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EL

MUNDO.

nomlngc 2 de Julio 1899

HOJAS.

BALADA EN PRCSA DE HENRY IURGER.

A lllI MADRE.

Sopló el viento ... y cayeron en _el río!
Miradlas! van en pos de otras orillas;
Esas bojas oscurl\S son barquillas
Cargadas de rocío.
Los pétalos nevados de las rosas
Fueron alas de blancas mariposas;
Y en las noches de luna, todavía
Por el espacio slecten nostalgía,
Y se esparcen Yolando misteriosas

El primer pecado de llargarita.

Las que escalan el muro carcomido;
Las bojas de ciprés y cinerarias
Son bojas funerarias;
Las ho;as del saúz son el olvido

I

Empuja el Boreas con extrai'io ruid?
Las hojas que se arrastran y se aleJan:
Esas bojas dolientes, van llorando . . ..
Esas hojas se quejan.

Pasa, leda, la brisa

Las tersas y lustrosas
Que despiden reflejos
En las noches amantes y estrel)adas,
Son brullidos espejos
Donde se miran con amor las badas.

Entre los negros tules,
O en las bojas de viejos abedules
Ya jugando indecisa:
Esas hojas alegres tienen risa.

De las bojas nevadas
Hacen albums los genios de las flores;
Escriben sus amores,
Sus dulces esperanzas y sus cultas,
En bojas de gardenias
Y en hojas de platead'.ls margaritas.

Simbolizan los pétalos azules
L':l ilusión-astro que jamás se alcanzaLos rosados, se antojan los ensueiios,
Y los verdes, semejan la esperanza.

Sobre la turbia linfa del pantano,
Grandes bojas se mecen, medio abogadas
Suspiran por la vega, por el llano ....
¡Pobres hojas! ¡bohemias desterradas!
En la verde pradera
Hay mil hojas que duermen blando suelio,
Llenas de opio, cargadas de beleiio:
Las hojas de la suave adormidera.
Cada. hoja lleva en su &lt;0 1 or, bU historia:
Las hojas de laurel encierran gloria;
Hojas abandonadas siempre han sido

..,

tvlexico, Domingc- 9 de Julio de 1899.

II

Una tarde de estfo :Margarita estaba sentada á la.
puerta de su casa hilando el lino doméstico.
Era la hora en que se encienden los astros en el
cielo y sirven de seiial á los amantes, que corren á la.
cita con pierca11 ágiles de veinte arrus y llegan antes de la hora; porque el ~razón adelanta siempre el
reloj.
'
Margarita cantaba su canción haciéndo girar la.
rueca.
Cuando pasó ante ella una de sus vecinas que se
dirigía á la p·róxlma tiesta. Llevaba traje nuevo, y
corría, llamada: por los tamboriles cuyo sonido traía.
el viento.
Pero se detuvo delante de Margarita, para que
viese su nuevo vestido, y su colldr y sus pendientes.
Y le dió la mano para que pudiese ver un anillo
que brillaba en su dedo.
Despu~s se alejó ríendo.
Y Margarita la siguió con la mirada, lo que inquietó á-su ángel bueno.
Y el lino se deslizaba menos rápidamente entre los
dedos de Margarita y la rueca no dejaba escapar su
ruido monótono y el huso cayó de sus manos.

Esas hojas qu:i viven dulcemente
A orillas de la fuente,
Llenas de vida, jugueteando ansios48,
Mirando eternamente
Cuál pasa la corriente
Cantando mil canciones rumorob88 . . ..
· .,,. Esas bojas tan frescas, son dichosas!

Y esas pobres hojillas
Tostadas y amarillas
Que van rodando por sabanas yermas,
Son ¡ay! esas bojillas
Las tristes... las enfetmas... 1
.

Año VI-Tomo ll

Margarita era su nombre y en el Paraíso se la esperaba, porque Dios había dicho: Es uua excelente alma, y como allá abajo, fácil sería que la hiriera-una.
debgracia, la habré de llamar uno de estos días según
lo he pensado.
Era en verdad una moza humilde y dulce y se la.
llamaba comunmente el angel del lugar.
:Matinal como el alba y fresca como ella, todos los
días al despertar, rezaba la oración que su madre le
bahía ensei'iado y en seguida se vestía en su alcoba,
entregándose á las ocupaciones de la vida doméstica.
Pero al fin la necesidad obligóla y 1&gt;ara vivir honestamente, eótró á un obrador.
Y cigarra y abeja, trabajaba al por que cantaba.
Era una vieja canción de glc,ria y de amor que se
bahía mecido sobre muchas cunas y cuyos versos podían acariciar un alma inocente sin turbar su limpidez. _

MARIA. ENRIQUETA.

III

:EL VINO DE LOS AMANTES.
(BAUDELAIRE.)

El espacio está espléndido y sereno!
Sin espuelas, sin látigo, sin treno,
Partamos á caballo sobre el vino
Para un cielo de luz, puro y di vino.
Cual dos ángeles blancos que tortura
Una ardiente, Implacable calentura,
l!Jnt,re el cristal azul de la 1na1Iana
Raudos sigamos la visión lejana!

Y como el ruido que había p:oducido al caer hizo
salir á la jo~en de su ensimismamiento, al levantarlos ojos vió á un joven con el fieltro en la mano. Eo
el chambergo flotaba una pluma temblante como una.
llama. El jo ,en era un caballero magníficamente vestido que le dirigió un respetuoso saludo y con voz.
dulce y galante le preguntó:
¡, El camino de la ciudad?
Margarita se lo enseñó y extendió la mano para
mejoJ" indicarle el rumbo que bahía de seguir.
El extranjero entonces se inclinó y en recompensa
del servicio que acababa de hacerle, quitó de su dedoun anillo de oro en el que estaba t:n~astado un diamante que resplandecía como una estrella y lo colocó en el dedo de Margarita, la cual encontró el diamante más bello que el de su compal'iera.
Y el semblante del Cllballero se iluminó por una.
sonrisa extrai'ia.

MIGNONE
Bohemia ¿qué vendes en tus correrías,
Bajo el rojo fuego de los medios días?
¿Son los dos carbunclos de tus negros ojos,
O las coralinas de tus labios rojos?
¿Son las finas ágatas de tus dedos plenos,
O las gemas rosas de tus breves s;:nos?
¿No vendes tu cuello, brul'iida espinela,
Ni tu gracia impúber de inquieta gacela?

Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino Inteligente,
En un delirio Igual, delirio hermoso,

¿No vendes los besos, no vendes la loca
Cabellera bruna que alberga tu to:ia?

Flotando juntos, de la dicha dueños,
Ilulremos, alma mía, sin reposo
Al azul Paraíso de mis suei'iosl

¿Qué vendes, bohemia, eo tus correrías,
Bajo el rojo cálido de los medios días?

CARLOS ÜRTIZ.

IY
Pero sucedió entonces que un mendigo vestido de
andrajos se detuvo tamblen delante de :Margarita ycon voz lastimera exclamó:
-Una caridad, hermosa sef!orita.
:Margarita quitó el anillo de su dedo y lo díó al
pobre.
El extranjero exhaló un grito de rabia y tendió la.
mano hacia la hermosa nlila.
Pero el pobre--que no era otro que el ángel guardián de Margarita metamor!oseado,-la cubrió con
sus alas.
Y Satanás que iba á tentarla retrocedió ante el espíritu celeste.
Y esa misma tarde, el ángel guardian fué á contar Jo sucedido al buen Dios.
--Se!Ior, bueno sería llamarla.
Y Dios respondió:
- En efecto lo pensaré.
Pero al día siguiente no lo pensó más.

MIGUEL ESCALAD.A.

V

.

f

' ~1·:,·

... . , ................

Y un afio después, :Margarita, al salir dP la iglesia.
encontró un Joven que le ofreció agua bendita.
Y t enía un corazfo de niño y un espíritu secular.
Y se llamaba Fausto.

[Veue la P'g{na 1;.J

LA. LECCION DE MANDOLINA.
POR VILLASANA.

:

1

•

Número

2

�16

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA

'i.

SobrP mi mesa de trabajo un libro de versos está
abierto, desflorado, con algunas bojas dobladas en
las puntas y algunas pá6 inas con señales en el margen.
Lo he leído con avidez. Acaba de llegar, no hace
aún dos h oras que el cartero lo puso en mis manos, y
ya lo conozco, y ya me sé de memoria la mitad de un
romance, y ya, aunque precipitadamente, me dí_ cuenta de su valor. Para mí vale mucbo, vale una ¡uventud, mi juventud, mis buenos años de versista mcorreuible y de soñador impenitente y terco.
..'.:'...Gracias, amigo cartero; tú que sueles traerme
cartas tristes, tarjetas de luto, papeles lLmos de perfidia anónimos insultantes, me dejas ahora, corr.o una
inesperada recompensa, este libro de forro azul pálido como cielo de mafiana sin sol,-por el que va en
d~orden una bandada de pájaros aliabiertos. MucLas
gracias.
•
•De dónd¡i llegaste, delicado vol u.nen de versos, pequ~ña jaula de golondrinas azules?
Dices que de Madrid; pero es mentira. Vienes de
los tiempos felices en que unos mt1cbalJbos pensaban
que ser poeta valía la pena de vivir y se iban por
los rumbos del ideal c~n lor ojos y el corazón puest.os
eñ alto. Vienes del amor y de la esperanza, y tratc-s
muchos recuerdos, muchas alegrías, muchas aspiraciones, muchos sueños.
;,Cómo te llamas?
Con tus raros caracteres de carmín desleído, me
lo dices: Lejanías. Y no, embustero; viajas de incógnito como los príncipes calaveras. Bah! Te reconozco;
te llamas: Efímeras.
Sí eres el mismo que guardo-hace .... . ¿cuánto
tie~po? ...... ;:n siglo de desengaños y tristezas-en
el estante de los libros amado;;, de las estampas memorables, de los papeles íntimos.
.{Ioy cantas otras ca11ciones, babia!. de otras cosas,
buscas formas nuevas; tus frases tienen quizá mayor
limpieza y esplendor; tus rim~s han adquirido i:iás
elegancia, pero .... . . eres el mismo, no me enga?es,
sonríes con la misma sonrisa escéptica y co:n pasiva;
amas con la misma voluntuosidad pagana, á la siglo
diez y ocho, con un amaneramient_o de buen tono_; te
quejas con el n:.\smo sollozo contemdo, ahogado, ligero, de esos que se estrangulan en la g3:rganta por temor de que nuestra pena estalle en gritos; lloras con
las mismas lágrimas, un poco vergonzantes, de las
que no se atreven á salir de los ojos, á resbalar por
las mejillas, á caer, por miedo de provocar burlascurio::,as,
Eres el mismo, poeta mío, delicado, sutil, lleno de
:fineias, hombre moderno, cortesano exquisito, artista de salón, pulido y correcto, que no ,;ermite á su
Musa la más leve falta, y que sabe expresar sus más
grandes dolores en un idioma i,onoro y dulce que, si
deja adivinar heridas hondas, ne t raspasa _nunca los
limites de una confidencia dicha en voz ba¡a, en un
téte á téte de baile con una amiga discreta.
Las Lejanías-estrofas cinceladas, poesías jugosas
de ideas nuevas--son como las Efímeras, impresiones
rApidas, pasajeras, fugitivas; nube, viento, ola, perfume.
Y caza, como dominador de la forma, está visiblemente adelantado, pero el último libro suyo, psicológicamente hablando, es la prolongación lógica del
primero.
.
.
Su libro tiene unidad. Se percibe en ella el vigor
de un espíritu hecho de una pieza que se ha desarrollado sin perder su carácter, de la misma manera que
un {J.rbol convierte en frutos sus flores, llegada la estación, sin cambiar la forma del ramaje.
Este libro como el otro, es la confesión sincera y
franca de ud hombre que ha sufrido, que ha amado,
que sintió alegrías y penas, dudas y creencias, ilusiones y desengaños, en el torbellino de la vida, en
el que todo se confunde, se mezcla, se entrelaza, metamorfosis del espíritu que pugna por alcanzar un
ideal nuevo tras el ideal desvanecido. Ayer tristeza,
hoy goce, mañana indiferencia; antes sueños, ahora
dtsilusión, después olvido. Y las emociones se suceden y los días pasan, y se unen los recuerdos como
los eslabones de una cadena.
Sí; todo esto es efímero, todo esto es lejanía; la
primera impresión de adolescente, la angélica de los
primeros amores, la epifanía blanca, dibujada con
líneas de luz en la diafanidad del alma; la noche azul
de la cita, el ósculo f urtivo, el juramento santificado,
el adiós bebido en lágrimas sobre las pálidas mejillas
de la virgen; y luego, la pasión juvenil, la. de los besos que arden y las carnes que palpitan, la de las caricias frenéticas, la de los sueños locos encontrados
en el fondo de los vasos; esa que canta y ríe dentro
de la alcoba herméticamente cerrada para ocultarse
á los ojos curiosos y á la icdiscreta claridad de los astros, y, en seguida, el hastío, y m2.s tarde la tristeza,
la bl:isfemia de la desesperación, el desencanto, y el
nuevo amor, la pureza red! vi va, el deseo despierto, la

EL MUNDO.
fé resucitada, la vuelta de Beatriz ó el regreso de
Venus.
De todo ello quedan memorias, huellas de las catást rofes, ruinas de los palacios, ninos de las av~s., .
He aquí por qué el poeta llama Efíme,·as y ÚJama~
á sus estrofas. Las imp1esiones volaron; los recuer·
dos se han ido ó están remotos; pasó la tar.:le brumosa· se fué la melancolía, se partió el amor, se desvane~ió la esperanza, huyó; furtivamente h dicha.
Pasa la niña blonda con su pui'iaclo de rosas en el balda; cruza la querida in tiel y tentadora, blanca como
un lirio y altiva como una reina; allá va la enamnrada, la sensible, la que se arrodillaba llorando para
pedir un poto de cariño; allá van Jo,; desdeñosos y los
ingratos; allá van los ataudes de las ilusiones muertas.
Quedan los versos; se fueron las pasiones. Aquí están las lámparas, aún contienen aceite perfumd.tiO,
pero ya i:e apagó la llama. .
!caza aprisionó sus impres10nes. Ató las alas á sus
recuerdos y escrihió.
Los cantos de Lejanías son lápidas negras y blancas que señalan el camino de una existencia; bay en
ellas fu~rtes emociones del mundo re;i.l y gr~ndes
alientos de alma conmovida. Aquí todo lo produJeron
las cosas vistas y las pasiones sentidas. Bajo la ~pariencia de licción y de aristocrática falsedad _se siente el latido de u11 corazón sincero. Las emociones de
lcl'lza están admirablemente depuradas por el arte.
He abierto be desflorado, he marcado este libro, Y
cada página 'me ha h ecbo una C01Jfiden~ia. Me he
vuelto á encontrar frente á frente con m1 pasado, Y
con mi juventud.
¡Oh poeta del esceptisismo sano y galante, poeta
que estrechas la mano del dolor, con la tuya engu_antada y fina, poeta de la vida moderna, que conviertes en sonrisas, irónicas y punzantf&gt;:S, tus gestos de
angustia, y que jamás dejas salir el llanto de la cárcel de los ojos; yo admiro tus estrofas, pero las a~o
más que las admiro; cantan en voz ba¡a, besan sin
ruido, lloran sin aspavientos . . . . .
,
y sin e mbargo, fueron compañeras de las mias, de
las que aullaron mis penas, anduvieron por esos
mundos, gritando mis regocijos, hicieron con los besos himnos ruidosos, y á todo el que encontraron al
paso, le dijeron: estamos t ristes; ven, llora con nosotras .... .

***
Estaba Emilio Zola in:ilinado sobre su mesa de trabajo; forjaba con un tezóo inaudit~ la _última parte
de su magna trilogía - resumen y smtes_1s_de l~s problemas sociales moderaos-cuando percibió ruido de
espadas y rumor de multitudes que entrab~n por los
balcones de su gabinete. Alzó la cabeza, pusose á escuchar atentamente, se levantó atraíóo por una curiosidad de artista á contemplar el espectáculo, y tras
observar estudi¡¡r y meditar en el acontecimiento
qne lo distrajo, experimentó la sacudida de la indignación, y ante la muchedumbre at.Snita, fulmi~ó el
relámpago de su ira contra un grupo de escogidos,
éuyos uniformes y entorlJbados de~lumbran é hipnotizan á las masas.
El pensador tuvo un arranq~e de a_Póstol. Y?ºº el
ímpetu mismo con que defendió sus ideas estéticas _Y
con que dió cuna á sus Rougon Macquart, emprendió
una cruzada formidable en favor de lo que en el Arte
constituyó siempre su anhelo: la Veidad.
Fustigados por él, dentro de los lí~ites ~e la Poesía, la mentira bipócrit,éi, y el convencionalismo solapado, salían del teatro y de la novela, dejaban á los
comediantes y á los escritores, se desprendían de las
másca.ras y de las plumas, y penetraban !urt~vamente en la realidad, envenenaban la conc;encia de un
pueblo, se enredaban á la_ vida misma _de Zola, en_salzaban y vitoreaban á los mícu'.ls y traidores, ca~tigaban v martirizaban á los inocentes y á los débiles, y
á soplos desesperados hacían oscilar la llama de· la
antorcha, á cuya luz busca su felicidad el género humano: la Justicia.
Entonces, Emilio Zola, enardecido contra sus eternos enemigos, dió su gritó de alarma.

***

Para el eminente novelador el caso Dreyfus fué un
estudio del documento humano. Su pensamiento, habituado á los hondos y stttiles anAlisis, halló las causas generadoras de este suceso en no sé q_ué negra
traición colectiva, que despertó en el escritor una
profunda compasión por la víctima y un odio infinito
por los delincuentes.
La muchedumbre estaba con ellos, porque las muchedumbres son fácilmente . sugestionables, y se enloquecen con iapidez cuando sobre ellas se arrojan
esas palabras esplen1orosas: Patria, Gloria, Libertad,
dentro de las cuales suelen esconderse, como dentro
de una bomba explosiva, tiintos elementos de ruina y
destrucción.
Zolá vió todo eso. 1.Se equivocó? En Versalles, un
grupo de hombres di jo que sí. ¡Qué perfidia! Y_ fué
condenado este Quijote de la Verdad que blandió su
espada herrumbrosa, rompió su lanza hecba con una
rama de laurel y abolló su loriga de cartón por perseguir á fingidos ejércitos y vengar imaginarias ofensa¡¡,

Domingo 9 de Julio de 1899
Los molinos de viento seguían rasgando el aire con
sus aspas enc,rmes; no, no eran los brazos de ese
Briareo que Zolá creyó ver estrangulando el más noble de los ideales bumauos.
Así decía París. cuando, como dice Daudet en su
Nabab, cometió una de las más grandes injusticias
desde que es París.

***

Hoy Zolá, vencedor noble, vuel ve á su bogar silenciosamente después de haber llevado á cabo una obra.
8 ublime de 'caridad y misericord:a. Está satisfecho
de su victoria· no desea más recompensa que las bendiciones de u~a esposa y de unos hijos, el car~í'io de
una familia y la gratitud de un_ bo~?re en qu 1~n ~tá simbolizado el triunfo de la ¡ust1c1a y la solidandad de la especie humana
Como el bravo compañero de Claudio Lantier, después de haber sufrido y llorado mucbo, se limpia los
ojos, sacude con orgullo la cabeza, y exclama:
-Ahora, vamos á trabaJar.
¡Oh excelso espíritu!

LA MUJER FRANCESA
ADrDDÓSito dB Mad. Dreyfns.
Nada más falso que la idea que tenemos en México y en general en el extranjero, de la mujer francesa. Puede en rigor, afirmarse que no la conocemos,
ni en lo idtelectual, ni en lo moral, ni casi en lo físico.
Para nosotros una francesa es una mujer delgaducha desmedrada, nariz remangada, boca fina y burlon~, ojos vivob, expresivos, que~anzanrelámp~gos y
destP.llos, pierna delgada y nerv10sa, seno rudimentario cadera apenas dibujada, andar elegantey garboso' frente alta y retadora, elegancia exquisita, gusto s~premo en el vestir, coquetería en el atavb.
Dentro de este cuerpecito elegante, movible y sutil,suponemos una inteligencia ~hispeante, I:&gt;ero _frívola e."])rít más que talento, ingemo más que ciencia, cole~ión de ret,ruécanos picantes, de anécdotas de doble erecto verba endiablada, rapidez en el ataque,
oportunid~d y vigor en la respuesta, ironía habitual.
Como instrucción: la crónica de la morla, la del sport
y la del mundo; el catálogo de los reyes de Francia
y la lista de los participios. Como biblioteca, todo Zola toJo Daudet, todo Goncourt; la geografía de Juli¿ Verne, la historia de Dumas padre, la psicología
d~ Stendbal 1 la moral de G. Ohnet. En punto, á sentimientos y pasiones le atribuimos fogosidad para.
amar y rapidez para olvidar; tibieza mater';la y ent~siasmo mundano; fidelidad dudosa y frágil; alegria
infantil entrecortada por crisis de lágrimas y nervios; patriotismo decorativo c_apaz de herois~o; gustos refinados y aficiones exquisitas. Tal es la imagen
encantadora y frívola, seductora y frágil, que invo.
luntariameute surge en el espíritu cuando pensamos
en la mujer francesa.
y es que, para nosotros, la francesa es la parisiense
y la parisiense de las novelas, de los dram~s y basta
de los vaudevilles. Conocemos por referencias á FrouF rou á Odette, á Clara de Beaulieu y hemos tratado
perso'nalmente á estrellas de opereta, á histéricas ~el
género grande ó á personaJid9,des de cuerpo de baile
y de cuerpo de coros. Hemos podido conocer y estimar á numerosas francesas que hacen modas y confecciones, que expenden aulce~ ó artícu~os de París
y que dan mejor y más cabal idea del tipo honrado,
laborioso, fuerte, serio y abnegado q~e es general en
Francia y que caracteriza á esa a~mua?le burguesía
caricaturada en M. Jourdan ó v1llpendiada en Mad.
Cardinal; pero que es la verdadera fuerza y la ve:dadera gloria de Francia. Esta francesa que hubiera.
pojido rectificar nuestro falso concP.pto, es en general exclusiva no se mezcla mucho con nosotros, busca relaciones' y esposo entre sus compat,riotas, y ap~nas si se deja entrever, recatada, honesta, correctísima en las soireés del Círculo F rancés y en las Kermesses del 14 de Julio. El resto de su vida lo pasa en
su houar al lado de sus hijos, trabajando y ayudando al ~a~ido, y la más escandalosa ~e las cróni~as no
halla manera de hincar en ella su diente de v1bora.
Los turistas del géner•&gt; chico, los gomosos nuestros que han dado una vuelta por ~l Boulevard de los
Italianos han cont,ribuido á consolidar el error. Como
no tratan sino con mujeresligeras,como en general no
frecuentan sino los bastidores de los teatros, como
sólo cosechan sus observaciones en los bailes públicos
y en las cervecerías á la moda y como todo el que
vuelve de allá no trae otro bagaje que un carnet de
aventuras callejeras, verdaderas ó falsas, y como que-

Domingo 9 de Julio de 1899.

EL .MUNDO.

17

daría deshonrado quien regresera sin media doce- h mártir y de la santa, y si tiene derecho á ser escépmujeres que á la negligé lo reciben, cómo lo perfuman
na de lances donjuanescos, sus supuestas observa- tica de los hombres, está obligada árendir homenaje
ciones y sus descripciones color verde manzana ó ro- á la virtud y á la grandeza de alma de la mujer fran- y cuánta confianza les inspira haciéndolo cómplice
inconsciente de las combinaciones galantes! Las banjo subido acaban por iacr,1star en nuestro espíritu lJ. cesa.
durr!as
y wandolinas son la música del porvenir, pormás falsa y equivocada idea respecto {J. la virtud, al
que vamos de mal en peor.
mforito y al valor positivo social y moral de la mujer
¿ Y ellos? ¿Qué opinan ustedes del varón moreno,
francesa.
corbata lila, chaleco ante, pantalón cuadritos,
rizado,
No; la mujer francei,a no es frívola, ni débil, ni cochoclo
cbarol
para lucir calcetín «serpentina,&gt; pluqueta, ni infiel, ni dilapidadora de fortunas; no es
meando «siempre en sueños&gt; (paso doble), con anillo
madre tibia, ni esposa indiferente, ni bija &lt;lesamorade solitarin brillador adquirido en el Portal de Merda; por el contrario. Para conocerla y estimarla hay
caderes?
Termina él tré molo y exclama Edelmira poque estudiarla, no en las novelas sino en la vida; no
niendo los ojos en el zenit:
en las operetas sino ea la historia; no entre bastido-Pero con qué sentimiento ejecuta este hombre!
res sino en el hogar. Así mirada no puedP inspirar
basta se enchina el cuerpo.
sino respete. y amor, y así estudiada resalta ser supe¡ Y á mí se me traban las quijadas!
rior y con mucbo á su reputación..
¡De patearlos!
Desde luego, tratándose de la mujer del pueblo y
NUESTROS GRABADOS.
de la clase media inferior, lo primero que resalta es
TICK TAClL
la laboriosidad infatigable y lo.s instintos de orden y
economía de la mujer francesa. En este punto la literatura misma está unánime. Pululan en ella los tipos de campesinas, de obreras, de modistillai; y floEL CONSEJO DE GUERRA DE RENNES.
ristas que trabajan doce y catorce h oras por día, que
Entre b guitarra, para mí la reina de los instrusubvienen á las necesidades de la familia y hasta á
los vicios del marido, del padre ó del hermano; que mentos de cuerda, y las bandurrias y mandolinas, hay
En acatamiento á la decisión de la Suprema Corte
lucban y penan, que trabajan y bregan y suelen co- la mi&lt;;ma di ferencia que entre la obertura de Semira- Francesa,elUapitán Dreyfus fué traasportadodc,laisla
mo Desirée Deloúelle encallar ea el suicidio ya por mis y el Duo de los Patos; aquélla es del l{énero mascu- rlel Diablo á bordo del Sfax haciendo tierra en la costa
amor despreciado, ya por miseria inexorable. Casada, lino, digo, del género grande, y ésta del género del Quiberón. de donde se le llevó en tren rápido á la
la francesa reputa que su primer deber es trabajar al chico.
Las mandolinas y bandurrias como son empeñables ciudad de Reunes cuyo Consejo de Guerro que es el
igual del esposo, dividir su tiempo entre la asistendel 10° cuerpo del Ejército Francés juzgará al célebre
cia de la familia y las labores del obrador. Ea el co- se encuentran al alcance de todos los remates, y por acusado.
mercio, ocupa el mostrador ó la caja de su propia eso cuelgan en racimos junto á las barbadas, candiles,
Las medidas del gabinete han tendido á evitar detienda; en el campo, cosecha y vendimia al lado del sill.;s de montar y otros artículos manufacturados que mostraciones favorables ú hostiles, y ya hemos visto •
ma rido; en la ciudad practica un oficio ó profesión extinguen su condena en las galeras de las casas de cómo ·Jas mul titudes que esperaban la llegada de
suplementaria de la del esposo. Es ella laque lleva la préstamos.
Dreyfus, apenas tuvieron t iempo para advertir su
note y no el marido y lejos de ser ella quien despilfaSe pueden dar de cuelga sin rubor alguno, y me- paso por las calles de la ciudad ordmariamente traurra el haber común, es ó suele ser el marido quien lo diante un desembolso relativamente modesto, á no quilas, y que no obstante lo anómalo de las circunsdisipa en la taberna.
ser que el donador quiera preferir el producto extran- tancias actuales, apenas si ha presenciado insignifiAsí ocu¡iada, atareada, siempre previsora del pm- jero, y se declare proteccionista de los instrumentos cantes trastornos.
venir, ni piensa en devaneos ni se ocupa de galante- italianos, alemanes, españoles ó americanos, pues anEl Capitán Drey~us permanece en su prisión, libre
ría; ideati ficada con las uerte del esposo y de los hijos, cha es Castilla para la multiplicación del objeto que completam~nte de 1m por_tunos y aislado de todos, pues
nos
ocupa,
y
entonces
le
cuesta
caro.
es liel y abnegada, vi ve por ellos y para ellos.
apenas hab,a con los miembros de su familia y con
Como las mandolinas y bandurrias son de maderas los ab0~ados Labori y Demange encargados de su deRecójanse al acaso en la prensa cien dramas de adulterio ó de celos; no pertenecerán los protagonistas en finas, admiten monogramas, incrustaciones, pintu- fensa.
diez á e·s a clase obrera, laboriosa y honrada y menos ras al óleo y moiías; llenan todos los geneFales de uu
No obstante, ha llegado basta nosotros más de una
artículo de tocador y hasta decorativo.
aún á esa burguesía abnegada y virtuosa
frase del prisionero y por ellas lJodemos juzgar del
Puede faltar. en una casa (30 pesos adel~ntados, estado de su espíritu que no es el que podría supoEs absurdo suponer que la mujer francesa pudiera
ser frívola, derrochadora, ligera, coqueta, infiel y lo- contrato, por seis meses, fü1dor del comerc10, etc.) nerse; al coatrd.rio, Dreyfus manifiesta una entereza
ca para con su esposo, indiferente con sus hijos y que nna máquina de coser, un irrigador, un mosquitero, pasmosa y la mayor ecuanimidad para juzgar á los
la burguesía fra ncesa y Francia misma fueran como una tina pedilubios, un lugar pata que duerma la co- que fueron factores principalísimos de sus desuracias.
han sido y como son aún tan vigorosas y tan grandes. cinera, pero el instrumento ¡nunea! primero el arte No_ acusa á nadie, explica sus desgracias por ~l odio
al Judío y su condenación por el engafio en que estaCuando la mujer vive ocios!! é ignorante, cuando no que los platos soperos.
logra constituir familia, cuando, como en el Harem,
Junto al Santo Niiío que enseña sus deditos echan- ban sus jueces y la presión que sobre ellos se ejerció.
solo se ocupa de perfumes y joyas, cuando es onerosa do bendiciones bajo el capelo; contra la pared, y el P or otra parte, hace los mayores elouios del Coronel
é improductiva, las ci vizaciones decaen, los pueblos vientre hacia arriba, se morirá el «Pensamiento,&gt; Picquart, quien como es sabido, contribuyó brillantese enervan y descienden como el pueblo musulmán á «La Esperanza,&gt; «La Gemidora,&gt; «El Cefirillo,&gt; «Sus- menLe al esclarecimiento de los hechos y al triunfo
la m~s oprobiosa degradación.
piro&gt;, etc., pues es moda bautizar á la caja acústica de la justicia, poniendo su valor civil frente á las
como
á cualquier cristiano; tienen rosetas trico- preocupaciones y á las intrigas oficiales.
Las mujeres francesas de la clase media acomodada
Dreyfus vive tranquilo, y éSpera con más tranqu ió ilustrada son un modelo de virtudes. A menos que el lores cuando el padre de familia es militar retirado;
comerciante en grande, el rico industrial, el banque- otras, anchos m1,ños ccn flequeríos dorados, pompo- lidad ~ún su nuevo juicio, compartiendo su tiempo
ro afortunado no vayan á buscar mujer á los centros nes, borlas, manojos de retamas artificiales, tul com- metódicamente entre las expansiones de la familia y
brillantes de la galantería ó á los bastidores de los binado con moaré y otros fantásticos adornos que las largas y frecuentes conferencias que celebra con
teatros, y son de preferencia extranjeros y no fran- pintan el carácter de la dueña, quien se pasa gran par- sus abogados. Hace ejercicio en el jardín de la priceses quienes así proceden, resultan sus enlaces afor- te del día con la pierna cruzada plumeando la músi- sión, y aunque lo vigilan de cerca dos soldados, es de
suponerse que esta vigilancia no le cause grandes motunados, sus familias felices, sus existencias envidia- ca idónea: «Adios, Cuca&gt; (danza;) &lt;¿ Diré que sí?»
bles. Y llegados los malos días, las épocas aciagas, (guajira), «Déjame verte&gt; (scbotiscb), «Sollozo ar- lestias, habituado como está, al más completo aislamiento desde que fué deportado á la Isla del Diablo.
la bancarrota y la ruina, la enfermedad ó la deshonra, mónico&gt; (mazurca), «Nadando en leche&gt; (wals) «-En
Mucho han hecho los periodistas para ace~case al
agonía&gt;,
(nocturno.
)
la mujer francesa Se engrandece por la abnegación y
reo, logrando apenas verlo desde la casa frontera, en
el sacrificio; la esposa, aun la del criminal, lucha, suConcluido el estudio de las segundas q~c en un ra- el momento en que salía de su celda para hacer el
fre, batalla para rehabilitar al marido, para recons- to de hambre tararea la cotorra y en todo tiempo ejercicio cuotidiaao.
tituir su fortuna, para conjurar el destino.
silban los chicos "'º el patio, la artista la besa, la volLll, formación del"nuevo Consejo de Guerra es obEn estos momentos Mad. Dreyfus da al mundo tea, y si el revés es plano, sobre el revé&amp; escribe con j~to d~ comentarios y aun de escándalos como el que
y
por
la
boca
introduce
las
lapiz
el
billete
amoroso
ese noble espectáculo. Jamás ba dudado de la inod1 ó el Jefe del 10 ° cuerpo, comentando ciertos actos
cencia de su esposo, sus oídos se han cerrado á las flort:s secas que él le dió: no hay mejor escondite que del Ministerio de la Guerra de quien hay q ue especalumniosas insinuaciones que lo hacían aparecer co- una caja de bandurria.
rar la mayor energía para que se observen esta vez
mo encenegado en el v;cio, arruinado por mujeres de
Porque las mandolinas y bandurrias son un pretex- todas las le1es de la d~scipliua y las que imponen
mala vida. Si ha creído, ba tenido el Leroismo de per- to para reunir gentes que la suerte parece separar: el más e_stncto acata~iento á la corrección judicial.
donar; ha dejado Raagrar sus heridas y preocupádose tocar una ú otra, es tener entrada á las estudiantiLas vistas que publ!c:tmos son de gran interés y
tan sólo de salvar la honra de su esposo. Ha peregri- nas: institucción moderna, netamente socialista, en- completarán el conocimiento que ya tienen nuestros
nado por gabinetes de ministros, oficinas de tribuna- caminada á echar por tierra el antiguo régimen sue- le_ctor~s de los sitios y personajes que figuran en este
les, salones de diplomáticos implorando rehabilita- gril.
histó:1co proceso. En nuestros números subsiguientes
ción y justicia; ha sufrido desaires, menosprecios, aca-¡,Qué hiciera para hablarle? Ni creas que papá ampliaremos nuestra información, publicando en la
so escarnios; promovido una campaña formidable lo deje visitar la casa .... Nadie quiere presentarlo. parte gráfica, los retratos de t odos aquellos llamados
para una mujer débil y al principio sola y aban- Urge que nos tratemos.
á figurar en el nuevo juicio, y las escen!!.s culminan.
donada; ba tenido el heroísmo de ponerse frente á
-En poca agua te abogas, dile, responde la amiga tes que en él se desarrollen.
frente de una opinión no sólo ofuscada si no irritada; consejera, que ponga «Te volví á ven ó «ese soy yo,&gt;
Es singular y digno de anotarse la obstinación de
ha sabido no temblar ante el tumulto callejero, ante y hacemos que lo meta Bastedillo que es tan servi- los que fueron anti- revisionistas y siguen siendo en
el encarnizamiento popular, ante la fuerza y la ce- cial!
el nuevo estado del asunto enemigos de la justicia y
guedad gubernamentales, y al recorrer el tremendo
Ensayo dos veces por semana;sillas juntas: un solo aunque parezca mentira, de los obcecados sólo uno' el
Calvario que ha ele conducirla al Tabor, ha conserva- papel para dos ejecutantes; enseñanza objetiva de có- n:iás_ peligr?s?, Deroulede, ha dado señales de arrep~ndo intacto su recato, inconmovible su virtud, im- mo debe piearse la cuerda; afinación de un la empeña- timicnto diciendo que no habría castigo bastante duperturbables su sereniddd y su modestia.
do en dar el sí; cambio de moiías; epístolas entre los r? para los que desvirtua~on los hechos, ni reparaEjemplo noble y grande: una mujer inerme papeles de música; disgustos caseros; matrimonio ción bastante para la víctima si se declara que el acucontra un pueblo ofuscado y contra un gobierno festinado; tres hijos en menos de cuatro años; desti- sado es inocente. Ojalá que estas palabras del auitapoderoso haciendo triunfar á fuerza de amor ·y de tución de empleo; conato de suicidio; muerte súbit a; dor á ser cierto que las dijo, cambien la orienttción
deber á la Justicia. Es este el verdadero 1iipo de viuda en la miseria, niños al hospicio, calderón, he de las opiniones extraviadas y marquen el principio
la mujer francP.sa; así fueron, en más vasto escena- ahí lo que producen las barmonías. Desde que la del r~s~ablecimiento del equilibrio moral á que aludía
rio, Juana de Arco y Carlota Corday, mártires de cuerda ha entrado á la moda, los profeso~es de piano el Mm1stro Waldeck Rousseau en su discurso ante la
elevados deberes. Cualquiera que sea la suerte que se han dedicado á callistas porque no prospera su ar- Cámara de representantes.
espera á Drey fus, la figura nobilísima de su esposa se te, y sobre todo, en el bello sexo tiene mayor influendestacará ante el mundo, noble, pura y venerada. Y si cia el otro profesor.
la justicia corrobora su terrible fallo, si Dreyfus reQue se llama Don Paco, Don Lolo, Don Meruo, y
sulta definitivamente condenado, F rancia, si puede en momentos de entusiasmo, Paquito, Lolito y Meavergonzarse del traidor, tendrá -que gloriarse de mito; cé.mo lo rodean, qué bendito anda entre las

BANDURRIAS Y MANDOLINAS

�noming-o 9 de JÚlio de 1899.
Domingo 9 de Julio de 1899

EL MUNDO.

18

EL MUNDO,

1!)

EL ASUNTO DREYFUS EN RENNES.

EN LAS CA,ROLIN.AS: ALDEA DE NOLL.JKEN JAP.

tas nuevas adunisiciones alemanas
EN EL MAR DEL S~R.

LAS ISLAS CAROLlNAS.

SALA DEL CONSEJO DE GUERRA EN QUE SERA JUZGADO DREYFUS.

LA PUERTA DE LA PRIS:::ON MII ITAR,

,.

El año proximo pasado trajo
-consigo el definitivo desmembra,miento de la se!Ioria colonial española en ambos continentes y posterio,mente, aunque por modo pa·'Cffi~o, también ha sido arreado el
pabellón de Castilla en sus antiguas
pesesiones del Mar del Sur. El dis-curso de la Corona anunció á las
·Cortes el 2 de Junio último que se
había firmado un convenio con el
Emperador Alemán, por el cual Espai'ia cedía á la vieja Germanía las
.Islas Carolinas, Palau y el resto de
las l\1arianas.
El interés de Alemania sobre ta.
les islas no es nada nuevo, y aún re·cordarán nuestros lectNes la extraordinaria €.Stupefacción que cau·SÓ el hecho de que el 24 de Agosto
·de 1885 el cañonero alemán &lt;litis&gt;
tomara posesión de la isla de Yap,
pertenecientP. á las Carolinas. Por
\lllucho tiempo creyóse en una guerra inminente entre Espa!Ia y Alemania, pero la diplomacia disipó
esas bélicas nubes, c.bteniendo de
,ambas potencias que el caso se so~Etiera á un arbitraje que se depo.s1tó en manos del Papa, quien en 22
de Octubre del mismo afio falló
-en pro de la soberanía de España sobre el Archi.piélago carolino, laudo arbitral que fué aceptade por
-ambas potencias disidentes el 17 de Diciembre si~uiente.
Desde entonc~s intentó Alemania hacerse del ararchipiélago por modo pacífico y financiero, pero el
,amor propio español, entonces muy excitado, desechó
todas las proposiciones de Guillermo I. Su nieto,
&lt;Guillermo JI ha sido más afortunado, y aprorecb.ando las especiales cir~un~tancias porque actualmente
•atraviesa la orgullosa Iberia, ha logrado que le sean
cedidas las islas que mencionamos y que juntamente
con las islas Gilbert (10glesas), la isla Guam (ameri•cana) y las otras que ya antes poseía Alemania, forlD~n la parte de Oceanía conocida con el nombre de
M1cronecia.
Con las nuevas adquisiciones, Alemania posee en
-e~ Mar del Sur una extensión superficial de 253,469
-kilómetros cuadrados, habitadas por 440,000 al-

mas.

Con pocas excepciones, casi todas esas islas se formiron sobre rocas coralinas. aunque hay algunas de
·origen volcánico, tales como Yap, Ruk, Ponape y
Rusaye. Casi todas están cubiertas de exb.uberante
vegetación y ofrecen un aspecto lujurioso con sus
-enormes cocoteros, bananeros y con el clásico árbol
·del pan.
La fauna, en cambio, ,·s bastante escasa, pues no
,hay más que murciélagos, ratas, y una especie parti·&lt;mlar de perros, además de los insectos.
Los pobladores aborígenes de las Carolinas son ro-

FACHADA DEL EDIFICIO DEL CONSEJO DE GUERRA.

LA

PRISION :MILITAR EN DONDE ESTA DREYFWS.

EN LAS CAROLINAS. EDIFIOIO DE JUNTAS Y PIEDRAS-MONEDA EN LA. ISLA. D.E JAP •

bustos y de facciones agradables, su color es amarillo
obscuro. La alimentación vegetal es la dominante,
y el carácter de las gent es es du:ce y sumiso. Viven
dentro de un curioso régimen estre patriarcal y común
y reconocen categorías y jefes.
Presentamos á nuestros lectores dos vistas de las
Carolinas, que dan una idea clara de esas islas :i.ue
acaban dP. entrar bajo el dominio de Alemania.

el dibujo, la brutalidad del toque, la colección extrafla y premosít;ima de tipos que han desaparecido, hacen de Goya el pintor histórico por excelencia, el
evocador genial y magnífico de un siglo y de una
época.
Nos ha dejado en el retrato que reproducimos á la
cabeza de este artículo, con sus rasgos fisonómicos y
la extravagante indumentaria de que lo revistió, uno
de los representantes de la Corte de Carlos rv,-el
artis ~a, el mundano que frecuenta los medios más
elevados y que se jacta de cultivar amistades demaLA TRANSLACION DE LOS RESTOS DE GOYA. siado íntimas con las majas y los toreros.
Goya nació en Aragón á mediados del siglo pasado:
su ti ;¡o moral, su talento y su vida fueron prodigios
Un agente del Ministerio de Fomento de Espai'ia de la época; vivió en Espai'ia. Italia y Francia, conollegó hace poco á Burdeos con el fin de exhumar los ció y entusiasmó con sus obras á Carlos III, á Carlos
restos del gran pintor y transladarlos á la patria.
IV, á María Luisa y á los más altos personajes.
No bien apareció la noticia en los periódicos fra nceSus procedimientos artísticos no tenían por defecses, todos elJos y principalmente las Revistas Ilus- to la banalidad; usaba más de la esponja que del pintradas, dedicaron numerosos articules al grande hom- cel para pintar. Cuando los franceses entraron á Mabre que dormía en el suelo francés y cuya originali- drid, el pueblo silenci0so presenciaba el desfile del
dad artística lo ha hecho acreedor á uno de los re- vencedor. Goya estaba allí y junto á él había una panombres más gloriosos.
red escalada. Saca el pa!Iuelo de la bolsa, forma una
No obstante, desde el alio de 1828 se ignoraba en bola con él, la empapa en e:i fango del arroyo y pinta
Francia y aún en Burdeos que el cementerio de esta un fresco vigoroso en el que los franceses fusilaban á
ciudad conservase tan preciosas reliquias; mas al res- los espalioles.
tituirlas á la patria le dicen adiós conmovidos sus
El fresco fué uno de sus grandes éxitos é inventó
admiradores, es decir, todos los franceses.
procedimientos con los cuales logró efectos ma1aviLa observación profunda, el sentido que supo fijar llosos que se admiran aún en las iglesias de Setodos los rasgos del populacho español, la audacia en villa, Toledo, Zaragoza y Valencia. Los con-

�•
EL MUNDO.

20

'

'

denados, los cadáveres, los monjes son de:un realismo
sorprendente. Hay una inspiración terrible en el San
Antonio que interroga á un cadáver, en su Judas, en
sus Santas Justa y Rutina. Los retratos son siempre
originales, de una originalidad vibrante. Las aguas
fuertes son admirablES, Teófilo Gautier las definía
así: « Una noche profunda con pálidas siluetas y fantasmas extraños iluminados por un brusco rayo de
luz.&gt; Era un artista sin ley, un vagabundo de la calle, amigo del aguador y del tendero, camorrista de
encrucijadas, majo y aficionado á los toros. Su vida
fué una serie de ril'ias y aYenturas de la peor especie;
una noche se _le dejó por muerto en el barrio de Lavapiés.
·
Frecuentaba los palacios y los chirivitiles y pintaba toQO lo que tenía. á la vista, alguaciles, monjes,
contrabandistas, manolas y grandes damas de la Uorte: todo el siglo XVIII español. Fué un humorista
macabro; bay que recurer sus Caprichos y sur,Proverbios, des.file loco de tipos gesticulantes, manolas
enfurecidas, espectros, danzas macabras, escenas de
corridas de toros en las que era pintor y actor, pues
estudió de cerca las cogidas y las estocadas, las suertes de capa y los ágiles movimientos de los banderilleros.
La última palabra de su genio fué la serie de los
desastres de la guerra, ochenta estampas al agua
fuerte conocidas en el mundo entero y que fueron
inspiradas por la invasión francesa. Las escenas son
borribles: incendios, mujeres destripadas, fusilatas,
asesinatos y raptos; todo un museo del terror.
Talento áspero, violento, cruel, brutal y tortuoso
que pasa la vida inclinado ante el. sufrimiento para
AUTORETRATO DE GOYA,
eternizar los dolores y las ansiedades de los oprimidos. En el Garrote, última de la serie que se llama los
Prisioneros se ve un ajusticiado que reza á un lado
del instrumento de ejecución. El mal, la amargura altar antiguo con pilai,tras rematadas por cabezas de
de los desheredados, las contorsiones, las deformida- amores.
Más notable es aún la aventura que llevó á Goya á
des, todo lo horrible lo atrae poniendo en su obra el
morir en país extranjero. En 1814 tenía sesenta y
sello extravagante de su genio.
Hizo muchos ret,ratos de reyes y grandes seííores y ocho años y vivía en Madrid cuando se le solicitó paapenas hay en España familia un poco antigua que ra que hiciese el retrato del General Wellington. Desno tenga en su galería algún retrato de Gaya, El pués de la primera sesión el gran General quiso ver
Museo de Madrid conserva el de Carlos IV,. el de Ma- el esbozo y se quedó anonadado casi ante el revoltijo
pastoso de manchones que tenía la tela. Cogióse la
ría Luisa vestida de Coronel de Guardias y el de h
barba con las manos, miró las manchas, miró al arDuquesa de Alba con traje de maja.
La tumba de Goya en la Cartuja de Burdeos fué tista y se quedó perplejo pensando si aquello era una
poco visitada y las guías de la ciudad no mencionan burla. Tenía_á Gaya por un gran pintor y esperaba
á ese muerto ilustre. "Esa tumba es sin embargo no- efectos maravillosos desde el primer día, sin tener ¡!n
table aunque no sea más que por su aspeeto de cuenta la verba libre y desordenada del artista.

1

Domingc 9 de Julio 189 9
Aventuró una observación: ¿qué contenía aquel revoltijo?
No acababa todavía de formular su pregunta, y ya..
Goya estaba frenético; insultó al general y le dijo:
Zapatero, á tus zapatos. ¿Quién era él para. criticará.
un maestro? Gaya hubiera querido meterle á puiletazossusobservaciones; Wellington la toma con la altivez británica; Gaya gesticula, truena, maltrata al
cliente, y por último, coge una pistola, haciendo huír
al geueral. Sin esto, la bala de Goya hubiera suprimido á Waterloo.
Be le hizo comprender al pintor que, el asunto era..
delicado, y tomó el partido prudente de salir de España, estableciéndose en Burdeos. Ya era viejo y sordo, pero no abandonó el trabajo, y todavía se puede
admirar en Burdeos gran número de sus piedras litotrálicas.
Murió en esta ciudad, en la que hizo amistad muy
int:ma con un español, Martín Goicochea, quien le
dió alojamiento póstumo en su sepulcro. Cuando se
pretendió exhumar los restos del artü,ta, ya el ataúd
estaba hecho poi voy se habían confundido los huesos.
de los dos amigos.
Para saber cuáles eran los de Gaya, fué preciso entregarse á investigaciones muy minuciosas &amp;obre la..
estatura del pintor y de Goicocbea. Goya era un
hércules, un coloso, y se apartaron los huesos de mayores dimensiones, pero faltaba la cabeza. Como Gaya no murió decapitado, la falta de la cabeza no seexplica sino por alguna substracción clandestina, dela que es autor algún frenologista dema8iado entusiasta, que quiso conocer los secretos de aquel genio,
ó algún amigo que quiso conservar tan preciosa..
reliquia. Ello es que al cabo de tan largo destierro,
Goya vuelve, sin cabeza, á la patria en la que
duermen su mujer y sus hijos. Goya fué casado, y
aunque sn mujer no ha de haber vivido muy feliz con
el aventurero que desaparecía semanas enteras, tuvouna compensación, pues le dió su marido no sólo lonecesario para vivir, sino una compaflía numerosa. y
selecta, le dió 20 hijos. No fué padre ni pintor á me...
dias.
lL:-~C, t::::11
Falta ahora saber el monumento tunerario que le
erigirán en España. En Fraucia hay una fiebre de·
glorificaciones póstumab; todos los vivos algo ;nfluyentes quieren llevar á los muertos célebres al Panteón Esperemos que en Espafla sean menos imitativos y honren á su magno artista con originalida&lt;l
y gracia.

Dommg~ ll de Julio de 1s99

EL MUNDO

EL VARADERO NACIONAL EN GUAYMAS,

EL MOTOR,

VISTA EN CONJUNTO DE LA CUNA, TALLER, CASA DEL
MOTOR Y TERRAPLEN NUEVO,

EL VARADERO NACIONAL

Como se sabe, este establecimiento está dedicado á
carena de buques, y al obtenerlo nuest ro Gobierno
realizó _una econowía para
el Erario, pues antes nuestros buques tenían quepagar el precio de su carena, gasto excesivo que
ahora se economiza. .Además, los buques extranjeros que entran en carana
dejan buenas utilidades. '
Durante el tiempo que
lleva nuestro Gobierno de
estar en posesión del varadero, ha introducido o-randes mejoras en él, au"'mentando los talleres y el personal.
_Las vistas que hoy publicamos fueron remi tidas
al Sr. General Berri07ábal
~uien ha ordenado que s;
¡nserten en la Memoria de
la Secretaría de s'u cargo.

.EN GUA.Y.MAS.

Por acuerdo del sellar
Presidente de la República,
se celebró contrato entre el
Sr. General Felipe B. Berriozábal, Secretario de
Guerra y Marina, y D. Joaquín Redo, para que el
Varadero establecido en
G_uaymas pasara á ser propiedad de la Nación.
El contrato fué aprobado y firmado el 23 de Febrero del año de1898.
El Varadero fuévendido
con bu taller auxiliar sus
dependencias y todo; sus
accesorios existentes en el
Puerto de Guaymas.
La compra se hizo en
$106,000, sirviendo de base
para la entraga del v d.radero el inventario formado
por el Sr. Ingeniero Bartola Vergara.
VlST.A

¡i

21

J:?E PAJ'ARO DEL TALLER, MUELLES, CABRIA, NUEVO y TERRAP~EN.

1

l

.,

VISTA SUPERIOR DEL MUELLE DE LA CABRIA

1,

EN EL P A.RQ,UE.
ÜUADRO DE MLLE. MADELEINE ÜARPENTIEB,

VISTA DEL SITIO ~ONDE SE CON'STRUffiA EL DEPOSITO ::&gt;E CARBO:t:,.
.

�Domingo 9 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

3:1

-OUltIOSIDADES CIENTIFICAS.

exacta con las Unid.des métricas y con la división
del tiempo.
t
nomallas y llevar ácomPara subsanar todas es as a ntación del sistema mépleto Y feliz término/ª 1:t~e 1897 se reunió en Patrico decimal, ~n D}c :Cm r clonal para la decimalizarís la Convención .n rna írculo meridiano.
clón del dla Y rerorm! del c Ión se dividió el círculo
Como reaultado de ~ re¡fos ¡{¡últiplos y submúltlen 400 grados, apli~n o denominaciones adoptadas
plos del grado las m:~mdas métricas. Igualmente se
para las demás un a les construcción de un nuevo
abrió un concurso para a
modelo de reloj 6 cr~nó;:'t1{º l!~~;ª~eParís, obtuvo
La reputada cf:od~lo ·de ·contad~r del tiempo deel premio para e
b e de ToP,)ME1.'RO presentó.
cimal1 que con el n?mdj:nto grabado que rep1esenta
el ~i~~:~t:ed~rT~o~ómet;o, ~~~~~~loe~~~:::i~~
en 40 decágrados, en corre P0
•dtano Estos 40
división decimal 1el cí~cul~o~:r~inut~s, subtituidecágrados, que va en ca ª u. • d
·unto á las
rán á lab horas actuales1 equ.1 valb1en ~aena¡ctual solo
í
l
La aguJa oran
,
24 del d a so ar.
d día Los sucesores de los
dará, pues1 una vue1ta ca a
·
u ·a. actual de los
minutos, serán los decígrado•}~ªfe
decígrados
minutos dará una vuelta : 3~Pm~nutos. Por fin, el sepor cada decágra?o ó sea r el milígrado Y la instangundo será substituido po d á
milfgrados por
t 6 aguja de segundos, an ar 100
;;~a decfgrado, 100,000 por decágrado y 400,000 por

Domingo 9 de Julio de 1899.

su sonoridad¡ en cambio siendo
pierde la campana d rebajársele mucho de la talbastante grues~, pue e
asta un tono puede ba~eadura sin per¡ uddl'¡'~~~ Jmpana y solo puede suJarse la nota que

E México donde tan difícil es la poplarlzación 1e
tod nretorma' radical que, aun cuando solo .sea en a
ª
6 moleste á los. comerciantes en
apariencia, afecte
introducir el sistema decimal;
peq·1efio, se logró !:endléndolo á medias y usándolo
Y mu~~~~s !~~o~ uo 10 hayan rechazado aquellos,
del m 1 fln llegará. á arraigarse con firmeza,. cuando
pues a
ue regunten muy sériamente
yaánot ha{!l.=;:!ªba1 d¿México á Veracruz por _lecu n os :i vy,
m rar el azúcar por hlórrocarri~!~
deplorable frecuencia.
metros, 00 debe asombrarnos cuando es un hecho que
ni !!t;rancla, cuna,del ingeulosfstmo invento, se ba
llegado á implantarlo por completo.

AMOR SUPREMO.

do.na!actu~lmente está afinandc:nd~~ea~:s:ra:1ü:
ra repartirlas en los di versos fe fas curiosidades de
rrlo suizo que debe figurar en r
.
la próxima expo~icióa~ampanas se formará un conEntre estas oce
dos do dos mí be·
d' . bemol
cierto de Hiete notas: un la bemo1'
l
dos
la
bemol
octavas
del
primero,
os m
'
O
md 'a.o
ta •as del primero y un fa.
•
os ' o_c , 11
utaclón de los campanarios de
sirven para ejecutar
Es um ,ersa a rep 1
Nuestra Seflora de P~r11 "as 'l~~atas místicas de melanhermosas aunque senc1
cólico encanto.

f~~~:nsdu:a~ºco!

TORNO PARA AFINAR LAS CAlfPANAS.

En erecto, los

YJ:s~:;: t~~!~ ~Ji;\~~

franceses
0
bitantes de Europr, ~s~~i~mpo de dónde resulta, es•
ciedtíH.cos, un&amp; anomalía
decimales,
'A
pecialmentemenols
en os ~-&lt;leculos

que in!~dei~a~~~~f ;~r~f!!p0 , cuya unidades la hora~:dolece fe gra1!~t~dé~~~:~, ~~;;et1~~go~º:~
parada con as un
tódica entre la unidad Y sus
bay ni~gun~ ~~larÍl~~:~na el mes, el ailo, el lustro,
múlétip is: eel
y sus s~b-múltipl1Js; el minutü,
la d ca a Y
'
Estos últimos al menos van
el segundo y el terrro. te 60 veces respecto del indisminuyendo .re~u arm:: la progresión de los múltimediato supenor I pero
en caos· el día es 24 veces
plos el desorden ~s rayano ana ·168 veces y sólo 7
mayor que l~
s:mer~ial es 720 veces mamayor que e . a, e m ar ue el día y 4,2Smayor
yor que la un1da:~s~~ ca~ est¿s ejemplos para demosque
trar lalasemanba.
rnco eren cla de las dlvlsionea usualea del

sff!10·

drl.ªªf ~:s

tiempo. ás 1 círculo meridiano está dividido .en
Ademd
360
gra os,' del vtslón que también carece de relaCión

,.

dí';,odo esto que parece muy difícil Y complicado por
falta de costumbre, es senclllísi-mo y todos ~o
derán cuando los relojeb ahora en uso ay

°°a_~P~f~~

us:~~

rei'.~ti:~~~:i';j:~~~~e~:"f~ Marina Franceaa,
quienes por disposición de~t~~!:~~~' ~~s : : :0

•

?is
~~t:tn~~~:t;a~e!~calcul9:dores clentíHcosi P~~
ahorran mucho tiempo trabaJ0 en suq, opera.e on .
1

Y

Ya verán las lectoras cuan satlstecbas quedará.nial
e comienza un baile y se es
pr_egun¿a~
1~os
decágrados, 48 decfgra~ei,pon ,~· Las once d~ la noche comunes y corrientes,
s~I~~ .ligerísimo error de 8 6 9 segundos. No puede
ser más claro ¿ verdad lectores?

,1,~:ii:1::

CORTE VERTICAL DE UNA CAMPANA.

37

•
••
ecomeudamos á Jos aficionados á la Horlcultura
R eta , el modelo de tiesto querepresentanueatro
enmac

con:

•••
Cuando los periódicos j~cobiaos de
MéxiJo, arden en santa indignación
por las demasias de celo de algún sacrlstá.n que repica las campanas de su
iglesia inmoderadament e, les concedemos plena razón, no tanto por la polftlca sino por la estética del asunto.
En' efecto, de los campanarios de
México desaparecieron ya luengos a~os
hace, las campanassonoras y armon.10samente acordadas entre sí, para deJar
lugar á molestos y ordinarios cencerros.
En Europa, lo mismo en los países
católicos y ,monárquicos, que en los
protestantes y republicanos, aun se
conservan en los campanarios las antiguas campanas, pero la razón es plausible: cada campana es un Instrumento musical perrectameµte afinado y
sada campanario una pequeña orquesta habiendo ciudadea en las que están
ac~rdada.s las campanas de varias iglesias para formar entre todas una orquesta.
.
Es completamente imposible conseguir que una campana dé una nota
precisa y determinada de antemanü,
pues al fundirla cambia de túno, Y
mientras mayor es, la dificultad es
más grande.
En las fundiciones europeas bay eapecialistas que entonan las campanas
en el torno con rara habilidad' Y para esto tienen sus
to
reglas perlectamente científicas.
Para entonar la campana se recorta en e1 rn 0 '
como se ve en el grabado adjunto; pero el lugar donde se debe adelgazar es problemático. El corte en
sección vertical de una campana, muei,tra
pr3r~
en ue di vi den las paredes los afinadores.
on '.l
lo 1Íaman cerebro; la parte comprendida entre e~ ce_1-e•
bro y la mitad de la altura, la llaman vaso superior;/ª
línea media, la ilamacfalseadura; de la lfnea me ta
al arranque de la curva que forma el borde, garganta:
y al reborde extremo, pata.
Cuando se quiere bajar el tono de una camp~na fe
resenta al buril la parte media 6 falseadu:a e a
~m ana. Esta gime perceptiblemente ba¡and~ de
ton!mientras se le va cortando metal. El oído eJercítado del afinador e, el que conoce cuándo debe sus·d be
pender la operaci ln.
Para subir el tono, la pata ó reborde es el que e
'recortarse y la manera de conocer la nota que da es
la misma.
_
Es más fácil bajar el tono de las campanas que su
birlo porque cuando se recorta demasiado la pata,

23

birse med~o cro:~·ue damos son de la Instalación que
M L; f:u: afinador esp,,clalista. tiene en Parla,

\oo

CUADRANTE DEL TROPOMETRO.

EL MUNDO.

gr~~~-te Ja ventí1ación y drenaje de la tierra,
na reserva de agua en e] rondo para ~as conttn
serv~~ de sequedad · tiene una base para fiJar firmen0
6
p~!~!~~~r;,s p~~rtitf~t~~~ cub1:~:~
1
q~~ :n estorbar la ventilación, sirve para becbar poi•
d
ue impidan el paso á las orm 1gas,
~oº!gr\~~~: c~~icoles y demás gente facinerosa que
destruye los afanes de los floricultores.

!=~~• ;:::~~:nf:.

•

1:_

TIESTO MODELO.

Esta maceta modelo tiene otra ventaja muy lm,
por .. ante Por la forma reentrante de la protuberancia ~llfndrica que hay en el londo de ella, la tierra
no está en contacto inmediato con el su~lo, plato,
banco 6 lo que sirva de soporte á la w•ce~j 16 de
Esto es de gran interés, porque la vent ac n
las raíces es perfecta lo mismo que el escurrimlen:
del exceso de agua, pero no de toda, pues una par
queda en reserva detenida en el fondo de la maceta.
Además las lombric,s ó gu~os de tierra se Introducen e~ las macetas comunes por el fondo Y en
éstas no pueden hacerlo gracias á su !orma especial.

-

La humanidad, que á través de las edades ha suen los ojos de aquellos elegidos de la Inconstante nli"ia «nacida con el mal del cielo&gt; según la expresión
frido el encanto del misterjoso Amor, palpita á su so- Fortuna.
lo nornbre sagrado.
de su paf s. El voto de «permanecer seílorita .. que se
En los salones contiguos dasfilaban grupos diplo- sabría.
Siempre divinizó su inmutable esencia, transpaera su secreto, se leía en sus ojos que brillaban
rentada bajo el velo de ]a vida; porque las esperan- máticos, condecorados algunos con un camafeo de con los resplandores de las l'ioletas después de una
zas engailadas 6 no satlsrecbas que dejan en el cora. púrpura. Las extranjeras marcbaban atentas, con el tempestad. Como nlí'ia buena que e:a, se complacía
zón humano las fugitivas ilusioues del amor terres- abanico ea. los labios, del brazo de los cancilleres; al contrario en el aJt.,la.miento dunde se marchit,aba
tre, le hacen preseutfr siempre que nadie puede po- todas las miradas tenían el frío de la piedra. Pa- su radiosa primavera¡ cNca de un \'lejo, cuyas últiseer su real-iaeal sino en la luz creadora de donde recía de buen tono un dejo de fastidio en todas las mas melancolf;is mitigaba. Y rnlu11tarJa1oente se
frente8. En resumee, la Hesta me parecla un baile de acostumbró á vivir así, educando á su I.Jermana meemana.
Por esto muchos amantes-de los predestinados- fantasmas, y me imaginaba que de un momento á nor, consagrándose bnmilde rnente al ca-.Lillo,á los fnhan sabido aquí abajo, desoyendo sus sentidos mor- otra, el invisible manipulador de estas sombras má- geuteR, y á las religie,Sai de 8US cercan fas, desdeñosa de
tales, sacrHlcar los besos, renunciará los abrazos, y, gicas, iba á gritar fantásticamente en los bastidores, otro porvenir.
los ojos perdidos en un lejano éxtasis nt.:pclal, pro. el sacramental: desapareced.
Di.spensadora ya en aquella existencia de obras
Con la indolencia de hastío que fmpnnelaPtiqueta, benditas,
vectar, juntos, la dualidad misrua de su ser en las
hacia. además llt11usnas, trabajos y cánLicos
infsttcas flamas del cielo. A estos corazones elegidos, atravesé aquelJa pieza, y llegué á un salonr:lto casi
desierto,
cuy".&gt;s
concurrentes
veía
apenas.
El
hueco
empapados de té, la Muerte no inspira más que latidos de eHperaoza¡ en ellos una especie de Amor-fénix de un gran balcón abierto invitaba á mi deseo de soha consumido el polvo de sus alas para no renacer ledad: tuí á acodarme en él. Y allí, dejé vagar afuera
más que inmortal: no han aceptado de Ja tierra si- miz:, miradas, sobre todo aquel pedazo del Parfs nocturno, que &amp;el Arco de la Estrella á Nuestra Seno.
no el esfuerzo necesari,, para desprenderse de ella. rase
extendía á mi vista.
Si pues es cierto que semejante amor no puede ser
expreBado más que por Ja prueba, y puesto que su confesión, su análisis ó su ejemplo no podrían ser más
que auxiliares saludables, ¿no debe el que escribe
estas líneas por estar dotado de ese sentimiento su .
¡Ah! la deslumbrante noche. Por todas partes miperlor, no debe una fraternal confidencia á todos los
radas de luces fijas ó movedizas poblaban el espacio.
que llevan en el alma un destierro~
Más allá de los muelles y de los puentes surcados de
Y nG pudiendo, en verdad, apartarla de mi conciencia, he aquí, en toda su sencillez, por qué eslabo- resplandorea, los pesados to!lajea de las Tullerías, en.
nes de clrcunHtancias y fútiles azares mnndanos, tu- frente de la ventana, se estremecían brillando con
verdes claridades, al soplo del viento del Sur. En el
ve esta a ventura sublime.
Gracia.a á la perfecta cortesía del señor Duque de cielo ardían mil fuel(os en el negro azul de la extenMarmler me encontré, aquella hermosanocbe de pri- sión. A bajo tero blaban los astrales reflejos en el agua
mavera del af\o de 1868, en la fiesta dada en el pala- sombrlc:1., y el Sena SP. deslizaba bajo sus arcos con lentitudes de lagum•. Las mariposas de gas, á través
cio de Relaciones Exteriores.
El duque estaba llgado á la casa del Marqués de de las claras hojas de los arbustos parecían flores de
Moustiers, entonces diplomático. Pues bien, la ante- oro. Ea la inmensidad, crecía ó se atenuaba como un
víspera, estando á la mesa de unos de nuestros ami- rumor, la respiración de la. extraila capital, y aquel
gos, había mdnifestado deseos de admirar, una oleaje se mezclaba á aquella iluminación.
Y compases de vals y nutas de vio!Jnes volaban en
vez, la sociedad Imperial, y el Duque deMarmjer· había llevado su urbanidad basta el punto de pasar á la noche.
Al brusco recuerdo del rey en el destierro, vJniemi casa, Calle Real, y conducirme áaque!Jafiesta donron á mi memoria pensamientos de duelo, la triste-de entramos á las diez y media.
Después de las presentacionea de estilo, abandoné za de vivir, y el sentimiento de f'Star, yo también,
como desterrado en esta fiesta. Y cuando ya mi esá mi amable introductor y me orienté.
El aspecto del baile era deslumbrante: los cristales píritu se perdía en este ensueilo, un súbito y deliciode las pesadd8 aranas radiaban sobre las fr~ntes y las so efluvio de 111~ blancas que percibí muy cerca de
sonrisas oficiales¡ los tocados fastu08osdespedían perfu- mí, me hicieron volver hacia la femenina presencia
mes; palpitaba nieve-viva al borde de los corsés, espe- que sin duda ocultaban.
jeaba el satfn de las espaldas, mojado con resplandoA mi derecba, en el alféizar, apoyaba una mures de diamantes.
jer su codo enguantado en las colgaduras de terciodonde la virginidad de su ser, á través del puro InEn el salón principal, donde se bailaban cuadrillas, pelo granate plel(ado sobre la balaustrada.
casacas negras, rematadas por cabezas célebres, dejaEn verdad, su solo aspecto, la impresión que ema- cienso de sus pensamientos, ardía. como un1. lámpara
ban ver, bajo un adorno1 el brilll) de una placa de ra- naba de toda su persona. me turbaron hasta el pun- de oro arde en un santuario .
Pues bien, no habiéndonos vuelto á ver desde las
yos de oro nuevo. Senorltas vestidas de muselina, to de hacerme olvidar todas laR deslumbrantes vlsioceñidas de hermosos cinturones, esperaban sentadas, nea del derredor. ¿Dónde habla yo visto aquel ros- horas de aquellos vagos encuentros en aquel castillo
bretón, he aquí que la encontraba súbitamente en
con la etiqueta en la extremidad de los guantes, el tro? .....
momento de una contradanza. Aquí pasaban agrega¡Ob! ;.cómo podía ser que una fisonomía de encan- París, frente á mí, en aquel balcón nocturno, y que
dc.s de Embajada con el pecbo sembrado de condecora- to tan superior, que respiraba una dignidad decora- me extrafió su aparicJón en aquel sitio.
Sí, era ella, y entonces como antes la dulzura de
clones1 deslumbrantes de pedrerías; allá oficiales ge. zón tan casta, cómo era posible que aquella Beatrjz
de miradas impregnadas solamente de mística espe- los seres que van á hacer ángeles, caracterizaba s·1
ranza-la esperanza era legible en eJla-se encom,ra- pensativa belleza. Dellfa tener de veintitresá veinticuatro ano~. Una palidez extraordinaria, que inunse contundida en aquella mundana fiesta?
En lo más profundo de mi sorpresa, me pareció sú- daba el óvalo exquisito del rostro, se unía, iluminada
bitamentf' reconocerla; sí, en torno de ella, flotaban por dos radiantes ojos azules, á sus negros bandeaux
recuerdos antiguos ya, semejantes á un adiós. Y con- lustroso adornados de lilas blancos que exhalaban su
fusamente, á lo lejos, volvía á ver las noches de un perfume antes de morir.
8u ~vestido, de una distinción misteriosa1 y que por
Otono, pasadas juntas, en otro tiempo, en un viejo
castillo de Bretafia, donde la hermosa viuda de Loe- este mismo motivo le sentaba perfectamente, era de
maria reunía en ciertos aniversarios á algunos ami- seda laminada, de color negro apagado, salpicado de
gos ta.miliares.
finas semtlias de azabache que una clara gasa violeta
Poco á poco volvieron á mis labios las sílabas pali- velaba con su sinuosa banda.
Una frágil guirnalda de lilas blancas, ondulaba sodecidas por la bruma de los afias de un now bre olvidado.
bre su esbelto corpiilo, desde laclnturahasta los hombros y el aliento de su ser avivaba los delica~os per-La seilorita de Aube11eyne, me ai;e.
En el tiempo que recuerdo, Lyslane de Aubelley- fumes de este adorno. Su mano, pendlentesobre su
ne era todavía nilla: yo era apenas un taciturno ado- vestido tenía un abanico blanc0 cerrado, y deuo dellescente, y bajo las seculares calzadas de Locmaria, gado hilo de oro que bacfa de collar, colgaba una
de Yuelta de los paseos, nuestra común burafiez nos pequena cruz de p~rlas.
Y, como antes, sentía que la transparencia de su
había arreglado varias veces: encuentros casuales á
la hora en que se levantaban las estrellas. Y (lo recor. alma era lo único que me seducía en aquella mujer,
daba) la gravedad de nuestras conversaciones tan y que todo pensamhmto pasional, á su vista, me serara en aquella edad, la espiritualidad de sus asuntos ría mil veces menos atrayentes que i.a sencilla y frapreferidos, nos habían revelado á ambos mil afinida- ternal comunión de su tristeza y de su fe.
La contemplé algunos instanteR con una admirades de alma¡ tantas, que hubo rrecuent.Pmente entre
ción ingenua, como asJmbrado de su presencia. en
nosotros largos silencios, extramortales tal vez.
En aquella épuca Lacía ya dos afios que había muer- aquel medio que no era el suyo. Ella pareció comto su madre. El lJarón de Aubelleyne, pasado este prenderlo, y también reconocerme, por una sonrisa
gran duelo babia enviado su dimisión de comandan- nena de clemencia y de candor. En erecto, los seres
te de navío r~tirándose t ristemente con sus dos bi- que se sienten dlgnos de Inspirar la nobleza. de semejas
á su dominio patrimonial, y sólo en muy conta- jante sentimiento, lo aceptan con una delicadeza Innerales, con cor\Jatas de moaré rojo y cruces en aspa
das ocasiones se presentaba en 1a8 tertulias de los finita. Su augusta humildad lo acoge como un simde comendador, cumplimentaban en voz baja á las alrededores.
ple tributo, muy natural, cuyo honor pertenece 4
aristocráticas bellezas de la corte. Se leía el t1iunto
Semejante reclusión no debió afligir en nada á una Dios.

�24
Di un aso para acercarme á e1la.

ble, donde no somos más que apariencias, y del que

- · No )ia, ohidado la st-.florita de Au~lleyne, des-

m~vo!sta:e;~r=~:ae:, :-rr~ ~e:t~~mP.añe1a de aislatento con una especie de lnqu~eta tiJeza.
tró en el castillo de Locmarla?
m -Ciertamente, respondí, al escucharos, reconozco
-En efecto, 00 lo be olvidado, seilor.
_
d 1 ·na de otro tlemp'J. Pero lo que me
Entonces erais una niíla, más sofiadora que tris
te ~ás triste que alegre, cuya sonrisa .ªº 1 era más
~e un relámpauo; y sin embargo, baJO a&amp; pur~s
q
clas a: vuestras miradas de nifto, ¿osana
que bal&gt;fa yo casi arlivlnado á la mujer fu- f:a vi:,~e::, os dan derecho á todos los placeres del
.
ytura, toda llena de melancolía que se me aparece mundo!
·Oh! respondió, con una voz que me pareció ~l
abora1
-~r de una ruente solitaria escondida en una se •
-Aunque enve~eclda, me complace que no me
rum t\l es t:.l goce en el mundo que no se agota,
ncontréis cambiada.
a or sí mismo en su propia saciedad~
e T bién viendoos mezclada en esta fiesta, tengo va, ¿cu
1- :e!tirnl~oto de que estáis ausen~ede ella, Yque que uo se ::~o~r los beneficios de la vida no &lt;¡uee pre ara vos más extranjero que s1 nunca me hu- ;.acasoo:~r sus disgustos? ;.qué son esos placeres que
rer pr
izan sinv mezclados de un esencial rem~ryo
solys p.
bleF.e
vis to. Verdaderamente •·se podría decir que
s~e~:\ y ·qué TOayor felicidad que vivir su ex1s.
ara
• habéis sufr;do la vida?
:cia ~n u~a alma fuerte, pura, invulnerable, y
Y Dejó de parecer dls1 raida, me miró, como P
darse cuenta del alcance que quería dar A mis pa1a- :aberse substraído á. las influencias de. tod: mortal
concupiscencia para no renunciará su ideal.
b"'aS v me respondió:
,
d
1
. -No seño r, al menos como se podna enten ero.
- Es fácil creerbe fuerte rehuyendo la prueba del
'una. desenaanada, y si no be reclamado, si no combate.
f~e~yningó.n go~e de la. vida, comprendo q~e ot;os
-No soy más que una criatura hecha de carne y
~eden encontrarla bella. Estl\ noche, por eJemp o, de d¡bilidades que no hace otra cosa que pecar, ¿pap
dmlrable noche' y aq.:.f ¡cuán suaves ra qué que rer otras luchas que aquellas de las que
~Jsf~,na~ace un moment0, en el salón de baile,. ':í estamos seguros de salir vlctorio..i;:,os?
á dos no.vios : se tenían de la mano, páltJos de rrhc1-

puésGdc tantos ano..;, al pasajero pensat1 vo que encon-

t:~:~~{:s°

Domingo 9 de J ullo de 1899

EL MUNDO.

:~:t~\~trl:;:ri:i1•~lt~dn~::1;1:; r;~~~1~

~!tr:~

Resplandecía como un lirilo ~;~ªfe~~~~!~~
Hadas, que parechto el md~fc~
la de los elegidos,
,
persona, y con uoa voz
me respou~ió: í ? No No podrían tener derecho
-¿DUenr, d~c s . d·el cielo aquellas que pudiemás que una im;o1~~austos de' modo que no arrecie-

~f

"cow~

1

~:~ r~i~t~~\ue las hdec~~ dr: h~~:e~p~d~ l~nC:n!i

de su alma. El po~er e creedwe sólo en el esruer•
esplendor de su para so, y, a des re'oderse de los la•
za soberano que s~ hac~ pa; culJd sobrehumana de
zos rotos, se adqute~ a. ;or qué entonces "acilart
aspirará la Eterna uz:g'ue tan cerca al de haber siEl momento de no ser s1
no se afirma más que en
do, que la vida, en vergad, Cómo llamar así sacrificio
la concepción de su na a. ¿
buen emal abandodno terrteslfitcare/ep~iu:ll!o~~r:u:~r~a inmortapleo pue e san

Domln¡,o 9 de .Juiio rle l ~PP .

EL MUNDO.

Cuando la señorita de Aubelleyne desapareció del
salón, emocionado aún por aquel encuentro y aquella
conversación, quise disipar mi impresión mezclándome á la brillante fluctuación de aquella multitud.
Pero inmediatamente sentí que babia ca(do una
sombra sobre todas las luceh, y que no quedaba en
aquel momento de aquella fiesta más que salas desiertas, donde se deslizab~n como sombras, criados lí•
vidos bajo arañas extinguidas.

2a

lldr~:í la Inspirada sombra ~e _volvió b:~lato~:lóe1
del baile que se entreveía. ªº~·b:: 1:ªbalaustrada Y
purpúreo te rciopelo plegado
lldad sobre la corona.

~~! i::Josfr:re:l~~~~fº~;:6~:uñido,

realzado, que

brill~~!'g' :;;;~~uó· ciertamente son bellas y sed_?C·
, •
e iran bJjo esas arauas
1'
tora~1~!~º;~:sjg!e i!s\~as ~rentes y frescos esos laSin e~bargo, que pase el soplo de una circuns-

~~i:.

A la mafia.na de} día siguiente, salí J;'D'Ucbo antes
de Ja hora :ndlcada. La mañana s11lpicada de oro, era
fría, con ese frío primaveral que hace temblará los
rll88les rejuvenecidos; Abril reía en los aires invitan.
do á vivir aún, y, en los boulevares1 los •árboles, Jos
escaparates es poi vareados de escarcha. como de un
musgo de diamantes, cintilaban en un vapor irisado.
Con el espíritu lleno de una iudefinible esperanza,
torué el primer carruaje que ví.
T res cuar tos de hora despué1:, me encontrnba. en el
at rio de un viejo priorato Nuestra Sen.ora de los
Campos, subi por la gradería de la capilla y entré.
El órgano acompañaba con vuces tan puras que
su ii acentos no parecían ser de la. tierra. Un hemiciclo, de enrejado impenetrable, formaba las paredes
anteriorfs del s~ntuatrlo. Allí cantaban, invisibles,
las conti nuadoras de Teresa de Avila. Cantaban el
oficio de difuntos; un sacerdote reve&amp;tldo de Ja estola negra, decía la misa de muertos. En frt&gt;nte del alta r, se elevaba en medio de ~as espiralefi del incjenso,
una capilla ardiente.
Sin duda se celebraba el servicio de una religiosa
de la comunidad, porque cabria un pafio blanco la
urna colocada sobre las baldosas, y cafa basta el suelo fo rmando pUegues, donde se estrellaba é través de
los vitrales color de ópalo, la luz del sol.

Los mil resplandores de los cirios, de Ha.mas que
parecían lágrima~, iluminaban las otras Jágrimas de
oro del pafio funerario y aquellos fuegos parecían decir muy tristemente á la claridad del día: tú también te extinguirás.
En la nave, la concurrencia de Ja niejor sociedad,
oraba, recogida; el lujo y el aspecto de los vestidos,
el perfume de las pieles y el brillo de los terciopelos
azules y negros daban á estos funerales una especie
de Impresión nupcial.
Busqué con la mirada, entre la multitud á la seííorita de Aubelleyne. No viéndola, a.vaneé, preocupa•
do, por entre la doble fila de sillas hasta el pilar lateral á la Izquierda del ábside.
Acababa de sonar el ofertorio. La reja claustral se
había entreabierto; la abadesa, apoyada sobre una
cruz blanca, se mantenía de pié, en el umbral, con
una deslumbrante cruz de plata sobre el pt·cbo. L38
hermanas de la Observación ordinaria, vestidas de
blanco, rnn velos negros y descalzas, avanzaron y descubrieron la urna, cuyas cuatrü tablas aparecieron vaclas y desnudas.
Antes que me diera cuenta de lo que significaba
aquello, el toque de agonía-esa negación de la
Hora-comenzó á sonar, y el viejo oficiante, volviéndose hacia los fieles, pronunció la pregunta sagrada,
¿no bay una. víctima que se quiera unir al Dios cuyo
sacrlticlo iba á ofrecer?
A estas ".lalabras, se escuchó un extremecimiento
en la concu·rrencla. y todas las miradas se fijaron en
una penitente vestida de blanco y cubierta con un
velo. La ví dejar su lugar y avanzar en medio de un
rumor de tristeza, de lágrimas y de adioses. Sin levantar los ojos se aproximó al earejado, lo .empujó
suavemente, entró en el coro, se despojó de su velo,
se arrodilló tranquilamente en medio de los cirios
que formaban en torno dP. su augusto rostro un círculo rle estrellas, y poniendo su mano virginal sobre
el ataúd, respondió: aquí estoy yo.

Ent1Jnces comprendí. Aquella era la cita sombría
que me había dado esa virgen. Recordé, enmediu
ce un relámpago, el terrible ceremonial de la. toma
de velo en Jas CarmeUtas de la Observancia ese.re•
cha. Los símbolos de aquel ritual se: sucedían seme•
jimtes á llamamientos precipitados de la piedra nepulcral.
Y he aquí que en medio del má.s protundosile'nclo oí
súbitamente levantarse su dulce voz cantando la. fórmula de los ,·otos de su consagración.
¡Ah! no puedo definir aquí el misterioso secreto
que entonces hlzt.. desfallecerá mi alma.
Luego, habiéndola revestido una de sus nueva.i;:,
compaileras, lentamente, del sudario y del velo, y
después descalzada para siempre, recibió de la abadesa las siniestas tijeras bajo las cuales iba á caer la
cabellera de la pálida bienaventurada.
En a.quel momento, M.si-1.na de Aubelleyne se vc1lvió hacia la concurrencia. Y sus ojos, al encontruse
con los mios, se detuvieron mucho tiempo, tanqullos,
fijos, con una solemnidad tan grM·e, que mi alma
acogió la conmoción de su •mira.da como una cita
eterna. prometida por aquella alma de luz.
Cerré los párpados, reteniendo 1.,;na légrima que hu biera sido sacrllega.
Cuando recobré la conciencia de las cosas, la lgle.
sia est.aba deslerLa, declinaba el día, el cortinaje
claustral estaba pasado tras las rejas_. La vlsióu había. desaparecido.
Pero el adiós sublime de aquella sepultada, babía
consumido para siempre et org-ullo carnal de mis pensamientos. Y desde entonceq, idealizada por el recuerdo de aquella Bea.triz, siento •siempre en el fon.
do de mi&amp; pupilas su mística mirada, semejante
sin duda á la que empapada del destierro de aquí
abajo, llenó para siempre del amor nostálgicodel cielo, los ojos de Dant,e Allghieri.
CONDE VILLIBRS DE L'lSLE ADAM.

OJOS TRISTES .

dad· se casarán ¡Ah! ¡Qué goce el de ser madre! y
vi vt'r amada, a~rulla.ndo un tierno niño de sonrisa
como la luz ... •
.
Exhaló un suspiro y la ví cerrar los OJOS.
.
-¡Oh! me hace mal el perfu.ne de estas lilas, dl¡o.
y calló, emocionada.
.
A punto estaba de preguntarle qué vaga tristeza
ocultaba aquella emoción, cuando, como un informe
á. · 3 ro hecho de viento, de ecos sonoros ,Y ~e tlnieb1is el toque de media noche, elevándose sub1tamente
de 'Nuestra-Seilora, cayó pesadamente á través ~el
espacio, y, de iglesia en Iglesia., tocando las ~ieJas
torres con sus alas ciegas, se hundió en el abismo,
vibró, y desapareció después.

11

Aunque la hora ya no sonaba, Ja seflorita d_e Aubelleyne, acodada y atenta, parecía escuchar aun no
sé qué sonidos perdidos en lontananza, y que, pa~a
ella, continuaban sin du~a ague~ toque de _media
noche: porque parecía segmr con ligeros movimientos de cabeza un eco que ya no oía.
-Se diría. que vuestros pensamientos acompaf'ian
hasta lo más lejano de la sombra, esa hora que se va.
-¡Abl murmuró, mezclando los rulgc,res _de sus
ojos al res¡fland•)r de las estrellas, hoy es mi ultimo
tlía. d~ prueba, y est.a hora que huye no es para mí
más que un ruido de cadenas que se rompen, llevando lejos de aquí á mi alma libertada! no solam?~te lejos de esta fiesta, sino tuera de este mundo ,·1s1 -

-Entonces, le pregunté con cari'ñ~so asombro,
. r ué tabéis venido aquí estia noche.
"~n'! inefablesomtsa, hecha de desdén terrestre Y
de éxtasis sagrado, Iluminó la palidez de su semblante.
.
t .
-Debí sufrir en mi docilidad, la antigua cos uro
bre del Carmelo que prescribe á la humilde prometida de la. Crut}arrootar las tentaciones del mundo antes de pronunciar sus vot,os. Estoy aquí por obediencia.

En aquel momento llegaron á nosotros más distintas Jr.s harmoniosas me1odíPs del ba1le¡ se acababa de levantar una tapicería dejando. entre.ver una.
gloria de mujeres sonrientes en el baile, baJo la ~uz.
Viendo á. aquella cuyo austero pensamiento domrnaba así á aquellas visiones le respondí con voz temblorosa por la emoción:
-En verdad, señorita, me siento muy entrlstecl_do
por el rigor de vuestra renuncia. ¿Por qué esta pnsa
de sacrificio? Aunque la vida careciera de goces, no
la hacen grata los que se pueden dispensar? Es_ bello
00 temer los sufrimientos, engañar las ilus1ones,
aceptar las tareas que otros sufr~n por nosotros,
amar, palpitar, sufrir y saber: enve1ecer en fin. Eo:
tonces, nü teniendo ya ningún de~er _:¡ue cumplir, s1
vuestra alma, cansada de los sufr1m1entos bu~anos
aspira al reposo, comprendería vuestra renuncia del
mundo, que me parece ahora, lo confieso, una especie de deserción.

tanela funesta sobre estas antorchas y broscamente
las extinguirá. Todas estas irradiaclone&amp; que se desvanecen en la sombra cesarán, en un momeo~, deencantar nuestros ojos. Ahora, si_no mailana m/smor
un día cercano sin remisión, el "Viento de 1a Noche,
que ya noi:, be~a, perpetuará este desvane~imiento.
Entonces •qu6 impo1tan esas formas pasa.Jeras queno tienen ~ás de real que su ilusión? ¿Para ~,)ue vivir bajo una claridad que se ha de extinguir. Para.
mf vivir asi es lo que seria desertar. Mi primer debe; es seguir }a voz que me llama. Y no quiero en
lo de adelante bañar mis ojos más que en esta h~z in•
terior, con que el humilde Dios sacrificado se digne,
por su gracia, besar mi alma. A él e~ á quien meapresuro á. darme en toda. la Hor de m1 beHeza perecedera. y mi única tristeza es no tener más que sacrificarle.
Penetrando, á pesar mfo, por el fervor de su éxtasis, permanecí silencioso, no queriendo turba~ con
una palabra el secreto infinito de su recoglmtentoF
Poco á poco, sin embargo, su rostro recobró ~u tranquilidad; se volvió casi sonriente hacia el vieJtt almi·
rante de L. M. que se ace rcaba: le tendió la mano Y
se inclinó como para irse.
-;.Partís ya? murmuré ¿no os volveré á ver?
- No, señor, dijo dulcemente.
-¿Ni una última vez?
Pareció reflexionar un segundo y respondió.
-Ona última. vez .... Sea.
-,Cuándo?
- -,Mañana, á mediodía, si vais á la capilla del Carmelo.

La conocí por casualidad una tarde de Otcllo.
De antesala en casa de un notable jurisconsulto,
distraía mi fastidio contemplando las pinturas de au tores ramosos, objeto el que más llamó mi atención,
de los muchos y elegantes que Uena.ban la pieza.
E n el piano de una casa vecina, resonaron las me.
lancóllcas notas de la marcha t,\nebre de Gounod; mil
recuer1os sombríos invadieron mi mente y para disiparlos, escapáronse mis miradas por un balcón abier.
to. A lo lejos se dlstioguía otro, donde trataba de
ocultar la d~nudez de sus toscos hierros 1 una llnda
enredadera de vincapervinca. Preso en humilde jaula de carrizo, un gorrión cantaba alegremente, irguiencfo su cabecita para distinguir mejor por las reo.
dljas de su cautiverio, á las flores azules, que le ha.
blan de cielo y de libertad.
Dentro, adivlnábase una soberbia cabetera obscura, contrastando con la blanca muselina de un traje
de mujer. La insisteLcia de mi vista, la hizo levantar la cabeza del bastidor en que trabajaba y pude
entonces apreciar una de esas fisonomías que, sin ser
precisamente bellas, poseen una simpa tia irresistible
que las graba Indeleblemente en el alma. Despojó
aus sienes de los bucles que las cubrían; cortó una
flor azul y al llevarla con pasión hasta sus labios, sorprendí en sus ojos una mirada de tristeza.
El gorrUo cedó de cantar y yo, con pena, tuve que
pasar al salón.
Transcur rieron algunos meses y felizmente se repitió nü t urno de antesala, en casa del ilustrado legista.

Esa vez no me deti;ve á examinar los interesantes
paisajes ni el poético rostro de Elena, la pobre tísica
que pasa las horas frente á una mata donde un lirio
coa quien ha comparado su existencia, empieza ya
á. marchitarse. Precioso lienzo de la niña pálida, que
mue re, cuando la flor cae, exánime y seca, desprendida de su tallo.
Esa tarde me coloqué muy cerca del balcón abierto, para ver R.quel cuadro animado, en que figuraban
la enredadera verde, el gorrión preso y la joven de
ní veo t raje y cabellera obscura.
Todo est:1.ba como antes. Sólo ella, en vez de coser, contemplaba el cielo con mirada triste.
La hora del crepúsculo, esa hora hecba de lluslo•'
nes y recuerdos, vistió el balcón de luz y claridad.
Una exhalación cruzó el firmamento, ella la siguió
con los ojos hasta verJa desaparecer y creí escuchar
que decia: cEs su alma que viene á la cita de amor.&gt;
Durante mi entrevista con el abogado, tuve lasa•
t lstacctón de 8.:l-ludar á su esposa, y no pudiendo dominar mi cariosidad, pregunté, del modo más correcto que me tué posible, por la bella desconocida.

-Ab ! Clara! ... me dijo, es una muchacha trabajadora y bueaa que vive, resignada y &amp;ola, en espera dP.su
futuro, un oficial de Marina, que vendrá ácasarsecon
ella cuando concluya un largo viaje de exploración, á
que lo ha enviado el gobierno.
Eatonces comprendí todo y pensé mucbo en el balcón lejano. Las flores, azules, como la Inmensidad,
como el mar que él cruzaba¡ el gorrión de plumas
amari11as en eJ pecho, amarillas, como los galones
del uniforme; la vaporosa muselina del vestido, siempre del mismo color, cumpliendo acaso una súplica del
ausel"Jte y ld contemplación extátlca de una estrella,
en donde buscaría miradas de amor, miradas de muy
lejos, tomaron posesión de mi alma, y cuando dirigí
por última vez los ojos á donde Clara continuaba aún

viendo el cielo, recordando su h istoria y la luz r:ñ~Ian
cólica de sus pupilas, recité una y muchas veces, a.que
llos v~rsos de Orbina:
&lt;Oh! tu mirada de pasión quién sabe
Qué misterios oculta! ardiente y viva
Un tinte de dolor pone en tu grave
Cabeza de Minerva pensativa!
Oh! tu mirada de pasión! tu triste
Mirada de mujer que ama. y espera
Y que el Otoílo de la té resiste
Como la última Hor de Primavera .... &gt;
ESCONDIDA.

LEJANIAS.
[ C el

ú l tlm o

l l br-o

d e

Fr-a n clee o

LAS RFJAS.

A .

lcaza.J

PSIQUIS Y AMOR.

Es un poeta el viento, tiene en las rejas
La más extensa gama de las canciones;
La serle indefinida de vibraciones
Que va desde las risas basta las quejas.
Si azota la ventana del alto fuerte,
Como sangrienta mano firme se agarra,
Y cual bordón de bronce trnena la. barra
Con épicas estrofas de gloria y muerte;
Si mece las guirnaldas de enredadera
Que en la rústica reja buscan auxilio
Para escalar el muro, canta un idilio
Impregnado de arom1s de primavera.
Al rozar los dibujos de ferrería
De gótica ventana gala y afiance,
Renueva las historias de algún romance
De las gestas de antigua caballerfa;
La mata de claveles tnquiet,o sopla
Eo la reja aadaluza, la flor bermeja
Con sus labios de grana, toca la reja
Y del beso rurti vo nace la copla.
Llega de las p:-isiones basta el eacierro,
En la veatana estrecha. donde respira
Y toma luz la celda, forma una Jira
y Je p·me por cuerdas barras de hierro.
Yo conozco esas notas, sé que en las rejas
Tiene el vJento la gama de las caacioncs
y recorre la serie de vibraciones
Que va desde las risas hasta las quejas.

Arriba, el sol en lla.maradas rojas
Envuelve el bosque; mas sus vivas llatrlas
Al pasar por los claros de las hojas
Toman el tono de las verdes ramas.
Todo reposa en el paraje umbrío,
Todo respira bienhechor descanso:
La luz, el aire, hasta el revuelto rfo
Se adormece en la curva del remanse-.
Y allá en el tondo, se levanta el grupo
De Psiquis y de Amor, siempre impasible
'
Viviendo con la vida indefinible
Que un arte excelso transmittrle supo.
Y Loy y mafia.na pasarán las horas,
Y sobre el pedestal donde la yedra
E~laza sus guirnaldas trepaduras
Con las hojas de acanto de la piedra,
En un abrazo interminable unidos
Y medio ocultos por ramaje espeso, '
Psiquis y .\.mor en mármol esculo1dos
Eternamente se darán un beso. ·

•

�Domingo 9 de Julio 189~
26

EL MUNDO.

Año VI-Tomo ll

Número 3

México, Uoming&lt;' 16 de Julio de 1899.

,I

(lnédita.)

UNA FLORISTA DE GRANADA.
ÜUADRO DE ISIDORO

°hlA m~.

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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