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/',

EL MUNDO

sajes mts tiernos! y también toda ruborizada,
le callaba algunas frases, omisión que era un
golpe más para el corazón mártir del pobre con
fidente.
Cierto día Silvia eseribió á Jacobo una carta
en que se sintió tan inspirada, tan impregnada
de poesía, que en arrebato af~ctuoso h'lcia «el
buen padre» vino á ensefiársela entera, himno de
amor con que cantaba en la plenitud de la dicha
el corazón más tierno y más apasionado. J,as
lágrimas saltaron á lns ojos del Coronel. Una
carta así habría querido recibir!
Entre tanto las cosas sEguían su curso. Casi
diariamente iba el veterano al Ministerio de la
Guerra para apresurar las formalidades previas
al matrimonio de su ahijado, al través de la complicllda red de la burocracia militar. Adem,s hacía compras para la instalación del nuevo hogar,
algunas veces acompañado de la joven, y cada
detalle que habría podido ser sí de sí propio ó se
tratar11 motivo de una gran alegría, s ~ convertía
en un suplicio horrendo.
Era también preciso pensar en ciertas cueitiones materiales. Cierto que Jacobo era rico, pero
Silvia no tenía nada, ni aún la dote reglamentaria exigida ~ara la mujer de un oficial. y el Coronel pudo observ,.r que este pensamiento era la
única nube que solía enlutar la frente de la novia. Se vió entonces que el señor de Veraz salía
todas las mañanas sin avisar donde iba y llevando papeles bajo el brazo. El correo trajo cierta
vez á la sellora de Letellier una carta de un notario en la que le suplicaba pasara á su estudio
para negocios que la concernían.
Allí se la dió á conocer una acta por medio de
la cual el Coronel le hacía donación inmediata de
la cantidad exigida para su dote, y además, para
después de su muerte la instituía heredera universal de todo cuanto poseía.
Qué bella sería la vida si encerrara solamente
alegrías tan elevadas y puras como la, de Silvia
y Jacobo y dolores tan nobles y tan Vlllientemente soportados como los del Coronel! No habría en la tierra más que corazones delicados y
correctos.
Cierta ocasión recibió el Coronel una carta firmada con un nombre ilegible y en la que se le felicitaba por haber flabido desembarazarse de un
enredo importuno á la larga y haber asegurado
hábilmente el porvenir de la persona querida casándola con su ahijado que era bastante rico. E3. te, decía la carta, era verdaderament..J un golpe .
maestro. Se le aconsej11ba no mas en 9interés de
la paz del matrimonio, y eso porque el joven ·
cficial podía ser menos tolerante que su padrino,
que alejaran á un tal Leotardy predecesor de
ambos en la posesión de las gracias de Silvia.
El Coronel despedazó con disgusto el infame

Domingo 25 de Septiembre de 189i

de improviso, y desde el día siguiente la vejez
empezó; y quien había sido centro de todos los
vigores, no quedó más que para esperar el momento último y deseado.
¡Adios libros amados! ¡Adios encanto penetrante y dulce de los árboles vecinos, confidentes
en otros tiempos de sus esperanzas que se ~eshojaban como ellas al impulso del Otollo, baJo un
cielo sin sol!
El Coronel no salía casi. Alguna que otra vez
llevaba por el Luxemburgo sus pasos tardos y pesados, y contemplaba con mií·ada mel~ncólica las
parejas regocijadas que_ caminaban t1~rnamente
unidas y que hacían vemr á su memoria aqµellas
dolorosas palabras: demasiado ta1·de,
.
-Cuánto desmPjora ese pobre de Veraz, decu.
cierta vez acabando dd separarse de él uno de
sus antiguos camaradas en el Círculo Militar.. Y
no está tan viejo, pero con su naturaleza activa
IX
es la falta del servicio lo que lo mata. Asi nos paEl matrimonio se verificó al fin, pero modes- sa á todos. P11N qué diablos dejó su regimiento?
tamente y sín ruido. El Corc,nel era uno de los· tenía allí toda vía p11ra muchos aflos ....
testigos de su ahijado y Leotardy uno de los de
Tres meses después de su casamiento, Jacobo
Silvia. La Vi8ible . emoción del Coronel no sor- que estaba un poco inquif:t&lt;'. porque ya pasaba~
prendió á nadie porque se sabía cuanto amaba á días sin que tuvieran noticias del Coronel, reciJ acobo y muchos tenían conocimiento de la afee• bió unll carta del ordenanz&gt;1, en que le hacía satuosa amistad que lo ligaba con la desposada.
ber que su padrino estaba muy enferm.,o, y que,
Terminada la comida íntima que siguió á la aunque había mandado que no les d1Jera nada,
ceremonia, necesitó de todo su valor al despe- por aeuerJo del médico, les indicaba la convedirse, diciendo mientras un aturdimiento le obs- niencia de que ni un momento más retardaran su
Cll!'ecía el cerebro:
regreso á París.
-Que sean ustedes .muy felices, hijos míos.
En el acto se pusieron en camino; pero como
, En medio de su dicha, y dirigiéndose á la e~- si la misma palabra debiera pesar hasta el fin sotación del ferrocarril para su viaje de novios, los bre el infortunado Coronel, cuando ellos llegaron
aleg¡•es jóvenes no se fijaron en el tono grave y era ya demasiado tm·de.
dulce como una bendición con que fueron dichas
Cuando el tren en que vinieron entraba en la
estas palabras, últimas que debían oir de la boca estación de Parü, el sellor de Veraz se extinguía
del honrado y noble Coronel.
dulcemente sin sufrimiento visible, como una
Solo ya en su casa frente al espectro amena- planta á la que el sol no calienta ya.
z~dor de la vejez, al que sólo el amor podría ha- ..
Enfermedad de consunción, decían los médiber detenido en su marcha, el seflor de Veraz es• cos· enfermedad del retiro decían los viejos catuvo paseando largas horas por el salón que le ca~ar11das, enfermedad de amor tardío, esa fué
parecía inmenso y vacío. Fué luego al departa- la que lo mató.
mento antiguo de Silvia donde todos los muehles
Cuando Silvia se aproximó al lecho de muerte
empacados estaban listos para ser llevados fue- de su amigo, observó que con una de sus manos
ra de allí, y en el que nada le traía á la imagi- apretaba contra el pecho un objeto que colgaba
nación la presencia querida y la vida de otros de su cuello sostenido por una cadena de oro.
dias.
Dulce y piadosamente Silvia apartó los dedos toSilencio nada más .... silencio, soledad, aban- davía flexibles, y vió el relicario qne contenfa un
dono y muerte.
retrato de ella en miniatura obsequiado al CoM' Sentado sobre una caja, en· la que había sido nel el día de la boda.
a~coba de la sellora Letellier, el Coronel pasó una
Entonces de improviso Silvia comprtmdió.....
gran parte de la noche perdido en vagos ensue- y después de haber posado con unción sus iabios
llos, casi inconsciente. De tiempo en tiempo veía en la frente del pobre muerto, se arrodilló y estula hora en un pequello reloj dejado por olvido vo llorando largas horas.
sobre la· chimenea y un suspiro involuntario se
le escapaba del pecho.
H. DU PLESSAC.
Su energía que no era ya útil para nadie cayó
pasquia, pero sintió un sufrimiento amargo. Todo
quedaba transformado para él en la vida: el porvenir que era un cúmulo de horrores, el presente que era un abwmo de torturas y hasta su pasado, su querido pasado de honradez¡ tan intacto,
dulce y puro acababa de ser envenenado con la
calumnia. ¿De dón·de venía esta indignidad? ¿De
la mano de algún pretendiente desdellado, de la
de una mujer celosa de la belleza y de la dicha?
Poco le importaba. No quería ni a\Ín pensar en
el odioso ultraje, pero quedó por largo tiempo
en sus labios el amargo sabor del corrompido
fruto que mordió por casualidad. Este incidente
sin consecuecias directas, fué el último peso
arrojado en la balanza y que hizo inclinarse la
vida del Coronel del lado de la suprema desesperación.

TOMO 11·

MEXICO, OCTUBRE 2 DJll 1898

Recuerdos del 16 de Septiembre

EL SR. PRESIDENTE
t;OXDECORAXDO A LOS VETERANOS DE LA REPlJBLIC.l..

•

•

•

NUMERO 14

�262

LA.SEMANA

..

Domtn,rr 2 dt' Octubre de 1898

EL MUNDO

Un banquete presidido por el se:llor Gobernador del Distrito y al que asistieron el Ministrode
los Estados Unidos, el Presidente del Ayuntamiento y algunos distinguidos caballeros me;2Ci•
canos y de nacionalidad americana, solemmzó
la inauguración oficial de la Colonia del Paseo
que se extenderá dei:de la estatua de Cuauhtemoc
hasta el Bosque de Chapulttipec.
Una Asociación norte--americana «The Improvement Company» inició la formación del elegante barrio, cuyas residencias acreditarán el titulo
que tiene México para llamarse la Ciudad de los
l&gt;alacios.
Arboles y jardínes en la vía, pavimentación cómoda de asfalto, amplias aceras y subsueio sólido;
el tipo perfecto de una ciudad moderna, higiénica y suntuosa. Las residencias, artísticas como
los palacios de Niza y de Cannes, y confortables
como los interiores de Inglaterra y de los Esta•
dos Unidos.
• Qué rlüerencia entre el barrio naciente y la
ciudad vieja, compacta y gris, triste manchón de
tonos neutros caido en medio del risue:llo valle,
como indeleble rastro de la época colonial, férrea,
brutal y soilolienta . ...
Los que viven condenados á perpetua reclusión, en un horizonte de cimborrios negruzcos y
descascarados, de casonas ehaparras y de callejuelas, con qué envidia contemplarán las airosas
torrecillas y llls terrazas, las ventanas coquetamente encubiertas por un cortinaje de parietarias
y los jardincillos minúsculos· como una guirnalda
ó selváticos como un parque.
La civiliza.ción es activa en sus propagandas.
Su método es la enseilanza por el objeto: cuelga
un arco de luz y abominamos de los crepúsculos
del petróleo incivil, propicio á los crímenes y á
la pereza; nos ense:lla á hablará distancia con un
sencillo aparato y aprendemos á valorar el tiempo perdido en inútites correrías y el dinero gastado en intermediarios poco diligentes; nos dice
cómo se educa al niilo, sin esfuerzo~ ni crueldades, y el dómine rega:llón destruye la pnlmeta para hacer figuras gaométricas con el instrumento
de tortura.
Pronto cobraremos horror á esta existencia de
arenques comprimidos, almacenados en la vivienda ahogada por las emanaciones nauseabund11s
de la accesoria. Habrá demanda de luz, de espacios abiertbs, de comfor t. El biene3tar no es el
privilegio de los ricos. Los pueblos adelantados
conocen el secreto de vivir y dicen que la vida
confortablP. es para todos los que concurren á las
labores colectivas, obreros, intelectuales, capitalistas.
Para nosotros eso que es una aspiración natural
raya e¡:¡ prodigio; pero no, muy pronto acaso, el obtuso tradicionalismo verá ,iaer de un golpe los muros que aun nos separan del mundo ignoto en que
se mueven los emancipados. •

,..,
Los procedimientos varían. Ya no pr.:&gt;side A la
fundación de las ciudades la eventualidad estratégica de la defensa contra nómades rapaces.
Antes, las nuevas poblaciones eran aduares en
parte, y en parte campamentos.
Larga y penosa gestación de cultura! El guerrero inculto no abría paso á los maestros de
escuela é industriales, sino cuando desaparecían
algunas generaciones tragadas por la 1::arbarie,
entre el tedio de los desiertos y la holganza estipendiada.
Hoy :a industria omnipotente hace nacer en un
día emporios inmP.nsos y va sembrando A lo largo de los ríos, junto á las cataratas enfurecidas
y en los bosques vírgenes, establecimientos fabril~s en cuyo derredor se agrupan blancas barriadas.
Todo eso es improvisado y A la vez detinitivo
y sólido. No se olvida un solo lineamiento del
edificio social para los pioneers que se aventuran
en la conquista lícita de la industria.

,..,
El pueblo recientementé formado á orillas del
río Lerma, cerca de Juanacatlán, es de este tipo.
Hermosas caídas de agua, de una gracia panorámica que hace pensar en las torrenteras alpinas, agrupan entre el follaje abrupto las casas de

los operarios congregados allf para dar á las fuerzas naturales antes perdidas, aplicación cuyos
resultados s¡rán el progreso y el bienestar de
una comarca.
Veinte manzanas ó más ocupadas por habitaciones, y entre ellas, la escuela y -~l templ?· Aun
no se instalan las fabricas de teJ:dos, obJeto dt'
la nueva poblacion, y ya tienen los poblado~es
todo lo que exige el alma cuando desprendida
de las trbtes materialidades, vuela en pos de _la
ciencia y la fé, ideales supr~mos de nuestra exBtencía. ·

,..,

.Asf lo dicPÍi, al menos, los que representan el
pontificado del pensamiento moderno.
La ciencia, como las escuelas de arte y las religiones, tiene propagandistas desinteresados y
entusiastas.
La «Sociedad Mexicana para el cultivo de las
ciencias» celebró su cuart1:1. sesión pública en la
Sala Wagner. Una profesora, la Srita. Soledad
V. Sánchez habló de un tema, verdadera novedad y aún sorpresa para muchos: las últimas experieneias científicas cuyo resultado fué .obtener
el aire líquido.
.Aun familiarizados con los prodigios de la fí.
sica, no podemos sustraer nuestro espíritu al sentimiento de extrafleza con que recorre el pens'l.miento esos novelescos avatares del aire que sale de la máquina Linde para formar copos de
nieve sobre el fuego y sólidos martillos .ion el escurridizo azogue .... . .
Y de todas estas maravill11s que sobrepujan en
su pasqiosa realidad el suef\o de los alquimist~s
árabes y los milagros de Apolonio y del monJe
Rojerio, nos han hablado labios femeninos, los
labios qu9 antaiio sólo pronunciaban fórmulas
de servilismo ó de piedad impotente,
Hemos presenciado d·os triunfos para el pensamiento humano: la ciencia difundiéndose del oculto laboratorio par la fnmensurable extensiór. del
mundo, y la mujer, dign:ficada ante su conciencia y ante la humanidad que desata sus ligadu1·11s devolviéndole en independencia y saber todo
lo que ella nos ha dado de ternuras y nobleza
mor11l.

Profundamente significativa ha sido la v~lada
de la Escuela Preparatoria en honor de los heroes
de la Independencia.
El Se:llor Presidente asistió A ella con sus Ministros, y un público que ror lo numeroso indica
las simpatías de la juventud preparatoriana en
nuestra sociedad.
La sillería del salón de actos de la Escuela, ricamente esculpida, da al local solemne aspecto
universitario. Como todas nuestras escuelas, la
Preparatoria se ha enriquecido con los tesoros
conventuales, y la espléndida sillería de los Padres
Agustinos restaurada, es uno de los primores de
arte y tradición, más caros á nuestra juventud.
Hace pensar en la bor!as doctorales y en las arg11cias aristotélicas, en el trivium y el qua,&lt;f,rivium, en todo el aparatoso saber algc hueco yen
el formalismo del intelecto medioeval que albergó en los claustros y cátedras de la nueva Espalia ideas y preocupaciones, despedazadas en Europa por el Renacimiento y la Reforma.
Pero moy pe cos eran los que pensaban en los
buenos 1iempos de inercia intelectnal, la noche de
la velada. H11bía allí un gran ausente que llenaba
de memorias gratas y mtilancólicas todosl0scorazones; un muerto &lt;!Ue difundía su espirftu iluminando todaslaseonciencias con el esplendor desu fé
en el progrPso y de su amor á la humanidad. El
nombre de Barreda voht ba con devoción de millares de labios, como un testimonio de la nobleeficacia de su-obr11 genial, sancionada por el tiempo.
Es que sentíamos 111 estrecha solidaridad del
insurgente. de 1810 y del filósofo en cuyo pen·
samiento altivo nació la emancipación intelectual
de Méxíco.
No es posible que un hombre rompa todas las
cadenas; Hidalgo creó é impuso la fórmula política de la Independencia y Barreda nosdióelevan•
gelio de la verdad.
Dos generaciones, unidas por una fé y un propósito común, cumplen el humilde apostolado de
la doctrina, esa doctrina de concordia y progreso que hará perdurable y querido en nuestra patria el nombre del Maestro, el hé.r;'Oe intelectual
de Méxíeo.
Dick,

•

Domingo 2 de Octubre de 189ts.

¡lolitica Oitntral.

~orifeos de los intereses británicos y mosco•
vitas; y conforme la voluntad augusta del Soberano se inclinaba á favor de unos ó de otros, así
era el rumbo que se marcaba en la política exterior de China.
Solicitado el Hijo del Cielo por una especie de
fascinación á seguir los usos y costumbres de
los pueblos ol!cidentales, llegó á olvidar un punto l11s tradiciones cte su raza y los fanatismos de
su pueblo, y pretendió, iluso, en una nación petrificada, en un Imperio sobre el cual pesan los siglos
con la pesadumbre inmensa de lHs edades geológicas, pretendió establecer reformas transcendentales, que despertaran á aquella sociedad fósil,
que resucitaran á aquellas _clases privil_egiadas,
inmóviles cumo las cordilleras del H1malaya,
inmutilbles como sus altas cumbres, eternas como
sus ritos sagrados, para -iue entraran A la vida
activa, al movimiento incesante de los pueblos
modernos.

RESUMEN. - El conflicto chl!!O - El Extremo Oriente•
centro de todas las ambiciones -El pretorianlsmod&amp;·
Peli:ln.- ConJuraclones en el Palacio Imperial. - El :
desmoronamiento de! Imperio. - Los pueblos cadu ·
cos - El repartimiento fui uro de China.-Las confe- •
renclas de Parls. -La comisión esranola Y la comtslon americana. ·Las pretensiones de Washington y,
los deseos de Madrid. - La :ntenenclón de Alemania,
-Nuevos datos en el problema.- La Replibllca Ollpt• .
na.-Las aspiraciones de Agulnsldo. - La ocupación,
de Fashoda. - J,a expedición de Marchand - La Gran,
Bretana en el Africa.-La "cruz brltánlca."-Conclu,.
slón.

Negras nubes se amontonan en el Extremo•
Oriente. Allí donde se han d11n dado cita todos•
los apetitos y todas las cc,ncupiscencias de los grandes y los poderosos d~ la tierra, . ciérn:se en el '
espacio la sombra fatídica de la discordia, y Alas.
veces rasga el cielo el cárdeno fulgor del relámpago que anuncia próximas y espi.ntosas catAs•
trofes.
Allí está la figura del joven Honhenzollern, irguiendose altanera y puesta la ~tanta sobre~! territorio de Kiao Chao, pretendiendo conquistarnuevas y dilatadas posesio~es, para derrram:i~ el
exceso pletórico de población de su populoso imperio, para buscar nuevo~ mercacfos á la cre_ciente actividad de sus súbditos, para dar sahda á
los productos excesivos del industrialismo alemán.
Allí está también la serena y omnipotente per-sonalidad del Czar moscovita, siguiendo siempre la
tradición histórica que no encuentra coto á sus.
deseos·, ni límite á sus posesiones, ni fronteras á
sus dominios· allí está, levantandosu voz soberana p 11 ra agr¡gar á los dilatados dominios de sQ,
imperial corona todo lo que P.ueda de~moronarsa,
del caduco imperio de los HlJos del Cielo.
Allf también la seiiora de los mares, la vieJa.,
Inglaterra que no ceja en sus aspiraciones, queno retrocede un punto en su política tradicional,
que,due:fl.aenno remotos días ~e aquellas apartad_¡ts.
regiones, no quiere perd~r m un áto~o de ~u m~
fluencia, ni una perrogativa de. su soberama, m
un privilegio de su comercio, ni una moléculade
su poder.
Allí también la Francia republicana, presa co-mo otras potencias de la gran alucinación del kilómetro cuadrado; allí la conquistadora de Tonkin que tanMs lágrimas y tantos ~acrificios lecostara; allí la patria de Carnot quenendo extender sus dominios coloniales y restaurar aquel
imperio de los pasados días, en que compartía
con Portugal el dominio de l?s mares oríenta~es_
Allí el Imperio del Sol naciente, pueblo nacido.
ayer y ya con todoe- los apetitos de las viejas nacionalidades; ebrio con sus triunfos de Wey-HayWey y Puerto Arturo y mal reprimido su _enco_nocontra quien le cercenó el fruto de sus victorias
sancionado en los preliminares de paz de Shimonoreki pretende resarcirse de sus viejas debilidades y ~obrar con nuevas adquisiciones lo que alcanzara por la conqui.sta.
Allí por último la Unión .Americana, que embriagada con los fáciles tr~unfos de De~ey y
aguijoneada por las conqwstas de Agumaldo,.
' ha puesto su planta conquistadora sobre las Islas.
Filipinas· sin import11rle un punto los derechos.
seculares' de Espall.a, las glorias y las tradici?•
nes del pueblo que envió A Magallanes y sostuvo,
á Lrgazpi para adue:llarse del territorio tagalo ..
Y illspaila, apesar de las humillaciones á que ha.
tenido que sujet11rile, para suspender la guerra.
desastrosa que consumía sus energías sin fruto
y agot11ba su sangre sin objeto, dueiia de r~cos.
territorios en aquellos revueltos mares, reclama..
su derecho, exije en nombre de la historia laposesión pacífica del Archipiélago filipino, y aun.
promete nuevos sacrificios y habla de nuevo_s.
heroísmos, para no perder de una vez ese, g1rún hermoso de su rico imperio colonial de otro~: .
días.

*

**
Semillero donde se albergan
la conspiración
artera la ambición secreta y el pretorianismo,
inagot~ble, el palacio imperial de Pekín ha sido.
en estos dfllB teatrodetragediasintrincadas, donde no ha faltado ni la nota bufa de los vaudeviUes, ni la nota clásica de las antiguas creaciones.
helénicas. Sujeta la corte del Emperador á las.
influencias alternativas de Vmdres y San Petersburgo, ba bllbido violentes derrumbes y exaltaciones inespe1 atlas eutre los cortesanos, verdadero~

--

¡Vano intento! Entre la.
sombra se urdió la conjura.ción de camarilla; los genízaros se agruparon al rededor de alguien qué sostuviera con mano vigorosa
la bandera de la tradición;
los pretorianos con fútiles
pretextos de odio á Inglaterra y de amor á Rusiapotencias que igualmente se
disputan los restos del caduco imperio-obligaron A
la Emperatriz viuda á que
entrara en la conspiración,
y obtuvieron que con astucia inaudita, con arterías
dignas de los tiempos más
calamitosos del Bajo Imperio, abdicara el Emperador
en favor de la augusta dama, se negara á símismo la
soberanía y quedara recluido como mueble inútil y
estorboso en un rincónapartadode palacio.
Li Hung Chang, que por
mucho tiempo fué el porta-estandarte de las aspiraciones moscovitas, el célebre
virrey que recorrió el mundo civilizado en marcha
triunfal como un verdadero
soberano; Li Hung Chang
que encarnaba todos los
odios contra el inglés, y al
agitar sus resplandecientes
plumas de mandarín, provocaba discusiones en el
gabinete de Saint James,
fué desposeído de su omnímodo poder, con gran regocijo de los políticos britanos que se ufanaban ya al
encontrarla recompensa de
sus pasadas derrotas diplomáticas.
Pero la conspiración no
había concluido y la Emperatriz viuda , duefta hoy y seilora de los dilatados dominios que ha arrebatado á su augusto
sobrino enfermo, recluido, apartado de los negocios de Estado, anuncia ya la rehabilitación del
énemigo de la Gran Breta:lla.

***

.l

¿A dónde van todas esas aspiraciones que se
concentran en Pekin? ¿Cómo no esperar que en
un momento estalle en choque formidable la explosión de tantoa odios? ¿Cómo no creer quo allí
se amontonan los elementos de una terrible conflagración, y que una nota discordante e?tre los
gabinetes, una salida de tono entre los d1plomáticos, un arranque salvaje entre loa políticos chinos, roídos de ambiciones mandanirescas, haga
estallar la tempestad?
Los pueblos, lo mismo que los individuos, recorren paso á paso el camino de su historia. Mientras existen energías en su organismo, p~lpitaciones en sn corazón y relámpagos de gemo en
su cerehro, nada son los obstáculos, nada las dificultades; todo queda veneido al impulso de su
brazo, son llanos los caminos y sa desvanecen

EL MUNDO

las «fificultades. Pero cuando la carcoma de los
a:llos, la caducidad de las tradiciones, la enfermedad misma que consigo trae la vejez ha enfriado los miembros y debilitado la c,rganización, se
derrumban y caen en espantosa ruina, unas veces en medio del estruendo de fieros cataclismos,
y otras veces, callados y silencio.os, tristes y
abandonados, en dc,lorosa soledad. Los buitres
hacen presa de los cadáveres que c11en en el desierto ó quedan en lo escondido de la selva. La
competencia internacional c11e sobre los organis•
mos sociales que se desmoronan y acude presurosa A los repartimientos. Si por evoluciones anteriores, si por ley de integración, la nacionalidad
que se derrumba guarda en su seno vit11les energías, fórmanse de los despojos nuevas entidad:is
soberanas y surge, como á la caída del Imperio
Romano, toda una organización social que lfona
la Edad Media; pero si no existen gérmenes de
vida, mirase en las convulsiones de agonía de

A.&lt;JTO DE LA. CONDECORA.CION.

esos pueblos, una disgrog11.ción triste y dolorosa,
pero cliJlada, como sucedió á la infeliz Polonia.
Hay en el Imperio Chino, en medio de su civilización secular donde se ven las estratificaciones que han formado las eda&lt;les á su paso, hay
elementos suficientes para que ingertándose allí
· nuevos gérmenes de vida, resucite el continente
asiático A la actividad de la civilización moderna. A las solicitudes de las potencias occidentales ha seguido la desorganización, el principio
de descomposición en el seno de la dinastía. Segú.n decía en ocasjón solemne Mr. Chamberlain,
ha comenzado la desintegración social, y pronto
llegarA la hora de los repartimientos.

***
Como asociándose á estas circunstancias que
son más para despertar, más para estimular que
para acallar los apetitos europeos, únese A la
cuestión china la solución del conflicto filipino.
Maiiana se reunirá en París la comisión mixta
internacional, que al acordar las bases definrtivas de paz entre Espaila y Estadc,s U nidos, tiene
que decidir también la suerte futura del Archipiélago magallánico.

Llevan los comisionados espaiioles instrucciones categóricas del gobierno de Madrid, para que
aun á pesar de la cláusula aprobada en el protocolo de la paz, procuren -conservar integro aquel
territorio, entre los dominios de Don Alfonso
XIII. Sean cuales fueren las pretensiones americanas, sean cuales fueren los apetitos manifestados por los vencedores, los representantes de la
monarquía borbónica deben esf:rzarse y poner
todo su conato, á fin de que, ya que la dolorosa
derrota ha obligado al gobierno de Madrid · A
abandonar su soberanía en Cuba, objeto de la
contienda,. y á ceder el territorrio de Puerto Rico é islas adyacentes, siquiera en aquellas tl.partadas regiones no sufra menoscabo el patrimonio
territorial de Fspaila.
Están tan manifiestas las tendencias del gabinete &lt;le Madrid P,n este punto, que más de una
vez se ha hablado de cierta intervenció_n de Alemania para resolver el conflicto á favor de las
aspiraciones espailolas.
Ciertamente que no será
gratuita esa intervención;
es verdad que considerando de qué manera el Empe-·
rador de Alemania pretende tomar participación rn t 1
reparto del Extremo Oriente, no ha de embarcarse en
una aventura peligrosa por
amor á la dinastía y por
dar amparo al desvalido.
Pero sea como fuere, y haya ó no miras interesadas
en la actitud de Alemania,
se ha hablado con insistencia últimamente de ciertos manejos hostiles que
tienden á entorpecer la acción del ejército americano,
á cercenarelfrutoque quiere recoger de su victoria, y
si es preciso, á levantar las
huestes tagalas de Aguinal
do contra Ottis y Dewey,
suministrando armas á los
insurrectos y alentAndolcis
en su eterna rebeldía.
Aguinaldo que no se ha
dej11do conquistar entera·
mente por los halagvs y las
promesas de los americanos, adivinando q'u izá las
dificultades que se presen•
ten en lo porvenir, mantiene en lo posible su buena
armonía con los jefes que
imperan en Manila, sin que
por esto deponga ,su actitud
independiente, con vo'q ne
una especiede congreso tagalo para proclamar fa independencia de las islas; y
pasando por erieima de los
deseos de los Estados Unidos que quieren para sí todo el Ar-chipiélago ó por
lo menos la rica isla de Luzón, y haciendo A un lado
la insistencia espall.ola que
no quiere á pesar de sus derrotas abdicar de s11
soberanía er, aquellos ricos y extensos territorios,
pasando por encima de todo, acaba de proclamar
la República de Filipinas soberana é independiente.
Grave es el paso que acaba de dar el tagalo
insurrecto,á quien las victorias americanas han
proporcionado omnímodo poder y hcultadesdictatoriales más allá de Manila y de Cavite. Grave
es el paso, y poresoátiempo haenviadosusagentes áWashington parabuscaralamparode McKinley, la san~ión en sus peligrosas aventuras y acaso
el reconocimiento del orden de cosas que quiere establecer; y basta tiene la quellamariamos ridicula pretensión, de que sus representantes tengan voz
en las conferencias de París.

***
Puede afirmarse sin temor de equivocarse, que
ni los mismos amerícanos llegaron A ·pensar que
la victoria de Dewey el primero de Mayo sobre
la escuadra espailola del almirante Montojo, había deponerlos en un trance tan llenó de díficuItades, y traerles un conflicto en que acaso no
sólo tengan enfrente á .su enemiga Espafta, sino

,

.

'

�264

EL MUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898.

Domingo 2 de Octubre de 1898

,r.1,

mTNno _

265

UNA PAGINA DE NOVELA EN EL POLO NORTE
NOVIO HELADO Y NOVIA. QUE ESPERA.....

***

Dr Luis Rodarte.- Zac.
tambié'l al poderoso imperio germánico. Due:llos de
Manila, capital· del Archipiélago, suefian, según la ,
opinión de algunos exaltados, con ser dueflos también
de las numeros11s islas; ante
esas aspiraciones se levantan Espa:lia que 110 ~ede en
sus derechos á pesar de su
debilidad, ~ tal vez Aleqiania que llega en nombre de
la fuerza.
No creemos ni en la posibilidad de nn conf1icto germano-americano. Son claras y patentes las declaraciones oficiales, para. que
dudemos de la cordialidad
de relacionas que existe entre las dos potencias; pero
la sola consideración de la
presencia de Alemania para
la solución d,11 conflicto ha
de ser muy poderosa para
que se limiten las pretensiones y las exigencias y
siga fácil y llana. la tarea
encomendada ~ los comisionados de París. Tal es
lo que aconseja la razón é
indica el buen sentido; y no
ha llegado el gobierno americano, nicreemos que llegue, á sentir el desvanecimiento de las grandezas y
la fiebre de las conquistas

Mientras el General Kitchener marchaba paso
á paso, firme y seguro á la conquista del Soudán,
á la captura de Jartún, A Ja destrucción del po- ,
der de los dervises y al ·aniquilamiento del Madi,
c&gt;bjeto final de la expedición anglo- egipcia que
iba á agregar al patrimonio del Jedive 1011 fértiles territorios donde se asientan las fuentes del
Nilo; por caminos extraviados, por regiones inexploradas y procedente del Congo, iba una expedición francesa al mando del capitán March!md
en busca del territorio sudanés; y antes de que
las avanzadi1singlesas pudieran impedirlo, llegó
á plilnt11r sobre los minaretes de F1c1shoda la band&lt;'rn de la República. Desgraciadamente para
11quella heroiM expedición, el pufiado de hombres que la formaba, un centenar de senegaleses
y unos cu11ntos sold11dos del ejército colonial, lleg11ron exhaustos, fatigados, rendidos, después de
una larga y difícil p"eregrin11ción, y por ende in•
c11paces de resistir al empuje de las huestes a11glo-egipcias.
Simult&amp;ne11mente ha ondeado sobt·e Fashoda
la bandera francesa y la bandera egipcia: una,

C""LLE PRINCIP""L-Sombrerett-. - Zac.

16 de Septiembre en Tehuacáo.

LA INICIATIVA DEL CZAR DE RUSIA

Sr Herliudo Lazalde.--Zac.
transversalmente la línea
británica qu«i tiende á dilatarse desde Alej1mdría hasta el Cabo. Pero Fashoda
pertenece al territorio conquistado por Kitchener; no
pueden alegarse los derechos de prime1· ocupante,
haciendo á un lado á sus
propietarios naturales. Jartún en poder de los ingleses
después de la sangrienta batalla de Ondurmán, les da
derecho á 111. posesión de todo el territorio sujeto á la discutida soberanía del M~di,
Digan lo que quieran los
jingos franceses, el gabinete de París habrá de renuncíar á 111s ventajas que en
otras circunstancias hubiera podido producirle E;sa
marcha heroica, esa peregrinación atrevida á través
de selvas enmarttfiadas, de
ríos que parecen torrentes,
de montafias inextricables,
que ha seguido el _Capitán
?ifarchand, esperando dilata1· los dominios de su patria, y ¡&gt;retendiendo romper
la cruz británica del Africa en donde, A menos de
serias com pliciones, han de
vers&amp; crucificadas todas las.
ambiciones de las potencias
colonizadoras.

defendida por un pufiado de heroE.s, y otra, sostenída por un ejército cubierto ccn los laureles
frescos de Oadurmán y orgulloso con la reeiente toma de Jartún. En otras circunstancias, la
p'}sesión de Fashoda h11bría sido de altísimo interés para las colonias francesas, habría sido un
punto de apoyo importante, que ligando el imperio de Menelick con Túnez y con Argelia, á través de Ja región de las Ctttaratas, habría cortado

Sr. Leonides LI. y Valdés -Zac.

Lle. A.mado Lárrlva.-Zac.
al grado que lo empujen á. peligrosas y desconoeidas aventuras, con una potencia de primer órden en cuanto á. lo militar y muy próxima A serlo en cuanto á. lo naval.

Sr. .J"uan B. de la Parra.-Zac.
Fotogmfias de José Pérez Chávez, S0111,brerete, Zar.

Uno de loF compañeros de Andrée, Nils Strindbeg,
ea un joven de treinta 1iñoa que era profesor en la
universidad libre de Stokolmo y discípulo de la Upsala. Joven y hermoso, sintiendo anhelos de aventuras
y dti gloria, quiso u.nirs~ á 18 expedición ~e Andrée_á
pesar de teliler una vie¡a madrti y una Joven novia
q~e hace catorce meses que le esperan con ansiainau•
dita.
El 11 de Julio de 1897 cuando en Spitsberg empPzó
á soplar el tan d11aeado viento Sur que habla de impeler el globlo "Aguila" hacia las gélidas regiot1es
del polo y cuando Andrée dió la SPñal de partida para
aprovechar ese soplo propicio. Nils Strindberg se acerco á. un francés que habla trabajado en asuntos aereos,
táticos. de nombre Alejo Machuron. para suplicarle
que hiciese llPgar á. manos de su pr&lt;,m..tida una carta
Que Je entregaba juntamente con las últimas foróg-ufias que Machuron habla de sacar tan Juego el «Agui-

$i la Gran Breta:!la ha sufrido rnveses 1y experimentado desencantos en su política china, su
actitud en el continente africano es cada vez mAs
resuelta, más firme, más incontrastable, ya se le
considere aislada ó en relación con la pretendida.
alianza anglo-germana.-X. X. X.
-

tes cifras que tomamos de periódicos francPses Tan
grand,- e-s esa desproporción que nadie dudará. de la
po11ibilidad de 11plicar remedio tan sPncillo . .probada
Su signiflcaci6n real y econ6mlca.
como está. su eficacia, á. un estado patológico cuya
gravedad es palpable.
en ~Omil millones de pesos lo qu11 ha coPtll•
Un acontecimiento de importancia y por completo doCa1cúlase
á Europa la paz armada, esto es, el aumento de
ine~perado, fué el redcripto por el cual el Emperador gastos
militares de 1870 á la fecha
de Rusia tomó la iniciativa de una propo,ición que
Para 1-'l año que cursa pueden repartirse los gastrs
"tiende á. aliviará. loe pueblos del pes9do fardo de la de la paz armada Pntre las seis g-rand es potencias, de
paz armada. Coincidencia ■ingular. Apenas murió la manera siguiente:
13ismarck el crtiador del orden de cosas existente, lanInglaterra, mil diez y siete millones de fr1incos.
zó el Cz:tr su generosa propoeición iovitaodo á. las poRusl1i, novecientos dieciocho millonf's de francos.
tencias á un arreglo para establecer sobre bases sóFrancia, ochocientos ochenta'y un millon11s.
lidas dt1 iuaticia y concordia la paz definitiva,
Alemania. ochocientos setenta v ocho millones.
Creen algunos que es utópico el pensamiento de
Austria, cuatrocientos cinco millones.
Nicolás JI y para ello se fundan principalmente en la
Italia, trescientos setenta y ocho millones.
supuesta imposibilidad de que Alemania y Fraucia
Tuglaterra es J,i que ·~ asta más por la extension
aleguen á. un acuerdo apoyado en mutuas conce11iones enorme que ha dado á. su marina de guerra, para conde los derechos que una y otra nación alPgan sobre el seguir que supere á. las dos marinas más poderosaa
oterrlto~io cedido por la segunda t1n 1870; pero los que d11I mundo
asi piensan no.han reflexionado en -el peso qne tiene
El ~ño de 1880 Francia ocupó el primer lugar Pn
una decisión. cuando emana del soberano más pode- esos g1tstos ruinosos. pues ascendieron á mil diez y
roso del continente f'uropeo, y tampoco se han ocupa- PlllR millones de francos, de los cuales, ochocientos un
·do en pesar la fuerza que cobran dia á dia las ideas millonPs se aplicaron al t&gt;jército de tinra.
Tehuaeán.-Grupo de losnrgentes.
-de justicia y la necesidad de atenderá k,s verdadeEl MinMro de Marina de Francia. M. Lockroy, ha
iros interesPs de los pueblos.
hablado de la urgencia de rehacer l&gt;t flota francesa.
Un periódico de San Peter¡¡burgo considera negocio Nuevos y continuos gastos en perspectiva ....
la• .emprendiPRe ~u aerea peregrinación. Strindberg
-tactib1e y aun sencillo, l1t nentr111ización de los tPrriestaba conmovido al hacer esos encargo2, y y por fin
torios que 110 di11putan Francia y Alem,i.nia, máxime
partió bruscamente á. embarcar~e en la canastilla del
*
bajo la presión resuP)ta y conciliadora d11l Czar; pero
globo .'f&amp; ocupada por sus compañeros Andrée y Fraen*.
hay más, suponiendo que las complicacioueR entre
Se ve, pues, que las seis grandes potencias habl'á.n kel.
las dos potencias mencionadas fueran irres.lubles pa- gutado este año cerca de cinco mil millones de fran*
cos en el pl't&gt;SUpuesto de
la paz armada; p11ro estas
Hil paPado ya más de un año desde la partida de I!'
son las cifras vi1,ibles, falta Pxpedición y no Pe conoce la suerte que hayan corninscribir la suma de lo que do los valnosos tripulantPI! del •A!l.uila.•
importan o&amp;t"as partida. no
Entre otros e~fuerzo@hechos para encontrarlo•, parmenos ruinosas de la que tió una espedición al mando dt'I teniente Wellmaun
llama un l'"riódico francé~,
"or~la de armamentot1 pacificos.11
Loa daños que el estado
actual ria desconfianza mternacional inflige á. los
pueblos son enormes, pe10
es posible calcularlos
aproximadamente.
Cada ciudadano repre·
sen ta un capical intelectual
y material cuyo traba.jo Pe
computa en la producción
de la riqueza nacional Ca•
da hombre sustri!.ldo al cocomercio, á. la industria, á
la agricultura, etc, constituye una pérdi,ta que no
puede bajar de seia francos
diarios por término medio,
ó lo que es igual, una pér•
dida anual efe trabajo de
1,800 franco s por soldado.
Dado el efectivo de . . ..
2.894,uOO hombre~. lit pérCasa del Sr. Salvador Bracho.-Sombrerete.
dida representa 5209 millones.
·
-cfficamente, poco ha de poder ese conflicto si se comEl total de los gastos y
para su importancia con el aflictivo e~tado de Euro- costo de los ejércitos de las
pa á causa de los armam9ntos que sostienen su iues- seis potencias. representa
table equllibrio
pues, una suma de diez mil
Si hacemos á un lado lo~ intereses puramente poli- millones de francos.
ticos de lc•s gobiernos. es fácil comprender que la g-ran
Calcúlede todo lo quepomasa de Jo,i pobladores de Europa tiene en máa el dria hacerse con tanto dibienestar individual y los derechos á la vida y al pro- nero si en vez de consumirducto del trabajo de cada uno, que á. esas rencillas lo improductivamente en
• -que en último resultado no son, aun en las repúblicas,· locas aventuras ven soste•
sino un residuo transformado de las antiguas luch!1s ne:: ejércitos y 'flotas, fedinásticas.
cundaran las iuduatriasque
Utópica serla la idea del (.)zar si pretendiera extin- alimentan la vida de una
guir el eterno conflicto entre las razas, dominadas nación, no las que la mapor a~pirllciones de expansión y preponderancia; ni el tan y aniquilan.
Czar de Rusia con todo su poder ni cien coogre~os
Por rico que sea un pala
lograrlan pont"r coto á. los antagonismos económicos, loa gastos militares excesi-que á eso quedan reducidas las humanas luchas.- vos lo empobrecen, y lapoPero no, él propone lisa y llanamente, la supret1_lón de blacióa sufre miserias que
laa causas facticias de malestar dentro del continente nanea conocerá.o los pueeuropeo y un arreglo pacifico para !.is dhcensiones blo~ afortunados que pueque no tienen alcance fuera de las Intrigas de gabine- den aplicar el producto inte de loe reye~ y polWcos.
tegro de su industria, al
bienestar privado y al pro•
greso da lii, colectividad.
•*•
Claramente 11e ver A,la desproporción que existe en•
El monumento de la Independencia en el momento de ser
~
tre las causas del mal y sus resultados CQn las siguiendescubierta por el Gobernador de Puebla.

••

•

�Domtngo 2 de Octubre de 1898

EL MUNDO

266

Domingo 2 de Octubre de 1898

?67

EL MUNDO

OBRAS EN EL RIO LERMA.PARA PROTEGER LA CIUDAD DE ACAMBARO.

Continuación de los trabajos.

El principio de los trabajos en las márgenes del rio.
dt-sde el pnerto noruPgo Tromsoe haria la escualída.
tierra de Francisco J usé á. bordo ael FrJthjof.
El se¡?undo comandante de este b11rco ha.escrito
una catta al hermano de Andrée que ha bita en Gotheburg, de la cual extractamos un trozo:
"Estamos lejos de todo lugar habitxdo y nos hallamos
en la Tierra de Francisco José; abanctonamos á Ar·
kangel ayer á las tres de la tarde; hasta hoy todo va
bie11 y nuestros 83 hombres están dispuesto11 á. todo y
están llenos de valor.
Además de las cartas y periódicos quA he recibido,
tengo también una carta dirigida á Nils Strindberg
para entregársela en caso de hallarle. La letra de la
cubi+'rta es de mujer y me presumo que será de ~u novia Puede usted, si la conoce, de!)irle que esa carta
está bien segura y que eF pero dár11ela al destinario en
brevP..... ámenos de que su mano helada no pueda
ya 1ecibirla ......... 11
No cabe duda: esa carta es de la mucha.cha sueca
novia de Strindberg, que desde ha.ce quince meses pena por n-cibir 11oticiaij de su dilecto.
Cada aurora que despunta es para ella una dulce es•
peranza y cada l'r~pú~culo vespertino una desilusión
tremPnda. Y ruega a Dios sin cesar que ta expedición
auxiliar encuentre 1\ su prometido.
MiAntras tanto su carta a1ravie~a. la11 inexploradas
y gélida~ regiones de la. tierra de Francisco José, dentro de la balija rlel tenie1,te Wellinann .q ue acaba de
dej,u el Fri-thiof con ocho marineros para seguir las
traz~s del destm!',tario y de aus compañeros.
¡Ojalá te11ga éxito su generosa y audaz empresa!

"DEJANIRA"
LA NUEVA OPERA DE SAINT SAENS.

La representación de 11Dejan·ra 11 últimamente efec•
tu,da. en Bezlers, es una de las más bellas tentativas
y una de las más bellas realizaciones d11 arte que ha•
y amos visto en mucho tiE&gt;mpo.
·
En una corrida de Bezierd, contagiado Saint S11ens
por las pasiones dela wultitud de las gradas, tuve la
visión de los dramas esquiliaoos que presenciaba el
publo de Atbnas. No poula haber mE&gt;jor escenario pa•
ra un ensayo de rest1rnració11 del ttiatro antiguo con
el genio particular de su intriga y su decorado pro•
pio. Un Mecenas inteligente, M. Ca.btellon de quien

era hués¡:&gt;ed Saint Saens se entusi11smó con· la idea
del mac.,11tro y se d11cidió, á rei.::izarla á t_oda. c~_ata.
Luis GallE&gt;t se eucargo del drama. Saint Saens de
la mú~ica. Jambon del decorado y Castellon_ fué el al·
ma que daba impulso á sus colaborad?res: s10 e10?ar•
go, no hay que olvidar que una corrida de toroR JDS·
piró 11 Dejarina,11 no seamos implacable con la tauro·
maquia.

* ••
Los autores do Dejanfra., 11 en tanto que puedan
permirirlo el espfritu de nuestro siglo y sus hábitod
de arte teatral, han querido hacer una resurreccióu.
Y aquf se presentaba una doble exigencia, casi una
antinomia.. porque Eros y Ananke son para el alma
moderna dos maestros ue caracteres antagónicos. .Pa·
ra interesar al público era preciso mezclar el amor y
la intriga, y para conservar la sensación de los graudes trágicos griPgos, dará la obra t-1 carácter de una
epopeya dramática dominada y conducida por la fatalidad Gafüt realizó la obra hábilmente con ligeras
modificaciones de.la leyenda de la muerte de Hercu·
les, tan conocida, q1.e es inútil dar aqul el a.nálit1is de
la pieza.
Baste.decir que Yola, deseada por Hércules lo rec'-a:za porque atna á Filoctetes, amigo del heroe y que
está •D con11ivencia con Dl'janira. la cual hace ve11tir
al semiaió11 la túuica de Neso pues según ellos con.
e~e t~fümáu volvt'ria Hércult•s a DE&gt;janira, cu,npliéndo~e la promesa pérfida del centauro.
Hay un punto sobre el cual debemos insistir, porque indica 1,. habilidad é independencia de procedimientos de Ga.llet, Rompiendo cou el hábito qu11 le
imponía. la obligación d11 escribir en verso el drama,
lo e~cr1bió en prosa rítmica, lo que le d11jaba mayor
libertad de expresión, conservando al mismo tiewpo
la dulce música dt'l verso.
La música no interviene eino en l~s diálogos que á
la u@aoza antigua ~o tien11n los corifeos y 1011 coro~, y
pará subrayar los pasajes característicos y más palpitantes del drama. También hay un baile. pretexto
para una música encantadorR. Por lo demás, el baile
es un capricho fuera de lugar en una resurrección del
teatro gnego.
11

***
Cuando en la sala de Minerva presenciaba la multl•
tud desde lo alto de las gradas, la lucha feroz de los
heroes contra la fatalidad, vela extenderse sobre el
muro de la escena, como una decoración natural, el
par.orama mar11vi1Joso del Atica que confundia el escenario con la gran patria. grie,:a. El espectador vibrab11. con el actor, no tenla aqut\l ante los ojos una
ficción s.no 1.. realidad, los mi.terios terribles del pa-

Aspecto del nue,·o cau&lt;&gt;e del río.

sado. Agitado por una fé intensa, temblando por Al
porvenir de la patria á. la que vela á. mE&gt;rced del des·
tino, sufria con los Atridas, y gemía con ~di¡:.o.
E,-ta es la inipri•sión que ha querido darnos Jambon
en las decoracionP.B pintadas por PI, decoraciones
m11gnffi~as más allá dP toda E&gt;XprePión. Detrás de la
esce11a se P-X tiende la campiña de Oeehalia: sobre la
colina lQs monumento~ gra11dlosos y más allá, la ciu·
dad protegida porlas divinidades tutelares y losmon ·
tt&gt;s nivosos: ª"' diría quP esrá uno frente á Atenas, tl
Acrópolis, el Partenon y las Propilea@; la impresión es
perfecta.
La obra de Gallet es hermosamPnte bomC1génE&gt;a y
animada por un gran soplo dramático. Realza estos
méritos la múPica de ~alnt-Saens que reflfja tedas
las cualirlades del maestro. Destácanse el preludio que
acompaña el prólogo, la escena dramlltica del acto
sl'gundo, la salida de D,.,,j,mira., el final del acto tercero con un coro sostPnido por efecto de harpas ma.•
raviHoso, al modo de vVagner, y por último e.l penetrante y apasionado epitalámico del cua1 to acto.

L'\ intfrpretación de la obra fué, según dicen loepE'lriód1cos t-xcelente en su conjunto.
"La multltud de loe espectadores se Pntuslasmóleemos en una reviPta- y como la multitud antigua,
vivió la vitla de loe beroes, combatió con ellos y sufrió sus tormentos 11 .,_
"Era un púl:llico griego: cuando Hércules devoratlo
por el fuego interior. maldijo á losdiosPs v á. los hombres, el alma de Grecia vibraba en todae·bs alm11s...
¿Qué tiPne de E&gt;xtraño que ese episodio dramático y
hMóico fuera silbado E&gt;n Lyon?
La obra de Gallet y Saint Saens es para 1011 espa.•
cios abierto11, para los puE&gt;blos áridos de luchas, de
Pnsueños brillantes y de plá~tica; es para. los pueblosdel medio dla.

MONUMENTO ERIGIDO A LA 1\IElMORIA DE

ALEJ..a..NDBO

I I EN MO~COW

El domingo 28 de Agosto se inauguró el monumento á que nos referimos en estas llneas.
La presencia dE&gt;l l!:mperador y de Pe augusta espo•
sa, rodeados de los miembros ¿e la familia v de los
altos dignatarios del Estado, el aparato militar que
se d11splegó y la numerosa concurrPncia, todo contribuyó á. dar carácter solemne á la fiesta Los representantes de los diversos pueblos d 0 1 imperio moscovita., formaban un grupo pintoresco, compuesto de

El rio crecido por las últimas Iludas.
Fotografías de Rafael, Olvera

•

***

•

cosacos kir~bisee, indígenas del Asia Central con
sus vestidos de et-da rica.mente bordada, etc., etc.
Los soberanos con su
comitiva. IIE&gt;gHron á. la. plaza.el día indicado d11spués
del c1ero, el cu1!1 Palló en
procesión del MomJEterio
de Teheudovo. marchando
á la cabeza el metropolitano.
Este celebró un Te Deum;
ee rezó por la prosperidad
del reina.do de Nicolás n y
por el descanso del alma
desu llorado abuelo. En seguida cayó el velo que cubría la e~tatua, y el Empe•
rador, dirigiéndose á. las
tropas, dió la orden de
"Presenten armas, 11 y to•
do e los concurrentes se
arrodillaron
Terminó la ceremonia
con el desfile de (.¡ e trrp11s.
durante el cual la multitud
no dejó un solo momento
de aclamar al Emperador,
confundiéndose los bravos
y aplausos populares con
el sonido de las músicas,
1ªª salyas de artillería y
os repiques.
_ _ _.
l ·-Nu-utvítlemos que Tico1ás II hizo coincioir el homenaje solemne rendido bl
Czar libertador con la E&gt;n ·
trega á las potencias dt&gt;l
manifiesto en favvr del
desarme.
El nombre de Alejijndro
II, abuelo del actual Emperador, es célt'bre y amado
en Rusia por el grande acto de just:cia de 11u reinado, la emancipación de los
si0 rvos.
El monumento s11 eleva
Sllbre una gran tPrraza del
Kremlln. frente al Monasterio de los Milagros, sobre
la torre del Salvador y E&gt;!
campanario de I van Veliki.
La estatua de dimensiones colosales, está sobre un
pedestal ¡ de már1,1ol rojo:
rodéala. una galería, hecha
según el antiguo estilo ruso, decorada con retratos
en mosaico, de todos los so•
beranos que han ocupado
el trono imperial Laméntase que no h11ya algo que
simbolice la abolición dela
servidumbre, tJtulo que

tiene p11ra 111 l!'lori11 ,,, Emperador Aleja11dro JI.
LA CONDECORACION A LOS •
VETERANOS
•

Uno de los rt-cuerdoR de
las últimas fiestas de S,•p•
tit·mtire es el que hemos
quelid_o conservar fin los
dos primeros grabrdos de
esta edición.
Recordarán nuestros lectores que el Sr. Presidentl'I
de la República condecoró
á algunos de los-veteranos
de la guerra de Interven .
ción y que á su vez :ecibió
la condecoración que puso
en su pecho el SPrretario
de Guerra por ~erviclos
eminentes prePtados á la
Jl~tria en la época de la
Reforma.
Creemos que con ePtos
grabados queda cumplido
el ofrecimiento que hicimos de dar en nueEtro semanario lo más notable de
las últ:mas festividades.

L.a.s fie.s.tas -patrias
en Sombrerete y Tehuacán.

•

I N AUGUJ!A CJON JlEL MONlTMllNTO A LA MEMORIA DI! A T,E.I A!'DRO II ES

Mo•cow.-1.

Publicamos algunos graba.dos "relativos 1\ las fiestijs patrias celebradas en
Scmbrerete. (Zacatecas) y
Tehuacán, (Puebla. )
Como vera.o nuPstros lectores, hay algo interesante en los E11tados que es
preciso tomar en cuenta:
el entusiasmo unánime con
que se conmem1 ra la gran
epopeya nacional, signo de
una estrecha solidaridad
de recuerdos y aspiracio•
nes, acompañada en todas
las regiones del país por
un progreso incesante en
todos sentidos.
Además debe notarse el
resultado de loA esfuerzos
en pro de la instrucción lai•
ca de la niñez. Ya no hay
población de la república,
por -peq~eña que sea,en
donde no se dé ,especial
im¡mlso á las escuelas públicas, infundiendo á loa
niñ os los sentimientos r
virtudes que forman el civismo democrático.
Jl'r, C11'TE.JO.-2 Fl, M OJ,,'Ul!E:STO,

�Domingo 2 de Octubre de 1898

EL MUNDO

268

l

269

11:LMUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898

REPRESENTACION DE ••DEJANIRA.." EN LA. ARENA DE BEZIERS.

EL PODER DEL R'ECUERDO

t

Ahora que he roto ya, aunque no haya sido más que
•&lt;ion las tres palabras de mi mensaje, el silencio en
que me había encerrado y que hice un esfuerzo para
salir, aunque no haya sido más que por el tiempo ne.:esario para llevar al telég:afo mi mensaje, he rflC0·
brado por unos instRntes algo de mi vida pasada y
quiero antes de entregarme de nuevo á mi clausura

~ m~~

LA CORONA EE LA REINA DE HOLANDA.

OBRAS DE PROTECCION

Descubrimiento
de la estatua de la Indepencta en Puebla.

CONTRA LAS INUNDACIONES DEL RIO LERMA.
El Gcbierno del Eitado de Guanajuato ha llevado
á buen térwino las obras á. que se réf1eren ou11stros

g ·abadoR, con el fin de balvar definitivamente á la
ciudad de Acámbaro, defond:éndola de las terribles
!nuudaciones que en diversas épocas han asolado esa
población.
La Administración del Sr. Obregón GoozA!ez emprendió los trabajos, con fondos d,:,l Erario del Estado
de &lt;3:uanaj11ato y con el auxilio que le prestaron. el
Gobtflrno FedPral y la Compañia del Cnmino de Fierro Nacional Mexicano.
EFt&gt;t obra importantlaima de dPRViAción óel curso
d&amp; Rlo C.erma. rué trazada. por el Ingeniero dPl Estado rle Gua1,11juato. Sr. D. Ponciaoo Aguilar Aprobaron PI tr~zo del Sr Aguilar loa ingenieros del mencionado Ferroc11rril :11.acional Mexicano á quienes se
consultó aubr.i 111 particular.
.
El C11pitán Emeterio C. Hurria, Jefe Polltico de
Acám baro, fué comis'onado para la ejecución del proyecto deap)Pgáodose la mavor actividad pues en menos de un año quedó conclui"a toda la obra.
El co~to de ell11 fué .de $50,000 de los cuales correspsndiPron al Gobierno del .l!;stado de Guaoaíuato
$15000,

Aunque ya hemos dado en estas columnas descripciones y grabados del monumento. objeto de estas lineas, creemos interesante á titulo de recuerdo el que
aparece en la edicj.ón de hoy.

La caricatura en el extrangero.
Gladstont1, León XIII, BiPmarck,-el gran liberal, el
gran pontífice y el gran diplomático; 11ólo sobrevive
León Xlll para contemplar, frPnte á los bustos de los
dos que han desaparecido la obra que consumaron en
vida.
No necesita explicaciones la reflexión del Papa; el
earicaturi~t.. ha escrito. cruelmente para Bismarck
esta frase: "El borr,bre de sangre y hierro." En cuanto á Gladstone. 11 The great commont-r," todo es veneración y respeto, y la palabra commoner, indica suficientemente la , impatta delos norte--americanoe hacia
Gladstont'. que fué ante todo y sobre todo "un representante del pueblo."

.

E~ de mencionArse el desprendimiento de.l Sr. D.
Juan Llamedo, quien proporcionó graciosament11 para la obra en rllferencia toda la madera que se empleó
en ella, cediendo además el terreno que fué nticesarla ocupar.
No podemos en estas breves lineas dar una. idea
completa de la notable obra de defensa contra las crecientes del Lnma; pero baFte saber que el 1,ño pasado
fueron los estragos causados por la inundación má.s
graves de lo que hablan sido en otras ocasiones. y no
ob~tante que la creciente es mayor aun este 11ño, el
caudQl inmenso de las aguas dd rfo pasa por su nue•
. vo c_auce ain·alarll!a~ á nadie. pues antes por el contrario, todos se fehc1tan de la abundancia de un elemimto tan orecio@o para la agricultura y la industria.
Por este hecho podrá a.preciarse la importancia de
la obra á que nos venimos refiriendo.

La Corona real de la casa de Orange, cuidadosamente guardada en el tesoro del Haya vale dos millones de francos
No tiene por su valor intriosPco una gran importancia flutrn !lis joyas similares d.., Europa.
La del Ozar tien11 en la. parte superior una cruz de
rubi~s adornada con cinco enormes diamantes valiosisimos.
La de la Reina de Inglaterra se ~ompone de un espléorlido rubí y de un zafiro, ocho esm11raldas, veinte
turquesas, doscientas setenta y tres verlas, mil trescientos sesenta brillantes y mí! doscientoR ochenta
diamantes en rosa; está valuada en doce millones de
francos.
La del Rey de Portugal tiene piedras preciosas valuadas en treinta y ocho mlllonPs.
La corona más rlc11,-sin contar la tiara. del Papa,
-es la del Sultán deBarode formada de cinco hileras
de diamantes que representan un valor de cuarenta
y nueve millones.

Su Majestad Nicolás 11, Czar de todas
lasRmdas.

Huelga agregar una palabra más á las de San Pedro, á no ser que se rté un sPntido á la caricatura,
representando con San Pc.1dro á la posteridad que _en
sus juicios no reconoce vasallajes.

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO

j

- .......

~{-~-_. -._ ~~~==·
DESPUÉS DE LA MUERTE DE BISMAROX:.

Los tres "grandes hombres ancianos."
(PucJc, N. York)

EN LA PUERTA DEL CIELO.

\

'\

EN EL OLIMPO.

San Pedro á Hismarck.-Sed bien venido; pero os
LIP¡ra Biemarck, (El personaje que corre es Napoadvierto que aquí yo soy el canciller.
león III).
(Der Floh, Viena.)
(Humoristische Bl&lt;ette:r, Viena.)

.

Te acordarás igualmente de que en el entreacto mi
marido nos propuso irá tomar u·n refresco á la cantina y que un poco cansada del viaje y encontrándote muy á gusto en tu asiento preferiste no moverte, le
di~te las gracias y permanecimos en el palco mientras Jacobo fué á fumar tu cigarro al peristilo.
Y te acordarás, en fin. deque aquella mujer se levan·
tó un instante después para salir y que tú digiste entonces, todavia prematuramente: "mira; parece que
la joven linda va. á reunirse con tu marido: en tu lugar, yo no esta ria tranquila."
Todo esto es muy sencillo, muy llano. muy insignificante en apariencia para ser conmemorado, porque
eso es la vida cuotid\ana en su marcha más regular,
más banal y más monótona. Una amigl1- que vive en
un rincón de la Bretaña y á quien se ama mucho, viene de visita por algunos días correspondiendo á reiteradas instancias; se la. lleva al teatro, alli está en
las butacas una mujer dé vida alegre y el marido ea.le del palco y va á fumar un cigarro durante el llntreacto ¿qué hay de alarmante en todo esto?
Y sin embargo. es de esas nonada~ y de esas contorsiones de marionetas de donde nace todo un dra-

Hercules y Dejan ira ante la hoguera.

El teatro al aire libre.

ver, te convierten en la única causa de todo, en la·
causa f,.,tal.
Como recordarás, el dia de tu llegada quisiste ir al
teatro y tomamos un ¡&gt;aleo bastimte cerca del escenario, colocándonos las dos en primera fila y J acobo detrás.
•
Recordarás también que frente á nosotros, flD las
butacas, se encontraba una mujer, y que volviéndote
á mi m , rido le preguntaste. ¿Quién es esta joven tan
linda? No la conozco, te contestó pero sola, con ese
traje y en ese lugar, debe ser alguua perdida de mar-

1
y mis triatezas Pscribirte y repasar describiéniiotelo el drama qu~ ha aniquilado mi exietencia.
Tengo tu carta ante mis ojos: la vigédma que me
has dtri•,-jdo en estos últimos seis meses sin lograr
arrancar~e á mi mutismo, á mi muerte. "Puesto que
no quieres contestarme,-l!le dices- voy á verte. Así
pues si mañana no he recibido una palabra cualquiera
tuya,' tomaré el tren y partiré: quit1ro absolutamente
saber lo que significa tu silencio." No, no vengas,•:
te contesté colérica. Ya comprenderás y excusarás mi
laconismo colérico.
¿Conque que quieres saberlo? .... ¿quieres? ¿y para
qué? Ptiro tal vez esto me alivie y en todo caso servirá como explicación de mi loco telegrama.
Ya otra vez has venido, hace seis m~ses justamente,
pues fué el 1° de Agosto. Bastant~ te habia rogado,
suplicado instigado para que deJuas por algunos
días tu vida hacendosa y las vulgaridades de tu aldea,
y ahora comprendo mi exaltación nerviosa al desear
que vinieras mi ansiedad imperiosa y, como enfermiza de tenerte ámi lado: el fatalismo que es la leytntima y suprema de nuestra. vida, me impuso este esfuerzo, porque la hora del mal habla irremisiblemente
llegado
Por tu causa por tu venida estuve á punto demorir.
1Ay por qué nd sucedió a3f! Pero salvé mi vida y lo que
no pudo salvarse fue mi dicha. que la perdí toda, al
perderá mi Jacobo, á mi marido.
Te preguntarás cómo ha podido suceder cosa tan
inverosim,il y cual haya sido tu falta; pensaras que
estoy loca ó que mi imagina.ció~ se forja invenciones
fantásticas.-Ayl no, pobre am1g~ ~\a, nol todo esto
es enteramente exa~to, real y ddm1tivo ••.•...
Tú me robaste á mi J acobo; si, tú, y me has hecho
perder mi felicidad!
Y no es que eeas coqueta, ni perversa: al contrario.
Eres buena, ingénua, honrada y no abusas de los en:
cantos que te da tu gentileza; no has trastornado mi
hogar con zalamerias ó manejos indignos. pero hay
muchos modos de romper un_a ca~ena y de des~ruir
ese equilibr;o frágil en que Btl sostiene una felicidad
perfecta.
El amor sobre el cual se han dicho tantas cosas y
que es el eterno é inagotable objeto de todas las re•
flexiones es tan dificil de comprendorse como de realizarse, y' resulta una locura tan grande ind_agar por
qué existe, como pretender que se sabe el tiempo de
su duración.
MiJacobo viviaen nuestro amor como en una hamaca
tendida entre mis brazos, mecido por mis caricias, soñoliento, am oir ni ver lo que ocurria en el resto del
mundo sino como un rumor, comounensueño quepa•
saba sin alterar nuestro reposo. Esto podía prolongarse para siempre, pero ~ condición de mecer constantemente y con regularidad de modo q~e- ~a hamaca
no se detuviera ni un instante en su oscilación cadenciosa, para que él no acertara á despertar, levantarse
y volver§. pisar la tierra
Y tu venida fué la causa. la. única, la espantosa
causa del mal, porque me tomaste una part~ de todJ
el tiempo que yo le consa~raba, y estuvo sm mi U!3a
hora y el alma es un niño a q.ulen no 11e le debedeJar
nun¿a solo con su amor, pues hay que tener mied_o de
que destroce el divino juguete para ver qué tiene
dentro y luego deje correr, hasta.no quedltr gota, la
miel de la ternura por la herida que hizo su curiosidad.
Por lo demás he aquí los hechos materiales, hechos
á los que tú pafeclas extraña, pero que como lo vas á
11

pañado y esa mujn no le habr(a encontrado ·s olo, ni
habria podido solo examinarla á su antojo. T11 observación sobre que era muy linda llamó la atención de
ml marido y la suya. pues no hay mujer que deje de
notar cuando se hRbla de elln .
Pues bien,la caeualidad ó más bien la fatalidad mezclánd,ose en todo. hizo que luego la volviéramos á en•
centrar en un café donde se sentó cerca de nosotros,
y que habiendo olvidado su portao:onedas, mi marido
por galaoteria banal,.pagara por ella una suma io@ignificaote. Que tu presencia nizo que él y yo estuvié •
ramos muy poco juntos e~e día, quedándo él libre
muchas horas para pensar en lo que habi9. sucedido.
Que al dia siguiente J acobo eucontrase en la calle á
eaa mujer. la que lo detuvo para reembolsarle el gas•
to de la vispera y para ofr acerle su casa en agrade•
cimiento, y finalmente, quti mi marido por curiosidad,
por debilidad ó por vanidad aceptando el ofrecimien•
to fueRe su amante de unR hora.
Como lo supe? Sencíllameote. Por grande que ~ea
Nancy, es para ciertaij coFas una a!dPa como todas las
de provincia; y una nval de ofic o de esa mujer, me
escribió una carta anónima enquti me hablaba de una
cita en la Pepiniere. ¿Por qué en v11z de desgarrar
con desprecio la carta fui al punto indicado? Porque
asi estaba decretado por el destino: porque debla yo
ver juntos á ella y á Jacobo.
El tenia esa. sonrisa maligaa que le conoces, y aunque su mirAda era acarici11dora, parecia burlarse. ¿De
qué? Probablemente de la coquetería femenil, pues
á. pesar de que la mañana era calurosa,elZa llevaba un
abrigo á la últim11, moda y se sentia en el deber de
atárs11!0 bien al cuello como si hiciera mucho frlo.
Ohl nunca olvidaré las mirad·,s que am ,, s se cruzaban, ni que iban del brazo muy juntos y estrechándose y que él llevaba en PI ojal &lt;1e la levita una rosa.
Es-' cuadro, jamás lo ulvidaré
En las Lrgas horas que paso á solas, hundida en un
sillón (con el codo :i poyado en la m1,dera torneada, cu ya dureza no me lastima) y la cabeza sin pensamientos recargada en la. mano, miro allá á lo léjos en el
vacio. y tise cuadro se me vuelve á preseutar.
Y él h , sabe, porque yo al verlos aquella vez lancé
un grito y cal en el suelo, á veinte pasos de ellos junto al árbol donde me uabia escondido. Corrió, me levantó, me arrancó á la muerte con sus cuidados, su
ternura, su voluntad y curó el cuerpo pero el alma ha
muerto.
Cuando al volver de sus ocupaciones forzosas viene y me encuentra hundida en mis tristezas no me
dice nada, y sufre y sufrirá hasta el dia en 'que mi
mal le parezca rit.ltculo y aun le sea enojoso.
E'le dia e~tá cercano: ya lo sé
Me ha confesado todo, me ha pMbado que no es mo,
t\vo para aniquilar dos vidas; me ha razonado con toda la persuación Que dan el bt.en sentido, los remordimientoa y el amor, pero no ha podido destruir lo que
fué
Y apeear de nuestros mutuos esfuerzos soy vencida
por el poder de los recuerdos, y él lo ·sabe.lo ve, y una
lasitud colérica va apoderándose de su corazón dia
ºpor dia
Es vida E&gt;sto? Sola en mi hogar, con esta rbaesión,
no_pudie11:do mantener~o no. digo alegre. pero ni siquiera cm~11do, sabe ~1 marido que al venir me encontrará @Ieffipre abatida, á pesar de sus E&gt;sfuerzosy
de sus trabajoP, qu" debian hace~le amo de una.mansión pr-óspera y feliz.
Y esto termina asi, ya lo ves, quedandJlos dos vencidos por el mal de los recuerdos que nada puede
curar, pero que no puede ni aun hacerme morir porque este sentimiento vulgar a.e celos banales 'no es
bastante noble para matar
Y todo El~t_o ya lo has visto, sucedió por ti, no lo puedes negar m aun defenderte, pobrecilla puesto que
instrumento de la fatalidad, esta ha sido más fuer~~
que tú.
Ahora si habrás comprendido mi silencio, mi locura. mi grito de espanto: no, no veng_as.
Tu venida, he ahl la causa de todo esto.
JEROME DOUC'ET.

ma con su desenlace sombrío .... Jacobo ha acabado
por ser el amante de esa mujer y por culpa tuya y
no más por tu culpa, se ha aniquilado para siempre
mi vida.
.
Si no hubieras venido ese dla., de pronto, no babriamos salido, pues se daba El Fausto 9ue estábamos
cansados de ver y no hub\éramos temdo ocasión de
ver á esa perdida. Además, cuando vamos solos al
teatro no vamos á palco sino á departamentos más
mode;tos y aun asistiendo al Fausto no hubiéramos
estado cerca de ella. Supóngamos sin embargo, que
esa vez ú otra huoier&amp; sido nuestra vecina de localidad como lo pudo haber sido antes, no habría sido yo
quien llamara sobre ella la at~nc~ón de Jacobot !1º
por celos, sino por un secret!) rnsttD;t0 que _me hubiera impedido pensar y más aun decu: ¿quién es esa
joven tan linda?
Y no es eso todo. Jacobo en el entreacto no me habri&amp; dejado sola y si hubiera tenido imprescindibles
deseos de tomar un poco de aire, le habria yo acom-

�270

EL MUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898.

Domingo 2 de Octubre de 1898

1
De pronto se encuentra junto á Kolombina y
hace un ademán de impaciencia al reconocerla.
Ella le implora y él la aparta de su camino. Kolombina al alejarse tropieza; y á punto de caer
Gilles la sostiene, y al notar que se le abandona
en los brazos, finje no comprender la causa de
tanta emoción. Los alfileres llenos de pedrerías
del peinado complicado de la joven, le arafl.an e:
rostro, y él, sin ceremonías, se desprende de su
carga.
Movimiento de cólera en Kolombina que colma al amante desdefioso de amargos reproches
y luego, como resignada, entra á su casa vacilando.
•
Gilles Sama ~ontento de encontrarse al fín solo, se sacude como un gato mojado, se encoje de
hombros, envía un beso volado A la luna y se
dirige á su _árbol.
Encantado con la esperanza de un sue:ll.o tranquilo y tarareando el Salve dimo1·a casta é pura,
saca de la bolsa una llave y la trata de introducir en la cei'radura de la puerta (porque tiene
una puerta) y no consigue abrir. ¿Estará tapada
la llave? La sopla y la golpea contra una piedra.
Nada .... que no se puede abrir. No hay esperanza.

Sucede por lo comlln que cualq uler detalle lnflmo y prosálco, triunfa
del más firme designio, mejor que las más poderosas razones.

PERSONAJES:
GILLES SAMA, Enamorado todavía de la luna.
·KoLOMBINA, Siempre enamorada de Gilles
Sama.
ÜKAMÉ, Diosa tl-e los amores.
BAILARINAS, MÚSICAS, JAPONESES, JAPONESAS.

La esrena pasa en el Japón (¡natu,ralmente!) A
la izquierda. la casa encantada y encantadora de
Kolombina, á la de1"echa un ced1·0 venerable, como
el á1·bol de Robinsón, y que es morada aerea de
Gilles Sama.
Un rio, y al fondo un puente de arco elegante
sobre el cual pasan pai·ejas de enamoi·ados abrazados tiernamente.
En el agua se deslizan lentamente góndolas enfloradas y adornadas con farolillos de colores.
Noche enervante; las est1·ellas cintilan, las flores
están adormecidas y sin embargo sus perfumes embriagadores flotan en el ambiente. Todo es amor
y dicha.
Reclinada Kolombina en la balaustrada de su
mansion, contempla melancólica el espectáculo
que se ofrece á sus ojos.
KoLOMBINA.-¡Amo y no soy amada! Sufro...
¿hay más grande sufrimiento? Estoy celosa de
la luna, de ese astro plácido y estúpido objeto de
sus serenatas .... Trataré de hallar el olvido en
el sueno. Voy A recojerme.
En ese momento las parejas entrevistas A lo lejos hacen irrupción en la escena y bailan una
alegre farándula en la que Kolombina se niega á
tomar parte, oponiendo A todas las súplicas una
resistencia obstinada. Los enamorados compadecidos del dolor de la desdeiiada y desesperando
de ve~cer su tristeza, se alejan dulcemente.
Kolombir.a sola se abandona A la desesperación, solloza, luego se calma y en seguida, en un
arrebato de rebe¿5n, a=i?r:'.\za con el putio cerra-

t
do a la luna llena que acaba de ap11reccr rasgando las nubes.
De improviso uria flauta invisible mezcla su
canto quejumbroso á los rumores solemnes de la
noche. Kolombina escucha.
KOLOMBINA.-Es él!. ... Y se acerca .... ¿qué
hacer?
Gilles Sama entra por la derecha andando para
atrás, tocando la flanta é interrumpiéndose á
ratos para dirigir un gesto de desprecio á la canción lejana de los enamorados cuyo eco se oye
todavfa.

1'

\

Ji

EL MUNDO

Todas las cerrajerías estAn
clausuradas A esa ho~a de la noche.
-¡Mi reino por un caballo!
digo, por un aHiler.
Kolombina desde su balcón
observa todos estos movimientos
con interé~, y GiBes Sama que
se sie1.1te espiado trata de poner
al mal tíempo buena cara, y reflexiona cuál será el p1:1satiempo
honesto 1\ que se puede entregar
un poeta lírico cuando está imposibilitado de entrar A su casa.
Lo primero es tomar el caso con
filosofía, pero hace mueh? frío
para filosofar. Entonces mide la
altura que lo separa de su casa
suspendida en las ramas, y hace
una tentativa infructuosa para
trepar, seguida de una caída ridícula.
Kolombina, después de un arrebato de piedad amorosa ríe á carcajadas y aplaude irónicamente. Gilles Sama que no se ha roto
ningún hueso, se siente picado en
lo vivo, intenta una nueva ascención con éxito esta
vez, pero la puerta
de arriba está bien
cerrada. Da vuelta
al rededor sin poder penetrar y cansado de la brega
intenta recostarse
en una rama, lo
cual nota que no
tiene nada de confortable. Esto se va
poniendo más y más
turbio. Y luego he aquí que
observa A Kolombina, la
cual friolenta se volvió á
meter á su cuarto y está en
vías de desvestirse; la ve
al través de las vidrieras
del balcón.
-Bribona! dice Gilles Sama. Eso es impúdico. Huyamos del lazo. A bajar otra
vez.
A poco intenta abrir por
tercera vez, y la cerradura
por tercera vez se resiste.
Decididamente la llave
está tapada.
¿Qué hacer?
En la casa de la vecina ya se apaga-ron todas
las luces.
Gilles Sama. apoya el dedo en la frente y A poco le viene una idea. Esa chiquilla cuyos alfileres le araiiaron la cara hace unos cuantos minutos, podía haberle prestado uno con el cual se
destaparía lu maldita llave. Pero no había que
pensar en eso. Gilles· Sama la había ofendido mucho ....
La ventana de la casa de Kolombina se abre, y
Kolombina aparece en un elegante traje de dormir.
Actitud embarazosa de Gilles Sama. ¿Hablará?
¿No hablará? Y al fin se decide, y con las apariencias de un perro apaleado, se acerca á presentar su solicitud.
Ahora le toca el desquite A la joven y se hace
del rogar é impone sus condiciones.
Es verdad que tiene buena voluntad de prestar este servicio A su vecino, y P.S cierto que como buena y generosa no sabe guardar rencores,
pero ....
-Sin embargo Gilles, estuvo usted muy rudo
con esta su pobre vecinita!
Gilles Sama se excusa como puede y ofrece
dar pruebas de su arrepentimiento.
-Entonces va usted A tocar, dedicándomela á
mí, su serenata á la luna.
Eso es mucho pedir, pero el lrío aprieta y el
músico se decide.
Durante la ejecución de la serenata, Kolombina deja el balcón, baja, y sale de la casa después
de abrigarse con un magnífico mantón. Luego
se aproxima A su deplorable amigo, inclina la
cabeza ante él y le dice:
-Elija usted el alfiler que deba serle útil.

271

Pero los alfileres no ceden fAcilmente á la poca habilidad del mancebo y ella dice quejumbrosa:
-Ay! ay! me está usted haciendo dafl.o.
Traviesa, hace durar la escena lo más que
puede.
-No, este nn, l))ejor este otro, espere usted_. ..
Y para desprenderse los alfileres, Kolombma
puso su cara muy cerca de la de Gilles Sa!lla, le
lanzó una mirada que le llegó como una 10yecció11 de hielo hast11 la médula de los huesos, y lo
bailó como con una caricia con su aliento tibio Y
perfumado,
.
.
Kolombina, con su traje ampho cuyos pliegues
se estrech11ban á todas las esbelteces de su cuerpo, con el mantón suelto A la espalda, cc,n los
brazos levnntados á la altura de la cabeza y con
una sonrisa capaz de trastornar medio univer.so,
permaneció inmóvil algunos instantes, hasta que
consideró bien electrizado al mísero cantor de su
rival la luna.
Y soltando un alfiler antes de que Gilles Sama
lo hubiera podido cojer, CAyó al suelo y ambos
se pusieron A busearlo en la sombra.
Entre tanto la luna se había velado .... El alfiler pareció al fin, lá llave se destapó y la puerta pudo abrirse.

El instante era embarazoso. Había que buscar
un medio de manifestar gratitud por el servicio
recibido. Gilles Sama propone unarepetición de
la serenata que antes había tocado y Kolombina
lo disuade vivamente.
-No, le dice, mejor béseme usted.
La besa y observa que eso es cosa muy agradable y vislumbra en su espíritu algo como una
celeste revelación.

�EL MUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898

Don,tniro 2 de Octubre de 1898

.l:L HUNDO

BL Bf\lL6 DE Lf\ OONDESf\
NOVELA ORIGINAL DE HENRY KISTERMACKER.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Versión Espan.ola de "El Mundo llustrauo."

~úmero l.

Vuelve á empezar.
La luna S3 ocultó enteramente y Kolombina y
su amigo quedaron s0bre el árbol, ent~e la sombra, á la puerta de la morada de Gilles Sama.
Los enamorados que habían estado observando de lejos toda la escena. surgen silenciosamente y concertando luego sus voces, entonan una
ale'gre canción nupchll.
La luna asoma un ojo y apareee el grupo en la
copa del árbol.
.
Abajo hay aplausos, gritos, salr1taciones.

La felieldad no es egoísta; gusta de propagarse
en ruidosos arranques de deliciosa expansión, y
los que aman quisieran que todo el mundo amara
y que de todos los labios no salieran más que
himnos de amor.
Por eso domina en las p&lt;i.r-ejas de enaruorados
el mayor. enmsiasmo, y levantan las manos al
cielo, y prorrumpen en manifestaciones; y al fin
exclaman:
-¡Qué desciendan, que vengan A recibir la
bendición de la Diosa de los amores.

Descienden, Kolombina ruborosa y pura envuelta púdicamente en su mantón, y Gilles Sama
sonriente y feliz.

EL HEROE

DE "ACUARELAS"

Su-pira el viento con rumor ~onoro,
rizando el 11gua en cristalin11s ondas:
y finge el so1, filtrándose en IH frondas,
haces de ámbar y saetas de oro.
Alza el Ajusco, al.sur, al infinito,
su brava y pintoresca crllsterfa,
v escueto acá, pcr donde nace el dla,
ir/?U6 el Peñón su comba de granito;
y en el fondo del valle, que ilumina
apenas ya, la tarde qut1 fenece,
la orgullosa metrópoli aparece,
entre la esfumación de la neblina.
Cortando su perfil sobre las luces
de volcán, que, al caer. d~jó á AU p,iso
el rojo sol, M empina hacia el Ocaso
el histórico Monte de las Cruces ....
Más 11cá, como nido de palom11s.
entre el fresco sauzal que la sombrea,
y al pié tendida de sus verdes lomas,
la Villa de loe Mártires, blanquea
Y allá, sobre el azul ya entenebrirlo,
Alzase al Septent· ión el legendario
T, peyac, el p~ñasco conve1tidc
pór la fe de una raza, en incensario.
¡De alli en radiame y misteriosa nube,
como de un mar sin playas desprendida,
eternamente la plegaria sube
de todós los dolores de la vidal. ...

Del libro "Lápidas."
11
Que ca~ré?-Puede ser. r::iae, imponente
en mi mudo reproche :ré á la tumba;
nacl roca, enemiga \l,f'l torrente:
Tú si.brás si el torrente me derrumba!"
11
Ergul mi mole y·afilé mi diente ....
y el titán que me odia, ruje, zumba,
culebrea. vacila en la peJdiente
y me ensordece al fi\l, con sú balumba .... "
11
:\Ia;; cuando p11sa el aluvión inmenso,
yo estoy cte pié y tranquilo, porque pienso
que fuera insensate¡:-oh Dios, que fraguas
contra cada opresión un heroismo,ponermé como coto en el abismo
para hundirme después bajo sus aguasl"

AMADO NERVO.

LEJANIA
I
Bien sabes tú, que á ella la querfa
como se puede amar cuando se tiene
abierta el alma á la ilusión que viene,
y se cuentan veinte años todavla.
Yo la enseñé á querer, no lo sabia.
Y como al débil niño se sostiene,
su pobre alma, solicito y perenne,
con los brazos de mi alma sosten ta.
Hicimos de las dos solo una suerte.
' Por la vida c1uzamos paso á paso:
·- ella tierna, yo amante y satisfecho.
Llamó después á nuestro hogar la muerte,
y al destrozar de su existencia el vaso,
dos almas se estremecen en mi pecho.
1898.
MIGUEL

E.

PEREYRA.

Mirad: Por la infinita lontananza,
como un cisne de nieve, rauda nube
&gt;ti m11r de oro del Ocaso avanza
Mt&gt;drosa y triete~a tiniebla sube
bor1 ando del crepú~culo las huellas,
y, al pa~o que el zafir 1'6 entenebrece,
como asperd1ón de perlas, aparece
el rE&gt;guero sin fin de las estrellas.
......Y allá:, sobre la cumbre inmaculada,
finje la irradiación del Occidente
un turb,rnte de iris en la frente
del Popocatepetl. Surge callaaa
del horizonte azul la luna llena,
v á. los tristes y pálidos reflejos
de su anémica faz, siempre serena,
como lunas de límpidos espPjos
los lagos se Rbrillant,m á lo lejos
sobre e! tapiz de la floresta amena.
Risueños, y entre ubérrima espesura
se ven los puebJe·cttos, agrupados
en derredor de l11s lagunae ledas;
y serpean por toda la lhmur J.,
ií. través de los fértiles sembrados,
canales y caminos y arbc,ledas.
Por barbechos, y atajos, y llanadas,
bajo el testuz y grave el continente,
tornan á. sus 11stablos, lentamente,
y hundiéndose en los paetos las vacadas.
Los aperos al hombro, el campesino ·
regresa, fatigado y sudoroso,
•
del campo que fecunda su tarea;
y á la vera polvosa del camino,
y bajo el árbol protector y añoso,
el pobre techo del tugurio humea.
Trota el rebaño por las verdes faldas
que enegrecen ias sombraa de la tarde,
y á la luz del crepúsc_ulo que arde
el bosque es un incendio de esmeraldas.

BAILE,

Entrada de Okttmé, Diosa de .los amores, seguida de su cortejo de músicos y bailarinas.
Gran iluminación. La diosa une con vínculo nupcial á los dos prometidos. Luees de bengala.
TELÓN

Detrás del anguloso cresterio
de los montes, ya el sol borró sus huella~,
y-como chisp.,ante pedr1,rlosobre el azul turquesa del vacío,
fulguran, tremescentes, lns estrellas.
La gloria de la tarde ha fenecido,
en todo su esplendor la luna brilla,
y, con uu CRnto de tristeza henchido,
aun gime, sobre el borde de su nido,
su estrofa postrimera la .i.vecilla.
JOSÉ BECERRA,

Valle de México, Septiembre de 1898.

1

Todos saben que el pueblecillo de Villiéres es lo más pintoresco que hay en la tierra.
Reclinado al pié de una colina, sombreado por frondosos árboles frutales, cruzado
pC'r un riaebuelo que lleva agua todo el afio y circundado por los profundos bosques
que pertenecen al cercano Castillo, Villiéres es en verdad digno de su filma.
El Castillo, ahora deshabitado, es toda ur.a historia, no porque b11jo sus torreones ruinosos celebren las brujas sus aquelarres, ni porque al travé$ delas ventanas puedan
distinguirse trasgos y vestiglos en las noches d~ tempestad, sino sencillamente porque
A la munificencia de su propietario, deben todos los habitantes del pueblo la holgura
y la felicidad de que gozan.
En tiempos pasados, hac.e apenas veinte afios, el Castillo era un animadhimo centro
de plilceres y fiestas en que los sefiores C,&gt;ndcs de Villiéres derrochaban el dinero y
la alegría desde que empezaba la primavera hasta que los llam~ban á P11ris las diver•
siones y los encantos con que los ricos saben haeer-c::,rtas y gratas las veladas invernales.
Pero ahora ya no hay nada de eso: una media docena de criados fieles y viejos cuidan de las habitaeiones; el corral y la perrera están vacíos y crece la m11leza en los
parques y jardines. Y11, no se ha vuelto á oír el eeo de las mú9icas que instigaban al
baile, ni el estruendo de las caeerías, ni el rumor de los banquetes, ui el estallido de
los tapones del champagne,
Soledad melancólica substituye Ala animación pasada, y ni el selior Conde con su
séquito de amigos y servidores, ni la sefiora Condesa rodeada de una cohortt n 1merosa
de damas nobles y bellas, han vuelto A pasar en lujo3os trenc3 por el accideuc11.do sendero que del pueblo conduce al Castillo.
La última temporada que pasaron en él, se marcó por un incidente muy curioso y que ninguno supo explicarse: en lo más grato y entusiasta de las fiestas, se pre•
sentó cierta uocbe un caballero embozado que estuvo hablando A solas y muy largamente con el sefior Conde, después de lo cual este hizo ensillar el mPjor de sus caballos, y sin despedirse de nadie ni decir A dónde iba, partió en compafiía del incógnito recién lle•gado.
Al principio la Condesa no pareció sorprenderse; pero cuando hubieron puado tres
días sin que llegaran noticias de su esposo, se alarmó verdaderamente y envió criados
para buscarle en Lodas direceiones.
Las pesquisas no produjeron resultado alguno. Ni en su casa de París, ni en sus vi1iedos de Burdeob, ni en sus posesiones de Dieppe fué encontrado el sefior Conda y
ha ;ta llegó A creerse que murió asesinado.
Naturalmente las visitas se habían ido despidiendo poco A poco hasta que no quedaron con la sefiora Condecsa más que unos cuantos parientes y amigos de intimidad; y p"r último, llegado el invierno, todos se fueron acompafiando A la Condesa que
volvió triste y enlutada A París.
Todos lloraron en el pueblo la desaparición del Conde de Villiéres y su muerte
probabll!, pues era muy querido por su alma generosa basta la pro?igalid~d, y buena
hasta la ternura. Allí los terratenientes (y todos lo eran), no hab1an sabido nunca lo
que eran ex.torsiones ui crueldades, ni exigencia alguna. Si se perdia 1'l cosecha ó
enfermaba la familia, ó se sufría algún quebranto, el selior Conde no sólo bacía cesión del precio del arrendamiento, sino que venía en auxilio de los desgraciado3 con so.
persona é intereses. Vez hubo en que se le viera pasar la noche completa junto al le~ho de una mujer y un nill.o que cayeron en el río crecido por las lluvias y estuvieron á punto de anogarse. Cu,rndo el sel1o, conde vió venir entre l~s olas el gr~po de
madre éh.ijo, asidos el uno al otro y sin fuerzas y a para salvarse, hizo
que nmguno
de los otros que contemplaban aterrados la escena; se lanzó A la corriente y con riesgo de la vida propia, logró sacar á la orilla, casi moribundos, A aquellos infelices.
Luego los hizo llevar á una choza cercana, y allí los cuidó toda la noche hasta que vovieron á la vida,
Y como aceiones de esta clase eran frecuentes en el sefior Conde, todos le amaban,
le respetaban y todos deploraron su muerte, pnes muerto le creían ya; agravándose
esta pena co~ el temor de que el Castillo y sus tierras vinieran A parar A manos de herederos descorazonados que cambiaran la suerte del pueblecillo de Villiéres, tan próspt!1·a y feliz, igualAndola con la de otras lccalidades donde los trabajadores del cam-

!º

273

�274

EL MUNDO

Domtng-o 2 de Octubre de tW!J

Domh)go 2 de Octubre de 1898

que Maria había dado á luz una hermosa nif!.a, lo
cual le avisaba el Doctor, recomendándole que
fatlra al bautismo, y como consecuencia de esta
recomendación, el herrero partió, no sin haber
recibido antes las felicitaciones de todo el pueblo.
Cuando regresaron los esposos, las comadres
murmuradoras pudieron observar:
Que María Poulet no había perdido sus colores,
y parecía má.s saluda.bit, que nunca.
Que á pesar de eso la nina er11. amamantada por
una nodriza.
Y que el tamaflo de la criatura, la expresión de
sus ojos y otros mil detalles hacían creer que la
nifla tenía ya algunos meses y no unos cuantos
días como afirmaban sus padres.
El cura puso fin á estas murmuraciones con
una reprimenda, y todo volvió á tomar su curso
normal en el pueblecillo de V1llierés, donde por
esos días hicieron sabel' los crit1dos del Castillo
que el señor Conde no había muerto, que estab:1
bueno y C\Jntento en París y que había transmitido sus órdenes para que los arr1mdamientos se
pagaraJl al Alcalde ~efü,r de l.'llariel, quien seguiría tratando á los arrendatarios con las mismas
consideraciones de que habían gozado.
Pero ni en ese año ni en el otro ni en ninguno
de los subsecuentes, volvieron los Condes de Vi·
lliéres á pasar en el Castillo la temporada de caza;
y el último carruaje de viaje que penetró con
gran estruendo por la!f calles del pueblo, fué la
diligencia en que vino María Poulet con su chiquilla y la nodriza, carru11je queluegoaprovecharon, el boticurio y cuantos más vecinos tuvierón
que irá la ciudad, y que fué ocupado hasta eu la
imperial, desde que Pablo Poulet hizo saber que
ROSITA.
el pasaje no costaba nada por estar pagada la diMuy temprano se presentó en la fragua un pi· ligencia por completo p&amp;ra ida y vuelt11.
Rosita, ese era el nombre de la nilia, creció muy
carío vivaracho y simpático que hacía las veces
de ayuda de cámara del Cura, sacristán de la prontó en corpulencia y en beldad y parece que
iglesia y mo~o de oticiQS del Alcalde..,y habló con con su presencia traj.o al hogar de_l.os.Poulet, el
Páblo, el cual dtljando apresuradamente las he• bienestar y la ventura, pues los negocios del herramientas, cambió el mandil por su blusa do- rrero comenzaron á prosperar y pronto fué uno
mingúera y tomó el camino de la casa cul'al. Allí de los más bien acomodados del pueblo.
se encerró con Susano de Mariel con quien estu•
Cuando Rosita cumplió sus 15 afios estaba ya en
vo conversando cerca de una hora; luego salió todo el esplendor de la hermosura: alta, esbelta,
muy preocupado pero con cierto aire de satis- de grandes ojos obscuros, boca peregrina y cabefacción, volvió á su casa, habló en la cocina muy llos abundantes largos y finos, tenía un'l elegancia
á solas con su mujer que dejó de reir, y con los natural, realzada por la modestia y la vil'tud. Cuojos húmedos y rojos, comú impaciente por algo tis delicado y transparente, mano;¡ cuidadas como
agradable que debiera venir, y preocupada tam• las de una duquesa, lenguaje culto sin serpretenbién, suspendió sus haciendas domésticas.
cioso, y un imponente respeto de sí misma, Je daEsa m11flaua los fuelles de la fragua y los hor- ban un aire de superiodidad y de nobleza, que
nillos de la cocina estuvieron quietos, lo cual no contrastaba con las ingenuas y vulgares maneras
había pasado nunca desde el día del matrimonio, de María Poulot, por más que estas se hicieran
y así como á las doce y media, cuando el sol es- hasta gratas por causa de la alegría sin tregua y
taba en la mitad del cielo, llegó en su mula el la bondad si.n límites de esta ejemplar mumédico de la cercana ciudad y se dirigió á la he- jer.
rrería, Jo cu:il llamó grandemente la atención de
Los dos sen.ores de Mariel habían competido
todo el pueblo, pues no se sabía que hubiera en- en afán para cultivar las doteJ intelectuales y
termo de gravedad en la casa de Pablo Poulet.
morales de Rosita y le habían dado una instrucUnos desde&gt; las ventanas y otrosdesdelaspuer- ción sólida sin pedantería, engalanAndole el co•
tas acechaban la salid/\ del Doctor que no se hizo razón de piedad sincera sin supersticiones.
esperar mucho tiempo, y fué el boticario el pri•
Así pues, la nif!.it era verdaderamente una jomero que se atravesó preguntándole:
ya, pero los mozos del pueblo no se atrevían A
-¿Hay novedad, Doctor, en la casa del amigo cortejarla; y un poco por burla y otro por respe•
Poulet?
to, la habían bautizado con el apodo de «La Con•
-Según como quiera entenderse, respondió el desita.&gt;
médico. Novedad así dd enfermo grave ó de pe•
Pues sucedió que una vez la Condesita tuvo
ligro, no; ailn'-!ue bien mirado pudier1' ser, pol'•
que hacer viaje A la ciudad en compailia de sus
que estos trances no siempre son felices.
p11dres, para recibir el Sacramento de la Confir•
-Explíquese usted Doctor.
mación,
aprovechando, como otros muchos de la
Ya entonces una media docena de los má11
comarca,
la circunstancia rara de estar allí de
conspicuus vecinos de Villiéres, estaba rodeando
paso
el
Obispo
de la Diócesis.
A la mula que montaba el galeno. Este conti•
Como era tanta la gente á quien había que connuó:
-Pues es la cosa más sencilla: hace dos meses firmar, el O hispo la dividió por sexos y por edacuando Pablo fué á la ciudad á ccmprar fierro, des sefial1rndo un día para cada grupo: y del misestuvo en casa y me dijo la pena que tenía, por mo modo que entre las estrellas sobresale y brique Dios no le había dado hijos; yo le dí una me- lla la luna, brillaba y sobresalía Rosita entre el
dicina para que tomara su mujer, yle ofrecivenir centenar de sus compafl.eras cuando le llegó su
turno de presentarse en el templo.
oportunamente á reconocerla.
Nada había más hermoso y cautivador que
-¿Y qué ha resultado? preguntó la mujer del
ella
con su traje vaporoso de gRsa blanca, sus
panadero.
-Que María Poulet está en cinta desde hace cabellos sueltos adornados de nardos y azucenas,
mes y medio, dijo el Doctor, echando á 11ndar en sus ojos húmedos y radiosos, sus labios sonrien•
tes y su aspecto de inocencia y de candor.
.su mula y dejan&lt;to á todos asombrados.
Cuantos la vieron se asombraron; el Obispo la
Algunos meses más tarde, María que seguía tan
.gorda, colorada y risuef!.a como de costumbre, se bendijo de un modo especial dando gracias á Dios
empezó sin embargo á quejar de dolores y des!a• por que envió al mundo tan perfecta criatura, y
necimientos y pérdida de apetito; y Pablo hizo María Poulet que ni un instante había dejado de
saber á sus tertuliános que la iba á mandar á la ofr al11.hanzas, estaba que no cabía de orgullo en
ciudad para que se curara, lo cual hizo sin pér- su pelleJo como ella decía.
No ha.cía una semana que la familia Poulet badida de tiempo.
bia
vuelto de su viaje, cuando se presentó en ViEn la ciudad tuvo lugar el alumbramiento. Pa,
lliérr s un j'lven muy apuesto vistiendo la humilblo Poulet ~upo cierto dil y con él sus amigcs

Conde que venia ginete trayendo dela brida otra
cabalgadura.
Dió el tal las buenas noches con ademán respetuoso, se bajó del caballó, llamó aparte al sef!.or Cura, cruzó con él dos palabras y ambos, sin
tomarse siquiera la pena de despedirse, montaron
y emprendieron con celeridad el camino del Cas•
tillo.
Los demá.s se quedaron absortos de pronto, y
luego se pusieron en un dédalo de conjeturas;
hubo quien propuso ir al Castillo á averiguar lo
que pasaba, pero se temió que este acto de curiosidad desagradara al seflor Cura, y se tomó la
resolrción de que éste volviera y por su propia
volt1i; ...d aclarara el misterio.
Liu horas pasaban, el Cura no volvía, las ansiedades se habían convertido en verdaderos temores, silencio penoso reinaba en la fragua y
hasta el mismo A!calde estaba impaciente, cuando con gran alegrfa para todos se oyó primero y
vió después, que el ausente volvía sano y salvo
aunque con la fisonomía grave y como contraída
por una preocu¡,ación.
No fué posible obtener explicaciones que calmaran la natural curiosidad ocasionada por lo
inaudito del caso, pues el Cura se limitó á decir
que había sido llamado para asuntos de su ministerio sin que ni su hermano mismo pudiera
sacarle una palabra más, y fué oreciso irse al lecho sin saber por qué el santo Cura de Villiéres
había ido á ca bidlo al Castillo á las nueve de la
noche y no había vuelto sino hasta las dos de la
madrugada.
II

po se matan en la labor sin conseguir ni lo ne•
cesario para el pan de cada día, por lo Clll'O que
es el arrendamiento de las tierras y la impiedad
con que ae cobra.
En Villiéres, como en todos los pueblos pequef!.os, los hab!tantes constituyen una familia formada por lazos de parentesco real ó por afinidad
de carifl.os y simpatías. El Cura y el A~calde eran
dos distinguidos personajes traídos alli por el sef!.or Conde desde hacía tiempo, y los cuales supieron en breve hacerse amar de cuantos les conocían. Se llamaban los sef!.ores de Mariel, eran
hermanos, de edad avanzada, muy parecidos como si fueran gemelos, y tenían ambos tal mansedumbre, temor de Dios, bond~d y sabiduría, que
si alguna vez al Alcalde se le hubiera ocurrido ir
á decir misa ó al Cura ir á administrar justicia,
ni los devotos en el templo, ni los litigantes en
el juzgado, hubieran hecho la más leve observación.
Durante el día Susano Mariel, así se llamaba el
Cura, y pedro !fariel. así se llamaba el Alcalde,
se entregaban á sus labores particulares y oficiales en las que descollaban por la inteligencia,
exactitud y eficacia; y al caer de la tarde se reunían é iban juntos á tertuliar un rato en la fra•
gua.

repostería, que A todo se extendían sus conoci;mientos en el arte culinario,
Pablo y Maria que se amaron desde la infancia, se casaron apenas llegados á la mayor edad;:
y habrían sido el matrimonio más feliz del mundo, á no ser porque les entristecía un poquito la
circunstancia de que en diez a11os que llevaban.
de estar unidos, no había querido Dios favore-cerlos con un fruto de bendición.
Pero como eran buenLs cristianos, se confesaCausaba impresión de respeto supersticioso A ban; y cuando de los labios de Pablo salía algu•
los muchachos del lugar, verá aquellos dos se- na palabra que pareciera un reproche sobre el
f!.ores altos, robustos, blancos, rubios, de ojos particular, su mujer le contestaba con alguna.
azules, de andar reposado y de apostura impo• gracejada tan donairosa y oportuna, que le denente cruzando Juntos por la calle que conduce jaba tapada la boca para muchos días.
El boticario, el panadero, el intendente del•
al Castillo y penetrando luego por el portillo de
la fragua. Hasta: allí los seguía algún chico au- Castillo y otros dos ó tres principales vecinos se
daz y abría tamaf!.os ojazos y se apretaba con reunían también en la fragua y allí se comenta•
las manos el corazón cuando los veía pararse han largamente las últimas noticias de Paria, se·
junto al yunque, tender la mano al fornido y gi- recogían informes de lo más importante que pa•
gantesco herrero, y luego quedar iluminados de saba en el vecindario, y sin murmurar de nadierojo, como visiones infernales, al soplar de los porque ni el Alcalde ni el Cura lo consentían, se·
fuelles que encienden la hornaza, ó al estallar en pasaba el rato hasta que el toque de queda los.
llamaba al lecho y al descanso.
mii estrellas el hierro al golpe del martillo.
Estaban de tertulia y había .reunión plena en
Pablo Poulet se llamaba el herrero que también era veterinario, y como ya dijimos alto y una noche de otoflo; se había hablado ya de la
recio de carnes, vigoroso ccn el vigor de su ofi- última crisis ministerial, de la pérdida de las cocio; un atleta, en fin, que hubiera dado miedo A sechas de trigo en Rusia; del buen estado de la,
los mAs valientes, si una mirada dulce y bonda- vendimia en Villiéres y sus cercanías, del cercadosa no hubiera esparcitio su luz de amor sobre no matrimonio de Oleo Robín y de otras mil coaquella cara varonil é imponente.
sas, y declinaba ya la conversación cuando un
Pablo Poulet estaba casado con Maria Poulet incidente inesperado despertó el sobresalto hassu prima hermana, que también era alta, gruesa, ta en María Poulet que era la alegría misma healegre con franca alegría, siempre enscf!.ando al cha mujer.
reír dos hileras de dientes muy blancos. y con
Y fué que·á deshora se oyó galope de caballos.
las mejores manos que haya hecho Dios par/\ por el sendero del Qastillo, y se vió venir con di
confeccionar:cualquierplatillo, ya de cocina ó de rección i\ la fragua, á un criado de los del señoL·

EL MUNDO

275

de blusa del obrero y preguntó por la casa cural.
Conducido que fué A la prese1 cía de Susano
de Mariel, le dijo que habiendo quedado en Pa•
ria huérfano y sin recursos suficientes, v temiendo los peligros que para la perdición de un joven presenta la gran capital, h11.bía resuelto bus•
car algún rincón humilde de Francia donde vivir de su trabajo, casarse una vez que sus nego•
cios hubieran tomado camino, y formar una faruilin cristiana y feliz.
Como estuviera presente en esta entreV!sta Pedro de Mariel, pidió al joven sus papeles y vió
que todos est!lban en reg-111 y que entre ellos ve•
nía una libranz11. de veinte mil francos cobrable
en la cercana ciudad.
-Decía usted que quedó sin recursos al IDQrir
sus p!idres, dijo el Alcalde ¿qué significa entonces esta, cantidad?
-Si su Sefloria se digna leer uno de estos car•
tificados, continuó el joven, verá que ese dinero
es el producto de la venta de cuanto heredé de
mis padres y que no constítuyerecursos suficientes para la vida de Pllrís.
Si me hubiera quedado allí, en breve tiempo
habría dado fin á mi capital, en tanto que en este
pueblo puedo pasar ha1:1ta por rico y labr11rmeun
porvenir de tranquilidad.
-Muy honestos son estos pensamientos, dijo
el Cura, y ruego á Dios que usted persevere en
ellos. Si de algo pueden servirle mi apoyo y mi
consejo, cuente usted conmigo.
El joven manifestó efllsivamente su gi-atitud,
dijo llamarse Marcial Rigot, ser pintor ·y estar
dispuesto á embellecer con su arte y gratuitamente la iglesia del lugar. Luego la conversación se hizv general y de confidencias, hasta el
punto de quedar los seflores de Mariel y el recién venido ligados por la más honda simpatía.
A los pocos días ya Marcial Rigot estaba instalado en el pue_blo y había . puef?tO q_n molino
aprovechando una caída del riachuelo, lo cual
fué muy favorable para Villiéres porque abarató
el preció' del pan.
·
Aunque durante toda la semana no se habló en
todo el pueblo más que de la llegada del forastero y de la construcción del molino, Rosita pres•
tó á esto poca atención, pues en verdad que no
la preccc.ba que hubiera aumentado la cantidad
de jóvenes casaderos en la localidad, puesto que
ella no pensaba en casarse todavía.
Pero las demás doncel111.s no tenían los mismos
pensamientos, y al llegar el domingo, todas, como
si se hubieran puesto de . acuerdo, vistieron sus
mejores trajes y se arreglaron con esmero para
irá la misa mayor, donde de seguro podrían hacerse ver del joven y bello molinero.
Y así fué en efecto, porque éste, vestido con
un traje de burgués, sin pretensiones, acudió desde temprano al templo y examinó á cuantas entraban como quien busca á alguien con interés.
De pronto palideció ligeramente, un temblor
imperceptible recorrió su cuerpo y abrió los ojos
como un deslumbrado.
Era que Rosita se acercaba, sin galas ni adornos, con un trajecito de pereal y un sombrero de
paja, en el que lucían algunas rosas acabadas de
arrancar del jardín.
También Rosita se impresionó al ver á Marcial
y se apresuró á inclinar los ojos, pero ya era
tarde: el relámpago de su miraba había revelado
lo que pasó en su corazón.
Durante la misa, Rosita estuvo leyendo en su
devocionario sin distraerse ni un instan te, ó
viendo en el altar las ceremonias del culto. En el
momento en que el sacerdote levantaba en sus
mauos la hostia santa y repicaba en el presbiterio la rueda de campanillas de plata y hacia vibrar el organista los mejores registros de su a1·monium, Rosita, conmovida verdaderamente por
un sentimiento religioso, levantó·sus grandes ojos
como 11i al través de la nave del templo y de la
bóveda azul de los cielos estuviera viendo á Cristo ya sin espinas ni cruz en la plenitud de su
gloria.
·
¡Qué bella, qué incomparablemente bella esta•
ba Rosita en es11. aetitudl
Marcial la contempló en éxtasis; y como el
Obispo, dió gracias á Dios que babí11 puesto en él
mundo una criatura tan perfecta.
Rosita al salir del templo dirigió al forastero
una mirada tímida y furtiva, y luego, ya en su
casa, notó con sorpresa que aún pensaba en él y
le parecil\ seguirlo viendo, gallardo y atractivo,
elegante, sin pretensiones, muy diferente de los
demás mozos del pueblo.

�:l16

EL MUNDO

Domtniro 2 de Octubre de 1898.

IOinningo 2 de-Octubre de 1898.

EL MUNDO.

, 277

PAGINAS DE LA MODA
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Ese día habló poco, no comió bien, y su madre
·dPjó de reir y basta estuvo A punto de llorar temi,mdo que la nilla estuviera enferma.

III

....

LA. INVITA.CION.
Hablan pasado cuatro meses.
Con una reserva y un misterio que ni A si misro.Js se explicaban, Marcial y Rosita se habían entendido ya y basta habían concertado su matrimonio.
¿D,•pendía tal misterio de que el forastero tuVÍfl'lf ?1!t'l!T'é! en ocultarse por causas censurables?
No: 11maba, amaba sinceramente, y en efecto, el
m11trimonio con Rosita era su única esperanza de
fdicidad.
J&lt;}n cuanto A ella, ocultaba sus relaciones por
un s&lt;&gt;ntimiento instintivo de pudor, por más que
si111icra que ya el amor se desbordabu en su corazón.
Y eran felices los dos escribiéndose frecuente-

mente, viéndose apenas, cruzando alguna palabra
loe domingos en el atrio de la iglesia, y sofiando
en un porvenir de paz y de ventura á la sombra
de los Arboles que circundaban la casa del molino.
Pero el diablo, que no duerme, arregló las cosas de otra manera muy diferente y en el cielo
de Villiéres antes tan sereno y puro, apareció una
nube que amenazó desatarse en tempestad.
Una mafiana, un criado del C11stillo vistiendo
librea de gran lujo y cabllllero en Uh brioso corcel, llegó A la puertl\ de la fragua y sin apearse,
puso en manos del aprendiz una e.Arta cerrada
que tenia en la cubierta un sello con las arm1&gt;s
del Conde de Villiéres.
Cuando Pablo Poulet la leyó p1só por su cara
la expresión del que ha recibido una pulialada
en la mitad del pecho, y sin cuidarse de tomar la
blusa ni el sombrero, se dirigió á. la casa cural,
donde encontró reunidos A los sefiores de Marlel,
También ellos habían recibido c11rta del Castillo y también estaban consternados.

Ambas cartas en substancia, decían una misma
cosa.
El Conde, e11lvadae ya las dificultades que se
habían opuesto A sus deseos, había resuelto llev11r
á su lado A su bija Rosita, pero para que este
cambio de vida no le fuera perjudicial, tenía pro
yectado irln haciendo entrar pooo A poco eu el
mundo A que estaba llamada por la nobleza dis
su cuna y por la magnitud de sus recursos.
Para esto iba A pasar en el Castillo una temporada, iniciando la apertura de la caza con un
gran baile como lo 11costumbraba en tiempos anteriores, y á. este baile debía ser llevada Rosita.
El Conde acomoldiaba una invitación en carta se•
p11rad11 p11ra que le mostraran á. la nifia y recomendaba que le gu~rdar,rn secreto todaví&gt;\
respecto de su origen. Tampoco á ?tfa.rfa Poult,t
debían decirle nada todavía, pues en un arr11nque de dolor por la futura separación, podrí,., revelarlo todo frustrando así los proyectos del
Conde.
( Oontinuard.)

.

~',¡•')¡,"'
/~i-

FIG. 1. - NUEVO TRAJE DE CA.LLE.

�.278
~

Domtn,ro 2 de Octubre de 1898

EL ~'NDO

NOTAS PARISIENSES.

Por lo tanto, &amp;Pñores filósofos, no dígale nada malo,
contra la mentira; los hombres dejaremos de ser felices cuando tengamos la clave del intrincado problema .
que se llama mujer.

¡Cuán amargos suelen ser
le.e recuerdos!
En Pnie, rue de Rivoli, de
seis á. siete de la tarde, bajo
las arcadas del hotel Co11tinental, ante la soledad triste
de la11 Tullerfas. jardln abandonadn que contraata con el
ruido de la calle, miles de extranjeros en mails y carruajes
de familia.
Dos enlutad11s dam11s envueltas en lai, rlgidas túnicas
de viuda y con su capota á. lo
Maria Stuart; dos damas cuya
nobleza y altivez el tiempo y
las d11sdlchas marchitaron,
marchan lenb.menre como su,reetionadae por ta noetálg,ca
visión de ti empoe mejoret:1
A través de negras gasas
podemos descubrir dos rostros
mtnPe11ntes: uno, ideal de belleza durante el último Impl"·
rio; otro, expresión dti inteligencia suprema.
Las doR damas que marchan
Jl&amp;Ueitdamente eon las hoy
Condepa de Pierrefonde. ayer
de Montijo y su dama d11 lectura l\fad11me Le Bretón: la
Emperatriz Eugenia que ahora viene á Parle para buscar
alivio á las dolencias del cuerpo y para excitar loe sufrimientos del ePplritu.
Por eso marcha lentamente
ante aquellas Tullerfas, solar
del Puntuoso palacio donde
reinó por espacio de veinte
11ñoe. al lado de su esposo y
de su hijo
Y el sol también muere á. lo
lejos Pntre una bruma de oro,
y la multitud olvidadiza pasa
indif.. rente al lado de la que
fué ~u soberana durante veinte años, cuyo desastre desapareció en medio de tantas desdichas.

Experiencias actualmente en cuno están
demostrando que bajo el punto de vista estético debemos irremisiblemente vestirnos.
La moral también lo rPquiere, pero quizá.
no &amp;"la necesario b11jo el punto de vista de
la higiene y d11 la s11lud
Es la opinión de alguno¡; médicos y por
·eso se han inaugurado ciertos establecimientos en que ee tratan al~unos casos patológi
cos, regreijando al traJe de nuestros antepll·
s11dos ó Pea á la ausencia de todo traje. El
señor de Varigny los ha vi@itado.
Son instalaciones donde 111 abrigo de las
miradas indiscretas y en jardines especialmente dispuestos á loe enfermos, se entregan á curaciones al desnudo. pasando el dia
entero sin traje alguno, expuestos á. las caricias del eol, del aire y de la lluvia.
No ee veroeimil qu1¡ un mismo remedio
convenga á todas las afecciones El proverbio dice Que lo que mata al eaetre cura al zapa.tero. Estos son loe debilitados, algunos
tuberculosos también, y la desnudéz parece
convenir particularmente en el tratamiento del estado general que ee llama 11c11nsancio de vivir," estado que no t&gt;S una enfermedad caractariz11da, pero que precede á acompañ11r sinnúmero dt, afecciones. En este caso, la deenudéz representa uo papel de estimulante y de fortificante. He aqui los principios generales de ese tratamiento, tal como
están establecidos en los Institutos existentes.
Desde luego el tratamif'nto se verifica en un establecimiento rodeado de paredes, de modo que no ee
ofenda la moral. La extensión del terreno ee agra.dable y los jardines eon amplios. divididos en dos para separar l9s sexos como es debido
La vida diaria del enfermo, ee la siguiente:
.
Se levanta á. l11s cinco de la mañana, no importa s1
es hombreó mujer. Después de lavarse bien como
todo eér que se respeta. va al jardín Está. deenu~o
como un gusano, pues por todo traje lleva una fa.Ja

•*•

) ;"1

'.
\\ .

279

EL MUNDO.

HIGIENE A LA INTEMPERIE

La Gr.in Opera de Parle.
goza de universal renombre,
su foyer ea una obra maestra y eu monumental escale•
ra no tiene comparación con
n!ngnna del mundo entero.
Pues bien, entre loe mármoles y el oro puro de aquellas inmensas ~alerfas, existe también el oropel, si hemos de dar crédito á los criticoe de arte
Uno de loe numerosos bus-•
tos decorativos tle los corredores es apócrifo; su historia es la siguiente:
Tratábase de honrar la memoria de 11n arquitecto del
siglo XVIII, muy conocido
por sus frecuentes viajes á.
Rusia.
Encomendóse Ru ejecución
á. un escultor de talento, el
cual después de h11 ber regle•
tritdo cuidadosamente loe Archivos ~e Estampa•, la Galería Nac1onal y el Palacio Maz~rin!, no pudo encontrar•
mngun retrato del arquitecto en cue11tión
Sin embargo, el ePcultor •
habla rPcibido ya PI dinero.
Y,. devolv11rlo ere al~o duro,
aun para un artista de talento.
N,i t11rdo ni perpzoso, modelo una c11 beza cualquiera, co11 peluca estilo de la
época, y, después, copió su
busto eR un antiguo pPdazo
de papel y pre•entó el todo
á la comisión receptora
Naturalmente el parecido
no podia ser mayor.
Y he abf como el bronce,
Y el marmol se burlarán de
la posteridad.

•"'•

En tiPmpos representá.base . ~
en el Teatro del Orleon una¡,,...
obra muy antigua: Les Since- ;i ·
res.
Sus p!3rsonajes, amantes di' , ·': ¡--;;:,,.:..:,;,.,.:·. , . .
la recmu~ de al,) ,:jp_-·;_:;--:;¡_ ·· ,~·.
ma y t'Dem1gos del
r::J!i'- . ·-&lt;;, .&lt;.;_";\" ; ·
..mbuete, resalta.'?-%·· ·,·. ~ ·•·· . ;: ·, •

Domingo 2 de Octubre de 1898.

p ersisten en seguir con conetancla el ejem
plo de nuestro padre Adam.
¿Y si llueve ...... El asunto es sencillo. Se
di.'ja uno mojar y se anda bajo las gotas del
aguacero.

Ll MODESTIA.
Y LA

MUJER MEXICANA.

Fig. 2.-Modelo de teiido para colcha.

Una de lae cosas que han impresionado
vivamente á los excursionütas en México,
especialmente americanos, es eee porte re•
cogido que ha carecterizt do siempre á la
mujer mexicana, en cualquier eetadoque se
halle, particularmente á las de estado célibe
Eee porte recogido, hemos dicho, pero porte
quereconoce como origen una hermoeleima
virtud, que no puede m1&lt;11os de hacer á la
mujer interesante y ~impática, como un in•
terés y simpa tia respetuosa y venerable, esa
virtud ee llama MODE~TIA.
Y con razón ee impresionan tan agradablemente loe americanos, pues en este punto, la
mujer americana del Norte y IR mexicana
difieren esencii.lmente, por contumbree, por
educación, por religión Aquell11, la americana, desde eue primeros pasos en la vida doméstica y en la social, se mueve con una Ji.
bertad cuyos limites no ~on muy estrechos.
Esta, la mexicana. es vigilada con ojo a.visor por la madre en sus.:.iás leves movimien~
toe, formándole destle su infancia hábitos
del más extricto r11cogimlento. Aquella, aunque sea
católica, 'live en un ambiente no muy severo, cual es
el proustl!,ntiemo, re i¡z-ión dominante en Estados Unidos; ésta, por el contratrio, vive en un medio rellgio110
estrecbleimo, teniendo siempre ála vista un modelo d.vino, celebtial, purieimo cual es el de la Inmaculada.
Virgen.
Con razón, repetimos, causan tan vivit impresión
nuestras mujnel.', pues como ha dicho un piadoso escritor: "á. los Ctjos de Dio11 la modestia es la virtud por
excelencia; áloe del mundo ninguna hay que le pueda ser ctmparada. Adornaos con las cosas má,ilindas

,

~:ª:~ªu::;~;;:· . ':::.: .-fl1:'1···
.::;; ~'z,j - .~~- ;;,;;;..;
:.z~ . ;, ;:. _,,;,_ ,. &lt; . º""" · ::: .

ba d-, 1a franqueza
~
y se hacia.o odiar
,,.
·f/ · ·;-· : " " -&lt;" ~ %J' ~~,,.:.. ~
porPucultoidóla;,:·."&lt;:
,::~:-!.=&amp;~ ,... ·~ º~~º •
tra de la verdad
, ;;'~ :'(~~p;~-=;'.:0 :;i;~:. ,.
desnuda
✓, ...~
,,.,¡;3/--:;::.:-~~·::. ...,,.,:;.~!j-· •
.. -~"=",·
• •
•.-: • ,,
.. _-- ~~~f.::; : : ~!·'
--E~toe eJemploP
: ,:;:f,.,g •· ·
i .
toma.do e por el
.,,·_ ·,~
. •..dram&gt;1turgo en un
mundoqueyadeea parecio, s "r I a n
máe exactos aún
en las generacio•
nee presentes.
Esos tipos no han
envejecido p o rque la constitu ción de la buena
Flg. 9.-Sombrero Wanda.
sociedad reposa
precisamente sobre fórmulas y con
vencionaliemo, artificio v mentiras.
do la simple frase me amas, ella os respondiera con
¿Qué eucederla si nos "decidiéramos á ser verdade- franqueza?
ramente; sinceros?
Si ella os dijera que no le sois indiferente, que ella
Por eeo me parece pueril é injusta la perenne acu- está entre vuestros brazos porque vuestras insietens11ción que se hace á la mujer al considerarla embus- cias le hicieron caer, que lo hace por temor al escántera por defecto natural ó por vicio instintivo.
dalo ó que desea ver en voeotroe un ardiente protecSi la mujer fuera militante dela sinceridad, ¡pobres tor; ei ella os dijera eso y más, quielera. yo ver vuesde nosotros los hombres.
tra cara.
¿Qué bariaie si al desliza:- en los oídos del bien amaPero la mujer finge, suspira y dice que os ama y
vosotros felices y crédulos, gozals la dicha del amor,
cosa demaaiado suena para ser dulce al corazón aún
cuando no eeteis c;ertoM de la correspoupencia.
Si sois celosos y las visitas de un amigo, demasiado
asiduo y obsequioso con vuestra e~poea, os molestan;
vuestra mujer se lo hará entender al visitante y le
finge cualquier pretexto parll que se aleje y para que
os conserve la misma afección amistosa,
Si sois pobre y las pdvacionee son vuestro régimen,
la esposa se 11molda A las circunstancias en el interior
de la casa y al exterior, ella sabe fingir un bienestar
que no existe
¡Pobres mujeres)
Perdonémoelee que finjan si saben cuando deban
hacerlo.
Si la naturaleza que nosotros creemos brutal y
egoieta no lee hubiera hecho hábiles y un tanto embuRteras, el matrimonio s~rla imposible.
Jamás podremos conocerá. fondo la que amamos y
no sabemos si la podríamos a.mar y Rer felices con su
amor si consideráramos sus pequeiios y grandes defectos.
La Pociedad heeha de conv11nciones hipócritas y de
Flg 7-Corsetnoevomodelo.
!órmul1te que son me1,tira&lt;1,nopodrla existir Ei la muDelnntero y espalda.
Jer no fingiera, ei no fuera equilibrista.

Modas de París.

con un ligero paño, equivalente á la hoja de parra
de que desde nuestra niñez se nos ha hablado. Se
pnmite el uso del sombrero para evitar una insola•
ción. Cada cual lleva consigo un desayuno frugal.
Nada de carne, que llena el estómago de venenos, de
toxinas de humores, se digieren mal y _agrían el carácter, pero platillos ligeros, miel de abeJa, leche, pan
al ebtilo d-, los pastores de Arcadia. La mayor parte
de la cura se opera sobre la faldit de agreste cerro.
Si ha.ce calor se acuestR uno sobre la hierba, á la
sombra d11 un árbol, para leer y charlar con sue compañeros. Si hace fresco, se anda por las_prader_as, se
entrega uno á juegos pastoriles, á ejerc1c1os v1olentoe, á todas las ocupaciones del aire libte de que ee
pueó.e disfrutar en el campo. Si ee
quiere, se extiende uno al sol, dejándose tCtstar un lado, después el otro, é
iniciándose en los goces predilectos de
lllB higuanas y de los caimanes.
Deepu('s de algunas hone pasadas
tan agradablemente, se baja del cerro
al valle, y alll, siempre desnudo se su•
be sobre un tejado ligeramente inclinado, se acuebt&amp; uno al eol con la cabeza únicRmente cubierta. Después del
baño de aire, se tiene asi el baño de la
luz y del calor.
En seguida, envuelto bien en un co·
bertor, como una momia, el enfermo
est{I expuesto al fuego celeste com" si
tuviera que cocerse en su jugo. Dos
criados aparecen, momentos después
i!e apoderan de él y lo eumerjen en un
baiio de 11gua tibia. Al salir de éste
lo oprimen y refriegan con sue manos
haciéndolo pasar por una sesión de lo
que se conoce bajo el nombre de "ma•
sage. 11
Todas estas nperaclones ocupan la
maña.na hasta las doce, hora en que
los enfermos van al comedor, siempre
en eu simplicidad adámica. Comen otra
vez con frugalidad; leche bajo distintas formas, frutas, legumbres.
La tarde ee la repetición de loe ac•
tos de la mañana. Sin embargo, la ma•
yorparte de los enfermos comienza con
una siesta al aire libre, acto continuo
paseo, brincos, ci,,rreras en los jardines.
Al anochecer-se toca la hora de la
cena-los mismos manjares y ¡á dor•
mir! Algunos al meterse en cama, se
ponen por vez primera en las 24 ho•
ras algo que por completo los cubra,
Ja tradicional ,camisa de noche.• (J tro11

La moda de este
año se a preoe al padre Coloma, solo hace pequeñeces.
Los zapatos ama•
rillos ó encarnados
ya no son de buen
tono, y ahora, para
ir bien calzadas las
parisieneee, llevan
botas altas y de color verdoso! Por lo
visto los zapatProa
manejan los colores.
como un Corolus
Durand.
Se usan mucho
loe sombreros de
paja á la iglesia.
muy sencillos y ligeros.
Pa!'a_ el campo se llevan las elefil'ante1, faldas cortas.
Y c~rp1ños escotados; pero sin exafil'eración.
~1 el escote es grande suele llenarse el vacio quec
deJ&amp; la falta de_tela con entredos muy tranepar-,nte ó
con gasa muy hgera.
Las mangas anchas y largas ee hacen de puntilla.
Ó de gasa.
'
L?s saquitos de mano, llamados ridículas y que, en
reahdad Jo son. ya nadie los usa.
'-';.~t:.~1~ ~ -

.·

'

,

.,; l',o • ~ ......

e--~

'. ~\

Fig. IS-Banda de colcha.

Flg. 3.-Banda de colcha•

\

Flg S.-Blmin. df&gt; &lt;'R.lólR. Delantero
y eiilpnlda.

t

más ricas y prPciosas, cargad vuestro tocado de oro

Fig. 4.-Belojera fantasfa.

y pedrería, de flores y perfumes; hacéos tan primorosas y deslumbrantes como mejor os plazca ... .si fa.Ita
esta virtud en vuestro semblante, en vuestra apostura. jamás Alcanzaréis la verdadera estimación, el
verdadero afecto. Pero si poseis ese hechizo, ese encanto, ese podProso incentivo de la vhtud suprema,
aunque no poséais bermosur11, riquezas ni eeplendo~es, ap-ra.d11Iéis conquistando eso que nad11 puede
1gualsr en e.;te mundo, que por nada puede ser reemplazado: el respeto llevado basta. la veneración."
• ¿Y renunciárá la mujer mexicana á eea joya tan pr11ciada, á ese adorno que tanto enaltece á los ojos de
todo el mundo?
Desgraciad11mente empiezan á notar
se slntomae de americanización, no sólc en la capital dela República, sino en
otras capitales,
!Ay de las prim~rae que abran la brecha en mengu11 de la modestia, del pudor y del recato que hasta ahora como
hemos dicho ha cara.eterizado la mu•
jer mexicana.

...............
R eceta.1o1 útiles.
VARIOS ll.WDOS Dlll CU RARLAS
QUEMADU RAS,

Flg 6 - Servilleta para te.

El carbonato de sosa pulverizado,
mezclatl.o con agua para formar una
pasta, constituye un calmante, pues alivia instantáneamente el dbloroso esco•
zor de l11e quemaduras.
. Si no se tiene á mano ninguna de estas cobae, ee cubre al moment.&gt; la parte
lastimada con una capa bastante espe•
sa de harina de trigo
Cuando el dolor empieza á calmarse, ee aplica un pedazo de algodón
empapado en aceite de olivo sobre las
quemaduras.
El éter quita tambi~n el dolor de éstas y evita la formación de las ampo•
llae, ó las disuelve si están formadas
Se empapa un lienzo con él y se apli•
ca sobre la parte quemada rociándola
cada vez que se seca el éter.
La clara de huevo mezclada con acei
te de (l)ivo forma un buen linimenS.:&gt;
para toda clase de quemaduras.

�280

EL MUNDO

paja yedda blancl\. Calota rodeada de un lazo de terciopelo negro cerrado delaut11 por un nudo de t ul de
malinas negro. Aplicación de lindos myosotis azul
tierno, con grueso mqnojo hacia adelante, acompañado de un nudo di, terciopelo n11gro.
FIG, JO. -JAQUET PARA MEDIA E STACIÓN.
Ea de un corte muy elegante, de tafetán perla y
malva A grandes ra.vas uuiendo~e en la parte po11te•
rior A una sobre f11lda que forma bonita cauda. Solapa• de sarga abi11rta11 Fobre una camisola de muselina de seda negra, cP.ñi.ia por uu c'toturón fantasía.
Galones de cordón de seda adornando la falda que
r1iruata un gran volante.

TOMO 11

MEXICO, OCTUBRE 9 DE 1898

FIG, 11.-PELERINA FANTASÍA,

Es de terciopelo, con cuello Médicis, adornada con
un hermoso escudo bordado de guias y ribeteado de
cinta de seda. Redonda en el frente se abre graciosamente sobre el corpitl.o, no ocultando más que el plastrón.

TEATRO "JUAREZ" DE MONTERREY.

FIG. 12 -TOILETTE PARA TEATRO,

Gran cuerpo blusa con un yoke cuadrado y orlado
de blonda de seda.
.o/
..

;....---• '.,_ . '-:•--------,.

- 3/./

:--~¡:;':~,:· '- ,/ /
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-

•·.,;::,
2,

f
,t~jj.;
!' .,.

Fig. 10-.Jacquet para media estación.
· Se aplica por medio de nna pluma rPp'tiendo la
operac1óu h1111ta que se mitigue el dolor fuerte.
. ~ntonces se cubre la llaga con una capa gruesa de
h~unento, .Y al _cab~ rle _algunos dfas quedará recu•
b1erta la piel, sm c1catr1z alguna, c;,yendo el linimento en forma de escamas.
;Las qu.emadu.ra11 producidas por el fuego ó por algun lfqmrlo cahPnt11, se c11ran sin dolor y sin quefor•
me A~pula, aphca11do R~ brn ellas cataplasmas de zanahoria cruda rayada ó molida.

Fig. 11.-Pelerina tantasfa.

Nuestros Grabados.
FIG 1,-NU JDVO TRAJl!l DE CALLE,

Es de sarga de seda azul; el cuerpo va Ji.
geramente ablusado en el Frente. Está h,·rho
i:on un yoks redondo que se extitmde hasta
los hombros, es de mu, elina de seda y ostent~}eves pfüsés Al rededor dttl yoke el
corpmo termtna con tres hermosas cintas de
tafetán malva y blanco qu11 ribetean el ala
EUperior de 111 blusa.
Un lazo de taft'tár. mRlva y
b .an~o f&lt;_&gt;rma un Pl.. gante chou
A la 1zqu1erda de dicha blus11, y
uua basquiñii. de lo mi11mo orna
la falda. Las mangas y 111 cunpo llevan muchos gaiones en
bandas ·paraJela11 ouduladas.
FIGB 2 3, 4, 5 6 y 7.
Damos con f'ftos números una bonita
colección de trabajos para damas, de todos los modelos y de todos los géneros, de
los que más en bo!('a están Pn la actuali•
dad, propios para las labores de la estación
11ue s11 a prox1ma.
FIG 8 .-BLUSA DE CASA.

Es toda de muselina de @E'da, muy justa ccn ampliaR mangas rE&gt;mat1Jd11s en un
ligero carrujado &lt;'On remate dt&lt; blondas
y ceñidas A la muñeca per lazos rosa. En
el frente y en la espa1da grandes plissés
y caello alto del mismo estilo de los remRtes de las mang-as, ornado de blonda.
Corbata de lazo azul.
F IG

Fig 13-Trnjes para ninos de 6 á S años.

9

- SOMBRERO WANDA,

Sombrero levantado en el delantero, de

Fig. 12-Toilette para teatro.
El cuerpo es do terciopelo y el bordado fig-ura un
bolero leye. U na gran fantasla bo, dada se prende al
talle hacia adelaute y cae 11u acuchillados muy agu,
doa sobre la falda de sarga lida. Mangas de sarga con
grandes bullone11.
FIU. 13.-TRAJES PARA NIÑOS DE 6 i.. 8 A:&amp;os.
El primero es una jaquette pasada, de sarga de seda azul marino, con cuellito marinero completamente
superp~esto sobl'e unas soll1pas triangulares.
Dos filas de botones adornan y cierr1tn la prendita
que ~ae sobre una enagua de pt1rcal floreado muy
sencilla.
'
. El segund? PB un jacquE&gt;cito de sarga diagonal,
tambiéu, abierto sobre una camisola marinera muy
elegante Dos jorkeyH ornado11 d11 cinta en dibujo escocés. adornan los . hombros. Este jacqueclto cierra
muy Justo por medio de dos filas de botones.

1
ELTELON DE BOCA.

•

NUMERO 15

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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