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• •

,,.

..

Año VI-Tomo ll

México, Doming0

2

•

Número

de Julio de 1899.

BELLAS ARTES.

t31BUOTECA UNlVERSt¡AntA
'' ALFONSO REYES
FONDO Rto.r::&gt;O COVARRUOIAS

ESPERANDO.
D ELANCE.

1

�1

EL MUNDO.

2

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
:::;::;=======~============-----------------------·

LA SEMANA

l

Cuando ha llovido por la tarde y sobre los cielos
limpios y brillantes, como mármol recién lavado, co•
mienzan á aparecer las estrellas, es una delicia gozar, en cualquier parte-en uoa calle desierta, en un
balcón abierto ante el horizonte, en el Paseo de la
Reforma, en una plazuela de barrio,-de estas blancasnoches de primavera, perfumadas y transparentes
que adormecen el alma, columpiándose en la hat:?aca
que prendieron de los astros,-¡ayl hace tanto tiempo-uuestras ¡::rimeras ilusiones.
Yo no sé por qué en estas hermosas noc~es, más
sofiadas que vividas, me viene á la memona un encantador y sencillo y tierno cuento de Erckmann
Chatrian que posee una misteriosa evocación, como
si las pal~bras que lo componen fuesen cabalísticas y
estuvieran pronunciadas por :ilgún Merlín todopoderoso? No recordáis aquel idilio, de fuerte sabor alsaciano que se llama «Gretchen,? Sí lo recordáis, porque es de esos que una vez leídos no se olvidan ja
más.
Comienza así: «Eran 1as diez de la noche cuando los
bebedores salían de la Cervecería del Cisne. Teodoro
bizo como los otros y 1:1e alejó silencioso. Las ven1:ianas se cerraban á lo lejos y se oía á las buenas comadres gritar en la noche, cerrando sus postigos: ¡Buenas noches, Orchel! ¡Buenas noches, Giedel! ¡Dormid
bien! Después todo quedó en silencio y Teodoro permaneció en la calle s,,mbría. Las estr.,llas brillaban
sobre su cabeza; los árboles se extremecían á su lado
y él permanecía en la calle, contemplando, escuchando y soñando., .. ¡Cuántas cosas fugitivas nos revela la noche!. . . . Escuchad ese vago murmurio, ese
gato que huye, ese pájaro que gorgea débilmente,
tan débilmente que la garduña, siemp1e en acecho,
apenas lo oye.
«A Teodoro le gm,tabi;. la nocbe;,andaba un poco, se
detenía vol via prestando el uido .... Cuando miraba
hacia ei cielo, venían á su memoria las palabras de
Conrado el tejedor:-¡Conserva tu almal ¡Conserva
tu alma J Pero al mirar hacia la tierra, al respirar
los dulces perfumes de la primavera, de los festones
de heno de los árboles de espeso follaje, entonces
pensab~ en Gretchen, en la linda Gretchen, tan fresca con sus labios húmedos y rosado!,, con sus grandes
oj~s azules, tan sonrientes, tan limpios, con su carcajada tan franca. ¡Cuán bella le parecía entonces y
cómo le palpitaba el corazón .... ! Le parecía verla
correr detrás de una mesa y otra, y~verter la cerveza
en los grandes tarros relucientes, levantando el blanco brazo de marfl.1, el talle bien arqueado, las dos
trenzas de blondos cabellos, flot,ando hasta el extremo de su falda color de amapola, y con sus dientes
deslumbradores de un esmalte fino. Gretchen reía
con todo el mundo, excepto cou Teodoro! Apenas le
veía entrar se ponía seria; pero al mismo tiempo i,us
grandes ojos azules tomaban tal expresión de tern1;1·ra que el corazón del pobre muchacho se consumia
de amor. . . . Perdía la respiración y balbutía pa.labras ininteligibles. Teodoro sofiaba en estas cosas.
«Volvía también á ver al viejo Reebstock, el padre
de Gretchen, con su gran peluca gris, con su mi rada
cándida llenade fina beuevolencia... y la tabernibúmeda de bajo techo .... el reloj de ·piedra azulada.... la
lá~para suspendida iluminando los rojos semblantes
delos bebedores, campesinosdesombrerohastalosojos,
con su pequeiio cubilete de est~i'io en las anchas ma1;1os
ásperas y rajadas por el ~raba.jo y el _frío:--cLa vida
está sobre la tierra-se decía-esta vida fresca, esta
vida de amor, de sentimiento, de bienestar ...... el
vino, los bellos frutos, los perfumes .. , . y Gretchen,
to;io eso es la vida terrestre.,-Temblaba d~spués,
pensando en la joven: se la repre~entaba tan. bien,
que hubiera podidp contar cada bilo de su traJe, cada cuenta de su collar, cada inflexión de su sonris1
en los hoyuelos sonrosados. Ningún rasgo se le escapaba. Miraba á las estrellas y veía á Gretchen. Escuchaba el rumor del aire y oía lll voz de Gretchen. Sof!.11.ba en el mundo y Gretcben estaba allí, siempre allí,
respondiendo, á su pensam~ento. 10b amor! amorl
¿quién eres tu? ¿de dónde vieD'es?
«Y Teodoro andaba así, á través de la noche luminosa detrás de la aldea, costeando los breí'!ales, recorriendo las angostas avenidas, abiertas entre palizadas, escapándose hacia e~ valle recientemente segado, contemplando las casas con s~ construcciones
extrafias é irregulares, sus escaleras exteriores, sus
balaustradas mohosas, sus patios bajos, sus grandes
techos sobresalientes, todo circundado de misteriosas penumbras~ ..... .
Engarzo esta bella página, turquesa de luces claras,
en la desbrui'Hda placa de mi ~stilo porque, en estas
nocbas de Junio, mi estado de ánimo, corresponde
por algún obscuro simbolismo, á la escena del cuento
alsaciano.
Yo-y cuántos lo mismo que yo!-como el enamorado campesino, voy y vengo por la ciudad ale-

targada y dormida en la noche, sofiando en que una
vida fresca, una vida de amor. ha caído sobre la tierra.
Sólu que mi Gretchen, la que amo, no q~edó en la
taberna bromeando con todos y llenand') los picheles
de cerveza, risueña y cándida como la moza de
Erckmann y Cha.trian; mi Gretchen acompafia á mis
amigos ]es artistas y los rimadores, ríe con ellos, los
mira amorosa y lánguidamente, y charla, olvidada
de los que por fuerza nos vimos obligados á salir del
Cisne á las doce de la noche, cuando las ventanas se
cerraban á lo lejos y se ola gritar á las comadres en
el silencio de la calle som brfa.
Porque una vez fuera del Ci.~ne, sigo, como·Teodoro,
pen1:1ando en Gretchen, y como á él, á mí me parece
que está en todas partes, y que responde á mi pensamiento en todos los fulgores, en todos los aromas, en
todos los ruidos.
Todavía, aunque me lo crean, estoy perdidamente
enamorado de la Belleza, y en un seno que aletea, blanco y espumoso como un pichón en espasmo, en un faro que brilla como una banderola de luz, en el mármol de una estatua, en,el colorido de un lienzo, y sobre
todo, en las horas de misterio y quietud de estas noches maravillosas, veo á Gretchen, á la divina Gretcheo, de la que la realidad-¡oh, amante cruel!-me
obligó á separarme, y digo como el inocenr,e muchacho:
-La vica está sobre la tierra!

***

Para mí la locura de Cantoya, el romántico enamorado del aire, es una locura noble, tramada de idealidad y de grandeza. Esa original megalomanía de
subir, de volar, de contemplar el mundo á vista de
pájaro, da origen á cómicas y admirables aventuras,
dignas de un poema épico-burlesco, como el inmor1,al del Ariosto. Lleg,ar á lo alto, tocar con los nudillos en el azul del cielo, como en la puerta de lo infinito, esperar á que abra el Gran Misterio, siempre
en vela, y no consiguiéndolo, bajar con sobrrbla luzbélica, á encender la admiración de los hombres, á
narrarles el peligroso viaje por los espacios, los encuentros con las estrellas, los combates con los vientos, las luchas con las caudas de los cometas; es el
suefio, largo tiempo nutrido de esperanza, de este
aereonauta decidido que á falta de ciencia, posee la
ciega seguridad del creyente. Cantoya sube en su
globo primitivo, convencido de que los elementos son
amigos suyos, de que el aire es su fiel camarada, de.
que el horizonte es su palacio, de que son hermanas
suyas las águilas, de que las nubes construirán á su
paso arcos de triunfo.
Es verdaderamente espiritual esta, insania que desprecia la tierra y que cada vez que puede, asciende
porque le gusta abrir las .alas.á sus delirios en plena
inmensidad.
Lo cierto es, que á pesar de las burlas que provoca,
este hombre es simpático; y hasta, si nos ponemos á
pensar un poco, se nos antoja que todos tenemos, muy
escondido, algo de Cantoya, que no nos atrevemos á
sacará luz por temor á los envenenados venablos de
la ironía.
El anhelo de Cantoya es nuestro anhelo, es el eterno anhelo del género humano. Subir, huir de este
planeta, volar en busca de lo desconocido, perderse
en el laberinto de los astros ....
¡Oh lrrealisable sueño de Cantoya, eres nuestra obsesión y nuestra desesperación ! ..... .

*

* * la Dolores de Feliú y
Reaparece en nuestra escena
Codina hecha ópera espafiola. El doliente drama
sirve de libreto á una música que, aunque alta, parece que no se halla á la altura de la letra.
Sin embargo, la acción es tan intensa en la Dolores, los caracteres están tan "líen forjados, la pasión
es tan caudalosa y desbordante, que á pesar de que
en el pentagrama pierden un poco su brío los gritos
de la mujer ofendida, las amenazas del amante cruel
y perverso, y las ternuras del cándido enamorado, el
público se estremece bajo la zarpa de león de un poeta que encuadró en el marce del Arte, un conmovedor fragmento de vida impura y apasionada.
***

Un escritor característicamente americano, nos envía desde Cuba el último de sus libros: Ent1·e brumas.
Es Andrés Clemente,Vázquez uno de los narradores
que más interés despiertan con sus rel.tos, impregnados siempre de una admirable sencillez poética.
Hablan de cosas pasadas, de viejos episodios, de
lejanas memorias, con un acento de abutlo lleno de
melancolía y de dulzura. ¡Alma dichosa que el crepúsculo de la vida, ve florecer como si fuera pleno día, la imaginación juvenil y feclUld&amp;! . .... .

Domingo 2 de Julio de 1899

,-

Revistas =rpliticas .y Literarias..
No en el úl~~o escrito literario de nuestro Castelar, p.orque es~ ~¡tuda es el _breve y expresivo que
escribió para ¡¡114: m que han preparado las Señoras.
de Ja Jdnta Dlmt:! va del Asilo Galán, pero si en uno
de los últimos¡(el $producido por el l mparcial poco&amp;.
días ha, algunqs d4 nuestros lectores habrán advertido este conce! s~gular (no tengo á la mano el periódico para e r ton precisión) el Austria alemana
se está tornan ¡testante.
Esto quizás. pa zca una enormidad á muchos de
quienes conozca.o fidelidad al C':1.tolicismo de la inmensa mayorí~ de os súbditos de los Habsburgosque
abrazaron la R~(\:) a en Austria, en Hungría y, sobre todo y desde n:tucho antes de Lutero, en Bohemia
pero que, sometidos por las armas, fueron luego afor.tiori, aunque ~iínltiva~ente, conver~idos _al c~tolicismo, gracias1i.t celo ngoroso y á la mtehgenc1a de
los jesuitas. Qµlw atribuyan el mencionado concepto al brío antiolerklal que resucitó siempre en el gran
orador cada ve:i que creyó en peligro la supremacía
del Estado lai()o, actitud política que jamás mermó
en nada, por cierto, su profundo sentimiento cristiano.
Como sucede en todo escrito político, destinado á
causar determinada impresión, las ideas y los hechos
toman un resalto exajerado; un orador y un político
haráa siempre de }a historia una materia tr!l.nsformable á ríes"º de alterarla, ó un depósito de donde
pueden extrairs~ maravillosos efectos de color ó la
arcilla propia pata elaborar estatuas y bajo-relieves.
Nadie como Em;io Castelar para servirse de ese material: conocía 1 hlstoria de un modo pasmoso, pero
sólo le interesab como colorido y como drama; para
trazar con ella
dioramas que han asombrado al
mundo la convir~óliteralU1ente en una paleta ..... .
Este buen seño¡· está á punto de di vagarse, dirán
mis cinco lectore (juro que los tengo, porque los he
contado). Siemge estoy á punto de eso. Vamos al
grano. '
l.
¿ Por qué los cit,ólicos de Austria se tornan prútestantest La cabe¡a de Francisco José es (dicho sea
con respeto) la pMra angular de un edilicio heterogéneo compuesto!rincipalmente de tres materiales
disímbolos: el ro érial eslavo distribuido en dos zonas paralelas al . y S. del Valle del Danubio ocupado en toda su egión media por diez millones de
alemanes y seis ••magyares (húngaros) que componen los otros dos ateriales. Estos son quienes mandan y dominan, e os constituyen el duali,-mo; la doble
corona de emper or de Austria y rey de Hungría
que lleva sobres canas Francisco Jm,6, quiere decir: sumisión de os eslavos del N. á los alemanes,
sumisión de los d 8. á los húngaros.
•
En todas part los eslavos protestar. y por todas
partes se registjin anuncios de cambios futuros,
próximos quizás. ~n Hungría el odio al eslavo forma
parte de la. religi cívica, y preciso es recordar, que
los húngaros y lo turcos son hermanos de raza y que
entre esta raza tu nica á que se gloría de perteuecei:,
en verso, Juan Rtepin y los eslavos, el duelo étnico
se inició al •man r de la historia y se agravó hasta
el paroxismo cu do croatas y rusos, ¿sla.vos todos,
aplastaron en 48 I 49 á los l~berales alema°:es y á los
patriotas húngar9S. Pero liberales y patnotas han
alzado la frente ~1e el día siguiente de Sadowa; _la
Hune-ría asesina1 hace cincuenta años por Pask1ewitch ha resucilo triunfant,e y es duefia de sus destinos. Para los e lavos no puede baber autonomía
dentro del dualis o ¡así han pagado los Habsburgo
los servicio1:1 de ~iados de nuestro si¡;lo!
. Con todo los dmbios vienen; un fuerte grupo de
nacionalist~s hú aros á cuya cabeza figura el hijo
mismo del liber dor Kossuth, habla de una cosa
que habría hace oco parecido imposible, de la reconciliación de búng os y eslavos. Esto tras~ormaría la
faz del imperio. a Austria, al contrano, la lucha
entre alemanes eslavos se exacerba más día á día;
en Bohemia, com es sabido, toma las proporciones de
una lucha nacion 1 renace en los grupos universitarios el culto por u'an Huss, el santo. mártir de lapatria tcheque ree plazado por el culto de Juan de
Nepomuc, cuand el emperador !erna~do II y lo_s ~esuitas ahogaran a independencia nap10nél.l y relig10sa de los bohemi en el siglo XVII; y los alemanes.
acostumbrados á obernar en un país en que siempre
han estarlo en ro oría, protestan contra las tem1encias autonómica de los jóvenes tcheq~, ausentándose
de las asambleas de las universidades.
Lo mismo en ustria; allí los alemanes están en
mayoría mas L bién el elemento eslavo tiende á
á compa~ttr con ellos el poder, á. pesar d~ la vivísi•
roa resistencia e se le opone. Los conflictos de este género en el f,alismo austro-húngaro ~ornan forzosamente unca !!ter confesional, se ,uelve~ lucbas.
religiosas. El el ;ro católico, bastante mal dispuesto
para los eslaTos li Bohemia, es aliado natural de los.
eslavos del S. coatra los liberales alemanes. Basta recordar que entf esos eslavos del S. descuella como
un caudillo·y co o un apó11tol el gran obispo Stross~ayer, cuya voz, o qesta á la in.falibilidad del p.ontifi-

*

3

Domingo 2 de Julio de 1899.
ce, abogaron en las sesiones del Concilio Vaticano
los obispos zelotas de Pío IX, entre quienes uno ó algupos mexicanos se distinguieron. Hoy Strossmayer
es uno de los misioneros favoritos de Leon XIIl; le
ha dado la misión de trazar el programa de la reunión futura de los eslavos cismáticos y ()3.tólicos.
Resentidos profundamente los alemanes católicos
por la parcialidad de sus cleros en favor de sus enemigos hereditarios, hin puesto en el cielo sus quejas,
y los exaltadoR, obedeciendo á la direcc!ón de dos furiosos agitadores, Wolf y Scbenerer, La.o anunciado
su conversión al protestantismo. Los corifeos y un
grupo de personas que·no llega á un ll\,illar, han realizado su amenaza ell el N. de Bohemia, sobre todo,
donde algunas pequeñas poblaciones alemanas se han
declarado protestantes en masa. El clero austriaco
hizo al principio po.:o caso de esto; pero boy, profundamente alarmado, multiplica las deprecaciones, los
sermones vehementes, las conminaciones y las cartas
pastorales; Monsefior Gruscha, el cardenal Obispo de
Viena, ha resuelto dirigir la campaña y ha hecho un
llamamiento á la fuerza pública para que impida h
propagación del mal: al brazo secular como se decía
en los tiempos inquisitoriales.
A este extraí'!o movimiento hace alusión el escrito
de Castelar, exagerándolo un poco, porque la verdad
es que lo que se anunciaba como una conversión en
masa, ha resultado poca cosa. á la postre. No es eso
lo grave para el dualismo austro-húngaro, sino que
los eslavos en cuanto la mano de hierro del magyar
se hace sen~ir demasiado, vuelven los ojos al Tsar,
especie de jefe honorario de todos los eslii.vos del
mundo, y los austro-alemanes, cuando temen que su
preponderancia decline, ,suspiran por el Kaiser de
Berlín, centro vivo del pangermanismo.

* **
¿En dónde se baten? En donde ya no se batirán
es en S&lt;tmoa; los ri va!_es Malietoa y Matai,fa han depuesto las armas y la alta comisión arbitradora ha
decidido suprimir la monarquía é instalar en Appia
una suerte de gobierno republicano; esto pa_rece que
será un sedativo para los arde-res belicosos de los samoanos; lo seguro es que las tres potencias, Ing1aterra, .Alemania y los Estados Unidos, meditan cada
una sola cómo birlarár: su parte á las otras dos: Alemania pag-ara el plato.
;
En donde parece que se batirán pronto es en el
Transvaal; los burghers del presidente Krüger se arman hasta los dientes y la mayoría de los uitlanders
se preparan á conquistar sus franquicias con el auxilio de Inglaterra, cuyos callones manda limpiar y
preparar el gobernador del Cabo. En Bloe1nfontaine
no pudieron entenderse, como dijimos en nuestra última revista, el bíblico señor Krüger y el exigente
sefior Miliner: deje usted á los uitlan.ders tomar parte en el gobierno, decía Mr. Miliner, deles usted el
voto á todos, y desde luego, con sólo ciertos ilusorios requisitos de vecindad; es decir, déjelos usted gobernar.-No, respondió el bíblico Mr. Krüger, no;
les daré franquicias pero poco á poco, mediante natu~alizaciones que no produzcan su erecto iumediatamente, sino al cabo de cinco años; además obliguen
ustedes á la Charte:red (la compañía organizada por
Cecil Rbodes) á pag-arme una fuerte indemni7.ación
-por la invasión de Mr. Jamesson, un doctorci!!o en
obstetricia, y además comprométanse ustedes á someter al arbitraje de una potencia cualquier nuevo caso de conflicto entre boers é ingleses.- Imposiblr, no consentimos, replicó M11iner, y concluyó la
r- conferencia.
Ilay en todo esto 1ma cosa risueña (¿Puede decirse así en vez de risible? Creo que no y por eso lo di. go.) El fogoso imperialista Mr. Chamberlain, secretario de las Colonias en el gobierno del Marqués de
Salisbury, en cada uno de sus discursoi,, eompromete
la acción del gobierno inglés; es decir que el Ministerio acuerda poner el pié en una linea y el enfant terrible del unionismo en un discurso del día siguiente
del acuerdo, pone el pié en la raya y, por la propensión natural de todo orador de ir hacia el público,
da un paso más. Por eso han convenido los miuistros
de S. M. B. en no dejarle e1 primer monólogo del acto; sino que Mr. Balfour hombre de un talento infinito y filósofo en sus ratos perdidos, se adelanta á
declarar la verdadera inteución del gobierno; y así
el paso de Mr. Chamberlain es por su cuer:ta y riesgo. Curiosas costumbres parlamentarias.
Lo que sí nos ha conmovido profundamente basta
las lágrimas contenidas, que son el preludio de las
que corren, pero que no pueden correr en esta crónica decentemente, es el discurso pronunciado el lunes
pasado por el propio Mr. Cbamberlain. &lt;¡Los peligros
que corre Inglaterra en esta cuestión de los boers
son para partir el al mal ¡ Los boers se arman; los
boers tienen dinero y soldados; los boers van á creer
que nuestra paciencia es debilidad, y abusarán; verán ustedes cómo abusan de esa debilidad! ¡Oh! no,
es preciso ser fuertes, no; ao queremos la guerra, pero si nuestra dignidad lo exije, nos sacrificaremos y
mostraremos que somos capaces de defender11os ....
Mostraremos los dientes-&lt;¿ Y para qué son esos dientes, abuelita?-Para comerte mejor, hija mía.•
En donde sí se baten á más y mejor es en la isla

SR. JOSl!: M. 8 USTILLOS1
Poeta Mexicano
ten Toluca el 2 0 de .Junio de 1aee.

Ultimo retrato.

Fot. Torres.

de Luzón, tagalos y americano,;. E l goberna&lt;'lor Otis
se ha visto obligado después de una trabajosísima
campal'!a en el centro y sur de la isla, á darla por terminada hasta que pase la mala est,ición, contentándose con limitar la ocupación á una zon1. que al N.
de Manila llega hasta San Fernando y al S. se limita
al distrito de Ca.vite. Algunos puertos dominaoos
por la flota pueden considerarse también en poder
de los americanos. Y es muy poca cosa. Si entretanto los filipinos no se desorganh,an, si continúan ayudando al calor y á la humedad, siendo la pesadilla de
las avanzadas de Lawton y Me Arthur, la nueva campaña, que es, como si dijéramos, una campaña prei,idencial, porque &lt;'le sn buen suceso depende quizás
la reelección de Me Kinley, recomenzará bajo malos
auspicios. Será, en suma, un mal negocio; si llegan
á demestrar esto los filipi nos, habrán ganado la partida.

** *
Los 'últimos periódicos franceses, en cuanto se refiere al asunto Dreyfus, son verdaderamente dignos de
estudio. Todos los enemigos de la revisión clamaron
porque·las salas de la Corte de Casación (civil, criminal y de requetes) conociesen reunidas y resol viesen el
caso. El gobierno de M. Dupuy, sin motivo legal
suficiente, como se ha visto hoy que se han publicado
1011 pormenores de la investigación, sin nada que lo
obligase á despojar de su jurisdicción á lc1, sala del
crimen, pero con una mira polítka que ha resultado
justa, Mnfirió, por medio de una ley que resulta ad
hoc, la rei,ponsabilidad de la decisión al Supremo Tribunal ent,ero. J)ió así plena sati.,facción á las exigencias de la prensa reaccionaria y antisemítica. El solemnísimo farsante que se llama M. Quesnay ,de Baurepaire, que quiso explotar la excitación de las masas
en favor del ejército, para ver lo que pescaba, se declaró satisfecho: sus colegas de lasa.la civil, el mismo
magi!,trado ponente, Ballot-Beaupré cuyo informe es
sin duda la pieza capital de los autos, le habían manifestado su hostilidad á la revisión.
Mas ¡oh! dolor ! M. Ballot-Beaupré ydespuésdeéllos
cincuenta primeros-magistrados de Francia, se declaran unánimemente en favor de la revisión, casan el fallo del eunsejo de guerra de 94 y determinan en una
sentencia concisa y precisa á la vez, que "el acusado
Alfredo Dreyfus comparecerá ante el Consejo de Guerra de Rennes, designado á este fin por deliberación
especial habida en sala del Tribunal, para ser juzgado sobre el punto ·siguiente: ¿ Dreyfus es culpable
de haber, en 189!, provocado maquinaciones ó mantenido relaciones con una potencia extranjera ó con
uno de sus agentes, para comprometerla á cometer
actos de hostilidad contra Francia ó emprender contra ella la guerra ó para procurarle los medios á este
fin encaminados entregándole las notas y documentos
contenidos en el bO'l'dereau1"
Esta declaración era clara para todos los hombres
sensatos; habría sido necesario desesperar de la justicia humana si un tribunal de la competencia y del
prestigio de la Suprema Corte Francesa, hubiese cedido á la influencia de un grupo de obcecados y energúmenos que soliviantan á las multitudiB francesas.

Sin embargo, el fallo causó emoción profunda; la reflejan bien los periódicos. Todos habían ofrecido inclinarse ¿se ban inclinado todos? Los que habían
guar Jado una reserva neutral y respetuosa como el
Jou1"?ial des Debuts, modelo impecable del periodismo
ilustrado, espirit ual y cortés, órgano de la burguesía
irremisiblemente demor:rática, pero relig!osaw~nte
liberal, se bao inclinado siu ret,icencias ante el fallo
de la Corte; de esta parte sana de la población francesa que guarda GOD una gracia de tan buen tono y
con tan exquisita inteligencia de fas necesidades sociales, la gran tradición de las épo,cas parlamentarias,
es una expresión admirable en su limpia sencillez el
manifiesto de la. asociación política, lu Unión liberal.
«Tenemos que combatir dos clases de enemigos, dicen al terminar los autore1:, del manifiesto. Por un
lado el partido radical y socialista que no ha cesado
de ganar terreno desde lr,s comienzos de la legislatura y pür el otro un partido formado con todos los deshechos del pasado y que sueüa con golpes de Estado,
con plebiscitus, con servidumbre, en una palabra, y que
busca por t odas partos á uno á quien conferir la peligrosa misión de imponérnosla. Nosotros, republicanos liberales, no desmentiremos nuestro pasado; vemos con toda claridad y acostumbramos denunciar
sin piedad las faltas del Parlau1ento; no por eso se ha
mermado nuei;tra adhesión á las iru.tituciones republicanas. Si aún están demasiado vi vas las pasiones
para que sea pusible hacer aceptar los consejos de la
moderación y la prudencia, esforcémonos al menos
por evitar males irreparables; y colocados entre dos
partidos que luchan igualmente por ahogar la li':ertad, continuemos defendiéndola con la convic.::ión
profunda de que sólo ella puede abrigar la tolerancia
religiosa, asegurar la plenitud de su independenciaá
Ja justicia, inspirará todos el respeto á los derechos
de cada uno, fortificar las costumbres públicas contra una cobardía que prnpara. el camino de la corrupción, y por la Cúntianza que inspira, hacer volver á
los espíritus y á los corazooes la paz social de que tentmos necesidad tan urgente.,
Eotre los perUdicos antirevisionistas, algunos, los
menos, se someten corno el periódico rle Paul de Cassagnac; otros como la. frenética Libre Parole del frenético Drumont dicen: cS1 todos esos oliciales á quienes
defendiamos, hubiesen tenido el temperamento de los
hombres de antaño, habríamos ganado la batalla,
porque Francia estaba con nosotros. Nada hemos encontrado, nada, nada, nada más que felicitaciones y
apretones de mano.&gt; El autor quería un pronunciamiento, la mayor parte finge n esperar que el Cunsejo
de guerra r econdenará 4 Dreyfus, á pe¡,ar de la confesión misma del condottiere l!:sterhazy.
Lo que ennoblece á la especie humana y consuela
de lo que indudablemente ha sido una obra deespanto.sa inquidad, es la actitud de la sociedad en que si
tamaño crimen pudo cometerse, tamaña reparación
puede esperarse, en que ha bdbido h'.)mbres que todo
lo sacrificaron para obtener justicia, y mujeres c,,mo
Mme. Dreyfus con cuyo corazón acabarán por latir
al unísono los de todas las mujeres buenas de Francia.
¡Oh! cuán bien dijo Rugo:
«Quand tou.t se f uit petit, fermnes, vous restcz grandes.&gt;
Saben los lectores rle mi últi ma revista cuán natural me parecía que Waldeck-Rousseau y el I11arqués
de Gallifet se encargasen de dar solución á la crisis
ministerial; nosotros considerábamos necesaria una
concentración de las fuerzas repnblicanas, mas nunca supusimos que el radio de concentración pasase de
los radicales y alcanzase á los socia.listas, menos que
un liberal de la altura de Wa!deck-Rousseau se aliase á el!os; mas si nos sorprende que lo baya hecho,
nonos plfrece que por ello debe condenársele, y el grupo moderado que encabeza M. Meline hace mal quizá
en negarle su apoyo. Lo que ba hecho el insigne repúblico, con sacrificio de arraigadísimas convicciones,
es una revelación del peligro que corren en Francia
las instituciones republicanas; como cuando se trata
de las defensas supremas, no ba sido posible rechazar ninguna alianza y desde el republicano conservador GalJifet, que guarda incólume un inmenso prestigio en la masa del ejército, basta el socia.ista Millerand que 7ocos días antes de ser ministro proclamaba. en su p.eriódico (La Lanterne) que la justicia no
conocía ni represalias ni venganzas, y que es, como
si dijéraD10s, un socialista de gobierno, todo cuanto
elemento de orde!l podía encontrarse en los grupos
que combaten entre sí, perc á la sombra de la bandera republicana, tienen una representación en el nuevo gabinete que no es una conciliación, sino una
tregua.
El Presidente del Consejo lo dijo muy bien en su
conciso programa, que fué un breve comentario de
la orden del día que produjo la caída del ministerio
Dupuy. Lasdificultadessongravíslmab, parecen Insuperables, eso es lo que demostrará si Waldeck-Rousseau es, como hemos afirmado, ó no, el primer hombre de estado con que la república cuenta.
El programa es muy concreto y esto facilitará al
gabinete mantenerse muy compacto; la decisión
del consejo de guerra que juzgará de nuevo á Drey!us no puede hacerse esperar. La declaración de inculpabilidad es inevitable, tratándose de un grupo de oficiales de honor, sobre los que no pesan las

�EL MUNDO.

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Domingo 2 de Julio 1899
Domingo 2 de Julio de 1899.

sugestiones que puso en obra el ministro de la gue- M. Loubet, y esto podría ser la seilal del conflicto cirra Mercier cuando deliberó el primer consejo. El vil; creemos que Waldeck-Rousseau, queGallifet, qll:e
ejército habrá así pronunciado la última palabra y el Presidente, pueden ponerse á la altura de esta siesta palabra será justicia y caerán como por ensalmo tuación.
todas las prevencione¡, que contra él tiene una parte
Pero si nuestra primera hipótesis se realiza, como
del país republicano, prevenciones hábilmente explo- lo creemos firmemente, el ministerio, tal como está
tadas por los grupos que proclaman la revolución compuesto, perdería su razón de ser y á las tentativas
social.
de convertir al Estado en un organismo absorbente
Si contra la convicción que ba penetrado ya en la de todo capital, que es el programa colectivista, pueconciencia de todos, aun de los que tingen creer en den los liberales desplegar toda i,u resistencia, segula culpabilidad quand mime de Dreyfus, como el gt&gt;- ros del triunfo, asf como esa misma resistencia sería
nual Mercier, si contra el análisis irrefragable becbo hoy dar el triunfo á los enemigos de la República.
Veremos; precisam:mte acaba de presentarse un capor el magistrado lntormante de la Corte de Casación é lmplícita•nente admitido por ésta, si contra la. i;o en que la euergfa del ministro de la gue:ra tiene
terminante confesión de Esterhazy, el Consejo, que ocasión de revelarse en toda su fuerza; un oficial del
sólo puede examinar, como prueba, la única quo sir- ejército se ba permitido Insultar en un periódico al
vió de base legal á la condenación de Dreyfus, el bor- jete del Estado; si él y todos los que como él piensan,
treTeau, declarase culpable al capitán acusado, lacues- parece que son varios, no reciben un castigo rápido,
tlón tomaría repentinamente un carácter de espan- seguro y decisivo, de esos que muestren la mano del
tosa gravedad. Vendría al dfa siguieute el Indulto de jefe de la carga histórica dtJ Sedan, calzada por un

EL MUNDO.

guante de acero, no sabríamos qué :'.)ensar ni á qué
atenernos.
Nadie duda que Francia necesite un gobierno, todas las democracias latinas y, sobre todo, las democracias militares, (lo que parece un contrasentido y
ese es el contrasentido que causa la dificultad fundamental é Insoluble en la existencia de la República),
todos necesitan gobiernos fuertes; es hábito y necesidad de conformación. Pero no necesitan dictadores
perpetuos, porque esos tras de ser la opresión, sou
la guerra, son Waterloo y Sedan. No, por más que
asf lo piense el estentóreo Dérouléde que gritaba ante el tímido jurado que lo absolvió: d'rancia necesi
ta un hombre&gt; dando así á su patria la obscena actitud de una mujer atacada de una de esas vesanias
que Cbarcot trataba en la Salpetrlére. Implo, loco.

__J ~ J

~

-

EL ESCANDA.LO DE AUTEUIL.-LA P0LICIA APltE11ENDE AL CONDE CmtISTI.I.NI.

EL MIEDO A LA MUERTE.

EL ESCANDALO DE AUTEUIL.
EL CONDE CHRISTIA.NI AMENAZA. CON SU EAST0N AL PRESIDEl&lt;T.E DE FRANCIA.

¡

Oportunamente nos transmitió el cable y leímos
con más desagrado que sorpresa la noticia de este lamentable escándalo provocado por uo grupo selecto
de gentile$-homlnes en las fiestas del Steeple-Chase de
Auteuil.

Dice un cronis!a parisiense: &lt;No exajeremos la importancia de esa tonta barrabasada de petimetres que
se lanzaron gloriosamente al asalto de una tribu;1a
ocupada por el invitado de una Sociedad, para ir después á dormir en la vil D.:tenclón. Esto oo ba sido

más que el ensayo de un nuevo sport, cuyos resultados son poco alentadores en razón de su taita
de elegancia. No es fácil comprender lo que ¡&gt;;Jeden ganar esos sefiores entregándose á tales ejercicios, pues lo único que bao becbo es perder, con
algunos bastones y no pocos sombreros, los últimos girones de una fama de buena educación y
de exquisitas maneras que ya muy pocos lee reconocíc1,n.
M. Fernand de Cbrlstlani, el máis audaz y más
torpe, si no el jete de ese grupo de elegantes, tiene treinta y ocbo aITos de edad y es nieto de un general del primer imperio.
Al llegar M. Loubet al bipodromo de Autt:uil el
dfa de los escándalos que tué el 4 de Junio, se le
recibió con aclamaciones de entusiasmo; pero á
, poco se oyeron gritos Insultantes para el Jefe del
Estado.
Uno de los insultadores, el ridículo y universalmente célebre en estos dfas, cuyo retrato figura
en un ángulo superior de nuestro grabado,. el conde Christian!, escaló la tribuna presidencial con el
ímpetu, aunque con menos berofsmo que su abuelo las trincheras enemigas, y se lanzó bastón en
mano sobre el Presidente Loubet.
Afortunadamente el General Brugere previno el
· bastonazo y M. Loubet recibió sólo un débil golpe
t&gt;n la copa del sombrero. La escena produjo un tumulto espantoso.
El agresor fué detenido inmediatamente, y con
más cardenales que él quisiera, fué á. parar en
manos de la policía y llevado bajo severa custodia
á la Detención.
Entretanto, los turiferarios del héroe (Jl:;1 liitlani, libraban una verdadera batalla con la
policía bajo el mando de M. Touny, auxiliado
por el oficial Grlllleres, el cual rué herido gravemente en la cal,eza.
Reducidos á la Impotencia los revoltosos, bien
pronto rueron á bacer compa!Iía al benemérito
Cbrlstianl y á felicitarlo por su brillante proeza.
No es Inútil recorda: á nuestros lectores que la víspera de los hechos que rererimos, es decir, el sábado
3 de Junio, la Corte de Casación pronunció el magui.tico fallo de rerlsión del proceso Dreyfus.

El Instinto más poderoso y dominador
en el hombre y en los aniwa.les en geoe!!'al, es el de conservación. Vivir. á todo
trance, á toda costa, sea corno fuere, en
-cualquier condición; per&lt;&gt; ,·ivir, be abi la
gran aspiración bumana, P4ra ~a lnmen-sa mavorfa de los hombres, la vida no vale p1&gt;r lo-; goces que promete,,por las satisfacciones que procura, por los apetitos que
sacia, por las concupiscencias que harta,
por las ambiciones que colma, sino por
-ella. rulsma, independientemente de sus
,goc&lt;!s, con entera. abstracción de sus dolores.
Aman la vida, la quieren perdurable é
inextinguible, César en el solio y Job en
-el estercolero; desde el peilón desierto de
!:;anta. Elena, entre las ruinas de un poderío casi extravagante y los laureles marchitos de una gloria casi di vlna, y después
de haber vivido él solo mil vidas, Napoleón que nada espera., des':.'a aún vivir, y
frun'ce lnrli!tnado el ~i'io á las acometirlas
-del mal que lo consume y,ha de ,miqufürlv.
Ricos ó pobres, gloriosos ó igncrados,
reyes ó mendig~s, genios ó imbéciles, para
los hombres la vida no es un medio sino
un Un, estima.ble en sf mismo y por sí
mismo, y la imaginación y la fé la prolongan más a1lá de la. muerte, lmpoten.
tell para conservarla real y efectiva. más
de lo quedura.n un soplo ó un suspiro.
La sola Idea de la muerte, biela la sangre en las venas y yergue el ca.bello en la
-cabe:1.a. Soledad, trio y ~ilenclo ... extin-ción del cambiante panorama exterior,
dlsl paclón de los fantasmas del mundo
interno; el músoulo, rígido; el nervio,
Inerte; mudo el labio, 1 ncunmovible el corazón, inactivo el cerebro; sólo de pensarlo
se siente horror y miedo. Y luego, más
allá, un misterio impenetrahle ¿la. nada?
.¿el éxtasis místico? ¿el viaje interminable á través de otros mundos y en la envoltura de otros cuerpos? ;,el fuego eterno? La fé intenta en vano alumbrar ese caos, subsisten siempre dudas, inquietudes, angustias que
llacen, aunque dolorosa, preferible esta vida á otras
vidas, y los dolort'S ciertos á los goces dudosos.
El amor á la vida en si se complica. con el terror
que inspira lo descono.:ido, y la vida se hace doble0

EL POETA RUSO ALEJANDR.:&gt; PUSC11KIN.
mente amable, por lo que ella vale y por lo que puede signilicar lst muerte. Este cúmulo de rertexiunes
acude, sobre todo, al pensamiento en presencia de un
cadáver, severa y muda Interrogación que los cirios
alumbran y no esclarecen, y que la.s flores perfuman
sin mitigar el horror que inspira.

SI tanto asf amamos la vida y tan tr meado problema. encierra su extinción,
qué terribles y dolorosas deben ser la inminencia y la proximidad de la muerte.
Sentir que la sangre se biela poco á poco
en las venas, que la fuerza se extingue,
que la vista se anubla, que la palabra se
estanca en los labios; entrever al rededor
de sí llorosos y doloridos á los seres que se
ama.; pensar en su viudez y su orfandad;
prever para ellos el abandono, lc1, miseria,
el extra vio por falta de consejo, el vicio ó
el crimen por falta de dirección y ejemplo; considerar de antemano el hogar triste y trio, las asechanzas contra ,a inexperiencia, las confabulaciones contra la
debilldarl, el desplome por falta de sostén
y el dolor á dQmlclllo por taita de apoyo
y de defensa; todo esto oprime como una
pesadilla, llena de dolor y de angustia, y
creemos que en el dintel de la muerte nos
atenacearán todas las furias ó nos chuparán todos los vampiros.
De abf ese afán por perder la razón antes
que la vida, por morir hundido en el coma
estúpido, ó caer fulminado por el rayo
sin que la reflexión, el cálculo y la previsión
tengan tiempo de atormentar nuestra
agonía. El agonizante pareet: no tener
m¡is que una de dos actitudes: estallar en
protestas ó prorrumpir en gemidos; renegar como un condenado ó llorar com'.&gt;
una plañidt&gt;ra.
Contra esta previsión hablan los hechos;
la muerte, la inexorable, la implacable, la
f riu segadora, tiene com pasión de sus víctimas y antes de levantar sobre ellas su
atiiada guadaí\a, les inspira resignación,
serenidad y calma: tiene piedad de ell.lll
y las arma de valor ó las Insensibiliza y
embrutece. Nada, en efecto, más rudo
q·1e el contraste entre lo que debía ser y
lo que es en realidad la proximidad de la
muerte. En plen'l vida la temíamos y la
esqulvábam~s, la juzgábamos horrible y
atormentadora; cuando la vemo:1 venir, ó
la llamamos con anbelo ó la acogemos con
calma ó la miramos con indlrerencla.
oi la muerte sobreviene entre sufrimientos agudos y crisis do,orosas, ansiamos su llegada, la llamamos como á una redentora y preterim08
mil veces morir á sufrir. Si se acerca silenciosa y
compasiva, si la vida se extingue sin dolor y sin angustia, la recibimos como una amiga esperada y no
temida. En estas condiciones el agonizante llama á

�EL MUNDO

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Domml!'o 2 de Julio de 1899

Domtnl!'O 2 de Julfo dP. l~!l!l.

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EL MUNDO.

LA NUEVA SINAGOGA EN CHEMNITZ.

¡PER

E:XPOSICION DJ!L,CASJNO NACIONAL,

los suyos, les sonríe, imprime en sus frentes el último beso, desliza en sus oído!&gt; el último consejo, les
sugiere resignación y valor, apenas si un vago tmte
de melancolía cubre su semblante; habla de sí mismo como de un indiferente, encuentra natural y lógico morir. prodiga aliento en vez de solicitar consuelo, juzga llenada su misión, alcanzada la meta; la
vida que le pareció siempre tan estimable y valiosa
le es indiferente, en su último balance le parece fallida; acaba por reconocer que no vale gran cosa y sin
tristeza como sin amargura, sin prot,estas como sin
blasfemias, expira resignado y tranqullo y hasta feliz á veces.
El he'cho, sorprendente en sí mismo, lo es más aún
en los éasos en que la muerte sobreviene cuando una
• enfermedad prolongada y aniquiladora .no ha t,enido
tiempo de extinguir las fuerzas, de embotar las facultades, de provocar esa indifeiencia apática y pro•
--funda características del agotamiento supremo; cuando se impone, como en la pena capital, á un hombre
sano, robusto, á veces en plena jnventud y en pleno
vigor.
El ajusticiado que protesta, se agita, reclama la
viJa como un derecho, se defiende y resiste, á quien
hay que llevar al patíbulo maniatado y á empellones
como al loco furioso á la ducha; el t ondenado á muerte que gime, llora, suplica, reza y clama al cielo son
la excepción y no la regla; tanto son la excepción que
entre nosotros casi no se registran casosde ese género.
Los casos ordinarios son de tres clases: E: fanfarrón que llega. á la muerte con la frente alta, la.mirada
altiva, verboso y decidor, prodigando bravatas y hasta chascarrillos, que rehm,a la venda, que pide man' dar la ejecución. Hemos visto morir así á O'Horan y
á un sargento del antiguo Cuerpo de Tiradores; este
último leyó unas décimas al cuadro de ejecucióp, ven-

Los .M.\ RMOLES

SACO!

Los israelitas de la ciudad de Chemnitz, que
apenas pasan de mil, careciendo rte un sitio
apropiado para sus servicios religiosos, resolviéronse en el aiio de 1897 á construir una sinagoga, para lo cual empezaron por adquirir un amplio terreno en la plaza de San Esteban
No obstante el corto número de adeptos que
forman el grupo judio de Cbemnitz, no hubo
dificultades para reunir los fondos nesarios al
efPcto que se habían propuesto y una vez adquirido el terreno procedieron á abrir un coucnr¡;o
artístico entre todos los arquitectos del Jugar
para que presentaran proyectos apropiados tanto en la parte de comodidades y exigencias pa
ra el servicio, cuanto en el carácter arquitectónico que debería concordar con la índole de la
estética Lebrea.
Presentáronse setenta y ocho artistas y obtuvieron respectivamente, el primer premio el Ingeniero W. Buerger y el segundo los Ingenieros Hoeniger y Sedelmayn. Naturalmente fué
el proyecto del pri::.iero el que se llevó á la práetica. y á su autor Buerger se confió su realización.
La construcción duró sólo quince meses, al
cabo de los cuales fué entregada al servicio tal
cual pueden verla nuestros lectores en el grabado que les ofrecemos.
Forma un hermoso adorno de la ciudad y produce una impresión maJestussa.
Usóse como principal material piedra artificial roja que con el contraste del tejado verde
claro, es de gran efecto, según dicen los periódicos técnicos alemanes.
El nuevo templo judio t!Pne cabida para unas
setecientas veinte personas é importó su construcción 120,000 pP.sos aproximadamente.
Ofrecemos á nuestros lectores este-grabado
por el interés que actualmente despierta todo
lo que ataíie á los judíos, tan traírtos y tan llevados en estos últimos tiemposá causa del asunto Dreyfus.

CUADRO DE R ULL,

éló á sus dos compañeros de patíbulo, rehusó vendarEL CENTENARIO DE ALEJANDRO P'O'SOHXIN
se y mandó la ejecución. El segundo tipo es el inerte, el indiferente, el inconsciente casi; va á la muerte automáticamentr, habla poco ó nada, no hace reEl siete de Junio último (26 de Ma:vo según el ca,.
comendaciones ni encargos, todo le es igual y no ma- lendario ruso) se celebró en Rusia el 100° aniversario
nifiesta ni valor ni cólera, ni miedo ni aolor.
del nacimiento de un poeta que tiene derecho á un
El tercer tipo corresponde. en general al mártir de
lugar preferente en el Parnaso de su patria, pues fué
alguna grande idea ó á la v!cti ma de alguna gran
el iniciador de la nueva poesía rusa que había consercausa. Sereno y tranquilo, sin fanfarronada como sin
vado un carácter exclusivamente doctoral y educaautomatismo, Heno de fé en su ideal y de estoicismo
tivo, siendo Puschkin quien le dió un sello verdadeante su infortunio, se prepara á la muerte sin apararamente artístico.
to ni ostentación, va al p'ltíbulo sin desfallecimil'nto
Nacido en el seno de la más alta sociedad de su
y se le sorprenden en la mirada relámpagos des11pretierra, su educación primera fué más brillante que
ma satisfacción y de legítimo orgullo de morir por lo sólida; pero sus grandes disposiciones poéticas y su
que cree ó es en realfdad la justicia ó el derecho, la afición al estudio, hicieron d.; él una de las primeras
virtud ó el bien· humano. .A.sí murieron Hidalgo, Mo- . figuras intelectµales de Rusia.
relos, Ocampo, .A.rteaga, Salazar. En el Cerro de las
Compuso muchas piezas de alto vuelo; impregnadas
Campanas se vió á Miramón y á Maximiliano morir de un espíritu netamente nacional y zahiriendo sin
con valor sereno y á Mejía conindiferente y apática piedad á todo lo viturable de su tiempo y de sus confrialdad.
tempóráneos. Esto ocasionóle repetidos conflictos, y
Esta comprobación es consoladora; imaginada, la al fin murió en duelo el 10 de Febrero de 1837, cuanmuerte es terrible y parece aterradora; pero vista de do aún se esperaba mucho de su fuerza creadora.
terca y frente á frente no inspira en general, ni
miedo ni horror y se la puede afrontar con indiferencia, cm resignación y hasta con audacia. La vida tiene siquiera eso de bueno, que siendo tan ansiada y
deseada, no es su pérdida tan cruel y dolorosa como el
hombre se imagina. Esta consideración puede contribuir á hacer menos terrible el supremo trance.

MEXICANOS EN

El taller fotoITTáfico de los hermanos Torres.
Presentamos este interior de taller con la
nota de novedad que le presta la presencia de
la mujer desempeñando las tareas del arte fotográfico.
Los señores Torres han sido los primeros que
en nuestro país implantaron tan feliz innovación, con la que ganan no sólo las favorecidas
con esos empleos, sino el público y principalmente las damas.
En efecto, si hay ocupación propia para la
mujer, es la fotografía: tienen aptitudes y habilidad manual extraordinarias, y sobre todo,
pueden servir mejor que un hombre{~ la&amp; damas que se retratan, arreglando ellas mismas
su tocado, dándol?s la posición propia con una
confianza y minuciosidad imposibles en personas de distinto sexo.

LA

NUEVA SINAGOGA 1l.N CHEMNITZ,

Los mármoles mexicanos en París.

p ~nis.

El Sr. D. Cárlos Sellesier, Jefe del grupo XI de la
Comisión Mexicana para la Exposición lfoi versal de
París, ba tomado positivo empeño en ba0er lucir los
objetos de ónix extraídos de las canteras deJ.país.
Secunda con éxito los esfuerzos del Sr. Lellesier. el
8r. A. Donnamette, agente honorario del citado
grupo y autor del proyecto que representa nuestro
grabado. Dicho proyecto fué aprobado hace dos días
por la Secretaría de Fomento. Ampara una colocación artística de numeroso~ objetos y bloques de
ónix de variadoscolores, la cual, á nodudarlo, llamará
poderosamente la atención de los concurrentes al
gran Certamen.
Varios son los expositores mexicanos que presentarán artículos, bloques y placas dE. ónix; pero entre los
principales debemos citar á los seííores D. Enrique
Fenocbio, que remitirá á París dos colosales bloques
de ónix verdoso extraído de las ricas canteras que
posee en el Estado de Oaxaca; á Doña Luz Arenas viuda de Miró, que enviará también riquísimas muestras de sus canteras de Etla, Carmen y Sorpresa, Oax11ca; á D. ,Manuel Oliman, que preparó
cincuenta láminas trasparentes y cincuenta bloques
de los vistosísimos mármoles de Puebla; á D. Amador Cárdenas, propietario de las canterasde Jimulco,
las más ricas y abundantes de mármoles en t odo el
país y sin disputa, las mejor explorades y administradas, y tantos y tantos otros individuos que se dedican á la explotación de las ricas piezas.
Los pedimentos de admisión del Grupo XI fueron
de los primeros que se enviaron á la Delegación de
México en París, habiéndose dedicado en seguida á
la formación del proyecto adjunto con los datos en
aquellos expresados, el agente honorario Donnamette, como se dedicó el agente viajero A. Leduc á la
consecución de los materiales.

'

EL TALLER DE FOTOGRAFL..: DE TORRES HNOS. , CALLE DE LA PROFESA N !JM, 2.

�\
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EL MUNDO.

Dominl!O 2 de Julio de 1899

Domingo 2 de Julio de 1899.

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EL MUNDO.

(TRA.DICION MEXICANA,)
A mis amigos Luis González Obregón y , acobo M. Barquera.

-cSeííor, oh gran señor, oh señor mío!
soy tuyo ¿qué me mandas?-&gt;
dijo el bardo, y el rey Motecuhzoma,
le contestó con despotismo:-cCanta!&gt; ... ,
.Ah! decid ¿qué se hicieron las canciones
de aquel bardo de .Anáhuac?¿Las tiene acaso alguno de los lagos
en sus palacios de cristal guardadas? .. , •
¡Lagos azules, lagos espumosos,
lagos de ondas de plata,
arrojad esas muertas armooías
y en mi lira hallarán vibrantes alas! ....
......ya he hallado á dónde habemos de Ir, y
todos vosotro• conmigo que es en Oincalco....
y si alll entramns. JamAs moriremos..... .
TEZOZO)!OC.-Orónica Mexicana.

Cap. CIII.

I
Cayó del astro el resplandor purpúreo
sobre las crestas blancas
de los volcanes, resbaló en el hielo,
y fué á besar los nidos y las ramas.
Entreabrió los botones de las rosas
con sus dardos de grana;
y, rod':lndo después sobre los lagos,
ensangrentó las soñolienuas aguas.
Y el viejo Tonatiuh de los mexicas,
el sol de tez dorada,
subió al zenit. 8us rayos chispearon
en los teocalis y ruidosas plazas:
c;Ob diosa de las flores! Coatlantona!

-la multitud cantabaHoy es tu fiesta, diosa de las llores;
la pri,navera de las cumbres baja!
«Venid, corred, llegad, ra~illeteros,
que la diosa os aguarda;
y el teocali de Yopic necesita
que lo adornéis con trémulas guirnaldas.
«Arrancad al arbusto de la chía
sus flores azuladas;
á la amapola de coral sus pétalos,
y al chícharo sus cálices de nácar.
«Venid, corred 1cantadl ramilleteros;
el teocali os aguarda ....
Hoy es tu fiesta, diosa de las flores;
la primavera de las cumbres baja!&gt;
Y mientras tanto el rey Motecuhzoma ....
allá. en su rica estancia,
permaneció en silencio, rodeado
de nobles, de bufones y de esclavas.

El rey estaba triste, el bardo inmóvil,
en silencio la estancia ....
se deslizó un instante, y el poeta,
acer.:;á.ndose al rey, cantó en voz baja:
-«Cerca de Coyoacán, en Atlixucan,
en la tierra sagrada,
está. la alegre gruta de C!calco:
¡La misteriosa: ~ruta del fantasma!
«Cerca de Coyoacán .... Nadie la ha visto;"
pero dicen que el alma .
halla en ella una vida sin anhelos;
una vida feliz que no se acaba!
«Cerca de Coyoacá.n .... ¡Todos lo cuentan! .... ,
De Huemac es morada.
De Huemac, el autor de los placeres,
el que llena de luz todas las al.nas.
,El toldo de la gruta está. tejido
con rosas encarnadas;
y á su entrada se agítan y aletean
papagayos, y mirlos y calandrias.
«Hay en :.u fondo chozas de diamantes
con techo;; de esmeraldas;
·
y hay ídolos de mármol y de uro,
y templos de coral y concha nácar.
«Cerca de Coyoacán .... ¡todos lo cuentan! ....
·
¡Es la gruta encantada! . ...
¡Allí viven cantando, los placeres!
¡Alli está la existencia que no acaba!&gt;Calló el bardo, y el gran Motecuhzoma
·
bajó las regias gradas;
y, sin su corte, triste, pensativo,.
éon lento paso atravesó la estancia ....

............................. ·•• ....
Murió la luz. La noche silenciosa
·
rodó por las montafias:
La sofiolienta Mextli-la áurea lunamojó en el lago su cendal de plata;

y todavía en las alegres calles,

la multitud cantaba:
cHoy es tu fiesta, diosa de las flores!
¡La primavera de las cumbres baja!&gt;
II

TRISTE

CUADRO DE MLLE. ECKERMI\NS,

t

I

AMANECER.

1¡

Hizo un!l. seña el rey: todos salieron
con la faz inclinada;
Y un poeta acercóse al áureo trono,
con traje humilde y descubierta planta:

El r.ey sintió temor.... ,¡temor! .... Oh lira!
no tiemblen tus estrofas,
que no se mancha el nombre de aquel pueblo
de ese cobarde al invocar la sombra!
Y fué cobarde, es cierto, porque un día,

al despertar la aurora,
llamó á. dos de los nl-bles impaciente
y les dijo con voz pausada y ronca:
-«Arrancadles la piel á. diez cautivos
¡que la sangre no 1 mportal
id á buscar la gruta de Cicalco,
y á Huemac noticiad que el rey lo invoca.
«Otrecedle las pieles, y decidle
que el gran Motecuhzoma
quiere habitar con él, quiere entregarse
á la vida feliz que no se agota.&gt;Pasó el tiempo, pasaron muchas .noches
arrastrando sus sombras;
y tornaron por fin los mensajeros
al venir una noche tempestuosa:
-«Cerca de Coyoacá.n está la gruta;
Huemac en ella mora,
y nos dijo, Sefior, ob seííor nuestro,
que tu amistad acepta y ambiciona.
«Que te entregues á. larga penitencia
que pases muchas horas
nutriéndote con yerbas; sin mujeres,
• sin ceílir á tu sien piedras preciosas.

Una tarde acercóse un sacerdote
al rey Motecuhzoma:
y le dljo:-cSeñor, oh señor mío!
han llegado unos hombres á. la costa

«Que busques en la límpida laguna
una isleta, una roca,
y que en ella con ramas de zapote
una tienda y un trono le dispongas.

«Son !::lancos como el cuello de una garza;
su cabellera es blonda;
y parecen espejos sus ropajes,
y parecen palacios sus canoas.&gt;-

«Que él, en Cbapultepec, sobre la selva
de ahuehuetes canosa,
á. tí &amp;e mostrará, para indicarte
que vayas á. esperarlo en tu canoa.&gt;-

Se alejó el sacerdote lentamente.
,
La palidez traidora
cayó en la faz del rey. Vino la noche;
y el suefio huyó de la r eal alcoba ....

Subió entretanto, como un ave inmensa,
la nube tempestuosa;
y un relámpago azul mostró á. los nobles
la alegre faz del rey Motecuhzoma.

�EL MUNDO.

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Domingo 2 de Julio de 1899

¡Trc.,nó la tempestad! ... Cruzando el llano,
saltando por las lomas,
huyó el coyotl, el de la piel dorada,
el de aguzado hocico y luenga cola.

&lt;La gruta de Cicalco, no es un nido
de placeres eternos.
Allí vive el dolor. Allí está el ho•nbre
que da á la noche sus fantasmas de ébano.

La víbora enredó su cuerpo frío
bajo las negras rocas;
el armadillo se ocultó di&amp;creto
con rapidez en su armadura córnea;

&lt;No hay allí más que flores amarillas;
no hay mirlos, no hay gilgueros.
Hay víboras de dientes venenosos
y tecolotes de plumaje negro.&gt;

las gallinas del agua y las garc?tas
de!&gt;pertaron medrosas;
y las grullas dejaron los maizales,
y silbó el tecolote entre las frondas.

&lt;¿A dónde vas, Sel'ior?&gt;-El sacerdote
guardó largo silencio;
y arrancó de la frente del monarca
las corvas plumas de color sangriento.

¡Qué inmensa tempestad! .... Cada relámpago
parecía en la honda
inmensidad, una sangrienta flecha
que iba á clavarse en la apli1ada sombra!
La lluvia restallaba al estrellarse
sobre ias yerbas rotas,
y con sus tenues dardos daba muerte
á las negras y errantes mariposas! ..... .
¡Qué inmensa tempestad!-Aquella noche
el rey Motecuhzoma
dló á los nobles, en premio, ricos mantos
cubiertos de diamantes y de conchas;
y se alejó después ...... Quitó á sus sienes
la brillante corona;
desdeíió los manjares de su mesa,
y, solitario, se encerró en su alcoba.

III
Ochenta veces desató la aurora
sus cabellos de fuego;
y ochenr.a veces desprendió la tarde,
melancólica y lánguida su velo.

Y entretanto el diamante luminoso
recogió sus reflejos.
Motecuhzoma suspiró vencido,
saltó á la barca, y empul'ió lonemos ..... .

Y aquella luz acarició las ramas
del ahuehuetl inmenso;
extendió su haz brillante sobre el lago,
y penetró del rey al aposento ..... .
-&lt;Allí está Huemac-exclamó el monarcame aguarda, lo comprendo&gt;LJamó á los corcovados y les dijo:
-&lt;Me dispongo á partir; tomad los remos.&gt;Motacuhzoma con la piel de un hombre
vistió su oscuro cuerpo;
clavó á su labio una esmeralda inmensa;
se suspendió las arracadas de ébauo;
largo plumaje, rojo cual la sangre,
enredó á sus cabellos;
tomó el collar de gruesas amatistas
y las pulseras de encarnado cuero.

Y el rey, al terminar su penitencia,
con semblante rlsuel'io
se presentó á los nobles, y afanoso
arregló los asuntos del gobieruo.

-&lt;Allí está Huemac-repitió anhelanteCorcovados, marchémos&gt;y partió la canoa ...... ¡Sollozaron
del triste lago los ocultos genios! ..... .

Alzó, en seguida, la soberbia frente
interrogando al cielo,
y vió que ya la noche desplegaba
sobre el espacio azul su ala de cuervo.

Partió .... llegó .... y allá, bajo la tienda
que los D()b]s tejieron
con húmedo ramaje, un sacerdote
presentóse ante el rey con torvo ceiio.

Clavó después la indagadora vista
eu el confín inmenso ....
Miró á Chapultepec, al mustio bosque
que entrega al aire sus guirnarlas de heno.

--c¿A dónde vas?-le dijo conmovido-

¿A dónde vas? ¿Qué es esto?
¿Acaso el gran monarca del Anáhuac
huye, cobarde, abandonando al pueblo?

Y en ese instante apareció en la sel va
una luz, un lucero,
a.lgo como un diamante luminoso
que fué creciendo, sin cesar creciendo .. .

&lt;¿Qué se dirá de tu ciudad bendita,
de la opulenta México;
de Méx1co, la garza de los lagos,
la que es el corazón del universo?

Comenzó á amanecer. Alegre el alba,
al inundar los cielos,
hizo palidecer con sus fulgores
de los teocalis el eterno fuego.
La aurora desryertó, y al derramarse
sus amorosos besos,
ruborosas abrléronse las flores;
se apagaron, temblando, los luceros.
Los patos, los faisanes y las garzas
levantaron el vuelo,
los mirlos, esponjando sus plumajes,
platicaron de amor sobre los fresnos.
Vino el sol, y al mirarlo, el gran monarca
se ocultó en su aposento ..... .
¡Allí esperó la noche del futuro,
lívido el rostro y contraído el sel'iol

............................ ...... ... .
.................................... ..
¡Ah! jecidme: ¿Bajó del áureo trono?
¿Rompió su fuerte cetro? ..... .
¿Al poner en mi cítara su nombre
se mancharán las alas de mis versos?

•

No ... . Ved! La Tradición viene á mi lado
y me dlce:-Cantemos;
cantemos, que. el cobarde desparece,
bajo los lauros de su heroico pueblolJ OSE M. B!!STILLOS.

6N Lf\ Sf\LPETRIERE.
El gabinete de Charcot, en la Salpetriere, una mañana de consulta, hace diez ó doce años. En las paredes, fotografías de sencillas pinturas italianas y espal'iolas representando santos en oración, mujeresextáticas, convulsionarios, demoniacos, la gran neurosis
religiosa, como se dice en la casa. El profesor, sentado
delante de una mesa, cabellos largos y lacios, frente
abultada, 1.1.blos delgados y altivos, y mirada aguda

brillando en la palidez de su ancha cara. Ir y venir
del interno de blanco delantal y gorra de terciopelo,
ojos pequel'ios, invadidos p◊r la barba cerrada. Al derredor de la sala algunos invitados, la mayor parte

Domingo 2 de Julio de 1899.

médicos, rusos, alemanes, italianos, suecos. Y comienza el desfile de los enfermos.
Una mujer del Vartrae á la consulta á su hija, fea,
gruesa y baja de cuerpo, con las mejillas llenas de rojas cicatrices, En su traje meridional de domingo,
verde y amarillo, el talle se infla y se desborda. La
muchacha parece un jarrón Informe, caído al fuego,
falto de cocimiento, ¿cómo es que eso ha podido llegar á ser madre? &lt;En un acceso de epilepsia .... &gt; dice Charcot. La mujer del Var, débil y llorosa, nos habla de la indisposición de la muchacha, mientras se
dirigen á la otra pieza. El profesor se vuelve al interno.
-¿Hay fuego allí? Examinadla y ved si tiene
manchas en la piel.
El acento, esa deformidad ...... estoy conmovido,
y más aún al ver al nuevo paciente,- una niña de
quince aíl.os, muy aseada, con una toca minúscula,
traje de pafio color castaiio, de rostro candoroso el vivo retrato de su padre, fabrican fe de la calle' de
Oberkamlf, que la acompal'ia.
En_ medio _de ~a sala, tí~idos, con los ojos bajos,
se amman d1rig1éndose muadas fultivas. Se les interroga sobre la enfermedad. ¡Qué desconsuelo! y hay
que responder en voz alta, delante de tantos seiiores, dónde está el mal, cómo es y cómo vino. &lt;A la
muerte de su abuela, sel'ior doctor&gt; dice el padre.
--¿La vió morir?
-No, sel'ior, no la vió.
La voz de Charcot se dulcifica al hablar con la nil'ia: &lt;/Querías mucho á tu abuelita?&gt; Ella responde
que s con un movimientv de la toca, .sin hablar, el
cuello hinchado por los sollozos. El médico alemán
se acerca. Es un especialista que estudir. las enfermedades del tímpano, propias de los histéricos; y aco-

m.odándose sus lentes de oro, y colocando un diapa·
són sobre la frente de la chiquilla, ordena con autoridad: &lt;Dí como yo ... . el dumingo ... . &gt; Nada responde. El sabio triunfa; la enferma no oye .... Yo
creo más bien que no comprende lo que dice el alemán. Larga disertación de éste; el italiano echa también su cuarto á espadas y el ruso murmura una frase. Las dos víctimas esperan, olvidadas é Inquieta!&gt;; y cuando el interno, á quien comunico mis dudas, dice en voz baja á la pequel'ia parisiense: &lt;Repite
después de mí .... domingo . ..... &gt; ella abre sus grandes ojos y repite sin esfuerzo: e Domingo&gt; en tanto
que la .discusión sobre los desórdenes en los órganos
auditivos de los histéricos, continúa.
De pronto el Dr. Charcot se vuelve hacia el pa
dre:
-¿No querría usted dejar aquí á la niña? La cuidaremos mucho ....
Oh! el n-0 que dice ella, aterrorizada, mirando á su
padre, y la ~ierna sonrisa de éste al mirarla: "No temas nada, querida mía. " Parece que adivina lo que
sería su vida en esta casa, sirviendo para las observaciones y experienchs, y tan bien cuidados como lo
están los per:os en casa de Sanfourche, como esta pobre Daret y todos los demás á quienes se va á hacer trabajar delante de nosotros una vez que la consulta haya terminado.
Daret, una muchacha alta, de treinta afíos, cabeza
peque!Ia, cabellos ondulados, pálida, delgada, con los
ojos húmedos como si acabara de llorar. Daret está
en la Salpetriere, como en su casa; lleva una camisola ligera y un pal'iu:ilito al cuello.
-Dormidla .... ordena el profesor.
El interno, de pié detrás de la alta y débil criatura
pone las manos un instante sobre los ojos . . .. Un sus:

piro .... ya está hecho .... duerme al fin, rígida y
recta. Ese triste cuerpo toma todas las posiciones
que se le dan; el brazo que se alarga permanece estirado; al tocarle los músculos mueve uno tras otro todos los dedos de la mano que tiene abierta é inmóvil. Es el manequí del taller, el más dócil y más flexible. &lt;NO cabe engal'io, afirma Charcot, sería preciso
que conociera la anatomía tan bien como nosotros.&gt;
Siniestra, la autómata está de pié, en medio del
.círculo que le formanos con nuestras sillas, dócil á
todo wandato, dando á su rostro la expresión correspondiente al gesto que se le ordenaba. Si son los dedos juntos, sobre la boca, simulando un bese, los labios sonríen, y el rostro se ilumina; si cierra el puño
eon una crispación de amenaza, la frente se pliega, la
nariz se hincha con una cólera frenética .... "Aun
podemos hacer esto" .... y el profesor le alza el puño
para que golpee dando al mismo tiempo una actitud
de caricia á la mano derecha. El rostro entonces
gesticula con una doble significación, furiosa y tierna, es una máscara infantil que rie y llora.
y el alemán sigue con su diapasón, con su specuium auricular, sondeando el oído con una larga aguja.
-No hay que fatigarla, dice el Maestro, id á traer
á Balmann.
Pero el interno vuelve solo y contrariado. Balmann
no quiere venir, furiosa porque se llamó á Daret antes que i ella. Entre estas dos catalépti.ms,-sujetos
predilectosdeexpP.rimentaciónen laSalpetriere,-hay
esa rivalidad profesional que sienten las celebridades-disputas, palabrotas, insultos con tétminos técnicos, una batahola que pone en movimiento el dormitorio.
A falta de Balmann traen á Fifina, cubierta con un
largo manto; cutis rosado, boca gruesa, narlcilla chata y dedos de costurera picoteados por la aguja, Entra resistiéndose, porque es del partido de Balmann
y no quiere trabajar. En vano procura dormlrla el
interno; llora y resiste toda tentativa. cQue no se la
eontraríe,&gt; dice Charcot volviéndose hacia Daret
qué ha descansado ya y está orgullosa porque vuelve á empezar con ella la sesión. Misterio del suel'io
-cataléptico que forma en derredor de la enferma una
.atmósfera de ilusión de suel'io vivido( Se le muestra
una ave imaginaria en las cortinas de la ventana, lo
ven sus ojos cerr~dos con su aspecto propio y ~us m~vimientos ligerísimos; la vaga sonrisa de la hipnot1?;ada murmura: &lt;Qué bonito&gt; ...... Y creyendo que
lo tiene en la mano, lo acaricia cuidadosamente.
Pero el interno con voz terrible dice: &lt;Daret, mira
.ahí en el suelo cerca de tí una ·rata. . . . . . una serpiente ...... &gt;
Al través de sus pesados párpados caídos ve todo
lo que le dicen y comienza entonces á hacer ademanes de horror que jamás han igualado ni Riiehel ni
la Ristori ni Sarah; el clásico sello del miedo humano, siempre idéntico á sí mismo, cruza sus brazos,

11

EL MUNDO.
conmueve su ser entero en un movimiento de espanto
que petrifica la faz pálida, muerta, pues sólo vive en
ella la boca que lanza un largo suspiro.
Por favor, despertadla! Pero no hacen sino desviar
su visión, mostrándole supuestas flores sobre el tapiz
y pidiéndole que baga un ramillete; se arrodilla y
siempre dentro de su atmósfera de cristal que basta á
romper la ord,m del interno ó del profesor, ata delicadamente sus dedos con un hilo imaginario que
rompe entre los dientes. Estamos presenciando esta
pantomima inconsciente ci;ando olmos un estertor y
una tos ronca en el vestíbulo. &lt;Es Fiflna que tiene
un ataque,&gt; y corremos.
La pobre muchacha, tendida sobre el fríoembaldosado, echa espuma por la boca, se tuerce, truza los
brazos y enarca el cuerpo poniéndolo casi en el aire.
&lt;Las enfermeras! que se la lleven y la acuesten... &gt;
Llegan cuatro mozas robustas y sanas, con sus grandes delantales blancos y una de ellas dice con ingenuidad de campesina: cSé 1,ujetar, sel'ior doctor... &gt;
Y 1a sujetan, la comprimen, llevan por lo&lt;i. patios ese haz de nervios enloquecidos, que gime yse revuelve con la cabeza echada hacia atrás: diríase que
es una !nñemonlada en el momento del exorcismo,
como la del viejo cuadro religioso que miro cuando
vuelvo al gabinete de Charcot.
Ya habíamos olvidado á Daret que, dormida todavía, seguía cogiendo flores y formando y atando ramilletes ..... .

le dice mil tonterías al interno, mientras que por una
puerta asoma el rostro largo y terroso_ de una mujer
que nos llama con sonrisa amable, diciéndonos: &lt;Sel'iores, yo pinto, ¿quieren ustedes ver mis obras? ~ro aguarden á que me ponga antes mi sombrero tirolés, porque no pinto sin mi sombrero tirolés.&gt; Des-

•••

aparece un instante y vuelve á poco con un sombre·
ro verde cuya pluma le daba el aspecio de uno de mis
sombreros de Munich. Los internos se sorprenden como yo ante aquella extraíla coincidenci~, y la desdichada que nos muestra dos ó tres horribles garabatos, se enorgullece de nuestra Súrpresa que toma
por admiración. Al partir observo en el muro del patio multitud de sombreros pintados al carbón por la
loca.
La puerta de entrada está abierta de par en par~
el triste rebal'io delirante que nos sigue, grita Y parece animarse con nuestra partida. Una ve1. fuera,
vuelvo el rostro y veo, en el limite del patio que nadie cierra ni vigila, un ancLo rayo de sol, una barra
luminosa que hipnotiza á las locas, alineadas, que
gritan y gesticulan. Una de ellas, la vieja h~rmana
del rey, con un brazo en alto y el otro en_la cmtura,
en ademán de vivandera, clama en voz baJa:
&lt;¡Viva el Emperador!&gt;
Luego patios y más patios, con arbolillos, bancas Y
locas que bullen al aire helado, se agitan, dand~ grandes pasos, lúgubres visiones del desequilibrio humano.
-Ya ven ustedes, yo me voy, nos dice una bu~~a
mujer, apoyada contra la pared, con un saco d~ VJaJ&lt;"
en una mano, y en la otra una servilleta prendida en
un bulto; tiene un aspecto bondadoso de parienta de
provincia, sonríe á todos los que están en torno de
ella diciéndoles adi6s. Y eso todo el día desde hace
diez affos, y quién sabe por cuántos más aún ... •

Como con los internos en la caliente sala de guardia, y mientras saboream,,s el platillo tradicional y
nos sirve el vino una vieja epiléptica, hablamos de
magnetismo, sugestión, locura, y yo les cuento á ~os
jóvenes materialistas un episodio extral'io de mi vida,
la historia de tires sombreros verdes que compr6 en
Munich durante la c-uerra de 1866. Eran unos sombrerillos de fieltro d~ro, color de musgo, con un pájaro en la copa, un pajar!llo de alas abiertas y ojos de
esmalte; se los dí, pues, al volverá París, á tres compal'ieros mío~, buenos chicos á quienes quería mucho:
Charles Bataille, Jean Duboys y Andre Gill. Los tres
han muerto locos, y á los tres he vlsto en épocas distintas delirar C'Jn manías que tenian por objeto mis
sombreros tiroleses.

Escucharon mi anécdota cortésmente, pero dando
á entender con sus sonrisas que la tomaban como una
invención de novelista. Después de tomar el café y
de fumar 1 el jefe de clínica de Charcot me propuso dar
un paseo por el departamento de las locas. En el inmenso patio de atmósfera invernal, clara y fría, se
calientan al sol las pobres loca&lt;; cubiertas con sus abrigos y acurrucadas en los qui?ios de las puertas; tod~s
ellas estaban aisladas, silenc1osas, privadas de la vida de relación: todas clausuradas dentro de su idea
fija, prisión invisible que golpean con sus cabezas á
cada choque exterior. Fuera de esto no ha.y en ellas
signos visibles de malestar en i,u fisonomía tranquila y eu sus movimient,os racionales. Por la ventana
entreabierta de una sala baja, veo una muchacha bonita, con los brazos desnudos y la falda recogida por
delante, que friega vigorosci.mente el suelo: es una
loca.
En el patio siguiente, á donde entramos 11espués, había mayor tumulto. Sobre la banqueta bitumiaosa
que corre á lo largo de las celdillas, están sentadas
dos muchachas, de saya azul, con_ los cabellos alborotados· ambas son bonitas y moy Jóvenes. La una se
ríe á ~arcajadas, se echa hácia atrás y besa en las
mejillas á la idiota triste que está á su lado. Vimos
otra muy alta, de movimie~tos vivos, que caminab_a
con pasos furiosos, y aproximándose .á nosotros le dijo al interno: &lt;¿Qué hago aquí, sel'ior? Usted tal vez
lo sabe, yo no lo sé.&gt; Y nos volvió la espalda, continuando su violenta carrera . ...
Luego ms rodea una multitud curiosa y habl~dora;
una mujer joven, con el vestido corto de pens10nista, y blanquísima cofia de lino, nos cuenta una historia incomprensible, acompal'iada de ademanes mesurados· hay en toda ella un aspecto de felicidad que
da envidia. La hermana de Luis XVI (ella es quien
lo afirma) vieja de nariz y barba en forma '.le ga.ncho,

TRISTE.
Mano experta en las caricias,
labios, urna de delicias,
senos albos, cabezal
para todos los sofíares,
ojos glaucos, verdes mares,
verdes mares de cristal:
Ya sois idas, ya estáis yertas,
manos pálidas y expertas,
largas manos de marfil;
ya estáis yertos, ya sois idos,
ojos glaucos y dormidos,
de narcótico sutil.
Cabecita aurirrizada,
hay un hueco en la almohada
de mi talamo de amor;
cabecita de oro intenso:
que vacío ~:1.n inmenso,
¡tan inmenso! en rededor .. ..
AMADO NER.VO.

�12

EL

MUNDO.

nomlngc 2 de Julio 1899

HOJAS.

BALADA EN PRCSA DE HENRY IURGER.

A lllI MADRE.

Sopló el viento ... y cayeron en _el río!
Miradlas! van en pos de otras orillas;
Esas bojas oscurl\S son barquillas
Cargadas de rocío.
Los pétalos nevados de las rosas
Fueron alas de blancas mariposas;
Y en las noches de luna, todavía
Por el espacio slecten nostalgía,
Y se esparcen Yolando misteriosas

El primer pecado de llargarita.

Las que escalan el muro carcomido;
Las bojas de ciprés y cinerarias
Son bojas funerarias;
Las ho;as del saúz son el olvido

I

Empuja el Boreas con extrai'io ruid?
Las hojas que se arrastran y se aleJan:
Esas bojas dolientes, van llorando . . ..
Esas hojas se quejan.

Pasa, leda, la brisa

Las tersas y lustrosas
Que despiden reflejos
En las noches amantes y estrel)adas,
Son brullidos espejos
Donde se miran con amor las badas.

Entre los negros tules,
O en las bojas de viejos abedules
Ya jugando indecisa:
Esas hojas alegres tienen risa.

De las bojas nevadas
Hacen albums los genios de las flores;
Escriben sus amores,
Sus dulces esperanzas y sus cultas,
En bojas de gardenias
Y en hojas de platead'.ls margaritas.

Simbolizan los pétalos azules
L':l ilusión-astro que jamás se alcanzaLos rosados, se antojan los ensueiios,
Y los verdes, semejan la esperanza.

Sobre la turbia linfa del pantano,
Grandes bojas se mecen, medio abogadas
Suspiran por la vega, por el llano ....
¡Pobres hojas! ¡bohemias desterradas!
En la verde pradera
Hay mil hojas que duermen blando suelio,
Llenas de opio, cargadas de beleiio:
Las hojas de la suave adormidera.
Cada. hoja lleva en su &lt;0 1 or, bU historia:
Las hojas de laurel encierran gloria;
Hojas abandonadas siempre han sido

..,

tvlexico, Domingc- 9 de Julio de 1899.

II

Una tarde de estfo :Margarita estaba sentada á la.
puerta de su casa hilando el lino doméstico.
Era la hora en que se encienden los astros en el
cielo y sirven de seiial á los amantes, que corren á la.
cita con pierca11 ágiles de veinte arrus y llegan antes de la hora; porque el ~razón adelanta siempre el
reloj.
'
Margarita cantaba su canción haciéndo girar la.
rueca.
Cuando pasó ante ella una de sus vecinas que se
dirigía á la p·róxlma tiesta. Llevaba traje nuevo, y
corría, llamada: por los tamboriles cuyo sonido traía.
el viento.
Pero se detuvo delante de Margarita, para que
viese su nuevo vestido, y su colldr y sus pendientes.
Y le dió la mano para que pudiese ver un anillo
que brillaba en su dedo.
Despu~s se alejó ríendo.
Y Margarita la siguió con la mirada, lo que inquietó á-su ángel bueno.
Y el lino se deslizaba menos rápidamente entre los
dedos de Margarita y la rueca no dejaba escapar su
ruido monótono y el huso cayó de sus manos.

Esas hojas qu:i viven dulcemente
A orillas de la fuente,
Llenas de vida, jugueteando ansios48,
Mirando eternamente
Cuál pasa la corriente
Cantando mil canciones rumorob88 . . ..
· .,,. Esas bojas tan frescas, son dichosas!

Y esas pobres hojillas
Tostadas y amarillas
Que van rodando por sabanas yermas,
Son ¡ay! esas bojillas
Las tristes... las enfetmas... 1
.

Año VI-Tomo ll

Margarita era su nombre y en el Paraíso se la esperaba, porque Dios había dicho: Es uua excelente alma, y como allá abajo, fácil sería que la hiriera-una.
debgracia, la habré de llamar uno de estos días según
lo he pensado.
Era en verdad una moza humilde y dulce y se la.
llamaba comunmente el angel del lugar.
:Matinal como el alba y fresca como ella, todos los
días al despertar, rezaba la oración que su madre le
bahía ensei'iado y en seguida se vestía en su alcoba,
entregándose á las ocupaciones de la vida doméstica.
Pero al fin la necesidad obligóla y 1&gt;ara vivir honestamente, eótró á un obrador.
Y cigarra y abeja, trabajaba al por que cantaba.
Era una vieja canción de glc,ria y de amor que se
bahía mecido sobre muchas cunas y cuyos versos podían acariciar un alma inocente sin turbar su limpidez. _

MARIA. ENRIQUETA.

III

:EL VINO DE LOS AMANTES.
(BAUDELAIRE.)

El espacio está espléndido y sereno!
Sin espuelas, sin látigo, sin treno,
Partamos á caballo sobre el vino
Para un cielo de luz, puro y di vino.
Cual dos ángeles blancos que tortura
Una ardiente, Implacable calentura,
l!Jnt,re el cristal azul de la 1na1Iana
Raudos sigamos la visión lejana!

Y como el ruido que había p:oducido al caer hizo
salir á la jo~en de su ensimismamiento, al levantarlos ojos vió á un joven con el fieltro en la mano. Eo
el chambergo flotaba una pluma temblante como una.
llama. El jo ,en era un caballero magníficamente vestido que le dirigió un respetuoso saludo y con voz.
dulce y galante le preguntó:
¡, El camino de la ciudad?
Margarita se lo enseñó y extendió la mano para
mejoJ" indicarle el rumbo que bahía de seguir.
El extranjero entonces se inclinó y en recompensa
del servicio que acababa de hacerle, quitó de su dedoun anillo de oro en el que estaba t:n~astado un diamante que resplandecía como una estrella y lo colocó en el dedo de Margarita, la cual encontró el diamante más bello que el de su compal'iera.
Y el semblante del Cllballero se iluminó por una.
sonrisa extrai'ia.

MIGNONE
Bohemia ¿qué vendes en tus correrías,
Bajo el rojo fuego de los medios días?
¿Son los dos carbunclos de tus negros ojos,
O las coralinas de tus labios rojos?
¿Son las finas ágatas de tus dedos plenos,
O las gemas rosas de tus breves s;:nos?
¿No vendes tu cuello, brul'iida espinela,
Ni tu gracia impúber de inquieta gacela?

Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino Inteligente,
En un delirio Igual, delirio hermoso,

¿No vendes los besos, no vendes la loca
Cabellera bruna que alberga tu to:ia?

Flotando juntos, de la dicha dueños,
Ilulremos, alma mía, sin reposo
Al azul Paraíso de mis suei'iosl

¿Qué vendes, bohemia, eo tus correrías,
Bajo el rojo cálido de los medios días?

CARLOS ÜRTIZ.

IY
Pero sucedió entonces que un mendigo vestido de
andrajos se detuvo tamblen delante de :Margarita ycon voz lastimera exclamó:
-Una caridad, hermosa sef!orita.
:Margarita quitó el anillo de su dedo y lo díó al
pobre.
El extranjero exhaló un grito de rabia y tendió la.
mano hacia la hermosa nlila.
Pero el pobre--que no era otro que el ángel guardián de Margarita metamor!oseado,-la cubrió con
sus alas.
Y Satanás que iba á tentarla retrocedió ante el espíritu celeste.
Y esa misma tarde, el ángel guardian fué á contar Jo sucedido al buen Dios.
--Se!Ior, bueno sería llamarla.
Y Dios respondió:
- En efecto lo pensaré.
Pero al día siguiente no lo pensó más.

MIGUEL ESCALAD.A.

V

.

f

' ~1·:,·

... . , ................

Y un afio después, :Margarita, al salir dP la iglesia.
encontró un Joven que le ofreció agua bendita.
Y t enía un corazfo de niño y un espíritu secular.
Y se llamaba Fausto.

[Veue la P'g{na 1;.J

LA. LECCION DE MANDOLINA.
POR VILLASANA.

:

1

•

Número

2

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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