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                  <text>•
1':L MUNDO
..1;:;898_,_
--------------------------~W:!!!.!:!!!2.------:----------Do~m!!!!;ln~,r~n.:,.,::18;.,::d::.:;•S:::•tr:::tl,::•m;:;;:b;;,r•_d;:;•

-"4~.

FIG, 4.-TRA.Jl!l D!I PABBO,

•

Ea de ronlard de satin azul obscuro, con gran aplt~ación a!t!n:1f:~~°aª u!:.
seda ornada de galones tn la falda. En Pl cuerpo\ a mu
id
uu
eleg~nte capE:llna alternadK con encaje blanco y igeros frunc os en
plastroncito que roJea el cuello.
FIO 5.-GRUPO DE SOMBREROS,

• Damos tru modPlos dfl los que se halJan mas en bog!' en la actu~lidad.
El prtn'lno es de paja de Francia con se~cilla aplica]1ón de mu ~e;~b1ld~Y~
lumas El ae~undo tiene unas hermosas alas de pa oma emp 1 d
:rados'amente. El tercero es de una admirable SPl!clllez. Dos plumas e avesuuz forman el frente, uniéndose en un broche ch:foné de raso.

TOMO JJ

MEXICO, SEPTIE1111RE 25 DE 1898

FIG. 6. -TRAJE Dlt NANSÚ PARA CALLE,

Es de una gran elegancia. Sobre un frente pliPeé A gra.ndf\f~i~~uesut~!
casacón bordado, cortado en áng1;1losyorl_addo, ast comdf~ d~ dos hefillas
hechas de finos fruncidos. Dos pns11Jas unt as por me
,
atan las alas de la casaca.
FJG ?.-SOMBRERO POLAR,

LAS FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE

•

PªJb

Sombre"o para señorita de un aspecto muv parisiense En
azul, gu~necido de· alas azules de dos tonos, la una clara, la otrt dmb b~e s~ub~rle d:
dos plumas de avestruz igualmente Azul. La una aco&amp; a a so
. d
la falda, á la izquierda¡ la otra rJgida en medio del delantero, tiJa a eu un
enorme pliegue de aatin antiguo azulado.
FJG. 8,- SOMBRERO COLO}IBJNA,
SombrerC'I para señorita en psij11. de arroz blanca, levantado hacia adelante. Calota rodeada de una' corona de ros11.s blancas. Sobre la part¡ de la t¡tda levantada una pnloma blanca CU\'&amp; cllbMita toca los cabeJ os con coa
de pa 1·aiso bl~nco y pligue de moir b·l anco á la izquierda de la paloma, cerca
de los cabellos.
FIG 9.-TOQUE I A FRIVOLINA,

Toqueta de dama de efü1.d medlaoa, toda de tul negro drapeado Y levanta:
?A.
do, la izquierda con un manojo de jacinto!\ rosas de much?s toll:s, :~;mpa
~
ñados de un penacho de follajes surtidos. Un poco was hacia atr se I onea•
,id., d.o de tul malinas negro.
FIG, 10-TOILHE PARA CARRJJRAS.

Es de grRnadina azul, sobrn trasparente de ta fetén malva. L"- falda tallada
de unll sola piezll e~tá. ornada de tres grupos de pliegues bordados
El cuerpo y J;111 mangas esUn ornados de los mismos pliegues pero en diagonal El delantero del c&lt;1rpiño Be abre sobre un pequeño.plastrón b~rdadoi
Toqueta de paja ornada de plumas malvas y de t:.n fruncido d~ tafet n azu •
FIG.11 .-TRAJJ!I PARA. CARRUAJE.

Gran paca de sarga blanca redondeada delante y cerrada de Jado J!ºr tres
presillas muy simpleP. Gran ~uello redondo, oruado como los b_ordes e ~a
. pa de cinta de &amp;dda. Forro de surah de color. Sembrero canohér en p8Ja 8
trigo, ornado de rosas y de dos •las cambiantes

d.

Flg. 10.-Tollette para carreras.

.U..t,,;CALOG-0 HIGIENICO.

---

11Los periódicos hi,1,d.é nicos de Lóndres no cesan dt'I predicar al público que siga sus
laudables preceptos. Pua dieminuir cen una mitad/ 1 dicen. Ja mortalidad, bastaria con
observar
el siguiente decálogo higiénico:
O
I Limitar el consumo ád la. carnt,, proscribiendo por completo la de puerco.
2 ° Substituir el pan blanco de harinA. por el de harina de trigo molido con cá.scara.
Este precepto ha obtenido tanta aceptación, que al pa110 que va aumentando el desarro•
llo de la venta de pau de esta clast, i:1e puede dar por desterrada la coatumbre de comer
pan blanco.
3° Comer de postre mucha fruta madura, lo más recién cogida posible . .
4° No desayunarse con cllfA ni té puro, sino con cacao ó una ligera infusión de té.
5º Dará los niños, al levantaree. una taza de caldo de b.arina du avena bien cocida y
mezclada con leche hervida también, pues la lechH sin cocer es dificil de digerir y de
asimilara e con alimento,
,
6º Reducir A lo estrictamentft neceaario toda bebid&amp; alcohólica, y mejorar más aún,
(Uprimirla por completo si es posible.
7° DeanudHrse por completo al acostaree, quitándose cu&amp;ntRe prendas se han llevado
puestas durante el dla, volverlas al revéd y sacudirhts y colgarlas.
8º Quitarse, Hl levKntKrse, la ropa con que se ha dormfdo, volviéndola también &amp;l
revés y colgándola cerca ae una ventana abierta.
!:Jº Lavarse todos los diaa, tii no es posible bañarse con agua fria ó templada, frotándose con un cepillo ó eilponj11. y jabón ordinario.
10º No dejar de abrir la vent&amp;Ull del cuarto de dormir.
Asi como el pan moreno ha sfdo recibido con favor increlble, IR. supresión de las bebidas alcohólicas y carne de puereo encuentran viva resistencia, porque contraria hábi•
toe a::raigados desde muy antiguo é intereses que saldrían perjudicados con la reforma.

l

Nuestros Grabados.
FIG. 1 -TRAJB DE OTOÑO.

Este traje muestra ya las fautasias reinames que li, moda nos promete p11ra la estación que se inicia, Ed de Ascosés de seda, sin tramos de colores, alterna&lt;10 con bandas
blanctts, que bord'.Jo ht faJda y ascienden por ella forméndole una elegante alR y que en
el jaquet, muy ajustado, forman sencillos galones y dos especies dejuck~ys en las mangu. Cuello americano. Corbata de muselina de seda obscura.
FIG 2 -TRAJE PARrSIENSE DB CALLE.
Es de tafetán clRYel, con .. plicaclón completa de bloeda blanca en bandas y dibujos,
dejando en el frente de IR blda un elegante t11.blero sin bandas, de mucho gusto. Cuerpo•
blusa abierto sobre un plfssé de mus6hna de seda lleno de fruncidos en b1u.. das horizon•
tales y mosn.ando un ptastronclto ligenmente pli88é.

CW!a del Sr. de Teresa, en la esquina de lllercaderes.-La A.-eulda de Plateros.

FIO. 3-T~AJB DB CALLE, ÓLTill'A NOVBOAD,

Es de satln hoja 11eca con plena aplicación de punto de Venecia dibujado de bandas
y rosetones. Cuerpo-blusa abierto aobre un eleganteruchede muselina de seda blanca
avolantad&amp;.

Flg. JJ.-Trale para carruaje.

•

NUMERO 13

�EL MUNDO

242

LASEMANA
Los italianos residentes en Mexico, celehraron
su gran aniversario patriótico: la toma de la ciudad de Roma por las fuerzas unificadoras de Víctor Manuel.
La elocuente palabra dPl Sr. Ministro de Italia evocó ante sus comp11triot11s la época tormento;a de Víctor Manuel y ht epopeya de su reinado, fértil en aza:tlas.
Tres hombres tres audaces hicieron la unificación de Italia: Víctor Manuel, Oavour y Garibaldi.
Violento es el contraste entre ellos, tipos diversos, unidos al golpe de una misma fuerza, para completarse y repelerse, pa:&gt;1 encontrar. en el
fondo mismo de sus antagómMs tendencrns, la
final resultante de una acción diversamente comprendida por cada uno de ellos.
/IIW

Víctor Manuel es el representante de los intereses dinásticos. Como Federico II, como Pedro,
como Luis XIV, vive y combate por el é'n?~andecimiento de sus dominioil, y fiel á su ambición,

Pero en est!I. estupenda tragedia, Garibaldi es
la pasión, el genio y el heroísmo.
.
Congénita robustez orgánica y hábito de las
batallas, de los estragos, de la sangre ~umana y
junto con esa férrea robustez y_es~ hábito de toda su vida una bondad de sentimientos tan expansiva, t~nta riqueza de afectos deli~ados
que no sabemos-dice Ferri-si deb~ ~dmirarse
más su genio -iateleetual ó el predom1010 del sentimiento que es la floración más hermosa, más
noble, más fecunda de la vida humana.
Es patético el contraste que aparece en sus
memorias entre el terror trágico de la guerra
y la armonía de los espeetlleulos de la naturnleza; entre la rabiosa pasión de los homb_res y el
so~iego solemne de ~as cosas. Y esta poesia de las
cosas no es romanticismo estéril, sino fuerte aentimiento viril y religioso, que no excluye de sus
contemplaciones á la humanidad dolorida y esclava.«Hermosa noche la del gran proyecto, tú hablab11s al corazón de mis valientes con li. armonía
indt·finida, sublime con que los elegidos sienten
en el espacio azul la presencia de Diosl Y o he
sentido aquella armonía todas las noches, se~_ejantes á las de Reggio, Volturno, Quarto: quien
duda de la victoria cuando empujado por el deber y la conciencia corre á la muert~ sintiendo
su proximidad como el beso de la muJer amada?»

Domtngc 25 de ~tlembre de 1898

Su JiaJestad la Emperatriz d~ A.ustria.
Asesinada en Ginebra por uu anarqwsta.

,w

Y ese primitivo hecho para la acción y en ella
prematuramente sazonado su temperamento para
las grandes aventuras del mar y de la guerra,
gallardo y generoso, poético en to~os sus actos,
amó fo libertad, como am_ó ,\ la muJer, con t_ern~ra romántica, y A la naturaleza, esa maga msp1
radora de ensue:tlos.
Fué grande entre los grandes por el sentim!~nto -desde los delicados matices del amor hhal
h¡sta los generosos conceptos de la redención
humana.
Tuvo en su vida el poder magnético de los profetas sobre sus contemporáneos, y la fe y el fatalismo de los iluminados; por eso dejó como he•
reneia, ideales fecundos y el modelo perfecto de
su grandeza moral.
Víctor l\lanuel y Cavour, crearon la unidad de
Italia: Garibaldi dió al alma italiana perfumes de
virtud y un semidios del culto cívico ....
/IIW

Ilmo. Sr. D. F;-rtino Hip6llto Vera,
Obispo de Cuerna.vaca.

+ el dia 22 del presente.
emplea todos los me~i~s; pero ~obre todo uno:
pone su cetro al servimo de_ la libertad. Y _aquella Italia 1 impotente y humillada en Venecia, fanática en Roma, explotada en Nápoles y Sicilia,
tiene en Piamonte libertades amplias, asíduamente conquistadas por el trono para un pueblo en
el que hierven todos los sent_irr_iientos_ h_umanitarios de la revolución y el v1eJo patriotismo que
despierta. Víctor Manuel es el jefe supremo del
Res01·gimento.

,..

Cavour es el estadi,ta. Audaz, vi0lento; pero
no sue:tla como Garibaldi ni titubea como Víctor
Manuel. Es constante, reflexivo y voluntarioso.
Conoce todas las fecundas maniobras que la in. triga y la paciencia desarrollan, sin l~ temeridad
que pierde ni la vacilación qu_e claudica._ .
De muy lejos traen sus sabios procedimientos
resultados que sólo una previsión maquiavélica
puede adivinar: alianzas por ~edios indireet?s y
por medios indirectos también, fuerzas activas
para el trono y universales simpatías para la nación
.
.
Su presencia en el poder es una autondad: ~ntimida á Napoleón, reprocha al rey sus concesiones en Villafranca y desaprueba las aventuras
de Garibaldi.
Cuando muere, deja como testamento su fórmuhi de liberalismo y de patriota: "F'rate, f1·ate,
libera chiesa in libero stato." La Iglesia libre de~tro del Estado libre no es el anhelo de todo espiritu en nuestros días?

Sobre esa vía luminosa de recuerdos que se
compl11ee en seguir nuestro cansado corazón, en
los cielos de la historia, quedan aún los últimos·
fulgores de las fiestas patrióticas.
¿Y qué es en suma el patriotismo para los hijos de la Reforma, en este vasto campamento de
trabajo, que levanta la paz sobre nuestras lliinuras y &lt;\ la orilla de los mares ru_mo~osos~
Ya lo habeis oído. En los labios Juvemles que
dijeron al pueblo el evangelio de su redención,
no hubo frases amargas ni odios para nadie. El
verbo, el puro verbo de la libertad y del progreso, hizo caer como lluvia de agua lustral el sitrsum corda de la esperanza.
No tienen razón los que acusan á la juventud
h11eiéndola justiciable de exeepticismo y de esterilidad.
No! la juventud espera animosa su turno para
robustecer en la pacifica brega, los ideales que
salvó del uaufragio la mano de los paladines.
La voz de los fanatismos se ha apagado en la
tiniebla del ayer tumultuoso.
Sobre las frentes elegidas resplandece la luz de
una aurora nueva.

,..

Rosentbal, el mAgico del genio musical, anuncia una trip artística por nuestra patria.
Su técnica es,-sin hipérbole,-maravillosa ysu
poder de interpretación ha enloquecido ~ las damas y dilettantti de NP,w-York. Flores y Joyas se
desprendían de las toillettes de las se:tloras para.
caer á los piés del pianista.
La muerte de Paderewski es ya completa en
la admiración cié losnorte -americanos; Rosenthal
es de hoy más el único, el perfecto.
Lo oiremos? El desea venir A nuestro país y
espera la decisión de nuestro público para ponerse en camino.
Rosenthal es una de las maravillas del mundo
artístico, algo así como Irving y Litiz. Su presencia en México será la realización deun hermoso sue:tlo pnra los fieles del arte. Que no sea triste decepción el despertar.
Dick.

,outtca ®tntrtti.
RESUMEN.-La alianza anglo-alemana.-Sus problemá•
tlcas tenilenc.as. -Sn alcance y objeto. - Las dlflcul•
tades que á ella se oponen. -Odtos de raza.-El asun.
to Dreyrus. - Dos ministros que dimiten.- .Nuevas
sorpresas. -La revisión del proceso y los temores que
despierta - La actitud de !lemanla -Guerra al anar•
q ulsmo -Una cruzada contra los enemigos del orden.
-La angustia humana.--.1!:l problema soctal.-Con•
cluslón.
Mucho se hll repetido en días pasados la existencia de un tratado secreto entre Inglaterra y
Alemania, para contrastar la influencia ~e Rusia
en el Extremo Oriente; mucho se ha dicho que
las relaciones tirantes que unían la. monarquía
de la reina Victoria con el Imperio .Alemán, se han
suavizado al grado de establecer inteligencias cordiales, y preparar los dos grandes pueblos á las
contingencias de lo porvenir.
Causa extraileza q 11e en los momentos en que
la Gran Breta:tla abandona sus pretensiones sobre China y cede á las exisgencias de Rusia, á
la hora actual en que se hace más palpable el "espléndido aislamiento" de que hablaba Mr. Chamberlain, y cuando están á la vista las verdaderas
derrotas que ha sufrido Lord Salisbury en supolítica extranjera, se bable ae una alianza que vendría á cambiar en lo absoluto las condiciones del
equilibrio europeo.
Fuera si('luiera esta alianza establecida con el
objeto sólo de resolver el embrollo oriental, fuera.
concertada con el fin de poner un dique á la expansión moscovita y de hacer contrapeso á la influencia del Czar sobre los destinos del Celeste
Imperio; fuera arreglada adrede para dejar el
campo libre á los alemanes en Manchuria, mientras
quedaban los inglese,, due:tlos y soberanos del
Egipto, sin temor á futuras reclamaciones por parte de Francia; concebíriase sin embargo con cuantas dificultades había de tropezar esa liga anglogermánica, de que tanto han alardeado las hojas
informativas del Támesis.

*
**
Pero hay que tener en cuenta que al establecimiento de esos compromisos vienen aparejadas
circunstancias diversas, que se oponen por una
parte á la política tradicional del gabinete de
Saint James, y están en contradición abierta con
la historia, con la tradición, con las tendencias
del gobierno de Berlín. No ha mucho, á propósito
de la insurrección del Transvaal, acaudillada por
el Dr. Jameson, un arrebato de Guillermo II que
se ap1·esuró á feliciar al Presidente Krüger por su
fácil triunfo, estuvo á punto de provocar un rompimiento entre la pri nera potencia marítima y la
gran potencia continental de Europa. En los pasados meses la presencia del príncipe Enrique a}
frente de una escuadra alemana en lasaguas del
Mar .Amarillo, la posesión violenta de la bahía y
puerto de Kiao--Chao por los soldados alemanes,
excitó las revalidades inglesas y pudo haberocasionado grave conflicto. Tiempo ha que todos hablan de l11s frias relaciones que unen á la reina.

Dommgo 25 de Septiembre de 1-898

Ji'..L MUNDO

Victoria con su augusto nieto, y está á la vista nimemente resuelto A decretar la revisión del
de todos el apartamiento completo que ha exiti- proceso cualesquiera que sean las consecuencias.
tido entre los gahinetes Je Londres y Berlín.
Si hemos de creer lo que dice la prensa alema¿Qué eireunstanci1ts nuevas h&gt;1.n podido mediar na no hay que temer por ese lado complicaciopara operar un cambio tan radical? ¿En qué se ne~ posibles, pues en los periódicos _de allende
apoyan los que afirman la existencia de ese tra- el Rbin se declara la falsedad de ciertos t.locuta lu supremo? ¿Por qué los perióLlicos alemanes me11tos: y se habla de la indiferencia con que se
h m negll.do oiemprc, co,1 voz cuasi oficial, el tra- mira el actual embrollo. Pero si no ll1tma la
tado dt&gt; rderen~ia\l Es 4uizá. porque sólo ha atención de los alemanes el proceso Dre5fos en
exhtido en forma de deseo, es tal vez porque el sí ruismo, sí permanecen alerta por la ex:altación
gabinete conservador que rige los destinos dl'l que reina en todas las esferas de la sociedad
Imperio Británico, busca por medios indirectos francesa, por la agitación en que vive el pueblo,
la manera de conjurar ese aislamiento en que por por las ráfagas de tempestad que cruzan sobre el
tantos aftos ha vi vicio y le ha ocasionado más ne ejército y por las predicaciones violentas que se
un desencanto, lo mismo en la cuestión de Venl:l- hacen, y porque temen, en lo general, una explozuela terminada en nombre de la doctrina Mon- sión de p~triot:smo, que pudiera provocar un romroe, que en el conflicto de Armenia, dejado en el pimiento en el momento menos esperaLlo.
olvido en nombre de la paz europea, ó en la
Hoy como ayer, pasará. la excitación febril; la
lucha greco-turca, abandonada á su propia suer- calma renacerá en los espíritus, la opinión públi•
te en nombre del equilibrio y del concierto de ea tomará el cauce natural quelem'\rean la razón
las potencias.
.
y la justici11, y la República, fuer&amp;e y pod,irosa,
Por ahora, no creemos en semejante alianza.
saldrá inmaculada de esta nueva prueba á que se,
ha vbto sujeta.
*
*
*
Dos ministros de la Guerr11 han dejado su car***
tera, á punto de provocar una crisis general en el
kl pasmo dolorose que engendró en Europa la
gabinete francé,-, y aún de ocasion_ar la dimisión muerte violenta é inesperada de la Emperatriz de
del presidente Faure, antes que se baya podido Austria, herida en mitad del corazón por la mano
decidir algo definitivo en la revisión t.lel prnceso aleve de un asesino vulgar, mezcla de insensato
Dreyfus. Desde que las revelaeioues del Coronel estúpido y de horripilante criminal, ha sucedido
llenry, conveccido de falsificador de doeu~en- una actitud de defensa y de justa inuignación
tos de altísimo interés en el escabroso expedien- contra el aborrecido anarquismo, cáncer de las
te, sembraron la duda en los espíritus y engen- modernas sociedades, fruto morboso que se cría
draron la esperanza en los que abogan por la en las capas bajas de la sociedad, al abrigo de
rehabilitación del pobre condenado, no se ha las sombras de la ignorancia y al amparo de las
calmado la exaltación del público, y día á día se tristes emanaciones de la miseria.

Fiestas del 16.-Desfl.le de los alumnos
de la Escuela Naval.

sorprenden nuevos incidentes, se descubren nuevos datos, se encuentran nuevos hilos en esa
trama confusa, y se espera un rayo de luz que
vaya A alumbrar la tenebrosa guarida en que gime el desterrado de la Isla del Diablo.
Convencidas íntimamente las altas personalidades del ejército francés de la eulpabilidaLI de
Dreyfus; asociando de una manera decidida el
honor del ejército y el estigma con que marcó
al culpable el consejo de guerra de 94, nada es
hasta ahora, suficiente á hacerlos volver sobre
sus pasos. En su actitud resuelta, en su posición
incontrastable, rechazan como sofísticas todas
las argumentaciones, se oponen á todas las defensits, voluntaria ó inconscientemente, cierran los
oídos al consejo y á la sugestión y se hallan dispuestos á no retroceder, porque juzgan empeñado en el asunto el nombre de la institución y el
honor de la patria francesa.

*
*'*

Pero la duda, la terrible dud,i ha penetrado en
el espíritu de los civiles que forman parte del gobierno. Son tantas y tan formales las insinuaciones de los que defienden á Dreyfus, se sorprenden irregularidades tan ·palpables en la secuela
del pro..:eso, se reconoce de tal modo la existencia de documentos de convicción, que se ocultaron á la defensa y se presentaron á los jueces; se
sospecha después de las declaraciones de Henry,
de tantas y tan nuevas falsificaciones, que el gabinete de Brisson, con excepción sólo de los ministros de la guerra que han dimitido, está uná-

243

EL ANTISEltIITISllO EN A.lJSTRIA.

El antlsemetismo se ha proga.gado en Austria rápidamente.
~;u Baja Au$tria y en Glllicia es notable el número
de judiod y nan _logrado acaparat· por ~11mpl~~o . el
comercio de la tterra Aunqu.e los capttahsta11 er1st1anos y de otras confosioned han seguido su ej.,mplo,
el clero y 1a nobleza han hecho recaer sobre los israelitas todo el peso de la excecración popular, por
las expoliaciones efectuadas contra loa pubres campesiuoa por sus acreedores.
Las fut1rtea y antiguas ralees del antisemitismo se
hau afianzado en ese país, eseucia!mente cristiano.
Uesde hace mucho tiempo, la efervescencia ldtflnte,
ocasionada por la mideria y estimulada con habilidad
por los odios de raza, preparaba el campo al fanjltismo religioso.
El caballero Schrenerer ha sido uno de los que más
han trabajado, con la p:uma y la palabra, en pro de
"la guerra santa contr11. J ttdas.:• Se_ fundó un pe!iódico bimensual que pronto llego á tirar más de diez y
ocho 111il tijemplares.
Con todo, no estR ba aún definido el programa.
El congresl) de 18~0 dió á conocer el breviario del
anti ..emita En un congreso que celebró sus sesiones
en Viena, uno de los má'! eximios representantes del
autisemitismo alemán, t-'l Sr. Boekel, representó á sus
compatriotas. Oesarolló todo un programa de antisemifümo con•titucional, declarando que habla llegado
el -momento de emprendtir una politica práctica y
que ya las palabras eran ociosas. Pretendia que en todas las ciudades se e~tableciesen bancos, mercados é
industrias esp .. cialmeote antijudios; es decir, que nada se cClmpraria ni ae vendPrfa tampoco á lo$ judíos,
los cuales se verían reducidos en consecui-ncia, á vi
-vir deutro
de su casta dejando de ser un ptiligro social 11
Dueños actualment~ de la Dieta de Baja-AuEtria

y del ConsPjo municipal de Viena, ganaron loA anti.
semistas 26 curules en el R1ich~rath. Este efectivo
de fuerzas, tanto corno los 31 cató!icos alemanes y los
35 catóhcos slavos, f.irma. en el seno del Parlamento

Depositada la forma
mortai de la augusta
soberana en el recinto
sagrado que ha de ser
·su morada postrera,
Fe han enjugado las
lágrimas, se han serenado los corazones y
todos se vuelven con
miradas de inteligencia, Aescogitar los me- ____F_•_·es_t_a_s_d_e_1_1_6_._-_»_e_s_fi_l_e_fi_r_e_n_t_e_á_P_a_1_a_c_1_0_.-_A._r_t_n_I_e_r_ia_._ __
dios pna I xtirpar de
raíz esa hierba venenosa que se llama el anar- un contingente precioso para la propagación del antiquismo, envenena con sus emanaciones pestilen- semiti~mo.
En Viena, -dice un folleto de aquella época, -el
ciales el aire de la Europa civ!hzada, y mancha
Dr. Lueger est11.ba á la cabeza del movimiento lograncon su sombra abo1Tecida el claro azul de la do arrastrará la mitad de la población gracias á un
moderna cultura. Las sociedades se aprestan á tinttl de socialismo que dió á sus ideas antisemisla defensa; los gobiernos se aperciben á comba- ticas.11
tir la fiera P.n sus ocultas madrigueras, y todos
se proponen ahogar el monstruo en sus ocultos
Illmo. Sr. D. Fortino Hip6lito Vera,
antros.
Obispo de Cuernavaca.
Dictaránse leyes, se predi~arán cruzadas en los
campos y en las ciudades; á son de trompeta se
Ei dfa 22 falleció en la ciudad de Cuernavaca el Seproclamará el extermimo de los aborrecidos se- ñor Obispo de aquella diócesi. Illmo. Sr. Vera, uno
lod miembros más distinguidos del episcopado mecuaces de Ravaehol y de Vaillant; ¿pero han pen- de
xicano.
sado los que emprenden la batida, en buscar la
El Señor Vera nació en Santiago Te4uisquiac el 12
c11usa que engendra esas manifestaciones ffi:Orbo- de Agosto de 1834. Despuéi de cursar las materias
sas? Tal vez sí: por eso se oye la voz de Nicolás correspondientes, r11,:ibió las órdenes sagradas el 19
de Diciembre de 1859, siendo Arzobispo de México á
II, que predica el evangelio de la paz. El ha oído la
sazón el !Ilmo. Señor D. Lázaro de la Garza.
los clamores que suben de abajo, ba comprendido
Desempeñó varios curatos distinguiéndose sobre
la suprema angustia de los qt..e gimen y trabajan, todo en el de A,necameca por las grandes mejoras
y por eso quiere aliviar esefardo abrumador, que que planteó, contándose entre ellas la fundación de
pesa en forma de inagotables armamentos, sobre un colegio católico y el establecimiento de una tipografia, et&gt; la que editó obras relii:l'iosas y algunas de
los pobres, sobre los miserables, sobre los deshe- las qu11 escrio:ó el miemo S!'ñor Vera
redados.
El año de 1890 tomó posesión de una prebenda en la
¡Cuán complicado es el problema social, encla- Colegiata de Guadfllupe _y al año siguiente f..ié nomvijado, enmara:tlado con el problema político y brado canónigo. Ya á principios de 1 91 se le había
dado el cargo de historiador del Concilio de Antequeensombrecido por las rivalidades de los unos, las ra.
y á poco recibió el nombr11miento de miembro de
ambiciones de los otros, los rencores de éstos, los la Sociedad de Geografía y E,tactfstica á la que preodios de aquellos, la aspiración sin nombre de sentó algunos estudios. Escribió variaR obras, religiosas unas y otras científicas para el Colrgio Católico
todos!
de Amecameca. Publicó también un pe.1ódico reliX.X.X.
gioso 11 ~1 Boletín Eclesiástico. 11
Septiembre 22 de 1898.
De~de el 29 dtl Julio de 1893 deoempeñaba el Srñor
Ve:a la Diócesi de Cuerna vaca, habiendv sido con8a •
grado Obiapo por el Arzobispo de ÜJXaca Monseñor
Guillow.

�~ m h¡go ~ de Septiembre de 1149!!

Domiugo 25 de Sl'ptlembre de 1898

F.L MUNDO
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Coche del Sr. D. Tomás de la Torre y M:ler.-Sras. A.mada Diaz d·e de la Torre y Laura F. de de la Torre.-Primer premio.

LAS ENSEi-tANZAS DE
LA GUERRA.
El Almirantazgo inglés
formuló hace algunos años
el principio según el cual
la marina británica debe ser
superior ó por lo menos igual
á las dos marinas más gr11ndes de Europa, rewaidas. La
opinión inglesa aprobó casi
unánimemente la re~olución
y el Parlamento hizo mils:
votó sin murmur11r y aún
-con entusiasmo los centenares de milloLes necesarios
á la realización del programa.
El sistema ha sido fecundo
~n sorpresas: este año se
&lt;iecretó un gasto de 175 millones de francos para la
eonstruccion de bu q u es
-Como se 6upo que Rusia
preparaba seis grandes aco•
razados y cuatro crueAros y
no preveía el A'mirantazgo
sino la construccióu de dos
.acorazados rusos, Inglaterra, fiel á sus principios, ha
tenido que seguir á su rival,
pidiendo al efecto Mr. Gosehen un crédito suplementario para la construcción de
cuatro grandes acorazados
y cuatro crucero,, sin contar doce caza torpederos.
Todos los aprestos navales de Inglaterra tienen
por objetivo principal las
probables emergencia¡, de
un conflicto con el Imperio
moscovita; sin embargo, los

Las fiestas del 16.-Desfile de rurales trentt- á Palacio.

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Carretela de la Srita. Paz Garcia y Tony WHson

ltleocil&gt;n h:&gt;n!)rlflca..

periódicos franceses creen
que .i.l aparentar preocupaciones por b cuestion oriental, lo que realmente trae
alarmado al ~obierno británico, es el eubito engradecimiento colonial de los Estados Unidos.
Dice á este propósito un
respetable diario parisiense:
«La guerra hispano-americana ha sido fecunda en enP&gt;ñanzas para los Almirantazgos d11 tod¡,s los países, y
110 puede dudarse que el de
Londres hay asacado todo el
partido posibll'.&gt;
«El hecho qne se destaca
en primer término, es que ha
nacido una gran potencia
naval, y una potencia con la
que debe contarse necesariamente&gt;
• Es cierto que en LGndres
hay actualmente sentimientos de la fraternidad más
calurosa hacia los Estados
U nidos, cuyas recientes victorias han añadido t11nto esp1 endor al renombre de la
raza anglo-sajona. Sin embargo. las congratulaciones
de laA que se hacia órgano
Mr ChambetlaineneldiscurSP. ele Birmimingham y las
frases de ali11nza, no impiden á los prudentes la previsión de -un porvenir, más ó
menos remoto
«A veces se transforma
una amistad en odio implacable, y es funesto ,,ncontrarhe deFpr11venidl' cuando
nacen las rivi.lidades.&gt;

�EL MUNDO

246

Domingo 25 de Septiembre de 11:!98

Domingo 25 de Septiembrfl de 1898

Hacemos constar que ]a instalación que
tomó en la calle de Patoni las fotogratías
de los coches y bicicletas del concurso, estuvo á cargo del inteligente arti~ta-fotógrafo
Sr. J. P. Arriaga.
El Sr. Arriaga. (i ~ calle dd Arquitectos
419) yende foto ~rafias &lt;le los coches y bicicleta:::, tamaño grande, pues nueotros grabados son reducciones de dichas f toaratías.
Lo particif.Jamos al público, pues i~&lt;ludablemente todos los interesados uesearán un
ejemphir fotogrático de los que tiene nuestro iuteligente colaborador artístico señor
Arriaga, á quien damos rn estas líneas las
gracias por su E-Sp€cial y atinado servicio
en esta ocasión.
Sr. .Tosé Suinaga.

El penacho del Emperador
de Alemania.
Gui111&gt;rmo II visita frecuentemente la Academia
Militar Wiener-Neustadt á cuyos exámenes asiste
interrogando él mismo á los alumnos.
'
También concurre á las clases presentándose en
ellas sin anunciarse préviamente
Hace algunos dlas penetró de este modo á la clase
del capJtán_ Ebersberg, profesor de historia, durante
la exphcac1ón.

Carretela de la Sra. Hompson -Srita. Ord.-Primer premlo,-(Placa velada).
BUSOS E

INGLESES

(DEL MEDITERRÁNEO AL GOLFO PÉRSICO)
Los periódicos de Londres saben por las noticias de
Oriente, que se prepara un proyecto ruso para comu•
nicar por medto de vía ferrea el Mediterraneo con el
Golfo Pérsico.
El conde Vladimiro Kapnits, sobrino del Embajador

El 11Observer 11 de Londres publicó una correspon.dencia de Constantinopla en la que se demueetra con
hecllos que de11de 1870, Alemania ha ocupado en Turquía l!' situación preponderante que disfrutó antes
Francia.
Los alemanes han reorganizado el ejército turco,
mandado actualmente por jefes alemanes, y la admi•
nietración pública tiene en sus departam1mtos principales, gran número de alemanes: dirigen éstos la

buques del Lloyd austriaco, por la vla de Trie11te, sir•
viéndose de loe forrocarrileR para atravesar el Austria, acaba de establecer relaciones comerciales directas con el Levante por Amburgo y Brema. Se
eetableció una linea directa entre Hamburgo, An•
vere11 y Alejandrfa, importando Siria y Egipto la,1 marcanelas alemanas sin la mediación de Austria Por la
via marítima llegan las mercancfae á eu d11etino en
dit&gt;z y siete dlas en lugar de siete, pero en cambio es
grande la economla de fletes.
El viaje del Emperador Guillermoá OriPnte, como•
lidará la situación de Alemania, y ya se oyPn las quejas que á di11rio repite con tal motivo la prensa de
Londres y de Petesburgo.

La. Emperatriz Isabel de A.ustrla.

Coche de la. Sra. Beatriz Castilla Portugal de Vivanco.-1tlenci6n~honorUlca.
de Rusia en Viena, con el apoyo de un sindicato in•
ternacional, presentó al Sultán una solicitud de con•
cesión para fa construcción de un ferrocarril que parta de Trlpoll (Siria) para llegará. Koweyt (Golfo Pér•
slco).
La linea cruzará. el Eufratee cerca de Deir, y con•
tinuari\ su trayecto entre el Eufrates y el Ti gris hasta la confluencia de ambos rioe. De este punto se dirigirá á. Bassourah para terminar, como hemos dicho,
en el Golfo de Persia. También se proyecta una linea
secundaria de la frontera persa á Bagdad, Kerbda y
Nedjef.
Esta ruta acortará en cinco dias el viaje á Bombay,
suponiendo la velocidad de sesenta kilómetros por
hora.

instrucción pública y son oueños de
los ferrocarriles más importantes del
Imperio.
•
Además, Alemania que hasta estos
tiempos envis ba sus mercl\nciasá Egipto, á Siria y al Extremo Orientti eu ks

Sr.JoaquinFonrlong.-Henci6nllonoríftc1'
Después de haber hecho una eeñl\ al capitán par"
que continuase su tarea, apoyóse el Emperador en el
primer banco, sobre el que colocó su sombrero montadn, y escucnaba atentamente la lección.
En éstas, uno de los alumnos que estaba detrás del
Emperador, alargó furtivamente el brazc, y arrancó
una pluma del penacho de Guillermo II.
Advertida la maniobra por otros alumnos, querían
éstos á 11u vez tener cada uno su pluma, por lo que el
iniciador del hurto fué sucesivamente arrancando tó•
das las que sus camaradas le pedían.
Ya iba qutidando babtante desairado el penacho 1;

EfBetas de la censura de la precsa en España.
Sabidoes que los periódicos españoles fueron eome•
tidos á una censura rigurosa en los últimos días dela
guerra,
Fr~cuentemente se les prohibia la publicación de
aquellos a1tlculos que la censura tachaba de subver•
aivoe aei como de todas las noticias inquietantes.
En esa situación, para evitar loe espacios en blanco
que perjudican la eet,\tica tipográfica, acudian loe
editores al expediente de llenar huecos. sustituyendo
loe pasajes suprimidos con todo lo que á mano babia:
versiculus de la Biblia, recetas de cocina, consejos hi•
giénicos, sentencias de los filósofos griegos, anécdotas trasnochadas, etc., etc.
Como la censura se aplica sobre todo, y con razón,
á los renglones capitales, supuesto que son más pell-

Sr. H. ltleenen. -1tlenci6n honorifica.
dos, se golpeará la cabeza contra la tabla é inmediatamente suspenderá su canto. 11
Ccn algunas apariencias del mismo género tendrá
que decidirse á reemplazar sus clamores matinales
por u~a meditación m1:Iancólica y silenciosa, y reco•
b~aré1e la calma pudiendo dormir el sab:oeo sueño
de la madrugada, 11
La receta es _ingeni?sa; pero loa historiadores que
d_e 9:qui á un ~1~lo hoJe&lt;!n las colecciones de loe penód1coe espano1es no con:iprenderán por qué el 1iño
d_e1898 la piensa de Madnd concedió tanta importan•
c1a _á las moscas, á loe gallos y al ácido bórico.
Sirva esta nota modesta para disipar sus perpleji•
dadee,

•**

Evidentemente el proyecto tiende á disminuir considerablemente la importancia del canal de Suez,
atrayendo una gran mapa de mercanciae l'geras, y
casi todos loe v.iajeros. Con frecuencia han intentado
algo semejante los ingleses, y si no han tenido éxito
débese en gran parte á falta de apoyo del gobierno
de Lord Saliebury. Ahora loe rusos tienen por indu•
dable que la Puerta aprobará el proyecto, puesto que
es la primera concesión que Rusia ha soliclt11do y
que no se teme una oposición seria de parte del Gooierno británico.
Importa notar de paso, que tanto en Inglaterra como
en Rusia, se &amp;j!'ita la opinión desde hace tiempo con
motivo de la creciente influencia de Alemania en el
OHente.

grosos que los 11rticulos miemos como más visibles y
enfáticos, resultó que loe periódicon españolee, habituadoe,-como la ma_vorla de los diarios del mundo
eotero,-a imprimir títulos sensacionales en gruesos
caracteres, publicaron los más.curiosos y debconcertantes.
En el País del 21 de Julio, se lee en enormes capi•
tales el siguiente titulo: EL ÁCIDO BÓRICO EN LA DI•
GE.STION.- UN TELEGRAMA DE AUGUSTIN.-EL CA..'\TO
DEL GALLO - CONTRA LAS MOSCAS,
El telegrama del General Augustin y las noticias de
Manila están perdidas entre un archipiélago de con•
sideraciones sobre las propiedades digestivas del
ácido bórico. y de re-cetas para destruir fas moscas y
para impedir el canto matinal de los gallos
Citaremos esta última, que bien vale la pena, "Si
tenéis la de¡gracia de despertar todC'e loe diae oyen•
do el canto impertinente de loe gallos, colocad en el
ga:Iinero una tabla á treinta centfmetros arriba de la
estaca en donde duerme el gallo que cause vuestro
tormento."
"La primera vez que el gallo, después de sacudir
las alae, se quiera e1guir para lanzar sus gritos agu•

Ya en otro número anterior h11mos hablado de la
infortunada princesa que murió e1t Ginebra vilmente
asesinada por un anarquista.
Este nuevo y 110rrible atentado conmovió como era
de suponerse á las cortes europeas y. ya ee habla de
un congreso cuyo objeto será llegará algún acuerdo
internacional sobre Ja represión del anarquiem,:,.
Entre loe observatoree y sociólogos más sagaces
priva cierto optimismo en cuanto al pronóstico del estado social, cuyo síntoma es la escuela del socialismo•
anárquico. Tarde sobre todo, el brillante crlminolo•
gista francés, cr11e que el mal no es tan prefundo y
sugiere la posibilidad ,ie exterminarlo con el empleo
de medios vigorosos
Sea cual fuere la verdad en t-sta cuestión, es de
creerse que loe gobiernos no dormirán tranquilos
sobre el cráter en igoicion y que antes bien, obrarán
unánimes en el sentido de la común defonsa.

Nicolás II mtimo.
Cuando Nicolás II subió al trono, el di" 1° de Noviembre de 1894, nadie sabia con precisión lo que de
él podla esperarse. Babia vivido retirado casi por
complPto.
Nicolás II es un valiente; una de sus primeras disposiciones fné despedir a los agentes encugados de
su seguridad personal.
Como muchos repúblicos y soberanos eR fatalista;
cree que la bon de nuestra muerte está fijada de an•
te mano por la Divinidad. Ha dicho: "Quiero vivir y
morir por Rusia, y poco me importa como habré de
morir 11
DetAsta el lujo. En s11 mesa hay siempre un minimun de platillos y un minimun de convidado8. En los
banquetee se f11Stidia, pues como todos los laborioree,
come apresurRdamente.
Detesta la etiqueta. Todo el mundo puede acercarse á él. Lee pe1 sonalmPnte las cartas que se le dirigen, itnotando con un lápiz rojo la contestación.
Aun más que la e:iqueta detesta el frac. Cuando
preparaba su viaje á Paria, encontró que no babia.
frac en su guarda ropa. Hubo que recurrir al sastre
Pl cual á su vez 11ncargó á Parle la prenda que costó
700 rublo11 á su Majestad.

S.M.: pero el alumno eegufa inpertérrito su obra de
ex_poliación.
Súbitamente, la resistencia de una pluma hizo rodar el sombrero y al volver la cara el Emperador, sor•
prendió al alumno con su presa en la mano.
El cadete Stl puso pilido y va se vela ignominiosa•
ment11 expulsado de 111 Academia
-¿Qué peneais hacer con esa pluma? le preguntó
el Emperador.
-Guardarla como rf'cuerdo de·v. M.
-¿Y 011 basti una ~ola?
-No, Magestad, mis camaradas también desean tener una.
-Entonces, dijo el sober11Do, tendré que dPjar todo
el penitcho, y desprendiéndoselo ee lo entregó al
alumno.
No podia salir el Emperador con un sombrero ein
penacho; pero para un soberano aquel aprieto era lo
de menos, así es que pidió al capitAn su casco y con
él se fué, dejando complacidos áloe alumnos de la clase de hi11toria.

Coche de la Sra. de Lémus.- Sra. Padilla. - Tercer Premio.
Coclle de la Srita. ltlaria de Lourdes ltlaya.-Srita Elena Mercado.-1tlenci6nhonorUlca•

�Domingo 25 de Septiembre de 1898.

249

EL MUNDO

NOTAS MUSICALES
Conservo en cartera algunos detalles muy curiosos
sobre la primera representación de Parsiffl, en el
teatro de Bayreuth. á la cual tuve el gusto de asistir
en 1882;. y los saco á luz, por si en algo pueden interesar.
.l!:l primer recuerdo que conservo de mi perPgrina•
c~ó~ á la Meca del wagnerismo, es el de la Jent.tud y
d1f1cultaded para llegar hasta allí en Ferrocarril, desde Nuremberg. El tren iba á puo de carreta, y no olvidaré nunca.la estación de WPiden, donde debiéramos ~ab_er cumido, y digo dtmiéramos porque eólo Jo
~onsiguieron los que, viendo el grau número de viaJeros r conociendo los pocos recursos de la fonda, se
fueron á _buscar la comida á la cocina por sus propias
manos; eJemplo que imité, conquistando á punta de
lanza un plato de poca carne y muy dura, con mucha
patuta.
Tanto el billete como la habitación del hotel habían sido_ pedidos con gran a11ticipación, y uná vez
llegado é rnstHlado, vinieron á avisarme, par" pasar
a_l come~or. Segut al criado. y d&lt;1Bpué~ de pasar varios pas1llos, subiendo y baja.ndo escaleras, llegamos·
á ;una grao puerta. detrás de la cual se ola un ~rao
r~1do _tan grande y t11n extraño, que trajo á mi imagrnac;ón l&lt;,s ver.ws de Dante en tll Infierno:
Diverce lingue, orr;bi'e favelle
Parole di dolor, accenti d'ira, '
Vóci alta é fioche é suon di man con elle,
Abierta la puerta, Quedé m~do d11 estup~r, ante el
cu11dro que se me pr..-s .. ntaba á mi vista. Como unas 7Q
á 80 ~el"sonas de tod11,s las edad&lt;1s, naciones y aspectos d1vers~s, comlan sentadas ante largas meAas, hablando, gr!t ..ndc con entusiasmo febril Aquello parecf_a una Jaula de locos, y no creo qu11 haya im11gi .
nación capa~ de Inventar la diversidad de figuras,
cabezas, ~raJAS, actitudes y tipos de aqu"Slla reunión
cosmopohta Venerables ancianos, ce,n largas y blancas cabelleras y ba1 bas; altas viejas v disecadas in,
glesas, ~on peinados y trajes' anticuados ó extravagantes; Jóven~s escuálido~ de ambos sexos. pfüdos y
co~o consumidos por un fuego interio•; figuras histéricas y rp~ustos bebedort&gt;s de cervtlza, .a1ternaban
con los mus1cos, criticos y literatos más conocidos de
~uropa. De~pués supe que algunos de los más entu,s1astas ad1:111radorea deL maestro alemán, se imponían
una especttl de ayuno. no comiendo más que huevos
pasado~ r,or agua y té. mientras otros se privaban de
t~do altmento, tomando además un baño caliente de
p1és, co_mo ~reparación conveniente y para conseguir
que su rntehgencia estuviese bien dispuesta á com•
prender las bellezas de la música.
Al dla siguiente tuvo lugar la representación, cos•
t á ndome no poco trabajo y din.:ro encontrar un cocne para subir á la colina santa. No hablaré del teatro, por9.ue ha sido descrito muchas vecee; pero deb? co~s.1gn~r que, habiendo eido construido bajo la
d1r~~c1on é idea del gran compositor, al verlo, me pa•
rec!9 q te éste .e habia guiado no eólo por su admirac10n al TeaJro Griego, sino por dos planos, uno de
sala de conciertos y otro de teatro, presentados en

Faeton del Lic. Villar.
una de las exposicioneR universales de Paris, por el
célebre constructor de instrumentos de música Adolfo 8ax.
; Sabido es, que la i&lt;tea de la orquePta invisible, per-·
tenece á Gretry, y en los proyectos de, Sax, la orquesta e~tá colocada má• baja que el público, teniendo
detrás de ai un par11mento ó tabtqu" de madera que
sirve de caja armónica, cuyo efecto vienl:\ á aumen•
tar la tr,.za del techo que forma una elipse desde la
embocadura al fondo de la sala, siguiendo las_ leyes
de la acústica y teniendo en cuenta la formación de
laR ondas sonoras.
Wagner no adop,ó la segunda disposiclón,_tal vez
por las dificultades y carestia de la const~uc~i~n; pe•
ro, para realizar la ider. de la orquesta mv1s1ble, la
colocó en un foso bastante profundo, para que no
se vea ni la cabeza del director; con lo cual, las con·
diciones acústicas resultan tan malas, q Je los instrumentos, sobre todo los de cuerda, pierden el nervio y
vigor del ataque. ía purAza de la sonoridad y la claridad de la ejecurión. Momentos hay en que parece
oirse el mido del mar á lo lPjos ó el d ..l vitlnto en un
bosque de p'nos. La impre.ión es poétic~ y agrada-.
ble a, principio. pero á la larga y espe&lt;nalmente en
los pasajed vigorosos ó dramáticos, produce cierta
monotonia que _hace echar . d~ menos la v~bra~t~ y
expresiva sonoridad de los v1olrnes, en la d1apos1c1óo
ordinaria de la orquesta Disminuyóse la luz ae la
sala, y descorrid? el telón, ó por mejor decir1 cortina
á derecha é izqmerda, empdzó la representación, oida
con religioso silencio, y habiendo obligado á toda,i
las BAñorás á quit!ll.rse los sombreros.
. El hablar de la obra me llevarla demasiado lPj ,s~ y
f!O lo permiten los limites de un articulo. ~o.el ltbit:to
de Parsifal que conservo, fui apuntando mis 1mpres10 ·
-, nt&gt;s al margen, con lápiz.
·
Alli leo sucesivamente
bueno. magnifico, subli- '
me, largo, demasiado lar,ro, eterno, dramático, ri-·
dlculo, etc., etc., ya refiriéndome á la música, ya
á los detalles de éscena
y representación, tales
como la marcha acompasada de los caballeros del
Graal, al son de una mú- ,
eica que no se presta á la
un:dad de los movimientos. produciendo un eft&gt;C•
to ridiculo que contrasta
con la solemnidad del
momento. Lo mismo sucede cou la inmovilidad de
Parsifal. que. durante la
ceremonia religiosa, permanece iltmóvil y mudo
tree cuartos de hora, para que venga Guernemauz á echarle á la calle,
diciéndole que t'S un inbé·
cil, que deje á los cisnes
en paz y que vaya á buscar los gansos sus semejantes.
Hay trozos ini-trumentales cuya bellPn excede
átoda ponderación y otro
como el duo de Kundry y
Parsifal, en el segundo
acto cuyas desmesuraüas
proporciones p,·oducen
una fatiga intolerable,
que ea la impresión final;
á pesar del descanso que
se da para comer, anunciado por lu famosas
trompetas. No quiero
abusar al11rgando mi articulo y concluyo con el
incidente original de aquel día y que no creo muy
conocido.
Al acabar el primer acto y en el momento en
que todos aplaudlamoa,
apareció W agner en uvo
de los palcos del fondo destinados á personas realea,

príncipes y personajes, y dirigiéndose al público, dijo:
"no aplaudan ustedes nas ta el fm, puesto que no saben si
1es gustará II Eicu~ado es decir la sorpresa de todos,
pero lo más original es que al concluir el espectáculo
sea por el cansancio, porque era m11y tarde, ó por las
palabras del maPFtro, nadie aplaudió y entonces vol•
vió á aparecer Wagner en el mismo sitio y nos dijo:
"yo no sé lo que UHtedes pensarán de mi .::iúslca, pero
yo aplaudo á los artistas, porque lo han hecllo muy
bien;" palabra;; que fueron seguidas de atronadores
aplausos, ¿Qué le sucedería en Es pafia á un compositor español que hiciera esto mismo?
G MORPHI.

Coche (lel Sr. Lic. .José Hip61ito Ra111frez.-Sritas. Inés Sthalnecht y MarJa y Margarita Ramfrez. -Segundo premio.

EL CO}IB!TE DE FLORES Y LAS FIE&amp;T!S CIVIC!S
Cumplimos nuestro ofrezimiento publicando ec esta edición la más completa y acaba•
da colección de grabado~, eu la que f1gt1ra todo lo que hubo de más nota&amp;le en el com•
bate de floras con que se solero 1izó el ooo'llástico del Señ 1r P,·esidente de la República,
asl com'&gt; en las fiestas del aniversario de nuestra Independencia.
El dia 14, la avenida quo se extiende desd" la 1 ª calle de P!ateros hasta Ja estatua de
Carlos IV. amaneció primorosamente ornamentad'\ y á las d11~z de la. roa.nana el Señor
General Diaz se presentó en ella rlirigiéndose á la c:i.sa del Señor Secretario de Hacien•
da para presenciar el combat I de flores, que en
su obsequio Pe habla preparado. El numero~o y
elegante público de los halconAs saludó al S ..ñor
Presidente, lanzando á su paso floree y ramilletes,

La casa del Sr. Teresa en la esquina
de Mercaderes.
Entre nuestras vistas dPI dla 16 figura el espléndido edificio propiedad del Sr. Teresa. Fué uno de 1011
que más llamaron la atención del público por la iluminación total y deslumbrante de su fachada.
Puede decirse que toda ella estaba cubierto de fo.
cos artlsticamente combinados para producir un efec•
to que sorprendia.
Además, la casa en referencia es una de las mejores y de las que más hermosean el México nuevo.

..

Sr. Enrique Crlstlieb. - M·encl6n honorJ1lca.

Dog cart de lo~ 11ii1~ i1lann.-l y Patricio Sanz.

Dog ca.rt del Sr t:rnesto .J. I.you!!I. -Sr. Enrique L. Fuentes.

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Sr. Alberto Elguero.-Menct&lt;&gt;n honorifica.

La exposición de

I900

En todas partes hay gr·• n actividad psna la erganización de excursiones á la capital df'I Francia durante las fiestas de la gran Exposición Universal.
En Inglaterra ha habido ,rran entusiasmo por los
informes halagadores que dió el Pr!ncipe de Gales
acerca de su última visita f. Paria
Ya se han formado algunas sociPdades que tienen
por objeto facilitar á 1011 lnglesPS una visita á la Exposición, en la@ mejores condiciones posibles
Organizan excursiones de Londres á Parla para
1900 del sábado al lunes de cada semana. Mediante
la suma de 62 francos pagaderos en. cincuenta abonos
de un shelio, el excursionista tendrá derecho al
viaje de ida y vuelta, recibirá alimentos y Fe le aloja•
rá dos dias dándole cuatro boletos para la Exposición
Podrá además el viajerc disponer de algunas horas
para visitar Versalles.

..._,.....

co-c he del niño Valleto Hidalgo.-Sr. Carlos Hidalgo y nlil:os R1ua Dehesa. y Francisco y ,V_Jctor Bi.rroso.-Segundo premio.

�EL MUNDO

250
confetti y ijerpentinas: entre tanto, la multitud aplaudía, vitoreando al héroe de la Paz.
D:ó principio el combate, El primer coche que cruzó la avenida fué una victoria, tirada por dos chivos
enj11ezados. En nuestro número anti-rior, publicamos
un grabado de este delicio110 jugu~te en el que iban
loA niños Juan y Lola Salcido. A poco 11e presentó la
bri.~a del Señor Don Tomás de 111 Torre y Mier, tirada
por cuatro CH ballos. 1!.I adorno de e~te coche era de
lo más gracioso y f'lxquisito: gardenias, camelias y "no
ID€\ olvldeb" en bellisirno y or.ginal 11rrl'glo.
Ocupá.banlo la Sra Uoñ11, Amada Diaz de de la Torre y la Sra. Doña Laura Formento de de la Torre con
SUR dos hijas.
Recibió el ,ll'gantA tren las demostraciones más
ruidosas y la lluvia mál! outridll d!'I florf'ls.
La carretela en que iban la Sra. Hampson y la
Srita. Ord, lujosamente vestidas con trajes vl'rde nilo
y blanco a.perlado, llqmó la atención por su ornamentación vistosa y artística.
E8tos dos coches merecieron los primeros premios.
Violetas, gardenia~ y hojas de platanil!o adornaron
el coche del Sr Don JoEé Hipólito Ramlrez. en el que
se presentaron á la fiesta las Señoritas Ramlrez é
Inés Stalcknecbt
La victoria revestida Íle raso color de rosa y ador. ndda de gardenia11, roaa tf. nardo11 y rosas blancas,
ocupada por las Señoritas Antonia Winter v Paz Garcla, obtuvo con el anterior el 1:eguudo premio en el
concurso.
Por su originRlidad ee di~tinguió la victoria del Sr.
Cortazar, adornad11 con grandes hace&amp; de doradas espigas entre guirnaldas de rosas y dalias
El landó di'] uiño Julio V&gt;1lh•to llevó á la fie11ta al
Sr. Cárlos Hidalgo y á los niño11 Rosa DPhesa y Francisco y Víctor Barroso y Julio Valleto. Sobre un fon•
do granate lucia este co~he millares de camelias, campánulas y h••liotropos.
La elegante víctoria del Sr. Bnmúdez tirada por
un tronco de ah,z&lt;1nes. conducía á la Sra. de Bermú-

nominl!'n 25 ,¡,. SAotilimbre de 1898.

Oomlniro 2fi ilP 8PptiPmbre de 1898,

251

EL MUNDO

Faeton del Sr. Adrián Segura.-Segnudo premio.
Los faPtons de los Sres. Adrián Sl'g11ra y D. ClemPnte Sanz, iban adornarlos de dalia" no mA olvides. violPtas y rosas. Los poneys de1 Sr. Sanz, cuajados
de flores.
El Sr. Ingeniero Rafael G11rcla y SánchPZ Facio,
rou su espo~a y dos niñ:id, ocup11 ba una victori .. cnn
tablnos rle mm1go y flores lindf~imas en el pescant"
y guías de gardenias y reinas al rederlor.

á la avenida aspecto brillantlsimo de moderna .ciudad1
cosmopolita con sus formas, lnéd'tas para muchos de1011 sencillos concurrentes de las aceras
La SeñC'ra Adela B de Medina y la Señorita Nata•lia Leal ocupaban una victoria canastilla.
El Sr. del Rfo, un faeton revestido de d11lia¡;" otro,
faeton cubierto de amapol11s, los jóvf"nes Vivanco yuno mas con el mismo adorno, el Sr Viller.

Grupo de alumnos del Liceo F1 and.s de San Cosme
medades que viven entre las exquiEit(ses·de la rultuca y de la paz,-1ú1timo floredmit'nto de la civilización,-al noble esfuerzo que pre.id!', vigilante v anir1 oso, la concordia social y las victorias del prcgreso.
***
Celebramos el triunfo de los vivos; pero no olvidamos á los muertos.
'
Después de las fil'stas en honor del Sfñor Presidente, 111 recordación vibrante de la Independencia.
El de file de los trenes vistosos en el festival de
las flore , fué el prólogo de las marciales manifestaciones del día 16. Rurales, artillero~, cadetes. marin!ls,
infantes y dragones llenaban la ciudad con el ruido bélico y alegre de sus marchas.
Todos aclamaban al soldado mexicano, heroico y
patriota: admiramos la noble figur11 de los rurales. y
111 simpática y disciplinada juventud del Colegio Milit ar.
Pero el triunfo fué para los jovenes marinos Su formación, como la de los eadetes, irreprochable y de
una estética vistosisima, despertó los entutiasmos por
donde pasaban esos bravos.
Magnifica oportunidad para nuPstros artistas! Y
que la aprovecharán lo indica el valioso y bien rjecutado conjunto de vist¡¡s que hoy public11mos, para
corresponder al favor de nutstros abonados.

D. Pedro de Madrazo.
' Acaba de fallecer l'n la corte de EEpaña el notable
escritor, historiógrafo y critico de Arte, don Pedro
de Madrazo.
N 11ció en Roma el año 1816, y fué hijo del pintor
de Cámara D. José de Madrazo.
Actualmente rra Director de la Real AcadPmla de
nobles Artes de San Fernando; airector del Museo de

Sr. Salvador Zozaya.-Segundo premio

Sr. Bellagamba.-lttcnci6n houorfflca.
Victoria del Sr. José Maria Bermúdez.-Sra, de Bermúdez, Srltas. Consuelo, Guadalupe y lttarfa Bermúdez.-lttenci6n honorifica.
dl'z y á las Si-itas. Consuele, Margarita y Maria Bermúdez.
El dogcart dirigido por fos jóvenes Ernt·sto Lyone
y Enrique L. Fuentes, desap,uecia entre guirnaldas
de gardenias, buguembilias y madreselvas
Riquieimo tren el de Sr. D. Ignacio de la Torre: era
un breack tirado por seis caballos de raza, adornados
de pequeñisimos ramos en las cabezadas. Guiaba el
mismo Sr. de la Torre, acompañado por D. Joeé W.
de Landa y Escandón.

La Sríta. Maria Maya, acompañada por la Srita. Elena Mercado, ocupaba un coche tirado por airoso
caballo rt'tinto con primorosos ramillt·tes de flore~ naturales. Malva-rosi.s. cedro y margaritas, formab11n
lo notlible de la ornamentación del coche de la Srita,
Maya.
Et Mail coach del Sr. Saldivar, el break de los señores Osio, tirado por seis caballos, el wagonet de
1011 Sr• s. Iturbide; el charret adordado de violetas del
Sr Suinaga, el faeton del joven Murio Bulnes. daban

El Sr. Salvador Osio iba en una can11stilla-faetolb
c~&gt;n un gran corazón de violetas en 111. tebtera; y Jo¡¡.
niños Sanz en un dogcart sencillaUlt'nte cubierto demargaritas.
Rosa té. gardenias y tulipanes revestían el cochede la famili11. Bustillos.
La Sra. de Lemus y la Sr. Padilla se presentaron,
en un coche lleno de flores naturaled.
El coche del Sr. Dr. Ruiz tenla un adorno sencilli-•
simo de rosas y violetas.
Guias de flores naturales llevaba el coche de la tiple Rosario Soler.
*~*
Entre loe cicliRtas obtuvieron el primer premio los.
Sres. Jaime Kiefer y Ramón Orta.
Los segundos premios se otoro-aron á los Sres. Salvado~ ~o;;aya, ~-anuel Gav'ño y° Alberto Elguero y
·menc10n honor1f1ca á los Sres. Carlod Green, Pal&gt;lo
Bolemann, Salvador Lozano, Rafael l\1uñoz Leouegario Cigales, Enrique Bella gamba, ,\111n11d · Gut&gt;rrero y Posada. Luis Braner, Evaristo Villaseñor Fer·
nando Co'!lto, Ezequiel More.no, Gabli,d Monter~ubio,
H: A. Chnstleeb, G:_Ml'enen . (Tone IWfe1), Joaqulu
T1burleng y á la mna Opa! Punkolt (vPstida ccu kScolores de la bandera norte -america11~ )
. El g~upo de lo~ alumnc,s dei Liceo Francés fué una.
nmpát1ca :y-_grac1osa caravana que dt1,pertab·a murmullos cannosos.

··*

Fat'ton del Sr. Clemente Sauz - l'tlenci6u honorifica.

. ~i:rmo_sa fie~ta,_ ry mis hermo~a aún por su
s1gmr1car1ón nobilis1ma. Todas esas flores que calan
en la espléndi_da avenida. bañada por rasadas. de luz;
solar, son el tnbuto que rmden-como en laa antiguaij.
leyende&amp; las ofrendas á la deidad protector.,- ªº F"

mente unR importante casa editorial de Alemania eHá
terminando la publicación de una n::agnlfica obra dt-scr;pt•va de nuestros mo1Jumentos arquitectónicos debiéndose la pa, te que correPponde al romdmco á la
pluma del docto escritor de cuyo fallecimien,to da.moa hoy cuenta.
Con su ilmtre hermano D. Fednico deMadrázopublicó el primer périódico BP.mitnal ilubtrado, verdaderamente imoortante que haPta entonces se habla conocido en Españ11. Dirbo periódico titulábase .ElA1·tista, y en él los dos hermanos rompieron lanzas pt r
el electricismo en el 11rte1 á pesar del sentir romá1nico
de D. Pedro
El número de los artlculos crltlcos é históricos de
arte, de monografías etc., ya puramente literarios, ya
arqueológico11. publicados tn periódicos y reviHas
po"" D. Pedro M11drazo, es verdaderamente asombrmo.
Aun hace muy pocos meses la Ilustración E8pa1iola
y Americana daba á luz en sus columnas un prec1&lt; bo
estudio ace, ca del bor,1ado, que como todos los trabajos de este gént-ro escritos por Madrazo, rebosaba
erudición grAnde y rtfinado buen gusto.
En este punto, bmbos htrmanos, D. Federico y D.
Pedro, han sido igualados ptr bien pocos, asf ctiticos
como artistas. La refinada tducación:social del pin-

Arte Mcderno, ucientfmtnte abierto al público en el
edificio de la Biblioteca Nacional; Hadémico de la
Lengua y de la Historia y consejero de Estado.
La labor de D. PPdro Marirazo ha sido fetundlsima.
Sus rrincipales trab11jos los dedicó al estudio critico
é histórico de las Bellas Artes, especialmentefu!_e l_a
pintura.
_~
Madrazo ha sido conocido y apreciado en Europa,
como en realidad debla serlo. desde el momenti en
que dió comiPnzo á BU Catálogo descriptivo del Mu.- eo
del Prado de Madrid. Este, rabajo, verdaderamente
admirable por los conocimientos históricos que reve
la de las escuelas pictóricas
de Europa y de sus maestros, por la paciente labor
de investigación que bubo
de rea!i,.ar, y por el buen
sentido crltico,que en todos
sus juicios campea, es, se~uramente, movimiento
unico (aun cuando inconcluso por dPsgrac'a) de este géro en España.
Dignas también de granie estima son entre otras,
las obras que, ya en colaboradón, ya solo produjo,
contándo~e en primer térmilli), El MitSeo de Mad1-id y
las ,joyas de pintu1·a de E11paña; colección dt1 cuadros
pertenecientes al Estado, á
la corona y á la Iglesia.
Muchos otro• estudios de
índole artfstica, histórica
y arqueológica realizó D.
Sr. Jlanuel Gavlño.-Se,rnn-1-. n~n--fo_
Pedro M..&lt;lrazo. ActualNiña Opal Pnnkolt. - ltleuci6n honorfflca
Fotogya'.la Gonzálcz y Hermano.

�Domln,¡o 25 de Septiembre de 1896

l!:L M-:'Nl.'O

'l!H

Domlniro 25 do'Septlembre do lR!IA

2b3

l:LHUNDO

MI RETRATO.

a

~

~ate que ves, engaño colorido,
Que del arte ostentando los primores,
Con falsos silogismos de colores
Es cauteloso engaño del sentido;
Este, en_qnien la-lisonja ha-prMendido
Excusar áe los añoa los horrores
Y venciendo del dempo los rigores
Triunfa. de la vejez y del olvido:
ER un vano attlfjcio del cuidado;
Es una flor al viento delicada,
Es ·un reiiguardo inútil para el hado:
Es una neci&amp; diligencia herrada.,
Es un afán caduco, y bien mirado,
Es cadáver, es p olvo: es sombra, es nada.
SOR JUANA INÉS DB LA CRUZ.

- - - - \- ~ - - - - - : i

\

EL TORMENTO DE OUAUIITEMOO.

Desde muy léjos la vi
Junto á silvestre aleli,

Victoria del Sr. Ingeniero Sl\nchez Faclo.-ltlencl6n honorifica.
tor y del escritor, sus claros taleoto11 y sus continnos

viajes á todoa los grand"" ceu1r1l~ arusticos de Euro•

pa, depuraron de un modo H.dmira.ble sus gusto1 1 al
'Pªªº que leo hicieron renunciar i muchos d" lod preJuicios que en materia critica sut&gt;l..,n informar las
apreciaciones de nquellos qu~ se han formado eu otros
dlas y bajo otro medlo intelectual
D. Pedro Madraza cultivó ta.oibién la poesia. Sus
mejores obras de este género forman parte de la Colección de los mPjores autores eRpañol.es y se titulan La
Senda de la vida, Stela matutina y el toque de oracio,

nes.

El Ultimo trabajo A que dedicó sus energías D Pe•
dro Ma.drazo, fué la organización del ctta.do Museo
de Arte Moderno
Er1 la imposibilidad de ir al Palacio de lA. Biblioteca
para dlrigir peuonalmente la selección colocación y
&lt;tiotrlbuclón de las obras, pues ya se hallaba mortaltalmente enfermo, hacia aquellos trabajos teniendo á
la vista los titulos de los cuadros y esculturas.
~uego. sobre hojas de r,apel que rerrtsenhban
las paredes de laft salas, d atribulR con P compás, y
ayudado de su exceient~ memoria, las obras, con arre,rlo al plan cronológico que ae babia impuesto, para
el mejor estudio del Museo.
Caballero irreprochable, bondadoso, dispuesto siempre á romper una lanza en pro del arte, D. Pedro de
Madrazo baja al sepulcro, honrado y sentido por cuantos le admiraban, que son tantos cuantos le han conocido y leido sus trabajos.

-------

PSICOLOGIAS DE SALON
EL FLIRT

'1'

Fl.irt, señora mia, ea una palabra de origeu inglés,
al decir de loa lingüistas¡ mas yo tengo para mi que
es internacional y que lo ha sido desde sus orlgtmes.
Cuando menos hoy por hoy pertenece á todas las lenguas y vos habreis de adoptarla, ª"ñora mi&amp;, aun epando vuestro marido ó vuestro novio sean académ1cos,
-4ue no lo creo,-y os digan una y mil veces que no
t,1 palabra genuina de v 11estra habla nacional.
¿Que para qué la necesitais? Ah, la necesitaia má.s
que cualquiera otra, más que la palabra amor, vaya, y
t,80 que concedo que esta última os 68 más iudispen•
ea ble que el aire que respirais.
Vos amai1, sin duda alguna, porque de otra suerte
no acertarla á. explicarme la limpidez aterciopelada
de vuestros ojos vencedores ni el carmin de vuestra
boca que anicta besos¡ pues bien, ml graciosa seOora,
yo os aseguro que es mayor en vos fa influencia ael
flirt que la del amor y que en ala@ ~e aqU;él habelspaH&amp;do momentos de mll.s intensas sauafacc1ones que en
brazos de éste.
¿No lo creeis?
El flirt, señor&amp; mia, es algo ténue y vaporoso, u.Igo
intangible y transparente, \f.Ue os envuelve, os bes!",
os arrulla. os mima, os encanta. y os seduce . ... un
comp1ometeroii ni obligaros; es una d_ulce y fraternal escaramuza qu~ libran vuestros 010s y vuestro
verbo es un ósculo ami3toso confiado al conducto de
las vibraciones atmosférica~ y un cordial apretón de
manos ni tan largo para e.e~ ~ecami.nos.o, ni tan cort?
para dejar sobre la exqu1.ut9: senS1b1bdad de la ep1dermiP. un soplo dt1 banal md1fereneia.
Es flirt lo que hacemos, mi bella amiga, cuando os
digo que uinguna mujer evoca sobre el teclado los
mspiros de Chopin tan viva.ro. nte como vos, y cuan·
1
do sne dects que las ojeras que agigantan vuestros
ojos de gacela salvaje se deben á que os habeis desvelado leyendo cosas mtas.
Vos quedais orgullosa y contenta. aun cuan~o se•
pais que miento dt!scar&amp;d?A.mente. pues el Pontihcede
los pianistas aborlgenes, os ha asegur9:do 1 -con magi1tral auficiencia,-que Chopiny vos sois polos opuestos, y yo, por mi parte, me st~nto crecer aun cuan~o
tenga. la más completa seguridad de que vuestras OJ6•
ras 110n obra maravillosa de Ttl"Mtro ~érico lápiz,y de
no haber escrito nada hasta ahora.

Pero es que ......
EA que hay un lazo impalpable que nos une, una
corriente simpA.tica que nos f'&lt;ncarlt&gt;n&amp; y que sin embargo no es amor No ~s amor porque nada nos exigimos y bien sabéia nue el amor es exigente
Donde quiern que nos encontramos bailamos placer en est11r juntos, pero una Vf'Z que no;i F epa.ramos
¿nos acordamos el uno del otr .. ? No lo creo, señora,
de parte vuestra; en c"J.anto á rol, seria asaz grosero
si os dijese que os olvido un solo momento ....
¿Os importa .. fa ac1:1.BC" saber que yo amo á alguna?
No de cierto: ¡si a.lguna vez os be becho confidente
de mis amores y vos me habeis escuchado como quien
oye llover! ....
-¿Siento yo celos di) vuestro dueño? amiga mta ....
sella descortés deciros que nó
Y A pesar d6 todo nos buscamos tenazmente cuando la casualidad nos acerca
Eso es el flirt: acuarela del amor, que dijo no sé
quien, pero que fué alguien que con seguridad tenia grandes aficiones por las acuarelu.

•••

No cabe dudar que el flirt reposa sobre la eterna y
universal atracción de los sexos, desde el momento en
que presupone el concurao de una dama y de un ca·
baliero; mas no por ello debe ruborizunos, puesto
que es ley de naturaleza que dttbemos reconocer
franca y altamente, el que esa atracción flote Eobre
las frentes de todos los garzones .f por sobre laa cabelleras de todas las vlrgtmes, y de otros que no son
ni una ui otra cosa
El flirt es tan expontá.neo y tan caprichoso como el
amor, y como él tiene rarezas y volubilidades de onda. Puede llegar &amp; ser ob383ión y suele proscribir to·
do otro sentimiento análogo.
Es eminentemente cerebral y acusa si.empr.e comu ·
nión de idec1,s aún cuando apar,mtemente pueda aparecer lo contrario.
El flirt no tiene las tiranías del amor, y la fidelidad
que invoca es muy relativa: basta que la guardéis en
determinado momento y entonces si debe ser abt10·
luta.
Roza tan sólo la superficie de la almas y se asusta
como ave selv&amp;tica, cuando se 11cerc&amp; á. las profundidades del corazón Vuela entonces y 68 bien dificil
hacerle volver, porque ya desconfia.
Pu"de hit.her flirt pasioni+.l, ll-eñora mia, no lo niego; pero ese 01 µatrimonio de muy altos eeplritus, y
muchas veces lo que tal creemos no e~ otra cosa mas
que el paso al amor, la defección del flirt, la traición
t~nebrosa.
Creedme1 mi hermosa amiga, el amor mé.s sadsfe-

cho no vale nunc!l lo que el flirt más insignificante.
Et flirt no es amistad. porque la amistad es confiada.
é t.itima. A un amiio vuestro podeis abrir el anfora de vuestros más recónditos anhelos, pero á.
vuA~tro flirt sólo debéis decir lo que os convenga.
Un flirt puede tornarse en el más poderoso auxtltar
de vuestro amor, porque mantiene alerta la. at"nción
de vue~tro amado y espolea por manera eficacisima
su dedicación y su fid'?lidad.
Es porque el 'lue ama realmente no concibe el flirt
ni en su propia. per"ººª ni en otras, y ve un pebgro
donde no le hay .BI flirt sólo Mngenia con l&amp; inaependencta del cora1.ón ó con la tranquilidad. d.e un
viejo amor satisfecho.
.
.
Por eso A mi me place flirtear con las novias de
todos mis amigos, lo que ha. contribuido á afianzar
mis verdaderas amistades y á resolver las ticticias.

•••

El flirt, amiga mla, es una imperiosa necesidad de

las sociedades modernas.
Surgió simultánea y naturalmente en el seno de
todos 101 salones civihzsdos, como surgen todas las
verdaderas necesidades, y 1:11 los ingleses fueron loa
prim.,,ros en darle nombre ofieiR.1, fué porque ..... .
¿Por qué serian los ingleses los primeros en bautizarle?
Ah, Albión la pérfida también tiene 11ngre en sua
venas, aunque fria! Ella fué la primera en eliminar
el nuevo sentimiento de sus equivocas analogias y
presentóle al mundo puro y sin mancha.
¡Entonces se vió que era un sentimiento ya muy
viejo!
Confundiósele mucho con la desenvuelta y deseo•
cada caqueteria, con esa coqueterJa que tanto os calumnia, dulce aemiga. Pero no hay nada más erróneo,
porque apAnas hay algo mb diferente que la coqueterl&amp; y el flirt.
Aquella se ejercita con todo el mundo, y éste tan
sólo con determinadas personas. La coqueterla no li
ga y el flirt si. Pero, lo repito, liga momentAnea y
pasajeramente sin los derechos ni las obligacionea
del amor.
El flirt, en suma, es una de las grandes creaciones
de este siglo moribundo.
Flirtead, señora mta flirtead á despecho de tC1do
lo que en contra se os diga. El flirt es honesto y tan
necesario como la cortesla.
Yo le adoro muy devera;,;, y sólo tengo una dud&amp;
que no me ha sido dable resolver, y que someto, ml
señora, á vuestro luminoso examen.
;.Por qué en l!lB conversaciones del flirt el tema
obligado ea el amor?
0SCARRIIIRZ.

Pero no!. ... ya Pstá encendida
Tu alba h\mpara: la luna,
Y ya prende sus destellos
En tus ojos y cabelloR.
En el mes de los clavelea,
Los vergeles
Son, A los templos ea grados
Transportados;
Y al compás de la harmonía
De los misticos looreP.,
Las niñas llevan RUA flores
Hasta el altar de Maria.
......¡Ayl tú no has visto mAe flor
Que la del pobre pastflr,
Arrancada en el caruino:
La gitana florecill,Que abre su faz amarilla
Entre el cardo y el t&gt;Bpino . .... .
¡Oh, maduna que fulgura
Entre la ola
De verdura!
1Virgen sol&amp;
AUá. en praderas distantes,
En praderas habitadas
Por bao.dad as
De mariposas errantes!. ...
Desde aquella lejanlA
Bendice. madona mia,
A totios los caminantes;
Y déjame que de hinojos,
Eleve bá.cla ti mis fijos
Junto al dosel del a1ero
Que extiende su ala ruinosa
A la orilla del sendero,
Y te diga una plegaria
Silenci,sa
¡Oh, madona solitaria! ..... .

Silenciosa,
A h1 orilla del sendero
Baio el doael de un alero
Que extiende su 1tla ruinosa.
¡Triste madona bendita,
Sin ermita,
Allá en sendas solitarias
Donde reina olvido inmenso
Sin cánticos, sin incienso
'
Sin altar y sin plegarias!'. .....
¡Oh, triste madona mh1.!
¿No sie,ntes ¡ay! nostalgia
Por el organo sonoro
Qu" sollozfl desde el coro,
Y pbr la nave sombria
Inundada
De rumores,
Donde entra la luz velad11.
Por los vidrios de colores?
En tu campestre BAntuario
Jamás ningún incensari'o
Alzó su vu-,lo harmonioso¡
En el valle silencioso
No has oido
Mas sonido
Que el clamor de una campana
Muy Jejan&amp;
Que los ecos te han traído.
No conoces
Otras vocea
Que el melancólico acento
De alguna canción dtstante
Llevada en alas del viento .....
O la voz del caminante
Que al verte. reza. se humilla,
Y te dobla la rodilla.
Mientras en otros altares
Prenden luces A millares,
Aqui entrd la sombra bruna
Por siempre estAs escondida ....

JUAN VALLE.

CAPRICicIOS
JOYAS Y FLORES

MARIA ENRIQUElTA

Vuestra.atmósfera supera
A la misma primavera
De los cnmpos, con sus flores
Y sus blandos ruiseñores.

LOS NIÑOS
LONGFELLOW

Con vosotros comparadas
Poco valen las balada¡¡,
Las poéticas leyenda.s
Las ficciones estupendas.

Venid buenc.s amiguitos¡
Cuando escncho vuestros gritos,
Cuando miro vuestro juego,
Mis pesares huyen luego.

Que la historia es sombra incierta
Y los libros letra muerta;
Vuestra cAndida alegria
Es vi viente poesia.
M.A.CARO.

Pues me abrís gentil ventana
Y á la luz de la mañana
Miro el agua crh:talina
Y la inquieta golondrina.
Vuestras almas inocentes
Tienen pájaros y fuentPs;
Vuestros libres pensamientos
Son cual hondas, son cual vientos
En vosotros todo es canto,
'Tódo es luz; gozad, en tanto
Que mi helado invierno empieza;
Ya es de nieve mi cabeza.
Sin vosotros, pequeñuelos
Mensajeros de los cielos,
¿Cuá.n estéril, cuán sombría
La existencia no seria?
Sois cual hojas que al anciano
Boeque dan verdor lozano
Y en los aires se remecen,
'Beben luz y resplandecen.
Yenid 1 niño, bendecidos,
Quedo, quedo en mis oidos
Susurrad lo que sü&amp;ves
-Os conta.rori brisas y aves.

Coche del Sr. l!ledln11 Garduilo.-Sra. de Medina y Srlta. Leal.-l!lenci6n honorifica.

Lleno C(}rtés de crüeldad impía,
Del imperi11l tesoro t&gt;I alma avarat
Por hacer que el monarca. le entregara
LaP. joyas de la azt"ca monarquía,
Fuego lento á los ptés le aplica un dia;
Pero.indomable el rey, nada declara,
Y, sin quejarse y con serena cara,
Parece que al tormento desafJa.
Cediendo del dolor A 111. fiereza
Un compañero suyo de tortura,
Volvióse A él y vióle con tristeza
Debilidad creyendo su amar,z-ura,
Cuauhtemotzin le dijo con firmPza:
º¿Estoy yo sobre flores por ventura? 11

SIMBOLO.

Dijo á la blanca luna el asfodelo:
¡0h reina del azur, solemne y t.iste!
¿Qué misteriosa palidéz te vi~te 1
Ofelia vagabunda por el cielo?
Cándido cisne de color de cielo
¿En qun J rofundo flagetón caíste?
¿A qué brumoso páramo tendiste
• _Las plumas albas con silente vuelo? 11
Calló la flor y doblegó en l&amp; urn&amp;
Su.fúnebre corola taciturna,
Cual aimbólica imá.gen de lo inerte.
~Iien~as el astro, como ·eequife indiano
· De vela 'de Ambar, se perdió en lo arcano
Con rumbo á las riberas de la muerte.
11

LEOPOLDO

Mientras canta Siebel su melodiosaromanza, yo me
pongo a soñar en tan,11s cosas!. .....
En la penumbra, bajo las sombrías arcadas de la
bóveda, frente al ventanal por donde penetran loe
diáfanos azuleas _de la _noche_, hundido en el viejo sillón
de cuero, sllenc1oso, 10móv1l, sólo, mf'idita el Doctor
Fau,to. Cruje la lámpara de bronce.colocada sobre el
verde t11.pet"de la mesa, entre infolios abiertos y frascos polvorosos, y iiu llama oc~e. alargH.da y vacllante
parece un fuego fatuo que mariposa~ en !as tinieblas:
~fuera, la. claridad de tus astroo prende radiaciones
10esperadM en las placas obscuras cte los tejados, en
1~ aguJ&amp; gótica del templo, y en la rumorosa fila de
pmos qa.e atalaya el horizonte. Sobre el cielo, intensamente azul, Bd d~slien las estrellas como gotas de
rocio.
Todo duerme en la solerlad de l.1 .noche. El campar.ario vela. Adentro, en la aparente tranquilidad
de la alcoba. hay lucha desesperada, combate rudo, batalla formidable. Nada se agita en el gabl·
nete; en el fondo tenebroso apenas se perfilan las
retortas volcadu y el ho1nillo apagado: este es un
gran sepulcro. Pero allt, dentro del n€'gro birrete que c~si oculta el rostro. bajo la barba luenga y
enca~c1da, hay una frente en que martillea el pensamiento, incesante y furiosamente, y un pecho dentro del cual un corazón late rebosando amargura. Todo lo ha visto Fausto¡ todo lo ha escudriñado· ha
hundi 1to 11us investigaciones hasta Al fondo de' las
profundidades, en busca de l&amp; eterna v"rdad.
Y después de tantos sueños. pasados en las infini•
tas contemplaciones, en el laberinto de loa obscuros
pro~lt&gt;!ll_as, 86 ha €'ncontrado el insaciable con que
son lLUtlles sus e~fuerzos. Hó aqui uua exiatencia
perdida.
Y alll estA. el rebelde. palpitando bajo la canosa y
luenga b9:rba, y gritándole á cada im,tante: ¿Por qué
te has olv1d~do d~ mi? Yo necesito &amp;'tll&amp;r, necesito
creer, necesito sonar; e:Alvame, sálvame!. .....
En tanto, el cerebr~ le _dec!&amp;: 11 Vigila,acecha, busca¡
la verdad es la sola 10sp1rac1ón1 t-1 sumo bién la eterna vida.
De ~quella lucha callada, !Olitaria, inmensa. vist11.
por Dws. desde laA radiantHB !€'jautas, sur~ó -dna desesperac1óo¡ aqu~lla desesperación arrojó un grito
que.se cond~nsó en el aire y se conviriió en una blasfemia.. Alguien lanzó una carcaj1J.da á lo lejos, la llam11.. de la lámpara se agrandó y se hizo hombre
Mefí,stófeles ~abta Cljrrado el pActo# Fausto· iba á
ser fehz, á ser Joven, A ser amado.
Y allá, mientras lfl aurora dt1shacta las brumas, y
apagaba las estrelb1.s, en su alcoba de virgen Margarita, so~aba con las.visiones ca,tas de su Leyenda de
oro, y tu, Slebel, dt-Jabas tu ramillete de flor"s recién
cortadas. húmeaas 1t.ún por la lluvia del alba en el
alfeiz,r de la ventana.
'
¿Por qué Fausto seduce á Margarita? ¿Por qué tú
que eres el amor puro, huyes del cuadro? ¿Por qué
Ja niña rubia recoja las joyas v dMdeña: las flores?
/.Por qué la canción El Rey de Thulé se torna sollozo
de angustia, y la iglesia ctt'!rra sus puertas á la peca•
dora, y la invisible espada del mal abre el pecho de
Valentln?
Mefistofeles rle de todo esto: rfe, brind,mdo con la
copa chorreante de fuego y el labio de sarcasmos; rie
en la claridad de l&amp; noche mirando cómo en el jardín
dos almas se confunden y se besan; rie en el pórtico
(!el templo¡ rle en la obscura calleja cantando la diabólica snenata.: rie, por fin, en el instante de arrebatar una alma á los celest!Rles designios
Mientras tanto tú &lt;"antas, candoroso muchacho tu
divina romanza: 11Habladle de mi amor, flores a~ada11:1
Y las flores no te bar~n caso: ya estan vencidas por
las joyas ... ... ¡Qué lástima!
Lms G. Ua,rNA.
0

DtA.z,

--------··--------

�254

EL MUNDO

Domingo 25 de Septiembre de 1892

Domlnl!'o ~ de Septiembre '111 1R98

la hora seilalada para la
ejecución, el frío de la
madrugada me despertó .... ..

ORIMEN68 HORR6ND08
Ese día. muy tempranito, babia yo ido al jardín del Retiro llevando mi cámara fotográfica
para tomar instantáneas. El sol claro y brillante l
subía por un cielo sin nubes; la brisa tibia y perfumada agitaba apenas las copas de los árboles
y había por todas partes efluvios de primavera.
y rumores de vida.
Pájaros y flores, campo solitario y horizontes
azulee. ¿Hay cosa más bella? Así pensaba yo,
cuando como si:respondieran á una evocación de
mi pensamiento surgieron en uu claro del jardín,
envueltos por un rayo de luz como un nimbo de
gloria• dos jóven.es sonrientes y felices.
¿Eran prometidos, eran hermanos? quien sabe!
pero el grupo que formaban era más bello que
cielo y campo, flores y aves, brisas y murmur!os.
Pasaron cerca de mí, muy estrechados el uno
c_ontra la otra, en deliciosa confidencia b,ijo su
quitasol de seda blanco que brillaba destacándose sobre
el fondo verde obscuro de la'l frondas.
Siempre he tomado vistas fotográficas de paisajes y de
personas y nunca:me había impresionado tanto como esta
vez. Aquella parej&gt;1, bella y juven, derramando la ventura y la alegría me hizo pensar en que no tengo nada de
eso yo ¡pobre artista buérf1rno! y cuando hice funcionar el
aparato para tomar la negativa, sentí como que me daba
un vuelco el corazón.
Es verdad que Rosita ¡pobre! me ama, y es bella y casta,
inteligente y modesta, pero no es eso, no es eso lo que
ambiciona mi corazón,
Los jóvenes se alejaron riendo y charlando, y yo sin
querer pasear más ese día, me apresuré á volver á mi pobre buhardilla de pintor, que dene muy buena luz, y que
según la expresión gráfica de Rosita, está mi1s cerca de
las nubes que de la tierra.
Allí pude á mis anchas entregarme á la melancolía de mis
pensamientos de solitario. Allí, reclinándome en el alfeizar
de la ventana desde dondesedivisalacasa de Con•
cha, me puse ásuspirar por ella, por ella quees tan
hermosa como pura y que no sabe que la amo ni tres hermanos? No. Se conocieron vi11jando por
sabe siquiera qué existo en el mundo, porque nos se- el Egipto. Uno es americano, de la Carolina del
Norte y tiene un gran capital en minas en Calipara el abismo más infranqueable, Ella es rica!
Desde aquí la veo diariamente salir de su ca- fornia; el otro, es originario de Madagascar, vive
sa, entrar en el 1ujoso carruaJe que la lleva á su en Constantinoplñ y es armador de buques, y el
paseo matinal, y la veo que vuelve á las dos ho- otro, es un inglés que explota criaderos de briras, con las mejillas coloradas por el aire fresco llantes en el Africa austral. Tres potentados. Condel campo, con mucho brillo en los ojos y son- cha no sabe que relación puedan tener con el seriendo de ese modo encantador que cautiva y creto de su padre, pero éste los ve con supersticioso terror -y cuando los presentó á la joven,
embelesa á. cuantos la miran.
Luego se pone al piano y canta y toca una ho- dijo:
ra ó poco más, y por último, antes de que suene
-Hija mía: por desgracia no puedo como quila campana anunciando el momento de la comi- siera, dejar á tu voluntad la libre elección de esda, se pone á leer y á escribir.
poso. Un deber ineludible, me obliga á darte en
Me encantan sus aficiones literarias; nunca la matrimonio á uno de los tres caballeros que están
veo tan bella como cuando sentada junto á su es- aquí presentes, y es á tí á quien corresponde secritorio, con la pluma en la mano, toma esa actitud iialar cual deba ser el preferido. No dudo que
reflexiva de quien está concentrando todas las sabrás obedecer como buena bija, y luego cum•
fuerzas de su vida en el trabajo intelectual y pa- plir estrictamente con tus deberes como buena
rece poseída del fuego de la inspiración.
esposa. Tienes dos meses para conocerlos y traAsí la veo, la veo, y cuando ya de noche caen tarlos y fijar tu preferencht, y tienen ellos el mismis párpados al peso invencible dol sueño, sigo mo tiempo para renunciar á tu mano si así les pamirándola siempre tan bella y tan elegante, pe- reciere. En este último caso ó en el de que por
ro siempre muy lejos del límite que pueden al- desgracia mueran ó se ausenten durante es e placanzar mis esperanzas.
. zo, te devuelvo tu libertad.
El padre de Concha dijo todo esto con entoII
nación solemne y como resolución que no estaba sujeta á discusiones, y la hermosa joven
Y por qué no?
Recapacitemol'! .. El premio obtenido en la últi- contestó:
-Obedeceré, padre mío.
ma exposición con mi cuadro «El amor de hoy »
Ha bian corrido y a cuarenta días de los sesen•
me ha producido dinero y fama y me ba abierto
de par en pa.r las puertas del gran mundo, To- ta del plazo, cuando fui presentadoá Concha; y
dos se di~putan mi amistad como un honor, y cada uno delos tres opulentos extranjeros en vez
Concha misma se ha sentido orgullosa de cono- de desilusionarse y devolver su libertad á aquella pobre víctima, se demostraban ¡con razón!
cerme.
¡Con qué impresión tan profunda le hice mi más y más enamorados, hasta el extremo de haber surgido e11tre ellos más de una vez, celosas
priwera visita!
Ella me recibió con entusiasta afecto; y cuan- reyertas que estuvieron á punto de terminar de
do cerca del piano le hice, así de improviso mi un modo sangriento.
Concha me hizo llorando este triste relato y
declaración de amor, la oyó conmovida c~mo
~
si mis palabras le nubieran penetrado hasta lo terminó diciéndomr :
más íntimo del alma.
-Juró á usted que si fuera yo libre, de nadie
Luegl) me ha hecho una confesión tremenda. sería más que de usted.
Cuanto su padre tiene, nombre, fortuna, posiPor eso desde que me despedí y salí de su cación sccial y política, está lig11do á un secreto tesa, no ocupó mi cerebro más que una obsesión:
rrible que t-lla no conoce pero del que tiene que volver á toda costa su libertad á la hermosa joser forzo,a é inocente víctima. Tres hombres saven que tan irresistible amor inspiraba á cuantos
ben ese secreto, tres no más en el mundo, y como la conocían.
precio de su silencio ba n exigido al padre de Concha que ésta se case con ur:o de ellos. Son acaso

255

!r.LMUNDO

IV

m.
Diez días estuve pensando s:n descansar en la.
misma cosa y formando los proyectos más descabellados, sin resolverme por ninguno, hasta queme vino á las mientes el plan más criminal, hipócrita y diabólico que pueda imaginarse.
Yo sabia que en un pueblo cercano á la Capital hay un roble conocido con el nombre de «El
árbol de Judas» y al cual los campesinos no se
acercan nunca, pues tiene la particularidad de
que cuantot. se acercan á él se ahorcan irremisiblemente con una de las innumerables lianas que·
cuelgan de su tronco,
Nunca du,lé de esta facultad, pues me era muy
conocida la historia de diversos árboles, puentes
y abismos esencialm~nte inspiradores del suicidio. En Wisconsin el sabio naturalista Henryconoció uno de estos árboles y estuvo á punto de
sucumbir b11jo su influencia.; Linneo habla de ellos
al ocuparse de las plan tas raras de_ la América del
Sur; en la c ..mpaiia de Rnsia, Napoleón hubo de
observar cierta noche que cuantos centinelas se·
situaban baje un pino cercano á Moskow, se daban á sí mismos la muerte; ha.v puentes en el Sena y sitios sobre el Viaducto de l\Iadrid que son
imprescindiblemcnte buscados por la gente hastiada dela vida, y cimas y precipicios que han llegado á fundar la teorfa. científica de la atracción
del abismo.
Con esas convicciones, medité y llevé A cabo mi
espantoso crimen.
Escribí á cada uno de mis tres rivales, firmando con el nombre de Concha (cuyaletra había cuidado de conocer y estudiar) un billete en que con
intervalos de media hora les daba cita bajo el árbol
de Judas, prometiéndoles que se casaría con aquel
que tuviera valor para.despreciar las consejas del
vulgo y fuera á recibir bajo aquellas ramas su primer beso de amor bajo las sombras de la noche.
Mi plan no pudo tener mejor ni más siniestro
resultado: uno por uno fueron llegando los infortunados extranjeros, y uno por uno se fueron ahorcando sin pronunciar una sola palabra tan pronto como quedaban bajo la influencia del árbol
maldito.
Yo los observé desde léjo&lt;.!; ví como se retorcieron en las convulsiones de la agonía, lo cual me
causaba un regocijo -satánico, y ví cómo las aves
de rapiña se arrojaban á hacer festín en
aquellos cadáveres.
Poro los regocijos
satánicos, la;; alegrías
mal sanas, la satisfacción del crimen, tienen un dejo tan amar-

Y en vano busqué á la
luz macilenta de la alborada el altar siniestro, el
crucifijo imponente, las
rejas toscas, el centinela
impasible. Todo había
desaparecido, y en su lugar reconocí mi pobre
buhardilla de pintor bohemio, mis muebles mí:
seros y mi ventana que
daba frente á la casa de
Concha.
Entonces respiré, como quien se siente 11livi11.do de un peso muy grande; y apartarrdo mis ojos
del opulento palacio de
mi sonada novia, y levantándome del sillón dondehabía dormido con tan
horrenda pesadilla, me
dirigí ála calle del VE:nado y toqué á la puerta
de una casucha muy pobre.
Media hora después me
habían abierto, y torné
feliz y haciendo felices á
los que me rodeaban, un
modesto desayuno con
mis buenos tíos y mi prima Rosita.
Rosita había sido mi
novia desde la escuela, y
con ella me casé hace pocos días, abandonando
por supuesto mi buhardilla de bohemio desde cuy a ventana se distinguía
el opulento palacio de
Concha.
En cuanto al árbol de
Judas, no es cierto que
exista en ningún pueblecillo cercanoála Capital:
fué como todo el crimen
creación de un sueno.

'

JEAN LORRAIN,

go que no pueden saborearse impunemente. Aquellos infelices que colgando de las ramas siniestrlls se mecían rígidos al soplo del viento, no me
habían hecho ningún mal; valientes y empujados
APUNTE DEL NATURAL
por la fuerza de su amor, cayeron en el cobarde
lazo que les tendió mi astucia y entregaron su
alma á. la eternidad y su cuerpo á los buitres.
Era Ricardo Cambronero, buen muchaeho, simpáEn medio i:le los más atroces remordimientos tico, de cara agradable, de frente estrecha, cejas arpensé que mi deber de hombre honrado habría queadas, ojos azules, nariz recta y boca risueña, de
gruesos. Cuidaba su rubia barba con femenil
sido desafiar áesos hombres, arrancarles su secre- labios
esmero y vestia con elegante sencillez.
to, luchar con ellos valientemente y librar así á
Muy joven, perdió á sus padres, quedando dueño
Concha sin poner precio á mi sacrificio.
de una bonita fortuna; y, mal aconsejado por algunos
Y entonces, ¡qué hermoso porvenir! Amor, for- malos amigotes, él que nad.. tenia de Salomón, tardó
poco en emprender una vida de elegante cal¡i,vera y
tuna, opulencia, felicidad y mi nombre, de artista fué
derrochando lindamente su capital, en licenciosas
circundado luego por la gloria!
francachelas con moz11s y mozos que nada tenían que
Pero ahora todo, hasta Concha misma, quedaba perder.
No gustaba de la taberna, por parecerle cosa demaenvuelto en un vapor espantoso de sangre.
siado baja para hombres de su calaña, y tenia ínfulas
¡Qué horrendo es el crimen! ¡Cómo envenena de conquistador, aunque nunca pasó de ser la más
los pensamientos y se adueiia de todo el ser y grotesca caricatura del Don Juan.
Primero fué amante de una Estrella, linda muchaclava sus garras espantosas en la conciencia sin
cha que vendía sus caricias al mejor postor; luego fué
dar una hora de tregua ni dejar encenderse un Josefina
la que se encargó de irle aligerando el bolrayo de esperanza!
sillo: más tarde Otilia; después Pura; en seguida .....
Nadie sabía mi delito, nadie podía saberlo, y sin no sé quién; y entre unas y otras Je hicieron perder
residuos de su dignidadr la vergüenza, el tiempo
embargo,yo sentía un remordimiento tan atroz, una los
y el dinero.
lucha tan formidable en la conciencia, que al fin
De creerá RicRrdo, para él no había resistencia poen un inconsciente arrebato muy común en los sible; con una mirada, conquista hecha; y en el juego
criminales, corrí ante el juez y le hice una con no habia otro de mejor fortuna.
Verdad es, que si lo primero era dudoso, para los
fesión de todas mis infamias con relación al delito empedernidos
incrédulos, llenos de malicia, lo segunque en todo el pueblo era considerado solamente do tenia muchc de verdad. Rabia jugado con fortucomo una desgracia,
na loca más de una vez; y esto le hizo mantener sus
ilusiones.
Me llevaron á la Carcel l\Iunicipal, donde me bellas
Porque Cambronero tenía ilueiones; creía que, anPusieron centinela de vista, el proceso se instruyó dando el tiempo, Iograrh reunir inmenso fortunón, y
activamente, fuí sentenciitdo á la pena capital, y entonces no darla paso sin que la prensa, esa pregopara no sentir la marcha de las horas en la última nera de la fama, dejase de dará conocer sus más ínpensamientos.
noche de la capilla, me narcoticé con inyecciones timos
Desgraciadamente, la!. cosas no salen como se suede morfina.
ñan. La suerte se cansó de favorecerá Ricardo, y ...
Sin embargo, al darse el toque de alba que era aqui tropiezo y allá caigo, fué quedándose sin blanca.

El final de la pendiente.

r

El mundo elegante hrdó poco en oler lo que le pR·
saba; los amigotu fueron abandonándnlA. á la ¡:,ar
que el dinero; y antes de necesitar del crédito, lo babia perdido por completo.
Notó entonces U11wbronerot con amargur11 inmensa,
que loe pocos que 111 rodeaban, aguardando sin duda
la conclusión de la última peseta le miraban con cierta lá~tima Arrt&gt;pintióse entonces de su conducta;-pero como generalmente ocurre, aquel movimiento de
su conciencia llt&gt;gó demasiado tarde.
H11bla hecho el primo de una manera escandalosa,
como él decía. y al conocerlo as!, lloraba con lágrimas
de frenética rabia. ¡Si hubiera sido más di~creto!. ...
No d1-bió nunca tirllT de aquel modo su fortuna, é indudablemente hubi11ra sido feliz, BID nect'sidad de ser
elegante calavera, Tenorio y otros excesos. Y ... . parodiando al emperador romano, sin él saberlo. grita·
ba el dePgraciado joven, con desconsuelo:-¿Qué DEI·
cesidad tenia yo de flautas tan largas?
Por primera vez en su vida penoó que la existencia
tiene hondas amarguras, hasta para J&lt;,s qut&gt;, como él,
han pArdido todo sentimiento; y por Vt'Z primera, •en
su vida, pensó en el suicidio .... en ese último actoº de
las almas pequeñas y empequf'ñecidas. Pero tuvo la
debilidad de asu~tarse de la «ide11 salvadora•
-Aun era jo.,en, quedAbanle fuer za~ psra conseguir una vida tranquila, por medio &lt;1el honrado trabajo .... Y a qui repas11ba detenidamf'nte su memoria.
-¿Qué harial Trabajar. Esta era la única resolución,
Pero .... ¿en qué? ;,cómo? ¿Qué podria hacer tras de
haoer perdido el tiempo tan lastimosamentt·?
Tropt&gt;zaba con dífL:ultadee inmensas, insuperables.
No podía pensar en escribir pliegos para alguna oficina. Su letra era detestable. Ser escribit&gt;ntto, le habla
parecido sil'mpre cosa demasiado bHja para hombre
de sus condiciones ..... .
r.ntonces pensó con desconsuelo en que era un en~e inútil, que para nada servia en absoluto. ¡El, que
ignorante y descreído. se babia reído siempre de los
que se ganaban la vida á fuerza de honrado tr1:1bajo,
llamánd?les acémilas de la sociedad, hurtos de carga
y ot~as hndezas .. . . era de peor condición!
¡Pt1ro, suceden tan raras cosas en tl corRzbn humano! Cambronero, no renunciaba á sus ilusiones:
tardeó tempr!'-n~, la prensa debía ocuparse de él, si
no como capitahsta, como hombre de talento como
artista de corazón y de bríos.
'
Llegó un dia fin que la patrona se can~ó de tenerle,
y con la mayor frescura d11l mundo, le pu~o •ie patitas
en la calle, sin hacer caso de las promesas qu" hacia
de pagar con creceA. Pero, si es verdad qu11 "dádivas
quebrantan peñas." también es cierto que las más bellas promesas, no conmueven á la patrona más sentimental, y Ricardo_ tuvo que salir de 1~ casa con poca
ropa, no mucho dmero y escasas ilusiones á vista de
tao triste realidad.
'
La primt:ra ve~ que 1:ntró en _un.~ t~berna. para comer un guisote mnommado, smtio cierta instintiva
repugnancia; repugnancia. que fué venciendo poco á
poco hasta acostumbrarse á aqu~lla atmósfera masticable, como si no hubiera respirado otra mejor!
Y se pasaba la noche en esas z~hurdas infames, donde se amontona la carnaza imbér.il que pide á gritos
el deFgarra~~e nava~azo. Y bebía hasta la embriaguez.
Ali! conoc10 i Lohlla, que, á pesar del diminutivo,
era una mujer de edad indefinible, de voz ronca y
áspera, cara pintarrajeada asquerosamente y cuello
lleno de sospechosos costurones.
Ella se enamoró de él, con ese amor bestial de las
viciadas almas vul¡:rares, v él, depravado hasta. el
grado máximo cargó con ella, porque vela en pers.
pectiva una comida diaria.
El elegante y s~ductor Tenorio de ayer, se vió pronto en el más lastimoso estado, bajo el absoluto dominio de aquel esperpento que Je tenla prometida la más
hermosa puñalada si se cansaba de sus caricias.
Transcurrieron algunos meses. Cierta noche en que
se habian menudeado los tragos de aguardiente un
borracho, con lengua torpe, :nsultó á Lolilla llaihándola mil cosas por las que nunca pensó en' ponerse
encarnada, pero al verse cerca de Ricardo se le ocurrió escandalizarse.
El, tambaleándose, se levantó á defenderá su dama
y los dos saliaren de la tabernc&amp;, pegándGse torpPmen~
te, formando un grupo repugnante de carne borracha que ignora lo que hace.
Lolilla, vió que el contrario de Ricardo forzajeaba
por sacar del bolsillo un arma, y entonces se acordó
con verdadero espanto de que su hombre no llevaba
"ni un alfiler," y corrió, dando desaforadas voces en
demanda de socorro.
'
Cuando llegaron los guardias, en el suelo se remo•
via un grupo informe, y una voz aguardentosa decia·
-Toma,pa que defiendas á ese pendón.
·
Y ~l borracho clavaba, con terquedad estúpida, su
cuchillo en el cuerpo de Ricardo........ . ........... .

··x1· ·sig~¡~;"te; ¡~-i&gt;~e~~á

cii~
·ci~i&gt;il: ~~~~iá' ciei ·~~¿~~º
en la forma de costumbre,
Cambronero habla c?nseguido algo de lo que deseaba: ¡Su nombre fué impreso en los diarios de mayor circulación!
RAFAEL Ru1z Lóp,;.z.
En todo espíritu, aún en el más gastado. puede encvntrarse una virginidad. Cada alma es como un ¡¡.
b:o? que no tiene todas las páginas abiertas. Esa vir~midad en la Lucrecia Borgia de la leyenda florentma, es el amor de madre. El corazón es á manera de
una casa que tiene muchos locatarios, todoa suben
por la misma escalera y transitan por los mismos corredores. Algunos se conocen, otros se saludan muchos no se han visto nunca.
'
MANUEL GUTIÉRRRZ

NÁJERA.,

�256

Domingo 25 de Septiembre de li919

EL MUNDO

Domingo~ de Septiembre de 1898

257

EL MUNDO

DE,Mf\Slf\DO Tf\RDE
NOVELA ORIGINAL DE H. DU PLESSAC.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.-VERSlON ESPAÑOLAD.E 11EL MUNDO ILUSTRADO"

Número 2
Todo esto fué dicho li.geramente, con ur. acento musical que daba sabor particular al lenguaje
de la amable joven, con
esa gracia regocijada
-que es la más involuntar
ria pe.ro la más peligrosa
.. :;.'6 ;_. . . +,
··~
&lt;.le las coqueterías.
'
Silvia t-ri,. ante todo
una amable scftora de su
,casa; había observado
que la víspera, el calor
con que acogió á Leotardy, había apenado al
Coronel interrumpiendo
-su entrevista cuotidiana,
pero ni un instante supuso que la frialdad y
Ja partida precipitada
de su amigo, hubieran
sido motivadas por un
arrebato de eel0s, sino
&lt;¡ue 1as atribuyó á simple disgusto éontra unim•
portuno.
La viva 11f•cción del
-sefior de V1::raz no era un
misterio para ella, que á
su vez se sentía agradecid11 y contenta. ¿Qué
mujer hay que no conozca elimperioqueejer,ce sobre un hombre y
qi...e no se sienta un poco orgullosa cuando lo
debe úniC11mente á simpath expontánea y no á
maniobras calculadas?
Pero Silvia no veía en
sus relaci.mes con el Coronel, más que una reciprocidad de adehesiún
francá, á la cual la diferencia tle edades daba
como un reflejo de la
afección paternal, y que
tenía también ese sabor
sutil esencialmente inocente y puro, especial á
la amistad entre personas
de sexo diferente.
Nunca había ido más
allá su pensRmiento en
el análisis de estos sentimientos, y por eso venía como amiga, con la
intención de borrar una
impresión desagradable
sufrida por su amigo.
¡Cuán lejos estaba de
figurarse que en el momento de su entrada, el
Coronel ensayaba la
apasionada declaración
que se proponfa hacerle¡
El seilor de Veraz comprendió que aquel no era
ni el lugar ni el momento de realizar su plan, y
aplazándolo para después, se entregó alegremente á la buena fortuna que le caía del cielo.
Silvia iba y venía por el salón sin ceremonias,
lista y risuef!.a mirando todo, tocando todo, preguntando respecto á todo.
·
- ¡Qué linda está su casa de usted! exclamó.
¡Qué bien arreglada! Esos libros, esas armas,
ese balcón lleno de flores. . . . . . ¡Y las espadas!
¿Esta grande es la de usted? En enántas batallas habrá brillado! Y aquí. ... el rincón de los
poetas. A ver: Musset, Gauthier, Coppé, Sully,
Prudhome, Banville ... . Ah! hipocritón! No me
había usted dicho que tenía una pasión secreta.
Justamente mis autores favoritos! Leeremos un
rato todos los dias, ¿quiere usted?
El seilor de Veraz ya ni siquiera se acordaba
de que al instalarse en la c~lle de Vavin había
j11rauo que ninguna hija de Eva franquearía sus
dinteles de solterón empedernido, y como no es·

.

Za reina Guillermina

ae }{olanaa.

Fotografía tomada el dia d~ su coronación,

lo respeto como la más
tierna de las hijas al mejor de los padres, y hace mucho tiempo que en
mi cori,zón no le doy
r
,.
otro nombre. Usted remplaza para mí al buen
..,
padre que he perdido,
único entre los níos que
me ha amado verdaderamente.
Al oír esta declaración
hecha con voz conmovida; el Coronel sint!ó
palidecer sus mejillas y
humedecerse sus. ojos.
Era de dicha? Era de tristeza?
-Ahora, ali.adió la joven sonriendo de nuevo,
ya le dije á usted bastantes ternezas y ha llegado el momento de reftirle un·poco ...... Qué le
sucetlió á usted a y e r
cuando Pntró mi buen
Leotardy?. Puso usted
una cara! ....
-Confieso, sefiora ....
-Déjese usted de tratamientos y M bleme llanamente, puesto que me
he declarado su hija.
Me llamo Silvia. Trate usted, seftor, detenerlo muy
presente para lo sucesivo.
-Silvia es un nombre
lleno cte graci11., pero...
-Pero ridículo, verdad? Soy dela misma opinión, pero ¡qué quiere
usted! no fui yo quien
me bauticé. Bueno, pues
seré Silvia para todl)s y
para usted, sólo para
usted, Gabriela. Pero no,
también Jacobo me dirá
Gabriela cuando venga.
Mientras así parloteaba la bell11. joven, el Coronel fué al balcón, trajo un montón de flores
y lo entregó á GabrielaSilviil.
- Qué amable es usl ted y qué flores tan ex~
, quisitasl -dijo ella. PeronoheaLcabadomi cuen, ! to de
eotardy. Creo
.,
_"~".:.,,,. •.···· _-..,,,._ _
que ese amigo no le es á
,
. usted simpa:tico y quie. ·· · ,,,.
·.
J ro que al fin lo sea. No
"'
· - ·
1
tiene, es verdad, la na...,______--"-_j turaleza fina y aristocrática de usted, pero
qué corazón! elmejor quetaba acostumbrado á la presencia de una mujer, hay en este mundo, sin contar el de usted por supermanecía extasiado ante é3ta que mariposea- puesto. Ya he dicho á usted mucha&amp; veces las
ba iluminando su hogar solitario, y llenándolo tristezas de mi hogar .... Pues Leotardy ha sido
de un p13rfume superior al de las flores.
mi único sostén, mi único defensor, mi único so-Ah! aquí están los retratos de familia. Esta corro. Su mujer era desde la infancia mi mas
sef!.ora de fisonomía tan dulce, de seguro que es tierna amiga. Dios se la llevó hace dos ailos. Era
la mamá de usted. ¿Y esta otra quién es?
demasiado perfecta para la tierra. Leot~rdy es
-Una hermana mía que murió ya.
quien ha dirigido mis tristes asuntos financieros
-¿Y este hermoqo oficial? ¡Qué aspeeto tan y quien me buscó y encontró las ;ecciones de
simpático y tan tierno eli medio de su vigorosa piano que me hacen vivir. Estos son, Coronel,
energía! Apuesto A que es Jacobo, de quien me los lazos que nos unen: quiero que usted los coha hablado usted con tanta frecuencia.
nozca para que lo estime.
-Precisamente.
-Lo estimaré, dijo el Coronel con entusiasmo.
- Pues bien. Dígale usted que hay una mujer
-Gracias á Dios! Créame usted .... mi corarétirada del mundo que lo encuentra encantador, zón cerrado para siempre á todo otro sentimieny que le aro'.!. de antemano por gratitud al amor to, es bastante amplio para encerrar dos grandes
que él le tiene á usted.
amistades: la de Leotardy y _la de usted. . . tres
-Pues me quiere usted un poco? -preguntó el acaso, puesto que pronto conoceré á Jacobo.
Coronel que estaba á punto de perder la cabeza.
Y la inocente sirena se levantó pretextando
-A usted?-dijo la seilora de Letellier po• que ya era demasiad? tarde, por más que el Coniéndose seria de improviso.-A usted lo amo y ronel hacía esfuerzos para retenerla; y al llegar

...

J

�258

su amiga con rasgds tan encantadores, que el
joven oficial había sonreído con incredulidad, y
la hacía tan peligrosa:
-Ayer vió usted que mi hermano Leotardy á no ser por la edad y los principios que tanto
me saludó cQn un beao. Mi papá Veraz ¿no me le reconocía, habría adivinado al través de tan lí·
despedirá besá.ndome también?
· ricos transportes, lo que no era sino demasiada
La visita de la señora de Letellier produjo en verdad; y en cambio la se:liora de Letellier attiel veterano efectos múitiples y contradictorH:&gt;s. buia á apasionamiento senil los retratos exage•
Si no hubiera hablado tantas veces y con tanta rados que de Jacobo se le habían hecho; pero
insistencia de lo filial de su cariño, el Coronel cuando uno y otro se hubieron visto, tacharon
habría sido el más dichoso de los hombres, por- in mente de pálidos é incompletos los relatos del
que su actitud, su lenguaje y sobre todo su visi- Coronel. Y cuando después de verse se hablaron
ta, habrían parecido ocasionados á autorizar to- estos dos seres igualmente jóvenes, bellos y nodas las esperanzas. Pero cada vez que el seil.or bles, y se reconocieron como hechos de una misde Veraz intentó abrir la boca para ponderar el ma naturaleza, su simpatía recíproca brotó tan viardor de sus sentimientos, Silvia, como por in- va como instantánea.
Jacobo de Baillet podía pasar por un tipo de
tuición, le había traído con una palabra al papel
impuesto por su edad. Esa intimidad le había al belleza masculina á la par enérgica y dul~e. Almismo tiempo encantado y desesperado por su to de talla, ancho de espaldas y proporcionado
libertad misma, probándole que la joven no le como un modelo, representaba la potencia y la
consideraba peligroso y le trataba, en é!fecto, ce- fuerza adiestra&lt;las por los ejercicios corporales
roo á un padre. Es verdad que ella le pedía amor, en que era maestro. Su cara tenía un atractivo y
pero al mismo tiempo le señalaba límites tan pre• una gracia que habrían sido propios de una fisocisos, que intentar sobrepasarlos, podría ser muy nomía femenina sin una arruga que le surcaba la
bien peligroso pnra las relaciones que aún así frente dando inc!icios de voluntad reflexiva y
firme. Sus grandes ojos, inundados por lo común
formaban su ventura.
·
La timidez que parece ser condición de los de un reflejo de ternura, lanzaban por momentos
enamorados adolescentes, no es en ellos tan gran• ráfagas de una autoridad sin du.reza, pero revede y tan viva como lo era en este apasionado ladora del hombre y del jefe.
Bajo el bigote fino y poblado, una sonrisa fretardío. Al temor que se apodera del corazón
cuando va á arriesgar su confesión primera, se cuente y cautivadora mostraba la doble fila de
unía en este caso el horror al ridículo. Y más blanquísimos dientes que una mujer envidiaría
dispuesto A exagerar que á atenuai: lo que cono- y que iluminaba su semblante con un reflejo de
cía ser su lado flaco, el pobre Celadón retirado, juventud y de frescura.
creía estar oyendo siempre la carcajada en que
estallaría la viuda al momento en que le confesara la clase de su ternura y de sus esperanzas.
En otro tiempo se le había referido la historia
de una gran coqueta que, cuando un viejo como
él se arrodilló y le declaró su amor, ella Je contestó sin turbarse: «Diré á. usted que sí, siempre
que se levante de un solo impulso y sin apoyarse
con las manos.» El Coronel sabía bien que en
caso semejante él no podría evitar la intervención
de las manos.
·
De consiguiente, su vida pasaba en el período
que siguió á esta visita, en decirse por la mañana: «lo que es esta tarde le hablo,» y en decirse
por la tarde: «ahora no le hablé, pero lo haré
ruafl.ana.» Y esperando la amaba más cada día, y
t&amp;mbien sufría más en medio de una intimidad
creciente que llenaba su vida á la vez de felicidad y de amargura.
Derrepente una claridad vino á ilum,nar este
cielo que estaha ya algo sombrío: Jacobo anunció que iba á venir á París con licencia de un
mes, y el Coronel dió tregua á sus preocupaciones íntimas preparándose á recibir al que llamaba su hijo y amaba como si en efecto lo fuera, y
la señora de Letellier verdaderamente contenta
se asoció á esta dicha. ¡Qué buenas fiestas iban
á tener todos juntos! ¡Qué agradables paseos!
Irían á los teatros, irían á correr al campo en esEn lo moral se le podía pintar con una sola
tos días de Junio tan propios para tales correfrase,
la que respecto á él había puesto el Inspecrías, y se pas1;1rían la gran vida. Para todos iba á
ser un período de vacaciones impacientemente tor general en la última Revista: oficial modelo.
esperado, y Leotardy mismo se mezclaba á estos Su naturaleza debía calificarse lo mismo; su inproyectos uniendo el empuje de su iniciativa, no teligencia valía tanto como su corazón y su recsiempre de un gusto perfecto, pero tan franca y titud igualaba á todas esas otras cualidades. Las
á veces tan graciosa, que hacía al Coronel olvi- mujeres le admiraban con entusiamo y los homdarse de su gravedad y borraba los restos de bres le en envidiaban sin celos.
Al caer la tarde, Jacobo dando el brazo á Silrencor que pudiera guardarle en el fondo de su
via por privilegio de recien venido, atravesaba el
corazón.
Jacobo llegó por fin en una tarde radiosa que Luxemburgo seguido del Coronel y de Leotardy.
por su esplendor parecía tener una atmósfera de Iban á comer juntos á una fonda y los transeunventuras. Cuando el Coronel vió rellllidos en su tes se detenían para admirar esa pareja que
salón á la mujer á quien rodeaba de verdadera marchaba á la luz apacible de la tarde esparcienidolatría, y al joven oficial á quien ninguno po- do un ambiente de belleza, de juventud y de
día ver sin afecto y que tanto había amado siem- amor.
-Qué buen matrimonio harían los dos! dijo
pre, y vió como fondo de este cuadro las frondas
del jardín tan gratas y conocidas irradiantes de Leotardy al Coronel, senalándoselos con la mano.
El señor de Veraz sonrió orgulloso del elogio
luz y de alegría, fué presa de tal comoción, que
tuvo que refugiarse á un balcón para ocultarla. que se hacía á sus dos preferidos y, penetrado inEstaba en uno de esos momentos raros dela. vida conscientemente de una idea análogit. Luego in-en que parece que el corazón va á estallar por clinó la frente ensombrecida por una nube y sintió que su pecho se oprimía bajo el poder de un
exceso de dicha.
La seil.ora Letellier y Jaco bo, al verse por pri- inexplicablfl sentimiento de angustia.
A media comida, Silvia plenamente feliz con
mera vez, sintieron una profunda impresión; y
como sus caracteres eran igualmente francos y sus amigos y deJando desbordarse en arrebatos
expansivos, pronto reinó en su conversación la de regocijo su naturaleza exhubP.rante y radiosa,
mayor cordialidad, sin embargo de que los dos exclamó:
-¡Cómo, Coronel, no está usted muy contento
en el fondo de su pensamiento, tenían algo de
al
verse rodeado de su hijo y de sus amigos!
escepticismo con relación á los elogios entusias-Querida nin.a, respondió el se:lior de Veraz
tas que á cada uno había hecho del otro el Coroun tanto melancólico: la dicha extrema produce
nel de Veraz.
Eu sus cart;ts á Ja'!obo el veterano pintaba á algunas veces efectos de tristeza en los que desá la puerta se detuvo y dijo con ese candor que

!

1

Domingo 25 de Septiembre de 1898

EL MUNDO

cendemos por la pendiente de la- vida. La felicidad completa no corresponde sino á la juventud,
porque para ser completa necesita de las esperanzas que no forman parte del caudal de los.
viejos.
-¡Viejo usted! exclamó Leotardy. En ese cesoes usted un viejo joven.
Y tomó con alegría su copa de vino.
VI
Al cabo de algunos días, la vida de trío que
Leotardy transfol'maba algunas veces en cuarteto, quedó organizada del modo m!\s íntimo y· fa•
miliar. Por la mafiana cada cual se ib1;1 á sus negocios y luego se reunían en una fonda escojida.
de antemano, ó se volvía á almorzar en la casa
del Coronel. Después de comer se perdían en larga3 conversaciones ó se absorvían en alguna lectura elevada, iban á pasear juntos al jardín ó al,
teatro de la Opera; preferido por las aficiones
musicales de los dos jóvenes.
Esta vida patriarcal P,ra justamente la sonada.
por el viejo veterano desde el día en que habiendo visto claro en su conciencia, tomó su resolución. Esta intimidad sencilla era el preludio desu futuro bogar. En casa. del Coronel, Silvia parecía estar en la suya propia, organizaba, dirigía, mandaba y un día dejt~ con una frase encantado al Coronel:
-Mejor quedémonos aquí, en c11sa, dijo en momentos en que se discutía la elección de fonda.
En ocasiones el Coronel cerraba. los ojos y leparecía su sueno convertido en realidad y murmurn ba pensando en Silvia y Jacobo. «Mi mujer~
mi hijo.»
Y cuántas veces, solo en su balcón, se senth
atacado de profunda melancolía! Sus ojos perdidos en el vacío de la noche no se fijaban en na&lt;la.
y sufría de un mal indefinible, escapándosele
suspiros al oír en los murmullos de la brisa algo
que parecía decirle: derl}asiado tf;u·de.
Oh! la juventud! ¿Qué había hecho de la suya?
Corazón sentimental y tierno se había gozado en
renegar del amor y ahora se doblegaba bajo su
ley. Tod) cuanto aspiraba á realizar ahora, en
los dinteles de 111, vejez, habría podido conseguirlo en la primavera de su vida cuando estaba el
universo al alcance de sus manc,s. ¡Qué no habría.
dado por volver á aquellos días venturosos! Su
pasado de esperanzas, fuerza y vigor, le venía á
los ojos en Jacobo que ahora rebozaba en toda
suerte de energías juveniles. Y gozaba como padre afectuoso viendo este árbol en plena floración y sintiendo cierta envidiosa amargura.
¿No le había sucedicto días antes, sentirse fa.
tigado en un paseo cuando Silvia y Jacobo querían teda vía prodigar su actividad en una nueva.
correría? Ya desde la época del regimiento venia.
observando estas diferencias de vigor entre Jacobo y él, pero ahora su inferioridad apareciendo delante de la mujer amada, y el temor de una.
comparación posible, le espantaba en secreto como espanta todo aquello que puede comprometer la ventura esperada. ¿Estaba pues, celoso de
Jacobo? No: ¡qué horror! Su espíritu rechazaba
como criminal la sombra de semejante pensa•
miento.
Además, Jacobo no daba motivo de sospechas.
pues nunca vefa á sulas á Silvia~ y las relaciones
entre ellos, fáciles y sencillas, no sobrepasaban
los límites de las conveniencias entre jóvenes de
la misma edad y se encerraban en los sentimientos de amistad profunda que el senor de Veraz.
había querido despertar en ellos.
Esto demuestra que se puede ser la franqueza
misma como lo el'a el Capitán, que puede uno
amar á su Coronel y protector con todo el corazón como él lo amaba, yal mismo tiempo ocultarle
el secreto más íntimo del alma. Si el sefl.or de Veraz hubiera preguntado á Jacobo: «Amas á la
seflora de Letellier,» él no habría vacilado para
responder: sí. Pero no le había hecho tal pregunta y nadie en el mundo sospechaba que el joven
oficial estuviera como estaba locamente enamorado de la soflada esposa de su protector.
Al fin lo que fatalmente debía llegar, llegó.
Desde que Jacobo conoció á Silvia se conmovió
y hora por hora esta conmoción sehabíaidocam:
biando, en ternura primero y luego en pasión.
Las naturalezas de ambos tan nobles y tan semejantes estaban hechas para comprenderse y unirse
primer contacto y eso había sucedido, porque
s1 Jacobo amaba á Silvia en silencio ella adoraba
tam~ién á Jacobo. Su corazón, que juzgaba muer-

ª!

Domingo 25 de Septiembre de 1898

to, había bruscamente despertado de lo que no
era más que u11 adormecimiento pasajero y palpitaba más ardiente que nunca, con toda la energía de su vigor recobrado. Esta mujer tan recta
y tan pura no había intentado ni engaliarse á si
misma ni luchar contra el sentimiento que se le
imponía como amo absoluto, y amaba á Jacobo
con toda su pntencia de amor, sin calcular nada,
sin esperar nada, sin saber siquiera si estaba correspondida y entregándose sólo á la dicha de
amar.
Tocaba ya á su término la licencia de Jacobo
y aquellos dos niños grandes no habían cambiado una palabra, una mirada, un apretón de mil.•
nos más íntimo que de ordinario y que les hubiera revelado su secreto. Una tarde, mientras
Jacobo cantaba una romanza acompanado al pii.no por Silvia, alguien vino á llamar al Coronel
en nombre de un amigo que le necesitaba para
un negocio Ul'gente. Calló Jacobo apenas había
salido su prutector pero quedó de pié junto al
piano en tanto que Silvia, presa de una emoción
súbita, bajó la cabeza dejando correr vagamente
sus dedos por el teclado.
En medio de este silencio que era ya una confesión, Jacobo, presa de deliciosa embriaguez Sd
inclinó y depositó un prolongado beso en el cuello de la joven. Ella no se alarmó ni intentó defenderse contra esa caricia, y cuando alzó la cabeza tenía la boca sonriente y los ojos húmedos.
Luego se levantó, tendió al oficial ambas manos
y permanecieron allí perdidos en una mirada de
infinita ternura sin decirse una sola palabra.
Sus corazones acababan de desposarse.

VII
Suele ocurrir aún en los temperamentos menos
nerviosos una cosa singular; aunque nada en los
acontecimientos sucedidos sea ocasionado á inspirar tristezas, se levanta uno con una infinita
sensación de melancolía que abate hasta en lo físico. Por una indescifrable presciencia magnética se siente con convicción, que no pasará el día
comenzado así sin que un acontecimiento imprevisto y doloroso venga á. cambiar el curso de la
vida. ¿Qué desgracia me sucederá hoy? Esta es
la pregunta que se hace uno con una angustia
secreta que no tiene razón aparente y es raro que
este presentimiento siniestro no acabe confirmándose con los hechos.
El sefl.or· dtl Veraz dos ó tres veces en la vida
había sentido ese espanto instintivo que luego
quedaba justificado. Cierto día, la muerte de un
amigo muy querido; otra vez una grave herida
recibid&lt;t en circunstancias que no presentaban peligro: pero nunca había probado como ahora este sentimiento y en vano trató de auyentarlo distrayendo su espíritu. Sus poetas preferidos perdieron el encanto y la vista de sus árboles le pa·
recia importuna. Todo le hacía involuntariamente temblar, hasta el ruido de una puert1;1 que se
abría y le parecía que por esa puerta iba á penetrar el infortunio.
Jacobo había salido á caballo con un amigo, y
el Coronel, aunque lo conocía como un equitador
consumado, fué presa de uno de esos terrores infundados y locos que las madres sienten algunas
veees. Le parécía que hasta el relox retardando
su marcha aumentaba su inquietud, cuando al
fin oyó en la calle el ruido deseado, se asomó al
balcón y vió á Jacobo que saltaba ágilmentfl del
caballo á tierra despidiéndose de su amigo. El
Coronel tuvo un suspiro de alivio. No era esta
todavía la d-esgraeia!
El oficial llegó radiante, lleno de la satisfacción de un largo y agradable paseo, pero lleno
sobre todo con la alegría de lo que le había pasado la víspera.
- Buenos días, padrino, dijo alegremente.
El Coronel sonrió olvidando casi sus presentimientos.
En esos momentos José trajo una bandeja, copas y una botella de vino Madera; el coronel sirvió galantemente á su ahijado y este dando punto á su ordinaria alegria, encendió un cigarro y
dijo con voz grave:
-Padrino, tengo que hablará usted de una cosa . ... mt1y seria.
-Te escucho, hijo mío, contestó el Coronel in•
Yoluntariamente turbado.
-Padrino: conocíendo la afición que tiene usted á la carrera militar y su decisión por el celibato, tiemblo al hacer mi confesión .... Amo apasionadamente á una mujer y quiero casarme con
ella.

21&gt;9

EL MUNDO

El Coronel supuso de pronto que Jacobo había de su propio tormento! Cruel ironía! A él le todejado por allíL en los pueblos del l~ste, donde caba irá pedir oficialmente esa mano concedida
había estado de guarnición, alguna novela, y no ya por el amor, esa mano tan deseada para sí
se alarmó porque conocía los sentimientos de J a- · propio. Todos los repliegues de su pensamiento
cobo y sabía que su elección no podría ser dispa- eran sangrientos y dolorosos. ¿Podría ni aún
aceptar la idea de una rivalidad imposible cuanratada.
-Amigo mio, contestó. Aquí no hay Coronel. do el rival era su hijo? Ah! por qué oo h1;1bía seHablas con el sefl.or de Veraz y te confesaré á guido en el servicio para vivir y morir entre sus
mi vez que mis ideas sobre ese punto han cam- hú3ares!
Su dolor llegó á tal punto, que la idea del suibiado. Despué3 que dejé el regimiento que era
mi familia, me he sentido muy solo y he compren- cidio le vino como única solución, pero esta misdido los encantos de un hogar que la mujer ilu- ma idea le devolvió las fuerzas y lto ayudó á l'e•
mina con sus sonrisas y los chiquitines alegran hf:lcerse. El suicidio .... nunca! Poner una mancon su parloteo. Así, pues, en principio, no desa- cha de sangre en los dinteles del paraíso que acapruebo tu proyecto y te confesaré á mi vez (ana- baba de abrirse para los dos únicos séresá quienes
dió contento de poner un puntal á futuras confi- amaba. . . . ¡Qué vergüenza y qué monstruoso
dencias) que yo me pregunto á veces si no haría egoísmo! ¡Qué cobardía la de huir del sufrimienbien, aµesar de mis aflos, asegurándome una di- to y desertar del combatd
Su antiguo pundonor militar se irguió ante él
cha aunque ya para eso sea demasiado tarde.
-Nunca es tarde para el bien; y estoy encan- grave, 11ustero é inmaculado. Adelante, Coronel
tado de esa conversión, preludio de la aproba- ae Veraz! Un soldado debe permanecer firme en
ción que sin duda me dará usted cuando conoz- su puesto aún en medio del desastre y C!ler col!
la frente alta por la nobleza del sacrificio.
c:1 mi elección.
Su cara por donde corrfon aún gruesas lágri-Habla, mi querido Jacobo.
-La que amo, no tiene bienes. de fortuna pe• mas, tomó por un supl'emo esfuerzo de la volunro es de familia distinguida que es lo esencial, y tad una expresión tranquila; y cuando algunos
además no hay una perfección física ó moral que instantes después entró al comedor donde todos
le falte.-¿Para qué describir sus cualidades si ruborosos y turbados lo esperaban Silvia y Jacousted la conoce tan bien como yo, puesto que á bo, sin que nada hiciese sospechar las tempestades de su espíritu, dijo sonriendo:
usted debo la dicha de haberla conocido.
- Vamos, hijl-S míos. . . . á la mesa. ¡Tengo
-Entonces es .... dijo ansioso el Coronel.
una hambre de los demonios!
-La señora de Letellier.
El señor de Veraz recibió el golpe cu pleno
pecho, pero como verdadero soldado: sin pestaVIII
fl.ear. Nada en su ros.tro tradujo el espantoso dolor que le barrenó las entrañas. No wás un insA partir de este momento el Coronel subió su
tante permaneció silencioso porque la voz no calvario sin vacilar. Eise día, conforme lo había
podía salir de su garganta anudada, pero luego prometido hizo la demanda oficial y su conmodominó esta debilidad con un esfuerzo enérgico ción en este acto quedaba bien explicada por el
y prosiguió con entonación grave pero tranquila. amor que tenia á Ja0obo. Involuntariamente y
-Así pues: tú amas á la se:liora de Letellier. por una amarga travesura de su memoria, las
-Con toda mi alma.
frases que vinieron á sus labios para habl!lr á
-¿Y ella?
Silvirt del amor de Jacobo y pedirle asegurara su
-Me ama como yo.
dicha, fueron las mismas que en sus suenos pa·
-¿Se lo han dicho ya los dos?
sados se había propuesto decirle por cuenta pro-Ayer por la vez primera y mi inmensa dicha pia.
La respuesta dela señoraLetellier fué la que de•
será mayor si aprueba mted nuestros proyectos.
El Coronel hizo un llamamiento á todas sus bía ser viniendo de esta mujer sincera, expansiva y
fuerzas y contestó:
amante. La situación un poco anormal en que se
-Lo apruebo .... No podías haber elegido hallaban desde t:l principio de sus relac:ones, lemás perfecta criatura, y mi corazón, de padre pa- jos de las reglas estrictas de la etiqueta mundara losdos, está seguro de que serán felices. Cása• na facilitó
confesión clara de su ternura arte, haces bien no dejando pasar el tiempo co• diente hacia el joven oficial, y fué dado al Coronel oír de aquella boca encantadora palabras de
roo yo.
-Pero hace un momento decía usted ....
amor, promesas de adhesión, segul"idades de di-Una locura. A mi edad ne debe uno pensar cha siu término, amor, adhesión, seguridades que
en esas cosas .... es demasiado tarde.
en otro tiempo él había esperado ¡ay! y que ya
-Usted es mi padre. ¿Quiere usted hacer á no eran para él.
Aún en medio de la descepcion más cruel, el
Silvia la petición oficial de su mano para mí?
hombre que todavía está joven y cuyo amor es
-La haré hoy mismo.
Jacobo se levantó profundamente conmovido rechazado ó no comprendido, guarda inconscieny se al'rojó en brazos del Corouel y sintió de temente una luz que le consuela y reconforta en
pronto que el pecho vigoroso en que apoyaba su lo int:mo: el ma.lla11al La vida está frente á él y
poi· mucho que entonces le parezca sombría y
juvenil cabeza, estaba agitado por los sollozos.
-Oh! padrino . .. . ¡Cuánto me ama usted! gri- desencantada, á despecho de su dolor y en un
repliegue secreto de su corazón, permanece esa
tó Jacobo conmovido hasta el alma.
-Más de lo que te imaginas, respondió el Co- fuerza suprema que es la esperanza. A la edad
del Coronel ya no hay «mañana» ni «esperanza»
ronel con voz trémula.
Pero como había llegado al límite de su resis- y el ensueño que se va es el últim0, y el rayo
que se apaga no será ya reemplazado por otro
tencia agregó:
-Vete, Jacobo; estoy un poco conmovido .... alguno.
Y hay que dará la vida el adios definitivo.
Este acontecimiento tan inesperado .... Quiero
Ni un momento, sin embargo, se debilitó el Coquedarme solo un momento. No tardo en reunirron~l en .su.actitud enérgica y tierna, y había mome á ustedes.
Cuando Jacobo, que nada sospechaba, salió, el mentos en que hallaba en su cariil.o á Jacobo y
Coronel corrió el cerrojo de su puerta y se arro- en su a.mor á Silvia, no solamente fuerzas, sino aljó en una silla cerca de su lecho, y hundiendo la go como la amarga alegría de inmolarse.
Con todo y eso el hombre es hombre al fin, y
cara entre los cobertores para no ser oído, este
valiente tuvo su hora de debilidad y dejó gritar cuando terminado el día en que se hicieron las
á su desesperación. Todo se había hundido en proposiciones del matrimonio, se encontró solo
torno suyo, toda dicha se babia hecho imposible frente á sus libros que ya no le hablaban al espara siempre. La mujer querida le era arrebatada píritu y frente á sus Arboles cuyas hoJas tostadas
por ese hijo á quien, feliz de formarlo, había ro- por el sol, empezaban á caer, una lasitud supredeado de la más tierna solicitud. La felicidad con ma le entró por el corazón y sintió un arrebato
que tanto había soñado y que ya había creído rabioso de dolor, porque no había conocido el
poseer, no solamente se le escapaba para toda la amor sino para sufrir.
Jacobo tuvo que volvPr á su regimiento pero
vida sino que tendría que sufrir el martirio de
ver que otl'O la gozaba ante sus ojos. ¡Qué supli- venia todos los sábados para pasar treinta ó más
cio iba á comenzar para él desde esta hora en horas con su novia y con su padrino.
Oh! esas visitas esperadas por la mujer tan
que en su libertad alegre estos dos nifios enamo.
rados y sincerus, creerían regocijarlo en sus afec- amante como amada y acogidas con la vivacidad
ciones paternales,. haciéndolo confidente de la de su carácter y el ardor de su ternura, eran paternura que se profesaban! ¡Y él debería sonreír ra ellos deliciosas. Y durante las separaciones
¡qué grata correspondencia de :a que Silvia, queá este espectáculo que le desgarraría el alma y
debería sin cesa1· ser el agente y el preparador riendo halagarlo, le leía al seilor de Veraz los pa-

1,

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�260

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EL MUNDO

sajes mts tiernos! y también toda ruborizada,
le callaba algunas frases, omisión que era un
golpe más para el corazón mártir del pobre con
fidente.
Cierto día Silvia eseribió á Jacobo una carta
en que se sintió tan inspirada, tan impregnada
de poesía, que en arrebato af~ctuoso h'lcia «el
buen padre» vino á ensefiársela entera, himno de
amor con que cantaba en la plenitud de la dicha
el corazón más tierno y más apasionado. J,as
lágrimas saltaron á lns ojos del Coronel. Una
carta así habría querido recibir!
Entre tanto las cosas sEguían su curso. Casi
diariamente iba el veterano al Ministerio de la
Guerra para apresurar las formalidades previas
al matrimonio de su ahijado, al través de la complicllda red de la burocracia militar. Adem,s hacía compras para la instalación del nuevo hogar,
algunas veces acompañado de la joven, y cada
detalle que habría podido ser sí de sí propio ó se
tratar11 motivo de una gran alegría, s ~ convertía
en un suplicio horrendo.
Era también preciso pensar en ciertas cueitiones materiales. Cierto que Jacobo era rico, pero
Silvia no tenía nada, ni aún la dote reglamentaria exigida ~ara la mujer de un oficial. y el Coronel pudo observ,.r que este pensamiento era la
única nube que solía enlutar la frente de la novia. Se vió entonces que el señor de Veraz salía
todas las mañanas sin avisar donde iba y llevando papeles bajo el brazo. El correo trajo cierta
vez á la sellora de Letellier una carta de un notario en la que le suplicaba pasara á su estudio
para negocios que la concernían.
Allí se la dió á conocer una acta por medio de
la cual el Coronel le hacía donación inmediata de
la cantidad exigida para su dote, y además, para
después de su muerte la instituía heredera universal de todo cuanto poseía.
Qué bella sería la vida si encerrara solamente
alegrías tan elevadas y puras como la, de Silvia
y Jacobo y dolores tan nobles y tan Vlllientemente soportados como los del Coronel! No habría en la tierra más que corazones delicados y
correctos.
Cierta ocasión recibió el Coronel una carta firmada con un nombre ilegible y en la que se le felicitaba por haber flabido desembarazarse de un
enredo importuno á la larga y haber asegurado
hábilmente el porvenir de la persona querida casándola con su ahijado que era bastante rico. E3. te, decía la carta, era verdaderament..J un golpe .
maestro. Se le aconsej11ba no mas en 9interés de
la paz del matrimonio, y eso porque el joven ·
cficial podía ser menos tolerante que su padrino,
que alejaran á un tal Leotardy predecesor de
ambos en la posesión de las gracias de Silvia.
El Coronel despedazó con disgusto el infame

Domingo 25 de Septiembre de 189i

de improviso, y desde el día siguiente la vejez
empezó; y quien había sido centro de todos los
vigores, no quedó más que para esperar el momento último y deseado.
¡Adios libros amados! ¡Adios encanto penetrante y dulce de los árboles vecinos, confidentes
en otros tiempos de sus esperanzas que se ~eshojaban como ellas al impulso del Otollo, baJo un
cielo sin sol!
El Coronel no salía casi. Alguna que otra vez
llevaba por el Luxemburgo sus pasos tardos y pesados, y contemplaba con mií·ada mel~ncólica las
parejas regocijadas que_ caminaban t1~rnamente
unidas y que hacían vemr á su memoria aqµellas
dolorosas palabras: demasiado ta1·de,
.
-Cuánto desmPjora ese pobre de Veraz, decu.
cierta vez acabando dd separarse de él uno de
sus antiguos camaradas en el Círculo Militar.. Y
no está tan viejo, pero con su naturaleza activa
IX
es la falta del servicio lo que lo mata. Asi nos paEl matrimonio se verificó al fin, pero modes- sa á todos. P11N qué diablos dejó su regimiento?
tamente y sín ruido. El Corc,nel era uno de los· tenía allí toda vía p11ra muchos aflos ....
testigos de su ahijado y Leotardy uno de los de
Tres meses después de su casamiento, Jacobo
Silvia. La Vi8ible . emoción del Coronel no sor- que estaba un poco inquif:t&lt;'. porque ya pasaba~
prendió á nadie porque se sabía cuanto amaba á días sin que tuvieran noticias del Coronel, reciJ acobo y muchos tenían conocimiento de la afee• bió unll carta del ordenanz&gt;1, en que le hacía satuosa amistad que lo ligaba con la desposada.
ber que su padrino estaba muy enferm.,o, y que,
Terminada la comida íntima que siguió á la aunque había mandado que no les d1Jera nada,
ceremonia, necesitó de todo su valor al despe- por aeuerJo del médico, les indicaba la convedirse, diciendo mientras un aturdimiento le obs- niencia de que ni un momento más retardaran su
Cll!'ecía el cerebro:
regreso á París.
-Que sean ustedes .muy felices, hijos míos.
En el acto se pusieron en camino; pero como
, En medio de su dicha, y dirigiéndose á la e~- si la misma palabra debiera pesar hasta el fin sotación del ferrocarril para su viaje de novios, los bre el infortunado Coronel, cuando ellos llegaron
aleg¡•es jóvenes no se fijaron en el tono grave y era ya demasiado tm·de.
dulce como una bendición con que fueron dichas
Cuando el tren en que vinieron entraba en la
estas palabras, últimas que debían oir de la boca estación de Parü, el sellor de Veraz se extinguía
del honrado y noble Coronel.
dulcemente sin sufrimiento visible, como una
Solo ya en su casa frente al espectro amena- planta á la que el sol no calienta ya.
z~dor de la vejez, al que sólo el amor podría ha- ..
Enfermedad de consunción, decían los médiber detenido en su marcha, el seflor de Veraz es• cos· enfermedad del retiro decían los viejos catuvo paseando largas horas por el salón que le ca~ar11das, enfermedad de amor tardío, esa fué
parecía inmenso y vacío. Fué luego al departa- la que lo mató.
mento antiguo de Silvia donde todos los muehles
Cuando Silvia se aproximó al lecho de muerte
empacados estaban listos para ser llevados fue- de su amigo, observó que con una de sus manos
ra de allí, y en el que nada le traía á la imagi- apretaba contra el pecho un objeto que colgaba
nación la presencia querida y la vida de otros de su cuello sostenido por una cadena de oro.
dias.
Dulce y piadosamente Silvia apartó los dedos toSilencio nada más .... silencio, soledad, aban- davía flexibles, y vió el relicario qne contenfa un
dono y muerte.
retrato de ella en miniatura obsequiado al CoM' Sentado sobre una caja, en· la que había sido nel el día de la boda.
a~coba de la sellora Letellier, el Coronel pasó una
Entonces de improviso Silvia comprtmdió.....
gran parte de la noche perdido en vagos ensue- y después de haber posado con unción sus iabios
llos, casi inconsciente. De tiempo en tiempo veía en la frente del pobre muerto, se arrodilló y estula hora en un pequello reloj dejado por olvido vo llorando largas horas.
sobre la· chimenea y un suspiro involuntario se
le escapaba del pecho.
H. DU PLESSAC.
Su energía que no era ya útil para nadie cayó
pasquia, pero sintió un sufrimiento amargo. Todo
quedaba transformado para él en la vida: el porvenir que era un cúmulo de horrores, el presente que era un abwmo de torturas y hasta su pasado, su querido pasado de honradez¡ tan intacto,
dulce y puro acababa de ser envenenado con la
calumnia. ¿De dón·de venía esta indignidad? ¿De
la mano de algún pretendiente desdellado, de la
de una mujer celosa de la belleza y de la dicha?
Poco le importaba. No quería ni a\Ín pensar en
el odioso ultraje, pero quedó por largo tiempo
en sus labios el amargo sabor del corrompido
fruto que mordió por casualidad. Este incidente
sin consecuecias directas, fué el último peso
arrojado en la balanza y que hizo inclinarse la
vida del Coronel del lado de la suprema desesperación.

TOMO 11·

MEXICO, OCTUBRE 2 DJll 1898

Recuerdos del 16 de Septiembre

EL SR. PRESIDENTE
t;OXDECORAXDO A LOS VETERANOS DE LA REPlJBLIC.l..

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NUMERO 14

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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