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                  <text>Domingo 30 de Octubre de 1898.

.1!:LMUNDO

3i8
ser empujados por los palpos de loe de atrás, hasta los
Jl!áS ancia?,OS, que cuent,.n ya ocho días de i.xlstenci11., todos iban dando ....1uestras del mayor regocijo á
celebrar d sacro~anto vinculo de los dos desposados
en un templo tan gracioPo como digno de la pareja
era ur.aconchita"de una {isa muerta en una tempestad'
pero caai al término del camino tropiezan con los arre'.
batados movimientos de la agonizante mosca ... ¡y chicos y grande~! y machos y hem])ra~ huyen desolados
unos á gtrnrecerseen un grano de arena, y otros y en•
tre ellos Jo¡¡ novios á escondene entre las radiculas
de la pontederia; pero ¡oll dolor! la novia, impresionada por tantos y tau ine•perados acontecimientos, brincaba torpt&gt;mente y al buijcar la salvación en la enraizada, quedó pre¡,a ~llJtre los cinco ramúnculos de u1.1a
ramita color de esmeralda; á poco estos bracitos se
abrieron de nuevo, y exánime rodó la despoFada hasta el fondo de la arena ...... ¡llabia sido estrangulada
por nna llidral
ARNIJLF'O.

NUESTROS GR.i.BA.DOS.
FIG. 1.-GRAN CAPA DE ESTAC'IÓN.
Oe terciopelo. redonda. con cuello reina corriente
doubleé de piel y triple orla de volantes de piel de un
enc1i.ntador ePtilo. li:~ta capa flS dP la casa francesa
de Révlllon y llama la atención en Par is.
.
FIG. 2.-SOMBRERO ~IAHDFN,
Ee de fieltro, completamente redondo, con la falda
levantada hacia la izquierda Una draperia de raso
negro: enredada g,acio11amente á la copa y uu penacho de pluma constituye todo el adorno.
FIG, 3 · SOMB~ERII FANTASÍA
Una gran draperia de tul alternado con ros11s y fo.
llajes en caprichosa forma. constituye el adorno de
este sombrero, cuyas dos alas se levantan graciosamente á igual altura.
FIG 4 -TOQIJETA PARA DAMA.
Es de tul, alternada con un gran penacllo "ilusión"

y una serie de fruncidos que forman el cuerpo de la
toca, abriéndola por completo.
FIG. 5 -JACQUET BOLERO.
Es de paño de damas asargado, redondo y abierto
sobre el cuerpo blusa, con doble solapa y orlado de
cinta blanca de seda. Manga ligeremente arullonada.
FJG 6 -TOIL'RTTBI DE CASA PARA DAMA,
De una elegante originalidad; cuerpo blusa abierto
en picos sobre un plastrón plissé bordado. Mangas á
gran bordado y falda. alternada de mucho primor.
FJGS 7 y 8 -TRAJES PARA .NIÑAS DE 9 Á 11 AÑOS.
Damos bajo estos dos números dos trajes para niñas, de mucho gueto y elegancia, forma el primero
de estilo sastre un jacquet de forma. recta, abierto
sobre una camisola de punto de seda á rayas. Solapa
ancha figurando una especie de yoke ornado, afi como la falda de ancha. cinta angulada de muy bonito
efecto
FlGS 9. 10, 11 12 y 13.-TRAJES PARA NIÑOS,
Damos una c.impleta. colección de ~rajecitos para
niños de forma nueva y elegante, llamando especialmente la atención sobre el modelo marinero figura
9, d trajeclto de sarga pliesé figura 10, con yakecito
muy elegante y el paletot figura 12 de muclla fantasía con un gran tablero y yockeye ligeros.
FJG 14 -TOILETTE ELFlGANTE.
Gran falda moireé á guias, muy vistosa. Cuerpo
blusa de muse ina con un gran :voke y un plastrón
circular de mucho efecto. Un gran lazo de tul orna
el lado izquierdo .
FIG. 15,-BLUSA FANTASÍA,
De sarga de seda bordada, con solapas doubleé
de tafetas y grandes guias de seda bordadas en gran
relieve á dnecba é izquierda.
FIG. 16.-TOILETTE DE GUIPURE
Para tertulia ó calle, mostrando al frente una ligera esclavina, qu11 atrás se revuelve en una gran aplicación triangular de dibujo exótico. Basquiña hecha
también de una draperia bordada en extraño estilo.
Un gnn lazo de seda acordonada ciñe el talle y cae
hacia atrás en grandes bandas unidas en un moño
gracioso.

EL PAGO DEL SEGURO DEL GE:NER!L

CARLOS DIEZ GUTIERREZ,
Ex-Gobernador del Esta.do de Sa.n Luis Potosí.
Timbres por valor de ::¡;12.16 cs. debidamente cancelados.
Recibi de 11The Mutual Life Insurance Company of
New York" la suma de (812.147') doce mil cien•

TOMOll

to cuarenta. y siete pesos, plata mexicana.,
as!: $10,000 00 suma asegurada y$~ 147 20 por premios

•

NUMBBO 19

MEXICO, ?iiiOVIKMBRE 6 DE 1898

devueltos, en pago total de cuantos derechos se derivan de la póliza número !:00,772 bajo la cual y á mi
favor estuvo asegurado mi finado eoposo, Señor General Don
OA.RLOS DIEZ GUTIERREZ,
y para la debida constancia en mi carácter de beneficiaria nombrada eu la pól,za, extiendo el presente re•
cibo en la misma 1,óliza que se devuelve á la Compa•
ñla para su cancefación en s..n Luis Potosi, á once de
Octubre de mil ochocientos noventa y ocho.
Firmado: 'Mercedes B. de Diez Gntiérrez.

Un timbre de $050 cs. debidamente cancelado.
Antonio de P. Nit:to, Escribano Publico.
Certifico: que la firma que antecede es de el puño
y letra de la Sra. Doña Mercedes B de Diez Gutié·
rrez, quien la ha pu11sto en mi presencia. v dicho ser
la ,aisma que ac•,stumbra en 10dos sus n"egocios. En
comprobación de lo cual siento la presente en San
Luis Potosi á once de Octubre de mil ocllocientos no•
venta y ocllo.
·
Firmado: Antonio de P. Nieto.-Rúbrica.
El General Don Carlos Diez Gutiérrez tuvo la previsión de tomar en "La Mut11a,11 Compañia de Seguros
sobre la vida, deNueva York, una póliza deDIEZMIL
PESOS con devoluci.'m de premios. De manera, como
consta en la presente, su familia fué beneficiada con
esta suma y recibió también los premios que babia
depositado el Genera Diez Gutiérrez en la Compañia

•.

-!I

.It

:

-

1
¡11¡

!\

·•"~·:·-, .

EL SR. GENERAL DIAZ EN EL FESTIVAL DE CARIDAD.
(lostantáoea tomad" para El At,mdo.)

Flg. 1:i-Bl~-:a fantasta. Flg, 16.-Toilette de guJpu.re.

�Domingo 6 de Noviembre de 1898.

11:LMUNDO

350

LASEMANA.
No hace muchcs aftos, un grupo juvenil, movido de patriótico entusiasm1.,, fué en romería al
Monte de las Cruces y al pié del monumento que
recuerda la victoria memorable de los independientes sobre las fuerzas del cruel Trujillo,-un
monumento que harmoniza su austera sencillez
con la grandiosidad del bosque sagrado,-dejó la
ofrenda de un pi11doso recuerdo.
Patética conmemoración! Los jóvenes, los adclescentes más bien, llevaban todavía potente en
el espíritu esa clásica arrC'gancia de los selecto.;
y dcl?s idealistas para quienes la vida es epope•
ya y sólo conocen el tipo humano á través de las
severas cláusulas de Tito Livic.
Para ellos, aquel lugar sagrado, era santuario
misterioso, accesible sólo á los creyentes, á los
que se purifican en el agua lustral de las grandes
ideas humanitarias;-creían que la Patria aparecía allí en su radiante glorificación y poresofueron á oficiar en donde todo culto es grandioso,
en la soledad arrullada por el eterno murmullo
de las frondas.
Mas he aquí que una turba de seres aherrojados aún por la ignorancia y el instinto, manchan
el sitio consagrado por la Patria al heroísmo con
la sangre de brutal asesinato.
El aniversario de la batalla de las Cruces, fué
A su vez una batalla en la que pelearon odios
mezquinos incitados por la embriaguez,-ese velo que hace más obscura la noche en que vive el
bajo pueblo indígena, la existencia miserable
de una raza sin esperanzas de redención por el
progreso.

,,.,,

Vedla si nó el día de muertos en las práctic11s
de su culto á los antepasados. No comprende los
ritos del catolicismo, religión de la que es el indio adepto nominal como es nominalmente beneficiario de los derechos que le otorgan la cultura
de la época y nu&lt;Jstras instituciones.
En esos cerebros primitivos no cabe la concepción de la vida supraterrestre que constituye la
esencia de las religiones superiores,-un cielo y
un infoirno; goces y pertas inmateriales, distintas
de las que experimentall los vivob en la tierra.
Los difuntos comen, beben, se embriagan y riften como lo hacían en vida, y sus deudos no encuentran medio mejor de celebrar el día consagrado álos desaparecidos que servirles el banquete copioso y el licor que era su delicia, proporcionarles la baraja y aún armas para reftir.
La clase popular lleva á las necrópolis con sus
barracas y su completa instalación de fondas y
tabernas, el humor bullanguero, alegre, desordenado, y los excesos orgiáticos de una verbena.
Repugnante vecindad la de eeos festejadores
que profanan la muerte para los espíritus delicados que visitan la tumba de sus muertos, regándolas de flores simbólicas y de lágrims.s.

,,,.,,

. A medida'que avanzanlos siglos pertenecemos
más á los que fueron, y en todos nuestrr s actqs
sentimos la ligadura que nos sujeta á su misterioso dominio.
El porvenir se elabora secretamente, preparando inesperadas maravillas bajo el influjo del pasado.
Ascendientee, héroes, sabios y poetas ¡qué inme-nso rumor de voces elocuentes habla en nosotros y nos impele á seguir un ide8l, á resolver
un problema, a completar una. obra interrumpida por la muerte!
La solidaridad entre los muertos y los que viven es perenne, y mayor la a~ción de aquellos
en los acontecimientos, así en los vulgares é insignificantes como en los que transcienden á toda
una épcctt. Jesús conforta con su ejemplo á millones de mártires; Platón ilumina el intelecto de
la humanidad y Shakespearepuebla de tipos eternos la fantasía.
,.,;

El día de muertos, con ilU sol pálido y triste y
su bruma fría, toca nuestro corazón dormido,
despertirndo en él lo que fué. Y ese calor de afectos que sentimos un tiempo vivaz, y á todas ho•
ras presente, en este mismo hogar que abriga á
los que quedan, junto á la cuna vacía y el sillón
abandonado, nos hace pensar en la frialdad del
sepulcrv.

Becquer lo dice en la dulce ternura de sus
verses,
¡Qué tristes y solos
se quedan los muertos!
Gracias á que los sauces agitan sus ramas Y
los pájaros anidan y cantan en las copas, las
tumbas no están del todo abandonadas por la
vid11.
Nuestro amor no queda satisfecho con las cinerarias- que. llevamos al campcs:1.nto, ni con la
memoria de los muertos querido~: sentimos como
un remordimiento de vivir, de ser felices, al
agruparnos en torno de la mesa pa~a beber el v~no que tiembla fln las copas y la mirada que bn•
lla en los ojos amados.
No 1011 olvidttmos, no podemos olvidar á nuestr0s muertos.
¡Qué tristes estarán en la soledad de su tumba!

"""

Las noticias que llegan de Monterrey,-más
tranquilizadoras cada día,-indican cuán fácilmente prevalecen inmotivadas alarmas en el pueblo.
La multitud dominada por una preocupación
procede en todos sus actos de una manera ilógica, se ciega y se enfurece, se entusiasma y se
amedrenta por causas fútiles y á veces imaginarias.
Que cu11lquiera levante la voz y le diga cuando
padece hambre: «los comerciantes tienen víveres
y no quieren venderlos,» se arrojará furiosa y
saqueará almacenes y dará muerte á los supuestos enemigos del pueblo, sin examinar previamente si el acusador dice ó no h verdad.
Un quídam dice á ese mismo pueblo amenaza•
do por una epidemia: 11 los ruédicos envenenan á
los enfermos, 11 y la frase correrá de boca en bo·
ca; algunos pretenderán haber visto á los doc.ores en coPciliábulo para preparar el crimen; otros
de buena fe creerán que presenciaron una misteriosa maniobra del médico, tras de la cual el
enferuio murió súbitamente, y hasta habrá quien
atestigüe revelaciones de alguno de lvs inculpados.
En vano se demostrará la imposibilidad moral de eses hechGS imaginarios: todos los medios
racionales de persuación serán ineficaces. La
creencia 1.1bsurda n~ se desvanece con demostraciones¡ para destruirla es preciso apelar á los
mismos medios que lo engendraron.
Los historiadore!$ hablan de estos casos típicos
de demencia colectiva, momentánea ó duradera,
que produce toda agitación social. Un transeunte encuentra una multitud amotinada en las calles
de París, y alguien lo señala con el dedo diciendo: "ese es un traidor;" la furia popular se apodera del desdichado y lo abofetea y lo arrastra para colgarlo de una linterna: la víctima
tiembla, implora piedad, y cuando todo está perdido para él, grita otro amotinado 11 es un cobarde y no puede ser tirano del pueblo." La decoración cambia y el furor se convierte en hilaridad;
los mismos que iban á matarlo se ríen de él; pero
en ese momento el que iba á ser ajusticiado se
encara á la plebe y le habla de sus apiniones, de
eu vida consagrad'\ á la causa pública, y todos,
sin excepción, aplauden y lo llevan en triunfo
como á un heroe.
Así es el pueblo cuando nada refrena sus impulsos. Ya veremos cómo al desaparecer el pánico, los médicos á quienes una multitud estulta
deelaró criminales, serán objeto de veneración
por su meritísima conducta humanitaria.

,,,.,,
En el coliseo de Vitrgara celebró el Club Dramátic'O una velada, como acostumbra hacerlo periódicamente, y e$ta vez ofreció un doble atractivo, pues además de poner en escena una obra
de autor mexicano, la nueva creación dramática
se desarrolla en los brumosos tiempos que precedieron á 111 conquista ibera, en plena época de
civilización autóctona.
La obra, qpe idealiza á Netzahualcoyotl, el
poeta rey, fué bien recibida, tanto por su originalidad, cuanto por la discreción con que está
tratado el tema.
Aunque 11\ época á que se refiere es bastante
pintorerna, h11y que dudar no obstante, que alguna vez tengamos una Salambo azteca.

DICK.

¡Jolitica Qitntral.
RESUMEN.-La retLr:1da de Marehand y el eonfl.leto
rranc,-brltántco -Preparativos bMleos. -Temores
de una gra'.l eonnagracl611. - Ou los de pueblos Yeom ·
petene:as de razas. -Eslavos y sajones. -En Orlente
y en Occldent~ -Las eooferenelas de Parls.-Rumores contr11dletorlos. - La posesión de Fl'.lplnas. -La
ley del más fuerte Vre vlctlsl-Conelusl6n.
No ha bastado la salida del comandante Ma:chand rumbo AParís, álaque se da la sigr..ificación
de una retirada, para serenar el horizonte político
donde se ciernen obscuros nubarrones de guerra.
El conflicto anglo-francés permanece todavia en
pie, y prueba de ello son lvs muvimientos_y actividad que se obsP-rvan en los arsenales y astilleros de
la Gran Bretafta, la evolución de sus escuadras
en el Atlántico, en el Pacífico, en los mares de
China y oo el Mediterráneo. Por todas partes se
nota febril ansiedad y se siguen con interés los
cambios más insignificantes efectuados en las ·escuadras inglesas que resguardan todoslosmares.
Prepáranse en Davenport las unidades más poderosas de la marina inglesa, para concentrarse
en Gibraltar y vigilar desde allí Argelia y Túnez;
reciben órdenes de conce_ntrarse en Jamaica y
eu las Barbadas, los dispersos elementos que
constituyen la escuadra del Atlántico; en Victoria se reunen cruceros y caftone1 os, para dirigirse á Tahití y amenazar las islas de la. Sociedad.
Si todos estos preparativos indican un movimiento hostílcontralas di vasas colonilis francesas, que
en un momento dado pudieran ser atacadas, sábese que en Wey-Hay-Wey, Che-Foo y HongKong, se hallan listos para zarpar los buques
británicos con calderas encendidas y bien pro,
vistos de municione 1, en tanto que en Puerto Arturo, la escuadra rusa se prepara también á movimientos desconocidos.

***
¿Qué viento de muerte agita los espíritus? ¿Qué
soplo fatídico cruza por los horizontes europeos,
exaltando los ánimos, despertando viejas rivalidades, sembrando odios y agitando inextint'ls ambiciones? ¿Qué sombra de muerte cae sobre los
gabinetes, ofusca A los soberanos de la tierra y
estremece A los pueblos que parecen prepararse
á una lucha gigantesca? Como contestando á la
iniciativa del emperador Nicolás II, que apenas
hace dos meses predicaba la paz y la concordia
á las naciones de la tierra, como contestando con
fermentaciones de venganza y explosiones de
aborrecimientos mutuos, así se hallan los encargados de dirigir á los pueblos por el camino del
bien, lejos, muy lejos de la concordia que recomendaba el autócrata moscovita.
No es la posesión de un palmo de terreno en
el valle del Nilo Superior; no es el dominio sobre
un grupo de tribus nómadas del Sudan, lo que
ha podido ocasionar la exaltación en estos momentos y los grandes preparativos bélicos entre
Francia é Inglaterra; después de las continuadas
notas diplomáticas, despuás de la publicación
del «Libro Azul» por l¡¡, Gran Bretaña y del« Li•
bro Amarillo» por Francia, después de la retira.da real ó -fingida de Marchand y del aplazamiento de la cuestión egipcia para mejor oportunidad,
hay que pensar que alguna otra circunstancia, de
la que todavía no nos dan cuenta los cablegramas, ha venido á agriar los ánimos y á excitar las
voluntades, para que, cuando todos esperaban
una solución decorosa para las dos potencias que
se disputan con mejor ó peor derecho el repartimiento de los despojos de los vencidos dervises,
se encuentren, más que antes, á purito de un rompimiento.

***

No hace muchos días que el ministro alemán en
Pekín propuso á los embajadores extranjeros se
tomara posesión. en nombre de las potencias europeas, del ferrocarril de Tien-Tzin para que en un
momento dado pudieran ttcudir las fuerzas de sus
nacionales á defender las embajadas y los inte·
reses respectivos, caso de cualquier motín ó levantamiento contra los cristianos.
Rumórase ahora, que, aprovechando Rusia la excit~ción producida por la cuestión egipcia y la exaltación del espíritu británico contra Francia, trata
de~ar un paso más en territorio chino, pasando por
encima de los intereses británicos adelantando
siempre en su influencia desmedid~ y dando ur:
nuevo golpe á Inglaterra en el extremo Orient• ,

Domlngo 6 de Novfombre de 1898,

Verdadero 6 falso, este rumor sí explica satiofactoriamente á qué obedecen el movimiento y la
actividad inusitaaos que se cbservan en las escuadras y en los puertos de Inglaterra y sus colonias; sí se comprende de ese modo, por qué al
conflicto anglo--francé3 pueda substituirse el siempre amenazante conflicto anglo-ruso, aplazado
por un momento pero no resuelto, después de la
determinación muy vaga de las esferas de influencia ,respectivas sobre China, acordadas últimamente entre los gabinetes de Londres y San
Petersburgo.

***
Si deFgraciadamente el siglo que acaba ha de
tener las postrimerías sangrientas y ha de terminar con una conflagracil'.in universal, comparable
á la que presenció en llU nacimiento durante las
guerras del Consulado y el Imperio, ·turible será el choque entre las potencias europeas, formidable será la catástrofe que cambie el mapa de
Europa, disputAndose su dominio las razas eslava
y anglo--sajona.
·
Son de tal importancia, tienen transcendencia
tanta los nuevos problemas internacionales y las
disputas nuevas entre los p.oderosos de la tierra;
tienen tanto interés los futuros conflictos y las
rivltlidades nacidas entre los grandes pueblos, ansiando siempre nuevas tierras, buseando nuevos
mercados y requiriendo nuevas fuentes de riqueza por todas partes, que se empequeftecen ante
su consideración las viejas rivalidades, los antiguos odios que armaron á Alemania y la constituyeron en un imperio milit11r, é hicieron de la
República Francesa el pueblo siempre preparado
y con ~l arma al brazo, para volat en pos de la
revancha. ¿Qué significan los odios de dos naciones frente á los odios de dos razas? ¿Qué son la
com!:5etencia de dos países frente á la competencia de dos grupos humanos, uno de los cuales representa en su territorio la séptima parte ae la
tierra, y el otro tiene esparcidos sus súbditos y
sus factorías en toda la redondez del mundo?
El desquite que ha anhelado Francia hace cerca de treinta alios pudo ocasionar una guerra
más ó menos limitada. Para conservar la paz,
Alemania hizo la formidable triple alianza.
Después de largos trabajos y diversos tanteos,
Francia logró constituir su alianza con Rusia, para poder desafiar á su enemigo. Frente á frente
los pueblos aliados, se han contemplado de hito
en hito, sin atreverse ninguno á desenvainar la
espada, por no atraer sobre sí la tremenda responsabilidad de una guerra europea. Pero el eslavismo ha avanzado lenta y seguramente en su
camino de expansión¡ sin que nadie lo haya podido detener, ha ensanchado sus dominios, avanzando scbre el Mar Negro y sobre el Caspio, y
por fin, ha tropezado en sus inmensos territorios
de Asia con las posesiones británicas, en sus territorios europeos con el baluarte de Alemania y
de Austria, que aún tienen en su poder pueblos
eslavos.
La lucha no es de ahora, la competencia es secular. Si en el momento no estalla el confEcto, se
aplazará para más tarde; pero el desafío está lanzado entre eslavos y sajones: los dos se disputan
la posesión del predominio en Oriente y Oecidente.
¿Cuáles serán los pueblos que gravitarán en rededor de esos centros, y de qué modo se formarán las alianzas cuando estalle la contienda armada? Imposible definirlo, porque son muchos y diversos los intereses que tienen que dirimirse.
Tal vez para entonces tome parte y se siente entre
las potencias de primer órden, hasta la Unión
Americana qi:.e, después de la guerra con E;;paña,
ha inscrito su nombre en el catálogo de las potencias marítimas.
*

**

Vana fué la resistencia que opusieron los comisionados espaftoles en las conferencias de París, á las exigencias americanas, en cuanto se refería al asunto de las Antillas. Por boca de sus
representantes había declarado el gobierno de
Washington que no reconocería ni tomaría á au
cargo la deuda de Cuba, sino en aquella parte
que se ligara directamente con las ciudades antillanas, y á lo que parece han tenido que ceder
los enviados de su Católica Magestad. Pero al
anuncio de que los Estados Unidos pretenden para sí la soberanía completa sobre todo el archi•
piél¡¡go filipino, han circulado las versiones más
contradictorias.

351

EL MUNDO

Aseguran algunos, que este solo anuncio servirá para que terminen de modo inesperado todas
las negociaciones de paz; q ne en con:1ecuencia, se
renovarán las hostilidades, y una poderosa escuadra americana zarpará desde luego rumbo á
las costas espaiiolas. Dicen otros, que el presidente del consejo de ministros en el gobierno de
Españ.a luchará cuanto put:da, por medio de los
enviados en París, por alcanzar compensaciones
pecuniarias y el reconociinmto de lrt deudl\ de
Filipinas, en !a imposibilidad de oponerse á las
pretensiones americanas. Hay quienes anuncian
la retirada inmediata del Sr. Montero Ríos y sus
colegas; mientras que predicen otros la sumisión
completa de los comisionados españoles a cuanto pretenden los vencedores.

***

Difíc.il sería para Espafta, en las actuales c'.r-

cunstancias, querer oponerse por la violencia A
las condiciones impu'3stas por el vencedor. Podrá
haber disención Robre los artículos del Protocolo
que sirven de base Al traLado de P&gt;\Z definitivo;.
podrán encenderse discusiones más ó menos luminosas y esgrimirse todas las armas retóricas
recogida;; en el arsenal de la dialéctica por los diplomáticos españoles; pero enfrent1 de esos juegos artificiosos de la palabra, está. la inflexible
línea recta á que se han sujetado !fr. D11y y sus
colegas, s~gun las instrucciones recibidas del presidente McKinley. No cejaron ni un punto en la
cuestión de la deuda cuoana, y si es verdad que han
pedido la posesión de las Filipinas, probablemente tampoco cejarán y se manifestarán dispuestos,
antes que á ceder, á comenzar de nuevo las hos•
talidades, que tendrían por campo de acción, ya
no las aguas de Cuba 11 i el territorio de la gran
Antilla que está á medlas en su poder, sino tal
vez los puertos y las plazas muítimas españolas,
á donde probablemente se dirigirían las escuadras
de Sampson y de Schley, con la seguridad de n.o
encontrar la resistencia de una escuadra enemiga.
¿De qué podrían servir en este caso las protestas del gL&gt;bierno e;;paftol por R.nte la!f potencias
europeas? Europa que contempló indiferente cómo
se desarrollaba el drama. hispano--americano, sin
dar seftales de intervención, más allá de las ma•
nifestaciones de platónica simpatía hechas por algunos órganos de la opinión, quedaría otra vez impávida ante la renovación del conflicto. Harto
tiene que ucuparse en sus asuntos pr,:ipios y en
sus dificultades interiores, harto tiene en que pensar para curarse de las desventuras del débil.
Triste es pensarlo, pero hoy como ayer, el
vencido tiene que sujetarse á la ley impuesta por
el vencedor.

X.X.X.
Noviembre 3 de 1898.

de
ROMA.
¡Qué mal hizo el municipio romauo al m1111cbr destruir las ruinas de los baños deD'oclecianol Perola razón que tuvo f:J.é poderoshima en estos tiempos mo•
dernos: el emper.ador d-e Altlilla"Aia hacia en 1888 su
primera visita á su regio aliado Humberto, y el municipio de la capital d..l reino temió enge11drar en el
augusto hué~ped una impresión desagradable, si lo
primero quo se ofrecla A su vista era una mole de piedra negruzca v ca, comida que proyectaba su sombra
secular sobre ia frescura cie los muros de la estación
y muy cerca d'll monumento que conmemora el fracaso del modernfl Lacio en sus empresas conquistadoras.

No sé cómo habrá quedado la plaza después de escombrada, ni quiero saberlo; pláceme conservar la
impresión imperecedera que recibí al entrar a Roma y que guardo fresca a pesar de que entonces nri
eaplritu sólo presentla las emociones de la beHeza.
Hace v11rias h...-11s qu11 el ferrocarril, ese monstruo
de hierro con entraiias de hie1·ro. ha venidJ atl'aveean•
do campiñas sagradu. Sus r~ils están clavado~ en
tierra santa que, al ser removida para el levantamiento de las terraplenea, entregó á sus verilugos mil tesoros de arte y mil secretos histórico@. Desde que entramos al valle del Tiber, el eaplritu se siente espo•
leado por las recordaciones de los gloriosos tiempos
idos y · todo el· paisaje exhala una queja tristJsima,
una 'queja que parte de las _entrañas de sus ondulaciones volcé.nicas y vibra en el ram1tje de sus oliva•
res y azota las ventanilla.s del tren con el empuje de
las rimas latinas. El río serpEllltea eu armóni1as curvas cortando con la aridez de su légamo pedregoso
-i~stimonio dtt aquellas aeoladoras inundacionesla matizada verdura de los campos, A trechos mués•

trase la !il•r eta dentada del monte de San Orestes.
del antiguo Soractt,s, lnmtlnso bloque calt:á, eo que
sirvió d-, plldestal á. un templo de Apolo, y que cantó
Horaclo.
Vides ut alta stet nive candidum Soracte,

y que cantó Virgilio:
Summi deum sancti custos Soractis .A.pollo!

El conductor, menos clásico, anuncia la estación ~e
Borghetto, con parada y fouda Hay sin embargo u~a
penFadón deliciosa: beber el mismo vino de las 1nismas uvas ....
A la derecha, un castillo en ruinas. de pieara rojiza y torres tr~angula.res, mitad t1;1mplo y mit11d forta•
leza, con un campanario y un puente levadizo. A la
izquierda, sobre lll Tiber el ancho Ponte Fdice, cc,nstruido por Augusto y restaurado por S1x10 Quinto, y
cien veces cruzado por las legiones de lus Césares,
-por aquellas legiones acerada11 y bravla@ de esos
Ceda res apolineos,-y por las caravanas de los Papas,
-por esa&amp; purpuradas y muelles caravanas de aque•
llos Papas apocallpticos.
Sigue el ferroc11rril, y á lo lejos, entre el ob~curo
verdor de los proffcuos montes de olivos, blanquean
las casucas de un lugarejo abondonado, no mu_y did•
tant" d-,1 claro que sobre los mismos montils forma el
emplazamiento de Civitta-Caijtellana. Es Rignano, al
pié d"'l .Soractea; .alJi .nacieron dos tipos esencialmente romanoR, dos completas encarnaciones de sus épo•
cae: Julio C.isar el estoico y Lucrecia Borgia la ramilra.
El terreno Pe occidenta más y más, y los oliveros,
cargados de frutos, acarician la cóncava techumbre
de los vagones
E6t11mos en la Sabina, terra oleum ferens, que dió
mujeres á los romanos, mujere8 que rueron tomadas
por la futtrza con viriles energias y en cuyos flancos
si' labró el advenimiento de la futura raza vencedora.
Muy cerca de los rieles, á ambos lados, yacen fragmentos de piedra puerilmente labrados; el suelo está.
surcado de extraños cimiento8, la yerba se escapa de
las grietas de una vieja muralla, invade los cantos en•
mohecidos y brota flo;·es nuevas sobre las ruinas ¿Qué
iecuerdo vaga por alfü ...... Alli fué Curae, la patria
de Numa Pompilio ..... .
Sigue el Tiber murmurando su eterna canción, é.
la derecha del camino.
1.Jh! los murmullos de los rios! Los ríos, esas venas
pletóricas de la madre Tierra, cc,nservan en sus pulimentados cauces la crónica de los pueblos, y es un
h"cbo que sus aguas, eternamente 11uev11s, la cantan
al claro de la luua ó al beso dorado del sol. Los rios,
como los hombres, brotan de quién s11be 4ué ignotos
orígenes, pero desiguales; los rios, mád que 1011 hom•
bree, tienen el cuño de la raza, y corr-,n, corren, corren no importa á donde, llevando en los reflejos de
sus ltofas un girón de a1olengo que nunca podrá.a
manchar las profan-as abluciones que se dectúan en
sus orillas, aún cuando ellas pretendan precipitar en
sus aguas las incoloras fusiones de la moderna geo¡crafia politica. El Rhin siempre ha sido y será por
siempre teutón, como húngaro al Danubio y romano
el Tlber. Los rios murmuran sirmprn canciones propias y la canción del Tiber-10h, Vlrgilio, Horncio,
Cice-.ón, Liviol-tiene todala harmónica redondez de
la lengua madre, y en sus a~uas ,•liluido floh el opulento plumón del alma latina, con su doble aju11te
magnifico de liras y de epopeyas.
De pronto el carril torna forzadamente y se desou~
bren monumentos que arrancan el espiritu de lus viejos recuerdos de la Roma pagana, para engo1farlo en
plena Roma pontificia primero, y para recordule á
la Roma flamante y unitaria despu~s. En ef¡,cto, esa
villa que á guisa de perdurable centinela, parece columbrar la escarpada !J. nura desde lo alto de su
asiento, para resguardar los cascados patrimonios del
sumo obippo romano, fué la de los Orsini, señores pa·
tricios de muy hi•tórica alcurnia, y pl'lrtenece hoy á
los prlncipes de Piombino, no menos hrill11nte11 próceres de la corte vaticana. Asiéntase la 'Villa en pertenencias de Monte Rotendo, vieja heredad de una r.11
za extinguida, y napoleónicamente convertida, más
tardt&gt;, en envidiable ducado para los br'. vos .Ponill•
tow~ki. Ali!, hace seis lustros,elfrigio Garibaldi arrebató á las tropas francesas y pontificias un flerón pa•
ra la corona de Italia ....
Muy poco nos falta para llegar á. Roma, y vamos siguiendo la dire&lt;wión de la antig-ua tía Salara que
se extl-,ode á orillas del camino por donde va avanzando la humeante locomotora. A lo lejos, la villa Albaní (oh, sacro colegio!).
Todo nos re.,-ela que estamos ya a la puerta de una
metrópoli moderna: las multicolores banderolas ferroviarias que siembran sus tenos vivos sobre la alternada monotonia del verde (o ivos) y del gris (piedrae); las estaozuel~s rú8ticas rodeadaij d1;1 tropeles
lactiferoe; a qui y acullá, f.l.bricas de co sé qué, arrojando por sus alt~s chimeneas penachos de humo y
justificando, prosaicas y feas, el apasionado exclusivismo ruekiniano ....
Lubgo, se atraviPsa el rio Anio, afluente del Tiber
exhausto casi en épocas d~ sequia, y desenvuelve
con magestuosa lentitud su rinta de plata por Pnmedio de su lecho pedregoso ¡Oh, los leches pedregodos
d.6 la campaña dt1 Romal
A la izquierda las montañaa de la Sabi11a se rPfunden en los montes Albanos, sombreando el horizonte
con su 11lta y larga fila de árboles seculares,
El treo avanza. avanza, y repentinamente resuena.
un estrrdent'e silbido ....
Un nuevo recodo que se tuerce, un trozo de paisaje que se descubre, y luego, á la derecha, un inmenso hacinamiento de construcci0nes, como piocelazos
de sepia, coronado por un mara víhose enjambre de
torres y cúpula■. Una- de éstas, muy ancha y muy her•
mosa, sobresale por todo el cuadro y da e11. los ojos

�Domingo 6 de Noviembre de 1898

EL MtTNDO

352
con el júbilo y l1t confianza de un viejo conocido,;::my
cnnocido, á quien sin embugo no lletnos v1eto jamás.
¡El! Roma, con la cúpul4 de San Ptidro, nimbada de
oro por los últimos espl ndores del sol ponienttll
Et carril traza un vasto circuito en torno de la ciudad, como para hacer más deRellble el pronto arribe,.
El ring' se E111trecha paulatinamente, pa•amos muy
c'3rca &lt;1e la Pnrta Maggior6, rasawos e! de~portillad"
templo de Miu6rva Médica y entr1tmoJ:1 eu la estación . , .
0

***
¡,Nn PR cierto que el ánimo debe hallarse envi1elto
en deliciosa unción al Rllntirse en la vit'j I mt'trópoli
del pa¡.¡-1tni~mo, en la Ciudad Eterna, en Roma?
Iuc,,ndcieutemente t'spérase ver la es111sclón inundadit por bh,ncas parvadas dti togado11 cives y de
triu11fales legiouarios, á.vidos df-l .-s.,uch11r la• nuAvas
traidas del pais de los GaloJ:11 qui ipsa lingua Cettre

apellantur, ó bien de 11lbirrojas procesiones cardena·
licias ilumiaadas por los fulgores del oro y de las
gemas.
Pues bien 111 imprePión que Pe recibe l'S desol~dora; horriblemente at1eoladora El eFpectáculodes1e~pre. la igualdad ante el progrArn; las aduaneros uu1formadoJ:1 las máquinas t&gt;volucionando con .. normPs
pujo11 . ... los mi~mos pujos que he nido en NewYork
y e11 Parh1, en BArli11 y en Vhicago Yo bien Pé que
Psos pujoA eon 10P pujns de lit civilización, pero :por
Jov~I al llegará RoLila redonarou muy ingrat11.mente
en mis oído11.
El rlPMerado aumPnta cnando d.J cnnvoy Al' VA dAR·
cender á un gr&gt;1.nd d11 rubicundr,¡ nii11ters y niistres
envut11to~ "" amarillos carr1kij y calzlldos de piel &lt;le
coc&lt;'drílo Son ,vank•e~, que de.sde ultramar tiene1;1 alquilado algúu palacio histórico donde morarán mientras hagan 111111 adquisicio11l's de arti1tic works "n 111.11
gaL:.ri1t11 particul1tr1111, 11.,vándose la11 tel311 watJstras á

EL ORf\N FESTIVf\L,

!Jomin_go 6 de Noviembre de 1898.

¡ruisa de pavesas de gruesas cl~io_s pa~cuales, I:i,brados con primor para burlar la v1¡r1lanc1a del gobierno
ltaliitno que prohibe la e~portac!ón de cuadros y. eec·ultur,,s célllbre~. ¡También la Ciudad Eterna va s1eudo invadida por los yauktles, oh maeinro Sierra, por
esos Atilas aurífero~!
Ahora bien. al salir- de la 1111tacióµ y de~pnés dA
mirar el r:i.quirico y banal mausoleo quti recuerda laR
hecatombet&lt; Ítaliana;¡ en Abisinia. 1111ré en frtinte el
gigante muro de la11 terma~ de Dincleciano que ~oy
y11 no l'xi,ten y q11e halagabaogratame~te al viaJero
ávido d6 tlt'mpod idos. cou 11u colosal ~1Jueta. negra
que en dl'cr.-ciente dPnt.,dura, recorta ha el ePfumado ;mbient"' de 1a viPj, R()ma. al desl'mbarc~r á la
hora dA la tarde moribunda. tAh. nnncio podré p1&gt;rdo11ar tal dAstrucción al Senatu.~ Populusqup, Rornanu-~ quP fnncionó el 11ño fo8'i rlA h era woderna y
MMDCXVI de la fundación de Roma!
JUAN

SÁNCHEZ

AZCONA,

DE, Of\RIDf\D·
Expendio de dulces de la Sra. Linch de Camacho.

en la Alameda de México el día 30 de Octubre.

;.atención la esbelta Torre Eiffel1 copia reducida y

Conoci,lo@ como Ron ya del público todos In~ detalles del Bazn dti Caridad, rllprorl.ucimos ~nlo In má.s
intt\r.-eantes para d ..j.r consignado en nueHro 8"manatio un recuerdo de la brillante fiP~ta prep11rada por
el "Circulo de amigos dd Sr. Gt1n11ral D1az" en ob11equio á nuestro prim:,r Magistrado.
Mer-ece 11plau•o11 e;a agrupación por el tino con
qu11 dispuso la gran fiesta y el ,,;r Va.ll1&gt;to por el gusto arttatico de que dió pruebis tan palmariao.

gforiPtA v •e &lt;iirig-e al Norte, cond11cia al sencillo pabtllóu del "F&lt;!rrocariil," jut'go muy semt'jante al de
rui .. ta
Formaban el pequeñc pabellón elegantisimos paneaux &lt;le ~alón con p;nturas qu11 representaban t'SCenal! acuáticaR; f ~~to11e11 de vtirde follaje unian los 11xtr11mo11 d.-, t&gt;,to11 cuadros que sostenían l'll su parte su¡,eiiur el told" en forma de cono, pintado en su e:x.tt1•

***

La glorieta-central dd la Alameda quedó enteramentt' tra11formada en vaet t t'Xpo11ición donde pudo
ap:eciarsl'.l, en co1,junto y t'n dt'talltt. 111 importante
contingente que llevuon al fes.tivitl las ml'jorns familias de la sociedad mexicana.
La fuente príocipil de uuedtro prime· parque Ori·
tentaba adornod b.,1Ji~imos; en su ct111tro se debtacaba
gigantesco búcaro formado de camedores y palmas
que levantaban un soberbio penacho hal!ta toc11.r d
cit·lo raso que cubria el amplio salón dond11 fuero11 colocados los dunativos de las clas11s 11c,,modadas Stimbro1.dud eutre la supeifici11 liquida de la fueuttl ~e deA
tacabiln gallardos y henn ,sos los dif.,rent~s juegos
hidráulicJa, c.&amp;da uno rl.e .,,1011 rodeado dtt camedored y
otra8 plautas exóticas, que 11ervian dem treo A lascorrienttis de agua qne 11ubian á regular altura para
caer Juego sobre prnciosos ramillet.is de flores n ,!uralfls.
Las p:i.redes de la gran fuente P~taban 11dorn11das
en su interior _v exterio• por paneaux de heno frdt-co y
delicadas plantas entre las cual"" sobresallao las buga.mbilias azaleaH. margaritinas, malva rosas, geranios y palmas de la fortia. Trescientas sillas rodtiaban
la ful'nte.
·
Al r11dedor de la glorieta y en galeria de m!lrlera
reve,t1da de JitlnZoR de colorea r:,jo, ro11o1. v ven.le uilo, velau.ie los nunuroso:1 objetod qut1 f.Jrm 1b.rn el
Bazar.
La pequeña calzada que se desprende de 111 gran

353

~T,MUNDO

Guar.lia de honor.-B.m1beros de ciudad.
rior, á rayas gualda y blanco, y oro y blanco por dentro.
•i:n los tapetes verdes, en vez de números, figuraban 1011 nomhres de )aR principales capitales europea.: R lma. Bru.rel:1R ~hdri.i, Lóodres, Berna, Vieua y San Petersburgo

mmy. parecida á la original.

L~s sei,oras de Chavero, E,thPr Torne! rle Marte!
Beatriz Hijar dt' Cha vero y Landero &lt;le Algara y Japeñotit11s Sar.&amp;, Magdal.-na y Victoria Chavno, Car
m.-n Itur bide, Auita CuevaF, Consolación Garcla y
Lui,a LlamPdo, fueron 1as t'ncargad11s de rorrer la
rut1da. di' la fortu111t 1 siempre h1,l!til á las lindas apostadoras y ricos ci. bailaros.

La torre tiene uno:1 doce metros de altura v en sus
-cuatro costados1 en sus aristas1 en su pequei'ía. cúpu'la, por todas p~rtes habla sartas de botellas quefor•
·maban un gracioso aspecto.
Para aquellas personas que no tuvieron ocasión de
-conocer la instalación, dirtimos que se emplearon caltorcemil bote1las. La base dd la torre descansaba so•

Pabell6n de los Gobellnos.

Cuatro tiendas fueron levantada 1 al rededor de la
fuente, todas adornadas uniformemente: en el fondo
de un triángulo formado con barriles y á los costados, trofeos de banderas y escudoa nacionales, y grandes macetones de porcelana cubiertos dt1 mudgo Los
mostradores eran unos ecusssons de tela verde nilo y
rosa y en sus extremidades unas palmas de la India
y paneaux dti musgo y floree De las cuatro tiendas
partian anchas tiras de lienzo verde claro que se

Fueron encargadas del despacho de cerveza, la
Sra. Duque de Estrada y SritaA. Angela y Paz Rosete,
Luz y Lupe Villar y Dolores Cárdenas.
El pabellón de dulces de la "lmperiRl" era amplio,
en s u fondo percibianse dos gobelinos, priCJc.roP!simos que representRban escenas de la époea di,
Luis XV: estos encantos del arte fueron colocados á
uno y otro lados de un gran espejo de finisim&lt;1 luna
veneciana e·1cuadrada en marco dorado de singular

El Pab ..llón de la Banca, situado al princ1p10
de la calzada 1,1.-rid1una1 qu~ pa1ted6 la glorittapriucipo.l fi~u1ó entre l011 má, bello11 y mejor adornados.
8u obj, to-la v.-nta de ficha~ se distinu valor-Jo hacia sn uno de los mas cencurndos.
El Pitbellón na pt1qu• ño, un verdadAro &lt;'entro de
finanzas, preciosa chucheria qne con-titulan delicados y f1ni.imos obj tOJ:! d" artd tie J.,gftima procedencia a~iática.
El rl'ducido recinto guardaba hermosas filigranfs
orit'ntalti~: biombos i11rrones colosal~s, graudes abanicos de papel. farol.illos de todos tamaños y colorel:!1
uoa pdmH••sa luna bil!elada·con marco de hambú y
mimbre clar11 que hacia jut'go con 111 rt1veetim~nto de ·
la arroazón dt1l mootrt1.rl.or, 1oda construida d.- mimbr"'
v cañas dti bambú. Eu el fondo de 1-l microscópica
tiend11. aparecla e' dragón alado dtil J 1¡:óa, de anchad
fauces y relucieLtes llPcama•.
Compl- b ban el sin¡:, ular arlorno, grandes y ricos
macetones de China con pequeños arbustod &lt;le la mism• proced~ncia.
R.iciblan y caJDbiAb rn las mrinP&lt;laR. entrPgando en
FU lugar las ffrh'll! d,,rada11. 1118 \lt'ñora11 DolorPs Barrón dA Rincóu G1llardn, Carolina Cuevas de Esc.. ndón y Sara Diaz M mi~g·a de Rinron Gallardo y las
s11ñoritas Maria Rincon G&lt;Allar.to, Maria Portilla, Luisa Alcázar .v Paz G Calderón.

Ma!!'nifica in~talación fué la que hizo la Co'Tlpañíl\
Cc,rvecera de Toluca. De cerca y de lt'jos lli.wi.ba la

La exposlcl6u de labores manuales en la Glorieta Central.

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lbre un tonel de proporciones descomunales, redeado
-de otras botellas más grandes.
La fuente que corresponde a la glorletll. respectiva,
fué transformada también; el grupo de ninfas des•
-cansaba sobre vasto bu.caro de flores y plantas exóticas; al rededor habia diseminadas tres mil botellas
de diferentes tamaños, sembreadas de bouquets de ro"8as y paneaux de musgo.

untan en el centro de la glorieta, á una altura regu-

lar, formando el toldo del pabellón.
Rematando la cúpula de la Torre Eiffel, flameaba
una bandera blanca con esta inscripción: "Festival
de Caridad II Dirigieron los trabajos el Sr. Ingeniero
Enrique Cárdenas y su hermano Teófilo. No bRjaron
de tres mil pesos los gastos hechoe para levantar la
torre y los cuatro expen•lios descritos.

tallado; hacia afuera y casi en los extremos del salón.
se levantaban dos araucarias; macet~JlAS con ralma
de la India y tibores cori plantas l'xóth a,. En e interior de la tiend~ habla v ..rios ramos J11 rosas. El techo y cnbierta del mo&amp;trador eran de cretona de dibujos japoneses: 11quel e~taba sostenido por eebeltaa
columnas forradas de género rojo y f..@tón.
Al frente del despacho estuvieren las Sras. Guada-

...-..--~~~~~
C,lLLES CENTRICAS DE LA. A.LA.MEDA..

Taller de Fotografia de los Sres. Valleto y grupo de seiloritas
que lo atendieron.

Pabell6u de Sao Angel.

�354

EL MUNDO

El aspecto del salón era sencillo y de,
buen gusto; fuera de él se colocaron varias mesitas, confidentes y sillas austriacas que constantemtnte estuvieron ocupadas por 1011 numeroEos clientes.
A un lado de este puesto se levantaba
el vulador de pedales, aparato poco conocido aunque 11fecta la forma de un volantln y es movido por los mi.moa que toman asiento en las carretill11s que sostiene el grueso pié derecho del centro. Jóvenes y niños estuvieron psse11ndo constantemente y dt&gt;jaron buenos rendimientos á la Empresa.

!upe Terreros d_e Algara, Cuevas de Mier,
Cuevas de .l:'o_rttlla y Ana Schultz de A· rillaga y señoritas Anita Rubio Obregón,
Pepita Algara, Carmen Rincón Gallardo
Leonor de Mi~r, Lolita Rubio Obregón;
Guadalupe M1er. Paz Vortina Elt,11ita
Mier y Luz Cortina,
'

***

tA un lado del puesto de "La Im~erial"
estaba simado el .Pabellón Azteca. l,.l frente del ~ermoso salón se destacaba el Ca
lendario Azteca, soberbia imitación del
que se e11cue11tra en el Museo Nacional
A los 111dos de ese monumento h.1bia
plantas de nuebtra rica flora como cactus
magut-yes y plátanos; en los t&gt;Xtremo~
fueron colocaaas dos grandes deidades
aztec&amp;P, las cuales dtscan.: aban sobre
piedras de la misma procedencia.

Domingo 6 de Noviembre de 1898.

*

**

Gran fuente.-Glorieta de la A.lameda.

Entre grietas de cavernas y encuadrado
por orquide11s cactus,
trepadoras y bugambilias, se alzaba el gran
receptáculo de cristal
que encaraba varios
peces de colores En su
tapa habla colocados
numerosos rBmos de flo
res naturales. El techo
del acuario consistía en
una sencilla enramada
de heno.
LasseñorasMariaLuisaRomero Rubio de Teresa, Adela Fernández

La Tombola era un elt&gt;gRnte 11alón con
todas la11 apariencias de un almRcén de·
chuchnlas y preciosos juguetes. El teclio,
y paredes e&amp;taban cubiertos de géneros
rojos; ha bia numeroso11 esc11pars tes llenos de objetos.
E•tuvieron al frente del pabellón las llf'ñorae Maria
L de Landa y Javier&amp; B. de Landa y señoritas Maria
v Lup11 de Landa, Lupe y Jostfina de Landa y Buch,
Maria Teresa y Lolita Parada y Maria 1!.lena Echeverria.
·

*

**

Los dulces y pasteleP se vendlan en una gruta veteada de nieve, Un globo pintado de azul y blanco selevantaba en lo alto.
.::: ;
En este puesto que como tenemos dicho era artístico vendía pastelee y dulces la apreciable señora Laura Fot mento de de la Torre, acompañada de las señoritas Emilia y Laura Fischer.

*

**

Con justicia fümó la atención de todas las personas
que concurrieron á la ,\l&amp;mf'ld&amp; el tlegante. correctoy artístico puesto del Sr. D. Hipólito Uhambon quieo

DGmtngo 6 de Noviembre de 1898

laurel Y sobre el techo del puesto, se otsentaban tres enormes mariposáe multlco•
lores.
El fondo. del pueFto na un gran p aneaux fo1mado con rebozos de seda hechos
en la fábnca del Sr. Chambon
Es~e puesto ~staba a _cargo ~e la Sra. Victorino de Chambon. Mi.ría Chambon y
de Pmedo y Sntae. Trimdad Olvers. Marta Clsneros ClE&gt;ofas Olver.
Este puesto se vló muy co1;1currido porque ,a Sra. Maria Cbsmbon de Pinedo
~stu~o constantemente trabaJ11ndo en el ttlar que con dicho (, bjeto se colocó en el
mte!"1or.
Con justicia d!be mencionarse comoorlginal el puesto de li!cheria.
E~a un pequeno, J er'.' • gradable pue~to, se encontraba formado rusticsmente,
habiéndose tmpleddo en su e11nstrucc1ón tronco@ de árbolts recién cortados y el
fondo del pJebto cc,mo el mostrador, estaban piLtados al temple figurando madera.
En este puesto. expe1;t_dia queso, lech .. nat11 mantequilla y cuajada la Sra JJes·
ternes y su graciosa h1Ja.
'
'
·

'ºª

*

J
puestoR muy simpátic~s fueron otu;ados por las alumnas del Hoepicio,
En uno se coloc_aro~ loe teJ1dos, las medias, calcetines.v otros objet..,s, y en el c,tro
s~ velan la~ ~aqumartHS en que la11 al~mnas trabajaban incesantt'mt&gt;nte en presencia del J?Ubhco. que ávido y compl!lcido, presenciaban dichos trabBjos. Estos er11n
flores, caJas de cartón, b_?neteria, tmtoreria, encuadernación fotografía rayado
bordados, deshilad ,s, tf'J1dos, Ptc.
'
'
'
. ~l pasar el _Seño.1 P~tsidente de Is República por uno de los puestos df'll Hosp1c10, presenció mmucioaa~ente los traba1os qne en él se ejecutaban, manüestánaoee enteramente complac!do de ellos, por Jo eual felicitó á la~ alumnas, quienes
agrsdecieron,_ceimo era debido ias frnses del St&gt;ñor General Diez
El Sr. D. Luis Ortiz Y ~rtiz, Director del Hosph io obsequió á uombrede sus educandos al Señor Gral, D1az con un ramo de flores que acababan de confeccionar.

*

En ~l puesto de cigarros del Buen Ton~,.~ trabajaron durante la fiesta algunas
máquinas movidas por fuerza eléctrica.
En este puePto, que era •umamente ele¡?'ante, vf'ndlan cigarros l:i.s st&gt;ñoras Guadal~'!ª C de Rebollar, Concf'pción V de Maci&gt;&lt;l.o, JuHna C de Sáncht&gt;z y et&gt;ñoritas
Cee1ha Rebol •ar, Elena y Rosa Val, Manuela Rose:1zweiz Elena y Juana Sánchez
y Elena Ochoa.
'
·

*

. Pequeño. simpático, artístico y de un gu*sto que nada dt&gt;jó que desear por su sencillez, era el putsto donde se t&gt;xpendian dulces.
Estar a formado de plantas exóticas tropicales en la~ que se der,tacaban las palmeraP, trepadoras, etc.
Al frente Llel puesto se colocaron dos grandes jardineraa con plantas del mejor
gustu.

Lote de la Compail fa Cervecera.
~¡ mostrador estaba cubierto por lienzos pintados
al oleo, representando algunas e11cenas de los indlgenas.
Las señoras Campero de Pasquel, Cervantes de Rivas y 1..ervantes de Campero y las sPñoritas Guadalupe y Ana Echeverria y Luz Pasquel atendlanaquel
expendio de dulces finos.
'

de ;'rlurphy. Concepción
Landa de Lascurain y
Carmen Vastelló de La·
claud y señoritas Luz
Diaz. !.Jonchita Lascuraio, Lolita de Teresa,
Lollta Lascurain y Gertrudis Castelló, fueron
las respetables damas
encargadas de expen•
der flores.

lJna glorieta,

El salón de la fotografia era uno de los más hermo- como en otras fiestas, demostró PU afecto á todo losos de cuantos visitaron las familia~. El aspecto era que s.ignifica pro_greso y fllantropia.
El pu~sto del Sr. Ch.tmbon estaba formado de tres
sencillo: fachada principal de un edificio moderno y
en 1:11 interior una verdadera galerla fotográfica, con arcos dtt madera en los que en gracio@o conjunto se,
ventanlllas en el techo, ·sillones giratorios, cámara, velan plantas finisimas, dominando la gardenia la bu·
'
salón de revelar y todos los demás accesorios corres• gambilia y la margarita
En artlsticos enf,.ces so v1:1fan gulas de encmo ypondientes á. un taller en toda forma.
Era de nrse la habilidad de las hermosas discipu•
las de D&amp;IZ'uerrf'I vara desempeñar el dificil trabajo.
La Srita. Maria Teresa Limantour dirigia admirablemente las labores del taller, siempre lleno de clientPs;
ayudábanle las 8ras Susana Elguero de García Pi·
mentel, DolorPa F. d11 Rlvas, Francisca G. de Algara y
Sritas. Maria Rivaa Fontecha, Rafael&amp; Garcia Pim11ntel, Eltsa Rola, Ani,. Maria Algara, Lolita Garcia PimP.ntel, Lolita Sola, Josefina Miner y Paz Ca!!lpos.
Los productos de estf'I puesto ascendieron á quinientos cuarenta y dos pesos, 11uma que pone de manifiesto el gran movimiento habids en el Salón. Hacemos notar que los gastos de instalación y cuantos
se hicieron en el taller funon erogados por los señores Valleto hermanos, en beneficio de los pobres.
El Pabellón de San Angel formaba un hermosisimo
conjunto de plantas d11licadas y muchas de ellas exóticas; la rica flora del Valle ostentaba alli sus más be•
llos productos; habla araucarias, begonüts, hule, tuberosas, alocasias, yonedulos, piñanonas. camelias,
g!is;nias, lirios del Japón. cañas, palmas de la India
y del desierto, aralias del Japón, oligonias, nisperos
y otra inmensa variedad de plantas delicadas de to•
dos los climas.
Las señor&amp;I! Laura 8. de Marisc-al y Catalina Altamirano de Casa11ús y señoritas Laura y Carmen Mariscal, Maria Si-irra, Mar~arit., Quintanilla, Concha.
Sierra, Ana Quintanilla, Teresa del Villar y Angela
Querajszu, estaban al frente de esto magnilico puesto de plantas y flores.

Torre Ei:ffel.-CompafUa Cervecera
deToluca.

REST A.lJRA.NT.
A las diez y media de la mBñana, llegó el Primer Magistrado de la República.
Lo acomp11ñaban sn di~tioguida esposa y las i,eñoras Amada Diaz de ,te Ja Torrf'I, Sofía Romero Rubio de Elizsgs y Luisa R~igosa de Diaz.
HiciPron la recepción dos comisiones. la primera de dama11. presi&lt;iida por
Doña Maria Cañ11s de Limaotour. á quien acomp~ñ11ban las señoras Formento
de de la Torre y Lincb de Csma&lt;'ho. y la otra comisión compuesta de los s~ñores Guillermo Vallfto, Sebast!An Camacho. Guillermo de Landa y Escandón. Ltc.
Alfredo Cha vero, Lic. Rafael RAhollar, Román S de Ls~curain. Apolinar Castillo. Lic. Emilio Pimeotel. Cárlo11 Rivas y Líes Ireneo y Arturo Paz.
PPnet~ó á la Alameda el Señqr Presidente por el costado Sur, c&amp;llf'I del Pa•
bellón Morisco Pn dende formaban una doble y vistosa valla los bomb11ros de
la ciudad. luciendo sus brillantes uniformes de gala, que coneht,m en oantalón
rojo, chaquetln azul obscuro con botone~ argentados y reverbersntes cascos.
La llegada del Señor Presidente, que indica el prPludio tle la gran fi.,sta, la
anunciaron con sus toques de atención los clarines del t&gt;jército,:, las bandas militares con los acordes de nueHro Himno Nacional.
El Sr. Gral. D;az e11 unión de loP caballeros va dtadoP á quienf'B se unieron
poco11 momentos después el Seflor Mini.tro de Comunicaciones y el General Pedro Rincón Gallardo, recorrió los puestos, uao por uno
E!)- la Banca adquiri_ó un _buen númPro de monedas de latón, troqueladas es•
pecialmente para la fiesta, maugurimdo desde luego la11 tran~acciones.
Se det1;1vo en la glorieta central admirando la 1 iquisima colección de labores artist1cos, donadas por el bello sexo, en bit&gt;n ·de la clase menesterosa. Visitó
los pabellones en el siguiente orden: Gran acuario donde anquirió un precioso
ramo queª" prendió en el ojal de la lP.vlta, Tombola, Dulces. el osbellón de los
Gobelinos, Cnveza, Ruleta de Monte Cario, Pn donde apostó á MBdrid y fué fa.
vorecido por la suerte; Industria lechera, gruta de "El Globo II é Industria Sericfcola
'
En este p~ bellón se detuvo largo rato observando el movimiento de los tela•
res, y ~os brillantes trabajoP de seda que se ejecutaban en aquellos ml'lmentos:
. Elogió al Sr. Chambón por dar una muestra palpable de su loiciativa, refiriéndose á los progresos que está. alcanzando la Sericultura mnic11na
Visitó á continuación los pabellones del Hospicio de Pobres, el BPguodo puesto de flores, el departamento de "El Duen Tono," donde compró algunas cajas
de pu~os y cigarrillos, la Perfumería, y por último el salón de Fotografía.
Cedi.,ndo á la galant1:1 invitación de las señoritas ocuoó el sillón en tanto que
alocaba !a cámara Lola Sola, auxiliada de Maria Teresa Limantour que
cubría el ohjttivo.
'

***

Pabell6n árabe de Perfnmerfa.
F.n el fondo del puesto se destacaba una preciosa escultura de Venus.
En este puesto, que sin disputa fué uno de los que alcanzó mayor éxito, se encontraban las Sras. Elisa Lynch de Camacho.
Fausta Juanes de Guerra, Paz Raro d« Palomo, Teresa Fernández de Robalo,
Carlota Hay de Rübke, v señoritas Angela O'Gorm11n, Maria González Quintanilla, Ana y Maria Ro balo, Maria y J osefma Hay, Angela Zamora, Eugenia Escalante
y Victoria Corona.
.
Al presentarse en este puesto la Sra. Carmen Romero Rubio de Diaz, fué obsequiada por la Sra. Lynch de Camacho con un precioso juguete de ¡,lata y cristal
conteniendo dulces.

En cada uno. de los puestos que visitó la Señora Romero Rubio de Diaz hizo
calurosos elogios de la ele¡i? aocia y arte que se ostentaba; y después de felicitar
á todas las damas por el plausible éxito del festival, hizo consumo de los 11rticulos á la venta.
El paseo de la Señora Romero Rubio de Dlaz á través de la suntuosa fiesta
fué una ~e las muchas. mao.ifestaciones de gran estimación que rinde la socie~
dad mexicana á la distmguida y virtuosa dama.
La distinguida dama llt-gó al departamento en que las asiladae del Hospicio
de Pobre1:1 h11cian sus labores manuales.
Son tle tal manera nota.bles los trabajos que en el departamento que citamos
8!3 efectuaron, que la señora Romero Rubio de Diaz hubo de detenerse ali! un
tiempo mayor que el que habla ~mpleado en las demás instalaciones.

,.**

Muy atractivo era el puesto rústic~_de hcores en~¡ que sobre la madera se veía
en consorcio agradable la bugamb1lta y la gardema.
En este puesto se encontraban las Sra. Clarck y la Srita. Carlota Pliffs y Sritas.
Clayton.

,.**

Pasteles, s11.ndwichs, cerveza y refrescos fuer.:&gt;n los
articulos que se encargaron de expender en el Pabellón levantado por los vecinos de Tacubaya, las Señoras Guillis de la Vega, Carrasco de Garza y González y señoritas Julia de la Vega, Amella Rodriguez
Miramón, Maria Gonzá.lez Carrasco, Trinidad Soriano, Maria Rodrlguez Miramón y Mirh Solano.

355

EL MUNDO

•** ostentaba una gran ornamentación floEl puesto de &amp;oda era elegante y vistoso,
ral, dominando el color rosa; fondo de dos gobelinos, ricos tapices, un gr1m espejo, labores chinas y dos frondosas araucarias.
Haclan las ventas las señoras Guadalupe Cuevas de Mier, Juana C. de·Portilla,
Paz Rincón de Barron, Josefa F. de Algara, Guadalupe Terreros de AlgarR, señoritas Ana y Dolores Rubio Obregón, Carmen Rincón Gallardo, Guadalupe M1er, niñas Elena Portilla, Elena Mier y Luz Cortina.
***

Kiosco rústico delaA.laweda.

Maj!'nifica la instalación de la casa Labadie Sucs. Todo revelaba estudio, gusto
y esplendidez.
La media luna de los mahometanoayuna ornamentación con sus tibores, flores
exóticas y telas orienta.lee, daban carácter, y carácter acentuado, al h1gar ocupado por este puesto.
Las damas que lo atendieron, eran las señoras Angela González Buch de Ttuarte., Ana Algara de Cuevas, Cristina G. Certina de Alvarez Rul1 Concepción Torne!
de Suína~a y señoritas Maria Algara, Amalia Diaz, Encarnación Collado, Maria y
Matilde Ituarte, Maria Garamendi y Concepción Suiuaga,
A la entrada de la Alameda, al lado izquie1·do, se improvisó un restaurant y
cantina, adornados con gusto y servidos con prontitud, donde estuvieron infini•
dad de familias durante el gran festival.

Pabel16n A.zteca - Venta de dulces.

�EL MUNDO

Domingo 6 de Noviembre de 1898_

Domina-o 6 de Noviembre de lR!!A

EL MUNDO

MEDIOEVAL
Yo la vf por la blanca luna envuelta......
b gótica ventana le servia
-de tosco marco á su estatura esbelta,
y la flotante cabellPra su1,lta
-en torno de sus hombros descendla.
Triunfal vibró la música IPJana;
-clamaron al cruzarse los aceros;
y sonriendo miró la castellana
·e l reñir de dos nobles caballeros,
Uno cayó por fin; el otro herido
~siéndose al caer á una corniea
.alzó la vista, la miró rendido;
:y cuando ella le vió también caldo ......
lanzó á los aires su vibrante risa.
MIGUEL

Orquesta U:plca "Carmelita."
A las once de la mañana se efectuó el primer conci"rto.
Un aplauso cariñoso saludó á las jóvenes que veatlan vaporosos trajes de gasa blanca, semejando una
parvada de palomas estacionadas en un risueño
jardln.
Tocaron con verdadera maestría. la Obertura de
Thomas. 11Raymond11 y la doliel'lte "Serenata de Schubl'Tt" y la danza "El Amor y la Vida."
Una tempestad de aplausos premió la bella labor
de las ejecutantP~.
Hubo un pequeño intermedio.
Apareció la señorita Maria Rosales y
rPcitó un monólogo del señor Eduardo
Nori ..gR. Maria Rosales artista de corazón, Triunfó y arrebató el aplauso.
No tuvo menosatracttvos el segundo
concierto que comenzó á las doce y
media.
La balada de la ópera "Il Guarany"
puede considerarse como de prueba
para las buenas a:.-tistas, fué cantada
por la señorita Esperanza Dimariaa,
que es una esperanza del arte.
Reune á su propia aspiración y á su ·
hermosura, una buena escuela de canuna voz cautivadora de soprano.
a señorita Dimarlas es discil)ula de
la hábil profesora Concepción Ruiz,
que la presenta con c,rgullo en las aua.iencias extraordinarias.
La orquesta tipicil. "Carmelita"volvió á deleitar, tocando la conocida masurka del gran alemán W aldteufel,
"Bellas;" el Ave Maria de 11 Otello,11 los
•*•
"Aires Nacionales" y el danzó.u 11El
En el costado Oriente de la Alameda,
Charro."
se levantó un pequeño teatro. El foro,
Terminada la simpática fiesta se hibastante amplio, tenia nuevemetros de
zo balance general de los producioa
altura.
obtenidos. La Banca, hasta la una de
La arcada, pintada al temple, ostenla iarde, recaudó cerca de cinco mil
taban alegorills musicalei! y cuatro copesoe; el Monte Cario, donde se estalumnatas de orden toscano.
bleció el juego de ferrocarril produjo
.I!;! remate lo formaba un soberbio
más de quini1:ntos pesos; la cervecetímpano con una gran lira en el cenrla arrojó cerca de quinientos pesos,
tro, cruzada por una palma.
debiéndose observar que sus producLa decoración del fondo representaIndustrla serlcfeola.-IDp6llto Ohambon y esposa.
tos ne fueron mayores, debido al tiemba una alameda con los tonos del crepo frio que hi;.o toda la mañana y las
púsculo matutino
rachas de viento que causaron molestias á lo\l concuVioloncellos.-Rita Pl'rez de León, Agustina Pala- rrentes
El improvisado !'alón, cubierto por una extensa lodurante la ta~de.
cios Castro y Virginia Moreno.
na contenta 400 sillas.
Contrabajo -Paz Varela
La presentación de la orquesta típica «Carmelita.•
Salterios. -Julia Irigoyen y Maria Piza.
era un poderoso atractivo, p:!es sabido es cuántos
Arpas. Guadalupe VllllPjo y Adela Garcia Flores
triunfos ha llegado á conquistar desde su presentaGuitarras.-ArtAmisa Ellzoudo y Severiaua Moreno.
ción, y cuáles los progresos que está realizando con
Todas las fotografías fueron tomadas direetaHuiros.-Niñas Anita Thompson y Sara Pérez de
aplausos de los inteligentes.
mente para EL MUNDO.
El conjunto de esta celebrada orquesta es notable, Leon.

A las señoritas del Hospicio fueles ~umamento grata la distinción con que las honró la Señora Romt&gt;ro
Rubio de Dlaz y el público que presenciaba tal distinción, vió toda la altura de ella y la estimó en su
valor justisimo
La distinguida dama en m dio de aquellos seres
débiles, pero felizmente defendidos de lat1 crueldades
de la vida por la poderosa mano de una caridad noble, era un ,madro digno de la prosapia moral de la
dama y de la altura de miras de la fiesta en que se
hallaba.
La Señora Romero Rubio de Dfaz
recibió algunot1 regalos de las señoras
y señoritas encargadas de los departamentos, y entre esos regalos está uno
dela instalación de tejidos de seda. que
la dama elogió con frases muy satisfactorias.
Al visitar la Señora Romero Rubio
de Diaz el Pabellón de Sericultura, le
fué obsequiado por la Señora Vil:tori•
ne de Chambon, un magnifico rebozo
de seda, blanco y oro á listas, con un
rapacejo que era una verdadera fili·
grana.
Est~ ba guardada tan primorosa prenda, dentro de una caja encojinada de
seda roja en su interior y con forros de
terciopAlo blanco con broche de oro
Se lefa esta inscripción. "Carmen R.
R. de Diaz.
El rebozo. admirablemente tejido,llamó la atención de todos los que lo vieron.
0

como notable en su dirección encomendada al profe ·
sor Don Apolonio Arias.
Forman este simpático grupo musical una plé'l"ade
dA hermosas señoritas·
•
He aqui @us nombres:
Mandolinas.-Beatriz Arenal, Ignacia Marchena,
Lucrecla Arenal, Guadalnoe Lombardo. RPbeca Purón, Josefina y Mercede., Hinostrosa,Luisa Thompson
y Clotilde Ruiz.
Violines. - Emilia Dalhaupe J1olores Guerrero, Enriqueta Arenal, Guadalupe Varela y Luz Flores.

E. PEREYRA.

357

DE "ACUARELAS"
Inmóvil. y de pié sobre cubierta,
Colón, la testa erguida
y la mirada alerta,
explora el m11r, que cubre ya la b-mma,
y del que. como Venus de 111 ""puma,
ha de surg:r la tierra promPtida.
Va á fenecer la luz. la noche avanza,
y el sol, como en un lecho soberano
se mu etra en el confin del oceano, ·
en una esr:endorosa 101,tananza.
SobrA e dorado azul dPl firmamento,
u_na nube de nácar y amatistas
f1ngfl un barco que. en ::-11udo movimiento,
se Pncamina, empuj•do por el viento,
al pals de unas playas nunca vistaR ... .. .
Colón medita, contPmplando á solai
la caida del ad que, al fin, se apaga
al hundirse en el seno de las olas
de 1~ 1;IJ1&lt;r, c_omo un ·barco qne naufraga.
Sub1to, tnste murmuró: «,Tres diasl. .....
«¿Al cabo de éllos-como al "ºI ;;.hora•sorberá el mar las esperanza" miaq
•y al viejo mundo volverA la rrora?'
«¿Acaso por.¡ue está la fé perdida,
•v muerta ·111 esperanza en los que guio
«tampoco yo, Dios mio,
'
•he de tocar la tierra prometida?• ..... .
Y pro~iguió: «¿No flS D•os quien tra~ la ignJta
«tler a mi barco impele? ¿lucho en vano
contra el furor de mi fortuna adversa.?• ..... .
Y cayó de sus ojo• uoa ~ota
de llaoto, que sorbió del oceano
Ja onda azul, murmuradora v tPrsa!
•
Luego a~regó temblando:'«¿Y ~i no PXiRte
esa hermosa región más q11e ..n mi ment.,?• .... . .
¡mas con enojo sacudió la frE&gt;nt11
para arrojar el pensamiento triste)
Y exclamó entonces: «Si m'ntió la ciencia,
«~erá Id fé mi salvación! ¡Dios mi!;,mo,
•qu1: me ha hecho soñar tm su 11xist~ncia
•la hará surgir del foudo del abismo!!•
0

estallar, en v lvfsimos coloree
las olas qu~ emrenachan las ~spumas .
Velado aun e occidente se halla
por la gran di~persión de las reblinas,
que huven de las luces ambarinas
de la aurora triunfal.
De pron to estalla
el cañón ...... ¡Oh vPntura
11in igual! ¡es la Sfña cor. venida!
¡Allá BA ve una cJDtá de verdura1
¡El umbral de ~a t_lerra prometida)....... ..
Y ante el pa1sa1t:i que limita y cierra
al fin, el horizontA de las olas·
'
de laR tres carabt'las española's
surgió este grito delirante: "¡,Tierra!!"

.. c~i~~ :;;;·¡;¡~;·¡~..i;~~·i~ ¡·;;~;;t~c1~:-...·····....

ya no mira. el ocMso, con anhelo:
¡hunde, como arrobado. la mirada
en la infi nita epplendidez del cielo!
¡El suprPmo placer RU faz desnuda!
¡lhnto de gratitud nubla sus ojos
y le inunda corriendo las mejilla's!
¡Y á sus plantas. la duda
ha caldo de hinojos,
y le abraza, llor11ndo, las rodillas!
JOSÉ BECERRA,

VIEJOS ROMANTICISMOS
EVOCACJONES

li•Y. un, papel entre mis versos, mudo
cowµnce dt1l recut"rdo que me asalta:
lo abro tt:imblando. á la mAmorla ayudo
y en t&gt;l silencio de mi t-c,gar desnudo '
me pougo á meditar sobre tu falta.

II

tol

~ ,·

..~.'

-·
-&lt;-~\~

Mi eFpfrltu cansado emprende el viaje
y libre dtil afAn qu11 lo consume.
'
vuela al pasado ptara .~er su trajP,
besar F~ f,.ld11 d11 cruJ1ente encaje
y embriagarse, otra vez, con su perfume.

Desplegadas las velas,
y huyendo los peligros al tanteo;
allá van, con ligero balanceo,
sobre el dormido mar las carabelas.
Dejan las naves hervorosos rattros,
los vientos rumorosos cuchicheau,
y en las diáfanas olas cabrillean
las miradas trementes de lo11 aEtros.
Colón de pf11 sobre cubierta, alzada
la fari:, que baña resplandor escaso
hunde serenamente la mirada
'
en la infinita sombra del ocaso.
Media la noche. Quedos y süaves
se oyen los ecos de la mar, que agita
sus olas, mansamente;
¡Y reina en t1Lnto, á bordo de las naves
ansiedad infinita.
Y un silencio supremo ......... !
¡De repente
cae de hinojos Colónl. ... ¡temblando nombra
á su Dios! ..... ,lY eeñalll con la ml!no
una luz que, en un punto no lejano
agujeró la sombra) .•.....
"¿ta Sl}eño? ~ice, y luego: ¡Nó! ¡Menguada
11
fé da m1 corazonl. ... ¡Duda traidora
"vete lejos de mil ¡Reconcentrada '
"tengo toda mi alma en la mirada)
"¡Nunca he visto mejor que como ahora!"
Y ante la luz qub su vtmtura labra
tras de un éxtasis mudo, ,
'
terminó temblorosa l!i palabra:
"Luz!. . . . tierral ...... salvaciónl .... ¡yo te saludo!

El labio tiembla entonces y te nombra
y vuelvo á vermti en la risueña 11etanciá:
las cortinas de tul, la roja alfombra,
y derramando entre 1&amp; grata sombra,
mi regalo de flores su fragancia.
El piano abierto: en el atril ali;:-una
romanza que cantaste en la mañama·
el tibio ambiente que á la luz se adu'na,
y el tembloroso rayo de la luna
prt&gt;ndido en el cri~tal de la ventan&amp;.
¿Qu,é _viento de harmonlas celestiales,
d., ml}~icas y besos, suena en tornol'
De _1m lámpara. en grupos desiguales,
asc~en~e el humo •in blancas espirales
y d1buJa en la sombra tu contorno ....
.... Alli, e~tás: sueño mio; no te 11scondaa
que ya mis 1lus1ones vuelan francas;
del pecho surgen e:i lumlneas oiuJas
tal como surgen de las verdes frondas
ebrias de miel las mariposas blancas.

III

No te escondas, que ya mis ale"'rias
1101..1 flores que abren el cerrado broche·
derr~ma luz ~obre las sombras mlas '
v déJame decir como Tobias:
Hay un angel ea medio de mi noche!

J Je á~bar el oriente se colora,
bullen las aguas con rumor 11onoro
y tiemblan los destellos de la auro~a
sobre las linfas de color de oro.
Y á través de Jas brumas
se ven, del orto 11zul á los albores, .

LUIS

,.~-·--;,~

Exposici6n de donati'l'OS de las damas mexicanas.

- ::..-~~t';ti· '

G. U&amp;BEN.A.

�Domtngo 6 de Noviembre de 1898

l!:L Ml'NDO

858

JJomingo 6 de Noviembre de 1898.

existir, de dormir, en fin, uu suefl.o sin ideas, sin
recuerdos, un suefio en el que Ely y Pedro serían
para él como si no hubiesen existido!
¿Cuánto tiempo permaneció así, con el rostro
contra la tierra, presa de este dolor total, irremediable, que acaba por apaciguarnos el alma á
fuerza de agotarla? Un ruido de voces que oyó
detrás de la cer.:a que lo separaba del jardín, lo
despertó bruscamente de este éxtasis de dolor
en que había caído. Unos hombres caminaban
sin luz, midiendo sus pasos, abogando sus pala-

EL FINAL DE "UN IDILIO TRAGICO"
Hacia una de esas noches de primavera provenzal, en que la naturaleza entera es una embriaguez de voluptuosidad. Por encima de las
cercas del jardín llegaban hasta Pedro los aromas
de las flores. Una brisa suave removía los obscuros follajes de los árboles, lo bastante para dar al
paisaje una especie de vida extAtica y sofwlienta, y el firmamento palpitaba de estrellas. Un
delgado cuarto de luna rasgaba las tinieblas, sin
tener fuerza para iluminarlas, y un inmenso misterio flotaba en el silencioso cuadro. ¡Qué noche
para encaminarse hacia su amada, con todos los

•

éxtasis en el cor~zón, con todos los besos en los
labios, y en las venas con todas las fiebres de la
felic~dad presentida. Pedro, sin embarg.:;, á
medida que se aproximaba al lugar de la cita, experimentaba una inexplicable tristeza. Al realizar este acto, se juzgaba tan culpable que se sentía agobiado. Y lo realizaba, no obstante. Iba.
El filtro que babia penetrado en sus venas con
las palabras de la carta, seguía dominando su voluntad vencida. Iba, pero el contraste Pntre esta
exc_ursión clandestina y vergonzosa hacia una
muJer á la que despreciaba, se parecía tan poco
á sus entradas de otras veces en esta misma villa
Pº! es~e mismo camin_o, férvidas como una pere:
grmación!. . . . ¿Y Ohverio? ¡Dios mio! Si Oliverio lo viese a~ora, este OlivPrio á quien traicionaba tan ·cruelmente!. .. . Tlll era la tensión de
todo su sér, sacudido por el do ble e~tremecimiento de los rPmordimientos y del amor, que los más
leves rumores lo sobre.saltaban. En torno suyo,
las formas de las cosas tomaban aspectos amet;1azador~s ) fantásticos. Su co1·azón palpitaba,
sus_ nervios se estremecían, tenía miedo. Le pareció que unos pasos le seguían y se detuvo á escuchar. En cierto momento, cuimdo se preparaba
á_ franquear las tapias del jardín de Ely, la sensa•
ció~ de que lo seguían fué tan fuerte, que retrocedió, explorando el camino, los matorralts, los
montones de piedras, evitando, como un ladrón,
la gran estela luminosa que proyectaba un foco
de luz eléctrica colocado en un montante de la
verja. Sus pesquisas no le pusieron e11 descubierto nada sospechoso. Pero la emoción había sido
t~~ violenta, que_ temió deElizarse por el mismo
sitio, muy accesible, demaRiado al descubierto.
Se puso á correr, como si realmente fuese per:;eguido, a~ re~edor del. pequeilo lago que prolongaba el Jardm de la villa hacia arriba. Un muro
bastante elevado cerraba todo un pedazo. Lo.escaló, ayudándose con las ramas de una encina
que crecía al pié. Por un instante oculto en el
vestimrnto de ladrillos en que ter:Oinaba la· paretj., escuchó de nuevo. No oyó sinv el ruido de
la brisa, el murmullo del follaje cercano, el am-

plio silencio de la noche, 'Y lejos, muy lejos, los
ladridos de un perro, en alguna casa aislada: Se
dijo: «He soi'iado,» y se dejó deslizar, sosteniéndose con las manos: luego, caer. La altura era de
más de tres metros. Tuvo la suerte de que la tierra, floja en este lugar, amortiguase su caída, y
se dirigió hacia la casa. Algunos minutos más
tarde, se encontraba á la puerta del invernadero,
que empujaba suavemente, y la mano de Ely se
apoderaba de la suya . . .. ¡Qué grande era su
emoción! ¿Pero cuál habría sido si hubiera sat&gt;i•
do que su pánico no ¡_lo había engaliado, que
realmente unos pasos habían seguido los suyos,
desde que · abandonó el
hotel, y que el testigo cuya presencia había sentido en la sombra, tan
próximo á él, hasta el
momento que comenzó á
correr no era otro que
Oliverioi'
La casa se alzaba, impenetrable, saenci os a,
con el misterio de su masa, negra á trechos, blanca á otros, en donde reflejaba la luz eléctrica.
E~ mismo amplio silencio
de la noche que Pedro
había escuehacto desde
lo alto del muro, interrumpido por lejanos ladridos, continuaba en•
volviendo la campilill, y
los árboles seguían extremeciéndose, las flores
exhalando sus perfumes
y las estrellas pidpitando; y Oliverio permanecía inmóvil. á orillas del
jardín, en f.l lugar en que
se había ocultado parano
ser visto por su amigo.
Su dolor, en aquel mo.
. .
mento, no era de los que
impulsan al movim1ento.-Desde que advirtió el
rostro de Pedro, á la hora de la comida, en la
mesa, aquel rostro trastornado, aquellos ojos
brillantes, aquella boca
palpitante, todo le había
revelado que ocurría algo nuevo. Estaba cansado de tantas luchas, cansado de tropezar siempre, en su corazón ó en
el de su amigo, con tantas miserills!. . . . Y además, ;,qué preguntarle,
después de su convers!l.•
ción de la víspera? ¿Había callado?. . ¿Con qué
objeto lastimarse todavía el uno al otro? .. Más
tarde, ante la agitación
creciente de Hautefeuille,se despertó su desc.:mfianza. Se dijo: «Ella lo
ha escrito, dándole una
cita» ....... Ah no! En la
situación en quo se encontrab1u1 uno frente al
otro, recibir una carta
de Ely, leerla ynohabliir
de ella. era de parte de
Pedro un crimen de amistad que jamás cometería. Oliverio se había esforzado en demostrarse
la locura de esta sospecha. Luego, la ostensible fiebre de su ·amigo se
apcderó de él. Sintió,
en su apretón de manos,
cuando en la noche se
separaron, quelatraición
estaba cerca, cierta, ya
realizada. ¿Por qué no
le dijo nada en ~se mi-

nuto supremo? Las grandes decepciones del cor21zón tienen estos dtisprendimientos. Ante cier~
tos golpes inesperados, no se lucha, no se queja,
uno. Si Pedro había en realidad concebido y
aceptado la idea de faltar al juramento que ambos habían hecho ¿qué reproche dirigirle, y con
qué objeto? 1,con qué objeto? .... Y apoyado en,
la ventana abierta, haciendo un llamamiento á
su dignidad de hombre, para no ir á llamar á la,
puerta de su amigo, Oliverio murmuró todavía
por niucho tiempo. «Es imposible,» hasta el segundo en que creyó ver la silueta de Pedro atravesando el jardín del hotel. Esta vez no se dominó. Le fué preciso bajar, preguntar al portero.
Este le informó, en efecto, que Pedro acababadesalir. Algunos instantes después, se lanzaba, él
también, en. dirección de la villa Helmhotz. Había distinguido á su amigo. Lo siguió, lo vió volverse, escuchar, empren·der de nuevo el camino .... Cuando Pedro estuvo á punto de penetraren el jardín, Oliverio no pudo contener nn paso,
hacia 11delante: fué el mom1mto en que Pedro Jo.
oyó. Oliverio se refugió en la sombra: el otro paaó á su lado, casi lo había rozado, y se lanzó corriendo, sin duda hacia alguna otra entrada queconocía. Oliverio dejó de seguirlo.
Se sentó sobre el talud, y allí abandonoseáuna
de,;esperación en la que se resumían, en la quese agrupaban todas las tristezas experimentadas.
durante aquellas dos semanas. No ignoraba qr.een este mismo minuto, en esta casa silenciosa,
cerea de él, Ely y Pedro se ancontraban juntos.
Sabía que se perdon1u'fan, que se amarían, y esta.
idea le causaba un dolor tan agudo, que lo dejaba para\izado en el mismo sitio. Un amor apasion11do por esta muju, el sentimiento de que su,
amigo, ese amigo tan querido, había pasado porencima de él para ir hacia ella, el mortal estremecimiento de los celos y la amargura cte la traición; tantas inexplicables emociones lo hacíalh
vacilar. Acabó, por tenderse, á lo largo, sobre
la tierra fría, sobre esta tierra que nos cubrirá á,
todos algún día y cuyo peso, al sepultarnos, sepult.irá también las insufribles rebeldías del corazón. Y yacía allí, con los brazós extendidos, el
rostro en la yerba, como un cadáver, deseoso demorir, de irse, de no amar más á esta mujer, de
no volver á ver más á su amigo, de no sentirse-

f

/

-~--

.::.__.______/

.!
1

· ELMUNDO

das! Oliverio la miraba con ojos fijos, con un ardor extratio. ¡Cómo hubiera qu'e rido traspasar
las paredes, y penetrar en espíritu; aparecerse á
aquel por quien arriesgaba su vida!. . .... ¡Ay!
habría conservado el valor de su martirio si hubiese ;ealmente visto la habitación de Ely, tal
como·se encontraba en este momento y á la luz
velada de un globo rosado la cabeza de ella junto á la de Pedro, y el hermoso brazo desnudo de
la joven ciiléndose al cuello del joven y dicién•
dole:

-Sino hubieses venido, creo que habría muerbras. Llegaron tan cerca de Oliverio que éste los
to esta noche, de dolor, dP. 21mor ...... Pero sahabría tocado si se hubiese puesto en pié.
li, -Por allí es por donde ha entrado y salido las bía que vendrías, sabía que me ptrdonarias ....
otras noches, monsefior, decía una de estas voces, Cuando toqué tu mano, sin verte, todos mis dolosusurrante, casi imperceptible; por allí saldrá; res se desvanecieron .... Y sin embargo, qué dura era tu voz, al principio. ¡Qué crueles palabras
estamos ciertos de que no se nos escapará ....
-¿Y está usted también cierto de que ninguno has podido pronunciar! ¡Cuánto me has hecho sude sus hombres sospecha la verdad? respondió frir! . ... Pero ya todo se olvidó! Dime que ya todo se olvidó, puesto que me tienes en tus brazos,
otra voz, ésta apenas disfrazada.
-Ninguno, monseilor; todos creerán que tiran puesto que sabes que te amo, y que tú no has dejado de amarme .... Dime que me quieres ....
sobre un ladrón.
-Seflor de Laubach, exclamó una tercera voz, Vuélveme á decir que me quieres, como allá en
el jardinero acaba de decirme q 110 la puerta del aquel barco, cuando oíamos suspirar al Océano!
¿Te acuerdas?
invernadero está abierta ....
Y sus ojos buscaban los de su amante para en-Voy á ver, respondi6' la primera voz. en tanto que la voz imperiosa lanzabo un Verfluchter contrar lo que tanto había expresado en su carta
Esel! Este juramento manifestaba cuánto descon- esta claridad de la dicha
tentaban al organizador de esta emboscada estos absoluta, que ya no bridetalles de vigilancia .... ¿Una emboscada? .... llllba en ellos. En el fon¿Dirigida contra quién? .... Sabiendo todo lo que do había una idea fija de
sabía, Oliverio no tuvo un minuto de duda: el ar- tristeza y de remordíchiduque estaba enterado de que un hombre se . miento. Iba muy pronto
encontraba con su mujer, y preparaba su ven- á cambiarse en una idea
ganza. Deseaba una venganza anónima, como lo de espanto. En los moatestiguaba la pregunta que había hecho á su mentos en que, más tierayudante, y luego el movimiento de cólera con- na, más carii'iosa, mAs imtra el «maldito bruto» que había aludido á la pregnada de amor, la
puerta del in ve1 nadero. Era necesario que el boca de Ely oprimía los
amante fuese matado como un malhechor vulgar, párpados del joven, para
«para salvar el honor de Ely,» pensó Oliverio, arrojar de allí la melanque se enderezaba ahora, y con la cabeza incli- colía, e1talló una detona- ·
nada, oía las voces que se alejaban. El archidu- ción en el jardín, luego
que y su ayudante acababan, sin duda, de hacer dos, tres, tiro tras de tiro,
y u11 grito .desgarró el
rodear el jardín: Pedro estaba perdido.
1Pedro, perdido!. . . . Oliverio se levantó del aire. . . . Después, nada.
todo. La posibilidad de salvar á este amigo al Un silencio terrible haque tanto había querido, acababa de represen- bía sucedido. Los dos
társele. Si él penetrase en en el jardín, sin ser vis- amantes se miraron. Una
to, si se deslizara hasta la puerta de este inver- · misma idea venía á atranadero de la que uno de los acechadores había vesar sus cerazones.
-Ocúltate, dijo Ely,
hablado y por donde debería indudablemente
salir aquel á quien se quería matar! .... Si em- voy á saber ...... Y toprendiera después la fuga, precipitadamente, de mando la lámpara se dimodo que hiciera· creer que salía de la villa! . .. .. rigió hacia la ventana, la
La idea de esta sustitución y de este sacrificio abrió, y con voz fuerte:
se apoderó con una fuerza irresistible de este ¿Quién está ahí? ¿Qué
desgraciado, que tanto acababa de desear la sucede, gritó.
-Tranquílizate, amimuerte. Arrastrándose en la sombra, franqueó á
su vez el mismo lugar casi por donde el otro ha- ga mía, contestó una voz,
bía pasado, y comenzó á caminar en linea recta, la del archiduque, cuya
hacia la vílla ... .. . Esta se alzaba, siempre silen- horrible ironía la hizo
ciosa, siempre adormecida, sin que un hilo de luz estremecer: fué un ladrón
surgiera de los intersticios de las ventanas cerra- que quiso introducirse

35J

en la villa .. .. Debe tener dos ó tres balas en el
cuerpo. Lo estamos buscando, pero no te preocupes. No volverá más. Laubach ha tirado casi á
boca de jarro ....
Ely cerró la ventana. Cuando entró á la pieza,
vió á Pedro muy pálido, con las manos temblorosas.
-No te irás, le dijo. El jardín está lleno de
gente.
-Es necesario que me vaya, replicó él. EsOliverio sobre quien han descargado ....
-;,Sobre él? exclamó ella. ¿Estás loco?
-Sobre él, replicó Pedro con singular energ-Í&gt;I; sobre él, á quien han confundido conmigo.
Me ha visto. Me siguió. El era aquel· cuyos p,1,sos oí ....
-No, no quiero que te vayas, prorrumpió Ely,
y se puso delante de la puerta. No, te lo ruego;
espera. No era él, no era tal vez él. ... Te van
á matar. Te lo suplico, amor mio, no salgas, no
te vayas .... -El la apartó casi brutalmente, repitiendo: ¡Déjame! ¡déjame! sin una mirada, sin
una palabra de despedida. Ya estaba en la parte
baja de la esllalera, en el invernadero, en el jirdín, y Ely no había tenido fuerzas para moverse.
Permanecía apoyada en la pared, contra la que
él la bibía arrojado, con la cabeza inclinada, escuchan do, con una ar.gustia que rayaba en la locura ... . Pero ninguna nueva detonación volvióse á oír. Pedro no encontró ni al príncipe 1ii á su
gente, ocupados en buscar las huellas del primer
fugitivo.
-Ah! gimió Ely. está en sálvo .... con tal que
el otro también lo est.é! .. ..
Como se ve, el terror de Pedro se habí l apoderado de ella. Sí, el desconocido sobre quien
habían tirado, podía muy bien ser Oliverio. En
el acento del príncipe, no cabía engaño. ·No se
trataba de un .adrón. Su marido había sabido
que recibía á un amante, y tendió un 1azo. ¿Pero quien tomó el puesto de Pedro? Por vez primera, después de muchos ailos, esta mujer de un
espíritu tan libre, tan penetrado de fatalismo y
de nihilismo, tuvo un movimiento hacia un auxilio de lo Alto. El terror de lo que entreveía si
en realidad ella y Pedro habían causado el asesinato de aquel hombre de quien ella había aido
la amante y él el único amigo,-la trastornó de
tal modo q~e cayó sobre las rodillas, y oró porque este castigo les fuese apartado á los tres .. Oración vana, tan vana como la loca carrel'a de
su cómplice, que se precipitaba á lo largo del camino, deteniéndose por momentos para gritar:
¡Oliveriol Nadie respondía á este nombr.i. Por
último llegó !il hotel. Iba á saber si no había sido
juguete de un horrible sueflo. ¡Cómo se quedó
cuando el portero contestó á su interrogación:

•

�260

•

Domln~o 6 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

-El sefior del Prat?
Salió pocu después de
usted.
-¿Y no preguntósiyo
habfa s~lido?
- Si seflor. Y no sé cómo no lo oncontró usted,
porque tomó exactamente la misma dirección . ..
Así, ninguno de aus
presentimientcs lo había
engatlado. Era Oliverio
quien lo había seguido,
era Oliverio quien fué
sorprendido en el jardía.
¿Estaba muerto? ¿Est11ba
herido? ¿En dónde estaba? Toda la noche,
Hautcfeuillo erró de uno
á otro f-Xtremo del camino, registrando los fusos,
las cercas, las piedras,
palpando los árboles, el
suelo, regresando al hotel y saliendo de nuevo.
Fn la maflana, cuando,
literalmente como un loco, volvfa de estas inútiles pesquisas, er,contr~,
en unll encrucijad.a, dirigiéndose hqcia Cannes,
por otro camino, á dos j fl.rdineros que conducían
una carreta, y en esta ca•
rreta yacía la forma de
un cuerpo humano. Se
acercó y reconoció á su
am~o. Dos balas habían
atravesad:&gt; el pecho de
Oliverio. En su rostro,
impregnado de arena, se
leía una infinita tristeza.
A juzgar por el sitio en
que lo encontraron los
jardineros, había caminado una media hora después de su herida.
Luego le faltaron las fu~rzas, y se desvaneció, debiendo morir, sin volver al conocimiento,

Domingo 6 de Novil'm'tre dfl 1~
Aquellos A quienes amamos y nos amaron, aquellos con quienes fuimos
tiernos, compasivos, buenos, aquellos con quienes
hemos cometido faltas
que no fueron expiRdas,
aquellos que partieron
· sin que sepamos si nos
perdonaron. ¿se han separado por siempre de
nosotros? O bien ¿vuelven á vivir á nuei;tro lado, con una vida qne se
escapR á nuestros torpes
sentidos, con esta vid~
confusa, misteriosa y temible que la pied1:1d antigua 11tribuía A los Afanes? ¿Hay muertos indulgentes y protectores en
torno de nuestra debilidad? muertos irritados y
vengadores que no nos
permiten ser dichosos
11unert más? Entre este
mundo .Y el otro, no
podemrs comprender si
existe un lazo, ni admitir una definitiva ruptura. Que esta presencia de
los muertos, invisible al
rededor de nuestrd vida
terrestre, sea un suefl.o
ó una realidad, lo cierto es que jamás! después
de esta noche horrible,
Ely ha podido ver á Pedro, ni escribirle. Cuando ha querido tomar la
p'uma para aproximarse
á él, siempre algo se le
ha impedido; y este algo
ha detenido siempre á
Pedro, cuando ha desea•
do darle una seflal, solamente de su existencia.
Hay entre los dos vivos un muerto, que nunca,
nunca desaparecerá. -PAUL BouRGET.

PAGINAS DE LA MODA
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de una hemorragia provocada por la herida y
por la marcha.
¿Adónde van los muertos, nuestros muertos?

361

EL MlTh'I&gt;O

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1, - ~

POR QUB OOMETI r\QUBL ORIMEN.
Como el estlo estaba ya muy avanzado, mi amigo
Kariete, que era un neurótico muy Impresionable y
muy rico, decidió hacer un viaje á Italia y llevarme
consigo. ¡Un vi11je á Italia! Eso habla sido mi Idea fi•
ja, el ensueño de todas mis hora11, el c.bjeto de mi vi•
da. Acepté con entusiasmo su invitación y fui á hacer
mis preparativos de marcha: vender algunos objetos
para sacar d~I empt'ñ0 ouoe más necesarios, eso era
lo principal Digo, sin contar la enojosa tarea de despedirme de ldidora. mi amable compañera de hogar,
en otro tiempo no lejano t&gt;ella como un ángel ahora
triste y melancólica como una azucena marchita.
Después de com 1rar por encargo de Karlste, nuestros trajee de camino y todos los obj ·toe necesarios
para un viaje de cuatro meses, me armé de resolución y me presenté ante I11idora. Cada dla se agotaba más; era como una buiia que arde, y arde y eti tiene que consumir sin remedio. Sus opulentos cabellos
rubios Iban tomando esos tonos terrosos y esa aspereza del pelo de loe ani,oales enfermos, sus labios secos y morados tenían una perpetua contracción de
dolor y solamente sus ojos, sus magnificos y asombrosos ojos negros coro&amp;adoe de peijtañae de oro, brillaban con el brillo que tienen la11 estrellas en la madrugada.
Me conmovl al verla, pero mi emoción duró poco y
no pudo vencer el disgusto. el piadoso y compasivo
disgusto que Pentla yo eu presencia de esta enferma
de amor que se Iba extinguiendo lentamente. Muy alto hablaba en mi conciencia la convicción de que yo
era la medicina que necesitaba aquella inft&gt;liz para
durar algunos años más ó acdeo para volver á la salud y la alegria, pno no me resignaba á venir á pasar cou ella muchas horas todos los días, hacerle versos ccmo antes, jugar con sus cabellos y adormecerla
cerrándole los ojos con mis besos.
No: imposible! Mi vida, mi aliento, mi placer, estaban en la redacdón. punto de cita dti mis más espirituales amigos, en el Casino, en loe bastidores del teatro en loe restaurants donae se cena, siempre bien
ac¿mpañado, á las altas horas de la noche ..... .
Tan pronto como entré á su cuarto, enarto de enferma, impre~nado de un fuerte olor á drogas de botica me dirigió una mirada tal, que me llegó á lo profundo y me reproché IR crueldad de mi conducta para con esta pobre criatura á quien seduje y arranqué

r

del hogar honrado de en~ padree y á quien t:11ta ba de
liban •onar 11hora del modo má~ cob,11de Ptro la naturaleza humana es tal, que en mPdlo de mis nmordimientoe flotaba la ola d~ un sentimiento de orgullo
que me hacia creerme una especie de Tenorio irresistible.
-¿Es cierto que te vas? me preguntó Ieidora con
voz humilde y quejumbrosa
Y notando mi vacilación p.i.ra responaerl~, agregó:
-Me lo dijo tu amigo Karhte.
- Yo temi que ella Je hubiera h11 blado de sus penRS
que me interesaba ocultará todo el mundo y le repliqué duramente.
-Apuesto á que le dijo usted mil calumnias contra mi.
-Calumnias ...... Qné malo ere¡,J ¿Por qué me hablas
con tanta dureza? No le dije nada á tu amigo. El fué
quien me contó que partlan Ustedes ;.es vndad eso?
Comprendi que me PBtaba hablando einctiramente
y mi com¡¡aeión renació
-Si, Isldora; es cierto, le contesté.
-Ahl Dios mio! exclamó. No lo quería yo creer ..
¿y qué va á st:r de mi sin vertt:?
No pudo contener por más tiempo sus lágrimas que
babia estado trabajo~amente comprimiendo tin sus
párpados, y me dijo sollozando, con sollozos que me
desgarraban el alma.
.-Bueno, yo no ~enia en Pi mundo más que á ti, y
tu te vas y me deJa8 para que me muera itqul sola.
Me hablas dejado de amar...... ahora ya ni lástima me
tienes.
Intenté consolarla, le tome sus manecitas flacas en
q~e res11ltaban las venas.como cuerdas azult:s y le
diJe.
-No desesperes, Ieldora. Es verdad que voy ápartlr pero no más que por algunos dlas. El pobre &lt;le
Kanste á quien debemos t11ntos favores ha tt:nido
el capricho de ir, y quiere que yo lé acom,l!añe. Pero
volveremos pronto.
-Eso dices, eso dices, pero yo, bien sabe Dios que
no te veré más, porque en cuanto salgas por esa puertll se me acaba de romper el corazón y me muero.
¿Vieras cómo siento el corazón? Como una cosa muy
grande que ya no me cabe en el pecbn y no me deja
reapirar. Como está lleno de mis lágrimas, cuando

reviente me envenenará y ya no te veré más, ya no
ttl VPré .••.

- Te juro que volverPm~s pronto.
-Eeo me dic~e, pero Kariste está loco Una vez en
Roma ó en Florencia se le olvidará que existe Parb
cnmo se le olvida todo y se q::.edaran ustedes alli.
Isidor11 se me HCercó tendió su brazo delgado como
una cuerda y pálido. con palldPz tr ~neparente y lo
anudó á 1,1i cuello. Su boci,. me besó con besos que
lastimaban, como esos que las madres dan áloe niños
que se les mueren; su aliento cálido, aliento de enferma. me hacia la impre11ión de una llamarada y sus
ojos se fijaron en mi como ávidos y sedientos.
-Déjame verte verte. vnte bien, por la última
vez, me dijo y luego se desplomó desvanecida.
Yo :ir,roveché el momento para hu!r. Ya era tiempo,
poco faltaba, apenas una hora para la salida del
tren.
Pocos minutos despues que yo, llegó Kariete á su
c11ea muy alegre.
-Adivina qué hice hoy, me dijo.
Y sin esperar respuesta continuó:
-Pues ful al jardín dti aclimatación y vi unos pavos
rPalee, magnif1coe, diantre, ma¡cnificoe, y me vino la
idea de un gran cuadro decorativo: pavos reales eu
un campo de pensamientos, pavos agrupados entre
matas de pensamientos, pavos pisando peneamien tu
¿sabes?
Y nada de elnt ·sis, alli dentro ni cielo ni atmóefera:
lo~ pavos dibujados pluma por pluma y los pene&amp;•
mrentoe flor por flor. Mañana empiezl) á trabajar.
-¿Pero no nos vamos á Italia en el tren que va i
salir dPntro de quince minu:os?
-A Italia ... .á Italia! ¿Y que vamos hacer alli? En
Parl~ hay pavos muy hermosos para modelo, anda á
comprarme dos, cuesten lo que costaren.
Corrí á. mi cua faidora euaba en el mismo sitió del
p&amp;vimento donde cayó momentos ant~e de mi salida.
La toqué. Estaba muerta.
ÜCTAVIO MIRBBAU.

1
'

FJg. l. -M:ante-au para salida en la tarde.

EPISODIO DE LA VIDA FEMENIL.

I

,

Se habla levantado á las cinco, era de noche RÚn;
,apenas si habla descansado seis horas. Pero ¡qué ha~erl Aquellos tres pequeñuelos destrozaban un monle de ropa ..... .
La culpa sin embargo, no era de ellos, se comprende loe trapos duran poco, y á cada. momento había
qu~ remendarlos. :ea.ciencia! y la pobre mujer, á la dé
bil luz de una lamparilla, eegula cosiendo apresurada,
agitando unas manos descarnadas sobre aquellos po•
bree tra}loe con m".lvimientos febriles.
En un solo lecho, arrimada á un rincón de la miserable pieza, dormían encogidos los pequeñuelos, en
aquellas e~trañae y graclosRe poelcio:iee que suelen
tomar loe niños cuando yacen en elcom,leto abando-no del sueño.
De pronto, un ruido en un principio, como si surgiera de la tierra. luego Rmnentando ha11ta llegar á ser
un fuerte silbido, largo, in11lete.nt_e, hizo temblar loe
vidrio1; de la ventana y loe dos umcoe vasos que esta•
ban sobre el apRrador d~ pino.
Dios mio! exclamó la mujer parándose de un salto y
-arrojando el trabajo sobre la mesa.
-Dios mlol El pito! Hijos mios, arriba, el pito, no
to habéfe oido? Levantaos, arriba.

Y sin esperar más, emprAndló á vestir las tres criaturas, con la precipit~ción, con el ansia propias de
quien llega á la eetació 1 y ve que el tren esta por po,
neree en marcha.
Pronto. ligero . ...
Loe niños, sorprendidos en el euPiio de l!'quella manera, puetérons~ á chillu: pero la m~dre s10 hace~lea
caso continullba á vPstirloe, confundiendo las medias,
loe zapatos y lanzando un ge:.}ido tilda vez que tenia
que pArder un minuto de tiempo parR _buscar alguna
prnnda calda &lt;iebajo de una 8ill&amp; ó baJo.la cama.
Por fin loe tres rai,11ce11 qnl'd&amp;r!ln ves,1do~: pPr~ los
pobrPeltos aún no hablan concluido d" ti&gt;ner 1meno y
de chillar, muy al contrario. ahora tenlan hambre.
La mujer corrió ai apar1tdor sacó una taza repleta
de sopa, y los p..,qneñuelos e~ le colocaro1;1 en torno
La sopa estaba fria-era ~l mee de Jul:o;-pero los
niños la devoraban igualmente
La madre para hacer m{s pronto loe embocad~ á
grandes cucharadas v por turno, p!'ro como ocurna á
veces que alguno no ·fuera lo suficiente eollctto á vaciar la boca, así la cuchar, nas11ba Inexorable y en•
traba en la boca del vecino. La lección ePc&amp;rm1mtaba
al iiesp1tcioeo comilón, que para no quedar otra vez
rezagado. engullla las cucharadas de sopa abi como
estaba, sin perder tiempo pua maecarla.
Concluida la'opP.ración, loe chiquitines parecieron
quedar satisfechos.

Entonces, siempre de furia, la mujer agarró del brazo el segundo y llevándose por dela!l'~ el mayor,
mientras levantabl\ en los brazos al ultrmo,-!1~ pequeñuelo &lt;i.e trc,e años-cerró la puerta de un t1ron, Y
bajó la escalera á saltos
Abajo en la calle donde eehba el estable.cimiento,
una porción de mujereJ corrian para no de¡arse sorprender afuera por el eefundo silbido, que Indicaba
á un tiempo la entrada a taller f la clausura.
DPspué11 del sonido del pito, se sabe, habla que pagar la multa.
y no pasabR mañana que _no hubiera alguua ~e estas retardatarlae de un minuto; porque un mmuto
después ya no se entraba por el portón.
.
Todas corrían, galopaban, algunllS en estado !ntereeaute luego se separaban un momento, páhdas,
desfallecidas, á recobrar aliento, para emorendtir nuevamente IR carrera hasta llegar al establecimiento á
cuya puerta se paraban como ante un lugar de salv~ción, la cara se les ilumhiaba entonces con una .sonrisa de sRtisfacctón. mientras el corazón y _la crr~tura
80 les agitab~ dentro del cuerpo como si quisieran
saltar afuera.
.
Nuestra mujer, á fuerza de gritos, emp~llonee y tironee, hab!R coneegnido llegar con sus hlJoe hasta la
puerta del Asilo de Infantes que estaba cerca d_el establecimiento, v hllbla allf deJado al má~ pequeno de
loe niños, abandonando loe otros dos sobre h1. acera,

�862

Domingo 6 de Noviembre de 1893.

EL MUNDO

después de haberles dicho en voz b11ja algunas palabras de recomendación. En ese inEtanie, desde lo alto del techo de la fábrica se desprendió el segundo
silbido, breve, seco, casi en ~on de broma. La mujer
atravesó la calle de una corrida, y llegó al portón don~e otras acababan de llegar: pero el por~ero, un eici·
llano ex sargento, las acugió con una guiñada de desprecio.
-Pero si recien acababa de sonar el pito, clamaba
un11.
-Atrás, querida, retírese, hermosa ... . decia el ex•
sargento con un tono melifluo insultante, agarrado
del orazo á una que babia conseguido pasar el dintel.
-Yo estoy en el oratorio-protestaba la obreradéjeme pasar.
·

Fig. 4.-Guarnici6n para cuello.

l

Domingo 6 de Noviembre de 1898.

363

EL MUNDO

más que usted, con eso conservará usted su propio,
re@peto.
No deje usted de leer algo fuera de los artículos.
sobre las modas y gacetillas sobre tertuli-11s, porque
en el mundo eueli, haber otras cosas tan importantes.
á lo menos, como esas grandes cosas.
Esté usted persuadida de que aún cuando su marido no tenga corazón, siempre tendrá estómago, y no
olvide, por tanto, prep11rarle con alguna frecuencia.
lllguna vienda bien easonada para ablandar el yugo,
d ..J matrimonio.
·
No le mortifique us!ed muy seguid9 por dinero-,
sino ajuste u . ted los gastos á lo posible.
En fin respete usted la parentela de su marido, especialmente á su madre, como que por se~ ella la sue-

CONSEJOS A LA.S :MUJERES CASlllAS.
Sea usted -siempre con su marido tan cortés y tan
benéLola como cuando él no era más que su novio.
Entonces usted se alzaba para mirarlo; no le mire
ahora de arriba á abajo. Ttmga usted pr11eente que

Flg. 2.-0uerpo bordado.
Fig. 7.- Paletot para la estación.
Pero él ya la habla echado fuera. Aprovechando la
confusión otra obrera t&gt;D cinta y de fisonomia dolien·
te, había tratado de escabullirsfl hacia el patio, pero
el portero que tenia la manija del cancel gritó:
-Ojo al vientre¡ y lo cerró de un empellón
La infeliz dió un salto gwtesco, gruesa como estaba, apenas si logró evitar el golpe.
El portón estaba cerrado! Las mujeres se miraron
unas á otras, una de ellas tendió el brazo con el puño
cerrado echando una maldición.
-TreiI:.ta céntimos de multa! Un minuto de atraso,
un tercio de jornal perdido!
Pasaron una á una por la puerta pequeña, cabisbajae, pálidas, silencio~as, después de haber hecho asen·
iar su nombre en una libreta.

gra de usted, ha dFj¡1do de Fer madre de él, madr&amp;
que lo amaba ya, cuando usted ni aún lo conocia.

PARA USO DOMESTICO.
Muchas veces se de11ea hacn una sola taza de caf&amp;
para tomar en las comid11e. Para loe que están acostumbrados á hacer el café solo en mayores cantidades, la operación es bastante dificil. Un buen cocinero recomie11da el plan siguiente: Echese en una taza
un poco de clara de huevo y llénese la taza de agua
fria. Revuélvase bien, échese todo en la cafetera, há-

FJg :i.- Gran paletotn de in'l'lerno, delatero
y espalda.

Fig 9.-TOOA. .TIJA.NA..

con quien e~tá usted casada es con un hombre, y esté, por tanto. prPparada para las imperfecciones.
Deje usted una que otra vez que su marido sea el
~lti!Do que hable, eso lo complacerá á él y no le perJudicará á usted en nada. Deje también que él sepa

Fig. 8.-A.brlgo para casa.

Flg. 3.-Blusa elegante.

gase hervir un pi.r de minutos y añádasele un poco
más de agua caliente.

El siciliano con las manos en los bolsillos y la pipa
en la boca, sonreía a todas ellas mientras pasaban. y
Alas más jóvenes les murmuraba en voz baja algún
requiebro
- Cochino!-contestó una y pasó.
Mientr11e tanto abajo en la calle, sumida aún en la
semi-oscuridad del crepúsculo, alfrio de Julio, dos ni•
ños, lloriqueando y teniéndose de la mano, se encaminaban leniamente á la escuela, dos horas antes de
su apertura.

Para destruir los insectos que se crian en las camas
ó en los agujeros de las paredes disuélvase en agua
polvos de peretro, conocidos también cou el nombre
de polvo11 persas, bmándose con esta solución las
part-es infestadas.

NOTAS HIGIENICAS '

•••
•
Las nueces, las avell1i.nae, almendras y otras frutas
de esa especie, son, á causa Je las subsbtaucias grasas que contienen, muy nutritivas, pero cuando e&amp;
toman hay que masticarlas bien porque de lo contrario hay _peligro de una indigestión. Las personas de
estómago delicado no deben tomarlas nunca. Cuando
más _daño llacen es cuando se toman después de la
com1da.

••;,.
Flg, 6.- Volante ttltJro&lt;\ no"'edad.
•

Cuando se hierven cerezas frescas, grosellas y demás!r.i~as delicadas para conservarlas, es convenieuie anadir al &amp;,ll'ua unpequeñoterrónde alumbre pues
se ha visto que asi no ea deshacen tanto.
·

Para que la luz artificial no perjudique á la avista,
es necesario que sea bastante mtensa para permitir,
sin esfuerzo alguno distinguir claramente los objetos. Los rayos luminosos de cualquier fuente que provengau están siempre acom¡.,añadoe de rayos colorí•
feros de intensidad variable según la ciase de alumbrado, como hemos dicho anteriormente. Si los rayos
luminosos no producen mal efecto eu el aparato vi·
eual, loe rayos del calor si, pues producen un estado
congestivo del globo ocular, qufl, frecuentemente repetido y_ mantenido durante un tiempo un poco largo, produce transtornos coneiderables.
Asi es que, euando se está obligad~ á usa: la luz
artificial para algún trabajo que neceéite el eJercicio
del órgano ac la visión, babia de P.rocurarse que con
la mayor intensidad de la luz posible, para evitar los
eFfuerzos, se tenga la menor cantidad de calor qu11
se pueda.
Por este motivo se debe preferir un.a luz intensa,
que pueda colocarse lejos de los ojoe,para que á ellos
no lleguen los rayos oolorlferos con intensidad capaz
para perjudicarlos: ot_ra manera de evitar esto, ~e.hacer que el foco Jummoso proyecte sus ravos umcamente sobre el objeto que se qu1ere alumbrar y que
loe ojos no lo reciban del foco de luz. A este fin, tienden las pantallas, reflectores etc., tan usados en todas partes.
·
.
La luz debe ser fija. Toda intermitencia, las oscrl&amp;•
clones de la flama de las velas, bujlae, en las lámparas mal dispuestas, fatigan mucho la vista, requieren
esfuerzos en el ojo, alternativai! de dilatación y contracción de las pupilas, inconvenientes que son muy
perjudiciales.

Es preferible tener varias luces colocadas conve•
nientemente que una sola. En este último caso debe
preferirse que la luz esté al lado izquierdo. sobre todo para el que escribe; pues asi alumbra perfectamente sin que la sombra proyectada por la mano, impida
ver bien y sujete al ojo á esfuerzos.

raso se dflbe envolver en papel azul y def pués e 1
otro más fuerte, de cualquier clase.
Un oculista de gran fama dice que loP velos con motRs que tan de moda están ahora, son el peor enemigo
que pueden tener loe ojos.

La luz blanca, la que más se asemeja á la luz solar,
es la mejor. Casi todos loe sistPmae de alumbrado dan
una luz amarillenta, excepto la luz de arco que produce luz blanca ligeramente azuloea.
De los cuerpos cuya cembuetlón se utiliza para alumbrado, Pl aceite y la estearina son los que dan una luz
más blanca.
El color de la luz solar resulta de la fusión de rayos
luminosos de los siete colores del espectro.

Para tapar las ~endljas más ó menos grandes que
se hacen en los pisos, ~61:1ese una gran cantidad de
periódicos y papeles VIeJoe, se hacen ped11zoe pequenos y se echan á cocer en una caldera, 11ñadiendo al
agua unos puñados de harina para formar un engrudo espeso, con el cual se rellenan las rendijas en las
tablas cuando está caliente.

**•

NUESTROS GRABADOS.
FIG. 1-MANTEAU PARA SAL'DA EN LA CALLB,

Las plantas que se tienen de adorno en la sala ú
otras habitacion~s,-requieren que se les quite con la
mayor frecuencia posible el polvo que lee cae en las
hojas. Para esto conviene pasarles todos loe días un
trapo mojado por ambos lados de la hoja. Esto es necesario para que no se les obPtruyan loe poros por
donde respiran como nosonos lo hacemos por la boca
y por las narices.

•*•

Para conservar cintas, listones, pañuelos y otros artículos de seda, se recomienda guardarlos envueltos
en papel ordinario como el que se usa en las tiendas
par11 hacf'r paquetee. El papel blllnco tiene cloruro de
cal y esta substancia descolora la seda. La ropa de

Está hecho de uu cuerpo de collet amplio, en tul
blanco, sembrado de pajitas de diamantes fruncido en
la parte baja por medio de un empiezamiento que cubre todos los hombros formando una. bonita esclavina. Ese empiezamiento se recubre de must-lina blanca, enteramente fruncida simulando un capuchón. El
cuerpo de collet está incrustado de chantilly negra.
FIG, 2-CUJIIRPO l30RD.ADO,

De casimir de damas, muy justo y muy sencillo con
adorno de guias de cordoncillo de seda.
FIG. 3 -l3LUSA lilLlllGANTlll,

De sarga de seda negra, con un gran plissé á ambos ladoP, ceñida por un cinturón fantasil1; entre ambos plissés una banda fijada por botones fantasía.

�nomtngo 6 de Noviembre ·de 1898.

EL MUNTlO

OPINION DE UN CAPITALISTA EN MEIICO
AOEROA DEL SEGURO SOBRE LA VIDA

En "LA MUTUA" de Nueva York.
México, Obtub1·e 3 de 1898.

•

Sr. D. Donato de Chapeaurouge,
Dired.or General de la Compañfa de Seguros; "LA MUTUA'
Presente.
Muy Sr. mio:
Me permito 11cusarle recibo de los Rt&gt;guros por ....
($300,000.00) trescientos mil pesos que acabo
ae tomar en la Vompañla que Va. repres..uta en esta.
República, y obsequia1;1do 11us deseos deque expong!llas razones que he temdo para asegurarwe en cantl·
dad tan importante y para preferir el tomarla á "La
Mutua" á pesar de que mis frecuentes vi•jes á Euro·
pa y Estados Unidos, me han dado toda cla ..e deopor·
tunidad para tomar mi seguro en cualquiera d~ _las
grandes Compañías del mu11do, congubtolemamftesto que en mi creencia. el seguro sobre la vida toma l.\
forma de una protección, no B)IO para mi familia, sino
también para mis bienes y negocios que tengo entre
roanos, los que no quedarán ~in fondo11 conque seguir
activándolos si les faltase mi perdona! dirección.
Respecto á haber elegido "La Mutua," mi personal
couommiento de sus inwenso11 recursos, con loR cuales cuenta para cumplir sus obligaciones, sus méttdos
de organización y los plane~ atrat:tivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio uo ad111iten competencia.
En conclusión, le manifiesto que mi iutención es
aumentar el seguro sobre mi vida en e~ta Compañia
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer entratar con Vd. este asunto.
lSoy de Vd. afmo --y atto. S.~Firmado.-{). Eisennaun.

NUMERO 20

MEXICO, ~OVIEMBRE 13 DE 1898

TOMOil

EXAMENU.

Fig. 12. - Corbata
ítltima n()vedad

Figs 13 y 14.-Trajes de estacl6n.
FIG. 4-GUARNIC.JÓN PARA CUELLO.

•

Es una elegantisima gnarnición de guipure tt&gt;rminada en punta11, orladas de volantes Ji.
geros de muselina de seda, y ceñido el cuello por una leve cinta de satin.
FIG, 5-GRAN PALETOT DE I~VJERNO, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de casimir asargado, con una elegante esclavina redonda, muy ajustado y dos gran·
des filas de botones fantasía.
Sobre cuello de terciopelo muy sencillo.
FJG, 6-VOLA1'TE tLTUIA NOVEDAD,

EP un volante muv hermoso de escosés con entrerlo~t&gt;S de ci1110 acordonada de seda para remate de
faldas de cie1 ta severidad y elegancia.

no. 7-PALRTOT

PARA LA ESTACIÓN,

De ¡;año obi~po, ligeramente diagonal, hecho de
dos empiPzamientos: el superior que forma un casa&lt;'Ón 11ju~tado. dejando dos elegantes faldetas, y el in·
fnior que P~tá con~tituido por una falda rlgida y justa. Dos hileras de botones fantasía ornan y cierran
el casacón.
FIG. 8-ABRIGO PARA CASA.

Estilo dragón muy justo con cuello vuelto y adorno
de alhamarns y t!Sti-ellas.
FJG. 9-TOCA JUANA.

Sombrero levantado delante, de fi!)ltro castor muy
claro, ~uarnecido de ~os draperias torsaladas de ter
ciopelo un poco más pálido aún, una de ellas se enreda á. la iz~uierda al rededor de la fuda; la otra á la
derecha desapareciendo en la parte posterior, delante las dos se cruzan sosteniendo una larga pluma.
FIG, 10-FICBÚ ELEGANTE,

ER un fichú volante de muselina de seda, ornado
de blondi1 blanca de Bélgica y rematado en el talle
por un bonito l11zo de ¡¡atln. ~;1 fichú se abre sobre un
gran plastrón de cadeneta, de muy buen gusto
FIG U-TOILETTE DE DAMA PARA LA ESTACIÓN.

Es una elegantísima t ,iJette de seda acero asarg .~da con grandes aplicacioneP. dP. bordado á ban•las pa,
ralelas con Pntredol!es rle seda negra. Cuerpo ablusado con un hermoso fichú dti blouda de AlenQon vieja.

&amp;1 asunto ae la lemporaaa.-Después ael e~amen..

FIG. 12-CORBATA ÚLTIMA NOVEDAD.

Flg. 10,-Fichft elegante.

D11mos con este número uno de los más elegantes
modelos de corbatas para trajes estilo sastre de las
que están hc,y más en boga.

APUNTES DEL NATIJRAL

Fig 11.-Tollette de dama. para la ~stacl6n.

I

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Por que cometí aquel crimen</name>
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