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                  <text>La Karatina

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11

•

-La paz, nin.a, con las últimas noticias de la guerra.

•

NUMERO 8

�li!L MUNDO

142

LASEMANA ..
Dicen por ahí que el aniwoso parlamentario D?n
Ju11n ~fateos escribe la historia de la guerra h1sp11no uroericana para apoy11r una iniciativa que
se propone encomend11r á la deliber,1ción del
pró:ximo Congreso constitucionnl. Entret~n~o,
abre una campaña periodística contra el ciclis•
mo de11unciando los inconvenientes que trae
ap;rc jado t:I nuevo sistema de locoll'.1oció~. La
bicicleta, sin t-mbargo, debería ser simpática al
Sr. Mateos por la infiuencia sori11l que le reconocen los dt-mócratas del Viejo Mundo, (los del
NuE'vo Mundo no EOD tan sutiles para preocupnrse por esas minucias). Antes no había en Europa
pu·ntos de contacto entre los nobles y altos burgueses y la gente llana; cada casta ~onservab~
sus placeres y sus medios de locomomónexelusivos: el rico te11fa caballos de raza y cupé muelle,
mientras el pobre caminaba á pié 6 en la imperial de un ómnibus· ahora todo el mundo pedlllea
fraterr.almente, m~nos los curas. Ha visto el
Sr. Mateos un cura en bicicleta?

paftola en la isla desprendida de la dominación
ibérica? Una víctima más del fanatismo, que ha.
arrib11do {l nuestras playas hospit11larias, para dejar tal vez en ellas se¡iultada la última creencia
de su vida.
f"'W

Chnrubu~co congrega á un paeblo que en el jubiloso deFpertllr de la esper11nza no olvida los
días lúgubres. Hay un acto de valor en esta conmemora eión de los desastres nacionales; los
triunfos engríen y envanecen el espíritu sitmp,·e
inf,rntil de los pueblú~, y la derrota es una enseftanza que restituye á la rliZón sus fueros y al
carácter sus brfos. No fueron nuestres muertos,
mártins de la patria; hay en su sacriricio algo
más grlrnde y algo más triste que la inmolación
estoica al deber. Perecieron sacrificados impfa.mente por los revoltosos de todos los partido,,
que incapaces de ese análisis concienzudo de la
responsabilidad que implica la dirección de un ·
pueblo, 11 os arrojaron á un11 guerra que pudo evitar la prudencia y hncer menos funesto el patriotismo. Sin la fuerza l!ohesiva de la organización,
un pueblo no puede lucbar: luchamos sin jefe ni
concierto, y fuimos vencidos. La memoria de
N
esas hecatombes inútiles, y porinútilescriminales,
Los apasionados del arte nacional están gozo- inspira los alientos con que caminamos hacia un
sos por el próximo estreno de la Vecindad de la porve11ir fecundo y pacífico. l;l quijotismo baPuri.sima, cuyo autor es al mismo tiempo empre- tallador está de¡;acreditado para siempre.
sario del Teatro Arben. Por definición, un emN
presario es ó debe ser un psicólogo de la multitu_d
Mátala! ha dicho el dialéctico mAs hábil entre
-necesariamente he~erogénea-que forma su publico, y esto J1ace dos veces delicado el problema todos los que modelan la materia plástica de las
cuy as incógnitas son las incertidumbres del autor altas cuestiones dC&gt;I alma con un fin estético más
que preseuta una obra nueva, cuando e~e autor que moralizador. Para el simplista y genial sigestá al mismo tiempo interesado en satisfacer á natario de la epístola soore «La cuestión del disu clientela. Dejemos al público y al empresari0, vorcio» ha habido sólo unll solución extrema: la
sin anticipar suces0s, y pues mútuamente se co- que se condensa en el crimen pasional mAs cxcenocen, uno y otro sabrán ya si la Vecindad de la crable. Una mujer que cae, no es siempre el ser
Purísima es la -obra ideal que prometen estas dos abyecto y monstruoso que cede á los impulsos
palabras, fánáticamento asociadas á un senti· satánicos de una fisiología anómala. A veces la
miento de patriotismo mí;;tico, arte nacion_al. El culpable ha sido víctima y el vengador la ha cotraído y llevado arte nacional ha iuspirailo ul• ·rrompido, la ha impulsado al olvido del deber.
trajes plebeyos contra este o~ro seftoró~ d~ pro- ¿Luego el perdón resuelve el drama trágico en
sapia que se llama, con sencillez de anstocrnta una expiación que redime? No, y en esto el mágico poeta df·l Nabab es tan iluso creyendo en la
verdadero, el Arte.
fuerza salvadora de la misericordia, como el que
N
pone en lit mano del esposo engaftado el revólver
Pero esta es una palabra que se dispersa en asesino. Expúlsala! Aconsej~ el anafüta del Dismil combinaciones. Hay arte de Cúchares y ar- cípulo,
te .... Yo no sé como se llama el arte que cultiSi al menos llevaran los hombres una teoría,
van y explotan los ~elotaris. ~e leí~o la «h!storia
de un p elotari» de Pi_erre Lotl y el tipo es i~tere- buena ó mala, cuando sienten sobre su cráneo el
santísimo; pero moviéndose e~ el escena~10 de desplome de todas liis ilusiones ... Perq,qué prinlas aldeas pirenaicas, en las riberas del. Btdasoa cipio filosófico enlazará en un haz de resolucioque ritma con ~l. murmullo ~e su _corriente las nes lógicas la conducta del loco que sigue, al azar
canciones primitivas que repiten aun los vásta- d~ todas las imprevistas sugestiones de la pagos de esa raza de aventureros y softadores. Ti- sión, la ruta de sus desencantos? La sociedad
. pos de opereta que aparecen co~o desteñidos en tiene el derecho de ignorar esas teorías puesto
]as avenidas de las grandes capitales, en donde que el delincuente las olvida y por esto no hay
pierden el atractivo l~terario y pintore_sco de piedades pusilánimes ante la necesidad del casaquella patria legendaria. Pero los que asisten al tio-o ni el Otelo feroz modera sus ímpetus en la
Frontón no sun contemplativos ni van en busca c:'misa de fuerza de uua filosofía de perdón 6 inde emociones librescas, los atrae e~ cxitante de dulgencia. Entre el hombre de pensamiento que
la apuesta, como en el turf, de una estética tan fábrica cóc!igos de moral y el insensato que percGmplicada y exquisita. En el jueg~ de los pelo- sigue á la mujf'r desleal, y la injuria, y la abofetaris pierden á veces los dos partidos, cuando tea y la mata, habrá siempre infranqueables abis•
hay por ahí algún corredor que desaparece con mo3 de ignorancia, de heredismo criminal 6 de
locura. Dejemos al pensador sus ideas y seamos
las apuestas.
rígidos con el criminal, Es la fatalidad humana.
f"'W

N

La visita del General Pando y su breve y furtiva estancia en nuestra capital, seftalan un aspecto adyacente, pero curioso, de la guerra. L~ psicologia de esos hombres poseídos de una pa~i?n que
lleva al arrebato delírante y que desqm_~rn los
espíritus, interesa más ~ue las charcas roJtzas en
que espiran los combatientes. ¿Qué tempestad de
údios y de ambiciones, de quiméricos su~ftos y
&lt;le insanias habrá deshecho en los arrecifes del
delirio al bravo general que abandona sus bizarras columnas para precipitarse quizá en las emprPsas imposibles de la conspiración? Sus facciones alteradas, la incoherencia de la frase y la
obsesión política, asomándose en cada palabra,
acusan la ruptura de la dinámica mental. Aún
hay hombres ofuscados por los irreales vasallajt&gt;s de la utopía qo.e sustraen las fuerzas de su
espíritu á los imperativos del deber; no saben, no
pueden encauzarlas en el raud!ll de las aspi~lle'ones generales de nuestro _tiempo. La desvia1!lón de las falsas perspectivas históricas, hace
&lt;·un&lt;'-"bir 11caso á este hombre la necesidad de una
}'auia cubana, desprendida del seftorí~ de E~pafla, .pero extrnfta y hostil al norte-am~ricano. ¿Irá
-A coronarse rey ó A proclamar una dictadura es-

Otro drama quizá menos aparatoso que el de
la Piedad, el encarcelamiento y la deshonra del
jov1•n ciijero de una Compañ.ía. Es esta una vieja histuria, siempre nueva. ¿Qué es entonces la
honradez sino una resultante, casi mecánica, de
contrarios impulsos? Ese joven era honrado, merecía la confianza de sus jefes; pero un día, por
descuido, pierde fondos ajenos y pan pagar el
déficit desnivela su presupuesto, contrae deudas
y sacrifica su bienestar. Y en tanto que su familia carece de lo necesario, la caja de la Compaflía
está repleta de billetes, toma uno, lo aventura en
la casa de juego y la suerte no le favorece; vuelve por otro, y otro, hasta abrir en sus cuentas
una brecha que no se oculta. Por insensible deslizamiento ha llegado al delito una probidad
ayer innegable; del delito á la cárcel y después .... ¿quién tiende la mano al que una vez
ha delinquido?
Dlek.

DomlBgo 21 de Agosto de 1898

NOTAS A TODO VAPOR
La postrer Jornada
No había más remedio: yo he siilo siempre hombre
muv formal ba~ta cuando fui poPta-sabido es que en
Jod ·poetari l¡ informll.lidad es profesional, y á fuer de
formal tenia que cumplir mi compromiso de abrir un
periodo de exámenes de historia el dia cuatro de Noviembre y fil dia cuatro de Noviembre debía estar y
estuve en México-me fué imposible arrastrar en pos
rola á mi inmPjorable compañero de viaje y dejar de
vi@itar PuUmann City ciudad• fábrica, que deseaba
ver desde que el excdente Doctor Liceaga me hizo
una pintura admirativa de ella, á la vuelta de su pri•
mer viaje á estas comarcas en compañia del General
Diaz y su familia.
No habla remedio; nos despedimos del amabilisimo
FelipA Berriozábal que n·•s habla acompañado de una
estación á otra, dentro de Chicago misma y adelante.
Entré v11lientemente en mi camarott&gt; con ánimo de
dormir Pero como no se. duerme con el ánimo (¿con
qué se duerme?) me entregué á. la contemplación 1el
paisAje que pensaba, porque apen!1s se vela, gr11:cias
á una luna pudorosamente arrebuJada en los primeros celajes del invierno. Y la te,a sin fin que se desarrollaba ante mis cri~tales era tan igual, tan igual,
tan igual q)le acabó po~ hipnotiz';lrme; prRderas sin
término. como que el Illmo1s ha sido llamado el Esta·
do Pradera.
¿Praderas sembradas? ¿cultivadas? Supongo que si;
á. veces pasábamos un puente, de improviso cruzábamos un cbar~o, laguneta ó cosa parecida sobre gran•
d!'R estacas; acá y allá parecia que la luna habla dejado caer un trozo de su cristal al suelo, era nieve
congelada desde el dia antiirior. Grupos de farol3:s
eléctricas manchaban de luz la oruma y con la rapidez de nuestra carrera las veíamos formar ruedas en
movimiento, girándulas fantáRticas de brillo lastimador. Esta llanada inmensa del IUinois con su cintura
de lagos y de rios, es un granero inagotabla en el
suelo y un hullero inacabable en el subsuelo; el territorio de los Estados Unidos, me decía yo casi durmiendo, podla representarse por _una serie de billetes
de lotería premiados con el premio gordo ....

Despertf!I corriendo en linea recta hacia el Missouri
rumbo á Kansas City; lo que habJa e1:trevisto en la
nocbt.1, lo veía ahora y seguia no diver,tiéndome. A;quel
paisaje suculento, me. parecia una e~orme foJa de
expediente de estadistica hecho más bien con datos
que con colores, un paisaje de economia politlca. en
fin. Sólo Bulnes con su prodigiosa fantasia ha podid?
encontrar el modo de hacer pintores~a la estadistica
y fingir poiicron:_i{as orientales con columnas de gu~rismos; en cambw, un poeta de fond en comble, Luis
Urbina hace años que se bate con las sumas de la
sexta ~ección del ministerio de Hacienda, sin poder
hallarles consonante. Estos gravísimos pensamientos
me tratan por fáciles asociaciones de ideas el recuerdo de la Patria.
El Señor Romero hllbla tenido la bondad de enviarme periódicos de Méjico que aún no lela yo .... Lo hice con cierta emoción. ¿Y cómo no? En uno de ello;;
me encontré un discursl).de un mi antiquísimo amigo,
en que me retrataba, di¡:-iriendo mi sueldo deflamante magistrado á orilla, del Niágara ...... Por más que
esté uno aco!ltumbrado á estos afectuosos recue~cos de los amigos, aquel me trajo las lágrimas á los
ojos.
.
.
Pasamos fil Missouri; á nuestra vista, un poco leJos,
estaba Kansas City. una ciudad doble que está parte
sobre el Missouri y parte sobre el Kansas; que nació
ayer y nació de golpe con sus edificios, sus fábricas,
sus tranvías. sus rastros que rivalizan con los deCbi•
cago, etc. ¿Queréis, lectores, queos las describa? Nada más fácil; aquí á mano tengo una buena descripéión hecha por un ~iajero, ..Y Kansas City es muy
conocida por lostouristasmeJ1canos. Pero yo no la vi,
sino de paso: Kansas Oity,noedijoelnegroquenosservia en el carro-comedor. . . . ¡Ah!. . . . Hasta luego,
repusimos y seguimos comiendo. De esta prosaica
manera pasamos por el centro geográfico de los Estados Unidos, por el ombligo de la Federación, como
habría dicho Esquilo.
Un amigo mio decía que percibía el movimiento de
rotación de la tierra y que eso lo tenia neurasténico,
(no se decia as! cuando vivia m_i amigo¡ pero esto m_e
queria decir) y cansado de la vida. Ya o creo: me fl.
guro su tormento, pensando en el supllcio mio; tengo
á. la vista un paisaje que no dice nada, un cielo de
acuarela de princi1¡&gt;iante y una luz . cualquleri., una
luz chillona y dommguera sin c!lrá.cter, sin_ estilo, sin
chiste. Y vamos corriendo, corriendo, corriendo por
este desierto sin dignidad y 11in gracia. y hasta sin
melancolia, y asl, inmóviles y moviéndonos furiosamente á la vez, sentimos que él fastidio nos lleva al
idiotismo, quisiéra?3-0S parar, quis~éramos correr_por
nosot1os mismos, digámoslo asl,qwsiéramos no asistir
á. este implacable desmenuzamiento de nuestra personalidad en el espacio, en la distancia.
El tren seguía devorando millas, mascándolas con
susenormesmandibu'as de fierro, cuyo chocar perpetuo nos dilaceraba los nervios digiriéndolas y excre•
tándolas instantáneamente en forma de solitllria sin fin

EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1898.

143

dobladillada de acero. Por el di&amp;, casi blasfemRndo de- ceptos y vocablos, que en el fondo son inofensivos, nes y de las Ideas. Oh! la im11ginación, la loca de la
eiayo: ¿nos pararemos,conmildiablo~?Yporlanoche, convengo en ello, pero que de pronto atemorizan co- Cba,
cuando volvía á la conciencia de mi mismo después mo ojo11 de gato vistos en la sumbra; en donde, digo,
*
de algunos momentos de entresueño, clamaba yo: suel1&gt;n hallar esa1:1 metáforas tan voluptuosas,tan tris·
.
' *
¿nos pararemos, Diod wloi' Y era la voz que clamaba tes, de cout.ornosimprecisos, esfumadod por el ensueño.
Por &amp;qui, por e'!til,- ampa •le Mnte _,ares de legu¡¡s su•
en el desierto
que les sirven para traducir la sensaclon de la noche? be maje.teo11am11me á la11 ¡lf~•a.-1 Ult'Jtcanas ó trepando
Cuando amaneció el di.a de muertos, la forma de los !Je molde me vendría ahora una de esas metáf&lt;&gt;ras; y serpeando poi las cordillera11 que forman sus bordes
ceiajes indicaba la proximidad dt1 las m, ntañas; allí mas no de 111.s que expre11an el afán de infinito y de titánil.:os, han mucltado sin cesar la11 razas abo rige•
estaban efectivaq¡ente y ,i hubiera tenido humor de vuelo que fluye de las noches trágicas, en que el re- nes basta que quedaron comp1imidu, iumovilizada11
Ter algo, las habría per ·ilii&lt;lo d111,d-1 que pasamos el lámpago revi,la la pasmosa cantidad de luz latente y velozmeuteahogadas, ó leutam11uteatrofiadas por las
Arkansas y llegamos á Zq.~ Ve.ga~, .,n Nuevo Ml'jico. en la bumbra; no tampoco de. esas que parecen com
dos corrientes de la11 raza➔ blauc s Uuas no renun•
Yo no cambio las montll.na• por lll. mar; pero cuando puestas de tinieb:a, de abismo y de anhelo doloru110 ciaron j11más al movimi.. uto, e~ decir, á la libertad Y
no hay mar. ¡obl dio11es, montañas, si, montañn11, no la de más allá, ni de esas que producen algo asi como del Cl,icbim,,ca al Pid Roja, ha11 ido Y v .. nido estre•
mar de tierral Las Roc11llosae recortaban con em per- la fugaz iutuición del UJJiverso y que nos hacen adi- liándose en las ciud«de~ 4ue la religión creó para los
filas extraños el horizonte á nuestra derecha. El rio vinar que las constelacioues son hieroglitos sin clave, 11edeutarios eu torno d"1 lu11 teocali11 11agrados. Otros...
Pecos y el Rio Grande (Bravo) bañan unas zonas exí- por dei:;ventura. No, nada de esto: qm11iera una figuNQ, mis lectored, 11e dormirá.u sobre e11tas bojas posguas de eFtas áridas cowarcas: entramos de nuevo en ra, un tropo que trasladara A la palabra por compa· treras con otro mrtivo, nu cou el de que les baya trai•
el país de lll. sed. ¿Pero cómo vinieron a qui l~s babi• ración, esta mist,•riosa impresión de paz sepulcral duramente deslizRdo una meditacióu hit1tórica para
tantea de los grandes pueblos, grandes como ciuda- que derrama desde su globo deslustrado esta divina cerrar con broche de oro. como se dice en füeratura
des, que han dejado tanta~ monótonas y tristeR y cu- veladora de la noche y que expresara cómo nos su11- ,te brindid, este vi11j.i.
riosas ruinas en este cuadrilátero neo-mexicano? trae de lo material y de lo que pasa la claridad de la
Pt.1ro si me perdonarán (ó no me perdonarán, es lo
¿Cómo creció v semultiplicóaqnientre la civilización luna lentamente traspasada al alma, mientras su res• mismo) que yo aclibe por dos minutos de exAmen de
rudimentaria de los mou11t-builders y la civilización plandor frio parece congelar las estrellas y apagar• conciencia A~i diib~n aJabar11e toda8 las jornadas de
plena de los nahoes de 11ue81ra Me11a Central, este hll· las luego en leutas agonías.
que la vida se compone st'gún l'itágoras, Séneca,
cinamiento de grupos sedentarios y a~ricolas que ha
Et trt'n habla anclado en pleno desierto á las nueve Marco -Aurelio y S.1.u A~udtin,-verifiquense las ci•
dejado regado de los vestigios d~ 11u alfarerla la área de la n&lt;.cil.e, con la locomotiva rota; antes de dos ó tas-¿Qué he sacado de mi vi11j, á los E:1tados Uni•
eno::-me dt&gt; Utah, de Arizona de Nuevo Méjico? ¿Se· tres horas no llegarla la que se babia pedido al Paso. do~? Poco, nada. ¿Supe verr A¡,enas. ¿Supe mirar?
rá cierto que el blanco trBjo aquí la sed con la tale. Aprovechando la forzosa inmovilidad de los carros, ¡Tampoco! ¿Snpe didcP.rnir? No pude ¿Q 11é me queda?
implacable del boeque; la se&lt;l y la muerte? Si ebto los pasajero11 se habill.~ dedicado á dormir; aunque ¿Cómo me explicare? ~PI- queda una especie_ ~e zum•
parece el cement,rio de las razas. Alli arriba en la11 no á pierna suelta, cosa que ni ese Puck que se firma bido de oídos e.i el espmtu; una suerte de v1s1óu apohoquedades de las sierra11 qut&gt; nos acompañan eu pro- Micrós, lograría en un SteP.ping-car.
caliptica, algo como una serie de fragmentos de una
cesión fJ1.ntasm11górica, est\n los depó11itos de agua,
Uno de tos conductores y yo nos echamos á andar espiral de fierro, cuy is vuelt,,s me ocultan.las brumu
las tinajas. y acá abajo ePtá la admirable tiflrra sea- via aoelante, pisando (sin retruécano) las cabezas de
del horizonte y CUj os extremos se pierden, arriba en
rreada por los torrentes pluviales de las m o n t a - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - la irradiación dt'l cielo_y abajo eu lit noche del in•
ñ11s desnudas ya, y que uebe ser 011omlwosamente
fierno .. . . Por esos frngmentos de tramos. corre la
f P-rtil, qufl lo es en cuanto, como en la:; Vegas, la toca
gente sin cesar, sin cesar, go ahead, go ahead .. ..
el agua. Ya el yankee emprendedor puijo su ojo y
NE1; vengamos del apoca1ip_!!id 11.-1a- tierra; si yo
su espíritu frente al proolema de la iJ rigación de
pudiera. personifica.r_á e~te pueblo, y así me lo
esta comarca¡ :va puso la mano y el'doUar en la sofiguro siempre, lo-pmtaria en forma de atleta'. d&amp;
lución del p-oblflm&amp;. lo que quiere decir q'.le rerá
púgil, Hs:o para romper los huesos de los Corbett
resuelto indefectiblemente, &amp;qui primero y en Mé·
ó Fitz11imons que se le pongan delante. ¡Vamo.;.
jico después.
á vetl Helo aqui plantado Hagamos como las mis,,.**
ses de ~ew York ó de Boston, que siguiendo el:.
Para mi compañero y para mi, él de estómago
.-jemplo de la riqulsima Mrs. Jackgardner de Bosexigente y de t'XigentEI paladar yo, el problema
ton, la amiga de Paul Bourget, se .-ntregan á una
conslstia en huir de las fondas en donde en un mispersonal examination de l08 mú.culos de los bomo plato se comen diez inuefinibles manjares de
xeadores. E~te es admirablemPnte desarrollado:
cuello, brazo~. pierna@. torso y dorso, protubi:ran8808 que provocan en los comien11os mismos ds
una encrespada digestión, esta preg«nta: qué fué
tes de músculod duros se amontonan bajo la tur•
lo que comimos? Pero para realir;ar esta fuga, era
getcia de la piel slanca, enrojecida por las dupreciso, ayl cai,r en la cocina de carne y de legumchal' frias y dorada por el fOI, 1.Y la cabeza? Desbres conservadas del buffet dl'I los carros dormitoarrollada por la voluntad. ¿Y el rostro? Armado,
ríos, si sabrosa al paladar, fatal at estómago y
de ojos duros y de mandíbulas de fieno por el ape••
mo,·tal al bolFillo. Pero no había remedio, por ella
tito insaciado. La vida mental y la alimentación.
nos decidimos; por ocho ó diez pPSOB mexicanos toá outrat1oe enfermJrán del e~tómago á este atltt11,.
roamos un plato de cornea beef. otro de Bostonlo harán neul'asténico y vendrán terribles desebeans con tocino. unos ehpárragos y una botella de
quilibrios... Ved los prodromos; una tiemocra•
Zinfandel de California, de sabor ligeramente farcia que a1,pira á la gloria militar y caerá en el cemacópico.
sarismo; una démocracia facticia que está domi***
nada por una plutocracia de cuatro mil millonarios,
Al mediar el día llegamos al Paso; el Bravo nos
que la tiene á 11us piés y de quien.sumisa ó rabiopareció un poco menos manso aqul qae en Eagler
sa, es esclava. Uns. plutocracia que quiere conjuPass A nllesta salida de la República, h.. cia má11 de
rar el odio de cincurnta millones de pobres. dánun mes Nuestro viaje había concluido; el territorio
doles la limosna de los hospitales, de los asilos
queibamos á pisar, vuto. despoblado, inculto en I
Y de maravillosos institutos de imtruccion púsu mavor extensióll, ejercla sobre nosotros una fas- 4
blica, que pondrán armas terribles en manos de
cinación extraña, completamente subjetiva, pero
suR adversarios ...... Y las mujeres deseando ser
ab8 o!utamente dominadora; nos parecla que allí ,
hombre~ para luch&gt;ir también por la vida, es decir
en la orilta derecha de este rto que completa los •
por el luju y el comfort, y corriendo al través dei
limit.es j!'eodésícos que estos fuertes nos impusie•
matrimon'o Y del divorcio como en un steeple-cha1
ron en 48 estaba reconcentrada en un puñado de
se, pa~a con seguir una folicidad sin reposo, sin ho
tierra., toda la RP.públic&amp; nuestra, toda la Patria
gar, BID alma.••
nuestra aúo. y un latido de emoción, y un conato
Todos estos pesimismos me vienen de los libros
delAgrimas nos invad'ó instantaneamenre; en sique be leido sobre la sociedad americana, son lilencio tomamos nuestras maletas, y con ansiedad
brescas; yo 110 vi bien. entrflvi un gran pueblo....
singular como si hubiéstmos estado ausentes cien
y adquirí una convicción, que la libertad es un air6
años, entramos en el wagon que nos condujo á lo
respirable.
lllrgo ilfl un hermoso puente, desde la aduana del
***
Paso Texas A la del Paso Juárez; cosa extraña:
,41,,,.,,,,sL;eri,,
Una horda, no de chichimecall, sino de coyoteª
venia yo del país de la libertad y me parecia que
que ululaban como hienas, nos hizo volver de
la recobraba al salir de él; la enorme actividad, la
priea al tren y media hora después el tren voobra enorme del pueblo de que me separaban
Geaeral Manuel Rinc6n,
laba, recuperando el tiempo perdido. Adios pues
cincuenta metros, en aquel instante me habla heD!IIFENSOR EN JEFE DE CHURUBusco _ 1847
¡oh! tierra de lo repentino, ds lo colosal de' lo es:
cho en el espiritu el efecto que diez arrobas ,le
tupendo; naciste ayer y has crecido en ~na hora·
aci;ro sobre el oecbo.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - brotan tus ciudade¡¡ en los pantanos, en los desier~
Bajamos del wagon frPnte á la aduana mejicana y los durmientes. A quinientos metros, el tren me pa- tos, en los bosques como pasmosos hongos de hierro
yo cai en ¡08 brazos de Javier Osorno, tan feo como recia uno de esos colosales cetaceos ae los maresgeo- Me voy á la tierra de las horribles chozas de adobe·
yo pP-ro tan correcto, tan eleg1mte, tan último corte lógicos, varad~ en las playas del tiempo, 9.ue nos se- de las casas bajas,banales y sin comfort; á la tierr~
en' el traje, tan bien ba~nizado ~n la piel d~ Rusia del guia con su OJO de llama en aquellas soledades amor- de las personas lentas, negligentes, anémicas· de la
borceguí roiizo como bien tendido en la piel de Sue· tajadas por la luna.
·
temperatura enervante y dulce, del cielo tran~ado de
ciado ¡08 guitntes marran abotonados de oro. ¡Medió
Mº1
b 810
.
dO
. d
luz. Esa tierra á donde vov me gusta más· pobres
1
un gusto verlo! Y al gordo y simpático Bauche, admi•
companero que parª ª
mie
y ·sm escan• pequeños é inactivos, los pueblos á q~e p~rtenezc~
n:strador de la Aduana y al bizarro Marcelo Leon con so un español capaz de sacar callos, por erizado de se han apropiado un lote mejor en la batalla de la
su cara dfl último A bencerrajl', y su noble corazón de guijarros. si11tió la influencia enmu&lt;1ecedora de la no• vida; á hormiguear indefinidamente en t:-rno de mi'é
d b
che, y respetando mi silencio, me hizo el obsequio del
. h
f d
amigo y de papá.¡Ob! qu p,acer encontrarse e ue- suyo; la verdad es que daba miedo interrumpir el de gaJas, emos pre eri o cantar al ·sol como las ciganas á primeras con tanta buena gente. y tan am11 b)e, la inmensidad, Hablamos andado dos kilómetros, nos rras de la fábula. Bah! séamoslo siempre cantemos
tan franca. de idioma tan dulce .::omolas UV';\S demtel
siempre, puesto que todo es ilusión.
'
de ¡011 viñedos cercanos! Me despedí con tristeza de detuvimos, mi compañero colocó su linterna en el
Sólo el amor es cierto, con su divina certeza de un
.
d
d
suelo
y
nc&gt;s
sentamos
sobre
unos
troncos
medio
carM
b
flstos viejos a_migos, y A__1as cinco e Iatar e empren- bonizados, restos de una anti'}uisima fogata de cam- minuto. añana f)rraré con mis besos las lágrimas
dimos el citmmo de MéJico, regresando á los Estados
f
.
D r i
. ló •
dt los rubios que me aguardan en mi bogar y cam•
Unidos bajo las especies del ..terno Pullman-car, á pamento erroviario.
e Ic oso momento psico gico; bio feliz los millares do sensaciones que he r~sentido
del
Imperio
Chino,
en
forma
de
cocineros
chisen
tia
que
la
conciencia
definida
en
todo
mi
ser,
·se
en mi rápido vi11J·e por la emoción de mañana.
través
redu-:ia, como el dolor bajo la influencia de la morfi1
0
noR Yde manjares que merecen ser •
na á un solo punto casi ~mperceptible; mi yo deseanJusto Sierra.
Bllndémonoe pues de paciencia Y de sueño · · · · · saba en la invisible punta. de aguja del átomo y p&amp;•
¿Y contra el poi vo qué blindaje hay? Hay uno; leo en
i
ºb.
á
b
b
d
y
¡
e&amp;tfl in11t11nte qufl un señor Green, hijo de la famosa rec ª que 1 ª rea sor erse en e1 to o.
e campo
archimiilonaria Hetty Green. ha intentado el modo de que la conciencia abandonaba, lo ocu_paba no sé aué
La serie de artículos «En Tierra Yankee»
colocar en las ventanillas de los wagon es dos hojas de fuer:..a ó qué energía esparcida en el Cosn¡os, yo sen¡
h
tia que eso que se llama la naturaleza, la vida uní- del Sr. Sierra, por los cuales ha recibido El
tela metálica finísima, entre as que ace pasar una versal, compuesta de indefinido número de muertes
corriente de agua vaporizada por un ventilador, y
b d
i y
b 'ó
Mundo tantas y tan sinceras felicitaciones,
¡ad'óe calor! y ¡adiós polvo! SI, pero cuándo 88 aphca- parciales, se enseñorea a e m .
esta 1ucu raci n
rá. á los Wll"'Onea mexicanos esta invención bendita? no será correcta en Epsicologla (¡oh! cruel Acade- terminó en este número; pero ofrecemos á
,..
1 ó¡
·
mi11) y temo el s'lño fruncido de mi t&gt;abio Ezequiel,
La noche aplacó el polvo Y nos ap ac Oij nervios.
pero ¡qué fruición deliciosa! Por desgracia esta ca- nuestros lectores otras producciones inéditas
talepsia del espJritu esta iniciación en 1011 supremos del mismo eximio literato.
goces del nirvana, es fugaz; la imaginación que sigue
***
El Sr. Sierra hará un tomo reuniendo di¿En dónde diablos encuentran mis jóvenés amigos automáticamente su trabajo de combinar eu nuestro
los simbolistas. delicadísimos artistas que tienen la espíritu nuevas y viejas placas fotográficas, excita chos artículos; anunciareml)s oportunamente
ASpeluznante mitnia de escandalizarnos ~ lo~ :omán• de nuevo la actividad de nuestro yo casi perdido, y el día en que se ponga á la venta.
i:coa viejos y á 1011 viejoil a&lt;:adémicos, con giros, con· lo hace reentrar en et torbellinó de las impresio-

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�144

EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 18 98

O omlngo 21 de Agosto de 1898,

145

EL MUNDO

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la canción de las ilusiones.--Cuadro de Hoe:flinger.

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�Domingo 21 de Agosto de 1898

EL MUNDO

146

Jolitica ®tnerttl.
Rl!:SlJME.N.-Temores de un conflicto anglo ru~o. - T,os
Intereses europeos en e1 extremo Orlente.-EI Imperio Chino abierto á todas las ambiciones. -Tocios
satlsfecbos.-Fln de la guerra hispano-americana. Los preliminares de la paz.- L:1s bases del protocolo
-Porvenir de las colonias espafiolas.-Puerto Rico,
territorio amerlcano.-Cuba.-¡,Anexlón ó lndependencla?-Los elementos conservadores J los rcloluclonarlos.-La promesa de McKlnley.-La suerte &lt;le
Filipinas. - Intervención europea.-t'oncl uslón.

Mucho se ha habllldo en estos últimos días de
un rompimiento posible entre el Reino Unido de
la Gran Bretafia y el poderoso Imperio Moscovi•
ta. Pensando que están frente á frente los intereses de los dos dilatados Imperios en el extremo Oriente, y que las rivalidades se han exacerbado y que las competencias se han desarrollado
de modo notable, afirmase que las dificultades
ocurridas últimamente, podrían resol verse por
una contienda armada.
Nada más falso que esos temores, nada más
fantástico que esas amenazas. Es verdad que
desde ha tiempo es el territorio chino la manz,ina de la discordia arrojada á las concupiscencius
de las naciones continentales de Europa; es cier•
to que allí se han dado cita todas las ambiciones,
y que la preponderancia entre el Czar y el Gobierno de Londres es una disputa continuada para someterá su talante y voluntad Ja política de
los mandarines que rodean al hijo del cielo. Cierto es que, desde que los triunfos del Japón sobre
China revelaron al mundo Occidental la debilidad de ese coloso de pié, de barro, todos se disputan á porfía el botín, y el Gobierno de San Petersburgo interponiendo su influencia poderosa
entre la espada del vencedor, ha podido adquirir
gran ascendiente, y en cierta manera buscando
la cooperación de Francia y Alemania, imponer
su omnipotente voluntad en los destinos del Celeste Impericl-; No cabe duda en que esos avances
han tenido que tropezar, y en efecto han chocado
contra la antigua influencia de Ja vieja Inglaterra, que de tiempo atrás venía ejerciendo un verdadero monopolio en los negocios chinos.
Esa lucha, esa competencia, se han manifestado últimamente y se han acentuado al grado de
temer que se turbe la paz europea, á propósito
de una línea ferroviaria de Tien Tsin á Chan
Hai Kwan, que quiere prolongar la China hasta
Nueva Chan, puerto libre de la Manchuria. El
director chino de este. ferrocarril, se dirigió al
banco inglés de Hovg Kong y Shangai, q11e ha
suministrado el capital para la parte de línea
construida, y ese establecimiento financiero aceptó en un contrato preliminar, adelantar el dinero
necesario para la conclusión de la línea. El Ministro de Rusia se ha opuesto á esta transacción

Gener&amp;I Wheeler.

Coronel Wood.

General L&amp;wton

Cor-&gt;nei Rooseveit

lJn Consejo de Guerra delante de Santiago
apoyada por el Ministro de Inglaterra. En ese es-tado los negocios, el Marqués de Salisbur.v ha
declarado ante d Gobiern0 Chino que la Gran
Bretafia ,lyudaria á resistir la agresión de cualquiera potenda que se opusiera á la autorización
concedida á los ~úoditos bt·itímicos. El &amp;gente
rusg ha renovado sus protestas, y por fín ha obtenitlo un verdadero éxito suspendiéndose los
tfectos de la antigua concesión.
De estos pretextos, tanpequeños al parecer, se
han valido los políticos que pretenden descubrir
los misterios del porvenir, para lanzar ii los cuatro vientos de la publicidad los temores de un
ccnflicto armado entre RuFia é Inglaterra. Decididas las Potencills á ir tomando paso á paso posesión del territorio chino y á hacer prevalecer
cada una su influencia con perjuicio de las demás, si es posible, no son de extra:llarse estas
peque:llas diferencias; pero sí extrafi.aría que por
razones de t1rn po~a importancia, como las que
se aducen hasta ahora, se lanzaran en formidable
lucha la primera Potenci,. continental y la primera mnrítima de la vieja Europa.
Rusia ha logrado extender su influencia activa
hasta los confines de Manchuria, ha tomado posesión de Puerto Artur, desde donde puede desafiar con esa importante base de operaciones,
la influencfa. 1.:ombinada de otras potencias. In-

glaterra se ha apoderado de W ey Hay W ey inmediatamente después que el Mikado lo abandonó,
pagada la indemnización de la últim i guerra.
Tiene á su cargo la administración del gran Valle
de Yang Toe con un millón ochocientos mil kilómetros cuadrados, y con semejante punto de
apoyo, puede esperar nuevas concesiones para loporvenir. Alemania ha tomado posesión del puerto y la bahía de Kiao Chao con los territorios.
adyacentes. Francia desde su colonia de Ton
King, vigila cuidadosa los cambios en aquellas.
regiones y se dispone á invadir la isla de Hay
Nao. Japón se conforma con dividir _pacíficamente su influencia en Corea, con los ageutes.moscovitus. Todos los que de cerca ó de lejos, tienen
inte::eses en aquellas ricas comarcas, han tomado
su parte en el botín, mie11tras se prepara el gran
desmembramiento ya decidido en los consejos
supremos de los poderoFos de la tierra.
¿A qué pues esos conflictos armados? ¿Con qué
objeto un rompimiento capnz de encender :aguerra universal, sin que puedan preveerse los resultados de la lucha? ¿A qué lanzarse á una guerra que s.ería formidable entre dos poderosas y
ricas naciones, cuando por medio de la diplomacia, por los manejos secretos de los comerci'lntes.
y los misioneros van entrando todos en pacífica
posesión de la presa codiciada?
No, el asunto de un ferrocarril en China, no es
causa bastante para romper el equilibrio europeo. Rusia é Inglaterra, Francia y Alemania, que
tienen rivalidades en Europa, se entienden admirablemente, se comprenden á maravilla, cuando
tratan de definir la suerte del caduco Imperio
Chino. Esperemos que por hoy no se turbará la
paz de las grandes potencias.

***

El servicio postal del cuerpo expedicionario amerJcano.

Esa palabra ha sido pronunciada en lo más
acre de la lucha, entre Espa:lla y los Estados Unidos. Después de las catástrofes de Manila y de
Cavite, el Gabinete español aun venciendo las
resistencias que oponían las clases militares, y
oyendo los clamores de los pobres que más sufren en las grandes cl'isis nacionales, se decidió
á. pedir la paz, que ha sido concedida mediante
condiciones dolorosas por el vencedor.
Los preliminares han sido firmados ya por los
respectivC's representantes de Espa:lla y delos Estados Unidos, en d salón de recepciones dela Casa Blanca. En ellos se ha acordado la renuncia
de toda soberanía y dominio de España sobre la
isla de Cuba y la cesión de Puerto Rico y de las
islas adyacentes del dominio espafiol, á los Estanos Unidos, la entrega de Manila con el territorio
circunvecino, en tanto que se decide la futura suerte de las Filipinas, y se acuerda también el nombramiento de comisionados para arreglar la in•
mediata evacuación de las fuerzas espafiolas que
hoy guarm.cen las colonias antillanas, y la reunión de una comisión del tratado de paz definitivo, que debe celebrar sus sesiones en París, á
mástardarde&amp;de el primero de Cctubre próximo.

Domfngo 21 de Agosto de 1898

EL lr.JNDO

Queremos suponer quue ningunas difi&lt;inltades se opondrán á la celebración de
un tratado de paz sobre las bases concertadas, queremos creer que por parte.
d~l pueblo ~spafiol no h11 brá protestas
violentas, m entre los partidnrios qe la
din~.stí~ reinante ni entre los republicanos., . m tampoco entre los que pudieran
seguir la bandera del pretendiente. Esperamos tambien que la representación
nacional en las Cortes, no opondrá ningunas dificultades á la aprobación deltratado, ó bien, q~e la oposición abierta en
la tribuna parlamentaria, quedará equilibrada por la mayoría de que dispone el
Minist~rio Sagasta en el Parlamento. Pensamos también que en el Senado americano no habrá dificultades, porque Me Kinley ha tenido siempre Ja·confianza entera
delpueblo amerícano.Pero aún así ¿,cuál
es la suerte que aguarda á las co'1ónias
españpl~s _segrt&gt;gadas en todo ó en parte
del domm10 de Ja metrópoli?
Nada hay que decir respecto á Puerto
Rico, señala~o d~sde un principio como ur.a especie de mdemnización territorial por gastos de !aguerra, á favor de
los Estados Unidos;seestablecerá alli un
gobierno militar mientras baya gérmenes
de oposición armada al nuevo orden de
cosas, se organizará después como un
territorio federal, para que mientras se
hace la asimilación, mientras se americaniza el país, se prepare debidamente
á formar parte y á brillar como una estrella en la constelación americana.
¿Qué hará el Gobierno americano de
la perla de las Antillas? ¿Cómo se manejará con ese pueblo que en tres ailos de
lucha desesperada por su independencia
Bismarck en los distintos períodos de su vida
en tres añus de combates sin tregua po;
s~ libertad,?ª aspirado á d1irse un gobierno _propio? ¿Cómo cumplirá el compromíso de hostilidad.es, el puerto y la ciudad, asediados
contra1do a~te el mundo civilizado después de por 1:11~ª d~ tres meses, han caído en poder, por
l~s declarac:ones de McKinley y de las resolu- ren~1c1ón mcondicional, del Gral. .M:errit y del
ciones aprobadas por el Senado y la Cámara de Almirante Dewey. Son ahora los americano:. duerepresentantes? ¿Cómo corresponderá á los de- ños de la capit~l del archipiélago, y tienen en su
seos y á las índicaciones ae la opinión, manifes- poder á las pnmeras autoridades de la colonia.
tad!s en la pr_ensa y en la tribuna, de dar sobe- Más duras tendrán que ser ahora las condicior~~l~ á la antigua colonia? He aquí un problema
nes de la paz, y más en su poder quedará la suerdificil de resolver.
te de la colonia.
Los elementos superiores de la revuelta AntiY en tanto la Europa, que se interpuso entre
lla, los que constituyen la clase conservadora de el Japón vencedor y la China vencida, que detula soci&lt;Jdad, por su riqueza y su posición socia1 vo el golpe fulmíneo del&amp;. espada de Skobeleff
Y. que apoyaron mientras pudieron, la domina'. sobre los vencidos de Plewna, que discutió las conc1ón espail.ola, no tienen intenciones de someter- diciones de paz en el-tratado de Berlín verá con
se á un gobierno _emanacto de la revolución, y la mi~ma indiferencia la desaparición del poder
formado con los Jefes más distinguidos entre las colomal de E-,paña? No acudirá presurosa á ver
huestes separatistas. 11}1 elemento espail.ol en cu- qué le toca á la hora del reparto? No serán las di!ªª ma~os estl1. la riqueza territorial, mercantil é ficultades en los mares de China, ocasión para que
mdustrial _de la colonia, busca amparo á sus in- s~ mezclen en el tratado de paz, y quieran decitereses baJo el ~ominio americano directo, y re- dir eu su propio beneficio, el porvenir de las Iscba~a ext"emecid~ un gobierno revoluciunario, las Filipinas?
te~iendo por sus mtereses. Los jefes de la reb~hón que se ?ªn sacrificado por crear una patria cubana, tien~n- derecho á ser oídos, y son
acreedores á p"rtic1par activamente en las labores
de la c~nstmccian de la colonia. Unos aspiran á
la anexión, otros pretenden la absoluta é incondicional independencia. Para satisfacer todas las
aspiraciones, para conciliar todas las voluntades
para acallar sus propios intereses, para cumplí;
sus solemnes promesas, el Gobierno de Washington ten~rá, pues, que luchar y discutir muy seria
Y detenidamente, con propias y agenas opiniones,. antes de decidir la futura suerte de Cuba.
Piensan muchos que pasando por encima de
t~das las fórmulas, se establecerá como único medio un gobierno militar, para pasar de frente á
la anexión definitiva. Por nuestra parte, tenemos fé en la palabra de McKinley, y esperaD:1~s que de acuerdo con todos los elementos poht1cos de la isla, de conformidad con sus vitales
energías, proceda á reeonstruir .un gobierno indepe1;1diente siquiera sea bajo el protectorado
americano, y así habrá cumplido la misión que
se pro!)uso al intervenir con las armas en la mano, en la revolución separatista.

***

¿Y quién definirá el porvenir de Filipinas? Como una _concesión se pedía la entrega y rendicíón
de Mamla á las fuerzas americanas en los prelíminares d~ la paz; pero antes de que llegara á aquellas regiones apartadas, la órden de suspensión

Pozo artesiano en Le6n.

ll7
Quién sabe! Pero si ahora qumeran
!nt, rv~nir l11s que no fueron capaces dP.
impedir el conflicto armado, es posible
que se encuentren·con lit arrogancia del
vencedor, que ha recb11zado hasta ahrra,
y parece resuelto á rechazar en lo sucesivo, toda intervención extraña. Nos sugiere esta idea la noticia circulada ú ltim11mente, de que la e3cuadra de Watrnn destin11daáatacar las costas españolas,
"~_P~epara ya á zarpar rumbo á las aguas
fl11pmas, no p11ra ddender los intereses
amt:ricanos que hoy están á salvJ de cual•
quier golpe de mano por parte de España, sino tal vez para hacer una ostentación de fuerza contra cualquier intento de
una potencia extranjera. Y nos afirmamos
en esta creencia, cuando se acaba de
anunciar que los Est11dos Unidos se preparan á reforzllr con nuevos elementos
de combate, su ya respetable escuadra
vencedora en Manila y en las costas de
Cuba.
X. X. X.
19 de Agosto de 1898.

El ~eneral Don Manuel Rlnc6n.
El defensor de ChurubuEco, glorios11mente derrotado hace cincuenta y un años pot·
las fuerzas l!-mnic11na~1 merecA los respetos
de l_a ~oster1dad, porque supo resistir hasta
e\ ult11?0 extremo.~ ven•iido se entrt'gó á
d1~crec1ón con esto1c1smo heróico.
El y los demás jefes m~xicanos de la jornada deChurubuijco recibie1on los testimonios de aprecio del jefe vencedor y fueror
tr ~tados por_ ést~ cou el rePpecto y Jo,; mira•
mientos que mspiran el infortuuio no merecido y el valor mi'.itar.
· Un consejo de guerra delante de
Santiago..
Concluida la guerra, faltá.banos algo interesante de su historia para que la colección
~º grabados de El Mundo Ilus1,rado consl'r·
ve los tipos. •as escenas y las si-tuaciones más caracterfstic11s de los últimos sucesoP.
Inútil parec~rfa insistir ~p. el valor de estos grabados como med10 de sugebt1on retroFpectiva.
. En la eecena ~el mundo_ pronto pasará, ó ha pasado
ya, c?mo actuahdad palpitante el conflicto hispanoameucano; pero será. grato á. los coleccionadores encontrar en cualquier tiempo en los volúmenes de
nueRtro semanari? la !'vocación de acontecimientos
cuyos detalles se 1ráu borrando en la memoria de los
contemperAneos.
El servicio postal
del Ejéreito expedicionario amer•cano.
No podia p~sarse el ejército expedicionario de
e@as dos neces1d~~es supre_mas de su espíritu, la lectura de mformac1on P,er1ód1ca y la comunicación epiFtolar. Desde luego u.ií peridista audaz fundó sobre el
campamento, entre las balas, una publicación quedaba al dia, 11s decir al momento. todas las notas de Ja
~udable Rituación A poco ya_ nabla también estable:
c1do á lo largo de las lineasm1l;iares todo un servicio
r,·gular de correos que por la festinación natural de
las circunstancias aprovechaba los árboles cl11v&gt;1ndo
e_~ ellos sus buzones á falta de tiempo para hactir y
f1Jar postes.
Bismarck en los períodos sucesivos de
su Tida.
El (?anciller von Bismarck pasa á. la historia con
U!3&amp; f1sonomla que no alteran las diversas y variadas
urcunstant ias de su agitada existencia.
_Esta penistencia del tipo á través de cambios infil!u~s e11 el. transcuso·de los años. es una de las pecuhandades más salientes del Canciller de Hierro.
_Nuestros l~ctores_ verán en el grupo de retratos de
Bismar_&lt;·k, _como _el Joveu un~versitario y el corifeo de
la ~olit1ca 1mper1al, fon el mismo hombre de ojos vivos
Y fisonomía ill11lterable que dominó todas las borrascas de una época y marcó úna pauta á la historia europea contemporánea.
Pozo artesiano de Le6n.
E~ta oora fuéllevadaá.cabo por o~den del Sr. Obregón González, Gobernador del Estado.
El ~la 1° de Marzo del año en curso iniciáronse los
traba;cs llegando á.su terminación el 2deJulio último.
Los gl;I-Ftos de perforación suman $4 400 y la tuberfa costo $1,500.
'
Produce este pozo en 24 horas,548 640 litros deagua
Su p~oft\ndidad es de 255 metros 70 centfmetros. ·
Pubhca1!1os este grabado, haciendo notar que este
po_zo artesiano es uno de los más notables de la Repúbhca, por la profundidad á. que fué necesario llegar
y por- la cantidad de agu,a que se obtuvo.
'
- El maestro Meneses y sus discípulos
EL ~fuNoo ILUSTRADO rinde públicamente sus ho~f~~Jes al M~estr? que ha sabido consumar una obra
c1v1!Jzadora 1mpr1miendo vuelos artísticos al grupo
selecto de alumnos y alumnas que con tanta pasión y
&lt;'OD talento innegable, forman ya una escuela de verdad1:ros arti~t~s, encargados de sostener y enseñar en
Méx1co la mus1ca moderna.
Damos e.o este número los retratos del Sr. Meneses
Y de _los d1scipulos suyos que tomaron parte en los
C(!DC1ertos últimamente verificados en la Cámara de
Diputados.

•

�FL MUNDO

Domin~o 21'de Agosto de 1899

149

EL MUNDO

Domingo 21 de Agosto de 1898

LOS 1JLTDIOS CO:XCIERTOS MENESES

Lf\ HlOUERf\ D5 LILOT

RAFAELA PARRA,
PJIIDRO OGAZÓN.
GRBGORIO ORIVJD.
EDUARDO REGUJCR

MANt'lllLA MALANCHlll
FlllRNANDO PEÑA.
lllNRIQUlllTA N9ZARI.
INBS BRISl!'ÑO,
FlllLIPA MUNGUIA.

Prof. Carlos J.

ALBA HERRERA Y OGAZÓ!f,
LUlll M.OCT.BZUM.A
Meneses.
MARJAMILÁN
CARMEN llUNGUIA.
OTILlA AYALA.

ESTHEK ltUt,ALmS.
CAJtLOS DBL CASTILLO.
ALFONSO HARRON.
JOAQUÍN VILLALOBOS

No era precisamente un lince el joven heredero de
Biremus. ¡Ah, no! En la escuela no pasó nunca del silabario y las ideas no parecían florecer en su mente
sino como ciertos musgos del polo; cuando la primavera e1 a excepcional.
Pero si no podia coronarse á Lilot con el laurel del
sabio, era en compensación tan vigoroso que á los
quince años cargaba sacos de m1dz como un molíne•
ro, á los diez y seis levantab a entre los dientes una
mesa de seis cubiertos y sus padres cuando le
veían hermoso y gallardo hacer estas haz11ñas
probaban algo dtl aquella satisfacción que sintieron al vender en q&amp;inientos francos .v en la
feria de Laboubeyre al fam1,so Zéfiro III, po ·
tro de las cuadras de la heredad.
¡Y en verdad que era airoso el tal Lilotl ¡Y
qué salud, Dios poderoso! Pulmones Fólidos como fuelles ele fragua, corazón arreglado como
el relox de la pRrroquia, movimientos sueltos y
ágiles: si por desg-racia recibia un arañazo, no
hacia más que lamerse á gui~a de perro y á las
dos pasadas de lengua querilLba como nuevo.
Lilot sabia la causa de su vigor, la cual era
que su arbol gozaba de excelente salud, porque
Lilot como la mayor parte de sus compa,riotas tenia su arbol En su país, los labradores
acostumbran plantar un arbol cada vez que
les nace un niño y tienen fe en que el vegetal
y el rorro correrán la misma suerte: si el ar bol
prospera sucederá lo mismo con el niño y languidecerá si la P.lanta se marchita.
El árbol de Lilot era una higuera que @e ha.lfa
plantado cerca de un lagunato á fin de que tu·
vieran ;;us raíces jugo suficiente, y se encont~aba bien el muy goloso. Era frondoso, enor•
me, cargado de frutas y protegido por una corteza lisa como la -piel de una doncella. ¡Qué
buena sávia absorvia al borde de ese lagunato
al gue las aguas pluviales traían los abonos de
todas las colinas del contorno!
Además Lilot lo cuidaba con empeño: iba á
vilntarlo frecuentemente, casi todos los domin·
gos, lo descargaba de hormig-as y de caracoles, sobrevigilaba el brote de los renuevos y curaba con limón las heridas que le quedaban
cuando la tempestad le arrancaba algu-oas ra•
mas. Gracias á tantos mimos, la higuera engordaba como un canónigo mostrando un tronco hinchado por la savia, rodeado de ramas vi- e
gorosas como brazos deHércules que extendian
71
su sombra sobre los árboles circunvecinos.
P11es bien: á la otra orilla del lagunato, en
tierras de las Cazerotte, tejedoras de la parro- {
quia, babia un ciruelo raquítico. un pobre día- l
blo de ciruelo que no prosperaba. La higue1a.
de Lilot tenla el aspecto de ahogarlo, de sofo·
cario con el peso de una rama enorme que alargaba en aquella dirección como un puño amenazante.
Una tarde Lilot, que por entonces tenla diez
d seis años, vió venir á una chiquilla, morenita
yelicada, con ojos de capulines y un pañuelo
rojo anudado en derredor del cuello, lacual era
Totina Cazerotte, hija de la tejedora. Brincó el

arroyuelo surtidor del Jagunato, ligeramente, como
una cabra que retoza y 11e aproximó á la higuera,
un poco avergonzada, mostrando en su rostro una
sonrisa conciliadora, una bella sonrisa que abría el
apetito como una tajada de pan con mantequilla.
-Buenos días Lilot.
-Buenos dlas, Totioa.
-¿,Cómo es que no podas la higuera?
-Si, vecina, la podo.

Totina inclinó la cabez11 y su sonrisa se extin~uia
como ~i tuviera algo serio que deciI, al mismo t1emp? que sus labios con movimientes insólitos dejaban
adivinar qui: un torrente de p11labras estaba próximo
á. salir de aquella boquita.
De pronto, armándose de v11lor dijo ruborizada:
-Lilor, venia á traerte un recado.
-¿Cuál?
-Mamá me encargó te dijera que serias mu:v amable, pero muy amable, si cortaras á tu higuera
una rama.
-Cómo! exclamó i-1 muchacho con entonación
ho~til, ¡cortar una rama á mi higueral
-SI. ... esta grande, mira; esta que cae á
nue,sro jardín y que nos hace sombra.
-Ahl ¿Les hace sombra? Tanto peor, tanto
pror
--No hay medio de lograr en nuestro jardín
una lechuga.
- ;,Dtl veras?
-Las zanahorias no se dan, ni las cebollas,
ni la11 patatas
-E~ un gran oerjuicio
-¿ Y qué me dices de nue~tros á1boles frutales? Re mueren todos.
-Bah!
-Mira, Lilot mira un peco la facha de ese eiruelo que está. al otro l11do del agua,
-Ahl ese si. ese si tiene una triste figura ....
-No le quedan dos años de vida.
-Eb posible: pero ¡qué te importa esol ¿Te
gustan mucho las ciruelas?
.
-Me enloquecen.
-No tienes buen gusto. Las ciruelas no sirven, en tanto que los higos .... 1
-No te burles, Lilet, te ase.guro que soy muy
desgraciada!
- ¿A causa de esta rama?
-Sí. si no la cortas. voy á caer enferma, lo
presiento. 1Córtalal ¿Si?
-Pero ,,¡ no p11edo.
-¿Y por qué?
-Porque... ¿eres mi amiga, Totina? ¿me
prometrs no decirle nada á nadie? Pues bien
eEta higuera es mi árbol.
:
- ¿Tu árbol, Lilot?
-Si, lo plantaron el día de mi nacimiento.
Ahora comprenderás que no debo, que no puedo tocar una sola de sus hojas.
¡ -Totina se echó á llorar.
-Bueno, pues el ciruelo es mi árbol, dijo en, tre su~ snllozc&gt;s.
-Ah! Babi
- Lo plantó mi padre cuando·naci y tu higuera lo mata, Lllot, y yo también moriré pronto
por cama tuya .... yo que habría querido alcanzar los veinte años.
Y la niña, tan ~uperticiosa como su vecino,
lloraba á mares _y sus breves hombros temblaban con estremecimientos convulsivos.
Lilot estaba abrumado.
-Tu arbol. ... tu a.roo!..; repetía con voz sorda .. ¿y por qué día blos lo plantó tu padre aqui?
-Por el agua. Todo crecía muy bien aquf,

�150

EL MUNDO.

antt1s de que adquiriera tanto desarrollo tu maldita.
-¿Qué tienes muchacho? Algo malo rc,es desde hace
h1g-uera: ¡qué desgraciada soy!
ClfllR,
Sí que Jo era y Lilot no lo dudaba. pero ¿qué podla
Y era ve!'dad Lilot se veía en los espejos pálido y
hacer? Nada. porquti seria atentar contra. su persona, demacrado. y cuando quiso levantar una mesa con los
seria como corta.rae un brazo.
diP.ntP.s, cayó dP. boca ~ se lastimó
El muchacho se pasó la. mano por la frente para faTotina.en cambto.esta.ba-resplandeciente,crecida, becil,tar la. eclosion de alguna buena idea que se rtivol- lla y vigorosa.. Si: de seguro 9ue algo babi" en eso]
via a.111 y dij'):
Mes por mes sus ojos pnrec1an más brillantes y sus
-Babi No es enteramecte seguro que la muerte de formas más correctas, sin que con todo y eso se viera
t~ ciruelo t~ pueda traer desgracias; las gentes que que el ciruelo mejoraba maldita la cosa.
d'.cen eso dicen tontem1s; pero el ma.istro de la escue~ilot a brl&lt;l los ojos espantado sin encontrar la exla que no era nada lerdo, condenaba eaa.s preocupa• phcación de esta doble metamó~fosis y mientras más
ciones. No llores. Totina Ademá,. aunque rl ciruelo vela á Totina m4s pensativo quedaba y más descon•
esté enferm'J tú tienes más salu&lt;i que uua primavera. tento de ~i mismo.
Ya ves quti el árbol no tiene que ver con uno.
J.No habla est,1do. en efecto, demasiado duro con la
-,-Pues entonces; ¿por qué no dejas tocar tu ár- niña? Despues de todo ella no era mala; bastaba para
bol?
convencerse con ver su sonrisa r asi debían pensnrlo
Esta con~estación dejó mudo al heredero de Bire- los muchachns de la aldea que la perseguían todas
mus.
.
las tardes cuando iba á la fuentA. Ah! pillos: de buen&gt;t
Se volvió á pasar. la mano por la frente, pero nada gana les arroj,1ria pictdras Lilot. p,.r lo demás, á pesar
pudo sacar de alli.
suyo, y Rin duda inspirado por el dAmonio él, como
-¿Quieres, Lilot? ¿quiéres? preguntaba. la chiquilla loe demás, tambien iba á esperar á Totina detrás de
zalamera mostnndo su sonri:1a apetitosa. como una los árboles P.n el eaminito de la fuente, pero se ocultajada de pan con mantequilla.
taba enrojeciendo hasta las orejas, cuando la joven
Pero el la rechazó.
SA acercaba; y cuando sus pasos se dejaban oir muy
-No: le dijo, no quiP.ro, no quiero!
.
cerca, Lilot temblaba y
, -¿Es to Última palabra?
Penti I como si cada paso
-Si, dejamt1 en paz.
fuera un golpe sobre su
-Pues bien, a.dios replicó ella picada enlo más vivo. corazóu.
Ah! ¿no quiéres pelder una. rama? Pues ten cuidado!
¿Q·1é le pasaba? E,ta.no sea que las pierdas todas. Y,¡ te arrepentirás.
ba enfermo, se volvialo•
Lilot palideció con esta a.mena.za.
co, espiritus malig-nos
-¿Que quier.-s decir? preguntó
debían haber soplado
-Yo me entiendo, murmuró Totiria y atravesó et sf'bre su cerebro y Je
arroyuelo leva.utándose el ve1:1tido y dt'j&amp;ndo ver unas trastornaron todas PllS
piernas bla.nca11 ya. bien desarrolla1las que se espe- ideas como una ráfajaban en el a.gua murmuradora.
ga de aire revuelve las
11
Ya te arrepentirás" parecían decir esos murmullos hojas de la encina,
"ya te arrepentirás"
A veces, por la noche,
Lilot temblaba de· cólera.
se quedaba con-¿i:,msa·á a.caso matar mi árbol? se preguntaba, Lilot
templando horas enteras
Ah ¡miserable.... !
Y sentia. impulsos de cojer á la. chica por las orejas un hilito de luz amarilla
y tratarla como se merecía 1Qué abominación! Iba en que le lleg-aba al través
de los árboles, desde la.
el acto á dar aviso á la gendarmeria ..... .
de Totina v
Pero Lilot se detuvo, .tpenas habla ar.dado algunos habitación
no era. por defender su
pasos.
higuera por lo que así se
¿Y si los gendarmes no lo creían?
Son gentes ignorantes que vienen de palses Jrjauos desvelaba. oh! no, haen que no se s_abe nada dt: eetas cosas y se burlarían bria. por el contrario side él, Era meJor no ocurnr á ellos y sobrevigilar á do m11y feliz si hubiera
venido la joven á derriTotina.. Eso sil
A partir de este momento Lllot venia varias veces bar alg•mas ramas. porcada ~1" á vi~itar ta higuera armado de un solido ga- que en suma eso no harrote: mspecc10naba el árb.ol minuciosamente, contaba bría. perjudicado á su
las ramas con los dedos, y reconocia particularmei..te arbol gran coda ttenia
la que daba sobre el cimelo vecino. Algunas veces tant1ts rama.si y hasta
haeta revolvla la tierra al rededor del tronco para exa- puede ser que quttándolevarias hubiera que·
minar J,¡s raic es.
De vez en cuando al hacer estas inspecciones veia dado más bonita.
-Ah! si me atreviera,
á_Totina_ ?el otro la.do d~t lagunato, burlesca y con
OJOS ma.hc10sos que parec1an decirle "ya te arrepenti- p msaba Lilot rascándorás" y este aire agresivo de la muchacha. le ponla Ja se la oreja, si me atreviera á cortarlas yo miscarne de gallina.
-Tiene en la cabecita. algon mal proyecto, se decia mo para hacer las paces
él y hasta creyó necesario empezará vigilar por ,a.a con Totina, y merecer
nuevo aquellas sonnoches, lo cual le ocasionó un catarro abundante· y de
com~ no se al_iviaba se alarmó. Seguramente el árbol risas de ·o tros tiempos .
sufr1a, le hab1&amp;n hecho algo ......y ápesar de pacien- que hadan 811 can-ap-etitosa como una tajada
tes investigaciones nada pudo descubrir
-Ah! la maldita! ... . murmuraba mostrando et puño de pan con mantequilla.
Una noche Litot descerra.do en dirección á la. caRa. de las tejedoras
De noche. desperta\i11 sobresaltndo creyendo oir pertó sobresaltado. ¿Qué
hachazos y como dormía mal com .. nzó á enflaquecer, ola? ;Hachazos? Sil v
venlan del laguna.to, Le
y su padre le preguntaba inquieto:
estaban derribando · su
higuera!

Domingo 21 de Agosto de 1889.

Domingo 21 de Agosto de 1898.

Se levantó, se vistió, tomo su garrote y salió en tan•
to que los g-olpes se oian aún. P ..recian vacilantes, ti·
roídos, casi vergonzosos.
Lilot marchó con rapidez y sin ruido bajo los ár•
boles á la claridad dudosa de la luna creciente que
bogaba en el horizonte como un barco lejano.
Si, era su higuera la que ee cortaba y Lilot distlnguia ya la silueta de una mujer en el extremo tle una
escala, una mujer cuyo brazo se levantaba y se abatía sobre la. rama principal del árbol, la. que era perjudicial al ciruelo de las Cazerotte.
Es Totina! excl.. mó palidec.endo de alegria y perdonándole desde el fondo del corazón. Habria. querido correr á darle las gracias pero le temblaban las
piernas y vacilante, deslumbrado, cohibido, como si
marchara en una nube, se aproximó ála joven que no
le babia visto venir y continuaba cortando pronto,
pronto como si tuviera miedo de ser sorprendida. Lilot se acercó aún conmovido y dijo en voz dulce.
-Buenas noches, Totina
Ella le respondió con un grito. un agudo grito de eepaoto que dePpertó los ecos de la. aldea!
-Socorro! socorro! al asesino! clamaba la joven con
terror
Y como quisiera bajar con demasiada rapidez, cayó de la escalera.
Lilot también gritó al verla caer.
-Dios mio! ¿~e ha hecho usted daño? dijo precipitándose á su lado.
- Socorro! al asesino! seguia gritando Totina que
crrla llegada su última hora.
lnetintívamtnte quiso levantarse y huir, pero le faltaron tas fuerzas cenó ,os ojos y se desmayó. Litot
temblaba.
-Totina. decii,. con voz sorda ¿no me &lt;&gt;yes? Perdóname¡ te aseguro que no iba. á hacerte daño¡ respónrteme-, Totina; no puede ser, no puede ser que te muer11s tac prouto!
Y se arrodilló llorando junto a.l cuerpo inmóvil de
Totina.
Pero de súbito fie levantó, la tomó en sus brazos ro•
bustos y la llevó á la aldea para que la curaran y pudiera volverá abrir sus lindos ojos negros como capulines y sonreil' con sus labios que olían &lt;i fresas. Y
al cont11cto de eHe amado cuerpecito, Lilot sentía
que se estaba fundiendo como !a nieve al calor del
sol.
-Totina. murmuraba ext1i.siado, apretándola contra su pecho y lut&gt;go, sin pensarlo, por movimiento
irresisti-ble se inclinó y poaó un.. lteso ardiente y prolongado en ms labios olientes á fresas.
Ella se estremeció, entreabrió los párpados y viendo al que la llevaba en sus brazos volvió á gritar:
-Socorro! socorro!
Y de un salto escapó, entró en su casa y cerró la
puerta con violencia..
Lilot no durmió en el resto de la noche¡ le apenaba
verse odiado de Totlna.. Tempranito se levantó y fué
á la. casa. de las tejedoras.
-¿Cómo sigue Totina? preguntó con voz tlmida á
la viPja que salió á abrirle
-Muy mal, le contestaron. Ya verás lo que resulta
de haberla hecho caer de lo alto de una esca.la.
Y le cerraron la puerta en las narices.
Al medio dia volvió á preguntar y le dieron la misma respueFtil.
Luego vió entrar al médico y se alarmó más toda vía.

-¿Estaba realmente grave Totina? ¿qué iba á ser

-de ella con un árbol tan raquítico c.&gt;mo el suyo?

Corrió á ver el ciruelo y lo encontró en un estado
-dep~ora.ble. El tronc~ se torcia como el espinazo de
11n Jorobado para hmr de la higuera. que Je oprimla y
_ya sus ramas estaban muertas. Esta higuera esparcía
Ja. muerte en torno suyo con sus ralees glotonas que
-chupa_ban todo el jugo de la tierra. ¡Qué ogro! No habría s1_dq bastan~e cortar l1&lt;. rama. principal para que
se reviviera el ciruelo. ¡Pobre Totina!
,Y los ojos de Lilot se humedecieron, creyó sentir
aun en sus brazos el cuerpecito de la niña ese cuer.po que pronto se iba á enf.iar.
'
-Oh! 110. dij•&gt;, no. Y un pensamiento dulce irradió
de su fr,mte obscura: el ciruelo vivirá y ella también.
Yo sé cómo.
Por la tarde fué á ver a.1 Cura, se confesó largamente en la iglesia invadida por las sombras crepu!I•
cu1ares, y a.si que sintió su alma bien pura, regresó
-A su casa. Asi que todos se durmieron, tomó un hacha
y se dirigió á la higuera bajo 'a luz mortecina de la
luna, un poco menos pálitia. que la noche anterior.
¡L1Jot levantó el hacha y la dPjó caer sobre su ar-0ol! _Si, lo cortaba. por9ue en su opinión era. el único
medio de salvará Totma. Y cortaba. sin pena esta higuera querida, Pernbra.da por su padre y de la que
dependia. su propia existencia
Para que no le faltaran las fuerzas pensaba en Toitlna. y cortaba, cortaba haciendo retumbar los ecos
-en el silencio de la noche.
Y cuando el árbol vacilando crujía ya, Lilot o:, ó
_pasos, len~os, breves, que parecían pesar apP.nas so-bre las hoJas secas. Se volvió y distinguió á 'Potina.
-¿Eres tú? preguntó tembl1rndo de piés á cabeza.
-Oh! Lilot, dijo ella junt1mdo las manos en señal
-dt- aflicción, ¿qué haces, qué haces?
-Ya lo ves, cc-rto mi á.rbol.
-¿Para. qué?
-Para. que prospere el tuyo, para que vivas largo
'tiempo y seas feliz porque te amo.
-Oh! Lilot, ¿qué dices, me amas deveras?
-Si.
-¿Y por mi cortas tu árbol, porque me• creiaa enferma? Pues no lo e11taba. Era por asustarte. Pero me
amas y esto me regocija. ¿Por qué no lo babias
-dicho?
-Porque no me a.trevia. Te has puesto tan linda . . .
.¿Y tú, me quieres un poqúito?
-Que si te quiero! Toma, toma y mira si te quiero.

151

EL MUNDO.

Y le besó repetidas veces en los ojos, con su11 labios olientes á fresas. MiehtraP, el alma de Lilot temblaba toda. ¡Qué sabrosos eran los besos de Totina!
Suspiró y creyó morir du1cemente junto á su hermana la higuera que acababa de abatir.

-Puesto que me amas, Lilot, dijo ella con voz que
parecía. venir de muy lejos, pídeme en matrimonio y
nos casaremos para la. pascua.
Los ojos de Lilot se abrieron, se fijaron en la joven
y sti llenaron de lágrimas
-¡Casarme! bien lo hubiera querido, pero ya no
puedo.
-¿Por qué?
-Porque voy á morir.
-¿A cau11a. de la higuera?
-1:,i, mira, ya está al Cl\er.
-Oh! Es verdad, dijo Totina palideciendo ¿qué has
hecho, de.agraciado?
Y retrocedió de un salto. Sin un soplo de viento, ta
higuera se inclinaba y se ohm crugir sus últimas fi.
bras; luego con un gran estruendo se a.batió, revolviendo con SUR pesadas rama! hasta el fondo del agua
Totina lanzó un grito y coutempló á Lilot que temblaba.
-Ahora., dijo con débil voz, soy yo el que moriré,
pero uo tengo miedo, Totina., esta tard"I me confesé y
recibi la absolución.
Entonces, pensando que ya no iba. á vivir más, se
ttindió o.,n la yerba y cerró los ojos.
-Y deveras vas á morir? Socorro, socorro! gritó la
joven aterrada, y corrió hacia la casa de Biremus,
golpeando la puerta con todas sus fuerzas.
-Despertad, gritó: vuestro liijo se muere.
E! pad~e de Lilot y toda la familia. se levantaron al
momtmto y corriendo al lado de la h;guera a.batida
levantaron al joven y lo trajeron á su lecho.
'
Al dla. siguiente 1espiraba aún.
-Dios mio! qué hambre tengo! gritó á las diez.
Al medio día querieudo medir sus fuerzas, observó
que podia levantar con los dientes la mesa de seis cubiertos.
-Vaya, va.ya. se dijo, puede que el viejo maestro
de escuela tenga razón.
Y sus antiguas creencias sobre el poder de los árboles, dieron una. voltereta.
A los seis meses, como segula viviendo apesar de
t~da.s las preocupacione_s, fué á pedir la mano de Totlna, que por su parte, viendo que el ciruelo 11e obstinaba en no dar fruto, lo habla mandado también dercibar.....
-¡Qué lástima! las virtudes maravillosas de lo~ árboles, se van!
JEAN

R.Al!EAU,

EL ·AB-I SMO.

l

Ella puso á un lado el periódico que habla estado
leyendo. El sin notarlo, continuó absorto ea la 1ec1ura de su libro.
Afuera bramaba el viento del invierno y eacudia.
impetuoso las ventanas, mientras que en el interior
el fuego de la chimenea calentaba el aposento, ilumir ando el suelo con un color rojizo. La lámpara dibu,jaba un circulo de suave luz sobre la mesa, en torno
de la cual obscuras butacas Pxtendiansusbrazosconvidando al reposo. En el rincón, el pendiente reloj
,ha.cía oir su a.compad&amp;do tic- tac. El silencio era. tan
profundo, que podian contarse las oscilaciones del
i)éndulo.
Sintióse de pronto el redob'ar d.el viento. El viejo
cancionero clamaba, grit11b11, gemia en el cañón de
la chimenea. La joven escuchaba con at!'nción. No de
·otro modo deb·ó sopla:r el viento durante la noche en
.la cual sucumbieron los dos p1 otagonistas de la historia. que acababa de leer. Era. una de tantas crónicas
-como de ordinario aparecen en los diarios. Se las
lee, en lo general, con indiferencia, algunas veces
con cierto interés Dos personas llevadas á la desesperación por la miseria, escapan de la vida por el ~amino dtil suicidio. A! día siguiente la Gaceta alude á
la autopsia. de los cadáveres, á rn entierro; y el epi:sodio ha cor.cluido asi. En seguida viene el olvido.
Pero la mujer que ahora junta. sus manos y fija.
.ávidamente sus miradas sobre el periódico, parece
singularmente conmovid:i.. No le es dable aparta.1 su
pensamiento de aquel breve relato. Su meditación silenciosa levanta en alto sus luces, para iluminar el
eua.dro en todos sus aspectos Se trata de una pareja
que se ha suicidado dándose la. muerte por medio de
la asfixia. No eran jQvenes, y los años habían recrudecido los males de la miseria¡ pero ésta, aunque cruel,
no babia sido bastante'á separarlos. $e hablan sustr8ido al dolor por el suicidio. Y sin embargo, la mujer habria podi1o aún asirse á la ribera, y tal vez
salvarse. Tenia amigos y parientes que pudieron
ofreeerle un asilo. Su marido, por otra parte se babia hecho en cierto modo culpable por la mala. dirección de sus negocios. ELio no obstante. la mujer no
quiso abandonar á su marido: sin quejas, y a.un con
buena voluntad, prefirió acompañarlo también en la
muerte. Se 1tbraza1 on para hundirse en la sombra de
la tumba. como años atrás, jóvenes y felices, se hablan abrazado bajo la bendición del sacerdote para
marchar al tálamo cubierto de rosas Juntos hablan
f\Dtra.do en el pais de lo desconoC'ido, donde jamás
debían separarse. La tempestad que afuera bramaba
amenaza.dora, ya no podiP. nadll contra. ellos. Se poseian el una al otro para siempre, y hablan triunfado
de los dolores de la vida con el sentimiento de una
inquebrantable fidelidad.
La joven que acaba. de leer esta historia, toma et
papel que la relat!l, y lo estruja C&lt;'n crispada mano.

Dolor punzante hiere su corazón, y está á punto de
estallar en lágrimas . .Pobre y desnudo debió ser el
cuarto donde se consumó el drama. Tiempo hacia que
su modesto mobiliario estaba en el Monte de Piedad.
En la. edtufa bri.la la siniestra brasa cuyos gases han
de traer la inviaible y silenciosa muerte. Pero la mujer se siente segura en los brazos de su esposo; ahora.
y para. siempre se pertenecen el uno al otro. "¡Cuán
he!'moso debe ser esto'." se dice mentalmente la joven; un suspiro se escapa de ~u pecho. "¡Oh:11 continúa, "¡quién pudiera t1strechar entre sus brazos un
corazón fiel1 11 Mira á su marido, que está sentado· al
frente, pero no le extiende los brazos. Hace largo
tiempo que viven de eote modo. Ella contempla aquel
b'el!o y va.r~nil semblante quo tiene grabado en el
fondo de su alma., conoce todas sus diversas expresiones y hasta eab!' cuál será su movimiento a.l voltear la hoja del libro que está leyendo Se hallan tan
cercanog el uno del otro. que sus vestidos se rozan; y
sin embargo ella. no le extiende los brazos. Están juntos, y, no obsta.11te, ·m11dia entre ellos una incomensurable distancia. Mira.lo fijamente, ca,i sin conciencia¡
él levanta por casualidad sus ojos del libro cuya :ectura lo absorbe; las mira.das se cruzan, ambas frias,
indiferentes, v frias é indeferentes también se apartan en seguida. Tan juntos están y al mismo tiempo
tan distantes.
Con horror, con estremecimiento contempla la joven el abi¿mo que h1ty entre ellos y que acaso los sepa.re eternamente. Viven juntos, pero sin cambiar una
palabra cordial y de confianza. Mútuamente se miran
mdolentes y frios, y en ocasiones esquivan mirarse.
Son extraños entre si, y cada uno lleva una máscara.
rígida, impenetrable. Media entre el!os alg-o invisiblque nadie sospecha, que ellos mismos jamát1 mencionan, aunqu., lo conocen bien; el abismo, el ancho tenebroso abismo.
A -veces llegan amigos: se conversa., se ríe, se toca.
y se canta. Los extraños creen que estos dos anean•
tados ee pertenecen; ellos conversan también, ríen y
hasta se miran con afabilidad. Pero saben muy bien
que es pura comedia. Cuando qued.a.n solos el abismo·
reaparece Lentamente se enfrian se entumecen y se
asus,an de esta soledad á cuatro manos como antes.
Hace a)gunas semanas les vino una buena noticia.
El ma1ido obtuvo un empleo honroso q11e trajo á la
casa un modesto bienestar. La suegra fué la primera
en participarla. 11Alegra.os, hijos mios!" les dijo. De
todas partes vinieron felicitaciones, se alquiló una
casa más cómoda. &amp;e compraron muebles más confortables y ocu:rieron otras cosas semejantes. Estas gratas sensaciones volvieron á serles comunes, y por un
momento comprendieron de nuevo que se poseían
mútuamente. La vida tornó á parecerles dulce y más
bella bajo una nueva luz. Rabia tanto que consultar•
se entre si! Se sorprendlan con miradas afables, soli-

cita.e, cariñosas. Parecía que una corriente invisib
los unia de nuevo el uno a.l otro como ruente mista
rioso donde, á la luz de lvs astros de amor, dos a
mas que se comprenden cantan á duo la más bell·
canción de la vida. El abismo se hacia. pues más pe
queño y podia salvarse de un solo paso.
'
Bajo estos auspicios se instalaron en la. nueva habitación, pero á poco andar. los brillantes dias palirlecieron y las cos1ts recobraron eu anterior aspecto.
Cada uno de los dos creia. que era. el otro quien debia
dar el primer p~so. :":aperaban '!-l~tuam~nte, _pero en
vano. ¿Era ob ➔t1Dac10 1, pusila.mmidad, mdec1sa lucha
interior? En medio de sus nuevas habitaciones de sus
recien amueblados cuartos, a.nubláb1tnse de' nuevo
sus semblant"'s, recaían en laindefer1::ncia. el antiguo
abismo se agrandaba: perdieron el va or, la esperanza, el renaciente calor de la. mañana. La tarde los en•
coi:itraba otra vez fríos entumecidas sus almas. El
abismo bostez-i.ba entre tillos como anteR.
Asi tramcurrieron algunas serna.nas. En ocasiones
esta fria calma era interrumpida por él con una palabra en la que se sentia la cólera: olla lo dejaba ir casi sin advertirlo, de todos modos sin conmc.ver~e y
dando por cierto que lo que le pasaba entonces debla
repetirse indefinidamentr. ¿Era e~to verdad? ¿La escena no debía cambiar? ¿Habla sido siempre asi?
Reflexionó: no; el paRado había sido muy diferente
En otro tiemp? reclinaba la cabeza en el amante pecho de su marido. La. voz que ahora le replica con
dureza se suavizaba singularmeute a, sonar la suya
Sus miradas se confuodian Pn mutuas promesas: n¿
sólo edtaban juntos sino que estaban también unidos
¡Qué lejano le pa,·eció aquel tiempo. vago y encanta~
dor como un sueño! Apenas podía darse cuenta de la
realidau de aquellos días. ¿Cómo se habla operado este cambio?
En el verano ligeras nubeR oscurecen el sol se disipan, rea.parecen, y de pronto uegra v dens~ nube
cuaja la tempestad sin que pneda explicarse Ja. rapidez de esta transform,.ción. Ellos también, en el cielo de su vida, hablan visto deslizarse pardas nubecillas disipadas bien pronto para condensarse después
El era inclinado á la ira y dl'jaba escapar con faci:
lidad palabra.e duras, agresivas, amargas. Ella. no lo
notó ni en el noviazgo, ni en la luna de miel porque
él se contenía. cuidadosamente; ahora cedia facilment6 á sus impulsos, y en pocas ocasionP.s bastaba la
más ligera contradicción, el más leve contratiempo
para estallar en cólera y prorrumpir en palabras
ofensivae. Ella se lastimaba profundamente, no olvidaba. ni podia perdona.e. Se r11pleg-aha. sobre si misma, se hacia más intima, cas: impenetrable. silenciosa en su exterior, menos amante y tierna. El la. ob•
servabaconrencoryencono,porquenosabfa.perdonar
una palabra proferida de ligero. Gradualmente se
iba. levantando entre el1os algo como una mampara

�152

Domingo 21 de Agosto de 1898

EL MUNDO

''CE QUE JE VEtl'X"
[A Luis G. Urblna.]

No los versos seucillos de Anacreonte
rimados en laúd de filigrana;
ni los suAves acentos pastorlleR
del dulce y tielllo trov11dor de Mantua·
No las tistrofas pobres Je energía
'
que dan los tristes ritmos de las hupas
cuyas vibrantes cuerdas han so1Jado '
con la misma canción; la misma esenia·
~o los flébil~s tonos, las imáienes
'
mconE'xas, sm arte, que no nablan
cual siluetas de sueños, vaporosas '
oue e~ los profundos tenebrarios nasan ....
Yo quiero para mi la eterna estrofa
de cadencias homéricas, que cantan
guerreros trovador11s en la breg-a
y que el cincel en pórfidos ':'eincarnal
yo quiero ~ara m1·1a et11rna e~trofa
por Tólstoi y Verlaine, feliz. crfll\da,
de contornos robustos cual las formHs
del Hércules que en mármol se retrata!. ...
¡Dadme Vt'rso&amp; con vida, dó la sangre
se sienta circular en cada estancia
versos cuyRs imágenes desnudas '
muePtren la forma que el buril realza!
!Que el número sonoro, 110 el oido
repita el clamoreo de la batalla!. ...
versos que estén batidos en la forja
aonde el estro inmortal siempre se inflama.
No los cant11res pá idos, sin furrza,
que v!bran hoy para morir mañana;
dadme es~rofas dó el músculo se adune
A. la belleza ideal de la obra plástica!
¡Yo quiero para mi la eterna estrofa
que lleve sav•a ard,ente en las Pntrañae .. . .
versos de cuyas notas se desprenda
la risa ó f'I ilnfn,._ i'l''P t n'?'lln .olmq,!
0

DA.MAS DISTINGUIDAS.

Srita. Carlota Clayton
RESIDENTE EN MÉXICO

(Fot. Valleto)

En su Interior una voz triPte murmura la melancólica canelón de lo que fué. ¡Es tan triste el aislamiento, y tan bella y sonriente 'a comunidad del amor. ¿Y
esto ha de perpetuarse? Nó: seémos fuertes y_ olvidemos. Ulvidt'mos que este abismo ha surgido entre
nosotroP. Nos amábamos y ér11mos felices; lo que intervino fué una peeadilla! ¡Qué vuelva á ser todo co•
mo antes!
Pero i!UII labios, que debían murmurar estas cosa~,
permanPcen cerrados: ¿Por qué noPedesplegan para
decirlas? Ella misma no lo eabe. Vuelve á Puspirar
profundamente, pero él no oye ese suspiro. Hace ya
mucho t•empo que sus almas no go;;an de la dulce
fruición de semejantes citas.
El fuego lan~uidece en la chlmene11, el viento aletea con menos fuerza en las ventanas, y las calles de
la ciudad están silenciosas. El reloj anuncia la hora

¡Trovadore~ guerreros: la Epopeya,
desde la cumbre -ie Helicón, os llama!. ...
¡Templad la lira de oro, y que el espacio
pu11blen las notas de inmortal hosanal
México, Julio de 1898.
LUIS EMILIO LEPINJII.
SOMBRAS.

A mis padres.

Hay en el alma lívidas visiones
de ausentes seres, que espirando vimos,
al compás de profundas oraciones:
seres, ay! que queremos y quisimos.
Tienen rugosas r dolientes faces;
y vierten de sus OJOS empañados,
una cinta de luz, como esos haces
con que raya ei invierno los nublados.
Lividas, tristes, de la noche, hermana.
del sueño, en torno giran;
y á la primera luz de la m11ñana,
tan tristes cual llegaron, se retiran,
Pobres, pobres, que lloran cosas idas
que se refugian en la noche obscura;
y sus alas, sus alas desteñidas,
caen plegadas en su amplia vestidura.
Amo esas tristes sombra¡¡ desoladas,
y tal cariño siento para ellas,
9.ue en mi alma, y en mis sueños sus miradas,
tiemblan, como en las ondas agitadas
el salpique de luz de las estrellas.
México, 189d.
MIGUEL E. PEREYRA,

del sueño El se levanta y enciende una bujla cuya luz alumbra su rostro varonil, serioé inmóvil. Ella tiembla de susto y de congoja: parécele que él va á all'jarse para siempre. Su pensamiento íutimo, fijo y concentrado en él mientras estaban sentados, siente que se rompe como la malla de una red que
deja en el fcndo del Océano un tesore inapreciable.
Su corazón late con precipitación, como
un reloj que apresura locamente su movimiento. Si encerrado en su cuarto aquel ga11
mortlfero llegara á asfixiarlo, si se perdiera
de su vista hundiénd1.se en las sombras, si
trau11curridos algunos minutos funa ya demasiado tarde y l'I sueño se deevaneciera
para siempre ...... Y aun cuando nada de esto
ocurra y el mañana sea como el hoy, ¿vale la
pena de seguir viviendo asi?,¡Con qué horror
contempla ahora este género de vida! "¿Cómo be podido soportarlo?" se pregunta.
RePurge en su imaginación el matrimonio
suicida, el pobre y vacio cuarto •:uya miseria 1~ parece una opulencia comprada con
la mlderia de su bienestRr. Al lado de ella,
joven floreciente y rica, ¡cuán felices y verdaderamente ricos le parecen aquello!! desgraciados! La imagen de estos muertos no
la abandonará ya más y la acompañará siempre como hado amonestador atizando en su
alma el tantál'co deseo de un amor y una coufianza compartidas.
El toma su libro y se dirige á la puerta; ni
siquiera le dice ahora, precisamente ahora,
aquel frio saludo de "t,uenas noches" con
que hace tiempo acostumbra deFpedirse de
ella. Se va. Por un movimiento irresistible,
casi inconsciente, se apresura á erguirlo~
1ahora ó nunca! Pero ¿qué quiere? ¿qué va
á hacer? Ella misma lo ignora.
El oye sus pasos, el roce de sus vestidos,
· y mira atrás Su mi•ada asombrada é interrogativa encuentra la de la joven. Ella Pe
detiene algunos pasos delante de él. El abismo está entre los dos; no pueden salvarlo, ¡im
posible! Un frío mortal invade E.U cuerpo i~nora que lar lágrimas inundan su rostro. En
aquel instante él avanza un paso, uno sólo la.
bugia cae de sus manos, y la luz se extingue. Un sollozo eHalla en su pecho y depga.
rra su gargauta como fuerza incontenible y
podernsa que sale á la superficie.
Quién fué el primero eo. abrir les brazos?
Nadie lo sabe, ni lo dejaron ver las lágrima@;.
pero el abismo está colmado. Dos brazos la
han atraido dulcemente sobre un pecho bajo
el cual el corazón • eeucitado por el amor toca la diana de la nueva -;ida.
Afuera el silencio e11 absoluto Sobre las dens11s tinieblas brillan aquí y allá las luces de los faroles, yen lo alto, en un frag-mento dtil pálido ciel.. del invierno, grupos de estrellas miran como testi'!'O➔ eternamente indiferentes los pasajeros dolores v alegrías.
de aqui abajo.
"
FRANCISCA DE EASCUTHER.

"Los mejores circulos no son los mayores; sino los
más exactamente trazados; asimismo la mejor vida.
no es la má, larga; es la más rica en buenas acciones.
Waller.

Al partir.

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORIGL~AL DE MA.RC DE CHA.NDPLAIX-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.
Versión espaXola de "El Mundo Ilustrado"

Número 8.
Pues el famoso hilo blanco plateado puesto en
:zig-zag· en medio de la truma y del cual ningún
sabio había podido descubrir la utilidad. ¡Como
·si la naturaleza pudiera producir nada inútil! Es~te hilo por consiguiente es útil y de 11\ mayor utilidad, porque se emplea en los casos extremos,
en las circunstancias graves, para ligar y dejar
sin movimiento una presa cuya. magnitud apenas hace creíble que la arafta pueda contra semejante enormidad. Pues todo se logra con ese
hilo que pre1Serva la tela contra cualquier choque
demasiado violento. Es una especie de cable de
salvación, es el recurso supremo, es ....
El Doctor se detuvo de pronto y sonriendo y
1fijando en la joven su mirada apacible y bundadoss, le dijo:
-Pero estoy fastidiando 1\ usted, sen.orita, y
hasta me parece que se defiende usted contra mi
relato pensAndo en otras cosas mientras hablo.
:Excúseme ulted .... perdone mi manía ó más
propiamente dichú, mi monamanía.
-Al contrario; me ha sido
muy interesante saber por boca
•de usted que las arafl.as no son
tan tontas como yo creía.
-Siempre hay algo qne apren•
"·
•der de ellas, dijo Lerbon, porque
poseen en grado supremo una
-.irtud que conduce á todos los
•éxitos: la paciencia.
-AhlsuspiróNellycómicamente, dirigiendo á Juan una rápida
:mirada de inteligencia: he aquí
una virtud que yo no tendré ja-

-.

lJD.!\S,

-Por lo mismo no quiero abuf
- sar de usted y voy ... .
Para retener al Doctor bastó
que Nelly le pusiera brevemen;te su mano en un hombro, en tan'to que le decía.
l
·•.
~
-No es eso lo que quería decir
¡
! e,'
y c:nvidio las distracciones que
f
halla usted en el estudio. Lo que
.sucede es que esto . me recuerda
un suefl.o que tuve.
-¿Qué sueno? preguntó el Comandante interesándose en la
-conversación,
-¿Se acuerdan ustedesdemis
dos hadas, una que me auguraba
•que amaría yo sin ser ~orrespondida .... ?
.
-Y otra que ofrecía el estudio
• como remedio contra las amar~t,. . . ..~
~~~~-.
,guras de amor, concluyó el Doc•
.{ ~f-;
tor. Pues las dos engaftaron á usY
✓--~
"./;.._.... ~n..J,
~,.,• ~\
· ted. El estudio es un anestésico
-que ....
-Preciosa frase, dijo de Chal1mont.
-Qne adormece de tiempo en tiempo pero que
1no cura. En cuanto á no ser amada .... eso es
•impoaible tratándose de usted.
-Eso no es más que una galantería, Doctor, y
·una galantería nada prueba. Puede uno estar
,segura de ser amada aun cuando .así se le asegure? Vamos .... usted que es un sabio profundo
.¿podría decirme-hablemos de un hombre y la
cuestión será más facil para usted-¿podría de·eirme que es lo que puede dar á un hombre la
-convicción de que es amado, sinceramente amado, sin que quede iugar á duda?
El buen Doctor sonreía frotándose las manos.
-Tenemos trazas de convertirnos en tribunal
-de amor-dijo-debemos sentarnos y mientras
que mi arana acaba de comer voy á intentar responder aunque no soy perito en la materia; pero
acaso valiéndome de las luces del Comandante.....
-A fé mía, dijo éste, uno está seguro, absolutamente seguro de ser amado, cuando cree serlo.
-Eso, exclamó Lerbon, esol Clemencia Isaurl\
misma no habría contestado mejo1·. El amor es
ona religión y necesita apoyarse en la fé; El ere-

!

~

:;,

Es hora de partir; al fin me alPjo;
Quizá no VUE)lvaya, tú lo has q11erido.
Sólo recuerdos de mi amor te dPjo,
Que morirán mañana en el olvido.
No lo extrañes, mujer, esa eR la vida;
Soñar, ebrios de amor y de contl'nto,
Y ver nuestra ilmión ctesvanrcida
Cual nube blanca que disipa el viento.
Pasaron ya los venturos,,s días
En que al primer albor de la m11ñana,
Temblando de placf'r me sonr,1las
Tras el limpio cristal de tu ventana.
Las tardes silenciosas en qu,i hablabas
De azules lirios y botones roj"s,
Y una historia de amores me contabas
Con las pupilas 11egras de tus ojos.
Las horas, en que humilde. penitrr cia.
Te obligabas á hacer en el santuario,
Revisando callada tu conciencia
Al repasar las cuentas del rosario.
Las noches mageFtuosas en que bufa
De cualquiera mirada inoportuua,
Y bajo de las frondas, me esconoia
Del imprudente beso de la luna.
Las veladas sencillas de mi estancia, ·
Do sumergido en gratas reflexiones,
Jamás penseque es dardo la in&lt; onstancia,
Que hiere sin piedad les corazo1Jes.
Todo pasó, como el placer, volando;
Porque es la vida, vegetar creyrndo
En mil sueños de amor; dormir eoñax:do,
Y de~pertar, para vivir sufriendo.
HERIBE.RTO AGCIRRE Y Fil!IRRO.

153

EL MUNDO

llomtnJl'O 21 ile Agosto de 1898

invisible La palabra no partla de su11 labios
con la espontánea cordialtdadde otroatiempos; cada uno ae ellos hacia sus reservas las
acariciaba, y por decirlo asl, las rumiabR¡ cada uno pesaba las culpas del otro y la,i propias. y liallaba su platillo el más liviano.
Solirevino al fin una hora fatal. El habla
llegado áfü casa contrariado por algún des
arreglo en sus negocios. Ella sabia que en
semejante estado de ánimo bastaba una mera palabra para colmar su irrlación; pero
quiso la casualidad que se traspapelase un
documento importante que él necesitaba con
urgencia: la joven no acertó á encontr&gt;&lt;rlo
y fué reprendida con dureza. Ella se irguió
esta vez y lo reconvino con amargura y desdén. Dos manos crispadas cayeron sobre sus
hombros y la sacudieron con violt1nci11. Ella
no se quejó, no profuió una palabra, drjó la
casa de su marido y se fué á refu~iar tm la
de sus padres de quienes, como hija única,
era adorada.
El esposo fué á solicitarla alli sin pérdida
&lt;!e tiempo, le pidió pt&gt;rdón y juntos se restituyeron á la casa. Ella no pudo h9cer otra
cosa en vista de sus súplicas, ainn á riesgo
de parecer obstinada y terca; pero no hab1a
podido perdonarlo sino á medlas. y una retonciliación efusiva, sincera, del corazón,
era por el momento imposible. A~i Jo comprendió él, advirtiendo que habla sido estérll el sacrificio de su humillación. Porque
cuando en la siguiente noc!J.e se sentaron el
uno frente al otro, las manos enlazadas, ella
sintió hien á pesar de la ternura que él le
manifestaba, que )1,s cosas no eran ya como
antes En apariencia todo eFtaba reparado.
pero en el fondo ambo¡¡ comprendian que
11u ternura no era ya genuina, y sin c.¡ue
desde entonces otra nube se hubiese interpuesto ent7tl ellos, el amor vacilaba en sus
pechos como la llama de una lámpara que
está á punto de consumir el aceite que la ali·
menta. Alli estabn el abismo, ensanchándose dia é. dia en medio de dos corazones des•
fallecientes y paralizados.
Hace mucho tiempo que esto sucede. En
aquel instante la joven parece contemplar el
abismo, se horroriza y se pregunta cómo ei:1
posible que las cosas continúen asl. ¡Se amaban tanto antes! y ahora? .... No tiene él t:.davia suficiente poder sobre su alma puesto que todavi a la fascina y encanta? El levanta lamirada, pero no para fijarse en ella;
ve la lámpara, redobla la actividad de su
luz y voltea otra hoja del libro en que lee.
¿Qué pasa en aquella alm11? ¿Comprende su
ai~lamiento? ¿Está conforme con él? ¿Está
aún contento? ¿Piensa que esto puede Y, SObre todo
debe cambiar? Ella nadaeabedc. todo esto: el inteno~
de aquella otra alma es tan impenetrable como p) de
la suya propia. Ambos á dos son enigmas dolorosos
que el orgullo hace indescifrables. que sólo el amor
podrá aclarar y resolver. Ella ll•·ga á comprender
has~a. con horror que los dos son extraños entre si. El
la dmge algu~as VPces ~n~mir!1dasombria. ¿Quésign_ifica esta. mirada~ ¿od10, ira, o queja y dolor? ¡Ah!
s1 ella pudiera arroJarse otra vez en sus brazos y con•
templarlo dichoso como en mejores diasl Al pensarlo
se estremece con delicia: muchas veces ha e,entido
este impulso, y el pensamiento ha pasado por su ah11a
como un hermoso sueño .Pero una vez al frente de
su marido, el abismo se abre de nuevo se siente paralizada, y 1011 brazos que quiere tend~rle permanecen i~ertes á lo largo de su cuerpo.

-9

---

vacilar, pero de improviso con una especie de
arrebato que no le era habitual, con gran sorpresa para sus amigos prosiguió:
.
-Excúseme usted, Comandante, y usted también, selloritaNelly, pero ¿quiéren que se los diga?
Se está.o burlando ustedes de mí. ¡Ay! Ustedes
creen que no soy capaz de adivinar más secretos
que los de lns araftas. . . . ¡Pues bien; el de la
Epeira era más obscuro que el de ustedes y aunque no sea yo un perito para leer en las almas,
ya lo he dicho, se necesitaría que fuese ciego
para no haberme apercibido de que se aman locamente ustedes dos y que se atormentan con luchas, dudas, esperanzas y vacilaciones, á menos
que no lo estén fingiendo los dos ...... Amense
pues, como todo el mundo, cá.sense y tengan muchos hijos y no me sigan haciendo decir tonterías!
El Comandante se puso en pié y con aspecto en•
tre enojado y risuetlo respondió:
-Doctor: desde que vivimos juntos he comenzado á conocer á usted mejor y á d.('.}recillr el ardor que se oculta bajo su frialdad aparente y sin embargo, el
tono de sus últimas palabras confieso que me deja sorprendidc, y
acaso.yo también adivino nlgo. .".•
Lerbon interrumpió:
-¿Qué quiere usted decir?
-Nada.
El Doctor insistió:
-Pero que quiere usted decir?
-Nada. Y para que de su parte sea usted igualmente franco
conmigo, le confesaré que (aunque secreto de dos no tenga solo
un duello) que, lo que usted ha
sospechado es verdad..... á lo
menos de mi parte, pues amo á.
Nelly.
-¡Que feo es hablara si, interrumpió Nelly.
-La amo profunda y sinceramente, como se ama á la edad
de usted Doctor, como se ama á.
mi edad cuando se siente que es
el último amor. Pero ella que es
) tan joven ¿no puede estar equivocada?
-¡Y todavía duda! dijo Nelly
melancólica y entristecida .... Y
&gt;
nudará. siempre, Fiempre ... .
¿Cómo probarle?
-Dentro de dos ó tres días.
aft;;.dió Juan, vamos á separar✓;¡,.. 4-&lt;"
nos, forzosamente, y no será po•
. ;~~-;;...✓
sible que volvamos á vernos si:"~
no después que entregue á mi
.,,,..
sucesor el mando del Colib1·í. La
ausencia nos iluminará.
El Doctor que había recobra•
cumplir en una imposibilidad física, leer á través do su calma habitual preguntó sonl'iendo:
-¿Por qué díce usted «nos iluminará&gt; si está.
de un cuerpo opaco una frase que no ha sido esseguro tle sí mismo?
crita.
-Quise decir: ''la ausencia hará luz" rectificó
-Bravo, dijo el Comandante, bravo, Doctor!
el Comandante.
A lo menos tiene usted la vocación.
Si el Doctor hubiera querido revelar el pensa•
-En mialegría de haber descubierto el secreto
de la Epeira, me sien o con vocación para todo;y miento que pasó por su cerebro en ese momento
por agradar á la seftorita he querido salir una y lo alumbró con claridad de esperanza, habría
vez siquiera del dominio científico en el cual el dicho: "Cuando se vacila así, cuando se prepara
amor se trata de un modo má.s simple, más prác- una puerta de salida, es que no hay resolución firme y debe uno andarse con cuidado porque un
tico y es fuerza reconocer que más justo.
-Es muy malo, Doctor, muy malo eso que está soplo, cualquier cosa puede cerrar esa puerta.....
usted diciendo. Y yo que escuchaba de tan bue• Conozco hombres de más edad que usted, los cuana fe . ... pero desgraciadamente los sacrificios les ..... .
Pero Lerbon no quise revelar su pensamiento
no están al alcance de todo el mundo y yo no poá nadie, ni aún á si mismo y Mlló mientras N elly
dría ¡ayl hacer ninguno.
-¡Quién sabe! Los sacrificios no son sino for- reflexionaba: "Sí: vacila, y apesar de sus juramas diversas que toma l1L c11ridad yno hay quien mentos se guarda algunas reservas; lejos de mi
carezca de ocasión para ejercer esta vil'tud aun- cavilará y la razón es fría de por si. ...
¿Cómo convencerlo de mi amor? ¿Cómo ligar•
que sea humildemente puesto que no siempre lo
lo? ..... .
más valioso es lo más meritorio.
Y no teniendo para callar los mismos m )tivos
Se detuvo un momento mientras que Juan y
Nelly sonreían: luego los contempló y pareció que el Doctor, replicó:
yente al comulgar, cr,ae firmemente que es á Dios
á quien recibe.
Y luego agregó con seriedad cómica.
- Y la mujer que ama se conoce por ciertas seftales que en algo se parecen á la locura: tiene
una idea fija, rechaza cualquiera otro sentimiento que no tenga por objetivo á. ilU dios; se abandona por completo á él y está por él pronta á. •odas las abnegaciones, á. todús los sacrificios, á toaos los martirios .... ¿Se espanta usted seftorita
Nelly? ¿No tiene asted vocación para el caso?
-No, dijo ella riendo. Lo que sucede es que
no comprende esas palabras rntumbantes. Amar
me parece muy sencillo, muy dulce; y eso que
usted llama sacrificios no pueden ser sino una
alegría si el fin es hace1· feliz al 1Sér amad().
- Pues tiene usted razón, replicó Lcrbon, puesto que el sacrificio cuando es útil es la prueba
cierta del amor, la seguridad de procurar á quien
se ama una gran sum1L de dicha terrestre, hacerle
realizar un iiuefto, penetrar en un pensamiento,

l

~~·~-

---

_;,jJ

�151

EL MUNDO

-¿No be sufrido ya la prueba de la ausencia? ¿No podríamos vernos antes de tan
lRrgo plazo? Si la ausencia es necesaria lo será por usted pero no para mí que con
ei;:te amor satibfago á la vez mi corazón, mi razon y mi orgullo en tanto que usted .... l oh! que no pueda yo con uno de esos sacrificios á que aludía el Doctor
probar á usted toda mi adbesiónl La ausencia que de nuevo va á separarno.s y por
tanto tiempo, será en verdad una prueba cruel pero yo la soportaré con valor sin
tener nada que temer de mis propios sentimientos aunque tenga que temer algo por
los de usted. Sin embargo, abrigo cierta confianza . .. . ¡Es tan comunicativo el amor!
Juan le tcmó las manos comü una muda demostración pero Nelly se desprendió
del dulce lazo, y mientras el Doctor la ob~ervaba con tanta curlosidai. como si examinara una Epeira, ella aiiadió con exaltación.
-Decididamente no quiero promesa alguna;las que me ha hecho usted se las de•
vuelvo, pues no quiero conservar mAs que mi esperanza. Sea lo que fue1 e el por ve•
nir ¿me comprende usted bien? sea lo que fuere recordaré á usted con et1::1n-1. gratitud por haber insistido en amará una joven como yo·, después de lo que le he refe•
rirl.o .. ...... .
El Doctor sorprendido; no pudo menos que pre&amp;'untar:
-¿Y qué puede usted, seilorita, haber referido que sea grave?
Nelly iba á responder acaso con franqueza y á rtvelar su nacimiento, por lo cual
de Chnlm0nt se apresuró á cortarle la palabra.
-Niflerías, dijo, intentando sonreir,niilerías, porque
la seilorita Nelly, como ya lo tengo dicho, no es más que
una chicuela y estoy admirado de que nuestra convers11ción esté tomaudo este tono de seriedad delante de
usted, querido amigo:
-No, yo no soy una chiquilla, declaró Nelly con energía, y sab1é probarlo oportunamente .... pero como
usted, ruego al Doctor no1 perdone por haberle hecho
presenciar esta eseena ....
-De famLi1t, concluyó Lerbon, de familia, porque
tengo mucho afecto al Comand:lnte y usted me inspira
una simpatía sincera por más que mi carácter sea poco
comunicativo.
Juan contestó:
- Gracias, Doctor, gracias, y fiado en esa amistad,
ocurro á ella para suplicar á usted no revele un secreto del cual ha descubier~o usted la mitad y que nosotros le hemos revelado por entero. El Mayor Stephenson no sabe nada todavía y es necesario que no coi;oz.
ca nuestros proyectos más
que cuando se los demos
nosotros mismos á conocer.
-Ah! dijo Lerbon. ¿No
le han dicho ustedes nada?
Y fija11do en N~lly una

Domiugo 21 de Agosto de 1898.

EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1898,

•

mirada profunda por encima de les anteojos que velaban
sus indagadoras y penetrantes pupilas, preguntó:
-¿Y está bien eso, seilorita? ¿Pues qué aguarda usted?
Nelly se ruborizó un poco, (lo que después de todo era
natural) y fué el Comandante quien por
ella dió la contestación:
-Esperamos mi regreso, diju, pu~s
Nelly lo ha q uertdo así.
Lerbon tuvo una idea que no expresó
en voz alta.
-Es curioso, pensaba para sí, es curio·
so cómo poco á poco etita joven me va
pareciendo muy d iferente de lo
que me pareció en un principio ...
Seré ahora m!\s clari vi den te ó estaré más ciego que entonces? ·
Y en voz alta agregó:
-Dt&gt;cididamente uo comprendo á ninguno de los dos, pero
ustedes se entienden y eso es Jo
que interesa; por mi parte doy
mi palabra de que á nadie diré
nada y pueden ustedes estar se-

~

•..

.,

.'.;\
.:t\
\o;. ..

·2

guros de que la cumpliré. La confesión que me han hecho lf s permitirá cuidarse de mi menos que antes y en esa confianza, me re
tiro; vov á ver á mi Epeira que tal vez tenga otros secretos á mi
disposición.
-Ya hny pruebas evidentes de que los secretos no lo son para
usted, Doctor, dijo Nelly con una sonrisa arrebatadora.
-Muy bien podría ser! contestó Lerbon levantando la cortina
que cubría la puerta de su cuarto, muy bien prodría ser...... .
Adios, sefiorita, hasta la vista, Comandante, voy á arreglarme un
poco el traje para bajar A l\Iayotta donde permaneceré basta cer•
ca de la hora del almuerzo.
Y dejando caer la cortina se metió á su huronera.
Entonces Nelly dando un beso al Comandantele dijo:
-Ya te probaré, ya te probaré que no sov unacbiquilla.
Iba él á pedir explicación de estas palabras pero Nelly se escapó de sus brazos y se fué corriendo al camarote de su padre.
-Adios, dijo con alegría venida dflimprovit,0 1 yo también, Comandante, le devuelvo á usted su preciosa libertad y .... ¿sabe
usted lo que debería hacer de ella? pues aprovecharla para irá la
casa del Gobernador. Entre tanto, daré á papá los buenos días y
me embeJ:eceré para esperar la vuelta de usted. Regrese pronto,
pronto ... Es tan agradable esta vida y nos va á durar tan poco ...
VII.

PRUDENCIA, ADIOS!
Despues de permanecer dos días en Mayotta el Colibri aprovechando las últimas luces de la tarde, franqueó los pasos sinuoso;;
de ]a salida y se Jirijió á Anjouan donde esperaba dar fondo á la
'
manana siguiente. Pasaría allí el día y por la tarde iría al fin á
"-':,.
auclar frente á Mohelia.--- ..
Es cierto que el Mayor y su hija no desemb·\rcarían apeMs lle·. · ·
" '.,::-:,· ·
gados y en plenas tinieblas en un país en que la noche llega con
·. _-,. ·
tantl\ rapidez y esperarían al otl'O día, pero este día ¡estaba tan cercano! y luego partiría esta. joven que llenaba el barco de alegría, de sonrisas de
amor .... El Colibrí tendría que permanecer tal vez una semana en Mohelia, donde el Sultán y el pueblo estaban en desacuerdo, pero Nelly no seguiría
á bordo sino en tierra, en las posesiones de Tomás Pool esquire y esto no era lo mismo. Juan no la vería al despertar como aquí, no se sentaría en la
mesa á su lado, ni la sentiría muy cer~aá cada instante, ni hllría con ella largos pascoF por el campo, entre las rocas agrestes á-la orilla del mar como lo
J,11 híR hPcho en Mayotta y en Nossi--Be ...... Por la noche, no tstaría ella en la puerta - &lt;IBl comedor pr-esentá.ndole los labios para recibil· el beso de
despedida.

/

�156

Con que íntima dulzura guardaría en su corazón y en su memoria ta n preciosos recuerdos si
los sucesos no hubieran venido á un punto en que
el remordimiento empezó á cumplir sumartirizadora labor.
Stephenson, un poco ébrio, como todas las noches, se acostó muy temprano, y el Doctor, despucs
de pasear un rato por d puente con el Comandante y Nelly, se fué á reun ir á sus arnfl.as. Entonces los dos amantes se sentaron en un banco
á proa de la embarcación. Del cielo claro y luciente se deslizaban como fuegos artificiales las
estrellas errantes, el mar presentaba á trechos
surcos fosforecentes; las luciérnagas venidas de
la costa parecían inmóviles en el aire: se habría
dicho que había faego en esa atmósfera que ningún soplo agitaba y sin embargo comparada con
el calor abrumador del día, ¡que fresca y grata se
sentía la noche!
Ningún rumor llegaba de la cercana costa; á
bordo no se oía más que el chlrrido de la rueda
manejada por el timonel, quien á intervalos regulares picaba la hora en la campana de bronce que
vibraba largamente.
Para reanudílr la conversacion interrumpida al
partir el Doctor, Juan soltó esta frase banal pero
que hace siempre estremec~1;se profundamente á
los corazones enamorados:
-¡Que hermosa noche, amada mía! .
Nelly no respondio: tembló toda, aproximó al
cuerpo de Ju11n, su cuerpecito envuelto en un lijero peinador blanco, tomó la mano del marino,
reclinó la frente en su hombro y cerró los ojos.
El no osába hablar, ni moverse para no interrumpir los ensueños de la joven y sonreía feliz,
al sentirla tan completamente suya enmedio de
esta soledad profunda y á la luz de las cintilantes
estrellas.
Aunque Nelly parecía también enteramente feliz, Juan creyó sorprender en sus ojos el brillo
de una lágrima, inclinó la cabeza para asegurarse y posó los labios en su megilla.
No se había equivocado; la joven lloraba dulce
y silenciosamente bajo una emoción profunda en
la embriaguez de su amor.
Más conmovido por estas lágrimas que si le húbiera dado un beso, preguntó tiernamente:
-Y por qué lloras tú?
Ella entonces como disgu3tada por haber sido
·sorprendida, se levantó bruscamente, enjugó sus
ojos y respondió en tono burlesco.
-Con que usted creyó que estaba yo llorando?
Pues no. Dormía, so:fiaba y era feliz. ¡Si usted supiera! Hizo usted mal en despertarme. Adios,
buenas noches, me voy á recoger.
Juan la siguió sin explicarse la situación y en
la puerta del camarote le dijo, tendiéndole lamano y con voz suplicante:
-Me perdona usted? Ha sido muy severa conmigo y me está castigando cruelmente. Por qué
se retira usted tan pronto? Estábamos tan bien
allá arriba! No piensa usted en el precio de las
pocas horas que nos quedan de estar juntos?
Por un largo espacio de tiempo, ellá le retuvo
la mano, apretándosela como para 110 dejarlo ir,
y no hablaba y temblaba y seguramente de un
modo inconsciente lo atrajo hácia ella en un movimiento nervioso como para hacerle franquear el
dintel de la puerta.
-Tiene usted razón, diJo luego, soy una tonta:
hay días en que no hace uno lo que quisiera. No
sé lo que tengo esta noche, estoy nerviosa, agitada, contrariada y enojosa, y tengo miedo. Es mejor que me quede yo sola. Déjeme usted, déjeme
usted Comandante, buenas noches, duerma bien,
si puede.
Juan presintió que el momento era grave y
trató de bromear, apesar de que se sentía con
fiebre.
-Decididamente, estamos reñídos? le dijo, no
me da usted esta noche el beso de despedida como lo hacen los ni:fios bion educados''
'
Ella a~ contr_ario, como un chico rebelde, dijo
con voz 1mpacie11te.
-¡Déjeme usted, no. ahora no, déjeme usted!
Y l1u•go a:fiadió amorosa:
-Y sin embargo, no estamos refl.idos, allá va
la prueba.
Y con las puntas de los dedos le envió un beso
volado. Luego alzando la cortina muy rápidamente, penetró al fin de un salto en su camarote.
Junn permaneció un momento inmóvil detrás
de esa tela leve que le separaba de su amada,
conservando el brazo en la misma actitud en que
quedó cuando también con un beso volado le devolvió el suyo, y después hizo intención de par-

EL MUNDO

tir, pero apenas dados algunos pasos, volvió sin
ruido y al través del tejido transparente vió á
Nelly sentada en una silla, apovando la frente en
sus m anos y llorando todavía. El tuvo impulsos
d e precipitarse y arrodillándose á sus piés, enjugar con besos aquellas lágrimas, pero en ese
momento Nelly se leva ntó, dirigiéndose hdcia esa
cortina, breve barrera que los separaba.
A pun ·o de levantarla vaciló como indecisa y
espantada.
Juan quería huir, pero la curiosidad le tenía
clavado en aquel sitio todavía.
¿Creería ella que Juan estaba allí? No era de
pensarse, pues le oy-ó irse y debió suponer que
entró en su cámara al lado de la de N elly y que
e3tarí!l. leyendo ó habría subido al puente sin resolverse aún á dormir. Juan veía, adivinaba los
combates de esta alma débil como la suya, y observaba que la pobre nilla tenía como miedo de
sí misma.
El Comandante se decidió al fin á partir; y de
puntillas para no hacer ruido, atravesó á tientas
el comedor obscuro, guiado no más por la lámpara que ardía en el camarote de Nelly y que
dejaba filtrar una tenue luz á travé3 de la cortina. Así buscaba su camino, para subir por la escalera á cubierta, bajo el cielo tranquilo, pero
tropezó con un mueble y se detuvo.
Nelly de un salto se asomó á la puerta y envolviendo su cuerpo en la cortina y asomando
no más la cabeza, preguntó con voz á la vez inquieta y amorosa:
-¿Quién anda por aquí? ¿Es usted, Juan?.
-Sí, Nelly. ¿Aún no se recoje ustedi'
-¿Donde va usted?
·-Al puente, solo, puesto que usted me h.a
abandonado ¡ingrata!
-Pues vamos.
Y volvieron al puente .l os dos.
Empezaba á amanecer cuando ambos, ebrios
de felicidad volvieron cada uno á su camarote.
A la hora del almuerzo, como si nada hubiera
sucedido tendió la mano Nelly á Juan sin ninguna conmoción aparente, y sin embargo, el corazón
le palpitaba con fuerza y apenas habló al principio: luei;o pensó que esta actitud tan poco común
en ella iba á venderla, pues el Doctor l,L observaba ya con ojos de sabio escudrilladores y empezó
á cilarlar con volubilidad no importa sobre que y
á reir con cualquier motivo.
El Doctor no la observaba menos atentamente
que cuando estaba silenciosa, y muy sorprendido
y ligeramente .inquieto se preguntaba si no estaría l'U amiguita con fiebre. Tal vez hasta adivinaba algo más. El buen Doctor tan taciturno cuando las arañas se le conservaban reservadas y
misteriosas, lo estaba ahora más aún y.conformándose con sonreír á las travesuras de Nelly, behió
á grandes sorbos su café y se retiró á su laboratorio pretex !ando la necesidad de escribir algunas cartas.
Stephenson habfa permanecido más tiempo con
su hija y -.:on el Comandant~, no porque la conversación le interesara gran cosa, pues casi ni
escuchaba lo que decían, sino porque como se había dado prisa con el primer vaso de cognac,
quería ser más parsimonioso con los siguientes.
l'ara este fin, se tendió en un sillón de paja, y cerrando á medias los ojos, gozaba de su ·placer
favorito hasta que se durmió,
Entonces Nelly que había estado hablando de
cosas que le eran absolutamente indiferentes, tomó á Juan,~ mano y se la estrechó conmovida;
Juan le dijo con el tono más natural que le fué
posible:
-Nelly, hoy no hemos ido á nuestro paseo de
costumbre ¿quiere usted que vayamos cuando
haga menos calor?
Nelly respondió en voz muy baja y escondiéndole los ojos.
-Y11 sabe usted bien que·yo quiero .... todo
lo que tu quieras, amor mío!
Luego, después de una vacilación aiiadió más
quedo todavía.
- Ya es mi deber ahora .... y un deber muy
agradable por cierto. No ves que soy ..... .
El le cerró los labios con un beso, más bien
que para acariciarla para impedirle que hablara
pero Nelly concluy ó.
·-No ves que so y ya tu mujer?
Al oír estas palabras Juan sintió una especie
de estremecimiento interior y dirigiendo una mirada al Mayor Stepilenson y observando que seguía durmiendo tranquilamente, posó por segunda vez sus labios sobre los labios de Nelly que

estaba ruborosa; pero cohibido por la presencia
del padre, pronto tomó una actitud natural.
-Oyeme N'elly, dijo en seg uida : en tierra hablaremos con más libertad, porque tenemos mucho que hablar y seriamente, amor mío. Anda á
dormir tu siesta habitual y te iré á buscar á tu
camarote esta tarde á las cuatro.
N elly se atrevió esta vez á fijar en él sus ojos,
y habría querido leer en ellos de antewano lo
que intenta ba decirle durante este paseo; y luego tranquilizada sin duda por el aspecto de Juan
contestó haciendo una reverencia, aquella gran
reverencia aprendida en el convento de Montreal:
-Obedezco, seiior, pues ya no tengo derecho
de hacer otra cosa. Hasta la vista!
Y enviándole con las puntas de los dedos un
beso volado, y . haciendo una mueca infantil y
graciosa que le era característica, entró en su
cuarto y después, sin ganai;i de dormir se sentó
en un sillón y se puso á soñar con los ojos abiertos.
Juan no quería ni permanecer en el comedor
ni ir al salón y refugiarse á su cámara que estab11. tan cerca de la de N elly .... . . Deseaba sustraerse á su influencia que le hacía débil y cobarde; y ahora, cuan:io ya no había remedio comenzaba á tener conciencia de sus actos, y una.
mezcla indifinible de alegrías, de temores y de
remordimientos le Henaba el corazón. Para poner
en orden este enjambre de ideas tumultuosas necesitaba reflexionar y encendiendo un cigarro se
puso á pasear pensativo por el puente á la. sJm•
bra de la toldilla.
Por unos instantes Nelly oyó los pasos de Juan
sobre su camarote y después comprendió que se
había pasado al otro extremo seguramente por
no despertarla. Aunque no podía ser vista por él
la joven sonrió y levantando la. cabeza le envió
un beso .... oh! en verdad que no tenía intenciones de dormir; era demasiado feliz y se sentía febricitante. Aún no sentia remordimientos y la
cortedad de p1·esentarse delante de la gente que
sintió al principio, había empezado á disiparse.
Tan frecuentemente pensaba en Juan, se sentía de tal modo e5posa suya que estaba regocijada y como orgullosa de habérsele sacrificado.
"No hay nadie tan pobre -habia dicho el Doctor-que no pueda consumar un sacrificio en un
momento dado y habría podido agregar: "los mejores pensamientos pueden motivar los peores ac•
tos según el corazón de cada persona,» Porque
Nelly se había apoderado de las palabras de Lerbon y con ellas se había narcotizado como hubiera podido hacerlo con un ramo de amapolas ó con
el perfume de la reina Binao, borrando así sus
escrúpulos de conciencia.
¡Qué feliz se sentía de haberle dado una gran
prueba de abnegación! Ella h&gt;tbia dudado, dudaba aún de que Juan le cumpliera sus promesas,
y de cons:guiente, ningún pensamiento calculista ó interesado normnba sus actos. Esto suponía.
Nelly creyéndose sincera. ¡Qué talento tenemos
todos para vestir y engalanar los espectros de
nuestras faltas, que nos espantarían de fijo si se
nos presentaran en su odiosa desnudez!
¿Pero qué llama era la que brillaba en los ojos
de la coqueta joven, por más que1o dudara, sino
la de la ambición? Si solo el amor la hubiera impulsado no estaría tan triunfante y feliz; lamentaciones y dolores se mezclarían á su alegría y
sus sonrisas se mojarían con lágrimas.
La satisfacción del bien alcanzado y el orgullo
de la victoria era Jo que le hacía olvidar al dolor
de laca1da. No: su mirada no era la mirada lánguida y pudorosa del amor vencido pasando al travé; de sus p1::stañas de oro, y no era la expresión
de la resignación lo que contraía sus labios; pero
pronto esa llamarada se habría extinguido en sus.
ojos y habría des a parecido esa triunfal sonrisa, si
hubiera Nelly podido observar las rebeliones que
se agitaban y a y rugían en aquel corazón que
ella juzgaba completamente subyugada.
Exactc., á su cita, Juan a cudió á las cuatro de
la tarde par/\ llevar á su amada al paseo prometido y se hicieron llevar con la lancha á una bahía pequeiia y desierta en la que había árboles
que bañaba n sus troncos en lils olas. Dije1·on al
patrón que les esperara allí y desembarcaron tomando luego el único sendero practicable que
había á través de los á rboles y que se dirigía á
una aldea que erguía á lo lejos sus casas pintadaa
de blanco.

(Oontinua1·á)

157

EL MUNDO

Domingo 21 de Agosto de 1&gt;198

Domtngc 21 de Ag oeto de 1~

PAGINAS DE LA MODA
•

FlG, 1-SC'MBRERO D UQUESA.

1a educación b~o su doble asDccto de utilidad y ornato.
Que es una necesidad imperiosa la completa educación femenina en loe tiempos por nosotros alcanza.·dos, es cosa que nadie ha pensado ponerlo en duda,
y que el orden y ta cto que esa educación exige. es
cosa principalisima de estudio para las madres prudentes y cariñosas, tenem"s ocasión de comprobarlo
infinitas veces en el variado transcurso de loe diae.
Ahora bien: tratados de educación se han escrito
muchos; todos son incompletos, dejan bastante q1,1é
desear y la mayorla de ellos sumergen en un cúmulo
-de dudas á la persona, madre ó deudo. que se ve en
el caso de arrostrar las graves responsabilidades anexas á la formación, por decirlo asi, moral de una joven, ¿Por qué? Muy sencillo; porque en modo alguno un mismo patrón puede ad31&gt;taree á la infinita vaTiedad de caracteres, poeicicnes é inteligencias que
forman el núcleo femenino Lo sano y lo lógico estriba pues en sentar reglas generales acertadas; los pormenores y detalles quedan á ladiscreción de cuantos

en una educación intervengan, y aún juzgo que pueden proporcionarlos mejor las circunstancias especiales que rodee11 á l&lt;1. educanda
Desde un prindpio importa englobar el tema bajo
sus dos esencialleimne únicos a~pecto•: la educación
de utilidad y la de ornato, no "acilando á renglón s~gui do en asegurar que por mil causas, la primera ha
de ser más importante que la segunda. Lo qu-3 tenga
positivamente de útil la educación de uua muJer, re•
dundará en provecho de ella misma y de cuaut11e
evolucionen en torno suyo, padres, hermanos. maridos, hijos; por lo tanto, y a que á los mencionados ex•
tienden su bienhechora influcencia, natural nos parece que lo que asi influye en el porvenir, tienda á
ser consider11do con todo esmero y diligencia Lo ú til
á la educación femPnina es cuanto se relaciona con
el hog-ar, el conocimiento exacto de los deberes, y
además lo que concierne al empleo del tiempo y á la
manera de ordenar loa at toe de la v1d11. Todos estod
elementos educativos utillsimoe, han de ser transmitidos á la mujer desde su infancia, presid'endo á. su
ordeuación un conocimiento del mundo y del alma,
cuanto más perfecto ¡;iea posible; por eso deseamos en
las madres, además de un gran caudal de amor, una

ilustración vasta, pero apropósito para ser transmitida dulcemente sin empalagosa«! disquisiciones.
Respecto á la parte de educación que ..:ondensa el
ornato felllenino, sin quP de él en absoluto deba carecer mujer alguna, bien podemos decir que es susceptible sin peligro de imp'&gt;rtantee redtricciones,
cu11ndo Ja posición social las hace necesarias. y de
amplitud infinita t11mbién en caso contrario Música,
idiomas, literatura, dibujo, pintura, nociones de arte
y laboree de fanta¡¡ia: he aqut lo que ~ntendemoe los
mode~nos por educación de ornat&lt;&gt; Pues bien; suele
suceder que abarcando tantas materias, la edad c.ducati va es corta. para posarlas aunque sea de un modo
imperfecto. ¿Cómo no ser aei si sólo lo mencionado
no basta una vida entera para asimilarlo? Queda,
pues, sentado, que la mujer recibe nociones más ó menos ciertas de mucho, pero no llega et posesionamiento del todo.
Y ahora nuestras lectoras nos permitirán que intro~uzcamoe á este est udio general una opinión particularlsima nuestra. Admitiendo la posibilidad de
que una familia pueda otorgar á una joven la educación brillante y envidiable, que no repara en sacrificios pecuniarios, lo más cuerdo seria consi derar para

�158

Domingo 21 de Agosto de 1898

Ji'.L MUNDO

que se reuna más, mejores aptitudes, bien sea la música, la pintura,
las letras, etc., y encausar por ese
sendero el plan de educación de ornato, pues de esta manera, ni se
pondria á prueba la p11ciencia ile la
educanda, impeliéndola á et1tudios
que no fueran de su agrado, ni se
tiraría inútilmente el dinero contrariando vocaciones y guetos.
La educación del adorno circunscrita á los elementos que permiten
brillar en sociedad resulta casi siempre deficiente, cuando no inútil; apt1·
naslamujer;asi educada se casa y
penetra-si es buena - de todo corazón y con todo el emusiasmo dt1
que es capaz, en los problemas arduos de la familia y del hogar, esas
doradas frivolidades á tanta costa
adquiridas, se desvanecen como el
humo; prueba evidente de que no
son necesarias. Lo útil, por agole·
mo prop· o, procura el individuo
conservar'o. Creedme, queridas lectoras miae, lo que queda en pié de
la edución de una muier, pobre
ó rica, para el caso es igual, siempre viene á ser la educación práctica, la que al hogar, á la familia y
al deber hace relación. A elh, á ese
capitulo importantlsimo de la dicha
humana, deben encausar las madres sus perseverantes esfoerzos,
toda la p?-evi•ora ternura de que
es eu11ceptible su amante corazón
y su clara inteligencia.
Aquellas madres que por vanidad, sólo en concepto de lujo e:, afanan porque en sus hijas se sobre·
ponga la educación de ornato á la
de utilidad, se hallan en un lamentable error, que no podrán ,:orregir á tiempo, pues form11.ndo la educación la ba1,e de nuestro carácter
y nuestras costumbres, una vez cona•
tituidJ el ser moral femenino, nadie
puede torcer los emprendidos rumbos, y el hogar donde domine la
mujer de educaciónimperfecta,será
la primera victima dti la imprevisión de una madr., vanidosa ó poco
experta.
Partamos seriamente siempre del
principio salvador, de que la mujer
ha nacido, en primer lugar. para hacer la felicidad de su marido: para
conseguir esto no son necesarios
los elementos de adorno. sino lo
práctico de la vida, amalgamado
con la pura moral y las nociones
de cuanto nos permite conocer el
mundo y los séree bajo su verdadero aspecto, porque asi, con escaso
esfuerzo, evitaremos desengaños y
peligros.
De una mujer educada bajo los
austeros principios del debe~ y de la
utilidad práctica, puede esperarse

Do mingo 21 de Agosto de 1898.

169

EL MUNDO.

Los enemigos de los tomates

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FIG, 2-TRAJE DE PASEO

t?do, de aqutlil3: que cifrara sus efimeros éxitos soc_1ale~ en _el conJunto de frivolidades que tantos parti~_arios tiene en la época moderna, nada ó casi nada.
f1Jémono~ en las ventajas que ofrece lo uno y en loe
mconvementes propios de lo otro, y considerando en
globo la educación femenina en toda la inmensa
traFcende!]~ia que entraña para el progreso delmun
do y la_ fehc1d~d del hogar, invitemos á las madres á
q_ue midan la importancia de la labor moral y material que les está encomendada. Un hábil jardinero Be
desv1ve_por lograr, aún bsjo climas contrarios, el
espléndido desarrollo de nna flor: flores son también
las. mujeres en la feliz adolescencia, y de ellas ha de
cu!dar la madre con amor y con constancia infinita,
á fm de que un dia pueda eentirse orgullosa de sus
desvelos. No importa que tRmbién en la atmósfera
poco sana del mundo, cueste arraigar lo noble¡ 10
~ueno: dentro de una sociedad perfecta, la virtu no
sobresaldrla por ser regla general. Formar mujeres
virtuosas y sólidamente ilustradas en las postrime•
rias de un shdo que t~nto tiende á renovación y mescolanza es la dulce y santa tarea que la sociedad encarga á las madres, tendiendo con podereso anhtilo al
mejoramiento dti las razas.
JOSJ.FA

Los tomates son una fruta que se
estima en todas partes por su buen
gusto y por la infinita variedad de
platos que se pueden confeccionarcon ellos. Su cultivo es, además,
bastante fácil, pero sin embargo de:
su vigor y resistencia las plantas
sufren de vez en cuando ciertas
enfermedades que las debilltan ó el
ataque de los insectos que las destrozan. Estas enfermadades y estos
insectos son el enemigo con quien
tiene que luchar el hortelano que
quiera !!&amp;car de los tomates el provecho que pueden dejarle. La más
frecuente de las enfermedades es e~
tizón, la c:ial se manifiesta en forma de una mancha negra en el punto de los tomates donde estaba la..
flor y que poco á poco se va exten diendo hasta que por fin cubre toda.
la superficie. Generalmente esta enfermedad ataca á los tomates más
temprano y á medida que la estación avanza va desapareciendo. La
causa de ella parece ser el abonoque se echa en la huerta sin haberse descompuesto por completo. El
remedio consiste en abonar exclusivamente con abono bien maduro,
al cual se añade un poc:&gt; de nitrato
de soda y cenizas de leña.
Otras veces, el mal ataca á los tallos de las plantas, cerca del suelo,
y entonces se marchitan, las hoja!!
se ponen amarillas y al cabo mueren. 'La causa y el remedio de esta. variedad del mal son los mismos
que dejamos indicados más arriba.
El gusano verde (Phegethontinus
celus) que ataca los tallos y las hojas procede de huevos que ha. dejado en ellos la hormosa estinge. Estos gu!!anos, siempre voraces, se deben coger uno por uno para mat11rlos tan luego como aparecen, Hay
también otros gusanos, de color
pardo amarillento y hasta de una
ó dos pulgadas de largo, que cor•
tan las plantas cerca del pié. Las
muiposas que ponen los huevos de
que éstos salen son nocturnas, abundan en el verano y cada una pone
de 200 á 500huevo.s Luego que corta la planta, los gusanos se ocultan
en el suelo cerca de ella. y escarbando tm poco se descubren para
matarlo!!.
El insecto de las patatas suele bacer también bastante daño á los·
tomates, pues ataca á los tallos para alimentarse de ellos. Si abundan
mucho, lo mejo.. es destruirlos rociando las plantas con una solución
de verde de Parla. lo mismo que se
hace con las patatas.
En tiempo húmedo ó de frecuentes lluvias, los tomates suelen rajar•
se mucho, especialmente los que
e~tán madurando y algunas especies más que otras.
Para este mal no hay otro remedioque _el de recogtr el fruto luego que
e~y1eza á madurar, antes que la
pie se rasgue por el exceso de agua.
que las plantas absorven.
Algnnos de los tomates muy bue,
nos que se quieran guardar para.
semilla, etc., se pueden proteger ta•

.~

..

,n,

FIG, 4-TRAJlll DE REOEPCIÓN Ó GARDEN PARTY
PIG. f&gt;-TOILETTJll

pándolos con una caja ó con una esiera, pero, naturalmente no siempre se
puede hacer con todas las l'lantas.

FIG, !-SOMBRERO DUQUESA,

Muy lindo sombrero de paja tabaco,
mostrando delante un elegante nudo
Luis XV, de cinta de terciopelo negro.
A la izquierda touffe de rosas the,
rosa pálido y rubia claro con follajes y
botones apretados en un nudo de blonda antigua que se drapea- detrás y sobre el costado derecho.

La prensa y el divorcio.
Los periódicos franceses se ocupan
de la reconciliación de la célebre ac•
triz Mad. Réjane y su esposo Monsieur
Porel, director de un teatro de Paria.
Mad. Réjane entabló demanda. de di•
vorcio, y varios de los más ilustres cronistas de la px:ensa parisiense publicaron largos articulos para. convencer á
la gran actriz de lo inconveniente de
su petición.
Emmanuel Arene y Edmond Lepelletier han hecho una brillante campaña para lograr la reconciliación de 1os
esp_osos.
Varios diarios de Paria dicen que
en vista deque son pocos los conyuges
que se reconcilian fºr los consejos de
los tribunales y de excelente resultado alcanzado por los cronistas, la prensa debe interponer sus buenos oficios
cerca de los matrimonios mal avenidos para evitar el divorcio.
Pues ya es tarea.

FIG. 2,-TRAJE DE PASEO,

Es de muselina á rayas diagonales,
con gran aplicación bordada en la falda y en el cuerpo, formando en este
último, un semi- bolero muy gracioso,
prendido por un elegante lazo y que
se arre sobre un p1astrón triangular
ligeramente chifoneado. Cinturón de
raso negro, ¡,rendido con una hebilla
fantasia.
FIG, 3-CUERPO ÚLTIMA NOVEDAD,

Es de sar~a lle seda crema, con
adornos de CJnta bordada alternados
con pliesés ligeros en bandas paralelas.
Una gran corbata fantasía, estilo papillón, figurada y tres órdenes de ¡ockeys constituyen los adornos prmci•
pales de la prenda.
Cinturón de satin crema también con
elegante lazo á la izquierda y grandes
volastes ornad~s de blonda, en el remate de las mangas.

nos engañan.

•**

El dinero es la última palabra del
mundo civilizado; un puñado de oro tiene más probabilidades de alcanzar lo
que se desea que un puñado de verdades.

FIG. 4-TRAJE DE RECEPCIÓN Ó
GARDJllN PARTY,

•*•

FIG, 7-ClllSTO PARA ESCRITORIO

PARA PASEO

Nuestro&amp; Grabados.

No hablemos mal de nuestros enemi-

P. Dlll COLLADO,

Un poco de tiza pulverizada y unas gotas de amoniaco quitan fácilmente las manchas que los sedimentos del agua dejan en Jo3 -lavamanos de mármol

- ~~'¡

gos, porque son loa únicos que jamás

UNA RECETA.

FIG, 3-CUE~PO ÚLTIMA NOVEDAD

.

Jamás serán tan elocuentes en la
tribuna los hombres politicos de todas
las naciones, como lv es la madre de
familia en su casa.

FI.G 8-TRAJES DE CASJ\,

Es todo de crespón y piel de seda, la
cual forma una faldeta de fantasiaesti•
lo colombina con puntas que en su in•
tersección th nen elegantes lazos pren-

�160
EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1889,

didos
de plata. Estos se repiten en el corpiño sobre las bandas de piel de eda que al
ternancon
conhebillas
el crespón
8
Elegantísimo
modelo
es
este
que
tiene
detalles
ñe
adorno
como
el
de
las
mangas,
de una suprema originalidad.

/?-T-,

~.7.;:,

.

&gt;•

_,,d,:' /

,;:~ .-t~- 0::.·

FIG.5,-TOILETTE PARA PASEO.

,,

Es un modAlo elegante de velo de parma, guarnecido de malinas y de pequeñas vueltas de satin
cielo.
Eetá compuesto de una falda con tablero, que proporciona el volante.
Este eetli coronado de uua blonda que asciende por
el corpiño de manera que simula un del,mtc&gt;ro abierto sobre un chaleco formado por una linea de botones.
El corpiño está hecho de una espalda tendida y de
delantero fruncido en el talle,
La parte superior del delantero se repliega para
formar dos vueltas que se recubren de satin incrustado de encaje.
Un pequeño empieza.miento de satln, forma una de
las aplicaciones más graciosas.

,

'Í.

:·/

i

L

MEXICO, AGOSTO

TOMO II

28

DE 1898

FIG 6-UN GRUPO DE MODELOS PARA ESTÍO,

Nanzuk, beng111ina, foulard y escocés de algodón:
he aqui los grandes compoaentes de los trajes que

F!G. 9 -FORRO DE SACHRIT,

forman el encantador grupo que ofrecemos. ·hoy á
nuestras lectoras.
Todos son de una factura tan sencilla c?mo ligera
y elegante y de colores medianamente vivos, tal cual
se estilan para trajes de esta estación.
Elijan nuestras lectoras, que hay de sobra dontle
elegí: en grupo tan harmonioso y lleno de novedad.
FIGURAS 7, 8 1 9 y 10,
Incluimos en este grupo una serie de labores para
damas, propias para los largos días del estlo, en el
que figuran verdaderos tours de coqu~teria y de gracia, y una colección de modelos para trajes de casa
de formas sencillas: delantales, un jacquet de dril, una
bata de escocé$ de algodón claro, una de sarga obscura y la espalda de la propia bata de escocé¡¡,
Hemos elegido los-modelos- más- en boga.

~ La educacion es un cepilJo que alisa los ángulo;;,
pero que no puede mejorar la madera
A HOUSAYE.

FIG, 6-UN GRUPO DB .MODEL• 8 PARA EL .ESTÍO

La incf'rtidumbre de la felfci-lad es más cruel que
la certidumbre de la desgracia.
Si todos nuestroR sueños se rei.lizaran, muv p10•1to
acaba.riamos de soñar.
•
No se duerme sin soñar sino cuando se. vive Ein esperanza.

Hay en la vida horas mortalmente tristf's en que ni
el amor puede darnos un recuerdo siquiera,
Todas nuestras alrgrias están hech-as d-e dolores
porque lo mejo,- que tienen es el deseo.
.
'
H.

ÜONSCIENS.lll,

En materia de moral, la moda es para el mundo el
más intolerante de los censores.
A.

FIG, 10- TAPICERIA PARA BILLAS,

SOR.lll.L,

Con el próximo número se
repartirá á los señores abonados de este periódico, la novela que como prin1a corresponde al mes de Agosto.

(2
~1'.

General

ek. (t arlos

Diez Gutiérrez,

Gobernador de San Luis Potosi.

+ el 21 de Agosto.

•

NUMERO 9

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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