza es que comience
á ser un instrumento de trabajo y que colaborecon el h )mbre á las grandes faenas de la civilización.
0

&lt;]}ankee
NOTAS A 1000 VAPOR
C E

N IAG.ARA

A

~HICAGO,

T~r~ble, martiri_zll;dora, hecha de cielos grises en.
mov1m1eutos vert1g111;osos y de ráfagas comp1tt1stas
de un m llón de aguJas de acero por minuto fué Ja..
tarde que pa$é 11n el Niágara. Inolvidable po;que el
perenue despeño del !'io en los abismos no tenla el
carácter profundamente pasional, y trágico de las ho•
ras matinales. Ya no babia lucha, ni torbellinos-de nieve, ni grandes bocanadas de aliento polar; la mortaja
blanca calda sobre la tierra, era tan espesa qu11 apenas dejaba adivinar las rígidRs formas del cadáverde _la veg~ta_ción; bajo ella, el rio, entre aquella inmobihdad 1hm1tada, parecia formado de crepúsculo y
agonia: aquello era el simbolo glge.ntesco de lo eternamente fugaz é inútil de la vida.
Con estas reflex:_iones de moralista estupefacto en Ja,
cabeza1 y en los p1és un frio de tumba vi11ja, Rali del
carru&amp;Je de la compañia explotadora de la admiración
de los turistas, por unos vericuetos convert1doR ª°'
c_harcos de a~ua h.elada; ·llegamos al bord11 super~or de la cortm&lt;t de rocas que separa la calda ame•
rica.na de la canadense y cos dimos de nuevo de ma~os á boc~ ~on este Niá~ara hipnotizador y que jamás..
Jamás quisiera uno deJar de ver, cemo si deseara sorprender un momento en qµe se detuvieRe el río y s&amp;·
qu~dara coagul&amp;do en la orilla del precipicio y cristalizando ~u corriente verti~inosa en la cornisa det
abl~mo, d11Jaee escapar la mrna de agua lanzada ya
hacia el rio, mostrando en un desgarramiento formidable el ~equeleco granítico de la barranca v Juego,
enmu ~eciera todo, todo c~llara y un silencio·igual al
de los mstantes del génesu que precedieron á Ja palabra creadora, reemplazara este perenne murmullo,
hecho de truenos y de tormentas.
Lo ciei to es que la _fiebre d_e fantaseu, de describir,
de comparar, de urdir metá1oras y oordar imágenes.
ee apodera de todos ante el Niágara. Primero deprime, ~um~rge y disuelve el espíritu en espumas y arco-iris; viene la reacción y luego un febril trabajo,
mental sucede Ala eetul'!efacció~. Lo que se busca al
través de todo est~ caleidoscopio de se~eacionee quea~aba_n, por mof!,otizarse _en una impresión sola de adm1rRc1on y de 1mpotenc1a, es fiistr y definir bien el•
fenó111&lt;1no. pat'H lltt"~ rs11 lit ne,qativa,en el interior dPl!
alma y reveiarla á bOlat. y. di~f1·utarla sin cesar......... _

Domingo 17 de Julio de 1898.
De toda nuestra contemplación vespertina,
dos momentos me aeombruon y me encantaron: la vi~ta del río en el lugar en que prepara, en que arma su gigantesco salto y el
panoramH total desde lo alto de una altísima
torre de fierro en un establecimiento de la
ciudHd de Niágara.
Avanz!imos de roca en roca; t"do el río ve•
nla hacia nosotros; todo él se componía de
cascadaf; todo él se compone de ensayos; cada cien varas emprPde un salto toda la cor riente de orill;i a orilla; toda ella se encrespa y se preci pit&lt;l de golpe. Aquello es limitado,
definido y breve relativamente y parece infinito cómo el mar¡ quiere uno sorprender en
aquellas olas sin aescaneo y sin fatiga, una
expresión de angustia y de miedo al acercarse á la calda, al azotarse en el abismo.
Estábamos llenos de agua., helada nueet,os
fmpermtables chorreaban agua escupidos sin
cesar i;or aquel oleaje desesperado, e! río se
convei-tla para nosotros en UL&amp; ducha sin
fin. Y sin embargo, no acertábamos á movel'nos nuestra mirada se prendía á cada ola y
la s~guia en sus evoluciones desefperadas,
asistla á su agonía trágica y la veía.hundirse
y desaparecer con un grito espantoso en la
sombra.
Aquellos millones de dramas idénticos perennemente renovndos, nos retentan dolorosamente Yo no veía cómo porlria separarme
de allí: no acertal-a á moverme, no me iba á
mover; el deaeo imposible del Fausto de I\Iarlowe de deshacer su alma en moléculas infinitas v dispersarlas en el espacio, se apoderaba de mi, el budista eecc.udido en el f_ondo
de mi temperamento perezoso que asptra al
Nirvana por la flojera de soñ~r d~rante toda
la eternidad, se asomaba á mis OJOS, r desde
esa ventana contemplaba al rio correr, correr, correr.........
.
.
.
.
Por desgracia mi imagmación traba¡aba.
funcionaba el dinamo ment..l y vela claramente el retroceso de la catarata de una en
oti·a cortina de rocas (porque todas las peq~eñas caídas previas que tenia ante los OJOS
eran las grandes del porvenir) hasta llegar
al Ja"'O de donde parte el rio, que entonces
se dirramará directamente en su gigantesco
cañón de granito. Yo no lo veré ...... no lo
creo .. . ... Uno ó dos millones ae años (siento no haber recojldo ·el dato aritmético precisof pero tal ha de ser (millón menos ó millón
más) el tamaño del tiempo que nos separe de
ese que será el de la metamorfosis definitiva
del Mágara . . .. Tal vez los hombres de este
siglo estaremos de vuelta ento~ces en e~tepurgatorio terráqueo ... .. Quizás no M:1 buen amigo el Coro•
nel Santa Fé que tiene la felicidad de vivir en intimas
relaciones con lo supra.sensible, podría darme una
consulta sobre el caso ...... Pero para qué volverá es•
ta Tierra si no se vuelve con lo que se ama? ...... Es
preferible al espectáculo del Niágara, un rincón del
espacio desde dondE' podamos contemplar el salto de
la via láctea, el rio de mundos, en la noche del ínfluito.. . . .. dans le trou du charbonier,

!i:LMUNDO.
DAMAS MEXICANAS

***

Srlta. Julia Zárate
D&amp;btEXICO

Fotografla de Torres.

casi sin conciencia, en que nos sumerge el dulce hipnotismo dA los e~pectáculos inmensos ....... Pero u~niamos que tomará las ocho en punto el tren de Ch1cago ....

.......

Qué pasó en aquella noche? Como habiendo encontrado todo el Pullman ocupado, á pesar de haber sep_arado nuestros camarotes ó lechos (al gufto) de~de
New York, logramos, encontrarnos mt bueu amigo
Ateridos, cansados, como si hubiésemos andado 43 Genaro Ft:1rnández y yo, lu~ares cómod~s par3: dorleguas en loe ventisqueros polareR, vimos con ojos de mir? E3 posible que eaoe milagro se ~ebiest:1 al rnglé,
de mi compañero, tan claro que yo mi~mo lo enten~la
eetátua les pruebas pirotécnicas de un señor con as
pecto de gitano que explota una fue!lte de carburo ó y que difícilmente lo entendian los yank~es que solo
sulfuro ae hidrógenoó algo por el estilo, en combus - enti,mden el inglés obscuro. Es muy po ~ Jle; el resultión perenne, y cuya flama encerrada en u11; tubo, ha- t11do fué lidmirable; tenia yo tal cansancio de alma y
ce maravillas entre ellas la de poner horriblemente de cuerpo; la seneació':1 del Niága_r9: ~ab a apurado
lividos y feos Úo~ circunstantes; no lo digo por mis com · p"'r tal modo en mi esplritu _la ~e':1s1b1hdarl, que me
pañeros y por mi, que éramos feos de antemano, pero podía considerar muerto pd1_colog1~ente Vagameute
las señoras .... En fín, la luz que convierte en dinero oi que querían que yo deJase mi maleta abierta: di
el guebro aquel, es muy poco galante ..... Cru~amos mis llaved al conductor á quien en aquellos in3tantes
el centésimo museo, resbalamos por entre los mismos habría dado también mi cabeza y luego supe que comocasines, cuentas blancas, pagayas, pipas de palo y mo la linea férr~a unas veces corria por e_l Canadá y
esquimosde todos tamaños y colores que ya conocla- otras por loe Estad 1s Unidos, habla necesidad de de•
mos, saludamos á una 1niss que debe de pe~tenecer á la jar ,;xpedita. la acción de los aduaneros. Ese luego fué
misma fábrica que las otrail de los okoe museos, to- á las ocho de la mañana del dia siguient~; des_perté
mamos el ascensor y subimos a la cupulilla de una to- fatigado, porque en sueños habla yo seguido viendo
al Niágara y ya me cala en!ª cab11za ~omo el Gangee
rre altísima de fierro ....
Panorama incomparable; la ciudad de Niágara sa- cae en la del dios de la trimurtl indica, ya lo vela á
cando las puntas de sus chimeneas y _los remates de mis pifls desde la cuerda de Blondin, ya rodaba por
sus tejados rojos de la gran placa de meve que ia ~a- la calda espantosa encerrado en un barEII, como otros
bf a cristi.lizado en la mañana, estaba á nuestros p1é3; lo habían hecho. De modo que, en suenos, me morí
allá en el horizonte el Canadá esfumado, desvaneci- dos ó tresveces,y muchas más, si secuenLanlas muerdo, de,leido en una masa gris de moléculas ile agua; tes de miedo.
Ello es que después de almorzar me ~asé algunas
el sol se adivinaba por una cl~ridad m!lyor en el v:ago
plateamiento de la bruma occidua. B&amp;JO esa claridad horas viendo con cierto estupor, es decir, hecho un
venia convulso y ronco, encabritándose y relinchando estúpido, el paisaje gris, opaco y sin carácter que anel rio; no no dice esto mi impresión; es una metáfora, te mi se extendía, sin darme cuenta Je nada; por lo
probable~ente recordada, de las que ~sa~J.ios clási~os menos de nada me 11cuerdo. Creo que entonces fué
.
.
siempre que hablan de un río. Me di¡o cterta ocasión cuando dormi de veras
Un horizonte áspero, repulsivo, espmado de chimePablo M:acedo, qne el Niágara le h~bla hecho la i mpr~sión del mar metid., en una bandeJa y derramado stn neas negras, frío, húmedo y negro de nubes de humo
cesar en el abismo. Aquel río sin márgenes, por9.ue que complicaban lo fúnebrA del panorama, nos r eve:
la niebla las borraba y que venia con estremeclmrnn · ló la cercanía de Cbicago. Estopa1!io-~. como de~ia m1
tos epilépticos hae~a el bor~e de la h_err~dura, e_ra compañero, en una enorme estación fAa Y. sucia; p~magnifico, acongoJador, inspiraba admiración y pie- eamos por sobre veinte pares de ferrocarriles, lt:1 huidad· habría uno querido pararlo, desviarlo ...... pero mos el cuArpo á seis ú ocho locomotoras que arras•
esto' no era fácil. El río se bifurca y dando su segun- trando cadenas interminables de wagones ije metian
da rama un rodeo, viene aquí mas cerca á f~rmar la bajo techo sin decir "Iierro va" v tomamos un coche
incómodo y caro que nos condujera á nuestro hotel
cortina derecha y elegante de la calda amer1ca_na.
Las escamas del rio se apagaron, su masa gris co- en el corazón de aquella ciudad exu_berante.
Era claro que entrábamos en una mmensa víscera,
rría cada vez más opaca, el tumbo inmenso !lenaba
con su trueno loe dmbitos; el espectl\culo subhme ya en una formidable entraña de uno de los tres ó cuaera más bien oído que visto. La noche fué comp~i- tro cuerpos que en el orden econó~ico componen la
cando de sombra y de misterio aquel panorama sm Unión; Chicago no es un cere~ro, Ill u_n corazón, es
comparación posible; los focos eléctricos que la nie- un estómago ó cosa asi; turbi_o, frío, mcol~ro, combla rodeaba de halos opalinos, marcaban la_s lineas. de puesto de masas de construcciones ~oscas, em la mela ciudad ¡:erezosa y fria. Y yo, hombre su¡eto al im- nor int11nción estética, pero grandisim~s, pero. defo;·
perio de la carne, en forma'.de beefteck, habría reuun mes, aquella ci•1dad que tiene dos terC1os de siglo ae
ciado á comer con tal de seguir soñando frente de edad1 me hizo el efe::to de una Nueva-York d&lt;&gt;scasca.aquella tiu~ebla, ese divino ensueño, sin contornos, rada de todo estilo, de toda hermosura, de todo color

r.·. .

y originalidad. Pero eso si, loe cereales, los
ganados las carnes circulan ; por to1tas las
canale~ ~enas y arterias y se amontonan en
todos los ;rincones ·" esquinas de ebttl gran
vaso de alimentación. La atmósfera compuesta de átomos de agua y de carbón 11110Hal
llegaba á ser casi irreepirable para nu1 stros
pulmones que acaba 1an de_ lle,iarse cun _el
gran viento oxigena?º del Niágar&amp; y confirmaba en nosotros la idea ds 9.ue ª!1dábarnos
por una sección de un tubo digestivo; la humedad que dejaba la br~ma ~n las pare~ee
nos parecía cierta espe~1e de Jugo g-ástr~co
y yo temla instaute por mstanteser digerido
por Cbicago, la inmensurable tripa; mt compañero, que es de puro h_ueso, eonrela des ·
deñoso aute esta. perspectiva.
Eran las tres de la tarde y llegamos t'asi á
obscuraa á nuestro hotel; no era ni el Aud~toriwni ni el Palmer, pero era una buena ~asa confortable; e.tos y ankees E¡ue Vil':) y vienen incesantemente, 110n quienes meJor han
entenrlido el modo de rodear el reposo de condiciones de comodidad absoluta; tienen que
ganar en calidad lo que pierden Au cantidad;
tlllos hal! encontrado la fórmula material del
de,;canso intensivo. Yo se los agra,tezco.

Anduvimos una hora por el .-:entro de la
ciudad. vimos algunos de esto,; f,momenales
edifi::ios á que Nueva York nos 11abia a~os•
tumbrado; pero más sombrios, más ~UCIOB,
más improvisados; en aquella tardtl apizarrada y densa el pórfido negro y el granito rojizo hacen efectos lúgubres. Pero e~ fin. es.os
edificios decían algo, tenlan una ~1sono1_111a,
una presuntuosidad de advenedizos ricos
que no dejaba de llamar y hasta de embargar la atención. Desgr~ciada~ente e~tos
modelos de arquitectura rndustrial .v m!llonaria (permita~eme decirlo así ) t"Stá.n barajados con casas de oficinas tao completa~en:e
desnudas de arte, que acaban por pronuc1r
no sé que vaa-o deseo de cou1ett.-r uu crimen
y de renova~ el incend~o que hace más de
treinta años devoró á Ch1cago.
Tomamos un elevador en una de estas casas; entramos en una oficina. ¿~l Sr. C~nsul
de México? preguntamos- U~ ,Joven si111:pático, amable, que me reconoc10 en seguida,
se levantó vivamente; nos abrazamos Y. quedamos amigos de veinte años en un mmuto;
era Felipe Berriozábal. Salimos con él; visitamos de paso varios edificios¡ como era n1&lt;tur'll, hicimos alto en una estación de bomberos. No se encrtispen m~s _lec~ores; no voy á describirles esta maniobra descnbidisima (estoy faltando al
resp~cto que ~ebo á _la Academia) de los bo[!1beroe
americanos m la rapidez con que quedan casi automáticamente metidos en sus pantalones, cuandu los
dispierta la campana de alarma, (supon!!'o que dormirán sólo con un ojo) ni la instantaneidad con que
vomitados por los tubos se encuentian sobre los caballos repentinamente guarnecidos, arrastrando bombas cuyas calderas están siempre á media presión, y
pasando del sueño de. sus c~mas eolteriles, casi sin
transición á la pesadilla roJa de las llamad, de los
chorros ,1J agua y de fuego, á los gritoij de las victimas á los truenoa de los desplomes y á la muerte quizás; 'no, no le.i ,tescribiré nada.
Ya era ple- u noche ó por lo menos, plena sombra,
cuando sal11nos de ahí; las ¡randee avenidas mercaotiles surcadas por w , gones funiculares, que manejaban unos hombrones vestidos de hopalandas forradas
de pieles estaban apretadas de ¡?ente é iluminadas de
blanco y 'oro, por la luz de los focos incandecente,1
que brotaban á torrentes de los escaparates y por la
que bajaba en amplias vibraciones de las lámparas
ae arco. Surgiendo sin cesar de las penumbras palpitantes forma~as en derredor de lo~ altos cayados de
fierro que sostienen los g lobos eléctricos, á la zona dt:1
luz cruda que las ~añaba de liv~dez espectr~l ó ~ la
que emitían los cristales de las tiendas y las ilummaba de.costado, las jóvenes obrerasque por millares ~alian de loe almacmes para tomar sus elevados ó su&lt;1
tranvías, corrlan por las aceras envueltas en senda,;
capas de paño, con sus ca~astilias e11; la mano y_ l(),;
ojos muy abiertos y muy f1¡os como si una mano irrt:1sistible las atrajera hacia él.
Penetramos en un edificio que tiene la singula l'idad de tener algo así como un patio central, cer,ado
por cuatro muros que se elevan á la altura de diez y
ocho ó veinte pisos. Desde el centro del patio nos parecía que estábam?s en la boca d~ un telescopi~ invertido; cuando re1amos desde arriba se nos antoJaba
el tiro de una mina Esto se llama el Temp lomasónico;
en el elevador que nos llevó á aquellas s 11blime11 altura?. nos encontramoa de conductor á un muchacho
mejicano; ve.ti~io perdido dela E xposición de Chicago. Abajo, en el bar tomamoa un bock de helada cerveza contemplando un espléndido mosaico romano
que representaba el Descubrimiento de América; á alguna distancia parecía aquella riquiPima obradearte
un tapiz de alto liso, También era uu resto de la
Exposición. Entonces loe yankees se moriau de amor
por España y :a pobre princesa Eulalia creyó que la
Federación americana estaba a.namorada dó ella....
J u..To SIERRA.

�44

t!:LMUNDO

Domingo 17 de Julio de 1898

Domingo 17 de Jullo de 1898

EL MUNDO

45

acudió á satisfacer aquellas demandas, usando terreno, todos los puntos estratégicos que rodean
de toda la perfidia, de toda la doblez de que es la ciudad asediada, se fortificaban á toda prisa;
capaz un senor mahometano en las épocas de de- los habitantes pacíficos habían salido ya hambriencadencia.. Mandó á sus esbirros con regalos y tos y desolados á bu-;car amparo bajo las tiendas
:RESUMEN. - INSURRECCIONES EN CHINA. - LA . presentes para conquistar á los jefes de los del invasor; en vano el jefe espanol tondía la
BARBARIE DEL PUEBLO Y LA ltARBARIE DEL GO· rebeldes y transgresores de las le~ es internacio- vista en el horizonte, buscando un punto donde
BIERNO DE PEKÍN.-NUEVAS OCASIONES DE RE· nales; se congregaron todos baj:&gt; las tiendas al- b:-illara la luz de ia esperanza. La llegad11. del
PAl&lt;TIMIE,NTO.-Los PUEBLOS Q,UE VIV:E¡N y LOS zadas en son de paz; compartieron los soldados. General Pando con las tropas de auxilio, ac11so
PUfBLOS QUE MOEREN.-SALVAJlflMO MARROQUÍ. del Sultán con ellos el pan y la sal; se junta- sirvió nada más p,ara aumentar el número de víc-MATANZAS Y BARBARIE. - LAS RIVALIDADES ron sus manos en las mism.c..s abluciones hume- timas .. ... .. . ¿Quién podrá acusar á un jefe que
EUROPEAS Y LA EXISTENOIA DE MARRUECOS.- d~cieron sus labios en la misma copa de' hidro- se rinde, falto de elementos de combate y presa
LA HORA SE APROXIMA.-LA R,ENDICióN DE SAN· miel; y á una sefüil convenida salieron á relucir los· de una sombría desesperación? Linares, el jefe
TIAGO,-PRELIMINARES DE LA PAZ. - EL GRAL. yataganes y las gumías; se dispararon l&gt;ts largas superior, yacía postrado y gravemente herido,
TORAL y EL GRAL. SHAFTER.-HEROISMO DE LA Y certeras espingardas, comenzó la terrible ma- Vara de Rey, el segundo, había muerto. En vano
DESESPERACIÓN, - EL PUEBLO ESPAROL y LAS tanza. y un montón de cabezas,cortadas á cercén, se le urgí&gt;\ por el General Blanco y por el go
AllENAZAR DE LOS CARLÍSTAS.-EL PORVENIR DE fué ofrecido en homenaje al bárbaro Sultán co- bierno de Madrid. para que resi~tiera hasta la
muerte ..... . ¿A qué sacrificar inútilmente milla·
ESPAKIA.-CONCLUSIÓN. ·.
mo tributo sangriento de la salvaje hazana.
res de soldados en una lucha sin objeto?
Cadáver corrompido donde se amontonan los
,gérmenes de la putrdiCCión, el imperio cllino
***
*
Co~ razón los ojos todos de la Europa se vuel.
* *
que acaba d-, sufrir pequen.as desmembraciones
ven sm cesar á las playas rifeiias, buscando la
La rendición de SantiA~o de C11ba signific i los
cediendo importantes puntos estratégicos de s~
manera de convertir ese país de caníbales en una preliminares de la paz. Tenien·d o los americanos
territorio á Rusia, á Alemania y á la viejtl Ingla- colonia civilizada, haciendo entrar al re~rasado
tan amplias bases de oper11ciones, fácil les será
terra, v uelve á presentar tristes manirestaeiones
pueblo marroquí, de grado ó por fuerza, en el Pnviar formid!l ble expedición contri\ Puerto Ríco.
de su condición morbosa y á poner en evidencia
á la: vista del mundo. signos claros de su disgre~ sendero de los pueblos cultos. Si no fuera por las No hay escuadra que lt&gt;s detenga el paso para harivalidades que provoca, por los et-los que brotan cer n uevo,s desembarcos en otros puertos de la
,gamón secular. Una formidable insurrección sin
pt r su. futura suerte, por las ambiciones que á to- ' costl\ septentrion11l, mientras pasa la estación de
más objeto que la matanz&gt;l, sin más fin que el
dos empujan, tiempo ha que el imperio sherifia- lluvias para poder, sin dificultades, l\Sediar la
derramamiento de sangre, en medio de escenas
-crueles y de feroz salv:1.jiim &gt;, ac 1ba de estallar. n? habría 'desaparecido ae la haz del planeta. Habana por mar y por tierra.
La influencia morttl que ha de ejercer en las
Algún mandarín de esos que :ipenas sienten el T1e~po ha que Francia, Italia, Inglaterra. ó aun
la m1sm~ lJ:,ipana, hubiera tomado posesión de guarniciones españolas este hecho de armas, tie_yugo del dominio imperial se ha dejado sorprenese terr1tono por su propia cuenta, ó con el con- ne que ser inmensa. Engreirios los invasores con
der, y el populacho feroz se ha entregado á 3u
curso de las demás naciones. Pero sucede con sus victorias,tendrán que sufrir las guarniciones
barbarie tradicional, cercenando cabezas y emM-irruecos en pequen.o, lo mismo que con el impapándose en sangre. Para sofocar la revuelta, perio turco: todos convienen en que tiene que es pan.olas la angustia de la derrota.
No más ssingre. no mAs escenas de exterminio,
para reprimir á los rebeldes, el Hijo del Cielo ha
desaparee,er, todos están de acuerdo en que por no m&lt;ts espec~áculos de horror en las tierras ,rnapelPdo á medios idéntico!!, y las tr.opas imperiarazúues de lesa h,\lmanidad debe arrojarse del tillanas. Que una paz honrosa, evite en lo porveles-han el:'trado á sangrP y fuego en Foo-Cban.
otro_ lado del Bó-f 1ro á los hijos del profeta, pero r:ir nuevas catflstrdes.
.
*
nallie se atreve aisladamente á ejecutar el acuer*
*
Si el impío Don Uarlos y sus partidarios AntiLa Europa se estremece ante tales horrores;
do, temiendo que á la hora del reparto, vengan las patriotas se levantan en armas contra .,J Gobiery si se pudo ver casi con indif.,r,mcia las hecacomplicaciones y tal vez la guerra universal.
no constituida y lanzan un reto á 111 dinastía rei-iombes de Armenia y del As:a Menor, si fueron
Así Marruecos: codiciado por todos, vive no de nante, estamos seguros de que con el Rey nifto, bacausa de simµles protestas las matanzas de cri,su vida culta, no de su actividad de pueblo civi- tallarán todos los elementos sanos de España para
•,t ianos en l'rebizonda y Erzeroun, por temor de
li~ado, sino á favor de las rivalid&lt;1des que des- rechazar las huestes del absolutismo, para opoque el Sultán de Turquía, en slls sacudimientos
nerse al retroceso secular que ocasionaría el
de muerte, conmovitra á Europa y provocara pterta.
Pero un día llegará en que esas rivalidades se triunfo del pretendiente.
la guerra universal, las matanzas de Cnina no que- acallen, y Frnncia tal vez, la que tiene sus avanDura es la tare11,ardua la empresa; pero en el
-darán sin castigo, y darán ocasión á que se apre- zadas en Argel y por ende está más próxima á remomento actual, la Espana mon!lrquica, la Espasure el famoso reparto ya iniciado en las riberas
cojer esa herencia, ó Inglaterra asentada sobre fia de tradiciones gloriosas y de brillante histode Petcnilí, donde el Imperio germánico tiene ya
el peñón de Gibraltar, tienda la mano para apo· ria, tiene que proceder á restan.ar .much11.s heriuna base de operaciones, donde la Gran Bretaña derarse del territorio marroquí. No está lej,ma la
ha obtenido un puerto de importancia para el fatídica hora en que desaparezca el podrido im- das, á enjug&gt;1r mucb&gt;ls IAgrimas, á trab~j\r con
fe y con denuedo PO la reconstrucción de uu estaabrigo de su escuadra f0rmidable, donde Rusi!l.
perio
con
toda
su
coorte
de
miserias
y
de
barbado social que se derrumba.
Jia extendido su poderosa influeucia al tender las
· Ojal,\ que ese pueblo qne no se abate en sus
-cintas de acero de sus caminos estratégicos á rie.
desastres.
Pncuentre en ~í mismo el vigor suficien_través de la Manchuri11. que la unen al puerto de
te y llls suficientes energí 1s, para hacer frónte al
Vladivostock. J&lt;'irmes las potencias en su tarea de
Por más que todavía sea asunto de discusión porve1ifr.
no intervenir sino en aquello'! asuntos de que pueentre los dil'ectores de la cosa pública en EspaX.X.X.
den sacar algún provecho, veremos que pronto, na, por más que todavía vacile el Ministerio de
15
de
Julio
de
1898.
si la insurrección no es sofocada, acuden en nom- $ ,,gasta, temiendo las manifestaciones de la opibre de la humanidad para hacer cesar las matannión pública y tal vez las amenazas del odiado
zas, para acallar las crueldades, para enjugar la carlismo, parece que es llegado el tiempo de ha"Sangre derramada, aunque por cada nota diplo
blar de paz, y hacer cesar con concesiones m1s
la fabricación de perfumes.
mática, por cada intim&gt;lción al Imperio del Cielo,
ó menos dolorosas, la tremenda guerra con los
-arrebaten un pedazo de territorio, obtengan nue- Estados Unidos. que por cerca de tres meses ha
La extracción dt1 los perfumes es un arte emiuen--v.1.s prerrogativas y avancen un paso más en el tenido smpensa l&gt;t atención del mundo civilizado.
t emente complejo: la fragilidad de las flores l:i. tecamino de la conquista de esa inmensa agreSantiago de Cuba, que era como el baluarte nuidad de t-tl 11roma, lad cantidade~ que e,s nece~ario
.gación de pueblos y naciones, uoid.:&gt;s ·por la hisavanzado ante la invasión americana en 111s tie- tratar y la violencia dt1 la evaporacióu, explican fáciltoria y congregados en la misma zona, pero sin rras de 111. revuelta Antilla, ha caído después de mente las dificultades del problema. H11y otras conJazos positivos, sin la trabazón necesaria que un sitio de algunas semanas. R•Jta la escuadra sideracionPs además La misma plant&lt;.1 no florece
de una manera igual á distintas horas del dia; el aiconstituyen las grandes naciúnalidades.
de Cervera frente á las costas meridionales de re cálido y la luz aumentan moment.. ueamente l:l.
'Ay de los pueblos declarados en decadencia!
Cub11, sin esper,rnza de refuerzos que pudieran producción de aroma y la suprimen de un modo com~ay de las naciones caducas á quienes declar\n venir de la metrópoli, sin probabilidades de au- pleto si se prolonga mucho tiempo.
débiles y enfermizas las grandes potenci,as! Su xilios que pudieran llegar de la capital de la isltl,
Dan meuos perfume las flores cortadas bajo la luz
hora ha sonado en el espacio y en el tiempo, y aislada la ciudad y el puerto de toda comunica- fuerte del sol que cuando se recojen en las primeras
horas de la mañana; su aroma es menos fuerte en lod
:será cuestión solamente de tiempo y espacio la ción, reducida á sus propios r¿cursos, agotada ~erren
os.altos, fríod y humedod que en 1011 s11cos, badeclaración de su definitiva. suerte.
la guar1lición en el rudo combat~, escasa de pro- JOS y calientes
A lu mil cuestiones delicadRs de manipuli,.ción.
viswnes y viendo lev1mtarse detrás de SU!' mu- adaptadas á la clast1 de cada substancia. 11romática;
• ***
ros agrietados el fantasma fatídico del hamhre; se 11g1egan pues las complicacion11s de madurez odoFrente á frente de las costas europeas, á muy falta tal vez de municiones de guerra, y con la rifera y de recolección en el momento propicio, que
eorta distancia de las comarcas meridionales, ba- angustia moral de su aislamiento, ha teni&lt;io que reclaman un largo aprendizaje para la fabricación
:ilando sus tierras en las ondas azules del Medi- sucumbir, salvando sólo lo que podía sa:v11.rsc de los perfumes.
terráneo y levantando en el horizonte sus agrestes frente de las exigencias del invasor: la vida
***
.montafias que se divisan desde las playas espade
sus
soldados
.
El
departamento
de
los
Alpes Maritimos en el Sur
.fiolas, Alzase el imperio marroquí, presa codic1a¿Qué aguardabii el General T0ral después de de Franci&gt;l es un jardín muavilloso qnp ha valido a
-da de todos, que sesostienetrabajosamente entre verse c~rcado por todas partes, imposibilitado de la
perfumería francesa una suprem.cla indisfruta-su corrupción interior, atacado de disgregación, hacer una salida vigorosa, incapacitado para ha- bl~: es ademas, el gr¡¡.nero de las perfum&lt;ria!! .d e otros
.herido de muerte y llevando en su seno los gér- cer una resistencia heróicai' ¿Quién era capaz de pa1ees.
1
La hermof!a ciu&lt;lad de Gra~se, centrQ único .ie flo•
menes morbosos de todos los paises muslímicos. exigirle que condujera al sacrificio, que arrasres, en el mundo entero, tiene df'Rd"' hact1 varios siTambién allí ha estallado la insurrección, aho- trara á una muerte cierta á sus millares de glos
una industria agrícola considt1rable1 intertsaute
,gada en sangre y sofocada en barbarie por los subordinados, sin tener siquiera una esperanza y muy pintoresca
·
A la salida del ~ol y antes d11 que sns rayos hayan
soldados del Sultán.
remota 'de triunfo? El General Shafter recibía á calentado
las flored, y algunas veces do, noche. llamll.Queja banse los súbditos extranjero'! de las la continua nuevos refuerzos para sostener su~
dos con las voces de un cuerno d11 cazador cullndo
irrupciones piráticas de los ká bilas rifofios, nunca posidones: á un regimiento se agregaba otro re- am~naza
la tempestad, todos los cortadores, niños y
saciados en su obra de pillaje; quejábanse de Kimientu, á las baterías de montaft11, se añadían muieres, se reunE'ln para empezar su faena; y ya tre•atentados múltiples efectuados por los esclavos las baterías de shh,; todas las desigualdades del pando por los á.rbJled, ya edcondido:1 bajo la tupida.
nominales de su magestad sherifiana, y pronto

ll)olitictt ®tntntl.

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Domingo 17 de Julio de 189b

EL MUNDO,

vegetación del suelo, proceden cuidadosamente a la
recoh,cción de las flo,:es.
En su gran mayoría son italianos, porque en esas
epocas de tarea excePiva no basta el personal &lt;'rdinario y como a todo1 los centros cosecheros. llegan en
multitudes compactas los mercenarios, joru11leros de
ocasión.

rá, pues, un neutro indeferente. inodoro, discreto al
punto d11 extraer la esencia solamente Este ideal no
se ha e&amp;contrado todavia, y hay que conformarse con
un disolvente de mediana calidad que produce desde
hace algún tiempo resultados casi satisfactorios: ta'.
e• la gri.sa, mezcla de buey y puerco, lavada, hervida, prep11rada con mil precauciones que ha le~ado la
tradición desde ios tiempos
deDioscórldes!-Puede reemplazarse con aceite de
olivo,muy puro, ó· c1.n aceite ntiutralmo refinado.

**i&lt;

que rPquiere. La fábrica más modesta posee cuatro
mil cajas y las que producen en grande escala, tienen
más de cuarenta mil. Cada caja no puede contener►
11n efecto, mas de 500 gramos de grasa y una tela 1 kilógramo de aceite.
Para tranPformar las grnsas perfumadas por maceración ó enfleuraje en extractos, pónense aquellas en.
contacto con alcohol en recipientes animadofl de movimientos alternativos muy rápidos, ha~taque el alcohol se haya apoderadu uel perfume. Entonces se I&amp;
separa trasegándolo.

Domingo 17 de JuilO de 1898

EL MUNDO

Glm irante v oficiales superiores ae la flota eSPañola ae $antíago ae (!uba

¡Cuánto m,jor fuera que á voluntad pudiéramos
abrir ó cerrar el espléndido abanico de los vientos ó
el 11brasado abanico de las ondas de fuego que manda el sol. ó el verde y espumoso abanico del oleajJ
en los revueltos mu·esf
Entonces la industl'ia multiplicarla su potencia hasta lo inconcebible
Confiemos en el porvenir.
JO&amp;Él ECHAGARAY,

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LAS FUERZAS DISPERSAS.

Tales son los dos métodos
Ya en otra ocasión hemos dichn, qu3 la cantid11d d&amp;
principales: deRtila clón y di- fuerzas que definitivamente murieron para la indussolución. E&amp;ta última, cuan- tria humaaa en nuestro viejo globo. es enorme.
do se hace en caliente, toma
Toda combinación química realizada y que hael nombre de maceración. ya dado por producto un compuesto estable, npreSólo dos floreR. el azahar senta una fuerza, ó mejor dicho, un trabajo consumiy la rosa son susceptibles do que la indust.r ia no utilizará jamás.
de destilación. Se echan
E8 un peso que está en la parte inferio,· de su cacien litros de agua y cin mino; es un péndulo que lle1'(ó á su posición inferiorcuenta kilógramos dt' flores de equilibrio; es en resumen, una atracción que aproxial alambique. Al hervir el mó dos masas cuanto podía aproximarlas.
agua, desorganiza las celPor eso afirmábamos que toda el agua que existe
di 11 as que apri11ion1m la en la Naturaleza represent11 una energía ya ga&amp;tada~
esencia y la pone en liber- la que se gastó al unirse el hidrógeno con el oxigeno.
t11.d; los vapores se conden¡Cuántos millones y millone~ de caballos de fuerza
san en una serpentina fria y que ya no existen para la mdmtria, representan 1ai
el agua y la esencia caen aguas de los mares!
á un vaso florentino en el
r lo que decimos del mar podemos decir rle la cosLA RECOLECCIÓÑ "E FLORES,
que se separan poi~ la dife- tra sólida del globo; cada formación geológica es corencia de densidad.
wo la loza de piedra de un inmenso cementerio ó
Una vez cortadas las flores se las va colocar do en
Los alambiques son, ó bien de fuego ó de vapor de como las c~nizas de un gigan~es~a hogllr; metaleR' y
sacos para llevarlas cargadas en asnos á la fábrica en doble fondo. El agua de refrigeración procedti de las metales oxidados. restos de mfmitas combuetiones.
donde las reciben las obreras y dePpués de apartar las fuentes que bajan de las montañas circunvecinas,
Apenas si las minas de carbón de piedra se han
mejeres las extienden sobre el embaldosado de una cuyas corrientes atraviesan la ciudad de Grasse, pa
salvado de esta muerte universul; ellas, por Ja afinisala fresca quedando á disposición del preparador.
sando sucesivamente de una á otra fábrica para ser- dad del carbono con el oxigeno, no saciada todavía
vir al otro extremo de la población los molinos de representlln la fuer.ta de que hace un siglo está vi~
aceite que estRn en la llanura.
***
viendo la industria.
Los fabricantes de perfumes deGrasse han sido adPero aijf y todo, las fuerzas naturales del esferoid&amp;
Antes de enumerar los diversos procedimientos de
fabricación, creemos convemente decir algunas pa- mirablemente favorecido!! por la naturaleza en su terrei,tre no eeti\.n agotadas pQr completo.
preciosa
industria,
que
labras sobre el perfume, explicando cómo nace, en
ofrece aspectos artlsticos y
dónde reside y en qué condiciones emana.
El aceite esencial está localizado en las celdillas de pintorescos, no sólo en lil
la cara superior de lo, pétalos y de los sépalos, en las recolección de flores &amp;!no
partes superficiales. glándulas salientes y receptácu- en la destilería que se halos poco .l?rofun~os de esos órg-anos; está asociado á ce "n grutas antiguas del
ace1te11 f1Jos, resmas, gomas y tanino!!. Las células no anfiteatro montañoso.
son tan solo receptores de esenci'l, sino fábricas de
esenciH; el perfume no es el resultado de un desdoblamiento sin, de un acto de vitalidad
La maceración se aplica
A v:eces se acumula la esenc_i11 en gotit..s en la epi- á la violeta, á la 11.c11cia, al
dermis; á veces se escapa baJo la forma de eflnvios narciso y también á la rosa
aromáticos á medida que se produce. H1ty sejrúu es.o y al azahar.
dos cl11ses de fiores: aquellas cuyo perfume ex steenFrente á cada horno de
teramente condensado antes de que comience la eva- baño de Maria hay mujeres
por11ción y 11quell11s en que nace puco á poco alg1mos ocupadas en derretir gr11sa
momentos antes de evaporarse.
en vasijas estañadas dentro
Ei1ta diferencia es de muy fácil observación. Cuando de las que arrojan las flose despedaz11 una rosa queda en los dedos un olor de r es, manteniéndolas surosa muy marcado; si, por el contrario, se hace la mis- mergidas l á una tempera- ·
ma operación cou un jazmln el olor que se produce tura de 6ó durante media
es dedagradllble
hora. En seguida las sacan
ycolocau loHesiduosama' •
*
gamados en una p!'ensa hi**
D_e aqui derivan dos métodos diferentes de fabrica- dráulica para extraer las
cación. La11 flores que abanrlonan fácilment~ su aro- últimas partlcullls de cuerma concreto, se !ratan por medios rápidos y violentos pos grasosos. Pero no ha
como la destilac1ón, las otras exigen un proce.iimien- bastado una sola macerato más pausado, más fino y paciente, hasta que pro- ción para perfumar la graduzcan lentamente su perfume, requiriéndose ade- sa: á penas es odorlfica. En~~8 J?&amp;ra esta clase de flores, el uso de un separador tónces las obreras vuelven
LA SELECCIÓN DJ!I FLORES EN UNA F.lBRICA DB ,PERFU.MBIS
fl8lologlco, de un disolvente.
á practic1&gt;r la misma opeHay otra dificultad: separar el aceite esencial de ración hasta que el cuerpo grasoso haya adquirido
Muchas quedan,_ que en más de una or.asión hemos
las resinaP, taninos, impurezas, en una palabra de la potencia odorlfera que se desee.
enumerado; por eJemplo las mar~as, el oleaje del mar
t?do ese c:ortejo perjudicial 'lUe acompaña á la es en•
Necesitanse cinco kilógramos de floree aproxima- los
vientos, el calor sol~_.., las dife1 encías de tempera:
.c1a.
damente para perfumar un kilógramo de.grasa. Emtura en gen~ral, las ca1das de agua y muchas reacUn ~isolvem~ se ll_evará una buena parte de estas pero, hay flores que exigen nalla menos que veinticlo!J,eS qutm1cas no realizadas todavia.
mll;ter1as extranas; ª! es por ejemplo, soluble en loe li- cinco manipulaciones sucesivas.
Sm embargo, para Que 111 industria utilice la maqu1dos llcuosos que impregnan los tejidos de la flor
ror parte de estas fuerzas, hay una dificultad prác
se llevará coue1go los malos olores. l'ero hay que te'.
t1ca.
ner eu cu.-uta que no sea demasiado activo é impida
En
teorl~
pueden
uiilizarRe
tod11s
ellas.
y
como
la.
que ti a1uwa l!ti desarrolle. El separador perfecto seEl e:nfleurage se emplea para el jazmin v la tubero
teorla es cierta, en la práctica también puede utT
sa. En cai&lt;'nes de madera z3:ree; pero no en la práctica industrial, en la que 1:
de 95 c11ntfmetros de lon- m~n~ como elemento principallsimo el elemen•- 0
gitud, 60 de anchura v 8 de nomico.
ecoprofundidad, y con fondo
No
pueden
utilizarse,
repetimos,
la
mayor
art&amp;
de vidrio ee extiende una de las fuerzas antes enumtradu porque está P d .
capa de grasa por medio p ersas
•
u isde una espátula v sobr11
_N
o
están
reconcenti·adas
en
una
pequeña
flvten
ella otra capa de flores Lae B_1en al contrarío, sobre enormes superficie 81'ó n t
cajas se apilan por seccio•
:foºb~en Y á veces por todo el espacio que ; 0
nes de treintll á cuarenta
colocando unos encima de
El carbón de piedra Re utiliza porque basta
otras. De este modo que marlo en 11! hueco reducido d., un ho
quedan las flores encerradas construcción del hogar y de la mág!f~¡ aunque la
herméticamente en cáma- cuenta mucho, la cantidad de trabajJ indus~tl- ;aporras frescas pudiendo exha- en la máquina se obtiene. compensa con vra~ 1: qu&amp;
lar su aroma en las mejores l os gastos de la maquinaria. Hay ganancia· h x_ceso
condiciones
rés al capital; hay progreso de la induetria 'L ay mte El dia siguiente se reem- produce de la in~ustria. Lo que se produce· es ºmqáue se,
e queplazan estas flúres con otras Jo se ha cansumido.
nuevas hasta que la pomay
otro
tanto
podemos
decir
d11
las
caldas
de
da tenga la intensidad de
En una catarata hay veinte ó cien mil cab ¡y;uad
perfume suficiente. Para
reconcentrados en pequsña superfi •ª 08 &amp;.
fabricar aceites olorosos vapor
comtruyendo
una ó varias tu-binas h
ere, y en
por este procedimiento se movilizar uua fntrza
considerable.
emos log-rado,
· sustituve el cristal de las
Toda fuerza reconcentrada en mini
.
cajas por una malla sobre
la que se coloca una tela de ser recogida Y puede ser ex lotadamo esp~c10 pu~aunque el receptor térmico ó hidráurpor la 111dustr1a.
embebida de ace.te.
porque más vale en fuerza ó en diner~c(~u~ed cfstoslo;:
La operación es demasia- mo, este es el simbolo conven i
0 m sd
do larga, dura por lo menos fuerza recogida, que 111. fuerza e onaI e &amp;qt)ella). la.
tres meses y además cues- bricar el artefacto receptor
que 86 consumió en fa,DESTILACIÓN EN UNA FÁBRICA DE PBRFUHES
ta mucho por el material
En cambio, o,ras fuerza¿ de l
a naturaleza, con eer
0

=

d

~:i!i

ª

La cama número 15

Don Vlctor Concas,
Contra-Almlrante Cervera
Comandante del Infanta «Maria Teresa•
Don Emilio Dlaz Moreu, Comandant.e del •Crlstobal Colón•
Don Juan LazaR'a, Comandant.e del •Almirante Oquendo»
Don .A.nonio Enlate, Comandante del •Vizcaya-

nmensas. están desparramadas: son inmensas en conjunto: por cada unidad de espacio son muy pequeñas.
Y si el receptor ha de recoger una cantidod cottslde•
rabie de fuerza, como ha de extenderse á grandes es•
pacios ha de ser extensisimo, costoso, imposible bajo
el punto de ·vista industrial.
En este caso se encuentran para no citar otras fuerzas naturales, las mareas, el oleaje, el calor solar y los
vientos.
Respecto á las mareas, ya en otra crónica vimos de
que manera la industria humana ha procurado salvar
la dificultad. No hemos de repetir lo que en aquella
ocasión explicamos.
El oleaje del mar es oha gran fuerza que representa millones y millones de caballos de vapor; pero es
una fuerza extendida por toda la superficie de los
mares y es, además, una fuerza muy variable, y en l!U •
mo grado irregular: und.S veces está rizada la superficie del Océano; otras veces la hinchan olas de dimencioned gigantescas. Algur:os esfuerzos se han realizado, sin embargo para recoger la energía que el
subir y el bajar de las olas represeuta; pero las dificultades prácticas ó las dificultades industriales, por
mejor decir, ningún invento de los varios que existen
ha podido vencerlas por completo.
Podemos repetir, casi palabra por palabra, para el
calor solar, lo que hemos dicho para el oleaje de los
mares. El calor solar es una fuerza que se mide en
cada hora por mulones y millones de caballos de vapor. Si estuviera má3 recogida serla un manantial
mcalculable de fuer za para la industria; pero el oleaje de fuego le sucede lo que al oleaje !1e los Oc~anos,
que está disperso por toda la iuperflc1e de la tierra.
Para ·recoger veinte ó treinta caballos de va por,
aun suponiendo. que se hubiera .r~suelto de una ~anera satisfactoria 1.. cuestlóu teor1ca, seria preciso,
que el receptor se estendiese á cent.-nares de metros
cuadrados, que reconcentrllse lo que esti disperso, y
para 11!10 la maquinaria ó el artefacto habla de llegar
á todos los puntos á que la dispersión llega.
No se presenta, sin embargo, este problema tan dificil como el anterior. y existen sobre esta materia
estudi&lt;'B trabajos v ensayos de bastante importancia.
Con el calor solar. recogido por espejos y recon&lt;:enttado sobre pequeñas calderas, se ha hecho her-

vir el agua; se ha utizado el vapor en pequeñas máquin.u; Re ha sacado ag!la de los pozos
Et problema teórico-práctico ei,tá resuelto: el problema industrial no lo está todavia.
Los receptores de fuerza emple&gt;1doA son muy costosoR en comparación de la fue·za recogida.
El verdadero problema podrla plantearse de este
modo: conRtmir un receptor de ca1or solar muy barato por metro cuadrudo y que, por lo tanto, pudiera
económicameote extenderse á uuos cuantos centenares de metros superficiales. .
Proyectos hay también en este sentido, más no sabemos q..1e ninguno se h11y11. realizado
Y lo que sucede con el ole11je de los mares y con
el calor solar, sucede con la fuerza del viento.
También representa una energla disponible verdaderamente. gigantesca Pero no sólo está esparcida
por todo el espacio, sino que está sujeta á grandes
intermitencias y aun parece estar reservada pdra la
.naturaleza para determinadas regiones
Los molinos de viento son muy antiguos, pero desde que la electricidad tomó puesto en el campo de la
industria. el clásico molino de viento se ha rejubenecido con el apéndice de los acumuladores.
Materia es esta, sin embargo que merece capitulo
aparte.
El objeto de la presente crónica era únicamonte el
de probar que existen grandes fuerzas naturales no
explotadas aún, y ·que la dilicultad para explotarlas
reside principalmente en su dispersión, casi pudiéramos decir en su excesiva descentralización
Todo en la industria, como en la Naturaleza. y en
111 sociedad, debe estar sujeto á peso y medida y ley
racional.
Hay casos en que la concentración no conviene; pero hay ca~os en que la concentración de fuerza es
elemento de vida y de progreso.
Si con las fuerzas dispersas de la Na~uraleza pu
diéramoe hacer á voluntad lo que se hace con un
abanico (y perdóneseme la imagen) el problema quedaría resuelto.
El abanico se cierra y en pequefio volumen se recoge el varillaje: es UD&amp; verdadera concentración da
elementos.
El abanico se abre y ocupa gran superficie: es una
verdadera dispersión,

Entre las impresiones más hondas de mi juventud,
guardo eeta cuyo recuerdo tenaz atenacea mi espirita siempre que el 11zar me pone en presencia de esos
adorables grupo3 iufantiler-; que corren gozosos por
lo~ parques en dlas de asueto.
Hace de esto ya muchos años. Una tarde paseaba
solo sin más objeto que dar descanso á mi esplritu
y vigor al cutrpo. .l'riaquiualmente me dirigí á un
hermoso p11rque de los alrededores, en el que mil y
mil veces he pasado horas inolvidables solo con la
compañia de mis iibros,-esos· librós que gusta. uno
de leer cuando quiere escaparse de las tareas y preocupaciones de la vida cuotidiana cediendo á los re•
ciamos misterioso~ del ideal.
Pero estaba dicho que aquella tarde no leerla yo mi
Hermann v Dorotea, el sabroso ictilío, que nunca he
podido hojear otra vez porque con soloverellibrosurge inquietante y sombrio el recuerdo que hoy evoco.
Sucedió que estando casi ten di ti.o en una de las bancas dtl parque, cruzó por la avenida solitaria que y o
escogi como retiro, una parvada de niños y niñas: todos elegantlsimos, y alg:inos, los más, primorosos. No
eran hijos di' rico, sus vestidos de telas bara.tas asilo
indicaban. pe!'o pertenecían indudablemente á esas
familias que aunque pobres saben dar á sus niños una
distincióu de modales y una pulcdtuct. en el aseo que
hace de ellos pequt&gt;ños prlncipes.
No lejos del lu~ar que yo ocupaba se detuvieron
l&lt;'s niños de mi historia y á iniciativa de uno de ello;
los más ágilt&gt;s y robust.:is tomaron por asalto los naranjos que ali babia para cojer ramos de azahares
que luego ofreclan con señoril galantería á las n:ñas
del grupo. No pocos sustos llevaron los gimnastas in•
cipienteE; al trepar por los troncos se resbalaban
otros ya en las ramas altas vir:ieron 111 se.ero, cayen'.
do sobre el acolchado de la tupida verba. Las niñas
se morían d_e mi11do y querían disuadirlos &lt;te sus intentos que Juzgaban temerarios.
Sobre todo uno de los niños, el que parecla más audaz, llenó de ansiedades á las niñas por su peligrosa
ascensión, de rama en rama hasta lo alto dt' la copa
~e un ár_bol viejo,_el más viejo acaso del bosque.-BáJat11! báJate, le gritaban; pero él, ob,tinado, seguia
haciendo impo&amp;ibles evoluciones de cirquero para"'ª·
0
nar las ramas más desviadas del tronco.
Ya iba y o á in ter venir para a1:onsejar al niño que
bajase, cuando de pronto oi el chasquido de una rama que s,. desgaja, luego un ruido de hoja8 azotadas
:v lo que vi cuando cayó el imprudente, fué tan con~
fuso que sólo recuerdo que levanté en mis brazos á
una de las niñas, desmayad~ ó muerta, yo no lo@abia.
Al caer la gruesa rama dtó sobre el pilón de una
f~ente antigua, y rebotando hirió mortalmente á la
ruña causándole graves lesiones en la espina dorsal.
En un mo!ll_ento se llenó el parque de padres y madres de fam1ha que al saber que babia bllceuido uua
desgracia. acudier-0n .~nsioao11 creyendo cada cual
que t'l hendo era su h1Jo.
La madre de la niña v.vfa lejos y fué de las últimas
e~ llegar y tras de ella, corriendo, venia otra niña, su
hIJ&amp; tambi~n. Ya e~taba alli el médico practicando
un reconocimiento de la contusión.
"¿Vivirla?" Esa fué la única palabra que pudo articular entr11 sollozos la madre. SI, podia vi.v ir la niña
dijo el médico,-un hombre de cuarenta años, aspee:
to duro y corazón de santo.
La niña vivirla; pero la curación iba á ser lenta dificil, costosisima. ¿Cómo solve1Jtarla la madre vi~da
que ape1;1as se sostenía. con su trabajo, los gas'tos de
la curación?
Era preciso adoptar un partido y el Do1:tnr impuso
las condiciones bajo las cuales únicamente se encargarla de la ~uración. No podia venir al pueblo diariamente; su ch.entela embargaba todo su ti.-mpo en ¡08
pueblos vec11;1os y s.n un tratamiento asiduo la enferma se monria.
-"La llevaremos al ho~pital de las hermanas de la
Caridad? propuso el ·médico.
-Si, Doctor, dijo la madre; sálvela mted y á todo
me resignaré ....
C~antas veces fui á vicitar á la enfermita encontré Junto á aqu~lla ~ama, la ca~a número 15. á Ja
~~dre con los OJOS hrnchados de msomnio, fijos en su
h1Ja que se morta leiitamente.
La enfermedad fué larga. muy larga y más dolorosa para la madre que para la hija.
L~ aiña duerme ahora, descansa en una tumba que
no tiene más flores que las que yo le llevo
.i"! la madre? Pobre mujer . . ...... También yo Ja
v1s1to, pero ~? en su tumba ¡oJalá que hubiera muerto cómo su h1Ja!
Vive de _un recuerdo que apa,ró su razón. y como
en el hospital donde perdió á su hija siempre que ¡¡ 6.
goal man.comio la encuentro junto á una cama vacia sobre la qne vé su delirio á una niña agonizante
Al verme_en_t_rar me dice entre sollv:..os.-Mf niña se
muere; m1 nma se muere1........ ..
. Pobre! jamás. se i.partará ya de su recuerdo dolondo la cama numero 15.

H. WATSON,

�EL MUNOO.

48

NUESTROS GRABADOS
El Oeneral Ramón Blanco,
Oobernador
y Capitán general de la Isla de Cuba.
Damos cabida en la primera plana al ret"ato del
Marqués de Péñ01. Plata, jefe militar supremo de las
fuerzas españolas en la Gran Antilla.
Encargado por ~l gobierno de Madrid de resistir á
la invasión con rodas las fuerzas de su mando y con
cuantos elementos se han puesto á su disposición, en
él están fijas todas las miradas y su conducta como
militar está sujeta al juicio tremendo de la opinión.
Hay otra circunstancia que lo hace más viPible en
fa guerra actual; á medida que los partidarios de la
paz ganan terrnno en J.., pública oprnión de España,
él se manifiest01. intransigente y es &lt;ie lo, que creen
9.ue la lucha debe continuarse sin tregua ni descanso.
Los acontecimientos futuros decidirán si su11 ideas
eran fruto de una convicción racional ó engendradas
en sus arrebatos de soldado.
El Almirante Cervera y los comandantes de Is
escuadra de Santiago
Refiérennos las agencias cablegráficas que antes de

Según se ve en ese
informe los Palacios
deBella11 Artes seconstru.vE&gt;n á gran prisa; la
obra de la planta baja
está casi por completo
terminada, y pronto
empezarán á fijarse
loe pavimentos del pri•
mer piso y la cubierta
metálica que de.be rematar la nave del Palacio Central.
Se espera que para
1&gt;l primero de Enero de
18!!!! ePtará concluida
la fábrica, como lo estipula el compromiPo
del Director general
de la obra.
Don Ignacio Cervantes
Los arquitectoR ten[Pianista cubano.]
drán puc11 más de un
año para hacn las t'!l·
culturas del exterior v todo E&gt;l decorado interior. F.sta será mucho más Ju.josa que la del Palacio dA la Industria al que reemplazará el f;ran Palario de Bellas
Artes en el p.óximo certamen uuiversal de Parla.
Entre otras novedades el nuevo Palacio tendra un

Oomlngo 17 de Julio de 1~
ralelo á la galería de Máquinas, único vestigio que
queda de la Exposición de 1889.
Este Palacio estará en part" oculto trasdeunaruente de proporcionE&gt;s gig~nte@cas, fondo maravilloso
que limitará la per~pec:iva del Campo de _Marte: sus
juegos de agua se 1lummarán con 11;tz. eléctrica cc.mo
aquellas fuentes de la pa~ada Expos1c1ón
Aunque sólo faltan vt-intidos meses para la apertura. del gran certaml'n internaci~nal, se ve por el
informe del Ministro que los trabaJos actuales han llegado á un grado &lt;1e avance comparativament~ mayor, t-xcediendo en much11s t1E'm11n~s1 á los de igual
tiempo en la Exposlcion de 1, f9; dice que las construcciones que se levantarán en E&gt;l Campo de Marte
y en la Esplanada de los Joválido• no pod:án equipararse, desde el punto de vista de las d!ficultades ma• ...
teriales. al domo Central y rnbre todo a la Galería de
Maquinaria cuyas armaduras _de 115 m~tros son el
tipo más audaz de la construcción metálica moderna.

El pianista Cervantes
Damos en l'Fte número el rE&gt;trato del distinguido artista qui- r11cibió t11ntos y tan entusiastas ap!ausos el
vi11rnes último en el Teatro del Conaervator10.
El clásico salón no estaba muy concurrido; pero
;.podía darse un público cu,vo voto signifique triunfo
mflR füonjero para un artista?
El Sr. lJervantes tocó con admirable maestría obras

Exposici"6n Universal de 1900.-Los nuevos Palacios del Campo de Marte.
.• .

t.~ -~.

~-~-t::.-

... {~,t~~~t:

PALACIO DE LA EDUCACION,

decidirse el Almirante Cervern á abandonar m rl'fugio en la babia de Santiago, donde estab01. al abrigo
de los fnert~s, couvocó una junta de oficiales superiores de marina. á bordo dl'l bnque-iusignia,y que
en ella se acordó intentar este último recur o.
Obrando por propia inspiraciéo, urgido por órdenes superiores ó de acuerdo con sus subordinado@, el
Almirant11 eFpañol se lanzó en busca de una victoria
problemática, pero con la conciencia serena dd que
cumple con su deber.
Presintiendo t II ve:i: su derrota ante fuerzas superiorn~. x:o vaciló un punto, y supo ca••r si no muerto,
prisionero envut-lto en lod ptiegued de eu bandera.
La Exposición Universal de 1900.
No hace m11ehos días que el Ministro de Comercio
de la República Francesa envió al Presidente Faure
un informe pormenorizado oobre el estado actual de
los trabajos preparatorios para la Exposición univHsal de U,00.

!nmenFO salón d&amp; conciertos cu va utilidad se impone
á la ciudad de Paris, tan rica en teatrod de toda clase,
y que sin embargo no cuenta pa1 a esas audiciones que
estén de moda en la actualidad, más q I e con la sala
del Trocadero, tao impropia por sus detestables c.;,ndiciooAs acústicas como por su apartamiento del centro de Parls.
M. Louret es el arquitectq encargado de la construcción de esa nueva sala y del decorado de la inm 0 nsa esealinata de hierro y mármol y de u11 estilo enteramente moderno.
En el Campo de Marte las construcciones no están
tan adelantadas como en los Campos Eliseos; apenas
si se han echado los cimientos.
V11rc_o llier, Blavette, HermaJ:!t y Sortais son loil encar¡rados de los palacios laterales del Campo de Mar•
te. Henart edificará el !-'alacio ue electricidad pa-

FUyas y obras agenas que interpretó maravillosamPnte.
No estaba Rolo el pianista cubano; acompaiisl.banlo
esa noche arti,;tas que también valen mucho: la señora
Caridad Ecay de Pérez. distinguida di,;cfpula del
s11ñor Cervaotl's, y la notable ~eñora Galvao de Nava
que can.ta con exqui~ftl'z deli_ciosa; los señoreH Aguirre y V11lalpando, tan c.onoc1dos y que tan aplaudidos fue.ron en toda la Repúhlica cuando formaban
parte del cuarteto del Conservatorio; y por último PI
señor Dettman cRntante de romanzas selec t&gt;lA qui,
con airosa habilidad y la ,fütjncióo de un e,tilo corr11ct1Pimo iaterp1 etó la "E,trella d e la Tarde" dtil
Tanbaü~sAr.
No es esta una crón:ca. Oj~U. que lo fuera para rAn dir nuestros home .. sjes á las dam'ls y co bailaros que
de11empE&gt;ñaron los numero11 d el espléndido concierto
Cervante11.

Domingo 17 de Julio de 1898.

A

EL MUNDO

HONORES TARDIOS

una del!iiconocida

I

I
Dicen, dicen que es dlirna-tu hermosura
•de la púrpura, e1 cetro y 11' diadema;
&lt;1icen que es ~u _alma virginal y pura,
que todo tu vivir es un poema.
Que es ritmico tu andar y ioaJe,tuoso,
-que en tu mirada hay vastos horizontes,
y que te envuelve un algo misterioso
como el azul de los lejanos montes.
Que en tu redor esparces la alPgria,
•como la encina que á la grey defiende
su sombra, cuando el sol uel mediodía
las ígneas alas sobre el mundo extiende.
Que en la ruda b11.talla de la v,da
alta tu frente, nunca se doblega
como el pendón dA nave combatida
-que á mojarse en las ondas jamás llega.
Que el ansia de ser bueno, en tu presencia,
inuod:i el alma y de ella se apodera,
y el ideal rev. ve en la conciencia
como la tierra al sol de primavera.
Que acaso sufres y que acaso lloras,
sola, incompleta, en tu misión ,,ublime,
cual de un laúd, en las nocturoM horas,
perdida nota que en las sombras ¡,ime.

Mientras aqui vivió,-genio profundo,
poeta, grande artista, hombre de ciencia,tanto valió ante el vulgo su presencia
cual la de un zascandil ó un vagamundo,
Y él sostuvo angustiado y gemebundo,
-entre la hostilidad é indiferencia,el combate fatal por la existencia,
el incesante batallar del mundo;
Y as! cruzó entre penas y zozobras.dejando el rastro de inmortales obras,
de la Tierra en los ásperos senderos;
Discutido por nécios y pedantes,
desdeñado por viles traficantes,
y mordido por áspides rastreros ....

JI
Murió!. ... y levanta al punto su alharaca
la caterva locuaz de eFcribidores,
-que en luengos ditirámbicos loores
á relucir sus excelencias saca:
Toca la prensa su oficial matraca
decretándole póstumos honores;
y en su casa, ex-mansión de los do'ores,
pone el Concejo una marmórea placa:Su nombre aclama funebre concurso;
lo aprende todo chico en las Pscuelas:
y 011 relumbrón de todo mal discurso;
A los nietos lo enseñan las abuelas;
y lo aplican del tiempo en el t~anscurso,
A calles, callejones y plazuelas .... . .

II
Por libra1 te de mal y de quebranto
del dolo, del .engaño y del hastío, '
:yo te envolviera, como en regio manto
en el girón de juventud que es mio. '
Peregrino del Bien y de la Idea
de lejos miro la anhelada cima; '
soldado de la vida, en la pelea
combatí en todo ~ol y en todo clima.
Subl desde el abismo hasta las cumbres;
han sangrado mis plantas y mis manos
he escuchado gem'r las muchedumbre;
he sentido ru~ir los oceanos.
Del llanto y del placer oi los retos;
de la suerte sufrí las veleidades,
hay sepulcros que guardan mis secretos,
i,.Jta:res hay_ que guarda? mis ~eidades.
Ni la envidia tenaz, m el odio ciego
han quebrantado mi nativo brío.
conozco del verano todo el fuE&gt;gJ,
-conozoco del invierno todo el frío.
Cual la hulla que guarda entre sus vetas
la luz y el fuego de l'Xtinguidos soles,
y que arrancada de sus hondas grietas,
-nos devuelve su ardor, sus arr,.boles,
Tal cónservo dd alma en lo profundo
las ensfñanzas de mi hogar bendito;
•que iluminan mi espíritu errabundo,
-entre las sombras, y el i:lolor proscrito.
De la existencia en la penosa marcha
mi pobre corazón las guarda ufano,
-como el pmo del no1 te entre la escarcha
la hermosa veste que le dió d verano.
-Te ofrezco mi tesoro de cariño,
mi esperanza, mi fé, mis ilusiones;
te arrullaré como la madre a, niño,
cuando rujan deFh!'chas las pasiones.
Abrojos no hallarás en tu sendero;
la ciencia del dolor ya me ha enseñado
.á seguir del destino el derrotero:
¡sólo saben vivir los que han llorado!

I1I
¡Munificente soc;edad! ¡bien! ¡bravo!. ..•
ese afán de apoteosis y ovaciones
á tus difuntos lnclitos varones,
con alma, vida y corazón alabol
Pues los egregios próceres, al cabo,
s011 de la Patria timbres y blasones;
y sin Pilos. perecen las Naciones,
y aun fuera el hombre como ilota esclavo...~
Mas te diré, con la franqueza mía,
que se me ocurre esta pregunta. al verte
justicia hacerles póiituma y tardia:¿A los hombres que endiosas de esa suerte
preferible el honrarlos no seria
más en la vida, y menos en la mue:rte!
NOMA

POST UMBRA

Al soplo helado de implacable muerte
Cayó el titán; y en su postrer mirada,
Una chispa de génio quedó inerte
En la pupila inmóvil y apagada ..... .
¡Relámpago siniestro de heroismo
Que se hundió en la tiniebla abrumadora,
Como al beso monstruoso del abismo
El resplandor flotante de una auroral
Aquél último esfuerzo del coloso,
Que en ansias de vc,lcán el alma crea,
Fué en el éter 'de un cielo tenebroso
La estrella que cintila y parpadea...... ... .

III
¡Dios no lo quiera! Musa de mi Jira,
eres un sueño encalJtidor y vago:
•como el eco del viento que suspira
entre las cañas que retrata el 1!!.go.
Hasta que rompa la mortal cadena
crni alma, y torne á su pristma mo1·ada,
escrito está que la candente arena
.azotará mi frente fatigada
¡Adiós! ¡Adiós! ensueño de un momento:
·vuelve la onda al vórtice inclemente,
-á su eterno soñar mi pensamiento .
.á, romperse entre rocas el tO'rrente.

Después ......... todo pasó! Ya nadie nombra
Al héroe que al volar se sintió herido,
Y rodó como un átomo de sombra
A la bruma insaciable del olvido ........ .
Pero la ful'rza prediga y creadoraQue deja á la materia que sucumba,
No encierra el pensamiento e·n la traidora
Anfora de misterios de la tumba.
Ese rayd de luz no se aprisiona;
Ni se apaga, ni muere, ni se esfuma
Como endecha de amor que el ave entona
O como flor temprana que perfuma.

SANTIAGO PÉREZ TRIANA.

"¼tf.,~
~-~-

EL DESTINO

Flota vibrante en la extens!ón vacía;
Y gérmen del ideal, nuevo y fecundo,
Semeja al astro ~ey que de la umbría
Surge otra vez á iluminar el mundo)

El destino es de sombra y convulsiones;
La ola que 83 agita y se adormece,
Y en los albores de la vida mece
La nave incierta de las ilusiones.

PEDRO ALCALÁ.

Mas llega el huracán de las pasiones,
El risueño horizonte palidece,
Y la ola se levanta y se estremece
·Con la furia de ansiadas explosiones.

¡SURSUMI

Cual látigo de lumbre que al cielo azota
En plena faz, el rayo restall1J. seco;
El trueno se difunde, despierta el eco,
Y en el ámbito obscuro vibra y rebota.
Arranca intermitente y áspera nota
La dura marejada, del peñón hueco,
Y en la base le prende fosfóreo fleco
Chocando en sus artistas domada y rota.
Al furor del océano, la nave trema;
¡Ay d.e la audáz que lucha perdido el rastro!
A bordo hay quien implora y hay quien blasfema ... .
J0h vida!. ... 1Oh duelo!.. . .. . Muo.o trabaja el astro
Y horadando la sombra, de paz emblema, ..
Flamea sus luces blancas como alabastro!

¡El naufragio del alma es imponente
En el revuelto océano de la vida ......!
Navega entre caricias de un ambiente
Donde fulgura la ilusión mentida,
Y de improviso se hunde en la vertiente
Del cruel sarcasmo de la fé perdida!
PEDRO ALCALÁ.

---------------PALACIO DE LA El,ECTRJCIDAD

La ciencia. la filosofía y la historia tienden á pa1Sarse sin Dios; pero el atte, la moral, la vida misma
en sus múltiples manifestaciones no pueden prescindir de ese Supremo ideal.
G. M. Valtour.

P. LLONA,

· Al pleno sol

ESTEBAN MAQUEO CASTELLANOS.

Oaxaca, Mayo de 1898.

�EL MUNDO

Domln¡ro 17 de Julio de 1898

Domingo 17 de Julio de 1898.
Pero León habla apoyado las espaldas sobre l&amp;
puerta cerrada. profundame11te comt~rnado
-¡Oh, no no te irás, no lo pPrmitiré nunca! Si me
abandonas no tendré otra cosa qué hacer que arrojarme desde eRa ventana al empedrado. Yo te juro mi fidelidad; te juro 4111' aquí (golpeándose enérgicamente el pecha) tan ~ólo reina~ tú; que por ti soy capaz
de todo . . .. no me a.bandonl's. espera á convencerte de
la razón ó sinrazón de tus FOPpP.chas. me suietRré
sumiso A la prueba qu11 tú señ~le~. tanto. que·al fin
no tendrás qué hacer más que devolverme tu cariño
que 11s mi mayor rlquPza ..... .
Y Elena se quedó; pero ¡de qué manera! haciendo

León y Elena, los dos jóvenes, hallabmse ligados un año hacia de la miHna
manera que los pájaros, con terr.ura intima, dktada por la sil!lpatia que una 1,11
otro habla dePpertado un conocimiento accidental.
Ella habia sido dependiente de una corsetería en donde él compraba los hermosos corsés para su~ hermanas Seducido vagamente por la mall&gt;vola s"nrisa y
un si es no es coqutto de la mucharha. León, después de cono&lt;'erla había vuelto
dos ó t~es veces más con pretextos fútiles casi siempre, embria-gándo~epoco á poco
con la idea de una nueva conquista.
Y cu~ndo s~ pequeña vivienda de eFtudiante acomodado y alegre fué abandoneda de 1~prov1_so por una_ com_pañera accidental y traviesa, á León pareciole lo
más sano (mhab1tuado al a1slam1ento) llevará m lado á aquella rubia dependiente de almacén, para llenar con una tsposa el vacío de la in&lt;&gt;'rata fugitiva.
L!l- C?nquieta no fué del todo fácil; pero León la akanzó al cabo de dos meses
de as1dmd.. d.
Elena era sola, su esplritu, de rnyo soñador. experimentaba de continuo in~ana_s contrariedades: ¿No e!'a demasiado triste el verse obllg..da á trabajar desde 1,;s
primeras hora~ d_e la ma~ana hasta la noche, de pié frente á las puertas de un almacén qu11 en i~v1erno _dt&gt;Jaban ~enetrar helarlas rachas de viento; tolerando la necedad de una chentelaJamás satisfecha, en tanto que otras mujeres de ~u mismq,
edad-y á muchas conocla que iban ahí-ignoraban por completo el sacrificio de lPvantarse todos los días, ¡todos lo dias á la misma hora! vest1rse apresuradamente
y t::otai sobre las aceras de muchas calles. salpicada por las regaderas de los barrenderos, para llegar al fin á soportar durante el largo día el mal humor de una
Madame exigente y rl'celosa?
Una vez resuelta, Elena abrió los brazos á la tentación: no volvieron á verla
más por el almacén; sus alas la llevaron l'n breve desde el humilde cuartucho de
una casa de arrabal hasta la cómoda vivienda que León la dió por suya.
. ¡Qué hermosos los dlas pasados en aqut&gt;lla deliciosa comuniónl Ella, al principio, habla man!festádoRe triste y dolorida; se qul'jaba de él por sus pasadas
aventuras y au I de cuando en cuando, ¡la m11y artera! dejaba 11scapar l'n·
tr~ sus sonrosados dedos regordl'tes con que cubría su delicioso rubor una lágnma que León evaporaba en la lumbre de un beso.
No obstante, se sentía ella muy á sus anchas en su nueva existencia·1 habla da
do un gran paso en la realización de sus deseos: se levantaba con loé párpados hin•
chados de dorml~, cua~do el sol habla recorrid? un tercio de su carr11ra; 4 menudo
un coche q~e Leon tra1a de-regreso del trabaJo, llevaba á la alegre part&gt;ja á trav_és de la crndsd, al campo inundado de luz en el cual jugueteaban como dos mariposas.
El se manifestaba más y más adicto á el!a. La habla comprado seis vestidos en
el trans~u.r~o de cuatro mesl's; los , ,anebles de la vivienda futiron enriquecidos con
la adqms1c1ón. de dos colga!1ur1111 y una a_lfombra para la reC'ámara, un tocador
de gr!ln luna bi~elada y un comodo fauieuil en que gustaba ella de permanecer recostada horas enter11s.
Por las tard_es, cuando los ª'!lantes _perm~necian l'n casa, mientras ella bor-la ba
ca~tando á med1a_voz, ~l recorna el d1apaEon de @us sensaciones, escribiendo sin
ap.es1;1ramiento D1 _fatuidad como muchos de aquellos Hl'ntimentales que, sin temor
á_ criticas porq~e ~amás se 11xponen á ellas, desarrollan en secreto sus tl'ndenc1as y sus admiraciones al arte.
As_! hablan perman~cido todo el verano y parte del otoño, cuando un suceso vino
á agitar la suave corriente de aquella exietencia.
Una mañ_ana, Elena, aguardando el regreso de León habla l'Dtretenldose l'n revolver los ~a¡onl's de un mueble. ¡Un guante lila! 1Un guante de mujer que no era
suyo! ¡Ah, mfame!

Probó á ponérselo pero fué en vano:
el guante dt&gt;bia haber pertenecido á
una mano más fina que la suya y de
dedos más afilados. Este detalle la cho&lt;'Ó: cuando Sfl preparaba á abandonar
la prenda, rnblevose en ella la coquetería d~I se~o, v algo como un soplo
de ~um1llac1ón la quemó la frente.
D1,puesta como se hallaba á admitir
que León hubieRe tenido otros amons, ~I amor propio agitose en ella ante la 1clea de l.\\ inferioridad de su hermosura Rabió ypat,.ó como un chiquillo y prt&gt;paro~e A confundirá su esposo con aquella prueba palmaria
-¡Ah. infil'll ¿De tal manera pagas el sacrificio hechopor mi? ¿Es ést11 la fidelidad que me jurabasi1 ¿Así cubres,
la deuda de cariño que conmigo tient&gt;s?
. El habla_quedádose eetupefacto ante tal recibimiento, de,
pie en el dintfll de la puerta de entrada. Y enfrente airada.
como un ang:el extermi.:ador, agitando la pruPba del delito, erguiase J!.lena sobre l_as puntas de sus pequeños piés
trémulos de furor los labios que una respiración agitad¡
entreabría.
Ante esta seductora actitud, León, deRpués de cerrar Ja.
pue~ta, babia ~delantádose sonriente, olvidando las reclama~iones y abiertos los brazos hacia Elena.
Sm embargo, ella no se dió por vencida.
· ¡O~, qué pronto llega el desengafio; con cuánta razón
me resuit!a á ser tu ~spo~~; _he aqul lo que me da• á trueque de mi amor y mis caricias!. . . .
~
-Y •i Y'! te dijera, interrumpió León, que ésto no l'B más•
que una mñeria tuya, que no amo á nadie más que á ti?
-¿Y cómo lo probarlas?
.. · ·
-De una manera bien Rimple: acércate, toma asl11nto junto á mi: yo te conta1 é cómo te amo. de qué manera has idoapoderándote poco á pocíl de mi corazón que hoy e~ todo
tuyo. Eso es de un pa11ado Que nada t'ene para t( de pellgro~o por9ue desd~ tu venida está por completo envuelto•
en el _olvid~. Lo unico real, lo único verdadero para mi
eres tu á quien amo tiernamente.
-No, no te creo. exclamó Elena: esto mi~mo me ase ura•
bas y he aquí que las pru,.bas te confundt&gt;n tú meeng~ñas1
me has engañado durante mucho tiempo.¡Oh, flios mio!
-N_o, Elena, te as.-guro que tu conducta es injusta para.
conmigo .. ... .
. -Y yo que d~Rcan_shba en una fe ciega; que creía á pie·
JUntillas 11n la ► l!1Ct'r1d11d de tus palabras ....
Después, poReirta de un arranque de energla·
-Todo acabó en~r,.. no~otros: slg-ue como lo deseas· 0 volveré á mi pobre rx1strnc1a, al trabajo hoT'e~to á mi ~rledad
de huérfana. á llorar t ternamente mi desdicha' Adiós1 que el!
cielo te perdone. . . . . .

•

independientes sus babitaciont&gt;s indefinidamentP; poseída de una imperante energía, ocultamente halagada por la sumisión del apasionado esposo.
León habla abrigado grandes esperanzas de reconciliación cariñosa pasada la primera impresión, No ha•
blan salido de casa durante el res tu del día; cuando el
crepúsculo incendió las nubes en el azul. á la hora del
paseo á i? largo de la amplia calzada que conduce al
legendario bosque, Elena negose á salir, contrariando la costumbre estaolecida, y permanecieron silP.n·
ciosos, el uno hojeando sin leer un libro, ella sentada
cerca de la ventana, contemplando abstraída la fuga
de la tarde.
Una vez que las sombras invadieron la estancia,
León habla acercadose cautelos11mente á su amada,
y tomándola de improviso entre sus brazos empezó á
besarla de manera ruidosa y apasionada. Ella debatlase en los brazos que la aprisionaban, impotente
para escapar. rehuyendo el rostro A las caricias
aferrada al f auteuil y negándose á sucumbir, hasta que
él, desaleutado por tamaña reFistencia. abrió tristemente los brazos dejand&lt;' huir á su presa.
-Sé clemente, le decla siguiéndola hasta el sillón
en que habla vuelto á sentarse, aleja de ti esas sospechas que te irritan: ¿cuál va á ser mi tormento viéndote constantemente en esa actitua?
Ella le recordó su promesa: le sujetaría A prueba
durante algún tiempo; no le quedaba á él otra cosa
que someterse
- ¿Y voy á permanecer sujeto á la tortura. de mirarte cerca de mi, á mi alc!l.nce, sin que mi bocll pueda posarse en tu boca, sin que mis manos tiemblen al
contacto de las tuyas?
-No califico de tortura esta privación y bien puedes soportarla en tanto que mi~ dudas se desvanecen·
por ahora, mi resolución está tomada; más ta-:de, yiI_
veremos . ...
Lentamente ee puso de pié y encecdió una bujla
añadiendo:
-Hoy no tengo apetito; baja, pues, á cenar solo: yo
voy á acostarme.
Y bostezando de manera provocativa y sensual desapareció en la alcoba contigua cerrando la vidriera
tras de el.
León babia quedado envuelto en la obscuridad
de la pieza ab11ndonada por su esposa, apoyado en
eu el sillón cercano á la ventana
Pensó entonces hacerse fuerte ante sus amarguras·
tomó asiento en el mismo mueble ocupado por ElenJ
mometltos antes, y púsose á contemplar los astros iluminados en el azul.
Desde la calle subían hasta la habitación los rumores del movimiento en las últimas horas: loa gritos de
los vendedores de cigarros y periódicos, el rodar estrepitoPo de los carruajes sobre el empedrado, el silbato de los conductores de tranvías ó la rlspida voz
de un medlgo implorattdo la caridad en el dintel de
una pu11rta.
.
Acababa de tomar asiento. cuando sintió pl'lnetrar
en su cuerpo apoyado en los cojines del f auteuil
una dulce sensáción de calor tibio que le acariciaba
•~ eJ?idermis: y sus mir!),~_as volvieron de pronto á la
vidriera cubierta con v1sullos por la cual babia desaparecido Elena.

51

EL MUNDO.
La sombra de ésta, yendo de aqui para alll, proyectábasc rápidamente sobre los cristales; dePpué•, se detenía; León vió á la sombu alzar los brazos hasta la
cabeza bajarlos lentamenti, al bu~to en la actitud de
un eaperezamiento prolongado, y borrarse despué~
en la vidriera iluminada aún.
Se puso de pié y dió dos pasos en dirección á la alcoba: en sPguida, dolorosamente reFi¡ro11clo, volvió
espaldas á la puerta, cerró las madera~ de la ventana
y se tendió vestido •obre e ' sillón
En el mi~mo instantA escapó de la alcoba el crujido
de un mu11ble y el ruido sordo de algo que cayese sobre la alfombra del pavimento.

-¿No piensas leva.ntarte hoy.? P.rl'gunta·1a algunos
dias después Elena á León, acercándose al leclio en
que éste habla pasado la noche: ¿piensas permanecer
acostado indefinidamente?
Aproximábase al decir esto, provocadoramente semi.:ubierta por los encajes y las blondas del peinador,
dejando radiar á la luz de la mañana, ante los ojos
brillantPB de León, sus brazos descubiertos y la cincelada blan&lt;'ura de s'I garganta.
-Son las nueve, añadia. y no se haota cuándo te
propones volver al trabajo, pueeto quP. ahora como
11yer ha papado la hora de oficina sin que tú pares mi&lt;,ntes en ello. ¿Qué piensas
hacer tthi, durmiendo eternamente?
León no contestab'I., contemplando con mirada ávida á. veces, á veces triete y
s11ntimental, la figura deseable de su Elena en cuyo, labios vagaba una son·
risa burlona. Cada palabra,
cada. sonrisa ó actitud de
Elena eran para el esposo un incentivo tenáz
procurado arteramente por
ella con el ánimo de ex11l
tarle hasta lo inconcebible;
en alguna ocasión, habla
s~ntido flaquear sus desigmos ante los raptos de vehemencia de su victima; se
sentía presa de un oculto
pánico cuando León dejaba asomará su semblante
la manifestación de torvos
impulsos s"lváticos que aceleraban las palpitaciones
de su corazón y marcaban
intensas sombras bajo sus
párpados; pero al cabo, la
tormenta di~olvlase sin estallar y la muchacha tntregábaae nueva.mente á las
faenas de su deleitoso mar•
tirio.

Deepués del desayuno, Ll'ón, embar¡z-ado aparentamente por alguna idea,, habla pretextado urgentes
ocupaciones y salido de la vivienda á la calle, y dos
horas después, i''lbando .v con la apariencia de un
hombre alegre, retorpaba á su habhación, daba un
ligero saludo á. Elena y dirigiase en seguida á su eRcritorio tomando ante él asiento. Púsose después de
un rato de meditación, á revisar uno por uno los pa•
peles que encerraban su1.1 cajones, inutilizando aquellos que carecían de importancia; á veces, y con la
libertad de un individuo seguro de hallarse eolo. detenlas11 en su labor de ciePtrucclón y apoyando la barba entre las manos, q aedábase meditabundo por n,omentos; en seguida, los papeles dPspedazados tornaban
á caer sobre el pavimento aligerando el contenido
del escritorio.
A través de las cortinillas quP cubrían la vidriera,
Elena obijervaba curiosa y ávi1¡¡.mente cóU10 León,
dePpués de un rato de inmovilidad, dl'jaba correr sobre el paf'el ld pluma, aceleradam.-11te. como aquel
que tiene mucho qué eijcribir en poco tiempo, y avivose su interés entonces como al soplo dd viento la.
hoguera.
La comida fué hecha más lentamente que de ordinario; mostraba él una alegria impaciente, colmando
de atenciones á Elena y hallando en todo un pretexto
para reir y bromearla, ora buscando con su pié el de
ella bajo ia mesa, ora trayendo á su memo1 ia los primeros días de conocimiento mútuo, cua11do la d~m1ta
con altivo continente, extendía sobre e1 mostr;1dor
del almacén las mercancias, ponderando sus cualida- ,
des; después, Elena fué á sentarse á la Vl'ntdua con
l'l bordado entre sus manos y León instalóse dti nuevo ante su escritorio.
Cala lentamente la tardP¡ sobre el cielo clarlsimo r
sereno destacábanPe las nubes iluminadas por l'l vivo fulgor del sol poniente que al descendl'r ~obre el
enorme mau~oleo de las montañas es parcia sobre éstas, sobre el Ocaso deslumbrante. por encima de los
árboles y en derredor de las nubes un harmonioto y
cambiante brillo metálico.
El bullicio de las avenidas adquiría un aspecto diferente del de por la mañana; ai~pPreábase por los
sitios de mayor importancia ese contmgente dP movi•
miento que ofrecen los mini11terios y los ban&lt;'0S una
VPZ fioalizados los trabajos del dla; crecía el movi•
miento de viandantes y vehículos, y en el ambiente
esp11rciase un soplo de tranquilidad y reposo, producto de las agitaciones del día.
León, prosiguiendo en sus C'cupaciones, formaba
apuntes:
l. Carta al Comisario de Policía.
2 id. á Ernesto (despedida á los amigos.)
p id. al apoderado (para que prepareá la familia)
4 id. al director di;, la Oficina (despPdida.)
5 id. al propietario (adelanto dos meses de renta)
6 Otra á Ernesto para que cobre las libranzas y
entregue su producto Integro ..... .
Ll'ón sintió de pronto que dos brazos nerviosos se
ligaban á su cuello en tanto que Una lágrima ardiente caia sobre el escrito, é inco::porose rápluamente
procurando desasirse de aquella opresión.
Una avalancha de sollozos escapó de la garganta
de Elena, que cubria de besos apasionados la b1 ca. la
fr:&gt;nte y loA ojos de su Leon, poseída de una agitación inusitada.

o

Sin flmbargo, estaba dispuesta á la reconciliación;
pero á una reconciliación
en que no se adivinara su
deseo, y como para realizarla no encontraba forma
alguna que deja,a satisfechas sus intenciones, encargábase de éxcitar al desde.o a do esposo con el fin
de que éste encaminase la
situación á un resultado favorable.

�Domingo 17 de Julio de 1008

EL MUNDO

52

me siempre; que serás para conmigo la mism!l
de otros tiempos, sin absurdos reucores ni tiranias? ¿Sii' Pues bien, 8erénate y borra de tu
alma toda sospecha, porque ya he _{)restado desde luego el juramento que me exiJes.
.
Y Lt:ón, dicho esto, atrajo hacia sus labios la
frente enardecida de su Etena
-Sin embargo, _añadió ella déjame_ satisfacer mis deseo.; quiero deskozar con mis ma•
nos esos papelel! odiosos que escribiste: de esta
man1;1ra yo quedar~ más tranquila y el recuerdo de tu locura se borrará más pronto ....
-¿Y qué pueden preocuparte eso~ papeles
que nada tienen de odiosos. prorrumpió León
con una carcaj11 da, ni que relación guardan con
tus congojas esos escritos inocentes;&gt; Estas loca,
decididamente!
·
Pobres artículos que mi amor á. las letras escribe y que han dado margen á tus cavilaciones
de mujer deliciosamente suspicaz!.....................

-¿Qué te suc1;1de! preguntaba asomb:"ado
León, ¿Estás enferma? ¿Por qué esas lágrimas?
Me sorprendes sobre manera con tus arranques
¿te has vuelto loca?
-No me engañes! No quiero, ¿Itas oido? no
quiero que hagas eso, porque me moriría de
amargura! ¿Es decir que _uada v.i.le t;l cariñ_o
que ttl consagro, q 110 no te importan mis lágnmaa, que soy para ti insignificante al extr1;1mo
de cometet tú un pticado, el más imperdonable
y odioso;&gt;
-Pero, intermmpió él, ¿podré creer lo que
dices cuando mil pruebas me has dado ya d11 tu
indifernncia? ¿(.\ué puedo esperar de. ti?_Nadal
Esto I" convencido de que no hay muJersmcera
y de que la constancia. es cosa desconocida para
todas. Además, es extraño lo que haces en este
moment.,,; tú estás nerviosa, es 11ec6sario ver
mañana mismo al méiiico para que te examinti
y señale el régimen que mis te convenga. Ve á
vestirte mientras yo pongo en orden e11tos papeles y saldremos en seguida á dar un paseo
por la Calzada... . H1;1 pensado comprarte algo
que vi en uno de tantos aparador'.'s y que quiero que actea conozcas para que me d1;1s tu opi•
nión.
-No! Nn estoy dispuesta á salir en tauto que
tú no me jures por lo más sagrado, que renunciarás á tus proyectos, que no te matarás porque no quiero que te mates .... Júralo! No vaciles un i11tante!
-¿Y pu1;1do creer que en cambio tú hasdeamar-

HallábanEe sentados la uno junto al otro, cari•
ñosamente enlazados; eu el cielo obscurecido
princiriaoan ásurgir aqui y acullá, con sus luces parpadeantes las estrellas. y de la sombra
de la estancia, entre un mágico redoble de ca•
ricias, surgían COLIJO en un nimbo las siluetas de
ks amantes espoFos ~obre cuyas cabezas desplegaba sus alas la felicidad ..... .
AURELIO

G. CARRASCO.

Ilustrac1ones de Hernández.

~

EN LOS BANOS DE MAR
Los dos amigos, terminado el almuerzo, entretenianse en mirar desde las ventanas dtil café la gente
que á la sazón ,ti,;curria por el boulevard
Parecían embargados por e~a iiulce melancolia que
en los caracteres soñadores suelen producir las tardes
de otoño.
-¡Cómo envejecemos!-dijo uno de ellos, suspirando profandamente -En otro tiempo, en tardes parecid..s, sentia yo el diablo en el cuerpo. Hoy sólo me
quedan los recuer&lt;ios. -Quien asi hablaba era un hom•
bre de ur;o, cuarenta y cinco años, de fisonomi'i simpática y bastante ~rueso.
Su compañero tenia alguna mil.sedad y no menos
carnes, pero demostraba bastante mejor humor.
-¡Ay, amigo!-decia-Yo envejezco sin enteraime
de ello, y estoy siempre alegre, encontrándome fuerte y ~ igoroso. Cuando uno se mira todos los días al
espejo, no nota las mo'dificacíones que en el rostro
imprime la ma1..o destructora del tiempo Esta sola es
la causa de que no se muera uno de tristeza á los dos
ó tres años de comenzar la ruina.
Para darse cuenta de tales estragos hay que permanecer seis meses sin contemplarse en el espejo.
¡Entonces si que causa efecto!
¿Pues y las mujeres? ,Cómo las compadezco! Toda.
su felicidad, todo su poder, toda su vida, están en una
belleza que dura diez atíos
Yo envejecí sin darme cuenta. Cuando me juzgaba
poco más que, un adole~cente, iba á entrar en los cincuenta años. Sin embargo, no sentía enfermedad alguna, y vivía feliz y tranquilo.
La revelación de mi d11cadencia tú vela de un modo
¡:encillo, al par que terrible, y me causó una impresión
que duró mád dti seis meses. DeM¡,ués hallé resigna•
ción bastante para transigir casi a1egremente con la
verdad amarga.
·
Como casi to,los los hombres, he estado enamorad,,
con frecuencia durante mi juventud; pero sólo una
vez me enamoré de veras.
Era muy hermosa aquella mujer
Conoclla en Etretat, á orillas del mar, poco después
de la guerra
No puede darse playa más linda que aquelh,. Pettueña, en forma de herradurA, rodeada de caprichoS0d acantilados que penetran gran trecho en el mar,
parece escena encantadora y digna de las hermosas
mujeres, vestidas con colorea claros, que por alli circulan v conquistan. El sol ilumina el brillante cua•
dro, re·flejándose en aguas de verdoso azul.
Lós curiosos siéntanse cerca del agua con objeto
de contemplar á las bañistas, que bajan envueltas en
elegantes y Amplias caphB, arrojadas luego con gracioso movimiento para sumergir en las olas hirvientes, las carnea pulidas, con dulces escalofríos y esrre•
mecimientos de placer.
Alli puede juzgarse la belleza con verdadera exactitud pues se examina á. la mujer de los piés á la cabeza,' sobre todo á la salid~ del baño.
La primera vez que vi de ese modo á. aquella, me
quedé embelesado. Hay rostros cuyo encanto entra
en nosotros tan bruscamente, que la impresión producida nos desvanece. Cuando los encontramos, parécenod haber dado con la mujer á. quien debemos
amar. Yo, por lo menos, experimenté entonces esta
sensación.
Hfceme presentar y muy pronto comprendi que
aquella mujer habla herido mi corazón:
Sufrir el dominio de una mujer es cosa horrible, al
par que celestial. Es má.a que un suplicio, y parece á.
la vez una felicidad increíble.
Su mirada, su sonrisa, loa cabellos que a~itaba sobre su frente la brisa, los menores movimientos de
su cuerpo, me enajenaban, me trastornaban, me enloquecían.
Hablame dominado con sus gestos, con sJs actitud68, hasta con las cosas que usaba y que á mi me pa•
reciaD hechiceras.

Enternecfame @ólo con ver su velo sobre una silla
ó sus guantes sobre un velador. Sus vestidos pareclanme inimitables. Ninguna otra llevaba sombreros
como aquellos.
Estaba casada. y su esposo iba á verla todos los sábados, para marcharPe los lunes; pero esto me importaba poco No sé porqué no sentia celos: jamás sér alguno me babia parecido tan poco digno de atención
como aquel hombre.
tCómo adoraba yo en aquella mujer! ¡Qué hermosa
era!
tCreia vinculadas en ella la gracia y la elegancia!
Nunca como enton::es he compreddido que la mujer
es un sér delicado, llt&gt;no de encantos.
Jamás habla comprendido lo que hay de seductor
en la curva de una mejilla, en el movimiento de unos
labios, en los menudos pliegues de una oreja, en la
forma de una nariz.
Esto duró tres meseP. Después partí para A!llérica
desesperado, guardando en la memoria un dulcisimo
recuerdo.
Siguió poseyéndome de lejos como me habla poseí·
do de eerca, sin presumirlo ella tal vez.
Pasaron los años; pero no trajeron el vivido. Su en•
cantadora imagen permanecía siempre ante mis ojos
v en mi alma. Mi ternura le era fiel Su recuerdo era
pa1a mi el mt&gt;jor y más hermoso que había encontra•
do en la vida..
¡Qué poca cosa son doce añ~s en la existencia de
un hombre! Deslizanse lenta y dulcemente. Se suman
11

con tal rapidez, dejan tras de Pi huella tan breve y
se desvanecen tan pronto, que al volver la vista atras
no se comprende cómo ha venido la vejez. Parecíame que solo algunos meses me separaban de aquella
delicksa temporada en Etretat.
Durante la primavera últímafuime áMaisons-Laffitte para comer con unos amigos. En el momento de
partir el tren RUbió á. mi vag-ón una señora gruesa,
a.compañada de cuatro niñas. Dirigí una mirada distraída á. las viajeras, y observé que la madre tenia
una cara de luna. llena., sirviéndole de marco un sombrno adornado con cintas nt'g:a@.
Respiraba fuertemente, cansada d1:,I apresuramien•
to con que habla tomado el tren; las niñas comenzaron
á. charlar. Yo abrí un periódico y me puse á leer.
Cuandn pasábamos por Asniéres, díjome de pronto
a&lt;¡uella dama:
-Dispense usted, caballero, ¿es ustel el señor Garnier?
-Si, señora.
Entonces ella comenzó á reireRtrepitosamente, añadiendo cua1,do pudo rlomina r la risa:
-¿Usted no me conoce?
Vacilé. Creí, en efecto, haber visto aquella cara. Mas
¿dónde y cuAndo?
No pudiendo salir de mi vacilación, dije al cabo:
-Si, creo conocerla á usted; pero no recuerdo· su
nombre.
-¡La señora Julia Lefevre!
Jamé.e he recibido golpe semejante.
Ureí en aquel momento que todo habla terminado
p3:ra _mi. y pareclome que se descorría un velo ante
mis OJOS para mostrarme cosas horribles.
¡Era ella! ¿Ella, aquella mujer casi vulga.r? ¡No ca.bia duda! Las n1 ñas qua la acompañaban me asombraban tanto como la madre Habla.as tenido después
de haberla yo perdido de vista, y ya parecían pedir
un puesto en la vida.
Crei hab~rla visto el dla anterior, y sin embargo,
¡qué cambio tan grande! Stint! un dolor violento en
el corazón, y protesté indignado con.rala naturaleza
reprochándole su obra de destrucción brutal.
'
Contemplé.bala azorado, sin saber qué decir. Le di
la ~an(!, y al dársela, s_entf que ias lágrimas acudian
á mu, OJOS. Lloraba su Juventud perdida, lloraba su
muerte.
Ella también se sentla emocionada, y balbuceó con
pena:

-He cambiado mucho, ¿verdad? ¡Qué quiere usted!
Todo pasa Ahora sólo soy una madre, una but1na ma:
~re. Todo lo demás ca terminado. Ya suponía yo que
s1 nos encontrá.bamo~, no me rec?nocerfa, También
usted está muy cambiado; me ha sido preciso observarle mucho tiempo, para estar se~,!lra de no equivocarme, ¡Está. usted lleno de canas! l'. a se ve. ¡Han pa11ad? doce años? Mi hija mayor tiene ya diez.
Miré á. la niña y callé en ella _alg!&gt; !1e los antiguos
encantos de I:1 madre, tod~yia mdec1sos, casi sin formar . .. .¡La vida me parecio tan rápida!
.L.lega~os á Maisons-Laffite Besé la mano de mi
v1eJa amiga y me despedi. No babia acertado á decirle más que futesas. Estaba demasiado conmovido para hablar.
Cuando me vi solo en casa, me contemplé lar 0
tiempo en 1~ luna. del espejo y acabé por recordar 1o
que habla B!do, viendo con el pensamiento nú bigote
c~staño, mi cab.el!o ne~!º y una fisonomía joven
!l,Un.._. ... Era Y:1 vieJo,y dtJe para mi: ¡Adios hermosa
Juventud! ¡Ad10s!
GUYDE MAUPASSANT.

Domingo 17 de Jullo de 1898

53

EL MUNDO

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORlGlNAL DE MARC DE CHANDPLA.IX-ILU8TRACIONE8 GRABADA.~ EN NUESTROS TALLERES.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

"Número· 3.
Y he aquí que con audacia francesa hizo usted
Ú'acasarsus proyectos. ¡Eien, muy bien! Pero es•
toy tan sorprendida, que ni he invitado á u~ted
á sentarse: aquí está una silla y aquí el periódico
de Tananarive escrito en malgacho y en francés.
Voy á dejar á usted un momento para prepararle
una taza de té, yo misma, á fin de que los criados
no se enteren de nada, á lo menos antes de que
yo los prevenga.
- Se:florita: estoy verdaderamente conmovido
por tantas bondades y ... .
-Ya me dirá usted eso más tarde. Voy áabrir
la puerta. No hable usted.
Y se llevó un derlo á los labios con tanta gra•
cía que no parecía una dama imponiwdo silencio,
sino un ni:flo enviando un beso vo!ti.do.
Se fué y volvió á poco, trayendo con mil precauciones, una tetera en la mano derecha, y en la
izquierda, tazas, platos y azucarero, en tanto que
con los brazos comprimía la lechera contra su
-seno.
-.Ayúdeme usted, dijo riendo, porque si no se
cae todo; pero antes cierre usted la puerta.
De Chalmont se dió prisa á ct&gt;rrar que era lo
más importante y luego ayudó á Nelly á desembarazarse del servicio del té; pero en esto, viéndose
tan cerca de la jóven, tocando sus manos delicadas y tersas, en esta entrevista tan inesperada,
estaba de tal modo conmovido que la sonrisa de
Nclly se borró y aún apareció reservada al arreglilr la mesita y tender la servilleta. Sehabíaenojado? No porque en la conducta del oficial nada
había habido reprochable. Se había conmovido
también?
Cuando vino este pensamiento á la mente del
Com,mdante, Nelly le pareció más seductora y
sintió como un presentimiento de que iba á amaria pt:ro le rechazó en el acto. ¡Era tan jóven con
relac;ón á él! Y además; una vez partiendo de
Ambohimarina ni la más remota posibilidad quedaiía de volvtr á verla.
Acercose pues, ya sin p!"ecauciones, á Nelly que
ari eglaba la mesita del té y le dijo:
-Quiere usted que la ayude? Pero noto en el
aspecto de usted que se arrepiente de haberme
-dispensado tan benévola acogida.
-Yo? Contestó la jóven rápidamente. No está
biel! que dig;1. usted eso .... Pienso, es verdad,
pero en la partida de usted que quisiera yo retar-dar todo lo posible y me pregunto cómo vamos á
salir de este apuro.
-Cuál apuro?
-Pues sí. Cómo va usted á salir de aquí sin
11er visto? Ei una casualidad que el centinela se
haya dormido,porque hay sargentos y capitanes
que los vigilan y A quienes temen mucho.
-Explicando la verdad de lo que me pasó y
que no conocía la consigna ....
-Correríamos el riesgo de no ser creídos y de
que se acuse á mi padre de traición.
-Acusación que nada significa en las circuns•
tanelas en que Francia está respecto de los hovas .. . . Nosotros tenemos el protectorado de la
Isla.
-Pero el gobierno de la Reina no da al protectorndo la misma significación que usted, se
-creen libres y trabajin en secreto contra Francia
y juzl{arian que nosotros, es decir, mi padre ....
-Eso no me lo perdonaría yo nunca, dijo de
Chahnont muy inquieto .... Y qué sucedería si
sospecharan?
- Poca cosa. Nos envenenarían.
-Me hace UE"ted temblar, dijo él, aproximán·
dose á la jóven y tomándole la mano en un arran,q11e tle terror más fingido que real. ... pero no
111 u II trevo á creer .... 1
.lfüa lanzo una mirada rápida y dulce 11,unque
1111 poco sorprendida, y desprendiendo lentamente
la ruano, dijo sonriente:
-No: acaso por consideración á ,nuestra calidad de súbditos ingleses, nos tendrían ciertas
consideraciones y solamente nos despedirían, olvidándose sin duda de pagar á mi padre.
Y como de Chalmont inclinara la cabeza sin
saber qué contestar, Nelly a:fladió:

-Despué3 de todo esto, no disminuirá mi do-.
te .... Como no tengo nada!
-Es usted demasiado bella. para necesitar de
dote.
-Pero para qué seguir hablando de eso.
Quiere usted que ponga leche en su té?
-Muy poca. Gracias; contestó él maquinalmente y empezando á inquietarse deveras. Serían
fundados los temores de esta nifla? Sin embargo,
no era imposible partir pasando lejos del centi•
nela. )

-Un sabio francé;i que me acompafta y al cual
dejé en mi alojamiento, diciéndole que iba á un
cor to paseo.
-Nadie hab ía hlblado aquí de tal Doctor. Pero esto me da un1l. idea. Aguarde usted. Todo
puede arreglarse y si mi plan resul ta, no sol1l.·
mente irá usted á su casa sin ser visto y sin correr peligro alguno, sino que hasta podn,mos vernos mañana y todos los demás días. Sólo que
será necesario que u,ted h&lt;J.g l cuanto yo le diga.
Me lo ofrece usted?

-Por evitarle un disgusto, h tré hasta impo li•
-Por nada en el mundo. dijn, querría yo ser '
causa de un disgusto para usten: dentro d~ bre- · bles.
:._vamos A. verlo. De pront 1, nec.es~ta usted
ves instantes partiré v le prometo que nadrn me
disfr11zar'!e ahora.
verá, así debiera cost1.rrne la vida.
-Y11, lo h~hí&lt;t pensRd"; pero ~i el dizfrazno es
-Oh! no, yo le suplico, le rnego, excla~ó ella
con esoanto no lo intente usted, se mat11.r1a. S.) lo difícil, el p1t1wl riel P"r,nn Hj • sí lo es y sería mé.s
' que ustP.d trajo, y que es muyan- grave la fiit.11&gt;1.,•ión fii '"~ nie df'c;c uhrit&gt;ra.
hay el .sendero
-Bueno. V»o 'lllA f'ffi ,i,.za n'!tP.d á desobedegosto. De ambos lados lit roca está tajada á pico
cerme.
Y i1n p~nmP.'-11? !i:•pPre n-.ted ...... Una
y el abis1110 es ·m uv profundo. No .... yo no le
vez di ~fraz~rio rle hov,, s,d tlrem &gt;&lt;; los dos ..... .
dejaré á usted irse ac;í.
Nelly v,rnil n u11 m" m"nt,, , tom,'l el perrito que
· -Sin embargo, es neces!lrio que. par_ta ya Y
sin retardo, pues temo que el Doctormqmeto por estab'l dormi&lt;lo Pn e l ,nfll&lt;&gt; !,) •1indió en sus rodillas y 1tc&gt;1 ric iAnrlolo pr,1, íg 1ió ••fln los ojos bajos:
mi tardanza se ponga á buscarme.
-Dejará usted aquí su r op t. Luego... (es nt&gt;-Un Doctor! Quién es?

�54

cesario no omitir detalles) se levantará usted los
calzones hasta arriba de las rodillas y las man•
gas arriba de los codos. Como es usted morenoa:liadió arresgando una mirada y bajando luego
los ojos-no será sospechoso y si se descalzara
usted no habría más que pedir. Aquí acaba la
p_arte más difícil de mis explicaciones, dijo, y con
áire de travesura arrojó bruscamente el perrillo
á los brazos de Juan.
Este que no se lo esperaba, dió muestras de
una sorpresa que resultó cómica, y entonces ella
empezó á reir con una risa franca, joven, harmo·
niosa, que hacía brillar sus dientes y ondular su
seno, y humedecerse sus ojos, y tan comunicativa que el Comandante rió también.
-Pero no seamos tan ruidosos, a:iladio Nelly;
pues si papá despierta se preguntaría qµé es lo
que sucede aquí. Le pareceré á usted mal educada; pero es bueno reir alguna vez, sobre todo si
se piensa en un.p lan que va á dar buen resultado.
Luego, viendo los esfuerzos que hacía el Comandante para no dejar escapar el perrillo que se
rehusaba á seguir en brazos de un extrafio, volvió á reir.
Desde que diez y ocho meses antes, Juan salió
de Francia con su barco, no había tenido un momento tan agradabie, una impresión tan grata de
deliciosa intimidad, una ráfaga de olvido de todo
tan completa. Le parecía que había conocido á
Nelty desde pequefüta y veía como muy natural
la familiaridad con que se trataban.
Estas ideas cruzaban rápidamente por el cerebro del marino, mientras Nelly reía y mientras
perdía él la nocion del sitio en que se hallaba.
Después Nelly se sentó junto á su nuevo amigo
y empezó á acariciar al perro que ya no pensó
más en escaparse.
-Es necesario que se familiarice con usted,
dijo, porque esto forma parte de mi proyecto; y
ya que me ha perdonado usted mis ni:lierías píendo conmigo de tan buen corazón, voy á continuar
refiriendo á usted lo que he proyectado.
. -Soy todo oídos.
-Pues bueno, ya que esté usted vestido de
bova, en cuanto sean las nueve y media .... no
son todavía?
-Son las nueve.
-Tenemes tierrpo. A las nueve y media, saldremos usted, Prince y yo,
-Quién es Prince?
-Es el perrito que al fin se decidió á dormir
en los brazos de usted. Acarícielo para estrechar
las amistades.
--Muy bien .. ,. No recuerdo donde he oído
ese nombre,pero poco importa. Siga usted Nelly.
-Caminará usted delante de mí;y Prince que
conoce bien el camino, nos precederá á muy corta distancia. Durante todo el trayecto no me hablará usted palabra, y en el momento exacto en
que Prince pase cerca del centinela, diré á usted
en voz alta una frase en hov a cuya significación
es esta: «Carga el perro, gandul perezoso, no
ves que le lastiman los guijarros?» Pasará usted
entonces junto al centinela corriendo para alcanzar al perro: yo llegaré casi inmediatamente, cruzaré algunas palabras con el soldado que me conoce bien, para decirle que voy á ver al Gobernador porque mi padre está enfermo y usted
seguirá andando sin apresurarse, pero sin detenerse.
-Y luego?
-Luego ...... Voy á decir á usted, pero tenga muy presentes las instrucciones que le acabo
de dar: nuestros movimientos tienen que ser precisos á fin de que esté usted el menor tiempo posible á la vista del hova.
Estaba encantadora así Nelly con su seriedad
y su mímica expresiva para dar realce á las palabras, y de Chalmont sentía tentaciones de abrazarla pero se conformaba con acariciar á Prince
que más cari:lioso ya y despierto, le lamía las
manos.
-Muy bien, bravo, seftorita Nelly! Confíe usted en mi inteligencia y sobre todo en la decisión que tengo de evitar á usted un disgusto. Haré todo lo que se me ha indicado y ¿desoués?
-Después, punto final: Usted se va para su casa, siempre con Prince, no hay que olvidarlo, y
yo voy realmente á ver al gobernador. Eseoji
las nueve y media, porque á las horas es cuando
vienen las rondas y cambian los centinelas; así,
cuando regreso yo después de las diez no estará
en el punto el mismo soldado y no se admirará
de verme regresar- sola. Al gobernador le diré

EL MUNDO.

que ha empeorado papá (lo cual desgraciadamente es verdad) y le pediré que vaya á verlo el
Doctor que acaba de venir.
Vacilará, ya lo sé; ofrecerá enviar á mi padre
en fitakon á la casa de usted pero le diré que bastará con una visita. Luego para conciliar le diré
que mi padre y yó estamos prontos á cambiarnos á otra casa fuera del fuerte mientras permanezcan ustedes aquí y en fin, lo amansaré. Eso
corre de mi cuenta.
Pero el tiempo vuela y no hay que perderlo:
arréglese usted.
De Chalmont, á quien quedaban todavía algunos escrúpulos dijo:
-¡Qué va á decir su papá de usted! y luego,
el cambio de casa ...... ¡cuántas dificultades he
producido á usted por mi tontería!
-No se cuide usted de eso: mi padre se felicitará de poder consultar á un médico y acaso lo
alivie su sabio amigo de usted. Además, a:liadió
sonriendo con una sonrisa que acabó de cautivar
al marino: así, nos veremos todos los días, lo que
será muy grato después de nuestra aventura.
Mientras usted se prepara yo voy á despertar y
prevenir á oapá. Los minutos corren. Es tiempo
de obrar. Vuelvo en el acto.
Sin dejar al Comandante lugar de responderle
salió y volvió trayendo un sombrero y un traje
de hova; y se apresuraba á salir otra vez cuando
de Chalmont la retuvo:
-Oígame usted, le &lt;lijó, voy á obedecer,,pero
atiéndame una pregunta, mejor dos, y luego enmudeceré como un pescado. Primera: no convendría que saludara yo al Se:lior Mayor? Segunda:
por que quiere usted que me lleve á'Prince á la
casa?
-Contestación; ya tendrá usted tiempo mafiana para ver á mi padre, y en cuanto á PrincP., como quedaría yo muy inquieta sin saber ;;i había
usted llegado bien, lo llevará usted para colgarle al cuello un billete en que me lo avise y soltarlo para que vuelva á mi lado con esas noticias
de usted qúe leeré antes de recojerme. Vístase
usted, volveré á dar á su disfráz la última mano•
Todo sucedió conforme á las previsiones de
Nelly. Bajo el pretexto de correr tras del perro,
de Chalmont pasó como una saeta junto al centinela en tanto que la joven atraía la atención del
soldado noticiándole que iba á ver al gobernador
para un asunto urgente.
Juan tuvo tentaciones de esperar á Nelly; pero
no era esa la consigna que había recibido y siguió resuelto hasta su casa siempre con Prince
en los brazos. Al entrar vió que ya el Doctor se
había retirado á su aposento, desde el cual y sin
abrir la puerta le dij-0.
-Ya comenzaba á inquietarme y no quería
dormir sin que usted regresara; pero estoy tan
fatigado que me acosté. ¿No le pasó nada desagr.1dable?
-Nada, Doct0r.
-Bueno. Pero ya me ol'Vidaba .... Apenas había usted salido cuando vino una visita; no la vió
usted?
-A quién?
-A la se:liora de Volanabé que trajo el arroz
prometido.
-Ah! es verdad. Jtfe había olvidado de ese
obsequio.
-Al instante se regresó descontenta y llevándose su arroz. Buenas noches, Comandante. No
se olvide usted de cerrar la puerta.
-Buenas noches, Doctor.
Mientras hablaba, de Chalmont había escrito
con lápiz estas palabras en un pedazo de papel,
"Gracias, de todo corazón. Llegué sin tropiezo. Ansío que 11.egue la mañana para ver á usted. Buenas noches, seftorita Nelly.
• JUAN DE CHALMONT.'j .

Levantó á Prince de una caja de galletas exquisitas donde lo había puesto á darse un banquete; le ató al cuello con cuidado el papelito y
abriéndole la puerta lo dejó libre.
Prince partió á escape y de Chalmont se acostó.
Tarde hubo de dormirse, y al amanecer tuvo
un suefto del cual después apenas se acordaba y
en que se mezclaban las risue:lias caritas de unas
sobrinas pequefluelas que tenía en Francia, con
otra carita también infantil y bella que le decía
que hay tíos que se casan con sus sobrinas y la
pasan muy bien.
-Buenos días, Comandante; excúseme usted
por haber entrado de improviso: dijo una voz

Domingo 17 de Julio de 189(1

Vomln1to 17 de Julio 1~

gruesa que no era la de su suefio. De Chalmont.
despertó.
-¿Es usted,Ivon? preguntó frotándose los ojos.
¡Qué diwblos traen á · usted por acá tan de ma-:lianal
- Es más tarde de lo que usted se imagina. Ya
dieron las ocho.
-Imposible! ¿Ya se levantó el Doctor?
-Hace tiempo. Por allí lo encontré que iba .
con Ravouna á buscar óperas.
-Operas?
-Unas arailas que parece que se llaman así.
-Ah! Epeiras ...... Y qué paquete es ese que·
trae usted?
-Justamente me permití entrar porque se medijo que esto era importante.
-Que cosa?
En vez de contestar Ivon registró sus bolsillosy de una cartera grasienta extrlljo una carta.
-Tenga usted.
El olor á violetas que se desprendía del sobre
hizo comprender á de Chalmont desde luego quién,
le dirigía la carta que decía así:
«Querido Comandante»:
«Estoy muy contenta. Exito, gran éxito en toda.
la línea. El Gobernador apesar de sus resistencias ha sido completamente vencido, lo mismo,
que la barbuda persona que pondrá en manos.
de usted esta carta y un paquete conteniendo los.
vestidos de usted, y que de pronto no simpatiza•
ba conmigo.
"Se nos ha dado una casa que hay junto al'
templo, y al amanecer hemos empezado á transladarnos á ella. Como esto no es difícil está casi
terminado, ¡había tantos cargadores y tan pocos.
muebles!
"La sola i_dea de ver al Doctor está mejorando,
á pitpá. Esperamos á usted pues con su amigo
á las nueve y media sí es posible, y luego meacompaftará usted si gusta al templo, porque el
Gobernador levantó la consigna á nuestro encierro y hasta nos ha convidado al banquete oficial'
de ~sta noche. Temo que papá no pueda ir, pero•
yo iré y ¡ya verá usted si me luzco!
"Ahora me encontré á Prince echado sobre los,
vestidos de usted, y porsupuesto que rega:lié un
poco al atrevido, pero no más un poco porque su
acción me probó que ya le quiere á usted.
"Envío á usted mil expresiones afectuosas de·
parte de mi papá, y yo estrecho á usted cordialmente la mano.
"Hasta muy pronto, querido Comandante.

-Quién es usted para hablarme así? Me dijo ella
en francés. Conmovid,o al oír el idioma patrio y
maravillado al ver su valor, comprendí que había estado un poco grosero y le dí mis excusas
diciéndole lo que soy; un buen hombre, antiguo
marino, Ivon, intérprete que vengo acompa:liando
al Comandante del Colibrí y al Doctor Lerbón.

NELLY, 11

Esta carta llenó de regocijo á de Chalmont.
Todo iba bien y suindiscretopaseo de.la víspera
no haría disminuir la dote de Nelly. Pero quéquería decir con eso de la persona barbuda queno había simpatizado con ella?
Saltó de la c1:tma para vestirse; y como Ivon·
diera señales de partir,
-No, le dijo, quédese usted, y mientras mearreglo explíqueme qué ha pasado entre usted y
la joven que me envía esta carta. Ante todo:
dónde la encontró usted?
-Ah! Un pimpollito! contestó Ivon, y amabley valerosa! Lastima que sea inglesa! aunque meha dicho que más bien era francesa .... Es preferible por que de los ingleses no hay que fiarse,
aunque entre ellos suele haber gente buena. En
fin y para venir al asunto, esta ma:liana tempranito paseaba yo al pié del fuerte, cuando vi ve•
nir una multitud de hovas que traían muebles,
paquetes, el diablo y su equipaje! y luego á un
inglés en un fitakon. Tras de él venía una joven.
con un . perrito. Al Mayor yo lo había visto alguna vez en Tananarive pero no sabía que estuviera aquí; parece que vino hace poco y que está
al servicio de los hovas, lo cual es un oficio de
los demonios que he probado. De pronto vi á la
ni:lia, que me ·vió también como si quisiera hahlarme, y luego vi al perro que me había llama-do la atención por ser bull dog, raza que no hay.
en Ambohimarina.
-Ah! es verdad .... dijo el Comandante era,
Prince; no es así?
-Exactamente, contestó Ivon sorprendido ¡que,
b~en se acu~r?á usted del nombre! Lo llamé y
vmo á acariciarme, y entonces lo tomé en brazos.
y dije en inglés á la joven: Es de usted este perro?·
-Y muy rnío!-Pues bien, es usted una descarada y mie11.te. Este perro lo ha robado usted. Frunció el entrecejo, corrio hácia mí, levantó la mane&gt;
y_¡cáscaras! me habría dado la bofetada del siglo
s1 no hago un cuarto de conversión.

'

.

Mientras hablábamos la silla de manos seguía
su camino sin que el Mayor se apercibiera de nada. Cuando ella supo quién era yo, se calmó y
me dijo con mucha gentileza: «Lo perdono á usted, venga conmigo y le explicaré lo que debió
preguntarme con más cortesía. No soyunaladro·
na: compré el perro y lo compré caro sin saber
que era robado aunque debí figurármelo. Diré á
usted el nombre del ladrón y en cambio usted me
hará un servicio: como mi padre está enfermo y

EL MUNDO,

usted me ha dicho que el Comandante del Colibrí
trae consigo un Doctor, voy á escrtbir una carta
al Comandante para rogarle que me lo traiga y us•
ted llevará mi carta. No es así? Y yo quedaré
muy agradecida y hasta le daré á usted el perrito con todo y que lo pagué y ya le tengo cariflo.»
Todo esto me lo decía con mucha gracia y . ...

55

' reconocido y la mujer de Volanabé no lo había
do: en todo caso podía negar.
-A todo lo que nosotros decíamos, prosiguió
Ivon, contestaba que no se había equivocado, y
entonces, para que no vaya con todo el mundo á
llevar sus disparates, cambié de conversación y
diestramente l&lt;l dejé entender que yo sabía mu-

qúé habría usted hecho en mi lugar,
Comandante?
-Lo que usted sin duda hizo.
-Claro. Le devolví el perro, la
seguí y medió la carta y el paque-· '
te y aquí estoy. Ese es el desenlace
de todos los asuntos en que intervienen mujeres. Me dijo que tenía
trajes y joyas de valor y que no
quéría confiarlo á los hovas que
son muy ladrones y quería que us-.
ted lo tuviera en depósito mientras
se termina su cambio de casa. Vendrá á buscarlo esta tarde. Acepta
usied ó le devuelvo su paquete?
-Déjelo usted aquí. No tengo
inconveniente en encargarme de él
y lo pondré en mi caja de seguridad,
contestó deChalmont encantado de
las habilidades de Nelly. Pero
quién robó al perro? no dijo su chas cosas de su marido en lo relativo á sus vianombre?
jes á Diego y á todas sus intrigas. Creo que ha•
-Sí; Volanabé; y a:liadió que brá comprendido y no hablará.
convenía desconfiar de él, que
-Hizo usted mal en tomarse ese trabajo. Qué
iba con frecuencia á Diego dis- mal puede causarnos que se crea ó nó á la mujer
1
frazado y que nos espiaba. Segu- de Volanabé?
ro que fué á casa para hacer haTodo eso me parece 'lUe no tiene importancia.
blar á mi mujer que por fortuna
-Quién sabe! Hay que desconfiar en las munada sabe de mis negocios. No jeres.
importa; ya lo castigaré cuando
-No siempre ha practicado usted esa regla
llegue el día. A propósito de V o- viejo bribón!
.
'
lánabé, al venir aquí me encon-Y
bien
que
me
pesa.
En
fín,
puesto
que
tertré con su mujer que parece descontenta. Sabe usted qué pre- miné mi comisión, me retiro. Si me necesitan ustedes, Jacques sabe donde me encontrará.Adios.
tende?
- Hasta la vista.
-No.
Luego
que Ivon partió, de Cbalmont desató
-Pues dice que anoche fué usted al fuerte y
cuidadosamente el paquete que debía contener
que ella le siguió á usted de lejos.
De Chalmont se estremeció imperceptiblemente. las joyas de la se:liorita Nelly y sacó sus vestidos
-Y añade que allí debe usted haber dormido, colocando en cambio los de hova que le fueron
prestados IR. víspera.
porque estuvo acechando y no lo vió regresar.
Estaba en esta labor cuando entró Lerbon que
-Esta. loca! dijo de Chalmont que parecía no
en el acto fué puesto al corriente del favor que
querer dar importancia al caso.
-Eso le dijo Ravouna, asegurándole que á las deseaba el Mayor inglés.
diez oyó á usted entrar.
El excelente Doctor encantado de poder ser
Así pues, Ravouna no lo había visto disfraza- útil, guardó su caja de botánico, se vistió cuida-

�~,-====;o=====================~E~L~MU~ND~;O~•~======--======~D;,;o;,;;m1n;;;;;;;:g&amp;ao;;.,;;;,17;.,,,;;de===Ju=l=.lo=d=e=-18..9_o_

dosamente y á las nueve y media los dos franceLa sala de donde salieron era la única que teses se presentaron en la casa de Nelly.
r fa puerta para la calle; el otro aposen to estaba
Como Volanabé hablaba inglés y francés, el comunicado con el patio y con dos cuartos de
Gobernador lo envió pero más ·bien en clase de dormir. En el fondo del patio, cocina y cuarto de
espía que de intérprete, y él fue quien hizo las criados.
presentaciones.
-Ya vió usted toda la casa, dijo Nelly, que
De Chalmont y Nelly se saludaron como si fue- por cierto está todavía muy desordenada. Papá
rala primera vez que se veían, pero ella encon- quería detenerlos á ustedes á almorzar, pero
tró medios de ser elocuente sin hablar. En los ¡asómbrese usted! yo me opuse. Mañana vendrán
veinte segundos que estuvo su manecita presa · ustedes y ya todo estará listo para recibirlos. Esen las del marino le dió á entender: «si viera us ta noche comeremos en bárbaro, lo cual será muy
ted que contenta estoy volviéndole á ver.» Luego . 'divertido. Quiere usted fumar?
penetrada por no sé qué pensamientos amorosos
- Gracias señorita, es usted muy amable.
que adivinó en la mente de su amigo, levantó los
-Qué busca usted? Fósforos? Voy á traerlos.
ojos muy dulces, muy radiosos, muy ardientes, y Sié1Hese usted mientras en ese sillón.
los puso como una caricia en los ojos de Juan.
-No se moleste usted, tengo fósforos; usted
El Mayor era un escuálido personaje de cin- me a bruma con sus bondad 1s; estoy confuso.
cuenta ailos de edad, muy alto, muy colorado,•
- Fume usted y no se preocupe, vc,y á ponermuy calvo, con una gran nariz que no indicaba me los guantes y el sombrero. ¡Lástima que no
hábitos de sobriedad. Mientras Juan y Nelly se· nay a aquí una iglesia católica!
.dirigían cortesías secas, el Mayor hablaba con
- Cómo! es usted cató!ica? preguntó Chalmon_t,
Lerbon.
sati~fPcho sin saber por qué, de esta comunidad
-Doctor, le decía; agradezco á usted mucho de religión.
que haya venido y hasta me siento mejor. Maña- En el Canadá todas las familias de origen
na creo que podré pagar á ustedes su visita.
frances lo son, contestó Nelly ar.reglándose fren-Ya veremos, contestó el Doctor. Por ahora to al esp,,jo. ·
siéntese usted, sefl.or Stephrnson pues debe usted
Cuando hubo terminado interrogó sonriendo:
sufrir mucho con ese pié hinchado, pero el estado
-Qué le parece á usted mi sombrero?
general de usted no tiene nada de grave; p:enso
- Encantador. Esas cintas verdes resaltan adque padece usted solamente de gota. Me permite mirablemente combinadas con el color de los causted auscultarlo?
bellos .
. Y y-olviéndose alComandante y á Volanabé, pro- Sí; el verde sienta muy b~en á las rubias. á
s1gu1ó:
las rubias encendidas, á las rubias venecianas co-Si fueran ustedes tan amables que me deja- mo yo. Le agradan á usted los cabellos de este
ran solo un momento con el enfermo? . .. . usted color? Hay quienes los detestan.
también seflorita, pero tranquilícese usted: el es•
- Esos no han visto á usted nunca.
,
tado del seflor Mayor no puede inspirar temores
-Cuidado con esas galanterías que me dice
y confío en que pondremos á raya á la enferme- usted sin sentirlas! Debe usted encontrarme muy
dad.
tonta y yo tengo la culpa por haberme mostrado
-Qué bueno es usted! dijo Nelly, y qué con- demasiado infantil y expansiva, pero .. . . ¿qué
tenta estoy de oírlo hablar asíl Luego afiadió: Co- quiereusted? Nuestro encuentro inesperado en
mandante, es necesario obedecer; venga usted A · país bárbaro, nueotro orígen común, la carrera
mi aposento y usted también, Volanabé. Usted de usted que me encanta y en fin, que me parece
fumará un cigarrillo si gusta mientras yo voy á cemo si desde que nací conoc:era yo á usted ... ·.
los olicios.
Pues me voy á corregir y á ponerme muy formaVolanabé vaciló: aunque conocía bien el fran- lita desde ahora.
cés, no sabía la significación de la palabra 11us-Hará usted muy mal, porque me cautivan
cultar. Además, c!á cuAl entrevista era preferible esos deliciosos charloteos de pajarillo. A mí se
asistir: á. la del Comandante y Nelly ó á. la del me figura también que toda mi vida he estado al
mayor y el Doctor? Al fin se decidió.
lado de usted, y aún me recuerda á una nilla á
-Me quedo aquí si no estorbo, pero no haré quien quiero mucho.
ruido, lo prometo.
-Nelly se volvió lentamente y preguntó con
-Quédese usted amigo mío, dijo el Doctor con voz seca:
aire malicioso, pero ni se mueva, ni hable.
-Una novia?
Juan siguió á Nelly.
· -Juan se echó á reír.

-Una novia! No ve usted que soy viejo para
eso?
-Viejo? Usted no piensa una palabrn delo que
dice y hasta me creo que está u~ted procurando
que á mi vez le diga galanterías. Tanto peor,
porque no se las diré; y en cuanto á la ni1'ía á
quien quiere usled mu cho, quién es?
-Una que me dice tio aunque no somos nipa rientes. Tiene casi la edad de usted y es hija de
mi mejor amigo.
-Pues que edad tengo yo?
-Diez y siete afios á lo ·más.
-No soy tan chiquilla: diez y ocho, y cumplidos ya, seilor mío. Para qué quiere usted achicarme, para que le diga yo tio? Me sería muy satisfactorio. Desgraciadamente mallana se va usted,
pero siempre me agradará escribir á usted cartitas
muy cucas que empiecen así: «Querido tío . . .. ,.
Justamente la plaza está vacante porque yo no
tengo tío ni tía, ni hermanos ní nadie &lt;iJUe me ame,
excepto mi papá. Cuando tenia seis afl.os perdí A
mi madre, y luego se me puso en el convento de
donde salí hace dos años para reunirme con mi
padre á quien pocas veces había visto. Ya ve usted que estoy en aptitud de ser una sobrina acepta ble .... Pero no digo más que frivolidades con
todo y mis propósitos de enmienda. Debe usted
tener de mí una opinión detestable. Quiere usted
ser indulgente conmigo?
-Soy un torpe, que he despertado en usted re
cuerdos dolorosos. Ayer se portó usted no sólo
comouna persona grande, sino caritativa, hábil
y valerosa. Me hizo usted un gran servicio y no
sé ni como explicarme para manifostar mi gratitud.
-No hablemos de eso, pues obrémáseninterés
propio, que por el deseo de favorecer, Pero en
cambio de ese servicio, voy á pedir á usted otro:
quiere usted abotonarme este guante?
Y Nelly levantó hasta el codo la manga de su
vestido y enseñó un brazo tan blanco, tan satinado, tan hermoso, que uniendo esto á las redondeces del talle quedaba uno bien convencido sin
necesidad de largos discursos, de que ya no era
una chicuela.
Temblaron las manos del marino al ejecutar la
delicada tarea, y se sintió más conmovido de lo
que creía estar. Todas esas niñerías, esos juegos
más ó menos inocentes, esas coqueterías, le tenían mareado y sin hallar palabras para seguir
la cox:versación,
Todo lo que él sabía de Nelly es que que era
bella, muy bella, y en el fondo de su alma sentía
que la amaba, pero no era capaz de aprovecharse de una impresión pasajera de la niña, ó de la
exaltación de su mente para engañarla. Oh! no.
En cuanto á casarse, ni él lo creía cuerdo ni ella
habría tal vez aceptado.
Y Nelly qué pensaría?
Estaría divirtiéndose? Pensaría dominarlo para reir en seguida, ó estaba ensa yando sus habilidades por instinto en este país donde no había
nadie digno de contemplar sus encantos?
Toda esto pensaba al abotonar el guante y se
sentía ridículo y descontento á la vez, muriéndose de ganas de alzar los ojos y ver una boquita
cuyo alienlo sentía en la frente y en los cabellos.
Nelly era valiente, no arrojó ni un grito cuando Juan por su falta de habilidad le pellizcaba la
piel, sino que lo ayudaba sonriendo. Comprendía
lo que estaba pasando en el alma del marino? Al.
fin se retiró ruborosa sin esperar el último botón
porque lo cubría, dijo, la manga; fué al espejo y
se puso co~ una mota polvos de arroz en la cara.
LuE'go preguntó:
-Le di á usted las gracias?
-No las merece mi falta de destreza.
-Yo soy una indiscreta que porquesememanifiesta un poco de cariilo, abuso. Es verdad que
estará usted aquí tan breve tiempo . . ..
De Chalmont se acercó y le dijo riendo:
-Quiere usted que empecemos otra vez?
Y como avanzaba la mano hacia el sitio en que
quedaba sin colocar e! botón, ella tomó esa mano
y dijo á Juan:
-Vamos á ver á papá: ya ha de haber terminado la consulta. Ansío conocer el resultado.
En efecto; el reconocimiento había concluido
ya y el Mayor se había vuelto á vestir y el Doctor escribía un método que Volanabé cuidaoade
ir leyendo colocado á espaldas de Lerbon.
( C'ontinuai·á.)

PAGINAS DE LA MODA

F!G. 1,-TRAJE PARISIENSE DE FOULARD

�•
EL MUNDO

58

Lecturas para las damas.

Domingo 17 de Julio de 1898

Domingo 17 de Julio de 1898.

Lectural!il para las artistas,

La hidroterapia y la tisis

Consejos de una . Prima Dona

Según afirma Winternitz, la hidroterapia es uno de
os mejores medio11 preventivos de la tubtirculosis en
' odos aquellos á quienes la herencia ó una complexión
enclenque hactin fácilmente tuberculizables.
Y añade dicho autor, que la terapé ntica está siempre desarmada contra enfermedail tan temible. Los
medios higiénicos única.mente pueden utilizarse con
algún éxito y entre esos medios es preciso colocar en
primera fila la hidrote:.-api:i. fria.
El agua fria puede calmar ,a fiebre, hacer desaparecer los sudo ·es, moderar la tos y la expectoración
y produce, en fin, favorables modificaciones en el estado local.
El médico sueco Aberg, gradúa de este modo el
empleo de la hidroterapia tin la tisis:
1.° Fricción muy lijera con la esponja, esprimiéndola sobre la nu~a, la espalda, la cara y el pecho. Esti
fricción se hará por la mañana primeramente, y más
tarde se repetirá dos ó tres veces por dia, teniendo
cuidado de no esprimir la esponja sino moderada·
mente.
2.0 Laciones sobre las mismas partes del cuerpo con
1eg-11dera.
3 ° Baño completo de duración muy c&lt;.rta.
Lo especial del método de Aberg es la temperatura
del agua empleada Este médico recomienda hacer
uso del aguii. tan fria como sea posible a Oº para las
fricciones, á. 7° para el empleo de la regadera y á 18°
para los baños Los febricitantes soportan muy bien
estas bajas temperatur...s, contra lo que pudiera suponer~e.
Winternitz recomienda el empleo de agua ue 7° á
8° para las lociones.
(El Mes Médico, de París.)

El cultivo de las flores.
MME. SEMBRICH .Á LAS JÓVEN-S CANTATRICES.

Sin duda alguna, el riego de las macetas es una de
las operaciones más delicadas de este género de cultivo. En efecto la falta de agua ó el exceso de humedad pueden ser igualmente perjudiciales á las pla1..1ta8,
Serán, pues, bien acogidos algunos consejos á este
respeto, hov que tantos aficionados se ocupan dela horticultura. Tititien tanto11 atri.ctivos las flores, es tan
interesante su v.egetaciGn, que todos, aun en las ciu&lt;iades, quieren cultivarlas, en los balcones. en sus
apo~entos, y muchos en sus jardineras de sala, ponen
á prueba su competencia en el arte.
Pero hay novicios que por falta de exoeriencia, por
más empeño é inteligencia que despliegan salen mal
en ~u intento.
En el aspecto gentiral de la planta, se recon.&gt;ce
cuándo es necesario regarla, suponiendo que no se
baya fijado la atención en la superficie de la tierra
de la maceta, pues cuando está seca, es señal de que
hay 1.ecesidad del riego. La planta, cuando necesita
riego, toma un a~pecto que desde luego reconoce un
ojo ejercitado. Sin estar completamente marchita, las
yemas y las hojas no están como antes y si se tardara
mucho en regár la planta, se podría causarle graves
perjuicios.
Cuando se riega una planta-bien entendido como
lo aconsejo en tiempo oportuno-nunca se le debe regar á medias. Debe mojarse toda la tierra de la maceta, y para cercionar@e de que ebto se halogrado, es
necesario que el riego sea tan abundante, que el agua
salga por la parte inferior de la maceta.
Los riegos enteros son preferibles á los medios rie~os. Los primeros se hacen con menes frecuencia, y
además. cuando las plantas están expuestas al s.l, •
deben hacerse en la tarde, para que la tierra pueda
embeberse bien de humedad duránte la noche. De
otro modo, regando en la mañana, el calor del dia y
el ardor de los rayos solares, hacen evaporar una
parte de la humedad antes que la tierra y las raíces
hayan podido mojarse bien.
Independientemen.e del riego, para refrescar las
plantas y limpiarles el polvo que les caé, se les dá
una ligera rociada con agua. Esta operación debe
practicarse cuando el sol no cae ya sobre las plantas,
y cuando ya se han regado las que lo necesitaban
porque despues queda la superficie de todas las macetas húmeda, y no seria fácil reconocer las que necesitan riego.
En lugar de esa operación que se practica con una
jeringa especial, ó con una regadera de agujeros muy
pequeños, en los aposentos se refreEcan las hojas de
las plantas, lavándolas con una esponja muy suave.
Un punto muy importante en lo relativo al riego de
las plantas. es que el agua que ha servido para regarlas, haya e~tado mucho tiempo á la temperatura á que
están expuestas las plantas que se van á regar.
Para dar vigor á las plantas que están en macetas,
en cubetas ó en cajones, se puode emplear de cuando
en cuando, abonos liquidas para regarlas, pues cuan,
do ya han permanecido mucho tiempo en la maceta,
deben tener muchas raíces, pero es necesario hacerlo
con mode~ación; porque si se 11mplean estos abonos
en fuertes dosis, se poarian quemar las raices.

FIG.

2 ESPALDA DEL TKAJE

El músico como el poeta nace. pero no se hace. La.
música no es la creación de la inteligencia sino dfl la.
imaginación y de los sentimientos; el trabaJo y el cul·
tivo asiduo forman al artis•a.
M,1chos preguntan. la prima dona puede hacerse?·
No; la artUa no puede confecdonar.ie como el traj..,
de figurín, por el patrón. El estudiante ancioso del
éx,to debe llenar, como cantante. ciertos requisitos.
· Debe comenzar pe r el conocimiento ext· nso de losfundamentos principales del arte.
El tecnicismo de la música debe formar 11ábito en
Jugar de estudio. Debe saberse tan á fondo que uun
ca ocurra tener que pensar en él y por añadidura la
imaginación y la originalidad son tan neceserias como las cualidades de vocalización.
La educación musical qué recibí en mi juventud
me ha servido notablemente en mi carrera profesio
nal. Comencé por estudiar el piano y el violín á loscuatro años y nunca me imaginé que. pudiera tener
voz de ca11tante
:Mi padre, artibta de habilidad algo más que ordina- ia fué mi prim'er maestro hasta que cumpll los ocho~
y deFde entoucPB hasta que tuve diez años toqué ambos instrumentos en conciertos públicos. Despué$
continué bajo la enseñanza y dirección del profesor
\Vilhelm Stengel que era director del Conservatorio
de Lemberg, Alemauia.
Como casi todas las jóvenes cantaban algo en caFa,
por lo menos cui.ndo me ocupaba en trabajos agradables, y una vez que el Profesor Stengel me oyó por
casualidad alabó mi voz. En otra ocasión durante
uno de mis condertos indicó á varias personas prominentes que no sólo poseía talentommical sino también una voz de timbre. y tanto me rogaron que cantara que al frn tuve que acceder.
Después de algunas piezas escojidas,
alguien hac· éndose. eco del Profesor Ster,-.
gel dijo que yo debla estudiar el canto.
Por entonces pasé á Viena para estudiar
el piano con Liszt y mientras tanto tomé
lecciones de vocalización con Mons. Rouktkamki, y después de algunos meses pa·
sé á Milán bajo la dirección de
Giova1Ji Lamperti.
El canto ahora es mi arte;
para él vivo y todo lo demás
me atraemuypoco.Pocotiem.po después fui á Londres donde concluí mis estudios con
Francii'CO Lamperti, padre de
Giovani, haciendo mi debut
en Dresden.
De e~te resultado se infierA
que mi educación mUbil'.al fué
comrleta ó que por lo meno,;
adquirí los requisitos necesario'.! ¡:;ara comprender y dominar los trabajos más diflciDIB FOULARD FIG l.
les. Mi consejo por lo tanto á.
todas las que desean alcanzar

,Xt
-, ', .
~

,.,-..

~-.~'

:.

FIG, 3.-TOQUEl'A DE D UELO

l 'IG. 4 .-T : CA D'!' DUELO.

59

EL MUNDO.

FIG, 5,-.l!OMBRJDRO E-LA

RECETAS UTILES
POMADA CONTRA. LAS ARRUG AS DE LA CARA

FIG. 6-TRAJE FRANCÉS ESTILO SASTRE

Tnterln llega el dia en que los hombres y también
hs mujeres, aeamos siempre jóvenes, hermosos, tersos
y robustos; lnterfn algún afor-un°do perfumista. invente un potingue que oponer á la acción destructori.,
de los años, he aqui una pomada que si bien no resuelve por completo tan interesante problema, puede
cuando menos producir cierta ilusión borrando alguna arruga de la cara.
Fundirá fuego suave 30 gramos de cera blanca, á
la que se le incorporarán sucesivamente, mer.eando,
y batiendo la mez1il11, 60 gramos de jugo de cebolla ó
bulbos de lirio blanco, estrafda por expresión, y quince gramos de miel de Narbona ó mny buena miel, perfumar añadiendo 12 gramos de agua de rosas.
Se emplea por unción, todas las noches dándose en
la cara.

el éxito en el arte, es que se procuren igual conocimiento.
La condición esencial del éxito y la consideración
muy especial oue deben tener_ presente las que eatudian, es aceptar las enseñanzas de sus profesores. Lo
original que exhiban dará oportunidad á los profesores para fijar la voz, la cual si no q11eda en su propio
tono se cansará en la mitad del tiempo que debiera
conservarse·. La voz por naturaleza se fij á menudo
por si sola y entonces todo lo que se exige es un buen
prof.:sor. A su elección debe concurrir más cuidado
del que se piensa porqu11 los resultados dependerán
por completo de los métodos que se adopten en la enseñanza.
La mejor edad para comenzar los estudios de cantó es la de diez y seis años y entonces solamente bajo la dirección del prdesor. Debe ponerse una atención esmeradisima en el arte de respirar, porque el
aliento le es tan necesario á la cantatriz como el agua
al buque.
Hay que meditar en lo·s pasajes que se van á cantar y crear los sentimientos que debe haber dominado el corazón del autor. pues de este modo solamente
puede infundirsele la expresió,1, desde el instante en
que cada modulación de la voz obedece directamente
al esfuerzo mental.
Mucho es lo que II yuda. el conocimiento de , arias
,enguas, con especialidad la italiana que por su e~fonia presta á la vez un encanto más y la hace exhibir sus mejores tonos. Paia cantal' en alemán Je .r.equitire un conocimiento perfecto de la enunc1ac1on
de la palabra, pues este idi&lt;troa requi~re más expresión. El francés debe estudiarse también. La cantante no debe cantar sino aquello que está. escrito, porque una vez que ..bandoue su esfera pierde sus mejores notas.
.
.
La cantante que se mete á cantar pasaJes escr:tos
para soprano arruina su voz á tAl punt? que hace peligrar su durabilidad. No veo la razon pai:a que la
que use su voz con inteligencia y con las debidas precauciones no la retenga en toda su fuerza, pureza Y
\
dulzura durante diez ó veinte años, quizás toda la vi, ,~~"
da. Por ejemplo: tómese la voz de la Patti, de la Al~
bani y la Nilson, artistas que han alcanzado la edad ¡,-,e f' .17,-,,,_:;.,
madura y que sin embargo conservan el campo con
aceptación bien gennal. ¿A qué se d~b~ esto? Simplemente á que en toda su carrera h1c1eron uso de
su voz de un mo&lt;io adecuado sin 9.busar en lo más
mínimo.
La habilidad de cantar bien no se conquista en una
batalla; es una lucha larga; pero mientras más lo s~a,
mejores son los beneficios. La voz es como una pieza. de maquinaria, que puede descomponerse, por lo
que no debe usarse continuamente.
Basta con que se cante ocho meses al año y dedicar
al descanso los cuatro meses que sobran.
.
En estas vacaciones que tomo anualmentl:, me d_1. vierto descanso pero no abandono el estudio y de¡o
dti co~tinuarlo ~ólo seis ú ocho semanas. He seguido
practicando til piano y el violln y aunque Dada más
toco por distracción, no deja d~ enorgullecerme las
fue1zas que tengo sobre ambos mstrumentos.

LIG 7-TRAJE SAS'.fRE DE f AÑO NEGRO

Por la mañana ee enjuga con un lienzo seco antes
de lavarse.
Las mujeres de Suecia emplean para.conservar el
c11tis freRco y sin arrugas el sig-uiente procedimiento:
Toman 125 gramos de miga caliente de pan de centeno, cuatro claras de huevos frescos y medio litro de
vinagre de vino, lo cual mezclan y baten durante un
bl!,en rato, luego lo pasan á través dti una tela esprim1éndola, y se lavan :a cara durante tres dias con esta mezcla.
COLD·CREAM DE FAMILIA

Compra fln la botica ó en casa el droguista.
Aceit~ de almendras, reciente ....... JOO gramos.
Cera blanca, nueva. .. . .. .. .. .. .. .. 10
.,
Blan~o de ballena, fresco.. . . . . . . . . . 10
,,
• ~m· ; Fundir l_a cera y el blanco de ballena al baño María
:;....-"'!l:""'1,■;
':"\!, con el ~ce1te de_ almendras; aromaticese coa un agua
.'. aromática destilada, un alcoholato ó esencia cual- quiera.
Se guarda en bote ó en frasco. Este cold-cream es
de confianza; da buena brillantez y suavidad al cútis
sin atacarlo ni ajarlo.

Nueliiltros 2"raba.dos
FIG. 1-TRAJ"E PARIRIENSE DE FOULARD.

Es de foulard en satín Liberty. Campo bl!lnco figurado.
El efecto del traje es plenamente princesa.
El cuerpo es de pleuo foulard con el otro material
su_p~rpue11to.
Los volantes que rematan la falda son de una suprema elegancia.
FIGURAS 3, 4 y 5.
Damos bajo estos número8 un hermoso sombrero y
dos tocas de duelo de elegante y sencilla factura.
FIG. 6-TRAJE FRANCÉS ESTILO SASTRE.

Es de paño ligeramente azargado y claro.
Cuerpo jacquet con chaleco figurado que cierra un
cordón de seda con alamares. ·
Solapas cubiertas de raso 'blanco con bordados de
seda en gulas.
Plastrón de muselina de seda blanca acordeóR.
Falda lisa sin más adorno que un volante circular
del mismo género.
.
FIG. 7-TRAJE SASTRE DE PAÑO NEGRO.

FIG. 8-TRAJE PARISIENSE DE CUPFl

Tiene un jacquet corto y estrecho severamente ribeteado en las aos alas con cinta de seda.
La misma cinta orna la falda completamente $Obria
y el extremo inferior de las mangas.
Las solapas están doublés de seda blanca.

�60

Domingo 17 de Julio de 1898

EL MUNDO
FIG. 8-TRAJBI PARISIENSBI DE CREPÉ,

Los trajes de crepé están muy de moda este verano.
Ei que ofrecemos á nuestras lectoras es de crepé
beige con aplicación de cadeniña en la forma que se
ve en el grabado.
La falda lleva el bordado en el borde :.nferior y á la
izquierda en una hermosa aplicación.
El cuerpo tiene forma de blusa al frente y se abre
sobre un hermoso yoke de gasa blanca.
FIG, 9-00RSAGE NIÑA,

•

NUMERO 4

MEXICO, .TULIO 24 DE 1898

TOMO II

Ligeramente ablusa.do ade ante y tendido detrás
con tres fruncidos en el talle y de seda brochée gris
pero con bouquets pompadour, cruzada delante y ornada de triple ruché bucleada de 'muselina de seda
crema, encu!Ldrando un plisée de seda gris perla.
Triple ruché bucleado también doblando el cuello
y ornando el remate inferior de las mangas.
Cinturón de seda gris perla anudado á la izquierda.
Este corsage puede llevarse con una falda de la
misma tela
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FIG. 9-0CRSAJE NIÑA

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FIG. 10-00RSAGE MARGARITA,

En dral_) de seda con pequeñas basquiñas triangulares, abierto en el centro en rombos sobre un plas•
trón de terciopelo guarnecido de botones de oro
Revés y cuello Valois en satln blanco con galones
oro. Mangas justas del mismo género. Cuello y corbata de muse!ina.

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FIG. 11-DOS MODELOS

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FIG, 11-DOS MODELOS

Gran aplicación de punto de seda en el primero, sobre
satln rosa, leve, formando un emred'.'S del mejo_r
gusto; en el segundo gran plastrón de plisé y aplicación &amp;ambién
consistente en volantes decrescentes. Todo de eatln.
FIG, 12-TRABAJOS P.I.RA LAS DAMAS,

Una nueva colección donde se hallarán los más graciosos modelos
para niños.
_

General

W. R· $1tofter

DEL EJERCITO DELOS ESTADOS UNIDOS

~' IG 12-TRABAJOS PARA LAS DAMAS

FIG, 10-0 0RSAJE MARGARITA

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 3, Julio 17</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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