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                  <text>Domingc 11 de Septiembre de 11:!91'

EL MUNDO

220

Cuerpo ligeramente ablusado, con hermosas aplicaciones de blon•
da, cerrado á la. izquierda por dos rosetone11!
FJG. 4-TRAJEl Dlll CASA. NUEVO ~iODELO

La falda es de tafetán negro con aplicación completa de punto
de seda bordado de grandes gulas de no me olvide@.
Cuerpo blusa de escocés de lana y seda, ceñido por un cinturón .
de raso.
Aplicación de avalario á ambos lados del frente de la blusa, muy
el Pea nte.
Jockeys avolantados y manga jus•a..
FIG

5 -TRAJE Dlll PJQUÉ

TOMO II

MEXICO, SEPTIEMBRE 18 DE 1898

PARA MEDIA

ESTACIÓN.

La falda es completamentfl lisa.
El cueroo ablusado, va ceñido por un
cinturón de r&gt;1so negro, con elegante ro·
setón á la iz.:¡uierda, y tiene una graq
aplicación bordada en el frente.
FIG 6.-BATA Y JACQUET !'MOKING PARA
CABALLERO,

Es de paño a~argado, figurado elegan·
temente el pJimero. LoR revesPs del cue·
llo .v de las mangas no llevan figura.
Ell•gante cordoncillo de seda orla los
bordes y un gran cordón de lo mismo, ciñe la bata.
El jacquft smoking de paño pero con
galones de seda obecura en forma de alamare&amp;.
FIG, 7-ULSTER PARA NIÑA DE 13 Á 14 AÑOS,

Es de p11ñete dibujado de 11marillo y
oro y gris acero de un encantador e.ecto,

Fig 7-fflster para niña de 13 á14. aílos.

Fig, 6. -Bata y Jacquet smoking para .caballero.

.¡

Nuestros Grabados.
FIG, 1-TRAJE PARISIENSE DE RECEPCIÓN Y FROCK
PARA NIÑA

Es de gros gris ace10 con una profu@a aplicación
bordada, formando llorones y guias de un exquisito
exotismo, asi en la falda e mo en el corpiño que se
abre sobre una bellislma chifoné dti muselina de seda
blanca, rematada en un fantástico rosetón delseda.
· J ocqueys sin bordado, muy sencillos.
;
El frock e&amp; de piqué con capelina figuri.da y alter·
nados oe muselina chifoneada
.
Un elegaot.~ cinturc:mcito de tul, con los mismos al• ,.
ternados Jo eme graciosamente.
_:,

FIG.11.-FROCK PARA NiÑA
DE 8 A \1 AÑOS.

Es de piquP- rojo, con un
jokey cuadri,do, de bordado.
La falda es plana, gra•
ciosl}mente plissé
Mangas justas con elegantes abullonados.
Cinturón del mismo género, sin hebilla.

FIG, 2-TRAJE FRANCES PARA PASEO,

Es de foulard de seda finísima, moteado de
floja.
, ..
Gran sobrefalda chifonóada, de sumo efecto.
,i,,1
Cuerpo dragón con coselete á 1:&gt;andas de raso ne• ...--$
gro, alternadas de cho~s de muselina de seda, todo :'%;
sobre un fondo de la misma.
·,,i
Jockey capti•:hoso y mangas del mismo estilo que ·
la sobrefalda,

Modo de limpiar las telas
de seda.

Azul pálido figurado con elegantes guias ligera•
mente realzadas.
Dos volantes eu eepiral, ornan la falda y otro corre por su extremidad mterior en toda su longitud.

-- :

V

Para limpiar y lavRr una
tela de seda, de color ó
blanca, y darle el lustre de
nueva, se le moja, frotándola con cuidado, con claras de huevo. Se forma sobrl' la tela una especie de
espuma, que oora so~re el
tejido mejor que el jabón.
Cuando la tela ebtá limpia,
se Je mete en II gua fria
que se remueva hasta que
quede llmpida. Se pone á
orearla tela de seña enun
tr po limpio, y se le aplancha, cuando todavia está.
húmeda.

FIG. 3-TRAJE DE FOULARD.

...

jacquet deg:-ansolapa bordada que puede ir cerrado
ó abierto sobre una gran
camisa de muselina de se•
da e:egantemente chifo •
nea.da. sencillos galones de
gusanillo en lineas decres•
centes. ornan los lados y
la espalda del jacquet y
forman guias elegantisimas á los lados v cerca del
remate de la falda.

. .:-

~ .......
..,;:;,-:'.:

~

_

-- --~
...

_ _ .. =;. \---~ -

Frock para ntn.a de 10 á 11 anos.

-

Fig. O. Traje para niilo de
4 á5anos.

con dos filas de botones fantasia, y capelina de
doble aleta, lig-eramente plegada.
FlG. 8-FROCK PA'!tA NIÑA DE 10 A

11 AÑlS,

Es de sarga azul obscuro, adornada con bandas
de galón bordaClo.
Jockey cuadrado. Jockeys muy elegantes
cuadrados también
Blusita justa, plissé, ceñida por cinturón
de galón.
FIG 9-TRAJI!) PARA NIÑO DE 4 Á

5 AÑOS.

Es de brown diagonal y consiste en una
blusita larga, de cuello marinero, ceñida por
un bonito cinturón y en pantaloncito aja.reta•
do, sin ningún adorno.
Las solapas de piqué ligero, llevan bonitos
galones como adorno.
FIG. 10-TRAJ81 DE OTOÑO CON JACQUET
A'llllilR1'0 Ó CERRADO, DELANTERO Y ES PA.LDA

Es de paño amarillo humo y consiste en un

Flg. 10. Traje de otoff.o, con Jacquet abierto ó cerrado, Delantero y espald;,

~ _ ,i:\ a;a;1JJ.,11--11üJ..u..uw
Flg.1!,-Frock para nUla de 8 á Oallos.

MONUMENTO A LA INDEPENDENCIA
Inaugurado en Puebla el 16 del actual.

•

NUMERO 12

�EL MUNDO

222

LASEMANA
Llega el regocijo popular á la patriótica conmemoración de nuestra independencia, con el recuerdo vivo aún de las manifestaciones que recibe en su día el Sr. Presidente de la República.
Nunca como ahora ha sido tan sensible el con•
traste entre las antiguas monarquías y nuestra
tierra opulenta y pacífica. Los tribunos de la democracia europea, decían proféticas verdades
cuando en &amp;.iios de sacudimientos demagógicos pa·
ra aquel continente, nos presentaban á nosotros,
pueblos nuevos de América, apercibidos con nuestra constitución igualitaria y humana para dejar
vencidos todos los obstá~ulos, y los problemas df'l
porvenir resueltos dentro de las fórmulas de lli.
justicia.
Dura ha sido la tarea de 1,ul'stros esta"listas;
pero el que hoy gobierna á la Nación ha visto al
fin triunfantes todos los ideales que iGcubó la
Reforma y realizadas todas las grandezas que él
soiió para México en los días épicos de su juventud.
No hay partidos que amaguen seriamente la
autoridad del poder público. Amplias y trimquilas llegan á nuestro sue10 las ondas de la cultur,1.
moderna, sin preocupaciones que las rechacen,
porque no hay en pié privilegios injustos ni vivían encastillados en tradiciones estorbosas para
la civilización.
El Sr. General Diaz, gobierna 'en nombre de la
Nación y para ella, comprendiendo en su programa todos los intereses, no los de una casta, ni los
de un partido.
Su nombre es aclamado unánime, lealmente
por todos los que representan alguna foerza social respetable y benéfica.

Las Cámaras legislativas abrieron sus sesiones
inaugurando el nuevo ejercicio. Menus aparato•
sas que ios Parlamentos europeos, las Cámaras
de la Unión, funcionan normalmente sancionando
con su aprobación soberana, leyes que imprimen
al país sus progresos graduales y que amparan
con sabia previsión las condiciones de la vida
civil.
Sólo algunos espíritus visionarios desean la
agitación parlamentaria en la que son náufragos
el sentido social y los verdaderos intereses colectivos.
Será altamente estética y teatral la lucha de
lof leaders que fabrican en un día gabinetes que
desbaratan con la misma volubilidad; pero estamos en el caso de optar entre una legislación bien
meditada y los espectáculos, á veces escandalosos, da un congreso epiléptico, y naturalmente
preferimos los buenos estadistas á los paladines
de retórica.
Está dicho que nuestro pueblo no necesita estimulantes para sentir lo épico de las fiestas nacionales.
En cambio, los retraentes carecen de eficacia,
máxime si no exceden de los términos de la penalidad rudimentaria que reserva la ley á los
que disparan armas de fuego en los lugares públicos.
¿Quién comprende las emociones del gi·ito sin
las salvas de los charros eutusia,tas y uu muera
concreto?
En noches de fiestas septembrinas el patriotismo se hace batallador. Poi· una retroactividad histórica, fatal á la temperatura de las altas horas,
empeñeros y comerciantes en pequeño expían los
crímenes del rapaz conquistador y de los legendarios tiranos coloniales.

,.,.,,
El viento ha dispersado y n los pétalos marchitos de la decoración floral que cubría las principales avenidas por las que corrieron los trenes
suntuosos del combate simbólico.
l\léxico fué en el espacio de medio cía, la Niza
a,.istocrática y cosmopolita que se enloquece bajú" el quemante sol meridional y la feérica lluvia
de confetti y serpentinas.
·
Al trote largo de sus caballos, bi·isas, y b1·eacks,
faetons y vis-á-vis pasaban dejando una estela
de perfumes y la visión de un sueno, ligero
como la legión de bicicletas que parecían, multicolores y silenciosas, una fuga de estrellas desquiciadas.
Cuántos al perder á lo lejos el último re~plan-

Domh1go 18 de Septiembre de 1892

dor de las orifü1mas, dirían como Goncourt: ¿Por
que se acabarán tan pronto las óperas?

Virginia Oro,-un nombre que delata á mil kilómetros el pseudónimo - ha iniciado en el Principal la única posible novel,lad en ese teatro condenado perpetua.mente á trabajos forzados de género chico.
Los empresarios conocen la aguja de marear y
saben que los imperios de toda decadencia, se
sostienen sobre Pl conflicto de las facciones.
Una más; es decir, nueva ocasión para que los
doctos concurren.tes á la tanda borden sobre los
te mas de la Revoltosa y Retolondrón disertaciones de noble estética.
Los que han visto y oído á la Señorita Oro dicen que sucede dignamente á la Goyzueta.
Ha sido aplattdida con !'stusiasmo y simpatía.
Que su reinado sea perdurable y próspero.
f'W

El Teatro Juárez de Monterrey fué estrenado
el día 15 en honor del Sr. Presidente.
Despues del desastroso incendio de 1896, MontPrrey era la única ciu\lad importante en la Re•
pública que cancía de un local para espectáculos teatrales.

Sr. General Don Ramón Corona.
Estatua ln&amp;ugurada &amp;n el Paseo de la. Reforma.

El caso con su vu\~¡¡r crudeza no admite esas,
excusas con que la sc,ciedad absuelve desdeilosamente los dehtos pasionales.
Los que creen en la eficacia expiatoria de la,
penalidad, tendrán que inclinarse ante las fatali-•
dades que forman á esos renegados de todo sentimiento de moralidad.
¿Quién va á negarlo? Cosí natU1·a lo disposse•.
f'W

Piden los obreros al Sefi.or Presidente d J laR~pública, que los restos de los héroes de la Independencia no sean llevados á la Rotonda de los.
Hombres Ilustres.
Pretenden que esas ceniza.e; no descansen en un,
monumento al ah-e li~,re, solitario y campeHre.
Pnfieren para ellos el templo hierático de bóvt:das sombrías.
Hay cierta poesía en ese voto de los humildes.
Resucita e11 ellos, ó vive aún, el anhelo misterioso•
del cristianismo primit,ivo de las e&gt;1tacumb1ts.
El pueblo ama los ideales que reciben ofrendas
de lágrimas secretas, bajo criptas in violadas porla invasión victoriosa de las innovaciones que nv•
comprende la piedad sencilla de los creyente:,:.
Mas si se alza el monumento, allá irán á la colina sagrada en devota procesión y acaso encuentren más grandioso y significativo el bomenaje,
léjos de la ciudad, entre la pompa &lt;le U:na naturaleza llena de los rumores de lits frondas funerarias.
Dick.

Domingo 18 de Sep:..::ti::e=m::b::.r.::.e..:d::e::...:::189o:::.:·:.....==~-----====~E~L~~~1.;;:U~~~•o~o~=~-----=-===~=======--====..;2í
..23
....._

rior, indomable en sus aspiraciones, tenaz en sus
proyectos, firme é invariable en sus programas.
Etapa pur et11pa, todo ha sido derribado al paso de las huestes anglo-egipcias que acaudilla el
general Kitchener. Las hordas del Mahdi, los nu •
merosos ejércitos del Califa de J 11.rtún, los soldados curtidos por un sol abrasador, que se habían
congregado en torno de la bandera verde del
Profeta, á la voz solemne de los dervises, los beduinos terribles de la región, que se armaron contra el invasor al épico clamor de las trom¡:&gt;etas,
que los convocaban á una guerra sagrada. todo
quedó derribado al paso de las tropas inglesas,
todo se inclinó ante la fnerza de la ciencia estratégica y de lo;; elementos superiores de combatl',
Como las rubias espigas de los trigales se abaten al soplo del aquilón, como las cañas sonantes del Nilo se inclinan al paso del simoun, como los
altos encinares del Cáuc1tso caen hechos trisa,;
al golpe asolador del rayo y la tormenta, así fué
aventada como seca arista, como leve paja, como
pufiado de menuda arena, la resistencia orgauizada por los dervises para oponerse á la conquista anglo-egipcia. La plaza fortificada y for
midable deOmdurman cayó en poder del general
Kitchener, tras rudo y sangriento combate.
Los sectarios del M11h_di muertos Amillares, bar1 idos por la metralla inglesa, han de emblanquecer
con sus huesos las are as tostadas del desierto.
Los defensores de Jartún rotos y destrozados
por las tropas iovaboras, han regado con su sangre la fecunda tierra; han caído bajo la fulmínea
espada de conqui 1ta que esgrime en a-quellasabrasadas regiones la armipotente Albión, y ya será
muy difícil que los deshechos restos del ejército
vencido opongan resistencia á la completa sumisión del país.

*

**

De hoy en más, la Gran Bretaña será duefta y
seiioradel fértil valle del Nilo, y sus dominios se
extenderán más allá de donde asentaron la plan- ,
ta todos los conquistadores de esa región sagrada,
desde Sesostris hasta Ciro, defde Alejandro hasta
Marco Antonio, desde Ornar, hasta Napoleón.
En vano las potencias europeas tratará.n de interponer el veto al ensanche de los dominios britá.nicos; en vano Francia alegará pretendidos derechos sobre la tierra de los ..Faraones. La suerte
está echada, y la primera potencia marítima seguirá imperturbable en su camino para adueiiar-

se del Continente afrie11.no, dominando desde las
Costas de Oro hasta Mozambique desde la culta
Alejandría hasta el Cabu de las Tormentas, cla•
vanJo en esa cruz de sus conquistas las ambiciones de todos sus rivales.

virtud, santificada por el amor ó ennoblecida por la
gloria.
·
¿Qué les importa á esos monstruos la virtud y
la grandezai' qué les importa á esas bestias irsutas, que salen de las cavernas negras de la ignorancia y la miseria, con todos sus odios para la
luz, con todas sus envidias para el ala, con todos
sus horrores para el alma, lanzar su rugido de
riera encadenada y herir con igual insensatez á.
Sadi Carnot ó á CAnovas del Cas:illo?
Hoy ha tocado en suerte caer al filo del pufial
anarquista á la augusta emperatriz de Austria-Hungría Isabel de Baviera. El brazo del asesino
110 se detuvo ante aquella frente soberana, adornada con In triple corona de la virtud, de la ancianidad y del dolor. La augusta dama que ha gemido desde que vió desap11.recer entre sombrl\S
midteriosas á su hijo iJolatrado el Archiduque Rodolfo, que apart1.llla completamente de las contiendas polític,1s en que se ha agitado el imperio
austro--hú11garo, que desentendida de todas 111,s
convulsiones que h1m sacudido el trono de su
esposo, sólo tuvo lágrimas para llorar las desventuras llovidas sobre la casa de los Hapsburgo y
corazón para amar á sus hijos; la soberana que
bentada en un trono secular, compartió con su esposo el ti\lamo imperial, pero nunca las f,1tigas
del gobierno, y derramó sobre su pueblo desde
su alto puesto los dones de su munificente caridad: ¡extraiio error! esa fué la víctima elegida
por los anarquisus, para ser sacrit:cada en aras
de sus odios implacables.
Un grito de horror ha sacudido toda Europa.
Las sociadades se aperciben á la defensa. Los gobiernos deben prepararse para dar caza á 111, fiera del anarquismo, hasta en sus más escondidas
madrigueras. La civilización así lo demanda; la
justicia así lo pide; así lo exige el derecho de
propia conservación.

***

***

Estatua de la Historia.
Inaugurada. en Puebla el 16del corriente.

La hidra espantoo1a del a.n arquismo ha lanzado
otra vez sus silbos fatídicos y clavado su diente
ponzoftoso en el corazón de Europa. Todo lo que
se alza, todo lo que brilla, todo lo que vuela, en•
gendran en esos antros obscu_ros, donde se agitan
las aspiraciones morbosas de los degenerados de
nuestra civilización, engendran· y producen el
odio insensato, el rencor ciego, la venganza inaudita, hieren, hieren en la. sombra sin cuidarse de
ver si la cabeza que cercenan e1:,tá ungida por la

Reunidas las Cortes espafiola&amp;, que convocó la
Corona para sancionar conforme á la Oonstitución
el doloroso abandono de las colonias á que se ·
vió obligado el GobiHoo, después de los azares
de una guerra desgraciada, la repr11sentación nacional ha sancionado con su voto las decisiones
del ministerio Sagasta; ha aprobado el protocolo
de la paz firmado en Washington por los representantes de los gobiernos americano y espafiol,
y puesto los fundamer.tos de una era nueva de tra-

Señor General Don Antonio Rosales.
Estatua inaugurada en el Paseo de la Reforma.

Pero la iniciativa individual ha tomado allí modelos en la activa inmigración anglo-sajona y sin
aplazamientos sofísticos ni desmayos extiende su
invasora influencia por todo el campo vastísimo
de la vida social.

,.,.,,
La «juventud dorada» vuelve á la cArcel de
Belén como á su casa.
Todos recuerdan indignados la proeza de dos
jóvenes decentes que hace algunos años riñeron
á. balazos en la Maison Dorée, hiriendo á una distinguida señorita, que á la sazón estaba en el café de San Francisco.
Hoy uno de esos jóvenes torna por un asunto
más bochornoso á visitar la cárcel de la que paree.e que pretende ser huésped habitual.
Con cinismo increíble se hace manteuer por
una mujer casada, vi11ja por Europa y los Estados Unidos A expensas del esposo y cuando el
juez le toma cuentas de sus vergonzosas fechorías,
niega resueltamente las relaciones criminales que
le unieron á su cómplice.

ll)olitita O»tntral.
RESUMEN.-La conquista de Egipto. -La toma de 011durmán.- Jartún en poder del general Kltchener. La "cruz" británica en Afr:ca. -Asesinato de la Em-peratrlz de Austria.-Los odlos del anarq ulsmo y los
horrores de la lgnorancla. - Europa apercibida á l,h
defensa.-Las Cortes espatlolas -El mtnlsterlo Sa•gasta prevalece. - Aprobación del protocolo. - 1a:i,
comisiones lnternaclonales.- Conclustón.

Lenta y gradual, pern firme y decidida, fué siem·
pre la marcha seguida por los ingleses en su f&gt;X·
pediciónrle conquista hacia el Egipto superior. Nli.•
da ha podido dl'tenerlos en su camino triunfal: lasdificultades que la naturaleza oponía al de,fil0
de los ejércitos y al transporte del material u.J
guerra mod.irno han sido allanadas A fuerza u.J
consti:.ncia y de inagotables energías; los obstaculos que ofrecía la tierra ingrata y el Río Sagrado,
en susfuentesd.esconocidas, envueltasenelnimbo,
la leyenda y las sombras de la superstición han,
eaido- ante el _pofl.eroso impulso de una raz:1 ~upe•

VIST..l.S P A.BCIA.LES DEL ltlON1JltlENTO A. LA. INDEPENDENCIA. EN P1JEBLA..

�EL MUNDO

224

Domingo 18 de Septiembre de 1~

las incesantes guerras de su padre.
bajos titánicos, para reconstruir y
¿Qué hizo Felipe II para curar aquella.
reorganizar el país, herido hondallaga, para regularizar la administración, para aliviar las cargas de loa
mente por las desventuras de la depueblos, para reanimar la industria,
rrota.
fomentar la publica riqueza y sacar
En vano los jefes de partido se
nutivos recursos con que subvenh á
alzar0n, e n el Congreso de los Dilas atenciones y satisfacer las deudas
-Tomar para sila plata que venia
putados y en el Senado, á pedir
de IncHas para los particulares y mercuentas al Jefe del Gobierno por
caderes; vPnder hidalguías, jurisdiclos desiistres de la patria espaiiola,
ciones y oficios, la cuarta de las igleen vano se provocaron escenas vio~ías, los terrenos del comun y las villas y lugares de la corona; Imponer
lentas, y cruzaron, como choque de
empréstitos forzoEOS á prelados, magespadas fulmíneas, tremendas munates y hacendados, que arrancaban
tuas acusaciones entre liberales y
~011 violencia y sin conRideración; susconservadores: la mayoría, la abrupender los pagos á los acreedores, y
hasta legitimar por dinero los hijos de
madora mayoría con que contaba
los clérig·os.
Sagasta en el seno de las Cortes, soComo, por una parte, proseguían las
focó todos los impulsos, refrenó toguerras y las expediciones costosaF1
dos los bríos, apagó las chispas de
continuaba el empeño de conquistar y
incendio y su~pendió toda discuconservar reinos que, Jpjos de producir
eran otros t11ntos sumideros de las
sión.
reo tas de España, y e! oro de América,
Los republicanos que se abstujunto con los brazos agricultores del
vieron, los carlistas que se alejareino, se enviaban á otras regiones, y
ron, los conservadores que amenacomo por otra parte, las providencias
ndministrativas eran ineficaces ó conzaban con un conflicto, nada putrarias al objeto mismo para que eran
dieron hacer, prevaleció la voz audictadas. sucedía que era mayor cada
toritaria del caudillo liberal: quedía la miseria y .la pobreza publica.
daron clausuradas las cortes, y hoy
Cuando las Cortes, con triste, pero
vigoroso acento, se lamentaban de la
cuestión de la paz y de la dolorosa
penuria y ahogo de los pueblos, y examputación que ha sufrido la moponían que los pecheros ya no podían
narquía espaiiola, sólo depende de
más, y reclamaban el alivio de los trilos comisionados en París, en la
butos, ¿qué era lo que arbitraba la
Junta de Hacienda reunida por 1,l soHabana y en Puerto Rico, para reberano y qué era lo que este soberano
presentar los intereses del reino.
sancionaba? Suspender los titulas y
Si el Sr. Sagasta se ha equivocaderechos de los acreedores del Estado;
do, si ha cedido sólo á la fuerza
reducir arbitrariamente sus intereses
vencidos, so pretexto &lt;ie ser exorbiincontrastable de los hechos, á la
tantes y ruinosos; reformar y modifiinfluencia de un poder superior, decar sus titulas con arreglo á la reducmostrado en tierra y mar, ya lo diEl Combate tle Jlores.-Frente al Pabellón Morh1co.
ción que se fijó, y dar un efecto retroFot.
de
«El
Mundo»
rán los acontecimientos.
activo á todos los contratos hechos
t Entre tanto, queda en pié su alta
quince aií.os antes, especie de banca.
~rota que irritó y espantó á los prespersonalidad, como el principal restamistas extranJeros, y acabó con el crédito de la Haponsable en la tremenda crisis que acaba de suLa España de Felipe II.
cienda y del Gobierno de E~paña.
frir la patria de .Alfonso XIII.
¿Cuáles eran las causas de tantas necesidades, de
tanta pobreza, de tanta miseria interior, en la nación
(De la Historia Gene1•al, de España, por LnfuenteJ
X.X.X.
entonces más poderosa, y que debería ser también la
16 de Septiembre de 1898.
más rica de la tierra?
Nadie vacila ell: señalar como una de las primeras
"No era ciArtamente li~onjero el estado en 'lUe Felipe encontró l&gt;t. haci,rnda de E•paña; consumidas Jaa causas la lucha gigantesca de los reyes de España con
rentas agotados lo@ rt&gt;c11rso1, agobiada la nación con tantaP naci,mes, potencias y soberanos.para defender
d1&gt;11d;1.s enoruJAS, paralizado el comercio v muArta la la fe católica y el engranrlecimientodelacasa d~Ausiudu11tria, resultado dti los dispend:os ocas·ionados por tria; lucha que, com,mzada por Carlos I, proseguida

ESTETICA DE LA LENGUA FRANCESA

J

7

225

EL MUNDO

Domingo 18 de Septiembre de 1898

-

~

Un aabio autor, M Remy de Gourmosit ha e,crito
algo muy curio.o sobrt: 111. estética dd iJioma francé3
Dice que como todas las otras lenguas neo-latinas,
el francés titme tres clase11 de palabr11.s: palabras de
formación popular; palabras de formación sabia y palabras l'Xtranjeras brutalmente introducidas. Sóao las
primeras traducen el ge1Jio nacional; l11s dti la segun- ·
da catogoria, pueden ser, i,ventualmente armoniosas, sonoras, tstéticas; pero que en gener11l son horribles. Eu cuanto il. las p11labras extranjeras, afirma
que casi siempre relmplazan desventajusemente los

COMBA.TE DE FLORES.-A.venida"Jná•
rez, f'rente á la_Calle Nueva.
Fot. de «El Mundo»

COMBA.TE DE FLORES -El Jockey ()(ub.
Fot.~e «El Munio•

p or Felipe II. hacia necesarias multitud de colosllles
empresa~ costosfsim11s oe hombres y de dinero. Los
soldados y los te~oros de Espaf&gt;.a se derramaban por
1nfinidad d" E~tadn~. separados entre si, ó por mares ·
1.nmensos, ó por naciones enemigas
Los tesoros allá se consumían; los hombrPo allá
se quedaban; los unos en los carnpos d11 batalla, :os
otros g11arneciendo las. plaza~ fuerte~. v los que volvían hab!~n sido arrancados de sus ho¡garea ant11a de
poder utihzar sus f 1erzas P.n los tr11b8JOS de la tierra
ó de los talleres, y r11gresaban en edad PD quP. el tra•
bajo de los t~ller11s y de 111. tierra se resistia A brazos
habitu~dos só.Jo al m~nejo del mosquet... ó de la e~pada. Em1grac10n d" riquezas, dPspoblac1ón del reino,
ah1mdono de la agricultura y de la indu•t.ia, eran los
efac_t~s inmediato~ y naturale~ dP las guerras
D1s1mul11ble poilrfa ser el afán de const&gt;rvar domtnios ~emotos y dl'sparramad?s, si las rE1ntns dA aquellos .l!;stado;s ya que no acrecieran las de Es pafia, bu•

términos castizos y son por lo mismo inútiles y perjudiciales.
. La lengua tendría toda su pureza si todos los vocablos usual e~ pertene?iesen á !a primera categorla; pero apenas s1 una tArc1a parte de Pilos pe hallan AD esa.
condición Los de la Eegundabijo3 baEtardosde Greda
ó aventureros de otros países, l!on de una fealdad repugna~te y oprobio del idioma, mientras el instinto nac10nal ó el uso les darla carta de natura!ización
Es imposible suprimirlas, pero al mE&gt;nos debti procu:
rarse que SP&amp;n menos desapacibles."
En los neologismos derivados del griego, los sabios

COUBA.TE DE FLORES.-Victoria
de los niños Salcido.
Fot. del «El Mundo,

-

. --

.

~--~ '.~ -:·~: ;:it::
·~
.

bieran á lo menos producido para gastar su propio mantenimiento. Más ya por la l'sterelidad de los unos,
ya por la resistencia de los otrrs á contribuir para
mantener un señor y un gobier•o extrañ'&gt;, ya por 1a
falta de producción oca11ionada por !ad guerras en
que . ndaban revueltos todo;;, ed lo cierto, que en vez
de producir consumlan, que por más que se los esquilmaban Ifo rendían ni aún para racionar y asoldar
nuestros ejércitos dé operaciones en aquellos países, y
que para mantener nuestrrs tropas en Flandes, en Miláa, en Ná.poles y en Sicilia, era menester enviar co.ntlnuam&lt;-nte á Sicilla, Nápoles, Milán y los Paf11es Bajos, nuestro oro de Am~rfca y nuestro oro de Casti!la,
y no alcanzaba nunca ni basºtaba. de modo que todos
aquellos grandes señorlos, eran otros tantos grandes
c~nsos para España, y nos hacíamos pobres por la vanidad de que nos llamaran grandes señores."

"'◊.

.

...¡.

El Combate de f'Jores-Otra perspectiva frente al Pabellón.
Fot. de •El Mundo.•

LA.FUENTE,

CO1'IBA.TE DE FLORES.-La Esmeralda.
Fot. de «El Mundo»

�...
EL MUNDO.

226

Domingo 18 de Septiembre de 1898.

Domingo 18 de Septiembre de 1898

ria exponemos, que se afrancese también, escribiendo,
vervi gratia, higueliffe, bifeteque. La belleza de la
palabra nada ganaría; pero, en caml:'io seria más fácil la pronunciación y la lectura.
"La belle2,a de una palabra, concluye el autor, depende y esta toda ella en su pureza, en la originalidad.
en la raza 11
11
vesde que somos esclavos de la super.s~ic~ón cien•
tífica concedemos á los pedantes poder 1hm1tado sobre una actividad intelectual que es del dominio absoluto del instinto. Creyendo que debían aceptarse
todas las pa abras extranjeras, nemos .creído que el
idioma se enriquece con lo que no es sino un signo de
indigencia. No es posible que un idioma tan vivo 11terariamllnte haya perdido su antiguo poder verbal.
Vale más renunciará la expresión de una idea que
formularla en jerga insoportable. No es necesario
escrilllir; pero ya quelo hacemos, empléese una lengua
verídica y de buena casta.

La. Emperatriz de Austria-Hungrfa.

varon á ocupar puestos de importancia en la gerarquía militar
Estaba á las órdenes del General López U raga, jefe del cuerpo deope:r-aciones del centro, y como no creyese conveniente supeditarse á él por razoues que nopodían ser más justas, toda vez que Uraga preparaba
una escandalosa defección, acompañado de algunos
partidarios separóse del ejército delce~tro y emprendió una aventurada travesía hasta Smaloa. En ese
Estaba reunió los elementos suficientes para formar
un Pjé1 cito con el cual emprendió activa y victoriosa
campaña contra los imperialistas ganando la acción
de Palos Prietos. y de la Coronilla tomando Mazatlán
y preparand(! la ae Guadalajaracon ~n plan bien medit11do que eJecutó el Coronel Eulog10 Parra.
Una vez que logró establecer el régimen l.beral en
Sinaloa y en IR capital de Jalisco, hizv capitulará Colima, ganando esos tres Estados para la causa nacional.
Concurrió al sitio de Querétaro con el grado de,
General de División y consumado el triunfo de la Re-

Recuerdos del combate
de nares.

COMBATE DE FLORES.-Avenida
.Tuárez.

Fot. de "El Mundo."

han procurado siempre dA una manera especial
que la palabra sea una definición de la cosa que se
quiere expresar Inútil y ridícula tentativa! Jamás
da la palabra una idea de la cosa sino á losiue ponen
toda su buena voluntad para entende!'la. ¿Uómo po•
dría el compm,sto griego piró.,cafo (fuego-buqne)
11ignificar para el que lo ignora la idea precisa de un
buque que se mueve por medio de una máquina de vapor siendo éste producido por el fuego? «Buque de vapor• es más simple y más inteligible y el autor hace
notarque enlamayoriade las pa1abrasfra11cesas deri. vadas antiguamente del latín, el sen_tido etimológico
ha desaparecido, casi por completo: los cuadrantes
son redondos, aunque la palabra significa cuadrado.
El verbo francés tuer (matar) viene del latín tutari
(protejer) y por una serie de avatares curio11os ha llegado á tener una significación contrari11,
Hay mil ejemplos que como loR anteriores demuestran la insignificancia del sentido etimológico y que
por lo mismo es inútil sacar del griego pa1abras horribles, desde el punto de vista estético, so pretexto
de que traen consigo la significación del obJeto que
designan, cuando en realidad nada preciso significan. ¡Odontálgica quiere decir lo que cura ó lo que
provoca la "nfermedad de los dientes? Imposibie seria saberlo por la palabra misma. puesto que junta
sólo estas ideas diente y dolor. Entonces ¿para qué
crear ese barbarismo?
En cuanto á las palabras extranjeras que forman
como islotes dentro del lenguaje común, sólo son admisibles cuando se funden completamente adoptando la ortografía del idioma que las admite Así pasaba en otros tiempos, cuando el francés tenia.aún, toda
su fuerza de asimilación. Fetiche, mandarín, limón,
maga.sin y otras muchas palabras, nada conservan de
sus orígenes á rabe, español, portugués, etc., etc.
Sigufendo esos ejemplos, querria el autor cuya teo-

Nuestras ediciones día•
rías han publicado una informatión exacta y completa del combate de flores
dispuesto en obsequio del
Señor Presidente d-, la República, y eso nos dispensa
de Insertar en estas columnas la nota integra de esas
fiestas.
Con el objeto de dar á
nuestros favorecedores un
álbum acabado del cert~men floral,dispuso ELMU:N·
DO !LUSTRADO una instala·
ción fotográfica en la calle
de Patoni y en ella se tomaron fotografías de todos
los coches y bicicleta11 que
concurrieron al combate
de flores. Además, varios
artistas y fotó¡rafos comi~ionades por nuestro semanario, tomaron apuntes é
instantáneas de las escenas más notables y salientes para completar la co•
lección, y no dejan fuera
de ella ni un solo episodio
de la brillante fiesta. La
premura del tiempo nos
impide dar en esta edición
todas las fotografías que
tenemos en nuestros talleres; pero nos prometemos
publicarlas la semana pró·
xima, y con ellas una nota
que condense lo más notable del combate de flores
efectuado t&lt;l dia 14 del corriente.

227

EL MUNDO.

Balcón de la casa del Sr. Liinantour, desde donde el Sr. Presidente
presenció el Combate de Florefil.
Fot. de ''El Mundo."

La Emperatriz Isabel Amelia Eug!'nia, espos,i de
Francisco José, Emperad,,r de Austr1a y Re.v deHungrla., nació el .!4 de Diciembre de l8 j4 en Schloss
l'assenbofen en las ribera~ del lal!'0 Traun Fué hija
del Duqne Muimiliano Jot1é de Babiera.
Era la meo r de cinco hermanas, una de las cuales,
la Duquesa d' Alen~on, murió en Parit1 en el desastre
del Bazar de Caridad.
Se dice que el Emperador habla pensarlo en casar·
se con Helena hermana de I.abel, pero que impresionado por la belleza de é~ta, se enamoró rle ella y la
pidió en matrimonio.
La ceremonia nupcial se celebró el 24 de Abril de
1854. Las intrigas q~e se ;urdi".r&lt;?n contra ella desde
que ciñó la corona 1mper1al, b1c1éronla aborrecer la
corte y la capioal de Austria.
Gustábale viajar: tres cuartas partes dP.I año las pa•
saba fuera de Viena y visitaba con frecut ncia duran•
te sus excursiones Iuglaterra é Irlanda aonde emprendla partidas de caza á las que era muy aficionada.
Sus enfermedades la obligaron á recluirse en el
interior del palacio, y por ú1t_í!110, lasI_&gt;enas que a.~11rgaron sus últimos años. Su h1Jo favonto, el Archiduque Rodolfo, murió trá_gica y misteriosame1Jte. _Esa
desgracia la hiz&lt;? enveJecer en unos di~~ como s1 h~biesen transcurrido para ella largos anos de sufrimientos y aún se cree por alg~°:ºª que perdió ~l juicio. LO cierto es que se v1g1laban tu~ acc10nes,
aunque de uua manera cariñosa, con cuidado sumo.
Eligió por residencia
de invierno la villa que
mandó construir en la isla de Corfú y á la que
puso por nombre «Aki
lleion• en memoria de
Akiles «el hijo de los BU·
frimientos de su madre,•
sin duda para recordación de su propio infortunio.

Hidalgo con el estandarte de la Virgen de Guadalupe y á la derecha del cura está
el chico que figuró como tamhor desde los primeros dlas de la lucha.

COMBATE DE FLORES.-Casa del Sr. Escandón.
Fot. de "El Mundo."

LAS ESTATUAS
erigidas A los Generales

CORONA Y ROSALES,
en el
PASlO DE LA REFORMA

El Estado de Sinaloa
ha erigido á su vez dos
estatuas en el Paseo de la Reforma, las cuales fueron descubiertas el dfa 16.
Representan á los Generales
Don Ramón Corona y Don Antonio Rosales, ambos defensores
de la República y del honor nacional contra la Intervención
francesa y el régimen ilegal del
a1chiduque Maximiliano.
El General Corona nació enun
pueblo del Estado de Jalisco y
desde muy joven empezó á pelear en las filas del E&gt;jército libeJal. Valiente, entendido y sagaz
debió á esas y otras cualidades
los ascensos que en breve lo lle-

pública derrotó á Lozada, quien con 15 000 hombre&amp;
hacia frente al gobierno coustituido asolando las re•
giones del Pacifico
Despuét1 de ser Ministro de México en España fuá'
llevado al Gobierno de Jalisco.
Desempeñaba las funciones de Gobernador cuandofué asesinado alevosamente el 11 de Noviembrede 1889.
La mu11rte del General Corona fué una férdida quelamentaron el ejército y el partido libera al que tan
tosservicios prestó con su espada.
El General Don Antonio Rosales era un hombre detalento clarísimo. Estudió en Guadalajara recibiendo el titulo de abogado.
Era progresista y como tal se enamoró de los principios de la Reforma poniendo en defensa de ello&amp;
una gloriosa existencia
Fué Gobernador del Estado de Sinaloa en la época.
de la Intervención y peleó contra los imperialistas y
franceses á los que derrotó en la notable acción de S.
Pedr(l, cerca de Cullacá11, el 22 de Diciembre de 1864.
Esta victoria lo hizo acreedor á h banda de Generd
de Brigada que le envió el Presidente Juárez.
El 2-2 de Septiembre de 1865 murió en la acción de
los Alamos.
Estos son los héroe á quienes el Estado de Sinaioa
ha erigido las estatuas que aparecen en nuestros gra•
bados.

Don José Maria Morelos, Don Leonardo Bravo y Don Hermenegildo Galea.na se
dan las manos formando un grupo aislado.
Don Vicente Guerrero, apoya una mano sobre el hombro de un insurgente que
tiene la rodilla hincada en tierra y en la mano derecha una tea encendida.
·
En la parte posterior Pipila aparece con la losa á la espalda en actitud de proceder al incendió con la antorcha que lleva en la mano.
Del centro del grupo de los héroes, ascienden nubes sobre las cuales hay una esfera de mármol que á la vez sirve de pedestal á la estatua principal. Representa é. la Independencia con fragmentos de la cadena colonial en las manos.
Todas las figuras fueron modeladas por el escultor D. Jesús Contreras y hechas ·
en la Fundición Artística Mexicana.
La inscripción dice así:
A LOS HEROES DE LA INDEPENDENCIA.
EL ESTADO DE PUEBLA,
1898.
El monumento mide más de ocho metros de · altura y costó sobre $80000
El Sr. Presidente de la República, colocó la primera piedra el 21 de Noviembre de
1886, enterrándose bajo una losa copia del acta que se levantó ese dia, autorizada
por el Notario de la ciudad.
Las fiestas de los dfas de la Patria.
Coa las ilustraciones relativas al combate de flores, publicaremos también en
nuestra próxima edición, los grabado@ relativos á las festividades patrióticas paCoch" del Sr. D Tomás dela Torre, en el que iban i,.
r!1 qu e formen en conjunto una colección preciosa de rPcuerdos de los aDJmadi Sra. Amada Dtaz de de la Torre y la Sr.a. Laor.a Formen.- ...e d 1
s1mos días 14, 15 y 16, en los que pomposamente Ee celebraron el oncn:áEhco del
.._ e a
Sr. Presidente de la República y la conmtmoraclón de la lnáfJJEnducia.
Torre, con sus dos hijas.-Primer premio.
Fot. de J. P. Arriaga para "Jn ]tundo"

La estatua de la historia.

11

Uno de los monumentos inaugurados en Puebla, el
día 16 es la estatua de la Historia.
•
Hace pocos dlas quedó terminada en la Fundición
Artística é in1!1~diatamente fué :emitida á Puebla para ocupar el s1t10 que le tenla asignado el artista, en e)
monumemo á Bravo.
Nuestro grabado da una impresión exacta de la es•
cultura á que se refieren estas lineas

El monumento de la Independencia
en Puebla.
Damos en tres grabados distintos el conjunto y dos
vistas parciales del monumento levantado en Puebla
en .honor de los héroes de la Independencia.
Como puede verse por las ilustraciones, esta obra
monumental, será una de las mejores de la República.
El zócalo es de piedra blanca de Pachuca y el pedestal tallado en mármol de Carrara, con una guarnición de festones de bronce.
En el grupo de los héroes, sobresale la figura de

Bicicleta del Sr. Romá.n Orta.-Primer premio.
-

Fot. del Sr. J, P. AtTlaga para "El Mundo"

Coche del Sr. D .Tosé Hlpólito Ram1rez, con las Sri tas. Ra.mlrez.
Segundo premio.
Fot. del Sr. J. P. Arrlaga para "El Mundo"

�EL' MUNDO.

Domingo 18 de Septiembre de l89k

Domingo 18 de SPptlembre de 1898

I.

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Los aburridos vecino~ de Villurrobles, á falta de
entrt1tenimientos de más fuste, pa~a ban sus horas ocio8&gt;1@ picoteando en las diversas tertuli,is que habla en
el puebl~ ello desde el caer de la tarde haPta cerca
de la media noche, sin más intervalo que la escasa
media hora que empleaban en engullir, en su respec•
t1vo domicilio, la carne asada, el chile con frijoles y la
taza de leche de cabra que, en general, coustituian
su cena.
Cierto banco del desmedrado jardín df' la Villa, determinado tendajo, esta barbería, aquella taberna,
eran otros tantos lugares de reunión, cada uno con
su circulo oropio .. . Pi,ro el más concurrido tenla por
centro la Botica de la Plaza
Era éste un establecimiento antiqulsimo que babia
cambiado de dueño, aunque no de farmacéutico, muchisimas veces. Cada nuevo propietario, daba una
mano de gato á. la fachada. repintaba los rótulos, la
sacaba lustre por dentro. remendaba los útiles vif'jos
y la prov-eia de loR que la faltaban. Conservaba algún
tiempo su aspecto fla'Ilante; pero poco á poco se iba
desconchando, rompiéndose. ensuci:mdose todo, hasta
que al cabo de dos ó tres años, venia el nuevo dueño
á rPformarla otra vez.
En la época á que me refiero. hacia ya tiempo q11e
no cambiaba de poseedor, razón por la cual tenia
aquel airecillo de dejadez y abandono...... La empol·
vada anaquelería sustentaba poqulsimos frascos y
esos, cubiertos de endurecidas chorreaduras y en su
mayor parte vacios. En ambos extremos del mostrador, despinta.do por el uso, se ostentaban dos merliana.s vitrinas, poco menos que exhaustas; en el centro
las balanzas de precisión, Olilcilaban blandamente -eajo un fanal pitañoso, y en los dos espacios libres entre estas y aquellas, alzábanse sendas ampollas de
vidrio con agua de color, tras de las cuales solla en•
cenderse, en noches de gran solemnidad. las correspondientes lamparillas. En el trecho de puerta á puerta y en ambas testeras, había unas cuan,as sillas mi.1trechas, que aunque destina.das á. los parroquianos, es•
taban siempre ocupadas por los asistentesá la perenne
tertulia.
Amén de estos encantos, reunía la Botica otros dos
de no menos cuantía: el de tener un boticario amable
y eternamente dispuesto á echar un párrafo, aunque
trajera entre manos la mh complicada receta, y el de
estar situada en la Plaza Princip al, lugar por drnde
pasaba, de paseo ó nPgocio, todo el vecindario Villarroblense, y á donde iban á parar, no bien nacían. co.nducidas por alas invisibles, las murmuracione11 y chismes de toda la Villa.
En invierno cerrábase una puerta de las dos que
daban á la Plaza, y en el abrigado rincón resultante,
se formaba la tertulia.. Cuando hacia buen tiempo,
unos colocaban sus sillas en el vano de dicha puerta,
siempre la mirn1a, y otros á horcajadas en ellas, . en el
borde de la acera, dejándola libre. aanque nad•e pasase por el medio, pues loe escasos t~anseuntea, sobre
todo las mujeres, cambiaban de lado, creyendo escapar con la distancia, á las murmuraciones de aquello.•
ociosos.
Los tertulianos más asiduos, que mútuamente se
buscaban, y cuando por·aca110 no concurrlau, se echaban de menos, eran cinco sujetos: un solterón empleado oficial, el maestro de escuela, un propietario de
casas de poco precio. un hacendado cuyas propiedades estaban cercanas á la Villa, y el supradicho boticario que habla pasado la tercera parte de los cuaren•
ta años que entonct&gt;s tenia, detrás de aquel mism~
mostrador. Los cinco eran vulgares de tipo: el empleado v el propietario un si es no es obecillos, debido á
t.U vida poltrona; magro y epgalichado el maestro de
escuPla. por 1011 diarioR berrln chf's ~ t-1 poco. sueldo;
el agricultor fornido y basto, y el bot111ar10 m gordo

229

11:L MUNnO

ni flaco, de talla mediana, de color indefinible, sin más
cosa notd.ble en su faz inPxpreeiva. que los cuatro
ó seis barr"s diseminados tn ella ... . La iudumentaria,
allá se iban los ciuco. Usab&lt;Lu chambergo de anchas
alas y trajecillos de americana, cortados por el sastre
de la Villa, muy mala tijera, aunque él creia otra cosa.
Y ¡caso estupendo! Aquellos cinco tertulianos, tan
naclficos y mulondrootls, sólo hablaban de grandes
hazañas y espant• sos peligros que ellos hablan acome•
tido y arrostrado Cada uno sucesivamente, c. n voz
campanuda y fiero mirar. iba contando su espeluz·
nante epidodio. Y era lo bueno que aunque mútua•
mente y cada uno para su sayo, por conoc.,rse muy
bien se conceptuaban unos grand18imos embusteros,
niniruno podía pasarse sin contar á los demás su corr.espondientt1 he1oicidad.
Pero quien mayores las urdla, era el hacendado; y
quiza porque eolia pasar temporadas en su hacienda,
entre aparceros y s1rvientes. se le daba algún crédito. El comprendía su prestigio, y le creía mayor de lo
que era en realidad, ola cou ..ire de menosprecio las
narracionea de sus amigos, y cuando ya todos habían

contado su correspondiente hazaña; nuestro hombre
.. e ponla pausadamenttl en pié, sacaba su enorme pañuelo de cuadros rojos y xmRrillos, se refrt-gaba con
él los ojos y las nar•ces, daba un oaseito en corto y.
decla con vqz ponderativa:
-Pero no como lo que á mi me suceilió una vez .. ,
Figúrense que .. . .
¡Válgame Dios! Los osos que él había matado cuerpo. á, cuerpo con su et.chillo de monte;.Jas veces que
habla tenido que defenderse á balazos de los peones
que querlan asesinarle sólo porque los babia reñido¡
los iucendios que habla apagado, rodeado de inmensas llamas, en los bosqued de su propiedad...... Y .asi
por ese orden.
Cierta noche en que habían hecho el gasto los osos
los leopardos y otras feroces alimañas de los terrenos
del haceudado, la borrachera de sus soñadas aventuras dete1 minó á. los cinco contertulios á organizar
una Pxpedicióo de caza mayor para de alli á ocho
dias. Juetllmente venían des fiestas seguidas, y ninguna oportunidad como aquella.

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.. :': '";'

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�Domlngo 18 de Septiembre de 1t!98

EL MUNDO

230

tidas e11tan~iaR en la hacienda, le ponlan ner·
vloso ahora y le espantaban el sueño.
Al encerrarse en la alcob111 sintió cada uno la
El empleado pidió al jefe de su ofich::a el necesario permiso, por si alguna circunstancia impre"ista necesidad de poner junto á si las respectivas
retardara á los expedicionarios más de lo que creían; armas que hablan sido arrimadas en montón á
y por idéntica causa, el rentista dejó sus escasos asun- un ángulo de la pieza. Ya acostados, dos en un
tos encomendados á un su amigo; el domine puso so- catre y tres en d otro, y apagada, con un descobre Aviso á los chicuelos que hicieron una docena de munal resoplido del que la tenia más cerca~ la ve·
zapatetas y se quedaron deseando que no pareciera lucha de sebo que se corría, li&gt;grimeana.o, sonunca por el pueblo; el boticario dejó la farmacia al bre una silla de tule, el ruido que haclan las
cuidado de su mujer, y el hacendado, que ya de ante- bestias en el corral adyacente, el súbito crujir
mano habla hecho sus preparativos, dió las últimas de las maderas los zumbidos del viento, cualquier rumorcillo que ellos mismos producían al
órdenes, y á la madrugada del dla convenido, timba
ni1.stados en maltrecha ambulanc'a, tirada por cinco revolverse en los atormentados camastt-os, les -~
1\ /
no muy lucidas mulas, todo ello propiedad del hacen- · hacia de~pegar la cabeza de las almohadas, lef ?._
vantándola un poco y quedarde un rato á la esdado, se pusieron en marcha.
·J_
No llevaba..1 trabilla por no haber un mal podenco cucha.
Aún
no
pegaban
los
ojos
cuando
sonaron
te•
en diez leguas á la redor.da; pero si buen armamen·\~ -'
to y mejo:,; repuesto de huevos duros, carne seca y rribles golpes en la puerta del cuarto. No tu;•
tortillas, pues aunque valientes y aventureros eran vieron tiempo de asustarse porque los tranquilizó
uná
voz
apacible
que
d
•cia:
hombreJ que no se •iejaban mil pasar.
-¡'3iñorl .... ¡Siñorl ... . Ya es hora.
La charla, darante, 1 camino. corrió, como siempre
por fenomenales aventuras, contadas á grito$, porSe levantaron desperezándose; pusiéronse las
que el traqueteo d,•l armatoete en baches y piedras respectivas americanas, únicas prendas que se
no permiti.1 á la voz diapasón más apacible, y tam- habían quitado para acostarse, y abrieron la
bién aquí oyeron los valerosos cazadores. i1nt"ecor- puerta .... Aún habla estrellas, pero Bd notaba
hda y como dicha á tropezones, la indispensable como una in1ecisa claridad que anunciaba el fin
de la Roche. Los caballos. y&amp; ensillados, esperamuletilla:
-Pero no como lo que á mi me suced:ó una vez! ... ban frente á la puerta de ingreso.
f 7 _~
·t'i'! ¡..
Figúrense que ....
Un mi&amp;mo peneamiento surl('ió en la mente de /4C
Al ponerse el sol llegaron al amasijo de carnchas todos: 11Serl1tn mansas las cabalgaduras?" Por- ~
.
-:-·
de adobe y jacales de palma de que se formaba la ha- que es de advertir que el amo no tenla caballos
cienda, y st1 apearon en una de las primeras, ni de de silla, y cuando los habla menester, se arriamejor aspecto ni mucho máa cómoda que las demás, ban las bestias de labor mejor acondicionadas,
pero que medieros y peones por ser la que el amo ha- á juicio dtil caporal que fungía de admini trab'taba, llamaban hiperbólicamente la casa grande.- dor de la hacienlla .... ¡Y tal criterio, fundado
He aqul su distribución: La puerta •le ingreao daba en las propi1ts aptimdes, podía ser de conseinmediatamente á un-l pieza medianil con luz hacia cuencias desastrosas para los cinco expsdlcioel campo, y que á juzgar por la heterogeneidad de nar1os!. .....
sus muebles, (dos consolas, tr11s canapés y unll larga
verdad era que la cacería no iba resultanmesa de pino,) era á la vez sala·, comedor; en la tes- do"La
de
lo
más di vertido" ...... Además. la proxitera de la izquierda abriase la puerta de uua segunda piez&gt;l de menos espacio, coo dos catres de tijer,1 y midad d 1 los osos, de los leones y hasta de los
bravos, no l8s hacia maldita la gracia.
tres sillas de tule por todo mobiliario Frente por fren- toros
Pero ¿qué remedio? Montaron, y llev1tndo de
te á la puerta de i.J.greso negreaba estrecho pasadizo guia
á un vaquero conocedor del ternmo, y sepor donde se iba á la cocina y al corral. ...
Después de cenar de cuanto habla, que no era po- guidos de otro que arreaba una acémila con el
co, á Dios gracias, se dispu..ieron á acostarse Habla repuesto necesario, emprendieron el camino por
vereda, á ciegas, tiritando de frio y
que aprovechar el tiempo durmiendo un poquito, angosta
qué no decirlo? medio muertos de miedo.
puesto que antes del alba se emprenderla á caballo la ¿por
Uno t!'as otro, pues no daba para más la ancaminata á la sierra.
·
En e11tas y en las otras, la noche habla cerrado coii gostura de la senda, caminaron gran rato con
absoluta obscuridad. En torno de las casucha11 dilatá- ese galope uniforme é incesacte de los caballepais avezado9 a tales jorn'ldas.
base el campo desierto y silencio110. De vez en cuan- josEldel
campo era una enorme extensión n1&gt;gra lido algún perro ladraba á lo l1&gt;jos, se oían silbidos fi.
á derecha é izquierda por fajas de nienos y prolongados, y extraños alaridos resonaban mitada
bla que iluminaba debilísima y blanca vislumpavoroeament0 en las lomas vecinas.
· La verdad es que todo ello produjo cierta desazón bre. Al frente, la sierra jibosa se dilataba achien los cinco cazadores que, sin saber por qué motivo, cándose cada vez más hasta perderse de vista.
Presto la vieron tan cerca que ya no apreciliban
.suspendieron su charla. Mas se fl'Uarda~on muy bien su
perfil dentellado, sintieron como que echaba
de comunicarse su inquietud. BI buen terrateniente
no acertaba á saber por qué aquellos ruidos extra- sobre elles sutilisima sombra.
El cab1dlo del guia suspendió de pronto el
ños, no obstante hab':lrlos oído mil veces en sus tepegalope, y sin que los jinetes tuvieran el trabajo de tirar de las riendas, los demás caballejos Je imitaron tomando todos un trotecito picado que zangoloteaba
las entrañas de los caballeros y les flotaba con fuerza muslos y posaderas en el
arzón de la silla.
·
También el trote se suspendió á poco trecho, tomándose un paso lento y
fatigoso. Los asendereados jinetes respiraban con fuerza. Comenzaban á subir
la montaña. Las pedrezuelas rodaban sonando, aventadas por los cascos de las
c, balgaduras. Los espesos ma•orros arañaban chirriando las chaparreras de du•
ro cuero del guia, rozaban sin ruido las de blanda gamuza del hacendado, y
luego crujlan de nuevo en las indefensas perneras de los cuatro invitados. Lo■
caballos avanzaban palmo á palmo, sentando con tiento las desherradas pezuñas que á. veces resbalaban un poco sobre las lastras a.esnudas. A uno y otro
lado del áspera senda, mostraban su seno sombrlo profundos taludes.
La obscuridad que aún reinaba, impedía adlvinar por la expresión de los rostros, las sensaciones que experimentaban los cinco jinetes; más según su obstinado silencio, debían de ser de intensísimo miedo: sé que á no sentirle tan
~rande, ninguno se hubiera quedado sin contar alguna aventura que encaJase bien en el grandioso escenario en que se encontraban.
Llegaron al lugar en que había de instalarse el rancho: un abrigado rincón
cubierto de piña y cedros, formado por el punto de arranque de una derivación
de la mism" montaña. Bajo un cedro de poca altura, pero de ancho y espeso
follaje, se apearon los cazadores, se puso en tierra el repuesto, se arrimaron al
tronc·o del árbol las monturas, y, entre unos chaparros un poco distantes, se
apersogaron las bestias.
·
El vaquero y el conductor de la acémila hicieron lumbre y calentaron el café
que llevaban ya preparado.
Catári&gt;nle en la única taza que habla par11 ello, uno tras otro, los cinco cazado•
res, echaron sendos tragos de sotol á pico de botella, y cada cual requirió su correspondiente armamento.
Entre tanto iba amaneciendo. La niebla que se tendía inmóvil en el valle, alzi•
base de él, y, rota en girones, volaba, cambiando continuamente de forma, hacia
las indecisas lej~nlas. Las cordilleras opuestas, destacándose á trechos, por las
roturas de la bruma, sobre trozos de limpio horizonte, parecian pincelad"ª de
azul más intenso en otro muy pálido. ;i: las lomas y cerros donde la montaña
ofirmaba sus bases, semejaban moateinllos de pardos pedruzcos.
Tras de haber convenido en partir en la misma dirección y á distancia unos
de otros, los héroes partieron; pero á ..::uy poco andar comenzaron á acercarse
conforme avanzaban, y acabaron por reunirse y caminar en amor y Mmpañla,
sin que nadie protestase de semejante infracción á lo convenido al partir.
H!l.cia el med'_o día volvieron al rancho despeados, sudorcsos y jafleantes sin
haber disparado sus armas: circunstancia que los envalentonó de tal modo, que
después de comer con no escaso apetito y de -vaciar seis botellas de cerveza y
una de tinto por barba, hablaron de nuevo de espantosos peligros y grandes hazañas.
Repitieron la correrla enla tarde ... . "Aunque molidos y maltrt-chos, á ello habían ido, y si querían salvar el honor er11 preciso
volver, cuando menos. con un gato montés. "-Tanta animosidad
tenia por causa: en unos, la recóndita suposición de que las fieras de aquellos parajes estaban solamente en la imaginación del
embustero hacendado, y en este, la convicción neta de ello.
Y asl fué ciertamente. Cuando el sol ya cala, y sin haber avistado ni la más ruin pieza de caza, toCJaron la vueltit alegres y
verbosos. El terrateniente se admiraba de no haber encoutrado
ni un mal leopardillo entre aquellos peñasco, donde tantlsimos
osos había él matado, y achacabl!, el mal éxito de la batida á la in-

Domingo 18 de Septiembre de 1898.
,e,xperiencla de sus compañeros que caminaban rien•do y charlando.
Al cabo avistaron la cnf'l'lbre de! rancho; disipóseles
•cierto recelillo que aún les andaba por dentro y sol•taron el freno á la lengua.
'
"¡Qué caneados ni que trastojo! Al rancho .,\ echar
un tac.i, en seguida á la hacienda, y á la midrugada
·en Villarrobles ...... Si nada hablan matado, 1a culpa
1no era de ellos ...... 11
De pronto, al trasponer U:na cumbre, un bulto ne.gro removióse bufa.ido entre los chaparros ...... Un
oso, sin dudal. . . . Y los cmco cazadores, en voladora
carrera, sin acordarse de que iban armados, espioán·dose los piés y des&lt;?"arrándose la ropa en los pinchos
de los mezquites, llegaron abogándose al rancho.
Sentáronije sofocados en t · rno á la lumbre, y sin
-osa" á mirarse á la cara, se callaron loe cinco. Tam1bién en silencio tomaron un bocado y echaron un trago.
Los vaqueros se sonrebn á hurtadillas.
Se dispuso la mar..:ha. Dieron traz1&lt;s los mozos de
,alistar las bé3tias, y al volver uno de ellos con los ca•
ballejos, dijo á los silenciosos CRzadores, con el aire
distraído y el acento pausado, habituales en la gente
·del campo:
-Se soltó la mula .... Ya fueron á traerla . . ..
-¿Anda muy l1&gt;jos? -preguntó el amo.
-No siñor .. . . Allá anda en aquella ceja...... Dende
aquí se devisa.
Volvieron todos la cara, y en efecto, se vela algo
•negro á que ya se acercaba el vaquero, en el punto
'mismo en que ellos rompieron la desaforada carrera.
Nadie habló. Volvió á. la reata la descarriada mula,
."Y pusiérense todo3 en camino.

II

"'

281

EL MUNDO.

--·-·- _,..,.,........_-- .- ...... _ --- -_';". -. - ' .. ---- ·- ~.
... - ~
-::-·· __---

1

'

~

--

--

-----=-

. Fué éste a~urrido y silfm_closo. Sin perder en la haciend1t m~s tiempo que el mdispensable, tomaron la
ambulancia, y dando C'lbezadas y lanzando ronquidos que cortaha á lo mejor. un recio salto del coche
al amanecer, entraron triunfantes en Villarrobles
'

III
La noche de ese mjsmo i!ia se reunieron, como de
costumbre, en la Botica Fué encarrilándose la COM·
versac1ón; apuntó tlmidamente el primtir cutinto de

aventuras; salió á. plaza entero v verdadero, brotó valerosamente el segundo; luego ·el tercero después acuarto . ... y el eximio hacendado se leva~tó despacito, sacó el pañuelo de cuadros rojos y amarillos se refregó_ con él lo~ ojo~.Y las naric~s, y tras de dar el
sen:ipiterno pase1to, dno con voz m1sterio.;a y ponderativa:
.-fero no como lo que á mi me sucedió una vez, .••
F1gurense que ..... .

J. GARCÍA RODRÍGUEZ,

Lf\ l)LTIMf\ HORf\.

l

Al amanecer un hermoso dla de Abril del año 2 000
-de la Era Cristiana, el ruido agudo y estridente de úna
!fanfarria vibrará en lo,i aires, por sobre la tierra enYejecida, desptirtará los ecos de todas las cavernas
:y sacudir la,3 frondas de todos los bosques, mientras
que cintilan en el firmamento lo,i astros, sin que lo.gre apagar su brillo la llamarada de fuegq de la liUrora.
De pronto en la tierra y el cielo de los continentes
se realizará extraño fonómeno: :te! suelo y de las nu'bes &amp;urgirán y se desplegarán inmensas mirladas de
eeres revestido,, con iusi:1,uias humanas, y e,ita ola se.-á absorvida en aspiración potente y continua por un
punto fijo del Oriente terrenal.
Esto será como un enorme vértigo.
.ror lall llanuras y los rios, por las vertientes de las
montañas bajo la ojiva de las selvas y b11jo la nieve
-de loa cielos, entre IOd ilancos de los valles y en til aire glauco de los oceános, desfilarán ejércitos innume,a-ables milagrosamente animados de una velocidad de
ensueño, y los horizonte~ Bti ensombrecerán á su pallo
y los palses enteros se precipitarán eu pos como marea ondulantes.
Cohories no menos fantásticas por su a•pecto que
por su infinita muchedumbre, caminarán en grupos
lbomogentioe, unidos por épocas y por castas, pero to•
dos marchando con las cabezas inclinadas y en un silencio pavoroso ...... Y asi pasaran los humhres de
las primeras edades-rocas gigantescas--y los de la
-decadencia-pálidas floraciones
Asi pasarán los tiranos con sus mantos de púrpura,
y sus generales cargados de enorm8s tizonas, asl pasarán los mártires coronados de espinas y eua jue.:es
vestidos de luto y sus verdugos ehorreando saugre..
Así pasarán los vagubundus, lo,i sacerdotes, los pas-tores, los marineros tos cardenales, y luego los sabios
envejecidos en la duda, y los negros desnudos y los
.antiguos eremitas apoyados en sus cruces, y reyes
.afiligranados de oro y sultanes encintados de camlbiantes sea.11rlas.
:Y á la sazón que vayanpasando,se irá desplomando

l

.,.

tras ellos todo cuanto edificaron con sus vol11ntades ó
con SUR manos, y no quedará en donde aquellas grandezas fuer&lt;?n máij que el vacío y el caos ...... y fa tierra se enfriará.
Allá abdjo, en los limites brumosos de Jericó. al
arrullo del Jordán rumoroso, frentó ó. la áspera Judea
de Moab. Dios verá cómo acuden de la Nada aquellas
inagotables peregrinaciones
Y lae verá y sonreirá melancólicamente ante las vlrgenes de los cielos congregadas entre el Orbe deslu~b:ador de su Tribunal augusto, y sus ojos de
Inhmto contemplarán pensativos el avance de las
horas.
Al vibrar _la del medio día, 103 batallones monstruos
hábrán cubierto ya como langosta~ los Piniestros valles dPl Mar Muerto. las coliuas de la Ciudad Santa
los ~esiertos yecinos y hasta las comarcas do la Siri11;
y mio al declinar el día, cesarán los arcángeles de
llamar con ~us trompetas de cobre, y entonces ya todas las tribu~ creada~. de ge_n"ración en generación,
e~tarán reumdas baJ.:&gt; el cielo verde y al fin LA RO·
RA SUPREM4 llegará!
. ... Caerá la noche fresca y pura, y h. luna e~pantada ascenderá 1&gt;ngrandec.éndose sobre el desierto
para inundar las tiuieblas con 1.1na llmpida claridad
de agua
En e•e instante, 1&gt;l Eterno Padre se pondrá en pié.
Y ante las miriadas y miriadas de ojos fijos en él con
de8garradora y harmónica expresión de angustia
hará el trágico jui&lt;'io final de los hombres.....• sd
voz de ternura de_ sufrimiento y d_e ~lemenci•, correrá en alas de la brisa como una mu,iica de estrellas;"y
la 1&gt;ternidad estará suspendida de suP labios y ya no
habrá ni tiempo ni espacio y la infinidad de años pasados y futuros se concentrarán en un átomo de segundo.
Y la voz pronunciará una Sl'ntencia para c11da ser
y se verf. cómo los hombres fueron malos, egoístas
embustetos, sacrili1go,i y criminaltJs. y el alma dei
mundo sedescubriiá solemnemente tal como es en su

horror feroz, y se la verá como una llaga abierta ant&amp;
la faz e~pantada de los demás mundoa, para que pueda meditarse en toda su pavorosa fealdad.
A cada sentencia que se pronuncie, un hombre de11aparecerá en el éter Después de haber mostrado el
Mal, D10s lo arrojará en la Nada desmembrándolo ds
sns moléculas;· y aquel que habla sido una vida,
una _inteligencia y una fuerza, se desfumará en una
llamita azul.
Al apuntar el alba siguiente las miradas fantá11tic_as de la víspera estarán ya evaporadas y toda la
tier1 a devastada quedará desnuda como la llanura
de Jericó bajo un cielo sin atmó3fera ni calor. Alguno~ fuegos fátuos se aleiarán todavía hacia los
espacio~, donde otros planetas los eeperarán ... .
E¡ Senor no ha1;&gt;rá. conservado cerea de él más que
unas cuantas muJeres de las que vivieron vida de
am_or. y de lágrimas, algunos profetas de diversas
rehg1one~, algunos l!iñitos rubios y algunos justos
melancólicos ....
Jesús á un lado, e11tará sollozando.
-Por qué? dirá al fin ¿por qué, Padre mio, habéis
creado el mal?
-Para que de él brotara, contestará la Divina Voz
el encanto puro del sufrimiento y la gracia celested~
l~s lágrimas, de que fuiste tú la imagen sobre la
tierra.
Después de hablar asl, el Eterno Padr'3 rodeado de
los suyos se elevará hacia las esferas de la Suprema
perfección yla suprema dicha, en tanto que un roclo
de lágrimas brotará de todos los planetas ~nterneci
dos .... Luego á una señal suya, la dtfunta Tierra
meteóro fugitivo, se· deslizará hacia el infinito dejan~
do al partir, una leve huella como la que marcan lae
exhalaciones, que lueg_o también se apagará ....
HENRY KISTEMAECKERS.

�Domingo 18 de Septiembre de 1898.
EL MUNDO

232

1

En la senda no quedan tus rastros;
Haces bien si mis ansias r:siPtes;
Como se aman, de IE&gt;jos, los utros,
Asi deben quererse los tristes.
Son dos notaa quE' rnrgen dE'l piano
Y al impulrn de fuerzas Pxtrañas,
Muere una entre florPs dl'l llano,
Otra e:x pira entre a b1 u ptas montañas.

Así somos ¡oh hPTmoea! dos luces,
Que no buta á junt;ir el anhelo;
Una apenas alumbra las crucu
O:ra incendia los mantoe del cielo.

¿P(!r qué? -Si lo s.upina lo dicla....
mi numen es uf, páJur0 enfermo,
qut1 busca en el mis,erio la poesla:
ama la nave gótira, la umbría.
Jot1 penachos de niebla el campo yermo,
Temprano fné nutr_ido de am~rguras
mi esplritu, y hoy quiere. contr1etado,
J,.s sombras ..n que duermen lal!locuras .•
Se cierne como el grifo en las obbCUr!lB
soledades del tl'mp1o abandonado.
Mi uúmen es uf: l)ios lo ha querido!
no me hieraR mujer con tu reproche..
¿Te di•"'UPta mi amori1 venga tu olvido,
¡mas déj~me que vague confundido
con !na almas errantes dula noche!

-;~¡.
~ -~✓-,·
;: fil t\ J

•.I

f!' .

-

***

Si. yo amaba lo azul con ar~imiento:
la11 montl!ñllB exctilbas, los sut1!11s
crespones del zafir del firmamento,
el piélago sin fin, cuyo lamento
arrulló mis en11Jeños juveniles.
CalJaba m1 laúd cuando desplic ga
cada l'btrella purísima su broch..,
el univ...rso e11 la quietud navega,
y la lunl\. hoz de pl11ta, surge y s1t'ga
el h~z a'espeeas sombras dti la nocho,.
Cdntaba, si l'1mrora descorría
en el Oriente sus rosados velos,
si ti aljéfar af campo descendla,
¡y t&gt;l s ,1, urna de oro que se. abrta,
inundaba de luz todo~ los cit'lo,!
!\fas hoy amo la noch11, la galana,
de dulce majestad, horas tranquilits
y solemn.. s, lR nusia sobera11a,
1a d'espléndida pompo americana:
¡la noche tropical de tus pupilas! .
Hoy, tisquivo del alba los sunrOJOl!1
su saeta de oro me maltrat11,
y el corazón, s:n p11na y sm enojos,
t11n sólo ante Jo negro de tus 0Ju11
·1como el iritl del buho se dila ta!
¿Qu'encanto hubiera semt jau te al tuyo,.
oh noche mla? !tu bddad 1011 asombra!
yo, .qu'esplendores ~atutinos buyo,
¡deJo al 11lma que agite. cual cocu,&gt;o,
bUS alat coruscantes en tu sombra!
Si siemprt1 he de sentir esa mi1 ada
fija en mt rostro poderosa y t1ero11,
,adiós. por siempre adió11, 1 uhia alborada!:
doncella de la veste sonrosada,
¡que reine en mi redor la nc,che t'terna!
¡Oh noche' v11n á mi llena n'tincanto;
mientras con vuelo misterioto avaIJzas,
n11da más para ti será mi canto,
y en los brunos repliegues de tu manto,
su cáliz a &gt;rirán mis esperanzas ..... .

Nuestro am1&gt;r ¡una nube! lll aurora
Hace en Pila del irls alarde ..... .
Y esa nube dePpués ¡cómo llor&amp;
Cuando en sombras la envuelve la tarde!

¡,Y seremos felices? ¡quién s11bP!
¡Si el amor nos prestara sus galas!
Soy PI árbol y tu eres el ave
Yen y plega en mis brazos tus alas!

YolvPrán las creencias perdidas,
Y la fé, aliviada del frfo,
Sanará nu.-~tras grandes heridas
Y serfmos dichosos Jbien mio!

Pero no: por distintos senderos
Caminamos los dos orgullosos.
Asf son los amores po11trerns:
Sin deleites, ~llivos y unciosos.

¡Haces bien si me ocultas tus raPtrosl
¡Haces bien si mis ansias resistes!
Como se aman, de lejos. los 11stros,
Asi debPn quererse los tristes!
QUIRINO ORDAZ,

AMADO NERVO,

SRITA. ANA PADILLA, ele Guadalajara.

...

1

Fotograíia. de Torres.

Pintura de Rembrandt.

EL CO:NVIDADO DE PIEDRA.,

Vuestro vino apurad ...... Aún no ha llegado
ese huesped funesto
Bebed .... Pronto en la mesa el convidado
reclamará su puesto.
Estalle la canelón. la loca risa
de notas prolongadas;
cantad, reid, pero reid aprisa., ....
¿No escuchais sus pisadas?
De esas flores que alin viven, el aroma
gocemos un instante,
un !nstante no mAs, mientras asoma
su pálido semblante.
Los tiernos madrigales al oido
y el chhpeante cuento
abreviad .... Ya las puertas han crujido
del próximo aposento.
Laura, guará.emos para ser felices
la sed nO--.!..&amp;tfsfecha.
Déjame, que al través de esos tapices
ya quizá nos acecha ....
Me escuchals con bnrlona carcajada;
desprecfais mis temores,
y decís que defienden esa entrada
leales servidor011.
¡Temeraria ilusión! A pesar vuestro
nunca estareis 11eguros
No h11y festfn sin el buesped que siniestro
se filtra por los muros.
Mirad .... Las flores que la mesa adornan
se mustian lentamente.....
Ya no reís .... Los párpados se entornan
con languidez creciente.
De la canción los soaes apagados
vago sollozo imitan ....
Los lafüos pierden su carmín, v, helados,
al beso ya no incitan.
•
No brotan ya del vaso cristalino
rosadas embriagueces ....
El ánfora se agota: toma el vino
el sabor de las heces.
El narrador á terminar renuncia
¡,, historia comenzada ....
Las luces palidecen . ... Todo anuncia
del huésped la llegada.
En nuestros corazones esta sombra
del aalóo se condensa.
¡Vano placAr! Mi labio ya te nombra
Con repugnancia inmensa.
Y si aún tu nombre An el salón obscuro
disipa torvos ceño,,
u p1&gt;11PRndn f'n aqu ..J eterno y puro
que ee a :.i viua en euPñns ....

El placer por la tierra va de paso,
v el alma lo dt:struy.,
si 10· detieni,. ¿Dt&gt;tendréis acaso
ravo de luz que huye?
Como ia noche tras la luz se lanza
en eterno viaje,
sobre las huellas del plac&lt; r avanza
siniesiro personsje.
Se enlazan como el eco y el tonido
en su volar ligero . . ..
El placer va de paso y perseguido
por triste compañero.
Siempre acude á lll cita el convidado;
Jamás faltó á ninguna.
¿Ois? Es el rumor acompa;;ado
De su plaota importuna
Por vez po,trera nuestras copas llenen
con la turbia ambrosía
¡Levantadlllsl Que brillen y que suenen
chocando con la mta.
A ese huePped tiránico y sañudo
hagamos 1011 honore11.
No negaban al césar su saludo
los fuertes gladiadores.
¡Brindemos con el vino e~ponzoñado
que nnestra copa encierra:
brindemos, si. por el placer soñado
que no muere en la tierra!. .....

]iJ'hi:i~·s·p~ti ·ai&gt;a~~cé .' .' .·: T¿ilo· aciiiia....

Obscuridad y frlo,
y BUPño, mucho suPñn .... Te esperaba ....
Ya te conozco: ,Hastio!
RICABD0 GIL.

•

EN LAS MONTARAS
Todo lo enerva la pesada siesta:
En el maizal el céfiro reposa
Y busca la cerúlea mariposa
El húmedo fr.:scor de la flnreuta.
Al acabar la campesina fiesta
Que en regocijo popular rebosa,
Toda la gente, en procesión piadosa,
Sube y transpone la empinada cuesta.
Cesa el petardo de atronar el viento,
Acalh1 t'l campanario su alegria
En el fondo del valle soñoJIPnto,
Y r.-plt!Pndo va la serranla
m són r!PI tamhorll, p11t1•Ad,, y lento,
Y el 11&lt; r11r lit Ju trie te chiriml11.
RAl-' AKL DELGADO.

--

DE "PERLAS NEGRAS''·

DAMAS MEXICANAS.

ESTROFAS.

233

EL MUNDO.

Domingo 18 de Septiembre de 1898_

r.

A una desdellada.

- .... Si, pobre amiga; prefirió el obscuro
rincón de su taberna, dtll que un dla,
ébrio á la vez de vino y poesía
se i.Izó tamb1tleante é inseguro:
hincó la mano trémula en el muro,
sacudió la cabeza, hosca y bravia,
y pasó por sus ojos todavía
la luz de un verso miste:-ioso y ~uro.
Fué un soñadtor neurótico y divino,
que alumbró el matorral de su locura
con la Iámp11ra de iris de A.ladino,
y prefirió á tu amor y á tu hermosura,
la embriaguez luminosa de su vino,
su viejo v11so y su taberna obscura.
II.
Tú mucha&amp; veces le llamaste.-En vano
apareció en su noche tu belleza,
y se in·:linó tu trágica cabeza
huta besar el doreo de su mano.
Tu frenesi le pareció liviano,
tu desnudez ollmpica. impureza,
y se volvió á mirará la Tristeza
y A. sonreir al Ideal lejano.
Se puso en pié para morir. y quiso
como in7iolada meve de la altura,
mostrar su sueño, blanco é impreciso,
y prefirió á tu amor y á tu ternura
su artificial y extraño paraíso,
su antigua copa y su taberna ob~cural
Luis G. URBmA~

MIFUENT..E
Al pié de la inocente y escondida
Mistica choza en que rodó mi cuna,
Sus ondas derramando una por una
Rueda mi fuente entre el verdor perdida..
Cuántas noches mirando re,11etida
En su cristal á la naciente luna.
LQuién tuviera, exclamaba, la fortuna
De ir en el mar por la región tendida!
Quisolo Dios: sobre flotante leño
Y entre las hondas de la mRr h'.rviente
VI realizarse mi afanoso empeño:
Viendo á DioP en el mar hajé la frente;
PE&gt;ro agora en el mar, t,rn sólo su,ño
Mi humilde, y dulce, y sonorrsa fuente
LUI!! G. Oi..TJZ:

DBMf\81f\DO Tf\RDE
NOVELA ORIGINAL DE H. DU PLESSAC.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALtEREB.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número 1
I
Cuando el Coronel de Veraz despertó aquella mañi.na en un cuarto de hotel,
-precisamente á las cinco como era su costumbre invariable, la primera impresión
&lt;¡ue sintió fué la de que para él, algo había c~1 mbiado el mundo.
Y pensaba en esto con un sentimiento de orgullo que de seguro era excesivo, pues
todo en la mecánica terrestre marchaba como de ordinario sin que pertUl'bación al.guna interrumpiera ó desviara la plácida harmonía universal; lo que si resultaba
cierto de todo punto si se estudiaba el caso, era que en la vida del Coronel de Ve•
raz se había verificado un cambio muy grande, lo que ·explica, sin excusarla, la generalización que· quería hacer de su caso particular.
Sucedió pues que la víspera, después de la llegada de los documentos oficiales
en que á petición suya se le concedía retiro anticipado, puso en manos del jefe in•
mediato el mando de su brillante regimiento de húsares. Los soldados en formaeión oyeron la lectura de la orden del día en que se hacía constar esta resolución
gubernativa; los oficiales obsequiaron á su antiguo Coronel con un banquete en que
abundaron los brindis y los abr11zos de despedida, y al caer la tarde, Mr. de Vernz
tomó el tren para París donde desde entonces y para lo sucesivo iba á fijar BU re•
sidencia con el propó ;ito de llevar \1.na vida burguesa y tranquila.
Todo lo cual ne había pasado sin emociones viv11s para el Coronel que era
más sensible de lo que á primera vista parecía, pues una gran elevación de pensa•
mientos y costumbres instintivamente elegantes, le había permitido atravesar por la

.

vida si~ enervar .su delicadeza de alma. Así es que bajo apariencias voluntoriamente frías ocultaba una muy viva impresionabilid11d; soldado por convicción, no había podido separarse del servicio sin experimentar una opresión profunda en el pecho y no
habíapodidosin dolor dej a r una carrera que recorrió con honor
durante cuarenta a:ilos. Ynada le había obligado á tomar esta resolución y habría podido bien durante mucho tiempo todavía
desfilar con el penacho al aire y el sable levantado, á la cabeza
de sus gallardos y aguerridos subalternos, si la Comisión Supe•
rior no le hubiera privado de figurar en el cuadro de ascensos
acabado de formar, dejando en olvido su brillan~e hoja de servi ·
cios, lo que le causó un golpe doloroso en el amor propio al
considerarse no sin razón como víctima de una injusticia. Ade·
más (y esto muy para su sayo) el constante ejercicio hípico unido á los nchaques de antiguas heridas empezaba á fatigarlo un
poco; y puesto que no tenía esperanzas de ver lucir en su manga
las estrellas de~General, pensó que podría á lo menos concederse,
ya que aún le quedaba tiempo, algunos ailos de reposo y de independencia.
Otro motivo había ayudado á decidirlo: sin parientes próximos
y celibatario por cuestión de principios, tenía concentradas tod11s
las afecciones de su naturnleza en el fondo muy tiernas, sobre su
joven primo Jacobo de Baillet á quien había tenido la buena fortuna de traer á su regimiento con el grado de subteniente.
Durante cuatro a:ilos le había tenido á la mano y junto á su corazón, cuidándolo con solicitud de padre y guiándolo como un
maestro, siendo recompensado con largueza por este joven de fisonomía franca, .alina valiente y recta, é inteligencia superior,
amable con todos y de todos amado en retribución.
En las últim11s promociones de principio de ailo, Jacobo, aunque no tenía todavía la edad que se:ilala la ley, fué nombrado Capitán de un regimiento de cazadores y esta fué justa causa de
sep11ración.
Nada es más doloroso que recorrer á sol11s los sitios en que se
ha eFtado al lado de un ser querido, cumplir sin él la tnrea que
ayer se hacía en c0mún y encontr11r vacío el hogar que antes estaba lleno por el calor del afecto mutuo. Sn:ilador por naturaleza
y un poco inclinado á la melancolía, el Coronel sintió verdadera.
tristeza cuando partió aquel á quien llamaba su hijo tomo entónces su partido y pidió se le otorgara el retiro aunque no contaba
más que cincuent11 y siete a:ilos de edad.
La impresión un poco perrosa que siguió al memento de despertar en la primer mailana de su vida civil, se disipó con bastante
celeridad y los recuerdos del pasado se alejaron ante las perspectivas sonrientes que le brindaba su imaginación. De pronto, ya
era libre y para convencerse á sí mismo más y más de esta di•
cha, se apresuró á meter de nuevo baj0 las sábanas la pierna que
ya había sacado maquinalmente y se volvió a hundir entre los
cobertores perezos11mente con el regocijo sensual de aquel que
no tiene que ir al ejercicio para mandarlo ni al cuartel para informarse de lo que ocurrió durante la noche.
Luego empezó á organizar en la im¡;ginación el curso de la
nueva vida: lo primero que había que hacer era buscar una casa y de antemano tenía resuelto hacerse vecino del tranquilo
barrio del Luxemburgo. Quería aire, luz, arboleda y calma, y to•
do esto hallaría en una de esas calles que circundan el g:-an jardín público 'lUe quedaría convertido en su jardín particular.
Y desde mucho tiempo atrás amaba al Luxemburgo, pues desde su época de alumno de San Ciro (yn habían pasado buenas
primaveras) nunc!l ~ejaba en los días de salida de venir á dar
prolongados paseos á la sombra de los viejos árboles bajo los
cuales se sentía como en su casa. Hasta encontró cierto domingo
la manera de pasear deliciosamente acompailado, y esto quedó
en su memoria como un idilio fresco de juventud y de poeEía.
Por tales motivos se había formado la resolución de tomnr un
departamento con vistas á su inolvidable Luxemburgo, departamento que comprendería varias piezas cuyo destino y mobiliario
tenía ya bien proyectado, siendo sobre todo la destinada á ga•
binete de trabajo la que haría sus delicias. A veces nacen tan
singulares aficiones en ciertas naturalezas; que se podrían decir
moti\·adas por la ley delos contrastes; instintos originarios compri•
midossiempreyqueen unmomentodado recobran sus derechos:
el Coronel, hombre de acción durante toda su vida, no aspiraba
sino á convertirse en hombre de reposo y de estudio.
En medio de sus ocupaciones siempre absorventes, no había
cesado de estar poseído por el deseo de leer mucho para su sola
satisfacción personal y no había podido nunca abrir un libro sino
á la carrera ... . Prosistas y poetas le atraían sin que hubiese tenido tiempo de responderá esa afición; sobre todo los poet11s cuyo
divino lenguaje hablaba á su alma siempre joven, no menos que
á su inteligencia amiga de lo bello. ¡Cuán grato sería en las ma•
:lianas de estío, abiertas las ventana~, contemplar las frondosas
arboledas y el cielo azul, y qué bello en las noches de invierno,
á la luz de la lámpara y los piés cerca del faego, conversar con
los maestros preferidos en sus libros selectos cuidadosamente coleccionados, y vivir con ellos en duke intimidad!

•

�EL MUNDO.

234

Sin embargo, el Coronel saldría con frecuencia: primero por las maiianas para dar una vuelta ensu jardín, lo que desde luego debía considerarse como higiénico, y dos ó tres veces por semana
bajaría á París. El entendía por Paris la ribera
derecha del Sena donde encontraría 1:,n el Círculo
Mi litar antiguos compaiieros de armas, y encontraría también los museos que pens11 ba recorrer
de un modo metódico, y los teatros que recorrería uno después de otro. Pero desde que reflexionaba en esas excursiones lejanas, se sentía presa de una nostalgia de su casa y gozaba de antemano con la alegría de regresar al nidito donde
contaba que se encontraría tan bien.
Derrepente el Coronel rió á carcajadas al recordar que había omitido un capítulo en su programa: el capítulo femenino, pero esta misma risa era una prueba de la mínima importancia que
daba A este asunto, lo cual por otra parte había
sido siempre lo mismo. Privado de su madre desde pequefüto, educado sin hermanas y hasta sin
parientas próximas, no conoció en sus primeros
a:il.os las dulzuras de la terneza femenil que dis•
ponen el corazón A más dulces y gratas intimidades. Algunas aventuras de las cuales la más apacible había sido la del Luxemburgo, alguno de
esos amores de guarnición fáciles de atar y mAs
fáciles de romper que terminan al toque de marcha, en eso había consistido la vida del Coronel
juzgada bajo su aspecto erótico. ·
Por principio no se había casado nunca, convencido de que la vida del militar reclama el celibato forzoso; con mayor razón se había cuidado de no caer en otras cadena¡¡ menos legítimas
y más pesadas, y no consideraba el amor sino
como un sueiio de los poetas que se presta fácil•
mente á harmoniosos himnos, pero del cual debe
uno burlarse en el mundo re11l, y él se burlaba
con un exceptisismo ligeramente amargo.
Llegado ahora á los dinteles de la ancianidad,
no podía ciertamente renegar de principios aceptados durante toda su existencia; y con estas resolu(}iones, bien tomadas, el Coronel se vistió y salió con paso firme y regular á la conquista del
alojamiento donde proyectaba formar un pequefto paraíso terrestre para su uso personal, y en el
que ninguna Eva sería admitida.

gos, escribía á Jacobo largas cartas en las que
continuaba su educación militar y no oía nunca
hablar de mujeres ni tenía de ellas mAs noticias
que las q'ue les daban los libros con lo cual le era
perfectamente feliz.
Pues bien, una tarde cuando estaba á punto de
salir para su acostumbrado paseo el seilor de Veraz, oyó de improviso grito!&gt; penetrantes que salían de la escalera: una voz medrosa decía «fuego, fuego, socorro, auxilio!»
Los reglamentos de policía previenen que se
tenga cuidado de hacer limpiar los tubos de las
chimineas con la frecuencia necesaria; prevención
muy discreta porque sin esta precaución el fuego
de la estufa puede ser origen de un verdadero
incendio y sucede frecuentemente que incendia
otra cosa que no son casas ni boulevares, sino que
trastorna hasta en lo más radical el programa
apacible y las resoluciones vigor9sas y bien afümadas de un Coronel retirado.
Al oír aquellos gritos el señúr de Veraz, i::orrió
A la escalera y se encontró en presencia de una
mujer pálida y espantada que de pronto casi no
vió y á la cual dijo con brusquedad, pues no le
agradaban las ceremonias.
-¿Dónde está. su fuego de usted?
-Aquí, seilor, en mi casa; ruego A usted que

II
Es muy raro que se realice en toda su plenitud
un ensuefto acariciado, y sin embargo, por un feliz privilegio este fué el caso del Coronel de Veraz, quien quince días después de su llegada á
París, pudo ver desde el balcón dt:l tercerpiso de
una casa blanca y riente en lo alto de la calle de
Vavin, el manto de verdura que desplegaban á
sus ojos las arboledas de Luxemburgo.
Todo se había arreglado á la medida de sus
deseos. El departamento tenía vistas sobre su
querido jardín y á lo lejos se destacaba imponen•
te y augusta la bóveda del Panteón; tenía un salón bastante grande que fué transformado en gabinete de trabajo ó mejor dicho, de lectura, donde
vastos estantes, llenos á medias, recibían diariamente nuevos libros que el dueiio de la casa iba
á escojer en una delicada cacería que se había
convertido en su pasatiempo favorito. En los muros, armas formando panoplias, recordaban las
aficiones de otros tiempos y un ancho sillón cerca de las vidrierns del balcón, permitía al lector
leer en los libros de los hombres y en el de la
naturaleza que le abrían ampliamente el campo
y el cielo.
A los lados de este salón estaban el comedor y el dormitorio, ambos también con balcones que daban sobre el jardín, de tal suerte que
cnando se levantaba y se vestía, cuando trabajaba y cuando comía, el Coronel tenía ante los ojos
A sus queridos y viejos amigos los árboles. Luego, en el corredor, había una extensa cámara preparada para cuando Jacobo vinierit. y más lejos
estabau los cuartos destinados al servicio. Todo
esto era sencillo, pero amueblado con esa solicitud
que indica de parte del dueiio el deseo de encontrarse agradablemente en su casa y estaba cuidado con la limpieza meticulosa del cuartel por un
antiguo húsar que .había sido largos aftos asistente del Corond y ahora era su ayud~ de cámara.
Todo el piso ele la casa le pertenecía con excepción de un pequeilo departamento á cuyo locatario ni conocía ni se cuidaba poco ni mucbo
de conocer.
La vida del se:il.or de Veraz, había quedado reglamentada conforme A su soilado programa: leía,
vaseaba, veía de tiempo en tiempo Aalgunos ami-

venga en mi ayuda, respondió la mujer, entrando á sus habitaciones seguida del Coronel.
En la chiminea el fuego rugía, en efecto, de una
manera espantosa, pero el Coronel observó desde
el pl'imer golpe de vista que no había ningún peligro real, y ayudado por el húsar que había corrido tras él, tapó la chiminea con lienzos mojados y en unos cuantos minutos quedó conjurado
este microscópico siniestro, aunque no lo quedaron ¡ay! todas sus consecuencias.
Cuando el Coronel concluyó su tarea de salvamento, debió sin tardar despedirse y tomar la
puerta, puesto que no había otra cosa que hacer,
pero no lo hizo así, sino que pasado el peligro,
creyó de su deber como hombre bien educado,
tranquilizar con algunas frases de política y atención l\la pobre sefl.ora conmovida aún y para hablarle (aquí estuvo todo el mal) la vió.
Por despreocupado que pretendiera ser en
cuestión de mujeres y por acorazado que se considerara contra todo ataque femenil, el se:il.or de
Veraz era hombre de gusto y amigo de lo bello en
todas sus manifestaciones, y por consiguiente le
foé imposible no admirar lo que era realmente
admirable y contempló á su vecina con mAs entusiasmo que prudencia.
No era linda pero era bella, con una belleza
que parecía hasta severa según la pureza do las
líneas y la perfección de los contornos, pero que
se dulcifica adorablemente con el brillo de una

Domingo 18 de Septiembre de 1898

gracia atractiva y de un encanto inexplicable.
su· frente tersa y blanca estaba rodeada de una.
selva de cabellos de un rubio obscuro que caían
por las sienes en cascadas de rizos indisciplinados, descubriendo unas orejas tan sonrosadas y
minú,culaa tan delicadamente modeladas, quese diría qu~ fueron creadas no más que p_ara ?írpalabras de amor. La joven (apenas ~e~dna vernticinco ailos), sonreía ahora tranqm!izada, y s~
boca, de exquisito dibujo, se contrata en cautivadora sonrisa iluminándose toda aquella cara
deliciosa con la luz de unos grandes, muy grandes ojos de azul sombrío. Era alta y su conformación maravillosa anunciaba una naturaleza rica y llena de savia; tenía á pesar de su mo_destotraje blanco, sin adorno alguno, tanta elegancia nativa que parecía vestida en traje de gala. '-!-'º~º
era en ella atrnctivo, juventud, fuerza y d1stmción.
De la habitante las miradas del Coronel pa3aron A la habitación, nidito bastante estrecho, bastante modesto y poco digno por su riqueza del
encantador pajarillo que abrigaba, pero en harmonía con él sin embargo por su arreglo discretamente coq~eto y seductor en su sencillez.
Mil pequeiias nonadas, algunas miniaturas defamilia, agrupadas en un velador artísticamenteadornado de peluche, vasos de flores en que con
mano hábil y gusto exquisito se reunieron las clases v colores más delicados, bibelots esparcidos en
un desorden combinado, un piano de famosa marca en un rincón con una partitura clásica en el
atril, un escritorio donde se redactaba de seguro
una correspondencia que ya quisiera uno recibir,
todo, desde el reloj pequefüto de pared que repreisentaba un nifto con el dedo en los labios como para imponer silencio, hasta las cortinas rosadas de las ventanas que tamizaban una luz hecha para el ensue:il.o, hasta la alcoba que permanecía abierta en medio del desorden y que dejaba
ver las colgaduraetazules y blancas que envolvían_
el lecho con discreto misterio, todo en la casa.
como en la mujer, respiraba gracia elegante y
delicada.
La conversación entre salvada y salvador, fuénecesariamente banal, particularmente de parte
del Coronel que estaba turbado de un modo muy
singular por impresión tan desacostumbrada queacabó por decidirlo á ponerse en fuga.
En actitud de franqueza y confianza, la vecilla.
le tendió con reconocimiento una mano aristocrática que él contra sus costumbres, no pudo
dejar de estrechar más de lo que permiten las
conveniencias sociales, y luego bajó la escalera.
sin darse exacta cuenta de lo que pensaba.
Maquinalmente se detuvo frente al cuarto del
portero que era un honrado viejo, y bajo el pretexto del incendio de la chimenea, le pidió algu-nos informes acerca de la vecina.
-La se:il.ora de Letellier, exclamó el portero,
oh! inmejorable persona que mucho se da á querer.
-La sefl.01·a de Letellier, repitió el Coronel, como para grabarse bien el nombre en la memoria;.
pues qué ¿es casada? ¿tiene un marido?
-No, mi Coronel, gracias A Dios no lo tiene
ya . .. . Murió hará unos diez y ocho meses el muybribón, después de haberla hecho sufrir sin piedad. ¡Que el diablo cargue con su alma! Le gastó•
toda su fortuna con pillos y entretenidas ..... .
¿Puede comprenderse eso con una mujer semejante? Y apesar de eso, ella que es tan buena como bella (lo cual no es poco decir) un ángel deDios .... ¿creería usted lo que voy A referirle?'
Pues luego que su marido la abandonó, se refugióaquí, porque ha de saber usted que la esposa del
propietario fué su condiscípula en el colegio, y se
dedicó á trabajar de día y de noche como lo hace hasta ahora, dando lecciones de piano, lo cuaL
apenas le produce lo necesario para comer. Pues
bueno: por entonces, su condenado marido venía.
y le armaba riftas para que le diera el dinero que·
ganaba, y ella ¡pobreciJ111! se lo daba, Coronel,
se lo daba! Y el muy bribón lo despilfarraba en.
sus vicios. Figúrese usted que cuando cayó enfermo de muerte, la mandó llamar y esta mArtir·
infeliz fué . . .. ¿á dónde piensa usted? A casa de.
la querida! Pues no abandonó A su esposo sino en
el cementerio .... 1 Al fin ahora y a está. tranquila,
aunque su posición no sea nada desahogada. ~li,
mujer es quien la ayuda por las mafl.anas en las.
haciendas de la casa ... . gran casal do i piecesitas, ella que ha tenido castillo, carruajes y treinta y se:s criados! ¡Deveras que hay hombres ca-nallas y sinvergüenzas!
Sin embargo de que el Coronel no era nada.

Domingo 18 de Septiembre de 1898

:

,

aficionado á los discursos largos, hay
que creer que la elocuencia prolija del
portero no le importunó ni un poco,
pues le escuchó sin parpadear y luego
le dijo:
-Seguramente esta seiiora tendrá.
amigos que se interesen por ella y la
vengan á visitar á menudo.: ..
-Oh! no, se:il.or Coronel, ya sabe usted lo escasos que son los amigos
cuando uno está. en la desgracia! La
esposa del propietario suele venir de
vez en cuando, luego otra seftora, luego dos ó tres caballeros de los cuales
uno viene con más frecuencia que los
otros y eso es todo.
Sin saber por qué el Coronel frunció
el entrecejo y se alejó bruscamente
diciendo al portero un «adios y gracias» seco é irritado.
Acababa de probar una impresión
extra:il.a: las palabras del portero le habían hecho la impresión de un garrota•
zo en la cabeza .... ¡Un seiior que viene con más frecuencia que los otros!
Esta frase venia á su espíritu con la
rudeza de una injuria.
Maquinalmente entró al Luxemburgo pero con paso seco y acelerado como si facra á la batalla y no con su
lentitud acostumbrada de paseante en
cortes. Llegó siempre malhumorado y
violento bajo las galerías del Odeon,
donde p')r rutina hojeó algunos libros,
rechazándolos luego, apesar de las obsequiosas instigaciones de los libreros.
Después la emprendió directamente hacia los muelles, atravesó el Carrusel,
subió por la .A.venida de la Opera y
llegó al Círculo Militar y una vez allí
sin entrar, dió unamedia vuelta: y tomó bruscamente el camino del Luxemburgo.
Y qué? Coronel de Veraz. ¿Usted tan imbuido
en el principio de que la mujer no debe significar
nada en la vida de un hombre formal; usted que
muy pocos días antes excluía de su programa este elemento perturbador, está tan conmov1do por
haber visto durante unos cuantos minutos á una
mujer, mientras ardía la chimenea de su casa?
Esta emoción extraila era muy real sin embargo; y siempre franco consigo mismo el Coronel no
trató de disimularla aunque hacía esfuerzos por
meterla en análisis á fin de combatirla con posibilidades de éxito. Pero no veía claro en su interior. ¿Lo había flechado la señora de Letellier?
Y cómo? ¿Por haberla visto despavorida algunos
instantes y haberle prestado un servicio vulgar?
Es posible que hubiera sufrido el golpe de ese
rayo de que había oído hablar tantas veces, burlándose de los que lo recibían. Pase que un subtenientillo inexperto ó un capitán desequilibrado,
cayeran en la trampa .... pero un Coronel retirado! y sobre todo él que estaba imbuido en tan
sólidas teorías y en principios tan fijos ... No ..
pues él no había sido insensible á los encantos de
su vecina y hasta se acordaba con cierta severidad de haberla tratado de un modo un poco libre
y familiar.
Pero con todo y eso, había un camino sencillísimo para cortar por lo sano dando al traste con
preocupaciones y escollos: no volverla á ver. Al
fin el incendio no se declararía todos los días en
la chimenea y no había motivo alguno paraestrechar aquellas casuales relaciones de un momento . .....
Pero esta discreta resolución le causaba una
impresión penosa y le parecía estar viendo aún el
cuadro encantador de la joven sencilla y graciosa
en su habitación modesta ydeücadti. Sin embargo
mentalmente daba un valeroso adios A esas ilusiones, cuando tornó á su memoria la frase del portero relativa "al sc:il.or que venía conmAsfrecuencia que los otros: ¿Quién era ese se:il.or? ¿Un pariente, un hombre de negocios, un antiguo amigo
de la familia? Pero y si en vez de eso fuera .... Entonces montó en cólera contra este desconocido y sentía como una angustia, como un
dolor ante la idea de que la mujer que sele había
aparecido con una aurnola de pureza y honradez,
podía muy bien ser un ángel .... caído.
Era·preciso averiguarlo! En caso dado, él defendería con la autoridad que le daban los a:il.os á
su vecina pobre, aislada, expuesta á las acechanzas de cualquier atrevido. Esta resolución generosa echó el 11ncla en su espíritu y un papel así,
desinterei:,ado le sonreía y no presentaba peligro

EL MUNDO
. ,, .,
' .
"

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J'

donaron la mansión meridional, testigo de la única época dichosa del ma
trimonio, y vinieron á instalarse en
París, donde en breves aías las mujeres perdidas, el juego y la Bolsa, die•
ron fin al dinero de Silvia.
Ella c.onoció la magnitud del desastre por dos hechos simultaneos: el ero•
bargo de todos sus mue 61es y un corto
billete de su marido en el que le avi,
saba que partía para un viaje de indeterminada duración. E1:,te viaje, por
otra parte, no fué muy lejano, sino sólo
á la calle de los Mártires á un entresuelo muy emperegilado y del cual una
'' 1
tal Zibelina (por apodo la Perdiz 1·oja)
era la inquieta hubitan te.
- La señora de Letillier lloró mucho,
empe:il.ó sus joyas más queridas, y se
refugió en la viviendita de la calle de
Vavin, y procuró como mujer valerosa
que era, ganarse la vitla cumpliendo
sus deberes de mujer honrada. La inocente y pobre joven creía que eso iba
á ser muy fácil sin sospechar que en la
organización actual de la sociedad, si
es bien difícil á un hombre resolver el
problema de no deber su subsistencia
más que al trabajo y la probidad, esto se vuelve casi imposible para una
mujer joven y bella que por golpes del
infortunio ha caído de una elevada
posición.
Y no es que se le hubieran cerrado
todas las puertas á que acudía, sino
que muy pronto adquiría la convicción de que la apresurada benevolencia de que era objeto tenía un precio,
Y. ese era el de sus encantos que precisa1?-ente eran la causa de esos apoyos maceptaoles y la alt!jaban del sistema de vida que deseaba. "Es usted
demasiado elegante, querida mia,'' le
respondía una caritativa dama de quien solicitó
amparo, sin pensar en que precisamente por economía la pobre abandonada usaba á diario los
restos de su antiguo esplendor.
"~inguna familia aceptaría A usted para institutriz ó dama de compaftía, porque es usted demasiado linda" le decía una vieja aristócrata perpetuamente rabiosa de su propia fealdad.
Quise, hacerse dependiente de algún almacén y
se la rechazó por carecer de aprendizaje mercantil; cajera, y sus conocimientos en contabilidad
t.o bastaron; modista, y se la creyó demasiado fi.
na para un trabajo rudo. Nada .... nada!. ... Los
parientes la abandonaron desde que se casó. El
único bueno y cariñoso, su padre, había. muerto
y su madre no se ocupaba de ella más que para
re_Proch~rle perp~tuamente su falta. Una prima
millonaria le envió cierto día quince francos en
un exceso de inconsiderada ge·nerosidad.
¡Cuántas veces sintió impulsos de rebelión esta pobre alma ofendida, humillada, estropeada inc~santementel ¡Cuántas veces la desesperación
vmo á enloquecerla! Pero resistió á todo, enérgica, honesta y pura; y ante las tentaciunes malsan~s del oro que se hacía pasar á torrentes por sus
OJOS, y ante el fantasma del suicidio condenado
por sus convicciones religiosas, permaneció valiente, altiva é intacta.
La a:nistad vino al fío en su ayuda y la salvó:
el mando de una de sus compaiieras de infancia
medianamente educado, charlatán, pero de bue~
corazón, adusto y con raras dotes de actividad
se ~ropuso buscarle discípulas de piano. Ellan~
sabia gran cosa, á lo menos en la parte teórica
pero_ como _era muy inteligente pronto aprendió
al mismo tiempo que enseiiaba y luego además
de ias lecciones aisladas obtuvo la dirección de
la clase de mús_ica en un_ colegio, quedando así
asegurada la vida material.
Su marido reapareció entonces para abrumarla con peticiones de dinero á las cuales ella por
lo común respondía de un modo favorable hasta
que a~ c~bo este_p~rdulario hizo á la pobre mártir el umco serv1c10 que podía hacer: morirse.
Tranquila en cuanto á su posición material, pero cruelmente decepcionada de la vida Silvia se
ref~gió en sí misma, desdeñando A ~u vez á, ]a
soc1-edad que la había repulsado ó acojido con
frialdad, y creía de buena fe que su córazón estaba cerrado para siempre al amor, que tan cruel
fué con ella, pero lo abrió todo entero á la amistad que concentraba, como único fin de su vida
sentimental, en un círculo de f;eles bien elegido,
muy poco numeroso pero muy seguro. De ese
1

alguno para un hombre acoi-azado como él, sin
pensar en que toda coraza tiene sus defectos y no
presenta resistencia suficiente contra los celos predecesores del amor.
Y tan es cierto esto que vuelto A su casa el Coronel, dando al traste con sus proyectos caballerescos se plantó frente Aun espejo, pasó con actitud enérgica la mano por sus cabellos, se atuzó
el rico bigote, tendió la pierna de un modo presuntoso y respondiendo á un pensamiento muy ínti•
mo, exclamó:
-Y después de todo .... ~por que no?
De3pués de lo cual comió con buen apetito,hizo
intenciones de leer un rato sin fijarse ni aún en el
número de la página q1;1e tenía frente á los ojos,
se acostó temprano y Hó entre sueftos una muchedumbre de amorcitos pequeiiuelos y barrigudos
ostentando cascos de bomberos y ocupados en
asar corazones en el fuego de una chimenea incendiada,

III
La seilora de Letellier no so:il.ó ní con bombe•
ros ni con húsares, pero al otro día, muy dueiia
de sí misma,.sin preocupaciones ni turbación, pensó en que tenía un vecino simpático y distinguido
con -el cual no le sería ni un poeo desagradable
entablar amistosas relaciones.
Por la portera, su única sirviente, ella había
averiguado el rango y el nombre de su vecino y
en la corta entrevista tenicta con él, pudo apreciarlo como un hombre de la mejor educación.
.A.sí pues, fuéno solamente sin espanto sino con
alegría como la joven pensó introducirlo al pequeño círculo de su sociedad, y en tanto que sacudía
con un coqueto olumerito sus chucherías de tocador, pensaba en-que algo tienen de bueno ]03 incendios de las chimeneas.
La vida había sido severa con Gabriela Silvia
de Ravel: rica, muy solicitada, bella siempre, llevó sus veinte afl.os su gran dote y su corazón al
señor Letellier, después de unos amoríos novelescos, sufridos pero no aprobados por sus padres.
El tal Letellier carecía totalmente de bienes de
fortuna y (lo que era más grave todavía) era tan
carente de dinero como de cualidades morales.
Al principio no dió í. conocer sus inclinaciones y
basta parecía sinceramente enamorado de su encantadora mujer, pero pasado un poco de tiempo
de adoración mutua, comenzó á extraftar su antigua vida de soltero y se imaginó que sería muy
grato volverá llevarla ayudado de elementos pecuniarios que en el pasado no había tenido. Aban-

�Domingo 18 de Septlembrf\ di\ lAAR

EL MUNDO,
236

el infierno en la tranquilidad que le daban sus
peinaditos, los bigotes retorcidos, la piocha termodo, su naturaleza expansiva encontraría em- minada en punta, el afre jovial y las maneras bas- árboles y sus libros? ¡Cuánta razón había tenido
pleo para los raudales abundantes de ternura que tante comunes. Tendió h mano al Coronel sin va- siempre al desconfiar de la mujer, que es el eterbrotaban de su alma, ternura que ella se negaba cilar con mAs expansión que galantería, y el seftor no enemigo de todo reposo, y cómo _ahora se _había entregado néciamente y sucumbia en el rnsá designar con su nombre verdadero.
de
Veraz
la
tocó
con
el
entusiasm:&gt;
del
perro
á tante mismo en que se creía definitivamentti venSu temperamento insinuante, ardoroso como el
sol que la lla.bút visto nacer, las condiciones de quien se obliga á chicotazos á e.travesar un cedor!
Y veía muy claro que al presente todo el mal
su vida aislada, la energía de carActer de que ha- arroyo.
-Coronel, ailadió Silvia, á quien esos detalles estaba ya hecho y que no quedaba remedio albía dado pruebas en circunstancias dolorosas, y
la confianza que tenía en sí misma, le daban un no se le escaparon, l,eotardy ya le conoce á us- guno. El mal! Al decirse á sí mísmo esta palabra,
aspecto un poco libre, una fisonomía conquista- ted mucho por todas las últimas cartas que le he probó el Coronel de improviso algo c~mo el remordimiento de un blasfemo: le pareció que acadora que habrfan inquietado á censores au:;teros escrito.
Esto lastimó al Coronel más hondamente toda- baba de ultrajar á la más adorable de las diviniy que cb.ocaoan de vez en cuando, cou las leyes vía.
De seguro que la intención de la seftora Le· dades; observó que corría por sus venas un cade la etiqueta y del bien parecer.
¿Pero á ell11. qué le importabai' No tenía comu- tellier había sido dé lo más sana del mundo al losfrío delicioso, una bocanada de calor dulce y
nicacimes más que con amigos verdaderos que pronunciar las frases que pronunció con tanta na- vivificante subió A su corazon rejuvenecido; una
y sencillez, pero la familiaridad del tra- languidez de éxtasis lehumedeció lvs ojos; ca.lió
la conocían y apreciaban en lo que valfa; y con turalidad
tamiento
dado
al recién venido ·y la noticia deque toda cólera, se desvaneció toda tristeza, desapala conciencia tranquil11, apoya.da en sus instintos
de honr11dez sabía pasar victoriosa sobre todos había estado sosteniendo correspondencia episto- recieron lo.s recuerdos de la vida real, y reclinalar con la viuda, completaron la mala impresión do en su balcón en esta noche estrellada de 111alos peligros.
Muy sencilla y muy francamente la señora de . moral sufrida por el seftor de Veraz á tal punto, yo, con las miradas errantes por las frondas plaLetellier se dijo á sí misma, que le agradaría que que se levantó pálido y crispado, y saludando á teadas nl rayo de la luna, se perdió en los
Joven, le diJO sin más preámbulos:
deliquios ·d e jamás saboreada embriaguez y entoel Coronel de Veraz volviera á verla, y como vol- la -Rue¿o
A uste l me excuse, seftora. Tengo que nó su alma iamcrtal el himno del divino amor. ...
vió justamente ese mismo día, bajo el falaz preComo haciéndole eco, un ruiseilor an los árboteuo de saber si la emoción de la víspera la ha• . hacer en casa.
Y después de una seca inclinación de cabeza á les vecinos desgraaaba su cAntico nocturno de
bía fatigado, Silvia lo recibió con cordialidad
Leotardy se dirigió á la puerta.
vigilia y de voluptuosidad.
exenta de toda afectación é hipocre~ía.
Silvia que fué á acompañarle murmuró á me1\Iás calmado al día siguiente pero no menos
El Coronel comprendió que se le aceptaba enfeliz, el seftor de Veraz tomó una gran resolución:
tre los iniciados, y que .el portero podía aftadir su dia voz:
-¿Pero qué tiene usted?
«puesto que hahía faltado á los principios de tonombre á la lista de los visitantes ordinarios de
El
Coronel respondió con frialdad:
da su vida cayendo enamorado, renegaría de
su vecina, y aún se prometió rivalizar en un fu-Absolutamente nada seftora,
ellos y les daría el golpe final casándo3e.»
turo no muy remoto con «el seftor que venía más
Y se ausentó sin dignarse volver la cara, y por
El Coronel se había distinguido en la carrera
frecuentemente que los demás.»
Ea efecto, al cabo de un mes venía diariamen- eso no vió como la sc:ftora le siguió con ojos en militar por su espíritu resuelto y la prontitud conte á las cinco de la tarde, A charlar una hora con que se pintaba la sorpresa, pero en que se veía que ponía en ejecución el partido porque se decidiera, y fiel á estos antecedentes decidió sin
la hermosa viudita ó A oírla tocar el piano, y se también algo de enternecimiento.
tarda11za que ese mismo día A la hora de su acosdejaba llevar con una perfecta simplicidad y buetumbrada visita se preoentaría á Silvia y con tona fé á la dulzura de esas relacionas, de las que
IV
da formalidad le pediría su mano.
nada turbaba la pureza ni en lo más íntimo de
Sin duda que entre nosotros, se decía el Corosus pensamientos.
-Jo~é! ....
nel,
hay bastante diferencia de edad y la cantiY no pensaba ya casi en aquella exclamación
-Mi Coronel!
que le había• brotado el día que la conoció: « Y
-Te dije que quería comer temprano. ¿Por dad de años que media me pone casi en ridículo,
pero ella está madurada por el dolor y la e:s:pedespités de todo ¿po1· qité no?» pues Silvia le había qué pues no está la mesa?
revelado lo que él no conocía ni había conocido
- .Pero mi Coronel, no son más que las cinco y rie·ncia, y yo tengo el corázón íntegro y joven
1:unca: la suave impresión de la verdadera mujer media y como mi Coronel no regresa sino des- puesto que nunca me había servido para nada.
graciosa y alegre, buena y casta. Su amistad era, pué! de las seis, pensaba yo que mi Coronel . . .. He aquí dilucidado el primer punto. Segundo
pues, sincera, intensa, pura, (así lo creía á pié
-Basta ya de Coroneles! No me agradan ré- punto, la fortuna: Silvia no tiene un céntimo y yo
juntillas el Qoronel) una amistad como de anti- plicas: he dicho que quiero comer ¿entiendes? poseo alguna cosa, y como uno y otro tenemos
guos camaradas.
Bueno ¿y q'u.é tienes tú que me estás mirando con inclinaciones modestas, y como en definitiva con
Sus ideas, sus sentimientos, sus aficiones con- esos ojos de pato espantado? ¿Por qué no te has mis rentas, mi sueldo y mí pensión de Comendacordaban en todo. Silvia se entusiasmaba al re- ido ya A la cocina? Si sigues así te pongo de pa- dor llego A quince mil francos anuales, con eso
no tendremos las comodidades &lt;le un nabab pt:ro
lato de las batallas del veterano y él se asom- titas en la calle ¿me has oído?
braba con ciertos trozos musicales que ella interEn tanto que José despavorido se dirigió á la no nos faltará. lo esencial.
Compraré menos libros porque no me quedará
pretabJ. divinamente con su alma sentimental y cocina por el corredor, entró en su gabinete hatierna. Veb.ementes los dos y un poco casados ciendo estallar las puertas, y al ver sobre la chi- mucho tiempo para leer .... Acaso se ría un pocon sus opiniones, tenían Aveces algunos cb.oqulfl! menea una estatuita de terracota, que le pareció co la gente viendo que se casa con tan linda jopero que lueg0 se traducían en aproximación, y tener una vaga semejanza con Leotardy, la estre- ven un viejo Coronel retirado, pero desafío á los
terminada la querella, ambos se apercibían de que lló contra el pavimento haciéndola mil pedazos. risueftos para que me vengan A buscar! Todo irá
habían dado un paso miis en el camino de su inEsta ejecución en efigie produjo brillante re- bien. Ella no tiene parientes ni yo tampoco con
timidad.
sultado pues alivió un poco los nervios del sei'i.or excepción de Jaco bo, pero éste quedará encanta:Marchaban, pues, en esta vía peligrosa, con de Veraz y le puso en un estado de calma bas- do al encontrarse con una prima tan hermosa sin
una igual y perfecta seguridad. Silvia honrada tante para que, hundido en su gran sillón se pu- que le preocupe la pérdida de mi herenci;l porhasta el punto de no comprender su imprudencia, siera A reflexionar haciendo su exámen de con- que es mAs rico que yo. Verdaderamente no desy pensando que el amor ya no podía existir eu el ciencia. Seguramente el descubrimiento que so- cubro grandes obstáculos. Silvia no dará ya más
mundo ní meno .. en ella ni para ellit, y el seilor brevino con este exámen era muy grave, porque lecciones de música ni tocará el piano más que
de Veraz convencido de que había llegado al col- en el instante de entrar José á comunicar que para Ini.
mo de sus ambiciones, puesto que era amigo de la comida estaba lista, el Coronel se irguió de
Esto es natural. ¿Pero le convendrán mis prosu encantadora vecina.
una pieza y encarándose con su ordenanza que no posiciones? ¿Y por qué no? Todos los días repite
Durante una de esas entrevistas, tan inocentes comprendía una jota de lo que estaba pasando que su corazón estA libre; y por linda que sea, los
como peligrosas, un campanillazo vibró en la gritó:
maridos no abundan en torno de una mujer que
puerta. La seftora de L-~tellier fué personalmen-Mil millones de centellas! se necesita ser muy tiene por única dote su hermosura.
te A abrir, y lanzó tal grito de alegría que c:l Co- animal para que á los cincuenta y siete aftos ....
No es de dudarse que ella me demuestra una
ronel se volvió alarmado, precisamente en moSin forjarse ilusión alguna, el st&gt;llor de Veraz simpatía poco cvmún, y bien cercana demás tiermento oportuno para ver á un recién llegado que acababa de reconocer que estaba perdidamente nos sentimientos.
besaba en ambas mejillas con un buen beso, fran- enamorado de la viuda. El punzante dolor que le
Pero ...... e.Y Leotardy? Veamos, veamos. Pues
co y sonoro á la duefta de la casa.
había herido al descubrir su intimidad con otro quedará de amigo, con la condicióu de que si alEste espectáculo le desagradó soberanamente. hombre, no le dejaba duda alguna sobre el estado guna vez vuelve á besarla como lo hizo ayer, le
Silvia vino con los ojos irradiantes y dijo muy real de su corazón, pues la amistad pura no codivido en canal!
animada.
noce esos arrebatos espantosos de los celos. El
A esto llegaba de sus reflexiones el Coronel y
-Q11erido Coronel, le presento á usted á mi Coronel sintió de pronto una oleada de ardiente aun conservaba en el entrecejo las contracciones
excelente amigo Leotardy que estaba ausente cólera contra sí mismo y profunda humillación que le causó la última, cuando se sobresllltó al
desde hace tres semanas y que al fin vuelve al por su debilidad demasiado cierta. Llegar á esos ruido de la campanilla tiradli con mano enérgica;
redil.
extremos á su edad ...... ! ¡Cuando se crefo ya al y aun no había tenido tiempo de formarse ideas
Encantado de sus relaciones con la señora de abrigo de las tempestades encallar contra el esco- respecto de esta visita inoportuna, cuando Silvia,
Letellier el Coronel no había vuelto á tomarse la llo evitado durante toda la vida y cuya existen- fresca y rie1tte penetró en el salón.
pena de pensar 1m «el señor que venía con más cia real hasta se llegó á negar!
-Soy yo, yo misma amigo mio, exclamó alefrecuencia que los otros,» nunca lo había enconLo cierto es que si se hubiera querido probar gremente viendo el aspecto azorado de su huéstrado en la casa y su apaúción súbita (porque no al veterano que después de treinta y ocho ailos de ped y tendiéndole las dos manos, y he venido á
dudaba ni un sólo instante que este era el amigo servicio, ignoraba los principios de la equitación saludar Austed y á darle mis excusas anticipadas
privilegiado) le causó una impresión dolorosa y el manejo de las armas, no habría sentido más porque esta tarde no voy á esperar su visita
agravada por la recepción entusiasta que le hizo sorpresa ni mAs indignación de los que experiá la hora de costumbre.
Silvia,
al descubrir su amor.
Se limitó por consiguiente á inclinarse con una mentó
(Concluirá,)
En aquellos momentos aborrecía furiosamente
frialdad acompasada, y fijó en Leotardy una mi- á la eell.ora de Letellier, tanto, que no podía conrada que nada tenía de tierna.
solarse de amarla. ¿Qué demonios había venido
Era este un buen muchacho, robusto, de unos á hacer atravesAndose en su camino y metiendo
cul\renta años con los cabellos demasiado bien

f

Domingo 18 de Septiembre de 1898

2ll7

EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA

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Fig, :c.- Traje de otoño.

�EL MUNDO

238

Domingo 18 de Septiembre de U191S

EL MUNDO.

casamos, era empleado en la dirección de loe Archivos Nacionales, tenia una cátedra en el Colegio de
Franela, y reunJa loe materialee de su Historia de la
Revolución.
Neeteariamente debíamos vivir ccn mucho orden
para tanto trabajo. Sti levantaba él cuando amaneela, y estaba eecribiendo hasta la hora ilel almuerzo;
eran las horas sagradas que nada debla turbar; yo le
vigilaba cuidadosamentti, porque él no' era de esos
obreros de las lttrae extrañas á. eu producción; entre•
gaba todo entero á su obra, la sentla, la vivla. 11Escribo-decla-con mi corazón II y cuando suspendla
su trablfjo quedaba muy excitlldc. Poco á poco iba
calmándose, almorz&gt;ibamos, y salla en dirección á su
archivo paseando antes un poco por las calles de este P,uie tan querido.
A las cu11tro volvía. Era necesario que me encontrara 11qui; mi aust'ncia le producla tan mala impresión, que un dia escribió sobre un papel de su mesa:
"di no puedo estar sin ella un cuarto de hora ¿qué se
rá en el tiempo infimto en que no la tf'ndré conmigo?
La tarde la pasaba en eeucillae di11tracciones. Venia tal cual amigo ó discípulo á consultarle, á hablsr
con él y oírle leer lo último que habla eFcrito, porque
él consultaba con todos. Por e~te gabinete han pas11do Renán, que venia mucho, Taiuf', Lamartine, Be•
ranger, Th1ers, Edgar Quioet, todas las glcrias de la
Francia liberal y también la generación nueva. Nuee
trae reuniones quincen,des no eran ceremoniosu.
El carecla de ese orgulloso estiramiento insoporta ble en que suelen dar 11,e notabilid11deh¡ en vez de estar sP-paradoe los hombree de las mujeres, é,itas juu•
to al piano, aquellos rodeando al dueño de la casa en
sitio aparte, doude ¡:.udieran fumar y decir mil atro
cidadtie mientras las damas dei.trPzarlan al próximo,
hablando al mismo tiempo de modas, la conversación
era. aqui única y general. Cred que la separación de
sexos ha m11tado til esplritu en lu conversaciones....
No mucho tiempo d~spuée de casados, el Im~erio
quitó á mi e~poso loe dos recursos d -, gan,.rse nuestra vida. La cátedra de moral y de historia y el destino en los archlvo11; era la venganza de la reacción.
Yo, caballero. no tenia patrimonio ni dote, y fué ne
cesario reducirnos, salir de Paria y habitar cerea d,i
Nantes en un rincoocito Ignorado, una ca~ita con su
;ardln de cierto comerciante que, mu.v entusiasmad-&gt;
con albelgar al maestro no querlacobrarnos PI alqui ler. Ali! concluyó su Hütoria de la Rem;lución y e~crlbió algur.o d.e sus libros que tanto éxito han me•
recido.
-¿Ee cierto que vos, señora. habeis escrito El Pájaro. esa .obrita belllsima tan querida por las almn

Fig. 2.-Traje parisiense de calle.

1

Lectura para las damas

LA VIUDA DK MlCHELET
Todavla existe, retirada del bullicioso Paris y en
medio do loe recuerdos del maestro, que conserva como una sacerdotisa, en la misma habitación-santuario en que él habla pasado gran parte de eu vida.
Alli ha sido ahora visitada por Adolfo Brisson, que
nos refiere la interesante conversación que ambos
sostuvieron.
Madame Michelet ocupa en la calle de Aseas el mis•
mo piso que ya hablan hecho célebre las reuniones
quincenales intimas y amigables, donde rl'lunia su
marido á lo más selecto de los pensadores franceses
Todo conserva aún el aspecto anticuado, el glll!to
de aquel tiempo, y parece que el grande hombre v11
á presentarse de pronto entre aque1los cuadros, aquP
Hes muebles, é_poca Luis Felipe, y á sentarse en b
mesa de tr&amp;baJo.
La calle es silenciosa, la habitación retirada, como
viene á un artista ó un sabio; se respira alli el ambiente de una grandeza serena y el perfume de gra
tisimos y gloriosos recuerdos de un pasado que aún
tiene algo de presente.
En medio de este marco apareció la figura que más
lo embellece.
Ee admirable, dice el cronista parisiense, la semejanza ehtre el rostro de aquella mujer y el de Micht let. se·a esto obra de la naturaleza ó de cuidadoso
intento, de cierta coqueterla, ello es que los dos se
parecen.
Ella tienti los cabellos completamente blancos y no
los lleva trenzados, smo libres y flotar.tes al rededor de su cabf'za, formando loe bucles una especiA
de aureola _que contribuye á virilizar los rasgos de la
fisonomía. U4a expresión de bond.ad atempera al mismo tiempo este aspecto y harmoniza su conjunto.
La mirada es un tanto velada, la .boca tiene cierto.
expresión de melancolia eu11ndo no se dibuja en ella
una sonrisa. Madame Michelet es de origen meridional, y no ha perdido ni el acento ni el humor de su
país; cuando habla es grave y reposada, pero no sin
cierta agudeza, con sus toques de o-racioea ironJa.
Se ve que su belleza ha sido tan notab1e como nos refieren loe que la vieron en su esplendor y qua conserva la gracia y el encanto que siempre la rodearon.
-Dispensad.me-dijo al presentarse con los ojos
humedecidos por las lágrimas y sentándose en un diván -los preparativos de estas fiestas en honor de
mi esposo, me e_mocionan mucho ¡y despiertan en mi
tantos recuerdos! Me p ..rece que van á celebrarse de
nuevo sus funerales.
-Vengo, señora, á hablaros de él,
Enju,:ose la dama sus ojos, y durante largo rato la
conversación versó acerca del grande hombre. Expresábase la viuda con elocuencia y vivacidad ineomp_arables.
-Hace ya veinticuatro añoQ que le he perd:do, y
ni un momento dejo de tenerlo presente, vivl' con su
pensamiento, y todo me le recuerda ...•..Cuando nos

Definiciones.
¿~ué es un médico?
Un hombre que hace reir á la muerte.
¿Qué es un ebcribano\
Un hombre que tiene patente para ser
ereido.
¿~ué es un maestro de escuela?
Un hombre que, para ciertos gobiernos,
pertenece á la familia del camaleón.
;.Qué es un procurador?
Un hombre que está encargado de darle
fuego á la meena.
;.&lt;,¿ué es un banquero?
Un hombre destinado á recibir sonrisas
mientras n-o quiebre.
;.Qué es un comerciante?
Un hombre que tiene fijas las mlraó.ae en
las necesidades de loe demás.
;.Qué es un poeta?
Un hombre que no tiene una peseta en el
bolPillo y se cree más rico que Creso.
¿Qué ee un cochero de alquiler?
,
Uu hombre que le da "cuero" al caballo
~ que lo mantiene.
. ;.Qué es un cajista?
~
Un hombre lnsopo1 table cuando está. pidiende "material."
;.Qué 68 un barbero?
Un hombre que inspira gran confianza á
loe demás.
;.Que es un botic11rlo?
Un homi&gt;re que ha descubierto la piedra
filosofal.
¿Qué es un gacetillero?
Un hombre que tiene rabia
cuando no hay asunto de qué
tratar.

FJg. :i.-Grupo de sombreros.

::l!;LCA.LDO

FJg. 3.-Traje de calle. lJltlma novedad.
¡Qué recuerdos, caba'lerf', qué recuerdos! El año
que viene hará medio siglo que nos casamos. Ahl tengo sus cartas de novio; puede leerlas todo el mundo;
las lePréis vos:) a veis-añadió, al terminar la conversación, que iba tomando cierto tinte de tristeza;-ya.
vele que empezó para él Jo qne un di1&lt; habla llamado
el tiempo infinito. que estarla lejos de mi. ..... ¡Ah,
yo le temia t11nto como él. pero todo llega al fin! Diosas! lo quiere ..... .

Las desocupadas de Paris son las reinas de 111 coquetería; ella11 imponen la moda, ellas inventan la belleza.
Por eso una parisiense, muy preocupada en engañar al pobre mundo. ha eneo11trado una nueva aplicación de la geringullla Pravaz.
Se acabó ta morfinomania, pasó de moda la inyección del soporifero alcaloide, y hoy las el~ga1.1tee se
inyectan bajo la piel lol! má.s exquisitos perfumes que,
dan á las Evae del paraiso parisiense el aroma y la
falaz 11parienc:a de la rosa, de la violeta y de la tuberosa viviente.
Otra colaboradora de la belleza ha imaginado un
aparato para fabricar esos hoyitos coquetones y tentadores que tant11. gracia dan á una mejilln, esa hoyito que llamaba Heuri Reine en su Intermezzo la cuna
de Cupido.
Hay que sufrir para ser hermosa, como hay quepa•
decer pc,r ser fea.
Las antiguas cortesanas sabían ya lo mucho que
costaba el asegurarse todas las gracias y la primtra
que. por parecer la que no era, ee resignó á pone, se·
en la cara durnnte la noche la carnti fresca de ter•
nf'ra, liquella era una herolna.
Pero por muy advertidos que estemos sobre los es•
pedientes de la qulmica y vor muy dulce excepticirimA que pongamos en la celebración dtil milagro de·
la belleza; estas divulgaciones nos deeene11nta11 y 0011
hacen mirar con lástima todo aquello que debiérlimte
adorar.
Las pobres mujeres que hacen tantas maravíllAs.
que leen ansiosas la cuarta página de las revistas de
moda. que sufren mil privaciones por procurare" una
pomada ó un elixir, esas mujeres ee consideran recompensadas si consiguen un rasgo de belleza.
Una vez que han eoneeguido poner sus cabel1011 A,.
la moda, cuando han estudiado una sonrisa, estirado
una arruga y cuando han triturado deliciosamente ..1
artificio, entonces podrán considerarse diguae dó
cualquier mentecato ó de cualquier insolentti.
Pero en ese lote tan encantador no encontraremosc
ni una siquiera que se preocupe de lo má.1 esencial.
Cloé, hermosa y poeta, hacia su rostro bello; pero
no sus versos.
Las Cloé de hoy embellecen su cara, pero no hermosean su eorazón.

..............

~-.
1

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\.'."

_....-:

-p---

•

Una de las caractl'risticae de la moda actual es la
de ~d?ptar una multitud de fantasiae y no abandonar
casi nrnguna.
Por esta eerianos muy dificil decir algo de todo lo
qqe constituye la elf'gancia femenin1l.
Al lado de cosas 9ue datan de ayer. vemos otras
que son ya muy antiguas y que, biD embargo. sig11en
estando á la moda y son muy apreciadas.
Esto sucede, por f'jrmplo, con 1~ blusa que después
de tres años de existencia, cada vez se lleva'más.
Hácese mucho f'n seda ePcoePPa ó pekinada con
fruncidos y con canesú de difert'nte color.
'
En este caso la faldn será de pañetel;gero color azúl
porcelana ó zafiro unido.
Tam~ién _suelf'n adornarse las faldas y Jae blusas
con cut1 ó piqué blanco, sobre todo si se trata de una
blusa color rosa ó a;,úl. Las mangas se llevan estrech11s.
Con estas faldas se lleva el sombrero llamado cape)ine_ he~ho con paja de I~lia y con las alas un tanto
mchnadas por delante.
Las corbatas á. la ruoda no son tan o-randes como
e~an antes y parece haberse adoptado fa fria. coirece1ón del cuello y la corbata masculinos.
Se llevan mucho los eha 1ecoe bajo las elegantes chaquetas de sastre.
La forma del chaleco es Luis XVI y ee hacen de
seda con 1ayados verticales.
Estos chalecos sientan muy bien con toda clase de
faldas.

LA CIENCIA Y EL HOGil

Exoti8mol!!J parisien@les.

-~:,;J!rJ

FJg. 9-Toqueta friToliun.

Modas parisienses.

sensibles?

-No hice más que ser colaboradora, como en otras.
La idea, ciertamente, fué rola.
Habla él qued.ado muy fatigado al terminar la Historia. y sabiendo yo que no podia estar ocioso, bur,qué un trabajo sencillo que Je distrajera. Los pajaritos. que nos deleitaban cantando sobre nuestros árboles del jardín, me sugirieron la idea que le corr,uniqué: él escribla, yo aglomeraba loa materiales y
consultando obras de historia natural, anc,tando datos, ideas ....

239

Polio y Labit dicen dl'l caldo: No queremos perder
el tiempo en los debates que ha motivado til valor de
la carne hervida. pues tod.o el muudo reconoce hoy
que este deplorable modo de utilización de la carne
no resulta compensado por al valor del caldo, con sus
16 partes pOfo de materia orgánica no proteica. Esta- ~
mos conformes con ver en el caldo un peptógeno y
que en este sentido permite atiborrar los órganos digestivos con una gran cantidad de pan, pero fuera de ,
tista utilidad efectiva y real, conveniente para algu- tíl'liiA~~~
nos estómagos que necesitan semejante repleción, no
ofrete otra alguna dP verdadera importancia. Por ee- (
ta razón, sólo empleamos el caldo á titulo de estimu- ¿_
laute del estómago, de alimento de lujo que puede l'i
usarse útilmente 111 principio de las comidas y como
medio de abastecer la economía de cierta cantidad de
sales, principalmente del fo~fato de cal de las partes

os,as.

Nos llama la atención que eetoe ilustrados facultativos, omitan que el fosfato de cal de la11 partes oseas
es insoluble en el agua y que en caso de obtener un
fostato seria el que ee encutintra en la sangre, disuelto á favor del ácido carbónico, ó el que entra en la
composición de toda célula. Es verdad que el fosfato
de cal se elimina por las orinas, pero es al estado de
fosfato ácido ó monocálcico, que de las tres especies
de fosfatos de cal es el único soluble en el agua.

Fig. 6.-Traje de nanstí para calle.

PROCEDIMJENTO PARA CONOCER SI UN ARBOL
ESTÁ SANO Ó PODRIDO.

Fig. 4..-TraJe de paseo.
Fig. 7.-Sombrero polar.

Dice una revista técnica que á fin de evitar la11
disputas que á menudo B&lt;&gt;brevienen entre el vendedor
y el comprador. cuando el árbol vendido como sano
está podridol se recomienda el eiguienteproced.imiento: el vendeaor y el comprador, acoIX1pañados de tes•
tigos, se trasladan al bosque; uno de ellos aplicará
fuertemente el oido contra un extremo del tronco,
mientras el otro golpea en el extremo con la cabeza
de un clavo. Si el árbol es bueno, la persona que escucha en un extremo percibirá distintamente el golpe pegado en el otro; si, por el contrario, el árbol está averiado, el sonido no ee transmitirá por interceptarlo la podredumbre.

�•
1':L MUNDO
..1;:;898_,_
--------------------------~W:!!!.!:!!!2.------:----------Do~m!!!!;ln~,r~n.:,.,::18;.,::d::.:;•S:::•tr:::tl,::•m;:;;:b;;,r•_d;:;•

-"4~.

FIG, 4.-TRA.Jl!l D!I PABBO,

•

Ea de ronlard de satin azul obscuro, con gran aplt~ación a!t!n:1f:~~°aª u!:.
seda ornada de galones tn la falda. En Pl cuerpo\ a mu
id
uu
eleg~nte capE:llna alternadK con encaje blanco y igeros frunc os en
plastroncito que roJea el cuello.
FIO 5.-GRUPO DE SOMBREROS,

• Damos tru modPlos dfl los que se halJan mas en bog!' en la actu~lidad.
El prtn'lno es de paja de Francia con se~cilla aplica]1ón de mu ~e;~b1ld~Y~
lumas El ae~undo tiene unas hermosas alas de pa oma emp 1 d
:rados'amente. El tercero es de una admirable SPl!clllez. Dos plumas e avesuuz forman el frente, uniéndose en un broche ch:foné de raso.

TOMO JJ

MEXICO, SEPTIE1111RE 25 DE 1898

FIG. 6. -TRAJE Dlt NANSÚ PARA CALLE,

Es de una gran elegancia. Sobre un frente pliPeé A gra.ndf\f~i~~uesut~!
casacón bordado, cortado en áng1;1losyorl_addo, ast comdf~ d~ dos hefillas
hechas de finos fruncidos. Dos pns11Jas unt as por me
,
atan las alas de la casaca.
FJG ?.-SOMBRERO POLAR,

LAS FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE

•

PªJb

Sombre"o para señorita de un aspecto muv parisiense En
azul, gu~necido de· alas azules de dos tonos, la una clara, la otrt dmb b~e s~ub~rle d:
dos plumas de avestruz igualmente Azul. La una aco&amp; a a so
. d
la falda, á la izquierda¡ la otra rJgida en medio del delantero, tiJa a eu un
enorme pliegue de aatin antiguo azulado.
FJG. 8,- SOMBRERO COLO}IBJNA,
SombrerC'I para señorita en psij11. de arroz blanca, levantado hacia adelante. Calota rodeada de una' corona de ros11.s blancas. Sobre la part¡ de la t¡tda levantada una pnloma blanca CU\'&amp; cllbMita toca los cabeJ os con coa
de pa 1·aiso bl~nco y pligue de moir b·l anco á la izquierda de la paloma, cerca
de los cabellos.
FIG 9.-TOQUE I A FRIVOLINA,

Toqueta de dama de efü1.d medlaoa, toda de tul negro drapeado Y levanta:
?A.
do, la izquierda con un manojo de jacinto!\ rosas de much?s toll:s, :~;mpa
~
ñados de un penacho de follajes surtidos. Un poco was hacia atr se I onea•
,id., d.o de tul malinas negro.
FIG, 10-TOILHE PARA CARRJJRAS.

Es de grRnadina azul, sobrn trasparente de ta fetén malva. L"- falda tallada
de unll sola piezll e~tá. ornada de tres grupos de pliegues bordados
El cuerpo y J;111 mangas esUn ornados de los mismos pliegues pero en diagonal El delantero del c&lt;1rpiño Be abre sobre un pequeño.plastrón b~rdadoi
Toqueta de paja ornada de plumas malvas y de t:.n fruncido d~ tafet n azu •
FIG.11 .-TRAJJ!I PARA. CARRUAJE.

Gran paca de sarga blanca redondeada delante y cerrada de Jado J!ºr tres
presillas muy simpleP. Gran ~uello redondo, oruado como los b_ordes e ~a
. pa de cinta de &amp;dda. Forro de surah de color. Sembrero canohér en p8Ja 8
trigo, ornado de rosas y de dos •las cambiantes

d.

Flg. 10.-Tollette para carreras.

.U..t,,;CALOG-0 HIGIENICO.

---

11Los periódicos hi,1,d.é nicos de Lóndres no cesan dt'I predicar al público que siga sus
laudables preceptos. Pua dieminuir cen una mitad/ 1 dicen. Ja mortalidad, bastaria con
observar
el siguiente decálogo higiénico:
O
I Limitar el consumo ád la. carnt,, proscribiendo por completo la de puerco.
2 ° Substituir el pan blanco de harinA. por el de harina de trigo molido con cá.scara.
Este precepto ha obtenido tanta aceptación, que al pa110 que va aumentando el desarro•
llo de la venta de pau de esta clast, i:1e puede dar por desterrada la coatumbre de comer
pan blanco.
3° Comer de postre mucha fruta madura, lo más recién cogida posible . .
4° No desayunarse con cllfA ni té puro, sino con cacao ó una ligera infusión de té.
5º Dará los niños, al levantaree. una taza de caldo de b.arina du avena bien cocida y
mezclada con leche hervida también, pues la lechH sin cocer es dificil de digerir y de
asimilara e con alimento,
,
6º Reducir A lo estrictamentft neceaario toda bebid&amp; alcohólica, y mejorar más aún,
(Uprimirla por completo si es posible.
7° DeanudHrse por completo al acostaree, quitándose cu&amp;ntRe prendas se han llevado
puestas durante el dla, volverlas al revéd y sacudirhts y colgarlas.
8º Quitarse, Hl levKntKrse, la ropa con que se ha dormfdo, volviéndola también &amp;l
revés y colgándola cerca ae una ventana abierta.
!:Jº Lavarse todos los diaa, tii no es posible bañarse con agua fria ó templada, frotándose con un cepillo ó eilponj11. y jabón ordinario.
10º No dejar de abrir la vent&amp;Ull del cuarto de dormir.
Asi como el pan moreno ha sfdo recibido con favor increlble, IR. supresión de las bebidas alcohólicas y carne de puereo encuentran viva resistencia, porque contraria hábi•
toe a::raigados desde muy antiguo é intereses que saldrían perjudicados con la reforma.

l

Nuestros Grabados.
FIG. 1 -TRAJB DE OTOÑO.

Este traje muestra ya las fautasias reinames que li, moda nos promete p11ra la estación que se inicia, Ed de Ascosés de seda, sin tramos de colores, alterna&lt;10 con bandas
blanctts, que bord'.Jo ht faJda y ascienden por ella forméndole una elegante alR y que en
el jaquet, muy ajustado, forman sencillos galones y dos especies dejuck~ys en las mangu. Cuello americano. Corbata de muselina de seda obscura.
FIG 2 -TRAJE PARrSIENSE DB CALLE.
Es de tafetán clRYel, con .. plicaclón completa de bloeda blanca en bandas y dibujos,
dejando en el frente de IR blda un elegante t11.blero sin bandas, de mucho gusto. Cuerpo•
blusa abierto sobre un plfssé de mus6hna de seda lleno de fruncidos en b1u.. das horizon•
tales y mosn.ando un ptastronclto ligenmente pli88é.

CW!a del Sr. de Teresa, en la esquina de lllercaderes.-La A.-eulda de Plateros.

FIO. 3-T~AJB DB CALLE, ÓLTill'A NOVBOAD,

Es de satln hoja 11eca con plena aplicación de punto de Venecia dibujado de bandas
y rosetones. Cuerpo-blusa abierto aobre un eleganteruchede muselina de seda blanca
avolantad&amp;.

Flg. JJ.-Trale para carruaje.

•

NUMERO 13

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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